(navigation image)
Home American Libraries | Canadian Libraries | Universal Library | Community Texts | Project Gutenberg | Children's Library | Biodiversity Heritage Library | Additional Collections
Search: Advanced Search
Anonymous User (login or join us)
Upload
See other formats

Full text of "La melindrosa : sainete en un acto, dividido en tres cuadros"

^024 



La melindrosa 

saínete en un acto, 
dividido en tres cuadros 



ORIGINAL DE 



ENRIQUE F. GUTIÉRREZ-ROIG y LUIS DE LOS RÍOS 

atL «~ 

MÚSICA DE 

SEVERO MUGUERZA 





MADRID 
IMPRENTA DE RAFAEL CARO RAGGIO 

MENDIZÁBAL, 34 
I 92 I 

í 



La melindrosa 

saínete en un acto, 
dividido en tres cuadros 

original de 
ENRIQUE F. GUTIÉRREZ-ROIG y LUIS DE LOS RÍOS 

MÚSICA DE 

SEVERO MUGUERZA 

Estrenado, con gran éxito, en el teatro de la 
Latina, de Madrid, el día 15 de abril de 1921. 




MADRID 
IMPRENTA DE RAFAEL CARO RAGGIO 

MENDIZÁBAL, 34 
I 92 I 



PERSONAJES 



Encarna María Águila. 

Patro María Berri. 

Una Florista Mercedes Sanz. 

Luisa Julia Medero. 

La Portera Fileta Recio. 

Vecina i. a Paula Cortés. 

Ídem 2. a Julia Berri. 

Ídem 3. a María Luisa de la Vega. 

El Señor Calixto. . . . Antonio García Ibáñez. 

Pepe, el Sillero José Rubio. 

Atanasio Alfredo Ruiz Carbia. 

Bruno, el Gasolina. . . Luis Físcher. 

El Empresario J. Ibáñez. 

García Emilio Rebour. 

Aquilino José Cabrera. 

El Niño del Acueducto. José Gutiérrez Nieto. 

Acerolas Enrique Robles. 

Un Tendero J. Ibáñez. 

Un Vecino V. Pérez Laporta. 

CORO DE SEÑORAS 

La acción, en Madrid. Época actual. Derecha e izquierda, las del actol 






ACTO ÚNICO 



Patio de una casa de vecindad. En el foro, una gran puerta que da a la 
calle; de ambos lados de esta puerta arrancan dos escaleras, una de ellas 
practicable hasta el primer piso, donde hay un corredor que ocupa toda 
la primera planta. A derecha e izquierda del patio, puertas señaladas con 
los números: i y 2, las de la derecha, y 3 y 4, las de la izquierda. Frente 
a la designada con el número 1, una mesilla de zapatero con los útiles del 
oficio. A la puerta del 4, asientos y armaduras de sillas, pajas de colores, 
bejuco, rafia, etc. En el piso primero de los corredores, dos puertas prac- 
ticables. Mañana de primavera. 



ESCENA PRIMERA 

(Al levantarse el telón, Encarna, bordando sobre 
un bastidor, está sentada a la puerta del cuarto nú- 
mero 2. En la del número 4, Pepe, el Sillero, trabaja 
en su oficio. En el centro del patio, el coro de muje- 
res rodea a Pairo, que tiene en la mano unos recibos 
de lotería y varias cartas de la baraja.) 

MÚSICA 

Patro. Ya sabéis que sin jugar 

no hay manera de ganar. 
Coro. Pero cuanto más juguemos 

más perderemos. 
Patro. No es la suerte de aquel que la busca; 
no, señor; no, señor; 
pero es bueno correr tras la suerte, 
cuanto más, mejor. 
Coro. Ya se sabe que a nadie le toca 

sin jugar, sin jugar, 
ningún premio de la lotería, 
y algo hay que arriesgar. 



669039 



— 6 — 

Todas. La suerte es caprichosa; 

la suerte es veleidosa; 
la suerte es una cosa 
que siempre está al caer. 
Si a mí la lotería 
me toca el mejor día, 
qué pisto me daría 
en auto de alquiler. 
¡Chofer!, ¡chofer!, 
lléveme usté al Prao; 
¡chofer!, ¡chofer!; 
¡pero vaya con cuidao! 
¡Chofer!, ¡chofer!, 
pare, que se m'antojao 
un realito de mojama, 
de alcahueses y torraos. 

Y después me llevaría 

a un modisto come Ufóte, 
y un traje me encargaría 
de levita u redingote. 

Y cuando las cinco dieran, 
de paseo volvería, 

a tomar e\five o elote 
en cualquiera churrería. 

¡Ay, que emoción! 

¡Qué sensación! 
Si me cae el premio gordo 
armo una revolución. 



HABLADO 

Patro. Me paece a mí que vosotras no llegaréis nunca 
a tener coche. 

Vec. 1. a ¡Quién sabe! 

Patro. ¡Como no sea que os caséis con algún cochero, 
va a ser pero que muy difícil! Vosotras que- 
réis que os toque la lotería u los objetos co- 



7 — 



mestibles y bebestibles que yo rifo por una 
perra gorda, y eso es un mito. 

Vec. 2. a ¿Sabes lo que pienso? Que si yo, toas las pe- 
rras que te he dao a ganar, las hubiera metido 
en una hucha, hoy me iba a sonreír de Roma- 
nones. 

Patro. Lo creo. El ultimátum; que no está una pa 
perder el tiempo. ¿Tenéis capricho por algún 
rey? 

Vec. 3. a Déme ustez el de bastos, que es el que le gus- 
ta a mi hombre. 

Vec. 1. a ¿Te queda algún caballo? 

Patro. El de la Plaza Mayor, que está más cebao que 
un capón. ¿Te es igual el siete de copas? 

Vec. 1. a A mí, siendo copas, dame las que quieras. 

Vec. 3. a ¿Tiene usted espadas? 

Patko. El cinco y el seis. 

Vec. 3. a Yo quería el as, para metérselo al charrán de 
mi novio, que no ha vuelto desde que le di a 
que me guardase siete duros que me tocaron 
en la lotería anterior. 

Patro. Pues, hija, si te ha dejao planta con siete, no 
debes pedir nada... Bueno; que me faltan cua- 
tro pa rifar el capón. ¿Quién las lleva? 

Vec. 1. a Yo, ni un perrito más. 

Patko. ¿Y lotería tampoco queréis? ¡Mirad que tengo 
un quince mil pelao que me tie da su palabra 
de salir mañana. 

Vec. 2. a Yo no tengo dinero, y a viernes estamos; no te 
digo más. (Se van marchando.) 

Patro. (A Pepe.) ¿Se anima usted con algo de lo que 
me queda? 

Pepk. Ya llevo dos décimos. 

Patro. Hombre, no me deje usted fea. 

Pepe. Es usted una hormiguita. 

Encar. No molestes más al caballero, y a ver si nos 
vamos a desayunar hoy, que, con el madru- 



— 8 — 

gón, tengo el estómago que le das una voz y 
no contesta nadie. 
Patro. |Voy, hija, voy; que todo no se pue hacer al 
unís! (Mutis por la puerta del cuarto nú- 
mero z.) 



Pepe. 



En car. 
Pepe. 



Encar. 



Pepe. 
Encar. 



Pepe. 



ESCENA SEGUNDA 
Encarna y Pepe. 

Lo dicho, dicho, vecina; 
madruga usté demasiado, 
y es mucho darle a la hebra, 
que los días son muy largos. 
¡Hay tantas prisas ahora...! 
Se ve que abunda el trabajo; 
de la mañana a la noche 
se lo pasa usté bordando. 
Y, por lo que yo calculo, 
un cálculo aproximado..., 
se bordará usté cien letras, 
y, aunque eso es fácil... 

No tanto, 
que no se figure usté 
que es igual que vender rábanos; 
pues, con decir: c¡Rabanitos!», 
acuden los parroquianos; 
por aquello de que dicen 
que, cuando pasen, comprarlos. 
No se involucre; yo dije... 
¿Usted se figura, acaso, 
que es lo mismo que hacer sillas, 
que es oficio descansado? 
Perdóneme viste, princesa; 
yo bien sé que esos bordados 
son de arte decorativo, 



En car. 



Pepe. 
Encar. 

Pepe. 



Encar. 
Pepe. 



Encar. 



como hechos por esas manos, 
que son dos copos de nieve. 
¡Pero! ¡Vaya!... No es pa tanto. 
No hay que subirse a la parra, 
ni hablar con gesto tan agrio, 
porque esa boca graciosa, 
que tie más miel en los labios 
que toa la Alcarria... 

¡Jesús! 
¡Con qué gusto me relamo! 
Porque, mire usté por dónde, 
sin saberlo ni probarlo, 
voy a explotar esa miel. 
¿Lo dice usté en guasa? 

¡Claro 
como el agua, hijito! 

Bueno. 
¿Será que me habrá criado 
mi señora madre para 
que me tomen de reclamo 
de perdiz...? 

Usté sabrá. 
Lo que yo sé es que estoy harto 
de querer con toas mis ansias 
a una que me está escuchando, 
y que, por lo que vislumbro, 
me está haciendo el mismo caso 
que t'i fuera, en el invierno, 
vendiendo limón helado. 
¿Me quiere usté o no me quiere? 
Así, derecho y al grano. 
¿Le complace a usté este tipo, 
u es procedente de saldo? 
La verdad, sin eufemismos... 
¡Hombre! De golpe y porrazo... 
(Pepe se levanta y vajwito a 
Encarnación.) 



— IO 



MÚSICA 



Pepe. Pues deje a un lao la aguja 

y el bastidor, 
que quiere ver sus ojos 
un servidor. 

Encar. Ya está usté complacido. 

¿Quiere algo más? 

Pepe. Que clave usté en mi alma 

toas sus miras. 
Tengo envidia a las agujas 
que están siempre entre sus dedos; 
tengo envidia de las sedas, 
y de los bordados, celos. 
Quisiera que solamente 
mirasen sus ojos negros, 
en el fondo de los míos, 
todo el querer que la tengo; 
chulapa de mis ojos, 
chulapa mía, 
mírame con fijeza 
pa darme vida. 
Bórdame tu cariño 
dentro del alma. 
Bórdame tus quereres 
con tus palabras. 

Encar. Estoy harta de bordados; 

pide descanso mi cuerpo, 
y yo necesito un hombre 
que me dé lo que merezco. 
Yo tengo envidia a las damas 
que van por ahí de paseo 
con un vestido de seda 
y plumas en el sombrero. 
Ya de chulos y penas 
me voy cansando; 



II 



lo que yo necesito 

son cura y cuartos. 

Con palabras tan sólo 

poco se saca, 

que es muy largo el camino 

y una se cansa. 
Pepe. A espuertas, Encarna, 

tendrá usté el parné, 

que yo, trabajando, 

se lo ganaré. 
Encar. No tenga usté impaciencia, 

vaya despacio, 

que el cariño no es cosa 

de escopetazo. 

No me gustan los hombres 

apasionados. 

Yo soy muy melindrosa, 

tengo reparos. 



Pepe. 


¡Chulapa! 


Encar. 


¡Chulapo! 


Pepe. 


¡Gitana! 


Encar. 


¡Gitano! 




HABLADO 


Encar. 


¿Conque tiene usté dinero? 


Pepe. . 


Diez y seis duros en cuartos. 




Ya sé que pa usté soy poco; 




pero quién sabe si andando 




el tiempo tendré talleres 




y podré comprar un auto. 




Entonces sería fácil 




que se me dijera: Vamos 




a la Vicaría, ¡negrol 




Echa usté el humo muy alto. 


Encar. 


¡Qué le haremos! 


Pepe. 


Concretarse 



J 



— 12 



Encar. 



Pepe. 
Encar. 

Pe pie 



Encar. 

Pepe. 

Encar. 

Pepe. 



íes délo por concretado, 
y no esté todos los días 
igual cilindro tocando. 
De modo que... 

Dos amigos, 
y no hablemos más del caso. 
Pongo en su conocimiento 
que puede que haya firmado 
una sentencia de muerte, 
Encarna, con su ultimátum. 
¿En serio? 

¡Por estás cruces! 
¡Qué humor tiene este muchacho! 
(A fe de Pepe el Sillero 
que esto te cuesta a ti caro.) 
(Vuelven los dos a sentarse y 
siguen trabajando.) 



Luisa. 



Encar. 
Luisa. 

P£PE. 

Luisa. 



Encar. 
Luisa. 



ESCENA TERCERA 
Dichos y Luisa; luego, el señor Calixto. 

(Desde una de las puertas del corredor.) En- 
cima de la camilla se te queda una onza de 
chocolate y un ceneque. Hasta luego, y leván- 
tate pronto. (Bajando a escena.) ¡Qué gandu- 
lazo más grande! ¡De seguro que no hay otro 
en toa la tierra! Buenos días, Encarna. 
Felices los tengas, Luisa. 
Buenos días, Pepe. 
Se acepta el deseo; pa mí, graniza. 
Trabaja usté demasiao, hijo mío. Igual que 
mi marido, que como no lo gane yo, comería- 
mos... ¡magras! 

Pues, chica, entonces no te quejes. 
¡Es un decir! Y luego no hay quien pueda con 



13 — 



ENC » R. 

Luisa. 
Pepe. 

Luisa. 



Calix. 

Luisa. 
Calíx. 
Luisa. 
Calix. 



Pepe. 
Caux. 

Encar. 
Calix. 



Luisa. 
Caí. ix. 



él; dice que para qué va a trabajar, si es vege- 
tariano. 

Y eso, ¿qué es? 

Pues un flato continuo. 

Genaro tie bastante con quererla a usté con 

toa su alma, y le falta tiempo pa lo demás. 

Pues menos cariño y más trabajo, digo yo. Y 

que tal y como se va poniendo todo, lo vamos 

a pasar pero que muy mal. (Acercándose a 

mirar lo que borda E?icarna.) Qué letras 

más bonitas. A mí que toas las que me salen 

son minúsculas. (Entra Calixto muy furioso > 

por el foro, y con un par de botas en la 

mano.) 

Por supuesto que esto va a durar hasta que 

yo me sienta bolchevique. 

Buenos días, señor Calixto. (Muy amable.) 

Buenos pa usté, que lo que es pa mí, holgan. 

¿Le ha picao a usté algo? 

Lo que me debía picar a mí es el amor propio 

individual que tenemos ca uno y armar un 

cisco que ni el de orujo. 

¡Pero, hombre...! 

Y a ese tío, por radical, le voy a cortar la ca- 
beza pa regalársela al casquero. 

¿Pero qué le sucede a usté, señor Calixto? 
¿Sus parece decente que por ponerle a estas 
botas medias suelas, tacones y coser los en- 
franques, hayan tenido la poca lacha de ofre- 
cerme ochenta céntimos y un librillo de papel 
de fumar? 

¿Y quién es el parroquiano? 
Quién ha de ser. El tendero de enfrente, ese 
radical hiperbólico que se pasa el día hablan- 
do de igualdaz y de protección al obrero, y 
luego le despacha la manteca rancia y vende 
el embuchao del último crimen. 



14 



Pepe. 
Calix. 



Encar. 
Calix. 

Luisa. 
Calix. 



Luisa. 
Calix. 

Encar. 

Calix. 

Encar. 
Pepe. 

Calix. 



Puede que le sea antipático su gremio de usté. 
Pues menos de tres pesetas no se lleva res- 
taurao este monumento nacional. (Mostrán- 
dolas.) -Me ha dicho que por ese precio, 
nuevas! 

¿Adonde se comprará las botas ese tío? 
Pues en la Morgue, digo yo. Me ha dicho que 
estas botas las tire ú me las guarde. 
¿Y qué va usté a hacer con ellas? 
Pues estoy perplejo. No sé si reservarlas pa la 
kermesse de este verano, y al que le toque, ya 
pue decir que se ha puesto las botas, que va 
a ser difícil. 

(Una voz de un vecino en uno de los cuartos 
del primer piso.) ¡Y lo voy a pregonar en mita 
del patio, pa que to Dios se entere de que 
eres una cochina! 

(Voz de mujer en el mismo cuarto.) ¡Y tú, un 
borrachín asqueroso! 

Está bien la mañana. Señores, aliviarse. (Mu- 
tis por el foro.) 

¿Pero ha visto usté qué discreteo ese de arri- 
ba? (A Pepe.) ¡Qué mal repartió está el 
mundo! 

¡Y que usté lo diga!.. ¿Es de ley que esté yo 
aquí, bordando hace hora y media, con estas 
hechuras, mientras otras estarán muy a pierna 
suelta en la cama, esperando que les lleven el 
chocolatito? 

Tú lo que debías hacer es casarte, crée- 
me a mí. 

¡A. mí no me quiere nadie...! 
¡Encarna...! ¡Que Dios castiga sin palo ni 
hierro! 

¿Que no te quiere nadie? Conozco yo multituz 
de gente que está por ese cuerpecito a dos de- 
dos de la enajenación mental. 



— 15 — 

Pepe. Yo conozco un enajenao, señor Calixto. 

Calix. ¡Como que es un vecino! El del tres. 

Pepe. ¿El maletiya ese? 

Calix. Iba junto a ésta el otro día como si fuese al 

lao de la Custodia. 
Pepe. No hay justicia en el mundo, porque ese tío a 

mi lao es un pisapapeles. 
Calix. ¿Pero tú también quieres a ésta? 
Pepe. La señora dará razón. 
Encar. Voy a hacer colección de pretendientes. Aquí, * 

Pepe, no se qué número hace. 
Calix. Con tal que no haga un número primo... 



ESCENA CUARTA 
Dichos, Atanasio y La Portera. 



Ataña. 

Calix. 
Ataña. 



Calix. 

Ataña. 



Porte. 



Ataña. 

Porte. 
Ataña. 



(Desde el corredor.) Mi querido maestro de 
obra prima. 
¿Qué sucede? 

¿Tendría usted inconveniente en instrumentar- 
me en el acto una tapita en el tacón de la 
bota izquierda, porque voy pisando con el con- 
trafuerte desde mediados del pasado mes?... 
Venga la bota. 

Ahí va, y usted perdone el aterrizaje. (Tira la 
bota al patio, en el mismo instante que entra 
la portera.) 

¡Ya podía usted mirar dónde tiene los ojos! 
¡Qué animal!... ¿Ustés se creen que el patio es 
el carro de la basura? 

¡Qué barbaridad!... ¡No es usted poco de- 
licada! 
¡So músico! 
¡So portera! 



— 16 — 



Porte. ¿Sí? Ahora verás. {Coge la bota y sale a tirar- 
la a la calle.) 

Ataña. ¡Portera! ¡Portera! (Baja apresuradamente 
con un solo pie calzado.) ¿Qué ha hecho 
usted? 

Portk. Tirar esa inmundicia a la alcantarilla. Un caso 
de tifus que he evitao en la vecindad. 

Ataña. ¿Y qué hago yo ahora? ¡Ay, como no la en- 
cuentre! (Sale a la calle.) 

Porte. Dice el tendero, señor Calixto, que no da mas 
que seis reales por esa compostura. 

Calix. Dígale usté, de mi parte, que es precio fijo. 
En mi establecimiento no se regatea. (Mutis, 
portera.) 

Ataña. (Entrando.) Nada, no encuentro nada. ¿Y 
ahora, qué hago yo? El único par de botas que 
tenía. ¿Cómo salgo a la calle? 

Calix. ¿Qué...? ¿Tienen ustedes concierto? 

Ataña. Sí, una lechería que se abre esta noche... ¿Y 
cómo voy a tocar yo descalzo...? 

Calix. ¡Pues no se apure por eso! ¡Pobrecillo! ¡Que el 
Arte se vea de ese modo! Le > dejaré unas 
botas. Venga usté conmigo. (Yo le coloco las 
del tendero.) 

Ataña Le deberé a usted un inmenso favor. Hace us- 
ted una obra de caridad. 

Calix. ¡Quite usté, amigol ¡El hombre que no ayuda i 
a otro, es un mamífero! (Mutis de los dos ¡ 
por la puerta del cuarto número i.) 

Pepe. (Levantándose.) Encarna. ¡Si quiere usté ¡ 
echar una miraíta al taller...! Voy a entregar 
estas dos sillas. 

Encar. Vaya usté descuidao. 

Pepe. Gracias. (Mutis, llevándose dos sillas, por 
el foro.) 



17 — 



ESCENA QUINTA 
Encarna y Bruno, el Gasolina. 

(Bruno sale del cuarto número j. Es un novillero 
de tipo ridículo. Dice, acercándose sigilosamente a 
Encarna.) 



Bruno. 



Encar. 



Bruno. 

Encar. 



Bruno. 
Encar. 
Bruno. 
Encar. 
3runo. 



Si dijera yo a una joven 
más bonita que un lucero, 
levante usté la cabeza 
pa verle los ojos negros 
y los labios de granada 
y esos rincones de cielo 
que tiene en cada carrillo, 
¿qué haría? 

¡No seas latero! 
(Deja de bordar y quedan 
mirándose fijamente?) 
¿Estás hoy malhumorada? 
Estoy hasta el mismo pelo 
harta de darle a la aguja, 
pa no conseguir más premio 
que seis pesetas al día. 
Pa dos, es poco. 

¡Lo creo! 
Digo pa ti y pa tu hermana. 
¡Anda éste!... ¡Desde luego! 
Porque pa mí y pa ti solos 
haríamos un arreglo. 
Además, paloma mía, 
¿pa que tengo yo este mérito 
en los brazos y esta gracia 
pa arquear, en el momento 
del vaciado, y que los toros 
salgan del estoque muertos? 



■> 



18 — 



íncar. {Salían! 

Bruno. No toas las reses 

tien el mismo pensamiento. 

Encar. No das confianza a los toros. 

Bruno. No se la doy, porque luego 
abusan de ella y te ponen 
la región lumbar al fresco. 

Encar. Bruno, ¿por qué no te arrimas? 

Bruno. Ties razón (Se acerca a ella.) 
y consintiendo. 
Ya sabes que soy valiente. 

Encar. Exageras... 

Bruno. ¿Qué exagero? 

Di tú que, en cuanto que tocan 
a matar, no se qué siento 
aquí, en las piernas... 

Encar. ¡Cansancio! 

Bruno. ¿Te caneas? 

Encar. ¡Me caneo! 

Bruno. ¡Si el ganao no fuese manso, 
y el publiquito más serio!... 
Porque tú pasas por alto 
talmente como un maestro, 
porque el bicho es goma arábiga 
y lo ties pegao al cuerpo. 
En ca salida, te dicen 
a lo mejor: ¡Todo eso 
que está usté haciendo es la oca! 
¡Pasa por bajo, mastuerzo! 
Que estas pasando por bajo 
y rematas con acierto, 
te gritan: ¡Levante usté 
la cabeza, so cabestro! 
Como yo salí en Tetuán, 
no ha salido nadie al ruedo; 
pero ya viste que apenas 
hice el primer quite, un fresco 



19 — 



que estaba en una barrera 
prencipió a tomarme el pelo, 
diciéndome: Escuche, joven, 
¿ese traje es de la Imperio? 
Y me azaré. 
car. Es natural. 

Bruno. Al matar, me tocó el hueso 
de la corrida, y ya viste 
que soltaron los cabestros, 
y se llevaron al toro 
con ocho espás en el cuello. 
Acuérdate que decía 
la gente. 

Encak. Sí, ya me acuerdo. 

¡Que se vaya! ¡Que se vaya! 

Bruno. Y yo, que siempre respeto 
la opinión, quería irme. 
¿Pude estar yo más correzto? 

Encar. . Mira, Bruno, en confianza, 
lo que tú tienes es miedo. 

Bruno. ¿Miedo yo? Ves escuchando, 
que va a hablar el Evangelio: 
El año que viene, nena, 
yo seré el rey del toreo, 
y me lloverán contratos 
para el interior y México. 
Todo el barrio va a morirse 
de envidia, pues ya lo creo, 
cuando me vean vestido 
con smoking y sombrero 
flexible, color marrón, 
y un caruncho entre los dedos. 
Voy a comprarme un monocle 
y a usar muy altos los cuellos; 
tomaré té en las comidas; 
iré al Real, a ver Sigfredo, 
me tanguearé en el Pálace, 



— 2o 



Encar. 
Bkuno. 



y en vez del jabón moreno, 
que ahora uso, me lavaré 
con Rocío del desierto, 
y usaré esencia de coco 
pa perfumar el pañuelo. 
Ya verás al <Gasolina> 
trasformado por completo, 
tratando de tú a los proceres 
y en automóvil torpedo. 
Cuidao con la gasolina. 
Está dicho y lo sostengo. 



ESCENA SEXTA 
Dichos y la Patro. 



Patro. 



Bruno. 
Patro. 

Bruno. 
Encar. 

Patro. 
Encar. 



Bruno. 



¿Pero, bueno, te vas a desayunar o no? Por- 
que los churros paecen talmente de madera 
curvada. (Viendo a Bruno.) ¡Ah, vamos! ¿Es- 
tás en el locutorio? Chica, perdona; no sabía 
que teníamos visita. (Con retintín.) 
Si molesto... 

Se me figura que es muy temprano pa el 
five-clotea. 
¿Qué ha dicho? 

No sé, cuando está de malhumor, ni Dios la 
entiende. 
¿Vienes o no? 

Voy, mujer, voy. Hasta luego. Y vete toman- 
do medida del smoking, que te va a sentar 
peor que el cafe que me va a dar ésta. (Mu- 
tis de las dos por la puerta del cuarto nú- 
mero 2.) 

¡Niñas, hasta la tarde, y conservar el humor- 
citol (Mutis por el foro.) 



21 



ESCENA SÉPTIMA 
Calixto y Atanasio. 

¡Que Dios se lo pague a usted, señor Calixto! 
Nada, hombre, eso no vale nada. 
Y me están que ni pintadas. 
Pero que no se le olvide a usté devolvér- 
melas. 

No dude usted nunca de la buena fe de un 
bombardino. ¡Oh, si usted me hubiera conoci- 
do cuando tocaba en el Real...! ¡Verme redu- 
cido a esta triste situación! [Pausa.) ¡Y pen- 
sar que todas estas amarguras las paso por 
culpa de una corista...! 
¡Narices!... ¿Se arruinó usté por ella? 
No rne era fiel. ¡Me salió filarmónica! 
Hombre, pues un encanto. 
¡Ay, no! Porque al poco tiempo de tener rela- 
ciones conmigo, tuvo un capricho por el trom- 
pa; después se enamoró del contrabajo; luego, 
del clarinete... 
¿Y ahora? 

¡Ahora está con el bombo? 
¡Si las hay... pero cómo, a toda orquesta! 
Sí, señor. Con permiso de usted voy a desayu- 
narme y en busca de mis compañeros de la 
Sinfónica. (Mutis en dirección a su cuarto.) 
(Acercándose a su mesilla de zapatero. Se 
sienta, coge unas botas muy deterioradas 
y dice.) ¡Vaya un par de botitas!... ¡Que les 
ponga tacones!... Pero, ¿dónde? Si están mon- 
tas al aire! {Calixto se pone a trabajar.) 



— 22 



ESCENA OCTAVA 
Calixto y Pepe 



Pepe. 


(Entra canturreando.) 




Ya estoy de vuelta, maestro. 


Calix. 


Y cantando. ¿Qué te pasa? 


Pepe. 


Pues na, que estoy muy alegre. 


Calix. 


Más bien parece que rabias 




y disimulas. 


Pepe. 


¡Quizaque...! 


Calix. 


¿La vecina? 


Pepe. 


Naturaca. 


Calix. 


¿Permites que te aconseje? 


Pepe. 


Diga usté. 


Calix. 


Pues oye y calla. 




La vida, filosofando, 




no es mas que una cochinada. 




Porque los hombres son falsos, 




y las hembras, aún más falsas. 




Total: que el cariño es sólo 




kilo y medio de guayaba... 


Pepe. 


Gelatina. 


Calix. 


Como quieras. 




¡Éter, ceniza, humo, nada! 




Resultao: que tú estás loco 




por el querer de la Encarna, 




y por más que te descrismas 




no aciertas a electrizarla. 


Pepe. 


Es que al verla me mareo 




y no doy con las palabras, 




porque ¿ha visto usted que ojazos? 


Calix. 


Al mirarte, te rebaña 




to el interior y te deja 




pa cuatro días de cama. 



— 23 



¿Tú le has visto el mapa-mundi? 

Pepe. Está bien desarrollada. 

Calix. ¿Te has fijao en la azotea? 

Pepe. Hay que verla cuando anda 

moviendo to el edificio. 

Calix. Está para hipotecarla. 

Bueno, pues esta señora 
tiene puestas toas sus ansias 
en el tío más mediocre 
que viste de americana. 
Ella me lo ha dicho anoche; 
a ella le ha robado el alma 
Bruno, el Gasolina. ¿Oyes? 

Pepe. ¡Ladrón! 

Calix. Y tú le das náuseas. 

Si es que, emperrao, te propones 
que te quiera, no harás nada 
de provecho en este mundo, 
y no sacarás ¡ni agua! 
Porque mira, las señoras 
siempre siguen esta máxima: 
¿Que las quieres?, el desvío. 
¿Que no las quieres?, nequáquam. 
No hay forma de comprenderlas. 
La mejor, pa empaquetarla. 
Hazte cuenta que esa chica 
es pa ti cosa sagrada 
u imposible... Tú ties tipo 
y, además de buena facha, 
un oficio que es de asiento... 
Hay por ahí muchas madamas 
deseando que las digan: 
¡Usté pa mí está acotada! 
Conque alivia tus pesares; 
pon alegría en la cara; 
di a esa mujer: ¡de verano! 
y holga ya ni una palabra. 



— 24 — 

Pepe. Señor Calixto: to eso ! 

es como al que se acatarra 
y le dan pa que se cure 
una fricción en las nalgas. 
Usté pide gollerías 
y de eso no hay en mi casa, 
está usté... Pero, hijo mío. 

Calix. ¿Qué quieres? 

Pepe. Dislacerarla 

el corazón. 

Calix. Bueno, Pepe; 

le sueltas esa palabra, 
y no digo yo esa moza, 
¡ni el Sursum Corda te aguanta! 
Habla como hablan los hombres; 
introduce en la tinaja 
toa la dislaceración, 
y pues precintar la tapa. 
Conque así, muy dicho en prosa, 
no la atormentes con latas 
y deja en paz a esa chica, 
porque ella por ti, ¡naranjasl 

Pepe. Usté es un analfabeto. 

Calix. Y tú, un primo. 

Pepe. Bueno; vaya 

usté a poner medias suelas. 

Calix. Buena falta te hacen, chancla. 



ESCENA NOVENA 
Dichos, Encarna y Patro 



Calix. ¿Ya se han desayunao ustés? 

Encak. Sí, señor; y vuelta a la tarea. Si viera usté que 

hartita' estoy. 
Patro. Pues no hay otro remedio, hija. 



— 25 — 

Encar. Sí le hay. 

Calix. No tie mas que decidirse. 

Pkpe. ¿A qué? 

Calix. A lo que tenemos planeao. 

Encar. Le advierto a usté que pue que no se tarde 
mucho. 

Patro. Pero eso que habláis, ¿es con clave? 

Calix. Cositas que nos traemos nosotros y que ya 
saldrán cuando estén en sazón. Por más que 
ésta, como es una melindrosa... 

Patro. Pues no diga usté más... 

Pepe. ¡Pues sí que va aclarando! (Haciendo mutis 
por la puerta del cuarto número 4.) Vaya, 
ya me darán ustedes la solución. 

Caí. ix. El pograma que yo te expliqué el otro día es 
el que tú debes seguir al pie de la letra, y en 
cuanto que lo ejecutes te vas a sonreír de to- 
das las cupleteras consagras y reconsagrás. 

Patro. Esta no tie ángel pa eso. Es muy suya. Cual- 
quiera la mete en la cabeza eso que usté dice. 

Encar. Pues, mira: to depende de una cosa; to depen- 
de de que cuando vayamos a entregar hoy a 
la tienda se me dé una contestación a lo que 
yo sé. 

Patro. ¡Si yo estuviera en tu peyejo y tuviera tus 
condiciones, y un maestro como aquí (Por 
Calixto.), un río de oro sería nuestra casa! 

Encar. Pues, mira: to depende de hoy. 



ESCENA DECIMA 

Dichos, Atanasio, García y Aquilino. (Dos murguis- 

tas con sus correspondientes instrumentos. Aquilino y 

García entran por el foro.) 

Gargía. Ese ya estará listo. ¡Atanasio! ¡Atanasio! 
Ataña. ¿Quién me solicita? 



— 26 



Aquili. 

Ataña. 

Encar. 

Aquili. 

Calix. 

García. 

Ataña. 

García. 

Ataña. 



Aquili. 

Ataña. 
García. 
Ataña. 



Aquili. 

Ataña. 



Aquili. 

Ataña. 



Encar. 
Ataña. 

García. 



Somos nosotros. ¡Anda, baja, que vamos a lle- 
gar tarde! 
Ahora voy. 

(Bordando.) <¡Hay concierto? 
Cuatro cosas na más. 
¿Y ande es? 

En la lechería de la esquina. 
¡Hola, ilustres profesores! 
¿Y qué hay de nuestro asunto? 
Pues lo que os dije anoche. Yo propongo que 
nos sindicalicemos todos los músicos de vien- 
to, y una vez sindicalizados, el que quiera aire 
que lo pague. Nos constituímos en un trust. 
Pero, bueno, a lo práctico. ¿Tú tienes algo pla- 
neado? 

Naturalmente. Tengo escritas las bases. 
A ver. 

Dicen así, poco más o menos: Asociación de 
músicos de viento españoles. Conocida la ne- 
cesidad de asociarse y teniendo en cuenta que 
nadie mas que nosotros somos los indicados 
para ello, por ser el primer elemento de vida... 
¡Ah! ¿Pero nosotros somos un elemento? 
¡Ya lo creo!... ¡El aire!... ¡Un elemento de pri- 
mera necesidad! Los profesores, vecinos de 
Madrid, avisan al público que a partir del día 
primero del próximo mes se establecen legal- 
mente en la calle del Molino de Viento, diez y 
seis, bajo... 

Nos habías dicho principal. 
Bajo las siguientes bases: La Asociación po- 
see un gran repertorio, adecuado a las circuns- 
tancias. 
¡Ay, qué bienl 

Y según la índole del establecimiento que se 
inaugure, así soplará el aire. 
¡Piramidall 



27 



Ataña. Bueno, os habéis acordado de traer los aires 
andaluces que ensayamos anoche. 

Aquili. ¡Atiza! Me los he dejado en casa. 

Ataña. ¿Sí? ¡Pues uno de los dos va a ir por los aires! 

Calix. Hombre, no es pa tanto. 

García. Me acercaré yo. (Mutis.) 

Ataña. Ven a escape, que te esperamos aquí. 

Patro. <¡Y no se traen ustés na nuevo? 

Ataña. Una cosa definitiva. «El gatito enamorado»; 
una preciosidad. 

Encar. ¿Me quieren ustedes dar una audición? 

Ataña. Con mucho gusto, prenda. 

Patro. Pero si nos lo sabemos de memoria, de ha- 
berlo oído ensayar tanto. ¿Lo quieren uste- 
des ver? 

música 

(Alanasio y Aquilino desenfundan los instrumentos 

y se disponen a tocar. La orquesta toca el numero^ que 

bailan Calixto y Patio?) 



Patro. 


Un gatito enamorado... 


Calix. 


De una gata muy gentil... 


Patro. 


La siguió por el tejado 




con pasito muy sutil. 


Cai.ix. 


Y arrimado a una buhardilla 




su pasión le declaró. 


Patro. 


Pero la gata, muy pilla, 




burlonamente le oyó. 


Los DOS. 


¡Miau, marramiau, miau! 




etcétera. 


Patro. 


El gatito, 




con el rabo derechito, 




le decía a la gatita: ¡escúchame! 


Calix. 


La gatita 




jugaba con su patita 



— 28 — 



Patro. 



Callx. 



Los DOS. 



Calix. 



Patro. 



diciéndole al gatito: ¡déjame! 

Pero el gato, 

al cabo ya de un rato, 

cansado de mayar, 

a la gata 

le echó encima la pata, 

queriéndole arañar. 

Con los ojos muy abiertos 

y los pelos erizados, 

y el bigote echando chispas, 

y los rabos estirados, 

el gatito y la gatita 

comenzaron a bufar...; 

y después de los bufidos 

los gatitos se arreglaron, 

sacudieron las orejas, 

los rabitos inclinaron, 

y los gatos, dulcemente, 

comenzaron a jugar... 

¡miau, miau, miau, 

marramarramiau! 

Gatita picarona, 

te quiero con pasión. 

Pero jamás me olvides, 

gatito picarón. 



HABLADO 

Encar. Precioso. Precioso. 

Calix. Este mismo baile lo danzaremos usté y yo, en 
este mismo patio, el día que se decida a unir- 
se nupcialmente la cigarrera del seis principal. 

Patro. O nazca el rorro de la carnicera. 

Ataña. Para ese día tengo encargado un chotish 
regio. 

Calix. Hombre, pues pa un bautizo, lo más indicao 
es el tocar: Tengo un niño chiquitín... 



— 29 — 

García. (Entrando?) He venido volando. 

Ataña. Pues, ¡hala! {Mutis los tres?) ¡Señores, salud! 



ESCENA UNDÉCIMA 
Dichos, y luego, El Tendero y La Portera. 

:x. Este Atanasio hará carrera. Y paece que no le 
mira a usté con malos ojos, Patro. 

\o. Pues que mire a otro lao. 

x. |Naturalmente! ¡Como que usté se está criando 
pa mí! 

{Desde dentro?) Que le digo a usted que ha 
sido de motu propio. 

A mí no me venga usté con retóricas. Son us- 
tés dos sinvergüenzas. {Sale a escena, llevan- 
do cogido a Atanasio?) 
¡Que soy inocente, señor Manuel! 
Usté se quita ahora mismo las botas, porque 
son mías, y no sé por qué se las ha dao a usté 
ese tío clerical. (Por Calixto.) 
No hay que mezclar las ideas políticas con las 
profesionales. Yo le he dejao las botas, porque 
usté me dijo que las tirase, si quería. 
Pero eso fué un pronto. ¡A quitárselas ahora 
mismo! 

¿Pero, oye usted, señor Calixto? 
Ahí tiene usté las tres pesetas de la compos- 
tura. (Se las da.) 
¡Fuera las botas inmediatamente! 
¿Pero en qué situación voy a quedarme? 
¡Toma, descalzo! 

¡Y lo voy a pregonar en mita del patio, pa que 
to Dios se entere que eres una cochina! 

¡Pues dilo! 



— 3 o — 

Calix. ¡Fuera las botas! ¡Ayúdanos, Encarna! {Jue- 
go escénico. Encarna y Patro sostienen, por 
la espalda, a Atanasio. Calixto y El Tende- 
ro le tiran cada uno de una bota. En este mo- 
mento se asoma al corredor un vecino y gri- 
ta: ¡Señores! ¡Mi mujer es una...! En este ins- 
tante salen las botas y caen al suelo Calixto 
y El Tendero?) 
Ataña. ¡Criminales! (Juerga en todos. Al oírlos gri- 
tos salen algunas mujeres.) 
T ( (Entrando.) ¡Anda, hombre, que nos esperan 

< pa la segunda parte! (Se ríen al verles. Au- 
' ( menta la juerga. Cuadro muy animado.) 

TELÓN 



CUADRO SEGUNDO 

La calle de Sevilla, en el trozo que comprende el Café Inglés. 

ESCENA PRIMERA 

(Al levantaos e el telón salen tres maletas vestidos 
un poco descuidadamente. Son: Bruno, el Gasolina; 
El Acerolas y El Niño del Acueducto.) 



MÚSICA 

Los tres. Aquí está la flor y nata 
de la calle de Sevilla; 
los tres tipos más toreros 
que las plazas han pisao; 
sin nosotros no hay hechuras: 
somos la mejor cuadrilla, 
y los tres somos los tíos 



31 



Bruno. 
Acero. ) 
y Niño. \ 

LOS TRES. 



Acero. 

Niño. 

Bruno. 



Los TRES. 



Bruno. 



Los TRES. 



que más altos han llegao. 
(Señalando a las nubes.) 
¿No es verdad? 

Sí lo es. 

No hay quien pueda compararse 

a ninguno de los tres. 

Ni Belmonte es na, 

ni Granero es na, 

ni Chicuelo es chicha, 

ni limoná. 
Esta es la chipén, 
y lo digo yo; 
para torear, 
sólo un servidor. 
Hoy no hay ya picadores. 
Hoy no hay banderilleros. 
Y tos los matadores 
no valen medio real: 
toreo modernista 
se traen hoy las estrellas, 
y todo es efectista 
y camelofurcial. 

Hay que ver 
cómo mueven el percal, 

sin tener 
mas que manos pa cobrar un dineral. 

Y está mal 
que se den postín después, 
cuando vale cada cual 
mucho menos que un minúsculo alcahués. 
Hoy no hay vergüenza torera. 
Hoy el arte es una chufa; 
no hay quien entienda de toros 
cuando no estoy contratao. 
Sin nosotros no hay hechuras; 
somos la flor del toreo, 



— 32 — 

porque somos los tres tíos 
que más altos han llegao. 
{Señálamelo a las nubes) 
Ni Belmonte es na, 
ni Granero es na, 
ni Chicuelo es chicha 

ni limoná. 
¡Esta es la verdá! 



ESCENA SEGUNDA 

Dichos y Calixto. 



Calix. {Qué hacen aquí los tres fenómenos de la tau- 
romaquia? 

Bruno. Ya ve usté; condoliéndonos de cómo está el 
cochino Arte. 

Calix. Oye: ;Por un casual ha asomao por aquí la 
Encarna? ¡Como es la hora de ir a entregar! 

Bruno. No ha pasao entavía. Digo: Jla habéis visto? 

Acer. No he tenido ese gusto. 

Calix. ¿Lleváis aquí mucho tiempo? 

Bruno. Pues usté verá, casi desde anoche. 

Callx. ¿Y a qué hora es el relevo? 

Acer. ¡Qué se yo! ¡Como no tiene uno na que; 
hacer! 

Bruno. Nos dedicamos a matar el tiempo. 

Calix. En vista de que no podéis matar novillos. 

Bruno. Todo se andará, señor Calixto. Por lo pronto, 
vamos a firmar para Ronzalejo, la feria de 
septiembre. 

Callx. Anda. ¡Pues desde aquí a entonces, vais a fa- 
llecer de inanición! 

Bruno. Y que vamos a meter mucho ruido. Éste, que, 
es el Niño del Acueducto, porque ha nacido, 



33 — 



en Segovia, ha inventao una suerte nueva. Ya 
sabe usté que hay banderillas al quiebro, al 
cambio y en silla. Bueno; pues éste las va a 
poner en una cómoda. 

jHombre, no está mal!, porque cuando se vea 
apurao se puede meter en un cajón. 
Hay que ingeniárselas, señor Calixto. 
Y al Acerolas ya le conoce usté; como pica- 
dor, pica más que una guindilla. 
Porque sé castigar a los toros. 
Pero, hombre, y pa qué, si no te han hecho na. 
¡Mirad! Por allí viene nuestro empresario. (Los 
toreros se acercan a saludarle?) 
jA la paz de Dios, señores! (Sale pot la de- 
recha.) 

(A Calixto.) Éste es el que nos lleva a Ron- 
zalejo. 

(A Bruno.) Me he retrasao un momento, por- 
que cuando uno viene a Madrid, como las 
distancias son tan largas, hay que tomar el 
tranvía, y primero que se aprende uno la nu- 
meración... 
Tiene usté pa rato. 

Bueno, yo traigo todo listo pa que firmemos 
esa escritura. Ya saben ustés las condiciones. 
Primero, nada de sustitutos. 
Muy bien, como ahora en la milicia. Servicio 
obligatorio. 

El viaje, por cuenta de ustedes; la fonda, por 
cuenta de ustedes. Si hay heridos, la cura por 
cuenta de ustedes. El arreglo de los desperfec- 
tos, que tos los años hay en la plaza, por 
cuenta de ustedes. 

¡Gachó! Pues es usté el único pa un cálculo. 
¡Ese es un contrato leonino! 
Ahora, nosotros les damos a ustedes... 
De un disgusto pa arriba, lo que quieran. 



: 



— 34 — 

Empre. Por la lidia y muerte de cuatro toros, dos cade 

tarde..., cuarenta pesetas. 
Calix. ;Cada tarde o conglomerado? 
Empre. ¡Ca, hombre; por las dos corridas! Ademán 

tienen ustedes que dirigir la capea de las dos 

tardes y ponerse delante de los mozos cuande 

les vayan a dar una corná. 
Calix. ¡Pues es un negocito! 
Empre. Y por la noche... 
Bruno. ¿Van ustedes a dar corrida nocturna? 
Empre. No, señor. Por la noche tien ustés que baila 

flamenco en casa del alcalde. 
Bruno. ¿Y todo por cuarenta pesetas? 
Empre. Sí, señor; treinta en calderilla, que recibirár p¿ 

ustedes, y diez del impuesto, porque no va i 

pagarlo todo el Ayuntamiento. 
Calix. ¡Claro! ¡Pues no faltaba más! {A Gasolina 

¡Chico, pues a mí me parece un contrato mag 

nífico! 
Empre. Os azvierto, que tengo así de proporciones, \ 

hasta para torear de balde, na más que por a h 

guante; de modo... 
Bruno. ¡Maldita sea! ¡Ya ve usté, señor Calixto, las fa 

tigas que se pasan para llegar a lo alto! 
Calix. Por eso no te apures, que un toro te puede po 

ner en seguida en las nubes. 
Acer. Bueno, lo mejor será que entremos aquí en e 

café pa que liquidemos este asunto. 
Bruno. Cuando yo sea un fenómeno, ya verá ust 

cómo me voy a reír de las empresas. 
Empre. ¡Vamos, señores! 
Niño. Vamos. 
Calix. Oye. (A Gasolina.) El gasto del café, <¡pc 

cuenta de quién corre?... A ver si lo especifi 

cáis bien en el contrato. {Entran en el caj 

lodos, menos el señor Calixto) 



y 



L 



';:?' 



35 



ESCENA TERCERA 
Calixto, Encarnación y Patro. 

(Al ver a Encarna, que sale por la izquier- 
da?) ¡Ole las mujeres con ángel, aroma y tipo! 
Supongo que sus habrá acompañao hasta 
aquí el zaguanete de alabarderos. 
¡Siempre de buenhumor! Señor Calixto, pa 
usté es la parte agradable de la vida. 
¿Y qué vas a hacerle? ¿Vas a deprimirte...? 
¿Conque a entregar? 

Naturalmente. El numerito de todos los días. 
¡Que pue que termine hoy mismo! ¡Porque yo 
no he venio al mundo pa ser una mártira! 
Valgo yo mucho pa estar hecha una jilí y no 
salir de sota, caballo y rey. 
¡Anda, y menos malí Las hay que ni un triun- 
fo pequeño. 

Y que los años atropellan, y en cuanto se 
pierde el palmito no hay quien le diga a usté 
¡Jesús!, si estornuda. 
¡Cómo conoce ésta el fallo del sexo! 
¿Le parece a usté bien que vaya por ahí la 
Chupitos, con plumas de avestruz, cuaja de 
brillantes, con zapatitos Champan y un olor a 
perfume caro que trastorna...? ¿Y too por qué? 
Por salir a airearse toas las noches un rato al 
escenario y cantar el cuplé del Irrigador. Pues 
ahí, donde la ve, luego a la salida tien que 
colocar guardias en la calle pa que no se al- 
tere el orden, porque hay quien se la quiere 
comer a mordiscos, como si fuera un plátano. 
Pues, hija, no es pa una manifestación, porque 
ella vale bien poquita cosa. ¿Tas fijao en la 
nariz? 



36 - 



Calix. 



Encar. 



Calix. 

Encar. 

Calix. 



Patro. 



¡Ah! ¿Pero tiene nariz? Yo que creía que era 

un altramuz o cosa parecida. 

{Resuelta.) Bueno, vamos a entregar, porque 

se me enciende la sangre ca vez que pienso 

eso. 

¿Permitís que sus acompañe? 

No hace falta. A nosotras no nos come el 

coco. 

Bueno; pues mientras volvéis me voy a hacer 

uno de esos retratos que paecen una tira de 

calcamonías. 

Nosotras despachamos pronto. [Mutis por la 

derecha?) 



Calix. 



Pepe. 



Calix. 



Pepe. 

Calix. 

Pepe. 
Calix. 



ESCENA CUARTA 
Pepe, el Sillero, y el Señor Calixto. 

Ya me extrañaba a mí. ( Viendo a Pepe, que 
sale por la izquierda?) La soga tras el caldero. 
[Señalando por dónde han hecho mutis?) 
jAhí la tié usté...! ¡Emperrá en no quererme! 
Me he acercao en la calle para verterla en el 
oído dos conceptos sentimentales y me ha 
dejao pero que frigorífico. 
No me quies hacer caso... Ya te lo he dicho. 
Las mujeres son como el juego de la rana, que 
te vas de vacío en toas las tiras, como no 
aciertes en el tanteo. Patente de invención u 
brevete, como ponen en las petacas. 
¿Pero y usté cree que yo voy a estar perdien- 
do el tiempo toda la vida? ¡Nísperos! 
Gachó. ¡Qué delicao eres pa la fruta! Y a pro- 
pósito de fruta, ahí dentro ties a ese melón. 
¿Cuál? 

Al Gasolina, que está firmando un contrato 
con entierro de primera clase. 



37 



Pepe. A ese le voy a espabilar. 

Calix. Pues, mira, le harías un favor. ¡Las cosas! 
Mientras tu te afanas porque ella te camele, a 
ella le hace tilín el fenómeno ese. Porque ya 
te lo he dicho otras veces: la mujer es un vi- 
ceversa. 

MÚSICA 

Una Florista (Pregón dentro.) 
Quién quie lilas; 
de la Casa de Campo, lilas. 
No las hay más olorosas 
ni más finas. 
(Saliendo.) Quién quie lilas..., 

de la Casa de Campo son; 

quien las quiere; 

va un suspiro en cada flor, 

y en cada hojita, un deseo. 

La Primavera llegó 

con su cortejo de flores 

y su perfume de amor. 

Quién quie lilas, 

quién quie lilas, 

no las hay más olorosas 

ni más finas. 



ESCENA QUINTA 
Dichos y Florista. 



Pepe. Me quie dar usté un par de realitos de lilas. 
Floris. Con mucho gusto. (Le da un manojo de 

lilas.) 
Pepe. Son pocas; alargúese hasta la peseta. 
Floris. (Dándole las que lleva.) Pa usté todas. ¡Quién 

tuviera un parroquiano así en cada esquina! 

(Mutis.) 



38 



ESCENA SEXTA 



Calixto, Pepe, Acerolas, El Niño del Acueducto, 
Bruno, Empresario, y luego, Encarna y Patro. 



Bruno. 

Calix. 

Bruno. 

Calix. 

Acerol. 

Calix. 

Bruno. 

Pepe. 

Bruno. 

Calix. 

Empre. 
Bruno. 



Calix. 



Pepe. 

Calix. 

Pepe. 

Calix. 

Pepe. 

Cai.ix. 

Pepe. 

Encar. 



{Saliendo del café) ¡Es usté un tirano! 
¿Han hecho ustedes mucho gasto? 
Ha habido empate. 
¿Y por cuenta de quién ha corrido? 
Sa quedao a deber. 

¡Ah, ya! Entonces por cuenta del camarero. 
Que le va a tener muy poca cuenta. 
¡Adiós, vecino! ¿Va usté a tomar la primera 
comunión? 

Voy a tomar fuagrás. 
Usté perdone. ¡Como le veo tan florido! 
Es que le está brotando la primavera al 
hombre. 

Bueno, ¿pero vienen ustedes, o qué? 
Ahora mismo vamos. ¡Salud, señores! [A Ca- 
lixto.) Ya me explicará usté esta postal. {Por 
Pepe.) 

Sí, hombre; te lo telegrafiaré a Ronzalejo. [Mu- 
tis del Empresario y los tres toreros, por la 
izquierda) 

Con este Gasolina vamos a tener un día una 
explosión. 
Es un infeliz. 
Pero molesta. 
¡Atisba!... 
¿El qué? 

Lateral derecha. 

¡Lo mejor del mundo! La gracia de Dios. 
{Saliendo.) Pero, que completamente decidida, 
señor Calixto. Se acabó pa siempre esta tira- 
nía de la aguja. 



39 



Patro. 



Encar. 



Pepe. 

Encar. 

Pepe. 



Encar. 
Calix. 



Usté verá. (Enseñando.) Doce pesetas en cal- 
derilla, y hasta la semana que viene, que se 
repetirá el mismo numerito. 
¡Y pa eso siete días esclavizál No; yo quiero 
vivir más a gusto. Dentro paece que una voz 
me empuja a ello. ¿Pero qué hace usté ahí, 
pasmao, con esas flores? (A Pepe.) 
Esperando que eche usted a andar, cristiana. 
¿Pa qué? 

Porque quiero que, de hoy en adelante, la mu- 
jer de mis ansias no pise mas que flores. ¡Y 
ahí va una primavera. (Le tira las flores a 
los pies.) 

(A Calixto) ¿Pero usté oye? 
¡Auténtico siglo diez y ocho!... ¡Ole los hom- 
bres!... ¡Qué detalle pa Goya! (Encarna echa a 
andar delante, pisando gallardamente las 
flores. Patro la sigue bromeando con Calixto. 
Pepe la contempla como se va. Baja el telón.) 



CUADRO TERCERO 

Interior modesto de la casa de Encarnación. Puertas, a derecha e izquier- 
da. Cómoda con floreros, mesa camilla, una máquina de coser, estampas 
y algunas oleografías en las paredes. Sofá y sillas de Vitoria. En un espe- 
jo, de marco negro, con caña dorada y copete, algunas postales, y un 
gran pito del santo adornando el espejo. Al fondo, una ventana llena de 
tiestos. Una jaula con un canario en la ventana. Tarde de sol. 



ESCENA PRIMERA 

Encarna, Patro y el Señor Calixto. (Encarna y 

Patro arreglando tatos tiestos en la camilla. El señor 

Calixto, leyendo un periódico, cerca de ellas) 

Encar. Bueno. ¿A ver qué dice ese papel? 
Calix. Voalá. «Toros en Ronzalejo. Ganado de Me- 
diano, malo. El Gasolina tuvo toda la tarde el 



4o 



\ motor averiado. A su primer toro, con un pá- 
nico horrible, y sin darle un pase de muleta, 
le entró a matar, echándose fuera de la re- 
unión:». ¡Claro, se conoce que por no molestar 
a la gente! «Dando un metisaca ignominioso, 
al que siguieron diez o doce pinchazos más, 
una media perpendicular, otra media contra- 
ria, una media caída...» 

Patro. ¡Pero cuántas medias llevaba ese hombre! 

Encar. ¡Pobre chico! Siga usté. 

Calix. «La pita fué ensordecedora. El público co- 
menzó a gritar; ¡Que se vaya! A lo que él ac- 
cedió inmediatamente...» 

Patro. ¡Qué fino! 

Calex. «Huyendo a campotraviesa. La Guardia civil, 
que salió en su busca, le obligó a volver a la 
plaza y a que matara el otro bicho. A la hora 
de cerrar esta edición sigue el Gasolina sin 
decidirse por la clase de muerte que habrá de 
darle al toro. Por lo que pudiera suceder, la 
Guardia civil está reconcentrada». 

Patro. ¡Qué vergüenza! 

Calix. Eso digo yo. ¿Y éste era el berzotas que había 
puesto sus ojos en ti? 

Encar. Sí, señor; y yo se lo he dicho muchas veces. 
Vas a conseguir que no te quiera por lo co- 
bardón que eres. 

Calix. Y haces bien. Un gachó que no se arrima a 
los toros, ¿cómo se va a arrimar al matri- 
monio? 

Patro. Pero, quite usté, por Dios; si eso no es un 
hombre; si eso es un cuarto de gayina. 

Encar. Bueno, es que también tie mala suerte la cria- 
tura. 

Calix. Amos, no me digas; ése es un pirandón, que 
lo que busca es el arrimo tuyo pa que no le 
de volteretas el cocido. 



— 41 — 



Patro. Tú lo que ties que hacer es decidirte, que pae- 
ces la dama de la media almendra. 

Calix. Y na más. ¡Melindrosa!... ¡Que no eres mas 
que una melindrosa! 

Encar. Tiene usté razón. Soy así..., pero es mi carác- 
ter. Hay momentos en que lo echaría todo a 
rodar y haría lo que usté me aconseja. En 
aquel vértigo que siento entonces, na se me 
pone delante; pero después reflexiono, y qué 
quiere usté, me arrepiento de mis impulsos. 

Calix. Porque toas sois unas románticas de folletín. 
La Encarna. ¿Quién es la Encarna? Pues muy 
señora mía. Una bordadora que no ha salió de 
estas cuatro paredes, y que la apreciamos 
mucho los vecinos. En cambio, con ese palmi- 
to que te usufructúas y las condiciones que 
has demostrao, pero que innatas, pa eso del 
cuplé serías una mujer mundial, y tendrías 
los brillantes y los trajes así, y un automóvil 
cuarenta hache pe y erre i pe. 

Patro. Di que yo no tengo gracia pa eso, porque la 
música no me entra en la cabeza, que si no... 

Calix. Claro. Porque ca uno tiene escrito en un libro 
lo que va a ser en este mundo. A mí me han 
dicho, por ejemplo: Señor Calixto, catalogao 
pa zapatero. Y me ha salió esa papeleta. 
Conforme. Pero a ti t'han reservao, créeme, pa 
estrella de las varietés, y estás perdiendo un 
tiempo nefasto. 

Encar. Bueno, señor Calixto. Es posible que tenga 
usté razón. Pero al dar ese paso quizá com- 
prometa mi porvenir, porque ya no seré la 
Encarna de ahora, la melindrosa como ustés 
me llaman, que puede llevar la frente muy al- 
tita, sino que entonces los hombres ya me 
mirarían de otro modo, creyéndose con algún 
derecho sobre mí. 



— 42 — 

Calix. ¿Los hombres? Al contrario. ¡Hay que cono- 
cerlos! ¿Que las mujeres sois virtuosas? ¡Nos 
aburrimos a la larga! ¿Que sois de la entente 
cordiale? ¡Pues a la penetración pacífica! 

Encar. Bueno... ¿Y ha pensao usté ya el nombre pa 
el cartel? 

Patro. Yo creo que lo que le va mejor a esta es la 
«Clavelitos». Se me ha ocurrido a mí. Es un 
título muy marchoso. 

Calix. Pero pasao de moda. Tie que ser un nombre 
llamativo y de novedad. ¿Qué sus parece la 
Radium? 

Patro. Ya la hay. 

Calix. Pues entonces la Extrarradium. Así como así, 
vivimos en el segundo límite. Y ahora, mien- 
tras ensayas ante el espejo, voy a dar una 
vuelta por el establecimiento, y de paso a ver 
si ha venío el piano pa el festejo de esta 
noche. 

Encar. ¿Qué festejo? 

Calix. ¡Anda! Pues el bautizo del chico de la carni- 
cera. Un chicarrón con unos solomillos... 

Encar. Pues a estudiar un ratito, ¿vamos? 

Calix. Pase la moza más barbiana del distrito. 
{Mutis. Encama se va por la izquierda?) 



ESCENA SEGUNDA 

Patro y Atanasio. 

{Patro se queda recogiendo la costura?) 

Ataña. ¿Hay permiso? {Por la derecha?) 
Patro. Pase usté. 

Ataña. Me alegro hallarla sola, porque tengo que de- 
cirla dos palabritas. 
Patro. Usté dirá. 



43 — 



Ataña. 



Patro. 
Ataña. 



Patro. 

Ataña. 
Patro. 

Ataña. 



Patro. 
Ataña. 



Patro. 



Ataña. 

Patro. 
Ataña. 

Patro. 



Bueno, Patrito, conste que yo no vengo a in- 
terceder por Pepe, y que si me he decidido a 
dar este paso doble ha sido por pura simpa- 
tía. Porque si la Encarna espera a que el Ga- 
solina pueda llevarla decorosamente al ara, pa 
mí, que al ara..., larán, larán. 
Me paece que ya no es por ese registro... 
Pero como su hermana de usted es una-melin- 
drosa, entre si se decide o no, se va a pasar la 
flor de su vida. 

¿Usté se figura que yo no veo que quien 
le conviene es el señor Pepe? 
Naturalmente. Usted, Patro, puede hacer mucho. 
Oiga, maestro, ¿y cuánto le dan por este tra- 
bajo? 

Yo apoyo esa candidatura desinteresadamen- 
te, conste. Aparte de la simpatía, debo corres- 
ponder a que el señor Pepe haya tenido la 
atención de confiarme a mí el acto inaugural 
de su establecimiento, que es esta noche. Por 
cierto que tocaremos un capricho sinfónico 
del que soy autor. 
<¡Y cuánto le dan a usté por eso? 
Poco, Patrito, poco. Cinco duros. ¡No me pa- 
gan ni el capricho siquiera! Bueno, hablará 
usted a su hermana... 

Sí, hombre, pero hay que aprovechar el mo- 
mento, el cuarto de hora que dicen que tene- 
mos todas, aunque yo debo tener el reloj 
parado. 

¡Ay, Patro, con qué gusto se lo adelantaría yo 
a usted! 

Oiga, cuidadito con ciertos toques. 
Perdón, deliciosa Patro. Contraigo mi palabra 
y me retiro modestamente. En usted confío. 
Sí, hombre, sí. Yo le hablaré a mi hermana. 
[Mutis de Atanasio.) 



— 44 — 



Patro. 

Encar. 

Patro. 
Encar. 



Patro. 
Encar. 

Patro. 

Encar. 
Patro. 

Pepe. 
Patro. 

Encar. 
Pepe. 



ESCENA TERCERA 

Patro, Encarna, y luego, Pepe 

[Encarna entra con un aire preocupado) 

Pero oye, tú, ¿qué te sucede? Paece así como si 
te hubián presentao el recibo del inquilinato; 
¿qué tienes? 

No sé lo que tengo; que no acabo de decidir- 
me por lo que me propone el señor Calixto. 
Encarna... [Con cariño.) 
Yo soy una mujercita muy decente y muy 
mía, pa tener que enseñar en un teatro el kilo 
y medio de carne que Dios me ha dao. Como 
dice el señor Calixto: ca uno nace pa lo que 
nace, y yo he nació pa ser mujercita de mi casa 
y al arrimo de un hombre que me quiera, tra- 
bajador y honrao. 
Ese no será el Gasolina. 

No me hables. Me engañé. Se acabó pa siem- 
pre. Ya vendrá otro. 

Paece mentira. Lo tienes encima de los ojos, al 
alcance de tu mano y no lo ves. 
Quién, ¿Pepe? 

Pepe, que te quiere a cegar, y es un hombre que 
donde quiera que le mires... 
¿Se puede? (Por la derecha) 
¡Caray, ni por la telegrafía sin hilos llega usted 
más a punto! 
¡Adelante! 

Pues yo pensaba, para el recao que tengo que 
darles, haber mandado un botones; pero me ha 
parecido mejor venir motu propio. Quería 
tener el gusto de que sean ustedes las primeras 
personas que pisen mi nuevo establecimiento, 



— 45 — 



Patro. 
Pepe. 



Encar. 
Patro. 



Encar. 



y hasta que ustedes no vayan, la sinfónica de 
viento que he contratao no comienza a soplar. 
Por mí... ¿Tú que dices, Encarna? 
Sin compromiso; pero conste que si se decide 
usté a ir, me voy a creer que no le parecería 
mal ser el ama de la tienda y de mi persona. 
Pone usté las cosas de una manera... 
Claro, dice bien el hombre. Mira, tú, si a mí me 
saliera una proporción parecida. No me lo de- 
cían dos veces. 
Pepe... (Vacilante.) 



ESCENA FINAL 
Dichos y Calixto 



Calix. ¿Se puede entrar? {Por la derecha.) 

Encar. No, que hay chucho. 

Calix. ¿Lo dices por aquí, el artífice? 

Pepe. Es de presumir. 

Calix. Sus advierto que acaban de traer a don Rorro 
de la Iglesia, y que va a comenzar la fa- 
rándula. 

Patro. Yo ya estoy dispuesta. 

Encar. Pues por mi parte... 

Calix. Está el patio como pa rifarlo. {Suena dentro el 
organillo?) Ya están ahí las avanzadas del ci- 
lindro. Patro, ¿quiere usté colgarse de esta al- 
cayata? 

Patro. ¿Por qué no? 

Pepe. Y a usté (A Encarna) ¿le hace pandan este 
brazo? 

Encar. {Dándole el brazo?) Tire usté pa alante, pos- 
tinero! 

Calix. (Al verlos pasar i) ¡Ole los grupos decora- 
tivos! {Mirando a Encarna?) ¡Qué artista tan 



- 46 - 

grande se pierde el cuplé! Pero si bien se mira, 

mejor estás en tu casa. 
Encar. ¿Verdad que sí, señor Calixto? Este querer, no 

vale más que to? 
Pepe. ¡Zalamera! 

Patro. ¡Gracias a Dios que al fin te has decidido! 
Calix. Se acabaron los melindres 

y a festejar el suceso. 

(A l público^) 

El saínete aquí termina; 
perdón para sus defectos. 



Música y Telón. 



Obras de Enrique F. Giiíiérrez-Roig. 



La modelo, diálogo en escenas. 

Géneros del Reino, revista cómica en un acto. 

¡Miedo...!, cuadro de costumbres catalanas. 

¡No lo verán tus ojos!, comedia en tres actos. 

La noche del baile, juguete cómico en un acto. 

Arsenio Lupín, comedia en tres actos (agotada). 

Nick Cárter, melodrama en seis actos. 

El señor Juez, vodevil en cuatro actos. 

La loca aventura, comedia en tres actos. 

Los trovadores, comedia lírica en tres actos. 

La bella Riseta, opereta en tres actos. 

El panal de miel, farsa cómicolírica en dos actos 

La reconquista, vodevil en tres actos. 

Bridge, comedía en tres actos. 

El Diablo, comedia en tres actos. 

El segundo marido, vodevil en tres actos. 

El tiburón, farsa cómica en tres actos. 

El grano de arena, vodevil en tres actos. 

Las superhembras, comedia en tres actos. 

¡Tío de mi vida!, juguete cómico en tres actos. 

La melindrosa, saínete lírico en un acto. 



La antigua Roma (sonetos). 
Cascabeles de oro (poesías). 



\ 

Obras de Luis de los Ríos. 



La invencible, pasillo cómicolírico en un acto. 

Un modelo, apropósito en un acto y en verso. 

La sultana de Marruecos, juguete en un acto. 

El espantapájaros, saínete lírico en un acto. 

Con las de Caín, zarzuela cómica en un acto. 

La romería del Halcón, presentimiento cómico- 
lírico en un acto (5. a edición). 

La japonesa, zarzuela cómica en un acto. 

El respetable público, revista en un acto. 

Yo puse una pica en Flandes, caricatura, en un 
acto y tres cuadros, del drama En Flandes se 
ha puesto el Sol (2. a edición). 

Mirando a la Alhambra, cuadro andaluz. 

La noche del baile, juguete cómico en un acto. 

Arsenio Lupín, comedia en tres actos (agotada). 

El panal de miel, farsa cómica en dos actos. 

Bridge, comedia en tres actos. 

El Diablo, comedia en tres actos. 

El segundo marido, vodevil en tres actos. 

Nancy, opereta en tres actos. 

Las superhembras, comedia en tres actos. 

La melindrosa, saínete lírico en un acto. 



El cabo López, aventuras (3. a edición). 
Palotes, artículos y crónicas (agotada). 
La conquista del planeta, novela de viajes (ago- 
tada). 
Amor, celos y vitriolo, novela cómica. 






Precio: DOS pesetas.