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Presented to the 

LIBRARY ofthe 

UNIVERSITY OF TORONTO 

by 

THE DEPARTMENT OF 
SPANISH AND PORTUGÜESE 



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La Literatura Española 

Resumen de Historia Crítica 
(Segunda edición) 



Ángel Salcedo Ruiz 

DE LA REAL ACADEMIA DE CIENCIAS MORALES Y POLÍTICAS 



La Literatura Española 

RESUMEN DE HISTORIA 
c=.c^.=. CRÍTICA ^c=^^ 

Segunda edición refundida y muy aumentada. = Ilustrada con 

profusión de retratos y de reproducciones de documentos, 

monumentos, etc., etc. 



TOMO IV 

NUESTROS DÍAS 




CASA EDITORIAL CALLEJA. MADRID 

MCMXVII 




ES PROPIEDAD 

Reservados todos los derechos 

literarios y artísticos para todos 

los países. 

Copyright 1917 by 

Casa Editorial Calleja 



TIPOGRAFÍA artística. - Cervantes, 28. - MADRID 



LA LITERATURA ESPAÑOLA CONTEM- 
PORÁNEA .^ I. - Preliminar <•> í^ ^í ^ 



SSsí^ 





Qué debe ser entendido por Literatura con- 
temporánea. — Propenden algunos a fijar el co- 
mienzo del periodo contemporáneo en nuestra Historia 
literaria coincidiendo con el de la tendencia o escuela 
denominada modernista, o, como dicen otros, de la ge- 
neración de 1898:Más atrás, todo es pasado y antiguo. 
A lo sumo transigen con que, a título de precursores, se dé hospitalidad 
en el cuadro contemporáneo a ciertos escritores, v. gr.. Larra, en que 
reconocen los modernistas con más o menos fundamento algo de su sen- 
tido de la vida y del arte, y, más especialmente, su concepto del patriotismo. 
Si adoptásemos este criterio, el tomo IV de nuestro Resumen de His- 
toria Crítica podría ser un libro semejante a la Galería de la Literatura 
Española, de D. Antonio Ferrer del Río, escrita para servir de introducción 
o preámbulo biográfico-crítico a un álbum o breve antología de los liter^- 



(1) 1. Qué debe ser entendido por Literatura contemporánea. — 2. A) Menos- 
precio de algunos escritores por la Literatura contemporánea anterior al moder- 
nismo (Los viejos y los jóvenes). B) Causa fundamental de este menosprecio. La revi- 
sión de vcdores de Nietzsehe. El invalor de España. C) El invalor de la Literatura 
española contemporánea. D) Nuestra oposición a esta tendencia pesimista. E) In- 
consistencia de la critica negativa y demoledora. — 3. Dificultades para escribir 
imparcialmente de Literatura contemporánea: A) Las inepcias ajenas y las propias 
del escritor. B) La vanidad de los literatos. C) Las diferencias religiosas y políticas. 
4. Influencia de las Literaturas extranjeras, y especialmente de la francesa, en la 
española contemporánea. — 5. Carácter de esta influencia en América Española: 
A) Opinión de Aníbal Latino y Don Manuel Ugarte. B) Examen critico de estas opi- 
niones. — 6. Oposición castiza a la influencia extranjera. 



SALCEDO ' LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 




DEL ^c: 

eniamin Frankün 
*' / 

D E 

documentos auténticos 




MaDRID: 
Por Pantalegn AzNAa 
Año 1/58. 



Vida del Dr. Benjamín FrankHn. 

Portada. 



Madrid, 1798. 



Caballero (D. Fermín). — Ex libris usado en la 
* primera mitad del siglo XIX 



tos biografiados (1), o a Los Con- 
temporáneos, de D. Andrés Gon- 
zález Blanco (2); pero no sería 
una historia orgánica, comple- 
mento de la contenida en los to- 
mos anteriores: no fuera historia, 
porque ésta es relato de hechos 
pasados, y lo que va o está pa- 
sando es actualidad, argumento 
propio de la crónica periodística 
y no de la historia; y no sería 
orgánica porque las más actuales 
manifestaciones literarias a que 
puede alcanzar un tratado histó- 
rico, cual el presente, están enla- 
zadas orgánicamente con las que 
les precedieron, y así la Condesa 
de Pardo Bazán ha podido defi- 
nir el modernismo como un cru- 
zamiento del naturahsmo con el 
ideal romántico, y esta misma 
sabia mujer, recientemente nom- 
brada profesora de Literaturas 
neo-latinas modernas en la Uni- 
versidad Central, empieza con El 
Romanticismo su estudio de La 
Literatura francesa moderna (3). 
Igual debemos hacer nosotros 



(1) Según declara su autor en la misma obra, la escribió en dos meses. El P. Blanco García (La Lite- 
ratura Española en el siglo XIX. Tomo /. Prólogo. XIÍ) la califica de 'serie inconexa de apuntes biográ- 
" fieos, con algunas noticias de las obras de cada autor... ligerisimo trabajo en el que Ferrer del Rio 
"sólo trató de cumplir uti compromiso apremiante". Es juicio demasiado severo. Estas biografías, o sem- 
blanzas literarias que diríamos hoy, tienen, además del mérito de estar bien escritas, el valor de documen- 
tos históricos contemporáneos, ya que Ferrer del Río era amigo y compañero en letras de todos los poetas 
y escritores de que trazó las semblanzas. Únicamente Larra y Espronceda habían muerto cuando Ferrer, 
íntimo de toda su generación literaria, escribió el libro. 

(2) Los Contemporáneos. Apuntes para una historia de la Literatura hispano-americana a 
principios del siglo XX. París. Garnier Hermanos, libreros-editores. Rué des Saints-Péres, 6. Primera 
serie, 19Ü6; segunda, 1908; tercera, MCMX. Otros estudios de la misma índole del Sr. González Blanco: Salva- 
dor Rueda y Rubén Darío, Rubén Darío, Campoamor, Trueba, etc., que se citarán en sus correspondientes 
lugares. 

(3) La Literatura Francesa .Moderna, fres volúmenes. El Romanticismo, La Transición y El Natu- 
ralismo (volúmenes 37, 39 y 41 de Obras completas. Renacimiento, Sociedad anónima, Madrid). 



/ - PRELIMINAR 



tratando de nuestras Letras contem- 
poráneas, y para comenzar por el 
Romanticismo español, acomodán- 
dose, según el plan seguido en esta 
obra, a las épocas de la historia 
política, la fecha divisoria obligada 
es la de la muerte de Fernando Vil, 
conque acabó virtualmente el anti- 
guo régimen y empezó el nuevo en 
España. 




Condesa de Pardo Bazán. 



2. A) Menosprecio de al- 
gunos escritores por la Lite- 
ratura contemporánea anterior al modernismo (Los viejos y 
los jóvenes). B) Causa fundamental de este menosprecio. 
La revisión de valores de Nietzsclie. El in valor de España. 

C) El invalor de la Literatura española contemporánea. 

D) Nuestra oposición a esta -tendencia pesimista. E) Incon- 




Madrid. - Universidad Central. (Fot. 'Nuevo Mundo'.) 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

sistencia de la crítica negativa y demoledora. — A) Para pro- 
ceder de este modo hay razón de mayor transcendencia. No es puramente 
por prurito de actualidad el empeño de prescindir de los poetas y prosistas 
anteriores al siglo xx, o al último decenio del xix, en el cuadro de la Lite- 
ratura contemporánea, sino por considerarlos, salvo rarísimas excepciones. 




Madrid. — Paraninfo de la Universidad Central. 



Fot. Lacoste. 



indignos de figurar en él, creyendo algunos que hasta el advenimiento del 
modernismo no se ha escrito en España cosa que valga la pena. 

"En la casa de locos de Sevilla — cuenta D. Narciso Alonso Cortés—, 
"estaba un hombre que dio en el más gracioso disparate. . . Había nacido 
"en 1861, y sostenía que solamente los que, como él, habían venido al 
"mundo en aquella época, eran hombres hermosos y gallardos, y todos los 
"demás unos tristes engendros de fealdad y rareza. Se hablaba de una per- 
"sona cualquiera, y lo primero que hacía nuestro loco era preguntar el año 
"de su nacimiento. Si le decían que el de 1861, se deshacía en elogios de 
"su apostura y gentileza; si le indicaban otra fecha, desatábase en insultos 
"y ofensas contra el aludido, a quien desde luego diputaba tan horrible 



/ - PRELIMINAR 



"como Picio" (1). Achaque de mozos suele ser considerarse superiores a 
los viejos de su oficio, asi como de viejos menospreciar a los jóvenes; pero 
aunque siempre haya ocurrido esto en el arte y en las letras, como en todas 
las esferas de la vida, nunca quizás la oposición de los nuevos a los antiguos 
ha llegado a los extremos de ahora. El canciller Ayala, último de los poe- 
tas del mester de clerecía, gozó en su ancianidad gloriosa del afectuoso 
respeto de la nueva generación trovadoresca; los jóvenes que seguían esta 
tendencia, considerábanle como un maestro, a quien consultaban y nom- 
braban arbitro en sus disputas, aunque sin imi- 
tarle (2). A los toscanistas del siglo xvi no se 
ocurrió nunca negar el mérito de Juan de 
Mena, y los románticos del xix tuvieron en 
mucho siempre a Quintana y a Gallego. 

B) El despectivo encono de los modernis- 
tas con sus predecesores, explicase, sin em- 
bargo, por una idea — prejuicio a nuestro en- 
tender — , de escuela. Federico Nietzsche (3) 
preconizó la doctrina de que el -hombre no 
nace para pensar ni para deleitarse con la be- 
lleza, sino para vivir, y que la vida es acción 
y la acción voluntad; cuanto estimula la volun- 
tad humana, es bueno o tiene un valor positivo; 
lo que atrofia o enerva la voluntad es malo, 
no tiene valor, o, mejor dicho, tiene invalor (lo 
contrario de valor). De aquí la necesidad de re- 
visar todos los valores admitidos para desechar 

los que no son tales, sino invalores, y quedarse sólo con los legítimos o 
estimulantes de la acción o vida. 

Aplicando esta teoría, los intelectuales españoles se han encontrado 
con la ingrata sorpresa de que España no ha valido ni vale un pitoche. Don 
José Ortega Gasset lo explica perfectamente en su bello libro Meditaciones 
del Quijote: "La realidad tradicional en España ha consistido en el aniqui- 
"lamiento progresivo de la posibilidad España. No, no podemos seguir la 
"tradición. . . Tenemos que ir contra la tradición, míís allá de la tradición. 
"De entre los escombros tradicionales nos urge salvar la primaria substancia 
"de la raza, el módulo hispánico, aquel simple temblor español ante el 




losé Ortega Gasset. 

(1883) 



(1) «Narciso Alonso Cortés. Viejo y nuevo. Artículos rarios. V^alladoiicl, 1916". Articulo Manías. 

(2) Véase tomo I, pág. 293. 

(3) Filósofo alemán, llamado el último de los filósofos alemanes. Nació en Roecken (1M4). Murió 
loco, después de muchos años de locura, en 1900. 



SALCEDO 'LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

"caos. Lo que suele llamarse España no es eso, sino justamente el fracaso 
"de eso. En un grande, doloroso incendio, habríamos de quemar la inerte 
"apariencia tradicional, la España que ha sido, y luego, entre las cenizas 
"bien cribadas, hallaríamos como una gama iridiscente, la España que 
"pudo ser." (Pág. 133). 

Preséntase y explaya este concepto fundamental de España y de los 
españoles en otros muchos lugares de la misma obrita. "Los españoles 
ofrecemos a la vida un corazón blindado de rencor, y las cosas, rebotando 
en él, son despedidas cruelmente." (Pág. 19). "De esta suerte se ha con- 
vertido para el español el universo en una cosa rígida, seca, sórdida y de- 
sierta. Y cruzan nuestras almas por la vida, haciéndole una agria mueca, 
suspicaces y fugitivas como largos canes hambrientos." (Pág. 17). "Dice 
Kant que España es tierra de los antepasados. ¡Tierra de los antepasados!. . . 
Por lo tanto, no nuestra, no libre y propiedad de los españoles actuales. 
Los que antes pasaron siguen gobernándonos, y forman una oligarquía de 
la muerte que nos oprime. Sábelo — dice el criado en las CcBforas — , los 
muertos matan a los vivos." (Pág. 49). "Cuando se reúnen, sensibilizados 
por la miseria ideal de su pasado, la sordidez de su presente y la acre hos- 
tilidad de su porvenir. . ." (Pág. 55). "... ha sido la característica de nues- 
tro pueblo haber brillado más como esforzado que como inteligente". 
"Hombre sin edad ni historia, Goya representa — como acaso España — , 
la cultura salvaje, la cultura sin ayer, sin progresión, sin seguridad. . ." 
(Pág. 118). "¿Cuan difícil no será encontrar una gota de pura sangre helé- 
nica? Pues bien, yo creo que es mucho más difícil encontrar ni hoy ni en 
otro tiempo verdaderos españoles. De ninguna especie existen acaso ejem- 
plares menos numerosos." (Pág. 131). 

Siendo así España y los españoles, no hay que maravillarse de nues- 
tra penuria en hombres de verdadero mérito. El Sr. Ortega Gasset declara 
que no se hallan, a lo largo de nuestra historia, sino "medía docena de 
lugares en que la pobre viscera cordial de la raza dé puros intensos lati- 
dos." (Pág. 134). Uno de esa media docena es Cervantes. Y aunque no se- 
ñala categóricamente a los otros, parece indicar cuatro de ellos, al decir 
que a las Meditaciones del Quijote seguirán otros ensayos sobre Pío Baro- 
ja, Azorín, Lope de Vega y Larra." "El estilo de Baroja — dice Azorín — 
"puede parangonarse con el de Cervantes en el Quijote" (1). A su vez 
Azorín — según Pío Baroja — "ha conseguido llevar el idioma a ese punto 
"en que lo viejo y lo nuevo se encuentran, dando carácter de actual a la 
"tradición y al porvenir. Su prosa es la más clara, la más lucida, la" más 



(1) Lecturas Españolas, pág. 187. 

10 



/ - PRELIMINAR 



"flexible de los escritores contemporáneos; ha hecho de un instrumento 
"decorativo y tosco un instrumento de precisión" (1). 

Don Pío Baroja es más severo con los clásicos españoles que el señor 
Ortega Gasset, el cual exceptúa siquiera de su condenación a Cervantes, y 
parece anunciar el indulto de Lope de Vega. 

¿Cómo siente Baroja — escribe Azorín — los clásicos? ¿Cuál es la ac- 
titud de Baroja ante los clásicos? Pío 
Baroja es casi en absoluto indiferente 
a los clásicos españoles. ¿Españoles 
nada más? Españoles. . . y extran- 
jeros. Su obra total, la orientación 
y la polarización de su obra total, 
son completamente modernas. Pero, 
además, acá y allá podemos en- 
contrar alguna confesión explícita 
de Baroja respecto a los clásicos. 
Por ejemplo, en El mayorazgo de 
Labraz. Al final del prólogo de esta 
novela, un inglés fantástico que 
vive en una vieja ciudad española ^ 
brinda por Velázquez, en compa- 
ñía de Baroja. "¡Brindemos aho- 
ra — exclama — por aquel gran ca- 
ballero, por aquel gran samiota, 

pintor único, que se llama D. Diego Velázquez de Silva!" El autor 
añade: "Concluimos la última botella con este brindis, y el inglés me 
dijo en confianza que la literatura española le parecía despreciable. 

" — Pero Cervantes. . . 

" — ¡ Pesch ! 

" — Quevedo. . . 

« _ ¡Pesch! Entre los escritores españoles, los únicos que me gustan 
son el autor de La Celestina, el hidalgo de la Oda a su padre y aquel clé- 
rigo que cuenta que llegó a un prado 




Pío Baroja. 

(1872) 



Verde e bien sencido, de flores bien poblado, 
logar cobdiciodero para orne cansado. 



(1) Fiesta de Aranjuez en honor de Azorín, pág. 30. 



11 



SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

" Pero no nos precipitemos: no juzguemos según estas palabras de 
1902 a Baroja leyendo La Celestina o los poemas de Berceo. Doce años 
más tarde, en 1914, Baroja, en el prólogo de la edición Nelson de La dama 
errante, declara que los clásicos españoles y franceses no le dicen nada, y 
sólo hace una excepción. Una excepción en favor de un escritor antiguo 
que parece en absoluto de hoy: un escritor antiguo que es moderno, mo- 
dernísimo, inactual, y que tiene nuestra sensibilidad. Baroja hace una ex- 
cepción en favor de Moliere. 

"El teatro clásico castellano, para Baroja, no tiene ningún interés; par- 
ticipamos enteramente de las ideas de Baroja en este punto" (1). 

C) Claro es que la Literatura contemporánea, anterior a intelectuales 
y modernistas, no sale mejor librada que la 
clásica. Oigamos a D. Pío Baroja: 

"¿Para usted Zumalacárregui o Zurbano 
"son más grandes que Casielar y Salmerón? 

" — ¡Ah! Claro; no tiene duda; Del si- 
"glo XIX español hemos olvidado los héroes, y 
"no nos acordamos más que de los histriones 
"de la mísera Restauración. 




Gaspar Núñez de Arce. 

(1834-1904) 



" — De manera que Cánovas, Ruiz Zo- 
"rrilla, Martos, Moreno Nieto, Montero Ríos, 
"Maura. . . 

" — A mí me parece gente mediocre. Abo- 
"gados, charlatanes. Grandes hombres para 
un pueblo ramplón y decaído. Hombres ges- 
ticuladores, "buenos para tener estatuas de 
Querol y de Benlliure. 
" — ¿Estos escultores también le parecen a usted malos? 
" — ¡Malos!, no. Vulgares, sin espíritu. 

" — ¿Y el teatro español del siglo xix tampoco valdrá gran cosa? 
" — A mí no me interesa. 
" — ¿Y el libro? 

" — El libro poco más o menos lo mismo que el teatro. 
" —¿Así que, según usted, aquí todo es pequeño, y únicamente los 
alborotadores, los sanguinarios, los turbulentos, los Aviranetas, son les 
grandes? 

" — Eso es." 



(1) Artículo enelAB C(7 Julio 1914). 



12 



/ - PRELIMINAR 




Ramón de Campoamor. 

(1817-1901) 



Y en este mismo lugar dice que "era el 
"gran tiempo en que el flatulento Núñez de 
"Arce escribía versos y Campoamor hacía ale- 
"luyas con su "ingenio de notario" (1). 

Igual idea expone el Sr. Ortega. Durante 
los primeros cincuenta años del siglo xix no 
tuvieron los españoles complejidad, reflexión, 
plenitud de intelecto; pero si coraje, esfuerzo, 
dinamismo. "Si se quemaran los discursos y 
"los libros compuestos en ese medio siglo y 
"fueran sustituidos por las biografías de sus 
"autores, saldríamos ganando ciento per uno. 
"Riego y Narváez, por ejemplo, son como 
"pensadores ¡la verdad! un par de desventu- 
"ras; pero son, como seres vivos, dos altas 11a- 

"maradas de esfuerzo". "Hacia 1854 — que es donde en lo soterraño se 
"inicia la Restauración — , se apagan sobre este haz triste de España los 
"esplendores de aquel incendio de energías", esto es, acaban la acción 
"o el dinamismo, y nada queda." "Cuando nuestra nación deja de ser 
"dinámica, cae de golpe en un hondísimo letargo y no ejerce más fun- 
"ción vital que la de soñar que vive." 

Soñar que vivimos es nuestra ocupación desde que murieron los hom- 
bres dinámicos como Riego y Narváez. La Restauración ha sido "un pano- 
"rama de fantasmas, y Cánovas el gran empresario de la fantasmagoría." 
"Perdióse en la Restauración la sensibilidad para todo lo verdadera- 
" mente fuerte, excelso, plenario y profundo. 
"Se embotó el órgano encargado de temblar 
"ante la genialidad transeúnte. Fué, como Nietz- 
"sche diría, una etapa de perversión en his 
"instintos valoradores. Lo grande no se sentía 
"como grande; lo puro no sobrecogía los co- 
"razones; la calidad de perfección y excelsitud 
"era invisible para aquellos hombres, como un 
"rayo ultravioleta. Y fatalmente lo mediocre y 

(1) Número 2 del semanario España. Contra este articulo es 
el citado Manías, de D. Narciso Alonso Cortés, el cual concluye: 
"Yo no sé por qué sospecho que nuestros nietos preferirán las ale- 
•luyas de Campoamor a las hazaAas de D. Fausto Benijoa. n las 
•memorias noveladas de Avinareta que más auléntiaimente po- 
Juan Valera. "drán leer en la edición de D. Luis García Pimentel (Míí'jicoj -.ya 

(1824 - 1905) 'los diálogos de Mariano con "Águeda de Aizgoirl". 




13 



SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 



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Firmas autógrafas de D. Aureliano F. Guerra y Orbe, D. Manuel Tamayo y Baus 
y D. Juan Valera. 



14 



/ - PRELIMINAR 

"liviano pareció aumentar en densidad. Las motas se hincharon como ce- 
"rros, y Núñez de Arce pareció un poeta." 

"Estúdiese la critica literaria de la época; léase con detención a Me- 
"néndez Pelayo, a Valera, y se advertirá esta falta de perspectiva. De bueriíi 
"fe aquellos hombres aplaudían la mediocridad porque no tuvieron la 
"experiencia de lo profundo" (1). 

D) Opuestos per dianietnim a esta tendencia, creemos sincera y pro- 
fundamente en la realidad y grandeza de España, en el valor de su raza, en 
su gloriosa historia, en la alteza de sus destinos, en la originalidad de su 
carácter nacional, en el mérito de sus grandes hombres, en su pasado, en 
su presente y en su porvenir. Y creemos que 
la Literatura Española, desde sus comienzos 
en la edad media hasta el momento actual, 
es una de las más enérgicas, espléndidas y 
bellas manifestaciones del genio español, 
digna de ser conocida y admirada, no sólo 
por nosotros y por ser la nuestra, sino por 
todos los hombres cultos, en atención a ser 
una de las más copiosas, origínales, fuertes 
y sugestivas que forman el conjunto de la 
Literatura universal. 

Lo cual no se opone a que también 
creamos en la necesidad de mejorar y co- josé Martínez Ru¡z(Azorin). 

rregir mucho en España, y aun de imitar deli- "^'*' 

beradamente a los extranjeros en lo que nos 
aventajan y saben hacer mejor que nosotros, 

y en la justicia de censurar no poco en nuestra Literatura antigud \ moder- 
na. Reconocemos la buena intención inicial de los que acremente denostan 
a la patria y divulgan sus defectos, o los que a ellos se figuran tales, con 
el propósito de sacudir la pereza de los ociosos, despertar a los dormidos e 
interesar a los indiferentes; pero conviene moderar el Ímpetu de los que. 
arrastrados por la vehemencia del carácter que es uno de nuestros mayores 
y menos disimulables defectos, se pasan de la raya en este punto y llegan 
a extremos de notoria injusticia y contraproducentes al buen fin que. según 
ellos, se proponen; esas estridencias sin ningún fundamento ni pretexto 
razonable, injuriosas y calumniosas, hijas del mal humor si no es que me- 
recen el calificativo de flatiilentas, tan desconsideradamente aplicado a 




(1) Meditaciones del Quijote, páginas 84 y siguientes. Algiuias de estas Ideas habíalas ya expuesto 
su autor en Vieja y nueva política. 

15 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 



'05S^' 




José Echegaray. 

(Ib33-1916) 



Núñez de Arce, no son estimulantes de la 
energía, sino todo lo contrario: desaniman y 
aplanan. 

E) La inconsistencia y futilidad de esa 
crítica ferozmente negativa, y su íntima re- 
lación con las cuestiones extraliterarias de 
orden religioso, social y político, acredítase 
con múltiples ejemplos. ¿A quién combatie- 
ron los intelectuales y modernistas con más 
saña que a Echegaray como autor dramáti- 
co? ¿A quién ensalzaron con mayor entu- 
siasmo, y por el mismo concepto que a Be- 
navente? Véase lo que ahora escribe Azorín: 



"Abundio. — Benavente comenzó sien- 
"do el inspirador de un grupo de escritores 
"independientes: era esto allá por 1892. Pero a poco fué adquiriendo 
"prestigio, fuerza. Se inició entonces la reacción, que llegó a su cul- 
"men algunos años más tarde, en 1905. Pues bien; uno de los factores 
"en el suceso próspero del teatro benaventino 
"fué este de que encarnaba otra cosa "distinta 
"de Echegaray." 

"Dalmacio. — Diga usted "contra" Eche- 
"garay. Había en Benavente una finura, una 
"delicadeza, en suma y sobre todo, una obser- 
"vación de la realidad que no había en Eche- 
"garay. Y luego el procedimiento técnico nos 
"parecía nuevo, inaudito. 

"Abundio. — Pero ahora se reconoce que 
"en Echegaray había algo que no hay en Bena- 
" vente: la fuerza arrolladora, el vigor trágico, la 
"emoción. Acción y reacción: sólo el tiempo se 
"encarga detraer ecuanimidad a la crítica. Pero 
"llevábamos entonces veinte años de domina- 
"ción del teatro de Echegaray y sentimos verda- 
"deras ansias para ver, experimentar otra cosa. 

"Dalmacio. — Vengamos al momento presente. Lo curioso es ver de 
"qué manera la trayectoria recorrida por Benavente es análoga a la seguida 
"por Echegaray. ¿Se acuerda usted? 

"Abundio. — Echegaray comenzó siendo el dramaturgo de los libera- 




jacinto Benavente. 

(1866) 



16 



^ 

«L 



/ - PREU MIMAR 

"les. Los conservadores protestaban y lo combatían. Echegaray en 1890 
"representaba la rebeldía y la innovación. Quince años más tarde, en 1905, 
"Echegaray es defendido por los conservadores de los ataques de los escri- 
tores independientes y liberales. En 1900, Benavente interpretaba las 
"aspiraciones de la literatura joven y rebelde; 
"en 1916, esas mismas literaturas, esos mismos 
"literatos, protestan ardorosamente de la litera- 
"tura benaventina. 

"Dalmacio. — ¡Pero es que Benavente se 
"ha hecho ultraconservador! 

"Abundio. — ¡Pero es que no sólo se re- 
" chazan sus ideas, sino sus procedimientos téc- 
"nicos! Vea usted lo que se ha dicho de sus 
"últimas obras. . . 

"Dalmacio. — No he visto las obras de 
"Benavente; las he leído. Yo no sé lo que pa- 

"Sará sobre las tablas; pero lo que a mí no Marcelino Wenéndez y PeUyo. 

"me place es cierta manera de hablar "poética (i856-i9i2) 

"elocuente" de los personajes benaventinos. 

"Esa retórica no es de mi predilección. El autor 

"podrá hacer lo que quiera, echar por el camino que le plazca: yo no le 

"discuto ahora sus tendencias. A mi lo que me interesa es que en la obra 

"artística haya verdad, observación, sinceridad. 

"Abundio. — En resumen: la pasión política es el peor cristal para 
"mirar a través de él una obra de arte. No le extrañe a Benavente la hos- 
"tilidad movida ahora contra él: el arte dramático es arte de multitudes y 
"de lucha. Pasarán los años y su teatro será juzgado con entera ímparcia- 
"lidad: la imparcialidad con que ahora comenzamos ya a hablar de Eche- 
"garay" (1). 

Con esa imparcialidad quisiéramos nosotros escribir este libro. 

3. Dificultades para escribir imparcialmente de Litera- 
tura contemporánea: A) Las inepcias ajenas y las propias 
del escritor. B) La vanidad de los literatos. C) Las diferen- 
cias religiosas y políticas. — A) Imparcialidad que no es. cierta- 
mente, fácil de alcanzar, sobre todo cuando se trata de literatos qi!<^ \ ¡\ .mi 



(1) La Vanguardia, de Barcelona. 15 Junio 1916. En dos artículos áe A P r .nri.ibfe-1916) dice Axo- 
rin, que hay que rectificar también la critica modernista sobre Castelar. 

Salcedo. — La Literatura Española. - Tomo IV. 



SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA- TOMO IV 



todavía. Menéndez Pelayo nunca quiso escribir de los autores que aún fueran 
de este mundo. "En el trato sereno de los muertos — decía — me refugio hu- 
yendo de las inepcias de los vivos." Aun de sus propias inepcias — ¿quién 

no las padece? — ha de precaverse quien trate de 
juzgar a los que conviven con él. Las dulces im- 
posiciones de la amistad, el justo aprecio profe- 
sado a personas que lo merecen en esferas dis- 
tintas de la literaria, aunque carezcan en ésta 
de todo título a la estimación, o el no menos 
justo desvío, y aun a veces repugnancia, que nos 
inspiran los canallas y sinvergüenzas, o los pre- 
sumidos, y, en general, los que por cualquier 
motivo nos son antipáticos, o los que nos han 
censurado, a nuestro entender, con acritud y sin 
fundamento, son otras tantas causas, no ya de 
callar lo que sentimos y hasta de decir lo que no 
sentimos, sino de extraviar el propio juicio. Esti- 
mamos a los que amamos, y no queremos a los 
que nos aborrecen, y todavía menos a los que nos 
desprecian. ¡Qué dificultad en admitir sincera- 
mente que quien nos elogia es un necio, y el que nos censura un sabio! Y 
aunque os sobrepongáis a vosotros mismos, ¿cómo serán recibidos vues- 
tros aplausos y censuras? 

B) Cuentan de D. Manuel Fernández y González que despotricaba un 
día contra cierto literato negándole todo mérito, y como uno de los que le 
oían, le interrumpiese diciendo: pues no sé, D. Manuel, cómo habla usted 
así, pues Fulano dice de usted que es el primer novelista contemporáneo, 
contestó él: lo que es talento, no le he negado yo nunca. Hablaba sincera- 
mente, porque era un ingenuo de la vanidad. Mereció que Marcos Zapata 
le compusiese este burlesco epitafio: 




Manuel Fernández y González 

{1850 - 1888) 



En esta fosa cristiana 
reposa el mayor portento 
de inspiración, de talento 
y de vanidad humana. 

Se publicaba en el folletín de La Discusión, periódico demócrata 
dirigido por D. Nicolás diaria Rivero, una de sus novelas, y por exceso de 
original o exigencias del ajuste dejó de salir algunos días. Fernández y Gon- 
zález fuese a la redacción, y no habiendo hallado a D. Nicolás, le dejó este 



18 



/ - PRELIMINAR 

recado: Decid al director que hace dos días no da mi folletín, y esto es dejar 
a Madrid sin pan. Decía yo soy D. Manuel Fernández y González con la 
misma soberana posesión de sí mismo que el Cid yo soy Rodrigo el de Vi- 
var, y tan alta era la idea que tenía de su persona como despectiva la que 
formaba de los demás. De D. José Zorrilla, por ejemplo, escribió en su ho- 
jita: El diablo con antiparras: 



En el lírico tono es medianejo 
y a veces al sublime se levanta; 
suele imitar al cisne y al vencejo, 
si rudo silba o apacible canta. 
De soberbia no cabe en el pellejo 
y de su misma gloria tal se espanta, 
que en su delirio loco exclamó un dia: 
Nadie pase ante mí; la tierra es mia (1) 



Fernández y González era un caso típico de ingenuidad que, por lo 
descaradamente infantil, hace gracia; pero no lo fué entre la gente de le- 
tras de soberbia, pues tal achaque ¿s comunísimo en la repúblicaliteraria. 
y así como se ha dicho que es valiente el que sabe 
disimular el miedo, de los literatos en general 
puede afirmarse que son modestos los que acier- 
tan a disimular su propia petulancia. Decir a un 
literato que escribe mal, es como decir a una mu- 
jer que es fea. ¡Agravios que no se perdonan! Po- 
ned a un escritor en los cuernos de la luna, ensal- 
zad sus cualidades; pero notadle un defectillo: cree- 
rá que el defectillo advertido es precisamente una 
de sus más singulares y excelsas prendas, y os 
reputará un zote metido a crítico, sin discerni- 
miento ni juicio, que da palos de ciego para reves- 
tir sus tonterías con apariencias de crítica impar- 
cial y desapasionada. 

C) Todavía dimanan otras dificultades para 
este oficio de crítico contemporáneo de las diferen- 
cias religiosas y políticas que, desgraciadamente 
separan a los hombres. El insigne ascético inglés P. Fáber aborrecía a Mil- 




José Zorrilla. 
(1817-1893) 



(1) Juan López Ni'iñez: Triunfantes y olvidados. Madrid, Renacimiento, 1916. Articulo en El Liberal 
<11 Agosto 1914): Capitulo de anécdotas. 



19 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

ton por considerarlo enemigo de nuestro Señor Jesucristo, y no podía su- 
frir que se le alabase ni como poeta. Don Félix Sarda y Salvany ha siste- 
matizado este sentimiento, elevando a regla de criterio para los católicos el 
no ensalzar a ningún literato, por eximio que sea en el arte, si es adversa- 
rio de la verdadera religión (1), para no contribuir al acrecentamiento de 
prestigios funestos. Claro que lío es esta enseñanza de la Iglesia, y que lo 
que mejor se aviene con el espíritu católico es la justicia, o sea el dar a 
cada uno lo suyo independientemente de sus ideas, o del uso bueno o 
malo que haga de sus talentos, siendo la única manera digna y eficaz de 
sostener y propagar la verdad el uso de la verdad misma. Nuestro Señor 
Jesucristo no quiere ser defendido con habilidades diplomáticas, en el fon- 
do siempre maquiavélicas, sino con la noble sinceridad característica de los 
hijos de Dios. Así ha procedido el gran crítico católico Menéndez Pelayo, 
y su conducta debe ser ejemplo y norma. 

Prácticamente, son hoy mucho más tolerantes los católicos que los an- 
ticatólicos y acatólicos. Los racionalistas actuales miran a los creyentes con 
menosprecio, como a gentes de cerebro peor conformado y de inferiorísima 
mentalidad. Lo que no lleva la marca de la protesta o la rebeldía contra 
el orden social, basado en los principios religiosos tradicionales, no parece 
a muchos trascendente, ni aun en la esfera literaria. 

Contra todo esto hay que precaverse para conseguir la imparcialidad 
relativa, posible en lo humano, y, por lo menos, en la intención dar a cada 
uno lo suyo. 

4. Influencia de las literaturas extranjeras, y especial- 
mente de la francesa, en la española contemporánea. — Sí en 
todo el curso de nuestro Resumen histórico hemos ido comprobando que 
sin algún conocimiento de las literaturas extranjeras es imposible compren- 
der la nuestra, tratándose de la época contemporánea sube de punto esta 
necesidad. Las Letras de casi todos los pueblos han influido más o menos 
en la española e híspano-americana; pero la influencia predominante ha 
sido la francesa por tres modos principales: 

1.° Porque no siendo la producción literaria nacional suficiente- 
mente copiosa para satisfacer al público, la de Francia ha sido y es su- 
plementaria, y no habrá, seguramente, ningún español o híspano-america- 
no aficionado a leer o asistir a representaciones teatrales que no haya leí- 
do o visto tantas obras, por lo menos, de autores franceses como de nues- 



(1) El liberalismo es pecado. 

20 



/ - PRELIMINAR 

tra lengua. Clarín atribuyó a esta causa el predominio de la literatura fran- 
cesa en América. "... cuando menos se quería por allá a los españoles — 
"escribió — , los literatos, especialmente los poetas, solían inspirarse en 
"nuestros autores más célebres, como Quintana, Espronceda o Zorrüla. 
"Después se vio que nuevas generaciones iban olvidando esta sugestión 
"española, para entregarse a la de otras literaturas europeas, principal- 
"mente la francesa. No era todo desdén para España, sino que España 
"no daba a sus hijos de América suficiente pasto intelectual" (1). 

Es cierto; pero los americanos no han hecho en este punto sino lo 
que los españoles peninsulares. En América se continúa leyendo a los 
poetas y literatos españoles; y desde 1890 son 
leídos, editados, admirados e imitados en Es- 
paña los americanos, mas ni allá ni acá es bas- 
tante la literatura indígena, en ninguno de sus 
géneros o ramos, para satisfacer a los aficio- 
nados, y esta falta es la que llenan los tra- 
ductores del francés. 

2.° Siendo el vehículo por donde llega a 
nosotros todo lo europeo, y en este sentido 
Francia es para España Europa. Algo se ha 
traducido e imitado directamente del inglés, 
del alemán y del italiano; pero aun lo de es- 
tas naciones es poco, si se compara con lo tras- 
mitido por los franceses, y respecto de otras 

. j T-i • o • ivT Leopoldo Alas (Clarin). 

mas apartadas, v. gr., Rusia, Suecia, Norue- dta^ -looi 

ga, etc., todo ha llegado a nuestra patria por 

traducciones francesas. Cabe sentar esta regla 

general: del libro extranjero no francés traducido al castellano, se debe 

creer que lo ha sido de una traducción francesa, mientras no se pruebe lo 

contrario. 

Hay más. Los españoles no suelen reconocer valor ni a sus propias co- 
sas si los franceses no le han puesto su visto bueno. En 1879 el santandc- 
rinoD. Marcelino de Santuola hizo el portentoso descubrimiento arqueoló- 
gico de las pinturas prehistóricas en la cueva de Altamira (Santillana). y 
aunque trataron de vulgarizar tan importante hallazgo el más reputado de 
nuestros geólogos D. Juan Vilanova y Piera, D. Francisco Quiroga, don 
Rafael Torres Campos y D. Miguel Rodríguez Ferrer, hasta que se descu- 




(1) Articulo en Los Lunes de El Imparcial que sirve de prólogo a ln .-<li, i.,n .1.- \ri,-L por J. E. Rodó. 
publicada por Sanipere (Valencia). 

21 



SA LCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

brieron pinturas análogas en otras cuevas de Francia, no fueron creidas las 
españolas. Así en todo. La misma germanofilia que se ha sentido en Espa- 
ña desde 1870, ha tenido su fuente más copiosa en libros, discursos y ar- 
tículos franceses enaltecedores de Alemania. 

3.° Determinando el sucesivo imperio de las modas literarias, no 
menos tiránicas que las de los trajes, muebles y costumbres sociales. El 
romanticismo venía lentamente infiltrándose en España por corrientes ale- 
manas (Bolh de Fáber) e inglesas (traducciones de Walter Scott); pero no 
hubo época romántica en nuestra patria hasta que el romanticismo hizo 
previamente su explosión en Francia. Este influjo francés ha solido mani- 
festarse primero en la Península, y de aquí ha trascendido a las repúblicas 
americanas. Otras veces, como en el caso de Echeverría en la Argentina, 
fué allá directamente de París. Y en el más reciente, de Rubén Darío, por 
América ha pasado a España. 

5. Carácter de esta influencia en América Española: 
A) Opinión de Aníbal Latino y D. Manuel ligarte. B) Exa- 
men crítico de estas opiniones. — A) Parece a muchos este afran- 
cesamiento más intenso en América que en España. "En la república Ar- 
"gentina — escribe Aníbal Latino — se ha profesado y profesa una admi- 
" ración sin límites al genio francés y se ha hecho gala de imitar sus mo- 
"das, de adoptar las costumbres y los g-ustos franceses. Nada más exacto 
"que las afirmaciones del ministro Mr. Thiebaut, al agradecer las manifes- 
"taciones hechas a Francia con motivo de la inauguración de la estatua 
"del general San Martín, en Boulogne-sur-Mer (1): Tenéis con Francia, 
"decía a los argentinos, visibles afinidades: vuestra cultura, vuestro pen- 
"" Sarniento, están impregnados de su influencia. Vuestra constitución es 
"americana, pero vuestras almas son latinas y vuestras inteligencias son 
"francesas. Y no necesitaba añadir: venid a nosotros, y no resistáis nuestro 
"influjo; porque los argentinos no piensan en semejante resistencia, y 
"salvo excepciones, raras todavía, se abandonan complacidos a la influen- 
"cia francesa, la buscan y la desean hasta en los casos en que sería con- 
" veniente repudiarla (2)". 

Don Manuel Ugarte considera la totalidad de repúblicas latino-ameri- 
canas como una sola verdadera nación. Los distintos Estados allí consti- 



d» En Octubre de 1909. 

(2) Aníbal Latino: Los factores del progreso en la República Argentina. Segunda edición. Buenos 
Aires, 1910. 

22 



/ - PRELIMINAR 

tuídos son, en su sentir, el natural efecto de la primera ebullición separa- 
tista aguijoneada por los caudillos locales, ávidos de la suprema magistra- 
tura en una época de rudimentarias comunicaciones. A medida que se 
difunde la ilustración, va surgiendo el alma colectiva, la conciencia conti- 
nental, el sentimiento nacional latino-americano. Alli no hay diversidad de 
pueblos, sino un único pueblo grande cuyo núcleo étnico o base primaria 
es la raza española, en torno de la cual se han ido agrupando los materia- 
les multicolores aportados por la levadura indígena y por las emigraciones 
africana y europea. El suramericano que reniegue de su origen español es 
un suicida moral y parricida a medias; pero en el siglo xix ha habido en 
América una segunda conquista: lo conquistado materialmente por España 
hace cuatro siglos, ha sido conquistado intelectualmente por la Francia 
moderna. El separatismo fué una de las consecuencias de la sacudida 
de 1793. Los novelistas, poetas, pintores, músicos y sociólogos franceses 
han infiltrado en América el espíritu francés. Francia es la que ha ayudado 
a los hispanoamericanos a diferenciarse espiritualmente de la metrópoli y 
a la vez a reforzar su latinismo en frente de la América sajona, trasmitién- 
doles también con la afición a las reformas la nerviosidad, que es fuerza 
superior a la de los músculos. Entuma, que, para Ugarte, los hispano- 
americanos, étnicamente españoles, intelectual y literariamente son fran- 
ceses (1). 

Esta teoría es, sin duda, bien intencionada y de aquellas de que se 
deplora en cierto modo la falta de exactitud, pues a no tener este incon- 
veniente, podría esperarse, con algún fundamento, en la unión más o me- 
nos próxima de nuestra raza en América y el contrarresto por ella de los 
Estados Unidos. Es cierto que el separatismo puede ser considerado como 
una consecuencia de la Revolución francesa, en cuanto que "no fué un 
"empeño popular, sino obra de una minoría impregnada de ideas enciclo- 
"pedistas y revolucionarias" (2), o, como dice con más precisión García 
Godoy, "en su parte principal, fué la obra consciente de una élite, flor de 
"brillante cultura, nutrida en varios de los que la componían con ideas de 
"la Enciclopedia, con algunas de las afirmaciones lanzadas por la Revolu- 
"ción francesa y fortificada en sus propósitos por el espectáculo de las trece 
"antiguas colonias inglesas constituidas en una república que por el es- 
" trecho maridaje de la libertad con el orden cumplía provechosamente de- 
"terminados objetivos de vida nacional" (3). El ejemplo de los Estados 



(1) Ugarte: El porvenir de la América Latina. Sampere. Valencia, 1910. 

(2) Rufino Blanco Fonibona: La evolución política y social de Hispano-Am^nca. Madrid. 1911. 

(3) F. García Godoy: Articulo sobre el citado libro de Ugarte. coleccionado en La ^''^'^'"'^ ^"'''¡; 
cana de nuestros días. (Páginas efímeras). Biblioteca .Andrés Bello. Madrid. Sin aflo de impresión. 1915 (7). 



23 



SALCEDO -LA LITERAL UB A ESPAÑOLA - TOMO IV 



.'j^^ 




Rafael Altamíra. 

(1860) 



Unidos fué tan decisivo factor en la indepen- 
dencia sur-americana como pudieran serlo las 
ideas revolucionarias francesas de varios de los 
directores del movimiento — no de todos — , 
y lejos de amenguar, se ha fortificado y crece 
siempre. "Contra los Estados Unidos, y aun 
sin ellos, nada puede hacerse en la América 
Española" (1). Es un hecho, como ha cantado 
el mayor de los poetas hispano-americanos: 

Los Estados Unidos son potentes y grandes. 
Cuando ellos se estremecen hay un hondo temblor 
Que pasa por las vértebras enormes de los Andes (2). 



Y es, igualmente, otro hecho que lo único 
eficaz para contrarrestar en cierta medida esa 
corriente sajona, o, por lo menos, para que América española conserve su 
personalidad latina, no es el influjo de la literatura francesa, sino el in- 
destructible españolismo llevado allá por nuestros comunes ascendientes: 
la religión católica, la lengua, el inconfundible modo de ser de nuestra 
raza. El mismo Rubén, tan sugestionado por los poetas franceses, tan admi- 
rador de Francia, no contrapone a la América 
sajona una América moral e intelectualmente 
francesa, sino la legitima y auténtica América 
española, la que se incorporó a los indios y 
nunca pensó en aniquilarlos: ^^^^HÉ^i^ 

La América del grande Motezuma, del Inca, 
La América fragante de Cristóbal Colón, 
La América católica, la América española, 
La América en que dijo el noble Guatemoc: 
Yo no estoy en un lecho de rosas. Esa América 
Que tiembla de huracanes y que vive de amor, 
Hombres de ojos sajones y alma bárbara, vive 
Y sueña, y ama, y vibra, y es la hija del sol. 
Tened cuidado: vive la América española. 
Hay mil cachorros sueltos del León español. 




Y, pues contais con todo, falta una cosa: ¡Dios! 



Rubén Darío. 

(1864 - 1916) 



(1) Don Rafael Altamira: Las relaciones hispano- americanas. Conferencia en la Academia de 
Legislación y Jurisprudencia, de Madrid. (13 Diciembre 1915). 

(2) Rubén Uario: A Roosevelt. Cantos de vida y esperanza. 



24 



/ - PRELIMINAR 



Que el espíritu francés influya en esta América Española es naturali- 
simo, siendo española; porque del mismo modo se manifiesta esa influen- 
cia en la Península. Para que tal espíritu se haya infiltrado — hasta cierto 
punto — en las bellas letras, en las artes y aun en la sociología y política 
americanas, no era necesaria la separación. De continuar unidos con nos- 
otros hubiese sido igual. Lo que Ugarte llama segunda conquista no es 
sino la inevitable y constante acción de Francia sobre nosotros, acción 
que, como hemos visto en este libro, empieza en 
la esfera literaria con la gesta de Mío Cid, se pro- 
longa durante toda la Edad Media, y sí declina al 
fin de aquel periodo por virtud de la influencia 
italiana y casi desaparece en el Siglo de oro, 
vuelve a reanudarse con el clasicismo del si- 
glo XVIII. 

Mas el espíritu español, lo mismo allende que 
aquende los mares, no recibe esa constante ac- 
ción francesa, o europea, transmitida por Francia, 
sin resistencia, y a veces sin enojo, y lo que ad- 
mite al cabo, es transformándolo y adaptándolo a 
su manera de ser. Así la gesta de Mió Cid, por 
ejemplo, habiendo sido inspirada por la chanson 
de Roland, es lo más castizo de nuestra literatu- 
ra. Si tal adaptación no se verifica, lo francés, 
aunque se trasplante a España o América espa- 
ñola, vive efímeramente, no trasciende a la multitud, es, como dice .loso 
Enrique Rodó de la que denomina civilización republicana en América, "la 
"capa falaz del objeto ahuecado por el termite" (!)• La Vida de RuhcnDa- 
río (2) lo demuestra cumplidamente. ¡Qué profundo españolismo palpita 
en las descripciones, en los recuerdos, en su carácter y modo de sor. y 
eso que ha sido el poeta más afrancesado de nuestra raza! Atrájole Paris. 
y allí vivió veinte años. Pero, luego: "Dejé a Paris sin un dolor, sin una 
"lágrima. Mis veinte años de Paris, que yo creía que eran unas manos de 
"hierro que me sujetaban al hogar luteciano, dejaron libres mi corazón. 
"Creí llorar y no lloré" (3). Cuando le sorprendió la muerte, pensaba esta- 




José Enrique Rodé. 

(1872) 



(1) Montalüo (Ensayo). Los termites o carcomas, que en Colombia se llaman comejonts. son uno» 
insectiUos que anidan en cualquier objeto y lo roen y consumen por dentro, de modo «juc del ""'*'J'^- ''*^'- 
que o libro, en apariencia ilesos, queda sólo un pellejo finisimo. una forma vana, que al empuje del dedo 
cae y se deshace. 

(2) La vida de Rubén Darío, escrita por el mismo. Maucci, Barcelona. 

(3) ídem, pág. 283. 



25 



SA LCEDO ' LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

blecerse en Madrid, y a un amigo que le hablaba de París, dijo: París es 
la querida y Madrid la mujer legítima (1). 

6. Oposición castiza a la influencia extranjera. — Tanto 
en la América española como en nuestra Península, contra el impulso de 
admiración e imitación a Francia, actúa siempre otro de repulsión y apar- 
tamiento. Los juglares castellanos medio-évicos siguieron, es cierto, el ca- 
mino trazado por los transpirenaicos; pero fué para idear cantares anti- 
franceses como los de Bernardo del Carpió y Fernando I. En la época con- 
temporánea, igual que en el pasado remoto, la corriente francófila está 
contrarrestada por otra realmente francófoba. 

He aquí cómo juzgaba de nuestras relaciones políticas con Francia un 
insigne y ecuánime jurisconsulto, siendo su voz eco autorizado de opinión 
española: "La historia de esas relaciones, decía, nos presenta a la nación 
"vecina siempre animada de un mismo pensamiento: dominar moralmente 
"a España. Con ningún pueblo hemos vivido en más íntimo y frecuente 
"trato, y ninguno nos ha acarreado mayores males y más repetidos que- 
"brantos, ora con sus amistades, ora con sus enemistades. Cuando hemos 
"sido fuertes ha procurado Francia debilitarnos; cuando nos ha visto débi- 
"les, ha tenido la pretensión de llevarnos atados a su carro para que sir- 
" viéramos exclusivamente a sus miras e intereses" (2). Alguien ve la causa 
y origen de este prejuicio español anti-francés en la guerra de la indepen- 
dencia (3); pero ya Feijóo hubo de incluir en el Teatro Crítico un discurso 
sobre las Causas de la enemistad entre españoles y franceses que acusa en 
los subditos de Felipe V un estado de opinión idéntico al que notamos 
ahora. 

Clamar contra Francia, protestar airadamente contra su influencia en 
general, y particularmente la literaria, es lugar común en muchos de nues- 
tros críticos y escritores modernos. "Francia, ha escrito D. Francisco Fer- 
"nández y González, es palenque abierto a toda clase de exageraciones y 
"vulgaridades" (4). Y D. Francisco Giner de los Ríos: "Ha tenido siempre 
"un libro en blanco donde el primer advenedizo ha podido escribir sus de- 
" lirios, y una masa en todas las esferas sociales dispuesta a elevarlos a 
"doctrina, y — lo que es mucho peor — , a encarnarlos en instituciones" (5). 



(1) Diario de Barcelona, 22 Febrero 1916. 

(2) Martínez Alcubilla: Diccionario de la Administración española, articulo Tratados con Alemania. 

(3) L'esprit public et la sitiiaiion en Espagne. La genése historique des sentiments et des idees. 
(Articulo sin firma en Le Correspondant, 10 Octubre 1915). 

(4) Estética: Prólogo. 

(5) Estudios literarios, pág. 132. 

26 



/ - PR ELI M i: \AK 
LIBROS DEL SIGLO XIX 

OCIOS POÉTICOS 

DEL 

THENIENTE DON VICENTE 

Rico, entusiasmado con la fehz llegada á 
España de nuestro Amado Soberano 

EL SEÑOR 

D. FERNANDO VII. 

CONTIENEN SETECIENTAS 

quaríeías se dividen en quairo Capítulos. Las 
quinientas cincuenta y seis resumen de la 
Historia de nuestra gloriosa insurrección» 
Quarenta alusivas al regreso de Pepe 
Botellas á Francia. Treinta á la en- 
trada de Nuestro Soberano en 
España. Setenta y quairo de 
la Patriota Española y có- 
mo apéndice los dos 
Coros del Pa- 
triota. 

^0 Mñnih fíi h Iw^mu di D M, M. Añfi io l8i5. 

Rico. — Ocios poéticos. — Manila, 1815. — Portada. 



SALCEDO 'LA LITERATUBA ESPAÑOLA - TOMO IV 

Este movimiento antifrancés es causa de variados fenómenos sociales, 
políticos y literarios. Hay quien atribuye a la deletérea influencia francesa 
cuantos errores religiosos y desvarios políticos circulan por España, y, por 
de contado, la corrupción de costumbres es un efecto de ese contagio ga- 
licano. Si no fuera por el mal ejemplo de nuestros vecinos, seríamos un 
pueblo patriarcal en que toda virtud y bizarría de carácter tendrían su 
asiento indisputado. Aunque la Francia moderna ha sido tan fecunda en 
insignes apologistas de la religión católica y en predicadores de la talla de 
Lacordaire, el P. Félix, el P. Monsabré, etc., cuyos libros y sermones corren 
por nuestra patria traducidos, haciéndose de ellos múltiples ediciones que 
acreditan el buen acogimiento del público, no hay que fiarse, sino preve- 
nirse "contra la etiqueta académica y algo aseglarada de los más de los 
"oradores franceses" (1). La piedad sólida, la virtud maciza, el sentido 
cristianamente popular no se encuentra en ellos, sino en nuestros ascéticos 
y místicos del Siglo de oro. 

"... todavía se encuentra quienes juzgan que el hombre ha sido crea- 
"do por Dios para aprenderse el Diccionario de galicismos de Baralt y las 
"Apuntaciones sobre el lenguaje bogotano de D. J. Rufino Cuervo. Dos ca- 
"balleros discuten sobre política, o sobre no importa qué, por la prensa. 
"Desventurado de aquél que, aunque lleno de buena doctrina, escribe, es 
"por esto que o avalancha. Una de las razones que hicieron popular y fa- 
"moso a un escritor ecuatoriano, genial, por otra parte, D. Juan Montalvo, 
"fué su manera de escribir arcaica, su culto por Cervantes y por el Diccio- 
"nario." Esto que cuenta Rubén Darío de Nicaragua, es igual en todas 
las repúblicas hispano-americanas y en la Península. Son varios los reper- 
torios de galicismos que se han publicado, y hay quien ve galicismos en la 
punta de una lanza, y aparta con horror la vista de todo escrito en prosa o 
en verso que no sea completamente puro, esto es, no contaminado de pa- 
labras, frases o construcciones francesas. 

No debemos censurar esta tendencia, a no ser en sus exageraciones 
más extremosas. Contrarrestando la otra— la que nos impulsa a la imita- 
ción de nuestros vecinos — , conservando las tradiciones del Siglo de oro, 
eficazmente contribuye a que nuestro modo de ser nacional, y especial- 
mente las bellas Letras, mantengan su personalidad histórica, o sea la ca- 
racterística fisonomía y razonable originalidad, sin las cuales no hay ver- 
dadera independencia. De Francia o por Francia recibimos el elemento 



(1) P. Quintín Pérez: 1814-1914. Recuerdo de un Centenario. (Colección de piezas literarias de Jesuí- 
tas españoles modernos). Tomo II. Predicadores: Prólogo. Gili. Barcelona, 1915. 

28 



/ PR ELI MI sai: 

europeo o universal, indispensable para que una literatura cualquiera ten- 
ga valor positivo extra-nacional. De nuestro propio ser colectivo sacamos 
el elemento propio y castizo, no menos necesario para que cualquier lite- 
ratura sea original. La nuestra lo es. Lo fué siempre y continúa siéndolo 
en la época contemporánea. 




Millis Guillermo. — Marca usada 

en Medina del Campo en el 

siglo XVI. 



29 



LA LITERATURA ESPAÑOLA CONTEM^ 
PORÁNEA ^ II. " RESUMEN DE HISTORIA 



POLÍTICA - LA PENÍNSULA 



(1) 




Minoría de Isabel II: A) Regencia de María 
Cristina. B) Progresistas y moderados. 
C) F^egencia de Espartero. — En otro libro (2) 
está expuesta con relativa extensión nuestra historia 
contemporánea general, y especialmente la política. 
Aquí nos limitamos a brevísima referencia. Los perío- 
dos en que para más pronto recuerdo y fácil inteligencia del lector se pue- 
den dividir, son: 

A) Minoría de Isabel II. Desde 29 de Septiembre de 1833 hasta 8 de 
Noviembre de 1843. Quedó la reina niña bajo la tutela y regencia de su 
madre doña María Cristina, la cual continuó con el ministerio Cea Bermú- 




(1) 7. Minoría de Isabel II: A) Regencia de María Cristina. B) Progresistas y 
moderados. C) Regencia de Espartero. — 8. Tipos y costumbres de esta época refle- 
jados por Espronceda en "El Diablo Mundo". — 9. De 1843 a 1854: A) Resumen de 
historia política. B) Carácter general del periodo. Una anécdota de Ventura de la Vega. 
C) Viajes a España de Literatos franceses. Una página de Asorin. D) Juicio de Azorín 
.'iobre estos viajes. Mal efecto del de Alejandro Damas en la opinión española. — 
10. La revolución de 1854: A) Resumen político. B) Cánovas del Castillo. C) La coro- 
nación de Quintana. — 11. Último período del reinado de Isabel II. — 12. Revolución 
de 1868. — 13. Nuestros días: A) Reinado de Alfonso XII. B) Regencia de Doña María 
Cristina. C) Reinado de Alfonso XIII. 

(2) Historia de España: Resumen critico, por A. Salcedo, e Historia gráfica de la civilización espa- 
ñola, por M. Ángel. (Publicación de la Casa Editorial Calleja). Los Anales Contemporáneos, que deben ser 
consultados como complemento de lo que aquí se apunta (años de 1833 a 1912), comprenden desde la 
pág. 659 a la 911. 



30 



// - RESUMEN DE HISTORIA POLjTICA - LA PEN/N.^[!/A 




María^Cristina de Borbón. 

(1806-1878) 

(Retrato por Vicente López.) 



(Fot. Lacostr.J 



31 



SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 



dez, representante del despotismo ilustrado. A título de liberal moderado, 
subió al Poder Martínez de la Rosa (15-Enero-1834), que dio el Estatuto 
Real (Constitución en forma de carta otorgada), pero que ni con esta medi- 
da ni con otras de carácter anticlerical satisfizo a los liberales exaltados. 
Combatíase sañudamente al Gobierno por la prensa, distinguiéndose Larra 
en esta campaña; conspirábase continuamente, estallaban motines y come- 
tiéronse grandes excesos revolucionarios, como la matanza de los frailes 
en Madrid (17-Julio-1834) con pretexto del cólera, o, mejor dicho, de la di- 
vulgada patraña de que los frailes habían envenenado las fuentes y que 

tal era la causa de la epidemia. 

La guerra carlista, que había empezado el 3 
de Octubre de 1833, tomó extraordinario incre- 
mento. Valdés, general en jefe del ejército del 
Norte, expuso al Gobierno la necesidad de una 
intervención militar de Francia e Inglaterra para 
acabar con los carlistas, y Martínez de la Rosa, 
que, aunque había ajustado con dichas nacio- 
nes y Portugal el tratado de la Cuádruple 
Alianza (23-Abril-1835), no era partidario de 
la intervención directa, tuvo que allanarse a 
solicitarla; pero no habiéndose accedido a su 
solicitud, dimitió (7-Junio-1835). 

Le sucedió el Conde de Toreno, y su mi- 
nisterio, de tres meses y siete días, fué uno de 
los períodos más anárquicos de nuestra historia 
contemporánea. Subleváronse todas las provincias, formándose juntas revo- 
lucionarias; cometiéronse inauditos crímenes, como las matanzas de frailes e 
incendios de conventos en Zaragoza, Murcia, Reus y Barcelona (1); aun 
en Madrid, único lugar en que se mantuvo la autoridad del Gobierno, hubo 
que sofocar un levantamiento de los milicianos nacionales. El embajador in- 
glés, sir Jorge Williers, aconsejó a la Reina conferir el Poder a Mendizábal. 




Juan Álvarez Mendizábal. 

(0790-1853) 



(1) Sobre estos sucesos en Cataluña y, en general, la persecución de los religiosos en el Principado, 
poseemos hoy dos obras completísimas, honra de la erudición moderna, y (jue, con razón, han sido compara- 
das con las del P. Flórez. Tales son lets del chantre de la Catedral de Barcelona, D. Cayetano Barraquer y Ro- 
viralta: La& Casas de fíelif/iosos en Cataluña durante el primer tercio del siglo XIX (1906). Dos tomos en 
folio de 572 y 626 páginas respectivamente, y Los Relir/iosos en Cataluña (1915-1916), dos tomos en folio 
de 1290 y 1.299 páginas. Todo editado lujosamente y con magníficos fotograbados y artísticas litografías, a 
costa del autor. "El Sr. Barraquer no es imparcial en el sentido de indiferente. . . bien claro muestra su incli- 
'nación por los realistas...; pero es un investigador del dato histórico completamente desinteresado. Un 
"liberal podrá interpretar o juzgar los datos de otro modo que él; pero los hechos son los hechos. El señor 
•Barraquer escribe muy bien; su estilo es correcto, fácil, claro, jugoso, acomodado a los asuntos que trata 
•y sin digresiones. . ." (Articulo del autor de este libro en el Diario de Barcelona, 20 Julio 1915). 



32 



// ■ RESUMEN DE HISTORIA POLÍTICA - LA PENÍNSULA 



O ENGENHOSO 
F I D A L G O 

DOM QUIXOTE 

DE LA MANCHA, 

ÍOR MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA, 
TRADUZID0 BM VtlI-6AR. 

T O M O L 



Gobernó éste desde el 15 de Septiembre de 1835 al 15 de Mayo 
de 1836. Continuó la anarquía y continuaron los crímenes revolucionarios, 
como la matanza de 133 prisioneros carlistas en Barcelona (4-Enero-1836). 
La guerra civil crecía 
siempre, y aunque desde 
28- Abril -1835 regía en 
Navarra y Vascongadas 
el Convenio Elliot, en vir- 
tud del cual no eran fusi- 
lados los prisioneros, en 
las otras regiones, espe- 
cialmente Cataluña y Va- 
lencia, tomó un carácter 
de ferocidad sin ejemplo. 
Mendizábal suprimió to- 
dos los Institutos religio- 
sos (ll-Oct.-1835). Com- 
batido en las cortes o es- 
tamentos, según la tecno- 
logía del Estatuto Real, 
por Istúriz y Alcalá Ga- 
liano, que habían vuelto 
de la emigración con sus 
ideas muy moderadas, di- 
mitió el 15 de Mayo, cons- 
tituyéndose el gabinete 
Istúriz- AlcaláGalianoDu- 
que de Rivas, y el 12 de 
Agosto fué el motín de la 
Granja, por el que la sol- 
dadesca de guarnición en 
el Real Sitio, acaudillada 
por Higinio García y otros 
sargentos, obligó a la Rei- 
na a decretar el restable- 
cimiento de la constitu- 
ción de 1812 y conferir a Calatrava la formación de un nuevo ministerio. 

B) Hasta este momento las palabras moderado y exaltado significa- 
ban dos tendencias, dos grados o temperamentos en la profesión del libe- 
ralismo; pero no dos partidos opuestos. No había más partido que uno: el 



LISBOA, 

VA 7YP0GRAFIA ItOLLAKDlAKA. 

1794. 

Csm Uecpgé áa Reaí Meza iá CommUM Ocrg} tcir^ 
9 £xome , c Ctnsura d«t íivrtu 

Cervantes. — Don Quijote ... (en portugués). — Lisboa, 1794. 
Portada. 



33 



Salcedo. — ¿a Literatura Española.— Tomo I\ . 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 



liberal. Mas ahora, los exaltados, a que D. Salustiano de Olózaga puso el 
nombre de progresistas (1), constituyeron en torno de Mendizábal y Cala- 
trava un partido, y los moderados agrupáronse, formando otro que aspiró 
al titulo de monárquico constitucional y al de conservador, aunque luego 
prevaleció el de moderado. La historia política redúcese ya a la lucha 
entre ambos partidos. 

Los progresistas gobernaron con Calatrava y Mendizábal, y después 
con D. Ensebio Bardají, hasta el 16 de Diciembre de 1837, en que ganadas 
las elecciones generales por los moderados, subieron éstos al Poder, suce- 

diéndose los gabinetes presididos por el Conde 
de Ofelia, el Duque de Frias y D. Evaristo Pé- 
rez de Castro, en cuyo tiempo se hizo el Con- 
venio de Vergara (31-Agosto-1839) y acabó la 
guerra civil por la entrada de Cabrera en Fran- 
cia (7-Julio-1840). Con pretexto de la ley de 
ayuntamientos, subleváronse los progresistas, 
y Espartero, general en jefe de los ejércitos que 
habían concluido la guerra civil, se puso de su 
parte. La reina Cristina tuvo que abandonar la 
regencia y el suelo patrio (17-Septiembre), y 
Espartero fué presidente de un ministerio-regen- 
cia y elegido por las cortes regente del reino. 
C) Esta regencia es también uno de los 
períodos más anárquicos de nuestra historia. 
Los progresistas, de que era obra, se dividie- 
ron en dos bandos: los trinitarios, que no habían querido que se confiriese 
la regencia a una sola persona, sino a tres, y los unitarios o partidarios del 
regente único (2), de que hacían cabeza los ayacuchos o íntimos del regen- 
te. Los moderados organizaron una vigorosa oposición, organizadora de 
pronunciamientos, y atrajéronse a muchos carlistas y a los católicos fervien- 
tes, irritados por la política anticlerical de los ministros de Espartero. Motines 
de progresistas más avanzados en sus ideas que la masa del partido, algunos 
de carácter republicano y socialista, otros en sentido proteccionista, suble- 
vaciones militares promovidas por los moderados, combates en campos 
y ciudades, bombardeos como el de Barcelona, fusilamientos de genera- 
les y ex ministros, persecución del clero, ruptura con la Santa Sede, etcé- 




Baldomero hspartero. 
(1793-1879) 



(1) En discurso pronunciado en una logia masónica, según D. Miguel Morayta: La Masonería en 
España. Madrid, 1915. 

(2) En las Cortes votaron 151 unitarios, contra 138 trinitarios. En la elección de regente tuvo Espar- 
tero 179 votos, contra 110 a favor de otros candidatos. 



34 




Isabel 11 de Borbón. 

(1830-1904) 

(Retrato por Federico Madrazo.) 



(Fot. Lacoste). 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

tera. Nada faltó. Entendiéronse, por fin, todos los enemigos de Espartero, se 
formó una coalición nacional para derribarle, estalló la definitiva insu- 
rrección en Málaga (23-Mayo-1843), y el 30 de Julio tuvo el regente que 
embarcarse para Inglaterra. Los vencedores en el alzamiento declararon 
de mayor edad a la Reina, que sólo tenia trece años. 

8. Tipos y costumbres de esta época reflejados por Es- 
pronceda en el <<<£/ Diablo Mundo». — En ningún período como 
en la minoría de Isabel II ha sido más intenso y desconcertado el dina- 
mismo de que habla Orte- 
ga Gasset. (Véase I-2-C.). Ni g^ j^jgj^jg j^gL SIGLO XIX 
en la revolución de 1868. 
España parece desde Sep- 
tiembre de 1833 hasta Julio 
de 1843 como presa de un 
vértigo; los elementos so- 
ciales chocan unos contra 
otros furiosamente: guerra 
civil asoladora en campos 
y montañas, pronunciamien- 
tos, insurrecciones de la mi- 
licia nacional, tumultos po- 
pulares, batallas en las ca- 
lles, bellos ejemplos de 
fortaleza y heroísmo; otros 
feísimos de repugnantísima 

crueldad: matanzas, incendios, asolamientos, conspiraciones, intrigas, 
cabildeos; lo trágico confundido con lo cómico, lo sublime con lo ri- 
diculo. De todo ello quedan reflejos en la literatura de la época. Los 
más expresivos, a nuestro juicio, por lo menos del aspecto cómico de 
las cosas, son los de Espronceda en El Diablo Mundo. He aquí cómo 
el poeta revolucionario, progresista de los más extremosos y a ratos re- 
publicano, se burlaba sarcásticamente de los milicianos nacionales de 
Madrid, de los publicistas, conspiradores, diputados y aun de los literatos 
de su tiempo: 

¡Oh gloria! ¡oh gloria! ¡lisonjero engaño, 
Que a tanta gente honrada precipitas! 
Tú el mercader pacífico en extraño 
Guerrero truecas, y a lidiar le excitas; 




Ex librls, impreso en papel azul, de la primera mitad 
del siglo XIX. 



36 



// - RESUMEN DE HISTORIA POLÍTICA - LA PENÍNSULA 

Su rostro vuelves bigotudo, huraño, 
Con entusiasmo militar le agitas, 

Y haces que sea su mirada horrenda 
Susto de su familia y de su tienda. 

Tú, al que otros tiempos acertaba apenas 
A escribir con fatigas una carta. 
Animas a dictar páginas llenas 
De verso y prosa en abundante sarta. 
Político profundo en sus faenas, 
Folletos traza, artículos ensarta, 
Suda y trabaja, y en manchar se emplea 
resmas para envolver alcarabea. 

Otros ¡oh gloria! sin aliento vagan 
Sohcitos huyendo acá y allá. 
Suponen club, y con recelo indagan 
Cuando el Gobierno a aprisionarlos va: 
A éstos, si los destierran, los halagan. 
Nadie en ellos pensó ni pensará, 

Y andan ocultos y mudando trajes, 
Creyéndose terribles personajes. 

Estos por lo común son buena gente, 
Son a los que llamamos infelices, 
Hombres todo entusiasmo y poca mente 
Que no ven más allá de sus narices. 
Raza que el pecho denodado siente 
Antes que ¡oh fiero mandarín! atices 
Uno de tus legales ramalazos, 
Que les doble ante el rey los espinazos. 

Otros te siguen, engañosa gloria, 
Que allá en sus pueblos son pozos de ciencia, 
Que creyéndose dignos de la historia, 
Varones de gobierno y experiencia, 
Ansiosos de alcanzar alta memoria, 
O abusos corregir con su elocuencia. 
Diputados al fin se hacen nombrar, 
Tontos de buena fe para callar. 

Éstos viven después desesperados. 
Del ministro además desatendidos, 
En el mundo político ignorados 

Y del pueblo también desconocidos; 
Andan en la cuestión e.xtraviados, 
Siempre sin tino, torpes los sentidos; 
Dando a saber con pruebas tan acerbas, 
Que pierden fuerzas en mudando hierbas. 



37 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

A todos, gloricí, tu perdón nos guía, 

Y a todos nos excita tu deseo: 
¿Apellidarse socio quien no ansia, 

Y en las listas estar del Ateneo? 
¿Y quién, aficionado a la poesía, 
No asiste a las reuniones de Liceo, 
Do la luz brilla dividida en partes 
De tanto profesor de bellas arles? 

Es cierto que allí van también profanos 
En busca de las lindas profesoras. 
Hombres sin duda en su pensar livianos. 
Que de todo hacen burla a todas horas, 
Sin gravedad, de entendimiento vanos. 
Gentes de natural murmuradoras. 
Que se mofaran de Villena mismo 
Evocando los diablos del abismo (1). 

Con no menos acre donosura pintaba el tipo del burgués madrileño, 
racionalista, progresista y enemigo de tumultos: 

Frisaba ya el patrón en sus cincuenta, 
Hombre grave y sesudo. 
Tenido entre sus gentes por agudo, 
Con lonja de algodones por su cuenta. 
Elector, del sensato movimiento 
Partidario en política y nombrado 
Regidor del heroico ayuntamiento 
Por fama de hombre honrado 

Y odiar en sus doctrinas reformistas 
No menos al partido moderado 
Que a los cuatro anarquistas, 
Aunque éstos le incomodan mucho más; 
Por no verlos se diera a Barrabás, 

Y tiene persuadida a su mujer 

Que es gente que no tiene que perder. 

Leyendo está las ruinas de Palmira 
Detrás del mostrador a aquellas horas 
Que cuenta libres, y a educarse aspira 
En la buena moral, 

Y a la patria a ser útil en su oficio, 
Habiendo ya elegido en su buen juicio. 
En cuanto a religión, la natural; 

Y mirando con lástima a su abuelo. 



(1) Diablo Mundo, canto I. 



3S 



II - RESUMEN DE HISTORIA POLÍTICA - LA PENÍNSULA 

Que fué al fin un esclavo, 

Y el mezquino desvelo 

De los pasados hombres y porfías, 

Rinde gracias a Dios, que el mundo al cabo 

Ha logrado alcanzar mejores dias. 

Así filosofando y discurriendo, 

Sus cuentas componiendo. 

Cuidando de la villa y su limpieza. 

Sólo tal vez alguna ligereza 

Turba su paz doméstica, que ha dado 

En darle celos su mujer furiosa; 

Y aunque sobremanera 

Los celos sin razón ella exagera. 
Suena en el barrio como cierta cosa, 
Que aunque viejo, es de fuego, 
Corriente en una broma y mujeriego. 

Y más ligeramente, pero no con menos colorido, oíros tipos de la 
época : 

Acudió a la par de ella 
Un pintor joven, cuya mala estrella 
Trajo a Madrid, con más saber que Apeles; 
Mas no llegó a pintar, porque el dinero 
A su llegada le ganó un fullero, 

Y no compró ni lienzos ni pinceles; 

Y en la buhardilla vive 

Lejos del ruido y pompas de este mundo. 
Junto a Dios nada menos, que el profundo 
Genio de Dios la inspiración recibe; 
Mas tanto genio por caudal tan fútil 
Estéril es, la inspiración inútil. 

Y ¡oh prosa! ¡oh mundo vil! no inspiraciones 
Pide el pintor a Dios, sino doblones. 

Un cachazudo médico, vecino 
Del cuarto principal, materialista. 
Sin turbarse subió; y entre ellos vino 
Un rom.ántico joven periodista. 
Que en escribir se ocupa folletines. 
De alma gastada y botas de charol, 
Que ora canta a los muertos paladines, 
Ora escribe noticias del Mogol, 
Cada línea a real, y anda buscando 
Mundo adelante nuevas sensaciones, 
Las ilusiones que perdió llorando. 
Lanzando a las mujeres maldiciones. 

39 



SALCEDO 'LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

Traza, por último, el poeta un caricaturesco y animadisimo cuadro de 
las asonadas, que eran en la corte el pan nuestro de cada día. El alboroto 
armado en la vecindad por la presencia del loco Adán trasciende a la 
calle. 



Y acude gente, y el rumor se aumenta, 

Y llénase el portal, crece el tumulto. 
Su juicio cada cual por cierto cuenta, 

Y se pregunta y se responde a bulto. 
Dicen que es un ladrón; hay quien sustenta 
Que al pueblo de Madrid se hace un insulto. 
Prendiendo a un regidor, y que él resiste 

A la ronda de esbirros que le embiste. 

Llega la multitud formando cola 
Al sitio en que se alza Mariblanca (1); 

Y la nueva fatal de que tremola 

Ya su pendón, y que asomó una zanca 
El espantoso monstruo que atortola 
Al más audaz ministro, y lo abarranca, 
El bú de los gobiernos, la anarquía, 
Llegó aterrando a la Secretaría. 

Órdenes dan que apresten los cañones. 
Salgan patrullas, dóblense los puestos. 
No se permitan públicas reuniones. 
Pesquisas ejecútense y arrestos. 
Queden prohibidas tales expresiones, 
Obsérvense los trajes y los gestos 
De los enmascarados anarquistas, 

Y de sus nombres que se formen listas. 

Que luego a son de caja se publique 
La ley marcial, y a todo ciudadano 
Cuyo carácter no le justifique 
Luego por criminal que le echen mano. 
Que a vigilar la autoridad se aplique 
La mansión del Congreso soberano, 

Y bajo pena y pérdida de empleos. 
Sobre todo la Casa de Correos (2). 



(1) Estatua de la fuente que había en la Puerta del Sol, trasladada luego a la plaza de las Descalzas 
Reales, y reemplazada hoy por la estatua del fundador del Monte, Piquen 

(2) Hoy Ministerio de la Gobernación. 

40 



// - RESUMEN DE HISTORIA POLÍTICA - LA PEN ÍNSULA 

Pásanse a las provincias circulares, 

Y en la Gaceta, en lastimoso tono, 
Imprímense discursos a millares 
Contra los clubs y su rabioso encono. 
Píntanse derribados los altares, 
Rota la sociedad, minado el trono, 

Y a los cuatro malévolos de horrendas 
Miras mandando y destrozando haciendas. 

¡Oh, cuadro horrible! ¡Pavoroso cuadro! 
Pintado tantas veces y a porfía 
Al sonar el horrísono baladro 
Del monstruo que han llamado la anarquía. 
Aquí su elogio para siempre encuadro. 
Que a ser llegaste el pan de cada día. 
Cartilla eterna, universal registro 
Que aprende al gobernar todo ministro. 

Viene luego una soflama contra los gobernantes, a los que llama 
"turba de viejas que ha mandado y manda", "tropel asustadizo de repti- 
les", gentes "sin plan, sin noble pensamiento", "funesta plaga", "gusanos 
que roéis nuestra semilla", en suma, cuanto dicen contra los que mandan 
los revolucionarios e inadaptados de todos tiempos; y sigue describiendo: 

Mientras al arma el ministerio toca, 

Y se junta la tropa en los cuarteles 

Y ve la gente con abierta boca 
Edecanes a escape en sus corceles 
Cruzar las calles, y al motín provoca 
El Gobierno con bandos y carteles, 

Y andan por la ciudad jefes diversos 
Cuyos nombres no caben en mis versos. 

Como el jefe político y sus rondas. 
Capitán general, gobernador. 
Los que por mucho ¡oh monstruo! que te escondas 
Darán contigo en tu mansión de horror. 
Como del mar las agolpadas ondas 
Al ímpetu del viento bramador. 
La calle entera de Alcalá ocupando, 
Se va la gente en multitud juntando. 

Y ya el discorde estrépito aumentaba. 

Y la mentira y el afán crecía, 

Y la gente a la gente se empujaba, 
Codeaba, pisaba y resistía. 

41 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

El semblante y los ojos empinaba 
Cada cual para ver si algo veia, 
Y en larga hilera están ya detenidos 
Gentes, carros y coches confundidos. 



Y allí la voz aguardentosa truena, 
Grita asustada la afligida dama, 
Ladran los perros, y las calles llena 
La gente que en tumulto se derrama. 
Suspende el artesano su faena. 
Cuidoso el mercader sus gentes llama, 
Puertas y tiendas ciérranse, añadiendo 
Nuevo rumor al general estruendo. 

Y la prisa es de ver con que asegura 
Cada cual su comercio y mercancía, 

Y cómo alguno entre el tropel procura 
Mostrar serenidad y valentía, 

Y en torno de él la multitud conjura 
A reunirse con calma, y sangre fría 
Aconseja, mirando alrededor 

Con ojos que desmienten su valor. 

Y otros audaces, de intención dañina, 
Gózanse en el tumulto, y de repente 
Donde la gente más se arremolina 
Prontos acuden a aturdir la gente; 

Y huyen por aumentar la tremolina 

Y confusión, y contra el más paciente 
Espectador pacífico se estrellan, 

Y con fingido espanto le atropellan. 

Y en tanto que unos y otros alborotan. 
Perora aquél y el otro hazañas cuenta; 
Páranse en corro y furibundos votan, 

Y un solo grito acaso el corro ahuyenta; 

Y aquellos de placer las palmas frotan; 

Y este el sombrero estropeado tienta. 
Párase, y el aliento ahogado exhala; 

Y el tambor va tocando generala. 

Y algunos nacionales van saliendo. 
El ánimo a la muerte apercibido. 

El motín y su suerte maldiciendo 
Con torvo ceño y gesto desabrido: 

Y con voz militar, Adiós, diciendo 
A su aterrada cónyuge el marido, 

Al son del parche y a la voz de alarma 
Carga el fusil y bayoneta arma. 



42 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA ■■ TOMO IV 



Tal era el aspecto de Madrid durante la minoría de Isabel II; el Madrid 
de la época romántica. 

9. De 1843 a 1854: A) Resumen de historia política. 
B) Carácter general del período. Una anécdota de Ventura 
de la Vega. C) Viajes a España de literatos franceses. Una 
página de Azorín. D) Juicio de Azorín sobre estos viajes. 
Mal efecto del de Alejandro Dumas en la opinión espa- 
ñola. — A) Había derribado al Regente una coalición en que llevaban la 
voz cantante moderados y progresistas. Los primeros no tardaron en elimi- 
nar a los segundos, derribando al ministerio presidido por D. Salustiano de 
Olózaga (l."-Diciembre-1843). Los moderados gobernaron solos hasta 
la revolución de 1854; pero divididos en varias fracciones, entre las que 
conviene recordar a los puritanos, así denominados por alardear de rígidos 
observantes del régimen constitucional y de la moral política y privada y 
cuyos caudillos fueron D. Joaquín María Pacheco y D. Nicomedes Pastor 

Díaz; los polacos, que tuvieron por jefe a D. Luis 
M. Sartorius, conde de San Luis, a los que se atri- 
buyeron los vicios opuestos a las virtudes de que 
alardeaban los puritanos, de donde aún se llame 
polacada a todo acto gubernativo arbitrario, ex- 
tralegal o contralegal, realizado con la mira de 
favorecer a los amigos y paniaguados, v. g., dar 
un empleo a quien no tiene, con arreglo a la ley, 
condiciones ni méritos para obtenerlo; los casi- 
absolutistas o que aspiraban a restringir las liber- 
tades constitucionales y aumentar las atribucio- 
nes del Poder real, siendo también enemigos de- 
clarados del militarismo o caudillaje, esto es, de la 
influencia de los generales en el gobierno por el 
mero hecho de ser generales, o sea por el temor 
a que se sublevasen e impusiesen su voluntad por 
la fuerza, de los cuales el representante más auto- 
rizado fué D. Juan Bravo Murillo; la masa del partido moderado reconocía 
por jefe al general Narváez. Dibújase ya la tendencia denominada neo- 
católica después de 1854; pero que alentó ya en este período con el Mar- 
qués de Viluma y D. Juan Donoso Cortés, marqués de Valdegamas: su ob- 
jetivo era cimentar las instituciones sociales y políticas sobre la base de 
la doctrina católica. 




Juan Donoso Cortés. 

(1809- 1853) 



44 



II 'RESUMEN DE HISTORIA POLÍTICA - LA PENÍNSULA 




Luis González Bravo. 

(1817-1871) 



Combináronse estas divergencias ideológi- 
cas con las rivalidades y ambiciones personales, 
según acontece siempre, y desarrolláronse en un 
ambiente de intrigas palatinas, del peor género 
que cabe imaginar, y que dieron muchas veces a 
la situación color y tono de regocijante saínete. 
Los gabinetes que se sucedieron en el Poder fue- 
ron: de González Bravo (hasta 3-Mayo- 1844). Nar- 
váez (hasta 12-Febrero-1846). Marqués de Mira- 
flores (sólo duró un mes). Narváez (diez y nueve 
dias). Istúriz (hasta 28 de Enero-1847). Duque 
de Sotomayor (hasta 28-Marzo del mismo año). 
Pacheco (hasta 10-Septiembre del mismo año). Mi- 
nisterio presidido por D. Florencio García Goye- 
na, pero de que fué la verdadera cabeza el ban- 
quero y contratista de obras públicas D. José Salamanca. No duró más que 
veintidós dias, y el 4 de Octubre formó gabinete Narváez, que se mantuvo 
en el Poder hasta el 10 de Enero de 1851, con la interrupción de un día — 
el 19 de Octubre de 1849 — , en que fué substituido por otro ministerio pre- 
sidido por el Conde de Cleonard, al cual llamaron ministerio relámpago 
por no haber subsistido más que veinticuatro horas. A Narváez sucedieron 
Bravo Murillo (hasta 19-Septiembre-1852); Roncali (hasta 4-Abríl-1853); 
Lersundi (hasta 19-Septiembre del mismo año), y el Conde de San Luis, 
contra el que estalló la revolución de 1854. 

B) No faltaron en este tiempo sus insurrecciones y algaradas; pero 
comparado con el anterior período fué de gran tranquilidad y de reorgani- 
zación política y administrativa: la constitución de 1845, el concordato cen- 
ia Santa Sede, el plan de Estudios, la reforma tri- 
butaria, la creación del Consejo Real y de los Pro- 
vinciales y de la Guardia civil, la reorganización 
de las Reales Academias, la legislación y ejecu- 
ción de obras públicas y de ferrocarriles, etc., etc., 
son gloria efectiva de la administración mode- 
rada. Lo peor — repitámoslo — , fueron las intrigas 
cortesanas de que se aprovechaban los políticos 
para conseguir el Poder. He aquí como muestra 
una muy típica relacionada con la literatura. 

El gabinete presidido por el Duque de So- 
Ran,ó„iv,anue,M.' Narváez. tomayor quiso alejar de Madrid, o, mejor dicho 
(1800-1868) de Palacio, al general Serrano, cuyo favoritismo 




45 



SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 



daba pábulo a la maledicencia, y para disimular o decorar el acordado des- 
tierro confirióle la capitania general de Navarra. El general se resistió a 
cumplir la orden alegando su calidad de senador, y hubo que llevar al 
Senado la cuestión; mientras se resolvía, el Gobierno procuró tener como 
aislada o incomunicada a la joven y poco perspicaz soberana, incapaz de 
comprender cuánto interesaba el negocio a su buen nombre y al prestigio 
de la monarquía; pero los puritanos que se habían conquistado este mote 
a fuerza de aspavientos y remilgos en cosas de harto menor transcendencia 
moral, no vacilaron entonces en intrigar en Palacio para persuadir a la 
Reina de que no debía sufrir la humillación que trataban de imponerle el 

Gobierno y la mayoría de las cámaras. Valié- 
ronse del siguiente medio: Ventura de la Vega 
no figuraba en política, sólo era conocido como 
literato insigne, estando aún frescos los laure- 
les de El Hombre de mundo, y Ventura de la 
Vega fué a Palacio con el pretexto de invitar a 
la Reina a una velada del Liceo; pero en reali- 
dad a decirle que debía echar a unos ministros 
que la humillaban y escarnecían; así lo hizo el 
poeta, y con tan buena fortuna que Isabel II 
pidió la dimisión al Duque de Sotomayor, y 
por procedimiento tan poco puritano fueron los 
puritanos encargados de formar gabinete. 

C) Las bodas de la Reina con su primo don 
Francisco de Asís y de la entonces princesa he- 
redera doña María Luisa Fernanda con el Du- 
que de Montpensier, no sólo fueron ocasión de complicaciones internacio- 
nales, sino de suntuosas fiestas para su celebración (Septiembre y Octu- 
bre 1846). Con este motivo vinieron a España varios literatos franceses: Teó- 
filo Gautier, que había estado ya en 1840, a cuyo primer viaje refiérese su 
famosa relación y las poesías de asunto español que compuso; Alejandro 
Dumas, Cuvillier-Fleury, crítico literario de Le Journal des Debáis; Amadeo 
Achard, autor del libro Un mois en Espagne; etc. Azorín ha escrito uno de 
sus más bellos artículos (1) evocando la memoria de estos viajes. He aquí 
cómo extracta admirablemente un fragmento de la relación de Achard: 

"El autor nos pinta la vida que el tropel de artistas franceses hacía en 
^'Madrid. Teófilo Gautier, paraba en la calle del Carmen, en la fonda de 




José de Salamanca y Mayol. 

(1811-1883) 



(1) Los franceses y el Guadarrama, coleccionado en el libro Clásicos y modernos, páginas 269^ 
siguientes. 



46 



EX LIBRIS DEL SIGLO XIX 



librería 



DE 



j^txmm ^^húUxo, 



II ' RESUMEN DE HISTORIA POLÍTICA - LA PENÍNSULA 

"París; Alejandro Dumas y tres compañeros más, en casa del librero 
"Mennier; Desbarolles y Giraud — los andariegos bohemios — , en el fondo 
"de un barrio extraviado, no sé dónde — escribe el cronista — ; Achard y 
"Guinain, en la calle de Alcalá, en una casa de persianas verdes, frente a 
"una iglesia de color de rosa. El punto de reunión para todos era la 
"morada de Dumas. Dumas ocupaba una vasta sala: la amueblaban dos 
"anchas mesas, cinco o seis sillas, un canapé de enea y una cómoda. 
"Sobre las mesas, en formidable 
"y pintoresco revoltijo, se veían 
"petacas, pinceles, plumas, cepi- 
"llos, navajas de aíeitar, pañue- 
"los, dijes, periódicos, paletas, 
"frascos, corbatas, pastillas de ja- 
mbón. Arrimados a las paredes se 
"mostraban coíres, maletas y líos 
"de todo tamaño, y en los ángu- 
"los, escopetas, pistolas, cuchi- 
"Uos, cartucheras, frascos de pól- 
"vora. Al anochecer, todos los 
"viajeros se reunían en el cuarto 
"de Dumas; de allí se marchaban 
"en tropel a comer. Los prime- 
"ros días fueron a casa de Lardi. 
"Lardi — escribía Achard — , es 
"un restaurador de Burdeos o de 
"Milán, no lo sé con exactitud. 
"En su establecimiento había tres 
"o cuatro copias de Velázquez y 
"Murillo y cinco o seis lámparas 
"muy relucientes. Sin embargo, 

"los mozos eran lentos, torpes, remisos en el servir; no tenían la diligencia 
"que estos subitáneos franceses reclamaban. Acabaron por marcharse todos 
"a una fonda llamada de Los Leones de oro, situada en el postigo de San 
"Martín. Nadie conoce esta fonda en Madrid; es un arriero de Sevilla quien 
"le ha dado las señas a Giraud. Atendiéronles allí solícitamente a losfran- 
" ceses, y allí acudieron todas las noches a comer." 

D) Observa Azorín que debemos gratitud a estos viajeros franceses, 
especialmente a Gautier y a Dumas, por haber sentido la soberana belleza 
de los paisajes de Guadarrama; que sus páginas descriptivas son una ense- 
ñanza para los españoles, y que el viaje y las poesías de Gautier han 




Ex libris de la primera mitad del siglo XIX. 



m^^i 



PERTEVLCI^NTE X LA 

BIBLIOTECA PARTICULAR 

úc 
ENRIQUE PtREZ ESCRICH 



^di^^^^^'k 



Ex libris usado en el siglo XIX. 



47 



SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 



EX LIBRIS DEL SIGLO XIX 



BIBLIOTECA 
DE D.V. BARRANTES. 



Obra 



r,. 



Volumen n. 

C - 
E. - 
V _ 



(le 
de 18 



Barrantes (D. Vicente). — Ex libris 
usado hacia 1870. 



tenido considerable influencia en los lite- 
ratos de la generación de 1898 "que pu- 
"sieron su empeño en observar, sentir y 
"describir el paisaje castellano." "De 1900, 
"añade, es el Camino de perfección, de 
"Pío Baroja, que no es otra cosa sino una 
"colección de paisajes ... En las prime- 
"ras páginas se alza la silueta del Guada- 
"rrama." 

Exacto es todo esto, y en cuanto a 
sentir o hacer sentir la belleza de los pai- 
sajes, nadie como Gautier, el poeta-pintor; 
pero también es cierto que el Viaje de 
Dumas por España, lejos de haber sido 
agradecido por los españoles, ha sido, y 
es todavía, una de las causas más efica- 
ces de la enemistad y recelo con que se 
mira aquí a los franceses. Seguramente 
que Dumas no tuvo intención de burlar- 
se de nosotros; pero, sin duda también, 
vino a España imbuido de la leyenda de 
la guitarra y de la pandereta, imaginada por Montesquieu, Voltaire, Mas- 
son de Morvillers y otros escritores franceses del siglo xviii (véase 
tomo IlI-IV-21-Pág. 67), y que su fantasía, enamorada de lo raro y pin- 
toresco, así como su deseo de agradar al público para ganar dinero, hi- 
cieron que la exagerase. Se puede creer que Dumas se figurara que nos 
agradaba presentándonos con rasgos que a él 
se antojaran originales y artísticos siendo real- 
mente caricaturescos; pero es innegable que 
su Viaje a España es una España puesta en 
ridículo y cruelmente zaherida y maltratada. 
Pocos han leído en nuestra patria el texto com- 
pleto del viaje; a lo sumo, la traducción extrac- 
tada de Ayguals de Izco (1847), la cual lleva 
un apéndice censurando duramente a Dumas 
por las injurias con que había pagado la hos- 
pitalidad española; pero ¿quién no sabe lo de 
nuestras mujeres, aun las de elevada clase, 
con el puñal o navaja en la liga, o la frase el c • o ^ í « • 

, ' ' = Francisco Rodríguez Marín. 

África empieza en los Pirineos, que se atribu- (i854) 




48 



II - RESUMEN DE HISTORIA POLÍTICA - LA PENlNSULA 



ye, ignoramos si con fundamento, a ese libro de triste fama entre nosotros? 
Todavía, en las recientes polémicas entre francófilos y germanófilos 
con motivo de la guerra europea, persona de tan 
superior entendimiento y tan ecuánime, cual don 
Francisco Rodríguez Marín, recordaba el libro de 
Dumas como uno de los motivos que tienen los 
españoles para no querer a Francia, y así lo ha ^^^5Cf ?^ 

reconocido Le Correspondant, en su artículo L' 
Esprit piiblic et la sitiiation en Espagne: Le Cé- 
nese historiqíie des sentinients et des idees (10- 
Octubre-1915). 




Leopoldo O'Donell. 

(1808-1867) 



10. L^ revolución de 1854: A) Resu- 
men político. B) Cánovas del Castillo. 
C) La coronación de Quintana. — A) La 
revolución de 1854 fué un pronunciamiento militar 
dirigido por D. Leopoldo O'Donnell y secundado 

más o menos públicamente por casi todos los generales políticos, incluso 
el mismo Narváez. La conjuración venía urdida desde el ministerio Bravo 
Murillo, uno de cuyos fines era extirpar el militarismo. Decíase de él que 
había prometido ahorcar a los generales con sus mismas fajas. No tuvo, 
sin embargo, la energía suficiente para imponerse en el momento críti- 
co, y los generales se coaligaron contra él, y man- 
tuvieron su actitud contra sus sucesores. Favore- 
cióles la oposición que se hizo al ministerio del Con- 
de de San Luis por causa de moralidad, o sea acu- 
sando a los polacos, no sólo de las polacadas propia- 
mente dichas, sino de toda suerte de chanchullos o 
negocios sucios en las concesiones y administración 
de obras públicas. 

O'Donnell se sublevó el 28 de Junio de 1854 
al frente de los regimientos de caballería de la guar- 
nición de Madrid, y al grito de ¡Abajo el ministerio! 
¡Reunión de cortes! y ¡Suspensión del empréstito 
forzoso! El día 30 chocaron en Vicálvaro los cuerpos 
pronunciados con los demás de la guarnición, y vien- 
do que ninguno respondía al movimiento, se puso en 
retirada por Aranjuez, Villarrubia y Manzanares, donde, por consejo del 
entonces joven revolucionario D. Antonio Cánovas del Castillo, dejó a éste 




Juan Bravo Murillo. 

(1803-1873) 



49 



Salcedo. — La Literatura Española.— Tomo IV. 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

redactar el Manifiesto de Manzanares (7-Julio), en que se pedía el trono 
sin camarillas que lo deshonren, todo género de libertades, rebaja de 
impuestos, Juntas revolucionarias, cortes constituyentes y milicia nacional, 
esto es, se llamaba no sólo a los progresistas sino a todos los elementos 
avanzados para que se levantasen y viniesen en auxilio de un movimiento 
político que sin ese apoyo estaba fracasado sin remedio. 

B) Cánovas del Castillo, el más famoso de nuestros políticos contem- 
poráneos y el más digno de serlo, nació en Málaga el 8 de Febrero de 1828. 
Hijo de un profesor de Matemáticas de la Escuela de Comercio, sin otro 
haber que su corto sueldo, encontróse cuando aún no había salido de la 
adolescencia, huérfano de padre y con madre y dos hermanos menores de 
que debía ser el único amparo en la vida. Arrimóse valientemente al tra- 
bajo para sacar adelante a los suyos, y síntién- 
dose con alientos para escalar las cimas, vínose 
'" '^"'^' a Madrid a estudiar Leyes, contando con la pro- 

tección de su tío D. Serafín Estébanez Calde- 
rón, el Solitario, de que ya se ha hablado en 
el tomo III de esta obra, y el cual, en este tiem- 
po, figuraba como personaje secundario pero 
importante y de prestigio en el partido mode- 
rado. Cánovas se manifestó siempre agradecidí- 
simo a los favores de su pariente, e indudable- 
mente los recibió; pero no ha de creerse que 
" lo mantuviera y le hiciese la carrera. Aquello fué 

Manuel José Quintana. ^^j. j^ niauo a uuo que sabe trepar. Cánovas pasó 

* "' ^'^ lo suyo, o sean muchísimos trabajos y apuros en 

su juventud. Un día le oyó decir el autor de este 
libro: "a mí me ha ocurrido, y no una vez sola, salir de un baile, en las 
frías madrugadas de invierno, correctamente vestido de frac y gabán, y 
no tener casa en que ir a descansar; tenerme que andar vagando por las 
calles, y pararme a veces Junto a los braseros de los puestos matinales 
buscando en su fuego el calor que necesitaba." Cuéntase también que a la 
luz de los escaparates de las tiendas estudió más de una vez sus lecciones. 
Eso sí, estudiaba siempre, y su tío le puso el mote de Traga-leyes. 
Según refirió él mismo, en un discurso ante la Academia de Jurispruden- 
cia, su ideal juvenil era llegar a ser un abogado de gran bufete, y con esta 
base económica y de posición social dedicarse a la política, doctrinal, y 
prácticamente, a la historia, a la literatura y a la poesía; llevarlo todo por 
delante como habían hecho otros. En 1849 era redactor de La Patria. 
En 1850 de El Oriente. En 1854 publicó La Campana de Huesca, crónica 

50 




II - RESUMEN DE HISTORIA POLÍTICA - LA PENÍNSULA 



del siglo xii, con cierto prólogo cortado al uso y ajustado con mano amiga 
al cuerpo de la obra por El Solitario, desmayada novela del género de 
Walter Scott, en que se reflejan, sin embargo, los buenos estudios histó- 
ricos y la intención politica de su autor. Cánovas entró en la conspiración 
de O'Donnell por abrirse camino en el mundo, por llegar, según se ha 
dicho después. Sus ideas en aquel tiempo eran ya conservadoras, y creyó, 
sin duda, como la mayoría de los conjurados, que no se trataba más que 
de un pronunciamiento mode- 
rado para derrocar la corrom- 
pida administración de los po- 
lacos. Atribuyesele haber co- 
laborado con González Bravo 
en El Murciélago, periódico 
clandestino contra el Conde de 
San Luis, de que sólo salieron 
ocho números, y de cuyo tono 
se puede formar idea por este 
pensamiento: Para dar una lec- 
ción de moralidad basta oon 
colgar a D. José Salamanca 
del balcón principal de la Casa 
de Correos. Andando el tiem- 
po, y ya en la cúspide, o, me- 
jor dicho, en el declinar de su 
carrera, hubo de sufrir él los 
embates de otra oposición — 
la silvelista — fundada tam- ^'' 
bien en motivos de moralidad. 
Cánovas se manifestó muchas 
veces arrepentido de su inter- 
vención en el pronunciamien- 
to de 1854 que por su consejo 

maquiavélico se convirtió en revolución: un hombre de bien, decia, no 
puede haber tomado parte más que en una revolución, y esto por no saber 
lo que era (1). 

C/ Triunfante la revolución por haberse unido a los pronunciados los 
progresistas y demócratas, hubo cortes constituyentes, persecuciones, 







<)e¿ L^u,-,¿/Jo 



Cánovas del Castillo (D. A.). - Ex libris grabado 
hacia 1880. 



(1) Marqués de Lema: Un testigo de importantes sucesos. El general O-Lawlor. En Estudios histó- 
ricos y críticos (primera serie). 



51 



SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 



motines, esbozo de guerra civil carlista, y todo acabó por dividirse los revo- 
lucionarios en dos bandos: el genuinamente revolucionario o más avanzado 
y el moderado que se liberalizó, y a que se unieron muchos progresistas, 
formándose así un nuevo partido denominado la Unión Liberal, que reco- 
noció por jefe a D. Leopoldo O'Donnell. Un golpe de estado (14-Junio-1856) 
dio el Poder a los unionistas. 

Un episodio de este período debe tener, por su carácter literario, reso- 
nancia en estas pciginas: tal es la coronación de Quintana. En Abril de 1854 
había cumplido el poeta ochenta y dos años. Venerábanle los progresistas 
como a la más pura gloria literaria de su partido. En Septiembre de aquel 
año se representaba en el teatro de Variedades, de Madrid, el Pelayo 

(véase tomo III-XII-106), alcanzando clamoro- 
so éxito no menos político que literario, o más 
de lo primero que de lo segundo. El día 14 del 
mes publicó la recién fundada Iberia un artí- 
culo editorial firmado por su director Calvo 
Asensio (1) y todos sus redactores, en que se 
decía: 

"¿Y dónde está ese genio divino, ese sa- 
"cerdote de la gaya ciencia, ese apóstol de la 
"fe de los pueblos? 

"¿Dónde? Ahí le tenéis en el rincón de su 
"hogar doméstico, pobre, modesto, humilde, 
"abandonado; ahí le tenéis, sin fausto, sinteso- 
"ros, sin títulos, en medio de su grandeza; ahí le 
"tenéis, encanecido por la nieve de ochenta y 
"dos años, postrado bajo el peso de la edad, 
"pero con la frente altiva, con el corazón brioso, con la conciencia tranquila 
"y serena. Venid, y le veréis, ciudadanos, digno en sus maneras, grave en 
"sus palabras, noble y afectuoso en su trato, escuchando a quien le habla, 
"respondiendo a quien le pregunta, enseñando a la juventud que se le 
"acerca el camino de la virtud y de la sabiduría. 




ní^. 



Antonio Cánovas del Castillo. 

(1828-1897) 



(1) Don Pedro Calvo Asensio nació en la Mota del Mar^iés (31 Enero 1821), y murió en Madrid (17 de 
Septiembre 1863). Era boticario, y en 1844, recién acabada su carrera, fundó El Restaurador Farmacéutico, 
periódico de su facultad; pero al año siguiente cambió de rumbo, fundando El Cínife, de bella literatura, y 
escribiendo para el teatro La acción de Villalar, La cuna no da nobleza, Fernán González (en colaboración 
con D. Juan de la Rosa González), La venganza de un pechero (también en colaboración), etc. La literatura 
dramática y no dramática de Calvo Asensio, toda inspirada en el más ferviente progresismo, dio no poco 
que reir a moderados, unionistas y neocatólicos y aun a los demócratas y republicanos. De su prosa es 
muestra el trozo del articulo que va copiado en el texto. Fundó La Iberia al triunfar la revolución del 54, la 
cual tuvo redactores de harto más fuste literario que el fundador, como Víctor Balaguer, Carlos Rubio, etc. 



52 



// - RESUMEN DE HISTORIA POLÍTICA - LA PENÍNSULA 

"¿Y habrá de bajar al sepulcro ese majestuoso anciano sin recibir de 
""la generación que le contempla atónita de admiración y de pasmo, el pre- 
''mio debido a sus grandes servicios?" 

Al día siguiente, en una reunión política de directores de periódicos 
quedó acordado que el premio debido a Quintana fuese una corona de oro 
construida por suscripción nacional y ofrecida pública y solemnemente al 
poeta. Nombróse la indispensable comisión, compuesta por los directores 
de La Iberia, La Nación, El Tribuno, El Esparterista, El Miliciano, La 
Unión Liberal y Las Novedades. El director de la Platería de Martínez, don 
José Ramírez de Arellano, fué encargado de fabricar la corona. El Duque 
de la Victoria dijo a la comisión: Con mi dinero ij con mi persona puede 
contar para todo aquello que redunde en honra y gloria de nuestro queri- 
do vate, e indicó que la Reina debía ser la que coronase a Quintana; fué a 
Palacio otra comisión presidida por Hartzenbusch y dijo la Reina: Amo yo 
a Quintana, no sólo como a mi ayo y maestro, sino como al ingenio más 
grande de mi reino; estoy, pues, pronta a coronarle, y se suscribió con seis 
mil reales para la corona, costeando además la bandeja, que costó mil 
quinientos duros. El claustro de la Universidad de Salamanca coadyuvó 
también a la suscripción con respetable ofrenda. Vinieron luego las discu- 
siones sobre dónde debía ser coronado Quintana: querían unos que al aire 
libre, en el Salón del Prado; otros que en la basílica de Atocha; otros que 
en el paraninfo de la Universidad. Por fin se acordó que fuera en el Sena- 
do que, como a la sazón, había Cortes constituyentes, reunidas en el Pala- 
cio del Congreso, estaba vacante. Se fijó la fiesta para el 19 de Marzo de 
1855; pero por un luto de corte defirióse para el día 25. 

Desapacible amaneció, con viento fuerte y lluvia fría y menuda; pero 
aquel acto que, como escribió La Época, "no tenía precedentes en losfas- 
"tos de la historia, a no remontarse a épocas lejanas, a los tiempos de Tas- 
"so y de Petrarca", movió, no sólo la proverbial curiosidad de los madrile- 
ños, sino verdadero entusiasmo. Los rígidos aristarcos que nunca faltan, los 
moderados y aun los incipientes unionistas mirarían de seguro aquel apa- 
rato como una progresistada más; pero aún no había sonado la hora en 
que habían de parecer de buen tono intelectual, de superioridad perso- 
nal o de sana oposición política oponerse abiertamente al homenaje a una 
gloría nacional, y esto de las glorias nacionales se tomaba en serio por to- 
dos. A Quintana se le consideraba así, y no había más que hablar. Los 
iranceses han seguido con este criterio que califican hoy muchos en nues- 
tra nación de cursimente patriótico, y aun de funesto, y preciso es convenir 
que en la hora del peligro están demostrando cómo ese amor a la patria, 
representada por sus hombres grandes, o los que más o menos justamente 

.53 



SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 




Juan Eugenio Hartzenbusch 

(1806-1880) 



pasan por tales, es un sentimiento eficaz para pro- 
ducir el heroísmo. 

Cubriéronse los balcones de colgaduras. Innu- 
merable multitud de todas las clases sociales in- 
vadió las calles. El presidente de las cortes, el di- 
rector de la Academia Española (Martínez de la 
Rosa) y el Alcalde de Madrid fueron en una carro- 
za de Palacio, seguida por otros muchos carruajes 
en que iba distribuida la comitiva, a la modesta 
casa del poeta para llevarlo al Senado, El salón de 
sesiones estaba imponente: la Reina, vestida de 
seda verde con encajes, y el Rey, de capitán gene- 
ral, ocupaban el trono, y a su alrededor agrupába- 
se la más brillante corte. Quintana entró apoyado 
en el brazo de Martínez de la Rosa, besó la mano 
de la Reina y tomó asiento. Calvo Asensio leyó un 
discurso. Hartzenbusch tomó de una mesa la corona con su bandeja, y la 
entregó a Espartero, y éste a Isabel II, la cual ciñó con ella la frente 
del poeta, diciendo: Yo me asocio a este homenaje en nombre de la patria 
como Reina, y en nombre de las letras como discípula. Quintana, que 
había recibido de rodillas el honor supremo, trémulo, llorando, balbu- 
ciente, leyó o intentó leer un discursito de gracias. La Reina se llevó a 
los ojos el pañuelo. El concurso gritó: ¡Viva la Reina! ¡Viva Quintana! 
Y los artistas del teatro del Circo que con la orquesta ocupaban la tribuna 
pública, rompieron a cantar el himno escrito por Ayala y puesto en música 
por Arrieta. Después, Gertrudis Gómez de Avella- 
neda leyó una oda, y concluyó la fiesta solemne. 
La Reina fué a estrechar la mano de Quintana, 
y ella misma lo condujo al salón del refresco, 
donde le obsequió como una nieta cariñosa al 
venerado abuelo. Por concurso fué elegido el pin- 
tor D. Luis López para perpetuar en el lienzo la 
memoria del acto. 

Quintana sobrevivió poco menos de dos años 
a este inusitado homenaje. Murió cristianamente 
el 11 de Marzo de 1857, dejando por único caudal 
una numerosa y selecta biblioteca. Tuvieron que 
venderla sus sobrinos y herederos para pagar sus 
deudas, y entre estas deudas figuraba la de 50 Adeiardo López de Ayaia. 

duros prestados por un amigo, dos años atrás, (1829-1879) 




54 



II 'RESUMEN DE HISTORIA POLÍTICA - LA PENÍNSULA 




Francisco Serrano y Domínguez. 

(1810-1885) 



para pagar el traje de írac con que asistió al 
solemne acto de su coronación {1). 

11. Último período del reinado de 
Isabel II.— De 1856 a 1868, el reinado de 
Isabel II nos ofrece la lucha por el Poder entre 
dos partidos turnantes: el moderado y el unio- 
nista. El progresista está fuera de turno, y cons- 
pira; más avanzado que el progresista, coad- 
yuva a su acción el demócrata, el cual tiene 
por bandera la soberanía nacional no recono- 
ciendo más base legítima del Poder público que 
el voto popular. Entre los demócratas los hay 

republicanos y otros que admiten, o transigen, mejor dicho, con la mo- 
narquía. O'Donnell gobierna de 14 de Julio a 12 de Octubre de 1856: Nar- 
váez hasta el 15 de Octubre de 1857. Después de los efímeros gabinetes 
de Armero e Istúriz, constituyóse el presidido por O'Donnell (30-Ju- 
nio-1858) que duró hasta el 3 de Marzo de 1863; son los famosos 
cinco años de la Unión liberal, en que sucedieron la guerra de África, 
anexión de Santo Domingo, expedición a Méjico, etc. El Marqués de Mi- 
raflores, jefe de la izquierda del partido moderado gobernó hasta el 17 
de Enero de 1864. Sucediéronle: Arrazola (un mes y doce días); Mon (seis 
meses y quince días); Narváez (del 16-Septiembre-1864 a 21 -Junio- 1865); 
O'Donnell (hasta lO-Julio-1866); Narváez hasta su muerte ocurrida el 23 de 

Abril de 1868; quedó de presidente del con- 
sejo González Bravo, estallando en Sep- 
tiembre la revolución que arrojó del trono 
a Isabel II. 




Juan Prim. 

(1814-1870) 



(1) Hemos seguido en este relato el animadisimo de don 
Tomás Luceño en el precioso articulo que figura al frente de 
los coleccionados en el libro Memorias. .. a la familia (volu- 
men XIV de la colección Alegría). Madrid, 1905. Luceño asistió 
a la ceremonia vestido de miliciano nacional. "Debo advertir — 
"dice — que ala sazón contaba yo diez años de edad, y que si 
"vestía el traje referido era porque entonces todos los hijos de los 
"liberales usábamos - por gracia — el uniforme correspondiente 
*al batallón a que pertenecían nuestros padres o nuestros her- 
"manos mayores". No fiándose Luceño de sus recuerdos infan- 
tiles, los contrastó con el número de La Época del 26 de Marzo 
de 1855. Lo de haber muerto Quintana cristianamente, o sea con 
todos los sacramentos de la Iglesia, está documentado por don 
Rufino Blanco en su Bibliografía pedagógica española, articulo 
Quintana, publicado también en folleto aparte. 



55 




Amadeo I. 

(1845 - 1890) 
(Retrato de C. L. Ribera.) 



(Fot. Moreno.) 



// - RESUMEN DE HISTORIA POLÍTICA - LA PENÍNSULA 




Manuel Rulz Zorrilla. 
(1834 - 1895) 



12. Qevolución de 1868. — La Revolución 
de 1868 se desarrolló de este modo: gobierno provi- 
sional presidido por Serrano (de 8- Octubre- 1868 
al 15 de Junio de 1869). Promulgada la Constitución 
de 1869, Serrano ocupó la regencia, y Prim fué pre- 
sidente del consejo hasta su muerte por asesina- 
to (30-Diciembre-1870). Don Amadeo de Saboya, 
elegido rey por las Cortes Constituyentes (16-No- 
viembre-1870), desembarcó en Cartagena (30-No- 
viembre), gobernó sucesivamente con Serrano, Ruiz 
Zorrilla, Malcampo, Sagasta, Serrano y Ruiz Zorri- 
lla, y renunció la corona 
(ll-Febrero-1873). La repú- 
blica duró desde esta fecha 
hasta el fin del periodo; gobernaron primero los 
monárquicos radicales con los republicanos histó- 
ricos; el 16 de Abril fueron eliminados aquéllos; 
se sucedieron en la presidencia del Poder Ejecu- 
tivo Figueras, Pi Margall, Salmerón y Castelar. En 
la madrugada del 3 de Enero de 1874, el capitán 
general de bastilla la Nueva, D. Manuel Pavia, 
disolvió violentamente las Cortes, y aun conser- 
vándose el nombre de república, el Poder fué ejer- 
cido por monárquicos. El 29 de Diciembre de 
este año se pronunció Martínez Campos por Don 
Alfonso XII. El dia 30 
toda España recono- 
cía la Restauración, y funcionaba el Ministerio- 
Regencia, presidido por D. Antonio Cánovas del 
Castillo. La Revolución dejó encendida en la 
Península la guerra civil con los carlistas, de 
no menos proporciones que la de 1833-40, y 
en Cuba la separatista. 

13. Nuestros días: A) Reinado de Al- 
fonso XII. B) Regencia de Doña María 
Cristina. C) [Reinado de Alfonso XIII. Francibco pí y Margan. 

A) El reinado de Alfonso XII duró hasta la (isíi-idud 




Estanislao Figueras. 

(1819 - 1882) 




57 



Alfonso Xir. 

(1857-1885) 

(Retrato de Federico Madrazo). 



(Fot. Lacoste.) 



// - RESUMEN DE HISTORIA POLÍTICA - LA PENÍNSULA 




Nicolás Salmerón. 

(1838-1908) 



muerte del Rey (25-Nov.-1885). Desde su co- 
mienzo hasta el 10 de Febrero de 1881, go- 
bernó el partido liberal-conservador, dirigido 
por Cánovas, en cuyo periodo terminó la gue- 
rra civil con los carlistas, se hizo en Cuba la 
paz del Zanjón, dominándose otra insurrección 
posterior denominada la guerra chiquita, fué 
promulgada la constitución de 1876, y se casó 
el monarca, en 23 de Enero de 1878, con su 
prima doña Mercedes de Orleáns, la cual mu- 
rió a los cinco meses de casada; y en 29 de No- 
viembre de 1879 con doñaMaríaCristina deAus- 
tria. Sucedió al partido 
conservador el liberal, 
titulado entonces fu- 
sionista; el gabinete presidido por Sagasta duró 
en el Poder, con varias crisis, hasta el 13 de Oc- 
tubre de 1883, en que se formó el que presidió 
Posada Herrera y en que entraron elementos de 
un nuevo partido ultra-liberal, que habia surgido 
en las cortes con el título de izquierda dinástica. 
Derrotado es-te gobierno en las cortes por la mayo- 
ría sagastina (17-Enero-1884), volvió Cánovas a 
los consejos de la corona, y en ellos permanecía 
cuando murió el Rey. 

B) No bien expiró D. 
hizo que la reina Cris- 
tina llamase a Sagasta, y se formó una situación 
liberal que duró hasta el 5 de Julio de 1890. La 
conservadora que le sucedió acabó (12-Diciem- 
bre-1892) por la disidencia de D. Francisco Silve- 
la. Gobierno liberal, presidido por Sagasta, hasta 
el 23 de Marzo de 1895. El 24 de Febrero ante- 
rior habia empezado la guerra de Cuba. Cánovas 
del Castillo hizo frente a ésta y a la insurrección 
de Filipinas; el 8 de Agosto de 1897 fué asesi- 
nado en el balneario de Santa Águeda por el 
anarquista italiano Miguel Angiolillo. El 23 de 
Septiembre subió Sagasta de nuevo al Poder y en 
este período fué la guerra con los Estados Uni- 




Práxedes Mateo Sagasta. 

(1827-1903) 



Alfonso XII, Cánovas 




Emilio Lasttiü 
(183: -1899) 



59 



SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOL At- TOMO ¡V 




María Cristina de Austria. 

(Retrata por M. de Ojeda.) 



(Fot. Moreno.) 



60 



II ' RESUMEN DE HISTORIA POLÍTICA - LA PENÍNSULA 






Eugenio Montero Ríos. 
(1832-1914) 



dos, en que perdimos las Antillas y las Filipinas, 
y lo que es más sensible, las ilusiones que abri- 
gaban muchos, a la verdad sin ningún fundamen- 
to razonable, sobre el poderío de España. Firmado 
el desastroso tratado de paz con los Estados Uni- 
dos, constituyóse un gabinete de unión conser- 
vadora presidido por Silvela (4-Marzo-1889), a que 
sucedió el de Azcárraga (22-Octubre-1900). Los 
liberales fueron otra vez Poder (5-Marzo-1901). 

El 17 de Mayo de 1902 juró Don Alfon- 
so XIII la Constitución, entrando en el ejercicio 

de su soberanía. 

C) Los gabinetes que 
se han sucedido en este 

reinado son: Sagasta (hasta el 6 de Diciembre 
de 1902). Silvela (hasta 19 de Julio de 1903). 
Villaverde (hasta 5 de Diciembre del mismo año). 
Maura (hasta 14 de Diciembre de 1904). Azcárra- 
ga (hasta 27 de Enero de 1905). Villaverde (hasta 
el 21 de Junio del mismo año). Montero Ríos 
(hasta 30 de Noviembre del mismo año). Moret 
(hasta 4 de Julio de 1906). López Domínguez 
(hasta el 29 de Noviembre del mismo año). Moret 
(sólo duró cuatro días). Marqués de la Vega de 
Armijo (hasta 24 de Enero de 1907). Maura (hasta 
Octubre de 1909). Moret (hasta 9 de Febrero 
de 1910). Canalejas (hasta 
el 12 de Noviembre de 1912, que fué asesinado 
en la Puerta del Sol). Conde de Romanones (hasta 
Octubre de 1913). 

La formación del gabinete presidido por el 
Conde de Romanones disgustó al jefe del partido 
conservador D. Antonio Maura, el cual creía, sin 
duda, llegado el momento del cambio de política, 
y debió de atribuir el no haberse verificado a la 
oposición personal que se le hacía desde 1909, 
expresada o formulada por el grito de ¡Maura, 
no! Así, que al principiar el año de 1913 escribió 
una carta a D. Eduardo Dato y al general Azcá- 
rraga separándose del partido y de la política. 




Francisco Silvela. 
(1843 - 1905) 




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Marcelo de Azcárraga. 

(1833-1915) 



61 







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Alfonso Xin. 

(1886) 



(Fot. Framen.) 



62 



// - RESUMEN DE HISTORIA POLÍTICA - LA PENÍNSULA 




Marqués de la Vega de Armijo 
(1824-1908) 



Creyeron entonces algunos conservadores que 
este paso era irreparable; pero la masa de pro- 
hombres, excitada por D. Alejandro Pidal, tra- 
bajó por repararlo, consiguiendo que Maura vol- 
viese a la jefatura. También en el partido liberal 
prodújose otra excisión: D. Manuel García Prie- 
to, a quien habla el Rey conferido interina- 
mente la presidencia del Consejo a la muerte de 
Canalejas, y que cedió el puesto al Conde de 
Romanones, muy satisfecho de cederlo, según se 
dijo entonces por sus íntimos, se puso en fren- 
te de su sucesor y fué jefe o núcleo de una 

numerosa disidencia. 

Parece que D. Anto- 
nio Maura favorecía o apoyaba esta actitud, y aun 
que su plan era que García Prieto sustituyese al 
Conde de Romanones, y no pudiendo gobernar 
contra los romanonistas hubiese de plantear la 
cuestión de confianza para disolver las cortes, y 
no alcanzando de la corona el indispensable de- 
creto, aconsejase el llamamiento de los conser- 
vadores. Parece también que este plan no agra- 
daba a muchos primates del partido, los que 
veían en él una preterición injusta del Conde 
de Romanones, del mismo género que la inten- 
tada por los radicales contra Maura. 

En Octubre de 1913, 
los garciprietistas derrota- 
ron en el Senado al gabinete Romanones, y éste 
planteó la crisis, aconsejando al Rey que llama- 
se a sus consejos al partido conservador. Don An- 
tonio Maura dijo al Monarca que debía constituir- 
se un gabinete con otros elementos del partido 
liberal, aludiendo indudablemente a los de García 
Prieto, pues los conservadores no podían suceder 
a Romanones, y, según posteriormente ha decla- 
rado en las cortes; D. Alfonso XIII le replicó 
que no era esa la opinión del partido, en el que 
sabía él había personajes dispuestos a aceptar 
desde luego el Poder. Comprendiendo D. Anto- 




jóse López Domínguez. 

(1829-1911) 




Segismundo Moret. 

(1838-1913) 



63 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO I\ 




Raimundo F. Villaverde. 

(1841-1903) 



r,- ,a_ nio la falsa posición política en que le habían 

1^ colocado, se ausentó de Madrid sin dejar las se- 

-^ ^ ñas de su paradero, y en estas circunstancias se 

dio a D. Eduardo Dato el encargo de formar mi- 
nisterio, lo que verificó con la aquiescencia de 
casi la totalidad de los magnates conservadores. 
Ossorio y Gallardo, gobernador que había sido 
de Barcelona en el anterior período conservador, 
levantó la bandera del maiirismo, o sea de la opo- 
sición a Dato a nombre o en defensa de Maura, 
originándose de aquí controversias y disputas 
entre datistas y mauristas, que continúan toda- 
vía, y en cuyo desarrollo fué proclamado D. Eduar- 
do Dato jefe del partido. 
A últimos de Julio de 1914, estalló la guerra 
europea. Alemania, Austria y Turquía, por un lado, 
y Francia, Rusia, Servia y Montenegro por el otro, 
acometiéronse con fiereza. Queriendo Alemania 
reducir a Francia con una rapidísima campaña 
ofensiva que diese por resultado la inmediata 
ocupación de París, antes que los franceses tuvie- 
ran apercibidas sus fuerzas, y no pudiendo reali- 
zarlo entrando por las fronteras, formidablemente 
fortificadas, discurrió hacerlo atravesando el reino 
de Bélgica, camino más corto y sin fortificacio- 
nes modernas. Había de atropellar para esio la 

neutralidad belga, esta- 
blecida y garantizada en 

1830 por todas las potencias de primer orden, 
incluso Alemania; pero el gobierno alemán juz- 
gó que la necesidad militar, o sea la razón de 
Estado proclamada por Maquiavelo como norma 
fundamental de las relaciones internacionales, jus- 
tificaba el atropello. Así lo proclamó el Canciller 
del Imperio en el Reichstag, diciendo que deplo- 
raba mucho tener que ceder a esta necesidad mili- 
tar, pero que Bélgica sería espléndidamente in- 
demnizada. El gobierno belga se negó a fran- 
quear el paso por su territorio a los alemanes y 
\H^^m^^ resistió con las armas a los invasores. Inglaterra 




Eduardo Dato. 

(1856) 




64 



II -RESUMEN DE HISTORIA POLÍTICA - LA PENÍNSULA 




Antonio Maura. 

(1853) 



tomando por pretexto esta violación del 
Derecho Internacional, según los ale- 
manes, o no pudiendo consentir, según 
sus propias declaraciones, que el Im- 
perio alemán ocupase las costas fron- 
teras a las británicas, rompiese en pro- 
vecho suyo el equilibrio europeo y me- 
nospreciase las protestas diplomáticas 
inglesas, lo que significaba prescindir 
del Imperio británico en Europa, decla- 
ró la guerra a los alemanes. Posterior- 
mente, Italia y Rumania uniéronse tam- 
bién a Fran- 
cia, Inglate- 
rra y Rusia, 

y Bulgaria a los imperios centrales y Turquía. 
Tan magnos acontecimientos han tenido, 
necesariamente, que reflejarse en nuestra patria. 
Ciñéndose al orden político, consolidaron la 
situación del gabinete presidido por D. Eduar- 
do Dato, el cual se hizo paladín de la neutra- 
lidad absoluta de España, grata a toda la na- 
ción, y desataron las más vivas polémicas entre 
germanófilos y francófilos. En Enero de 1916 
ha sido sustituido en el Poder el partido con- 
servador por el liberal — unidos ya romanonis- 
conde de Romanones. ^^s y garciprietistas-, representado por un mi- 

(1863) nisterio que preside el Conde de Romanones. 





65 



Salcedo. — La Literatura Española. - Tomo IV. 



LA LITERATURA ESPAÑOLA CONTEM- 
PORÁNEA ^ III. - RESUMEN DE HISTORIA 
POLÍTICA. - AMÉRICA ESPAÑOLA ^'^ ^ ^ 





La República Argentina. Dictadura de Ro- 
sas. Significación sociat de tos partidos fe- 
deral y unitario. El caudillaje. — Desde 18.30, 
y, aún más, desde 1835 en que fué reelegido con facul- 
tades extraordinarias gobernador y capitán general de 
la provincia de Buenos Aires, hasta 1852, D. Juan Ma- 
nuel Rosas gobierna en la Argentina como dictador o tirano. Ya queda 
indicado (Tomo Ill-pág. 359) que, una vez conseguida la independencia y 
establecida la república como forma de gobierno, dividiéronse los argen- 
tinos en unitarios y federales. Para comprender la significación de estos dos 
partidos, es menester conocer la situación del territorio argentino en el 
momento de convertirse el virreinato español de Buenos Aires o del Rio 



(1) 14. La República Argentina. Dictadura de Rosas. Significación social de los 
partidos federal ij unitario. El caudillaje. — 15. Rosas y los gauchos. — 16. Emigra- 
ción de los intelectuales argentinos durante la dictadura de Rosas. — 17. La Consti- 
tución de 1853. — 18. Progresos de la república. — 19. Españolismo de la Argentina. 
20. Uruguay, Paraguay y Bolivia: A) Causas de su atraso. B) Uruguay. C) Paraguay. 
D) Bolivia. — 21. El Perú. — 22. Chile. — 23. Las repúblicas que constituyen la gran 
Colombia: A) Venezuela. B) Colombia. C) Panamá. D) El Ecuador. — 24. Méjico: A) Lu- 
chas entre conservadores y liberales. B) El imperio de Maximiliano. C) Porfirio Díaz 
y últimas revoluciones. — 25. Las repúblicas centro-americanas: A) Guatemala. B) Ni- 
caragua. C) Honduras, Costa Rica y El Salvador. D) Tendencia a la unidad política. 
26. Cuba: A) Dominación española. B) Relativa independencia. — 27. Santo Domingo. 
28. Puerto Rico. 



66 



III -RESUMEN DE HISTORIA POLÍTICA - AMÉRICA ESPAÑOLA 

de la Plata en el Estado soberano a que el Congreso de Tucumán dio el 
título de Provincias unidas de la América del Sur. 

Componíase tal territorio de una ciudad (Buenos Aires) que merecía el 
calificativo de grande para lo que eran entonces las ciudades en América, 
y aun en Europa con pocas excepciones, y una campiña inmensa y desier- 
ta, en la que aquí y allá, a muy larga distancia unos de otros, habían sur- 
gido diferentes grupos de población rodeados de sus correspondientes zo- 
nas cultivadas. En la ciudad predominaba el elemento español criollo, y 
con él la cultura española de los primeros años del siglo xix; considerában- 
se las otras poblaciones y la campiña o pampa como mera prolongación 
o complemento de la ciudad. Buenos Aires llevaba en todo la voz cantante. 
La revolución separatista fué obra del ayuntamiento de la ciudad. Las 
provincias y los campos siguieron el camino trazado por la urbe soberana. 

Partido unitario en el Río de la Plata es el que ha tendido a conservar 
este predominio político de la ciudad, tan semejante al que en los tiempos 
antiguos ejercieron las ciudades helénicas y latinas, y en la Edad Media los 
municipios autónomos. Partido federal, es el que ha representado la opo- 
sición al predominio ciudadano. Al antagonismo localista únese que los 
unitarios, criollos españoles cultos, estaban impregnados del liberalismo do- 
ceañista, heredero legítimo del filosofismo del siglo xviii; propendiendo al 
fomento de los intereses materiales, a la cultura popular laica, y a separar al 
Estado de la Iglesia, tendencia que representó, como ningún otro, antes 
del triunfo de los federales, D. Bernardino Rivadavia. 

Los federales, gente más ruda, no entendía de estas cosas; pero se 
opuso instintivamente a ellas por impulso de tradición o por inercia de es- 
tatismo y por llevar la contra a los ciudadanos. Así la lucha entre ambos 
partidos tomó en ocasiones aspecto de solemne controversia político-reli- 
giosa; pero otro elemento harto más grosero ingirióse en ella: el caudillaje 
militar engendrado por la guerra de la independencia. Los jefes que habían 
levantado por sí mismos tropas para combatir al poder metropolitano, y 
adquirido la costumbre de mandar en las provincias o comarcas, donde por 
largo tiempo batallaron, no se avienen a obedecer a los doctores y litera- 
tos de Buenos Aires, o a volver, nuevos Cincinatos, a la vida privada: o ser 
los amos de toda la República, o, por lo menos, del rincón en que dispo- 
nían de la fuerza. De aquí la permanente y espantosa guerra civil con que 
purgó la América meridional el pecado o el error de su emancipación pre- 
matura. 

En semejante caos surgió Rosas como uno de tantos caudillos, y tuvo 
la energía, habilidad y fortuna de dominarlos a todos o de suprimirlos, 
siendo por este aspecto como uno de aquellos reyes europeos de los si- 

67 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

glos XIV y XV que con inauditas crueldades debelaron a los oligarcas feu- 
dales, preparando asi una era de monarquía templada. En la Argentina 
realizó Rosas este beneficio. "Su tiranía marca en la historia del federalis- 
"mo criollo una tendencia unitaria, que si bien surgió merced a la discipli- 
"na de la barbarie, no por eso fué menos pronunciada... El país unificóse... 
"Rosas lo entregó a sus sucesores unido y centralizado. Lo hizo en su pro- 
"vecho personal, por miras de ambición y por medios trágicos; pero la 
"filosofía de la historia no se preocupa de la moral pura" (1). 

15. I?osáS y los gauchos. — De Rosas y de su despotismo se 
cuentan cosas estupendas, algunas de las cuales parecen inverosímiles. El 
doctor José M. Ramos Mejia le ha consagrado un libro — Rosas y su tiempo 
— en que presenta al dictador como personificación del tipo criminal descrito 
por la moderna escuela antropológica. Eduardo Acevedo Díaz, en un estudio 
sobre este libro, y, con ocasión del libro, sobre el personaje y época que 
son su objeto (2), le llama el gran trágico argentino, el formidable trágico 
que templó nuestra raza en el dolor, tipo emblemático que entenebrece con 
su sombra cinco lustros de vida argentina, etc. Es posible que algo se exa- 
gere en lo que se dice de Rosas. Al fin y al cabo, las fuentes históricas más 
copiosas de sus fechorías son los escritos de sus adversarios políticos; pero 
aun descontando mucho de las relaciones corrientes y admitidas, queda 
bastante para asombrarse de que en pleno siglo xix, y en una nación de 
raza europea, hayan podido acontecer tales sucesos. 

Rosas era de pura y aristocrática sangre española, descendiente del 
primer conde de Poblaciones, que fué gobernador del Río de la Plata y 
presidente de Chile en la primera mitad del siglo xviii. Antes de cumplir 
los veinte años, el futuro dictador escapóse de su casa, o fué expulsado de 
ella por su mala conducta, y fuese a la pampa a vivir con los gauchos. 
Conviene, para los desconocedores de América, decir en pocas palabras 
quiénes son los ganchos. 

Originariamente así fueron llamados ciertos maleantes, mestizos de 
español con india o con negra, habitadores de la llanura argentina, y des- 
pués extendióse el nombre a todos los que nacen y viven en la pampa, 
fruto de aquella mezcla étnica, sirviendo de peones en las estancias — fin- 
cas dedicadas a la cría de ganados — . Viven, o en la casa principal de la 
finca con el propietario o el mayordomo, o en ranchos, que son unas cho- 



(1) Eduardo Acevedo Diaz (hijo): ¿os Nuestros (Estudios de critica). Buenos Aires, 1910. Estudio 
sobre El uni personalismo político argentino sobre la base del libro de Rodolfo ¡barróla Del régimen fede- 
rativo al unitario. 

(2) Incluido también en el libro Los Nuestros. 

68 



III -RESUMEN DE HISTORIA POLÍTICA- AMÉRICA ESPAÑOLA 

zas construidas de barro y paja. Para beber, jugar y charlar júntanse en las 
pulperías (tabernas o ventorros campesinos). Tienen sus deportes típicos: 
carreras de caballos y las yerras en que marcan el ganado. Son aficionadí- 
simos a la guitarra y al canto; payador es el cantor profesional, y cielitos 
son las coplas que se van inventando apropiadas a las circunstancias. 
Grandes jinetes, capaces de galopar tres días y tres noches sin descanso, 
manejan admirablemente el lazo — cuerda trenzada de treinta a cincuenta 
varas de largo con argolla en el extremo que sirve de contrapeso para lan- 
zarlo — , las bolas — tres esferas de piedra o hierro del tamaño del puño 
sujetas a un centro por cordeles, y que se tiran cogiendo la más pequeña y 
haciendo girar las otras por encima de la cabeza — y el puñal. Los gau- 
chos son buenas gentes; los bandidos de la pampa son los gauchos malos; 
pero todos ellos tipos algo salvajes, amantes sobre todas las cosas de su 
libertad y de la igualdad, no reconociendo superioridad sino en aquellos 
que se captan sus simpatías, y a que se adhieren espontáneamente. Uno 
de sus axiomas fundamentales es: naide es más que naide. 

Fueron los gauchos el nervio de los ejércitos argentinos en la guerra 
de la independencia, y después la masa de donde sacaron sus mejores sol- 
dados los caudillos en las luchas civiles. Sarmiento, en su novela Facundo, 
ha trazado vigorosamente la silueta de estos hombres de la campaña, como 
él dice, que sienten repulsión por el civilizado vivir urbano, que no simpa- 
tizan con el caudillo que viste de frac,' sino con el que se les presenta de 
chaqueta y de poncho, y los domina a fuerza de energía, acaudillándolos, 
montado a caballo, con su lanza de manga de ébano, y sin otra estrategia 
que las cargas de caballería. Así eraFacundo Quiroga, el héroe de la nove- 
la de Sarmiento, y así fué Rosas, más astuto que aquél y que supo quitar- 
lo de en medio en la sazón oportuna para ser el único amo de los gauchos. 

Por este aspecto, la dictadura de Rosas fué el predominio de la plebe 
campesina sobre la clase ilustrada e hidalga de Buenos Aires. El tirano asis- 
tía con su hija doña Manuelita a reuniones en que se bailaba la media 
caña — danza propia de los negros y mujercillas de mala vida — , y se can- 
taban coplas como estas: 

Al que con salvajes 
Tenga relación, 
La verga y degüello 
Por esta traición, 
Que el santo sistema 
De la Federación 
Le dá a los salvajes 
Violin y violón. 

69 



SA LCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

¡Violin y violón significa degollar! 

Hablan los gauchos un castellano que conserva algunas palabras del 
Siglo de oro, v. gr., nación por extranjero — , naciones se llamaban los sol- 
dados al servicio de España que no eran españoles — , y que altera el sen- 
tido de ciertos vocablos, por ejemplo, sumida por puñalada, quiebra por 
valiente, admitiendo también algunos índicos, como changango por guita- 
rra mala y ñacurutú por feo. En esta jerga tienen una poesía popular co- 
piosísima. Cyro Bayo (1) hace notar que se han olvidado los cantares pa- 
trióticos, o cielitos de la guerra de la independencia; pero que aún se can- 
tan en las pulperías tres de la época de Rosas: 



En la puerta de mi casa 
Tengo una silla dorada, 
Para sentarse las niñas 
De la cinta colorada. 



A la puerta de mi casa 
Tengo una piedra verdosa 
Con un letrero que dice: 
¡Viva don Juan Manuel Rosas! 



En la puerta de mi casa 
Tengo una piedra punzó 
Con un letrero que dice: 
¡Viva la Federación! 



Lo de la cinta colorada alude a ser el rojo el color emblemático del 
partido federal, asi como el verde y el celeste lo eran del partido unitario. 
Todo el mundo, hombres y mujeres, habían de llevar escarapelas, corbatas 
o cintas rojas, si no querían pasar por desafectos al federalismo y al tirano. 
Acevedo Díaz, explicando esto a la moda de la escuela antropológica, dice 
que Rosas era un monocromaniaco, o sea que no podía soportar otro color 
que el rojo, símbolo de su dominación. Cuéntase que en las iglesias se 
vestía de rojo a las imágenes, que se puso en los altares el retrato de Rosas, 
que los federales se persignaban así: Por la señal de la Santa Federa- 
ción... y que se predicaban sermones por este tenor: Feligreses míos, si hay 



(11 Romanceríllo del Plata. Madrid, 1913. 

70 



III -RESUMEN DE HISTORIA POLÍTICA- AMÉRICA ESPAÑOLA 

entre vosotros algún salvaje unitario, que reviente. Rosas llamó a los je- 
suítas; pero no habiéndose prestado a estas sacrilegas bufonadas, los expul- 
só inmediatamente. Matanzas de unitarios, suplicios y cruelísimos tormen- 
tos estaban a la orden del día, y, como es uso, recrudecíase la persecu- 
ción a cada nueva tentativa de los proscriptos para sacudir el yugo. 

16. Emigración de los intelectuales argentinos durante 
la dictadura de Rosas. — Toda la intelectualidad argentina se puso 
en frente del tirano y tuvo que emigrar, por lo cual, la literatura nacional 
no se desenvolvió hasta 1852 en Buenos Aires, sino en Bolivia, Chile y 
Montevideo. Juan de la Cruz Várela murió en Montevideo, adonde había 
buscado refugio (24-Enero-1839). Su hermano, Florencio Várela, autor de 
medianos versos y de exaltada prosa política, tuvo menos fortuna, pues 
murió asesinado por los federales. El romántico Esteban Echevarría fundó 
en 1837, la Asociación de Mayo, sociedad secreta contra la dictadura en 
que se afiliaron muchos estudiantes capitaneados por Alberdi y Gutiérrez, 
la cual, descubierta, hubo de expatriarse el poeta, primero al Sacramento 
y después a Montevideo y en esta ciudad estaba durante el largo sitio que 
le pusieron los rosistas; en ella escribió copiosamente, en verso y pro- 
sa, contra el tirano de Buenos Aires, y murió (19-Enero-1851) sin el gusto 
de verle derrocado. 

Al grupo de emigrados en Chile pertenecen: Juan María Gutiérrez (na- 
ció 6-Mayo-1809 y murió 26- Febrero- 1878), el conocido autor de Amé- 
rica Poética, que alcanzó en Valparaíso el puesto de director de la Escuela 
Naval; D. Félix Trías, "fervoroso campeón del catolicismo en la prensa y 
en la tribuna" (1); Alberdi, D. Vicente Fidel López, y el más famoso de to- 
dos, Sarmiento, que en la emigración compuso su ya citada novela Facz;/zrfo, 
o Civilización y barbarie, terrible diatriba contra el tirano argentino y los 
gauchos que le sostenían. Otra novela contra Rosas, muy conocida en Eu- 
ropa, es Amalia, de José Mármol (nació 4-Dic.-1818, murió ciego 12-Agos- 
to-1881), literariamente inferior a la de Sarmiento; pero de más seguro 
efecto político. Amalia es la historia anecdótica de la dictadura, escrita a' 
modo de SouHé y de Sué. Quizás muchos de los detalles estupendos de 
aquella tiranía no tengan otro fundamento histórico que la relación de 
Mármol, y no porque el poeta unitario haya inventado los episodios, sino 
por haberles dado en su novela mayor realce que el que tuvieran en la 
realidad. 



(1) Menéndez y Pelayo. 
71 



SALCEDO 'LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 



17. La Constitución de 1853. — Tras muchas tentativas infruc- 
tuosas para derrocar a Rosas, y que afianzaron y exacerbaron su domina- 
ción, lo consiguió el general Urquiza en la batalla de Monte Caseros (1852). 
No fué esta insurrección el triunfo de los unitarios sobre los federales, sino 
el de una coalición de todos los enojados por la extravagante tiranía de 
Rosas. El mismo Urquiza pertenecía por sus antecedentes personales al 
régimen federal. Así, al recobrar la clase intelectual y elevada el Poder que 
le habían arrebatado el dictador y sus plebeyas huestes, encontróse la na- 
ción en plena crisis constituyente. Por fortuna, tuvo entonces un hombre 
docto y sensato, de los que no lo estudian todo en los libros, como habían 
sido los unitarios por el estilo de Rivadavia, anteriores al triunfo del fede- 
ralismo de las aldeas y de las estancias, sino de los que se dejan enseñar 
por la realidad viva: tal fué D. Juan Bautista Alberdi (nació 1814; mu- 
rió 1884). El antiguo estudiante afiliado a la Asociación de Mayo, el inci- 
piente poeta que escribió en prosa El Edén para que Gutiérrez lo pusiera 
en verso (1), el imitador de los artículos de costumbres de Larra, que fir- 
maba con el seudónimo de Figarillo, encontró al fin el sendero de su 
vocación en los estudios jurídicos, el Derecho Político especialmente, y 
es el autor de las Bases para la organización política de la Confedera- 
ción Argentina, obra maestra de que es expresión práctica o positiva la 
constitución vigente, promulgada por el congreso nacional el 25 de Mayo 
de 1853. 

Alberdi era doctrinalmente unitario; pero comprendió que con el me- 
dio geográfico y costumbres de su país, la unidad no podía ser más que un 
ideal, y que el único medio de prepararlo era asegurar la paz interior, fo- 
mentar la riqueza pública y con ella las comunicaciones. De ahí su célebre 
frase: el ferrocarril unificará a la Argentina mejor que todos los congre- 
sos. Por lo pronto, había que aceptar una constitución federal, procurando 
eliminar del federalismo histórico los elementos anárquicos que lo hicie- 
ron tan aborrecible, así como del unitarismo anterior a Rosas la rigidez 
centralizadora a la francesa, inaplicable en aquellas vastas y poco pobladas 
regiones. 

A tal idea obedeció el código constitucional de 1853, y, juzgando las 
cosas en conjunto, y desde lejos, como podemos hacerlo nosotros, es in- 
discutible que sus frutos han sido magnamente beneficiosos. Verdad es que 
las guerras civiles no concluyeron; que las hubo singularmente peligrosas, 
como la originada por la insurrección de la provincia de Buenos Aires, que 



(1) Obras completas de Juan Bautista Alberdi. Buenos Aires, 1886, tomo II. 

72 



III -RESUMEN DE HISTORIA POLÍTICA- AMÉRICA ESPAÑOLA 

se constituyó en estado independiente, y permaneció así hasta que, en 1859, 
la batalla de Cepeda la obligó a entrar en la confederación, y otras, que 
fueron lamentables retrocesos a la época del caudillaje; pero comparadas 
estas revueltas con las anteriores a 1853 significan muy poco, y la tendencia 
constante ha sido a la paz interior, a la consolidación de la unidad nacio- 
nal y a su perfeccionamiento. 

18. Progresos de la república. — El progreso material de la 
república causa asombro. En 1810 calculábase la población de cuanto es 
hoy Argentina en poco más de 500.000 habitantes, y la de Buenos Aires 
en 55.000 según unos, y 45.000 según otros. La estadística de 1914 asigna 
a Buenos Aires la cifra de 1.449.330 habitantes, esto es, que si Madrid y 
Barcelona se juntaran en una sola ciudad, aún faltarían cientos de miles 
de moradores para llegar a la populosa ciudad del Plata. De la república 
no tenemos datos exactos; pero seguramente debe ya pasar mucho de los 
siete millones. Los Estados Unidos tenian en 1810 siete millones y medio 
habitantes; en 1910 habia aumentado esta población doce veces. La de la 
Argentina ha crecido en igual periodo de tiempo trece veces, y la de Bue- 
nos Aires veinticuatro veces. 

Factor importantísimo de tal crecimiento ha sido la emigración. Ya en 
la época colonial emigraban extranjeros a las orillas del Rio de la Plata, y 
fueron más desde la independencia; pero después de la caida de Rosas es 
cuando el movimiento se ha regularizado y adquirido enormes proporcio- 
nes. Desde 1857, en que comenzó a llevarse la estadística, hasta 31 de 
Diciembre de 1909, han llegado al país 4.559.972 extranjeros; la reinmi- 
gración ha sido de 1.867.267, lo que arroja un saldo de 2.699.705 forasteros 
incorporados a la vida nacional. La estadística de 1912 arroja las siguien- 
tes cifras: 

Españoles 165. 662 

Italianos 80.583 

Rusia 20.838 

Turquía 19.792 

19. Españolismo de ¡a Argentina. — Aníbal Latino considera 
que la inmigración italiana es, en conjunto, la más considerable y la que 
ejerce más benéfico influjo en la república (1). Un escritor español — José 
M. Salaverría — escribe que "sin apariencia alguna, sin un plan manifiesto 



(1) Los factores del progreso en la República Argentina. 

73 



SALCEDO ' LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 



\t9í ^9^ W0 



de influir en las cosas públicas, antes más bien, manteniéndose en una 
posición discreta de huésped, el italiano se va apoderando del espíritu de 
la nación; y la nación argentina, ajena al peligro que la amenaza, se va 
italianizando más de lo que íuera menester" (1). No participamos de estos 
temores; creemos, por lo contrario, que los italianos acabarán en la Argen- 
tina por incorporarse al elemento español, que es el substractum noble de 
la raza criolla, el descendiente remoto de los conquistadores y pobladores 
y el descendiente próximo de los libertadores o fundadores de la república. 
Ese factor hispánico no es étnicamente puro, si es que hay en el mundo 

pureza étnica. "En Buenos Aires y en Montevi- 
deo, aunque la masa de la población parezca 
absolutamente blanca, hay un factor oculto, de 
pura cepa africana, que para un observador 
hábil se revela en todo momento: en la política, 
■ ^ la literatura, los salones, el comercio... " (2) A 

^(^^H^' ^ la eliminación progresiva de este factor oculto, 

^^^ ,^^ cada vez más oculto, contribuyen, no sólo la emi- 

gración española peninsular, sino toda la euro- 
pea, y principalmente la italiana, tan afín de la 
nuestra, y que en la misma Península ibérica es 
elemento de la población actual, ya por efecto 
de la conquista romana, ya por la constante 
relación histórica entre italianos y españoles. 
No debemos ver en la nación argentina un 
pueblo ya formado, sino que se está formando. 
Sí hay allí actualmente masas que hablan en ita- 
liano, masas hubo en la Península durante la Edad Media que hablaron 
francés; si influyen allí la ciencia filosófica y jurídica de los franceses e 
italianos modernos, sí lo mismo sucede en la esfera literaria y artística, ¿no 
aconteció igualmente, y sigue aconteciendo en la España peninsular? Por 
mucho eco que encuentren en la Argentina las doctrinas de Lombroso, 
Garofalo y Ferry, mayor fué el que hallaron en la Península las doc- 
trinas de la escuela de Bolonia; si los artistas italianos y ios escritores fran- 
ceses son admirados e imitados a las orillas del Plata, admiradísimos e 
imitadísimos fueron acá, y lo son aún, flamencos, alemanes, franceses 
e italianos. Pero acá como allá, todo ello no tarda en ser asimilado por el 




José María Salaverría. 
(1873) 



(1) Tierra argentina. Psicología, tipos, costumbres, valores de la República del Plata, por José 
M. Salaverria. Madrid, 1910. 

(2» Carlos Bunge: Nuestra Amt'rica. Prólogo de Rafael Altamira. Barcelona, 1903. 



74 



III -RESUMEN DE HISTORIA POLÍTICA- AMÉRICA ESPAÑOLA 

núcleo nacional, y ese núcleo es hispano aquende y allende el Océano. 
"Si la Argentina — escribe Anibal Latino — , como no cabe dudarlo, llega 
a ser una gran nación y a desempeñar en el mundo, en las manifestaciones 
del arte, de las letras y de las ciencias un papel tan brillante como han 
desempeñado sus hermanas mayores de sangre y de raza, España tendrá 
motivo para estar satisfecha, y Rafael Calzada podrá afirmar con razón que 
este pueblo hidalgo y generoso es el orgullo de la familia española ... Es 
curioso observar como tras eclipses más o menos prolongados retoñan las 
cualidades primitivas . . . Los argentinos no pueden negar su parentesco 
estrechísimo con los españoles. Tienen las mismas virtudes y los mismos 
defectos . . . Con razón Rafael Calzada ha podido decir que "el elemento 
español sigue predominando, debido a los que fueron, a los que están y a 
los que llegan, y que en el fondo del hervoroso cosmopolitismo que aquí 
se presencia, siempre noble y siempre creadora está España, la augusta 
madre." 

La emigración española contribuye poderosamente a este predominio, 
o, mejor dicho, al aumento de su importancia e influjo; pero no es su causa. 
Aunque no fueran emigrantes; es más, aunque nuestra raza desapareciese 
en Europa, la Argentina seguiría siendo española, por serlo el núcleo 
criollo de su población e independencia, núcleo considerable por su núme- 
ro, y todavía más, por su energía antropológica, que no le consiente asimi- 
larse a otros elementos, sino que le hace asimilárselos. El italiano, el fran- 
cés, el inglés, el ruso, son extranjeros en la Argentina siempre, hasta que 
se hacen españoles; el español peninsular se hace español-criollo desde 
que pisa el suelo de la república, y no hay más diferencia entre él y los 
criollos auténticos que la formalidad administrativa de la naturalización. 
El criollo cuando quiere ser francés, cuando deja invadir su mentalidad 
por ideas o formas literarias extra-hispánicas, no hace sino seguir el impul- 
so natural de la raza, imitadora de todo lo extranjero que le choca; pero 
que conserva siempre un fondo autónomo, refractario a lo mismo extraño 
que adopta. La Argentina, en conclusión, es hoy la verdadera Nueva Es- 
paña, y quizás sea la España de lo porvenir. 

20. Uruguay, Paraguay y Bolivia: A) Causas de su 
atraso. B) Uruguay. C) Paraguay. D) Bolivia. — A) Las otras 
tres repúblicas, desprendidas del antiguo virreinato español del Rio de la 
Plata — Uruguay, Paraguay y Bolivia — no han alcanzado el mismo pro- 
greso que su hermana mayor la Argentina, y no ha sido, ciertamente, por 
falta de amplio y feraz territorio y de buenas vías de comunicación mariti- 

75 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

mas o fluviales, ni de talento y virtudes cívicas en muchos de sus hijos; les 
ha faltado emigración europea, y sobradóles diversidad de razas y ambi- 
ciones caciquiles. Contemplando a estas y otras naciones hispano-america- 
nas, compréndese lo que con profundo desaliento ha escrito el boliviano 
Arguedas: "Desengañado Bolívar de su obra, entristecido por haber preci- 
" pitado la liberación de pueblos de composición casi primitiva, tarde ya, 
"cuando todo remedio era imposible, y las turbas, ebrias de efímera glo- 
"ria, se conceptuaban inmensamente superiores, capaces, conscientes, vio 
"el héroe que había arado en el mar, y cometido grave error al excitar el 
"entusiasmo bélico de masas ignaras y poco dispuestas a gobernarse. Y 
"arrepentido, decepcionado, escribe, algunos días antes de morir, estas 
"tremendas palabras, que se han cumplido al pie de la letra: "América es 
"ingobernable; los que han servido a la revolución, han arado en el mar. 
"Lo único que se puede hacer en América es emigrar. Estos países caerán 
"infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada, para pasar después 
"a las de imperceptibles tiranuelos, de todos colores y razas, devorados 
"por todas las pasiones criminales y extinguidos por la ferocidad. Si fuera 
"posible que una parte del mundo volviera al caos primitivo, este sería el 
"último período de América. Es el vidente que anuncia. Los pueblos cons- 
"tituídos por el potente esfuerzo de su brazo y de su genio han caído en 
"manos de multitudes bárbaras, de tiranuelos surgidos en momento de 
"convulsión guerrera, animados, la generalidad, de pasiones violentas e 
"incontenible angurria monetaria" (1). 

El ejemplo de Argentina y Chile basta para persuadir de que si Amé- 
rica ha pagado, y aun paga en muchas de sus regiones, el apresuramiento 
en declararse independiente, más o menos tarde fallará en toda ella la tris- 
te profecía de Bolívar, y lejos de volver al caos primitivo, se asentarán sus 
pueblos sobre sólidas bases de orden, prosperidad y cultura. Aun en los más 
anárquicos, adviértense síntomas inequívocos de que los tiempos de reor- 
ganización social no están lejanos. 

BJ Terriblemente agitada y sangrienta es la historia moderna del Uru- 
guay. Blancos y colorados han hecho todo lo posible para que la repúbli- 
ca no levante cabeza, y, sin embargo, dados su territorio (186.925 kiló- 
metros) y su población (más de 1.100.000 habitantes) es la más rica y co- 
mercial de América del sur. Montevideo es una hermosísima capital, y la 



(1) A. Arguedas; Pueblo enfermo. Contribución a la psicología de los pueblos hispano-america- 
nos. Carta-prólogo de Ramiro de Maeztu. Barcelona, 1909. Sobre el estado de Bolivia ha escrito también 
una novela, o, quizás mejor, un estudio social en forma de novela, el Dr. Mendoza: En tierras del Potosí. Y 
nuestro compatriota Ciro Bayo en Peregrino en Indias y La Plata perulera, este último no lo hemos 
visto ni sabemos si está publicado; da noticias de él Emilio H. del Villar, en Nuevo Mundo <19J2). 

76 



III -RESUMEN DE HISTORIA POLÍTICA- AMÉRICA ESPAÑOLA 

vida intelectual y literaria se ha desarrollado tan intensa y ricamente que 
ha de ocupar en nuestro libro lugar de preferencia y puesto de honor. 

C) Más desgraciada ha sido la historia del Paraguay. A la muer- 
te del dictador Francia (1840), sucediéronse en el Poder Supremo dos jun- 
tas de gobierno, los cónsules Mariano Roque Alonso y Carlos Antonio Ló- 
pez, y este mismo López como presidente único, con cuyo título gobernó 
diez y ocho años, desde 1844 hasta su fallecimiento en 10-Sept.-1862. Dejó 
instituido por testamento para sucederle a Francisco Solano López, y fuéle 
conferida la presidencia por elección (16-Oct.-]862). Los largos años de 
paz y dictadura habían vigorizado al pueblo paraguayo, y su poderío mili- 
tar era indudablemente mayor que el de cada uno de sus vecinos. Solano 
López quiso aprovecharse de ello, no para extender las fronteras de su re- 
pública, sino para mantener el equilibrio político en el continente contra las 
ambiciones del Brasil y Argentina. Su intento fué desgraciado, pues no pro- 
dujo otro efecto sino que estas dos naciones y el Uruguay se coaligaron 
contra el Paraguay (1." Marzo 1865). Contando la Triple Alianza con fuer- 
zas numéricamente diez veces mayores que las paraguayas, el resultado no 
era dudoso; pero la resistencia de las segundas es uno de los episodios 
guerreros más heroicos, no ya de la historia americana sino de la universal. 
Al romperse las hostilidades dijo el general Mitre, presidente de la Argen- 
tina: "Dentro de veinticuatro horas estaremos en los cuarteles, dentro de 
"quince días en campaña, y a los tres meses en Asunción". Lejos de ser 
así, la guerra duró cinco años. "En los campos de batalla, dice Reclús, los 
"vencedores brasileños y argentinos no hallaban sino cadáveres. Los parn- 
"guayos se ataban por la cintura a la silla del caballo, para que si eran 
"muertos o heridos, el animal los llevase a su tierra aunque fuera en pedn- 
"zos. Los heridos que caían prisioneros arrancaban sus vendajes para 
"morir. La nación entera quiso caer como Numancia y Zaragoza". Asi 
cayó. El ejército quedó reducido a 470 hombres, que sucumbieron con 
el presidente en Cerro Cora (l.°-Marzo-1870). La nación, que en 1857 
tenía 1.337.439 habitantes, en 1873 sólo contaba 231.079, y de ellos úni- 
camente 28.746 hombres. Los aliados impusieron su voluntad, y el Para- 
guay no ha salido aún del período reconstructivo de tan tremendo desastre. 
El pasado heroico es prenda — creemos nosotros — de halagüeño porvenir. 
D) Para formarse idea de la historia de Bolivia, nada mejor que los 
vigorosos trazos descriptivos del ya citado Arguedas: "En ochenta años de 
"vida independiente, más de treinta mandatarios gobiernan el país bajo los 
"retumbantes títulos de Presidente constitucional, Presidente provisorio. 
"Encargado del Poder Ejecutivo, Junta de Gobierno o Consejo de minis- 
"tros, es decir, cada dos años y medio salta un nuevo personaje sobre el 

77 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

"escenario político para satisfacer sus aspiraciones, no atemperadas por 
"ningún correctivo de orden moral, y ese incesante cambio de tipos y figu- 
"ras explica de manera lógica la decadencia 'del país. . . Si por algo se ha 
"distinguido éste hasta hace muy poco, es por su vida de convulsión gue- 
"rrera, provocada por la ambición incolmable de caudillos y héroes de oca- 
"sión, alucinadores de las masas indígenas. . . En esta carrera desfilan 
"toda clase de hombres, confundidos los buenos con los malos y los regu- 
"lares... Hubo grandes talentos, también hermosos caracteres, pero unos 
"y otros naufragaron en luchas y odios mezquinos. . . De 1825 a 1898 pro- 
" moviéronse más de sesenta revueltas y una serie de guerras internaciona- 
"les, hechas sin motivos poderosos, casi por insignificancias, para calmar 
"los ardores del pueblo. . . La mayor parte fueron dirigidas por los menos 
"inteligentes y los más ambiciosos, en el sentido bajo de esta palabra, fra- 
"casando desastrosamente aquellas en que tomaron parte los hombres de 
"buena voluntad. . . No hay un solo gobernante hasta Pando (i899) que 
"haya llevado su período tranquilamente. . . Todos tuvieron que recurrir a 
"las armas para sostener su vacilante poder. . . Muchos pagaron con la vida 
"su pueril ambición de gobernar: Blanco muere asesinado a estocadas en 
"un convento; Belzu es asesinado por Melgarejo, en el Palacio de la 
"Paz (1); Melgarejo es asesinado por uno de sus favoritos en Lima; Mora- 
"les es asesinado por su sobrino; Daza es asesinado por un piquete al pisar 
"el territorio patrio; Córdoba es asesinado en el Loreto de la Paz" (2). 

Arguedas cuenta varías anécdotas para pintar el carácter de estos cau- 
dillos que han ensangrentado a Bolívía. Muy expresiva nos parece la si- 
guiente. A uno de los aspirantes a la presidencia dijeron: 

— Pero ¿a qué se toma usted tantos afanes, cuando sin necesidad de 
ser presidente, ocupa usted una posición tan brillante? 

— Verdad es, amigo mío, respondió, pero cuando monto en mi caba- 
llo blanco, y paso ante mis tropas, siento una fruición tan grande y tan 
dulce que compensa todas mis fatigas. 

21. El Perú. — El Perú es una de las grandes naciones hispano- 
americanas; su territorio pasa de un millón de kilómetros cuadrados; su po- 
blación de cuatro millones, de los que sólo unos 350.000 son indios bárba- 



(1) Rasgo típico es este asesinato: batíanse en las calles las tropas del Presidente Belzu con las de 
Melgarejo, y aqii(';llas triunfaban; entonces Melgarejo se dirige casi solo al Palacio, mata al centinela, sube 
arriba y mata a Belzu, que estaba en un salón rodeado de su Estado Mayor y cortesanos; en seguida se 
asoma al balcón y grita a la muchedumbre, que vitoreaba al difunto: ¡Belzu ha muerto!... ¿Quién vive 
ahora? Y la multitud responde: i Viva Melgarejol En una comedia parecería esto inverosímil, y, sin embargo, 
sucedió. 

(2) Pueblo enfermo, Cap. IX. 

78 



III 'RESUMEN DE HISTORIA POLÍTICA - AMÉRICA ESPAÑOLA 

ros; su capital, Lima, es una hermosa ciudad de más dé 400.000 habitantes 
y sobre la que "flota aún, como dice Rubén Dario, algo del buen tiempo 
de la época colonial", y "hay familias de noble y pura sangre españo- 
la" (1); la tradición de los virreyes y de aquel período en que el virreinato, 
firme sostén de la unión con la metrópoli, ejercía la hegemonía militar en 
el continente, inspira todavía costumbres aristocráticas y una literatura le- 
yendaria, exótica en América (2); el elemento intelectual es considerable y 
selecto, no cediendo a ningún otro del nuevo mundo, y sin embargo, esta 
república, digna de la mejor suerte, la ha corrido muy mala. El caudillaje, 
los pronunciamientos, la falta de sentido político y la sobra de ambiciones 
han sido su azote. 

En Septiembre de 1833 es elegido presidente el general Orbegoso. Su 
mando fué una continua guerra civil; para dominar a sus competidores, es- 
tipuló la confederación perú-boliviana con el presidente de Bolivia Santa 
Cruz; los chilenos le declararon la guerra y ocuparon a Lima. El general 
Gamarra, que había sido ya presidente, ayudó a los chilenos, y volvió al 
apetecido cargo, para seguir batallando hasta morir en un combate con los 
bolivianos (18-Nov.-1841). Por este tenor es toda la historia, sucediéndose 
ios generalas Castilla, Echenique, San Román, Pezet, Prado, Canseco, 
Balta, Pardo, etc., etc. El último pronunciamiento de que tenemos noticia 
es el de Febrero de 1914: el presidente Billinghuroh resolvió disolver las 
cámaras; en seguida el coronel Benavides se sublevó y depuso al presi- 
dente. 

22. Chile. — Aunque también agitada por las convulsiones pro- 
pias de la sociedad humana, y más en un régimen democrático y en una 
época como la moderna, es muy distinta la historia contemporánea de 
Chile. 

Los conservadores, autores de la constitución de 1833, gobernaron 
hasta 1861 con el general Prieto, el general Bulnes y D. Manuel Montt. Los 
liberales no dejaron de hacer ruda oposición, y aun de promover varias 
veces la guerra civil; pero fueron siempre vencidos por las armas. Durante 
la dictadura de Rosas en Buenos Aires, la emigración argentina, de que ya 
se ha tratado, contribuyó poderosamente a agitar los espíritus en Chile. 
Después de la revolución francesa de 1848, Francisco Bilbao, Santiago Ar- 
cos y Ensebio Lillo, que fundó el periódico El Amigo del Pueblo, propaga- 



(1) Ricardo Palma. Biografía. 

(2) «La tradición — en el sentido que Palma la ha impuesto en el mundo literario - es flor de Lima. 
La tradición, cultivada fuera de Lima y por otra pluma que no sea la de Palma, no se da bien, tiene poco 
perfume, se ve falta de color*. — Rubén Dario. 

79 



SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO l\ 

ron las ideas democráticas y socialistas, formando el partido que se llamó 
de los igualitarios. 

Los liberales subieron al Poder legalmente con el presidente Pérez 
(1861). De 1879 a 1884 se desarrolló la guerra entre Chile y las dos repú- 
blicas coaligadas de Bolivia y Perú, concluida de la manera más ventajosa 
para los chilenos que aseguraron su supremacía militar en el Pacifico. Los 




Danza chilena. — Estampa del libro Relación histórica de Chile, por Ovalle, en 1646. 



gobiernos liberales de Santa Maria y Balmaseda trajeron, con beneficiosas 
reformas en el orden material, las enojosísimas luchas politico-religiosas, y, 
por el intento de Balmaseda de robustecer la autoridad presidencial, la 
guerra civil que aseguró la omnipotencia parlamentaria. La situación ac- 
tual social y política de Chile es muy semejante a la de España: existe alli 
un fortisimo elemento tradicionalista, católico y conservador, que se refleja 
en el artículo 4.° de la Constitución, según el cual, "la religión de la repú- 
blica es la católica, apostólica, romana, con exclusión del ejercicio pú- 



80 



III 'RESUMEN DE HISTORIA POLÍTICA- AMÉRICA ESPAÑOLA 

blico de cualquiera otra", precepto constitucional que interpreta la ley de 
27 de Junio de 1865, permitiendo el culto en edificios de propiedad parti- 
cular y iundar y sostener escuelas privadas, lo que viene a resultar en la 
práctica igual de lo que previene el articulo 11 de nuestra constitucicn. 
Abundan los partidos políticos: conservador, demócrata, liberal, liberal-de- 
mocrático, nacional y radical. Las cámaras son, por lo menos en teoria, 
omnipotentes, la discusión periodística libérrima, y sobre las diferencias 
meramente políticas que van perdiendo su interés, dibújanse cada vez con 
más claridad dos tendencias, una de derecha y otra de izquierda, cuyo 
punto de separación radica, principalmente, en las creencias religiosas. 

23. Las repúblicas que constituyeron la gran ColomI)ia. 
Á) Venezuela. B) Colombia. C) Panamá. D) El Ecuador. — 
Las tres repúblicas constituidas sobre las ruinas de la Gran Colombia tam- 
bién han sido víctimas del caudillaje y experimentado una larga serie de 
revoluciones y reacciones políticas. 

A) La revolución de 1858 que elevó al general Julián Castro a la pre- 
sidencia de Venezuela, desarrolló en esta nación las ideas federales, bande- 
ra adoptada por el partido liberal, y que llegó al triunfo en 1863. Desde 
entonces Venezuela se ha transformado en los Estados Unidos de Vene- 
zuela. Con el régimen federal gobernó el jefe del partido liberal, general 
Falcón, cinco años, o, mejor dicho, sostuvo cinco años la más espanto- 
sa guerra civil; su vicepresidente y brazo derecho en la guerra fué Antonio 
Guzmán Blanco, el cual, después de vencer a la revolución titulada de la 
Federación geniiina, es decir, de los que no encontraban verdadero o ge- 
nuinamente federal el régimen establecido en 1863, hizo un viaje por el 
extranjero, y, aprovechándolo, estalló la revolución de los azules que aca- 
bó por derribar a Falcón. Guzmán Blanco volvió a Venezuela, entró en Ca- 
racas triunfante (27-Abril-1870), y gobernó como presidente siete años (el 
Septenio). Sucedióle constitucionalmente Linares Alcántara (1877). y Guz- 
mán Blanco se vino a Europa; al año estaba de vuelta, estallaba la revolih 
ción reiuindicadora, y gobernaba de nuevo cinco años seguidos {el Quin. 
quenio). Ocupó su puesto el general Crespo; pero antes de dos años. Guz- 
mán, que también había vuelto de otro viaje por Europa, era de nuevo 
presidente (gobierno de la aclamación), conservando el Poder desde Sep- 
tiembre de 1886 a Julio de 1888. Los acontecimientos posteriores no difie- 
ren de los precedentes. 

B) En Colombia, o sea Nueva Granada, la tendencia federalista era más 
antigua que en Venezuela, y había servido ya de bandera contra Bolívar. 

81 6 

Salcedo. — La Literatura Española. - Tomo ¡V. 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

Las guerras civiles entre federales y unitarios no han sido, empero, menos 
crueles y devastadoras. En 1837 dominaron los conservadores con el gene- 
ral Márquez, y el régimen íué unitario; en 1845 los progresistas con el ge- 
neral Mosquera, y se volvió al régimen federal; en 1849 el general José Hi- 
larión López hizo política radical, singularmente contra la Iglesia Católica; 
en 1854 volvieron los conservadores a ser dueños del Poder; en 1861 pre- 
dominaron de nuevo los liberales acaudillados por el general Mosquera, 
dándose la constitución de Rionegro (1863) muy elogiada por Víctor Hugo; 
en 1878 los Estados de Antioquia y Tolima, gobernados por los conserva- 
dores, sostuvieron terrible lucha con el Estado federal gobernado por los 
liberales, y asi hasta nuestros dias. 

C) Parte integrante de la república de Colombia fué desde su inde- 
pendencia, conseguida pacificamente (28-Noviembre-1821) la región del 
Panamá, la cual constituyó estado o provincia, según que la constitución 
colombiana fué federal o unitaria, aunque siempre hubo allí un germen de 
separatismo que se manifestó por actos de rebeldía diferentes veces (1830, 
1831, 1841 y 1860). Parece, sin embargo, que tal tendencia no hubiese lle- 
gado a predominar, y que Panamá no se hubiera separado nunca de Co- 
lombia, a no ser por la apertura del Istmo, o, mejor dicho, por la continua- 
ción de los trabajos para ella, después del fracaso de la Compañía francesa 
iniciadora de las obras. Los Estados Unidos quisieron tener sobre el Istmo un 
dominio equivalente a la soberanía, y como a eso se opusiera el congreso 
colombiano, estalló en seguida en Panamá el movimiento separatista. El 3 
de Noviembre de 1903, el Consejo municipal de la ciudad de Panamá de- 
claró que la región constituía una república libre y soberana, nombrando 
una junta de gobierno y reduciendo a prisión a las autoridades de Colom- 
bia que no aceptaron el nuevo orden de cosas. 

D) Semejante a la historia de Venezuela y Colombia es la del Ecua- 
dor, que forma república independiente desde 1832. Lo característico y 
propio de esta última es la figura del jefe del partido católico, D. Gabriel 
García Moreno, presidente desde 1861 a 1865 y desde 1869 a 1875. Nació 
García Moreno en Guayaquil (24-Diciembre-l821), y fué asesinado el 6 de 
Agosto de 1875, al salir de la Catedral; uno de sus matadores, al descar- 
garle el machetazo de gracia, dijo: Muere, verdugo de la libertad. El mori- 
bundo respondió: ¡Dios no muere! Todos rinden tributo al desinterés, inte- 
gridad y buena fe de García Moreno, así como a su talento y energía para 
dirigir su partido y sostenerse en el gobierno; pero los liberales considé- 
ranle como un fanático que llegó a terribles crueldades por defender la re- 
ligión, al paso que sus partidarios ven en él a un campeón de la Iglesia y 
un mártir de la fe católica. 

82 



ÍII- RESUMEN DE HISTORIA POLÍTICA- AMÉRICA ESPAÑOLA 

24. Méjico: A) Luchas entre conservadores y liberales. 
B) El imperio de Maximiliano. C) Porfirio Díaz y últimas 
revoluciones. — A) Anárquica y triste, como la que más, ha sido la 
historia contemporánea de Méjico. Las luchas propias del caudillaje enve- 
nenáronse con la contienda politico-religiosa (anticlericalismo) y con la in- 
gerencia extranjera. Mientras que los presidentes se sucedían vertiginosa- 
mente, subiendo y bajando del Poder a íuerza de armas. Tejas se declaró 
independiente, o, mejor dicho, se unió a los Estados Unidos; el general 
Santana, que ocupaba la presidencia, fué derrotado por los separatistas té- 
janos en la batalla de San Jacinto (18J6) y hecho prisionero. Este mismo 
año una escuadra francesa bombardeó a Veracruz, 
y obligó a la república a pasar por un humillante 
ultimátum. En 1849 estalló la guerra con los Es- 
tados Unidos; los yanquis se apoderaron de la ca- 
pital, imponiendo una paz desastrosa (2 Febrero 
1848); y es de notar que durante la guerra, los me- 
jicanos que se batían con extraordinario valor 
contra los invasores, no desistieron de sus pro- m.-^ /.fV. 

nunciamientos y luchas civiles. 

Retirados los extranjeros, la discordia civil si- 
guió creciendo siempre. La revolución de 1854 de- 
rrocó al general Santana y planteó la titulada Re- 
forma, o sea la secularización completa de la repú- 
blica. Con el presidente Comonfort fué despojada pío ix. 
la Iglesia de sus bienes y expulsados los jesuítas; (i846-i878) 
la constitución reformista (5-Febrero-l857) mereció 

ser condenada por Pío IX. Los conservadores levantáronse en armas y lle- 
varon a la presidencia al general Miramón, su caudillo; pero los reformistas 
no se sometieron, sino que continuaron la lucha hasta derrotar a su vez a 
Miramón. Entonces subió al Poder Benito Juárez. Francia, Inglaterra y Es- 
paña acordaron enviar una expedición a Méjico para garantizar los créditos 
de sus naturales; pero Napoleón III llevaba otras miras: apoyar a los con- 
servadores derrotados y fundar una monarquía. El general Prim, jefe del 
cuerpo expedicionario español, al conocer estas intenciones, tomó por si la 
resolución de abandonar la empresa, siguiéndole los ingleses- El ejército 
francés, mandado por Lorencey, atacó a Puebla, defendida por el general 
Zaragoza, y que opuso a los franceses una resistencia heroica. En Junio 
de 1863 ocuparon los invasores a Méjico. 

B) Una junta de notables proclamó la monarquía, ofreciendo la coro- 

83 




SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO ¡V 




Napoleón III. 

(1808-1873) 



na al principe Maximiliano de Austria. Para ios católicos y conservadores, 
este suceso sólo aparentemente fué favorable. En el fondo no pudo ser más 

adverso; porque, realizado a la sombra de las ba- 
yonetas extranjeras, permitió a Juárez excitar en 
su provecho el sentimiento nacional de indepen- 
dencia, y la inmensa mayoría de los mejicanos 
se puso de su parte. Los franceses, ayudados por 
los conservadores, ocuparon las principales ciu- 
dades; pero Juárez, sostenido por los Estados 
Unidos, hizo guerras de partidas, y cuando Na- 
poleón, amenazado por los Estados Unidos y te- 
meroso de los acontecimientos que comenzaban 
a desarrollarse en Europa, retiró sus tropas, el 
imperio de Maximiliano cayó rápidamente y el 
emperador fué fusilado con sus fieles Megia y 
Miramón el 19 de Julio de 1867. 

C) Juárez conservó la presidencia hasta su 
muerte (17-Julio-1871). Le sucedió Lerdo de Teja- 
da, derrocado por el general Porfirio Diaz, el 
cual ocupó la presidencia, y tras el general González, volvió de nuevo al 
Poder, en 1." de Diciembre de 1884, man- 
teniéndose en él hasta el 25 de Mayo de 
1911. Este largo período es el único de 
orden y florecimiento económico del anti- 
guo virreinato de Nueva España; aumentó 
prodigiosamente la riqueza del pais, cons- 
truyéronse ferrocarriles y otras obras públi- 
cas, afluyó una numerosa emigración extran- 
jera. Méjico iba con rapidez a emular la 
prosperidad de la Argentina. El general Díaz 
gobernaba enérgicamente, respetando las li- 
bertades civiles, protegiendo el trabajo y 
manteniendo las formas democráticas, aun- 
que ejerciendo en el fondo una verdadera 
dictadura. Tal manera de gobierno era en 
realidad imperfecta; pero ¿cabía otra en Mé- 
jico? Los acontecimientos posteriores a su 
caída persuaden a cualquiera de que no 

había otra y de que aquella hermosa república no está todavía para un 
ejercicio sincero del régimen democrático. Con la caída de Porfirio Diaz 



EX LIBRIS DEL SIGLO XIX 




Maximiliano I, emperador de Méjico. 
Ex libris grabado hacia 1866. 



84 



III -RESUMEN DE HISTORIA POLÍTICA- AMÉRICA ESPAÑOLA 

sólo se ha conseguido volverá los peores tiempos del caudillaje, y sumir a la 
nación en un bárbaro estado anárquico, que parece inverosímil en el siglo xx. 
En Febrero de 1911 empezó la revolución contra Díaz, y el 25 de Mayo 
renunciaba éste. En Octubre era elegido para sustituirle D. Francisco Ma- 
dero. La revolución, o, mejor dicho, un conjunto de revoluciones de diver- 
so carácter y tendencias, ensangrienta y devasta el país. Félix Díaz, sobrino 
de Porfirio, se apodera de la capital; Madero es preso y asesinado, y ocura 
la presidencia el general Huertas (Febrero-1913). La guerra sigue, los Es 
tados Unidos han intervenido, ocupando durante algún tiempo a Veracruz; 
Huerta ha tenido que retirarse, y la nación, tan tranquila y floreciente bajo 
el gobierno de Porfirio Díaz, es hoy un campo de Agramante, en que se 
derrama la sangre a torrentes y se cometen a diario los más feroces aten- 
tados y horribles crímenes con pretexto del bien público. 

25. Lás repúblicas centro-americanas: A) Guatemala. 
B) Nicaragua. C) Honduras, Costa Rica y El Salvador. D) 
Tendencia a la unidad política. — Poco se debe apuntar en este 
cuadro tan somero de la historia.de las cinco repúblicas centro-americanas. 

A) En Guatemala, el Dr. D. Mariano Gálvez representó en la presiden- 
cia al liberalismo anticlerical hasta 1848, en que subió al Poder el partido 
conservador con el general Carrera. Carrera gobernó más de veinticinco 
años, hasta su muerte. Sucedióle Cerna, en cuyo tiempo alzáronse en ar- 
mas los liberales, promoviéndose una larga guerra civil. Los liberales 
triunfaron en Junio de 1871, y fué presidente D. Miguel García Granados; 
después el general Barrios, quien intentó realizar por la fuerza de las ar- 
mas la unión de las cinco repúblicas (28-Febrero-1885), lo que le costó la 
vida, pues murió en el asalto de Chalchuapa. 

B) El acontecimiento más importante de la historia de Nicaragua, in- 
dependiente desde 1838, es la invasión de Walker. Era éste un aventurero 
yanki, que organizó una banda de más de 20.000 hombres y al frente de 
ellos se apoderó del país, haciéndose nombrar presidente y cometiendo los 
más vituperables excesos. Guatemaltecos y costarricenses acudieron en de- 
fensa de sus hermanos de Nicaragua, y entre todos batieron a la banda 
filibustera, obligando a Walker a rendirse (1857) y fusilándole en Tru- 
jillo (1860). 

C) Honduras ha defendido felizmente su independencia contra varios 
ataques de los guatemaltecos, ha tenido cuatro constituciones (1848. 1865, 
1880 y 1895), y no ha podido substraerse a las discordias civiles, plaga de 
todo el continente. 

85 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

Costa Rica, estado soberano e independiente desde 1838, es una re- 
pública esencialmente pacífica; su gloria militar está cifrada en la justa 
guerra contra los filibusteros de William Waiker, en que se distinguieron 
mucho los costarricenses, acaudillados por su presidente Juan Mora; un mo- 
numento en el Parque Nacional de la capital — San José — conmemora el 
hecho glorioso, y su recuerdo, engrandecido e idealizado por el entusias- 
mo, constituye la epopeya popular. Más agitada por discordias intestinas 
es la historia de El Salvador; pero, como sucede en casi toda América, si 
tal plaga ha impedido que el progreso intelectual y económico no alcance 
las proporciones debidas, no lo ha impedido en absoluto. 

D) En las cinco repúblicas centro-americanas es ya general el con- 
vencimiento de que la Unión federal es necesaria a todas ellas para dar a 
sus gobiernos estabilidad y segura base a su desenvolvimiento social. No 
están menos convencidas sus clases directoras de que la Unión no puede 
conseguirse por el procedimiento puesto en práctica varias veces, o sea 
por la acción militar de caudillos que la impongan a fuerza de armas, sino 
que tiene que venir por una evolución a la vez espontánea y reflexiva, y, 
por tanto, gradual, en que se vayan sucesivamente amalgamando los inte- 
reses y desvaneciéndose las preocupaciones. En esa labor andan los patrio- 
tas de las cinco repúblicas, y no es dudoso que al fin consigan constituir 
una sola nación con la fuerza indispensable para imponer respeto en lo 
exterior y disfrutar en lo interior de paz sólida y fecunda en cultura y pros- 
peridad. 

26. Cuba: A) Dominación española. B) Relativa inde- 
pendencia. — A) La j&ia de Cuba ha estado unida a la metrópoli has- 
ta 1899; pero unión violenta, sostenida por la fuerza del gobierno metropo- 
litano y el apoyo de los peninsulares allí establecidos. La población criolla 
tendió casi unánimemente, desde antes de mediar el siglo xix, a la inde- 
pendencia. Durante el reinado de Isabel II urdiéronse multitud de conspi- 
raciones separatistas: el Águila negra, la Cadena triangular, Soles de la 
libertad, la Escalera, la Mina de la Rosa cubana, la Sociedad libertadora 
del Caniagüey, etc., son otros tantos nombres de asociaciones y conjuras 
sucesivas. En 1850 el general español Narciso López, al frente de 600 hom- 
bres, se apoderó de Cárdenas, e hizo por primera vez ondear la bandera de 
la Estrella solitaria. Joaquín de Agüero, Armenteros y López, por segunda 
vez, acaudillaron intentonas que, aunque malogradas y ahogadas en san- 
gre, llevaban dentro de sí el germen de las largas y terribles guerras sepa- 
ratistas. 

86 



III -RESUMEN DE HISTORIA POLÍTICA - AMÉRICA ESPAÑOLA 



Estalló la primera el 9 de Octubre de 1868, en el ingenio de Demaja- 
gua, junto a Yara, propiedad del rico hacendado D. Carlos Manuel de Cés- 
pedes, caudillo de la insurrección. Duró hasta Febrero de 1878, en que 
ajustó el general Martínez Campos la paz o convenio del Zanjón con los 
jefes cubanos que aún permanecían en armas, habiendo costado a España 
tan prolongada lucha más de 140.000 hombres y unos 700 millones de 
pesos fuertes. La segunda es la denominada guerra chiquita, circunscrita a 
la provincia de Santiago de Cuba, desde Junio de 1879 hasta el mismo mes 
de 1880; fué chiquita esta guerra, gracias a la habilidad del general Po- 
Javieja que no la dejó hacerse grande. La tercera, preparada por Juan Marti, 
empezó en Baire (24-Febrero-1895), y aunque España envió a la Isla más 
de 200.000 hombres y a los generales Martínez 
Campos y Weyler, y a última hora se instaló un 
gobierno autonómico (l."-Enero-1898), la inter- 
vención de los Estados Unidos decidió la con- 
tienda contra la madre patria. El 1.° de Enero 
de 1899 entregóse el mando por el último go- 
bernador general español al jefe del ejército 
yanki. 

B) Los Estados Unidos establecieron provi- 
sionalmente un régimen militar. La Convención 
nacional proclamó la independencia de la Isla; 
pero no absoluta, pues por exigencias de los nor- 
teamericanos hubo que agregar a la constitu- 
ción cubana la enmienda Platt, según la cual 
Cuba tiene que contar con los Estados Unidos 
para sus relaciones internacionales, y reconoce 

a esta nación el derecho de intervenir, no sólo para defender su inde- 
pendencia, sino para sostener los gobiernos amenazados por el espíritu 
de revuelta. El 20 de Mayo de 1902 tomó posesión de la presidencia don 
Tomás Estrada Palma. En los últimos tiempos de su gobierno estalló una 
insurrección que duró nada más que cuarenta días; porque, conforme a lo 
establecido en la enmienda Platt, desembarcaron inmediatamente los 
yankis a imponer la paz. Mr. Taft, general del ejército de ocupación, 
invitó al Congreso a elegir presidente, en reemplazo de Estrada Palma; 
pero no habiendo concurrido los diputados, asumió el gobierno con esta 
fórmula extraña: República de Cuba bajo la administración provisional de 
los Estados Unidos. 

Duró este régimen de intervención hasta el 28 de Enero de 1909, 
posesionándose del Poder como presidente el general D. José Miguel Gó- 




Arsenio Martínez Campos. 
(1826-1900) 



87 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

mez. En 1.° de Noviembre de 1912 fué elegido para sustituirle constitu- 
cionalmente el general D. Maria Menocal. 

Mortificante para el amor propio español es que la Isla de Cuba no 
tenga una independencia completa, sino que viva bajo la tutela de los 
Estados Unidos; pero forzoso es reconocer que esta tutela ha sido conve- 
niente para evitar el caudillaje con su séquito de sangrientas y devastado- 
ras luchas civiles. La tutela yanki ha impuesto la paz interior, y esto es lo 
que necesitan las naciones americanas para prosperar y progresar. Así ha 
sucedido a Cuba. 

27. Santo Domingo. — La república de Santo Domingo, o sea 
la parte española o europea de la isla del mismo nombre, cayó bajo el 
dominio de los negros haitianos en 1821. El 27 de Febrero de 1844 los 
patriotas Juan Pablo Duarte y Francisco del R. Sánchez proclamaron la 
independencia, y la consolidaron con gloriosas victorias. Haití, sin embar- 
go, no se conformó con la liberación, y Santo Domingo hubo de sostener 
larga y crudísima guerra; el héroe nacional fué el general D. Pedro San- 
tana, que con los triunfos de Mata de Tarfán, Santomé, Sabana Larga y 
Paso de las Carreras aseguró la libertad de su patria y el honor de su raza. 
Por desdicha, no bien terminó la lucha heroica, empezaron las revoluciones 
partidistas, y la anarquía, mil veces peor que la dominación haitiana, se 
apoderó del país. Entonces Santana concibió la idea, verdaderamente noble 
y grande, aunque por ella le hagan tantos injustos cargos sus compatriotas, 
de unir Santo Domingo a España; lo mismo habían hecho los patriotas 
en 1809, y si en 1821 se proclamó la independencia, sólo duró nueve sema- 
nas, al cabo de las cuales hubo que sufrir el yugo haitiano. Por desgracia, 
ni los gobiernos españoles tomaron la empresa con el calor suficiente para 
que resultara fecunda, ni la opinión pública española comprendió su impor- 
tancia, ni los agentes metropolitanos enviados a Santo Domingo tuvieron 
el debido tacto, ni tampoco estaba ya la isla en condiciones de soportar un 
gobierno normalizado; el caudillaje, el partidismo y el gusto por la vida 
aventurera de las guerrillas habían inficionado hasta la médula del cuerpo 
social. Así la anexión que en otras circunstancias y con otros hombres 
hubiera podido ser beneficiosísima para Santo Domingo, gloriosa para 
España y un paso decisivo en la reconciliación de la raza española, no fué 
nada de eso, sino un episodio más en la inacabable serie de nuestras des- 
venturas. El único que no quedó mal, y algún día habrán de reconocerlo 
sus obcecados compatriotas, fué Santana, mostrándose con su iniciativa 
digno ciudadano de la España mayor que, quizás algún día, exista para 
bien de la raza y del mundo. No lo comprendieron, ni en España donde se 



III -RESUMEN DE HISTORIA POLÍTICA- AMÉRICA ESPAÑOIA 

POEMA 

EN 

VERSO HEROICO 

ÜiEcO'PlLJClOH DB KOTlCUS EXT7{^ai1). 
VE CJCETJÍS l'KGLESJÍS, 

ENCONTR APOSICIÓN 

DÉLOS 

FALSOS Y ARTIFICIOSOS BVLETIKE? 
VENIDOS DÉLA YSLA DEPRANCÍA, 

QJE 

da 3 luz D. Francisco Abaurre y Labaym 

Oficial m*yor de la Gontaduria de Excrcico, 

y Real Hacienda de las Ysla« Filipinas en 

visca de Ja impresión melancólica 

que estos causaron. 



^ N LAS LICENCIAS NECESARIAS. 

IMTKESO ÍX U/I IMTB^EnjJi DEL t^EjTL COLEGIO VE 

Sflnto Ti&añ» de efla Ciudad ác Manila: Tor Carloj fi4ncí/co ic 

Id Cruz, ^trde no^, 

Abaurre. — Poema en verso heroico. — Manila, 1809. 
Portada alejo reducida. 



89 



SALCEDO ' LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

tomó su obra por intento de restaurar el régimen colonial, ni en Santo 
Domingo, donde fué tildado de traidor. 

Verificóse la anexión el 18 de Marzo de 1861, y terminó con la retirada 
de las tropas españolas el 11 de Julio de 1865. Santo Domingo cayó, o me- 
jor dicho, permaneció en la sima de donde quiso sacarla Santana: no se 
había peleado por la independencia, sino por la anarquía. Y tal es el régi- 
men que ha regido allí desde entonces, y que, desgraciadamente, continúa 
imperando. 

28. Puerto Rico. — De tamaña desventura se libra Puerto Rico; 
pero a costa de otra gravísima de orden moral: la pérdida de su personali- 
dad, la sumisión a los Estados Unidos, no ya en concepto de república in- 
tervenida como Cuba, sino en absoluto. Puerto Rico ni siquiera es estado 
dentro de la Federación norteamericana. Es pura y simplemente un terri- 
torio conquistado; una colonia. Mas el espíritu español no se ha extinguido 
por eso; antes, por lo contrario, la raza ibérica en contacto con la sajona 
parece sentirse cada vez más latina, más española, y los mismos que salu- 
daron a la bandera norteamericana como emblema de independencia, 
comprenden perfectamente que es la bandera de un pueblo muy grande; 
pero que no es ni puede ser la suya: la de los españoles de ambos 
mundos. 




90 



LA LITERATURA ESPAÑOLA CONTEM^ 
PORÁNEA ^ IV. - LAS IDEAS. - RELIGIÓN 



E IRRELIGIÓN 



(1) 



^ 



^^ 




Luchas religiosas en ¡a España contempo- 
ránea: en el orden político: en el religioso 
en sentido estricto: en el de las controver- 
sias filosóficas, científicas y literarias. Rup- 
tura de la unidad católica en la revolución 
de 1868. - — No cabe decir de nuestra época y lite- 
ratura contemporáneas, como dijimos del Siglo de oro (Tomo II-1II-19) que 
se caractericen, salvo excepciones rarisimas, por el odio a la herejía y el 
profundo conocimiento, digno de teólogos, en todo lo referente a la reli- 
gión católica. Mas sí se puede afirmar que las ideas religiosas han sido las 
más discutidas y las que verdaderamente han apasionado en la España de 




(1) 29. Luchas religiosas en la España contemporánea: en el orden político: en 
el religioso en sentido estricto: en el de las controversias filosóficas, científicas ij lite- 
rarias. Ruptura de la unidad católica en la revolución de 1868. — 30. Los liberales, 
aun los más avanzados, partidarios de la unidad católica en los comienzos del pe- 
riodo. — 31. Preocupaciones antirreligiosas: A) El odio a los frailes. B) Ideas des- 
amortizadoras y r eg alistas. — "¡2. Protestantes: A) Blanco White. B) Sus cartas sobre 
España. C) Otras obras suyas en inglés y en castellano. — 33. Propaganda extran- 
jera: A) Jorge Borrow. B) Rule, Thompson, Parker, etc., Matamoros. — 34. Usoz y 
Calderón: A) Usoz. B) Calderón. — 35. Después de la revolución del 68: A) Libertad 
de cultos. B) Estado actual del protestantismo en España. — 36. Otros tendencias 
heterodoxas: García Blanco, Torres Amat, Morgáez, el "Cura de Brihuega", Aguayo, 
Medina, Escudero. — 37. D. Fernando de Castro. — 38. El antíclericalismo con- 
temporáneo. 

91 



SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 



nuestros días, y que todas las controversias doctrinales y luchas políticas, 
reflejadas en las letras, han tenido un fondo religioso. El periodo histórico 
que ahora estudiamos, caracterizase por el choque constante y hartas veces 
violento, en la esfera de las ideas y en la de los hechos políticos y sociales, 
entre el modo de ser católico tradicional en España y los que han aspirado 
a destruirlo, unos radicalmente, o sea acabando con la religión misma, que 
es su base, y otros modificándolo más o menos, sobre todo en sus deriva- 
ciones a la vida civil. Lo mismo acontece en América. 

En tres órdenes se desenvuelve esta contienda: en el de la política; en 
el de las controversias estrictamente religiosas, y en el de las polémicas 
filosóficas, científicas y literarias. En los tres se refleja constantemente en 
la literatura, aun en sus manifestaciones más amenas (poesía, dramática, 

novela). En los tres aparecen los españoles di- 
vididos en tres campos: españoles que piensan 
y sienten como los del Siglo de oro, y creen po- 
sible, o, por lo menos, ponen su ideal en el modo 
de ser de la España de Isabel la Católica y Fe- 
lipe II; españoles enemigos de la religión cató- 
lica, o que consideran funesta su influencia en 
nuestra patria, y que apetecen, o acabar con ella 
por incompatible con el progreso de los tiem- 
pos, o reducirla a la vida puramente individual 
sin ningún influjo en la pública, siendo aque- 
llos los anticatólicos genuinos, y éstos los que 
se titulan anticlericales; y, por último, los ecléc- 
ticos, o partidarios del justo medio, tal como 
ellos lo conciben, y los cuales propenden a la 
conservación del modo de ser tradicional en 
cuanto les parece compatible con las exigencias de los tiempos actua- 
les y la necesidad de mantener la solidaridad moral y de cultura con el 
mundo moderno. La declaración que puso Cánovas en el manifiesto de 
Sandhurst(L"-Dic.-1874) firmado por D. Alfonso XII; no dejaré de ser, como 
todos mis antepasados, buen católico, ni, como hombre del siglo, verdade- 
ramente liberal, es la más sintética fórmula que se ha ideado como expre- 
sión genérica del sentido político, religioso y aun literario de los eclécticos 
españoles. 

La revolución de 1868, con su ruptura oficial de la unidad católica, es 
la fecha capital que divide en dos épocas la historia de estas complejas y 
trascendentales controversias. Pedro Antonio de Alarcón explica muy bien 
el cambio operado en el tránsito de una a otra época: 




Pedro Antonio de Alarcón 

(1833-1891) 



92 



IV -LAS IDEAS -RELIGIÓN E IRRELIGIÓN 

"Antes de aquella revolución — dice — ser cristiano, católico, apostó- 
"lico romano no implicaba impopularidad a los ojos de nadie; todo el mundo 
"lo era o lo parecía: carecíase de libertad o autoridad para demostrar lo 
"contrario: el descreimiento no militaba públicamente como dogma politi- 
"co: ¡había tolerancia en los incrédulos para los creyentes! Por eso nadie 
"me hizo la guerra, durante mi primera época literaria, aunque todas mis 
"obras respirasen, como respiraban, espiritualismo, religiosidad, culto a 
"Jesús crucificado y a su moral divina. Pero vino la Revolución: estallaron 
"todas las pretensiones del racionalismo alemán y todos los rencores con- 
"tra la Religión cristiana; y mientras los conservadores transigíamos en evi- 
"tación de mayores males, y estampábamos la tolerancia en la Constitu- 
"ción del Estado, los impíos propasáronse a declarar e.v cáthedra que las 
"creencias religiosas eran incompatibles con la libertad y contrarias a la 
"filosofía y a la civilización. . . Y aquí tenéis explicado, con toda clari- 
"dad, por qué, en 1874 (1), me atrajeron la nota de neo-católico, teócrata 
"y obscurantista, ideas y creencias que nadie apreció de tal modo en 
"1862 (2), y por qué se me llamaba variable, apóstata y converso, cuando 
"no era yo, sino las circunstancias, las que habían cambiado" (3). 

30. Los liberales, aun los más avanzados, partidarios 
de la unidad católica en los comienzos del periodo. — 
En verídicas relaciones de la matanza de los frailes en Madrid cuéntase 
que por las cercanías de los Estudios de San Isidro oíase cantar a un ciego 
en la noche del 16 de Julio de 1834: 



Muera Cristo, 
Viva Luzbel, 
Muera don Carlos, 
Viva Isabel. 



No es inverosímil el hecho; pero injustísima la deducción de mu- 
chos escritores antiliberales presentando esta copla blasfema y luciíeri- 
na, tosco precedente del Himno a Satanás, de Carducci. como fórmula 
de las ideas religiosas de isabelinos y carlistas. Si hubo realmente un cic- 



(1) Año en que publicó La Alpujarra. 

{2) Cuando publicó De Madrid a Ñapóles. 

(3) Historia de mis libros. XI. Paréntesis. 



93 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

go que cantara semejante copla, o fué por encargo de los enemigos de la 
Reina para desacreditar la causa de ésta (1), o expresaba las ideas de algún 
grupo exiguo de rebeldes o de alguna particular sociedad secreta, uno u 
otra extraños a las ideas del partido a que se arrimaban. 

No todos los isabelinos eran liberales, a no ser porque así acabaron 
por denominarse todos, pero no dando a la palabra otro sentido sino el 
contrapuesto a carlista o absolutista, o sea de partidarios del régimen cons- 
titucional. Con Isabel II estuvieron muchísimos que con su padre Fernan- 
do W\ combatieron a los verdaderos liberales durante su reinado. Aun 
entre los genuinamente liberales eran poquísimos los que no hubieran 
protestado contra quien los hubiese supuesto, no ya luciferianos, sino anti- 
católicos. Por católicos se tenían los moderados y los progresistas, y aun 
los que alardeaban de republicanos o de anarquistas como Espronceda. 
En las cortes constituyentes de 1837 sólo una minoría de 34 exaltados se 
atrevió a sostener una fórmula de tolerancia religiosa concebida en estos 
términos: Ningún español podrá ser perseguido ni inquietado por motivos 
de religión, mientras respete las ideas católicas y no ofenda la moral 
pública. La mayoría progresista votó por la unidad católica. Y D. Salus- 
tiano de Olózaga fué su campeón. "También a mí, decía, me sedujeron en 
"otro tiempo las ideas del siglo xviii, y creí que era fuente de riqueza y 
"prosperidad para un Estado lo vario de los cultos. Pero luego que salí de 
"mi patria, y vi más de cerca las diferentes sectas, llegué a entender que 
"uno de los mayores males que afligen a otras naciones es la libertad de 
"creencias, y me felicité de que España conservara esta unidad de opinío- 
"nes, que ¡ojalá no se pierda jamás! ... Yo compadezco a los que tienen 
"que legislar en países donde hay diversidad de creencias... Nosotros 
"tenemos, por fortuna, una religión que, entre todas, es la más favorable a 
"las instituciones libres. . . No hay nación en Europa donde la dignidad 
"personal esté más alta que en España, donde la pobreza sea más honra- 
"da, donde a cada cual se le estime más por lo que es y en sí mismo vale". 

31. Preocupaciones antirreligiosas: A) El odio a los 
frailes. B) Ideas desamortizadoras y regalistas. — Claro es 
que Olózaga no interpretaba con rigor la unidad católica, y que en este 



(1) Femando VII empleó muchas veces esta maniobra en el período de 1820-23 para desacreditar a 
los liberales: mandar agentes suyos que dijesen cosas espantables contra la Iglesia y la monarquía, y aun 
contra su propia persona en los motines y reuniones públicas: en el periodo revolucionario de 1868 a 1874, 
literatos conservadores y alfonsinos escribían Los Descamisados, periódico que afectaba la mayor crudeza 
revolucionaria. 

94 



IV -LAS IDEAS -RELIGIÓN E IRRELIGIÓN 

mismo discurso advertía que "en el estado actual de la sociedad es 
"pañola nadie puede temer seriamente ser molestado por sus opinio- 
"nes religiosas". Y expresaba bien su pensamiento intimo al decir: "Si tras 
"la tolerancia de hecho consignamos la de derecho, será sólo un estimulo 
"mayor a los que no profesen nuestra religión, para que un día nos hallc- 
"mos con la pluralidad de cultos, o más bien de sectas." Claro también que 
había progresistas más avanzados o, mejor dicho, más irreligiosos que 
Olózaga; pero en aquel período estaban en minoría. Lo que no estaba en 
minoría, sino, por lo contrario, extendíase a casi todos los moderados que, 
a la sazón, estaban en candclero, o sea a los que ya figuraron de 1820 
a 1823, era: 

A) El odio a los Institutos Religiosos. "La fuerza de la civilización, 
decía a las cortes el ministro de Gracia y Justicia Landero (24 -O ct.- 1836) 
rechaza a los regulares. La sociedad civil les debe la corrupción de las 
buenas doctrinas, la interrupción de saludables tradiciones y la propaga- 
ción de errores groseros y de prácticas estériles pagadas con la sustancia 
del pueblo." Aun muchos que consideraban buenas en sí mismas las Órde- 
nes Religiosas, conceptuábanlas degeneradas y corrompidas por la ri- 
queza que poseían, por el excesivo número de conventos y regulares, 
y por su falta de ciencia y de celo; era lugar común que los que abrazaban 
la vida monástica, lo hacían para vivir ^in trabajar y regaladamente. A lo 
que se añadía el convencimiento general de ser los frailes partidarios del 
régimen absolutista y de D. Carlos, y, por tanto, enemigos de la constitu- 
ción y de Isabel II. Por eso escribía Larra, refiriéndose a la matanza de los 
frailes: "Muchos liberales se afligieron, y yo también me afligí, ¡vaya!, pero 
"no precisamente en cuanto liberal, sino en cuanto hombre" (1). Esto es: 
fué una inhumanidad matar a los frailes; pero fué un bien para el partido 
liberal destruir a sus enemigos. 

Bretón de los Herreros, que no era un exaltado, decía en su Letrilla 
joco-fúnebre (La Abeja, l.°-Noviembre-1839): 



Allí en aquel matorral 
yace otra fiera alimaña, 
la capucha monacal 
langosta un día de España, 
y dándose el parabién 
claman millares de victimas: 
descanse en la nada, amén. 



(1) Articulo Dios nos asista (Abril, 1836). 
95 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

El Duque de Rivas, aunque protestando en las notas de que "no es su 
intento satirizar al estado monástico, sino pintar las costumbres del siglo x", 
y justificándose con textos de San Bernardo y del canciller Ayala (Rimado 
de Palacio), traza, en el Romance décimo de El Moro Expósito, un cuadro 
de la vida conventual que no podía ser tomado a últimos de 1833 como 
mera descripción histórica, dándole las opiniones y pasiones del momento 
una palpitante actualidad. Rui-Velázquez llega a un monasterio, decidido 
a la penitencia de sus pecados, y allí topa con un abad que el poeta des- 
cribe así: 



Sexagenaria edad pero robusta, 
Regular talla, obesidad notoria, 
Gravedad afectada, paso tardo. 
Fuerte respiración, mas trabajosa. 

Son sus ojos alegres y vivaces. 
Brota salud su faz fresca y redonda, 

Y sus anchas mejillas rubicundas, 

Y su nariz, hacia la punta roja. 

Que sabrosos manjares, suculentos 

Y abundantes, su pasto son, denotan; 

Y que a sus digestiones siempre ayudan 
Vinos añejos de poder y aroma. 



El abad era un glotón. He aquí como se desayunaba: 



En medio de una cuadra, cuyos muros 
Ricas molduras y follaje adornan, 
Cuyo artesón altísimo de cedro 
Timbres ostenta de mundana pompa, 

Y cuyos muebles eran los mas ricos 
De aquella edad, estaba una redonda 
Mesa entallada con primor y esmero, 
A su frente un sillón de rara forma, 

Y sobre ella un jamón, pan como nieve, 
Un ánade, dos truchas y una torta. 

Todo en fuentes de plata repartido; 
Y al lado del cubierto una gran copa 

96 



IV -LAS IDEAS -RELIGIÓN E IRRELIGIÓN 

De oro, y que media azumbre contendriá, 
Según era capaz, erguida y honda, 
Con un frasco de vino de Alaejos, 
Y de leche de anís una redoma. 

Resplandeció de júbilo la frente 
Del Abad a la vista apetitosa 
De su ordinario desayuno. Manda 
Otro sillón poner y franco exhorta 

Al huésped a que tome alguna parte 
De su almuerzo frugal, diciendo: "Todas 
Las penas, los cuidados más enormes, 
Así que llegan de yantar las horas, 

"Deben desparecer, ponerse a un lado. 
Tener el vientre lleno es lo que importa 
En cualquiera ocasión: con él vacío 
El más leve trabajo nos agobia. 

Los otros frailes que aparecen en escena son dignos de su abad. Con 
razón dice Azorín que "son del mismo pergeño de los que más tarde había 
de pintar el dibujante Ortego" (1). Especialmente éste: 



El padre despensero era rechoncho, 
Su panza abultadísima y redonda. 

Y cuellicorto tanto, que empotrada 
Iba en los hombros su cabeza gorda. 
Su corte todo en fin tal, que cualquiera. 
De las despensas y bodegas hondas 

Mirándole salir, pensar podia 
Ver un pipote, una tinaja u orza. 
Que por arte diabólica o encanto 
Lograba andar como andan las personas. 

Su ancho rostro bermejo y rubicundo. 
La nariz chata, respingada y roma, 
Los ojazos alegres y brillantes. 
Negras pobladas cejas, y la boca 



(1) Azorín: Rivas y Larra, pág. 132. 

97 

SALCEDO. — La Literatura Española. — Tomo ¡V. 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

Espumosa, grandísima, con dientes 
Ralos y llenos de amarilla toba. 
Su condición pacifica mostraban, 
Y que era hombre de chiste, risa y broma. 



Estos frailes glotones y ridículos reducían su vida monacal al programa 
del abad: 

Era todo su afán del monasterio 
Aumentar los dominios, y su sola 
Ambición disfrutarlos en reposo. 
Gozando las ventajas deliciosas 



Que el derecho feudal le concedía, 
A la verdad extrañas y no pocas: 

Y su gusto, asistir a los banquetes 

Y también darlos en su celda propia. 



Asi en cuanto Rui-Velázquez, después de referir al abad en confesión 
su infernal y abominable historia. 



Pasó a mostrarle que dispuesto estaba 
A dar todos sus bienes de limosna, 



Como compensación de sus pecados, 
Para lograr que el cielo le socorra 
En el presente apuro; y que al momento 
Hará cesión de sus riquezas todas 



Al monasterio aquél, si se le aplican 
Las penitencias y las santas obras 
De la comunidad, para alcanzarle 
En la lid inminente la victoria. 



Volvióle el alma al cuerpo al buen prelado. 
Descuajóse su sangre, se recobra 
Su ahogado corazón, y se convierten 
Las gualdas de su faz en frescas rosas. 



98 

il 



IV 'LAS IDEAS -RELIGIÓN E IRRELIGIÓN 

El codicioso abad asegura a Velázquez que, aunque sus culpas han 
sido enormes, le serán perdonadas por su arrepentimiento y por la cesión 
de bienes, y que triunfará de Mudarra, 



. . . aunque tenga 
Más o menos razón, no ha de ser cosa 
De que vencer consiga a un buen cristiano 
Al momento en que acaba de dar todas 

Sus riquezas a un santo monasterio. 
Que es la mayor de las piadosas obras. 
Ánimo, pues, el tiempo no perdamos. 
Firmadme al punto donación en forma, 

Y confiando en el cielo y en las preces 
De mis monjes, volad y sin zozobra 
Entrad en lid, y fulminad la lanza, 
Que aunque aprieta el Señor, jamas ahoga. 



Justifica en las notas el Duque de Rivas la veracidad histórica de esta 
captación escandalosa con un párrafo^del Conde de Campomanes, quien, 
en su Tratado de la regalía de Amortización, recuerda tales abusos, y que 
emperadores, no paganos o impios, sino religiosísimos y católicos, hubieron 
en su vista de revocar a los eclesiásticos y monjes, y después a las iglesias, 
la capacidad de adquirir, ley que amargó a San Jerónimo, no porque 
pusiera en duda la potestad imperial para dictarla, sino por haberla hecho 
necesaria la avaricia de los eclesiásticos. También se fundaba el Duque en 
el auto acordado, del tiempo de Carlos III, prohibiendo a los moribundos 
legar nada a sus confesores, ni a sus parientes, iglesias o comunidad. En 
suma, que El Moro Expósito refleja, en este pasaje, las ideas de los libe- 
rales de su tiempo contra los frailes y contra la amortización eclesiástica. 

Y ¿qué son las escenas primera y segunda de la quinta jornada del Don 
Alvaro o la Fuerza del Sino, más que una sangrienta burla de la sopa de 
los conventos, o sea del reparto de la comida a los pobres practicada por 
los religiosos, y que tanto censuraron los economistas del siglo .xviii y los 
liberales del xix? El tan repetido argumento de que la sopa fomentaba la 
holgazanería, expónelo crudamente el grotesco hermano Melitón cuando 
dice al Padre Guardián: 

"... Y bendito sea el Señor, que nos da bastante para que nuestras 
"sobras sirvan de sustento a los pobres. Pero es preciso enseñarles los 

99 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

"dientes . . . Viene entre ellos mucho pillo . . . Los que están tullidos y vie- 
"jos, vengan enhorabuena, y les daré hasta mi ración, el dia que no tenga 
"mucha hambre; pero jastiales que pueden derribar a puñadas un castillo, 
"vayanse a trabajar. Y hay algunos tan insolentes . . . hasta llaman bazoíia 
"a la gracia de Dios . . ," (1) Por otra parte, pinta el Duque el reparto de la 
sopa con un colorido tan grotesco, caricaturesco y repugnante que bien se 
ve que no refleja la realidad de ninguna época, sino las preocupaciones de 
los liberales, en el tiempo de la composición del Don Alvaro. El hermano 
Melitón no ha existido más que en la fantasía de los enemigos de los frai- 
les. Lo mismo que el padre Froilán, de Carlos II el Hechizado, fingido por 
Don Antonio Gil y Zarate para personificar todos los crímenes a que puede 
llegar la reconcentrada lujuria de un sacerdote, especialmente si es religioso 
y jesuíta. El aplauso tributado a esta y otras piezas de la misma índole 
demuestra cómo mucho antes de la revolución de 1868 el odio al religioso 
había prendido en gran parte del público español; público que, en su 
inmensa mayoría por lo menos, seguía teniéndose por buen católico. 

B) Con el odio a los frailes, incubado en el siglo xviii, uníase la con- 
vicción, también heredada de la filosofía y economía individualista de 
aquella centuria, de que había que desamortizar y desvincular la propiedad 
inmueble para arrancarla de las manos muertas de corporaciones civiles y 
eclesiásticas y de los mayorazgos, y entregarla a las manos vivas de hom- 
bres ganosos de enriquecerse, y que, impulsados por su propio egoísmo, 
hiciesen prosperar la agricultura y beneficiasen con la mayor riqueza pro- 
ducida a la sociedad entera. Esta idea, común a progresistas y moderados, 
acabó por ser una de las que los diferenciaron profundamente: los primeros 
concibieron su realización como un despojo de la propiedad colectiva; los 
segundos, como una expropiación forzosa por causa de utilidad pública, 
indemnizable en títulos de la Deuda pública o en una dotación de culto y 
clero y saneada por un concordato con la Santa Sede. 

También heredaron los liberales la doctrina del regalísmo tal y como 



(1) Don Vicente Lafuente en su opúsculo La sopa de los conventos, y D. Cristóbal Botella en otro 
del mismo titulo, publicado por el Apostolado de la Prensa, prueban que la sopa de los conventos no eran 
sobras, sino comida que ya se hacia a propósito para el reparto; y que si algún holgazán encontraba en este 
recurso lo suficiente para sostener su holgazanería, en cambio muchos verdaderamente necesitados se apro- 
vechaban de él. Hasta hombres insignes en las letras y profesiones liberales pudieron seguir sus carreras 
merced a la sopa. Por otra parte, nadie abriga hoy la ilusión de (jue desapareciendo la comida gratuita des- 
aparecerán los que no quieren trabajar, ni tampoco que, al menos en la actual organización social, los más 
trabajadores se vean libres de acudir alguna vez al reparto gratuito de comidas. Lejos de haber desapare- 
cido con los conventos, se ha perpetuado en los cuarteles (reparto del rancho), y cada vez se echan más de 
menos y se procuran más instituciones semejantes (bonos, tiendas-asilos, cantinas populares, comedores de 
caridad, etc.). Por último, restablecidos los conventos, la sopa, en una u otra forma, funciona en casi 
todos ellos. 

100 



¡V-LAS IDEAS -RELIGIÓN E IRRELIGIÓN 



la llevaron a la legislación los políticos de Carlos III, y la han sostenido 
todos, extremándola algunos hasta convertirla en otra distinta. Según los 
liberales, salvo raras excepciones, las regalías no son concesiones del Papa, 
sino atributos inherentes a la soberanía temporal, y no corresponden, por 
tanto, a la corona, sino a la nación. En el antiguo régimen tratábase de 
amparar con las regalías ai gobierno por una parte, y por otra al clero na- 
cional contra las intromisiones de la curia romana; en el nuevo de lo que 
realmente se trata es de escudar con la autoridad del Estado contra las cen- 
suras y predicaciones de la Iglesia la libertad de palabra hablada y escrita 
en el orden religioso y la propaganda contra la religión. De aqui brota 
— no en todos los liberales, sino en algunos—, las ideas de la independen- 
cia del Poder civil, de la secularización de la vida 
civil, de la reducción de la Iglesia a mera sociedad 
particular, sin otro poder que el de la opinión de 
sus adeptos, y aun en esta esfera subordinada al 
Estado para evitar sus extralimitaciones. 




Ex libris de fines del si^lo XIX. 



32. Protestantes: A) Blanco White. 
B) Sus cartas sobre España. C) Otras 
obras suyas en inglés y en castellano. 
Los políticos y literatos españoles de tendencias 
anticatólicas, o se tienen por católicos, o son 
racionalistas o indiferentes en religión. Vea- 
mos ahora los formalmente heterodoxos, empezando por los protestantes. 

A) Aunque Blanco White no tomó parte personal en el movimiento 
protestante en España, es aqui el lugar más a propósito para concluir su 
noticia biográfica. (Véase tomo III, XIII, 111; XVI, 145; XVIll. 167). Vivió 
hasta 20 de Mayo de 1841. Convertido, según quedó indicado, al unitaris- 
mo o protestantismo liberal, tan enemigo de la iglesia anglicana como de 
la católica, fué rápidamente dejándose arrastrar a un completo raciona- 
lismo o puro deísmo, que él apellidaba cristiano. Influyeron en estas úl- 
timas evoluciones de su inquieto espíritu las doctrinas germánicas de 
Kant, Fichte y Strauss, a que se aficionó en los postreros años de su vida 
y que le hicieron despreciar a la lengua inglesa, por figurativa, poética, 
pobre de lenguaje técnico y abstracto, como antes había despreciado a la 
castellana. 

Continuó, sin embargo, cultivando ambas, ya en prosa ya en verso. Y 
siempre fluctuando, unas veces reiteraba sus virulentos ataques a nuestra 
nación, como cuando escribió a Chenring: "Es imposible que España pro- 



101 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

duzca nunca ningún grande hombre" (carta de lO-Mayo-1840). Y otras em- 
pezaba a componer una novela titulada Luisa de Bustamante o la huérfa- 
na española en Inglaterra (1), impregnada de amor a sus hermanos los ca- 
tólicos españoles, o poesías castellanas como éstas: 

¡Oh traidores recuerdos que desecho, 
De paz, de amor, de maternal ventura, 
No interrumpáis la cura 
Que el infortunio comenzó en mi pecho! 

¡Imagen de la amada madre mía. 
Retírate de aquí, no me deshagas 
El corazón que he menester de acero, 
En el tremendo día 
De angustia y pena que azorado espero! 

O el himno a la resignación, que empieza: 

¡Qué rápido torrente! 
¡Qué proceloso mar de agitaciones 
Pasa de gente en gente 
Dentro de los humanos corazones! . . . 

La más famosa poesía de Blanco no es castellana, sino inglesa: el so- 
neto Primer despertar de Adán, que Coleridge consideraba como una de las 
poesías más delicadas que se han escrito en inglés, que muchos críticos 
modernos tienen por el mejor de Inglaterra, después de los de Shakespea- 
re, y que figura en la mayor parte de las antologías británicas. El colom- 
biano D. Rafael Pombo lo tradujo así: 



Al ver la noche Adán por vez primera 
Que iba borrando y apagando el mundo 
Creyó que, al par del astro moribundo, 
La creación agonizaba entera. 

Mas luego, al ver lumbrera tras lumbrera 
Dulce brotar, y hervir en un segundo 
Universo sin fin. . . vuelto en profundo 
Pasmo de gratitud, ora y espera. 



(ll Publicáronse los capítulos escritos mucho después de la muerte de Blanco, en la Renlsta de 
Ciencias, Literatura y Artes (Sevilla) dirigida por Fernández Espino (1855). 

102 



IV -LAS IDEAS -RELIGIÓN E IRRELIGIÓN 

Un sol velaba iiül; fué un nuevo oriente' 
Su ocaso; y pronto aquella luz dormida 
Despertó al mismo Adán pura y fulgente. 

¿Por qué la muerte el ánimo intimida? 
Si asi engaña la luz tan dulcemente, 
¿Por qué no ha de engañar también la vida? 



Como prosista inglés no es menos celebrado Blanco White que como 
poeta. En sus primeros tiempos de emigración siguió escribiendo en caste- 
llano; publicó El Español (ocho íomos-1809-1814), periódico contra Espar'ia 
y cuya introducción en nuestra patria prohibió la Regencia (decreto 13-No- 
viembre-1810), calificando al renegado sacerdote de reo de lesa nación y 
eterno adulador de Godoy. Arriaza, a la sazón en Londres, dio a luz El An- 
üespañol, combatiendo el periódico de Blanco. De 1822 a 1825 publico 
éste la revista trimestral Variedades o Mensajero de Londres, donde llamó 
agradable noticia la de la batalla de Ayacucho, enalteció a Bolívar y de- 
más jefes del separatismo americano, dijo que España es incurable y que 
se avergonzaba de escribir en nuestra lengua; en suma, que si, como ahora 
dicen algunos, la flor del patriotismo es insultar a la madre patria, Blanco 
es el patriota por excelencia o en grado heroico. En el aspecto literario hay 
cosas buenas en la revista: traducciones en verso de algunos trozos del 
Hamlet y de Ricardo III, en prosa de otros del Inuanhoe, inserciones del 
Conde Lucanor y otros documentos de nuestra literatura medioeval, un 
estudio sobre La Celestina, en que sostiene haber sido compuesta por un 
solo autor, y un sentido critico favorable al romanticismo histórico y 
opuesto a los románticos franceses. 

B) Su primera obra en prosa inglesa son las Cartas sobre España 
(Letters from Spain), publicadas en una revista y coleccionadas en 1822. 
Las firmó con el seudónimo de Leucadio Doblado: lencos en griego es 
blanco, y con lo de doblado significó que se hacia llamar Blanco White 
(blanco-blanco). Respiran furor contra la Iglesia Católica y la nación espa- 
ñola; pero tienen sumo valor como documento histórico, en cuanto que su 
autor, libre de censuras, escribió todo lo que sabia de la corrupción corte- 
sana y gubernativa en la época de Carlos IV. Mal servicio prestó con ello 
a Godoy, su protector; mas no significa esto ciertamente (jue hayan de to- 
marse como artículos de fe histórica todas las aseveraciones de Blanco, 
muchas de las cuales no tienen otro fundamento positivo que el rumor po- 
pular o las murmuraciones de tertulia contra los gobernantes. 

Como pintura de costumbres andaluzas en el siglo xviii y primeros 

103 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

años del xix, tienen las Cartas un valor literario inapreciable. "Nunca — dice 
"Menéndez y Pelayo — antes de Fernán Caballero, han sido pintadas tales 
"costumbres con tanta frescura y tanto color, con tal mezcla de ingenuidad 
"popular y de delicadeza aristocrática, necesaria para que el libro penetrase 
"en el severo hogar inglés, cerrado a las imitaciones de nuestra desgarrada 
"novela picaresca. Sin perder Blanco su lozana fantasía meridional, había 
"adquirido algo más profundo y sesudo y una finísima y penetrante obser- 
"vación de costumbres y caracteres, que se juzgó digna del Spectator de 
"Addison, al paso que la gracia señoril y no afectada de lenguaje hizo re- 
"cordar a muchos las Cartas de Lady Montagne" (1). Las Cartas que Ticknor 
califica de admirables tuvieron inmenso éxito y pusieron a su autor en la ca- 
tegoría de los primeros prosistas ingleses. Hoy no están olvidadas, como las 
novelas inglesas de Trueba y Cosío, y "pasan por cuadros magistrales el 
"de la corrida de toros (que no ha superado Estébanez Calderón ni nadie), 
"el de una representación de El Diablo Predicador en un cortijo andaluz, 
"el de la profesión de una monja y el de las fiestas de Semana Santa en 
"Sevilla, cuadros todos de opulenta luz, de discreta composición y agrupa- 
" miento de figuras y de severo y clásico dibujo" (2). 

C) En inglés escribió también sus libros y opúsculos de propaganda 
anticatólica. Observaciones preparatorias para el estudio de la religión, 
publicado antes que las Cartas coleccionadas; Preservativo de un pobre 
hombre contra Roma, que tenía él por su mejor obra, traducido al castella- 
no en 1856, traducción que se reprodujo en 1868 con el título de La verdad 
descubierta por un español, y fué profusamente repartida por los agentes 
protestantes; Evidencia práctica e interna contra el Catolicismo (refutación 
de otro libro católico del irlandés Carlos Butler); El segundo viaje de un 
caballero irlandés en busca de religión, con que por encargo del clero an- 
glicano, a que aún pertenecía, intentó refutar el hermoso libro de Tomás 
Moore Viaje de un irlandés en busca de religión; pero con tan mal éxito, 
que disgustó a los mismos anglicanos; Nuevas consideraciones sobre la ley 
del libelo antirreligioso y Cartas sobre herejía y ortodoxia, en que aboga 
por la tolerancia con todas las sectas, y el Anti-Kempis racionalista o el es- 
céptico religioso en presencia de Dios, escrito en 1840, un año antes de su 
muerte, y que fué publicado por John Hamilton Thon en la biografía de su 
autor. De Blanco White es el artículo Spain en la Enciclopedia Británica y 
muchos — algunos muy notables — en las más importantes revistas inglesas. 
Escribió, entre otros asuntos, sobre las novelas españolas (3), sobre el es- 



(1) Menéndez y Pelayo, Heterodoxos, tomo III, pág. 564 y siguiente. 

(2) Menéndez y Pelayo, Heterodoxos, tomo 111, pág. 564 y siguiente. 

(3) Quaterly Reuiew, (1825). 



104 



IV -LAS IDEAS -RELIGIÓN E IRRELIGIÓN 

tado de la educación en España (1), sobre las Memorias del Principe de la 
Paz (2), etc. Trazó varias veces su autobiografía: en cartas al Dr. Whateley, 
arzobispo protestante de Dublin, en la parte referente a su vida en España; 
en las Cartas sobre España en una especie de memoria, y en las Varieda- 
des o Mensajero de Londres con el título de Despedida a los americanos. 
Con estos elementos y su copiosísima correspondencia compuso su 
amigo John Hamilton Thon la prolija biografía en tres tomos (1.375 pági- 
nas), publicada en Londres (1845). En el mismo año apareció en Quaterly 
Reuiew el artículo Blanco White de W. E. Gladstone. Don Bartolomé J. 
Gallardo escribió Apuntes biográficos de Blanco, publicados en la obra 
de D. Leopoldo A. de Cueto sobre Poetas líricos del siglo xviii. De lo me- 
jor que tiene Menéndez y Pelayo en la Historia de los Heterodoxos espa- 
ñoles es la monografía de Blanco (tomo III. pág. de 547 a 583). Don Mario 
Méndez Bejarano ha sido premiado por la Academia Española por un es- 
tudio biográfico-crítico sobre Blanco White, que, según hemos oído, con- 
tiene muchos e interesantes documentos inéditos y que aún no ha sido 
publicado. 



33. Propaganda extranjera: A) Jorge Borrow. B) Rule, 
Thompson, Parker, etc., Matarnoros. — Desde principios del 
siglo venían las sociedades bíblicas de Inglaterra tratando de introdu- 
cir en España el protestantismo por medio de traducciones castellanas de 
la Biblia. La más antigua de estas ediciones modernas es de 1806. y las 
hay de 1811, 1817, 1820, 1823, 1828 y 1831. En 1834 empieza otro género 
de propaganda: el de agentes enviados para repartir biblias y predicar la 
religión reformada. Hasta 1868 esta propaganda es más viva, y más o 
menos tolerada en los períodos de gobierno progresista (1834 a 1838, 1840 
a 1843 y 1854 a 1856), y más o menos perseguida cuando mandaban los 
moderados y los unionistas. 

A) De 1835 a 1839 vagó por la Península el cuákero Jorge Borrow. de 
cuyas correrías quedan dos documentos de orden literario: uno, la relación de 
su viaje en el libro La Biblia en España (The Bible in Spain, Londres- 1843), 
y el otro la traducción del Nuevo Testamento en caló, que en vez de con- 
cluir con un amén, termina con un chachipé. Borrow viajaba en borrico, tra- 
tando con toda suerte de personas con que tropezaba por campos y aldeas, 
habiendo encontrado en su camino muchos gitanos. En Madrid imprimió 



(1 The Journal of Ediication. 
(2> Revista de Westnünster. 



105 



SA LCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

una edición del Nuevo Testamento y otra del Evangelio de San Lucas, 
fundando una librería en la calle del Principe; estuvo preso en la cárcel de 
la villa, donde tuvo por compañero a Luis Candelas. Un tal López servíale 
como de escudero. Su libro da la impresión de ser su autor hombre de bue- 
na fe, poca cultura y excesivamente crédulo; su descripción de las costum- 
bres españolas es tan disparatada como la francesa que lo sea más, aunque 
deba decirse, en honor del cuákero inglés, que desbarró por ignorancia y 
fiarse de la gente maleante que le informaba, no por hacer sensacional y 
pintoresco su relato a la manera de los viajeros franceses. 

B) Por el mismo tiempo recorría las provincias andaluzas, y procuraba 
inundarlas de libros y folletos protestantes desde Gibraltar, su habitual re- 
sidencia, el metodista Wílliam H. Rule (el Dr. Rule), quien pidió a las Cor- 
tes de 1840 una declaración de libertad de cultos, consiguió fundar en Cá- 
diz una misión evangélica y publicó varías obritas de propaganda, impresas 
casi todas en Gibraltar, entre ellas los Himnos para aso de los metodis- 
tas (1835). Menéndez y Pelayo no cree que sean de Rule ni de ningún otro 
extranjero los himnos origínales o traducidos, entre los que hay algunos 
bien versificados y de grato sabor de antigüedad, v. gr., el que empieza: 

Suenen en vuestra boca 
Del Señor Dios altísimos loores 
Dar a vosotros toca 
Que sois sus servidores, 
A su nombre inmortal gratos loores. . . 

Sólo ligerísima mención en esta obra merecen: James Thompson, que 
vino a Madrid en 1845, y, antes de 1854, fundó en Escocía la Sociedad 
Evangélica Española de Edimburgo, de que era órgano la revista Spanish 
Evangelical Record, dirigida por la presbiteriana lady Peddie. Tomás Parker, 
que tradujo al inglés el libro de D. Adolfo de Castro Los Protestantes espa- 
ñoles, y publicó o repartió en España El Alba, periódico o colección de 
folletos protestantes. Andrés Fritz, que estableció en Sevilla una capilla 
metodista. Ramón Montsalvatge, del que no sabe bien si existió real- 
mente o si la biografía que corre como suya es un cuento de propagan- 
da (1). Don Lorenzo Lucena, que fué rector del Seminario de San Pelagio, 



(1) La biografía está impresa en Londres (1846), y, según ella, nació Montsalvatge en Olot (17 de 
Octubre-1815). Fué capuchino; cuando la exclaustración (1835) se fué con los carlistas; arrestáronle los solda- 
dos franceses en la frontera, llevándole a Grenoble; escapóse y volvió al ejército de D. Carlos. Después de 
la guerra, entró en el Seminario de Besan(;on a estudiar Teología, y alli se convirtió al protestantismo. 
Misionó en Espaíia, y en 1843 emigró a América. Usoz creía que todo esto es novela. 

106 



IV -LAS IDEAS -RELIGIÓN E IRREL/C/ÓN 

en Córdoba, y apostató en Gibraltar, dedicándose a revisar la traducción de 
la Biblia por Torres Amat y traducir librillos ingleses protestantes. Y, por 
último, Manuel Matamoros y sus compañeros, condenados unos a ocho 
años de presidio y otros a cuatro por los delitos de apostasia pública y ten- 
tativas contra la religión católica; la sentencia condenatoria de las audien- 
cias de Granada y Sevilla fué perfectamente legal, como fundada en los 
artículos 128, 130 y 136 del Código Penal, a la sazón vigente, y además, ne- 
cesaria y justa para la inmensa mayoría de los españoles; pero, como habia 
de suceder muciios años después con el fusilamiento de Ferrer, en todos 
los países protestantes, especialmente Inglaterra y Alemania, hubo explo- 
sión de sentimentalismo y protesta contra el martirio — asi se decia — f/e los 
cristianos españoles, sólo comparable, según se pregonó en Inglaterra, a las 
matanzas de los cristianos en Siria. En la cámara de los comunes se llegó 
a pedir la intervención en España para imponernos la tolerancia religiosa. 
El gobierno de la Unión liberal ensayó una resistencia firme a la pre- 
sión extranjera, y hasta se intentó sostener que la propaganda protestante 
en Andalucía estaba íntimamente relacionada con el movimiento socialista 
de Loja, que acaudilló el albéitar Pérez del Álamo. Mas no cejaron por eso 
los protestantes extranjeros y aun. muchos católicos liberales. Vino a Madríd 
a gestionar el indulto: primero el mayor general Alexander, apoyado por 
los embajadores de Inglaterra y Prusia, y después una numerosa comisión 
de representantes — muchos linajudos — y grandes personajes de Austria, 
Baviera, Dinamarca, Inglaterra, Francia, Holanda, Prusia, Suiza y Suecia. 
Entonces brotó la idea, aun en conspicuos conservadores, de que la unidad 
católica, garantizada por leyes penales, era insostenible; porque no podía 
España ponerse enfrente de Europa, o ser una excepción en ella. Persona- 
jes tan íntimamente relacionados con la Corona como el Duque de Mont- 
pensier, declaráronse por la libertad religiosa. El gobierno cedió, y el 29 de 
Mayo de 1863 salieron de la cárcel de Granada Matamoros, Alhama y Trigo, 
conmutada su condena por nueve años de extrañamiento. Entonces perdió 
realmente nuestra patría la unidad catóHca, que había sido desde el siglo xv 
como alma de su ser colectivo. Para Matamoros el extrañamiento fue un 
tríunfo europeo; algo como una canonización protestante. En un pueblo de 
Alemania le recibieron en tríunfo cantando himnos. Muríó tísico cerca de 
Lausana (31-Julio-1866). William Greene escríbió su vida y muerte como 
las de un santo. 

34. Usoz y Calderón: A) Usoz. B) Calderón. — Dos pro- 
testantes españoles de este período tienen especial importancia literaria: 
Usoz y Calderón. 

107 



SALCEDO 'LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

A) Don Luis de Usoz y Río, originario de ilustre y bien acomodada 
familia nav^arra, nació en Madrid (1806). Estudió la carrera de Derecho; pero 
sus aficiones fueron a las humanidades y a la erudición, y como era rico, y 
por su matrimonio lo fué mucho más, pudo satisfacerlas cumplidamente 
no dedicándose sino a buscar, leer y celeccionar libros viejos, con especia- 
lidad los castizos españoles del Siglo de oro. Estaba perfectamente prepara- 
do para ello, pues sabia latin, griego y hebreo, habiéndole enseñado esta 
última lengua el célebre Orchel, arcediano de Tortosa, maestro también de 
Garcia Blanco. La lectura de la Biblia en su original hebraico, el prurito de 
interpretarla libremente a lo filólogo y critico, y el auxilio que se procuró 
para ello con el estudio de autores o intérpretes protestantes, hicieron a 
Usoz emanciparse intelectual y privadamente de la autoridad doctrinal de 
la Iglesia y caer en el protestantismo. Decia el fiscal de la Inquisición en 
el proceso del Brócense que eran de desconfiar los gramáticos; Usoz, que 
tenía el temperamento y el saber de los gramáticos salmantinos del 
siglo XVI. es una prueba de no ser infundada aquella sospecha. 

Cuenta Borrow en el prólogo de su libro La biblia en España: "Don 
"Luis de Usoz y Río ayudóme mucho en la edición del Nuevo Testamento. 
"He recibido de este caballero todo género de pruebas de amistad; cuando 
"yo salía de Madrid suplía diligentemente mis ausencias, y trabajaba, 
"secundando las miras de la Sociedad Bíblica, sin otro estímulo que la 
"esperanza de contribuir a la paz, dicha y civilización de su patria." No 
sólo hermanaban Usoz y Borrow en el libre examen y en el odio al catoli- 
cismo, sino en la secta cuákera que abrazó nuestro erudito después de leer 
la Apología de Barclay, traducida por Félix Antonio de Alvarado, que le 
llevó a su casa un librero de viejo. En 1839 fué Usoz a Inglaterra a conocer 
personalmente a los cuákeros con una carta de Borrow para uno de sus 
principales corifeos. 

En Inglaterra conoció a Benjamín BarronWiffen, entendido en literatura 
española y hermano del traductor inglés de Garcilaso, e hizo imprimir con 
suma elegancia el Cancionero de burlas provocantes a risa, publicado en 
Valencia 1519 (Londres-Pickeridg-1841), el libro más desvergonzado y des- 
honesto de la literatura española; el fin que se llevó al sacar a plaza estas 
suciedades, fué desacreditar a los frailes, pues, como dice en el prólogo, 
frailes poetas fueron los autores de lo más brutal que hay en el libro, espe- 
cie inexacta ya que de los poetas conocidos, cuyos versos licenciosos están 
coleccionados en el Cancionero, apenas se cuenta algún que otro fraile. 

De vuelta a España emprendió con Wiffen la publicación de los Refor- 
mistas españoles, o sea de los libros de los protestantes de España en el 
Siglo de oro, escritos unos en castellano y otros en latín, inglés o italiano. 

108 



IV 'LAS IDEAS -RELIGIÓN E IRREI.IGIÓS 

Algunas de estas obras teníalas Usoz en su biblioteca, adquiridas por él en 
todos los mercados europeos de libros: Londres, Edimburgo, París, Lisboa, 
Augsburgo, Amsterdam, etc. Otros fueron copiados de manuscritos del 
Museo Británico, del Colegio de la Trinidad o de otras bibliotecas inglesas, 
Usoz tradujo lo que no estaba en nuestra lengua, depuró gramatical y criti- 
camente los textos, investigó la biografía de los autores, perfeccionó los 
libros con introducciones y notas y los hizo imprimir con verdadero y artís- 
tico lujo tipográfico, los primeros tomos en Madrid (Imprenta de D. Martin 
Alegría) y después en casa de Spottiswoode (Londres). Literariamente sólo 
aplausos merece Usoz por su mal intencionada empresa; es verdadero mo- 
delo de ediciones críticas la del Diálogo de la lengua, de Juan de Valdés. y 
es lo cierto que sin esta biblioteca hubiera sido imposible a Menéndez y Fe- 
layo escribir gran parte de su Historia de los Heterodoxos españoles, asi 
como también que más ha beneficiado a la causa católica en España la 
obra apologética del maestro santanderino que perjudicádole la resurrección 
editorial de los protestantes antiguos. 

El primer libro publicado por Usoz fué el Carrascón (1848) y el último 
la Muerte de Juan Díaz (1865), el mismo año que murió en Madrid, el 17 
de Septiembre. La obra ha sido continuada por el doctor Eduardo Boeh- 
me, de Strasburgo. 

B) Auxiliar de Usoz fué D. Juan Calderón, nacido en Villafranca, cerca 
de Alcázar de San Juan (19-Abríl-1791).' En 1806 entró de novicio en los 
Franciscanos, de Alcázar, y en el convento se hizo incrédulo con el trato 
de otros frailes contagiados de enciclopedismo. Recuérdese lo que se ha 
dicho (Tomo Ill-pág. 118) de los asaltos que sufría en su Convento de Ca- 
puchinos el venerable Fr. Diego de Cádiz, siendo novicio, para que leyese 
los libros de los enciclopedistas. Fray Diego resistió; Calderón cayó en el 
racionalismo. De 1820 a 23 distinguióse como liberal exaltado y fué cate- 
drático de Derecho constitucional, o de Constitución, según se dccia en- 
tonces. Emigrado en Francia, tomó para vivir el oficio de zapatero de se- 
ñoras, y después el de maestro de lengua castellana simultaneándolo con 
el de repartidor de biblias y propagandista por cuenta de la Sociedad Bí- 
blica. En 1829 era pastor en Inglaterra de una congregación fundada para 
catequizar a los emigrados españoles, y que no tuvo éxito. De 1842 a 45 
residió en Madrid como profesor de Humanidades // Literatura castellana 
y haciendo secretamente propaganda protestante. En 1845 volvió a Fran- 
cia, y en 1846 a Inglaterra, donde vivió hasta el 28 de Enero de 1854. ga- 
nándose pobremente la subsistencia como copista de manuscritos españo- 
les en el Museo Británico, por cuenta de Usoz, para la colección de Refor- 
mistas españoles. 

109 



SALCEDO 'LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

Las obras protestantes de Calderón fueron: Tratado de lecciones fáci- 
les sobre la evidencia del Cristianismo, traducido de la lengua francesa a 
la castellana (Tolosa de Francia, de 1846); el original es del arzobispo de 
Dublín, Wately. Diálogos entre un párroco y un feligrés sobre el derecho 
que tiene todo hombre para leer las Sagradas escrituras, y formar según 
el contenido de ellas su propia creencia y religión; fué galardonada con 
accésit en el concurso de Montauban en Francia (1841) y el manuscrito au- 
tógrafo enviado a Usoz está en la Biblioteca Nacional. El opúsculo Res- 
puesta de un español emigrado a la carta del P. Aresso. Y dos periódicos 
castellanos publicados en Inglaterra: El Catolicismo neto (Marzo de 1849 a 
1851) y El examen libre (1851 a 1854). 

Las literarias son: Revista gramatical de la Lengua española, publica- 
da en Madrid por cuadernos de a 32 páginas en 4.°; salieron siete números 
(1843) Análisis Lógica y Gramatical de la Lengua Española, que vio la 
luz en la revista y en tomo aparte. Y Cervantes vindicado en ciento y quin- 
ce pasajes del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, que no han 
entendido o han entendido mal algunos de sus comentaristas o críticos 
(Madrid 1854). Lleva un prólogo de Usoz. 

Como gramático era condillaquista; pero, según dice Menéndez y Pela- 
yo, excelente maestro, rico de buen sentido, muy claro, muy seguro, muy 
preciso, libre de las exóticas manias de Gallardo y de Puigblanch, y no 
mal escritor, aunque llanamente y sin afectaciones de purismo. Entendía y 
sabia aplicar magistralmente el procedimiento analítico o desmenuzamien- 
to de la frase. Quizá no conocía más lenguas que la propia y el inglés y el 
latín, y no se le puede llamar filólogo en el sentido moderno de la palabra. 
Su Cervantes vindicado, de los comentos gramaticales de Clemencin, es 
una obra excelente que hace presentir las magistrales de Rodríguez Marín. 

35. Después de la revolución del 68: A) Libertad de 
cultos. B) Estado actual del protestantismo en España. — 
A) Con la revolución de 1868 la propaganda protestante hízose públi- 
camente. Habíase formado en Gibraltar un pequeño núcleo de protes- 
tantes españoles. Estaba entre ellos D. Juan Bautista Cabrera, natural de 
Gandía (nació en 1837), alumno que había sido de los escolapios y 
después religioso de esta Orden, en la que no dejó de distinguirse como 
profesor. Al estallar la revolución. Cabrera se presentó al general Prim y 
le pidió permiso para propagar el protestantismo, contestándole el caudillo, 
según cuentan los protestantes, que podía recorrer España entera con la 
Biblia debajo del brazo. 

110 



IV 'LAS IDEAS -RELIGIÓN E IRREI.IGIOS 

Lo cierto es que las juntas revolucionarias, adelantándose a las Cons- 
tituyentes, apresuráronse a decretar la libertad de cultos a la vez que ha- 
cian derribar iglesias católicas, expulsaban a los jesuítas y demás órdenes 
religiosas, desterraban a los obispos, prohibían las procesiones y el toque 
de campanas; la junta de Barcelona concedió expresamente a los fieles de 
la Iglesia Cristiana Evangélica, a instancias del cónsul suizo. la facultad de 
levantar templos y ejercer en público su culto, y por otro decreto (29-Oct.). 
tomó bajo su protección a todas las religiones. Así Cabrera, después de ha- 
berse agitado en Sevilla predicando en clubs, casinos, cafés y casas par- 
ticulares, pudo abrir la primera capilla protestante en dicha ciudad (1 ."-Ene- 
ro-1869). 

Otros muchos imitaron su ejemplo, abriéndose capillas en casi todas 
las poblaciones importantes y en algunos pueblos, fundándose escuelas e 
inundándose España de biblias en lengua vulgar, sin notas y según el 
canon protestante, así como de libros, opúsculos y periódicos de propagan- 
da. Los ingleses lo pagaban todo con esplendidez; sólo de una señora de 
un famoso embajador británico que hubo en Madrid sabemos que teniendo 
por su padre una renta de 20.000 duros anuales para alfileres, gastábalos 
íntegramente, y a veces quedaba empeñada, en esta empresa de evange- 
lizar di España. Después de 1871, y cuando ya los ingleses empezaban a 
cansarse de gastar en balde, vinieron de refuerzo los alemanes, instalando 
un centro en la corte el pastor prusianoTííedner, empleado en la Legación 
de Prusia, y el cual se hizo la ilusión de convertir a los españoles por pro- 
cedimientos hábiles y metódicos de organización alemana; procuró atraerse 
al clérigo D. Tristán Medina y a liberales avanzados y de talento como 
Javier Calvete (1) y José Zahonero (2). Obra de Fliedner es el titulado 
Colegio del Porvenir, en la carretera de Francia o calle de Bravo Murillo. 
junto a los Cuatro Caminos, donde instaló la segunda enseñanza por el 
método cíclico, y al lado de cuyo establecimiento, centro de propaganda 



(1) Javier Galvete de Molina nació en Granada (1833|. Murió en Madrid (27-Octubrc-l8T7». Redartor 
de El Iniparcial y El Tiempo. Colaborador de Los Sucesos, La Política, El Hazury El Diario de Harrelona 
Orador fácil, tomó parte activa en las discusiones del Ateneo. En lb75. discutiéndose el problema tcIíkíoso. 
defendió con calor las leyes eclesiásticas de Prusia (Kulturkampfi. siendo uno de los muchos Rrrminofilos 
de aquella época con un sentido anticatólico, secularizador y racionalista. Viajó por Alemania. En 187*1 
publicóse un tomo de Fragmentos y ensayos suyos, con una noticia biblioRráfica por Francisco de A. 
Pacheco. 

(2) Hijo de un magistrado de Valladolid, nació en esta ciudad (1K47). Empezó a estudiar Medicina. 
carrera que luego cambió por la de Derecho. En la revolución del fi8 militó en el partido republicano, 
tomando parle activa en una insurrección callejera (1874), lo que le obÜRo a emigrar a Rueños Aires, allí la 
necesidad le obligó a actuar en una ocasión de pastor protestante. A su regreso a Esparta, distinijuiosc 
pronto por su ingenio, simpatías y extravagancias, como orador de Ateneo y como escritor. Nunca hlío 
profesión de protestantismo aunque auxilió a Fliedner en sus trabajos editoriales. Hace nftos que Z.nhnncro 
es fervorosisimo católico. 

111 



SALCEDO ' LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

protestante y seminario de pastores, y como protesta, se ha erigido por el 
párroco D. Manuel Capuchino la hermosa iglesia de Nuestra Señora de los 
Angeles. 

B) Hiciéronse la ilusión los protestantes extranjeros de que siendo el 
español un pueblo religioso y cristiano, y apartándose más o menos los li- 
berales de la Iglesia Católica por odio a su intransigencia doctrinal, incom- 
patible con la libertad de pensamiento, adoptarían el protestantismo como 
un término medio que satisficiese a la vez sus creencias y sus tendencias 
filosóficas y políticas. Equivocáronse: si hubo un periodista republicano 
— D. Francisco Córdoba y López — (1) que como director de El Amigo del 
Pueblo y con los redactores y personal del diario, hizo acto de apostasía 
aceptando y proclamando la reforma de Latero y poniéndose bajo la di- 
rección espiritual del capellán de la Embajada inglesa, fué un caso aislado 
y sin otra trascendencia que provocar la risa de sus propios correligiona- 
rios. La unidad católica ha penetrado tan profundamente en los espíritus 
españoles, que el catolicismo es para ellos la religión única; si la dejan es 
para caer en el racionalismo o en el indiferentismo. El elemento principal 
de los atraídos por la propaganda protestante constitúyenlo aquellos sacer- 
dotes y religiosos que habiendo faltado a la ley del celibato o al voto de 
castidad, anhelan legalizar de algún modo la unión anticanónica contraída 
y legitimar, por lo menos civilmente, a sus hijos; así se han visto multitud 
de casos como del que actuó de pastor en Córdoba (1869), y el cual, en 
cuanto murió la mujer, motivo ocasional de su apostasía, se apresuró a 
dejar la capilla y abjurar, saliendo para Roma con grandes muestras de 
arrepentimiento. Y de uno de los más famosos pastores se cuenta que 
fluctuó durante muchos meses entre abandonar la Iglesia o la familia que 
irregularmente se había creado; optó al fin por lo último, y fuese a la es- 
tación del ferrocarril decidido a huir muy lejos; en la estación encontróse 
con la mujer y los hijos, y la crisis se resolvió allí pasionalmente en sen- 
tido contrario a como había él resuelto en la soledad de sus reflexiones 
religiosas. 

Aparte de este elemento, que da un carácter dramático a la lucha re- 
ligiosa por el conflicto íntimo entre las creencias y el sentimiento humano, 
y con la excepción de algunos extravagantes, las limosnas de los protes- 
tantes extranjeros han tenido más eficacia que los argumentos para llevar 
gente, nunca mucha, a las capillas evangélicas. En los primeros años de la 



(1) Antfs de la revolución figuró en la redacción de La Salud Pública, y después de dirigir El Amigo 
del Pueblo (1868-69), en las de La Revolución, El Huracán, La Democracia Republicana y El Combate. El 
gobierno republicano le hizo gobernador de Pontevedra, y en esta ciudad murió (2-Julio-1873). 

112 



IV 'LAS IDEAS - RELIGIÓN E IRRELIGIÓN 

propaganda libre, asociaciones católicas dedicáronse con celo a impe- 
dir la caída de los atraídos o volver al redil las ovejas extraviadas; a 
tal fin daban también limosnas a los infelices, hasta que D. Vicente 
Lafuente cayó en la cuenta de que algunos desaprensivos necesitados 
hacían de esto negocio abjurando y reabjurando sucesivamente pro pane 
lucrando. 

La propaganda protestante por medio del libro y del periódico ha sido 
y es copiosa; pero no menos infecunda que la de la predicación en las 
capillas. Antes de la revolución, a principios de 1866, fundó Matamoros en 
Pau un colegio para educar niños españoles en la religión protestante, 
magníficamente instalado por la generosidad sectaria de la viuda norte- 
americana MaC'Kuen; durante el período revolucionario a este colegio fue- 
ron mandados muchos niños de familias pobrisimas. En varias ciudades 
españolas se han establecido escuelas, y es indudable que algunas han 
adquirido crédito teniendo, generalmente, profesores mejor dotados que 
otras; pero para lograr relativa concurrencia de niños han necesitado pro- 
meter a los padres de familia no atacar las creencias católicas ni exigir la 
filiación religiosa, y es síntoma muy significativo que los maestros no suelen 
ser protestantes, sino racionalistas o católicos forzados por la miseria, siendo 
frecuentísimo que maestros y maestras gestionen de las asociaciones cató- 
licas la colocación en escuelas de la religión que verdaderamente profe- 
san, aunque no con el fervor necesario' para sufrir por ella el martirio del 
hambre. 

Los protestantes españoles, a pesar de su exiguo número, están divi- 
didos en muchas sectas. Las dos principales en que han venido a congre- 
garse casi todas las capillas son la presbiteriana y la episcopal. La primera 
que lo fué también en organizarse por D. Juan Bautista Cabrera con el 
título de Iglesia presbiteriana española, titúlase hoy Iglesia evangélica 
española, y su principal pastor o presidente es el ex escolapio D. Cipriano 
Tornos. La segunda, obra también de Cabrera, constituyóse en Sevilla (18S0) 
con el nombre de Iglesia Española Reformada, eligiendo obispo al mismo 
Sr. Cabrera, elección confirmada en Madrid (sínodo de 1883) y por la 
consagración del electo que hizo el arzobispo de Dublin lord Plunket (1894). 
Cabrera ha sido tenido por obispo en el reducido grupo de sus adeptos 
hasta su muerte (Mayo-1916). 

Escasísima influencia social, y/por tanto, literaria, ha tenido hasta hoy 
el Protestantismo en España. Don Juan Bautista Cabrera, hombre muy labo- 
rioso y no desprovisto de conocimientos históricos, ha intentado constituir 
su Iglesia Española Reformada sobre la base de las tradiciones mozárabes 
o visigóticas. Sus adeptos le tienen hasta por buen poeta, presentando 

113 g 

Salcedo. — La Literatura Española. — Tomo IV. 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

como modelos de poesía religiosa sus traducciones y composiciones de 
himnos sagrados. 

Muestra de las primeras: 



Santo, Santo, la inmensa muchedumbre 
De espíritus puros que hacen tu vohmtad, 
Ante ti se postran bañados en tu lumbre, 
Ante ti que has sido, que eres y serás. 

Santo, Santo, Santo. Por más que estés velado 
Con sombras, y el hombre no te pueda mirar, 
Santo tú eres solo, y nada hay a tu lado. 
En poder perfecto, pureza y caridad. 



Y de las segundas: 



Si cuando en torno mío 
No encuentro humano ser 
Que mis dolores pueda 
Calmar ni aun comprender, 
¡Cómo curarla herida. 
Cómo aliviar la cruz. 
Si el alma no inundara 
De fe la santa luz! 

Es grato si sufrimos 
En horas de ansiedad. 
Saber que desde el cielo 
Nos miras con piedad; 

Que cuentas nuestras penas, 
Que ves nuestro dolor, 
Que escuchas nuestros ayes 

Y envías tu favor. 

Por eso yo te adoro, 
Por eso creo en ti, 
De quien dádivas tantas 
Sin precio recibí. 
Confirma y acrecienta. 
Señor, mi humilde fe; 

Y cual soy tuyo ahora, 
Por siempre lo seré. 

114 



IV -LAS IDEAS -RELIGIÓN E IRRELIGIÓN 

36. Oirás tendencias heterodoxas: García Blanco, To- 
rres A mal, Morgáez, el «Cura de Brihuegay>, Aguayo, Me- 
dina, Escudero. — En las cortes de 1836 distinguióse por su extre- 
moso regalismo, o, mejor dicho, por sus tendencias cismátiscas. el presbí- 
tero D. Antonio Garcia Blanco, al que corresponde mtis decoroso puesto 
en esta Historia como sabio hebraísta. Durante la regencia de Espartero, 
en que el ministro Alonso intentó llevara la legislación positiva las doctri- 
nas de García Blanco y otros regalistas exagerados, el obispo de Astor- 
ga D. Félix Torres Amat, sobrino del célebre arzobispo de Palmira. de que 
se ha tratado en el tomo anterior, enojado por la inclusión en el Índice 
de las obras de su tío, publicó una pastoral (6-Agosto-1842) que hizo mucho 
ruido y suscitó agrias controversias por sus ataques a la Santa Sede. Este 
prelado es autor de una traducción de la Biblia "muy superior — dice 
Menéndez y Pelayo — por la pureza del lenguaje y el conocimiento de los 
textos originales a la del Padre Scio, aunque tildada de escasez de notas", 
y a cuya difusión ha perjudicado el incidente de la pastoral, prohibida en 
Roma, y de cuyo contenido no quiso nunca retractarse. 

Fray Braulio Morgáez, dominico exclaustrado y profesor que había 
sido de Teología en la Universidad de Alcalá, publicó (1853) un folleto 
contra la potestad de los obispos de suspender a sus subditos sin forma de 
juicio (ex informata consciencial, y en 1854 varios contra la declaración 
dogmática del misterio de la Inmaculada Concepción. Por El Cura de Bri- 
huega, ministerio que había desempeñado, es conocido D. José M. Morn- 
lejo, catedrático suplente de Teología en la Universidad de Madrid, el cual, 
emigrado en París (1824) afilióse a la secta fundada por el abate Chatel 
(Iglesia francesa) y a la sociedad secreta de los Templarios, y vino a Es- 
paña en 1840, con los rimbombantes títulos de obispo y legado maestral 
del Temple en los reinos de España, bailío y ministro honorario del Consejo 
del Gran maestrazgo, a implantar tan ridiculas extravagancias. En 1846 
publicó las Bases para el establecimiento de la Sociedad Militar y Bene- 
mérita del Temple. Retractóse luego ante la Curia eclesiástica de Toledo, y 
murió casi loco. 

Cuando estaban en su mayor auge las polémicas sobre la unidad ita- 
liana, poder temporal del Papa y reconocimiento del reino de Italia, apa- 
reció una Carta a los presbíteros españoles (1."- Agosto- 1865) firmada por 
Don Antonio Aguayo, sacerdote granadino, en que no sólo se sostenían 
las soluciones más liberales en los citados puntos, sino que se nt.icaba 
violentamente a los obispos y canónigos — obesos canónigos y obispos 
que visten púrpura y oro, arrastran lujosas carretelas y habitan suntuosos 

115 



SALCEDO ■ LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

palacios - y se defendía la democracia cristiana oprimida por los fariseos. 
Fué tremendo el escándalo (1). Algunos tuvieron por cierto que Aguayo 
no era sino testaferro de un elevado personaje de la Union Liberal. El 
sacerdote granadino hizose demócrata. Luego adjuró ante su arzobispo, y 
mas tarde abjuró de su adjuración, profesó el republicanismo después 
de 1868, y recorrió los pueblos a modo de misionero anticatólico predi- 
cando contra el Papa. 

Otro clérigo contemporáneo de Aguayo dio también mucho que hablar, 
y por análogo estilo: tal fué D. Tristán Medina y Sánchez, natural de Baya- 
mo (Cuba), y que habiéndose ordenado después de enviudar se hizo famo- 
so predicador en Madrid por su elocuencia sentimental, imaginativa y 
florida. Un sermón suyo en Alcalá, en que vagamente negaba la eternidad 

de las penas del infierno, 
valióle un proceso canó- 
EX LIBRIS DEL SIGLO XIX nico y pérdida de licen- 

cias para confesar y co- 

A00OOCSD00O00O0OO0EM300DOO0O0OO0-Í- TT , ' • 1 j -J 

5 o mulgar. Había sido tenido 

I DE LA BIBLIOTECA o hasta entonces por neo- 

J o católico y ultramontano; 

5 ^^^ i fuese con los demócratas, 

o ^ 

EXC "'' Sf ÑOR o intimó con Castelar, escri- 
c ° bió en La Discusión y en 

1 D. MARIANO LUIS DE ÜRQUÍJO. , ^^ Democracia usando el 

c 

<.o£>fíooooooocM»«ooooooi3CM:»í>c«>oooov seudónimo de Andrés Mat- 

tini, se convirtió después 

Ex libris de principios del siglo XIX. 

de una larga correspon- 
dencia epistolar con el 
presbítero D. José Salamero, volvió al pulpito, y en otro sermón, des- 
cribiendo con demasiados pormenores la corporal hermosura de la Vir- 
gen, escandalizó al auditorio, quitáronle de nuevo las licencias, y se 
hizo protestante, o se arrimó a ellos, para volver a reconciliarse con la 
iglesia, también por mediación del Sr. Salamero. Murió el 2 de Enero 
de 1886. Habia viajado mucho, y sucediéronle hartas aventuras, v. gr. un 
proceso en Lausana, de que salió absuelto. Menéndez y Pelayo vio una 
colección de cartas suyas que se lo mostraron como "alma débil, apasio- 
"nada, impresionable y versátil, no anticatólica en el fondo, pero si echada 
"a perder por cierta manera sentimental, femenina y romancesca de con- 



(1) La mayor parte de lo que se dijo y escribió con este motivo está coleccionado por el mismo 
AK^íayo en Historia de una Caria (Madrid, Imprenta de La Discusión, 1866). 



116 



IV'LAS IDEAS - RELIGIÓN E IRRELIGIÓN 

"cebir la religión". No sería mal argumento la vida de este presbítero para 
un estudio psicológico del sentimentalismo imaginativo que han padecido 
tantos espíritus en el siglo xix, y que tanto influjo ha tenido en la poesía 
lírica de la segunda mitad de esa centuria. 

Por la época de la revolución del 68 se presentó en Cádiz un joven 
llamado D. José Agustín Escudero, provisto de licencias que le acreditaban 
como sacerdote mejicano ordenado en Roma. Púsose a predicar en la 
iglesia de San Agustín, y con tal éxito que horas antes de comenzar sus 
sermones estaba materialmente lleno el espacioso templo con sus acceso- 
rios de coro, tribunas y sacristía. No se hablaba en la ciudad de otra cosa 
que de los sermones del P. Escudero. Sospechando de él la autoridad ecle- 
siástica instruyóle expediente, y él abrió una capilla con el título de Iglesia 
cristiana española, no protestante, sino inspirada en los principios de los 
viejos católicos de Baviera (1), a cuyas opiniones arrimóse también un 
grupo de clérigos liberales que redactaban en Madrid La Armonía. Por el 
mismo tiempo que Escudero, escandalizaba, como furibundo revolucionario 
religioso y político, el presbítero D. Enrique Romero Giménez (el cura 
Romero, como vulgarmente se le llamaba), el cual emigró a Buenos Aires 
en 1870, fundó y dirigió allí El Correo Español, con un sentido sectario (2), 
y murió (22-Agosto-1860), a consecuencia de las heridas que le infirió en 
duelo su antiguo amigo y correligionario Paul y Ángulo (3). 



37. Don Fernando de Castro. — Don Fernando de Castro 
nació en Sahagún (1814). Fraile gilito en San Diego de Valladolid, orde- 
nado de presbítero después de la exclaustración, orador sagrado de justo 
renombre, profesor en el Seminario de San Froilán (León) y después de 
Historia en el Instituto de San Isidro de Madrid y en la Universidad Cen- 
tral; autor de las Nociones de Historia, que fueron texto en muchos Ins- 
titutos y Seminarios, y del Compendio razonado de Historia General 



(1) Secta fundada por el doctor Juan José Ignacio Dcelinger, profesor de la Facultad de Teología de 
Munich. Vivió el fundador de 1799 a 1890. Partiendo de que la declaración dogmática de la infalibilidad 
pontificia era una innovación en el catolicismo, Dcelinger se apartó de la obediencia a la Santa Sede, y 
formó el partido de los viejos católicos, en contraposición a los nuevos o neo-católicos o neos que se ha 
dicho en España, o sean partidarios de las novedades que, según aquellos, ha introducido el Pontificado en 
la Iglesia. Escudero publicó un libro: La Religión católica del siglo XIX, o sea su examen critico ante la 
moral, el Evangelio, la razón y la filosofía. Madrid, 1870. 

(2) En 1903 ha perdido este carácter el periódico, y desde entonces eliminó de su cabecera el nombre 
del fundador, que antes publicaba. 

(3) José Paul y Ángulo, de acaudalada familia jerezana, lanzóse exaltadamente a la revolución del 68, 
figurando a la cabeza de los más exaltados como redactor de El Amigo del Pueblo y director de La Igualdad 
y El Combate. Atribuyósele el asesinato del general Prim, y emigró a la Argentina. Murió en Paris (23 de 
Abril- 1892). 

117 



SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

(tomo I en 1863. II en 1866, III y IV en 1870), académico de la Histo- 
ria (1866) leyendo en su recepción el Discurso sobre los caracteres histó- 
ricos de la Iglesia española. Castro perdió la fe, según cuenta en su Me- 
moria testamentaria, por la lectura de toda suerte de libros. 

Desagradó en Palacio el sermón pronunciado en la Real Capilla el 
1/' de Noviembre de 1861. Su discurso en la Academia de la Historia re- 
veló que habia tomado decididamente rumbos heterodoxos. En 1867 se 
negó a declarar si era o no católico, por lo que fué separado de su cátedra, 
y en 1868 nombráronle rector de la Universidad, marcando su rectorado el 
apogeo del krausismo en España. 

En 1871 hizo el Sr. Castro solemne homenaje a D. Nicolás Salmerón, 
declarándose fervoroso partidario de la teoría de lo Inmanente, punto de 
arranque para la afirmación del derecho en lo humano y para la negación 
de lo sobrenatural en lo divino, y ofreciéndole una pluma de oro, "monu- 
mento histórico del último sermón de un sacerdote que ha perdido la vir- 
ginidad de la fe; pero que ha ganado la maternidad de la razón. Murió el 
5 de Mayo de 1874, dejando una Memoria testamentaria en que declaraba 
su propósito de morir "en la comunión de todos los hombres creyentes y 
"no creyentes" (1), disponía que se le enterrase "religiosa y cristianamente, 
"en el sentido más amplio, universal y humano", "que sobre su tumba se 
"leyeran las Bienaventuranzas, la Parábola del Samaritano y los Manda- 
"mientos del Ideal de la Humanidad de Sanz del Río", y, finalmente, dejó 
esbozada una Iglesia universal de los creyentes, en que hablan de ser sa- 
cerdotes los ancianos, y santos los hombres célebres desde Buda y Zo- 
roastro hasta San Francisco de Asís y Lulero, San José de Calasanz y Des- 
cartes, etc. 



38. El anticlericalismo contemporáneo. — La Restaura- 
ción convirtió la libertad de cultos, proclamada en 1868, en mera to- 
lerancia religiosa, y prohibió las manifestaciones públicas o callejeras 
de las sectas disidentes (procesiones, letreros en los muros exteriores de 
los templos y cementerios, banderas, emblemas, anuncios y carteles (2), 
y se mantuvo esta prohibición con más o menos rigor hasta 1910, en 
que la derogó Canalejas por otra real orden. Mas a la sombra de la liber- 
tad de la cátedra se sostuvo la de los profesores para declararse he- 



dí La publicó su albarea y legatario Sales y Ferré, continuador además de su Historia de España, 
en 1K74. 

(2i Real orden de 23 de Octubre de 1876. 

118 



IV -LAS IDEAS 'RELIGIÓN E IRRELIGIÓN 

terodoxos y explicar en este sentido (1); a la de la libertad de enseñanza 
la de fundar escuelas protestantes, laicas o librepensadoras y hasta franca- 
mente anarquistas, como la titulada Moderna, de Ferrer, en Barcelona; y a 
la de la libertad de imprenta la de publicar en periódicos toda suerte de 
ataques contra la Iglesia y la religión católica. Para garantir estas liberta- 
des no fué reformado el Código penal librecultista de 1870, y, por tanto, 
sólo pudieron perseguirse judicialmente los insultos a la Religión en dis- 
cursos y periódicos cuando constituyesen escarnio público (2), y aun esto 
rara vez se ha llevado a la práctica. 

Desde 1876 a 1900, tanto el partido conservador como el liberal pro- 
curaron vivir en paz con la Iglesia rehuyendo las cuestiones religiosas. 
La presentación de obispos y otros oficios eclesiásticos se hizo siempre de 
perfecto acuerdo con la Santa Sede. Con la Santa Sede se negociaron pre- 
viamente las reformas legislativas relacionadas con la Iglesia, v. gr., las 
formalidades civiles del matrimonio canónico. Ya en el periodo revolucio- 
nario los partidos más liberales, incluso los republicanos, habían hecho de- 
claraciones favorables a la libertad de asociación aplicada a los Institutos 
religiosos (3). En la Restauración, los conservadores añadieron a esto el 
carácter eclesiástico de tales corporaciones que los sujetaba, no sólo a la ley 
común, sino al régimen concordatorio, y es lo positivo que en 11 de Enero 
de 1877 comienza una larguísima serie de reales órdenes autorizando la 
fundación de conventos, y a los religiosos para dedicarse a la enseñanza, 
eximiéndoles, además, las leyes de reclutamiento (1882 y 1885) del servi- 
cio militar. La obra antimonástica de 1834 quedó enteramente deshecha. 

En 1899 empezaron republicanos y socialistas a promover tumultos 
callejeros de índole religiosa (pedreas contra las placas del Corazón de Je- 
sús colocadas en el exterior de las casas). En 1900 (14-Dic.) pronunció un 
discurso Canalejas en el Congreso, repitiendo otro de Waldeck-Rousseau, 
en Francia, en que dijo que "el enemigo de España es el clericalismo" , y 
que es preciso evitar la educación de la juventud en los institutos religio- 



(1) Por una circular del gobierno conservador (1876) se prescribió a los catedráticos oficiales respeto 
en sus explicaciones a la religión y a la monarquía, y los que no se conformaron con ella, fueron separados 
de sus cátedras. La circular fué derogada por el primer ministerio liberal (3-Marzo-1881) y repuestos los cate- 
dráticos separados. Cánovas era partidario de la libertad de la cátedra, sobre todo en la enseñanza superior 
o universitaria. 

(2) El Código Penal de 1870 no conoce los delitos contra la religión católica, sino únicamente contra 
el libre ejercicio de los cultos (aríiculos 236 a 241), y pena el escarnio público de los dogmas y ceremonias 
de cualquier religión que tenga prosélitos en España. La critica razonada y científica de los dogmas es licita- 
Así lo declara el Tribunal Supremo en muchas sentencias: cuatro de 1888 (4 de Mayo, 30 de Junio, 27 de No- 
viembre y 29 de Diciembre). 

(3) Candan (7-Octubre-1871), Garrido (16 id.), Castelar (id.). Calderón Collantes (id.), proposición de 
Nocedal (17-Noviembre id.) defendida por Montero Ríos, Figueras Romero Ortiz, Moreno Nieto, Ruiz Zo- 
rrilla, Martos, etc. 

119 



SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO /V 



EX LIBRIS DEL SIGLO XIX 




■^^As- y- 



^<^^. 



Jrdi^' 



fe 



Ex libris grabado por B. Maura en 1881. 
(Hay (Ara variante de menor tamaño.) 



120 



IV -LAS IDEAS 'RELIGIÓN E IRRELIGIÓN 

sos para evitar que se formen dos juventudes: una clerical y anticlerical la 
otra. De aqui la política anticlerical que se ha prolongado, con variedad de 
peripecias, hasta nuestros días, y de la que sólo recordaremos aqui, como 
muestra de su intima relación con la historia literaria, uno de sus puntos 
iniciales culminantes: el estreno del drama Electra (30-Enero-1901), a que 
han seguido otros del mismo carácter y muchas imitaciones más o menos 
felices. 

Las palabras clericalismo y anticlericalismo, clerical y anticlerical fue- 
ron usadas primeramente por el político francés Rouland, en una Memoria 
sobre la línea de conducta que conviene seguir enfrente de la Iglesia, es- 
crita en 1862. Aceptáronlas e hicieron enorme consumo de ellas los perió- 
dicos racionalistas y republicanos que combatían al segundo imperio: La 
Tribuna, de Pelletan, El Elector libre, de Pelletan, La Linterna, de Roche- 
fort. Le Rappel, de Victor Hugo. Escribía éste: Debemos maldecir al cleri- 
calismo y bendecir a la Iglesia. Era un equivoco conveniente para la pro- 
paganda librepensadora y laicista en las naciones católicas. "Nos llamába- 
"mos anticlericales, escribe Nakens, para no alarmar demasiado a los fís- 
" cales" (1). " ¿Qué es el clericalismo?. . . la vida del clero. El que va contra 
"el clericalismo va contra el clero, y, por consiguiente, contra la Iglesia y 
"contra la Religión, toda vez que el clero es el instrumento consagrado por 
"la Iglesia, y sin el cual no pueden practicarse ni cumplirse los preceptos 
"de la Religión" (2). 

El juego de estos vocablos ha servido desde la Restauración acá para 
la política, el periodismo y la literatura contra la Iglesia católica. Asi como 
se ha intentado cubrir la mercancía literaria pornográfica con la etiqueta 
de sicalíptica o sicalipsis, vocablos sin sentido, se ha querido cubrir, para 
los tontos, como dice Cintora en el articulo citado, el catolicismo atacado y 
escarnecido con la palabra clericalismo. Sin tales eufemismos, o usándolos 
muy poco, D. Ramón Chíes (3) fundó Las Dominicales del libre pensa- 
miento, en cuya dirección murió, y en que tuvo por principales colaborado- 
res a D. Fernando Lozano (Demófilo) (4), y a D. José Ferrándiz (Constan- 
cio Miralta) (5). Don José Nakens (nació en Sevilla- 1848), cabo de carabi- 



(1) Nakens: Trozos de mi vida. 

(2) Cintora: El Motín, Febrero, 1901. 

(3) Nació en Medina de Pomar (1846). Murió en Madrid (1893). Fué redactor de La Discusión y de 
El Voto Nacional. 

(4) El seudónimo de Demófilo (amigo del pueblo) lo había usado el doctor D. Antonio Machado y 
Álvarez, padre de los poetas Machado, muerto en Sevilla el 4 de Febrero de 1893. Machado fue también pe- 
riodista republicano (El Obrero de la Civilización, 1868, y La Justicia, de Madrid, 1889). Tiene importancia 
literaria como fundador del Folk Lore Español (once volúmenes), de 1880 a 90. 

(5) Nacido en Lorca (1855). Huérfano de padre desde muy niño, estudió con grandes trabajos suyos 
y de su madre la carrera menor eclesiástica; pero suplió la falta de carrera académica con muchas y varia- 

121 



SALCEDO - LA UTER ATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

ñeros cuando estalló la revolución de 1868, escribió (1869-70) en Jeremías, 
periódico de Martínez Villergas, con el seudónimo de Un soldado, íundó 
con Moya y Bolívar los semanarios El Resumen y Fierabrás, dio luego mu- 
chas piececítas al teatro, fué después redactor de El Globo, donde llamó la 
atención por unos artículos en que denunciaba los pensamientos de Víctor 
Hugo intercalados por Campoamor en sus poesías, sin decir nuestro poeta 
de donde los había tomado (1); más tarde publicó una edición de las Do- 
loras, con un prólogo titulado Reparación debida, reconociendo que el odio 
político del republicano al monárquico y el afán de notoriedad le habían 
impulsado a sacar a relucir aquellos plagios. En 1879 abandonó El Globo, 
estuvo en la redacción de El Buñuelo, y en Abril de 1881 fundó El Motín, 
prototipo de periódico anticlerical, en que con las mayores zafiedades y 
desvergüenzas se ha venido insultando y zahiriendo a sacerdotes y religio- 
sos, so pretexto de desacreditar y destruir el carlismo. Es lastimoso que 
hombres, como los citados, hayan despilfarrado sus dotes en tales em- 
presas. 

El anticlericalismo no se ha ceñido a estas manifestaciones o desbor- 
damientos periodísticos: en la novela y en el teatro ha hecho explosiones 
múltiples, de algunas de las cuales se dará sumaria cuenta en este libro. 



das lecturas. Por el deseo, según ha declarado mil veces, de mantener a su anciana madre, careciendo en la 
Iclesia de beneficio adecuado, lanzóse a la prensa sectaria, y mientras que en Las Dominicales escribía con 
dicho seudónimo en sentido librepensador, publicando además muchos libros: Los Secretos de la Confe- 
sión. El Sacramento espúreo, etc., en El Resumen, con el de El Devoto Parlante, publicaba artículos más 
moderados de critica del culto y abusos que pueden ser censurados sin salirse del gremio de la Iglesia. Ins- 
truyósele proceso canónico y no pudiéndosele probar la identidad con Constancio Miralta, lo sobreseyó el 
obispo Sancha, el cual le protegió e hizole escribir en El Movimiento Católico. Satisfecho andaba Ferrándiz 
por esta via. cuando se le presentó un empleado de Las Dominicales manifestándole que deseaba reconci- 
liarse con la Iglesia y bautizar a sus hijos. Ferrándiz lo encaminó a la curia eclesiástica; pero el empleado lo 
denunció entregando los manuscritos de Las Dominicales al Provisor. Nuevo proceso, excomunión, etc. 
Lanzóse de nuevo al periodismo sectario, y en El País y en El Radical ha sido de los peores enemigos de la 
Iglesia en España. Pero como sus convicciones, aunque liberales, no eran esas, ha vuelto a reconciliarse y 
practicar la Religión que nunca abandonó completamente. 

(1) "Como yo era desconocido y mi apellido extraño, muchos lo creyeron un seudónimo, y hubo 
"necios que achacaron mis escritos a Valera, Núñez de Arce, Fernández de los Rios y otros de buena cepa 
Ijipraria ' Nakens: Reparación debida. 




122 



LA LITERATURA ESPAÑOLA CONTEM^ 
PORÁNEA >^^ V. - IDEAS FILOSÓFICAS, PO- 
LÍTICAS, SOCIALES Y ECONÓMICAS ^'^ ^ 




Escolástica y tradicionalismo filosófico. — 

AI inaugurarse la época contemporánea, la filosofía 
escolástica (Santo Tomás y Suárez) seguia profesada 
en España, pudiendo decirse, sin embargo, que más 
bien vegetaba que vivía, confundida con la Teolo- 
gía y sólo enseñada en los Estudios de algunas órde- 
nes religiosas. Los Dominicos, especialmente, conservaban esta tradición. 
En lengua castellana no se manifestaba sino en la esfera de las contro- 




(1) 39. Escolástica y tradicionalismo filosófico. — 40. Sensualismo, frenología 
y positivismo. El doctor Mata. — 41. A) Escuela escocesa. Mora. B) La escuela cata- 
lana. C) Eclecticismo francés. Laromiguiere y Arboli. D) Otros eclécticos. Cousin. 
E) García Luna. — 42. Balmes. A) Biografía y obras. B) Carácter de su filosofía. 
C) Critica (opiniones de Valera, Canalejas, ünamuno e Ingenieros). Los católicos. — 
43. Donoso Cortés. A) Sus Lecciones de Derecho político (Las paradojas). B) "Pió IX" 
(artículos) y el "Ensayo". C) Rastro de Donoso en España. — 44. Filosofía alemana. 
A) Hegelianos: Benltez de Lugo, Fabié, Pi y Margall, Castelar. B) Krausistas. Sam 
del Rio. C) Obras de Sam del Rio, su estilo. D) Knnisistas principales. — 45, A) El 
tomismo italiano. B) El P. Ceferino González y D. Antonio Cornelias. C) El tomismo 
italiano en España. — 46. A) Neo Kantismo. B) Neo Kantistas españoles, Perojo, Revi- 
lla, Maeztu, Baraja, Unamuno, Ortega Gasset. C) Viaje de Lutosloivski a España. — 
47, El positivismo en España. Flórez, Rey, Pompeyo Gener, Etassen. — 48. Filosofía 
histórica española. A) D. Gumersindo Laverde. B) Menéndez y Pelayo, como filóso- 
fo. C) Bonilla y San Martín. D) Otros: Fr. Marcelino Gutiérrez, Fr. Conrado Muiños, 
Conde Luque, Hinojosa, P. Getino, Picatoste. E) Los arabistas D. Julián Ribera, don 
Miguel Asín. — 49, A) Neo escolasticismo o escuela de Lovaina. B) Lovainistas espa- 
ñoles. — 50, Filósofos no clasificables en escuelas. A) Letamendi. B) Cánovas del 
Castillo. C) Moreno Nieto. 

123 



SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 



versias sociales y políticas, v. gr. en el libro del Padre Vidal Origen de 
los errores revolucionónos de Europa y su remedio (1827-1829). Las obras 
didácticas continiu'ibanse escribiendo en latín, como la Philosophie Ru- 
dimenta, del P. Cuevas (1858). 

A la generalidad de los estudiosos católicos agradaban más que los 
venerables infolios de la Edad Media y del Siglo de oro español las bri- 
llantes páginas de los modernos apologistas franceses de la época del pri- 
mer imperio y de la restauración. La Biblioteca de la Religión, protegida 
por el cardenal Inguanzo, había publicado en castellano, durante el período 

anterior, las principales obras de Bonald (1), De 
Maistre (2) y Lamennais (3), y su elocuencia ro- 
mántica seducía los espíritus con más eficacia 
que las secas argumentaciones escolásticas. En 
todos los modernos polemistas católicos españo- 
les, sin exceptuar a Balmes, es notoria la influen- 
cia de estos escritores en cuanto a la forma inter- 
na y externa. A varios de los nuestros llegó tam- 
bién por ellos el tradicionalismo filosófico, o sea 
el sistema que "" deprime y rebaja más de lo justo 
las fuerzas de la rozón" (4). Según Bonald, "la 
"razón humana es incapaz de conocer ninguna 
"verdad; sólo los Padres de la Iglesia pudieron 
"hallar la verdad por virtud de la divina reve- 
"lación que es el supremo criterio de la cer- 
"teza y la base de todos nuestros conocimien- 
"tos". Lamennais sostiene que "el hombre individualmente no puede 
■"saber nada con certeza; para la seguridad de sus juicios ha de consul- 
■"tar a la razón general o consenso común". En los comienzos del perío- 
do, el tradicionalismo filosófico se manifestó en España como vaga ten- 
dencia polémica y oratoria, y no sin protesta de nuestros teólogos y 
filósofos chapados a la antigua. El Ensayo sobre la indiferencia religiosa, 




Jaime Balmes. 

(1810 - 1848) 



(1) Vizconde Luis de Bonald, escritor francés aunque nacido en Milán (1754-1840). Su libro fundamen- 
tal es el Ensayo analítico de las leyes naturales del orden social. 

(2) José De Maistre (nació en Chambéry en 1754 y murió en 1821). Libros: Del Papa (1819-1821). Vela- 
das de San Petersburgo (1821). Considera la revolución francesa como un azote providencial y purificador 
de la especie humana. Para defender la pena de muerte dice que el verdugo es un sacerdote. No hay que 
confundir a José con su hermano Javier, el ameno autor del Viage alrededor de mi cuarto, La Joven sibe- 
riana y El Leproso del valle de Aosta. Javier floreció de 1763 a 1852. 

(1) Sacerdote francés nacido en Saint-Malo en 1782 y murió en 1834. Aljiunas de sus doctrinas fueron 
condenadas por la encíclica Mirari vos (15-A{íOsto-1832). Apartóse de la Iglesia, publicando (1834) Palabras 
de un creyente, libro condenado por el Papa en 25 de Junio del mismo año. 

(4) Ccferino González: Historia de la Filosofía, tomo III, pág. 438 de la primera edición. 



124 



V- IDEAS FILOSÓFICAS, POLÍTICAS, SOCIALES Y ECONÓMICAS 

de Lamennais, fué publicado en castellano con notas explicativas y ate- 
nuadoras de la crudeza del original. Larra, tradujo las Palabras de un 
creyente, con el título de El dogma de los hombres libres; y D. Cayetano 
Cortés, escribió un Ensayo crítico sobre Lamennais y sus días. Estos 
dos últimos interpretaron ya, no al Lamennais católico, sino al revolu- 
cionario. 



40. Sensualismo, frenología y positivismo . El doctor 
Mata. — En las universidades y hasta en los seminarios seguia predo- 
minando la filosofía sensualista del siglo xviii (Locke, Condillac, Condor- 
cet, Destutt-Tracy, etc.), si bien con las distinciones y atenuaciones con- 
venientes para no contradecir al espiritualismo cristiano. Donde más se ex- 
tremaba el sentido o tendencia materialista era en las cátedras de Medici- 
na y en los círculos médicos, donde tenían por la última palabra de la cien- 
cia el libro del médico francés Jorge Cabanis (1757-1808), publicado en J802 
con el título de Rapports du phisique et du moral de l'homme. Cabanis 
admitía un principio vital distinto del cuerpo; pero sus observaciones sobre 
la influencia de la edad, sexo, temperamento, enfermedades, etc., en el 
entendimiento y en la voluntad del hombre, parecen de un antropólogo 
contemporáneo. 

Esta enseñanza preparó bien las cosas para que fuese recibida con 
entusiasmo la doctrina frenológica, o de la localización de las facultades 
espirituales en distintas regiones o protuberancias del cerebro, ideada por 
el médico alemán Francisco José Gall (1758-1828) y perfeccionada y divul- 
gada por el también alemán Juan Gaspar Spurzhein (1776-1832) y por el 
francés Francisco José Broussais (1772-1838). Ya en 1806 habíase publicado 
en Madrid una Exposición del sistema de Gall, y otra en 1822 por Ernesto 
Cook, colaborador de El Europeo. En el período contemporáneo acrecen- 
tóse la propaganda frenológica, publicando una sociedad de naturalistas 
y literatos el Resumen analítico del sistema del Dr. Gall (Madrid-1835), 
y D. José Zerber de Robles la Nueva clasificación de las facultades cere- 
brales, que es un compendio de la obra de Spurzhein (Valencia-1837). El 
médico catalán D. Mariano Cubí y Soler — nació 1800 y murió 5-Diciem- 
bre-1875 — , lanzóse por todas las poblaciones de España a predicar y pro- 
pagar la Frenología como la buena nueva de la ciencia y del progreso; 
daba conferencias, sostenía solemnes polémicas con los adversarios de la 
doctrina, fundaba sociedades psicológicas en que se hacían experimentos 
frenológicos. En Santiago de Galicia lo denunció a la autoridad eclesiástica 
como propagandista del materialismo el sacerdote D. Aniceto Severo Bo- 

125 



SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

rrajos; instruyóse proceso canónico, y Cubí protestó de su ortodoxia (1). En 
Barcelona publicó el semanario científico La Antorcha (1848), y dio a luz 
el Sistema completo de Frenología con sus aplicaciones al adelanto y 
mejoramiento del hombre (2/' edición- 1854) (2). 

Como entusiasta partidario de la doctrina de Gall empezó su brillante 
carrera de orador y escritor D. Pedro Mata y Fortanet. Nacido en Reus (14-Ju- 
nio-1811). fallecido en Madrid (27-Mayo-1877), el Dr. Mata fué un hombre 
de potente actividad mental, en el trabajo incansable, de fácil, clara y 
sugestiva expresión, exuberante fantasía, y más apto para comprender, 
resumir y exponer que para investigar y analizar por su cuenta. Pinta su 
carácter el hecho de que pasándose la vida en el encomio del método ex- 
perimental, en su cátedra de Toxicología no hacía ningún experimento. 
Compuso Mata poesías y novelas que son francamente malas; pero como 
didáctico nada deja que desear. Aparte de su libro de texto (Medicina legal 
y Toxicología), son notables sus lecciones en el Ateneo — Criterio médico- 
psicológico para diagnóstico diferencial de la pasión y la locura, Examen 
crítico de la Homeopatía (1853), Filosofía española, Tratado de la razón 
humana (1858-1860) — , y sus discusiones en la Real Academia de Medicina 
y en la prensa con los doctores Quintana, Nieto Serrano y otros (1863) 
sobre la doctrina médico-filosófica de Hipócrates, o, más bien dicho, sobre 
el materialismo y el espiritualismo. 

No puede decirse que Mata fuese absolutamente materialista. Siempre 
reconoció en el hombre un principio distinto de la materia; pero no le veía 
manifestarse más que en la masa encefálica y en el sistema nervioso, y la 
conciencia del Yo carecía para él de valor positivo. De la doctrina freno- 
lógica fué poco a poco evolucionando al positivismo, y formó escuela en 
la juventud universitaria y en laclase médica; este grupo que, en 1868,fundó 
la revista El Pabellón Médico es el más antiguo positivista en nuestra patria. 

41. A) Escuela escocesa. Mora. B) La escuela catalana. 
C) Eclecticismo francés. Laromiguiere y Arbolí. D) Otros 
eclécticos. Cousin. E) García Luna. — Contra el sensualismo del 



(1) 'Polémica Religioso-Frenológico-Magnética sostenida ante el Tribunal Eclesiástico de Santiago, 
*en el expediente que ha seguido con motivo de los libros y lecciones de Frenología y Magnetismo de don 
•Mariano Cubi y Soler, cuya causa ha terminado por sobreseimiento, dejando a salvo la persona y senti- 
•mientos del señor Cubi. Redactada y publicada, según ofrecimiento que hizo el autor y admitió aquel 
•tribunal, por D. Mariano Cubi y Soler. Barcelona, 1848." 

(2) Durante el periodo de la revolución del 68 daba lecciones y hacía experimentos de Frenología 
doña Florentina De Craenne en el Ateneo de la Mujer presidido por doña Faustina Sáez de Melgar, que se 
rcunia en el Liceo Piquer. 

126 



V- IDEAS FILOSÓFICAS, POLÍTICAS, SOCIALES V ECONÓMICAS 

siglo XVIII actuaron en sentido espiritualista dos tendencias: la filosofía 
escocesa o escuela de Edimburgo y el eclecticismo francés. 

A) Laprimera es la enseñada enelsiglo xviiiporTomásReid(1704-1796), 
profesor en Glasgow (1), que siguieron muchos discípulos insignes como 
Dugalt Steward, y perfeccionada en el siglo xix por Hamilton (1788-1856). 
Reducen los escoceses la Filosofía a la Psicología, concibiendo ésta como 
disciplina de observación por medio de la conciencia; y huyendo de vanas 
cavilaciones que suelen llevar al escepticismo, fundan la verdad de los 
primeros principios en el sentido común. Mucho antes de que Hamilton 
fuera conocido en España, siquiera de nombre, floreció aquí la Filosofía 
escocesa. Don José Joaquín de Mora publicó en Lima (1832) Cursos de 
Lógica y Ética según la escuela de Edimburgo. En 1843 reimprimió este 
libro en Sevilla. 

B) A la vez que en el Perú y en Andalucía, surgían las doctrinas escocesas 
en Cataluña. Explicábalas D. Ramón Martí de Eixalá — fallecido en 1857 — , 
abogado y profesor en la Academia de Ciencias Naturales y en el Instituto 
de Barcelona, autor del Curso de Filosofía elemental (1841) y del Manual 
de la Historia de la Filosofía (1842). "La Metafísica y la Ontología — es- 
" cribe en este último libro — son ciencias imaginarias bajo el punto de 
"vista que se estudian en la Escuela." Martí de Eixalá inició un movimiento 
filosófico que se prolongó muchos años, y al que pertenecen el catedrático 
de Metafísica en la Universidad de Barcelona D. Francisco J. Llorens y 
Barba, D. Pedro Codina, autor de Lecciones de Psicología ij Lógica y don 
José Ferrer y Subirana (2), a los que se debe añadir otro grupo de juriscon- 
sultos y sociólogos (Samponts, Permannier, Anglarell, Reynals, etc.), que 
siguieron la misma dirección filosófica. A todos ellos suele hoy llamarse 
en conjunto filosofía o escuela catalana, mereciéndolo en cuanto no fueron 
meros discípulos o serviles secuaces de los escoceses sino que en algo 
modificaron, ampliando en unas cosas y restringiendo en otras, el pensa- 
miento de sus maestros. 

C) Mayor influjo que la escuela escocesa alcanzó en España el eclec- 
ticismo francés. Inició esta tendencia Pedro Laromiguiere (1756-1837), dis- 
cípulo de Condillac, y modificador del sensualismo en sentido espiritualista; 
sus obras principales son: Proyecto de Elementos de Metafísica (1793), 
Sobre las paradojas de Condillac {\^05) y Lecciones de Filosofía (1815-1818). 



(1) Sostienen muchos que Reid tomó sus ideas fundamentales del jesuíta frahcés P. Buffier, autor del 
Tratado de las primeras verdades. Balmes, aunque no decide la cuestión, titula su párrafo correspondiente 
a esta escuela: Buffier y la escuela escocesa (Historia de la filosofía). 

(2) Ferrer y Subirana fué colaborador de Balmes en La Civilización, catedrático de Derecho en 
Barcelona, fundador del periódico La Paz, etc. Murió en Vich (25-Diciembre-1858). 

127 



SALCEDO - LÁ LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

El sistema de Laromiguiere fué reflejado en nuestra patria, aunque no ser- 
vilmente, por D. Juan José Arboli (1) en su Curso de Filosofía (cinco 
volúmenes). Es curiosa la historia de este libro. Arboli era catedrático de 
Filosofía, en el Colegio de San Felipe Neri, de Cádiz, dirigido a la sazón 
por D. Alberto Lista. Lista, siguiendo la moda de su tiempo, profesaba el 
sensualismo, y así hubo de chocarle, en unos exámenes del Colegio, cómo 
los alumnos de Filosofía, en vez de repetir las doctrinas de Condillac, las 
refutaban en parte, y en parte las modificaban o añadían. Preguntó al pro- 
fesor Arboli qué novedades eran esas, y Arboli le dio los apuntes de que 
se servía para sus explicaciones. Lléveselos a su cuarto Lista, y los leyó 
atentamente. A los pocos días, dando una prueba inequívoca de la flexibi- 
lidad de su entendimiento, a pesar de sus años, y de su buena fe, proclamó 
que la filosofía enseñada por Arboli era muy superior a la que había él se- 
guido toda su vida, y fué quien animó a D. Juan José para que imprimiera 
sus apuntes. Seguramente, Menéndez y Pelayo no había leído, ni probable- 
mente visto siquiera, el texto de Arboli, cuando escribió (2) que "se ajusta 
estrictamente a las doctrinas de Laromiguiere", lo cual ,no es exacto, omi- 
tiendo, además, todo elogio a las condiciones literarias del libro, que son 
excelentes (3). 

D) A Laromiguiere siguieron en Francia otros filósofos por la senda 
del eclecticismo: Maine de Biran, que al morir (1824) sólo había publicado 
tres opúsculos — Memoria sobre el hábito (1803). Examen de las lecciones 
de Laromiguiere (1817) y Leibnitz (1819), y llamado poco la atención; pero 
que cobró intensa fama postuma merced a Cousin, que publicó sus Nuevas 
consideraciones sobre la relación de lo físico con lo moral (1834) y Obras 
postumas (1841); a Naville, que lo hizo de sus Pensamientos y otros tres 
tomos de Obras inéditas; y a Bertrand, que dio a luz Ciencia y Psicolo- 
gía (1889). De Maine de Biran se han escrito muchas monografías; una de 
ellas la de Marilier (1893). Degerado, otro de los maestros del eclecticis- 
mo, fué autor de la Historia Comparada de los sistemas filosóficos (1804), 
Sobre la generación de los conocimientos humanos, Tratado de la existen- 
cia de Dios, Crítica de la filosofía de LocJie, Del perfeccionamiento moral 
y De la educación de los sordomudos. Y Royer CoUard, jurisconsulto y po- 



(1) Nació en Cádiz (29-Octubre-1795), hijo de un modesto sombrerero. El célebre magistral Cabrera 
reparó en el entendimiento y aplicación del hijo del artesano, y le protegió para seguir la carrera eclesiástica. 
Fué canónigo doctoral, obispo de Guadix (1851) y de Cádiz (1854), donde murió (l.°-Febrero-1863). Dejó fama 
de elocuentísimo orador sagrado. 

(2) Historia de los Heterodoxos, tomo III, pág. 695. Hasta equivoca el apellido; sin duda es errata. 

(3) Don Servando Arboli, sobrino del obispo filósofo, refutó las ligeras aseveraciones de Menéndez 
y Pelayo en su opúsculo Páginas gaditanas. De ello trata y elogia justamente el texto de Arboli León 
Domínguez en sus Recuerdos (jaditanos. Cádiz, 1897. 

128 



V' IDEAS FILOSÓFICAS, POLÍTICAS, SOCIALES Y ECONÓMICAS 

lítico, que acabó en profesor de Historia de la Filosofía en la Facultad de 
Letras de París. 

Ninguno, sin embargo, de la nombradla e importancia de Víctor Cou- 
sin (1792-1867). De 1815 a 1820 publicó la primera serie de lecciones del 
Curso de Filosofía moderna, completado en 1841 (cinco volúmenes). Su 
libro más popular es Lo verdadero, lo bueno y lo bello, publicado en 1837. 
Tipo de filósofo parisién, puso de moda la filosofía como los sastres y mo- 
distas ponen los trajes. A su cátedra de la Sorbona concurría una multitud, 
no sólo de estudiantes, sino de gentes del gran mundo. Los elegantes com- 
praban sus libros para darse tono. Durante un período no breve, todos los 
profesores de Francia siguieron fielmente la doctrina del maestro, y así po- 
día decirse que en todas las cátedras francesas resonaba a la vez la palabra 
de Cousin. Como comerciante celoso del crédito de su establecimiento, re- 
novaba todos los años los artículos, y para ello cuéntase que hacía en va- 
caciones su viaje allende el Rhin, trayendo de las universidades alemanas 
las últimas novedades filosóficas. Por sabio hiciéronle ministro de Instruc- 
ción Pública, y sus planes y programas cobraron tanto crédito como sus 
lecciones. 

El eclecticismo de Cousin es atrevidísimo y extraordinariamente pinto- 
resco. En un mismo libro os dice, por ejemplo, que el panteísmo es en el 
fondo un ateísmo, y que si Dios no es todo, es nada, y que no hay que 
confundir a Dios con el Universo, y que no puede haber más que una 
substancia. Asi en todo; pero siempre con el encanto característico del in- 
genio francés. En el mundo entero, y muy especialmente en España, influ- 
yó Cousin: 1.° Por la atracción inmediata y directa a su sistema especial de 
eclecticismo. 2.° Por el ejemplo que dio de armonizarlo todo, o, por lo me- 
nos, de creer que se armonizan, con quererlo, las ideas y las cosas menos 
armonizables. 3.° Por la divulgación de los filósofos alemanes. Y 4.° Por 
los planes de estudios y programas copiados de los redactados por Cousin 
para Francia (1). 

E) Las Lecciones de Filosofía Ecléctica, en el Ateneo de Madrid (1843), 
por D. Tomás García Luna (2), aunque no fueran más, como dice Menén- 
dez y Pelayo, sino "pálido reflejo de los libros de Cousin", o, mejor dicho, 
por ser reflejo de ellas aunque pálido, alcanzaron tal boga en la juventud 



(1) Se han escrito muchas monografías de Cousin. Son notables las de Saint Hilaire y Janet, ambas 
de 1885, y la de Julio Simón (1887). 

(2) Murió en Cádiz (18-Noviembre-1880;, donde habia nacido. En Madrid fué redactor del Heral- 
do (1846) y director de la Revista Universal de Administración (.1848), y de la Revista Política (1856). Escribió 
una Gramática general y una Historia de la Filosofía, inspiradas, como las Lecciones, en el eclecticismo 
de Cousin. 

129 

Salcedo. — La Literatura Española. — Tomo IV. 9 



SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

estudiosa que, según cuenta D. Eduardo Benot (1), varios jóvenes gadita- 
nos formaron una sociedad titulada La Amistad, sin otro objeto que reunir- 
se semanalmente para oir al socio de turno explicar una de las Lecciones 
de Garcia Luna (2). Aunque los expositores castellanos del esplritualismo 
"ecléctico brillan con luz tan escasa y mortecina, no es posible dejar en 
"olvido la influencia de esta escuela que hasta el advenimiento de las doc- 
" trinas alemanas dominó casi sola en los centros oficiales de enseñanza 
"con sus compendios buenos o malos y con los programas que Gil y Zára- 
"te dio, copiados a la letra, de los publicados por Cousin cuando era mi- 
"nistro de Instrucción Pública en Francia" (3). 

42. Balrnes. A) Biografía y obras. B) Carácter de su 
filosofía. C) Crítica. Opiniones de Va/era, Canalejas, Una~ 
muño e Ingenieros. Los católicos. — A) Don Jaime Balmes nació 
en Vich (28-Agosto-1810). Murió en la misma ciudad (2-Julio-1848). Su ca- 
rrera de publicista comienza con el opúsculo Observaciones sociales, políti- 
cas y económicas sobre los bienes del clero, premiado en concurso por El 
Madrileño Católico (1839). En 1840 dio a luz otro folleto: Consideraciones 
políticas sobre la situación de España, y el librito La Religión demostrada 
al alcance de los niños. En 1842 fundó con Roca y Cornet (4) y Ferrer y 
Subirana, La Civilización, y publicó el primer tomo de El Protestantismo 
comparado con el Catolicismo en sus relaciones con la civilización euro- 
pea, en que venía trabajando desde antes de 1839, y que no terminó de 
publicar hasta 1844; al salir el IV tomo hubo que hacer segunda edición de 
los tres primeros, los cuales estaban ya traducidos al francés. Fué a París 
a revisar la primera versión francesa completa de su obra, y al regreso 
fundó otra revista. La Sociedad, en que aparecieron las catorce primeras 
Cartas a un escéptico en materia de religión. En el mismo año de 42, refu- 
giado en una casa de campo durante el bombardeo de Barcelona por Es- 
partero, escribió, en treinta días y sin ningún libro de consulta. El Criterio. 
Desde Enero de 1844 a fin de Diciembre de 1846 dirigió El Pensamiento 



(1) Nació en Cádiz (22-Noviembre-1822). No sifíuió carrera ninguna, sino que por la lectura alcanzó 
un prodifjioso saber enciclopédico. Arboli, en 1850, encomendóle la cátedra de Filosofía en el colegio de San 
Felipe, del que fué Iucho director hasta 1868. Este arlo vino a Madrid corno diputado republicano, fué minis- 
tro de Fomento y después segundo jefe del partido federal. Académico de la Española. Murió el 27 de 
Julio de 1907. 

(2) León y Domínguez: Recuerdos Gaditanos. 

(3) M. y Pelayo: Heterodoxos, tomo 111, pág. 695. 

(4) Joaquín Roca y Cornet. Murió en Barcelona (lO-Enero-1873). Usó el seudónimo de Juarco 
Cortejarlo. 

130 



Y- IDEAS FILOSÓFICAS, POLÍTICAS, SOCIALES Y ECONÓMICAS 

de la Nación. En todas estas empresas había sido Balmes un propagandis- 
ta y apologista de la religión católica, elevándose en El Protestantismo 
a una concepción filosófico-histórica muy digna de aprecio, y un escritor 
político que tuvo por programa fundamental un tradicionalismo mitigado: 
*Un gobierno, como él decía, que ni desprecie lo pasado ni desatienda lo 
presente, ni pierda de vista el porvenir." Laboró prácticamente, agitándose 
mucho y sin fruto, por realizar este ideal seductor e impreciso. Fuera de El 
Criterio, que es un libro de Lógica — no de Lógica escolástica, sino natu- 
ral — , encaminado a despertar y perfeccionar por medio de anécdotas y 
ejemplos la facultud de discurrir, nada escribió de Filosofía hasta los últi- 
mos años de su vida. En 1846 publicó la Filosofía Fundamental (estudio 
de las cuestiones filosóficas fundamentales); y en 1847 la Filosofía Elemen- 
tal, libro de texto o para la enseñanza que contiene Lógica, Metafísica 
(Estética, Ideología pura. Gramática general o Filosofía del lenguaje. Psi- 
cología y Teodicea) y Ética e Historia de la Filosofía. Posterior a este libro, 
únicamente dio a luz el ruidoso folleto Pío IX. 

B) Balmes tiene, sin embargo, en el de filósofo su mejor título a la 
consideración de la posteridad, y por él es conocido; no se le llama el apo- 
logista, ni el político, ni el periodista, sino el filósofo de Vich. No lo fué 
como los profesores alemanes, y, en general, todos los modernos, encasti- 
llados en su cátedra y en el perenne discurrir profesional sobre los prime- 
ros principios, sino a la manera de Descartes, viviendo en el mundo, pro- 
fundamente preocupado por las cuestiones prácticas que agitaban a sus 
contemporáneos y por las teóricas de todas las ciencias. Tratando de cual- 
quier cosa, V. gr., el matrimonio de Isabel II con el Conde de Montemolín, 
es filósofo Balmes; porque no se contenta con el examen superficial y di- 
recto de los hechos, sino que aspira siempre a una explicación transcen- 
dental. 

Aplicadísimo al estudio desde la infancia (1), despertósele muy pronto 
el ingenium curiosum que decía Séneca, y con él la afición a conocerlo 
todo per altiores cansos. Leyó un día el pensamiento de Hobbes: si yo hu- 
biese leído tanto como ellos, sería tan ignorante como ellos (2), y se deci- 
dió a leer poco y meditar mucho. Imitando a Mallebranche, encerrábase 
en su cuarto largas horas, que consagraba a la meditación. Durante 
cuatro años manejó únicamente dos libros: la Suma, de Santo Tomás, y el 



(1) Estudió Latín, Filosofía y primer año de Teología en el Seminario de Vicii. Concluyó su carrera 
como becario del Colegio de San Carlos en la Universidad de Cervera. En ésta fué profesor substituto, y des- 
pués en Vich de Matemáticas (1837-1841). Se doctoró en Teología (T-Febrero-ISB). 

(2) "Al leer esto — decia Balmes - salté de la silla creyendo haber descubierto un gran tesoro": Gar- 
cía de los Santos, Vida de Balmes. Madrid, 1848. 

131 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

Genio del Cristianismo, que, con las Matemáticas, estudiadas por él sin 
maestro, fueron la base inconmovible de su cultura. Santo Tomás, "si no 
el fundador, el organizador de la filosofía escolástica, expositor de las 
doctrinas peripatéticas con profundidad ij lucidez a que no han llegado 
sus sucesores, y libre de las cavilaciones fútiles con que las enredó más 
de una vez el espíritu de sutileza y disputa" (1), fué su maestro, si bien lo 
siiíuió como discípulo inteligente que, sin ser rebelde, no ha renunciado a 
su facultad de discurrir. En cuanto a la forma, en el estilo figurado y elo- 
cuente del autor del Genio del Cristianismo moldeó el suyo, repugnándole 
de los escolásticos la negligencia en la manera de expresarse, así como el 
descuido de las Matemáticas y ciencias naturales (2); él era matemático, 
aunque no naturalista. También con el tiempo perdió su preocupación con- 
tra la lectura, comprendiendo que el pensa- 
miento necesita de la erudición, y leyó mucho, 
informándose de la filosofía alemana por tra- 
ducciones y exposiciones francesas, pues no 
sabía el alemán. 

Así resultó el filósofo de Vich un escolásti- 
co en cuanto que siguió a Santo Tomás en casi 
todas las cuestiones metafísicas, lógicas y mora- 
les; pero no un escolástico como Cornoldi, que 
creía iniciado con Descartes un período de co- 
rrupción de la filosofía, sino, por lo contrario, 
Miguel de unamuno. admirador de Descartes, y que'tomó mucho de 

•'^^^' Mallebranche y de la escuela escocesa, compren- 

diendo la trascendencia del problema critico 
del conocimiento planteado por Kant; así como Kant lo resolvió con la razón 
práctica que nos impone admitir como ciertas verdades que no puede demos- 
trar la razón pura, o sea el rigoroso raciocinio, y Bergson, en nuestros días, 
se acoge a la intuición para explicar lo racionalmente inexplicable, Balmes, 
con los escoceses, funda en el sentido común la certeza de lo que, siendo in- 
cierto para nuestro entendimiento, es indispensable para nuestra actuación 
intelectual. Unamuno censura y hasta parece burlarse de esta ¡dea de Bal- 




(1) íialmes: Historia de la Filosofía, XXXIX, Filosofía Escolástica. 

(2) 'Dos lados flacos tenian las escuelas peripáticas: la negligencia en las formas, o sea en el estilo y 
■lenguaje, y su descuido de las matemáticas y ciencias naturales, y precisamente afines del siglo XV y prin- 
"cipios del XVI se fiabian despertado las dos aficiones opuestas: renació el amor a la literatura y bellas 
•artes. . . y el gusto por las matemáticas y ciencias de observación. De aquí que fuesen combatidas, no sólo 
•por los innovadores en religión y moral, sino por los que deseaban sinceramente la conservación de las 
•sanas ideas junto con los progresos científicos y literarios": Balmes, Historia de la Filosofía, XLI, Época 
de transición. 

132 



V- IDEAS FILOSÓFICAS, POLÍTICAS, SOCIALES Y ECONÓMICAS 

mes con argumentos que no son para expuestos en un libro como el pre- 
sente, pero de los que cabe indicar que se fundan en la confusión del sen- 
tido común aplicado a esferas como las de las ciencias naturales, en que 
caben otros medios comprobatorios, con las de las alturas o profundida- 
des ontológicas, en que no hay tal posibilidad y sí la necesidad de adoptar 
un temperamento sobre la certeza de ciertas cosas fundamentales, no sien- 
do accesible una convicción (1). Más razonablemente, Ingenieros dice que 
el sentido común de Balmes es lo que llaman otros sentido práctico (2). 

El filósofo de Vich explicó muy bien esta noción: "Yo creo, dice, que 
"la expresión sentido común significa una ley de nuestro espíritu, diferente 
''en apariencia según son diferentes los casos a que se aplica; pero que, en 
"realidad, y a pesar de sus modificaciones, es una sola, y siempre la mis- 
"ma, y consiste en una inclinación natural del espíritu a dar asenso a cier- 
"tas verdades no atestiguadas por la conciencia ni demostradas por la ra- 
"zón y que todos los hombres han menester para satisfacer las necesidades 
"•de la vida sensitiva, intelectual y moral." ¿Resultan más claras y mejor 
fundadas la razón práctica de Kant o la intuición de Bergson? Pues todo va 
a lo mismo: a que hay cosas que no se entienden, y que es menester dar- 
las y tomarlas por entendidas. 

C) La resonancia de la obra de Balmes en España y en el extranjero es 
notoria. No han faltado, ciertamente, españoles que le han menospreciado. 
Don Juan Valera, al que ahora menosprecia Ortega Gasset — "aplaudía, 
dice, la mediocridad porque no tenia la experiencia de lo profundo'' (3) — , 
cuando era joven también hablaba de los escritores y de la literatura de 
España con petulante desdén, sin perdonar a Balmes. En 3 de Mayo de 1850 
escribía D. Juan a su padre: "En españa se estudia poquísimo, y se sabe 

* menos de lo que se estudia, porque se estudia mal; a fuerza de ingenio, 

* algunos han logrado hacerse perdonar su ignorancia; no sé si yo tendré 
''bastante para que me perdonen la mía . . . Pero, ¡cuan triste recurso para 
"buscarse la vida es el de escribir tonterías confiado en la necedad y poca 
"doctrina de los lectores! ¡Cuántos escriben así! Fuera de Toreno, Quinta- 
"na, Navarrete y otros varios, que han escrito de cosas especiales a nues- 



(1) Miguel de Unamuno: Un filósofo del sentido común (en el libro Contra esto y aquello. Madrid. 
Renacimiento, 1912). En un paraje — dice — donde uno sólo conociese y usase el telescopio y el microscopio, 
lo que él dijese de las dimensiones y forma de los objetos seria contra el sentido común de los demás. En 
realidad, sin telescopio ni microscopio, el sentido común basado en la más vulgar experiencia basta para 
saber que los objetos a distancia cambian de dimensiones y hasta de color y figura para nuestra vista. 

(2) José Ingenieros: La cultura filosófica en España (Colección Cervantes), 1916. Asi como otros 
muchos libros modernos omiten la fecha de su publicación, sin duda para evitar que si no se venden pronto 
parezcan anticuados, éste omite el lugar, diciendo sólo: 'Imprenta de M. García y G.Sáez. Mesón de Paños, 
núm. 8, bajo'. ¡Vaya usted a buscar por el globo terráqueo la calle de Mesón de Paños! 

(3) Meditaciones del Quijote, pág. 87. 

133 



SA LCEDO 'LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

"tro país, no creo que haya en este un prosista distinguido desde princi- 
•pios del siglo acá, y menos ahora que nunca. El único economista quete- 
"nemos es Flórez Estrada; el único filósofo, Balmes, y ambos no pasan de 
"medianos" (1). 

Don Francisco de P. Canalejas tildó a Balmes de más sutil que profun- 
do, y algo hay de eso, a nuestro juicio, en sus escritos políticos, donde 
para conciliar el antiguo régimen con el nuevo recurre muchas veces a su- 
tilezas, de que nadie con buen sentido podrá nunca extraer la substancia. 
¿No es una sutileza lo de la Constitución en dos artículos: /.", El Rey es so- 
berano; 2.", La nación, en Cortes, otorga los tributos e interuiene en los ne- 
gocios arduos, y el pretender que esta Constitución se escribiera en las 
monedas? (2). ¿No es sutileza el augurar que no se haría la unidad de Ita- 
lia porque lo que no habían podido hacer veinte siglos no lo podrían ha- 
cer las sociedades secretas? ¿No es sutileza la de que no podría consolidar- 
se en Francia la república (1848) porque sólo pueden ser repúblicas los 
Estados pequeños, y los grandes tienen que ser reinos, cosa dicha por 
Aristóteles y Santo Tomás, pero cuando las palabras república y reino te- 
nían significación muy distinta que en nuestro tiempo? ¿No es sutileza el 
mismo empeño de conciliar en España el antiguo con el nuevo régimen 
por medio de un matrimonio regio? Pero si en política pecó de sutil y aun 
de fútil en ocasiones, no consiguiendo de sus arduos afanes sino que los 
liberales no le hicieran caso y los carlistas le abandonaran y le diesen mu- 
chos disgustos en el último período de su vida, como filósofo, ninguna su- 
tileza se halla en sus escritos; todo es razón atemperada por sentido co- 
mún o pr¿ictico, y más allá de donde llega él, sí que comienzan las profun- 
didades tenebrosas en que el espíritu humano no ve sino sus propias y 
estériles cavilaciones convertidas en vagos fantasmas. 

Por ser tan aficionado a este cavilar sin tino, es naturalísimo que don 
Miguel de Unamuno no haya podido leer a Balmes en la edad madura, y 
que "cuando lo ha intentado le haya saltado a la vista la irremediable vul- 
"garidad de su pensamiento, su empacho de sentido común; y el sentido 
"común es, como dicen que decía Hegel, bueno para la cocina; con senti- 
"do común no se hace filosofía". Sin sentido común, a nuestro entender, 
sólo se puede hacer filosofía imaginativa, incoherente y excéntrica, la 
que únicamente cabe justificar diciendo como el andaluz del cuento: des- 
pués de todo, la cuestión es pasar el rato. El Sr. Ingenieros, aunque mate- 



(1) Obras completas de D. Juan Valera. Correspondencia, I, 1913, pág. 94. 

(2) "Nosotros no queremos las constituciones en papel, las deseamos en dinero: lo que bien se alcanza 
"no carece de siRnificado. ¿Qué más quisieran los pueblos que una constitución en plata y oro? Todo lo 
demás es papel y deuda sin interés. . ." (Balmes: Escritos politicos). 

134 



V- IDEAS FILOSÓFICAS, POLÍTICAS, SOCIALES Y ECONÓMICAS 

rialista, reconoce que "Balmes es un bello ingenio, que agregó matices a 
ciertos problemas de su doctrina, que su Filosofía fundamental es una obra 
de mérito", y que "en constante comercio intelectual con la filosofía euro- 
"pea (que tanto hablan evitado los escolásticos españoles de los últimos 
siglos), fué, sin quererlo (1), un europeizante". 

En el campo católico, Balmes ha sido siempre honrado y enaltecido, 
aunque durante el predominio de la escuela escolástica iniciada por San- 
severino no haya sido seguido, y aun se le haya considerado como un filó- 
sofo bien intencionado; pero no bien formado, porque para esa escuela no 
hubo buena formación sino en el acomodamiento rigoroso a todas las ruti- 
nas medioevales. Con la neo-escolástica lovainista, Balmes recobra de sú- 
bito su esplendor; porque realmente fué un lovainista anticipado. Balmes 
y Mercier están en el mismo plano, y en la depresión que hay entre am- 
bos quedan escondidos el tradicionalismo francés y el escolasticismo 
italiano (2). 

43. Donoso Cortés. Á) Sus Lecciones de Derecho po- 
lítico (Las paradojas). B) <^<Pío /X» (artículos) y el «Ensayo». 
C) Qastro de Donoso en España. — El mayor agravio que los 
críticos católicos han hecho a la memoria de Balmes como apologista de 
la religión y como filósofo, ha sido poner a su nivel a D. Juan Donoso Cor- 
tés, marqués de Valdegamas. Nacido en Villanueva de la Serena (6 de 
Mayo de 1809), estudiante de Derecho en Salamanca y Sevilla, dedicado a 
la enseñanza en su juventud, poeta romántico (En la Corona fúnebre de la 
Duquesa de Frías, El Cerco de Zamora, poema), fué siempre orador y es- 
critor oratorio. 



(1) ¿Por qué sin quererlo? 

(2) Es copiosa la bibliografía sobre Balmes española y extranjera. Blanche Raffin, Jacques Balmes: 
sa vie et ses ouvrages (París, 1860). Beaiissire: articulo en el Diccionario Filosófico de Franck. Hay biogra- 
fías de Balmes por Quadrado, Roca y Cornet, García de los Santos y Córdoba. El autor de este libro visitó al 
insigne Quadrado, en Palma de Mallorca, y le halló más satisfecho de haber colaborado con Balmes en El 
Pensamiento de la Nación y de haber sido designado por el maestro para dirigir fíl Conciliador, diario que 
sólo vivió tres meses, que de haber escrito los tomos de Recuerdos y bellezas de España. El último libro 
francés sobre Balmes es el del abate Lugán, en la colección La Pensée et l'oeuvre sociale du Christianisme. 
En 1910 ha sido celebrado el centenario del Filósofo de Vich, publicándose con este motivo el Boletín del 
Centenario y muchos libros, como La Vida y las Obras de Balmes y Las ¡deas de Balmes, de D. Narciso 
Roure; Apologética de Balmes y Reliquias literarias de Balmes, del P. Casanovas; Política de Balmes, de 
Fages de Climent, etc. Además multitud de discursos y artículos: El catalanismo de Balmes, de Maspons y 
Anglasell; Balmes político, de Herranz; Dos palabras sobre el centenario de Balmes, de Menéndez y Pela- 
yo, que había ya tratado de Balmes en la Historia de los Heterodoxos (tomo III), el prólogo de D. Ale- 
jandro Pidal a El Criterio, en la edición de homenaje por la casa Brusi, etc., etc. El cardenal Mercier 
elogia a Balmes en los dos prólogos de los libros españoles: del P. Arnaíz (Los orígenes de la psicología 
contemporánea) y de Gómez Izquierdo (Historia de la Filosofía del siglo XIX). 

135 



SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

A) Su primer trabajo didáctico — Memoria sobre la situación de la 
monarquía (1832) — es un folleto político de circunstancias, defensa de 
Isabel II contra D. Carlos, que valió a su autor un destino en Hacienda. 
Redactor de La Abeja (1834-1836), diputado por Cádiz (1837), nombróle 
Mendizábal secretario del consejo de ministros, cargo que rehusó, decla- 
rándose moderado y fundando El Porvenir para combatir al ministerio pro- 
gresista. Sus Lecciones de Derecho Político en el Ateneo de Madrid (1836), 
son una de tantas lucubraciones eclécticas, a lo Cousin, a la sazón de 
moda: la razón nos lleva a unirnos con nuestros semejantes, esto es, a la 
sociedad y al acatamiento de la autoridad; el libre albedrío a separarnos de 
ellos, o lo que es igual, a la vida solitaria y anárquica. Luego la razón es el 
fundamento de la sociabilidad y del Poder; pero como no cabe suprimir la 
libertad, menester es que la razón la reprima, pero sin aspirar a destruirla, 
sino sólo en el grado necesario para que la sociedad no se disuelva. 

En estas Lecciones, harto más notables por su forma literaria que por 
su contenido doctrinal, aparece ya la afición de Donoso a la paradoja. Pa- 
radoja, según la Academia Española, significa, en nuestro idioma, especie 
extraña o fuera de la común opinión y sentir de los hombres, y aserción 
falsa o inexacta que se presenta con apariencias de verdadera. La primera 
acepción es la etimología: de los vocablos griegos para (al lado o contra) y 
dóxa (opinión). En este sentido, dice Unamuno que la paradoja "es el más 
"eficaz correctivo délas ramplonerías y perogrulladas del sentido común... 
"lo que más se opone al sentido común, y toda verdad científica nueva 
"tiene que aparecer como paradoja a los del sentido común en seco" (1). 
Es cierto: la doctrina de Copérnico hubo de ser una paradoja, o sea una 
especie extraña o fuera del común sentir, hasta que fué demostrada por la 
ciencia. Mas de aquí no se sigue que todas las paradojas echadas a volar 
en el mundo tengan la misma suerte; por lo contrario, la mayoría de ellas, 
mientras más y mejor son examinadas, más paradojas parecen, y acaban 
por serlo evidentemente en la segunda acepción, esto es, en la de aserción 
falsa o inexacta. Y hay otras, meras figuras retóricas, que al ser enunciadas 
con aparato científico u oratorio y chocar con el común sentir, parece que 
llevan dentro algo de substancia, y luego se ve, al examinarlas, que son 
verdaderas perogrulladas. A este género pertenecen muchas de las para- 
dojas de Donoso y no pocas de Unamuno. 

B) En 1847, Donoso saludó con entusiasmo, como Balmes, el movi- 



(]) En el ya citado articulo Un filósofo del sentido común. Cita Unamuno en su apoyo a G. Vailati, 
que en el segundo Congreso científico de Ginebra, presentó una memoria sobre El papel de la paradoja en 
el desarrollo de las teorías filosóficas. 

136 



V' IDEAS FILOSÓFICAS, POLÍTICAS, SOCIALES Y ECONÓMICAS 

miento reformista iniciado por Pío IX en la política temporal de la Santa 
Sede. La política del nuevo Papa significaba, según él, el triunfo definitivo 
de la libertad. Habían incurrido los católicos en el error de fiar la defensa 
de la Iglesia a las monarquías corrompidas y decrépitas, las cuales iban a 
ser destruidas por las cataratas de la democracia. Ya no quedaban en el 
mundo más que dos fuerzas vivas: los pueblos que quieren ser libres y la 
Iglesia que quiere hacerlos santos. Censuraba duramente al Austria por su 
despotismo, y ensalzaba con énfasis a Francia, tierra fecundísima, donde 
han germinado todas las ideas emancipadoras de los pueblos. Lo que le 
parecía mal en los franceses, es "haberse entregado a las clases mediana- 
mente acomodadas, las cuales tienen en poco las gloriosas aventuras de 
los patriciados heroicos, y llaman insensatez y locura a las aspiraciones 
inmensas que suelen tener las democracias en sus arrebatos sublimes" (1). 

La revolución tomó aspecto alarmantísimo para la causa católica y 
conservadora, y Donoso reaccionó, buscando, como él decía, nuevas orien- 
taciones a las ciencias morales y políticas, las cuales consistieron en hacer- 
se tradicionalista a lo Bonald. Fruto de esta postrera evolución de su espíritu 
es el Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo. En este libro 
abomina de la razón humana con más vehemencia que ningún tradicionalista 
francés: "Entre la razón humana y lo absurdo hay una afinidad secreta, un pa- 
"rentesco estrechísimo." "El hombre prevaricador no ha sido hecho para la 
"verdad, ni la verdad para el hombre prevaricador y caído. „ "Entre la verdad 
"y la razón humana, después de la prevaricación del hombre, ha puesto 
"Dios una repugnancia inmortal y una repulsión invencible." "La razón 
"sigue al error adonde quiera que va, como una madre tiernisima sigue 
"adonde quiera que va, aunque sea al abismo más profundo, al hijo de sus 
"entrañas." "Jesucristo no venció al mundo ni por la santidad de su doc- 
"trína, ni por los milagros, ni por los milagros y profecías, sino a pesar de 
"todas estas cosas." 

El catolicismo es, para Donoso, no ya la verdad religiosa y moral reve- 
lada por Dios a los hombres, sino la suma de todas las verdades, de las 
únicas verdades que podamos alcanzar en este mundo. Siendo la razón no 
sólo impotente para conocer la verdad, sino enemiga de la verdad y amiga 
del error, no puede haber verdades de orden natural. Todas las verdades 
tienen que ser sobrenaturales o reveladas. Por eso, así como Dios es el 
océano a que van a parar todas las cosas, la Teología es el océano a que 
van a parar todas las ciencias, y en el fondo de todas las cuestiones, espe- 
cialmente las políticas, hay siempre una cuestión teológica. De aquí que 



(1) Pío IX, serie de artículos en El Faro. 

137 



SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

los buenos politices prácticos que han sido en el mundo, son los teólogos 
(Cisneros, Richelieu, Alberoni) y no por ser políticos además de teólogos, 
sino por su misma Teología. 

El socialismo es para Donoso la teología del diablo, a pesar de lo cual, 
y sin duda por ser Teología, el audaz paradojo lo prefiere al liberalismo, 
que tiene el grave inconveniente de no ser un sistema teológico. Liberalis- 
mo, en el Ensayo, significa eclecticismo político, o sea el sistema de los 
partidos medios a que Donoso perteneció siempre. Estos partidos medios 
"son impotentes para el bien, porque carecen de toda afirmación, y para el 
"mal. porque les causa horror toda negación intrépida y absoluta". Mas en 
el pecado llevan la penitencia; porque aunque todos veamos que los parti- 
dos medios son los que gobiernan siempre, salvo rarísimos y efímeros in- 
tervalos en que se sobreponen los extremos, esto debe ser una alucinación, 
ya que Donoso nos revela lo contrario, es, a saber, que el predominio de 
los eclécticos y moderados es brevísimo: "sólo dura hasta el día en que 
"apremiadas las turbas por sus instintos se derraman por las calles pidiendo 
"a Barrabás o pidiendo a Jesús resueltamente y volcando en el polvo las 
"cátedras de los sofistas". 

C) Luis Veuillot, otro paradojo por el estilo de Donoso, tradujo el En- 
sai/o al francés, y lo defendió, en unión de otros, contra el abate Gaduel y 
otros hombres ecuánimes y sensatos en que el talento y la imaginación no 
habían perturbado el sentido común o práctico, tan caro a Balmes. Impug- 
naron a Donoso en España: D. Rafael M. Baralt, su sucesor en la Academia 
Española, en el discurso de recepción en la misma; D. Nicomedes Martín 
Mateos, autor de las Veintiséis cartas al Sr. Marqués de Valdegamas, en 
contestación a los veintiséis capítulos de su Ensayo (Valladolid-i851) (1), * 
y D. Juan Valera, con algo de burla despectiva, en su continuación a la 
Historia de España, de Laíuente (2). Menéndez y Pelayo {Heterodoxos- 
lomo Ill-Pág. 756 y siguientes) elogia dítirámbicamente a Donoso; pero 
leyendo con atención sus elocuentes párrafos extráese de ellos una crítica 
bastante severa (3), que no se compagina con los elogios. 



(1) Nació en Béjar (15-Septieiiibre-1806). Murió en la misma población (7-Enero-1890). Fué juez, regis- 
trador de la Propiedad, catedrático y director de la Escuela Industrial de Béjar, periodista y autor de varias 
obras. Como filósofo profesó el cartesianismo. 

(2) Ya en la citada carta a su padre (3-Mayo-1850) decia que aspiraba a refutar a Proudhon, y que 
fritaba preparándose sólidamente para ello; porque "para decir sandeces contra rl, ij llamarle Anticristo, 
etcétera, más uale callarse", lo que parece una alusión satírica al Ensayo. En la Historia de España 
recuerda que a Donoso le pusieron de mote Quiquiriqui aludiendo al canto del fíallo tan entonado y rim- 
bombante como falto de sentido. Quizás el mote sea también invención satírica de Valera. 

Í3) "La parte metafísica del fínsayo no es lo más feliz. . ." "Casi toda puede y debe discutirse y quizás 
no haya entre los católicos españoles quien la patrocine y profese íntegra. . .' "La exposición de la doctrina 
de la libertad puede inducir a error. . .* "La educación de Donoso era francesa y sus lecturas de publicistas de 

138 



V- IDEAS FILOSÓFICAS, POLÍTICAS, SOCIALES Y ECONÓMICAS 

La influencia de Donoso en el periodismo católico español ha sido 
grande; ha formado escuela. Los principales redactores de El Padre Cobos^ 
periódico satírico fundado para combatir a progresistas, demócratas y unio- 
nistas en el período revolucionario de 1854 a 56, eran tradicionalistas do- 
nosianos; asi Gabino Tejado, que había sido discípulo del Marqués de Val- 
degamas (1), y coleccionó sus obras, precediéndolas de un discurso preli- 
minar (2); Eduardo González Pedroso, autor del discurso preliminar a los 
Autos Sacramentales de Calderón en la Biblioteca de Rivadeneira, y de 
cuyo saber y facundia hacíanse lenguas sus contemporáneos (3), y Fran- 
cisco Navarro Villoslada (4), a los que se juntaron y siguieron otros, como 
los Nocedal (Cándido y Ramón) (5). Todo este elemento, en que abundaban 
las personas de talento y castiza pluma, fué denominado, en los últimos 
años de Isabel II, de los neo-católicos. AI estallar la revolución de 1868 
unióse a los carlistas, aunque sin confundirse nunca con ellos absoluta- 
mente, y después de la guerra civil obtuvo la dirección del partido carlista 
en la persona de D. Cándido Nocedal, a cuya muerte, como D. Carlos no 
transmitiese al hijo del difunto la jefatura, se organizó el partido integrista, 
manifestación política de la escuela donosiana que ha tenido y tiene en El 
Siglo Futuro su órgano periodístico, y en el libro D. Feliz Sarda y Sal- 
vany (6) El liberalismo es pecado, su más perfecto texto doctrinal. 

Ciertas diferencias separan la doctrina en estas sus postreras expresio- 
nes de su primera exposición en el Ensayo. Para Donoso la teología del 
diablo opuesta a la católica o de Dios era el socialismo. Para estos últimos 
intérpretes, la teología luciferiana o diabólica es el liberalismo considerado 



aquella nación; de aqui la falta de rigor de su lenguaje. . ." "Son pocas en él las ideas originales.' "Sus 
opiniones teológicas son las de una escuela siempre sospechosa, para muchos vitanda, que la Iglesia no ha 
hecho más que tolerar llamándola al orden en muchas ocasiones.* 'Parece en él más crudo el tradiciona- 
lismo por las e.xtremosidades meridionales de la expresión. . .' "Se refugió en un escepticismo místico. . .' 
"Impropiedades de lenguaje teológico. . ." "Calamidad del estilo oratorio que por lograr un efecto sacrifica 
lo exacto a lo brillante. . ." etc. 

(1) Nació Tejado en Badajoz (27-Abril-t819|. Murió en Madrid (9-Octubrc-1891». Fundó El Pensa- 
miento Español (1860). Después de la guerra civil escribió El Catolicismo liberal y una serie de articules en 
El Siglo Futuro sobre organización católica, verdadera base doctrinat de la escuela integrista. 

(2) Obras de D. Juan Donoso Cortés. Madrid, 1834 (5 tomos). Hoy corre una segunda edición por 
la casa Quilez. 

(3) Nació en Madrid (Enero-1822). Murió el 27 de Diciembre de 1862. Llegó a dirigir El Padre Cobos. 
y en 1860 El Pensamiento Español. 

(4) Nació en Viana (Navarra) el 9 de Octubre de 1818. Murió el 30 de Agosto de 1895. 

(5) Don Cándido Nocedal nació en la Coruña, el 11 de Marzo de 1821. Murió en Madrid el 16 de Julio 
de 1885. Liberal en sus mocedades, fué luego moderado, ministro de la Gobernación en el gabinete que 
siguió a los unionistas después de la revolución de 1854. Su hijo Ramón Nocedal y Romea fué redactor de 
La Constancia (186d), fundador y director hasta su muerte de El Siglo Futuro. 

(6) Nació en Sabadell (23-Mayo-1841) y alli murió (4-Enero-1916). Fundó la Revista Popular de Bar- 
celona (1870), la Biblioteca ligera para uso de todo el mundo. Propaganda católica, etc. Se le llamó el Bal- 
mes popular. Aquí sólo nos jeferimos a su discutido libro El liberalismo es pecado. 

139 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

en abstracto, el cual no es sino la rebelión contra Dios que inició Satanás 
en el cielo, siguieron Adán y Eva en el paraíso terrenal y continúan hoy 
los liberales, desde los más moderados hasta los más extremosos y desver- 
gonzados, siendo ébtos más brutales que aquéllos; pero no peores ni más 
pérfidos y peligrosos, sino todo lo contrario. Las tremendas imprecaciones 
donosianas contra los partidos medios y eclécticos siguen continuamente 
resonando en los periódicos y discursos de esta escuela que se cree depo- 
sitaría de la genuina tradición católica, especialmente en la esfera política. 

44. Filosofía alemana. A) Hegelianos: Benftez de Lugo, 
Fabié, Pí y Margal I, Gástela r. B) Krausistas. Sanz del 
Río. C) Obras de Sanz del Río, su estilo. D) Krausistas 
principales. — La dictadura filosófica de Cousin tuvo en España, entre 
otros efectos, la vulgarización de las escuelas alemanas, iniciadas por 
Kant (1), y de las que antes sólo se tenían en nuestra patria vagas noti- 
cias, y por muy pocos (2). Al alborear la época contemporánea empezaron 
a sonar los nombres y las doctrinas de aquellos filósofos y a ser leídos por 
los ávidos de novedades en traducciones francesas. Nuestros vecinos, que 
tanto truenan ahora contra la cultura alemana, debieran recordar que son 
ellos sus vulgarizadores. En 1837, D. Juan Álvarez Guerra publicó un abs- 
truso libro titulado Unidad simbólica y destino del hombre en la tierra o 
filosofía de la razón por un amigo del Hombre; asegura el autor que no 
hay nada en su obra de ajena procedencia, sino todo sacado de su cabeza; 
pero cabe sospechar que hay allí un reflejo, seguramente indirecto y leja- 
no, de filosofía alemana (3). 

El mismo Balmes no parece que conociera esta filosofía hasta los úl- 
timos años de su vida, cuando escribió la Fundamental y la Elemental. Em- 
pezó a tomar carta de naturaleza en nuestro país ya mediado el siglo xix. 
Don Isaac Núñez de Arenas (N. en Huete-M. 2-Abril-1869), catedrático de 



(1) Manuel Kant nació en Koenigsberg (1724), de cuya universidad fué catedrático de Filosofía, y donde 
murió (1804). Sus obras principales son: Critica de la razón pura, Critica de la razón práctica y Critica del 
Juicio. Toda la filosofía moderna — dice e) P. Ceferino González (Historia de la Filosofía, tomo III) — pro- 
cede de Kant, ya por derivación directa, ya por evolución de sus doctrinas, ya por contraposición o reacción 
contra ellas. 

(2) "Tenfio para mí — dice M. y Pelayo (Heterodoxos, tomo III, pág. 708) — que el primer español 
que citó el nombre de Kant (poniéndole al lado de los de Vives, Bacon y Herder) fué el Duque de Frías, en 
una oda que compuso e imprimió en 1807." 

(3) No hemos podido comprobar si este D. Juan Álvarez Guerra es el redactor del Semanario Pa- 
triótico (1808), que murió el 12 de Abril de 1845. Esta fecha nos lo hace dudar por afirmar M. y Pelayo 
que poseía un cuarto tomo de la Unidad simbólica, impresa en Sevilla en 1855. No parece probable que 
diez años después de su muerte se continuase publicando su extraña obra. 

140 



V- IDEAS FILOSÓFICAS, POLÍTICAS, SOCIALES Y ECONÓMICAS 

la Central y académico de la Española, impregnó de ideas kantianas su li- 
bro de Estética. El kantismo inspiró también el Bosquejo de la ciencia vi- 
viente, del médico D. Matías Nieto y Serrano, Marqués de Guadalerza y pre- 
sidente que fué de la Real Academia de Medicina (M. muy anciano, 3-Ju- 
lio-1902). Kant ha tenido en España muchos admiradores y panegiristas; 
pero su doctrina, al menos en su integridad, no ha inspirado a ningún gru- 
po de pensadores. Las dos escuelas que consiguieron aclimatarse aqui son 
la hegeliana y la krausista. 

A) Hacia 1851 explicaba el hegelianismo (1) en la Universidad de Sevi- 
lla el doctor Contero Ramírez. El canario D. Luis Benitez de Lugo, marqués 
de la Florida (1835-1876), fué su discípulo, exponiendo sus doctrinas sobre 
la filosofía del Derecho. No parece que fuera discípulo de Contero D. An- 
tonio M. Fabié, el más famoso de los hegelianos españoles. Fabié nació 
en Sevilla (27-Julio-1832) (2). Hizo sus primeros estudios en el Colegio 
Hispalense, dirigido por D. Alberto Lista; cursó en Madrid las carreras de 
Farmacia y Ciencias Físico-Naturales (1846 a 1851), y después la de Dere- 
cho (hasta 1856). Estudiosísimo desde sus primeros años, de intensa y uni- 
versal curiosidad científica (3), en muchas esferas del saber dejó impresa 
su huella. Como filósofo, discutió muchas veces en el Ateneo con Moreno 
Nieto, escribió El Materialismo moderno y tradujo al castellano la Lógica 
de Hégel con una extensa y razonada Introducción. Fabié armonizaba el 
hegelianismo con la doctrina de la evolución natural, que había llegado 
a él mucho antes de que la expusiera Darwin, por su maestro de Ciencias 
Naturales D. Lucas de Tornos (4) y con la más pura ortodoxia católica. 

No hizo esto último, sino todo lo contrario, D. Francisco Pí y Mar- 
gall (5), hegeliano de la extrema izquierda, o, mejor dicho, prudhoniano. 



(1) Sistema de Hegel, filósofo nacido en Stuttgart, y que floreció de 1770 a 1813. 

(2) El 28 de Octubre de 1914 se ha colocado por el Ayuntamiento una lápida conmemorativa en la 
casa del barrio de Triana donde nació. 

(3) "Creo que no hubo dia en su vida que no estudiase cuatro o cinco horas. Estimando, como Gra- 
dan, que no había cosa mejor que una buena biblioteca, la reunió numerosísima, selecta y variada, y con su 
catálogo publicado por Rodríguez Villa podría reconstituirse la bibliografía de la civilización moderna. No 
en un ramo o en varios, sino en todos, que tal fué otro de sus caracteres distintivos: interesarle por igual todas 
las ramas del saber, y querer estar al tanto de la última palabra escrita en cada una de ellas. Cuando dijo 
que se había asomado a las ventanas de todas las ciencias, con lo que tuvieron para reír estúpidamente 
gacetilleros y frivolos, no dijo más que la verdad, y con suma modestia, porque en muchas ciencias no se 
había asomado a la ventana, sino entrado dentro y vivido." Don Antonio M. Fabié: Diario de Barcelona, 
10 de Noviembre de 1914. 

(4) Profesor de Historia Natural y director del Museo. Era abogado y médico. En 1823, siendo ya lo 
primero, concurrió, como miliciano de Madrid, a la defensa de Cádiz contra los franceses. El célebre magis- 
tral Cabrera le acogió en su casa, librándole de la persecución absolutista, y bajo sus auspicios hizo la carrera 
de Medicina y se aficionó a las ciencias naturales. Tornos explicaba la doctrina transformista siguiendo al 
precursor de Darwin, Juan Bautista Lamarck, que floreció de 1744 a 1829. 

(5) Nació en Barcelona (29-Abril-1824). Estudió Derecho en Madrid. Empezó a escribir en el periódiccv 
ti Renacimiento y en la obra Recuerdos y bellezas de España. 

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SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

En sus libros Historia de la pintura española, publicado en 1851, conde- 
nado por varios obispos y prohibido por el Gobierno, y en Reacción y Re- 
volución (1855) expuso la filosofía de la historia según Hégel, con un sen- 
tido radicalmente heterodoxo y rechazando del maestro la doctrina ultra- 
conservadora o cesarista del Estado. La substancia hegeliana de ambos 
libros está reproducida en los Estudios sobie la Edad media {\873-Biblio- 
tcca Universal). El ideal filosófico de Pi y Margall, dijo, con gracia, Menén- 
dez y Pelayo, es un hegelianismo con gorro frigio y república federal. 

Hay mucho de hegelianismo en las lecciones que dio en el Ateneo 
D. Emilio Castelar (1) sobre la historia de la civilización en los cinco pri- 
meros siglos del Cristianismo {\S5S), con esfuerzos de conciliario con las 
creencias católicas; y hegeliano, al menos en un sentido amplio, puede ser 
considerado el libro de D. Miguel López Martínez (2), Armonía del mundo 
racional en sus tres fases, la humanidad, la sociedad y la civilización 
(1851). 

B) Harto más importante que el hegelianismo ha sido el krausismo (3) 
en nuestra patria. Tiene razón Azorín cuando dice que ha sido verdadera 
filosofía española durante un período, ya que los krausistas llegaron a ocu- 
par multitud de cátedras de universidades e institutos, y, en el lenguaje 
común, la palabra krausista vino a ser sinónima de filósofo racionalista, 
en contraposición al escolástico o filósofo católico. Y esto ha sido así, aun 
después de abandonado el krausismo como sistema por los raciona- 
listas. Los krausistas han influido decisivamente, además, en poderosos 
partidos políticos, creado instituciones importantes e impreso su huella 
en las leyes de Instrucción pública y en la dirección oficial de la enseñan- 
za. Formaron, por último, un grupo organizado, especie de estado mayor 
científico del liberalismo, en la acepción más transcendental del vocablo, o 
sea como lo emplea el Sillabus de Pío IX, sinónimo de naturalismo cientí- 
fico, social y político, o, hablando más propiamente, de racionalismo en 
cuanto éste niega o prescinde de lo sobrenatural revelado. 

(1} Nació en Cádiz (8-Septiembre-1832). Murió en San Pedro de Pinatar (Murcia) el 25-Mayo-1899. 

(2) Colaborador del Semanario Pintoresco Esfjañol (1846), director de la Gaceta Agricola y de 
otros periódicos, unos moderados en política y otros de intereses materiales. Fué diputado a Cortes y sena- 
dor, y publicó varios libros de diversas materias. 

(3) Carlos Cristian Federico Krausc nació en EisenberR (1781). Fué alumno de la Universidad de Jena, 
profesor en Dresde, una corta temporada en Berlín y otra en Gottinga. Fervoroso fracmasón, hasta el punto 
de esperar la redención de la humanidad de las prácticas rituales de esta sociedad secreta; hombre nada 
práctico en la vida, de gustos exquisitos pero sin aptitud para satisfacerlos, cayó en gran pobreza. Su sistema 
filosófico tiende a armonizar el individualismo o subjetivismo de Kant y Fichte con el concepto eminente- 
mente objetivo y social de Hégel. Sus principales discípulos y propagadores son Ahrens y Tiberghien. El 
primero (1808-1874), profesor en París, Bruscílas y Leipzig, es el autor del Curso de Derecho Natural o Filo- 
sofía del Derecho (Paris. 1838) y del Curso de Filosofía de la Historia (Bruselas, 1840). El segundo (1819-1901), 
profesor de la Universidad de Bruselas, ha sido el gran vulgarízador del krausismo en los países latinos. 

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V' IDEAS FILOSÓFICAS, POLÍTICAS, SOCIALES Y ECONÓMICAS 

Balmes no tuvo noticia del krausismo hasta el fin de sus dias, cuando 
escribió la última parte de su Filosofía Elemental, y llegó a él la noticia de 
este sistema por Arhens. Escribió, en efecto: "Basta la simple exposición 
de los sistemas filosóficos de la moderna Alemania para convencerse de 
que son un conjunto de hipótesis sin fundamento alguno en la realidad; 
pero AHORA se trata de hacernos creer que se les ha encontrado un pun- 
to de apoyo, que se ha descubierto el secreto para convertirse en verdade- 
ra ciencia, y que en adelante la filosofía alemana podrá satisfacer todas las 
necesidades y explicar los misterios del hombre, del mundo y de Dios. El 
autor de esta maravilla filosófica es Krause, según afirma, con pasmosa se- 
guridad, su discípulo Ahrens" (1). 

Cuando asi escribía Balmes del krausismo, como de la última novedad 
filosófica que llegó a conocer en su vida, estaba ya puesta la primera pie- 
dra del florecimiento de la escuela en España. En 1843 el gobierno envió 
pensionado a estudiar Filosofía y Literatura alemanas en toda su integridad 
a D. Julián Sanz del Río, natural de un pueblecito de las cercanías de Aré- 
valo, antiguo colegial del Sacro Monte de Granada, donde había dejado 
fama de piadoso y de algo excéntrico de carácter, y que ya la tenía de 
aficionado a las especulaciones abstractas. Su protector, y probablemente 
quien aconsejó la pensión y el viaje, fué D. José de la Revilla, padre del 
crítico D. Manuel y alto empleado, a quien ya se citó en el tomo III como 
biógrafo de Máiquez (2), y que era hombre muy culto y ávido de nove- 
dades. 

Sanz del Río visitó en París a Víctor Cousin, y no le satisfizo. En Bru- 
selas Ahrens y Tiberghien iniciáronle en la doctrina de Krause, y para es- 
tudiarla bien, fué a la Universidad de Heidelberg, donde hubo de aprender- 
la con los profesores Leonhardi y Roeder. En Heidelberg dejó también la 
fe cristiana, y profesó el racionalismo. En 1847 volvió a Alemania. Nom- 
brado profesor de Historia de la Filosofía, en la Central, explicó durante 
largos años el sistema krausista, llevándose a casa a los alumnos más 
aventajados, con los que constituyó, cuando ya eran varios, el titulado 
Círculo filosófico de la Universidad que celebraba sus juntas, por las no- 
ches, en el domicilio del maestro, y después, como sociedad ya organi- 
zada, en la calle de Cañizares. A la primera generación de sus discípulos 



(1) Filosofía elemental, tomo IV. Historia de la Filosofía, LXIl. Es el último capitulo dedicado a la 
exposición de sistemas filosóficos. 

(2) Su Vida artística de Isidoro Máiquez, primer actor de los teatros de Madrid se publicó en el 
Semanario Pintore'sco (1838). Aparte, y con retrato del célebre actor (1845i. Por su liijo D. Manuel (1875). 
D. José era también artista; se le atribuye el retrato al óleo de Máiquez que regaló su hijo al Ateneo de Ma- 
drid. D. Manuel publicó (en 1875) las Cartas inéditas de D. Julián Sanz del Rio. dirigidas a D. José; por ellas 
son conocidos muchos detalles de la excursión científica del introductor del krausismo en España. 

143 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

pertenecieron Castelar y D. Francisco de P. Canalejas, y a la segunda Sal- 
merón. Giner de los Rios, Federico de Castro, Ruiz de Quevedo y Tapia. 
En el periodo inmediatamente anterior a la revolución de 1868, la cátedra 
de Sanz del Rio era concurrida por los economistas, o sea por el grupo en 
que figuraban Echegaray, Moret, Figuerola, D. Gabriel Rodríguez, D. San- 
tiago Diego Madrazo, Sanromá, etc., y que tenian por programa las doctri- 
nas de Adam Smith y el establecimiento del libre cambio (1), mientras que 
combatían sus explicaciones Ortí Lara, Navarro Villoslada en El Pensa- 
miento Español y Moreno Nieto en el Ateneo. Esta sociedad y la Univer- 
sidad, donde además de Sanz del Rio eran profesores D. Fernando de 
Castro, Castelar, Garcia Blanco, etc., fueron miradas por los católicos como 
focos de propaganda heterodoxa y por los conservadores de acción revolu- 
cionaria. A principios de Abril de 1865 se formó expediente a Sanz del 
Río. y fué separado de la cátedra. La Universidad de Heidelberg envióle 
con este motivo un mensaje de simpatía firmado por sesenta y tres docto- 
res, y el congreso de filósofos, reunido a la sazón en Praga, otro no menos 
entusiasta. 

Triunfante la revolución volvió Sanz del Rio a su cátedra con el deca- 
nato de Filosofía y Letras. En 1869 murió. Como una señora amiga suya le 
exhortase a reconciliarse con la Iglesia, recibiendo los sacramentos, contes- 
tó: muero en comunión con todos los seres racionales finitos. Estuvo ex- 
puesto su cadáver en el paraninfo universitario, y fué enterrado civilmente. 
Dejó renta para dotar una cátedra de Sistema de la Filosofía. 

C) Las obras de Sanz del Río son: Compendio de Historia Universal, 
del Dr. Wéber, traducido del alemán con consideraciones generales y no- 
tas del traductor (1853). Discurso en la inauguración del curso de 1857 a 58 
en la Central. Krause — Sistema de la Filosofía. Metafísica. — Primera 
parte. — Análisis (1860). Esta obra se ha llamado después simplemente 
Analítica. Krause — Ideal de la humanidad para la vida, con introducción 
y comentarios (1860). Postumas: Lecciones del Sistema de la Filosofía, 
Análisis del pensamiento racional. Filosofía de la muerte (estudio hecho 
sobre los manuscritos del maestro por D. Manuel Salas y Ferré). 

Krause fué censurado en Alemania por la oscuridad y extravagancia 
de su lenguaje; imaginó, dice Ueberwer Heinze, un vocabulario especial, 
en pugna con las leyes del idioma, que, lejos de facilitar, ha sido un obs- 
táculo para la propagación de sus ideas. Ni Ahrens ni Tiberghien siguieron 



(1) Daban conferencias públicas en el edificio de la Bolsa (Plaza de la Leña) y se les llamaba la liga 
de la plaza de la Leña, recordando la liga de Manchéster, fundada por los economistas ingleses para conse- 
guir la reforma arancelaria en sentido librecambista. 

144 



V- IDEAS FILOSÓFICAS, POLÍTICAS, SOCIALES Y ECONÓMICAS 

a su maestro por este camino tan absurdo como propenso al ridículo; pero 
Sanz del Río llevó los defectos de Krause en este punto a inconcebibles 
extremos. Véanse algunas ligeras muestras. 

En la traducción del Weber, trabajo de los que llamaba él populares, 
dice: "El espíritu simple de los primeros pueblos no tenía más que un ojo." 

La Analítica está compuesta de párrafos como éste: 

"Luego lo fundado es del fundamento, y en él y según él, y la rela- 
ción de fundar dice propiedad, continencia y conformidad de lo fundado al 
fundamento. . . Lo particular es del todo, en y según el todo, luego lo fun- 
dado es, respecto de lo fundante, lo limitado, lo finito." 

En carta familiar a D. José de la Revilla (19-Marzo-1849), carta de 47 
páginas de letra menudísima, enderezada a pedir aumento de la pensión 
que disfrutaba, escribía: 

"Ahora, pues, en el proseguimiento de este propósito, con la resolu- 
ción de que hablo a usted, ocúrreseme de suyo considerar lo que me resta 
de personalidad exterior, digámoslo así, en el sentido del objeto propuesto 
y de relaciones con el gobierno bajo el mismo respecto.. . cuanto más que 
en el caso presente, el todo que en ella versa trae su principio y conexión 
directa del gobierno. . . En conformidad de eso, he debido yo preguntar- 
me: ¿en qué posición me encuentro ahora con el gobierno, y cómo obraré 
en correspondencia con ella, en la condicionalidad y ocasión presente? 
¿Cómo y por qué género de medios conviene que sea cumplido a lo exte- 
rior el objeto de mi encargo? Y como parte contenida en este genérico, 
¿qué fin inmediato, aun bajo el mismo respecto de aplicación exterior, 
llevo yo propuesto en la resolución de viajar?" 

D) íntimo amigo de Sanz del Río y auxiliar del krausismo fué D. Fer- 
nando de Castro, de que se ha tratado en el anterior capítulo. Verdadero dis- 
cípulo, D. Francisco de P. Canalejas (1), elogió la Analítica del maestro en 
sus Estudios críticos de Filosofía, Política y Literatura (1872) y en las Doc- 
trinas religiosas del racionalismo contemporáneo (1875); pero su espíritu 
literario y su propensión oratoria lleváronle a un misticismo o pietismo 
racionalista en filosofía y al cultivo preferente de la crítica literaria. 

Más fiel a la doctrina de Sanz del Río fué D. Nicolás Salmerón Alon- 
so (2); escribió poco: Concepto de la Metafísica, La idea del tiempo y va- 
rios prólogos, uno para los Estudios de religión, de Tiberghien, traducidos 



(1) Nació en Escacena (1834). Murió en Madrid (4-Mayo-1883). Catedrático de Literatura Española en 
la Universidad Central. 

(2) Nació en Almería (1838). A los veinte años profesor auxiliar del Instituto de San Isidro. A los 
veinticinco de Historia Universal en la Universidad de Oviedo. Trasladado a la Central, ganó después por 
oposición la cátedra de Metafísica. En el periodo revolucionario uno de los jefes superiores del partido repu- 

145 

Salcedo. — La Literatura Española - Tomo IV. »0 



SALCEDO ' LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

por Calderón Llanes; otro para los Estudios de Literatura y Arte, de don 
Hermenegildo Giner de los Ríos, y otro para la traducción délos Conflictos 
entre la religión y la ciencia, de Draper. El clérigo D. Tomás Tapia desem- 
peñó la cátedra de Sistema de la Filosofía, creada por Sanz, y fué autor 
del discurso Sócrates (Tesis doctoral), del Ensayo sobre la Filosofía funda- 
mental de Balmes (En el Boletín-revista de la Universidad) y de La Reli- 
gión y las religiones (conferencia para la enseñanza de la mujer, de las 
organizadas por Castro). Don Manuel Ruiz de Quevedo presidió el Círculo 
filosófico, dirigió la Asociación para la Enseñanza de la mujer, fundada 
por D. Fernando de Castro, fundó la Escuela de Institutrices y escribió va- 
rios estudios sociológicos y politices (1). Don Juan Uña y Gómez dirigió 
La Enseñanza y la Revista de Instrucción Pública. Don Gumersindo de Az- 
cárate, excelente profesor, tildado por Menéndez Pelayo de protestante 
liberal, católico sin dogmas según se ha declarado él mismo, es autor de 
varias obras filosófico-juridicas (2). Don Francisco Giner de los Ríos, a 
quien ya señalaba Menéndez Pelayo, en la Historia de los Heterodoxos, 
como la mayor lumbrera del krausismo después de Salmerón, fué iniciado 
en la escuela por las explicaciones estéticas de D. Francisco Fernández y 
González, y más que por sus libros (3) ha influido primero a favor de esta 
escuela, y después del racionalismo en general, por el desinterés personal, 
basado en un estoicismo raro de conducta, y la constancia de su propa- 
ganda por la secularización de la enseñanza pública y privada (4). Menén- 
dez Pelayo le llamaba hombre honradísimo, sectario convencido y de bue- 
na fe. Sus correligionarios le veneran como a un santo laico. 

De otros krausistas conspicuos conviene hacer referencia, tales como 
don Manuel Sales y Ferré, continuador de la Historia General, de Castro, 



blicano y presidente del Poder ejecutivo. Expatriado en Paris se dedicó con gran éxito a la abogacía, que 
continuó luego en Madrid. Al regresar de Paris habia evolucionado en Filosofía hacia el positivismo. Murió 
el 20 de Septiembre de 1908. 

(1) Murió el 3 de Abril de 1898. 

(2) Estudios económicos y sociales (1876). F.l Self-fiovernement y la Monarquía doctrinaria (1877). 
Ensayo sobre la historia del derecho de propiedad y su estado actual en Europa, tres tomos (1879). Trata- 
dos de política. Resumen y juicios críticos (1883). El liégimen parlamentario en la práctica (1885). Concepto 
de la Sociología (Discurso de recepción en la Academia de Ciencias Morales y Políticas el 7 de Mayo de 1891). 
Carácter científico de la historia de España (Discurso de recepción en la Academia de la Historia el 3 de 
Abril de 1910). Menéndez Pelayo le atribuye el folleto anónimo anticatólico Minuta de un testamento. 

(3) Traducción de las Consideraciones sottre el delito y la pena, de Roder (1871, segunda edición). 
Principios de Derecho Natural (1873). Traducción de la Estética, de Krause (1874). Estudios jurídicos y 
políticos (1875). Estudios filosóficos y religiosos (1876). Estudios de literatura y arte (1876). Lecciones su- 
marias de Psicología, primera edición en 1874; en la segunda, que es de 1877, márcase la evolución doctrinal 
del autor que ya no era krausista, sino positivista, o hrauso positivista, como dice D.Adolfo Posada en 
Literatura y Problemas de Sociología. 

(4) Nació Giner de los Ríos en Ronda (lO-Octubre-1839). Estudió en Cádiz, Alicante y Barcelona donde 
fué discípulo de Llorens. De este profesor recordaba siempre este dicho: Se quejan de lo poco que paga el 
Estado a los catedráticos, y yo hubiera dado toda mi fortuna por serlo. Murió en Febrero de 1915. 

146 



V- IDEAS FILOSÓFICAS, POLÍTICAS, SOCIALES Y ECONÓMICAS 

de quien había sido auxiliar en la cátedra y fué fideicomisario y legatario, 
y fecundo escritor y traductor, autor de un Tratado de Sociología (1889); 
don Urbano González Serrano, catedrático de Psicología, Lógica y Ética 
en el Instituto de San Isidro y autor de muchos estudios filosóficos y lite- 
rarios (1); D. Hermenegildo Giner de los Rios, catedrático del Instituto de 
Barcelona, colegial que fué de Bolonia, de cuyo colegio escribió una inte- 
resante monografía — El Colegio de Bolonia. Centón de noticias relati- 
vas a la fundación hispana de San Clemente (1880) (2) — , traductor de 
Amicis y autor de Filosofía y arte (1878); por último, D. Federico de Cas- 
tro, catedrático y rector en Sevilla, hombre respetable y generalmente res- 
petado, autor de un Compendio de la Analítica de Sanz del Río y de mul- 
titud de monografías filosóficas, históricas y literarias. No debe omitirse en 
este libro la titulada Cervantes y la filosofía española, en que trata de pro- 
bar que el Quijote es una obra de Filosofía: Don Quijote es nada menos 
que Platón, y Sancho Panza es Aristóteles; Cervantes los armoniza y con- 
cilia, resolviendo así el problema onto-psicológico. ¡Lo que se puede ocurrir 
a un filósofo para estropear las cosas más lindas! 

45. A) El tomismo italiano. B) El padre Ce fe riño 
González y D. Antonio Comellas. C) El tomismo italiano 
en España. — A) Kleutgen en Alemania (1860-63) y Sanseverino en 
Italia (1862) iniciaron un movimiento de restauración del tomismo en las 
escuelas católicas, cuya tendencia puede sintetizarse así: con Santo Tomás 
llegó la filosofía a su ápice de perfección; no hay más allá. Cuanto se ha 
hecho después en el orden filosófico, o ha sido condensar y exponer las 
doctrinas del maestro insuperable, o desvariar. Descartes, que se apartó 
del camino seguido por Santo Tomás, abrió la senda por donde se han pre- 
cipitado de error en error, de locura en locura, los filósofos modernos. 

Nada más opuesto a esta concepción tomista que el verdadero tomis- 
mo, o sea el sistema seguido por Santo Tomás. Marca éste, ciertamente, la 
más alta cumbre de los estudios filosóficos en el siglo xiii. ¿Pero por qué? 
Porque Santo Tomás puso a su pensamiento por base todo el saber de los 



(1) González Serrano nació en Navalmoral de la Mata (1848). Murió en Madrid (13-Enero-1904). Obras, 
además de su libro de texto: Estudios de Moral t/ Filosofía (1884). F.nsayos de critica y filosofía (1881). 
Cuestiones contemporáneas (1883). La sociología científica (1884). La sabiduría popular (segunda edición 
en ism). La Psicología fisiológica (1886). Critica y Filosofía (\S8S). La asociación como ley general de 
la educación (1888). Estudios críticos (1892). Estudios psicológicos (1892). Psicología del amor (1897). Goethe, 
ensayos críticos (tercera edición en 1900). La Literatura del día (1900 a 1903). Tradujo La Psicología con- 
temporánea, de Emilio Villa, y La filosofía de Tolstoi, de Ossip-Lourié. 

(2) En colaboración con D. Pedro Borrajo y Herrera. 

147 




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SALCEDO 'LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

antiguos griegos y romanos y de los árabes; a ningún filósofo de los que 
conocía desdeñó por idólatra o por mahometano, sino que los estudió cri- 
ticamente a todos, no para rechazarlos a bulto incluyendo sistemáticamen- 
te sus opiniones en el catálogo de los errores, sino para incorporar a su 
doctrina lo que en todos ellos hay de bueno y aprovechable. Los tomistas 
de nuevo cuño, por lo contrario, daban de mano a la historia de la Filoso- 
fía; y para ellos no había más que verdad y error: la primera en las obras 
de Santo Tomás, complementadas en lo que no trató el angélico Doctor 
con las enseñanzas de Alberto Magno, San Buenaventura, Suárez y otros 
principes de la antigua escolástica; error todo lo demás. Y fijándose en una 

época, como el siglo xiii, en que, aunque se 
distinguían, no se separaban perfectamente en 
libros y cátedras las esferas de lo sobrenatural 
y de la naturaleza, y la Filosofía era estudiada 
como preparación de las ciencias sagradas, con- 
fundían transcendentalmente el campo de la re- 
velación con el de la razón, diciendo con el pa- 
dre Cornoldi que la Filosofía es divina, revela- 
^^,,.^^ da por revelación natural; con SatoUi, que debe 

; limitarse a ser la sierva o esclava de la reli- 

gión, y con Lorenzelli, que para preservarse de 
p. ceferino González. error debe aceptar las proposiciones reveladas y 

(1831 - 1894) l^g qyg gg derivan de ellas inmediatamente (1). 

Todo esto era retroceder mucho, no sólo del 
preciso, amplio y luminoso concepto filosófico de Balmes, sino de la ver- 
dadera y genuína tradición tomista, siempre conservada por los dominicos. 
No se concibe, sino por la propensión española a enamorarse ciegamente 
de todo lo extranjero, que habiendo florecido aquí Balmes y mantenídose 
siempre con brillo la tradición dominica, fuese aceptada la nueva escuela 
italiana con tanto entusiasmo. Quizás fuera por su fácil concordia con el 
sedimento tradicionalista dejado por Donoso. 

B) Tuvimos un gran escolástico dominico que bien pudo hacer harto 
mejor que Sanseverino la verdadera restauración del tomismo. Tal fué el 
padre Ceferino González (2). Para la enseñanza escribió su Filosofía ele- 
mental, primero en latín y después en castellano; en su Historia de la Fi- 



fl) Sobre estas cuestiones que aqui sólo se indican, véase Gómez Izquierdo: Historia de la Filosofía 
en el siglo XIX. Zaragoza, 1903. Pág. 454 y siguiente. 

(2) Nació en Villoria (Asturias) el 23 de Enero de 1831. Murió en Madrid el 29 de Noviembre de 1894. 
Fué profesor de Filosofía en la Universidad de Manila, obispo de Córdoba, arzobispo de Sevilla, cardenal, y 
académico de Ciencias Morales y Políticas. 

148 



V' IDEAS FILOSÓFICAS, POLÍTICAS, SOCIALES Y ECONÓMICAS 

losofía y en sus Estudios sobre la Filosofía de Santo Tomás revélase su 
amplio criterio. Para él filosofía escolástica es frase sinónima de filosofía 
cristiana; pero todo el que admite la revelación, sean las que quieran sus 
opiniones meramente filosóficas, merece el titulo de filósofo cristiano; así 
se lo reconoció a Fabié, a Cánovas del Castillo y a otros que para los esco- 
lásticos a la italiana son vitandos. Y no tuvo miedo a declarar que toda la 
filosofía moderna procede de Kant, aun la que le es radicalmente opuesta. 
A pesar de lo cual, en los seminarios españoles suele preferirse al texto* 
de Fr. Ceferino el italiano de Zigliara. ¡Cosas nuestras! 

De la misma tendencia que el cardenal González, y en ciertos aspec- 
tos de más independíente espíritu, fué el presbítero catalán D. Antonio Co- 
rnelias (1), que se manifestó enteradísimo de las más modernas doctrinas 
filosóficas: la hipótesis de lo inconsciente de Hartmann, las teorías de Ha- 
milton, Comte, Spencer, Stuart Mili, etc., y no para rechazarlas de bulto, 
sino para examinarlas serenamente, y elogiar, por ejemplo, el método ex- 
perimental de Stuart Mili o utilizar la lógica de Ueberweg. 

C) La corriente no iba por ese cauce. Los escolásticos de la Edad Me- 
dia juraban por la palabra de Aristóteles. Los modernos italianos que se 
decían continuadores de aquéllos, por la palabra de Santo Tomás. Los es- 
pañoles, inspirados por los italianos, en la palabra de éstos. No hubo más 
filósofo que Santo Tomás ni otros intérpretes del filósofo único que Sanse- 
verino, Cornoldi, Zigliara, Prisco, Liberatore, Taparelli, etc., los cuales lle- 
garon a ser tan conocidos en España como en Italia, y con ellos algunos 
alemanes como Meyer y Costa Rosseti (2). Ortí Lara declara en su Psicolo- 
gía: ". . . he ordenado el presente compendio con los ojos fijos en el texto 
"de Sanseverino, sin apartarme por eso de mi primer guía el ilustre Libe- 
"ratore". El libro de Metafísica que dio a sus discípulos de la Universidad 
Central es casi una traducción de Zigliara. Don Luis Mendizábal, catedráti- 
co de Derecho Natural en la Universidad de Zaragoza, escribe en el prólo- 
go de su libro de texto: "No terminaré sin dedicar un recuerdo al padre 



'(1) Nació en Berga el 16 de Enero de 1832. No salió de su pueblo natal sino para estudiar la carrera 
eclesiástica en Vich y Solsona y las brevísimas temporadas que pasaba en las bibliotecas de Barcelona. 
Murió el 23 de Julio de 1883. Obras: Discurso de apertura en el Seminario de Solsona sobre el dogma de la 
Trinidad, 18m. Demostración de la armenia entre la religión católica y la ciencia (1880). Introducción a 
la filosofía o doctrina sobre la dirección del ideal de la ciencia (1883). Véase: ■'Alberto Gómez Izquierdo. 
Un filósofo catalán, Antonio Cornelias ;/ Cluef, en la revista Cultura F.spañola, y aparte: Madrid, 1907. 

(2) Conviene advertir que en Alemania la escuela derivó en gran parte hacia la investigación erudita 
y critico-paleográfica de los textos teológicos y filosóficos de la Edad Media. A eso responde la publicación 
(desde 1891) de Beitrnge zur Geschichte der Philosophie des M/ííe/a/íers, dirigida por BSumUer. profesor 
de Bresiau, y a la que debemos notables esclarecimientos de la historia de la filosofía en España: Correns ha 
publicado el texto del tratado De unitate que se venía atribuyendo a IJoecio, y resulta ser del arcediano de 
Segovia Domingo González o Gundíssalinus, inserto después en la Revue Thomiste, de Lovaina (Enero-1888); 
Max Doctor ha expuesto las doctrinas de José Zaddik, judio cordobés. 

149 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 



"Taparelli. . . Me lionro presentándome como el último de sus discípulos." 
Las traducciones de estos italianos menudearon: Gabino Tejado tradujo los 
Elementos de Filosofía de Prisco. El mismo Tejado y Ortí Lara el Derecho 
Natural de Taparelli. Mientras que los catedráticos krausistas ponían de 
texto en esta asignatura el Arhens (1), los católicos el Taparelli u otro autor 
de su escuela, o unos y otros reíundiciones castellanas de sus respectivos 
guías intelectuales. 

Y no era esta servil docilidad efecto de limitación de entendimiento, 
sino de prejuicio de escuela o de ofuscación del fervor religioso que les 
habla hecho concebir la extraña idea de que para ser católico es menester 
ser escolástico, y que la única manera de serlo es no apartar los ojos de 
Sanseverino o de Liberatore, como decía Ortí Lara. Don Juan Manuel era 
persona de grandísimo entendimiento, tan perspicaz como laborioso, y su 

obra expositiva y polémica es formidable (2). Lo 
mismo debe decirse de otros muchos, como los 
jesuítas P. José Mendive y P. Urráburu (este último 
inclinado a Suárez), el citado D. Luis Mendizábal, 
Rodríguez Cepeda, ilustre catedrático de Valen- 
cia, etc. 




46. A) Neokantismo. B) Neokan- 
tistas españoles. Pero jo, Qevilla, Maez- 
tu, Baroja, Unamuno, Ortega Gasset. 
C) Viaje de Lutoslowski a España. — 
El sistema de Kant, continuado y modificado por 
Fíchte, decae en la primera mitad del siglo xix, 
eclipsado por la filosofía de Schelling, y más prin- 
cipalmente por la de Hégel; pero en los primeros años de la segunda mitad 
de la centuria pasada, el kantismo renace con extraordinario vigor. Manifes- 
taciones de tal renacimiento son: 1." El entusiasmo inspirado por el filósofo 



Federico Guillermo Schelling 
(1775-1858) 



(1) Curso de Derecho Natural o Filosofía del Derecho. La primera edición francesa es de Bruse- 
las, 1837. La primera traducción española es de D. Ruperto Navarro Zamorano, autor de varias obras de 
administración y redactor de la Revisía económica, allá por los años de 1842 a 47, y se publicó en 1851. Des- 
pués se han hecho innumerables. 

(2) Nació en Marmolejo (29-Octubre-1826). Murió en Madrid {7-Enero-1904). Profesor en el Instituto 
de Granada y después en la universidad Central. Colaboró en El Pensamiento Español, dirigió El Siglo 
Futuro, fundó y dirigió El Universo. Con D. Francisco A. Aguilar la revista La Ciudad de Dios, en los años 
de la revolución del 68, y que no hay que confundir con la actual de los Padres Agustinos; en los primeros 
años de la restauración, otra revista, La Ciencia Cristiana, cuya colección es interesante. No sólo defendió 
la Inquisición, sino que hasta sostuvo (El Catolicismo i/ el libre-cambio) que la doctrina librecambista es 
anticatólica. Escribía muy correctamente. 



Á 



150 



V- IDEAS FILOSÓFICAS, POLÍTICAS, SOCIALES Y ECONÓMICAS 




Hégel. 

(1770- 1831) 



de Koenisberg. La Academia de Berlín prepara 
una edición crítica de sus obras; el doctor Vahin- 
ger funda (1886) la revista Kantsstudien para es- 
tudiar por todos sus aspectos las obras del maestro 
y su influencia en el mundo, enviando con tal ob- 
jeto redactores o corresponsales a todas las nacio- 
nes — a España vino el polaco Lutoslowskí — . 
2.^ Los nuevos sistemas filosóficos que parten 
del subjetivismo kantiano. El primero, y quien 
inició el movimiento hacia Kant, fué Schopen- 
hauer (1788-1860), autor de la filosofía pesimista: 
"Querer — dice — es sufrir, y como vivir es que- 
rer, toda vida es, por su esencia, dolor." Así pre- 
tendía este filósofo descifrar el misterio de las co- 
sas, el noúmeno de Kant. Compréndese fácilmente 
que los poetas quejumbrosos, llorones y pesimis- 
tas habían de hallar aquí una base transcenden- 
tal para su perenne desconsuelo. La filosofía de 
Federico Nietzsche (1844-1900), deque ya hemos 
tratado (I-2-B), derivada, según Vahinger, de Scho- 
penhauer y de Darwin, y que es la suprema exal- 
tación del Yo kantiano, de la propia personali- 
dad, más grande cuanto más vigorosamente se 
destaca y mejor impone a las demás el imperio 
de sus instintos. 3.^ El neokantismo o neocriticis- 
mo, representado en Alemania por Lange, Cohén, 
Otto Liebmann, Kuno Físcher, etc.; en Francia, 
por Renouvier, Sachelier, Boirac, etc.; en Inglate- 
rra, por Bradley, James Ward, etc.; en Italia, por 
Cantoni y otros. Derivaciones del neokantismo 
son el idealismo lógico de Wéber, el sistema de 
Bergson, la llamada filosofía inmanente, el em- 
pirio-criticismo, etc. 

B) No es del presente libro exponer las doc- 
trinas de tan varias escuelas, sino tan sólo apun- 
tar ligeramente su reflejo en nuestra patria. Don 
José del Perojo estuvo en Alemania estudiando en 
la Universidad de Heidelberg, donde tuvo por 
maestro a Kuno Fischer; vuelto a España publicó 
unos Ensayos sobre el movimiento intelectual en 








Carlos Roberto Darwin. 

(1809 - 1882) 




v: 



'^^V//^^^ 



Fichte. 
(1762 - 1814) 



151 



SA LCEDO ' LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

Alemania (1875), una traducción de Kant, con estudio preliminar y biogra- 
fía de Fischer, y en 1880 fundó la Revista Contemporánea, iniciando una 
reacción contra el krausismo, que tuvo completo éxito. El neokantismo se 
puso de moda en el Ateneo y en todos los medios intelectuales libre pensa- 
dores. Ayudóle felizmente D. Manuel de la Revilla (1). Nunca fué la do- 
minación del neokantismo como había sido la del krausismo: el krausis- 
mo es doctrina organizada y determina naturalmente en sus adeptos la 
constitución de un coto cerrado, partido más bien que escuela. El cri- 
ticismo, por lo contrario, no siendo más que un criterio, impulsa a la 
variedad en la doctrina y a la dispersión en los adeptos, permitiendo las 

más extrañas combinaciones ideológicas. Perojo 
no tardó en abrir las columnas de la Revista Con- 
temporánea a todas las ideas racionalistas; hom- 
bre de muy amplio criterio y de un temperamen- 
to más editorial que idealista, no sólo acogió a los 
restos del krausismo y al positivismo, sino que 
ofreció a Menéndez Pelayo, candentes todavía 
sus polémicas con la Revista Contemporánea, la 
dirección de una biblioteca de filósofos españoles. 
Casi todos los krausistas fueron inclinándose 
i^'^''^ más o menos al criticismo kantiano, más o menos 
immanuei Kant. complicado con el positívismo, y en pocos escrito- 

(1724-1804) ^gg (jg filosofía del último período del siglo xix y 

primero del xx deja de notarse aquella influencia. 
Azorín señala como uno de los tres influjos predominantes en la genera- 
ción de 1898 el de Nietzsche (2). Después de indicar que sobre Maeztu influ- 
yeron Nietzschey Spencer, esto es, una délas modalidades del neokantismo 
y una de las modalidades del positivismo, dice: "Nietzsche era en 1898 des- 
" conocido en su verdadero carácter; comenzaba a asomar en Francia; se le 
" había expuesto en un estimable libro en Italia. Pero Nietzsche era en la época 
"citada para la juventud, tanto en España como en Francia, un rebelde, un 



(1) Nació en Madrid (2B-Octubrc-1846). Murió en el Escorial con la razón im poco trastornada o de- 
bilitada (13-Septiembre-188l). Hijo de D. José de la Revilla, el protector de Sanz del Rio y autor de la Vida 
de Múiquez, ya en 1868 fundaba ¿7 >4wfj7o c/c/ Pueblo, y muy pronto se distinguió en los periódicos como 
critico literario, especialmente de teatros, y en el Ateneo como orador. Ganó en brillantes oposiciones la 
cátedra de Literatura General // Española en la Universidad Central; d. Francisco de P. Canalejas, 
que presidia el tribunal, dijo al concluir los ejercicios: me ha entusiasmado Revilla contestando, no a las 
preguntas que sabia, sino a las t/ue no sabia. No era hombre de gran erudición, sobre todo antigua, y, 
aun como muchos de su tiempo y tendencias, afectaba despreciar las minucias que decia D. José Cana- 
lejas contra Menéndez Pelayo cuando hizo con él oposiciones a Historia, de la Literatura Española, pero 
si de perspicacísimo talento y natural elocuencia. 

(2) Los otros dos non los de Teófilo Gautier y Verlaine. 

152 




V- IDEAS FILOSÓFICAS, POLÍTICAS, SOCIALES Y ECONÓMICAS 

''anarquista. Pocos años después, cuando se le tradujo íntegramente al fran- 
jees y se le estudió con cuidado, la idea de Nietzsche sufrió una transmu- 
''tación considerable... Agreguemos a las influencias librescas las persona- 
rles, ejercidas por algunos extranjeros que convivieron con literatos de! 98- 
"Uno de esos extranjeros... fué el doctor suizo Pablo Smith, entusiasta de 
"Nietzsche. Un ejemplar alemán de Nietzsche poseía Smith, y sobre su 
"traducción a viva voz escribió Baroja unos artículos en El Imparcial (1)." 

En este mismo periódico escribía, no ha mucho, D. Miguel de Unamu- 
no, que la generación de 1898 es acusada de poco modesta, y no ha podido 
ni debido esa generación ser modesta; porque su papel fué afirmar y exal- 
tar su personalidad individual — idea hija de Nietzsche y nieta o biznieta 
de Kant. Por otra rama también proceden de Kant muchas de las ideas 
fundamentales que animan las Meditaciones del Quijote, de Ortega Gasset. 

C) Episodio curioso de la historia del kantismo en España es el ya 
citado viaje del profesor Lutoslowski, como redactor de la revista Kants- 
studien. Fué en 1887, y visitó en Madrid a Ortí Lara, Salmerón, Giner de los 
Ríos, González Serrano, Menéndez Pelayo y D. Matías Nieto y Serrano, 
Marqués de Guadalerzas (2). Menéndez Pelayo le dijo que el único kan- 
tiano español era el médico Nieto y Serrano, y los únicos españoles que 
habían estudiado Filosofía en Alemania, Sanz del Río y Perojo. Lutoslowski 
sacó de sus visitas el convencimiento de que Kant era casi absolutamente 
desconocido en España. ¡Después de tanto escribir y hablar del filósofo de 
Kaenisberg! (3). 

47. ¿zl positivismo en España. FIórez, Rey, Pompeyo 
Gener, Estassen. — Escuela positivista, o positivismo propiamente 
dicho, es el sistema enseñado por Augusto Comte (1798-1857) (4): el pro- 



(1) La generación de 1^98. En Clásicos ij Modernos, pág. 309. 

(2) Impresas en 1902 (año de su fallecimiento, 2 de Julio) están sus memorias autobiográficas titula- 
das Vejeces. Nació en Madrid (1813). Estudió la segunda enseñanza con los Escolapios (San Antón) de que 
elogia el material científico del gabinete de Física y los experimentos con que se hace la enseñanza. Siguió 
la carrera de Medicina como alumno interno del Colegio de San Carlos, y concluida, ingresó en Sanidad 
Militar. Socio del Ateneo en 1836. Cuenta que fué materialista en sus mocedades, que Cousin le apartó des- 
pués de todo exclusivismo sistemático, que inventó un sistema filosófico, y la lectura atenta de las obras de 
Kant y más aún las del médico Re/iouvier, kantiano que degeneró en positivista, inclináronle a este sistema, 
y, por último, para salvarse de caer también en el positivismo, se refugió en lo absoluto. Las explicaciones 
íilosóficas de Nieto, en Vejeces, nos parecen algo vagas y confusas. No hemos leido sus otros libros. 

(3) No hemos visto el articulo Kant en España del escritor polaco, sino su referencia en la /íedue 
Philosophique y en la Neoscolastique de Lovaina. Esta última critica duramente a Orti Lara por haber 
dicho a Lutoslowski que Kant no le interesaba y que como filósofo católico no queria contribuir a su fama. 
El escritor polaco dice de Orti Lara: un señor que me pareció un eclesiástico. 

(4) Nació en Montpellier. Su obra capital es el Cours de philosophie positiue, seis volúmenes. La pri- 
mera edición es de 1834-1842. La quinta de 1893-94. Prescindimos en esta somerisima indicación de la Reli- 
gión de la Humanidad que intentó Comte fundar y cuyas reuniones en Paris y otras ciudades son la parte 
amena y pintoresca por no decir festiva o ridicula de su escuela. 

153 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

greso de los conocimientos humanos se desarrolla en tres estados: 1." Teo- 
lógico, en que la Naturaleza es explicada sobrenaturalmente. 2.° Metafísico, 
en que la razón quiere darse cuenta del Universo por conceptos abstractos 
(substancia, causa, esencia, etc.). Y 3.° Positivo, en que desengañado el 
hombre de la vacuidad de la Teología y de la Metafísica, se contenta con 
observar los hechos o fenómenos, estudiar las relaciones entre ellos para 
descubrir la ley que los rige, agruparlos por sus semejanzas para constituir 
las ciencias particulares (Matemáticas, Astronomía, Física, Química, Biolo- 
gía y Sociología), cuyo conjunto e ideas más comprensivas y generales es 
la Filosofía o interpretación positiva del Universo. 

Este sistema, de que se hizo poco caso en vida de su autor, fué propa- 
gado por Emilio Littré (1801-1802) (1), aplicado a la historia y a la filosofía 
del arte por el gran escritor francés Hipólito Taine (2), y a las ciencias jurí- 
dicas, especialmente al Derecho Penal, por los italianos Lombroso (3), Ferrí 
y otros, debe su auge a su unión con la doctrina transformísta de las espe- 
cies naturales o evolución natural, explicada por el naturalista Juan Bau- 
tista Lamark (1744-1829), la cual, ya en 1830, provocaba ruidosas polémicas 
en la Academia de Ciencias de París y tenía divididos en dos bandos a los 
académicos; pero que con Carlos Darwin (1809-1882) llega a su más esplén- 
dido florecimiento. Antes que Darwin tratara de explicar por la evolución, 
el origen de los seres vivientes, Herbert Spencer (4), hombre prodigioso, al 
decir del cardenal Mercier, la empleó como expresión de la ley fundamen- 
tal del Universo, y de ahí que su sistema se denomine filosofía de la evo- 
Ilición, y sea, más que la de Comte, substancia del positivismo contempo- 
ráneo, si bien una y otra tienen por principio común la impotencia de la 
humana razón para elevarse a un conocimiento superior al fenomenal. 
Cuanto no sean fenómenos, y fenómenos que se repitan invariablemente 
siguiendo las leyes, pertenece — dice Spencer — a la esfera de lo Incognos- 
cible. El positivismo tiene manifestaciones absolutamente materialistas en 



(1) Fué también notable filólogo, autor del Dictionnaire de la langue frcin(,'aise que más aprecian 
muchos doctos. La impiedad de sus-- conclusiones positivistas hizole para los cristianos singularmente odioso, 
y al ser elegido de la Academia Francesa, presentó su dimisión, corno protesta, el célebre obispo de Orleáns 
monseñor Dupanloup. 

(?) Nació en Vouziers (1829). Murió (1893). Su obra Origines de la France contemporaine (1876-1893> 
en que no sólo condenó duramente los crímenes cometidos en la revolución francesa, sino que rebajó la 
importancia de ésta como hecho histórico, diciendo que la única reforma positiva que habia implantado 
era el sistema métrico decimal, y juzgó a Napoleón como un condottiere italiano de gran fortuna, enajená- 
ronle las simpatías de muchos demócratas y patriotas franceses. Azorin (A B CINoviembre-1916) dice que 
Taine en Francia, como Castelar en España, están injustamente olvidados y que ambos merecen gloriosa 
rchabilitarión. 

(3) Médico italiano (nació en Venecia 1836), de raza judia. 

(4) Nació en Derby (18.¿0). Murió (1903). Todas las obras de Spencer están traducidas al castellano' 
(La España moderna). 

154 



V- IDEAS FILOSÓFICAS, POLÍTICAS, SOCIALES Y ECONÓMICAS 

Huxley, Tyndall, Büchner, Heeckel, etc., y otras que no lo son. Conviene 
advertir, por último, que el positivismo, combinándose con el neokantis- 
mo — en España, con el krausismo — ha dado y da lugar constantemente 
a raras concepciones sincrónicas individuales o de grupo; y que, en con- 
junto considerada esta tendencia, ha impulsado el estudio general de los 
hechos o fenómenos y originado ciencias nuevas, como la Psicofísica, con 
algunos de cuyos principios y procedimientos están actualmente conformes 
todas las escuelas. 

Un español — D. José M. Flórez — maestro normal, autor de una Gra- 
mática Castellana y de una Historia del general Espartero, vivia en París 
en los últimos años de Augusto Comte, y fué de sus amigos, contertulios y 
más entusiastas secuaces; hasta en los pintorescos cultos de la Religión de 
la humanidad. Don Andrés Poey, naturalista cubano, publicó en la misma 
capital de Francia y en lengua francesa una Bibliotheque Positiuiste, Vid- 
garisation da Posiiiuisme (Germer Bailliére-1879). El primer tomo titúlase 
Le Positiüisme; el segundo, Mr Littré et Auguste Comte. Para Poey, Littré 
no fué buen discípulo, sino corruptor de la doctrina de Comte. También en 
París, y en francés, publicó D. Pompeyo Gener (1) su libro Le Mort et le 
Diable. Histoire et philosophie de deux négations suprémes, par Pompeyo 
Gener, de la Société d'Antropologie de Paris. Précédées d'une lettre a 
l'auteur, de E. Littré (Reinwald-1880). Al contrario de Poey, Gener es parti- 
dario de Littré, como D. Pedro Estassen, el primero que dio conferencias 
sobre doctrina positivista en el Ateneo de Barcelona. El de Madrid discutió, 
en su sección de ciencias morales y políticas (de Nov. 1875 a Junio 1876), 
el siguiente tema: "¿f/ actual movimiento de las ciencias naturales y filo- 
sóficas en sentido positivista, constituye un grave peligro para los grandes 
principios morales, sociales y religiosos en que descansa la civilización?'' 

La marea del positivismo fué subiendo sin cesar y atrayendo a casi 
todos los maestros krausistas, incluso Salmerón y Giner de los Ríos. Como 
en el periodo anterior profesor o filosofante que no fuera escolástico era 
krausista, en éste el racionalismo hizose positivista, aunque con extrema 
variedad de matices: médicos y naturalistas propendieron en general al 
materialismo de Büchner y Heeckel; juristas y filósofos a Herbert Spencer. 



(1) Pompeyo Gener nació en Barcelona (1846). Posteriormente a La Muerte y el Diablo ha escrito- 
Herejias, Amigos y maestros, Inducciones, etc. El relacionado con nuestro libro, y a (pie habremos de refe- 
rirnos en él, es Literaturas malsanas. Estudios de Patología literaria contemporánea (1894, segunda edi- 
ción 1900), formado por estudios publicados en Paris de 1884 a 85 y de 1889 a 92 (revista Le Liure, LOpinion,. 
L'Estafette, Le Télégraphei, en El Liberal de Madrid (de 1887 a 1889) y en el Diccionario Enciclopédico, de 
Muntaner y Simón. Pocas semanas antes de salir Literaturas malsanas fué publicado Dégénerescence, de 
Max Nordau, y de aqui tomaron algunos pretexío para considerar como un plagio el libro de Gener; de \o 
que se defiende éste con razones decisivas en el Anteprólogo de la segunda edición. 

155 



SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

48. Filosofía histórica española. A) Don Gumersindo 
Laverde. B) Menéndez Pe I ayo, como filósofo. C) Bonilla y 
San Martín. D) Otros: Fr. Marcelino Gutiérrez, Fr. Conrado 
Muirlos. Conde Luque, fiinojosa, P. Ge ti no. Pie a tosté. E) Los 
arabistas D. Julián Ribera, D. Miguel Asín. — A) De historia 
de Filosofía general escribieron Balmes y Ceferino González. La Filosofía 
fundamental del primero es, en gran parte, un tratado de Filosofía por el 
método histórico-crítico, o sea basado en el examen de las más acreditadas 
opiniones filosóficas. Alguna tentativa habíase ya hecho de rehabilitar la 
fama de nuestros antiguos filósofos; pero no de un modo sistemático. Quien 
así lo intentó fué el montañés D. Gumersindo Laverde Ruiz, catedrático de 
Filosofía y Letras en la universidad de Santiago, y después en la de Va- 
lladolíd — murió 12-Octubre-1890 — , hombre cultísimo, atildado poeta y 
entusiasta de las glorias científicas españolas. En 1859 publicó el prospecto 
de una Biblioteca de filósofos ibéricos que no llegó a editarse, y propuso 
después la creación de una cátedra de Filosofía ibérica; y en 1868 (Lugo- 
Soto Freiré) dio a luz sus Ensayos críticos sobre Filosofía, Literatura e Ins- 
trucción pública españolas. 

En Junio de 1874, Menéndez Pelayo aprobaba en la Universidad Cen- 
tral las últimas asignaturas que le restaban del período de Licenciatura en 
la Facultad de Filosofía y Letras, menos la de Metafísica, de que trasladó a 
Valladolíd su matrícula (1). En Valladolid la aprobó, así como los ejercicios 
para la licenciatura (27-Septiembre), siendo uno de sus examinadores el 
señor Laverde Ruiz. De aquí brotó una entrañable amistad entre el cate- 
drático viejo y el licenciado mozo, verdaderamente fraternal, pues llegaron 
a tutearse, y tan íntima que ya en conversaciones ya por cartas se comuni- 



(1) Don Miguel García Romero — Apuntes para la biografía de D. Marcelino Menéndez y Pela- 
yo, 1878 — cuenta que el 31 de Mayo D. Nicolás Salmerón "prometió suspenderá cuantos discípulos entrasen 
a examen, dado que ni uno había comprendido las sublimidades de la ciencia lirausista', y que por eso Me- 
néndez Pelayo se trasladó a Valladolid. Bonilla y San Martin — Marcelino Menéndez y Pelayo, Boletín de 
la Academia de la Historia, número extraordinario. Mayo 1914 — dice: "No está bien claro lo que ocurrió 
con ese motivo... Menéndez Pelayo asegura en cartas particulares que la falange kraiisista le hizo pasar 
muy malos ratos en aquel mes de Junio de infausta recordación'. ¿Querrá esto decir que fué suspendido por 
Salmerón? Nos resistimos a creerlo; porque nuestro inolvidable queridísimo amigo García Romero no podía 
ignorarlo, y nos parece seguro que de saberlo lo hubiese dicho, y aun ponderado, para desacreditar a Sal- 
merón. Que era éste intolerante en los exámenes con los que no seguían su doctrina, es cierto: recordamos 
que una vez examinó a tres buenos alumnos de los Estudios de la Asociación de Católicos, los cuales le 
presentaron un programa tomista; primero se resistió a examinarlos, y lo hizo al cabo porque el presidente 
del tribunal D. Francisco de P. Canalejas no pasó por tal golpe de intolerancia; después el examen no fué 
tal, sino una disputa, en que el examinador agotó sus recursos dialécticos y oratorios para refutar a los 
aJumnos; por último, suspendió a dos, que confundió o desconcertó con sus argucias, y si aprobó al otro, 
que era un muchacho catalán de grandísimo entendimiento y de no menor serenidad, fué también porque 
f\ Sr. Canalejas, hombre de harto más amplio espíritu que D. Nicolás, se opuso terminantemente. 

156 



V- IDEAS FILOSÓFICAS, POLÍTICAS, SOCIALES Y ECONÓMICAS 



caban todos sus propósitos y trabajos literarios. "Muchas veces en el curso 
"de su correspondencia epistolar, Menéndez Pelayo se olvidaba de la pa- 
"ternidad de sus propias obras, y solia decir nuestro trabajo, refiriéndose 
"a cualquiera de los libros que llevaba publicados" (1). La influencia de 
Laverde sobre su amigo fué tal que cuando murió, el carácter de las obras 
de D. Marcelino varió; el humanista e historiador de la Filosofía eclipsóse, 
y lo que brilló en él fué el historiador de la Literatura. 

B) Laverde atrajo a Menéndez Pelayo a su punto de vista de rehabi- 
litación de nuestro pasado filosófico, y ya en Febrero de 1875, presentado 
por aquél a D. Juan Valera, obtenía la promesa de hablar al sucesor de 
Rivadeneira para que publicara en su Bi- 
blioteca uno o dos tomos de filósofos es- 
pañoles. Laverde comunicó a Menéndez 

Pelayo el artículo de D. Gumersindo de 

Azcárate, en la Revista de España, que 
con otros de Revilla y de Perojo en la 
Contemporánea dio lugar al interesantí- 
simo libro La Ciencia Española (2). Ya en 
la primera edición de este libro insertaba 
una Noticia de algunos trabajos relativos 
a heterodoxos españoles, y Plan de una 
obra critica y bibliográfica sobre esta ma- 
teria, esto es, el germen de la Historia de 
los Heterodoxos españoles, de que salieron 
los dos primeros tomos en 1880 y el terce- 
ro en 1882, y que contiene mucha y buena 
ración de historia de filosofía española (3). 

Incomparable es la Historia de las ideas Estéticas en España cuyo 







Gumersindo de Azcárate. 

(184Ü) 



(1) Bonilla y San Martin. Obra citada. 

(2) La primera edición es de 1876, y se titula: Polémicas, indicaciones y proyectos sobre la ciencia 
española. Prólogo de Laverde. Las cartas de que consta fueron publicadas en la Revista Europea, tomos Vil 
y VIH, 1876. La segunda, corregida y aumentada, es de 1879: La Ciencia espaiiola. Polémicas, indicaciones 
y proyectos. La tercera, refundida y aumentada, es de 1887-88, consta de tres tomos y pertenece a la Colec- 
ción de Escritores Castellanos. Titúlase: La Ciencia espartóla (Polémicas, proyectos y bibliografia). 

(3) En 1911 salió el primer tomo de una segunda edición refundida, como primero de las Obras 
completas de Menéndez y Pelayo. El tomo es enteramente nuevo. En las Advertencias preliminares dice el 
insigne maestro: "Nada envejece tan pronto como un libro de historia. ... La materia histórica es flotante y 
móvil de suyo, y el historiador debe resignarse a ser un estudiante perpetuo. . ." Censúrase a si propio por 
falta de depuración de los hechos y excesiva acrimonia e intemperancia en calificar tendencias y hombres. 
"De casi todos pienso hoy lo mismo que pensaba entonces; pero si ahora escribiese, lo haria con más tem- 
"planza y sosiego, aspirando a la serena elevación propia de la historia, aunque sea contemporánea, y que 
"mal podia esperarse de un mozo de veintitrés años, apasionado e inexperto, contagiado por el ambiente 
"de la polémica, y no bastante dueño de su pensamiento ni de su palabra." Cuando asi hablan los gigantes- 
¿qué debemos pensar y decir los pigmeos? 



157 



SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

plan había también comunicado y consultado con Laverde. El primer tomo 
salió a luz en 1883, y trata de las ideas estéticas entre los griegos, roma- 
nos, escritores hispano-romanos, padres de la Iglesia española, árabes y 
judíos españoles, escuela luliana e ideas generales del arte en la Edad Me- 
dia (1). El segundo tomo (1884) comprende las doctrinas estéticas en los 
siglos XVI y XVII (2), El tomo tercero, dividido en dos volúmenes de pagina- 
ción distinta (1886), explana las doctrinas estéticas en el siglo xviii y pri- 
mera mitad del xix (3). El cuarto (1888 y 1889) contiene la reseña histórica 
de las doctrinas estéticas en Alemania, Inglaterra y Francia, durante el 
siglo XIX; tiene también dos volúmenes (4). Y el tomo quinto (5) es un com- 
pletísimo y magnífico estudio del romanticismo en Francia, quedando aquí 
definitivamente interrumpida la obra; con lo publicado resulta un monu- 
mento de primera magnitud. ¿Qué sería si la poseyésemos concluida? 

Menéndez Pelayo escribió mucho más de historia de la Filosofía espa- 
ñola: Arnaldo de Vilanoua (1879). San Isidoro: su importancia en la histo- 
ria intelectual de España (1881). Estudio sobre el Blanquerna de Raimundo 
Lulio (1883). Francisco de Vitoria ij los orígenes del Derecho de Gen- 
tes (1889). De los orígenes del criticismo y del escepticismo y especial- 
mente de los precursores españoles de Kant (1891). De las vicisitudes de la 
Filosofía platónica en España (1892). De la moral sensualista (1892). Dos 
palabras sobre el centenario de Balmes (1910), etc. 

La idea fundamental histórico-crítica de Menéndez Pelayo es que 
nuestro pasado intelectual nada tiene que envidiar al de ninguna otra 
nación, acreditándose así que nuestra raza es tan apta, como la que lo sea 
más, para todo género de especulaciones científicas. Séneca, Averroes, 
Abengabirol, Raimundo Lulio, Francisco Suárez y Luis Mfves representan 
creaciones del pensamiento ibérico verdaderamente originales y fecundas 
en el orden filosófico; sólo de Vives dimanan el peripatetismo clásico (Se- 
púlveda, Pedro Juan Núñez, etc.), el ramismo español (Herrera, Pedro 
Núñez Vela, etc.), el onto psicologismo (Fox Morcillo) y el cartesianismo 
ante-cartesiano (Gómez Pereira, etc.). Para D. Marcelino, Santo Tomás no 
tuvo más originalidad que la del método: sus ideas son de Aristóteles, de 
los aristotélicos y platónicos, de San Agustín y de todos los escolásticos 
que le precedieron o de los filósofos musulmanes y judíos; ni siquiera pudo 



(1) De este tomo hay segunda edición en dos volúmenes: primero (1890) y segundo (1891). Tercera 
edición (1909-1910). 

(2) La segunda edición de este tomo se hizo en dos tomos (no volúmenes), embarullando la nume- 
ración de la obra. 

(3) La segunda edición (1903-1904) numera estos volúmenes como tomos V y Vi. 

(4) Que en la segunda edición (1907-1908) son tomos VII y VIH. 
Í5) En la segunda edición (1912) es tomo IX. 

158 



V- IDEAS FILOSÓFICAS, POLÍTICAS, SOCIALES Y ECONÓMICAS 

leer a los griegos en su original por no poseer la lengua. El término filoso- 
fía escolástica es impreciso y vago; y parte considerable de la filosofía me- 
dioeval, V. gr., las especies inteligibles, se reduce a quimeras o abstraccio- 
nes idealizadas; por estas cosas sostuvo recias acometidas del P. Fonseca, 
de D. Alejandro Pidal y Mon y otros escolásticos, y él se declaró uiuista, 
siendo sincrónico y armonicista y hasta un poco escéptico y viendo en el 
krausismo y en el escolasticismo de su tiempo dos verbalismos infecundos. 

"La generación presente, decía en La Ciencia Española, se formó en 
"los cafés, en los clubs y en las cátedras de los krausistas; la generación 
"siguiente, si algo ha de valer, debe formarse en las bibliotecas; faltan estu- 
"dios sólidos y macizos." Hacia la erudición intentó orientar ala juventud, 
y la erudición filosófica es parte fundamental de la literaria. "Hasta hoy, 
"escribió en el libro citado, no se ha entendido bien la historia de nuestra 
"literatura, por no haberse estudiado a nuestros teólogos y filósofos." 

En la Historia de los Heterodoxos arremetió con los krausistas pin- 
tándolos con colores arrancados de la paleta de los autores de novelas 
picarescas. Mientras que para algunos, "decir en España iiñ krausista es 
"como era en Roma decir un estoico, esto es, señalar a un virtuoso hasta 
^'el puritanismo" (1), Menéndez Pelayo los describía, más que como una 
escuela, como "una logia, una sociedad de socorros mutuos, una tribu, un 
"círculo de alumbrados, una fatria, lo que la pragmática de Juan II llama 
* cofradía y monipodio, algo, en suma, tenebroso y repugnante a toda alma 
"independiente y aborrecedora de trampantojos. Se ayudaban y se prote- 
^gían unos a otros; cuando mandaban, se repartían las cátedras como botín 
"conquistado: todos hablaban igual, todos se parecían en su aspecto exte- 
"rior, aunque no se pareciesen antes, porque el krausismo es cosa que 
"imprime carácter y modifica hasta las fisonomías, asimilándolos al perfil 
"de D. Nicolás (2). Todos eran tétricos, cejijuntos, sombríos; todos respon- 
"dían por fórmulas hasta en las insulseces de la vida práctica y diaria, 
"siempre en su papel, siempre sabios, siempre absortos en la vista real 
"de lo absoluto. . ." 

Ocho años más tarde, en el tomo IV de la Historia de las Ideas Esté- 
ticas, arremetía con no menos bríos contra los escolásticos españoles, 
equiparándolos a los krausistas. 

"¡Pobre juventud nuestra — decía — tan despierta y tan capaz de todo, 
"y condenada, no obstante, por pecados ajenos a optar entre las lucubra- 



(1) Campeyré: Études sur ienseignenient et sur l'éducation. Paris, 1891. 

(2) Cuenta Bonilla y San Martin que, en 1910, hizo Kaulak dos fotografias de Menéndez Pelayo para 
la edición de las Obras completas. El maestro rechazó una de ellas "porque la expresión se parece muchí- 
simo a la de D. Nicolás". 

159 



SA LCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO /V 

"dones de Krause, interpretadas por el Sr. Giner de los Ríos, y las que con 
"el titulo de La Belleza y las bellas Artes, publicó en 1865 el jesuíta José 
"Jungniann. profesor de Teología en Inspruck, y tradujo al castellano 
"en 1874 el Sr. Ortí Lara!. . . El que quiera cerrarse para siempre los cami- 
"nos de toda emoción estética, no tiene más que aprenderse cualquiera de 
"estos manuales. El resultado científico es poco más o menos el mismo. . . 
"No son tratados sobre el arte, sino contra el arte, cuya peculiar esencia y 
"valor propio niegan por diversos caminos; no dan luz ni guía al artista ni 
"al crítico para sus obras y juicios, y, en cambio, lo mismo Krause que 
"Jungmann, cada cual por su estilo, propenden a cierto misticismo senti- 
" mental, que confunde y borra a cada paso los términos de la moral, de 
"la religión y del arte, sin provecho ni ventaja alguna para el arte, para la 
"religión, ni para la moral, que son lo que son, y pueden vivir en armonía 
"jerárquica, sin necesidad de estas absurdas mescolanzas ni de estas recí- 
"procas intrusiones." 

"No basta que un autor tenga apellido alemán para que pase por una 
"biblia cuanto escriba. En Alemania, como en todas partes, se escriben 
"libros buenos y malos, y éstos en mayor cantidad que los primeros, por 
"lo mismo que se escribe muchísimo. Coger a la ventura uno de estos 
"libros, que en Alemania nadie ha leído, y traducirle porque halaga nues- 
"tras propensiones, no es comprender ni traducir la ciencia alemana. Pero 
"es ya calamidad irremediable que esta ciencia, y aun que toda la ciencia 
"extranjera, ha de llegar a nosotros por el intermedio de esos espíritus es- 
" trechos y dogmáticos, hombres de un solo libro, que ellos en seguida con- 
"vierten en breviario, llámense Krause o Sanseverino, Taparelli o Ahrens." 

En la semblanza de Milá y Fontanals (1908) (1), expresaba esta misma 
idea con más viveza. Decía: "A esta escuela (la de Llorens) debí, en tiem- 
"pos verdaderamente críticos para la juventud española, el no ser ni krau- 
"sista ni escolástico, cuando estos dos verbalismos, menos distantes de lo 
"que parece, se dividían el campo filosófico y convertían en gárrulos sofis- 
"tas o en repetidores adocenados a los que creían encontraren una habili- 
"dosa construcción dialéctica el secreto de la ciencia y la última razón de 
"todo lo humano y lo divino." 

C) Discípulo y continuador de Menéndez Pelayo es D. Adolfo Bonilla 
y San Martín (2). Cuando recuerdo — decía el maestro al contestar el dis- 



(1) Leída en el Ateneo y en la Universidad de Barcelona (Mayo-1908). Reproducida en la quinta serie 
'Je Estudios de critica literaria. 

(2) Nació en Madrid (27-Septiembre-1875). Estudió la segunda enseñanza en varios institutos. En Ma- 
drid las Facultades de Derecho y Filosofía y Letras. Profesor por oposición, primero de Derecho Mercantil 
en Valencia, y después de Historia de la Filosofía en la Central. Académico de Ciencias Morales y Políticas 
(j-Diciembre-lQM). De la Historia (26Marzo-1911). 

160 



V' IDEAS FILOSÓFICAS, POLÍTICAS, SOCIALES Y ECONÓMICAS 

curso de recepción del discípulo en la Academia de la Historia — , que por 
mi cátedra han pasado "D. Ramón Menéndez Pidal y D. Adolfo Bonilla, em- 
"piezo a creer que no ha sido inútil mi tránsito por este mundo, y me atrevo 
"a decir, como el Bernardo del romance, que 



SI no vencí reyes moros 
engendré quien los venciera.* 



Bonilla supera a Menéndez Pelayo en amplitud de cultura, pues la 
suya dilátase soberana, no sólo por los campos de la filosofía y de las be- 
llas letras en que dominaba el maestro, sino por los del Derecho, especial- 
mente del Mercantil; y queda por debajo de D. Marcelino en grandeza de 
pensamiento y riqueza de fantasía, y, por tanto, en la expresión literaria, no 
participando tampoco de la pura y ferviente fe religiosa de su insigne an- 
tecesor. Lo mismo debe decirse de D. Ramón Menéndez Pidal, que no ha 
tratado de Filosofía, con la salvedad de que en cuanto a la forma literaria 
queda muy por debajo, no sólo del común maestro sino del condiscípulo. 
Bonilla escribe perfectamente, aunque sin la elocuencia incomparable de 
Menéndez Pelayo. Sus principales estudios sobre historia de filosofía es- 
pañola son: Luis Vives y la filosofía del Renacimiento (1903) (1); Fer. 
nando de Córdoba y los orígenes del renacimiento filosófico en Espa- 
ña (2); Historia de la Filosofía española (Desde los tiempos primitivos 
hasta el siglo XII) (1908); Historia de la Filosofía española. Siglos VIII 
al XII. Judíos {\9n). 

D) Estudio muy notable de historia de filosofía española es también 
el titulado Fr. Luis de León y la Filosofía española del siglo XVI (Vallado- 
lid, 1884; 2.^ edición, Madrid, 1891), elogiado por Menéndez Pelayo y tra- 
ducido al francés por Mr. Bollaert, del agustino Fr. Marcelino Gutiérrez (3). 
Otro insigne agustino, el P. Conrado Muiños (4), completó el trabajo bio- 



(1) Premiado por la Academia de Ciencias Morales y Políticas en el concurso de 1901. 

(2) Discurso de recepción en la Academia de la Historia. 

(3) Nació en Ampudia, provincia de Patencia (1858). Murió en el Escorial (1893). En la colección de 
Ln Ciudad de Dios hay muchos trabajos excelentes de este malogrado historiador de la filosofía: Ideas de 
San Agustín acerca de la Filosofía de la historia. Fray Diego de Zúñiga, Nueva teoria de la personalidad. 
Evoluciones de la Filosofía Moderna, La libertad de pensar. El realismo idealista, La Filosofía crüntiana. 
El espiritualismo de las escuelas contemporáneas, El corazón y las pasiones. En la misma revista publi- 
cáronse sus artículos sobre El misticismo ortodoxo en sus relaciones con la Filosofía, coleccionados en 
libro (Valladolid-1886) que provocaron una polémica con Orti Lara y otra con el Sr. Seisdedos. 

(4) Nació en Almarza (Soria) el 19-Febrero-1858. Murió en Madrid el 28-D!ciembre-1913. Profesor de 
Filosofía y de Literatura en su Orden, y escritor fecundo, director durante muchos años de la Ciudad 
de Dios. 

161 

Salcedo. — La Literatura Española. — Tomo IV. 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

gráfico-critico de aquél sobre Fr. Diego de Zúñiga (1). Digno de encomio 
es, igualmente, el de D. Rafael Conde y Luque, catedrático de Derecho 
internacional en la Universidad Central, sobre Francisco Suárez (2), asi 
como los de D. Eduardo Hinojosa y el P. Getino, que con los anteriores 
quedan citados en el tomo II (páginas 150, nota 1, y 158, notas 1 y 2). 
Verdadero complemento de La Ciencia española, de Menéndez Pelayo, 
son los Apuntes para una Biblioteca cientifico-española, obra premiada por 
la Biblioteca Nacional en el concurso de 1891, del estudiosísimo D. Felipe 
Picatoste y Rodríguez (3). 

E) Ramo especial e interesantísimo de estos estudios son los referen- 
tes a la filosofía arábigo-española; geográfica o íerritorialmente puede ser 
ésta considerada como nuestra, y la influencia de los musulmanes, tanto 
españoles como de otros países, en la escolástica de la edad media que ha 
sido la doctrina más seguida en España, es notoria y cada vez se va viendo 
más claramente. Al insigne arabista D. Julián Ribera corresponde la gloria 
de haber iniciado estas investigaciones con sus Orígenes de la filosofía de 
Raimundo Lulio (4), que señala en los escritos del murciano Mohidin 
Abenanabi. Al insigne discípulo de Ribera, D. Miguel Asín Palacios (5), la 
de estar desarrollando ampliamente la labor inicial del maestro. Además 
de su magnífico trabajo sobre el filósofo persa Algacel (1901), Asín tiene 



(1) Célebre agustino contemporáneo de Fray Luis de León que admitió y enseñó el sistema de Co- 
pémico en la Universidad de Salamanca. Sobre su libro Philosopliuv prima pars escribió Sanz del Rio una 
nota, publicada por Pérez Pastor en La imprenta en Toledo (Madrid-1887), en que asigna a Fray Diego de 
Zúñi({a el primer lugar entre los filósofos españoles, igual a Platón y Aristóteles, superior a Spinosa, igual a 
Krause y Hégel, etc. Se ha creido que este gran tratadista fué uno de los que depusieron contra Fray Luis de 
León en los procesos, y a desvanecer esta opinión dirígese principalmente el libro del P. Conrado Muiños 
que, desgraciadamente, dejó sin concluir. Se publicó como obra postuma: Fray Luis de León y Fray Diego 
de Zúñiga con una necrología del autor. Escorial, 1914. 

(2) Discurso de recepción en la Academia de Ciencias Morales y Políticas (3-Mayo-1914). 

(3) Nació en Madrid (30-Abril-1834). Murió (29-Septiembre-1892). Mientras cursaba la Facultad de 
Ciencias exactas en la Central, era profesor auxiliar en el Instituto de San Isidro, donde había hecho la 
segunda enseñanza. Fué director de la Gaceta y elevado funcionario de Instrucción Pública. Escribió de 
todo: religión, ciencias, literatura. Otaremos aquí únicamente Memoria sobre las bibliotecas populares 
(1870), La filosofía y el universo (1871), El tecnicismo matemático en el Diccionario de la Academia Espa- 
ñola (1873), ¿os diálogos del bachiller Juan I^érez de Moya (1875), El universo en la ciencia antigua (1881), 
Calderón ante la ciencia (1881), Biografía de Calderón de la Barca (1881), La Estética en la naturaleza, la 
ciencia y el arte (1881), Diccionario popular déla lengua castellana (1882), Don Juan Tenorio (1883), Poe- 
sías ascéticas y religiosas (1884), Estudio sobre la grandeza y decadencia de España. Los españoles en 
¡talla. El ejército. Siglo XVU (1887), La casa de Cervantes en Valladolid (1888). Después de su muerte publi- 
cárofise Últimos escritos de Felipe Picatoste (artículos periodísticos) y dejó inéditas Estudios sobre el Cris- 
tianismo. La Virgen, El Personalismo en España y Diccionario gramatical. 

(1) En el Homenaje a Menéndez Pelayo (1898). 

(5) Nació en Zaragoza (5-Julio-1871). Estudió la segunda enseñanza con los Escolapios y Jesuítfis, y 
en la misma capital de Aragón la carrera eclesiástica y la Facultad de Filosofía y Letras. Profesor de árabe 
en la Central. Académico de Ciencias Morales y Políticas (22-Octubre-1912). Electo de la Española. Por inicia- 
tiva de Bonilla y Asín, la Academia de Ciencias Morales y Políticas ha acordado (Marzo-1917) la publicación 
de una biblioteca de antiguos filósofos españoles, comprendiendo entre ellos árabes y judíos. 

162 



V- IDEAS FILOSÓFICAS, POLÍTICAS, SOCIALES V ECONÓMICAS 

ya en su haber estudios tan documentados y profundos como Abenmasarra 
y su escuela. Orígenes de la filosofía hispano-musiilmana (Disc. de recep- 
ción en la Acad. de Ciencias Morales, 19 Marzo \Q\ A); El filósofo zaragozano 
Auenpace (Rev. de Aragón, 1900-1901); El filósofo autodidacto (ídem 1901); 
El auerroísmo teológico deSanto Tomás de Aquino( Homenaje aCodera 1904); 
La indiferencia religiosa en la España musulmana, según Abenhazán, 
historiador de las religiones y de las sectas (Cultura española, 1906), etc. 
En esta parte del movimiento contemporáneo de erudición filosófica, 
Asín sostiene gallardamente el pabellón de España 
a la altura del de las naciones más adelantadas (1). _-, ^ 

49. A) Neo escolasticismo o es- 
cuela de Lovaina. B) Lovainistas espa- 
ñoles. — A) E\ Papa León XIII prescribió que la 
enseñanza de la filosofía en seminarios y colegios 
católicos fuese con arreglo a las doctrinas de Santo 
Tomás de Aquino {Encíclica Aeterni Patri 4-Agos- 
to-1879). Este documento pontificio, en que vieron 
los escolásticos seguidores deSanseverino el triun- 
fo de sus tendencias, no fué, sin embargo, sino la 
señal de su transformación. Por indicación del 
Papa crearon los obispos de Bélgica una cátedra 
de Filosofía tomista en la Universidad de Lovaina, 

confiriéndola al joven sacerdote Desiderio Mercier (2); tam.bién por inicia- 
tiva de León XIII se amplió esta cátedra formándose un Instituto Superior 
de Filosofía bajo la presidencia de Mercier y en que entraron como prime- 
ros profesores Thierry (3), Nys (4), Deploige (5) y De Wulf (6); asi nació la 




León Xm. 

(1810 - 1903) 



(1) Sobre los estudios de Asin véase Estudios de Asm Palacios sobre la Filosofía musulmana por 
Alberto Gómez Izquierdo. Articulo en la Ciencia Tomista. Opúsculo aparte (Madrid-1914). Posteriores a este 
articulo son la Introducción al arte de la Lógica por Abentombús de Alcira y Los caracteres y la con- 
ducta. Tratado de Moral práctica por Abenhazán de Córdoba, ambos traducciones del árabe con sendos 
prólogos de Asin, publicados por el Centro de Estudios Históricos. Madrid-1916. 

(2) Nació en Braine l'AUand, lugar del Brabante francés o valón (21-Noviembre-1851). Fué alumno 
del Seminario de Malinas y de la Universidad de Lovaina. Después profesor en el primero, de donde fué 
sacado por los obispos para la cátedra que se dice en el texto. 

(3) Armando Thierry (nació en 1868), .sacerdote, doctor en Derecho, Filosofía y Ciencias físicas y 
matemáticas, director del Laboratorio de Psicología experimental en Lovaina. Es digno de mención su dis- 
cípulo Leroux. 

(4) Nació en 1859. Doctor en Filosofía y eminente químico, autor de un libro de Cosmología. 

(5) Nació en 1868. Era doctor en Derecho y Letras al inaugurarse el Instituto, del que es presidente 
desde la elevación de Mercier al arzobispado de Malinas. Su obra de Sociología está traducida al castellano 
en la biblioteca de La Esparla Moderna. 

(6) Mauricio De Wulf (nació en 1867), historiador de la Filosofía: su primer libro, premiado por la 



163 



SA LCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA- TOMO IV 

neo-escolástica o escuela de Lovaina, que concibe la filosofia como una 
ciencia tradicional o histórica con sus raices en lo pasado (griegos, 
romanos, santos padres, filósofos medioevales), y que se va de continuo 
acrecentando y perfeccionando con los estudios de las nuevas generacio- 
nes: el filósofo, lejos de rechazar sistemáticamente ninguna doctrina por 
errónea que parezca, debe someterlas todas a critica para separar y apro- 
piarse las verdades que lleven envueltas en sus mismos errores. Santo To- 
más fué quien con más perfección empleó este método histórico-critico, no 
desdeñando ni a los griegos por gentiles ni a los árabes por mahometanos, 
y, debemos seguir su sistema y practicarlo, no como él pudo hacerlo en el 
siglo XIII, sino como lo haria hoy, si viviera, aprovechándose de lo especu- 
lado por los maestros que han florecido después de él, como Descartes, 
Kant y otros, y de los grandes descubrimientos de las ciencias físicas y na- 
turales. En este sentido, la filosofia de Santo Tomás o escolástica es la filo- 
sofía perenne, y también la cristiana. Del legado medioeval debemos repu- 
diar la confusión de la Filosofía con la Teología, y, aun más, el considerar 
a la prim.era sierva o criada de la segunda (ancillam); cada una tiene su 
campo propio, y su instrumento adecuado, aquélla la razón y ésta la fe. 

Divulgada esta concepción armónica por las obras de Mercier (1) y 
demás profesores de Lovaina, y por las revistas publicadas por el Instituto 
Superior de Filosofía: Reuue Neo scolastique (2), Revue sociale catholi- 
que (3) y Reuue catholique de droit (4), no tardó en dejar sentir su influen- 
cia en España ni en atraer a Lovaina discípulos españoles. El primero de 
que hay noticia, es el jesuíta P. Antonio Vicent que, recién fundado el Ins- 
tituto, asistió a la clase de Biología, en que tuvo por condiscípulo al mismo 
Mercier (5), y fruto de aquella enseñanza fueron los Estudios biológicos, 
de que no salió más que el primer tomo. Al P. Vicent atrajéronle las cues- 
tiones sociales, escribiendo libros como Socialismo y anarquismo (Valen- 
Academia Real de Bélgica, es Histoire de la philosopkie scolastique dans les Pays-Bas et la Principante 
de Liége (1895). La más importante: Histoire de la Philosophie et principalement de la Philosopkie mé- 
diévale (1899). 

(1) Logique (1879), Ontologie oii méthaphysiqíie genérale (1884), Psychologie (1892), Critériologie 
genérale (1894), Les origines de la Psgchologie contemporaine (1898), etc. Traducidas al castellano: Les 
origines. . . , por el P. Arnáiz (1901), Logique, por Lombardia, y Psychologie, por Portillo, las dos últimas en 
La España Moderna. 

(2) Trimestral, fundada en 1893. Su primer director Mercier, y De Wulf primer secretario de la 
redacción. Desde 189?) publica un sumario de artículos, obras y revistas de filosofía. Desde Mayo de 190O una 
sección sociológica. Interrumpida por la guerra europea en 1914, 

(3) Mensual. Fundada en 1897. 

(4) Mensual. Fundada en 1898. 

(5) "...el cual, no sintiéndose bastante fuerte o documentado en la materia biológica, ocupó el 
"banco de los alumnos en las cátedras por él creadas.' (Bélgica y España, Articulas publicados por. . . el 
autor de este libro.. . en el Diario de Barcelona y otros periódicos. Madrid, Gran Imprenta Católica, Al- 
burquerque, 12, 1916. Pág. 84.) 

164 



V- IDEAS FILOSÓFICAS, POLÍTICAS, SOCIALES Y ECONÓMICAS 

cia-1895) y dedicándose a fundar y dirigir círculos católicos de obreros, 
sindicatos agrícolas e industriales y otras instituciones análogas. 

B) El agustino P. Marcelino Arnáiz (1) publicó en La Ciudad de Dios 
(1890) una serie de artículos sobre El método experimental en Psicología, 
y en Enero de 1891 otro sobre El Instituto de Lovaina. En el mismo año 
salió a luz su traducción de Los Orígenes de la Psicología contemporánea 
y empezaron a publicarse sus obras originales (2). Don Alberto Gómez Iz- 
quierdo publicó, en 1903, la Historia de la Filosofía del siglo XIX, inspi- 
rada en criterio lovainista. ¡Ojalá salga pronto el tomo prometido por su 
autor referente a España! El mismo sentido tuvo D. Antonio Hernández de 
Fajarnos (3), y tienen D. Juan Zaragüeta Bengoechea (4), Fr. Francisco de 
Barbens (5), D. Federico Dalmau y Gratacos (6), etc. El Sr. Arzobispo de 
Tarragona D. Antolín López Peláez ha declarado que el cardenal Mercier 
tiene hoy tanta autoridad en las escuelas católicas españolas como Santo 
Tomás. Por efecto de la guerra europea, los profesores de Lovaina, disper- 
sos por las naciones aliadas y acogidos por las más célebres universida- 
des de Francia, Inglaterra, Italia, y aun de los Estados Unidos, dan confe- 
rencias y cursos de filosofía neo-tomista divulgando su conocimiento y des- 
pertando la afición a ella aun en protestantes y racionalistas. 

50. Filósofos no clasificables en escuelas. A) Letamen- 
di. B) Cánovas del Castillo. C) Moreno Nieto. — No hay que 

tratar en este lugar de Campoamor, de Núñez de Arce y otros poetas que 
llevaron la filosofía a la bella literatura o simultanearon el cultivo de am- 
bas, ni de críticos, pensadores o intelectuales, como ahora se dice, que hi- 
cieron o hacen lo propio, v. gr., Valera, Unamuno, Ortega Gasset, etc. Su 
puesto está entre los didácticos. Aquí citaremos a Letamendi, Cánovas 
del Castillo y Moreno Nieto. 



(1) Nació en Villayerno, a una legua de Burgos (2y-Abril-18fi7). Profesó en su Orden (27-Agoslo-1883 
y hoy es rector, por segunda vez, de la Universidad libre del Escorial. 

(2) Los fenómenos psicológicos: Cuestiones de Psicología contemporánea. Percepción uisual de la 
extensión. Las metáforas en las ciencias del espíritu. Elementos de Psicología fundada en la experiencia, 
primer tomo La vida sensible; segundo (1914) La inteligencia. 

(3) Profesor de Metafísica y rector en la Universidad de Zaragoza; profesor de Lógica en la Central. 
Obras: La reforma de la Cosmología (memoria en el primer Congreso Científico Internacional de Católicos 
celebrado en París, 1888). La Restauración de la Filosofía Escolástica (discurso). Principios de Metafísica. 
Principios de Lógica (1906). 

(4) Rector del Seminario de Madrid. Nació en San Sebastián. Estudió tres años en Lovaina. Obras: 
Introducción general a la hilosofía (1909). El problema del alma ante la Psicología experimental, etc. 

(5) Capuchino. Redactor de los Estudios Franciscanos, de Barcelona. Autor de El cerebro, los ner- 
vios y el alma en sus mutuas relaciones (Barcelona-1912). 

(6) Catedrático del Instituto de Gerona. Autor de Psicología. Lógica y Ética. 

165 



SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

A) Don José Letamendi y Manjarrés — el Doctor Letamendi — nació 
en Barcelona (ll-Marzo-1828), de cuya universidad fué insigne catedráti- 
co, y después de la de Madrid, donde murió (6-Julio-1897). Pocos hombres 
han sido de más variadas aptitudes intelectuales ni de más intensa origina- 
lidad; versificaba, componía música, pintaba, sabia de todo y todo bien. 
Conceptuoso y excéntrico en su pensar y en la manera de expresarlo, filó- 
sofo siempre vagando de escuela en escuela, hasta que paró en fervoroso 
espiritualista, y sostuvo batallas campales con materialistas, darwinistas y 
positivistas defendiendo la dualidad del ser humano. Siempre serán leí- 
dos con gusto y provecho su discurso sobre el Origen, naturaleza y anti- 
güedad del hombre y su crítica, o mejor dicho, arremetida contra el doc- 
tor Mata y sus discípulos, en los Archivos de la Medicina Española. Como 
muestra del vigor y agudeza de su frase, véase lo que escribió de Mata: 
" Tuvo fuerza dialéctica, tan robusta de suyo, pero tan mal empleada, que 
no parece sino encaballada de hierro construida para sostener tejados de 
esteras". 

B) Don Antonio Cánovas del Castillo fué presidente del Ateneo de 
Madrid desde 1870 a 1873, y sus cuatro discursos inaugurales son de 
capital importancia para el conocimiento del rumbo de las ideas en aque- 
llos años. 

En el primero (26-Nov.-71), impresionado Cánovas por los dos gran- 
des acontecimientos europeos que acababan de consumarse, la caída del 
Poder temporal de la Santa Sede y la victoria de Alemania sobre Francia, 
vio en ambos hechos la señal inequívoca del triunfo de la raza germánica 
sobre la latina. "Roma, decía, no puede ser cabeza real del mundo católi- 
co ni asiento del Pontífice infalible, desde el punto y hora que se transfor- 
me en corte de una sola nación, ahora constituida en monarquía, y maña- 
na quizá en república." Hasta temía que el Papa hubiese de huir de la 
Roma italianizada, o que fuese atraído por los nuevos emperadores ger- 
mánicos. "Tampoco condenará la lógica por absurda, si, cual sospecho, 
aparece algún día, la pretensión de que los hombres que ocupan el primer 
lugar, entre todos, por la inexorable ley de la victoria, posean juntamente 
con el cetro político, en tan sangriento pleito ganado, el eclesiástico, y 
doten de papas al mundo, como están llamados a darle verdaderos empe- 
radores". Cánovas entreveía en las lontananzas del porvenir, no muy re- 
moto, al emperador alemán convertido en un Carlomagno protestante, ora 
atrayendo a su territorio al Papa despojado de su Poder temporal, ora 
tomando pretexto de tal despojo para conquistar él a Roma, o como jefe 
del Protestantismo germánico, padre del de toda Europa, asumiendo direc- 
tamente la dirección religiosa y moral del mundo entero. 

166 



V- IDEAS FILOSÓFICAS, POLÍTICAS, SOCIALES Y ECONÓMICAS 

La victoria militar de Alemania considerábala, no azar de guerra, sino 
fruto maduro de lejanos gérmenes históricos, y habia de consolidarse por 
lo bien que saben armonizar los alemanes la disciplina social con las liber- 
tades individuales. Cuarenta y seis años después de haber escrito y leido 
Cánovas este discurso, vemos que Alemania lucha con una formidable 
coalición de potencias, y si consiguiese victoria semejante a la de 1870-71, 
nadie podría dudar de que sus emperadores serían, como dijo el presidente 
del Ateneo de Madrid, los del mundo. "Las biografías de Napoleón I, es- 
cribía entonces Cánovas, no son los únicos libros de historia, aunque sean 
los únicos que suelen leer los franceses". Si en la guerra actual tocase la 
de perder a los alemanes, podría decirse que la historia de la campaña 
del 70 no es tampoco el único libro de historia que hay en el mundo, por 
más que en los últimos cuarenta y seis años haya sido el único que pare- 
cen haber leído los germanos y muchos que no lo son. 

El segundo discurso (25-Nov.-1871) está dedicado a la necesidad trans- 
cendental de creer para explicar racionalmente al hombre, y como base del 
orden social y de las ciencias morales y políticas. En el tercero (26-No- 
viembre-1872) resueltamente aborda el problema religioso y sus relaciones 
con la Economía política, el concepto de humanidad y el del estado y la 
ciencia en general, proclamando la superioridad del catolicismo respecto 
del protestantismo; que sin fe religiosa toda noción de justicia llegaría a ser 
incompatible con las leyes económicas naturales; que la resolución del 
problema social está en el cristianismo, que la religión y la moral son in- 
disolubles y que la religión cristiana es el fundamento del orden social. 
Examinó en el cuarto discurso (25-Nov.-1873) las ideas de libertad y pro- 
greso en el mundo moderno, estudiando a este propósito la filosofía de 
Hégel, como negación de la libertad individual y afirmación rotunda de la 
tiranía colectiva, la doctrina de Spencer, idéntica en el fondo a la hege- 
liana, las de Haeckel, Hartmann y Strauss, la krausista tan en boga en Espa- 
ña por entonces, y, finalmente, la de Kant. 

El capítulo dedicado a Kant tuvo especial resonancia; porque Ortí Lara 
y otros escolásticos lo censuraron con acritud en muchos artículos y confe- 
rencias, tratando de acreditar con su texto que Cánovas del Castillo era 
kantiano. 

C) Nacido en Badajoz, donde sus paisanos le han erigido una esta- 
tua, fallecido en Madrid (24-Febrero-1882), donde se le hizo un entierro a 
lo Lope de Vega, según lo cuenta Montalván, fué D. José Moreno Nieto 
catedrático de árabe y de filosofía, orador académico incomparable, amigo 
de la controversia doctrinal y de estar en las ciencias de su predilección 
al tanto de la última palabra dicha o escrita en las naciones más adelan- 

167 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

tadas. Tenia el espíritu de aquellos atenienses y moradores de Atenas 
que. según dicen las Actas de los Apóstoles, no quedan sino hablar u oir 
hablar de algo nuevo (1). Valera debió de referirse a él, cuando contó la 
graciosa historia de un amigo suyo, inteligente y cultísimo, a quien no 
podía contar ninguna doctrina o idea, pues siempre le salía con esta 
réplica: eso está ya mandado recoger, pasado de moda, ahora lo que pri- 
va es esto otro. Y nunca, dice Valera, pude atinar con la última novedad 
en filosofía o ciencia social; siempre mi amigo había leído algo más re- 
ciente. 

Sus doctrinas fundamentales no variaron nunca sin embargo; era cató- 
lico, no sólo en la vida sino en la ciencia, y tolerante no sólo con las per- 
sonas sino con las ideas que tendía a coordinar y armonizar por opuestas 
e irreductibles que fuesen. En Granada, de cuya Universidad fué catedráti- 
co, discutió mucho con Ortí Lara, y después en Madrid llegó a ser el alma 
del Ateneo debatiendo constantemente con los racionalistas de la izquier- 
da. Presidió durante muchos años la sección de Ciencias morales y políti- 
cas, y la corporación de 1875 a 1878. Sus discursos inaugurales sobre los 
principales errores de la ciencia filosófica moderna (1875), El destino de la 
religión cristiana (1876), El espíritu del Cristianismo (1877) y La democra- 
cia moderna (1878) revelan un espíritu creyente y curioso, un buen pensa- 
dor algo fluctuante, un catedrático lógico y claro en la exposición; pero lo 
mejor de su obra se ha perdido. Fueron las magistrales y elocuentes im- 
provisaciones con que salía al paso de los oradores de la izquierda que 
ofendían a su arraigada ortodoxia, y al de los de la derecha que ponían en 
duda la integridad de su fe y la sinceridad e inocencia de su liberalismo. 



0) Actas de los Apóstoles. Cap. XVII. pág. 21. 




168 



LA LITERATURA ESPAÑOLA CONTEM- 
PORÁNEA t^ VI. - INSTRUCCIÓN PÚBLICA 



Y ACADEMIAS OFICIALES 



(1) 





La Instrucción pública: A) Indicación de los 
planes de enseñanza. B) Los estudiantes en 
la época contemporánea. C) Lo malo y lo 
bueno de nuestra enseñanza actual. — A) En 
el tomo II de este libro (VI - pág. 116 y siguientes) se 
ha tratado de la Instrucción pública en el Siglo de oro 
de nuestras Letras. En el III, de la reforma de la enseñanza en tiempo de 
Carlos III (VI - 52 - pág. 131), de las supuestas reformas de Godoy (X - 86 - 
B - pág. 235 y siguientes), y de la Instrucción pública en el reinado de Fer- 
nando VII (XV- 13L!-E-pág. 350 y siguientes). Al comenzar la época 
contemporánea nombróse una comisión (31-Enero-1834) para redactar un 
nuevo Plan de Estudios, y otra (31 -Agosto) para un Plan general de Ins- 



(1) 51. La Instrucción pública: A) Indicación de los planes de enseñanza. B) Los 
estudiantes de la época contemporánea. C) Lo malo ij lo bueno de nuestra enseñanza 
actual. - 52. A) Extensión universitaria. B) Extensión contra-universitaria. — 53. La 
Academia Española: A) Breve historia en la época contemporánea. Elección de Bre- 
tón de los Herreros. Enojo de Quintana. B) Menéndez Pelayo aspirante a presidente: 
su enojo por no haberlo conseguido. C) Oposición a la Academia por la elección de 
sus miembros. Defensa de la Academia por Azorin. D) Elecciones rechazadas. La de 
Azorin. E) La de doña Emilia Pardo Bazán. F) Oposición por el ejercicio de sus funcio- 
nes. Valbuena. G) Servicios positivos de la Academia. Sus publicaciones. H) Creación 
de las Academias Americanas. Espirita de estas corporaciones. - 54. La Academia de 
la Historia. — 55. Otras Academias: A) La de San Fernando. B) La de Buenas Letras 
de Barcelona. C) La Sevillana de Buenas Letras. D) La Hispano-Amencana de Cien- 
cias y Artes de Cádiz. 

169 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

trucción primaria. Dos años después (4 de Agosto-1836) publicó aquél el 
Duque de Rivas, calcado en el de 1821, aunque modificado; pero la revo- 
lución o motín de La Granja lo suspendió (Real orden 4-Septiembre-1836), 
substituyéndolo por un Arreglo provisional (Real orden 29-Septiembre 
de 1836). Desde 21 de Octubre de 1834 regia la Instrucción para el régi- 
men y gobierno de las escuelas de primeras letras del Reino (1). La pri- 
mera Escuela normal — la de Madrid — fué inaugurada el 29 de Enero 
de 1839. En 1845 las había ya en cuarenta y dos provincias. 

El plan de Calomarde seguía rigiendo. La Inspección de Instrucción 
pública convirtióse en Dirección General de Estudios (21-Septiembre-1834). 
La Universidad de Cervera fué trasladada a Barcelona (1837), y un año 
antes lo había sido a Madrid la de Alcalá de Henares. Con la supresión de 
los conventos acabaron en muchas poblaciones los únicos establecimientos 
existentes de enseñanza media y superior. El Gobierno que no había conse- 
guido la aprobación de un plan general, aunque lo intentó varias veces, 
implantó algunas reformas parciales: refundición en una sola Facultad de 
Jurisprudencia las dos de Cánones y Leyes (l."-Octubre-1842); estableci- 
miento en la Universidad de Madrid de la Facultad de Filosofía (8- Junio 
de 1843); supresión de la Dirección General y su reemplazo por un Consejo 
de Instrucción pública y una Sección en el Ministerio de la Gobernación 
(l.°-Junio-1843); y estos organismos prepararon el Plan de 1845 (Real de- 
creto 17-Septiembre). "Nada de lo que quedaba en las universidades 
"españolas el año 45 merecía vivir... En este sentido el plan de estudios era 
"de necesidad urgentísima, y fué gloria de D. Pedro J. Pidal haberle man- 
"dado formar" (2). El Plan llevó a sus últimas consecuencias la centraliza- 
ción a la francesa o, quizá mejor, a lo napoleónico, haciendo de universida- 
des e institutos oficinas de enseñanza dependientes hasta en lo más menudo 
del Gobierno, y la secularización que no fué sino un aspecto de la centra- 
lización misma, toda vez que siendo el Gobierno único rector de todos los 
centros docentes, no quedaba sitio para la tradicional intervención de la 
Iglesia. Si algo han podido influir en Instrucción pública en algunos pe- 
riodos, no la Iglesia, sino los católicos españoles, ha sido por medio del 
Estado, esto es, como un reflejo de su influjo político. 

Han mantenido estos principios los innumerables planes que han su- 
cedido al de 1845: el primero fué el de D. Nicomedes Pastor Díaz (1847), 



(1> La comisión redactora componíase del famoso Comisario general de Cruzada D. Manuel Fer- 
nández Valera que no pudo tomar mucha parte en los trabajos por su {allecimiento, el Duque de Gor, don 
José Escario, el célebre coronel D. Pablo Montesino que, según Gil de Zarate, fué el más activo de todos; y 
como secretario D. Alejandro Olivan. 

(2) Menéndez Pelayo, Heterodoxos, 111, pág. 6)8. 

170 



VI -INSTRUCCIÓN PÚBLICA Y ACADEMIAS OFICIALES 

y el único con carácter legal el de D. Claudio Moyano (Ley 9-Septiem- 
bre-1857), que aún se considera vigente, aunque no sea fácil determinar a 
qué artículo, párrafo o renglón pueda referirse esta supuesta vigencia. 
La revolución de 1868 proclamó la libertad de enseñanza (Decreto 21-Oc- 
tubre) y suprimió la Facultad de Teología en las universidades: la primera 
no respetaba ni orden de prelación en los estudios, pudiendo los alumnos, 
por ejemplo, matricularse en Facultad sin ser bachilleres, aunque para licen- 
ciarse fuera condición precisa el bachillerato. El Decreto-ley de 29 de Sep- 
tiembre de 1874 empezó a corregir este exceso, y de entonces acá multitud 
de reformas, todas por decreto, y de tentativas de reforma se han sucedido, 
corrigiéndose o derogándose unas a otras, y constituyendo entre todas un 
caos legislativo en que resulta dificilísima la orientación, y de que es im- 
posible la exposición somera en un libro como éste. 

B) Todavía en el período de 1833-1845 quedaban muchos rastros de 
la vida estudiantil de los antiguos tiempos. El latín seguíase aprendiendo en 
estudios particulares regenteados por los dómines, y donde realmente se 
aprendía, aunque no con el aparato filológico de tiempos más recientes; el 
Nebrija continuaba siendo el texto insubstituible, y sus reglas en lengua 
latina eran recitadas de memoria por los escolares, a fuerza, es cierto, de 
pescozones de los maestros, fieles todavía al axioma pedagógico de la letra 
con sangre entra; el entendimiento desarrollábase ordenando las oraciones 
y traduciendo. Algunos frailes exclaustrados metiéronse a dómines, y fue- 
ron los más acreditados del gremio. El mínimum de tiempo invertido en el 
aprendizaje del latín, tres años, y realmente aquella generación que en el 
último tercio del siglo xix aún brillaba en las profesiones liberales, sabia 
latín, esto es, traducir de corrido o casi de corrido la prosa o los versos de 
la edad clásica, y leer como castellano, o poco menos, el latín eclesiás- 
tico. A medida que se fueron organizando los institutos y el Gobierno 
señalando los plazos para la enseñanza de la lengua madre (primero tres 
cursos, luego dos, y, por último, uno) se fué haciendo más difícil encontrar 
en España un hombre de carrera literaria capaz de entender, no ya una 
oda de Horacio o un párrafo de Cicerón, sino el Pater nosfer o el Introito 
de la Misa. 

La segunda enseñanza, al comenzar la época contemporánea, reducía- 
se generalmente al Latín (Gramática) y a la Lógica (Filosofía). Los mejores 
colegios, y el mejor parece haber sido los Estudios de los Jesuítas, en Ma- 
drid, extendíanse al Griego, Matemáticas (dos cursos). Física Experimental 
y Retórica y Poética; en los Estudios "el material era bastante completo. 
"Nada faltaba en el gabinete de Física Experimental, donde se enseñaba, en 
"efecto, experimentalmente, haciéndonos manejar las máquinas pneumática 

171 



SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

"y eléctrica y todos los demás aparatos que entonces se conocían" (1). Los 
que apetecían más extensa cultura, podían asistir de oyentes, según nos 
cuenta el mismo Marqués de Guadalerzas, a las cátedras de la Facultad de 
Farmacia o de la Escuela Central de Artes y Oficios, o a la Escuela de Co- 
mercio (calle de Carretas) en que eran enseñados francés e inglés. En las 
ciudades marítimas aprendíanse estas lenguas y las Matemáticas en los 
Consulados de Comercio. 

Según D. Eduardo Benot, el primer plan moderno de segunda ense- 
ñanza, es el redactado por D. Alberto Lista para el Colegio de San Felipe 
Neri, de Cádiz (1839), y que comprendía: Latín, Geografía, Historia, Mate- 
máticas, Retórica y Poética, Física, Química, Historia Natural, Psicología, 
Lógica, Moral, Teodicea, Francés, Inglés, y como clases complementarias 
el canto, el dibujo y la gimnasia (2). 

En Los españoles pintados por sí mismos (Madrid-1843) incluyese un 
artículo de D. Vicente de Lafuente — titulado El Estudiante — en que se 
echa de ver cuánto restaba todavía de los antiguos usos universitarios. Des- 
de 1834 estaba prohibido el manteo y el tricornio de los escolares de Fa- 
cultad; pero éstos lo echaban todavía de menos: apodaban estudiantes de 
caballería a los que vestían de lechuguinos (frac o levita), y a los que, si- 
guiendo la moda de 1835, festoneaban de pieles sus pantalones, lucían en 
los zapatos espolines de cangrejo, usaban capote y se dejaban patillas de 
chuleta. La mayoría seguía con el manteo, habiendo substituido el tricornio 
por gorras de fuelle. Algunos intentaron aclimatar el sombrero hongo, reci- 
bido con rechifla por la sociedad madrileña que puso a los osados innova- 
dores el mote de monicongos (monos con hongos). "Hasta las autoridades 
"tuvieron la bondad de chulearse con ellos, dando a los presidiarios som- 
"breros de aquella hechura, como sucedió en Zaragoza". Aún era la guita- 
rra el instrumento predilecto de los estudiantes. "Un estudiante sin guitarra 
"es un cometa sin cola, y rara será la universidad en que no haya, cuando 
"menos, media docena que la toquen con primor, y todos los restantes 
"así, así". Improvisábanse tertulias, en que se cantaban la canción de Átala 
u otras de moda, y alguna picaresca, a veces improvisada, y con muecas, 
visajes y estrafalarias modulaciones de voz. Subsistía también el estudiante 
de la tuna, trovador y juglar, que en cuanto acababa el curso emprendía 
la caminata por los pueblos, en pandilla con otros compañeros, y que con 
lo ganado en este oficio juglaresco se costeaba o ayudaba en sus estudios. 
Poco a poco han ido borrándose estos vestigios del tiempo viejo uni- 



(Ij Matías Nieto Serrano, marqués de Guadalerzas: Vejeces, pág. 22. 

Í2i Conferencias en el Ateneo de Madrid (1886). Extracto en el libro Recuerdos gaditanos. 



172 



VI 'INSTRUCCIÓN PÚBLICA Y ACADEMIAS OFICIALES 

versitario. Uno muy lamentable ha perseverado: el de los motines y alga- 
radas estudiantiles. Algunos han tenido carácter y aun transcendencia polí- 
tica, como el conocido por La noche de San Daniel (lO-Abril-1865) (1) y 
La Santa Isabel (27-Noviembre-1885) (2); los más comunes y frecuentes 
— no hay curso sin varios motines — por pedir anticipadas vacaciones o 
por motivos más fútiles. En el segundo de los citados motines se sacó la 
estrafalaria especie de que por fuero universi- 
tario no puede entrar la fuerza pública en el 
local de la universidad a imponer el orden, 
aunque sea gravísimamente perturbado. 

C) Esta indisciplina escolar, la lenidad en 
los exámenes, mayor en unas Facultades que 
en otras, el uso casi exclusivo de la enseñan- 
za oral — un discurso o discursete por lec- 
ción — , el abuso de los libros de textos consi- 
derados generalmente más que como elemen- 
to instructivo, como aumento de la retribución 
del profesor, la imposición por éste no sólo del 
cuestionario o programa sino de sus particu- 
lares opiniones (3), y otros abusos que no es 
preciso enumerar aquí, son otros tantos vicios 
que han contribuido y aun contribuyen al des- 
crédito de la enseñanza oficial, y por reflejo al de la privada, reducida a la 
preparación de los exámenes oficiales, y a la formación de generaciones 
de profesionales sin ciencia o con una ciencia deficientisima y en gran parte 
equivocada. Desde los últimos años del siglo xix viene notándose sin em- 
bargo una efectiva mejora en los estudios. 

Don Ramón Menéndez Pidal, en declaraciones publicadas en el sema- 
nario España (6-Enero-1916) sobre el tema de si nuestra patria progresa o 
decae, decía: 

"Yo no sé sí la vitalidad española progresará en todos sus aspectos y 
en todos en el mismo grado. En el que yo conozco y al que consagro todas 
mis energías, que es el científico, creo no equivocarme al afirmar que hay 
un progreso evidente. Me refiero no al valor variable de los individuos que a 
la ciencia se dediquen, sino a las condiciones generales de la vida científica. 




Menéndez Pidal. 

(IWJÜ) 



(1) Véase Historia de España por el autor de este libro, Casa Calleja, pág. 772. 

(2) Véase la misma obra, pág. 814. 

(3) En una Facultad de Derecho ocurrió, no ha mucho, el siguiente caso: el catedrático de Derecho 
Mercantil opinaba que esta rama del Derecho es independiente del Civil, y el catedrático de Procedimientos 
que no es sino una parte del Derecho Civil; ambos profesores examinaban juntos, y los alumnos decían una 
u otra opinión según el catedrático a que contestaban. ¿Cómo formar asi probidad científica? 



173 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

"También nuestra ciencia padecía y aun sigue padeciendo del defecto 
Lfeneral hispano: el individualismo anárquico, la incapacidad de solidari- 
dad; defecto que ha esterilizado la labor de tantos hombres trabajadores y 
en cierto modo inteligentes. Y en la ciencia (que es el producto más armó- 
nico de la colaboración de todos los pueblos y de los más diversos indivi- 
duos) este defecto anula los mayores esfuerzos y lleva a las aberraciones 
más estériles. 

"Pero todo esto va poco a poco cambiando. En mi tiempo de estu- 
diante la comunicación entre profesores y alumnos era una cosa rara y ex- 
cepcional; mientras que hoy es cosa corriente no sólo la conversación, sino 
las excursiones con fines científicos y los trabajos en colaboración. Se va 
exigiendo poco a poco la investigación personal a profesores y alumnos. 

"Antes era imposible o muy difícil al estudiante salir al extranjero; le 
era igualmente difícil dedicarse aquí a la investigación personal por falta 
de medios de trabajo y de vida colectiva científica; hoy ambas cosas son 
llanas, y los frutos de estas nuevas condiciones empiezan a tocarse." 

Comentando estas declaraciones, decía un antiguo catedrático de la 
Facultad de Derecho (Diario de Barcelona, 25-Enero-1916): 

"El nivel medio de los estudiantes ha descendido muchísimo desde 
los tiempos en que yo cursaba. Los había entonces como ahora, muy des- 
aplicados; pero no abundaban tanto, y la generalidad, si no aprendía la 
asignatura, mostraba una cultura, superficial, si se quiere, pero positiva en 
religión, en los preámbulos de la filosofía, en historia, en política y en lite- 
ratura que, aunque dejase mucho que desear, los caracterizaba como ver- 
daderos estudiantes. Hoy asombra la incultura de casi todos los escolares: 
aun los que obtienen buenas notas, y las merecen por aprenderse de co- 
rrido los textos o los apuntes de nuestras explicaciones, y muestran empe- 
ño en acabar su carrera para ganar dinero y tener una posición en el 
mundo, ignoran las cosas más sencillas y vulgares; parece mentira que 
hayan pasado cinco o seis años cursando el bachillerato en los institutos o 
en buenos colegios. Y lo que quizás es peor: vienen a las universidades 
sin la inteligencia desarrollada; tienen veinte años, y por el desenvolvi- 
miento de su intelecto son como niños pequeños. Lo más que se les puede 
pedir es que conserven la retahila aprendida de memoria, para que la 
suelten como papagayos en el examen. Hace veinte o treinta años decía- 
mos: "los chicos nacen ahora con los ojos abiertos", significando con esta 
frase que los casos de precocidad intelectual eran frecuentes. En estos 
tiempos, cuando manifiesta uno su extrañeza por la gansada o la estupidez 
de un mozo que está para entrar en quintas, o que ya es soldado, oye decir: 
"¿Qué quiere usted de un chiquillo?" 

174 



VI -INSTRUCCIÓN PÚBLICA Y ACADEMIAS OFICIALES 

"A mí me venía chocando la diferencia entre las muchachas de mi 
juventud y las de ahora: aquéllas, desde el despertar de la pubertad ansia- 
ban pasar por mujeres hechas y derechas, y se vestían de largo muy pronto; 
las actuales prolongan indeíinidamente la infancia, y no se visten de largo, 
del largo relativo que hoy se estila, hasta que cumplen o están para cum- 
plir veinte años. Después, observando a mis alumnos, he caído en la cuenta 
de que el fenómeno es común a los dos sexos. En lo que se distinguen es 
que las chicas quieren que las tengan por niñas, estando ellas perfec- 
tamente convencidas de que son mujeres, y los chicos pretenden que los 
tengan por hombres, y aun por hombres corridos, siendo en realidad, al 
menos por lo que a la vida intelectual se refiere, unos chiquillos. 

"De todo esto es consecuencia que la generalidad de los estudiantes 
no sólo carezcan de la cultura más rudimentaria, sino que no se les note 
el menor deseo de adquirirla. El ingeniíim curiosum que dijo Séneca, brilla 
en ellos por su ausencia. Muestran una desgana, un desamor por cuanto sea 
ilustración y saber, verdaderamente desconcertantes. Todo les parece lata; 
hablar de ciencia o de artes, cursi pedantería. Ni los dramas y comedias los 
atraen; el género chico, el género ínfimo y el cine son sus delicias; en los 
periódicos los sucesos y la chismografía personal, y si es escandalosa tanto 
mejor. Los buenos, en un aspecto de la vida sí que tienen maravillosa pre- 
cocidad: en el sentido de lo positivo. Estudian Derecho Romano, y ya sue- 
ñan tenazmente con los pingües registros y notarías, tienen la obsesión de 
las treinta mil pesetas de ganancias anuales, y de ahí para arriba, de la casa 
lujosa, del automóvil a la puerta, del criado ofreciéndole las cartas en ban- 
deja de plata. Sienten el horror a la vida modesta, de que habló León XIII 
en una de sus encíclicas, señalándolo como uno de los más grandes males 
del siglo. Y, prostituidos antes de haber amado, sueñan en plena adolescen- 
cia con la novia rica que les abra las puertas de ese mágico alcázar de la 
comodidad y del regalo, de la vanidad y de los placeres que consideran 
única morada digna de un hombre de provecho. 

"Ya ve usted si tengo yo mala idea de la generalidad de los estudian- 
tes actuales. Pues, a pesar de todo, reconozco la exactitud de lo dicho por 
Menéndez Pídal. La masa común ha empeorado; la élite, en cambio, ha 
mejorado. Existe hoy un núcleo de estudiantes verdaderamente estudiosos, 
superiorísimo en cantidad y en calidad al que había en otras épocas. Ena- 
morados del saber, ávidos de conocerlo todo y de estar al tanto de la última 
palabra dicha o escrita en Alemania u otras naciones, modestísimos en sus 
aspiraciones mundanas, no sueñan con ser ministros ni caciques ni prohom- 
bres, sino con dedicarse a una especialidad doctrinal y agotarla, y descu- 
brir cosas nuevas; hallan todas sus complacencias en el estudio y su placer 

175 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

en la literatura y otras bellas artes. Siempre hubo tipos de este género, pero 
en menor número que ahora, y en los de hoy adviértese ese espíritu de 
solidaridad que Menéndez Pidal señala, hijo del convencimiento de que la 
labor científica no es función individual, sino colectiva, y una humildad 
que antes era más rara. Claro que son pocos, si se les compara con la mul- 
titud de los matriculados; pero no tan pocos como creen algunos, y la ten- 
dencia es a crecer en número. Y claro que a esos pocos se allegan también 
pedantes vanidosos y cucos que por tal camino buscan lo que la masa co- 
mún por otras vías; mas siempre queda algo para constituir una esperanza." 
Por nuestra cuenta hemos de añadir que no sólo una esperanza, sino 
una realidad cierta, aunque difícil de percibir para quien sólo se fija en las 
grandes masas. Hace años que se ha iniciado ese movimiento regenerador, 
y muchos de tales estudiantes escogidos no son ya alumnos de las uníver- 
dades, sino profesores o archiveros bibliotecarios o escritores o investiga- 
dores. Abunda la gente que sabe, y que sabe estudiar, más de lo que se 
supone generalmente. La correspondencia directa con los grandes centros 
intelectuales extranjeros está establecida y funciona con regularidad. En 
todas las Facultades existen estos núcleos; pero más en las de Filosofía y 
Letras y Ciencias, por lo mismo quizás que no habiendo en su perspectiva 
las treinta mil pesetas para arriba de los registros, notarías y operaciones 
quirúrgicas a los potentados, queda el campo libre a los románticos del 
saber, a los que se contentan con poder vivir para seguir estudiando. 

52. A) Extensión universitaria. B) Extensión contra-uni- 
versitaria. — A) Extensión universitaria es una institución de origen y 
nombre ingleses (University extensión) (1), también denominada en Ingla- 
terra Universidad de los pobres, la cual consiste en que los profesores ofi- 
ciales dan lecciones fuera de la Universidad para instrucción de los obreros 
o de los jóvenes de la clase medía. En España iniciaron este procedimiento 
instructivo los catedráticos de la Universidad de Oviedo (1898), primero en 
la misma ciudad universitaria, después en Aviles, Gijón, Langreo, Mieres, 
Trubia y otras localidades del Principado, más adelante en Bilbao (1900), 



(1) Fué iniciada en la Universidad de Cambridge, hacia 1867, por el profesor James Stuard; el pro- 
grama definitivo, aprobado por el Consejo universitario, i leva por titulo Extensión de la enseñanza univer- 
sitaria por medio de centros locales (1872). En 1874 siguió este camino la Universidad de Oxford. En 1875 
los Coléelos de Manchester, Liverpool y Leed, que hoy constituyen la Universidad de Victoria. En 1876 se 
constituye en Londres una Sociedad para coordinar e intensificar el esfuerzo de los tres centros docentes 
citados. Los profesores cobran de doce a quince duros por cada lección. "Ocho o diez mil pesetas anuales a 
"cada profesor — dice Becerro de Bengoa — por dos lecciones a la semana, durante seis meses, en centros 
•análogos al Fomento de las Artes..." En 1900 había en Inglaterra constituidos 300 centros de Extensión 
universitaria con 50.000 alumnos. Análogos a estos centros, pero no iguales, son los University settlements 
dedicados especialmente a las clases pobres. 

176 



VI' INSTRUCCIÓN PÚBLICA Y ACADEMIAS OFICIALES 

y siendo unas, conferencias para obreros (temas económicos e industria- 
les), y otras, para el público en general (Derecho, Historia, Ciencia y Arte). 
El profesor Becerro de Bengoa (1), según refiere en su libro La enseñanza 
en el siglo XX (pág. 201), dio, en el transcurso de treinta años, variadas 
series de conferencias públicas en los circuios de trabajadores, ateneos, 
centros de instrucción y recreo y escuelas de provincias y Madrid, no siendo 
esta enseñanza exclusivamente oral, sino con proyecciones fotográficas las 
de lecciones de Historia y Arqueología; con exhibición de ejemplares mine- 
rales las de minería, etc. Los socios del Ateneo de Madrid constituyeron una 
Universidad popular (31-Diciembre-1904) para explicar a los obreros y or- 
ganizar excursiones y visitas artísticas, y el mismo Centro, con subvención 
del Estado, fundó y sostiene Cátedras de estudios superiores. 

Extensión universitaria propiamente dicha — extensión didáctica dice 
Becerro de Bengoa — o algo semejante a eso, es lo cierto que la conferen- 
cia es el género de oratoria preferido actualmente; muchas sociedades lite- 
rarias, ateneos y academias, que cultivaron durante largo tiempo la discu- 
sión de temas doctrinales a la manera parlamentaria, sin dar de mano en 
absoluto a los debates, en que académicos y ateneístas jóvenes se hacen 
oradores a costa de su auditorio, dedícanse principalmente a la obra de 
las conferencias (2). 

El tipo ideal del conferenciante, en el momento actual, tiende más al 
del vulgarizador ameno que al del profesor de ateneo. Las generalidades, 
a que suelen llamarse grandes síntesis, gustan mucho menos que antes. La 
oratoria florida, así como la vehemente y patética de párrafos rotundos y 
puñetazos en la mesa o en la tribuna, también ha venido a menos; es 



(1) Nació en Vitoria (7-Febrero-1845). Murió (l."-Febrero-1902). Catedrático de Física y Química pri- 
mero en el Instituto de Falencia y después en el de San Isidro. Académico de Ciencias (lO-Díciembre-1890). 
Periodista y autor de multitud de obras científicas, literarias y artísticas. Dirigió la revista La Naturaleza. 
Como escritor regional tienen sumo interés El Libro de Á/at-a, El Romancero Alavés y otros trabajos suyos. 
En Abril de 1917 ha empezado El Ateneo, revista alavesa, a publicar Excursiones de Álava, libro en su mayor 
parte inédito; uno de sus trozos vio la luz en el Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, publicado 
por D. Elias Tormo. El libro lleva prólogo de D. Ángel Apráiz, única cosa que hemos vistt) de él al redactar 
esta nota. 

(2) Nuestro Diccionario no admite aún de la palabra conferencia sino los dos sentidos de 'tratar 
entre dos personas algún negocio, y en algunas Universidades o estudios la lección que llevan los estu- 
diantes cada día". Los diccionarios franceses modernos señalan el tercer sentido de lección pública y traen 
conferencier "el que habla en una reunión". Creemos que la palabra conferencia fué usada por primera vez 
en el sentido de discurso, aplicándola a los sermones de cuaresma organizados en Nuestra Señora de 
París para explicar los fundamentos de la fe y rebatir las argucias racionalistas, en estilo y lenguaje acomo- 
dados a la filosofía y ciencias modernas. Maravillas de elocuencia han sido los frutos de esa obra admira- 
ble de las Conferencias de Nuestra Señora, y las series de algunas — no citamos más que los nombres inmor- 
tales de Lacordaire, el P. Féli.\ y Montsabré — constituyen, no sólo el punto más elevado de la oratoria 
sagrada en la época moderna, sino las más macizas y a la vez más bellas apologías de la Religión católica 
en nuestro tiempo. 

Como es natural, dada la excelencia de la obra y la resonancia de cuanto se hace en París, los sermo- 



177 



Salcedo. — La Literatura Española. — Tomo ¡V. 



12 



SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

cada vez más difícil fijar la atención del público a fuerza de tropos; y el 
hablar del Oriente, de Grecia, de Roma y de los bárbaros del Norte, ya no 
viste, a no ser en algunas cabeceras de partido judicial de tercer orden. Lo 
que ahora quiere la gente que asiste a conferencias, es enterarse, y, por 
eso, prefiere al conferenciante que sabe verdaderamente alguna cosa, y la 
cuenta en una hora de amena peroración. Decir algo que sea desconocido 
para el auditorio y que le interese; decirlo con amenidad: he aquí los dos 
cánones fundamentales del arte de dar conferencias. 

No es, como dice un profesor de la Universidad Central — el Sr. Díaz 
Canseco — que las gentes no se hayan enterado aún del descubrimiento 
de la imprenta, y busquen en su virtud quien les informe de lo que cómo- 
damente pueden leer en su casa, sino que no hay tiempo ni posibilidad 
de leerlo todo. La cultura se adquiere así: primero un cuadro o tintura 
general de toda ella, y después cada uno especializa en el ramo a que se 
dedica. La especialización trae consigo el olvido creciente de las líneas 
generales del saber y la ignorancia de los puntos y materias extraños a la 
especialidad cultivada. ¿Cómo un médico, por ejemplo, al que falta tiempo 
para su ejercicio profesional y los graves estudios que requiere, por aficio- 
nado que sea a las bellas Letras o a las bellas Artes podrá enterarse del 
desarrollo de unas u otras? Pues a ese médico viene muy bien oír una con- 
ferencia de Lampérez o de Tormo, de Rodríguez Marín o de Blanca de los 
Ríos, que en una hora de agradable audición le entera de lo más substan- 
cial sobre el punto explicado, y sale tan orondo y satisfecho, con ideas 
nuevas, con puntos de vista que antes no tenía, restaurada, siquiera sea 
parcialmente, su cultura general, deleitado y complacido de haber hecho 
un viajecito por regiones del saber que no son las de su dominio habitual. 
El turismo mental no es menos grato, para quien sabe practicarlo, que el 
ferroviario o marítimo. 



nes-conferencias se han aclimatado, mejor o peor, en todas partes, y hoy son un género admitido de predi- 
cación. En España liemos mantenido y tenemos dignos émulos de los mejores conferenciantes de Notre 
Dame. Madrid recuerda todavía con fruición las inaíjistrales conferencias del P. Zacarías Martínez, hace tres 
o cuatro cuaresmas, en San Gincs; tratábase de punto tan interesante y nuevo en el pulpito como las rela- 
ciones de la le con la moderna biolojíia, y lo trataba un eminente predicador que es a la vez insigne bió- 
logo de trabajos de laboratorio y con obras escritas de esa ciencia. 

De lo sagrado pasaron las conferencias a lo profano, y antes de mediar el siglo XIX surgieron dos 
tipos de conferenciante: el de Ateneo que da un curso científico, jurídico o literario, distribuido en varias lec- 
ciones o discursos que se imprimían luego en un tomo, formando tratado completo de la materia explicada; 
y el del vulgarizador de la ciencia ((ue en im teatro o círculo, y cobrando a veces por la entrada, explícalos 
últimos adelantos de la Física, de la Química o de la Astronomía, en lenguaje sencillo y propio para el gran 
público. Del primer tipo hubo muchos ejemplares, y algunos de verdadero mérito, en España; entre los 
prohombres del reinado de Isabel II y de la revolución del 68abimdaron los buenos conferenciantes de ate- 
neo. El segundo apenas si se dio en nuestra tierra; explotáronlo los yankis, y como esta gente es de suyo 
industrial, hasta se dieron empresarios que iban por el mundo con su sabio y elocuente vulgarizador dando 
conferencias de teatro en teatro. (Diario de Barcelona, 28-Abril-1915.) 

178 



VI -INSTRUCCIÓN PÚBLICA Y ACADEMIAS OFICIALES 

B) Simultáneamente con la extensión universitaria y extra-universita- 
ria tenemos otra que podría ser calificada de contra- universitaria. Creadas 
pensiones para completar sus estudios en el extranjero a los alumnos que 
terminen con aprovechamiento sus carreras en las Facultades, Escuelas de 
Ingenieros y Normales (Real decreto 18-Julio-1901), y para el profesorado 
(8-Mayo-1903), establecióse la Junta para ampliación de estudios e inves- 
tigaciones científicas (Reales decretos ll-Enero-1907 y 22-Enero-1910), y 
aunque la mayoría de sus miembros (15 de 22 vocales) fueran catedráticos 
universitarios, constituyóse independientemente de la Universidad, con 
mayor capacidad jurídica que ésta (adquirir, poseer y administrar toda clase 
de bienes) y más recursos oficiales. De esta Junta son dependencias el 
Centro de Estudios históricos, creado en 18-Marzo-1910, la Residencia de 
Estudiantes (Real decreto 6-Mayo-19lO), el Museo de Ciencias Naturales, 
el Museo de Antropología, el Jardín Botánico, el Laboratorio de Investi- 
gaciones biológicas, el de Investigaciones físicas, la Asociación de Labora- 
torios para el fomento de investigaciones científicas y los estudios expe- 
rimentales, etc. Del mismo carácter contra-universitario es el Instituto de 
material científico, aunque sea su objeto proponer la adquisición de este 
material para los centros oficiales de enseñanza. 

Bajo los auspicios de estas instituciones, muchos estudiantes españoles 
han ido a las más renombradas universidades extranjeras, tenemos buenos 
cursos de ampliación y se han publicado excelentes libros. Sólo las publi- 
caciones de la Residencia de Estudiantes merecen, en general, los más 
calurosos elogios; distribúyense en cuatro series: Cuadernos de trabajo, en 
que ha visto la luz la edición de Antonio G. Solalinde, de El sacrificio de la 
Misa, por Gonzalo de Berceo; Ensayos, donde han aparecido las Meditacio- 
nes del Quijote, de Ortega Gasset; Al margen de los clásicos, El licenciado 
Vidriera y Un pueblecito, de Azorín; Ensayos, de Unamuno; La Epopeya 
castellana, de Ramón Menéndez Pidal; Biografías; y Varia, con lindísimos 
discursos o pláticas de Eugenio d'Ors: De la amistad y del diálogo, y 
Aprendizaje y heroísmo; y la Fiesta de Aranjuez en honor de Azorín. Al 
Centro de Estudios históricos pertenece la Revista de Filología Española, 
dirigida por Ramón Menéndez Pidal, y que aparte de sus trabajos monográ- 
ficos, algunos de capital importancia y todos dignos de aprecio, es indis- 
pensable para el conocimiento de la actualidad literaria, por traer la más 
completa bibliografía extranjera y española sobre la materia. 

Son opuestos, sin embargo, a este movimiento didáctico contra-univer- 
sitario: 1.° Algunos catedráticos oficiales, por ver en él una competencia del 
Estado contra sus mismos establecimientos de enseñanza. Y 2." Algunos 
elementos católicos, por conceptuar que su dirección está en manos de los 

179 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

racionalistas, y, por tanto, que la ciencia racionalista, laica o heterodoxa, 
es la que saca provecho de él (1). 

Respecto de la oposición de los primeros, ya la asamblea general de 
las Facultades de Ciencias de España reclamaba del Ministro de Instrucción 
Pública (Diciembre-1912) 'que se concedan a las Facultades las cantidades 
"necesarias para atender a sus enseñanzas, y que sus claustros sean los 
"que determinen la distribución de esos fondos entre sus cátedras; y que la 
"extensión universitaria, la creación de laboratorios para investigaciones 
"científicas y la adjudicación de pensiones para ampliación de estudios 
"sean funciones propias de la Universidad, que se ejercerán perlas respec- 
"tivas instituciones docentes de cada distrito universitario, mediante una 
"distribución de fondos proporcionada al número de éstas y al de sus alum- 
"nos". El catedrático Sr. Bullón, en el Congreso (20-Noviembre-1912), pro- 
clamó que todos esos organismos supra-universitarios son inútiles, y privan 
a las universidades de medios suficientes para sus trabajos científicos, asi 
como de la amplitud de atribuciones que necesitan. Don Adolfo Bonilla y 
San Martín, en su magnífico discurso de apertura de la Central, varias veces 
citado en este libro (l.°-Octubre-1914), exprésase en el mismo sentido, aun 
reconociendo que los nuevos organismos "cumplen celosamente sus ele- 
vadas funciones" (2). Don Agustín Murúa y Valerdi, catedrático déla Uni- 
versidad de Barcelona, censura que sólo disfruten de los beneficios de estos 
centros los estudiantes de Madrid, y que se gasten en ellos dos millones de 
pesetas, los cuales repartidos entre las diez universidades oficiales (200.000 
a cada una) les permitirían tener buenos laboratorios, cuando ahora en la 
misma Barcelona, según cuenta, hay cátedras de Química sin agua y sin 
gas sobre la mesa que debiera ser de experimentos (3). 

A todo esto replican los partidarios de los nuevos organismos que la 
universidad no es apta para desempeñar estas funciones por la falta de 



(1) A consecuencia de la expulsión de las universidades de los catedráticos racionalistas (Giner, Sal- 
merón, Azcárate, Calderón, Linares, etc.), fundóse la Institución Libre de Enseñanza (1876\ Es un colegio 
particular (1.", 2." y superior enseñanza), con conferencias públicas, un Boletín, etc.; pero el grupo de sus 
profesores y protectores, dirigido, hasta su muerte, por Giner de los Ríos, es justamente considerado cen- 
tro y foco de la pedagogía y ciencia librepensadora. Los hombres de la Institución son los que han tenido 
mayor influencia en este movimiento. 

(2) No disimula el Sr. Bonilla su oposición al grupo director de la Junta para ampliación de Estu- 
dios. En 1915 ha fundado la excelente Revista critica tiispano-americana, cuidando de advertir en el pros- 
pecto que "es en absoluto independiente a todo espíritu de partido, institución o escuela, y no cuenta 
'directa ni indirectamente con subvención del Estado" ; palabras en que lian visto muchos una punzante 
(ilusión a la Institución Libre de Enseñanza y a la escuela que representa, y asi debieron entenderlo los 
redactores de la Revista de Filología Española, cuando al dar cuenta de la aparición de la de Bonilla trans- 
cribieron dichas palabreis y las comentaron asi: "Esto, que sin duda es garantía de imparcialidad, no quiere 
•decir que la nueva revista carezca de ideal definido. En efecto: colaboran con el Sr. Bonilla escritores bien 
'calificados, que en general forman un grupo con cierta tendencia nacionalista y casticista". 

(3) Discurso en el Primer Congreso de Doctores españoles. — 27-Abril-1915. 

180 



VI 'INSTRUCCIÓN PÚBLICA Y ACADEMIAS OFICIALES 

espíritu corporativo en sus catedráticos, y duplican los adversarios que 
esta falta es consecuencia de la de autonomía: dejen de ser los estableci- 
mientos de enseñanza meras oficinas dependientes del Ministerio de Ins- 
trucción pública, y renacerán el espíritu corporativo y el de iniciativa. Los 
catedráticos de Filosofía y Letras de la Central han solicitado la autonomía 
universitaria, comprometiéndose a un trabajo mayor y más fecundo con 
los alumnos. Aun entre los partidarios de la autonomía dibújanse dos ten- 
dencias: la de los que conciben la universidad docente como reunión del 
cuerpo de catedráticos oficiales, y la de los que tienden a dar voz y voto 
y cierta intervención didáctica a todos los doctores (1). 

53. La Academia Española: A) Breve historia en la 
época contemporánea. Elección de Bretón de los Herreros. 
Enojo de Quintana. B) Menéndez Pelayo aspirante a presi- 
dente: su enojo por no haberlo conseguido. C) Oposición a 
¡a Academia por la elección de sus miembros. Defensa de la 
Academia por Azorín. D) Elecciones rechazadas. La de 
Azorín. E) La de doña Emilia Pardo Bazán. E) Oposición 
por el ejercicio de sus funciones. Valbuena. G) Servicios 
positivos de la Academia. Sus publicaciones. H) Creación 
de las Academias Americanas. Espíritu de estas Corpora- 
ciones. — A) La historia de la Real Academia Española en la época 
contemporánea tiene su capital división cronológica el 10 de Marzo de 1847, 
fecha del real decreto que la reorganizó, suprimiendo los académicos 
supernumerarios y aumentando hasta treinta y seis las plazas de individuos 
de número — antes eran veinticuatro — obra del académico Sr. Marqués 
de Molíns, primer ministro de Comercio, Instrucción y Obras públicas en 
el gabinete presidido por el Duque de Sotomayor. 

Antes del real decreto entrábase en la Academia por la categoría de 
académico honorario; ascendíase luego a supernumerario, y, por último, 
érase numerario. "Ha de saber usted — escribía Bretón de los Herre- 
"ros (2) — que se me ha ascendido a supernumerario. ¡Peregrina denomi- 
"nación! Cuando reclutas se nos honra (honorario), y al primer paso de 



(1) Iniciador de este movimiento fué el doctor en Derecho, coronel de Caballería y disíinguido escritor 
D. Francisco de Francisco. Ya no figuraba a su frente cuando se verificó en Madrid el primer Congreso de 
Doctores (1915). Algunos catedráticos oficiales no ven con gusto la intrusión de los doctores no catedráticos. 
En las últimas elecciones senatoriales de la Central ha sido elegido el doctor D. Luis Ortega Morejón, al que 
apoyaban muchos doctores no catedráticos como representante de su clase. 
(2) Al Marqués de Molins (28-Junio-1839). 

181 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO ¡V 

"nuestra carrera académica se declara que estamos de más (supernumera- 
"rio)." La Academia en aquellos años, ni abundaba en las doctrinas que 
estaban de moda en el Parnasillo, ni ejercía en la opinión pública la 
influencia que éste: era una obscura y casi ignorada casa oficial. En vano 
su director Marqués de Santa Cruz — lo fué desde 24 de Agosto de 1828 
hasta su fallecimiento el 4 de Noviembre de 1839 — , "gran apasionado 
del teatro, antiguo actor aficionado en los ya lejanos tiempos de su juven- 
tud" — , D. José Musso y Valiente (1), D. Juan Nicasio Gallego y el Mar- 
qués de Molíns esforzábanse por llevar a la Academia a los literatos de más 
renombre, como Espronceda, Ventura de la Vega y Bretón de los Herreros. 
"... no debo callar — cuenta el Marqués de Molíns — que casi todos éstos 
"se prestaban de mal grado a mis insinuaciones; alguno no condescendió 
"con ellas nunca; otros las contestaban con epigramas" (2). 

Bretón, al fin, se dejó convencer. Molíns escribió el memorial que a la 
sazón habían de presentar los aspirantes (3), y acompañado por el mismo 
Marqués hizo las visitas de rúbrica a los académicos. Quintana, que vivía 
en el entresuelo del núm. 3 de la plaza de las Cortes — entonces de Sania 
Catalina — , recibióle con algún desabrimiento. Manifestóse un poco sorpren- 
dido al oír que su visitante deseaba ser académico, y le dijo: "Puesto que 
usted aprecia eso en algo, yo le felicito". Molíns contestó: "Siempre estí- 
"mará el autor de Marcela sentarse donde Jovellanos y Meléndez y junto 
"al autor del Pelayo". "Siento que esto último, repuso Quintana, no pue- 
"da ser, ni tampoco dar a usted mi voto; porque mi salud no me permite 
"salir de noche, y ha muchos años que no voy por la calle de Valverde." 
Añade el Marqués de Molíns que esto de la falta de salud era parte de la 
verdad, pero no toda ella. Quintana estaba resentido, además, con la Acade- 
mia por haberle desairado en la elección de secretario perpetuo, siéndolo ya 
interino, postergándole a D. Francisco Martínez de la Rosa (4); quizás 
atendieron los académicos a la importancia política del elegido, ya que a 



(1) «... egregio helenista y latinista, uno de los más laboriosos y estimables de la primera mitad de 
•nuestro siglo (el XIX); dejó manuscritas gran número de traducciones de poetas griegos y latinos, entre 
"ellas el Aynx flagelifero, de Sófocles (largamente comentado), y el Ileautontimorumenos, de Terencio " 
Menéndez Pelayo, Horacio en ffspatla, edic. de 1885, tomo II, pág. 434. En las Memorias de la Academia Es- 
pañola (tomo III, año 1871) una poesía suya: A los españoles en sus discordias civiles. Su deudo D. Fermín 
de la Puente y Apecechea escribió su Elogio fúnebre. Murió Musso 8-Agosto-1838. 

(2) Bretón de los Herreros: Recuerdos de su oida // obras. Madrid, 1888. De este libro son las noti- 
cias V frases entresacadas que van en este párrafo sobre la Academia. 

(3) .Era costumbre, a la sazón ineludible, que el candidato presentase memorial. . . Por no sujetarse 
"a tal formalidad no tomó asiento en la Academia el Conde de Toreno. . . Bretón no se hubiese allanado a 
•ello, si no hubiese yo puesto en práctica un subterfugio. . . Que un amigo, digamos padrino, escribía de su 
•letra el memorial, y el pretendiente meramente firmaba. ¡Cuántos, incluso el mío, escribió el celoso y ama- 
*ble Musso! De letra mía fueron los de Bretón y Vega. . . " (Molíns, libro citado.) 

(4) En de 22 de Octubre 1833 murió D. Francisco Antonio González, que era secretario desde 1814. La 
Academia eligió a Martínez de la Rosa el 5 de Diciembre del mismo año. 

182 



VI -INSTRUCCIÓN PÚBLICA Y ACADEMIAS OFICIALES 

los cuarenta días justos de ser secretario unía Martínez de la Rosa a este 
cargo el de ministro de Estado y presidente del ministerio. El enojo de 
Quintana no cedió nunca; al morir legó a la Academia de la Historia la 
corona que le había puesto la Reina en el Senado; ni aun después de 
muerto quiso tener más relaciones con la Española. 

B) En nuestros días hemos visto otro caso análogo, y aún más sonado 
y chocante. A D. Marcelino Menéndez Pelayo se ocurrió en los últimos 
años de su gloriosa vida ser presidente o director de alguna academia. 
Puso primero ios puntos en la de San Fernando, y fué desairado. Preten- 
dió luego la presidencia de la Española. ¿Ha existido desde que se fundó 
esta Real Corporación, ni existirá probablemente en muchos años, quizás 
en siglos, hombre con mayores o iguales méritos para figurar a su cabeza? 
Mas la mayoría de los académicos opinaron que una cosa es la gloria lite- 
raria y otra las condiciones que debe reunir un presidente, entre las que 
figura como imprescindible la de ser personaje principal para mantener y 
acrecentar la influencia de la Academia en las esferas oficiales; sin duda las 
mismas razones que favorecieron en 1833 a Martínez de la Rosa; así sur- 
gió la candidatura de D. Alejandro Pidal y Mon, uno de los más antiguos 
amigos y admiradores de Menéndez Pelayo, y aun protector suyo en los 
primeros pasos de su carrera y en lo poco que puede ser protegido quien 
se presenta en el mundo con sus portentosas y avasalladoras cualidades. 
Don Marcelino fué derrotado en la elección presidencial por muchos votos, 
entre los que se contaron algunos que creía el insigne maestro incondi- 
cionales suyos. 

"Esta derrota y estos desengaños le hirieron más profundamente de 
"lo que era de esperar. El pueblo de Santander realizó una manifestación 
de desagravio en su honor. El Ateneo de Madrid, en Noviembre de 1906, 
"publicó un Homenaje en su obsequio; tales muestras de simpatía atenua- 
"ron su amargura, pero no la borraron por completo" (1). Desahogó su 
coraje en el discurso de contestación al de D. Francisco Rodríguez Marín 
(27-Octubre-1907), último acto académico de la Española a que asistió. 
Todo el mundo vio alusiones punzantes a D. Alejandro Pidal en aquel ve- 
hemente párrafo donde decía: "Yo quisiera tener la elocuencia que en 
"otros admiro, no para realzar lugares comunes ni abultar méritos imagi- 
"narios, sino para ensalzar dignamente éste tan alto y tan modesto (el de 
"Rodríguez Marín) de quien todo lo debe a la profesión de las letras huma- 
"nas y en ellas solas cifra su estudio y ejercicio, sin que la ambición le des- 



(1) Bonilla y San Martin: Marcelino Menéndez Pelayo (Boletín de la Real Academia de ¡a Historia, 
número extraordinario, Mayo-1914). 

183 



SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

"vele, ni le perturbe la codicia, ni le mortifique el lucimiento ajeno, ni el 
"ansia vana de títulos y honores le ensoberbezca y desatine: que a solas 
"con la dulce poesia y con el trato nunca engañoso de los muertos ha 
"logrado hacerse superior a las inepcias de los vivos, y ha esperado tranqui- 
• lamente a que la gloria llamase a su puerta, sin perseguirla con dolientes 
"clamores ni requerimientos insensatos, como suelen las estériles me- 
"dianías." 

Y alusiones vio también la gente a varios académicos, y muy espe- 
cialmente a D. Emilio Cotarelo, con cuyo voto contaba el maestro, en este 
otro párrafo del discurso: "Bien sé yo que hay cierto género de trabajo 
"erudito, muy honrado y respetable a no dudar, que de ningún modo está 
"vedado al más prosaico entendimiento cuando tenga la suficiente dosis de 
"paciencia, de atención, de orden y, sobre todo, de probidad científica, sin 
"la cual todo el saber del mundo vale muy poco. Aplaudo de todo corazón 
"a los tales, y procuro aprovecharme de lo mucho que me enseñan; pero 
"nunca me avendré a que sean tenidos por maestros eminentes, dignos de 
"alternar con los sublimes metafisicos y los poetas excelsos, y con los 
"grandes historiadores y filólogos, los copistas de inscripciones, los amon- 
"tonadores de variantes, los autores de catálogos y bibliografías, los gra- 
"máticos que estudian la forma de la conjugación en tal o cual dialecto 
"bárbaro e ¡literario, y a este tenor otra infinidad de trabajadores útiles, 
"laboriosísimos, beneméritos en la república de las letras, pero que no 
"pasan de la categoría de trabajadores, sin literatura, sin filosofía y sin 
"estilo." 

¡Líbrenos Dios de reconocer en estos juicios un valor objetivo abso- 
luto! Sólo se transcriben aquí como expresión de lo que sentía D. Marce- 
lino, y quería, en su irritación, hacer comprender a los demás cuando los 
escribió. Lejos se halla este apasionamiento de la serenidad estoica, can- 
tada por Horacio, y que tan bellamente supo reflejar el mismo Menéndez 
Pelayo: 

Que los corceles del rugiente trueno 
Lance el Saturnio por el aire vago, 
Y se estremezca desquiciado el orbe, 
Mas nunca el pecho del varón constante (1). 

Que los académicos de la Española creyesen que les convenía un di- 
rector con influencia política, y aun que D. Marcelino no tenía condiciones 
para la función directiva de una corporación, o de un establecimiento como 



ü) Epístola a Horacio. 

184 



VI -INSTRUCCIÓN PÚBLICA Y ACADEMIAS OFICIALES 

la Biblioteca Nacional, o de un Cuerpo como el de Archiveros y Bibliote- 
carios, no era motivo para que él se incomodase tanto. Él mismo venia, en 
cierto modo, a dar la razón a los que asi pensaban, al ponderar su prefe- 
rencia por "el trato nunca engañoso de los muertos en que buscaba refugio 
"contra las inepcias de los vivos". El oficio de director o presidente no es 
para muertos, sino para vivos. Mas D. Marcelino Menéndez Pelayo había 
de tener, como todos los hombres, sus inconsecuencias, sus genialidades y 
sus pequeneces; "sólo Dios es grande", dijo Bossuet mirando el cadáver ae 
Luis XIV, Las pequeneces de Menéndez Pelayo, por otra parte, eran como 
las incorrecciones del estilo de Santa Teresa y los lunares de las mujeres 
hermosas, de que habló Tertuliano, cosas que realmente no afeaban su 
figura moral, sino que la caracterizaban humanizándola, y contribuían a su 
mayor hechizo. Sus enfados eran violentos pero rápidos y no dejaban 
huella en su nobilísimo espíritu. 

C) Curiosa y entretenida sería una historia anecdótica de la Real Aca- 
demia Española y de sus relaciones con los literatos y con el público. El 
caso de D. Nicolás Fernández de Moratín (Tomo Ill-pág. 138) no se ha 
repetido con frecuencia; casi todos los literatos han aspirado a un puesto en 
la Academia, y hartas veces los ataques y censuras a la corporación han 
sido aldabonazos fuertes dados en su puerta o gritos de impaciencia o des- 
pecho, al observar que no se abrían para ellos tan pronto y fácilmente como 
deseaban. Para muchos el ser académico es mero honor: la solemnidad de 
la recepción, la facultad de añadir a su nombre el glorioso mote: de la Real 
Academia Española. Porción del público literario, los autores y críticos de 
literatura amena y casi todos los periodistas políticos suelen concebir la Aca- 
demia como la junta magna de los supremamente consagrados por dioses 
mayores del arte de escribir en verso o en prosa. No se fijan en que si pre- 
dominara este criterio, es probable que no hubiera casi nunca número sufi- 
ciente de artistas de la palabra en ese grado excelso para llenar las treinta 
y seis plazas de académicos, y aun dando de barato que los hubiera, en la 
imposibilidad de la vida corporativa, fuera de algunas ocasiones señaladas 
porque, según acredita la experiencia, esos dioses mayores no suelen ser 
afectos a las tareas lingüísticas constitutivas del oficio de la corporación; 
la mayoría de ellos ni entienden ni quieren entender de esas cosas, y mu- 
chos no se avienen ni a la puntual asistencia a las juntas ordinarias del ins- 
tituto. Lo principal es que la Real Academia ha de componer el Diccionario 
y la Gramática, convocar y juzgar concursos y certámenes, dirigir la publica- 
ción de obras, ejercer, en suma, funciones que son, por decirlo asi, admi- 
nistrativas del idioma y de las letras, y para esto necesita de un cuerpo 
permanente de gramáticos, de filólogos, de eruditos, de hombres entendidos 

185 



SALCEDO ' LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

y laboriosos, aunque no sean ingenios de primera clase, siendo lo frecuente 
que muchos de ellos merezcan el título de eminentísimos en la esfera de sus 
estudios respectivos, si bien por la índole de estos mismos estudios, inac- 
cesibles a la generalidad, sean únicamente apreciados por los doctos, cono- 
cidos por los semidoctos e ignorados por el gran público. 

Larga y empeñada controversia sobre este punto se sostuvo por los 
periódicos y en los círculos literarios y políticos cuando la elección de don 
Francisco Commelerán (17-Enero-1889). Fué su contrincante D. Emilio Cas- 
telar. No podían muchos concebir siquiera que a un orador tan florido y de 
tanto renombre — la generación de 1898 aún no había puesto en tela de 
juicio su mérito literario — se contrapusiese la candidatura de un catedrá- 
tico de latín. ¡Como si los buenos catedráticos de latín no tuvieran nada 
que hacer donde se trata de la lengua castellana! 

No; los gramáticos, los filólogos, los investigadores y eruditos de la 
historia de la lengua y de la literatura, aunque no sean de primera magnitud 
en sus respectivas profesiones — basta con ser profesionales serios y no 
meros aficionados — , tienen perfecto derecho a los sillones académicos, y 
la Academia necesidad de atraerlos a su seno porque constituyen ellos el 
cuerpo útil de la corporación. Y, por más que algunos se escandalicen, en 
la Academia hacen falta también los grandes señores — en el siglo xviii 
los aristócratas de linaje aficionados a las bellas letras, y en nuestros dias 
los hombres políticos que llegan a ministros y ejercen la función social que 
aquéllos antaño — , porque su presencia es la que da a los literatos, y por 
ende, a las letras, el prestigio mundano que impone a la multitud desco- 
nocedora del verdadero mérito intelectual, y que a la mayoría de los mis- 
mos literatos seduce, aunque algunos cultiven la pose de despreciarlo. Por 
lo demás, ¿son muchos los literatos de viso que pueden quejarse de haber 
sido desdeñados por la Academia? 

Véase lo que ha escrito un testigo de mayor excepción en este punto, 
Azorín: 

"Repásese — dice — un manual de nuestra historia literaria en el 
"siglo XIX; consúltense las listas que la Academia tiene de sus miembros. 
"Todas las personalidades que en la pasada centuria se han destacado 
"brillantemente en las letras, en la oratoria, en la erudición, han figurado 
"en la Academia. Han sido académicos, entre otros. Quintana, Gallego, 
"Lista, Alcalá Galiano, Mesonero Romanos, Pacheco, Olózaga, Martínez de 
"la Rosa, Pastor Díaz, García Gutiérrez, Duque de Rivas, Ventura de la 
"Vega. .. ¿Qué literatos brillaban más hace veinte, treinta años? Todos 
"han sido académicos. Lo han sido Valera, Alarcón, Menéndez Pelayo, 
"Campoamor, Núñez de Arce, Pereda, Echegaray. . . La Academia ha lle- 

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VI - INSTRUCCIÓN PÚBLICA Y ACADEMIAS OFICIALES 

"vado su complacencia hasta elegir dos veces una misma persona — caso 
"seguramente único en los fastos de ninguna academia — , Elegido Zorri- 
"11a en 1848, por primera vez, no quiso tomar posesión del cargo, y por 
"segunda vez, en 1885, fué llamado por la Academia. De los 18 académi- 
"cos que eligieron a Zorrilla en 1848, no quedaba sino uno — el Marqués 
"de Molins — treinta y seis años más tarde, cuando se eligió de nuevo al 
"poeta. De modo que bien puede afirmarse que Zorrilla fué dos veces ele- 
"gido académico. La Academia lleva su tolerancia hasta no dar por cadu- 
"cados nombramientos de personalidades que después de haber ansiado y 
"solicitado la elección, se dan el gusto — un poco infantil — de dejar 
"pasar años y años sin querer posesionarse de su sillón." 

Añade Azorín que siempre habrá disgustados, por creerse preteridos, 
y que siempre podrán decir escritores y periódicos que la literatura no está 
bien representada en la Academia, lo cual dimana de que no siendo más 
que 36 sillones académicos, y habiendo en España un promedio de cien 
personalidades merecedoras de ocuparlos, han de quedarse fuera 64. Y 
que nada se remediaría con aumentar las plazas hasta ciento, porque dis- 
minuirla el prestigio del cargo, y con esto relajado el rigor en la exigen- 
cia de condiciones, y aumentado el número de academizables. Si con una 
academia de 36 hay cien personas en la nación que merecen ser acadé- 
micos, con una academia de ciento habria doscientos ciudadanos dignos 
de ingreso. Y así sucesivamente. 

Absurdo sería encomendar la elección al sufragio universal, esto es, 
a la opinión, prensa y voto de corporaciones y sociedades literarias y ar- 
tísticas; porque la opinión manifiéstase siempre opuesta a las innovaciones 
en el arte. "Se podrán citar literatos y pensadores ilustres que no han per- 
"tenecido a la Academia. No fueron académicos ni Larra ni Bécquer. Murie- 
"ron demasiado jóvenes; de vivir, lo hubieran sido. Pero ¿quién se atreverá 
"a decir que en un régimen de sufragio hubieran sido designados para 
"académicos Larra y Bécquer? Nosotros afirmamos rotundamente que no. 
"Tampoco fué académico Pi Margall; no lo fué por un absurdo escrúpulo 
"de amor propio; él mismo nos manifestó a nosotros en cierta ocasión que 
"no quería serlo si todos, absolutamente todos los académicos no le vo- 
"taban" (1). 

D) Claro que no todas las elecciones de la Academia son acertadas. 
En 1839 escribía Bretón de los Herreros al Marqués de Molins: "Después 
"de la buena adquisición de El Curioso Parlante, ha hecho la Academia 
"otra que no osaré calificar tan ventajosamente. El nuevo iniciado es el 



(1) Azorín: La Academia, articulo en el A fi C (5-Febrero-1917). 
187 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA • TOMO IV 

"Sr. Cavorreluz. Creo que han mediado compromisos y consideraciones 
"cuyo origen no puede ocultarse a la perspicacia de usted". Y añade el 
Marqués por todo comentario: "Era maestro de la Reina Isabel 11" (1). 
Tampoco pueden parecer justificadas todas sus negativas de admisión. 
Recientemente han ocurrido dos casos de estas últimas muy comentados: 
uno el de Azorín, y otro el de doña Emilia Pardo Bazán. 

Cualquiera que sea el juicio sobre las tendencias y opiniones de Azo- 
rin, en lo que parece debiera haber unanimidad es respecto de sus condi- 
ciones para ser académico de la Española. Su léxico es de lo más castizo y 
rico que puede tener un escritor español, su construcción gramatical no es 
menos castiza aunque use deliberadamente del régimen directo que no 
emplearon los literatos españoles del Siglo de oro, pero que tiene ya raíces 
en nuestra tradición, y nadie puede dudar de la importancia de sus tra- 
bajos críticos y vulgarizadores de la buena literatura española antigua y 
moderna. No es moralmente posible escribir un manual de historia litera- 
ria de España, como este nuestro, sin citarle y seguirle o discutirle muchas 
veces. A pesar de lo cual encontró oposición obstinada a su solicitud de 
ingreso en la Academia. Se refirió en algunos círculos literarios que D. Ma- 
riano Catalina (2), a la sazón el más influyente de los académicos en esto 
de las admisiones, le dijo: 

— No cuente usted con venir a la Academia. Los académicos pasamos 
por que se hable mal de nosotros; pero no podemos pasar por que se hable 
mal de Cervantes. 

Si la anécdota es cierta, la inculpación no puede ser más injusta; 
porque Azorín ha interpretado la obra de Cervantes, como le ha parecido 
razonable; pero no ha hablado nunca mal del Príncipe de nuestros inge- 
nios. Todo lo contrario: le ha enaltecido constantemente. Para desagraviar- 
le, tributaron sus amigos a Azorín el homenaje de la Fiesta de Aranjuez 
(23-Noviembre-1913) con discurso de D. José Ortega Gasset, poesías de 
D. Juan Ramón Jiménez y D. Antonio Machado y carta de D. Pío Baroja. El 
espíritu del acto está bien expresado por D. Manuel Bueno en este párrafo: 
"Dejando aparte los vínculos de afecto que me unen con el esclarecido 
"prosista, quiero hacer constar que admiro sus páginas castizas, transpa- 



(1) En el índice de académicos que publica cl Anuario de la Academia no figura este Sr. Cavorreluz 
de que no tenemos ninguna otra noticia. 

(2) Don Mariano Catalina y Cobo, sobrino del célebre D. Severo Catalina y del Amo, nació en Cuenca 
(26-Julio-1842) y murió en Madrid (2-Octubre-1913). Desgraciado como autor dramático, aunque Revilla elo- 
giase su drama No hay buen fin por mal camino que tuvo éxito (1874), alcanzó modesta reputación como 
articulista y mayor aún como editor y director inteligente de la Biblioteca de Autores Castellanos. Acadé- 
mico de la Española desde 1878, y secretario de la misma desde 1898, se le suponía tanta influencia en la 
corporación que era frecuentísimo oir en los círculos literarios: ¿Quiere usted ser académico? ¡Pues gánese 
a Catalina! 

188 



VI -INSTRUCCIÓN PÚBLICA Y ACADEMIAS OFICIALES 



"rentes y tersas lo bastante para que la resistencia de la Academia Espa- 
"ñola a franquearle sus umbrales me parezca un inexcusable acto de prete- 
"rición. Confio, sin embargo, en que la voz de la juventud literaria se haga 
"oir en aquella Casa, y que no tardemos en ver al ilustre autor de La 
"Ruta de Don Quijote ocupando un sitial entre Galdós y Octavio Picón, 
"que son sus afines en el reino del idioma" (1). Tardará más o menos; 
pero al fin y al cabo, Azorin, a nuestro juicio, será académico. 

E) Más difícil nos parece que llegue a serlo doña Emilia Pardo Bazán, 
y no ciertamente por falta de méritos literarios, pues no creemos de ningún 
académico que deje de reconocérselos extra- 
ordinarios; pero este caso se relaciona con la 
cuestión del feminismo. Doña Emilia es femi- 
nista: cree que ante la ley "no hay o no debe 
haber mujeres ni hombres, sino humanidad 
"tan sólo", que el sexo femenino gime en tra- 
dicional esclavitud, y que la justicia pide que 
las mujeres ejerciten todos los derechos y des- 
empeñen todos los cargos, políticos, adminis- 
trativos y literarios, siempre que demuestren 
mérito y capacidad, ni más ni menos que los 
hombres (2). Quizás al pretender un sitial aca- 
démico, su intento no ha sido tanto lograr un 
premio tan justamente debido a sus prendas de 
escritora, como poner su talento y fama al ser- 
vicio de la que estima causa de su sexo, abrien- 
do una brecha más en la muralla que, según los feministas, defendemos 
obstinadamente los varones. O quizás los académicos o la mayoría de ellos 
han tomado la cuestión por este aspecto, y no han querido prestarse a 
sancionar con sus votos este nuevo descalabro del uaronismo. 

En el siglo xvm hubo una académica de la Española: doña María Isi- 
dra Quintana, Guzmán y Lacerda, hija de los condes de Oñate, duques de 
Nájera. Consérvase impresa la oración o discurso que hizo esta señorita a 
la Academia en el acto de su ingreso (28-Diciembre-1784), así como la rela- 
ción de su recibimiento en 1785 como maestra y doctora en Filosofía y Le- 
tras Humanas por la Universidad de Alcalá, de la que, además, fué nom- 
brada catedrática honoraria de Filosofía moderna y consiliaria perpetua en 




Jacinto Octavio Picón. 

(1853) 



(1) Heraldo de Madrid (25-Noviembre-1913). Y en el folleto que sobre la Fiesta hizo la Residencia 
de Estudiantes. 

(3 Véase ABC (13-Mayo-1917). Artículo de la serie de D. Gregorio Martínez Sierra, El feminismo y 
¡a España que piensa. 



189 



SALCEDO ' LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

la Facultad de Artes. Serrano Sanz asegura (Biblioteca de Escritoras Espa- 
ñolas) que el discurso de la ilustre académica carece de mérito. Lo cierto 
es que doña María ¡sidra, después marquesa de Guadalcázar por su matri- 
monio, no parece que volvió a acordarse en su vida ni del doctorado ni de 
su sitial académico. En el siglo xix, Gertrudis Gómez de Avellaneda soli- 
citó ingresar en la Academia a cubrir la vacante de D. Juan Nicasio Galle- 
go (Febrero-1853); un académico exclamó: ¿Mujeres académicas? . . . ¡Pues 
que entren en quintas! (1). La salida fué muy celebrada como expresión del 
buen sentido, a la sazón, dominante. Hasta Fernán Caballero, mujer muy 
femenina y nada feminista, celebró la frase. El feminismo se ha desarrollado 
mucho desde entonces; pero el caso de doña Emilia acredita que no tanto 
como creen algunos. 

En vano hizo la insigne autora de San Francisco de Asís y de tantos 
otros libros y artículos admirablemente escritos, las gestiones oportunas 
cerca de los académicos solicitando su admisión: evasivas corteses o nega- 
tivas rotundas. En vano firmamos pidiendo lo mismo centenares o millares 

de convencidos de la superabundante idoneidad 
de doña Emilia para ser académica: no se nos 
hizo ningún caso. Distinguidos intelectuales ele- 
varon instancia al ministro de Instrucción Pública 
para que oficialmente declarase no haber en los 
estatutos de la Academia prohibición de admitir 
señoras, y de haberla, que fuese derogada. El mi- 
nistro pasó la instancia, conforme al uso burocrá- 
tico, a informe de la misma Academia; informó 
., *" V. ' . ésta que no existe tal cortapisa, y transcribiendo 
-"^-^ ^ los términos del dictamen académico fué contes- 

tada la instancia de real orden. El domingo 28 de 
Junio de 1914 se celebró en la sección séptima 
del Congreso, cedida para ello por el presidente 
Blanca de los Rios. de la Cámara D. Augusto González Besada, una 

"^^' reunión pública o mitin que presidieron doña 

Blanca de los Rios, las señoritas de La Rigada y 
Asas Manterola y los Sres. Alvarez Buylla y Tolosa Latour. Doña Blanca 
leyó un primoroso discurso enalteciendo el mérito literario de doña Emilia. 




(1) La Avellaneda creyó que el Conde de .San Luis iwé quien principalmente influyó en la negativa 
de su instancia, y por eso le llamaba su enemiKO. En una de sus cartas a Cepeda (26-Marzo-1834) le decia: «Ya 
'sabes que tenemos en el poder a tu amigo (y enemigo mió) Sartorius, que está haciendo lindezas. Este po- 
'bre pais da lástima." Véase Juan Pérez de Guzmán: artículos en La Ilustración Española ij Americana 
<15 y 22-Noviembre-19íj6), y Lorenzo Cruz de Fuentes: La Avellaneda (Autobiografía y cartas), segunda edi- 
rión, pág. 291. 

190 




VI - INSTRUCCIÓN PÚBLICA Y ACADEMIAS OFICÍALES 

y declarando que su exaltación al sitial académico sería no sólo un acto de 
justicia, sino una honra señalada para toda la intelectualidad femenina. 
Hablaron otros oradores en el mismo sentido y se nombró una comisión de 
que formaron parte D. Juan Vázquez de Mella y el Marqués de Figueroa. 
Todo inútil. De real orden ha sido nombrada doña Emilia catedrática de 
literaturas románicas modernas en la Facultad de Letras de la Universi- 
dad Central. En Coruña le han erigido una estatua, honor rarísima vez 
otorgado a los vivos que no son reyes, o por lo 
menos prohombres políticos de primera cate- 
goría. En lindo artículo publicado en El Impar- 
cial, manifiesta la monumentalizada señora su 
complacencia por haber conseguido este home- 
naje desusado; pero declarando, no sin cierto 
dejo de amargura, que ve en él una compen- 
sación a injustificadas pretericiones. Sin duda 
se refiere al desaire de la Academia. 

F) La Academia Española no sólo ha sido 
censurada y atacada por su criterio en la elec- Ju^" Vázquez de iweiía. 

ción de cargos y admisión de académicos, sino *' "* 

también en el ejercicio de su función literaria. 

Quien más sistemáticamente y con mayor acritud lo ha hecho en nuestro 
tiempo, es D. Antonio de Val buena (1), autor de la Fe de erratas del Dic- 
cionario de la Academia, esto es, de multitud de artículos publicados en 
varios periódicos, la mayoría de ellos en El Imparcial, y coleccionados 
luego en los cuatro tomos que llevan dicho título común. Muchas de las 
correcciones de Valbuena son atinadas — ¿en qué obra humana no podrán 
cazarse gazapos poniéndose a ello con mala intención y coraje? - y no 
cabe dudar de que el espontáneo y acre corrector es hombre de ingenio y 
bien enterado del castellano que se habla por el pueblo en su región leo- 
nesa, así como idóneo para escribir correctamente y con graciosa desen- 
voltura; pero extrema esta desenvoltura con lastimosa frecuencia hasta la 
grosería, abusando de los epítetos gordos, y muchísimas veces yerra en los 

(1) Natural de León, abogado y carlista, estuvo en el campo de D. Carlos, y a la conclusión de 
la guerra civil en la redacción de El Siglo Futuro, donde acreditó la sección Política menuda, semejante a 
las Misceláneas políticas que durante muchos años escribió en El Imparcial D. Enrique Hernández y Gil dr 
Tejada; pero harto más destempladas y agresivas contra los adversarios de láS ideas sustentadas por el par- 
tido carlista. Después empezó en El Imparcial, en series de artículos, sus campañas contra el Diccionario de 
ja Academia, y otros articules señalando ripios de poetas y prosistas o criticando al Instituto Geográfico, 
que han formado los Vihros Ripios aristocráticos. Ripios académicos, Ripios vulgares. Ripios ultramari- 
nos, Ripios geográficos, Des-trozos literarios. Ha usado los seudónimos de Miguel de Escalada, Raimundo 
Fernández y Venancio González; ahora usa el de Un católicj, para combatir desde lascolumnas de F.l País 
a Vázquez de Mella y a El Correo Español, por ser él opuesto a la germanofilia de ambos. 

191 



SALCEDO -LÁ LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

reparos a consecuencia de su íalta de conocimientos científicos y de su 
equivocación fundamental de tomar el habla campesina de su comarca 
natal, no por una de las formas dialectales más puras, aunque no de las 
más poéticas del castellano, sino por el castellano mismo en su perfecta y 
única expresión: para \'albuena los labriegos de su tierra son los auténti- 
cos y legítimos clásicos, y así, v. gr., si ellos dicen estropajo, ha de insul- 
tar a la Academia porque pone en su Diccionario estropajo, cuando estro- 
pajo dicen los castellanos y los andaluces y así lo escribió Cervantes. Don 
Manuel Silvela escribió algunos artículos contra los reparos de Valbuena, 
y bastaron para percatar al público de la poca ciencia e indiscreción del 
critico. 

G^ Ni la campaña de Valbuena, ni otras por el estilo, aunque menos 
insistentes, han mermado el prestigio de la Academia. Los servicios 
prestados a las bellas letras por esta corporación son notorios y grandes. 
Ella es nuestro verdadero senado literario en su doble aspecto de cámara 
conservadora de la buena tradición del idioma y del estilo, y de gremio de 
los optimates, en cuyos elevados sitiales desean sentarse cuantos culti- 
van literariamente la lengua castellana; y sí hay raras excepciones, son de 
las que confirman la regla. No serán académicos todos los que deben serlo, 
ni dejarán de colarse algunos intrusos en el templo por las puertas excu- 
sadas del favoritismo o de la intriga; pero ¿en qué humano colegio no su- 
cede lo mismo? En tesis general, la Academia recoge cuanto es digno de 
ser recogido, y difícilmente se probará de ningún académico absoluta falta 
de condiciones y circunstancias para el puesto alcanzado. 

Las publicaciones de la Academia contribuyen eficazmente al progreso 
y difusión de los conocimientos lingüísticos y literarios. Su Diccionario de 
la Lengua castellana (XIV edición), su Gramática, su Compendio de la Gra- 
mática, su Epítome de la misma, su Prontuario de Ortografía, son obras 
indispensables para todos, y que mejoran de edición en edición, recogiendo 
con firmeza y prudente cautela los adelantos de la ciencia del lenguaje. 
Debemos a la Academia la publicación de antiguos monumentos literarios, 
como El Fuero Juzgo, en latin y en castellano. El Fuero de Aviles (1), las 
Cantigas de Alfonso el Sabio (2), y estudios magistrales de la lengua, 
como el Glosario de voces ibéricas y latinas usadas entre los mozárabes, 
por D. Francisco Javier Simonet; la Biblioteca histórica de la Filología cas- 
tellana, por el Conde de la Vinaza; Gramática y vocabulario de las obras de 



(1> Con f-l texto en facsímile, sus concordancias y vocabulario, por D. Aureliano Fernández-Gue- 
rra y Orbe. 

(2) Con introducción histórica, critica y glosario, por el Marqués de Valmar. Y aparte un Estudio 
hitlórlco. critico y filológico, por el mismo señor (2.° edición). 

192 



VI ' INSTRUCCIÓN PÚBLICA Y ACADEMIAS OFICIALES 

Gonzalo de Berceo, por D. Rufino Lanchetas; el Cantar de Mío Cid (Texto, 
gramática y vocabulario), por D. Ramón Menéndez Pidal; El Dialecto vul- 
gar salmantino, por D. José de la Mano; el Vocabulario de palabras usa- 
das en Álava y no incluidas en el Diccionario de la Real Academia o que 
lo están en otras acepciones o como anticuadas, por D. Federico Baráibar 
y Zumárraga; el Diccionario de Calígrafos españoles, por D. Manuel Rico 
y Sinobas, con un apéndice sobre los calígrafos más recientes por D. Rufino 
Blanco, y el Vocabulario de refranes y frases adverbiales que Juntó el 
maestro Gonzalo Correas. 

No menos interesantes son sus ediciones de obras clásicas: El Siglo 
de Oro, de D. Bernardo de Valbuena, con el poema La Grandeza meji- 
cana; Rinconete y Cortadillo, edición critica de Rodríguez Marin; La Tía 
Fingida, edición critica de D. Julián de Apráiz; el Casamiento engañoso y 
el Coloquio de los perros, edición critica de D. Agustín G. de Amezúa; La 
Araucana, con prólogo e ilustraciones de D. Antonio Ferrer del Río; Come- 
dias escogidas de D. Juan Ruiz de Alarcón, con prólogo y juicio critico de 
D. Isaac Núñez de Arenas; Teatro escogido de D. Pedro Calderón de la 
Barca (dos tomos), con prólogo y juicio critico por D. Patricio de la Esco- 
sura; Obras de Lope de Rueda, con prólogo y vocabulario de D. Emilio 
Cotarelo y Morí; Poesías de Baltasar de Alcázar, con prólogo y vocabula- 
rio de Rodríguez Marín; Guerra de Cataluña, de Meló, con prólogo de don 
Jacinto Octavio Picón; La antigua versión castellana del Calila y Dimna, 
cotejada con el original árabe, con prólogo de D. José Alemany; Teatro 
completo de Juan del Encina, con un proemio por D. Manuel Cañete, adi- 
cionado por D. Francisco Asenjo Barbieri; Farsas y Églogas de Lucas Fer- 
nández, con prólogo e ilustraciones del mismo Sr. Cañete. Y sobre todo, 
la edición monumental de las Obras de Lope de Vega (quince tomos en 
folio): el primero contiene la biografía de Lope, por D. Cayetano Alberto 
de la Barrera, tesoro de erudición y de crítica histórica a que habrá que 
acudir siempre que se trate de conocer fundamentalmente a Lope y a su 
tiempo; los tomos del II al XIII inclusives llevan magistrales introducciones 
de Menéndez Pelayo, de lo más acabado, hermoso y sugestivo que nos ha 
legado el maestro, sólo comparables por el fondo y la forma a los prólogos 
de la Antología de poetas líricos. Después de la muerte de D. Marcelino (1), 
ha emprendido la Academia una Nueva edición económica de las Obras de 
Lope — van publicados dos tomos — ; si con eso se pretende vulgarizar la 
copiosa producción del rey de nuestra escena, vano juzgamos el intento: 
los que no compraban los tomos a veinte pesetas de la edición monumen- 

(1) Dejó impresos los tomos XIV y XV; pero sin componer las respectivas introducciones. 

193 

Salcedo. — La Literatura Española. — Tomo IV. 13 



iíDO ■ LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 



tal. tampoco adquirirán los tomos a mitad de precio de la edición econó- 
mica, y los que gustaban de aquélla no apreciarán ésta. Ahora, si de lo que 
se trata es de rendir a Menéndez Pelayo el homenaje que los atenienses 
tributaron a su buen rey Codro, no dándole sucesor por estimar que no 
habia persona di^na de sucederle, aplaudimos. La edición académica de 
Lope será siempre la que dirigió Menéndez Pelayo. 

Debemos también a la Real Academia la publicación de las Obras 
dramáticas del Duque de Frías, de las poéticas de D. Juan Nicasio Ga- 
llego, de las Poesías escogidas de Manuel del Palacio, con prólogo de 
D. Jacinto Octavio Picón, y de una Antología de poetisas líricas, prolo- 
gada por D. Manuel Serrano Sanz, y una porción de interesantísimas mo- 
nografías histórico-literarias: Bretón de los Herreros: Recuerdos de su vida 
// obras, por el Marqués de Molías; Jriarte y su época, por D. Emilio Co- 
tarelo; El Padre José de Acosta y su importancia en la literatura científica 
espartóla, por D. José Rodríguez Carracido; Biografía y estudio crítico de 
Jáuregui. por D. José Jordán de Urríes y Azara; Luis Barahona de Soto, 
por Rodríguez Marín; Pedro Espinosa: Estudio biográfico, bibliográfico y 
crítico, por el mismo insigne autor; Juan Rufo, Jurado de Córdoba, estudio 
biográfico y crítico por D. Rafael Ramírez de Arellano; Diego Sánchez de 
Badajoz: Estudio crítico, biográfico y bibliográfico, por D. José López Pru- 
dencio, y Ambrosio de Morales: Estudio biográfico, por D. Enrique Redel. 

Algunas de estas obras, como las sucesivas ediciones del Diccionario, 
son colectivas; toda la Academia toma parte en ellas, siendo objeto de las 
discusiones semanales las papeletas correspondientes a cada palabra. Otras 
son encargadas por la corporación a cualquiera de sus individuos o a per- 
sonas extrañas. Y otras son premiadas en los concursos o certámenes con- 
vocados al efecto, y que comenzaron en 1777, como queda dicho en el 
tomo III (pág. 137) (1). 

H) Para el debido encomio de la Real Academia Española bastaría el 
establecimiento de las Academias Americanas en las que fueron provincias 
de España y son hoy repúblicas independientes de Ultramar. Constitúyense 
estas corporaciones como correspondientes de la de Madrid, para que le 
ayuden con eficacia en la noble tarea de vigilar por la tersura, fijeza y es- 
plendor del común idioma castellano; pero procediendo con libertad en su 
organización interior. El acuerdo de fundarlas fué tomado el 24 de Noviem- 



•■...... i-.iblicación de la Academia sus Memorias (once tomos), que comenzaron a publi- 

carv! en líf70. y tuyo conocimiento, aunque sea somero, es indispensable a los amantes de nuestra lengua y 
literatura, y los discursos de recepción, también coleccionados en tomos. En Febrero de 1914 salió el primer 
cuaderno del Boletín de la Real Academia Española, excelente revista literaria (cinco números al año) El 
ultimo que tenemos a la vista es el cuaderno XVII (Madrid-1917). 

194 



VI -INSTRUCCIÓN PÚBLICA Y ACADEMIAS OFICIALES 

bre de 1870, y existen hoy: Academia Colombiana (Santa Fe de Bogotá), 
Academia Ecuatoriana (Quito), Academia Mejicana (Méjico), Academia 
Salvadoreña (San Salvador), Academia Venezolana (Caracas), Academia 
Chilena (Santiago de Chile), Academia Peruana (Lima) (1), Academia Gua- 
temalteca (Guatemala) y Academia Argentina (Buenos Aires). La Academia 
Científico-Literaria de la república de Honduras es sólo correspondiente de 
la Española en las materias propias de esta corporación. 

Las Academias Americanas son otros tantos baluartes erigidos en las 
naciones españolas de ultramar para defensa y conservación de las tradi- 
ciones de la patria común, y, por tanto, un elemento de castizo españolis- 
mo, tan eficaz para m.antener los lazos sociales con la antigua metrópoli, 
solar de la raza, como para sostener el ser y fisonomía peculiares y carac- 
terísticos de aquellos pueblos, nuevos por su organización política, tan 
antiguos como los europeos por la cultura en que se amamantaron, o, 
mejor dicho, en que nacieron a la vida civilizada. He aquí lo que decía el 
ilustre director de la Academia Colombiana, doctor Rafael María Carras- 
quilla, en la sesión solemne celebrada para conmemorar el centenario de 
la independencia de aquella república: 

"Envío hoy, al cumplir Colombia cíen años de vida independiente, 
''saludo de gratitud y respeto y filial cariño a la madre España, acreedora 
''nuestra nunca suficientemente pagada, porque la debemos raza, religión, 
"cultura y lengua. Sí nos emancipamos un día de sus leyes, no rechazamos 
""por eso ni su fe ni su idioma. Dejamos de ser subditos de Felipes y de 
"Fernandos, pero no hemos renunciado ni a ser discípulos del Evangelio 
"ni vasallos de Cervantes y Jovellanos, de Riojas y Quintanas. 

"Para nosotros, en el presente día, España se personifica en la real 
"majestad de la Academia, nuestra reina y señora natural en el orden lite- 
"rario. Autora fué ella del pensamiento de fundar estos institutos correspon- 
"dientes en las naciones hispano-americanas; ella ha estimulado a los lite- 
gratos de aquende el Océano, los ha recibido por suyos, los ha colmado de 
"agasajos maternales cuando han ido en persona a visitarla; ella compiló 
"las obras maestras de nuestros poetas, desde Méjico hasta Chile, y las hizo 
"juzgar con benévola justicia por el insigne Menéndez Pelayo" (2). 



(1) En junta de la Española (ll-AbriI-1917) fué aprobada la reorganización de ésta, a propuesta de su 
presidente D. Ricardo Palma. Este insigne literato peruano incomodóse en cierta ocasión con la Acade- 
mia, y separóse de ella, por no haber admitido ésta una porción de palabras hispanoamericanas que 
habia él recogido en el habla vulgar del Perú. 

(2) Otra de las obras insignes de la Academia Española es la Antología de poetas hispano-ameri- 
canos; cuatro volúmenes: I y II (1893), III (1894) y IV (1895). La refundición de los magníficos prólogos de 
Menéndez Pelayo constituye la Historia de la poesía hispano-americana, publicada en las Obras comple- 
tas del maestro, dos tomos; 1 (1911) y II (1913). 

105 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

El académico D. Antonio Gómez Restrepo añadía: "Los grandes hom- 
"bres. cuyo recuerdo celebramos en estos momentos, quisieron libertara 
'su pais de la dependencia politica de España; pero jamás pensaron en 
"que esa separación debiera comprender también el quimérico ensayo de 
"un idioma propio, formado sobre las ruinas del castellano. Entre todas 
"las repúblicas americanas se distinguió Colombia, por el interés con que 
"desde la independencia se preocupó por poner a salvo el idioma común 
"de las tendencias disgregadoras y anárquicas que pudieron temerse desde 
"entonces. 

"En La Miscelánea, periódico redactado por los beneméritos patricios 
"D. Alejandro Vélez y D. Pedro Acebedo, se publicaron en el año de 1825 
"unos importantes artículos, en que, con ocasión del proyectado congreso 
"de Panamá, se indica la convenienc;ia de procurar también la formación 
" de una alianza o federación literaria que asegure a estos países el goce 
'perpetuo del bien inapreciable de un idioma común; porque, agrega el 
"autor, si no procuramos desde ahora precavernos del mal, de aquí a medio 
'siglo será muy difícil en Colombia entender los periódicos de Buenos 
'Aires, y de aquí a uno será necesario hacer traducciones de las gacetas 
"de Méjico. . . 

"El escritor de La Miscelánea prescindía de España, sin duda porque 
"los recuerdos aún vivos de la magnaguerra hacían imposible entonces 
"hasta el acercamiento intelectual; en época más serena la lógica le habría 
"obligado a reconocer que el medio más eficaz de asegurar esa unidad que 
"él anhelaba, consistía en mantener un centro común de autoridad, un tipo 
"de casticismo, al cual pudieran referirse los pueblos americanos, para 
"comprobar los grados de fuerza o de corrupción de las hablas locales. 
"Castilla la Vieja continúa dando en el idioma de su pueblo el ejemplar 
" más auténtico de lo castizo. Esta preeminencia, concedida por la naturaleza, 
"merece respeto y acatamiento. Así los escritores americanos que han 
"querido conservar en su estilo el aire de familia, la ejecutoria de la 
"nobleza literaria, se han remontado a las fuentes vivas de la lengua, y si 
"clásico fué Miguel Antonio Caro, el paladín de la tradición, no menos que 
"él lo fué Juan Montalvo, heraldo de las ideas revolucionarias (1). Castizo 
"fué Bello, patriarca de las letras americanas; y también lo fué, casi a su 
"pesar, Juan María Gutiérrez, no obstante sus erradas teorías sobre la inde- 
" pendencia del lenguaje en el nuevo mundo" (2). 

(I) -Una de las razones que hicieron popular y famoso a un escritor ecuatoriano, genial, por otra 
•parte. D. Juan Montalvo, fué su manera de escribir arcaica, su culto por Cervantes y por el Diccionario." 
Rubén Darío: El Viaje a Nicaragua. 

Í2) El Sr. Gómez Kestrepo ha tenido la bondad de remitirnos los tomos II (1910-1911) y III del 
Anuario de la Academia Colombiana y la magnifica edición oficial de las Poesías de Rafael Pombo, hecha 

19S 



VI 'INSTRUCCIÓN PÚBLICA Y ACADEMIAS OFICIALES 

De tales pensamientos y afectos están henchidos los discursos y me- 
morias que se pronuncian o leen en la Academia Colombiana, e iguales o 
semejantes a ellos son los que inspiran a las demás de América. En la 
junta celebrada por la Española el 11 de Abril de 1917 el académico don 
Manuel de Saralegui expuso el vivo deseo de varios escritores filipinos, 
residentes en Manila, de fundar una academia, filial de la nuestra, para 
mantener vivo el uso del idioma castellano en Filipinas, y aun fomentar su 
cultivo y progreso. La Academia comisionó al Sr. Saralegui para condu- 
cir este asunto hasta lograr su satisfactorio término. 

54. La Academia de la Historia. — De las otras reales aca- 
demias es la de la Historia la que más íntima relación ha tenido siempre 
con la Literatura, ya por la de ésta con la historia en general, ya por ser 
el histórico un género literario de los más importantes (1), ya porque la 
historia de las bellas letras es uno de los capítulos esenciales de la historia 
social y política. 

Las mismas vicisitudes fundamentales ofrece esta Academia que la 
Española por lo que se refiere a su organización, profundamente modifi- 
cada en ambas por el decreto de 25 de Febrero de 1847 (2). No ha sido tan 
rigorosa esta corporación como su hermana la de la Lengua, en no elevar 
a su dirección o presidencia sino a personajes políticos de primera calidad; 
alguno ha tenido como D. Antonio Cánovas del Castillo (1882-1897), que 
fué el principal de todos en su época y que, a no haberlo sido, hubiese 
merecido de todas maneras presidir a los cultivadores de los estudios histó- 
ricos; otros prohombres de la política, pero a la vez de la erudición, como el 
primer Marqués de Pidal (1853-1855) y D. Antonio Benavides (1862-1882); 
otros menores en la esfera de los estudios que en la del gobierno y clase 
social, como el Barón de la Joyosa (1845-1849), el ministro D. Luis López 
Ballesteros (1849-1853), el general San Miguel (1853 1862) y el Marqués 
de la Vega de Armijo (1897-1908), y otros, finalmente, que aunque de bue- 
nas carreras y decente posición, sólo en el campo de las letras han llegado 



bajo la dirección del mismo Gómez Restrepo en Bogotá (tomo 1-1916 y 11-1917), asi como las Fábulas y 
Verdades, del insigne Ponibo (1916). La benevolencia del Sr. Gómez Restrepo con el autor de este libro 
no tiene otro fundamento que la extremada con que ha juzgado la obra. Excusado nos parece añadir cuan 
profundamente lo agradecemos. 

(1) Véase sobre este punto el magnifico discurso de recepción de Menéndez Pelayo (13-Mayo-1883) 
sobre el tema: La Historia considerada como arte bella. Reproducido en la Herista de Madrid (tomo V, 1883, 
página 529 y siguient.-) y en la primera serie de Estudios de critica literaria (1884). 

(2) Para conocer bien la modificación introducida entonces, véase Memoria histórica de la Real 
Academia de la Historia, por D. .luán Pérez de Guzmán y Gallo, en la sesión de 22 de Abril de ¡917 {pági- 
na 32), donde se trata a propósito de consulta elevada a la corporación por el Conde de Cerrageria acerca de 
la situación académica de su abuelo D. Antonio Cabanillas y Ceuti. 

197 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

a la cumbre, como D. Martin Fernández de Navarrete (1825-1844), el agus- 
tino Fray José de la Canal (1844-1845), D. Eduardo Saavedra (1908-1909), 
D. Marcelino Mencndez Pelayo (1909-1912) y el P. Fidel Fita, elegido el 
28 de Mayo de 1912, y que felizmente reina. La elección de Menéndez 
Pelayo tuvo cierto hermoso carácter de reparación o desagravio por los 
desaires que habia sufrido el maestro en las academias de San Fernando y 
Española, y dio motivo a más de setecientos admiradores suyos para ren- 
dirle el homenaje de la medalla de bronce, bellamente modelada por don 
Lorenzo Coullot Valera (25-Octubre-1910). 

Como en la Española, en la de la Historia no han figurado segura- 
mente cuantos lo merecen, y algunos habrán ocupado sus sitiales sin me- 
recimientos bastantes o muy discutibles títulos para el ingreso; pero es 
indiscutible que a esta insigne corporación han pertenecido y pertenecen 
los más aventajados eruditos e investigadores españoles y que ella ha diri- 
gido efectivamente estos estudios, tan importantes y serios en la época 
moderna. Por real orden de 4 de Diciembre de 1833 fué autorizada la 
Academia para reconocer, copiar y extractar los documentos del Archivo 
de Simancas, lo cual abrió una senda nueva para la investigación histórica^ 
triunfal y provechosamente recorrida por eruditos españoles y extran- 
jeros (1). 

A las publicaciones todas de la Real Academia de la Historia tiene que 
recurrir constantemente el profesional y aun el simple aficionado a la litera- 
tura española en busca de noticias interesantes. El Boletín, hoy en el 
tomo LXX (cada dos tomos corresponden a un año), debe ser considerado 
como revista literaria, de tan imprescindible consideración y manejo como 
el de la Academia Española, la Revista de Filología y la Hispano- America- 
na. Ya en el curso de esta obra queda indicado algo de lo mucho que deben 
nuestros estudios a ese Boletín que nos ha servido de fuente hartas veces, 
especialmente al tratar de Garcilaso de la Vega, Cervantes, Hurtado de 
Mendoza, Santa Teresa, etc. 



(1» Véase tomo II, pág. 39. Después de la autorización a la Academia no se concedieron otras 
hasta 1»13. en que por dos reales órdenes de 23 de Agosto se otorgaron al francés Melchor de Tiran y al cele- 
bérrimo belga Próspero Luis Gachard. Del primero no conocemos el fruto de las investigaciones, si es que 
llegó a verificarlas. Gachard estuvo en Esparla hasta Diciembre de 1844, y en 1848 salió en Bruselas el primer 
volumen de la Correspondance de Philippe II sur les uffaires des Paijs-Bas; el V vio la luz en 1879. Para 
rontinii.ir esta obra monumental ha venido varias veces a Simancas el profesor de Bruselas Henry Lonchay,^ 
;>uior <|. la edición critica y comentada de las Memorias del coronel Verdugo y de La Rivalité de la Frunce 
et df. ¡Upafjne aux Pays-fías (w:¡5-¡70()). Gachard es autor, además, de la Correspondance de Guillaume 
le Tnrilurnc (1HÍ7-18W);, Correspondance de Maryuerite d'Autriche avec Philippe ¡I (1867-1881), Correspon- 
dance dAlexandre harnene (1853), Don Carlos et Philippe ¡I (1863), etc. Sobre la contribución de los belgas 
al eírlarerimiento dt la historia de España véase el opúsculo del autor de este libro: "BiHyica ij España. Ar- 
Ucutfji publicados en el -Diario de Barcelona' y otros periódicos. Madrid, Gran Imprenta Católica, 1916'. 

198 



VI 'INSTRUCCIÓN PÚBLICA Y ACADEMIAS OFICIALES 

55. Otras Academias: A) La de San Fernando. B) La de 
Buenas Letras de Barcelona. C) La Sevillana de Buenas 
Letras. D) La Hispano- Americana de Ciencias y Artes de 
Cádiz. — A) Hermana la Literatura de las otras bellas artes, también tiene 
que aprender el literato en las publicaciones y en los discursos de la Real 
Academia de San Fernando. Muchos de los discursos refiérense de un 
modo muy directo al objeto de nuestro estudio, v. gr., La idealidad en la 
obra de arte (recepción de D. Francisco Javier Amérigo, 21-Octubre-1900); 
El anarquismo en el Arte (recepción de D. Mariano Benlliure, 6-Octu- 
bre-1910); Circunstancias que deben concurrir en los asuntos que tratan 
las bellas artes según sus peculiares condiciones (recepción de D. Antonio 
Cánovas del Castillo, 29-Mayo-1887); El realismo y el idealismo en las artes 
(recepción de D. Leopoldo Augusto de Cueto, 25-Mayo-1872); Influencia 
de lo real y de lo ideal en el Arte (recepción de D. Francisco Fernández y 
González, 12-Junio-1881); Lo que fué la estética de la Pintura y la crítica 
pictórica en los tratadistas del Renacimiento, especialmente en los españo- 
les (recepción de D. Marcelino Menéndez Pelayo, 31-Marzo-1901) (1); Crea- 
ción y desarrollo de la zarzuela española (recepción de D. Antonio Peña 
y Goñi, 9-Noviembre-1902); Cuánto importa cuidar del sentimiento estético 
en los pueblos; cuáles son los peligros que más de cerca le amenazan, y 
cuáles las tendencias que deben seguir los gobiernos para evitarlas (recep- 
ción de D. Francisco Silvela, 20-Noviembre-1904); Elogio del Duque de 
Riuas, por D. José Amador de los Ríos (sesión 20-Mayo-1866); Gran ana- 
logía, unión y fraternidad que existe entre todas las Bellas Artes, por don 
Francisco Asenjo Barbieri (sesión lO-Mayo-1874); El realismo en el Arte, 
por D. Francisco M. Tubino (sesión inaugural de 1879); etc. 

B) Más apartadas las otras Reales Academias de la literatura, sólo 
pueden ofrecer al literato el atractivo de la bella forma didáctica de muchas 
de sus obras. No asi la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona, 
cuyo fin es "cultivar las bellas letras en general, y especialmente aquellos 
"ramos del saber que más pueden contribuir a ilustrar la historia de Cata- 
"luña" (articulo 1.° de sus Estatutos), que se ufana de ser la más antigua 
de España, pues entronca su origen con la Academia de los Desconfiados, 
que funcionaba en el último tercio del siglo xvii y dedicó multitud de ele- 
gías a la muerte de Carlos II. En 1729 tomó el carácter que todavía con- 
serva, tuvo el encargo de hacer un diccionario catalán-castellano y caste- 



(1> Está reimpreso el discurso de Menéndez Pelayo en la cuarta serie de Estudios ríe critica lite- 
raria, 1907. 

199 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

llano-citalán. sostenía tres cátedras públicas y gratuitas, una de Lengua 
castellana, otra de Oratoria y literatura nacional, y otra de Historia de 
España con aplicación a Cataluña, son buenos su Archivo y Biblioteca, 
cuenta entre sus íjlorias haber formado en Barcelona el primer Museo Ar- 
queológico que ha existido en nuestra patria y que hayan sido miembros 
suyos los más insignes catalanes modernos, como Balmes, Milá y Fonta- 
nals. BofaruU. Rubio y Ors, Mané y Flaquer, etc.; actualmente, si no con el 
estruendo de otros organismos de índole más batalladora y no tan explí- 
citos en su adhesión a la unidad nacional, sigue contribuyendo de un modo 
eficaz a la cultura de la opulenta y hermosa metrópoli catalana. 

C) En Andalucía, la Academia de Buenas Letras sevillana representa 
la misma tradición que su homónima barcelonesa en el Principado. En el 
tomo III de este libro (pág. 293 y siguientes) queda indicada la fundación 
de esta Academia y la afición de los literatos sevillanos de fines del 
siglo xviii y principios del xix (Arjona, Matute, Reinoso, Roldan, Lista) a 
este género de reuniones. Allí quedó también señalado el año de 1751 
como el de la fundación de la de Buenas Letras que, según la opinión 
común, celebró su primera junta el 16 de Abril del citado año, en casa del 
beneficiado de la parroquia de Santa Lucia, D. Luis Germán y Riboa; no 
falta, sin embargo, quien sostenga que tal junta no fué hasta el 16 de Junio 
de 1769. Lo positivo es que la Academia actual es la que ha conservado 
en nuestra época el espíritu de la escuela sevillana en su doble aspecto 
poético y erudito, que sus recepciones son acontecimientos sociales en la 
ciudad del Betis, que con sus medallas académicas se honran preclaros 
ingenios, y que en sus discursos tienen mucho que aprender todos los lite- 
ratos de la nación. 

Antes de ser académico de la Española, lo fué Rodríguez Marín de la 
Sevillana de Buenas Letras, y sus discursos en ésta: De los refranes en 
general y en particular de los españoles (recepción 1895), En qué cárcel se 
engendró el Quijote (8-Mayo-1905), y los leídos en las recepciones del 
Marqués de Jerez de los Caballeros (1897), en la de D. Carlos Cañal (1899), 
y en la de D. Emilio Llach y Costa (1902), son de los más primorosos flo- 
rones de la corona del insigne maestro. También son muy apreciables los 
citados académicos. De nacional resonancia y motivo de luminosa contro- 
versia el de recepción de D. Antonio Rodríguez Jurado (véase tomo II de 
esta obra (pág. 31). Honran igualmente a la Corporación entre otros muchos 
que por la brevedad hemos de omitir, el poeta lírico y dramático, profundo 
conocedor de los clásicos, novelista, periodista y jurisconsulto D. Luis 
Montóte y Ransíentranch (nació en 1851); su hijo D. Santiago Montoto de 
Sedas que muy joven ingresó en la Academia (4-Mayo-1913), con un nota- 

200 



VI ' INSTRUCCIÓN PÚBLICA Y ACADEMIAS OFICIALES 

ble discurso sobre la poetisa doña Gregoria de la Parra e Ineynoghe, en 
las Carmelitas Descalzas sor Gregoria Francisca de Sania Teresa de Jesús; 
el presbítero D. José Sebastián Bandarán, último que ha ingresado (29-Oc- 
tubre-1916), leyendo un eruditísimo discurso sobre La fundación del primer 
Estudio de la Compañía de Jesús en Sevilla, etc. 

D) Debemos mencionar, por último, la Academia Hispano- Americana 
de Ciencias y Artes de Cádiz, fundada en 1910, de que es presidente de 
honor S. M. el Rey, académicos protectores los presidentes de las repúbli- 
cas españolas de América, y que tiene por objeto estrechar las relaciones 
intelectuales entre los españoles de ambos continentes, esto es, el que es 
uno de los fundamentales de este libro. 




201 



LA LITERATURA ESPAÑOLA CONTEM- 
PORÁNEA ^ VIL - SOCIEDADES Y TER- 



TULIAS LITERARIAS 



(1) 





El Parnasillo. — Ya queda indicado en el tomo III 
(pág. 425) que de la costumbre de Arriaza de tomar 
café o chocolate por las tardes en el café del Príncipe, 
saloncito donde hoy la contaduría del Teatro Español, 
derivóse la más famosa tertulia de la época moderna: 
el Parnasillo. Creía recordar el Marqués de Molíns que 
este titulo, entre burlesco y encomiástico, fué puesto por D. Juan Nicasio 
Gallego. Es difícil reconstruir la historia de la tertulia del café del Príncipe, y 
mucho menos, puntualizar las fechas de su desenvolvimiento (2). En su pri- 



(1) 56. El Parnasillo. — 57. El Ateneo de Madrid: A) Su fundación. Predominio 
de los moderados. B) Predominio de los demócratas. La Holanda española. C) Las 
conferencias. Indicación de las que directamente se refieren a la Literatura. D) Las 
secciones. Otros trabajos del Ateneo. — 58. El Liceo. Su fundación e idea general de 
su historia. - 59. La vida interior del Liceo: A) Los aristócratas. El Duque de Rivas. 
El Du(fue de Frias. Los banqueros. La familia real. B) Secciones: su carácter. Músicos. 
Escultores. Pintores. C) El cuadro de los poetas. — 60. Poetas especialmente relacio- 
nados con el Liceo: A) Zorrilla. B) Campoamor. C) Romero Larrañaga. D) Rodríguez 
Rubi. — 61. Otros hechos del Liceo: A) El triunfo de Gertrudis Gómez de Avellaneda. 
B) Homenaje a Calderón de la Barca. C) La revista "El Liceo". — 62. Otras sociedades 
y tfrt alias: Aj Disolución del Parnasillo. El cuarto de Romea. B) El Instituto. C) Ter- 
tulias de Escosura, Cañete, Fernández-Guerra, Nocedal. — 63. Tertulias del Duque de 
Rivas !j del Marqués de Molins: A) El Duque de Rivas como hombre de sociedad. 
B) El Marqués de Molins: carácter de su tertulia. C) "El juego de la (¡uincena". D) Las 
tertulias dpl Marqués de Heredia. 

(2) I^ji dos fuentes principales para e! conocimiento del Parnasillo son las Memorias de un setentón, 
de Mesíjnero Romanos, y el libro Bretón de los Herreros, del Marqués de Molins. Es menester manejarlas 
con suma discreción, pues en ambas se trata de recuerdos evocados en la vejez de tiempos ya muy remotos 

202 



VII - SOCIEDADES Y TERTULIAS LITERARIAS 

mer período fué pequeña tertulia de café, en torno de la mesa ocupada por 
Arriaza y sus amigos. El corro acrecentóse poco a poco, o mejor dicho, di- 
vidióse en tantas mesas como había en el cafetucho, acudiendo a éste los 
escritores jóvenes, los pintores Madrazo, Rivera, Texeo, Carderera, Jimeno, 
Camarón, Villamil, Esquivel, Mendoza, Gutiérrez de la Vega, etc.; los arqui- 
tectos Mariátegui, Colomer y Alvarez (Aníbal); los grabadores Peleguer, 
Castelló y Ortega; los impresores Burgos y Sancha; el editor Delgado, y mu- 
chas otras personas: aristócratas, políticos, ingenieros, médicos, etc., aficio- 
nados a las letras y artes y al trato de los que las cultivan. Años antes de 
morir Fernando VII — Mesonero no recordaba si el año de 1830 o el 31 — , 
formalizóse la reunión mediante un contrato con el dueño del café que 
aumentó las mesas, la iluminación, el surtido y los servidores del estableci- 
miento (1), y los concurrentes, ya muy numerosos, repartiéronse los sitios; 
hubo varias secciones o pandillas: los líricos, los dramáticos, los bucólicos, 
los críticos, los prosistas, los satíricos, los afines, los discordes, los entusias- 
tas. "Todavía, advierte el Curioso Parlante, no se habían inventado los 
románticos". 

Llegó el Parnasillo a su apogeo en la época romántica. Llegó un día 
"en que el autor aplaudido, el artista premiado, el fogoso tribuno, el perio- 
"dista audaz, no se daban por satisfechos si no iban a depositar sus laure- 
"les en aquel obscuro recinto y a recibir en él la confirmación o el visto 
"bueno de sus triunfos literarios o artísticos, periodísticos o parlamenta- 
"rios. . . El ministro cesante o dimisionario, al abandonar la dorada pol- 
"trona, tornaba a ocupar su silla en un rincón del Parnasillo. . . Reconcen' 
"tróse en aquellas estrechas paredes lo más vital de nuestra sociedad. . . 
"De aquel modesto tugurio salió el renacimiento de nuestro teatro moder- 
"no; de allí surgieron el Ateneo, el Liceo y el Instituto, y otras varias agru- 
" paciones literarias; de allí la renovación de las academias, de la cátedra 
"y de la prensa periódica; de allí los oradores parlamentarios y los fogosos 
"tribunos; en fin, una completa transformación social. Este movimiento en 
"nuestra cultura se desarrolló en el período de 1835 al 40. . . " (2). 

Cuando Zorrilla se dio a conocer en el entierro de Larra, Luis Gonzá- 



de la juventud. Hay, sin duda, grandes equivocaciones en estos relatos, v. gr., la de Molins suponiendo a 
Espronceda "no liabiendo creado aún la sociedad de los Numantinos, contentándose con las calaveradas de 
•guardia de corps, no habiendo aún tomado por modelo a Byron.y consultando en el Parnasillo las magni- 
'ficas octavas de su Pelayo". Hay en estas noticias las confusiones más lamentables: Espronceda, que nunca 
fué guardia de corps, no pudo asistir al Parnasillo hasta que volvió de la emigración, y eran ya cosas pasa- 
das y aun remotas en su biografía los Numantinos y ol Pelayo. Véase tomo III, pág.446 y siguiente. 

(1) Aumentó, dice, xma lámpara, reforzó el mobiliario, puso otro camarero — Pepe, a quien los con- 
currentes llamaban Pipi — , y estableció medios sorbetes, a dos reales, y por este mismo precio el café con 
su plus o tostada. 

(2) Memorias de un setentón. 

203 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

lez Bravo le sacó del cementerio de entre la multitud que le abrazaba y 
aplnudia. y lo llevó en coche a comer en la fonda de Genyes, calle de la 
Reina. "Desde aquella tarde fué para mí Luis, como yo para él fui Pepe; la 
"suya fué la primera mano en que me apoyé para poner mi pie derecho 
*en el primer escalón del efimero alcázar de mi fama, y desde entonces 
"no he tenido más bravo amigo que González Bravo.. . (1). Desde la 
"fonda me llevó Luis, orgulloso de llevarme, al café del Principe, donde 
"hallé a Bretón, a Ventura, a Gil y Zarate, a García Gutiérrez, que me 
"reconoció y con quien trabé pronto amistad, al buen Hartzenbusch, a 
"quien quise desde aquella noche como a un hermano mayor. 

"No sé quién me llevó a las diez a casa de Donoso Cortés. . . Allí en- 
*contré a D. Nicomedes Pastor Díaz y a D. Joaquín Francisco Pacheco, que 
"con el jurisconsulto Pérez Hernández estaban tratando de fundar £"/ Por- 
" venir. . . Yo era un chico, no cumplí veinte años hasta cuatro días después 
"del de la muerte de Larra; estaba animado por el éxito de aquella tarde y 
"por los plácemes y aplausos que acababa de recibir en el café del Prínci- 
*pe; recíteles mi destartalada composición A Venecia, el romancillo de 
"unos gómeles que corrían por la vega de Granada y unas redondillas a 
"una dueña de negra toca. . . Se fascinaron con las circunstancias fantásti- 
"cas de mi aparición y con la excentricidad de mi nuevo género de poesía 
"y de mí nueva manera de leer, y me ofrecieron el folletín de El Porvenir 
"con 600 reales mensuales, único sueldo que en este periódico se debía 
"pagar, porque iban a escribirle sin interés de lucro, en pro de su política 
"comunión" (2). 

Estos pormenores son extraordinariamente representativos de la época. 
Zorrilla, triunfador en el cementerio, junto a la fosa de Larra, es conducido 
por sus admiradores al Parnasillo, para que allí fuera confirmado, por de- 
cirlo asi, su ruidoso ingreso en el gremio literario, y del Parnasillo es 
llevado a casa de Donoso Cortés, donde obtiene colocación en un periódico 
político que va a fundarse, con 30 duros de sueldo mensual (3). El Parna- 
sillo era, de esta suerte, como el olimpo y el cuartel general de los litera- 
tos. Muchas tertulias brotaron en Madrid; todas eran secuela o derivacio- 



(1) Nació en Cádiz (8-Julio-1811). Estudió I.cyes en la Central. En esta época era redactor de £/ Espa- 
ñol y de El Álbum. "No era más — dice Zorrilla (Recuerdos del tiempo viejo, pág. 38) — que iijera en no 
•recuerdo qué periódico; pero según fué ascendiendo en la escala de la fortuna, se volvió a mi desde cada 
■jK lfI;iño que subia, a tenderme aquella misma mano con que me sacó del cementerio. . . .mi objetivo no era 
"i 1 |,'<litica, y con tanta pena suya como desdén mió, le dejé subir solo. .. Cuando volvi a Madrid en 1866 era 
•prisidente del consejo de ministros, y decían que tenia la nación en sus manos; pero para mi fué el mismo 
'Luis Bravo. .. el primer arniíjo del poeta Zorrilla". 

(2) Zorrilla: Recuerdos del tiempo viejo. 

(3) Lo que para él en aquella ocasión era una fortuna. "Cuando llegaron a nuestras manos — dice — 
*mis primeros treinta duros de El Porvenir, nos creímos dueños del universo". 

204 



VII - SOCIEDADES Y TERTULIAS LITERARIAS 

nes de la central instalada en el café del Príncipe. "Juntábanse por enton- 
"ces a menudo — esciibe el Marqués de Molíns — los poetas del Parnasillo 
"en mi habitación, donde con más seguridad se podía hablar de política y 
"con mayor vehemencia de literatura" (1). 

57. El Ateneo de Madrid: A) Su fundación. Predominio 
de los moderados. B) Predominio de los demócratas. La 
Holanda española. C) Las conferencias. Indicación de las 
que directamente se refieren a la literatura. D) Las seccio- 
nes. Otros trábalos del Ateneo. — A) El Ateneo Científico, Litera- 
rio y Artístico de Madrid fué inaugurado el 6 de Diciembre de 1835, en la 
casa-palacio del Duque de Rivas (plaza de la Concepción Jerónima), su pri- 
mer presidente, elegido en la junta preparatoria celebrada el 26 de Noviem- 
bre anterior. Surgía la nueva sociedad como continuadora de la que con el 
mismo titulo de Ateneo había funcionado en el trienio liberal de 1820-23 (2), 
y como fundación de la Sociedad Económica Matritense que, en 31 de Oc- 
tubre del mismo año de 35, aprobó la proposición de D. Juan Miguel de los 
Ríos (3) para fundarla y nombró una comisión al efecto. El nuevo Ateneo 
era, sin embargo, diferente del antiguo, careciendo del carácter de sociedad 
patriótica que tuvo el del trienio, y la iniciativa de la Económica fué for- 
mularia: "el iniciador del pensamiento fué el Sr. Ríos; el verdadero autor 
"y promovedor del proyecto Mesonero Romanos, el cual había hablado a 
"la mayor parte de los concurrentes y buscado el local, que fué en la calle 
"del Prado, núm. 28, esquina a la de San Agustín, casa llamada de Abran- 
"tes, en que a la sazón tenía su establecimiento tipográfico D. Tomás 
"Jordán, que cortésmente cedió sus salones" (4). 

Presidió el Duque de Rivas hasta que, con Alcalá Galiano, consiliario 
del Ateneo, entró a formar parte del gobierno (15-Mayo-1836), gabinete 
que cayó estrepitosamente tres meses después a consecuencia del motín 
de La Granja, habiendo de huir disfrazados el Duque y Alcalá Galiano por 
temor a las iras de los progresistas. Don Salustiano de Olózaga heredó la 



(1) Bretón de los Herreros, pág. 79. 

(2) Véase tomo III, ptig. 425, nota 2. 

(3) Ríos nació en Madrid hacia 1806. El 4 de Marzo de 1826 licenciado en Derecho Civil. Profesor 
en Madrid (1836). Trasladado a la Universidad de Sevilla en 1843. Fué académico de la Real Sevillana de 
Buenas Letras y fundador y presidente de la Academia Sevillana de Legislación y Jurisprudencia. En 2 de 
Junio de 1848 solicitó venir a Madrid para acompañar a sus ancianos y valetudinarios padres. Escribió: 'De- 
recho Político General español y europeo, tres volúmenes, Madrid, 1845-46" y "Código especial del reinado 
intruso de José Napoleón Bonaparte, Madrid, 1845". Estos son los principales datos que ha podido recoger 
el Sr. Labra, después de prolijas investigaciones, y que figuran en su monografía El Ateneo. 

(4) Marqués de Molins: Discurso de apertura del Ateneo (18-Noviembre-1874). 

205 



SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

presidencia; pero ni él, ni Rios. ni en general ningún progresista, veía con 
buenos ojos la naciente institución, tildándola áe jouellanista o moderada. 
Era natural: los intelectuales de aquella época eran moderados y predomi- 
naban en el Ateneo. 

Tanto fué así que Olózaga pensó seriamente en disolverlo. Se opuso 
Mesonero diciendo a D. Salustiano que, lejos de hacerlo, habla que tras- 
ladar la sociedad a mejor casa, aumentar la biblioteca e invitar para dar 
conferencias a las primeras notabilidades de la época. 

— Pues ya que tan felices se las promete usted, contestó D. Salustiano, 
tráigame una lista de esas notabilidades a quien vamos a encomendar las 
cátedras. 

Al día siguiente le llevó Mesonero una nota con los nombres de 
Donoso Cortés, Lista, Pacheco, Pérez Hernández, Benavides, etc. 

— Todo esto está muy bien, dijo el presidente, pero veo un inconve- 
niente grave: todos los que usted me indica son moderados. Si usted pu- 
diese hallar otros de distinto color político. . . 

— Ya lo he pensado, repuso Mesonero, y no lo veo fácil. Si usted 
me autoriza, sin embargo, invitaré a D. Fermín Caballero, a los eclesiásti- 
cos Rico y Santaella (que entonces pasaba por muy avanzado en sus opi- 
niones políticas y hasta teológicas), y a D. Fernando Corradi (1), que son 
los únicos entre los socios que estimo competentes, de ese color político 
que usted desea. 

Por virtud de esta conversación, Corradi fué profesor de Literatura 
extranjera, y el presbítero Santaella, futuro comisario general de Cruzada, 
dio conferencias sobre la Influencia de la Religión en la Política. Teníase 
a este señor, como ya se ha indicado, por tan regalista que más bien mere- 
cía el calificativo de cismático; pero en su primera lección mostróse tan 
ajustado a la ortodoxia e ideas ultramontanas que Olózaga, muy contra- 
riado, no salía de su asombro, y Donoso Cortés dijo a Mesonero: 

— Pues, señor, si este hombre es cismático, también lo soy yo. 
Cerradas las cortes constituyentes (4-Noviembre-1837), los moderados 

— caso raro o quizás único en España — ganaron las elecciones generales al 
Gobierno progresista, y subieron al Poder (16-Diciembre). Este cambio tuvo 
su repercusión en el Ateneo: en las elecciones presidenciales fué derrotado 
D. Salustiano de Olózaga por D. Francisco Martínez de la Rosa, a quien 
sucedieron los también moderados Alcalá Galiano, Pidal y Pacheco. En 
este período mejoraron extraordinariamente las condiciones materiales del 



(1) Escritor progresista (nació en 1808; murió el 26-Febrero-1885). Los últimos veinte años de su vida 
dirigió El Clamor Público. 

206 



vil ' SOCIEDADES Y TERTULIAS LITERARIAS 



Ateneo, trasladado, en Junio de 1839, a la casa dé la calle de Carretas 
esquina a la plaza del Ángel, propiedad del Marqués de Falces y llamada 
del Consulado, y en 1840 a la de la calle de la Montera, núm. 40, donde 
estuvo hasta la construcción de su actual palacio, calle del Prado, 25; se 
formó la biblioteca cuyo primer catálogo, obra de Mesonero Romanos, es 
de 1840; y el predominio de los moderados, combatido por la oposición 
progresista, originó más de una vez ruidosos incidentes. 

A fines de 1840, dueños los progresistas del Poder público, el gober- 
nador de Madrid hubo de advertir a la Junta directiva del Ateneo que no 
toleraría que la sociedad fuese un foco de oposi- 
ción contra el liberalismo exaltado. En 1842, en 
plena regencia de Espartero, de orden gubernati- 
va suspendiéronse por algunos días las sesiones y 
reuniones de la Casa. Don Fernando Corradi aspiró 
a substituir a D. Antonio Alcalá Galiano en la cá- 
tedra de Política; la Junta directiva eludió la pre- 
tensión suprimiendo la cátedra, pero creó una de 
Historia del gobierno y legislación de España, en- 
comendándola a D. Pedro José Pídal, que la des- 
empeñó de 1841 a 1843; alborotáronse los progre- 
sistas acaudillados por Ríos y González Bravo, y 
hubo voto de censura, debate ardiente y votación 
favorable a los moderados. En 1850, D. Nicolás 
María Rivero (1) empezó una serie de lecciones 
sobre Filosofía moderna; sus ideas irreligiosas y 

exaltadas disgustaron a la mayoría de los socios; el presidente, Alcalá 
Galiano, llamó la atención del profesor demócrata, y éste renunció a con- 
tinuar sus explicaciones. 

B) Con la desaforada oposición al Conde de San Luis, perdió el Ate- 




Joaquín M. López. 

(1802-1858) 



(1) Nació en Sevilla (3-Febrero-1815). Murió en Madrid (5-Diciembre-1878). Abogado y médico, no 
ejerció ninguna de ambas carreras, dedicándose siempre a la política como demócrata de los más avanzados 
de su tiempo. En 1848 escribía en El Siglo: en 1856 fundó La Discusión. Fué alcalde de Madrid, presidente 
de las Constituyentes del 69 y ministro de la Gobernación con D. Amadeo. Tenia fama, quizás propalada por 
sus adversarios, de aficionado a las bebidas alcohólicas, y hombre de mucha energía de carácter: cuéntase 
•que en una ocasión llegó a Sevilla y salieron a recibirle en la estación multitud de correligionarios; un mozo 
sevillano le ofreció un vaso de aguardiente, y Rivero, comprendiendo la burla que pretendían hacerle, le 
soltó tan tremenda bofetada que cayó rodando por el andén. Don Juan Antonio Vildósola, director de La Fe 
y hombre verídico, nos refirió que poco antes de la revolución del 68 fué llevado a la cárcel del Saladero, 
por carlista, y que allí estaba también Rivero por conspirador revolucionario; "nos hicimos ~ decía Vildó- 
"sola — muy amigos, y un día me reveló que lo había metido en la cárcel González Bravo, a instancia suya, 
'porque yo no podía ya tirar más por falta de recursos, y necesitaba que los correligionarios me vieran preso 
'para que se acordaran de mandarme algún dinero, comprendiendo que los que nos sacrificamos por la causa 
"no vivimos del aire y hemos menester de elementos pecuniarios para luchar por la libertad". 



207 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

neo su color moderado- Don Patricio de la Escosura, González Bravo, don 
Joaquín M. López, D. Antonio Cánovas del Castillo y otros oradores prepa- 
raron alli el movimiento revolucionario de 1854. El gobernador civil lo 
cerró (22-Febrero-lS54) por ser "una sociedad política hostil en su mayoría 
al "gobierno". Si en 20 de Abril autoriza la apertura de la sala de periódicos, 
mantiene la clausura de sus cátedras, y así llegó la revolución. De 1854 a 
1868 predominan en el Ateneo los elementos de la izquierda, no los anti- 
guos progresistas, sino los demócratas. La filosofía krausista, las otras 
escuelas alemanas que tuvieron prosélitos en España, las doctrinas libre- 
cambistas, el materialismo y el positivismo toman asiento en sus cátedras 
y se agitan en sus secciones con cuantos prepararon en la esfera intelectual 
la revolución del 68. 

"En aquel espacio, no más grande que el de una mediana iglesia — ha 
"escrito Pérez Galdós en su episodio Pñm - , cabía toda la selva de los 
"conocimientos que entonces prevalecían en el mundo, y allí se conden- 
"saba la mayor parte de la acción cerebral de la gente hispánica. Era la 
"gran logia de la inteligencia que había venido a deshancar a las antiguas, 
"ya desacreditadas, como generadoras de la acción iracunda, inconsciente. 
"Por su carácter de cantón neutral, o de templo libre y tolerante, donde 
"cabían todos los dogmas filosóficos, literarios y científicos, fué llamado el 
"Ateneo la Holanda española. En aquella Holanda se refugiaba la libre 
"conciencia; lo demás del ser español quedaba fuera del vulgarísimo zaguán 
"del 22 de la calle de la Montera. 

"En los primeros días de Abril de aquel año (andábamos en el 65), 
"creció la animación en las tertulias y mentideros de la ilustre Casa. Las 
"chacharas rumorosas casi llegaron a invadir el primer espacio del sose- 
"gado salón de lectura, y aún llegó algún eco de ellas al de sesiones o 
"cátedras, donde unas noches explicaba Paleontología el sabio geólogo 
"Sr. Vilanova, y otras hacia Gabriel Rodríguez (1) la crítica acerba del sis- 
"tema protector." 

Durante el periodo revolucionario (1868-1875) en el Ateneo siguen 
predominando las ideas y tendencias que ahora llamamos vaga y genéri- 
camente de la izquierda, si bien nunca sin algún contrarresto, representado 
por Cánovas del Castillo y el Marqués de Molíns, que presiden la Casa, y 
en las discusiones por varios oradores distinguidos, entre los que descuellan 



(1) Don Gabriel Rodríguez y Benedicto nació en Valencia (9-Dicicmbre-1829). Murió en Madrid 
(»-Diciembre-I901). InReniero de Caminos, canales y puertos, y abogado desde 1872, tomó parte activa en la 
política radical y en la defensa de las doctrinas librecambistas. Diputado en las Constituyentes del 69, sub- 
«xrHario d»; Hacienda, de la comisión que fué a ofrecer la corona a D. Amadeo, no quiso ser ministro. Su 
hijo Ü. Antonio üabriel Rodríguez ha publicado, en 1917: "Gabriel Rodrkjiiez: Libro en cuyas páginas res- 
plandece el genio ;/ el recto carácter de un gran español. Imprenta Helénica". 

208 



VII ' SOCIEDADES Y TERTULIAS LITERARIAS 

Moreno Nieto, que también presidió, y el presbitero D. Miguel Sánchez (1). 
La extrema derecha se abstiene de concurrir al Ateneo, al que apoda Blas- 
femadero público. Cuando D. Alfonso XII inauguró un curso en la Acade- 
mia de Jurisprudencia (15-Noviembre-1880), improvisando por cierto un 
discurso que acreditó de orador al joven monarca, en el piso de arriba de 
la casa de la calle de Montera, donde a la sazón estaba instalado el Ateneo, 
así como la Academia en el bajo, los ateneístas cuidáronse de manifestar 
con su hosco silencio y algún que otro ligero murmullo, el descontento que 
les causaba el homenaje tributado a la monarquía. 

Suavizáronse estas asperezas con la subida al Poder de los liberales, 
y más todavía con el sentido democrático que imprimieron a la monarquía 
restaurada las reformas de 1890. El Ateneo ha conservado siempre su 
carácter de Holanda del libre pensamiento (2), sin que por eso hayan 
dejado de concurrir nunca católicos a sus tareas o a servirse de su copiosa 
biblioteca. En el elemento joven de la Casa han predominado siempre las 
ideas más avanzadas o más nuevas, lo mismo en filosofía y ciencias socia- 
les y políticas que en arte y literatura. 

C) En la imposibilidad de dar idea, siquiera fuera muy sucinta, délos 
trabajos científicos del Ateneo, indicaremos algo de lo que más particular- 
mente se refiere a las bellas letras. 

En 1836 reanudó D. Alberto Lista en el nuevo Ateneo las lecciones de 
Literatura comenzadas en el Ateneo viejo (1822); explicó en este período 
la historia del teatro español hasta Lope de Vega (3). En 1837 empezó a 
explicar D. José de la Revilla; no hemos hallado sus lecciones, si es que se 



(1) Don Miguel Sánchez Pinillos (murió en Madrid 22-Septiembre-1889) fué periodista, en La Regene- 
ración, La Lealtad, El Siglo y El Tiempo, y autor de obras extensas como El Papa y los gobiernos popu- 
lares, en que trata de la cuestión del Poder temporal y unidad de Italia. Aunque de intachable ortodoxia, 
fué combatido por elementos católicos: por los carlistas a causa de su defensa de la legitimidad de la dinas- 
tía reinante, y por los integristas que censuraban su concurrencia al /^teneo. 

(2) Al dividirse los Países Bajos (1573) en Holanda protestante e independiente y Bélgica católica y 
española, la Universidad de Lovaina o belga continuó su tradición católica, y la de Leyden u holandesa, 
fundada por el principe de Orange (1575), fué protestante. Los filósofos del siglo XVIII ponderaron la libertad 
científica que se disfrutaba en Leyden mientras que la ciencia explicada en Lovaina era, según ellos, sierva 
del dogma católico. A esto se alude al llamar al Ateneo de Madrid Holanda española; pero conviene adver- 
tir que en Leyden no predominó el librepensamiento, tal como se entiende hoy, sino el libre examen, base 
del protestantismo, y que en Holanda han sido perseguidos los católicos, por ser católicos, hasta la época 
moderna. 

(3) En la revista El Censor (21-Abril-1821) habia publicado Reflexiones sobre la dramática española 
en los siglos XVI y XVII. En las Lecciones de Literatura española explicadas en el Ateneo Científico, Lite- 
rario y Artístico de Madrid (Madrid, 1853), inspirándose en el mismo criterio ecléctico de las Reflexiones, y 
siguiendo o extractando en la parte histórica los Orígenes del teatro español de Moratin, expone, si no gran- 
des concepciones generales de factura moderna, apreciables y juiciosas observaciones criticas. Complemento 
de las Lecciones son los Ensayos literarios y críticos, por D. Alberto Lista y Aragón, con un prólogo de 
D. José Joaquín de Mora, SeDÍlla, 1844: son una colección de artículos o estudios muy dignos de ser leidos: 
Del sentimiento de la belleza. Del principio de imitación. Del uso de las fábulas mitológicas en la poesía 
actual, De la influencia del Cristianismo en la literatura. . . , etc. 

209 

SALCEDO.— ¿a Literatura Española.— Tomo IV. 14 



.SA I CEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

imprimieron: antes de morir Fernando Vil, en 6 de Abril de 1833, era pre. 
miado por la Academia Sevillana de Buenas Letras un Juicio crítico de 
D. Leandro Fernández de Moratin, y comparación de su mérito con el del 
célebre Moliere, en que Revilla se manifestaba rígido moratiniano; como 
profesor del Ateneo evolucionó, llegando al encomio de algunos autores 
románticos. De 1843 a 1854 continúa explicando Revilla, y alternan con 
él D. Antonio Alcalá Galiano (Historia literaria del siglo XVJII), D. Patri- 
cio de la Escosura (Principios de Literatura), García de Quevedo (1) (Len- 
gua y literatura italianas) y D. Manuel Cañete (Literatura dramática). De 
1854 a 1868, Castelar (Historia de la civilización en los cinco primeros 
siglos del Cristianismo, de particular importancia 
histórico-literaria por su forma oratoria), D. Juan 
Valera (Filosofía de lo bello), D. Alfredo Camús 
(Latinistas españoles del Renacimiento) y D- An- 
V\^ f^M tonio M. Fabié (Historia y carácter de la comedia). 

t\ ^ ^^L^ ^^ ^^^^ ^ 1878, Camús reanuda sus explicaciones, 

^^^^^^^^^^ ahora con el título de Estudios sobre los humanis- 
^^HH^^^^^B tas españoles del Renacimiento; Amador de los 
^^H^^^^^^V Ríos da lecciones sobre Cultura literaria y artísti- 
^^^^^^^^Bm ca de España durante la dominación goda, D. Ma- 
^HHpJ^^ nuel Cañete sobre Algunos poetas hispano-ameri- 

canos, y D. Manuel de la Revilla sobre Literatura 

Antonio Vico. , ' ^ r- ~ 

contemporánea de España. 

(1840-1902) '^ ^ 

En 1886 fueron las conferencias que constitu- 
yen La España del siglo XIX (tres gruesos volú- 
menes, Madrid, 1886). Las de asunto literario son: D. Ángel M. Daca- 
rrete (2) (Martínez de la Rosa), Benot (D. Alberto Lista y la educación de 
la juventud), D. Antonio Vico (La escena española: Máiquez, Latorre y 
Romea), D. Leopoldo Alas (Alcalá Galiano), D. Eusebio Blasco (Las eos- 



H 



(1) Don José Heriberto Garcia de Quevedo, venezolano. Nació en 1819. Murió en Paris (6-Jiinio-1871) 
a consecuencia de un balazo recibido en la calle, durante la revuelta de la Commune. Representó a España 
como ministro plenipotenciario en Chile. Fué redactor de El Espectador (IMl), director de El Siglo XIX {1854), 
colaborador de La Época y del Semanario Pintoresco. Como poeta, tradujo a Byron, Filicaja y Manzoni, e 
Imiló a Zorrilla (Corona poética de María, La fe cristiana, Deli/riiini, El Proscripto, etc.). Colaboró con 
Zorrilla en los dramas Don Bernardo de Cabrera y Un paje y un caballero, que no tuvieron éxito. Para 
delendí-r caballerescamente a Isabel II de las insolencias del entonces joven, actuando de demagogo, Pedro 
Antonio de Alarcón. en El Látigo, desafió al después tan famoso, comedido y cristiano literato granadino, y 
en el terreno mal llamado del honor perdonó la vida al procaz mozuelo, con lo que no sólo hizo una bonísi- 
ma acción cristiana, sino que prestó incomparable servicio a las Letras. 

(2) Nació en Cádiz (14-Noviembre-l827). Murió en Madrid (13-Octubre-1904). Fué periodista literario 
(El Teatro, Semanario Pintoresco, La España Moderna), personaje conservador, académico de la Española 
y poeta lírico. El P. Blanco (tomo II, pág. 91) dice que Bécquer no se desdeñaría de reconocer por suyos 
alffunos versos de Üacarrcte. Nos parece hiperbólico este juicio. 

210 



VII - SOCIEDADES Y TERTULIAS LITERARIAS 

tambres en el teatro: Bretón de los Herreros, Vega y Ayala), D. Francisco 
Silvela (Orígenes, historia y caracteres de la Prensa española) y el Mar- 
qués de Figueroa (Fernán Caballero y la novela). 

En 1889 explicaron D. Eduardo Toda (1) sobre Poetas castellanos de 
Cerdeña desconocidos en España, y el Marqués de Figueroa sobre La Poe- 
sía gallega. En 1890, Menéndez Pelayo (Alejandro Manzoni) y D. Narciso 
Campillo (Historia del periódico). En 1891, D. Juan Pérez de Guzmán 
(Orígenes históricos del periodismo en España) y comenzó el curso espe- 
cial de Historia de América, con motivo del centenario de su descubri- 
miento, en que nada pertinente a nuestro propó- 
sito es menester señalar. A 1893 corresponde el 
curso especial sobre doña Concepción Arenal: 
D. Rafael Salillas y D. Gumersindo de Azcárate 
trataron en sendas conferencias de la jurista y de 
la socióloga; D. Antonio Sánchez Miguel, de Do- 
ña Concepción Arenal en la literatura española. A 
1894 una conferencia de Menéndez Pelayo acerca 
de El Marqués de Villena. A 1896 otra de D. Luis 
Vidart sobre Bibliografía española del IV Cente- 
nario del descubrimiento de América. En 1897 dio 
D. Mariano Aramburo y Machado sus conferen- 
cias sobre La Avellaneda, que forman una de las 
mejores monografías acerca de la insigne poetisa 
cubana (2). 

En Octubre de 1896 habían comenzado los 
cursos de la Escuela de Estudios Superiores, subvencionada por el Estado 
con 50.000 pesetas anuales. Al primero (1896-97) pertenecen Los grandes 
polígrafos españoles, de Menéndez Pelayo; La novela en el siglo XIX, de 
D. Juan Valera; La literatura contemporánea, de doña Emilia Pardo Bazán- 
y Orígenes de la lengua castellana, de D. Ramón Menéndez Pidal. Menén 
dez Pelayo continuó en los cursos siguientes hasta 1904 inclusive. En el 
curso de 1898-99 explicó Menéndez Pidal La leyenda del Cid en la Edad 
Media. 

En estos últimos años se han multiplicado extraordinariamente las 
conferencias, unas subvencionadas por el ministerio de Instrucción pública, 
otras dadas gratuitamente por sus autores. De algunas se ha hecho men- 




Concepción Arenal. 

(1820-1893) 



(1) Don Eduardo Toda y Güell, de la carrera consular, autor de interesantes estudios de arqueología 
e historia, premiado por la Biblioteca Nacional en 1890. 

(2) La segunda edición es de 1898. Comprende: "Dedicatoria al Ayuntamiento de Puerto Principe, 
Biografía y poesia lirica, Tragedia, Dramas y comedias, Novelas y leyendas, Epilogo". 



211* 



O.l; A L . L A 



- ...4 LITERATURA ESPAÑOLA- TOMO IV 



ción honorífica en este libro, v. gr., la hermosísima sobre Tirso de Molina, 
de doña Blanca de los Ríos (23-Abril-1906) (1). Notables son las organiza- 
das para celebrar el tercer centenario del Quijote (2). Y no menos en cuan- 
to al mérito, las que se han dado en 1916 con motivo del centenario de la 
muerte de Cervantes. 

D) Conforme a los Estatutos de 1836, el Ateneo se dividía en cuatro 
secciones: Ciencias Morales y Políticas, Ciencias Naturales, Ciencias Mate- 
máticas y Literatura y Bellas Artes (3). El objeto de las secciones es discu- 
tir los socios sobre temas propios de cada una de dichas facultades. La 
manera de discutir es la parlamentaria: un socio, generalmente el secreta- 
rio de la sección, lee una memoria explanando el tema, que viene a ser 
como el dictamen de la comisión en las cámaras legislativas, y en pro o en 
contra de las conclusiones de la memoria van usando de la palabra los ora- 
dores; el procedimiento es adecuado para la agrupación de los socios por 
ideas fundamentales de orden religioso, filosófico y social (derecha e iz- 
quierda), grupos semejantes a los partidos políticos en el parlamento, y 
para el desarrollo de la oratoria vana y ampulosa, del discurso retórico de 
tesis cerrada que es lo más opuesto que cabe imaginar a la serena y seria 
investigación de las verdades científicas. Con este sistema no es posible 
la verdadera colaboración intelectual y erudita con el común objeto de 
esclarecer un punto o resolver un problema científico, filosófico, moral 
o literario. A lo que se tiende formalmente es a vencer al contrario con ar- 
gumentos o con argucias, y en realidad a lucirse el orador, o, a veces, a 
formarse a costa de su auditorio, como decía Macaulay, pues muchos jó- 
venes, ansiosos de figurar en política, acuden a estos torneos para soltarse 
en el arte de la oratoria e ir labrando su fama de buenos parlanchines. 

La insinceridad en la profesión de las ideas, la sofistería en la exposi- 
ción y defensa de doctrinas, el abuso de la dialéctica y más todavía de la 
retórica, el sistemático cultivo de la frase rimbombante y llamativa, del pá- 
rrafo sonoro y de las fútiles ingeniosidades, y, como consecuencia de todo 
esto, el engaño de creerse y creer que se hace labor intelectual cuando 
realmente sólo es un sport con pretexto científico, son los efectos de este 
discutir sin tino, igual en el fondo al de los sofistas de Grecia y al de los 
escolásticos de la extrema decadencia. Por este aspecto, las sociedades 



(1) Vóíj'^f tomo II, pág. 36Í). En la página 240 del mismo tomo se cita también la ingeniosisima de 
Rodriguez Marín sobre El Dioino Herrera y la Condesa de Gelues (l.o-Jimio-1911). 

(2) Publicadas en un grueso volumen con el titulo de El Ateneo de Madrid en el III Centenario de 
la publicación del Ingenioso fiidalgo Don Quijote de la Mancha, y que lleva por apéndice varias canciones 
del siglo XVII, d.;l libro de guitarra de Gregorio Sanz, arregladas por D. Cecilio de Roda, y una escena del 
Retablo de Maese Pedro, con música del Sr. Roda y dibujos de Conrado. 

d) Por el Reglamento de 1900 son seis. La de Literatura es independiente de la de Bellas Artes. 

*212 



vil ' SOCIEDADES Y TERTULIAS LITERARIAS 

científicas y literarias, por el estilo del Ateneo, más han contribuido en la 
época contemporánea al fomento de irresistible y cursi pedantería y lamen- 
table descrédito de los buenos estudios que al progreso de ciencias y le- 
tras. Beneficio de la escuela crítica, representada en España por Milá y 
Fontanals, Menéndez Pelayo, Menéndez Pidal, etc. (véase tomo I, capítu- 
lo II), ha sido apartar a lo mejor de nuestra juventud estudiosa de esta 
vana senda de la impertinente sofistería y del retoricismo hueco, encami- 
nándola hacia la investigación y crítica serias. La llamada generación de 
1898, con su horror a los lugares comunes, ha contribuido también, más o 
menos inconscientemente, a este feliz resultado. El tipo del ateneísta clási- 
co va quedando un poco deniodé. 

La primera discusión literaria en el Ateneo no pudo ser más oportuna 
en 1837: Diferencias entre la escuela clásica y la romántica, y a este tema, 
el primero debatido según las actas, siguieron otros de no menor carácter 
de actualidad: Teatro de Lope y Calderón, Influjo de la literatura árabe en 
la española, La moderna novela histórica y las antiguas historias de ca- 
ballerías, etc., etc. De la labor de las secciones de Literatura, algunos años 
interrumpida, v. gr., en 1844 y 45, y en ciertos períodos no breves amorti- 
guada, únicamente citaremos los discursos-resúmenes de D. Francisco de 
P. Canalejas, que son tres: La poesía dramática en España (27-Mayo-1876), 
Del estado actual de la poesía lírica £n España (16-Diciembre-1876), y De 
la poesía religiosa (19-Junio-1877).Los tres, con otro leído ante la Academia 
Española, en la sesión inaugural de 1875, sobre el tema Del carácter de 
las pasiones en la tragedia y en el drama, constituyen el libro La poesía 
moderna: Discursos críticos, publicado en 1877 (1). 

Contribuye, finalmente, el Ateneo al cumplimiento de sus fines con las 
veladas literarias y artísticas, con las sesiones o veladas necrológicas, con 
la publicación de libros — algunos tan interesantes para la Literatura como 
Literatura Religiosa, de Sánchez Moguel; Decadencia del teatro español, 
de Alcalá Galiano (hijo), y Obras de D. Manuel de la Revilla — y con la 
celebración de concursos en que han sido premiados y publicados libros, 
como Estudio crítico histórico de las novelas ejemplares de Cervantes, por 
D. Francisco A. de Icaza y D. Julián Apráiz; Gramática y vocabulario del 
Quijote, por D. Julio Cejador, e Historia de la novela en España desde el 
romanticismo a nuestros días, por D. Andrés González-Blanco (2). 



(1) 'EnXa Revista Contemporánea (1876, 1877 y 1878) hizo D. Manuel de la Revilla la exposición y 
critica de las discusiones del Ateneo en aquellos años. 

(2) En este libro, premiado en 1908 y publicado en 1909, el Sr. González-Blanco, en uso de su per- 
fectisimo derecho, o, mejor dicho, cumpliendo su deber de exponer sinceramente lo que piensa, clasifica al 
P. Coloma entre los Nouelistas menores, y en esta parte referente al autor de Pequeneces, tiene la bondad de 
citar y copiar un párrafo del autor de este libro, poniendo a su nombre el lisonjero epíteto de culto critico y es- 

213 



SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

58. El Liceo. Su fundación e idea general de su tiisto- 

riá. — En el Ateneo la literatura y las bellas artes han figurado siempre 
como elementos constitutivos esenciales de la cultura general. En el Liceo 
eran ellas, íntimamente unidas, dueñas únicas. No fueron los liceos — a 
semejanza del de Madrid estableciéronse otros en varias ciudades — 
"academias o colegios, como parece indicar su nombre, sino unas socieda- 
'des cultas y amenas, en que públicamente los artistas pintaban, esculpían 
"y dibujaban, buscando así en el simultáneo trabajo, estimulo para sus 
"obras, y en la cortés y galana aprobación de las gentes, y con especiali- 
"dad de las damas, recompensa de su tarea. Hacíanse de vez en cuando 
"exposiciones de las obras artísticas de mayor importancia. Los poetas y 
"literatos leían semanalmente sus disertaciones y poemas; bástalos aficio- 
"nados a la elocuencia la ejercitaban en discusiones sobre materias filoso- 
"fícas o históricas, y aun a veces remedaban las lides parlamentarías. El 
"arte dramático contribuía a la pompa con representaciones escénicas, y la 
"música lo encantaba con óperas y conciertos" (1). 

El Liceo de Madrid brotó del Parnasillo, y puede decirse que no fué 
sino el mismo Parnasillo transformado de tertulia de café en sociedad for- 
malmente constituida. Uno de los concurrentes del café del Príncipe — don 
José Fernández de la Vega — un jueves a últimos de Marzo de 1837 reunió 
en su modesta habitación — Gorgnera, 13, 3." — a D. Juan Nicasio Galle- 
go, D. Antonio Gil de Zarate, D. Patricio de la Escosura, D. Miguel de los 



critor católico D. Ángel Salcedo. En otro libro suyo — Antonio de Trueba: su vida y sus obras (Bilbao-1914) — 
el Sr. González-Blanco, recordando lo de novelista menor, escribe (pág. 61, nota): "Por cierto que, a pro- 
pósito de esta clasificación puramente literaria. . . se ha revuelto poco ha en articulo publicado en El Pue- 
blo Vasco, de Bilbao, el publicista católico D. Ángel Salcedo, indicando o aludiendo despectivamente a mi 
modesta persona en esta frase: Alguien desde el Ateneo. . . " Añade que no lo hizo en el Ateneo, sino en una 
obra premiada en e¡ Ateneo, que no es lo mismo. . . y dice: " Por lo demás, el tono que emplea el Sr. Sal- 
•cedo en ese trabajo, donde debiera tratar con más respeto a un cofrade en critica como soy yo, está muy 
•conforme con las prácticas jesuítas". Y concluye asegurando que los jesuitas hacen la conspiración del 
silencio en tomo de los escritores que juzgan malos, y pareciendo dolerle que el P. Ladrón de Guevara, en 
su libro Novelistas buenos y malos, cite entre los malos a Félix Limendoux y no a él. No creemos que los 
jesuítas sigan en general, ni particularmente con el Sr. González-Blanco, la conducta que éste supone. El 
autor de este libro recuerda que no en El Pueblo Vasco, periódico en que no ha tenido nunca el honor de 
colaborar, sino en El Universo, publicó un articulo contra la especie leida en otro diario de haber sido cali- 
ficado el P. Coloma de novelista menor; sin duda confundió las cosas y tomó por dicho en el Ateneo lo 
escrito en libro premiado por el Ateneo. En aquel tiempo no conocía el autor de este libro la abundante y 
eruditísima labor critica del Sr. González-Bianco, como la conoce ahora, apreciándola mucho y habiéndola 
utilizado para la composición de LA LITERATURA ESPAÑOLA. Nos consideramos muy honrados con que 
nos tenga por cofrade suyo en critica, y en aquel artículo pudo haber confusión, hija de la precipitación en 
informarse, nunca menosprecio ni propósito de callar los méritos del Sr. González-Blanco, lo que hubiese 
sido inocente, ya que éste es hario más conocido en el mundo literario que quien esto escribe. Aproveche- 
mos la ocasión para dar esta satisfacción pública. 

(1) Marqués de Molins: Noticias sobre la vida y obras políticas del Duque de Frías. Obras del 
Marqués de Molina (tomo III, pág. 363). 

214 



VII - SOCIEDADES Y TERTULIAS LITERARIAS 

Santos Álvarez, D. Ventura de la Vega, D. José de Espronceda, El Curioso 
Parlante, D. Antonio M. Esquivel (1), D. Genaro Pérez Villaamil (2), don 
José Elbo (3), D. Vicente Camarón (4), y otros literatos y pintores, entre 
los que, según Mesonero Romanos, estaba también el joven D. José Zorri- 
lla, nacido a la fama en el mes anterior, junto a la tumba de Larra. Zorrilla 
leyó versos y los pintores hicieron algunos dibujos. Pasaron todos un rato 
muy agradable, y se despidieron hasta el próximo jueves. Asi empezaron 
"aquellos inolvidables jueves del Liceo, aquellas sesiones de competencia 
artística y literaria, aquellos Juegos florales, aquellos conciertos y repre- 
sentaciones dramáticas y líricas, en que brillaban alternativamente los 
antiguos campeones de la literatura y del arte con los nuevos ingenios que 
surgieron como por encanto en aquella época fecunda" (5). 

A cada jueves asistían más concurrentes. Fernández de la Vega, entu- 
siasmado con el éxito de su tertulia, arrendó para celebrarlas con desahogo 
el piso principal de la casa, y en éste constituyóse ya formalmente el Liceo 
Artístico y Literario, fijándose la cuota mensual de 20 reales. A las pocas 
semanas, la naciente sociedad trasladábase al principal de la calle de 
León, núm. 36; al muy poco tiempo a la calle de las Huertas, frente a la 
plazuela de Matute, y muy en breve, a la calle de Atocha, casa llamada de 
Balmaseda. Ni allí paró el Liceo, sino que fué a instalarse en el magnífico 
palacio de Villahermosa, plaza de las Cortes, esquina al Prado, donde 
corrieron sus días de mayor esplendor y sufrió su decadencia, rápida como 
su crecimiento. De 1840 a 1845 estaba en su apogeo; en seguida empezó 
a declinar. En el tomo especial consagrado por D. Pascual Madoz a Madrid, 
en su Diccionario Geográfico, impreso en 1848, se lee: 

"De tres años a esta parte, por diferentes causas, había decaído mucho, 
"perdiendo el carácter artístico, base de su existencia; pero habiendo inten- 



(1) Pintor sevillano. Nació el 8 de Marzo de 1806. Murió en Madrid (9-Abril-1857). En concurso de pre- 
mios de la Academia de San Fernando (1832) obtuvo la consideración de académico de mérito. Copiaba 
admirablemente a Murillo, a la sazón el pintor español más apreciado en Europa, y, según la leyenda de su 
vida, hizo cuadros como de Murillo, engañando a los más inteligentes hasta el punto de ser adquirido uno de 
ellos para uno de los más importantes museos de Inglaterra. Alcanzó también gran fama en Madrid como 
retratista y pintor de escenas andaluzas. 

(2) Pintor nacido en el Ferrol (3-Febrero-1807). Murió en Madrid (5-Junio-1854). En Paris (1842) publicó 
España artística y monumental, con te.xto de D. Patricio de la Escosura. Figuran como de este artista innu- 
merables obras; sólo en Bélgica se han contado más de 500 cuadros suyos. En sus carteras dejó más de 18.000 
apuntes, borrones y bocetos. 

(3) Pintor nacido en Úbeda (26-Marzo-1804). Murió en Madrid (4-Noviembre-1844). Tan entusiasta del 
Parnasillo que ya casi moribundo se hacía llevar diariamente en una calesa al café de la calle del Principe, 
y alli estuvo, como de costumbre, cuarenta y ocho horas antes de morir. Como pintor fué discípulo y pro- 
tegido de Aparicio. 

(4) Pintor madrileño (murió 8-Abril-1862). Académico de San Fernando. Es autor de los frescos que 
decoran la bóveda del salón de conferencias del Congreso. 

(3) Memorias de un setentón. 

215 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

"tado regenerarle la junta directiva, ha tenido la fortuna de conseguirlo, 
-volviendo a la sociedad los artistas y literatos que se habían alejado de 
"ella, y en la actualidad goza de una existencia tan próspera como en sus 
"mejores dias". Esta actualidad debió de ser muy pasajera. En otro libro, 
impreso en 1849 (1), se da el Liceo por cosa definitivamente concluida, 
indicándose además que le hablan sustituido una multitud de sociedades 
o tertulias, llamadas liceos y que no merecían este nombre. 

Es curiosa página de historia literaria y la transcribimos: 

"Bien quisiéramos decir ahora cuatro palabras acerca de nuestros li- 
nceos; pero a fe que la empresa nos parece un tanto ardua y delicada, por- 
"que nos falta materia en que ocuparnos. 

" — ¡Pues qué! ¿No hay liceos en Madrid, no hay ningún círculo lite- 
"rario donde se queme grato incienso y se rindan dignos holocaustos en el 
"altar de las Musas? 

" — Si y no, contestamos. 

"Hay, es verdad, en la corte, una especie de sociedades en que se 
"reúne periódicamente cierto número de personas de clase más o menos 
"elevada, más o menos distinguida, a representar y ver cómo se represen- 
"tan, o más bien a ejecutar y ver cómo se ejecutan comedias, a recitar y 
"oir cómo se recitan versos, coplas o composiciones poéticas; en una pa- 
" labra, a divertirse y solazarse un rato, a costa de la gaya y divina ciencia. 
"Si a estas sociedades se quiere honrar con el título de Liceos, no dispu- 
" taremos por el nombre, y confesaremos que Liceos hay en la corte. 

"Pero si por Liceos se entiende una reunión de hombres dedicados al 
"sublime culto de las bellas letras y de las nobles artes, donde se presen- 
"tan a competir en inspiración y en ingenio los predilectos hijos de Apolo, 
"donde se estudien prácticamente los grandes autores, donde encuentre 
"un estimulo la aplicación y el mérito artístico un premio; entonces, per- 
" dónenos la coronada villa, pero debemos declarar altamente que no hay 
"en Madrid liceos. 

"Y sin embargo, no hace aún mucho tiempo que resonaba en toda la 
"península el nombre y la celebridad del Liceo Artístico y Literario de la 
"corte. Allí concurría la sociedad más escogida y elegante, las damas más 
"distinguidas por su gracia y hermosura, los hombres de posición más 
"elevada, los grandes de España, los ministros, los banqueros, los altos 
"funcionarios públicos, en una palabra, todas las notabilidades madrileñas; 
"Su Majestad misma se dignaba honrar con mucha frecuencia los mag- 

(1^ Madrid al duí/uerreotipn. Colección de cuadros poíiticos, morales, literarios ij filosóficos, sa- 
cado» del natural. . . , obra escrita en español por el Barón de Parla-verdades, ij primer chismógrafo de 
la corte. Madrid, IS^^íS. Imprenta de García. 

216 



VH ' SOCIEDADES Y TERTULIAS LITERARIAS 

"níficos salones de Villahermosa. Allí se alzaba el eco tierno y melancólico 
*de Enrique Gil, la voz amarga y desgarradora de Larra (1), el acento 
"enérgico y apasionado de Espronceda, la canción sonora y fantástica de 
"Zorrilla. Allí encantaba y conmovía a los espectadores la musa de Vega, 
"de García Gutiérrez, de Rubí y de Bretón de los Herreros. Allí, en fin, ri- 
"valizaban dignamente los pinceles de Rivera, Esquivel, Villaamil y Ma- 
"drazo. ¡Oh!, aquello sí que podía llamarse un Liceo, un círculo literario y 
"artístico, un templo levantado al genio coronado con el laurel de la glo- 
"ria. Pero ya ese templo no existe; Enrique Gil y Espronceda murieron en 
"la flor de sus días; los demás poetas y artistas 
"han arrojado sus liras y sus pinceles, o se han re- 
"tirado al fondo de sus gabinetes de estudio, divi- 
"didos y diseminados por el tiempo y por la for- 
"tuna. La juventud nueva apenas brota dignos 
"herederos de sus lauros, y los Liceos de Madrid 
"han venido a reducirse a algunas tertulias don- 
"de, por todo tributo a las artes, se baila la polka- 
"mazurka, y se hacen comedias caseras. 

"En cuanto a este género de sociedades, no 
"faltan seguramente en Madrid bajo diversos nom- 
"bres. No hay plaza ni callejuela donde no se en- 
"cuentre alguna; ni hortera, modista o escribiente Antonio Garda Gutiérrez, 
"que no pertenezca a ellas. ¡Ya se ve! . . . ¡ofre- (1813-1884) 

"cen tantos atractivos sus salones; reúnen tantos 

"placeres, tantos momentos de solaz, tanta diversión y encanto! Las mamas 
"pueden llevar allí a sus hijas, a fin de buscarles una colocación honrosa; 
"los mancebos imberbes tienen ocasión de dar una cita a sus casquivanas 
"amantes; los viejos solterones hallan medios de distraer agradablemente 
"los ocios de su solitaria vida; finalmente, los caballeros de industria se 
"ocupan en pasar el tiempo ejercitando sus ingeniosas mañas. Pero sobre 
"todo hay una clase de gente, si tal gente perteneciera a alguna clase, a la 
"cual son más que a ninguna otra útiles las sociedades de que se trata. 
"Esta clase se compone de aquellos que se dedican al arte escénico, o para 
"hablar con más propiedad, de los que a todo trance quieren ser cómicos". 

Parece colegirse que el Liceo debió de acabar por reyertas entre sus 
socios. ¡Eran demasiados artistas los que allí se habían congregado! Y que 
se descompuso en multitud de liceos o sociedades literarias, de que lueron 




(1) El autor incurre aquí en grave anacronismo. Larra se suicidó en Febrero de 1837, y hasta últimos 
de Marzo siguiente no se inició el Liceo. 

217 



SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

últimas y más degeneradas muestras las tertulias caseras, a que se refiere 
el párrafo transcripto. La caída fué tan rápida como la elevación: fundado 
en 1837. en 1838 era lo más ruidoso y brillante de Madrid. La más linajuda 
aristocracia habíalo tomado como centro de sus nobles placeres de cultura 
e instrumento de ejercer la elevada función de protectora y estimuladora 
de letras y artes. 

59. Lá vida interior del Liceo: A) Los aristócratas. El 
Duque de Rivas. El Duque de Erías. Los banqueros. La 
familia real. B) Secciones: su carácter. Músicos. Esculto- 
res. Pintores. C) El cuadro de los poetas. — A) Al iniciador Fer- 
nández de la Vega sucedió en la presidencia el Duque de Gor, D. Mauricio 
Alvarez de Bohorques, gran señor muy aficionado a la pintura, autor de un 
cuadro no malo — La muerte del general La Carrera en las calles de Mur- 
cia — que se conserva en la Academia de San Fernando, y el cual, durante 
su larga residencia en Granada, pintaba para las procesiones del Corpus 
algunos de los lienzos con que allí se adorna Bibarrambla, y era el pro- 
tector nato de la Academia de dibujo, a la que generosamente proveía de 
los mejores grabados y litografías publicados en Francia (1). Fué presidente 
luego el Marqués de Pontejos, el célebre corregidor de Madrid en 1835, el 
que a pesar de haber sido calificado por el Conde de Toreno de notabili- 
dad de cal y canto (2) y de hacer constar su ninfa Egeria y apologista 
Mesonero Romanos que no era hombre de grandes estudios y conocimien- 
tos superiores, supo, haciendo caso de Mesonero, unir su nombre a la 
primera reforma urbana de Madrid (3) y a la fundación de la Sociedad 
para propagar y mejorar la educación del pueblo (4), y de la Caja de 
Ahorros de Madrid (5). Sucedió a Pontejos el Marqués de Falces, y a éste 
Roca de Togores, conocido por el título de Marqués de Molíns, que no 



(1) Murió 9-Julio-1851, siendo presidente de la Sección de Pintura de la Academia de San Fernando. 
Fué de la Junta para organizar el Museo de la Trinidad, y en el Liceo vicepresideníe de la Sección de 
Pintura (1839). 

(2) En una de las asonadas entonces frecuentes, dispuso el corregidor que se repartiera un refresco 
a los milicianos que andaban por las calles. El Conde de Toreno, jefe del gobierno, dijo al saberlo: ¿Quién le 
mete a Pontejos en esos dibujos? Que se contente con ser una notabilidad de cal y canto. De Carlos III tam- 
bién se dijo que padecía de mal de piedra. 

(3) En 1." de Enero de 1835 publicó Mesonero Rápida ojeada de la capital y de los medios de mejo- 
rarla. A los pocos días fui; a visitarle Pontejos, y las ideas sustentadas en el opúsculo fueron las que puso 
en ejecución como corregidor. Mesonero adquirió el Diario de Madrid (15-Mayo-1835), duplicó su tamaño y 
todos los dias insertaba una sección de Boletín municipal. 

(4) Para ésta escribió D. Pablo Montesino un Manual, y Martínez de la Rosa su Libro de los niños. 

(5) Es curioso detalle de época el que cuenta D. Braulio Antón Ramírez en su Memoria histórica del 
Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Madrid: Pontejos se encargó de atraer a los aristócratas, Arratia a 
los ricos y Mesonero a los literatos. 

218 



VII - SOCIEDADES Y TERTULIAS LITERARIAS 

heredó hasta 1848. Y al Marqués que no lo era entonces, D. Patricio de la 
Escosura. 

En los recuerdos un tanto vagos que nos quedan del Liceo, figuran 
todos los aristócratas a la sazón en candelero. Para ser representada en el 
Liceo compuso el Duque de Rivas Solaces de un prisionero, comedia en 
tres jornadas, con el asunto histórico de la prisión en Madrid de Francisco 1, 
que si no es la mejor suya, si de las más parecidas a las del Siglo de oro; y 
en el álbum regalado por el Liceo a Isabel II en los comienzos de su reina- 
do efectivo (15-D¡ciembre-1843), puso la composición que comienza: 

Ángel puro inocente, 
Que al regio trono de mi patria subes, 
Como el sol refulgente 
Sube al zenit, las borrascosas nubes 
Venciendo y disipando, 

Y bienhechora luz al orbe dando: 
Tú el amparo y consuelo 

De la angustiosa y abatida España 

Serás: pues tú del cielo 

Tan sólo puedes aplacar la saña, 

Y la tremenda ira 

Con que el Dios de venganzas ¡ay! nos mira. 

Y concluye: 

Sí, tanta horrenda plaga 
Como lanzó en España el hondo infierno. 
Que un ángel la deshaga 

Y la remedie ya, quiere el Eterno, 

Y a ti el hacerlo fia, 

Y ángel reparador a ti te envía. 
Lógralo venturosa. 

Si fundó esta nación otra Isabela, 

Sálvala tú gloriosa 

De la discordia insana que la asuela, 

Y la fama confunda 

La primera Isabel con la segunda. 

A los Juegos Florales de 1841 se presentó el Duque de Frias y obtuvo 
premio por su composición A Felipe II. "Fué muy de ver en medio de lo 
"más florido de la corte, ante el trono de una Reina niña, con todo el 
"esplendor de la majestad y de la inocencia, cuando se presentó el Con- 
" destable de Castilla, engalanado con el hábito de Calatrava, casi heredado 
"de sus mayores, con las divisas militares conquistadas en la guerra de la 

219 



SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

"independencia, y con el Toisón ganado en las embajadas; y, sin embargo, 
'menos ufano de todo eso que de ponerse en la fila de los laureados, 
"pobres algunos, y de recibir el galardón recabado por él a favor del anó- 
"nimo. Asi fué que al dar luego a nombre de todos gracias y consejos a la 
"coronada niña, cuyos derechos había defendido con la espada y cuyos 
"abuelos acababa de vindicar con la lira, en muchos asomaron las lágri- 
"mas. en todos brotaron los aplausos" (1). 

Con la aristocracia del linaje alternaban en el Liceo los nuevos proce- 
res de la banca, y entre los más entusiastas concurrentes y protectores de 
la sociedad contáronse D. Gaspar Remisa, a quien Aribau habla dedicado 
la célebre oda. iniciadora del renacimiento de la lengua catalana (Véase 
tomo 111, pág. 467), y D. José Salamanca, que gustaba extraordinariamente 
del trato de artistas y literatos. Los reyes no sólo asistían con frecuencia a 
las exposiciones y veladas, sino que tomaban parte activa en la vida del 
Liceo: la Reina gobernadora, regular aficionada a la pintura, y que como 
tal solía concurrir con copias de célebres maestros a las exposiciones déla 
Academia de San Fernando, envió a la del Liceo de 1838 una de Correggio, 
e Isabel 11 con otra de Tiepolo (1846). 

B) El Liceo se dividía en secciones y sostenía cátedras; pero no pa- 
rece que tuvieran unas ni otras el carácter de las del Ateneo. Si alguna vez 
hubo debates oratorios fué como torneos de elocuencia. "A mi me cabe 
"en el presente año — escribía Bretón de los Herreros a Molíns — el honor 
"de presidir la Sección de Literatura, esto es, a los cuatro o seis individuos 
'de ella, que llegan a reunirse en las grandes solemnidades. Pero si la 
"experiencia me ha convencido de lo poco que puede esperarse de esta 
"sección en cuerpo, como de casi todas las que componen el Liceo, ofrezco 
"prestar y espero obtener servicios personales que justifiquen en cierto 
"modo el título de literaria, que con el de artística califica a la sociedad. 
"Siempre, por supuesto, habrá en ella más de espectáculo que de ciencia. 

"Las últimas sesiones fueron brillantes, dos de ellas favorecidas de la 
"Reina, y todas con la ausencia y animadversión de Monsieur un tel" (2). 



(1) Marqués de Molins: Noticias biográficas del Duque, de Frías, tomo III de las Obras de Molins. 
Aunque el Duque de Frías vivió hasta 28 de Mayo de 1831, este fué su postrer triunfo literario. Bretón de los 
Herreros escribía a Molins (14-Febrero-1841): "Ya sabrá usted que el premio último floral cupo a nuestro buen 
-DuquedePrias. y a mi el honor de adjudicárselo con Gallego y Hartzenbusch. Este sirvió de padrino al 
•ajíraciado, circunstancia que el agraciado no echó en saco roto, epigramatizando sobre la fusión fraternal 
•del escoplo y el toisón, menos inverosímil y nefanda que otras y otras fusiones de que vamos siendo testi- 
•gos. Excuso decir a usted que el autor de Felipe II está con su rosa de oro como chiquillo con zapatos 
•nuevos, y se desespera por lo que tarda el Liceo en publicar su bella, aunque algo rara, composición en 
•letras de molde." (Bretón de los Herreros, pág. 359.) 

(2) Así cíilifica Bretón al general Espartero, a la sazón regente del reino. ¿Sentiría el Regente la ani- 
madoeraíón que supone la carta? Quizás, si Espartero y los suyos creían que en el Liceo predominaban las 
ideas moderadas y los sentimientos favorables a la destronada reina Cristina. En este caso también podría 

220 



J 



VII ' SOCIEDADES Y TERTULIAS LITERARIAS 

Esta carta da, indudablemente, mucha luz para comprender al Liceo. 
No era una sociedad de ciencia sino de espectáculo; pero así cumplía per- 
fectamente su objeto, poniendo a las artes y a las letras en directa comu- 
nicación con la elevada sociedad y hermanando a los artistas entre sí. Era, 
pues, como ya se ha indicado, la continuación y el perfeccionamiento del 
Parnasillo, junta de los cultivadores de todas las bellas artes, alarde con- 
tinuo de los esplendores de éstas, abrazo íntimo de las bellezas artísticas 
con las elegancias sociales. 

Nada de ciencia, ni de discusiones solemnes. Había un precioso teatro 
con decoraciones pintadas por Pérez Villaamil. Don Antonio Gómez, pintor, 
escultor, y el adornista de más crédito en aquella época, regaló un telón 
de boca (1). Se daban conciertos, cantábanse óperas, se representaban 
comedias y loas, recitábanse versos. Los socios formaban una buena or- 
questa y un buen cuerpo de coros. Don Basilio Basili compuso una ópera 
con letra y música española. Se trajo para cantar a Rubini, el cisne de 
Bérgamo, como se le llamaba entonces; el Marqués de Molíns pondera la 
resonancia que tuvo en toda Europa la venida de Rubini, por la cual el 
Liceo fué conocido y admirado en todas partes. Se trajo a la Paulina García 
(Mme. Viardot); trajéronse a los concertistas Lista, Talberg y otros. Sólo en 
el año de 1841, la Sección de Música puso en escena una ópera y dos can- 
tatas originales, dos óperas italianas enteras y tres actos de otras tantas dife- 
rentes, presentando además la partitura de una misa. Si la escultura no rayó 
tan alto, sostuvieron gloriosamente su pabellón D. Francisco Pérez del 
Valle (2), que obtuvo premio por la improvisación de una Ninfa en cera, 
e hizo para la sala de fiestas los bustos de Cervantes, el arquitecto Herrera 
y Alonso Cano; D. Francisco Elias Vallejo (3), que hizo con el mismo objeto 
el busto de Velázquez; D. Sabino Medina y Peñas (4), a quien el Liceo 
encargó el busto del músico Salinas. El mallorquín D. Augusto Ferrán era 
de la junta directiva de la sociedad, de los que más se distinguían en los 
característicos concursos de improvisaciones a la vista del público, y muy 
celebrado por su obra Un mendigo con dos niños, expuesta en los salones 



suponerse que las burlas de Espronceda a costa de los profesores y concurrentes al Liceo, en El Diablo 
Mundo, obedeciesen al mismo móvil, siendo Espronceda diputado de la mayoría esparferista. Pero, quizás- 
también, lo que hubiera en Espartero, hombre de pocas o ningunas letras, fuese indiferencia. Es posible que 
el Regente, soldado de fortuna y héroe populachero, fuese de los que llaman dormilonas literarias a las 
veladas, y que encontrara muy aburrido eso de versos, cuadros, estatuas y música. 

(1) Nació en Cádiz (18-Octubre-1818). Murió en Madrid (17-Diciembre-1877). 

(2) Natural de Rivadesella (Asturias). Individuo de mérito de la Academia de San Fernando (27-Ene- 
ro-1837). Escultor de cámara (1843). 

(3) Nació en Soto de Cameros (1783). Murió siendo primer escultor de cámara (22-Septiembre-1858). 

(4) Nació en Madrid(20-Diciembre-1814). Es el autorde la estatua de Murillo, junto al Museo del Prado. 

221 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

del Liceo (1838) y que adquirió la reina Cristina; este mismo año marchó 
a Paris, y fué luego profesor de Bellas Artes en la Habana (1). 

Los pintores, buUian tanto o más que los literatos. Vislúmbrase a 
través del tiempo que hubo sus pugnas entre los artistas del pincel y los 
de la pluma, creyendo algunos de aquéllos que había en el Liceo de- 
masiada poesia, y éstos que sobraba bastante de taller, modelos, concur- 
sos pictóricos y cuadros. Concurrían asiduamente al Liceo D. Vicente 
López, ya septuagenario (2), más discutido entonces que ahora, y que 
conservó hasta la muerte el entusiasmo artístico de la primera juventud; su 
hijo D. Bernardo López y Piquer (3), de gran crédito como retratista; don 
José Madrazo (4), director y puede decirse que fundador del Museo del 
Prado, con sus hijos D. Federico (5), el de más crédito entre los pintores de 
su época, representante de la pintura romántica, fundador, con Ochoa, de 
El Artista (1835-36); D. Pedro (6), el literato de la familia, y D. Luís, enton- 
ces casi un niño (7), pintor como su padre y hermano; el murciano don 
Rafael Tejeo (8), y, muy especialmente, Elbo, Esquivel y Gutiérrez. 

Don José Elbo, que como artista fué más fecundo en esperanzas que 
en realidades, era un hombre original, de los que tienen cosas. A veces 
mostraba un orgullo a lo Fernández y González. Le colmó de alabanzas en 
cierta ocasión Cean Bermúdez, el más reputado crítico de la época, y Elbo 
dijo con un desdeñoso movimiento de hombros: 

— ¡Ha elogiado injustamente a tantos! 

En una exposición hablaban mal de sus cuadros, cerca de él y de sus 
amigos. Uno de éstos se lo advirtió, diciéndole: 

— Oye cómo te roen los talones. 

— Déjalo, repuso Elbo; es lo único que me pueden roer, porque están 
a mis pies. 

Era un españolista populachero y presuntuoso. 

— ¿Por qué prefieres siempre, díjole uno, las escenas populares? 
Y Elbo contestó: 

— Soy español y no encuentro compatriotas dignos de mí más que las 
manólas y los toreros. 

(1) Allí murió (28-Junio-1879). 

(2) Había nacido en Valencia (19-Septiembre-1772). Murió 22-Junio-1850. 

(3) Nació en Valencia (20-Agosto-1800). Murió ]."-Agosto-1874. 

(4) Nació en Santander (22-Abril-1781). Murió 8-Mayo-1859. 

(5) Nació en Roma (9-Febrero-1815). Murió lO-Junio-1894. 

(6) Nació en Roma (n-Octubre-1816). Murió 20-Agosto-1898. 

(7) Había nacido en Madrid en 1825. 

Í8j Nació en Caravaca. Ossorío y Bernard (Galería biográfica de artistas españoles) dice que 
en 1800. Baquero Almansa (Catáloao de los profesores de las Bellas Artes murcianos, Murcia, 1913) recti- 
fica con la partida bautismal: nació 27-Noviembre-1798. Murió 3-Octubre-1856. 

222 



VII - SOCIEDADES Y TERTULIAS LITERARIAS 

En otra ocasión dijo: 

— Los extranjeros no tienen corridas de toros porque no hay entre 
ellos quien valga lo que el más cobarde de nuestros cacheteros. Que se 
compare la cabeza de Murat co:i la de Montes. 

En el Liceo pintó su cuadro Leda, y a la exposición de esta misma 
sociedad (1838) llevó sus Un majo y Un contrabandista, que fueron adqui- 
ridos por la Reina gobernadora. 

Esquivel, uno de los fundadores y de los más entusiastas por el Liceo, 
tenia también su aureola. Había perdido a su padre, teniendo él dos años, 
en la batalla de Bailen; su orfandad fué misera; a los diez y siete años era 
soldado y asistía a la defensa del Trocadero contra los franceses de Angu- 
lema; precoz y fácil en su arte, ganábase la vida vendiendo cuadros a la 
manera de Murillo, y algunos, según queda indicado más arriba, hacién- 
dolos pasar como de Murillo; casado a los veintiún años, tuvo que centu- 
plicar su esfuerzo, y en 1832 vínose a Madrid con su paisano y condiscípulo 
D. José Gutiérrez de la Vega. Ambos se presentaron al concurso de premios 
de la Academia de San Fernando, y ambos triunfaron, siendo nombrados 
académicos de mérito el mismo día 1.*' de Julio del citado año. 

El Liceo fué para los dos artistas la consolidación del triunfo. Gutiérrez 
pintó muchos cuadros en y para la brillante sociedad; pero su verdadera 
gloria literaria, y por la que merece figurar en esta historia, es haber inspi- 
rado con una Dolorosa la poesía de Zorrilla La Virgen al pie de la Cruz, que 
tiene trozos tan bellos como éste: 



Entonces, ¡oh Madre! 
recuerdo que un día 
tu santa agonía 
contar escuché: 
contábala un hombre 
con voz lastimera: 
tan niño como era, 
póstreme y lloré. 

El templo era oscuro: 
vestidos pilares 
se veían, y altares 
de negro crespón; 
y en la alta ventana 
meciéndose el viento 
mentía un lamento 
de lúgubre son. 



223 



^AllHDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 



La voz piadosa 
tu historia contaba; 
el pueblo escuchaba 
con santo pavor. 
Oía yo atonto, 
Y el hombre decía: 
¡Y quién /jesaria 
tamaño dolor! 

El Hijo pendiente 
de cruz afrentosa; 
la Madre amorosa 
llorándole al pie. . . 
El llanto anudóme 
oído y garganta; 
con Icistima tanta 
póstreme y lloré. 

La voz conmovida 
seguía clamando; 
el viento zumbando 
seguía a la par; 
el pueblo lloraba 
postrado en el suelo; 
contaba tu duelo 
la voz sin cesar. 

Mi madre a sus pechos 
mi pecho oprimiendo, 
posaba gimiendo 
sus labios en mí; 
y yo, Santa Virgen, 
en son de querella, 
no sé si por ella 
lloraba o por ti. 

¡Mi madre tan joven, 
tan bella y penada; 
mi madre adorada 
llorando también! 
Perdón, ¡oh María! 
Soy hijo y la adoro; 
su aliento y su lloro 
quemaban mi sien. 

Convulso, agitado, 
en ámbito estrecho 
latir en su pecho 
sentí el corazón; 



224 



VI/ - SOCIEDADES Y TERTULIAS LITERARIAS 

el niño creía 

y oró al Crucifijo. . . 

El niño era hijo 

y ahogó su oración. 

(1). 



En cuanto a Esquivel, puede decirse que fué el alma de la sección 
pictórica del Liceo. Hubo un dramático episodio en estas relaciones del 
pintor con la sociedad: el artista quedó ciego por una afección herpética; el 
Liceo lo sostuvo y a su familia en aquella triste hora del infortunio. Esqui- 
vel, desesperado, intentó dos veces suicidarse arrojándose al Guadalquivir, 
y ambas fué sacado del rio por manos amigas. Curó al fin de los ojos, y en 
gratitud al Liceo y como religiosa ofrenda a Dios pintó el cuadio La caída 
de Luzbel. Todo esto se desenvolvió en multitud de conmovedores episo- 
dios de caridad, compasión y cariño al artista sevillano, que se había hecho 
popularisimo en Madrid, no sólo por sus cua- 
dros, sino por su carácter expansivo y el en- 
canto de su conversación. 

C) Servicio valiosísimo prestó Esquivel a 
la historia literaria con su Cuadro de los poe- 
tas (2). Dejemos a Enrique Díez-Cariedo que 
nos lo describa. Dice: 

"En el Museo de Arte Moderno hay un 
cuadro lleno de atractivo en el que se percibe 
todo el movimiento, en el que se oye todo el 
rumor de la época romántica. Es del sevillano 
Antonio María Esquivel, que hubo de pintarlo 
en 1846, y representa una lectura de Zorrilla Enrique oíez-canedo. 

en el estudio del pintor mismo. Vastos lienzos ^^^^^^ 

de asunto religioso, evocadores retratos de da- 
mas cubren las paredes; unas esculturas clásicas álzanse con gracioso 
empaque a uno y a otro lado de la puerta. Es invierno. Lo pregonan la 
vasta chimenea encendida, sobre la que se amontonan lustrosas las chime- 
neas solemnes, y en el otro lado de la habitación, la elegante copa metálica 
de un castizo brasero. Grande es el concurso. En medio del círculo que se 
ha formado, Zorrilla, con ceñido frac negro, lee. Ya recordáis su rostro "de 




(1) Gutiérrez de la Vega, a quien Zorrilla dedicó esta composición, vivió hasta Diciembre de 1865. 
Dejó dos hijos buenos pintores: D. José, que también tomó parte activa en la labor del Liceo, y que sólo 
sobrevivió dos años a su padre, y D. Joaquín. 

(2) Véase en la página 43. 

225 

Salcedo. — ¿a Literatura Española. - Tomo IV. 15 



SALCEDO ' LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

épora", melena corta, bigote y perilla, negros entonces, blancos del todo 
en la imagen definitiva que de él guardamos. En primera fila se sientan los 
señores graves. Ved aquí a D. Juan Nicasio Gallego, imponente en sus 
vestiduras sacerdotales; a Gil y Zarate, el legislador literario; al multiforme 
Bretón de los Herreros; a Ros de Olano, con discreto uniforme azul; ved 
luego la bella prestancia de Martínez de la Rosa. El Marqués de Molíns va 
a sentarse entre ellos. Detrás, un airoso uniforme rojo hace resaltar la 
figura de Pezuela, que aún no ha empezado a traducir a los épicos italianos. 
Del lado de la chimenea, otros más frioleros, un poco aparte: el Duque de 
Frias, que debia ser sordo, con la mano en pabellón junto al oído; don 
Agustin Duran, apático, pensando más en sus cancioneros y en sus roman- 
ceros que en los versos que oye, y saltando en su asiento, nervioso y jovial, 
el Curioso Parlante, D. Ramón de Mesoneros Romanos. Ved allí asimismo, 
de pie, frente al poeta, a un mozo apuesto, preso el talle en el justo corte 
de un frac azul, una mano en la cadera y apoyada en un bastón la otra: es 
el "galán", el mimado, el glorioso D. Julián Romea. Tras él se esquiva, un 
poco inactual, Quintana, cano y corpulento. Menuda, en cambio, la figura 
de Vega, que, junto a Zorrilla, le devora con ojos llenos de admiración, al 
lado de Esquivel, que se vuelve a escuchar, muy armado de paleta y 
pinceles. Y no apartéis los ojos del concurso sin reparar en aquel mozo 
moreno, de aspecto ultraromántico, que se yergue en un rincón y que tiene 
también un momento, como un rinconcito, de celebridad: Gregorio Romero 
Larrañaga. Y advertid, tras el grupo que preside Romea, ese joven, enguan- 
tado, de blanco chaleco y negra corbata, silueta cumplida de hombre de 
mundo; no olvidéis su nombre: es D. Ramón de Campoamor. No en per- 
sona, pero sí en efigie, asisten a la lectura dos grandes ausentes, muerto el 
uno, José de Espronceda; lejos de España el otro, D. Ángel de Saavedra, 
duque de Rivas. Unid dos nombres más, el del más fuerte de todos, muerto 
diez años antes, Mariano José de Larra, y el de un anciano, vivo aún y por 
todos acatado, maestro de muchos, D. Alberto Lista, y no faltará ninguno 
de los que importan. ¿Quiénes son estos hombres? Estos hombres son los 
que han hecho el romanticismo, propugnándolo unos, defendiéndose otros 
y teniendo paso a paso que ceder. Algunos se han mantenido al margen, 
preludiando débilmente, como Campoamor. Pero el mañana es suyo, y así, 
en este cuadro de Esquivel tenemos al mañana y al ayer, que representan 
algunos de esos señores graves, reunidos en torno al hoy, a Zorrilla, que 
con su clara voz va leyéndoles unos armoniosos versos. . ." (1). 



(1^ Enrique Díez-Canedo: conferencia dada en la Residencia de Estudiantes sobre los Poetas Ro- 
mánticos. A ésta siguieron otras dos sobre los Poetas de la Restauración y los Poetas posteriores a 1898. En 
su galana descripción omite Diez-Canedo a Ferrer del Rio, Hartzenbusch, Rubi, Gil y Baus, Rossell, Flores, 

226 



VII ' SOCIEDADES Y TERTULIAS LITERARIAS 

60. Poetas especialmente relacionados con el Liceo: 
A) Zorrilla. B) Campoamor. C) Romero Larrañaga. D) Ro- 
dríguez Rubí. — A) La resonancia social del Liceo y el trato íntimo que 
tuvieron en él literatos y optimates contribuyó seguramente a que algunos 
o muchos de los primeros obtuviesen buenos destinos, y aun hicieran 
carrera política. Contribuyó, sin duda, aquella sociedad a que el cultivo 
afortunado de las bellas letras fuera en España, durante un periodo no 
breve, titulo suficiente para escalar las más elevadas posiciones del Es- 
tado. Así lo dice Zorrilla, aunque añadiendo que él no sacó nada de eso, 
lo cual debe generalizarse y reconocer que, además del triunfo literario, 
han sido necesarias para encumbramientos tales otras condiciones coad- 
yuvantes. "El Liceo concluyó — cuenta Zorrilla — saliendo sus socios más 
"notables para las embajadas, los ministerios y los destinos más impor- 
"tantes de la nación: Mesonero Romanos se fué a su casa, cargado de 
"memorias, y yo a la mía de coronas de papel recogidas en una fun- 
"ción de obsequio que se me dio, y con un álbum en cuya primera hoja 
"escribió S. M. la Reina Doña Isabel. Tal fué el fin y el fruto que yo saqué 
"del Liceo" (1). 

B) A tres poetas jóvenes editó el Liceo sus primeros tomos de versos: 
uno fué Campoamor (2), del que cuenta Ferrer del Río, en 1846 (Galería 
de la Literatura Española), que en aquella fecha se había revuelto contra 
la sociedad que le hiciera favor tamaño: "Sus primeras poesías — dice — 
"empalagaban en fuerza de dulces: sus últimos folletines son como la hiél 
"amargos; entre aquéllas y éstos ha exhalado ayes su alma, ha escrito 
"fábulas, dolaras y semblanzas. Abandonó la carrera de Medicina por ser 
"poeta; luego ha reñido con las musas para hacerse quejumbroso y anto- 
"jadizo; ya no es cancionero juguetón, sentimental y maliciosamente can- 
"doroso, sino folletinista de gestos y melindres; descarga tajos y reveses 
"contra las empresas de teatros, contra la Academia Española, CONTRA 
"EL LICEO; contra todo el mundo. Ahí nos quedan sus poesías en memo- 
"ria de que no siempre anduvo por el campo de la literatura como oveja 
"descarriada". 

C) El otro poeta, a quien el Liceo editó versos, o protegió de algún 
modo su publicación, que en lo que consistía precisamente tal patrocinio. 



González Elipe, Escosura, Ayguals, Pacheco, Qabino Tejado, Burgos, Amador de los Ríos, Valladares y Ga- 
rriga. Doncel, Güell, Fernández de la Vega, Clona, el mismo Esquivel, Díaz, Cañete, Pedro Madrazo, Fer- 
nández-Guerra, Nocedal, Eusebio Asquerino y Duran. 

(1) Recuerdos del tiempo viejo, primer tomo, pág. 50. 

(2) Tomo titulado Ternezas y Flores. 

227 



SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

no lo sabemos (1), fué D. Gregorio Romero Larrañaga. Nacido en Madrid 
(12-Mnrzo-1814), vivió hasta 1872 (29- Noviembre), y fué realmente un poeta 
del Liceo: poco antes de fundarse esta sociedad compuso sus primeros 
versos; en ella los leyó todos; bajo sus auspicios publicó Poesías (1841); en 
el mismo año Cuentos históricos, leyendas antiguas y tradiciones populares 
de España: de 1844 es Amar con poca fortuna, novela fantástica en verso, 
del mismo período son su otra novela La Biblia y el Corán y sus dramas 
Doña Jimena de Ordóñez, Garcilaso de la Vega y Misterios de honra y 
venganza; de 1837 a 1840 dirigió La Mariposa, periódico de literatura y 
modas y colaboró en El Semanario Pintoresco. Después calló, y fué un in- 
teligente bibliotecario hasta su muerte. Su poesía más aplaudida en el Li- 
ceo es la única suya que recuerda la posteridad: El de la Cruz Colorada: 

Dime tú, el rey de los moros, 
El de los bellos jardines, 
El de los ricos tesoros. 
El de los cien paladines, 
El de las torres caladas 
Con sus agujas labradas. 
El de alcatifas morunas, 
El rey de las medias lunas, 
De los reyes soberano. 
El de la Alhambra dorada. 
El de la hermosa Granada, 
¿En donde está mi cristiano 
El de la cruz colorada? 



Yo soy la flor de Sevilla, 

Y en Jerez donde nací. 
Me llaman su maravilla, 

Y aquí en Granada la hurí. 
No puedo darte, rey moro. 

El alma, que es del que adoro. 



(1 ) El Marqués de Molins, en su informe al Liceo sobre estas poesías (Obras, tomo III, pág. 213), dice: 
•Nuestro apreciable colega D. Gregorio Romero y Larrañaga intentaba dar a la prensa una colección de sus 
•poesías, y alentado con la benévola acogida que muchas de ellas han obtenido en nuestras sesiones, quisiera 
•autorizar con el respetable nombre del Liceo las obras mismas, que ha escrito bajo su influencia y que ha 
•leído en su tribuna". En la memoria sobre su gestión presidencial en 1841 (tomo citado, pág. 227), dice: 
*.. . en el año anterior se habían publicado bajo los auspicios del Liceo las poesías de Campoamor; de igual 
•manera, y SIN COSTO ALGUNO, se honrará este año nuestro cuerpo, poniendo su nombre al frente de dos 
•colecciones ritmicas, una de las cuales, la del Sr. D. Gregorio Romero, ha visto ya la luz pública". La 
frase sin costo alguno parece indicar que la protección del Liceo no consistía en editar por su cuenta estos 
libros - costear la edición — como se viene repitiendo (véase P. Blanco, tomo I, pág. 293). ¿En qué consistía 
entonces? No lo sabemos. Muy conveniente y muy ameno sería un estudio monográfico sobre el Liceo 
basado en sus papeles o documentos originales, si es que se conservan, y un examen detenido de los perió- 
dicos de la época. Anímense los jóvenes estudiosos. 

228 



vil ' SOCIEDADES Y TERTULIAS LITERARIAS 

Mas si en lo hermosa soy perla, 
Tú, sultán, debes tenerla, 
Cual joya a tu fausto vano, 
En tus serrallos colgada. 
¡Ay, salve yo a mi cristiano 
El de la cruz colorada! 



— En el cerco de Antequera 
Prendi ese cristiano yo. 
Era su alcaide, y él era 
El que más moros mató. 
En tanto que fuese vivo 
Juré tenerle cautivo. 
Mas tu amor templa mi saña. 
Que en mujer es cosa extraña 
Guarde fe quien ama en vano, 

Y diera yo mi Granada 
Por verte de mí prendada 
Como lo estás del cristiano, 
El de la cruz colorada. 

Hermosa, enjuga tu lloro. 
Lluvia es que empaña tu sien. 
Sensible soy, aunque moro, 

Y espléndido soy también. 
No quiero, por ser piadoso. 
Me ofrezcas don tan precioso: 
Peleo yo con mi alíange. 
Mas consentir este canje 
Fuera un tráfico villano. 

Abran la puerta ferrada, 

Y a esa mujer desolada 
Entréguenla su cristiano, 
El de la cruz colorada. 



D) De otro poeta — D. Francisco González Elipe — a quien otorgó el 
Liceo igual merced que a Campoamor y Romero Larrañaga, nada ha que- 
dado en la memoria popular (1). Famoso llegó a ser, en cambio, D. Tomás 
Rodríguez Rubí (2), el cual, habiendo llegado muy joven a la corte, con 



(1) El P. Blanco lo menciona entre los poetas festivos (tomo I, pág. 293); dice que tenia donaire y 
talento satírico, "aunque el chiste que suele emplear tenga más de fácil que de urbano". No hemos visto 
ninguna de sus poesías. 

(2) Nació en Málaga (21-Diciembre-1817). Perseguido su padre en la reacción de 1823, por sus ideas 
liberales, hubo de residir, siendo niño, en Granada y Jaén, y, por último, en Melilla (1829), donde dieron a su 
dicho padre un destino. Vino joven a la corte. Aparte de su carrera literaria, fué diputado a Cortes, director 

229 



SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

ánimo, como tantos otros, de abrirse camino por la senda de las bellas le- 
tras, encontró el primer obstáculo en su propia dificultad para versificar; a 
fuerza de ímprobo trabajo desmintió el adagio: el poeta nace y el orador 
se hace, y poeta, o, por lo menos, aceptable versificador se hizo. Compuso 
primero la, en aquel tiempo, imprescindible poesía del cruzado que viene 
de Tierra Santa y ve a lo lejos un castillo con almenas, en que no suele 
ocurrirle cosa de particular. Entró después a colaborar en Las Musas, pe- 
riódico tan amigo de versos en que hasta los anuncios eran rimados; no 
podía haber hallado mejor acomodo un mozo ávido de soltarse en la rima. 
Intentó luego publicar en el No me olvides una poesía titulada La Inspira- 
ción, y por mala se la rechazaron de plano. No se desalentó Rubí, sino que 
redobló su esfuerzo para domar el rebelde mezquino idioma, como dijo 
Bécquer más adelante. 

Al poco tiempo conseguía el joven malagueño componer una poesía 
titulada El espejo que pareció muy buena a sus amigos, y excitáronle éstos 
a leerla en el Liceo. Mostróse entonces tímido, escarmentado sin duda por 
sus anteriores fracasos, vaciló, pasaron las semanas, y cuando ya quizás 
empezaba a decidirse, se ocurrió a los socios del Liceo reformar el regla- 
mento en el sentido de no admitir como socio facultativo de la sección li- 
teraria sino a los que considerase dignos una junta calificadora en vista de 
un artículo, poesía u obra dramática que habían de presentar previamente- 
Rubí, en vista de ello, escribió otra poesía con el título de El Águila, y la 
envió al concurso. No debía de ser ni muy buena ni muy mala cuando la 
junta calificadora se dividió en su juicio, y la votación resultó empatada, y 
fué resuelto en definitiva que el aspirante presentase otra composición. 

Rubí consideró esto como un triunfo, prueba de que no era tonto ni 
vano, y escribió Un recuerdo de la Alhambra que le abrió las puertas del 
Liceo. Y ya dentro, pronto se hizo allí puesto de primera importancia; acer- 
tó con los cuadros de costumbres andaluzas escritos en verso: El Jaque de 
Andalucía, Votos y juramentos, La venta del jaco. La aventura nocturna 
y Quien mal anda mal acaba fueron aplaudidísimos en el salón de la so- 
ciedad, reproducidos y elogiados por los periódicos literarios; y, coleccio- 
nados en un tomo, encantaron al público. Quedábale, sin embargo, otro 
reducto que asaltar: el teatro. También lo asaltó en el Liceo. La noche pre- 
cisamente de la función a beneficio del pintor Esquível, González Bravo lo 
presentó a Julián Romea, hubo la consiguiente entrega del manuscrito de 
la comedia Del mal el menos, y el actor cumplió su palabra al novel poeta; 



de Beneficencia, Telégrafos y Establecimientos Penales, ministro de Ultramar en el último gabinete de 
Isabel II, intendente de Cuba después de la restauración. Murió 14-Agosto-1890. Véanse sobre Rubi la Galería, 
de Ftrrer del Río, y Fabié: Discurso de recepción en la Academia Española (24-Mayo-189l). 

230 



vil ' SOCIEDADES Y TERTULIAS LITERARIAS 

fué representada en El Príncipe, y tuvo éxito: aplausos muchos y llamadas 
entusiastas a escena. Ya quedó D. Tomás, como después se ha dicho, con- 
sagrado. 

Esta historia es ejemplar, y debe ser bien aprendida por cuantos re- 
corren el áspero camino que siguió Tomás Rodríguez Rubí, hace tantos 
años. Cuenta doña Emilia Pardo Bazán, en un primoroso artículo titulado 
Las recomendaciones {La Acción 20-Mayo-1917), que recibe frecuentemente 
súplicas de poetas y escritores deseosos de darse a conocer, para que los 
recomiende a los periódicos de gran circulación y a las empresas teatrales, 
y ella observa con suma cordura que este tránsito de lo desconocido a la 
fama no puede ser efecto de una recomendación, sino de la perseverancia 
en el trabajo y de la persistencia en el ataque. Lo que hizo Rubí. Débese 
poner también por moraleja la conveniencia de centros, como el Liceo, 
para que el verdadero talento y la aplicación obtengan el éxito merecido. 

61. Otros hechos del Liceo: A) El triunfo de Gertrudis 
Gómez de A vellaneda. B) Homenaje a Calderón de ¡a Bar- 
ca. C) La revista «^EI Liceoy>. — A) El último suceso literario del 
Liceo que conviene referir, es el triunfo de Gertrudis Gómez de Avella- 
neda. Venía figurando esta insigne poetisa desde 1840, como uno de los 
ornamentos de la sociedad. En 1841 publicó sus Poesías con un prólogo 
de D. Juan Nicasio Gallego (1). Transcribimos los primeros párrafos de 
este prólogo porque reflejan muy bien aquella época del florecimiento del 
Liceo, y adviértese cómo Gallego, a fuer de clasicista de la generación 
anterior, se burlaba con suma cautela y con finísima guasa de la muche- 
dumbre de poetas y poetisas que brotaban entonces por todas partes: 

"Si para hacer versos — reza el prólogo — son menester reposo y 
"tranquilidad de ánimo, según el dicho de Ovidio Nason, elevado a máxi- 
"ma por el asenso y conformidad de diez y nueve siglos, es preciso con- 
"venir en que los españoles tenemos el asombroso privilegio de desmentir 
"aquel axioma, haciendo perder a las Musas el miedo al estruendo y 
"horrores de la guerra civil y a las no menos ruidosas escenas de los dis- 
"turbios políticos que nos afligen hace no pocos años. 

"Sin contar con los muchos poetas de reconocido mérito, de que se 
"gloría Madrid, apenas pasa un mes sin que las prensas periódicas nos 
"ofrezcan nuevas composiciones y hombres nuevos, que aumentan el cre- 
"cido catálogo de los alumnos de las Musas, no siendo menor proporcio- 

(1) En 1850 se hizo segunda edición aumentada que no conoció el P. Blanco (tomo I, pág. 191, nota) 
pues supone que después de la primitiva, muy deficiente, se publicó la de 1869. (Primer tomo de la llamada 
Colección completa de sus Obras literarias.) 

231 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

"nalmeníe el número de los que lucen su talento poético en las capitales 
"de nuestras provincias. No es, pues, extraño que una afición, de suyo 
"contagiosa y halagüeña, se haya comunicado al bello sexo, llegando ya, 
•por lo menos, a seis las damas españolas que sabemos cultivan la lengua 
"de los dioses. Verdad es que algunas, por timidez y desconfianza, se con- 
sientan con leer sus composiciones en la reducida sociedad de sus amigos, 
"o cuando más en el benévolo y urbano salón del Liceo, donde están segu- 
"ras de encontrar oyentes que las animen y aplaudan, y no censores que 
"las critiquen. 

"Pero no hace mucho que presentó al público un tomo de poesías, no 
'escasas de mérito, una señora barcelonesa (1), y nos han asegurado que 
"dentro de algunos meses saldrán a luz las de otra extremeña (2). Si a 
"éstas se añaden las que contiene el presente volumen, fruto del gran 
"talento y ardiente afición de la señorita doña Gertrudis Gómez de Ave- 
"llaneda, de quien ya el público ha visto muestras repetidas, podemos 
"blasonar de poseer mayor número de poetisas en este siglo que cuenta el 
"Parnaso español en el largo periodo transcurrido desde Juan de Mena 
'hasta nuestros dias." 

Cuatro años después, en 1845, estaba Tula, como se la llamaba fami- 
liarmente, en el apogeo de su justa celebridad. Era tiempo duro y hasta 
terrible de conspiraciones contra el gobierno constituido y de represiones 
del gobierno contra los tenaces conspiradores y revoltosos. El 21 de Enero 
del citado año de 45 fueron fusilados en Logroño el general Zurbano, sus 
dos hijos Feliciano y Benito, y seis de sus partidarios. Poco después des- 
cubríase otra conspiración, dirigida nada menos que por el general Prim, y 
en que, según los testigos, entraba como número del programa revolucio- 
nario el asesinato del presidente del consejo de ministros D. Ramón M. Nar- 
váez. Narváez se mostró magnánimo; no sólo hizo indultar a Prim de los seis 
años de prisión militar que le fueron impuestos por el consejo de guerra, 
sino que fué a verle, le ofreció su amistad y le nombró para un alto cargo. 
Ya en esta senda de la clemencia, necesaria y política puesto que, según 
Pirala, desde Diciembre de 1843 a Diciembre de 1844 habían sido fusila- 
das 214 personas, varios reos condenados a muerte obtuvieron el indulto. 

Impresionó esta conducta a D. Vicente Beltrán de Lis, principalmente 
por evocarle la memoria de su próximo deudo D. Félix, ajusticiado por 



(1) AJude a doña Josefa Massanés, nacida en 1811 y que vivió hasta 1887, la cual, en este mismo año 
de 1«41 (el prólogo de Gallego es del mes de Noviembre), publicó sus poesías castellanas. Más adelante 
escribió en catalán. 

(2) No salieron hasta 1843, pues aquí se refiere a Carolina Coronado, nacida en 1823, y cuyas primeras 
composiciones aparecieron en El Entreacto (5-Julio-1840). 

232 



vil -SOCIEDADES Y TERTULIAS LITERARIAS 

liberal en Valencia (22 -Enero 1819) (1), y propuso al Liceo la celebración 
de un certamen público en homenaje a la real clemencia. Presentáronse 
muchas composiciones: el jurado declaró que dos de ellas eran excelentes, 
y que en la imposibilidad, por la regla del concurso, de galardonar a las 
dos igualmente, adjudicaba el premio a una y el accésit a otra. Abriéronse 
los pliegos. Resultó con el premio la firmada por Felipe Escalada; con el ac- 
césit una de Gertrudis Gómez de Avellaneda, Nadie conocía al tal Escalada; 
pero se descubrió el enigma al saberse que Gertrudis era autora de ambas, 
que habia firmado la primera con aquel nombre y apellido de un hermano 
suyo por parte de madre. El entusiasmo desbordóse. Pastor Diaz declaraba 
que nunca, en ningún certamen, había ocurrido cosa igual. Gertrudis se 
apresuró a renunciar a uno de los premios, bastando, dijo, a su satisfac- 
ción el fallo de la comisión de censura; lejos de admitírsele la renuncia, fué 
acordado añadir a los ofrecidos galardones dos coronas de laurel, celebrar 
una sesión solemnísima para entregar a la bella vencedora su bien ganada 
recompensa, y que la Reina presidiera la junta y coronase por su mano a 
la poetisa. Todo se hizo así, menos la concurrencia de la soberana que no 
estaba en Madrid y fué substituida por el infante D. Francisco de Paula 
(Junio-1845). 

Las dos poesías premiadas son de las buenas de Gertrudis Gómez 
de Avellaneda. Titúlase la una Oda en loor de la magnánima piedad 
de S. M. la Reina doña Isabel II; comienza describiendo el horrible cuadro 
de la capilla en que aguarda el reo el fiero instante de la muerte y el de la 
casa del condenado. De repente, 

Un súbito clamor se eleva y crece 

En la mansión sombría: 

Crujiendo se estremece 
La férrea puerta, que tener debía, 
Cual la del reino del eterno llanto, 
Del fiero Dante la inscripción tremenda. 



Es la Reina que viene con el perdón: 
¡Es ella, sí, miradla! . . . pura y bella 

De sus plantas reales 

Sienta la leve huella 
De la horrible capilla en los umbrales. 
El ángel santo de piedad la guía, 
La majestad del solio la acompaña, 



(1) Véase Historia de España, Resumen critico, por el autor de este libro (publicación de la Casa 
Calleja), pág. 583. 

233 



SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

La siguen a porfía 
Las esperanzas y el amor de España, 
Y huye a su aspecto la discordia impía. 



¡Llega-, virgen real! Tu planta imprime 
En la mansión del duelo; 
Ejerce la sublime 
Prerrogativa que te otorga el cielo, 
Perdona como él, y que la historia 
De los monarcas, con tu ejemplo egregio. 

Conserve en la memoria 
Que al emplear tan noble privilegio 
Dispensan gracia recogiendo gloria. 



De la segunda, titulada Clemencia, son estas estrofas: 

Al impulso del numen que me inspira 
Rebosar siento en la encendida mente, 

Cual férvido torrente, 
El estro abrasador. ¡Dadme la lira! 

¡Dádmela que no aspira 
Con mezquina ambición mi libre musa 

A enaltecer ilusa 

Las glorias de la guerra 

Cuyas palmas rehusa 
Teñida en sangre la enrojecida tierra! 



No templo al eco del clarin mi acento 
Ni al compás triste entonaré mis cantos 

De gemidos y llantos 
Que riego son de su laurel sangriento. 

Yo doy al vago viento 
Voces más dignas del castalio coro: 

Yo canto en lira de oro 

La gloria más sublime 

De disij)ar el lloro 
Y consolar la humanidad que gime. 



No, no es dictar al universo leyes 
La esclarecida gloria de un monarca, 

Ni en cuanto el mar abarca 
Al yugo sujetar humildes greyes: 

La gloria de los reyes 
Es dispensar de la justicia dones, 



234 



V/I ' SOCIEDADES Y TERTULIAS LITERARIAS 

Es llevar corazones 
Por regia comitiva; 
Es alzar bendiciones 
Donde su voz patíbulos derriba. 



B) No sólo enalteció el Liceo a los poetas vivos, sino que procuró 
honrar a los grandes maestros de las edades pasadas. Los restos de don 
Pedro Calderón de la Barca yacían en la parroquia del Salvador (calle 
Mayor, frente a la plaza de la Villa), una de las primitivas de Madrid; dos 
lápidas de mármol, una con el retrato del autor de La vida es sueño, obra 
de D. Juan Alfaro, pintor del siglo xvii, y otra manifestando que la Con- 
gregación de Presbíteros naturales de Madrid habia dedicado este recuerdo, 
en 1682, al famoso dramático que fué su capellán mayor. En 1841 el Ayun- 
tamiento hizo derribar por ruinosa la iglesia del Salvador. Los restos de 
Calderón fueron trasladados al templo de las Calatravas. Y el domingo 18 
de Abril del citado año al cementerio de San Nicolás. El Liceo procuró que 
tuvieran decorosa sepultura, y para ello dio una de aquellas grandes fiestas 
que eran su más brillante manifestación social. Ventura de la Vega compuso 
para esta circunstancia una loa con el titulo Tumba salvada. La fiesta 
produjo unos 9.000 reales. El Marqués de Molíns muéstrase satisfecho, pues 
escribe: "Hoy están los restos del insigne poeta decorosa y santamente 
"sepultados. ¿Sucede otro tanto con los de Moratín. . ., etc.?" Las descrip- 
nes que conservamos de la sepultura de Calderón en el cementerio de San 
Nicolás aconsejan que a los de santo y decoroso se añada el califica- 
tivo de modesto. Madoz, en su obra, dice que inmediata al altar mayor de 
la capilla habia una lápida de mármol blanco con la inscripción Calderón 
de la Barca en letras doradas, y sobre ella el retrato de D. Juan de Alfaro; 
a espaldas del retrato una pequeña pieza pintada y adornada con esmero, 
donde se guardan en elegante urna de cristal unos huesos que, según pa- 
rece, son los de Calderón. Sobre la hornacina un epitafio compuesto por 
Martínez de la Rosa: 

Sol de la escena hispana sin segundo, 
Aquí don Pedro Calderón reposa: 
Paz y descanso ofrécele esta losa, 
Corona el cielo, admiración el mundo (1). 



(1) En 1880 fueron trasladados los restos de Calderón a la iglesia del Hospital de San Pedro de los 
Naturales, calle de la Torrecilla del Leal. Hoy están en el nuevo edificio de esta Congregación, calle de 
San Bernardo. 

235 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

O El Liceo, para concluir, tuvo una revista literaria, de que se publi- 
caron pocos números; pero es importante, por contener la profesión de fe 
de la sociedad reflejada en su órgano periodístico: "No será el Liceo — 
"decia — clásico ni romántico en el sentido común de estas palabras; no 
"combatiríí al clasicismo, porque respeta las obras de Solis, de Racine, de 
"Tnsso y de Milton; ni al romanticismo, porque no desprecia a Calderón, a 
"Shakespeare, a Byron ni al Ariosto". El Liceo no fué ciertamente román- 
tico; pero sí la manifestación cumplida y brillante de la época romántica 
en España. 

62. Otras sociedades y tertulias: A) Disolución del 
Par na sillo. El cuarto de Qomea. B) El Instituto. C) Ter- 
tulias de Escosura, Cañete, Eernández-Guerra, Nocedal. — 
A) El auge del Liceo fué, naturalmente, a expensas del Parnasillo; pero 
ambas reuniones coexistieron durante algún tiempo. El Parnasillo acabó 
por disolución de sus tertulianos, y en esta disolución tuvo parte principal 
el hecho de haberse puesto de moda aquel café, atrayendo a muchos que 
no eran literatos, y que iban allí o a darse tono de tales o simplemente 
atraídos por la fama de los que verdaderamente lo eran. Los aficionados a 
las bellas letras propenden al trato intimo de poetas y escritores, sin com- 
prender que suele ser esto muy perjudicial a su afición, ya que les hace 
perder el punto de vista conveniente para el aprecio de la obra literaria y 
la ilusión sobre los que las escriben, que es también un elemento de grato 
solaz en las lecturas. Vistos de cerca, literatos, artistas y políticos suelen 
desmerecer. Bien es verdad que los más no es por aficiones literarias por 
lo que se acercan a los literatos, sino por estimar en su vana necedad que 
les viste mucho llamar a Benavente Jacinto, como antes Pepe a Zorrilla, y 
hablarles de tú o hacer creer al coro que así les hablan. A uno de éstos 
oyó decir no ha mucho el autor del presente libro: — Muy disgustado está 
Jacinto con lo que lo ataca Ramón. — ¿Quién es Jacinto?, preguntó el 
autor. — ¡Hombre!, contestó, Benavente, — ¿Y quién es Ramón? — ¡Hom- 
bre! . . . Pérez de Ayala. Pronto hubimos de convencernos de que no 
conocía, el fatuo, a no ser de vista, ni a Jacinto ni a Ramón. 

A los literatos, como todos los hombres, y más especialmente los 
artistas, vanidosos, agrada el homenaje público — esa es su fuerza — , pero 
también enfada en ocasiones la mtromisión en sus círculos de los no profe- 
sionales, sobre todo si se permiten observaciones y criticas. El Parnasillo 
inundóse de aficionados a las letras, o mejor dicho, a los literatos, y éstos 
desertaron. "Espronceda y yo — cuenta Zorrilla — nos quisimos y nos esti- 
"mamos siempre; pero nuestras diversas costumbres, aunque no las enti- 

236 



vil - SOCIEDADES Y TERTULIAS LITERARIAS 



"biaron, hicieron menos frecuentes nuestras relaciones. Yo deserté el 
"primero del cafetín del teatro del Príncipe, en donde nos juntábamos, y 
"me pasé al de Sólito, con Gil y Zarate, García Gutiérrez y otros, a quienes 
"comenzó a importunar el elemento militar y político que allí se incrustó 
"en el literario" (1). Muchos se pasaron, y tras ellos algunos aficionados 
selectos, al cuarto de Romea, en el vecino teatro, casado en 1836 con 
Matilde Diez — la luna de miel y aun la vida matrimonial fué brevísima — ^ 
y el cuarto de Julián fué un centro de reunión de los principales escritores 
de la época. Más o menos, según el carácter de los diferentes primeros 
actores, este uso se ha perpetuado en aquél y 
otros teatros, y de él son derivación o ensanche 
los saloncillos de los mismos teatros, así como 
del café del Príncipe lo han sido las tertulias de 
café, últimamente más de cervecería, fuente co- 
piosa de chismes y anécdotas literarias. 

B) En Abril de 1839, D. Basilio Sebastián de 
Castellanos (2), el Marqués de Sauli y otros lite- 
ratos fundaron el Instituto Español, cediéndoles 
el gobierno para la instalación de sus cátedras, 
reuniones y salas de juntas el edificio de la Trini- 
dad, que fué luego Ministerio de Fornento; nece- 
sitándolo el Estado, en 1843, el Marqués de Sauli 
construyó a su costa casa con teatro en la calle de 
las Urosas. Era sociedad con algo del Ateneo y 
algo del Liceo, y aun algo de beneficencia: soste- 
nía no sólo cátedras, sino dos colegios, uno de niños y otro de niñas, y 
escuelas de artesanos adultos; daba funciones dramáticas, conciertos, etc. 
Todo con menor brillo que las instituciones que le habían precedido, y 
sirviéndole seguramente de modelo. 

C) De las tertulias innumerables que siguieron al Liceo, y muchas de 
las cuales no eran verdaderamente literarias sino cursis reuniones caseras, 
hubo algunas dignas continuadoras, y aun perfeccionadas por la selección 
de aquella tan numerosa y brillante. Tales fueron entre otras: 

La de D. Patricio de la Escosura que, después del pronunciamiento 
de 1843 y de haber sido subsecretario de Gobernación, tenia ya su patente 




Matilde Diez 

(1818 - 1883) 



(1) Recuerdos del tiempo viejo, tomo I, pág. 49. 

(2) Fué periodista, usando los seudónimos de Santos Bueno del Castillo y El tio Pilili; desempeñó 
importantes cargos, entre ellos el de director del Museo Arqueológico nacional; escribió de historia, arqueo- 
logia, arte y religión. Perteneció a 72 academias o sociedades nacionales y extranjeras. Nació en 1807. Murió 
el 6 de Junio de 1891. 



237 



SALCEDO ' LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

de prohombre político unida a su fama literaria: "Todos los miércoles — 
dice Ferrer del Río en su Galería — se transforma su casa en una academia 
de bellas letras, donde concurren sus amigos escritores". 

La de D. Manuel Cañete, donde Ventura de la Vega, Campoamor y el 
amo de la casa leían admirablemente versos, Morphy tocaba el piano y 
exponía sus disquisiciones histórico-musicales, y Baralt daba a conocer no 
sólo sus poesías sino las de Bello, Olmedo, Pardo, Toro y otros hispano- 
americanos. "¿Quién sabe — escribió el Marqués de Molíns — si allí co- 
"menzó a arraigarse de nuevo, humilde como violeta, la fraternidad inte- 
"lectual cuyo aroma embalsama actualmente el ambiente literario de los 
"dos pueblos?" (1). En la tertulia de Cañete, Arnao presentó a Selgas. 

La de D. Aureliano Fernández-Guerra (2), que tuvo desde sus comien- 
zos el carácter casticista, de culto al Siglo de oro y erudito del dueño de la 
casa, y que se prolongó mientras vivió éste. 

La de D. Cándido Nocedal, no muy numerosa pero selecta. Los tertu- 
lianos leían y traducían la Eneida. Ventura de la Vega reconocía que allí 
aprendió mucho para su versión en verso del libro primero de aquel poema. 
Don Cándido era cáustico en su conversación, de agudas frases, y enamo- 
rado de la castiza dicción española de las centurias xvi y xvii. A su hijo 
Ramón hacía leer diariamente un par de horas, por lo menos, de clásicos 
castellanos. Desde que se hizo ultra-moderado o neo-católico, su tertulia 
fué la de los escritores de este bando que lo siguieron en su evolución al 
carlismo. Como jefe de este partido, fué rival de Aparisi Guijarro. También 
Aparisi tenía su núcleo de amigos incondicionales o admiradores, la mayo- 
ría de los cuales no eran tan listos como los tertulianos de D. Cándido. Un 
día cierto admirador de Aparisi hacía el panegírico de éste, en casa de No- 
cedal, con las mil tonterías propias de su corto entendimiento. Después que 
se hubo ido el panegirista, dijo D. Cándido: 

— Tiene razón este hombre. No hay en España reputación más sólida 
que la de Aparisi; porque hace muchos años que resiste sin conmoverse al 
entusiasmo de todos estos tontos. 

Nocedal tenía en todos los campos de la política fama de listísimo. Un 
día le dijo Escosura: ¿Qué se puede esperar de un país en que yo soy pa- 
tricio y tú eres candido? 



(1) Bretón de los Herreros, pág. 416. 

(2) Nació en Granada (1816). Murió en Madrid (7-Sept¡embre-1891). En su ciudad fué redactor de La 
Alhambra, y en Madrid de El Manzanares, periódico de teatros. Ferrer del Rio decía de él en 1846: "Este in- 
•genio sabe mucho y escribe i)oco; su lenguaje es florido, terso y de singular gallardía; no son de bulto los 
"accidentes de sus dramas; sin embargo, hay en ellos pasión y gentileza. Hace excelentes versos como lo 
•demuestran sus romances dados a luz en La Alhambra, y prefiere la prosa para sus dramas La hija de 
'Cervantes y Alonso Cano, aplaudidos aquél en Málaga y Granada y éste en la corte". 

238 



VII ' SOCIEDADES Y TERTULIAS LITERARIAS 

63. Tertulias del Duque de Rivas y del Marqués de Mo- 
líns: A) El Duque de Rivas como hombre de sociedad. B) El 
Marqués de Molíns: carácter de su tertulia. C) «El Juego de 
la quincenay>. D) Las tertulias del Marqués de Heredia. — 
A) Las tertulias del Duque de Rivas fueron constantes, ya en Madrid y 
Sevilla o en sus embajadas de Ñapóles y París, pues era él hombre no sólo 
aficionadísimo a la buena sociedad y devoto del ameno y culto charlar, 
sino causear admirable, mezcla encantadora de gran señor y andaluz de 
pura sangre. Durante la regencia de Espartero estuvo en Sevilla; allí fué 
su contertulio Pastor Díaz que, "desfallecido y enfermo, según él mismo 
"cuenta, buscaba aire de salud y de vida en las perfumadas riberas del 
"Guadalquivir, bajo el sol vivificante de Andalucía, y donde acaso más que 
"la benignidad de la atmósfera, calmaron sus dolencias los consuelos y 
"ternura de solícitos amigos". La tertulia del Duque allí era, como las que 
describe Fernán Caballero en La Gaviota, Lágrimas y otras de sus novelas. 
Pastor Díaz dice: "De sus labios mismos oí alguna vez la interesante rela- 
"ción de algunas de sus vicisitudes y desgracias, en aquellas deliciosas no- 
"ches de que sólo pueden formar idea los que las hayan pasado en los 
"encantados patios de Sevilla, entre columnas de mármol y macetas de 
"flores, y árboles y fuentes, y en la sociedad de amigos y de hermosas, tan 
"amena como aquellos jardines". 

Volvió el Duque a la corte a mediados de 1843 y aquí estuvo hasta 
que pasó a Ñapóles como embajador que fué muy pronto, no regresando a 
Madrid hasta el verano de 1850. En 1856, enviáronle ala embajada de Pa- 
rís, de donde volvió en 1858, para no salir en toda su vida. En todas sus 
temporadas madrileñas, la casa del Duque, en la Concepción Jerónima, 
fué centro de animadísima tertulia literaria. Don Juan Nicasio Gallego allí 
pasaba los últimos años de su vida, agobiado ya por los achaques, sentado 
en un sillón cerca de la chimenea; allí Alcalá Galiano, Martínez de la Rosa, 
Pacheco, Molíns, Ventura de la Vega, Ochoa, González Bravo, Pastor Díaz, 
Valera; allí los extranjeros distinguidos que venían a España como Prós- 
pero Merimée; allí damas como la Condesa de Montijo, madre de la empe- 
ratriz Eugenia, y Sofía Paniega que fué luego Duquesa de Malakof. Recitá- 
banse versos, se tocaba y cantaba buena música, se discutía y se charlaba. 

El Duque tenía "un carácter franco, expansivo, verdaderamente popu- 
"lar. . . Nadie le igualaba en amenidad y jovialidad de trato; gustaba de 
"defender paradojas, menos quizás para lucir su ingenio que para dar oca- 
"sión a que se animase el debate: llamaba a Moratín el cleriguete; decía 
"que la tabla del Pasmo de Sicilia era buena para hacer una mesa de bi- 

239 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

"llar; que la música es el más impertinente de los ruidos; y era de ver con 
'cuánto cfracejo, con qué originalidad y donosura defendía sus tesis; pero 
'si algún lisonjero se ponia de su parte, hábilmente mudaba de posición. . . 
"En donde no tenía rival era en la manera de describir; tal viveza daba a su 
'colorido y tal era el movimiento de sus escenas, que lo que refería parecía 
'que se estaba viendo. . . He conocido a dos personajes que pasaban por 
"los de más sociedad y ameno trato: Alejandro Dumas, padre, y Máximo 
'd'Azeglio. y si el primero era más pronto en la réplica y el segundo más 
"melifluo en el discurso que el Duque, ni uno ni otro le igualaban en lo 
"vivo de las pinturas y en lo ameno de la conversación" (1). 

En 1901 publicó La Época las Memorias de un diplomático, del gadi- 
tano Augusto Conté, el cual poco o nada trató al Duque de Rivas; pero 
naturalmente había oído hablar mucho de sus cosas; cuenta que el Duque 
urdía historias graciosas para entretener a sus tertulianos, y, entre ellas, 
dice que refería cómo había sido masón en la juventud, y que en una re- 
unión de logia, no teniendo él un duro para ir al teatro, lo sustrajo de la 
esportilla de la colecta en vez de depositar en ella su ofrenda. 

El hijo del autor del Don Alvaro, duque D. Enrique, protestó indig- 
nado contra esta especie, en carta al director de La Época (23-Octu- 
bre-1901) (2): "Lo que mi padre contaba con bastante gracia — dice — 
'ridiculizando las sociedades secretas, era que dos amigos suyos, cuyos 
"nombres omito, ambos masones, se encontraron una tarde en su casa, 
"después de haber asistido a la sesión de una logia, y hablando de lo que 
"en ella había ocurrido, uno de los compañeros preguntó al otro: 

" — Y usted, ¿cuánto ha sacado de la esportilla? 

" — ¿Cómo sacado? Yo he echado un duro. 

" — Pues yo he sacado otro, con el cual pienso ir esta noche al teatro". 

B) Las tertulias del Marqués de Molíns que se celebraban los miérco- 
les, fueron del mismo carácter que las del Duque de Rivas. En unas y otras 
confundíanse aristócratas y poetas en el culto de las bellas letras, leíanse 
poesías de los consagrados, dábanse a conocer los noveles, hermanábanse 
con la literatura las otras nobles artes, preparábanse reformas útiles para 
los literatos, v. gr., la ley de propiedad intelectual y la reorganización de 
las academias, y se perdía el tiempo amenamente en juegos de ingenio 
que recuerdan los entretenimientos fútiles de otras épocas. En todo mos- 
traban tales tertulias que las animaba el mismo espíritu que había inspi- 
rado al Liceo. Como en esta sociedad, los tertulianos de Rivas y Molíns 



(1) Molins: Bretón de los Herreros, pág. 421. 

(2) Reproducida en el libro De literatura y arte: Discursos, cartas y otros de D. Enrique Ramírez 
de Saauedru, Duque de Kivas. Madrid, 1903. 

240 



VII - SOCIEDADES Y TERTULIAS LITERARIAS 

que venían a ser los mismos, dedicábanse con fruición a improvisar 
versos. Poníase un tema, y se abría certamen; el primero que concluía 
ganaba. 

Ejemplo. Para definir y celebrar Las sopas de ajo abrióse uno de esos 
rápidos concursos. Bretón de los Herreros concurrió con este soneto: 

Dame, Belarda, si agradarme quieres, 
no el pece raro, a que aludió Rioja; 
no el costoso faisán de pluma roja, 
ni ostras del Havre, ni pastel de Amberes. 

Cortadas por tu mano, que a Citeres 
por la blancura y suavidad sonroja, 
en láminas me da, si no te enoja, 
el predilecto fruto de alma Ceres. 

Oleado luego el líquido buUente, 
las bañará, que en rústica vasija, 
a tu hogar tributó risueña fuente. 

Y con sal, que de ti puede ser hija, 
y el fruto que al buen Sancho hizo insolente, 
hay lo que basta al iiambre que me aguija. 



Y Ventura de la Vega con estas octavas: 

Cuando el diario suculento plato, 
base de toda mesa castellana, 
gastar me veda el rígido mandato 
de la Iglesia Apostólica Romana; 
yo, fiel cristiano, que sumiso acato 
cuanto de aquella potestad emana, 
de las viandas animales huyo, 
y con esta invención la sustituyo. 

Ancho y profundo cuenco, fabricado 
de barro (como yo) coloco al fuego; 
de agua lo lleno: un pan despedazado 
en menudos fragmentos lo hecho luego: 
con sal y pimentón despolvoreado, 
de puro aceite tímido lo riego; 
y del ajo español dos cachos mondo 
y en la masa esponjada los escondo. 

Todo al calor del fuego hierve junto 
y en brevísimo rato se condensa, 
mientras de aquel suavísimo conjunto 
lanza una parte en gas la llama intensa: 



241 



Salcedo. — La Literatura Española.— Tomo IV. 



16 



SALCEDO 'LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

parda corteza cuando está en su punto 
se advierte en torno, y los sopones prensa; 
y colocado el cuenco en una fuente, 
se sirve asi para que esté caliente. 

Otras veces los certámenes eran con consonantes forzados, v. gr., el 
que se celebró en casa del Marqués de Molíns en honor de un retrato de 
la Marquesa pintado por Federico Madrazo, que vieron por vez primera 
los concurrentes. Escribieron el Duque de Rivas, Bretón, Ventura de la 
Vega, Cervino, Hartzenbusch y el Conde de Cheste. He aquí el soneto 
de Vega: 

Basta que aqui nos quede tu diseño: 
vete, o derretiráste como estaño: 
pondráte el humo de color castaño: 
vete. Marquesa, a disfrutar del sueño. 

Para oir tanto verso her-roqueño 
salte a ese gabinete y ponte al paño: 
vete, que ya con tu bondad me ensaño 
y contra tanto fumador cermeño. 

La pluma y el papel, y hasta la tinta 
huele a tabaco ya, y hasta la manía, 
y hasta la bagatela más sucinta. 

Huye, Carmen, de aquí como Atalanta, 
que no huele al tocayo de Jacinta, 
y tú no vales menos que una Infanta. 



C) Estas futilidades dábanse ya de mano con el juego de la quincena, 
juego de prendas o de acertijo, que consiste en dar una respuesta con- 
creta a pregunta que se oculta, o que sólo se revela por otras que ponen 
en camino de adivinarla a fuerza de perspicacia o ingenio, a veces si se 
trata de asunto histórico, de mucha erudición. Estuvo tan de moda en toda 
España, a mediados del siglo xix, como los colmos y chistes de los prime- 
ros años del siglo xx. Los literatos más distinguidos, como el Duque de 
Rivas, D. Juan Nicasio Gallego, D. Joaquín Francisco Pacheco, llegaron a 
ser maestros en el Juego de la quincena, y a D. Nícomedes Pastor Díaz 
sorbió el seso de tal modo que solía quedarse en el Casino hasta las altas 
horas de la madrugada practicándolo. También Bretón de los Herreros era 
muy aficionado; pero sufría su amor propio cuando no acertaba pronto con 
la respuesta, cosa que en temas históricos era frecuente, por ser él poco 
erudito. Una vez, sin embargo, adivinó de golpe que le preguntaban por la 

242 



VII - SOCIEDADES V TERTULIAS LITERARIAS 

muerte de D. Pedro el Cruel, y satisfecho exclamó: He muerto a don Pedro 
a tenazón. La frase no sólo quedó entre los tertulianos, sino que fué inclui- 
da en la 11.'' edición del Diccionario de la Academia: '"A tenazón o de 
tenazón se aplica a lo que de pronto se ocurre o se acierta. 

En las tertulias de Rivas y Molins el Juego de la quincena divirtió 
mucho a los concurrentes. El Duque escribió para él un Reglamento: 

El juego de la quincena 
calculado por quinquenio 
para aguzar el ingenio, 
es una cosa muy buena. 

Pero el continuado uso, 
como en España vivimos, 
que da margen advertimos 
a mucho más de un abuso. 

Y aunque suele acrecentar 
abusos un reglamento, 
como lo demuestran ciento 
que pudiéramos citar. 

Reglamento ha de tener 
el juego, aunque sea importuno, 
y no lo observe ninguno, 
como suele acontecer. 

Y por mí, y de motii propio 
(como se gobierna hoy), 

un reglamento a dar voy, 
y es el que en seguida copio. 

Juegúese el juego entre dos, 
uno que ha de preguntar, 
y otro que ha de contestar 
bien y con temor de Dios. 

Propóngase la cuestión 
siempre de asunto discreto, 
en grandísimo secreto 
enterando a la reunión. 

Y el preguntón designado 
salga de la sala afuera, 

en donde no oiga siquiera 
el murmullo del estrado. 

El respondedor se empapo 
bien del caso, y lo rumie, 
porque el otro no le líe, 
y en un renuncio le atrape. 

243 



SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

También nómbrese un censor 
para contar las preguntas, 
y evitar que haga dos juntas 
astuto preguntador. 

Éste, lo mejor que pueda, 
preguntas vaya ensartando, 
y que hable de cuando en cuando 
consigo, se le conceda. 

Mas no que de mala fe 
entable conversación 
para hacer que el respondedor 
se resbale y pierda pie. 

Quien justo a las quince gana 
queda bien; mas siempre ha sido 
ganar presto más lucido 
que ir a paso de pavana. 

Quien gana antes de las ocho 
aunque sea de tenazón, 
logre completa ovación, 
regálesele un bizcocho. 

Quien no acierta ni a las quince 
no queda perjudicado, 
ni en lo docto, ni en lo honrado; 
mas no se tenga por lince. 

En silencio sepulcral 
espectadores y oyentes 
deben estar y pendientes 
de la conclusión final. 

Y a ninguno se permita 
chiste, protesta o pregunta, 
reclamación a la junta, 

ni latinajo, ni cita. 

Ni echándola de discreto, 
exclamar: "Ya lo acerté", 
ni al preguntón con el pie 
darle, o hablarle en secreto. 

Y desde hoy en adelante 
todos sepan la cuestión, 
para no dar ocasión 

a acertador vergonzante. 

Nadie dispute, si hizo 
bien o mal el que responde 
sobre el cuándo y sobre el dónde, 
ó si habla o no habla castizo. 



244 



Vn - SOCIEDADES Y TERTULIAS LITERARIAS 

No se oiga maligna tos, 
ni monosílabos; sea 
entregada la pelea 
completamente a los dos. 

Mas cuando el juego concluya 
ande la marimorena, 
dispútese enhorabuena, 
y cántese la aleluya. 

Y cada cual dé su voto, 
y encaje crítica arenga, 
al respondón reconvenga 
y haga broma y alboroto. 

Estas reglas efectivas 
háganse sin condiciones 
en las discretas reuniones 
ya de Molíns ya de Riuas. 

La Nochebuena solía festejarse en casa de Molíns, además de los or- 
dinarios extraordinarios de cena, etc., con los habituales entretenimientos 
poéticos de la tertulia. En 1851, que cayó en miércoles, hubo lluvia de so- 
netos de pie forzado, como éste de Hartzenbusch, Al rey Baltasar: 

¡Soneto a Baltasar! ¿Quién diantre enhebra 
los catorce renglones a ese socio? 
Necesitaba yo más tiempo y ocio: 
mi cabeza se vuelve una Ginebra. 

¿Se trata del que fué montado en cebra, 
hasta Belén desde el confín behocio 
para adorar al Salvador, negocio 
que por favor de Dios salió sin quiebra? 

¿Se trata del que en sucio cipizape, 
entre el vino y muchachas, grita y jota, 
vio en el muro su muerte sin escape? 

Yo no lo sé: mas ruede la pelota; 
un verso falta, y como yo le at-rape, 
nada me importa el consonante en. . . chota. 



Uno de los beneficios a las letras y a los literatos dispensados por el 
Conde de San Luis, jefe de la fracción moderada apodada de los polacos, 
fué la organización del Teatro Español (Real decreto 7-Febrero-1849), de 
que fué Ventura de la Vega primer comisario regio. Sartorius y Vega eran 

245 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

contertulios de Molins, y a este asunto del Teatro Español responde el si- 
gfuiente soneto del seefundo: 

Secunda vez sospecho que me atranco, 
pues cuando quise antaño dar el brinco, 
tan sólo me siguieron cuatro o cinco, 
y caímos, por fin, en un barranco. 

Hasta haber terminado el sotabanco 
a edificar me arrojo con ahinco: 
no será por malicia si delinco; 
no será por mi culpa si me estanco. 

Quiero un teatro establecer muy cuco 
que el torpe vicio disminuya a Baco 
y aleje vagos del billar y el truco: 

Donde libres del humo y del tabaco 
gocen juntos de Hernani y de Nabuco 
el hijo de Polonia y el cosaco. 

De las tertulias del Marqués de Molins quedan, además de las noticias 
aqui insertas, tomadas principalmente de las más copiosas que dio el mis- 
mo Marqués en su libro Bretón de los Herreros, el periódico El Belén y el 
libro Las cuatro Navidades, ambos de 1857. 

D) Mención merecen también las tertulias del Marqués de Heredia. 
Nacido (lO-Febrero-1832) en la embajada de España en Paris; hombre de 
gran cultura y amigo de la buena y discreta sociedad; poeta, como escribió 
Menéndez Pelayo, que si de algo peca es de exceso de sencillez, dege- 
nerando a veces en prosaico y de desigual; católico ferviente y conserva- 
dor de la extrema derecha, aunque muy tolerante con las personas, y así 
contó entre sus íntimos a Carlos Rubio que salvó de la persecución de la 
policía, poco antes del 68, dándole refugio en su propia casa, a D. Manuel 
Llano y Persi y otros; tuvo durante muchos años, en su casa de la calle de 
Atocha, frente a la de Relatores, una tertulia, a que concurrían hombres de 
todas las opiniones: Nocedal con Azcárate, Calvo Asensio con Cos Gayón, 
D. Francisco de P. Canalejas, Fernández y González (el catedrático y aca- 
démico) y Pisa Pajares con Moreno Nieto; el P. Ceferino González; D. Car- 
los M. Peiier (1), D. Miguel Sánchez, el del Ateneo, etc. De la tolerancia 
que allí reinaba da testimonio el elogio de aquellas reuniones por Revilla. 



(1) Publicista y jurisconsulto católico y conservador; fundó y dirigió (1872-1879) la revista La De- 
fen.na de la Sociedad (14 volúmenes). En 1880, académico de Ciencias Morales y Políticas. Fué diputado, 
.senador y director general. En 1887 hizose jesuíta, cantó Misa (1890», murió en Carrión de los Condes (27 de 
Enero de 1893j. 

246 



I 



VII ' SOCIEDADES Y TERTULIAS LITERARIAS 

Las tertulias del Marqués de Heredia distinguíanse de las de Rivas y 
Molíns en no ser exclusivamente poéticas o literarias. Tratábanse y discu- 
tíanse temas de ciencias morales y políticas, y no en vago y ameno charlar 
sino con solemnidad académica, pues había presidente y se llevaban actas; 
presidiólas Pacheco en su primera época, y después el P, Ceferino Gonzá- 
lez, Peder y Moreno Nieto; quizás este aparato fuera sólo para las discusio- 
nes filosóficas y políticas, y las lecturas de versos y otros negocios pura- 
mente literarios se desenvolvieran más llanamente. Pintores, músicos, poe- 
tas y críticos fueron muchos (1). 



(1) Véase Las reuniones del Marqués de Heredia, por D. Pascual de Liñán y Eguizábal, en el lilwo 
Marqués de Heredia: Poesías y Artículos. Madrid, 1912. 



247 



LA LITERATURA ESPAÑOLA CONTEM- 
PORÁNEA t^ VIIL - LENGUAS Y LITERATU- 
RAS REGIONALES - VASCONIA. GALICIA ^^^ ^ 





Variedad de literaturas españolas en la 
época contemporánea por razón de las 
lenguas: A) El problema de la diversidad 
de lenguas por su aspecto literario. B) Le- 
gitimidad de esta diversidad defendida por 
la Academia Española (Cas telar). C) Opi- 
niones de Marsillach y de Oliven D) La misma cuestión 
tratada por D. Ramón Menéndez Pidal. E) Expansión y 
predominio del castellano sobre los idiomas peninsulares. 
F) Resistencia exagerada de los catalanistas. — A) Como en 

(1) 64. Variedad de literaturas españolas en la época contemporánea por razón 
de las lenguas: A) El problema de la diversidad de lenguas por su aspecto literario. 

B) Legitimidad de esta diversidad defendida por la Academia Española (Castelar). 

C) Opiniones de Marsillach y de Oliver. D) La misma cuestión tratada por D. Ramón 
Menéndez Pidal. E) Expansión y predominio del castellano sobre los idiomas peninsu- 
lares. F) Resistencia exagerada de los catalanistas.— 65. Lengua y literatura vasconga- 
das: A) Literatura castellana en la región (Trueba, Navarro Villoslada, Campión, etc.). 
B) Literatura en vascuence. Cancionero de Manterola. Iparraguirre. — 66. Rena- 
cimiento de la lengua y literatura gallegas: A) Precedentes en el siglo XVIII (Feijóo, 
Sarmiento, los curas de Fruime). B) Pardo de Andrade. C) Pastor Diaz. D) El pronun- 
ciamiento de 1846. Faraldo. E) La generación de 1854 (Aguirre, Pondal). — 67. Regiona- 
lismo gallego en los estudios científicos y literarios: A) Historias de Galicia: Vicceto y 
Murguia. Estudios artísticos, jurídicos, sociales. B) Literarios. Gramáticas y Dicciona- 
rios. Historias y monografías de Literatura gallega. C) Obras más recientes. — 68. Poe- 
tas contemporáneos: A) Los poetas del Álbum de la Caridad. B) Rosalía Castro y 
Curros Enríquez. C) Últimos poetas. Situación actual de la poesía gallega. 

248 



VIII - LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

la edad media, la literatura española en la época contemporánea se nos 
ofrece varia por razón de las lenguas. Algo, aunque muy poco, hay de 
literatura vascongada; la catalana y la gallega compiten con la castellana 
dentro de sus respectivas regiones, e irradian fuera la merecida fama de 
algunos de sus insignes cultivadores. 

La coexistencia de literaturas ha contribuido a provocar el problema de 
las lenguas, en sí mismo más político que literario, e íntimamente relacio- 
nado con el esencialmente político de la constitución y organización del 
Estado español. Para los nacionalistas vascos y para los nacionalistas cata- 
lanes la persistencia del idioma y su cultivo literario son una de tantas 
pruebas de que sus regiones no son tales regiones, sino naciones, y así 
deben ser organizadas independiente o autonómicamente, aunque con- 
serven una unión federativa con las otras comarcas peninsulares. Parte de 
esta concepción y de este programa es la sustitución del idioma castellano 
por el catalán y el vascuence para todos los usos de la vida pública, ex- 
cepto las relaciones con el Poder Central, la enseñanza obligatoria de los 
idiomas locales y la tendencia a desterrar el castellano o reducirlo dentro 
de la comarca a la condición de cualquier otro idioma extranjero, el fran- 
cés por ejemplo. En Galicia no han llegado a tanto las cosas; pero a ello 
se tiende por algunos. El movimiento nacionalista vasco, aunque intenso 
en ciertos medios (1), no resuena fuera de la región como el catalán. En el 
momento actual puede afirmarse que la cuestión del nacionalismo lingüís- 
tico regional en España es la cuestión catalanista. No hay que tratarla en 
este libro sino literariamente. 

Apuntemos, sin embargo, aunque a la esfera política pertenezca, que 
nada tan absurdo y tiránico por contrario a la naturaleza, al carácter, gusto, 
voluntad y derechos legítimos del hombre, y a la conveniencia de la patria, 
como querer fundar y garantizar la unidad de ésta sobre base de asimila- 
ción forzosa de todos sus ciudadanos a un patrón determinado por el Poder 
Central. Esta idea que ha predominado durante mucho tiempo en España, 
es en el momento actual insostenible hasta en Francia, donde fué como 
un dogma y de donde la tomaron los liberales españoles. 



(1) En 1915 se celebró en Ginebra un congreso de naciones oprimidas, al que concurrieron represen- 
tantes de polacos, irlandeses, judíos, etc., y, según los periódicos extranjeros, algunos vascongados y cata- 
lanes. El autor de este libro, en una crónica política, protestó contra la última afirmación, reputándola 
inexacta. Recibió a los pocos días carta de un respetable caballero de Vizcaya, digno de toda estimación 
por sus sentimientos religiosos, por su cultura y por su posición social; en la carta confirmaba la noticia de 
los periódicos extranjeros, citando los nombres de los dos vascongados que habían concurrido al Congreso 
internacional, y anadia estas palabras, tan dolorosas e irritantes para un amante de la unidad nacional espa- 
ñola: "Nuestra situación es mil veces peor que la de Irlanda: Irlanda está oprimida, pero por una nación 
"fuerte y progresiva como Inglaterra. Nosotros lo estamos también, pero por una nación degradada y envi- 
•lecida como España". 

249 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO JV 

B) "Nosotros— dijo D. Emilio Castelar hablando en nombre de la 
"Academia Española — , encargados por la sociedad española de conservar 
'su lengua, no pretendemos suprimir las variedades engendradas por el 
"movimiento eterno y el múltiple desarrollo de la vida. Ninguna funda- 
" mental asociación científica ni fiteraria puede ir contra las leyes sociales, 
"en cuyo cumplimiento se funda. Suprimir lo vario porque lo uno existe, 
'sería como suprimir las naciones porque la humanidad existe; o como su- 
"primir los individuos, porque a su vez existen las naciones. . . ¿Quién será 
"osado a proponer que desaparezcan lenguas como el vasco, el gallego y 
"el catalán? La poesía no crece a su arbitrio en las academias y en los pa- 
" lacios; necesita el aura popular. Mientras la oda cadenciosa se olvida y 
"empolva en el cerrado volumen de las bibliotecas, el romance volandero, 
'cuyo autor es anónimo, porque lo han compuesto cien generaciones, vuela 
"de labio en labio por medio de sus alados asonantes, y llena del espíritu 
"patrio la vital atmósfera. Es indispensable que la gente sencilla pueda 
"componer con la espontaneidad que componen las aves, y oír sus versos 
"y sus poetas con el encanto que oyen al aura y al follaje. Y esto no lo 
"podéis conseguir si ahogáis las variedades riquísimas de la lengua nacio- 
"nal, porque ningún nacido expresa con felicidad sus sentimientos, sino en 
"palabras no aprendidas, en palabras libadas, como la leche nutritiva del 
"espíritu, en labios de una madre" (1). 

C) Duélase quien no conozca el catalán, de que Verdaguer, por ejem- 
plo, no escribiera en castellano; pero consuélese pensando que sólo en su 
lengua materna pudo componer el gran poeta los Milis y cants mistichs; si 
lo hubiese hecho en el idioma de Castilla, serían seguramente inferiores, 
inferiorísimos, a las traducciones castellanas que hoy poseemos. Un perio- 
dista barcelonés, desafecto al catalanismo, ha dicho recientemente: "Un 
"tiempo creí que Eugenio d'Ors no escribía en castellano por mera pose y 
"adulación a Prat de la Riba; pero después de sus artículos en España me 
'explico su repugnancia. Los que sólo le han leído en lengua castellana, 
"no conocen a Ors. No sabe traducirse. Es un escritor para Cataluña". 
Como anticaíalanista, D. Adolfo Marsillach atribuye el fenómeno "al am- 
biente de castellanofía en que se vive en Barcelona que no es el más ade- 
cuado para producir prosistas y poetas en lengua castellana" (2). El hecho 
tiene, sin duda, más hondas raíces. Lo que Marsillach llama "ambiente de 
castellanofía" , y que no es sino la actual explosión del nacionalismo cata- 
lán, no ha sido ciertamente causa del renacimiento de la bella literatura ca- 



(1) Discurso en la recepción de D. Víctor Balaguer (25-Febrero-1883). 

(2) De Barcelona, J. Montaner. Artículo en El Liberal, de Madrid (3-Agosto-1915). 

250 



VIII - LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

talana, sino uno de los efectos más o menos legítimos de este renacimiento. 

Harto mejor, aunque, a nuestro juicio, con cierta exageración, trata de 
este punto otro escritor, catalán por ser mallorquín y director de uno de los 
periódicos de Barcelona de más circulación, lo que no le impide, por cierto, 
ser uno de los mejores literatos castellanos de nuestro tiempo, tanto por el 
fondo cultísimo y razonador como por la forma fuerte y galana. Nos referi- 
mos a D. Miguel Santos Oliver (1). Para Oliver, la resurrección artística del 
catalán "no es un retroceso a la barbarie ni una negación de las modernas 
tendencias a la unidad y al cosmopolitismo", como ha sostenido Unamuno, 
sino una consecuencia natural "del nexo sagrado que existe entre el idioma 
"y la esencia o continuidad íntima de los pueblos". Con la unión política 
realizada por los Reyes Católicos y la inversión de ideas determinada por 
el Renacimiento, predominaron en Cataluña la lengua y la literatura de 
Castilla que hasta entonces habían crecido en España con paralelo vigor. 
Cataluña se sometió con abnegación al predominio, su idioma quedó como 
habla popular, en posición semejante ante el castellano a la de las nacien- 
tes lenguas románicas ante el latín; pero por misteriosos designios provi- 
denciales el idioma dominador no alcanzó a desalojar ni absorber la varie- 
dad lingüistica viviente en el alma del pueblo. Lo que sucedió es, como han 
notado y.lamentado Sismondi, Fauriel y Boutterweck, historiadores y críticos 
de las literaturas meridionales, como lloró Ticknor, el historiador de la litera- 
tura española, que "la parálisis del idioma se tradujo en parálisis del alma". 

Cataluña, mientras que sus literatos han escrito en castellano, no ha 
producido un grupo de poetas, un teatro, una novelística, una porción de 
arte puro y vivo, digno de la tradición catalana medioeval y comparable 
con los de las provincias que hablan castellano. Ni Roscan fué una gran 
figura de las letras castellanas más que por el aspecto de su influencia ex- 
terior y técnica, semejante a la de Navagero, en la reforma de la métrica 
que triunfó merced a Garcilaso (2); ni Capmany, a pesar de sus alardes de 
purismo, dejó de ser artificioso y desabrido a los oídos finamente castella- 
nos, como advirtieron Quintana y Alcalá Galíano (3); de Cabanyes "ha po- 

(1) Hijo del periodista mallorquín D. Juan Luis Oliver, fundador de La Almudaina (1887), heredó la 
dirección de este periódico a la muerte de su padre (27-Junio-1897). En 1901 publicó en Palma un excelente 
libro de historia contemporánea: Mallorca durante la primera revolución (W0S-1S14). La Academia de la 
Historia le nombró correspondiente en Barcelona (1902). Hoy dirige La Vanguardia, de Barcelona, y cola- 
bora o ha colaborado en el A ií C, de Madrid. 

(2) Véase tomo II-IX-69 (pág. 185). Allí decimos que, en efecto, Boscan era mal poeta, ingrato al oído 
y nada fácil; pero añadiendo que, como Cervantes, es prosista castellano admirable según acredita su tra- 
ducción de El Cortesano. 

(3) Véase tomo III-Xl-97 (pág. 257). A nuestro entender, Alcalá Galiano y Quintana se refirieron más 
bien al acento que al lenguaje de Capmany. Alcalá Galiano (Historia de la Literatura europea en el si- 
glo XVII) dice que Capmany, por haber aprendido a hablar y escribir en catalán, manejaba el castellano en 
cierto modo como extranjero. Más adelante volveremos sobre esto. 

251 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

"dido decirse que fué un gran poeta sin lengua, como si sintiera el prurito 
"doloroso de un ala que no se abre" (1); a Balmes debe leérsele en fran- 
cés, según opinión de un gran hablista castellano (2). Cataluña no ha dado 
a España durante las tres centurias de literatura castellana una sola gloria 
legitima en el aspecto rigurosamente estético. Debe, pues, volver al cultivo 
de su idioma propio, ya que es éste, hablando en el terreno de la estética, 
la válvula de verdadera expansión para el genio de un pueblo. 

"No conozco todavía — concluye Oliver — entre todos los géneros 
que constituyen el arte puro y sin alianzas utilitarias, ninguna gran apari- 
ción, ningún portento, ningún artista digno de este nombre, transportados 
desde un medio lingüístico habitual y constante para la vida a otro medio 
artificial y de gabinete. En esa segunda atmósfera naufragará la vocación, 
más completamente cuanto más legítima y original la supongamos. Y esto 
es lo que ocurrió aquí en Cataluña durante los siglos taciturnos a que quie- 
re que "regresemos" el insigne autor de En torno al casticismo para librar- 
nos de esa otra regresión y atavismo que es fórmula estampillada de todas 
las impugnaciones de nuestro renacimiento" (3). 

D) Todo esto justifica cumplidamente la gloriosa resurrección de la 
literatura catalana en todos los géneros de arte puro y sin alianzas utilita- 
rias, como dice D. Miguel S. Oliver con envidiable precisión de lenguaje; 
pero no por cierto que se pretenda llevar esa resurrección a los géneros 
literarios que no son de puro arte, v. gr., los trabajos científicos y las in- 
vestigaciones eruditas que nada ganan con aparecer en catalán, y les quita 
esto lectores siempre escasos para semejante clase de estudios; mucho me- 
nos que se tienda a que los catalanes no aprendan u olviden el castellano. 
Don Ramón Menéndez Pidal califica esta tendencia de muy peligrosa y un 
tanto pueril, justificándolo así: "¿Acaso — dice — no le basta a Cataluña 
"la personalidad de su carácter, de su lengua materna, de su brillante lite- 
"ratura renaciente, de su arte, de su industria? . . . Pues el que más admire 



(1) Véase tomo III-XVIII-17! (pág. 432). Ignoramos quién ha dicho de Cabanyes lo que apunta Oliver 
y, francamente, no entendemos lo de gran poeta sin lengua, ni tampoco la imagen de que fuera eso tan 
raro por sentir Cabanyes el prurito doloroso de un ala que no se abre. Cabanyes, como escribió Menéndez 
PcMayo, escribió la lengua castellana "en general con pureza y corrección, a veces con atrevimientos, pero 
atrevimientos felices". 

(2) La observación es de Valera a Rubio Lluch (Discurso en la recepción de Jordán de Urríes en la 
Academia de Buenas Letras de Barcelona el 25-Febrero-1912), y aplicable a casi todos los escritores castella- 
nos de su tiempo. Uno de los que hay que exceptuar es el catalán Piferrer. ¿Cómo escribía D. Joaquín Fran- 
cisco Pacheco? De Fernán Caballero no hay que decir; por el P. Coloma sabemos que escribió sus novelas 
en francés, inglés o alemán, para ejercitarse en estas lenguas, y luego las tradujo al castellano, a un mal cas- 
tellano plagado de galicismos. Más arriba (pág. 132) decimos que Balmes "en cuanto a la forma, en el estilo 
de Chateaubriand moldeó el suyo". 

(3) La Vanguardia, l.'^-Enero-1916. Se habia publicado el articulo más de ocho años antes en el mis- 
mo periódico, y fué reproducido por celebrarse la Diada de Llengua Catalana, como desagravio a las des- 
consideraciones y ataques de que fué objeto en el Senado por los políticos anticatalanistas. 

252 



VIH ' LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

"todas estas cosas admirables, tendrá que reconocer que el catalán, por su 
"exigua difusión, no seria nunca suficiente para la vida exterior de un pueblo. 

"Cataluña recibe con la lengua castellana uno de los instrumentos de 
"comunicación, de comercio humano, más perfectos y servibles. Cualquiera 
"medida que tendiese a embotar este instrumento, perjudicaría principal- 
"mente a la misma Cataluña". 

La tradición o historia que ha dotado a Cataluña de un idioma propio 
y de una bellísima literatura, es la que también la ha hecho una región 
bilingüe y a sus letras íntimamente relacionadas con las castellanas. No 
ahora, ni como consecuencia de la unidad política que realizaron los Reyes 
Católicos, sino siempre. Alcanzó el Principado su grandeza formando parte 
del reino de Aragón, y la región aragonesa, que daba nombre a la monar- 
quía, era región de lengua castellana. Los insignes monarcas de origen 
catalán, como Jaime I, Pedro III el Grande y Pedro IV el Ceremonioso 
(siglos XIII y xiv), en castellano escribían a los reyes de Castilla y Navarra 
y a los musulmanes de Granada y Marruecos; se sabe que Pedro III prefe- 
ría el castellano al catalán, su lengua materna; que el infante D. Pedro 
hablaba con su padre en castellano, aun en Játiva, ciudad de idioma catalán. 
La unión lingüística y literaria acrecentóse con la dinastía castellana. Las 
canciones populares de Cataluña en la edad media, a pesar de la opinión 
en contrario del Conde de Nigra que las relaciona con las francesas y 
piamontesas y de haber algunas de positivo origen francés, más especial- 
mente en el Rosellón, revelan un parentesco estrecho con las castellanas: 
unas y otras usan el romance octosílabo monorrimo como metro preferente; 
muchas catalanas son, por el asunto, de origen castellano y abundan en 
castellanismos. En el Romancero Catalán, de Milá, las hay totalmente cas- 
tellanas con algunas voces catalanas. 

Si asi acontecía en la edad media, cuando el radio de acción del caste- 
llano era seis o siete veces mayor que el del catalán, ¿cómo no ha de acon- 
tecer hoy, "cuando el castellano ya no se habla en un territorio "siete" 
"veces mayor que el de la lengua catalana, sino "doscientas cuarenta" 
"veces mayor? 

"Esto significaría un achicamiento en los ideales de expansión y de 
"influencia. Cataluña, hablando como lengua supletoria el castellano, puede 
"ejercer un influjo preponderante en España y en el mundo. Encerrándose 
"en el uso exclusivo del catalán, se condenaría al aislamiento egoísta. No 
"le conviene, como nunca convienen los egoísmos". 

El castellano es hoy una de las tres o cuatro lenguas más importantes, 
de las llamadas a influir más en el mundo. No hay que hablar de sus con- 
diciones intrínsecas como lengua: Milá y Fontanals la elegió con entu- 

253 



SALCEDO- LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

siasmo (véase tomo I de este libro, pág. 22), y un fonetista tan docto e 
imparcial como el sueco Federico Wulf, declara ser la más armoniosa, 
elegante y expresiva de las lenguas románicas sin exceptuar el italiano. 
Tampoco de su histórica grandeza literaria, principalmente representada 
por el Mío Cid, el Quijote, la hegemonía ejercida en Europa durante los 
siglos XVI y XVII y el influjo de su materia poética en la iniciación y explo- 
sión del romanticismo. 

"Pero aparte de su historia — continúa Menéndez Pidal — , tiene nues- 
•*tra lengua una positiva importancia presente, y ha de tenerla, sin duda, 
"mucho mayor en lo futuro. 

"Ya hoy, hablada por unos 76 millones de hombres, constituye un 
"medio poderoso para el comercio y las relaciones universales. Se habla 
"en una extensión territorial de 12 millones de kilómetros cuadrados, 
"extensión, como se ve, mucho mayor que la de Europa entera. Sólo le 
"aventajan, en este respecto, el inglés y el ruso. 

"Pensemos ahora en el día en que las repúblicas sudamericanas 
"tengan una densidad de población siquiera como la de España. Entonces 
"hablarán en castellano más de 400 millones de hombres. ¿Nos damos 
"bien cuenta de este inmenso porvenir? La América española es tan grande 
"como unas veintitrés veces España". 

E) La expansión creciente del castellano se manifiesta dentro de la 
misma península. Todavía en el siglo xv hablábanse en Aragón y en León 
dialectos, castellanos sí, pero que parecían por sus diferencias con el 
idioma de la meseta central lenguas diferentes. Recuérdese lo apuntado en 
este libro (tomo II, pág. 26), ia extrañeza admirativa que causaba a Lope 
de Vega la corrección castellana de los Argensola: "han venido de Aragón, 
decía, a enseñar el castellano" . Hoy se aplica la frase justamente a Mariano 
de Cavia; pero sólo en el sentido de piropo u homenaje a lo perfectamente 
que conoce la lengua común de ambas regiones, no porque parezca extraño 
a nadie que por ser aragonés haya tenido ningún obstáculo para llegar a la 
perfección en ese conocimiento. Antonio de Valbuena, por su parte, ha 
podido tomar el habla de su región leonesa como el castellano en su expre- 
sión más perfecta (véase cap. VI de este tomo, F). 

Lo mismo sucede no sólo con los dialectos, sino con las verdaderas 
lenguas peninsulares en su relación con el castellano. "Sea cualquiera la 
"influencia, nunca grande, dice Fitzmaurice-Kelly, que haya tenido el vas- 
"cuence sobre el castellano, ha cesado hoy, y actualmente es el caste- 
" llano el que tiende a suplantar o completar al vascuence" (1)." El vascuence 



(1) Historia de la Literatura Española. 

254 



VIH - LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

"se extingue, exclama Unamuno, sin que haya fuerza humana que pueda 
"impedir su extinción; muere por ley de vida. . . El vascuence se pierde, 
"se pierde muy de prisa, y se pierde de dos maneras: en extensión y en 
"intensidad. Se pierde en extensión, en cuanto se habla ya castellano en 
"pueblos en que no hace aún veinte años se hablaba vascuence, y esta 
"pérdida va acrecentándose de día en día. Y se pierde en intensidad, en 
"cuanto el vascuence que hoy se habla está cada día más mezclado de 
"vocablos de origen castellano por una parte, y por otra se simpHfica y 
"pierde cada día más carácter" (1). 

Doña Emilia Pardo Bazán nos cuenta cómo el castellano ha adquirido 
en Galicia una vitalidad a expensas del gallego que debe ser calificada de 
permanente (2). El valenciano D. Eduardo Julia Martínez laméntase con 
honda melancolía de cómo va rápidamente cediendo terreno la lengua 
regional ante la invasión del castellano; "cada día, dice, son en menor 
"número las coplas valencianas que oigo cantar a los campesinos, y en 
"mayor número las castellanas que llevan por allá las piezas del género 
"chico" (3). En la misma Cataluña, a pesar de los inteligentes y tenaces 
esfuerzos de los políticos nacionalistas, de haber entre éstos algunos de 
extraordinarias condiciones para la propaganda, de ayudarles infinidad de 
literatos de mérito, de favorecerles las circunstancias generales de la nación, 
de contar con la poderosa organización de la Mancomunidad, y de halagar 
el movimiento que dirigen, por lo menos en el orden lingüístico y literario, 
a muchos catalanes, es el hecho que en Barcelona sólo se publica un diario 
importante en catalán — La Veu de Catalunya — , que los teatros repre- 
sentan piezas castellanas y por compañías castellanas, siendo allí el teatro 
catalán, aunque de tan subido valor artístico, una singularidad o rareza 
de gran capital; los buenos dramas catalanes no llegan al gran público sino 
cuando son traducidos al castellano, y los insignes actores de la región, 
como Borras y la Xirgu, se castellanizan, así como los buenos escritores 
que no están bajo la influencia de la Lliga, escriben en castellano, algunos 
de ellos tan bien y con tanto brillo como el Sr. Oliver. 

F) Tal es la realidad, y lo de lamentar que se trate de torcer este curso 
natural de las cosas. Gloria de España es la bella literatura catalana, justo 
que se conceda completa libertad al uso del catalán, justo que los rezos y 
predicación sean en lengua catalana, la vulgar del paísy aunque procurando 
no desatender espiritualmente a los muchos españoles no catalanes que 
residen en Barcelona y otras poblaciones del Principado; justo sería que a 



(1) La cuestión del Vascuence. En el tomo III de Ensayos. Madrid, 1916. 

(2) De mi tierra. 

(3) El americanismo en el idioma castellano (Revista de Archivos, Septiembre a Diciembre de 1916). 



255 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

ciertos funcionarios públicos (jueces, escribanos, notarios, empleados de 
Hacienda, etc.) se exigiera el conocimiento suficiente de la lengua cata- 
lana para entenderse con los que no saben castellano; no es justo que se 
dificulte aprender castellano a esa masa considerable de hombres que no 
usan del idioma para elevadas especulaciones filosóficas ni para propor- 
cionarse exquisitos placeres espirituales de orden estético, sino sencilla- 
mente para vivir (1), y a los cuales, cultivándoles esa ignorancia, se hace 
un flaco servicio imposibilitándoles salir de Cataluña a buscar trabajo en 
mejores condiciones. Ya dicen los socialistas y cuantos se interesan por la 
suerte de los obreros que es esto un medio indirecto pero muy eficaz para 
obligar a los trabajadores al insubstituible yugo de la burguesía cata- 
lana. Tampoco es conveniente que los sabios e investigadores se crean en 
la necesidad moral de comunicar el fruto de su labor en catalán, como 
hacen hoy tantos en los Estudis (Jniuersitaris Catalans. Lo único que con- 
siguen es que no llegue su palabra sino a parte mínima de los que debie- 
ran aprovecharse de ella. 

La presión en este punto es o debe de ser tan fuerte como revela el 
hecho siguiente: el docto investigador y arqueólogo valenciano, canónigo 
D. José Sanchís Sivera, publicó en Barcelona (tomos VI y VII de los Estudis) 
su excelente obra Pintores medioevales en Valencia, y se disculpa, como si 
hubiera cometido un pecado, de haberla escrito en castellano: "... lamen- 
" tamos — dice — no haber redactado nuestro trabajo en la hermosa lengua 
"valenciana, que es la nuestra y hablamos continuamente, por no tener 
"costumbre de escribir en ella. Falta es ésta que no nos perdonaremos 
"jamás, aunque rogamos a nuestros lectores que lo hagan, pues no es 
"debido a falta de cariño (que entrañable se lo profesamos), sino a nuestra 
"incompetencia. Dicho esto por vía de disculpa. . . " 

Tiene razón D. Ramón Menéndez Pidal: aquí se descubre una tenden- 
cia muy peligrosa y un poco pueril. Confiamos en Dios y en el buen sen- 
tido de los catalanes que será pasajera. 

65. Lengua y literatura vascongadas: A) Literatura caste- 
llana en ¡a región (Trueba, Navarro Vi II oslad a, Campión, etc.) 
B) Literatura en vascuence. Cancionero de Manterola. Ipa- 
rraguirre. — Aunque no resuene fuera de la región como el catalanis- 
mo, no deja de tener su importancia el nacionalismo vasco, uno de cuyos 



(1) "La mayor parte de los hombres se fijan poco en las ideas grandes; ocupados en sus tareas ordi- 
"narias, faltos de tiempo y preparación, dejan correr sus dias sin desenvolver sus facultades intelectuales 
•más allá de lo necesario para su estado y profesión." Balnics: Filosofía elemental, Ética, Cap. XXVIII. 

256 



VIH - LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

aspectos, el único interesante aquí, es, no la resurrección del euskaro — o 
éusquera o éuscara, según advierte Unamuno que debe decirse (1) — como 
lengua literaria, pues no lo fué nunca, sino su nacimiento en este concepto. 
Ya quedó indicado (tomo I, pág. 7) que el vascuence carece de antiguos 
monumentos literarios, conservándose como más viejos algunos cantares 
del siglo XV. 

A) En el xix han tenido las Vascongadas un insigne escritor regio- 
nal, Antonio de Trueba (2). "Por medio del diálogo animado y la narración 
"sencilla inoculó, ésta es la palabra, en la imaginación de los que leian la 
"fiel y exacta imagen de los paisajes, de las cos- 
"tumbres, de las escenas del hogar y del campo 
"vascongado. Trueba inoculó en la literatura el 
"sabor vascongado, imprimiendo a sus escritos 
"el sello del más puro vasconismo y el espiritu 
"del amor a su patria como jamás se habia he- 
"cho en libros anteriores" (3). "Si en su época, 
"escribe el notable crítico D. Andrés González 
"Blanco, el regionalismo hubiera tenido más 
"pujanza y vigor, Trueba hubiera sido un gran 
"despertador del alma nacional; y si los Juegos 
"Florales hubiesen sido instalados en su patria, 
"como lo eran en Cataluña ya por entonces, ' '*'' 

"hubiera sido en su patria como Balaguer o Antonio de Trueba. 

"Quimera en la suya. . . " (4). En todo caso ha- (isis-isss) 

"bría podido ser un Aribau o un Rubio y Ors; 

"pero Trueba, tan enamorado de Vasconia, era castellano por la lengua. 
"Como hijo de las Encartaciones, apuntó Becerro de Bengoa, no hablaba 
"vascuence, y esto fué para él constante pesar durante su vida; procuró 
"remediar semejante deficiencia imponiéndose cuanto pudo, no sólo en la 




(1) "La acentuación esdriijula no reproduce la del vascuence, ya que en este idioma el acento secun- 
"dario tiene tanta fuerza que en realidad suena algo asi como eüskerá, con dos acentos. . . Respecto a la A: es 
•ésta una convención razonable de la ortografía adoptada para escribir el vascuence — idioma hasta hace 
"poco apenas escrito y en que no leen la inmensa mayoria de los que lo hablan. . . En el fondo, y para muchos 
"inconscientemente, usan la k por dar aire exótico a los vocablos. Éusquera o éuscara se aplica al idioma- 
"al que lo habla eusqueldun o euscaldun: al país en que se habla, Euscalerria. Llamar éuscaros a los vas- 
'cos equivale a llamar sánscritos a los antiguos indios. . . " (La cuestión del Vascuence citada más arriba). 

(2) Nació en Montellano, concejo de Galdames (Encartaciones). En sus Notas autobiográficas pu- 
blicadas en La Ilustración Española y Americana (3-Enero-1889) escribió: "Mi partida de bautismo dice que 
"nací en la Nochebuena de 1819; pero tengo razones particulares, que omito hasta por la futilidad del asunto, 
"para creer que soy un año o dos menos viejo". Murió en Bilbao (lO-Abril-1889). 

(3) Fermín Herrán: Trueba literato y vascongado (Discurso de la sociedad El Sitio, 15 de No- 
viembre de 1891). 

(4) Antonio de Trueba: Su vida y sus obras (Páginas escogidas). Bilbao-1914. 

257 

Salcedo. — La Literatura Española. — Tomo IV. 17 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

"inteligencia y traducción de esa lengua, sino en el estudio de su gramá- 
"tica, en el manejo de sus diccionarios y en el análisis de su estructura, 
•hasta conseguir como consiguió conocer el significado, el origen o deri- 
"vación de la mayor parte de sus palabras; ilustración necesaria para el 
"que se dedica a conocer la historia y el suelo vascongado, cuyos pueblos, 
"caseríos, montes, raudales de agua, campos y despoblados, tienen todos 
'un nombre que explica su origen o sus caracteres" (1). Seguramente que 
si Trueba hubiera escrito en vascuence El Libro de los Cantares y los 
Cuentos de color de rosa, ni hubiese comunicado a tanta gente la emoción 
poética de sus montañas verdes, de la casita blanca y de los nogales y 
castaños 

en donde yo jugaba 

con mis hermanos, 

ni tendría, aun dentro de Vasconia, la simpática significación que ha con- 
seguido. 

Otro escritor, más puro y artístico en el manejo del castellano que 
Trueba — D. Francisco Navarro Villoslada (2) — , después de haber aspi- 
rado, y no sin éxito en su juventud, a ser el Walíer Scott del antiguo reino 
de Navarra, intentó, ya en el último periodo de la vida, condensar en su 
novela Amai/a o los vascos en el siglo VIII (1879) todas las tradiciones 
históricas más o menos auténticas de la región vascongada — una especie 
de epopeya en prosa — , pero en buena prosa castellana. 

Don Arturo Campión, navarro (nació en 1854), uno de los más entu- 
siastas y decididos vascófilos y el más inteligente acaso, como dice Una- 
muno, fué republicano federal en su juventud y tomó el fusil para combatir 
a los carlistas. La abolición de los fueros (ll-Agosto-1875) dio nuevo rum- 
bo á sus ideas, convirtiéndole en ardoroso fuerista y regionalista; por amor 
a la tierra natal aprendió el vascuence, y se hizo filólogo, como acreditan 
sus Estudios sobre los dialectos bizcaíno, suletino y labortano, el Ensayo 
acerca de las leyes fonéticas de la lengua eúskara y la Gramática de los 
cuatro dialectos. De Campión viene la especie de que no habiendo en 
vascuence el sonido de v, debemos escribir Basconia, Nabarra y Bizcaya 
en lugar de Vasconia, Navarra y Vizcaya. 

Lo que no ha conseguido con tanto vascuence es dejar de escribir 
castiza, graciosa y vigorosamente en castellano. Campión es de nuestros 
buenos escritores, tanto en sus estudios de crítica literaria, como La Poesía 



(\) Biografía de Antonio de Trueba. (En La España Moderna. Reproducido, como el discurso de 
Herrán. anteriormente citado, en el tomo I de la Biblioteca Vascongada: En Honor de Trueba. Bilbao-1896.> 
(2) Nació en Viana, de Navarra, el 9-Octubre-1818. Murió el 30-Agosto-1895. 



258 



VIII - LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

popular bascongada y D. Felipe de Arrese, en sus artículos de costumbres, 
como Contrastes y en los muchos descriptivos de paisajes, monumentos y 
tradiciones, como en sus novelas: fué la primera El rico-hombre Almorabid, 
primer navarro que quiso para su patria el poder de Castilla; "en pena de 
"tan nefando delito — escribió donosamente doña Emilia Pardo Bazán (Po- 
lémicas y Estudios Literarios, tomo VI de Obras Completas) — , Almorabid 
"sufre toda clase de daños y reveses; ve asesinada a su inocente hija, y 
"vencido, acorralado, muere de horrible muerte en la montaña de Arrizu- 
"lueta de Andía, en un hoyo donde los bandidos que manda el implacable 
"Sumakila arrojan el cuerpo del Rico-hombre para cubrirlo de piedras. Y el 
"novelista, allá en el fondo de su pecho (con ser persona indudablemente 
"de buenas entrañas), diríase que aplaude el suplicio, que al caer los pe- 
"druscos sobre los magullados miembros del Rico-hombre, murmura: bien 
"empleado te está". 

Posteriores son Blancos y Negros y La Bella Easo; D. Bonifacio de 
Echegaray las juzga muy favorablemente (Revista Internacional de los Es- 
tudios vascos), no poniéndoles otro reparo que el de sobra de naturalismo 
en algunos trozos. 

Los vascongados en general han contribuido en nuestra época pode- 
rosamente a la gloria de la literatura de Castilla; D. Vicente Manterola, don 
Miguel de Unamuno (1), D. Ramiro de Maeztu, D. Pío Baroja, D. José 
M. Salaverría, D. Justo Zaragüeta, D. Juan Arzadun, D. J. de Iturribarria (2) 
y otros varios, sólo se distinguen de los buenos escritores castellanos por 
figurar a su cabeza. En lengua castellana escriben igualmente los eruditos 
e historiadores, como el cronista de las tres Provincias D. Carmelo de Eche- 
garay y el inspector de Archivos municipales de Guipúzcoa D. Serapio de 
Múgica. Lo mismo los que describen el territorio o ensalzan sus bellezas 
naturales, sus recuerdos históricos o sus glorias literarias como Becerro de 
Bengoa, D. José M. de Arteche, D. Emiliano de Olano, el Marqués de Casa- 
Torre, D. Pablo de Alzóla, D. José M. de Lizana y D. Juan E. Delmas; los 
jurisconsultos forales como D. Blas López, Hormaeche, Lecanda, Miramón 
y D. Mateo Moraga; sin contar los ya más antiguos, aunque también mo- 



(1) Ya en su discurso del doctorado de Filosofía y Letras (2ü-Jiinio-1884) apuntó que el vascuence, 
interesante idioma de estudio, carece de conocimientos para lengua moderna. Lo expresó claramente en su 
ensayo sobre El elemento alienígena en el idioma vasco (Revista de Vizcaya, 15-Febrero y L^-Marzo-lSSe). 
Contestó en la misma Revista D. Tomás Escriclie y Mieg; replicó Unamuno (15-Abril-1886). Protestó contra 
estas opiniones Campión. Juegos Florales de Bilbao (26-Agosto-1901): discurso de Unamuno que provocó, 
dice Unamuno, "no pocas protestas de parte de mis paisanos, y las ha provocado, ante todo y sobre todo, por 
"estar todos allí, en mi pais, convencidos del hecho de que el vascuence se va, y de que se va sin remedio". 
Todo lo anterior resumido y explanado en la ya citada Cuestión del Vascuence. 

(2) Presbítero y autor de un tomo de hermosas Poesías castellanas, de asunto religioso, publicado en 
Bilbao (1898), con un prólogo magistral de D. Carmelo de Echegaray. 

259 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

dernos, como Zamacola, Novia de Salcedo, Aranguren, Vedia, Eguía y 
Hormaeche. En castellano escriben los modernos apologistas del vascuen- 
ce, como D. Carlos de la Plaza y D. Fermin Herrán (1), escritor insigne de 
historia, de literatura y de todo, fundador y director de la Biblioteca Bas- 
congada (1896) que sólo tiene de la lengua regional esa B en vez de V con 
que escribimos por acá vascuence, vascongado, Vizcaya y vizcaíno, lo que 
no le impide ser un monumento regional de primera importancia. 

B) La bella literatura en vascuence puede reducirse a las poesías con- 
tenidas en el Cancionero publicado por D. José de Manterola, director que 
fué del Diario de San Sebastián y fundador y director de la revista Euskal- 
Erria (murió 3-Marzo-1884). Figuran en el Cancionero versos de Agustín 
Iturriaga, el P. Arana, Serafín Baroja, Arzac, Ramón Artola, Claudio de 
Otaegui, Miguel de Suescum, Indalecio Bizcarrondo, conocido por Vilinch, 
Felipe Arresse, Ensebio de Azcue, el P. Uriarte, J. Elizamburu, M. P. Men- 
dibil, José M. de Iparraguirre, Juan Ignacio de Iztueta, el P. Domingo 
Meagher, Bernardo de Echapare, José Joaquín de Ormaechea, Francisco 
Manuel de Egaña, J. A. Moguel, J. U. de Echegaray y Luis de Iza; no todos 
contemporáneos aunque sí la mayoría. Algunos de ellos sólo han cultivado 
el vascuence en las poesías recogidas por Manterola, escribiendo siempre 
en castellano. Los únicos notables son los versolari o coblari, improvisa- 
dores de zorcicos, cuyo tipo más interesante es Iparraguirre. 

Siendo todavía un niño, escapóse de su caserío, o mejor dicho, no 
volvió un día de la escuela, adonde le había mandado su madre, y anduvo 
vagando por el mundo muchos años, primero en las filas carlistas durante 
la primera guerra civil y después ganándose la vida como improvisador y 
ejecutante de canciones vascongadas (letra y música). Iparraguirre acudía, 
en las ciudades de Europa y América, a los cafés, tabernas y demás para- 
jes donde se reunían sus conterráneos; poníase a cantar, entusiasmaba al 
auditorio, y hacía su colecta. Cobró gran fama. Cerca ya de los treinta años 
volvió al país. A pie dirigióse al caserío a dar a su madre un tierno abrazo. 
La echeco-andria, al verle venir, paróse a la puerta, y por todo saludo le 
dijo en áspero tono: 

— ¿Es ésta la hora de volver de la escuela? 

El autor de este libro conoció a Iparraguirre, ya muy anciano, en Ma- 
drid, en casa de unos músicos vascongados de quienes no recuerda ni los 
nombres. ¡Hace tantos años! Pero nunca se ha borrado de su imaginación 
la figura del bardo popular. Tenía Iparraguirre unas barbas blancas, largas 



(1) Nació en Salinas de Anana ÍÁlava) el7-Jiilio-1852. Escribió en los periódicos de Vitoria. Trasla- 
dóse luego a Bilbao. 

260 



VIII - LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

y espesas, que con la reluciente calva asemejábanle a la figura del apóstol 
San Pedro, tradicional en el arte, las facciones muy regulares y muy vas- 
congadas, los ojos vivísimos de un brillo fascinador, y cuando se ponía a 
cantar no parecía un viejo, sino en la plenitud de la fuerza y gallardía juve- 
niles; su actitud y ademanes eran de cantor épico dirigiéndose, no a un 
público que se solaza con la belleza del canto, sino a la multitud que se 
enardece con las palabras del cantor, más que poeta sacerdote y caudillo, 
evocador y depositario de las tradiciones de su raza; asi cantó, sin duda, el 
juglar Taíllefer la canción de Roncesvalles en la batalla de Hasting(l), así 
cantaron los bardos celtas (2). Siempre que piensa en estos cantores de los 
pasados tiempos, el autor de este libro se los representa con la figura, la 
actitud varonil y guerrera, la potente voz y los gestos y ademanes natural- 
mente elegantes de Iparraguirre. 

Por lo demás, a pesar del empeño de los nacionalistas vascos en dar a 
esta venerable lengua, monumento vivo de las edades prehistóricas, como 
ha dicho el P. Fita (3), un valor literario que nunca tuvo ni puede ya tener, 
fuera de la canción a lo Iparraguirre; a pesar de las cátedras sostenidas por 
las Diputaciones y de las gramáticas y diccionarios que se escriben; a pesar 
del amor, siempre legítimo y noble, aunque extraviado en algunos, que 
sienten todos los vascongados por su tierra y de lo que procuran ayudar al 
extravío los nacionalistas catalanes; a pesar de los juegos florales y de to- 
dos los pesares, tiene razón D. Miguel de Unamuno: "El vascuence, intere- 
"sante idioma de estudio, carece de condiciones intrínsecas para servir de 
"medio de expresión a un pueblo en la vida espiritual moderna y constitu- 
"ye un grave obstáculo para la difusión de la cultura europea en el país. . . 
"Así se pierde sin remedio, y se perdería aunque los vascos formasen na- 
"ción independiente, y pretendiesen imponerlo como idioma oficial" (4). O 
lo que es igual: que en el momento actual el nacionalismo vasco puede pa- 
recer más peligroso por su aspecto político que importante por el literario. 

66. Renacimiento de Ja lengua y literatura galiegas: 
A) Precedentes en el siglo XVIil (Feijóo, Sarmiento, los cu- 
ras de Fruime), B) Pardo de Andrade. C) Pastor Diez. 
D) El pronunciamiento de 1846. Fa raido. E) La generación 
de 1854 (Aguirre, Pondal) . — En el tomo I quedaron expuestos el 



(1) Véase tomo I, pág. 30. 

(2) Véase tomo I, pág. 6. 

(3) Discurso de recepción en la Academia de la Historia el 6-Jun¡o-1879. 

(4) La cuestión del Vascuence. 



261 



SA LCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

origen de la poesía lírica galaico-portuguesa, común a Castilla en la edad 
media (cap. VIII-73-74-75-76-77, pág. 179 y siguientes), la significación de 
Alfonso X como más insigne representante de esta poesía en el siglo xiii 
(cap. XII- 119, pág. 250 y siguientes) y su decadencia y desaparición en 
Castilla en el siglo xiv (cap. XIV- 125 y 126, pág. 305 y siguientes). En el 
tomo II (cap. III -24, pág. 72) fué indicado el eclipse de esta literatura regio- 
nal, como de las demás peninsulares. 

A) El eclipse no fué absolutamente total. Los campesinos siguieron 
cantando en gallego y algunos poetas de la región no dejaban de compo- 
ner de vez en cuando en el idioma popular. A Feijóo se atribuye una poe- 
sía gallega titulada Llanto a la flota, que comienza: 

Pois que sempre algún malsín 
tacha a miña boa ley 
deixenme chorar sin fin 
desgracias en que nacin 
na lengua en que me crlei. 



Don Justo E. Areal, que ha publicado las Poesías inéditas del P. Fei- 
jóo, niega que sea suyo el Llanto a la flota, a pesar de hallarse en el ma- 
nuscrito original con las otras auténticas del célebre benedictino. Del padre 
Martin Sarmiento ya sabemos (tomo III, pág. 46) que compuso muchos ver- 
sos gallegos, y que no parece tuviera otro objeto sino recoger y conservar 
en prosa rimada los vocablos campesinos oídos en sus excursiones. Tan 
prosaico y mal poeta resulta en galaico como en castellano: 



Frangullas de pan, 
migallas de queixo, 
castañas mamotas 
ou fruita do tempo. 

Se compran na vila 
por pouco diñeiro, 
ameixas e ostras, 
centolas, cangrexos. 

E mais caramuxos 
que compran por centos, 
ou berberechiños 
que ten pouco prezo. 



262 



VIII' LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

Ali os escochan 
con man ou con ferro, 
os chuchan ou comen 
con muito sosegó. 



Los dos curas de Fruime, clasificados en este libro (tomo III, pág. 140) 
como poetas anodinos del siglo XVIII, no lo fueron menos en el idioma 
regional que en el de Castilla. Zernadas de Castro cantaba, si esto es can- 
tar, a la Marquesa de Camarasa: 

Co o desexo de acordarvos, 
que en GaHcia o seu funduxe 
ten a rosa nobre fruxe, 
vou en gallego a falarvos. 

De esto no hay que extrañarvos; 
antes ben, facendo gala 
de esta nación, estímala, 
e si porque moyto dista, 
non a conoces de vista, 
conocedéa po-la fala. 

O que n'o meu peito pasa 
decervos quixera agora 
miña muy nobre slñora 
marquesa de Camarasa, 
mais se ha de ser po-la tasa 
do meu reconocemento 
non e posibre o que intento 
pois para eso, a ben ser, 
me facía falla tér 
todo o voso entendemento. 



De D. Antonio Francisco de Castro es la siguiente canción de Noche- 
buena, más agradable: 

NOITE BOA 

Brinquen todos d'alegria, 
salten todos de contento 
o' golpe das castañolas, 
o' son do chifre e pandeiro. 

Chegou o noso consolo, 
chegou o noso remedio: 
é' nado o Mesías: homes, 
festejade o Nacemento. 

263 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

Amiguiños, noite e boa, 
boas navidades temos: 
hoje admiramos na térra 
reunido o ceo enteiro. 

Unha danza graciosiña 
dispoñamos diante o neno; 
mentras os angeles cantan, 
tamen nosoutros cantemos. 

¡Qué neno tan garridiño! 
Parecen ¡ai! dous luceiros 
os seus olios centellantes 
que firen d'amor o peito. 

¡Ai! ¡Qué pelo tan rosiño! 
¡Ai! ¡Qué carrillos tan tersos! 
¡Ai! ¡Qué boquina de rosa! 
E' un imán, un embeleso. 

¡Jesús! E sáltanlle as bágoas. . . 
Meu amor, ¿qué che faremos?. . . 
Toma unha rosquiña de ovos, 
toma mel, e queijo fresco. 

Manteiga, ou leitiño. . . nada; 
non quér manjares o Neno; 
quér corasons humildados, 
quér un amor verdadeiro. 

El joven y culto catedrático de Lengua y Literatura gallega en la Uni- 
versidad de Madrid, D. Víctor Said Armesto, prematuramente arrebatado 
por la muerte al cultivo de las letras (murió 12-Julio-1914), ha descubierto 
algunas composiciones gallegas de los siglos xvi, xvii y xviii. Ninguna es 
de relevante mérito. 

B) En el reinado de Carlos IV y durante la guerra de la independen- 
cia, floreció un poeta — llamémosle así—, Manuel Pardo de Andrade, 
autor de odas A la defensa de Montevideo, Al combate de Trafalgar, A la 
batalla de los Arapiles, A lord Wellíngton, etc., los temas de todos los 
autores de odas en aquel tiempo — amén de las anacreónticas, elegías, so- 
netos y canciones patrióticas que también eran de rigor; escribió también 
comedias, algunas de las cuales fueron aplaudidas en el Teatro de la Co- 
ruña, y que se han perdido. Era muy liberal, y debe su popularidad a unos 
versos gallegos que compuso contra la Inquisición. Titúlanse Rogos de un 
escolar gallego a Virxe do bo acertó, para que libre a térra da inquisición. 
Mala era la Inquisición; pero los versos de Pardo de Andrade son induda- 
blemente peores, a pesar de lo cual hiciéronse popularísimos en Galicia. 

264 



VIII - LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

He aquí algunas muestras de la famosa composición tjue hace reir a fuerza 
de prosaica y desdichada: 

Páxaros, peixes e liomes, 
de distinta casta son: 
Aqueles cómese asados, 
pero ¿os racionales? Non. 

Miña Virge, vos que sodes 
madre de consolación, 
librádenos dos nubeiros 
da maldita Inquisición. 

Da Inquisición, que de medo 
de espías e de visiós 
enchen a térra, e de loito 
cubren a casa de Dios. 

Librádenos, Virge Santa, 
pois que sempre o pecador 
achóu na vosa bondade 
madre, amparo e protección. 

Dádelles pois bon acertó 
a' os hómes bos que juntou 
a España, para formar 
a sua legislación. 

Cristo morrea por salvarnos, 
e mente como un ladrón, 
o tramoyeiro que diga 
que o voso filio a fundón. 

Dios fixo para os ruis 
o inferno; e o Ceo criou 
para os bos: esto é verdade, 
o demais é unha invención. 



Demos, pois, ja que nacemos 
no seo da religión 
verdadeira, multas gracias 
a Cristo Noso Señor. 

O hireje tan sólo ofende 
a Dios: a nosoutros, non; 
¿porqué logo lie quitamos 
a Dios a jurisdición? 

¡Chamuscar a os homes vivos 
en este mundo! ¡Meu Dios! 
¡Ai que judiada! Non pode 
inventarse outra peor. 



265 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO JV 

Si os judíos nos queimaran, 
inda pase; porque Dios 
mándanos que perdonemos 
a' os que nos fagan traición. 

¿Pero que nos os queimemos, 
e iles a nosoutros non? 
Inda somos mas judíos, 
que os mismos judíos son. . . 

C) Las Poesías de D. Nicomedes Pastor Díaz, publicadas en 1840, con- 
tienen A Alborada, en idioma gallego. Lleva la fecha de 1 1 de Mayo de 
1828, en que D. Nicomedes contaba diez y siete años de edad. Es digna de 
figurar esta composición en una Historia de la Literatura, no por su mérito 
intrínseco ni por el justo renombre de su autor como poeta y prosista cas- 
tellano, sino como ejemplo de la dificultad, aun para verdaderos ingenios, 
de hacer versos en una lengua que no se aprende y cultiva literariamente. 
La abundancia de castellanismos y el giro castellano de la composición pa- 
recen denunciar que Pastor Díaz escribió A Alborada en lengua de Casti- 
lla, y luego fué substituyendo las palabras por otras gallegas. 

Es así: 

¡Ai miña pequeniña! 
¡Qué olios bunitos tés! ¡Qué briladores! 
¡Case salta a alma miña! 
¡E vendo os teus colores, 
ver me parece todol-os amores! 

Agora que a alborada 
os dulces paxariños ja cantaron, 
e da fresca orvallada 
ñas perlas os ramiños se pintaron, 
agora ¡que divinos 
brilarán os teus olios cristalinos! 

¡Ai! asoma esas luces, 
asoma a esa ventana, miña hermosa, 
ti que sempre reluces 
con elas, mais lustrosa 
que a Luna cando nace silenciosa. 

Verásme aquí cantando 
xunto de estas augas, ñas áreas; 
verásme aquí agardando 
que se rompan as lúgubres cadeas 
da noite que me aparta 
de quen nunca a alma miña se viu farta. 

266 



VIII - LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

Mírame, sí, querida, 
cando do brando sonó te levantes, 
mais fresca e mais garrida 
que estas frores fragantes, 
que a escuma de estas ondas resoantes. 

¿E aínda non parecen 
eses alliños teus? ¿Dormes rosiña? 
¿Dormes, e resprandecen 
os campanarios altos da Marina? 
¿Aínda non oíche 
aquela dulce voz que me aprendíche? 

¿Déixasme que aquí solo 
a as augas lies dirija os meus acentos, 
e non vés o meu cólo 
fartarme de contentos, 
e amante aproveitar estes momentos? 

Desd'aquí vexo os mares 
serenos, estenderse ala no ceo; 
oio d'aqui os cantares 
da pillara fugaz, d'o merlo feo; 
pero o ten seno lindo 
non ovexo, men bén, qu'estas durmindo. 

Xa se foi o luceiro; 
desperta de esa cania, miña rosa; 
desperta, e ven primeiro 
abrir a venturosa 
ventana d'o ten carto: ven graciosa. 

Sal como sempre sales, 
máis diviña qu'a diosa de Citera 
saliendo dos cristales, 
mais galana qu'a leda primavera 
esparciendo rosales: 
Venus pra min, amante, 
primavera, manan, e fror fragante. 

Xa te vexo salindo 
mirarme, e retirarte avergonzada. 
¿E de quén vas fuxindo 
tontiña arrebatada? 
¿do teu amor que canta n'a enramada? 

Non fuxas, non, querida; 
ven aquí: baixa a escala sin temores: 
esa frente garrida 
a miña man a cubrirá de frores; 
xa as teño aquí xuntiñas; 
¡qué venturosas son! ¡Qué bonitiñas! 



267 



SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA- TOMO IV 

Ven despeinada aínda 
darme o primeiro abrazo, darm'a vida 
¡canto es asi máis linda! 
ven qu'a manan florida 
solo pr'os que se queren foi nacida. 

Non, non durnie, descansa, 
naide turbe o reposo d'o teu pcito: 
plácida quietud mansa 
sin cesar vele o téu hermoso leito: 
durme, que non tés penas, 
e acaso en min soñando te enaxenas. 

Reposen os teus olios, 
eses olios divinos, venenosos: 
tamcn finos cogollos 
nos rosales pomposos 
agardan por abrirse recelosos. 

Sí, miña prenda amante: 
eu cantarei aquí mentras que dormes. 
¡Ay qu'o Landro brillante 
non e dourado Taxo; nin o Tormes 
Alinda o meu retiro! 
durme, si, durme, mentras qu'eu suspiro. 



D) En Abril de 1846, el año de las bodas reales de Isabel II, hubo 
en Galicia un pronunciamiento progresista contra el gobierno moderado, al 
grito de Junta Central, Cortes constituyentes, Milicia nacional y Fuera ex- 
tranjeros, aludiéndose con esto último al deseo de que la Reina no se ca- 
sara con príncipes de la casa de Ñapóles, sino con el infante D. Enrique, 
que no fué extraño a la algarada. Empezó ésta el día 2, y concluyó el 26 
con el fusilamiento en la aldea de Carral del teniente coronel Solís, coman- 
dante Velasco y doce capitanes. 

Coadyuvaron al movimiento militar algunos paisanos de los más de- 
cididos y exaltados progresistas, los cuales constituyeron una junta revolu- 
cionaria que trató, aunque sin éxito, de levantar al país en defensa de la 
libertad, o sea en contra del gobierno constituido, y en esa junta figuraron 
algunos jóvenes, ya conocidos como periodistas del más ardiente progresis- 
mo: uno de ellos fué D. Antonio Romero Ortiz (1); y otro D. Antolín Faral- 



(1) Nació en Santiago de Galicia (24-Mayo-1822). Estudiante de Derecho en su ciudad natal, fundó el 
periódico Santiago y a ellos y El Huracán. Desde 1854 figura en Madrid, sufriendo las alternativas de su 
partido: persecuciones y triunfos. Fué ministro de Gracia y Justicia en el gobierno provisional de 1868. Con- 
tribuyó a la formación del partido fusionista (1880). Murió (1884). De 1879 a 1881 presidió la Asociación de 
Escritores y Artistas, tocándole dirigir las fiestas del centenario de Calderón. 

268 



MU- LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

do (1), joven periodista de las más exaltadas ideas, imbuido en las doctri- 
nas democrático-cristianas de Lamennais y fogoso regionalista gallego. En 
1841 habia mostrado esta mezcla de sentimiento religioso y aspiraciones 
revolucionarias en El Idólatra de Galicia y en el Recreo de Santiago, pe- 
riódicos por él fundados. Como secretario de la Junta Superior Provincial 
de Galicia, que asi se titulábala revolucionaria, escribió y íirmóun manifiesto 
(15-Abril-1856), en que a más de las generales de la ley progresista, indicó 
la necesidad de que dejara de ser el pais gallego una colonia de la corte^ 
e hiciese algo por sí mismo para mejorar su suerte. Sospechan algunos que 
este algo era nada menos que la independencia. No hay motivo para tanto. 
Don Manuel Murguia le considera como el primero y el mejor de los pre- 
cursores del actual regionalismo: un gran político, dice, que se adelantó a 
su tiempo. 

Emigrado en Portugal, después de la derrota de los pronunciados, 
"halló, por de pronto, los mismos hombres, la misma lengua, las mismas 
"instituciones, en una palabra, la imagen viva de la patria soñada, y hubo 
"de perder, sin duda, algo de las ilusiones juveniles, mucho de sus sueños 
"de patriota" (2). Es lo cierto que ya no trabajó más en la grande obra, 
como llamaba él a la de emancipar a Galicia, sino por el triunfo de la de- 
mocracia, y que residiendo en Andalucía, los encantos de las andaluzas 
hiciéronle comprender que en el reino' del amor no hay regionalismos que 
valgan. Quizás, si nos atenemos al relato de su admirador Murguia, lo com- 
prendió demasiado y se pasó de la raya en este terreno florido y peligroso. 
Murió prematuramente. "Llegó, dice Murguia, el diatriste en que, huyendo 
"de Madrid y buscando bajo el cielo de Córdoba el nido de amor que allí 
"había dejado, vio lucir en el horizonte la última hora de su vida. ¡Cuan 
"breve y cuan fecunda!" 

E) Tuvo Galicia su generación literaria de 1854, o mejor dicho, político- 
literaria, pues a toda ella inflamaba el más extremado y fogoso liberaHsmo. 
Preferente lugar corresponde en este grupo a Aurelio Aguirre (3), también 
imbuido en Las palabras de un creyente, de Lamennais, socialista a lo cris- 
tiano, o a lo seudo-cristiano, como Faraldo, que ganó rápidamente, cuando 
acababa casi de cumplir los veinte años, una estruendosa fama político- 
literaria. Se puso en contacto con los obreros, los visitaba, iba de taller en 
taller, de reunión en reunión, y al decir de Murguia, "los hubiera hecho 
"mártires de una causa, después de contarlos como soldados en sus ban- 



(1) Nació en Betanzos (1823). 

(2) Biblioteca Gallega: Manuel Murguia, Los Precursores. La Coriiña, 1886. 

(3) Nació en Santiago (23-Abril-1833). Murió en Junio de 1857, bañándose en la playa de San Amaro, 
de La Coruña, a cuya ciudad habia ido tras la joven de que estaba enamorado. 

269 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

deras". Chocó con la autoridad eclesiástica, especialmente a causa de un 
brindis en que llamó a Nuestro Señor Jesucristo ¡liJo de un modesto car- 
pintero: hubo revuelo, acres polémicas, el Arzobispo llamó a Palacio al 
atrevido, contaron los liberales que el Secretario de Su Excelencia quiso 
pegar al autor del brindis; lo positivo es que Aguirre, después de hablar 
con el Prelado, recogió el discurso, no quiso que se publicara, y a los veinte 
días aparecían en el periódico La Oliva (26-Marzo-1856) sus versos A mis 
calumniadores, en que declaraba: 

Pura la religión guardo en mi pecho 
Del Hombre justo que murió en la Cruz. 

Como poeta — castellano, pues nunca cultivó la lengua regional — fué 
en cuanto a la popularidad un nuevo cura de Fruime; era fácil, espontáneo, 
abundante y con originalidades, no todas felices. Apenas había escrito una 
poesía, se la arrebataban los periódicos para publicarla, y apenas publicada 
se la sabían muchos de memoria. ¡Pensar que de una celebridad así no 
queda hoy más que un vago recuerdo, no de los versos, sino del poeta! 
Hizo un viaje a Vigo, y le recibieron con músicas y vítores. Aplausos reco- 
gió también en las tablas, al frente de una compañía dramática, organizada 
por él, que dio funciones en Padrón, Víllagarcía, Cambados y otros lugares. 
Para los estudiantes de Santiago fué un ídolo. Los de último año de Dere- 
cho anunciaron con grandes carteles la publicación de sus Ensayos poéti- 
cos; no habían salido a luz sino los primeros pliegos, cuando murió el 
poeta trágicamente. Un detalle pinta el carácter de aquel hombre singular: 
enamorado de la señorita a que dedicó sus versos A una huérfana, deci- 
dió sentar la cabeza, ser persona sería, y para eso resolvió no ser más que 
poeta. ¡Fundar la poesía del hogar, necesitada de tanta prosa para susten- 
tarse, sobre la base de la poesía escrita, o sea de los versos, no puede ocu- 
rrirse sino a un poeta de corazón! Aguirre dejó escuela — el aguirrismo — , 
que aún existía cuando se escribieron Los Precursores. Era un hombre 
bajo, de frente despejada, ojos azules y con mirar triste; los labios desdeño- 
sos, sensibilidad excesiva, y, por tanto, enfermiza. A pesar del cariño 
y admiración de sus paisanos aburríase y sentíase como preso en Com- 
postela, esta ciudad, dijo en una ocasión, que "/zo es ni será nunca más 
que un monótono cementerio de vivos". Cincuenta y ocho después no ha 
presentado Linares Rivas de otro modo a Santiago (Campanela) en su 
comedia La Garra. 

A la misma generación pertenecen: Leonardo Sánchez Deus, que des- 
pués de contribuir a las agitaciones sociales y políticas de Santiago, en el 
bienio progresista, se hizo garibaldino, fué de los mil de Marsala, ayudante 

270 



VIII ' LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

de campo de Garibaldi, y murió en Genova, cuando se disponía a reanudar 
sus campañas; era un anticlerical furibundo, y en un viaje que hizo a Gali- 
cia, después de la expedición a Ñapóles, ocurriéronle mil incidentes dima- 
nados del horror que inspiraban a los católicos compostelanos, incluso a su 
propia madre, las hazañas contra el Papa que habia realizado, y de que él 
estaba muy orgulloso. Harto más importancia, sobre todo en el orden lite- 
rario, es la de Eduardo Pondal, el amigo y compañero de Aurelio Aguirre 
en la política democrática, en el prestigio con los obreros, en el cultivo de 
la poesía, del periodismo y de la oratoria tribunicia, y en el disfrute de la 
popularidad. Pondal, como Aguirre, escribió lindos versos en castellano; 
pero lo que le distingue de su camarada es que también los hizo en gallego. 
La más famosa composición suya en este idioma es A campana d'Anllons, 
"para nosotros más sonora que la de Schiller", acaba de escribir Villar 
Pontas (1), leída en un banquete político: es el lamento de un gallego cau- 
tivo en Oran que recuerda su aldea nativa, mezclándose en su inspiración 
reminiscencias de los mejores romances de Góngora con el recuerdo o el 
influjo del falso Ossian. Si Galicia es céltica y Escocia también lo es — 
pensó, sin duda, Pondal — , el tono ossiánico es el que conviene a la poesía 
gallega. Incorrecta y plagada de castellanismos (2), impónese sin embargo 
por la fuerza del sentimiento que la inspira. Murguía celebra mucho su 
conclusión, refiriendo que al ser leída' hizo mágico efecto en el auditorio. 
Concluye así: 

Oh naida miña vida, 
adiós, adiós, meu pal; 
prenda de min querida, 
adiós, oh miña nal: 
sombras dos meus avós, 
río da Ponte-ceso, 
piñal de Telia espeso. . . 
acordavos d'hun preso 
como él o fai de vos: 
campana de Anllons, 
noites de lunar, 
luna que te pos 
detrás do pinar; 
Adiós. . . 
Adiós. . . 
Adiós. . . 



(1) El Norte de Galicia, lO-Marzo-1917. 

(2) Y aun palabras castellanas cuando le hacían falta para el verso, v. ijr.: 

E ti golondrina errante 
dos longos campos d' Argel, 
Golondrina en gallego es andarina. 



271 



SA LCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

Estas repeticiones, que abundan en las otras poesías gallegas de Pon- 
dal. hubieran dado a éste nombre de modernista, si hubiese escrito cuarenta 
y tantos años después (1). 

67. Regionalismo gallego en Jos estudios científicos 
y literarios: A) Historias de Galicia: Vicceto y Murguía. 
Estudios artísticos, jurídicos, sociales. B) Literarios. Gra- 
máticas y Diccionarios. Historias y monografías de Lite- 
ratura gallega. C) Obras más recientes. — En el regionalismo 
literario gallego hay que distinguir las obras que pueden clasificarse en 
general como didácticas de las poéticas. Y aun los libros de bella literatura, 
verbigracia, novelas y comedias escritas en castellano, pero que tienen por 
objeto la pintura del paisaje y costumbres gallegas, como algunas novelas de 
doña Emilia Pardo Bazán y del Marqués de Figueroa; La Casa de la Troya, 
de Alejandro Pérez Lugin; Don Severo Carballo, de Victoriano García Martí; 
algunas comedias de Linares Rivas, etc. Dejamos, sin embargo, la mención 
de estas obras para cuando se trate de sus autores respectivos en la parte 
correspondiente a la literatura castellana. 

A) Notables libros de historia general de la región, particular de sus be- 
llas artes y de sus instituciones jurídicas, de su especial sociología y de las 
tradiciones gallegas ha producido el regionalismo galaico. Historias gene- 
rales cuéntanse cuatro: Historia de Galicia, de Verea y Aguiar, de que sólo 
se publicó la Primera Parte (Ferrol-1837); Historia política, religiosa y des- 
cripfiua de Galicia, de Martínez Paadín (Madrid, 1848); Historia de Galicia, 
de Benito Vicceto (siete volúmenes: Ferrol, 1865-1874). Este Sr. Vicceto fué 
un tipo singular. Nació en el Ferrol (31-Mayo-1824). Murió en la misma 
ciudad (28-Mayo-1878). Era hijo de un italiano, contrabandista de profesión; 
en el reinado de Fernando VII, aprovechándose de la cortedad de nuestros 
medios marítimos, algunas goletas italianas, armadas en corso, dedicábanse 
a introducir contrabando por la costa de Galicia, no subrepticiamente, sino 
a cara descubierta, haciendo frente a los buques del resguardo. Fondeaban 
cerca de la isla de Urosa, sin que nadie se atreviese a ir a desalojarlas de 
su fondeadero; el pueblo llamaba a estos piratas contrabandistas los carca- 
mans. En 1823 ayudaron a los liberales recogiendo a bordo a los que huían 



(1) Volumen VII de la Biblioteca Gallega, 1886. Pondal, ya muy anciano, ha muerto en La Coruña 
(lÜ-Marzo-1917). En la Real Academia Gallega ha dejado el manuscrito de su poema inédito Os Eoas, pro- 
yecto de epopeya galaica, como las Lusiadus lo es portuguesa. En la misma Academia se conservan otras 
poesías inéditas del autor. Don Andrés Martínez Salazar recogió unos versos improvisados por Pondal en 
Enero de 1916. Don Manuel Lastres, sobrino del poeta, tiene otros firmados el 2 de Enero de 1917, que pare- 
cen ser los últimos de Pondal. 

272 



VIH - LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

de los realistas y tropas de Angulema. El gobierno tuvo que bajarse a 
pactar con ellos, concediéndoles el indulto, y estableciéronse en Galicia a 
disfrutar tranquilamente de sus ganancias. 

El carcamán, padre de Vicceto, casó con una mujer del pueblo, buena 
y áspera — nunca dio un beso a sus hijos — , y dejó pronto viuda y huér- 
fanos sin recursos. Benito se crió en la pobreza y en un hogar honrado, 
pero no cariñoso. Fué militar y después empleado de presidio. Escribió en 
muchos periódicos políticos de los más avanzados de su tiempo. Compuso 
varias novelas históricas a lo Walter Scott — El caballero de la cruz verde, 
Rogin Rojal o el paje de los cabellos de oro, Víctor Basden, Los Hidalgos 
de Monforte, etc. — , casi todas basadas en leyendas más o menos auténti- 
cas de Galicia, interpretadas liberal o democráticamente. Los Hidalgos de 
Monforte diéronle la reputación de que disfrutó: escribióla y la publicó en 
Sevilla (1851) pensando en su tierra; hiciéronse luego dos ediciones (Coruña 
y Madrid); por último, El Imparcial, pocos meses antes de morir su autor, 
la dio como folletín y en tomo aparte que se agotó en seguida. El señor 
Murguía {Los Precursores) elogia Los Hidalgos, aun reconociendo sus 
faltas: "A estar — dice — mejor escrita y concebida bajo un plan más lite- 
"rario, tendríamos en esta novela la mejor de su siglo en España". Real- 
mente, si fuera mejor, lo sería. Nosotros creemos que, aparte del interés 
folletinesco, sólo cabe apreciar en Los Hidalgos de Monforte la fuerza que 
comunican a toda obra las pasiones políticas y regionales, cuando son 
vehementes como eran en Vicceto. 

En cambio, Murguía trata de la Historia de Galicia como a nuestro 
juicio corresponde: "... es una de las pruebas más patentes — escribe — 
"de la decadencia intelectual de su autor. Complacíase él en crearla origen 
"y comienzo de todas las que pudieran seguirla, cuando en realidad nada 
"suma ni nada importa para el conocimiento de nuestro pasado. No conozco 
"libro más triste, ni que impresione más penosamente. No acierta uno a 
"explicarse cómo fué posible que su publicación fuese más allá de los pri- 
"meros cuadernos ..." Murguía tiene razón, a pesar de aquello de ¿quién 
es tu enemigo? El de tu oficio; porque su Historia de Galicia, empezada a 
publicar en 1862, y que ha editado el Centro Gallego de la Habana (1), es 
la mejor que poseemos: una obra verdaderamente seria. 

De D. Manuel Martínez Murguía son también el tomo Galicia en la 



(1) ". . . la primera sociedad de su género en el mundo, que no contenta con asistir a los gallegos en 
'sus enfermedades y darles la conveniente instrucción, ha protejíido siempre todo lo gallego. Imprimió 
"nuestra Historia de Galicia, de Murguia; construyó el hermoso mausoleo que guarda las cenizas de Rosalia 
"de Castro; enjugó las lágrimas de todos los perjudicados por inundaciones, granizos, incendios, etc." Vales 
Failde: La Emigración gallega. Madrid, 1902. 

273 

Salcedo. — La Literatura Española. -Tomo ¡V. 'o 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

obra España, sus monumentos // sus artes, su naturaleza e historia (Bar- 
celona-1888), Don Diego Gelmirez y la colección de artículos titulada En 
Prosa. Del sabio canónigo D. Antonio López Ferreiro la Historia de la 
Santa M. Iglesia de Santiago de Compostela (Santiago- 1898) y El Pórtico 
de la Gloria (Santiago- 1893) (1). De D. José Villaamil y Castro la Descrip- 
ción histórico-arqueológica de la Catedral de Santiago (Lugo-1886) e Igle- 
sias gallegas (Madrid-1904). 

De estudios jurídicos, además de los numerosos y algunos notables 
a que ha dado ocasión la cuestión de los foros (2), son dignos de mencio- 
narse los dedicados a Derecho usual, como las dos memorias de D. Alfre- 
do García Ramos premiadas por la Academia de Ciencias Morales y Polí- 
ticas: Estilos consuetudinarios y prácticas económico-familiares y maríti- 
mas de Galicia (1909) y Arqueología jurídicoconsuetudinario-económica 
de la región gallega (1910) y El Derecho Consuetudinario de Galicia, por 
D. Manuel Lezón (1901), también premiada por la misma Real Academia. 
De cuestiones sociales gallegas, especialmente la agraria, se ha escrito 
mucho y bueno: de bellísima prosa didáctica es El Campesino gallego, de 
D. Prudencio Rovira, y de completa y maciza doctrina La Emigración ga- 
llega, de D. Javier Vales Failde (Madrid-1902). Este fenómeno social de la 
emigración que deja desiertos los campos galaicos y en anticipada viudez 
y orfandad a multitud de mujeres y niños, refléjase intensamente en la 
moderna poesía regional. No ha rayado ésta tan alto ni se ha difundido 
tanto como en el tristísimo desesperado lamento de Rosalía de Castro que 
es lo único de toda esta literatura que se ha hecho lugar común en España 
entera: son muchísimos los que del movimiento literario en lengua gallega 
sólo conocen la enérgica, expresiva y dolorosa frase viudas de vivos: 

Este valse y aquel valse 
e todos, todos se van; 
Galicia, sin homes quedas 
que te poldan traballar. 
Tés en cambio orfos e o rías 
e campos de soledad, 



(1) ■•i.opez Ferreiro era un modelo de investigadores, a quien sólo perjudicaba una excesiva tenden- 
'cia apologética respecto de las tradiciones de su iglesia". (M. Pelayo: Historia de los Heterodoxos Españo- 
les, segunda edición, tomo I|. Hay además muchas historias locales: Artaza, /?eci/erdosdeA/Hros,' Abella, La 
vida de Noya; Santiago y Nogueira, Bayona antigua y moderna; Macineira, Crónicas de Ortigueira; Me- 
ruédano, Antiguas parroquias de Hioadauia; Montero, Historia del Ferrol; Martínez Santiso, Historia 
de Betamos. 

(2) En las Memorias de la Academia de Ciencias Morales y Políticas (tomo IV) hay una colección de 
informes y votos particulares sobre Foros del Marqués de Reynosa, Martin Carramolino y Alonso Martínez. 
De D. Eduardo Vicente es La Propiedad foral en Galicia (tomo XI de la Biblioteca Gallega). 

274 



VUI ' LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

e nais que non teñen fillos 
e fillos que non teñen país. 
E tés corazons que sufren 
longas ausencias mortás, 
viudas de vivos e mortos 
Que ninguen consolará. 



Por más consolador, pero no menos poético aspecto, trata del mismo 
asunto el Marqués de Figueroa en su bellísima poesía Almas e corpos: 

¡Endeben, s'apartados os corpos 
se xuntan as almas! 
¡o pior é cand'os corpos se xuntan, 
e as almas s'apartan! 

¡Qué poneos xa quedan; 
cantos son os qu'a América vanse! 
os que deixan a donas e nenos, 
chorando n-o lare, 

entr'as bágoas, moi tristes, d'a brétema, 
e os mais tristes qúeixumes d'os arbres, 
probé a térra, que a man d'as mulleres, 
non é pr-a coidare! x 

Terr'allea consume o traballo, 
a forza d'os homes, 
e se os frutos d'as leiras non suas 
parecenlles doces, 
é que n-elas d'a santa esperanza 
c'o alentó, recollen 
a visión d'a Galicia distante 
gasalleira e nobre, 

de onde chegan, c'os rires d'os nenos, 
os sospiros d'as nais que os envolven! . . . 

¡Anque os corpos están apartados, 
así as almas se xuntan o lonxe! 

Cando volven pr'o lar e n'atopan 
o ben que lies compre, 
mais escura, sin lunie a lareira, 
os eidos mais probes; 
os rapaces, sin gráceas de nenos, 
nin feitos de homes; 
a muller, (jue nin sombra é siquera 
d'a moza d'antronte; 
realidá que a esperanza dourada 
íisi corresponde, 

275 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

trae por suma de mal, 
o mais grande que o mundo conoce, 
o de ver c-o a esperanza caidas 
tantas ilusioes! ... 

¡E qué triste, que os corpos s'acheguen, 
e asi as almas. . . s'aparten o lonxe! (1). 

B) Estudios gramaticales, filológicos, didácticos, críticos, historíeos y 
folk-lórícos de la lengua y literatura galaicas abundan. El presbítero don 
Juan Saco y Arce es autor de una Gramática gallega. Don José López Ba- 
llesteros, director que fué del Instituto de la Coruña, escribió un Dicciona- 
rio gallego-castellano (2) y un Refranero gallego y publicó el Cancionero 
popular gallego y en particular de la provincia de la Coruña, con prólogo 
de Teófilo Braga (Madríd-1886; tres tomos). De carácter lingüístico y folk- 
lórico, además del poético que no les falta, son también sus dos coleccio- 
nes de versos tituladas, una Versos en dialecto gallego y correspondencia 
castellana de sus principales voces (Madrid- 1878) y la otra Foguetes (Co- 
runa-1888). Foguetes son unas composiciones cortas, como epigramas, en 
que se contienen cuentecillos y modos de decir propios del vulgo. Martí- 
nez y González, castellano gallegófilo, cultivó la poesía en lengua regional, 
siendo premiado en los Juegos Florales de Pontevedra (1884), y publicó 
Poemas gallegos seguidos d'un tratado sobro modo de falar e escribir 
con propiedade o dialecto (Pontevedra-1883). El idioma gallego: su anti- 
güedad y vida (tres tomos: Coruña-1886) es obra notable de D. Antonio de 
la Iglesia (Vol. III de la Biblioteca Gallega). 

Don Augusto González Besada, actualmente político tan en candele- 
ro (3), obtuvo en Julio de 1885 premio del Ayuntamiento de Santiago por 
su Cuadro de la Literatura gallega en los siglos XI I I y XIV, publicado 
por la Diputación de Pontevedra; de 1885 a 1887 publicó la Historia critica 
de la Literatura Gallega (dos tomos), que ha sido traducida al inglés y al 
alemán; en su discurso de recepción en la Academia Española(7-Mayo-1916) 



íl) Del solar galaico: Releinhramas e trasacordes (Madrid, 1917). El Marqués de Figueroa es de los 
pocos gallegos optimistas, esto es, que no ve las cosas de su tierra tan netíras y desconsoladoras como la ma- 
yor parte de los escritores sus conterráneos. Esta poesia respira un optimismo sano y discreto. Merecen 
xamh'Un mención especial los libros del actual Arzobispo de Tarragona: El gran gallego (h'r. Martin Sar- 
miento), Los escritos de Sarmiento y el siglo de h'eijúo y El señorío temporal de los obispos de Lugo. 

(2) No sabemos si se ha publicado. El diccionario gallego que lo está positivamente es el de don 
Juan Cuvciro Pinol. 

(3) Nació en Túy (23-Junio-1865). Estudió Leyes en Santiago, licenciándose el 22 de Junio de 1885. 
Durante la carrera escribió en los periódicos La Cruz, El Libredón y El Pais Gallego. Ministro de Hacienda 
con Villaverde <1<J-Julio-I90.3). De la Gobernación (¿7-Encro-1903). Disuelto el grupo villaverdista, ingresó en 
ti partido conservador bajo la jefatura de Maura (17-Abril-iy(XJ). Ministro de Fomento (25-Enero-1907). De 
Harir :,rl;. iU-S<-ptiembre-1908). Siguió a Dato. Presidente del Congreso (Abril-1914). 

276 



VIII ' LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

trató de la poesía regional y especialmente de Rosalía de Castro; final- 
mente, a últimos del mismo año de 16, la Biblioteca Híspanla ha dado a luz 
su librito Rosalía de Castro: Notas biográficas. A Rosalía refiérese tam- 
bién la conferencia dada en Madrid (Asociación de conferencias para se- 
ñoras) por D. Javier Vales Failde (12-Mayo-1906), que forma un interesante 
libro, en que es estudiada principalmente la insigne poetisa en relación 
con sus creencias religiosas y con el estado social de Galicia. 

Al conocimiento de esta literatura contribuyó Milá y Fontanals con un 
artículo en La Romanía (tomo VI de las Obras completas del autor) titu- 
lado De la poesía popular gallega. El Marqués de Figueroa con dos lumi- 
nosas conferencias: De la poesía gallega (Ateneo de Madrid-1889) y de la 
tierra gallega y de su poesía (en la Reunión de artesanos de la Coruña 
(20-Febrero-1916) (1). 

Al fomento de estos estudios han contribuido: Primero. La fundación 
de la Biblioteca Gallega por el inteligente y cultísimo bibliotecario y aca- 
démico correspondiente de la Historia D. Andrés Martínez Salazar. El 
tomo I que contiene Los Precursores, de Murguía, salió a luz en 1886. Se- 
gundo. La publicación de periódicos, especialmente revistas dedicadas al 
estudio de la región por todos sus aspectos, como Galicia (1860-66), La 
Ilustración Gallega y Asturiana (1879-1882), Revista de Galicia (1880), Ga- 
licia diplomática (1883), fundada por D. Bernardo Barreiro y a que siguie- 
ron Galicia histórica y Galicia revista regional de Ciencias, Letras, Artes, 
folk-lore, etc., fundación también de Martínez Salazar. Tercero. El estable- 
cimiento de sociedades c centros científicos y literarios importantes, como 
las dos Sociedades Arqueológicas de Orense y Pontevedra: la primera tiene 
por órgano el Boletín de la Comisión de Monumentos, en que ven la luz 
interesantes trabajos de historia eclesiástica y civil; la segunda, de que 
parece ser alma D. Casto Sampedro, ha publicado tres volúmenes de Do- 
cumentos, inscripciones g monumentos para la historia de Pontevedra. En 
la Coruña funcionan la Hermandade de Amigos da Fala y la Real Acade- 
mia Gallega con su Boletín, en que colaboran varios eruditos de la región 
y ha empezado a publicarse una Colección diplomática. En Madrid existe 
la Agrupación propagandista de la intelectualidad gallega que da confe- 
rencias en el Ateneo sobre temas regionales, publica Estudios Gallegos, 
revista bilingüe de lenguaje, finanza y turismo, y trata de fundar la Reunión 
d' Estudios Gallegos, dividida en siete secciones: arqueología, arle, derecho, 
filología, hacienda, historia y ciencias naturales de Galicia. 

Y todo es efecto del impulso regíonalista, estimulado especialmente 



(1) Incluido en el ya citado libro Del solar galaico. 

277 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

por los catalanes. Los gallegos o galleguistas siguen la corriente, reclaman 
el reconocimiento de Galicia como personalidad superior y comprensiva 
de las actuales provincias, representación parlamentaria exclusivamente 
gallega, autonomia municipal, etc. Los que así piensan no son, sin embar- 
go, todos los gallegos, y aun los más extremosos en el regionalismo hacen 
constantes protestas de su amor, no sólo a España, sino a Castilla; en la 
Fiesta gallega celebrada en el Teatro de Orense (1 I-Junio- 191 7), el presi- 
dente D. Manuel Casas, alcalde de la Coruña, recriminó a los catalanistas 
por zaherir a Castilla, lo cual, dijo, equivale a ultrajar a la patria, entonó 
un himno a la región castellana, madre de América, y acabó con estas 
bellas palabras: "Unámonos todos, poetas, artistas, políticos honrados y el 
"pueblo, para laborar por la redención de Galicia, ofrendándola a la madre 
"común, España" (1). De tan sano y patriótico regionalismo sólo tienen 
que temer por ahora los españoles no gallegos aspirantes a diputados- 
cuneros por Galicia, pues contra el cunerismo van principalmente los tiros 
de los galleguistas, a pesar de que los grandes caciques de la región, ga- 
llegos ellos y prohom„bres de primera importancia en la política nacional, 
no dejan de fomentar ese mal, de que tanto se quejan en las fiestas, juntas 
y centros regionales. 

C) En la esfera literaria, única que aquí nos interesa, el regionalismo 
gallego es serio y elemento de progreso y gloria para la nación. Pasaron 
ya los tiempos, que alguna vez enfadaron a Menéndez Pelayo, en que todo 
se volvía a los eruditos y escritores galaicos hablar de los celtas y de los 
suevos. Ahora se estudia y se trabaja muy bien. Prueba de ello son las sa- 
bias conferencias de D. Aurelio Ribalta (2) en el Ateneo de Madrid, sobre 
filología galaica. En el mismo plano están, cada uno en su correspondiente 
sector regional, D. Rodrigo Sanz, D. Luis Porteiro, D. Eloy Luis Andrés, 
D. Andrés Laxe Carbajal, etc. García de Diego ha empezado a publicar 
una Gramática fonetística, de que ha salido a luz la Primera parte (Fonéti- 
ca y Morfología). Aspira este grupo a que se enseñe el gallego en la Uni- 
versidad de Santiago (Lengua y Literatura de Galicia), en los institutos y 
en las escuelas. Los literatos se quejan amargamente de los políticos de la 
región por este respecto. 

Ribalta escribe: "Si non estibéramos asoballadospor caziques, xa esto 
estaría feito. Si os nosos diputados a cortes foran coma os diputados cáta- 
las, sérbidores do seu país e non dos mandos, xa estaría remediada esta 



(1) Véase El Norte de Galicia (Lugo) de 12 de Junio de 1917. 

(2) Pertenece, hace tiempo, a la prensa de Madrid, fué director de El País Gallego, de Santiago, y de 
la Revista Gallega, de la Coruña. Premiado por poesías en varios juegos florales. Cultiva la prosa gallega. 
En 1894 publicó en la Coruña el cuento Elerruxe. 

278 



Vm - LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 



tremenda falta de cultura. Si as nosas Diputaziós, antros da púlítica local 
qe nin xiqera se comunican unha coa outra, estiberan xuntas coma e debi- 
do, pra loitaren polo interés de Galizia, a cátedra de Lengua e literatura 
gallega seria un feitu, tal e como en Barzelona funziona unha cátedra de 
Lengua e literatura catalana, desempeñada polo señor Rubio y Lluch, filio 
do famoso Rubio y Ors, e paga pola Mancomunidá de Cataluña. 

"Non podemos contar co os nosos púlíticos. Non podemos contar coas 
nosas Diputaziós, catibas. Pro a necesidá d'istaurare en Galizia estudios 
de gallego e cada dia mas patente. Fagamos un 
chamamento aa boa boluntá dos omes. Ai sozie- 
dás que fundan escolas. Ai particulares que as 
fundan tamenqe. Pidámoslles a todos eles qe is- 
tauren en Galizia estudios de Gallego. Pidamos a 
Dios qe ilumine os seus entendementos, qe amo- 
lente o seus corazós e qe lies faga abriren os seus 
petos pra unha obra tan boa, tan perzisa, tan 
santa" (1). 

Otras pruebas decisivas de la solidez de los 
estudios galaicos en el momento actual son: el li- 
bro del franciscano P. Atanasio López: Estudios 
crítico-históricos de Galicia. — Prímera señe. — 
Estudios historíeos. — Literatura gallega. — Bi- 
bliotecas y códices litúrgicos de Galicia (Santia- 
go-1916); y las obras de D. Eugenio Carré Aldao, 

La Literatura gallega en el siglo XIX (1903) e Influencia de la literatura 
gallega en la castellana (lVIadrid-1915), que son, indudablemente, lo mejor 
que poseemos de crítica literaria en este punto. 




Rosalía de Castro. 

(1837 - 1885) 



68. Poetas contemporáneos: A) Los poetas del Álbum 
de la Caridad. B) Rosalía Castro y Curros Enriquez. 
C) Últimos poetas. Situación actual de la poesía gallega. — 
A) Para el desenvolvimiento de la poesía gallega fué importante la insti- 
tución de los Juegos Florales. Solemnísimamente celebráronse los prime- 
ros en el teatro de San Jorge, de la Coruña (2-Julio-1861) promovidos y 
costeados por D. José Pascual López Cortón. La pomposa fiesta está des- 
crita con inserción de las composiciones premiadas en la primera parte del 
Álbum de la Caridad: Juegos Florales de la Coruña en 1861, seguido 



(1) Estudios Gallegos (Madrid), Diciembre de 1916. 



279 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

de un mosaico poético de nuestros uates gallegos contemporáneos (La Co- 
ruña-lS62). En esta colección figuran, además de los ya citados Pondal y 
Pérez Ballesteros, Juan Manuel Pintos (nació en 1811, murió en Ponteve- 
dra. Junio-lS76). abDgado, periodista y desigual poeta de género predo- 
minantemente quejumbroso, autor del libro A gaita gallega (Ponteve- 
dra-1853), y Francisco Anón g Paz, conterráneo, contemporáneo y compa- 
ñero de carrera y profesión de Pintos (nació en San Pedro de Ontas-1819); 
sus ideas avanzadas lleváronle a la prensa madrileña de furibunda oposi- 
ción revolucionaria, lo que le costó larga y penosa emigración, y al triunfar 
los suyos en 1868 diéronle por recompensa un destino modestísimo que le 
quitaron a los pocos meses. Anón murió en Madrid, en el Hospital (20- 
Abril-lS78). De Pintos es este soneto A Galicia: 

Ou Galicia, Galicia, boi de palla, 
¡canta lástima ten de ti o gaitero! 
O aguillon que che meten e de aceiro 
e con el moita forza te asoballa. 

No lombo ten, zorrega, bate e malla 
fasta o mais monicreque ferrancheiro, 
e calesquer podenco forasteiro 
te vafa, te devergonza sin migalla. 

Agarima alleira eses ingratos 
ou vivoras que postas o teu peito 
con ferrete che rompen mil buratos! 

Si o sangre teu refugas do teu leito, 
malas novas, madrasta de insensatos, 
dos fillos teus o amor non tés direito. 



De Anón, tan desigual o más todavía que Pintos, y al que daba por 
lo humorístico, esta inocentada con pretensiones, Ante a torre d'Hercules: 

— Esta torre fay mil anos 
que a fijeron os fenicios. 

— Tamen hay alguns indicios 
de que é obra de romanos. 

— Sodes n'a historia profanos 
e en sentenciar moy ligeiros, 
pois nin foron os primeiros 

nin os segundos, ¡aposto! 

— Tiranos de duda. Agosto: 
di ¿quens foron? 

— ¡Os canteiros! 

280 



VIII - LENGUAS V LITERATURAS REGIONALES 



Cosas mejores hizo. Doña Emilia Pardo Bazán elogia sus aciertos en 
De mi tierra (1). 

B) Después del grupo que podemos llamar del Álbum de la Caridad, 
surge la grande, la incomparable figura de Rosalía Castro, cuya gloria, 
aunque de Galicia por el nacimiento, la residencia, el amor regional y el 
uso del idioma galaico en muchas de sus poesias, es más bien de toda 
España, no ya por haber empleado el castellano en otros de sus versos, 
sino por su misma grandeza. En este libro será presentada entre las figuras 
insignes o principales de la literatura española 
contemporánea. 

Para muchos Manuel' Curros Enriquez está 
en el mismo plano que Rosalia. Será, tal vez, 
ignorancia de la lengua galaica, o costumbre de 
oiría como instrumento de los sentimientos de- 
licados y suaves, o quizás, antipatía engendrada 
por el espíritu antireligioso de Curros, o sim- 
ple capricho del gusto; lo cierto es que, recono- 
ciendo el ingenio de este poeta, su potente estilo, 
las muchas bellezas que se hallan en sus com- 
• posiciones, y que después de Rosalia no hay en 
la literatura gallega quien le aventaje, nos pa- 
rece Curros, lo mismo en castellano que en ga- 
llego, inferiorísimo a la poetisa de los Canta- 
res, Follas novas y En las orillas del Sar. 

Nació Curros en 1851. A los diez años hubo de huir de la casa pater- 
na, y poco después de la patria por unos versos contra el general O'Don- 
nel, subiendo en Londres y otras ciudades del norte aquella triste escalera 
del extraño, de que habló Dante con tan honda tristeza. Liberal exaltado, 
y, sobre todo, furibundo anticlerical, escribió en periódicos de esta cuerda 
y pocas de sus poesías no contienen entre las declamaciones contra los 
tiranos y ditirambos a la libertad, ataques a la Iglesia o sarcasmos de las 
creencias católicas más o menos directos o violentos. Durante la segunda 
guerra civil fué redactor de El Imparcial y corresponsal de este diario en 
el teatro de la guerra; consiguió tal destino escribiendo su oda quíntanesca 
La Guerra civil, que mandó bajo sobre al Sr. Director de los Lunes de El 
Imparcial, la cual gustó tanto que no sólo fué publicada con elogio, sino 
que a los pocos días insertaba el periódico en su sección de anuncios éste: 




Curros Enriquez. 

(1851 - 1908) 



(1) En el tomo XIX de la Biblioteca Gulleya (18«9) están |)iiblicadas las Poesías gallegas y caste- 
llanas, de Anón. 



281 



SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA- TOMO IV 

Se desea saber el domicilio de D. Manuel Curros Enriquez. Acudió el poeta 
y le dijo D. Eduardo Gasset y Artime (1): "quien escribe odas como la que 
"usted nos ha mandado, tiene conquistada ya su reputación de poeta, y 
'en esta redacción tiene un puesto desde hoy". Estando de corresponsal 
en el Norte, escribió y vio la luz en El Imparcial La Canción de Vilinch, 
que es, a nuestro gusto, su mejor poesía castellana. Vilinch era el seudó- 
nimo del poeta vascongado Indalecio Vizcarrondo, al que sucedió lo que 
cuenta Curros: 



En la sombría falda del alto cerro, 
Monstruo que una corona ciñe de hierro, 
Al pie de Mendizorrot, en cuyo lomo 
Se abre un volcán que arroja candente plomo, 
Hay una pobre choza, sencilla y blanca. 
Nido de golondrina rústico y breve. 
Cuya puerta, al herido soldado, franca. 
Jaméis para cerrarse sus goznes mueve. 

Campestres florecillas son el adorno 
De la casita blanca de aquel contorno; 
Nadie de sus linderos cerca transita 
Que no bendiga el nombre del que la habita. 

Y es que, desde que al viento se izó en España 
El estandarte negro de la discordia. 

De la florida choza de la montaña 
Sale la voz que dice: ¡Misericordia! 

"¡Otra vez a la puerta de mi vivienda 
"Ruge la maldecida civil contienda! 
"Venid y orad conmigo, mis pobres niños; 
"¡Dios acepta y comprende vuestros cariños! 
"Ved, comienza de nuevo la horrible lucha; 
"Suena otra vez el grito de la discordia. . . 
"¡Orad por los que quedan! ¡Dios, que os escucha, 
"Tendrá de los que mueren misericordia!" 

Dijo Vilinch; y ronco, del negro fuerte 
Cantando por los aires himnos de muerte, 
Un proyectil avanza que hunde la choza 

Y al misero poeta hiere y destroza. 
Aquella bala el triunfo por fin decide; 
El sol de la victoria refulge santo, 

Y el vencedor, tranquilo, los lauros pide 
Que el vencido, insepulto, regó con llanto. 

(1) Nació en Pontevedra (13-Jiinio-1842). Se dio a conocer como poeta en el Semanario Pintoresco 
Español, de que fué director en 1857. Fundó El Eco del País (1862) y El Imparcial 0867). Ministro de Ultra- 
mar en el reinado de Amadeo. Murió (20-Mayo-1881). 

282 



VIII - LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

¡Guerra civil funesta! ¡Deidad impía, 
A cuyo espectro aun tiembla la patria mía! 
¡Castigo de los hombres y las ideas, 
Pues no respetas nada, maldita seas! 
Tú de ViLiNCH las quejas has desoído 
En que de ti imploraba paz y concordia; 
¡Ya que del pobre vate no la has tenido, 
Nadie te tenga nunca misericordia! 

De 1887 a 1893 estuvo Curros en Madrid, y de 1895 a 1905 en la 
Habana dirigiendo La Tierra Gallega. En esta revista publicó su celebrada 
poesía La Mujer Cubana, de que es la siguiente estrofa: 

¡Oh, yo la vi! En las noches tropicales 
Vi aparecer su imagen peregrina, 
Virgen de fuego, envuelta entre cendales 
De nivea gasa y rósea muselina. 

Murió Curros en 1908. 

Además de las citadas, son dignas de mención entre sus poesías cas- 
tellanas: El Maestre de Santiago, larga leyenda que, aunque publicada 
en 1892, fué escrita por su autor a los diez y ocho años, y que es una 
imitación de las de Zorrilla. Es interesante lo que a propósito de esto 
escribió el mismo Curros: 

"Escribir — dice — una leyenda y no dejarse influir por Zorrilla, es 
"imposible: él y sólo él tiene las llaves de los "tiempos viejos", el secreto 
"de la evocación, la vara de los conjuros. Desde Larrañaga hasta Niiñez 
"de Arce y Manuel del Palacio, todos coinciden con el mágico autor de 
"Margarita la Tornera, mal que pese a la tendencia monométrica con que 
"el autor de El Vértigo y de Hernán el Lobo trata de disfrazar su marcado 
"proselitismo. Todos los caminos de la leyenda están tomados por el coloso; 
"todas las maneras de cantar el pasado, ensayadas poderosamente por ese 
"Proteo de la rima, que ha elastizado como nadie, dislocándola a veces, 
"pero haciéndola saltar siempre luminosa y triunfante, como una fiera do- 
"mada, la rica lengua española. 

"Yo sigo sus huellas en El Maestre de Santiago, y las sigo a sabiendas, 
"porque creía al escribirla, y sigo creyendo ahora, que el género que tanta 
"gloria ha dado al insigne Zorrilla, y que él hizo tan nacional, lejos de estar 
"llamado a desaparecer como piensan algunos espíritus poco atentos, ha de 
"tener un segundo florecimiento, que acaso se inicia ya, y que, por raro 
"privilegio, parece destinado a presidir en su venerable ancianidad el 
"fecundo maestro de tres generaciones de poetas". 

283 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

El Padre Fcijóo es una loa dramática, escrita por Curros en pocas horas 
para ser representada en Orense por la compañía infantil de Luis Blanc (1). 
en función que se hizo (3-Junio-1879) con objeto de allegar fondos con que 
erigir la estatua del famoso benedictino del siglo xviii. El anticlericalismo 
del poeta campea en esta pieza a todo su gusto: el argumento son los 
amores de un religioso profeso ordenado de mayores, apadrinados por el 
P. Feijóo, y que acaban en boda, previa dispensa pontificia de los votos y 
de la ley del celibato. Hubo una batalla en la representación y con motivo 
de ella Curros escribió que asistieron a ver, o mejor dicho, a protestar 
contra la obra, más de una docena de clérigos "cuya presencia en aquel 
"sitio se justifica mucho menos que el desenlace de mi obrita, no sólo 
"desde el punto de vista de los cánones, de las leyes de Partida y de la 
"disciplina que prohiben — ¡mal prohibido! — a los curas asistir a estos 
"espectáculos, sino también desde el de la estética, del ornato y la salu- 
"bridad pública" (2). 

Las poesías gallegas contiénense en el libro Aires d'a miña térra, 
publicado en 1880 y aumentado en la tercera edición (1886). Son de vario 
carácter: unas de terrible anticlericalismo, como A igrexa fría, Mirand'o 
chaii, Pelegrinas a Roma, Diante unha iniage de Iñigo de Loyola, N'o 
convento, y fuera de la colección, el poema O divino saínete (1888), viaje 
satírico a Roma, en que el autor se supone acompañado por el poeta Anón. 
A virxe d'o cristal, en cambio, es una leyenda zorrülesca, más original que 
El Maestre de Santiago, y de asunto piadoso, piadosamente tratado. He 
aquí, como muestra de estilo, algunas estrofas de la Introducción: 

Almas ardentes pra chorar nacidas 
unha cencia que Dios non quixo darvos; 
volveretas xentís, esparexidas 
arredor d-unha lus que ha de queimarvos; 
almas cheas de duda, de fe espidas; 
de unha eterna inorancia eternos parvos; 



(1) Este Luis Hlanc, de que apenas si tiene vafja memoria la generación actual, es un escritor revo- 
lucionario, republicano federal, que antes del 68 fué condenado a presidio por la publicación de periódicos 
clandestinos como ti Relámpago, El Puñal y la fíoguera, etc. En el periodo revolucionario dirigió La Re- 
pública Federal y La España Federal, fue diputado a Cortes y jefe de los batallones de la milicia nacional 
de Madrid más avanzado-s. Los que ya somos viejos, le vimos muchas veces a caballo desfilando por las 
calles a la cabeza de sus batallones que se distinguían por la desarrapada vestimenta de los milicianos. 
Escribía también piezas para el teatro, siempre del más subido color revolucionario. En la Restauración 
organizó una compañía dramática de nífios y niñas, con la que recorrió muchas veces toda España repre- 
sentando obras del mismo color. Murió en La Almunía {Octubre-1887). 

(2) Las poesías castellanas de Curros Enríquez están coleccionadas en el tomo II de sus Obras com- 
pletas (Madrid, Hernando, 1909), con una carta de Salvador Rueda. El Maestre de Santiago lleva un prólogo 
de D. J. R. Carraddo. 

284 



VI/I' LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

vermes envoltos n-o montón aceso 

de osos de morios, que chamas progreso. 

Parade un pouquichiño o fatigoso 
paso, en que vades a rodar sin tino, 
e non ó vento dédes engañoso, 
a balbucente vos de un pelegrino, 
sombra de un sol que nace esprendoroso; 
pola esgallada de xigante pino, 
recordó vivo de unha ¡dá pasada 
entre o polvo dos tempos enterrada. 

A vos amiga que hasta vos se astreve 
é.de xente de paz. Eu son vos ave 
de pío morosiño e áas de nevé, 
que só aniñar n-os campanarios sabe. 
Dende eles colle luz, dende eles debe 
o incensó en ondas que rubiu d'a nave, 
e cando cay esborrallada a torre 
mirra as aliñas, e piando morre. 

Cando tiñades esta voz ouido, 
cal eco de fantasteca viola, 
xa esta sombra terá desparecido, 
cinza solo quizáis será esta pola; 
entonces, que tral-último queixido, 
sólo será un cadavre esta ave tola, 
¡almas, volvede ó voso afán, voade, 
buscand'o fin d'a cega humanidade! 



Pocas veces vibra en los Aires d'a miña térra la cuerda verdadera- 
mente lírica que es el encanto de Rosalía Castro, y, menos aún, se hace Cu- 
rros, como aquélla en los Cantares gallegos, voz personal de todo el pue- 
blo, intérprete de sus tradiciones, de sus gustos, de sus alegrías y dolores 
colectivos. Tiene, ciertamente, animadisim.os cuadres y versos muy hermo- 
sos, cuando no le extravía la declamación tribunicia característica de los 
poetas políticos. Hasta en el habla apártase del genuino idioma gallego, 
tal y como lo usan los campesinos en la actualidad y aparece en las me- 
jores poesías regionales. La lengua de Curros parécese mucho a la portu- 
guesa, y por eso ha podido decir el Marqués de Figueroa que los vates 
portugueses y gallegos "semejan pulsar la misma lira, o al menos arrancan 
"acentos y sones apenas desemejantes, cuando esos poetas se llaman Gue- 
"rra Junqueiro y Curros Enríquez" (1). 



(1) Del solar galaico, pág. 201. El P. Blanco (La Literatura Española en el siglo XIX, tomo III, pá- 
gina 254) dice: "Si hubiese de condensar mi juicio, diría que en Curros Enriquez se unen dos personalidades: 
"una, la del espirifu culto y delicado; otra, la del clerófobo impenitente que extravia el vuelo de la primera" 

285 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

C) Después de Rosalía Castro y Curros Enríquez, la poesía gallega 
ofrece todavía figuras estimables. 

Valentín Lamas Carvajal (1849-1906), de Orense, conocía muy bien el 
lenguaje y el alma de los aldeanos; para ellos redactó su periódico O Tio 
Marcos d'a Pórtela que parece escrito por ellos mismos, y su modo de ser 
refléjase con reminiscencias de Zorrilla y Bécquer en Espinas, follas e fro- 
res (dos ediciones en Orense. La tercera en Madrid- 1878); en Desde la reja: 
cantos de un loco, colección bilingüe (Orense- 1878); y con amargo y des- 
consolador pesimismo en Saudades gallegas (Orense-1880). Fué ciego des- 
de su juventud. Fundó El Eco de Orense. Doña Emilia Pardo Bazán le de- 
dica un bello artículo — Poesía labriega — en sus Polémicas y Estudios 
Literarios. 

Benito Losada (1824-1891) era picarescamente socarrón, reflejando así 
uno de los aspectos del alma gallega; descarnado en la expresión de pa- 
siones y escenas que el pudor debe ocultar, y epicúreo en la descripción de 
paisajes {Soazes d'un vello, tomo IV de la Biblioteca Gallego). 

Dos poetas han vertido al gallego versos clásicos. Uno, D. Florencio 
Vaamonde, autor de un breve Resume da Historia de Galicia y del poema 
Os galaicos, que ha traducido las Odas de Anacreonte. Y otro el profesor 
del Instituto de Orense D. José García Mosquera (1810-1868), que tradujo 
el Beatus Ule, de Horacio, o sea la vida del campo; "versión muy aprecia- 
ble", según Menéndez Pelayo, la cual comienza: 

¡Feliz quen vive, cal os d'outro tempo, 
Lonxe de barafundas, 
E labra os éidos que seu pai labraba, 
Con xugada de seu, libre d'usuras! 



Saco y Arce, el autor de la Gramática gallega, ha cultivado también 
la poesía, ya con originales composiciones como Arrepentimiento, ya con 
traducciones a la lengua regional de salmos e himnos eclesiásticos. 

Aureliano Pereira (m. 1906) refleja con realismo más gracioso que re- 
catado las costumbres aldeanas, tantas veces descritas por los poetas de la 
región {Cousas d'aldea, Biblioteca Gallega, 1891). Alberto García Ferreiro 
(murió en Santiago-9-Febrero-1902) era un anticlerical furibundo, siempre, 
como dice el P. Blanco, en descomunal batalla con la fiera ultramontana, 
a la que lanzaba tan agudos lanzazos como decir que en las primeras horas 
de la mañana se ven por Madrid 

Madrugadoras beatas, 
Cregos e burras de leite. . . 

286 



VIH - LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

Publicó Voluoretas (1) (Orense- 1887), Chorimas (2) (La Coruña-1890), 
Leenda de groria (Orense- 1891), Follas de papel (Madrid- 1892). Dirigió 
La Defensa de Galicia, fué corresponsal de El Liberal, y en 1898 colabora- 
ba en la Revista Cristiana, lo que hace sospechar de su anticlericalismo 
que fuese protestante más bien que librepensador. De varios literatos mo- 
dernos de Galicia cabe la misma sospecha. Don Juan Barcia Caballero es 
autor de Rimas (Biblioteca Gallega-\891), en que se refleja la inspiración 
de las de Bécquer, y se ostenta gran riqueza de léxico galaico. 

De los más modernos citaremos a Manuel Leiras Pulpeiro, que ha vi- 
vido hasta 1913; Arturo Vázquez (1852-1907); Alfredo Brañas, fácil y su- 
gestivo poeta que considera la situación de los campesinos gallegos igual 
que la de los irlandeses y los estimula a redimirse como aquéllos lo van 
haciendo (3), y el Marqués de Figueroa, que hasta hoy no se ha dado a co- 
nocer como poeta gallego con su colección de versos incluida en el libro 
Del solar galaico. 

Muchos más podrían ser citados, y siempre quedarían algunos omiti- 
dos. Es muy numerosa la pléyade de poéticos cultivadores del idioma ga- 
laico. Sin embargo, según observa D. Eugenio López- Aydillo, en su colec- 
ción Las mejores poesías gallegas (Madrid- 1914), el momento actual es de 
decadencia. Lo es, sin duda, y, a nuestro entender, no sólo porque los 
poetas de ahora valgan menos que Rosalía Castro, Curros Enríquez y algu- 
nos otros de los que florecieron en los últimos años del siglo xix, sino 
principalmente por agotamiento de temas. Hay ya en la poesía gallega de- 
masiadas romerías, demasiada emigración, demasiada malicia y socarro- 
nería de campesinos, demasiada tristeza céltica y demasiadas declamacio- 
nes de carácter social y político. La generación anterior agotó estos argu- 
mentos. Y todos ellos están tratados y condensados por superior manera, 
imposible no ya de superar, sino de igualar, en Rosalía y en Curros. Quien 
haya leído a los dos, no espere hallar ninguna emoción distinta en los 
otros vates. Mientras no surja alguno de poderosa originalidad que abra 
nuevas vías a la inspiración, los poetas gallegos se han de contentar con 
moverse en el círculo trazado por los que les precedieron; su situación es 
igual a la de los últimos trovadores que llenaron los cancioneros del si- 
glo XV: están condenados a repetirse siempre con más o menos ingenio. 

En cambio, el regionalismo galaico en los estudios lingüísticos, histó- 
ricos, crítico-literarios y sociales es hoy mucho más serio, fundamental y 
rico en promesas y realidades que lo ha sido nunca. 



(1) Mariposas. 

(2) Flores de tojo. 

(3) Su poesía Como en Irlanda! 



287 



LA LITERATURA ESPAÑOLA CONTEM^ 
PORÁNEA ^ IX. - LENGUAS Y LITERATU- 
RAS REGIONALES - CATALUÑA, VALENCIA, 



MALLORCA 



(1) 




La lengua catalana: A) Su extensión. 
B) Analogías y diferencias con ¡a castella- 
na. C) Cómo agrandan estas diferencias 
los catalanistas, según los escritores con- 
trarios al catalanismo: Una muño. Sal ave- 
rna, Marsillach. — A) La lengua catalana es ha- 
blada en toda Cataluña, excepto el valle de Arán, en algunos pueblos 
aragoneses fronterizos con los catalanes y en el Rosellón, tan del Prin- 




(1) 69. La lengua catalana: A) Su extensión. B) Analogías y diferencias con 
la castellana. C) Cómo agrandan estas diferencias los catalanistas, según los escri- 
tores contrarios al catalanismo: Unamuno, Salauerria, Marsillach. — 70. Origen de la 
"Renaixensa": A) Movimiento literario en Cataluña durante la época romántica. Va- 
riedad de tendencias. Ribot y Mor de Fuentes. B) Regionalismo y romanticismo. Milu 
y Fontanals. Rabió y Ors: Su importancia como iniciador del catalanismo literario. — 
71. Síntesis de la literatura catalana. Opiniones de Plana y Montolíu. División en 
periodos y grupos. — 72. Grupo catalán castellanista: A) Milu y Fontanals. B) Pife- 
rrer: Su importancia como poeta y prosista castellano. C) Consideración especial 
de la obra "Recuerdos y bellezas de España". D) Otros escritores del grupo (Coll y 
Vehi, Bofarult, Labernia, etc.). E) Persistencia del castellanismo en Cataluña. - 
73. Grupo trarlicionalista católico. A) "La tradició catalana", de Torres Bages. B) Vich 
y los poetas de la Garba. Verdaguer. — 74. La obra y la persona de Verdaguer: 
A) L'Atlántida. B) Verdaguer como poeta religioso. C) La persona de Verdaguer y 
las tribulaciones que padeció en el último período de su vida. 



288 



¡X- LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

cipado hasta la conquista francesa, en el siglo xvii, como el Ampurdán 
o el Panadés; aunque declinando siempre bajo la sugestiva y avasalladora 
influencia de Francia, el antiguo ser catalán se ha mantenido por los rose- 
lloneses con la pertinacia de los muy arraigados gérmenes históricos, y 
todavía en los Juegos Florales de Barcelona, celebrados el 3 de Mayo 
de 1914, el Obispo de Perpiñán, monseñor Carselade, actuando de presi- 
dente del Consistorio, proclamaba en su discurso, escrito en catalán a pesar 
de no ser éste su idioma nativo, la hermandad de ambos pueblos y decía: 
Los Pirineos no pueden romperla nacionalidad catalana. Curioso recuerdo 
de la dominación aragonesa en Cerdeña es que en la ciudad de Alguer sea 
el catalán todavía habla popular. 

Los catalanistas consideran el valenciano y el mallorquín como meros 
dialectos de su lengua. La diferenciación, sobre todo respecto del valen- 
ciano, es, sin embargo, muy marcada, y los castellanos — como llaman los 
catalanes a todos los españoles que hablamos la lengua de Cervantes — la 
percibimos muy bien, y además notamos la gradación progresiva del apar- 
tamiento de nuestro modo de hablar viajando de sur a norte en la región 
levantina: entendemos perfectamente a los alicantinos, pareciéndonos su 
lenguaje un dialecto del nuestro; ya encontramos mayor dificultad para 
comprender a los de la provincia de Valencia, y mayor a los castelloneses; 
en Tortosa creemos que nos siguen hablando en valenciano, y en Gerona 
nuestro oído acusa la percepción de un idioma extranjero. Los escritores 
valencianos hablan de su hermosa lengua valenciana, y no quieren que se 
confunda con la catalana. Admitiendo, sin embargo, que sea toda una 
misma lengua, pueden calcularse en cuatro millones de personas las que 
la hablan; pero es en España un número insignificante el de los que no 
conocen y usan también el castellano. En Austria-Hungría y en Bélgica la 
cuestión política o nacional de las lenguas dimana de que son muchos los 
que no hablan más que una. En Bélgica, por ejemplo, más de la mitad de la 
población es flamenca, y sólo una pequeña minoría de los flamencos sabe 
francés, de donde resulta la necesidad de haber llevado la descentraliza- 
ción lingüistica hasta el punto de que no sólo los jueces, notarios y funcio- 
narios públicos usen en Flandes el idioma del país, sino que los jefes y 
oficiales de soldados flamencos les den en su lengua las órdenes de mando. 
En nuestra patria no sucede así. Los catalanistas no alegan que los 
catalanes ignoren el castellano, sino que lo hablan mal — el dialecto cas- 
tellano que se habla en Cataluña, aun por los más cultos es, según ellos, 
detestable — , y usando un idioma que no es el nativo, el aprendido en el 
materno regazo y en el que piensan y sienten, no pueden expresar bien 
su pensar y sentir, y aunque tengan ingenio, han de resultar malos poetas 



289 



Salcedo. — La Literatura Española. - Tomo JV. 



19 



SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

y escritores. Necesitan, pues, del catalán, que es el verbo propio de su raza 
o nacionalidad. 

Es el argumento, ya expuesto, del Sr. Santos Oliver, y que el insigne 
y simpático Juan Maragall formula asi: "A Catalunya — dice — , durentse- 
"gles, per causas históriques encare no prou enfondides, mentres el cátala 
"ha sigut el llenguatge viu i corrent, el castellá ha sigut el llenguatge de les 
"idees generáis i'l literari. Aquesta divisió es contra naturalesa, perqué les 
"idees generáis, la poesia, no son pas cosa diferent de íes idees practiques 
"i concretes, sino que'n son, com aquell qui diu, la vaporisació i'l resplen- 
"dor: l'ésser-ho també en el llenguatge es lo que'n constitueix la vida 
"normal i feconda, la unitat; el no ésser-ho es descomposició, es mort. Un 
"poblé amb aquella doble expressió es un poblé esguerrat, es un monstre; 
"i'ls monstres solen teñir la vida curta i miserable, i en tot cas no fructiíi- 
"quen, son estérils: així ha estat, durant segles, el poblé cátala en quant a 
"literatura. 

"Ais catalans amb aptitut i vocació ideal i literaria, els ha succeit que, 
"dintre d'ells i en el seu contacte amb la realiíat, setrobaven amb un llen- 
"guatge intim i afectiu propi, i que al sentir-se impulsats per la seva vocació 
"a sublimar-lo, a fer-lo vibrar i resplendir i llengar calor, la inercia, la forga 
"adquirida per les generacions el duia a cercar la sublimado en una llengua 
"arrelada en altres intimitats d'expressió que ells no havien sentit. La evo- 
" lució de la idea-paraula que per naturalesa ha d'ésser dins d'una meteixa 
"atmósfera, ells la havien de realisar passant-la d'una atmósfera a un altra; 
"i en aquest pas la vibració del sentiment s'extingia, la idea's refredava i'l 
"verb naixia apagat, mort" (1). 

B) Los modernos gramáticos catalanistas esfuérzanse en poner de 
relieve las diferencias entre el catalán y el castellano. Tienen ambas len- 
guas grandes analogías, como todas las lenguas neo-latinas; pero no ma- 
yores que las existentes entre otras, y menores que las que separan al 
castellano del portugués y al catalán del antiguo provenzal. Para conoci- 
miento de nuestros lectores transcribimos la sintética exposición de estas 
diferencias por D. Pompeyo Fabra, del Instituí d'Estudis Catalans y autor 
de una Gramática Catalana en castellano, en el número que el semanario 
España dedicó al catalanismo (22-Junio-1916). 

La evolución, dice, que han sufrido los sonidos latinos en el catalán 
difiere en muchos puntos de la que han experimentado en castellano. 
Limitémonos a notar, por lo que respecta a las vocales, que mientras el 



(1) El Catalanismo en el llenguatge: Obres completes de Joan Maragall. Serie catalana, II: Elogis, 
discursos, necroloyies. MCMXII, Cili, Barcelona, pág. 73. 

290 



IX- LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

castellano conserva (como el portugués) las vocales de las sílabas finales 
en forma de a, e u o (salvo la e detrás de determinadas consonantes), el 
catalán (como el provenzal y el francés) las suprime todas, excepto la a 
(asi, a oro corresponde or; a siete, set); y que mientras aquél convierte 
regularmente la e y la o breves latinas en los diptongos ie y ue (ejemplo: 
piedra, rueda), ésta las conserva siempre sin diptongar (ejemplo: pedra, 
roda), lo que no hacen ni el francés, ni el italiano, ni aun el mismo pro- 
venzal. De todos los idiomas neo-latinos el catalán es el que se separa más 
del castellano en el tratamiento de dichas vocales, hasta el punto de que en 
los pocos casos en que el castellano las conserva intactas (ejemplo: pecho, 
ojo), el catalán las cambia respectivamente en z y w (ejemplo: pif, ulí). 

Del tratamiento distinto que han experimentado en ambos idiomas 
diferentes consonantes y grupos de consonantes latinos, da una idea la 
comparación de voces como luce y lluu, lino y ///, llueve y plou, huevo y 
ou, hoz y falc, ocho y vuit, hice y fiu, nace y neix, fresno y freixe, macho 
y másele, mucho y molt, yerno y gendre, enjambrar y eixamenar, recibe y 
rep, veo y veig, ojo y ull, mango y manee, yedra y eura, echar y gitar, 
liendre y llémena. . . 

Al mismo tiempo que se producen en las voces latinas las divergen- 
cias fonéticas que ponen de manifiesto estos ejemplos, modificándose a 
menudo de diversa manera sus significados, los sustantivos adoptan no 
pocas veces géneros diferentes, la flexión se desenvuelve de distinta ma- 
nera. El verbo catalán prendre, de igual origen que el castellano prender, 
significa tomar; treure, fillol, civada, correspondientes a traer, hijuelo, 
cebada, significan sacar, ahijado, avena. Diente es masculino, su corres- 
pondiente, dent, es femenino, frente es femenino, su correspondiente, front, 
es masculino. La primera persona del plural pierde en catalán (como en 
provenzal) su s final, que conserva el castellano (al igual que el portugués 
y el francés): perdemos es perdem; perdíamos, perdiem. 

Si el catalán y el castellano dan a veces significados distintos a pala- 
bras del mismo origen, con mucha mayor frecuencia expresan una misma 
idea con vocablos de origen distinto; por ejemplo, querer se traduce por 
voler; vacío, por buit; queso por formatge; jabalí por senglar; trigo por 
blat; a los pronombres castellanos nadie y nada corresponden los pronom- 
bres catalanes ningú y res; a las preposiciones con, hacia y hasta, las voces 
amb, cap y fins. 

El número extraordinario de vocablos catalanes no parecidos a sus 
sinónimos castellanos, demuestra cuan errónea es la afirmación de aquellos 
que dicen que el catalán se entiende perfectamente sin necesidad de estu- 
diarlo. Para cualquier castellano que no conozca más que su propia lengua, 

291 



SALCEDO 'LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

han de ser evidentemente ininteligibles voces como gaita, avene, clot, 
paranij, aixecar, eixerit, esvoranc, badall, rost, manya, de las cuales el 
catalán posee a centenares. 

La flexión verbal catalana difiere profundamente de la castellana y 
portuguesa. A las desinencias -mos e -Ls, comunes a estos idiomas, opone 
las desinencias -m (con pérdida irregular de la s final latina) y -u; a las 
desinencias -o, -aste, -ásteis, etc., del perfecto, las desinencias -á, -ares, 
-árcu, etc. Carece del futuro de subjuntivo y presenta un pretérito perifrás- 
tico formado con voces procedentes de uadere y el infinitivo (va perdre: 
perdió). En el presente de infinitivo distingue las cuatro conjugaciones 
latinas (como el francés, el provenzal y el italiano), a diferencia del caste- 
llano y el portugués, que dan la misma terminación, er, a los verbos de la 
segunda y tercera latinas. Como aquellos idiomas y separándose de éstos, 
posee el catalán la llamada conjugación incoativa, que adopta para la 
mayoría de sus verbos en ir: el indicativo de dormir es dorm; pero el de 
florír, exigir, aplaudir, es floreix, exigeix, aplaudeix. El castellano presenta 
pocos perfectos derivados de los latinos en -ni, y en ellos la u, atraída por 
la vocal de la radical, acaba por fundirse con ella (ejemplo: hubo; en portu- 
gués, houve); en catalán, por el contrario, dichos perfectos son numerosí- 
simos, y en ellos la u se ha consonantificado en gu (como en provenzal); 
asi, hagué, hubo; degué, debió; mogué, movió; ualgué, valió; rigué, rió; 
corregué, corrió; etc., etc. 

La sintaxis catalana difiere también en muchos puntos de la castellana: 
a He visto a fu hermana opone He vist ta germana (sin preposición); a Los 
tengo nuevos opone En tinc de nous; a Vivo en París opone Vis a París; 
a Llegaron a aquella casa opone Arribaren en aquella casa; a La he visto 
(con participio invariable) opone L'he vista (en que el participio concuerda 
con el complemento directo); tiene una negación simple y una compuesta 
(no. . . pas); conserva los pronombres hi, en y hom, correspondientes a //, 
en y on, franceses (1). 

C) Los escritores anticatalanistas propenden a sostener que sí bien 
existen diferencias notables entre ambas lenguas, los catalanistas ponen 
exquisito cuidado, no sólo en hacerlas resaltar, sino en agrandarlas, y aun 
en crearlas de intento. 



(1) otros muchos trabajos tratan de esta materia. Aunque ya relativamente antiguo, es notable La 
¡lengua catalana, discurso presidencial en los Juegos Florales de 1894 por el docto helenista D. José Balari 
y Jovany, vulgarizado por la Biblioteca Popular (Biblioteca d'autors cafalans). Balari nació en Barcelona 
el 11 de Noviembre de 1844. Murió el 2 de Julio de 1904. Fué profesor de Griego y de Latin en el Colegio 
Peninsular, después abogado y relator substituto de la Audiencia, profesor de Taquigrafía en el Instituto y, 
por último, catedrático de Griego en la Universidad. Escribió: Etimologías catalanas (1895). Tradujo al 
catalán obras alemanas. Era un insigne taquígrafo. 

292 



IX 'LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

"Hay en Cataluña un sujeto — escribe Unamuno — o lo había no ha 
mucho, empeñado en la desatinada empresa de reformar la ortografía cata- 
lana en sentido etimológico, restableciendo íes griegas, tes, haches y otras 
letras bien muertas (mythología, v. gr.), y entre las razones que en abono 
de su proyecto daba, callábase la principal, y es que así se diferenciaría el 
catalán escrito del castellano escrito mucho más aún de lo que hoy se dife- 
rencian ambos entre sí, que es bastante. Del mismo género es el cuidado 
que algunos escritores catalanes ponen cuando se encuentran con dos 
sinónimos de escoger el que más se aparte del vocablo castellano corres- 
pondiente, aunque el otro se parezca al francés, como quien escoge indret, 
en francés endroit, lugar" (1). 

Don José Salaverría, vascongado como Unamuno y tan buen escritor 
castellano como el profesor de Salamanca, indígnase contra esta obra de 
diferenciación sistemática del idioma, hasta el extremo de calificar al Ins- 
tituí d' Estiláis Catalans de Un nido separatista. Asi titula el artículo, escrito 
en Barcelona (Junio-1916), publicado en e\ A B C, y de que transcribimos 
algunos párrafos para que nuestros lectores conozcan esta cuestión desde 
todos los puntos de vista: 

"La impresión externa — dice — que produce el Institut d'Estudis 
Catalans no puede ser más recomendable. Se observa allí verdadero orden, 
amor silencioso al trabajo y cierto lujo en las instalaciones. El visitante 
adivina, detrás del Institut, la existencia de un alma organizadora que no 
repara en gastos, que hace uso liberal del dinero. 

"Pero la impresión interna, lo que se refiere a la honda significación 
del Institut, ya no es tan halagüeña. Vemos ahí una obra consecuente, sis- 
temática y sagaz que utiliza todos los sentimientos particularistas secula- 
res, todos los instintos de rebeldía local, todos los impulsos de secesión 
lingüística, literaria, ideológica; espiritual, en suma. Es ahí donde se está 
fraguando el arma de separación más evidente: el idioma. 

"Me han mostrado galantemente toda la casa, y he visto arriba, en el 
piso superior, el gabinete que pudiéramos llamar catalanista. El estudio y 
la purificación de la lengua catalana está llevado, efectivamente, por exac- 
tos procedimientos científicos. Hay una perfecta instalación de aparatos 
fonéticos, introducidos de Francia y Alemania. Varios jóvenes estudiosos 
fueron enviados al centro de Europa para adquirir la técnica y el practícis- 
mo, y ellos se encargan hoy de realizar las experiencias en el Laboratorio 
de Fonética Experimental. Consta el gabinete de varios aparatos curiosos, 
como son el Kimógrafo y el Paíégrafo, que sirven para apreciar y retener 



(1) La cuestión del Vascuence. (Citado en el capitulo Vil.) 

233 



SALCEDO 'LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO ¡V 

en discos adecuados las distintas modulaciones de la voz humana, los múl- 
tiples matices de las vocales y las diferencias dialectales de la fonética ca- 
talana en Cataluña, Valencia, Baleares, Cerdaña y Rosellón. 

"Por otra parte, en esas mismas oficinas se está labrando el Gran Dic- 
cionario de la Lengua Catalana, que comprenderá todas las formas dialec- 
tales, y ha de ser como una enciclopedia de Cataluña. Se ha empezado por 
el espurgo e impresión del diccionario, verdaderamente copioso, que dejó 
inédito el docto filólogo Mariano Aguiló. 

"Se ha transformado, pues, considerablemente la lengua catalana. Los 
jóvenes escritores catalanistas suelen hacer burla de aquellos ingenuos 
Juegos Florales de antaño, en que la lengua aceptaba tímidamente ciertas 
concomitancias castellanas. Se reconoce, es verdad, el buen servicio que 
prestaron aquellos Juegos Florales a la causa del renacimiento catalán; pero 
hoy se desdeña el sistema. Ahora, mediante la ayuda de un empaque cien- 
tifico y pedante, logrado en Alemania y en París, los escritores procuran 
decorar su lengua con un aparato abrumador. Cuando se les ve así afana- 
dos, parece que se tratara de un idioma profundo, y, sobre todo, transcen- 
dental y útilísimo a la ciencia, como es el vascuence. (Ese idioma que in- 
teresa de veras y fundamentalmente a España, a Iberia.) También parece 
que se tratara de un idioma matriz, como el germano, receptáculo de una 
cultura universal. 

"En esos gabinetes filológicos catalanes, como se comprende, no reali- 
zan sus adeptos una obra desinteresada y científica. Por dentro ronda la 
política. Se procura en primer término robustecer el principal agente de 
separación: el lenguaje. Mediante el lenguaje, Cataluña podrá pensar, o 
cuando menos matizar, su idea distintamente que el resto de España. Má- 
cese, al efecto, lo más difícil posible ese lenguaje catalán. Se le quitan to- 
das las intromisiones que el castellano había logrado allegar en dos siglos 
de influencia. 

"Pero los filólogos catalanes habían encontrado a su lenguaje en una 
posición medioeval. Era un lenguaje contemporáneo del poema del Cid, 
que no podía desenvolverse más que en una dirección puramente dialec- 
tal; y poco a poco, realmente, el catalán, que fué un idioma en su día, pa- 
saba a ser un dialecto castellano. La gente introducía modismos, palabras, 
inflexiones de Castilla. El catalán se subordinaba lentamente, y contra esa 
tendencia aproximadora se levantan los innovadores. 

"Primeramente se esfuerzan en reavivarlos elementos adormecidos del 
habla que latían aún en las aldeas. Después, para encarnecer la osamenta 
medioeval del idioma, arramblan con todos los términos hábiles que pue- 
den hallar en los idiomas cultos. Nada de castellanismo; entran a saco en 

294 



IX -LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

el francés y el italiano, y con esto se sienten felices. Asi fabrican un idioma, 
científica y mecánicamente. Han trastornado la gramática y la ortografía, 
complicándolas mucho, para que sean más difíciles. En vez de paraula, 
dicen mot, y son asi dichosos. Hasta tal punto, que algunos lectores de la 
Veu de Catalunya se quejan del nuevo lenguaje: no lo entienden casi". 

Con más vehemencia, sin duda por reflejar el apasionamiento de las 
disputas locales, viene a decir lo mismo el catalán anticatalanista D. Adol- 
fo Marsillach, en artículo titulado El idioma castellano. Laméntase Marsi- 
llach de los esfuerzos que se hacen por desterrar de Barcelona el idioma 
de Castilla, y llega a manifestar temores por su desaparición. "Más que de 
nosotros, dice, la culpa es de Castilla, que habiendo ejercido la hegemonía 
durante cuatro siglos, no ha tenido vigor para absorbernos, ni para impo- 
ner su idioma a una región tan relativamente pequeña como la nuestra". 
Añade: "En definitiva los catalanes pagaremos las consecuencias, puesto 
que siendo tan españoles como cualquier vecino de Ávila, de Madrid o de 
Burgos, nos colocaremos respecto de éstos en condiciones de inferioridad 
para luchar en todos los órdenes de la vida. Es un favor que habremos de 
agradecer a los promotores del movimiento catalanista. . . " Truena contra 
los intelectuales catalanistas, especialmente los jóvenes, que alardean, 
según dice, de no saber castellano y de no conocer siquiera de nombre a 
literatos como Pérez Galdós, siendo además el hecho falso; añade, que 
laboran constantemente contra el idioma castellano, y para evitar que 
sean leídas en traducciones castellanas las obras maestras extranjeras, 
vierten al catalán estas traducciones u otras francesas. Lo más pertinente 
al punto tratado en este párrafo, es lo que sigue: 

"Otra cosa hace esa juventud nacionalista, llevada de su celo apos- 
tólico por el idioma de Bernart Metge: se ha entregado a una arbitraria 
depuración de la lengua catalana. Como ésta dejó de ser científica y casi 
literaria hasta el siglo xix, carece de muchas palabras de invención 
moderna, y está cuajada de castellanismos, que han tomado carta de na- 
turaleza entre nosotros, como "llamar la atención", "gemelos de teatro", 
"butaca", "taquilla", "enrojecer", "deber" y una infinidad más. Pues bien, 
todos estos castellanismos, que usamos en nuestras conversaciones, y que 
hemos oído en labios de nuestros padres, son despiadadamente sacri- 
ficados por el pelotón intelectual, y sustituidos por palabras y modismos 
arcaicos, cuando se encuentran, y cuando no, por sus equivalentes en 
francés, de manera que huyendo de castellanismos que a todos nos son 
comunes, hemos venido a dar con una de galicismos que hace imposible el 
que nos entendamos. 

"Pero por todo se pasa menos por que nuestro idioma tenga concomi- 

295 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

tancias con el castellano, o que se pueda decir que a éste le debe tal o 
cuál palabra" (1). 

70. Origen de la «Qenaixensa»: A) Movimiento literario 
en Cataluña durante la época romántica. Variedad de ten- 
dencias. Ribot y Mor de Fuentes. B) Regionalismo y roman- 
ticismo. Milá y Fontanals. Rubio y Ors: Su importancia 
como iniciador del catalanismo literario. — Queda señalado en 
el tomo III (XIX-179-pág. 465) cómo al calor del romanticismo histórico o 
tradicionalista — el de Walter Scott y Manzoni y no el de Byron y Víctor 
Hugo — renació la poesía catalana con la oda de Aribau (24 -Agosto- 1833), 
un mes antes de comenzar la época contemporánea. En el mismo año, 
D. Juan Cortada (2) publicó La noya fugitiva, traducción en octavas rea- 
les catalanas — poco felices — de una novelita milanesa en el mismo 
metro de Tomás Grossi. Hasta 1839 no se encuentra ya nada digno de 
mención en el idioma regional. 

A) Lo cual no significa falta de movimiento literario en Cataluña, ni 
tampoco que el sentir regionalista dejara de manifestarse. Barcelona, como 
Madrid, tuvo su Liceo Filarmónico Dramático, primeramente establecido 
en los terrenos del Convento de Montesión; en 1844 fué autorizado para 
trasladarse al solar del derruido Convento de Trinitarios Descalzos con la 
condición de construir un gran teatro, que es el del Liceo de la ciudad 
condal (3). Actuaban allí la escuela filosófica, a que nos hemos referido 
más atrás (pág. 127); otra de jurisconsultos que, apoyándose en la doctrina 
de Savigny (4), defendía la conservación del Derecho foral catalán contra 
las tendencias unificadoras de los liberales, empeñados en imponer a la 
nación entera un solo código, inspirado en la legislación castellana; y 



(1) El Liberal, de Madrid. Enero de 1914. 

(2) Nació en Barcelona (21-Marzo-1805). Murió en San Gervasio (9-Jiiiio-1868). En 1839 redactor del 
Diario de Barcelona, después de F.l Telégrafo y otros diarios. Catedrático, historiador y escritor muy fecun- 
do en los más variados géneros. 

(3) Se puso la primera piedra el 11 de Abril de 1845, inaugurándose el 4 de Abril de 1847 con Don 
femando de Antequera, de Ventura de la Vega, representado por Arjona, Latorre y Teodora Lamadrid. 
Incendióse el teatro el 9 de Abril de 1861 y en 20 de Abril de 1862 inauguróse de nuevo reconstruido. De la 
sociedad El Liceo proceden también el Conservatorio del Liceo y el Círculo del Liceo, ambos instalados 
en el mismo edificio. 

(4) Federico Carlos de Savigny, jurisconsulto alemán de origen francés que floreció de 1779 a 1861, 
fundador de la llamada escuela histórica, según la cual no debe la legislación de un pueblo inspirarse sólo 
en lo que parezca al legislador más razonable o filosófico, sino en sus tradiciones y costumbres. Los enciclo- 
pedistas revolucionarios franceses, inspirados en un criterio filosófico, querían que toda nación tuviese un 
código único o sean las mismas normas jurídicas. La escuela histórica aconseja respetar la variedad legisla- 
tiva allí donde es reflejo de una verdadera variedad social. 

296 



IX -LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

otra escuela o pléyade de apologistas católicos, de que Balmes era, natu- 
ralmente, el principal campeón (1). 

En la esfera más propiamente dicha literaria la actividad era también 
mucha. El romanticismo hizo, como en el resto de España, su explosión 
suprema. Don Andrés Fontcuberta saludó con entusiastas versos en El 
Vapor el estreno del Don Alvaro, y el Duque de Rivas, Garcia Gutiérrez, 
Espronceda y Zorrilla triunfaron en Barcelona no menos que en Madrid; su 
influjo pareció cubrir la corriente de romanticismo tradicionalista, iniciada 
en El Europeo por Aribau y López Soler. Lo único que consiguió realmente 
fué marcar dos tendencias distintas, o quizás mejor, producir la confusión 
característica de la época romántica, en que todos se creian románticos, y 
cada cual lo era a su modo. Don Antonio Ribot y Fontseré (2) concebía el 
romanticismo como el anarquismo literario; en su extraño libro Emancipa- 
ción literaria didáctica (Barcelona-Imprenta de Oliva- 1837) escribía: "Mi 
"Didáctica no es didáctica; pero es una didáctica que enseña a despreciar 
"todas las didácticas, y yo soy un maestro que aconsejo no hacer caso de 
"los consejos; en una palabra, que enseño a no ser enseñado". Las pren- 
sas de Barcelona lo publicaban todo: en 1836 el editor Bergues daba a luz 
el Bosquejillo de la vida y escritos de D. José Mor de Fuentes delineado 
por él mismo, tan contrario al romanticismo o romantismo, como decia él, 
que disparaba bala rasa contra Víctor Hugo y demás piara de barbarizan- 
tes; llamaba llorón a Lamartine y decía: Parece innegable que en el día no 
hay un poeta ni un orador eminente en toda la Francia; a pesar de éste y 
otros galicismos, Mor de Fuentes seguía el mismo uso que D. Serafín Esté- 
banez Calderón de españolizar todos los nombres extranjeros, y así, con- 
tando su estancia en París, refiere cómo vagaba por la plaza d^ Vendoma, 
por el baluarte de la Magdalena y por el paseo de los Tejares (Tullerías), 
y cómo encontró a Godoy en Campos Largos (Longs-Champs). Azorín 
considera que Mor de Fuentes hizo dar un gran paso a la prosa caste- 
llana, pues la que usó en el Bosquejillo y en la novela Serafina no es la 
lenta, desvaída y uniforme, empleada generalmente por sus coetáneos, sino 
la viva, enérgica, real, plástica y pintoresca, que más tarde había de des- 
envolverse por escritores más cercanos a nosotros (3). 



(1) De esta escuela trázalos caracteres Rubio y Lluch. (Memoria presentada para el centenario 
de Balmes.» 

(2) Médico y escritor natural de Barcelona. Murió en Madrid (25-Octubre-1875t. Por sus ideas revo- 
lucionarias fué deportado en 1848 y diputado constituyente en 1855. Escribió también poesías en la época a 
que el texto se refiere, que influyeron en Rubio y Ors y otros poetas de aquel tiempo. En 26 de Febrero 
de 1837 publicó, en El Vapor. El Trovador de Laletania, primero en orden cronoló-íico de los cantores que 
se alzaron poco después con estos seudónimos locales, recordando y queriendo representar a los trovadores 
de la edad media. 

(.5) Mor de Fuentes, en í ecturas Es/)añolas. por Azorin. Mor de Fuentes era de Monzón. Estudió en 

2!)7 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

B) Entre estas confusiones y contradicciones de ideas, el regionalismo 
catalán íbase abriendo su camino, siempre de la mano de Walter Scott, y 
de este modo, según ha observado Menéndez Pelayo, el sentir (poesía) era 
escocés, como el pensar (filosofía de la escuela catalana). Con motivo de 
la publicación del Estatuto Real (1834), el Ayuntamiento de Barcelona abre 
un concurso o certamen poético; López Soler ve en este hecho la evocación 
del Gay Saber y de los Juegos Florales. En 1838, Milá y Fontanals (1) pu- 
blica su primer opúsculo {Algunos estudios literarios de M. M. Imprenta de 
Joaquín Verdaguer; 68 páginas, en 8.°); en el libro hay cuatro composiciones 
en verso, y una escrita en octavillas, titulada El Trovador del Panadas, 
dice: 

De tus labios oiga amores 
En el habla de tu villa, 
En habla de trovadores 
Te responda yo después; 
Y mi ánima abatida 
Cobrará frescura y vida 
Cual si la hiriese de súbito 
El aura del Panadés. 



Que tal vez yo cante un dia 
Tus recuerdos, patria mia, 
Tu hablar, tus villas y ferias, 
Jardines, nieblas sin fin: 
Y libre de triste olvido 
Tus Vírgenes y tus Condes. . . 



El 16 de Febrero de 1839 publicó El Diario de Barcelona una poesía 
en catalán firmada por Lo Gayter del Llobregat (2). A ésta siguieron otra 
y otras hasta la mitad de 1840. Tuvieron en Cataluña, y aun fuera de ella, 

Zaragoza, y después ingeniería en Francia. Ingresó en la Marina, y dirigia en Hellin una corta de maderas 
para la armada cuando estaba desterrado alli Floridablanca, "un hombre — dice — en extremo superficial y 
un ignorante; pero despejado, agasajador y, sobre todo, desinteresadísimo". Tradujo a Tucidides, el Werter y 
Las estaciones de Thomson. Escribió de ingeniería. Asistió al 2 de Mayo y al primer sitio de Zaragoza. En 
Febrero de 1833 fué a París. A la vuelta es su estancia en Barcelona, de que se habla en el texto. Completa- 
mente arruinado, se retiró a Monzón, donde un sastre le recogió por caridad y murió miserablemente. Azo- 
rin dice que representa en nuestra literatura un caso típico de profundo individualismo: 'el ídolo de mis 
entrañas — escribió él — fué siempre la absoluta independencia". 

(1) Véase tomo 1, pág. 34. Nació en V'illafranca del Panadés (4-Mayo-1818). Establecióse con su fami- 
lia en Barcelona (1827). Empezó la carrera de Leyes en Cervera (1835), terminándola en Barcelona (1841). 
Licenciado en Filosofía y Letras (1845). Catedrático de Literatura (1847). Murió en su pueblo natal (16 de Julio 
de 1884). En 10 de Mayo de 190S se puso en Villafranca la primera piedra del monumento en su honor que 
(ué inaugurado cuatro años después. Ahora se trata en Barcelona, y ya se han tenido varias juntas con tal 
objeto, de celebrar solemnemente el centenario de su nacimiento el 4 de Mayo de 1918. 

(2) No comprendemos por qué el P. Blanco (tomo III, pág. 47) califica esta firma de algo prosaica. 

298 



¡X' LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

un éxito extraordinario. Era el último período de la guerra civil: Cabrera 
había tenido que evacuar el Maestrazgo y retirarse a las montañas del 
Principado, donde unido a las partidas carlistas de la región ofrecía deses- 
perada resistencia final al numeroso ejército cristino acaudillado por Espar- 
tero. Don Juan Mané y Flaquer (1), que, como miliciano nacional tarraco- 
nense, tomaba parte activa en aquellas operaciones militares, escribió 
muchos años después: "Cuando llegaba una nueva composición de Rubio, 
todas extrañas a la pasión del momento, pero todas impregnadas de espí- 
ritu catalán, nos la arrebatábamos de la mano, se sacaban cíen copias de 
ella, se leía en alta voz en los cuerpos de guardia y se daban al olvido los 
graves acontecimientos del día; es decir, que por un momento la suerte del 
caballero cruzado de Lo Gayter nos interesaba más que el paradero de 
Cabrera, recién entrado en Cataluña, y con quien tal vez tendríamos que 
batirnos al día siguiente" (2). 

Don Joaquín Rubio y Ors — nació en Barcelona (13-Jun¡o-1818) y 
murió en la misma ciudad (7-Abríl-1899) — tiene importancia capital en la 
literatura moderna de Cataluña. Pasan de ochenta las obras originales o 
traducidas que dio a la estampa en más de sesenta años de intensa y fecun- 
dísima labor intelectual (3). Profesor de Historia universal, primero en la 
Universidad de Valladolid (de 1846 a 1858) (4), y desde este año hasta su 
fallecimiento en la de Barcelona, publicó excelentes libros de texto, erudi- 
tísimas y sagaces monografías, como Bruneqiiilda o la sociedad franco- 
g alo-romana en la segunda mitad del siglo VI y las Consideraciones histó- 
rico-crítícas acerca del origen de la independencia del Condado catalán, y 
buenos trabajos de vulgarización de estudios prehistóricos (5). De historia 
literaria produjo la Breve reseña del actual renacimiento de la lengua // 
literatura catalanas (1877) que ha servido de guía a cuantos, como el 
P. Blanco, han tratado de esta materia, y contribuyó a la difusión de los 
antiguos textos poéticos catalanes {Collecció de obras antigás catalanas 
escullidas entre las de nostres millors poetas, por J. M. de G. y J. R. O. 



(1) Famoso periodista catalán. Nació en Torredembarra (Tarragona) el 15 de Octubre de 1823. Murió 
en Barcelona (8-Julio-1901). Recomendamos a cuantos quieran deleitarse con una bcllisima obra literaria y 
soltarse en la lectura de la buena prosa catalana moderna, que lean la biografia de Mané y Flaquer por Juan 
Maragall. (Obres completes den Joan Maragall, Serie Catalana, Escrits en prosa, II). Mané entró en el 
Diario de Barcelona (1847) como critico teatral, en 1853 fué redactor político, y en 1866 director, cargo que 
desempeñó hasta su muerte. 

(2) Diario de Barcelona, 8 de Septiembre de 1878. 

(3) La bibliografía de Rubio está publicada por su hijo D. Antonio. Real Academia de Buenas Letras, 
Sesión inaiKjural (12-Enero-1902). 

(4) Durante su estancia en Valladolid, nació en esta ciudad (24-Julio-1856) su hijo D. Antonio Rubio 
y Lluch, el compañero y amigo intimo de Menéndez Pelayo, y el primero de los eruditos catalanes con- 
temporáneos. 

(5) Doctor Parpal: Rubio y Ors historiador. Barcelona, 1899. 

299 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

Obras poéticas de Pere Serafí-1840). Como apologista católico, además de 
serlo en todos sus discursos y escritos, siempre que se presentaba ocasión 
propicia, y de haber colaborado como infatigable apóstol, componiendo y 
traduciendo, en la Biblioteca Católica, en la Biblioteca Popular y en mu- 
chos periódicos, dejó dos discursos inaugurales, uno en la Universidad de 
Valladolid (1848) sobre este tema: Los humanos conocimientos han de ten- 
der a robustecer las enseñanzas del Cristianismo; y otro en la de Barcelo- 
na (1860): Necesidad de que las Universidades, manteniéndose católicas, 
sean en España las principales encargadas de impedir que el error se de- 
rrame por nuestro suelo. Alcanzó, finalmente, 
uno de los cuatro accésits concedidos por la Real 
Academia de Ciencias Morales y Políticas en el 
concurso para premiar la mejor refutación de la 
obra de Draper: Conflictos entre la Religión y la 
Ciencia (1). 

Rubio cultivó la poesía castellana desde 1835. 
En 1836 publicó versos en El Vapor y en El 
Guardia Nacional. En 1838 dio a luz un tomito: 
Primeros ensayos poéticos. Después siguió con 
sus versos castellanos, unos publicados en dia- 
rios o revistas, otros en opúsculos o pliegos suel- 
tos, y otros que conserva inéditos su hijo. El ca- 
tedrático D. José Jordán de Urríes y Azara ha 
estudiado a Rubio y Ors como poeta castella- 
no (2). Como poeta catalán lo estudió y ensalzó 
Jacinto Verdaguer en el Recort Necrológich leído ante la Academia de 
Buenas Letras (12-Enero-1902). No fué, ciertamente. Rubio gran poeta en 
una ni en otra lengua; pero, como advierte Jordán de Urríes, es, en caste- 
llano, "un poeta muy estimable, con dotes no comunes de imaginación, y 




M. R. P. Maestro Francisco 
Blanco García. 

(1864) 



(1) Willianí Draper, positivista yankee. De su obra que Menéndez Pelayo ^//e/erorío.vo.s, tomo III, pá- 
gina 824) califica, "no de vulgarización sino de vulgarismo cientifico" , se hizo gran propaganda en Europa 
y América. En España dos traducciones: una del francés y otra directa del inglés con prólogo de D. Nicolás 
Salmerón. El concurso para su refutación fué promovido a sus expensas por el Marqués de Guadiario; pero 
la Academia de Ciencias Morales tuvo después que hacerlo suijo (Resumen histórico de la Academia leido 
por D. Eduardo Sanz y Escartin en sesión de 7 de Febrero de 1909). Anuncióse el concurso el 13 de Julio 
de 1877. Presentáronse 51 memoria?; no se concedió premio sino cuatro accésits, sin prelación ninguna, a las 
memorias de que resultaron autores D. Joaquín Rubio y Ors, D. Miguel Mir, D. Abdón de Paz y D. Juan 
M. Orti-I^ra. La de Rubio titúlase Los supuestos conflictos entre la Religión g la (-iencia o la obra de Draper 
ante el tribunal del sentido común, de la razón g de ¡a historia (1881). Don Miguel Mir renunció al accésit y 
publicó luego Harmonía entre la Ciencia // la fe. que chocó mucho por su estilo casticisimo y por la H 
puesta en la palabra armonía contra el uso corriente, aunque no contra las prescripciones de la Academia 
Española. De este concurso se habló muchísimo y publicáronse después varios libros escritos sin duda para 
él Menéndcz Pelayo trata del concurso en la citada página de los Heterodoxos. 

(2) Discurso de recepción en la Academia de Buenas Letras (25-Febrero-1912). 



300 



IX' LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

que en ocasiones produjo obras de mayor perfección que otras de vates 
muy conocidos"; y en catalán, "sus méritos son mayores de lo que algu- 
nos piensan". Los modernistas, o mejor dicho, los novecentisfas catalanes, 
afectan menospreciarle: tentativas tímidas de Rubio, escribe D. Alejandro 
Plana (1). No fueron tímidas ciertamente las tentativas de un hombre que, 
como ha dicho su ilustre hijo con entera justicia, fué el único de su gene- 
ración literaria que tuvo confianza en la vitalidad y porvenir de la lengua 
catalana, y "solo, con sus débiles fuerzas, luchando con inveteradas pre- 
ocupaciones, y quizás con el ridículo, acometió la empresa de su restaura- 
ción. . . Nadie tenía confianza en la eficacia estética del idioma regional, 
el cual tenia que luchar con su aplebeyamiento o funestas tradiciones de 
escuela". Capmany había considerado perdido el pleito de la nacionalidad 
literaria de Cataluña, y lo mismo pensaban Milá, Aríbau, Piferrer y Qua- 
drado, en cuyo periódico Palma se daban como inhábiles e inadecuadas 
para la literatura todas las lenguas regionales de la Península. 

Al aparecer las poesías de Lo Gayter del Llobregat, primero en el 
Diario de Barcelona, y después coleccionadas (1841; 2."* edición, 1858), 
fueron censuradas porque el catalán usado en ellas no era el idioma vivo 
o que hablaba el pueblo en Cataluña; hoy soy censuradas precisamente 
por lo contrario, o sea porque su catalán es un catalán castellanizado. Esto 
indica cómo el catalán literario, a fuerza de sabias depuraciones históricas 
y filológicas, se va rápidamente apartando del popular; y de seguir ese 
camino, llegará pronto el día en que no sea entendido aquél sino por los 
iniciados en los Estudis Catalans, repitiéndose asi el fenómeno del sermo 
nobilis latino de la época de Cicerón que habían de aprender los niños 
romanos con un preceptor, aprendizaje largo y difícil, y del provenzal de 
los trovadores medio-évícos, que era lengua especial y sólo para la poesía 
y prosa literaria. Si Rubio se hubiese arrancado con el catalán castizo o 
super-castizo que ahora se usa, nadie hubiera hecho caso de los cantos del 
Gayter. Como fué comprendido, hizo su efecto. Hasta en el fondo de aquella 
poesía, la comprensión permitió la admiración y la difusión, y despertó el 
deseo de imitarlo. El Gayter no es un auténtico trovador de la edad media, 
aunque Rubio quisiera que lo fuese, sino un poeta romántico de 1839 que 
reflejaba en su catalán castellanizado, que entonces no parecía castellani- 
zado sino en demasía castizo, la inspiración de Víctor Hugo y de Zorrilla. 
Así pudo tener y tuvo tanto éxito. La lectura de este libro sugirió a Trueba 
la idea de hacerse cantor regional de las Vascongadas (2), y El Libro de 



(1) España (semanario) 22 de Junio de 1916. 

(2) José Pérez Ballesteros: Antonio de Trueba y Lo Gayter del Llobregat. Articulo en la Revista 
Contemporánea (15-Septiembre-1889). 

301 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

los Cantares sugirió a su vez a Rosalía de Castro el pensamiento de los 
Cantares gallegos; Teodoro Llórente, en Lo Gayter del Llobregat, recibió 
también el impulso inicial para restaurar la poesía valenciana (1). 

En el prólogo de la colección de 1841, Rubio y Ors "levantó con va- 
lentía la bandera de la independencia literaria de Cataluña" (2), y pidió el 
restablecimiento de los Juegos Florales. Aunque no se realizó este pensa- 
miento hasta 1859, empezaron desde luego los concursos o certámenes 
poéticos que fueron los precedentes de los Juegos. En 1842 era el mismo 
Rubio premiado por la Academia de Buenas Letras con su poema Rondor 
de Llobregat, o sia los catalans en Grecia. En suma, D. Joaquín Rubio y Ors 
no es el precursor, sino el iniciador de \a\Renaixensa. 

71. Sínfes/s de la literatura catalana. Opiniones de Plana 
y Montolíu. División en períodos y grupos. — Don Alejandro 
Plana, en el prólogo de su Antología de poetas catalans modernes (Socíe- 
tat catalana dedicions, 1814) y en el artículo Renacimiento literario (Espa- 
ña, 22-Junio-1916), presenta el desarrollo de la Renaixensa, o sea de la 
restauración de la literatura en idioma catalán, como un fenómeno evolu- 
tivo que se ha desenvuelto bajo una ley de unidad. Es, dice, el "moviment 
de la inconsciencia a la consciencia, de l'instint a la cultura, de l'imagina- 
ció donada a tots els vents a una ordenació deis conceptes". Esa ley de 
unidad es la personalidad catalana que estaba capitidiminuída por haber 
dejado los catalanes de escribir en su lengua, aceptando una extraña que 
sólo podía expresar o traducir en parte su pensamiento. Aribau dijo en su 
famosa oda: "Cuando estoy solo, hablo a mi espíritu en lemosín porque no 
comprende otra lengua, y mi boca entonces no sabe mentir ni miente, pues 
las razones salen del centro de mi pecho" (3). Aguiló decía más tarde: Po- 
blé que sa llengua cobra, se recobra a sí meteix. 

Inconscientemente, instintivamente, los catalanes se ponen a escribir 
en catalán. Lo hacen en verso, porque la poesía precede a la prosa en todo 
desenvolvimiento literario. Los Juegos Florales son el refugio de la lengua 
renacida. Los cantos hinchados, declamatorios, un poco hueros, por una 
parte, ayudaban como ejercicios retóricos a la reconstitución del idioma 
como lenguaje literario, y, por otra, contribuían a devolver la intuición de 



(1) Carta de Llórente a Rubio, extractada en la Breve reseña del actual renacimiento déla lengua 
y literatura catalanas. 

(2) Antonio Rubio Llnch (I>iscurso citado). 

(3) Pensamiento completamente falso; porque si no se pudiese mentir ni engañarse en el idioma 
que aprendimos de nuestras madres, ¡qué pocas mentiras se dirían en el mundo! En el idioma nativo engaña- 
mos a los demás, y nos engañan a nosotros mismos el amor propio y las pasiones. 

302 



IX- LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

la personalidad nacional. Del verso se pasó a la prosa, y hubo teatro, no- 
vela y periodismo catalanes; en la misma poesia se diferencian los géneros 
épico y lírico. 

"Con el año 1900 se inicia en el renacimiento literario un desarrollo 
pleno y armónico. La lengua alcanza su primer grado de purificación y 
se incorpora a la corriente universal del pensamiento. Maragall preside el 
gran momento de transición y ven sus ojos maravillados un ilimitado es- 
pacio. Unos años antes habían penetrado en España, a través de su ver- 
sión catalana, las más agudas manifestaciones de inquietud espiritual; 
Maeterlinck e Ibsen, Nietzsche y Tolstoy, Gorki y D'Annunzio. Se agita el 
aire reposado de los cenáculos. Verdaguer, Federico Soler, Víctor Balaguer, 
pasan a representar un valor histórico. Pero aquel extranjerismo motiva, 
como reacción, que se ahinque con mayor fuerza en la conciencia propia. 
Crece el sentimiento de catalanidad a medida que disminuyen las citas 
históricas. Los castillos, las ruinas, las leyendas pirenaicas, las cruzadas, 
todo el elemento plástico medioeval cede ante la claridad del mar y los 
paisajes montañeses. Los pinos y los olivos dejan de ser símbolos para ser 
contemplados puramente. El novecientos dignifica el retorno a la realidad; 
el fin del período sentimental; la imciación de los puros valores literarios. 

"La literatura catalana adoleció, en los principios de su renacimiento, 
de haber nacido de un impulso romántico y de haberse orientado después 
hacia un lirismo subjetivo, en sus m.anifestaciones más fuertes, incluso en 
el teatro, de lo cual Quimera es el más alto ejemplo. Posteriormente se han 
multiplicado los cauces del idioma. El dominio de la prosa, limitado al 
principio, se ha extendido considerablemente y ha ganado todos los cam- 
pos de la ideología, desde la crítica hasta la especulación filosófica. El ins- 
trumento literario ha ascendido a instrumento de cultura. Los Juegos Flora- 
les, el primer refugio, han pasado a tener una significación anecdótica 
dentro del libre desenvolvimiento de la lengua. Hoy nos sentimos fuertes, 
seguros de nuestro idioma: nada hay en el mundo que no pueda tener en 
él una pura expresión, al mismo tiempo que sentimos cómo nada podría 
vivir en nosotros si no fuera capaz de contenerse en él. El idioma es ya el 
cuerpo joven que gobierna sus movimientos y que contiene en la fuerza 
de sus músculos todas las posibilidades de la belleza". 

Hay, a nuestro juicio, en esta teoría tres inconvenientes graves: uno 
el de confundir el movimiento literario con el político, hasta el punto de 
considerar al primero como mera manifestación o aspecto del segundo. 
Que porque hoy el nacionalismo político catalán alcance un grado de in- 
tensidad que no tuvo en la segunda mitad del siglo xix, rebajemos a la 

303 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO ¡V 

literatura catalana de aquel tiempo juzgándola inconsciente y decretando 
que Verdaguer no tiene ya más que un valor histórico, no es lógico, justo 
ni exacto. Las bellas letras pueden influir, e influyen muchas veces, en la 
politica; pero tienen su fin propio y se desenvuelven en su peculiar esfera, 
sin seguir un movimiento paralelo al político. Seguramente que el nacio- 
nalismo en Alemania es hoy harto más potente que cuando florecían 
Schiller, Goethe y Heine; a nadie se ocurrirá, sin embargo, que los poetas 
alemanes de hoy, alguno tan intensamente nacionalista como el autor del 
himno El Odio a Inglaterra, ocupan en la evolución literaria germánica 
puesto más excelso que aquellos grandes vates. 

El segundo inconveniente dimana del carácter partidista de la teoría. 
Que porque a D. Alejandro Plana gusten los modernistas — o nouecentistas 
como Xeniíis los ha bautizado en Cataluña — se les tenga por tan superio- 
res a los que fueron antes, es en realidad excesivo. La literatura catalana, 
mirada en conjunto, no está hoy decadente como la gallega; pero somos 
muchos los que todavía preferimos a los de la generación pasada, o, mejor 
dicho, algunos de ellos. 

El tercero, por último, arranca de aplicar el criterio positivista de la 
evolución al movimiento literario. Admirablemente lo expone el crítico don 
Manuel de Montolíu. "No ha advertido — dice — que siendo la poesía un 
fenómeno de carácter fundamentalmente individual, no hay propiamente 
evolución en el movimiento poético de un país determinado. Hay, sí, la 
idea que evoluciona, pero con una evolución perturbada esencialmente por 
cada una de las grandes personalidades que se la incorporan y la transfor- 
man incesantemente. 

"Tratándose de verdaderos poetas sólo hay un fenómeno de creación, 
cuyo valor es independiente en cada uno de ellos. La evolución que ven 
todos los sistemas positivistas en los movimientos espirituales, queda así 
reducida a un puro juego de reacciones entre individualidades, y el llama- 
do medio ambiente sólo sirve para alimentar a poetas mediocres que man- 
tienen con más o menos tesón la tradición de un gran maestro, pero que 
en resumen nada pesan en la valoración definitiva de una poesía nacional. 

"Es indispensable tener bien presentes estas sanas ideas, si no quere- 
mos ver convertidas las grandes personalidades poéticas en raeros eslabo- 
nes de una gran cadena arrastrada por una ciega y anónima fatalidad. De 
Verdaguer a Maragall, de Maragall a Carner, no hay evolución propiamen- 
te dicha, no hay movimiento de inconsciencia a conciencia ni viceversa; 
sólo hay tres personalidades poéticas fuertes cuya presencia espiritual una 
frente a otra, o cuya sucesión en el tiempo, ha engendrado una serie de 
reacciones y contrarreacciones más o menos manifiestas en su obra, pero 

304 



IX -LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

que jamás han desviado ésta del camino señalado por el temperamento de 
cada uno ni pueden interpretarse como fases de una evolución anónima y 

fatalista. .." (!)• 

Sin salir del campo literario creemos que la literatura catalana nos 

ofrece tres períodos bien determinados: 1.°, Período del verso; 2.", Periodo 
del verso y de la prosa, y 3.°, Periodo de los novecentistas. Para facilidad 
de la exposición sintética a que obligan los límites trazados a este libro, 
preferimos, sin embargo, dividir la materia señalando antes que nada los 
principales grupos en que ha ido desarrollándose el catalanismo literario, 
y dando cuenta luego de las principales manifestaciones de su flore- 
cimiento. 

72. Grupo caialán castellanista: A) Milá y Fontanals. 
B) Piferrer: Su importancia como poeta y prosista castella- 
no. C) Consideración especial de la obra <<Recuerdos y be- 
llezas de España». D) Otros escritores del grupo (Coll y 
Vehí, Bofarull, La bernia, etc.). E) Persistencia del castella- 
nismo en Cataluña. — Milá y Fontanals, Piferrer y Carbó son, a juicio 
de D. Antonio Rubio y Llull, los últimos representantes en Cataluña de 
una verdaderef escuela literaria castellana (2). A ellos cabe unir Coll y Vehí, 
y, en general, todos los literatos de la primera generación catalanista, in- 
cluso D. Joaquín Rubio y Ors. Caracterízase, en efecto, este grupo, por un 
intenso amor a la patria española y a la lengua y literatura castellanas, que 
todos ellos cultivan, y de que son los más insignes del grupo maestros es- 
clarecidos; pero uniendo a este intenso y fervoroso españolismo un fervor 
especial por su región. Milá repetía con frecuencia el dicho de Capmany: 
no puede amar a su nación quien no ama a su provincia. Y todos los de 
esta escuela sentían lo mismo. También sostuvo siempre Milá que los tra- 
bajos científicos debían escribirse para su mejor difusión en castellano, re- 
servando la lengua regional para la poesía. 

Y tal era el sentir y fué la práctica constante del grupo. A pesar de este 
castellanismo - así lo califican los catalanistas de otras tendencias — , estos 
escritores han prestado un inmenso servicio al particularismo catalán, no 
sólo haciéndolo simpático y amable fuera de Cataluña, sino despertando 
dentro de ella el patriotismo local, o sentimiento de la personalidad catala- 
na, que dice Plana. 



305 



(1) La Vanguardia (5-iu\\o-\9l4). 

(2) Discurso en contestación al de Jordán de Urries. 



Salcedo. — La Literatura Española. — Tomo IV. ■^'J 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

A) A D. Manuel Milá y Fontanals debe muchísimo por este concepto 
el catalanismo. Ya se ha dicho cómo antes que Rubio expresaba en su poe- 
sía castellana El Trovador del Panadés el ansia sentimental y romántica 
de restauración del habla regional. En otra poesía castellana formuló lapi- 
dariamente el argumento que todavía es capital de los catalanistas, al de- 
cir que 

Del saber el alto cetro 

que el catalán empuñaba 

cayó también de su diestra 

al olvidarse su habla. 

Así pudo ser; pero Milá es una prueba de que no necesitan los catala- 
nes usar de su habla para empuñar el alto cetro del saber, ya que en el 
orden o esfera de los estudios literarios lo empuñó él en España escribien- 
do en castellano. En 1853 publicó el insigne maestro el Romancerillo Ca- 
talán, por donde la poesía genuinamente popular del Principado vino a 
fecundar y vivificar la cortesana y retórica de los antiguos trovadores, em- 
presa continuada por Pelayo Briz con sus cinco volúmenes de Cansons de 
la térra (1), por Beltrán y Bros (1854-1890) con sus Cansons y follies 
populars, y por el mallorquín Mariano Aguiló. Fué Milá presidente de los 
primeros Juegos Florales, celebrados en Barcelona (1.°- Mayo -1859), cui- 
dando con los iniciadores de la institución (2) de que fuera ésta puramente 
literaria, sin mezcla ninguna de carácter o fin político — por lo que sin 
duda no es simpática a los actuales catalanistas — , y de proclamar clara- 
mente que no creía adecuado el catalán sino para la poesía, como ya se ha 
indicado. Finalmente, compuso poesías catalanas, castizas, sabias y senti- 
das; merecen singular mención sus cantares de gesta: La cansó del pros 
Bernart, fill de Ramón, La mort de Galind, La Complanta d'en Guillem, 
etcétera. 



(1) Don Francisco Pelayo Briz (1839-1889) fué catalanista tan intransigente que no quiso ser acade- 
mice de la de Buenas Letras por ser en ella lengua oficial la castellana. Publicó el Calendan Cátala (de 1865 
a 1882) y la revista Lo Gay saber (de 1868 a 1869 y 1878 a 1882). Reimprimió las obras de Ansias March y Lo 
Ilibre de les dones, de Jaime Roig. Ordenó la colección Lo Ilibre deis poetes, cansoner de obras rimadas 
deis sigles XII al XVIIf. Tradujo en versos catalanes la Mireya, de Mistral. Compuso dos poemas, La masía 
deis amors (1866) // La orientada (1882), y los libros de poesías Flors y violas, Primaveras, Lo Ilibre deis 
angels. Las baladas y Lo Llihre del cor meu. Era católico tradicionalista y poeta de momentos felices 
de inspiración, diluidos en vulgaridades frecuentes de fondo y de forma. 

(2) A la propuesta de restauración de los Juegos hecha por Rubio en el prefacio de Lo Gayter del 
Llobreyat respondió la Academia de Buenas Letras convocando frecuentes concursos. Balaguer, en su pe- 
riódico La Violeta de Oro, fundado en 1849, y Bofarull. en el Diario de Barcelona (1854), hicieron insistente 
propaganda por la restauración En 9 de Marzo de 1859 la solicitaron del Ayuntamiento de Barcelona los 
escritores citados con Cortada, Pons y Gallarza y Miguel V. Amer. El Ayuntamiento despachó la instancia 
favorablemente. 

306 



IX- LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 



He aquí una muestra de su estilo: 



LA COMPLANTA D'EN GUILLEM 
A ma cara esposa. 

I 

Planyéuvos, camps de Déla, serra d'Espill! 
La vostra flor mes bella no la teniu; 
l'arbre de verdes branques caygué y morí! 

II 

Los dos barons pugnaven de temps antich; 
tronava la tempesta per valls y cims. 
Un jorn l'arch de bonansa verem lluhir. 

III 

Era Huillem de Déla gallart fadrí, 
en arts de pau y guerra fort y subtil, 
y Is cavallers 1¡ deyen lo rey deis nins. 

IV 

Serventa de la Verge Blanca d'Espill, 
era conort de pobres y pelegrins, 
per tots anomenada la flor de llir. 

V 

— D'Espill pubilla y dona, obre m ton pit; 
coneixes al de Déla, lo rey deis nins: 
¿Per senyor lo voldries? — Oh mare, si! — 

VI 

Heréu de mon llinatge. Guillem, mon fill; 
Be sabs quina es Na Blanca, la flor de llir: 
¿Per fembra la voldries? — Oh pare, sí! — 

VII 

Reberes ais de Déla, palau d'Espill! 
Ensems Guillem y Blanca foren ací; 
que un sol mot se diguessen no s va sentir. 



307 



SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

VIH 

Mes sembla que la sala de lluní s'omplií, 

y que olor se movia de Paradis, 

y ella s torna mes bella, ell mes gentil. 

iX 

Ay! de la sort del home qu¡ sab la fi? 
Vingué una lorrentada de sarrahins, 
trencant castells y pobles y monestirs. 



Del pont major de Déla ja son al mitj; 
Guillem surt ab sa massa fortment ferint, 
mes tremolant sageta se n'hi va al pit. 

XI 

— Adeu, vassalls de Déla, feels am¡chs<! 
adeu, pare, adeu, Blanca, pregan per mi, 
que cap a Jesús vola mon esperit! — 

XII 

Ara, ben lluny plantada de sa rahil, 
n dins d'ombrivol claustre benedicti 
al cel son perfum llansa la flor de Ilir. 

XIII 

Planyeuvos, camps de Déla, serra d'Espill! 
La vostra flor mes bella no la teniu; 
l'arbre de verdes branques caygué y morí! 



B) Si Milá y Fontanals desmintió con su ejemplo que necesiten los 
catalanes escribir en catalán para empuñar del saber el alto cetro, D. Pablo 
Piíerrer (1818-1848) desmintió, a su vez, la especie de que los catalanes no 
puedan, aunque se lo propongan, ser grandes escritores en lengua de Cas- 
tilla, cosa de que alardean ahora tantos de ellos, no ciertamente por hu- 
mildad, sino como titulo justificativo de su gusto por escribir en catalán; a 
nuestro entender, el propio gusto es en este punto titulo suficiente, pues 
ninguna república es de más libre constitución que la literaria. En el caso 
de Piíerrer, hasta un escritor y critico castellano de la talla de D. Juan Va- 
lera vino a complacer a los catalanistas que alegan eso de la incapacidad, 
como si necesitasen alegar algo para seguir ejercitando un derecho que 
nadie puede razonablemente negarles. "Yo no quisiera equivocarme — 

30S 



IX- LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

escribió V^alera — , "pero lo mismo en los versos de Cabanyes, que en los 
"de Piferrer, Carbó y otros, me parece advertir cierta dificultad que, si bien 
^vencida y si bien prestándoles originalidad y concisión poco frecuentes en 
"los versos castellanos, les presta también alguna sequedad y dureza" (1). 

Por más que Valera fuese muy perspicaz, no deja de ser chocante que 
advirtiera esa dificultad después de vencida, esto es, cuando ya no era tal 
dificultad, y habiendo dado a los versos que cita dos cualidades tan dignas 
de estima como la originalidad y la concisión, raras además en la poesia 
castellana, y que lo advirtiese en cierta sequedad y dureza que suelen ser 
inseparables de la concisión. Lo positivo es que los versos clásicos de Ca- 
banyes son superiorisimos en todo a los versos clásicos de Valera, y que 
la prosa primorosísima del autor de Pepita Jiménez es por su mismo pri- 
mor menos naturalmente castellana que la suelta y elocuente de Piferrer 
en Recuerdos y bellezas de España. Si Piferrer, en lugar de nacer en Bar- 
celona, hubiese venido a este mundo en Madrid o en Sevilla, los catala- 
nistas nos dirían: "Ya lo veis, tenemos que escribir en catalán; porque aun- 
que nos volvamos micos trabajando no podemos hacerlo en castellano, 
como lo hizo Piferrer, pongamos por caso". Es lo que sucede siempre, 
cuando se quieren forzar los hechos o casos particulares para que entren en 
la teoria preconcebida, en vez de dejar a las teorías brotar espontánea- 
mente de los hechos. La teoria que ahora se sustenta en Cataluña sobre la 
incapacidad del catalán para ser gran escritor castellano, y a que por cor- 
tesía inter-regional debemos los castellanos alguna deferencia, exige que 
Piferrer escribiese en lengua de Castilla siquiera con alguna sequedad y 
dureza. Y no hay escape: seco y duro tuvo que ser. 

E pur si muove. Piferrer era catalán, muy catalán; catalanista, muy 
catalanista, como enamorado de las glorias históricas y artísticas y del 
modo de ser antiguo y moderno de Cataluña. A pesar de lo cual no escri- 
bió una linea en catalán, ni aun en sus cartas familiares, y "fué un maes- 
tro de la crítica y de la lengua (castellanas) en su libro de Clásicos espa- 
ñoles" (2). Bajo este título sólo comprendió a los que escribieron excelsa- 
mente en idioma castellano, incluyendo entre ellos al catalán Capmany. 

Poco nos ha dejado Piferrer en verso: una traducción de El Canto del 
último trovador, de Walter Scott (1843), y las composiciones que publicó 
Milá tres años después de su muerte (3). Rubio y Llull proclama que "en 



(1) Florilegio de poetas castellanos del siglo XIX, tomo V, 1904. 

(2) Menéndez Pelayo: Semblanza de Milá y Fontanals. 

(3) Composiciones poéticas de D. Pablo Piferrer, D. Juan Francisco Carbó y D. José Semis y 
Mensa. Barcelona, 1851. De Carbó no conocemos más poesías que las leyendas contenidas en este tomo: La 
torre de Villalba, Montroiq y Miraniar, Jolonda y Ana María, Guillermo y fiosa Florida. 

309 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

ningún aspecto de su personalidad literaria se grabó con tanta fuerza su 
genio original y vigoroso como en su inspiración poética, alimentada por 
la savia de la humilde musa del pueblo y de la legendaria anglo-sajona. 
Los dioses mayores del romanticismo catalán, Walter Scott, Schiller, 
Goethe y Ossián y los sones del arpa de los cantos populares, alimentaron 
su numen (1). Elogia especialmente La canción de la Primavera, de la que 
ha dicho el colombiano Gómez Restrepo, que "es una dulcísima balada, 
de forma nueva en nuestra literatura y digna de cualquier gran poeta ger- 
mánico" (2), que Menéndez Pelayo incluyó entre Las cien mejores poesías 
de la lengua castellana, y de que Azorín, poco entusiasta de esta colec- 
ción, ha escrito: "ninguna de las poesias de ella más delicada, más fina, 
más emocionadora que la del poeta catalán" (3). Es así: 

CANCIÓN DE LA PRIMAVERA 

Ya vuelve la primavera: 
Suene la gaita, — ruede la danza: 

Tiende sobre la pradera 
El verde manto — de la esperanza. 

Sopla caliente la brisa: 
Suene la gaita, — ruede la danza: 

Las nubes pasan aprisa, 
Y el azur muestran — de la esperanza. 

La flor ríe en su capullo: 
Suene la gaita, — ruede la danza: 

Canta el agua en su murmullo 
El poder santo — de la esperanza. 

¿La oís que en los aires trina? 
Suene la gaita, — ruede la danza: 

— "Abrid a la golondrina. 
Que vuelve en alas — de la esperanza". — 

Niña, la niña modesta: 
Suene la gaita, — ruede la danza: 

El Mayo trae tu fiesta 
Que el logro trae — de tu esperanza. 



(1) Discurso anteriormente citado. *■ 

(2) La Reuista. Bogotá. 15 de Julio de 1909. 

(3) Piferrer y los clásicos. En el libro Los valores literarios, pág. 191 y siguiente. Este articulo de 
Azorin es, a nuestro juicio, uno de los mejores suyos. 

310 



¡X' LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

Cubre la tierra el amor: 
Suene la gaita, — ruede la danza: 

El perfume engendrador 
Al seno sube — de la esperanza. 

Todo zumba y reverdece: 
Suene la gaita, — ruede la danza: 

Cuanto el son y el verdor crece, 
Tanto más crece — toda esperanza. 

Sonido, aroma y color 
(Suene la gaita, — ruede la danza) 

Ünense en himnos de amor, 
Que engendra el himno — de la esperanza. 

Morirá la primavera: 
Suene la gaita, — ruede la danza: 

Mas cada año en la pradera 
Tornará el manto — de la esperanza. 

La inocencia de la vida 
(Calle la gaita, — pare la danza) 

No torna una vez perdida: 
¡Perdí la mía! — ¡ay mi esperanza! 



Como prosista son tres sus libros: Clásicos castellanos: colección de 
trozos de nuestros autores antiguos y modernos que pueden servir de 
muestra para la lectura y el análisis en el curso de retórica (1846). Lleva 
al frente una noticia histórica, breve pero muy substanciosa reseña de la 
literatura española, y luego trozos de Hurtado de Mendoza, los dos Lui- 
ses, Mariana, Cervantes, Jovellanos, Capmany, Moratin, Quintana y Martí- 
nez de la Rosa, al final de muchos de los cuales inseríanse observaciones 
criticas. 

C) Postumos — no salieron hasta 1859 — son sus Estudios de Crítica, 
formados por sus artículos en el Diario de Barcelona, donde le sucedió en 
este ejercicio Milá y Fontanals; pero la obra maestra de Piferrer es Recuer- 
dos y bellezas de España, de que tuvo la ¡dea, trazó el plan y escribió la 
parte correspondiente a Mallorca y la mitad de Cataluña. El siglo xviii nos 
dejó el célebre Viaje por España, de D. Antonio Pons (1787), en que se 
propuso su autor "hablar de los edificios y obras públicas que existen en 
España, manifestando el artificio y excelencia de algunas, asi como la falta 
de inteligencia y propiedad de otras". Rígido clasicista, del clasicismo res- 
taurado por D. Ventura Rodríguez, Pons reconoce que la arquitectura tu- 

311 



SALCEDO ' LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

desea, como llamaba él a la ojival por creerla originaria de Alemania, tie- 
ne mucho de admirable; pero su gusto es el arte del siglo xvi, y el churri- 
guerismo que lo estropeó su capital enemigo; el libro de Pons no es sino 
una serie inacabable de palmetazos a los churrigueristas, dados con petu- 
lancia de dómine que sólo sabe un libro, sin inteligencia estética, sin calor 
de artista ni elocuencia de escritor. Coetáneas de los Recuerdos y bellezas 
son otras dos obras: El Museo Español de Antigüedades y Los Monumen- 
tos arquitectónicos de España. Ambas son un conjunto de monograíias de 
las obras de arte que conserva nuestra patria; el inventario artístico de 
España (1). 

Recuerdos y bellezas es cosa muy distinta: es la visión poética, o, me- 
jor dicho, romántica de España: la historia en intimo abrazo con la leyen- 
da, el paisaje unido con los monumentos, las costumbres como expresión 
viva de lo que fué y no ha muerto en el modo de ser de los pueblos. Asi 
los concibieron Piferrer y Quadrado, únicos que sintieron y realizaron cum- 
plidamente el programa propuesto entre los varios notables escritores que 
trabajaron en esta obra. Como descripción arquitectónica de edificios mo- 
numentales tiene un defecto, señalado por Lampérez: "las plumas de Qua- 
"drado y Piferrer — dice — describen poetizando, y el que pretenda averi- 
"guar la disposición y estructura de un monumento, se verá mil veces per- 
"plejo y vacilante. Quien esto escribe puede decirlo prácticamente, por 
"haberse visto precisado en muchas ocasiones a emprender largos y no 
"cómodos viajes para estudiar un edificio sublimemente descrito e histo- 
"riado, pero medianamente visto y comprendido desde el verdadero y 
"exacto aspecto arquitectónico" (2). Desde el punto de vista literario o 
poético esto no es defecto, sino que contribuye al hechizo de un libro que 
excitó y difundió en España el amor al paisaje, a los recuerdos y a las be- 
llezas artísticas de la tierra, y en un período en que no sólo era todo ello 
menospreciado por el liberalismo intelectual, nivelador y cosmopolita, sino 
que la guerra civil y la desamortización habían convertido en ruinas la 
mayor parte de nuestros monumentos. Uno de los aspectos más interesan- 
tes y sugestivos de la personalidad literaria de Bécquer, aquel que tan be- 



(1) A estas podría añadirse la España artística y monumental, de Villaamil y Escosura, publicada en 
Paris (1&42-46), ciíada por Eulart como fuente de información de la arquitectura española en Histoire de 
l'Art (Michel), y de que se ha hecho alguna indicación al tratar del Liceo de Madrid. Los dibujos de Villaamil 
son. sin embargo, poco exactos, ciifjnos tan sólo — dice Lampérez - de ilustrar una España a lo Teófilo 
Gautier. Del Catálogo Monumental de España: Innentario general de los monumentos históricos y artís- 
ticos de la nación, mandado hacer por el ministerio de Instrucción Pública, y de que hay concluidos varios 
tomos, algunos que deben ser de mérito, atendiendo a los autores que los han escrito, únicamente se ha 
publicado Álaua, por D. Cristóbal de Castro (1915). 

(2) Lampérez: Historia de la Arquitectura Cristiana Española en la Edad Media (1908). tomo í, 
página 17. 

312 



IX- LENGUAS V LITERATURAS REGIONALES 

• llámente se refleja en casi todas sus leyendas y artículos, y en varias de 
sus rimas, como aquella hermosísima que empieza: 

En la imponente nave 
Del templo bizantino vi la gótica tumba 
A la indecisa luz 
Que temblaba en los pintados vidrios. 



procede directamente de Piferrer y Quadrado. 

De la manera como escribió Piferrer estas cosas, de su sentido román- 
tico del paisaje, de la historia y del arte y de su estilo castellano dan cum- 
plido testimonio su tomo Mallorca y la parte de Cataluña. Escojamos como 
muestra cualquiera de sus párrafos; éste del prólogo de Cataluña, en que 
después de haber hablado elocuentemente de la tierra y monumentos ca- 
talanes, dice: 

"Si estas bellezas y estos monumentos ya llevan en sí mismos aquel 
sello sagrado de poesía que les atrae el respeto y los hace manantial abun- 
dantísimo de las bellezas más puras, los recuerdos históricos dan nuevo 
valor a las fábricas y a los sitios, y las sombras del pasado pueblan los 
desiertos y las comarcas. El genio popular hinche de armonía los bosques, 
y por encima de las cumbres la tradición une la cadena de las generacio- 
nes. Desde estas rocas nuestros padres lidiaron por su independencia; es- 
tos pasos fueron teatro de aquellas hazañas que hicieron famoso el nom- 
bre catalán; aquí dominaron con terror aquellos hombres a quienes las 
prácticas de la lucha y el espíritu de libertad y fiereza heredado les pusie- 
ron el arcabuz en la mano y lanzaron a los peligros y trabajos del saltea- 
miento. Estos monasterios bizantinos se erigieron a la voz de nuestros 
condes; y desde el humilde valle, que el Ter riega y por donde comenzó la 
restauración de Cataluña, fueron señalando en todas partes los progresos 
déla reconquista, y creciendo en niímero y hermosura a medida que la 
corte cristiana crecía en cultura y poderío. Desde este recinto la religión 
suavizó la rudeza de aquella generación guerrera, y abriendo poco a poco 
las puertas del santuario a las ciencias y a las artes en él refugiadas, di- 
fundió la civilización y resucitó la agricultura. En esas naves solitarias, en 
esos húmedos corredores, las casas más ilustres escogieron su postrera 
morada: estos medio borrados epitafios dicen sus nombres; estas luengas 
espadas de piedra traen a la memoria sus altos hechos. Ya en las salas de 
los castillos no suena aquella dulce habla hecha para las trovas y la corte- 
sanía: el barón y el noble fueron descendiendo a vivir en las ciudades; el 
trono dominó a la aristocracia; las leyes hicieron deponer las armas y ni- 

313 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

velaron los fueros y los derechos; y las familias más esclarecidas se han 
ido perdiendo entre el movimiento y desborde de las clases, o vinieron a 
confundirse y aunarse en unas pocas. Mas la poesía vuela alrededor de los 
hendidos torreones, y vuelve a poblar las piezas abandonadas; las moho- 
sas saeteras de las atalayas parece que aún se observan mutuamente y 
truecan entre si las señales de alarma, y cuando el viento, estremeciendo 
la yedra que sube por las grietas y agitando las plantas que cuelgan de los 
antepechos, finge movimiento y voces en las ruinas, entonces place evo- 
car las memorias de los antiguos castellanos, o escuchar los cantares y la 
tradición que narran sus contiendas, su estirpe y sus hazañas. Castillos de 
Vilassar, Cerdañola, Ciurana, Aramprunyá, Monsoliu, Ager, Orís, Montes- 
quíu. San Quirse de Basora, Bramallá, Castellet y San Martin Sarroca; to- 
rres más humildes, que coronáis las colinas donde el noble tuvo su feudo; 
casales fuertes, que convertidos en vastas masías sois los restos preciosos 
de aquellos hombres de Paratge, de aquellos propietarios deudores de li- 
bertad y nobleza al denuedo y fidelidad con que sus antepasados acudie- 
ron a su conde; en vuestras piedras mudas oímos el lenguaje del senti- 
miento, los recuerdos que despertáis enternecen el alma y humedecen los 
ojos, vuestro aspecto hace renacer o revivir en nosotros aquel deseo de lo 
infinito, de abarcar a un tiempo lo pasado y lo futuro, de dominar las épo- 
cas y las distancias y las generaciones, a que la parte inmortal del hombre 
aspira confusamente, como si dentro de la cárcel del cuerpo conservara 
una impresión vaga de la Eterna Sabiduría de su origen" (1). 

Piferrer murió a los treinta años. "En sus retratos — escribe Azorin — 
le vemos con una faz ovalada, un bigote caído y una barba encrespada y 
primeriza; lleva un anchuroso, abierto y doblado cuello blanco, como los 
que nos muestran en sus efigies Byron y Shelley". 

D) Al grupo castellanista pertenecen también: el docto catedrático 
Don José Colly Vehi— nació en Barcelona (4-Agosto-1823), murió en Ge- 
rona (29 -Diciembre -1876) —, periodista, ferviente católico, cultivador de 
la poesía en catalán (2), y de quien dijo Menéndez Pelayo: "Las obras de 
Coll y Vehi son la flor de la antigua preceptiva, y nadie, excepto el ameri- 



(1) Al movimiento iniciado por Piferrer, y los Recuerdos y Bellezas de España que ha ido aumen- 
tando siempre, débense las sociedades de excursionistas que son hoy uno de los principales factores de 
cultura científica, literaria y artística en nuestra patria. En Barcelona se fundó la Assocíació catalanista de 
excursiones científicas, en 1878, y en 1878 la Associació d'excursiones catalana. Fundiéronse ambas (22-Sep- 
tiembre-1880) en el Centre Excursionista de Catalunya. Los boletines, memorias, anuarios y biblioteca 
popular o de folk-lore de estas sociedades son interesantísimos. 

(2) En Les cent millors poesías de la Llengua Catalana (Antoni López. Barcelona. Sin fecha) está 
incluida su composición Les fires de Sant Thomas. 

314 



IX 'LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

cano D. Andrés Bello, le ha igualado en el análisis prosódico de la versi- 
ficación castellana" (1). 

Mucho debe la renaixensa al erudito D. Antonio Bofarull (1821-1892). 
Figuró en la juventud entre los medianos poetas que intentaron emular en 
los teatros de Barcelona las glorias románticas del Principe y de la Cruz de 
Madrid (2). Tradujo al castellano y anotó las crónicas de D. Jaime, de Ber- 
nardo dez Coll y de Ramón Muntaner (3), y escribió la historia de Cataluña 
(nueve tomos). Entusiasmado con la restauración literaria del catalán, es- 
cribió muchas poesías en esta lengua, coleccionó las de los Nuevos tro- 
vadores sus contemporáneos, compuso el libro titulado Estudios, sistema 
gramatical y crestomatía de la lengua catalana. La lengua catalana con- 
siderada históricamente (1864), y tomó parte activísima en el restableci- 
miento de los Juegos Florales. Fué secretario de los primeros (1859), pre- 
sidente de los de 1865, laureado en varios. Mantuvo siempre la doctrina 
de que los Juegos eran puramente literarios, y sobre este punto sostuvo rui- 
dosa polémica con El Contemporáneo, el célebre periódico madrileño fun- 
dado y dirigido por Albareda (1860-1864) en que escribían Valera, Fabié, 
Correa y Bécquer. 

Don Pedro Labernia, profesor de latinidad y humanidades e individuo 
de la Academia de Buenas Letras, publicó en 1844 el Diccionario de la 
lengua castellana con las correspondencias catalana y latina (tres volúme- 
nes), y en 1848 el Diccionari castellá- cátala (4). Estorch y Siqués, Gramá- 
tica y Poética (1857). Pers y Ramona, Historia de la lengua y de la litera- 
tura catalana desde su origen hasta nuestros días (1857). 

E) El grupo castellanista no se ha extinguido nunca en Cataluña. Aun 
en estos momentos, siendo tan vigorosa la presión política, social y litera- 



(1) Semblanza de Milá. 

(2) El primero que lo intentó fué D. Jaime Tió con sus dramas El Castellano de Mora. Alfonso III de 
Aragón el Liberal o leyes de deber y amor y 1:1 espejo de las venganzas. Siguió Bofarull con Pedro el Cató- 
lico, Roger de Flor y El Consejo de los ciento. Victor Balaguer y Juan de Alba compusieron Vifredo el Ve- 
lloso (dos partes). Balaguer fué, además, autor de Los amantes de Verona, Don Enrique el Dadivoso y Juan 
de Padilla. Años después cultivaba el mismo género en Barcelona D. Francisco Luis Morera (Fueros y desa- 
fueros, El Castellano de Tamarit o los Bandos de Cataluña, etc.). 

(3) En el tomo I citamos a Muntaner como poeta (pág. 298); pero omitimos hablar de su Crónica 
que, además de su buena prosa catalana, es una de las mejores crónicas de la edad media, superior por va- 
rios conceptos a las de Joinville, Froissart y Ayala; comprende desde el reinado de Jaime I hasta la corona- 
ción de Alfonso IV; su más interesante episodio es la expedición de aragoneses y catalanes a oriente. El sabio 
chantre de Barcelona D. Cayetano Barraquer nos advirtió la omisión, que deploramos de veras, en cariñosa 
carta particular, a la vez que nos colmaba de elogios en las columnas de El Correo Catalán. ¡Qué conducta 
tan cristiana y caballeresca, y cómo contrasta con la de muchos criticos, para los cuales su oficio se reduce 
a pescar omisiones o gazapos que a todo autor se escapan y darse tono de sábelo-todo en los periódicos, 
mientras que se disculpan en privado con el zarandeado autor, achacando las censuras públicas, a veces 
injustas, a exigencias del director, carácter del periódico, etc., etc.! 

(4) No sabemos si este titulo y fecha que tomamos del P. Blanco (Literatura, tomo III, pág. 63) indica 
una obra distinta o segunda edición de la anterior, que poseemos, con el titulo en catalán. 

315 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

ria del catalanismo intransigente, la mayoría de los literatos catalanes usan 
el castellano, algunos lo escriben bien — tampoco en Castilla lo escribimos 
bien todos, ni mucho menos — , no son pocos los que protestan contra los que 
califican de exageraciones catalanistas, algunos con vehemencia suma, sin 
que por ello dejen de interesarse y admirar la bella literatura en lengua re- 
gional, esto es. que aspiran al equilibrio de que Milá y Fontanals será siem- 
pre tipo ejemplarisimo. La raza de los buenos y entusiastas catalanes, 
enamorados de su tierra y de su literatura catalana, pero que coordinan 
este amor con el de la patria grande, no se ha extinguido, ni probablemen- 
te se extinguirá nunca. Como en la época de Rubio y Ors, Milá y Piferrer, 
los mismos literatos catalanistas son bilingües; con ligera excepción, el 
más famoso, y digno de serlo, entre los que sólo cultivan el catalán (1), el 
insigne poeta José Carner, profundo conocedor de la literatura castellana, 
y que niega a ésta una verdadera tradición poética, reconoce que el idioma 
de Castilla es más justo para la prosa que el de Calaluña, y es un enamo- 
rado de nuestras novelas. Con una novela castellana estrenóse José M. de 
Sagarra, y si luego, por influencia de Carner, abandonó nuestra lengua, 
otros poetas catalanes, v. gr., Marquina, prescinden absolutamente del ca- 
talán, y Joaquín Montaner, si en la poesía es digno émulo de Machado, 
Ramón Jiménez y Víllaespesa, en la crítica literaria y en la buena prosa 
con que la escribe, "por poco que se esfuerce, muy pronto podrá codearse 
con Azorín, su maestro" (2). A nuestro juicio, se codea ya. 

"Nuestro movimiento literario catalanista, decía Maragall a León Pa- 
gano, no alcanza gran amplitud, pero es denso. . . Ha de saber usted que, 
a pesar de que la lengua catalana viva en cuatro millones de personas, 
cuando se ha vendido la corta edición de un libro, difícilmente vuelve a 
reimprimirse" (3). Es cierto que en toda España se lee poco; pero no hay 
proporción entre lo que este dato revela y lo que se difunden las obras de 
los buenos escritores castellanos. Los editores catalanes son inteligentes y 
activos, y a poco que hallaran acogida en el público de Cataluña y en las 
numerosas colonias catalanas de Madrid y América, trabajarían el libro ca- 
talán. No trabajan sino el castellano. Las librerías de Madrid están inunda- 
das de libros castellanos editados en Cataluña, escritos o traducidos por 
catalanes; el libro en catalán no es para ellos artículo de comercio. Ni por 
casualidad encuéntrase uno. Hay que pedirlos a Barcelona. ¿Qué significa 



(1) Al menos en los libros suyos que conocemos. Joaquín Montaner dice: "... ha escrito muy poco 
en castellano por el arraigo que tiene en su espíritu la catalanidad". (21-Octubre-1915). 

Í2) Adolfo Marsíllach: El Liberal, de Madrid, de 3 de Af^osto de 1905. Montaner nació en Extrema- 
dura; pero, como Guimerá en Canarias, criado en Cataluña, es un literato catalán. 

(3) Al través de la España literaria, por José León Pagano (3." edición, sin fecha), tomo I, pág. 71. 

316 



IX' LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

todo esto? Que el castellanismo, como por allí dicen, aun execrado, sigue 
predominando en Cataluña. 

Al espíritu catalán- castellanista debe atribuirse también la fundación 
de una de las instituciones de cultura más importantes en la capital del 
Principado: el Ateneo. Con el titulo de Ateneo Catalán fué inaugurado 
(21 -Mayo- 1860), y al fusionarse con el Casino Mercantil Barcelonés 
(11 -Abril -1872) tomó el nombre de Aieneo Barcelonés. Divídese en siete 
secciones: Literatura, historia y antigüedades; Bellas artes; Ciencias morales 
y políticas; Ciencias exactas y naturales; Agricultura; Industria; Comercio. 
Distingüese del de Madrid en comprender en sus fines estos económico- 
prácticos, y en tener algo de casino. Un artículo del reglamento prohibe 
tratar de religión y de política; ya sabemos cómo son entendidas tales pro- 
hibiciones en esta clase de sociedades. En el Ateneo Barcelonés discútese 
de todo; pero desde las cumbres. Allí chocan científica, literaria y cortes- 
mente lo europeo y lo indígena, lo español y lo catalán que conviven en 
la hermosa ciudad mediterránea. Los catalanistas que lucen como elocuen- 
tes oradores y formidables polemistas en las cortes, v. gr., Cambó, han so- 
lido formarse para las luchas de la palabra en las discusiones del Ateneo. 
La biblioteca es excelente; han venido gastándose en libros, hace muchos 
años, más de doce mil pesetas anuales por término medio. 

A este elemento, muy catalán, pero incapaz de pronunciar y menos de 
sentir la frase que se atribuye, a nuestro juicio equivocadamente, a don 
Teodoro Baró (1), fué siempre apegado Menéndez Pelayo, el cual recor- 
daba con placer y orgullo haber estudiado en Barcelona y ser discípulo de 
Milá y Fontanals: en Barcelona escribió en la Miscelánea científica y lite- 
raria (1874-75), fundada por algunos profesores y alumnos de la Universi- 
dad, y allí publicó varias de sus primeras poesías (2). 

73. Grupo tradicionalista católico. A) <^La tradició cata- 
lanay>, de Torres Bages. B) Vich y los poetas de la Garba. 
Verdaguer. — No menos interesante ni de menor importancia literaria. 



(1) Lo cuenta el Sr. Royo y Villanova: En resumen - dice cine dijo el Sr. Baró , si usted me pre- 
gunta si los catalanes odian a España, le diré que no. Si usted me pregunta si los catalanes aman a Es- 
paña, le diré que tampoco. Conviene advertir que el Sr. Royo y Villanova, amante fervoroso de la anidad 
nacional, es de los que ven con un recelo, a nuestro parecer extremado, el movimiento particularista de 
Cataluña. Véase a este propósito su conferencia sobre Las Bases doctrinales del Nacionalismo, en la Aca- 
demia de Jurisprudencia de Madrid ( 12-Enero-1916). Asi como existe en Cataluña el catalanismo, en Castilla, 
o sea en el resto de España, no deja de actuar un anticatalanismo que, como aquél, es muchas veces extre- 
moso e injusto. No sólo el Sr. Royo; puede verse también en esta tendencia el libro de D. José Martos 
O'Neale y D. J. Amado y Reygondand: Peligro nacional: Estudios e impresiones sobre el catalanismo (1901). 
Hasta se ha llevado al teatro en Madrid, aunque sin éxito, este anticatalanismo apasionado. 

(2) Juan Maluquer y Viladot: Menéndez Pelayo, Recuerdos de juventud (Diario de Barcelona, 12 de 
Julio de 1912). 

317 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

ya que Cataluña le debe su más famoso poeta, es el grupo o tendencia 
católico-tradicionalista. La restauración catalana que apetecen ellos es in- 
tegral o completa: quieren el resurgimiento del antiguo Principado, no sólo 
con sus condes, concelleres, usatges, fueros, lengua y literatura propias, 
sino principalmente con la unidad católica como base fundamental de la 
constitución politica. No conciben una Cataluña autónoma, libre- cultista o 
libre-pensadora. La verdad es que ni en los recuerdos históricos, ni en las 
tradiciones literarias, ni en los monumentos artísticos catalanes, encuéntrase 
nada que no esté inspirado o intimamente relacionado con la religión cató- 
lica. Nota característica del grupo es también su españolismo: la serie de los 
condes de Barcelona no debe interrumpirse; pero desde Ramón Beren- 
guer IV, el Conde de Barcelona es a la vez Rey de Aragón, y desde Fer- 
nando el Católico une a la corona de las cuatro barras la de los castillos y 
leones. Cataluña no es una dependencia o provincia de Castilla — ¡eso 
nunca! — ; está unida a Castilla por un matrimonio — el de Fernando e 
Isabel — ; pero ese matrimonio es un matrimonio cristiano, y por tanto 
indisoluble (1), Los tradicionalistas catalanes son entusiastas de la católica 
literatura castellana, aman a Cervantes, a los místicos, muy especialmente 
a Santa Teresa, de que Cataluña fué siempre devotísima; pero quieren rezar 
y que se les predique en catalán, y que en catalán se escriban bellos ver- 
sos y buenas prosas; porque esa es su lengua vulgar. 

A) La doctrina catalanista de esta escuela encuéntrase sintetizada y 
depurada en el libro La tradició catalana, del sabio y santo obispo de Vich 
D. José Torres y Bages (2). Comprende dos partes: la primera (colección de 
artículos escritos por Torres y Bages antes de ser obispo) defiende el regio- 
nalismo como forma política adecuada para encauzar la vida de un pueblo 
y la natural y típica de. la antigua Cataluña dentro de España; esa forma 
necesita de un espíritu que la anime, y tal espíritu es el del pueblo catalán, 
el principio vital de su ser que es la religión cristiana. En la segunda parte 
{también colección de artículos) prueba la tesis de la primera con argumen- 
tos sacados de la historia, estudiando las grandes figuras de Oliva y Beren- 

íl) Asi lo escribió el autor de este libro en un articulillo publicado en La Ilustración Católica, de 
Madrid, con motivo de la restauración del Monasterio de RipoU, y tuvo la iionra de recibir una carta del 
obispo restaurador, limo. Sr. Morgades, felicitándole calurosamente por la frase, y diciéndole que expresaba 
perfectamente el pensamiento de toda su vida. 

(2) Nació en Villafranca del Panados (12-Septiembre-1846). Murió en Vich (7-Febrero-1916). Estudió 
Leyes y Filosofía y Letras en Barcelona y Teología en Vich. Varón de grandes virtudes e infatigable en el 
trabajo, poco antes de expirar firmó la pastoral que estaba escribiendo en esta forma: ñn mi lecho de agonía 
aT de Febrero de lOIfi. Sus pastorales, escritas en catalán, todas admirables por el fondo y por la forma y 
que versím sobre los más variados asuntos (Teología, Mística y Ascética, Filosofía, educación, interpretación 
cristiana de los hechos históricos, especialmente los contemporáneos, cuestiones sociales, Estética aplicada 
a la vida, etc.), están coleccionadas y traducidas al castellano por el jesuíta P. Ignacio Casanovas (Bar- 
celona, 1913). 

318 



IX- LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

guer, San Raimundo de Peñafort, Raimundo Luiio, San Vicente Ferrer, 
Exímenis, Ausias March, Vives y Balmes. Afirma Rovira (1) que Torres y 
Bages representa la entrada de las doctrinas tradicionalistas en el campo 
del nuevo ideal catalán. No es exacto: si por nuevo ideal catalán se ha de 
entender el particularismo en general, las doctrinas tradicionalistas, de que 
el libro del Obispo de Vich es la última y acabada expresión, son el núcleo 
inicial muy anterior al actual nacionalismo que sustenta el Sr. Rovira; si se 
ha de entender este nacionalismo, nada más opuesto a él que La tradició 
catalana, en que se da por base substancial al ser colectivo catalán la reli- 
gión católica, cuando aquél tiene por principio prescindir de las diferencias 
religiosas para constituir una unidad puramente politica o nacional, la 
unión sagrada de los catalanes para emancipar a Cataluña. 

B) En la esfera puramente literaria, el tradicionalismo católico, exten- 
dido por el Principado, ha producido flores y frutos en todas sus comarcas 
y localidades. Singularmente interesante es, sin embargo, por este concepto, 
la episcopal ciudad de Vich, sede de los dos grandes prelados catalanistas. 
Morgades el restaurador de Ripoll y fundador del admirable Museo vicense 
de antigüedades artistico-eclesiásticas, y Torres y Bages, que acabamos 
de mencionar: patria no sólo de Balmes, sino de muchos otros catalanes 
famosos, eclesiásticos y seglares que han brillado en el partido carlista o 
en otros de la extrema derecha, como D. Ramón Vinader (2), el obispo de 
Segorbe D. Francisco de A. Aguilar (3), etc., donde los estudiantes y semi- 
naristas visten todavia el tipleo traje de capa y sombrero de copa, combi- 
nado con alpargata, según se les ve en el interesante cuadro de Julio 
Moisés F. Villasante, premiado en la Exposición nacional de 1915, y muchos 
de ellos, de pobrísimas familias montañesas, hacen la carrera sirviendo de 
maestros de primeras letras a los niños de las masias esparcidas por el 
llano de Vich: la retribución suele reducirse a casa, comida y ropa limpia; 



(1) Don Antonio Rovira Virgili, uno de los escritores más activos, inteligentes y cultos del actual 
nacionalismo, autor de Historia deis moviments nacionalistas (tres tomos). La nacionalització de Cata- 
lunya, Debats sobre el catalanisme. 

(¿) Nació en Vich (1832). Estudió Leyes en Barcelona con grandes trabajos, dando lecciones particu- 
lares y corrigiendo pruebas de imprenta. En Madrid fue pasante del célebre Sagredo, y después abogado de 
mucha reputación. Como carlista, escribió en Barcelona una Vida del Conde de Montemolin. que tuvo gran 
difusión; fué diputado de su partido en las eortes de 1867, ISfia y otras posteriores. Escribió, además de varios 
discursos, conferencias y prólogos, un libro de Arqueología Española, encaminado a que los sacerdotes 
conocieran la riqueza artística de los templos confiados a su custodia. 

(3) No nació en Vich, sino en la inmediata villa de Manlleu, pero en Vich hizo sus primeros estudios. 
Fué rector en Madrid de los Estudios de la Asociación de Católicos: después capellán del Asilo de San Ber- 
nardino, rector del Seminario de Córdoba, siendo obispo el P. Ceferino González, y obispo de Segorbe. Es- 
cribió mucho en los periódicos católicos y varios libros: Vida del P. Claret, ¿De que sirven los monjes? El 
Pase Regio, Libertad para imprimir libros de rezo, Historia eclesiástica (dos tomos). Era bachiller en 
Ciencias Naturales, y su opúsculo El Hombre ¿es hijo del mono? es de lo niás antiguo, o, quizás, lo más 
antiguo publicado en España sobre las doctrinas de Darwin. 

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SALCEDO ' LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 



todas las mañanas vienen andando al Seminario, a veces dos o tres leguas 
de caminata. En esta juventud suele haber entusiasmo: entusiasmo por la 
religión, por las ideas tradicionalistas, por el catalanismo, por hacer su 
carrera, y llegar a mosén; disputan entre ellos como en los buenos tiempos 
de la escolástica, hacen grandes proyectos de controversia con los liberales 
para lo por venir. A veces surgen en aquella estudiantina ejemplares raros 
de corazón ardiente y exaltada imaginación, con talento y sin juicio, que 
en las vicisitudes de la vida pasan repentinamente del más fervoroso misti- 
cismo a la más desenfrenada impiedad: un caso de éstos es D. Segismundo 

Pey Ordeix, a quien tuvieron que echar de El 
Siglo Futuro por demasiado integrista, y que ha 
ingresado luego en la redacción de El Motín; no 
recordamos ahora en qué periódico anticatólico 
ha escrito Pey Ordeix una página vigorosamen- 
te descriptiva del medio-ambiente de Vich que 
nada tiene que envidiar a las similares más sa- 
ñudas de Pérez Galdós. Hay también en la ciu- 
dad levítica de Cataluña graves canónigos y 
doctos profesores que continúan dignamente la 
tradición balmesiana. El palacio episcopal tiene 
una excelente biblioteca, 

Vich fué, desde los principios de la renai- 
xensa, en tiempo que no podemos precisar, uno 
de los más activos focos del catalanismo lite- 
rario. En torno de la Catedral y del Seminario 
agitóse la idea de escribir en catalán. Poetas y versificadores apresurá- 
ronse a usar el idioma vulgar como instrumento de poesía. En 1860 se 
fundó un Círculo Literario. En 1865, uno de los concurrentes a este círcu- 
lo, pero muy poco notado en él, estudiante de Teología, de los estudian- 
tes pobres que se ganan la vida enseñando primeras letras en las masías 
del llano, lector asiduo en la biblioteca episcopal, del que nadie sospe- 
chaba que tuviese talento ni que pudiera tener porvenir, se ganó un 
premio en los Juegos Florales de Barcelona: era Jacinto Verdaguer, pri- 
mera vez laureado por su romance Els minyons d'en Veciana. Había 
nacido en Folgaroles, aldea del contorno (17-Mayo-1865). Su inesperado 
triunfo le convirtió en una celebridad local. Los poetas jóvenes orga- 
nizaron una sociedad para componer y declamar versos al aire libre; 
salón de sesiones, el campo junto a una fuente (Font del desmay) a que 
da sombra un sauce; la sociedad se llamó Esbart uigatá. Estos son los 
poetas de la garba, o mejor dicho, de La Garba montanyesa, que así se 




Jacinto Verdaguer. 

<1843-19()2) 



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IX- LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

tituló el recull de poesíes del Esbart de Vich, publicado en 1879, colección 
en que figuran hasta diez y siete autores, unos poetas y otros copleros. El 
día primero que se juntaron junto a la fuente, Verdaguer los enardeció con 
un elocuente discurso, y ellos entusiasmados le proclamaron su jefe. El 2 
de Octubre de 1870 cantó misa Verdaguer, y fué mandado por el señor 
Obispo de coadjutor y ecónomo al pueblecito de Vinyolas; contrajo una 
cefalalgia y le aconsejaron que viajase por mar: el primer Marqués de 
Comillas, el célebre naviero D. Antonio López, satisfizo a esta necesidad 
dando colocación a Verdaguer en los vapores de la Trasatlántica. El sacer- 
dote-poeta recorrió muchas veces el Mediterráneo y el Océano Atlántico. 

En Mayo de 1877 los Juegos Florales de Barcelona, premiando el 
poema La Atlánüda, ponían a Verdaguer a la cabeza de los poetas catala- 
nes. La celebridad local se había convertido en gloria de la región y gloria 
nacional. En Octubre fué a Barcelona Ménendez Pelayo, de paso para Fran- 
cia, y encontró al mundo literario entusiasmado con el poema y con su 
autor; lo leyó él también, y el día 4 escribía a Laverde: "Es (Verdaguer) 
"vate de grandes alientos, potentísimo en las descripciones, y tal, que 
"entre los modernos tiene pocos rivales. He leído su obra, con admiración 
"en muchos trozos". A los pocos días decíale en otra carta: "Verdaguer 
"estuvo a verme y me regaló su Atlánüda. Piensa hacer una segunda 
"edición, aumentada con dos cantos. Es, a no dudarlo, uno de los poetas 
"de más bríos que han aparecido en España en lo que va de siglo". 

Ya en París (29-Octubre) relataba el argumentó del poema a su pro- 
fesor e intimo y fraternal amigo: "El argumento de La Atlántida tiene sen- 
"cíllez y grandeza. Verdaguer ha tenido la feliz idea de enlazarle con un 
"gran acontecimiento nacional. La introducción empieza con el combate 
"de dos galeras, una veneciana y otra genovesa: esta última se va a pique, 
"salvándose sólo un joven piloto que, asido de una tabla, llega a cierta 
"isla del grupo de las Canarias. Allí encuentra a un viejo ermitaño que le 
"refiere las tradiciones de L Atlántida y su hundimiento. Esta narración 
"llena diez cantos, donde en robustos alejandrinos se describen los por- 
"tentos del jardín de las Hespérídes, las proezas de Hércules, el venci- 
" miento de Gerión, y, finalmente, la catástrofe, Venfonzament: todo esto 
"mezclado con algunos trozos líricos de gran precio, entre ellos dos bala- 
"das en distinto metro. El joven genovés (que no era otro que Colón), al 
"oír tales relatos, se inflama en deseos de volver a unir los dos continen- 
"tes que un día enlazaba la Atlántida, y en la conclusión, que es bellísima, 
"y está adornada con una linda poesía lírica: Le sompni d' Isabel, marcha 
"a borrar los límites del mundo, como dijo Campoamor. El poema, aunque 
"más descriptivo que narrativo, es realmente espléndido. Su autor es un 

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SI 

Salcedo. — La Literatura Española.— Tomo IV. ** 



SALCEDO 'LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

'modesto presbítero de Vich, que anduvo algún tiempo de capellán en uno 
"de los vapores de Antonio López. Mistral, el famoso autor de Mireya, ha 
"llegado a compararle con Milíon". 

Para los poetas de Vich el triunfo de Verdaguer fué como propio; pero 
el vate, tan supremamente consagrado, salió por su misma universal cele- 
bridad de los términos de la escuela en que había nacido. La escuela con- 
tinuó (1), y su principal representante ha sido mosén Jaime Colell — nació 
18-Diciembre-1846 — , premiado en los Juegos Florales de 1869 por su 
poesía A la gent del any uuyt, en que cantó a los héroes catalanes de la 
guerra de la independencia, fundador (1878) de La Veu del Montserrat, 
donde acreditóse de prosista y polemista, coleccionador de los poetas de 
la Garba y autor de los dos libros: Faules y simils que per ensenyanca de 
minyons y esbargo de a gent madura ha escrit Mossen Jaume Colell, mestre 
engay saber (1879), y Floralía: Versos de Mossen Jaume Colell, mestre en 
gay saber, canonge de la Seu de Vich (1894). 

74. Lá obra y la persona de Verdaguer: A) L'Atlántida. 
B) Verdaguer como poeta religioso. C) La persona de Ver- 
daguer y ¡as tribulaciones que padeció en el último período 
de su vida. — A L'Atlántida, cuyo argumento ya conocemos por la fami- 
liar y admirable síntesis de Menéndez Pelayo, siguieron: Idilis y cants 
mistichs, con un prólogo de Milá y Fontanals (1879). Cansons de Montse- 
rrat y Llegenda de Montserrat (1880). Caritat {\885). Canigó, llegenda pire- 
nayca del temps de la Reconquista (1886). Lo Somni de Sant Joan (1887). 
Jesús infant, que comprende tres poemitas: Bethlen, Nazareth y La Fúgi- 
da a Egipto; el último es de 1894, en que apareció también Roser de tot 
I any: dietari de pensaments religiosos. San Francisco de Asís. Verdaguer 
vivió hasta 1902. 

A) El éxito de L'Atlántida fué de veras extraordinario. Al aparecer 
en libro acompañaba al texto catalán una traducción en prosa castellana 
de D. Melchor de Palau (2), calificada por Verdaguer de lindo y primoroso 



(1) Viejos y jóvenes: Los poetas de la Garba se titula un precioso artículo de D. Mario Verdaguer 
(La Vanguardia, ll-Mayo-19l7). Recuerda, entre los de la Garba, al poeta Camps, un campesino, un hijo de 
la Plana, que murió en plena adolescencia, y del que sus compañeros guardaron una memoria que fué un 
culto lleno de desinterés. Protesta contra la división de los poetas en jóvenes y viejos, afirmando que Verda- 
guer, Maragall y Camer llegarán a ser antiguos, pero nunca viejos. Elogia a mossen Colell, 'ese viejo poeta 
"que fué antafio de la Garba de mossen Cinto y de Camps, lleno de la gran fuerza catalana, hija de latra- 
"dición y del amor a la tierra; fuerza que se renueva, que cambia de aspectos y matices, y que sin embargo 
*es siempre la misma, y siempre joven". 

(2) Ingeniero de Caminos, abogado, académico de la Española, escritor y poeta, natural de Mataró. 
Como ingeniero construyó muchas carreteras, proyectó el paso de Canfranc, y fué profesor en la Escuela de su 

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IX 'LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

trabajo de platero, y la carta de Mistral, a que alude Menéndez Pelayo en 
el párrafo arriba transcripto, "Después de Milton, en su Paraíso Perdido, 
"decía Mistral a Verdaguer, y de Lamartine en su Caída de un ángel, nadie 
"ha tratado de las primitivas tradiciones del mundo con tanta fuerza y tanta 
"grandeza. 

"Paréceme vuestro magnifico poema como uno de esos asombrosos 
"animales que hallan los mineros en las entrañas de la tierra, y que, recons- 
*tituidos por los paleontólogos, nos revelan los misterios que ocultó el di- 
"luvio. La concepción de La Atlántida es colosal, y espléndida su ejecución. 
*'Nunca produjo Cataluña obra de tal poesía, de tal majestad, tan grande, 
"tan vigorosa y tan científica. . . 

"¡Oh, insigne autor! Habéis colmado con creces las promesas que nos 
"hizo vuestra juventud. Recuerdo aquellas soberbias fiestas de Barcelo- 
"na (1) en que con tanta gracia y tanto entusiasmo os acercasteis a mi. 
"Erais un modesto estudiante que cubría la cabeza con la morada barre- 
"tina; pero todos — me acuerdo muy bien — confiaban ya en vuestro 
"valer. Todos os decían: ¡Tú Marcellus eris! Y habéis cumplido centuplí- 
" cadas las esperanzas que tenía en vos puesta la patria. 

"De todo corazón mi felicitación y gracias. La soberana epopeya que 
"acabáis de sublimar a las regiones del ideal, pertenece no sólo a Cataluña, 
"sino al renacimiento de nuestra lengua, y para todos los felíbres es gloria 
"vuestra obra". 

En 1884 aparecieron dos traducciones francesas del poema: la de 
Alberto Savine (en prosa) y la de Justino Pepratx (en verso). En el mis- 
mo año salió en Madrid la de D. Francisco Díaz Carmona (2) en verso 



Cuerpo. Como abogado publicó un comentario a la Ley de Aguas que alcanzó segunda edición. Como 
filólogo preparó un Diccionario de Catalanismos. Como poeta tuvo una doble personalidad: la de poeta 
popular que supo imitar perfectamente las copias del pueblo (Cantares, 1866; Nuevos cantares) y la de 
poeta científico que cantó A la Geología, Un secreto de las flores, A la Imprenta, La unidad de las fuerzas, 
Al carbón de piedra, Las plantas insectívoras, etc. Los versos de este género están coleccionados en el libro 
Verdades poéticas (1881), de que conocemos seis ediciones; lleva un prólogo del profesor D. José R. Carracido 
y un post-scriptum de D. Federico Rahola; la oda que lo encabeza. La Poesia de la Ciencia, está reproducida 
por Valera en el Florilegio de Poesías castellanas en el siglo XIX. Compuso, además, Palau una leyenda 
piadosa (De Belén al Calvario) y tradujo al castellano, no sólo L' Atlántida, sino en verso Batalla de reinas. 
En libro, no tan ceñido como éste, merecería Palau más amplia y razonada noticia. 

(1) Las fiestas a que se refiere Mistral fueron las celebradas en obsequio del gran poeta provenzal en 
Mayo de 1869. Fueron con Mistral Paul Meller, Roumieux y el principe Bonaparte Wyse. Concurrieron los 
valencianos Llórente y Querol y los castellanos Zorrilla, Niiñez de Arce y Ruiz Aguilera. 

(2) Profesor y literato católico; nació en la provincia de Granada hacia 1847. Murió en Septiembre 
de 1916. Profesor de Historia en los institutos de Gijón, Ciudad Real, Córdoba y Granada. Sus libros de texto 
son muy apreciados: Compendio de Historia Universal, Historia Universal presentada en cuadros de sus 
más importantes sucesos. Elementos de Geografía universal ij especial de España, Elementos de Historia 
de España. Compuso una Historia de la Santa Iglesia para uso de las familias. Tradujo las Sátiras de 
Juvenal y Persio. En La Ciencia Cristiana (1884-85) publicó una serie de artículos titulados La novela na- 
turalista, refutando La cuestión palpitante, de doña Emilia Pardo Bazán. Véase: El traductor castellano de 
La Atlántida, Francisco Díaz Carmona (Diario de Barcelona, 17-Octubre-1916). 

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SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

castellano, con un estudio preliminar. A Verdaguer agradó esta versión, 

"Gracias mil — decia al traductor (Vich, 27-Septiembre-1883) — por 
"ia buena obra que usted me ha hecho. Algún critico casi me ha lanzada 
"el reproche de no haber escrito en verso castellano, lo que yo no podía 
"pensar sino en mi lengua materna, que por espacio de más de tres siglos 
"ha sido, sin merecerlo, como la Cenicienta de las lenguas neo-latinas. La 
"traducción que usted ha hecho es preciosa. Al verter mis rudas y algo 
"selváticas estrofas, ha sabido poner en boca de mis héroes versos que no 
"desdeñarían Garcilaso y Herrera; y guardando la debida fidelidad en el 
"traslado del concepto, ha sabido usar de una discreta libertad, dando a 
"sus versos un colorido natural y un movimiento espontáneo que más yo 
"no pudiera desear. 

"Diriase, además, que usted, como hijo de la oriental Granada, en 
"cuya hermosa vega plúgome colocar el episodio final de mi poema, ha 
"cubierto los desnudos y musculosos hombros de mis Titanes con el bri- 
" liante velo de su rica y exuberante fantasía. 

"Crea usted que al pasar mi obra de un idioma a otro, ha ganado en 
"belleza en algunos pasajes, como fuente enriquecida con nuevos e ines- 
"perados caudales; y por lo que toca a su material estructura, la misma 
"variedad de metros que usted emplea, se aviene mucho mejor a los varios 
"tonos de mi composición que no el machacón alejandrino a que me ceñí, 
"como obligado por imperiosa necesidad, pues en tal metro había yo 
"vaciado, allá en mis primeras mocedades, la leyenda que fué como el 
"embrión, y quizás mejor, el sumario de mi poema. 

"Con amore ha hecho usted su obra, y afortunadamente para mi ha 
"salido airoso del empeño no liviano. Dios se lo pague, y reciba usted esta 
"sencilla expresión de mi cariñosa gratitud que durará tanto como mi vida. 
"Que no es favor para olvidado de un autor, el ver una obra suya, no mu- 
"tilada en el lecho de Procusto de una versión ramplona y trabajosa, sino 
"libre y deser^barazada mostrarse en extraña lengua con el nuevo y hol- 
"gado ropaje de una traducción fiel y esmerada". 

La traducción italiana de Luis Sugner es de 1885 (Roma), y la proven- 
zal de Juan Monné de 1888 (Montpellier), ambas en prosa. 

Don Manuel de la Revilla censuró acremente el argumento del poema. 
Opinaba que Verdaguer debió dejarse de sobrenaturalismos y confusas 
leyendas y cantar la formación del globo terráqueo, tal y como la ciencia 
moderna la concibe. Decía que las fabulosas hazañas de Hércules carecen 
de interés humano y de interés español o nacional en el siglo actual. Que 
hoy no creemos en los dioses de la mitología. Y que la mezcla de lo ma- 
ravilloso gentil con lo maravilloso cristiano es absurda e inaceptable. 

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IX -LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

"". . . la fábula de Atlante combinada con el cristianismo no tiene disculpa 
"ni explicación posible. Conciliar el Dios cristiano con los Titanes, el 
"Dragón de las Hespérides y Hércules, es más de lo que a un poeta puede 
"tolerarse. Hércules, obrando de acuerdo con el Ángel exterminador del 
"Apocalipsis y haciendo milagros bajo la inspiración de Jehovah, es peor 
"que la isla llena de ninfas que depara Venus a los portugueses en la epo- 
^'peya de Camoens". 

Esta última objeción es aceptada por un admirador de Verdaguer, mon- 
señor Joseph Tolrá de Bordas, autor del notable librito Une épopée cata- 
lañe au XIX siécle, L'Atlántida de D. Jacinto Verdaguer, y por otro crítico 
francés — Stephen Liegeard — , en un estudio publicado en Le Pays. Diaz 
Carmona sale a estos reparos con la observación de que Verdaguer se 
propuso contar las tradiciones fabulosas de los griegos, y que no lo hizo 
directamente a los lectores sino poniéndolas en labios del ermitaño, que 
viene a ser como el genio de la leyenda. No es demérito, añade, lo apun- 
tado por Revilla de que el autor de La Atlántida cante con la inspiración 
de un gran poeta y la candidez de un niño de cinco años. ¿Dónde hay 
mayor candor que en las tradiciones de la infancia de los pueblos? Verda- 
guer comprendió que sólo a fuerza de candor e ingenuidad infantil podía 
ser la narración eco fiel de las antiquísimas narraciones. Y dice: 

"No es Verdaguer quien relata la rebelión y lucha de los Titanes, las 
"hazañas de Hércules y la destrucción de la Atlántida; es la tradición misma 
''la que habla, personificada en el anciano; es la tradición, ingenua, can- 
"dorosa, crédula como un niño de cinco años, y que ha ido a pedir al poeta 
"aladas estrofas, ora centelleantes como el relámpago, ya mansas, apaci- 
"bles y murmuradoras como las ondas de cristalino río. El mérito de Ver- 
"daguer consiste en habérselas podido dar. Donde Verdaguer habla por sí 
"mismo, es en aquellas estrofas áureas de la introducción escritas con la 
"potente fantasía de un asiático y la austera sobriedad de un espartano; en 
"aquella balada del sueño de Isabel, mezcla de miel y de leche, que no 
"puede traducirse a lengua alguna; en aquella misteriosa evocación de un 
"mundo "envuelto en las nieblas del misterio, ab celisties y Ihim d'altre 
" hemisferi" . Donde está el alma de Verdaguer, el ingenio de Verdaguer, 
"la potencia poética de primer orden de Verdaguer, es en la armoniosa sín- 
" tesis, que ha llevado a cabo, uniendo en un mismo cuadro, poniendo a una 
"misma perspectiva, acontecimientos y cosas tan separadas por los siglos 
"y por el espacio. 

"Esta disposición y traza de la obra le ha permitido reproducir la tra- 
"dición, no tal como la vería un hombre del siglo xix, sino tal cual es, vaga, 
"nebulosa, contradictoria en apariencia, en la realidad conforme siempre 

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SA LCEDO -LA LITERATURA ESP AÑOLA - TOMO IV 

"consigo misma. De este carácter especial nacen todas las cosas chocantes a 
" primera vista en el poema; nace la mezcla de lo sobrenatural, pagano y cris- 
"tiano, que tanto ha sublevado a algunos críticos y especialmente a Revilla; 
"nacen las proporciones indeterminadas de los personajes, mitad hombres, 
"mitad símbolos, las aparentes contradicciones en los hechos de esos mis- 
"mos personajes, y por último, lo vago y obscuro a veces de la narración". 

En lo que convienen todos los críticos es en la forma escultural de los 
versos de Verdaguer, en su inspiración varonil que rehuye los afeites y aci- 
calamientos de la retórica y busca con certero instinto la frase adecuada, 
precisa y más breve, siendo agreste unas veces y otras tierno y suave. 
Menéndez Pelayo lo juzgó así definitivamente: 

"Fantasía brillante y poderosa, llena de plasticidad y colorido; inven- 
"tiva rica y variada; inspiración espontánea, potente y entusiasta; fuerza 
"extraordinaria de concepción; tales son las cualidades que constituyen el 
"numen poético de Verdaguer. Admirable en las descripciones, que si de 
"algo pecan es de exuberantes, sabe trazar cuadros de tan firme diseño y 
"vigoroso colorido, que más parece obra de pintor que de poeta. Gráfico, 
"atrevido y grandioso en las imágenes (aunque no siempre se libra en 
"ellas de cierta originalidad que suele pecar de mal gusto), da a sus con- 
"cepciones formas verdaderamente escultóricas que se graban de un modo 
"indeleble en la fantasía del lector. Vivo y animado en la narración, elo- 
" cuente en el estilo, castizo y algo arcaico en el lenguaje, brillante, abundo- 
"so, rico en su versificación sonora y grandiosa, el Sr. Verdaguer es uno de 
"esos maravillosos artistas de la palabra que saben dar a la poesía los colo- 
"res de la pintura y las armonías de la música, mostrando hasta qué punto 
"puede el lenguaje humano trocarse en espejo fidelísimo de la realidad y 
"en verbo magnífico del pensamiento. Bajo este concepto La Atlántida es 
"un gran monumento poético y una legítima gloria de la poesía catalana". 

Respecto del arcaísmo notado por el maestro conviene advertir que 
Verdaguer no pudo librarse de ello; porque la lengua literaria catalana que 
habló él, diferenciábase muy poco todavía del idioma popular plagado 
de castellanismos, mejor dicho, castellanizado por los tres siglos sin litera- 
tura propia. Verdaguer para catalanizar su poema tuvo que buscar en los 
escritores medioevales y en los estudios de D, Tomás Aguiló vocablos y 
giros desusados, y, por tanto, arcaicos. Hoy, después de tantos estudios lin- 
güísticos, encaminados no sólo a dar al catalán todo su carácter, sino a dife- 
renciarle lo más posible del castellano, el lenguaje de Verdaguer, comparado 
con el de cualquiera de los poetas contemporáneos, v. gr., Carner, el mejor 
de todos ellos, resulta corriente y popular. Carner es, sin embargo, clarísi- 
mo y moderno sí se le compara con esos otros jóvenes ^ que se refiere 

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IX 'LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

Mario Verdaguer en el artículo arriba citado, que a fuerza de querer ser 
modernistas "buscan una lengua que no es la de la tierra ni la del pueblo, 
"y la tierra y el pueblo — dice — son las dos fuentes inagotables en cuyas 
"aguas bebieron nuestros grandes poetas". 

B) Prescindiendo de las otras obras de Verdaguer, aun de Canigó, que 
es la más semejante a LAtlánüda por sus proporciones y carácter, diremos 
que los idilis y cants mistichs, tanto los publicados en el libro de 1879 
como los poemitas posteriores, muchos de ellos desarrollo de temas ya 
tocados en aquél, son en su línea y esfera lo mejor de la poesía moderna 
española, y de lo mejor de la poesía universal; y por lo que a la nuestra se 
refiere, sin precedentes comparables, ni aun de lejos, desde que calló la 
sagrada lira de los grandes místicos castellanos del Siglo de oro. En L'At- 
lántida y en Canigó, Verdaguer es un excelente poeta, un gran poeta si se 
quiere; en este género de poesía religiosa es el poeta, y no hay otro que se 
le parezca. Empieza por tener una profunda, inconfundible originalidad. 
Los místicos castellanos del Siglo de oro eran místicos en el sentido teoló- 
gico de la palabra; aspiraban a ver y adorar a Dios en sus almas unién- 
dose a Él por aquellas misteriosas vías que la Mística, ciencia y arte de los 
espíritus, descubre y señala; y en cuanto a la forma poética eran clásicos, 
literatos educados en el estudio de los grandes modelos latinos, revividos 
y bien comprendidos por el Renacimiento. Verdaguer ni es místico en sen- 
tido estricto, sino piadoso o devoto, ni tiene nada de clásico; más bien es 
de la edad medía, o mejor, genuinamente popular. Hay, además, en sus efu- 
siones piadosas, y más todavía en sus cuadros o poemitas divinos, una 
encantadora vaguedad en los contornos, como de ensueño, junta con la 
rigorosa sujeción al dogma, únicamente ampliado por las antiguas tradi- 
ciones o poéticas leyendas populares que la Iglesia no rechaza, sino antes, 
por lo contrario, apadrina en las representaciones artísticas, plásticas y 
oratorias. Llega el arte a tal primor que parece no haber arte. El misterio 
de lo sobrenatural no se desvanece por el realismo de la composición, ni 
el profundo sentimiento religioso se mezcla con el espíritu de polémica. 
Verdaguer nos transporta a una esfera de fe sencilla, ingenua y consola- 
dora, en que no hay impíos ni incrédulos. He aquí unas muestras de tan 
deHciosas composiciones: 

JESÚS ALS PECADORS 

Mirau mon cor de pare amorosissim 
en creu morint d'espines coronat 
no n'hi claveu cap niés al Cor dolcissim 
que tant vos ha estimat! 

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SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA- TOMO IV 

Sota ses íiles cors de verge hi nian; 
veniuhi a l'ombra, pecadors, veniu; 
los serafins mes rossos quan somnian 
somnian ferhi niu. 

Llengau, llengau lo cálzer d'aniargura, 
que dolga bresca angélica us portí; 
si teniu set d'amor y d'herniosura 
veniu, l'aygua es aci. 

Tinch per les verges palmes y corones, 
peí jove somnis, música y amor, 
gloria y recorts pels avis y matrones, 
pels infantets dolgor. 

Veniu, daré consolació a qui plora, 
medecina suau al malaltís, 
y al pit de tots abocaré abans d'hora 
plahers del paradís. 

Mes ay! vos enamoran les íloretes 
qu'en cálzer enmelat regalan fel, 
y ningú assaboreix mes amoretes, 
mes dolces que la niel. 

Té la nina aymadors, lo Iliri abelles, * 

lo mes petit verger son rossinyol, 
¡y jo, que Iliris fiu florir y estrelles, 
tinch de plorar tot sol! 

Per mes que Is bragos nit y dia axample, 

ningú ¡ay de mi! ningú s'hi ve a llengar; 

per tot se troba el colisseu poch ampie, 

y es ¡ay! desert Tallar. 

¡Amors del Cel, veniu a fermhi festes, 
que Is de la térra ja no son per mi! 
¡Tant que l'estimo! y sois me goarda arestes 
mon blat que ab sanch regui! 

Aqueix amor del mon per qui m dexáreu 
¿vos amará fins a la creu com jo? 
¿peí paradis obrirvos que tancáreu 
pren mort y passió? 

¿Qué US he fet ab mos ósculs y abragades? 
¿y en qué us he ofés pera dexarme axí? 
donáume altres agots, altres llangades, 
mes no fugiu de mi. 

Jo so la via, veritat y vida, 
so hermós de cara, humil y dolg de cor, 
de flors mon jou suau y enlleugerida 
ma cárrega d'amor. 



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IX -LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

A amar y ser amat vinguí a la térra, 
fet un anyell sois per poder 'morí, 
jo, Deu de les venjances y la guerra 
que trono en Sinai. 

Quan baxo en carro flamejant de bromes 
tremola encara 1 firmament de por, 
que 1 núvol so deis llamps, mes ¡ay! pels homes 
so rastre del amor. 

Ja un roch no tinch hout reclinar ma testa, 
que tot vos ho doní sino la creu; 
mon cós per pa, per vi la sanch que m resta; 
¿qué darvos mes?. . . preneu. 

Preneu mon ser y tot, dolga primicia 
del esplet que a la gloria us tinch guardat; 
¿no tornareu al Cor d'hont sou delicia, 
fillets que m'heu dexat? 

Si no hi tornau, ¿qué faré jo? us sabría, 
bocins de mes entranyas, aborrir? 
amarvos, sempre amarvos, si podia, 
fins a torna a morir! 



LOS TRES LIRIS 

Un monjo del Cister, en son cenobi, 
perdé la pau del esperit un dia, 

unglejat per lo dubte 
de si la Mare de Jesús es verge! 

Llegí grossos infolis 
hon mot per mot buydaren sos estudis 

teóleche de cap-d'ala. 
Ne consulta de vius, qui dintre l'orde 
de Sant Bernat son pous de sabiesa. 

Con mes parers consulta 
mes los ulls de sa fe s'enterenyinan. 
¿Qui tornara la pau a la seva anima 
lliurantla del viguer que li rosega? 

Un jorn li estreny lo siti 
l'esperit infernal fora de mida. 
Eli, les ones veyent damunt les ones 
arrestellarse al seu voltant ab furia, 

temeros del naufragi, 
va a demanar socors al frare Egidi, 
de Sant Francesch angelical de.xeble. 



329 



SALCEDO ' LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

Al acostarse al ronech 
convent se posa farfallós y trémol. 
¿Cóm 11 dirá? ¿ja gosarii esbrinarli 
punt per águila Is pensaments herétichs 

que per sa testa bullen? 

¿Y un podrá atuirlos 
quan no ha pogut un reguitzell de sabis? 
Son esperit branqueja com un roure 
dins un temperi escabellat y rúfol; 

sos peus s'enfexuguexen, 
apar que se 11 arrelan en la via. 

Quan, vengut en la Iluyta, 
va a girarse en rodó, veu a fra Egidi, 
qui ab los bracos oberts sortia a rébrel. 
Pregant ara mateix en l'oratori, 
com dins la llun d'un mirall clarissim 
en Deu ho vegé tot; he vist al monjo 

martiritzat peí dupte, 
de si la Mare de Jesús es verge, 
que al seu voltant brunzeix com vespa xana 
sovint clavantli 1 fible diabólich. 
Y tot segvit, per tráurel del suplici, 
ab cara somrihent surtli al encontré. 

— Nostra Senyora abans del part fou verge, 
per Deu-vos-guart li diu de bell entuvi, 
ensemps que ab son bastó fereix la dura 
térra d'hon brota un Iliri blanch. — María 
verge fou en lo part — y un altre Iliri 

al cop de son bastó surt de l'arena, 

— Fou verge aprés del part — y en testimoni 
de sa puresa un tercer Iliri brota. 

Devant del llech serafich 
de pedra s queda 1 monjo 
com ombrat per la célica guspira, 
mes sa pensa, de boyres escombrada, 
román com un espill pura y serena, 
y 1 cel de la seva ánima estelifer, 
may mes se torna a ennuvolar peí dupte. 



ROSALÍA 

Demati se n baxa al hort 
na Rosalía, 
a cullir los clavellets 
y satalies; 



330 



IX' LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

n'ensopega un ros Infant 
que ja n cullia; 

— A defora, l'infantó, 
les flors son mies. 

~ ¿Qué n fariau de les flors, 
na Rosalía? 

— Les volia per Jesús, 
que tant m'estima. 

— Si les voliau per Eli, 
jo per l'aymia. 

— Si per l'aymia es lo ram, 
dauli d'ortigues, 

que si no me 1 dau a mi 

jo US el pendría. — 

Tot prenenili 1 ramellet 

lo veu somriure; 

bou Jesús prou les eutén 

vostres joguines, 

ab les joguines d'amor 

vos conexia. 

— Donaume les flors, si us plau, 
preneu les mies. 

— La flor que volia jo, 
ton cor de nina. 

— Si m dau la vostra d'infant 
be US el daria. — 

Mentre's cambian los cors 

s'es defallida, 

que ja no pot obehir 

tanta delicia. 

Lo traydor del rossinyol 

canta y refila; 

ab cansons y refilets 

tot ho espia. 

La mareta qu'entra al hort 

plora y sospira 

quan la veu entre Is rosers 

tan esllanguida: 

— Filíela, qué t'ha fet mal, 
ma dolsa filia? 

— Cullint roses y clavells, 
dolseta espina. 

— Una águila tinch d'or fi 
que la trauría. 

— Ni que fos de diamant 
será prou fina. 

— Filíela, ¿qué t gorirá, 
ma dolsa filia? 



331 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

— Mare, exes roses y flors 
que ni'han ferida. — 

Tot espargintleshi al pit, 
sent que sospira. 

— ¿Donchs que t tornan a punyir, 
ma dolsa filia? — 

Sa filleta no respon, 

embadalida 

ab qui fuig entre Is clavells 

y satalies. 

Tot fugintli, riallós 

los ulls li gira. 

Lo cel se va asserenant, 

l'herba floria. 

C) Tanto o más que sus obras interesa, o viene interesando hace tiem- 
po, la persona de Verdaguer. Hubo en el último período de su biografía 
una serie de raros sucesos que aún no han podido explicarse de un modo 
satisfactorio, ni en si mismos, ni por lo que revelan del carácter, o psicolo- 
gía, como ahora se dice, del gran poeta. De aquí apasionadas controversias 
e interpretaciones muy distintas de esa psicología que resulta enigmática 
o misteriosa. 

Los hechos conocidos son los siguientes: Verdaguer, apreciadisimo y 
protegido por los dos Marqueses de Comillas, padre e hijo, llegó en la casa 
a desempeñar el oficio de limosnero. Perdió después este cargo: se dijo 
por unos que, llevado de su buen corazón, se había excedido en el reparto 
de las limosnas; por otros, que habían abusado de su sencillez personas 
ávidas de lucro; indicóse también que se había metido a aconsejar a la se- 
ñora de la casa que se dedicase al ejercicio personal de la caridad en tér- 
minos incompatibles con la vida doméstica. Verdaguer sintió mucho este 
incidente, y empezó a murmurarse que estaba loco. El señor Obispo le pres- 
cribió que se retirase al santuario de la Gleba para que descansase su en- 
tendimiento y reposara su espíritu. Algún tiempo permaneció en el cam- 
pestre santuario mosén Jacinto; pero un día se salió de allí, vínose a Ma- 
drid, y el prelado le retiró las licencias para ejercer el ministerio sacerdo- 
tal. Todo esto tuvo resonancia literaria y aun política: los poetas felibres 
del mediodía de Francia protestaron en prosa y en verso contra el atropello 
de que suponían amenazado al mayor felibre de su raza. 

"Cuando Italia y toda la cristiandad, decían en verso a Verda- 
"guer, ensalzan los tiempos de Godofredo de Bouíllon y de San Raimun- 
"do de Saint Giles, y al gran poeta que los cantó, es ¡oh hermano! muy 
''doloroso saber "que también a ti reservaban la celda de un manico- 

332 



IX -LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

"mió" (1). A ti, mayor poeta que el Tasso; primer felibre de tu raza; que 
incensastes con la gracia de tu lengua, en nombre de Cataluña, el mármol 
de nuestro prior Favre (2); y a quien quisimos alzar al más alto puesto de 
un felibrige sin otros límites que los del mundo latino. 

"¡Oh, poeta!, canta la gloria de San Francisco de Asis, más alta que la 
"de otros santos de aquel siglo y los siguientes. Para enmudecer a sus per- 
" seguidores, Sófocles no hizo más que recitar el divino diálogo de Edipo 
"en Colorína, y, al punto, el juez, los médicos y los hijos, admirándolo de 
"nuevo, trocaron en amor el escarnio de las afrentas". 

No tan poéticamente, los periódicos de Barcelona, y aun los de toda 
España, trataron el asunto con mayor o menor templanza. Para la prensa 
de la izquierda, Verdaguer era una víctima de la tiranía clerical. Los mé- 
dicos Jiné (Juan), Rodríguez Méndez, Vivó, Galcerán, Sereñana, Jaques, 
Ribas, Pubill, Rodríguez-Morini, Giné (Arturo) y Ribera, emitieron un infor- 
me (Barcelona, 17-Octubre-1895) (3) que con tres artículos firmados por Un 
alienista (D. Ramón Turró), insertos en La Publicidad mucho antes del 
informe, y la protesta de los felibres de Montpellier, forma el opúsculo En 
defensa de mosén Jacinto Verdaguer (Barcelona, 1895). La tesis es rebatir 
los cargos que se hacían al poeta, y demostrar la integridad de sus facul- 
tades mentales. Lo más interesante para la historia es el juicio de los cita- 
dos doctores sobre la persona de Verdaguer. 

Físicamente lo describen como de mediana robustez, tirando a delica- 
da, y de salud habitual. Temperamento nervioso sosegado, equihbrado por 
el sistema linfático. Estatura mediana, facciones regulares, pelo negro y ya 
entrecano, ojos azules, vivos y expresivos. En su semblante reinan la cal- 
ma y la afabilidad; muy rara vez la pasión ha debido de reflejarse en su 
cara, expresión constante del altruismo y de los más puros goces del 
espíritu. 

Habla suave, reposada, modesta y cariñosamente, en catalán puro y 
castizo, sin incurrir nunca en los amaneramientos arcaicos de que, hasta 
en la conversación familiar, hacen gala algunos catalanistas. Sonríe bené- 
volamente, y siempre pende de sus labios la expresión gratulatoria de vis- 
ca molts anys que encanta y atrae por lo leal y genuína. Contra los que le 
hacen mal reacciona diciendo: "a buen seguro que no es por maldad, sino 
por equivocación" . No esquiva los ultrajes, sino que parece atesorarlos 



(1) Tasso, autor de la Jerusalén libertada, estuvo siete años recluido como loco en una celda del 
Hospital de Ferrara. 

(2) El abate Favre, descendiente de catalanes, poeta provenzal. Verdaguer, invitado par los felibres, 
fué a bendecir la lápida funeraria de Favre (1886). 

(3) Publicado en La Independencia Médica, 31-0ctubre-1895. 

333 



SALCEDO ' LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

para atemperar su alma en el perdón y en el olvido. Devotísimo de San 
Francisco de Asis, tiene a este santo por dechado de perfección cristiana. 
Es candoroso en grado sumo. En todo percibe la grandeza, bondad, belleza 
y gloria del Creador. Se le resiste la noción del mal, y esto le perjudica 
mucho; porque no conociendo el mal, no lo recela, y resulta extremada- 
mente sugestible. Se fía de todos y en todos confía. Qui mal no fa, mal no 
pensa, suele decir cuando se equivoca. Hombre sin energía de voluntad, 
no podrá tener jamás en el ambiente social lugar suficiente para vivir 
tranquilo, según apetece, y por eso tan sólo anhela que le concedan, como 
a los pájaros, libertad para cantar a Dios desde una rama. 

En 1916 se ha publicado la última biografía del poeta, de que tenemos 
noticia: Mossén Jacinto Verdaguer por Valerio Serra y Boldú. Está for- 
mada por los recuerdos íntimos del autor, que fué gran amigo de Verda- 
guer. Las conclusiones del Sr. Serra no difieren de las de los médicos que 
acabamos de extractar: las dos cualidades morales que se destacaban en 
mossén Jacinto, son la humildad y la falta de voluntad. El distinguido crí- 
tico D. Manuel de Montolíu, examinando este libro (La Vanguardia, 
5-Abril-1916), hace consideraciones muy dignas de tenerse en cuenta. 

Sienta, en primer lugar, que desde que actúa de crítico literario, ape- 
nas ha pasado un año en que no haya tratado de alguna nueva obra sobre 
la persona o la personalidad de Verdaguer. "Esta abundancia de estudios 
"verdaguerianos indica que en el alma catalana se agiganta cada día más 
*la figura del vate. . . No tememos equivocarnos presagiando que la bio- 
"grafía de Verdarguer constituirá un tema secular de investigación". Causa 
de este interés creciente no es sólo la belleza de los poemas y poesías, sino 
la aureola de leyenda que ha envuelto a su autor, y que es un enigma pa- 
voroso; Verdaguer parecía predestinado a gozar en esta vida de las em- 
briagadoras dulzuras del triunfo, y, sin embargo, su existencia terrena fué 
amargada como por la sombra de un destino trágico. No bastan para expli- 
carlo, según el Sr. Montolíu, ni su humildad ni su falta de voluntad; aparte 
de que no se aviene el crítico a creer en esa falta de energía volitiva, ni 
aun en esa humildad. 

"Los grandes dolores ejemplares — dice — como este que aniquiló al 
"poeta, no pueden existir sin la base de una voluntad férrea y de un noble 
"orgullo, o en otras palabras, sin una conciencia clara del valor excepcio- 
"nal de la propia personalidad. Y efectivamente, al través de la flaqueza 
"de voluntad y de la humildad franciscana del gran poeta, no es difícil 
"para nuestra mano sentir la dureza granítica de su voluntad, y para nues- 
"tros ojos columbrar la sublime altura de su sentimiento de dignidad per- 
"sonal, hijo de la plena conciencia de su superioridad". 

334 



IX - LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

Lo que admite el Sr. Montolíu, o deduce de la biografía del Sr. Serra, 
es la falta de sentido práctico que caracterizó a Verdaguer. "Resalta — 
dice — "esta falta con extraordinario relieve en los recuerdos de su actual 
"biografía. Él mismo confesó a éste con ingenua sinceridad en una conver- 
"sación que está reproducida en el libro: "i veuseaqui que jo no he pogut 
"apendre a mirar amb un ull al cel i amb un altre a la térra!" Y esta cuali- 
"dad o defecto personal existía en Verdaguer en un grado heroico, en el 
"grado fatalmente necesario con que ha de existir en todos aquellos espí- 
"ritus cuya misión es sembrar ideal en la dura realidad. La falta de sentido 
"práctico es en Verdaguer un rasgo espiritual que le hace hermano de los 
"sublimes infortunados que se llamaron Dante, Tasso, Milton, Cervantes, 
"Byron y Beethoven. Y si en la familia no figuran todos los hombres ge- 
" niales del pensamiento y del arte, es por la sencilla razón de haber sido 
"algunos de ellos hijos mimados de la fortuna. Porque, ¿qué hubieran sido 
"Rafael, Goethe y Wagner a no haberles deparado la suerte la mano mag- 
"nánima de León X, del Duque de Weimar y del Rey de Baviera? ¿Qué 
"hubiera sido la vida de cada uno, sino una batalla a muerte con todos los 
"monstruos de la realidad? "A nadie debo gratitud sino a ti, decía Goethe 
"a su egregio protector, yo que me conocía, como buen poeta, con tan poca 
"aptitud para ganarme el sustento". 

Excúsase el Sr. Montolíu de dar una opinión personal sobre los con- 
ilictos o cuestiones que amargaron la vida de Verdaguer, manifestando que 
no se halla para esto documentado. Lo mismo sucede al autor de este libro. 




335 



LA LITERATURA ESPAÑOLA CONTEM- 
PORÁNEA t^ X. - LENGUAS y LITERATU^ 
RAS REGIONALES - CATALUÑA. VALENCIA. 



MALLORCA (Continuación) ^^^ 



í|* ^ 




El catalanismo liberal: A) Don Víctor Ba- 
laguer. B) El catalanismo federal: Pi Mar- 
ga II. Almirall. C) Catalanismo anticatólico: 
Diego Quiz. Bartrina. D) El catalanismo 
de Pompeyo Gener. — A) El catalanismo liberal 
ofrece distintos aspectos. Señalaremos cuatro: el pro- 
gresista, el federal, el impío y el europeizante o antiespañol. 

Del primero fué iniciador y es tipo representativo D. Victor Balaguer. 
Nació en Barcelona (ll-Diciembre-1823). Murió en Madrid (14-Enero-1901). 




(1) 75. El catalanismo liberal: A) Don Víctor Balaguer. B) El catalanismo fede- 
ral: Pi Margall. Almirall. C) Catalanismo anticatólico: Diego Ruis. Bartrina. D) El ca- 
talanismo de Pompeyo Gener. — 76. Maragall: A) Semblanza de Maragall: como 
hombre, como católico, como catalanista, como conservador y monárquico. B) Obras 
de Maragall. Maragall como prosista castellano. C) Como prosista catalán. D) Como 
poeta. E) Fama de Maragall. — 77. Primera época del teatro catalán: A) Precedentes. 
B) 'Serafi Pitarra". C) Otros autores. D) Caracteres generales de la primera época. — 
78. Segunda época: A) Quimera como poeta lírico. B) Sus tragedias. C) Sus dramas 
contemporáneos. D) Otros autores (Rusiñól, Mestres, Iglesias). — 79. La prosa: A) No- 
vela. Narciso Oller y otros autores. B) Prosa artística. C) Prosa didáctica. Rubio y 
Lluch. — 80. Xenius: A) Glosari. B) La Ben Plantada. — 81. La poesía lírica catalana 
en el momento presente (Carner, Segarra, López Picó). — 82. El teatro. Crisis por que 
atraviesa. — 83. Literatura en valenciano. — 84. Literatura en mallorquín o catalana 
en Mallorca. 



336 



X- LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

Personalidad exuberante y de la más intensa actividad, desde sus más 
tiernos años dióse a la literatura: casi un niño componia dramones román- 
ticos en castellano que fueron representados en la ciudad condal. En caste- 
llano escribió también una porción de novelones históricos, última dege- 
neración del género: La guzla del cedro, El doncel de la tierra, La espada 
del muerto, El capuz colorado, etc. Colaboró en las publicaciones de 
Ayguals de Izco (1). Inflamado de igual ardor por las ideas progresistas y 
por amor a la tierra catalana, confundiendo en su culto a la libertad, como 
dice con gracia el P. Blanco (2), a Espartero, a Olózaga y a Garibaldi (3) 
con el rey D. Jaime, Roger de Flor y el principe de Viana, fundó El Cata- 
lán (1847), La Corona de Aragón (1854), El Conceller (1856); dio conferen- 
cias en la Sociedad Filarmónica y Literaria de Barcelona sobre Bellezas de 
la historia de Cataluña (impresas en 1853), y escribió guías, impresiones 
de viaje, dramas, folletos, artículos, todo encaminado a la exaltación de la 
libertad política y de las glorias catalanas que para él eran glorias liberales. 
Jamás, a nuestro juicio, se contaminó la propaganda de Balaguer con 
fermento de separatismo. Y eso que él fué quien escribió Los quatre país 
desanch, en que sirve de estribillo el terrible 

¡Ay Castella castellana 
No tí hagués conegut may! 

Mas hay que tener en cuenta las circunstancias en que fué escrito tal 
exabrupto. Era en los tiempos inmediatamente anteriores a la revolución 
de 1868. Balaguer, como buen progresista, hacia la oposición al gobierno, 
valiéndose principalmente de poesías populares en catalán que alcanzaron 
una gran difusión. El último gabinete moderado de Isabel II, o para supri- 
mir esta molesta propaganda o por mal entendida idea de unidad nacio- 
nal, prohibió escribir en la lengua regional, coincidiendo tan tiránica e 
impolítica medida con uno de los muchos conflictos de orden económico 



(1) Wenceslao Ayguals de Izco nació en Castellón (18-Octubre-180i). Murió en Madrid (17-Enero-1873). 
En su juventud residió én Barcelona, donde, durante el último decenio de Fernando VII, alcanzó alguna 
fama como poeta lirico, imitando a Quintana y a Moratín; a la muerte de este último compuso una oda man- 
zoniana. Surgió después en Madrid dirigiendo periódicos satíricos: La Guindilla (1842), La Risa (1843-44), El 
Dómine Lucas (1845-46), El Fandango (1846|, La Linterna Mágica (1849-50); y alcanzando grandes éxitos de 
librería y no poca popularidad con sus novelas del género de Eugenio Sue: Mana o la hija de un jornalero, 
Pobres y ricos o la bruja de Madrid, etc. Las novelas de Ayguals de Izco, importantes para apreciar el 
movimiento de las ideas en el periodo de 1840 a 1860, carecen de toda importancia desde el punto de 
vista literario. 

(2) Literatura. . . , tomo III, pág. 79. 

(3) Aparte del entusiasmo de todos los progresistas por Garibaldi, Balaguer tuvo larga y especial 
ocasión de ensalzar a este personaje en sus correspondencias a El Telégrafo, escritas en Italia durante la 
revolución y guerras unitarias. 



337 



Salcedo. — La Literatura Española. — Tomo IV. 



22 



SALCEDO ' LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

que han alterado las buenas relaciones entre Cataluña y el resto de la 
península: la amenaza de tratados de comercio inspirados en un criterio 
librecambista y peligrosos para la industria catalana. Mezcláronse como 
tantas otras veces la política y la defensa de los intereses materiales, pro- 
dújose un estado de nerviosa excitación colectiva, y Balaguer fué enton- 
ces, con sus poesías revolucionarias que circulaban subrepticiamente a des- 
pecho de la prohibición gubernativa, órgano de la indignación general: a 
estas circunstancias responden sus composiciones La cansó de la bandera, 
Los qiiatre país de sanch, Una cansó nova sobre un ayre vell, Las cinch 
diadas de amor y muchas de las tituladas en común Lluny de ma térra. 
Balaguer declaró después repetidas veces que nunca fué su pensamiento 
atacar a Castilla sino al centralismo, para los catalanes representado por el 
gobierno residente en Castilla, y fué un madrileño de pura sangre: "aun- 
"que catalán de corazón, se avino tanto con la vida cortesana que sentía un 
"resquemor al dejar a Madrid, donde en el Senado y en el Congreso, en casa 
„de Castelar, en la de la Duquesa de Denia y en la de D. Fernando Puig 
"se hallaba como el pez en el agua, y antes de su donación a Villanueva 
"y Geltrú, en las tertulias vespertinas de su casa, en medio de su vasta 
"biblioteca y de sus valiosas colecciones artísticas y arqueológicas" (1). 

La índole misma de las ideas progresistas, centralizadoras de suyo, 
impedían a Balaguer la profesión de un separatismo más o menos radical. 
En una velada literaria con que le honraron en Valencia (26-Julio-1880) 
explicó cuál había sido la tendencia de toda su vida, y la que había soste- 
nido en sus periódicos La Corona de Aragón y El Conceller: "La corona de 
"Aragón, dijo, como recuerdo, modelo y ejemplo de patrias libertades. 
'España constitucional y regenerada como patria común. La unidad ibérica 
"como ideal y aspiración suprema". Sólo disintió políticamente de su par- 
tido y de su jefe Sagasta, a quien quería y veneraba como a un ídolo, 
cuando se trató de defender la industria nacional contra los ataques del 
librecambísmo. 

Contribuyó eficazmente Balaguer a la instauración de los Juegos Flo- 
rales, y su destierro en Provenza (1866-67-68) fué fecundo para establecer 
vínculos de compañerismo y amistad entre catalanistas y provenzales. 
Como erudito su tributo a la renaixensa no ha sido menos importante; es 
el autor de la Historia de Cataluña (5 tomos), de la Historia poética y 
literaria de los trovadores (6 tomos) y del discurso de recepción en la 
Academia Española. La erudición de Balaguer era más extensa que inten- 



(1) Don Antonio J. Bastinos con la colaboración de D. Antonio Baió y D. Ramón Pomes: El Arte 
dramático español contemporáneo. Barcelona, 1914. El Sr. Bastinos fué amigo y pariente de Balaguer. 

338 



X' LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

sa y depurada; generalmente de segunda mano. Ya quedó indicado en el 
tomo I cómo creyó en la autenticidad del canto de Altabiskar (pág. 8), 
cosa imperdonable en un erudito que escribía en 1883; cómo dio un senti- 
do histórico demasiado literal a las cortes de amor de la poesia trovado- 
resca (pág. 162); y que su Historia de los trovadores, aunque útil, es de los 
libros que es menester manejar con precauciones (pág. 175). En cuanto 
vulgarizador, sus servicios son sin embargo muy estimables. 

Su primera poesía catalana, publicada en El Conce//cr (21 -Mayo- 1857), 
es .4 la Verge de Montserrat. Siguieron a ésta otras muchas coleccionadas 
en Lo Llibre del amor, Lo Llibre de la fe y Lo Llibre de la patria, y las obras 
dramáticas La mort d' Aníbal, Saffo, Coriolá, La mort de Nerón, L' ultima 
hora de Colón, Las esponsalías de la morta. Lo quant del degollat, etc. El 
maestro Pedrell puso música a su trilogía Els Pirinens. 

No era Balaguer un gran poeta: sus poesías están repletas de lugares 
comunes, o, mejor dicho, suelen ser de la cabeza al pie un lugar común 
continuado, y, como poeta político o civil, es declamatorio; pero era fácil 
y sugestivo, sobre todo para la multitud. Transcribimos A la Verge de 
Montserrat, que tuvo un gran éxito: 

A LA VERGE DE MONTSERRAT 

Verge santa d'amor, patrona mía, 
deis pobres y afligits guarda y consol, 
mes pura que la llum quan naix lo día, 
mes hermosa que 1 cel quant surt lo sol. 

Tal com se veu a l'áliga orgullosa 
en la roca mes alta fer lo cau, 
tu la serra mes alta y mes hermosa 
vas escullir per ferne ton palau. 

Reyna deis cels, Mare de Deu, perdona 
si fins auvy no t dediquí, un recort, 
sois quan veu son vaxell presa de Tona 
buscan los ulls deis navegants lo port; 

Sois quan se veu en la presó angustiosa 
sa Ilibertat recorda lo catiu; 
sois quan la tempestat brama furiosa 
l'aureneta s recull dins lo seu niu. 

Jo vinch, com lo catiu entre cadenes, 
un consol a buscar per mon dolor, 
¡los plors mon front han arrugat! iles penes 
me han, Mare meva, rosegat lo cor! 

330 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

Com soldat que fugint a toda brida 
les armes va per lo canii Uensant, 
axis jo peí cami d'aquesta vida 
a tronos lo meu cor he anat dexant. 

Verge de Montserrat, casta madona, 
perla de les inontanyes y deis cels, 
a qui Is angels per fer una corona 
arrancaren del cel un puny d'estels. 

Ta grandesa, senyora, no repare 
si avuy te parla en cátala ma veu, 
que 1 cátala es la llengua en que ma mare 
m'ensenyá un jorn a benehir a Deu. 

Ta imatge en los palaus y en les cabanyes 
se veu voltada d'or com un joyell; 
tothom vol visitar exes montanyes 
que son de tes espatlles lo mantell. 

Ton nom invoca ¡oh santa Verge pura! 
l'orfe ferit de pena y desconsol, 
ton nom la mare ensaya a la criatura 
quan l'adorm carinyosa en lo brécol. 

¡Quan dols es lo teu nom! Tota la térra 
cants t'eleva ab accent adolorit 
que ton mon es ¡oh Verge de la serra! 
deis estranys y deis propis benehit. 

Ton nom recordan, quan lo vent estalla, 
los qui perduts caminan per la mar, 
ans d'afilar son ferro en la batalla 
invoca ton nom l'almogavar. 

Ton nom, un jorn, fou l'estandart de gloria 
que de la gloria nos mostrá 1 cami, 
y fou ton nom lo crit de la victoria 
qu'en Nápols axecá Vilamari. 

¡Hermós era aquell temps, hermós de veres, 
quan era Catalunya una nació, 
quan, reynes de la mar, nostres galeres 
passejavan les barres d'Aragó! 

Quan tu, Reyna del pía y de les montanyes, 
de genolls postrats veyes ais teus peus 
los reys que drets a cent nacions estranyes 
postrades veyan de jenolis ais seus. 



340 



X- LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

Y no es estrany que per la honra y gloría 
unesca dos recorts ab Has d'amor 
qu'unida está a la teva la sua historia 
y escrites son les dos ab lletres d'or. 

A fe qu'eren brillants los temps gloriosos 
en que Is Peres, los Jaumes, los Ramons, 
dictaven lleys, monarques poderosos, 
fins del remot Orient a les regions. 

Mentres Valencia y les Balears, salvades, 
se veyan Iliures ja deis sarrahins 
lo penó de les barres venerades 
veyan trionfar los mes remóts confins. 

Senyors del mar los catalans, a ratUa 
teñir sabian l'enemich penó, 
y ni Is pexos passavan si en sa espatlla 
no portavan les armes d'Aragó. 

Deis soldats catalans les altes proeses 
eran tan clares com del sol la llum, 
desfellan les armades genoveses 
com prest dissipa l'huracá lo fum. 

Aterrada Venecia Is contemplava, 
Nápols los dava son jardí de flors, 
la Calabria ais seus peus s'agenollava, 
Sicilia Is proclamava sos senyors. 

L'almogavar a foch, a sanch y a ruines 
entra un día l'Orient abrasador, 
contemplaren los turchs ses concubines 
en los bragos folgar del vencedor. 

Caigué Constantinoble, caigué Atenes 
quan sentíren lo ferro despertar, 
al grech y al turch cargaren de cadenes 
qu'era allí lo sol rey l'almogavar. 

Per jas a son caball, moltes vegades, 
ell dona de grans priceps los manteils, 
deis richs palaus deis turchs feu ses morades 
y ses mesquites convertí en tinells. 

¡Honor al cátala! Si ses galeres 
recorrien del mar tot lo contorn 
sos aguerrits exercits, ses banderes 
passejavan triunfants per tot lo mon. 



341 



SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

Y tu, llavors, oh Verge de victoria, 
lo teu nom sempre veyes invocat, 
que Is catalans anavans a la gloria 
cantant lo Virolay de Montserrat. 

La montanya en que vius també en son día 
fou lo baluart del poblé cátala, 
del serrahí la ferma valentía 
jamay tes brenyes escalar gosá. 

Y en temps ja mes propers, pochs anys fa apenes, 
quan lo crit de la patria independent 

ensenyar al francés feu les cadenes 
per contestar al toch de somaten; 

Los nostres s'amargaren en tes brenyes 
lo penó de la patria enarbolat, 
y llavors feren, Montserrat, tes penyes 
lo temple de la santa libertat. 

Mont de la Verge, en tos recorts jo miro 
que unides van la llibertat, la creu, 
dos simbols sants que jo 1 primer admiro; 
l'amor deis pobles y l'amor de Deu. 

La llibertat! la creu! simbols deis pobles. 
Tuna es l'esprit de Deu, l'altre es sa mort; 
Tuna es la aspirado deis homens nobles, 
y deis homens cristians l'altra es lo port. 

La llibertat! la creu! sobre les tumbes 
deis cristians mártirs jauen sos penons; 
de Roma en les obscures catacumbes 
confongueren per sempre sos blassons. 

Gastes verges d'amor, santes germanes, 
iguals en tot, grandeses y poder, 
son dos riques poncelles que, galanes, 
nodreix la branca d'un mateix roser. 

Inspiran totes dos sentiments nobles 
inspiran totes dos glories amors, 
que Tuna es la religió deis pobles 
y l'altra es la religió deis cors. 

Oh! jo US conech, montanyes regalades, 
recorts de gloria y pera mi d'amors, 
que sent jo tant petit, moltes vegades 
vinguí a la Verge a coronar de flors. 



342 



X' LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

Jo exes serres conech, jo sé sa historia, • 
jo recordó qu'un día l'he narrat; 
si gloria me dona, tua es ma gloria, 
jo so lo trobador de Montserrat. 

Quan naix del sol lo pavelló de grana 
com si volgués donarte un bes d'atnor, 
ta montanya vesteix y la engalana 
ab son ropatge de diamants y d'or. 

Y en los rochs van, contents de veure 1 día, 
a restregar son béch los pardalets 

y lays y serventesis d'alegría 
aníar en coro sents ais aucellets . 

Y quan la fosca cau sobre la plana 
de ton temple en la ñau la Salve sents, 
y al cel s'eleva l'oració cristiana 
entre nuvols d'aromes y d'encens. 

Postrat me tens devant la gloria íeva; 
fugint lo mon y ses miseries vinch; 
contémplam ais teus peus, Mareta meva. . . 
¡me sentó mal lo cor, ferit lo tinch! 

Ja que tu sabs donar, -oh Verge pía, 
cants ais aucells, aromes a la flor, 
¿no trobarás, oh santa Mare mia, 
un bálsam de consol per mon dolor? 

Molt terrible es la pena que m destrona; 
un moment de repós may he tingut, 
será precís que baxe jo a la fossa 
pera trobar la pau y la quietut? 

Son tan sois per la febre que m devora 
brasse de foch mos ulls de tan plorar; 
dígasme, per pietat, Reyna y Senyora, 
¿lo repós que desitjo m pots donar? 

Jo sé que aquí han vingut reys y princeses, 
y en cambi del consol que Is dona Deu 
de joyes t'han cubert; l'or y riqueses 
ells han fet ploure de ton trono al peu. 

Mes jo ¿qué t donaré, Verge adorada, 
si no só mes qu'un pobre trobador? 
Mes joyes son mos cants; pren, Mare amada, 
de mos cantars lo que faré millor. 



343 



SALCEDO 'LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO JV 

Y quan arribe de la mort lo día, 
lo día del repos del desterrat, 
a consolarlo vina en sa agonía 
ángel da Catalunya y Montserrat. 



B) Al grupo liberal pertenece también Anselmo José Clavé (1824-1874), 
no ya progresista sino republicano, famoso por la fundación de la sociedad 
filarmónica La Aurora (1845), a que sucedió La Fraternidad (1850), de 
donde proceden los coros que llevan el nombre del fundador. Escribió 
medianamente en castellano y en catalán himnos revolucionarios y varias 
zarzuelas; entre ellas Laplech del Remedy. 

Pi Margall es una prueba más de que no es obstáculo ser catalán para 
escribir el castellano correcta y brillantemente; en su estilo sintético, rápi- 
do, grave y sentencioso, castizo sin afectación, no hubiese podido hacerlo 
mejor el famoso federal de haber nacido y criádose en Toledo o en Valla- 
dolid. En su lengua regional no creemos que haya dejado otra cosa sino 
la Crónica de los Juegos Florales de 1901, donde sostiene que la llengua 
catalana no es tan dolza como la de Castella; pero es más enérgica y 
ferrenya. A nuestro entender, en muchas poesías catalanas, de las buenas 
(Maragall, Carner, etc.), el catalán derrítese en dulzuras melódicas, a que 
será difícil hallar en castellano pasajes correspondientes, y la prosa de 
Pi demuestra de cuánta energía es capaz nuestro idioma. Quizás esto de 
la dulzura y de la energía dependa más que del instrumento, de quien 
lo toca. 

Según Rovira, en el pensamiento y en la obra política de Pi Margall 
hay un profundo sentido catalán. Difícil nos parece la demostración de tal 
aserto; lo positivo, a nuestro juicio, es que la doctrina de la federación, 
ubstancialmente individualista y humanitaria, pues su célula es el indivi- 
duo, no como catalán, andaluz o castellano, ni siquiera como español o 
francés, sino como hombre, tal y según la explicaba Pi, al reflejarse en 
pueblos de intenso carácter regional, tenía que transformarse en regiona- 
lista. Así, en Cataluña esa doctrina fué adaptada, no sin violencia y sin 
deformación, al particularismo catalán por Valentín Almirall (1840-1904). 
Barcelonés fervoroso — legó a la ciudad su casa valuada en 90.000 duros 
para establecimientos de enseñanza — , jurisconsulto enamorado del De- 
recho foral que defendió en el primer congreso de jurisconsultos españo- 
les, organizador del congreso catalanista que llegó a reunir más de 1.200 
congresistas, republicano federal en 1868, director del periódico El Estado 
Catalán y fundador del Diari Cátala, uno de los primeros en esta lengua, 
Almirall fué un discípulo de Pi; pero un discípulo de los que entienden la 

344 



X- LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

doctrina del maestro, no según la mente del maestro, sino a la luz de sus 
propias preocupaciones. En realidad, no era sino un catalán, al que pre- 
ocupaba poco que los individuos fueran autónomos y que la especie hu- 
mana se organizase libre y federalmente; lo que deseaba es que los cata- 
lanes fueran libres. Tal es el sentido de su libro El Catalanismo (1886). 
Cataluña y nada más que Cataluña. 

C) Cataluña, en la que, como ya queda expuesto, es tan vivo y potente 
el espíritu católico tradicional de España, es también en la época contem- 
poránea foco de la más radical oposición a ese mismo espíritu. Sucesos 
tremendos, como la degollina de los frailes e incendio de conventos en 1835 
y la semana trágica en 1909, lo atestiguan. Del Principado han salido los 
tres hombres que, quizás, han escandalizado más a los católicos españoles: 
el médico Suñer y Capdevila, que vino a las constituyentes de 1869 a pro- 
clamar que sus tres enemigos eran Dios, los reyes y la tisis; el anarquista 
Francisco Ferrer, fundador de la Escuela moderna de Barcelona, y el poeta 
Joaquín Bartrina Aixenius, "el único entre los españoles, como dice el 
P. Blanco, pesimista resuelto a la manera de Heine, Leopardi y Leconte de 
Lisie". "Tres son las notas — añade — que dominan en sus versos: el ateís- 
"mo, el materialismo y la misantropía. Su aversión a Dios se manifiesta 
"de soslayo en forma de dudas o de burlón y grosero cinismo, con base 
"pseudo-científica, pero en realidad muy poco desemejante de la blasfemia 
■"tabernaria. Pasman e indignan sus alardes de impiedad. . . En una com- 
" posición contra Darwin le reprende sus aseveraciones sobre la descen- 
"'dencia simiana del hombre, quien, en concepto de Bartrina, es mucho 
"menos sensible y caritativo que el mono" (1). 

El germen de materialismo, o de tendencia al materialismo, que vemos 
aparecer en los principios de la época contemporánea con el Dr. Mata y 
D. Mariano Cubi (véase pág. 125), no ha dejado nunca de manifestarse en 
Cataluña: hoy aparece con la forma modernísima de estudios biológicos, 
psiquiátricos, fisiológicos, etc.; predomina en la Societat de Biología, cuyos 
trabajos edita la Sección de Ciencias del Instituí d'Estudis Catalans, e ins- 
pira a Turró que, en Los Orígenes del conocimiento (1914), sostiene que el 
conocer es un fenómeno de nutrición: en el curso de la asimilación nutri- 
tiva el organismo adquiere una experiencia trófica, punto de partida de 
la sensorial, base a su vez de la lógica humana; a Giné y Partagás que, 
como dice Ingenieros (La Cultura Filosófica en España, 1916), "en doctí- 
simas obras y conferencias ha introducido el criterio científico moderno en 
la patología nacional", según el cual las enfermedades mentales dependen 



(1) Historia de la Literatura, tomo II, pág. 349. 

345 



SALCEDO ' LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

de alteraciones químicas del cerebro; y al también alienista Diego Ruiz, el 
cual combina el materialismo con la tendencia de Nietzsche, y expresa la 
mezcla en tono lirico, y alambicado y torturado estilo modernista o ultra- 
modernista: en sus raros ensayos raramente titulados Kosmogogischer, 
Das Uebenvirbeltier, etc., ve en el genio la fuerza social de resistencia 
contra la degeneración determinada por la imitación y la rutina, a que nos 
abandonamos fatalmente el vulgo de los hombres; esas personas eminen- 
tes, llamadas genios, reaccionan y nos hacen reaccionar a todos contra 
el medio domesticador, e infunden el Entusiasmo que es el creador de la 
Moral {la Moral estética con otro rótulo); finalmente, Ruiz no se contenta 
con el Superhombre y anuncia el advenimiento del Ultrauertebrado. 

He aqui cómo juzga Ingenieros a Diego Ruiz {Revista de América, 
París, Abril-1914): "En su última forma, el tono lírico y el estilo torturado 
"dan la impresión de nietzcheismo literario. Ruiz, que había comenzado 
"por donde pocos terminan, parece terminar por donde muchos comien- 
"zan. El bello decir, original y dionisíaco, priva ahora sobre el grave pensar; 
"y en vez de escribir obras de filósofo, ha creído más sencillo anunciarse 
"como filósofo antes de escribirlas. Hay volcado en todo ello mucho cora- 
"zón e inspira mucha simpatía. Se comprende así que la eficacia de su 
"reciente propaganda sea mayor entre las gentes de letras, inclinadas 
"siempre a reemplazar los valores lógicos por los valores estéticos, como 
"sí las vías intuitivas de la Belleza pudieran substituir a los caminos expe- 
"rimentales de la Verdad. Pasar de éstos a aquéllos, como ocurre a Diego 
"Ruiz, resulta interesante y permite una mayor originalidad personal; pero 
"la filosofía corre el riesgo de ser tanto menos filosófica cuanto más se 
"adentra en el estetismo. Esto no significa que un mal filósofo sea pre- 
"feríble a un buen poeta, ni lo contrario, sino que la literatura y la filo- 
asofia son cosas distintas por su método y por su finalidad". 

No lo entienden asi empero muchos modernistas, para los cuales no 
hay otra poesía que la filosófica ni otra filosofía que la poética, y su filo- 
sofía ha de ser a base científica, lo cual aplaude Ingenieros, siendo la cien- 
cia para todos ellos, como para Littré, la negación radical o el prescindir 
de la Teología y de la Metafísica. Don Manuel de Montolíu {Estudios de 
Literatura catalana) advierte una profunda desproporción entre el floreci- 
miento literario y la cultura científica en Cataluña; el profesor argentino 
opone a esto que también se trabaja intensamente en la ciencia, aunque la 
originalidad no pueda ser igual en uno y otro campo: "La inspiración artís- 
"tica, dice, puede ser episódica o accidental; las investigaciones científicas 
"exigen institutos, métodos y disciplinas de trabajo. En un poema vuelca 
"su ingenio un hombre excepcional; en la determinación de una ley cien- 

346 



X' LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

"tífica colaboran generaciones. Unamuno escribe lo que sale de su caletre; 
"nada podría descubrir Cajal si otros no hubieran perfeccionado el micros- 
"copio y organizado los métodos histológicos. . . La originalidad científica 
"es siempre y necesariamente distinta de la literaria, y absurdo aplicar 
"igual medida a dos asuntos tan heterogéneos. Por lo cual creemos lícito 
"atribuir tanto valor cultural a los estudios psiquiátricos de Giné y Parta- 
"gás, a los bacteriológicos de Ferrán, a los pediátricos de Martínez Vargas, 
"a los biológicos de Turró, a los fisiológicos de Pi Suñer, que a las poesías 
"de Verdaguer y Carner, o a los dramas de Quimera y Rusiñol". 

Lo que a nuestro propósito en este libro importa señalar es que esta 
corriente científica, antimetafisica y antiteológica, esto es, positivista y ver- 
daderamente atea, es la inspiradora de mucha y buena parte de la litera- 
tura catalana actual. Pompeyo Gener es un positivista. Eugenio D'Ors se 
muestra en ciertos trabajos suyos de raigambre biológica, y en el sentido 
esotérico de casi todos ellos, pensador naturalista. No era extraño a esta 
tendencia, a nuestro entender pseudo-científica, el poeta Joaquín Bartrina, 
aunque perteneciese a otra generación: nació en Reus (26-Abril-1850) y 
murió en Barcelona (4-Agosto-1880). En los versos de Bartrina abundan 
los de este género: 

Sé que el rubor que enciende las facciones 

Es sangre arterial, 
Que las lágrimas son las secreciones 

Del saco lagrimal; 
Que la virtud que al bien al hombre inclina 

Y el vicio, sólo son 
Partículas de albúmina y fibrina 
En corta proporción. 

Fué Bartrina hombre de suma actividad literaria. En Reus escribió en 
los diarios La Redención del Pueblo y Las Circunstancias, y en los sema- 
narios El Crepúsculo, El Mosquito y El Abate. En Barcelona, en La Re- 
naixensa. La Gaceta de Cataluña y El Diari de Catalunya. Era republicano 
federal. Como poeta no escribió mucho, o quizás tuvo el buen sentido de 
no dar a luz sino lo que le parecía selecto. Publicó un tomo de versos titu- 
lado Algo (1876; 4."* edición, 1884). En 1881 aparecieron las Obras en prosa 
y verso de D. Joaquín María Bartrina, escogidas y coleccionadas por 
J. Sarda. La mayor parte de sus versos son castellanos; en catalán tiene 
una coleccioncita de amorosas y la Epístola premiada en los Juegos Flora- 
les de 1876, traducida al castellano por el poeta reusense J. Martí Folguera 
(en esta forma está en el tomo Algo) e incluida en su original en Les cent 

347 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

millors poesíes de la llengiia catalana. Su habitual pesimismo contiénese 
en la Epístola dentro de los límites de la sátira social, y algunos trozos de 
ella autorizan a sospechar que quizás Bartrina alardease por pose del 
escepticismo, o, quizás, que su espíritu, naturalmente recto y aspirando al 
bien, tal y como él lo concebía, estaba extraviado más bien que intima- 
mente pervertido por las doctrinas que había abrazado. El defecto capital 
del autor de Algo, como poeta, es el exceso de raciocinio combinado con 
la cientificomanía que le hace degenerar muchas veces en insoportable 
prosaísmo. Sus cualidades son la franqueza, la concisión y el nervio poético. 
He aquí la 

EPÍSTOLA 

Amaro e noia 
la vita, altro mai nulla, e fango é il mondo. 

Leopardi. 

Amich, si encara ho ets, mon plany escolta; 
si sois t'ho dius, si l'amistat antiga 
peí cuch del egoisme rosegada, 
com tronch corcat al apoyarshi s trenca, 
no llegeixis. . . ¡mes prou, si ets egoísta, 
al veure versos llensarás la carta! 

Dupto. Vetho aquí tot. Dupto, y no m sentó 
ni ab voluntat ni ab forsa pera creure. 
Tot lo que miro es fals; may lo ser íntim 
sabré comprendre be del que aquí m volta. 
Del infinit jo puch llegí Is prodigis 
anallsant la llum de les estrelles 
que allá d'alla, en lo cel, brillan perdudes. . . 
y analisar la llum d'una mirada 
y lleglr en lo cor ¡m'es impossible! 

¿Com no duptar del mon, qu¡ en ell hi troba 
solsament falsetat é hipocresía? 
Renoms brillants se fan ab falses glories 
com ab cartró daurat se fan cuyrasses, 
y de lluny tot es or peí curt de vista. 
Vergonyós y modest s'amaga 1 mérit 
y atrevida s'eleva la ignorancia; 
així 1 que fa poch pes en lo mar sura 
y es en son fons tant sois que hi ha les perles. 

¡Elevarse! ¡Pujar! Si faltan ales, 
recordar tothom sab que a les altures 
no l'áliga tant sois, també hi arriba 
lo reptil, y es prou fácil arrastrarse. 

348 



X' LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

Y quan, pujat al cim, mes ambiciona 

encara remontars', té sempre le medi 

de lográ'ho rebaixant lo que 1 rodeja. 

¡Y aixó ho fan tants! Y may ningú Is censura 

¡Prou ells tindrían por, si por no fessin! 

Altres n'hi ha, del ambicies escala, 
qu'homens de bé per tot arreu se diuen, 
y, per debilitat, del crim son cómplices 
mirantlo indiferent. Lligar no saben 
la causa ab los efectes, y no veuen 
que 1 mal d'altre en son mal pot transformarse. 
Tranquil mira 1 pagés que Is boscos talan; 
no s'hi oposa, al revés, se n'aprofita, 
pero poch temps després, les plujes venen 
y en la montanya a l'aigua res detura 
y corre monts avall, y Is rius desborda, 
los camps inunda. . . ¡y al pagés ofega! 

Ab sa estranya indolencia y apatía 
los uns, ab sa malicia Is altres, deixan 
o fan que la mentida en 'queis mon regni. 
¿Mes lo juvent, qué hi'diu? Si es l'egoisme 
qualitat sois deis vells ¿com no s prepara 
a transformarho tot, en bé deis pobles? 
¿Qué fa al menyis del jovent la part mes alta, 
la part que per sos titols o fortuna 
ha de donar a las demés exemple? 

Vestit ab la librea de la moda, 
ridicula com sempre en sos capritxos, 
aquí n teníu un d'ells. De son cap cuida 
molt mes lo perruquer que 1 catedrátich; 
amich de bailarines y toreros 
protegeix sempre l'art, y tots diriam 
qu'es fill d'un monstre acás, no d'una mare, 
segons lo mal que parla de les dones. 
Entre visitas, jochs, passeigs y teatres 
ni té temps per pensar. Treballa sempre. . . 
¡Aqueix es Yhonio sapiens de Linneo! 
¡Si tots con aqueis fossin, fins al día 
del Final, no hi hauria al mon judici! 

Al veure com aqueix y aquells tants homens, 
¡veritat y virtut, ahont puch trobarvos! 
¿Que en lo poblé, tu m dius? Y ahont es lo poblé? 
¿Es la munió de gent que alegre xiscla 
y en la plassa de Toros té Ateneo? 



349 



SALCEDO ' LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

¿Es la que per carrers y plassas corre 
¡visca la Ilibertat! crldant contenta, 
y es esclava primer de sa ignorancia, 
després de sas passions, després deis ídols 
que, per demá cremar, avuy aixeca? 

Jo crech que hi ha virtut, perqué hi ha vici, 
mes no la sé trobar per ahont la cerco; 
potsé ho fa que ha fugit de les grans viles, 
¡tan petites per ella, acostumada 
a viure dintre 1 cor deis homens justos! 

Y aixó deu ser. Com la virtut pot veure 
sens que tinga desitjos d'apartarse n, 
respectado ridícol que a tot'hora 

las grans ciutats ais uUs deis bons presentan. 
S'hi vehuen sempre is Deus del vell Olimpo, 
que, d'aquell desterráis, per aquí voltan: 
Momo ha tret a Talla deis teatres; 
las Musas han plantat quincallería. 
Venus de cap artista es la modelo 
qu'are les grans belleses son las Fúries. 
Vulcano fa contentes a les Parques 
treballant día y nit engynís de guerra, 
y Mercuri en la Bolsa, que es son temple, 
embadalit aguayta com Cupido, 
ja sense vena ais ulls, treu sempre comptes. 

Y Cupido fa be, que sois los homens 
ab interés los interesos miran; 

y tots, fora de l'or, tots los que n teñen 
no creuen en res mes que en sí mateixos, 
¡qu'es creure, per ma fe, en ben poca cosa! 

¿Y no hi haurá un remey? ¿Es per ventura 
un cercle lo progrés qu'ara ns retorna, 
després de haver passat segles gloriosos, 
al primé estat salvatje d'ahont sortirem, 
com torna al mar pe Is rius la gota d'aigua 
que del mar puja al cel dintre del núvol? 
L'home, que, per unir ais llunyans pobles 
ha fet esclau al llamp ¿no podrá un día 
estrenyer la distancia, avuy inmensa, 
que hi ha entre 1 cap y 1 cor? ¿No podrá treure, 
com del carbó 1 diamant, del egoisme 
l'amor pera posarlo en sa corona? 

¡Tant de bo que aixís fosl Llavors serían 
los homens homens y les dones ángels. 
Mes per ara no ho son. Si alguna pura 



350 



X' LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

¡dea o virtut teñen, prest la esborra 
l'egoisme que va creixent, semblatne 
sos efectes l'efecte d'un ¡ncendi 
que 1 fum embruta lo que I foch no crema. 

¡Ditxós tu! Ditxós tu que en ta masía, 
lluny del brugit del mon, vius en la calma, 
y en 'quexes nits d'hivern, per mi tan tristes, 
prop de la llar d'ahont los tions encesos 
claror y llum escampan per la cambra, 
mentres ta dona al nen mes petit bressa 
cantant dolses cansons, tu al altre mostras 
a creure en Deu y a respectar ais pares: 
y 1 vent que vol entrar per les escletxes 
rutllant de tos fillets los cabells rossos, 
te porta 1 perfum aspre, que aquí anyoro, 
deis rehinosos pins de la montanya. 

D) Ya hemos tratado (pág. 155) de Pompeyo Gener como positivista, e 
indicado los títulos de sus libros más conocidos. El último de que tenemos 
noticia es Miguel Seruet, estudio, no propiamente histórico, sino critico- 
tendencioso en que presenta la figura del famoso heresiarca español como 
una victima del fanatismo católico y del protestante, esto es, la ciencia 
sacrificada por la religión. Es escritor trilingüe: en francés, en castellano y 
en catalán; esto último poco; no hemos visto citado más que un opúsculo: 
Los Cent coriQeil del Congeil de Cent. Según declaró a León Pagano, "si no 
"fuese por la América latina, cesaría yo al momento de escribir en lengua 
*de Castilla; allí, a más de agotarse ediciones de mis libros, algunos perió- 
"dicos las publican en folletín, mientras que en España, Fernando Fe, con 
"tener la exclusiva de mis obras, sólo vendió 200 ejemplares de Lite- 
"roturas malsanas, ¡mi obra más popular!" Añadió que habiendo empezado 
a publicar en El Liberal — el diario, dice, de ideas más avanzadas en Es- 
paña — el capítulo Cristología de su libro Inducciones, al primer fragmento 
le comunicó la dirección que no podía continuar porque mermaban los 
suscriptores. "Hay más: estudios míos que se traducen y aplauden en Ale- 
" manía y en Francia, en Madrid sólo dan motivo para que se me instruyan 
"causas criminales y que se recoja el periódico Vida Nueva, que se atrevió 
"a publicarlos" (1). 

No hay que maravillarse por esto, pues los españoles de la meseta 
central y del mediodía, sin una fortísima dosis de humildad colectiva o des- 
precio de si mismos, no pueden leer los escritos de Gener sin sulfurarse. 



(1) Pagano: Al través de la España literaria, pág. 50 y 51. 
351 



SALCEDO 'LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

Nos referimos a los relativos a la cuestión del catalanismo y del castella- 
nismo, contenidos principalmente en Herejías y en Inducciones, y sinteti- 
zados en las citadas declaraciones del autor a León Pagano. 

Según Gener, hay en España cuatro pueblos: el catalán, el castellano, 
el galaico-portugués y el vascuence. Primitivamente, toda la Península 
estuvo poblada por una raza procedente de la ibérica del Asia, y la cual se 
conserva bastante pura en Vasconia; pero en el centro y mediodía se 
mezcló, en el mismo periodo prehistórico, con otra casta beréber o africana, 
feísima (color obscuro, nariz chata y pómulos salientes), y de esta gente des- 
cendemos castellanos y andaluces; para colmo de males, los berberiscos 
que vinieron con los árabes en el siglo vii mezcláronse con nuestros ante- 
pasados, y así se formó nuestra casta que no tiene el diablo por dónde 
desecharla. En cambio, los ascendientes de galaico- portugueses y de cata- 
lanes juntáronse con los celtas que poblaban Francia, Suiza y el norte de 
Italia, personas mucho más finas y regulares que los malditos bereberes 
que nos han estropeado a los castellanos para siempre. Y después fueron 
a Cataluña los griegos — ¡nada menos que los cultísimos griegos! — , los 
romanos, que hicieron su principal asiento en la Provincia Tarraconense; los 
godos, que instalaron allí su monarquía, y sí asomaron también los árabes, 
echáronlos inmediatamente, uniéndose con los francos. Resultado: que en 
los catalanes de hoy predomina la noble sangre celta, griega, romana, 
goda y franca, y en los castellanos la vil e inmunda de los bereberes, 
cartagineses, moros, etc. Cataluña es un pedazo de Europa incrustado en 
la península; Castilla una colonia africana ingerida en nuestro continente. 

Pero hay más: el centro de la península es una meseta elevadísima, 
de yermos y desolados paisajes, con poca presión atmosférica, el aire 
pobre de oxígeno ozonizado, y, según se ha visto recientemente, falto 
también de helio. ¿Qué ha de resultar? Que la nutrición es imperfecta, y 
las gentes son raquíticas; hasta los que tienen el mal gusto de ir al centro 
desde las comarcas costeras, se desmedran y degeneran. La terrible meseta 
tiene un centro natural que es Madrid, a 650 metros del nivel del mar, y 
que de toda esta tierra enferma es la más enferma de todas. Véase, sí no, 
dice Gener, el escaso número de madrileños que han alcanzado algún 
renombre en el mundo de la ciencia y de las letras. La raza castellana, 
aislada de Europa, profesando la religión católica con fanatismo africano, 
haciendo una selección al revés, o sea sacrificando a los que piensan 
libremente, dedicada a la guerra y a la holganza pastoril, ha retrocedido al 
Mpo primitivo, y como domina sobre las porciones escogidas (Cataluña, 
Valencia, Mallorca, Galicia y Vasconia), produce la decadencia nacional. 
Sólo Cataluña y Mallorca han podido resistir y florecer algo, mirando hacía 

352 



• I 




X- LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

adelante, comunicándose con Europa y América, y haciendo caso omiso de 
España. En Madrid no florece el pensamiento; allí sólo se ocupan de cama- 
rillas políticas y chulaperías. 

De todo lo cual deduce Gener que España es un país regfresivo, fatal- 
mente destinado a sufrir una larga serie de evoluciones tendentes a la 
disolución; que, diga lo que quiera Max Nordau, un renacimiento sólo es 
posible en las provincias selectas; y que Cataluña huye de España por ser 
fuerte, rica e inteligente, esto es, un cuerpo vivo que no quiere estar atado 
a un cuerpo muerto. España es una mancha negra. "Los catalanistas somos 
"o nos declaramos supernacionales porque tendemos a ponernos a la altura 
"de nuestro siglo. Lo que nos divorcia del resto de 
"España, además de la raza, es el desnivel inte- 
"lectual... Las demás provincias consideran a 
"Madrid como superior, y van allí a recibir la en- 
"señanza. Los hijos de Cataluña van, hace ya mu- 
"chos años, a Francia, Inglaterra, Bélgica y Ale- 
"mania. Esto ha producido una comunicación con 
"Europa, mientras que España se ha quedado en- 
"casillada en sus sistemas antiguos y en sus ideas 
"anticuadas". De literatura española no hay que 
hablar, según Gener, porque no existe. Hay, sí, 
algunas personalidades aisladas: Pérez Galdós — Angei Gu?merá. 

un elemento sano, casi único — , la Sra. Pardo Ba- <'^'' 

zán, Valera, Palacio Valdés, Picón, Campoamor, 

Núñez de Arce, Salvador Rueda, Marquina — que aunque escriba en cas- 
tellano hay que considerar como catalán — , Maeztu, Menéndez Pelayo; 
pero no hay núcleo. La literatura catalana, en cambio, tiene lo que a la 
castellana falta: está sostenida por generaciones brillantes que se renue- 
van, y no por figuras aisladas. Gener reconoce, sin embargo, que el cata- 
lanismo literario ha sido más importante que hoy hace algunos años; 
porque ahora las energías conscientes parecen atraídas por el catalanismo 
político. A pesar de esto, Guimerá es el único poeta dramático verdadera- 
mente grande que tenemos en España. 

No es menester analizar ni menos refutar estas aseveraciones que, en 
conjunto, ningún catalanista razonable se atreve a sostener. Algunos de 
sus aspectos, v. gr., la ¡dea de la meseta central poblada por una raza de 
origen y carácter africanos, y contrapuesta al temperamento europeo de 
Cataluña — idea ya expuesta en el libro de Almirall — , aparecen, más 
o menos velados o desnudos, en muchas expansiones del catalanismo 
actual. 

353 

Salcedo. — La Literatura Española. - Tomo IV. '^'- 




SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 



76. Maragall: A) Semblanza de Maragall: como hom- 
bre, como católico, como catalanista, como conservador y 
monárquico. B) Obras de Maragall. Maragall como pro- 
sista castellano. C) Como prosista catalán. D) Como 
poeta. E) Fama de Maragall. — Para los novecentistas, Maragall 
es un precursor o el enlace de la poesía de los Juegos Florales, cortesana, 
erudita y artificiosamente simbólica, con la que ahora se cultiva en Cata- 
luña. Nosotros creemos sencillamente que Mara- 
gall es uno de los poetas mayores que han floreci- 
do en España. Asi como Verdaguer es el primero 
de los poetas religiosos españoles en la época 
moderna, entendiendo a este efecto por época 
moderna toda la que corre desde que dejó de so- 
nar la lira de los místicos del Siglo de oro, Mara- 
gall es de los pocos grandes y verdaderos líricos 
de que nuestra literatura puede gloriarse, y a to- 
dos vence por algunas cualidades, v. gr., la muy 
excelsa de la sinceridad. 

A) Juan Maragall era hijo de un rico ciuda- 
dano de Barcelona, el cual, teniendo una idea 
exacta de la virtud del trabajo para la formación 
del carácter y preservar a los jóvenes de las co- 
rrupciones del vicio, cuando tuvo su hijo la edad 
conveniente, le manifestó que no había de contar 
con su riqueza mientras que él viviera, sino ganarse la vida como cualquier 
hijo de vecino. A Juan pareció muy bien esta determinación de su padre, y 
se puso a trabajar con resolución y bríos, sin contar para nada con el cau- 
dal paterno. Así hubo en su vida dos épocas distintas: la del literato que 
se gana el sustento con el esfuerzo de su labor intelectual y la del literato 
rico que cultiva las bellas letras por afición: en ambas trabajó Maragall 
con la misma nobleza, sin envilecerle la necesidad ni emperezarle la 
fortuna. 

Estuvo durante muchos años en el Diario de Barcelona como redactor 
y secretario del director, D. Juan Mané y Flaquer. Era éste, según lo ha 
descrito admirablemente Maragall, un hombre que con humildad evidente- 
mente excesiva, considerábase de inteligencia mediana; pero que tenía en 
mucho la fuerza de su carácter, y estaba orgulloso de haber sabido dominar 
siempre que quiso los impulsos de su corazón o de sus nervios. En la 
juventud fué literato, y luego las circunstancias le determinaron a ser 




Juan Maragall. 

(1860-1911) 

(De un dibujo de Casas.) 



354 



X' LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

periodista politice. Yo creo, decía, que si la suerte me hubiera llamado a 
ser zapatero, habría llegado a hacer buenos zapatos. Con tal estoicismo 
juntábase, sin embargo, en el alma de Mané y Flaquer un singular senti- 
mentalismo: las artes y la naturaleza producíanle hondas impresiones, "y 
*eran de ver los estremecimientos de ternura serpear cual relámpagos las 
"duras lineas de sus facciones abultadas, y empañarse el brillo acerado de 
"sus ojos pequeños". 

"Por este camino — sigue Maragall — pude llegar yo a la íntima esti- 
mación de D, Juan Mané. Él, hijo de la voluntad, vio en mí un hijo de la 
fantasía. Y tras algunas tentativas, tan cariñosas como vanas, para educar 
mi voluntad en su escuela, resolvió que yo era solamente un poeta, y se 
resignó a mi compañía. En la entonación, un poco ambigua, con que él 
pronunciaba la palabra "poeta", estaba todo el secreto de la complejidad 
de su temperamento. Poeta, en su boca, parecía querer decir algo sublime 
e infeliz al mismo tiempo; un ser que veía mucho más y mucho menos 
que los demás hombres; un hombre a quien había que considerar mucho, 
pero con quien se podía contar poco. 

"Con todo ello, a mi me tuvo muy en su corazón; en los momentos 
más solemnes de mi vida tembló por mí como un padre; los acentos de su 
corazón yo los oí de sus labios como pocos, creo, los hayan oído; hízome 
todo el bien que supo, y mi trato y compañía yo sé que llegaron a serle 
muy caros. . . 

"Éste era mi D. Juan Mané: un D. Juan Mané que no era el de todo 
el mundo, y cuyo espíritu invoco sobre estas páginas, las primeras mías 
en el Diario que no habrán revisado sus ojos mortales" (1). 

Fué sincera y fervorosamente católico. "Sintiendo próxima su muer- 
te—ha contado en el Ateneo de Madrid D. Luís de Zulueta (2) — , pi- 
dió que le fuese administrado el Viático. "Que no se avise a la gen- 
"te — dijo — . ¿Por qué molestarles? A los vecinos, sí; es la costumbre". 
Cuando el sacerdote fué a darle la comunión, exclamó dirigiéndose a su 
compañera y a sus hijos: "Acordaos de este momento en vida y en muer- 
"te. Así nos querremos más". Atendió luego a algunos detalles para des- 
pués de muerto. No quiso ser amortajado con los vestidos usuales, de 
levita, porque dijo: "¡Estaría tan ridículo!" Pidió que se le envolviera en 
el sayal franciscano. Y así descansa eternamente. jQue su pensamiento 
íntimo, el pensamiento religioso del poeta, quede también como su cuer- 



(1) Mi Don Juan Mané. Articulo en el Diario de Barcelona (26-Septíembre-1901) escrito al reanudar 
sus trabajos periodísticos después de una no breve interrupción impuesta por quebrantos de salud antes 
de morir Mané. 

(2) Discurso en la sesión-homenaje a Maragall. 

355 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

po, cubierto bajo el piadoso amparo de los cristianos hábitos de San 
Francisco!" 

En todos los escritos de Maragall palpitan su entero acatamiento a la 
ortodoxia y su profundo sentimiento cristiano. En aquellos especialmente 
dedicados a temas religiosos, se ve cómo en su alma la piedad y la esté- 
tica estaban tan unidas que eran, en realidad, una misma cosa. Tales son, 
entre otros muchos, sus artículos sobre El Corpus (castellano) y La Iglesia 
cremada (catalán), emocionante descripción de la Misa oida en una de 
las iglesias que participaron de los incendios de la semana trágica. 

Era también integramente moral, no sólo por no haber hecho nunca 
directa o indirectamente la apología del pecado ni del vicio, por no haber 
admitido y cultivado en su jardín ninguna de las Flores del mal, tan inci- 
tantes para los literatos modernos, y por ser pudorosísimo^en su expresión, 
sino por su misma vida enlazada con su obra. "Goethe, que tuvo un solo 
"hijo, contó, en cambio, más de una docena de mujeres; Maragall contó 
'una sola mujer, y deja, al morir, todavía joven, más de una docena de 
"hijos sobre la tierra. . . Es porque Maragall fué toda su vida un eterna 
"enamorado; si su musa no fué erótica, debióse a que fué epitalámica. . . 
"Goethe dilapidó el amor en amoríos, como quien gasta, cambiándola en 
"calderilla, una moneda de oro; en tanto que Maragall enriqueció con to- 
"dos los amores un único amor, a la manera de aquel mercader de perlas 
"de que habla la Escritura, que las dio todas a cambio de una sola más 
"hermosa y más perfecta" (1). En plata, que no se le conoció más amor 
que el de su novia, luego su mujer, la cual era, por cierto, castellana, y 
que fué honradísimo esposo y padre de familia; para ser poeta, y vivir 
como tal, asi como no sintió la necesidad de ser bohemio, esto es, de no 
trabajar metódica y ordenadamente, tampoco la de ser calavera o echárse- 
las de libertino. 

Era Maragall catalanista fervoroso. Su catalanismo no se parecía al 
de Almirall, ni, mucho menos, al de Pompeyo Gener; porque no iba unido 
al menosprecio de los demás españoles, sino más bien al de Verdaguer, o 
sea al cariño a la patria común, y dentro de ella, como un afecto especial 
de familia más allegada, a Cataluña. No se libró, sin embargo, en esta es- 
fera de algunos extremos injustificados. En su artículo La Capital (15-No- 
viembre-900) cuenta un viaje a Madrid: despierta el viajero en el tren, y 
encuéntrase en la inmensidad de los yermos — la tan acreditada meseta — , 
bañada por un sol brillante; "allí nada de matices, ni gradaciones; todo es 
"brutalmente brillante. . . Una belleza dura. . . Todo a la vez grande y tris- 



íl) Zulueta: Discurso citado. 

356 



X- LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

*te. . . Los poblados terrosos surgen bruscamente, sin alrededores, sin ex- 
"pansión de vida. . . Todo adusto enmedio de la soledad inmensa". "Todo 
"iba llenándose de sol, haciéndose deslumbrante bajo el azul implacable 
"de un cielo sin nubes. Sin piedad reinaba allí el sol abrasando el desierto 
"que calcinado lo reflejaba, desplegándose indefinidamente y sin esperan- 
'"za de término". ¡Al leer estas cosas diría cualquiera que Maragall venía a 
Madrid de Noruega, o de Escocia o de cualquier otro país brumoso del 
septentrión, y no de Barcelona cuyo sol es tan achicharrante y absoluto 
como el de Castilla! 

Madrid está formado por grandes construcciones pobres; es ciudad 
vasta y populosa, pero sin majestad: ni la de los siglos ni la de la industria 
moderna. Su gran palacio es demasiado grande. "Por cualquier lado que os 
apartéis del centro de la población, al volver de una esquina, surge aquel 
inmenso esqueleto de paisaje que circunda a la capital". Los madrileños 
huyen de la vista de este paisaje, como de una obsesión siniestra, y por 
eso se amontonan en el centro, desde el cual es gobernada la nación; pero 
entre la capital que gobierna y la nación que es gobernada hay ese de- 
sierto amarillo que las aisla, en cuyo seno duermen algunas hermosas ciu- 
dades muertas. De aquí el malestar: "No, no es la culpa de la capital, no 
son culpables las provincias; la culpa es del desierto que las separa". Vio 
Maragall en el Retiro "a la aristocracia, recostada en sus blasonados ca- 
rruajes, pálida y silenciosa (¡Silenciosa una aristocracia que se pasa la 
vida charlando!) como rumiando antiguas grandezas y recientes catástro- 
fes". Le chocó mucho que los carruajes diesen majestuosamente la vuelta 
alrededor del Ángel caído. "Nunca supimos la razón — dice — de aquel 
"singular monumento". 

Encontró, sin embargo, una gran seducción en la capital: el trato y 
amabilidad de sus moradores. "Ésta es, escribe y en ello puede que tenga 
razón, la superioridad suya en la política, en la administración, en la cien- 
cia, en el arte y en todo". Los madrileños, según el poeta catalán, os ha- 
blan de cualquier cosa, pero siempre la que más os agrade, y os hablan de 
un modo agradable. Pero aun esto es defecto: es la ligereza con que esta 
gente puede hablar de todo y hacerlo todo. Es inútil venir a Madrid de 
provincias con serios propósitos; hay un ambiente deleitoso que disipa 
toda seriedad y frustra toda obra sana. Huyamos de él si queremos conser- 
var algo de nosotros mismos. Maragall huyó: "Caía la tarde: toda la ciudad 
"reflejaba el sol poniente: encima de ella, en el cielo terso, flotaba una 
"sola nube roja. Y entonces, al alejarnos hacia la estación magnífica, sen- 
" timos por primera vez el siniestro encanto: sentimos que habíamos empe- 
"zado a amar a la capital, y que algo, muy poco todavía, pero algo, se des- 

357 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

"garraba en nosotros al arrancarnos de ella. Y en aquel momento de 
"encanto la absolvimos desús culpas enmedio del día moribundo". 

¡Ah!. . . Si se queda una temporada, se hace tan madrileño como don 
Víctor Balaguer. 

En otro artículo — El sentimiento catalanista (l.°-Enero-902) — nos 
dice que el catalanismo es un sentimiento de amor y desamor a la vez: 
amor a Cataluña que es desamor a Castilla (España castellana), siendo de 
tener en cuenta que el desamor es la levadura popular, lo más sentido por 
la masa, mientras que el amor es ya producto de un desarrollo de cultura 
y de un mayor refinamiento espiritual. La clase culta, que ha creado, fo- 
menta y dirige el movimiento, siente más el amor a Cataluña; la masa po- 
pular del campo y de la ciudad, tiene poco vivo o poco consciente este 
amor: su resorte está en el odio al empleado, al investigador, al polizonte^ 
a cuantos le vejan o estorban en nombre del Estado, que son precisa- 
mente los que le hablan castellano. De tan prosaica explicación del odio al 
castellá en el pueblo catalán, elévase Maragall de repente a cumbres ne- 
bulosas de filosofía histórica: Castilla ha gobernado a España por personifi- 
car el Renacimiento — francamente, no sabemos lo que significa esto en 
canto llano — ; pero como ha concluido ya el Renacimiento, y estamos en 
una época industrial, Cataluña que es industrial es la que ha de dirigir de 
aquí en adelante, y asi se restablecerá la concordia en los espíritus, o sea 
la unidad moral de la nación. 

Lo positivo es que Maragall propendía naturalmente a esta concordia,, 
que nunca renegó de la unidad nacional y que su catalanismo, concebido 
como un movimiento romántico y desinteresado, o mejor dicho, contra el 
interés egoísta de Cataluña (1), fué siempre de amor y no de odio. En los 
momentos de la mayor exaltación de la lucha escribió su admirable ar- 
ticulo Visca Espanya (2). 

Don Luis de Zulueta, en su citado discurso en el Ateneo de Madrid, 
escribió: "Decir como se ha dicho que fué conservador, me parece rebajar 
"aquella espiritualidad delicadísima poniéndola una de esas etiquetas con- 
"vencionales que tanto le repugnaron siempre. Lo cierto es que no quería 
"destruir nada, sino crear ideales nuevos bajo las fórmulas venerables trans- 
"mitidas por la tradición. Gustaba de encerrar el vino nuevo en los odres 



(1) "... porque el interés del egoísmo catalán estada, no en desligarse, sino en ligarse, en ligar cada 
dia más fuertemente a su producción el consumo de España toda. . . Las bases de Manresa son todo lo con. 
trario de un programa de industriales egoístas; son la constitución ideal de un pueblo que piensa más en su 
alma que en su cuerpo. . . de un pueblo soñador que aspira a integrarse en su historia, en su derecho, en su 
carácter, en una porción de cosas inmateriales que constituyen su poesía, descuidando, menospreciando 
calcular las consecuencias prácticas que su poética integración pudiera acarrearle'. (Artículo citado.) 

(2) Escrita en prosa, tomo I, pág. 192. Obras completas. 

358 



X- LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

"viejos. Pensaba que lo único importante era producir un espíritu nuevo 
"que intensamente vivificase toda la complejidad del organismo social, or- 
"ganismo social que creia inútil tratar de corregir exteriormente con artifi- 
"ciosos aparatos ortopédicos y juzgaba peligroso querer salvar por medio 
"de cruentas operaciones quirúrgicas*. 

Precisamente, los que asi piensan y sienten son los verdaderamente 
conservadores, y aun tradicionalistas, palabras que no son etiquetas con- 
vencionales, sino expresivas de un pensar y de un sentir que trasciende de 
la política y del derecho a todas las esferas de la vida; teniendo en cuenta, 
sobre todo, el espíritu nuevo que trataba de infundir Maragall: espíritu de 
ortodoxia, en religión; de armonía y amor, entre las clases sociales y entre 
las regiones españolas; de orden garantizador de la libertad y de libertad 
que no degenere en licencia. Y como buen conservador español, era pro- 
fundamente monárquico y profundamente demócrata, esto es, amigo del 
pueblo. 

¡Qué hermoso artículo el que escribió a propósito del telegrama del 
Rey a Jacinto Verdaguer comunicándole haberle concedido la gran cruz de 
Alfonso XII! (1). 

'El Rey a Mosén Jacinto Verdaguer. ¡Qué grandeza en esta simple 
"dirección de un telegrama, que parece cabecera de un mensaje legen- 
"dario! 

"Para sentir la emoción de esta grandeza, es necesario poder sentir 
"aún esta palabra: Rey, y esta otra palabra: Poeta. El prestigio casi sobre- 
" humano del nombre de Rey ya no es capaz de sentirlo por completo sino 
"el pueblo. . . El prestigio semidivino del poeta sólo pueden sentirlo los so- 
"ñadores del gran sueño. 

"... Al aparecemos estas palabras "El Rey a Mosén Jacinto Verda- 
"guer", sentimos vibrar cuanto de atavismo popular y de anhelo poético 
"del porvenir duerme y sueña en el fondo de nosotros mismos, y queda- 
"mos como encantados. 

"Algo asi nos sucedió muchos años hace, una de ¡as veces en que el 
"rey D. Alfonso XII estuvo en Barcelona. Estudiábamos, no teníamos aún 
"veinte años, y nuestras convicciones eran republicanas. Acudimos a la 
"parada militar que se daba al Rey, bien penetrados de que íbamos a ver 
"un hombre como los demás, de que asistíamos a un simple espectáculo. 
"Un estudiante de veinte años no se deja engañar fácilmente: lo tiene todo 
"juzgado: todo. Pero he aquí que se oye un agudo toque de corneta, se 



(1) El Rey y el poeta (ll-Jun¡o-1902>. Obras completas: Artículos, tomo III, pág. 309. 

359 



SALCEDO ■ LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

"inicia un gran movimiento de atención en la multitud, las tropas presen- 
"tan las armas, las músicas rompen a tocar la Marcha Real; y, al trote de su 
"caballo, seguido de brillante cabalgata, avanza un joven. . . que no es un 
"hombre como los demás: es el Rey. Y el estudiante de arraigadas convic- 
" clones republicanas siente un hormigueo en todo el cuerpo, una oleada 
"de emoción, y descubre su cabeza, y de su pecho arranca un grito, un 
"¡viva! tan involuntario como sincero. El Rey ha pasado. El estudiante se 
"siente monárquico sin haber perdido ni una sola convicción republicana. 
"¡Era el Rey! . . ." 

Salvo lo de las convicciones, que ya no eran republicanas como a los 
veinte años, sino monárquicas, asi sucedió a Maragall al leer el telegrama 
de D. Alfonso XIII a Verdaguer. 

Y asi sentia siempre el gran poeta catalán, nacido en 1860 y que pasó 
de este mundo el 20 de Diciembre de 1911. 

B) En 1914 ha publicado la Casa Gili, de Barcelona, las Obras com- 
pletas de Maragall. Son once volúmenes distribuidos en dos series: catala- 
na y castellana. Literariamente se nos ofrece el autor por un triple aspecto: 
prosista castellano, prosista catalán y poeta. 

De su prosa castellana ya hemos ofrecido al lector varios trozos, al 
trazar su semblanza en el párrafo anterior. Los escritos castellanos de Ma- 
ragall son artículos, casi todos publicados en el Diario de Barcelona, don- 
de durante años fué, además de redactor, colaborador semanal, o sea autor 
de un articulo firmado, y en La Lectura, de Madrid. Poseía el arte dificilí- 
simo del articulo breve, sencillo en la forma y de honda substancia en el 
fondo, en apariencia espontáneo y producto en realidad de largos y en- 
cumbrados estudios, casi siempre con un punto de vista personal fruto de 
la meditación y engendrador de ideas propias; los tiene de todos los géne- 
ros: políticos o de circunstancias, de critica literaria, necrológicos, etc. Dos 
son singularmente notables. 

Uno es el titulado Confesión de poesía (La Lectura). La poesía — nos 
dice — es el resonar del ritmo creador a través de la tierra en la palabra 
humana, esto es, una revelación de Dios en el hombre. Lo que se revela 
es el ritmo, lo que vulgarmente llamamos forma, o, mejor dicho, el con- 
cepto viene por el ritmo, y asi no hay verdadera distinción entre el fondo 
y la forma. Uno y otra surgen en su indivisible unidad, como una llamara- 
da de luz o como un irresistible impulso de amor, en la mente del poeta, 
y cuando la embargan por completo, cuando determinan el deseo único de 
expresar esa emoción íntima, ha llegado el momento de cantar o compo- 
ner. El poeta debe esperar ese momento emocional, sin provocarlo artifi- 
ciosamente; menos todavía simularlo; y su expresión debe ser sincera y 

360 



X- LENGUAS V LITERATURAS REGIONALE S 

fiel, sin adornos inútiles semejantes a una misera guirnalda contrahecha. 

El otro articulo es el que se titula De la pureza en la poesía (Diario 
de Barcelona, 3-Abril-1902). "Todo Maragall — dice Azorin — está aquí; 
todo Maragall son estas lineas escritas en una hoja fugitiva, que ha de 
revolar por escritorios, tiendas, oficinas bancarias, fábricas, para ir a per- 
derse, a los dos días, en lo pretérito" (1). Tómase aquí la palabra pureza, 
no en el sentido de castidad, sino en el de simplicidad: las cosas son puras 
cuando no son más que lo que deben ser conforme a su naturaleza sin 
mezcla de otras que a su ser repugnan. Es puro el pan cuando sólo es pan, 
esto es, trigo amasado; es pura la leche cuando no se la ha mezclado agua 
u otro líquido que no salió con ella de la teta de la vaca; es puro el amor 
cuando no va mezclado con el interés. La poesía será pura cuando sólo 
sea poesía, esto es, la emoción venida de lo alto, a que se ha referido en 
el otro artículo, sin mezcla de ningún fin utilitario o distinto de ella misma, 
aunque tal fin sea muy bueno y muy noble, como la caridad, la libertad, 
el enaltecimiento del trabajo, de la virtud o de la ciencia. Este desinterés 
no justifica la escuela del arte por el arte, ni a los parnasianos que, "en- 
castillados en sus torres de marfil, despreocupados del mundo palpitante, 
han cantado con una pureza hija de la frialdad. 

No es ésta, no, la pureza de la poesía. La pureza de la poesía, es una 
pureza amante. Sin amor, no hay vida, y sin vida la poesía no es más que 
un nombre. ¿Qué me importa a mí, ni qué importa a nadie, un precioso 
soneto de José María de Heredia, por ejemplo, sobre un escarabajo de oro 
o las pupilas de Cleopatra? Su artificio es sumo, pero su belleza fría como 
la de un brazalete que brilla en el estuche. 

"¡Oh, la pureza del amor, la pureza viva! ¡Oh, la Virgen Madre! ¡Lo 
que hay más puro, con lo que hay más amoroso! Esta ha de ser nuestra 
peosía, porque ésta y no otra es la poesía. Todos nuestros enternecimien- 
tos, y todos nuestros ideales, y todos nuestros fines han de desaparecer 
fundidos en la emoción poética. Hemos de ser alquimistas para convertir 
todo ello en oro puro de poesía. Todo esto estará allí, pero en poesía res- 
plandecerá solamente". 

Y esto para el poeta no es difícil, es lo natural. Pero este natural ha 
de rehacérselo por eliminación de tanto como tiene sobrepuesto. Desdeñe 
ante todo su vanidad de poeta, olvide modelos, olvide propósitos, ponga 
en la vida práctica todo el amor que Dios le haya dado y el que él pueda 
acrescer, y no haga profesión de cantar. . . no cante sino impensadamente, 
y su canto será puro, y en él estará todo su amor". 



(1) Maragall. (En ABC, lQ-Marzo-1914.) 
361 



SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

C) Como prosista catalán tiene Maragall todas las excelencias que 
avaloran su prosa castellana, y, además, un tono dulce y familiar, artísti- 
camente sencillo, que no falta en aquélla; pero que en el idioma nativo 
parece más preciso y continuado. A lo menos para oídos castellanos. Díez- 
Canedo advierte en su prosa castellana cierto arcaísmo; nosotros adverti- 
mos más bien modernismos y muchas incorrecciones que, a veces, se an- 
tojan un poco afectadas, ya para simular mayor espontaneidad de expre- 
sión, ya para recalcar las notas descriptiva o emocional, y galicismos de 
mal gusto, V. gr., la joven literatura castellana. En sus escritos en catalán 
no advertimos ninguno de estos defectos; quizás sea por nuestro inferior 
conocimiento de la lengua. 

Los escritos de Maragall en prosa catalana son de más variado carác- 
ter que los castellanos. En las Obras Completas figuran a su frente unas 
Notas autobiográficas que compuso el autor al cumplir los veinticinca 
años con otras complementarias escritas al cumplir los cincuenta; tan pre- 
cioso documento fué publicado por el P. Miguel de Esplugas, en 1912, con el 
título de Notes intimes (1). Contiene, además, dos cuentos: Una calaverada 
y Per curt de genit cuyo pensamiento inicial parece estar en una novela 
de Alfonso Karr (2); deliciosos relatos breves de viajes o excursiones, diva- 
gaciones poéticas, artículos de circunstancias, discursos y necrologías. Son 
especialmente notables: la conferencia sobre D. Jaime I, en la Lliga Re- 
gionalista (Junio-1908); el discurso de apertura del Ateneo Barcelonés 
como presidente de la corporación (Curso de 1905), titulado Elogi de la 
páranla, oración catalana del género de aquellas latinas de los grandes 
humanistas del Renacimiento, v. gr., Erasmo (Elogio de la locura) y de 
que acaba de dar Bonilla San Martín a la lengua castellana un ejemplar 
muy notable con su Elogio de la Guerra (3); y la biografía-semblanza de 
Don Juan Mané y Flaquer, quizás lo más extenso que escribió Maragall, 
y, a nuestro juicio, lo mejor en prosa, no sólo por la suave corrección y 
gracia de su lenguaje y estilo, sino por las cualidades internas de objetivi- 
dad, imparcialidad, mesura y proporción artística. Maragall, que hizo en 
castellano el precioso artículo sentimental o romántico Mi Don Juan Mané 



(1) En 1916 se han publicado de nuevo, corregidas, en el libro Semblances, que contiene además las 
monografias del cardenal Vives y del obispo Torras y Bages. 

(2) El cuento de Maragall es el de un joven montañés que va a Vich, se enamora de la hija de un 
comerciante, la pretende, pero por una equivocación creen en la casa que la muchacha pretendida es otra, 
y el joven, por cortedad de genio, no se atreve a deshacer la equivocación y se casa con la que no queria. 
En Alfonso Karr es el joven provinciano que va a Paris, y por cortedad de genio, también se queda sin. 
novia y sufre multitud de cómicos contratiempos. 

(3) El Elogi de la Paraula fué leído, bien traducido al castellano, en la sesión-homenaje del Ateneo- 
de Madrid. Véase en La Lectura (Enero-1912). 

362 



X- LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

ij Flaquer, ya citado, hizo en catalán con esta semblanza una obra histórica 
verdaderamente clásica. 

D) Como poeta, que es el aspecto principal de Maragall, el que los 
domina y ennoblece a todos, no escribió más que en lengua catalana. Y, 
fiel a la doctrina estética expuesta en Confesión de poesía y en De la pu- 
reza en la poesía, no se afanó por acumular versos. "Su obra poética — 
ha escrito Diez-Canedo — no es larga. Todo ella cabria con holgura en 
un tomo de 300 páginas, y hay que tener en cuenta que abarca veinte 
años justos, desde la fecha de su primer libro (1891). Esto nos ofrece iftia 
primera consideración: la de que Maragall no escribió nunca esos versos 
ociosos que casi todos los poetas escriben. No hay, en su obra entera, 
poesía que carezca de un alto destello" (1). 

Enamorado de lo espontáneo y popular, esto es, de lo sencillo, y con- 
vencido de la intima compenetración, o, mejor dicho, de la unión substan- 
cial del fondo y de la forma, lo que supone intimo predominio del primero 
sobre la segunda, no es Maragall un orfebre del estilo, como ahora se dice, 
sino más bien, atendiendo sólo a la forma, un poeta incorrecto que mezcla 
consonantes con asonantes y no guarda siempre la medida del verso; sobre 
todo eso brilla su sentimentalismo espiritual, la luz de lo ideal que le guia, 
y lo que en otro espíritu prosaico sería prosaísmo, es en él altísima y hon- 
da poesía. Conviene advertir que Maragall era poeta popular por afición y 
convencimiento: su educación artística dábale sobrados medios para ser 
clásico, pues había estudiado profundamente a los grandes maestros anti- 
guos y modernos, y tal elemento académico refléjase, como es natural y 
aun sin él pretenderlo, en sus obras, a las que infunde sobriedad y preci- 
sión con la medida que sólo llegan a poseer los que de veras dominan 
el arte. 

Maragall tradujo muchos versos de Goethe y otros poetas alemanes. 
En sus últimos años, y por encargo del Instituí d'Estudis Catalans, los 
Himnos Homéricos, aunque no directamente del griego sino de una tra- 
ducción literal catalana (2). Sus poesías líricas respiran paz interior, amor, 
religiosidad y un sano y penetrante optimismo de la vida. Está muy en lo 
justo Azorín cuando dice que Maragall no es un espíritu inquieto y trémulo 
ante el insondable misterio del universo. Las cosas, al reflejarse en él, pa- 
recen no darle otra emoción que la de su belleza. Todo es para él motivo 



(1) Maragall, poeta. 

(2) Himnes Homérics. Tradúcelo en vers de Joan Maragall. y íex grec amb la tradúcelo literal de 
Pedro Bosch y Gimpera. Casi a la vez o poco antes el catedrático de Lengua y Literatura Griega de la Uni- 
versidad de Barcelona publicó, en esta ciudad, los Himnos homéricos vertidos directa y literalmente al 
castellano. 

363 



SALCEDO ' LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

de una admiración ferviente. Dios, al ir creando el mundo, encontraba 
bueno cuanto iba surgiendo a su fíat divino de la nada al ser; Maragall se 
pone en este mismo punto de vista del Creador. Tal optimismo ha sido 
tachado de poco cristiano por algunos, especialmente considerando su 
poesía Cántico Espiritual, una de las últimas que compuso y, sin duda, 
de las más hondamente líricas del Parnaso español. Diez-Canedo dice 
a propósito del Cántico: "Su amor a este mundo, compendio de todos sus 
amores, se exalta en él. Hermosura mayor, su mente de hombre no la 
concibe. Por vez primera se advierte en su poesía un estremecimiento pa- 
recido a la duda. Pero el creyente se sobrepone al fin y espera un naci- 
miento mayor". A su vez Zulueta escribe: "No fué el librepensador, fué el 
poeta, el que en el Cántico Espiritual reniega de la otra vida, y no quiere 
más cielo que este cielo azul ni otro mundo que este hermoso mundo lleno 
de encantos y de sensuales maravillas". 

Equivocadísimas juzgamos estas interpretaciones. Veamos en primer 
lugar la poesía que las ha ocasionado, y para completa claridad inser- 
témosla, no en su original sino en la traducción castellana de Joaquín 
Montaner: 

CANTO ESPIRITUAL 

Si el mundo es tan hermoso, si se mira, 
Señor, con vuestra paz en nuestros ojos, 
¿qué más nos podréis dar en otra vida? 

Por esto de los ojos tengo celos, 
y del rostro y el cuerpo que me disteis, 
y el corazón, Señor, que late fuerte 
en él. . . ¡y tiemblo tanto ante la muerte! 

¿Con qué sentidos más haréis que vea 
aqueste cielo azul sobre los montes, 
y el mar inmenso, el sol que en todo brilla? 
Dadme la eterna paz en los sentidos 
y no querré más cielo que este cielo. 

Quien "Párate" no dijo a algún momento 
sino al que de su muerte fué ocasión, 
no le entiendo, Señor; ¡yo que querría 
parar tantos momentos cada día 
y eternizarlos en mi corazón. . . ! 
¿O es que este "hacer eterno" es destrucción? 
Mas entonces la vida ¿qué sería? 
¿Fuera sombra no meis del tiempo que huye, 
y del lejos y el cerca la ilusión, 
y lo cabal del mucho, el poco, exceso, 
porque ya todo es todo, engañador? 

364 



X- LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

¡Es igual! Este mundo, como sea, 
tan diverso y extenso y temporal; 
esta tierra con todo lo que cría, 
es mi patria, Señor; ¿y no podría 
ser también una patria celestial? 
Hombre soy y es humana mi templanza 
por cuanto creer pueda y esperar: 
si aquí mi fe se cifra y mi esperanza 
¿me lo tendréis en culpa más allá? 

Más allá veo el cielo y las estrellas 
y aun allí todavía quiero estar: 
si hicisteis cosas a mi ver tan bellas, 
y ojos y sentidos para ellas, 
¿por qué, buscando un cómo, los cerrar? 
¡Si para mí como esto nada cabe! 
Ya sé que sois. Señor; ¿dónde? ¡quién sabe. . . ! 
Mirando todo se os parece en mi. . . 
Dejadme, pues, creer que estáis aquí. 

Y cuando venga esa hora de temor 
en que pierdan mis ojos movimiento, 
abridme otros más grandes, ¡oh Señor!, 
para ver vuestra faz deeterno aumento. 
¡Sea mi muerte un alto nacimiento! 

¿Dónde ha podido ver el Sr, Zulueta que Maragall renegase de la vida 
futura, y no quisiera más cielo ni más mundo que los que aquí vemos? 
¿Dónde el Sr. Diez- Cañedo que esta sincerísima y hermosísima poesía 
refleje un estremecimiento de duda? El Cántico espiritual es la obra de un 
católico ortodoxo y creyente en la vida de ultratumba, el cual no puede 
explicarse o comprender cómo siendo este mundo tan hermoso, aún lo es 
incomparablemente más el cielo que su fe le promete para después de la 
muerte. Lo mismo nos sucede a todos los católicos: sabemos por la fe que 
hay cielo; no sabemos cómo es el cielo. Para representárnoslo de algiin 
modo hemos de pensar en lo más bello que hay en el mundo, acumularlo 
y decirnos: aún el cielo lo es mucho más. Sabemos perfectamente que no 
es el cielo como lo fingimos, asi como que en nuestra vida presente, 
unido el espíritu a la materia y en cierto modo dependiendo de ella, pues 
nihil est in íntellectu quod prius non fuerit in sensu es absolutamente im- 
posible que nos lo representemos mejor. 

El amor a la vida, a la belleza del mundo y a los legítimos goces aun 
sensuales que nos ofrece, no es un sentimiento anticristiano. La religión 
sólo anatematiza el pecado, que no es la vida sino su corrupción. Maragall, 
hombre de moral austerísima, que no amó más mujer que la suya, nunca 

365 



SALCEDO ' LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

confundió la licencia del vivir con el vivir mismo, ni las flores del mal con 
las muy buenas y fragantes que florecen en el mundo. En éste, o en lo que 
éste tiene de puro, veía a Dios como lo vieron tantos contemplativos y 
místicos, como debemos verle todos los cristianos. Por eso sentía tan pura 
y profundamente la hermosura de la tierra, y parecíale que pudiera ser el 
centro definitivo de las almas; pero, fiel a la ortodoxia, ponía sobre este 
sentir suyo la fe en el más allá, y pedía al Señor unos ojos más grandes, 
esto es, un conocimiento más perfecto para ver aquella otra Belleza su- 
prema o absoluta, de que aquí no podemos tener sino un ligerisimo vis- 
lumbre. 

E) Son muchos y de indiscutible valer los panegiristas o encomiado- 
res de Maragall; creemos que cuantos le han leído y entendido. Cuéntanse 
entre ellos el poeta José Pijoan (La Veu de Catalunya, Enero-1912), el ya 
citado P. Miguel de Esplugas, Diego Ruiz, Unamuno que ha escrito varios 
artículos y prometido un libro especial sobre el poeta catalán, Joaquín 
Montaner, Azorín, Díez-Canedo, Zulueta, etc. Don Hermenegildo Giner de 
los Ríos ha dicho: "... aunque se borrase toda su historia, tendría bas- 
tante Cataluña para su gloria, inmarchitable y perenne, con que no se 
perdieran dos nombres en los fastos de su literatura: Jacinto Verdaguer y 
Juan Maragaír (1). 

A pesar de lo cual, el autor de este libro recorrió en vano todas las 
librerías de Madrid buscando las obras, o siquiera un libro de Maragall. 
En todas oyó a los respectivos libreros: "no tenemos nada, nadie pide aquí 
eso; si usted quiere, lo encargaremos a Barcelona". Cosa digna de notarse; 
porque aunque los castellanos no compren los libros de Maragall, ¿qué 
hace la colonia catalana en Madrid, tan numerosa y tan culta? Los monta- 
ñeses, aun los iletrados, compraban los libros de Pereda. 

77. Primera época del teatro catalán: A) Precedentes. 
B) << Sera fí Pitarra». C) Otros autores. D) Caracteres gene- 
rales de la primera época. — A) Al eclipsarse la literatura en ca- 
talán, el teatro no daba en todas las lenguas romances otras muestras de 
vida que los autos litúrgicos y pastoriles. En Cataluña los hubo también, y 
aún se perpetuaron bajo la dominación literaria del idioma castellano, 
como una dramática incipiente, menos que popular, campesina o lugareña, 
siendo durante aquel período casi la única manifestación escrita de la 



(1) Historia critica abreviada de Literatura nacional y extranjera, antigua y moderna. 'Barcelo- 
na, 1910. Tercera parte, pág. 159. 



366 



X' LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

lengua regional. O se representaban las piezas antiguas, o de cuando en 
cuando, a largos intervalos, se componia una nueva. En el siglo xviii, 
Fr. Antonio de San Jerónimo compuso la Passió y mort de Nostre Seni/or 
Jesucrist, que alcanzó cierta resonancia. 

A principios del xix, José Robreño, cómico en el teatro de Santa Cruz, 
de Barcelona, escribió y representó varios saínetes, unos bilingües, como 
Eí Trapense, Lo Hermano Buñol, etc.; otros en catalán, como Numancia 
de Catalunya, Lo Jayo de Reus, Sernió en uers y Sermó de la mormoració. 
Gustaron al público. Los expositores que siguen a Ixart (1), tratan a Ro- 
breño con acre severidad: de iliterario el P. Blanco; "pobrisimas obras 
— dice Antonio J. Bastinos — "en que no hay verdadero ingenio, ni apenas 
"instinto del teatro, escritas casi en catalán, teatro bajo y grotesco, burdos 
""saínetes, etc." (2). Algo más benévolos se muestran con el arquitecto 
Renart y Arús, que también compuso saínetes a lo Robreño. El cultísimo y 
ecuánime Burgada sostiene, en cambio, que la técnica sainetesca de Ro- 
breño está, cuando menos, a la altura de D. Ramón de la Cruz, y que Renart 
no fué tan escénico como él pero si más literato (3). 

El mismo distinguido crítico afirma que Robreño y Renart fueron dos 
casos aislados y de ningún modo los iniciadores del moderno teairo en 
catalán. "La prueba está — dice — en que carecen de continuadores inme- 
"diatos, y cuando después de una extensa laguna, aparece Federico Soler, 
"el teatro catalán comienza de nuevo, pero comienza, no por evolución, en 
"el punto donde lo habían dejado Robreño y Renart, sino muy por debajo, 
"como si no existieran precedentes. De El sarau de la Patacada a La biiti- 
" farra de la Ilibertatva, de arriba a bajo, inmensa distancia: la "gatada" de 
"Soler no ha tenido generación, es completamente primitiva, y artistica- 
"mente, representa un bajón colosal respecto del saínete de Robreño. 

"En Soler observamos ya las características de toda obra evolutiva. 
"Vemos a este autor ascender en sus producciones, perfeccionarse, y llenar 
"una época. Hasta la aparición de Quimera, Soler es todo el teatro cata- 



(1) Teatro caíala: Ensaig histórich-critich, por José Ixart, premiado en los Juegos Florales de Bar- 
celona (1879). Nació Ixart en Tarragona (lO-Septiembre-1852). Murió (25-Mayo-1895). Buen poeta catalán, 
como acredita su poesía Papallones, incluida en Les Cent millors poesies de la Llengua Catalana, autor 
de preciosos cuentos y novelas cortas, escritor castellano de los que desmienten la especie de no poder los 
catalanes escribir correcta y literariamente en la lengua de Castilla, ejerció Ixart en Barcelona una verdadera 
dictadura como critico de bellas letras y bellas artes (La Vanguardia y otros periódicos), semejante a la de 
Revilla en Madrid, si bien él se parecía más a Clarín. Publicaba anualmente sus criticas coleccionadas con el 
titulo de El año pasado. 'Más atento Menéndez Pclayo a lo pasado que a lo presente, Ixart era sin disputa 
el primer crítico español contemporáneo'. (Salvador Canals: El ario teatral, lSílí-96). Maragall consagró a la 
muerte de Ixart (Junío-1895) un precioso articulo (Escrits en prosa, II). En la Biblioteca Arte y Letras publicó 
Ixart: Fortuny: Ensayo biográfico-eritico, 18S2. Es Ixart de los autores a que sentimos de veras no poder 
dedicar más amplío espacio en este libro. 

(2) Arte dramático español contemporáneo. Bosquejo de autores y artistas. Barcelona. 1914. 

(3) De teatro catalán. En el Diario de Barcelona. Febrero-1914. 

367 



SA LCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

"lán. Éste ofrece dos etapas principales, simbolizadas en los dos nombres: 
"Soler y Quimera. El primero sabe responder a los gustos de su país y 
"de la época en que vivió, y hay que glorificarle por esto y por haber 
"sido el iniciador, no de una manifestación aislada, como sus predeceso- 
"res. sino de la personalidad histórica del teatro catalán. El segundo ha 
"visto más allá en el tiempo y ha traspasado las fronteras, y por ello su 
"gloria es mundial. 

"Alrededor de estos dramaturgos han brillado otros — entre los que 
"descuella Rusiñol por su originalidad y modernismo — que nos han ofre- 
"cido múltiples aspectos de la dramaturgia, unas veces personal y otras de 
"imitación, pero sólo como tentativas no bien orientadas, a pesar de haber 
"producido algunas obras maestras. Demasiadas tentativas, que han ener- 
"vado al público y le han hecho desviar, con injusto desdén, la atención 
"hacia otros espectáculos". 

B) Federico Soler, más conocido por el seudónimo de Serafí Pitarra 
con que firmó sus primeras producciones, nació en Barcelona (9-Octu- 
bre-1839). Murió (4-Julio-1895). Huérfano de padre a los nueve años de 
edad, hubo de abandonar los estudios de segunda enseñanza que habia 
ya comenzado, por el oficio de relojero, y ejercíalo modestamente en la 
calle de Escudillers, cuando la guerra de África, de gran resonancia en 
Cataluña por haber sido el general Prim su héroe más popular y por las 
hazañas de los voluntarios catalanes a las órdenes de aquel caudillo, de- 
terminó la representación de algunas piezas teatrales de circunstancias en 
catalán que agradaron al público, como los apropósitos de D. José A. Fe- 
rrer y Fernández: Al África minyons. Ja hi van al África, Minyons, Ja 
tornan, etc. Soler, o excitado por esta ocasión o aprovechándola, se lanzó 
al teatro con los disparates, o astracanadas que diríamos hoy, La butifarra 
de la Ilibertat y Las pildoras de Holloway, a que siguieron otras y otras, 
calificadas por él todas ellas de singlots poéticos (hipos). El 24 de Febrero 
de 1864 tuvo un gran éxito con La esquela de la Torratxa, gatada en dos 
actos, y en verso y en catalán del que ahora se habla, pieza que no es sino 
la parodia de La campana de la Almudayna (1). En pos de esta gatada 
fueron las parodias de El Trovador {Lo Cantado), de Venganza catalana 



íl) Drama histórico del mallorquín D.Juan Palou y Coll, uno de los mayores éxitos teatrales del 
siglo XIX. Su argumento se basa en supuestos hechos acaecidos en las turbulencias civiles de Mallorca 
durante el reinado de Pedro IV de Aragón. El conflicto dramático viene a ser el mismo que el de Guzmán 
el Bueno: un caballero apellidado Centellas se ve en el>grandisimo apuro de o dejar que maten a su hijo o 
faltar él a su palabra y a los deberes de su cargo. Eín toda España fué representado muchas veces y quedó 
largo tiempo de repertorio. Soler aprovechó esta popularidad para su parodia, cuyo titulo traducido al caste- 
llano significa La esquila de la azotea. Palou compuso además La espada y el laúd, de que es protagonista 
Ausias March. En las Obras criticas y literarias de Guillermo Porteza (Palma de Mallorca, 1882) hay estu- 
dios criticos de ambos dramas de Palou, obras a la verdad de mérito, aunque actualmente pasadas de moda 

368 



X- LENGUAS V LITERATURAS REGIONALES 

(La Venjasa de la Tana), de Flor de un día (Cus del día), etc., etc. Serafi 
Pitarra se hizo amo y señor del público, a fuerza de disparates y groserias 
según los cultos, a pesar de eso y por condiciones indudables de fuerza dra- 
mática y habilidad para llegar al pueblo, según los discretos. Don Francisco 
Pelayo Briz tronó contra el populacherismo triunfante del poetastro. Don 
Antonio Boíarull, presidiendo los Juegos Florales de 1865, protestó indigna- 
do contra la burda y juglaresca literatura que cautivaba al público catalán. 

Soler se picó, y en la villa de Hostalrich compuso Las Joyas de la 
Roser, drama sentimental estrenado el 6 de Abril de 1866 para inaugurar 
el Teatro Cátala del Odeón, y que arrancó a los espectadores tantas lágri- 
mas como risas hablan provocado las gatadas. Y ya no descansó nunca de 
lanzar al teatro nuevas obras dramáticas: con todos los géneros se atrevía, 
y, por lo menos, hasta 1888 tuvo siempre al público de su parte, aunque 
siempre también enfrente a los de paladar literario refinado y exquisito. 
Era catalanista liberal, del grupo de Balaguer, y en la oposición revolucio- 
naria provocada por el absurdo decreto de González Bravo prohibiendo 
escribir en catalán, mientras D. Victor componía furibundas canciones 
anticastellanas, Pitarra daba irremisiblemente en sus dramas el papel de 
traidor a un castellano. De su ignorancia religiosa e irreverencia dan tes- 
timonio su poema escénico Judas de Kerioth (1889) y su drama sacro 
Jesízs (1894). 

"Su fecundidad — dice Salvador Cañáis — puede emparentarse con 
la de Lope de Vega, y es desde luego superior a la de todos los autores 
contemporáneos. Pitarra dejó 104 obras dramáticas con unos 300 actos, 
además de siete u ocho tomos de versos y no pocos trabajos dispersos al 
azar en los periódicos que se disputaron su inspiración". Y explica su in- 
menso éxito de este modo: "... Pitarra tenía lo que había menester en su 
catalanismo vigoroso, y lo que no hubiera hecho, por no llegar a la entraña 
del pueblo, un gran lírico ni un irreprochable artista, hízolo aquel genio 
exuberante no bastardeado por el estudio, catalán genuino en el corazón 
que sentía, en la imaginación que obraba y en la lengua que rezaban sus 
labios. No sólo en los dramas en que eran catalanes personajes, costum- 
bres y ambiente, catalán el pensamiento austero, catalana la palabra justa; 
también en aquella misma Esquella, parodia de una obra castellana, como 
todas las gatadas base de su reputación, es catalán el humorismo, cata- 
lana la sátira noble, catalán el chiste rudo y a veces grosero. . . Ese fué el 
carácter de Soler, el que le llevó de su chiribitil de relojero a la escena 
popular, y por esto triunfó" (1). 



( 1 ) El Año teatral, 1895-96. 

369 



94 
Salcedo. - La Literatura Española. — Tomo IV. 



SALCEDO ' LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

Aunque muchas veces reñido, su triunfo fué completo. En los Juegos 
Florales de Barcelona había sido, como ya se ha dicho, solemnemente 
anatematizado, y él, en sus gatadas, se burló mil veces de los Juegos Flo- 
rales. Acudió a los Juegos de 1875, y de una vez se ganó doce premios, 
entre ellos los tres ordinarios que le valieron el diploma de maestro en 
gay saber. Premió la Academia Española su drama Batalla de reinas (1888), 
y aunque algunos murmuraron en Barcelona de que hubiera aceptado el ga- 
lardón de una academia que tiene por fin el mayor esplendor de la lengua 
castellana, y otros, en Madrid y en todas partes, vieron evidente despropor- 
ción entre el premio y la obra premiada, quedó entonces consagrada la espe- 
cie de que su producción copiosa, considerada en conjunto, refleja, mejor que 
otra ninguna, al pueblo catalán, y que él es el literato catalán por excelencia. 

Por iniciativa del Centre Cátala fué honrado Soler, 1887, con el sin- 
gular homenaje de colocar una lápida en la casa de Hostalrich, donde 
compuso Las Joyas de la Roser. Y el 28 de Septiembre de 1897 poníase, 
frente al Teatro Principal de Barcelona, la primera piedra del monumento 
conmemorativo de su gloria; la estatua de Serafí Pitarra, inaugurada el 26 
de Diciembre de 1906, es una de las bellas obras de Querol, y, por tanto, 
de las buenas de nuestro arte contemporáneo. 

C) No consienten las proporciones de este libro sino una rapidísima 
referencia de algunos de los autores pertenecientes al ciclo representado 
por Soler. Citaremos a Eduardo Vidal de Valenciano (de Villafranca del 
Panadés, 1838-1899), autor de la zarzuela Qui tot fio uol, tot fio pert {1859); 
de las comedias A boca tancada y Tal hi va qui no s'ho creu (1864); del 
drama Tal farás, tal probarás, estrenado y aplaudido en el teatro Principal 
de Barcelona (4- Abril -1865), esto es, un año antes que Las Joyas de la 
Roser; del drama Páranla es paraula (1868), escrito para desafiar y contra- 
venir la prohibición del catalán por González Bravo, etc. Semejante a 
Soler, lo venció éste por su fecundidad. 

Francisco de S. Vidal (de Villanueva y Geltrú, 1819-1878) acreditóse 
con la comedia Una noya com un sol (1861) y con La maluasía de Sitjes, 
que fué de repertorio mucho tiempo. El popularísimo Camprodón — nació 
en Vich (1816) y murió en la Habana siendo administrador de Loterías 
(1869) — , tan conocido como autor castellano por La flor de un día (1851) 
y por sus libretos de zarzuela (Marina, Los diamantes de la corona, El 
dominó azul, etc.), cultivó la lírica en catalán — Recorts de I' infantesa y 
Recorts, están incluidas en Les cent millors poesíes de la llengua catala- 
na—y dio al teatro dos piezas muy aplaudidas: La Teta gallinaire (1865) 
y La tornada den Tito (1867). Bastinos califica esta última de donosa y de 
moral relativa. 

370 



J 



X- LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

José María Arnáu (de Areyns de Mar, 1832-1913) dio al teatro, de 
1864 a 1880, una serie de piezas en que son de notar el estudio del natural 
y de los caracteres. En La pubilla del Valles, que alcanzó más de 200 re- 
presentaciones, vese el contraste entre la presumida y coquetuela señorita 
barcelonesa y la criada en el campo, todo ingenuidad y candor. Arnáu, 
como Pereda, como Benavente en Al natural, y como Gabriel y Galán, era 
un aldeóíilo convencido. El juez Eduardo Aulés (de Barcelona, 1839-1913) 
fué tan fecundo en la producción de piezas catalanas que Pitarra dijo de él: 
cuando se agoten todos los asuntos teatrales, Aulés los encontrará nuevos 
en abundancia. Francisco Pelayo Briz colaboró con Soler en La Tats (1878) 
y escribió sólo varias piezas y dos dramas muy medianos. Antonio Ferrer 
y Codina, autor del drama Las reliquias de una mare (1866), de Otger 
(1885), traducido al castellano por Marcos Zapata, y de multitud de produc- 
-ciones teatrales de todas clases, algunas muy aplaudidas, es ahora muy 
discutido, por suponérsele plagiario de obras nacionales y extranjeras. 
Francisco de Asís Ubach y Vinyeta (de Barcelona, 1842-1913), a pesar de 
su prosaica ocupación de tenedor de libros en una fcibrica, donde entró de 
meritorio y acabó en gerente, consiguió, como poeta, 350 premios en cer- 
támenes y Juegos Florales; mestre en gay saber (1874), colaboró en La 
Barretina, Lo Gay Saber y La Renaixensa, fué académico de Buenas Le- 
tras y correspondiente de la Historia, presidente del Centro excursionista, 
fundador de Lajove Catalunya (1); como dramático, son notables su pri- 
mera obra, Honra, patria y amor (1867), varios dramas históricos y los dos 
de tesis jurídica: L'última pena, contra la de muerte, y Los Hereus (1863), 
contra esta institución del Derecho foral. Terminaremos esta incompleta 
reseña citando a José Feliii y Codina — nació en Barcelona (1847) y murió 
€n Madrid (1897) — , el cual, antes de ocupar tan elevado y glorioso puesto 
en el teatro castellano con La Dolores, María del Carmen y Miel de la Al- 
carria, fué en catalán poeta festivo y satírico, colaborador de La Pubilla, 
Lo Nunci y Lo tros de paper, escribió dos novelas sacadas de obras escé- 
nicas de Pitarra (La Dida y Lo rector de Vallfogona), hizo con el mismo 
Soler una comedia. La filia del marxant, y dio al teatro (de 1875 a 1882) 
varias obras originales de distintos géneros. 

D) Las notas características generales de toda esta primera faz del tea- 
tro catalán son: 1." Los argumentos y los personajes son siempre catalanes; 
los pocos forasteros, castellanos por lo común, que aparecen en estas pie- 



(1) Existió esta sociedad de 1870 a 1874, y su origen fué un grupo de literatos jóvenes que con Ubach 
paseaban por los portales de la Plaza Real. Semejante al Parnasillo, de Madrid, tuvo su centro de reunión 
^n el Café de Francia y después en el Suizo. 

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SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

zas teatrales son para representar los papeles odiosos o ridículos. 2.^ Los 
argumentos son, invariablemente, o sacados o inspirados en la historia de 
Cataluña (dramas románticos), o pinturas de las costumbres populares, pre- 
firiendo las de aldea. Estas costumbres aldeanas se presentan unas veces 
satíricamente, pero con sátira en el fondo benévola, para hacer reír a costa 
de las ridiculeces inherentes a la vida humana en todos sus medios, y no 
con un intento trascendental de crítica y destrucción; otras veces idealizán- 
dolas. En La Casa Payral, de Ferrer y Codina, aconséjase al campesino que 
no haga señores a sus hijos si quiere que honren a la familia. 3^ Los auto- 
res no se preocupan de la depuración del idioma catalán, ya por el estudio 
de los textos clcisicos, ya de las leyes lingüísticas a cuyo conocimiento son 
extraños, sino de reflejar con exactitud el habla popular. 4.^ Catalanistas 
fervientes estos mismos autores, no son, sin embargo, íntegros o sistemáti- 
cos, y así, por ejemplo, no tienen reparo en combatir la institución del 
Hereu, aunque jurisconsultos y sociólogos la consideren como una de las 
fundamentales de la prosperidad del Principado. Ya hemos visto que 
Ubach escribió Los Hereus en un sentido de acerba crítica, y en muchas 
piezas el hereu es siempre un personaje antipático. 

Ixarí, en su citado estudio de 1879, pronosticaba muerte por agota- 
miento al teatro catalán si no rompía sus moldes, y se orientaba resuelta- 
mente hacia las más amplias concepciones del teatro moderno. 

78. Segunda época: A) Guimerá como poeta lírico. 
B) Sus tragedias. C) Sus dramas contemporáneos. D) Otros 
autores (Rusiñol, M estrés. Iglesias). — A) En Santa Cruz de Te- 
nerife (1847) vino a este mundo D. Ángel Guimerá. Muy pronto fué con 
su padre, que era catalán, a Vendrell (Tarragona), y en su juventud entró a 
colaborar en La Renaixensa, revista cuyo primer número apareció en 1.° de 
Febrero de 1871, y que, diez años después, el mismo Guimerá, como direc- 
tor de ella, convirtió en diario. Pocos aventajarán a Guimerá en fervoroso 
e intransigente catalanismo. León Pagano dijo a este propósito algunas 
cosas terribles que escandalizarían a quien no sepa de cuántas enormida- 
des de frase somos capaces los españoles de todas las provincias del reino, 
cuando nos proponemos agotar la energía en la expresión de nuestras 
convicciones y sentimientos. En su hoja de servicios como catalanista figu- 
ran dos discursos resonantes: uno, el leído como presidente del Ateneo 
Barcelonés sobre La llengua catalana, por haber sido el primero que se 
dijo allí en el idioma regional contra la tradición y costumbres de la Casa; 
otro, el pronunciado presidiendo los Juegos Florales de 1889, en que fran- 

372 



X' LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

camente abogó por el más amplio régimen autonómico, sosteniendo las 
conclusiones que fueron luego acuerdos de la junta o asamblea de 
Manresa. 

Sus primeros versos aparecieron en La Renaixensa. En los Juegos 
Florales de 1875 diéronle accésit por la poesía Indibil y Mandoni. En los 
tres años siguientes los premios necesarios para ser mestre en gay saber. 
En 1887 apareció el libro: Poesíes de Ángel Guimerá (1870-1887), ab un 
prólech de Joseph Ixart, ilustradas por J. Ll. Pellicer y A. Fabrés. Menén- 
dez Pelayo escribió a Guimerá: 

"Escribo a usted después de una lectura muy detenida de su magnifico 
*tomo de Poesías, y deslumbrado aún por la impresión de tantas bellezas 
''como en sus páginas se suceden. Hacia años que ningún libro me produ- 
"cía un efecto semejante. Yo no tengo autoridad ni crédito para expresar 
"aquí otra cosa que mi impresión personal; pero lo que de ella deduzco es, 
"que no ya Cataluña, sino España entera, cuenta desde hoy con un gran 
"poeta más, a quien ni siquiera perjudica lo poco divulgado de la lengua 
"en que escribe. Sobre todo, me asombra en la dicción poética de usted 
"tan maravillosa fuerza plástica con que sabe dar bulto, realce y color a 
"iodo lo que describe, ya pertenezca al mundo de la realidad sensible, ya 
"al de los caprichos fantásticos. La poesía de usted es imagen siempre, y 
"como imagen vive de un modo más enérgico y distinto que aquel con que 
"suelen vivir las creaciones poéticas, más o menos penetradas siempre por 
"un elemento social y abstracto. Lo que usted nos pone delante de los 
"ojos, por excéntrico y por imposible que sea, lo vemos, lo palpamos y lo 
"sentimos inmediatamente. Yo no creo ni sostengo que ésta sea la única 
"poesía, pero ésta la ha alcanzado usted completamente sin distinción de 
"asuntos, ora pinte escenas de la antigüedad clásica, como en Indibil y 
"Mandonio y en Cleopatra; ora rasgos bíblicos, como en Jael, en David y 
"en Maria de Magdala; ora cuadros de la edad media, como en el incom- 
"parable y sublime Año mil; ora emociones propias de las más difíciles de 
"trasladar al papel, y de las que en manos de otro cualquier artista menos 
"sincero y menos amante de la naturalidad perfecta, no podrían escribirse 
"sin que la retórica las profanase. No voy a enumerar todas las bellezas 
"que encuentro en el libro de usted, que es en gran parte una serie de 
"obras maestras, a las cuales irá dando su justo valor el tiempo, que abate 
"lo mediano y dignifica lo grande. 

"Tampoco me detendré en hacer ciertas objepiones que usted, si me 
"conoce, comprenderá fácilmente que han debido ocurrirseme, ya sobre el 
"catalanismo un tanto feroz y militante de algunas rarísimas composicio- 
"nes, entre las cuales no contaré por cierto Lo cap d'en Joseph Mora- 

373 



SALCEDO ' LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

"gas (1), que es bellísima, que es una de las perlas del tomo, y que en 
"medio de su energía selvática y tremenda, no traspasa los límites del 
"recto, aunque durísimo juicio que la Historia ha formulado ya sobre 
"aquellos acontecimientos y sobre el triste monarca que abrió entre nos- 
" otros el siglo xviii; ya sobre el sentido religioso de algunas composicio- 
"nes, en lo cual tampoco insistiré, porque está atenuado por el de otros 
"muy puros y porque además sería rigor excesivo juzgar con un criterio 
"estrictamente teológico vagas aspiraciones poéticas. No extrañará usted 
"tampoco que haga ciertas reservas (éstas ya enteramente literarias) sobre 
"el humorismo patibulario de algunas composiciones, especialmente la 
"confesión del verdugo, en la cual, como en otras, se nota cierto amor 
"desmesurado a la antítesis (estilo Víctor Hugo) que algunas veces con- 
"duce a lo sublime, pero que puede dar también en lo cómico. 

"Todo esto es secundario y de ningún modo puede obscurecer ni por 
"un momento las resistentes e inmortales bellezas del Hbro, que, a mi en- 
" tender, quedará como una de las más brillantes pruebas de que nuestra 
"edad no era tan prosaica como algunos se la imaginan" (2), 

Nada es menester añadir al juicio de Menéndez Pelayo. Para mejor 
conocimiento de los lectores diremos, sin embargo, que la inspiración de 
las poesías de Quimera es vigorosísima y grandiosa; pero vaga, indeter- 
minada, con la confusión de las imágenes en la pesadilla o en la fiebre, y 
tendiendo siempre al dolor y a la muerte. "La muerte — escribe León Pa- 
gano — domina en todo el libro, y la palabra más usada en él, como en los 
Poemas bárbaros de Leconte de Lisie, es la palabra negro". Si quiere can- 
tar a Cataluña, no evoca sus días gloriosos y risueños, sino que pinta con 
muy obscurecidos colores y refinamiento de crueldad sus desastres y los 
sufrimientos de sus héroes. Sus efusiones líricas son amarguísimas; la feli- 
cidad no es más que un recuerdo; el presente es la casa paterna solitaria y 
abandonada, el corazón sin ilusiones, la mujer amada en brazos de otro 
hombre a quien llama tiernamente su esposo. 

El P. Blanco García, comentando las frases con que Cleopatra excita 
a Marco Antonio a suicidarse ambos: 

Morim! Los cors que vencer no saberen 
llensem del pit, y unint las fredas bocas 
si al bes primer la térra nos partirem 
partimse avuy l'imperi de las ombras!, 



(1) Es la descripción del suplicio y muerte bajo el gobierno de Felipe V de uno de los catalanes par- 
tidarios y defensores del Archiduque en la guerra de sucesión. 

(2) Esta carta está publicada, según dice León Pagano, por primera vez en el tomo I de A través de 
la España literaria (pág. 185 y siguiente). 

374 



X- LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

dice: "El imperio de las sombras es cabalmente donde ejerce Quimera 
supremo dominio. . . donde sus fosforescentes ojos de iluminado sorpren- 
den los misterios de la muerte, animan el polvo de los sepulcros y acom- 
pañan en su mudo y silencioso viaje por la tierra a los fantasmas que en- 
gendran la fatalidad y la superstición". 

Es, ciertamente, una poesia legitima dentro del arte ésta de las lúgu- 
bres fantasmagorías, y admirable este desbordamiento de la imaginación 
que sugestiona a los lectores; pero, a nuestro juicio, es por lo mismo una 
poesía malsana y capaz de producir en las personas de temperamento 
nervioso y delicado, en los propensos a las divagaciones imaginativas, 
especialmente en las mujeres y en los niños, verdaderas enfermedades 
mentales. 

Sí la examinamos a la luz de la doctrina de Nietzsche (véase pág. 9), 
tan llevada y traída como mal interpretada por algunos, habremos de con- 
cluir que es un invalor; porque lejos de estimular a la voluntad para la 
acción de la vida, la enerva, disipa y destruye. Los cantos épicos de Ver- 
daguer, no sólo serenan el ánimo y lo apartan del monótono y fatigoso pro- 
saísmo del vivir ordinario, sino que lo excitan e impulsan a la realización 
de grandes empresas. Los cantos de Quimera, por lo contrario, infunden 
terrores inútiles, pueblan nuestro mundo interior de fantasmas lúgubres y 
nos ponen en el camino del manicomio. Y al manicomio es triste cosa ir, 
aunque sea de la mano de un gran poeta que nos vaya entreteniendo y 
encantando con la magia de sus versos. 

B) Mucho antes de la publicación del tomo de Poesías, pero cuando 
ya eran conocidas la mayoría de ellas, y Quimera tenia muy bien asentada 
su justa fama de poeta, y era el ídolo de los cenáculos literarios de Barce- 
lona, en 1879, sorprendió el director de La Renaixensa a sus amigos con 
la noticia de que había compuesto una tragedia. Fué un acontecimiento. A 
Ixart ocurrióse la idea de no encomendar la obra a los actores de profe- 
sión, sino representarla por entusiastas aficionados. Asi fué estrenada Gala 
Placidia en el Teatro de Santa Cruz después de más de un mes de ensayos 
en casa del médico Blanch y Presa y en el Teatro del Olimpo: el arquitecto 
Vilaseca hizo de Ataúlfo, Ixart de Sigerico, Blanch de Vernulfo, y asi fueron 
repartidos los papeles entre literatos y amateurs de la literatura. Del papel 
de Gala Placidia encargóse doña Carlota Mena de Tutau. El éxito fué ex- 
traordinariamente favorable. Qala Placidia, la infortunada reina y empera- 
triz que corrió tantas e incongruentes aventuras hasta el punto de no pa- 
recer su biografía historia ni poema sino una novela de folletín, en la tra- 
gedia de Quimera corre la de enamorarse, estando casada con Ataúlfo, de 
un tal Vernulfo. Algunos encuentran en esta obra de Quimera intensidad 

375 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

y matices sfiakespirianos. Nosotros creemos que a Shakespeare nunca se 
hubiese ocurrido hacer decir a Ataulío a su esposa: 

¡Reina mia! ¿Y tú me perdonas. . . el ser godo? 

Porque nos figuramos que Ataúlfo estaría muy ancho y orondo con ser 
godo, y no le pasarla por las mientes que nadie tuviera que perdonarle eso. 
Lo cual no significa que desconozcamos el vigor teatral de esta obra de Qui- 
mera, como de casi todas las suyas. Lo que, a su vez, tampoco se opone a 
que la tragedia sea convencional, declamatoria y repleta de grandilocuentes 
discreteos: todo lo contrario a la rígida y excesiva sobriedad característica 
de las producciones del autor en su segunda época. 

En 1880 presentó Quimera otra tragedia — Judiih de Welp — a los 
Juegos Florales para optar al premio ofrecido a la mejor tragedia catalana. 
El Jurado, compuesto en su mayoría de amigos íntimos del autor, no hizo 
caso de Judith sino que otorgó el galardón a la obra de Ubach y Vinyeta, 
titulada Almodis. Los incondicionales de Quimera, que eran la flor y nata 
del catalanismo literario, indignáronse, y resolvieron estrenar Judith de 
Welp por el mismo procedimiento que se habla hecho con Gala Placidia; 
hiciéronlo, aunque no en teatro público, sino en la casa de los hermanos 
Domenech y Muntaner, en Canet de Mar, representándola Ixart, Eduardo 
Toda, Blanch y otros amigos; Agustín Querol salió en la escena final, ves- 
tido de monje benedictino, alumbrando con una antorcha el cierre del se- 
pulcro del emperador (1). Asistió toda la intelectualidad catalanista, y Fe- 
derico Soler distinguióse por el entusiasmo y los aplausos. Don Melchor de 
Palau y D. Manuel Mata y Maneja pusiéronse desde luego a traducir la 
obra al castellano. El público barcelonés no la vio en las tablas hasta el 22 
de Enero de 1884, en que fué estrenada en el Teatre Cátala. 

Judith de Welp, nombre de la segunda esposa de Ludovico Pío, es ya 
históricamente uno de esos personajes lúgubres que brillan con siniestra 
luz entre los bárbaros horrores de la primera edad media. Quimera, para 
quien lo horrible nunca es bastante, acumuló sobre la lejana figura histó- 
rica y leyendaria tan enormes maldades que son realmente para espantar 
a cualquiera: hermanos que incestuosamente se aman, hijo que mata a su 
padre con la circunstancia de que, después de haberle herido con su puñal, 
como el moribundo gritase ¡hijo!, ¡hijo!, lo ahoga entre sus brazos para 



(1) 'Por coincidencia singular, veintisiete años después era Querol amortajado en Madrid con los 
mismos hábitos al fallecer en 1910". Arturo Masriera: De mi rebotica, colección de preciosos artículos anec- 
dóticos publicados en La Vanguardia (1914). Estas noticias y las demás anecdóticas referentes a las dos 
primeras tragedias de Quimera están tomadas del articulo XI (7-Junio). 

376 



X- LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

que los magnates no oigan aquellas voces. En Madrid estrenóse la traduc- 
ción de Judith, cuando el público estaba ya un poco harto de los espeluz- 
nantes dramones de Echegaray, y fué protestada la obra. En Barcelona se 
incomodaron, tomando la protesta no contra los infames personajes y sus 
bárbaros crímenes, sino contra el autor catalanista partidario del más am- 
plio régimen autonómico, y tributaron a Quimera un estruendoso ho- 
menaje con motivo de otra representación de Judith en aquella ciudad 
<7-Mayo-1892). 

El terrible poeta siguió dando tragedias, todas pavorosas, todas con 
indiscutible e indiscutida fuerza teatral: Lo fill del Rey (1886), Mar ij 
Ce/ (1888), Rey y Monjo (1890), La Boja (1891), L'anima morta (1892). La 
más famosa es Mar y Cel, que tuvo inmenso éxito en Madrid (Noviem- 
bre-1891) traducida por Enrique Gaspar y representada por Ricardo Calvo 
en el Teatro Español: es un drama romántico basado en un supuesto epi- 
sodio de las piraterías argelinas en el Mediterráneo. Blanca, la doncella 
cristiana de exaltado misticismo, que se sentía con vocación al estado re- 
ligioso, cae en poder de Said, un moro tan gallardo y tan bueno como el 
Malekh- Adel de Mad. Cottin. Said no era bueno sino en el fondo, pues sobre 
su natural generoso habíase fijado, el espíritu de venganza excitado por 
el abominable crimen de que fueran víctimas sus padres. No es posible 
extractar en dos lineas el argumento:. baste decir que la evolución de las 
pasiones en esta obra revela un profundo estudio o una genial adivina- 
ción de la humana psicología, y que la habilidad del dramaturgo está a la 
altura de la fuerza sugestiva del poeta. 

C) Dos piezas cómicas — La sala despera y La Baldirona — fueron 
intercaladas por Quimera en la serie de sus hermosas y terribles tragedias; 
y desde 1893 cambió el autor de rumbo, prefiriendo a los argumentos his- 
tóricos y leyendarios los sacados de las miserias y luchas contemporáneas. 
Yempezaron en dicho año los atentados anarquistas en Barcelona: la bomba 
tirada por Pallas a los pies del caballo de Martínez Campos que volvía de 
una revista militar; la que arrojó Santiago Salvador desde el paraíso del 
Liceo causando la muerte de 18 personas y muchísimos heridos. A los 
pocos días de esta espantosa tragedia de la realidad, estrenó Quimera La 
festa del blat, en que el héroe es un anarquista que había tirado una bomba; 
el público, justamente indignado con lo que acababa de suceder, protestó 
ruidosamente. La función fué una batalla. El autor sostuvo la obra en los 
caiteles. León Pagano asegura que llegó a imponerla; lo cierto es que no 
ha quedado de repertorio La festa del blat{\). 

(1) León Pagano con Teresa Rasi la tradujo al italiano, y fué representada en el Teatro Dramático 
Nacional, de Roma; según Pagano, con extraordinario éxito. 

377 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 



Los principales dramas de esta tendencia son: En pólvora, María Rosa^ 
Tierra baja, Jesús de Nazareth, Moséii Janot, Anan de térra, Aygua que 
corre, La Miralta, La pecadora, Jesús que vuelve. Muéstrase Quimera en 
todas ellas tan poeta, tan exaltadamente romántico, tan hábil en el manejo 
de los recursos y eíectos teatrales, tan amigo de lo lúgubre y sombrío, de 
aterrar a los espectadores y de estropear la digestión a los burgueses, como 
en sus tragedias, y a la vez racionalista y anarquista sentimental. Va siem- 
pre por el camino que separa el campo del teatro psicológico, de bien tra- 
zados y vigorosos caracteres, de lógica en el proceso de las pasiones, 

monstruosas muchas veces, y de la acción sobria 
y artísticamente desarrollada, y el campo del me- 
lodrama ilógico y espeluznante; el autor entra en 
ambos alternativa o simultáneamente, y es co- 
mún que en sus más felices momentos de gran 
trágico reciba salpicaduras de melodramático, así 
como que en sus peores caídas al melodrama ilu- 
mínelo un rayo siquiera de la poesía grande o ver- 
dadera. 

María Rosa, que tradujo al castellano Echega- 
ray, tiene un primer acto magnífico, y, como jus- 
tamente observó D. Eduardo Bustíllo (1), se me- 
lodramatiza luego, aun manteniendo en tensión 
hasta el final, si no la emoción estética, los ner- 
vios del espectador. En Tierra baja el conflicto y 
la catástrofe son realmente grandiosos y hondamente dramáticos; pero su 
preparación es artificial o con desprecio de todos los cánones de la vero- 
similitud literaria. 

El 23 de Mayo de 1909 tributóse a Quimera en Barcelona un ostentoso 
homenaje popular. Para la fama del poeta, no ya en Cataluña, sino en 
toda España, y aun fuera de ella, innecesario. Quimera es de los suprema- 
mente consagrados. A pesar de los reparos que podamos poner a su obra 
los católicos, los conservadores y los que gustamos en arte de las emocio- 
nes apacibles y suaves (2). 

D) De lamentar — repitámoslo una vez más — es que los límites en 
que debemos encerrar nuestro libro, no nos consientan sino la rápida cita 
de algunos de los autores correspondientes a la segunda etapa del teatro 




Santiago Ruslñol. 

(1861) 



(1) Campañas teatrales (Critica dramática). Madrid, 1901. 

(2) Véase sobre el homenaje el articulo Ángel Guimerá, de Francos Rodriguez, en El Teatro en 
España, tomo ¡I, año 190!). A propósito del estreno de Las monjas de Sant-Aymán, en Barcelona, tiene 
Salvador Ganáis un buen estudio sobre Ángel Guimerá, en El año teatral, 1895-96. 



37a 



X- LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

catalán. Nombremos en primer lugar a Santiago Rusiñol (nació en Barce- 
lona, 1861), que, como Quimera, se ha abierto de par en par las puertas del 
teatro castellano, siendo tan aplaudido en castellano por las gallardas tra- 
ducciones de Gregorio Martínez Sierra, como por sus originales en catalán. 
El mismo Rusiñol hubiese podido traducir sus obras o escribirlas en nuestra 
lengua, pues la domina como acreditan sus Impresiones de viaje y de la 
vida en París, publicadas en La Vanguardia. Con su maravilloso pincel 
tenia ya conquistada a toda España, cuando la ha vuelto a conquistar con 
la pluma. Tiene en su hoja de servicios preciosos libros: Anant peí mon, 
Oracions, Fulls de la vida, El poblé gris, El Jardín abandonat. En 1890 
empezó su carrera de autor dramático con su aplaudidisimo monólogo 
L'home de la orga, y han seguido: Llibertat, L'hereu escampa, La bona 
gent. La mare, L'héroe, Los Jochs Floráis de Camprosa, La intelectual, La 
lletja, El pati blau, Els sauis de Vilatrista, El Redentor. Las más sonadas 
de su repertorio son: La alegría que pasa y El místico. La primera perte- 
nece, y quizás sea iniciadora de un grupo de comedias españolas en que 
figuran obras de tanto valer como El genio alegre, de los Quintero, y Los 
Buhos, de Benavente, prodigio esta última de técnica teatral y la mejor de 
su tendencia o género, que consiste en el contraste entre las personas y 
medios sociales obscurecidos y entristecidos por la devoción o el cultivo 
de las ciencias con el vivir alegre de los que no tienen graves preocu- 
paciones. En El mistich han querido ver algunos una semblanza de Ver- 
daguer. 

Una novela tiene hace tiempo publicada: L'auca del senyor Esteue (1), 
y en el momento de escribir este capitulo (Julio-1917) está representándose, 
con extraordinario éxito, una comedia de Rusiñol, en cinco actos, del 
mismo título, y suponemos que con el argumento de la novela, en el Tea- 
tro Victoria de Barcelona. Rusiño^ es un modernista simpático a los adver- 
sarios del modernismo. Sus infantilidades y su pose de artista y literato, de 
corte más parisién que catalán o castellano, hacen gracia a las gentes. 

Apeles Mestres (nació en Barcelona, 28-Octubre-1854), también artista 
gráfico, aunque no del pincel, sino del lápiz con que ha ilustrado bella, 
original y humorísticamente multitud de libros y periódicos, buen poeta en 
sus Poemes de mar, Margando, Liliana, Idilis, Balades y Abril, como 
autor teatral es un novecentista, ya que hasta 1900 no estrenó su primera 
obra, La Rosons, comedia lírica escrita con el propósito, común a otros lite- 



(1) Auca, en catalán es el pliego de aleluyas que contiene la vida de un personaje. Senyor Esteve es 
un nombre genérico con que suele designarse al pueblo de Barcelona, por el estilo de John Bull a los 
ingleses, Jacques Bonhomme a los franceses y Jonathan a los yankees. 

379 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 



ratos catalanes, de desterrar de Cataluña el género chico castellano. No lo 
consiguió; pero sí un gran éxito, y ha escrito después hasta veintidós obras. 
Las más aplaudidas fueron: Nit de Reys, que alcanzó 150 representaciones 
consecutivas en el Teatro Principal, y La Sirena, que se ha puesto en escena 
centenares de veces y en casi todos los teatros del Principado. En todas 
sus obras, incluso las en prosa Recorts y fantasíes, La Peresa, La casa vella, 
etcétera, es Apeles Mestres poeta, aunque no terrible como Quimera, sino 
con esa mezcla de dulce sentimentalismo romántico y acre humorismo 
irónico tan grata al gusto modernista. 

Diez años antes que Mestres, en 1890, dio al teatro su primera obra 
Ignacio Iglesias, hijo del pueblo, empleado en los tranvías, y que antes de 
estrenar seriamente en Barcelona, lo habia hecho sin resonancia en varios 
pueblos de Cataluña. Titúlase aquélla L'escorsó, y la han seguido Fructi- 
dor, La resclosa, La mare eterna, Los vells. Las garsas, Lo cor del poblé, 
Flors de cingle. . . , etc. Es de los autores que aspiran a reflejar en la escena 
un trozo de vida, esto es, un cuadro real con su psicologismo y su trascen- 

dentalismo social. Antonio Palomero tradujo Las 
garsas (Las urracas), que fué representada con 
extraordinario éxito en la Comedia (25 de No- 
viembre de 1905). 



79. La prosa: A) Nove/a. Narciso 
Oller y otros autores. B) Prosa artísti- 
ca. C) Prosa didáctica. Pubió y Llucht. 

A) Después de la renaixensa de la poesía y de la 
naixensa del teatro vino el renacimiento de la no- 
vela, que, como sabemos, ya tenía sus preceden- 
tes en la antigua literatura catalana. Don Antonio 
Bofarull, en 1862, publicó L'Orfaneta de Menar- 
gues o Catalunya agonissant, relación históríco- 
novelesca muy tendenciosamente catalanista en 
que quiso presentar un triste cuadro del Principado por efecto de haber 
subido al trono aragonés la dinastía castellana representada por D. Fer- 
nando de Antequera. Pelayo Briz escribió la novela Lo coronel d'AnJou 
(1872) y dos libros de narraciones cortas: La Panolla y La Roja. Vidal y 
Valenciano (Cayetano) — falleció en 1893 — intentó hacer cuadros de cos- 
tumbres aldeanas por el estilo de los vascongados de Trueba y de los an- 
daluces de Fernán Caballero. Martín Genis y Aguilar del Esbart de Vich, 
en cuya ciudad nació (21-Junio-1847), y ejerce la profesión de farmacéu- 




Antonio Palomero. 



380 



X- LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

tico, además de cultivar la poesia lírica, es autor de varias novelas y 
noventas, idealistas a lo Chateaubriand, y de un catalán que ha parecido 
obscuro por el uso de voces anticuadas; pero que hoy, después de los 
trabajos filológicos del Instituí d'Estudis Cafalans, va pareciendo muy 
claro. José Pía y Soler, nació en Tarragona (1842), autor de comedias 
(Sagra y ñora, 1890; La uiudeta y La tía Tecleia, 1891, y La Sirena, 1892), 
de las que se dice ser las primeras en que aparece la clase media en el 
teatro catalán, debe su mayor reputación al género novelesco. En tres 
novelas sucesivas contó al modo naturalista la historia de tres genera- 
ciones de la misma familia: La familia deis Garrigas (1887) en que apa- 
recen el amo de la massía con sus dos hijos, el hereu, que, como de 
costumbre en la literatura catalana, es malisima persona, y el secundón, 
que es un simpático aventurero amigo del arte; Jaiime (1888) nos presenta 
las peripecias pasionales de dos de los hijos del amo; y en la tercera, 
Niobe (1889), se refiere al nieto del protagonista de la primera. 

Otros nombres deberían ser citados en libro de más extensión. Nos li- 
mitaremos a Narciso Oller, que es en la novela catalana lo que Quimera en 
la dramática, advirtiendo que aquélla no ha tenido un Serafi Pitarra. Nacido 
en Valls (lO-Agosto-1846), Narciso ,011er estudió la carrera de Leyes en 
Barcelona, que ejerció algún tiempo, haciendo luego de procurador. Cuenta 
Pagano que cuando fué a visitarle, preguntó al portero por el piso en que 
vivía, y el portero le dijo: suba usíed y ya lo verá. Subió sin otros datos, 
fué viendo las puertas de los pisos hasta que vio en una de ellas, sobre 
una plancha de cristal, este rótulo: Narciso Oller, Procurador 

Se encontró en su despacho con un cliente, y lo primero que le oyó 
decir fué: — Ya lo ve usted. No siempre se pueden hacer novelas. Torna- 
mos, a pesar nuestro, a los buenos tiempos antiguos en que cabía ser a 
la vez picapedrero y escritor. 

A Pereda también chocó mucho la prosaica profesión del novelista; 
pero más chocante es, sin duda, que un novelista sea rico hereditario como 
lo era Pereda. Como los Rohan escribieron en su escudo: rey no puedo, 
duque no quiero, Rohan me quedo, el literato debería escribir en el suyo: 
rico no puedo, bohemio no quiero, y buscarse desde luego una ocupación 
decorosa, aunque sea prosaica, para atender a sus necesidades materiales, 
con lo que gana no sólo la persona, sino la literatura misma, pues el pro- 
ducir a destajo y con el ansia de acabar pronto para cobrar, no es bueno. 

Primo hermano de José Ixart e intimo y camarada amigo suyo, Oller 
empezó a escribir muy pronto. Primero lo hizo en castellano, y cuando te- 
nía treinta y dos arios, en 1878, se convirtió al catalanismo. En 1879 publi- 
có Croquis del naíural, perfectamente recibidos por el público y por la 

381 



SALCEDO ' LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

critica. En los Juegos Florales fueron sucesivamente premiadas sus noveli- 
tas Sor Saiixa, Isabel de Galcerán y L'escany a-pobres. De 1882 es La 
Papallona (1), a que puso prólogo Emilio Zola, en que declara no ser 
Oller de su escuela y critica algunas situaciones de la obra. Posteriores son 
La Febre d'or, Vilanin, Notas de color, La Boguería, Pilar Prim (galardo- 
nada con el premio Fastenrath), De tots colors. Figura y Paysage. Oller ha 
traducido al catalán La desconsolada, novela de Alejandro Dumas (hijo); 
las Memorias de un nihilista, de Isaac Paulowsky; Un libro triste, de León 
Tolstoi, y Poemitas en prosa, de Joan Turgueneff. 

Oller, como advierte Zola, no es naturalista; pero tiene de los buenos 
autores de esta escuela, no sólo el estudio acabado de los asuntos en la 
realidad de la vida — cosa, por otra parte, común de todos los buenos au- 
tores — , sino más particularmente el estudio del medio en que se mueven 
sus personajes y de cómo influyen en éstos las circunstancias exteriores 
que si no anulan, como el naturalismo pretende, coartan o atan más o 
menos nuestro libre albedrio. Difiere del naturalismo en no ser pesimista 
con relación a los actos humanos, ni tampoco optimista, sino considerarlos 
con un criterio muy equilibrado que admite lo bueno y lo malo, prisma 
que es el mejor refractor de la realidad, pues en este mundo ni todas las 
acciones de los santos son santas ni perversos todos los actos de los ma- 
los. Sin que su pluma retroceda ante ningún asunto, por escabroso que 
sea, procura siempre tratarlos con honestidad y decoro, aunque pueda dis- 
cutirse si lo consigue en todos los casos. Nada más lejos de Oller que la 
impasibilidad seudocientifica de los naturalistas; por lo contrario, su espí- 
ritu está constantemente abierto a la emoción y dominado por ella, así en 
el orden moral como en el estético, siendo por este aspecto sus obras de 
una suave poesia que sugestiona y de una noble honradez que atrae. Com- 
pone muy bien, con arte y sin artificio; rara vez encuéntranse lances o epi- 
sodios que hagan decir al lector, como en el último encuentro de Luis y 
Toneta (La Papallona): "esto es forzado, imposible ;o muy difícil que pase 
realmente". Su catalán, sin ser descuidado ni verdaderamente popular, es 
sencillo y poético. 

B) En los géneros próximos a la novela (relaciones de viaje, descrip- 
ciones de paisajes y monumentos, cuadros de costumbres, periodismo, et- 
cétera) también se ha cultivado con arte la lengua catalana. Recordemos a 
Joaquín Ruyza (nació en Gerona, 1858) por su libro Marines y boscatges; 
es, además, buen poeta, periodista y autor de dos preciosas novelitas: Les 
senyoretes del mar y Jacobé. Al periodista revolucionario Roberto Robert 



(1) La mariposa. 

382 



X- LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

<nació en Barcelona, 12-Septiembre-1830, y murió en Madrid, 18-Abril-1873), 
tan conocido por sus diatribas, desplantes y sátiras en lengua castellana, 
publicadas en El tío Crispín (1855), cuyo primer número costó a Robert un 
año de cárcel en el Saladero; en La Discusión, en el Gil Blas y otros pe- 
riódicos, y por su libro Los cachivaches de antaño; en Barcelona fué direc- 
tor del almanaque El Tiburón y colaboró en varios diarios, escribiendo 
artículos de costumbres, muy celebrados, que coleccionaron luego con su 
título común de Barcelonines. A Carlos Bosch de la Trinxeria, autor de 
Recorts d'un excursioniste (1887). A Emilio Vilanova que lo es de Quadros 
populars, Escenas barceloninas, etc. 

C) La prosa didáctica es la última cultivada por los escritores catala- 
nes, y, a nuestro juicio, la que no necesitaba serlo. Creemos sinceramente 
que más gana Cataluña en la universal estima con los libros referentes a 
su arqueología, a sus bellas artes, a su historia política y a su literatura, 
escritos en castellano, como los ya citados de D. Cayetano Barraquer (pá- 
gina 32) y los de Piferrer, Puig Cadafalch (Historia general del Arte, 1886, 
y multitud de monografías), Gudiol (Arqueología sagrada catalana, M. C. 
M. II, y Catálogo del Museo arqueológico-artístico episcopal de Vich, 18U3i, 
los trabajos históricos de Rubio y Lluch, etc., que con los, indudablemente, 
de gran mérito que ahora publica el Instituí d'Estudis Catalans. Cada cual, 
sin embargo, puede hacer de su capa, un sayo. 

Entre los cultivadores de la prosa didáctica catalana citaremos: D. An- 
tonio Aulestia (nació en Reus, 17-Enero-1849, y murió en Barcelona, 10- 
Marzo-1908), presidente de la Associació[Catalanista d'excursions cientifi- 
ques, es autor de la Historia de Catalunya (1887), escrita con método, 
claridad y galanura. Débensele, además, Quadros d'historia catalana (lec- 
ciones en La Jove Catalunya), La tradició literaria catalana en els se- 
gles XVII y XVIII, Noticia general de la prosa desde su aparició fins a 
termenar el segle XVI, Noticia histórica deis catalans que intervingueren 
en el descobriment d' America y muchas monografías de monumentos. 

Don José Puig y Cadafalch, en catalán viene publicando sus últimos 
estudios histórico-arquitectónicos, tan notables como los muchos que antes 
había escrito en castellano; oriéntase ahora al examen de las influencias 
del arte árabe en Cataluña, limitadísima, por no decir nula, en el arquitec- 
tónico, y apreciable en la escultura labrada desde mediados del siglo xii 
al XIII. 

Don Jorge Rubio colabora con los arabistas madrileños (Ribera, Asín, 
etcétera) en el estudio de las fuentes arábigas de las ideas filosóficas de 
Raimundo Lulio, examinando sin decidirse por la opinión de aquéllos, en 
un trabajo de sólida erudición y científica imparcialidad. La Lógica de 

383 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

Gazzali, posada en rims per en Ramón Lull, y sienta que Ramón Lulio 
conoció a Aristóteles por Agacel. Don Manuel Montoliu hace profundos es- 
tudios críticos sobre los códices y orígenes o precedentes de la Crónica de 
Jaime 1. 

Con los más aventajados eruditos catalanes compite ventajosamente, 
y en la parte literaria descuella sobre todos, D. Antonio Rubio y Lluch, a 
quien con entera justicia califica D. Hermenegildo Giner de los Ríos de 
Menéndez Pelayo de Cataluña (1). En 1882 publicó Rubio El sentimiento 
del honor en el teatro de Calderón, con prólogo de Menéndez Pelayo: en 
este prólogo elogia D. Marcelino las dotes de investigador y crítico, juicio 
penetrante y firme, sentido personal de la belleza, vasta cultura y fácil y 
ameno estilo del catedrático de Barcelona. Hay en él, decía, un cierto re- 
poso y elevación moral, característicos de la escuela en que fué educado y 
de la gloriosa tradición de su padre Rubio y Ors. "Mí objeto, añadía, al es- 
cribir este prólogo es que nuestros nombres queden unidos, como lo han 
estado siempre, desde que la suerte quiso juntarnos en aquella cátedra 
del Dr. Milá, donde cada palabra era una semilla, y cada pensamiento una 
revelación". 

Los trabajos de Rubio y Lluch, de una erudición solidísima y rara que 
sabe él exponer con maravilloso arte a semejanza de su incomparable con- 
discípulo, son tantos que exigirían un estudio monográfico no muy breve 
para dar cuenta de ellos. De su labor de cátedra tenemos sus luminosas 
Explicaciones de Lengua y Literatura Españolas reproducidas por Parpa! 
y Marqués. De su modo de escribir en castellano, aunque sea él también 
de los que dicen ahora no poder los catalanes — ¡pobrecitos! — expresarse 
con soltura en el idioma de Castilla, poseemos su Discurso inaugural en la 
Universidad de Barcelona (Curso de 1901-1902) sobre Algunos de los ca- 
racteres que distinguieron a la antigua literatura catalana, los leídos en 
varias recepciones de la Academia de Buenas Letras (el ya citado con- 
testando a Jordán de Urries y los de contestación a Parpal y Marqués, a 
D. Cayetano de Vidal y Valenciano, etc.), La lengua ij la literatura catalana 
en Grecia en el siglo XIX {Homenaje a Menéndez Pelaijo), La Acrópolis 
de Atenas en la época catalana (1908), etc. 

Sobre este punto de la historia de España tan poco conocido, aun por 
los más eruditos, ha hecho y hace Rubio y Lluch, el cual es cónsul general 
de Grecia en Barcelona, no sabemos sí a causa o por efecto de tales estu- 
dios, los más sorprendentes e interesantes trabajos eruditos: Catalunya a 
Grecia. — Estudis histories i literaris (1916). Tradicions sobre la caiguda del 



(1) Historia critica abreviada de Literatura nacional y extranjera, antigua y moderna, 1910. 

384 



X' LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

contaf catalán de Salona (1910). La Grecia catalana desde la mort de Ro- 
ger de Liaría fins a la de Federic III de Sicilia. Rubio nos describe con vi- 
vísimos colores la turbulenta existencia de los catalanes en la Grecia bizan- 
tina, nos revela cómo se trató seriamente de anexionar aquel pais a Cata- 
luña, cómo era entonces Atenas, y cómo alli se hablaba y escribía en 
catalán. 



80. Xenius: A) Glosar i. B) La Ben Plantada. — A) En 1906 
empezó La Vea de Catalunya a publicar una sección diaria titulada Glo- 
sari. Estas glosas eran a modo de gacetillas o notas del día, en que su 
autor — firmaba Xenius — tomando pretexto 
de cualquiera de los asuntos que ofrece la ac- 
tualidad cuotidiana, ponía su comentario que 
no era un chiste, sino una breve lección de 
filosofía, sociología, estética o literatura. Cho- 
caron desde luego estas compendiadas leccio- 
nes por lo bien escritas y por la profundidad 
que tenían casi siempre, o, por lo menos, por 
tocar directamente y con mano de maestro a 
los más graves problemas que a la mente hu- 
mana se ofrecen en nuestro tiempo. A unos 
parecían bien y a otros mal las soluciones que 
indicaba Xenius como adecuadas a los difíciles 
puntos que en pocas palabras, pero con mucha 
intensidad en el concepto, exponía en las glo- 
sas. De aquí debates domésticos o de café y 
casino sobre las complejas y encumbradas ma- 
terias tratadas por Xenius, y que unos tuvieran 

de golpe a éste por uno de los mayores filósofos y escritores de Barcelona, 
de Cataluña, de España y del mundo entero, mientras que otros oponían a 
estos himnos, tan fáciles de cantar para nuestro temperamento meridional, 
mil reparos, objeciones y hasta burlas. El caso es que Xenius fué pronto 
uno de los literatos más populares en la ciudad condal, no, claro es, en ese 
pueblo, numeroso como las arenas del mar, que se deleitaba con las gata- 
das de Serafí Pitarra, sino en lo que hemos convenido en llamar la inte- 
lectualidad, esto es, las gentes aficionadas a libros y a discurrir sobre las 
ideas que suelen manifestarse en los libros, desde los graves doctores que 
no lo son sólo de nombre o título, hasta los estudiantinos, que tampoco lo 
son únicamente por estar matriculados en el Instituto o en la Universidad. 




Eugenio D'Ors (Xenius). 



385 



Salcedo.— ¿a Literatura Española. - Tomo IV. 



25 



SALCEDO 'LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

El autor de este libro, hallándose una vez en un café de Barcelona, 
notó cierto revuelo en los concurrentes, como si algo extraordinario suce- 
diese, y preguntando a un joven, estudiante por su aspecto, que tenía cerca, 
a qué obedecía el movimiento, obtuvo la siguiente respuesta: no es nada, 
es que ha entrado Eugenio D'Ors. Todos o casi todos los concurrentes al 
establecimiento volvieron la cabeza para ver a D'Ors, que es el verdadero 
apellido del periodista de La Veu, y después de rendido tal homenaje, 
siguieron con sus charlas momentáneamente interrumpidas. 

He aquí cómo Xeniíis o Eugenio D'Ors explica la razón de su popu- 
laridad en la conferencia que dio en la Residencia de Estudiantes de Ma- 
drid (20-Enero-1915). El tema del discurso fué Aprendizaje y Heroísmo, y 
su tendencia demostrar que cualquier oficio es noble y puede ser heroico, 
cuando quien lo ejerce pone en ello su espíritu, esto, es, su alma y su vida. 
Pone varios ejemplos para ilustrar la tesis: el de un dibujante, caricaturista 
en un periódico ilustrado, que hablaba con asco de su oficio, diciendo: 
¡Si yo pudiese ser pintor!, y el de un periodista, obligado a escribir gace- 
tillas, que se lamentaba igualmente de no hacer fina literatura. Las carica- 
turas del dibujante, según Xenius, son realmente tontas, y aun viles; pero 
es porque su autor no pone en ellas su alma, sino que las desprecia. Las 
gacetillas del periodista no son literarias por la misma razón; porque él, 
apartando e¡ espíritu de su labor, no las transforma en cosa bella y encum- 
brada. Y a este propósito dice: 

"Yo sé de otro periodista que está orgulloso, y con razón, de haberlo 
cumplido así, con un trabajillo cotidiano y humilde que le fué encargado 
en sus comienzos. Para entrar a trabajar en los diarios, cuando aún era 
mozo, aceptó la carga de una sección tenida hasta entonces en gran bajeza. 
Su misión era la de redactar notas cortas, de las que sirven para divertir al 
lector del negocio, repesándole de las cuestiones serias y de las preocupa- 
ciones del día, con la narración — bajo título de Sección amena, De aquí y 
de allá, Curiosidades u otro por el estilo — de cositas ligeras y grotescas: 
del caso del mentecato que anda con la cabeza, de los divorcios cómicos 
o de las apuestas imbéciles en los Estados Unidos, y otros asuntos de la 
misma entidad. Pero ese escritor que te digo tomó sobre sí la carga con 
alegría. Procuró llevar al oficio espíritu y amor. No le tuvo por vil, sino por 
redimible, si voluntad y paciencia a ello se ponían. No se avergonzó, mas 
aspiró al elogio por camino de aquél. Espíritu y amor no tardaron dema- 
siado tiempo en cumplir el milagro que se solicitaba: secretamente, por un 
insensible cambio, el linaje de la labor se transformó. Hoy está descono- 
cida, siendo la misma, sin embargo. Los que no recuerdan su obscuro 
origen la tienen por un género nuevo. Hoy, el trabajo en los periódicos, 

386 



X- LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALE S 

del escritor que te digo, es tenido por los unos en bien, por los otros en 
mal; mas por tocios, como trabajo de Filosofía, que es la más elevada y 
difícil de las actividades intelectuales. Pero yo te digo que cualquier oficio 
se vuelve Filosofía, se vuelve Arte, Poesía, Invención, cuando el trabaja- 
dor da a él su vida, cuando no permite que ésta se divida en dos mitades: 
la una, para el ideal; la otra, para el menester cotidiano; sino que convierte 
cotidiano menester e ideal en una misma cosa, que es, a la vez, obliga- 
ción y libertad, rutina estricta e inspiración constantemente renovada". 

Explicados quedan en este párrafo el origen histórico y el psicológico 
de las glosas de Xenius, y de un modo indirecto pero también expresivo 
su carácter. Las glosas son articulitos, breves y aun brevísimos por su ex- 
tensión, de mucho y condensado contenido ideológico y doctrinal, en que 
un periodista-filósofo aprovecha la actualidad de cualquier suceso para 
discurrir en público sobre cosas trascendentales e intelectualmente intere- 
santes. El conjunto de las glosas — están coleccionadas, primero las de 
1906 y después las de 1907 a 1914 — ofrece como un curso completo de 
filosofía individual social, basada principalmente en la estética. Para D'Ors 
todo lo que es bueno o útil, es bello, o puede serlo cuando el hombre lo 
realiza con entendimiento y entusiasmo: "Una gacetilla, nos dice, puede 
ser bella, como puede serlo un trabajo de carpintería, y una faja de perió- 
dico bien puesta, y una recogida de basuras llevada a cabo con perfección 
y encendido gusto por la limpieza que así se obtiene". De Nietzsche, de 
Ruskin y de muchos otros autores modernos hay reflejos en el filosofismo 
de Xenius: del primero ha tomado la exaltación de la voluntad. En el pá- 
rrafo arriba transcrito vemos cómo para él querer es poder, si se quiere con 
espíritu, esto es, con toda el alma; idea falsa, aun en el ejemplo que pone 
de sus propias glosas, pues no hubiera podido el escritor alcanzar el éxito 
que ha obtenido, por mucha y fuerte voluntad que hubiese puesto en la 
empresa, a no poseer el don del talento, que no es en nadie obra o efecto 
del querer. Se ha de aplicar la voluntad a que la razón triunfe del instinto 
y la cultura de la naturaleza, pensamientos que ya parecen más razonables; 
pero ya no tanto que la cultura consista en un íntimo maridaje de la cien- 
cia y del arte, siendo aquélla trabajo y éste juego, y ambos manifestación 
del buen gusto entendido a la manera helénica, o sea de la limitación y de 
la medida. Todas estas ¡deas son para D'Ors las propias del noucentisme 
(del siglo xx-1900), y se resuelven en un libre pensamiento sentimental, 
henchido de exquisiteces y suavidades, que reemplaza la dogmática reli- 
giosa y la moral objetiva por la cavilosidad individual engendradora de 
sutilezas. 

Mas lo que a nuestro objeto más importa, es la forma literaria, e indu- 

387 



SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO ¡V 

dable que la perfección de ésta contribuye más que nada al deslumbra- 
miento producido por los escritos de Xenius. Aparente sencillez de estilo 
intimamente unida con una profundidad en el pensar que es también mu- 
chas veces aparente; un tono dogmático con algo de sibilino y misterioso^ 
como oráculo deifico que impone y sugestiona; un aire elegantísimo de 
aristocratiquismo filosófico y literario que rechaza lo chabacano y aun lo 
vulgar; palabras muy bien escogidas, construcción de frases y períodos 
tendiendo siempre a lo más expresivo y con señoriles desprecios de la 
gramática. , . Tales son, a nuestro juicio, las notas características del estilo 
de Xenius y en las que radica su fuerza. He aquí como muestra una de sus 
glosas, escogidas al azar: 

"PROTESTA 

Havíen somiat d'un millorament en Tambient espiritual de Barcelona 
en tal proporció, que ja un homenatge a un home de l'estructura social i 
literaria del senyor Blasco Ibáñez, ja no hi los possible. Havíem trebal'at 
en tal reforma del gust, en tal millorament de les exigencies moráis i de 
ciutadanía, que ja inspiressin una aversió mateixa certs procediments artís- 
tics que certs procediments de política pintoresca i comercial. . . — Amb 
gran pena ens ha calgut de véure ara com la protesta venía únicament de 
nuclis populars i de partits. Amb gran pena i forta vergonya em vist la 
Intel-ligencia inhibirse, tolerant que es fingís el comptar amb ella per ais 
actes d'ínteressat ajupiment. 

No importa. Mal sía una sola veu que en protesti, nosaltres som segurs 
que ella expressa la protesta deis millors. Ells millors no han canvíat aquí 
son pensar. Ells millors segueixen judicant el senyor Blasco Ibáñez igual 
que en aquell temps que tots els nostres periódics playíen la germana Va- 
lencia d'haver de soportar la tiranía grollera d'aquesta jalifa. Els millors no 
toleraríen que — adhuc es tractos de la mes unánimement volguda de les 
causes — un personatge així vingués a Catalunya a jugar-hi el paper de 
petit D'Annunzio. Els millors ja no sabríen fer apostasía d'engá que — amb 
léxit que es vulgui, en l'extensió que es vulgui — una conciencia patrió- 
tica i ciutadana ha vingut a sublimar els nostres valors de conducta, i una 
certa informació, un cet refinament estétic, son vinguts a fer mes exigent 
el nostre gust". 

Ya se ha dicho más arriba que Xenius empezó en el semanario España 
a publicar Glosas castellanas, y que un catalán — Adolfo Marsillach — las 
encontró inferiorísimas a las de La Veu. Titulaba la sección Las Obras y 

38& 



X- LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

los días, y realmente, no resultaron. Véase la breve dedicada a D. Fran- 
cisco Giner de los Ríos con motivo de su muerte: 

"ADIÓS A DON FRANCISCO 

¡Adiós, D. Francisco, padrecito nuestro! ¡Adiós, viva lucecita de alber- 
gue, encendida en la gran noche moral de España! 

¿Te has apagado para condenarnos a la larga tiniebla, a nosotros, pe- 
regrinos pecadores? ¿O bien, acaso porque ya en el oriente diríase que 
apunta una indecisa claridad? 

¿Cómo fué tu voz, oh D. Francisco — , aquella voz con que nos decías 
mientras tus brazos se levantaban al cielo: "¡Pero, hombre!". . . "¡Dios 
mió!". . . "¡Qué cosas!". . . — ; tu voz, que nunca supimos si cantaba una 
canción de alborozo o una elegía?" 

Mas no atribuiremos este fracaso, como Marsillach, a falta de conoci- 
miento o condiciones de Xenius para escribir en castellano. Desmienten 
esta suposición las dos conferencias en la Residencia de Estudiantes, de 
Madrid: la que acabamos de citar (Aprendizaje i/ heroísmo) y la que tiene 
por título De la amistad ij del diálogo (16-Febrero-1914). En ambas en- 
cuéntranse todas las cualidades de fondo y de forma que avaloran las me- 
jores glosas catalanas. 

Xenius no sólo ha influido e influye sobre casi todos los literatos jó- 
venes de Cataluña, y es, además de inventor del vocablo novecentismo 
caporal de los nouecentistas o modernistas catalanes de la última hornada, 
sino que va formando escuela: notable es el libro Gloses femeninas (1914) 
de su discípulo Miguel Poal Aregall, discípulo en la forma y en el fondo, 
y que es la preconización de la Elegancia como base de la moral. 

B) Es costumbre de Xenius agrupar una serie de sus Glosas bajo un 
titulo común, por referirse todas ellas al mismo asunto. Una de estas agru- 
paciones forma la novela psicológica y social titulada La Ben Plantada 
que coleccionaron y publicaron en forma de libro los amigos y admirado- 
res del autor, en 1911. Pronto llegó la obra a la tercera edición; la elogia- 
ron D. Miguel de Unamuno en Los Lunes de El Imparcial (tres artícu- 
los, 1912), Montolíu en La Vanguardia y Azorin (A B C 21-Agosto-1913). 
La ha traducido al castellano, muy bien por cierto, Rafael Marquína. 

La Ben Plantada es una muchacha de la clase media que se llama 
Teresa, nacida en América pero de padres catalanes, y que con éstos vuel- 
ve al Principado. El autor nos la presenta formando parte con su familia 
de la colonia barcelonesa veraniega en un pueblecito de la costa- La cua- 

389 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

lidad extraordinaria de Teresa es la hermosura; una hermosura formidable 
y honesta que "no trasciende a tumulto en torno suyo, sino a serenidad y 
simpatia. . . La presencia de Teresa lo aquieta, serena y ordena todo en 
muchos. . . Desde lejos sólo narrando una gracia de la Bien Plantada, ya 
puede encenderse una pasión, y con sólo recordarla, se sienten en el cora- 
zón las mordeduras de la sierpe; pero al acercarse a ella, el hombre mejora 
moralmente. Es una belleza que no enloquece, que no trastorna, pues en 
torno de ella es todo acuerdo y orden. Lo cual mana también de las cuali- 
dades espirituales de Teresa: no es loca, no es apasionada, no es románti- 
ca, no es una persona de original y poderosa individualidad, sino del pue- 
blo, equilibrio y sensatez, sometida espontáneamente a la ley, a las cos- 
tumbres, a las condiciones del ser colectivo en que florece su espléndida 
hermosura, y en que no está llamada a producir arrebatos, choques, vio- 
lencias ni tragedias pasionales, sino a la dulce y honrada vida del hogar, 
a la perpetuidad feliz de la raza en el doble aspecto material y moral: re- 
producción de la especie y continuación de la historia. El ideal de Teresa 
es casarse y tener hijos. Tan sumisa es al imperio de los hábitos que, sien- 
do la costumbre de aquel pueblo dar limosna los martes, se asombra de 
que un pobre llegue a pedirla otro dia. 

El encanto de La Ben Plantada, que es grande, está en la hermosura 
del tipo; en la claridad luminosa con que lo ha concebido el artista; en el 
exquisito primor con que lo presenta originalmente desde todos los puntos 
de observación, no en^relato seguido, sino jugueteando con gracia en tor- 
no de él, cambiando el objetivo a cada paso, y siendo cada cambio motivo 
para una breve, substanciosa y sugestiva crónica; en la naturalidad con 
que lo engrandece, a la vez que lo pinta de mano maestra en su realidad 
concreta o individual, mostrándolo en su aspecto superiorisimo de tipo ge- 
nérico, fuente y depósito de las virtudes fundamentales de su pueblo. Te- 
resa es el amor honesto, es el hogar honrado, son los hijos de que no se 
avergüenzan sus padres, es la tradición que se transmite a todas las gene- 
raciones en la renovada primavera de sus buenas doncellas hermosas, es 
la flor de ese fruto sin par que se llama una excelente madre de familia, es 
el poético elemento conservador de las sociedades humanas. 

Honra a Xenius y a la moderna literatura catalana la concepción de 
este tipo, o, mejor dicho, haber acertado a verle y pintarle con tanta fideli- 
dad y tanta poesía. En lo que Xenius se ha equivocado es en su preten- 
sión de acaparar el tipo para Cataluña. La Ben Plantada no es catalana; 
porque es de todos los pueblos, por lo menos de todos los que conocemos 
nosotros, y, por tanto, de todas las regiones de la Península. Con estos par- 
ticularismos sistemáticos y cuidadosamente cultivados que ahora privan, 

390 



X' LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

que harán reir a los próximos descendientes de los que hoy los sustentan, 
llegan los más listos a tomar por cosas singulares y privativas de su fa- 
milia, pueblo o región las que son de todas las familias, de todos los pue- 
blos y comarcas. Una zumbona copla andaluza se burla donosamente de 
este error de perspectiva: 

El patio de mi casa 
es muy particular; 
cuando llueve se moja 
como los demás. 



Xenius incurre en ello. No sólo por lo que se refiere al tipo, sino al 
nombre de Teresa. Oigámosle: 

"Ahora va a declararse el nombre de la Bien Plantada- . . ¿Cómo te 
llamas, Bien Plantada? Me llamo Teresa. 

Teresa, nombre lleno de gracias, cuando se pronuncia a la manera de 
los catalanes. 

Teresa es un nombre castellano. Allá es un nombre místico, ardiente, 
amarillo, áspero. Es un nombre que rima con todas estas cosas de que 
ahora se habla tanto: la fuerte tierra castellana, el paisaje austero, desnu- 
do, pardo, los hombres graves vestidos de fosca bayeta, Ávila de los Ca- 
balleros, el alma ardiente de la santa, Zuloaga, pintor de Castilla, El reta- 
blo del amor. . . 

Pero llega el mismo nonbre a nuestra tierra, y de pasarlo por la boca 
de otra manera, adquiere otro sabor. Un sabor a un mismo tiempo dulce y 
casero, caliente y substancioso como el de la torta azucarada. Teresa es un 
nombre que tiene manos capaces de )a caricia, de la labor y del abrazo. 
Teresa es a la vez un nombre modesto y muy fino. Teresa es un nombre 
hacendoso". . . 

¿Qué significan todas estas sutilezas? Pues que Xenius conoce a las 
Ben Plantadas de su tierra que se llaman Teresa, y no conoce a las Teresas 
tan bien plantadas, como las catalanas, que hay en Castilla, en Anda- 
lucia, en todas partes. En todas viene a significar lo mismo el nombre de 
la Santa de Ávila, que nada tiene que ver con Zuloaga, sino con la devo- 
ción religiosa y a una mujer, aun en el orden humano, incomparable. 
¡Ah! ... Si Xenius hubiera presenciado, como nosotros el año del cente- 
nario teresiano, la llegada de unos peregrinos catalanes a la estación de 
Ávila. . . Abundaban las catalanas, entre las que, seguramente, irian no 
una sino varias Teresas. . . ¡Picara incredulidad! Es la peor de las supers- 
ticiones. 

391 



SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

81. La poesía lírica catalana en el momento presente 
(Carner, Segarra, López Picó). — Cuenta hoy Cataluña con un 
gran poeta lírico que sólo puede parangonarse en la historia de las letras 
catalanas con Verdaguer y con Maragall. Tal es José Carner. Como los dos 
insignes poetas citados, es católico, apostólico, romano, y tan ferviente ca- 
talanista que hasta el anticatalanismo de algunos catalanes parécele un 
catalanismo sui géneris. Para Carner, fuera de Cataluña nada hay en Es- 
paña; la España interior, dice, no opone al espíritu colectivo de Cataluña 
más que el privilegio y el instinto de su salvaguardia. Escribe de política 
en La Vea. Lee conferencias. 

En 1903 publicó su primer libro: L'Idili deis uianyes. En 1904 el Llibre 
deis Poetes. En 1905 el Llibre de sonéis. En 1906 Els Fruits saboroses. 
En 1907 el segundo Llibre de sonéis. En 1909 una traducción en prosa ca- 
talana de las Floréenlas de San Francisco con un prólogo del capuchino 
fray Ruperto M, de Manresa. En 1910 La Maluesiai d'Oriana. En 1911 
Verger de les galanier. En 1912 Monjoies. En 1914, Auques i Venialls y 
La páranla en el veni. Carner es rico y casticisimo en su catalán, de los 
que rebuscan vocablos en los autores de la edad media y en el habla cam- 
pesina, y los adapta científicamente para enriquecer la prosa; no se hace 
obscuro sin embargo, o, al menos, en el grado que otros de sus contempo- 
ráneos, por su tendencia a lo popular y su fino instinto de verdadero poeta. 
Es clásico por la medida, templanza y reflexión de su musa, con algo de 
melancolia y otro algo de humorismo a la inglesa. 

El proselitismo catalanista de Carner hizo abandonar a José M. de Sa- 
garra el cultivo de las letras castellanas, en que se había inaugurado con 
una novela picaresca. En 1911 publicó su Primer llibre de poemes, y en 
1916 ha publicado El mal calador. Joaquín Ruyra ha visto en Sagarra al 
sucesor de Maragall. De Maragall hay algo en él; pero también de Carner, 
de Jammes y de Baudelaire, con cuyo último nombre queda indicado su 
pesimismo. Sagarra es, ante todo, paisajista; el hombre ocupa un lugar 
muy secundario en la naturaleza espléndida que pinta y canta en sus 
versos. 

El literatismo excesivo — efecto, por una parte, del empeño de ser 
muy catalanes y de que la catalanidad sea cosa muy distinta de la castella- 
nídad, y, por otra, del afán de refinamiento y exquisitez característico en 
los literatos modernistas — es el achaque común de los poetas catalanes 
contemporáneos. En unos es más fuerte la general dolencia que en otros. 
Como en la época trovadoresca, hay vates que deliberadamente troban 
clus (véase tomo I-VII-69-pág. 163). J. M. López Picó es el maestro del 

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X' LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

moderno trobar clus catalán, y en tal concepto el polo opuesto de Carner. 
Su libro Espectacles i Mitología nos ofrece la muestra de esta tendencia 
decadentista. 

En general, y a pesar del generoso esfuerzo de Carner por ser popular, 
para cuya realización cumplida es siempre un obstáculo el mismo casticis- 
mo y clasicismo del poeta, los catalanes modernos dicen, como el trovador 
provenzal Signauré: No me place hacer versos que sean apreciados indis- 
tintamente por todo el mundo: yo no compongo para los necios: no quiero 
que los necios me hagan caso: que sólo me admiren los entendidos Tra- 
tando de Verdaguer, en articulo anteriormente citado (La Vanguardia, 5 de 
Abril de 1916) escribe D. Manuel de Montolíu: 

"¡Qué lección más sana y más oportuna nos da la popularidad de 
Verdaguer en el período actual de la literatura catalana! Nuestra literatura 
se halla al borde de un escollo gravísimo en el que corre peligro de estre- 
llarse. El progreso formal de la literatura catalana es innegable: el buen 
gusto ha hecho estos últimos años una obra de purificación en nuestras 
letras, que nunca será ponderada en todo lo que se merece. Mas este pro- 
greso se halla neutralizado en nuestros poetas y escritores por su aleja- 
miento general del pueblo. La tendencia en la actualidad es hacer de la 
literatura un coto cerrado, un cenáculo de iniciados, un recinto secreto en 
que no tenga cabida el vulgo profano. La literatura catalana está amena- 
zada de un contagio de narcisismo agudo que acabaría por inmovilizarla 
en la contemplación de sí misma. Verdaguer se yergue frente a nosotros 
con esta eterna lección de la popularidad. Su genio pudo volar hasta 
aquella sublime altura ideal porque anidaba en la misma entraña del pue- 
blo, y, como el gigante Anteo, cobraba nuevas fuerzas cada vez que posaba 
su planta en la tierra". 

82. El teatro. Crisis por que atraviesa. — A pesar de su 
gloriosa aunque breve historia, de los grandes autores con que hoy cuenta, 
de la pujanza creciente del catalanismo político y del talento y actividad de 
Adrián Gual, el teatro catalán atraviesa tan cruda crisis que puede escribir 
el Sr. Burgada en el Diario de Barcelona: "Hoy por hoy el teatro catalán 
no existe. . . Hay algo peor: no se ve por dónde haya de resurgir la luz. . . 
Lauca del senyor Esteve es un triunfo para Rusiñol; pero un fracaso para 
su intención; porque lejos de convertir a los Esteves en idealistas, ha ense- 
ñado a los idealistas el camino por donde se llega a senyor Esteve". Alude 
a los escritores que antes se dedicaban a componer comedias, y que ahora 
están colocados en las oficinas de la Mancomunidad, de la Diputación o 
del Ayuntamiento o en el Instituí d'Estudis Catalans. Ciertamente que el 

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SALCEDO - LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 



destino alcanzado a título de catalanistas no ha sido la causa del abandono, 
sino al revés, un efecto del abandono no por ellos del teatro, pero si de 
ellos por el teatro. La honda crisis, según D. Federico Oliver (El Día Grá- 
fico, 16-Mayo-1917), ha sido producida por carencia de patriotismo, que se 
tradujo en frialdad y abandono por parte del público, y esa fué la causa de 
la decadencia que aumentó con la deserción de los actores". Otro efecto y 
no causa: si Enrique Borras y Margarita Xirgu, que son los actores a que se 
alude, han dejado de representar en catalán y pasádose a la escena caste- 
llana, ha sido seguramente por necesidad de vivir moral y materialmente, 

esto es, de ganar dinero y nombradía que lo& 
artistas de teatro, como todos los artistas, ape- 
tecen tanto o más que el dinero. Es cosa que 
debiera hacer pensar a los catalanistas extre- 
mosos, como el Sr. Rovira por ejemplo, el he- 
cho de que los dos géneros literarios que más 
necesitan de la colaboración y ayuda del pú- 
blico — el teatro y el periodismo — , no pue- 
dan ser catalanes en Cataluña sino como com- 
plemento o variedad del castellano. 

Si fuera posible hacer permanente y regu- 
lar la existencia del teatro catalán en Cataluña, 
hubiéralo conseguido Adrián Gual, que en esta 
esfera tiene tanto o más empuje que Prat de la 
Riba y Cambó en la política. Autor de mérito 
insigne, muy modernista, si pudo equivocarse en su primera obra Noc- 
tiirn morat, su triunfo en Donzell qiii cerca muller, y aunque no tan deci- 
sivo, en Silenci, La culpable, Misteri de dolor, ¡Pobra Berta! y La fi d'cn 
Tomás Reynals, acredítanle cumplidamente. Siente Gual por el teatro 
ese amor intenso que, según Benavente, es condición indispensable para 
los triunfos escénicos. Antes que autor fué director de escena y organiza- 
dor de compañías en que transformó a los aficionados en buenos acto- 
res. Promovió la creación de la cátedra de arte dramático catalán en el 
Conservatorio del Liceo, y es su profesor. Fundó el Teatre ínüm y el Audi- 
torium, que comenzó bajo los mejores auspicios, e infundió grandes espe- 
ranzas de que el teatro catalán iba por fin a ser un hecho. El fracaso atri- 
buyese ahora a la guerra europea. Lo cierto es que la manifestación actual 
regularizada de ese teatro redúcese al vodevil catalán. He aquí cómo el 
Sr. Burgada describe este espectáculo: 

"De algún tiempo a esta parte está infestando los teatros del Parale- 
lo — ya de suyo no muy purificados — eso que han dado en llamar "vode- 




Adrián Gual. 



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X- LENGUAS Y LITERATURAS REGIONALES 

vil catalán" y que no es sino una especie de "selección al revés" de cuanto 
de abyecto, villano y desmoralizador producen algunos autores franceses 
para cierta clase de público que les es bien conocido. Escritorzuelos de por 
acá, incapaces de comprender la dignidad de una profesión en la que 
nunca lograron contarse por derecho propio, cuidan de verter al catalán 
aquella inmundicia parisiense, y en lugar de suprimir la procacidad, de- 
jando sólo el ingenio, como hacen los arregladores que saben serlo, recar- 
gan la inmoralidad y la chabacanería con las frases más grotescas de 
la lengua catalana, envilecida por el caló de la gente soez, que ultraja 
nuestra lengua, al emplearla. Ni por asomo una delicadeza de lenguaje 
usual, ni el más leve refinamiento literario, ni la más pequeña manifes- 
tación del perfeccionamiento a que ha llegado el idioma. ¿Qué saben 
ellos de eso? Ni es probable lo sepan nunca, porque son incapaces de 
sentirlo. 

Añádase el descoco — por no decir desfachatez — de los actores; su 
torpeza en subrayar, sus descoyuntados ademanes y su gesto grotesca- 
mente lascivo. Esos se llaman artistas y quieren ser respetados como tales; 
y no hay más que verlos. Son precisamente los fracasados del arte, que 
en lugar de volver a su primitivo oficio para ganar honestamente su 
vida, prefieren prostituirse en esta forma a coger de nuevo el escoplo o 
el mazo. 

¡Y a representar tales obras llaman ganar su vida "honradamente"! 
Con sólo leer en los carteles los títulos de esas producciones — que no son 
los títulos originales, sino otros peores — basta para sentir el sonrojo de la 
vergüenza" (1). 

83. Literatura en valenciano. — Para los catalanes el valencia- 
no no es sino una forma dialectal del catalán. Para los valencianos tanto 
derecho tiene su habla al título de idioma como el catalán. "Tan grave 
herejía, dice D. José Nebot, es catalanizar el valenciano como castellani- 
zarlo" (2). Los escritores que usan el idioma regional, lo hacen de dos ma- 
neras: o procurando restaurar la lengua de Ausías March y de Muntaner, 
o empleando el ualensiá que aras parla. Don Teodoro Llórente procuró 
mantenerse en un término medio, y aun intentó con éxito feliz sanear el 
lenguaje popular haciéndolo literario en sus Cartes de soldat, escritas du- 



(1) Véase también sobre la situación actual Del Teatro Catalán el articulo asi titulado de J. Massó 
Ventos, en La Vanguardia (27-Diciernbre-191fi). 

(2) Don José Nebot Pérez, bibliotecario de la Universidad de Valencia y ex-vicepresidente de lo 
Rat-Penat, autor de Apuntes para una Gramática valenciana popular (1894) y de Ortografía valenciana 
clásica (1910). 

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SALCEDO -LA LITERATURA ESPAÑOLA - TOMO IV 

jante la guerra de Cuba. El Cura de Benicot, capellá de missa y olla, ex- 
plica a sus feligreses lo que es la patria en versos como éstos: 

¿Qué es la patria? Pron y massa 
Que ho sent, mes una ciencia escasa 
No vos ho pot explicar: 
La patria es la propia casa, 
Noslre bresol, nostra llar. 

Nostra mare, nostra dida; 
La campana que vos crida 
A Missa, germans devots; 
Esta térra benehida 
Hon serém soterrats tos. 



En Galicia la clase ciudadana, de que salen los escritores, habla caste- 
llano. En Valencia la lengua regional es la que usan todos, lo mismo en las 
ciudades que en las alde