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Full text of "La Naturaleza [microform]"








FOR THE PEOPLE 

FOR EDVCATION 

FOR SCIENCE 






L1BRARY 

OF 

THE AMERICAN MUSEUM 

OF 

NATURAL HISTORY 





1 buund ai] 

IA.M.N.H. 

1941 



mm 




5^,0 . _»j »S) a:., te- - .y, o ») p 







LA 



JMATU RALEZA 






PERIÓDICO CIENTÍFICO 



DEL 



MUSEO N. DE HISTORIA NATURAL 



Y DE LA 



SOCIEDAD MEXICANA DE HISTORIA NATURAL 



TERCERA SERIE.— TOMO I.— CUAOERNO NUM. 



AWSEO H. 
DE HISTORIA 
t ATYRAL. 




•MÉXICO- 



MÉXICO 

IMPKKNTA. DE IGNACIO KSOALANTK 

Primera calle de 67, nüm. 8. 

1910 



SUMARIO 



Dr. Jesús Sánchez. — Fundación del Museo Na- 
cional de Historia Natural. 

Dr. Manuel M. Villada. — Biografía del Sr. Dr. 
José Ramírez, socio de número. 

Presb. D. Gustavo de J. Caballero.— Notas geo- 
lógicas sobre la regióu norte del Estado de Michoa- 
cán. 

Dr. Manuel M. Villada. — Breves apuntes acerca 
de la Paleobiología del Valle de México. 

Dr. Alfredo Dugés — Descripción del Corynorhi- 
nus Macrotis pallescens. 

Dr. Alfredo Dugés.— Nota acerca del Encéfalo 
de Didelphys Marsupialis 

Dr. Jesús Díaz de León. — Catálogo de los mo- 
luscos terrestres, fluviales y marinos, de México. — 
Introducción. 



Dr. Manuel M. Villada. — Reseña descriptiva y 
geológica de la gruta de Tonaltongo. 

Dr. Manuel M. Villada.— Pretendido hallazgo 
de huesos humanos fósiles, en cierto lugar del Es- 
tado de Coahuila. 

In memoriam del ¡Sr. Dr. Fernando Altamirano, 
socio de número. 

Necrología. — Noticia del fallecimiento del ¡Sr. 
Dr. Alfredo Dugés 

Necrología. — Noticia del fallecimiento del Sr. 
Ingeniero agrónomo D. José Carmen Segura. 

Necrología. — Noticia del fallecimiento del Sr. 
Médico Farmacéutico D. Manuel Urbina y Altami- 
rano. 

Apéndice. — Ornitología Mexicana, por el Sr. 
Prof . Alfonso L. Herrera (continuación). 




IN COMMEMORATIONBM 

PRI.Ml CENTENARII GLORIOSI CLAMORIS ENUNCIANTIS INDEPENDENTIAM 

IN OPPIDULO DOLORES 

AB INCLYTO DUCTORE 

1). MIGUEL HIDALGO Y COSTILLA. 

MUSEUM SOCIETASQUE MEXICANA HISTORIA NATURALIS 
HUNC FASCICULUM 



D. O. C. 



iF-uisriD^aioiisr 



DEL 



MUSEO NACIONA 



u 



En 



STORIA NATURA 



u 



El Museo Nacional contaba, á principios del año próximo pasado, entre 
las Secciones que lo integraban, la de Historia Natural formada por las ra- 
mas de Zoología, Botánica, Mineralogía, Geología y Paleontología; Sección 
que por largos años, y especialmente á últimas fechas, estaba casi en comple- 
ta inactividad; debido, sobre todo, á que el gran desarrollo alcanzado por las 
de Arqueología, Etnología é Historia bacía que éstas ocuparan especial- 
mente la atención y gastos de la Dirección de ese Museo, con grave perjui- 
cio para la Sección de Historia Natural y también para la cultura nacional, 
que necesita contar con numerosas, variadas y bien arregladas colecciones 
de aquel ramo; dado que la exposición de éstas constituye una gran en- 
señanza objetiva para el público en general, y para los extranjeros, una gran 
muestra de la cultura y riquezas naturales del país. 

Estas consideraciones, sin duda alguna, y la necesidad palmaria de es- 
pecializar los trabajos del Museo Nacional para que llenasen ficilmente sus 
crecientes tareas, movieron á la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas 
Artes á separar de él, la Sección de Historia Natural y creando para ésta, 
el 1." de Febrero de 1909, el Museo Nacional de Historia Natural. En esa 
misma fecha me cupo el honor de ser designado Director de él, tocándome 
la suerte de ser el primero en número é iniciador, por consiguiente, de los 
primeros trabajos de tan interesante Establecimiento. 






■) \— 



-f 2 ) 

Las Colecciones de Historia Natural fueron transladadas provisionalmen- 
te al local que todavía ocupa este Museo, pasando con ellas, además, algunos 
libros de la misma materia que cedió la Biblioteca del Museo Nacional. Fue- 
ron encargadas del estudio y cuidado de dichas Colecciones casi las mismas 
personas que lo hacían en el otro Establecimiento. En Febrero, pues, del año 
de 1909, quedó instalado provisionalmente el Museo Nacional de Historia 
Natural, en la 1. a calle de Santa Inés núm. 5, integrado por el personal si- 
guiente: 

Director, Dr. Jesús Sánchez. 

Secretario (Comisionado interinamente por mí), Prof. Manuel M. Urbina. 

Profesor de Mineralogía, Geologíay Paleontología, Dr. Manuel M. 
Villada. 

Profesor de Zoología, Sr. Jorge Engerrand. 

Profesores de Botánica, Sres. Gabriel V. Alcocer y Manuel M. Urbina. 

Profesor Taxidermista y Colector de Zoología, Sr. Nicolás Rojano. 

Un Conserje. 

Un Vigilante. 

Cuatro Mozos 

Un Portero. 



Trabajos realizados para la instalación del Museo, en el local 
arrendado en la calle del Chopo. 



Una vez instaladas las oficinas y guardadas provisionalmente las colec- 
ciones en la casa de la calle de Santa Inés, procedí á estudiar la manera de 
adaptar á las necesidades de un Museo de Historia Natural, el edificio de la 
extinguida Cía. de Exposición Permanente, situado en la 1. a calle del Chopo; 
y que ya había sido alquilado con este fin por la Superioridad. Esta adap- 
tación no dejaba, ni deja aún, de presentar puntos verdaderamente difíciles, 
dado que la construcción de ese edificio no reúne las condiciones que debe 
reunir uno dedicado á guardar colecciones de Historia Natural. 

Las primaras obras tuvieron por objeto poner al corriente los desagües, 
hacer la toma de agua, construir un embanquetado al rededor del edificio, 
techar los cuartos de los excusados y poner á éstos en servicio, techar dos 
cuartos para habitación del vigilante, reinstalar seis pararrayos, construir 
una verja que aislase el edificio, de la calle del Chopo, construir en las to- 



-( 3 )- 

rres del edificio las escaleras indispensablespara subir á ellas, y sobre todo, 
arreglar el techo que se encontraba en malísimas condiciones, pues el menor 
aguacero se pasaba y convertía el piso del edificio en un gran charco. Des- 
de luego se pensó que lo más seguro era cambiar el techo todo, pero debido 
á la falta de medios pecuniarios suficientes y creyendo por otra parte, que el 
mal estado del techo era parcial, se comenzó á hacer pequeños remiendos 
en los lugares en que éste presentaba peor aspecto; mas á medida que avan- 
zaban los trabajos se notaba que el mal era general y precisaba desde luego, 
antes de proceder á la instalación de las Colecciones en ese edificio, empren- 
der su renovación total: operación única que garantizaba que éstas no co- 
rrerían peligro alguno en adelante. Consultado el caso con un Arquitecto, 
éste opinó que era preciso hacerla en esta forma, pues sólo así podía tener- 
se completa seguridad de la bondad de la obra, y realizada así, ésta resulta- 
ba más económica: el caso fué consultado á la Secretaría respectiva, que de- 
cidió se llevase á cabo, y á últimas fechas está ya casi concluido. 

Era preciso, además, á fin de dar cabida y buen arreglo á las Coleccio- 
nes, construir dos galerías á lo largo de los muros y un piso en el fondo del 
crucero del edificio. Los proyectos para llevar á cabo estas obras se encuen- 
tran pendientes de resolución en la misma Secretaría. 

Actualmente se está limpiando y pintando el edificio, y á fin de amino- 
rar en lo posible la gran cantidad de calor y luz que dejan pasar los nume- 
rosos cristales de los muros, con detrimento de las colecciones, se proyecta 
opacar éstos y hacer una instalación adecuada de cortinas. Últimamente se 
concluyó de instalar una astabandera con su pararrayo. 

Una vez atendidas estas necesidades inherentes al arreglo del edificio 
mismo, había que contar con el número preciso de estantes para la exposi- 
ción de las colecciones, pues del Museo Nacional solamente se recibieron 
catorce. El Instituto Médico cedió cuatro, y por acuerdo superior sumi- 
nistró cuarenta estantes la Comisión Exploradora de la Fauna y Flora Na- 
cionales. Se formaron, además, varios proyectos para la construcción de una 
doble estantería mural encontrándose en la actualidad en construcción la 
del piso bajo. 

En los terrenos del exterior del edificio se arregló un jardín que corre 
por todo el frente y costado del mismo, para el cual se compraron algunas 
plantas, y otras fueron cedidas por el Museo Nacional de Arqueología, Etno- 
logía é Historia. 

Fué preciso, además, debido á la carencia absoluta de muebles para las 
oficinas de este Museo, comprar los indispensables para la Dirección, Secre- 
taría y Biblioteca. 



-(4)- 



Movimiento de profesores y empleados. 

La Secretaría de este Museo, que estaba ocupada, por encargo mío, in- 
terinamente por el Sr. Profesor Manuel M. Urbina, fué encargada el 1.° de 
Julio del año próximo pasado al Sr. Luis E. Mac Gregor, nombrado para ello 
por la Superioridad. 

En el personal de la Sección de Botánica no hubo movimiento alguno. 

De la Sección de Zoología se separó, por haberle sido aceptada su re- 
nuncia, que de profesor de esa materia hizo el Sr. D. Jorge Engerrand, el 31 
de Mayo de 1909, siendo nombrado para substituirlo el Sr. Dr. I). Agustín 
Reza el 30 del mes de Junio siguiente. El l.° de Julio del mismo año fui 
nombrado, por el Supremo Gobierno, profesor de la misma materia. 

En la Sección de Mineralogía, Geología y Paleontología, se concedió 
licencia al profesor de la materia, Dr. Manuel M. Villada, para separarse de 
su encargo mientras desempeñaba una comisión de la Secretaría de Fomen- 
to, el 30 de Abril del año próximo pasado, substituyéndolo interinamente el 
Sr. Profesor D. Rafael Aguilar y Santilláu, quien se encargó también interi- 
namente del arreglo de la Biblioteca de este Museo. En Octubre del mismo 
año volvió á ocupar su puesto el Dr. Manuel M. Villada, siendo nombrado, 
desde esa fecha hasta el 30 de Junio de 1910, por la Superioridad, el Sr. 
Aguilar y Santillán, profesor supernumerario de Mineralogía, Geología y Pa- 
leontología y encargado de la Biblioteca de este Museo. 

En Julio de 1909 fué nombrada escribiente la Srita. Elvira Quintanar, 
prestando además desde entonces hasta esta fecha sus servicios en estas la- 
bores, el Sr. Ricardo Islas. 



Arreglo de las Colecciones. 

Desde la instalación de este Museo en el local de Santa Inés, se procedió 
á la formación del inventario de las colecciones y á su arreglo y clasificación, 
labor que no ha podido llevarse á término en razón de la dificultad con que 
se ha tropezado de no poderlas desempacar, por falta de lugar, encontrándo- 
se aún empacadas y almacenadas. 




— o 



En la Sección de Zoología se hau comprado últimamente so prepara- 
ciones bajo cristal y una colección de 16 animales fósiles en modelos peque- 
ños de terra-cottay 11 ejemplares que fueron donados á dicha Sección. 

En la Sección de Botánica se hau adquirido H cuadros de la vida de las 
plantas y 50 algas clasificadas. 

La Biblioteca de este Museo cuenta actualmente con 775 obras en 2,749 
volúmenes; lentamente se han empastado las obras que lo necesitaban y se 
han ido adquiriendo nuevas en número de 40, que fueron comprados, y 247 
donados. 

Se ha formado en esta Biblioteca una sección especial de obras de His- 
toria Natural de la República ¡Mexicana, escritas por mexicanos y extranje- 
ros. Los miembros de la Sociedad de Historia Natural se proponen cedernos 
su Biblioteca y ya se dan los pasos necesarios para ello. Provisionalmente se 
encuentran almacenados en este local los libros de dicha Biblioteca. 



Labores de los profesores desde la fundación del Museo hasta el 

30 de Junio de 1910. 



G .A.STOS 



La tarea principal que se han propuesto es inventariar, revisar y arre- 
o-lar las colecciones de este Museo, para su exposición en el edificio del Chopo. 

Los gastos más importantes se erogaron en alistarlo para este objeto, 
como fué reposición de techos, pinturas y limpieza interior del mismo, reins- 
talación de seis pararrayos, de una astabandera, construcción de escaleras de 
fierro para subirá la parte superior de las torres, arreglo de un jardín, etc., 
etc., sumando éstos, $ 13.226.98. 



Proyectos é iniciativas. 

Persiguiéndola idea de formar un jardín zoológico y botánico, adquirió 
esta Dirección para el primero algunos ejemplares de animales vivos; pero 
debido á la falta de recursos ha suspendido todo trabajo en este sentido. En 



-(6)- 

cuanto al segundo, ha recomendado por ahora su estudio á los profesores de 
la Sección respectiva, considerando aquélla como principal tin, reunir en él 
las principales plantas medicinales del país, y también crear una sección en- 
cargada de suministrar plantas de estudio á los profesores de este Museo, 
como á las escuelas primarias y superiores de la capital. 

Siendo indispensable para la vigilancia y marcha del Museo el que las 
oñcinas del mismo se encuentren anexas al local de exposición, pidió esta Di- 
rección un proyecto al Sr. Ingeniero Manuel Torres Torija para la construc- 
ción de las oficinas en terrenos anexos al salón del Chopo. La contestación 
de esta iniciativa está aún pendiente en la Secretaría de Instrucción Pública. 

Otro de los proyectos que tiene esta Dirección, es lograr de esa misma Se- 
cretaría, ayuda suficiente para reorganizar la Sociedad Mexicana de Historia 
Natural: pues esta reorganización presenta gran interés científico y práctico 
para el Museo, por prestarle dicha Corporación, al reunir á los aficionados á 
la Historia Natural de la República y del extranjero, servicios importantes. 

Antes de concluir este breve Informe, hago notar á la misma Superiori- 
dad, lo sensible que ha sido la resolución del Ministerio de Fomento, de no 
haber accedido á que las colecciones reunidas por la Comisión Exploradora 
de la Flora y Fauna Nacionales, pasasen á formar parte del Establecimiento 
que dirijo; yes sensible, tanto porque en el lugar donde dichas colecciones se 
exhiben, son visitadas por muy corto número de personas, cuanto que nos 
habrían traído un valioso contingente, dado el demérito de las que posee- 
mos, en razón de su antigüedad; teniendo el interés, como las nuestras, de 
representar parte de la Flora y Fauna de la República, que fuera del gasto 
que han requerido, son el fruto de una labor de cerca de 30 años. 

México, Septiembre de 1910. 



Sí '"Di-rector, 



NOTA. — Las anteriores líneas son transcripción de los párrafos más interesantes del Infor- 
me anual (1909-1910), que rindió la Dirección del Museo á la Secretaría de Instrucción Pública y 
Bellas Artes. 




DOCTOR JOSÉ RAMÍREZ, 
(A la edad de 30 años, en que fué Vicepresidente de la Sociedad 




L día 1 1 de Abril de 19<>4, bajó al sepulcro, uno de los miembros 
más distinguidos de la Sociedad Mexicuna de Historia Natural: 
el Sr. Dr. José Ramírez. 

Para no retardar más tiempo el público homenaje que 
la expresada Corporación se complace en tributarle, se limita, 
por ahora, á consignar brevemente la historia de su vida llena 
de merecimientos, y á exponer ligeras apreciaciones sobre sus trabajos cien- 
tíficos más importantes. 

Nació nuestro naturalista en la ciudad de México, el 12 de Noviembre 
de 1852, y murió á la edad de cerca de 52 años. Fué inmediato descendiente 
de un personaje ilustre, el Sr. Lie. D. Ignacio Ramírez. 

Sustentó, con brillante éxito, su examen profesional de Medicina, en Fe- 
brero de 1875, y dos años después fué nombrado Preparador y Conservador 
del Museo de Anatomía Patológica en la Escuela N. de Medicina. 

En Enero 31 de 1879 ino-resó á la Sociedad Mexicana de Historia Na tu- 
ral, en la categoría de socio de número, llegando á desempeñar los honoríficos 
cargos de Secretario y Presidente de esta Corporación, 

Casi en igual época obtuvo el cargo de Preparador de la clase de Historia 
Natural en la Escuela N. de Agricultura y Veterinaria, substituyendo al infras- 
crito, cpie era el Profesor, de 1881 á 85; siguió definitivamente con tal carác 
ter, en la clase de Zoología, cuando esta asignatura quedó separada de la 
de Botánica, ton la que estaba antes unida. 

En 1886 fué nombrado Profesor de Zoología, en el Museo Nacional, des- 
empeñando este honroso empleo por varios años, con notable acierto. 

Mediante una licencia en los empleos que desempeñaba, emprendió su pri- 
mer viaje al extranjero en 1884, como miembro de la Comisión Mexicana en 
la exposición de Nueva Orleans. Se le comisionó entonces, por el Ministerio de 
Fomento, para que estudiara la organización de los Museos Zoológicos y Jar- 



IV 

clines Botánicos en Nueva York y Washington, rindiendo en su oportunidad 
un bien escrit > y razonado informe. 

A medida que su sólida instrucción y extensos conocimientos científicos 
fueron más conocidos y apreciados, otras respetables Corporaciones del país 
le abrieron sus puertas, como la Sociedad de Geografía y Estadística, la de Ál- 
zate y la Academia N. de Medicina. 

En 1888 se expatrió por segunda vez con el carácter de miembro también de 
la Comisión Mexicana para laExposición de París. En el desempeño de este encar- 
go, recibió de la Superioridad la orden expresa de estudiaren el Instituto Pasteur, 
desde el punto de vista bacteriológico, las enfermedades del carbón, el mal rojo 
y el cólera de las gallinas: adquiriendo suma pericia en esta tan delicada como 
difícil materia. 

En 1890 se le confilió por el Supremo Gobierno el honroso nombramien- 
to de Jefe de la 1- Sección del Instituto Médico Nacional, y cuya Dirección re- 
genteó interinamente por cierto tiempo. 

En 1891 fué designado, de orden suprema, para ocupar el puesto de Secre- 
tario del Consejo Superior de Salubridad del Distrito Federal y territorios. 

Recibió en 1893 el diploma de miembro asociado extranjero de la Socie- 
dad Francesa de Higiene, una vez que aquella docta Corporación hubo cerciorá- 
dose del mérito de sus trabajos en asunto de tan vital importancia. 

Durante el año de 1898 repitió por tercera vez su viaje al extranjero, pa- 
ra asistir, como representante de México, al Congreso de la Sociedad Ameri- 
cana de Salubridad Pública, celebrada en Otawa, Canadá. 

Por cuarta ocasión se ausentó del país, en 1899, con motivo de la Expo- 
sición Universal de París, y como Jefe de Grupo de la Comisión Mexicana, 
concurrió á los Congretos de Higiene y de Americanistas, verificados en aquella 
ciudad, durante el expresado certamen; presentando en el último, un erudito 
trabajo acerca de una planta de la Hora mexicana, de singulares virtudes, lla- 
mada Ololiuhqui en idioma indígena. 

El Gobierno francés, en recompensa de los valiosos servicios que prestó en 
tan solemnes circunstancias, le otorgó una condecoración de alto mérito: la de 
caballero de la Legión de Honor. Por su parte, el Museo de Historia Natural 
de París, lo nombró miembro correspondiente. 

Abandonó la República por quinta vez, 1902, como delegado oficial en la 
Convención Sanitaria de Washington, y debidamente autorizado por el Supre- 
mo Gobierno para firmar los tratados que se celebraron á este respecto. 

Se alejó, en fin, de las playas mexicanas al finalizar el año de 1903, rumbo 



al extranjero, en un sexto y último viaje, para representar á México en el Con- 
greso ele Higiene y Demografía de Bélgica 

De 1896 á 1903, fué regidor del Ayuntamiento de la Ciudad de México, 
desempeñando distintas comisiones, como la de Panteones, Higiene, Rastros, 
etc., etc. 



Si la personalidad, cuya pérdida lamenta la ciencia mexicana, no se dis- 
tinguió precisamente como fecundo publicista, sus estudios tienen, en cambio, 
el mérito de la originalidad, la erudición y recto criterio: este juicio desapa- 
sionado no será posible fundarlo, como se merece, en unas cuantas líneas, 
á que, por necesidad, me limitaré en el presente artículo; el cual por otra 
parte, se ocupara únicamente de los relativos á Historia Natural, que, sea 
dicho de paso, se tuvo la buena idea de reunirlos en un solo volumen: con 
ligerísimos comentarios se mencionan en seguida en el orden en que se pu- 
blicaron. 

].° "Las leyes biológicas permiten asegurar que las razas primitivas de 
América son autóctonas." 

Campean en este escrito pruebas botánicas y zoológicas, que no habían 
sido aprovechadas con este fin por ningún otro autor, cuales son: 1 .°, el Reino 
vegetal en América ha alcanzado un desarrollo tan perfecto como el del An- 
tiguo Mundo; 2.°, el Reino animal se encuentra en el mismo caso; 3.°, no se 
han encontrado huellas de las plantas cultivadas, ni de los animales domés- 
ticos del Antiguo Mundo. 

Si la familia natural de las Compuestas constituye, dice el autor, el tipo 
vegetal más elevado, su gran número en América pone de manifiesto la exac- 
titud de la primera proposición. Y si esta familia no ocupase el primer lu- 
gar, sino más bien la de las Ranunculáceas, como opinan algunos botánicos, 
tampoco son escasos sus representantes en la misma América. 

Respecto de los animales, pudiera reputarse, sin embargo, como signo 
de inferioridad, la falta del tipo antropoide en los cuadrumanos americanos, 
y la existencia tal vez más frecuente de especies de otro inferior, como es el 
marsupial; pero, en cambio, el equino, el bovino, etc., alcanzaron más pre- 
maturamente, quizás, en el Nuevo Continente su completa evolución. 

En cuanto á la 3. a proposición que, seguramente, es la más decisiva en 
el caso, los datos recogidos hasta el presente garantizan, en efecto, su abso- 
luta veracidad. 



2.° "Origen teratológico tic las variedades, razas y especies.'* 

En este artículo, después de recordar brevemente el autor las leyes de 
la herencia y de la adaptación, demuestra con hechos irrecusables la pre- 
existencia de una anomalía casual, que, por la selección natural ó artificial, 
se conserva en la descendencia, y sin (pie el atavismo tenga que intervenir 
en el caso. Este asunto, tal como lo plantea el autor, se presta á considera- 
ciones de suma importancia. 

3.° "Aparatos y funciones de reproducción." 

Como de carácter docente trata el articulista la materia con suma cla- 
ridad y precisión, en un estilo sobrio y correcto. 

4.° "Las semillas brincadoras." 

Con buen acopio de datos y acertada interpretación de los hechos, se 
da á conocer la curiosa manifestación de un fenómeno biológico, aunque no 
del todo nuevo, sí mejor estudiado recientemente por diversos naturalistas, 
y cuya vulgarización compete en buena parte á nuestro distinguido natura- 
lista. 

5." "Estudio bacteriológico de las aguas potables de la ciudad de 
México." 

Lo más notable de este artículo es precisamente la parte técnica, en que 
el autor expone los caracteres de las 12 especies que descubrió en uno de los 
manantiales que abastecen á la Capital, y las que, al parecer, no tienen in- 
fluencia morbosa sobre el aparato digestivo. Estudios de este género son 
tan escasos entre nosotros, y de consiguiente, muy dignos de aplauso cuan- 
do son llevados, como el presente, con todo el rigor científico. 

(J " "Estudio sobre las Lobelias." 

Inicia el autor en México, con este trabajo, la necesidad de examinar 
al microscopio los órganos de las plantas para comprobar sus caracteres mor- 
fológicos, ó bien como un medio de clasificación cuando aquéllos son insufi- 
cientes para llegar á este fin: fácil es de comprender que debe ser el más fir- 
me y seguro, pero no tan fácil y expedito como el que generalmente se acos- 
tumbra; debiendo, por lo tanto, limitarse á determinados casos. 

7.° "Discurso pronunciado al inaugurarse la Exposición de Flores de 
Coyoacán el 21 de .Abril de 1895." 

Se mantiene el autor á la altura de su papel, exponiendo en correcto 
lenguaje los métodos científicos ele la floricultura, después de hablar somera- 
mente de la organización de la planta. Tan oportunas como útiles enseñan- 
zas son merecedoras de todo aplauso. 

8.° "Medios para preservar del gorgojo, al maíz y algunos otros gra- 
nos." 9.° "Raíces de vid atacadas por la filoxera." 10. "Cafeto atacado por 



VII 

un parásito." 1 1. "Cafetos y encinas atacados por un parásito." 12. "El picu- 
do del algodón." 

En los cinco artículos demostró el autor su competencia en estos asun- 
tos, no obstante de que se necesitan conocimientos especiales para tratarlos 
con el debido acierto; sobre todo, si se tiene en cuenta los escasos elementos 
de que se dispone en México para este género de investigaciones. 

13. "Una nueva especie de Pferostemo/t." 

La colocación sistemática de este género vegetal ha sido muy discutida; 
quedando, en definitiva, adscrito á la familia de las Saxifragáceas, y tan sólo 
con una especie, P. rotundifolius, Sch.; cuenta ahora con otra más, el P. 
mexicanus, perfectamente descrita por su autor y que ha sido aceptada: am- 
bas de nuestra llora, de Zimapán y Oaxaca, respectivamente. 

14. "Descripción de tíos nuevas especies del Valle de México.'' 

En este trabajo nos da á conocer el autor dos formas específicas, descono- 
cidas en la botánica: la Hálenla candida y la Passlflora eslavensls. La prime- 
ra, que es una Gencianácea, vegeta en su zona habitual al lado de otras de la 
misma familia, como es la Gentlana cali/culata, ó flor de hielo; mas, no así la 
segunda, cuyos demás congéneres, como la P. edidls, ó Granadita de China: 
la P. mexicana, ó Díctamo Real: la P. serratifolia, ó Jugito, etc., son de cli- 
ma cálido; es, pues, indudable que la nueva especie encuentra en el fondo de 
la barranca en que vegeta una temperatura suficientemente elevada para po- 
der vivir. 

15. "La Moclnna IteteropJiylla." 

En un estudio bien razonado, sostiene nuestro autor la legitimidad de 
un nuevo género de la familia de los Papayaceas, fundado por La Llave en 
la citada especie, y de la cual señala el Dr. Ramírez una variedad, á la que 
le asigna el nombre de Sesseana. En un cuadro comparativo, expone los ca- 
racteres naturales de los géneros Carica (que Decandolle divide en dos: Pa- 
paya y Vasconcellea), Jaca raña y Moclnna: presentando así, como de relie- 
ve, las diferencias que separan á unos de otros. 

16. "Descripción de tres nuevas especies del género Bursera." 17. "Una 
nueva especie de Casi mi roa.'' 18. "Una nueva especie de Er;jtroxi/Jon,j un 
dato morfológico de sus hojas." 

Nuestro autor aporta un buen contingente al catálogo de nuestra flora. 
Los expresados géneros encierran especies arbóreas de cierta notoriedad, 
como son los llamados Cuajiotes, el Zapote de rata (que, en concepto del Sr. 
Profi Urbina, es el tipo silvestre de la C. edulis, ó Zapote blanco), y la Coca 
mexicana, en razón de ser congénere de la especie del Peni, tan conocida por 
sus propiedades medicinales. 



VIII 



El carácter morfológico á que se alude, pone de manifiesto la verdadera 
naturaleza de un órgano mal comprendido anteriormente. 

19. "ElPiletis heptaphjllus" 

Funda nuestro autor un nuevo género con esta especie mociñana de Pa- 
payácea, que ofrece caracteres diferenciales de tal naturaleza, que lo separa 
de los demás ya establecidos: á no ser que se suponga una suma variabili- 
dad morfológica de las especies del género Cartea, del que fué segregado. 

20. "El Peyote." 21. "El Ololiuhqui." 

Expone el Dr. Ramírez, en dos eruditos artículos, las singulares propie- 
dades de ciertas especies de la flora mexicana que verdaderamente sorpren- 
den. El primer nombre, se aplica á ciertas Cactáceas, y el segundo, á una 
Convolvulácea. Como expresa él mismo, su historia forma el capítulo más in- 
teresante de la Materia Médica indígena, y para el mundo médico ha sido 
una revelación. Este laborioso trabajo de compilación, es digno, por lo tan- 
to, de todo elogio. 

22. "La Damiana." 

Se ocupa nuestro autor en este escrito, en exponer la historia, descrip- 
ción botánica y propiedades medicinales, de la Turnera difussa, v. aphrodi- 
siaca; la cual es una especie mexicana que lleva el expresado nombre vul- 
gar. Los datos recogidos con tanta escrupulosidad, servirán de mucho para 
fijar definitivamente su lugar en la terapéutica. 

23. "La Papaya voladora." 

Es un curioso caso de anomalía, sagazmente interpretado por nuestro 
autor, y el que, no obstante ser muy notable, casi había pasado desaper- 
cibido para los botánicos. Es este un fruto que, de ordinario sentado, se ba- 
lancea en la extremidad de un larguísimo pedúnculo, más bien un raquis, 
que en estado normal lleva numerosas florecillas masculinas; las que, sin causa 
aparente, abortan y desaparecen en ciertos casos, conservándose sólo la ter- 
minal; en la cual se desarrolla el ovario que todas ellas contienen, hasta con- 
vertirse en fruto. Este segundo fenómeno, que considero yo como el inicial, 
determinaría por balanceo orgánico, el primero, es decir, la supresión de las 
demás flores. Con el presente, son cuatro los artículos que el Dr. Ramírez 
dedica á la familia de las Papayaceas, lo^ que contribuyen bastante al más 
perfecto conocimiento de la misma. 

24. "La verba de la Cucaracha.'" 

Con este nombre vulgar se desigua una planta de la familia de las Apo- 
cináceas, que posee propiedades insecticidas bien comprobadas. Nuestro au- 
tor se ocupa en ella extensamente, así como de otra especie de la misma 



IX 



familia, y que obra, al parecer, de igual manera; una y otra mexicanas, pero 
antes imperfectamente descritas por los botánicos. 

25. "Tres monstruosidades en ovarios ínferos /' 

Son casos muy instructivos, observados en determinadas especies del 
género Opuntia, que nuestro autor ha sabido interpretar sagazmente; dando 
apoyo á la teoría que sostiene el origen axial del gineceo que tiene el expre- 
sado carácter. 

26. "Tres mazorcas anómalas." 

Bajo este título se refieren muy circunstanciadamente casos curiosos de 
monstruosidad, en que el eje floral femenino ú olote, del expresado vegetal, 
de ordinario simple, se ramifica de distintos modos. Con este motivo se ex- 
tiende nuestro autor en consideraciones muy oportunas, sobre las causas 
determinantes de estos fenómenos: pero que, como en el presente, no siempre 
se puede precisar, pues simplemente deben referirse á casos de proliferación 
lateral. 

27. ' Sinonimia vulgar y científica de varias de las Plantas de la Nue- 
va España, de M. Sessé y J. Mociño." 

Después de exponer brevemente nuestro autor la historia de las explo- 
raciones botánicas en la época virreinal, transcribe una larga lista de las 
mencionadas especies con sus respectivas concordancias modernas, y seña- 
lando á la vez las que han sido del todo aceptadas. Estas anotaciones, que 
exigen extensos conocimientos en la materia, aumentarán sobremanera el 
interés de la expresada obra. 

28. "Los escritos inéditos de Martín Sessé y José Mariano Mociño." 
Es un interesante relato bibliográfico, que viene á enriquecer la modes- 
ta literatura botánica nacional. En cada una de las obras registradas, emite 
nuestro autor su autorizada opinión, acerca de su importancia. 

29. "Vegetación de Pátzcuaro." 

En un corto artículo se anotan algunas de sus especies constitutivas, ha- 
ciendo juiciosas reflexiones respecto de ciertas peculiaridades de nuestra flora. 

30. "Examen crítico de las clasificaciones anteriores " 

En razonada disertación y con espíritu verdaderamente botánico, se re- 
baten los fundamentos en que descansa la división en zonas de vegetación 
de la República, establecidas por personas muy competentes en la materia, 
no obstante de que sus detalles son rigurosamente exactos. 

31. "Regiones botánico-geográficas en México." 

El autor toma por base de su clasificación el calor y la humedad, con- 
siderando como secundarias las demás condiciones que pueden intervenir en 
la distribución de las especies. El problema se simplifica extraordinariamente 



por este medio, obteniéndose á la vez resultados más precisos. Pudiera suce- 
der sin embargo, que no llenara su objeto en detalles de no escasa impor- 
tancia; siendo, por lo tanto, necesario complementarla de alguna manera. 
Juzgamos, en todo caso, meritorio este trabajo, y su valor sólo podría apre- 
ciarse mediante un detenido estudio. 

82. "Introducción para una Mura di 1 Valle de México." 

En una minuciosa y bien escrita reseña se da á conocer esta región, 
desde el punto de vista tisiográfico y climatológico; siendo, por lo tanto, per- 
fectamente adecuada á su objeto, y que el mismo autor pudo haber realiza- 
do con gran provecho para la botánica. 

33. "Xoticbi de alo-unas láminas de la Iconografía inédita de la Flora 
Mexicana, de M. Sessé y M. J. Mociño." 

Es una historia completa de esta importante serie de láminas, con su 
clasificación botánica original, anotada por el Dr. Ramírez: se da cuenta 
también de la manera cómo se obtuvo una copia de todas de ellas. 

En los "Datos para la Materia Médica Mexicana," 1. a Parte, se publican 
algunos otros trabajos de la misma índole, entre ellos, una nueva especie de 
la familia de las Cornáceas, y que se reproduce en el volumen á que se alude 
al principio de esta reseña; la Garryaracemosaó Cuauchichic; así como tam- 
bién la descripción de un nuevo género, Ramirezella, y de una nueva espe- 
cie, Styrax Ramirezii, que le fueron uno y otra dedicados por distinguidos 
botánicos de los Estados Unidos. 

El preinserto relato no es sino un pálido bosquejo de la labor científica 
de nuestro biografiado, quien dejó profundas huellas de sus grandes alientos 
como naturalista, tauto en la cátedra como en las academias en que se escu- 
chaba su autorizada voz. El recuerdo de su nombre quedará siempre vivo, 
tanto en el corazón de la Patria que enalteció con su saber, como en el de la 
sociedad que honró con sus virtudes. 

91tcmucf 9IÍ. GViUaba. 



NOTAS GEOLÓGICAS 



SOBRE 



LA REGIÓN NORTE DEL ESTADO DE MICHOACAN 




'ONOCIDA es la formación eruptiva del Estado de Miclioacán en 
general. 

Dominan en aquella región los volcanes en un grado de extin- 
ción más ó menos avanzado: abriéndose paso por doquiera las rocas 
eruptivas, que predominan en extensas regiones, determinando 
una formación generalmente terciaria. 

Las rocas que constituyen el macizo de las serranías que limitan 
por el íí. al Estado, son generalmente lavas acidas de estructura 
porfírica, en las cuales el cuarzo y los feldespatos alcalinos predominan como 
constitutivos esenciales. Los ejemplares que se han sometido al estudio son, en 
general, del género de las rhyolitas, y de las principales variedades que en este 
género se conocen, desde la obsidiana hasta la rhyolita microcristalina. 
El tipo vitreo está representado en las obsidianas ó vidrios naturales. 
Desde Maravatío nos encontramos en el cerro del Chiuapo la obsidiana roja: 
vidrio volcánico rico en sesquióxido de fierro, que es el que da el color rojo á la 
obsidiana. Tiene una estructura leñosa á causa de las estrías onduladas que 
forma el óxido de fierro en el sentido del escxirrimiento. 

Alternan algunas zonas de color oscuro, debido á óxidos de fierro más ricos 
en oxígeno, quedando el magma vitreo casi completamente saturado de óxidos: 
existen hileras vesiculares de cavidades gaseosas como en casi todas las obsi- 
dianas, pero no se encuentran cristalizaciones ni de cuarzo, ni de feldespato, ui 
otro cristal alo-uno. 



2 G. DE J. CABALLERO.— NOTAS GEOLÓGICAS SOBRE LA REGIÓN N. DE MICHOACÁN. 

Las obsidianas de esta región van recorriendo todos los colores que les son 
típicos, desde el rojo ya dicho hasta el negro. 

Estas obsidianas negras contienen en gran cantidad cristales de feldespato, 
generalmente labrador, algunos de los cuales alcanzan uu desarrollo bastante 
considerable: también existen algunos cristales de anortita qne á veces llevan 
incrustados en direcciones arbitrarias cristalitos de labrador; la estructura de es- 
tas obsidianas es enteramente vitrea, y compacta con sus correspondientes hileras 
de vesículas gaseosas. 

Las tobas rhyolíticas qne se encuentran en las cercanías de los volcanes ex- 
tinguidos en parte, y en estado solfatárico, ó en los alrededores de las grietas 
geiserianas, alcanzan un grado de alteración que tiene por límite los bancos de ar- 
cilla. Estas arcillas se extienden en capas paralelas, qne se distinguen por su tinte 
diverso, según el grado de oxidación del fierro que contienen eii estado de mezcla. 

Se ve que estas arcillas se han depositado en capas, cada una de las cua- 
les representa una etapa distinta y con distintas circunstancias físicas de des- 
composición de los feldespatos, qne según el grado de calor y diverso grado 
higro métrico, han ido dando por resultado de sn descomposición, ya la limonita 
terrosa amarillenta, ya elsesquióxido de color más oscuro, ya, por último, el ocre 
rojo; variando entre el amarillo paja y el rojo intenso por todos los colores que 
representan los diversos grados de oxidación ó hidratación del fierro. 

No es raro encontrar á cierta distancia de los mantos de arcilla ferruginosa} 
bancos más ó menos poderosos de arena, que atestiguan el origen común de en- 
trambos. 

Donde la roca no ha estado sometida á la influencia enérgica de los agentes 
hidro-termales y atmosféricos, conserva el aspecto micro-cristalográfico de las 
rhyolitas ricas en sodio y fierro, ó sea las "pautellaritas." 

También se encuentran tobas traquíticas, de color negro y textura compacta, 
cou pequeños cristales de labrador y audesita y frecuentes tablas exagouales po- 
licroicas de augita. 

La alteración que los agentes hidro-termales y atmosféricos han producido 
en la superficie de estos macizos eruptivos, ha determinado la formación sedi- 
mentaria de terrenos ricos en fierro y en substancias alcalinas, que junto cou la 
cantidad conveniente de arcilla, constituyen terrenos de una fertilidad asombrosa, 
y en los cuales se desarrollan de una manera privilegiada las Coniferas. 

En algunas cuencas cerradas la sedimentación es más poderosa, como se pue- 
de ver en la Hacienda del Chaparro y á unos 8 kilómetros al W. del casco de la 
misma. 

Cavando en el fondo del valle, á unos 2 metros de profundidad, terminan los aca- 
rreos del cnartenario y siguen después capas no muy gruesas de pizarra arcillosa, 
areniscas, capas de arcilla refractaria, y pizarras más ó menos carbonosas, hasta 
llegar á constituir capas formadas de carbón negro azabache, sumamente duro 
y de difícil combustión. 



G. DE J. CABALLERO. — NOTAS GEOLÓGICAS SOBRE LA REGIÓN N. DE MICHOACÁX. 3 

La cantidad de carbón fijo que contiene es, según las muestras ensayadas, 
de 64 á G6°/ . 

En los deslaves de las faldas, alrededor del pequeño valle, aparecen estrati- 
ficaciones poderosas de arcilla plástica do diversos colores, y bancos de arena 
blanca no inuv fina. 

Las capas de pizarras y areniscas en qne viene el lignito, parecen haberse 
depositado en el seno de aguas lacustres, contenidas en la cuenca cerrada y li- 
mitada por los macizos eruptivos. 

No se ha podido encontrar ningún fósil relativo a estos yacimientos; poro por 
su conjunto parecen ser análogos á los de Zacualtipáu, en el Estado de Hidalgo: 
á los cuales el señor Aguilera les asigna una antigüedad que no va más allá del 
Mioceno Superior. 

En una zona que recorre la sierra de Ozumatláu, de E. á "W., se encuentran 
con frecuencia pequeños cráteres solt'atáricos y líneas de fractura, por donde, á 
través de las rhyolitas, se desahogan las emanaciones termales en todas sus faces 
de actividad, desde sus manifestaciones sulfúricas, hasta las manifestaciones car- 
bónicas: numerándose en esta serie desde las emanaciones gaseosas y geissers 
sulfurosos, hasta las fuentes termales carbónicas de aguas potables. 

X o se han encontrado emanaciones clorhídicas y salinas, aunque sí restos pal- 
pables de que existieron en épocas anteriores, quedando como testimonio de su 
actividad, extensas impregnaciones de cloruro de sodio en los alrededores de los 
actuales geissers. 

De modo que todas las manifestaciones termales que al presente existen en 
la región X 1 . del Estado de Micho acán, pertenecen á las dos últimas etapas déla 
actividad geiseriana. 

Ejemplo de estas emanaciones termales son la Laguna de los Aznfres, el Ma- 
rítaro. el Curritaco y otros geissers. 

La Laguna de los Azufres es un espacioso cráter de unos 120 metros de largo por 
unos 50 de ancho, y está al "W. del cerro de los Azufres: está convertido en una 
lagaña de agua saturada de vapores sulfhídricos y sulfurosos: hierve por todas 
partes, dando paso á los emanaciones gaseosas, que revuelven el agua y la hacen 
fangosa. La superficie de la laguna queda á unos 2930 metros sobre el nivel del mar. 

Alrededor de la laguna y casi al nivel del agua, salen por doquiera, de entre 
los peñascos, emanaciones de vapor de agua, sulfhídrico y sulfuroso mezclados con 
algo de oxígeno, ázoe y bióxido de carbono: el sulfhídrico, al descomponerse en 
presencia del aire, tapiza las rocas de vistosos cristales octaédricos de azufre, de 
un desarrollo hasta de cuatro milímetros. 

Estos cristales son del sistema rómbico, apareciendo octaédricos por la va- 
riante b 1 /, que abate las aristas; se encuentran algunos cristales en que predo- 
minan cuatro de estas caras, dando al poliedro la forma esfenoédrica. 

También se encuentra polvo de azufre enteramente amorfo, cuya coloración 
es generalmente más clara que la de los cristales. Los detritus eruptivos que 



4 G. DE J. CABALLERO. — NOTAS GEOLÓGICAS SOBRE LA REGIÓN N. DE MICHOACAN. 

rodean la laguna están impregnados de azufre, constituyendo uu verdadero ya- 
cimiento azufroso. 

El agua de la laguna está á la salida de ésta, á unos 22°C, y en los mismos 
hervideros á 89°C. 

Hacia el S. de esta laguna, hay otra más pequeña subterránea, á una profun- 
didad de unos 8 metros: se baja á ella por uu túnel artificial inclinado unos 20°. 

Por este túnel se desahogan las emanaciones de la pestilente laguna, cuyas 
aguas son verdiosas. Al salir los gases recubren las paredes de cristales de azu- 
fre y de eflorescencias de sulfato de calcio, cuyas sedosas agujas, agrupadas pa- 
ralelamente, forman como almuadoues de cinco centímetros de espesor. 

El macizo de rocas que forma la serranía, se abre paso á través de capas de 
pizarra arcillosa y margas terrosas. El terreno es netamente eruptivo y la acción 
del sulfúrico ha descompuesto grandes masas de roca, quedando sólo las arcillas 
mezcladas con sulfato de calcio. La atmósfera que se respira en este amplio y 
poco profundo cráter está sumamente cargada de gases sulfhídrico y sulfuroso: 
pero á pesar de eso, el desarrollo exuberante de las Coniferas empieza casi al 
borde de la laguna de los Azufres. 

El estado de este cráter es, pues, netamente solfatárico, y produce verdaderos 
yacimientos azufrosos: este azufre se ha explotado industrialraento en otras épo- 
cas, dándosele á este cráter el nombre de azufreras de Taximaroa: pero actual- 
mente esta explotación está totalmente abandonada y sólo se ve á la salida de la 
barranca que da desagüe á la laguna, las ruinas de la antigua fábrica. 

Al SSE. del picacho eruptivo del S. Andrés, á una distancia muy reducida, se 
encuentra recostado en el flanco del cerro el cráter del Cnrritaco. 

Tiene éste unos 35 metros de largo, unos 27 de ancho y unos 7 de profundidad: 
siendo la dirección del eje mayor NE. 50° SW., es una gran caldera, en cuyo fon- 
do hierve con furia el lodo, lanzando bocanadas de vapor sofocante, cargado de 
gases sulfurosos. Sus bordes, que se elevan como 2'5 metros, están formados de lava 
y de un lodo arcilloso consolidado, que arroja con violencia en sus frecuentes 
épocas de paroxismo. 

Al poniente del Cnrritaco, á unos 200 metros y separado por una barranca es- 
trecha, se encuentra un chiflón de vapor de agua y gases sulfurosos, que contie- 
ne, además, sulfhídrico y algo de bióxido de carbono, oxígeno y ázoe: al salir esta 
mezcla produce un bramido capaz de oirse á5 kilómetros: se llama el Chillador ó el 
Chiflador. 

La temperatura es, según el señor Ramírez, 1 de 82° á 85°, y según Félix y 
Lenkv de 91°; nosotros no pudimos medir la temperatura porque nos ahoga- 
ban los A r apores. 

A poca distancia del Chiflador y en la misma falda SSW. del S. Andrés, en 
nna pendiente de unos 20°, hay múltiples grietas, por donde se abren paso las 

1 Riqueza minera de México, p. 220. 

2 Félix y Lenk, p. 56. 



G. DE J. CABALLERO. — NOTAS GEOLÓGICAS SOBRE LA REGIÓN N. DE MICHOACÁN. 5 

emanaciones gaseosas termales, eti una zona de abajo arriba como de 500 metros y 
50 de ancho: la temperatura es tan elevada qne el agua sale exclusivamente al 
estado de vapor, sin que se noten restos de escnrrimiento algnno: el vapor es 
emitido en grandes cantidades, y condeusado con la baja temperatura de la ma- 
ñana, forma grandes nubes que flotan sobre los elevados pinos. 

La flora es exuberante, y empieza casi al pie mismo de los hervideros: de 
modo que éstos quedan ocultos euterainente en el bosque, y sólo se perciben 
cuando está uno junto á ellos: en cambio, la fauna es muy pobre, al menos en el 
invierno, y se reduce á pocos pájaros é insectos. 

Siguiendo á través de la sierra, unos 10 kilómetros con rumbo WS W\, se halla un 
cerrito que forma parte de los contrafuertes remotos del S. Andrés: su diámetro total 
será de unos 2 kilómetros y su altura de 2,900 metros sobre el nivel del mar, y unos 
100 sobre la planicie reducida que le rodea: toda la falda íí". está llena de her- 
videros, por donde brota el agua saturada de gases á una temperatura máxima 
de 89; el asna es fangosa, como en la laguna de los Azufres y en el Curritaco. 

A esta región le nombran "Las humaredas." 

Anuos 18 kilómetros alW. delS. Andrés, siguiendo por la misma sierra, se en- 
cuentra el cerro del Chino, que forma parte del cerro del Gallo y está á unos 2,794 
metros sobre el nivel del mar y cerca ya de la hermosa hacienda de Jaripeo. 

Tiene al S "W. una zo na de unos 500 á 600 metros de diámetro llena de hervideros ; 
de todos ellos brota el agua á una temperatura variable entre 70° y 89°. Uno de 
estos hervideros es un verdadero geis$'e)% que lanza el agua á una altura de 2 
metros próximamente: el agua es fangosa y saturada de gases como en los hervide- 
ros anteriores. Bajando unos 100 metros al S. están los hervideros del Nopalito, 
análogos enteramente á éstos. 

Hay entre estas dos zonas de hervideros, dos lagunas: una, rumbo al N., inter- 
nada en la barranca, donde el agua todavía hierve: y otra al SSW., donde el 
agua es fría é insípida: esta última tendrá como 600 metros de largo por 200 de 
ancho. 

Hacia el SW. del S. Andrés, á una altura de 2,925 metros sobre el nivel del mar, 
hay uu cráter como de un kilómetro de largo y 500 metros de ancho, en la falda 
~W. del cerro del Marítaro. 

En el fondo hay muchos hervideros, 1 pero sobre todo dos bocas por donde 
sale el vapor con mucha fuerza y estrépito: se llama el Marítaro. Con las aguas 
de estos hervideros se forma una laguna caliente y fangosa, que desagua por 
medio de un arroyo. 2 

De modo que toda la región de la sierra, hasta llegar á la Hacienda de Jari- 
peo, es una región solfatárica y geiseriaua, plagada de cráteres extinguidos más 

1 Según el Sr. Ramírez, son veintisiete respiraderos. 

2 Al NE. del Marítaro, y á unos 60 metros más abajo, se halla la Laguna Verde, de agua impregnada de ácido sulfhí- 
drico y sulfuroso, y cuyo fondo está cubierto de arcilla y rocas azufrosas ó sedimento de azufre proveniente de la des- 
composición del sulfhídrico en presencia del agua y del aire: la temperatura de esta laguna es de 28°. 



6 6. DE J. CABALLERO.— NOTAS GEOLÓGICAS SOBRE LA REGIÓN N. DE MICHOACÁN. 

ó menos y grietas geiseriauas, y en cuya formación traquítica y rhyolítica se 
encuentran pequeñas brechas de obsidiana, y escasos mantos de arcilla, recu« 
biertos con la tierra vegetal del cuaternario, que alimenta los frondosos y amenos 
bosques que cubren toda la región volcánica. 1 

Desde la hacienda de Jaripeo hasta Morelia, no se encuentran hervideros de 
gran consideración, aunque no faltan algunos manantiales termales. 

A derecha é izquierda del camino se ven frecuentemente pequeños cráteres 
de caprichosas formas que indican la continuación de la formación volcánica. 

Las manifestaciones geiserianas que habían disminuido en todo este trayecto 
vuelven á reaparecer en los alrededores de Puruáudiro. En la hacienda de S. 
Antonio y al W. de Puruándiro, se encuentra el cerrito de los manantiales que 
provee de agna á la población. Son varios manantiales termales que abarcan 
una zona de unos 500 metros de largo por 20 de ancho. El agua es clara y no tiene 
sabor ninguno: es potable, pues la cantidad de sales que contiene en solución es 
muy pequeña: tiene en solución alguna cantidad de gas carbónico, y trazas in- 
significantes de materias orgánicas. 

Al brotar el agua de los manantiales, se desprenden numerosas burbujas de 
bióxido de carbono: su grado hidrotrimétrico es 6, y en su composición es muy 
semejante á la de la fuente ''del Leone," de Ñapóles. 

El termalismo sufre otra interrupción hasta reaparecer de una manera deci- 
siva y enérgica en la región de Ixtlán de los Hervores, cuyo uombre es debido 
precisamente á los geiseres intermitentes y ambulantes que invaden la región 
oriental. 



1 Félix y Lenk, parece que confunden la región del cerro de S. Andrés, descrita por Ramírez, con el volcán de 
S. Andrés, descrito por Saussuie: el cerro de S. Andrés está al NNE. de Taximaroa, y á unos 10 kilómetros de esta po- 
blación: mientras que el volcán de S. Andrésestá al WSW. de la misma población y á unos 30 kilómetros de ella. 



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BREVES APUNTES 



ACERCA DE 



LA PALEOBIOIOGIA DEL VALLE DE MÉXICO 



Algunos geólogos consideran hoy día la edad cuaternaria como simple período de la 
edad terciaria, con el nombre de pleistoceno; pues en realidad, no existe fundamento capi- 
tal y decisivo para separar del todo una de otra. 

Es innegable que el hombre adquirió en la primera su mayor apogeo; pero no obstante 
de ser el más perfecto de los animales, no es sino un simple eslabón de la cadena de los ma- 
míferos, y apareció, además, en la tierra, antes de la edad á la que dio su nombre; bajo este 
concepto quedan racionalmente unificados por su biología los dos lapsos de tiempo hasta 
hoy separados. Los períodos glacial, diluvial y reciente por el que atravesamos, se reduci- 
rán á su vez á simples épocas. 

Sea lo que fuere, al abrirse el período pleistoceno, estaba ya constituida y configura- 
da, en casi todo su contorno, la gran cuenca llamada Valle de México. Situada en el límite 
Sur de la Mesa Central de la Anáhuac, y siguiendo casi su misma dirección NE. á SW., la 
rodean por todos lados cordilleras más ó menos elevadas, con montañas de distintas rocas; 
las cuales fueron apareciendo sucesivamente, desde el período neoceno de la edad tercia- 
ria, en el orden siguiente. 

Al Norte, las de Pachuca y Real del Monte; al Poniente, la de las Cruces, Monte Alto 
y Monte Bajo; al Oriente, la de la Sierra Nevada, y al Sur, la del Ajusco. 

La extensa área de la cuenca ha estado siempre ocupada por grandes lagos que por dis- 
tintas causas se han ido reduciendo, y alimentados, sobre todo, por las aguas de las ver- 
tientes; alguno de ellos salobre por los depósitos salinos del suelo que provinieron de las 
erupciones volcánicas largo tiempo continuadas. En virtud de sus condiciones especiales, 
disfrutaba la región que se considera, de un clima bastante cálido y excesivamente húmedo. 
Merced á esta doble influencia, su flora y fauna se desarrolló con extraordinario vigor. Las 
elevadas cumbres y los flancos de las montañas se cubrieros de espesos bosques, cuyos 
restos se conservan hasta el presente, y con un tupido manto de verdura la extensa super- 
ficie de las aguas. La vida animal tuvo su mayor apogeo, como lo comprueban testigos irre- 
cusables de su pasada grandeza, como son los fósiles. Especies próximas á las que el hom- 
bre debía subyugar más tarde y otros más de talla gigantesca, que son hoy día motivo de 
admiración, le imprimieron un sello especial y característico á su primitiva fauna. De nu- 
merosos osarios llamados por los geólogos yacimientos fosilíferos, han sido extraídos, en 
efecto, cuantiosos restos de mamíferos herbívoros, correspondientes á diferentes piezas 
del esqueleto; siendo de llamar la atención, la carencia casi completa de los que tiene un ré- 
gimen carnívoro, así como de otros muchos que pudieran vivir en compañía de los primeros. 

He aquí la lista de las especies descubiertas: 

Obdex de los Desdentados. — Familia Dasipodidos.— Especie, Glyp- 
todon mexicanus, Eain y Cual; tipo, como dice Hoerues, que permanece aislado 
en medio de los demás de este grnpo. De talla gigantesca y provisto de uu ca- 



8 MANUEL M. VILLADA. — PALEOMOLOGÍA DEL VALLE DE MÉXICO. 

rapaclio inmóvil, semejante al de una tortuga; muy convexo y exornado de (li- 
bérenlos estrellados de que carece el peto; cabeza y cola, igualmente armados 
de una coraza. Patas anteriores y posteriores, respectivamente, tetra y tridácti- 
las, con dedos provistos de pezuñas. Molares 8 / 8 con dos surcos de cada lado. 
El solo carapacho mido casi dos metros de largo y más de nno de alto. Total- 
mente extinguido, la única especie viviente en el Valle, que se le aproxima, es 
el Armadillo, Cachicama novemcincta. 

Orden de los Ungulados Imparidigitados.— I a Familia, Équidos, 
representada por diversas especies del género Equus, cuya genealogía data de 
muy atrás. Todas nuestras especies domésticas provienen del Antiguo Continen- 
te, pues en América se extinguieron del todo las primitivas. 

Las especies fósiles de Tequixquiac, determinadas por el Sr. Prof. E. D. Cope, 
de los E. IL, son las siguientes: 

l.* — E. crenidens, Cope. De mayor talla que los caballos actuales. 

2. a — E. tau, Owen. Detalla mediana; por sus caracteres dentarios se aproxima 
á las especies vivientes de la sección Asinus, como el asno, la zebra, etc. 

3. a — E. occidentále, Leydi. En ella queda refundida la E. excelsus, Cope. Co- 
rresponde también á la expresada sección Asinus. 

4. a — E. Barcenaei, Cope. Se distingue muy particularmente de las anteriores 
por su corta talla. 

5. a — E. platystüus, Cope. Me es del todo desconocida esta especie. 

Segunda Familia, Rinocerotidos. 

Tan sólo una ó dos de sus especies pueden señalarse hasta hoy en el pleisto- 
ceuo mexicano. He aquí la historia de la que conozco. 

En 18S3, siendo el subscrito, Director del Instituto Literario del Estado de Mé- 
xico, recibió la visita del Sr. Prof. E. D. Cope, de los Estados Unidos. Le mostró 
entre lo más notable de la colección de fósiles, una rama derecha de la mandí- 
bula inferior de un mamífero, que juzgaba ser un rinoceronte. Había sido en- 
contrada en el mismo Valle de Tolnca, en terreno sedimentario parecido al de 
Tequixquiac: tomó nota de ella por creerla interesante; y le manifestó desde 
luego su opinión, aunque con duda, respecto del género. Un año más tarde, por 
medio de una, fotografía que le remitió el Sr. Profesor Barcena, completó, hasta 
donde le fué posible, su determinación, dando cuenta con ella á la Academia de 
Ciencias de Filadelfia. En su concepto, es una especie cuteramente cercana de 
la Aphclops fossiger, la cual es característica del piso Loup Eork que correspon- 
de al Meoceno Superior de los Estados Unidos. Esta consideración hace pensar 
al subscrito si nuestro rinoceronte no sería más bien del género Dihoplus, cuya 
una de sus especies, la D. Scheiermacheri, Kaup, ha sido señalada por Palow 
en el pleistoceno de México. Sea lo que fuere, por las medidas de las mandíbu- 
las resulta que nuestra especie fué de talla mucho menor que la de los Estados 
Unidos, y con un diastema muy corto. Sin asegurarlo, lo reputo también como 
del Valle. 



MANUEL M. VILLADA. — PALEOBIOLOGÍA DEL VALLE DE MÉXICO. 9 

Orden de los Ungulados Paridigitados Seleuodontos. — 1. a Familia, Ca- 
mélidos. 

1. a especie. — Hólomeniscus hesternas, Cope. En rigor se la puede conside- 
rar, según Leidy. como del género Auchenia, al cual pertenecen las tres especies 
que viven actualmente en la cordillera del Perú: la Llama ó Huanaco, que. se- 
gún Hernández, vivió también en México, la Alpaca y la Vicuña. La referida 
especie extinguida, excedió en tamaño al Camello actual. 

2. a — Eschatius conidens, Copo. Esta especie desapareció del todo, y, co- 
mo la anterior, se extendió muy al Norte del Nuevo Continente. 

3. a — Pálauchenia magna, Cope. Como las actuales, pero de mayor talla. 

4. a — Auchenia mínima. Leidy. Lo contrario de la anterior por su tamaño. 

5. a — Auchenia Castüli, Cope. Tanto ésta, como las dos anteriores, me son 
desconocidas. 

2. a Familia. — Cavicornios, Tribu Bovinos. 

De los yacimientos fosilíferos del Valle de México, se han extraído innu- 
merables restos de una especie uinv corpulenta, el Bos latifrons de Harían, pues 
corresponde más bien al grupo Taurina que al Bisontina, como el llamado Cí- 
bolo de nuestra frontera Norte, Bison americanas. 

Orden. — Ungulados Paridigitados Bunodontos. Familia Suideos. 

Tuvo un solo representante de un género próximo al Dicotyles actual, que 
tiene la particularidad de tener una glándula adiposa en el espinazo, y del cual 
género viven dos especies en los lugares cálidos de México: el Jabalí rosillo, D. 
tayassu, y el Jabalí candangas, D. bilabiatus; siendo este último más corpulen- 
to y bravio que el primero. La especie fósil es el Platygonus compressus, Le 
Cont.. ('» P. Alemanii, A. Dug. 

Orden de los Proboscidios. — Numerosísimos restos de esto importante grupo 
zoológico, excediendo en esto á los anteriores, han sido exhumados de los misinos 
yacimientos de Tequixquiac; por tal circustaucia, bien puede designárseles con el 
nombre de capas de Elephas,» para constituir bajo esta denominación, un hori- 
zonte geológico especial. Dos son hasta hoy las especies descubiertas de verda- 
deros Eulefas: el E. primigenias, Bliim, y el E. Columbi. Falc; uno y otro más 
parecidos al elefante asiático (pie al africano del mundo actual. La primera de 
las dos especies fósiles señaladas, vivió también en el Antiguo Continente. La 
segunda fué más corpulenta, pero menos complicada la superficie trituradora de 
sus molares, lo cual es indicio de (pie se alimentaba con vegetales menos duros; 
más (pie una verdadera especie, puede considerársela como simple raza de la 
primera, especial de América. 

Los mastodontes alcanzaron quizás mayor talla, y formas más pesadas, pero 
su fecundidad seguramente fué más limitada. Su completa extinción en todo el 
globo, hace suponer (pie estaban menos bien organizados, para poder resistir á 
iinevas condiciones de vida, no obstante que la multiplicidad de sus especies ha- 
bría hecho suponer a priori, lo contrario. 



10 MANUEL M. VILLADA. — PALE0BI0L0GÍ A DEL VALLE DE MÉXICO. 

Los profundos estudios del eminente paleoutologista americano, seüor 
Profesor E. Cope, á quien se debe mayor precisión en la determinación de 
las especies fósiles, le permitieron separar con buen criterio, cuatro de las espe- 
cies del antiguo género Mastodon de Cuvier, para distribuirlas en otros dos 
nuevos géneros creados por él: Dibelod'on j Tetrabelodon. En el antiguo Valle 
de México vivió el D. Shepardi, y probablemente también el T. andium. El 
mastodonte, por otra parte, fué intermediario entre el elefante y los demás Un- 
gulados. 



Respecto délos tipos vegetales que figuran en el primer término del paisaje 
ideal, no se ha tenido para ello sino una simple presunción; pues en las capas 
fosilíferas del Valle, no se han encontrado ni siquiera vestigios do la flora anti- 
gua. Expondré en breves palabras, el fundamento en que descansa. 

Doy como un hecho, que las pasadas condiciones físicas de la localidad fue- 
ron del todo propicias puraque la población vegetal que hubo de desarrollarse 
en ella, se distribuyera como ahora en las montañas y planicies, así como en los 
lagos, perpetuándose hasta nuestros días ciertas de sus especies. Bajo este con- 
cepto, aventuramos la hipótesis que aquellas de las terrestres que en muy esca- 
so número, y por circunstancias inexplicables, se hallan hoy confinadas en el 
Valle, y fuera de su verdadera zona actual de vegetación, mucho más cálida, son 
los representantes de aquella flora. En este caso se encuentra el Palo del Muer- 
to ó Casahuate, Ipomcea murucotdes, K. in H. B., y dos Copales, la Bursera la* 
nuginosa, Eng., y la B. fagaroides, id., que crecen aislados y en limitado núme- 
ro en la serranía del Tepeyac. Respecto del Ahuehuete, Taxodium mucrona- 
tum, Ten., si bien es cierto que por mano del hombre se propagó en el suelo del 
Valle, es un hecho que su zona natural de vegetación abarca las regiones tem- 
pladas y cálidas, y por lo tanto, pudo muy bien haber sido una de sus antiguas 
especies. Respecto de las que viven en nuestros lagos, tenemos alguna más se- 
guridad en la preexistencia de algunas de ellas; pues es bien sabido que la flo- 
ra acuática se presenta con cierta uniformidad bajo distintos climas. 

En el siguiente cuadro comparativo se tiene de ello una demostración. 

En las de Tabasco (según el Sr. Rovirosa). En las del Valle (según del subscrito). 

Limnanthemum HumboldUanum, Grisb. La misma. 

Jussicea natans L. 

Polygonum glaucum, L. Seguramente la misma y otras. 

Nymplia>a ampia, L. 

Utricularia vulgaris, L. La misma. 

Typha angiisl/folia, L. 

Sag/'Uaria sagittifolia, L. 

Lemna mi-nor, L. y otras. 

Ceratophyllum demersum, L. 



MANUEL M. VILLADA. — PALEOBIOLOGÍA DEL VALLE DE MÉXICO. 11 



Pistia stratiotes, L. 

Hydrocotyle umbellata, L. 

AzoUa corolinensis, L. 

Me inclino á creer, que las siguientes especies que he colectado también en 
las Lagunas del Valle, se encuentran en igual caso. 

Aganippea bellidiflora, D. G. Junáis mexicanus, Willd. 

Bidens hélianthoides, H. B. K. Scirpus californicus, Britt. 

Calla pálustirs, L. Cyperus, varias especies. 

Potamogetón natans, L. Eq uisetum ramosiss i mu m , I>ef. 

Limnobium repens, L. E. robustum, A. Br. 

i 
Una vez delineados ciertos rasgos de la antigua fauna del Valle de México, 

quedan en pie dos cuestiones importantes por resolver: 1. a ¿Cuál fué el origen 
de sus especies constitutivas? 2. a ¿Qué causas determinaron su extinción? Por lo 
que toca á la primera, me inclino á creer que no fueron autóctonas, sino simple- 
mente aclimatadas. Acude á la mente esta idea, en vista del abigarrado conjunto 
de seres reunidos en un espacio tan limitado, cual no se ve hoy congregado en 
ningún punto de la tierra; y lo que no es menos extraño, desligados, por decirlo 
así, de sus enemigos naturales; pues aun cuando en el paisaje se representa uno 
de ellos, en realidad sus restos se encontraron en un yacimiento fuera de la cuen- 
ca. Este segundo hecho es del todo inexplicable; mas el primero hace suponer, 
que alguna causa de carácter muy especial, los obligó á emigrar á muy larga 
distancia de su primitivo centro de habitación. De entre ellos, hubo efectivamen- 
te especies de la región hiperbórea, que pasaron del Antiguo al Nuevo Conti- 
nente, por la comunicación terrestre establecida entre ambos, y que después des- 
apareció, quedando así formado el estrecho de Behring. 

Otras, por el contrario, fueron más bien subaustrales de la propia América. 
De las primeras, pueden señalarse dos especies: 1. a , el Elefante primogénito ó 
Mamuiouth, que formó al fin, en el Nuevo Mundo, una raza especial, ó sea el 
Elefante de Colón; el cual, por la estructura menos complicada de sus molares, 
como queda dicho, se alimentaba con vegetales más blandos y jugosos. 2. a , el 
Toro de frente ancha y muy fecundo, repito, que fué propiamente un Bisonte ártico. 
Se ignora el por qué otras especies, compañeras inseparables délas anteriores, no 
las acompañaron en su larga peregrinación: como fueron el Toro primogénito, 
el Rinoceronte ticorino y el Ciervo de grandes cuernos. 

Las especies correspondientes á los géneros Equns, Mastodon, Aphelops y 
Platygonus, distintas de las que vivieron en el continente europeo, se distribu- 
yeron, respectivamente, en el Norte y Sur de la América, de donde fueron ori- 
ginarias. 

Los representantes de los Camélidos y Desdentados, los considero más bien 
de la fauna sudamericana, en la cual región son más numerosos, ricos y exten- 
sos los yacimientos en donde se depositaron sus despojos. Do los segundos, sólo 



12 MANUEL M. VILLADA. — PALEOBIOLOGlA DEL VALLE DE MÉXICO. 

uno de olios vivió en el Valle do México, no obstante de que algunos otros, en 
su emigración al Norte, traspasaron sus límites, como el Megaterio, Milodon, etc. 
De los Camélidos, viven aún especies afines en la misma región sudamerica- 
na, y sólo especies muy lejanas de los Desdentados. 

La concurrencia, en un tiempo dado, de especies tan heterogéneas, en un re- 
ducido espacio, sólo podría explicarse por la ingente necesidad que tuvieron las 
septentrionales do emigrar al Sur, para substraerse á los rigores del período 
glacial; obedeciendo las meridionales á un natural instinto, extendiendo más al 
Norte su área de dispersión. 

En cuanto á señalar las causas que determinaron el completo aniquilamiento 
en el tiempo y en el espacio, do sores tan poderosamente organizados, ofrece tam- 
bién grandes dificultades. Las que so lian invocado son los destructores efectos 
de las grandes inundaciones relacionadas al período diluvial, y las concomitan- 
tes de un extenso volcanismo de inusitada energía. Sin apelar á estos medios 
violentos y extraordinarios, las diferentes condiciones físicas por las que atra- 
vesaba la tierra, bastan por sí solas para variar por completo la flora y la fauna 
de una localidad. 

Mencionaré por incidencia otro hecho distinto, cual es la comprobación en 
el presente caso, de la ley que demuestra la íntima relación que existe entre la 
magnitud y desarrollo de los animales, y la extensión de los terrenos que ha- 
bitan. 

Pasando á otro asunto, diré, antes do terminar, que se lia suscitado la duda de 
que el Valle do México, como lo he expuesto ya, disfrutara en la expresada épo- 
ca geológica, de una temperatura elevada; pues se alega en contrario un hecho 
demasiado significativo al parecer, registrado en el viejo continente, como es el 
haberse encontrado en la región circumpolar, debajo de la nieve, el cadáver de 
un Elefante primogénito ó Mammouth, bastante bien conservado, y con la piel 
cubierta do largo y abundante pelo; lo cual indica que fué un animal di 1 clima 
excesivamente frío. No he tenido en consideración este caso, para representarlo 
así en el paisaje, por creerlo muy local. 

Diré desdo luego, que sin remontarme mas allá del tiempo histórico, el cli- 
ma del Valle, á raíz de la Conquista, era aún seguramente cálido, por lo que ex- 
presa Hernán Cortés en una de sus cartas: deque en el mercado de Coyoacán se 
vendía cana de azúcar cosechada en los alrededores de esta población, lo que 
hoy no sucede. 

Veamos ahora lo que dice Archiac 1 respecto á lo anterior, copiando casi tex- 
tualmente sus palabras: «De que el Elephas primigenius y el Rhinoceros ticho- 
rhinus, parecen haber estado cubiertos de largo y tupido pelaje, los zoologistas 
han deducido de que pudieron resistir al frío, al que suponen estuvo sometida 
entonces esta parte do Europa: efectivamente, hemos asentado en páginas aute- 

1 "Lecciones sobre l¡i fauna cuaternaria," página 14. 



MANUEL M. VILLADA. — PALEOBIO LOGIA DEL VALLE DE MÉXICO. 13 

riores, qne los A'eutisqueros, durante la época cuaternaria, alcanzaron en dicha 
región nua extensión mayor que en la actualidad. En estas conclusiones hay dos 
errores: el primero es. que esta fauna de grandes mamíferos no fué contempo- 
ránea de la expresada extensión de los ventisqueros, sino posterior al primer 
fenómeno de este género que se produjo y anterior al segundo que admiti- 
mos; es decir, que vivió en un intervalo de tiempo, durante el cual la tempera- 
tura media de Europa era ciertamente elevada; segundo, que no basta que las 
especies se cubran de abundante pelo para qne puedan resistir una temperatura 
rigurosa, sino que necesitan también una nutrición suficiente, que no encontra- 
rían en estas condiciones. 

«En una región, dada la nutrición de una fauna cualquiera, tiene siempre su 
flora por origen, existiendo, por lo misino, una relación íntima entre la riqueza 
de la una y el desarrollo de la otra. Ahora bien, para alimentar á una población 
de herbívoros y de carniceros, tal como se ha delineado, y tan numerosos como 
lo atestiguan sus restos, es preciso suponer una vegetación muy rica, que no po- 
dría acomodarse con el clima de Europa en la citada época glacial; clima más ó 
menos análogo al de la Siberia actual. Aunque, á no dudar, la diferencia de la- 
titud liaría que los inviernos fueran menos largos y rigurosos, con la tempe- 
ratura media del año más elevada; pero era preciso siempre satisfacer la necesi- 
dad de alimentar por varios meses á numerosos rumiantes, paquidermos y car- 
niceros; siendo difícil concebir que bastaran para ello las coniferas y otras fa- 
nerógamas de hojas persistentes, herbáceas y arborescentes, aun agregando 
los musgos y los liqúenes. 

«El ejemplo citado á menudo, de la bolsa estomacal de un Mastodonte de la 
América del Xorte, repleto de hojas lineales de una conifera del país, con las que 
se había alimentado poco antes de su muerte, es un hecho particular que no res- 
ponde de ninguna manera á la generalidad de la objeción. Se agrega todavía, 
como prueba de una temperatura fría, la existencia del Reno en medio de esta 
misma fauna; circunstancia que encontramos, por lo demás, en los yacimientos 
análogos de la Francia. Ciertamente que el Reno no vive hoy día, sino en los 
lugares más septentrionales de Europa, Asia y América; pero es un hecho par- 
ticular de hábito, al que puede añadirse igualmente la presencia de ciertos roe- 
dores y de un carnicero, cuyos análogos se hallan actualmente relegados al 
norte del Antiguo Continente; pero, repetimos, estos ejemplos no bastan, en nues- 
tro concepto, para contrabalencear el desarrollo de los otros grandes mamíferos, 
que no están representados en el presente, sino en los lugares tropicales y sub- 
tropicales; y no podríamos figurarnos tampoco un hipopótamo mayor que el del 
África, nadando, tres ó cuatro meses del año, en medio de los témpanos del Se- 
na, del Allier, etc., en los valles de los cuales se han encontrado sus restos.» 

Septiembre de 1905. 



CX)ETN0EHI2SriJS MACK0TT8 

RAZA: PALLESCENS, GERR. S. MILLER JR. NORTH AMER FAUNA N.° 13 (1897). 



Gerrit S. Miller, jr., dice haber examinado 17 individuos de esta raza, recibi- 
dos de Santa Rosa, Guauajuato. Ignoro quién puede haber mandado á los Es- 
tados Unidos del Norte semejante colección de murciélagos; por lo que á mí to- 
ca, no he enviado ninguno y no he visto más qne dos ejemplares qne hallé en 
mi locero de la Presa de la Olla. 

F. C. Alien indica para el Corynorhinus macrotis la siguiente fórmula den- 
tosia: premolares \, molares -i. Mi notación es igual a la qne da Miller: I.f^f; 
C.^r; M.-^?=36. Según el mismo Miller los incisivos superiores pueden ser bicus- 
pidados ó no. 

En lo general, el COR. MACR. PALLESCENS, parece no diferir del COR. MA- 
CROTIS típico, más qne en su coloración, que es mucho más pálida. 

Longitud, m ,05. — Extensión de las alas, 0, m 28. Se observa una glandulita 
redonda debajo de la mandíbula inferior, y otra debajo de cada ojo, en el ángu- 
lo de los labios. El tragus, en forma de lezna, un poco ensanchado en su base 
hacia afuera, mide un tercio de la longitud de la oreja, que es enorme, pues lle- 
ga á dos centímetros y medio. Las dos gruesas prominencias de la cara se jun- 
tan en medio; entre ellas y los abultados labios se observa un espacio pentago- 
nal, en donde están colocadas las narices subtriangnlares. 

Las regiones superiores del cuerpo son de un color pardo, bastante claro, y 
tirando á bayo; las inferiores tienen uu tinte más amarillento, mezclado de gris. 
Cara parda, con la mandíbula inferior más clara. Orejas pardas, pero con un 
matiz rosado. Patas pardas, con las uñas amarillo de cuerno. Alas pardas; los 
dedos como blanquecinos en la cara inferior. Membrana iuterfemoral, más clara 
que las alas. Pelo lanoso y suave. 

En la adjunta figura que hice en vista de uu individuo vivo, se puede ver 
qne las orejas están replegadas sobre los hombros, dejando libres los tragus 
erguidos: esta posición de las orejas se nota cuando el animal duerme ó cuando 
lo asustan; algo como los perros que tienen miedo. 

El grito de Coriuoriuo es una especie de estridor parecido al ruido que hace 
el cuero nuevo al plegarlo. 



A. DUGES.— COEYNORHINUS MACROTIS Y DIDELPHYS MARSUPIALIS. 15 



No tengo datos sobre su modo de vivir, pero su denticiones francamente in- 
sectívora, v no es probable que sea nocivo para los vertebrados. 

Lo describo para que se pueda identificar si lo encuentran en alguna otra 
parte de México, y sobre todo, para dar á conocer su singular actitud cuando se 
cuelga para dormir, con sus patas afianzadas en la roca. 

EXPLICACIÓN DE LAS FIGURAS: 

1, C. mac. en posición de dormir. — 2, Cabeza vista de frente. — 3, Contorno 
del hocico aumentado al doble. — 4, Cráneo de esta magnitud. 



NOTA 

ACERCA DEL 



ENCÉFALO DEL DIDELPHYS MARSUPIALIS 



Al observar varios cerebros de Tlacnaclie, del expresado género y especie, 
me lie encontrado con una particularidad anatómica que merece una rectifica- 
ción, pues en lo general está señalada de una manera inexacta. 

Si se examina el dibujo que incluyo en esta carta con su explicación, y que he 
hecho después de disecciones repetidas, podrá observarse que él cuerpo calloso 
no es, como lo dicen los autores, rudimentario: hay quien haya aún negado su 
su existencia. En el Tlacuache existe perfectamente clara su mitad anterior. Esta 
comisura no cubre la parte posterior de los ventrículos laterales, y su límite pa- 
rece continuarse con la tcenia ó lámina córnea. Se percibe bien el tercer ven- 
trículo entre los dos tálnmos ópticos. El cuerpo estriado es relativamente gran- 
de, así como los lóbulos olfativos. 

EXPLICACIÓN DE LAS FIGURAS: 

Ence'falo del D. marsupialis, visto por encima. Hemisferio derecho intacto; el 
izquierdo cortado transversalmente. — 1, lóbulos olfativos. — 2, cuerpo calloso.— 3, 
tercer ventrículo. — 4, tubérculos ópticos (cuadrigéminos). — 5, cerebelo. — 6, Bulbo 
raquídeo.— 7, cuarto ventrículo. — 8, tálamo óptico. — 9, lámina córnea.— 10, subs- 
tancia gris. — 11, cuerpo estriado. 

Guanajuato, Diciembre de 190.3. 

¿lífzedo 3)uge$. 



CATALOGO 



DE LOS 

MOLUSCOS TERRESTRES, FLUVIALES Y MARINOS QUE SE ENCUENTRAN EN EL TERRITORIO 

DE LA REPÚBLICA MEXICANA, ARREGLADO POR EL DR. J. DÍAZ DE LEÓN, 

SEGUNDO NATURALISTA EN EL MUSEO DE LA COMISIÓN 

GEOGRÁFICA EXPLORADORA. 



La faune malaeologique du Mexique est une 
des plus interesantes de l'Amérique, particu- 
liéremcnt au point de vue des Mollusques te- 
rrestres et fluviátiles. 

Crossr et Fischer Miss. Se. au Mex. 



INTRODUCCIÓN 



HISTORIA DE LAS EXPLORACIONES MALACOLÓGICAS EN LA REPÚBLICA MEXICANA, 
HECHAS EN EL TRANSCURSO DE UN SIGLO. 
. 1803-1903. 

En el curso de mis estudios malacológicos en el Museo de la Comisión Geo- 
gráfico-Exploradora, llamó profundamente mi atención, el hecho de que la pri- 
mera colección malacológica de la República que se registró científicamente, 
fué la del Barón de Humboldt y su compañero Bomplaud, contando precisamen- 
te un siglo tal acontecimiento, pues esa consideración la hacía en 1903. Esta re- 
flexión fué la que me inspiró la idea de formar el Catálogo de los Moluscos, lo 
más completo que fuese posible, para tener á la vista la obra de tantas genera- 
ciones de naturalistas llevada á cabo en el transcurso de un siglo. Y al recorrer 
las páginas de esa historia, iniciada por el Barón de Humboldt, cuánta tristeza 
ha agobiado mi espíritu al ver que en esa labor tan grandiosa, apenas se encuen- 
tran dos ó tres nombres mexicanos, y entre ellos, dos son del bello sexo, como 
si la cara mitad hubiese tomado participio para alentarnos y enseñarnos el ca- 
mino que da honra personal y prestigio á la patria entre las naciones cultas. 



Catálogo de moluscos mexicanos. 17 

Es verdad que en otros ramos de las ciencias naturales se han distinguido 
muchos sabios y naturalistas mexicanos, entre los cuales hay nombres tan escla- 
recidos, como los Oliva, Ramírez, Rovirosa, Tillada, Ferrari Pérez, Montes de 
Oca. etc., etc.; pero en el dominio de la malacología, sólo hay tres, por haber si- 
do muy poco cultivado este ramo entre nosotros. 

Desde los primeros años del siglo pasado, ha sido explorada la República en 
varios lugares por notables naturalistas de distintas nacionalidades, y todos sns 
trabajos se han publicado, A medida que se hacían los descubrimientos, en los 
periódicos de ciencias naturales de Inglaterra, Alemania, Francia y los Estados 
Unidos. A fines del pasado siglo se han dado á luz dos obras que contienen re- 
fundidos casi todos los descubrimientos que se han hecho en el transcurso de 
casi un siglo. Estas obras, tan preciosas para el estudio de la Malacología en 
México, son: «Mission Scient ¿fique au Mexique- Eludes sur les Mollusques terres- 
tres et fluviátiles du Mexique et du Guatemala, par M. M. P. Fischer et H. Gros- 
se,» Paris. Imprimerie Nationale. MDCCCLXXYIII, 2 vol. fol. y Atlas fol., y 
Biología Centrali-Americana. Land and Freshwater mollusca, by prof. Eduar- 
do von Martens. fjreigu memberof theZoological Socioty of London. 1890-1901.» 
Las colecciones que han arreglado los exploradores se encuentran formando 
parte do las de los Museos de Europa y los Estados Unidos. 

Todos los naturalistas convienen en que la República Mexicana es una de 
las regiones privilegiadas para la vida de los moluscos, encontrándose algunos 
géneros concentrados, por decirlo así, en ciertas localidades del territorio y otras 
que son netamente nacionales, por no haberse encontrado todavía represen- 
tantes de ellos en otras regiones, como son, por ejemplo, los géneros Stre- 
belia, Proserpina y Cyrtotoma. Sin embargo, aún queda mucho por explorar, y 
todavía puede enriquecerse notablemente la fauna malacológica hasta hoy cono- 
cida. Por esta razón, creemos que ha llegado el momento oportuno de formar 
nu Catálogo de las especies que han sido descritas eu las principales obras que 
se ocupan de la Malacología del país, para que sirva de índico en donde con- 
frontar los resultados de trabajos ulteriores y anotar las especies nuevas que se 
descubran. 

La historia de los trabajos ejecutados en el transcurso de un siglo, puede ser 
muy útil al frente de un Catálogo que sea como el resumen de todos ellos. 

Abre sus páginas la historia de la malacología mexicana, con los nombres 
ilustres del Barón de Hnmboldt y de Bomplaud, quienes, durante su expedi- 
ción por los años de 1803 á 1804, formaron una pequeña colección de la fauna 
malacológica del país, y cuyas especies fueron descritas por el profesor Taleu- 
cienues. eu su obra sobre «Zoología y Anatomía comparadas,» publicada eu Pa- 
rís en el año de 1833. 

Fernando Deppe. jardinero eu Berlín, acompañó al Conde Von Sack en su 
viaje á México por los años de 1824 á 1827. Vivió en Veracruz, Xalapa, y eu la 
ciudad de México durante ese período, y so consagró á la colección de molus- 



Catálogo de moluscos mexicanos. 



eos y otros objetos titiles en las ciencias naturales. Después de 1827, volvió de 
nuevo á México, acompañando al Dr. Chr. J. W. Schiede, que se proponía espe- 
cialmente formar un herbario de cierta región, y a la muerte de Schiede, diez 
años después (1837), regresa á Berlín, recorriendo antes California y Filipinas. 
Su nombre se ha inmortalizado entre los botánicos, por el nombre Deppea, que 
Chamiso dio á una desmembración de las Rubiáceas. Su colección, que conte- 
nía especies terrestres, fluviátiles y marinas, se conserva en el Museo de Berlín. 

De 1829 á 1831, Tomás Say, á quien se llamó «el padre de la Conchiliología 
Americana,» hace una excursión de Veracruz á México, y recoge algunas espe- 
cies que figuran por primera vez en el Catálogo de los Moluscos del país y que 
fueron designados con su nombre científico por este naturalista. 

En 1832, M. Augusto Sallé, naturalista francés, emprende una expedición 
■científica que dura hasta el año de 1835, recorriendo los Estados de Veracruz, 
Puebla. Tlaxcala y México; pero por su desdicha, el abundante material que ha 
sido el fruto de su perseverancia, no fué de provecho alguno, por haberlo con- 
fiado á personas poco aptas para haber sacado de esa colección un buen parti- 
do: sólo una especie nueva resulta de su colección, la Helicina zephyrina (Du- 
elos). 

Toca su turno á Mr. C. A. Uhde, que fué Agente Consular de Prusia, radica- 
do en Matamoros por los años de 1830-45. Su rica colección botánica y zoológi- 
ca, en la cual había algunos moluscos terrestres y fluviátiles, fué adquirida por 
el Museo de Berlín en 1862. En su colección malacológica figuraba el Holospi- 
ra imbricata, que hasta entonces se había buscado sin éxito, y tanto esto mate- 
rial, como el reunido por Deppe, sirvió al Prof. Eduard von Martens para escri- 
bir su trabajo titulado: «Moluscos Mexicanos terrestres y fluviátiles» (Mexican 
laúd and freshwater shells), publicado en 1865 en el «Pfeiffer's Malakozoologis- 
che Bláter. VIL» 

En 1836, el Dr. Burrongh recoge en Veracruz algunas especies de Unionidce, 
que fueron clasificadas y descritas por el sabio especialista en la materia, Mr. 
Isaac Lea. 

Viene á inscribir su nombre en la lista de los exploradores, M. Ghiesbreght, 
quien, acompañado de otros naturalistas, M. M. Galeotti, Funk y Linden, explo- 
ran, en 1837, los territorios de los Estados de Oaxaca y Chiapas. Las especies 
terrestres que en un tiempo formaron parte de la colección Cuming que concen- 
traba los trabajos de estos exploradores, se encuentran actualmente formando 
parte del Museo Británico. En su oportunidad fueron descritas por el Dr. L. 
Pfeiffer, quien también describió las especies nuevas que se encontraron en la 
colección de Mr. Hegewisch, quien la formó en su viaje por la República en el 
año de 1840. 

El Prof. F. Liebmaun, vino en 1840 de Copenhague y visitó Veracruz y Pa- 
pantla, haciendo una travesía por el país para dirigirse á las costas del Pacífi- 
co, regresando á Europa en 1843. Los ejemplares que colectó durante suexcur- 



Catálogo pe moluscos mexicanos. 19 

sión. formaron después parte de las colecciones del Dr. L. Pfeiffer, del Dr. R. 
A. Philippi, de Cassel y del Prof. Dnuker de Malbourg. Los dos primeros las 
dieron a conocer en varias monografías, y la colección del último ha pasado á 
formar parte del Museo de Berlín. 

M. A. Delatre, pintor y naturalista francés, viaja en esa época por los Esta- 
dos de Yeracruz, Xalapa y México, y los descubrimientos que hace en sus ex- 
ploraciones malacológ'icas son catalogados y descritos por M. Pfeiffer. Este na- 
turalista, en colaboración con M. Philippi, publica las descripciones de las espe- 
cies inéditas que había encontrado el Dr. Liebmau en sns viajes de exploración. 
Esta publicación lleva la fecha del ano de 1846. 

Por los años de 1846 á 1848, el distinguido naturalista francés, M. Arturo 
Morelet, hace exploraciones en los Estados de Yucatán, Chiapas y Tabasco, y 
él mismo publica los resultados de sus trabajos. 

Durante la guerra de 1846 á 1848, conocida con el nombre de «Invasión ame- 
ricana,» algunos oficiales del ejército de los Estados Unidos colectan varias es- 
pecies de moluscos, que son descritas y catalogadas por los naturalistas Grould 
y Lea. 

En el período de 1848 á 1850, el naturalista belga, M. F. Reigen, hace una 
colecta por los alrededores de Mazatlán, y el resultado de sus trabajos es pu- 
blicado en Londres por M. Carpenter, en una memoria titulada: «Catal. Maza- 
tlán Shells. 1857. > 

M. Shuttleworth publica en 1852 un Catálogo de especies nuevas de molus- 
cos, refiriéndose á la colección que en 1850 había formado M. Jacot Gruillarmod, 
en sus exploraciones por Yeracruz y Córdoba. 

Carlos Pieschel, secretario de la Legación de Prusia, hace exploraciones por 
los Yolcaues de México en 1853 y 1854; pero lo más importante de sus trabajos 
fué una especie muy interesante de Otostomus de la fauna de Manzanillo, con 
la cual enriqueció la colección del Museo de Berlín. 

En esta larga lista de exploradores extranjeros, vienen al fin á inscribírselos 
nombres de dos compatriotas, y esta nota es tanto más simpática, si se advierte 
que se trata de dos naturalistas que honran á la mujer mexicana. He aquí lo 
que dice vou Marteus en la Biología Central Americana, al hablar de los natu- 
ralistas exploradores de aquella época: 

El Dr. Karl Hermanu Berendt, nació en Danzig, en 1817, y dejó su país en 
1851, con motivo de las revueltas políticas de 1848. Algún tiempo vivió en Nica- 
ragua 1 1853); después en la ciudad de México, Orizaba, y por último (1855-62), 
en Yeracruz, en donde ejerció su profesión de Médico y Cirujano. En esta po- 
blación estrechó relaciones amistosas con el comerciante Hermanu Strebel, quien 
nació en Hamburgo en 1834, y representaba la firma de su padre en la ciu- 
dad de México, de 1849 á 1852, y posteriormente (1853) en la ciudad de Yera- 
cruz. El joven no tardó en interesarse en las exploraciones científicas; pero el 
teatro de sus operaciones no fué precisamente en las regiones cálidas de la eos- 



20 Catálogo de moluscos mexicanos. 

ta, ni tampoco la ciudad de Veracrnz, sino los plantíos de caña cíe azúcar de 
«Mirador,» del Sr. Sartorius, cerca de Huatusco (entre (Drizaba y Xalapa), eu las 
regiones de la tierra templada. Las primeras novedades de moluscos terrestres 
enviadas por el Dr. Berendt á Europa, fueron descritas por el Dr. Pfeiffer en 
su «Malakologische Blatter,» de 1861 á 1862, y entre las que figuraban el Cyclo- 
tus berendti, Flélicina berendti, Helix berendti j otros; también el Helix herman- 
ni fué más tarde bautizado por él. En sus pesquisas couchiliológicas ulteriores, 
recibió Streba) eficaz ayuda de la familia Salas, á cuyos miembros dedicó su 
género Salaciela, así come el S. Joaquinas y Glandince Stefanice; pero su propio 
nombre fué perpetuado por Crosse en el género Strebelia. 

El aficionado naturalista Strebel lia prestado grandes servicios á la ciencia 
Malacológica Mexicana; pues de 1873 á 1882, ha publicado cinco volúmenes en 
cuarto, conteniendo la descripción de 263 especies, con notas anatómicas redac- 
tadas por el Dr. Georg Pfeiffer. La obra de Strebel lleva por título: «Beitrag 
zur Kechutnissner Fauna Mexikanischer Laúd uud Süsswasser Couchylien.» La 
colección de Strebel figura eu el Museo de Historia Natural de Hamburgo. 

No pasaremos adelante sin recordar lo que dicen M. M. Fischer y Crosse en 
la Misión científica en México, respecto á los Naturalistas Mexicanos, Salas, 
pues viene a ser como un complemento de lo expuesto por M. von Martens en la 
Biología. 

«El Estado de Veracrnz, tantas veces visitado por los naturalistas, parece in- 
agotable. Eu 1875 ha sido explorado por dos mexicanas, amantes de la ciencia, 
las Sras. Estefanía y Joaquina Salas. La primera hizo, en ese Estado, entre Xa- 
lapa y Misantla, una excursión malacológica muy provechosa: exploró muy es- 
pecialmente, y casi a medio camino, entre esas localidades, los alrededores de 
San Juan Miliuatlíiu en la Sierra. Al año siguiente, 1876, emprendió nuevos tra- 
bajos de exploración; pero en esta vez fué Misantla y sus alrededores el centro 
de sus operaciones. Las colectas de estas dos apasionadas naturalistas fueron 
tan importantes, que dieron á Herinaun Strebel material bastante para una gran 
parte del tercer tomo de su obra sobre la Fauna Mexicana de moluscos terrestres 
y fluviátiles. Ellas recogieron, vivas aún, muchas especies del género Strebelia 
(S. Berendti, Pfeiffer), que han permitido definir, confirmando nuestras provisio- 
nes, que esta división pertenece realmente a la familia do los Testacéllidce; tam- 
bién encontraron viva la Streptostyla Nicoleti, que es una especie muy rara.» 

H. Hoge hace una colecta muy interesante de moluscos terrestres, entre los 
Estados de Chihuahua, Puebla, Veracrnz y Oaxaca, de 1879 á 1880; H. H. Smith, 
eu el Centro, Oriente y Sudeste de la República, colecta también de 1887 á 
1889; AV. Riehardson en el Noroeste de México, en 1889; F. D. Godmau eu el 
Oriente do México y Yucatán, de 1887 á 1888, y G. F. Gaumer. en la isla de Bo- 
nacca, costa de Yucatán, cuyos trabajos han servido á M. E. von Martens para 
la redacción de la Biología. 

M. AV. G. Binney publica, de 1861 á 1863, la lista de las especies nuevas re- 



Catálogo pe moluscos mexicanos. 21 

cogidas por M. P. Xanthus, naturalista húngaro, en el territorio de la Baja Ca- 
lifornia, y de 1863 á 1865, publican 31. M. Tryon y Gabb el resultado de las ex- 
ploraciones malacológicas de M. Aug. Rénioud en los Estados de Sonora y Si- 
naloa. 

F. Snmichrast recoge interesantes especies en Chiapas y Tehuantepec. espe- 
cialmente en Santa Efigenia y Cacoprieto, por el lado del Pacífico. Entre ellas 
se encuentran el Ettcalodium Sumichrasti, que es una de las especies más hermo- 
sas de este género, así como el Eucalodium Liebmani, que encuentra vivo en Ca- 
coprieto, y cuvo habitat era desconocido hasta entonces. 

El capitán Maler recoge en Chiapas y Tabasco una hermosa colección forma- 
da especialmente del género Eucalodium, poro bien conservados los ejempla- 
res, contando entre las especies raras el Amphicyclotus Maleri, descrito en 1883 
por M. M. Crosse y Fischer. 

Mauricio Ohaper, ingeniero y explorador distinguido, recorre varios lugares, 
entre ellos el Lago de Chápala y la isla de Mescala, aun no explorados, figu- 
rando en su colección especies nuevas, como el Bulimidus Chaperi, el Anodonta 
chapalensis, etc. 

Los naturalistas Herbert H. Siuith y A. Forrer, recorren, el primero, el Esta- 
do de Gruerrero, casi inexplorado hasta esa época; y el segundo, los Estados de 
Siualoa y Durango, donde hacen una buena colección que enriquece los Catálo- 
gos de Moluscos Mexicanos. 

En 1890, el Profesor Angelo Heilpriu, acompañado de varios naturalistas ame- 
ricanos, recorre Yucatán, Yeracrnz, Orizaba, México (sus alrededores), lago de 
Pátzcnaro y Yautepee: con la colección que forma, arregla mi catálogo malaco- 
lógico M. Henrv A. Pilsbrv. 

En 1892. publica M. H. A. Pilsbry, una memoria referente á los trabajos ma- 
lacológicos del Profesor José Rovirosa, hechos en el Estado de Tabasco, creán- 
dose el nuevo género, Pachychüus; teniendo por tipo el Potamanax rovirosai, 
Pilsbrv. 

ti 

En los «Proceedings of the Academy of Natural Sciences of Philadelphia, 
de 1891 á 1899.» se han publicado todos los nuevos descubrimientos que se han 
hecho de moluscos terrestres v fluviátiles mexicanos, así como en los «Proceed- 
ings of the United States National Museuiu,» de 1895 á 189(3, cuyos datos han 
sido arreglados por M. Pilsbry y M. Dalí, respectivamente. 

Por último, en un período de diez años (1890-1901) ha salido á luz la Biolo- 
gía Central Americana, dirigida por el Profesor E. von Martens, quien ha pro- 
curado concentrar todos los trabajos que los naturalistas han emprendido en las 
exploraciones de México, durante un período que casi completa un siglo. 

Sin embargo, la Biología y la Misión Científica, aunque abarcan los princi- 
pales períodos históricos de la malacología mexicana, si bien son lo más com- 
pleto posible respecto á moluscos terrestres y fluviátiles, ofrecen el vacío inmen- 
so de no ocuparse do los moluscos de nuestras playas y golfos, en cuyos sitios 



22 



Catálogo de moluscos mexicanos. 



hay una fauna que promete muchos descubrimientos á los naturalistas del por- 
venir. 

El cuadro siguiente, que tomamos de la Misión Científica, dará una irlea com- 
pleta de los exploradores que lian visitado la República; formando paso a paso 
su historia malacológica. 



M. M. Gabb (W. M.) 

Green (Teniente). 

Baja California <, Rich (Mayor). 

I Véatela Dr. 

\ Xantus J. 

„,. <>M. M. Ghiesbreght. 

Chiapas ' 

) Morelet A. 

Chihuahua M. Webb. Dr. J. H. 

„. , |M. M. Reigen. F. 

Smaloa 

I Rémond. 

Coahuila M. Berlandicr. Dr. L. 

Colima M. Berendt. Dr. 

Durango M. Seeman . 

„ J M. M. Galeotti. 

Guanajuato < 

I Hartweg. 

!M. M. Berlandicr. Dr. L. 
Galeotti. 
Hartweg. 
/M. M. Boucard A. 
Deppe. 
Galeotti. 
Hartweg. 
Hegewisch. 
Liebmann. 
Sallé A. 
Say. th. 
Uhde. 

Miehoacán |M. M. Galeotti. 

I Uhde. 

Nuevo León I M - M " Berlandier. Dr. L. 

i Pope (Capitán). 

, M. M. Boucard. A. 
i Galeotti. 

Oaxaca '....) Giesbreght. 

Hártwejí. 

Hegewisch. 
Uhde. 





raí. 


M 


Delattre. 


Puebla ' 


I 




Galeotti 
Sallé A. 
Uhde. 




rM. 


M 


Berlandier. Dr. L 


San Luis Potosí . . . . < 


1 




Galeotti. 
Hartweg. 


Sonora 


M. 




Rémond. A. 




jM. 


M 


Ghiesbreght. 




1 




Linden. 
Morelet. A. 


Tamaulipas 


M. 




Berlandier. Dr. L. 


Tlaxcala 


M. 




Sallé A. 




,M. 


M 


Berendt. Dr. 
Botterí. 
Boucard A. 
Borrough. Dr. 
Delattre. 
Deppe. 
Friedel. Dr. 
Galeotti. 








Hartweg 


Veraeruz / 




Heíjeweisch. 




Jacot Guillarmod. 








Mohr. 








Sallé A. 








Saudoz. 








Sartorius. 








Say. Th. 








Strebel. 








Sumichrast. 








Uhde. 




rM. 


M 


Dyson. 


Yucatán 






Linden. 




Morelet. A. 




;m. 


M 


Galeotti. 
Hartweg. 



En la lectura de este cuadro se advierte desde luego que aún faltan los Es- 
tados de Aguascalientes, Guerrero y Querétaro por visitar, para que estén re- 
presentados, al menos en el catálogo de las colecciones. Además, es fácil admi- 



Catálogo de moluscos mexicanos. 



23 



tir que las exploraciones, en un Estado cualquiera, 110 han comprendido todo su 
territorio, y por lo mismo, todavía queda mucho por ver á los obreros del por- 
venir. 

La fauna malacológica mexicana conserva muy bien la memoria de todos los 
exploradores que han concurrido con su la labor á formarla, pues muchos gé- 
neros y especies llevan su nombre, y causa alguna tristeza el ver que en esa in- 
mensa apoteosis del trabajo sólo hay tres ó cuatro nombres mexicanos. Pero 
todavía nuestro suelo guarda muchas conquistas para nuestros naturalistas. 

A fin de evitar repeticiones en la enumeración de las especies en nuestro Ca- 
tálogo, ponemos á continuación los nombres de los naturalistas que se han in- 
mortalizado en sus propios descubrimientos. 

Los géneros Strebelia y Moreletia, han sido consagrados a Strebel y Morelet: 
el género Salaciéla á la familia Salas: 



Salaciela joaquinfe dedicado á 

Cyclotus dysoni , , , , 

Habropoma salleanus ,, ,, 

Choanoponia sumichrasti ,, ,, 

Helicina ghiesbreghti , , , , 

,, deppeana ., ,, 

,, strebeli ,, 

,, shuttleworti ,, ,, 

Proserpina berendti , , ,, 

Strebelia berendti „ ,, 

Glandina sowerbyana , , , , 

, , cumingi , , , , 

,, liebmani ,, ,, 

., andebardi ,, ,, 

,, largilliertí ,, ,, 

,, dalli ,, ,, 

crossei 

,, flscheri ,, ,, 

albersi 

Streptostyla botteriana ,, ,, 

., delattrei „ , , 

Patela hermani ,, „ 

Helix berlanderiana ,, ,, 

,, humboldtiana ,, 

,, hogeana , 

,, guillarmodi ,, ,, 

Polygyra mooreana ,, ,, 

beheri ,, 

Orthalicus ferussaci ,. ,, 

Baihnus moricandi ,, ,, 

Otostomus tryoni „ „ 

,, uhdeanus 



M* Joaquina Salas. 
Dyson. 
Sallé. 

Sumichrast. 
Ghiesbreght. 
Deppe. 
Strebel. 
Shuttleworth. 
Berendt. 

StrebelyBerendt. 
Sowerby. 
Cuming. 
Liebmann. 
Andebard. 
Largilliert. 
Dalí. 
Crosse. 
Fischer. 
Albers. 
Botteri. 
Delattre. 
Hermann. 
Berlandier. 
Humboldt. 
Hüge. 

Jacot-Guillarmod. 
Moore. 
Behr. 
Ferusac. 
Moricand. 
Tryon. 
Uhde. 



24 Catálogo de moluscos mexicanos. 

Bulimulus schiedeanus dedicado á Shiede. 

Coelocentrum pfefferi ,, ,, Pfeiffer. 

Holospira pfeifferi „ ,, Pfeiffer. 

,, remondi ,, ,, Rémond. 

,, pilsbryi ,, ,, Pilsbry. 

Leptomaria martensi ,. ,. von Martens. 

Vajinula raoreleti ,, ,, Morelet. 

üniorovirosai ,, ,, Rovirosa. 

En el Boletín del Museo Nacional de los Estados Unidos, se han publicado 
trabajos muy interesantes, especialmente del célebre malacologista Mr. Williara 
Healey Dalí, quien ha hecho una revisión de la fauna malacológica marina en 
la costa S. E. de los Estados Unidos y Golfo de México hasta Yucatán. 

Pero en lo que atañe .1 la fauna malacológica de la zona mexicana, los tra- 
bajos emprendidos por la Comisión Geográfica Exploradora, que posee un Mu- 
seo especial bajo la dirección del Sr. Ingeniero Fernando Ferrari Pérez, pue- 
den dar una idea de lo que se lia hecho en favor de las ciencias naturales en la 
República Mexicana en el transcurso de un siglo, teniendo en cuenta la fecha en 
que se iniciaron las exploraciones de 1803 á 1903. 




PESEN* DESCRIPTIVA Y GEOLÓGICA 

DE 

LA G-EUTA DE TONALTO¥GO : 

DEL MINERAL DEL CARDONAL, QUE SE HALLA AL PASO, 
Y DEL CAMINO QUE A AQUÉLLA CONDUCE, SITUADOS EN EL ESTADO DE HIDALGO. 




2Í" el confín norte del valle de Tillase extiende el de Lxmiquilpau.que 
es simplemente subordinado de aquél. El mismo río atraviesa á 
los dos, cambiando de nombre según la localidad por donde pa- 
sa; nace en el monte de la Bufa, que se levanta al norte de la se- 
rranía de las Cruces, la cual cierra al poniente el valle de Méxi- 
co. ~No lejos de su origen recibe, desde la admirable obra de En- 
rico Martínez, su principal afluente, que es el de Cuautitláii, el cual 
se despeña de regular al tura, en el lugar llamado el Salto, después de 
su salida por el tajo de Nochistougo. En el misino Tula se le une otro, que es el río 
Chico, y continuando hacia el norte con el nombre de río Moctezuma, en su última 
parte, desemboca en el Panuco. Por este misino rumbo elsubvallede Ixiniquilpau 
está limitado, ásn vez, por la serranía de Ziuiapán, en cuyas montañas más próxi- 
mas se halla situado el mineral de la Bonanza; cierran el oriente las de Metzli- 
tláu y Actopan, que, unidas á la primera, forman en realidad una sola: depen- 
dientes todas ellas de la Sierra Madre Oriental, se relacionan también con la 
más antigua de Pachaca; esto es, al menos, lo que se desprende del examen de 
nuestras cartas geográficas. Poderosos contrafuertes ó simples lomeríos separan 
los dos valles de México y Tula, este líltinio más al norte, y teniendo el primero, 
entre otras comunicaciones, la muy amplia del puerto de Montero. 

Veamos ahora el trayecto que tiene que recorrerse para llegar á Ixmiquilpan, 
tomando como punto de partida la estación de Tula del F. C. C, en la cual se 



26 MANUEL M. V1LLADA. — LA GRUTA DE TONALTONGO. 

conecta el ramal de la línea de Pachaca, y cuja altura sobre el nivel del mar es 
de 2,047. Dejando esta vía en la estación intermedia de Tetepango, se continúa 
después eu carruaje hasta la repetida población de Ixmiquilpan, distante 36 ki- 
lómetros en rumbo al norte. El camino es casi plano en sus dos terceras partes 
y algo accidentado en la terminal. A poco de caminar, se pasa frente á la ha- 
cienda de Ulapa. con sus campos cubiertos de extensos magueyales, y a unos 
8 kilómetros adelante, se levanta sobre la izquierda, ó sea al poniente, una ca- 
dena de elevados cerros, al pie de los cuales se halla instalada la planta eléctri- 
ca de Juaudó, de donde se trasmite dicha potencia a Pachaca para el alumbra- 
do de esta población. El agua que corre por el Gran Canal del desagüe del va- 
lle de México, llevada sobre la cumbre de los cerros por mi caño abierto, pone 
en movimiento a la turbina de la referida planta. Al primer golpe de vista, la 
vegetación no ofrece mayor interés, sin que por esto falten especies dignas de- 
señalarse: citaré tan sólo una de ellas, que al fin llamó mi atención: el Desmon- 
thus incurvus, Bentl, de la familia Leguminosas, vulgarmente llamado Mez- 
quitillo. Es un pequeño arbusto de menudos foliólos bipiuados y pequeñas le- 
gumbres algo encorvadas y distribuidas por manojos eu el extremo de las ra- 
mas; crece diseminada entre los huizaches y mezquites, que son tan comunes, 
como seguros denunciantes de la sequedad del suelo. 

Más adelante, y eu el lado opuesto de la carretera, ó sea al oriente, surge otra 
cadena de cerros que viene de este misino rumbo, y que, como la anterior, se di- 
rige al norte. Pasados 40 kilómetros, aproximadamente, se llega á la altura de 
la población de Mixquiahuala, distante como4kilómetros al poniente déla repetida 
carretera. Sigue después el paraje llamado la Venta, eu la que momentánea- 
mente distrae la atención del viajero, con su parlera voz ó inquietos modales, 
un alado habitante de nuestra, fauna, el Corvus mexicanus, tan bien domestica- 
do como una aA r e de corral. Signe después otro paraje de más humilde aspecto 
que el anterior, llamado la Cocinera, y so llega,, eu fin, á la entrada de una cues- 
ta, larga y tendida, eu la que el camino desciende describiendo una curva. Aquel 
paso es un portillo, respectivamente flanqueado de uno y otro lado por un en- 
cumbrado cerro y el talud de extensos lomeríos que allí terminan, sin levantar- 
se, al ras de la pendiente; las cuales eminencias limitan al sur una cuenca hun- 
dida, eu cuya extensa planicie ocupa cierto lugar la población de Ixmiquilpan, 
situada á 1,717 metros de altura, eu la margen derecha del río de Tula, el cual 
toma allí el nombre de aquel primer lugar. De cauce ancho y superficial, al me- 
nos eu parte, entra eu la cuenca por el SW. y sale al NW., á través de una pro- 
funda abra ó cortadura llamada de San Juauico, en donde se hace tumultuoso; 
más adelante se le une el de Actopan, y juntos continúan su curso al norte, co- 
mo queda dicho. Sus vegas se aprovechan para diversos cultivos, y eu ciertas 
de ellas, convertidas eu verdaderos cármenes, se cosecha un durazno de supe- 
rior calidad y otros frutos no menos apreciados; pero hoy día, eu completa de- 
cadencia á este respecto, debido, según se dice, al agua salitrosa que sirve para 



MANUEL M. VILLADA. — LA GRUTA DE TONALTONGO. 27 

el regadío de Las tierras, la cual proviene del Desagüe del valle de México, 
que recibe el río mas arriba: es creencia general que acabarán por perderse. 

Las últimas estribaciones de la serranía de Ziuiapáu, en cuyas montañas 
más próximas se halla situado el mineral de la Bonanza, como antes se dijo, cie- 
rran la cnenca que nos ocupa, por sus lados norte y poniente; el oriental, por las 
correspondientes de Actopau y Metztitlán, y el del sur, por las que se han di- 
cho ya. Aproximadamente, de figura elipsoidal y dirigida de oriente á poniente, 
no excede de 40 kilómetros en su mayor longitud, datos que en lo absoluto no 
afirmo, por Jo limitado de mi exploración. (El croquis que se acompaña, tomado 
á vuelo de pájaro desde la torre de la parroquia, dará mejor idea de su configu- 
ración). 

En rumbo al ÍTE. y á 20 kilómetros de Ixuiiquilpan, se desprende al sur de 
la serranía de Ziuiapáu una cadena de elevados cerros metalíferos, en donde se 
asienta el antiguo Real de Minas del Cardenal; su pequeña población está situa- 
da en la llanada de una loma, próxima á los cerros en que se encuentran ubica- 
das las principales minas, y de los cuales está separada por una barranca de 
cierta profundidad, que corta en contorno la falda de aquellos. La posición 
que respectivamente guardan los cerros que la rodean, es como signe: al NE., 
y como á 2 kilómetros de distancia, el de las minas; al W., el del Fraile, que se 
levanta aislado; al S. SE., el de San Antonio; quedando Ixiuiqnilpan al S"W\, á 
un nivel más bajo y sin interposición de algxín otro. Su altura sobre el nivel 
del mar, según el Señor Laudero, es de 2,263 metros. 

Las minas anotadas por mí, son la Soledad, San Antonio el Hermoso, San 
Yicente, La Concepción, San Juan Aparicio y ISTexcadí? No todas se hallan en 
frutos, y entiendo que algunas se han abandonado del todo. De la Soledad, que 
es la que más trabaja, se extraen semanariamente de 40 á 50 cargas de mineral 
plomoso, que rinde el 9°/ do metal puro. En la sola fundición establecida en 
debida forma, así como en las demás, el beneficio es por fusión y reducción con 
el carbón, en hornos primitivos. El importe de raya en la semana llega hasta la 
cantidad de $1.500, aproximadamente. El egoísmo y la desconfianza defrauda- 
ron el afán que tuve de proporcionarme mejores datos. 

En todas las muestras que examiné,' dominaba la cerusita ó carbonato de 
plomo, y en mucha menor abundancia la anglesita y la galena, ó sean sulfato y 
sulfuro, respectivamente, del misino metal, que en todo caso presentan baja ley 
de plata. En ninguna de ellas descubrí las dos especies mineralógicas, raras en 
la naturaleza, qne se encuentran, tanto en criaderos de fuera del país, como en 
los nuestros (y precisamente en Ziuiapáu), siempre unidas á la galena, según en- 
tiendo: el Massicot, ú óxido amarillo de plomo, PbO y el rojo, P 2°, que es el 
Minio, ó sean el litargirio y azarcón nativos. Para las necesidades de la indus- 
tria, uno y otro se obtienen del plomo metálico ó carbonatado, por medio de pro- 
cedimientos químicos ó simple fusión. 

En la hacienda de beneficio antes citada, se prepara el segundo, que es el 



28 MANUEL M. VILLADA. — LA GRUTA DE TONALTONGO. 

de mayor consumo, haciéndolo pasar antes por el primero ó greta, como se le 
llama. Casi todo el plomo qne se extrae de las minas se emplea en la fabrica- 
ción de este producto, que por su excelente calidad es muy superior á todo el 
demás del país, cotizándose, por lo misino, á un precio más elevado. 

Juzgo oportuno insertar á continuación un breve informe del Señor Inge- 
niero de Minas D. Carlos de Landero, publicado hace muchos años; entiendo que 
desde aquella lejana época no ha cambiado gran cosa la vida industrial de aque- 
lla negociación. 



APUNTES SOBRE EL REAL DE P/1SNAS DE PLOMO DEL CARDONAL 

(Est. de Hidalgo). 



«En el mes de Diciembre del año próximo pasado, hice una rápida visita á 
aquel distrito minero; interesante, porque sus minas de plomo son de las prime- 
ras que se trabajaron en el país, poco después de la Conquista. Aunque los da- 
tos que tuve ocasión de recoger, pecan de incompletos, los trasmito á esa Socie- 
dad (la de Ingenieros de Jalisco), para darle una ligera idea de dicho Distrito. 

La primera de las minas de plomo que se trabajó en el Cardonal, fué la lla- 
mada de San José, descubierta á fines del siglo XYI, por D. Alonso de Villa- 
seca. 

Las principales minas actualmente en trabajo, son las de «San Antonio el 
Viejo,» «La Soledad.» «La Derrumbada» y «San Joaquín.» La extracción se- 
manaria de la primera es de 30 cargas de mineral, y de 150 la de la última. (En 
aquel Distrito la carga es de 10 @). 

Los labrados más profundos en aquellas minas se encuentran auna profun- 
didad de 150 á 250 metros. El laboreo es muy irregular, no habiendo en las mi- 
nas tiros ni cañones generales, sino solamente excavaciones laberintosas sin 
plan fijo, ni con todas las debidas precauciones. Esto hace que haya habido con- 
siderables hundimientos y que la ventilación de las excavaciones deje mucho 
que desear. Las escaleras usadas son de muescas. La extracción la hacen los 
tenateros por las escaleras. El agua es, por fortuna, escasa allí en las minas, te- 
niendo desagüe natural aquellas en que algo más abunda. Actualmente se tra- 
baja, en uu socavón que, concluido, permitirá ampliar el laboreo en algunas de 
las minas principales. 

Las obras muertas y la extracción se hacen con operarios á jornal, siendo 
éste de 18 á 30 centavos. El flete, de las minas arriba mencionadas, á la fundi- 
ción de Chalmita, cuesta 16 centavos la carga de 10 arrobas. 

El sistema de trabajo en las labores de disfrute está muy bien obtenido; 



MANUEL M. VIU.APA. — LA GRUTA DE T0NALT0NG0. 29 

es el de paradas ¡i l;i carga. Cada minero recibe 12 3 / 4 centavos por tequio, ó tarea 
de mineral que tumba; cada tarea varía, de 5 á 8 arrobas, siendo generalmente 
de 7. La fortificación empleada es la entubacióu, empleándose maderas de di- 
ferentes especies de coniferas, que hay eu los montes de aquellas montañas, de 
muy buena clase. En unas antiguas minas de plata y oro del cerro de Mo-qui, 
situado á unas cuatro leguas del Cardonal, lie visto ademes eu regular estado 
de conservación, que datan de principios del siglo. 

Las capas inclinadas, que constituyen el criadero del mineral de plomo, tie- 
nen de 6 á lü metros de potencia. La ley media del mineral es de un 10% de 
plomo. El plomo extraído tiene hasta 0.002 de plata, ley correspondiente á 1 
marco por carga de 10 @. Consecuentemente la ley de plata del mineral es de 
0.0002, que corresponde á un décimo de marco por carga de 10 @. 

Los minerales son eu su generalidad oxidados, consistiendo principalmen- 
te en carbonato de plomo (cerusite); accidentalmente se encuentra el sulfato y 
el van adato de plomo (anglesite y vanadinite), así como alguna galena. Del Car- 
donal y de Ziuiapán, fueron los ejemplares de «vanadinite» ó «plomo pardo,» 
eu que D. Andrés Manuel del Río descubrió el «vanadio,» ó como él lo denomi- 
nó, «erytrouio;» siendo del Cardonal el que analizó cuantitativamente, y cuyo 
análisis confirmó el gran químico Woehler. 

El precio del plomo varía de 12 á 18 pesos la carga. El plomo del Cardonal 
tiene bien sentada v bien merecida su fama de sor de mnv buena clase. 

El ocre rojo abunda en aquellos criaderos de plomo. De una de las minas, 
perteneciente á los Sres. Zenil, extraen solamente dicho mineral (almagre), que 
se vende eu el Cardonal á 6 centavos arroba, v eu México de 60 á 75 centavos. 

La altura de la población del Cardonal, sobre el nivel del mar, es, según mis 
observaciones, de 2.263 metros. Hay escasez de agua en la población, asándose 
la de aljibe, habiendo dos de éstos destinados al nso del público. 

En el Cardonal hay diputación de minería, con jurisdicción sobre el Real 
de la Bonanza, San Clemente y diferentes minas de las cercanías. 

En el cerro de Mo-qui, del que hablé arriba, hay notable abundancia de 
vetas auríferas y algunas argentíferas; pero son muy angostas y muy bajas las 
leves de sus minerales. Su dirección es generalmente de NO. á SE. y son casi 

ti c"> t. 

verticales. Arman eu pórfido, cuya erupción levantó las capas de [¡¡zarras cali- 
zas, que se extienden desde el Cardonal hasta dicho cerro. Las traba jan en muy 
pequeña escala los habitantes del Santuario de Mapete (población do 500 habi- 
tantes, situada eu la misma sierra) y del Cardonal. Hay antiguos labrados aban- 
donados; de ellos, los de la mina de San Clemente, son relativamente de cierta 
consideración, pues hay allí un cañón de 100 varas de longitud y algunos pla- 
nos y labrados inundados. El punto llamado San Clemente, al pie del cerro de 
Mo-qui, se encuentra á 2,313 metros sobre el nivel del mar, y la cima del mis- 
mo cerro á 2.500. La vegetación de aquellos cerros consiste, principalmente, eu 
pinabetes, robles y magueyes silvestres. 



30 MANUEL M. VILLADA. — LA GRUTA DE TONALTONGO. 

Para l¡i extracción del oro, muelen el mineral en cantidades menores de una 
carga en pequeños arrastres de cerca de un metro de diámetro, que los mismos 
trabajadores mueven. De estos arrastres hay unos cuatro en San Clemente y dos 
en Valenciana, á la falda del cerro, en la vertiente opuesta. Hay, además, restos 
de otros muchos arrastres de éstos, que se ven diseminados en aquellos cerros, á 
la orilla de los arroyos. 

No recuerdo exactamente las leyes de oro de las muestras que recogí, según 
los ensayos que se hicieron en Pachucay Real del Monto; pero son de 1 á 2 adar- 
mes por carga de 12 @ y aun menos (0,000013 á 0,000026). Accidentalmente se 
encuentran algunos ejemplares de cuarzo hialino con pegaduras y laminitas de 
oro muy aparentes (gallitos). 

Las matrices en que se encuentra el oro, consisten, generalmente, en arcillas 
ferruginosas, y cuarzo en las vetas más angostas. 

El tratamiento metalúrgico de los minerales de plomo se hace en más de 20 
pequeñas fundiciones, que se encuentran en las cercanías del Cardonal, en el 
Santuario de Mapete y, el mayor número de ellas, en una barranca situada á 3 
leguas del Cardonal. En ella se halla la principal de dichas fundiciones, llama- 
da de Chalmita, que visité. Allí pueden fundirse, semanariamente, unas 300 car- 
gas. Tiene dos hornos sena-altos, capaces de recibir 25 cargas cada uno, en 24 
horas. Para el soplo, tienen un ventilador Root iiúm. 1, movido por una rueda 
de cajones, cuya potencia pnecle estimarse en 4 ó 5 caballos. 

El costo de fundición por carga de mineral, es, en dicha oficina, de 50 cen- 
tavos, siendo en las otras de 75 centavos. Afinan todo el plomo, obteniéndose 
en esta operación una pequeña utilidad, por la plata que sacan. Para el soplo 
del vaso de afinación ocupan una trompa. No recogí datos satisfactorios sobre 
la producción anual de las minas del Cardonal. Es una simple apreciación aproxi- 
mada la que hago, considerando el monto de dicha producción en 7,000 quinta- 
les de plomo y 2,000 marcos de plata. 

Eu cnanto á la cantidad de mineral de oro que extraen y benefician en el 
cerro de Mo-qui, puede apreciarse, á lo sumo, en 500 cargas anuales, y el oro 
producido en unos 100 marcos; pues, como ya se dijo, la explotación se limita á 
unas cuantas catas. 

Además del castellano, se habla muy generalmente el idioma otomí eu aque- 
llos lugares. 

El Cardonal se encuentra á unas 5 leguas de la floreciente villa de Ixmi- 
quilpan, cabecera del distrito del mismo nombre, del Estado de Hidalgo, situa- 
da eu la margen derecha del río de Tula y cuya altura sobre el nivel del mar, 
es, según mis observaciones, de 1,717 metros. 

Bramador, Octubre 10 de 1880. 

C. F. DE Landero.» 



MANUEL M. VILLADA. — LA GRUTA DE TONALTONGO. 31 

Saliendo del Cardonal con rumbo al NE. y cruzando la barranca sobre el 
puente Colorado, en lo alto de la loma se extiende una vasta llanura, que á la 
distancia de 10 kilómetros se levanta suavemente hasta alcanzar Tina altura de 
2,080 metros sobre el nivel del mar, bajando de igual modo por el lado opuesto. 
Próximo á este lugar, llamado Cuesta Blanca, corta el terreno la profunda ba- 
rranca de «Los Libros,» densamente poblada de árboles de pino piñón, Pinus 
cembroides, L., enebros ó sabinos, Juniperus mexicanas, Sch., y otras pare- 
cidas esencias selváticas, cuya presencia denuncia desde lejos su fragante 
aroma: aumentándose con esta embalsamada atmósfera el atractivo de aquel 
bello sitio. 

En cerradas vueltas desciende la vereda para atenuar la pendiente, siguien- 
do la inclinación de las capas de caliza apizarrada, cuyos cantos afloran en las 
paredes, alcanzando hasta el fondo su punto de buzamiento ó lugar en que des- 
aparecen; reduciéndose aquél en altura, á lo largo de la línea del talweg, á 1,760 
metros, ó sean 330 metros más abajo de la Cuesta Blanca. Cerca del lugar en 
donde cambia bruscamente la dirección de la barranca, formando esquina, se 
destaca, en la pared correspondiente, na grupo de esbeltas columnas prismáti- 
cas, de roca negra, en mí mero de quince, que toscamente representan el dorso, 
con sus cuadratines, de otros tantos libros gigantescos colocados en un anaquel, 
y de aquí el origen del nombre antes citado. Recorrido un trayecto como de 
2 kilómetros, se sale á la llanura que se extiende en lo alto de las lomas, por la 
vertiente opuesta, y pasando otro trecho, quizá doble del anterior, y siguiendo 
en la dirección del Este, se llega al paraje llamado la Mesa, en donde se halla 
establecido mi pequeño rancho; desde allí se columbran, muy á lo lejos, las mon- 
tañas, y hacia el mismo rumbo, pero menos retirado, el blanqueado casco de la 
hacienda de la Florida. Continuando la marcha en casi igual sentido, el terreno 
paulatinamente baja, y tras moderada distancia, no mayor que la precedente, se 
interpone al paso la profundísima barranca de Toualtongo, en la que se oculta 
una admirable obra de la naturaleza, término final de nuestro viaje. En rápido 
descenso en zig zag, corta la vereda la acantilada pared de un costado, que fiel- 
mente reproduce la del otro, lo cual permite hacerse bien cargo de ellas. Por 
una ilusión de óptica, la contraria se levanta más y más al acercarse al fin de la 
empinada cuesta. Se llega el momento en que al voltear de frente, ó rumbo delan- 
tero, aparece en el estrecho horizonte de la cañada, la cúspide de un gran cerro 
do extraña configuración, debida á la cual, y que explicaré en seguida, tiene el 
significativo nombre de «La Corona.» Visto de perfil, presenta dos cimas: la del 
SW., más alta, aguda y estrecha; la del NE., baja, ancha y arredondada; unidas 
por mi espinazo arqueado hacia arriba ó imitando todo el conjunto la figura de 
una silla de montar. Completas desgarraduras dividen á la primera en varios 
picachos, que bien representan la insignia ó distintivo reala que alude el citado 
nombre; amplia grieta, de trayecto irregular, nace en la base de ésta, como la 
cuartead ura de un muro, y termina en el arco de entrada de la notable gruta 



32 MANUEL M. VILLADA. — LA GRUTA DE TONALTONGO. 

ó caverna socavado al pie del mismo cerro; el que, por otra p¡irte, no está del 
todo aislado, sino unido á una de las paredes do la barranca, como pornu dique 
muy difícil de franquear. Al terminar, se hace más inclinada y peñascosa 
la pendiente; pero una vez dominada la dificultad, se pone á la vista, en semi- 
obscuro rincón, la espaciosa y arqueada boca del citado subterráneo, que mide 
15X10 metros, de cuerda y de flecha, respectiva y aproximadamente. El agua 
que sale del interior, como después se dirá, se represa fuera de ella en un gran 
charco de poca profundidad, del que sobresalen grandes peñascos desprendidos 
délas próximas alturas. Salvado este obstáculo, sin mayor trabajo, se entra des- 
de luego á un salón ó vestíbulo abovedado, de figura más ó menos circulary con 
dimensiones correspondientes á las enumeradas arriba. Del centro de la bóveda 
saltan de continuo, por dos tubos calizos próximos entre sí y que en algo recuer- 
dan los sopladores de una ballena, saltan, repito, gruesos chorros de aguadulce 
y caliente á la temperatura de 3(3° del centígrado, que apenas se abarcan con los 
brazos. De la misma bóveda otros, además, delgados como hilos, pero de agua 
fría. Otros, en fin, resbalan extendidos en capa contra la pared del fondo, de la 
calidad de los primeros; por lo visto, aquel antro se halla convertido en una ver- 
dadera regadera, y á su vez el piso eu estanque, por toda el agua que en él se 
precipita; alimentado sin cesar con tan copioso caudal, el excedente líquido se 
derrama y acumula do igual modo eu el exterior, como se ha dicho; deslizándo- 
se después sobre quebrada pendiente de pequeños receptáculos, que funcionan 
como exclusas escalonadas, para continuar su curso en el fondo de la barranca. 
La vista que se acompaña da una buena idea de este primoroso raudal. 

Volviendo al interior de la gruta, agregaré que en su más obscuro rin- 
cón y á cierta altura, amplio resquicio, al parecer, permite el acceso á una se- 
gunda galería eu completas tinieblas, en donde una corriente subterránea de 
agua dulce y caliente la llena directamente, de bote en bote, hasta cierta altura, 
sin precipitarse de la bóveda. Por simple noticia consigno este último dato, pues 
no tuve elementos disponibles para llevar adelante la exploración, por la difi- 
cultad que ofrece; pues al pie de aquella entrada, el torrente que desemboca eu 
el depósito del primer salón, ocasiona violento remolino, que, eu obvio de peli- 
gro, exige grandes precauciones y no pocos esfuerzos para salvarlo. 

La breve descripción que antecede hará, no obstante, comprender lo intere- 
sante de aquel sitio, eu donde por mano de la naturaleza se halla dispuesto un 
confortable y completo balneario, cual no existe probablemente otro igual en la 
tierra, y que bien pudiera designársele con el humorístico nombre de «Las Ter- 
mas de Pintón.» 

Si fuese más accesible, sería, sin duda, más frecuentado de lo que es hoy; acu- 
diendo tan sólo, durante el invierno, las familias comarcanas, para quienes se 
tiene arreglado fuera de la gruta, eu lugar apropiado y bajo rústico techo, un 
pequeño estanque medianamente acondicionado. 

Por vagos informes, pues en ello se guarda la mayor reserva, he sabido que 



MANUEL M. VILLADA. — LA GRUTA DE TONALTONGO. 33 

en los contornos se ocultan otras bellezas de igual género, pero de un mérito in- 
comparablemente mayor. 

Toca ahora discurrir sobre aquel funcionamiento hidráulico, verdaderamen- 
te excepcional, sin omitir las peculiaridades del elemento líquido que entra en 
juego. 

Por falta de reconocimiento pericial de la zona limítrofe, que permitiera emi- 
tir una opinión bien fundada, me veo obligado á exponer tan sólo una simple 
hipótesis que lo haga comprender, bastando para ello unas cuantas palabras. Es 
demasiado sabido que en el país, así como en otras partes, son frecuentes las co- 
rrientes subterráneas en los terrenos calizos dislocados por las rocas ígneas, en 
razón de su estructura y la fácil disolución del material. Ahora bien, en el pre- 
sente caso, la corriente debe tener su origen en un punto lejano y de mayor al- 
tura que el cerro de la Corona; filtrándose en seguida el agua y abriéndose pa- 
so á lo largo de los planos de contacto de ciertas capas encorvadas hacia arriba, 
se dirige primeramente al interior de la tierra y después al exterior de ella, has- 
ta recobrar casi su primitivo nivel (ó de un anticlinal á otro, bajando y subiendo 
por los costados de un siucliual); siendo en definitiva un sistema hidráulico que 
funciona como un sifón, y que, por sus múltiples ramificaciones, ha convertido al 
repetido macizo en una verdadera esponja; no será remoto que con el tiempo 
acabe por derrumbarse, máxime si se atiende á que las aguas superficiales, de-' 
tenidas por el dique de que se lia hablado, igualmente lo atacan por la base. La 
elevada temperatura del agua y su falta de íuineralización, á su vez, se explica 
por el frotamiento y bajo nivel á que desciende, el cual bien puede estimarse en 
algo menos de 250 metros, pues se ha calculado que á cada 7 metros de profun- 
didad, sube 1° el calor de la tierra. Respecto de las substancias minerales que 
puede disolver en su largo trayecto, no siendo sino cal carbonatada y siliceosa, 
ambas se precipitan al perderse, en contacto del aire, el exceso de ácido carbó- 
nico que las vuelve solubles, quedando, por lo tanto, casi libre de toda impureza. 

Bastante pobre es la ornamentación en la pequeña parte explorada, excep- 
ción hecha del exterior, en que las estalactitas y estalagmitas unidas, le dan to- 
do el aspecto de una artística fachada, apenas respetada por las injurias del 
tiempo. 

Terminada la exploración susciutaiuente relatada, y que nos obligó á pernoc- 
tar una noche junto á la boca de la gruta, emprendimos la retirada bajando pol- 
la pendiente opuesta, próxima al raudal, y recogiendo en ella los siguientes 
datos. 

El fondo de la barranca se halla á una altura, sobre el nivel del mar, de 1,279 
metros, y á 1,300 el piso del primer salón ó vestíbulo. La distancia que inedia 
entre aquélla y el Cardonal, puede estimarse en 30 y 40 kilómetros, por uno y 
otro de los dos caminos que generalmente se siguen. La temperatura que disfru- 
ta en su parte más baja, permite el cultivo de plantas tropicales, como el pláta- 
no, del que vimos un hermoso plantío; así como otro de naranja dulce, más arri- 



34 MANUEÍ, M. VXLLADA. — LA GRUTA DE TONALTONGO. 

ba, en el rancho de Toualtongo. En cierto lugar de la barranca tropezamos con 
nn regular depósito de grandes bloques de caliza compacta, colocados desorde- 
nadamente y desprendidos de las alturas; debajo de dos de ellos, entre sí re- 
cargados, formando lo que lia sido llamado 1111 caos, pudimos pasar á caballo 
como por el ojo de mi puente. 

Después de rodear una gran parte del cerro di* la Corona, siguiendo el cur- 
so del arroyo, cruzamos éste al fin, para tomar por una revuelta y empinada ve- 
reda que sube por un costado de cierto ramal de la barranca, que. por su mag- 
nitud, considero como su propia continuación. Caminando por entre arbustos y 
matorrales tocamos al paso el rancho de Totialtongo, antes mencionado, el cual 
se asienta eu un recodo de la misma ladera. Tras breve descauso, proseguimos 
adelante hasta alcanzar el borde, con menos dificultad que al principio, por ha- 
llarse la vereda más tendida; largas tres horas empleamos en recorrer este últi- 
mo tramo, que á lo sumo tendrá 8 kilómetros. A la salida se extendía á nuestra 
vista, en rumbo norte y poniente, despejado horizonte, apenas embarazado por 
lejana serranía; pero al oriente se levantaban altos cerros y lomeríos escalona- 
dos, de acnpulada forma, como desiguales arrugas sobre un plano inclinado, 
los cuales morían á orillas del abismo que con no poca fatiga acabábamos dees- 
calar. Muy cerca de él y próximo á un cortijo, iinico que anima aquel agreste y 
solitario sitio, parte la vereda que, acortando camino, conduce al Cardonal, y á 
la hacienda de la Florida, otra que de allí mismo so desprende. La que segui- 
mos, sube por la falda de un elevado cerro que nos permitió dominar por com- 
pleto las eminencias antes señaladas. Salimos al fin á la llanura ó meseta de las 
mismas, reinando eu todos aquellos desolados campos, por su falta de vegeta- 
ción, una aridez casi absoluta: así como éstos, hay otros muchos eu el país, 
que ocupan extensísimas áreas, y que mucho amenguan la decantada fertilidad 
de nuestro suelo. Si á tan triste cuadro se agrega la soledad de un desierto, so 
comprenderá lo tedioso que se hacen los 25 kilómetros de camino que se tienen 
que recorrer para llegar al Cardonal; rodeando por el lado opuesto de donde 
salimos el cerro del Fraile, que perfila eu el accidentado contorno de su cima, 
aquella supuesta figura en posición yacente. 

En el fondo de la barranca crece con profusión la Cordia alba. D. C, lla- 
mada anacahuite en aquel lugar, y que es un arbusto de abundantes flores blan- 
cas. Yí otra especie que llamó mi atención, el Gonolobus virescens, D. C. de lar- 
guísimos y delgados tallos colgantes que se balanceaban en el abismo á impul- 
sos del viento; con frutos de forma y tamaño de un pepino, y flores verdes. 



MANUEL M. VILLADA. — LA GRUTA DE TÜXALTOXGO. 35 



* # 

Dos épocas geológicas distintas se hallan representadas en toda la región 
que nos ocupa, ligadas por una tercera, que en su orden cronológico son la se- 
cundaria, terciaria y cuaternaria. Los depósitos sedimentarios talasíticos del pi- 
so medio é inferior del período cretácico, en su límite continental é interno, aflo- 
ran en derredor de la cuenca del Auáhuac. como son, entre otros, los que forman 
el macizo que se levanta al norte de aquélla, en el valle secundario de Apasco. 
La emisión de rocas eruptivas más antiguas, que directa ó indirectamente deter- 
minaron el levantamiento del fondo del mar cretácico, son las que forman el nú- 
cleo de la serranía de Paclinca. Es posible que las mismas, ó más bien las sub- 
secuentes, ejercieron igual acción en el Cardonal, en donde sus cerros, también 
calizos, recibieron más tarde el relleno metalífero que constituye las vetas que 
los atraviesan en distintas direcciones. Los caracteres mi ñera lógicos de la ex- 
presada roca, y concretándose tan sólo á su color, dureza y textura, revelan en- 
teramente su origen marino; mas por fortuna y mayor abundamiento, el paleon- 
tológico que los acompaña viene á precisarlo del todo. Así, en los terreros de 
algunas de las minas se hallan diseminados fragmentos de radiolites éhipurites, 
en una matriz ó ganga calizo-arcillosa impregnada de óxidos ferruginosos. La 
roca eruptiva que levantó aquel macizo en donde están ubicadas las minas, es 
posible que haya sido una granulita moderna, pues de las riolitas que fueron 
sus contemporáneas, pude reconocer una variedad en los inmediatos lomeríos. 
Si así fuese, sería por cierto una feliz coincidencia, de tiempo atrás bien com- 
probada en otra región por el distinguido Profesor D. Ezequiel Ordóñcz. Noti- 
cia que encuentro en uno de sus recomendables trabajos y que á la letra copio: 

«Las calizas cretáceas del mineral de Peñoles en el Estado de Durango, im- 
portantes por los criaderos de minerales plomosos argentíferos que rellenan las 
cavidades y grutas de aquellas rocas, se hallan levantadas por grannlitas recien- 
tes seguidas de emisiones de riolitas, que forman los coronamientos ó parte su- 
perior de las montañas de esa localidad. 

«Más al centro del país se presentan, aunque con menos frecuencia, las gra- 
nnlitas subordinadas á las calizas cretáceas, y así vemos en el mineral de fierro 
de Couianja (Jalisco), que varían desde un aspecto casi porfiroide con pirita de 
fierro diseminada, hasta mera granulita de grano fino.» 

El contenido del último párrafo pudiera ser más aplicable en el presente 
caso, pero con la salvedad que no son piritas, sino óxidos ferruginosos, los que 
dominan en el Cardonal; quizá á esta circunstancia se deba, ó más bien contri- 
buya de algún modo á la mayor pureza del plomo de este mineral, que tiene gran 
fama en el país; pues siendo así escasos los sulfuros de dichos metales, la aso- 
ciación de ellos supongo que será más difícil. 



36 MANUEL M. VILLADA. — LA GRUTA DE TONALTOXGO. 

Más adelante, tanto en la barranca de Los Libros como en la de Tonalton- 
go, tenemos la misma formación, aunque invertida, es decir, hundida y no levan- 
tada, por lo que toca á las rocas sedimentarias metamórficas, ó sean las calizas 
de que se ha hablado, con la diferencia de la estructura y carácter fosilífero. 
Así, las del cerro minero del Cardonal son calizas compactas, de color blanco 
agrisado y provista de fósiles; las correspondientes á una y otra de las citadas 
barrancas, apizarradas, tirando á negro, y estériles. Relacionadas, por otra par- 
te, con diversas rocas ígneas: como son las grannlitas, en las primeras, y las vol- 
cánicas en las segundas; esto último lo comprueba el notable grupo do columnas 
basálticas, semienclavadas en uno de los costados de la barranca de Los Libros; 
pero no las de oliviuo, sino las que carecen de este elemeiitp accesorio, ó sea, en 
definitiva, una labradorita, parecida á la de la cascada de Regla, situada mucho 
más al Sur; la expresada formación volcánica, localizada en tan reducido espa- 
cio, no es sino el rebosamiento de alguna corriente ó capa de las muchas que se 
derramaron en el país, y que por largos trechos se ocultan bajo otras más an- 
tiguas. 

Respecto de los sedimentos cuaternarios ó pleistocónicos, segiín la moderna 
clasificación, haré punto omiso, por ser demasiado conocidos; ocupándome tan 
sólo de los de cierto lugar, por el interés que ofrecen. En la cuenca de Ixiui- 
quilpau quedaron á descubierto tales depósitos, al desfogarse las aguas por el 
abra de San Juauico: señales evidentes, en sentir de muchas personas, pero que 
no pude comprobar, manifiestan que subieron aquéllas á grande altura. En la 
misma se extiende efectivamente uno muy especial, cercano á su límite NE., que 
merece una información detallada. Lo constituyen bancos ó capas de regular po- 
tencia, en estratificación concordante y horizontal, de cuarzo hidratado, de orí- 
gen hidroternal, el cual presenta los siguientes caracteres: impuro, amorfo, com- 
pacto y aporcelanado; dureza de 6, o, eu la escala de 10; en partes, con lastre 
de vidrio, resinoso, de perla y aun casi mate; de igual manera, blanco, lechoso 
y pardusco. Los cuales, tomados eu conjunto, lo acercan á una florita, ó sea cier- 
ta variedad que se deposita en las aguas siliceosas de las fuentes termales, bajo 
la acción, eu parte, de las plantas que eu ellas vegetan; arrastrando, al precipi- 
tarse, diversas substancias minerales, como es arcilla ferruginosa, eu la que se 
describe. 

Debajo de las mismas capas cuarzosas se oculta un yacimiento de restos fó- 
siles pleistocénicos, del cual se han extraído hasta la fecha grandes fragmentos 
óseos de dos especies, que tuve ocasión de examinar: una rama derecha de la 
mandíbula inferior del Holomenicus hestemus de Cope, ó Llama; una mandíbula 
inferior, casi completa y con el borde dentario arrasado, de un elefante, Elephas 
primigenius, ó Columbi, del misino autor; una extremidad superior de húmero y 
varias costillas del propio animal. 

En un trabajo muy anterior al presente, había señalado ciertas causas para 
explicar la completa extinción de los grandes mamíferos cuaternarios eu la gran 



MANUEL M. YILLAIU. — LA GRUTA DE TONALTONGO. 37 

cuenca llamada Talle de México; pero ¡i todas luces insuficientes, pues el fenó- 
meno, lejos de ser local, fué general, puesto que en la misma época desapare- 
cieron en todo el globo tan extraordinarias especies. He aquí como me expresaba: 

«En los comienzos de la edad cuaternaria debió disfrutar de una tempera- 
tura benigna, si no es que cálida, favorable al desarrollo de una vegetación exu- 
berante y de todo punto necesaria para alimentar á los grandes mamíferos her- 
bívoros que posaban en sus montanas y en las riberas de sus grandes lagos. 

«El cambio de sus condiciones climatéricas y el consiguiente aniquilamien- 
to de la flora que le suponemos, debió ser la primera causa de extinción de aque- 
lla fauna, que en cierto modo le podemos llamar privilegiada; causas más efi- 
cientes debieron quizá haberla completado, como grandes y repentinas inunda- 
ciones, ó las extensas y numerosas acciones volcánicas de que fué teatro, más 
tarde, la región que consideramos. 

«Llama en alto grado la atención que algunas de las especies de la expre- 
sada fauna hubiesen desaparecido del todo en la superficie de la tierra, pero 
conservándose otras, aunque con caracteres específicos muy diversos. Los Ele- 
fantes de varias especies que vagaban en una grande extensión del continente 
americano, se hallan hoy día reducidas á sólo dos: el asiático y el africano. Los 
Mastodontes, que fueron sus contemporáneos, desaparecieron en lo absoluto.» 

Pero cábeme hoy la buena suerte de aprovechar un rayo de luz que condu- 
ce por más amplios y seguros derroteros, para llegar á la resolución del proble- 
ma: proporciónamelo el muy erudito y juicioso libro del Profesor Charles Depé- 
ret, intitulado: «Les trausformatious du monde animal;» pues en él expone su 
autor la clave de un enigma que parecía indescifrable. Todo un capítulo se con- 
sagra á la discusión de este interesante asunto, el que, vertido literal ó libremen- 
te á nuestro idioma, paso á transcribir (entre comillas lo primero); omitiendo, sí, 
los párrafos en que se citan ejemplos muy especiales, que los lectores podrán 
consultar en la obra original; por otra parte, siendo nua cuestión que toco inci- 
deutalinente en este escrito, no entra en mi ánimo alargarla demasiado. 

Dice Depéret. — La evolución de las ramas en los animales fósiles está regi- 
da por dos leyes, la del aumento de magnitud del cuerpo y la de especializa ció n 
progresiva. Ellas permiten abordar el interesante problema, muy discutido, de 
las causas de extinción de las especies y de los grupos en el curso de las eda- 
des geológicas. Al seguir, paso á paso, la historia paleontológica del globo, na- 
da interesa tanto como el ver aparecer, evolucionar con riqueza variable de for- 
mas, decrecer después y acabar por desaparecer, casi repentinamente en muchos 
casos, á las especies, géneros, f anidas y aun grupos de orden más elevado. En 
opinión de Abel, hay grupos extinguidos tan sólo en apariencia, pues en reali- 
dad se transforman por evolución, al menos ciertas de sus ramas. (Se citan ejem- 
plos demostrativos en apoyo de las anteriores conclusiones). 

A pesar de estas restricciones, es evidente que los tiempos geológicos lian 
presenciado la extinción de gran número de ramas filéticas, siendo reiativaiueu- 



38 MANUEL M. YILLADA. — LA GRUTA DE TONALTONGO. 

te escasas las dotadas de suficiente savia para llegar hasta nosotros. Mas si el 
hecho fácilmente se comprueba, en cambio la causa precisa ha permanecido lar- 
go tiempo en la obscuridad, y aun hoy está lejos de su plena resolución; pero no 
ciertamente por falta de hipótesis, desde la antigua concepción de Cuvier sobre 
la destrucción de las especies fósiles por Jas revoluciones del globo, hasta la inge- 
niosa explicación de Darwin, fundada en la concurrencia vital. La lucha direc- 
ta con las otras especies, pareciendo inaplicable á los grandes Mamíferos y á los 
gigantescos Dinosaurio--, el ilustre renovador del transformismo sale de la difi- 
cultad para estos grandes seres, aduciendo la imposibilidad de encontrar una 
cantidad suficiente de alimentos: explicación de una debilidad infantil por tra- 
tarse de herbívoros quehabitaban continentes casi sin límites, como debieron ser- 
lo las vastas llanuras jurásicas del Centro y Oeste de los Estados Unidos. Dar- 
win pesaba también el valor de las objeciones presentadas contra la hipótesis 
de la lucha por la existencia, por los hechos bien conocidos de la extinción ca- 
si simultánea de todas las ramas en ciertos grandes grupos de vasta dispersión 
geográfica: las Trilobitas al fin del Primario, y del Cretácico las Amonitas. Se 
ha empeñado en contestarlas, mostrando que estas extinciones no fueron tan re- 
pentinas como se ha dicho, y que la desaparición de los géneros se escalonaba 
en A'arios períodos geológicos; pero era preciso explicar por qué no habían po- 
dido producir en ninguna parte, ninguno de estos géneros ó especies de vasta 
extensión, descendientes capaces de sobrevivir, cuando por la teoría darwinia- 
na todo organismo puede y debe transformarse si tiene ante sí el tiempo nece- 
sario. La lucha por la vida es del todo insuficiente para explicar la extinción 
de las especies. 

«Espíritus eminentes, como Quenstedt y Neumayr, penetrados de estas di- 
ficultades, han recurrido á la hipótesis, poco verisímil, de epidemias, para ex- 
plicar los fenómenos de degeneración, tales como el desarrollaniíento de las 
conchas de Amonitas, precediendo de muy cerca á la extinción de las ramas. 

«Otros naturalistas, de místico espíritu, han recurrido á una predestinación 
en la dnracióu de la existencia délas especies, géneros ó familias. Es de llamar 
la, atención que esta hipótesis sobrenatural haya encontrado todavía, en nuestra 
época, un defensor de la talla de Kobelt. 

«Si es difícil, en la actualidad, remontarse á las causas mismas de la existen- 
cia, de las ramas, comenzamos, al menos, en poder precisar el mecanismo de es- 
tas extinciones ó, si se quiere, las condiciones habituales en las cuales se pro- 
duce el fenómeno. Dos de estas condiciones esenciales se encuentran reunidas 
unís á menudo en las dos leyes de aumento de magnitud del cuerpo y de espe- 
cialización de los órganos. La observación paleontológica permite comprobar, 
en efecto, de una manera muy general, que las formas gigantes, que son al mis- 
mo tiempo altamente especializadas, no se encuentran jamás al principio, sino 
tínicamente al fin de las ramas. Hemos tenido ocasión de citar más arriba nu- 
merosos ejemplos, y nos limitaremos ahora en recordar á los gigantescos Mosto- 



MANUEL M. V1LLADA. — LA GRUTA DE TONALTONGO. 39 

donsaurus, en los cuales se extinguió el grupo de los Estegocefalos; el Bronto- 
saurus, el Diplodocus, el Titanosaurus, que terminan las ramas, de los Dino- 
saurios Saurópod os; el Titanotherium, el Ancylotherium, el Linoceras, el Dino- 
tkerium, los Mastodontes, cuyas dimensiones colosales anuncian el fin de otras 
tantas ramas de los Ungulados. En el detalle misino de los géneros, el Lophio- 
don lautricense, el Anthracotherium magnun, el Rhinoceros antiquitatis, son los 
últimos representantes de sus ramas. Sería fácil, según esta ley, predecir la ex- 
tinción natural próxima de los Elefantes, del Hipopótamo, de la Ballena y de al- 
gunas otras especies de gran talla, de la naturaleza actual, si el hombre no hu- 
biese intervenido para apresurar aún más esta desaparición. En fin el fenómeno 
se observa igualmente en los Invertebrados: se sabe que las formas gigantes en 
las Amonitas. Pinacoceras, Arietites, Pachydiscus, se encuentran únicamente al 
fin de Jas ramas; los Magalodon, los Diceras, los Caprinos, cuentan sus más 
grandes especies en los niveles más recientes de su duración geológica. Sería fá- 
cil indicar otros muchos casos semejantes. 

«Desde hace largo tiempo se ha hecho la curiosa observación de que es en 
el momento mismo en que las especies de un grupo han adquirido el máximo de 
potencia, sea por las dimensiones del cuerpo, sea por la perfección de las armas 
ofensivas ó defensivas, que parecía ponerlos al abrigo de todo euemioo, cuando 
dichas especies están en vísperas de desaparecer. Toda evolución en apariencia 
progresiva, toda adaptación nueva, son un peligro más para la supervivencia 
del tipo. 

Yarios paleontologistas, en el curso de los últimos años, han tratado de pe- 
netrar de una manera aún más íntima en el mecanismo de la extinción de las 
especies. Desde 1893, Dolió formulaba, en la forma concisa que le es familiar, 
las leyes de la evolución paleontológica: el desarrollo procede por saltos, es irre- 
versible y limitado. La primera de estas proposiciones toca al problema de la 
formación de las especies y tendremos que discutirla más adelante. Las otras 
dos leyes, la de irreversibilidad y la de la limitación del desarrollo, proporcio- 
nan interesantes pnntualizaciones en la cuestión que nos ocupa. Es preciso en- 
tender por evolución irreversible, el hecho de que una rama, una vez encarrila- 
da en una vía de especialización determinada, en ningún caso puede volver atrás 
sobre el camino recorrido. Así el Caballo, que ha, perdido ios dedos laterales 
de sus antecesores terciarios, ó al menos ha transformado estos metápodos en 
dos estiletes huesosos perdidos en las carnes, no podrá jamás desarrollar de nue- 
vo estos dedos rudimentarios, que deben, por lo contrario, tender á desaparecer 
más y más. Los Sireuiauos, que segiin toda apariencia, han descendido de los 
Ungulados terrestres, adaptados poco á poco á la vida acuática, y en los que el 
miembro posterior se ha reducido progresivamente á una varilla huesosa inte- 
rior, simple rudimento del hueso ilíaco, han llegado áser incapaces, cualesquie- 
ra que sean las condiciones que pueden intervenir, de reformar un miembro pos- 
terior completo y recobrar funciones cuadrúpedas. 



40 MANUEL M. VILLADA. — LA GRUTA DE TONALTONGO. 

Si las circunstancias del medio llegasen á modificarse en un sentido desfa- 
vorable á su vida nadadora, el Manatí y la Sirena se extinguirían bruscamente, 
sin dar nacimiento á seres adaptados á funciones distintas. De la misma manera, 
Lis Amonitas, tales como los Pinacoceras, en quienes la línea de sutura ha ad- 
quirido un grado elegante de complicación, que excede sin duda ;í la de todas 
las demás ramas de los Cefalópodos, so han extinguido al fin del período triási- 
co, sin perpetuarse en las ramas con tabiques más simples del principio de los 
tiempos Jurásicos. 

«Al lado de la ley de irreversibilidad, conviene dar mi lugar interesante á 
una idea por demás antigua que lia tomado nuevo brillo con los escritos recien- 
tes de Rosa: queremos hablar de la Ley de reducción progresiva de la variabili- 
dad. Híeckel había va mostrado que los grupos en vía de extinción no produ- 
cen ninguna variedad nueva, y colocándose con Wallace en el terreno de la se- 
lección darwiniaua, se debería admitir que las probabilidades de supervivencia 
de un tipo, estañen razón directa del número de variedades favorables que pue- 
de producir. Rosa establece que toda serie deformas especializada en un senti- 
do está abocada ala extinción, porque estas formas no se hallan en estado de 
variar suficientemente. Es del todo exacto que el número y la extensión de las 
variaciones disminuyen á medida que la especialización aumenta. La paleonto- 
logía puede suministrar numerosas pruebas. El gran grupo do las Trilobitas, 
que se extinguió al fin de los tiempos Primarios, no cuenta, á partir del Carbo- 
nífero, sino una sola rama, la de los Phillipsia que se perpetúa hasta el Pérmi- 
co, no dando sino mutaciones ó variaciones insignificantes. Los Braqutópodos 
de la familia Esp inferidos, tan brillantemente representados en los tiempos Pri- 
marios, no cuentan sino uno ó dos pequeños géneros, al fin de su existencia en 
el Lias, Spiriferina y Suessia, de formas poco variadas. Los Cefalópodos tetra- 
branquios, cuyas formas variadas al infinito eran el ornato de los mares silúri- 
cos, pierden ya la mayor parte de sus ramas á partir del Devónico, y no cuentan 
desde el fin del Trías sino conchas nautiloides de nn tipo tan uniforme, que los 
paleontologistas han tenido dificultad de distinguir especies entre ellos. En los 
Vertebrados, el fenómeno es también muy frecuente. La rama de los Dinothe- 
rium. por ejemplo, evolucionó en Europa á través de la sucesión de los tiempos 
miocenos, sin más variación que un aumento regular de talla, á tal punto, que 
toda distinción específica sería imposible fuera de este carácter. Se podrían ha- 
cer otras muchas notas análogas para diversos grupos extinguidos ó en vías de 
extinción: por ejemplo, en los Paleotéridos, los Tapíridos, los Oreodóntidos, los 
Auoplotéridos, los Hienodóntidos, etc. Es preciso, sin embargo, reconocer que 
la ley de Rosa constituye, en cierto sentido, un círculo vicioso; porque sería muy 
fácil pretender que las ramas llegadas hacia el fin de su duración geológica va- 
rían muy poco, porque precisamente están eu vía de extinción. 

«Así comprobamos que la duración de la existencia de las ramas filéticas no 
es indefinida, como lo pedía la lógica de la hipótesis de Darwin, y como lo lia 



MANUEL M. VILLADA. — LA GRUTA DE TONALTONGO. 41 

sostenido "Weissmaii en una época reciente. Esta limitación se ejerce bajo la in- 
fluencia de varias leves naturales puestas en juego: la exagerada magnitud del 
cuerpo, la hipertrofia ó la especial ización muy acentuada de ciertos órganos, la 
irreversibilidad de la evolución, en fin, en cierta medida quizá, la reducción pro- 
gresiva de la variabilidad. Se debe también considerar que cada rama filética 
recorre una especie de carrera geológica, en la cual se puede distinguir una fa- 
se de juventud, una fase de madurez y, en fin, una fase de senectud ó de degene- 
ración, preparando la extinción del tipo. Podemos desde ahora, al menos para 
algunos grupos, comenzar á precisar y reconocer los caracteres de cada una de 
estas fases. Hyatt ha mostrado que, en el gran grupo de los ISfautilidos, cada una 
de las ramas comienza por un estado de infancia, en que las cámaras sucesivas 
de habitación constituyen nua concha recta ú Orthoceracone; después viene un 
estado de adolescente, en el cual la concha es más ó menos encorvada, forman- 
do un Cyrtoceracone ó un Gyroceracone; en seguida un estado adulto, en donde 
el arrollamiento de las cámaras da una concha espiral ó Nautilocone; en fin, en 
un estado senil, se manifiestan fenómenos de desarrollainiento ó arrollamiento 
asimétrico, como lo hemos visto para las Aiuiuoneas. Importa sólo no olvidar que 
estos estados se producen en épocas distintas para cada rama, de tal suerte, que 
se encuentran coiu-has rectas ii Orthoceracones, refiriéndose á diferentes ramas, 
desde el Cambriánico hasta el Trías. 

«Para las conchas de las Amuioueas, la evolución del arrollamiento pasa 
igualmente por estados de juventud, madurez y senectud, que se encuentran ca- 
si semejantes en las innumerables ramas de este grupo. Hyatt ha dado el nom- 
bre de Bactriticones, alas conchas rectas, tales como las Bactrites; el de Mimo- 
ceracones á las conchas ligeramente arrolladas del tipo Mimoceras; el de Ammo- 
niticones al estado adulto normal caracterizado por un arrollamiento espiral apre- 
tado; en fin, el nombre de Torticones, á todos los casos seniles de arrollamien- 
to asimétrico. 

«Seisabe, desde hace largo tiempo, que la evolución de la línea de satura 
permite, igualmente, establecer, en las Amuioueas, estados de complicación cre- 
ciente, que se encuentran en épocas distintas en todas las ramas. 

«En los Vertebrados, observaciones análogas han sido hechas en diversos gru- 
pos, por ejemplo, en los peces Granoides. Los tipos primarios de este orden pre- 
sentan caracteres de juventud que se traducen por una osificación nula ó muy poco 
avanzada de la columna vertebral, que queda blanda y al estado de tejido embrio- 
nario. Un poco más tarde, en la época liásica, la osificación invade poco á poco 
las vértebras, y hacia mediados de los tiempos Jurásicos, la familia de los Lepto- 
lépidos tiene una columna vertebral osificada, semejante á la de nuestros peces 
óseos actuales. Los Anfibianos presentan, por su parte, en las épocas Carbonífera 
y Pérmica, estados de osificación, de hecho comparable á la de los Ganoides. 

«Es igualmente posible indicaren los mamíferos terciarios, especialmente en 
los caracteres craneanos, estados primitivos que se pueden oponer á otros esta- 



42 MANUEL M. VILLADA. — LA GRUTA DE TONALTONGO. 

dos de especializado 11 más avanzada ó estados seniles. Estos caracteres primi- 
tivos ó arcaicos, que se encuentran paralelamente en grupos de hecho indepen- 
dientes, son, entre otros, los que siguen: 1.°, los huesos craneanos son distintos ó 
únicamente reunidos por suturas; 2.°, el perfil longitudinal do la cabeza es de- 
primido y rectilíneo, poco ó nada ascendente atrás, hacia el occipucio; 3.°, el ho- 
cico alargado .y los huesos nasales bien desarrollados se articulan con los prema- 
xilares; 4.°, la órbita está abierta atrás y comunica con la fosa temporal; 5.°, la 
región frontal y parietal es lisa, desprovista de crestas salientes, de cuernas ó do 
cuernos; 6.°, la cavidad glenoide de la articulación déla mandíbula es poco pro- 
funda y permite movimientos en todos sentidos; 7.°, las dos ramas de la mandí- 
bula están unidas por ligamentos, en lugar de ser soldadas. Los estados seniles 
naturalmente responden á caracteres opuestos: huesos del cráneo soldados; per- 
fil de la cabeza elevado atrás; huesos nasales acortados; órbita cerrada; presen- 
cia sobre el cráneo de crestas salientes, clavijas, cuernos ó cuernas; movimientos 
de la mandíbula limitados; ramas de la mandíbula soldadas en junto. Importa 
uo olvidar que, lo misino que para los Nautilidos, estos estados de desarrollo no 
se muestran en todas las ramas, en el misino momento de su carrera geológica; 
siendo esencialmente variable, según los grupos, la velocidad de la evolución. 
Así es que el Hyras ó Daiiiáu actual, posee uu cráneo de hecho primitivo, com- 
parable, como grado de evolución, al cráneo de varios pequeños Ungulados de 
los tiempos Eocenos. Se vé cuati expuesto sería cometer grandes errores, si se 
quisiesen utilizar estos estados de evolución, así como lo ha propuesto Gaudry, 
como uu criterio, autorizando por sí solo determinar la edad absoluta de los ani- 
males fósiles. 

«Así, la evolución general del inundo animal se nos presenta como consti- 
tuida por un haz innumerable de ramas filéticas, evolucionando paralelamente y 
sin confundirse, durante una serie más ó menos larga de períodos geológicos. Ca- 
da una de estas ramas termina con variable velocidad en mutaciones de gran ta- 
lla y con caracteres muy especializados, que se extinguen sin dejar descendientes. 
Cuando una rama desaparece por extinción, es, por decirlo así, substituida por 
otra rama de evolución hasta entonces más lenta, que atraviesa á su vez las fa- 
ses de madurez y senectud que deben conducirlas á su fin. Las especies y los gé- 
neros de la naturaleza actual representan aquellas ramas que no han llegado aún 
á las fases seniles; pero se puede prever que algunas, entre ellas los Elefantes, 
las Ballenas, el Avestruz, etc., se aproximan á esta fase final de su existencia. 
El mecanismo de la extinción de las especies se nos comienza, pues, á aparecer 
con cierta claridad.» 



MANUEL M. VILLADA. — LA GRUTA DE TONALTONGO 43 



# * 



Leyendo las interesantes páginas de «La Historia de la Tierra,» por Launay, 
encuentro preciosas apreciaciones aplicables en cierto grado á la región conside- 
rada en el presente escrito, que no podré desarrollar del todo, por falta de espacio. 

En el capítulo relativo á la evolución de la estructura terrestre, se analizan 
las causas que han promovido las deformaciones que le son anexas y sus diver- 
sos caracteres, aunque recurriendo ala hipótesis para explicarlas. En una pala- 
bra, á las modificaciones del relieve, que paulatina ó repentinamente se han ido 
efectuando y las cuales han sido la resultante muy compleja de una serie de mo- 
vimientos orográficos, que han determinado cada vez nuevos salientes y nuevas 
fosas, destinados los primeros a ser enseguida destruidos, por una erosión cons- 
tante que tendía á llenar las segundas con sus restos. Dichos movimientos han 
hecho surgir cordilleras tan poderosas como la de los Alpes, en el antiguo Con- 
tinente, y en el Nuevo la de los Andes, en el emplazamiento de los antiguos 
mares. 

Semejantes transformaciones, que asombran por lo pronto, en la historia 
geológica de la tierra, como dice el autor, «tanto como la comprobación de la 
existencia de plantas tropicales que han vivido antes en los polos, la de los re- 
nos y íuaiuouths, recorriendo países muy retirados de ellos, como el centro de 
Europa, y que no tienen en sí mismas nada de hipotéticas.» 

Así, vemos, en la región considerada, capas plegadas y dislocadas conte- 
niendo fósiles marinos, levantados a centenares de metros de altura, en un prin- 
cipio depositados en capas horizontales de un mar profundo; no quedando, pol- 
lo tanto, lugar á duda del movimiento que lo ha efectuado. Pudiera creerse que 
en ello hubo uno sólo de gran magnitud que desalojó de un golpe y en definitiva 
el mar que la ocupaba. 

Mas no, ciertamente, si como lo juzgo probable, los sedimentos marinos, no 
son en rigor contemporáneos; pues aunque comprendidos todos, ó al menos los 
que se vieron, en los del período cretácico, dentro de sus límites corresponden 
quizá á distintos horizontes. 

Es mny posible, por lo tanto, que, así, como en otras partes, las oscilaciones 
de nivel de la superficie la colocaban en distintas condiciones y las que, en todo 
caso, se revelan por la diversa naturaleza de los depósitos; que si en el fondo son 
idénticos, ofrecen, no obstante, diferencias bastante sensibles que determinan su 
separación: así, los de las montañas son unos y otros los de las cañadas. En aqué- 
llas, el impulso fué el primero, vertical y directo; en éstas, posterior, horizontal 
é indirecto, revelándose, en todo caso, por el contraste de los caracteres biológi- 
cos de sus respectivas rocas. 



44 



MANUEL VILLADA. — LA GRUTA DE TONALTONGO 



Pudiera, sin embargo, ser más aceptable que la expresada formación fuese 
totalmente sincrónica y que las diferencias geoguósticas que ofrece en los altos 
y bajos, dependa de una variabla acción mecánica. 

Así, en los primeros, las capas, al levantarse, soportaron simplemente en di- 
rección de la gravedad su propio peso, al menos en ciertas partes; mientras que 
en los segundos sufrieron por su plegainiento una enorme compresión lateral que 
á lo largo de ciertas líneas acabó por quebrantarlas, formándose de esta suerte 
las cañadas ó barrancos. 



Museo Nacional, Julio 15 de 1908. 



Sltavmeí 9TC. Sitiaba. 




Un caos en el fondo de la barranca de Tonaltongo. 



S. T. I. 



Lám. III. y IV. 



wm 



j 



K 



JG^" 



Zirnapan .-^ 




oquis de la región del Estado de Hidalg 
gruta de Tonaltongo. 




LA NATURALEZA. 



Lfim. III. v IV. 




Croquis de la región del Estado de Hidalgo, en que se halla la 
gruta de TonaltoniíO. 




Valle de 
— Ixrrji q u\ \p 

burjlo. bTol da Vi 
lo torre barro 



LA NATURALEZA. 



Vallada, Ixmícjuil'pen y camino 

la Gruía da Torr'áKoii^o (F.a'i Hgo) 




NOTAS 



Cábeme In duda de si la palabra Ton ni tongo, que f U( i el 
bro que constantemente oi decir en mi exploración, sen mfe y, 
Tolantongo, adoptada en un pequeflo testo do ge o sinfín de] Es- 
tndo de referencia, escrito por el Sr. Prnf. Manzano, y .| UC tón 
sólo advierto para que *c tenga presente. 

Fuera de la gruta que visita, son de mencionarse oirás dei 
mismo Estado. En Atotonilco el Grande, las de Trnnguillo TV 
zontlc y Sanetorutu, que n traviesa una montana, y | lor | tt qno 
pasa el rio Amajoque. En Actopan, lus de Curro Verde y Nejo- 
muy. En Molnngo, In de Teeninaebnl y Mccnpnln, En Zncunlli- 
pnn, las de Cuevas y Texcatetl. 

Do cuencas ó barrancas por fractura, en idénticas formaciones 
como la presento, la de Metztitlan, que supera a todas por su 
extraordinarias dimensiones, y recorrida por el i [>> Grande y sus 
allucntos; la Izatlán, por el río do su nombre, y la pintoresca ile 
Regla, con sus columnas basálticas, dispuestas en anfiteatro, cd 
donde el agua se despena. 

En cuanto íi cascadas ó saltos, entre otros iníia, el de Baiidnln 
y el Carmen, en Atotonilco el Grande, y el lio Mantceo en Huc- 
juila. 

Por lo que toca, en Un, a fuentes ií manantiales de aguas ter- 
males, son notables, por su elevada te ni peral tira, el de Agmisca- 
lientos, en Atotonilco el Grande, y los de Taxi do, Pnllií Grande, 
etc., en liuiebapan. 



Lám. V. 



lado.. Ixm louil'pan y camino 
Gruía da lo rr'¿s I i o'no o (f.o'j Hoo) 




wMu* i""° 







NOTAS 



Cábeme la duda de si la palabra Tonaltongo, que fué el nom- 
bre que constantemente oí decir en mi exploración, sea más bien 
Tolantongo, adoptada en un pequeño texto de geografía del Es- 
tado de referencia, escrito por el Sr. Prof. Manzano, y que tan 
sólo advierto para que se tenga presente. 

Fuera de la gruta que visité, son de mencionarse otras del 
mismo Estado. En Atotonilco el Grande, las de Tianguillo, Te- 
zontle y Sanctorum, que atraviesa una montana, y por la que 
pasa el río Amajoque. En Actopan, las de Cerro Verde y Neja- 
may. En Molango, la de Tecamachal y Mecapala. En Zacualti- 
pan, las de Cuevas y Texcatetl. 

De cuencas ó barrancas por fractura, en idénticas formaciones 
como la presente, la de Metztitlán, que supera á todas por sus 
extraordinarias dimensiones, y recorrida por el río Grande y sus 
afluentes; la Izatlán, por el río de su nombre, y la pintoresca de 
Regla, con sus columnas basálticas, dispuestas en anfiteatro, en 
donde el agua se despeña. 

En cuanto á cascadas ó saltos, entre otros más, el de Bandala 
y el Carmen, en Atotonilco el Grande, y el de Manteco en Hue- 
jutla. 

Por lo que toca, en fin, á fuentes ó manantiales de aguas ter- 
males, son notables, por su elevada temperatura, el de Aguasca- 
lientes, en Atotonilco el Grande, y los de Taxidó, Pathé Grande, 
etc., en Huichapan. 



3- S. T. I 



LA NATURALEZA. 



Lam. VI. 




Vista panorámica del Cardonal y cerro de "Las Minas." 



3 . s. r. i. 



LA NATURALEZA. 



Lám. VII. 




É 



Grupo de columnas basálticas en la barranca de "Los Libros." 



S.T. I 



LA NATURALEZA. 



Lam. VIII. 




La gruta vista de lado y cerca de la boca. 



3. S. T. I 



LA NATURALEZA. 



Lam. IX. 




La gruta vista de frente y cerca de la boca. 



3. S. T. I 



LA NATURALEZA. 



Larn. X. 




Raudal que sale de la gruta. 



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PRETENDIDO HALLAZGO 



HUESOS HUMANOS FÓSILES, EN CIERTO LUGAR DEL ESTADO DE C0AHU1LA. 



En Agosto de 1903, la Secretaría de Justicia é Instrucción Pública tuvo noticia del expresado 
descubrimiento, y comisionó entonces al suscrito para que, en unión del Sr. Dr. D. Nicolás León, 
rindiesen, cada quien en su ramo, el dictamen correspondiente á tan interesante asunto, el cual en 
definitiva tocó al primero, por no tener el segundo materia de que tratar. Con ligeras adiciones se 
reproduce ahora, acompañándolo de una vista panorámica del lugar. 




j?|. N la Municipalidad de Ramos Arizpe, Distrito del Centro y Es- 
í^ tado de Coahuila, en rumbo al Norte de su capital, se encuentra 
ubicado el rancho de «El Corte,» de la propiedad del Sr. Lie. 
Arnulfo R. García. Los terrenos de este predio están compren- 
didos en mi extenso valle rodeado de cadenas de montañas más ó 
menos elevadas, que se relacionan probablemente con las iiltimas 
estribaciones de la Sierra Madre Oriental; tiene aquel valle dos 
entradas al Oeste y Nordeste ;esta iiltinia da paso á las vías férreas del Central, 
á Tampico y Torreón, y del Internacional, de Monterrey á Reata. 

Por la parte Oeste del valle, y en dirección al Sudeste, se abre un profundo 
barranco, por el cual las aguas pluviales, provenientes de una extensión como 
de 2,000 kilómetros cuadrados, y las de todas las vertientes que en su álveo na- 
cen, se precipitan, ya en forma de fuertes avenidas ó de caudalosas corrientes 
que nunca faltan. 

El pronunciado declive del terreno y la abundancia de las aguas que por él 
corren, lian sido cansas más que suficientes para que este desagüe haya adqui- 
rido con el tiempo una profundidad de 22 metros y una anchura 'algo mayor de 
esta cifra, y que con poca diferencia, de más ó menos, tiene en su largo trayecto. 
Mas es de presumir, que su primitivo origen se debió á la preexistencia de algu- 
ua grieta, accidente muy coimín en toda formación lacustre. 



46 MANUEL M. VILLADA. — PRETENDIDO HALLAZGO DE HUESOS HUMANOS FÓSILES. 

En el corte natural cuyas dos superficies de sección forman las paredes del 
barranco, y las cuales se levantan verticaliueiite como los muros de una cons- 
trucción, aparecen una serie de capas superpuestas de sedimento lacustre en es- 
tratificación rigurosamente concordante, de potencia variable y en número hasta 
de siete en algunos lugares, y en otros, al parecer, mucho más limitadas; por su 
posición, en fin, sensiblemente horizontal, no se marca en ellas ni rumbo ni echa- 
do. Este grueso depósito descansa, en determinadas partes, en otro de acarreo 
formado de cautos rodados de mediano volumen; debajo de estas formaciones 
se extienden, probablemente, capas de tobas y conglomerados pomosos, de que 
apenas hay indicios. 

El material de ambas formaciones es enteramente lacustre y aluvial. La pri- 
mera y más importante, se compone de margas arcillosas y arcillas margosas, 
excepcioualuiente, de arenas y partículas carbonosas; suelen también intercalar- 
se depósitos muy redncidos de caliza incrustante ó travertino. El color general 
del sedimento es uniformemente claro, tirando al blanco sucio ó al agrisado, con 
manchones amarillentos en determinados espacios, y de estructura más ó menos 
compacta en algunas capas, y en otras desmoronadiza. 

El derrumbamiento de cierta porción de la pared que mira al Noroeste, puso 
á descubierto algunas partes de mi esqueleto gigantesco que se suponía ser hu- 
mano: ahora bien, el xíuico objeto que llevó á la Comisión á explorar aquel te- 
rreno abierto por obra de la naturaleza, era precisamente la resolución de este 
problema. Efectivamente, en el expresado sitio aparecían á la vista dos grandes 
huesos sólidamente enclavados en el sedimento de aquella pared; uno y otro co- 
locados paralelamente en posición vertical, guardando entre sí una distancia de 
40 centímetros; se habían tomado por dos huesos húmeros que se presentaban 
tan sólo por su cara posterior; se hallaban situados como á 8 metros arriba del 
agua y 14 abajo de la orilla ó borde del barranco. Le bastó á la Comisión un 
ligero examen para cerciorarse que eran dos colmillos ó defensas de elefante, per- 
fectamente fosilizados, de tamaño regular por lo que se veía, con la base de im- 
plantación dirigida hacia arriba, la extremidad libre hacia abajo y la cara ante- 
rior sobresaliendo del sedimento; el que estaba á la izquierda, ó sea el derecho 
del animal^ suponiéndolos en su verdadera posición, tenía la punta destruida, y 
en lo que de ella quedaba se veía la formación característica de la dentina en 
capas concéntricas; la porción visible de estos dos faueros medía 1 m. 60 centí- 
metros. Por temor de un derrumbamiento que podía ser peligroso, no se dispuso 
su extracción, dejándolos sin tocar en su mismo sitio. En derredor de los colmi- 
llos no se encontraron indicios dula existencia de otras partes del esqueleto; sin 
embargo, inmediatamente debajo y fuera de uno de ellos había una pequeña 
excavación, de la que anteriormente se había extraído el fragmento de un hueso 
largo, y al pie del acantilado otra bastante grande, de la que igualmente se ha- 
bían desenterrado otros más pequeños: se nos manifestó que algunos de éstos 
tenían todo el aspecto de la masa cerebral petrificada, la cual conservaba adhe- 



MANUEL M. VILLADA. — PRETENDIDO HALLAZGO DE HUESOS HUMANOS FÓSILES. 47 

rido el lmesecillo del martillo, ó sea uno de los que forman la cadena que atra- 
viesa la caja del tímpano, y el cual era muy notable por su gran tamaño: el exa- 
men posterior de esta pieza no confirmó de ninguna manera tal suposición. lío 
obstante que los restos antes citados parecían ser un simple depósito de acarreo, 
era posible que en la profundidad se encontrase más ó menos el esqueleto del 
mismo animal; pero su extracción habría sido difícil por la dureza de aquel se- 
dimento. 



Como á la distancia de un kilómetro, con dirección al Noroeste, corre para- 
lelamente al barranco una cordillera de cerros, que ofrece no poco interés desde 
el punto de vista geológico. Llama por de pronto la atención la uniformidad 
del material que forma todo aquel macizo, desde la base á la cima; y lo que es 
más notable, en toda Ja cadena montañosa que rodea el expresado valle se pre- 
senta la misma formación por noticias que se tomaron como fidedignas. Las ro- 
cas á que se alude constituyen un conglomerado rojo: la primera impresión qne 
tuve fué de que era el mismo á que se refiere el Sr. Prof. Aguilera, en la parte 
que le corresponde del laborioso estudio hecho en colaboración del Sr. Prof. Or- 
dóñez, y que corre impreso bajo el título de «Datos para la Geología de Méxi- 
co,» 1893. Hablando del grupo cenozoico, dice á la letra lo que copio: 

«Los conglomerados rojos se presentan en las regiones en donde abundan las 
pizarras cristalinas dislocadas por las rocas eruptivas de las series antigua y mo- 
derna. Estos conglomerados, atendido su valor y la posición que ocupan direc- 
tamente sobre las pizarras cristalinas, han sido considerados como representan- 
tes de la vieja arenisca roja, y nosotros, teniendo en cuenta la naturaleza de los 
elementos de que están compuestos y las relaciones que tienen con las andesitas 
hornbléiidicas y las riolitas, los consideramos como posteriores á la aparición de 
las andesitas y, por consiguiente, pertenecientes al Terciario Superior ó Plioce- 
no. Disminuyendo las dimensiones de los elementos, estos conglomerados pasan 
á areniscas de grano grueso y fino que contienen cristales despedazados de fel- 
despato, y algunas veces completamente intactos, pero en un grado de altera- 
ción más ó menos avanzado, reunidos por una pasta arcillo-arenosa.» 

«Estos conglomerados de areniscas se encuentran, principalmente, cerca de 
las rocas eruptivas terciarias, y machas veces forman verdaderas brechas, pues 
sus elementos están muy angulosos, y esto nos indica, á la vez que la corta dis- 
tancia á la cnal se encuentran de las rocas de donde tomaron sus constituyentes, 
el carácter meramente local de este depósito.» 

Juzgué, sin embargo, oportuno consignar esta nota para poner de manifiesto 
los puntos de semejanza que tiene entre sí, como es natural, formaciones del 
mismo origen, en terrenos de distinta edad; siendo difícil, por estas circunstan- 
cias, referirlos á su verdadero horizonte geológico sin el auxilio de los fósiles. 



48 MANUEL M. VILLADA. — PRETENDIDO HALLAZGO DE HUESOS HUMANOS FÓSILES. 



Entre los numerosos fragmentos desprendidos de aquel conglomerado, y que 
se hallaban regados por el suelo, se encontraban restos muy despedazados de 
concha de Rudistas de los géneros Hippurites y Radiolites, probablemente H. 
mexicanas y R. Mendozce de Barcena. Las especies de estos géneros aparecie- 
ron primeramente en el Cretáceo Inferior, tuvieron su apogeo en el Medio, y de- 
clinaron en el Superior. Estos restos estaban unos separados y otros sólidamen- 
te unidos por nn cemento de caliza compacta y ferruginosa; había también no- 
dulos sueltos de hematita. Por lo que se dirá adelante, considero esta forma- 
ción como de la primera época del Cretáceo, ó sea el Inferior. 

Las rocas del expresado conglomerado se presentan en fragmentos angulo- 
sos, medianos y desiguales, unidos por un cemento margoso, impregnado de sí- 
lice; su exterior, uniformemente revestido de una capa de limonita de 2 milíme- 
tros de espesor, es de color rojo pardusco y de aspecto arenoso; su interior, ver- 
dinegro agrisado, de lustre mate con puntos brillantes; su dureza de 6 y raspa- 
dura blanquizca. Esta roca se halla compuesta de granos medianamente gruesos 
de feldespato, cuarzo y caliza; ésta última pudiera ser una glaucónia Ahora 
bien, si así fuese, dicho material está señalado por el mismo Sr. Aguilera, entre 
los componentes del Cretáceo Inferior, que es, en definitiva, la clasificación cro- 
nológica á que me inclino, para el expresado terreno. Por lo que respecta al 
origen de aquella arenisca, bien pudo haber provenido por descomposición de 
las riolitas hornblóndicas y cuarcíferas. 

El carácter netamente brechiforme de aquel conglomerado, y su distribución 
regular en toda la extensión de la cordillera, dejan suponer que la capa ó ban- 
co de arenisca fué levantada in situ, por simple plegamiento debido á una enér- 
gica compresión lateral, quedando rota y despedazada de una manera iregular 
la repetida capa. 

Los sedimentos lacustres de aquel valle, que directamente se apoyan en el 
conglomerado, pudieran muy bien referirse por esta, circunstancia, al terreno 
terciario, y con tanta más razón, cuanto que algunos de estos depósitos en los al- 
tos valles de México se formaron en esa edad; pero la existencia de fósiles cua- 
ternarios, como se ha dicho, en los referidos sedimentos lacustres del Valle de 
Paredones, fijan con toda exactitud la cronología que les correspoude en la su- 
cesión de los tiempos geológicos. 

El volcanismo tuvo, igualmente, sus manifestaciones en aquel lugar, aunque 
no tan intensas y frecuentes como en el Valle de México; desde un punto do- 
minante en que me situé, no pude percibir boca alguna de emisión ó cráter; pe- 
ro sí tuv r e oportunidad de examinar algunas muestras de lavas audesíticas y 
otros productos de material pomoso, recogidos cerca de allí; recibí, también, in- 
formes verídicos, de aguas termales sulfurosas que brotan dentro de los límites 
de la misma cuenca. 

En cuanto á los inmensos depósitos lacustres, que ocupan todo el fondo del 
Valle de Paredones, pueden, en difinitiva, referirse, así como otros muchos que 



MANUEL M. VILLA1U — PRETENDIDO HALLAZGO DE HUESOS HUMANOS FÓSELES. 49 

les son semejantes eu el país, al segundo período de la edad cuaternaria, ó sen el 
llamado Cliainplaiu ó del Diluvio. Por lo que toca á los fósiles que eu ellos se 
encuentran sepultados, por su posición eu general, parecen haber sido transpor- 
tados por las aguas, de las capas piéis tocé nicas más profundas; quedando del 
todo ocultas, eu aquel lugar, las verdaderamente terciarias que más especial- 
mente afloran en las costas del Golfo mexicano. 

En el camino de regreso á Monterrey, pude observar, á lo lejos, una monta- 
ña aislada de las demás, que se levantaba eumedio de una llanura y con una ex- 
tensa meseta en la cumbre; bien podía ser aquel, un valle de denudación, eu el 
que se conservaba, por decirlo así, mi girón de su primitivo nivel; más adelan- 
te, contemplé dos esbeltas montañas de cimas agudas y prolongadas, capricho- 
saínente desgarradas por erosión; sus pendientes muy rápidas, con anticlinales 
y sincliuales muy pronunciados, á manera de los pliegues que pudieran for- 
marse eu una inmensa tela; la circunstancia de que eu una do ellas, llamada 
"Cerro del Fraile," por la figura que afecta uno de sus picachos, se halla soca- 
vada una hermosa gruta con estalactitas y estalagmitas, me hace suponer que las 
capas de caliza cretácica de aquel terreno, fueron levantadas por la eyección de 
rocas andesíticas, pues la montaña tiene netamente el carácter de todas las de 
esta clase: en la segunda, se halla ubicada la mina de "La Voladora." 



* 

Por lo que respecta á la flora de aquel Inorar, me concretaré tan sólo á dar 
una breve noticia de sus plantas más características y que por algún motivo me- 
recen fijar la atención. 

Desde luego expondré que, eu toda su extensa planicie, y merced á la alca- 
linidad de la tierra, crece con extraordinaria abundancia y por matorrales, una 
planta subherbácea que se reproduce con suma facilidad; de hojas cortas, linea- 
les y gruesecitas, muy jugosas cuando tiernas, teniendo hasta 50 centímetros de 
altura: es la Suceda diffusa, de Watson, de la familia Queuopodiáceas, la cual 
lleva el nombre vulgar de Jauja. Es una planta, barrillera por excelencia, de la 
que se extrae gran cantidad de sosa, destinada, más especialmente, á la fabrica- 
ción del jabón. Hace como más de 50 años que era objeto de una explotación 
de alguna importancia, y que, eu ciertos lugares más al Norte, parece que aiiu 
no decrece. Eu la época á que me refiero, salían con tal fin, de las poblaciones 
limítrofes, caravanas de más de 20 ó 30 hombres perfectamente armados, pues 
en aquellos lugares solitarios eran frecuentes las incursiones de los indios apa- 
ches, con quienes tenían que sostener terribles luchas. Hacían eu grande la que- 
ma del expresado vegetal, y las cenizas, después de bien depuradas por el agua 
y en seguida enfardadas, las transportaban, al retirarse, á los lugares de consu- 
mo, como eran Monterrey, Saltillo, Gruadalajara. etc., lo cual confirma lo que se 



50 MANUEL M. VILLADA. — PRETENDIDO HALLAZGO DE HUESOS HUMANOS FÓSILES. 



me dijo, de que fué una industria miLy productiva. Quizá esta producción nacio- 
nal haya disminuido notablemente por la competencia establecida con la extran- 
jera, la cual se obtiene, como es sabido, mediante procedimientos químicos, de 
la sal marina. 

Aventuro la idea de que esta especie, modificada por el cultivo, sea la que 
haya dado origen á la planta alimenticia llamada Roineritos, Suceda torreyuna, 
del mismo autor, que los indios cultivan especialmente en las chinampas del Va- 
lle de México, y la cual tiene un buen consumo en la capital, en la época de cua- 
resma. Si esta suposición queda al fin confirmada, habría entonces que admitir, 
con cierto fundamento, que los antiguos mexicanos, en su larga peregrinación 
desde las tierras de más al Norte, la conocieron á su paso por la región que atra- 
vesaron, y apreciando la utilidad que en lo futuro podía proporcionarles, la trans- 
portaron consigo {tara satisfacer una de las necesidades más apremiantes de la 
vida, cual es la de alimentarse. 

Otra planta barrillera, en menor grado que la anterior y menos abundante 
por lo que vi, es la llamada Saladilla en aquel lugar. Es también una planta 
herbácea, pero de muy diverso aspecto, de color general verde glauco y toda 
ella, en fin, cubierta de una tupida capa tementosa. Es el Atriplex acanthocarpa, 
también de Watsou y de la misma familia que la anterior, aunque menos impor- 
tante por lo dicho; señalaré muy de paso la Nicotiana glauca ó tabaquillo, una 
(Enothera y una Compuesta del género Verbesina, igualmente comunes. 

De entre las plantas de las montañas, y que bajan también á las llanuras, 
citaré la llamada Gobernadora de México, que más que la Jauja llega á invadir 
todo el suelo, y sin que hasta el presente proporcione utilidad directa. Es un 
arbustillo de hojas simples, pequeñas, ovado-agudas y muy resinosas; de flores 
también pequeñas, más ó menos aglomeradas, y toda ella de un olor penetrante. 
La suele habitar un pequeño insecto, la Cartería mexicana, que produce goma 
laca; ha sido, por el suscrito, asunto de un artículo ya publicado. La planta en 
cuestión es, en definitiva, la Larrea mexicana, de la familia Zigofiláceas. Pero 
más que ninguna otra, es digna de mencionarse la que lleva el nombre vulgar y 
muy conocido de Lechuguilla, que proporciona un buen esquilmo á las hacien- 
das de aquel rumbo; el cual consiste en una fibra de excelente calidad y que 
tiene gran demanda. Es un maguey mediano, de hojas no muy anchas, con espi- 
nas desiguales en las márgenes, y tiene el nombre botánico de Agave hethera- 
cantci; la fibra ó ixtle, como se le llama, es, sin duda, inferior al henequén, pro- 
ducto igual de otro maguey, Agave sisaliana ó de Sisal, ó más bien. A. rígida. 

La explotación se hace aún de un modo imperfecto, enteramente á la mano 
y sin auxilio de máquinas; se descabeza la planea conservando cuidadosamente 
las hojas exteriores, pues de quitarlas, muy pronto perecería; de la parte des- 
prendida se raspan con cuchillo una á una las hojas ó pencas, para separar la 
pulpa ó paréuquima que envuelve alas fibras, lavando éstas en seguida; la planta 
resiste dos ó tres cortes, pues con facilidad reproduce su yema terminal. Por lo 



MANUEL M. VILLADA. — PRETENDIDO HALLAZGO I>E HUESOS HUMANOS FÓSILES, ó] 

general, el hacendado arrienda para ello determinada extensión de terreno, á fin 
de que, dentro de sus límites, se haga la explotación, vigilando que sea de la ma- 
nera dicha, para no perjudicar el plantío. 

De entre las plantas silvestres que se extienden demasiado en aquella zona, 
hay una algo notable por sus propiedades alimenticias, la cual lleva el nombre 
vulgar de Chamal; produce semillas bastante gruesas, de las que se extrae una 
substancia harinosa parecida al Arrow-root. El Dioon edúle, Lind., que es su 
nombre botánico, pertenece á la familia Cicadáceas, que en el mundo tiene mi 
reducido número de representantes. El porte de sus especies es parecido al de 
las Palmeras; pero es mayor la afinidad que tienen con las Coniferas. El Chamal 
es un arbusto como de 2 metros de altura, de tronco simple y grueso, con gran- 
des hojas amanojadas en la extremidad de aquél, pinadas y espinosas; las flores 
separadas, como en toda la familia, eu dos distintos pies: las femeninas que pro- 
ducen las semillas, muy agrupadas. 

Otra planta que podemos colocar después de la anterior, proporciona en sus 
frutos excelente forraje que el ganado come con avidez; es la Mimosa pitbescens, 
Benth., ó mezquite vulgarmente, el cual crece por dondequiera. En semejante 
caso se encuentra la Gruapill a, Hechtia ghiesbreghtü, Lem.,yi7. glomerata, Zuce, 
por lo que toca á las hojas tiernas. Al lado de estas plantas crece un arbusto de 
la familia Celastrináceas. el Maytenus phyllantoides, Benth., ó Mangle dulce, de 
propiedades para mí desconocidas; y, por último, el llamado Pato!, nombre vul- 
gar que se ha hecho extensivo á otras especies muy distintas, aunque de la fami- 
lia de las Leguminosas, como la presente. Colecté éste por primera vez el año 
de 1893. en el Mineral de Guadalcázar, siendo endémico en toda la zona Norte 
del país, y corresponde exactamente á la Sophora secundiflora, Lag. Es también 
un arbusto de mediana altura, que se distingue, sobre todo, por sus gruesas le- 
gumbres torulosas y blanquizcas, hasta de 6 cms. de largo y de una á 3 semillas, 
del tamaño, forma y color de las del Colorín, Erythrina corallodendron, como 
también por el color verde aceituna de su follaje. No tiene hasta hoy aplicación 
alguna; quizá la podría proporcionar eu su madera y semilla, como ciertas de las 
especies exóticas. 

Museo Nacional de. Historia Natural. México, Abril da 1910. 



91ícumcf 911. Wfciba. 



Ifl IWEJVIORIñJVI. 



El día 7 de Octubre de 1908, casi al amanecer, falleció repentinamente el repu- 
tado Sr. Dr. D. Fernando Altamirano, miembro prominente de la Sociedad Mexi- 
cana de Historia Natural, á la edad de 58 años. 

El ilustre muerto, si no fué precisamente uno de los fundadores de la expresa- 
da Corporación, sí fué uno de sus socios más entusiastas y de los que tuvieron por 
ella mayor adhesión. Su entrada al mundo científico la hizo precisamente por el 
florido pórtico de la Botánica, ala cual profesaba singular afecto, y el que perduró 
hasta su muerte. Vastos eran sus conocimientos en esta materia, á la vez que ad- 
mirable fisonomista: inapreciable don que le permitía distinguir y reconocer las 
especies vegetales que caían en sus manos y que muy á menudo él mismo colecta- 
ba; pues, como explorador, fué sin disputa en México, el primero; concediéndole de 
toda justicia el que esto escribe, si en algo tiene derecho para ello, el puesto de 
honor en esta línea. Aventajado conocedor de la Química, de la Fisiología experi- 
mental y la Terapéutica, desde luego se hacía cargo de toda la utilidad que podía 
obtenerse de una planta, en sus distintas aplicaciones. 

La infatigable actividad y energía de tan conspicuo luchador, se desplegaba por 
lo tanto, bajo múltiples formas, convergentes todas ellas al ideal que perseguía: 
el más amplio y perfecto conocimiento de nuestra Flora desde el punto de vista, 
sobre todo, de su mejor aprovechamiento, como he dicho. Los recomendables escri- 
tos del finado, que se registran en diversas publicaciones científicas, así lo de- 
muestran. 

A paso rápido se extingue la falange de los Naturalistas Mexicanos, pero no du- 
do que los que quedan, tendrán la suficiente entereza y decisión de seguir las lu- 
minosas huellas de los desaparecidos. Es de confiar, además, que nuevos paladines 
vengan á cubrir las mermadas filas de aquélla, pues el honor científico nacional, 
así lo exige. 

La Sociedad Mexicana de Historia Natural, eleva al Creador los más fervien- 
tes votos por la eterna felicidad del socio á quien honra en estas líneas, y abriga 
la firme convicción de que no faltarán otros que, en lo venidero, tremolen más alto 
su ameritada enseña. 

riECSOIiOGIfl. 



La implacable Parca, que á menudo troncha en flor la inestimable vida de un sabio, piado- 
sa alguna vez la deja correr por largos años en bien de la humanidad. Tocóle esta merced ahora, 
al Sr. Dr. D. Alfredo Dugés, quien, á la edad de 83 años, pagó su tributo ala Naturaleza el día 
7 de Enero de 1910. 

La pérdida de tan eminente naturalista, quien á su vasta ciencia unía una laboriosidad 
sin tregua, fué un rudo golpe para la Sociedad Mexicana de Historia Natural. Llenas están 
las páginas da su periódico "La Naturaleza." con las magistrales producciones de aquel cere- 
bro privilegiado y del que fué por largos años su más adicto socio. 

Bástame por ahora expresar estos conceptos en nombre de la citada Corporación, como pri- 
mer tributo á la memoria del finado; pues al publicar su biografía quedarán más satisfechos los 
deseos de aquélla, y hará brillar los destellos de la corona de gloria que ciñó la frente de tan 
ilustre sabio. 

México, Jimio de 1910. 



JlECHOüOGIA 



El día 18 del presente, á las 4i p. m. , pagó su tributo á la naturaleza, el Sr. Ing. 
agrónomo, 

DON JOSÉ CARMEN SEGURA, 



distinguido miembro de la Sociedad Mexicana de Historia Natural. 

Por largos años desempeñó, con el debido acierto y acrisolada honradez, el difícil 
y delicado puesto de Director de la Escuela N. de Agricultura y Veterinaria, á la vez 
que el de Profesor de algunas asignaturas, en que su pericia era notoria. Su constan- 
te afán y preocupación, fué el de levantar el buen nombre y prestigio de la carrera, bajo 
un plan de estudios propuesto por él mismo; exigiendo, con igual ñn, á profesores y 
alumnos, el exacto cumplimiento de sus obligaciones, y facilitando todos los medios que 
estaban á su alcance para obtener les más completos y satisfactorios resultados. Con su 
constante amor al estudio, logró adquirir, entre casi todos sus compañeros, una supe- 
rioridad incontestable; teniendo especial predilección por la botánica y la química. 

Al separarse del mencionado plantel, recibió de la Secretaría de Fomento el nom- 
bramiento de Agente de Agricultura. Se tuvo en ello la patriótica mira de difundir y 
vulgarizar entre los campesinos los conocimientos técnicos sobre tan importante ma- 
teria, por medio de conferencias y demostraciones prácticas. En esta ímproba y difícil 
tarea, en que se ponían frente á frente la ciencia y la rutina, desplegó nuestro Inge- 
niero excelentes facultades y, prodigando con todo empeño el rico caudal de sus co- 
nocimientos, alcanzó muy justos y merecidos triunfos. Casi al principio de esta penosa 
cruzada encontró la muerte, y ¡qué difícil será reemplazarlo! 



Al día siguiente de su fallecimiento, fué sepultado en el Panteón Español, y antes 
de cerrarse la fosa, el subscrito, con la voz del amigo, pronunció la siguiente alocución: 



Unas cuantas palabras, Señores: Así como bajo el helado soplo del invierno 
que se anuncia, caen una á una las hojas, dejando débiles y exhaustas las ramas 
del árbol arrogante, mas tan sólo por breve plazo, pues llegada la estación propi- 
cia, renacen vigorosas, y aquél se vivifica con la rica y abundante savia que reci- 
birá más tarde; así también, el corazón humano, bajo la pesadumbre de los años, 
siente deshojarse la risueña flor de sus ensueños, perdiendo lo mismo, uno á uno, 
sus más caros afectos y arrobadoras ilusiones. Pero una vez salvado, con alma cre- 
yente, el pavoroso umbral del sepulcro, se renace á nueva vida, en la que recobra- 
rá para siempre tan dulces bienes perdidos, en alegre y perpetua primavera. 

Es ésta una esperanza y un consuelo, que nos dan alientos bastantes para so- 
portar el cruento dolor de una separación que, sin la fe en Dios, creeríamos eterna. 

La inexorable guadaña de la muerte acaba de segar una vida que, por mil tí- 
tulos, nos era querida y simpática: la del cariñoso y leal amigo, JOSÉ C. SEGURA. 

En él, la Patria ha perdido á uno de sus buenos hijos; la sociedad, un miembro 
útil que la honraba por su intachable conducta; la ciencia, un inteligente y labo- 
rioso investigador; una familia, su más santo y firme apoyo, y muchos corazones, 
un excelente y noble amigo, que jamás olvidarán. 

Todos estos vínculos que lo unían á la tierra, se hallan aquí representados, y 
los que personificamos tal ó cual sentimiento, nos apresuramos á concentrar en 
esta fosa, aún abierta, y con el alma atribulada, la pena que nos embarga, haciendo 
los más fervientes votos por la eterna felicidad del ser querido, que muy pronto 
desaparecerá de nuestra vista; pero que tan sólo momentáneamente nos abando- 
na. ¡Adiós, caro amigo; tiende la mano y espéranos! 

He dicho. 

México, Febrero de 1906. 

91ta.ii.cf 91t. Wfaba. 



HECROüOGIñ 



Próximo á cumplir 63 años, falleció inesperadamente, el día 19 del actual, 
víctima de violenta enfermedad, el Sr. Médico Farmacéutico, 




MIRANO. 



Fué uno de los socios fundadores de la Sociedad Mexicana de Historia Natu- 
ral, en la cual desempeñó cumplidamente el cargode Tesorero por varios años, 
y los de Vicepresidente y Presidente en un cierto período: respectivamente, 
en cada puesto, con recto criterio y acrisolada honradez. 

Amante de la discusión que tenía por objeto el esclarecimiento de algún 
hecho científico, ilustraba verdaderamente, con su buen juicio y extensos cono- 
cimientos, los asuntos de esta índole, puestos al debate. 

Su lamentable muerte vino á colmar la medida de las crecidas pérdidas 
acaecidas en el corto período de 10 años, entre los miembros más conspicuos 
de la Corporación. 

La nueva épocaluctuosa, refiriéndome á laque acabo deseñalar, ha sido una 
larga cadena funeraria, cuyos eslabones, por orden de fallecimiento y entre los 
funcionarios únicamente, los han formado las siguientes personas: Antonio del 
Castillo, Joaquín Arriaga, Mariano de la Barcena, Alfonso Herrera, José N. 
Rovirosa, José Ramírez, José C. Segura y Manuel Urbina y Altamirano. 

Otros más anteriores, de grata recordación y que llevan un nombre ilustre, 
fueron: Gumesindo Mendoza, Leopoldo Río de la Loza, y el más modesto de Mi- 
guel Pérez. 

Comprendiendo á todos los socios, la pléyade de los desaparecidos alcanza 
un buen número, y dejando cada uno de ellos, en sus respectivas secciones, 
un vacío irreparable. 

La Sociedad está ahora convertida enunaverdaderanecrópolis;así,pues, no 
es de extrañar la plena decadencia á que ha llegado, no bastando para reme- 
diarla, el ingreso de algunos nuevos socios, tan competentes como laboriosos. 
Con su valiosa cooperación se procura, no obstante, reorganizarla; si esta buena 
intención no diese al fin el resultado que se desea, me quedará el desconsuelo de 
verla morir, ó como decía en solemne ocasión uno de nuestros festivos escrito- 
res: de apagar la última vela del tenebrario. 

# 

# # 

Al día siguiente de su fallecimiento, fué sepultado en el Panteón de Dolo- 
res, y el subscrito, comisionado por laDirección del Museo Nacional, para tomar 
la palabra en tan aflictivo momento, le dirigió el último adiós en los términos 
siguientes: 



Señores: 

Profíiudamente conmovido en el luctuoso acto que desempeñamos, hago pública 
y respetuosa manifestación de condolencia, en nombre del Señor Subdirector y emplea- 
dos del Museo Nacional, ante el cadáver de nuestro infortunado y benemérito com- 
pañero Manuel Urbina y Altamirano; quien por largo tiempo dio lustre y prestigio al 
Establecimiento, consagrando á su servicio los mejores años de la vida. Con el alma, 
deposito reverente en esta tumba, que permanecerá siempre abierta, la corona de in- 
mortales que las Corporaciones sólo otorgan á las distinguidas personalidades que 
por fallecimiento desaparecen de su seno.* 

Permítasele ahora, al amigo, señores, el expresar unas cuantas frases justicieras 
y cariñosas. 

Renuévase en mí, con mayor intensidad, la dolorosa impresión que ha poco tiem- 
po conturbó mi espíritu, con la sensible pérdida de un amigo predilecto; pues otro 
hondo pesar viene ahora á quebrantarlo, por igual motivo, haciéndome más penoso 
todavía, en su última etapa, el duro camino de la vida. 

Desapareció para siempre, bajo el rudo golpe de fatal destino, el que desde la ju- 
ventud fué para mí, un querido amigo, un docto compañero en perseverantes labo- 
res consagradas al estudio de la naturaleza, un hombre que sacriñcaba todo al deber 
y para quien su cumplimiento era una religión: la que jamás abandonó, ni en los su- 
premos momentos de la final partida. 

Cubierto con el negro sudario de la muerte, tenemos ante nuestros ojos el helado 
cuerpo, al que animaba en vida cultísima inteligencia, á la vez que se arraigaba en 
el fondo de aquella alma, austera y legendaria probidad transmitida de abolengo; 
del ameritado y sabio Profesor de Botánica del Museo Nacional, por más de 25 años, 
estando á la vez al frente de su Dirección durante larga época, con ejemplar asiduidad 
y espíritu progresista; del que regenteó con singular acierto y dedicación, en dilata- 
do período de tiempo, la clase correspondiente á la citada asignatura en la Escuela 
Nacional Preparatoria: este fué el Médico Farmacéutico Manuel Urbina y Altami- 
rano. ¡Pobre Manuel! murió, cuando aún lleno de ilusiones, espigaba con afán ricas 
simientes en el ameno campo de la ciencia que cultivaba. 

Numerosos fueron sus trabajos científicos, que lo colocaron en encumbrado pues- 
to entre los cultivadores de las ciencias naturales patrias, y que han recibido plena 
y autorizada sanción de los muy distinguidos sabios extranjeros que igualmente las 
cultivan. 

¡Descansa en paz, querido amigo, en el seno del Omnipotente, y recibe el cumpli- 
do homenaje que te mereces, de quienes tributan culto al saber y á la virtud, y á to- 
das luces justificado, por tu fructuoso y acendrado amor al estudio y las relevantes 
cualidades que estuvieron en ti encarnadas! 

He dicho. 

México, Julio de Í906. 

Sltanuef 9TC. adiaba. 

* Se agrega esta parte del discurso que do fué pronunciada en el Panteón, por olvido del manuscrito. 

(QEKHiüBBHBBHBHB 



OENITOLOGIA MEXICANA 



POR EL 



SEÑOR PROFESOR ALFONSO L. HERRERA, 
SOCIO DE NUMERO. 



(CONTINUACIÓN) 



PHiENICOTHRAUPIS. 

Phcenicothraupis, Cabanis, Mus. Heiu. I, p. 24 (1850); Sel. P. Z. S. 1856, 
p. 119. 

Es un género enteramente neotropical; su zona de distribución se extiende 
por toda la parte tropical de la región comprendida desde el Sur de México 
hasta el Sudeste del Brasil y Paraguay, No se presenta en las Islas de las lu- 
dias Occidentales, exceptuando Trinidad. Se conocen, en la actualidad, nueve 
especies de este género, sin contar al Phcenicothraupis carmioli, que hemos co- 
locado en otro sitio. La especie más común, la P. rubica, es un ave brasileña 
que se encuentra en Paraguay, Bolivia y Peni, según Taczanowski. Su parien- 
te, el P. rubra, sólo se encuentra en la Isla de Trinidad. Dos especies peculia- 
res, P. gutturalisj P. cristata, pertenecen á Colombia, y otra especie al Oriente 
del Ecuador, P. rhodinolcema. 

De las cuatro especies centro-americanas, dos pertenecen al Sur de México 
y Guatemala y dos á Costa Rica y Panamá; la P. fuscicauda, de estos lütimos 
países, se extiende al Norte hasta Nicaragua, y al Sur, hasta la región septen- 
trional de Colombia; de dichas cuatro especies es la única que no es peculiar de 
nuestra región. 

El pico de Phamicothraupis es muy parecido al de Pyranga; la muesca ter- 
minal está bien marcada, y algunas veces se observa una curva indefinida en la 
orilla cortante de la quijada que, en ciertos casos, está casi tan desarrollada en 
forma de diente como en algunas especies de Pyranga. Las alas son redondas. 

L* N»t.— Ser. II— T. IV.— Febrero. 1904 1 



A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 



el tercero, cuarto y quinto cañones son más largos. La cola es larga y redonda; 
el color general del macho es rojo, y el de la hembra, moreno. En todas las es- 
pecies el macho tiene una cresta escarlata que, en ciertos casos, queda oculta en- 
tre las otras plumas. 



PHJENICOTHRAUPIS RUBICOIDES. 

Saltator rubicoides, Lafr. Rev. Zool. 1844, p. 41 1 . 

Phamicothraupis rubicoides, Cab. Mus. Hein. I. p. 24 2 , Sel. P. Z. S. 1856, 
pp. 120 3 , 303 4 ; 1859, pp. 364 5 , 377 6 ; 1864, p. 173 7 ; Sel. et Salv. Ibis, 1859, p. 15 8 , 
1860, p. 32°; P. Z. S. 1870, p. 836 10 ; Moore, P. Z. S. 1859, p. 58 n ; Sumichrast; 
Mem. Bost. Soc. K H. I, p. 549 12 ; Lawr. Bull. U. S. Nat. Mus. n. 4, p. 19 3 ; Salv. 
Cat. Strickl. Coll., p. 193 u . 

Tanagra ignicapilla, Licht. Preis.-Vers. mex. Vog., p. 2. Cf. J. f. Orn. 1863, 
p. 56 15 . 

Fusco-rubesceus, supra unicolor, subtns clarior, gutture toto ruberrinio, 
crista verticali coccinea utriuque nigro margiuato, rostro nigro-plumbeo, pedibus 
obscure corylinis. Long. tota 7-0 ; alas 3-6, caudas 3-1, rostri a rictn 0-8, tarsi 0-9. 

9 pallido fiisco-brunnoa, subtus dilutior, gutture pallidiore, crista verticali 
ochraceo-fulva nigro utriuque margiuata. (Descr. maris et femiiue ex Choctum, 
Guatemala. Mus. nostr.). 

Háb. México, 1 2 , Valle de México (White 7 ), Papantla (Deppe 3 " 15 ), región ca- 
liente de Yeracruz (Sumichrast 12 , le Strauge), Córdova (Sallé 4 ), Jalapa' (de Oca 3 ), 
Playa Vicente (Boncard 6 ), Guichicovi (Sumichrast 13 ). Guatemala (Constancia 91 , 
Skinuer", O. S. et F. D. G.), Honduras (Leylaud 15 , G. M. Whitely 10 ). «México, 
Mesa Central, Región O. y Sur.» (1) 

Esta especie mexicana y guatemalteca, es pariente cercana del Phcenico- 
thraupis rubica del Sudeste del Brasil, del cnal se distingue por su cola, que 
presenta casi el misino matiz que el dorso, su abdomen del mismo color del pe- 
cho y su garganta de un rojo más claro. Sin embargo, las zonas de distribución 
de ambas aves parecen estar separadas por un gran intervalo; el espacio inter- 
medio está ocupado por el P. vinacca y otras especies. 

El Phcenicothraupis rubicoides es común en el Sur de México 1 . Según Su- 
michrast, habita la región caliente, y raras veces sube á una altura de 3,000 ó 

(1) Laurencio y Beristain, p. 38, 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 



4,000 pies". En Guatemala sube hasta a 4,500 pies; pero es, por excelencia, nn 
pajaro de los ardientes bosques tropicales, donde se le encuentra entre los ma- 
torrales más bajos. En Choctiun abunda en las inmensas florestas de este distri- 
to, en compañía del P. salvini, el cual goza de una zona de distribución más 
septentrional en dirección á Yucatán y á las Honduras Británicas. 

«Es un ave muy abundante en las florestas, adonde signe á los hormigueros 
en busca de alimento. Generalmente anda en parvadas compuestas de seis ó 
doce individuos. Xo es salvaje.» ' 



PHCENICOTHRAUPIS SALVINI. 
Cardenal hormio-uero. (2) 



& 



Phcenicothraupis salvini, Berl. Ibis, 1887, p. 487 \ 

Phcenicothraupis rubicus, Sumichrast, Mein. Bost. Soc. N. H. I, p. 549 8 ? 
Phcenicothraupis fuscicauda, Lawr. Bull. U. S. Nat. Mus. n. 4, p. 19 3 '? 
Phcenicothraupis rubicoides, Boucard, P. Z. S. 1883, p. 443 4 . 
P. fuscicauda affinis sed undique magis rubescens, gula coccínea haud dis- 
tincte circumdata et abdomiue magis rubro distinguenda. 

9 brunnea fere unicolor, capite haud cristato, gula et abdomiue medio 
ochraceis. (Descr. maris et feminse ex Chisec, Guatemala. Mus. nostr.). 

Hab. México, región caliente de Veracruz (Sumichrast 8 ), Guichicovi (Su- 
michrast 3 ), Izalam en Yucatán (Ganiner 4 ), Honduras Británicas (Roe, Blanca- 
neaux), Guatemala (O. S. et F. D. G.). 

Probablemente Sumichrast se refiere a esta especie, designándola con el 
nombre de P. rubicus, en su memoria acerca de las aves de Veracruz, pues dice 
que el P. rubicoides también se presenta en ese Estado. El pájaro do Tehuante- 
pec, que el Sr. Lawrence llama P. fuscicauda, pertenece ciertamente á esta es- 
pecie, y también estaba acompañado por el P. rubicoides. El conde von Ber- 
lepsch expresa ciertas dudas respecto al nombre de un joven macho de Teliuan- 
tepec, que nos fué enviado por el Prof. Sumichrast; pero un macho adulto que 
nos remitió el Sr. Boucard, del mismo punto, prueba que el P. salvini se en- 
cuentra realmente en el Istmo de Tehuantepec. 

Por consiguiente, la zona de distribución de esta especié comprende la re- 

(1) A. Boucard. On a Collecüon of Birds from Yucatán. (Proc. Zool. Soc. Loiulon, June 19, 
1883), p. 443. 

(2) A. L. Herrera. Cat. de la Col. de Aves del Museo Nacional, p. 16. 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 



gión meridional de México. También se presenta en Yucatán y en las cercanías 
de Belice, pues tenemos en nuestro poder varios ejemplares colectados allí. 

La hembra del P. salvini carece de cresta; desde este punto de vista se pa- 
rece á la hembra del P. fuscicauda. El macho de P. salvini se distingue del de 
P. rubicoides, con el cual se asocia á menudo, por la ausencia del obscuro mar- 
gen lateral de la cresta, el color vivo de la garganta y el matiz, mi poco más 
pardusco, del plumaje de la superficie superior. 

«El P. rubicus y el P. rubicoides son peculiares de la región caliente, cuyos 
límites traspasan raras veces hasta la altura do 1,000 metros. » (1) 



LANÍO. 

Lanío, Vieillot, Anal., p. 40 (1816); Sel. P. Z. S. 1856, p. 118. 

Cinco especies constituyen este género; tres de ellas son peculiares de nues- 
tra región, viz.: L. aurantius, del Sur de México, Guatemala y Honduras; L. 
leucothorax, de Nicaragua y del Oriente de Costa Rica; y L. melanopygius, del 
Occidente de Costa Rica y Estado de Panamá. La zoua de distribución de La- 
nío, en el último Estado, so extiende hasta las montañas de los alrededores de 
Santa Fo; no se presenta en los bosques bajos de la línea del ferrocarril. En Sud 
América hay dos especies distintas: una de ellas, L. atricapillus, está distribuida 
casi por toda la parte septentrional del continente, y la otra, L. versicolor, ocupa 
un espacio mucho más reducido, pues está confinada á la región Sudeste del 
Perú y Noreste de Bolivia. 

El largo y fuerte pico de Lanío, con su gancho en la punta y su prominente 
dentadura á la mitad de la comisura de la quijada, es un rasgo característico 
notable del género, y sirve para distinguirlo de Pyranga y sus parientes. Ade- 
más, tiene el cuerpo más alargado; las alas son largas; el tercero y cnarto caño- 
nes son los más largos. Los tarsos son cortos y las patas débiles. 

Las especies de Lanío son aves florestales y se alimentan con frutas é in- 
sectos, que colectan en los ramos superiores de los árboles de los bosques. 



LANÍO AURANTIUS. Acalandriado. 

Misto colorado.' 2 ' 

Lanío aurantius, Lafr. Rev. Zool. 1846, p. 204 1 ; Bp. Consp. I, p. 240 2 ; Du 
Bus, Esq. Orn. t. 21 3 ; Sel. P. Z. S. 1856, pp. 119 4 , 303 6 ; 1857, p. 229 6 ; Sel. et Salv. 

(1) F. Sumichrast. Dist. Geog. de las Aves del Estado de Veracruz. "La Naturaleza," tomo 
I, p. 307. 

(2) A. L. Herrera. Cat. de la Col. de Aves del Museo Nacional, p. 17. 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 



Ibis, 1859, p. 15 ; ; Ex. Ora., p. 61, t. 31 s ; Sumichrast, Mem. Bost. Soc. X. H. I, p. 
549 9 ; Lawr. Bull. U. S. Nat. Mus. n. 4, p. 19 10 . 

Luteus, capito undique cuín thorace, alis et cauda nigris, pectore fulvescen- 
te, huuieris et snbalaribus albis; rostro nigro, pedibus fnsco-nigris. Long. tota 
8-0, alse 4-0, caudse 3-8, rostri a rictu 0-9, tarsi 0-75: 

9 supra brunnea, uropygio ferrngiueo, capite toto cinerascenti ochraceo, 
gula pallidiore; subtus olivácea, abdomine medio flavicaute, crisso ferrngiueo 
(Descr. maris ex Choctum, femiua? ex Ramhal, Guatemala. Mus. nostr.). 

Hab. México, Orizaba (Sallé* -5 ), Santecomapana (Boucard 6 ), región caliente 
de Yeracruz, San Uvero, Omealca (Sumichrast 9 ), Guichicovi (Surnichrast 10 ), 
Honduras Británicas (Blancaneaux), Guatemala (O. S. et F. D. G.), Honduras 
(Dtssou 4-7 " 8 ). «México, región Snr.» (i; 

Sumiclirast considera á la especie como habitante de los distritos cálidos, 
pues no pasa de 1,500 ó 1,600 pies de altura. Su zona de distribución está com- 
prendida entre el Sur de México y Honduras. Sumichrast hace notar que la fi- 
sonomía de esta especie se parece á la de algunos Tyrannidce, y que es más in- 
sectívora que la mayoría de los Tanagridos 9 . En Guatemala abunda en las sel- 
vas. El punto más alto en que la hemos observado es Kambral, Coban, á unos 
4,000 pies de altura sobre el nivel del mar. En ese sitio colectamos una hembra 
que estaba posada en una de las ramas superiores de un árbol florestal. 

L. aurantius se distingue inmediatamente délas especies más meridionales 
por su garganta negra. 

La semejanza general que se observa entre el color de estas aves y el de 
ciertos Icteri es notable. 

<E1 L. atricapillus es común en todos los países en que se presenta. Según 
Schomburgk. es una de las especies más abundantes en la Guayana. D'Orbigny 
la encontró en los húmedos y calientes montes de los Alpes bolivianos. 

«Costumbres y régimen. — Anidan en pequeñas parvadas como los otros Ta- 
nagridos; se están ordinariamente en los árboles más elevados y se nutren con 
granos. Los árboles que prefieren son tan altos que, aunque este pájaro es muy 
común, es sumamente difícil matarlo. En la Guayana forma parejas en las pal- 
meras y cocoteros donde anida.» (2) 



EUCOMETIS. 

Eucometis, Sclater, P. Z. S. Í856, p. 117, rice:— 
Comarophagus, Bp. Compt. Kend. XXX, p. 81 (1851) (uec Boie). 

(1) Laurencio y Beristain, p. 38. 

(2) A. E. Brehm. Les Merveilles de la Nature. "Les Oiseaux," Yol. I, p. 158. 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 



Eucometis está estrechamente emparentado con Tachyphonus, y quizás la 
Tínica diferencia en que se pueda confiar, sea la igualdad del color de ambos 
sexos. La comisura de la quijada es curva ó ligeramente ondulada, como en 
Tachyphonus. Las alas son redondas; el cuarto cañón es el más largo, y el ter- 
cero y quinto son casi iguales al cuarto; la cola es larga y redonda. Los tarsos 
y patas son algo delicados y débiles, tratándose de la E. cristata típica; pero los 
do E. cassini, que no difiere de Tachyphonus á este respecto, son más robustos. 

De las cinco especies de Eucometis que se conocen en la actualidad, tres se 
encuentran dentro de los límites de nuestra fauna; las otras dos son parieutas 
cercanas de E. cristata, y pertenecen á la Guayana, Amazonas y Bolivia. E. spo- 
docephala es la única especie peculiar de nuestra región; pero E. cassini nada 
más pasa lejos de ella. 



EUCOMETIS SPODOCEPHALA. 

Chlorosptingus sjjodocephalus, Bp. Compt. Rend. XXXYII, p. 922 1 ; Notes 
Orn., p. 22 2 . 

Eucometis spodocephala, Sel. et Salv. Ibis, 1860, p. 274 3 ; P. Z. S. 1870, p. 
836 4 ; Salv. P. Z. S. 1867, p. 139 6 ; 1870, p. 188 6 ; Ibis, 1872, p. 316 7 ; Lawr. Aun. 
Lyc. X. Y. IX, p. 100 8 ; Boncard, P Z. S. 1883, p. 443 9 . 

E. cristatce persimilis, sed capite saturatius cinéreo, crista liand sericeo-ci- 
nerea, gula obscuriore distinguenda. (Descr. exempl. ex Virgin Bay, Nicaragua. 
Mus. uostr.). 

? inari omnino similis. 

Av. homot. capite summo dorso concolore, gula quoque olivácea. (Descr. 
exempl. ex Mina de Chorcha, Panamá. Mus. nostr.). 

Hab. México, región Norte de Yucatán (G. F. Gaumer), Honduras Británi- 
cas (Blancaneaux), Guatemala (Constancia 3 , G. M. Whitely 4 ), Nicaragua (Delat- 
tre 1 " 2 , Bridges 7 , Baxter), Costa Rica 7 (Arce), Panamá 6 " 5 (Arce). «México, Penín- 
sula de Yucatán.» ' 

Es una forma septentrional del E. cristata, su pariente; pero tiene la cabeza 
de un gris más obscuro y carece del sedoso copete que adorna á la otra especie. 
E. spodocephala fué descrita por Bonaparte, conforme á los ejemplares conse- 
guidos por Delattre en Nicaragua. Parece que abunda en Yucatán y en las Hon- 
duras Británicas, pues el Sr. Gaumer obtuvo varios ejemplares, algunos de los 

(1) Laurencio y Beristain, p. 37. 



A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 



cuales lian llegado a nuestro poder, gracias al Sr. Boucard . Tal vez es mas nu- 
meroso en las cercanías de Chiriqui que en ningún otro punto. En la línea del 
ferrocarril de Panamá es reemplazado por E. cristata. 



CHLOROSPINGUS. 

Chlorospingus, Cabanis, Mus. Hein. I, p. 139 (1851). 
(Tipo C. leucophrys, Cab.— C. ophthalmicus (Du Bns). 

Las investigaciones UeA'adas á cabo líltimameute en las montañosas regio- 
nes occidentales de Sud América, lian contribuido á que se conozca mejor la ex- 
tensión que ocupa este género, el cnal comprende veintiséis ó veintisiete espe- 
cies. Todas ellas prefieren los montes situados á una altura considerable sobre 
el nivel del mar. El C. postocularis, que es la especie más conocida, se encuen- 
tra en las selvas que están á 5,000 ó 10,000 pies de elevación. 

En nuestra región hay siete especies; tres de ellas son características de 
México y Guatemala, tres se encuentran en Costa Rica y Panamá, y C. albitem- 
poredis se extiende desde Costa Rica hasta Bolivia. 

Los miembros centro-americanos de Chlorospingus son todos muy homogé- 
neos; pero algunas de las especies sud-aniericanas, tales como el delicado C. ver- 
tierais, son decididamente excepcionales. Las especies más fuertes y robustas 
que tenemos aquí, se parecen mucho á los Fringilidce por su aspecto general; su 
pico es cónico y fuerte, pero menos que el del siguiente género; la muesca maxi- 
lar es casi rudimentaria; las alas son moderadamente largas, pues el tercero, 
cuarto y quinto cañones son casi iguales; la cola de las especies más típicas, es 
bastante larga y un poco redonda; el color aceitunado prevalece en el plumaje, 
y ambos sexos son del mismo matiz. 

A. Macula postocularis alba. 



CHLOROSPINGUS OPHTHALMICUS. 

Arremon opthalmicus, Du Bus, Bull. Ac. Brux. XIV, pt. 2, p. 106 1 . 

Chlorospingus ophthalmicus, Sel. P. Z. S. 1856, pp. 89 2 , 302 3 ; 1859, pp. 364\ 
377 5 ; Cab. J. f. Ora. 1866, p. 162 6 ; Smnichrast, Mem. Bost. Soc. N. H. I, p. 549 : ; 
Salv. Cat. Strickl. Coll., p. 196 8 . 

Chlorospingus leucophrys, Cab. Mus. Hein. I, p. 139 9 . 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 



Siipra oleagineo -olivaceus, pileo et capitis lateribus satúrate brumieis, plaga 
suboculari nigricante, macula postoculari alba, loris albidis; subtus gula et ab- 
domine medio albis, pectore, hypochoudriis et crisso flavescenti-olivaceis; rostro 
nigro, pedibus corylinis. Loug. tota 5-8, alpe 2-9, cauda? 2-4, rostri a rictu 0-55, 
tarsi 0-83. (Descr. exempl. ex Jalapa, México. Mus. uostr.). 

Hab. México 2 ü (le Strange), Sau Pedro (Galeotti 8 ), Córdova (Sallé 23 ), Jala- 
pa 2 (de Oca 4 , Hüge). Totoutepec (Boucard 5 ), regiones templada y caliente do Ve- 
racruz (Sumichrast 8 ). «Región Sur.» (1) 

Teníamos la costumbre de incluir al Chlorospingus guatemalteco de esta for- 
ma entre el C. ophthalmicus; pero habiéndolos examinado con detenimiento, lie- 
mos observado que el ave mexicana de cabeza morena es peculiar á ese país, y 
que en Guatemala existen dos formas que no sólo son distintas una de otra, sino 
también de la especie que nos ocupa. 

El Chlorospingus ophthalmicus es un pájaro muy conocido en México, prin- 
cipalmente en los montes de las tierras altas, aunque también se presenta en las 
partes calientes, según Sumiclirast 7 . Sólo existe en las montañas de las regiones 
meridionales de la República, adonde lia sido observado por diversos viajeros. 

«Su zona de habitación debe fijarse entre 600 y 1,100 metros. » (2) 



CHLOROSPINGUS POSTOCULARIS. 

Chlorospingus postocularis, Cab. J. f. Oru. 1886, p. 163 *. 

Hab. Guatemala 1 (O. S. et F. D. G.). «México, Chiapas.» (3) 
La cabeza es de un gris uniforme que sirve para distinguir á la especie, del 
C. ophthalmicus do México; por otra parte, C. olivaceus tiene la mitad de la co- 
ronilla de un gris ceniciento y los lados más obscuros. El Dr. Cabanis hizo la 
descripción de la especie aprovechando uu ejemplar guatemalteco, sin indicar 
su procedencia con exactitud. Los únicos ejemplares de nuestra colección que 
concuerdan con la descripción del Dr. Cabanis, fueron obtenidos en los volca- 
nes do Agua y Fuego á alturas variables, comprendidas entre 3,000 y 8,000 pies. 
Esta especie es uu ave florestal, y vaga por los montes en partidas de seis ó más 
individuos. Es lista y activa; salta turbulentamente en las ramas más bajas de 

(1) Laurencio y Beristain, p. 37. 

(2) E. W. Nelson. Notes on Certain Species of Mexicau Birds, p. 157. 

(3) F. Sumichrast. Dist. Geog. de las Aves del Estado de Veracruz. "La Naturaleza^' tomo 
p. 307. 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 



los árboles, y se pone á menudo al alcance del observador, quien distingue en- 
tonces claramente la mancha blanca que tiene en el ojo. 

liada se sabe respecto á su nido y huevos. 

«El tipo de esta especie vino de Guatemala, y he observado que ni C. atri- 
ceps (Auk, Jan. 1897, p. 65), de Pinabete, Chiapas, es inseparable. Por consi- 
guiente, este líltimo es sinónimo de C. postocularis, cuya zona de distribución 
se extiende por las montañas del Sudoeste de Guatemala y Chiapas.» ' 



CHLOROSPINGUS OLIVACEUS. 

Poospisa olivácea, Bp. Consp. I, p. 473 1 . 
Chlorospingus olivaceus, Sel. P. Z. S. 1856, p. 90 2 . 
Chlorospingus ophthalmicus, Sel. et Salv. Ibis, 1860, p. 32\ 

Hab. Guatemala 3 (O. S., O. S. et F. D. G.). «México, Chiapas.» (2) 

El Chlorospingus de Alta Verapaz se distingue de los demás por una raya 
gris claro que tiene en el occipucio. Sin duda es el pájaro que Bouaparte des- 
cribió con este nombre, aunque la localidad á que lo atribuye (Brasil) es inco- 
rrecta. El Sr. Sclater examinó el tipo que hay en el Museo de París, y recono- 
ció que un ejemplar de su colección pertenecía á la misma especie, y que, proba- 
blemente, ambas aves habían sido preparadas por Delattré, el colector francés, 
quien hizo exploraciones en los alrededores de Coban. 

El pájaro de Coban recibió el nombre de C. ophthalmicus en 1860 3 ; pero es 
distinto de la especie mexicana que tiene la cabeza morena. 

«No es raro en el espeso bosque de Túmbala, Chiapas.» 00 



BUARREMON. 

Buarremon, Bouaparte, Consp. Av. I, p. 483 (1850); Sel. P. Z. S. 1856, p. 84. 
Chrysopoga, Bp. loe. cit., p. 480. 
Pesopetes, Cabanis, J. f. Orn. 1860, p. 415. 

(1) E. W. Nelson. Notes on Certain Species of Mexican Birds, p. 15T. 

(2) E. W. Nelson. Notes on Certain Species of ¿Mexican Birds, p. 157. 

(3) E. W. Nelson. Notes on Certain Species of Mexican Birds, p. 157. 

La Nat.— Ser. U.— T. IV.— F»br«o 1904. 2 



10 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

Los límites do este género varían según los autores. Bonaparte lo estable- 
ció, y al mismo tiempo propuso otros dos géneros que en la actualidad se inclu- 
yen, generalmente, en Buarremon. Comprendía en ellos varias especies que 
ahora pertenecen á Fringülidce, en cuya familia colocaba a Buarremon y los de- 
más, cerca de Hwmophila, Atlapetes, Pyrgisoma, Pipilo, etc. El Dr. Cabanis cla- 
sificaba únicamente entro Buarremon al B. assimüis y al B. brunneinucha, com- 
prendiendo al B. albinucha y al B. pállidinucha en el género Atlapetes, y reu- 
niéndolos á todos en la subfamilia Pitylince. 

El arreglo actual fué hecho por el Sr. Sclater, quien ensanchó los límites de 
Buarremon, haciendo que abarcara cuatro secciones: (a) Buarremon, (b) Chryso- 
poga, (c) Carenochrons y (d) Pipilopsis. En el «Nomenclátor Avium Neotropi- 
calium» se incluían veinte especies en Buarremon, y más tarde se le añadieron 
trece por lo menos. Con excepción del B. personatus, de la Guayana, todos es- 
tán distribuidos en los montañosos países de la América Occidental (inclusa Ve- 
nezuela), desdo Bolivia hasta el Sur de México. Dentro de nuestros límites exis- 
ten ocho especies, y cuatro de ellas son características de nuestra región. De las 
demás, el B. brunneinucha es el que está distribuido con mayor amplitud, pues 
llega desdo México hasta el Perú; B. gutturalis y B. albinucha se extienden 
desde México hasta Colombia, pero este último no se encnentra en la región in- 
termedia; en fin, B. assimüis, do Colombia, Ecuador y Peni, sólo ha sido colec- 
tado una vez en Costa Rica. De las especies características, B. virenticeps no se 
ha descubierto aún más que en México. B. capitalis, B. crassii^ostris y B. tibia- 
lis, son todos habitantes de las montañas de Costa Rica y Panamá. 

Buarremon se parece á los FringiUidce por su fuerte pico cónico; el de B. 
crassirostris es esencialmente robusto; se observa una pequeña muesca cerca de 
la extremidad de la comisura de la quijada; las alas son algo largas y redondas; 
el cuarto, quinto y sexto cañones son los más largos; la cola es alargada y muy 
redonda; por lo regular, los tarsos y dedos son muy largos y fuertes, é indican 
hábitos terrestres (particularmente tratándose de B. capitalis); el plumaje es 
igual en ambos sexos. 

Aunque creemos conveniente adoptar los límites y posición del género Bua- 
rremon, que le asigna el Sr. Sclater, nos parece que su parentesco con géneros 
Fringillina}, tales como Pyrgisoma, Atlapetes y ciertos miembros de Pipilo, es 
importante, y que el examen minucioso de otros caracteres, que no sean los que 
proporciona el estudio de las pieles, modificará probablemente, de un modo con- 
siderable, la clasificación actual. 



BUARREMON VIRENTICEPS. 

Buarremon virenticeps, Bp. Compt. Rend. XII, o, G57 1 ; Sel. P. Z. S. 1856, 
p. 85 2 ; Cat. Ara. B., p. 90 3 . 



A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 11 

Fringüla quadrivittata, Licht. Mus. Berol. (fide Sclater). 

B. assimili affinis, sed capitis striis et cervice tota olivaceseeutibus, dorso 
fere coiicoloribus; subtus hypochondriis ot crisso fiiscescentioribus. Long. tota 
7-0, alpe 3-2, cauda? 3-6, rostri a rictu 0-7, tarsi 1-1. (Descr. exempl. ex México. 
Mus. nostr.). 

Hab. México 1 (le Strange, Boucard). 

En la actualidad es conocido como habitante del Sur de México, aunque no 
está en las listas de aves colectadas por Sallé, Boucard y otros. Sin embargo, 
tenemos un ejemplar que proviene del Sr. Boucard, el Sr. le Strange también 
obtuvo ejemplares y hemos visto otros en la colección del Sr. Sclater. 

Es evidente que el B. virenticeps es pariente del B. assimilis; pero difiere 
de este líltimo porque las rajas de su cabeza son aceitunadas en vez do ser grises 



BUARREMON BRUNNEINUCHA. «Chayotera.» 



(i) 



Embernagra brunneinucha, Lafr. Bev. Zool. 1839, p. 97 1 . 

Buarremon brunneinuchus, Sel. P. Z. S. 1857, pp. 85 2 , 302 3 ; 1858, pp. 72 4 , 
303*; 1859, pp. 138 6 , 361 7 , 377 8 ; 1881, p. 174 9 ; Sel. et Salv. Ibis, 1859, p. 15 10 ; P. 
Z. S. 1868, p. 627"; 1875, p. 234 12 ; 1879, p. 501 13 ; Cab. J. f. Oru. 1860, p. 414 u ; 
Cassin, Pr. Ac. Phil. 1865, p. 170 15 ; Salv. P. Z. S. 1867, p. 140 10 ; 1870, p. 189 17 ; 
Cat. Strickl. Coll.. p. 198 18 ; Sumichrast, Mein. Bost. Soc. K H. I, p. 549 19 ; Lawr. 
Ann. Lyc. N. Y. IX, p. 101 30 ; v. Frautz. J. f. Oru. 1809, p. 300 21 , Tacz. P. Z. S. 
1874, p. 515-; 1879, p. 228 2:! ; 1880, p. 196 24 . 

Arremon frontalis, Tsch. Faun. Per., p. 212 25 . 

Buarremon scanthophrys, Cab. Mus. Heiu. I, p. 141 26 . 

Olivaceus, alis et cauda brunuescentioribus, pileo postico et micha castaneis 
utrinque ciuuamonico limbatis, fronte et capitis lateribus nigris illa nigro trima- 
cnlata; subtus gula et abdoiniue medio albis, pectore nigro, hypochondriis et 
crisso olivaceo-cinereis; rostro nigro, pedibus corylinis. (Descr. exeuipl. ex Ja- 
lapa, México. Mus. nostr.). 

2 mari omnino similis. 

Juv. iuornatus; fere ouiuino obsenre olivaceus, capite suiuuio bruiiuesceute. 
(Descr. juv. ex Yerapaz, Guatemala. Mus. nostr.). 

(1) A. L. Herrera. Cat. de la Col. de Aves del Museo Nacional, p. 17. 



12 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

Hab. México 1 (le Strange), Córdova (Sallé 3 ), Vallo de México (White"), Ja- 
lapa (de Oca 7 ), región templada y alpina de Veracrnz (Suniichrast 1 '), La Para- 
da 5 , Teotalcingo 8 (Boncard), Guatemala (Skinner 10 , O. S. et F. D. G.), Costa Rica 
(v. Frantzius 14 - 2115 - 20 , Carmiol, Rogers), Panamá 1716 (Arce),— Colombia 21 ' 18 , Ecua- 
dor 4 " 6 , Pern 2 -- 2:; -- 4 -- 5 , Venezuela 2 - 11 - 12 - a6 . «México, región Sur.» (11 

Es éste uno de los miembros del género Buarremon mejor conocido, y está 
distribuido desde el Sur do México hasta el Perú, extendiéndose al Oriente 
hasta Venezuela. Empero, nunca frecuenta los montes de las tierras bajas. En 
los bosques del Volcán de Fuego de Guatemala, situados á 6,000 y 8,000 pies 
de altura, es un ave común. Usualmente anda en parejas rascando las hojas se- 
cas tiradas en el suelo. 

Salmón obtuvo huevos en el Estado de Antioquía: dice que son casi blan- 
cos y matizados de un color azul verdoso muy pálido 13 . B. brunneinucha carece 
de parientes en este país, y se distingue por su cabeza castaña y su frente negra 
con una man chita blanca central y dos laterales. En la América del Sur el B. 
inornatus del Oriente del Ecuador, es una especie pariente que difiere de la ac- 
tual por la ausencia de la banda pectoral negra. 

«Gargantilla, Barba-blanca. — Esta especie, sin ser completamente caracte- 
rística de la región alpina, pues se encuentra en la templada y aún en los pun- 
tos más altos de la caliente, es más abundante en los bosques y montañas á la 
altura de 500 á 2,000 metros. » <2) 



BUARREMON ALBINUCHA. «Chay otero. »< 3 > 

Embernagra albinucha, Lafr. et d'Orb. Rev. Zool. 1838, p. 165 1 . 

Buarremon áíbinuchus, Bp. Consp. I, p. 484 2 ; Sel. P. Z. S. 1850, p. 86 3 ; 1857, 
p. 205 4 ; 1859, pp. 364 5 , 377°; 1864, p. 173 7 ; Cat. Ara. B., p. 91 8 ; Sumicurast, Mem. 
Bost. Soc. N. H. I, p. 549 ". 

Atlapetes áíbinuchus, Cab. Mus. Heiu. I, p. 140 10 . 

Embernagra mexicana, Less. Rev. Zool. 1839, p. 42 u . 

Buarremon vitellinus, Licht. Mus. Ber. 12 

B. gutturali similis, sed corpore subtus omnino flavo distiiigueudus. Long. 
tota 6-7, ala3 2-8, caudfle 3-3, rostri a rictn 0-6, tarsi 1-05. (Descr. maris ex To- 
tontepec, México. Mus. nostr.). 

(1) Laurencio y Beristain, p. 37. 

(2) F. Suinichi'ast. Dist. Geog. de las Aves del Estado de Veracrnz. ''La Naturaleza," tomo 
I, p. 307. 

(3) A. L. Herrera. Cat. de la Col, de Aves del Museo Nacional, p. 17. 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 13 

Juv. subtus sórdido flavicans fusco striatus. (Descr. exempl. ex Jalapa, 
México. Mus. nostr.). 

Hab. México 210 " 11 , Valle de México ("White 7 ), región templada de Yeracruz 
(Sumichrast 8 ), Jalapa (Sallé 4 , de Oca 5 , Deppe 12 , Hoge), Orizaba (Botteri 8 , le 
Strange), Totontepec (Boucard 6 ), Oaxaca. — Colombia 1 3 '. «México, región Sur.» (1) 

La zona de distribución de esta especie es notable, tanto más cuanto que 
está completamente dividida en dos partes. La sección septentrional está limi- 
tada al Sur de México, y la meridional, á la región central y oriental de Colom- 
bia. La parte intermedia está ocupada por B. gutturalis. 

En Colombia no es nada c jiinín, pero en México el B. albinucha es muy co- 
nocido; es un ave característica de la región templada, según Sumichrast, y se 
le encuentra á una altura de 2,000 á 3,600 pies 3 . 

El Sr. Sclater afirma que un ejemplar do su colección tiene la garganta 
anaranjada, lo que demuestra que la especie varía á este respecto, como B. gut- 
turalis*. 

«Yulg Frailecito.»'-' 



ARREMON. 

Arremon, Yieillot, Anal., p. 32 (1876), 

(Tipo Tanagra silens, Bodd.); Sel. P. Z. S. 1816, p. 80. 

Se conocen doce especies de este género, exclusivamente neotropical; sólo 
una de ellas, el Arremon aurantiirostris, se enenentra en nuestra área. Las es- 
pecies sud-americanas pertenecen, principalmente, á las regiones sub-audeauas; 
pero la más conocida de todas ellas, el A. silens, ocupa la parte oriental del con- 
tinente, y se extiende desde la Guayana y Amazonas hasta el Brasil. 

Por su estructura y coloración, el género Arremon es muy homogéneo. El 
pico es recto, algo alto, corto, cónico y con una muesca rudimentaria subtermi- 
nal en la quijada. Las alas son cortas y redondas; la cola, también algo corta y 
muy redonda; los tarsos son un poco largos y propios para sus costumbres seini- 
terrestres. La mayoría de las especies tienen la cabeza negra, y muchas de ellas 
presentan una raya vertical cenicienta en medio; la superficie inferior es blanca, 
y muchas especies tienen una banda pectoral negra bastante visible. Con fre- 

(1) Laurencio y Beristain, p. 37. 

(2) F. Sumichrast. Dist. Geog. de las Aves del Estado de Veracruz. "La Naturaleza," tomo 
I, p. 307. 



14 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 



cuencia el pico es de color amarillo ó anaranjado vivo; el dorso es aceitunado 
ó gris. 

Parece que todas las especies frecuentan los bosques espesos, donde se les 
encuentra entre las yerbas que crecen al pie de los árboles. 



ARREMON AURANTIIROSTRIS. 

Árremon aur anuir ostris, Lafr. Rev. Zool. 1847, p. 72 1 ; Des Muis, Icón. Orn. 
t. 55 2 ; Bp. Consp. I, p. 488 3 ; Sel. P. Z. S. 1856, p. 83 4 ; 1859, p. 377 6 ; Sel. et Salv. 
Ibis, 1860, p. 32 6 ; P. Z. S. 1864, p. 351 7 ; Lawr. Ain. Lyc. N. Y. VII, p. 298 8 ; VIII, 
p. 180 9 ; IX, p. 102 10 ; Salv. P. Z. S. 1867, p. 140 11 ; 1870, p. 188 12 ; Ibis, 1872, p. 317 13 , 
v. Frantz. J. f. Orn. 1869, p. 300 u . 

Arremon rupodor •salís, Cassin, Pr. Ac. Phil. 1865, p. 170"; Lawr. Am. Lyc. 
N. Y. IX, p. 102 10 ; Salv. Ibis, 1874, p. 308 17 . 

Supra oleagineus, cauda fuscescentiore, capite nigro, superciliis elongatis 
albis, stria verticali cinérea; subtus gula et abdoniine medio albis, pectore late 
nigro, hypocliondriis fuscis oleagiueo indutis; campterio alari lpetissime auran- 
tiaco, rostro aurautiaco, pedibus earneis. Long. tota 6-5, alae 3-2, caudse 3-0, ros- 
tri a rictu 0-7, tarsi 1. (Descr. maris ex Santa Fe, Panamá. Mus. nostr.). 

9 niari persimilis. 

Ilab. México, Playa Vicente (Boucard 6 ), Honduras Británicas (Blancaneaux), 
Guatemala 6 (O. S. et F. D. G.), Nicaragua (Belt 13 , Hollaud 9 ), Costa Rica (v. Frant- 
zius 14 , Cooper 10 , Zeledón 10 , Carmiol 10 , Arce, Carmiol 15 " 16 ). Panamá 1211 (Arcó 
M'Leaunan 78 , Delattre 1 ~ 2-4 ). «México, región caliente de Veracrnz y Belice (Pe- 
nínsula de Yucatán).» (1) 

En Mayo de 1873 Salvia descubrió un nido en el bosque cercano á Obispo 
Statiou; estaba en el suelo, oculto por una bonita fronda colgante de Adiantum 
Contenía polluelos. De Panamá el A. aurantiirostris se dirige al Sur de Méxi- 
co, donde no es común, pues M. Boucard 5 solamente lo encontró en Playa Vi- 
cente. 

A. aurantiirostris es el i'iuico representante del género en la América Cen- 
tral, y fuera de sus límites no se presenta. Pertenece al mismo grupo que el A. 



(1) Laurencio y Beristain, p. 31. 



A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 15 

silens, de la Oniayana y el Brasil, y su pariente más próximo es el A. spectabilis, 
de Colombia y Ecuador, del cual difiere por tener el dorso más obscuro y la 
banda negra pectoral más ancha. 



SALTATOR. 

Saltator, Vieillot, Anal. p. 32 (1816); Sclater, P. Z. S. 1856, p. 69. 

El género Saltator contiene cerca de diez y ocho especies, pertenecientes á 
la región neutropical y distribuidas entre México, Paraguay y la República Ar- 
gentina. Cinco especies pasan nuestra frontera, cuatro de ellas son peculiares 
del país, y sólo una, el S. albicollis, se extiende más allá en las partes septen- 
trionales de Sud América. Los miembros del género Saltator son todos pájaros 
robustos, de pico fuerte; S. atriceps es el Tanagrido más grande que se conoce. 
La coloración de ambos sexos es idéntica; predomina el color gris aceitunado ó 
moreno en el dorso, y el gris en la superficie inferior; una sección está rayada de 
castaño. El pico es fuerte y un poco largo, con el culmen muy arqueado; la co- 
misura es casi simple, pero tiene una muesca maxilar subapical; las alas son cor- 
tas y redondas, y la cola, larga y también muy redonda; los tarsos son cortos, 
pues las costumbres de estas aves son estrictamente arbóreas. 



SALTATOR ATRICEPS. «Pico gordo, Quejoso.» 



a» 



Tanagra (Saltator) atriceps, Less. Cent. Zool., p. 208, t. 69 1 . 

Saltator atriceps, Bp. Consp. I, p. 488 2 ; Cab. Mus. Hein. I, p. 142 3 ; Sel. P. 
Z. S. 1856, pp. 69 4 , 302 5 ; 1859, pp. 364", 377 7 ; 1804, p. 174 8 ; Sel. et Salv. Ibis, 1859, 
p. 14°; P. Z. S. 1864, p. 351 10 ; 1870, p. 836 11 ; Moore, P. Z. S. 1859, p. 58 12 ; Taylor, 
Ibis, 1860, p. lll 1 ; Lawr. Am. Lyc. X. Y. VIL p. 297 u ; IX, pp. 102 15 , 200 16 ; Bul!. 
U. S. Nat. Mus. n. 4, p. 19 17 ; Sumichrast, Moni. Bost. Soc. BT. H. I, p. 549 18 ; Saly. 
Cat. Strickl. Coll., p. 199 19 ; P. Z. S. 1883, p. 421 2 "; Boucard, P. Z. S. 1883, p. 443 21 . 

Tanagra gnatho, Licht. Preis.-Vers. mex. Yóg., p. 2 22 (cf. J. f. Orn. 1863 
p. 56). 

Arremon giganteus, Bp. P. Z. S. 1837, p. 117 23 . 

Pyrrhula raptor, Cabot, Journ. Bost. Soc. N. H. V, p. 90, t, 12". 

(1) A. L. Herrera. Cat. de la Col. tle Aves del Musco Nacional, p. 17. 



16 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

Supra olivaceus, capite toto cuín mentó et torque pectorali nigris, superci- 
liis indistincte albis, gutture medialiter albo; corpore roliquo subtus cinéreo, 
crisso ferrngineo; rostro nigro, mandíbula interduin flavicanto, pedibns plum- 
beis. Long. tota 10-4, abe 4-6, cauda? 5-0, rostri a rictu 1-0, tarsi 1-1. (Descr. 
uiaris ex Volcán de Agua, Guatemala. Mus. nostr.). 

? mari similis. 

Obs. Specimina quaedam capitis lateribus frequentissiine gríseo uotatis, tor- 
que pectorali quoque iuterduin obsoleta, differuut. 

ílab. México 1 2 ' 3 ' 8 * 22 , región caliente y templada de Veracruz (Suiniclirast 18 ), 
Tierra Caliente de la Costa del Atlántico (le Strange), Córdova (Sallé 45 ), Jalapa 
(de Oca 6 ), Papantla (Deppe 4 ), Playa Vicente (Boucard 7 ), Guichicovi, Santa Efi- 
genia (Siunichrast 17 ), Yucatán (Cabot 24 ), Mérida en Yucatán (Schott 16 , Gaumer 21 ), 
Honduras Británicas (Blancaneaux), Guatemala (Velázquez de León 23 , Constan- 
cia 19 ^ 1 , O. S. et F. D. G.), Honduras (Leyland 12 , G. M. Whitely 11 , Taylor 913 ), Ni- 
caragua (Baxter), Costa Rica (Carmiol 15 ), Panamá (M'Leannan 1014 , O. S., A. H. 
Markham 20 ). «México, reg. O. y Snr.» (1) 

Los ejemplares yucatecos no difieren en nada de los centro-americanos. 
Saltator atriceps es un ave característica de las tierras calientes de México y Cen- 
tro América, y llega, al Sur, hasta el Istmo de Panamá. Siunichrast refiere que 
en la región meridional de México sube á unos 4,000 pies de elevación sobre el 
nivel del mar. El Saltator atriceps es un pájaro algo bullicioso, su chillido es 
desagradable y frecuenta generalmente los árboles bajos que limitan los claros 
de los distritos montuosos. El Sr. Gaumer dice que es muy abundante en Yuca- 
tán, cerca de Mérida, que se come las flores de un Convolvulus, y que en los 
ejemplares que disecó encontró otras flores, hojas verdes y algunas veces frutos 21 . 

Se nota una diferencia considerable entre los ejemplares de esta especie en 
lo concerniente á la banda negra que tienen en el pecho. En muchos casos di- 
cha banda es rudimentaria, y el blanco de la garganta se extiende hasta las par- 
tes de debajo; en otros individuos aparecen unas cuantas plumas negras. Tam- 
bién varía el color de las mejillas. En casi todos nuestros ejemplares se observa 
cierta mezcla de gris en las plumas negras; pero en algunos los carrillos son en- 
teramente negros. El color de la garganta varía rara vez; en ciertos ejemplares, 
generalmente en los mexicanos, el color es castaño vivo en lugar de ser blanco; 
pero algunas formas intermedias sirven de lazo de unión entre éstas. El color 
del pico está sujeto, asimismo, á ciertas modificaciones; á menudo la mandíbula 
es amarilla, y algunas veces también lo es la punta del maxilar. Probablemente 
estas variaciones son debidas á la edad y á la estación, pues es imposible atri- 
buirlas á ningún distrito en particular. 

(1) Laurencio y Beristain, p. 37. 



A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 17 

«Este pájaro es muy abundante en la ciudad de Mérida y común en todas 
partes. Generalmente forma parvadas de cuatro á doce individuos. El canto del 
macho es excesivamente agudo, chillón y penetrante; por lo regular canta al 
amanecer. Durante mi estancia en Izamal, una pareja acostumbraba posarse en 
un arbusto que había en mi ventana y cantar media hora diaria, despertándome 
con las primeras notas. Se suben a la rama más alta de un árbol, lanzan unas 
cuantas notas agudas y vuelven á bajarse al follaje inferior.» (1) 

«Se le encuentra cerca de Orizaba, adonde nunca llega el S. magnoides.y> {i) 

«El Sáltator frecuenta los jardines, los setos, matorrales y bosquecillos, pero 
nunca los grandes bosques. Pasa todo el año en esos sitios, ya sea en parejas ó 
en pequeñas tropas. Frecuentemente se reúnen muchas especies. Se aproximan 
sin temor á las habitaciones y causan á menudo perjuicios en los jardines. 

«Siempre en el interior de los arbustos, dice d'Orbigny, y poco más ó me- 
nos á mi altura, el Sáltator ccerulescens no cesa de saltar con gran agilidad. 
Busca allí su alimento, que se compone de granos, botones ó insectos, lío des- 
deña la carne y se roba la que está secándose alrededor de las casas. Eara vez 
se para en el suelo, sobre el cual se mueve con lentitud. Su Amelo no es rápido, 
sino interrumpido y de poca extensión. Su voz es insignificante; por lo general 
no hace más que chillar repetidas veces.» 

D'Azara dice que en la época de los amores cantan de un modo bastante 
variado y expresivo. En jaula no cantan jamás. 

En el mes de Noviembre construyen, en las ramas más elevadas y en los 
zarzales más enmarañados, un gran nido, formado de raíces groseramente liga- 
das entre sí. Este nido contiene de dos á tres huevos de un color azul verdoso, 
manchados de negro en la punta gruesa. Otras especies construyen su nido con 
mnsgo. 

Cautividad. — D'Azara proporciona algunas noticias relativas á la conducta 
de esas aves en cautividad. «He tenido durante algunos meses un capi en jaula 
con otros pajarillos. Vivía con ellos en perfecta armonía. Comía pan duro ó 
blando indiferentemente, maíz cocido, flores, frutos, musgo, en fin, comía de 
todo, portándose, á este respecto, más bien como un mamífero que como un pá- 
jaro. Si el pedazo de alimento estaba muy grueso, lo tenía con las patas ó lo 
lanzaba al aire y lo tomaba con el pico, mascándolo sin soltarlo hasta que se lo 
podía tragar.» 

Parece que D'Azara es el único naturalista que se ha entretenido en criar 
un Sáltator, pues escasean los detalles referentes al pájaro en cautividad. Ni si- 
quiera sabemos si es estimado en el país que habita.» (3) 

(1) A. Boucard. On a Collection of Birds from Yucatán. (Proc. Zool. Soc. London, June 19, 
1333), p. 443. 

(2) F. Sumichrast. Dist. Geog. de las Aves del Estado de Veracruz. "La Naturaleza," tomo 
I, p. 307. 

(3^ A. E. Brehra. Les Merveilles de la Nature. "Les Oiseaux," Vol. II, p. 151. 

La Nat.— Ser. □.— T. IV.— Marzo 1904. 3 



18 A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 



SALTATOR MAGNOIDES. 

Saltator magnoides, Lafr. Rev. Zool. 1844, p. 41'; Bp. Consp. I, p. 489 2 ; Sel. 
P. Z. S. 1856, pp. Ü9 3 , 142 4 , 302 5 ; 1859, pp. 364°, 377 7 ; 1864, p. 174 8 ; Sel. et Salv 
Ibis, 1859, p. 14'; P. Z. S. 1864, p. 351 10 ; 1870, p. 836 n ; Cab. J. f. Orn. 1863, p.' 
416 12 ; Lawr. Aun. Lyc. N. Y. YIII, p. 180"; IX, p. 102 14 ; Saly. P. Z. S. 1867, p. 
140 15 ; 1870, p. 189 lü rSuinichrast, Mem. Bost. Soc. K H. I, p. 549 17 ; v. Frantz. J. 
f. Orn. 1869, p. 300 18 . 

Saltator gigantodes, Cab. Mns. Hein. I, p. 142 19 . 

Saltator magnus, Lawr. Aun. Lyc. N. Y. VII, p. 297 20 . 

Saltator Ínter median, Lawr. Proa Ac. Phil. 18(54, p. 100 21 ; Aun. Lyc. N. Y. 
VIII, p. 176 22 . 

Snpra olivacons; capite cinéreo, pileo oliváceo intermixto, snperciliis albis; 
snbtns cinerens, gula media castanoa nndiqne nigro late circnmcincta, crisso fer- 
rugineo; rostro nigro, pedibns plnmbeis. Long. tota 8-0, alee 3-9, canda? 3-8, 
rostri a rictu 0-95, tarsi 0-9. (Descr. exeinpl. ex Choctum, Guatemala. Mns. 
nostr.). 

Háb. México 1 - 2819 , Córdova (Sallé 5 ), Jalapa (de Oca 6 ), Playa Vicente (Bou- 
card 7 ), región caliente de Veracrnz (Snmichrast 17 ), Guatemala (Skinner 9-3 , O. S. 
et F. D. G.), Honduras (G. M. Whitely 11 ), Nicaragua (Holland 13 ), Costa Rica (v. 
Frantzius 12 18 , Ellendorf ,2 , Carmiol 14 , Arce, Rogers), Panamá (Bridges 4 , Arce 16 , 
Hicks "- 1615 , M'Leamian 10 - 20u21 ). 

La zona de distribución del Saltator magnoides es, poco más ó menos, la 
misma que la del S. atriceps, pues se le encuentra en su compañía en la ardiente 
región comprendida entre el Sur de México y Panamá, donde tal vez sea más 
común que su pariente. Sin embargo, en Guatemala está confinado á las flores- 
tas de Verapaz, y parece que no se presenta en el lado de la Cordillera vecino 
al Pacífico, en donde abunda el S. atriceps. Concede también la preferencia al 
lado oriental del istmo hasta llegar á Costa Rica; allí visita ambos lados de la 
Cordillera y se extiende hacia el Istmo de Panamá. 

Salmón descubrió el nido y los huevos del S. magnus; el primero se com- 
ponía de varas pequeñas y tallos de heléchos, y estaba entre unas matas bajas; 
los huevos son de color azul verdoso claro y presentan una zona de manchas y 
líneas negras alrededor de la extremidad más larga. 

El S. magnus difiere del S. magnoides por las líneas negras riciales que 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 19 

tiene á cada lado de la mancha de la garganta, y qne no forman collar como en 
el caso del S. magnoides. Es un ave más pequeña, más rojiza y no tiene el gris 
de debajo tan puro. 

«Está confinado á la región calionte; rara vez pasa más allá de una altura 
de 900 metros. » (1) 



SALTATOR GRANDIS. «Hierbero. 



,(2) 



Tanagra granáis, Licht. Preis.-Vers. mex. Yog. p. 2 (cf. J. f. Orn. 1863, 
p. 57 1 ). 

Saltator granáis, Sel. P. Z. S. 1856, p. 72 2 ; 1857, p. 205 3 ; 1859, pp. 364 4 , 377 5 ; 
1864, p. 174 6 ; Sel. et Salv. Ibis, 1859, p. 14 7 ; P. Z. S. 1870, p. 836 8 ; Moore, P. Z. 
S. 1859, p. 58 9 ; Cab. J. f. Orn. 1860, p. 416 10 ; 1861, p. I 11 ; Sumiclirast, Mera. Bost. 
Soc. Ñ. H. I, p. 549 12 ; Lawr. Aun. Lyc. N. Y. IX, pp. 102 13 , 200 "; Bull. U. S. 
Nat, Mus. n. 4, p. 19 15 ; v. Frantzius, J. f. Orn. 1869, p. 300 1G ; Salv. Cat. Strickl. 
Coll., p. 200 17 ; Boucard, P. Z. S. 1883, p. 443 ls . 

Saltator icterophrys, Lafr. Rev. Zool. 1844, p. 41"; Bp. Consp. I, p. 490 20 . 

Saltator ruflventris, Yig. iu Beecliey's Yoy., p. 19 21 (nec. d'Orb.). 

Saltator vigorsii, Gray, Gen. B. II, p. 363 22 ; Cab. Mus. Hein. I, p. 143 23 . 

Supra nigrescenti-cinereus, capitis lateribns obseurioribus, superciliis dis- 
tinctis albis, guttnre medio albo, nigro ntriuque marginato; subtus pallidior, 
ventre imo et crisso rufescentibus; rostro nigro, maudibula cornea, pedibus 
plumbeis. Long. tota 8-5, alas 4-2, cauda? 4-2, rostri a rictu 0-95, tarsi 1-1. 
(Descr. exempl. ex Toualá, México. Mus. nostr.). 

Av.jitv. supra oliváceo iudutus, superciliis et gula flavo tinctis, subtus ru- 
fescentior. (Descr. maris ex Dueñas, Guatemala. Mus. uostr.). 

Hab. México 1 " 21 -^ 23 , Tepitongo (Galeotti 17 ), Yilla María 19 , Yalle de México 
(White 6 ), regiones templada y caliente de Yeracruz (Sumichrast 12 ), Tierra Ca- 
liente de la costa del Atlántico (le Strange), Córdova (Sallé 3 ), Jalapa 2 (Deppe, 
de Oca 4 ), Playa Yicente (Boucard 3 ), Santa Efigenia 15 , Tonda (Sumichrast), Méri- 
da en Yucatán (Schott 14 , Gaumer 18 ), Guatemala (Skinner 7 , Constancia 17 , O. S. et 
F. D. G.), Honduras (G. M. Whitely 8 , Leyland 9 ), Costa Rica (v. Frantzius 10 ,6 , 
Hoffmann 10 , v. Frantzius 13 , Cooper 13 , Arce, Rogers). «México, región O. y Sur.» (3) 

(1) F. Sumichrast. Dist. Geog. de las Aves del Estado de Veracruz. "La Naturaleza," tomo 
I, p. 307. 

(2) A. L. Herrera. Cat. de la Col. de Aves del Museo Nacional, p. 17. 
(3 1 ) Laurencio y Beristain, p. 37. 



20 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

El Saltator granáis tiene, corno se observará por la lista anterior, una zona 
de distribución muy extensa en nuestra región, desde el Sur de México hasta 
Costa Rica; pero en el Occidente de Móxico el S. plumbeiceps lo suplanta por 
completo. Sube más que el S. atriceps y el S. magnoides; Sninichrast le marca 
por límite 5,000 pies en el Estado de Veracruz; ese dato concuerda con nuestras 
observaciones, pues vimos que esa especie abunda en Dueñas, que está á la mis- 
ma altura. De allí so extiendo hasta bajar al nivel del mar en Tehiiautepoc, Yu- 
catán, etc. 

Sus costumbres son muy parecidas á las do sus congéneres, el S. atriceps y 
el S. magnoides; también se reúne en pequeñas parvadas en los breñales que 
limitan las florestas. 

Respecto al Saltator icteropygius (Dn Bus, Esq. Orn. 1. 13; Sel. P. Z. S. 1856, 
p. 70), descrito como especie mexicana, hay varias opiniones; el Dr. Harlaub 
conviene en separarlo, en tanto que Lafresnaye y Bonaparte lo declaran ejem- 
plar de Saltator granáis, provisto de una cola de Ptilogonys cinereus. No hemos 
visto al tipo; pero, á juzgar por la lámina, no vacilamos en deducir que ese ejem- 
plar fué arreglado como asegura Lafresnaye. 

«Esta especie es casi tan abundante en la región templada como en la ca- 
liente, y á veces pasa los límites de la líltiina. Realmente en el Valle de Orizaba 
subo á 1,500 metros de altura. » (1) 

«Los naturales del país suponen que es una especie distinta del Saltator 
atriceps; pero yo creo que se trata de la hembra de este último. Sus costumbres 
son idénticas, aunque su canto es más suave; de esta forma he visto bandadas 
compnestas por 70 ó 100 individuos, mientras que las parvadas de S. atriceps 
rara vez comprenden más de 8 ó 10.» <2) 



SALTATOR PLUMBEICEPS. 

Saltator plumbeiceps, Lawr. Aun. Lyc. K Y. VIII, p. 477 1 ; Mein. Bost. Soc. 
K H. II, p. 2741 

S. grandi similis, sed oinnino pallidior, supra pallidius griseus, subtus sor- 
dide albidus, capitis latoribus inulto pallidioribus et litara utriuque rictali nigra 
inulto majoris distincta. 

(1) F. Sumichrast. Dist. Geog. de las Ares del Estado de Veracruz. "La Naturaleza," tomo 
I, p. 307. 

(2) A. Boucard. On a Collection of Birds frora Yucatán. (Proc. Zool. Soc. Londou, June 19, 
1883), p. 443. 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 21 

Av.juv. olivasceus, superciliis flavidis, litara rictali fusca distiuguendus. 
(Descr. feminse et av. jav. ex Mazatlán, México. Mus. nostr.). 

Hab. México, Mazatlán (Xautus 1 , Graysou 2 , Torrer), Presidio cerca de Ma- 
zatláu (Torrer), Tepic (Graysou 2 ), llanuras de Colima (Xautus 2 ), Putla (Rébouch). 

El Sr. Lawrence publicó primero una descripción de esta especie con MS., 
nombre dado a los ejemplares obtenidos cerca de Mazatlán por Xautus en 1863 1 . 
Más tarde Graysou la encontró en el mismo punto 2 , Xautus más al Sur en las 
llanuras de Colima 2 , Rébouch cerca de Putla y Alfonso Torrer cerca de Ma- 
zatlán. 

Graysou manifiesta 2 que habita en los bosques y anida en Primavera, época 
en que canta. Agrega que no emigra y que es coinún en las cercanías de Maza- 
tlán, Tepic y San Blas. Dice que el nido está construido á la ligera, con varitas 
secas forradas con raíces fibrosas; los huevos, en número de tres á ciuco por 
cada postura, son de color azul claro con marcas negras y delicadas en la punta 
grande. 

Graysou suponía que el polluelo descrito por el Sr. Lawrence 2 era otra^es- 
pecie; pero uno de sus ejemplares que estaba mudando prueba que no es exacta 
su suposición. Tenemos tambiéu un polluelo, en el misino estado, pro viniente 
del Sr. Rébouch. 

El Saltator plumbeiceps es pariente cercano del S. granáis, á quien reem- 
plaza en el Oeste de México; más allá de los límites de ese distrito no ha sido 
descubierta todavía la especie. Tampoco se ha llegado á encontrar á las dos es- 
pecies juntas. 



PITYLUS. 



Pitylus, Cuv. Régne An. I, p. 413 (1829); Sclater, P. Z. S. 1856, p. 64. 

Pitylus es otro género neotropical que contiene nueve especies, tres de las 
cuales se encuentran dentro de nuestros límites; dos son peculiares y una (P. 
grossus) posee una vasta zona de distribución en las partes septentrionales de 
Sud América. 

De las especies peculiares, el P. celceno, de México, no tiene ningún pariente 
cercano; pero tal vez tenga alguna afinidad con el P. erythromilas de la Gua- 
yana. El P. poliogaster representa al P. viridis y al P. brasiliensis de la Gua- 
yaua y el Brasil; pero tiene, quizá, uu parentesco más estrecho con el P. hume- 
ralis de Colombia y Ecuador. 



22 A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

En el Pitylus se observa un desarrollo f ringilideo del pico, mayor que en nin- 
gún otro género Tanagridce, pues, por sus dimensiones, es casi igual al de ciertos 
miembros de Coccothraustes. Es corto, alto y con la cima muy arqueada; la co- 
misura presenta una sinuosidad prominente en medio, y la muesca subterminal 
también está bien desarrollada. Las alas son cortas; la cola, moderada, redonda 
en el P. grossus y casi cuadrada en el P. poliogaster; los tarsos son cortos, pues 
son aves estrictamente arbóreas. 



PITYLUS CELCENO. 

Fríngilla celceno, Licht. Preis.-Vers. mex. Yog., p. 2 1 (cf. J. f. Orn. 1863, 
p. 57). 

Pitylus celceno, Sel. P. Z. S. 1856, p. 65 2 ; 1864, p. 174 3 . 
Pitylus atro-purpuratus, Lafr. Rev. Zool. 1838, p. 224*. 
Periporphyrus atro-purpuratus, Bp. Consp. I, p. 503\ 
Pitylus atro-olivaceus, Lafr. Rev. Zool. 1838, p. 224 6 . 
Caryothraustes atro-olivaceus, Bp. Consp. I, p. 503 7 . 
Pyranga mexicana, Less. Rev. Zool. 1839, p. 41 8 . 

Niger, torque cervicali postica cum lateribus pectoris et ventre bete sangui- 
neo-rubris; subalaribns rosaceis; rostro plúmbeo, pedibus uigris. Long. tota 8-4, 
alse 4-1, cauda3 3-5, rostri a rictu 0-85, tarsi 0-9. (Descr. maris ex México. Mus. 
nostr.). 

9 «olivácea, subtus flava, pileo, colli lateribus juguloque uigris» (Bp. ut. 
suprá 2 ). 

Hab. México 14 - 6 - 8 (le Strange), Papantla (Deppe 2 ), Yalle de México (White 3 ). 
«Costa de Barlovento, Estado de Yeracrnz.» a) 

Esta preciosa especie debe tener una zona de distribución muy reducida en 
México, pues no está comprendida en ninguna de las listas de aves obtenidas 
por los Sres. Sallé, Boucard, Botteri, de Oca ó Sumichrast. El Sr. White consi- 
gnió nada más un ejemplar 3 que se encuentra actualmente en nuestra colección, 
y el Sr. le Strange tenía otro en la gran colección que formó en México. Parece 
que Deppe es el único colector que ha reunido una serie de ejemplares, pues in- 
cluye á esta especie eu la lista de sus duplicados, y gracias á esta circunstancia, 
recibió un nombre y una breve descripción de Liclitenstein 1 . Los ejemplares de 

(1) Laurencio y Beristain, p. 37. 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 23 

Deppe erau de Fapautla. Nunca liemos AÚsto á la hembra de esta especie; pero 
Lafresnaye describe ese sexo bajo nn título distinto en el mismo artículo en que 
volvió íl describir al macho. El Sr. Sclater colocó estos nombres en el sitio con- 
veniente cuando escribió su Sinopsis de los Tanagridos en 1856 2 . 

El Pitylus ceheno no tiene parientes próximos; pero el Sr. Sclater lo agrupó 
con el P. erythromelas guayanense con el nombre genérico que le asigna Bona- 
parte (Periporphyrus). 

«El Pitylus ccerulescens parece desdeñar los grandes bosques, pues reside 
de preferencia en sus lindes y en los puntos llenos do matorrales. Habita, dice 
el príncipe de Wied, las cercanías de las plantaciones aisladas, en las selvas vír- 
genes; vnela entre las ramas más elevadas ó se desliza entre las breñas. Su plu- 
maje obscuro y su pico rojo resaltan muy bien sobre el follaje. Por lo monos en 
Enero estos pájaros viven juntos, por parejas ó por familias. Su chillido con- 
siste en un sonido más ó menos silbante.» 

«He aquí todo lo que sabemos respecto á las costumbres del Pitylus aznl.» aJ 



PITYLUS POLIOGASTER. «Pepitero,»< 2 > «Dorado.» < s > 

Pitylus polio g áster, Dn Bus, Bnll. Ac. Brux. XIV, pt. 2, p. 105 1 ; Esq. Orn. 
t. 22 2 ; Sel. P. Z. S. 1856, pp. 66 3 , 302 4 ; 1859, p. 376 5 ; Sel. et Salv. Ibis, 1860, p. 
32 6 ; P. Z. S. 1864, p. 352 7 ; 1870, p. 836 8 ; Ex. Orn., p. 168 9 ; Salv. P. Z. S. 1867, p. 
141 10 ; Ibis, 1872, p. 317 n : Sumichrast, Mein. Bost. Soc. N". H. I, p. 549 12 ; Lawr. 
Ann. Lyc. R Y. IX, p. 102 13 . 

Pitylus flavocinereus, Cassin, Pr. Ac. Phil. 1848, p. 47 14 . 

Caryothraustes episcopus, Bp. Consp. I, p. 504 (ex Licht. M. S.) 15 . 

La^te olivaceus, pileo antico et pectore toto flavescentioribus, loris regione 
ocnlari et gula nigris", dorso postico et abdomine ciñereis, vontre medio albican- 
tiore; rostro et pedibus pluinbois. Long. tota 6-8, al» 3-8, cauda? 3, rostri a rictu 
0-8, tarsi 0-85. (Descr. maris ex Choctum, Guatemala. Mus. nostr.). 

? mari omnino similis. 

Hab. México", Cosamaloápam 15 (Deppe 3 ), Córdova (Sallé 4 ), Choápam, Teo- 
talcingo, Playa Vicente (Boucard 5 ), región caliente do Veracruz; (Sumichrast 12 ). 

(1) A. E. Brehm. Les Merveilles de la Nature. "Les Oiseaux," Vol. II, p. 147. 

(2) A. L. Herrera. Cat. de la Col. de Aves del Museo Nacional, p. 17. 

(3) "Social, inmigrante en el Otoño." — A. L. Herrera. Notas acerca de los Vertebrados del 
Valle de México. "La Naturaleza," Vol. I (2), p. 325. 



24 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

Honduras Británicas (Blancaneaux), Guatemala 1 " 6 (O. S. et F. D. G.), Honduras 
(G. M. Whitely 8 ), Nicaragua (Belt 11 ), Costa Rica (Carmiol" Arce), Panamá (Ar- 
ce 10 , M'Leaunau 7 ). «México, Estado de Veracruz.» (l) 

El Pitylus poliogaster está en la sección Caryothraustes del Sr. Sclater, 
reunido con P. viridis y P. humeralis; pero difiere de éstos por tener la mitad 
anterior del cuerpo amarilla y la posterior gris. 

Fué descrito por Du Bus según unos ejemplares guatemaltecos; en Guate- 
mala es comiíu, pero Tínicamente en los bosques do la región septentrional do 
Verapaz. Con más frecuencia se le observa á 1,200 ó 2,000 pies sobre el nivel 
del mar, pero sube hasta á 4,000. Es un ave florestal y so nutre con frntos. 

En México, Sumichrast dice que frecuenta las tierras calientes, y que sube 
también á 3,000 ó 4,000 pies de altura. 

Al Sur se extiende hasta la línea del ferrocarril de Panamá y se presenta 
en las localidades intermedias. 

«Sube hasta la altura de 1,000 metros en el tiempo en que ciertas especies 
do bayas están maduras.» (2) 



Familia Feingillidae. (3) 

PHEUCTICUS. 

Pheucticus, Reichenbach, Av. Syst. t. LXXYIII (1850). 

Se conocen, en la actualidad, seis especies de este genero, estrictamente 
neotropical; dos do ellas entran dentro de nuestros límites, pero ninguna pasa 
más allá. La zona de distribución del P. chrysopeplus está confinada al Occi- 
dente de México, y la del P. tibialis, á Costa Rica y á la región adyacente del 

(i) Laurencio y Bcristain, p. 37. 

(2) F. Sumichrast. Dist. Geog. de las Aves del Estado de Veracruz. "La Naturaleza," tomo 
I, p. 306. 

(3) No se ha llegado á clasificar á los Fringílidos de un modo satisfactorio, y como esta familia 
tiene representantes en casi todo el mundo, es evidente que no se debe intentar ningún arreglo que 
no comprenda todos los géneros. El Prof. Baird, en "The History of North American Birds," mani- 
fiesta que no puede definir satisfactoriamente los límites de las subfamilias de los Fringílidos norte- 
americanos, por lo difícil que es trazar con precisión sus diferencias; pero admite cinco subfamilias y 
procede á arreglar los géneros bajo esos encabezados. Un sistema algo semejante observaron el Sr. 
Sclater, en su "Catalogue of American Birds," y Salvin, en su "Catalogue of the Strickland Collec- 
tion;" pero en vista del carácter trivial y variable de las definiciones de las subfamilias, adoptaremos 
el sistema del "Nomenclátor Avium Neotropicalium," y colocaremos simplemente á los géneros se- 
riatim en el orden que nos parece más natural, sin tratar de definir mayores divisiones. 



A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 25 

Estado de Panamá. Las cuatro especies meridionales son todas andeanas; el P. 
chrysogaster también se encuentra en Venezuela. 

Las especies de Pheucticus se distinguen con facilidad, en lo concerniente 
á los machos, por los siguientes caracteres: (1) 

A. Capite summo flavo aut fiavido. 

a. Cauda albo terminata: 

Minor 1. Chrysogaster. 

Major, rostro validissimo , . . . . 2. Chrysopeplus. 

b. Cauda omnino nigra 3. Tibialis. 

B. Capite summo nigro dorso concolore. 

c. Uropygio nigro 4. Aur&iventris. 

d. Uropygio flavo nigro variegato: 

Gutture nigro 5. Uropygialis. 

Gutture flavo 6. Hemichrysus. 

Pheucticus tiene el pico más desarrollado que ningún otro Fringilido ame- 
ricano, excepto quizá Coccothraust.es y algunas especies de Chrysoboms. La cima 
del pico es alta y las narices redondas y aparentes; la comisura del maxilar es 
angulosa y la mandíbula está muy desarrollada; las cerdas riciales son cortas, 
pero fuertes. Las alas son moderadamente largas; el segundo, tercero y cuarto 
primarios son los más largos, y el primero y el qninto casi los igualan; la cola 
es larga y ligeramente redonda; los tarsos y dedos son cortos y las garras algo 
débiles, iudicio de hábitos exclusivamente arbóreos; los colores generales del 
plumaje de todo el género son el negro y el amarillo, y hay una diferencia con- 
siderable entre los sexos, entre algunos miembros por lo menos. 

La familia de los Fringílidos es una de las más numerosas en especies, y a 
la vez de las mejor representadas en México. 

La mayor parte de estas aves se alimentan con semillas; el Azulejo maicero, 
en cierta época come maíz, siendo perjudicial; pero en la estación de secas se 
nutre con lombrices y otros alimentos; el Bubrelo nutre á sus crías, cuando aca- 
ban de nacer, con insectos; más tarde, con semillas que ha reblandecido en su 
buche; y va al fin de la crianza, con semillas no reblandecidas: los Passerculus 
se encuentran con frecuencia en la playa, ocupados en recoger las semillas arro- 
jadas por el mar; los Dominiquitos y los Tigrillos se alimentan, en parte, con 
flores de nabo, mirasol, etc.; el Pico cruzado solamente come las semillas de los 
pinos, que desprende del frnto por medio de su pico, el cual está adaptado es- 
pecialmente para este objeto: es muy grueso, encorvado desde su base; las dos 
mandíbulas se terminan en puntas, dirigidas la una en un sentido y la otra en 
sentido opuestu; la mandíbula superior sobrepasa á la inferior, y se dirige obli- 

(1) La Guíraca magnirostris, Bp. P. Z. S. 1337, p. 120 = Pheucticus bonapartii, Salvad. Att. 
R. Acc. Se. Tor. IV, p. 178, nos es desconocida. 



La Nat.— Ser. II— T. IV.— Marzo 1»04. 



26 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

cuamente á la derecha ó á la izquierda. Gracias á esta disposición, el pico hace 
el oficio de nna palanca poderosa, indispensable para desprender la cubierta 
resistente que oculta las semillas del pino. Como el ave hace siempre mayores 
esfuerzos en un sentido, los máscalos de la cabeza y el cuello están míls des- 
arrollados en un lado. Cuando los Pico cruzados de Europa se alimentan exclu- 
sivamente con las semillas del pino, su cuerpo llega a impregnarse de resina, á 
tal punto, que se hace incorruptible. El Degollado se nutre con frutos, yemas y 
flores; en los Estados Unidos presta útiles servicios al agricultor, destruyendo 
mío de los parásitos de la papa. 

El Siete colores come insectos y los granos de arroz; el Cholláis, las larvas 
que encuentra entre la hojarasca; por lütimo, la Phonipara acostumbra estable- 
cer su nido cerca de los panales de avispas, y gusta de la miel, y aun do la azú- 
car, que ya á robar á los ingenios. 

En cuanto á los fenómenos de reproducción de los Fringílidos, indicaremos 
desde luego que en algunas de las especies los machos difieren de las hembras 
por los colores de su plumaje (dimorfismo sexual) ó por su canto. La hembra 
del Cardenal canta bien, pero es una excepción. El Chondestes tiene una voz 
análoga á la del Canario; los B líbrelos aprenden con facilidad sonatas poco com- 
plicadas; pero hay individuos de escasa memoria que las olvidan á cada muda. 
Entre las especies mexicanas, cítanse varias muy apreciadas por la extensión y 
dulzura de su canto: el Gorrión, el Cardenal, el Zanjero, la Calamospiza, que 
acostumbra permanecer cantando en el aire, en un mismo punto y á cierta altu- 
ra, con el fin de que sus trinos se oigan por las hembras en un radio mayor; el 
Degollado emite sus notas aflautadas con tal ardor y tan grande falta de pru- 
dencia, que así descubre el lugar oculto ou que está su nido. Los Magueyeros 
son en extremo celosos: un macho no tolera que otro venga á establecerse en sus 
dominios; la Cyanospiza amana es de temperamento irritable y pendenciero, é 
igualmente celosa, al grado do que basta dejar en el campo un macho disecado 
de esta especie, en actitud ofensiva, para que otros acudan á pelear con él y en 
esos momentos se dejen capturar por docenas. La mayor parte de los Fringíli- 
dos son monógamos, y sólo los Canarios manifiestan marcadas tendencias á la 
bigamia. En la estación de la reproducción adquieren el plumaje nupcial, más 
hermoso que el de Invierno, y se esfuerzan en cautivar á sus hembras cantando 
ante ellas con un ardor extraño, y haciendo gala de las bellezas ocultas ó exte- 
riores de su plumaje. 

En los nidos hay una variedad extraordinaria: generalmente los Llaneros y 
Zacateros los forman con hierbas secas y depositan huevos manchados de ama- 
rillo, de suerte que se confunden con el tono general de los pastos y pasan in- 
advertidos; los Doininiquitos monteros suelen construir sus nidos entrelazando 
hojas de pino con mucha habilidad; los nidos de la Spiza americana se encuen- 
• tran en el suelo, ó en las ramas de los árboles, si el terreno está expuesto á inun- 
darse; los del Azulejo se componen, algunas veces, de materiales tan extraños 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 27 

como pedazos de periódico, y se les ha visto con mucha frecuencia muy cerca de 
las habitaciones del hombre, adonde quedan á cubierto de los ataques de cier- 
tos rapaces y cuadrúpedos. 

Los huevos de la Spiza americana y del Azulejo son de un azul claro, que 
se altera rápidamente por la influencia do la luz, El Degollado y el Tigrillo ma- 
chos ayudan á la hembra á incubar los huevos. La hembra del Cardenal, una 
vez que se ha apareado con un macho, le sigue constantemente, y si él ha sido 
aprisionado, suele entrar á su jaula para hacerle compañía, sacrificando así su 
libertad. 

La mayor parte de las aves de esta familia son sociables: el Zacatero polaco 
(Spizélla atrigularis) se asocia con el Llanero (Spizella socialisj y los Domiui- 
quitos, con el objeto quizá de defenderse con mejor éxito de los enemigos comu- 
nes; la Cálamospiza bicolor se asocia con el Tordo (Molothrus). 

El Pico cruzado emigra de una manera muy irregular; el Degollado viaja 
hacia el Sur durante el Invierno, llegando hasta el Ecuador; la Cyanospiza 
amcena viaja de noche, para escapar de los rapaces diurnos, sus enemigos más 
temibles. 

Los sentimientos afectivos de los Fringílidos son, en varias especies, verda- 
deramente singulares: por ejemplo, el Bnbrelo de Europa, según Brehm, es muy 
sensible á los malos tratamientos y la indiferencia de su amo, así como la ale- 
gría repentina que experimenta al volver á verle después de una larga separa- 
ción, suelen causarle la muerte. 

Los Gorriones, Zacateros, Cardenales y Tigrillos se aprecian como aves de 
canto ó por la belleza de su plumaje; la Cyanospiza amcena se conserva en cau- 
tividad hasta diez años. La cría de los Canarios ha dado origen á un comercio 
importante; sólo en Andreasberg (Alemania) se venden cada año por valor de 
45,000 francos. El Canario se cruza con el Jilguero de Europa y otras aves de 
la familia. En Europa han conseguido cambiar el color de este páser dándole á 
comer, desde la primera muda, el Chiltipiquín (Capsicum annum), y de esta 
manera se provoca el desarrollo de los tonos rojizos del plumaje; también han 
conseguido formar dos razas muy curiosas: la escocesa y la belga; en una, el ani- 
mal tiene la forma de media luua, con la cabeza, cuello y cola dirigidos hacia 
adelante; los ejemplares de la otra raza presentau una jiba muy pronunciada y 
su cuello está doblado hacia abajo, de tal suerte, que el pico casi toca á las ro- 
dillas. Los Canarios se encuentran aún al estado salvaje en el Archipiélago de 
las Islas Canarias, lugar de su origen. 

En esta familia encontramos dos especies de las más perjudiciales: el Go- 
rrión de México y el Gorrión del Norte (Passer domesticus), uno y otro son ene- 
micos terribles del aa;rieultor.» (l) 

«Los Fringílidos habitan las localidades cubiertas de arbustos, las selvas, 

(1) A. L. Herrera. Cat. de la Co!. de Aves del Museo Nacional, p. 18. 



28 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

las plantaciones y también los sitios pedregosos, donde no crecen sino algunos 
árboles diseminados. Viven en sociedad con sns iguales y con otras especies; pero 
no siempre existe la armonía entre especies diferentes. Algunos tienen instintos 
dominantes y son afectos á las querellas. Comen granos de todas clases é insec- 
tos. A los pollnelos los alimentan casi exclusivamente con insectos. Los machos 
de todas las especies son cantores apasionados, y algunos inny estimados por sus 
cantos. 

Todos son amados y soportados. No cansan ningún perjuicio, al contrario, 
son útiles y alegran con sn agilidad, sn petulancia y sns canciones a quienquiera 
qne los ve ó los 03'e. 

Tienen instintos viajeros; sin embargo, no todos recorren grandes distancias. 
Algunos pasan el Invierno en estas comarcas. Regresan al comenzar la Prima- 
vera y se ponen á anidar inmediatamente. Tienen una, dos ó tros crías al año. 
Después de educar á los jóvenes, forman parvadas numerosas y vagan de dis- 
trito en distrito, aproximándose gradualmente á las comarcas meridionales. 

Cautividad. — Sns excelentes cualidades, sus facultades elevadas, su canto 
armonioso, la facilidad con que se domestican, su sobriedad, todo concurre á 
que sean muy buscados. Siempre lian sido los compañeros del hombre, y en cier- 
tos puntos los aprecian más que al ruiseñor. Para muchas personas son aves in- 
teresantes y necesarias para la felicidad. En ciertas partes de Alemania, los pin- 
zones, por ejemplo, forman parto de la casa, de la familia. Alegran al hombre 
que regresa fatigado por el trabajo, haciéndole olvidar su miseria. 

Es inútil insistir más acerca de su importancia: son titiles porque se comen 
los granos de las malas yerbas y destruyen los insectos nocivos; su carne es un 
manjar delicado; sus cantos resuenan en los campos y florestas, encantando al 
naturalista; en cautividad contribuyen á la felicidad del hombre: tieneu, por lo 
tanto, derecho á nuestro afecto.» (1) 



PHEUCTICUS CHRYSOPEPLUS. 

Coccothraustes chrysopeplus, Vigors, P. Z. S. 1832, p. 4 1 . 
Coccoborus chrysopeplus, Bp. Consp. Av. I, p. 504". 

Pheucticus chrysopeplus, Finsch, Abh. nat. Ver. z. Bromen, 1870, p. 389'; 
Lawr. Mem. Bost. Soc. K H. II, p. 274 4 . 

Luteus, dorso medio (lúteo variegato), alis et cauda nigris, romigibus api- 
cem versus extus albo limbatis, speculo alari ei tectricibus alaruui ad ápices al- 

(1) A. E. Brehra. Les Merveilles de la Nature. "Les Oiseaux," Yol. I, p. 106. 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 29 

bis, rectricibus tribus utriuque exteruis in pogonio iiiteruo plaga magna alba 
notatis, subalaribus flavis; rostro et pedibus nigricanti plumbeis. Long. tota 8-3, 
ala? 4-6, caudae 3-8, tarsi 1-1, rostri a rictu 1. 

? snpra flavido-fusca fusco variegata, alis et cauda fuscis, illis albo bifas- 
ciatis hac uuicolori iuuiaculata; subtus sordide lútea, rostri maudibula pallida. 
(Descr. maris et feminpe ex Mazatlíín, México. Mus. uostr.). 

Hab. México 3 (Cunning 1 ), Mazatlán (Grayson 3 4 , Bischoff 4 , Torror), Río de 
la Ainería (Xautus 4 ). «Estados de Sinaloa y Colima.» (1) 

La limitada zona de distribución del P. chrysopeplus, confinada á los dis- 
tritos cercanos á Mazatlán, y el hecho de que su pariente más cercano tenga que 
buscarse en Venezuela y el Ecuador, son casos notables en la distribución geo- 
gráfica de las aves de esta parte del mundo. Además, la circunstancia de que el 
P. tibialis de Costa Rica tenga con él un parentesco más remoto que el P. chry- 
sog áster, aumenta la dificultad de explicar su distribución; hasta hoy no pode- 
mos emitir ninguna teoría que lo explique. Grayson manifiesta 4 que el P. chry- 
sopepJus es algo común en las cercanías de Mazatlán, donde su jovial y sonoro 
canto resuena con frecuencia en los bosques. Añade que no emigra. 

El P. chrysopeplus se distingue del único Pheucticus centro-americano, el 
P. tibialis, porque el macho tiene la cola ribeteada do blanco, los muslos ama- 
rillos, etc. 



HEDYMELES. 

Hedymeles, Cabanis, Mus. Hein. I, p. 152 (1851); Baird, Brew. et Ridgway, 
N. Am. B. H, p. 69. 

Zamelodia, Coues, Bull. Wtitt. Orn. Club, V"; p. 9 (vice Hedymeles); Key N. 
Am. B. ed. 2, p. 388. 

Rabia, Stejueger, Ank, I, p. 366 (ex Reichenbach). 

Dos especies constituyen á este género; ambas habitan Norte América, y una 
de ellas, el H. ludovicianus, emigra en Invierno al Ecuador; el //. melanocepha- 
lus es una especie más sedentaria y no pasa de la frontera meridional de México. 

Las hembras de ambas especies se parecen por el plumaje rayado, la raya 
clara superciliar y la raya de la coronilla. Los machos tienen la cola y las alas 
marcadas igualmente de blanco, y la parte inferior de las alas de colores vivos, 
rosa en una especie y amarillo en la otra. Desde otros puntos de vista su colo- 
ración es muy distinta. 

(1) Laurencioy Beristain, p. 37. 



30 A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

El pico es parecido en ambas aves; es grande y abultado, y la mandíbula 
un poco más profunda que el maxilar, cuya comisura os angulosa. Las narices 
son abiertas, las plumas prenasales cortas y las cerdas riciales cortas y fuertes. 
Los tarsos son pequeños y gruesos, lo mismo que las patas y garras. Las alas 
son un poco largas, pues el segundo, tercero y cuarto primarios son casi iguales 
y también los más largos, y el primero es más largo que el quinto. La cola es 
de un tamaño regular y está ligeramente hendida. 



HEDYMELES LUDOVICIANUS. «Degollado 



&~ -■» 



(i> 



Loxia ludoviciana, Lynu. Syst. Nat. I, p. 306 1 . 

Guiraca ludoviciana, Siv. Phil. Mag. n. ser. I, p. 438 2 ; Bp. P. Z. S. 1837, p. 
116 3 ; Consp. Av. I, p. 501 4 ; Gosse, B. Jam., p. 259 6 ; Dresser, Ibis, 1865, p. 491 6 ; 
Suniichrast, Mem. Bost. Soc. N. H. I, p. 552 7 . 

Hedymeles ludovicianus, Cab. Mus. Heiu. I, p. 152 8 ; J. f. Orn. 1861, p. 7 9 ; 
Sel. P. Z. S. 1856, p. 301 10 ; 1859, p. 365"; 1860, p. 293 12 ; 1864, p. 174 13 ; Moore, P. 
Z. S. 1859, p. 58 u ; Sel. et Salv. Ibis, 1859, p. 17"; P. Z. S. 1870, p. 836 16 ; 1879, p. 
506 17 ; Lawr. N. Lyc. N. Y. VII, p. 297 18 ; IX, pp. 102 19 , 200 20 ; Bul!. U. S. Nat. 
Mus. n. 4. p. 19 21 ; Mem. Bost. Soc. K H. II, p. 275 22 ; Frantz. J. f. Orn. 1869, p. 
300 23 ; Salv. P. Z. S. 1870, p. 189 24 ; Cat. Strickl. Coll., p. 218 25 ; Wyatt, Ibis, 1871, 
p. 328 26 ; Baird, Brew. et Ridgw. N. Am. B. II, p. 70 27 ; Salv. et Godin. Ibis, 1880, 
p. 122 28 ; Boucard, P. Z. S. 1883, p. 444 29 .. 

Zamelodia ludoviciana, Cones, Key N. Am. B. ed. 2, p. 389 30 . 

Goniaphea ludoviciana, Gundl. Orn. Cnb., p. 95 31 . 

Fringilla rhodocampter , Liclit. Preis.-Vers. mex. Vog., p. 1, cf. J. f. Orn. 
1863, p. 56 32 . 

Nigerrimus; uropygio, abdomiue, speculo alari et fasciis alarum duabns al- 
bis; pectore medio et subalaribus léete rosaceis, cauda? rectricibus tribus utriu- 
que lateralibus albo maculatis; rostro pallido, pedibus plumbeis. Long. tota 7-0, 
ala? 3-8, cauda? 3-9, rostri a rictu 0-6, tarsi 0-9. (Descr. maris ex Yucatán. Mus. 
nostr.). 

? fusca, supra fusco-nigro striata, vértice medio et superciliis albidis; sub- 
tus alba fusco (pra?ter abdomen médium) guttulata; alis albo bifasciatis, subala- 
ribus ochraceis; rostro pallide corylino, pedibus coryliuis. (Descr. femina? ex 
Dueñas, Guatemala. Mus. nostr.). 

(1) A. L. Herrera. Cat. de la Col. de Aves del Museo Nacional, p. 18. 



A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 31 

Hab. Norte América 27 " 6 . — México"" 1 (Bullock 2 ), llanos de Colima (Xantus 22 ), 
Yalle de México (AYhite 13 ), Orizaba y Tierra Caliento (le Strange), Córdova (Sa- 
llé 10 ), Jalapa (de Oca 11 , Deppe), Estado de Veracruz en Invierno (Sumichrast 7 ), 
Tonalá, Santa Efigenia 21 (Snniiclirast), Mérida en Yucatán (Schott 20 , Gauíner 2 ''), 
Guatemala 25 (Yelázquez de León 3 , Constancia 25 , Skinner 15 , O. S. et F. D. G.), 
Honduras (Leylaud 14 , G. M. AYliitely 10 ), Costa Rica (v. Frantzius*" 2319 , Carmiol, 
Zeledón 19 , Rogers), Panamá (Arce 24 , M'Leannan 18 ). — Colombia 1720 28 , Ecuador 12 , 
Antillas 31 " 5 . «México, toda la Repiíblica.» ' 

Dentro de nuestras fronteras, rara vez se observan machos de esta especie 
enteramente emplumados; el i'mico que poseemos en ese estado proviene de Yu- 
catán. En su plumaje usual el color rosado de la parte inferior de las alas y la 
mancha del mismo color, más ó menos visible, que tienen en el pecho, indican el 
sexo á que pertenece el individuo. Por lo general, el resto del plumaje es tran- 
sitorio, y presenta á la vez las rayas propias de los pollnelos, mezcladas con los 
obscuros matices característicos de los adultos. Muchas de las aves que tienen 
dicho plumaje están probablemente en traje de Invierno, y sólo adquieren el 
plumaje completo al aproximarse la estación de los amores. 

El Hedymeles íudovicianus visita, en Invierno, México y Centro América, y 
abunda en esa estación en Guatemala, desde el nivel del mar hasta una altura 
de 7,000 pies. En su calidad de ave meridional, no toca el Oeste de México en 
su emigración de Invierno hasta llegar al Istmo de Tehuantepec; pero de allí, al 
Sur, se extiende por las playas del Pacífico hasta el Ecuador. 

«Un día del mes de Agosto, dice Auduboii, avanzaba yo penosamente por 
las orillas del río Mohawk, cuando me sorprendió la noche. Conocía poco aque- 
lla comarca y resolví esperar el día en el sitio en que me hallaba. La noche era 
hermosa y cálida, las estrellas se reflejaban en el agua, á lo lejos resonaba el 
murmullo de una cascada. Hice fuego cerca de una roca y me acostó. Con los 
ojos cerrados di libre curso á mi imaginación, y me eucontré bien pronto en el 
país de los sueños. Repentinamente me despertó el canto nocturno de un pája- 
ro, cauto tan armonioso y sonoro, que el sueño huyó al instante de mis ojos. Ja- 
más música alguna había regocijado á tal punto mi corazón. Aquel canto me ha- 
cía feliz. Largo tiempo después de que el pájaro se hubo callado, permanecía 
yo aún bajo el imperio de esa dulce impresión.» 

«Costumbres y régimen. — La Guiraca hcdoviciana vuela en línea recta y 
con cierta gracia. Durante la emigración vuela á gran altura, lanzando de cuan- 
do en cuando un chillido claro y penetrante; una vez qne se detiene se calla. A 
la hora del crepiísculo se posa en la cima de alguno de los árboles más eleva- 
dos; permanece allí algún tiempo con el cuerpo erguido, y en seguida se pierde 
entre el follaje, en que acostumbra pasar la noche.» 

Se nutre con toda clase de granos, principalmente con semillas de gramí- 

(1) Laurencio y Beristain, p. 37. 



32 A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

neas, bayas, botones y flores. Caza insectos atrapándolos frecuentemente en el 
aire. 

Audubon encontró nidos de esta especie, de fines de Mayo á Julio, en las 
ramas superiores de los arbustos ó de los árboles elevados, y generalmente cer- 
ca del agua. El nido de la Guiraca ludoviciana está hecho con ramas secas, en- 
trelazadas con hojas y pedazos de corteza de vid silvestre. Interiormente está 
tapizado con raicecitas y crines. Cada puesta comprende cuatro huevos; parece 
que ponen una vez al año. Los dos pájaros tapan alternativamente. A la edad 
de tres años es cuando los jóvenes están en todo el esplendor de su belleza. 
Cuando acaban de nacer, los padres les dan á comer insectos y después granos, 
que remojan en su buche. 

Cautividad. — Los aficionados que han publicado sus observaciones acerca 
de la vida de esta Guiraca, la alaban unánimemente. Es uno de los mejores y 
más infatigables pájaros cantores. Su canto es variado y armonioso; sus notas, 
llenas y netas. Cuando hace buen tiempo canta de noche. «Tiene, dice Nuttall, 
los sonidos variados y armoniosos del ruiseñor, parece embriagarse con su can- 
to, excitarse al más alto grado. Unas veces sus notas son trémulas; otras, lasti- 
meras, después se animan y en seguida expresan la mayor ternura. Creo que 
ninguna de nuestras aves canoras la sobrepasa.» 

Bachmann escribe lo siguiente á su amigo Audubon, refiriéndose á esta ave 
en cautividad. «Una mañana cacé una soberbia Guiraca ludoviciana macho. Sólo 
estaba herido en una pata; cayó del árbol y lo cogí antes que volviese en sí. No 
teniendo una jaula disponible, lo solté en la pieza que me servía de gabinete de 
trabajo. Transcurrida una hora, notó que tenía hambre. No quiso tocar los gra- 
nos de trigo que le di; pero comió pan con avidez. Al día siguiente estaba como 
privado; tenía la pata hinchada y debía dolerle mucho, pues se puso á morderse 
la herida hasta que consiguió cortarse la pata. El muñón sanó en unos cuantos 
días y el pájaro acabó por servirse de él tan bien como de la otra pata. Lo puse 
en una jaula y se acostumbró á ella inmediatamente. No era nada caprichoso en 
cuestión de alimentos; pero profería el alforfón y el cañamón á los granos. Era 
muy afecto á comer insectos y devoraba con placer los grillos y langostas. Al- 
gunas veces se pasaba las horas enteras acechando moscas, y con frecuencia atra- 
paba á las avispas que venían á gustar los frutos que había en la jaula. Solía 
cantar en las hermosas noches de luna, y su voz, sin ser fuerte, era muy agra- 
dable. Cuando cantaba de noche permanecía inmóvil, mientras que de día acom- 
pañaba el canto con aletazos. 

«Durante tres años fué, para mí, un camarada encantador y agradable. Con 
frecuencia se salía de su jaula, pero nunca trató de huir. Se volaba, regresando 
siempre al ponerse el sol. En Estío cantaba durante seis semanas, y en Otoño, 
durante quince días; el resto del año chillaba Tínicamente. En Invierno me veía 



A. L. HERRERA. ORNITOLOGÍA MEXICANA. 33 

obligado á ponerlo en una pieza caliente porque el frío lo hacía sufrir: proba- 
blemente el frío cansó sn muerte.» (1) 

Es un ave hermosa y el más dulce de los cantores; llega á fines de Abril ó 
en la primera semana de Mayo. Aparecen casi simultáneamente en todos los si- 
tios boscosos y llenos de zarzales. 

Todos dicen que los machos so presentan antes que las hembras. Durante 
este intervalo se ocupan en vagar por las márgenes de los estanques, pantanos 
y corrientes, sitios en que encuentran alimento en abundancia. Cuando llegan 
las hembras «comienza la música.» El 26 de Abril estaba observando alas aves 
primaverales y á los patos, cuando oí la voz familiar del Había ludoviciana 
acompañada de otras muchas, y antes de que pudiera volverme, seis individuos 
de esa especie se colocaron casi á mi alcance, en frente de mí; uno de ellos era 
hembra y estaba posada en la rama más alta de un arbusto un poco lejano; to- 
dos los machos cantaban á un tiempo, picándose, mordiéndose y destrozándose 
hasta que corrió la sangre de uno de ellos. Jamás había presenciado una batalla 
más encarnizada entre aves, ni escuchado una melodía más dulce y variada. Es 
nn misterio para mí cómo podían abrirse paso las notas á través de picos reple- 
tos con la sangre y plumas obtenidas en aquel conflicto, y cómo unos picos tan 
exquisitamente conformados para la música, podían atacar al enemigo con aque- 
lla ferocidad. Aunque indudablemente se habían apercibido de mi proximidad, 
no hacían caso alguno de mi presencia y continuaban la batalla en una mezcla 
heterogénea, lanzándose ya para atrás, ya para adelante; en una de esas se ca- 
yeron desde un roble de tamaño considerable hasta el snelo, volviendo á ele- 
varse sin interrumpir, ni por un momento, aquel melifluo torrente de melodía, 
hasta que dos de los combatientes cayeron por tierra completamente exhaustos, 
con las alas extendidas, los picos abiertos y la respiración agitada, como si fue- 
ran á perder la vida. Los tres restantes se posaron sobre un arbusto y sobre un 
montón de leña, y sólo uno continuó su canto. Durante el combate do aquellos 
caballeros de pluma contemplé á la hembra, quien, sin preocuparse en lo más 
mínimo por sus ambiciosos cantos ó el resultado del encuentro, se alisaba las 
plumas con el aire calmado y tranquilo de una abuela ejemplar que se dispone 
á asistir al sermón. Pocos minutos después, momentos quizá, pues no so mide el 
tiempo con exactitud en parecidas circunstancias, la pareja exhausta se levantó 
y se deslizó hasta perderse de vista entre los matorrales, mientras que sus ad- 
versarios volaban nerviosa y silenciosamente en otra dirección. 

El que había salido victorioso siguió cantando lo más recio posible todo ese 
tiempo; pero tan pronto como se fueron los otros, se ocultó, y la indiferente co- 
queta lo siguió inmediatamente, como si siempre hubiera sido sn adicta esposa. 
Xunca había visto una sangre más viva ó un amor más sangriento, y regresé ha- 
ciendo algunas reflexiones que la prudencia aconseja callar. 

(1) A. E. Brehm. Les Merveilles de la Nature. "Les Oiseaux," Yol. I, p. 144. 



La Nat.-Ser. II— T. IV.— Abril 1D04. 



34 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

Durante toda la estación de los amores se escuchan las notas del Degollado 
Ou los límites de los bosques, ó en las frías y sombrías espesuras que circundan 
los pantanos. Más de ana ocasión, durante el ardiente mes de Julio, al caminar 
por las tapidas selvas y frescas y húmedas alamedas, me lie detenido á escuchar 
el solitario canto de esta ave, suave, dulce, lejano, patético; al proseguir mi ca- 
mino la he encontrado, cuando mucho, á veinte pasos de distancia; ha parecido 
comprender el deleite que me proporciona y concederme plena confianza. 

No hacen sus nidos hasta después del 25 de Mayo, y algunas veces hasta 
Junio. El nido está construido con desaliño y torpeza, contiene diferentes mate- 
riales, según las localidades, y está formado con pedacitos do vid, varas peque- 
ñas, raíces, pajas, hojas, etc., forradas con materiales parecidos, pero más sua- 
ves y compactos. Lo colocan en un árbol á unos cinco pies del suelo. Ponen de 
tres á cinco huevos. Estos son do color verde claro con manchas de moreno 
rojizo obscuro. 

Aunque se asegura que el macho participa del deber de cubrir los huevos, 
nunca he observado que suceda así. 

Estas aves devoran inmensas cantidades de insectos, á pesar de que se nu- 
tren con semillas. (1) 

«Anida en los arbustos ó en la parte inferior do los árboles. Hace el nido 
con varitas, fibras y raicecillas. Huevos, 3-5; azul verdoso manchado profusa- 
mente de moreno aceitunado y moreno rojizo; 0-95 por 0-67. 

En toda la región septentrional de Indiana se encuentra este seductor paja- 
rillo en Verano. En otras partes es un emigrante irregular, algunos años muy 
común y otros raro ó casi ausente. En ciertas localidades abundaba anterior- 
mente, pero en la actualidad escasea. 

Anida en los arbustos bajos, en los matorrales altos, en las huertas y aun 
en los árboles florestales, á gran altura. Prefiere, para criar, los lugares cerca- 
nos á los lagos, á las corrientes y pantanos. En Ohio frecuenta los arándanos de 
los cenegales y anida en ellos. Su nido y huevos se parecen mucho á los del Ta- 
nagrido escarlata. 

Los primeros nidos llenos de huevos se encuentran, generalmente, á fines 
de Mayo. Continúan anidando todo el mes de Junio. El macho toma parte en la 
incubación. En el Sur do Indiana visitan, en Primavera, las colinas y montañas 
boscosas, prefiriendo las primeras. Se les ve á menudo en dichos parajes co- 
miéndose los botones del olmo, roble v álamo, y cazando insectos en los brazos 
superiores de esos árboles. No se mueven mucho, pero atraen con sus hermosas 
notas. 

Vistos de lejos, se les confunde con los Carpinteros de cabeza roja, pues su 
negro plumaje está matizado ele blanco. 

(1) Notes on the Bhuls of Minnesota by Dr. P. L. Hatch. First Report of the State Zoologist, 
p. 340. 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 35 

El canto del Degollado encanta a cuantos lo escuchan, y todos los que lo 
conocen lo estiman. La belleza de su cauto lo ha hecho famoso al estado salvaje; 
pero la de su plumaje bastaría, por sí sola, para atraer la atención. lío es eso 
todo: también sus acciones son bellas, pues pocas aves son tan benéficas como 
ésta. Con excepción do unas cuantas semillas, su alimentación vegetal consiste 
en botones y flores de árboles florestales y de sombra. Como muchos insectos. 
Son verdaderamente incalculables los servicios que presta, en la zona en que 
anida, destruyendo á los escarabajos do la papa. El Prof. T. E. L. Beal refiero 
que había un campo completamente infestado por esos destructores insectos. 
«Los Degollados visitaban aquel sitio diariamente y traían a él á sus polluelos; 
éstos se paraban en hilera sobre la tapia, y los padres les llevaban los escaraba- 
jos que cogían. Transcurridos unos días, se examinó el campo con cuidado y no 
se encontró ni un solo escarabajo; los pájaros habían limpiado el campo y sal- 
vado las papas.» (Farmer's Bnlletin, n. 54, U. S. Dept. of Agr., p. 29). Se exa- 
minaron ocho ejemplares, seis de los cuales habían comido seinillitas, dos, siete 
escarabajos, y uno, bayas. (King, Geol. of Wis., I, p. 542). El Prof. Torbes hace 
observar que comen medidores, y que en algunos ejemplares que examinó, éstos 
constituyen el 66 por ciento de su alimentación, así como otras orugas, barrena- 
dores, escarabajos é himenópteros.» (1) 

«En ninguna parte he notado que abunde tanto esto hermosísimo pájaro co- 
mo en el Río Rojo del Norte, localidad que so presta mucho para el estudio de 
su melificación y costumbres. Al penetrar en el arbolado que limita el río, es 
seguro que se escucha en Junio la rica y sonora canción del Degollado macho, 
y al llegar á los parajes más recónditos y á las sombrías y pequeñas cañadas 
que tanto la atraen, se sorprende á la arisca y retraída hembra, que se apresura 
á ocultarse, alarmada por la presencia del hombre. Es casi seguro que la se- 
guirá al momento su enamorado esposo, lleno do solicitud por su salvamento, y 
que tratará de confortarla con su presencia y caricias. En ese mes, al entrar en 
una alameda de arbolillos, se descubrirá el nido á unos cuantos pies de altura 
sobre el suelo, colgado de la horquilla de una rama. La hembra, asustada, echa- 
rá á volar y no volverá á dejarse ver, ni el macho tampoco, sino que se queda- 
rán discutiendo ansiosamente á poca distancia. El nido no es tan elegante como 
podría desearse, sino que, por el contrario, es voluminoso y grosero, si no es que 
del todo sucio. Está hecho con los largos, delgados y tortuosos tallos do las en- 
redaderas y otras raíces gruesas; la base y las paredes extenúas están tejidas con 
negligencia y las internas con más cuidado; el bordo es bastante compacto y está 
hecho con fibras colocadas en círculo. Suele estar forrado con unas cuantas cer- 
das. Es difícil medir un nido que tengo, por la flojedad de su construcción; pero 
calculo que mide seis pulgadas de través, afuera, por cuatro de fondo; la cavi- 
dad tiene tres pulgadas de ancho por una y media de profundidad. El nido con- 

(1) A. W. Batlcr. Tlic Birds ol' Indiana. Department of Geology. 22 d Annual Report. 1S97, 
p. 973. 



36 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

tenía tres huevos, que croo es el número usual en esta latitud; sólo una vez he 
encontrado cuatro. Generalmente los huevos son algo alargados, pero obtusos 
en la punta más pequeña. Diversos ejemplares miden l-OO por 0-75, 1-08 por 
0-70, 1-03 por 0-75, 1-02 por 0-72, 0-96 por 0-7G, dimensiones que indican Va- 
riedad de formas. Los huevos son de color verde claro, algo pálido, manchado 
profusamente de moreno rojizo obscuro; las manchas más pequeñas son, por lo 
regular, las más visibles. Algunas veces se nota confluencia en la punta más 
grande; pero siempre está marcada toda la superficie. La mayoría de estos hue- 
vos fué obtenida á fines de Junio; todos estaban incubando. » (1) 



HEDYMELES MELANOCEPHALUS. «Tigrillo, 

Tiffiierillo.» C2> 



'h' 



Guiraca melanocephala, S\v. Phil. Mag. n. ser. 1, p. 438 1 ; Bp. P. Z. S. 1837, 
p. lll 2 ; Consp. Av. I, p. 502'; Sumichrast, Mein. Bost. N. H. I, p. 551 4 ; Dugés, 
«La Nat.,» I, p. 139 5 . 

Hedymeles melanocephalm, Cab. Mus. Heiu. I, p. 153 6 ; Sel. P. Z. S. 1857, p. 
213 7 ; 1858, p. 303»; 1859, p. 365 J ; 1801, p. 174 10 ; Baird, Brow. et Bidgw. N. Ain. 
B. II, p. 73 u ; Lawr. Mein. Bost. Soc. N. H. II, p. 275 w ; Salv. Cat. Strickl. Coll., 
p. 218 13 . 

Hedymeles melanocephalus, var. capitalis, Baird, Brew. et Ridgw. N. Am. 
B. II, p. 70 ". 

Fringilla scanthomaschalis, Wagl. Isis, 1831, p. 525 13 . 

Fringilla epopcea, Licht. Preis.-Vers. mex. Vóg.. p. 2, cf. J. f. Oru. 1863, 
p. 56 16 . 

Fitylus guttatus, Less. Rev. Zool. 1839, p. 102 n . 

Supra niger, dorso medio castaneo variegato, torque cervicali, uropygio et 
corpore subtus castaueis, specnlo alari, tectricnm et secuudarioruin apicibus et 
caudpe rectricibus atrinque duabus albo niaculatis; mentó nigro, abdomine me- 
dio flavo, subalaribus flavis; rostri maxilla corylinia, mandíbula paluda, pedi- 
bns plumbescentibus. Long. tota 7-8, alee 3-8, caudíe 2-8, rostri a rictu 0-6> 
tirsiO-9. 

(1) E. Coues. Birds of the Northwest, p. 166. 

(2) A. L. Herrera. Cat. de !a Col. de Aves del Museo Nacional, p. 18. 



A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 37 



9 supra fusca fusco-albido striata, capite summo iiigricante meclialiter et 
superciliis albidis; subtus albido ochracoo titicta et undique fusco guttnlata; alis 
albo bifasciatis, subalaribus flavis. (Descr. maris et feminee ex Jalapa, Méxicoi 
Mus. uostr.). 

Hab. Norte América 11 .— México 2 ^ 6 - 131516 - 17 , Temascaltepec (Bullock 1 ), Gua- 
najuato (Dugés 5 ), Mazatlán (Grayson 12 , Torrer), llanuras de Colima (Xautus 12 ), 
Guadalajara (Grayson), Yalle de México (AYhite 10 ), región alpina y meseta de 
Yeracrnz (Sumiehrast 4 ), Jalapa (de Oca 9 , Deppe), Orizaba (Botteri 7 ), Tierra fría, 
Yelasco (le Strauge), Estado de Oaxaca (Boucard 8 , Fenochio). «Toda la Repú- 
blica. » (1) 

Bullock descubrió al Hedymeles melanocephalus en Temascaltepec, y Swain- 
sou lo descubrió en 1827. Después se le lia observado en muchos puntos de Mé- 
xico, en las regiones más altas de los Estados Unidos y al Oeste hasta el Océano 
Pacífico. Los individuos de esa región y del Poniente de México, difieren lige- 
ramente de la forma típica, por tener poco definida la orilla posterior de la co- 
rona negra, huellas de uua raya occipital y cojas castañas. Estas aves han sido 
clasificadas por el Sr. Ridgway con -el nombre de H. incapitalis; pero no esta- 
mos muy seguros respecto á su verdadera posición; es posible que estén en su 
plumaje de Invierno y que varíen en esa estación, como los machos del H. lu- 
dovicianus. Nuestra serie no nos permite emitir una opinión exacta sobre este 
puutp, pues los únicos ejemplares que tenemos con ese plumaje son de Mazatlán 
y fueron colectados en Diciembre. Los ejemplares de Graysou fueron obtenidos 
en Mazatlán en Febrero y cerca de Guadalajara en Mayo 12 . Sumichrast mani- 
fiesta que el H. melanocephalus es común en la región alpina y en la meseta del 
Estado de Veracruz; sube hasta á 8,200 pies sobre el nivel del mar y baja hasta 
4,000 pies, pero nunca baja más. 

Se dice que sus costumbres son semejantes á las de su congénere, el H. lu- 
dovicianus, y diversos autores alaban su cauto. Los huevos de esta especie son 
de un color verde azulado, mauchados y salpicados de moreno; las manchas son 
más numerosas en la punta más grande. El nido consiste en uuas cuantas varas 
y yerbas, colocadas con negligencia y forradas con zacate y raíces 11 . 

Al Sur llega, cuando mucho, hasta Oaxaca 8 . El ejemplar que poseemos de 
allí es un macho de la forma típica. 

«El Gnionchi emigra hacia el Norte en Marzo, inmigra en Octubre. Es mo- 
nógamo. En el estómago de varios individuos he encontrado anteras en gran 
cantidad. En el Yalle se colectan algunas en la Primavera, que son ejemplares 
escapados de sus jaulas.» (2) 

(1) Laurencio y Beristain, p. 37. 

(2) A. L. Herrera. Apuntes de Ornitología. La Migración en el "Valle de México. "La Nat.," 
tomo I, 2. a serie, p. 182. 



38 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

«En Las montañas do Arizona abunda en Verano; esquiva los pinares y pre- 
fiere las barrancas cubiertas do arboles caedizos y repajos, así como las espesu- 
ras do sauces que bordan las corrientes do las montañas. Como otros miembros 
de eso hermoso género, es un brillante y entusiasta cantor; su canción so parece 
a la del Degollado. Su chillido es casi igual al del Lophortyx gambeli, y ambas 
especies so reúnen con frecuencia en el fondo de los precipicios. Se nutre con 
los botones del sauce y otras substancias vegetales blandas y suculentas, con se- 
millas y bayas, en su estación, y con diversos insectos. El Sr. Alien dice que su 
afición por los chícharos le ha granjeado la antipatía de los agricultores de Utah.» 

Según el Dr. Cooper, nu nido «encontrado el 19 de Mayo en la base orien- 
tal de la Coast Range, estaba en la rama horizontal y baja de un aliso, y consis- 
tía en unas cuantas varas y yerbas, reunidas con descuido y forradas con raíces 
y zacates. No eran más que tres huevos, de color blanco azulado pálido, man- 
chado de moreno, principalmente cerca do la punta grande; medían 0-95 por 
0-70.» En substancia, la descripción del Dr. Heermann es idéntica, salvo la si- 
tuación del nido, que, según él, está «formado, con poco cuidado, de varas forra- 
das con raíces y colocado en las ramas de un arbusto. Los cuatro huevos que 
contenía son de color azul verdoso, con manchas irregulares de moreno.» En 
una docena casi do ejemplares, no he podido descubrir diferencias de importan- 
cia al compararlos con el hueA'O del II. ludoviciana. 

El Sr. Merriam colectó un nido en Julio en un arbolillo, á cinco pies de al- 
tura; se componía de pedazos de zacates y vides reunidos con esmero; contenía 
dos huevos frescos. El Sr. Trippe me escribe lo siguiente: 

«Rara vez so aventura á más de 7,500 pies; pero abunda desde esa altura 
hasta las llanuras. Su vuelo, nutrición y costumbres generales son exactamente 
iguales á las del Degollado, y su cauto se parece al de aquél, pero no os igual. 
Eu Septiembre desaparece de la parte superior de las montañas.» (1) 



CARDINALIS. 

Cardinalis, Bonaparte, Saggio di una Distr. Met. An. Vert., p. 53 (1831); 
Baird, Brew. et Ridgw. N. Ain. B. II, p. 98. 

El plumaje rojo vivo de los machos de las especies de este género, contri- 
buye á que se le reconozca con facilidad, así como la forma de las alas, cola, 
etc., todo indica una separación completa, excepto del próximo género, que pre- 

(1) E. Coues. Birds of the Northwest, p. 167. 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 39 

\ 

senta ciertas particularidades. CardinaUs contiene dos especies bien definidas: 
C. virginianus y C. phcenicus; este último Tiene de Venezuela y no se encuetran 
dentro de nuestros límites. El C. virginianus ha sido gubdividido en varias ra- 
zas; á dos de ellas admitimos, á nuestro pesar, bajo encabezados separados, por 
lo menos hasta que se fije definitivamente su condición. Parece que una de es- 
tas razas es el verdadero C. virginianus de los Estados orientales, y que visita la 
región oriental de México en su emigración de Invierno. En el Oeste de México 
encontramos dos formas: una que, en apariencia, es la misma que la de la Baja 
California y otras partes del territorio occidental. El Prof. Baird le da el nom- 
bre de C. igneus. No tenemos una certeza absoluta de que. las aves de Mazatlán 
pertenezcan a esta raza; parece existir mayor divergencia aún en el pájaro de las 
Islas de las Tres Marías, especialmente por el desarrollo del pico. En Acapulco 
y sus cercanías so encuentra otra raza, caracterizada por su dorso de color rojo 
puro y su largo y áspero copete. Hace tiempo que la describió Lesson con el 
nombre de C. carneus. 

Aunque el color del C. phceniceus de Venezuela es igual al del C. virginia- 
nus, se distingue al momento porque su pico es de color de pizarra obscuro en 
vez de ser rojo, y porque la parte negra de la garganta está reducida. Se le des- 
cribió como oriundo de los países situados al Sur de la Bahía de Honduras; ¡3ero 
no pertenece á nuestra fauna. 

El pico de CardinaUs virginianus es grande, la cima ligeramente curva y 
la comisura sinuosa. La mandíbula es casi de la misma altura que el maxilar, 
pero más ancha. Los tarsos son moderadamente largos, más largos que el dedo 
medio, que es corto como los demás dedos; las garras son delicadas y curvas. El 
ala es redonda, pues el tercero, cuarto, quinto y sexto cañones son los más lar- 
gos, y el primero es casi igual á los secundarios. La cola es muy larga y redon- 
da. El plumaje general del macho es escarlata y tiene un copete occipital muy , 
pronunciado. 



CARDINALIS VIRGINIANUS. «Cardonal.»' 1 » 

Loxia cardinalis, Linn. Syst. Nat. I, p. 300 \ 

Fringilla cardinalis, Licht. Preis.-Vers. mex. Vog., p. 1, cf. J. f. Orn. 1863, 
p. 56 \ 

Cardinalis virginianus, Bp. P. Z. S. 1837, P- lti 3 j Baird, Mex. Bonnd. Snrv. 
II, Birds, p. 17 4 ; Sel. P. Z. S. 1856, p. 302 '; 1859, pp. 365°, 378 7 ; Dresser, Ibis, 
1805, p.-49P; Salv. Ibis, 1866, p. 193°; Dngés, «La Nat.,» I, p. 139 10 ; Lawr. Ann. 

(1) A. L. Herrera. Cat. de la Col. de Aves del Museo Nacional, p. 18. 



40 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

Lyc. K Y. IX, p. 201"; Snmichrast, Mem. Bost. Soc. N. H. I, p. 552 12 ; Baird, 
Brew. et Ridgw. N. Am. B. II, p. 100 13 ; Sennett, Bnll. U. S. Geol. Surv. IV, p. 
21 14 ; V, p. 394 15 ; Boncard, P. Z. S. 1883, p. 444 16 . 

Cardinalis virginianus, var. coccíneas, Baird, Brew. et Ridgw. N. Ain. B. 
II, p. 99 ". 

Coccinens, dorso multo obscuriore et pin mis plerumqne ciuereo-fusco ter- 
minatis: alis fuscis extus rubro indutis; cauda f nsco-rubra, crista occipitali elon- 
gata coccínea, fronte augusta, loris, regione snboculari et gula nigris; rostro ru- 
bro, pedibus carneis, Long. tota 7-7, ala? 3-6, cauda? 4-0, rostri a rictn 0-75, 
tarsi 1-0. 

9 mari aliquot similis, sed colore coccíneo alis, cauda? et crista? restricto, 
dorso sordide oliváceo; subtus sordide ochracea, pectore obscuriore. (Descr. ma- 
ris et femina? ex Jalapa, México. Mus. nostr.). 

Hab. Norte América 113 " 8 " 14 " 15 . — México 2 " 3 , Nuevo León (Couch 4 ), Guanajuato 
(Dngés), Estado de Veracruz, en Invierno (Snmichrast 12 ), Córdova (Sallé 5 ), Jala- 
pa (de Oca 6 ), Playa Vicente (Boncard 7 ), Mérida en Yucatán 17 (Schott 11 ), Chable 
(Gaumer 10 ), Honduras Británicas (O. S. 9 , Blancaneanx, Roe). «México, toda la 
República.» ' 

El Cardinalis virginianus es mi pájaro muy común en los Estados orienta- 
les, se le conoce desde hace dos siglos, por lo menos, y es citado por casi todos 
los autores que se han ocupado de aves americanas. Es pájaro de jaula y se dis- 
tingue por su canto, pues tanto la hembra como el macho poseen una hermo- 
sa voz. 

«Parece buscar las cercanías de las costas, pero se le encuentra también bas- 
tante lejos. Si el Invierno es poco rigoroso, pasa todo el año en el misino punto; 
si el frío es intenso, emigra al Sur. Es un magnífico pájaro de brillante plumaje 
y uno de los más bellos adornos de la floresta, sobre todo en Invierno, época en 
que se le observa con más facilidad entre los árboles despojados de hojas. Se- 
gún el príncipe de Wied, pasa el día entre las ramas de las lianas, de donde 
sale para hacer excursiones en los campos y jardines vecinos cuando no encuen- 
tra alimento suficiente en el bosque. Se presenta en los alrededores de las po- 
blaciones, así como en las espesuras de las selvas.» 

«Frecuenta los campos, dice Audubou, las avenidas de árboles, los jardines 
y hasta el interior de los pueblos y ciudades. Es raro entrar á un jardín y no 
encontrar á ese pájaro rojo saltando entre las ramas. En todas partes es bien 
recibido, pues es un favorito general, tanto por su plumaje cuanto por su armo- 
nioso cauto.» 

En Estío, los Cardenales viven por parejas; en Otoño é Invierno forman pe- 

(1) Laurencio y Beristain, p. 37. 



A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 41 

quenas bandadas. Viven en buena armonía con las otras aves, pero no con sus 
semejantes, sobro todo en la estación do los amores. En Invierno visitan con fre- 
cuencia las haciendas, y en compañía de los pichones y gorriones recogen los 
granos, penetran en los establos y caballerizas y buscan en los jardines y en los 
campos frutos de todas clases. Con ayuda de su grueso pico, el Cardenal de Vir- 
ginia sabe abrir los granos duros del maíz, despojar la avena de su vaina y pe- 
lar el trigo, de manera que pocas voces padece hambre. Encuentra de noche 
asilo en un montón de heno ó en la cima de un árbol, y así soporta fácilmente 
los rigores del Invierno. 

Alegre, petulante, activo, no se está en reposo ni un momento, sino que se 
mueve sin cesar y revolotea ó salta do aquí para allá; cuando está parado, pone 
su cuerpo horizontal y deja caer la cola agitándola á menudo. En el suelo salta 
con bastante rapidez; en las ramas se mueve con mucha agilidad. Su vuelo es 
rápido, pero rara vez sostenido. Continuamente levanta y baja la cola, la ex- 
tiende v la recoo-e. 

Cuando el Invierno es muy rigoroso, el Cardenal emigra y vaga por el país. 
En Marzo vuelve en compañía de otras aves viajeras, y recorre á pie una parte 
del camino. Audubon dice que marcha saltando, deslizándose de zarzal en zar- 
zal y volando de una selva á otra. Lo mismo que otros pájaros, los machos lle- 
gan antes que las hembras. 

Poco después de su regreso se unen las parejas. En ese momento, excitados 
por el celo, los machos combaten encarnizadamente. Se precipitan con furor so- 
bre los intrusos que penetran en su dominio, los persiguen lanzando agudos chi- 
llidos, los atacan en el aire y no descausan sino hasta que los obligan á abando- 
nar los alrededores. Vuelven entonces y demuestran su alegría con un canto de 
triunfo. Los cónyuges son muy adictos el uno al otro. «Una noche del mes de 
Febrero, dice Audubon, cogí á un Cardenal macho; al día signionte, muy tem- 
prano, la hembra estaba cerca de la jaula de su compañero, dejándose coger á 
su turno.» 

El Cardenal de la Virginia anida en un arbusto, en un árbol, cerca de una 
hacienda, en medio de los campos, en los límites de las florestas ó en las espe- 
suras de las selvas. Le agradan sobre manera las orillas de las corrientes de 
agua. Comunmente se encuentra su nido en las inmediaciones de una casa, y con 
frecuencia á unos cuantos metros del nido del Tordo burlón. El del Cardenal 
está hecho con hojas secas, ramas (de preferencia espinosas) enlazadas con vid 
silvestre. El interior está tapizado de yerbas. Los cuatro ó seis huevos que con- 
tiene son de un blanco sucio, manchados do moreno aceitunado. Son del coloi- 
de los de la Calandria ó de los del Gorrión doméstico. Gerhardt dice que nunca 
ha observado que todos los huevos de un nido sean del mismo color. 

En los Estados del Norte anida una vez por año; en los Estados del Sur 
anida tres veces. Los padres sólo permanecen unos cuantos días con los pollue- 
los después que éstos han aprendido á volar. 

La Nat.— Ser. II — T. IV.— Abril lvot. 6 



42 A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

Se nutren con granos, cereales, bayas. En la Primavera comen flores, y en 
Estío, bayas; al mismo tiempo cazan con actividad á coleópteros, mariposas, cha- 
pulines y otros insectos. Segiin Wilson, se alimenta con maíz principalmente, 
como también con granos de diversas bayas, y cansa destrozos en las colmenas. 
Todos los naturalistas americanos elogian el canto del Cardenal; pero los obser- 
vadores europeos no encuentran en él nada notable. «No me parece fundada, 
dice Andubou, la opinión generalizada en Europa, y según la cual el canto de 
las aves americanas no puede compararse con el de los pájaros que pueblan las 
florestas europeas. No podemos establecer un paralelo entre los inmensos bos- 
ques de América y los campos cultivados de Inglaterra, en que las aves canoras 
son raras; pero si se comparan ciertas localidades de los Estados Unidos y de 
Europa, se verá que el Nuevo Continente es el más favorecido. Los pocos pája- 
ros cantores americanos que han sido llevados á Europa, han llenado de sor- 
presa y admiración á los conocedores. 

«La voz del Cardenal se parece realmente á la del Ruiseñor, y por clara y 
armoniosa que sea, es inferior á la del Tordo de las florestas y á la del Tordo 
moreno. Nuestro pájaro burlón vale tanto como el Ruiseñor, y otro tanto sucede 
con casi todos nuestros pájaros cantores. Que venga un europeo á pasearse en 
una hermosa noche de Mayo por las orillas del bosque, y entonces se formará 
idea exacta del concierto do las aves. Comunmente se designa al Cardenal con 
el nombre do Ruiseñor de Virginia, y en verdad que merece llamarse así por 
su canto claro y variado. 

«Su canto, agrega Andubou, es claro al principio, como el sonido del flau- 
tín, y disminuye poco á poco hasta que acaba por extinguirse. Durante toda la 
estación de los amores canta con mucho fuego. Tiene conciencia do su fuerza, 
hincha el pecho, extiende las plumas de la cola, bate las alas, se voltea á dere- 
cha é izquierda, y parece manifestar admiración por la belleza extraordinaria 
de sn voz. Siempre son nuevas sus melodías y sólo se calla para respirar. Se 
deja oir antes que el sol haya dorado el horizonte, y canta hasta el momento en 
que los ardores del astro incendiado obligan á toda la creación á descansar por 
algún tiempo; pero cuando despierta la naturaleza, el cantor comienza á decir 
sus secretos á los ecos de los alrededores, y no se calla sino hasta que se ve ro- 
deado por las sombras nocturnas. Diariamente se esfuerza en ayudar á su hem- 
bra en la tarea de la incubación. Pocas personas rehusan pagar á tan hechicero 
cantor un tributo de admiración. Cuando el cielo se obscurece y las tinieblas in- 
vaden la selva, ¡qué cosa más dulce que oir resonar repentinamente la voz me- 
lodiosa del Cardenal! ¡Cuántas veces me ha llenado de alegría!» 

A estos transportes poéticos opongamos la opinión de los naturalistas euro- 
peos. «El canto del Cardenal, dice el príncipe de Wied, carece de distinción; es 
más bien sorprendente que agradable.» 

«El cauto de este pájaro, dice Gerhardt, no corresponde con la belleza de 
su plumaje. Su chillido es corto.» 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 43 

Cautividad. — No es difícil conservar al Cardenal en jaula. Los granos más 
simples le bastan, y hasta Doga á reproducirse cuando el local es amplio. Parti- 
cipa do ciertas costumbres do sus parientes europeos, pues es afecto á los com- 
bates, y en las pajareras molesta continuamente a las hembras que están tapan- 
do. No creo perjudicarlo admitiendo que, en una pajarera grande, destruyó 
completamente los huevos de uno de sus congéneres del Japón.» (1) 

«Hay muchos Cardenales eu todas partes, son muy huraños y siempre an- 
dan en parejas. Son estimados tanto por la dulzura de su cauto, cuanto por los 
vivos colores de su plumaje. Comen semillas principalmente. Frecuentan los si- 
tios abiertos y los arrabales.» (2) 

«Pasa el Verano en Veracruz y es especie emigrante. » (3) 
El huevo del Cardenal es algo raro, pues algunos ejemplares se parecen á 
los del Chordeiles virginianus, por la coloración al menos, y otros se parecen 
más á los de la Goniaphea ludoviciana, por las manchas que presentan. El fon- 
do es blanco, según se observó en cincuenta casos. Las manchas presentan to- 
dos los matices morenos, desde el rojizo pálido hasta el chocolate obscuro; pero, 
por regla general, son algo obscuras, y varias son de color castaño purpúreo ó 
gris piedra. Se notan desde virgulitas uniformes hasta manchas gruesas; pero 
ninguno presenta masas de color muy grandes. Su tamaño es de una pulgada 
por un poco menos de tres cuartos de pulgada; pero dichas dimensiones son muy 
variables. El huevo de Pyrrhuloxia sinuata es completamente igual.» w 



CARDINALIS IGNEUS. 



Cardinalis igneus, Baird, Pr. Ac. Phil. 1859, p. 305 1 . 

Cardinális virginianus, var. igneus, Baird, Brew. et Ridgw. N. Am. B. II, 
p. 99-; Lawr. Mein. Bost. Soc. N. H. II, p. 275 ! ; Belding, Pr. U. S. Nat. Mus. VI, 
p. 343 4 . 

Cardinalis virginianus, Finsch, Abh. nat. Ver. z. Bremen, 1870, p. 339 5 ; 
G'rayson, Pr. Bost. Soc. N. H. XIV, p. 281 6 . 

C virginiano persimilis, fronte in maro minime nigra, colore nigro gulae et 
faciei in femina omnino absenté (?) forsau distingueiidus. 

(1) A. E. Brehm. Les Merveilles de la Nature. "Les Oiseaux," Vol. II, p. 146. 

(2) A. Boucard. On a Collection of Birds from Yucatán. (Proc. Zool. Soc. London, June 19, 
1833), p. 444. 

(3) F. Sumichrast. Dist. Geog. de las Aves del Estado de Veracruz. "La Naturaleza," tomo 
I, p. 310. 

(4) E. Coues. Birds of the Northwest, p. 172. 



44 A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

Ilab. Norte América 1 " 2 . — México, Guarnías (Boldiug 4 ), Mazatláu 3 " 6 , Islas do 
las Tros Marías'"' (Grayson, Torrer). «Baja California, Sonora, Sinaloa.» ' 

Grayson dice que este Cardinalis es notablemente común en las Islas de las 
Tres Marías; pero que no es tan numeroso en el continente 6 . El Sr. Torrer nos 
consiguió ejemplares en ambas partes. 

«Había un gran numero de Cardenales en María Madre y bastantes en el 
resto del grupo. Nadie los molesta nunca; abundaban especialmente cerca do la 
colonia, penetraban en los patios y so aproximaban á las casas sin desconfianza 
alguna. Varias parejas so establecieron cu las escarpas bajas de la isla. Cuando 
íbamos á cazar á los bosques, acostumbraban acercarse mucho, y después de con- 
templar á los intrusos por curiosidad, se deslizaban entre los arbustos y prose- 
guían tranquilamente sus ocupaciones usuales. Otras ocasiones estaban tan en- 
tretenidas buscando qué comer entre las hojas caídas, que ni caso hacían de nos- 
otros, aunque pasáramos con lentitud á tres o cuatro pasos de distancia. » t2) 

«Me sorprendió encontrar este antiguo conocido en esta comarca lejana, 
límite de la extensísima zona geográfica que habita, recordándome su plumaje 
rojo luciente, su hermoso copete (moño), su agradable canto y, sobro todo, su 
gusto por las habitaciones del hombre, las amistades de mi niñez en un país muy 
lejano, casi olvidadas ya.»' :í> 



CARDINALIS CARNEUS. 

Coccothraastes (Cardinalis) carneas, Lcss. Rov. Zoo!. 1842, p. 210 1 ; Bp. 
Consp. Av. I, p. 501". 

Cardinalis virginianus, var. carneas, Baird, Brew. et Ridgw. N. Am. B. II, 
p. 99'; Lawr. Mein. Bost, Soc. N. H. II. p. 275 4 ; BnlL U. S. Nat. Mus. n. 4, p. 20 5 . 

Cardinalis virginianus, Salv. P. Z. S. 1883, p. 421". 

C. virginiano quoque persimilis, sed crista coccínea valde elongata, dorso 
puré coccíneo hand cinéreo interinixto distinguendus. 
9 nobis ignota. 



e> 



Hab. México, Acapnlco 3 (Lessou 1 -, Markhaní"), Sierra Madre (Xantus 1 ), 
Huamelula (Sumichrast 5 ), Colima 1 . «Región occidental. » w 

(1) Laurencio y Bcristain, p. 3T. 

(2) E. W. Nelson. Notes on Ccrtain Species oí'Mcxican Birils, p. 52. 

(3) Grayson, p. 254. 

(4) Laurencio y Beristain, p. 37. 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 45 



Las largas y comparativamente tiesas plumas del copete de esta ave, su 
dorso rojo siu mezcla alguna gris y el color claro de la rabadilla, son los rasgos 
característicos de la especie y los que la distinguen de C. cardinalis y C. igneus. 
La frente presenta un estrecho ribete negro. La zona de distribución del C. car- 
neus esta limitada á una pequeña porción del Poniente de México, pues en Ma- 
zatlán y sus alrededores prevalece otra forma, el C. igneus, y en la parte Sur su 
zona de distribución no parece extenderse más allá del Istmo de Tehuantepec, 
porque no se encuentran huellas de esta especie ni de ningún Cardinalis en 
Guatemala, excepto en los confines de las Honduras Británicas y Yucatán. 



PYRRHULOXIA. 

Pyrrhuloxia, Bonaparte, Consp. Av. I, p. 500 (subgénero) (1850); Coues, 
Key N. Am. B. ed. 2, p. 393. 

El príncipe Bonaparte propuso este nombre, considerando á esa ave como 
subgénero de Cardinalis. El único miembro del género, P. sinuata, se presenta 
en ambos lados de nuestra frontera septentrional, desdo el Valle de Río Grande 
hasta el Golfo de California, y en la Península de la Baja California, llegando, 
al Sur, hasta Mazatláu v Zacatecas. 

La estructura del pico es lo que distingue á Pyrrhuloxia de Cardinalis; el 
maxilar es muy redondo y la comisura muy angulosa á la mitad de su longitud. 
La mandíbula es más ancha y profunda que el maxilar; la comisura también es 
angulosa, la parte distal es casi recta y forma un ángulo casi recto con los gonis 
ascendentes. Los tarsos son más largos que el dedo medio, que es corto como 
los demás dedos, y las garras son débiles. Las alas son cortas y redondas, el ter- 
cero, cuarto y quinto cañones son los más largos, y el primero casi iguala á los 
secundarios. La cola es muy larga y algo redonda. El copete occipital es largo 
y el color geueral del plumaje es gris con manchas rojas. 



PYRRHULOXIA SINUATA. 

Cardinalis sinuatus, Bp. P. Z. S. 1837, p. lll 1 ; Consp. Av. I, p. 500 2 . 

Pyrrhuloxia sinuata, Baird, Mex. Bound. Surv. II, Birds, p. 17 3 ; Dresser, 
Ibis, 1865, p. 491 4 ; Dugés, «La Nat.,» I, p. 139 5 ; Baird, Brew. et Ridgw. N. Am. 
B. II, p. 95 6 ; Lawr. Mem. Bost. Soc. N. H. II, p. 275 7 ; Senuett, Bull. U. S. Geol. 



46 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

Surv. IV, p. 21 s ; V, p. 393"; Belding, Pr. U. S. Nat. Mus. VI, p. 343'"; Conos, Koy 
N. Am. B., p. 393 11 . 

Cinérea, subtus dilntior, alis et cauda fusco-nigris, illis extus coccíneo uiar- 
giriatis, crista occipitali elongata fusca ad basin cocciuea; loris, gutture, abdo- 
mine medio et subalaribus rosacco-cocciueis, rostro pallido corneo, pedibus car- 
neis. Long. tota 8-5, alaB 3-8, cauda» 4-1, rostri a rictu 0-5, tarsi 1-0. (Descr. 
maris ex El Paso, Sniiths. Inst. 6,368. Mus. nostr.). 

9 inari similis, alis'extus et subalaribus tantuin coccineis. (Descr. feniiii?e 
ex Eagle Pass, Texas. Mus. nostr.). 

Ilab. Norte América 3 " 6 " 11 ^ 8 " 9 " 11 . — México, región occidental 1 , Nuevo León 
(Couch 3 ), Guayinas (Belding 10 ), Mazatlán (Grayson 7 ), Zacatecas 2 , Gnanajuato 
(Dugés 5 ). «Región Norte y Mesa Central.» (1) 

Bonaparte describió a este curioso pájaro aprovechando un ejemplar de Za- 
catecas, y si bien en la actualidad- se le conoce principalmente desde el Vallo 
del Río Grande hasta el Golfo de California y la Baja California, también se le 
ha colectado en Mazatlán y en otros puntos; por lo tanto, queda demostrado que 
se trata de un'ave mexicana. El Sr. Dresser la encontró en Texas y la considera 
como oriunda de México, pues observó que abunda en Eagle Pass, en la fronte- 
ra; pero que es imposible descubrirla á unas cuantas millas más al Norte. Ase- 
gura que es un pájaro tímido; cuando lo seguía, se posaba en la punta de algún 
arbusto elevado, levantando su largo copete, y otras veces se refugiaba en lo 
más tupido de los zarzales, sitio en que era imposible disparar sobre él 4 . El Sr. 
Senuett hace las mismas observaciones refiriéndose á sus hábitos 8 . Dicho viajero 
descubrió el nido y los huevos en Lomita, Texas. El nido estaba á unos cinco 
pies de altura sobre el suelo; era compacto y lo formaban pedazos de corteza in- 
terior seca, zacates y varitas flexibles forradas con unas cuantas raicecillas. Pol- 
la forma, los huevos se parecen algo á los del Cardinalis virginianus; pero son 
más redondos y están cubiertos con manchas irregulares de diversos matices de 
moreno y espliego, aglomeradas en el extremo más grande; algunas veces for- 
man una banda, pero con más frecuencia cubren toda la punta . El color del 
fondo es un blanco opaco 6 . 

Grayson colectó sus ejemplares en Mazatlán en Febrero y Abril, pero dice 
que la especie no era común 7 . 

GUIRACA. 

Guiraca, Swaiuson, Zool. Journ. III, p. 350 (1827); Coues, Key N. Am. B. 
ed. 2, p. 390. 

Cyanocompsa, Cabanis, J. f. Orn. 1861, p. 4. 

(1) Laurencio y Bcristain, p. 37. 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 47 

La conocida Loxia ccerulea de Lineo es el tipo de este género; se le han 
asociado otras varias especies de México y de la América del Centro y del Sur. 
estrechamente emparentadas todas, pero algo distintas del tipo y designadas por 
el Prof. Cabanis con el nombre de Cyanocompsa. Los miembros de esta última 
sección son especies sedentarias, mientras qne la G. ccerulea es estrictamente 
emigrante. Se nota, asimismo, una marcada uniformidad en el color del plumaje 
de las primeras; la última difiere tanto por el tinte cuanto por la contextura se- 
dosa de las plumas y otros pormenores. 

Además de la G. ccerulea, que pasa el Invierno dentro de nuestros límites, 
hay dos especies bien definidas de Guiraca: la G. parellina y la G. concreta; 
esta última se subdivide en razas cuya validez como especies es dudosa, quizás, 
á pesar de qne nos hemos ocupado de ellas por separado. Una de estas razas 
(G. concreta) se dispersa desde el Sur de México hasta Chiriqni; la otra se en- 
cuentra en Panamá y llega, al Sur, hasta Colombia y hasta la región occidental 
del Ecuador. 

El pico de la G. ccerulea tiene la curvatura casi recta, la comisura mny an- 
gnlusa, la mandíbula profunda y las cerdas riciales bien desarrolladas. Las alas 
son largas y puntiagudas; el segundo, tercero y cuarto cañones son casi ignales, 
y el primero y quinto son un poco más cortos. La cola es regular y ligeramente 
redonda. El tarso es más pequeño que el dedo medio y la garra. 

En la G. concreta el ala es más corta y más redonda; el segundo, tercero y 
cuarto cañones son los más largos, pero el quinto y sexto presentan casi las mis- 
mas dimensiones, y el primero es más corto que los secundarios. 

a. Guiraca. 



GUIRACA CJERULEA. «Gorrión azul, Azulejo, 
Azulejo maicero, Xiuhtototl, Elotototl.» 01 

Loxia ccerulea, Linn. Syst. Nat. I, p. 306 1 ; Wagl. Isis, 1831, p. 525 2 . 

Guiraca ccerulea, Sw. Phil. Mag. n. ser. I, p. 438'; Bp. Consp. Av., p. lll 4 ; 
Baird, Mex. Bound. Surv. II, Birds, p. 16"'; Sel. P. Z. S. 1859, pp. 365 6 , 378 T ; 1864, 
p. 174 8 ; Ibis, 1873, p. 373°; Salv. Ibis, 1861, p. 352 10 ; Dresser, Ibis, 1865, p. 491"; 
Lawr. Aun. Lyc. N. Y. IX, pp. 102 12 , 200 13 ; Bnll. U. S. Nat. Mus. n. 4, p. 20 u ; 
Mem. Bost. Soc. N. H. II, p. 275 15 ; Snmichrast, Mein. Bost. Soc. N. H. I, p. 552 1C ; 
Dngés, «La Nat.,» I, p. 139 17 ; Frantz. J. f. Orn. 1869, p. 301 ls ; Baird, Brew. et 
Bidgw. N. Am. B. II, p. 77 1 "; Guudl. Av. Cub., p. 95 2n ; Boucard, P. Z. S. 1883, 

(1) A. L. Herrera. Cat. de la Col. de Aves del Museo Nacional, p. 18. 



48 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

p. 444 21 ; Nutt, et Ridgw. Proc. ü. S. Nat. Mus. VI, p. 392 22 ; Coues, Koy N. Am. 
B. ed. 2, p. 390 23 . 

Coccoborus caeruleus, Cab. Mus. Hein. I, p. 152 2 *; Finsch, Abli. uat. Ver. z. 
Bremeu, 1870, p. 339 25 . 

Goniaphea ccerulea, Sel. P. Z. S. 185G, p. 301-°; Seuuett, Bull. U. S. Geol. 
Surv. IV, p. 19 27 ; V, p. 392 28 . 

Satúrate caerulea, iuterscapulio saturatiore; loris, alis et cauda nigris, tectri- 
cibus alaruiu mediis et majoribus castaueo tenuiuatis fascias duas fonuautibus, 
sociiudariis quoque extus castaueo liiubatis; rostro corneo, pedibus eorylinis. 
Long. tota 6-0, abe 3-4, cauda? 2-5, rostri a rictu 0-7, tarsi 0-8. (Descr. maris 
ex Clioctuin, Guatemala. Mus. nostr.). 

9 fusco-brunuea, subtus dilutior, alis et cauda fusco-nigris illis brunneo 
bifasciatis. (Descr. feminse ex Presidio, México. Mus. nostr.). 
Obs. Mas juv.j colore cperuleo uudique brunneo interraixto. 

Hab. Norte América 19 - 2311 - 27 - 28 .— México 2 - 4 " 24 , Nuevo León (Couch 5 ), Frontera 
(Wright 5 ), Zoquito (Clark 5 ), Los Nogales (Kennerly 5 ), Meseta (Bnllock 3 ), Valle 
de México (White 8 ), Tierra Fría, Velasco (le Strauge), Mazatláu (Grayson 15 - 25 ), 
Presidio (Torrer), Tepic (Grayson 15 ), Llanos de Colima (Xantus 15 ), Guanajuato 
(Dugés), Jalapa (de Oca G ), Córdova (Sallé 20 ), Veracruz en Invierno (Sumichrast 16 ), 
Oaxaca (Boucard 7 , Fenochio), Chiliuitán, Huitzo (Sumichrast 14 ), Mérida en Yu- 
catán (Schott 13 ), Izamal en Yucatán 21 , Cozumel I. (Ganmer), Guatemala 10 (O. S. 
et F. D. G.), Nicaragua (Hicks, Belt 1 ', Nutting 22 ), Costa Rica (v. Frantzius 1 *, Car- 
miol 12 ). — Cuba 20 . «México, toda la República. » (1) 

Esta especie visita México y Centro América en Invierno, extendiéndose en 
esa estación por todo el país y llegando, al Sur, hasta Costa Rica. En la región 
septentrional de Yucatán es común de Diciembre á Mayo 21 . En este mes visita 
también la Isla de Cozumel. Durante su residencia en el Sur, es una especie que 
no presenta interés ni atractivo, ni canta. Generalmente anda en parvadas pe- 
queñas y frecuenta los árboles de regular altura. Grayson encontró á la G. cce- 
rulea en Mazatláu, entre los meses de Octubre á Abril, y colectó un ejemplar en 
Tepic, en Junio. De esto deduce qne emigra á las montañas mexicanas á criar 15 . 
Carecemos de datos á este respecto, y Sumichrast se contenta con incluir á la G. 
ccerulea entre los Fringílidos emigrantes del Estado de Veracruz 10 . Brewer dice 
que sus huevos son de un color azul claro uniforme, que palidece muy pronto 
con la luz. 

«Este pájaro es común en la estación comprendida entre los meses de Di- 

(1) Laurencio y Beristain, p. 36. 



A. L. HEIír.ERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 4< ( 



ciembre y Mayo. En Yucatán os algo estúpido, y no tiene el hermoso plumaje 
que lo adorna generalmente, en Verano, en el Xorte.> (1> 

«Sedentario. Se le encuentra en todas las localidades en qne se cultiva el 
maíz. De Enero á Julio es más abundante cu los alrededores de la ciudad: en 
los meses restantes vive en las regiones meridionales del Valle de México; so 
reproduce en Junio. El Azul maicero es un ave sociable que origina algunos 
perjuicios en las plantaciones de maíz, cuando las semillas de esta planta aún 
no han llegado á su completo desarrollo; la Gruiraca desprende las brácteas que 
rodean al fruto y devora un número considerable de sus granos; cuando éstos 
son poco abundantes, se alimenta casi exclusivamente con la Lambriciis ierres-? 
tris Lina, y Lwnbricus agrícola Hof¡Fur.» {2) 

«Anida en Washington y al Norte de la ciudad es muy común cu los cam- 
pos y pastos. Cuelgan su nido ou un arbusto ó matorral, rara vez cu los miem- 
bros mus bajos de los árboles; generalmente en un campo viejo y descuidado, 
seinicubierto de maleza, ó cu la orilla de un claro en los bosques. Construyen 
con poco arte, aprovechando los zacates finos secos y forrándolos con raicecillas 
ó pelo. Los huevos son de un color azul muy pálido. Nunca he encontrado nin- 
guno que presentase marcas. El tamaño varía mucho aun entre unos cuantos 
ejemplares. Por ejemplo: uno mide una pulgada de largo por 0-60 de ancho: 
otro mide nada más 0-78 por 0-G5, es casi globular y redondo en ambos extre- 
mos. » (31 

«Anida en un arbusto ó en una rama baja, en las orillas de un campo ó 
bosque; construye con zacate y forra con raicecitas y pelo. Huevos, 3-4; blanco 
azulado pálido; 0-84 por 0-6(3. 

«Esta especie es completamente local y no ofrece nada notable. Se dice que 
su canto se parece al del Carpodacus purpureas. En Verano parece que se nu- 
tren principalmente con insectos; pero en el Estío y el Invierno subsisten con 
frutos y semillas silvestres. » (4) 

b. Cyanoeompsa. 

(1) A. Boucard. On a ColleCtion of Binls from Yucatán. (Proc. Zool. Soc. London, June 19, 
I883i, p. 444. 

(2) A. L. Herrera. Apuntes de Ornitología. La Migración en el Talle de México. "La Natu- 
raleza," 2^ serie, Vol. I, p. 1»2. 

(3) E. Coues. Birus of thc Northwest, p. 1G9. 

(4) A. W. Butler. Indiana. Department ot'tícology and Natural Resources. 22' 1 Animal Re- 
port, 1397. Blatchley, p. 981. 



La Nat.-S*r. II— T. IV.— Abril l'XH. 



;>0 A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA; 



CYAXOCOMPSA. 
2. GUIRACA CONCRETA. 

Cyanoloxia concreta, Du Bus, Bnll. Ac. Brux. XXII, p. 150 1 . 

Goniaphea concreta, Sel. P. Z. S. 1856, p. 302 2 ; 1857, p. 228 3 . 

Guiraca concreta, Sel. P. Z. S. 1859, p. 378 4 ; Sel. et Salv. Ibis, 1860, p. 33 5 ; 
P. Z. S. 1870, p. 836 c ; Salv. P. Z. S. 1807, p. 141 7 ; 1870, p. 189 R ; Ibis, 1872, p. 317*; 
Sumichrast, Mem. Bost, Soc. X. H. I, p. 551 10 ; Lawr. Aun. Lyc. X. Y. IX, p. 102"; 
Frantz. J. f. Orn. 1809, p. 301"; Nutting et Ridgw. Proc. U. S. Xat. Mus. YI, 
p. 400 1 *. 

Xigra cyanco vix tincta; fronte, genis et tectricibus alarnni minoribus cya- 
nescentioribns, rostro et pedibns nigris. Long. tota 6-0, ala? 3-2, canda? 2-7, ros- 
tí! a rictn 0-8, tarsi 0-9. (Descr. maris ex Orizaba, México. Mus. nostr.). 

? omnino brunnea, snbtns panllo dilutior, alis et canda satnratioribus. 
(Descr. femime ex Choctiini, Gnatemala. Mns. nostr.). 

llab. México 1 , Orizaba (Sallé 2 ), Sautecomápain 3 , Playa Yicente 4 (Boncard), 
Peñnela (Sumichrast 10 ), Honduras Británicas (Blancaneanx), Guatemala 5 (O. S.), 
Honduras (G. M. "Wlútely"), Nicaragua (Jansou' J , Nutting 13 ), Costa Rica (v. Frant- 
zins 12 , Carmiol"), Panamá 7 " 8 (Arce). 

Parece que la Guiraca concreta no se presenta al Norte de los ardientes 
bosques del Estado de Yeracruz; según Sumichrast, el límite de su zona de dis- 
tribución en altitud está á 2,500 pies' u . En Guatemala siempre veíamos á la espe- 
cie en los distritos más montuosos, situados al nivel del mar. En Nicaragua el 
Sr. Nutting observó que abundaban especialmente en los platanares 13 . 

«Es peculiar de la región caliente, cuyos límites raras veces traspasa. La 
hacienda de la Peuuela, cerca de Córdoba (750 metros), es el punto más elevado 
en que la lie encontrado en el Estado.» (1) 



GUIRACA PARELLINA. 

Fringilla parellina, Liclit. Mus. Berol 1 . 
Cyanoloxia par ellina, Bp. Consp. Av. I,, p. 502 2 . 

(1) F. Sumichrast. Dist. Geog. de las Aves del Estado de Yeracruz. "La Naturaleza," tomo 
I, p. 309. 



A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 51 



Goniaphca parellina, Sel. P. Z. S. 1856, p. 302 3 ; 1857, p. 228 4 ; Baird, Mex. 
Bound. Surv. II, Birds, p. 17 6 . 

Cyanospiza parellina, Sumichrast, Mein. Bost. Soc. N. H. I, p. 551 6 . 

Guiraca parellina, Sel. P. Z. S. 1859, pp. 365 7 , 378 8 ; Lawr. Bull. ü. S. Nat 
Mus. n. 4, p. 20 9 ; Mein. Bost. Soc. NT. H. II, p. 276 10 ; Boucard, P. Z. S. 1883, 
p. 444 n . 

G. concretes et G. cyanoidi affiuis, sed multo miuor: fronte, genis, uropygio 
et tectricibus alarmn niinoribus hete cseruleis. Long. tota 4-8, ala) 2-7, candse 
2-2, tarsi 0-7. (Descr. maris ex Jalapa, México. Mus. nostr.). 

? fusca, subtus dilutior, gula et abdoniiue nieclio foro albicantibus, alis et 
cauda fnsco-nigris. (Descr. femiin-e ex Mazatlán, México. Mus. nostr.). 

Hab. México 24 , Sierra Madre, Nuevo León (Coucli 5 ), Presidio, cerca de Ma- 
zatlán (Torrer), Manzanilla (Xantus 10 ), Estado do Veracruz (Sumichrast 6 ), Alva- 
rado (Deppe 1-2 ), Córdova (Sallé'), Jalapa (do Oca 7 ), Totoutepec 8 , San Andrés 
Tuxtla* (Boucard), Ciudad de Teliuautepec, Huallago (Sumichrast 9 ), Mérida en 
Yucatán (Gaumer 11 ). «Región occidental, Sur y oriental.» (1) 

Es una forma de la G. cyanea sud-americann, y está más estrechamente em- 
parentada con óst i que con la G. concreta, que es una ave mexicana como la G. 
parellina. Los primeros ejemplares de esta especie que llegaron á Europa fue- 
ron, probablemente, los que obtuvo Deppe en Alvarado, México. Después se le 
ha encontrado casi en todas las rojjiones calientes de México, desde los Estados 
septentrionales do Nuevo León y Sinaloa hasta Teliuautepec y Yucatán. Casi no 
se sabe nada respecto á sus hábitos, y Sumichrast se contenta con manifestar que 
no sube á más de 2,600 pies". 



ORYSOBORUS. 

Orysoborus, Cabauis, Mus. Hein. I, p. 151 (1851). 

Este género comprende varias especies parientes de Spermophüa, pero que 
tienen el pico mucho más fuerte. Están distribuidas en la América tropical, des- 
de el Sur de México hasta el Sur del Brasil; pero no se presentan en las Anti- 
llas. Dos especies atraviesan nuestra frontera. Algunas formas no están muy 
bien definidas, y no dudamos que, de las especies reconocidas en la actualidad, 

(1) Laurencio y Beristain, p. 3§. 



52 A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

habrá que retirar varias. Las caracteres en que se funda su separación son de- 
cididamente variables, sobro todo eu lo concerniente al tamaño del pico. Obsér- 
vase esto con especialidad eu el O. torridus, en el cual se nota grau diversidad, 
poro que no ha sido separado por ese motivo. Por otra parte, el tamaño del pico 
ha servido para separar al O. maximiliani del O. crassirostris (=0. molas, Sel. 
et Salv.). El O. occidentalis puede distinguirse con más facilidad por el color 
negro de las cubiertas inferiores do las alas; casi es inseparable del O. nuttingi. 
El O. funereus es una forma diminuta del O. crassirostris, pero se le reconoce 
fácilmente. El pico de Orysoborus (O. crassirostris) es muy fuerte; el culmen es 
arqueado y llega hasta la frente; el tonda del maxilar forma una brusca curva, 
y en el de la mandíbula hay uu ángulo correspondiente. Las alas son cortas y 
redondas; el tercer primario es un poco más largo que el segundo y cuarto; el 
primero y quinto son iguales, y uu poco más cortos que el segundo y cuarto; la 
cola es moderadamente larga y redonda, los tarsos robustos, de regular tamaño 
y más largos que el dedo medio. El color general del macho es negro, y el do 
la hembra, castaño; pero el macho del O. torridus tiene la parte inferior de co- 
lor castaño obscuro. 



ORYSOBORUS FUNEREUS. 

Orysoborus funereus, Sel. P. Z. S. 1850, p. 378 1 ; Sel. ot Salv. Ibis, 1860, p. 
398-; P. Z. S. 1879, p. 306'; Salv. P. Z. S. 1807, p. 14 1 4 ; 1870, p. 189 \ 

Orysoborus funereus/, Ridgw. ot Nutling, Proc. U. S. Nat. Mus. VI, p. 400°. 

Orysoborus ethiops, Sel. P. Z. S. 1860, pp. 8S 7 , 276 s ; Lawr. Aun. Lyc. N. Y. 
TU, p. 383°. 

Orysoborus salvini, Ridgw. Proc. ü. S. Nat, Mus. VI, p. 400'". 

Coraciuo-uiger unicolor; subalaribus, campterio et speculo alari falula spu- 
ria fere obtecta) albis; rostro nigro; pedibus fusco-nigris. Long. tota 4-75, alpe 
2-2, cauda? 2-2, tarsi 0-6. (Descr. uiaris typ. ex Suchápam, México. Mus. P. L. 
Sclater). 

9 fusco-bruniiea, subtus magis ferruginea subalaribus albis. (Descr. femi- 
use ex Choctum, Guatemala. Mus. nostr.). 

Hab. México, Suchápam (Boucard 1 ), Guatemala (O. S. et V. U. G.), Nicara- 
gua (Nuttiug" '"), Panamá 4 " (Arce, M'Lcaniiau'). — Colombia 3 7 , Ecuador 7 ". 

El Sr. Sclater describió á esta especie aprovechando un ejemplar consegui- 
do por M. Boucard eu Suchápam, Oaxaca 1 . y después se han seguido sus hue- 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 53 



Has hasta Guatemala, Panamá, Colombia y Ecuador; las aves do este último país 
no difieren eu nada, que sea esencial, del tipo mexicano. 

En Guatemala colectamos todos nuestros ejemplares eu los bosques bajos 
de Cobau; pero uo vimos que fuera un pájaro común. El Sr. Nutting mató á sus 
ejemplares eu un platanar; sus costumbres son parecidas á las de la G. concreta. 



SPERMOPHILA. 

Spermophila, Swainsou, Zool. Jouru. III, p. 318 (1827) ;Sol. Ibis, 1871, p. I 5 ; 
Coues, Key N. Am. B. ed. 2, p. 392. 

El Sr. Sclater conoció veinticuatro especies cuando estaba compilando su 
monografía de este género, y á esas agregó otras once que habían sido descritas, 
pero que no le fué posible identificar. Por consiguiente, asentamos que hay 
treinta especies de Spermophila sin temor do errar. Siete xí ocho especies se pre- 
sentan eu nuestra región; tres de ellas son de México y Guatemala, y las demás 
de Costa Rica y Panamá. Cuatro especies son peculiares de nuestra región, y tres 
penetran en ella eu el Estado de Panamá y poseen una vasta zona de distribu- 
ción meridional. 

El pico de Spermophila (S. moreleti) es corto y vigoroso, aunque no tanto 
como el de Orysoborus; la curvatura es redonda y sigue la misma curva que la 
coronilla de la cabeza; las narices están á descubierto y en la extremidad de la 
fosa nasal; el tomia del maxilar se inclina bruscamente hacia la comisura; la 
parte externa es algo curva hacia la punta. Las piernas son débiles y los dedos 
cortos. Las alas son muy redondas; el seguiído primario, un poco más corto que 
el tercero, cuarto y quinto, que son casi iguales. La cola es algo larga y un tanto 
redonda en la punta. 

Los colores predominantes de la Spermophila sirven para dividir el género 
en dos secciones, según si la especie es rojiza y negra, ó negra y blanca; pero esta 
distinción es algo artificial, pues la última división comprende especies grises, 
tales como la S. grísea. 



SPERMOPHILA TURQUEÓLA. «Siriudango.) 



(i) 



Spermophila (arqueóla, Bp. Consp. Av. I, p. 495'; Sel. P. Z. S. 1858, p. 303 2 ; 
Ibis, 1871, p. 6 3 ; Dugés, «La Nat.,» I, p. 139 4 ; Lawr. Mem. Bost. Soc. N. H. II, 
p. 270 \ 

1 A. L. Herrera. Cat. de la Col. de Aves del Museo Nacional, p. 19. 



54 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

Fringilla ochropyr/a, Licht. Mus. Ber. 6 

Sporophila ochropyga, Cab. J. f. Orn. 1861, p. o 7 . 

Spermophila atriceps, Lawr. Aun. Lyc. X. Y. VIII, p. 479 (ex Baird M. S.) 8 . 

Nigra, plaga atrinque corvicali, speculo alai-i ot subalaribus albis; dorso 
postico ct corpoi'o toto subtus pallide rut'is, torque pectorali nigra; rostro corneo, 
pedibus plmiibeis. Long. tota 4-2, alie 2-2, caudse 2-0, tarsi 0-50. (Dcscr. maris 
ox Calpulálpain, México. Mus. uostr.). 

9 fusccsconti-olivacoa, alis caudaque obscurioribus, subtus valde dilntior- 
ochracoo porfusa. (Dcscr. feuiiupe ox Mazatláu, México. Mus. uostr.). 

Uab. México 1 , Mazatláu (Graysou 5 6S , Xantus, Torror), Topic (Graysou 6 ), 
Llanos do Colima (Xantus ), Guanajuato (Dugés 4 ), Cucrnavaca (Dcppc, Mas. Bc- 
rol 7 ), Cal[)ulálpani, Oaxaca- (Boucard), Tohiiautopcc (Graysou s ). «Toda la Repií- 
blica.» (1) 

Graysou dice que la S. torqueola es un ave alegre, cuyo dulce canto le pres- 
ta mayor atractivo. Es sedentaria en el Estado do Siualoa y muy común en Te- 
pic, presentándose igualmente en Teliuautepoc. Xo so asocian para formar par- 
vadas, sino que á menudo andan cu parejas; algunas veces se ven unas cuantas, 
en la misma localidad, y frecuentan los claros en que hay arbustos bajos, yerbas 
y zacates cu abundancia, pues se alimentan principal mente con seniillitas. 

Los machos cantan cu Abril y Mayo. Ponen su nido cu un arbusto bajo, y 
lo hacen entrelazando, do un modo compacto, raicecitas finas, que forran á la 
ligera; sus cinco huevos son casi blancos ó de un azul muy pálido. Parece que 
en una estación hay dos ó más crías, pues en Octubre so observan polluelos 5 . 

Según el Sr. Selater, la Spermophila torqueola^ es una especio occidental 
cuya zona do distribución se extiende por los Estados situados al Oeste do Méxi- 
co, desde Siualoa hasta Tehuautepec. En el interior llega á Guanajuato, Cucr- 
navaca y Calpnlálpam; pero hasta la fecha no se ha presentado en los Estados 
orientales. 



SPERMOPHILA MORELETI. «Sirindango, 
Frailecito.» (2) 

Spermophila moreleti, Bp. Consp. 1, p. 497'; Sel. P. Z. S. 185G, p. 302 2 ; 1859, 
pp. 305^, 378 4 ; Ibis, 1871, p. 10 '; Baird, Mex. Bound. Surv., Zool. II, Birds, p. 17 6 ; 

(1) Laurencio y Bcristain, p. 36. 

(2) A. L. Herrera, Cat. de 'a Col, de Aves del Museo Nacional, p. 19, 



A. i. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

Sel. ct Salv. Ibis, 1859, p. 17 r : P. Z. S. 1870, p. 836 8 ; Salv. Ibis, L859, p. 408"; 
Cat. Strickl. Col., p.222 10 ; Lawr. Aun. Lyc. X. Y. IX, p. 102"; Sumichrast, Mem. 
Bost. Soc. K H. I, p. 551 12 ; Frantz. J. f. Orn. 1809, p. 301"; Dugos, «La Xat,,» I, 
p. 139 u ; Baird, Brew. ct Ridgw. X. Am. B. II, p. 91 15 ; Seiniott, Bull. ü. S. (icol. 
Surv. Y, p. 393 1; ; Boucard, P. Z. S. 1883, p. 444 17 ; Coucs, Key X. Am. B. ed. 2, 
p. 392 ,s . 

Sporophila moreleti, Cab. Mas. Hcin. I, p. 150 19 ; J. f. Orn. 1801, p. 4 S ". 

Spermophila albogularis, Lawr. Aun. Lyc. X. Y. Y, p. 124 21 (nec Spix). 

Snpra nigra*; uropygio, specnlo, alari et tectricnni alarnm margiiiibus albis. 
oervicis lateribns et corpore snbtns albis, torque jngnlari nigro; rostro íiigro, pe- 
dibns fnscis. Long. tota 3-0, abe 2-0, caudas 1-0, tarsi 0-5G. (Dcscr. niaris ex 
San Pedro, Honduras. Mus. nostr.). 

9 olivácea, alis et canda obscnrioribns, tectricnin alarnm ínarginibns rnfes- 
centibns, rostro palli.de fusco. (Descr. feminíe ex Belize, Brit. Honduras. Mus. 
nostr.). 

Hab. Xorte América 15 " 16 " 18 . — México 1 ", San Diego én Xnevo León y Monte- 
rrey (Conch 6 ), Gnanajnato (Dugés 14 ), Estado de Yeracrnz (Sumichrast 12 ), (Drizaba 
(Botteri 3 ), Jalapa (de Oca 3 ), Playa Yicentc (Boucard*), Mérida en Yucatán (Gau- 
mer 17 ), Honduras Británicas (Roe, O. S. 7 ), Guatemala 1 (Constancia 10 , Morelet", O. 
S. et F. D. G.), Honduras 2 (G. M. Whitely 8 ), Costa Rica (v. Frantzius™ 20 , Hoff- 
maun 00 , Carmiol 11 , Arce, Rogers). «México, toda la República. » (1) 

Trátase de la Spermophila común de Centro América, distribuida desdo el 
valle de Río Grande hasta Costa Rica, y numerosa en las tierras bajas de las 
Honduras Británicas y Guatemala, á ambos lados de la gran cordillera. En Mé- 
xico sube, asimismo, alas montañas, se le encuentra también en la meseta, y Sn- 
miclirast, sólo por duda, la excluye de la región alpina 12 . 

La S. moreleti frecuenta, como sus congéneres, los llanos cubiertos de za- 
cate en que crecen unos cuantos arbustos y los cañaverales altos. Se nutre prin- 
cipalmente con semillas pequeñas. Sn nido es una bonita construcción de raíces 
finas y fibras tejidas con delicadeza y forradas con cerdas. Lo suspenden de las 
varas. Ponen tres ó cuatro huevos de color blanco verdoso claro, profusamente 
manchado y salpicado con diversos matices de moreno, especialmente en la punía 
más grande. Los jóvenes empollan en Julio. 

«En Febrero se observó por primera vez esta avecita, y después se presentó 
en gran número en Mayo y Junio. Yive en parvadas y no frecuenta más que los 
claros, acompañada á menudo por las otras especies de Fringílidos pequeños.»' 2 ' 

(1) Laurencio y Berístain, p. 36. 

(2) A. Boucard. On a Collection of I.irds frem Yucata'n. (Proc. Zool. Soc. Lonilon, June 19, 
1S33), p. 444. 



&6 A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

«Páser poco común, que hasta ahora no he podido observar. '" 
«Regiones caliente, templada y meseta. A todas alturas en el Estado de Ve- 
racrnz, menos quizá en la región alpina: también se le encuentra en la meseta.»' 2 ' 



SPERMOPHILA CORVINA. «Sirindaugo. 



(3) 



Spermophila corvina, Sel. P. Z. S. 1859, p. 379 1 ; Ibis, 1871, p. 16 2 ; Sel. et 
Saly. Ibis, 1860, p. 33^; 1867, p. 278 4 ; 1870, p. 830 5 ; Lawr. Aun. Lyc. N. Y. VIII, 
p. 180 c ; IX, p. 102 r ; Snmichrast, Mem. Bost. Soc. N. H. I, p. 551 s ; Frantz. J. f. 
Ora. 1869, p. 301»; Salr. Ibis, 1872, p. 317 10 ; Nntt. et Ridgw. Pr. U. S. Nat. Mus. 
VI, p. 401 11 . 

Sporophüa corvina, Cassin, Pr. Ac. Phil. 1865, p. 169 12 . 

Spermophila badiiventris, Lawr. Aun. Lyc. N. Y. VIII, p. 172 13 ; Baird, 
Traus. Ac. Chicago, I, p. 319, t, 28, f. 3 14 . 

Nigra unicolor; specnlo alari et subalaribus albis; rostro et pedibus nigris. 
Long. tota 4-4, alte 2-2, cauda? 1-8, tarsi 0-55. 

9 satúrate olivácea; alis caudaque obscurioribus dorsi colore limbatis; sub- 
tus dilutior, snbalaribns albis. (Descr. maris et feniiiue ex Choctuiu, Guatemala. 
Mus. nostr.). 

Ilab. México, Orizaba (Snmichrast 8 ), Playa Vicente (Boncard 1 ), Guatemala 
(O. S. 3 , O. S. et F. D. G.), Honduras' (G. M. Vfhitely 5 ), Nicaragua (Wickhaiu 4 , 
Belt 10 , Nutting 11 , Holland 6 , Keniricott 13 - 14 ), Costa Rica (v. Frantzins* 7 12 , Cariniol 7 . 
Arce). «México, Estado de Veracrnz.» <4) 

La Spermojjltila corvina es una ave del Oriente de México; los ejemplares 
típicos provienen del Estado de Veracrnz 8 y do Playa Vicente 1 . También en 
Guatemala y Honduras reside en las florestas orientales, lo mismo que en Costa 
Rica. Sólo en Nicaragua se acerca al Pacífico, pues ha sido descubierta en Los 
Sábalos, en la ribera occidental del Lago de Nicaragua, aunque siempre del 
lado oriental de la Cordillera. Es una especie peculiar de las tierras bajas, y se 
le encuentra asnalmente en los claros de los bosques comiendo semillitas. 

(1) A. L. Herrera. Apuntes de Ornitología. La Migración en el Valle de Me'xico. "La Nat.," 
tomo I, 2. a serie, p. 183. 

(2) F. Sumichrast. Dist. Geog. de las Aves del Estado de Veracrnz. "La Naturaleza," tomo 
I, p. 310. 

(3) A. L. Herrera. Cat. de la Col. de Aves del Museo Nacional, p. 19. 
(-1) Laurencio y Beristain, p. 36. 



A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 5" 

«Región templada (?). Los pocos individuos que lio visto do esta especie, se 
han encontrado cerca de Drizaba.» (11 

[Dos pájaros qne pertenecen probablemente á este género, han sido descri- 
tos sirviendo como tipo ejemplares de origen mexicano, pero nos ha sido impo- 
sible reconocerlos: 

1. Sporophüa othcllo, Bp. Consp. Av. I, p. 498, ex México. Especie negra 
con speculum alar blanco; probablemente es el Orysoborus fanereus ó la Sper- 
mophila corvina. 

2. Spermophila parva, Lawr. Aun. N. Y. Ac. Se. II, p. 382, ex Teliiiantepee 
(Suniichrast). El tipo es una hembra ó pollnelo; es imposible reconocerlo por la 
descripción]. 



VOLATINIA. 

Volatinia, Reichenbach, Av. Syst. t. 79 (1850). 

La Volatinia so distingue de la Spermophila por la forma do las ventanas 
do la nariz, qne son aparentes y están situadas en una membrana en la extremi- 
dad de la fosa nasal; sn forma es algo alargada. En la Spermophila la ventana 
de la nariz no es tan visible y es más redonda. El pico de la Volatinia es más 
largo, agudo y estrecho, el culmen más recto yol tomia encorvado gradualmente. 
El ala es corta y muy redonda; los primarios casi son iguales á los secundarios; 
el tercero y el cuarto son iguales y más largos, ligeramente mayores qno el se- 
gundo y el quinto, el primero casi igual á los secundarios. La cola es algo larga 
y ligeramente redonda. El tarso es igual al dedo medio y la garra. El color ge- 
neral del plumaje es un negro acerado tirando á azul; la hembra es obscura y 
tiene el pecho rayado. 

La Volatinia está diseminada en toda la América tropical, desde el Brasil 
hasta México; pero no se presenta en las Antillas. 



VOLATINIA SPLENDENS. Loquito.»< a ' 

Fringilla splendens, Vieill. N. Dict. d'Hist. N. XII, p. Í73 1 . 

Volatinia jacarina, Sel. P. Z. S. 1859, p. 3G5 2 ; 1864, p. 174 :i ; Sel. et Salv. 

(1) F. Sumichrast. Dist. Geog. de las Aves del Estado de Veracruz. "La Naturaleza,'* tomo 
I, p. 310. 

(2) A. L. Herrera. Cat. de la Col. de Aves del Musco Nacional, p. 19. 

La Nat.-Ser. II — T. IV.— Abril lulrt. 8 



é$ Á. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

Ibis, 1859, p. 17 4 ; P. Z. S. 18G4, p. 352"; 1870, p. 836°; Cab. J. f. Ora. 1861, p. 2 7 ; 
Lawr. Aun. Lyc. N. Y. VII, p. 332 8 ; VIII, p. 177"; IX, pp. 103 w , 2dí n ; Mein. Bost. 
Soc. N. H. II, p. 276 18 ; Bull. U. S. Nat. Mus. n. 4, p. 20 13 ; Sumichrast, Mcm. Bost. 
Soc. N. H. I, p. 552 14 ; Frantz. J. f. Ora. 1869, p. 301 16 ; Salv. P. Z. S. 1870, p. 190'"; 
Cat. Strickl. Col., p. 223 17 ; Wyatt, Ibis, 1871, p. 328 18 ; Salv. et Godm. Ibis, 1879, 
p. 200"; Boucard, P. Z. S. 1883, p. 444*°; Nutt. et Ridgw. Pr. U. S. Nat. Mns. VI, 
p. 383 21 . 

Volatinia jacarina splendens, Borlepsch, J. f. Ora. 1884, p. 295". 

Nitonte-crernloo-nigra unicolor; alis candaque nigris, plnmis prope humo- 
ros albis, rostro nigricante, mandibulre parte basali pallida, podibns corylinis. 
Loug. tota 4-0, abe 1-9, caud¡e 1-7, tarsi 0-G. (Doscr. maris ex Dueñas, Guate- 
mala. Mus. nostr.). 

9 fusca, alis candaque nigricautibus, dorsi colore limbatis; subtus multo 
pallidior, pectoro fusco striato, abdoinino medio sórdido albo. (Descr. feminse ox 
Retalhulen, Guatemala. Mns. nostr.). 

I-lab. México 7 , Mazatláu (Grajson 12 ), Presidio (Torrer), montañas de Colima 
(Xantus 12 ), Valle de México (White 3 ), Jalapa (do Oca 2 ), regiones caliente y tem- 
plada do Veracruz (Sumichrast 14 ), Guichicovi (Sumichrast 13 ), Mérida en Yucatán 
(Schott 11 , Gaumer), Guatemala (Constancia 17 , O. S. et F. D. G.), Honduras (G.M. 
Whitely ), Nicaragua (Nutting 21 ), Costa Rica (v. Frantzius 1 "" 10 , Carmiol 10 ), Pana- 
má (Hicks 9 , Arce 16 , M'Leaunan 58 , Hughes). — Colombia 22 , Venezuela, Guayana 1 . 
«México, región occidental, Oriente, Sur y Mesa Central.» (1) 

La Volatinia splendens se encuentra desdo al nivel del mar hasta 5,000 pies 
de altura, y es una especie sedentaria común en México y Centro América. Fre- 
cuenta los parajes abiertos en que abundan los arbustos bajos. El macho acos- 
tumbra posarse en las ramas exteriores; se lanza al espacio de cuando en cuan- 
do y vuelvo á pararse en ol mismo punto. 

Salmón cogió algunos nidos do Volatinia j acariña cerca de Medellín, en Co- 
lombia. Dice que estaban ocultos con esmero, cerca, ó en ol suelo, entre el zacate 
y las yerbas de los lugares desiertos. Los habían hecho á la ligera, con tallos de 
zacate socos, forrados con pelo ó con los vastagos de una planta en flor. Los 
huevos eran dos, blancos ó azulados, manchados de rojo ó moreno rojo, princi- 
palmente en una zona situada alrededor de la punta más larga. 

«Muy común en los maizales cerca do Mérida y en todas partes.» (2) 

«En las zonas caliente y templada, hasta 1,300 metros.» <3) 

(1) Laurencio y Beristain, p. 36. 

(2) A. Boucard. On a Collection of Birds from Yucatán. (Proc. Zool. Soc. London, June 19, 
1883), p. 444. 

(3) F. Sumichrast. Dist. Geog. de las Aves del Estado de Veracruz. "La Naturaleza," tomo 
I, p. 310. 



A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 59 



PHONIPARA. 

Phonipara, Bouaparte, Consp. Av. T, p. 494 (1850). 

Enetheia, Keicheiibach, Av. Syst. Nat. t. LXXIX (1850). 

Este pequeño género reside principalmente en las Antillas, y cuatro espe- 
cies se presentan en diversas islas. Una sola especie so encuentra en México y 
Centro América, y en la Isla de Coznmel existe una forma muy parecida. 

El pico de la P. pusilla es agudo y el culmen poco curvo; las ventanas do 
la nariz están en la extremidad distal de la fosa nasal, y en frente de ésta hay 
una ligera depresión más definida en algunos ejemplares que en otros. El tonda 
del maxilar es curvo; la parte externa, algo arqueada; el tomia de la mandíbula 
es casi recto desde el ángulo hasta la punta; los lados de la mandíbula son muy 
curvos en la parte de adentro. 

Las piernas son algo pesadas, pues el tarso es casi igual al dedo medio y la 
garra. Las alas son redondas; el segundo, tercero, cuarto y quinto primarios son 
casi iguales, siendo, además, los más largos; la cola es regular y redonda. 

En 1850, Bouaparte propuso el nombre genérico Phonipara para la P. ca- 
nora y varios de sus parientes. Enetheia fué propuesto por Keichenbach, según 
dicen, y ha sido adoptado por varios autores modernos en substitución de Pho- 
nipara. Creemos, sin embargo, que debe conservarse este último nombre, puesto 
que Enetheia fué introducido sin una línea descriptiva, y que las especies tipos 
siempre permanecerán inciertas. En cuanto á cuestión de fechas, Enetheia lleva 
la ventaja, habiéndose publicado, según afirma el Dr. Meyer, el 1.° de Junio de 
1850, mientras que Phonipara viene en el «Conspectns Avinni» del 30 de Julio 
de 1850. 



PHONIPARA PUSILLA. 

Tiaris pusilla, Sw. Phil. Mag. new ser. I, p. 438 1 . 

Enetheia pusilla, Cab. Mus. Hein: I, p. 146-; J. f. Orn. 1861, p. I 3 . 

Phonipara pusilla, Sel. P. Z. S. 1856, p. 304 4 ; 1859, pp. 365 5 , 379 G ; 1864, p. 
174 T ; Lawr. Aun. Lyc. N. Y. VII, p. 298 8 ; IX, pp. 103°, 201 10 ; Bull. U. S. Xat. 
Mus. n. 4, p. 20 u ; Sel. et Salv. P. Z. S. 1864, p. 352 12 ; 1879, p. 507 13 ; Cassiu, Pr. 



60 A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

Ac. Phil. 1865, p. 109' 4 ; Salv. Ibis, 1866, p. 193 15 ; P. Z. S. 1867, p. 142 16 : 1870, p. 
100 17 ; Snmiolirast, Mein. Bost. Soc. N. H. I, p. 552 1 *, Eraulz. J. f. Orn. 1869, p. 
301 w ; Vfvatt, Ibis, 1871, p. 328 20 ; Boucard, P. Z. S. 1883, p. 444 21 . 

Fringüla lepida, Licht. Preis.-Vers. Mex. Vóg., p. 2, cf. J. f. Orn. 1863, p. 
56 22 ; Wagl. Isis, 1831. p. 525 21 . 

Tiaris olivácea, Cassin, Pr. Ac. Phil. 1848, p. 91 (ucc Lathain) 24 . 

Supra olivácea; vértice mítico, genis et pectoro toto nigris, stria superciliari 
a naribns dncta et gula hete flavis; abdoiiiino fusco, crisso oliváceo •iiiteniiixto; 
rostro nigro, pedibns corylinis. Long. tota 4-0, alie 2-0, eaudse 0-7, tarsi 0-6. 
(Descr. maris ex Paraíso, Panamá. Mus. nostr.). 

Hab. México 2 ~' a ~ 2i , Temascaltopec, Real del Monte (Bnllock 1 ), Valle do Mé- 
xico (AVhite 7 ), Córdova (Sallé 4 ), Jalapa (Peaso 24 , do Oca ), Orizaba (Sniniclirast ls ). 
Totoutcpec (Boucard 6 ), Dondomiuguillo (Smiüchrast 11 ), Mérida en Yucatán 
(Schott 1 ", Gamuer'- 1 ), Guatemala (O. S. 15 ), Costa Rica (v. Frautzins 319 - 9 , Carmiol 140 , 
Arcó), Panamá 17 lu (Arce, M'Loaiiuan 812 , Hughes).— Colombia™ 20 . «México, Mesa 
Central, región O. y Sur.» 01 

Bnllock fué el primero que envió á esta especie 1 do México, y después lia 
sido descubierta en casi toda la parte Sur do la República; es común en el valle 
de Orizaba, y sube allí á 4,600 pies de altura 18 . Los ejemplares mexicanos tie- 
nen la cabeza, mejillas y partes inferiores más obscuras. Entro Yucatán y Costa 
Rica, Estado do Panamá y Colombia, se encuentran individuos de mejillas un 
poco más aceitunadas y con la parte negra de la cabeza más limitada; so aproxi- 
man así al ave do Cozumel, en la cual están mejor definidos estos caracteres, 
pues es el eslabón que uno á la especie con la P. olivácea de las Antillas. Sin 
embargo, dudamos que existan los lazos que unen á todas estas aves, aunque 
probablemente las continentales pertenecen á una especie indivisible, aunque 
u u poco variable. 

Salmón encontró á la P. pusilla anidando cu el Estado colombiano de Au- 
tioquía; sus huevos son blancos con manchas morenas 13 . 



PHONIPARA INTERMEDIA. 

Phonipara pusilla, Salv. Ibis, 1885, p. 190 \ 

Eaetheia olivácea intermedia, Riclgw. Descr. Cozumel B., p. 2 L '; Proc. Y. S. 
Nat. Mus. VIII, p. 568 3 . 

(1) Laurencio y lieristain, p. 36. 



A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 61 

P. pusülce affiuissiina, sed píleo dorso concolori, fronte stricte íiigra, regio- 
ne parotica olivácea a gula flava lineóla uigra bene definita separata, forsau dis- 
tingueuda. 

Hab. México, Isla de Cozumel (Benedict 2-3 , Devis 1 , Gauuier). 

El Sr. Gauuier uos lia remitido recientemente una serio de ejemplares de 
esta ave, que es una especie intermedia entre la P. pusilla y la P. olivácea. Di- 
fiere de éstas por su pico, que es más grande y negro, y por el color obscuro del 
dorso. En la actualidad sólo lia sido observada eu Cozumel por todos los colec- 
tores que lian visitado dicha isla últimamente. 



CYANOSPIZA. 

Cycuiospiza, Baird, B. N. Am., p. 500 (1888); Baird, Brew. et Ridgw. N. Am. 
B. II, p. 81. 

Passerina, Vieillot, Anal., p. 30; Cones, Key N. Am. B. ed. 2, p. 390. 

Es un género confinado á los Estados Unidos, México y Centro América; al 
Sur de Guatemala únicamente so presentan las dos especies emigrantes: C. cya- 
nea y C. ciris. Otra especie emigrante, C. amaina, visita el Oeste de México, país 
que cuenta con dos especies peculiares y una tercera especie que suele visitar 
Guatemala. Estas seis especies son todas muy distintas, más, quizá, que las de 
ningún género de igual extensión. 

Generalmente colocan á Cyanospiza cerca de Guiraca y Spermophila; pero 
no tiene nada de común con esos géneros. El pico es decididamente más débil y 
pequeño en proporción al tamaño del pájaro. El ángulo del tomia es menos vi- 
sible, el culmen más recto y algo curvo; el segundo, tercero y cuarto cañones 
son los más largos; el primero, igual al quinto; el ala es algo redonda, pero más 
en las especies sedentarias que en las emigrantes. La cola es casi lisa ó ligera- 
mente recortada. Las patas son bastante fuertes, pues el tarso es casi igual al 
dedo medio y la o-arra. 

El nombre genérico Cyanospiza fué propuesto por el Prof. Baird, en lugar 
de Spiza, que Bonaparte había usado con anterioridad eu diferente sentido. 
Passerina, Yieillot, ha sido adoptado recientemente por el Dr. Coues, No se trata 
de la Passerina de Liiineo, usada en Botánica. 



62 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 



CTANOSPIZA VERSICOLOR. «Gorrión de Oaxaea, 

Prusiano.» (1> 

Spiza versicolor, P. Z. S. 1837, p. 120 1 ; Cab. Mus. Hein. I, p. 148 2 ; Sel. P. Z. 
S. 1857, p. 21P; 1859, pp. 305 4 , 379 5 ; Baird, Mox. Boiuid. Surv. Zool. II, Birds, 
p. 17°; Sel. ct Salv. Ibis, 1859, p. 17 7 ; Dngés, «La Nat.,» I, p. 140 R ; Smiiichrast, 
Mein. Bost. Soc. N. H. I, p. 551 J ; Baird, Bicw. ct Ridgw. N. Am. B. II, p. 86 10 ; 
Lawr. Mein. Bost. Soc. N. H. II, p. 276 u ; Souuctt, Bnll. U. S. Gcol. Surv. IV, p. 
20 12 ; V, p. 393 11 ; Salv. Cat. Strickl. Coll., p. 224 1 *. 

Passerina versicolor, Coues, Kcy N. Am. B. ed. 2, p. 391 15 . 

Cardinalis luxuosus, Less. Rev. Zool. 1839, ]). 41 16 . 

Spiza lazulina, Liclit. Nonioncl., p. 45 (fido Bouaparte"). 

Nigro purpurea; fronte, capite suuiiuo et uropygio cyaneis, pluniis corporis 
supra a fronte postica ad dorsuin ínodiuui et gntture toto sangnineo suffusis, lo^ 
ris nigris; alis ct cauda nigris extus purpureo liiubatis; rostro corneo, podibus 
coryliuis. Long. tota 4-3, alie 2-5, candi» 2-1, tarsi 0-G5. 

9 sujira brnuuoa unicolor, alis et cauda fusco-uigris, illaruiu tectricibus 
dorsi colore liuibatis; subtus inulto pallidior, gula ct abdoniiue medio sórdido 
albidis. (Descr. inaris et feniiiuB ex Presidio, México. Mus. nostr.). 

Háb. Norte América 10 " 12 " 13 - 15 .— México 1 " 2 ' 4 w , Boquillo en Nuevo León (Couch"), 
Tepic (Graysou 11 ), Mazatlán (Graysou 11 , Torrer), Presidio (Torrcr), Cueráinaro 
(Dugés"), Temascal tepec 1 , Orizaba (Siiniichrast 9 , Botteri 3 ), Jalapa (de Oca 4 ), Oa- 
xaca (Boucard s ), Guatemala (Skinuer 7 , Van Patteu 10 ). — Perú? «México, toda la 
República. » <2) 

Aunque fué descubierta cerca de la frontera de los Estados Unidos, lo único 
que daba derecho á la C. versicolor á ocupar nu puesto entre las aves de Norte 
América, era su presencia cu la Península de la Baja California, que es donde 
anida, pues el Si\ Xautiis encontró mi nido y tres huevos el 5 de Mayo en el 
Cabo San Lncns. Sabemos, ahora, que atraviesa el Río Grande, porque el Sr. 
Senuett y el Dr. Merrill la han visto del lado de Texas. Se ha presentado tam- 
bién en Michigan; pero este Estado queda fuera de los límites ordinarios de su 
zona de distribución. En México, la C. versicolor está liberaluieute distribuida, 

(1) A. L. Herrera. Cat. de la Col. de Aves del Museo Nacional, p. l!t. 

(2) Laurencio y Bcristain, p. 36. 

i 



Á. L. HERRÉM.— ORNÍ? ÓLOGÍA MEÍÍíMá. I'..'] 

y, seoúii Grarson. cu Mazatláu es común y sedentaria, lo niisino qno en Tepic. 
El citado viajero dice qne sn canto es dulce y que canta mañana y tarde, parada 
en la pnnta de un arbolillo 11 . Smnichrast la incluyo entre las aves sedentarias 
de Yeracruz; pero asegura que es muy rara, á pesar de que llega á los alrede- 
dores de (Drizaba 9 . 



CYANOSPIZA ROSITA. 

Cyanospiza rosita, Lawr. Aun. Lyc. N. Y. X, p. 397 '; Bull. U. S. Nat. Mus. 
n. 4, p. 20' 2 ; Salv. Ibis, 1874, p. 309 3 . 

La?te cerúlea; dorso certa luce viridescento vix induto, alis et cauda nigri- 
cantibus dorsi coloro limbatis; loris nigris, ciliis albis; abdoiniue toto la?to rosa- 
ceo pleruinque ca?ruleo intermixto, crisso puré rosaceo; rostro corneo, mandíbula 
snbtus pallida, pedibus coryliuis. Long. tota 6-3, ala? 2-8, caudas 2-1, tarsi 0-G5. 

? supra fusca, dorso postico et cauda ca?ruloscentibus; snbtus brunnea, ven- 
tro pallidiore et rosaceo lavato. (Dcscr. maris et feminse ex Cacoprieto, Tehuan- 
tepce, México. Mus. nostr.). 

Hab. México, Cacoprieto, Istmo de Tehnantepec (Suuiichrast 123 ). 

Es otra especie muy hermosa, cuya zona de distribución está limitada íí un 
reducido distrito del Istmo do Teliuautepoc. El Prof. Snmichrast lia sido el único 
que la lia encontrado, y nos ha remitido ejemplares de ambos sexos y machos 
jóvenes en muda. 

La combinación de azul y rosa que ofrece el plumaje de esta especie, indica 
que puede ocupar una posición intermedia entre la C. cyanea y la C. ciris; pero 
fuera de eso no tiene nada de común con ollas, y la C. rositce es, en realidad, una 
forma muy aislada, tan distinta de hecho como cualquiera otra especie de Cya- 
nospiza, género notable por el carácter definido de todas sus especies, que tam- 
poco presentan variaciones perceptibles entre sí. Si los caracteres específicos de 
todas las aves tuvieran la precisión que se nota cu los miembros de Cyanospiza, 
su definición sería fácil tarea para los ornitologistas. 



CYANOSPIZA LECLANCHEPvI. 

Passerina ¡edancheri, Lafr. Mag. Zoo!. 1811, Ois. t. 22 1 . 
Spiza leclancheri, Bp. Consp. Av. I, p. 475*. 



(',4 A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

Cyanospiza leclancheri, Dngés, «La Nat.,» I, p. 140'; Sel. ct Salv. P. Z. S. 
1870, p. 551 4 ; Lawr. Mom. Bost. Soo. K H. II, p. 277'; Bull. U. S. Nat. Mus. n. 
4, p. 20"; Salv. P. Z. S. 1883, p. 421 7 . 

Supra lrete cserulea, dorso medio paullo obscuriorc, eapito summo flavo- 
viridis alis caudaque fusco nigricantibus dorsi colore limbatis; oculoruui ambitu, 
loris et corpore toto subtus flavissimis, pectore rubro-auraiitio; rostro corneo; 
pedibus corylinis. Loug. tota 4-8, abo 2-8, caudre 2-2, tarsi 0-G5. (Doscr. raaris 
ex Tchuantepec, México. Mus. nostr.). 

9 mari siniilis, sed coloribus ómnibus miuus nitidis. 

Hab. México, Acapulco (Lcclancher 1 , A. H. Markkam 7 ), San Juan del Río 
(Rébouch 4 ), Sierra Madre, Río de la Ameria (Xantus 5 ), Tápana", ciudad de Tc- 
huantepec 1 ', Cacoprieto (Sumiclirast). «Región occidental y Sur.» (,) 

Esta hermosa especie fué descubierta por M. Leclancher, oficial del buque 
francés «Venns,» en Acapulco 1 . Cerca de allí el Capitán A. H. Markliam obtuvo 
un ejemplar en el mes do Marzo de 1880, es decir, cuarenta años después 7 . La 
C. leclancheri, como la llamó el Barón Lafresnaye, está confinada á la región 
occidental de México, y sólo penetra un poco tierra adentro, pues San Juan del 
Río es el punto más alojado de la costa eu que la liemos visto 4 . El límite más 
meridional de su zona de distribución está cu las cercanías de Teliuautepec, 
donde fué descubierta por Sumichrast, quien nos envió algunos ejemplares 6 . 

Se dice que la hembra es igual al macho, pero que su color es menos vivo. 
Por lo tanto, la especie difiere de todos sus congéneres, pues en ellos se nota 
una marcada diferencia entre los sexos. 



CYANOSPIZA AMiENA. 

Emberiza amcena, Say in Long's Exp. II, p. 47 \ 

Cyanospiza amcena, Baird, Brew. et Ridgw. N. Ain. B. II, p. 84 2 ; Lawr. 
Mem. Bost. Soc. N. H. II, p. 276 ». 

Passerina amcena, Conos, Key N. Am. B. od. 2, p. 391 4 . 

Capite, cervice undique, tectricibus alarum ininoribus et uropygio hoto en- 
ruléis, dorso nigricaiite-cperuleo; alis et cauda nigris, dorsi coloro limbatis, illis 

(1) Laurencio y Beristain, p. 36. 



A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 65 

fascia alba uotatis, pectore líete castaueo; corpore subtus reliquo albo; rostri 
maxilla cornea, mandíbula paluda, pedibus obscure corylinis. Long. tota 4-7, 
ala? 2-9, cauda? 2-2, tarsi 0-65. (Descr. maris Salt Lake City, Smiths. Inst. n. 
58,596. Mus. nostr.). 

9 supra f nsco-brunnea, plumis medialiter vix obscurioribus; subtus sordide 
albicaus, veníre imo paullo pallidiore. (Descr. exempl. ex California, Smiths. 
Inst. n. 79,652. Mus. nostr.). 

Hab. Xorte América 24 . — México, Mazatlán (Grayson 3 ), Yalle de México 
(Mus. S. et G.). 

Probablemente abunda más en México do lo que parece, pues las únicas 
noticias que tenemos de su existencia dentro de nuestros límites, son las que nos 
da Grayson de su presencia en Mazatlán 3 y una piel que encontramos en una 
gran colección de aves de la ciudad de México. Parece que en los Estados Uni- 
dos es una especie emigrante, como la C. cyanea y la C. ciris, y que llega en 
Mayo á la Colombia británica, límite septentrional de su zona de distribución. 
Tainbiéu se le encuentra en Arizona, de donde indudablemente se traslada á So- 
nora, v de ésta al Sur. 

La C. amcena es una especie occidental que reemplaza á la C. cyanea orien- 
tal en el Oeste; muchas de sus costumbres son idénticas, así como su canto. Ase- 
gurau que hacen un nido macizo de zacates entrelazados, forrados con cerdas y 
telarañas. Lo cuelgan de la horquilla de un arbusto, á unos cuantos pies de al- 
tura. Los huevos son de color azul pálido cuando están frescos, y con un poco 
de tiempo se ponen de un color blanco azulado 2 . «Su canto no es, como se ase- 
gura, enteramente diferente del de la C. cyanea; por el contrario, á mí, por lo 
menos, me parece muy semejante. Es una melodía simple y aun débil, algo mo- 
nótona, y emitida con desaliento, como si el pequeño ejecutante estuviese can- 
sado ó fuese indiferente. Cuando canta, se coloca generalmente en algún sitio 
prominente, cerca ae una alameda ó en algún paraje abierto cubierto de maleza; 
si vuelve con frecuencia al mismo punto, es seguro que tiene ocultos allí á su 
hogar y á su consorte. La primera puesta se efectúa en Mayo. El nido está he- 
cho con zacates forrados de pelo y es bastante grande; lo cuelgan en el gaucho 
de un arbusto bajo, como la Poozpiza bilineata; ponen de tres á cinco huevos.» 

La descripción del Dr. Cooper es excelente: «Un nido colectado el 7 de Mayo 
en un arbusto bajo, cercano al camino real, era muy macizo, estaba á uuos tres 
pies de altura, sostenido por el triple gancho de la rama, y se componía de vai- 
nas de zacate muy bien entretejidas y forradas con cerdas y telarañas. La parte 
exterior inedia tres pulgadas de alto por tres y tres cuartos de ancho; la interior 
medía dos de ancho por una y tres cuartos de fondo. Los huevos eran de un 
blanco azulado pálido, y tenían 0-75 por 0-56 de pulgada.» Describe otros ni- 
dos colocados de la misma manera, pero hechos con raíces fibrosas, tiras de cor- 
toza y zacates forrados con vello de plantas ó cerdas: éstos contenían cuatro ó 

La Nat— Ser. II— T. IV.— Mayo 1904. 9 



66 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

cinco huevos. El Sr. Merriain colectó tres en Utah; «uno estaba en un roble a 
tres pies de altura y los otros dos se hallaban ¡í dos pies del suelo. General- 
mente ponen cuatro huevos, á principios ó á mediados de Junio, en un bonito 
nido afelpado, hecho con zacatitos y lana forrada de pelo.» 

«Segiiu el Sr. Trippe, la C. amcena abunda en las llanuras de Colorado, y 
sube hasta 6,000 pies; nunca se aventura á 7,000 ú 8,000, y rara vez llega á esos 
límites. Es una preciosa avecilla, cuya voz y costumbres se parecen á las de la 
C. cyanea; su cauto es débil é indeciso, exactamente como el de aquélla » (U 



CYANOSPIZA CYANEA. « Azulejito.» < 2 > 

Tanagra cyanea, Lyun. Syst. Nat. I, p. 315 1 . 

Cyanospiza cyanea, Sel. P. Z. S. 1859, p. 379-; 1864, p. 174 f ; Sel. et Salv. 
Ibis, 1859, p. 18 4 ; P. Z. S. 1870, p. 836 5 ; Cab. ,T. f. Ora. 1861, p. 2"; Lawr. Aun. 
Lyc. K Y. YIII, p. 180 7 ; IX, pp. 103*, 201"; Bull. U. S. Nat. Mus. n. 4, p. 20 10 ; 
Dngés, «La Nat.,» I, p. 140"; Snmichrast, Mem. Bost. Soc. ¥. H. I, p. 552 12 ; 
Frantz. J. f. Ora. 1869, p. 301 13 ; Salv. P. Z. S. 1870, p. 190 14 ; Ibis, 1872, p. 317 I5 ; 
Cat. Strickl. Coll., p. 224 lü ; Ibis, 1885, p. 190 17 ; Baird, Brew. et Ridgw. K Ara. 
B. II, p. 82 18 ; Gundl. Av. Cub., p. 93 19 ; Sennett, Bull. U. S. Geol. Surv. IY, p. 
20 2 "; Boucard, P. Z. S. 1883, p. 444 21 ; Ñutí, et Ridgw. Pr. TJ. S. Nat. Mus. YI, pp. 
373 22 , 383 23 , 392 * 

Passerina cyanea, Coues, Key N. Am. B. ed. 2, p. 391 25 . 

Casrulea, capite saturatius, corpore reliquo certa luce viridiscente; alis cau- 
daque fusco-nigricantibus, dorsi colore limbatis; rostro corneo; pedibus })luin- 
beis. Long. tota 4-7, ala? 2-7, canda? 2-1, tarsi 0-75. (Descr. maris ex Choctum, 
Guatemala. Mus. nostr.). 

9 brunnea, alis caudaqne fuscis dorsi colore limbatis; subtus pallide fnsco- 
alba, pectore et hypochondriis fusco striatis. (Descr. feminse ex Cobau, Guate- 
mala. Mus. nostr.). 

Hab. Norte América 18 20 ~ 25 . — México, Guanajiiato (Dngcs 11 ), Yalle de México 
(AVhite 3 ), Estado de Yeracrnz en Invierno (Snmichrast 12 ), Totontepec, Playa Yi- 
cente, Oaxaca (Boucard-), Santa Efigenia (Siunielirast 10 ), Mérida en Yucatán 
(Schott"), Progreso (Gaumer 21 ), Cozumel (Devis 17 ), Honduras Británicas (Blanca- 

(1) E. Coues. Birds of the Nortlrwest, p. 170. 

(2) A. L. Herrera. Cat. de la Col. de Aves del Museo Nacional, p, 19. 



A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 67 

neaux), Guatemala (Constancia" 1 , O. S. 4 , O. S. et F. D. G.), Salvador (O. S.), Hon- 
duras (G. M. Whitely 5 ), Nicaragua (Belt 152Dj2 , Nntting, Holland 7 ), Costa Rica 
(v. Frantzius ,iS "' ! , Carmiol 8 ), Panamá (Arce). — Cuba 1 ". «México, región occiden- 
tal, oriental y Sur.» 1 

El pájaro índigo, nombre con que se designa á esta especie en los Estados 
orientales de Norte América, visita en Invierno México y Centro América, y se 
disemina en esa estación por una gran parte del país, llegando, al Sur, hasta el 
Estado de Panamá. Su zona de distribución en México está casi confinada á la 
parte oriental, pues, aunque se han seguido sus huellas hasta Guanajuato y hasta 
el Valle de México, no se presenta en las regiones occidentales, excepto en el 
Istmo de Tehuantepec, zona de distribución de A'arias aves, cuyos cuarteles de 
Verano abarcan los Estados orientales del continente septentrional. En Guate- 
mala es común y anda en parvadas poco numerosas, compuestas por individuos 
de diversas edades; rara vez se ven machos adultos. Allí es una especie melan- 
cólica y sin importancia; no cauta, no hace más que chillar. Permanece en el 
Sur desde Septiembre hasta Abril. En Cuba frecuenta las plantaciones limita- 
das por bosques, pero nunca las florestas 1 '. 

En los Estados Unidos, la C. cyanea es muy conocida como ave veraniega, 
y anida en toda su zona de distribución septentrional. En el centro de un mato- 
rral bajo y tapido hace su nido con zacates y lirios, y lo forra cou pelo. Por lo 
resular. sus huevos son blancos, matizados de azul claro. El Dr. Coues agrega 
que suelen estar manchados. 

Su canto es insignificante. El Dr. Coues dice que es un poco débil, y que 
el ejecutante lo emite como si estuviera cansado ó careciera de entusiasmo. 

Anualmente envían á Europa gran número de ejemplares; es costumbre te- 
nerlos en jaula. 

«No necesitamos ocuparnos de los hábitos de esta primorosa especie, tan co- 
nocidos por todos los aficionados á la ornitología. Unas veces los huevos son 
blancos; otras, azules ó azulados, manchados de rojizo. Parece que estas descrip- 
ciones no son contradictorias ni erróneas, sino que los huevos varían mucho. 
Los huevos azulados pasan, por regla general, del azul al blanco, y de vez en 
cuando están manchados. Eso es lo que pasa con los huevos de la Poospiza bi- 
lineata, por ejemplo, y presumo que sucederá con los de la C. amana, lo misino 
que con los de la Calamospiza bicolor, de la Euspiza americana y aun del Tur- 
chis fuscescens. Empero, la numerosa colección que tengo á la vista, está com- 
puesta de huevos blancos ligeramente azulados. Un buen ejemplar mide 0-72 
por 0-52. Es imposible distinguir los huevos de la C. amaina. Los de la Guiraca 
ccerulea tieuen el mismo color; pero naturalmente son más grandes. Otra espe- 
cie, colocada comunmente en el género Cyanospiza, es decir, la C. ciris, pone un 
huevo distinto por completo: blanco mate muy manchado de moreno rojizo, íno- 

(1) Laurencio y Beristain, p. 36. 



68 A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

reno obscuro ó gris purpúreo. Dicha coloración es muy semejante á la que pre- 
sentan los huevos de Junco y de Spizella pusilla.-» m «Nido, en el gancho de un 
arbusto, abajo; es de hojas, zacates y corteza, forrados con idénticos materiales. 
Huevos, 3-5; blancos, matizados de azul, manchados alguna que otra vez do mo- 
reno rojizo; 0-73 por 0-53. 

En Indiana es común y sedentario en Verano. El plumaje azul y el alegre 
canto del macho, son conocidos por todas las personas que han estado algún 
tiempo viviendo entre matorrales, alamedas y zarzas. Prefieren los lugares so- 
cos, y muy pocas veces so les observa en sitios bajos ó pantanosos. 

Los machos llegan uno ií ocho días antes que las hembras. La estación do 
los amores empieza poco después de su arribo. Suelen llegar ya casados. El Sr. 
V. H. Barnett descubrió un nido con dos huevos en Spearsville, el 14 de Mayo 
de 1895. Anidan comunmente á fines de Mayo y principios de Junio. De cuando 
en cuando tienen dos crías en Verano. El Sr. J. O. Suyder asegura haber obser- 
vado que estas aves usan el mismo nido dos años sucesivos. Los machos conti- 
núan cantando hasta el 1.° de Agosto. Cuando cesan de cantar son menos nota- 
bles. Parten á fines de Agosto y durante Septiembre. Los machos viejos se mar- 
chan primero. 

Son muy numerosos; frecuentan todos los parajes en que hay arbustos, ya 
estén en las haciendas, ya en los huertos, y pueden alimentarse con diversas 
substancias, así es qne son acreedores á la protección del hombre, pues son in- 
estimables para tener a raya á los insectos dañinos. El Prof. King descubrí»') 
que de 19 individuos, 2 comieron orugas; 1, 2 escarabajos; 1, 1 chapulín; 1, fram- 
buesas; 1, sanco, y 18, semillas de diversas yerbas (Geol. of Wis., I, p. 572). El 
Prof. Forbes observó que el 78% del alimento ingerido por los individuos que 
examinó, consistía en medidores (Rept. Mich. Hort. Soc, 1881, p. 204). Descu- 
brió, asimismo, que comen otra clase de orugas, escarabajos y hemípteros.» (2; 

«Esta preciosa especie ha sido observada en casi todas las localidades del 
Estado que he visitado, y en otras muchas en que es sedentaria en Verano. Lle- 
ga con gran uniformidad, en esta latitud, en la primera semana de Mayo, y co- 
mienza a anidar generalmente en la tercera semana. Se encuentra el nido, con 
mayor frecuencia, en las alamedas que limitan ó dividen los bosques en que 
abundan los zarzales y arbustos; está colocado en las ramas, á tres # cuatro pies 
de altura, y cubierto completamente por un dosel de follaje. Generalmente la 
parte exterior está formada de hojas y zacates ásperos, y la interior, de raíces 
finas y cortezas fibrosas, liadas con algunas cerdas. Los huevos son cinco y de 
color blanco; hay dos crías al año. El Sr. Lewis encoutró polluelos el 8 de Ju- 
nio en Pipestone, y el Dr. Hooslef el 21 de Julio en Lanesboro. Las personas 



(1) E. Coues. Birds of the Northwest, p. 171. 

(2) A. W. Butler. The Birds oi' Indiana. Department of Geology. 22" Annual Report. 1897, 



p. 982. 



A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 69 



que residen en el campo conocen sus costumbres mejor que los profesionales, á 
quienes la ambición de reunir notas extensas expone á errores de consideración. 
Un observador de los rasgos característicos de las aves, que vivió muchos años 
en una de las localidades más propias para el caso, me ha asegurado que la C. 
cyanea acostumbra, muy de tarde en tarde, elevarse, revolotear y gorjear como 
la alondra. No habiendo presenciado nunca tales demostraciones, ni encontrado 
noticia de ellas en ninguna parte, me limito simplemente a repetir lo que me han 
dicho.» w 



CYANOSPIZA CIRIS. «Siete colores, Huahntotol.* 



(2) 



Emberiza cirís, Linn. Syst. Nat. I, p. 31 3 1 . 

Cyanospiza ciris, Sel. et Salv. Ibis, 1859, p. 17 2 ; P. Z. S. 1870, p. 836 3 ; Sel. 
P. Z. S. 1859, p. 379 4 ; Lawr. Ann. Lyc. N. Y. VIII, p. 177^; IX, pp. 103°, 201 7 ; 
Mein. Bost. Soc. N H. II, p. 276 8 ; Bull. TJ. S. Nat. Mus. n. 4, p. 20 a ; Salv. P. Z. 
S. 1870, p. 190 10 ; Cat. Strickl. Col!, p. 224"; Ibis, 1885, p. 190 ,2 ; Dresser, Ibis, 
1865, p. 491 13 ; Dugés, «La Nat.,» I, p. 140 14 ; Sumichrast, Mem. Bost. Soc. N. H. 
I, p. 552 13 ; Frantz. J. f. Orn. 1869, p. 301 1G ; Baird, Brew. et Ridgw. N. Ara. B. II, 
p. 87 '; Gundl. Orn. Cnb., p. 93 1S ; Sennett, Bnll. IT. S. Geol. Surv. IV, p. 20 1! '; V, 
p. 392 20 ; Boucard, P. Z. S. 1878, p. 57 iU , 1883, p. 444- Nutt. et Ridgw. Pr. U. S. 
Nat. Mus. VI, pp. 383- 3 , 392 24 . 

Spiza ciris, Moore, P. Z. S. 1859, p. 68 "; Taylor, Ibis, 1860, p. lll 2 '. 

Passerina ciris, Coues, Key N. Am. B. ed. 2, p. 397 27 . 

Capite et cervice tota (preeter partem anticam) líete csernleis, dorso medio 
stramineo; alis et cauda fnscis purpureo suffusis, tectricibus alarnm minoribns 
purpuréis, majoribus viridibus; dorso imo rufo-purpnreo, ciliis et corpore toto 
subtns coccineis; rostro corneo, pedibns obscure corylinis. Long. tota 5-0, ala? 
2-9, canda? 2-2, tarsi 0-75. (Descr. maris ex Volcan de Agua, Guatemala. Mus. 
nostr.). (No es exacta la descripción; véase Ridgw., p. 449). 

? viridi-olivacea, alis caudaque extus ejusdem colorí subtns fulva, latera- 
Jiter oliváceo, medialiter rosaceo lavata. (Descr. femime ex Escuintla, Guate- 
mala. Mus. nostr.). 

(1) Notes on the Birds of Minnesota by Dr. P. L. Hatch. First Report of the State Zoologist, 
p. 343. 

(2) A. L. Herrera. Cat. de la Col. de Aves del Museo Nacional, p. 19. 



70 A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

Hab. Norte América IMM,w0 ^ r .— México (Mann 11 ), Cuerámaro (Dngés 14 ), Ma- 
zatlán (Grayson 8 ), Presidio (Torrer), Llanos de Colima (Xantus 8 ), Playa Vicente 
(Boucard 4 ), Estado de Veracruz en Invierno (Sumichrast 1 '), Santa Efigenia, ciu- 
dad de Tehnantepec (Sumichrast"), Mérida en Yucatán (Schott 7 , Ganmer 22 ), Co- 
zumel (Devis 12 , Ganmer), Honduras Británicas (Leyland 86 ), Guatemala (Ley- 
land 2 ', O. S. 2 , Ó. S. et F. D. G.), Honduras (Leyland 25 , Taylor 2i; , G. M. Whitely'), 
Nicaragua 24 ~ 2:! (Nutting), Costa Rica M:! (v. Frantzius 16 , Boucard 81 ), Panamá (Ar- 
ce 10 , Hicks 5 ). — Cuba 18 . «México, región occidental, oriental y Sur.» (1) 

Como su congénere C. cyanea, es una ave familiar, en Yerano, en la parto 
más meridional de los Estados Unidos que colinda con el Atlántico y con el 
Golfo de México. En su emigración meridional se extiende casi tanto como la 
C. cyanea, y llega hasta el Estado de Panamá; pero en México llega á los alre- 
dedores de Mazatlán, en donde fué observada por Grayson y Torrer. En Gua- 
temala abunda por doquiera hasta una altura de 5,000 pies. Por lo general, anda 
en pequeñas parvadas en los campos abiertos y cerca de los límites de los bos- 
ques, pero no adentro. En Cnba acostumbran tenerlo en jaula, no sólo por la 
belleza de su plumaje, sino también por su agradable canto 18 . En los Estados 
Unidos anida al comenzar Mayo, empleando zacate seco mezclado con seda de 
orugas, pelo y raicecillas finas. El color del fondo de los huevos es blanco aper- 
lado obscuro, manchado con ronchas y vírgulas de purpúreo y moreno rojizo; 
por lo tanto, difieren considerablemente de los huevos de la C. cyanea y de la 
C. amcena. 

En los Estados Unidos capturan un sinnúmero de individuos, y muchos son 
enviados á Europa. Allá son aves de jaula favoritas, y se acomodan pronto al 
encierro, criando frecuentemente en cautividad. 

«La Cyanospiza ciris es común en todos los lugares descubiertos y en los 
pueblos; á menudo se deja ver en las calles principales de Mérida, pero con más 
frecuencia en la costa. Yive entre las yerbas y breñas. Se alimenta con semillas. 
Es algo rara en Estío. » (2) 



HAPLOSPIZA. 



Haplospiza, Cabanis, Mus. Hein. I, p. 147 (1881). 

En este género se han colocado dos especies: la de México y la H. unicolor 
del Brasil. Es pariente próximo del Phrygüus, y si conociéramos el color del 

(1) Laurencio y Beristain, p. 36. 

(2) A. Boucard. On a Collection of Birds from Yucatán. (Proa Zoo!. Soc. London, June 19, 
1883), p. 444. 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 71 

plumaje de ambos sexos, sería conveniente confundir la Haplospiza con el Phry- 
gilus. 

El pico de la H. uniformis es algo largo y agudo; el culmen, casi recto; el 
tomia del maxilar es curvo y la parte externa ligeramente ondulada. La parte 
correspondiente de la mandíbula es recta. Las alas están algo apartadas; el se- 
gundo y tercer primarios son los más largos; el tercero, un poco más largo que 
el primero. La cola es regular y casi cuadrada. Las patas también son regula- 
res y las garras débiles; el tarso es más largo que el dedo medio. 



HAPLOSPIZA UNIFORMIS. 

Haplospiza uniformis, Sel. et Salv. Nomeucl. Av. Neotr., pp. 29, 157 \ 
Plumbesceuti-ciuerea unicolor, subtus vix dilutior, reinigibus et rectricibus 
intus cinereo-nigricautibus; rostro et pedibus pallide corylinis. Long. tota 5-0, 
ala? 3-0, cauda? 2-0, rostri a rictu 0-0, tarsi 0-75. (Descr. exempl. typ. ex Jalapa, 
México. Mus. nostr.). 

Hab. México, Jalapa (de Oca 1 ). 

Hasta la fecha sólo conocemos á esta especie por el ejemplar único que era 
el tipo de la descripción. Vino en una colección remitida por el Sr. R. Montes 
de Oca. 

Es pariente de la II. unicolor brasileña, pero es más grande; tiene el pico 
de mayor tamaño, las alas más largas y las patas más fuertes. El color general 
es un poco más obscuro. 



AMPHISPIZA. 

Amphispiza, Coues, Birds N. "W., p. 234. 

El Dr. Coues propuso este nombre para las dos especies norte-americanas, 
conocidas anteriormente con los nombres de Poospiza bilineata y P. belli, pues 
el Sr. Sclater las colocó en Poospiza en 1857. El tipo del último género es la P. 
nigro-rufa, especie snd-americana asociada con otras diez ú once; todas ellas, 
con excepción de la P. bonapartii, de la región occidental del Perú, pertenecen 



72 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

á distritos situados al Snr del cauce del Amazonas, pues la metrópoli del género 
está en la región superior de La Plata y en los puntos adyacentes de Bolivia. 
La Amphispiza se distingue de la Poospiza, porque su pico es más grueso y el 
culmen más prominente y menos agudo hacia la base; también los lados del 
maxilar son un poco más prominentes; pero esas diferencias no son tan grandes 
como era de esperarse, teniendo en cuenta lo muy distinta que es su zona de dis- 
tribución. 

El Sr. Ilidgway ha colocado en este género á la Zonotrichia quinquestriata, 
y opinamos que tiene razón; pero no seguimos su ejemplo asociando á la Zono- 
trichia mystacalis con el mismo género, pues este pájaro debe colocarse en Hce- 
mophila, en unión de //. humeralis, con el cual es evidente que está estrecha- 
mente relacionado. Sus alas cortas y redondas y su larga cola, indican que este 
es su verdadero puesto. 

El pico de la A. bilineata es de regulares dimensiones, algo agudo; el tomia 
del maxilar es anguloso; la parte externa, ligeramente cóncava; las ventauas de 
la nariz están á descubierto. Las alas son redondas; el segundo, tercero, cuarto 
y quinto cañones son iguales, y son los más largos; la cola es un poco redonda, 
casi igual á las alas; las piernas son algo gruesas; el tarso, más largo que el dedo 
medio y la garra. 

La A. quinquestriata presenta estos caracteres; pero es una ave más grande 
con un pico más prolongado. 



AMPHISPIZA BILINEATA. 

Emberiza bilineata, Cassin, Pr. Ac. Phil. 1850, p. 104, t. 3 1 . 

Poospiza bilineata, Sel. P. Z. S. 1857, p. 7 2 ; Baird, U. S. Bouud. Surv. II, 
Birds, p.'15 3 ; Baird, Brew. et Bidgw. K Am. B. I, p. 590 4 . 

Amphispiza bilineata, Coues, Birds N. W., p. 234 5 ; Key N. Am. B. ed. 2, p. 
375 6 ; Sennett, Bnll. U. S. Geol. Surv. IV, p. 18 7 ; Belding, Pr. U. S. Nat. Mus. 
VI, p. 343 8 . 

Supra miuimus fere unicolor, alis fusco-uigricantibus dorsi colore liinbatis, 
cauda nigricaute, rectricibus duabus utrinque externis albo terminatis, extima 
quoque iu pogonio externo alba; superciliis elongatis, ciliis (pro parte), stria ric- 
tali pectoris, lateribus et abdomine toto albis; genis griseis, loris et gutture toto 
nigris, hypochondriis nmrino tinctis, rostro et pedibus plumbeo-nigris. Long. 
tota 4-8, ala» 2-35, caudas 2-3, tarsi 0-7. (Descr. femina? ex La Paz, California. 
Mus. nostr.). 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 



<? foiniíia? oniniuo similis. 

Av. jnu. dorso medio vix striato, corpore subtus omnitio albo, pectore niu- 
rino vix striato. (Descr. exeuipl. ex México. Mus. nostr.). 

Hab. Norte América 017 . — México, Tamaulipas (J. H. Clark 3 ), Guayinas 
(Belding s ). «Baja California y Estado de Sonora.» (1) 

No es común en México, y no tenemos ejemplares colectados en localidades 
definidas de ningún punto meridional ó central de diclio país, ni noticias de que 
haya sido obtenido allí. En la frontera septentrional parece qno se presenta con 
más frecuencia en el Valle del Río Grande, en el del Gila y en los terrenos ad- 
yacentes. También ocurre en California y es emigraute en la parte Norte de su 
zona de distribución 6 . Se dice que el canto de la A. büineata es simple, pero que 
sus notas son sumamente dulces 4 . Generalmente hacen su nido en una mata de 
salvia, lo ponen cerca del snelo y lo tejen con pajas, forrándolo con raíces. Los 
huevos tienen la forma de un óvalo redondo, y son blancos, ligeramente matiza- 
dos de azul cuando están frescos 4 . 



AMPHISPIZA QUINQUESTRIATA. 

(Zonotrichia quinquestriata). 

Zonotrichia quinquestriata, Sel. et Salv. P. Z. S. 1868, p. 323 \ 

Ámphispiza quinquestriata, Bidgw. Ibis, 1883, p. 400 2 . 

Schistacea, interscapulio vinaceo tincto; alis caudaque fnsco-iiigricautibns, 
secnndarioruin et tectricum majorum marginibus extoruis brnnnesceutibus; su- 
perciliis, striga utrinque rictali et gula media albis; gula superiori utriuque et 
inferiori tota emú pectore medio nigris; ventre medio, hypochoudriis et crissi 
plninariim marginibus nigris; rostro nigricauti-aeneo, mandíbula flavo notata; 
pedibus corylinis. Long. tota G-5, alpe 2-8, cauda? 2-5, tarsi 0-7. (Descr. exenipL 
typ. ex México. Mus. Brit.). 

Hab. México 1 . «Mesa Central.» (2) 

El tipo de esta especie es el único ejemplar que hemos visto hasta la fecha. 
Permaneció largo tiempo en poder del Sr. Gould, á quien le fué enviado en 
unión de algunos chupamirtos mexicanos. A juzgar por la preparación de la 
piel, creemos que la hizo Floresi, quien residió en los distritos mineros de la re- 
gión contral de México y fué corresponsal de Gould. 

(1) Laurencio y Beristain, p. 36. 

(2) Laurencio y Beristain, p. 36. 

La Nat.— Ser. II — T. IV.— Mayo 1UU4. 10 



74 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 



ZONOTRICHIA. 



Zonotrichia, Swainson, Fann. Bor.-Am. III, p. 193 (1831); Baircl, Brew. et 
Ridgw. N. Aui. B. I, p. 565; Coues, Key N. Am. B. ed. 2, p. 381. 

Swainson fuó ol primero que usó este nombre, eu sentido subgouérico, apli- 
cándolo á varias especies americanas que más tarde se han separado, formando 
otros tantos géneros. Una de ellas, Z. leucophrys, ha sido elegida como tipo del 
género Zonotrichia. Aunque varias aves, mexicanas la mayor parte, lian sido 
agregadas á Zonotrichia, principalmente por el Sr. Sclater y otros, más tardo se 
los lia colocado en otro sitio, do manera es que en la actualidad el género con- 
tiene unas diez especies, de las cuales seis habitan el Norte y tres el Sur; estas 
últimas son la Z. pileata y sus dos parientes patagones; la décima os la Z. vid- 
cani anormal do las montañas de Costa Rica, cuya verdadera posición está toda- 
vía por decidirse. Do las especies septentrionales, sólo dos penetran en nuestra 
región, aunque indudablemente la Z. querida se presenta tanto del lado meri- 
dional como del lado septentrional dol Valle del Río Grande. 

La Zonotrichia parece ser Spiza por excelencia, y sería colocada entre los 
Emberizince, así como otros varios géneros aliados, por los aficionados á emplear 
subfamilias, en la gran familia Fringillidw. 

El pico de la Z. leucophrys es de regular tamaño, cónico; el culmen casi 
recto; ol maxilar es algo prominente abajo de las narices y uu tanto deprimido 
hacia la punta; el tonda presenta un ángulo; hay una membrana sobro la fosa 
nasal, arriba de las ventanas de la nariz. El tarso y el dedo medio con su garra 
son sub-igualos, y los dedos laterales lo misino. El segundo, tercero y cuarto 
cañones del ala son iguales y más largos, y forman la punta del ala; ol primero 
es igual al quinto; los secundarios llegan á 3 / 8 de pulgada de los primarios más 
largos; la cola es casi pareja y casi tan larga como las alas. Generalmente el 
plumaje es rayado á la mitad del dorso; las alas tienen dos líneas blanquizcas; 
la suporficio inferior no os rayada; la cola tiene los rectrices laterales lisos; la 
cabeza presenta una raya á la mitad (invisible on algunas especies meridionales). 

«Pasan la mayor parte del tiempo en ol suelo, como los Emberizince. Unos 
habitan las florestas, evitando los parajes descubiertos; otros bnscan los sitios 
húmedos, las orillas de las corrientes; otros, los campos y las praderas, las pla- 
yas del mar; algunos reemplazan á los gorriones europeos en el Nuevo Conti- 
nente, 



Á. L. Herrera.— ornitología mexícaná. % 

«Como el gorrión doméstico, yívou cerca de las habitaciones, rondan sin ce- 
sar alrededor do las casíis, anidan en los arbustos que las circundan y se alimen- 
tan con los granos qno encuentran en el suelo. » (1) 



ZONOTRICHIA LEUCOPHRYS. «Zacatero. 



(2) 



Emberiza leucophrys, Forster, Phil. Trans. LXII, pp. 403, 426 \ 
Zonotrichia leucophrys, Baird, Mox. Bonnd. Snrv. II, Birds, p. 15 2 ; Sel. P. 

Z. S. 1864, p. 174 1 ; Dugos, «La Nat.,» I, p. 140 4 ; Baird, Brew. et Ridgw. N Am. 

B. I, p. 566 5 ; Cones, Key N. Am. B. ed. 2, p. 383 6 . 

Supra scliistacea, uropygio brnnnesconte immacnlato, dorso medio rnfes- 
cente-brnuneo striato; capite summo nigro, vértice medio late, superciliis (ab 
oculis) et ciliis ipsis albis, alis ot cauda brunneis, illis albo bifasciatis, snbalari- 
bns et campterio albis; subtns grísea gnla et abdoinine medio albidis, crisso isa- 
bellino induto; rostro et pedibns rnfescentibus. Long. tota 6-75, alie 3-1, cauda? 
3-0, rostri a rictu 0-6, tarsi 0-9. (Descr. exempl. ex nrbe México. Mns. nostr.). 

Hab. Norte América 15 " 6 . — México, Tamanlipas (Couch 2 ), Gnanajuato (Dn- 
gés 4 ), Talle de México (White 3 ). «Baja California, Mesa Central y región 0.» (8) 

El gorrión de coronilla blanca, nombre con qno se conoce a esta ave en 
Norte América, es una de las especies del continente mejor distribuidas, pues se 
le encuentra desde Groenlandia hasta el Cabo San Lucas, y desde el Atlántico 
hasta las Montañas Rocallosas. Fué descrito por Forster hace más de cien años 1 , 
y debe su nombre inglés á Pennant. Probablemente en México sólo se presenta 
en Invierno en las montañas. Nuestros ejemplares son originarios del Valle de 
México. Ha sido observado en Gnanajuato 4 y cerca de la frontera del Río Gran- 
de 2 ; pero no está en las listas de Sallé, Boucard, Montes de Oca, Snmichrast y 
Grayson. En Norte América anida en las montañas Wahsatch y en otros puntos, 
principalmente en Labrador 58 . Hace el nido en el suelo, empleando para la cons- 
trucción musgo y zacates, y para el interior finas raíces fibrosas. El color del 
fondo de los huevos es blanco verdoso claro, profusamente marcado, sobre todo 
alrededor de la punta., con moreno rojizo y moreno púrpura claro 5 . 

(1) A. E. Brehm. Les Merveilles do la Nature. "Les Oiseaux," Vol. I, p. 194. 

(2) A. L. Herrera. Cat. de la Col. de Aves del Museo Nacional, p. 19. 

(3) Laurencio y Beristain, p. 36. 



% A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

«Es una especie emigrante común y muy notable en Abril y principios de 
Mayo. Siempre asocio en mi imaginación á este hermoso pájaro con la fragan- 
cia de la flor del manzano. El gorrión de coronilla blanca frecuenta las huertas, 
jardines y alamedas, y en la Primavera anuncia sn presencia con sn canción ca- 
racterística. » (1) 

«La Mascarita se encuentra al SO. del Valle, en el Invierno.» <2) 

«Con frecuencia emigra, tanto en Primavera como en Otoño, mezclado con 
otros individuos de sn numerosa familia. Durante esos períodos los he encon- 
trado, generalmente, en las orillas de los claros, entre lus numerosos montones 
de leña, donde disfruta de nn abrigo seguro que lo defiende de los rapaces, sns 
enemigos, mientras busca las semillas é insectos de diversas clases qno consti- 
tuyen sn alimento. Si se ven sorprendidos, se ocultan tan bien, que llegan á ha- 
cer creer al observador qno ha sido víctima de una ilusión; sólo hasta qne se 
arroja algo en sn escondite, se lanzan fuera mía docena ó más y buscan abrigo 
en otro montón de haces ó en una espesura más densa. Es una ave preciosa en 
verdad; pero oculta sns talentos musicales hasta qno llega á las localidades en 
qne cría. Allí se escuchan con frecuencia sns cantos, qne repite todo el día y 
aun ya entrada la noche. 

«Anidan en el suelo y, por regla general, al pie de las zarzas y arbustos qne 
crecen entre las coniferas al Noreste del Estado. El nido se compone de zacates 
secos muy finos en el interior y muy bien dispuestos. Durante los meses de Mar- 
zo, Abril y Mayo do 1891 pasé la mayor parte del tiempo en Florín, nueve mi- 
llas al Sur de Sacramento, California, y desde el 11 de Marzo hasta el 8 de Mayo 
fué la especie más abundante en «Walnnt Corners» (residencia de la Sra. T. 
Reubick, mi hermana). Los árboles qne rodeaban la habitación eran nogales en 
sn mayoría, y á poca distancia crecían diversos frutales. A los dos lados de la 
calle había nn seto y cerca de la casa crecían infinidad de arbustos, matorrales, 
etc., en los cuales se refugiaban pájaros de especies diversas. La Z. leucophrys 
sólo emitió débiles notas hasta el G de Mayo; entonces interrumpió sn prolongado 
silencio con deliciosas melodías; pero sn canto estaba tan mezclado con el de las 
demás especies, qne era tarea ardua distinguirlo; sin embargo, de cuando en 
cuando cantaba aisladamente, y entonces sn canción resultaba encantadora.» (3) 

«■Nido, voluminoso; de zacate ó paja; en el suelo ó en las malezas y zarzales. 
Huevos, 4-5; verde claro ó azul verdoso, manchados con bastante uniformidad 
de rojizo y moreno dorado; más prominentes en la punta; 0-88 por 0-62. 

«Las dos primeras notas de su canto son prolongadas y emitidas en cres- 

(1) A. W. Butler. The Birds of Indiana. Indiana Horticultural Soc. 1800, p. 72. 

(2) A. L. Herrera. Notas acerca de los Vertebrados del Valle de México. "La Naturaleza," 
tomo I (2), p. 324. 

(3) Notes on the Birds of Minnesota by Dr. P. L. Hatch. First Report of the State Zoologist, 
p. 320. 



A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 77 

cencío; las demás son rápidas y emitidas en diminnendo; el conjunto es nn snavo 
chiflido, fácil de imitar. Pronto se aprende á distinguir sn canto del de la Z. al- 
bicollis. La especie que nos ocupa llega en Primavera, después de la Z. albico- 
llis; pero algunas veces pasa el Invierno en el Sur de Indiana. En esa estación 
frecuenta los bosques y montes pantanosos. En el Estío ya no canta, y visita los 
límites de los bosques y campos, las matas espinosas, los montes esposos y las 
yerbas. Ocñpase en esa época en comer semillas de yerbas inútiles, destruyendo 
así grandes cantidades. Emigran principalmente por el Valle del Mississippi, y 
de allí se dirigen al Noreste, á Labrador y Terranova, donde anidan en gran nú- 
mero. Se lia observado su escasez é irregularidad en la costa del Atlántico. Su 
zona de distribución, en Verano, está un poco al Norte de la de la Z. albicollis, 
y, por lo tauto, la pasa al emigrar. Su alimento consiste en semillas de yerbas 
inútiles é insectos, aunque Andubon incluye en su menú á los moluscos peque- 
ños. Sospecho que, á juzgar por sus correrías en los jardines y huertas, debe 
destruir muchos de los insectos nocivos que infestan esos parajes. » (1> 

«Según parece, colocan siempre su nido en el suelo, escogiendo para este 
fin las espesuras de bresos bajos y las coniferas estropajosas. Aprovechan para 
la construcción los musgos, pero tapizan el nido por dentro con zacates ó raice- 
cillas secas muy finas, colocadas con simetría. Ponen cuatro ó cinco huevos de 7 /s 
de pulgada de largo y color verdoso claro, manchados, particularmente en la 
punta, de moreno y de nn tinte neutro. Encontré pequeños recién nacidos en la 
última semana de Julio; provenían tal vez do una segunda puesta, pues ya ha- 
bía polluelos del mismo año revoloteando por allí cerca. La emigración al Sur 
comienza, según Andubon, á mediados de Agosto. Estas aves se diseminan en- 
tonces por los Estados Unidos, y en Invierno llegan, al Norte, hasta Marylaud, 
cuando menos. Andubon dice que van más allá de Texas; pero parece que no 
ha hecho ninguna observación personal, y yo no cuento con ningún dato. No 
comprendo la escasez ni mucho menos la irregularidad con que se presentan en 
los Estados vecinos al Atlántico, dada la infinidad de individuos que crían en 
el Norte, á no ser que la emigración se efechíe en línea oblicua y en el interior. 
En "Washington, por ejemplo, observé que no se podía contar con ellos. El Dr. 
Prentiss y yo acostumbrábamos esperarlos en Octubre, y con especialidad en 
Abril; algunos años encontrábamos muchos y otros no encontrábamos ninguno. 
En el todo, parecían ser más frecuentes en Primavera que en Estío, y todos los 
que capturamos tenían el plumaje de la estación de las crías. Permanecían á ve- 
ces hasta la segunda semana de Mayo; frecuentaban los misinos sitios que la Z. 
albicollis, se asociaban con ella á menudo y presentaban rasgos característicos 
muy semejantes. 

«El Sr. Alien dice que se elevan en las montañas de Colorado en Julio, fe- 

(1) A. W. Butler. The Birds of Indiana. Department oí" Geology. 22 d Annual Report, 1897, 
p. 951. 



7S A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

cha que no deja duda alguna respecto a que anidan en esa alta localidad. El 
paralelismo entre el caso presente y el del Anthus ludoviciano ya citado, es ex- 
tenso y perfecto. Más allá de esto punto es difícil seguir sus huellas, pues se 
mezcla inmediatamente con var. intermedia. 

«El canto de esta especie se parece, en general, al de la Z. albieollis; pero 
sin embargo, se distingue al instante. Es un esfuerzo vocal menos entusiasta, y 
se compone únicamente de cinco ó seis sílabas. Al contrario do la Z. albieollis, 
esta especie carece de marcas de color distintas en los sexos, pues tanto la hembra 
como el macho tienen la coronilla negra y blanca; empero, los pequeños tienen 
la coronilla de color moreno vivo en vez de tenerla negra. 

«El Sr. Alien asegnra que en las montañas del Colorado, frecuenta todas 
las localidades favorables y sube desde 8,000 pies hasta más arriba de la línea 
do la vegetación. Era uno de los pájaros que se encontraban en mayor abundan- 
cia en los límites septentrionales y occidentales de Sonth Park; pero en ninguna 
parte era tan numeroso como en el borde superior del bosque de la Sierra Ne- 
vada. Es una especie arbórea por excelencia.» 

El Sr. Trippe nos comunica lo siguiente: 

«Este gorrión so presenta en los valles bajos de Clear Creek Connty, Colo- 
rado, en la primera ó segunda semana de Mayo, y no tarda en abundar á orillas 
de las corrientes, aventurándose de cuando en cuando hasta las colinas, pero per- 
maneciendo, por lo regular, cerca de los arroyos y ensenadas. Al desaparecer 
la nieve sube más y más, llegando á los límites de la vegetación á mediados de 
Junio, y alcanzando el límite extremo de los sauces y enebros. En ningún punto 
es tan numeroso como en los espesos montes que cierran la orilla superior do la 
vegetación. La mayoría pasa allí la estación de las crías; pero unos cuantos in- 
dividuos anidan más abajo á 8,500 pies; á menos altura no se presentan durante 
el Verano. Por sus costumbres en la estación de las crías, se parecen á la Me- 
lospiza melodía: busca alimento en el zacate y entro las hojas secas de los bos- 
ques. Canta constantemente en Junio y Julio y algunas veces en Agosto; se sube 
á la punta de algún arbusto, al brazo seco de mi pino ó á cualquier ramo ele- 
vado sobre los matorrales adyacentes, y canta durante media hora ó más, repi- 
tiendo su melodía con cortos intervalos. Sn caución es alegre y agradable, bo- 
nita y clara. A menudo cantan á la vez veinte ó más pájaros, y el resultado del 
orfeón es bastante lisonjero. Mientras la hembra cubre los huevos, el macho 
canta todo el día casi sin interrupción, y á veces hasta en la noche, mucho des- 
pués del obscurecer. Lo he oído á media noche, y aun á la una ó dos de la ma- 
drugada. Es muy manso; una pareja tenía su nido á unos cuantos pies de nues- 
tro campo en Chicago Lake, y ni el ruido ni el movimiento que hacíamos obli- 
gaban á la hembra á abandonar el nido; el macho recogía las migajas que le dá- 
bamos, casi á nuestros pies. Comienza á anidar en Julio y los polluelos nacen 
por el día 20; ponen el nido en los matorrales y lo hacen con zacates y yerbas 
ásperos, tapizados por dentro con zacatitos. Generalmente ponen cuatro huevos 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 79 

de color verde azulado claro, manchado profusamente de moreno rojizo; en la 
punta el moreno obscurece casi por completo el matiz del fondo. En Septiembre 
comienza á bajar y en Noviembre desaparece. En los valles bajos minea es tan 
numeroso en Estío como en Primavera, pues atraviesa con más rapidez, partiem- 
laxidad que presentan muchas especies que emigran de igual modo, tales como 
la Myiodioctes pusillus, la Dendrceca auduboni y otras.» a) 



ZONOTRICHIA INTERMEDIA. 

Zonotrichia leucophrys, var. intermedia, Ridgw. Bull. Essex Iust. Y, p. 198 1 . 
Zonotrichia intermedia, Bidgw. Field et Forest, 1877, p. 198 2 . 
Zonotrichia leucophrys, var. gambeli, Baird, Brew. et Ridgw. N. Am. B. I, 
p. 569 3 ; Lawr. Mem. Bost. Soc. N. H. II, p. 277 4 (nec Fringilla gambeli, Nutt.). 

Sp. precedenti valde affiuis sed loris et superciliis albidis coufluontibus, co- 
lore nigro capitis lateribus liaud oculornm ambitnm attingente. 

Hab. Norte América'. — México, Mazatláu (G-rayson*). 

Creemos que el Sr. Lawrence confunde con esta ave á los ejemplares de 
Mazatláu colectados por Grayson; pero no tenemos ejemplares mexicanos quo 
confirmen su opinión. La verdadera Z. gambeli os considerada con justicia, por 
el Dr. Coues, como una especie distinta, pues las diferencias quo hay entro ella 
y la Z. leucophrys son bastante precisas. 

Es evidente que la Z. intermedia es pariente cercana de la Z. leucophrys; 
pero las ligeras diferencias que se notan en la disposición de las marcas del ojo 
se reconocen sin dificultad; este carácter basta, por sí solo, para distinguir sin 
vacilación á los ejemplares adultos de la Z. leucophrys y de la Z. intermedia. 

Se dice que el ave en cuestión es muy común entre las Montañas Rocallo- 
sas y la costa del Pacífico, desde la frontera mexicana hasta el Océano Ártico. 
Anida en el Norte y en las más altas cordilleras de la parte meridional de su 
zona de distribución 3 . 

Su presencia en Mazatláu se ha registrado simplemente, sin comentarios 4 . 

«Entre los numerosos ejemplares de leucophrys, dos pertenecen á la varie- 
dad intermedia. Se les encuentra asociados en muchas localidades de las Mon- 
tañas Rocallosas, y también, más al Oriente, con la verdadera leucophrys. El 
Sr. Alien sólo encontró á la leucophrys en Kansas y Colorado, y la variedad 

<1) E. Coues, Birds of the Northwest, p. 154. 



80 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

«gambeli» (intermedia) en Utah. Observó que esta última abunda en Arizona 
en diversas épocas, pero sobre todo durante las emigraciones; creo que es se- 
dentaria en el Territorio, en donde las variadas condiciones de superficie lo ofre- 
cen retiros convenientes en las diversas estaciones. Eu Dakota la encontró en 
gran número hasta 102° do longitud Esto, durante la emigración estival; no ob- 
servó ningún leucophrys propiamente dicho. El Sr. Trippe lo ha visto en Iowa, 
que es la localidad más oriental en que se lo ha encontrado.» (1) 



JUNCO. 

Junco, Wagler, Isis, 1881, p. 526; Baird, Brew. et Ridgw. N. Am. B. I, p. 
578; Coues, Koy N. Am. B. ed. 2, p. 377. 

Pocos miembros do los géneros do Fringülidce han recibido últimamente un 
tratamiento tan variado como Junco. Los autores de la «Historia de Aves Norte- 
americanas» admiten cuatro especies y dos «variedades,» considerando como hí- 
bridas otras varias formas. Eu sn última obra, el Dr. Coues hace á un lado al 
J. alticola do Guatemala, y trata ocho razas, todas del ./. hiemalis, y explica que 
los caracteres de cada una están mezclados de manera que hasta las formas más 
distintas, tales como el J. hiemalis y el ,/. cinereus, son realmente inseparables. 

Respecto á las aves do nuestra región, no estamos comprometidos á entrar 
en discusión, pues las dos especies que tenemos que tratar, el ./. cinereus y el J. 
alticola, están bien definidas. 

So dice que el verdadero J. cinereus no so presenta más allá de los límites 
de México, aunque en Arizona hay dos razas estrechamente emparentadas. Por 
otra parte, el J. alticola está estrictamente confinado á las montañas de Guate- 
mala, y su zona do distribución está separada de la del ./. cinereus por un vasto 
intervalo de terreno comparativamente bajo en el Istmo de Tehuautepec. 

Eu Norte América se encuentran distribuidas, en una área amplia, una ú 
otra de las formas de Junco, desde las regiones árticas hasta la frontera mexi- 
cana. 

El pico del J. cinereus es cónico y remata en punta porque el maxilar no 
es túmido; los tomia dol ángulo y del culmen son casi rectos; la nariz está de- 
bajo de una membrana que cubre la parto superior do la fosa nasal. El tarso y 
el dodo medio, con su garra, son sub-iguales y los dedos laterales también. Las 
alas son largas; el segundo y tercer cañones forman la punta; el primero es igual 



(1) E. Coues. Birds of thc Northwest, p. 156. 



A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 8l 



al cuarto, y los secnutlarios son cortos, los interiores menos largos y todos ellos 
más cortos que los más pequeños primarios. La cola tiene, poco más ó menos, 
el misino largo que las alas y es algo redonda. El plumaje del adulto carece de 
manchas, tanto arriba como abajo, y las plumas exteriores de la cola son más ó 
menos blancas en ambas telas. Los jóvenes son muy manchados. 



JUNCO CINEREUS. «Echa lumbre. Ojos de lumbre, 
Ixtentlimnyolzi.» ' 

Fringüla cinérea, Sw. Phil. Mag, now ser. I, p. 435 1 . 

Junco cinereus, Bp. Consp. Av. I, p."486 2 ; Cab. Mus. Hein. I, p. 134 3 ; Sel. P. 
Z. S. 1856, p. 306 4 ; 1858, p. 304 5 ; 1859, p. 365 6 ; 1864, p. 174 7 ; Sumichrast, Mem. 
Bost. Soc. N. H. I, p. 551 8 ; Dngés, «La Nat.,» I, p. 140'*; Salv. Cat. Strickl. Coll., 
p. 232 10 ; Ridgw. Ank, 1885, p. 363 11 . 

Junco phcenotus, Wagl. Isis, 1831, p. 526 12 . 

NiphcBa ruftdorsis, Licht. Nomencl., p. 43 13 . 

Supra cinereus, interscapulis, secundariis extus et tectricibns alarum majo- 
ribus la?te rufis, alis et cauda nigricantibus illis extus cinéreo limbatis, hujus 
rectricibus utriuqne tribus externis albo decrescente termiuatis, externa utriu- 
que fere oniniíio alba, loris et capitis latoribus nigricantibus; subtns pallido gri- 
seus; rostri maxilla nigricante cornea, mandíbula flavicante, pedibus pallide co- 
ryliuis. Long. tota 5-75, ala? 3-1, cauda? 2-8, rostri a rictu 0-5, tarsi 0-85. (Descr. 
exempl. ex Jalapa, México. Mus. nostr.). 

Av. juv. undique nigricante maculato. 

Hab. México (Manu^'^Temascaltepec (Bullock 1 ), Guanajuato (Dngés 9 ), Valle 
de México (AYhite 7 ). región alpina de Veracruz (Sumichrast 8 ), El Jacale (Salló), 
Jalapa (de Oca 6 ), La Parada (Boncard"'), Popocatépetl (de Saussure). «Toda la 
Repiíblica.» (2) 

Swainson describió al Junco cinereus en 1827, y desde esa fecha la mayoría 
de los colectores que han visitado las montañas de México han encontrado á esta 
ave. Sumichrast asegura que os una de las especies más características de la re- 
gión alpina, qne sube en las montañas á 11,500 pies sobre el nivel del mar, pero 

(1) A. L. Herrera. Cat. de la Col. de Aves del Musco Nacional, p. 19. 

(2) Laurencio y Beristain, p. 36. 



La Nat.— Ser. II — T. IV.— Junio 1W4. 



82 Á. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MÉXÍCANA. 

qno no desciende a menos de 0,500. Agrega que sn nombro vulgar os «Echa 
lumbre,» pues se cree generalmente que sus ojos son fosforescentes en la obscu- 
ridad 8 . «Ojos de lumbre, Ixtentliniuyotzi. Habita en localidades frías y eleva- 
das, emigra en latitud. » (1) 



CHONDESTES. 

Chondestes, Swainson, Phil. Mag. n. ser. I ; p. 435 (1827); Baird, Brew. et 
Ridgw. N. Am. B. I, p. 502; Conos, Key N. Am. B. ed. 2, p. 384. 

Este género contiene dos formas; una de ellas, C. strigatus, se presenta don- 
tro de nuestras fronteras. El pico se parece mucho al de Zonotrichia; es cónico 
y ligeramente túmido hacia las narices. Las alas son largas; el primer primario 
es casi igual al segundo y al tercero, que son sub-iguales; el más largo de los 
secundarios internos excede un poco á los externos. La cola es m¡is corta que 
las alas y muy redonda. El tarso y el dedo medio, con su garra, son sub-igua- 
les y los dedos laterales son iguales, pero cortos. El color general del plumaje 
es estriado en la parte superior; la cabeza presenta rayas alargadas negras y 
blancas; en el pecho tiene una mancha negra aislada, como algunas especies de 
Pyrgisoma, y las puntas blancas de las plumas de la cola se extienden hasta to- 
dos los rectrices, excepto el par de en medio. 



CHONDESTES STRIGATUS. «Zacatero.» (2) 

Chondestes strigatus, Sw. Phil. Mag. n. ser. I, p. 435 1 . 

Chondestes grammaca, Baird, Mex. Bonnd. Surv. II, Birds, p. 15 2 ; Sel. P. 
Z. S. 1859, p. 379 3 ; 1804, p. 174 4 ; Dresser, Ibis, 1805, p. 488 5 ; Dugés, «La Nat.,» 
I, p. 140 6 ; Snmichrast, Mem. Bost. Soc. N. H. I, p. 552 7 ; Baird, Brew. et Ridgw. 
N. Am. B. I, p. 5G2 8 (partim); Lawr. Bull. U. S. Nat. Mus. n. 4, p. 22 9 ; Mem. Bost. 
Soc. N. H. II, p. 278 10 ; Sennett, Bull. U. S. Geol. Surv. IV, p. 19"; V, p. 391 12 . 

(1) A. L. Herrera. Apuntes de Ornitología. La Migración en el Valle de México. "LaNat.," 
tomo I, 2. a serie, p. 182. 

(2) A. L. Herrera. Cat. de la Col. de Aves del Museo Nacional, p. 19. 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 83 

Chondestes grammica, Coues, Key N. Am. B. od. 2, p. 384" (partira). 
Chondestes grammica strigata, Eidgw. Pr. U. S. Nat. Mus. III, p. 217 14 ; 
Belding, Pr. U. S. Nat. Mus. VI, p. 343 15 . 

Capite sumuio castaueo ad frontom nigro, superciliis et siria verticali sór- 
dido albis, corpore reliquo supra fusco, interscapulio nigro striato, alis et cauda 
nigricantibus fusco liiubatis. illis sórdido albo bifasciatis, remigibus ad basin 
quoquo albidis, hujus rectricibus ómnibus (prseter duas medianas) albo plus mi- 
nusve tormiuatis; stria por oculos nigra, regione parotica castauea infra albo 
margiuata, parte antica nigra, macula lunulata sub oculos alba; subtus albus, 
stria "atrinque rictali elougata et macula pectorali nigris, cervicis lateribus et 
hypochondriis fusco lavatis; rostro corneo, mandíbula pallida; pedibus carneis. 
Loiig. tota 6-0, al® 3-5, caudse 2-75, rostri a rietu 0-5, tarsi 0-8. (Descr. maris 
ex Oaxaca, México. Mus. nostr.). 

Hab. Norte América 8 " 13 " 51112 . — México, Nuevo León (Couch 2 ), Gnaymas (Bel- 
ding 15 ), Mazatlán (Grayson 10 ), llanuras de Colima (Xantus 10 ), Guanajuato (Du- 
gés 6 ), Valle de México ("White 4 ), Temascaltepec (Bullock 16 ), Estado de Veracruz 
(Sumichrast 7 ), Puebla (Mus. Brit.), Oaxaca (Boucard 3 ), Chihuitáu, Santa Efigenia 
(Sumichrast 9 ), Guatemala (O. S.). «México, toda la Eepública.» (1) 

La zona de distribución del C. strigatus es muy extensa; abarca gran parte 
do los Estados Unidos, de México y de Guatemala. 

Aunque esta especie anida en Texas, parece que en México es emigrante. 
Graysou manifiesta que llega en Septiembre y parte en Abril 10 . 

Los autores americanos hacen grandes elogios del cauto del macho 8 . El C. 
grammaca hace su nido con zacates, lirios, etc., y lo coloca en el suelo. Gene- 
ralmente los huevos son de color blanco, tirando á gris; otras veces son de mo- 
reno claro, jaspeado y rayado con líneas ondulantes negras ó morenas negruzcas 8 . 

«La mayor parte del tiempo lo pasan eu algún sendero polvoso, volando 
adelante del viajero y exhibiendo su cola redonda y sus manchas; cada pluma 
es muy bonita, paos tiene las puntas blancas, de manera que el observador re- 
conoce inmediatamente a la especie. Llegan en parvadas a finos de Abril y prin- 
cipios de Mayo, y después de criar a sus polluelos, forman nuevas bandadas en 
Agosto y comienzan su peregrinación al Sur.» (3) 

«Sito.» (3 - 

«Es una de las ave? más características y abundantes de las praderas del 
Oeste. Eu la Primavera de 1864, en compañía con mi respetable amigo el Dr. 

(1) Laurencio y Beristain, p. 36. 

(2) A. W. Butlcr. The Birds of Indiana. Department of Geology. 22 d Annual Report. 1S97, 
p. 72. 

(3) A. L. Herrera. Notas acerca de los Vertebrados del Valle de México. "La Naturaleza," 
Vol. I (2), p. 322. 



84 A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

Jorge Eiigelmauu, botánico omínente, observó gran número de Zacatcros en los 
suburbios de San Luis, y según las noticias recibidas, so prosonta también en los 
llanos de varios Estados situados mus al Oriente. En el Oeste so dispersa por 
doquiera, y se hace notable entre sns congéneres por sns colores vivos, agrada- 
ble canto y amables maneras, así como por sn abundancia en las localidades 
apropiadas. Aunque es un ave de las praderas, no está confinada á las llanuras 
ni es exclusivamente terrestre; visita también las regiones montuosas y quebra- 
das y aun las montañosas, posándose en los árboles y matorrales con la misma 
frecuencia que sus parientes, los miembros de los géneros Zonotrichia, Pooecetes, 
etc. Yo lo encontró con frecuencia en las proximidades de los pinares, en las 
partes más elevadas do Arizoua, donde es muy numeroso en la Primavera y el 
Estío durante las emigraciones. Aunque no encontró su nido, tengo la convic- 
ción do que anida allí, pues á fines del Verano colecté polluelos tiernos. (Cría 
en Colorado, según Mr. Trippe). En el Estío forman pequeñas tropas y vagan 
por el zacate cerca de los arbustos y arbolillos, que les sirven de refugio en caso 
de alarma, como sucede á otras especies. 

En la Primavera de 1873 observé su llegada á Fort Raudal]. Vino en gran 
número á finos do Abril, en compañía do la Spizella pállida. Las parvadas va- 
gabundas se esparcieron por los alrededores del fuerte, entrando al patio do 
ejercicios, donde so posaban en los escasos arbolitos y ensayaban su cauto nup- 
cial, canto que, á medida que avanzaba la estación, so tornaba más sonoro, atrac- 
tivo é incesante. Más al Norte, en el paralelo 49, nunca observé á esta especie. 

El Zacatero anida en el suelo como los demás Fringílidos de las praderas. 
Construye un nido algo burdo con zacates y yerbas, y lo forra con raieccitas muy 
finas y torcidas. Trabaja en su construcción al comenzar Junio y pone los hue- 
vos en el misino mes. Un nido que colectó el Sr. Alien en el Big Muddy con- 
tiene siete huevos. Los de esta especie tienen una coloración particular, pues 
son blancos rayados en zigzag como los del Agelceus. Las marcas son distintas 
y obscuras, de color chocolate ó moreno rojizo obscuro vivo; algunas veces son 
casi negruzcas on los sitios on que el pigmento es más denso. Las marcas están 
diseminadas en toda la superficie, y por lo general las acompañan unas cuantas 
manchas del mismo color. EL lluevo es extraordinariamente esférico y muy re- 
dondo en la punta más pequeña; mide 0-75 por 0-65. Sin embargo, algunos 
ejemplares son más alargados y miden hasta 0-85. El Sr. Ridgway dice que sue- 
len anidar en los arbustos y en los árboles. » (1) 

«En Verano es sedentario en Illinois, que es el límite oriental de su zona 
de distribución. Soy de opinión que esta especie y la C. ludoviciaiius pertenecen 
á nuestra fauna desde una fecha comparativamente reciente. Lo vi por primera 
vez en 1860; desde entonces se ha multiplicado, y en la actualidad no es raro. 
Anida en las praderas y los jóvenes se suben á los árboles tan pronto como pue- 

(1) E. Coues. Birils of the Northwest, p. 160. 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 85 

den volar. N"o habiendo encontrado ni á estas aves ni á la O. ludovicianus des- 
pués de terminada la estación de las crías, sospecho que se r-euuen con sus ca- 
maradas en el Oeste, antes de dirigirse al Snr.» (1) 

«El Zacatero pnede considerarse, con justicia, como una de las aves más 
abundantes, á juzgar por la cantidad relativa qne resido en Verano en el Esta- 
do, auuque ha habido años en que sus localidades favoritas han estado casi de- 
siertas. 

«Es más ó menos coimíu en las praderas; pero he observado quo prefiero la 
vecindad de los matorrales en que crecen unos cuantos árboles caedizos, y donde 
se le encuentra en crecido número. Sus maneras y hábitos lo recomiendan á las 
personas amantes de las aves en todos los parajes que frecuenta en Verano. 

«Su canto es verdaderamente hermoso durante la estación de los amores y 
la de las crías. Cauta al amanecer y una hora antes de que se ponga el sol; uii 
cantor contesta á otro hasta que la onda sonora se propaga y se pierde á lo lejos. 
No es enteramente terrestre, sino que á menudo se posa en los árboles y cerca- 
dos, aun en el acto de cantar; pero con más frecuencia busca una pequeña pro- 
minencia para entonar su melodioso canto. Anidan en el suelo, esforzándose en 
ocultar su habitación, que no es tan artística como las de otros Fringílidos, pues 
consiste principalmente en yerbas y zacates algo ásperos, forrados con finas raí- 
ces fibrosas. Llegan á las cercanías de Miuueápolis y San Pablo por el 25 de 
Abril, v el 20 de Mavo va hay nidos. Generalmente tienen dos crías antes del 
20 de Julio, y éstas comprenden cinco, seis ó siete polluelos cada una. Su tama- 
ño y colores marcados, así como lo poco qne ocultan sus nidos, contribuye á 
que el ave y sus huevos sean una presa fácil para los gavilanes; de otro modo 
aumentaría mucho su número. Aparecen simultáneamente en todo el Estado. 

«Los huevos son globulares. Por lo común, estos gorriones se marchan to- 
dos antes del 1.° de Octubre; pero en ciertos años han permanecido unos cuan- 
tos hasta muy entrada la estación. » (2) 

« Nido, de zacate, raicecillas y pelo; en el suelo ó en los arbustos bajos. Hue- 
vos, 3-5; blancos, azulados ó de un blanco rosado, manchados y rayados, princi- 
palmente en la punta más larga, de negro y moreno obscuro; 0-80 por 0-61. 

«Parece que su número aumenta por doquiera. En la parte meridional del 
Estado andan por parejas ó forman pequeñas bandadas. Al llegar, recorren los 
campos arenosos y los terrenos cubiertos de yerbas y zacates que hay á orillas 
de los ríos. Más tarde frecuentan los campos abiertos cercados de maleza ó ve- 
cinos á arbolados poco espesos; les gustan, asimismo, Jas cercanías de los cami- 
nos reales sombríos, en los cuales pasan los días calurosos y disfrutan del pla- 
cer de bañarse en el polvo. A principios de Mayo se reúnen las parejas. Anidan 

1 Appendix to Oscines. T. M. Trippe, p. 234. ' 

(2) Notes on the Birds of Minnesota by Dr. P. L. Ilatch. First Ilcport of the State Zoologist, 
p. 318. 



86 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

eu los arbustos, en los montes espesos y a lo largo de las cercas. También se dice 
que anidan al pie de ciertas yerbas eu la tierra pelada (Nelsnu) y en los maiza- 
les, donde colocan el nido al pie del tallo (Ridgway). Yo encontré cuatro pare- 
jas anidando en un camino público cerca de Brookville. Sn canto es agradable. 
La mayoría de las aves parten en Julio y Agosto después de criar ¡i sus pollue- 
los. Suelen formar parvadas considerables. Una que observó la Sra. Hiño cerca 
do Sedan, Agosto 16, 1887, contenía cerca de cincuenta individuos, y el Sr. V. H. 
Barnett vio una en Agosto 4, 1897, en Vorinillion Connty, compuesta de doce. 
El Sr. H. K. Coalo dice que en ciertos puntos de Illinois lo llaman «Potato Bird,» 
porque so como ¡t los piojos de las papas. Muy pocos sobreviven al verde de Pa- 
rís, que se comen eu unión de aquellos piojos. En Mayo y Junio, el Prof. King 
examinó algunos ejemplares y encontró que sólo habían comido semillas. (Geol. 
ofWis., I, p. 540).» (,) 

«La C. grammaca es emigrante y pasa el Verano en el Estado. » (2) 



SPIZELLA. 

Spizella, Bonapartc. Saggio di una Distr. Met. Au. Vcrt., p. 140 (Aggiunte, 
1832). 

(Tipo Fringilla pasillo, Wils.); Baird, Brew. et Ridgw. N. Am. B. II, p. 1; 
Coucs, Key N. Am. Birds, cd. 2, p. 379, 

Este género contiene seis ó siete especies septentrionales mas ó menos dis- 
tintas; ninguna de ellas se encuentra más allá de los límites de Guatemala, eu 
dondo sólo hay un pariente cercano de la conocida *S. socialis. Otras cuatro es- 
pecies son do México, de las cuales la S. socialis y la S. atrigularis son sedenta- 
rias; probablemente la S. paluda y sn cercano pariente occidental, *S'. breweri, 
son emigrantes que pasan el Invierno en México. 

Otras dos especies septentrionales, S. montícola y 5. pusilla, no han sido 
observadas aún dentro do nuestras fronteras, ni tenemos noticia alguna do la S. 
voortheni, descrita recientemente por el Sr. Ridgway. 

Las especies do este género son pequeñas; miden de cinco á seis pulgadas 
de largo; la cola es larga y ligeramente hendida; las alas algo puntiagudas. La 

(1) A. W. Butler. The Birds of Indiana. Department ofGeology. 22 a Annual Report. 189Í, 
p. 951. 

(2) F. Sumichrast. Dist. Geog. de las Aves del Estado de Vcracruz. "La Naturaleza," tomo 
I, p. 310. 



A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 8? 

parte media del dorso es rayada, y las partes de debajo lisas en el adulto, pero 
rayadas en el joven; el pico es pequeño y cónico; el tarso es casi igual al dedo 
medio y la garra: los dedos laterales son sub-ignales. 

La Spizella está tan estrechamente emparentada con la Zonotrichia, la Poos- 
pi:a, el Junco y el Chondestes, que no es fácil definirla. So lo reconoce por la 
longitud de sus alas y cola; esta es decididamente hendida y carecen de blanco 
sus plumas laterales; el plumaje inferior es liso sin rayas, y la ¡jarte media del 
dorso rayada. Esos caracteres no se descubren en ninguno de los géneros citados. 

El pico se parece al de varias Emberizas del Antiguo Continente, pues Spi- 
zella pertenece, sin duda, á esa sección de los Fringílidos. 

«En Invierno, las Spizellas se reúnen con los pinzones y otras avecitas y re- 
corren el país en su compañía, registrando los matorrales para encontrar algu- 
nos granos. Los amores tienen lugar en el mes de Mayo; en esos momentos el 
macho canta con ardor. En la noche, sobre todo, esos pájaros rivalizan entre sí; 
al canto sucede un gorjeo como el de nuestros gorriones. Pasan la mayor parte 
del tiempo en el suelo y se mueven con mucha rapidez, aun en medio de las más 
intrincadas malezas. Su vuelo es ondulante y rápido. 

«Las Spizellas se alimentan con granos, bayas ó insectos. 

«Construyen su nido sobre una rama horizontal poco elevada, por lo gene- 
ral muy cerca del tronco. Se compone de yerbas groseras y está forrado con pe- 
los y raíces. Contiene de cuatro á cinco huevos de color azul obscuro. 

«Pocos días después de haber comenzado á volar, los jóvenes se reúnen con 
sns padres, formando grandes bandadas, y bien pronto empiezan las emigra- 
ciones. 

«Cautividad. — íío se deben enjaular á estas aves con frecuencia, porque ni 
Audubon ni "Wilsou hacen mención de ello.» -* 



SPIZELLA SOCIALIS. «Llanero.» (2) 

Fringilla soeialis, AVils. Aiu. Orn. II, p. 127, t. 16, f. 5 1 ; S\v. Phil. Mag. 11. 
ser. I, p, 435 2 . 

Spizella soeialis, Sel. P. Z. S. 1858, p. 304 3 ; 1859, p. 365 4 ; 1864, p. 174 6 ; Dres- 
ser, Ibis, 1865, p. 489 6 ; Sumichrast, Mem. Bost. Soc. N. H. I, p. 552 7 ; Baird, Brew. 

(1) A. E. Brehm. Les Mcrvcilles de la Nature. "Les Oiscaux," Vol. I, p. 196. 

(2) A. L. Herrera. Notas acerca ile los Vertebrados del Valle de México. "La Naturaleza," 
tomo I (2), p. 325. 



88 A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

et Ridgw. N. Am. B. II, p. 7 8 ; Gundl. Av. Cub., p. 90"; Lawr. Bnll. U. S. Nat, 
Mus. 11. 4, p. 21 10 ; Seímett, Bnll. U. S. Gool. Surv. IV, p. 19"; V, p. 391 12 . 

Spinitcs socialis, Cab. Mus. Heiu. I, p. 133 13 . 

Spizella socialis, var. arizonce, Lawr. Bnll. U. S. Nat. Mus. n. 4, p. 21 14 . 

Spizella domestica, Coues, Key N. Am. B. ed. 2, p. 380" (ex Bartram). 

Supra, cervice postiea, dorso medio et scapularibns rufo -brunneis nigro late 
striatis, uropygio cinéreo, capite snmmo castaueo, fronte nigra macula mediana 
cinérea, stria a naribus supra oculos ad nucliam ducta alba, loris et stria post 
oculos nigris, capitis latorum reliquo et corpore subtus ciñereis, gula et abclo- 
niino albicantibus; alis et cauda fusco-nigricantibus, illis pallide fusco limbatis 
et albido bifasciatis; rostro teinpore pestivo nigro, pedibus carneis. Long. tota 
5-0, aire 2-9, cauda? 2-3, rostri a rictu 0-5, tarsi 0-6. (Descr. exeinpl. ex Jalapa, 
México. Mus. nostr.). 

Av.jun. capite snmmo sicut dorso striato haud castaueo. 

Av.juv. subtus quoque striatus. 

Hab. Norte América " 1112 . — México, Real del Monte, Teinasoaltepec (Bul- 
lock 2 ), Ciudad eu Duraugo (Torrer), Valle de México (White 5 ), región templada 
de Veracruz (Siuniclirast 7 ), Jalapa (de Oca 4 ), La Parada (Boueard 3 ), Gnichicovi 14 , 
Montañas Gineta 10 (Snmichrast). — Cuba". «México, Mesa Central y regiones Su- 
reste y Norte.» (1) 

Es una especie que está muy diseminada y que es sedentaria en México, se- 
gún Sumichrast, pues permanece todo el año en la región templada de Veracruz, 
en donde anida lo mismo que en los Estados Unidos. 

Los autores americanos reconocen una raza aparte que habita en Arizoua 
y la designan con el nombre de Spizella socialis arizonw. Era de esperarse que 
esa ave se encontrara en las sierras do Duraugo y en la región occidental de 
México; pero no podemos descubrir diferencia alguna entre nuestros ejemplares 
de esas partes y otros de los Estados orientales. Además, nos parece que un 
ejemplar de Arizoua es igual en todos sentidos, pues tiene la cabeza castaña del 
verdadero S. socialis. Sin embargo, nuestra serie de esta raza occidental no nos 
permito expresarnos do un modo positivo; pero, según parece, tiende á demos- 
trar que la S. socialis arizonce es inseparable de la S. socialis. Se aplicó eso nom- 
bre á unos poli uelos cuyas cabezas estriadas aún no presentaban la coronilla 
castaña del adulto. 

Aunque en apariencia es común en México, no se lia escrito casi nada res- 
pecto á la S. socialis; únicamente se lia tomado nota de las localidades cu que 
lia sido observada, y que comprenden gran parte del país, llegando, al Sur, hasta 
las montañas del Istmo de Tehuantepec, en donde, según Lawrence, obtnvo Su- 
michrast ejemplares de la raza común y de la de Arizoua, en los meses de Sep- 

(1) Laurencio y Beristain, p. 35. 



A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 89 

tiembre y Enero. En Cuba el Dr. Gundlach mató á una hembra en un sitio pan- 
tanoso vecino al mar 9 . 

En los Estados Unidos la S. socialis es una de las especies más familiares; 
abunda en extremo cerca de las casas, etc. 15 , y anida en los plantíos de arbustos. 
Construye un grosero nido de tallos ásperos de zacates y otras plantas, forrados 
con pelo. Pone cinco huevos do color verde azulado, manchados en la punta más 
larga con marcas sombrías, purpúreas y moreno negruzco obscuro mezclado con 
matices purpúreos más claros; se dice que sn tamaño es muy variable 8 . 

El Sr. Brewster ha hecho la descripción de los jóvenes en su valioso artículo 
relativo al primer plumaje de varias especies de aves norte-americanas. (Bull. 
Nntt. Ora. Club, III, p. 121). 

«Esta especie es excesivamente doméstica y confiada, y parece que se reúne 
en grupos dirigidos por un individuo viejo y experimentado; creo yo que á na- 
die disgustaría estudiar las curiosas costumbres de esta ave, y especialmente sn 
modo de nidificar y de cuidar á su progenie.» ' 

«Estas tres especies, S. socialis, Ch. grammacus strigatus y Poqccetes gra- 
mineus-conftnis, son semejantes en cuanto á sus costumbres, todas son aves so- 
ciales que permanecen durante toda su -vida en alguna región del Valle, nidifi- 
can en Marzo ó Abril las dos primeras, y la iiltima en Junio ó Julio. No sé si 
algunos individuos pertenecientes á estas especies emigrarán al Talle de Mé- 
xico.» (2) 

«Vulgarmente le llaman «Chippy.» En Verano es sedentaria y abundante; 
anida; llega del 10 al 20 de Marzo y parte del 15 al 25 de Octubre. Es un ave 
muy estimada. Hasta los niños que matan por travesura á los pájaros, respetan 
al «Chippy. » (3) 

«Nido, de raicocitas y zacates finos forrados con cerdas; en los matorrales, 
enredaderas ó árboles, generalmente á diez ó más pies de altura. Huevos, 3-4; 
verde azulado pálido, con vírgulas, manchas ó borrones de moreno obscuro; 
0-69 por 0-50. 

«Se asoman por las puertas, los vestíbulos, y aun llegan á penetrar en las 
casas para pepenar las migajas. En los sitios en que no temen la persecución de 
los gatos y de otros enemigos, son muy familiares y anidan en los plantíos de 
arbolitos, y enredaderas siempre verdes. Se le suelo llamar «Hair Bird,» por la 
costumbre que tiene de emplear cerdas para la construcción del nido, sobre todo 
cerdas negras, íío tengo noticia de que permanezcan con nosotros todo el In- 
vierno. En la Primavera llegan, al principio, aisladamente, y transcurridos unos 
cuantos días empiezan á llegar parvadas que se refugian en las huertas y cam- 

(1) A. L. Herrera. Cat. de la Col. de Aves del Museo Nacional, p. 325. 

(2) A. L. Herrera. Apuntes de Ornitología. La Migración en el Valle de México. "La Natu- 
raleza,'' 2* serie, Vol. I, p. 182. 

(3) A. W. Butler. The Birds of Indiana. Hort. Soc, p. 73. 



La Nat.— Ser. II — T. IV.— J unió 1904. 12 



90 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

pos. Por regla general, los xíltimos que llegan son los qne anidan aqní. Inme- 
diatamente se instalan en nuestros prados y anuncian su presencia con el anti- 
guo canto del año anterior. Cuando los emigrantes llegan muy pronto al Valle 
"Whitewater, no empiezan á cantar desde luego. Los amores comienzan en los 
primeros diez días de Abril. En Mayo y Junio es muy común encontrar nidos. 
A veces tienen una segunda cría. Ningún otro de los pájaros que frecuentan los 
mismos parajes cauta como éste. En Julio sus cantos son menos frecuentes, y rara 
vez se dejan oir a mediados de Agosto. En 1897 oí cantar á uno el 24 de Julio, 
a otro el 12 de Agosto v á un tercero el 14 del mismo. El Sr. Bicknell (The Auk, 
Yol. II, Abril, 1885, p. 145) asegura que cantan también á fines de Septiembre 
y principios de Octubre; pero yo nunca lo he notado. 

El Prof. F. E. L. Beal ha demostrado que la tercera parte del alimento de 
la S. socialis, S.pusüla y Melospiza fastidia consiste en insectos, y comprende 
muchos escarabajos nocivos, tales como el gorgojo, y muchos chapulines; estos 
forman la octava parte del alimento de la especie en cuestión, más varias avis- 
pas y piojos. Por lo tanto, comen bastantes especies de insectos perjudiciales. 
Son, pues, aves benéficas, tanto porque se comen á los insectos cnanto porque 
destruyen las semillas del zacate y do las yerbas. (Parmer's Bull., n. 54, U. S. 
Dept. Agr., pp. 26, 27). 

«En Septiembre empiezan á reunirse por parvadas y frecuentan los lugares 

cubiertos de yerbas, donde los acompañan otras aves, principalmente la 8. pu- 

silla.» (l) 

«Anida en los árboles bajos, en los arbustos que crecen en los patios y en 

los groselleros, prefiriendo los parajes cercanos á las habitaciones. El nido se 

compone de raíces, varitas y zacates forrados con pelos ásperos y largos. 

«Su afición á anidar tan cerca de nosotros, concediendo la mayor confianza 
al hombre y nutriéndose principalmente con sus desechos, le ha valido el nom- 
bre científico «Socialis,» y su nota y canto común el nombre vulgar de «Chipping 
Sparrow.» Llega á las provincias meridionales del 1.° al 10 de Abril. 

«Quizá la falta de variedad y modulación que so notan en el canto del Lla- 
nero, le ha impedido que sea mencionado en las obras de los poetas; pero sus 
derechos á ser recordado por el hombre sólo pueden ser sobrepasados por los 
de los azulejos y primaveras. Excede á esas especies por la confianza que ma- 
nifiesta, acercándose al umbral de nuestras habitaciones para recoger las miga- 
jas que caen de las mesas, y parándose, casi á nuestros pies, cuando visitamos 
el jardín ó la huerta. Por monótono que sea su cauto, debe despertar nuestra 
atención, pues lo hemos escuchado desde la cuna. Cuántas veces, en nuestra in- 
fancia, buscamos su nido admirándonos del pelo que contiene y preguntándonos 
dónde lo tomaban y cómo pintaban sus huevos con ese hermoso color verde azu- 
lado vivo, manchándolos con moreno rojizo y negro. Y cuando los huevéenlos 

(1) A. W. Butler. The Birds of Indiana. Department ofGeology. 22 d Annual Report, 1897, 
p. 958. 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 91 

han sido reemplazados por unas caricaturas de pajaritos ciegos y desplumados, 
con feos picos amarillos constantemente abiertos, nos hemos sentido aiín más 
confusos ante los misterios que encierra la aurora de la vida. Todo esto debe 
asegurar al Llanero un sitio en nuestros recuerdos. Su nombre científico pro- 
porciona un ejemplo de propiedad. Adiín nunca abrumó a las aves' con las abo- 
minaciones que empleamos en nuestra nomenclatura científica, pues de otro mo- 
do hubiera ansiado escaparse del jardín del Edén mucho antes de que lo hubie- 
ran desterrado de allí.» (1) 



SPIZELLA PINETORUM. 

Spizellapinetorum, Salv. P. Z. S. 1803, p. 189 1 ; Ibis, 1866, p. 193 2 ; Ridgw. 
ibis, 1884, p. 441 

S. socialis af finís sed supra multo obscurior, capito summo satúrate casta- 
neo nec clare rufo dislinguenda; rostro corneo, mandíbula pallida, pedibus car- 
neis. Long. tota 5-3, ahe 2-7, cauda? 2-4, rostri a rictu 0-4, tarsi 0-05. (Descr. 
exeinpl. typ. ex Poctuiu, Guatemala. Mus. nostr.). 

Av.jun. capite summo sicut dorso striato. 

Hab. Guatemala (O. S. í2 , Hague). «México, Ajusco.» (2) 

Un solo ejemplar obtuvo Salviu en su expedición á Peten en 1803. Lo en- 
contró en los zacates que crecen en la sabana vecina al pueblo de Poctum en el 
departamento de Peten. Nuestro segundo ejemplar de esta especie uos fué re- 
mitido do Yerapaz por el Sr. Enrique Hague. No es tan adulto como el tipo, 
pues tiene rayas eu la coronilla de la cabeza como los jóvenes de su pariente S. 
socialis. 

«La he visto solamente en Ajusco; parece ser sedentaria. » (3) 



SPIZELLA PALLIDA. 

Emberiza pallida, Sw. Faun. Bor.-Am. II, p. 251 1 . 

Spizella pallida, Bp. Consp. Av. I, p. 480 2 ; Baird, Mex. Bouud. Snrv. II, 

(1) Notes on the Birds of Minnesota by Dr. P. L. Hatch. First Report of the State Zoologist, 
p. 326. 

(2) A. L. Herrera. Notas acerca de los Vertebrados del Valle de México. "La Naturaleza," 
tomo I (2), p. 325. 

(3) A. L. Herrera. Notas acerca de los Vertebrados del Valle de México. "La Naturaleza," 
tomo I (2), p. 325. 



92 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

Birds, p. 16 3 ; Sel. P. Z. S. 1859, p. 379 4 ; Dresser, Ibis, 1865, p. 489 3 ; Dugos, «La 
Nat.,» I, p. 140°; Baird, Brew. et Ridgw. II, }). II 7 ; Seuuett, Bnll. U. S. Geol. 
Surr. IV, p. 19 8 ; Coues, Key N. Ain. B. ed. 2, p. 881°. 

F ring illa pusio, Liclit. Prois.-Vers. Mex. Vog., p. 2; ef. J. f. O. 18(33, p. 56 10 . 

Supra pallide fusca, uudiquo nigricante striata, fascia vorticali paluda; alis 
et cauda nigrieantibus pallide fusco liiubatis, illis albido-bifaseiatis; capitis la- 
teribus, cervice laterali et hypochondriis fuscis, supercilüs latis sórdido albis, 
corpore toto reliquo subtus albido; rostro pallide corneo, pedibus caruois. Loug. 
tota 5-2, alie 2-4, caudee 2-5, rostri a rictu 0-43, tarsi 0-65. (Descr. feminre ex 
Puebla, México, Jan. 1806. Mus. uostr.). 

Hab. Norte América 5 r ~ 8 ". — México 2 (Deppo 10 ), Tainaulipas (Couch 3 ), Gua- 
najuato (Dugés 6 ), Oaxaca (Boucard 4 ). 

Es una especie común en toda la región central do Norte América, desde el 
Saskatchewau, donde fué descubierta por Richardsou, hasta Texas y las monta- 
ñas del Sur de México. En los Estados occidentales y sud-occidontales, así como 
en el Noroeste de México, os reemplazada por su pariente, la S. breweri. 

Todos los ejemplares mexicanos que hemos visto parecen llevar la librea 
de Invierno, y es muy probable que el pájaro que nos ocupa sólo se presente en 
México en esa estación, y que en Primavera emigre á sus cuarteles del Norte. 
De su presencia en nuestro territorio conservamos únicamente la nota délas lo- 
calidades que visita. 

La nidificación de la S. pallida ha sido descrita en la «Historia de Aves 
Norte-Americanas.» 7 Colocan el nido en un árbol ó arbusto, á dos ó tres pies de 
altura, algunas veces más, y lo hacen con zacates forrados de pelo. El tejido del 
nido es flojo; los huevos son de color azul claro matizado de verde, y están mar- 
cados alrededor do la extremidad más larga con manchas y borrónos do moreno 
purpúreo. 

«La forma típica de esta especie parece ser una do las avos más caracterís- 
ticas de las elevadas llanuras centrales. El Prof. Baird dice lo siguiente: 

«Esta hermosa especio es muy abundante en los límites del Missouri Supe- 
rior. Prefiere con especialidad los vallecitos que so encuentran aquí y allí á lo 
largo de las numerosas barrancas y de las colinas ya mencionadas. Su conducta 
usual se parece mucho á la de la Emberiza socialis deWilson, y, como ésta, pasa 
la mayor parte del tiempo cantando monótonas endechas mientras su compañera 
desempeña la agradable tarea de la incubación. Cuando se aproxima una per- 
sona, se sumerge y oculta entro los arbustos ó entre las rosas silvestres, tan 
abundantes en esa sección del país, y cuya fragancia so percibo desde á una gran 
distancia. 

«Generalmente el nido se encuentra sobro una rainita horizontal, á siete ú 
ocho pies do altura; creo que suelen ponerlo en las ramas huecas de los árboles. 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 93 



Los huevos, cuatro ó cinco, sou azules manchados de moreno rojizo, y ocupan 
un nido formado tan a la ligera, con delgados zacates forrados circularmente 
con cerdas ó pelos de ganado, que so parece en extremo al nido de la especie 
pariente.» Estas observaciones difieren un tanto de las mías. 

Yo encontré á unas cuantas aves de esta especie cerca de Fort Riley, en 
Mayo, en los plantíos de arbolitos que hay á orillas de la corriente y también 
en los sitios abiertos y cubiertos de yerbas que están lejos del agua; pero no ob- 
servé nada de particular en sus maneras, que eran idénticas á las de la S. socia- 
lis. El Sr. Alien notó que es común en Topeka, en el mismo Estado, y que se 
asocia allí con la S. socialis. 

Según el Sr. Trippe, eu Iowa abunda en Primavera; «frecuenta los bosques 
y montes bajos, y se nutre con las yemas del olmo y de otros árboles al comen- 
zar la estación.» 

Es singular que los huevos de nuestras Spizellce difieran tanto entre sí, pues 
es de regla que las aves congéneres pongan huevos parecidos. La S. montícola 
poue un huevo igual al de la Melospiza; el huevo de la S. pusilla no se distin- 
gue del de Junco, excepto por el tamaño, y es completamente distinto de los 
huevos verde claro manchado de negruzco de la S. socialis y jDcülida. 

Anida en gran número, cerca del Río Rojo, eu la maleza que crece al pie 
de los árboles y entre los innumerables bosquecillos de sauce que hay en el va- 
lle. Los machos cantan mejor que nunca á fines de Mayo, que es la estación do 
los amores, y generalmente á mediados de Junio ya están hechos los nidos y 
puestos los huevos. Durante este mes, mientras las hembras incuban, los machos 
se encaraman á la punta de los arbustos y cantan continuamente; á decir ver- 
dad no conozco cantor más asiduo y tenaz que este pajarito, aunque sus proezas 
vocales no son de lo mejor. Su endecha se compone de tres notas y de un ligero 
trino, muy distinto del prolongado canto de la S. socialis. En los sitios en que 
hay muchos individuos de esta especie, se ven varios machos á un tiempo, pa- 
rado cada uno en distinto arbusto mientras su hembra anida abajo. Tan pronto 
como termina la incubación, cambian de costumbres por completo y los machos 
pasan tan desapercibidos como las hembras. La estación de los amores es de 
corta duración, y una vez arreglados los preliminares, ambos cónyuges se ponen 
á trabajar con ahinco en la construcción de su hogar, que terminan y llenan de 
huevos en una ó dos semanas. Colecté la mayoría do los nidos que tengo en los 
primeros quince días de Junio. Acostumbraba visitar diariamente un nido y noté 
que pusieron un huevo cada día hasta completar cuatro. No he encontrado ma- 
yor número de huevos en un nido y sí tres únicamente. Son de color verde claro 
manchados de siena y de otros matices morenos á veces muy obscuros. Por lo 
general, las manchas están confinadas principalmente á la punta más larga, y en 
el resto de la superficie sólo hay una mancha aquí y allí; las vírgulas suelen es- 
tar en una área, en el extremo, y algunas ocasiones son confluentes en parte y 
forman círculo. Los huevos miden 0-62 por 0-50. Siempre colocan el nido eu 



94 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

bajo; nunca lio visto ninguno á una vara de alto, sino qne, por lo común, los ho 
colectado á unas cuantas pulgadas del suelo, en el gaucho do un sauce ó de otro 
arbusto, ó sobro uu montón de yerbas. El nklo no es nada artístico; se compone 
de tallos de zacates finos secos y do vastagos do yerbas muy delgados, mezcla- 
dos, si acaso, con unas pocas de raicecillas, ó con puntas de zacates muy finos. 
Varía muellísimo de forma y de tamaño, según la situación; pero, por término 
medio, mido tres pulgadas por dos de fondo, y la cavidad dos pulgadas de an- 
cho por una y media de profundidad. Cuando me he aproximado á 1111 nido, lo 
ha abandonado la hembra y se ha apresurado á ocultarse sin intentar ningún 
artificio, ni aventurarse á protestar contra la ruina do sn cría. 

Es muy probable que críen dos veces, aun en esta elevada latitud; pero no 
puedo asegurarlo, pues no encontré nidos ni oí cantos nupciales después de Ju- 
nio. En Julio abundan más qne nunca, a cansa de las crías, y visitan por parva- 
das los plantíos de árboles en compañía de otros gorriones. Los observó en to- 
das las localidades boscosas de Dakota; pero jamás los vi en las praderas. Al 
comenzar el Estío, so renueu con infinidad de Fringílidos y revolotean todos 
juutos entro los repajos. Parten para el Sur á principios de Octubre, según mis 
observaciones, aunque algunos individuos permanecen más tiempo. En la Pri- 
mavera so nota su llegada en el Río Missouri, por ejemplo, á fines de Abril, 
época en que vienen el Pooecetes gramineus y el Chondestes graminaca.» w 

«Nido, do zacate forrado con pelo; en arbustos ó en el suelo. Huevos, 3-5; 
iguales á los de la S. socialis. 

«Es una do las aves de las llanuras interiores de América, que se extiende, 
hacia el Oriente, hasta los antiguos límites de las praderas. El Sr. E. E. Thom- 
son dice qne cauta do un modo singular. 

«Se posa on cualquier punto, y con la cabeza echada hacia atrás y el pico 
abierto lanza un sonido parecido al qne produce nna mosca andando sobre pa- 
pel; algunas ocasiones emite nna sola nota, y otras, en el rigor de la estación es- 
pecialmente, repite la misma nota cinco ó seis veces.» (Proc. U. S. Nat. Mus., 
Yol. XIII, pp. 601, 602). 

«Esta especie se distingue de las otras Spizellas americanas, excepto de la 
S. breweri, por las rayas obscuras y la lista cenicienta de la coronilla, los tintes 
más pálidos, la línea obscura del lado de la barba, etc.» (B. B. y R., History N". 
A. Birds). El Prof. F. H. Kiug examinó los estómagos de IB individuos, y vio 
que contenían 6 escarabajos, 12 hemípteros, principalmente piojos de las plan- 
tas; 1 chapulín, 1 larva y otros insectos: 7 habían comido semillitas. (Geol. of 
Wis., I, p. 540). < 2 > 

«La S. pallida anida sobro los haces de leña menuda que hay cerca de las 

(1) E. Coues. Birds of thc Northwest, p. 148. 

(2) A. "W. Butlcr. The Birds of Indiana. Department ofGcolpgy. 22" Annua! Report, 1597, 
p. 956. 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 9o 



corrientes de agua y en los arbustos de sauce que bordan las orillas do algunos 
de los lagos que abundan en Minnesota. 

«Los hábitos de esta especie no difieren gran cosa de los de la S. socialis. 
Se dice que el canto del macho es menos pretensioso, pero igualmente persis- 
tente, y que consiste en un monótono trío de notas terminado por un débil trino. 
Emigra al Sur después de la 5. socialis, como lo comprueban no sólo las obser- 
vaciones locales, sino también las que hizo el Sr. "Washburn en el valle del Río 
Rojo. La S. socialis ya se había marchado cuando aún «abundaba» la 8. paluda.-» 

Dice: «Encontré viejos y jóvenes á orillas del Río Rojo el 1.° de Agosto. 
Había polluelos de todas edades; pero la mayoría completamente desarrollados. 
Se reúnen con sus padres en los terrenos de pasto y en los campos cubiertos de 
yerbas, y forman parvadas bastante numerosas.» (,) 



SPIZELLA BREWERI. 



Spizella breweri, Cass. Pr. Ac. Phil. 1850, p. 40 1 ; Baird, Mex. Bound. Sun r . 
H, Birds, p. 16 2 ; Belding, Pr. U. S. Nat. Mus. YI, p. 343 3 ; Coues, Key N. Am. 
B. ed. 2, p. 381 4 . 

Spizella paluda var. breweri, Baird, Brew. et Ridgw. N. Am. B. II, p. 13 6 . 

S. pallidce similis, sed striis corporis supra angustioribus, iis capitis suinmi 
uudique dispersis, vitta mediana paluda milla. 

Hab. Norte América 1 " 45 . — México, Boca Grande (Kennerly 2 ), Guayinas 
(Belding 5 ), Ciudad de Durango (Torrer). «Región Norte.» (2) 

Un ejemplar qne nos envió el Sr. Torrer desde el Estado de Durango, per- 
tenece ciertamente á esta raza de S. pallida, y esa ave ha sido observada tam- 
bién por Kennerly en Boca Grande y por el Sr. Belding en Guayinas. 

En los Estados Unidos es conocida de la mayor parte de los ornitologistas 
que han trabajado entre las Montañas Rocallosas y el Océano Pacífico, en Cali- 
fornia, Colorado, Nuevo México y Arizona. El Sr. Ridgway vio gran número de 
estos pájaros en Sacramento y elogia mucho su canto, asegurando que iguala al 
del Canario. Se dice que los huevos tienen marcas y borrones de un color mo- 

(1) Notes on the Birds of Minnesota by Dr. P. L. Hatch. First Report of the State Zoologist, 
p. 327. 

(2) Laurencio y Beristain, p, 35. 



96 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

reno dorado, y que estas manchas están diseminadas y son más grandes y apa- 
rentes qne las de los huevos de las demás especies del género 5 . «La S. breweri 
tiene los mismos hábitos qne la forma típica,, según pude observar en la región 
Sudoeste.» (1) 



SPIZELLA ATRIGULARIS. «Zacatero polaco.»® 

— T 

Spinües atrigularis, Cab. Mus. Hein. I, p. 133 1 . 

Spizélla atrigularis, Baird. Mex. Bound. Snrv. II, Birds, p. 16, t. 17, f. I 2 ; 
Dngés, «La Nat.,» I, p. 140 3 ; Baird, Brew. et Bidgw. N. Am. B. II, p. 15 4 ; Lawr. 
Bull. U. S. Nat. Mus. n. 4, p. 21 5 ; Coues, Key N. Am. B. ed. 2, p. 381°. 

Cinérea, dorso medio rufo nigro striato, alis et cauda nigricantibus, illis rufo 
limbatis; snbtns dilutior, vontre imo albicante, gula nigra; rostro rnbido, pedi- 
bus obsenre corylinis. Long. tota 5-4, alas 2-7, caudas 3-0, rostri a rictu 0-4, tarsi 
0-75. (Deser. exompl. ex México. Mus. uostr.). 

9 ant av.juv. gula et abdomine concoloribus. 

Hab. Norte América 40 . — México 1 , Agua Nueva en Coahuila (Conch 2 ), Gua- 
najnato (Dngés' 1 ), Chapulco (Snmichrast 5 ). «Baja California. »'- 3) 

Aunque esta especie tan bien marcada posee una vasta zona do distribución 
en México, parece que no es común en ninguna parte, y los ejemplares que so 
encuentran con frecuencia en las colecciones mexicanas nunca son numerosos. 
Respecto á sus costumbres en México, carecemos de noticias. En Arizona el Dr. 
Coues encontró á unos cuantos individuos cerca de Fort "Wliipple, en los meses 
comprendidos entre Abril y Octubre. En la Primavera los machos emiten un 
agradable canto, y al aproximarse el Otoño forman parvadas y frecuentan los 
sitios cubiertos de yerba en unión de la S. socialis occidental y del Chrysomüris. 
El nido y huevos do esta especie no han sido descubiertos aún. 



PASSERCULUS. 

Passerculus, Bonaparte, Comp. List Birds, p. 33 (1838); Baird, Brew. et 
Bidgw. N. Am. B. I, p. 532; Coues, Key N. Am. B. cd. 2, p. 360. 

(1) E. Coues. Birds of the Northwest, p. 151. 

(2) A. L. Herrera. Notas acerca de los Vertebrados del Valle de México. "La Naturaleza," 
Vol. I (2), p. 325. 

(3) Laurencio y Beristain, p. 35. 




Doctor Alfredo Dugés (á la edad de 57 años) 



LA VIDA DE UN SABIO 



Merecedor a qde con un reguero 
de estrellas, en brillante conste- 
lación, se inscribiera su nombre en 
nuestro firmamento. 




¿ON atildadas frases quisiera poder escribir el presente estudio 
biográfico, ya que me es posible apreciar en cierto grado, el va- 
lor científico de los trabajos que paso á reseñar; así como tam- 
bién, la perseverante labor de su esclarecido y nunca bien sen- 
tido autor, exponieudo desde luego que los considero como de 
carácter netamente nacional; pues aun cuando el Sr. Dr. Alfredo 
Dugés, que es la persona á quien se deben, no fué precisamente nuestro com- 
patriota, se identificó de todo corazón con la tierra mexicana, que reputaba 
siempre como su segunda patria; en ella vivió por largos años, casi siempre 
radicado en la ciudad de Guanajuato, ocupando puestos oficiales, y en 
donde tuvo, en fin, los elementos indispensables para llevarlos á cabo. 

Nació nuestro naturalista en la ciudad de Montpellier, Francia, el 10 de 
abril de 1826, y fué hijo de un sabio eminente, el Sr. Dr. Antonio Luis Del- 
sescautz Dugés. Un éxito constante marcó sus pasos por las aulas, hasta lle- 
gar á obtener, en 1852, el título de Doctor en Medicina de la Facultad de 
París, y de la de México, en el siguiente año. 

Honores y recompensas le fueron otorgados desde muy al principio de 
su carrera, y que continuó recibiendo después, tanto de México, como del 
extranjero. No me detendré en enumerarlos, pues unos y otras, de tiempo 
atrás quedaron consignados en las Memorias de la Benemérita Sociedad 
Científica, "Antonio Álzate;" limitándome á decir, únicamente, que en 1869, 
quedó nombrado socio correspondiente de la Sociedad Mexicana de Historia 
Natural, á raíz de fundada esta corporación. Murió en su puesto de Profesor 
de Historia Natural del Colegio del Estado de Guanajuato, el día 7 de enero 
de 1910ála edad de cerca de 84 años. 

Dulce y apacible fué su vida; querido y respetado de todas las perso- 



XIV 

ñas que tuvieron oportunidad de tratarlo, por la nobleza de carácter que se 
retrataba en su semblante; fueron aquellas manifestaciones de cariño su más 
alta recompensa, modesta, si se quiere, pero la más satisfactoria. Muchos de 
los que en México se dedican al estudio de las Ciencias Naturales, recibie- 
ron de tan insigne Maestro, titiles y provechosas enseñanzas, que al suscrito 
toca hoy proclamar con toda la efusión que se merece. 

Publicista infatigable, prodigaba á manos llenas el tesoro de su sabidu- 
ría, y con su perseverancia en el estudio daba ejemplo de tan noble acto de 
voluntad. La cualidad que más realza en sus escritos es la precisión más ri- 
gurosa, pues nada de lo dudoso aceptaba su mente, consagrada á la observa- 
ción concienzuda y minuciosa, que tan común es que se peturbe por falsas 
apreciaciones. Con toda confianza pueden aceptarse los juicios encaminados 
por tan recto sendero y la clarividencia de un espíritu, como fué el suyo, 
destituido de toda pasión. 

Toca ahora juzgar el mérito de los sazonados frutos de su inteligencia, 
más conocidos, pero concretándolos en este momento, á los que pasaron por 
manos del suscrito, dejando para otros, una tarea más extensa á este respecto. 

El peso abrumador de los hechos, demuestra que fué el más celoso man- 
tenedor y la más firme columna del prestigio y buen nombre de la Socie- 
dad Mexicana de Historia Natural, á la que principalmente consagró sus 
energías. 

¡Cuan grande es, por lo tanto, el homenaje que á la misma corresponde tri- 
butarle! y tocando al suscrito la honra de ser hoy, su voluntario intérprete. 

En la medida de las fuerzas de aquél, se analizan, uno auno, los trabajos 
científicos de la persona que se trata de revivir, siguiendo el orden en que 
fueron publicados en este periódico; haciendo, repítese, punto omiso de los 
demás, y los que en conjunto deben ser presentados en un apoteosis que co- 
rresponde celebrar, tan justa como merecida. Toca promoverla á la Socie- 
dad Mexicana de Historia Natural por la que elüustre finado tuvo acendrado 
afecto, y con la seguridad de que tendría eco simpático en todos los cen- 
tros científicos y docentes del país. 

Se pasa en seguida á substanciar una buena parte de la copiosa labor 
científica que llevó á cabo nueslro biografiado, en más de media centuria , y 
como enjuicio plenario, se acumularán las pruebas que acrediten positivo 
y real mérito ante la ciencia. 

1 . — Catálogo de los animales vertebrados observados ex la República 
Mexicana. "La Naturaleza." 1. a Serie, Tomo I, págs. 137-141. 

Trabajo hecho en París con la valiosa cooperación del reputado ornito- 
logista francés, Julio Verreaux; en el cual se registran 299 especies con su 



XV 

sinonimia vulgar y científica, incluvendo en ella alo-unos nombres mexicanos 
tomados de la obra de Hernández. El citado número repartido en sus res- 
pectivos grupos zoológicos, como sigue: Mamíferos, 38; Aves, 190; Reptiles, 
53: Batracios, 16 y Peces, 2. 

Fué la luz más completa que aclaró no pocos lunares en la clasificación 
de los ejemplares de nuestros Museos, en una época en que la falta de libros 
y buenos mentores lá hacían casi imposible. Siendo en todo caso útil este ca- 
tálogo, á las personas que sabiendo tan sólo el nombre vulgar de una especie, 
les interesa conocer el técnico ó científico, de aceptación universal. 

2. — Una especie nueva de ajolote déla Laguna de Pátzcuaro. "La Na- 
turaleza." 1. a Serie, Tomo I, págs. 241-244. 

Además de una exacta descripción para fundarla, el autor expone un cor- 
to, pero interesante estudio anatómico, en el cual se aparta de la interpretación 
comunmente admitida del aparato respiratorio, y la que no es de dudar haya 
sido aceptada, en vista de la demostración en que la apoya; considerando 
siempre al ajolote, como realmente lo está, en un período de transición ó 
evolutivo que terminará en Amblystoma. 

3. — Estudio sobre una nueva especie de camaleón, Phrynosoma taurus, 
A. Dug. "La Naturaleza." 1. a Serie, Tomo II, págs. 302-305. 

Previa descripción y atinadas observaciones, nos da á conocer el autor, 
una especie verdaderamente interesante de cierto género de reptil, que 
era desconocida de los especialistas. Aceptada ó no en definitiva, es siem- 
pre digna de llamar la atención por el excepcional aspecto que presenta res- 
pecto de sus congéneres. Aunque modestos en apariencia, trabajos como el 
actual son, en todo caso, firmes cimientos de elevadas concepciones, en las 
múltiples manifestaciones de la vida: el correcto dibujo que acompaña este 
trabajo, aumenta el interés que despierta. 

4. — Aparato defensivo de uxa especie de Pachylis, etc. "La Naturaleza." 
1. a Serie, Tomo III, págs. 52-53. 

Minuciosamente describe el autor, el órgano secretor de este curioso 
hemíptero, mediante el cual arroja un líquido pestilente, para auyentar á 
sus enemigos, y con excelentes figuras para su mejor comprensión. El suscrito, 
en una nota adicional, señala la especie á la que, en su concepto, correspon- 
de, así como su abundancia en México, en cierta época del año. 

5. — El Tlalcoyotl. "La Naturaleza." 1. a Serie, Tomo III, págs. 156-159. 

El autor fué el primero que clasificó en México esta especie de mamí- 
fero carnívoro, cuya descripción hizo á la vez, acompañándola de un buen 
dibujo. Para mayor conocimiento de ella, el suscrito agregó algunos datos 
encaminados á este fin, en razón de ser casi ignorada, no obstante vivir en 



XVI 

la Mesa Central de México, y de la que, al parecer, no traspasa los límites. 
La Taxidea berlandieri, de Baird, á que se alude, más otra, es el re- 
presentante genuino en América, del Tejón de Europa, y una prueba de la 
especialización de nuestra fauna. 

6. — El Ophibolus doliatus ó Coronela anillada. "La Naturaleza." 1. a 
Serie, Tomo III, págs. 222-226. 

Es un bello ofidio que en un circunstanciado articulónos da á conocer el 
autor, principalmente en su descripción, sin faltarle el dibujo, y algo relativo 
á las costumbres. Con oportunas observaciones, en las que, entre otras cosas, 
dice: lo fácil que es confundirla con otra especie peligrosa ó sea la más co- 
múnmente conocida con el citado nombre vulgar. Todo asunto del género 
que nos ocupa, no escapaba á la escrutadora mirada del autor, hasta no diluci- 
darlo, y quien, aun en lo pequeño, se mostraba siempre grande. 

7. — Apuntes para la monografía de los Crótalos de México. "La Natu- 
raleza." 1. a Serie, Tomo III, págs. 1-29. 

En dos largos capítulos, desarrolla, nuestro autor, con la abnegación de 
un verdadero naturalista por lo que se expuso, y suma pericia, un asunto de 
por sí interesante, pero en el que tuvo la necesidad de ponerse en contacto, 
con seres nefandos, vivos ó muertos, que aun examinados á la luz de la cien- 
cia, inspiran horror. 

En el primero, exponiendo nuevas ideas sobre algunos puntos, empren- 
de un minucioso estudio anatómico, fisiológico y de hábitos ó costumbres, 
sin omitir lo que atañe á los temibles efectos de la ponzoña y propia natu- 
raleza de ésta. 

En el segundo, describe pormenorizada mente cierto número de espe- 
cies bien reconocidas y acompañando de buenos dibujos las distintas partes 
comprendidas en este interesante estudio. 

8. — Una nueva especie de Saurio. "La Naturaleza." 1. a Serie, Tomo IV, 
págs. 34-39. 

El gran número de especies del género Sceloporus á que corresponde, hace 
difícil la tarea de desembrollar el asunto, para encontrar con certeza alguna 
novedad. Maestro el autor en la materia, supo vencer la dificultad, y enri- 
queció el catálogo de nuestra fauna con una especie más, que fué bien reci- 
bida, y sin descuidar su gráfica representación 

9. — Nota acerca de los petos de la Gachicama novemcincta. "La Natu- 
raleza." 1. a Serie, Tomo IV, págs. 275-276. 

Corta pero instructiva, rectificando un dato anatómico que había sido 
erróneamente aceptado, que pone de manifiesto la perspicacia de nuestro 
naturalista. 



XVII 

10. — Murideos caseros de Guanajuato. "La Naturaleza."' i a Serie, Tomo 
IV, págs. 50-51, de la Revista Científica. 

Señaladas las especies, nos da á conocer el autor una particularidad re- 
ferente á los roedores de que se trata, tocante á la excepcional armonía que 
reina entre ellos, debido quizá á la influencia del clima ó ;i las circunstancias 
en que viven: hecho que sí merece atención. 

11. — El perro i>e Chihuahua. "La Naturaleza." 1. "Serie, Tomo V, págs. 
14-17. 

Familiar en México esta raza especial de cánido, es digna de fijar en 
él la atención, por las particularidades osteológicas del cráneo, configuración 
del cuerpo y costumbres; además de ésto, desvanece el autor el error en que 
se ha caído, de creer que se encuentra en estado salvaje en el lugar cuyo nom- 
bre lleva. Siendo, á lo que parece, el Ytzquiniepozotli ó Canis gibbus de Her- 
nández; en tal concepto, pudiera considerarse como un tipo aborígene dege- 
nerado, de estirpe desconocida. 

12. — Exsayo de uxa clasificación racional de los frutos. "La Natura- 
leza." 1. a Serie, Tomo V, págs. 251-254. 

Tocóle al suscrito dictaminar acerca de este trabajo, encontrando en 
él, algunas ideas dignas de ser tomadas en consideración; es un desiderata en 
la Carpología, que si no lo llenó cumplidamente el autor, son, no obstante, de 
admitirse algunas de las bases en que se apoya. Si se quiere, en mi sentir no 
supera á las anteriormente propuestas y que están en uso, pero sí, ciertamen- 
te, no queda atrás de ellas. Crea algunos géneros que es útil mantener, pero 
su misma sencillez deja fuera de cuadro, no pocos de los que ofrece la rica 
flora tropical. Mas para llenar este vacío en todas sus partes, habría que 
aumentar sobremanera las series de las divisiones; crear, además, tal número 
de géneros, que resultaría embrollada, y por lo mismo inaceptable. Me ha 
parecido siempre, que en vista de la gran variabilidad que presentan los fru- 
tos, habrá que conformarse con aceptar un corto número de géneros bien 
fundados, complementados con descripciones en cada caso; no siendo posible, 
repito, someterlos á un simple cartabón, si se me permite la frase. Lo ex- 
puesto deja entrever, que nuestro naturalista descollaba también, en una ma- 
teria á la que no se había consagrado especialmente, dando así una prueba 
de su carácter observador. 

13.— Nota sobre el Colcoatl ó Trimorfodon (Dipsas) Uscutata, I). B. 
-La Naturaleza." 1. a Serie, Tomo VII, págs. 145-148. 

Un bien acabado estudio descriptivo y de costumbres, nos presenta el 
autor, bajo el expresado título. De pintados colores, el PicJiucoatl ó Codor- 
niz como también se le llama, es un ofidio peligroso, como era de presumir- 



XVIII 

se, y que la experimentación relatada en el escrito, vino á continuar. Con 
tan meritorios y hábiles esfuerzos, paulatinamente se va despejando el em- 
brollado sendero, que en tocante al conocimiento de nuestra fauna nos lle- 
vará á la meta: ¡amada Sociedad! profirieron aquellos labios que el soplo de 
la muerte ha enmudecido, al presentarle por escrito esta comunicación. 

14. — Tüeioata y Garrapata de Guanajuato. "La Naturaleza." 1. a 
Serie, Tomo VI, paos. 195-198. 

Estos arácnidos nada simpáticos, como los demás de su especie, pero 
que interesa conocerlos, sirvieron de tema al autor para escribir un buen ar- 
tículo descriptivo acompañado de figuras, que permite distinguir sin mayor 
dificultad, al que lo lea, una especie de otra; ocupándose, además, de des- 
lindar los perjuicios que ocasionan en el hombre, su parasitismo. 

15. — Consideraciones sobre la clasificación natural del hombre y de 
los monos. La Nat. 1. a S., T. VI, págs. 280-283. 

En dos cuadros sinópticos señala el autor los caracteres de los subór- 
denes y familias de los Primatos, y que si en lo absoluto no constituye una 
novedad, permite, como él mismo dice, y es la verdad, distinguir con clari- 
dad y retener fácilmente los puntos de contacto entre los seres á que se alu- 
de; no aceptando de ninguna manera, y con sobrada razón, el Reino nominal 
de Quatrefages, creado para el hombre; y por un "sentimiento de justicia," 
son sus palabras, hace valer un derecho de prioridad, para recordar en la do- 
minación de un grupo, el nombre de un zoologista ilustre: Daubenton. 

16. — Informe acerca del Axe. La Nat. 1. a S. T. VI, págs. 283-284. 

En un breve artículo, con sus respectivas figuras, el autor expone las 
particularidades anatómicas de un hempítero iudígena, el Coccus axin, que 
completa con una nota adicional inserta en la página 293; el cual insecto pro- 
porciona una substancia industrial, que sirve para preparar, desde el tiempo 
délos aborígenes, un barniz de hermoso brillo y duración, empleado en Urua- 
pan y en otros varios lugares, en la decoración de las jicaras; teniendo tam- 
bién aplicación en la medicina. 

17.— Una nueva especie de Salamanquesa. La Nat. 1. a S., T. VI, 
págs. 309-312. 

La Hemiddctyhis navarri, A. Dug., como la denominó su autor del ape- 
llido de una persona que le fué grata, es un saurio gecociano que, como las 
demás especies de esta familia, inspira gran temor por su extraño aspecto, 
pero sin motivo fundado; siendo notable la facilidad que tienen eiertos de 
ellos, de correr con suma rapidez en planos verticales, merced á una especie 
como de ventosa de que están pro vistas[sus patas. El llamado, "perrito," de 
la costa veracruzana, es otra distinta de la anterior, como se verá, sujeta á 



XIX 

igual preocupación, y la presente descrita con atavíos científicos irreprocha- 
bles. 

18.— Atax alzatei, A. Dug. La Nat. 1». S., T. VI, págs. 343-347. 

El autor, apoyado en trabajos de su ilustre padre, describe minuciosa- 
mente un hidroarácnido, ó sea un arácnido habitante del agua, común en 
Guanajuato; llama la atención de ser el primero que descubrió en México 
una especie del citado género, la que, por otra parte, tiene una manera de 
manifestarse igual á la del A histrionicus de Francia, consignada en las Memo- 
rias sobre Acáridos de su progenitor; las figuras que ilustran el asunto, he- 
chas como de costumbre, por aquella mano siempre dispuesta á descorrer el 
velo que oculta lo desconocido en este género de asuntos. 

19.— Dos reptiles de México. La Nat. 1? S., T. VI, págs. 359-362. 

Nuestro naturalista presenta dos nuevas especies que le fueron dedica- 
das por los Sres. Thominot y Bocourt: un saurio y un ofidio; el Eumeces 
(Pleistiodon) dugesii y el Geophis dugesii, las que á su vez pudo identificar 
en ejemplares de su propia colección. Agregaré, como único comentario, que 
fué una merecida honra de personas competentes, quienes apreciaban en mu- 
cho, el valor científico del primero. 

20. — ¿Adonde van las golondrinas? La Nat. V S., T. VII, págs. 77-79. 

Apoyándose en las observaciones y cálculos de Álzate y en las suyas pro- 
pias, el autor, fundándose principalmente en la completa identidad específica 
de la golondrina de guías, Hirundo korreorum, Bart., que nos visita en el ve- 
rano para anidar, con la que fué vista por Azara durante el invierno, en el 
Paraguay, y bien descrita por éste, comprueba la recíproca trasmigración 
de ella entre lugares separados por millares de kilómetros: hecho de que ape- 
nas se tenía vaga noticia y rigurosamente investigado. 

21.— Opilio ischoixotatus, A. Dug. La Nat. 1? S., T. VII, págs. 194-196. 

Es un buen trabajo descriptivo, con sus respectivos dibujos, acerca de 
un nuevo arácnido, y pasando los años, visto también por el suscrito, en el bal- 
neario del Rancho Colorado en Puebla; pero á la postre resultó este último dis- 
tinto del anterior, en concepto de un especialista americano á quien le fué 
enviado para su exacta determinación. Con el fin de fijar más la atención del 
lector sobre este punto, se le desliga del actual relato, para ocuparse de él 
por separado, en otro lugar de esta misma publicación. 

22. — Platygonus Alemani, A. Dug. LaNaturaleza, 2. a S., T. I, págs. 1 6-18. 

De un yacimiento de sedimentos pleistocénicos de tobafitolitaria ó tiza- 
te se hallaba empastado el esqueleto fosilizado de un mamífero de corpulenta 
talla, el que fué extraído en fragmentos, por el Sr. Dr. Jesús Alemán, de Mo- 
ro León, Guanajuato; discípulo predilecto del insigne maestro á quienes le 



XX 

íueron remitidos por aquél, para su examen y clasificación. Resultó ser en 
definitiva un gran suídeo del género Platygonusy de especie desconocida, en 
concepto del Sr. Prof. E. D. Cope de los E. U., que tuvo oportunidad de ver- 
los. El autor, por derecho de prioridad, le impuso el nombre específico que 
expresa el título. Con una completa descripción y figuras ilustrativas, infor- 
mó á la Sociedad de tan feliz hallazgo; pues su mérito estriba principalmente, 
en ser el primer ejemplar, de su especie, encontrando en México, no obstan- 
te haberse removido en el país, numerosos yacimientos fosilíferos, y algunos 
de ellos en grande escala, como el de Tequisquiac. Los vastos conocimien- 
tos del autor en la materia, le hicieron comprender que se trataba de un nue- 
vo género, pero siendo de la fauna pleistocénica y de creación reciente, le era 
desconocido. 

23. — Adelophis cope, A. Dug. — 24. Argas sanchezi, Id. — 2b.Omitomyia 
mlladae, Id. La Nat. 2. a S., T. I, págs. 18-21. 

Fueron tres especies dedicadas, respectivamente, al insigne paleontolo- 
gista americano antes citado, al Dr. J. Sánchez y al que esto escribe. Un ofi- 
dio la primera, un arácnido la segunda y díptero la tercera, En tan distin- 
tos campos zoológicos pudo espigar con acierto nuestro naturalista, ignotas 
simientes, esparcidas hoy en el de la ciencia, por medio de prolijas descrip- 
ciones y buenos dibujos; y haciendo uso de una metáfora, en lo que sigue; 
esta triada de especies lo acreditan como diestro cinegético, para abatir pie- 
zas raras en el vedado de la fauna, ante ojos inexpertos. 

26. — Rhinocheilus antoni. A. Dug. La Nat. 2. a S., T. I, págs. 6(5-67. 
Fué una lectura hecha por el autor, ante la Sociedad filosófica ameri- 
cana, acerca de un nuevo ofidio que dedicó á su ilustre progenitor. Su co- 
rrecta descripción y dibujos, causaron buena impresión á la docta asamblea, 
la que acordó darle cabida en su periódico, y más tarde esta Sociedad en el 
suyo con gran beneplácito. 

27. — Erpetología del Valle de México y en seguida Batracios, de es- 
ta misma región. La, Nat. 2? S., T. I, págs. 96-146. 

En 50 páginas de esta publicación, desarrolla nuestro naturalista, linte- 
rna por demás interesante que inculca un amplio conocimiento de especies 
comprendidas en dos grupos zoológicos que ocupan lugar prominente en el 
reino animal. Es un bien acabado estudio que, como alto Señor, hay que 
rendirle pleito homenaje, haciendo á un lado la seriedad con estas festivas 
palabras, nada exageradas por cierto. Sea dicho como dato histórico, que 
fué para el que lo escribió un compromiso de honor, que surgió de una exci- 
tativa hecha en el seno de la Sociedad, para que sus miembros se ocupasen 
en redactar Monografías; cada quien sobre asuntos de su competencia, ele- 



XXI 

gidos á voluntad. Aceptada la idea pusieron mañosa la obra, pero sólo dos la 
consumaron, ambos hoy en eterno descanso; el laurel de la victoria cubrirá 
perennemente los queridos manes de los que en vida llevaron los nombres de 
Alfredo Dugés y José N. Rovirosa. Este último dio más tarde á la estampa 
un bello libro intitulado Pteridografía del Sur de México, y con la obra del 
primero se honraron las columnas de este periódico. 

El autor, después de los preliminares, traza el cuadro de los cinco órde- 
nes en que se subdivide la clase de los reptiles y pasa en seguida revista délas 
especies comprendidas en ellos; precisando con todo rigor, los caracteres de 
las familias, géneros y especies, con preciosos datos respecto á las costumbres, y 
un buen número de láminas. De igual modo procede al ocuparse de los Batra- 
cios. La lectura de este importante trabajo esdiguade recomendarse y ser- 
virá de modelo á los que se ocupen de escribir asuntos de esta naturaleza. 

28.— La Tortuga Polifemo. LaNat. 2. a S., T. L, 146-147. 

Especie norteamericana de regular talla y no poco interesante, que el 
autor fué el primero en señalar su existencia en el país, haciendo su descrip- 
ción, y con datos de sus costumbres que él mismo pudo observar en ejemplares 
vivos que le fueron remitidos: uo cabe más elogio que alabar su diligencia y la 
acei'tada clasificación de este quelonio. 

29.— La Llaveia dorsalis, A. Dug La Nat. 2. a S., T. I, págs. 160-161. 

Presenta el autor bajo el expresado nombre un axe distinto del común, 
como lo comprueban la descripción y figuras que lo representan. Si no fuese 
de especie realmente distinta, sí es una variedad digua de señalarse y desco- 
nocida en la ciencia. En abono del buen nombre del autor, repetimos en todo 
lo expresado arriba. 

30. — Adición a los reptiles del Valle de México. La Nat. 2. a S., T. I, 
págs. 205-206. 

Fué una especie rezagada que el autor, siempre alerta, se apresuró á 
comuuicar á la Sociedad, con su respectiva descripción. 

31. — Bolsas glandulosas délos crocodilos. LaNat. 2? S., T. I, págs. 
206-207. 

Es un aparato secretor del lagarto de la costa veracruzana, colocado en 
el interior de la boca y que no había sido señalado; lo que el autor hizo, des- 
cribiéndolo y dibujándolo con la mayor exactitud, no dando tregua á sus in- 
vestigaciones siempre oportunas. 

32.— Tixgis spixosa. A. Dug. La Nat. 2? S., T. I, págs. 207-209. 

Pequeño geocoriza, que como los demás hemípteros de este grupo, son 
parásitos de las plantas. Compulsando los caracteres de las especies descri- 
tas, se persuadió el autor de las notables diferencias que había con el que la 



XXII 

casualidad le llevó á las manos, fijando la atención en todo lo que en su ramo 
le era desconocido para someterlo al estudio; ojalá que tan noble afán tuviese 
en provecho de la ciencia muchos imitadores. La descripción)- dibujo á que 
dio margen este hallazgo, como de tan ejercitadas manos, no dejan nada que 
desear. 

33. — Un punto curioso de Geografía Zoológica. La Nat. 2? S., T. I., 
págs. 209-2 H. 

El autor llama la atención, en un caso particular que cita, de la contra- 
dicción que resulta en las leyes corológicas, ó sean, la correlatividad, entre 
otras, de la fauna y de la flora. Apunta tan sólo un dato para futuras inves- 
tigaciones, las que ciertamente merecen llevarse á cabo. Refiere que dos dis- 
tintas floras sustentan idénticas insectifaunas, lo que parecería imposible; pero 
bien puede suceder que causas ignotas más eficientes se sobrepongan en esta 
vez á la influencia, las más veces decisiva, que ejercen las primeras sobre la 
vida de los seres, que á las segundas corresponden: la ecualidad absoluta de 
especies entomológicas en las montañas de Jalisco y Guanajuato, en donde 
vegetan plantas diversas. He aquí el caso concreto á que se alude, y que el 
autor señala con pleno conocimiento de las especies que pudo examinar, y 
que fueron no pocas. 

34.— Francisco Hernández. La Nat. 2. a S., T. L, págs. 282-288. 

Trabajo ímprobo que emprendió el autor al identificar las especies zoo- 
lógicas de Hernández, en vista de la insuficiencia de las descripciones, pero 
en todo caso siempre exactas, cuando éste las examinaba. Sólo conocimientos 
muy especiales sobre la fauna indígena, podrían vencer la suma dificultad 
de semejaute empresa, y de la que, en concepto del suscrito, salió airoso 
nuestro naturalista, agregando un laurel más á la corona que inmortalizará su 
nombre. 

35. — Descripción de la Storeria dekayi, var. anómala, A. Dug. — 
3G. Dos nuevas especies de ofidios mexicanos. La Nat. 2. a S., T. I., págs. 
401-403. 

Se reúnen estos dos artículos publicados el uno á continuación del otro. 
El primero se refiere á un pequeño ofidio colectado en Orizaba por el autor, 
y algo distinto de la especie típica; los caracteres diferenciales son suficien- 
tes para establecer una variedad. El segundo artículo es la traducción de 
una lectura hecha ante la Sociedad americana anteriormente citada y la cual 
mereció los honores de la publicación. Son dos joyas más que el autor en- 
garza en el glorioso pendón de la ciencia. 

37. EUMECES ALTAMIRANI, A . Dllg. 38. ElAPS DIASTEMA, VAR. MICHOA- 

canensis, id. — 39. Ixodes iierrerae, id. La Nat. 2. a S., T. I., págs. 485-488. 



xxnr 

Se reúnen también estos tres distintos artículos, publicados en seguida 
uno del otro. Un saurio, un ofidio y un arácnido. Con el nombre específico 
de ellos honra el autor á dos de nuestros más distinguidos naturalistas: el 
finado Dr. Fernando Altamirano, y el Prof. Alfonso L. Herrera. La siempre 
magistral descripcción y perfectos dibujos que avaloran más su presentación 
en el estadio de la ciencia, es una página de oro inscrita en el gran libro del 
saber humano, y que por ser nuestra, más nos congratula. 

40.- — Ave nueva de México. Dendroica dugesi Henry. K. Coal. 4 1 . — Des- 
cripción DEL ESQUELETO DEL RlIYNOPHRYNUS DORSALIS, ü. B. 42. El DeNDROPHI- 

lus dendrophts, Schl. — 43. El Gamasus towsendi, A. Dug. — 44. El Tordito, 
Molothrus ater, Gray. La Nat. 2. a S.,T II., págs. 905-915. 

Se reúnen estos cinco artículos publicados en serie, que se especifican 
con breve análisis. 

I. Pequeña ave canora dedicada al autor y bien descrita por él, en vista 
del solo ejemplar que tuvo en las manos; notó algunas discrepancias con 
la descripción original del tipo en que se fundó, y representólas con arte, en 
la copia que hizo del natural. 

II. De sumo interés como estudio de anatomía comparada, que llena 
un hueco en esta materia. Realza el mérito de este artículo la descripción 
de la especie y figuras correlativas. 

III. Raro ofidio que el autor describe, y que quizás sea el primero en 
señalar en México, y bien representado con su extraño color. 

IV. Curioso acárido que vive como parásito en los insectos y otros ani- 
males; su difícil descripción y dibujos hechos con sumo cuidado por el autor, 
permite reconocerlo sin mayor dificultad, y siendo especie nueva, su interés 
aumenta. 

V. El autor no se ocupa en describir esta avecilla demasiada conocida 
en México, pero sí refiere las costumbres que tuvo oportunidad de apreciar 
en ella, y que como buen observador no dejó pasar desapercibidas. 

De una sola tirada otros siete artículos más, los cuales se sujetan á igual 
procedimiento. 

45. — Un nuevo ixodídeo. — -46. El Tlalzahuatl. — 47. Acanthia inodora, 
A. Dug. — 48. Una nueva especie de Lamprea. — 49. Un zanate isabelino. 
— 50. Huevo y feto de Cuiji. — 51. Instrucciones para colectores de aves. 
La Xat. 2. a S., T. II., págs. 104-179. 

I. Otro acárido de especie no descrita, en que el autor funda un subgé- 
nero. La principal recomendación de este artículo, estriba en el gran empe- 
ño que tuvo en describirlo en todas sus fases; pues como asienta con sobra- 
da razón, es el único medio de que la ciencia llegue á descartarse de multi- 



XXIV 

tnd de especies meramente nominales, por lo inperfecto de las descripciones, 
que sólo dan pábulo á embrollar la sinonimia. A tout Seígneur tout hox- 
neur, bien puede aplicársele en el caso. 

II. Hé aquí otro arácnido, que no por ser pequeñísimo, deja de ser per- 
nicioso, y que da en qué pensar como la mentada "Ghmtatlah.ua/' y de que 
viene á la mente sea la misma. Pocos naturalistas tienen los altos vuelos 
del autor para poder seguir la complicada urdimbre de una descripción ver- 
daderamente difícil, como la presente. Sus investigaciones en esta vía le per- 
mite asegurar que la forma en que se presenta bajo la expresada denomina- 
ción indígena, es el simple estado larvario de un Trombidiüm. 

III. Es un hemíptero singular vulgarmente llamado Chinche de Gallo de 
rápido andar y más molesto que sus otros congéneres, pues sus picaduras son 
más dolorosas; pero en cambio es menos repugnante por carecer de mal 
olor. El autor la describe con todos sus pormenores, creando una especie 
nueva, y despierta la curiosidad de estudiarlo en sus costumbres. 

IV. La anguila de Jacona, Michoacán, era desconocida científicamen- 
te en México. La descripción original, fué hecha por un naturalista america- 
no, que el autor tradujo con el agregado de una breve nota y un dibujo to- 
mado del natural; se tiene con este relato, el conocimiento perfecto, de una 
especie más en nuestra fauna. 

Y. Es una excepcional anomalía del Quiscalus mexicanus, que como di- 
ce bien el autor debe calificarse de isabelismo más que albinismo, por ser 
amarillo de isabel y no blanco, el color que ha substituido al normal, y que 
por la singularidad del caso merece consignarse. 

VI. Valía la pena completar el estudio de una ave de rapiña, tan co- 
mún en México, como es el quebrantahuesos por otro nombre. El autor apro- 
vechó la primera oportunidad que se le presentó para llenar este vacío, y 
con una buena descripciónn y figuras, salió airoso de su empresa. 

VIL Muy claras y detalladas son las sabias instrucciones que el autor 
irnbi^e á las personas que designa, y ajustándose á ellas, sus trabajos serán 
más provechosos y mejor remunerados. 

Otra serie no interrumpida, de cuatro artículos, es la siguiente: 

51. — Variaciones de coloración en el Gerrhonotus imbricatüs. — 52. Co- 

LEONIX ELEGANS, GRAY. — -53. EuMECES ROVIROSAE, A. Dllg. 54. BOA JMPERATOR, 

Dauv. La Nat. 2. a S., T. II, págs. 294-300. 

I. Es un saurio común en México, é inadecuadamente llamado escor- 
pión, nombre que corresponde al alacrán; sin razón también, se le teme, pues 
nada tiene de ponzoñoso. Es indudable que el cambio de medio modifica 
más ó menos el carácter específico de los seres; pero también puede suceder 



XXV 

que éste se verifique sin la intervención de aquél; fijar hechos de esta natu- 
raleza tienen sobrado interés para buscar por otro lado el origen. 

II. Con su descripción y dibujos tomados del natural da á conocer el au- 
tor, genérica y específicamente, un pequeño saurio que ofrece particulari- 
dades interesantes: la de emitir un sonido semejante á un débil ladrido; te- 
ner colores obscuros y recortados sobre un fondo claro, como los de ciertas 
piezas de cerámica antigua, y ser, en fin, un diestro cazador de sabandijas. 
Ágil y rápido en sus movimientos, sube y baja sobre una pared, como una 
mosca, merced á cierto aparato agregado á las uñas: aptitud que poseen to- 
dos los demás Geckos, que lejos de ser ponzoñosos, como se cree, son perfec- 
tamente inocentes. El ejemplar descrito, era de Cempoala, Veracruz, en don- 
de lo vio el suscrito, y designado en aquel lugar con el expresivo nombre de 
'■perrito." 

III. El autor, con el propósito de perpetuar la memoria de ciertos miem- 
bros de la Sociedad, impone á la segunda especie que descubrió del expresa- 
do 2,'énero, el nombre del sabio autor de la "Pteridrografía del Sur de Mé- 
xico," Ing. D. José N. Rovirosa. Este pequeño saurio, que no carece de gra- 
cia por su figura y coloración, queda fielmente representado con el pincel y 
la pluma bien manejados de su descubridor. 

IV. Es un corto pero substancioso artículo, en el cual emite el autor la 
opinión de tener importancia secundaria la variabilidad de ciertos caracte- 
res, en los boas mexicanos, y por lo mismo deben referirse á una sola especie 
con distintos razas locales; la descripción y dibujo colorido hacen más com- 
prensible la explicación. 

55. — Apuntes biológicos acerca del Dipodomys phillipsi, Gray. La Nat. 
2. a S., T. II. págs. 373-371. 

Pequeño roedor de graciosas formas y muy difícil de capturarlo vivo 
por su gran agilidad; el autor tuvo la buena suerte de tenerlo en jaula para 
observarlo. Son por demás curiosos sus hábitos, relatados fielmente, y su re- 
presentación específica en el dibujo del natural. 

56. — Lista de alguxos reptiles y batracios de Tabasco y Chiapas. La 
Nat. 2. a S., T. II, págs. 375-377. 

Es un verdadero catálogo de 41 especies perfectamente clasificadas, 
que le fueron proporcionadas al autor, en su mayor parte, por el Sr. Rovi- 
rosa. Sin disputa alguna es un contingente valioso para el conocimiento de 
la rica fauna de los expresados lugares. 

57. — Hemichirotes tridactylus, A. Dug. La Nat. 2. a S., T. II, págs. 411 
412. 

Con esta especie de tan singular anfisbeniano fundó el autor el expre- 



XXVI 

sacio género, no disponiendo para ello sino de un sólo ejemplar en mal esta- 
do; del que no obstante pudo sacar el mejor partido, merced á su reconoci- 
da competencia en la materia. Las tres especies conocidas hasta hoy, con la 
presente, se hayan repartidas en otros tantos géneros. Rarísimos en todos 
los Museos: el nuestro posee tan sólo un ejemplar de esta nueva especie; la 
que figurará seguramente en buen lugar, en la hoja de servicios prestados 
á la ciencia, por el naturalista á quien se debe. 

58. — Felis fósil de S. Juan de los Lagos. La Nat. 2. a S., T. II. Págs. 
421-423. 

En una formación sedimentaria del terreno pleistocénico de la expresa- 
da localidad, descubrió el autor unas impresiones fisiológicas muy notables, 
en hueco y en relieve, entre dos estratos superpuestos, uno de marga y el 
otro de arenisca; ambos bastante duros para poder ser cortados en lajas y á 
regular profundidad del suelo. En el primero, se dibujan esculpidos en hue- 
co numerosas pisadas de un carádrido ó tildio y algunas de un félido del 
género que expresa el título: quizá de la especie concolor, que es la del Pu- 
ma ó León mexicano que vive en la actualidad. En el segundo estrato, su- 
peryacente al otro, se reproducen las mismas huellas en relieve. Inteligente 
hallazgo, señalado con precisión esta primera vez, que merece un justo en- 
comio. 

Como un ramillete de verdaderos pensamientos se enlazan por su pu- 
blicación, en serie no interrumpida, los cuatro artículos siguientes: 

59. — Un nuevo Jahuiqui, Tigridia dugesi, Ser. Wats. — -60. Geophis tec- 
panecus, A. Dug. — 61. Una mariposa nueva. Ophideres raphael, A. Dug. — 
62. Ambltstoma altamirani, A. Dug. La Nat. 2. a S., T. II, págs. 453-461. 

I. Corresponde al autor el mérito de describir in vivo, esta nueva espe- 
cie de la familia de las Iridáceas, que le fué dedicada por un eminente botá- 
nico de allende el Bravo, que hace honor á su país. En un campo de estudio, 
que no era el de su especialidad, demostró el autor su competencia, mante- 
niendo su puesto de honor, en el de las Ciencias Naturales. 

II. Mostró suma habilidad el autor al describir y clasificar correcta- 
mente un ofidio que recibió en pedazos, de Tecpan de Galeana, y que restau- 
ró en el dibujo en toda su integridad. Es una nueva conquista científica 
llevada á cabo con sin igual ardor, en el mundo de lo desconocido. 

III. Lepidóptero verdaderamente excepcional, provisto de rígida rec- 
titrompa, en vez de espiritrompa, como las demás especies: instrumento per- 
fecto y maravilloso, de triple funcionamiento, que raspa, asierra y perfora 
con el vigor de su robusto cuerpo, y que bien aprovechan los ofideres para 
chupar el jugo de la naranja que les sirve de sustento; no bastando los be- 



XXVII 

líos colores que á todos ellos adornan para tolerar su presencia en las huer- 
tas. El autor tuvo la intención de dedicar la presente especie al sabio zoo- 
logista francés, Raphael Blanchard; así la presentó hace años, en una nota, 
á una sabia Corporación de su país, y ahora á la nuestra lucidamente ampli- 
ficada; mas por desgracia se desvaneció este buen deseo por haber sido de 
antes registrada con otro nombre específico; mas no obstante, queda siempre 
en pie el interés que inspira este singular insecto. 

IV. Verdadera salamandra que el autor dedica al que fué muy digno 
miembro de la Sociedad, Dr. Fernando Altamirauo. Engalanada la diserta- 
ción con nimios detalles y figuras tomadas del natural, se realza la importan- 
cia de un hecho biológico excepcional, condensado en las siguientes frases: 
larva y adulto aptos para la reproducción. 

63.- — Intestino del Crocodilüs americantjs. La Nat. 2. a S., T. II, págs. 
477-478. 

Estudio anatómico con figuras explicativas, de verdadero mérito, que 
completa y perfecciona el conocimiento de la expresada viscera en un caso 
particular: debido á la genial inclinación del autor de poner en juego sus fa- 
cultades y fiel al precepto de enseñar al que no sabe. 

64. — Reptiles y batracios de los E. TJ. Mexicanos. La Nat. 2. a S., T. 
II, págs. 479-485. 

Precioso catálogo de 217 especies registradas con su sinonimia vulgar 
y científica; y en el cual se hallan tan solo inscritas las que el autor vio y 
pudo clasificar con toda precisión; evaluando él mismo, aproximadamen- 
te, en el doble, su número total en nuestro territorio. Mencionando la par- 
ticularidad, de que muchos de ellos tienen en el mismo, una amplia zona de 
dispersión. 

65. — Exyalosaurios QüiNQUECARiNATUs, Gray. La Nat. 2. a S., T. II, págs. 
523-524. 

En dos páginas del periódico figura la completa descripción de este no- 
table iguanídeo, que el autor recibió vivo y así lo retrató con sus colores na- 
turales; «lo que probablemente jamás se había hecho», son sus palabras. Ca- 
reciendo de verdad que sea ponzoñoso como muchos aseguran. 

Los últimos 28 artículos llenan casi por completo las páginas de la sec- 
ción de zoología del tomo de referencia, con asuntos muchos de ellos de su- 
mo interés. Sin disputa es un valioso contingente al estudio de nuestra fau- 
na, y la exacta medida á la vez, de la firmeza del autor en seguir siempre 
adelante en el camino de las investigaciones. Bien podía repetir á su turno el 
hermoso epígrafe que inscribió el eminente Dr. Peter al frente de una de sus 
mejores obras: li El progreso se muestra marchando, y yo marcho." 



XXVIII 

Sin pasión alguna y refiriéndose á todos ellos, el suscrito exclama, en 
sentido figurado. Son piedras preciosas que el autor toma del joyel de su sa- 
biduría para adornar la frente de la Señora de sus pensamientos: la Augusta 
Ciencia. Es pertinente advertir, sin embargo, que algo, muy poco, de lo pu- 
blicado bajo su firma, no es de su propia cosecha; pero sí espigado cuidado- 
samente y bien comentado por él. 

En corridas páginas se publicaron dosá dos, los siguientes artículos: 
66. — Caracteres de los animales.- — 67. Flores de Madera . — -68. Para- 
lelo DE LOS CRÁNEOS DE CABALLO Y DE ASNO. — 69. Un NUEVO GENERO DE OFIDIO. 

La Nat. 2. a S., T. III, págs 39-43 y 49-52. 

I. Partiendo del principio de que el cambio de carácter en el hombre 
está sujeto á la inteligencia y no al instinto, el hecho de que en los demás 
animales se presente igualmente, en buena lógica se deduce que éstos po- 
seen aquélla, aunque no fuese sino en mucho menor grado, sin aducir más 
razones que lo comprueben. 

El autor se ocupa en citar casos bien observados por él, en la clase de 
los reptiles: No tan sólo entre especies de distinto género, sino del mismo. 
Si en algo asoma la fina sátira por lo que á nuestro orgullo toca, y en mu- 
cho la circunspección, en todo brilla la buena fe. 

II. Curioso caso de monstruosidad, conocido de muchos y digno de ver- 
se por su llamativo aspecto; bien estudiado y representado en sus distintas fa- 
ses de su formación, por quien no flaquea en buscar la resolución de problemas 
que á menudo se presentan en el mundo organizado, los que ocultos bajo 
espeso velo ofrecen dificultades. 

III. Ciertamente que para deslindar las especies de los caballos fósi- 
les, deben fijarse ante todo con precisión, los caracteres diferenciales en la 
señalada porción del esqueleto de los expresados subgéneros. Sin esta base, 
indefectiblemente se incurre en el error de referirlas á uno ú otro, multiplicán- 
dolas indebidamente. Figuras ilustrativas, hechas con todo esmero por el au- 
tor, ponen de manifiesto aquellas diferencias, siendo de aplaudirse á quien 
también las ejecutó. 

IV. El autor se refiere auna especie creada por él, el Geophis tecpanecus, 
ya inscrita en esta Revista bajo el número 60. Discute el parecer de un re- 
putado erpetólogo francés que la refiere á un Atractus; con sólidos fundamen- 
tos la separa de uno y otro género, estableciendo uno intermediario con la de- 
nominación de Geoatractus. Llena así un hiaius que, aunque pequeño, tiene 
su importancia en el proceso evolutivo de las especies á que se refiere. 

En las postrimerías de su vida, en que la decadencia física no amen- 
o-uaba la vigorosa actividad de su inteligencia, que perduró hasta exhalar el 



XXIX 

último aliento, el Sr. I)r. Alfredo Duo-és dedicó ala Sociedad, dos últimos ar- 
tirulos, los cuales figuran en las páginas 14 y 15 del tomo I, 3. a serie de es- 
te periódico, que es hoy también órgano del nuevo Museo N. de Historia 
Natural. 

70. CoRYNORHINUS MACROTIS. 71. NOTA ACERCA DEL ENCÉFALO DEL DlDEL- 

PHIS MARSÜP1ALIS. 

En el primero confirma el autor la existencia en Guanajuato, de un cu- 
rioso queiróptero, exponiendo algo relativo á su manera de ser y represen- 
tándolo, sobre todo, en su singular actitud de dormir. 

En el segundo rectifica una particularidad anatómica de la expresada 
viscera, mal señalada: últimos destellos del gran luminar, que tuvo su cen- 
tro en el suyo. 

72, adicional. — El vampiro de tierra caliente. La Nat. 3? S., T. I. (A. 
continuación del catálogo de moluscos). 

Este interesante artículo, relatiyo al Desmodus rufus, Wiedm, ocupa 
el primer lugar de la Revista Científica. Su autor trata el asunto, especial- 
mente, desde el punto de vista anatómico y morfológico; completando y rec- 
tificando en los dibujos, los estudios hechos anteriormente. En una nota adi- 
cional, el Sr. Prof. A. L. Herrera consigna datos no menos interesantes acer- 
ca de esta curiosa especie de nuestra mamifauna, muy digna ele ser cono- 
cida. 



* * 



El sucinto examen de las 72 Memorias comprendidas en esta Reseña, 
patentizan, como se indicó al principio, la intensa labor del Sr. Dr. D. Alfre- 
do Dugés, quien no malgastó su tiempo ni sus energías en elucubraciones más 
ó menos felices, sino que persiguió siempre la verdad por el recto camino que 
á ella conduce; no sentó plaza de ilusionista, valga la frase, sino de un 
verdadero escudriñador científico, sirviéndole de brújula su desapasionado 
criterio. Así fué como trabajó toda su vida, desentrañando del mundo or- 
ganizado, múltiples formas en las que la vida también se manifiesta. 

El expresado número de trabajos, no es sino algo más de la mitad de los 
publicados sobre diversas materias en distintos periódicos científicos; fuera 
de todos ellos, debe citarse con especialidad, la erudita obra que escribió pa- 



XXX 

ra la enseñanza, bajo el título de "Programa de un curso de Zoología," que 
alcanzó dos ediciones. Para aquilatar aún más, el mérito de la persona de 
quien se habla, debe tenerse en cuenta, que compartía el tiempo útil, entre 
sus estudios favoritos y los deberes oficiales, profesionales y de sociedad, á 
que tenía que atender. 

El arduo problema de la especie, tuvo en él, un sagaz observador, em- 
peñándose en todos sus escritos á establecerla bajo una base firme y dura- 
dera. Sus demostraciones, claras y concisas, son el reflejo purísimo de una 
inteligente y perspicaz observación; cualidad que poseía en alto grado, y por 
lo mismo sus investigaciones son acredoras de merecida y justificada con- 
fianza. En su larga carrera de Profesor en la materia, nunca dejó de hacer 
palpables ante sus discípulos las explicaciones, tomando uno á uñólos dibujos 
copiados del natural por mano propia, que para el objeto tenía preparados 
en cada lección, reproduciéndolos fielmente en el encerado consuma pericia. 
Era de oirse la metódica y sencilla exposición de los asuntos, sin revestirla 
con las galas de la oratoria, que desvían más bien la atención de los puntos 
capitales en que ésta debe fijarse. Sus exquisitas dotes para la enseñanza, 
fueron justamente apreciadas y reconocidas por numerosos oyentes, de los 
que no pocos han alcanzado merecido renombre. 

Si fuera dable al suscrito, con el broche de oro de la palabra, cerraría 
el valioso cofre destinado á guardar como un tesoro, la meritísima obra del 
Maestro que dio gran lustre á la ciencia mexicana; limitándose únicamente 
á ser el oficioso intérprete, de los sentimientos de respeto y simpatía, del nu- 
meroso grupo de intelectuales, que con veneración lo glorifican. 

Museo N. de Historia Natural, Enero de 1911. 



STCcmuef 91L tifiaba. 



SBOBETARIA 



EDAD MEXICANA DE HISTORI/ NATURAL 



Extracto de la acta de la Sesión celebrada el I." de octubre de 1910. 



Presidencia del Sr. Dr. Manuel M. Villada. 



Abierta la sesióu, el Sr. Presidente expuso los motivos que hubo, para 
que la Sociedad permaneciese en receso durante algunos años, recordando á 
este propósito, las sensibles pérdidas ocurridas en ese tiempo, de entre sus 
socios más distinguidos, y que profundamente la afecta: fueron ellas las de 
los Sres. Rovirosa, Ramírez, Urbina, Altamirano y Dugés. 

Con la mira de infundirle nueva vida, la Mesa Directiva de la Sociedad 
y el Sr. Director del nuevo Museo Nacional de Historia Natural, convinie- 
ron de común acuerdo, en incorporarla á este Plantel, cediéndole su biblio- 
teca y el uso de su mobiliario; reservándose la primera, la propiedad del ar- 
chivo y colecciones de su periódico "La Naturaleza." El Museo, en cambio, 
por iniciativa de su Director y con autorización de la Superioridad, suminis- 
trará de sus fondos la cantidad de $100.00 cada mes, para el sostenimiento 
de la referida publicación, que continuará siendo el órgano de las dos insti- 
tuciones; quedando sus profesores, en calidad de miembros de la citada Cor- 
poración, los que á ella no pertenecían anteriormente: todo lo cual fué apro- 
bado después de una ligera discusión, en la que el Sr. Díaz de León hizo ob- 
servaciones oportunas. 

El Sr. Dr. D. Agustín Reza, Tesorero de la Sociedad, pidió la palabra, 



XXXII 

que le fué concedida, para dar cuenta del estado de los fondos que ha teni- 
do á su cargo. Comenzó por exponer que en marzo de 1900, fué electo Te- 
sorero de la Sociedad y que desde esa fecha, hasta el último de junio de 
1904, cobró mensualmente, con toda regularidad, de la Tesorería General de 
la Federación, la cantidad de $83.33 ó sean $1,000 anuales, por subvención 
que tenía asignada: que deducidos los gastos hechos posteriormente, hasta 
el 31 de mayo de 1906, resultó una existencia de $207.14; que de entonces 
acá, se han invertido $47.14, quedando á la fecha ana existencia líquida de 
$160.00, á favor de la Sociedad. 

El Sr. Presidente, en nombre de la Corporación, le dio las más cumpli- 
das gracias, haciendo un justo y merecido elogio, de la acrisolada honradez 
del preopinante. 

A moción del Sr. Dr. Jesús Sánchez, y con aprobación de todos los so- 
cios presentes, se acordó que la misma Mesa Directiva, continuase en sus 
funciones, con el solo agregado de un 2.° Secretario, que propuso el Sr. Pre- 
sidente. Su personal es como sigue. 

Presidente: Dr. Manuel M. Tillada. 

Vicepresidente: Dr. Jesús Díaz de León. 

ler. Secretario: Dr. José Mangino. 

2." Secretario: Prof. Rafael iguilar y Santillán. 

Tesorero: Dr. Agustín Reza. 

Por último, se acordó que las sesiones tuviesen verificativo el primer 
jueves útil de cada mes, á las 12 m. 

Terminados estos asuntos, se levantó la sesión, á la que asistieron los 
Sres. Aguilar y Santillán, Díaz de León, Leal, Mac Gregor, Sánchez, Velasco, 
Villnda, Villafaña y el primer Secretario que suscribe. 

Museo Nacional de Historia Natural. México, octubre de 1910. 

<¿?o¿¿ £)líangino. 



INFORME ACERCA DE LA VISITA 



A ALGUNOS DE LOS PRINCIPALES 



MUSEOS DE HISTORIA NATURAL 

Y JARDINES ZOOLÓGICO -BOTÁNICOS 



DE ESTADOS UNIDOS Y EUROPA. 



Señoe Mixisteo de Insteucción Pública y Bellas Aetes: 

En cumplimiento de la orden que tuvo Ud. á bien darme para que visitase 
los principales Museos de Historia Natural y Jardines Zoológico-botánicos de Es- 
tados Unidos y de Europa, después de haber asistido a la VI Sesión del Congre- 
so Internacional de Zoología en Berna (Suiza), tengo la honra de presentarle el 
informe siguiente. 

Desde luego manifiesto á Ud. que los establecimientos de la índole citada son 
tantos, tan variados é importantes, que para estudiar concienzudamente, siquiera 
los principales, se necesitaría un espacio de tiempo mucho mayor del qvie yo pude 
disponer, y por eso me limité á sólo quince que constan en la lista adjunta. 

Mr. AYilliam J. Hornaday, Director del Parque Zoológico de Nueva York, 
dice en la "Gruía Popular y Oficial" para visitar ese establecimiento, que el des- 
arrollo de éste manifiesta mejor que otra cosa, el avance en la educación del pue- 
blo neoyorquino. * Efectivamente, á medida que una nación está en un período 
más avanzado de civilización, éste puede medirse por sus planteles de instruc- 
ción, entre los cuales figuran, en primera línea, tanto los museos de Historia Na- 
tural como los Jardines Zoológico-botánicos. 

Todas las ciudades principales del inundo, y aun las de segundo y tercer ór- 
denes, los poseen, y por eso es verdaderamente sensible y sorprendente que en 
la Capital de la República no tengamos un Jardín Zoológico-botánico digno de la 
cultura y progreso innegable que han alcanzado sus habitantes. En la época vi- 

* Popular Oficial Guide to the New- York Zoological Park. By W. J. Hornaday. New- York. 1093. 



XXXIV 

rreiual existió en el interior del Palacio Nacional un pequeño jardín botánico 
del cual habla con elogio el Barón de Hninboldt en su obra titulada '-Ensayo 
político acerca de la Nueva España," y en el cual dio sus primeras lecciones el 
reputado naturalista Cervantes. 

Convenientemente instalados estos jardines, como los de Londres, París y 
Nueva York, y aun otros de menor jerarquía, vienen á ser centros de reunión 
escogidos, y como lo dice el autor del Libro-guía, para visitar el Jardín Zooló- 
gico de Aclimatación de París, este plantel es actualmente ''uno de los paseos 
"más bellos é interesantes de la ciudad. Es el lugar por excelencia de las recrea- 
ciones instructivas y considerado como uu establecimiento nacional de educa- 
ción popular y de utilidad pública." 

Con el objeto de darles mayor atractivo y también, sin duda, para subvenir á 
los crecidos gastos que hay que erogar en ellos para la alimentación y cuidado 
esmerado de muchos animales, así como para el cultivo de millares de plantas, 
existen en algunos de estos planteles, cafés, restaurants. teatros y, en ciertos días, 
se organizan conciertos populares. En el Jardín de Aclimatación en París, los 
jueves del invierno se representan obras maestras del teatro francés; allí tuve el 
gusto de oír la "'Muda dePortici," de Aubert y la "Mignon" de Thomas. Ese mis- 
ino local sirve, en ocasiones determinadas, para conferencias que algunos días de 
la semana dan allí personas competentes y son relativas á Zoología, Botánica y 
aplicaciones de las mismas, Etnografía, Viajes, etc., y siempre amenizadas con 
proyecciones de linterna mágica, tan propias para atraer como para ilustrar á nu 
público numeroso. Si no en todos, en casi todos los museos y jardines de esta es- 
pecie se paga la entrada los días de trabajo (unos diez ó veinte centavos); pero 
en los días feriados y los domingos es enteramente libre, sin duda con el objeto 
de que la clase pobre pueda visitarlos sin gravamen alguno. Es, en general, en 
todos, la prohibición para fumar y además los paraguas y bastones deben dejarse 
al cuidado del portero (mediante una gratificación): disposición muy acertada, 
pues es conocida la tendencia para servirse de ellos señalando los objetos y mu- 
chas veces maltratándolos de una manera inconsciente. Respecto de entrada de 
perros y otros animales, la prohibición es absoluta. 

En todos los museos y jardines Zoológico-botáuicos que visité observó siempre 
la clasificación científica admitida, y además del membrete ó etiqueta que lleva 
cada ejemplar, expresando el nombre técnico y el vulgar, el origen, etc., mu- 
chas veces se encuentran, al lado de los ejemplares, tai-jetones explicativos, vis- 
tas, cartas geográficas, etc., que son como ilustraciones que dan mayor atractivo 
y utilidad á estas colecciones. En el Museo de Berna, por ejemplo, existe empaja- 
do uu famoso perro, llamado Barry, y á su lado se lee impresa la relación de sus 
más notables rasgos de inteligencia y valor: verdaderas hazañas que ejecutó para 
salvar de la muerte por congelación, á viajeros extraviados en el monte San Ber- 
nardo. Tengo el gusto de adjuntar á este informe un retrato del animal y la ci- 
tada relación, iguales á los que se exhiben en dicho Museo. 



XXXV 

En los jardines Zoológico-botáuicos no sería posible seguir un riguroso orden 
natural al instalar los diversos departamentos ocupados por los animales vías 
plantas; pues hay que escoger, de preferencia, el local apropiado en atención á 
la orientación, vientos dominantes, y otras exigencias, para todas y cada una de 
las especies; así es que plantas y animales de una misma familia se ven alejados 
entre sí, porque en la naturaleza sus condiciones de vida son diferentes y aun 
llegan a ser opuestas. El león africano y el oso blanco son, sin duda, del mismo 
grupo, del orden carniceros; pero mientras el primero vive en clima cálido, tro- 
pical, el segundo es habitante de climas muy fríos, glaciales, y de consiguiente 
no pueden vivir juntos, siendo necesario instalarlos de una manera aproximada 
á la de los lugares de donde proceden. Por el contrario, seres muy distantes en 
las escalas zoológica y botánica, deben aproximarse, porque las condiciones de 
su vida ó las circunstancias climatéricas que necesitan son semejantes. Esta ver- 
dad se palpa fácilmente dando una ojeada á los planos que acompañan á los ca- 
tálogos y guías que tengo la honra de presentar adjuntas á esta Memoria. 

Recorriendo los jardines, tanto en Europa como en Estados Unidos, me he 
formado el concepto de que los departamentos esenciales para su establecimien- 
to son los siguientes: 

1.° Departamento para cuadrumanos.— -Llama la atención del público de ma- 
nera extraordinaria; pero siendo habitantes de clima muy cálido y enfermándose 
de tuberculosis en clima frío, es necesaria una instalación especial, de manera 
que en la estación de invierno pueden recibir calor artificial. Las grandes espe- 
cies africanas, Gorila, Orangután, Cliiuipauzó,etc, son de adquisición difícil; pero 
en México, en espera de oportunidad favorable para adquirirlos, pueden presen- 
tarse las dos ó tres especies propias del país, como el mono araña, el ahullador, 
y algunas de la América del Sur, fáciles de adquirir, como el Tití.el Carita blan- 
ca, etc. Del antiguo continente los cinocéfalos, ó monos cabeza de perro, son de 
reproducción posible en cautividad y aquí, en la colección del Circo Orrin, algu- 
na vez se reprodujeron, de manera que en el Museo nacional, en el déla Escuela 
Preparatoria y en otras colecciones se conservan ejemplares nacidos en el país, 
aunque no aclimatados, pues todos murieron muy jóvenes. 

2.° Departamento de Carniceros. — La instalación de estos animales, entre 
los que se cuentan los de la familia Félidos (León, Tigre, Pantera, etc.) ó sean 
las verdaderas fieras, exige una atención especial para prevenir accidentes, oca- 
sionados por inseguridad en las jaulas ó por falta de medios de defensa ó res- 
guardo para los encargados de su alimentación y aseo. Colocados en amplios, 
aseados y apropiados departamentos, los carniceros llegan á reproducirse en cau- 
tividad. En Londres, en París, en Nueva York y Washington se ven leones de 
todas edades nacidos en sus jaulas, creciendo y desarrollándose muy bien. 
En algunos jardines zoológicos los osos están en especies de hoyos de forma cir- 
cular y de unos tres metros de profundidad. La especie de oso blanco ó maríti- 
mo es de adquisición difícil; pero el oso negro de Sonora y algunos urgíanos, co- 



XXXVI 

íno el Tejón y el Mapache, la Martuclia, son del país y se conservan muy bien en 
las colecciones de animales vivos. Pueden figurar en este grupo el Puma ó león 
sin melena de América, el ocelotl ó tigre de México, el lince, el gato montes, etc. 

3.° Parques para grandes mamíferos. — Deforma y extensión variable según 
las especies, provistos de árboles convenientemente protegidos y de habitaciones 
artísticamente dispuestas, para el albergue de los Elefantes, Camellos y Drome- 
darios, Ciervos, Bisontes, Antílopes, etc. 

4.° Estanque para Focas. — Algunos carniceros necesitan instalación espe- 
cial. Debe disponerse el estanque con amplitud y de manera tal que estos anfi- 
bios puedan salir fácilmente á tierra. Es notable el que siendo habitantes del 
mar puedan vivir sin inconveniente en agna dulce. Son muy mansas y sns jue- 
gos v saltos llaman extraordinariamente la atención de los visitantes. En la isla 
de Triángulos, cerca de Campeche, existe la especie llamada vulgarmente "el 
fraile," Monachus tropicalis, de la cual tenemos ejemplares en nuestros museos, 
y la que fácilmente, á ini juicio, se aclimataría; pndiendo vivir en el Valle de Mé- 
xico con sólo tener cuidado de resguardarla en el invierno de los cambios muy 
bruscos de temperatura. 

5? Lago para aues.— En todos los jardines zoológico-botánicos hay lagos para 
alojar á las aves ribereñas, zancudas y palmípedas: ya uno sólo en el que viven 
las especies mezcladas, ya dividido en compartimientos para separarlas. Debe 
tenerse presente que algunas aves de estos órdenes sonde clima cálido, como los 
Flamencos, por ejemplo, y de consiguiente no resistirían el invierno en nuestro 
clima; siendo necesario para su conservación, disponer de pequeños lagos abri- 
gados y en atmósfera calentada artificialmente para conservarlos, como se practica 
en Nueva York. 

Este departamento podría estar representado entre nosotros de manera nota- 
ble; pues es sabido que á los lagos que circundan la Capital, concurren anual- 
mente muchas aves acuáticas, como Garzas, Cigüeñas, Gangas, un buen número 
de Patos y otras muchas y variadas especies. 

6*? Palomar. — Existen muchas variedades y especies de palomas entre las 
qne figuran algunas muy raras y hermosas; pero entre todas hay razas verdade- 
ramente útiles, consideradas, especialmente, desde el punto de vista del servicio 
militar. Una colección de palomas correos educadas para conducir correspon- 
dencia, prestará, en sn oportunidad, servicios importantes. En el Jardín de Acli- 
matación, en París, el palomar es una construcción elegante, de hierro y ladrillo, 
formando una torre de 30 metros de altura por 6 de diámetro, dividido en cuatro 
pisos. Pueden alojarse en su interior cuatrocientos pares, y en sn exterior, corre 
un elevador que facilita extraordinariamente el servicio. La parte superior la 
ocupan las palomas nacidas en la torre, las cuales gozan de completa libertad y 
son ya capaces de servir como correos. Algunas de ellas están provistas de cier- 
tos silbatos que se usan en China para ahuyentar á las aves de presa. * Ya sea 

* Guide du promeneur au Jardín Zoologique et Aclimatation du Bois de Boulogne, Paris, 1904. 



XXXVII 

con una instalación semejante, ó con alo-una otra que se estime adecuada, es ur- 
gente el establecimiento en México de un palomar de esta clase. 

7«? Departamento de aves canoras. — Para algunas aves se disponen depar- 
tamentos especiales. En los grandes jardines, como los de Londres, París. Xue- 
va York, Washington, etc., se ven jaulas ó pajareras colosales en las que las 
aves pueden volar holgadamente; pero estas instalaciones magníficas tienen na- 
turalmente gran costo. En París hay un departamento destinado á aves prehen- 
soras, como Guacamayas, Cotorras, Loros y todas las de este orden, tan notables 
por sns variados y hermosos plumajes. Yo creo que en México podía formarse 
y sería muy interesante para los visitantes, sobre todo, extranjeros, una colec- 
ción de aves canoras, entre las cuales figurarían el Zenzontle, el Clarín, el Jil- 
guero, el Mulato, el Cuitlacoche, varias especies de Calandrias, el Cardenal, el 
Gorrión y otras muchas. 

8"? Departamento de Reptiles. — Figuran en él, principalmente, los grandes 
Lagartos, las Tortugas y las Serpientes. Estos animales son de sangre fría y ne- 
cesitan cuidados especiales, así como precauciones para su perfecta cautividad; 
pues algunos, como las Víboras, son ponzoñosas en sumo grado, y los Lagartos 
son temibles por sus mordizcos. En algunas colecciones de esta clase se guardan 
especies pequeñas, entre las cuales hay algnnas muy notables por sus colores, su 
figura, etc. En México tenemos Lagartos y Caimanes, así como Tortugas, de ta- 
maño colosal; y entre las serpientes ó culebras, la Boa, la Chirrionera, Cencoate, 
etc., y entre las Víboras, la Coralillo, la Nauyaca ó cuatro narices, la de Cas- 
cabel, etc. Multitud de otros pequeños reptiles podrían formar una colección im- 
portante para el estudio de la Erpetología mexicana. 

9? Acuario. — Los Peces, los Crustáceos, los Moluscos y Radiados, son los 
habitantes de este departamento; el cual, estando bien instalado, es de gran 
utilidad para el estudio de las costumbres, transformaciones, etc., de ellos. Ge- 
neralmente está formado de pequeños estanques, alimentados con agua corriente 
é iluminados con luz zenital únicamente. La parte anterior de cada estanque está 
compuesta por un cristal grueso á través del que el observador percibe con per- 
fecta claridad todos los detalles y efectos sorprendentes de la luz recibida en esas 
condiciones. Los acuarios de Ñapóles y de Nueva York, especialmente el pri- 
mero, que pasa por el mejor del mundo en la actualidad, están muy bien ins- 
talados. El de París es subterráneo y figura una gruta provista de estalactitas 
y estalagmitas; pero no es tan rico en especies como los antes citados. En el de 
Xápoles, los animales y plantas (algas, etc.) que en él viven, pertenecen exclu- 
sivamente al Golfo del mismo nombre. A mi modo de ver si en la Capital de 
la República mexicana se formase un acuario, aun cuando sólo contuviese anima- 
les de los que habitan las aguas dulces del país, resultaría muy interesante; si 
no por la belleza de los ejemplares, sí por la rareza de algunos poco conocidos 
científicamente en sns transformaciones y manera de vivir. Me limitaré á citar un 
sólo ejemplo, el Axolote, cuya área de distribución geográfica está casi limitada 



XXXVIII 

el la Repiiblica, y enyn historia natural li¡i sido un misterio hasta liace pocos aftos 
pura los sabios naturalistas de Europa. Dicho acuario podía fácilmente poblarse 
con sólo animales de agua dulce, en atención á la gran dificultad de surtirlos de 
agua del mar. Peces de colores, chinos y japoneses, ya aclimatados; peces blan- 
cos, Axolotes, Carpas, Atepocates, Conchas y Caracoles, Tortugas, ciertas Cule- 
bras de agua, etc., darían un buen contingente para darle atractivo é interés. 

10*? La Piscicultura en algunas colecciones tiene una instalación especial 
propia para demostrar á la vez su utilidad y las faces diversas del desarrollo de 
una ó varias especies. En un salón de 15 ó 20 metros de longitud por 5 ó 6 de an- 
cho, se puede hacer ver, mediante una serie de aparatos ingeniosos, alimentados 
por una corriente de agua continua, desde el estado de huevo y de alevino hasta 
el de adulto, en la especie Carpa, por ejemplo. 

11*? Departamento de Entomología. — La historia natural de los Insectos es muy 
curiosa, y en él pueden seguirse paso á paso todos los incidentes de la vida ad- 
mirable de los Himeiiópteros, Abejas y Hormigas, disponiendo las colmeneras y 
hormigueros, como lo verificó Sir John Lubboc para estudiarla, de tal manera 
que pudiesen visitarse en cualquier momento para sorprenderlos en sus trabajos. 
Las transformaciones ó metamorfosis de las mariposas, las obras del gusano de 
seda, etc., se pueden presentar a la Alista del público, que á la vez se instruye y 
se divierte con todas estas esceiuis. 

Los Jardines botánicos necesitan varios departamentos especiales; pero uno 
muy importante y aun puede decirse indispensable es el de los invernaderos con 
la amplitud suficiente para contener plantas pequeñas, arbustos y aun grandes 
árboles. Deben tener temperatura análoga á la délos países de donde proceden 
las plantas que en ellas se abrigan, de manera que unos son fríos, otros templa- 
dos y algunos cálidos: temperatura que puede proporcionarse por medio de estu- 
fas apropiadas. Como debe suponerse, en pleno y riguroso invierno pueden vi- 
vir vegetales de todos los climas, y esta circunstancia favorece extraordinaria- 
mente el estudio de la Botánica. En el Real Jardín de Kew, en Londres, se pue- 
den admirar ejemplares de la colosal ninfacea, Victoria Regina, cuyas hojas 
flotantes sobre el agua miden más de un metro de diámetro. En ese magnífico 
invernadero se cree uno dentro de un bosque, y el cauto de ruiseñores y otras 
aves que habitan esas especies de pajareras colosales, hacen más perfecta la ilu- 
sión. En París, al laclo de los rododendros y plantas de Nueva Holanda, viven 
en los invernaderos del Jardín de Aclimatación, muchas camelias arborescentes, 
que en el invierno producen millares de hermosas flores. Es una colección, se 
dice, única en el mundo y uno de los atractivos de esa gran Ciudad. 

Anexas á esta clase de establecimientos existen Sociedades ó Academias cu- 
yos miembros son á veces profesores y especialistas eminentes, encargados de 
dar conferencias y aun cursos anuales relativos á las diversas ramas de la His- 
toria Natural y á sus aplicaciones. Siendo de índole análoga los Museos de His- 
toria Natural y los Jardines Zoológico-botánicos, se adunan perfectamente; en el 



XXXIX 

Jardín de plantas de París, por ejemplo, están reunidas las colecciones de anima- 
les y plantas vivos con los misinos seres secos y empajados, así como los minera- 
les y fósiles. 

Opino que sería aceptable para México una imitación, aunque fuese en mu- 
cho menor escala, del Jardín de Aclimatación de París, especialmente en aten- 
ción á los intereses agrícolas, puesto que en planteles como éste se crían y pro- 
pagan animales y plantas Titiles para vulgarizarlos después. Se puede lograr así 
sacar á los campesinos del estado rutinario que generalmente guardan, sin atre- 
verse jamás á salir del círculo reducido á que se han limitado de tiempo atrás. 
Las aves de corral y las palomas, así como sus huevos, las razas de perros, las 
vacas lecheras, los peces comestibles y de ornato, las semillas, las flores, las 
plantas, etc., etc., son objeto de atención especial, pudieudo obtenerse la conser- 
vación y aun el mejoramiento de las razas y un producto pecuniario de bastante 
consideración. El Jardín botánico de Madrid posee y reparte unas doce mil es- 
pecies diversas de semillas, procedentes de las plantas que en él se cultivan. En 
el citado de París se ha fundado, con muy buenos resultados, una Escuela de Equi- 
tación, en la que se adiestran en el manejo del caballo los niños, las mujeres, los 
jóvenes y aun los adultos. 

Sin los jardines botánicos, el estudio de las plantas es meramente teórico. En 
ellos las clases prácticas son muy provechosas. En terrenos limitados relativa- 
mente y arreglados á propósito, se disponen las plantas, marcándolas con mem- 
bretes ó etiquetas de colores convencionales para indicar sns propiedades, y dis- 
tinguiéndolas en medicinales, alimenticias, venenosas, ornamentales, industriales, 
etc. De otra manera, los alumnos sólo las ven dibujadas en su libro de texto, ó 
en plantas secas de herbarios, y cuando bien les va, tan sólo fragmentos de ve- 
getales vivos, de los que pueden tenerse más á la mano; pero que nunca dan co- 
nocimiento perfecto del tamaño y de la fisonomía que tienen en el campo, donde 
nacen y vegetan en toda su plenitud de desarrollo. 

Al recorrer los jardines zoológico-botánicos de Estados Unidos y de Europa, 
me pareció lítil colectar los catálogos y guías que se venden al visitante, pues 
como se ve en los que tengo la honra de presentar á Ud., y constan en la lista 
adjunta, su estudio puede ser provechoso para tomar ideas respecto de planos, 
organización, etc.: y aun de ciertos detalles, como de anaqueles y otros muebles 
que reúnan, á la vez, elegancia y ventajas para la instalación de las colecciones. 

Tocante á los Museos de Historia Natural, en particular, habría que hacer 
muchas anotaciones interesantes; [joro una relación detallada á este respecto, se- 
ría muy extensa. En los pequeños museos ó gabinetes anexos á las cátedras de 
Historia Natural, que son á mi cargo en la Escuela Nacional Preparatoria y en 
la Escuela Normal para Profesoras, procuraré implantar algunas mejoras en la 
instalación de los ejemplares, si, como lo espero, tengo el apoyo indispensable 
para efectuarlas y contando con la inteligente cooperación de los preparadores 
respectivos. Haré mención, Tínicamente, de la extraña y curiosa colección de ani- 



XL 



males, extraídos del mar, á profundidades más ó menos considerables, por me- 
dio de soudajes practicados en expediciones especiales, como las del "Talismán" 
y otras. Se compone de ejemplares raros, como Coralarios, Actinias, Salpas, Es- 
ponjas, etc., y como es natural, llama mnclio la atención de los visitantes inteli- 
gentes en el Museo del Jardín de Plantas de París. 

Eu el Musee de Nueva York me llamó también la atención una sección espe- 
cial que lleva el título de North American Forestry, formada por ejemplares de 
árboles y dispuesta déla manera siguiente: troncos de 1 á2 metros de longitud y 
del grueso natural dando idea de la planta á que pertenecen, y el estudio ó cono- 
cimiento de éstas se completa, con dibujos, fotografías, etc. del árbol entero, de 
sus flores, frutos, etc., y también con cartas geográficas para indicar su distribu- 
ción. Eu la Guía General del Museo Americano, pág. 39, puede verse la vista 
fotográfica de este departamento. Creo que en México sería fácil y xitil presen- 
tar una colección semejante para que sirviese á los industriales, comerciantes, 
médicos, etc., para el perfecto conocimiento de la riqueza y variedad de la flora 
de nuestros bosques. 

Termino aquí este informe, sintiendo no haber podido hacer un estudio más 
completo de los Jardines Zoológico-botáuicos y Museos; pero repito, son muy nu- 
merosos, y para visitarlos con algún detenimiento habría sido necesario un espa- 
cio de tiempo mucho mayor del que pude disponer. 



México, Marzo 4 de 1905- 



3)z. éfcsús Sánchez. 



Lista de Catálogos de Jardines Botánicos y Zoológicos, 
Museos de Historia Natural, etc. 



1. A General Guide to the American Museum of 

Natural History. New York. 

2. Missouri Botanical Garden. 

3. The Cincinnati Zoológica] Garden. 

4. Official Guide to the New York Zoological 

Park. 

5. The New York Aquarium. 

6. The Barnum et Bailey Family of Phenome- 

nons. 

7. Illustrated Official Guide to the London Zoo- 

logical Society's Gardens in Regent's Park. 
London, 1904. 

8. General Guide to the British Museum of Nat- 

ural History. Cromwell Road, London, S. 

w., íyos. 



9. Guide to the Gardens of the Royal Botanic So- 
ciety. London, 1900. 

10. Illustrated Guide to the Royal Gardens. Kew. 

11. Aquarium Napolitanum de la Station Zoolo- 

gique de Naples. 4 a édition. Naples, 1898. 

12. Jardin Zoologique d'Aclimatation du Bois de 

Boulogne. Paris. 

13. Der Botanische Garten in Bern. Bern. 

14. Catalogus in Horto Botánico Matritensi, auno 
1903 collectorum. Madrid. 

15. Catálogo del Parque Zoológico Municipal de 

Barcelona. 1900. 



S. T. I. 



LAM. II. 




Corynorhinus macrotís. (Leconte) var 
pallescens. Gerrit. S. Miller- 



'4. 




4 




r'-'"^M>, 



/----* 




\ 
6 




..i-- 



Encéfalo del Diáelpbys marsupiaüs. 




77" 



éase "Revista Científica," pág i). 



i. S. T. I. 



LA NATURALEZA 




BoelfUs átl Dldelphn 



Vampiro de México, Desntodus rufvg, Wied 



(Véase "Revista Científica," pág i ), 



BRETE NOTICIA 



ÜN VIAJE DE EXPLORACIÓN A DIVERSOS LUGARES DEL ESTADO DE VERACRUZ 



Dentro del primer cuadrante de un círculo orientado que tuviera por centro el puerto de Vera- 
cruz, se hallan situados los tres lugares que visité en el mes de Enero del presente arto, con el fin 
de emprender el estudio de señaladas regiones de aquel Estado desde el punto de vista de su his- 
toria natural, y de cuyo resultado paso en seguida á informar. Siento sobremanera no haber dis- 
puesto de mayor tiempo, ni contado tampoco con fuerzas bastantes para que hubiese podido alcan- 
zar más amplios y completos resultados, como eran mis deseos. 



I. 

LA BARRANCA DE SANTA MARÍA TATETLA. 

A mi antiguo y buen amigo, el digno Sub- 
director de la Comisión Geográfica Explorado- 
ra, Sr. Coronel D. Juan B. Laurencio, en testi- 
monio de profundo agradecimiento. 



M 

. FEANCA y coi-dial acogida recibí en Jalapa de la persona á quien 
dedico el presente artículo, el que con toda expontaneidad puso ba- 
jo mis órdenes al Capitán de la Escolta de la propia Comisión, pa- 
ra que me acompañase al lugar que expresa el título; proporcionán- 
dome, además, otros medios para llevarla á cabo, así como á los de- 
más lugares comprendidos en mi programa. 

Partiendo de Jalapa á Veracruz, por la vía férrea del Interoceá- 
nico, y^pasadas las Estaciones de la Estauznela, Cliavarrillo, Palmar y Colorado, 
se llega á la del Carrizal, en la que me detuve, para de allí continuar la marcha 
á caballo, al lugar señalado que me propuse primero visitar. 

El descenso de la Mesa Central á la costa, exige en el desarrollo de aque- 
lla vía, cierto número de vueltas que notablemente la alargan. El espectáculo 




54 MANUEL M. VILLADA. — VIAJE DE EXPLORACIÓN AL ESTADO DE VERACEUZ. 



unís emocionante que se tiene á la vista en esta parte del camino, es la contem- 
plación de la grandiosa montana llamada «Nanhcanipatepetl,» por los Aztecas, 
en razón de la figura cuadrada de su cima; pero mas conocida con el nombre es- 
panol comparativo de Cofre de Perote, que á la vez señala su situación geográ- 
fica, v elevándose á la altura de 4.000 ni. sobre el nivel del mar. Enorme mole 
prismática de lava, sostenida por un macizo de brecha volcánica, forma el remate. 
Bajo la acción di' los agentes atmosféricos se derrumba paulatinamente esteiíltimo, 
y no será remoto que, con el tiempo, sobrevenga el de la primera. Corrientes su- 
cesivas de lava basáltica so derramaron por todo el contorno de la elevada bo- 
ca del cráter, en la actualidad obliterado, y que en superposición, por lo tanto, 
cubren una área muy extensa, cuyos límites no podré precisar. El espíritu se 
amilana al descender por las estrechas y profundas escarpas de aquel acciden- 
tado terreno, de muy ásperas y obscuras rocas, que se levantan á manera de en- 
lutado monumento conmemorativo del luctuoso suceso que dio fin á la vida de 
innumerables seres, máxime, si un entoldado cielo aumenta la lobreguez de tan 
agreste sitio, como alguna vez me aconteció. 

Desde la meseta de Cliavarrillo, situada á 941 m. sobre el nivel del mar, la 
vía, describiendo curvas al descender, como queda diclio, atraviesa pequeños va- 
lles, aflorando en los cortes las andesitas y tobas calizas de colores claros, con 
nodulos de pedernal, y muy probablemente hidrotérmicas por su origen. Las 
hay también compactas en bancos de regular potencia, con echado al Sur, y 
rumbo al Norte, aproximadamente. Más adelante, y llegando á la estación de 
Colorado, aparecen á la vista brechas basálticas relacionadas á un cerro que por 
el color de éstas lleva aquel nombre. 

La estación siguiente del Carrizal, en donde nos apeamos, ofrece escaso in- 
terés, tanto en su vegetación, como por la uniformidad del terreno, plano y are- 
noso como el demás de la costa, del que forma ya parte. 

Respecto de la primera, señalaré tan sólo dos especies de la familia de las 
Compuestas que en plena floración cubrían profusamente el suelo: la Dysodia 
chrysanthemoides, Lag., llamada flor de Muerto, y el Parthenium fruticositm, 
Less., que quizá pudiera contener caucho, como el P. argentatum ó Guayule 
de nuestra frontera norte. 

La marcha se continuó á caballo eu rumbo al sur, atravesando campos en 
parte cultivados, eu los que se hacía notable nu pequeño árbol por demás cono- 
cido en el país, 1 a Tpomaea arbórea, K.iu H. B., llamada allíPatacán.y Cazahnate 
eu otros muchos lugares del mismo. Otra más, de hermosísimas flores, cual es 
el Tecoiuaxochitl, Cochlospermum hibiscoides, de los misinos autores, vegetando 
con mucha menor frecuencia. Se llega después á un punto eu que el terreno se 
levanta eu prolongados lomeríos que corren eu distintas direcciones, limitando 
pequeños valles perfectamente encajonados y eu los que la vegetación se hace 
á veces, eu cierto grado, exuberante. 

Entre las especies vegetales, que eu no escaso número crecen en los parajes 



MANUEL M. VILLADA. — VIAJE DE EXPLORACIÓN AI. ESTADO DE VERACRUZ. 5o 

que le s^ « » 1 1 más favorables, piule reconocer algunas do las que encontré mas al 
paso, como fueron, en cuanto á hierbas, las siguientes: Dysodia apendiculata, 
hag., Schisocarpa bicolor, Less., Vallesio Mexicana., Mu 11. Alg., y Wigandia car- 
piodies, Chois.; de arbustos, Dunaüa ramifolia y Cassia loevigata, Wild., ó Rí- 
tanla, cuyas simientes suelen emplearse ¡i guisa de cafó; el Griiarumo, Cecropia 
peltcUa, Liu.. que casi es un árbol, y de éstos propiamente, el Plata ñus occiden- 
talis, Liu., ó Álamo de tierra caliente, que vegeta siempre próximo al agua, son 
especies características y dignas de señalarse. Eu uno de tantos talwegs en que 
aquélla tenía curso, se levantaban, eu las orillas, capas inclinadas do caliza com- 
pacta, que por sus caracteres biológicos corresponde á la de la división Escá- 
mela de (Drizaba. Subiendo más y más por el lado opuesto del arroyo, y bajo la 
sombra de los árboles, el descenso vino después hasta llegará la cuenca del gran 
río de Mapaxtla. Deslizándose sus aguas en uu lecho sensiblemente horizontal, 
su corriente es moderada; y sólo impetuosa eu ciertos tramos eu donde el des- 
nivel se acentúa. Eu sus orillas afloran las mismas rocas cretácicas antes seña- 
ladas y no es, sino más arriba, que son reemplazadas por las volcánicas forma- 
das de conglomerados estratificados, contándose entre ellas, muy especial mente, 
las basálticas. 

Entre las especies ictiológicas más apreciadas por los gastrónomos que fre- 
cuentan las aguas del Mapaxtla, ocupa el primer lugar el pez llamado Bobo, 
Joturus Pichardü, Poey, de la familia Mugilidae y que. seguramente, es el más 
abundante. Se acompaña con otra especie que pertenece al mismo grupo zooló- 
gico, de un gusto quizá inferior y que, según noticias, vive eu agua dulce (el an- 
terior también eu la salobre); es la Trucha, Dajaus montícola, Cuv. y Val. Otra 
más bien marina, que sólo la necesidad de alimentarse la obliga á subir á los 
ríos, es la Lisa, Mugil brasiliensis, Lin., género tipo del repetido grupo zooló- 
gico y también muy estimada como alimento. Dos especies más pudieron seña- 
larse, por el sólo hecho de que no son exclusivamente de agua salada, sino tam- 
bién de la dulce, pero ignoro hasta qué grado, y sobresaliendo ambas por sus 
excelentes cualidades culinarias: el Pámpano y la Mojarra, respectivamente de las 
familias Carangidae y Gerridae; Tachynotus Carolinensis, Lin., la primera, y 
Gerres Plumieri, Cuv. y Val., la segunda; pero repito, no me consta que vivan 
en el agua del repetido Mapaxtla, al menos á la altura en que lo atravesé. 

Entre el gran número de vegetales que crecen más ó menos próximos á las 
orillas del río, llamó particularmente mi atención un gran árbol de agradable y 
trascendente aroma, de menudas flores reunidas eu deusos y pequeños grupos 
ó glomérulos, provisto de pequeñas hojas amanojadas y cubiertas, en fin, las ra- 
mas, con espinas de mediana magnitud: es la Casearia spinosa, "Will., de la fa- 
milia Samidacoe. Tiene el nombre vulgar de Piouchi, con el cual se designa 
también cierto lugar del Estado de Veraeruz, quizá por ser eu él frecuente. Ve- 
geta igualmente este hermoso árbol en la isla de Cuba, eu donde es llamado Gría. 
Del expresado género, 13 especies han sido señaladas en nuestra flora, de las 
que sólo 7 son bien conocidas; 3 de ellas corresponden á la misma región vera- 



56 MANUEL M. VILLADA. — VIAJE DE EXPLORACIÓN AL ESTADO DE VERACIMZ. 

cruzaiia, fuera de la examinada por mí, cuales son las siguientes: C. corimbosa, 
K. in H. B., C. nítida, Jacq. y C. parviflora, Willd. 

Pasado el pequeüo pueblo de Mapaxtla que se asienta en una meseta de más 
arriba, continuamos subiendo sobre lomas cubiertas de tobas, margas y arenas, 
acentuándose en ellas una marcada aridez, principalmente por la falta de agua y 
sin tener á la vista objetos que llamasen nuestra atención. Tendiendo la mirada 
desde lo más alto de ellas, se perfilaba hacia el Este, la línea de la costa, y como 
que se adivinaba el mar más allá; al Suroeste brillaba refulgente en el horizonte 
la estrella de nieve que corona la pujante cima del Citlaltepec y en los demás 
rumbos, montes y lomeríos más ó menos cubiertos de vegetación. 

Después de caminar como unos 8 kms., llegamos al pequeño y solitario ran- 
cho de Peregrina, cuyo principal esquilmo lo constituyen sus praderas naturales 
que se aprovechan para engorda del ganado; 2 kms. más adelante y en direc- 
ción siempre al Sur, se abre la profunda barranca de Santa María Tatetla, que, 
al menos en cierto tramo, se dirige casi paralelamente al repetido río de Mapax- 
tla, ó sea de Poniente á Oriente, siendo éste el sentido en que el agua corre en el 
fondo de ella, que le sirve de cauce. Ningún accidente del terreno denuncia su 
presencia antes de llegar á sus orillas, apareciendo, por lo tanto, repentinamente 
á la vista; contemplándose desde luego, con sorpresa, la pared opuesta que se 
levanta en corte vertical, sobre el profundo abismo. El punto por donde comen- 
zamos á descender se halla á la altura de 472 metros sobre el nivel del mar y á 
320 el de terminación en el fondo de la barranca. La acantilada pared del frente 
con sus hiladas horizontales de conglomerados basálticos en lo más alto, se re- 
producía en la de nuestro lado, por la que descendimos siguiendo una cule- 
breante vereda de no menos de 20°/ de inclinación y como medio kilómetro de 
largo, reemplazándose en la profundidad la formación antes citada con otra muy 
distinta. Efectivamente, en las orillas del río cuya vista se acompaña, afloran 
algunos bancos dislocados y muy desgastados por erosión, de una toba caliza 
fosilífora, bastante compacta, de color blanco amarillento y dureza de 4; contie- 
ne numerosos restos fósiles sólidamente empastados, los cuales se mencionan 
adelante, y que la convierten en un verdadero conglomerado. Desde la desnuda 
orilla en que hicimos pie, veíamos levantarse en la opuesta, grandes árboles, en- 
tre los que quizás se encontraba la Sahagunia mexicana, Liebin., que señala en 
este sitio la Biología Central Americana; siendo con toda probabilidad tan apre- 
ciada como los árboles del Pan, Ojite y Ramón de Castilla, de los que hablaré 
en el siguiente artículo. 



* # 

Dos distintas formaciones que corresponden á períodos geológicos diversos, 
ocupan la región que se considera, aflorando en ella con variable extensión: los 



MANUEL -M. VILLADA. — VIAJE DE EXPLORACIÓN AL ESTADO DE VERACRUZ. 01 

sedimentos cretácicos, eu la cuenca del Mapaxtla, y los terciarios, en los de Santa 
María, ambos de origen marino y formados por precipitación química. El mate- 
rial volcánico del cuaternario ó pleistocéuico, arreglado también en parte por 
sedimentación mecánica, se relacioua con uno y otro de los anteriores. Los ter- 
ciarios están bien comprobados por su carácter paleontológico, pues todas las 
especies depositadas eu ellos corresponden á la fauna viviente. Eu algo también, 
por el mismo carácter y más particularmente por el litológico, los secundarios 
ó inezozoicos; siendo este último en el que se funda la clasificación de los debi- 
dos al volcanismo. Sólo así, eu bosquejo, podré señalar los depósitos sucesiva- 
mente acumulados, podiendo tan sólo en algo precisar algunos de ellos en las 
siguientes líneas. Las especies litorales del terciario, como lo son en su mayoría 
y las cuales quedaron sepultadas in sitie, denuncian haber sido aquel terreno, la 
costa de una ensenada: esto último, en atención á que las especies homologas de 
la fauna actual viven en lugares abrigados. 



* 
* * 

Dos distintas clases zoológicas se hallan, también, representadas, eu los 
fragmentos que pude examinar de la toba caliza arriba mencionada: Crustáceos 
y Moluscos. Sus correspondientes especies, de hábito marítimo y no pelágico: 
es decir, de aguas superficiales ó someras y uo profundas ó abisales. 

He aquí la lista de los géneros, únicamente, á que pertenecen las especies 
colectadas, por carecer de elementos para su determinación específica; represen- 
tadas en las láminas anexas en su tamaño natural, el que por lo tanto se omite 
en las descripciones. 

1. Balanus sp.f De este pequeño crustáceo se conserva únicamente el mo- 
delo ó vaciado, y así en casi todos los demás fósiles. A juzgar por el número de 
ejemplares depositados, debió ser muy prolífera. Es un cirrípedo openculado de 
cuerpo sésil, reducido por destrucción parcial, á la simple corona de la testa; de 
forma cónicotruncada, contorno «oval en el corte transverso, de simetría bilate- 
ral, como lo pide su plan de estructura, y comprimida accidentalmente por la 
enorme presión que tuvo que soportar. El dermato-esqueleto de este animal se 
halla compuesto de 6 piezas; cuatro de ellas reunidas, forman la parte señalada, 
y las dos restantes ú operculares, llamadas respectivamente tergum y scuíum, 
que generalmente no existen en los ejemplares fosilizados. Eu lo particular, de 
estructura fibrosa, con fibras prismáticas, delgadas y radiantes. Las especies ac- 
tuales, más numerosas que las antiguas, se hallan casi todas confinadas en el ar- 
chipiélago de las islas Filipinas y son llamadas «bellotas de mar.» Por lo regu- 
lar, de colores vivos, y algunas al menos, sirven de alimento, especialmente en- 
tre los chinos, á quienes mucho agrada sn sabor; igual empleo tiene la B. psita- 



58 MANUEL M. VILLADA. — VIAJE DE EXPLORACIÓN Al, ESTADO DE VEKACIU'Z. 



culus de las costas de Chile. Los percebes, Lepas anatif'era, Lia., que son tam- 
bién ciiTípedos de cuerpo pediuiculado y comunes en los mares de Europa, tie- 
nen á este respecto la primacía. En México se toman conservadas en latas. 

2. Bulla sp.f Este género encierra moluscos gastrópodos de los más eleva- 
dos por su organización, de caracol seiniglobuloso arrollado en espiral deprimida 
y con la última vuelta muy grande; boca algo mayor que ésta, de mediana 
anchura y la cual alimenta en tamaño al desembocar en un canal reducido á sim- 
ple escotadura. No pude apreciar el verdadero carácter del labio exterior ó la- 
bro, aparentemente desdoblado y ouduloso en los ejemplares; pero no cortante, 
debido á una gruesa capa caliza intercalada en la expresada abertura bucal. 

La familia Bullidae, á la que sirve de tipo el género que me ocupa, encie- 
rra numerosas especies, tanto fósiles como vivientes, siendo éstas buenas nada- 
doras y carnívoras. 

3. Alarginella spJ Molusco gastrópodo, tipo de la familia Marginellidae, 
de caracol pequeño, liso, ovoide y alargado, de espira poco saliente; coluiuiiela 
con pliegues oblicuos, que apenas se manifiestan en los dos únicos ejemplares 
examinados; líltima vuelta algo ensanchada por detrás. Boca larga y extrecha 
(presentando una corta y ancha escotadura, dice la descripción, destruida en 
los referidos); labro espeso en lo que de él queda. Todas las especies comprendi- 
das en este género, son terciarias y actuales; viviendo estas últimas, tanto en las 
playas arenosas como en las rocallosas. 

4. Marginélla sp.f Caracol pequeño, piriforme, destruido en la última vuel- 
ta, y en lo demás como el anterior. Estos caracteres acercan la presente especie 
á una Pirula, en su más alto sentido. Mas por sus semejanzas con la precedente 
la considero como simple subgénero. 

5. Cerithium sp.f Molusco gastrópodo, tipo de la familia Cerithidae. El só- 
lo ejemplar colectado se hallaba reducido á la última vuelta del caracol, con la 
parte correspondiente á la boca más completa y confusa en el resto. Abertura 
bucal relativamente pequeña, subcuadrangular al parecer, de canal corto y la- 
bro extendido: quizás también imperforada. En el interior y arriba de la boca, 
presenta dos cordones circulares, medianamente gruesos, que figuran pliegues; 
por este carácter bien pudiera tomarse como una Nerinea, que le es próxima; 
pero las especies de este género son de un tiempo geológico anterior, es decir, 
cretácicas y no terciarias. 

6. Tylacodes sp.f Dudosamente coloco en este género á un molusco gastró- 
podo de la familia Vermitidce, el cual presenta los siguientes caracteres. Ca- 
racol tubuloso, cilindrico, con espira regularmente arrollada, de cinco vueltas al- 
go arqueadas, deprimidas y bombeadas. Las dos últimas aumentando rápida- 
mente de tamaño y un tanto despegadas: en su conjunto, de tipo trocoide. Boca 
dirigida al frente, amplia y arredondada al parecer, por estar aplicada contra la 
roca: la refiere al tipo buliforine. 

Me cabe la duda de si el relleno mineral que forma el modelo, comenzó á 



MAXL'EL M. VILLADA. — VIAJE DE EXPLORACIÓN AL ESTADO DE VERACRUZ. 59 

depositarse desde en vida del molusco, como pasa en los Mugilos, también gas- 
trópodos, pero de. distinta familia; en éstos, el depósito mineral se hace prema- 
turamente, y el animal tiene que replegarse mas y más á las últimas vueltas del 
caracol. 

A consecuencia del crecimiento del polipero sobre el cual viven, dice Fis- 
cher, quedarían encerrados, si no prolongasen su abertura bajo la forma de tu- 
bo, á fin de mantenerla siempre en la superficie de aquél.» 

7. Lucina sp.f Molusco lamelibranquio ó pelecípodo, de los más elevados en 
este orden. De concha bivalve. como en la de casi todos ellos; transA'ersal mente 
oval y bombeada: con un surco marcadamente señalado, que parte de los nates 
y te nuil i a en el borde posterior; lúnula bastante visible y con el exterior de las 
valvas adornado de estrías concéntricas, pero que en el caso son poco aparen- 
tes. Por ser éstas casi lisas, subequivalves y de gran tamaño, la presente espe- 
cie se aproxima á la L. gigantea de la cuenca de París, incluida, así como otras, 
en el subgénero Mitlha. 

8. Arca spJ En el orden gerárquico de la organización, las especies de es- 
te género son inferiores á las del anterior; lié aquí sus caracteres. Concha me- 
diana, equivalve. alargada trausversalmente y exornada de costillas radiantes. 
Borde cardinal recto, nates dirigidos hacia el borde anterior y debajo la área 
bastante alta. Encierra en sus distintos subgéneros numerosas especies tercia- 
rias y actuales; las liltiiuas, especialmente en los mares cálidos, y algunas de 
ellas, en la zona abisal. 






Paso en seguida á exponer algunas consideraciones generales de orden 
geológico que ilustrarán aún más el presente estudio. 

En tres etapas que se sucedieron en largos intervalos, las fuerzas continen- 
tales invadieron con sus productos, los dominios en que las oceánicas habían 
reinado como absolutas. 

Si en el paleozoico, la emisión de rocas fué la primera que puso á raya su po- 
derío, las volcánicas del mesozoico las obligaron aún más á retroceder, con nota- 
ble incremento de la tierra firme. Por último, las mismas del caiuozóico, conti- 
nuando la obra comenzada, redujeron considerablemente su poder en extensión. 
En la región considerada, al surgir la cordillera de la Sierra Madre Orien- 
tal, el núcleo de ellas quedó constituido por las primeras, es decir, las paleozoi- 
cas; el primitivo fondo marino levantado entonces, no quedó permanentemente 
á luz, sino encubierto por los depósitos que más tarde se le sobrepusieron: en 
otras palabras, subyacentes y no suporyacentes. Mas no así el segundo, cual fué 



60 MANUEL M. VILLADA.— VIAJE DE EXPLORACIÓN AL ESTADO DE VERACRUZ. 



el del mar cretácico, que vino á completar aquel relieve: esta es la segunda eta- 
pa á que se alude. Eu la tercera, que al caso coresponde, el lecho del mar ter- 
ciario no fué levantado sino que sus aguas fueron arrolladas por el torrente de 
materia incandescente vomitado por los volcanes que se abrieron en sus orillas; 
formándose, de tal suerte, una elevada plataforma, á la que sirvió de cimiento 
el propio lecho marino que la sustentaba. 

Así es como aparecen eu la barranca de Santa María, las rocas volcánicas 
y sedimentarias pleistocéuicas, descansando sobre las niiocóuicas ó pliocénicas, 
del expresado origen, exclusivamente marino. Este punto lo resuelven las es- 
pecies fósiles allí depositadas, peculiares de estos períodos. La fauna que repre- 
sentan tiene efectivamente, grandes puntos de semejanza con la del propio tipo 
zoológico que actualmente vive; este sólo hecho proporciona suficiente apoyo 
para no asignarles mayor antigüedad. Si algunas de ellas no obstante, pudie- 
ran hacer pensar lo contrario, es indudable que fueron recogidas de un yaci- 
miento próximo, que si ciertamente data de más remota época, quedó en efecto, 
asentado eu el principio de esto relato, que no lejos do Mapaxtla, afloran las ro- 
cas cretácicas del mesozoico, que á falta de restos organizados, sus caracteres li- 
tológicos así lo muestran. Si el fondo de la referida barranca de Santa María, 
formó parte de algún litoral ó si se extendía más bien mar adentro, la sola con- 
dición inesológica de las especies podra decidirlo. Me inclino á lo primero en 
atención á que los hábitos do todas ellas, á juzgar por los do las contemporá- 
neas, no son los que corresponden á las pelágicas. Comparando de los menciona- 
dos ríos, eu cuanto á su altura sobre el nivel del mar, sus respectivos álveos 
ó lechos, las aguas del segundo corren á gran profundidad y superficialmente 
las del primero. Las de aquél, sobre terreno terciario ó cainozóico, mientras que 
las del último eu secundario ó mesozoico. Por lo tanto, el régimen de las 
aguas debió ser, eu su origen, distinto eu ambos casos. Por último, depósitos vol- 
cánicos de gran potencia flanquean al de Santa María, y débil capa de sedimen- 
tos recientes al de Mapaxtla, y sin que eu éste, los anteriores dejen también de 
contribuir eu corta escala. 

NOTA ADICIONAL. 

Los bancos horizontales del terciario de la región de Santa María Taletla y que tan sólo ex- 
ploré rápidamente en cortísima extensión, los refiere el Sr. Prof. E. Bose del Instituto Geológico 
Nacional al Plioceno. dividiéndolos en dos, superior é inferior; el segundo contiene, principalmen- 
te, Ostrea, Amussiumy Encope, y el primero, numerosos gastrópodos y pelecípodos: mi estudio se 
refiere, seguramente, á este último. En su lista de 29 especies, del todo clasificadas, no seríala nin- 
guna de las colectadas por mí, con excepción del crustáceo que quizá sea el misino; así como tres 
moluscos, respectivamente denominados por él, Balantis ebúrneas, Gould, Área tamiata, Dull. Tai- 
ciña quadrisulcuta, d'Orb y L. pectinata, Gmel. Fuera de éstos, en su repetida lista están repre- 
sentados con una ó varias especies, los géneros Encope, Pectén, Amussium, Pinna, Anonüa, 
Ostrea, Laivicardium, Dosinia, Venus, Solecurtus, Semele, Panopwa, Xenophora, Siyarehis, Turri- 
tela, Cerithium y Strombus. 



3- S. T. I 



LA NATURALEZA, 



Lam. XII. 




Paso del Río de Mapaxth 



S. T. I. 



LA NATURALEZA. 



Lam. XIII. 




Fondo de la barranca de Santa María Tatetla. 
^Aflorando á lo largo del río, bancos de caliza terciaria, dislocados y desgastados por erosión.) 



;. S. T. I. 



LA NATURALEZA. 



LAM. XIII BIS. 








Fauna fósil de Santa María Tatetla. 

1, Balanus sp? — 2 y 2a, Bulla sp?— 3 y 3a, Marginella sp?— i y 4a, Marginella sp?- 5, Cerithhimsp?- 6, Tylacodes sp? 

7, Luciría sp;? Arcasp? 



II. 



LA GRUTA DEL ATOYAC. 



El autor dedica el presente artículo, al dis- 
tinguido naturalista, Sr. Dr. D. Manuel Urbina 
y Altamirano, en debido homenaje á su memo- 
ria y como sencilla ofrenda de personal afecto. 




"■^ffffiss- N nú lugar próximo á la costa del Golfo mexicano, situado á 86 



Trp JN un Jugar pr 

f^ kilómetros al Poniente del puerto de Veracruz, se levanta un gru- 
po de cerros, que en no interrumpida cadena, se relaciona con la 
Sierra Madre Oriental, formando como mi primer escalón, para 
subir á la gran Mesa Central de México. Me refiero al macizo que 
flanquea las cnencas de los ríos Seco y Atoyac, los que unidos en 
el paraje llamado La Junta y mucho más adelante con el Jaraapa 
del que son afluentes, siguen su curso en rumbo oriente y desembocan en el 
mar en un lugar de la costa llamado Boca del Río, situado á 10 kilómetros 
al sur del expresado puerto. 

El segundo de los citados, ó sea el Atoyac, nace en las vertientes del río de 
(Drizaba, y rodeando por el Sur recorre mi trayecto de 60 kilómetros; antes de 
unirse al primero, como queda dicho, se precipita en el fondo de una profunda 
barranca, abriéndose paso por un tajo abierto sóbrelos cerros, y con moderado 
caudal de aguas en tiempo de secas: este es el Salto del Atoyac, que divide al 
cauce eu dos canales, superior é inferior, corriendo tranquilas las aguas en este 
último, á corta distancia del lugar de la caída, eu que se agitan espumantes y 
tumultuosas con uu ruido ensordecedor. 

Aquel cuadro animado con la suntuosa vegetación que tapiza las paredes de 
la cañada, impresiona agradablemente la vista con los múltiples motivos de su 
armonioso conjunto. Pero lo que más despierta la curiosidad en tan bello sitio, 
es el de escudriñar la primorosa gruta, que sin aparato alguno en el exterior, 
abre su estrecha boca como á la medianía de una de las paredes de la barranca, 
á menos de 100 metros del borde del abismo y precisamente frente á la caída. 



()L ; MANUEL M. V1LLADA. — VIAJE DE EXPLORACIÓN AL ESTADO DE VEEACRUZ. 

Cuidadosaiueiito tapada por la mano del hombre, largo tiempo permaneció ig- 
norada, hasta que la casualidad hizo que la descubriera un cazador, y de enton- 
ces acá, ha sido visitada por innumerables personas. 

No merece por cierto el epíteto de grandiosa, pero sí el de artístico relicario, 
por las admirables obras de la naturaleza que encierra, ¡i las que bien puede 
aplicarse tal calificativo. 

La existencia de esta gruta fué bien conocida de los aborígenes, como lo 
comprueba la clase de artefactos de cerámica encontrados eu su interior; ciertos 
de ellos fueron recogidos personalmente por el Subdirector que fué del Museo 
Nacional, Sr. Arquitecto D. Francisco Rodríguez, y figuran ahora en las colec- 
ciones del citado Establecimiento. 

Precisamente entre los kilómetros 338 v 339 se halla tendida la vía del Fe- 
rrocarril Mexicano, sobre la bóveda de la gruta, percibiéndose eu su interior, con 
toda claridad, el paso del tren. 






Junto á la boca del túnel uúiu. 1 por donde penetra el convoy de bajada se 
abre una estrecha vereda que continúa poco á poco en descenso, á lo largo de una 
de las paredes de la barranca, describiendo cerradas curvas para atenuar la incli- 
nación de la pendiente, y protegida eu toda su extensión por rústico pasamano, 
la bajada no presenta mayor peligro. La vereda termina exactamente eu la bo- 
ca de la gruta, la que tiene el aspecto de una grieta angular de moderada am- 
plitud. Mide respectivamente, eu alto y enancho como 372 metros por 2 1 / 2 ídem; 
el último tomado eu la base, pues insensiblemente se angosta hacia arriba como 
lo pide la figura. Regularizada á medias, iiiteiicionalnieiite, se halla en la actua- 
lidad cerrada con puerta de fierro, pues siendo de propiedad particular, su due- 
ño ha querido explotarla. 

Con poca dificultad se cruza el umbral sobre las peñas que se levantan ala 
entrada, y por ellas se desciende á menos de 4 metros para alcanzar el piso do 
la gruta, cuya altura respecto del nivel del mar es inferior á 360 metros, estan- 
do precisamente la de la estación del Atoyac á 461. La mencionada boca mira 
al SW. y sigue á continuación estrecho y tortuoso pasadizo, en rumbo al NE.; 
eu su principio presenta uu irregular ensanchamiento lateral y por doquiera ex- 
ornado de estalactitas. Este tramo desemboca en lo que se ha llamado primer 
salón. Del centro de la bóveda se levanta una cúpula que aumenta notablemen- 
te su eleA'ación. El fondo termina en una doble arcada de brazos desiguales sos- 
tenida en su medio por una gruesa columna eu forma de doble cono; uno di- 
recto y el otro invertido, ó sean respectivamente, estalagtita y estalacmita,'cou 
caprichosos calados en su punto de confluencia. De la misma bóveda penden 



MANUEL M, VILLADA. — VIAJE DE EXPLORACIÓN AL ESTADO DE VERACRUZ. 63 

otras más de las últimas, igualmente cónicas, ó imitando las de las paredes, be- 
llísimos cortinajes: á este tramo le llamaré, «El Vestíbulo.» 

Dimensiones. Largo, 8 metros 50 centímetros; ancho, 5 metros. (Con el pro- 
medio de altura). El segundo salón algo más amplio que el anterior, de acupu- 
lada bóveda también, y con la misma orientación, ostenta en su dintel, el doble 
arco mencionado y en sus paredes masas abullouadas de caliza estilaticia: juz- 
go á propósito designarlo con el nombre do «El Gabinete.» 

Dimensiones. Largo, 9 metros 50 centímetros; ancho, 5 metros 00 centíme- 
tros. (La altura no se calculó). 

El tercer salón cambia bruscamente de rumbo, de N¥. á NE. y casi en án- 
gulo recto con el anterior. El largo y el ancho de mayor tamaño que los prece- 
dentes, pero en altura se reduce á la mitad y sin faltarle una elevada cúpula. Las 
estalactitas que llamaron particularmente mi atención, reproducen con cierta fi- 
delidad la forma de un molusco cefalópodo, bien conocido, y que señala el nom- 
bre con el que me ocurre designarlo, cual es, de «Los Pulpos.» 

Mas en una descripción publicada hace algún tiempo, en el «Mundo Ilus- 
trado» de esta Capital, se mencionan importantes detalles que no puedo ratifi- 
car, pero que no dudo que sean verídicos. Dice así el articulista: «á la izquier- 
da de la entrada y contra el muro, una preciosa estalgmita figura el cuerpo gi- 
gantesco de una mujer visto de frente, con el rostro cubierto con un velo que 
cayera de uu alto peinado, y más adelante y del mismo lado, delgadas estalac- 
mitas descendiendo desde considerable altura, en forma de gruesos cortinajes, 
dan la idea de uu soberbio dosel, bajo el cual, las filtraciones que se aglomeran 
parecen uu trono; aparte de estas maravillas, y agrande altura, se admira una 
especie de piílpito primorosamente esculpido y adornado de mil afiligranadas 
colgaduras que parecen hechas en mármol, por el milagroso cincel de uu artis- 
ta gótico; en el centro hay herniosas estalactitas, suspendidas como por encanto 
y en el primer término una cúpula, como de 10 metros de altura.» 

Dimensiones. Largo, 18 metros; ancho, 7 metros 60 centímetros. 

Sigue después mi pasillo largo y angosto. El expresado articulista, dice: 
«que entre las extrañas estalactitas que lo tapizan, merece especial mención una, 
que vista de lado, semeja nua ala arcangélica.» 

Dimensiones. Largo, 30 metros; ancho. 1 metro 80 centímetros. 

El cuarto salón en que el anterior desemboca, es casi circular y con direc- 
ción al SE. La «Rotonda» es el nombre que propiamente le corresponde. Del 
techo arrancan dos elevadísimas cúpulas, y de muy alto cuelga una enorme es- 
talactita, á manera de candil. Entre nnas columnas es tal agmí ticas aparece en el 
fondo un doble nicho. Acaba estrechándose, en donde una abertura demasiado 
baja lo pone en comunicación con el siguiente. 

Dimensiones. Largo, 9 metros 30 centímetros; ancho, 8 metros 90 centímetros. 

El quinto salón es bastante pequeño, y sin presentarse en él nada digno de 
mencionarse. 



64 MANUEL M. VII.LADA.— VIAJE DE EXPLORACIÓN AL ESTADO DE VERACRUZ. 



Dimensiones. Largo, 8 metros; ancho, 3 metros 30 centímetros. 

Del sexto salón puede decirse otro tanto; acentuándose en ambos la orien- 
tación del qne les precede. 

Respecto de este último salón, dice, no obstante, el repetido articulista, «qne 
acertadamente pudiera llamarse «Sala de la Cama,» en razón de qne todos los 
visitantes kan encontrado grande semejanza con un lecho, en la rara acumula- 
ción de filtraciones qne se levantan en el centro de este departamento, y qne en 
realidad lo imitan bastante bien, con finísimos encajes de la misma roca en su 
parte inferior; los muros parecen cubiertos de torres ó de bastas pilastras; á la 
entrada se encuentra una ancha mole de piedra á cuyo lado izquierdo existe una 
estrechísima abertura.» 

Dimensiones. Largo, 6 metros; ancho, 3 metros 90 centímetros. 

En el séptimo salón no se altérala orientación de los precedentes; es irregular- 
mente ovalado y muy amplio. Llama sobremanera la atención el singular as- 
pecto qne presentan varias de las estalactitas qne lo adornan; con bastante aproxi- 
mación pueden compararse ¡i segmentos concadenados del estróbilo de nn me- 
dnsario, próximos á desprenderse en sus distintas colonias: el de «Las Medusas» 
es el nombre qne le conviene. 

Dimensiones. Largo, 17 metros; ancho, 4 metros 50 centímetros. 

El articulista, tantas veces citado, señala una estalagmita de gran tamaño 
qne figura nn traje moderno de mujer visto de espaldas y colocado sobre nn 
maneqní. Por ser la más aparente en el fotograbado, se le da este nombre en la 
explicación. 

Mis compañeros y yo tomamos seguramente otro camino, pnes no pasamos 
por el qne aquél describe con el encabezado de «La Peña.» Dice así: «saliendo 
de la sala anterior, se continúa por una angosta y alta abertura y se entra á nna 
galería estrecha y altísima, de 35 m. de longitud, qne tiene algunos ensancha- 
mientos en forma de hermosos gabinetes. Recorriendo el expresado trayecto se 
tropieza con un enorme obstáculo difícil de franquear; consiste en nna barrera 
de rocas qne por el lado de la entrada tendrá de 6 á 7 metros de altura, con pro- 
nunciada pendiente, y por el opuesto, como 8 metros en corte vertical; puede as- 
cenderse con el auxilio de nna reata, mas para el descenso se hace necesaria nna 
escala de cnerda. Convexa en la parte superior y resbaladiza por el lodo qne la 
recubre, deja encima nn claro por el qne no cabe nn hombre de pie.» 

El octavo salón dobla en ángulo recto rumbo al noreste, precedido por nn 
pasillo corto y angosto; el mismo es de poca anchura y bastante alargado. Lo 
más notable qne recuerdo de este tramo es nna estalagmita de regulares dimen- 
siones, á la entrada y sobre la derecha, qne vuela de la pared a manera de nna 
repisa de festonados bordes, y á 1 m. 60 arriba del piso; acribillada de pequeñas 
perforaciones, por el escape del gas carbónico, como es común observar en esta 
clase de formaciones; sn masa informe agregada á esta particularidad, recuerda 
el cuerpo de un esponjiario: de aquí el nombre de este zoófito que le aplico á 
dicho Inorar. 



MANUEL M. VTLLADA. — VIAJE DE EXPLORACIÓN AL ESTADO DE VERACRUZ. 65 

Dimensiones. Pasillo: largo, 5 m. 10; ancho, 1 ni. 40. Salón: largo, 18 ni. 50; 
ancho, 2 ni. 10. 

A partir de un ancho macizo aislado, que se levanta á la izquierda y sin es- 
torbar el paso, cual si fuese una pilastra de sostenimiento, se prolonga la gale- 
ría antes citada hacia el mismo rumbo, terminando en fondo de saco; se divide 
en dos tramos, de uo muy desigual tamaño, por uu istmo ó estrechamiento. Se 
forman de esta manera dos salones que nada de notable ofrecen, marcados en 
el croquis con los números 13 y 14. 

La única razón que se ha tenido presente para la indicada separación, es la 
presencia de la gran mole de piedra indicada arriba, que así como las demás 
que allí existen, fueron respetadas por la potente fuerza demoledora que ejecutó 
la portentosa obra de aquel laberintoso subterráneo; mas uo precisamente por 
su magnitud, que está muy lejos de ser considerable, sino por la magnífica de- 
coración que lo embellece, con un material de diamantina pureza que realza ma- 
yormente sn mérito. 

Dimensiones. Salón 13: largo, 15 ni. 90; ancho. 4 ni. Salón 14: largo, 11 ni. 40; 
ancho. 3 m. 50. 

El noveno salón, que parte de Ja susodicha pilastra, dobla en ángulo agudo 
dirigiéndose al noroeste. Bastante amplio á raíz de su nacimiento, otra nueva 
pilastra aún más poderosa lo obstruye en el centro, dividiéndolo en dos pasillos 
circunvalantes que terminan en fondo de saco, mediante una dilatación trans- 
versal que forma el salón décimo. 

Dimensiones. Salón noveno antes de dividirse: largo, 4 m. 50; ancho, 2 ni. 50; 
Pasillos: largo. 4 ni.; ancho, 6 m. 00. Salón: largo, 12 ni. 30; ancho, 6 ni. 

Xnevo pasillo medianamente largo parte del lado izquierdo, y siguiendo el 
mismo rumbo, termina en una ampliación de cortas dimensiones, á la que corres- 
ponde por número, salón undécimo. 

Dimensiones. Pasillos: largo, 5 ni. 30; ancho, 1 ni. 80. Salón 11: largo, 4 ni. 90; 
ancho, 3 ni. 40. 

A la entrada de este salón y sobre la derecha del pasillo que en él desem- 
boca, se desprende otro más en ángulo recto y muy corto, el cual se dirige en 
dirección al Xorte. A poca distancia se levanta un tercer macizo de arqueado 
contorno y el mayor de todos, que lo bifurca, y los dos qne resultan desembocan 
á su vez en un final ensanchamiento transversal y dirigido de oriente aponiente, 
ó sea el duodécimo: cerrado por todos lados y con algunos apéndices ciegos en 
su extremidad occidental, que es hacia donde más se prolonga, pone fin al rami- 
ficado subterráneo brevemente descrito, cuya única comunicación con el exte- 
rior conocida hasta ahora, es la boca que le da entrada. 

Dimensiones. Pasillos A y B, según el croquis. El primero: largo, 5 ni.; an- 
cho, 1 m. 40. El seo-nudo: Largo, 8 m.; ancho, m. 40 en lo más angosto. Salón 
12: largo, 14 ni.; ancho, 5 m. 90. 

La total extensión, según los datos anteriores, es de 228 ni. 80. 



66 MANUEL M. V1LLADA. — VIAJE DE EXPLORACIÓN AL ESTADO DE VERACRÜZ. 



* * 



La falta de material de acarreo sobro el piso de la gruta, así como el de al- 
gún otro intercalante en las paredes y bóvedas, como se vé en la de Cacalina- 
milpa, simplifica sobre manera el mecanismo de su formación. No obstante de 
que el primero pudo haber sido removido, de hecho, en la actualidad no hay in- 
dicio del paso de alguna corriente que por incesante trabajo de erosión, se hu- 
biese abierto camino á través de las capas de caliza compacta, depositadas in si- 
tu por sedimentación química y levantadas después por eyección de rocas vol- 
cánicas; determinándose así nu sincliual por donde pudieron correr las aguas, 
las que con el tiempo quedaron mejor encausadas por el aumento progresivo, 
en la profundidad de Ja linea del toliueg. El corte transversal de la gruta es 
siempre estrecho, no obstante los ensanchamientos que presenta alo largo de su 
trayecto; mas no así el vertical, que en ciertos tramos al menos, es bastante no- 
table. Bajo este concepto nos dá mejor idea de una grieta preexistente, por don- 
de las aguas meteóricas se infiltraron de arriba abajo, removiendo mayor can- 
tidad de material en los puntos do menor resistencia, ó más bien en donde su 
permanencia ó estancamiento fué más duradero: en todo caso el expresado ac- 
cidente localizó el trabajo de erosión en determinados límites. 

Como la exploración de la gruta fué el único objeto que me llevó á aquel 
lugar, de sólo ella puedo ocuparme en esta reseña; haciendo portal motivo, pun- 
to omiso déla topografía y constitución geológica de la región en que se halla 
situada. En el reducido espacio que ocupa, tanto la formación como el terreno, 
manifiestan en lo fundamental, absoluta uniformidad desde el punto de vista que 
á lina y otro corresponden. Así la primera, es sedimentaria y metamórfica; el se- 
gundo á su vez, se halla comprendido en el tiempo secundario ó mesozoico y con 
seguridad pertenece al cretácico ó período medio de él. Aparte se entiende, de 
los sedimentos cuaternarios y del material de acarreo arrastrado por las corrien- 
tes: ambos extendidos en determinados lugares, pero siempre dominando el 
caracterísco del mencionado terreno. 



# # 



Subiendo de la costa, los cerros que se levantan en el Atoyac forman como 
un primer escalón para encumbrar á la Mesa Central del Anáhuac. La caliza 
compacta y fétida de estos macizos presenta los mismos caracteres que la del ce- 
rro de Escámela en Orizaba, con echado variable y rumbo sensiblemente uni- 



MANUEL M. VILLADA. — VIAJE DE EXPLORACIÓN AL ESTADO DE VERACRUZ. 67 

forme en las distintas vertientes. Dominando la de color blanco amarillento, pero 
sin faltar las que lo tienen gris azulado. Todas ellas se presentan en un grado 
más ó menos avanzado de metamorfismo, que á veces llega á convertirlas en ver- 
daderos marmoles, como lo revela su textura cristalina ó finamente granuda; con 
vetillas, además, de espato calizo ó depósitos margosos ó arcillo-ferruginosos 
intercalantes. En el acarreo suelen verse guijarros de audesita augítica y ba- 
salto, desprendidos seguramente de los conglomerados volcánicos, más ó menos 
retirados. 

No pude convencerme si en la pared opnesta de la barranca, ala en que se 
abre la boca de la gruta, se presenta otra formación correspondiente á un terre- 
no de distinta edad, como tal cosa sucede en la profunda barranca de Metlac, si- 
tuada mucho más arriba, en rumbo al poniente. Así el muro occidental de ella 
está formado de caliza compacta, mientras qne el opuesto ú oriental de conglo- 
merado volcánico heterogéneo. Si así fuese, es de suponer que este material, des- 
cansando sobre rocas cretácicas, integra la parte alta del muro en donde el agua 
se despeña: y como sucede en tales casos, socavado más fácilmente el pie, la ca- 
beza se derrumba, y la caída retrocede: en el actual muy lentamente, por su dé- 
bil potencia efectiva. 

Otro accidente no raro, que también pudiera presentarse, es el de alguna 
falla ó resbalamiento, como el que al parecer se manifiesta en el cerro de Esca- 
mela, que se levanta aislado á orillas de la ciudad de Orizaba; el cual fué debi- 
do, á mi entender, á un movimiento de báscula en su mitad occidental; quedando 
las capas colocadas casi verticalmente en esta porción de dicho cerro, mientras 
que en la oriental, tan sólo muy inclinadas como en un principio. En la línea de 
contacto de unas y otras se manifiesta en las primeras una textura claramente 
pizarreña, que pudiera atribuirse á un relleno extraño, pero quizá sea más bien 
debida á la inmensa compresión que sufrió la misma caliza. La presencia en ella 
de ciertos rndistas, en lo general inconocibles por lo incompleto y alterado de la 
concha, y el plegamiento de las capas, son caracteres distintivos de las del cre- 
tácico medio, que tienen amplio desarrollo en la región que nos ocupa. 

Sobre las mismas capas de caliza, dice el Sr. Prof. Allorge, son frecuentes 
en lo alto de los ríos, depresiones en forma de embudo: verdaderos pozos ab- 
sorbentes llamados sumideros que comunican en el interior con un sistema de 
canales superficiales y profundos: los últimos frecuentados aiín por corrientes 
de agua; los primeros permanecen siempre secos y más ó menos obstruidos por 
los derrumbes y formaciones estalactíticas. La dirección de las capas es de Norte 
á Sur, su inclinación 75° al Este y los planos de juntura ó grietas, sensiblemente 
perpendiculares á la primera. El plano de la gruta muestra una sucesión de ca- 
ñones y cámaras, perpendiculares entre sí, y no desordenados. Los principales 
se dirigen en la dirección expresada; conectados por otros más pequeños y trans- 
versales que siguen los planos de juntura ó grietas. En lo alto de la gruta hay 
una serie de pasillos superpuestos, estrechos y tortuosos, que terminan en el ex- 
terior, á juzgar por la corriente de aire fresco que se hace allí sensible. 



68 MANUEL M. VILLADA. — VIAJE DE EXPLORACIÓN AL ESTADO DE VERACRUZ. 



* 
^ * 



En pleno invierno en que visité la gruta, la vegetación estaba casi muerta, 
al menos en la parte alta de la barranca; conservando la arbórea cierta frondo- 
sidad cerca de la caída a la que no pude llegar. A la distancia en que estaba, 
presentaba en conjunto todo el aspecto de un encinal; entre los Quercus, segu- 
ramente se encontraba entremezcladas otras especies igualmente propias de la 
región y del lugar mismo: Alnus, Clethra, Clerodendron, Cmsalpinia, Combre- 
tum, Plumería, Litsea, etc.; entrelazando sus troncos, las Bignonia, Pétrea, An- 
tigonium, Paullinia, Serjania, y otros más bejucos que tan fácilmente se multi- 
plican en estos lugares. Juzgo inútil insistir sobre este asunto, sin tener datos 
precisos, que me los proporcionaré más tarde, mediante una herborización he- 
cha en tiempo oportuno. 

No era propicia tampoco la estación para adquirir datos relativos a la fau- 
na; expondré, no obstante, algunos que no carecen de interés. 

De los animales áspelo y pluma, dos de ellos, por mera casualidad, vinie- 
ron á mis manos. De los primeros fué el Cuaqueche, ó Tuza real, Dasyprocta 
mexicana. Pequeño roedor más ó menos del tamaño de la liebre común, y que 
bien la representa en las tierras cálidas. Tímido como ésta y de rapidísima lo- 
comoción, por pequeños saltos, al menor peligro; pero en tranquilidad, su ándal- 
es excesivamente lento. De negro pelaje, algo burdo y ralo, salpicado de blan- 
co, y sobresaliendo algo el pelo á lo largo de la línea dorsal, á manera de una 
cresta. Largas patas traseras, orejas cortas, y tan sólo con rabo. 

Fuera de esta especie, dos más han sido señaladas en México: D. punctata 
y D. ístmica, distribuidas respectivamente al norte y sur de la zona ó faja, más 
ó menos aproximada del litoral del Golfo, en que todas ellas habitan, y ocu- 
pando el centro de la misma, la del Atoyac. La D. cristata de F. Cuvier, es se- 
guramente simple variedad de ésta, pero todas las especies mexicanas son bien 
distintas del Agutí de Azara, ó D. acutí de Snd-América; aunque la D. fuliginosa 
del Brasil tiene con la descrita, suma afinidad. 

De los segundos, fué un ave verdaderamente singular, que bajo un modesto 
ropaje, oculta sorprendentes facultades, y la cual conocí por primera vez en el 
puerto de Alvarado; en esta ocasión me la hicieron ver cuando atravesé el río 
muy abajo de la caída y en plena costa. Es una zancuda brevirrostro, de la fami- 
lia Oécdiii émidos: el Oecdinemus bistriatus de Wagler. Tiene los nombres vul- 
gares de Carretero, en Alvarado; Taratana y Tntupaua, en Tabasco: quizá por 
ouomatopeya estos últimos, y el primero imitativo por el carácter de la voz. 

De 42 centímetros de alto, cuerpo esbelto como el de una garza ó Árdea; ca- 
beza algo abultada, ojos grandes, pico robusto, verdoso en la base y negruzco 



3. S. T. I. 



LA NATURALEZA. 



LAM. XIV. 



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Salto en la barranca del río Atoyac, Veracruz. 



5. S- T. I. 



LA NATURALEZA. 



LAL\ XV. 




Eoca de la gruta del Atoyac (con su descubridor en pié.) 



I. 



LA NATURALEZA. 



LAM. XVI. 




5." Salón. La rotonda. 

(en el centro del grupo el descubridor de la gruta y á la derecha del grabado, la figura de una mujer elegantemente vestida, 

vista de espaldas). 



3 . S. T. I. 



LA NATURALEZA. 



LAM. XVII. 




7." Salón. El manequí. (por la razón expresada en el texto). 
A la derecha la figura que lo representa y á la izquierda el Jefe de la Exploración. 



3. S. T. I. 



LA NATURALEZA. 



LAM. XVIII. 




8.° Sa'ón. El gran espongiario. 



MANUEL M. VIU.ADA. -VIAJE DE EXPLORACIÓN AL ESTADO DE VERACRUZ. 



69 



en el resto, de 5 centímetros de largo. Por encima pardo-obscuro, manchado de 
blanco y amarillento; el primero de estos colores, que es el dominante, en el 
centro de las pininas y los segundos en el contorno, y aquél también en el po- 
cho, pero deslavado; garganta y vientre, blancos. Largas patas desnudas y ver- 
dosas, de 21 centímetros desde su arranque; dedos cortos, pues el de en medio 
apenas mide 4 centímetros: la falta absoluta do pulgar, lo acerca mucho áuu Ca- 
radrido. Bien dispuesto y preparado á la doiuesticidad, con ojo avisor y suma 
diligencia proteje á las ovejas en el campo, y como mi buen pastor cuida de que 
no se aparten del rebaño. Muy parecido en esto A otra zancuda brevirrostro de 
Sudaniérica, pero de la familia Ral idos: la Chauna chavarla, qne los fiuqneros 
utilizan para guarda y defensa de los patos y gallinas en los corrales, teniendo 
sóbrela nuestra la ventaja de estar armada con fuertes espolones en el codillo 
de las alas. Además de lo dicho, la Taratana, según el Sr. Rovirosa, se cría en 
las casas para exterminar ¡i las encarachas, Blatta y otras sabandijas. 

Por último, en las aguas del mismo río se pesca mi langostín de exquisito 
gusto, quizás mi Cambaras: muy superior en ésto al humilde Acocil de los la- 
o'os del Valle de México: C. moctezumae. 




1. 



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Chauna chavaría. 



(Ecdinemus bistriatus. 



III. 



LA OSTIONERA DE LA MANCHA. 




Al Sr. Ex-Director del Museo Nacional, 
D. Francisco del Paso y Troncoso. 

Presente de gratitud y respeto del autor. 



íf el mes de Enero de 1893, fui galantemente invitado por la perso- 
na á quien dedico este trabajo, para pasar á su lado algunos días 
eu Cempoala, en donde se hallaba temporalmente radicado con el 
loable propósito de consagrarse al estudio arqueológico de las his- 
tóricas ruinas totouacas que dan nombre al expresado sitio, y que, 
como todos los de su género, era difícil de abordar. Tras larga y 
penosa labor llovó á buen término sus investigaciones, con la ni- 
mia escrupulosidad que le es característica, adunada á su magistral competencia 
en la materia. Bajo estn doble garantía, quedó bien evidenciada la exactitud de 
los resultados obtenidos y que se hicieron patentes en la Exposición Histórica 
de Madrid. 

En medio de antiguo bosque, al que se calcula una edad no menor de tres 
y medio siglos, se levantan, bajo la sombra de añosos árboles, vetustas y derrui- 
das construcciones de piedra, arcilla y cal, que bien pudieron haber sido tem- 
plos, fortines y habitaciones; como son, entre las primeras, el de las Caritas y el 
de las Chimeneas, ambas formadas por superposición de dos troncos de pirámi- 
des cuadrangulares dispuestas eu gradería y de cuatro á nueve metros de eleva- 
ción; á las últimas corresponde la señalada con el nombre de casa de Moctezu- 
ma. Todas ellas testifican el valer de aquella raza que tan bien supo aprovechar 
los elementos de que podía disponer; pero que, llegada su hora fatal, tuvo al fin 
que sucumbir, legando á la posteridad un nombre imperecedero. ¡Preludio de 
hechos heroicos, dignos de la epopeya que, como sagrados recuerdos, merecen 
conservarse en nuestra mente! 

En la actualidad, aquellas silenciosas ruinas, en un tiempo animadas con el 
continuo batallar de sus moradores, se ocultan á las miradas, bajo un bello tapiz 



MANUEL M. V1LLADA. — VIAJE DE EXPLORACIÓN AL ESTADO DE VERACRUZ. 71 

de follaje y flores, incesantemente renovado por la incansable mano de aquella 
próvida naturaleza. 

En el citado bosque dominan los arboles llamados Habilla, Hura crepitans 
de Liiineo, de esbelto y elevado tronco, entre sí enlazados, y así las demás espe- 
cies arbóreas, con airosos bejucos, que son tan característicos de la herniosa y 
exuberante vegetación de los trópicos. 

Al pisar un montón de hojarasca que rodeaba el pie de uno de ellos, estuve 
á punto de ser mordido por uu Nauyaqui ó Cuatronarices, Bothrops atrox de 
Wagler: temible ofidio que, por la actividad de su ponzoña, rivaliza con la Co- 
bra de la India. 

Casi desembarazado de la maleza, ó chapeado, como dicen, uno de aquellos 
monumentos, quizá el de las Caritas, figura en la lámina 1. 

En aquella ocasión conocí por la primera vez la Ostiouera de la Mancha y 
el Descabezadero del río de Actopan. 



* 



La primera, tan conocida en el país por la importante explotación industrial 
establecida en ella desde hace largos años, se halla situada en un punto de la 
costa de barlovento, á 50 kins., aproximadamente, del puerto de Veracrnz, en 
rumbo X. XAV. 

Sus coordenadas geográficas, segiiu datos de la Comisión Geográfica Ex- 
ploradora, son las siguientes: 19° 35 / de lat. X. y 2 o 25' de long. E. del meridia- 
no de México. 

El derrotero más fácil de seguir es el que parte de la estación de S. Fran- 
cisco la Peña, en el tramo de Jalapa á Veracrnz del E. C. L; tocando en seguida 
de paso, por camino carretero primero, y después de herradura, los siguientes 
lugares: pueblo de S. Carlos; ranchería del Agostadero, en donde se conservan 
aún las históricas minas de Cempoala; ranchería de S. Isidro y, por último, la 
Mancha; la respectiva distancia entre ellos es, poco más ó menos, de 8, 12, 4 y 
Ib kins.; en totalidad 40. En el último tramo, es decir, entre S. Isidro y la Man- 
cha, el camino es una vereda que cruza por los bosques bajos de la costa, que 
en tupida vegetación se levantan vigorosos sobre antiguos médanos algo retira- 
dos del mar. Es muy cómoda esta vía por lo accesible del camino y por la fres- 
cura que proporciona la sombra de los árboles; á la vez que se admira, al paso, 
una soberbia cordillera de montañas, en la que descuella por su mayor altura la 
llamada de Manuel Díaz. Haciendo un pequeño rodeo, puede seguirse otro ca- 
mino, partiendo del Agostadero, el cual conduce directamente á la playa por el 
Paso de Doña Juana: nombre de uu riachuelo que desemboca en el mar por la 



72 MANUEL M. VILLADA. — VIA.IE DE EXPLORACIÓN AL ESTADO DE VEIÍACKUZ. 



barra llamada de Juan Ángel. A lo largo de aquella playa, el camino es entera- 
mente plano, pero del todo descubierto; en cambio de este inconveniente, tiene 
el doble atractivo de poder contemplar muy de cerca, por algunos kilómetros, 
el grandioso espectáculo del mar y recibir más directamente la agradable im- 
presión de la brisa. En razón de su despejado horizonte, se descubre desde lejos 
la serranía de la Mancha; como tal parece vista a larga distancia; mientras que 
por el primero se presenta de repente, al encumbrar cerca de ella, la prolongada 
barrera de médanos que la ocultan por completo. Se puede seguir, en fin, un 
tercero, el más corto de todos, pero incómodo por lo fangoso del suelo, especial- 
mente en tiempos de lluvias; como los anteriores, parte de S. Carlos y continúa 
río arriba sobre la margen derecha del caudaloso Actopan, que atraviesa de 
Poniente á Oriente la repetida población de San Carlos y desemboca en el mar 
por la barra de Chachalacas. Siguiendo este camino se llega primero al despo- 
blado de la Gloria, y cambiando de rumbo, se cruza el misino río por el paso del 
Bobo y de allí se continúa directamente hasta la terminación, dejando muy á la 
izquierda las rancherías del Agostadero y S. Isidro. 

Por cualesquiera de estos tres caminos se llega, en fin, al pie de un gran 
cerro que es el de la Mancha, el cual se atraviesa en la costa, como alta mura- 
lla, difícil de franquear al primer golpe de vista. 

Para pasar al otro lado se encumbra, no obstante, sin mayor dificultad, por 
una mal trazada vereda; se continúa después á lo largo de la falda, ó como figu- 
radamente diré, por una línea de flotación, pues se camina rozando la superficie 
de las aguas hasta arribar de nuevo á la playa, interrumpida en aquel sitio por 
el referido obstáculo. 

El citado cerro, repito, se levanta á orillas del mar y como saliendo del seno 
de sus aguas. En prolongado espinazo se dirige oblicuamente hacia el interior 
de la tierra, en dirección de S. W. á N. E., aumentando más y más de altura. De 
ásperas y abruptas pendientes y en parte como desgarrado por las enérgicas ac- 
ciones erosivas, peculiares de la región. La base de aquel cerro expuesta al mar, 
se halla sin cesar batida por las olas, que durante los nortes suben muy arriba 
arrasando la vereda. Se hace entonces peligroso el paso, aun tomando precau- 
ciones para ello, como es la de capearlas, según dicho vulgar, con la mayor 
prontitud, pues, á pesar de este cuidado, se han registrado accidentes que estu- 
vieron á punto de ser funestos. La fiereza de aquel agreste sitio le da cierto aire 
de solemnidad, y su traslación á un lienzo sería de muy notable efecto pictórico. 
(Lámina 2). 

En alguna ocasión sopló el norte con tal ímpetu, que fueron arrojados á la 
playa incontables peces, principalmente Lisas, Mugil brasiliensis, y un gran tibu- 
rón, Carcharinus platyodon, que los vecinos del lugar remataron á palos, para 
poder atraparlos: el último menos peligroso que el Carcharían, que realmente 
es el verdadero. 

Aquel gran amontonamiento de rocas negruzcas y muy duras, aunque en 



MANUEL M. VIOLADA. — VIAJE DE EXPLORACIÓN AL ESTADO DE VERACRUZ. 7:! 

parte desmoronadizas y como espumantes las más bajas por su revestimiento ma- 
drepórico, surge ¡i la manera de una mancha realzada, interrumpiendo la uni- 
formidad del suelo en lo demás cubierto de arena. Una vez pasado aquel cerro 
y colocado el observador en la playa, con la espalda vuelta al mar, se le presenta 
ante la vista el agradable espectáculo de una vasta laguna, de aguas tranquilas, 
límpidas y salobres, qne se extiende al interior de la tierra, y con sus márgenes 
laterales sensiblemente paralelos, como los de un ancho canal; poblada, además, 
de una fauna mixta, entre cuyas especies sobresale una que. por su abundancia, 
es objeto de una lucrativa explotación industrial. Por su posición topográfica, 
viene á la imaginación la idea de que, en su principio, pudo haber sido un gran 
estuario, que con el tiempo quedó al fin aislado del mar, al menos temporal- 
mente. En breves palabras completaré la descripción de aquel interesante re- 
ceptáculo lacustre, en lo que me fué dable apreciarlo. 

Colocado el observador en la playa que lo separa del mar, como queda di- 
cho, rodea por su margen izquierda la falda del largo espinazo de cerros de la 
Mancha, protegida por una barrera de médanos; el de la derecha corre libre- 
mente en terreno despejado, y detenido el del fondo ó límite interior por otra 
barrera igual ala primera por su constitución litológica, pero de mayor altura. 
En su terminación, se extiendo transversalinente la laguna por ambos lados, en 
figura arriuonada ó, si se quiere, elíptica; en esta porción desvaneciéndose sus 
márgenes en una área pantanosa. La configuración total de ella puede muy bien 
representarse por la letra T ó una doble escuadra. Según datos informativos, el 
brazo derecho es corto y recto, mientras que el izquierdo, largo y arqueado, ro- 
deando el cerro. El canal principal ó tronco, puede estimarse en 1000 á 1500 
metros de largo y 200 á 300 en anchura. El secundario ó transversal, de 1500 á 
2000 y 100 á 150, respectivamente: en la localidad se aprecian estas dimensiones 
en cifras más elevadas. Su profundidad en el centro ó crucero excede segura- 
mente de 5 metros; en la línea intermediaria, de 1 á l 1 /^ reduciéndose más y más, 
en desván, acercándose á las orillas. 

A la derecha de la laguna, ó sea eu la dirección norte, vuelve á levantarse, 
próxima al mar, otra interminable barrera de médanos, con el frente siempre eu 
taludó pendiente, más ó menos inclinado; desbordándose siempre hacia atrásy cu- 
briendo con su propio material una gran extensión de terreno, guarecido de impe- 
netrable boscaje, en el cual crece con profusión el zacate ó pasto de Guinea, Pani- 
cum jumentorum, y también el de Para, P. molle; algo más al interior se encuen- 
tra el paraje que eu cierta época sirvió de refugio á nuestro primer magistrado, 
cuyos respetables nombre y apellido aún conserva. Convendría llamarle «De- 
hesa Porfirio Díaz;» coi-respondiéndole el primero por el uso á que se le destina 
y con la singular coincidencia de recordar, á la vez, el del digno funcionario de 
quien recibió aquél valiosa y eficaz ayuda. Eu esta parte del camino llamó so- 
bremanera mi atención, el ver regados, sobre el exterior de los médanos, innu- 
merables despojos de un cangrejo de tierra, ó sea un Gecarciuo, como si fuesen 



74 MANUEL M. VILLADA. — VIAJE DE EXPLORACIÓN AL ESTADO DE VERACRUZ. 



restos de mi festín. Así lo er¡i en realidad, pues nuestro Mapuche. Procyou mexi- 
canus, de costumbres noctivagas, sale de sus madrigueras á cazarles. Esta cos- 
tumbre había sido tan sólo señalada en el P. cancrivorus de Sud-Amórica. no 
siendo, por lo visto, exclusivo de ella. 

De vuelta á la playa, y caminando á lo largo de los médanos, se llega á un 
punto en que éstos avanzan hacia el mar, en escarpado picacho de mayor altura, 
á manera de incipiente farallón, llamado «Cerro de los Icacos,» por abundar en 
él esa planta, Chrysobalanos ¿caco; desde lo alto de la cumbre se divisa, á no 
larga distancia en el mar, un gran peñasco que surge de las aguas como nn arre- 
cife. En aquellos contornos es muy conocido con el nombre de «Villa, Rica;» en 
realidad es una obra artificial, resto de la primera población que fundó Hernán 
Cortés, desaparecida hoy bajo los médanos, y que sirvió de atracadero á sus na- 
ves. ¡Cuántos recuerdos despierta la contemplación de aquel mudo testigo de tan 
memorables acontecimientos! 

Antes de proseguir adelante, dedicaré al mar unas cuantas palabras. De las 
capas supercalentadas del fondo y hasta donde la vista alcanza á percibir, se le- 
vantan de continuo, en multiplicados puntos de la superficie, pequeñas olas, co- 
mo gruesos crespones de blanca espuma, que desplegadas avanzan con vigoroso 
impulso, sucediéudose las unas á las otras hasta perderse en las orillas. A esta 
causa, más que al viento, le atribuyo esta perenne y aparente ebullición. 

¡Oh bello mar! si en cualquier momento me fuera dable volver á tí la vista, 
jamás me cansaría de contemplarte. Efectivamente, nada eu la naturaleza im- 
presiona tanto el espíritu como el grandioso espectáculo que se desarrolla ante 
la mirada, eu el inmenso escenario de aquel líquido elemento. 

Continuando la reseña interrumpida por un breve instante, llama la aten- 
ción eu aquel lugar de la Mancha una cordillera de cerros que se levanta á re- 
gular altura, mucho más allá de la laguna, y que bien pudiera ser una ramifica- 
ción de la Sierra Madre Oriental; el del centro, coronado por una bufa ó berna- 
lejo, lleva el nombre de «Cerro de Bernaldillo.» 

La repetida laguna se alimenta principalmente con las aguas dulces que ba- 
jan de los arroyos, que necesariamente aumentan eu la época de las lluvias; el 
contenido líquido se vuelve entonces menos salobre, y desbordándose del vaso 
que lo retiene se pone eu comunicación con el del mar: eu una palabra, se abre 
la barra ó playa arenosa que separa á la una del otro, cruzándose ó cerrándose 
después durante la estación de secas: si tal cosa sucediese eu la alta marea, que- 
daría bien comprobado su carácter de estuario. Eulaiíltima estación adquieren 
su mayor grado de salobridad, á la vez que recobran sn completa quietud. 

Muy inmediato al arroyo del Paso de Doña Juana, y en comunicación con 
el mar por la barra de Juan Ángel, eu que aquél desemboca, se encuentra uu 
penilago de aguas salobres; eu su tranquila y límpida superficie vegetan aisla- 
damente unas cuantas matas de Stratiotes vulgaris, L. ó Lechuguilla de agua, y 
nadando con desconfianza el pato de la costa, llamado por onomatopeya Piclii- 



MANUEL M. VILLADA. — VIAJE DE EXPLORACIÓN AL ESTADO DE VERACKUZ. 75 

chil ó Pijiji; es la Dentrocygna arbórea, de costumbres arborícelas, cuya inelo- 
diosa y penetrante voz se percibe á larga distancia; de paso haré notar que es 
una especie afine de la D. fulva ó pato Coaeoxtle de las lagunas del Valle de 
3Iéxico. Como dato histórico, diré que cerca de aquel lugar se levanta un mon- 
tículo de regular altura que sirvió de atalaya á un vigía en la guerra del 47, 
para dar aviso á las autoridades de la llegada de la flota enemiga á aguas mexi- 
canas. Al contemplar desde esa altura el dilatado horizonte, en aquella, direc- 
ción, el corazón mexicano palpita emocionado al recordar aquella triste página 
de su historia. 



* 



A la vista del peuilago antes mencionado, conocido con el nombre de lagu- 
na de Chachalacas, viene á mi memoria el recuerdo de otro mucho más notable 
que visité hace cerca de inedia centuria con el carácter de naturalista y que año- 
ra para mí mi pasado feliz. Me refiero á la famosa laguna de Tamiahua. que se 
extiende entre Tuxpan y Tauípico; este gran depósito de agua mido de largo 
125 kms. y 25 de ancho como máximo; de tal suerte, que colocado el observador 
en el centro, su vasta superficie forma horizonte con el cielo, dando cabida á 
grandes y pequeñas islas, cuales son. entre las primeras, las de Juana Ramírez, 
el Toro y el ídolo, y de las segundas, la de Pájaros y algunas otras. Todas ellas 
cubiertas de abundante vegetación, y la última, que tuve más empeño en visitar, 
poblada de aves acuáticas, en tal cantidad, que bajo su peso se doblegan las 
gruesas ramas de los arbustos en que se posan; y tan incapacitadas de volar por 
su misma aglomeración, que fácilmente se toman con Jas manos; siendo, además, 
tan denso el enjambre de mosquitos que revolotean, durante la noche, como ja- 
más lo he visto en ningún otro paraje de tierra caliente; de tal suerte, que ape- 
nas hubo obscurecido tuvimos que reembarcarnos violentamente para alejarnos 
de aquel insoportable sitio. Al acercarnos á él, llegaba á nuestros oídos un ru- 
mor parecido al que se percibe al aproximarse á una gran ciudad en completo 
bullicio, y que no era sino el arrullo de las aves, de que nos cercioramos al sal- 
tar en tierra. 

Aquella laguna, por intermedio de un largo estero, comunica con el mar por 
la barra de Tanhuijo, en la que desemboca el río de este nombre, y separada de 
aquél por un cordón litoral en lo general angosto; ensanchándose tan sólo en 
ciertos lugares, y la parte que recorrí de él, poblada de bosques. Por sus pro- 
ductos, la repetida laguna es una pesquería de primer orden, tanto por la abun- 
dancia como por la variedad de peces y mariscos, á cuya explotación muchas 
personas se dedican, y muy particularmente á la del robalo. Centropomus unde- 
cimalis, en tiempo de Cuaresma; conforme llega el pescado, se distribuye á lo 



76 MANUEL M. VILLA DA. — VIAJE DE EXPLORACIÓN AL ESTADO DE VERACBDZ. 

largo de l¡i orilla de la laguna en grandes montones, para después salarlo, y una 
voz enfardado en tercios, se remite la carga á los centros de consumo. 

En la misma localidad conocí, recién muerto, al temible jabalí llamado Can- 
dangas, Dicotijles labiatus; de corpulenta talla, negro pelaje y hocico blanco, 
que anda siempre reunido en grandes manadas. Presenció también el modo de 
pescar otro animal no menos peligroso, cual es el lagarto, Cr. (acutits) pacificas 
americanus; esta operación se ejecuta por medio de un sencillo aparato llamado 
guülarda, y más propiamente villalda ó tala, pues consiste en una, estaca de ma- 
dera, como de veinte centímetros de largo y aguzada en sus dos extremos; se ata 
por su medio a una cuerda suficientemente larga, cuya otra punta se fija en tie- 
rra, y envuelta de carne se pone á flote; en cualquier momento el animal hace 
presa, se le atora en las fauces, y tirando do ella se saca fuera del agua, con más 
ó menos esfuerzo, según su tamaño; teniendo tan sólo cuidado de no acercársele, 
hasta que muera, para ponerse á salvo de los terribles golpes de su cola. Fui tam- 
bién testigo de uu hecho singular: la muerte de un pobre perro que nos seguía, 
atacado aparentemente de tétanos, por haber devorado los huesos de uu faisán, 
Crax globicera, que en el campo nos sirvió de alimento; esta ave en su régimen 
dietético acostumbra comer las semillas del bejuco llamado Chilillo, Roarea 
óblongifolia, que son sumamente venenosas, sin que le causen ningún mal; el ac- 
tivo veneno se acumula seguramente en los huesos, como pasa con otros, dejan- 
do la carne sana: de aquí la costumbre de hacerlos desaparecer para evitar ac- 
cidentes. En aquel tiempo colecté numerosos ejemplares, tanto de la fauna como 
de la flora, que preparados se conservan aún en el gabinete respectivo de la Es- 
cuela N. de Agricultura, como viejos conocidos volví á ver á ciertos de ellos en 
la presente ocasión. 



La riqueza de la laguna de la Mancha consiste, como se ha dicho, en la abun- 
dancia del marisco que en ella se procría, interviniendo muy poco la mano del 
hombre para favorecer su propagación. Por su tamaño y calidad, tiene grande 
aceptación en el país, y muy superior, por tanto, al de otros lugares del mismo. 
Eu general, para muchos paladares, es uu alimento agradable, que estimula el 
apetito, y fácil de digerir, aunque poco nutritivo. Este vivero natural, lí ostione- 
ra, se halla eu explotación desde hace largos años, aunque eu reducida escala; 
pero sus rendimientos, no obstante, son relativamente considerables. He aquí los 
datos que acerca de ella me pude proporcionar. Su personal se reduce á un con- 
tratista y dos pescadores, con la correspondiente dotación de botes y útiles para 
el trabajo. Tienen señalada la tarea obligatoria de pescar diariamente 4000 os- 



MANUEL M. VILLADA. — VIAJE DE EXPLORACIÓN AL ESTADO DE VERACRÜZ. 77 

tienes en toda la temporada, que comienza en Septiembre de cada año y termina 
en Abril del siguiente; recibiendo en pago la cantidad de $2.00 por cada millar. 
El trabajo comienza ¡i buena hora de la mañana y termina antes de finalizar el 
día. ó sean 8 horas por término medio. La operación de la pesca, es demasiado 
sencilla y poco fatigosa; el pescador, con el cuerpo metido en el agua, hasta la 
cintura unís ó menos, toca con el pie ó remo las bolas ó cabezos de ostiones, co- 
mo les llaman; pues tanto esta especie como Jas demás, nunca viven separadas, 
sino siempre reunidas, ya formando extensos bancos, si lo permite la superficie 
del suelo, ó bien, como en el presente caso, en grupos diseminados, que se le- 
vantan erguidos y firmemente adheridos por su base á las piedrecillas del fondo, 
ó á las ramas del mangle prieto, Rhizophora mangle, que so extienden debajo 
del agua; cada uno de ellos compuesto de un número variable de individuos: de 
15 á 20, por ejemplo. Esta costumbre obedece, al parecer, a la necesidad que 
tienen de defenderse de sus enemigos, pero con la desventaja de hacerse difícil 
la liematosis y la alimentación, en los que se hallan colocados más al interior del 
grupo. Una vez tocado el cabezo, como queda dicho, el pescador lo desprende 
con la mano, auxiliada de un cuchillo; el cual le sirve, después de sacado del 
agua, para despigarto, es decir, separar uno á uno, teniendo el mayor cuidado 
de no romper la concha; pues salida el agua de ella, el animal perece, y bajo 
aquel clima, prontamente entraría en descomposición. Reunido todo el ostión 
pescado en el día, se procede á enfardarlo en costalería de jarcia, y al siguiente, 
se transporta la carga, A lomo de bestia á la estación más próxima de S. Francisco 
la Peña; embarcándolo en seguida en el ferrocarril, para hacerlo llegar á su final 
destino. He aquí otros datos relativos al mismo asunto, que juzgo de interés el 
consignar. El peso neto de un millar de ostiones en su concha es de 100 kgs., im- 
portando 86.50 el flete de ferrocarril hasta la ciudad de México. En el mercado 
de esta plaza se cotizan á los siguientes precios: $30 el millar, $2.50 el ciento y 
$0.50 la docena. 

Agregaré á los datos anteriores los siguientes: el predio de que se trata fué 
parte integrante de la antigua hacienda de Tortugas, hoy día fraccionada, de la 
propiedad de la familia Lascuráin. Desde hace muchos años se halla en explo- 
tación la laguna, de la manera indicada, y en la actualidad por contrata con el 
dueño. El laboreo de las tierras, que es muy limitado, y el aprovechamiento de 
los esquilmos, están bajo la dependencia de un administrador de campo, con la 
correspondiente servidumbre. En lo alto de un médano próximo ala laguna, se 
halla edificada una casa de madera, de regulares proporciones, destinada para 
habitación, bodega y despacho. En torno de ella se agrupan en ranchería otras, 
por demás humildes, 

Por lo expuesto se comprende que la negociación referida es susceptible de 
mayores rendimientos y utilidades. Desde luego podría muy bien agregársele un 
departamento de pasterización, ó sea para la conservación en latas del aprecia- 
do marisco. La producción natural de la laguna quizá no fuera bastante para 



78 MANUEL M. VILLADA. — VIAJE DE EXPLORACIÓN AL ESTADO DE VERACRUZ. 

una explotación en grande escala, aunque mediante liu cultivo bien dirigido pu- 
diera aumentarse lo bastante para poder emprenderla; así como también apelar 
al recurso de extenderla á la otra mitad de ella, que da vuelta al cerro, y que 
por ser de propiedad ajena no está comprendida en lo anteriormente expuesto. 
Todavía más: en la misma costa, pero más al Norte, se encuentran otros criade- 
ros que por su lejanía no son explotables económicamente; pero que con un sis- 
tema combinado, como el propuesto, dejarían pingües utilidades; quizá en esta 
forma se había resuelto emprenderla una compañía americana que trató de ad- 
quirirlos por compra ó arrendamiento, pues de ello no estoy seguro. Ciertamen- 
te que no es una idea nueva la que propongo, pues en nuestro misino país está 
implantada de esta manera, y más particularmente en los criaderos de Corpus 
Cliristi, que se hallan dentro del territorio de los Estados Unidos. Para terminar 
este asunto, agregaré que en la costa de sotavento, ó sea la del Sur de Yeracruz, 
como también en las del Pacífico, se encuentran otros viveros naturales de no es- 
casa importancia. Pero á todos ellos sobrepujan los délas costas de Tabasco, entre 
Paraíso y Dos Bocas; en donde se extienden, alas orillas de los estuarios y bahías, 
enormes bancos que en la baja marea quedan en parte á descubierto; de tal suer- 
te, que las embarcaciones que en la alta marea entran para pescarlos, quedau 
varadas por doce horas si no se retiran á tiempo. Se explota el marisco, princi- 
palmente, para la extracción de la cal, mediante la calcinación de la concha, y 
la que, relativamente al peso de esta ultima, se reduce á muy poco. 



* * 



Considerando ahora el ostión desde el punto de vista zoológico, es un mo- 
lusco lainelibraiiquio ó pelecípodo y tetrabranquio, del orden délos Ostreáceos, 
familia Ostreidos y género Ostrea. Este último encierra numerosas especies que 
han poblado los mares desde las pasadas edades geológicas hasta la presente, 
pero nunca en los fríos, sino en los calientes y templados; procreándose, además, 
en número tan considerable, que por su aglomeración forman sus conchas enor- 
mes bancos. Se ha calculado que la postura de alguna de las especies vivientes 
ascienden á más de un millón de huevecillos. 

Las especies primitivas, antecesoras de las actuales, aparecieron en el glo- 
bo en el período cretácico, aunque alguna de ellas, al menos, se reinotau al car- 
bonífero, sucediéudose sin interrupción hasta el actual. Con toda probabilidad, 
la que nos ocupa es una superviviente de alguna del terciario, como se dirá des- 
pués. 

Las que hoy viven en diferentes lugares del globo fueron de muy antiguo 
conocidas y apreciadas por el hombre, en razón desús excelentes cualidades ali- 
menticias, seleccionando poco á poco las más apropiadas para este uso. 



MANUEL M. VILLADA. — VIAJE DE EXPLORACIÓN AL ESTADO DE VERACRUZ. 79 



Hay mi detallo de organización en este género de moluscos, que tan promi- 
nente lugar ocupa en la clase zoológica á que corresponde, el cual se refiere á la 
sexualidad. Los individuos de las especies europeas, al menos los que pertene- 
cen á la Ostrea edulis, L., que es la más típica, son todos herinafroditas, y por 
el contrario, unisexuales los correspondientes á las americanas, á juzgar por lo 
que así está comprobado en la 0. virginica. Los primeros son, además, protoán- 
dricos, de tal suerte, que en todo caso la fecundación es cruzada. 

Parecería por esto que ciertas de las especies se encuentran en período evo- 
lutivo, que, merced al medio en que viven, permanecen estacionarias; esta dife- 
rencia genética, señala en los unisexuales un signo de inferioridad. Otro caso aná- 
logo he tenido ocasión de observar recientemente, en cierta especie vegetal de 
uuestra flora, la Saurauja villosa. D. C, de la familia de las Ternstroemiáceas, 
que crece silvestre en las tierras cálidas, la cual es unisexual ó polígama, mien- 
tras que lierinafroditas, las especies de otros lugares de menor temperatura. 

Me inclino á la opinión antes espresada, por el hecho de que la unisexuali- 
dad puede ser menos favorable á la reproducción en el animal de que se trata, 
eu razón de su vida sedenteria. En las unisexuales, además, hay una verdadera 
postura de hnevecillos, los que se presentan reunidos bajo la apariencia de una 
gota de sebo; en las hermnafroditas, quedan encerrados en la concha, y supongo 
que saldrán entonces al exterior, vivas las crías; teniendo eu un principio vida 
independiente y órganos locomotores para poder trasladarse de uu lugar áotro; 
los cuales pierden más tarde, inmovilizándose definitivamente. Me vienen á la 
mente estas observaciones, que parecerían fuera de propósito, si no estuviesen 
encaminadas al esclarecimiento de uu hecho para mí ignorado. 

Preguntaba yo: ¿Cómo puede repoblársela laguna de seres que pierde en tan 
excesivo número? ¿Bastaría para ello la semilla que allí queda, por laprodigiosa 
cantidad eu que se produce, como se dirá más adelante? Por contestación se me 
dijo que la semilla venía siempre del mar cuando éste se pone en comunicación 
con la laguna; lo cual significa que eu el principio ele la vida, el medio exclusi- 
vamente marino es necesario para sostenerla y desarrollar el organismo. 

En la naturaleza estos moluscos viven siempre reunidos y sólo eu los culti- 
vos seles separa. A este propósito, diré que eu aquel lugar, el solo recurso emplea- 
do para su propagación en el espacio, es arrojar piedrecillas en el fondo de la la- 
guna; pues instintivamente buscan las crías uu cuerpo suficientemente estable pa- 
ra formar el cimiento de la colonia; no juzgo tal medio del todo ocioso, pero el he- 
cho es que se fijan más bien, en las ramas del mangle prieto, que se extiende de- 
bajo del agua, como se ha dicho. Sea lo que fuere, esta costnmbre ó género de vida, 
invariable y generalizada, obedece, sin duda, á la necesidad de defenderse délos 
ataques de sus enemigos; pero á tocias lnces es del todo antihigiénico, si así pue- 
do expresarme; pues tanto la hematosis como la alimentación tienen que ser in- 
suficientes en los individuos colocados más al interior de semejantes conjuntos 
ó aglomeraciones. Por lo que enseña la práctica de los cultivos, eu la vida arti- 



80 MANTEL M. VILliADA. — VIAJE DE EXPLORACIÓN AL ESTADO DE VERACRUZ. 



ficial ¡í la que se les sujeta adquieren mayor desarrollo y se conservan más sa- 
nos, como lo indica el mejoramiento de su cualidad alimenticia. En la vida na- 
tural buscan para, estacionarse las costas arenosas y de aguas tranquilas, siem- 
pre que encuentren en ellas firmes puntos de apoyo para fijarse. Algunas espe- 
cies, sin embargo, se alejan mar adentro, y otras, por el contrario, más al inte- 
rior de la tierra, pero jamás en aguas dulces sino saladas. 

En el transcurso de las edades geológicas, su número fué disminuyendo 
paulatinamente, y en la fauna viviente existen no pocas descendientes de aqué- 
llas, pero con caracteres específicos modificados. 

Como todo lo que al hombre es benéfico, este molusco lia sido objeto de cui- 
dados especiales, con el fin de favorecer su conservación y propagación, llegan- 
do á tal grado el adelanto en esta materia, que lia venido á constituir una fuen- 
te de riqueza no despreciable. La industria de la ostricultura lia tomado, en efec- 
to, gran incremento en los países cultos; en esta nueva vida, la multiplicación 
de la especie es mayor, y mejores también sus propiedades culinarias, á seme- 
janza de lo que pasa en los demás animales. 

En mi concepto, sería prudente repoblar de tiempo en tiempo los vive- 
ros de que se trata, con individuos que aun se mantienen en sus condiciones na- 
turales; pues es de temer que los domésticos pudieran degenerar, ó bien desa- 
rrollarse en ellos enfermedades especiales por razón del cambio de vida, como 
se tienen ejemplos en el hombre mismo y en otros animales; mas ignoro si se 
haya creído necesario establecer esta práctica. Viene á corroborar la presunción 
anterior, el hecho de haberse señalado últimamente en el ostión, alguna enfer- 
medad de origen microbiótico, que lo convierte en alimento peligroso. 

Los establecimientos á que me refiero, consisten en grandes estanques apar- 
ques, como se les Llama, perfectamente acondicionados y eu comunicación con el 
mar; obligando á cada individuo á vivir siempre aislado, proporcionándoles, 
además, aguas tranquilas y sobrada alimentación: así confinados, están menos 
expuestos á sufrir los ataques de sus enemigos naturales, que se procura exter- 
minar con todo empeño. A este propósito, diré que en el criadero de la Mancha 
tino de los más temibles es el pececillo llamado Tontón, Bálistes forcipata, se- 
gún entiendo, cuyo aguzado hocico le permite separar las valvas de la concha, 
devorando impunemente al ser inofensivo que en ella se hospeda. 

El clima de los lugares eu que están ubicados los parques, y la selección de 
las especies destinadas á su repoblación, influyen notablemente eu el mejora- 
miento de la razas, desde el punto de vista que se persigue; proporcionando á 
los consumidores un artículo comercial de primer orden. 

Ocurre la idea de que bajo estas condiciones tienen que resultar productos 
híbridos, eu los que deben modificarse necesariamente ciertos caracteres de las 
especies típicas, y aun eu éstas, eu virtud del cambio mesológico, tendrá que ve- 
rificarse algo parecido. 

Eu comprobación de lo asentado arriba, se tiene el dato de que los ostiones 



MANUEL M. YILLADA. — VIAJE DE EXPLORACIÓN AI. ESTADO DE VERACEUZ. 



de los mares cálidos son coriáceos; blandos y con mejor gusto los que se crían en 
los templados. 

En Europa, los más estimados son los de Osteude, Holanda, y el verde de 
Inglaterra y Francia. Esta particularidad de coloración no es do ninguna mane- 
ra específica; pues depende, según opinan algunos autores, de la clorofila que 
impregna el cuerpo del animal, tomada de las plantas que por intento vegetan en 
las mismos viveros, con el fin de favorecer la pululacióu de los pequeños seres 
animales que sirven de pasto al molusco. Otros observadores, por lo contrario, 
consideran que es determinada por una supersecrecióu biliar, ó sea un estado 
ictérico morboso. Otros, en fin, á lo que me inclino, la atribuyen á la naturaleza 
del suelo. 

Antes de pasar adelante, liaré la observación de que los ostiones más esti- 
mados en México, como son los de la Mancha y Corpus C'nristi, no tienen el de- 
fecto apuntado arriba, no obstante la alta temperatura en que viven; al menos 
los primeros. 



* 



El nombre específico que corresponde á la especie mexicana del Golfo, es 
el de Ostrea canadensis, el cual deja comprender que tiene una área de dis- 
persión muy extensa, acomodándose, por lo tanto, á vivir en condiciones clima- 
téricas diversas. 

En el lado Norte del mismo litoral ocupa más bien su lugar la O- virginica, 
la cnal, como que se intercala así entro aquélla, interrumpiendo su continuidad. 
Sin mayor fundamento, me inclino á creer que tanto una como otra existe en 
ambas costas: en la del Sur y en la del Norte. Por lo que respecta al origen pa- 
leontológico de estas dos especies, diré que la existencia de la O. virginica está 
comprobada en la fauna del terciario, y siéndole afine la O. canadensis, bien 
puede reputarse ésta como una raza desprendida de aquélla. 

El ostión de la Mancha tiene la concha bastante alargada y moderadamente 
ancha; arqueada en su principio y con pequeños pliegues longitudinales en sus 
zonas de crecimiento. Mide de largo y de ancho 16X§ cints., más ó menos. 

Se ha dicho anteriormente que la pesca casi se suspende durante cuatro me- 
ses continuados del año, y toca la casualidad de que son precisamente aque- 
llos cuyo nombre no tiene r. Tengo entendido qne esta práctica es general en 
todos los criaderos, y obedece á la conveniencia de respetar la freza ó desove 
que tiene lugar en ese lapso de tiempo, pues de lo contrario se perjudicaría la 
propagación; fuera de que el animal enflaquece entonces, haciéndose impropio 
para la mesa; no estando comprobado que se haga nocivo, como se cree, por las 
ptomaínas ó toxinas que resultan de dicho proceso fisiológico. 



82 MANUEL 11. VILLADA.— VIAJE DE EXPLORACIÓN AL ESTADO DE VERACRUZ. 



* 
* * 



Una playa arenosa, de anchura variable, como de 80 ints. por término medio, 
se extiende á lo largo de aquel litoral; su material suelto y ligero es arrastrado 
por el viento hacia el interior de la tierra, formando, por su acumulación, una 
continuada barrera de elevados montículos llamados médanos; con su exterior 
ó frente en talud de 30° de inclinación, más ó menos, y 34° el interior, pero sus- 
ceptible uno y otro de variar; alcanzando, por otra parte, aquellos montículos, una 
altura que no excede seguramente de 50 uits., pero en lo general es mucho me- 
nor. En algunos lugares avanzan hacia el mar, como incipientes farallones. Bajo 
la acción de las mismas corrientes atmosféricas que determina el levantamiento 
de aquel material, éste es arrastrado hacia el interior de la tierra, cubriendo una 
grande extensión de terreno, que paulatinamente se eleva hasta alcanzar una 
altura de 150 mts., aproximadamente, y la cual marca el límite de la zona lito- 
ral; en ella están comprendidas grandes sabanas entrecortadas por corrientes de 
agua ó cambios de nivel del suelo; en ciertos lugares, separadas del mar por una 
faja boscosa, diseminándose algunas de sus especies en el interior de las mismas. 

Ninguna otra roca aparece A la vista en todo aquel vasto arenal, con excepción 
del acarreo fluviático, transportado de más arriba, y sin dejar duda alguna de 
su origen talasítico moderno; extendiéndose en posición subyacente, las capas 
del terciario y más seguramente los productos lávicos del cuaternario. Corres- 
ponden á las primeras, las tobas calizas y margas, así como débiles aglomera- 
ciones de fragmentos de conchas marinas que afloran en las orillas de los cauces 
más profundamente socavados, y recubiertos tales sedimentos por los segundos. 

Deben considerarse los médanos como una formación eólica reciente, pues 
aunque su material constitutivo sea un depósito marino, transportado por las mis- 
mas aguas del mar á la tierra, el viento es el que se encarga de levantarlo en 
montículos movedizos, á causa de la falta de cohesión de su principal compo- 
nente mineral, que es el cuarzo reducido á finísima arena. El solo medio eficaz 
que detiene su marcha invasora, es fijándose mediante las raíces de una vegeta- 
ción espontánea ó bien promovida intencionalinente. Los vientos alisios, que son 
los dominantes, soplan de SE. á N¥. y más ó menos en dirección perpendicular 
á la costa, distribuyéndolos á lo largo de una línea que corre casi paralela á la 
misma; bajo la dirección de los nortes, cambian aquéllos de dirección, como en 
uu giroscopio, y aunque es mucho mayor la energía de los liltimos, no modifi- 
can en gran manera el alineamiento de los médanos por su limitado tiempo de 
duración. Diré, en fin, que el lado de la costa de que se trata recibe el nombre 
de barlovento por hallarse al Norte del puerto de Yeracruz, y de sotavento, el 
opuesto del Sur. 



MANUEL M. VILLADA. — VIAJE DE EXPLORACIÓN AL ESTADO DE VERACRUZ. 83 

ífo en esta ocasión, sino hace más de 23 años, que, siguiendo las márgenes 
del río de Actopau, pude cerciorarme mejor de lo anterior. En este material de 
acarreo que recogía al atravesar por los vados, están igualmente representadas 
las formaciones arcaicas y cretácicas de las alturas, así como las expresadas. 

Agregaré algunos datos recogidos entonces. Algo más arriba de la población 
de aquel nombre, se abre el cauce del mencionado río al pie de un acantilado 
de rocas basálticas que se levanta áregularaltura. ydesde la mitad de aquel, apro- 
ximadamente, se precipita nugrau caudal de agua. Tras majestuosa entrada, sigue 
su curso el río sobre un terreno cubierto de lavas, duras y compactas, á lo largo 
de la cañada de Actopau, que es una de las más pintorescas de la República; y 
después de correr un trayecto de 80 kmts., desemboca en el mar por la barra de 
Chachalacas. Aquel salto, llamado "Los Cliorros" ó más bien ''El Descabeza- 
dero,"' es alimentado por los ríos de Noaliuco y Sedeño, que nacen en las faldas 
del Cofre de Perote y que, unidos, se hacen subterráneos en un largo trayecto, 
bajo las capas de lava que obstruyen su cauce común; saliendo después al exte- 
rior en el paraje llamado Chicuace, próximo á donde se despeña el agua. Se con- 
templa la caída en toda su plenitud, puesto de pie sobre los grandes peñascos 
que se levantan á corta distancia de ella, en medio de la corriente. A la izquierda 
del observador caen las aguas casi á plomo, desplegadas en largo cortinaje, y á 
su frente, como que resbalan sobre un plano inclinado, en enorme volumen. 
Realza sobre manera la belleza de aquel imponente espectáculo, la frondosidad 
del terreno. 

Considerado el cerro de la Mancha desde el punto de vista geológico, clara- 
mente revela su origen volcánico, por hallarse constituido, en lo fundamental, 
por una dolerita de oliviuo ó sea una una roca basáltica especial, semejante á la 
del cerro de Guadalupe en Puebla. 

Sus caracteres son como sigue: compacta y algo granuda, con tendencia á di- 
vidirse en lajas ó cuartones; negro-parduzca, poco lustrosa, tirando á lustre de 
cera, débilmente centelleante por numerosas partículas fesdel páticas disemina- 
das en un magma labradórico y inicrolítico, que á la vez contiene pequeños no- 
dulos cloritosos de oliviuo descompuesto; fractura desigual, casi astillosa, du- 
reza de 6. 

Aquel cerro lo considero como un macizo eruptivo moderno, que se abrió 
paso á través de sedimentos más antiguos por una fisura radiando de un centro 
de gran actividad volcánica, la cual se manifestó en el próximo lugar eu que se 
levanta la montaña del Cofre de Perote; pues, por su conformación, el referido 
cerro de la Mancha no tiene el carácter de las corrientes lávicas derramadas en 
una extensa área de aquella zona. La existencia de un manantial de aguas ter- 
males eu un lugar cercano fué la última manifestación de la misma. 

La antigüedad de la expresada formación volcánica pudiera remontarse á los 
comienzos del pleistoceno, pues, por su edad, la roca parece contemporánea de 
la llamada labradorita, una y otra anteriores al basalto común ó de oliviuo; 



84 MANUEL M. VILLADA. — VIAJE DE EXPLORACIÓN AL ESTADO DE VERACRUZ. 

siendo ea orden ascendente el paso ó eslabón á la traqnita y traqniandesita, 
que, por emisiones sucesivas y no simultáneas, fueron apareciendo. 

Eu cnanto á la cordillera de cerros que se levanta más allá de la Mancha, á 
juzgar por sn configuración, parece andesítica y riolítica, la cúpula ó doma que 
corona a uno de ellos, y, de consiguiente, de más remoto origen; siendo proba- 
blemente un ramal de la Sierra Madre Oriental, que emergió durante el período 
plioceuo." 






Paso ahora á exponer algunas ideas generales acerca de la constitución geo- 
lógica de aquella región. Al terminarse Ja edad terciaria, quedó perfectamente 
limitado el contorno del Golfo Mexicano, cuya extensión, en el período eoceno, 
era mayor que en el actual ó reciente; pero sin tener ya desde entonces su pro- 
longación al ÍTW"., que como ancho brazo de mar ocupaba la región en que hoy 
se levanta la cordillera de las montañas rocallosas; el territorio actual de los 
E. U. estaba, de consiguiente, separado eu dos partes: la occidental, muy angos- 
ta, y bastante ancha la oriental. Al finalizar el período plioceuo de la misma 
edad terciaria, toda la costa Norte del Golfo, inclusive la de la Florida y la oc- 
cidental, que en cierta parte corresponde á México, se hallaban sumergidas bajo 
las aguas. En los principios del siguiente, ó pleistoceno, fueron levantados los 
depósitos acumulados eu el fondo del mar terciario, distribuyéndose á lo largo 
de sus antiguas costas; por este medio quedó reducido el Golfo á sus dimensio- 
nes actuales. Al emergir la cordillera de la Sierra Madre Oriental, las capas 
cretácicas que limitaban anteriormente la citada cuenca marina, se levantaron á 
gran altura, al plegarse por la enérgica compresión lateral que recibieron. So- 
bre los sedimentos terciarios se extendieron después los cuaternarios, siendo los 
más notables de entre éstos, los de origen volcánico, que inundaron una gran parte 
de la misma zona. El levantamiento de las costas á que antes nos hemos refe- 
rido, no fué violento, sino oscilante y gradual; formándose primeramente mares 
interiores de agua salobre, y después extensos lagos de agua dulce, poblándose 
sus orillas por los grandes mamíferos que vivieron en aquella lejana época, y 
cuyos restos se hallan sepultados bajo las capas del cuaternario. 

Hablando del terciario, ó sea la primera edad del tiempo cenozoico dice el 
Sr. Profesor Aguilera «que apenas se encuentran representadas en México las 
divisiones media y superior (que corresponden, agrego yo, al eoceno y mioceno), 
por depósitos de distinta naturaleza, que indican las diversas condiciones en que 
se verificaron. Unos tienen el carácter local de depósitos lacustres, y éstos se en- 
cuentran diseminados en la parte alta del territorio mexicano, es decir, en la gran 
Mesa Central; y los otros, de origen marino, más importantes en atención á la 



MANUEL M. VILLADA. — VIAJE DE EXPLORACIÓN AL ESTADO DE VERACRUZ. 85 

superficie que ocupan en la actualidad, son también más uniformes, como que 
las condiciones bajo las cuales se formaron eran casi las mismas en la vasta re- 
gión en que hoy se manifiestan.» 

Más adelante dice: «en la parte baja de la costa del Golfo de México se pre- 
sentan las rocas terciarias formando una faja paralela al contorno actual del 
mismo: faja que al Sur de Yeracruz se ensancha para cubrir casi todo el Terri- 
torio de los Estados de Tabasco. Campeche y Yucatán, internándose por el esta- 
do de Tabasco y por la parte oriental del Estado de Chiapas hasta la línea divi- 
soria entre México y Guatemala, al sur del pueblo de Tenosique. En algunos 
puntos están cubiertos por el cuaternario, formando entonces interrupciones apa- 
rentes en la distribución de estas rocas.» 

«Los sedimentos marinos terciarios de la costa del Golfo están compuestos 
de calizas de conchas poco coherentes, verdaderos aglomerados, que pasan por 
intermedios de conglomerados de conchas de cemento calizo más ó menos arci- 
lloso y blanco amarillento, a calizas compactas que descansan en calizas semi- 
cristalinas blanco agrisadas, que varían á calizas de color amarillo con interca- 
laciones de bancos, blancos y blanco-rojizos. En la parte superior contienen 
fósiles que en otras partes del continente son miocenos, mezclados con formas 
pliocenas y formas actuales, y en la parte inferior parecen dominar las for- 
mas del mioceno.»* 



A lo largo de la costa y sobre los médanos, se extiende una faja boscosa de 
anchura variable, interrumpida á trechos por claros ó desmontes; entre los árbo- 
les se intercalan otras plantas de distinto porte, ó sean hierbas, matas y arbus- 
tos. Los más típicos de este abigarrado conjunto de vegetales, son sin duda las 
lianas ó bejucos, dominando los de tallos delgados y resistentes; pero los hay 
también gruesos y del todo lenificados, que en las obras de botánica se desig- 
nan con el nombre de sarmentosos. Estos últimos, sobre todo, se arrollan en los 
troncos y ramas de los árboles, suben hasta la cima, y de allí cuelgan en capri- 
chosos festones, pasando de unos á otros; á tal grado se entretejen, que estorban 
sobremanera la marcha, siendo necesario el machete ó guaparra, como le llaman, 
para abrirse paso. 

Cuan hermosa se presenta la naturaleza en lo más recóndito de aquellos bos- 
ques, en donde ha sido respetada por la mano destructora del hombre; y aunque 
no fuese sino en deleitosa lectura, en otras muchas partes la he podido admirar 
en el curso de mis estudios. Entre las narraciones publicadas bajo un título por 
demás sugestivo, merecen citarse, como modelos de buen decir, «Paisajes orieu- 

* tDat09 üara la Geología de México,» por J. (J. Aguilera y E. Ordóñez: págs. 38 y siguientes. 

12 



86 MANUEL M. VILLADA. — VIAJE DE EXPLORACIÓN AL ESTADO DE VERACRUZ. 

tales» y «Bellezas de los trópicos,» de eximios escritores, y que tanto honran con 
su encantador estilo las letras hispánicas y auglicauas. 

En presencia de la realidad, la vista alelada no se causa de admirar las in- 
contables plantas que con tan variado ropaje brotan de la tierra, viviendo en 
estrecho consorcio y sin que al parecer se perjudiquen, aunque si bien se exami- 
na, resultan no pocas víctimas. 

Un detalle: de siibito, un sonido fuerte y extraño que de pronto se desconoce, 
semejante al que produce el agua al salir de una cantimplora, interrumpe el si- 
lencio que reina en la espesura; es la ahuecada y melodiosa voz de un gran paser 
casi del tamaño de un cuervo, el Ostinops moctezumce ó Papan Real, de gargan- 
ta semí desnuda y muy dilatable, grueso pico alezuado y hermoso plumaje pur- 
purino obscuro en lo general, y amarillo intenso en la cola; sus nidos en forma de 
grandes bolsas, los suspenden reunidos, como en familia, de las ramas más ele- 
vadas de los árboles. 

Como nota adicional, agregaré la lista de las especies, que al paso pude iden- 
tificar. 

Entre los bejucos de tallos delgados y resistentes. 

1<? — Petroea arbórea, K. in H. B., ó Bejuco de caballo, y también Raspasom- 
brero, de flores con pótalos papiráceos, de un azul intenso muy agradable y as- 
perísimas hojas. 

2 o — Telanthera obovata, Mac. iu D. C, de nombre vulgar desconocido, con 
florecillas blancas y satinadas, en enhiestos racimos. 

3? — Hirwa macroptera? D. C. ó Galliuitas, de singulares frutos saniaridianos, 
con grandes alas desiguales y membranosas. 

4 o — Serjania racemosa, Schuiu., 6 Cuaumecate, nombre común á todos los 
bejucos que sirven para amarrar. 

5 o . — Rourea oblongifolia, Hook. et Aru., ó Chilillo, con abundantes racimos 
de florecillas rojizas, y muy venenosa, como anteriormente se dijo. 

6?. — Mikania gonoclada, B. C, ó Hnaco, de modesta apariencia, y á la cual 
especie, así como á las demás del género, se les han atribuido, sin mayor funda- 
mento, virtud infalible para combatir los efectos de la mordedura de las víboras 
y, en general, de toda ponzoña. 

7° — Passiflora sexflora, Juss., ó Granadita fétida, que en su aspecto y pro- 
piedades nada ofrece de notable. 

De las lianas ó bejucos provistos de tronco ó tallo leñoso y apenas ramifica- 
do, señalaré una Paullinia y una Malpighia, de especies aún indeterminadas, que 
así como las demás del grupo, presentan curiosas anomalías en la formación de 
las capas de madera, perfectamente descritas en las obras de botánica. 

En las dos señaladas y que me son familiares, el tronco de la primera tiene 
el aspecto de uti cable grueso, retorcido y undoso, formado por varios torzales, 
y en el del segundo, que poca irregularidad revela en el exterior, la madera se 
halla dividida en gajos desígnales y radiantes, simples ó ramificados. 



MANUEL M. VILLADA. — VIAJE DE EXPLORACIÓN AL ESTADO DE VERACRUZ. 87 

Los árboles más notables do que me di cuenta, pueden separarse en tres ca- 
tegorías, atendiendo al uso á que más particularmente so los destina: industria- 
les, económicos y medicinales. 

19 Hiera crepitans, L., ó Habilla. muy abundante, de elevado porte y media- 
namente grueso el tronco. Proporciona excelente madera, y para su explotación 
en grande so ha pensado últimamente establecer un aserradero en toda forma. 
El corte es. sin embargo, peligroso, pues las heridas accidentales que resultan de 
este trabajo se hacen graves, si las toca el jugo lechoso y demasiado corrosivo 
que mana co-piosaniente de la corteza. Sus frutos capsulares tienen de curioso 
el abrirse con estrépito, arrojando lejos las semillas. 

29 Castilloa elástica, Cerv., ó Árbol del hule, y más antiguamente. Holquahuitl 
de los indígenas, de mayor corpulencia que ol anterior y algo escaso en los lu- 
gares que recorrí. Es de suma importancia industrial, por la gran cantidad de 
caucho contenida en el látex, que fluye con abundancia cuando se lo hiere: pa- 
rece que hay otra especio que la supera en todo, y que sería preferible pro- 
pagar. 

39 Cytharexilon caudatwn, L., ó Roblo, de regular porte y con madera muy 
apreeiable por su gran dureza, pero del que apenas encontré al paso uno que 
otro ejemplar. 

49 Ficus de varias especies: quizá, fuscescens, lapatifolia, longipes de Mi- 
quel y otras más. Todas ellas forman el grupo de los Amates ó Higueroiies de 
nuestras tierras cálidas, que tienen singular predisposición, unas más que otras, de 
producir raíces advenedizas, las cuales descienden verticaliueute hasta enterrarse 
en el suelo, tomando el aspecto de verdaderos troncos: tal parecen entonces, con- 
juntos de árboles distintos, injertados por la copa. Aprisionado por ellas el estipe 
de una palmera, en cuya cima germinan las semillas, aquella descuella entre 
su follaje. Se recomiendan por la buena calidad de su madera. 

59 Pithecolobiwn oblongum, Bentli., ó Humo, de elevado porte y con largos 
racimos, erguidos, de flores blancas que sobresalen del follaje, los que figura- 
damente se comparan á humo que se desprende, y á lo cual alude el expresado 
nombre vulgar. Produce madera de regular calidad, pero en cuanto á ésto, la 
supera la P. multiflorum, ó GranadiUo, del mismo autor, de que se me habló; 
pero del que no llegué á ver ni un solo ejemplar. 

69 Lysiloma acapulcencis, Beuth., ó Tepehuaje, de alto porte, siendo prover- 
bial la excesiva dureza de la madera que produce, y, al parecer, poco abundante. 

79 Enterolobium &p?, ó Nacaxtle y también Nazareno, por la goma que exuda, 
en todo parecido á gotas de sangre. 

89 Piscidia erythrina, L., ó Cocuite, Javin, Chijol y otros más nombres vul- 
gares; de reducido porte y floración precoz; cuando desprovisto de hojas y re- 
vestido tan sólo de rosadas florecillas amariposadas, su aspecto es por demás 
ingrato. M;is que por la dureza, la madera de esta especie se recomienda por su 
singular propiedad de petrificarse sumergida en el agua y la cual la hace iua- 



88 MANUEL M. VILLADA. — VIAJE DE EXPLORACIÓN AL ESTADO DE VERACRUZ. 

preciable para obras de hidráulica. Su corteza es bastante venenosa, pues, arro- 
jada en pedazos on ol agua, ocasiona la muerte de los peces. Tan nial empleo, 
que á menudo se le da, está prohibido por la ley. No es raro encontrarla tu los 
lugares húmedos de la costa, en número no escaso. 

9? Teco ma sp? ó Flor de día, de regular porte y elegante aspecto por sus ho- 
jas y flores; pero más apreciado por la buena calidad de la madera, que por la 
belleza que ostenta; 110 siendo, por otra parte, de los árboles que más abundan. 

10° Litsea glaucescens, K. in H. B. ó Sufricaya, de poca altura y nada fre- 
cuente. Por su resistencia y corto diámetro, se uliliza el tronco para sostener los 
techos en las construcciones ligeras de la costa. No parece endémica, si la ex- 
presada clasificación fuese exacta, pues la tal especie la he visto vegetar en el 
fondo de las barrancas meridionales del Valle de México; se cosechan las hojas 
para substituir á las de! laurel común ó de Apolo, Lauras nobilis, L., emplea- 
das de ordinario á guisa de condimento; tanto una como otra especie, de la mis- 
ma familia, pero la segunda exótica. 

11*? Bombax ellipticum ó Ceiba (Ytzlamatl ó Titilamatl), de aspecto monu- 
mental y con excelente madera; tanto esta especie como la Eriodendron anfrac- 
tuosum, K. in H. B. y E. occidentale, Fr. et Pl. de la misma familia Malváceas, 
tienen también el expresado nombre vulgar; pero las últimas, más particular- 
mente, los de Pochote y A.rbol del Algodón, pues los frutos se hallan repletos 
de un contenido algodonoso que envuelve á las semillas de las cuales nace. Sin 
establecer comparaciones, los últimos son de bastante corpulencia, y vegetan 
igualmente en la misma zona; con la particularidad, entre otras, de tener el 
tronco erizado de puntas, que 110 son quizá sino yemas abortadas. 

12*? Cedrela mexicana, Roem., ó Cedro colorado; sin mayor fundamento, pues 
110 estoy seguro de haber visto entonces esta especie; pero sí recientemente en 
los alrodededores de Colima, en donde la llaman, Cóbano. Bu el Estado que me 
ocupa, pero más bien en la sierra, vegetan otras especies del misino nombre vul- 
gar y de muy distinta familia, Juniperus virginianus, L., y J. flaccida, Schl., con 
madera del expresado color, y blanca la del Cupressus thurifera, K. in H. B. 

13 C) Misantheca capitata. Roem. et Schl., ó Laurel, como le dicen en la costa, de 
regular porte y madera bastante apreciada: quizá abundante en determinada zona. 

149 Acacia cornígera, Willd., ó Árbol del cuerno. Cuernitos etc., de enormes 
espinas huecas y estipulares de la expresada forma; llenas de hormigas, Pseil- 
domyrma flavidiUa, Sin., que ocasionan crueles picaduras. Es una especie de 
grande extensión en el país, que se intercala en la flora de la costa, y empleada, 
según entiendo, más bien de combustible, por su corta talla. 

159 Hibiscus tiliaceus, L., ó Majahua; muy abundante y no alcanzando las 
dimensiones de un verdadero árbol. Su corteza proporciona tiras ó correas, que 
sirven para amarrar. 

16*? Heliocarpus americanas, L., ó Cuaulahnac, Jonote y otros más nombres. 
En todo como el anterior. 



MANUEL M. VILLADA. — VIAJE DE EXPLORACIÓN AL ESTADO DE VEBACRUZ. 89 

17° Chlorophora tinctoria, Graud., ó Moral amarillo; muy elevado y entiendo 
que no es nada escaso. Es un buen palo de tinte, pero quiza no sea tan apre- 
ciado como el que verdaderamaiste lleva este nombre, ó sea la Hematoxilon cam- 
pechianum, L. 

18? Guazuma polybothrya , Cav., Ouahiilote ó Guáciina, que fué la esj)ecie 
que examiné y quizá se acompañe con la G. tomentosa y G. ulmifolia, de otros 
antores. Es un pequeño árbol propio de las sabanas, que en sus frutos mncilagi- 
nosos proporcioua mi buen forraje al ganado porcino. 

J^jjr^ Por lamentable confusión en la copia de mis notas del número que 
sigue, aparecieron graves errores en la impresión hecha en los Anales del Museo 
Nacional, que me apresuro á corregir hoy, reformando su contenido del todo. 

19? Brosimum alicastrum, L. Valdría la pena hacer mi detenido estudio de 
este árbol interesante, llamado Ojite en la costa del Golfo y Capomo en la del 
Pacífico. Es de buen porte, hermoso follaje y menudas flores unisexuales é in- 
completas, insertas en receptáculos pequeños y globosos. Las femeninas, una ó 
dos, sumergidas en el centro de aquéllos y rodeadas de masculinas numerosas. 
De las primeras resultan frutos drupáceos, propiamente infrutescencias; pues los 
equiparo más bien á una sorosis, ó si se quiere á un sicono, que á mi eterio: 
es decir, á la mora más bien que á la zarzamora. Los granos solitarios están lle- 
nos de substancia amilácea en los cotiledones carnosos del embrión. Los frutos, 
cocidos y triturados, como los del maíz, reemplazan en la alimentación á este 
cereal cuando escasea, y las mismas hojas se aprovechan para forraje. Sería del 
todo una planta providente, si el látex que segrega, fuese alíbile como el de la 
Galactodrendron titile, K. iu H. B., ó Palo de la vaca de Sudamórica, adscrita 
hoy al mismo género Brosimum. 

En alguna otra ocasión tuve en las manos una infrutescencia pezonosa del 
celebrado Árbol del pan, Artocarpus incisa, L., las que suelen alcanzar el ta- 
maño de la cabeza de mi hombre: especie asiática apenas aclimatada, por lo que 
sé, en la costa de Tabasco y en el rancho de la Trinidad, cerca de Córdoba. Tie- 
ne cierto parecido con la fruta que se vende en los mercados llamada llama, 
que proviene de la Anona excelsa, K. iu H. B., y también á la Cabeza de negro 
ó Guanábano, de la A. muricata, L. Pero estos son verdaderos sincarpios aba- 
vados, ó sea un cierto género de frutos agregados ó múltiples; mientras 
que el primero, como he dicho, desarrolla verdaderas infrutescencias, ó sean fru- 
tos sinantocarpios que propongo llamar, artocarpio, colocándolo entre la soro- 
sis, como la pina y la mora, y el sicono, como el higo. 

En cierta variedad ó raza del Árbol del pan, que es más estimada, desapa- 
recen las aquenas envueltas en la masa feculenta del receptáculo, quedando es- 
ta sola; á semejanza de lo que pasa con las pepitas de la naranja, el hueso del 
aguacate, etc.; ¿tal aborto sería ocasionado, como se ha creído, por destrucción 
parcial de la médula, taladrando iuteneionalmente las ramas fructíferas, ó bien 
provocado por la acción de algún parásito? 



90 MANUEL M. VILLADA. — VIAJE DE EXPLORACIÓN AL ESTADO DE VEKACKUZ. 



Las tres citadas especies pertenecen á la familia Urticáceas, tribu Artocar- 
péas; y eu la misma zona de la primera vegeta la Castilloa señalada, y más arri- 
ba, la Sahagunia mexicana, Lieb., citada en el primer artículo, que quizá posea 
las propiedades del Ojite. 

La tribu Moreas de la misma familia tiene en la flora que me ocupa, dos re- 
presentantes, aparte de los Ficus: la Trophis mexicana, Bnr., ó Ramón de Cas- 
tilla y la Chlorophora tinctoria, L., arriba citada. La primera, muy abundante, es 
por excelencia forrajera, y la madera de la segunda tiene el uso que señala su 
nombre específico. 

209 Platanus occidentale, L., ó Álamo de tierra caliente, qno vegeta en las 
orillas de los ríos, y verdaderamente ornamental. 

219 Anona palustris, L., ó Árbol del corcho, de lugares pantanosos y humilde 
aspecto; revestido de abundante capa corchosa, que por sn irregular formación 
y reducido tamaño del árbol, no es explotable. 

22? B urser a gummi f 'era L.; con duda refiero á esta especio el árbol llamado 
Chaca, que en la costa goza de gran reputación como febrífugo, empleándose de 
ordinario las hojas para este uso. Es uno de tantos palos jiotes, por sn pender- 
íais, lustrosa y rojiza, que sin cesar se renueva. 

23*? Cordia ferruginea, Roem et Schul. A esta especie se aproxima el Bnbo 
ó Gongnipo, árbol de mediano porte y bien formada copa, con bayas nincilagi- 
nosas. 

De los árboles frutales, qne sin cultivo vegetan en medio de los bosques, tomé 
nota de los siguientes: Jobo, Spondias dulcís var. acida, Eng. L.; Añono, Anona 
glabra, L.; llama, A. excelsa, K. in H. B.; Chicozapote, Achras sapota, L.; Zapo- 
te prieto, Diospyros ebenaster, Retz; Zapote niño, Mammea americana, L., y el 
Papayo, Carica papaya, L. 

En los médanos próximos al mar, vegeta con profusión el Icaco, Chrysobala- 
nus icaco, L., de que se ha hablado; así como también la Uva de la playa, Coceo- 
loba uvif era, L., el Crotón maritimun, L., de hojas ribeteadas de amarillo, cuyo 
nombre vulgar ignoro y la Cassia sericea, Sw., ó retama. Por la particularidad 
de vegetar tanto en las orillas del mar, como en los terrenos salitrosos del Valle 
de México, merece lugar aparte, el Sessuvium portulacastrum, L., ó Hierba del 
vidrio. Entre las plantas que más eficazmente contribuyen á fijarlos, señalaré 
una Gramínea, la Opizia stolonifera, Prest. 

En cuanto á hierbas, matas ó arbustos más dignos de mencionarse, son los 
siguientes: Karatas plumieri, E. Marr, ó Cardón; Bromelia pinguin, L., ó Timbi- 
richi, Combretum farinosus, K. in H. B., ó Peinecillo, Mucuna urens, L., ú Ojo 
de venado, y también Picapica, por el escozor tan insoportable qne ocasiona y 
que se combate con la ceniza y Vitis tüio3folia, "Willd. ó Uvilla cimarrona. 

Museo N. de Historia Natural. Agosto de 1916. 



manucí 971. tyUtaBa. 



MANUEL M. VILLADA.— VIAJE DE EXPLORACIÓN AL ESTADO DE VERACRUZ. 91 



NOTA ADICIONAL DEL AUTOR. 



Durante mi permanencia en Tamiahna, en la época anteriormente citada, 
pude colectar ejemplares de varias especies ictiológicas y recoger informes acer- 
ca de otras. Casi todas ellas son más ó menos estimadas como alimento, de apli- 
cación industrial algunas, y sólo una ó dos notoriamente venenosas. De ciertas 
de las primeras prefieren los gastrónomos determinadas partes del cuerpo, en 
razón de su sabor más delicado, como dice mi estribillo muy popular en la cos- 
ta: «De la mojarra, la agalla; del tacamachíu la cola; del sábalo, la ventralla, y 
de la liza todo el cuerpo.» 

Se numeran á continuación, en el orden alfabético de sus nombres vulga- 
res, con la clasificación aceptada por el Sr. Prof. Alfonso L. Herrera en uno de 
sus escritos, completada y reformada según la B. C. A. 

1. Aguja, Doryichthys lineatus. Kaup. Sin valor como alimento. Curioso por sus mi- 
méticas actitudes que permiten la delgadez de su cuerpo y su color de hoja muerta: ofrece 
la particularidad que el macho guarda en una bolsa, hasta la eclosión, los huevecillos que 
la hembra deposita eu ella por medio de su oviducto. 

2. Anguila, Anguilla chrysypa, Raf. Alimento muy solicitado, sobre todo por su 
precio insignificante. Fácil de domesticar y que por necesidad se arrastra en la tierra, 
como una culebra; pues sus branquias, cubiertas por la piel, se conservan húmedas por 
algún tiempo. 

3 Bacalao, Otolithus drummondi, Rich. Alimento apreciado, y que lleva quizá el 
expresado nombre vulgar, por su semejanza con el verdadero, en cuanto al aspecto, más 
qne al sabor de su carne. 

4. Bobo, Joturus pichardi, Poey. Es sólo de río y de exquisito sabor. 

5. Boquilla, Diábasis formosus, J. & G. Alimento muy estimado. Notable por el 
hermoso color rojo del interior de la boca y garganta y con la particularidad de gruñir al 
sacarlo del agua; fácil de confundir, á primera vista, con el Huauchinango. 

6. Caballito de mar, Hippocampus ingens. Grd. Sin valor como alimento, pues 
bien se puede decir que es casi todo hueso; es artículo de simple curiosidad, que al dese- 
carse, tiene parecido con el delantero de un caballo. 

7. Cabrilla, Serranus capreolus, Poey. Alimento no despreciable. 

8. Catan, Lepidosteus tristaechus, J. &. G. Tiene buen uso como alimento, con la 
creencia de que la cabeza aumenta la secreción de la leche en las mujeres que crian; como 
también industrial por sus escamas huesosas y esmaltadas; es uno de los últimos repre- 
sentantes de pasadas edades geológicas. 

9. Corneta, Balistes forcipatos, Lacep. Alimento peligroso que debe desecharse. 
Me inclino ahora creer que el llamado Tontón, que devora al Ostión en la laguna de la 
Mancha, sea una especie próxima. 

10. Guapote, Cyclosoma sexfaciatum, Regan. Entre los indios tienen buen consumo 
como alimento, que por cierto no es de lo mejor. 

11. GURROBATA, Micropiogon undulatus, C. &. V. No despreciable como alimento y 



92 MANUEL M. VILLADA. — VIAJE DE EXPLORACIÓN AL ESTADO DE VERACRUZ. 

con la particularidad de que los otolitos anexos al aparato auditivo, se emplean vulgar- 
mente para combatirla litiasis renal. 

12. Huauchinango, Lutjanus blackfordi, G. &. B. Alimento de gran consumo por su 
exquisito sabor. 

13. Jorobado, Selene vomer, Lin. Sin valor como alimento. 

14. Jurel, Carans carangas. Lin. Alimento no muy estimado. 

15. Lacha, Brevoortia tyrannus, Grd. Sin valor como alimento. 

16. Liza, Mugil brasiliensis, Lin. Alimento muy buscado por su buen sabor y baratura. 

17. Mantaraya, Manta birostris, Wall. Verdadera fiera que alcanza grandes dimen- 
siones y sin aparato eléctrico, como otras especies de la misma familia; la gente de mar 
no la desperdicia como alimento. 

18. Menguado, Citharichthys spilopterus, Guuth. De cuerpo asimétrico y sin valor 
como alimento 

19. Mojarra, Gerres plumieri, C. &. V. y G. cinéreas, Walb. Dos especies muy esti- 
madas como alimento y de gran consumo, sobre todo la primera. Entiendo que la segun- 
da es la llamada prieta. 

20. Negrita, Serranas chloruras, C. &. V. Alimento de alguna estimación. 

21. Palometa, Scombroides saliens, Bl. La otra del Pacífico, tiene asignado el expre- 
sado nombre vulgar, como específico. 

22. Pámpano, Trachynotus carolinus, Lin. Alimento exquisito, pero muy temporal, 
pues la especie abandona nuestras aguas al aproximarse el otoño. 

23. Pargo mulato, Lutjanus aureorubens, Vaill. Tan estimado como el Huauchi- 
nango. 

24. Peje sapo, Lophius americanus, C. &. V. Parecido en la forma á un batracio, de 
piel desnuda y viviendo lo más en el cieno, en el que se arrastra; sin valor como alimento. 

25. Peje sierra, Pristis antiquorum, Lin. Sin valor como alimento: con doble órga- 
no cupulador en la base de las aletas ventrales; ovíparo, no vivíparo como otros escua- 
los, y muy temible. 

26. Picuda, Sphyrcena barracudu, C. &. V. De carne muy venenosa, cuya ingestión 
determina accidentes graves que persisten por largo tiempo y con desagradables conse- 
cuencias. 

27. Robalo, Centropomus undecimalis, Cuv. & Val. Alimento de gran consumo, por 
su buen sabor y baratura. 

28. Sábalo, Megalops atlanticus, Cuv E. Val. Muy estimado como alimento, y sus 
grandes escamas se emplean en objetos de adorno. Llamado también Tartón y su pesca 
sirve de ejercicio deportivo en los puertos del Golfo. Alcanza hasta 2 metros. 

29. Tacamachin, Centropomus parallelus, Gunth. Llamado también robalo prieto, 
como después he sabido. Bastante estimado como alimento. 

30. Tiburón, Carcharinus platyodon, J. &. G. Verdadera fiera que ataca al hombre, 
y sin valor como alimento; el aceite contenido en el hígado, y la piel, se emplean en la in- 
dustria. 

31. Tintorera cornuda, Spliyrna zigaena, Lin. Tan terrible como la anterior y sin 
valor como alimento. 

El Cazón y la Lebrancha que me fueron conocidos, el primero de bastante consumo 
por su buen gusto, quedan indeterminados. Vagamente refiero el primero al Carcharías, 
mustelus, Lin.; no falta quien asegure que es la cría del tiburón, y de la liza el segundo. 



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LA NATURALEZA. 



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Laguna de la Mancha. 



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REVISTA CIENTÍFICA NACIONAL Y EXTRANJERÍA 



EL VAMPIRO DE TIERRA CALIENTE.*— Uno de los Quirópteros más inte- 
resantes de México es el que hace el objeto de este pequeño trabajo. Gracias á la amistosa 
condescendencia y al empeño de mi excelente amigo el Prof. Alfonso L. Herrera, por todo 
lo que toca á la difusión de las ciencias naturales, he podido estudiar un número de estos 
mamíferos suficiente para hacer observaciones sobre su morfología y anatomía, que me 
parece útil publicar, tanto para rectificar con diseños exactos algunas figuras poco correc- 
tas ya publicadas, como para dar á conocer ciertas particularidades notables. Ha sido ne 
cesario para este doble objeto multiplicar los dibujos, que son indispensables, para dar una 
idea clara del texto. 

En el orden de los Quirópteros se distingue bien el suborden de Microquirópteros, y 
entre éstos la familia de Filostómidos que contiene la subfamilia de Filostóminos; no cabe 
dar aquí los caracteres de estas divisiones tales como Dobson las entiende, y bastará defi- 
nir el grupo á que pertenece el Vampiro de México. 

Los Desmodontes se reconocen por su hocico corto y cónico, una hoja nasal distinta, 
la membrana interfemoral angosta y la carencia de cola. 

La dentición es i\\ fí\z_\\ prem.fzl; M.-fly ó %. Incisivos superiores muy grandes, filo- 
sos, ocupando todo el espacio entre los caninos. Se dividen en dos géneros: Desmodus y 
DiphyUa; estos últimos poseen un molar rudimentario en ambas mandíbulas, y su mem- 
brana interfemoral está interrumpida en medio. 

Gen. Desmodus, Wied. Neuwied, 1826. «Vampiro de México.» 

Incisivos -f; can.yZ-f; prem.fzf =20 en el adulto. Ni en éste ni en el joven ó el feto he 
podido descubrir un molar, aunque fuera rudimentario. Incisivos superiores muy fuertes, 
arqueados, puntiagudos, filosos y convergentes; incisivos inferiores en dos pares, dos de 
cada lado, con la corona bidentada (Véanse las figuras, como para todo el resto de la des- 
cripción), la interna algo más grande que la externa. Caninos superiores casi tan grandes 
como los incisivos que los tocan, algo curvos, comprimidos, de borde posterior filoso; los 
inferiores más pequeños. Premolares superiores subiguales, de base triangular y borde 
externo, saliente, cortante y bilobulado; premolares inferiores comprimidos, el primero re- 
costado oblicuamente sobre el segundo, el tercero con corona de dos puntas. 



Tomado de las Memorias de la Sociedad Científica «Antonio Álzate,» tomo XXII. página 6ñ. 

1 



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El hocico es corto y la mandíbula algo prominente. Los orificios nasales son oblicuos 
y están rodeados de una lámina saliente, en forma de herradura escotada hacia arriba; en- 
cima de ella hay una hoja nasal corta y pegada á la cara. En el labio superior del macho 
he observado una carunculita abajo de la nariz, acompañada con otras 3 ó 4 más chicas; 
en la hembra he visto solamente dos verruguitas en medio del labio superior; el labio in- 
ferior presenta una laminita hendida en medio, triangular en la hembra, más grande y se- 
micircular en el macho; una verruga debajo de la barba. Los ojos, muy pequeños, y colo- 
cados oblicuamente á los lados de la lámina nasal, tienen párpados muy visibles. 

Las orejas bastante grandes, muy apartadas una de otra; tienen una forma subtrian- 
gular, de ángulo superior embotado. El tragus es angosto, con un diente ó dos en su base, 
y abajo de él se nota una especie de pequeño reborde bilobulado: entre los dos está el 
meato auditivo. 

La lengua tiene bordes paralelos y una pequeña punta en la extremidad: es casi lisa, 
pues sus papilas no son rasposas. 

No hay cola. La membrana interfemoral es angosta, y sus extremidades forman un 
ligero repliegue al lado interno de las piernas. Las membranas alares muy amplias, termi- 
nan á la mitad del borde externo de las piernas. 

El dedo pulgar está provisto de dos callosidades adhesivas, la basilar chica y cónica; 
la mediana ovalada y estriada transversalmente. 

Todo lo anterior se refiere al adulto. 

Particularidades del joven. — La dentición participa de la del feto. Entre los incisi- 
vos y los caninos se observan de cada lado dos pequeños incisivos en forma de ganchos, 
inclinados hacia el paladar: volveré sobre esto. La tibia y el peroné están unidos íntima- 
mente: la tibia tiene á lo largo una concavidad muy clara. 

Feto. — Hay que observar que la cara tiene ya los caracteres del género y su denti- 
ción es igual á la que describo en el joven. Su cuerpo está enteramente desnudo. Este feto 
estaba contenido en el abdomen de la madre. 

Esqueleto. — Como se ve por la figura 11, el cúbico está bien desprendido del radio 
hasta la mitad de su longitud; en el resto del antebrazo se observa también un surco nota- 
ble. En el carpo el cuneiforme es grande y triangular, el escafolunar y sobre todo el tra- 
pecio son chicos: debajo de estos huesos se divisan un trapezoide y un hueso mayor coales- 
centes y un pequeño hueso ganchudo. La primera falange del dedo pulgar es más gruesa 
que la segunda. El dedo medio tiene tres falanges. En el omoplato hay que notar la direc- 
ción del apófisis coracoides inclinado hacia abajo y hacia fuera como en el Artibeus y no 
hacia adentro como en el Nyctinomus y Lasiurus que son unos Vespertiliónidos. El ester- 
nón es aquillado y su pieza proximal forma una punta saliente. El fémur es acanalado en 
su borde superior: la tibia y el peroné están perfectamente distintos y separados en toda 
su extensión, y no soldados como lo dicen los autores, cosa que sí se observa en el feto. La 
mandíbula inferior no tiene apófisis coronoide. 

Pormenores anatómicos. — El intestino parece formado por un tubo uniforme en toda 
su longitud: á lo menos no he podido distinguirle un estómago distinto. En un macho he 
visto los dos tercios terminales formando tres bolsas llenas de sangre coagulada, proba- 
blemente restos de la digestión, interrumpida por una muerte violenta. Los testículos (ob- 
servación hecha en Agosto) están ocultos bajo la piel, y el pene erguido y no colgante. En 
un n.acho distinguí una doble glandulita anal: cada lóbulo tiene su conducto especial; en 
cuanto á su estructura, se nota una cápsula general delgada, una porción triangular for- 

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mada de glandulitas en tubo, dos porciones laterales de un tejido especial medio transpa- 
rente, y un semicírculo de fibras musculares estriadas: la cavidad central está tapizada 
por una mucosa cuyo epitelio es muy fino. — En cuanto á la papila mediana del dedo pul- 
gar, se compone de los elementos siguientes: 1.°, epidermis con capa córnea delgada y capa 
intermedia granulosa; el estrato de Malpighi con células cilindricas provistas de pigmento 
negro; 2.°, una capa de tejido conjuntivo muy apretado, y debajo de él otra de fibras elás- 
ticas; 3.°, una capa de tejido adiposo descansando sobre el fibro-eartilaginoso que cubre la 
articulación. 

Ddiensiones. — El macho tiene 75 milímetros de largo y la envergadura 33 centíme- 
tros. El cuerpo de la hembra mide 8 centímetros y la extensión de las alas 35. El feto te- 
nía las dimensiones siguientes: cuerpo, ra 042; envergadura, m 115; cabeza, ra 02. 

Colores. — La cara es de un pardo rojizo. Una especie de collar cenizo rodea la barba. 
El pecho y el vientre tienen un color pardo cenizo. La membrana interfemoral es pardo 
claro y la alar negruzca. El brazo, antebrazo, pulgar, bajo vientre y tercer dedo, con el 
borde del ala, son de color de carne, mientras los cuarto y quinto dedos son blanquecinos. 
Todas las partes superiores están coloreadas de pardo sepia tirando á rojizo. 

Notas generales. — Las mamilas están colocadas debajo de las axilas. Se dice que los 
pequeños dientes ganchudos son útiles al pequeño para afianzarse del pezón mientras la 
madre anda volando; pero me parece falsa esta interpretación. 1.° La hembra descansa 
frecuentemente en las cacerías y entonces el joven tiene el tiempo necesario para mamar 
con tranquilidad. 2.° Estos ganchos agudos implantados en un órgano muy sensible ator- 
mentarían á la madre y provocarían de parte de ella movimientos de defensa para desem- 
barazarse de esa molestia. 3.° Si estos dientecitos fueran necesarios, existirían en todos 
los murciélagos, lo que no es cierto, y nunca persistirían después de la lactación. He aquí 
un hecho notable, pero que espera su explicación. Vemos también que en los mamíferos 
los dientes de leche son menos numerosos que los permanentes, y esta es otra cosa notable 
en el Desmodus. 

Costumbres. — La conformación de la boca con sus papilas labiales, la extremidad 
puntiaguda de la lengua, etc., indican hábitos de succión, tal vez después de que los inci- 
sivos hayan practicado una pequeña incisión en la piel de la victima. Por otra parte, la 
forma del intestino demuestra una alimentación líquida, y de una substancia cuya diges- 
tión sea rápida y fácil: esta última está evidenciada por la presencia en el intestino de pura 
sangre, más ó menos coagulada. Los Desmodus tienen, pues, los caracteres de chupadores 
de sangre. Sin duda las papilas de los dedos pulgares les ayudan á agarrarse de los pelos 
de la presa. 

Según el Sr. Guillermo Gándara (Circular 18, Comis. Parásito!. Agrie, 1903) el Vam- 
piro de Tierra Caliente existe desde Cuernavaca al Sur, desde Jalapa al Este y, en general, 
en los puntos cálidos de México y de otros países intertropicales: se alimenta de la sangre 
de los animales dormidos, como caballos, bueyes, puercos, etc. — En Royal Nat. History, 
Lydekker lo indica también en el Sur del Brasil y de Chile.* 

En un individuo de los que tuve á mano encontré un pequeño parásito díptero, el Tri- 



* En Agosto pasado recibí de mi amigo Herrera un lote de tres machos y cinco hembras, cogidos jun- 
tos, lo que es extraño en animales cuyos sexos viven separados. Las hembras venían preñadas. Esto indica 
que la época de la cópula varía en algunos meses, pero siempre en estación cálida. Tal vez entonces los 
dos sexos habitan juntos. 

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chobius Dugesi, descrito ya por Tyler Townsend en 1891. Yo lo había observado en las 
alas del Vespertilio albescens y del Olossophaga soricina. 

Remedios. — Nos resta ahora hablar de la manera de precaver á los animales de los 
ataques del Desmodus rufus ó Vampiro de México. Los habitantes de los países donde vi- 
ven los Vampiros han probado, sin resultado, los medios que por más adecuados han teni- 
do. Parece que lo mejor sería hacer, al entrar la noche, una batida en los establos, caba- 
llerizas ó zahúrdas, para matar cuantos murciélagos se hallaran en los techos y paredes: 
y, después, cerrar todas las aberturas con alambrados de calado suficiente para impedir 
la entrada á otros. 1 

Como antes lo dije, no pretendí hacer una monografía de los Desmodus; mas espero 
que estas notas servirán para completar lo que se sabe sobre estos curiosos Quirópteros. 

Guanajuato, Septiembre de 1905. 



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NOTA ADICIONAL. — A unos cinco kilómetros de Cuernavaca, en las Fuentes de 
Chapultepec, se encuentra la cueva donde fueron capturados los Vampiros que remitimos 
al Dr. Alfredo Dugés y que sirvieron para hacer las interesantes observaciones prece- 
dentes. 

En el viaje que hicimos últimamente á Cuernavaca, en Febrero de 1906, visitamos la 
mencionada cueva. Está en una pequeña colina, al nivel del suelo. La entrada es amplia, 
no muy alta. Los departamentos ó salones principales son dos. En el fondo de ellos se ve 
una especie de cauce muy húmedo, fangoso en la parte más profunda, donde se abre una 
galería horizontal muy baja y obscura, á la que sólo pudo entrar un mozo arrastrándose 
y hundiéndose en el fango hasta las rodillas. Este fango se ha formado con las deyecciones 
de los Vampiros, y es negro y pestilente. La galería horizontal comunica con una cavidad 
hemisférica, de unos 80 centímetros de diámetro, en donde estaban durmiendo los murcié- 
lagos, en número de 15 ó 20. Otra especie, más pequeña y negruzca, 2 que se alimenta con 
polen de Coniferas é insectos, se encuentra en los departamentos exteriores. 

El mozo pudo atrapar con una tela («ayate») tres Vampiros, habiéndose escapado to- 
dos los demás, que volaron ágilmente, aun al sol, evitando los golpes de una red que se 
llevó especialmente para capturarlos. Creemos que en esa guarida estarán á cubierto de 
sus enemigos: sólo la oferta de una buena propina pudo hacer que el mozo, después de mu- 
chas exploraciones que practicó anteriormente en caballerizas, torres y cuevas en general) 
descubriera la habitación de los Vampiros, tan difícilmente accesible. 

Los tres Vampiros eran machos. 

Observándoles por medio de una lente se nota que el borde de los labios está cubierto 
de vellos blancos muy pequeños dirigidos hacia atrás, y otros, de un tamaño mayor, tam- 
bién blancos, dirigidos hacia adelante. Examinando estos vellos con microscopio, nótase 

1 En Cuernavaca acostumbran colgar nopales ó ramas espinosas en los techos de las caballerizas para 
que los murciélagos se claven en las espinas. También se valen de una lámpara cuya luz los ahuyenta, y 
de las fumigaciones de sus guaridas con azufre para asfixiarlos, por medio de una pértiga en cuya extre- 
midad se coloca una pequeña vasija conteniendo brasas con el azufre ó bujías de azufre encendidas. 

2 Artibeus perspicillatus. 

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que tienen estrías transversales, como es normal en el pelo de los murciélagos, y que han 
de favorecer la adherencia de los polvos y microbios, tanto más cuanto que están engrasa 
dos, lo que se demuestra depositándoles en la superficie del agua, en la que flotan algún 
tiempo. 

No recordamos haber leído que los ojos de los murciélagos sean retráctiles, como su- 
cede en el Vampiro. En efecto, en un lugar poco iluminado son salientes, y cuando se ame- 
naza al animal, se hunden notablemente, así como los párpados, que se cierran poco des- 
pués. Al soplarle, se contrae y abre la boca, procurando morder, pero no se hunden los 
ojos. La retracción de éstos, como medio de defensa contra los golpes, se observa fácil- 
mente en las ranas y otros animales inferiores. Los ojos salientes del Vampiro deben abar- 
car un horizonte muy grande. Son negros y soportan la luz del sol fuerte, circunstancia 
favorable para que puedan escapar estos animales, aun en el día, cuando les sorprende 
als'ún peligro. 

La boca del Vampiro está bien adaptada á la succión. En la parte anterior del labio 
superior hay tres tuberculitos carnosos; el labio inferior es bífido y carnoso, algo semejante 
á una vulva en su parte anterior. Esta parte siempre está húmeda y produce, cuando se 
le aplica sobre papel ahumado, la figura de una pequeña mariposa con las alas abiertas. 
El polvillo negro del papel ahumado se adhiere á esta parte, y lo mismo debe suceder con 
los microbios y los parásitos de la piel de las bestias. 

Los Vampiros en cautiverio son tan irascibles é inquietos como los demás murciélagos. 

Se dice que narcotizan á los caballos, cerdos, etc., para que éstos se dejen picar, ex- 
plicación inaceptable y que está en desacuerdo con el dicho general de los campesinos, 
que aseguran haber oído gruñir fuertemente á los cerdos, en la noche, cuando los pican les 
murciélagos, lo que prueba que no están narcotizados. 

Cuando el hombre ó el animal esté profundamente dormido; cuando la introducción 
de los dientes se haga en lugares poco sensibles de la piel, etc., no se sentirá el piquete, 
como sucede algunas veces con el de los mosquitos y otros parásitos. No es creíble, por mu- 
chas razones, que la saliva del Vampiro contenga principios narcóticos. El hombre que 
capturó los ejemplares en la cueva de Chapultepec (Cuernavaca) fué mordido en un dedo 
y sintió un dolor bastante agudo, aunque en estos casos el murciélago muerde con rabia, 
sin precaución alguna. 

Gracias á la amabilidad de nuestro buen amigo, el Sr. D. Lino Ríos, propietario y agri- 
cultor de Cuernavaca, pudimos hacer una prueba, que consistió en encerrar los tres vam- 
piros y un caballo en una pieza, para ver cómo lo picaban. Desgraciadamente, los murcié- 
lagos manifestaban una gran inquietud y no se acercaron al caballo ni le picaron en toda 
una noche, permaneciendo ocultos en el lugar más sombrío de la. pieza. Uno de ellos, el 
más joven, que apenas comenzaba á cubrirse de pelo, amaneció moribundo. 

El Vampiro considerado como un medio de propagación de las enfermedades. — 
En los pelillos y paites carnosas de los labios del Vampiro pueden adherirse los microbios 
y las arañitas microscópicas productoras de la sarna. Los dientes, lengua, y saliva también 
pueden conducir los gérmenes de diversas enfermedades, y aun la sangre misma que se 
adhiera á la boca, sobre todo si el murciélago pica á un caballo ú otro animal enfermo é 
inmediatamente después á otro sano. Es bien sabido que la fiebre amarilla, el paludismo, 
la fiebre tifoidea, las enfermedades contagiosas en general tienen por vehículo los insectos, 
los mosquitos, las pulgas, las chinches. Es casi seguro, por tanto, que el Vampiro de Tierra 
Caliente transmite y propaga la fiebre carbonosa ó piojo, el carbón sintomático, el mal rojo 

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de los cerdos, el muermo, la sarna, la roña, etc., ya sea entre las bestias ó aun en el hom- 
bre. (Los campesinos, en Cuernavaca, se envuelven la cabeza cuando duermen al aire 
libre, para preservarse de los Vampiros). 

Como no se ha emprendido un estudio especial de la cuestión, no podemos presentar 
hechos comprobados de la influencia de estos conductores de microbios en las pérdidas de 
ganado y aun de vidas humanas; pero el asunto reviste tal interés que, sin vacilación algu- 
na, recomendamos la destrucción de los Vampiros. 

Ya se ha comenzado á perseguirlos en Cuernavaca, evitando siempre el exterminio 
de los murciélagos benéficos para el agricultor y que se alimentan con insectos. Como los 
Vampiros viven aislados no hay peligro de confundirles con éstos. Si se presenta una epi- 
zootia será muy conveniente preservar á los ganados del piquete de sus enemigos, siempre 
que se disponga de un local á propósito y se pueda impedir la entrada de los nocturnos vi- 
sitantes por medio de alambrados. 

Medios de destrucción. — Si se pueden tapar las salidas de las madrigueras, según los 
casos, fumíguense con azufre, ó destruyanse en ellas los murciélagos á golpes, protegién- 
dose las manos con guantes de gamuza. 

Da buen resultado disponer redes de gasa en la salida de las galerías y espantar á los 
Vampiros por medio de cohetes para que salgan de sus refugios y penetren en las redes. 
Un hombre activo y empeñoso puede atrapar, diariamente, 15 ó 20 Vampiros, que hemos pa- 
gado, en Cuernavaca, á razón de 6 centavos por cabeza de animal muerto. 
Cuernavaca, Febrero 13 de 1906. 



¿1. J?. cfóezzeva. 



Explicación de la lámina: 



1. Croquis del macho adulto del tamaño natural. 

2. Cabeza del macho, de perfil: tamaño natural. 
2a. El hocico visto de frente, muy aumentado. 

3. Perfil de la hembra, tamaño natural. 

4. Frente de la cabeza de la hembra: tamaño natural. 

5. Detalles de la oreja, dos veces mayor que el natural. 

6. Cabeza del feto, amplificado domo cuatro veces. 

7. Dientes superiores del feto, á } . 

8. Cráneo de la hembra adulta: doble aumento. 

9. Partes posteriores de la hembra y pata izquierda: tamaño natural. 

10. Cráneo de un individuo hembra, habiendo conservado parte de su primera 

dentición: doble aumento. 

11. Miembro posterior del adulto, de tamaño natural. 

lia. Dedo pulgar con sus callosidades adhesivas, tamaño natural: una pelota 
vista de frente, dos veces aumentada. 

12. Los dos premolares, vistos por la corona para ver la porción palatina som- 

breada y la externa cortante. 

13. Tibia y peroné del joven. 

14. Dientes de Desmodus adulto, vistos de perfil, muy aumentados. 

15. Sus dientes, con mayor aumento. 

16. Omoplato, aumentado dos veces, para ver la dirección del apófisis cora- 

coides. 

17. Mandíbula inferior. 

17a. Los dos incisivos izquierdos inferiores, de frente. 

18. Miembro anterior del adulto: tamaño natural. 

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PLANTAS DESÉRTICAS MEXICANAS.*— Las clasificaciones botánicas hi- 
cieron la luz en las tinieblas que rodeaban el estudio de las plantas, introdujeron el orden 
en ese caos, y los muchos naturalistas que han dedicado su erudición, sagacidad y pacien- 
cia al conocimiento metódico de los vegetales, siempre que no con el abuso de las divisio- 
nes y subdivisiones dificulten más que faciliten el estudio, prestaron y prestan aún impor- 
tante servicio á las ciencias naturales. 

Pero es indudable que aun los más amantes de la botánica sistemática, no podrán de- 
jar de comprender que sólo ven el problema que cada vegetal presenta, desde el menor y 
menos importante de sus lados y que, para llegar á explicar á estos seres, hace falta con- 
siderarlos desde otros puntos de vista, ya ecológicos, ó bien fisiológicos ó geográficos, etc.; 
por eso al establecer el famoso Shimper los fundamentos de la ecología abrió un nuevo ho- 
rizonte á la ciencia. 

El grupo de las Jerofitas, establecido por este sabio, es, según nuestra opinión, el más 
importante, pues si con la generalidad de los naturalistas se admite que los primeros or- 
ganismos fueron acuáticos, es indudable que los más diferenciados son aquellos que pue- 
den vivir en un medio fisiológicamente seco; esta sola consideración bastaría para demos- 
trar cuan importante es para la biología su estudio. Aún hay más: hasta ahora las inves- 
tigaciones de fisiología vegetal han sido llevadas á cabo generalmente sobre plantas euro- 
peas, pero las importantísimas formas desérticas casi han escapado á los investigadores; 
dados los trabajos de Coville, Mac Dougal, Lloyd y Camión, posible es entrever ya, que 
este estudio aportará á la ciencia botánica datos que conmoverán sus fundamentos y que 
nos darán una noción más clara y cierta de las leyes que la rigen. Mas no únicamente el 
interés filosófico será el provecho que de este estudio se obtenga: la agricultura é industria 
de los países que, como el nuestro, tengan grandes planicies secas, saldrán beneficiadas; 
pues es indudable que sólo la ignorancia de las condiciones propicias á ciertas plantas, es 
culpable de que presenciemos numerosos fracasos en los ensayos de aclimatación, en el de 
ciertos cultivos, etc.; y también á la falta de estudio de los vegetales de nuestras estepas 
se debe que hayan permanecido el útil guayule, la candelilla y otros múltiples productos 
completamente ignorados y que no se saque el debido provecho de los seres con que la 
pródiga naturaleza ha dotado esos lugares. 

Las regiones desérticas de México, pueden dividirse en tres grupos: el primero com- 
prende la parte Norte de la península yucateca; carecemos de datos para su estudio y por 
lo tanto haremos punto omiso de él; el segundo está al Sur y comprende Pochutla, Mia- 
huatlán,Tomellín, Cuicatlán, Teotitlán y Tehuacán; las localidades de Jerofitas se continúan 
al Oeste en Acatlán, Chiautla, Teloloápam, etc.; los factores más importantes que actúan 
sobre les vegetales de esta región son: una temperatura elevada (de 25° á 30° por térmi- 
no medio) con oscilaciones tanto diurnas como anuales, poco marcadas; una atmósfera muy 
seca y escasas lluvias que sólo caen en forma de aguaceros torrenciales, generalmente de 
fines de Mayo á principios de Octubre, siendo esta época el período de mayor actividad en 

* Presentado como trabajo de turno en la Sociedad Científica «Antonio Álzate.» 

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la vida de esas plantas. En la vegetación de esta zona predominan las Cactáceas, Legu- 
minosas, Burseráceas y Liliáceas; entre las primeras figuran principalmente los Cérea* 
candelabriformes, conocidos vulgarmente con el nombre de pitayos, entre los que citare- 
mos como característicos, el Pachicereus iveberi, Cephálocereusmacrocephálm, Pilocereus 
tetetzo, que produce en Mayo los llamados higos de tetetzo; abunda tanto esa planta en 
ciertas localidades al Sur de Puebla que forma verdaderos bosques en las laderas de las 
montañas; encuéntranse también el Cereus eburneus y el mociso, Pilocereus fulvisceps; las 
grandes biznagas están representadas por el Echinocactus palmeri y el E. sp?, empleadas 
para hacer el dulce cubierto de Biznaga; el E. flavescens y las agradables j ¡Otilias de Izú- 
car de Matamoros (Cereus chiotilla, Weber), así como numerosas Opuntias que se encuen- 
tran también en esta zona; las Leguminosas tienen muchos representantes, entre los que 
nombraré como típicos, el mezquite (Prosopis juliflorus), el huamúchil fPithecolobium dulce, 
Benth.) de legumbre retorcida y lomentácea, la hermosa Parota cuyos frutos en forma de 
intestino justifican su nombre genérico de Enterolobium, el huaje de que tanto gustan los 
indios (Leucoena cesculenta, Benth.), el Huizache de bellas y aromadas flores, el Tamarindo 
(Tamarindus indica, L.), diversas Cassia.s y Mimosas en forma de arbustos espinosos; de 
las Burseráceas, según el Sr. Dr. José Ramírez, se cuentan cuando menos diez especies; las 
Liliáceas que contribuyen á caracterizar la fisonomía de la vegetación son el Izote (Yucca) 
y el Sotol (BeaucameaJ; los Agaves y las Bromeliáceas del género Heclia son abundantes, 
así como la Ipomcea arbórea denominada vulgarmente Cazahuate. La tercera región 
desértica, la más vasta y la más interesante por ser en donde se acentúa más la sequedad, 
es la que, comenzando en las elevadas cimas zacatecanas y limitada al Sureste por las sie- 
rras de San Luis y al Suroeste por las de la Breña, se extiende, aunque interrumpida en 
ciertos lugares, hasta más allá del Río Bravo; podemos subdividirla en dos partes: al Este el 
inmenso valle del Salado compuesto por una indecisa serie de llanuras plegadas muchas ve- 
ces sobre sí mismas, siendo poco importantes y monótonos los dobleces del terreno; carece 
de ríos y apenas sus escasas lluvias forman uno que otro charco que prontamente es evapo- 
rado por los ardientes rayos del sol; esta gran depresión que en lejanísimas épocas estuvo, á 
semejanza de otros desiertos, ocupada por el mar, tiene en Peñón Blanco y en otros puntos, 
abundantes depósitos de sal; la parte occidental la constituye el famoso Bolsón de Mapimí, 
prolongado al Norte por áridas estepas; la carencia de lluvias, la elevada temperatura que 
posee en razón de su menor altitud (1,100 mts.), la sequedad atmosférica llevada á un gra- 
do extraordinario y las bruscas oscilaciones de temperatura que tan pronto elevan la co- 
lumna termométrica á más 40° C. como la hacen descender á varios grados bajo 0, así co- 
mo los fuertes vientos que llevan consigo grandes cantidades de polvo, le dan un aspecto 
tan singular que hace que los vegetales que en ella viven presenten las más hermosas 
adaptaciones. No insisto más en la descripción física de esta región, por haber sido tratada 
ya extensamente en la interesante memoria del Sr. Ingeniero Rouaix (V. aspecto físico del 
Estado de Durango. Boletín del Comité Regional Durangueño de la A. C. U., número 6) y 
en mi estudio Fisiografía de las Vegas del Nazas. (El mismo boletín, número 1). 

Según el Sr. Ingeniero Manuel Rangel, la región que estudiamos está constituida por 
formaciones sedimentarias entre las que predominan las calizas y los esquistos arcillo- 
cretácicos, fuertemente plegados, dislocados y atravesados en muchísimos casos por forma- 
ciones eruptivas, en las que se observan rocas andesíticas y en repetidas ocasiones rhy olí- 
ticas. Es importante hacer notar también que en la cuenca del Nazas, en la del Agua na- 
val, en los terrenos de Tlahualilo, en la laguna de Mayrán y demás lugares adyacentes, 

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contienen las tierras una elevada proporción de materias orgánicas, diferenciándose por 
esto también de la mayoría de las comarcas desérticas. 

Habiendo sido ya tratado el aspecto de la vegetación de esta zona por botanistas com- 
petentes (Di: José Ramírez. Vegetación de México, 115), me limitaré únicamente á señalar 
algunas plantas típicas, como la omnipresente gobernadora (Larrea mexicana, Moric), las 
mezquinas Yucas (Yucca treculeana, Carr.) con su forma semejante á los agaves, tupidos 
chaparrales de mezquites (Prosopis juli flora, D. C), abrojos ó juncos (Koeberlinia spinosa, 
Zuce) de tallos espinosos, numerosas Cactáceas, la mayoría de las cuales están citadas en 
el concienzudo trabajo del distinguido botánico D. Carlos Patoni (Boletín del Comité Re- 
gional Durangueño de la A. C. U.); una Compuesta, la hoja Sen (Flourensia cernuaj, los 
ocotillos (Foitquiera splendens, Eng.) y una Euforbiácea, la sangre de grado (Jatropha spa- 
tulata, Müil. Arg. var.) que extiende sus desnudas ramas entre las peñas de los cerros. 

Las modificaciones de las Jeroñtas que tienen por objeto aprovisionar agua, consisten 
principalmente en el desarrollo de partes carnosas que sirven para almacenar este líquido; 
las Cactáceas, como es bien sabido, carecen de hojas; las plantas del género Pereishia, que 
se consideran como una de las formas antecesoras de la familia y que viven en los lugares 
húmedos, poseen estos apéndices; pero es muy probable que al actuarlos factores climatoló- 
gicos del desierto, principalmente en el período pleiostoceno, comenzaron las adaptaciones 
por la reducción de los miembros de la planta, y entonces fué cuando las espinas, los agui- 
jones y las glóquidas aparecieron; en relación con estas modificaciones tuvo lugar un des- 
arrollo extraordinario que alcanzaron los tejidos propios para almacenar agua; llegados á 
este estado de diferenciación, fueron aptas las Cactáceas para vivir en medios más y más 
secos hasta llegar á poblar el desierto; un interesante fenómeno de convergencia, explica 
la gran semejanza que hay entre el aparato vegetativo de las plantas de esta familia y el 
de ciertas Euforbiáceas, como la Ewphorbia cereiformis; en las Asclepiadáceas ciertas Sta- 
pelias, conocidas vulgarmente con el nombre de Nopalillo, Camaleón ó Flor del sapo, tienen 
un aspecto perfectamente cacteiforme; las partes grasas se encuentran igualmente bien des- 
arrolladas en las Crasuláceas, las Amarilidáceas del género Agave, en ciertas Bromeliáceas 
y en el follaje de muchas Quenopodiáceas; pero llega á su grado máximo esta adaptación 
en una Cucurbitácea propia de Sonora y la parte Norte de Coahuila, la Ivervillea sonora, 
que posee la parte interior del tallo enormemente desarrollada; el sistema radical es muy 
pobre, pero con gran rapidez crece cuando caen las primeras lluvias; emite entonces la 
planta sus largos y delgados tallos, rápidamente florece y fructifica; al llegar el tiempo de 
secas todos sus órganos, á excepción de la ya citada parte inferior, mueren. 

Una curiosa adaptación para aprovisionar agua, se encuentra también en la uva ci- 
marrona ó Temecate del Sur del Estado de Puebla (Ampelídea del género Cissus, cuyos ta- 
llos se hinchan en ciertos lugares formando bolas de 10 ó más centímetros de diámetro; 
cortando la planta en esos lugares encuentra el fatigado caminante medios de mitigar su 
sed, aun cuando el líquido que se extrae tiene el inconveniente de abundar en rafídeos y 
maclas de oxalato de cal que lastiman la boca. Las partes hinchadas de estas plantas, á la 
vez que desempeñan la función de que se ha hablado, sirven también de almacenes á las 
reservas nutritivas, que cuando están compuestas principalmente de almidón, como en 
ciertas Liliáceas y Amarilídeas, son utilizadas por el hombre para fabricar, con la «cabeza» 
de diversos magueyes, el mezcal, y con la de ciertos Dasilyrion, el sotol. La abundantísima 
Estrella (Milla biflora, Cav.), así como un Zephyrantes de flor amarilla y otras Liliáceas, 
poseen bulbos muy bien desarrollados que resisten el ardiente calor del verano, y que hu- 

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medecidos con las primeras lluvias cubren rápidamedte los llanos con un tapiz de olorosas 
flores; no debemos omitir que en las plantas desértieas abundan también los rizomas, ci- 
tando únicamente como típico el de la vulgar Jatropha spatulata. 

En dos grandes tipos puede dividirse el sistema radical de las plantas jerofitas: aque- 
llas que poseen partes grasas susceptibles de almacenar agua, como muchas cactáceas, 
agaves y ciertas yucas, que tienen sus raíces superficiales; mientras no llueve, las corrientes 
osmóticas del protoplasma cesan y la vida activa de las raíces, á causa de la sequedad, se 
detiene pasando al estado de vida latente; pero al principiar la época de lluvias, la raíz se 
despierta y entran en actividad absorbiendo cuanta agua pueden; entonces las plantas 
cambian de forma, las costillas se hinchan y separan, los tubérculos se engruesan y los cía- 
dodios se vuelven más crasos; lo notable es que en estos movimientos y deformaciones in- 
fluye de una manera extraordinaria la exposición, pues v. gr. el Echinocactus toislizeni 
tiene sus costillas mucho más separadas y crecidas del lado Norte, lo que hace que la 
planta se incline hacia el Sur. En las formas espinosas las raíces adquieren un desarrollo 
extraordinario; la más notable y mejor adaptada de estas formas es el mezquite de las es- 
tepas del Norte (Prosopis julifloraj; hablando de él dice el Sr. Ingeniero Félix Foex, de 
quien copiamos los siguientes párrafos: «Cuando está joven tiene á la vez un sistema radi- 
cular superficial, como las otras plantas desérticas, y una raíz maestra colosal que, vivien- 
do en capas secas y no absorbiendo nada, parece inútil. A cada lluvia con su sistema radi- 
cal superficial, absorbe el agua á medida que cae. Con esa agua y las sales disueltas, forma 
hojas nuevas y savia; crece formando á la vez por arriba un matorral espeso y corto, y por 
abajo clavando más su enorme raíz. Cesando las lluvias, las raíces rastreras se duermen, 
las hojas se caen ó se endurecen y la savia para no secarse busca refugio en la raíz maes- 
tra. Así sucede cada año; la parte aérea visible crece muy despacio, y la parte vertical sub- 
terránea, invisible, toma al contrario un desarrollo que sólo los habitantes del desierto 
conocen y que nadie puede creer sin haberlo visto. Como se dice en el Norte: «Aquí hay 
montes, pero subterráneos.» 

Por fin después de un número de años muy variable, pero generalmente muy largo, 
súbitamente del centro del chaparro del mezquite, sale un brote vigoroso que forma tron- 
co; las hojas se hacen más abundantes, más tiernas y no se caen en tiempo de secas. En 
pocos meses una transformación completa se opera: la raíz maestra ha alcanzado la capa 
acuífera, y de puro depósito de provisiones se ha transformado en raíz absorbente. ¿Qué 
profundidad puede alcanzar una raíz de mezquite? El hecho siguiente da si no una contes- 
tación, cuando menos una indicación. Un día, cerca de Parras, la pared de una barranca se 
derrumbó dejando á descubierto en 22 mts. de largo una raíz de mezquite perfectamente 
vertical y sin ramificaciones. El diámetro de la raíz era de mts. 0,32 al antiguo nivel del 
suelo, y de mts. 0,25, 22 mts. más abajo. Es una reducción de diámetro de mts. 0,0032 por 
metro, es decir, que si la raíz tuviese una forma regularmente geométrica, hubiera tenido 
precisamente 100 metros de largo. No queremos decir que los tuviese, pero sin duda tenia 
más de 50.» 

Entre las múltiples funciones que desempeñan los ácidos libres que tanto abundan en 
las jerofitas Suculentas, está la muy importante de aumentar la capacidad osmótica de las 
celdillas, facilitando de este modo la absorción de la agua. Mi fino amigo el Sr. D. Alfonso 
L. Herrera ha tenido la bondad de comunicarme que, evaporando el jugo del peyote (Lo- 
phophora), encontró un residuo semicristalino, higroscópico y untuoso, que hace eferves- 
cencia cuando se le somete á la acción de un ácido que esté en el cubre objetos á fin de que 

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las burbujas queden encerradas entre los dos vidrios. Dicho sabio cree que se trata de una 
sal higroscópica que puede influir en la adaptación de las jerofitas. 

Completan la adaptación de las plantas del desierto las modificaciones que tienen por 
objeto reducir al mínimum la pérdida de agua. El limbo de las hojas se disminuye notable- 
mente, haciendo por lo tanto que la evaporación sea menos activa; éste es el caso general; 
pero en ciertas ocasiones, cuando la planta puede producir parenquimas capaces de alma- 
cenar agua, el clima desértico hace que las hojas se desarrollen. A esta conclusión ha lle- 
gado el Dr. D. T. Mac Dougal experimentando sobre una especie de berro (RoripaJ, que 
cuando está sumergido en el agua sólo posee hojas filiformes y disectas, pero que al acli- 
matarlo en Tucson desarrolló de una manera notable estos apéndices. 

En el caso general de que se reduzca ó falte el limbo de las hojas, la planta tiene que 
sufrir otras modificaciones accesorias para asegurar el cumplimiento de la función clorofi- 
liana; en efecto, el peciolo se vuelve filódico ó alado y el parenquima clorofiliano se des- 
arrolla extraordinariamente, llegando desde el punto de vista fisiológico á valer entonces 
tanto las ramas verdes de las plantas como la ausente superficie foliar; las microfotografías 
que acompañan este estudio y que representan una sección transversal de un tubérculo de 
la Mamittaria chionocephala y de la candelilla (Euphorbia antisipliylitica) , planta áfila, 
demuestran la muy notable analogía que existe entre los parenquimas de que se trata. 
Gran número de las formas espinosas, como el ocotillo (Fouquiera), el mezquite extran- 
jero (ParMnsorda) y el junco (Kceberlinia spinosa), carecen de hojas durante una gran 
parte del año; bajo la acción de la humedad brotan estos apéndices, pero al terminar las 
escasas lluvias, caen; igual fenómeno se observa en la sangre de grado y en otras muchas 
plantas. 

La inserción de las hojas, así como la de ciertos artículos de las Opuntias, está dis- 
puesta de manera de presentarse la menor superficie posible ala acción directa de los rayos 
solares; muy curiosos son los movimientos que experimentan las plantas desérticas y que 
concurren á este fin. El deseo de hacer menos extensa esta Memoria nos impide por ahora 
entrar en detalles del asunto, pero lo haremos en nuestros estudios subsiguientes. 

Los importantes trabajos del Prof. Francis Ernest Lloyd han puesto fuera de duda que 
los movimientos de los estomas son independientes de las causas que actúan sobre la trans- 
piración de las plantas; se había supuesto que estos órganos se cerraban ó abrían según el 
estado higrométrico del aire para preservar á las plantas de la pérdida de agua; pero ahora 
está demostrado que los estomas responden á otros estímulos diversos de los que actúp.n 
sobre la turgidez de las hojas, y que no dependen de la sequedad ó humedad atmosféricas. 
Por estas consideraciones creemos que el hecho de abundar los estomas en la superficie 
inferior de las hojas, tiene menos importancia de la que anteriormente se daba á esta dis- 
posición. 

Mas á pesar de estas adaptaciones protectoras, la cantidad de agua que tienen que 
transpirar las plantas del desierto es bastante grande, y pronto morirían si no existieran 
otras modificaciones que dificultasen la pérdida de agua; entre éstas merece citarse en pri- 
mer término la gruesa cutícula que protege á las Cactáceas, Amarilidáceas y demás plantas; 
cierto es que en algunos casos la epidermis no es tan gruesa, como sucede en muchas Com- 
puestas y Solanáceas; pero no debe olvidarse que entonces abundan las hojas pubescentes 
y esa espesa borra tan común á los vegetales de nuestros parajes áridos. 

La espesa consistencia de los líquidos es indudable que dificulta su evaporación; esto 
nos explica por qué muchas jerofitas poseen estos líquidos siruposos en grande abundancia: 

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todos los cactus tienen muy desarrollado el aparato secretor de mucílago; los mezquites y 
muchas Opuntias abundan en goma; y como creo haberlo demostrado en mis estudios sobre 
la función fisiológica del látex (Boletín de la A. C. U. Comité de Durango, número 6), des- 
empeña este jugo un importante papel en la adaptación de las jerofitas; es en efecto muy 
notable la abundancia de plantas laticíferas en nuestros desiertos, observándose que esta 
adaptación afecta principalmente á aquellas cuyos órganos de aprovisionamiento tienen 
escaso desarrollo; la cera y las resinas de que se encuentran provistas muchas plantas, pu- 
diendo citarse entre ellas como típicas, por la abundancia de cera, la candelilla (Eupliorbia 
antisiphilitica) y por la de resina, la gobernadora (Larrea mexicana, Moric.) y la hoja Sen 
(Flourensia cemua), contribuyen también á disminuir la evaporación.* 

Al examinar con el microscopio la estructura de múltiples vegetales de que habla 
mos, hemos encontrado abundantes tejidos en palizada, espacios aéreos sumamente redu- 
cidos y abundantes formaciones de corcho que protegen eficazmente á esas plantas. 

Hemos tratado ya en nuestro estudio sobre el papel de los ácidos orgánicos en las plan 
tas jerofitas, el comportamiento de estos cuerpos, limitándonos por tanto á decir aquí que 
hemos llegado á la conclusión de que éstos actúan modificando la transpiración, que dismi- 
nuye notablemente, y hacen por lo tanto á estos vegetales más aptos para vivir sn los lu- 
gares secos. 

Durango, 2 de Septiembre de 1910. 

%oaac ^c/íotezena. 

Tomado del Boletín del Comité Regional del Estado de Durana'o). 



NOTAS ACLARATORIAS. — El Sr. Prof. Rouaix, en un pequeño artículo publi- 
cado en el periódico de la Sociedad Científica «Antonio Álzate,» tomo XXIX, pág. 131, dice 
con justa razón que la planta llamada Hoja Sen en la frontera Norte del país, es muy dis- 
tinta de la que en el centro del mismo tiene el expresado nombre, y quizás con más propie- 
dad, pues aquélla está muy lejos de ser purgante. La primera de las referidas es la Flou- 
rensia cemua, de la familia de las Compuestas, y la segnnda, Casalpinia exostemma, 
de las Leguminosas. Por lo que respecta á la llamada Mezquite extranjero en el anterior 
escrito del Sr. Prof. Ochoterena, abrigo la sospecha de que sea más bien el Cercidiiim fio'' 
riclum y no la Parkmsonia aculeata. Al menos me parece oportuno hacer esta rectifica- 
ción en la planta que colecté hace años en San Juan de Raya, Estado de Puebla, conocida 
con el nombre de Palo manteco y que crece allí con profusión. Los expresados géneros son 
muy próximos, y entre las pequeñas diferencias que los separan, Bentham señala, aunque 
con duda, el color blanco en las flores de la Parhinsonia y el amarillo en las del Cerci- 
dium, que es el caso en la clasificada por mí. 

9%anue/£)%. tyiMada. 

* Son también muy abundantes los aceites esenciales en las plantas que estudiamos. Taylor y Tyndall 
creen que las esencias aromáticas tienden á interceptar el paso de los rayos caloríficos, protegiendo de este 
modo á las hojas del ardiente sol del desierto; pero Sir John Lubbock opina que gracias á la repugnancia 
que inspiran los sabores fuertes y aromáticos á los animales herbívoros, las esencias protegen á las plantas 
de los ataques de éstos. 

12 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 97 

Este género consiste en seis especies qne habitan todas el continente de 
Norte América. Dos de ellas visitan nuestro país: el P. sandivíchensis llega, al 
Sur, hasta Guatemala, y el P. rostratus solamente hasta la costa oriental del 
Golfo de California. La definición del Passerculus no es muy pronunciada; pero 
la cortedad de la cola, comparada con la longitud de las alas, lo distingue de la 
Peuccea y de otros géneros parientes. El plumaje es más ó menos manchado 
arriba y abajo, y el pecho y los flancos son maculados. Generalmente el pico es 
algo delgado, aunque más tiirgido en el P. rostratus; el culmen, tomia y gonys 
casi rectos; las narices aparentes; la mitad superior de la fosa nasal cubierta por 
una membrana; las cerdas riciales son fuertes y llegan hasta la mitad del pico. 
Los cuatro cañones exteriores del ala son casi iguales, y los secundarios tienen 
casi la misma longitud; la cola está ligeramente partida y las plumas son algo 
angostas; el dedo medio es más corto que el tarso, pero los dedos y garras son 
un poco fuertes. 

«El Passerculus de las sabanas, dice Audubon, es uno de los pájaros más 
comunes y al mismo tiempo de los más graciosos que residen en Invierno en 
comarcas. Desde el mes de Octubre hasta el de Abril puebla nuestros campos y 
nuestros bosques. Yive en el suelo y se mueve con una rapidez increíble, casi 
igual á la de los ratones; sólo vuela cuando se le persigue ó sorprende. Su vuelo 
es irregular, pero sostenido. 

«Prefiere los parajes secos y elevados cercanos á la costa. No se lo encuen- 
tra en el interior de las florestas. En Invierno, estos pájaros se reúnen comun- 
mente con otras especies y vagan por los jardines y campos, aproximándose mu- 
cho á las habitaciones. El Passerculus de las sabanas viaja de día; de noche 
duerme parado en el suelo. 

«Construye su nido en tierra, cerca de un haz de yerbas ó de un pequeño 
arbusto. Este nido, formado exteriormente de yerbas secas, está siempre acol- 
chado con materiales muy finos. La postura comprende de cuatro á seis huevos 
azul pálido manchado de moreno purpúreo. Este pájaro parece anidar dos ve- 
oes al año en los Estados del Centro, y una solamente en los del Norte. 

«Caza. — No conviene colocarlo en las habitaciones, pues su cauto se com- 
pone de algunas notas sordas; así es que se le caza nada más para que sirva de 
alimento. Además del hombre, tiene por enemigos los diversos halcones de 
América.» (1) 



PASSERCULUS SANDWICHENSIS. 

Emberiza sandwichensis, Gm. Syst. Nat. I, p. 875 1 . 

Passercidus savanna, var. sandiüicliensis, Baird, Brew. et Ridgw. N. Am. 
B. I, p. 538 \ 

d) A. E. Brehm. Les Merveilles de la Nature. "Les Oiseaux," Vol. I, p. 197. 

La Nat— Ser. II— T. IV.— Junio 1U04. 13 



98 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

Fringüla savanna, "Wils. Am. Orn. III, p. 55, t. 22, f. 3\ 

Passerculus savanna, Cab. Mus. Heiu. I, p. 131 4 ; Baird, Brow. et Ridgw. N. 
Am. B. I, p. 534 6 ; Seimett, Bull. U. S. Geol. Surv. Y, p. 390°. 

Passercuhcs alaudinus, Bp. Comp. Rend. XXXVII, p. 918 7 ; Baird, Mox. 
Bound. Surv. II, Birds, p. 15 8 ; Sel. P. Z. S. 1858, p. 303 9 ; Sel. et Salv. Ibis, 1860, 
p. 398 10 ; Dresser, Ibis, 1865, p. 487"; Sumichrast, Meiu. Bost. Soc. N. H. I, p. 552 12 . 

Passerculus savanna, var. alaudinus, Baird, Brew. et Ridgw. N. Ain. B. I, 
p. 537 ,3 ; Lawr. Bull. U. S. Xat. Mus. n. 4, p. 21 14 . 

Passerculus sandiuichensis alaudinus, Coues, Key N. Am. B. ed. 2, p. 363 15 . 

Supra fuscus, plumis sitigulis medialiter nigris, vértice medio fere immacu- 
lato, superciliis a uaribus pallide flaviclis, stria per oculos iudistiucte «igra; alia 
et cauda fusco-uigris pallide fusco limbatis; subtus albus, cervicis lateribus, pec- 
tore et hypoclioudriis uigro guttulatis; rostro corneo, maudibula pallida, pedi- 
bus carueis. Loug. tota 5-0, alse 2-8, candí© 2-1, rostri a rictu 0-5, tarsi 0-75. 
(Descr. exempl. ex Dueñas, Guatemala. Mus. uostr.). 

Ilab. Norte América 2513611 . — México 4 , Tamaulipas (Couch 8 ), Veracruz (Su- 
michrast 12 ), La Parada (Boucard 9 ), ciudad de Tehuantepec (Sumichrast 14 ), Gua- 
temala 10 (O. S. et F. D. G.). «México, región oriental y Sur.» (1) 

Las aves de los Estados occidentales é intermedios, así como las de México, 
tienen, por término medio, picos más peqneños y delicados que las de los Esta- 
dos orientales, y más aún que las del extremo Norte, el verdadero P. sandiui- 
chensis. 

Aunque en apariencia es sedentario en Texas, pues el Sr. Sennett lo obser- 
vó en Mayo en Loinita, valle del Río Grande 6 , parece dudoso que sea más que 
un simple visitante de México y de Guatemala en Invierno; Sumichrast 12 lo con- 
sidera como tal en el Estado de Veracruz, y otros autores han tomado nota de 
su presencia en los meses comprendidos entre Noviembre y Marzo. En aparien- 
cia, al menos, no se le encuentra en la región occidental de México sino hasta el 
Estado de Oaxaca y el Istmo de Tehuantepec; en Guatemala está distribuido 
por doquiera, pero no abunda en ninguna parte; frecuenta los arbustos bajos 
que crecen á orillas de los lagos y arroyos. Aseguran que el nido está siempre 
hundido en el suelo 6 , y que lo hacen negligentemente con zacates secos forrados 
con materiales más suaves. Ponen cinco ó seis huevos; éstos varían considera- 
blemente, pues mientras en algunos el color del fondo es blanco verdoso con 
borrones de varios matices de moreno, rojo y púrpura en la punta más larga 
principalmente, donde las manchas forman un círculo; en otros las manchas son 
tan numerosas, que ocultan el color del fondo. 

«El P. savanna abunda de un modo extraordinario en la región del Mis- 



'£> 



(1) Laurencio y Beristain, p, 35. 



A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 99 

sonri, especiahnente eu la época de las emigraciones. Permanece durante el In- 
vierno en las partes donde el clima es más benigno y anida en las septentriona- 
les, y más allá, en la región que está al Norte del Coteau. En la estación ele las 
crías se le encuentra en los ralles de los ríos y en las praderas, donde se asocia 
con el Centronyx bairdii y con el Plectrophanis ornatus, formando parte de la 
pequeña avi fauna de las praderas. Sus costumbres y aspecto general son tan 
parecidos á los del C. bairdii, que sólo se distingue á ambas especies con difi- 
cultad cuando están á tiro. El cauto nupcial es dulce y simple; en otras estacio- 
nes gorjean débilmente y nada más. Anidan eu el suelo, según he observado en 
todos los casos que me lia sido posible, y el nido se parece mucho al del Pooce- 
tes gramíneas, pero tiene una cantidad de cerdas considerable. Los huevos son 
cuatro por regla general, aunque algunas veces llegan á cinco. Sou algo raros, 
pues están tan profusa y uniformemente matizados con diversos tintes de moreno 
rojizo, que el color del fondo — gris claro con una ligera sombra verdosa — casi 
desaparece. Sin embargo, las manchas varían mucho. Eu el Norte de Dakota 
ponen, por lo común, en la primera y segunda semanas de Junio. Los huevos 
miden un poco más de tres cuartos de pulgada de largo por cerca de tres quin- 
tos de aucho. Un nido que encontré contenía dos huevos de Molothrus.» {1) 



PASSERCULUS ROSTRATUS. 

Emberiza rostrata, Cassin, Pr. Ac. Phil. 1852, p. 184 1 . 
Ammodronus rostratas, Cassin, 111. B. Calif. et Texas, p. 226, t. 38 2- 
Passerculus rostratus, Baird, Brew. et Bidgw. N. Am. B. I, p. 542 3 ; Bidgw. 
Pr. U. S. Hat. Mus. V, p. 537*) Belding, Pr. U. S. Nat. Mus. VI, p. 343\ 

Supra griseo-fuscus fere unicolor, striis obscuris fere abscouditis; capite 
summo vix striato, alis et cauda fusco-nigris rufescente fusco limbatis; superci- 
liis sordide albis, stria rictali fusca; subtus albidus, gutture, pectore et hypo- 
choudriis guttulatis; rostro robusto corneo, mandíbula paluda, pedibus coryli- 
nis. Long. tota 4—8, abe 2-7, candí© 2-0, rostri a rictu 0-55, tarsi 0-85. (Descr. 
maris ex Gnaymas, México. Smiths. Inst. n. 89,910). 

9 mari omuiuo similis. 

Hab. Norte América 1 " 2-3-4 . — México, Gnaymas (Belding 5 ). «Baja California 
y Estado de Sonora. » (2 > 

(1) E. Coues. Birds of the Northwest, p. 128. 

(2) Laurencio y Beristain, p. 35. 



100 A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

Parece que la zona de distribución del P. rostratus está limitada a la costa 
de California y a las costas del golfo del mismo nombre. Se ha incluido en nues- 
tra fauna por los ejemplares obtenidos por el Sr. L. Belding en Gnaymas 6 . Fué 
descubierto por el Dr. Heermanu, cerca de San Diego, en la costa de California 1 , 
donde esa ave frecuentaba la playa nutriéndose con las semillas, etc., que arro- 
jaban las olas. Otros observadores lo lian visto en sitios parecidos. Ignoramos 
que se haya tomado nota de su nidificación. 



POiECETES. 

Pooccetes, Baird, Birds K Am., p. 447 (1858); Baird, Brew. et Bidgw. N. 
Am. Birds, I, p. 544. 

Pocecetes, Coues, Key N. Am. B. ed. 2, p. 364. 

Este género es pariente cercano de Passercahis; pero difiere de éste por te- 
ner las £ las más largas en proporción á la cola, pues los primarios exceden con- 
siderablemente á los secundarios en longitud. La garra del dedo posterior es un 
poco más corta que en el Passerculus, los dedos laterales casi iguales al dedo 
medio siu la garra en vez de ser más cortos, y las plumas laterales de la cola, 
blancas en la parte exterior. 

El P. grammineus es la única especie del género distribuida con liberalidad 
en todos los Estados Unidos; en México reside eu Invierno en las montañas. 



POJECETES GRAMINEUS. «Torito.» <» 

Fríngílla gramínea, Gin. Syst. Nat. I, p. 922 l . 

Pocecetes gramineus, Baird, Mex. Bound. Surv. II, p. 15 a ; Sel. P. Z. S. 1859, 
p. 379 3 ; Dresser, Ibis, 18ü5, p. 487 4 ; Dngés, «La Nat.,» I, p. 140 5 . 

Pocecetes gramineus var. confluís, Baird, Brew. et Ridgw. N. Am. B. I, p. 
545 6 ; Sennett, Bnll. U. S. Geol. Surv. IV, p. 17 7 . 

(1) A. L. Herrera. Notas acerca de los Vertebrados del Valle de México. "La Naturaleza," 
tomo I (2), p. 324. 



A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 101 

Snpra schistaceo-fuscus, pluma singula stria fusco-nigra brunneo limbata 
medialiter uotata, vértice et eervice postica sicut dorso striata sed striis angns- 
tioribus, loris et ciliis albicantibus; alis et cauda fusco-nigris griseo-fusco lini- 
batis, illis albido iudisliucte bifasciatis, tectricibus miuoribus castaneis, hiijus 
rectricibus duabus u trinque externis albis, extima pro majore parte; rostro cor- 
neo, mandíbula paluda, pedibus carneis. Long. tota 0-0, ala3 3-4, canda? 2-7, 
tarsi 0-85, dig. med. cuín migue 0-85. (Descr. maris ex Oaxaca, México. Mus. 
nostr.). 

Hab. Norte América 1 " 4 " 7 . — México, Tamaulipas (Couck 2 ), Boca Grande, Es- 
pía (Kennerly 2 ), Guanajuato (Dugés 5 ), Oaxaca (Boucard 3 ), Jalapa (de Oca, Hóge). 
«Casi toda la República.» 11 ' 

Se ha dividido al P. gramineus en una raza oriental y una occidental; esta 
última, P. gramineus confluís, es la que encontramos en México. Hay muy poca 
diferencia entre ambas razas: el ave occidental tiene el plumaje más gris y más 
claro v las ravas negras más angostas. 

Aunque está profusamente distribuida en México, lia sido poco estudiada la 
especie y escapó á la observación de Sumichrast, á pesar de existir cerca de Ja- 
lapa. Parece, á juzgar por las notas que tienen nuestros ejemplares, que el P. 
gramineus visita México en Invierno, y que de allí emigra al Norte al aproxi- 
marse la estación de los amores. 

En los Estados Unidos el P. gramineus es un ave muy conocida; frecuenta 
los países en que abunda el pasto y es un pájaro característico de las escarpas 
cubiertas de yerba de las Montañas Rocallosas". Se dice que su canción es sim- 
ple, pero su tono dulce. Construye en el suelo un sencillo nido cou tallos secos 
de zacate, y lo forra con zacates más suaves. Los huevos son de color blanco 
verdoso, marcados cou manchas de diversos tamaños v líneas de diferentes tin- 
tes rojizos y moreno purpúreo 6 . 

«En Verano es sedentario y común. Anida. En la provincia Frankliu per- 
manece algunos años desde mediados de Febrero hasta principios de Noviem- 
bre. Llegan en parvadas compuestas de un corto número de individuos y se reú- 
nen por parejas el 10 de Abril. Son hermosos cantores y sus más dulces melo- 
días resuenan á la hora del crepúsculo mezcladas con las notas de los insectos, 
el brillo de la luciérnaga y el chillido del Cuerpo ruin. Es el himno véspero, y 
por eso el autor le llama Gorrión vespertino. Se le ha llamado también «el poeta 
de los campos.» Juan Burrows ha aprovechado su hábil ¡mima para describir 
los encantos de esa ave.» <2) 

«Alien observó que esta especie abunda en Denver y á lo largo de la orilla 
occidental de las llanuras, subiendo á veces más allá de los límites de la vege- 



(1) Laurencio y Beristain, p. 35. 

(2) A. W. Butler. "A Catalogue oí the Birds of Indiana," p. 70. 



102 A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

tación en la Sierra [Nevada. Es nuinerosa en todas las regiones del Oeste que yo 
he visitado. 

El Sr. Trippe ha tenido la bondad de proporcionarme las notas siguien- 
tes, tomadas en Idaho Springs, Colorado: «El Torito es muy abundante y anida 
desde las llanuras hasta en los límites de la vegetación, aunque no es común 
arriba de 9,000 pies. Llega á Idaho Springs á principios de Mayo; el día 20 ya 
es muy común y se disemina hasta los límites de la vegetación dondequiera que 
encuentra sitios de su agrado. Frecuenta los valles en que corren grandes arro- 
yos y las colinas cubiertas de yerba, observando, poco más ó menos, las mismas 
costumbres qne en el Este. Sns cantos son muy variados; uno de ellos es casi 
igual al del pajaro oriental; otro, tan diferente que parece imposible qne pro- 
venga del mismo cantor; este último es el más nsnal y cada individuo lo modi- 
fica á sn manera. 

El P. gramineus anida en el suelo, escogiendo para esto algún campo des- 
cubierto. El nido está hundido hasta el nivel de la superficie y es algo grande, 
aunque con la cavidad pequeña y profunda, pues sus paredes miden una pulga- 
da ó más de espesor. Está hecho con zacate y tallos de yerbas; y tiene, por regla 
general, una capa de zacates muy finos en el fondo, en el sitio más delgado, y 
el borde está formado con una base de materiales más ásperos. Hacen el inte- 
rior con poco arte, aprovechando, en muchos casos, cerdas ó pastos más finos; 
pero á menudo lo dejan sin fondo de ninguna clase. Un nido algo compacto mi- 
de, por término medio, cuatro pulgadas de través por dos de fondo, y la cavidad 
dos pulgadas de través por otro tanto de profundidad. Solamente he encontrado 
cuatro huevos, puestos á fines de Mayo ó á principios de Junio. Son algo estre- 
chos y miden 0-80 por 0-55. El color del fondo es blanco tirando á gris; toda la 
superficie está marcada de un modo indeterminado con manchas, borrones y aun 
áreas más grandes de moreno rojizo obscuro con muchas salpicaduras del mis- 
mo color, y á veces vírgulas de moreno más obscuro. La hembra no salta del 
nido hasta que casi se le pisotea; entonces vuela en silencio, cayendo repetidas 
veces como si estuviera lastimada y levantándose de nuevo cou la esperanza de 
atraer la atención del intruso y hacerle olvidar el nido; á poca distancia desapa- 
rece entre la yerba. 

La encantadora canción del «Ave vespertina» ha sido aptamente descrita 
por uno de los más entusiastas y agradables escritores, Juan Burroughs, en un 
pequeño volumen titulado: «Despierta, Primavera.» «¿Habéis oído el canto del 
Gorrión de los campos?» pregunta. «Si habéis vivido en un paraje rústico en que 
abunden los pastos, sin duda lo habréis oído. Wilson, según creo, le designa con 
otro nombre, ignorando evidentemente sns dotes musicales. Los dos cañones 
blancos que tiene á los lados de la cola y su costumbre de correr, adelantándose 
unas cuantas varas al viandante, bastan para identificarlo. No hay que buscarlo 
en las praderas y huertas, sino en los altos terrenos de pasto acariciados por la 
brisa. Su canto es más notable después de la puesta del sol, hora en qne callan 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 103 

las otras ares, razón por la cual se le llama Gorrión vespertino. El labrador es- 
cucha sus más dulces gorjeos al regresar á la aldea. Su canción no es tan festi- 
va y variada como la de la 31. melodía; por el contrario, es más dulce, campestre 
y lastimera. Agregúense las mejores partes del cauto de la 31. melodía al vi- 
brante v suave acento de la Spizella patilla, y se obtendrá el himno de la tarde 
del Ave vespertina. Yisitad los campos en que pasta el ganado, sentaos en una 
piedra y escuchad. Por todos lados surge la melodía, dos ó tres notas argenti- 
nas terminan con algunos trinos ó trémolos y constituyen un canto. A menudo 
se escuchan únicamente una ó dos notas y el resto se pierde con la brisa. ¡Me- 
lodía modesta é inconsciente! Es uno de los sonidos más característicos de la na- 
turaleza. El pastor, las piedras, el rastrojo, el surco, el rebano y el ardiente cre- 
púsculo estáu expresados sutilmente en esta canción; por lo menos ese pájaro es 
capaz de expresar todo esto.» 

Hablando de música y con mi autor favorito en la mano, reproduzco á con- 
tinuación otro pasaje, no sólo por su verdad y belleza, sino también porque dice 
algo que pocos saben, algo acerca de la voz del Seiurus aurocapillus, que no co- 
nocí hasta que eucontré la descripción aquí, aunque creía estar familiarizado 
con ese delicado y bonito pájaro: «Habiendo llegado á un paraje más seco y me- 
nos musgoso del bosque, me divertí con el S. aurocapillus. Anda en el suelo de- 
lante de mí con tanta soltura y desembarazo y con un aire tan inconsciente y 
preocupado, moviendo la cabeza como una gallina ó una perdiz, que me paro á 
observarlo. Ya apresura el paso, ya lo modera, se detiene á mirarme y merodea 
por todos lados muy ocupado en apariencia, pero sin perderme jamás de vista. 
Una vez convencido de que no tengo intenciones hostiles, el simpático paseante 
se sube á una rama y me obsequia con una especie de cauto. Comienza en una 
llave tan baja, que parece hallarse distante, y va subiendo de tono hasta que su 
cuerpo se estremece y su canto se convierte en un chillido agudo. Ninguno de 
los escritores que conozco le atribuye mayores talentos músicos; pero tiene un 
canto mucho más raro que reserva para alguna ninfa aérea. Se eleva poco á 
poco á la punta del árbol más alto, se lanza desde allí y se queda suspendido 
en el aire, revoloteando y entregado á un éxtasis melódico perfecto; en esas cir- 
cunstancias su voz es clara, vibrante y rivaliza en vivacidad con la del Chryso- 
mitris, y cu melodía con la del C. pinas. Esos sonidos son uno de los trozos más 
raros que he oído, tratándose de las melodías do las aves. Sobre los bosqiTes, 
oculto, el extático cantor gorjea su mejor composición. En el canto se reconoce 
inmediatamente su parentesco con el S. noveboracensis, cuya melodía estalla tam- 
bién de pronto con juvenil alegría, como si el individuo acabase de recibir ines- 
peradamente una buena fortuna. Durante cerca de dos años la canción del pre- 
cioso paseante no fué más que una voz sin cuerpo para mí, y me confundía tanto 
como á Thoreau la del misterioso pájaro nocturno que, dicho sea de paso, sos- 
pecho que no fué ninguna ave nueva. El pajarito mismo parece dispuesto á guar- 
dar el secreto, y aprovecha todas las oportunidades para repetir, en presencia 



104 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

del hombre, su agudo canto ordinario, como si con eso bastase y no tuviera de- 
recho á pretender algo mejor. Sin embargo, espero no traicionar sn confianza 
haciendo público el caso. Pienso que se trata de sn canto de amor, pues lo es- 
cuché con más frecuencia en la estación propicia. He sorprendido algunos tro- 
zos de ese canto especial ana vez qne dos machos se perseguían por los bosques 
con espantosa rapidez.» (1) 

«Nido, al campo raso, en una depresión del terreno; es de zacate forrado 
con pelo. Huevos, 4-5; blancos, algunas veces verdosos ó rosados, borroneados 
y rayados con diversos tintes de moreno rojizo; 0-80 por 0-G0. 

Anidan en Mayo, Junio y Jnlio. En cada Yerano tienen dos y quizás tres 
cría?. Anidan en los campos de trébol de preferencia y en las praderas. En Sep- 
tiembre empiezan á agruparse, y á fines del mes visitan las tapias viajando en 
dirección al Sur. 

El Prof. King descubrió qne los 37 ejemplares qne disecó habían engullido: 
8, palomillas; 3, moscas; 3, hormigas; 27, escarabajos; 4, chapulines; 3, caracoles; 
8, huevos de chapulín; 10, larvas; 31 habían comido diversas semillitas de yer- 
bas; 1, dos granos de trigo, y 1, un grano de centeno. Calcula que la tercera parte 
de su alimento se compone de insectos y el resto de semillas de plantas nocivas. 
(Greol. of Yfis., I, p. 536). Algunas ocasiones permanecen en nuestra frontera 
septentrional hasta Noviembre. 

Este gorrión rayado presenta una pluma blanca á cada lado de la cola cuan- 
do vuela, lo cual permite conocerlo á primera vista cuando recorre la vía pública 
ó los campos. Su caución se escucha en la mañana ó en los días nublados; pero 
lanza sus más dulces notas á la hora del crepúsculo. 

Generalmente cesan de cantar al comenzar Julio, aunque en ocasiones can- 
tan hasta Agosto. Yo los vi cantar por última vez el 25 de Junio de 1897.» (2) 

«Es tan común esta especie, que desde el momento de su llegada hasta el 
de su partida se le ve casi en todas partes al caminar por donde hay setos de ar- 
bustos bajos. Al dirigirme desde el punto de mi residencia en la ciudad hasta 
mi chalet del Lago Miunetonka, situado á una distancia de quince millas, vi reu- 
nidos á más de ciento cincuenta machos en la época de la incubación, en que las 
hembras están recogidas en sus nidos. 

«Pienso que en otros caminos reales parecidos habrá también á la voz una 
cantidad de individuos relativamente grande. 

«Esta especie ha aumentado mucho con la colonización del país, como suce- 
de con otras varias aves, pues los productos de la agricultura les proporcionan 
abundante alimento. La costumbre que tiene de correr en frente de los jinetes, 
acompañándolos á grandes distancias, y de volar cuando se ve obligado á ello, 

(1) E. Coues. Binls ofthe Northwest, p. 129. 

(2) A. W. Butler. The Birds of Indiana. Department of Geology. 22 d Annual Report, 1897, 
p, 933. 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 105 



pava pararse de nuevo en el polvo del camino, permite reconocerla en el acto 
pues ningún otro miembro de la familia hace lo mismo. 

«Lleu'a uniformemente el "20 de Abril. Su nido no difiere del de el Ammo- 
dromus sandwichensis savanna más que por los materiales empleados, que no 
son tan escogidos, y por estar poco oculto. Los huevos, cuatro ó cinco, son de 
color blanco sucio salpicado de moreno rojizo y lila; la intensidad do la colora- 
ción es muy variable. 

«Parece tarea iácil describir su lastimero canto; pero en realidad es difícil. 
En «Our Birds and their paints,» por el Eev. J. H. Laugille do Buffalo, N. Y., 
viene el siguiente párrafo: «la melodía del P. gramineus no es tan viva y varia- 
da como la de la M. melodía; pero se le parece mucho y es tan tierna y expresi- 
va, que dado caso merecería la preferencia. Es uno de los pocos cautos de aves 
que pueden escribirse en el pentagrama. Comenzando con unas cuantas sílabas 
en la quinta nota de la escala musical, emite varias notas sonoras y prolongadas 
en la octava superior, termina con un suave gorjeo que parece extinguirse por 
falta de aliento y baja un poco la escala. Auuque esa caución no es de un efecto 
brillante, sino que sugiere pensamientos humildes, es, sin embargo, una bonita 
pastoral llena del dulce contento que existe en el seno de la naturaleza. Impre- 
siona más cuando los rosados tintes del crepúsculo matizan las veredas, las ro- 
cas y los puntos más prominentes del paisaje vespertino. Innumerables pajari- 
tos se posan á esa hora en las tapias, yerbas y cardos, mientras que otros muchos 
se ocultan entre el pasto y el rastrojo, y unen sus voces al coro general cuando 
casi todas las demás aves ya guardan silencio.» (1) 



COTURNICULUS. 

Coturniculus, Bonaparte, Comp. List., p. 32 (1838); Baird, Brew. et Ridgw. 
X. Am. B. I, p. 518; Coues, Key K Am. B. ed. 2, p. 365. 

Las aves comprendidas por lo general en este género, pueden separarse en 
dos secciones, una de las cuales, C. passerinus, es típica, tiene las plumas de la 
cola angostas con puntas agudas, y la coronilla con una raya media vertical; la 
otra sección, representada por el C. manimbe sud-americano, tiene las plumas 
de la cola normales y redondas en la punta; la coronilla no presenta raya me- 
dia. Ambas formas están representadas en nuestra región; pero sólo el C.passe- 

(1) Notes on the Birds of Minnesota by Dr. P. L. Hatch. First Report of the State Zoologist, 
p. 309. 

La N'at.— Ser. II— T. IV.— Julio 190*. U 



10G A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

rinusj sns parientes el C. lecontiiy el C. hcnslowi se encuentran en Norte Amé- 
rica; éstos tienen una vasta zona de distribución en los Estados Unidos y el C. 
passerinus se presenta en varias de las más grandes islas de las Indias Occiden- 
tales. De la sección meridional, el C. petenieus es el único representante en la 
América Central; pero en el continente meridional el C. manimbe, es decir, cual- 
quiera de sus variadas razas, y el C. peruaims se encuentran en toda la América 
tropical hasta la República Argentina. 

El pico del C. passerinus es robusto, el culmen curvo y algo elevado hacia 
la frente; las ventanas de la nariz tienen fosas algo profundas y la parte supe- 
rior de éstas está ocupada por una membrana, el toinia es algo cóncavo y debajo 
de las narices el pico está un poco túmido; las alas son cortas y muy redondas, 
el segundo y tercer cañones son ligeramente más largos que el primero, cuarto 
y quinto; los secundarios internos sólo tienen un octaA'O de pulgada menos que 
los más largos primarios; la cola es redonda y las puntas estrechas y puntiagu- 
das, pero no tiesas, como en Ammodromus. El plumaje general es abigarrado 
en a parte superior y liso debajo; pero el pecho de los jóvenes presenta algu- 
nas rayas. La cola del C. petenieus tiene las plumas más anchas y las puntas re- 
dondas. El plumaje es menos variado y no existe la raya vertical. 



COTURNICULTJS PASSERINUS. 

Fringilla passerina, "VVils. Ain. Orn. III, p. 76, t. 24, f. 5 1 . 

Cotumiculus passerinus, Baird, Mex. Bound. Surv. II, Birds, p. 15 2 ; Sel. et 
Salv. Ibis, 1859, p. 18 3 ; Sel. P. Z. S. 1859, p. 379 4 ; Cab. J. f. Orn. 1860, p. 411»; 
Dresser, Ibis, 1865, p. 487 6 ; Sumichrast, Mem. Bost. Soc. K H. I, p. 552 7 ; Frantz. 
J. f. Orn. 1869, p. 301 8 ; Baird, Brew. et Riclgw. K Am. B. I, p. 553 9 ; Lawr. Mem. 
Bost. Soc. K H. II, p. 277 10 ; Bull. U. S. Nat. Mus. n. 4, p. 21"; Gundl. Av. Cub., 
p. 90 12 ; Salv. Cat. Strickl. Coll., p. 233 13 ; Ibis, 1885, p. 190 14 , Coues, Key ¥. Am. 
B. ed. 2, p. 365 15 . 

Ammodromus bimaculatus, Sav. Phil. Mag. new ser. I, p. 435 16 . 

Cotumiculus tixicrus, Gosse, B. Jamaica, p. 242 17 . 

Supra griseo-\fuscus, dorsí plumis medialiter nigris ad apicem castanoo no- 
tatis, pilei lateribus nigris plumis cervino niarginatis, pilco medio longitndinali- 
ter cervino; snperciliis sórdido albidis; alis et cauda nigricantibns fusco limba* 
tis, secnndariis internis ad ápices et tectricibus alarmn sicut dorso notatis; sub- 
tus albus, pectore et hypochondriis cervinis, cainpterio alari flavo; rostro corneo, 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 107 

mandíbula paluda, pedibus coméis. Long. tota 5-0, alpe 2-4, caudaa 1-9, rostri 
a rictu 0-5, tarsi 0-75. (Descr. exempl. ex Jalapa, México. Mus. nostr.). 

Hab. Norte América 0156 . — México, Los Nogales (Kennerly 2 ), Mazatlán 
(Grayson 10 ), Temascaltepec (Bullock 16 ), Estado de Yeracruz en Invierno (Suini- 
clirast 7 ), Oaxaca (Boucard 4 ), Jalapa (de Oca), ciudad de Tehuantcpec (Sumi- 
clirast 11 ), Cozumel I. (Devis 11 ), Guatemala (Constancia 13 , Skinner 3 , O. S. et F. D. 
G.), Costa Bica (v. Frantzius 3 " 8 ). — Cuba 12 , Jamaica 17 , Puerto Bico 9 . «México, toda 
la Bepública.» ll) 

Se dice que el C. passerinus visita México en Invierno, y que en esa esta- 
ción se disemina generalmente desde las costas de Mazatlán y Teliuantepec hasta 
las montañas del Estado de Yeracruz. En Guatemala lo encontramos cerca de 
Sakluk, en una sabana situada a 500 pies de altura, y en los alrededores de Co- 
ban á más de 4,000 pies sobre el nivel del mar, pero siempre en praderas cu- 
biertas de yerba. 

El Sr. March dice que en Jamaica anida en número considerable 9 ; pero en 
Cuba el Dr. Gundlacli observó que es emigrante y que llega eu el Otoño de los 
Estados Unidos 12 . 

Es una especie común en Cuba, pero menos familiar de lo que podría ser, 
por sus costumbres retraídas. Es sedentaria en los Estados meridionales; pero 
en los demás es un simple visitante en Yerauo ó una ave de paso 15 . Se asegura 
que su nota se parece al chirrido del grillo 9 . Construye en el suelo un nido con 
zacates secos, forrados con cerdas y otros materiales finos. Los huevos son de 
un blanco cristalino, salpicados de moreno rojizo 9 15 . 

«Es sedentario y común en Yerano; frecuenta las praderas, los pastos y los 
campos en que hay granos pequeños. Anida. Su nota rechinante le ha valido el 
nombre de Gorrión grillo. Llega á la parte Sur de Indiana á mediados de Abril 
(13-20). Xunca he visto polluelos antes de Julio. La mayoría de los individuos 
desaparecen á principios de Agosto; pero algunas veces han permanecido unos 
cuantos hasta fines del mes.»* 21 

«Este retraído gorrioucito escapó á mi observación muchos años, á pesar de 
mi vigilancia, por el simple hecho de no haber escuchado su cauto en circuns- 
tancias en que pudiera asociárselo; pero en 1875 el Sr. T. S. Boberts lo identi- 
ficó cerca de la ciudad, y desde esa época se ha hecho muy común en ciertas lo- 
calidades. Parece escoger los terrenos de pasto secos, estériles y yerbosos. La 
postura comprer le, por lo regular, cinco huevos; pero el Sr. Samuels registró 
un caso en que incluyó nueve. Son de un blanco puro, manchados de moreno 
rojizo ; principalmente alrededor de la punta más larga. Llegan el 10 de Mayo 
y tienen la primera de sus dos crías á mediados de Junio. Abandonan el Esta- 

(1) Laurencio y Beristain, p. 35. 

(2) A. W. Butler. "A Catalogue of thc Birds of Indiana," p. 11. 



108 A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

do, según he podido observar, á principios de Octubre, aunque alguno qne otro 
individuo suele permanecer mayor tiempo. En la provincia Grant eran muy 
abundantes en esa época. Residían en elevadas y áridas praderas. Creo que su 
cauto característico sólo puede compararse al sonido que se obtiene pasando la 
uña, cinco ó seis veces seguidas, por los dientes de un peine. También emito un 
chirrido algo débil cuando no canta su humilde caución. Algunas personas dicen 
que su invariable gorjeo es el preludio de un canto; pero nunca lo oí con la cla- 
ridad suficiente para cerciorarme del hecho. 

NOTA. — El Sr. Washburn hace notar, en su artículo relativo á esta especie, 
que: «canta con frecuencia, y que el chirrido peculiar, la nota parecida á la del 
chapulín, es muy engañosa. En Agostu dicha nota es corta, rara y tan baja, que, 
a menos de ser muy práctico el observador, no puede determinar la localidad 
en que so oculta el ave.» (1) 

«■Nido, en el suelo; de zacate. Huevos, 3-5; blancos, manchados y borronea- 
dos de moreno rojizo; 0-73 por 0-58. 

En Indiana frecuenta las praderas de trébol, las vegas y los sembrados de 
granitos. A menundo se unen cuando llegan en la primavera. Una persona fa- 
miliarizada con la especie, reconoce su llegada tan pronto como escucha sn re- 
chinante cauto, que trae a la memoria la música producida por el chapulín ó el 
grillo. Cantan parados en el suelo, en la yerba de las praderas, en los arbnsti- 
tos, en los campos recién arados y en los postes de las palizadas. Comienzan a 
cantar al despuntar el día, y terminan hasta las ocho ó nueve de la noche. Su 
puesto favorito está en las tapias, en donde permanecen aunque pase un calesín 
á diez ó quince pies de distancia. Entonces se ven distintamente la cabeza y el 
pico, las alas y la cola corta, y las patas de color claro. Cuando han escogido su 
habitación, rara vez vuelan lejos; pero, cuando acaban de llegar y después de la 
estación de las crías, vnelau largo tiempo en zigzag cerca del suelo. Los cam- 
bios repentinos que experimentan sus casas bastan para ahuyentarlos. Al termi- 
nar Junio, huyen de los campos de trébol ouaudo se siega la primera cosecha. 
En seguida buscan otros campos, y residen en ellos hasta que la abundancia de 
las lluvias hace crecer la yerba. A mediados de Julio, el segador recorre los 
campos. Las cercas se cubren del C. passerinus, que en esa época es cuando 
canta mejor. Algunos individuos se refugian en los campos de trébol inglés ó 
de rastrojo de trigo. Sin embargo, la mayor parto nos abandonan en esos días. 
Los rezagados se quedan hasta el 6 de Agosto, fecha en que cantan todavía. 
Comienza, entonces, la siega del trébol y desaparece la especie. Algunos años 
se quedan para partir más tardo unos cuantos pájaros; pero dejan de cantar y 
andan á sombra de tejado á lo largo de las hileras de setos, donde abunda el 
zacate y la yerba, de manera que es difícil encontrarlos.» ( "' 

(1) Notes on the Birds of Alinneaota by Dr. P. L. Hatch. First Report of the State Zoologist, 
p. 313. 

(2) A. W. Butler. The Birds of Indiana. Department of Geology. 22" Animal Report. 1897, 
p. 941. 



A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 109 

«El cauto del C. passerinus es humilde, mas bien que débil j jadeante; pero 
es muy curioso, pues se parece unís al chirrido de un chapulín que ¡í la voz de 
las aves. Sólo cauta en la estación de las crías; el pequeño ejecutante se encara- 
ma sobre una mata de gordolobo ó un seto, se apoya bien, y, levantando la ca- 
beza, emite sus chirridos ad libitum. En otras estaciones gorjea débilmente. El 
pájaro es muy tímido, anda casi siempre en el suelo entre las yerbas y zacates, 
corriendo con la ligereza de un ratón. Cuando so ve obligado á ello echa á vo- 
lar bruscamente; pero rara vez va lejos, y no tarda en volver á ocultarse entre 
la yerba. Su nido se parece al de los otros gorriones que anidan en el suelo. Se 
dice que se han encontrado hasta nueve huevos en un nido; pero, generalmente, 
la postura no comprende más de cinco. Por lo común el huevo es globular, y 
mide, por término medio, 0-75 por 0-60.» (1) 



MELOSPIZA. 

Mélospiza, Baird, Birds 1ST. Am., p. 476 (1858); Baird, Brew, et Ridgw. N. 
Am. Birds, II, p. 16; Coues, Key K Am. B., ed. 2, p. 369. 

Este género, con Peuccea, forma la sección C. de los Spisellince, de los Sres. 
Baird, Brewer, y Ridgway, y se distingue por los siguientes caracteres. La cola 
es alargada y graduada (i. e. redonda y sin dividir), más larga que las alas, las 
cuales son muy cortas, y apenas llegan, cuando están replegadas, más allá de Ja 
base de la cola. Todas las especies tienen el dorso rayado y las plumas de la 
cola no son blancas. 

La Mélospiza se distingue de Peuccea, por las rayas que presenta en el pecho y 
los flancos, por la anchura de las plumas de la cola, y por tener el culmen y el 
tomia casi rectos; sus garras son robustas, la del dedo posterior es tan larga co- 
mo su dígito. 

La diferenciación de las especies de la Mélospiza, ofrece un problema muy 
complexo en lo relativo á la M. fasciata y sus razas, problema que ni aun los 
recursos del Museo Nacional de Washington han resuelto á satisfacción de to- 
dos los que han consultado sus tesoros, pues los que así lo han hecho, no han 
llegado en todos los casos á la misma conclusión, es decir, á decidir qué formas 
se deben considerar como especies, y cuáles como variedades. La acumulación 
de material parece desvanecer más y más las líneas de definición entre las di- 

(1; E. Coues. Birds of the Northwest, p. 131. 



110 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

versas razas de esta especie, de manera que es de esperar que se borren por 
completo á medida que aumenten los medios de observación; ó, por otra parte, 
que alguna de estas líneas resulten definidas aunque débiles. 

En lo concerniente á uno de los miembros de la Melospiza que se encuentra 
en México, laiV. heerminni, nos inclinamos más bien á creer que, finalmente, se 
le separará de la M. fasciata; pero no podemos emitir ninguna opinión respecto 
á la 31. montana. La M. Uncolni es una especie aislada, que no presenta difi- 
cultad alguna. 

Es probable que las tres formas que incluimos á continuación visiten Méxi- 
co en invierno, ó, por lo menos, Guatemala; pero, á este respecto, nuestros infor- 
mes dejan mucho que desear. 



MELOSPIZA LINCOLNL «Maguey ero, 
Zorzal rosado.»' 1 ' 

Iringüla Uncolni, Aud. Oru. Biogr., II, p. 539, t. 193 1 . 

Peiicrea Uncolni, Bp. Consp. Av., I, p. 481 2 . 

Passerculus Uncolni, Sel. P. Z. S., 1858, p. 303 3 ; 1859, p. 365 4 ; Sel. et Salv. 
Ibis, 1859, p. 18 5 . 

Melospiza Uncolni, Baird, Mex. Bouud. Surv., II, Birds, p. 16 6 ; Sel. P. Z. S., 
1859, p. 379 r ; Dresser, Ibis, 1865, p. 489 8 ; Sumichrast, Mem. Bost. Soc. K H. I, 
p. 552°; Baird, Brew. et Ridgw. N. Ara. B., II, p. 31 ,n ; Lawr. Mein. Bost. Soc. K 
H., II, p. 277 11 ; Seunet, Bull. U. S. Geol. Surv., IV, p. 18 12 ; V, p. 390 13 ; Boucard, 
P. Z. S. 1883, p. 444 14 . 

Supra scliistaceo-bruuuea nigricante striata, stria singula ntriuque rufo 
plus miuusve limbata, superciliis et stria verticali schistaceis; alis et cauda nigri- 
cauti-brunneis, rufo limbatis; subtus alba, gntturis lateribus, pectore et liypo- 
clioudriis cerviuis nigro guttulatis, gula ipsa et abdomiue medio puré albis; ros- 
tro corneo, mandíbula ad basiu albida, pedibus pallide corylinis. Long. tota 
5-0, abe 2-3, caudse 2-1, tarsi 0-8, dig. med. cura uugue 0-9. (Descr. exenipl. ex 
Jalapa, México. Mus. nostr). 

Hab. Norte América 10 - 812 ' 3 .— México 2 , Taniaulipas (Conch 6 ), Mazatláu, Te- 
pic (Grayson 11 , Torrer), Estado de Yeracruz (Suuiiclirast 9 ), Jalapa (de Oca 4 ), To- 

(1)A. L. Herrera. Cat. de la Col. de Aves del Museo Nacional, p. 19, 



A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 111 

tontepec, Teotalciugo, Oaxaca (Boucard 7 ), Izamal (Gaumer 14 ), Guatemala 5 (O. S. 
et F. D. G.), Panamá (Aspinwall 10 ). «México, Reg. Occidental, Sur y 0.» (1) 

La aserción del Dr. Brewer es la única prueba que existe, de que esta espe- 
cie llegue al Sur hasta el Estado de Panamá 10 . Nosotros no hemos visto nunca 
ejemplares colectados más allá de Guatemala, donde la M. Lincolni es común 
en los lugares pantanosos, en invierno. En México, tampoco es rara en esa esta- 
ción; pero Grayson asegura que es muy abundante en invierno en la región 
costeña del Oeste de México, y, agrega, que en Tepic se le encuentra en todas 
las estaciones 11 . Creemos que requiero confirmación esa noticia, pues la M. lin- 
colni, antes de escoger sitio para anidar, vuela muy al Norte. Snmichrast la in- 
cluye entre las aves emigrantes del Estado de Yeracrnz 9 . 

En Norte América, la M. lincolni está distribuida generalmente cu algún 
período del año, ya sea en sus cuarteles de verano ó invierno, ya durante las 
emigraciones de primavera ú otoño. Anida en labrados y en los Aulles de los 
ríos Yukon y Mackenzie, así como en el Estado de Nueva York y en la Nueva 
Bretaña. Más al Sur, se dice que cría en las montañas de Colorado. Construyen 
sn nido en una mata de zacate, y sns huevos tienen el color del fondo blanco, 
verdoso-pálido, marcado con profusión de manchas y borrones moreno ferrugi- 
noso. A menudo las manchas abundan, al grado de ocultar en parte el color del 
fondo 10 . 

«Llega con regularidad; pero es rara. Emigra. En primavera se le encuen- 
tra, generalmente, entre los matorrales y zacates cercanos á los arroyos, estan- 
qnes, lagos y pantanos. No sé que anide en el Estado.» '-' 

«Grandes parvadas se observaron en Izamal, en Enero y Febrero. Desde 
entonces se han visto muy pocos individuos en otros lugares. Eu Izamal eran 
muy mansos y activos, y pasaban la mayor parte del tiempo en los setos y en 
los montones de basura. 

(No me fué enviado ningún ejemplar. — O. S.).» t3) 

«El Sr. Trippe observó que en Iowa es común en la primavera y en el es- 
tío, y que en Colorado «es abundante y emigra; anida desde los 9,500 á 10,000 
pies, hasta los límites de la vegetación. Llega á Idaho-Springs á principios de 
Mayo, y no tarda en generalizarse y visitar las alamedas y montones de leña me- 
nuda, que abundan á orillas de los arroyos. Sus costumbres se parecen á las de 
la M. melodía. En la estación de las crías, abunda más entre las malezas que 
crecen cerca y arriba de los límites de la vegetación, anidando, lo más alto que 
puede, en los sauces y enebros. Reaparece en los valles en Octubre, y permane- 
ce á orillas do las corrientes de aoma, durante unas cuantas semanas antes de 

(1) Laurencio y ücristain, p. 35. 

(2) A. W. P.utler. "A Catalogue of the Bii'ds oí' indiana," p. 74. 

A. Boucard. On a Collection ofBirds from Yucatán. (Proc. Zool. Soc. London, June 19, 
1883), p. 444. 



112 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

desaparecer.» El Sr. Alien agrega: «que en verano es abundante y sedentario 
en las montañas de Colorado, desde una altura de 8,000 pies, hasta el límite 
de los árboles. So le encuentra principalmente cerca de las montuosas riberas 
de los ríos, y en las espesuras húmedas ó pantanosas, pues es una ave que pre- 
fiere los parajes boscosos. Su canto es algo débil, pero agradable y variado, y 
generalmente emitido durante un período considerable de tiempo, desde algún 
punto elevado de la arboleda. Es una de las pocas especies que abundan, tanto en 
los límites ele la vegetación, como en los puntos más bajos.» He observado que 
es muy numeroso en Dakota en la época de las emigraciones. Llega del Norte 
en Septiembre, y frecuenta los arbolados cercanos á los ríos, durante un mes ó 
más, antes de partir para el Sur. 

En esas circunstancias la he encontrado en compañía de otros Fringílidos. 
Es uno de nuestros más tímidos y retraídos gorriones, por lo menos en esa esta- 
ción. Cuando la sorprendía yo vagando entre la yerba, se refugiaba inmediata- 
mente en la espesura, volando bajo y en línea recta, como la M. melodía y la M. 
palustris, y no volvía á aparecer hasta que transcurría bastante tiempo. General- 
mente no acostumbra posarse en las puntas y varitas exteriores de los arbustos 
en dicha estación, excepto por un momento, pues no se cree seguro más que 
cuando está oculto; rara vez se eleva á más de unos cuantos pies del suelo. Sus 
hábitos se parecen más bien á los de la M. palustris. Nunca lo he oído cantar. 
En el estío emite un débil gorjeo, pero se dice que en la estación de las crías es 
«mi dulce cantor.» 

La única noticia que tengo de que críe en los Estados Unidos, es el caso ya cita- 
do, relativo á su nidificaciónenlas Montañas Rocallosas. Nuestras numerosas co- 
lecciones de la América Bretona y de Alaska, atestiguan que penetra muy al 
Norte en primavera y que anida en esas elevadas latitudes. Audubon observó 
polluelos volando en Labrador, el 4 de Julio, pero no descubrió nidos ni huevos. 

En el Instituto Suiithsoniauo hay una inmensa colección de huevos del La- 
go del Gran Esclavo y del Yubrou. En general se parecen á los de la M. melo- 
día, y presentan la interminable variación do colores de los de aquélla. Los di- 
versos matices rojizos, y los demás borrones morenos, están, por lo regular, unifor- 
memente distribuidos, pero en algunos ejemplares forman un círculo alrededor 
de la punta más larga. El huevo mide, por término medio, menos que el de la 
M. melodía. 0-80 por 0-60. » (1) 

Nido, ele zacate; en ó cerca del suelo. Huevos, 3 á 5; verdoso pálido, man- 
chados y borroneados con diversos matices de moreno rojizo, sobre todo, en la 
punta más larga; 0-78 por 0-58. 

Generalmente reside entre los zarzales, leños y cañas que hay alrededor do 
las corrientes de agua. También se le encuentra en las barrancas cubiertas de 
arbustos, en los bosques, entre los matorrales y en los montones de leña menu- 

(1) E. Coues. Birds of the Northwest, p. 135. 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 113 



da que hay en los terrenos pantanosos. Un ejemplar fué colectado en un campo 
de trébol. Es mía especie que no llama la atención, y qne, por regla general, pa- 
sa desapercibida. Es arisca y retraída, profiere andar siempre ¡i cubierto y volar 
enando le sirve de parapeto algún objeto. El Dr. Langoleon, dice qne se encon- 
traron «unas aves de esta especie en un precipicio lrúmodo y montuoso atravesa- 
do por mi arroyito; una de ellas saltaba sobro mi montón do leña en busca do 
insectitos y larvas acuáticas. Tenía el estómago lleno.» (Jonrn. Cin. Soc. Nat. 
Hist., Jnly, 1880, p. 124). Se alimentan con insectos, frutos y semillas. » a) 

«Conozco muy poco las costumbres de esta especie; sólo sé qne no puedo 
distinguirla de la M. pahistris, hasta qne la tengo en la mano, y qne es muy co- 
miíu durante las emigraciones. 

En los informes qne me envían anualmente de «más allá de los Grandes 
Bosqnes,» el gran círculo de vegetación qne cruza una buena porción del Esta- 
do de noreste á sudoeste, se me asegura qne abundan estas aves en ambas emi- 
graciones, y qne participan de los caracteres generales de la M. palustris.»® 



MELOSPIZA MONTANA. 

Mélospiza melodía, Baird, Mex. Bound. Snrv. II, Birds, p. 16 1 . 
Mélospiza fasciata montana, Henshaw, Auk, 1881, p. 223 2 . 

Snpra cinereo-fnsca, pilei lateribns rufis nigro striatis, interscapnlii plmnis 
medialiter macula nigra rufo utriuque limbata notatis, uropygio qnoque gutta- 
to; alis et cauda nigricauti-bruuneis extus rufo limbatis; superciliis albidis; sub- 
tns albns, cervicis lateribns, pectore, hypocliondriis et crisso obscure brunneo 
guttatis; rostro corneo, mandíbula pallida, pedidas eorylinis. Long. tota G-0, ala? 
2-8, cauda? 3-0, rostri a rictn 0-55, tarsi 0-85. (Descr. exempl. ex "Wyoming 
Smiths. Inst. 61,011. Mus. Brit,). 

IJab. — Norte América 2 . — México, Boca Grande (Kennerly 1 ). «Región Norte 
y Mesa Central.» 

El Sr. Ridgway nos escribe, contestando á nuestras preguntas, que el ejem- 
plar de Boca Grande, llamado M. melodía por el Prof. Baird, pertenece á la ra- 
íl) A. W. Butler. The Birds of Indiana. Department ofGeology. 22 a Animal Report, 1897, 
p. 969. 

(2) Notes on the Birds of Minnesota by Dr. P. L. Hatch. First Report of tlie State Zoologist, 
p. 333. 



La Nat— Ser. II — T. IV.— Julio VMH. 



114 A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

za separada recientemente por el Sr. Honshaw y clasificada con el nombre de 
M. fasciata montana. En el Museo Británico hay ejemplares que llevan este 
nombre, y provienen de Wyomiug. El Sr. Henshaw compara su ave con M. fa- 
llax, raza de M. fasciata, según las últimas opiniones de los autores americanos; 
difiere por presentar un color moreno sombrío, en vez de ser de un moreno ro- 
jizo vivo, lo cual presta al plumaje un aspecto pardusco; su dorso está rayado 
de moreno negruzco, en lugar de moreno rojo obscuro; las rayas de debajo son 
del mismo color quo las del dorso, las de M. fallax son rojizas y no negras. 

La verdadera M. fallax, se encuentra cerca do Tucson, en Arizona, donde 
también existe la M. montana, pero debemos hacer constar un hecho digno de 
mención. 

El Sr. Nolsou dice que el 18 de Marzo la .1/. fallax cantaba preparándose 
á criar, mientras que la M. montana había partido sin cantar á regiones más sep- 
tentrionales 3 . 

Tratándose de esta ave, no podemos decidir si es más probable que resulte 
inseparable de M. fasciata, en cuyo caso deberíamos incluirla bajo eso nom- 
bre, ó si puede separarse de ella definitivamente, aunque sea por caracteres muy 
ligeros, pues entonces tendríamos que llamarle M. montana. 



MELOSPIZA HEERMANNI. « Zanjero. » ( " 

Mélospiza heermanni, Baird, Birds K Am. p. 478, t. 70, f. I 1 . 
Melospiza melodía, var. hcermanni, Baird, Brew. et Ridgw. N. Am. B. II, 
p. 24 2 . 

Melospiza fasciata heermanni, Cones, Hoy N". Ain. B-, ed. 2, p. 372 \ 
Melospiza gouldi, Sel. P. Z. S. 1802, p. 3G9 4 (uec Baird). 
Melospiza fallax, Se). P. Z. S. 1804, p. 174 5 . 
Melospiza pectoralis, v. Müll. Syst. Vers. Wirb. Mex. p 49 6 ? 
Melospiza melodía, var. mexicana, Ridgw. N". Ain. B. II, p. 18 7 ? 

Supra fusco-bruuuea, dorso medio nigro lato striato, capite sumino quoque 
striato rufo interinixto, fascia verticali iudistincte cinérea; alis et cauda fusco-ni- 
gris, rufo limbatis, superciliis griseo-albidis, ad naribns puré albis, loris et stria 
postoculari nigris, regione parotica fusco iuduta; subtus alba, stria atrinque lata 
rictali ad peetus conjunctis nigris, pectore dense, hypochoudriis sparse, nigro ma- 
culatis, his cuín crisso cervino lavatis; rostro nigricante corneo, mandíbula ad 

(1) A. L. Herrera. Cat. de Col. de Aves del Museo Nacional, p. 19. 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 115 

basin pallida, pedibus pallide corylinis. Loug. tota 6-2, alai 2-8, cambe 2-8, 
rostri a rictu 0-55; tarsi 0-85. (Descr. uiaris ex Puebla, México (Jainmary). Mus. 
uostr.). 

Hab. Norte América 1 - 2 . México*, Valle de México (White 5 ), Puebla 7 
(Boucard). «Región Norte y Mesa Central. » (1; 

Tenemos ejemplares mexicanos de esta Melospiza exactamente iguales í'i los 
de California, que son considerados como verdaderos M.heermanni; con la mis- 
ma ave asociamos los ejemplares mexicanos llamados M. gouldi y M. fallax por 
el Sr. Sclater. Respecto á la M. pectoralis de Müller, estamos indecisos, pues no 
le conviene mucho la descripción; pero á la M. melodía mexicana do Ridgway 9 , 
la colocamos aquí con más confianza, pues la descripción le conviene ¡i un ejem- 
plar del Sur de México, que está en nuestra colección. Teniendo en cuenta el 
maltrato del plumaje, y las alteraciones que éste sufro á causa de las estaciones, 
no podemos admitir más que una Melospiza de esta forma en el Sur de México, 
viz. la M. heermanni. 

Es probable que esta especie sea una simple visita en la región meridional 
de México ou Invierno; pero carecemos de pruebas positivas para afirmar que 
así es. No está en la lista de Sumiclirast. En California parece que es común la 
M. heermanni, y el Dr. Cooper encontró nidos en Santa Cruz; uno de ellos esta- 
ba en uu sauce, cerca del tallo, á tres pies del suelo; estaba construido con hojas 
y zacates ásperos forrados cou zacates más finos y cerdas. Los huevos eran blan- 
cos verdosos, manchados de moreno purpúreo eu la punta más larga principal- 
mente 2 . 

«Sedentaria y común; quizás no es tan numerosa al Norte en Invierno; es 
más común al Sur durante las emioracioues. Anida. Es un cantor agradable 
muy conocido. Generalmente anida en el suelo ó en una mata baja; pero algu- 
nas veces construye á diez pies de altura.» <2) 

«Sedeutario en el Valle de México; monógamo. Nidifica en Mayo ó Junio. 
Esta especie debería domesticarse, pues su canto es bastante agradable. » (3) 

«Eu los meses de Marzo y Abril, recorriendo los límites de los bosques, me 
he sentido cautivado por el cauto do este hermoso ejecutante, cuya ausencia en 
Invierno me había hecho desear su regreso. Es fácil que pase desapercibida su 
dulce cantilena mezclada con los grandes coros de Mayo; pero nunca cuando re- 
suena aisladamente. Parece haber escondido snrostrum en las puntas del manto 
del Iuvierno; sus gorjeos, trinos y escalas anuncian melodiosamente la entrada 
de la Primavera. Las escarchas que caen en la madrugada, esas temblorosas jo- 



(1) Laurencio y Beristain, p. 35. 

(2) A. W. Butler. "A Catalogue of Ihc Birds of Indiana," p. 74. 

(3) A. L. Herrera. Apuntes de Ornitología. La Migración en el Valle de Me'xico. "LaNat.," 
tomo I, 2. a serie, p. 182. 



116 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

yas que reflejan las glorias postreras del Invierno, parecen agitar al Zanjero con 
la inspiración musical que desahoga á los pies do la Primavera. En esa época 
se reúnen en corto número para formar bandadas; pero sus melodías no tardan 
en despertar en ellos el instinto conyugal; en poco tiempo hacen su elección y 
comienzan la agradable tarea veraniega. 

«Los primeros nidos que he encontrado en vía de construcción, fueron em- 
pezados en la primera semana de Mayo; pero no pnedo monos de creer que, si se 
buscase con empeño, se encontrarían algunos mucho antes en las estaciones pro- 
picias. En una estación tienen dos y á veces tres crías. 

El nido se compone de zacates secos, forrados frecuentemente con cerdas. 
En Primavera se le descubre, por lo regular, en el suelo, debajo do cualquier 
saliente, ya sea un montón de tierra, una mata de pasto, un arbusto ó una raíz; 
pero suele estar en un tronco, en un seto y aun en una vieja tetera. Se dice que 
una vez encontraron un nido dentro de un sombrero viejo que estaba colgado de 
un avellano. La coloración general de los huevos es blanca azulada; pero su va- 
riabilidad es casi sin igual, y parece que distintos ojos ven los mismos huevos 
«de distinto modo.» Las marcas que presentan son castañas matizadas de lila. 
Minnesota es probablemente su límite occidental, y abundan aquí de un modo 
relativo, a pesar de que hace veintiocho años no había más que la décima parte 
de los que hay ahora. Su sistema do alimentación los hace indispensables para 
la agricultura, de manera que han venido siguiendo las huellas del labrador. 

Gracias ¡í la indiferencia con que ven la nievo y las heladas, aparecen casi 
simultáneamente en todas las secciones principales y mejor cultivadas del Esta- 
do. Permanece hasta muy entrado el Otoño, y aun hasta á principios del Invier- 
no, en las regiones situadas al Sudoeste del Estado, en las densas espesuras de 
las localidades montuosas. » (I) 

Nido, en el suelo ó en un zarzal, de zacate, hojas y tiras de corteza forradas 
con zacate y pelos. Huevos, 4-5; verdoso claro ó blanco azulado, marcados de 
castaño; 0-79 por 0-59. 

La M. fasciata es sedentaria en todo el Estado. En la parte Norte, la mayo- 
ría de los individuos se ausenta durante los rigores del Invierno. Este hecho ha 
sido más notable recientemente, por haberse talado varios bosques. Ridgway 
dice: «Si bien la M. fasciata anida al Norte de Illinois, en las regiones meridio- 
nales sólo reside en Invierno; abundante, pero muy arisca, habita casi exclu- 
sivamente los pantanos de las tierras bajas, y es desconocida como ave canora.» 
En Indiana anida y canta todo el Verano. En Frauklin County he observado que 
comienza á cantar pronto, algunas ocasiones en Febrero, y continúa cantando 
durante la Primavera, el Verano y el Estío. A veces pienso que tal vez canta 
todo el año, siempre que haga buen tiempo. En todas partes son más numerosos 
durante las emigraciones. 

(1) Notes on thc Birds of Minnesota by Dr. P. L. Hatcb. First Report of the State Zoologist, 
p. 331. 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 117 

En Brookville lie observado parejas en Febrero y descubierto nidos y hue- 
vos en Abril. Tienen dos crías al año. Frecuentan los montes espesos y frondo- 
sos que hay al borde de las corrientes, y también los jardines, huertecitos y va- 
llados que hay á lo largo de los caminos reales. Es un pájaro muy conocido, y 
aunque su canto no es tan atractivo como el de la Spizella pusilla ni tan agra- 
dable como el del P. gramineus, excede, sin embargo, al de la mayoría de nues- 
tros pájaros comunes. Es el mejor cantor en nuestros jardines. La tercera parte 
de su alimento se compone de insectos y el resto de semillas, de zacates y yer- 
bas imítiles. El Prof. F. H. King examinó 52 ejemplares, de los cuales 29 ha- 
blan comido semillas; 1 comió 2 pepitas de trigo. El ínünero total de insectos 
devorados comprendía 11 lepidópteros, 25 escarabajos, 5 chapulines, 4 huevos" 
de chapulín, 2 caballitos del diablo, 1 grillo, 1 araña, 1 cientopies, 4 dípteros, 1 
heteróptero. (Cfeol. of Wis., I, p. 538). Brewer dice que comen orugas y otras 
larvas. El Medidor es su alimento favorito. » (1) 



PEUCLEA. 

Peuccea, Audubon, Syuopsis B. K Am., p. 112 (1839); Sel. et Salv. P. Z. S. 
1868, p. 322; Baird, Brew. et Ridgw. K Am. II, p. 37; Coues, Key N. Am. B. ed. 
II, p. 373. 

La Peuccea se distingue de la Melospiza por su plumaje, pues no tiene man- 
chas en la parte inferior; por su culmen, que es un poco mas curvo, sus garras 
mas débiles y las plumas de la cola más angostas; por lo demás, estos dos géne- 
ros se parecen mucho. 

Las especies de la Peuccea son casi tan indefinidas como las de la Melospiza 
respecto á caracteres diferenciales. Reconocemos cuatro especies mexicanas que 
se distinguen fácilmente ínter se; pero la P. botteri es muy parecida á la P. ces- 
tivedis, y la P. boucardi á la P. rufleeps. Por otra parte, tanto la P. cassini co- 
mo la P. notosticta están bastante definidas. 

Este género puede dividirse en dos secciones: una contiene la especie que 
carece de rayas riciales y que tiene la curva del ala amarilla, y la otra tiene ra- 
yas riciales y la curva del ala blanca. 

a. Sp. striga utrinqne rictali nulla, campterio flavicante. 

(1) A. W. Butler. The Birds of Indiana. Department ofGeology. 22 d Annual Report. 1897, 
p. 967. 



118 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 



PEUCiEA BOTTERI. 

Zonotrichia botterü, Sel. P. Z. S. 1857, p. 214 1 . 
Peuccea botterü, Sel. et Salv. P. Z. S. 1868, p. 323 2 . 
Peuccea cestivalis, var. botterü, Lawr. Mera. Bost. Soc. N. H. II, p. 277 \ 
Coturniculus mexicanus, Lawr. Aun. Lyc. N. Y. VIII, p. 474 4 . 
Peuccea cassini, Baird, Mex. Bound. Surv. II, Birds, p. 16 s ; Birds N. Ara., 
p. 486 6 ; Sninichrast, Mera. Bost. Soc. N. H. I, p. 551 7 (nec Woodliouse). 
Peuccea cestivalis, var. arizonce, Ridgw. IST. Ara. B. II, p. 41 8 . 
Peuccea mexicana, Ridgw. Proc. U. S. Nat. Mus. VIII, p. 98°. 
Peuccea arizonce, Ridgw. Proc. U. S. Nat. Mus. I, p. 127 10 . 

Snpra ciuereo-rufeseeus, capitis et iuterscapulii plurais raedialiter fusco- - 
nigris, paruui autora niarginibus rufesceutibus fusco raixtis; alis uigricautibus, 
tectrieibus ómnibus paludo fusco late, remigibus rufo augusto, extus lirabatis; 
cauda producía nigricaute, rectricum externaruui apicibus valde dilutioribus 
pallide ciñereis; subtus ochraceo-albidus, pecíore cinerascentiore, gula clariore, 
precipuo ad latera rufescente; campterio flavicaute; rostro corneo, toraiis palli- 
dis, pedibus flavis. Long. tota 6-0, al» 2-5, caudpe 2-6, rostri a rictu 0-5, tars, 
0-85. (Descr. niaris ex Atlixco, México. Mus. nostr.). 

Hab. Norte América. — México, llanos de Colima (Xantus 3 4 ), Los Nogales, 
Sonora (Kennerly 8 ), Guanajnato (Dngés), Orizaba (Botteri 1 ), Mirador, Huatnsco 
(Sartorius), Atlixco (Boucard 2 ), Putla (Réboucli). «Mesa Central, región Norte, 
oriental y occidental.» (1> 

El Sr. Sclater describió un ejemplar do la P. botteri, obtenido por Mateo 
Bottori cerca do Orizaba, donde residió muchos anos, y en el misino distrito se 
lian obtenido de cuando en cuando otros ejemplares. Indudablemente se refiere 
Sumichrast á esta especio cuando dice que la P. cassini es sedentaria en la re- 
gión templada del valle de Orizaba 7 . 

El Sr. Sennett encontró cierto número de individuos en una pradera situada 
a nueve millas de Fort Brown; pero con dificultad colectó algunos ejemplares, 
pues se ocultaban entre la yerba. Asegura que sus notas son agradables. Un 
nido descubierto el 16 de Junio estaba entre las raíces de una mata de zacate; 

(1) Laurencio y Beristain, p. 35. 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 119 

era de espigas y tallos; aunque profundo, era demasiado frágil para quo se pen- 
sara en transportarlo á otro sitio. Los cuatro huevos que contenía eran blancos 
y sin manchas, pero con nn vivo matiz azul verdoso. Difieren, pues, de los hue- 
vos de la P. cestivális, que son blancos, pero cristalinos. 



PEUCiEA CASSINI. 

Zonotrichia cassini, Yf oodh. Pr. Ac. Phil. 1852, p. 60 1 . 

Peuccea cassini, Dresser, Ibis, 1865, p. 489~; Baird, Brew. et Bidgw. N. Am. 
B. II, p. 42 3 ; Seiinett, Bull. U. S. Geol. Snrv. I Y, p. 18 4 ; Proc. U. S. Nat. Mus. 
I, p. 128 5 . 

Supra fusco-brunnea, plumis undique cinerascente marginatis, superciliis 
indistincte albidis ad nares albicantioribus, fascia postoculari indistincte fusca; 
subtus albida, pectore vix fusco lavato; hypochondriis fuscescenti hic illic stria- 
tis, crisso pallide cervino, campterio alari flavido; rostro corneo, culmine fusces- 
cente, pedibus flavidis. Loug. tota 5-8, ala? 2-6, caudre 2-6, rostri a rictu 0-5, 
tarsi 0-75. (Descr. exempl. ex Arizona. Mus. nostr.). 

Hab. Norte América 1 " 23 " 45 . — México? «Región Norte.» (1) 
Es problemático que deba incluirse esta especie en la fauna mexicana. Ver- 
dad es que, según Snmichrast, existe en la región templada del valle de Orizaba 
en el Estado de Yeracruz; pero creemos, como los autores de la «Historia de 
Aves Norte-americanas,» que la especie á que hace referencia no era la P. cas- 
sini probablemente, sino la P. botteri. Además, el ejemplar colectado por Ken- 
nerly en Los Nogales, Sonora, y considerado como P. cassini por el Prof. Baird, 
pertenece más bien á la P. botteri, y es la P. aistivalis atizona?, de los autores 
americanos. Por lo tanto, la P. cassini difícilmente pnede insertarse en esta fau- 
na, aunque no tenemos duda alguna de que se le encontrará en el lado Snr del 
valle del Río Grande, puesto que es común en Texas y que también frecuenta 
la frontera en Arizuna. Debemos hacer notar, asimismo, que el Sr. Sennett ma- 
nifiesta que esta ave llega á Texas, del Sur sin duda, en Marzo. El mismo via- 
jero describe el nido y dice que lo hacen al pie de un arbusto con zacates secos, 
forrados con otros más finos y con unos cuantos pelos. Los huevos son de color 
blanco mate. 

(1) Laurencio y Beristain, p. 35. 



120 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

«El Sr. Alien ha observado que la P. cassini es algo común en Kansas, en 
las cercanías de las corrientes de agua; su dulce y grave canción resuena en la 
mañana y en la tarde, pues comienza á cantar al despuntar el día y continúa en 
la tarde, terminando después del obscurecer. Es muy arisco, así es que con tra- 
bajos descubrí al autor de las dulces notas que á esas horas aumentan el placer 
que resulta de acampar en las praderas.» 

El Dr. Heermann dice lo siguiente: «Me llamó la atención el sonido de una 
nueva nota en Comauche Springs, Texas, y después de observar algún tiempo, 
me convencí do que la emitía este pájaro. So eleva agitando trémulamente sus 
alas á veinte ó más pies de altura, y desciende de la misma manera á unas cuan- 
tas varas del punto de partida, acompañando este acto con una prolongada y 
agradable cantilena. Los alrededores son muy áridos y están cubiertos con ra- 
quíticas malezas, entre las cuales se refugia el pájaro cuando se espanta, desli- 
zándose rápidamente entre el zacate y las breñas y evadiéndose con destreza 
para burlar á su perseguidor. Los observó durante nuestro viaje cuatro ó cinco 
días seguidos. Probablemente estaban emigrando, aunque su repetido y conti- 
nuado canto indicaba que se estaban preparando para los deberes de la incuba- 
ción. Sus huevos son blancos y cristalinos y no presentan manchas. Los de la 
especie en cuestión miden 0-75 por 0-60, de manera que son globulares. La pos- 
tura comprende cuatro ó cinco. Colocan el nido en el suelo. » (1) 

b. Sp. striga utrinque rictali nigra, campterio albo. 



PEUCCEA BOUCARDI. «Magueyoro. 



(2) 



Zonotrichia boucardi, Sel. P. Z. S. 1867, p. 1, t. I 1 . 

Peuccea rufleeps, Sel. P. Z. S. 1859, p. 380 2 ; Snmichrast, Mem. Bost. Soc. N. 
H. I, p. 552 3 (nec Cassin). 

Peuccea rufleeps, var. boucardi, Lawr. Bull. U. S. !Nat. Mus. n. 4, p. 21 4 ; 
Baird, Brew. et Ridgw. E". Ara. B. II, p. 38 (partim) 6 . 

Peuccea rufleeps eremceca, ÍT. C. Brown, Bull. Nutt. Orn. Club, VII, pp. 
26, 38 6 . 

Ammodromus—P, Sel. P.Z. S. 1857, p. 214 7 . 

(1) E. Coues. Birds of the Northwest, p. 140. 

(2) A. L. Herrera. Cat. de la Col. de Aves del Museo Nacional, p. 19. 



A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 121 

Supra cinérea, pluinis medialiter bruiineis cinéreo late marginatis; pileo fore 
omnino rufo cinéreo intermixto, vita verticali indis tincta, linea superciliari ante 
ocnlos et oculoruin ambitu albis, genis et cervicis latoribus puré ciñereis; remi- 
oibus et rectricibus iutus nigricantibns extus brunnesconte-cinereo marginatis, 
secundariis brunnescentioribus et latius marginatis, tectricibus extus dorso foro 
concoloribus; subtus albicaute-cinorea, gutturo toto albo striga utrinque nigra; 
ventre medio lactescente albo, utrinque cum crisso fulvesceute tincto; rostri ma- 
silla nigra, mandibula cum pedibus pallidis. Long. tota 6-4, ala? 2-7, cauda? 
3-0, tarsi 0-8. (Descr. exeinpl. ox Puebla, México. Mus. nostr.). 

Ilab. Norte América 6 . — México, región templada de Veracruz', Puente Co- 
lorado 5 (Sumichrast), (Drizaba (Botteri 27 ), Puebla 1 , Oaxaca 2 (Boucard). 

Ignoramos las costumbres que tiene la P. boucardi en México, pero el Sr. 
Brown nos dice que no es rara, que en apariencia al monos os sedentaria en la 
región sudoeste de Texas, en las localidades pedregosas cercanas a la ensenada, 
y también en los terrenos áridos situados a una milla ó más del agua. Es pájaro 
de carácter esquivo, rara vez vuela, escapa ocultándose en los espinales y yer- 
bajos. El cauto del macho es un bonito gorjeo, aunque inferior al del P. ces- 
tivalis. 



PEUCJEA NOTOSTICTA. 

Peuccea notosticta, Sel. et Salv. P. Z. S. 1868, p. 322 1 . 

Supra fuscescente-cinerea, interscapnlio et alarnm tectricibus distiucte ni- 
gro striatis; pileo medio cinéreo, utrinque rufuscente-brunneo nigro striato; sn- 
perciliis et oculorum ambitu albis; alis et cauda nigricante-ciuereis, plumaruin 
marginibus dilutioribus, secundariis extus brunescente limbatis; subtus alba ci- 
néreo, pra?cipne in pectore et lateribus lavata; ventre medio et crisso dilute cin- 
namomeis; striga mentali utrinque nigricante; rostro nigro, pedibus flavicanti- 
bus. Long. tota 6-5, alpe 2-7, cauda? 0-3, rostri a rictu 0-5, tarsi 0-7. (Descr. 
exempl. ex México merid. Mus. nostr.). 

Háb. México (Boucard), Oaxaca (Boucard 1 ). 

Se describió esta especie según un ejemplar obtenido en el Sur de México, 
probablemente en el Estado de Puebla, por M. Boucard, pero en la etiqueta no 
está la localidad exacta en que fué colectado. 



LaNat.— Ser. II — T. IV.— Julio 1-J04. 



122 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

Aunque pariente de la P. boucardi, es distinto; los lados castaños de la co- 
ronilla están claramente marcados do negro, y hay una raya media definida; la 
parte media del dorso está rayada con mucha más claridad, y el pico os entera- 
mente negro, aunque esto depende de la estación. En la colección del Sr. Scla- 
ter, que está ahora en el Museo Británico, hay un segundo ejemplar de esta es- 
pecie, pero con plumaje más nuevo. La coronilla es do color rojizo uniforme, 
sin las rayas negras laterales, ni la línea inedia, y el matiz general del plumaje 
superior es más rojizo. A despecho de estas diferencias, no vacilamos en consi- 
derar á esta ave como mi ejemplar joven de la P. notosticta. 



HiEMOPHILA. 

Aimophíla, Swainson, Anini. iu Menag., p. 103. 

Conocemos nuevo especies normales do la Hcemophila. Últimamente, el Sr. 
Sclater describió la décima con el nombre do II. pulchra (Ibis, 1886, p. 258, t. 8); 
proviene del Oeste del Perú, pero algunos de sus caracteres están errados evi- 
dentemente, por ejemplo, tiene las plumas laterales de la cola blancas. 

De esas nuevo especies, una sola (1L stólzmanni), se presenta más allá de 
nuestros límites, en la región occidental del Perú. 

De las otras ocho, seis son mexicanas puras, una llega á Guatemala, y otra, 
desde Guatemala hasta Costa Rica. 

Las zonas de distribución de las especies de la Ife?Mop/iz7£7, varían mucho res- 
pecto á altitud; la H. rufescens sube en las montañas hasta 8,000 pies, y baja has- 
ta 1,500; la H. riiflcauda llega desde el nivel del mar hasta 2,000 pies de altu- 
ra. Las especies que conocemos habitan las florestas enmarañadas y los zarza- 
les, y no se encuentran en los espesos y majestuosos bosques tropicales. 

La Hcemophila rufescens tiene el pico grueso, el culmen ligeramente arqueado 
y echado hacia la frente; el tomia es anguloso y un poco ondulado anteriormen- 
te; las ventanas de la nariz están en la extremidad baja anterior de la fosa na- 
sal, y las limita arriba una membrana; debajo de la ventana de la nariz, el maxi- 
lar es algo túmido. Las alas son cortas y redondas, el tercero y cuarto cañones 
son más largos, el quinto es más largo que el segundo, el cual es casi igual al 
sexto; el primero es un poco más largo que los más largos secundarios. La cola 
es larga y muy redonda, las plumas son algo angostas. Los tarsos son fuertes, 
los dedos algo cortos, el dedo medio y la garra son un poco más pequeños que 
el tarso. 



A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 123 



A. Capnt stria verticali obvia, superciliis elongatis. 
a. Stria verticali fusca aut fusca nigro variegata. 
a'. Stria utriuque rictali nigra. 



H^EMOPHILA RUFESCENS. 

Pipilo rufescens, Sw. Pliil. Mag. new. ser. I, p. 434 1 ; Bp. Consp. Av. I, 
p. 486 2 . 

Aimophila rufescens, Sw. Au. iu Menag. p. 313 3 ; Smuiclirast, Mein. Bost. 
Soc. N. H. I, p. 551*. 

HoBinophila rufescens, Cab. Mus. Heiu. I, p. 132 3 ; Sel. P. Z. S. 1858, p. 98 6 ; 
1859, pp. 365 7 , 380 s ; Sel. et Salv. Ibis, 1859, p. 18 u ; 18G0, p. 34 10 ; Dugés. La Nat. 
I, p. 140 11 ; Lawr. Bnll. U. S. Nat. Mus. n. 4, p. 22 12 . 

Embernagra pyvgitoides, Lafr. Bev. Zool. 1839, p. 97 1;í . 

Geospizopsis melanotis, Bp. Coinpt. Reud. XLII, 955 u ; Sel. P. Z. S. 1856, 
p. 306 ls . 

Supra castaueo-bruuuea, dorso medio iiidistiucte fusco guttato, capite sum- 
mo castaueo utriuque nigro limbato, stria verticali rufo-grisea, superciliis et ca- 
pitis lateribus grisescentibus, oculorum ambitu et striga postoculari nigris, ciliis 
ipsis albis; subtus albida, pectore et lateribus ocliracoo-griseo lavatis, stria 
utriuque rictali uigra; rostri maxilla uigra, mandíbula paluda, pedibus corneis; 
Loug. tota 6-7; ala) 2-8, cauda) 3-0, rostri a rictu 0-8. tarsi 1-0. (Descr. exempl. 
ex Orizaba, México. Mus. nostr.). 

9 inari similis. 

Juv. Capite summo indistincte striato, capitis lateribus obscure ochraceis 
fusco striatis, corporc subtus flavido, pectore fusco guttulato. (Descr. av. juv. ex 
Dueñas, Guatemala. Mus. nostr.). 

Hab. México 2011 (Sallé 15 ), Temascaltopec (Bullock 1 ), Guauajuato (Dugés 11 ), 
región templada de Veracruz, Orizaba (Suinichrast 1 ), Jalapa (de Oca 7 , Hoge), 
Juquila, Villa Alta (Boucard 8 ), Guichicovi (Suniiclirast 1 -); Guatemala (Skiuner 9 , 
O. S. 10 , O. S. et F. D. G.). «México. Reg. O., Occidental j Sur.» (1) 

Bullock colect(') un ejemplar de la Hcemophüa rufescens en Temascaltepec. 

(1; Laurencio y Beristain, p. 35. 



124 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

México 1 , y Swaiuson lo describió, colocándolo primero en el género Pipilo, y 
después en el género Ilcemophila. Se han propuesto otros dos nombres, viz: — 
Geospizopsis melanotis y Embernagra pyrgitoides; el primero fué propuesto por 
Bonaparte 14 , y según el Sr. Sclater, la descripción se fundaba en un polluelo de 
esta especio ó de la H. superciliosa*; el segundo fué propuesto por Lafresnaye 
en 1839 13 . Seguramente la E. pyrgitoides es sinónimo de la H. rufescens. 

Sumichrast nos dice 4 que la H. rufescens habita la región templada del Sur 
de México, donde es común, y abunda á 2,000 y 5,000 pies de altura sobre el ni- 
vel del mar. Con frecuencia se encuentra su nido cerca de Orizaba; por lo regu- 
lar es formado al pie de un arbusto, y contiene dos huevos enteramente blancos. 
En Guatemala lo encontrábamos generalmente en la región montañosa, á 4,000 
y hasta 8,000 pies de altura. Recorre los breñales y los bosques recién poda- 
dos, y siempre está en el suelo ó cerca de él. No sabemos que llegue más al Sur 
de Guatemala. 

En la región alpina, el Zanjero es reemplazado entre 3,000 y 4,000 metros, 
por otra especie, que creo es la Hcemophila superciliosa. Se sabe muy bien que 
en sus uidos es donde el Molothrus ceneus acostumbra abandonar á sus hijos al 
cuidado de otras aves, depositando sus huevos, que son blancos como los de 
la Hcemophila, pero más gruesos y menos ovalados. » (i; 



HCEMOPHILA SUMIOHRASTI. 



Ilcemophila sumichrast i, Lawr. Aun. Lyc. N. I. X, p. 6 1 ; Bull. U. S. Nat. 
Mus. n. 4, p. 22 2 . 

Snpra pallide rufescens, dorso guttis f nsco-nigris denso maculato, uropygio 
iuimaculato, toctricibus caudas superioribus rnfis; occipitis lateribus rufis, pileo 
medio longitudinaliter cinéreo, stria superciliari griseo-albicaute, infra eam post 
ocnlos linea rufa; genis, corvicis lateribus et pectoro ciñereis, gula et abdomine 
medio albis, hypochondriis et crisso rufis; alis fuscis rufo limbatis, tectricibns 
rufis'intus nigricantibus; cauda fusca, tectricibus medio omuino lateralibus po- 
gonio externo rufis; rostri maxilla cornea, mandíbula paluda, pedibus carueis. 
Long. tota 6-0, alse 2-8, caudse 2-7, rostri a rictu 0-65, tarsi 0-85. (Descr. maris 
ex Juchitán, México. Mus. nostr.). 

Hab. México, Juchitán (Sumichrast 12 ). «Sur de Tehuautepcc.» 12 '. 

(1) F. Sumichrast. Dist. Geog. de las Aves del Estado de Veracruz. "La Naturaleza," tomo 
I, p. 309. 

(2) Laurencio y Beristain, p. 35. 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 125 

Es evidente que se trata de una especie distinta de la H. ruf escena; ésta pare- 
ce ser su pariente unís cercano, á pesar de que el Sr. Lawrence la comparó con 
la //. melanotis. Su pequenez y las diferentes marcas que tiene en la cabeza, así 
como la obscura raya rictal, contribuyen á que se le reconozca fácilmente. 

Sumichrast obtuvo á esta Ilivmophila en el Istmo de Tehuautopec, desde 
donde envió un ejemplar á Washington, el tipo de Lawrence. Tenemos otro que 
tiene el mismo origen y que corresponde exactamente con la descripción: un 
macho colectado el 8 de Abril de 1870. 

b'. Stria utriuque rictali milla. 



H^EMOPHILA SUPEROILIOSA. "Zacatero." <» 



Aimophüa superciliosa, Sw. An. in Meuag. p. 314 1 ; Bp. Cousp. Av. I, 
p. 486 \ 

Snpra bruuuescens nigro gnttulata, vértice rufa nigro guttata. stria mediali 
vix pallidiori dorso coucolori, superciliis elongatis sórdido albidis, capitis late- 
ribus nigris, tectricibus auricularibus albo iuterinixtis; subtus gula sordide alba, 
abdomine toto gríseo; cauda fnsco-nigra rufesceute limbata, rectricibns utriuque 
dnabus externis versus apiceni medialiter albidis; rostro nigro, pedibus carneis. 
Loug. tota 6-5, alie 2-85, cauda? 2-7, rostri a rictu 0-6, tarsi 0-95. (Doscr. exempl. 
ex México. Mus. uostr.). 

? mari similis. 

Hab. México (Swainson 1 Boucard), Ciudad de Dnraugo (Torrer). ¿Sierra 
Madre entre Sonora y Dnraugo. » (2) 

Aunque descrita por Swainson esta llcp.mophila, era confundida con la H' 
rufescens. En su nota relativa á esta líltima especie, Sumichrast manifiesta que 
quizás esta ave reemplace á esa especie en las regiones alpinas de Veracrnz; pe- 
ro parece que no colectó ejemplares que comprobasen el caso. Las aves de To- 
rrer fueron obtenidas en la Sierra Madre, entre Mazatlán y Dnraugo. 

La Hcemophila superciliosa no es común; sólo por casualidad hemos visto 

(1) A. L. Herrera. Cat. de la Col. de Aves del Museo Nacional, p. 20. 
( . y Beristain, p. 35. 



126 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

ejemplares en las colecciones mexicanas, que contienen especies características 
de las montañas. 

«Característica de las regiones alpinas.» (1) 

b. Stria vertical! alba. 



HJEMOPHILA LAWRENCII, sp. n. 

Hcemophüa ruficauda, Lawr. Bnll. U. S. Nat. Mus. n. 4, p. 22 l (uec Bona- 
parte). 

II. ruficauda similis, sed striis capitis albis hand flavido tinctis, striis nigris 
hand rufo iutermixtis, tectricibus auricularibus puré nigris et dorso minus gutta- 
to distingnenda. (Descr. oxompl. ex Juchitán, México. Mus. nostr.). 

Ilab. — México, Juchitán, cerca de Tehuautepec (Sumiclirast 1 ). «Sur del Ist- 
mo de Tehuantepec.» (2) 

Tenemos un ejemplar de esta Hcemophila; Boucard lo obtuvo de Suniichrast: 
se llama //. ruficauda; y suponemos, por consiguiente, que es el pájaro incluido 
por Lawrence en su lista de aves de Tehuautepec 1 . Durante algún tiempo lo co- 
locamos con la //. melanotis, Lawr.; pero el color ceniciento de su pecho, así como 
las manchas del dorso que ocupan una extensión más reducida, indican la con- 
veniencia de separar á ambas especies. Las dos tienen las rayas de la cabeza 
blancas y negras, lo cual sirve para distinguirlas de la II. ruficauda, que es más 
meridional. 



H^MOPHILA ACUMINATA. 

Zonotrichia melanotis, Lawr. Aun. Lyc. N. Y.; VIII, p. 473 1 ; Pr. Ac. Phil., 
18G8, p. 430 \ 

Aimophila melanotis, Lawr. Mein. Bost. Soc. N. H., II, p. 277'. 

(1) A. L. Herrera. Notas acerca de los Vertebrados del Valle de México. "La Naturaleza," 
tomo I (2), p. 324. 

(2) Laurencio y Beristain, p. 35. 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 127 

Hcemophila melanotis, Salv. P. Z. S., 1883, p. 422*. 

Fringilla acuminata, Licht. 

H. ruflcaudce quoque similis, longitudine alarum minoro, poctore albicau- 
tioro, dorso magis striato et eapitis striis albis et nigris diffcrt. Ab //. laiurencii 
quoque longitudine alarum minore, dorso magis striato, et peetoro haud cinéreo 
discrepat. Loug. tota 6-5, al?e 2-65, eaudse 3-1. 

Hab. — México, Yautepec (Deppe), llanuras de Colima (Xantus 1 " 3 ), Acapulco 
(A. H. Markhain 4 ), entre Puebla y Chietla (Rebouch) «Rcg. Occidental y Sur del 
E. de Puebla. 



a» 



Xo tenemos la seguridad de que esta ave sea la H. melanotis, del Sr. Law- 
rence; aquélla tiene las alas de tres pulgadas de largo; pero se parece á ésta por 
todos conceptos. La Vínica ave con que puede confundirse es la H. laiurencii, y 
ésta tiene el pecho de color ceniciento y las manchas del dorso confinadas á la 
región comprendida entre las espaldillas. También esta última parece haber 
sido considerada por Lawrence como la H. ruficauda, de manera que es muy pro- 
bable que la presente especie sea la verdadera H. melanotis. 

El ave obtenida originalmente por Xantus, en Colima, fué incluida entre 
las Zonotrichia; pero es evidente que se trata de una Hcemophila, como lo des- 
cubrió Lawrence más tarde. Con la H. ruficauda y la H laiurencii, forma una pe- 
queña sección del género, que se distingue Ínter alia por la blanca raya vertical. 

Xantns no dice nada respecto á las costumbres de la especie que nos ocupa. 

El término melanotis que le aplica LaAvrence no puede ser conservado, pues le 
fué aplicado anteriormente á la H. rufescens por Bonaparte, quien llamó á esa ave 
Geospisopsis melanotis. Xos hemos decidido, por lo tanto, por el nombre inde- 
finido acuminata que fué propuesto por Lichtenstein, y que está en la etiqueta 
de un ejemplar de la colección Sclater procedente del Museo Berlín. 

B. Capnt stria verticali nulla, superciliis elongatis nullis, loris tantum albis. 



HCEMOPHILA HUMERALIS. 



Hcemophila humeralis, Cab. Mus. Hein. I, p. 132 1 . 
Amphispiza ferrariperezi, Ridgw. Antr, III, p. 332 ; 



Snpra dorso medio rufescente-fusco gnttulato, capite summo et cervice 
postica obscure nigricante-cinerea, dorso postieo rufescente-fusco, alis et cauda 

(1) Laurencio y Beristain, p. 35. 



128 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

fusco-nigricantibus, illis et tectricibus suis albido limbatis, scapularibus puré 
rufis; fronte, capitis et torque pectorali nigris; loris, stria utrinque-mystacali, 
gula et abdomine medio albis, hypochondriis pallide cinerascentibus; rostri 
maxilla nigricante, mandíbula paluda, pedibus corylinis. Long. tota 6-0, ala? 
2-5, canda? 2-8, rostri a rictn 0-6, tarsi 0-85. (Descr. exempl, ex México. Mus. 
nostr.). 

Hab. — México 1 (Boucard), Chietla, Estado de Puebla (Díaz 2 ). 

Conocemos muy poco á esta especie, que fué descrita por el Pr. Cabanis, en 
1851. No es citada en ninguna de las listas de las colecciones de Sallé hechas 
por Sclater, ni en las de Boucard y otros; tampoco Suinichrast encontró a ese 
pájaro. Tenemos un solo ejemplar que nos proporcionó Boucard; pero no sabe- 
mos la localidad en que lo colectaron. 

Ridgway describió intimamente una especie mexicana, aplicándole el nom- 
bre de Amphispiza ferrariperezi' 2 , y tuvo la bondad de enviarnos una fotografía 
de los tipos (macho y hembra). No tenemos dificultad en reconocerlas como re- 
presentantes de Hcemophila humeralis. Estas aves están ahora en el Museo Na- 
cional de México, y fueron colectadas cerca de Chietla, en el Estado do Puebla, 
siendo los únicos ejemplares de origen conocido. 

Ridgway compara al pájaro con la Amphispiza quinquestriata; pero la ver- 
dad es que está emparentada con la Hcemophila mystacalis. 

El macho tiene la cabeza do un color negro uniforme. 



HCEMOPHILA MYSTACALIS. 

Zonotrichia mystacalis, Hartl. Rev. Zool, 1852, p. 3 1 ; Sel. P. 7¡. S., 1856, p. 
305 2 ; 1859, p. 379 3 ; Lawr. Bull. U. S. Nat. Mus. n. 4, p. 21\ 

H. humerali similis, capite smnmo cinéreo nigro striato, subtus gula antica 
nigra nec alba, cervicis lateribus et pectore toto ciñereis nec nigris, intor alia 
primo visn distinguenda. (Descr. maris ex Oaxaca, México. Mus. nostr.). 

/Zafe.— México ' 2 , Tehuacán (Suinichrast 4 ), Oaxaca (Boucard 3 ). «Reg. Sur.» (1) 

No hay duda que esta especie es parienta cercana de la H. humeralis, á la 

cual se parece por sus caracteres generales; pero tiene la garganta negra en vez 

de tenerla blanca, y los lados del cuello y todo el pecho son cenicientos y no 

negros, de manera que es fácil distiuguirlas. Ridgway colocó á esta especie en la 

(1) Laurencio y Beristain, p. 35. 



A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 129 



Amphispiza; pero su larga y redonda cola, así como la cortedad de las alas, la 
asocian con la sección do la Hcemophila que comprendo á la H. ruflcauda y sus 
parientes, más bien que con la Amphispiza. Antes estaba incluida en la Zonotri- 
ehia, y formaba un miembro decididamente anormal. 

La H. mystacalis lia sido conocida desdo hace tiempo como ave del Snr de 
México, donde habita las regiones montañosas de Oaxaca y las cercanías de 
Tehuacán. Es una especie sedentaria, pues Sumichrast la observó en Agosto; 
pero se ignoran sus costumbres. 



CHAMiEOSPIZA. 

Chamceospiza, Sclater, P. L. S. 1858, p. 304. 

Sclater estableció este género con una sola especie, C torquata, que ha sido 
tratada como Pipilo por Du Bus, y como Buarremon por Lawrence. Sclater 
funda su clasificación en el tamaño y fuerza de las patas, y la longitud de la 
garra posterior, mayor que la de cualquier Pipilo ó Buarremon. La Chamceospiza 
tiene muchas afinidades con este último, y dudamos que sea conveniente colo- 
carla aquí en vez de ponerla cerca del Buarremon con los Tanagridos. Pero, en 
este caso, nos atenemos á la costumbre. 

El pico de la Chamceospiza es fuerte, pero algo alargado, y tiene una muesca 
cerca de la extremidad del tornia; éste es ligeramente ondulado, y con un án- 
gulo mal definido del lado próximo á la parte inedia; las ventanas de la nariz 
son grandes, están en la extremidad anterior é inferior de la fosa nasal, y tienen 
una membrana encima; las cerdas riciales son cortas, pero gruesas. El ala es muy 
redonda, el tercero, cuarto y quinto cañones son los más largos; el segundo es 
igual al séptimo, y el primero dista más de media pulgada de la punta del ala. 
La cola es larga y redonda. El tarso y los dedos son muy fuertes, el dedo medio 
y la garra son iguales al tarso; la garra del dedo posterior es más larga que el 
mismo dedo, fuerte y algo curva. 



CHAMCEOSPIZA TORQUATA. «Gargantilla.»' 1 ' 

Pipilo torquata, Dn Bus, Bull, etc. Brux, XIV, pt. 2, p. 105 1 ; Rev. Zoo!. 
1848, p. 246 2 ; Esq. Orn., t. b6 3 ; Bp. Consp. Av. I, p, 487 \ 

(1) F. Sumichrast. Dist. Geog. de las Aves del Estado de Veracruz. "La Naturaleza," tomo 
I, p. 310. 

La Nat.-Ser. II— T. IV.— Sept. l'JW. 17 



130 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

Chamceospiza torquata, Sel. P. Z. S. 1858, p. 304 5 ; 1859, p. 365 6 ; Snraichrasl, 
Mein. Bost. Soc. N. H. I, p. 552 7 . 

Buarremon ocai, Lawr. Aun. Lyc. N. Y. VIII, p. 12G 8 . 

Supra olivácea, capite sumino líete castaueo; fronte, capitis lateribus et tor- 
que pectorali nigris, superciliis elongatis, griseo-albis; subtus gula et abdomiue 
medio albis, hypochoudriis et crisso fuscis; catnptorio alari flavo; rostro nigro, 
pedibus corylinis. Loug. tota 8-0, ala? 3-5, cauda? 4-0, rostri a rictu 0-75, tarsi 
1-1. (Descr. maris ex Oaxaea, México. Mus. nostr.). 

9 mari omniuo siniilis. 

Hab. — México 1 " 24 , La Parada (Boncard 5 ), Oaxaea (Fenocliio), región alpina 
de Veracruz (Sumichrasf), Jalapa (de Oca os ). «Reg. Oriental y Sur.» (1) 

Hace tiempo que se conoce esta especie, pues Du Bus la describió en 1847, 
aprovechando los ejemplares de México que hay en el Museo de Bruselas; pero 
debe considerársele como pájaro raro porque no abunda en las colecciones, así 
es que sólo hemos visto unos cuantos ejemplares. Sumichrast dice que su zona 
de distribución está exclusivamente confinada á la región alpina del Estado de 
Veracruz y la especie muy extendida en los bosques de pinos de las montañas 
de Orizaba, en los que habita. Los límites de la zona en que se encuentra son 
de 1,500 á 3,000 metros. El plumaje y hábitos de este pájaro presentan una ana- 
logía notable con los del Buarremon brunneinuchus. Ambos se posan en la 
tierra más bien que en los árboles, y se encuentran juntos en las mismas locali- 
dades. 

Creemos que el Buarremon ocai de Lawrence es, indudablemente, sinónimo 
de esta especie, la cual era poco conocida en 1865, que fué cuando la describió 
Lawrence. 



PYRGISOMA. 

Pyrgisoma, Bonaparte, Consp. Av. I, p. 480 (1850). 

Incluyendo á la Pyrgisoma kieneri, cuya distribución es dudosa, hay seis 
especies de Pyrgisoma dentro de nuestros límites; una ó dos en México, dos en 
Guatemala y dos en Costa Rica; probablemente ninguna de ellas es común á dos 

(1) Laurencio y Beristain, p. 35. 



A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 131 

distritos. Además de éstas, hay dos especies eu el Perú que, según Sclater (Ibis, 
1885, p. 275), pertenecen á Pyrgisoma, aunque una de ellas ha sido colocada en 
el Buarremon, y la otra en el Pipilo. 

Evidentemente el Pyrgisoma es pariente del Pipilo, pues se le parece por la 
forma del pico, la cortedad de las alas y otros caracteres, propios de las aves de 
hábitos terrestres. Pero la coloración os divergente, y sugiere más bien la exis- 
tencia de lazos con el género Buarremon que comprende pájaros de costumbres 
muy semejantes. La verdad es que, desde hace tiempo, se ha conocido que el 
status de éstas y de otras formas requiere una revisión cuidadosa; pero esa es 
empresa agena al programa de la presente obra. 

■ El pico del Pyrgisoma (P. biarcuatum) es moderadamente fuerte; el cul- 
men algo arqueado; la ventana de la nariz está en la extremidad autero-inferior 
de la fosa nasal, y tiene una membrana encima; debajo de las ventanas de la 
nariz el maxilar está algo túmido; el tomia es un poco angular y sinuoso, y cer- 
ca de la punta hay una muesca casi imperceptible, las cerdas riciales son cortas 
pero fuertes; el ala es muy redonda, el cuarto cañón es el más largo, el tercero 
igual al quinto, el segundo igual á los secundarios externos, que son mucho más 
largos que los primarios internos; el primer primario dista media pulgada de la 
punta del ala; la cola es regular y bastante redonda; los tarsos son robustos, los 
dedos un poco cortos, ol dedo medio y la garra más pequeños que el tarso, y con 
garra larga. 

a. Guttnr albuni-pileus castaueus. 
a'. Macula pectoralis nigra milla. 



PYRGISOMA BIARCUATUM. 

Pyrgita biarcuatum, Prév. Voy. Venus, Ois., t. 6 1 . 

Pyrgisoma biarcuatum, Bp. Consp. Av. I, p. 4S6 2 ; Sel. et Salv. Ibis, 1859, p. 
18 3 ; Salv. Cat. Strickl. Coll. p. 234 \ 

Snpra brnnueo-f nscum, pileo postico et nucha lacte castaneis, fronte et ma- 
cula subauriciilari utriuque uigris, aurictilaribus ipsis castaneis; loris, regioue 
oculari et corpore subtus lactescente albis, cervicis lactoribus griscentibus, hypo- 
chondriis et crisso fuscis; rostro nigro, petlibus coryíiuis. Long. tota 6-3, alse 
2-7, caudíe 3-0, rostri a rictu 0-6, tarsi 1-0 (Descr. exempl. ex Cobau. Guatema- 
la. Mus. nostr.). 



132 A. L. HEHKERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

Av.juv. supra fuscas nigro irroratus; subtus albidus, pectoro fusco macula- 
tns; capitis lateribus albitlis fusco mixtis, macula subauriculari nigra. (Dcscr. 
oxeinpl. ex Dueñas, Guatemala. Mus. nostr.). 

Háb.— Guatemala 4 " 3 (O. S. ot F. D. G.). «Móxico.» (1) 

Prévost describió los ejemplares obtenidos durante el viaje do la fragata 
francesa «Venus.» Decíase que dichos ejemplares provenían do California y 
Guatemala; la primera localidad esta errada evidentemente, pues las observa- 
ciones posteriores atribuyen esta especio a Guatemala únicamente. 

Sin embargo, en esa República, es un pájaro muy conocido; en las monta- 
ñas es común y recibe el nombre de «Cuatro ojos,» pues las manchas que tiene 
en la cara parecen ojos. 

Es una especie sedentaria que frecuenta las malezas próximas á distritos 
abiertos y cultivados. Vive en ó cerca del suelo. Hace un nido muy profundo 
con hojas socas y varas forradas con cerdas, y lo coloca en un arbusto bajo, á 
cinco ó sois pies do altura. Pone, por lo general, dos huevos manchados profusa 
pero distintamente de rojo; el fondo es blanco crema. 

b'. Macula pectoralis nigra. 



PYRGISOMA KIENERI. 

Pyrgisoma kieneri, Bp. Cousp. Av. I, p. 486 1 ; Sel. et Salv. P. Z. S. 1868, p. 
325 2 ; Ex. Orn. p. 130, t. 65, p. 2 3 . 

Fuscum, pileo ot capitis lateribus rnfis; pluuiis auricularibus dorso concolo- 
ribus, parum autem apicibus castaneis, loris albesceutibus, fronte et genis fus- 
coscente-uigris; subtus álbum, hipochondriis dorso concoloribus, macula pecto- 
rali indistiucta nigra; crisso rufesceute; rostro nigricaute corneo, podibus pallide 
corinilis. Long. tota 7-3, ala? 3-3, caudae 2-9, tarsi 1-0. (Descr. exempl. typ. 
ex ? Mus. París). 

Hab.— México (?). 

No tenemos nada que agregar á la relación dada on 1868 en «Exotic Orni- 
thology,» donde viene la descripción y figura del ejemplar tipo del Museo de 
París. No hemos visto ningún otro ejemplar, é ignoramos la residencia exacta 

(1) A. L. Herrera. Cat. de la Col. de Aves del Museo Nacional, p. 20. 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 133 

de la especie, pero la semejanza que existe entre el ave en .cuestión y la P. ru- 
bricatum, nos inclina a creer que su domicilio está en México ó en Centro Amé- 
rica. 

Comparada con la P. rubrica tum, la P. kieneri resulta más grande, su pico más 
grueso, y sus patas y tarsos más fuertes; además, la primera tiene un círculo 
blanco alrededor del ojo, y el vértice de la cabeza, moreno como el dorso, en 
vez de rojizo brillante. El ejenqolar tipo que es el único que se conoce, según 
sabemos, fué colectado en Mayo de 1813 por"M. Tauros, durante la expedición 
de la «Donaide;» pero en la etiqueta no está indicada localidad alguna. 



PYRGISOMA RUBRICATUM. 

Tanagra rubricata, Lickt. in Mus. Berol 1 . 
Atlapetes rubricatus, Cab. Mus. Hein. I, p. 140 2 . 
Melosone rubricata, Cab. J. f. Orn. 1860, p. 413 3 ; 1866, p. 231 4 . 
Pyrgisoma rubricatum, Sel. et Salv. P. Z. S. 1868, p. 326 5 ; Ex. Orn., p. 127, 
t. 61, f. I 6 ; Lavrr. Mem. Bost. Soc. X. H. II, p. 278 7 . 

Pyrgisoma xantusi, Lawr. Aun. Lyc. X. Y. VIII, p. 480 8 . 

Supra cinereum fusco vix tiuctum; pileo postico cuín micha et linea cervi- 
cali utriuque ad gulam extensa rufis; macula anteoculari et oculoruní ciliis al- 
bis; fronte et fació sub oculis nigricante-schistaceis; tectricibus auricularibus 
dorso concoloribus; subtus álbum, plaga pectorali nigra, crisso rufescente, bypo- 
chondriis dorso concoloribus, subalaribus et flexura alari albis; rostro nigro, pe- 
dibus pallide coryliuis. Long. tota 7-0, alee 3-2, caudee 3-0, rostri a rictu 0-6, 
tarsi 1-0. 

Hab. México 1 , Mazatlán, Tepie y San Blas (Grayson 7 , Xautus 7 ), Presidio 
(Torrer), llanos de Colima (Xautus 7 " 8 ), Real Arriba (Deppe 3 ), Atlixco (Boucard 66 ). 
«Región occidental y caliente de Puebla. » (1) 

Los ejemplares originales de esta especie estaban en las colecciones de 
Deppe y fueron remitidos al Museo de Berlíu, dondo permanecieron hasta 1851, 
época en que el Prof. Cabanis los describió como Atlapetes rubricatus, adoptan- 
do el nombre específico que les había dado Lichtenstein. 

Más tarde, la P. rubricatum fué descubierta en Colima por Xautus, y cerca 
do Mazatlán, Tepic y San Blas por Grayson, quieu manifiesta que no es una es- 

(1) Laurencio y Beristain, p. 34. 



134 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

pecie abundante, aunque es sedentaria todo el año, y que resido principalmente 
en los bosques. Alfonso Torrer también la encontró en Presidio, cerca do Maza- 
tláu. Eu esta parte de México reside la especie en las cercanías de la costa; pero 
más al Sur, Boucard la encontró en Atlixco, Estado de Puebla, frecuentando la 
región montañosa. 

Respecto al nombre Pyrgisoma xantusi, que Lawrence propuso para esta 
especie, es indudablemente sinónimo de P. rubricatum. Tenemos un ejemplar 
típico del primero, igual al que colectó Boucard en Atlixco y oriundo de la mis- 
ma región de donde provienen los tipos de este último. 



ATLAPETES. 

Atlapetes, Wagler, Isis, 1831, p. 526. 

Este género fué fundado por Wagler para que contuviera A. pileatus, que 
es la única especie que le pertenece, aunque temporalmente le han agregado 
otras varias especies diversos autores. 

La posición del género es, asimismo, tema de controversias, pnes algunos es- 
critores lo colocan cerca del Buarremon y otros cerca de la Embernagra. Nos he- 
mos acostumbrado á asignarle este último puesto, pero de ningún modo creemos 
que esto sea correcto. La forma de las garras y de las patas indican costumbres 
arbóreas que no son comunes en las Embernagra, y la coloración, así como la 
forma del pico, se parecen más bien á los del Buarremon. 

El pico tiene el culmen casi recto; hay una protuberancia a los lados de la 
nariz, la cual es puntiaguda en la parte anterior y tiene una membrana á lo lar- 
go del extremo superior; el tomia de la mandíbula es algo anguloso, pues la 
parte anterior es casi recta y tiene una mnesca perceptible cerca de la extremi- 
dad. Las patas son un poco delgadas; el dedo medio y la garra, casi iguales al 
tarso; las garras cortas y muy curvas; las alas muy redondas, el tercer cañón es 
un poco más largo que el segundo y cuarto; el primero dista media pulgada de 
la punta del ala; la cola es algo larga y las plumas estrechas y puntiagudas. 



ATLAPETES PILEATUS. «Zanjero.» « 

Atlapetes pileatus, "Wagl. Isis, 1881, p. 526 1 ; Bp. Consp. Av. I, p. 486 2 ; Sel. 
P. Z. S. 1858, p. 304 3 ; 1859, p. 380 4 ; Snmichrast, Mem. Bost. Soc. N. H. I, p. 551 5 . 

(1) F. Sumichrast. Dist. Geog. de las Aves del Estado de Veracruz. "La Naturaleza," tomo 
I, p. 309. 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 135 

Supra fuseo-olivaceus, píleo toto castaneo, capitis et eervicis lateribus ciñe- 
reis; loris, oeuloruiu nmbitu et regioue parotica nigricautioribus; snbtus flavns, 
hypochondriis oleagineo-fnseis; rostri maxilla nigricante, mandíbula et pedibns 
corylinis. Loiig. tota 5-8, ala? 2-5, cauda? 2-8, rostri a rictu 0-5, tarsi 0-9. (Dcscr. 
uiaris ex Totontepec, México merid. Mus. nostr.). 

Hab. México 12 , La Parada 3 , Estado de Oaxaca 4 (Boucard), región alpina de 
Veracruz (Sumiclirast 5 ). 

Suuiichrast asegura 5 que esta especie pertenece exclusivamente á la región 
alpina, donde frecuenta las florestas de pinos y encinos; tiene la misma zona de 
distribución que el Junco cinereus eu lo referente á altitud, pues sube desdo 
6,500 basta 11,500 pies sobre el uivel del mar. AVagler fué el primero que la 
describió en 1831, en su artículo sobre au imales mexicanos publicado en el «Isis» 
de ese año, y desde entonces lian enviado pocos ejemplares los colectores que 
han recorrido las montañas de México. Parece que está confinado á las unís ele- 
vadas cordilleras del Sur de México. 



PIPILO. 

Pipilo, Yieillot, Analyse, p. 32 (1816); Baird, Brew. et Ridgw. N. Am. B. II, 
p. 104: Coues, Key N. Am. B. ed. 2, p. 395. 

Los miembros de este género se dividen naturalmente en dos secciones que 
el Dr. Coues llama la especie negra y la especie morena: la primera está repre- 
sentada en nuestra fauna por el P. maculatus y sus parientes, cuyo plumaje es 
negro; la forma típica de la segunda es el P. fuscus. Agrégase á éstas un tercer 
grupo, representado tínicamente por el P. chlorurus; pero éste difiere mucho de 
los demás Pipilodes, y, por lo tanto, opinamos que estaría mejor colocado en el 
género Embernagra. La zona de distribución de las formas obscuras del Pipilo 
es muy extensa, pues abarca gran parte del continente norte -americano y las is- 
las de Guadalupe y Socorro, extendiéndose hacia el Sur, por México, hasta las 
moutañas de Guatemala. Por otra parte, las especies morenas tienen una zona 
de distribución menos extensa, pues están confinadas á los Estados situados al 
Sudoeste y á México. 

Las especies de las dos secciones del Pipilo no están bien definidas y, según 
parece, varias pasan gradualmente de una á otra. 

Los autores americanos reconocen dos especies del grupo negro, P. ery- 



136 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

throphthalmus y P. maculatus; el primero con dos razas y el segundo con va- 
rias. Al ocuparnos de las formas mexicanas hemos creído necesario admitir cua- 
tro especies; pero reconocemos que, en el caso del P. macronyx, hemos tratado 
los caracteres específicos con demasiada amplitud, y que es posible que se des- 
cubran más especies cuando se examine una gran serie. El culmen del pico del 
P. maculatus es ligeramente arqueado; las ventanas de la nariz tienen una mem- 
brana por margen; el pico está algo túmido debajo de las narices; el tomia es 
anguloso y está algo ondulado hacia la punta, cerca de la cual hay una muesca 
distinta; las cerdas riciales son cortas, pero fuertes; las piernas regularmente 
gruesas, el dedo medio casi del mismo tamaño que el tarso; la garra posterior 
es fuerte y presenta una curva moderada; las alas son cortas y muy redondas; 
el tercero, cuarto y quinto cañones son los más largos; el segundo igual al sex- 
to; la cola es redonda. 

Las patas del P. fuscus no son tau fuertes y sus garras son más cortas y cur- 
ras, de manera que el pájaro está conformado para tener costumbres arbóreas. 

Los cambios de plumaje que sufren los jóvenes al llegar á adultos, los que 
experimentan las aves entre el Verano y el Invierno, así como los que resultan 
del sexo, no han sido observados con cuidado, especialmente en el grupo del P. 
macronyx. Nuestros materiales uo nos ayudan mucho á este respecto, y cuando 
se les examine habrá que considerar de nuevo las conclusiones á que hemos lle- 
gado en lo relativo á los límites de cada especie. 

a. Caput uigruiu, dorsnm plus miuusve maculatum, cauda plerumque albo 
termiuata. 



PIPILO MACRONYX. «Chohuis. 



o) 



Pipilo macronyx, Sw. Phil. Mag. uew ser. I, p. 434 1 ; Bp. Consp. Av.I, p. 487 2 ; 
Sel. et Salv. P. Z. S. 1869, p. 361 3 ; Salv. Cat. Strickl. Coll., p. 234 4 . 
Pipilo virescens, Hartl. J. f. O. 1803, p. 228\ 
Pipilo chlorosoma, Baird, N. Am. B. II, p. 105 6 . 
Pipilo complexas, Ridgw. Auk, 1886, p. 332 7 . 

Supra virente-fuscus; alis et cauda oliváceo limbatis; hujns rectricibus ntrin- 
que tribus externis ad ápices et extima in pogonio externo viridi-albidis, illarnm 
tectricibus ómnibus viridi albo terminatis; capite nigricante-fusco, interscapulio 

(1) A. L. Herrera. Cat. de la Col. de Aves del Museo Nacional, p. 20. 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 137 



fusco striato, plumis lateralibns quoquo viridi-albo guttatis; subías albas, hypo- 
chondi'iis eí erisso eastaiiois; campterio alari flavissimo; rostro nigro, pedibas 
coryliais. Loug. tota 8-7, aire 4-0, canche 4-8, rostri a rictu 0-7, tarsi 1-2. (Descr. 
exempl. typ. ex México. Mas. Cantabr.). 

Hab. México 5 , Real del Monte, Teinascaltepec (Ballock 1 ), Teziatláa, Esíado 
de Puebla (Ridgway). Oaxaca (Boacard 11 ). «Mesa Central y región oriental y 
Sur.» (1) 

No se tiene noticia alguna relativa á esía especie; pero en la eíiquela de uno 
de los tipos de Swaiusou encontramos la nota siguiente, escrita indudablemente 
por Bullock: — <Xnuca lie visto á esta ave más que entre México y San Miguel; 
tampoco se le encuentra á cinco leguas de la capital. Es extremadamente mansa 
y se mueve sin cesar, ocultándose, á voces, en los matorrales. Sas ojos soa de 
color rojo obscuro y muy pequeños.» 



PIPILO CARMANI. 



Pipilo carmani, Lawr. Aun. Lyc. N. Y. X, p. 7 1 ; Grays. Pr. Bost. Soc. N. 
H. XIY, p. 299 2 . 

Pipilo maculatus,\ar. carmani, Baird, Brew. et Ridgw. X. Ani. B. II, p. 109 3 . 

Pipilo erythrophthalmm, var. carmani, Lawr. Mein. Bost. Soc. N. H. II, 
p. 277 4 . 

«Todo el plumaje suporior, la cabeza, la garganta y la parte superior del 
peclio son de color moreno aceitunado con una sombra rojiza; hay una mancha 
blanca en el centro de la o-aro-auta (este último carácter varía de tamaño en los 
diversos individuos); la cola es morena negruzca con ribetes aceitunados, y está 
surcada de rayas obscuras casi invisibles; las dos plumas externas que tiene á 
cada lado presentan nn óvalo blanco irregular en las barbas internas de la pun- 
ta; los cañones son castaños obscuros con márgenes grises; las cubiertas de las 
alas, moreno-negruzcas; las cubiertas más grandes y las intermedias, las esca- 
pulares y las terciarias, manchadas de blanco en la punta; la parte inferior del 
pecho y la parte media del abdomen son blancas; los lados, marcados de nn co- 
lor ferruginoso vivo; la mandíbula superior es negra tirando á morona; la infe- 
rior es más pálida; los tarsos y los dedos son de nn color moreno carnoso claro. 
Longitud, 6 1 2 pulgadas; alas, 2 3 / 4 ; cola, 3; pico, 1 / 2 ; tarsos, 1.» 

(1) Laurencio y Beristain, p. 34. 



La Nat.-Ser. II— T. IV.— Sept. luí». 



138 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

Hab. México, Isla Socorro (Grrayson 12 ). lío hemos visto ejemplares de esta 
especie; la descripción es de Lawrence. 

El P. carmani fué descubierto por Grayson eu la Isla Socorro durante su 
visita á dicha isla (1867); en el volumen decimocuarto do los «Procecdings of 
the Boston Society of Natural History,» publicó una noticia eu la cual manifiesta 
«que abunda esa especie, que es común en todas las espesnras de la isla. Muchos 
de estos pájaros se establecieron en nuestro campamento y picoteaban las miga- 
jas á nuestros pies como las aves domésticas. Algunas ocasiones los vi comerlas 
semillas de algunas plantas; pero generalmente andaban eu el suelo buscando in- 
sectos debajo de las hojas secas. Su canto es débil, pareciéndose algo en él, en 
sus costumbres y en sn apariencia general, á sn congénere de los Estados orien- 
tales (P. erytkrophthalmus).y> 

«Se complacían en bañarse eu una vasija colocada en el snelo para sn uso, 
peleando constantemente por ser los primeros en gozar de este privilegio. Inten- 
tando coger á esta especie, descubrimos el agua potable en un lugar donde ni 
remotamente pensábamos hallarla, y por este servicio providencial fueron muy 
bien recibidos por nosotros y los vimos siempre con gusto.» 

«Por el estudio que de algunos hice, me cercioré de que se aproximaba la 
estación del anior.» (1) 



PIPILO MACULATUS. «Luis, Pájaro Bniz.»» 

Pipilo maculatus, Sw. Phil. Mag. new ser. I, p. 434 1 ; Bp. Consp. Av. I, p. 
487 2 ; Sel. P. Z. S. 1858, p. 304 ! ; 1859, p. 380 1 ; Sumichrast, Mem. Bost. Soc. N. H. 
I, p. 552 5 ; Sel. et Salv. P. Z. S. 18G9, p. 3G1 6 ; Lawr. Bnll. U. S. Nat. Mus. n. 4, 
p. 22 7 . 

Pipilo oregonus, Salv. Ibis. 18G6, p. 193 8 ; Dugés, «La Nat.,» I, p. 140 !l . 

Pipilo submaculatus, Ridgw. Ank, 1886, p. 332 10 ? 

Supra brunneus, capite toto nigricante, interscapulii plumis nigro striatis, 
et in pogonio externo nigro maculatis, tectricibus alarum et secundariis intimis 
albo notatis, campterio albo; caudse rectricibus utriuque tribus externis ad ápi- 
ces, et extima in pogonio externo albis; snbtus abdomine medio albo, hypochon- 
driis et crisso lpete castaneis; rostro nigro, pedibns coryliuis. Long. tota 8-0, alpe 
3-4, cauda? 4-0, rostri a rictu 0-65, tarsi 1-1. (Descr. maris ex Oaxaca, México. 
Mus. nostr.). 

(1) Grayson, ]. c, p. 286. 

(2; A. L. Herrera. Notas acerca de los Vertebrados del Talle de México. "La Naturaleza," 
Yol. I (2), p. 324. 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 139 

llab. México 20 , Gnanajiiato (Dugos 9 ), Real del Monte (Bnllock 1 ), meseta y 
región alpina de Yeracruz 5 , Cietieguilla 7 (Sumiehrast), Parada 3 , Cinco Señores 4 
(Boucard), Tezintlílu, Estado de Puebla (Díaz 10 ), Guatemala (O. S. ot F. D. G. 8 ). 
«México, Mesa Central, región oriental y Snr.»° J 

Sumiehrast asegura que el Pipilo maculatus es coimíu en la meseta de Mé- 
xico; que también se presenta, en corto número, en la región alpina, y que nunca 
desciende á menos de 4,600 pies; agrega Sumiehrast que anida en la meseta. En 
Guatemala la especie es conrúu en las montañas, a 6,000 y 9,000 pies de altura 
frecuenta los límites de las llanuras. 

«En nuestra colección de Orizaba, Puebla y la región vecina, hay numero- 
sos representantes de los dos sexos del Pipilo maculatus Sw. Las hembras de 
esta serie son representantes típicas del Pipilo orizabee Cox (Ank, 1894, p. 116); 
para cuya descripción sirvió de modelo un pájaro veraniego de plumaje usado, 
considerado equivocadamente como ejemplar macho en la etiqueta. Una com- 
paración cuidadosa del tipo con nuestra serie, demuestra de un modo eonclu- 
yeute que el P. orizabee está basado en un ejemplar del P. maculatus, y es, por 
consiguiente, sinónimo de esta especie.» (2) 

«Es abundante en el Invierno en las localidades frías. Mdifica en la Prima- 
vera en países septentrionales situados á una considerable distancia del Talle.» (3) 



PIPILO MEGALONYX. 



Pipilo megeilonyx, Baird, B. N. Ain., p. 515, t. 73 1 ; Mex. Bouud. Surv. Zool. 
II, Birds, p. 17 2 . 

Pipilo maculatus, var. megalonyx, Baird, Brew. et Ridgw. N. Am. B. II, 
p. 11B 3 . 

Pipilo maculatus megalonyx, Coues, Key N. Am. B. ed. 2, p. 397 4 . 

P. macúlalo certo persimilis, sed dorso postico nigricante cinéreo haud 
brunueo forsau distinguendus. 

Heib. Xorte América 3-1 . — México, San Pascual (Schott 2 ), Saltillo (Couclr). 
«Región Xorte.» (4) 

(1) Laurencio y Beristain, p. 34. 

(2) E. W. Xelson. Notes on Certain Species oí' Mexican Birds. The Ank, vol. XV, n. 2, April, 
1898. 

(3) A. L. Herrera. Apuntes de Ornitología. La Migración en el Valle de México. "La Xat.," 
tomo I, 2. a serie, p. 182. 

(4) Laurencio y Beristain' p. 34. 



140 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

Muy poco tenemos que decir acerca de este pájaro. Es dudoso que sea dis- 
tinto del P. maculatus, y se presenta á lo largo de nuestra frontera septentrio- 
nal, tanto en Arizona como en el vallo del Río Grande. 

«El P. megálonyx aparece en los alrededores de Idalio Springs, á mediados 
de Mayo, y en el transcurso de una ó dos semanas se vuelvo bastante común, 
aunque nunca es muy abundante. A 8,500 pies es raro y desaparece ¡i los 9,000, 
siendo más numeroso desde las llanuras hasta una altura de 7,500 pies. Por sus 
costumbres y aspecto es enteramente igual al P. erythrophthalmus; pero es mu- 
cho más arisco y se asusta con facilidad; entonces se oculta entre la maleza hasta 
que desaparece por completo el peligro. Algunas, aunque raras veces, lo he oído 
emitir una nota exactamente igual á la del P. erythrophthalmus, aunque en voz 
más baja y delicada; pero su chillido usual es diferente. No canta con la misma 
frecuencia que la otra especie ni mucho menos; pero cuando canta se conduce 
de la misma manera, pues se sube al miembro inferior de un árbol y canta su 
sencilla endecha con cortos intervalos durante media hora ó más. Desaparece en 
Septiembre. » (,) 

b. Caput fuscum, dorsum immaculatum, cauda unicolor haud albo termi- 
nata. 



PIPILO FUSCUS. «Vieja, Tarenga, 7¿/«wa.»< 2 > 

Pipilo fuscus, Sw. Fhil. Mag. new ser. I, p. 434 1 ; Bp. Consp. Av. I, p. 486 2 ; 
Duges, «La ÍTat,,» I, p. 140 :i ; Sel. et Salv. P. Z. S. 1869, p. 36P; Sumichrast, Mem. 
Bost. Soc. N. H. I, p. 552 5 ; Baird, Brew. et Ridgw. N. Ani. B. II, p. 121 6 . 

Pipilo fuscus, var. crissalis, Lawr. Mem. Bost. Soc. N. H. II, p. 277 7 . 

Pipilo mesolencus, Baird, Pr. Ac. Pliil. 1854, p. 119*; Mex. Bound. Surv. 
Zool. II, Birds, p. 18 ,J . 

Pipilo fuscus, var. mesolencus, Baird, Brew. et Ridgw. N. Aiu. B. II, p. 125 10 . 

Pipilo fuscus mesolencus, Belding, Pr. U. S. ISTat. Mus. VI, p. 343 1 '; Conos, 
Key N. Am. B. ed. 2, p. 397 12 . 

Supra griseo-fuscus, vértice vix rufesceutiori; alis et cauda saturatioribus; 
subtus dilutior, abdomine medio albido, imo cura, crisso et gutturo ferrugiueis, 
lioc nigricante striato; loris et ciliis albidis; rostro corneo, podibus coryliuis. 
Loug. tota 8-0, alpe 3-8, candse 4-0, rostri a rictu 0-7, tarsi 1-0. (Descr. exenipl. 
ex México prope urbem. Mus. nostr.). 

(1) E. Coucs. Birds of the Northwest, p. 176. 

(2) A. L. Herrera. Cat. de la Col. de Aves del Museo Nacional, p. 20. 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 141 

Hab. Norte América 10 " 12 .— México 2 " 6 , Santa Catarina en Nuevo León (Couch 9 ), 
Los Nogales (Kennedy 9 ), Guarnías (Beldiiig 11 ), Teniascaltopee (Bnllock 1 ), Gna- 
najuato (Dugés 3 ), Guadalajara (Grayson 7 ), Valle de México (le Strange 4 ), meseta 
y región alpina de Veracruz (Suiuiclirast 5 ), Zimapán (Deppe). «Toda la Repú- 
blica.» (1) 

Tenemos á la vista el tipo del Pipilo fuscus de Swaiuson; concuerda con 
otros ejemplares mexicanos porque parece que esta especio está confinada á 
México y a los Estados fronterizos del Norte; y las formas P. crissalis y P. al- 
bigula son bastante precisas. Sumichrast dice que la especie en cuestión es co- 
mún en la meseta de México, donde nidifica; también se le encuentra en menor 
número en la región alpina; pero no baja á menos de 7,000 pies 5 . Grayson notó 
que abunda en los alrededores de Tepic y en varios puntos del camino de Gua- 
dalajara. No se aproxima á la costa; sólo llega hasta Tepic, donde es sedentario 7 . 

«La Pájara vieja es sedentaria, monógama. Se reproduce en Marzo.» <2) 



PIPILO RUTILUS. 



Tanagra rutila, Liclit. Preis.-Vers. Mex.Yog., p. 2; cf. J. f. O. 1863, p.57 1 . 

Pipilo rutilus, Sel. et Salv. Nomencl. Av. Neotr., p. 33' 2 . 

Pipilo albicollis, Salv. P. Z. S. 1858, p. 304 a ; 1859, p. 380 4 ; Lawr. Bnll. U. S. 
Nat. Mus. n. 4, p. 22 5 . 

Supra fuscus fero unicolor; alis iudistiiicte albido bifasciatis; subtus albas, 
pectore cinéreo variegato: gntture litiua ferruginea trausfaseiato; ventro imo et 
crisso ferrngineis; rostro corneo, pedibus coryliuis. Long. tota 7-5, aire 3-3, cau- 
da? 3-8, rostri a rictu 0-6, tarsi 9. (Descr. maris ex Oaxaca, México. Mus. 
nostr.). 

Hab. México (Deppe 1 ), San Miguel de las Peras 3 , Totontepec 4 (Boucard), 
Huitzo (Sumichrast 5 ). «Región Sur.» <3) 

Parece que la zona de distribución de esta especie está confinada á un dis- 
trito muy limitado del Sur de México, pues no sabemos con certeza que exista 
fuera del Estado de Oaxaca. Se ignoran sus costumbres. 

(1) Laurencio y Beristain, p. 34. 

(2) A. L. Herrera. Apuntes de Ornitología. La Migración en el Valle de México. "La Natu- 
raleza,'' 2 a serie, Yol. I, p. 182. 

(3) Laurencio y Beristain, p. 34. 



142 A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 



EMBERNAGRA. 



Embernagra, Losson, Traite d'Orn., p. 465 (1881). 

Conocemos once especies de este género, de las cuales nueve están concen- 
tradas en México, Centro América y la región Noroeste de la América del Sur. 
El género no tiene representantes en las Guayanas, la cuenca del Amazonas y 
la parte oriental del Brasil; pero dos especies, incluso el tipo del género, se pre- 
sentan en la República Argentina, Bolivia y Patagonia. Estas últimas difieren 
bastante de sus congéneres, que son mas septentrionales y se distinguen por sn 
tamaño, sn forma alargada y la ausencia de manchas en la parte superior do la 
cabeza. 

Dos especies mexicanas atraviesan la frontera septentrional; pero las otras 
cinco especies de nuestra fauna no salen de sus límites, aunque dos de ellas, la 
E. cojirostris y la E. chrysoma, ambas emparentadas con la E. striaticeps, se pre- 
sentan en Colombia y Ecuador, respectivamente. 

La Embernagra striaticeps tiene el plumaje superior aceitunado, y este ca- 
rácter persiste en todos los miembros del género; la cabeza tiene rayas á cada 
lado del vértice y en los ojos: la E. chlorura y las especies meridionales E. pla- 
teusis y E. olivaceus, no se parecen á las demás á este respecto, pues la E. chloru- 
ra es la única que tiene la coronilla de color bermejo; el plumaje inferior de 
todas es blanco, el pecho y los flancos grises; éstos están generalmente matiza- 
dos de color aceituna. Las alas son cortas y redondas, los primarios un poco más 
cortos qne los más largos secundarios; el tercero, cuarto y quinto cañones son 
los más largos del ala, el segundo igual al octavo, y el primero más pequeño 
qne ninguno; el pico es regularmente fuerte, y el tomia del maxilar algo angu- 
loso; el pico está un poco túmido debajo de las ventanas de la nariz, las cuales 
se encuentran á descubierto; las cerdas rictales son cortas pero fuertes; las pier- 
nas son robustas y propias para aves do costumbres terrestres; el dedo medio y 
la garra un poco más largos que el tarso. 

Parece que la Embernagra tiene cierto parentesco con el Pipilo; pero su forma 
monos alargada, así como su coloración, que es distinta, justifican esta separación. 

a. Pilens aut olivaceus aut ciuereus utrinque bruuueo aut nigro late mar- 
ginatus. 

a'. Pileus utrinque brunueo margiuatus. 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 143 



EMBERNAGRA RUFIVIRGATA. 

Embernagra ruftvirgata, Lawr. Aun. Lyc. N. Y., Y, p. 112, t. 5, f. 2 1 ; Baird, 
Mex. Bound. Surv., Zool. II, Birds, p. 16 2 ; Baird, Brew. et Ridgw. N. Ara. B. 
n, p. 47 3 ; Sennett, Bull, II. S. Surv. IV, p. 22; Y, p. 394 4 ; Ridgw. Pr. U. S. Nat. 
Mus. I, p. 248 5 ; Cones, Rey N. Ani. B. od. 2, p. 398°. 

Snpra olivácea, stria atrinque verticali et altera per ocalos rnfescentibus; 
loris albidis; capitis lateribns griscescentibus; subtus alba, pectore cinerascente. 
hypochondriis et crisso pallide fnseescentibus, cainpterio alari flavo; rostri nía- 
xilla rnfescente-corueo, mandíbula flavicaute, pedibus pallide corylinis. Long. 
tota G-0, alie 2-6, cauda? 2-6, rostri a rictn 0-6, tarsi 0-95 (Descr. maris ex Texas, 
Mus. Smiths, n. 70,596). 

Hab. — Norte América. México, Nuevo León (Coucli 2 ). «Reg. Norte.» (1) 
Esta especie fué descrita en 1851 por Lawrence, quien aprovechó para ello 
los ejemplares obtenidos por el Capitán J. F. M'Cown en el valle del Río Gran- 
de. Las observaciones hechas posteriormente, tienden á demostrar que su zona 
de distribución esta casi reducida á ese distrito. Se ha asegurado que se extien- 
de hasta el Sur de México; pero Ridgw ay ha probado que el pájaro de esa re- 
gión se distingue de éste por caracteres muy pronunciados. 

Sennett y el Dr. Merril tuvieron oportunidad de observar á la E. ruftvirga- 
ta en el valle del Río Grande inferior en Lomita y otros puntos. Encontraron 
gran uútnero de huevos y nidos; éstos tienen la forma de una cúpula, y ocupan, 
á menudo, el centro de nn zarzal, á dos ó cinco pies de altura sobre el suelo; el 
nido es casi redondo, y se compone de tallos secos de yerbas, pedazos de corte- 
za, zacates y hojas forradas con un poco de pelo, aunque no siempre. La postura 
comprende cuatro huevos de color blanco opaco. 



EMBERNAGRA CRASSIROSTRIS. 

Embernagra ruftvirgata, B. crassirostris, Ridgw. Proa U. S. Nat. Mus. I, 
p. 248 1 . 

Embernagra ruftvirgata, Sel. P. Z S. 1856, p. 306 2 ; 1859, p. 380 3 ; Snmi- 
chrast, Mein. Bost. Soc. N. H. I, p. 551 4 . 

(1; Laurencio y Beristain, p. 34. 



144 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

Supra sordide olivácea; capitis lateribris, pectore, hypoehondriis et erisso- 
fuscescentibus, corpore subías reliquo albicauto, campterio alari flavicante; stria 
ntrinque vertieali et altera utritiqne per oculos rufescentibus; vértice ipso dorso 
concolori; rostro corneo, mandíbula ad basiu flavicaute; pedibus pallide coryli- 
nis. Long. tota 5-4, alte 2-5, cauclpe 2-3, rostri a rictu 0-6, tarsi 0-95 (Descr. 
exempl. ex México merid. Mus. nostr.). 

Hab. — México, Córdoba (Salló 2 ), regiones templada y caliente de Veracruz 
(Snmichrast 4 ), Playa Vicente (Boucard 3 ). 

La Embernagra del Sur de México se distingue de la E. rufivirgata por su 
pico que es mucho más fuerte, sus flancos de color gris obscuro ó moreno som- 
breado, y su crissum 1 . 

Snmichrast dice que esta especie reside en las regiones caliente y templada, 
y que sube en ésta hasta 4,000 pies sobre el nivel del mar*. 



EMBERNAGRA SUPERCILIOSA. 

Embernagra supercüiosa, Sel. P. Z. S. 1864, p. 582 1 ; Frantz. J. f. Orn. 1869, 
p. 301 2 . 

Embernagra rufivirgata, Lawr. Bull. U. S. Nat. Mus. n. 4, p. 22 3 . 

Supra olivaceus; capite toto ochraceo cinerascenti; stria ntrinque vertieali a 
rostro ad nucham transeúnte, altera ntrinque per oculos ducta nigricante-rufes- 
ceutibus; subtus sordide ciuerasceute-albida; pectore et hypochondriis saturatio- 
ribus; campterio flavissimo; rostro corneo, maudibula flavicante, pedibus pallide 
corylinis. Long. tota 5-0, al«3 2-4, caudse 2-0, rostri a rictu 0-55, tarsi 0-9 (Descr. 
exempl. typ. ex Bebedero, Costa Rica. Mus. nostr.). 

Hab. — México, Hatnelula, Istmo de Tehuantepec (Snmichrast 3 ). Costa Rica 
(Arce 1 , v. Frantzius 2 ). 

El ejemplar original de esta ave fué obtenido por Arce en las playas del 
Grolfo de Nicoya, al Oeste de Costa Rica 1 . Aunque hemos visto otros ejemplares 
de ese país, no por eso es común la especie. 

Este pájaro vuelve á aparecer en el Istmo de Tehuantepec, donde Suiui- 
chrast consiguió ejemplares; pero, hasta la fecha, no se le ha encontrado en los 
puntos intermedios. 

b'. Pileus cinereus ntrinque nigro marginatus. 



Ai L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 145 



EMBERNAGRA CHLORONOTA. 

Embernagra chloronota, Salv. P. Z. S. 1861, p. 202'; Ibis. 1861, p, 333 2 ; 
Boncard, P. Z. S. 1883, p. 444 ; . 

Supra olivácea; capite cinéreo, stria ntrinqne verticali et altera utrinque per 
oculos nigris; snbtns cinérea, gula et abtloiuiíie medio albis, liypochoudriis et 
crisso oliváceo indntis, campterio flavissimo; rostro uigro, mandíbula flavicante, 
pedibns pallide corylinis. Long. tota 5-57, ala? 2-6, canda? 2-4, rostri a rictn 0-6, 
tarsi 1-0 (Deser. exempl. typ. ex Clioctnni, Guatemala. Mus. nostr.). 

Hab. — México, Cliablo en Yucatán (Ganmer 3 ), Honduras Británicas (Blanca- 
neanx), Guatemala (O. S. et T. D. G. 1 " 2 ). «México, Península de Yucatán.» (1) 

Esta especie fué descrita segñn los ejemplares qne obtuvimos en las flores- 
tas del Xorte de Coban, Yera Paz 1 ; y más tarde recibimos pieles colectadas en 
las Honduras Británicas y en Yucatán. Gannier nos envió, por conducto de 
Boncard, un solo ejemplar conseguido en Yucatán, y más pieles de sn pariente 
la E. verticalis. 

La verdadera E. chloronota tiene una zona de distribución muy reducida, y 
está, probablemente, confinada al promontorio de Yucatán y á los bosqnes qne 
se extienden hacia el Sur hasta la base de las más elevadas montanas de Yera 
Paz. Es probable que no snba á más de 1,500 á 2,000 pies. 



EMBERNAGRA VERTICALIS. 

Embernagra rujwirgata, Lawr. Aun. Lyc. In". Y. IX, p. 201 (nec Lawr 1 ). 
Embernagra riiflvirgata, v. verticalis, Ridgw. Proc. U. S. Nat. Mus. I, p. 248 2 . 
Embernagra chloronota, Boncard, P. Z. S. 1883, p. 444 3 (partim). 

E. chloronotce similis, sed snpra cnm canda fnsco-olivaceis, stria ntrinqne 
verticali ad nnchaní nigra rnfescente intermixta, stria postocnlari vix obvia, pec- 
tore albicante vix griseo tincto, rostro graciliori distingnenda. Long. tota 6-0, 
ala? 2-4, canda? 2-6, rostri a rictn 0-65, tarsi 0-9 (Descr. exempl. ex Yucatán 
septr. Mas. nostr.). 

(1) Laurencio y Beristain, p. 34. 



La Nat.— Ser. II.— T. IV.— Noy. laüi. 19 



146 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

Hab. — México, Mérida en Yucatán (Schott 12 , Granmer 3 ). «Península de Yu- 
catán.» (1) 

Gaumer dice que esta ave abunda en Yucatán, y que se ocupa en rascar la 
tierra buscando alimento. 

«Siempre está en el suelo. Generalmente forma parejas, rara vez subo ó 
vuela lejos, es un buen cantor, y cuando ancla buscando que comer, emite cons- 
tantemente su dulce gorjeo, que contribuye á aumentar la alegría de los bos- 
ques. » (2) 

b. Pileus medius castaneus. 



EMBERNAGRA CHLORTJRA. 



Fringilla chlorura, And. Orn. Biogr. V, p. 336 \ 

Pipilo clúorurus, Baird, Brew. et Ridgw. N. Ara. B. II, p. 131 2 ; Seunett, 
Bnll. U. S. Geol. Snrv. Y, p. 394 3 ; Conos, Key K Ara. A. ed. 2, p. 398 4 . 

Embemagra chlorura, Lawr. Mein. Bost. Soc. N. H. II, p. 277". 

Pipilo ruflpüeus, Lafr. Rev. Zool. 1848, p. 176 e ; Bp. Cousp. Av. I, p. 487 \ 

Embemagra blandingiana, Cass. B. Cal. et Tex„ p. 70, t. 12 8 ; Dugés, La 
Nat. I, p. 140°. 

Snpra sórdido olivácea; alis et cauda extns viridescentibus, campterio flavo, 
capite summo hete castaneo; fronte, capitis lateribus, corpore toto snbtus (prseter 
guiara, abdomen médium et crissnni alba) ciñereis, loris et stria rictali albis, ros- 
tro corneo, mandíbula ad basin albicante (vestitn pestivali oniniuo nigro), pedibns 
corylinis. Long. tota 6-6, ala? 3-1, caudre 3-2, rostri a rictu 0-55, tarsi 0-95. 
(Descr. exempl. ex México. Mus. nostr.). 

Hab. — Norte América 43 . México 6-7 , Guanajiiato (Dugés 9 ), Mazatlán (Gray- 
son 5 ). «Reg. Occidental. » (3) 

Según Grayson, esta especie visita en invierno las cercanías de Mazatlán, 
abundando en algunas localidades y presentándose entre Diciembre y Abril. 
Dice que sus notas se parecen algo á las del Pipilo erythrophtalmus. Pasa la 

(1) Laurencio y Beristain, p. 34. 

(2) A. Boucard. On a Collect.ion of Birds frora Yucatán. (Proc. Zool. Soc. London, June 19, 
1383), p. 444. 

(3) Laurencio y Beristain, p. 34. 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 147 

mayor parte del día entre las yerbas de los campos viejos y eu los parajes en 
que abundan las breñas, nutriéndose con varias clases de semillas '. Su área de 
distribución no se extiende hasta las partes meridionales de México, pues Gua- 
najuato es su límite al Sur'. 

Eu Arizoua la E. chlorura se presenta en calidad do emigrante en prima- 
vera y otoño, pues no pasa allí ni el verano ni el invierno. Eu verano se le en- 
cuentra criando eu las Montañas Rocallosas y en las escarpas orientales de la 
Sierra Nevada. Ridgway asegura que en dichos puntos es una especie caracte- 
rística, y que también es uno de los más abundantes Fringílidos. Le atribuye, 
asimismo, grandes dotes musicales. El nido (Brewer no lo describió) se encuen- 
tra á 18 pulgadas ó á 2 pies de altura, entre las enmarañadas malezas de una 
especie de Symphoricarpus. Los huevos son ovalados, blancos, tienen un matiz 
azulado y estáu profusamente marcados con virgulitas finas de color gris rosado". 

«Eu las partes más altas de Arizoua abundaba; pero iliacamente durante las 
emigraciones, en Abril y Mayo y en Septiembre. Parecía ser un pájaro retraído 
y huraño, pues le agradaba la reclusión, y se ocultaba en la espesura de los ma- 
torrales, donde no era fácil que so le observase, á menos que se le buscara con 
diligencia. Por lo general, vagaba formando pequeñas parvadas y asociáudose 
con otros Fringílidos.» El Dr. Cooper dice que pasa el invierno en el Valle Co- 
lorado y en la Baja California. 

En la comunicación que me dirigió Alien últimamente, manifiesta lo si- 
guiente: «Es ésta una de las aves más interesantes que se encuentran en los bos- 
ques de la gran mesa central del continente. Eu las montañas de Colorado se le 
observa desdo las colinas hasta el límite de los árboles, y en todos los valles es 
una de las especies más comunes. Le agradan las espesuras húmedas cercanas 
á los arroyos, y su cauto es original y muy agradable. Por sus hábitos y notas 
tiene muy poco parecido con el grupo de Pipilos, con que la asocian comunmen- 
te los autores sistemáticos.» 

Los apuntes de Trippe no son menos interesantes: «El Pipilo chlorurus es 
numeroso en Clear Creek County; anida por doquiera, y se extiende desde los 
valles más bajos, hasta 700 y 800 pies de la línea de la vegetación, pero es más 
común en la época de las crías, á 7,500 ó 9,000 pies. Llega á Idaho á principios 
de Mayo y no tarda en abundar, permaneciendo hasta fines de Septiembre ó 
principios de Octubre- 

Es una avecilla vivaracha y activa, y tiene algo del Reyesuelo en sus movi- 
mientos y aspecto. Está tan familiarizada con los pedruscos y rocas de las coli- 
nas (donde salta con la agilidad del Salpinctes obsoletus), como con las espesu- 
ras de sauces y zarzas de los valles, donde le gusta mucho esconderse. Es un 
poco arisca, y prefiere colocarse á una distancia respetuosa del objeto que le 
inspira desconfianza; si un perro ó un gato se aproxima á su nido, hace un gran 
escándalo, como el Mimas carolinensis, y llama en su auxilio á todos los vecinos; 
pero si pasa por allí una persona, se desliza y so pone en salvo, guardando si- 



148 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

lencio hasta quo ya no hay peligro. Sus notas son vanadas, y os muy afecta al 
cauto; unas veces imita el maullido de un gatito, pero su voz es más débil y de- 
licada; su cauto os bastante agradable y muy superior al del Pipilo erythroph' 
thalmus. Hace su nido en las espesuras de arbustos espinosos, y tiene dos crías 
en cada estación, naciendo la primera á mediados de Junio.» 

Los huevos do esta especie han sido traídos recientemente por H. ~W. Hens- 
haw, uno de los naturalistas que tomaron parto en la expedición del teniente 
Wheeler. Son un poco raros, pues presentan nu color verdoso pálido, ó blanco 
gris manchado do moreno rojizo vivo; dichas manchas forman una coronilla ó 
área alrededor do la punta más larga del huevo. Algunos ejemplares tienen las 
vírgulas más diminutas y escasas, pero en todos los casos quo he observado, las 
marcas son regularos. Colocan el nido en el suelo ó cu nu arbusto bajo, indife- 
rentemente. El huevo mido 0-90 por 0-68, y sus caracteres generales son igua- 
les á los del huevo del P. erythrophthalmus y sus parientes, pero enteramente 
distintos do los del grupo del P. fundís, que son tan curiosos como los de Age- 
laius, fondo verdoso pálido, profusamente manchado, rayado y borroneado de 
negrnsco.» a) 



SPIZA. 



Spiza, Bonaparte, Journ., etc. Phil. IV, p. 1824; Eidgw. Pr. U. S. Nat. Mus. 
III, }). 3; Coues, Key N. Am. B. ed. 2, p. 387. 

Euspiza, Bonaparte, Saggio di una Distr. Meth. Au. Yert. 111 (Aggiunte, 
1832). 

Parece que la generalidad de los ornitologistas de los Estados Unidos, con- 
vienen en que debe usarse el nombro Spiza, en vez de Euspiza, habiendo sido 
introducidos ambos por Bonaparte, y teniendo aparentemente por base el mismo 
tipo, la S. americana. 

Spiza es un género monotípico, porque sólo se conoce un solo ejemplar déla 
S. toivnsendii, cuyo status ha causado gran perplejidad. Por otra parte, la S. ame- 
ricana es una especie muy coinúu y generalizada, que nidifica en los Estados 
Unidos, y emigra al Sur en invierno. 

El pico de la S. americana es fuerte, el culmen ligeramente arqueado é incli- 
nado hacia la frente, el tomia de la mandíbula os anguloso y nu poco ondulante 
en la parte anterior; las ventanas de la nariz están profundamente hundidas en 

(1) E. Coues, B. N. W., p. 176. 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 149 

l;i fosa nasal, y tienen una membrana adicional. Las alas son largas y puntiagu- 
das, el primer primario es el más largo, el segundo y tercero casi iguales al pri- 
mero. La cola es corta y casi lisa. El tarso y el dedo medio son subignales; los 
dedos laterales también son subignales, pero no llegan á la base de la garra 
media. 



SPIZA AMERICANA. 



Emberiza americana, Gm. Syst. Nat. I, p. 872. ' 

Euspiza americana, Sel. P. Z. S. 1856, p. 142 2 ; 1857, p. 205 :i ; Sel. et Salv. 
Ibis, 1859, p. 18 4 ; P. Z. S. 1861, p. 353 5 ; 1870, p. 836 c ; 1879, p. 508 r ; Cass, Pr. 
Ac. Phil. 1860, p. 140 s ; Lawr. Aun. Lie. K Y. VII, p. 298°; VIII, p. 181 10 ; IX, p. 
103 11 ; Bull. U. S. Nat. Mus. no. 4, p. 21 12 ; Mem. Bost. Soc. N. H. II, p. 277 13 ; Dres- 
ser, Ibis, 1865, p. 490 1! ; Salv. P. Z. S. 1867, p. 142 13 ; 1870, p. 190 Ki ; Siimichrast, 
Mem. Bost. Soc. N. H. I, p. 552 ir ; Frantz. J. f. Orn. 1869, p. 301 18 ; Wyatt. Ibis, 
1871, p. 328 19 ; Baird, Brew., et Ridgw. X. Am. B. II, p. 65 20 ; Seuuett, Bull. U. 
S. Geol, Surv. IV, p. 19»; V, p. 392 22 . 

Spiza americana, Ridgw. Proc. U. S. Nat. Mus. III, p. 3 23 ; Coues, Key N. 
Am. B. ed. 2, p. 387 24 . 

Supra griseo-fusca, iuterscapulli pluniis medialiter nigris lateraliter bruu- 
neis, nucha et capitis lateribus ciñereis, vértice autica oleagitieo lavato; superci- 
liis, macula gulari, pectore, abdomiiio medio auticoque et subalaribus flavis; alis 
et cauda fnscis, secundariis extus et tectricibus ómnibus minoribus líete casta- 
neis; gula autica et abdomine imo albis, gula postica nigra; rostro corneo, pedi- 
bus fnscis. Loug tota 6-3, alpe 3-3,. cauda? 2-5, rostri a rictu 0-65, tarsi 0-9. 
Descr. exempl. ex Angostura, Costa Rica, Mus nostr.). 

9 mari similis, macula gulari nigra milla, sed pectore nigro striato, tectri- 
cibus alarum fusco limbatis haud castaneis, etc., distinguenda. 

Hab. Norte América 20 " 14 " 21 - 22 24 . México, Mazatláu (Grayson 13 ), Estado de Ve- 
racruz en invierno (Sumichrast 17 ), San Andrés Tnxtla (Sallé 3 ), Jalapa (de Oca), 
Juchitán, Guichicovi, Tehuantepec (Sumichrast 13 ), Isla Jolbox, Isla Mujeres, Isla 
Cosumel, Costa de Yucatán (G. F. Gaumer), Honduras Británicas (Blaucaueaux, 
O. S.), Guatemala (Skinner 4 ), O. S. A. F. D. G.), Honduras (G. F. Gaumer, G. 
M. Whitely 6 ), Nicaragua Hollaud 1 "), Costa Rica (v. Frautzius 11 , Carmiol 11 , Arce), 



150 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

Panamá (Bridges 2 , Hicks, Arce 10 , M. Leaunau 5 ~' J , Hughes, AVoocP). — Colom- 
bia 719 , Venezuela. «México, toda la República.» (i; 

Visita en invierno México y Centro América, frecuenta muchos puntos en el 
primer país, llegando al Oeste hasta Mazatlán, donde, según dice Grayson, es 
raro, pues sólo consiguió dos ejemplares en el mes de Agosto 15 . En Guatemala 
pocas veces lo encontramos, y eso únicamente en las localidades situadas cerca 
de la costa del Océano Pacífico, ó en las montañas cuyos declives están en esa 
dirección. Sin embargo, desde la costa de Yucatán hasta Honduras, especialmen- 
te en las islas que hay entre el cabo Catoche y Rúa tan, parece que es muy abun- 
dante, porque el Sr. Gaumer nos remitió, hace poco, ejemplares de todas las is- 
las que visitó durante el viaje de Yucatán á Ruatau. Siendo tan común en esta 
costa, es algo extraño que no haya sido observado en Cuba, porque el Dr. Guu- 
lach no hace mención de la presencia de esta especie en la isla. 

La S. americana frecuenta los sitios en que abunda la yerba, y sus notas no 
son melodiosas. Algunos observadores dicen que coloca su nido á poca altura, en 
un arbusto, y que algunos individuos anidan en el suelo; emplean zacates y ta- 
llos ásperos, y los forran con materiales más blandos. Los huevos son do color 
azul claro uniforme. 

«Es sedentario y abundante en verano; nidifica. Habita en las praderas, y 
sus agudas y metálicas notas se parecen al sonido que se obtiene dejando caer 
con rapidez, de una mano á otra, cinco pesos. Parece que no se presentaba an- 
tes, en la región sudeste de Indiana al menos.» 

En Erankliu County, se le descubrió hace veinte años. El Dr. Haymond no 
lo había visto en 18G9. En la actualidad, es uno do los pájaros más característi- 
cos de los campos de los países montañosos, pero rara vez se le encuentra en los 
valles. í3) 

«Esta especie, tan común en la localidad en quo transcurrió mi infancia, elu- 
dió mis observaciones durante muchos años, hasta quo una mañana de Abril, un 
macho que acababa de sostener una batalla con un rival, se lanzó muy excitado 
dentro de una palizada, sin preocuparse de mi presencia, proporcionándome la 
codiciada oportunidad de contemplarlo en toda su gloria, antes de sacrificarlo á 
la ciencia. Animado por mi éxito, estuve alerta, y procuré despertar la atención 
de varios colectores, quienes no tardaron en descubrir, que casi diariamente se 
les podía observar en cierta localidad. Al año siguiente, aquel punto fué vigila- 
do con constancia, y se notó que no se había presentado un solo individuo hasta 
el I o . de Junio, pero á varias millas de distancia de allí, se habían colectado bas- 
tantes ejemplares en otra localidad situada en un punto parecido. En ambos ca- 
sos se le encontró en las cercanías de campos arados y cultivados, en secas y 
ricas praderas cubiertas de yerbas silvestres, malezas y uno que otro arbolillo. 
Únicamente se mataron dos ó tres individuos con el fin de no ahuyentar á la es- 

(1) Laurencio y Beristain, p. Si. 

(2) A. W. Butler. "A Catalogue of the Birds of Indiana," p. 77. 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 151 

pecie del sitio que había escogido para anidar probablemente. No tardamos en 
convencernos de ello, pues el 23 de Mayo, vimos que tenían paja en el pico. A 
pesar de nuestros esfuerzos, sólo un niño pudo descubrir un nido; creyó que se 
trataba del de un Azulejo, y nada mas cogió los huevos, que eran cuatro, y es- 
taban hueros. Investigaciones posteriores establecieron su identidad. 

Los dos años siguientes, no vi a ningún miembro de esta especie, ni tuve no- 
ticia de que se hubiera presentado en el Estado: pero al tercer año reapareció 
en mayor mímero, aunque no en las mismas localidades que antes. 

El Dr. Hooslef los observó en «North Prairo, Junio 19 de 1883, en im cam- 
po recién labrado.» Parece que esta especie es más caprichosa, respecto á elec- 
ción de localidades, que ningún otro fringilido. Llegan en primavera á media- 
dos de Mayo, pero la fecha exacta de su llegada varía según los años. Se les 
reconoce por su canto. 

Describiendo los cantos de ciertas especies, se puede dar una idea aproxi- 
mada de ellos a una persona que escuche con atención, cuando dichos cautos son 
muy característicos, pero es tarea ardua cuando se trata de describir las melo- 
días de esta especie, y de otras no menos modestas. Sin embargo, el Dr. Conos 
ha descrito su canto bastante bien, y dice que lo repite frecuentemente con voz 
algo débil, pero con rancho entusiasmo. En actitud casi perpendicular, con las 
alas y la cola apartadas, el pico abierto y levantado, hace esfuerzos dignos do 
mejor causa, cantando con gran energía, en tanto que sus formas se perfilan so- 
bre el azul del espacio. En realidad, es un ave bonita sin ser hermosa. 

El nido se encuentra en el suelo, ya en un haz de yerbas, ya sobre un ma- 
torral, y también, á veces, en un árbol, á cinco ó seis pies de altura. La parto 
externa se compone de yerbajos, forrados con yerbas más suaves y crines. La 
postura asciende á cuatro ó cinco huevos, tan parecidos á los del Sicilia sialis, que 
me es imposible diferenciarlos de un modo satisfactorio. 

Inauguran sus movimientos hacia el Snr, el día 20 de Septiembre, aunque 
no todos se marchan antes de la segunda ó tercera semana de Octubre. En esta 
época se aglomeran mucho, y residen, por lo regular, en las praderas. 

Confieso mi incapacidad para apreciar la melodía de esta especie, y sospe- 
cho que las observaciones del Rev. Langille, ó su descripción del ave que vio y 
escuchó por primera vez en el norte de Ohio, «una tarde, á la hora del crepiiscu- 
lo,» habían sido precedidas por una excelente taza de té, pues yo he escuchado 
sus cantos con toda la atención posible, y no he tenido la dicha de percibir nin- 
guna melodía. 

En efecto, aunque dotado de bastante imaginación á este respecto, me pa- 
rece que aun las apreciaciones del Dr. Coues, son un tanto exageradas; pero sin 
embargo, es más de lo que yo podría hacer, do manera que las acepto y hago 
justicia á Langille, considerándolo acreedor á llevarse la palma en la descrip- 
ción de los cautos de otras muchas especies.» (1) 

(1) Dr. P. L. Hatch, 1. c. p. 344. 



152 A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

«La Spiza americana abandona sns cuarteles de invierno en la América 
tropical, y llega en Abril á los Estados Unidos, en parvadas compuestas por un 
corto número de individuos. Nidifica en casi todas las localidades comprendi- 
das entre Texas, Nebraska y la Nueva Bretaña, partiendo para el Sur antes del 
invierno. 

Aunque carece de la brillante coloración que distingue á muchos de sus pa- 
rientes, esta Spiza es bastante bella, su color está agradablemente matizado, su 
forma no es fea, y su plumaje es sumamente suave y terso. Empero, como voca- 
lizador, es un ejecutante muy humilde, su canto es corto, simple y casi débil; 
además, como lo repite tanto durante la incubación, resulta monótono; el macho 
se encarama al punto más elevado que encuentra cerca del nido, y alegra á su 
fiel compañera con las seguridades de su presencia y protección. Parece decir- 
la: ¡«Mira! ¡Mira! Aquí estoy.» Si no nos gusta su canto, tengamos en cuenta, al 
menos, que nadie nos invita á escucharlo. 

El nido de esta especie está casi invariablemente colocado en el suelo, pero 
algunas ocasiones lo construyen en un espeso zarzal, á un pie de altura. Los 
huevos tienen precisamente la misma sombra azul pálida que los de la Cala- 
mospiza bicolor; se dice que algunas veces tienen vírgulas, y no dudo que sea 
así, aunque no lo he visto. Miden 0-80 por 0-05. 

Como observó Audubou, la Euspiza americana parece esquivar ciertos dis- 
tritos, tanto para anidar, como para emigrar, prefiriendo las regiones fértiles, 
escogiendo para criar, los sitios que le indica su capricho, y confinándose á ellos. 
En los alrededores de \Yashington, abundaba más en los barrios de la ciudad, 
én los jardines y huertas, y en los campos próximos á los bosques. 

Es común en las praderas del Oeste, y llega hasta el límite de las llanuras 
estériles. También se ha notado que se ha vuelto abundante en regiones en que 
antes escaseaba, pero aún no se ha encontrado la explicación de ese hecho.» (1) 

«Nido, en el suelo ó en la maleza; es de hojas, zacate, raicecillasy tallos fo- 
rrados con zacates y pelos. Huevos, 3-5; azul pálido; 0-80 por 0-00. 

En la mayoría de las localidades es abundante y sedentario en verano. Sin 
embargo, se introdujo en nuestra fanna en una fecha reciente. E. J. Chausler 
dice, que recuerda que era raro en la provincia Knox, donde en la actualidad 
es quizá más comiin que ningún otro pájaro. En la provincia Franklin abunda 
en las praderas elevadas, y escasea en los valles y en los terrenos escabrosos. 
Como es de suponer, es raro en la parte montuosa del sur de Indiana. 

Soy de opinión que se asocia con el Ammodramus savannarum passerinus, 
pues llegan casi al mismo tiempo, frecuentan idénticos parajes, cantan en cierto 
período y parten juntos. A la región meridional del Estado llegan ya unidos. 
Escogen inmediatamente un sitio adecuado, y comienzan á anidar. Estas aves se 
adaptan á las condiciones. En las regiones más abiertas anidan en el suelo, fre- 
cuentemente en xin campo de trébol ó pradera. En otros sitios construye en los 

(1) E. Coues, B. N. \V., p. 164. 



A. L. ítÉRRÉRA.— OfíNífOtOGÍA MEXÍCAÍÍA. 153 



haces de verbas ;í poca distancia del suelo. El Dr. Hoy, de Raciue, "Wis., nunca 
encontró un nido en el suelo, en ese lugar, sino que observó que algunos indi- 
viduos de esta especie anidaban en los arbustos hasta seis pies de altura. En 
Michigan, el Pr. Cook asegura que generalmente anidan en los arbustos. En 
Lake County, Iud., L. T. Meyer, notó que construyen cu el suelo. Las mismas 
condiciones que influyen sobre el Ammodromus obran sobre la Spiza. En las 
diferentes épocas en que se siegan las cosechas de trébol, y en que se cortan 
otros granos, se ausentan, así como los insectos, pues no encuentran alimento 
ni abrigo. A pesar de estos inconvenientes, continúan abundando, y el pueblo 
empieza á reconocerlos como buenos amigos. 

"W. O. "Wallace colectó un nido con cuatro huevos en "Wabush, County, el 
18 de Mayo de 189-1, y T. L. Heaukinson encontró un nido con igual número de 
huevos, en el Colegio de Agricultura, Mich., Junio 18, 1896. Su cauto es origi- 
nal, y surge de los vallados, matorrales, árboles y yerbas, desde la mañana tem- 
prano hasta la tarde. Cantan hasta fines de Julio ó principios de Agosto, y el 
canto y el cantor desaparecen al mismo tiempo. 

Refiriéndose á una huerta infestada con medidores, el Pr. S. A. Forbes, dice 
lo siguiente: <La Spiza americana es una de las especies útiles. No se limitaba 
á comerse los medidores, como el Ampelis cedrorum, pero era mucho más abun- 
dante y anidaba en la huerta. Se examinaron once ejemplares, y se descubrió 
que ocho habían engullido medidores, los cuales constituían cerca de la mitad 
del alimento total de todos. Por lo general, la Spiza americana come orugas en 
Mayo, á razón de 20 por 100, mientras que los que se colectan entre los medi- 
dores comen el 70 por ciento.» (Rept. Mich. Hort. Soc, 1881, p. 204). Se nutren 
en gran parte con chapulines y otros insectos de las praderas, pero también co- 
men semillas.» a) 



CALAMOSPIZA. 

« 
Calamospiza, Bonaparte, Comp. List, p. 30 (1888); Baird, Brew., et Ridgw. 
N. Ara. B. II, p. 00; Coues, Key N. Ain. B. ed, 2, p. 306. 

Género monotípico que contieno á la C. bicolor, habitante do las regiones 
más áridas del centro de Norte América y del Norte y Centro de México. 

Generalmente se coloca á la Calamospiza después de la Spiza, con la cual la 
une, sin duda, remoto parentesco, pero la coloración negra peculiar del macho, la 

(1) A. W. Butler. "The Birds of Indiana," p. 983. 

La Nat.— Ser. II.— T. IV.— Dic. lsW. 20 



154 A. L. HElillEftA.— OftNlíOLOGlA MEXICANA. 

gran diversidad de los sexos, las costumbres sociales del pájaro, y algunos ca- 
racteres estructúricos, indican que debo aislársele. 

El pico es robusto, el culmen túrgido en la baso, las ventanas de la nariz 
profundamente hundidas en la fosa nasal; el tomia es anguloso, y está un poco 
contraído más allá del ángulo; entre ésto y la constricción, hay una eminencia 
denticular; las cerdas riciales son fuertes. El ala es larga y puntiaguda, el pri- 
mero de los cuatro cañones es el más largo; los secundarios son largos y llegan 
casi hasta la punta del ala. Las patas son gruesas, el dedo medio y el tarso son 
subiguales. La garra posterior es corta, y no está extendida. 



CALAMOSPIZA BICOLOR. 

Fringilla bicolor, Torvas. Journ. Ac. Phil. VII, p. 189 1 . 

Calamospiza bicolor*, Baird, Mex. Bound. Snrv. II, Birds, p. 16 2 ; Dresser, 
Ibis, 1865, p. 490 :i ; Dugés, La Nat. I, p. 140 4 ; Baird, Brew., et Bidgw. K Am. B. 
II, p. 6T; Sennett, Bull. U. S. Geol. Snrv. Y, p. 391°; Beldiug, Pr. U. S. Nat. 
Mus. YI, p. 343 7 . 

Calamospiza melanocorys, Stejn. Auk, II, p. 49 *; Check-List N. A. B. 
p. 290 \ 

Nigra; secuudariis extus et tectricibus alarum iutermediis albis. caudoe rec- 
tricibus duabus externis albo in pogonio interno terminatis, crisso albo inter- 
mixto; rostro plúmbeo, pedibus corylinis. Long. tota 6-3, aire 3-5, cauda 1 2-7, 
rostri a rictu 0-7, tarsi 0-95. (Descr. maris ex Am. septr. Mus. nostr.). 

9 supra fusca nigricaute-fusco striata, superciliis indistincte albidis; subtus 
alba fusco striata, hypochondriis brunnesceutibus; alis fusco-nigris, remigibus 
extus auguste albido limbatis, tectricibus iutermediis cerviuo-albis. (Descr. 
exemple. ex México. Mus. Brit.). 

llab. Norte América. 3 México, Sonora, Espía (Kennerly 2 ), Guaymas (Bel- 
diug 7 ), Guanajuato (Dugés 4 ). «Beg. N. de la Bep.» (1) 

Este pájaro sólo se encuentra dentro de nuestros límites á lo largo de la 
frontera septentrional,- y hacia el Sur llega hasta Guanajuato. 4 En los Estados 
Unidos es una especie muy conocida, y se extiende desde las altas llanuras cen- 
trales, hasta las Montañas Rocallosas, y desde allí, en menor número, hasta el 
Océano Pacífico y la Baja California. 

(1) Laurencio y Beristain, p. 34. 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 155 

En Sonora y Espía, los naturalistas aseguran 2 que la C. bicolor se presentó 
formando grandes parvadas, en el valle del Río Grande, en la mañana tempra- 
no, y que los individuos que constituían las bandadas, permanecieron en las co- 
linas la mayor parte del día comiendo semillas. 

Se dice que las notas de la C. bicolor son muy agradables, y que cuando 
cauta el macho, se eleva en el aire como la alondra. 

Ponen su nido en el suelo, y lo construyen negligentemente con zacates se- 
cos. Los huevos son de color azul claro uniforme, como los de la Spiza ameri- 
cana. 

«Esta notable especie se parece á otras muchas por varios motivos, y fre- 
cuenta, desde hace tiempo, algunos puntos del Estado, aunque en las provincias 
intermedias y meridionales, se ha presentado hasta fecha reciente, y eso en nú- 
mero limitado. Como el Dolichonyx orizivorus, cambia su librea de primavera 
y verano, cuando termina la estación de las crías, y asume el obscuro y modesto 
plumaje de la hembra, esquivando fácilmente la identificación en sus emigra- 
ciones de otoño. Un macho cayó en nuestras manos en Mayo, 1877, y desde en- 
tonces lo he observado con frecuencia con su traje nupcial, pero por lo general, 
en localidades más meridionales. 

He permanecido bastante tiempo en sus distritos favoritos, hace muchos 
años, y desde entonces he previsto su llegada, particularmente en las praderas 
situadas al Sudeste de Minesota. Era comparativamente fácil hallar sus nidos, 
pues el macho tiene la costumbre de cantar cerca del sitio en que su consorte 
atiende á la familia. Siempre se encontraban los nidos en las cercanías, si es que 
se encontraban, y generalmente estaban en el suelo, pero en las localidades ca- 
racterizadas por la abundancia de lirios, suelen estar á mayor altura. Los cons- 
truyen con poco esmero, aprovechando yerbas y zacates, y forrándolos con ma- 
teriales más finos. 

El plumjae del macho cambia por completo en el mes que sucede á la esta- 
ción de las crías, mes en que cesan los cantos y los revoloteos en el aire. Pronto 
se reúnen en parvadas considerables, en las secciones én que más abundan ha- 
bitualmente. El canto del macho se parece bastante al de la Icteria virens, mú- 
sico que conocí perfectamente en Sacramento, California, durante la visita que 
hice á esa población en la primavera de 1869.» (l) 

«La Calamospiza bicolor es una de las especies más singulares de todas las 
formas fringilinas. Como lo indica su nombre vulgar, tiene algunas de las cos- 
tambres de los Alaudidce, y los cañones secundarios internos largos. Es un ave 
eminentemente terrestre, y, sin embargo, su garra posterior no está, ni alargada, 
ni extendida, como sncede con los Passeres que frecuentan el suelo casi exclusi- 
vamente. Su pico es como el de un Goniaphea, y su forma igual al del Gonia- 
phea ccerulea, por ejemplo; las diferencias sexuales de plumaje, son tan notables 

(1) Dr. P. L. Uutch, 1. c. p. 847. 



156 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

como en ese pájaro. Poro aún más extraordinario os el cambio de plumaje que 
experimenta en la estación do la muda, pues correspondo exactamente con el del 
D. oryzivora, especie cuya coloración tiene con la de la presente especie, un 
parecido general. » 

Según creo, fué Alien el primero que observó esto hecho: «Después de la 
muda, los machos adquieren el plumaje de las hembras, y este cambio de color 
es semejante al que sufren los machos del Dolidronyx oryzivora.» Existe, ade- 
más, otra analogía curiosa, descubierta por el mismo autor: «Sus costumbres son 
sumamente parecidas á las de la Icteria virens, canta, por lo general, al ir Aco- 
lando, y revolotea lo misino que la especie citada, siendo su canto tan idéntico 
al de aquélla, que es casi imposible distinguirlos.» 

Este autor hace notar, que el ave en cuestión es muy astuta y difícil de ca- 
zar, hecho que no está de acuerdo con mi experiencia, pues observé que abun- 
daba desdo las llanuras de Kansas, hasta las Montañas Ratón; en algunos pun- 
tos era extremadamente común, y podía considerársele como especie caracterís- 
tica. Esto sucedía en Junio, época en qne estaban criando; en apariencia vaga- 
ban por grupos, pero no las unía intimidad alguna, ni componían parvadas; á 
cada pareja, sólo interesaban y absorbían sus propios asuntos. Como viajaba yo 
en coche, no tuve oportunidad de buscar nidos. Casi no vi hembras, de manera 
es, que supuse que estarían incubando ó cuidando á sus polluelos. Los machos, 
más volubles y atractivos, per inane cían constantemente á la vista, Gimiéndose 
sobre la yerba ó remontándose, de cuando en cuando, con trémulas alas, para 
elevarse casi perpendicularmente en el aire, y revolotear cantando hasta que 
caían exhaustos. Algunas veces se reunían varios, y yo me complacía en obser- 
var sus rivalidades, pues cada individuo parecía esmerarse en subir más que 
ninguno, y en cantar lo más reciamente posible sus alegres melodías. 

La Calamospiza anida en el suelo, en las praderas, construyendo, como es 
costumbre en esos casos, un nido algo tosco de zacates y tallitos, forrado con un 
poco de material más fino. 

Los huevos son de color verde azulado pálido claro, y un poco más grandes 
y gruesos que los del Sicilia sialis. De vez en cuando se encuentra una colección 
de huevos con vírgulas, como sucede frecuentemente con los huevos A'erdosos 
pálidos, pero nunca he visto un huevo blanco como los curiosos ejemplares que 
suele poner la Sialia sialis. El huevo varía de forma y tamaño, y mide desde 
0-80 hasta 0-95 de largo, por 0-65 de ancho. A menudo está ocupado su nido 
con huevos de Mólothrus. 

Alien manifiesta lo siguiente: «Aunque la distribución do la C. bicolor es 
bastante local, y su zona de distribución limitada, debe considerársele como una 
de las aves más interesantes v características de las llanuras. En la estación de 
las crías un buen número de parejas reside, por lo general, en el mismo punto, 
mientras que no es posible descubrir un solo individuo en muchas millas á la 
redonda. 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 157 

Eu otras estaciones es eminentemente sociable, y piratea formando parva- 
das considerables. Por sn canto, y la manera que tiene de emitirlo, se parece 
mucho á la Icteria virens, pues se eleva como esa ave en el aire, y se cierne agi- 
tando las alas mientras canta, para bajar en seguida bruscamente, no tardando 
en repetir la misma maniobra. Tiene muchas fuerzas para volar, y se deleita con 
los vientos violentos, cantando más durante el temporal, que cuando hace buen 
tiempo. Encontré varias colonias no lejos de Fort Hay en Junio y Julio, y más 
tarde en otros puntos y en las elevadas mesetas que hay entre South Bark y Co- 
lorado City. 

Estaban mudando en esa época, y las bandadas, tanto de viejos como de jó- 
venes, no eran nada desconfiadas, así es que podía uno acercarse á ellas fácil- 
mente. Durante la estación de las crías, notamos que eran muy retraídos, y que 
era difícil colectar algunos; en cuanto á nidos, fueron inútiles todos los esfuer- 
zos que hicimos para descubrirlos. (1) 



CALCARIUS. 

Calcarius, Bechstein, Tasch. Yóg. Deutschl I. p. 130 (1803; Stejn. Proa U. 
S. Nat. Mus. Y, p. 23; Chech. List X. Ain. B., p. 203. 
Plcctrophanes, Meyer, Yóg. Liv-u. EstL, p. XII. 
Centrophanes, Kaup, Eutw. eur. Thierw, p. 158. 

Xo podemos decidir si Calcarius es el nombre genérico que debe aplicarse 
al C. lapponicus (Linu.) y á sus parientes, pues Bechstein empleó primero este 
nombre en sentido seccional ó subgenérico. Durante muchos años, tanto Plec- 
trophanes como Centrophanes, han sido muy usados en Europa y en América 
en calidad de nombres genéricos del C. lapponicus y sus parientes. 

El género contiene tres especies bien marcadas, y si se incluye al Rhyncho- 
phanes maccowni, cuatro. Sólo el C. ornatus se presenta dentro de nuestros lí- 
mites en la región central de México. 

El C. ornatus tiene un pico algo delgado, el tomia agudo y el ángulo bien 
desarrollado; cerca de éste, hay dos surcos profundos, y en el intervalo que los 
divide, está una pequeña eminencia dentada; el culmen se eleva hacia la base, 
pero se deprime hacia la frente; la fosa nasal es grande y abierta, las ventanas 
de la nariz están situadas en la extremidad más baja, y tienen encima una mem- 
brana muy aparente. Las patas son regulares; pero el dedo posterior tiene una 

(1) E. Coues, B. N. W., p. 163. 



158 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

larga garra ligeramente deprimida. Las alas son largas y puntiagudas: el pri- 
mer primario es el más largo; el segundo, tercero y cuarto, disminuyen gradual- 
mente de tamaño; los niiís largos secundarios, sobrepasan uu poco á los prima- 
rios más cortos. La cola está ligeramente hundida, las plumas son algo angostas, 
y la mayoría tiene la baso blanca. 



CALCARIUS ORNATUS. «Amoldo. 



Plectrophanes ornatus, Towns, Journ, Ac. Pliil. VII, p. 189 1 ; Baird, Brew. 
et Bidgw. N. Ain. B. I, P- 520^; Coues, B. N. W, p. 122 3 . 

Centrophanes ornatus, Coues, Key JST. Ain. B., ed. 2, p. 358 4 . 

Plectrophanes melanomus, Baird, B. N. Ara., p. 436, t. 74, f. 2 5 ; Sel. P. Z. 
S. 1860, p. 251°; 1864, p. 174 7 ; Dresser, Ibis, 1865, p. 486*; Suinichrast, Mein. 
Bost. Soc. K H. I, p. 551°; Alien, Bull. Mus. Comp. Zool. III, p. 135 10 . 

Plectrophanes ornatus, var. melanomus, Baird, Brew., et Ridgw. N. Aiu. B. 
Lp. 521". 

Calcarius ornatus, Chccli-List N. A. B., p. 203 1 -. 

Snpra dorso toto nigricante-fusco, j)lumis singulis extns pallide fusco lim- 
batis; pilco toto nigro, macula nuehali alba, cervice postica castanea; loris, capi- 
tis lateribus gula tota albis; stria postoculari et abdoiuiue tota (prseter partera 
imam et crissum albura) nigris; alis f nsco-nigris fusco extns limbatis, hutneris et 
tectricibns minoribus nigris; cauda fusca, rectricibus duabus utfinque externis 
(prpeter ápices in pogonio tantum externo) albis, reliques (prpeter duas inedias) ad 
basin plus íninusve gradatiin albis; rostro corneo, toraiis et mandíbula pallidis, 
pedibus corylinis. Long. tota 5-3, alaa 3-4, cauda? 2-3, rostri a rietu 0-55, tarsi 
0-75. (Descr. exeinpl. ex México. Mus. nostr.). 

9 snpra niari similis, sed capite, micha et cervice postica dorso concolori- 
bns; subtns isabellina, hypochondriis fusco vix striatis; stria utrinque rictali iu- 
distincte fusca. (Descr. exeinpl. ex México. Mus nostr.). 

Av.juv. ? similis, pectore et liypochondriis distincte fusco maculatis. 

Hab. — Norte América 8 . — México (de Saussnre"), Valle de México (White 7 ), 
meseta do Veracruz (Suniiclirastj 1 ), Orizaba (fide Sallé'). 

Esta especie está sujeta á grandes variaciones. Según creemos, el pájaro 

(1) A. L. Herrera. Cat. de la Col. de Aves del Musco Nacional, p. 20. 



A. L. HERRERA.— ORNITOLOGÍA MEXICANA. j.V.I 



descrito anteriormente tiene el plumaje de otoño, época en que el color negro 
del pecho y la cabeza es casi mate. En la estación de las crías, las plumas del 
abdomen están ribeteadas de un matiz color de tierra de Siena, y también hay 
otras diferencias en el color de las cubiertas de las alas. Las aves qne presentan 
este plumaje, pertenecen al P. melanomus, de Baird; el Sr. Alien 10 , apoyado por 
el Dr. Cones 3 , ha demostrado qne se trata simplemente del P. ornatus. Según 
Snmichrast 9 , esta especie es una de las aves indígenas del Estado de Veracruz, 
de lo cual deducimos que anida en México. Dice qne reside habitnalmente en 
las grandes llanuras de la meseta, y que snele descender á los alrededores de 
Orizaba (alt. 4,000 pies)'. Sclater la observó en esa localidad 6 , y Wliite la consi- 
guió en las cercanías de la ciudad de México 7 - 

Nidifica en el suelo. Sn nido es ligero, y se compone de zacate seco y tallos 
de plantas pequeñas. Los huevos son blancos, manchados y rayados de color de 
orín. 

En la «Chech-List of North American Birds,» publicada recientemente, so 
menciona por casualidad al Rhynchoplianes maccoivnü indicando qne esa espe- 
cie existe en México; pero esa aserción no está amparada por ninguna autori- 
dad. El Dr. Cones escribía en 1874 (B. N. "W"., p. 125) qne no tenía pruebas de 
qne se presentase en México y, hasta la fecha, no se ha comprobado el caso. 
Como este pájaro frecuenta Texas, es muy probable qne se presente de cuando 
en cuando en México. 

«El Plectrophanes nivalis habita entre las nieves.» Allí pasa el estío, dice 
Gloger, siempre arriba del límite superior de las florestas y de los terrenos de 
pasto; vive en medio de una naturaleza desolada, en sitios áridos y desiertos, 
cerca de los hielos y de las nieves eternas. En los años fríos baja un poco más; 
pero sin abandonar nunca la vecindad de los hielos; se le observa entonces so- 
bre la vertiente meridional, posado sobre las rocas desnudas qne yergnen su ca- 
beza árida y recortada en medio de las nubes.» 

Forman parejas ó pequeñas bandadas, y vagan en la montaña volando poco 
más ó menos como las alondras, ó marchando y saltando como el Pinzón. Sola- 
mente cuando el invierno es muy riguroso descienden hasta los valles, y aun 
hacen una corta visita á la llanura. 

«Un cazador, dice Tschudi (1) , refiere que en otoño vio una vez grandes par- 
vadas de Plectrophanes, revoloteando sobre los campos de Cléves; tenían tanta 
hambre y eran tan estúpidos, qiie bajaban al suelo con los compañeros heridos 
de muerte por la escopeta, dejándose matar por centenares, sin pensar en huir.» 

Otros observadores, también convienen en que son pájaros bestias y confia- 
dos. En invierno frecuentan las veredas de las montañas, y pasan delante de las 
habitaciones; las gentes les dan de comer y no las persiguen, de manera que pe- 
netran en las casas. Pero se ha observado, asimismo, en muchos casos, que son 

(1) Tschudi, les Alpes. J3erne, 1859, p. 608. 



lfiO A. t. HERRERA— ORNITOLOGf A MEXICANA. 

prudentes y tímidos. Siempre procuran ocultar bien su nido. No carecen por 
completo de inteligencia, y si no manifiestan desconfianza en presencia del hom- 
bre, es porque no le conocen. 

La voz del P. nivalis es un silbido corto, ó un chillido como el del Pico 
chueco. Cuando se espanta emite sonidos lastimeros; en caso de que note peli- 
gro, lanza un gruñido a guisa de advertencia. No canta sino en la época de los 
amores. Los conocedores opinan que es el peor cantor, tratándose de fringílidos. 
Su cauto es corto, ronco, fuerte, en una palabra, poco agradable. Este pájaro 
tiene, pues, pocas cualidades que hagan desear su posesión; sin embargo, es muy 
querido de los montañeses, porque puebla y anima las comarcas desoladas que 
habita. 

La reproducción tiene lugar á principios do Mayo, y á veces en Abril. Ani- 
da en las grietas de las paredes verticales de las rocas, en las hendeduras de los 
muros, ó bajo las tejas de las habitaciones aisladas. Su nido es grande; está he- 
cho con paja, tapizado cuidadosamente con lana, crines, plumas, etc. Los hue- 
vos, un poco más gruesos que los del Pinzón, son blancos como la nieve. 

Los padres cuidan juntos á sus hijuelos; los alimentan con larvas de insec- 
tos, gusanos y arañas, velando por ellos con la mayor solicitud. Si han anidado 
en la base de la montaña, no tardan en conducir á sus poqnefios cerca de las 
nieves eternas, tan pronto como pueden volar. En invierno se nutren con granos 
de todas clases, y parece que no sufren privaciones, ni aun en esa ruda estación. 
So les da regularmente de comer en los hospicios, y con frecuencia se reúnen en 
bandadas muy numerosas ante la puerta de esos establecimientos. (1) 

Alien me proporciona las siguientes noticias: «El P. ornatus es excesiva- 
mente común en las llanuras que hay cerca de Fort Hays. En verano se disemi- 
na formando grandes colonias, pues, por lo general, se encuentran muchas pa- 
rejas en la misma localidad. Para ser tan pequeños son demasiado ariscos, así 
es que nos vimos obligados á colectar todos nuestros ejemplares, es decir, unos 
treinta individuos, cazándolos al vuelo. Por supuesto anidan en bajo, constru- 
yendo una habitación ligera, pero aseada, con zacate seco y tallos de plantitas. 
Parece que la puesta comprende, generalmente, cinco huevos, con borrones y 
rayas de color de orín sobre fondo blanco; en la primera semana de Junio, se 
obtuvieron colecciones completas. Esta especie tiene la curiosa costumbre de dar 
vueltas en círculo sobre el observador, con vuelo ondulante y sostenido, mante- 
niéndose fuera de tiro, y repitiendo sus agudos pero musicales chillidos.» 

El Dr. Heermann, dice lo siguiente: «La primera vez que observé al P. me- 
lanomus, habíase asociado con el P. maccownii, en las praderas de una aldea 
situada al Oeste de Puerto del Dado. Como escasease la carne fresca en nuestro 
campamento y deseábamos cenar avecillas, hice fuego contra una numerosa par- 
vada que cubría un sitio bastante grande. Tres docenas cayeron á la primera 

(1) A. E. Brelim. Les Merveilles de la Nature. "Les Oiseaux," Yol. I, p. 112. 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 16] 

descarga, y eutre los heridos tuve el gusto de encontrar a esta especie y al P. 
maccownii. Desde aquel punto hasta Río Grande, notamos que abundaban am- 
bas especies dondequiera que había agua. Cuando escuchan una detonación se 
elevan como para huir; pero vuelven obligados por la sed. después de describir 
unas cuantas curvas, á los tínicos puntos donde pueden refrescar sus gargantas 
abrasadas, dando tiempo al cazador para matar á cuantos ejemplares necesite. 
Con frecuencia he visto caer de cien á ciento cincuenta individuos, alcanzados 
por cuatro ó chico descargas. En mi excursión á las Montanas Rocallosas, en 
el año de 1843, encontré al P. ornatus en parvadas y parejas, diseminadas por 
las praderas del Platte River, y tuve la fortuna de descubrir uno de sus nidos- 
Hallábase en el suelo, y se componía de zacates finos forrados con pelo. Conte- 
nía cuatro huevos blancos rayados de negro en la punta más larga, y con la su- 
perficie cubierta de borrones escasos y poco visibles de un tinte uentro. 

En los llanos que se extienden al Norte de Dakota, cría con profusión y es, 
quizás, la especie más abundante, aunque el C. bairdü y el Neocorys spragnei 
también son comunes. Estas tres especies están unidas con lazos de estrecha inti- 
midad, y sus costumbres son muy parecidas. El nido del P. ornatus se encuentra 
oculto debajo de una mata de zacate; es una construcción ligera de zacates finos 
y tallos de yerbas, colocados en círculo y en hueco. Como los nidos de la mayo- 
ría de los gorriones que anidan en el suelo, está hecho en una depresión del te- 
rreno y al uivel de la superficie. Mide tres y media pulgadas de través en el 
exterior, y más de una y tres cuartos de profundidad; el fondo es muy delgado 
en comparación con el borde. Contiene, por regla general, cuatro huevos; éstos 
miden cuatro qnintos de pulgada de largo por tres quintos de ancho, y su forma 
no tiene nada de particular. Son de color blanco tirando á gris, más ó menos 
manchados y abigarrados de gris purpúreo pálido, que es el tono predominante, 
y que está cubierto superficialmente con numerosos puntos y mauchitas morenas 
obscuras; la distribución y el número de manchas es indeterminado; pero siempre 
se notan sobre el apagado color del fondo. Creo que tienen dos ó tres crías en 
cada estación, pues he encontrado huevos frescos y polluelos recién nacidos el 
mismo día, Julio 18, habiendo cazado polluelos al vuelo la semana anterior; ade- 
más, he encontrado huevos frescos en la primera semana de Agosto. Cuando al- 
guien se aproxima al nido, la hembra se marcha, por lo general, tranquilamente, 
después de revolotear un poco, abriéndose paso entre la yerba hasta que se halla 
á una distancia conveniente para tender el vuelo. Sin embargo, cuando ya nacie- 
ron los polluelos, los padres se ciernen sobre la cabeza del intruso llenos de an- 
gustia y lanzando chillidos suplicantes. 

Los polluelos permanecen juntos hasta que ya pueden volar bien y, enton- 
ces, formau grandes parvadas compuestas de varias familias. Tan pronto como 
acaban de cuidar á su última cría, se reúnen con los demás hijos; en Agosto 
están mudando, y forman extensas tropas que recorren las praderas buscaudo 
alimento. En Septiembre, se les agregan las parvadas del P. pictus que llegan 

La Nat.— Ser. II.— T. IV.— Marzo 1905- 21 



102 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

del Norte, y unos cuantos P. lappoiücus: asócianse todos ellos, pues tienen los 
mismos hábitos, y permanecen en esta parte del país hasta mediados de Octu- 
bre, por lo menos, época en que, probablemente, se marchan al Sur. 

La nota de este pájaro es original y difícil de describir, pero se le aprende 
con facilidad; en la estación de los amores es un buen cantor, de blando y agra- 
dable gorjeo. Su vuelo ordinario, cuando es tranquilo, es perfectamente ondu- 
lante, como el del Chrysomitis, y gorjea cada vez que bate las alas. Si se espan- 
ta, vuela con presteza en zigzag, de manera que es difícil acertar el tiro; los 
diversos miembros de una parvada, vuelan por separado, pero generalmente 
marchan unos detrás de otros, deteniéndose después de recorrer cortas distan- 
cias, para vagar de nuevo en busca de alimento. Como otras avecillas de las pra- 
deras, frecuenta los caminos despojados de yerbas por las ruedas de los carros, 
y come y corre allí con la mayor facilidad. Nunca vi que se posase más que en 
el suelo. Al vuelo se le reconoce siempre por el color blanco de la cola. 

Su tamaño varía entre 5 3 / 4 ó tí 1 ^ de largo, por 10 Vi ó 10 3 / 4 . Después de la 
muela, adquieren un plumaje más rico y limpio que el de verano. Los machos 
jóvenes, no tardan en presentar un tinte negro en las partes de debajo, pero las 
marcas características de la cabeza, no aparecen hasta la primavera siguiente. 
Un buen número de los pájaros del estío anterior, tienen la curva del ala per- 
fectamente negra, pero pocos son los que presentan en el plumaje de esta región, 
los márgenes rojizos vivos de las plumas de debajo, que son tan visibles en los 
ejemplares más meridionales.» (1) 



CARPODACUS. 

Carpodacus, Kanp, Ent. era. Chierw. p. 161 (1829); Baird, Brew., et Ridgw. 
N. Ara. B. I, p. 459; Coues, Key N. Ara. B. ed. 2, p. 346. 

La Carpodacus contiene quince especies, inclusos los subgéneros Propasser 
y Pynhopletes. Están diseminadas en las regiones Paleártica y Neártica, 2 y tie- 
nen representantes en el Asia Central y en las escarpas del Himalaya. 

Cinco especies residen en la región Neártica, de las cuales, tres existen den- 
tro de los límites de México, donde están confinadas á las llanuras más elevadas 
del interior, ó á la frontera Norte. 

La Carpodacus cassini, que pertenece á la misma sección del género que el 
conocido C. purpuráis, tiene el culmen del pico casi recto, lo mismo que el to- 
mia, pues el pico está algo túmido debajo de las ventanas de la nariz; éstas son 

(1) E. Coues, B. N. W., p. 122. 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 163 

redondas, y tienen una membrana ¡í lo largo del margen superior; la fosa nasal 
está cubierta por un grupo de plumas cortas, rectas y cerdosas. Las patas son 
débiles, el tarso más chico que el dedo medio y la garra. Las alas son largas y 
puntiagudas; el primero, segundo y tercer cañones son subiguales, y forman la 
punta del ala: los más largos secundarios, son un poco mayores que los más pe- 
queños primarios. La cola es muclio más corta que el ala, y está regularmente 
hendida. 

El pico de la C. haemorrhous tiene el culmen mucho más curvo, y una pe- 
queña eminencia dentada en el ángulo del tomia. Las ventanas de la nariz son 
un poco más visibles, pues las cortas plumas rectas procedentes de la base de la 
frente, son más chicas. La cola es más pareja, y las plumas más angostas. 



CARPODACUS CASSINI. 

Carpodacus cassini, Baird, Pr. Ac. Phil. 1854, p. 119 1 ; Sel. et Salv. P. Z. S. 
1869, p. 362 2 ; Baird, Brew., and Ridgw. ST. Am. B. I, p. 460 3 ; Coues, B. N. W. p. 
106 4 ; Key N. Am. B. ed. 2, p. 347 5 ; Check-List N. Am. B. p. 256 6 . 

Supra dorso medio fnsco, plumis singulis obscuro fusco-rosaceo limbatis, 
uropygio rosaceo, capite toto summo lacte satnrate rosaceo; alis et cauda fuscis, 
illis obscure rosaceo marginatis, superciliis indistinctis; genis et corpore subtus 
antico pallide rosaceis, regioue parotica obscuriore, abdomiue postico et crisso 
albidis; rostro fusco, mandíbula ad basin paluda, pedibus corylinis. Loug. tota 
0-6, al?e 3-6, caudae 2-5 rostri a rictu 0-65, tarsi 0-7. (Descr. maris ex México, 
prope urbem. Mus. nostr.). 

Hab. — Norte América 6- *. México, valle de México (le Strauge 2 ), bosques de 
pinos del Pico de (Drizaba (Sartorius 3 ). «Reg. N. y Mesa Central. » (1) 

Ignoramos casi en su totalidad todo lo referente á esta especie en México, 
pero hay pruebas evidentes de que existe en dicho país. Tres pieles, dos ma- 
chos y una hembra, estaban en la colección mexicana de le Strauge examinada 
por Sclater y Salvin 2 , y á la vista tenemos uno de esos ejemplares. Además, el 
Dr. Sartorius residió largo tiempo en Mirador, Estado de Veracruz; fué, durante 
muchos años, corresponsal del Instituto Smithsoniano: descubrió á esta especie 
en los bosques de pinos de Orizaba, el mes de Junio de 1864, y envió ejempla- 
res á "Washington 3 . 

En los Estados Unidos, parece que el C. cassini abunda en la Sierra Nevada 

(1) Laurencio y Beristain, p. 34. 



164 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

y en otras partes, y es un hermoso cantor. Respecto á su nido y huevos, el Dr. 
Coues dice* que estos no difieren en nada de los de los del C. purpuráis, los cua- 
les son de un color azulado claro pálido, irregularmente manchados, sobre todo 
alrededor de la punta más larga, do moreno negruzco muy obscuro, casi negro 
en algunos casos, y en otros más claro. 

El Dr. Coues ha publicado una biografía de esta ave en «Forest and Stream» 
(XX. N.° 22, p. 425; Ank., I, p. 288), periódico que no hemos visto. 

«Personalmente, sólo he observado á esta especie en Arizona, cerca de For- 
Whipple, donde era común y sedentaria. Al Oeste se le encuentra en la Sierra 
Nevada, pero probablemente no va más lejos. El Dr. Cooper observó gran nú- 
mero de individuos cerca de Lake Tahoe, y notó un chillido especial. Se cono- 
cen tan poco sus costumbres, que el siguiente párrafo de Trippe, referente á sus 
observaciones en Idaho Springs, Colorado, es el más aceptable. 

«Abundante; nidifica. Unos cuantos individuos permanecen todo el invier- 
no en las localidades abrigadas en Bergens Park, pero la mayoría busca un cli- 
ma más caliente, regresando tan pronto como pasa el rigor de la estación. 

En Marzo y Abril frecuentan las espesas alamedas de sauces que bordan 
las orillas de casi todos los ríos; en esa época su cauto es dulce, trinado y bajo, 
y en Mayo aumenta de intensidad, pareciéndose entonces al del Carpodacus 
purpureus. Nidifica hasta á 10,000 pies de altura, pero no está distribuido con 
uniformidad, pues nunca notó que abundase fuera de Bergeus Park. Durante el 
verano y el estío frecuentan los pinares en donde anidan, y en esta estación la 
hembra canta casi con la misma dulzura que el macho. Sospecho que el C pur- 
pureus, que según Alien es común en South Park, es esta especie, á la cual no 
meuciona. El C. cassini es común, mientras que el C. purpureus es tan raro, que 
durante el transcurso de un año nunca tuve oportunidad de verlo, á pesar de mi 
vigilancia.» 

Las únicas colecciones de huevos que he visto, no difieren de los ejempla- 
res del C. purpureus, aunque por término medio son un poco más grandes. 

Como sucede con las de esa especie, hay puestas muy descoloridas, que co- 
rresponden con los huevos blanquiscos de la Sicilia. La nidificación es entera- 
mente igual á la del C. purpureus. Los huevos que describió el Dr. Brewer, y 
que atribuye á esta especie, pertenecen al C. frontalis. Provenían de la colec- 
ción obtenida al Sur de Arizona por Bendire, quien me escribe, que su identifi- 
cación estaba errada. Probablemente la C. cassini no anida en esa localidad. 
(Cf. Brew., Pr. Bost. Soc. XVI, 1873, 109). (,) 

(1) E. Coues, B. N. W., p. 106. 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 165 



CARPODACUS FRONTALIS. 

Tringilla frontalis, Say in Loug's Exp. II, p. 40 1 . 

Carpodacus frontalis, Baird, Brew., et Ridgw. N. Ara. B. I, p. 465 2 (var. 
hae morrhous excepta); Coues, B. JÑT. W. p. 107 3 . 

Caryodacus rhodocolpus, Cab. Mus. Hein. I, p. 166 4 . 

Carpodacus frontalis, var. rhodocolpus, Belding, Pr. U. S. Nat. Mus. VI, 
p. 343 5 . 

Capite, eolio, gula, pectore, veuire atitico et uropygio cocciueis; píleo medio 
et regioue parotica fuscesceutibus; corpore supra reliquo fusco, plumis singulis 
pallide fusco limbatis plerumque rosaceo lavato; ventre imo, crisso et hypoehon- 
driis albidis fusco striatis; alis et cauda fuscis, albido extns lirabatis; rostro fus- 
co, pedibus obscure corylinis. Long. tota 5-5, alse 3-0, caudse 2-5, rostri a rictu 
0-5, tarsi 0-65. Descr. raaris ex California. Mus. nostr.). 

9 raari similis, sed colore coccíneo et rosaceo absenté. 

Hab. — Norte América 2 . — México, Guaymas (Belding 5 ). «Sonora y Baja Ca- 
lifornia. » (1) 

Admitimos al C. frontalis en esta fauna, apoyándonos en la autoridad de L. 
Belding (no tenemos ejemplares mexicanos), quien obtuvo algunos individuos de 
la raza rhodocolpus en Guaynias 5 . Es incierta la posición de las aves oriundas 
de Frontera y Monterrey, colectadas por los naturalistas de la Mexican Boun- 
bary Survey. En la duda, los liemos colocado en el C. mexicanus, pero tal vez 
deban incluirse aquí. 

La C. frontalis es un ave muy familiar en el país que habita, frecuentando 
las casas y el campo rasu. Su canto es agradable, y su nido se encuentra en dis- 
tintos sitios: en los árboles, grietas, tongas y casas, como el nido de la golondri- 
na y del gorrión (Passer domesticas). Los materiales de este nido, consisten en 
zacates forrados de raíces secas y pelo. Los huevos sou de color azulado pálido 
marcados de manchas y líneas moreno negruscas, principalmente cerca de la 
punta más larga. 

«Encontré gran número de la C. frontalis al entrar á Nuevo México, y de 
allí seguí sus huellas á través del continente, hasta el Pacífico. En las pobla- 
ciones mexicanas, observé que eran tan numerosas, familiares y confiadas, como 

(1) Laurencio y Beristain, p. 34. 



166 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

lo es el gorrión inglés en muchas de nuestras ciudades orientales; buscaban ali- 
mento en toda clase de escondrijos, alrededor de los edificios, en las horquillas 
de los arboles, en los patios y en las calles. Los materiales de los nidos varían 
tanto, como su situación. La puesta comprende cinco ó seis huevos de tres cuar- 
tos de pulgada de largo, por tres quintos de ancho. Cada aüo hay dos ó tres 
crías. Entre los puntos que prefiere esta ave para anidar, el Dr. Cooper mencio- 
na los árboles, troncos y i-ocas, «las tapias, el interior del postigo de una venta- 
na, los agujeros de las paredes, los techos de teja, los haces de heno y los gra- 
neros, los intersticios que hay entre las varitas del nido de un Gavilán, y el nido 
abandonado de un Icterus;» el Dr. Hermanu, agrega á los puutos citados, los 
cactus y los agujeros de los Carpinteros. En Río Grande anidaban infinidad de 
golondrinas, y el C. frontális acostumbraba ocupar los nidos de golondrina del 
año anterior, posesionándose por la fuerza, algunas veces después de una anima- 
da riña, de un nido recién terminado, así es que los desconsolados propietarios 
tenían que construir otro, imposibilitados de desalojar á los intrépidos intrusos. 
Sin embargo, por regla general, vivían amistosamente con las golondrinas, pues 
preferían los árboles, en tanto que sus amables vecinas anidaban bajo el alero 
del tejado. 

En el interior de Arizona, donde hay pocos pueblos, noté que el C. frontális 
no era más familiar que las demás avecitas, y que frecuentaba las colinas y ba- 
rrancas, acompañado á menudo del C. cassini. En apariencia, era sedentario, 
pero su número aumentaba en la primavera y el estío. También lo encontré per- 
fectamente emplumado y en pleno canto en Noviembre, en San Pedro, donde 
disfrutó de la hospitalidad de mi amigo el Dr. Cooper. Me refirió, que más al 
Sur, en San Diego, empiezan á anidar á principios de Marzo. En California, 
acostumbran tenerlos en jaula. 

Trippe asegura que el C. frontális sólo por casualidad visita el Colorado, 
pues algunas parvadas, poco numerosas, recorren los valles á fines de la prima- 
vera. No nidifica en la provincia, pero es probable que unos cuantos individuos 
aniden en Bergens Parle.»' 1 ' 



CARPODACUS MEXICANUS. «Gorrión, Nochtototl. 



(2) 



Tringilla mexicana, Müll. Syst. Nat. Suppl. p. 165 (ex D'Aub. Pl. Eul. 386, 

íig. I 1 )- 

Carpodacus mexicanus, Ridgw. Proc. Biol. Soc. Wash. II, p. 110 2 . 

(1) E. Coues, B. N. W., p. 107. 

(2) A. L. Herrera. Cat. de la Col. de Aves del Museo Nacional, p. 20. 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 167 

Tringilla hcemorroa, Wagl. Isis, 1831, p. 525 3 ; Licht. Preis. Verz. Mex. Yog. 
p. 2 (J. f. Orn. 186b, p. 56 4 ). 

Carpodacus hcemorrous, Sel. P. Z. S. 1856, p. 304 5 ; 1858, p. 303 6 ; 1859, p. 
380 7 ; Snmiehrast, Mein. Bost. Soc. K H. I, p. 550 8 ; Salv. Caí. Strickl. Coll. p. 
205. 9 

Pyrrhula frontalis, Sw. Phil. Mag. n. ser. I, p. 435 10 . 

Carpodacus frontalis, Bp. Coiisp. Av. I, p. 533"; Cab. Mus. Heiu. I, p. 
166 12 ; Baird, Mex. Bound. Surv. II, Birds, p. 11 (?) 13 ; Dugés, La Nat. I, p. 140 14 ; 
Lawr. Mem. Bost. So. c. N. H. II, p. 278 15 (?); Coues, B. K W. p. 107 lfi . 

Xochtotolt, Hernández, Hist. An. p. 31, cap. 81" (apud Wagler 2 ). 

Supra fusciis, iuterscapulio vix striato, alis et cauda fusco-nigricaiitibus, 
illis fusco limbatis; snpereiliis, fronte late, uropygio et guttnre toto líete cocci- 
neis; loris et regioue parotica dorso concoloribus; corpore reliqno snbtus pallide 
fusco, obscuro fusco striato; rostro corneo, mandíbula paluda, pedibns nigrican- 
te-fuscis. Long. tota 5-6, ala? 3-1, candse 2-5, rostri a rictu 0-5, tarsi 0-65. 
(Descr. maris ex Oaxaca, México. Mus. nostr.). 

9 mari sirailis. inornata, colore coccíneo nullo, corpore subtus nudique fus- 
co striato. (Descr. feminse ex México, prope urbera. Mus. nostr.). 

Hab.— México u - u (Deppe 4 , Mann 9 ), Frontera (Wright 13 ), Monterrey (Couch 13 ). 
Tepic y Dnrango (Grayson 15 ), Guanajuato (Dugés 14 ), Guadalajara (Grayson 15 , 
Dugés 14 ) Temascaltepec, Eeal del Monte (Bullock 10 ), meseta de Yeracrnz (Snmi- 
ehrast 8 ), San Andrés Gorión (Sallé 5 ), Oaxaca 6 (Boucard, 7 Fenochio). «Casi toda 
la República. » (1) 

Probablemente los primeros ejemplares que se obtuvieron después del tipo 
de D'Aubenton, fneron los que cazó Bullock en Temascaltepec y Real del Mon- 
te, meseta de México 10 . Posteriormente, Deppe envió ejemplares al Museo de 
Berlín, oriundos, como es probable, del Estado de Oaxaca, y Lichtenstein les dio 
el nombre de hcemorrhom* , adoptado más tarde por Wagler 3 , quien consideraba 
al ave como el Nocktototl de Hernández 17 . 

Snmiehrast asegura, que el C. mexicanas es común en toda la meseta de 
México, y que también se le encuentra en las partes elevadas del Estado de Ye- 
raernz 8 . 

Grayson, observó un Carpodacus en la ciudad de Dnrango, en Febrero; en 
Guadalajara, en Mayo; y en Tepic, en Diciembre, Mayo y Junio; notó, asimismo, 
que anida en esas localidades, pero que no visita la costa 15 . 

Ignoramos si se ha publicado algo concerniente al nido y huevos de esta es- 
pecie, pero es probable que se parezcan á los de la C. frontalis. 

(1) Laurencio y Beristain, p. 34. 



] 68 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

Hay un ejemplar en el Museo Británico, con la parte roja de la cabeza, ama- 
rilla, de manera que se parece al tipo de D'Aubeutoii. 

«Uno de los frutos que constituyen la base de la alimentación del Carpoda- 
ciis, es el del Trueno (Ligustrum). Es notable en esta especie la presencia de 
caracteres sexuales secundarios, y la selección sexual que en ella so verifica; los 
gorriones son estrictamente monógamos; pero frecuentemente tienen terribles lu- 
chas entre sí los individuos machos, y se disputan á las hembras no sólo por este 
medio, sino también tratando de agradar á sus futuras parejas. Con este objeto, 
escogen posturas elegantes, agitan sus alas y cola, y cantan lo mejor que pueden 
en presencia de la hembra; es muy común que dos machos, después de condu- 
cirse de esta manera, y si el objeto de su ardor no da la preferencia á ninguno 
de ellos, se entreguen á una encarnizada pelea: ésta nunca termina de un modo 
funesto, y sí acontece que los dos contendientes, después de haberse despluma- 
do, vuelven á ejecutar sus brillantes juegos en presencia de la hembra. En el 
mercado de la capital se venden los gorriones en abundancia, hasta el precio de 
doce centavos, y como las personas afectas a las aves canoras, prefieren á los in- 
dividuos machos, esto contribuye, aunque poco, a que la especie tenga tendencia 
más bien á ser polígama, que monógama. En muchos de los nidos que llevo exa- 
minados, he encontrado, sin embargo, mayor número de hembras que de machos. 
Los gorriones viven en domesticidad, de 14 á 16 años.» (1) 

Sedentario. — Yive generalmente en las cercanías de las poblaciones; nunca 
se le encuentra en lugares desiertos y sin cultivar. Es una ave doméstica, social 
y monógama, sumamente nociva para la agricultura, devora los frutos comesti- 
bles, destruyendo mayor número del que necesita para alimentarse. En Tlálpam, 
los gorriones causaron un perjuicio de consideración en un plantío de viñas. 
Este couirostro, por desgracia sedentario y muy abundante, anida en Marzo ó 
Abril, y se propaga de una manera notable. 

De todas las aves frugívoras que habitan en el Valle, el Carpodacus es el 
más nocivo; debería destruirse, lo que es bastante fácil, si se le ataca durante la 
noche, en los árboles adonde se recogen multitud de individuos. El Carpodacus 
tiene por enemigos, en primer lugar, á los cazadores por afición, que cada año 
destruyen un número bastante considerable; en segundo, á los comerciantes en 
aves domésticas, y por último, á los agricultores, los rapaces, y algunos mamífe- 
ros; á pesar de esto, los gorriones no disminuyen en número. 

Hay en el Talle de México dos variedades (?) de Carpodacus, la rural, más 
pequeña que la urbana, la que se alimenta generalmente de las semillas que 
abandonan las aves domésticas, y es más corpulenta. En los gorriones que se 
mantienen en cautividad, no se observa la misma coloración que en los indivi- 
duos libres; en los primeros, el color es más claro, y las manchas de la cabeza y 

(1) A. L. Herrera. Notas acerca de los Vertebrados del Valle de México. "La Naturaleza," 
Vol. I (2), p. 323. 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 169 

la porción posterior del dorso son amarillas, y en los segundos estas mismas 
manchas son rojas.» ro 



LOXIA. 

Loxia, Linnaens, Syst. Nat. I, p. 299 (1766). 

Loxia, limitada á los Picos cruzados, contiene cinco ó seis especies algo in- 
definidas, pues su número depende, en gran parte, de las variaciones concedidas 
á cada especie. La Tínica que nos interesa es la L. Mexicana, modificación de la 
L. americana ó de la L. curvirostra. Loxia, es un género de las regiones palear- 
ticas y neotropicales. y se presenta espodáricamente y en estaciones inciertas en 
toda la zona templada septentrional. Probablemente la L. mexicana es la única 
especie que pasa por el trópico, y eso solamente en las montañas mexicanas. 

El pico de Loxia es metagnato. pues las puntas de la mandíbula superior y 
de la inferior se cruzan; ambas son muy curvas y tienen las puntas afiladas como 
la hoja de un cuchillo. Las ventanas de la nariz están completamente ocultas por 
unas plumitas tiesas que parten en línea recta de la base de la quijada. Las pa- 
tas son pequeñas, y los tarsos, dedos y garras, fuertes. El ala es muy larga, el 
primero, segundo y tercer cañones, son subiguales y muy largos, los demás cor- 
tos, los primarios más interiores tienen un poco más de la mitad de la longitud 
de los más largos, los mayores secundarios exceden un poco á los primarios más 
interiores. La cola es muy corta y está dividida. El rojo es el color que predo- 
mina eu el macho adulto. 

Al estudiar los pericos, observamos que tenían afinidades con los Páseres, 
y en este orden encontramos, asimismo, especies que se parecen á los pericos y 
establecen una transición de los unos á los otros. Tales son los pájaros que com- 
ponen la familia de los Loxidos ó Picos cruzados y que se parecen á los pericos, 
no sólo por sus formas, sino también por sus costumbres, sus movimientos y cier- 
tas particularidades. 

Los Loxidos forman una familia bien caracterizada, pero poco numerosa en 
materia de especies. La forma de su pico les distingue no solamente de los otros 
Páseres, sino también de todos los pájaros. Uno sólo tiene relaciones con ellos, 
pero éstas no son bastante grandes para que los naturalistas los reúnan en el 
mismo género. Algunas veces se han incluido á los Loxidos y á otros Páseres 
en una familia coinúu, otras se ha colocado al Picoduro entre ellos, pero siem- 
pre se ha reconocido, finalmente, que representaban un tipo aparte. 

(1) A. L. Herrera. La Mig. en el Valle de México. ''La Nat.," vol. 1 (2), p. 181. 

La Nat.— Ser. II — T. IV.— Mayo IDOS. 22 



1 70 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

Costumbres, hábitos y régimen. — Como la mayoría de los Páseres, los Loxi- 
dos forman parvadas que rara vez abandonan los bosques. Pero, más que la 
existencia de todos los otros pájaros, la suya está ligada á la presencia de cier- 
tos árboles. Únicamente en los bosques de coniferas encuentran su alimento; 
durante sus viajes no hacen más que atravesar los otros bosques. 

Su patria es extensa. Eu el Norte es donde son más abundantes, pero no 
solamente allí se les encuentra. Hasta cierto punto, se les puede considerar co- 
mo bohemios, pues como los gitanos, aparecen súbitamente en una comarca, per- 
manecen eu ella algún tiempo, conduciéndose desde el primer momento como si 
fueran indígenas y reproduciéndose, hasta que cualquier día parten tan repen- 
tinamente como llegaron. Sus peregrinaciones están ligadas con la riqueza de 
las florestas de coniferas; aparecen cuando los granos de estos árboles están ma- 
duros. Sin embarco, no hav roo-la absoluta. Eu Alemania se les observa du- 
rante muchos años consecutivos, enseguida desaparecen, y transcurre algún tiem- 
po sin que reaparezcan. Se aclimatan eu todas partes y en todas las estaciones. 
Atraen la atención del hombre y, á pesar de sus apariciones irregulares, son los 
pájaros más conocidos eu las comarcas que han visitado. Son los favoritos de 
los montañeses, y los héroes de los cuentos y de las leyendas, porque sus cos- 
tumbres tienen no sé que atractivo. 

No es fácil distinguir á las diversas especies de Picos chuecos. Cada colec- 
ción contiene variedades numerosas, pero todas parecen encadenarse estrecha- 
mente. Se pueden admitir cuatro especies europeas bien determinadas, y otras 
tantas en Asia y en América. 

Su gruesa cabeza, su enorme pico, sus patas macisas y su corta cola, dan á 
los Picos chuecos un aspecto pesado y torpe; pero por el contrario, son aves ale- 
gres y ágiles, vuelan con rapidez largo tiempo, se ciernen en el aire antes de po- 
sarse, y trepan fácilmente por las ramas. Eu tierra únicamente se manifietan un 
poco torpes é inhábiles. Sus costumbres se semejan mucho á las de los pericos, 
pero su inteligencia está menos desarrollada; sobre todo, son menos astutos y más 
inofensivos, dulces v amables.» (1) 



LOXIA MEXICANA. «Pico cruzado. 



(2) 



Loxia mexicana, Strichl. Contr. Orn. 1851, p. 43 1 ; Sel. P. Z. S. 1859, p. 365 2 
Salv. Ibis, 1866, p. 193 3 ; Cat. Strickl. Coll., p. 202 4 . 
Loxia americana, Sel. P. Z. S. 1864, p. 174 6 . 

(1) Brehm, 1. c, p. 74. 

(2) A. L. Herrera. Cat. de la Col. de Aves del Museo Nacional, p. 20. 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 171 

Curvirostra americana, Snmichrast, Mein. Bost. Soc. N. H. I, p. 55i 6 . 
Loxia curvirostra, rar. mexicana, Baird, Brew. et Ridgw. ~N. Am. B. I, p. 
488 7 ; Ridgw. Proc. Biol. Soc. Wash. II, p. 100 8 . 

Loxia curvirostra stricklandi, Check-List N". Am. B. p. 257 9 . 

Rubra, alis et cauda nigricante-fuscis, rostro corneo, maxilla et mandíbula 
ad ápices decussatiun positis, pedibus coryliuis. Long. tota 6-0, alee 0-4, caiídse 
2-2, rostri a rictu 0-8, tarsi 0.65. (Descr. maris ex México. Mus. nostr.). 

9 obscuro olivaceo-fusca, uropygio flavido, alis et cauda fusco-nigris extus 
oliváceo limbatis; subtus oleagineo-grisea, ventre imo albicante. (Descr. feminse 
ex México. Mus. nostr.). 

Hab.Sovte América 9 .— México (Maun 1-4 , Boucard), Valle de México ("Whi- 
te 5 ). Jalapa (de Oca 2 ), Moyoapam (Snmichrast 6 ), Guatemala (O. S. A. T. D. G. 3 )' 
«Méx. Reg. temp. de Yeracrnz.» (1) 

Muy pocas noticias tenemos respecto a las costumbres de la L. mexicana 
en México. El tipo de Strickland llegó a su poder en 1840, y formaba parte de 
una colección de T. Mann, obtenida probablemente en las sierras mexicanas 4 . 

Snmichrast colectó un solo ejemplar en Moyoapam, en la región alpina de 
Orizaba, a una altura de cerca de 8,200 pies sobre el niyel del mar 6 . Otros ejem- 
plares han sido obtenidos por Vfhite, Boucard, de Oca y demás colectores. 

En Guatemala solamente encontramos a la L. mexicana una ocasión (Sep- 
tiembre 1861). al descender la cordillera que divide la llanura de Salama del 
valle del Motagna. Varios pájaros estaban comiendo posados en los pinos. Como 
nos fué imposible procurarnos algunos ejemplares, ignorarnos si dichos pájaros 
eran realmente la L. mexicana, pero casi tenemos la certidumbre de ello. 

Indudablemente, la L. mexicana tiene los hábitos irregulares de la L. cur- 
virostra y de la L. americana, las cuales vagan de un punto á otro, sin emigrar 
de un modo definido. Anidan, asimismo, en diversas estaciones, con frecuencia 
á mediados del invierno. 

«.Costumbres y régimen. — Todos los picos cruzados habitan en las florestas 
de coniferas; se alimentan casi exclusivamente con los granos de los pinos, abe- 
tos y cedros. Son más comunes al Norte que al Sur, porque allá hay florestas 
más extensas de estas clases de árboles. 

Xo tienen patria, por decirlo así, pues se les encuentra en todas partes, y en 
ninguna. En Alemania se presenta el Pico cruzado cuando maduran los granos, 
y si abundan éstos, acude en gran número, aun á parajes donde no se le había 
observado durante muchos años. Sus emigraciones son, pues, muy irregulares, 
y no dependen, ni de las estaciones, ni de las localidades. Son más comunes en 

(1) Laurencio y Beristain, p. 34. 



172 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

las montañas que en las llanuras, pero se establecen en las últimas cuando en- 
cuentran en ellas florestas convenientes. En sus viajes llegan algunas veces has- 
ta el centro de la Europa meridional. En España, por ejemplo, suelen ser muy 
abundantes. Según Homeyer, se les observa en las Baleares, así como en Gre- 
cia. Se ignora aún, hasta dónde se extiende en Asia, pero nunca residen mas 
que en las florestas. ¿La América posee especies propias, ó han penetrado hasta 
ella las nuestras? Es lo que decidirán las observaciones ulteriores. La última 
suposición no es inverosímil, pues estas aves no conocen ni fronteras ni ba- 
rreras. 

Al atravesar un bosque de pinos ó abetos, se escuchan á veces sus chillidos, 
que son muy conocidos de todos los pajareros, y de muchos cazadores; también 
se suele oir el cauto del macho. Los Loxidos han llegado y se han instalado. Si 
la localidad les agrada se reproducen, si no, buscan un sitio apropiado transcu- 
rrido cierto tiempo. Bien pronto descubren el mejor lugar que hay en el bosque, 
y después de vagabundear todo el día, se reúnen allí llegada la noche. 

Todos los Loxidos son pájaros sociables, y no se separan ni aun en la esta- 
ción de los amores. Sus costumbres son muy curiosas. Son esencialmente arbó- 
reos, y sólo obligados por la necesidad, bajan al suelo para beber ó córner los 
conos de los pinos que se han caído. La cima délos pinos es su inorada. Trepan 
con agilidad por las ramas, ayudándose con el pico como los pericos; se suspen- 
den con ayuda de sus patas ó de sus picos, unas veces con la cabeza en alto, 
otras con la cabeza hacia abajo, y permanecen algunos minutos en esta posición 
tan incómoda en apariencia. Vuelan fácilmente y con ligereza, pero rara ocasión 
emprenden largas caminatas de una tirada. Además, extienden mucho las alas 
doblándolas súbitamente, de manera que describen en el aire una línea on- 
dulada. 

En la época de los amores se elevan revoloteando más arriba de los árbo- 
les, y se quedan suspendidos en el mismo sitio cantando; en seguida, vuelven 
lentamente á ocupar el lugar acostumbrado. Están continuamente en movimien- 
to, excepto al mediodía. 

En primavera, estío y otoño, comienzan desde que amanece á vagar por la 
floresta de arboleda en arboleda, y de colina en colina, de manera que los paja- 
reros que les tienden redes, se ven obligados en Junio y Julio, á estar en su 
puesto á las dos de la mañana. En invierno, cuando el frío es riguroso, perma- 
necen mucho tiempo en el punto en que pasan la noche; sin embargo, su voz re- 
suena desde muy temprano, aunque no abandonan aquel paraje, hasta que el sol 
está ya alto en el horizonte. En dicha estación se atarean mucho á las diez de la 
mañana, momento en que comienzan á comer. A las dos se calman, pero conti- 
núan comiendo hasta las cuatro, hora en que se entregan al reposo. Van á beber 
al mediodía; á las diez ó las once en estío. 

Los Loxidos se cuidan muy poco de los otros habitantes de la floresta y del 
hombre, aunque hayan aprendido desde un principio á considerarle como ene- 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 173 

migo. Se ha aprovechado este pretexto para decir que son seres estúpidos, y 
esta opinión se apoya en hechos que tienden efectivamente a demostrar que ca- 
recen por completo de inteligencia. Pero si se estudian con más atención estos 
pájaros, se observa que saben aprovechar las lecciones de la experiencia, y que 
son, en realidad, menos tontos de lo que parecen. Es fácil atraparlos ó matar- 
los, y están tau ligados entre sí, que su amistad les cuesta comunmente la vida 
ó la libertad. Me parece que eso prueba no estupidez, sino buen natural. El ma- 
cho, cuya hembra acaba de perecer, se queda en la misma rama abrumado de 
dolor, ó vuelve á buscarla al sitio donde ha perdido á su compañera. Empero, 
cuando han soportado varias veces los efectos de la perversidad humana, se vuel- 
ven muy desconfiados. Los jóvenes chillan casi como la pardilla joven, pero ad- 
quieren bien pronto la voz de los adultos. 

El Loxia curvirostra lanza su chillido de reclamo, cuando se posa ó cnando 
vuela. Es más débil que el del Loxia pytiopsittacus. Cuando se han oído una 
vez estos dos chillidos, no se les vuelve á confundir; yo los reconozco en la flo- 
resta, y desde lejos. Este chillido es señal de partida, de advertencia y de reu- 
nión. Cnando estos pájaros están posados, y uno de ellos lanza este chillido con 
fuerza, todos los demás prestan atención, y echan á volar tan pronto como uno 
de ellos da la señal. Cuando están comiendo, y algunos individuos de la misma 
especie pasan chillando, no les hacen caso; rara vez les responden invitándolos 
á tomar parte en el festín. Si uno de ellos se aleja, los otros chillan sin cesar 
para evitar que se extravíe. Si un individuo está parado eu la punta de un ár- 
bol, y quiere invitar á toda una banda á descansar allí, emite un chillido agudo 
que se escucha pocas veces cuando pasan volando. 

El cauto del macho es encantador. Por lo general el L. pytiopsittacus can- 
ta mejor que el L. curvirostra, pero sus cantos se parecen mucho. Se componen 
de un tema lanzado en plena voz, y seguido de algunas notas silbantes, débiles. 
En libertad cantan, sobre todo, cuando el tiempo está sereno y tranquilo, y no ha- 
ce mucho frío; se callan cuando sopla el viento y amenaza tempestad. Para can- 
tar se posan siempre en las ramas más altas: sólo en la estación de los amores 
cantan volando. La hembra canta también, pero en voz más baja, y de una ma- 
nera menos sostenida que el macho. En jaula cantan todo el año, excepto en la 
época de la muda. 

Los Loxidos se nutren casi exclusivamente con los óranos de las coniferas. 
Su pico fuerte y encorvado, les es indispensable para procurarse sus alimentos. 
Se necesita fuerza y destreza para abrir las pinas del pino y sacar las semillas. 
El pájaro llega volando, se suspende de un cono con la cabeza baja, ó bien, co- 
loca el cono sobre una rama, se para encima, y le coge con sus uñas vigorosas, 
largas y puntiagudas. «Es un espectáculo encantador, dice mi padre, ver á un 
pájaro tau pequeño llevar de un árbol á otro una pina de mediano tamaño. La 
coge con el pico, con la punta dirigida generalmente hacia adelante, vuela á otro 
árbol, á uua veintena de pasos de distancia para poder abrirla, porque no en- 



174 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 



cueutra ramas en donde poder trabajar a sn gusto. He allí cómo practica la ope- 
ración. Con la punta de sn mandíbula snperior, arranca de en medio las escamas 
grandes, hace así un agujero, en el cnal introduce su pico un poco abierto; en se- 
guida levanta la escama con un movimiento de cabeza. Eti ese momento le es 
muy fácil hacer entrar el grano en su pico con la lengua, romper la envoltura y 
tragarlo. No abre los conos grandes. 

«Sn pico en cruz le es muy útil; no tiene necesidad de abrirlo mucho para 
darle gran extensión, y un ligero movimiento de cabeza, basta para levantar una 
escama. 

«Esta maniobra produce un ruido, un chirrido tan fuerte, que se le escucha 
al pie del árbol. El Loxia curvirostra, despoja pocas veces á un cono de todos 
sus granos, como hacen sus congéneres; lo abandona después de roer una parte, 
y aun antes de haberlo abierto. No solamente los jóvenes tienen esta costumbre, 
como creía Bechstein, sino también los viejos, de manera, que el sitio en que ha 
estado uno de estos pájaros, está sembrado de conos. 

«Una vez que han despojodo á los árboles de sus frutos, los Loxidos reco- 
gen y abren los frutos caídos.» 

El L. curvirostra ataca rara vez los conos de los abetos, porque no tiene 
fuerzas para abrirlos. El L. pytiopsittacus devora, por el contrario, grandes can- 
tidades. Levanta á la vez todas las escamas situadas encima del punto en que 
introduce el pico. Estas dos especies abren siempre las escamas con su mandí- 
bula superior, apoyando la inferior contra el cono. 

En dos ó tres minutos devoran un cono, lo dejan caer, buscan otro, y así su- 
cesivamente, hasta que se satisfacen. 

Por los conos que yacen en el suelo, se conoce si hay Loxidos en la comar- 
ca. Cuando nada les molesta permanecen horas enteras en el mismo árbol, y va- 
rias semanas en un sitio. Mientras encuentran pinas de pino no buscan otro ali- 
mento; pero cuando éste les falta, comen granos oleaginosos, granos de cáñamo, 
de cardo, etc., é insectos, principalmente pulgones, que van á perseguir en los 
jardines v vergeles. 

Al manejar los conos resinosos, los Loxidos se ensucian el plumaje, pero lo 
cuidan tanto como los otros pájaros, así es que después de cada comida, se asean 
durante varios minutos, limpiándose el pico en las ramas. Sin embargo, no siem- 
pre pueden tener su plumaje en tan buen estado como quisieran, y frecuente- 
mente se quedan cubiertos de resina. Su régimen produce otro efecto: da á su 
carne cualidades particulares. Cuando se nutren con semillas de pino, se impreg- 
nan á tal grado de resina, que su cadáver resiste largo tiempo á la putrefacción. 
«Su carne, dice mi padre, tiene un olor fuerte, desagradable, sin que por eso sea 
positivamente repugnante. Nada más debe tenerse cuidado con las moscas, por- 
que si so les deja depositar sus huevos, penetran las larvas y se comen la carne. 
He hecho muchas experiencias en este sentido, y siempre con el mismo resulta- 
do. Tengo un Loxido cazado el estío pasado, y que conserva aún todas sus plu- 



A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 175 

mas, íí pesar del calor. He visto otro momificado naturalmente desde hace veinte 
años.» La causa de semejante estado de conservación, reside evidentemente en 
el alimento resinoso que engullen, porque cuando los Loxidos han comido in- 
sectos durante algún tiempo, se corrompen tan pronto como los demás pajaritos. 

Una sociedad de Loxidos es uno de los más bellos ornatos de la floresta, 
sobre todo en pleno invierno, cuando todo está cubierto de una espesa capa de 
nieve. Estos pajaritos se destacan perfectamente sobre el verde sombrío de las 
ramas, y el blanco deslumbrador de la nieve. 

Al mismo tiempo, sns costumbres alegres, su actividad continua, su charla 
y su canto, animan singularmente el paisaje. El espectáculo es todavía más in- 
teresante, cuando sns amores tienen lugar en invierno. 

Los Loxidos auidau en cualquier estación, tanto á mediados del estío, como 
en los rigores del invierno, cuando todo está cubierto de nieve, y la vida parece 
extinguida en la naturaleza. 

El pájaro no se inquieta en lo más mínimo, lleva en sí mismo la primavera 
con todas sus alegrías. La banda se divide en parejas, éstas escogen los más be- 
llos árboles de la floresta para confiarles la cuna de su progenie, pero jamás 
se alejan mucho unos de otros. El macho se posa en la rama más elevada, can- 
ta, llama, se vuelve y se revuelve como para hacerse admirar de la hembra por 
todos lados. Si aquella no viene, se coloca en otro punto y la llama de nuevo; 
aproxímase ella, el macho corre detrás, y jugando y piando la persigue de rama 
en rama. 

El L. pytiopsittacus tiene la costumbre de dar al mismo tiempo varias vuel- 
tas en el aire: se eleva batiendo las alas repetidas veces, se cierne en el espacio 
cantando, y vuelve en seguida al árbol de donde ha partido. Esos juegos duran 
hasta las once de la mañana próximamente: entonces comienza la construcción 
del nido. Lo colocan ya en una rama prominente, ya en una bifurcación, sobre 
nn ramo grneso, cerca del tronco; unas veces en la punta, otras á la mitad del 
árbol, pero siempre de manera que quede cubierto con ramas que lo oculten, y 
lo pongan al abrigo de la nieve. El exterior de este nido está formado de ramos 
de pino, malezas, rastrojo, liqúenes y musgo; el interior está tapizado de plumas, 
brisnas de yerbas y agujas de piuo. Sus paredes tienen casi 3 centímetros de es- 
pesor, y están tejidas artísticamente; el fondo es profundo. 

Tales son, por lo menos, los nidos de los Loxice, en Alemania, y nos sorpren- 
de que uno de los naturalistas más concienzudos de Suecia, el prior Eckstrom, 
asegure que en las florestas de su país, el L. pytiopsittacus construye un nido 
esférico, formado con liqúenes secos. Su entrada sería redonda, estrecha; á du- 
ras penas podría entrar el pájaro, y la cavidad sería bastante grande para que 
se pudiera introducir en ella todo el puño. Sólo construirían así el nido en in- 
vierno; el nido de estío tendría menores dimensiones y paredes menos gruesas. 
Cito esta relación sin garantizar que se aplique á nuestro Loxia. En todo caso, 
el Pico cruzado se afana mucho para edificar la cuna de sus pequeños. 



176 A. L. HERRERA. — ORNITOLOGÍA MEXICANA. 

«He tenido oportunidad, dice mi padre, de observará una hembra que cons- 
truía su nido. Primero reúne ramitas secas, y en seguida recórrelas ramas para 
coger liqúenes. Llega al nido con el pico lleno y los acordona. Una vez termi- 
nado el armazón, permanece eú él largo tiempo poniendo todo en orden, doblan- 
do las ramas con su pecho, comprimiéndolas, y moviéndose en todos sentidos. 

«Se surte de toda clase de materiales en el árbol vecino. Se da tanta prisa, 
que trabaja aun al mediodía, y en dos ó tres minutos termina con la carga que 
reúne, transporta y arregla. El macho acompaña á Ja hembra posado en una 
rama ó en el nido, le da de comer cuando esta incubando, trata de distraerla con 
sus cantos durante su larga inmobilidad, pues una vez puesto el primer huevo, 
no vuelve á salir del nido: diríase que se esfuerza en indemnizarla de esta ma- 
nera. » 

Cada postura se compone de tres ó cuatro huevos, pequeños, de color blanco 
gris ó azulado, cubiertos de manchas y de rayas de tinte moreno rojo, ó moreno 
negro. Unas veces las manchas forman un círculo alrededor de la extremidad 
gruesa, y otras están repartidas en toda la superficie del huevo. 

Los jóvenes, desde que salen del cascarón, son alimentados por sus padres 
con granos de pino ó de abeto remojados los primeros días, y á medio digerir en 
el buche. Crecen rápidamente y se manifiestan vivos y activos desde luego, pero, 
más que los otros Páseres, necesitan largo tiempo de la ayuda del padre y de la 
madre. Hasta después de que salen del nido les crece el pico, y sólo entonces 
pueden abrir por sí misinos las pinas de los pinos. Cuando abandonan el nido, 
se establecen en los árboles, principalmente en los abetos, y están siempre cerca 
de sus padres. Mientras éstos recogen los granos, andan á su lado chillando 
sin cesar como niños malcriados; cuando dejan el árbol, los siguen ó los llaman 
con acento plañidero hasta que regresan. Poco á poco aprenden á comer solos. 
Primero, los padres les presentan conos semiabiertos para que se ejerciten en le- 
vantar las escamas; más tarde les enseñan á atacar conos intactos. Aunque ya pue- 
dan comer solos, los padres continúan dándoles alimento. Al fin son indepen- 
dientes, forman parvadas ó se reúnen con los viejos que no tienen pareja. 

Caza.— He manifestado anteriormente, que no es difícil coger Picos cruza- 
dos. Los recién llegados á un país, dejan que se aproxime el cazador, y no vue- 
lan aunque uno ú otro reciba heridas mortales. Es, quizá, aún más fácil Cogerlos 
vivos. En Turín usan para atraparlos grandes pértigas, en la punta de las cua- 
les, colocan un ramo ele pino cubierto de varetas de liga. Plantan estas pértigas 
en un claro, antes de que amanezca, y ponen abajo un Pico ernzado en una jau- 
la para qne sirva de cabestro. Todos los Loxice que pasan se aproximan atraídos 
por los gritos de su compañero cautivo. Muchos se posan en las varitas, y se 
quedan allí. En una mañana se pueden apresar muchos. 

Cautividad. — Todos los Loxice se domestican con mucha facilidad. Olvidan 




Dr. Manuel Urbina y Altamirano (á la edad de 54 años). 



Electo por aclamación 

Presidente de la Sociedad Mexicana de Historia Natural, 

en la sesión extraordinaria del 17 de febrero 

de 1895. 



UNA VIDA ENNOBLECIDA POR EL ESTUDIO 



Y EL ESTRICTO CUMPLIMIENTO DEL DEBER. 




Hay muertes que por lo inespe- 
radas NO SE CREEN. 

¡¡Pobre Manuel!! Murió cuando 
lleno de ilusiones espigaba con 
afán, ricas simientes, en el ameno 
campo de la ciencia que cultivaba. 



y , j TENIÉNDOME tan sólo á mis recuerdos y con los documentos 
que tengo á la vista, trazaré á grandes rasgos la biografía 
del ameritado profesor de botánica Dr. Manuel Urbina y Alta- 
mirano. Mojando la pluma en la tinta simpática del cariño y 
rebosando de afectuosos sentimientos, al comenzar este relato 
me complazco en tributar, al sabio y al amigo, un homenaje 
de alabanza por sus valiosos servicios á la ciencia de las plantas y con par- 
ticularidad á su enseñanza. 

Fué un miembro prominente de la Sociedad Mexicana de Historia Na- 
tural, la cual tuvo la pena de verlo desaparecer violentamente, el día 19 de 
Julio de 1906, próximo á cumplir G3 años de edad. 

Nació nuestro biografiado en la ciudad de México por los años de 1843 
á 184">, siendo inmediato descendiente del muy honorable profesor de far- 
macia Sr. D. Manuel Urbina, á quien mucho conoció el que esto escribe. 
Niño aún ingresó á las aulas del antiguo Colegio de San Ildefonso, una 
vez terminada su instrucción primaria al lado de D. Ambrosio Rueda, reputa- 
do preceptor de la época. Considerado en aquel primer centro docente como 
el Benjamín de las clases por las que sucesivamente fué pasando, terminó con 
aprovechamiento en 185G, los cursos de latinidad y los de filosofía completos, 
quedando en aptitud de continuar los profesionales. En el siguiente año in- 



XLII 

gresó á la Escuela Nacional de Medicina y sin tropiezo alguno terminó feliz- 
mente la carrera de médico-cirujano en 1865, unido al suscrito como con- 
discípulo desde el principio al ñu ele ella. Ambos congeniaron y fueron siem- 
pre buenos amigos que á menudo se asociaban para estudiar; su personali- 
dad, por lo tanto, le fué al segundo bien conocida. Más tarde, en 1867, ad- 
quirió un nuevo título, el de profesor de farmacia, á cuyo ejercicio se dedicó 
casi exclusivamente en un principio, abandonándolo más tarde por el del pro- 
fesorado. 

El primer empleo público que acertadamente desempeñó, fué el de perito 
químico del Consejo Superior de Salubridad, y permítaseme agregar en sen- 
tido metafórico, con funcionamiento cronométrico, que siguió siendo la nota 
culminante en todos los actos de su vida. Por separación temporal del sus- 
crito de su empleo de profesor de botánica en el antiguo Museo Nacional, 
ocupó este puesto desde 1881 á 1885. Al regreso de aquél, quien pasó á des- 
empeñar la plaza de mineralogía, geología y paleontología en el mismo es- 
tablecimiento, quedó definitivamente nombrado el Dr. Urbina en el empleo 
que transitoriamente se le había conferido. Pasando los años obtuvo, además, 
nuestro biografiado, la dirección del propio plantel desde 189'* á 1904, si la 
memoria no me es infiel; en 1885 ingresó ala Escuela Nacional Preparatoria 
con el carácter de catedrático de botánica: clase que desempeñó con gran lu- 
cimiento por más de 20 años, y de la cual se separó con licencia indefinida 
para desempeñar un empleo que le fué ofrecido en el Instituto Médico Na- 
cional; el cual le permitía dedicarse con mayor ahinco al estudio de la flora 
del país, en la que llegó á adquirir grandes conocimientos. El absoluto apego 
y dedicación en el cumplimiento del deber y su extremada delicadeza en el 
manejo de intereses ajenos, formaban en él una segunda naturaleza que lo 
elevó sobremanera en concepto de la sociedad que supo apreciar tan bellas 
cualidades. Como buen artillero, permítaseme decir, murió al pie del cañón, 
pues precisamente al llegar al Museo Nacional á desempeñar sus labores ha- 
bituales, le acometió repentinamente un acceso de angina de pecho que lo 
privó de la vida en breves instantes, causando con ello indecible pena á las 
personas que acudieron á prestarle auxilios, contándose entre ellas el suscri- 
to. Larga y sostenida fué la labor científica de la distinguida personalidad 
de quien se trata, y cabe la buena suerte que los frutos de tan nobilísima ta- 
rea quedaion en su mayor parte consignados en diversas publicaciones cien- 
tíficas del país. A continuación se hará de ellos tan sólo un breve extracto 
con las apreciaciones que se juzgue oportuno consignar. Mas en las páginas 
subsecuentes que llevan por título «Revista Científica,» como áureo florón 
quedarán estampadas en toda su integridad, las sagaces investigaciones de 



XI.III 

tan conspicuo naturalista, omitiendo, sí las que anteriormente han sido pu- 
blicadas en este periódico. 

1. La chía y sus aplicaciones. («La Naturaleza,» 2. a serie, tomo I, pá- 
gina 27). 

Esta especie de nuestra ñora tan bien conocida como apreciada, la des- 
cribe el autor detalladamente, con su exacta clasificación, así como la histo- 
ria completa de tan interesante vegetal, mereciendo, por lo tanto, un cum- 
plido elogio. 

2. Granos de polen del oyamel. (Anales del Museo Nacional, 2? época, 
tomo III, págs. 293-297). 

La presencia de una substancia pulverulenta, de color amarillo de azu- 
fre, flotando en las aguas acumuladas en el antiguo cráter del Nevado de To- 
luca, había llamado la atención de varios observadores, pero sin concederle 
mayor importancia; alguno de ellos, sin embargo, había reconocido su natu- 
raleza vegetal, desechando la idea de que fuese un depósito de azufre, como 
tal parecía. Corresponde á nuestro biografiado el mérito de clasificar el re- 
petido depósito con rigurosa exactitud, resultando ser granos de polen del 
oyamel. Abies religiosa, que tanto abunda en las altas montañas de la Mesa 
Central de México. Dichos granos se caracterizan perfectamente por hallarse 
formados de tres celdillas, una central y dos laterales, sirviendo las últimas 
de flotadores para transportarlos á largas distancias, y los que al caer han 
ocasionado las pretendidas lluvias de azufre. 

3. Una papaya prolífera. («La Naturaleza,* 3. a serie, ton o III, págs- 
159-160). — En un breve artículo redactado con rigurosa exactitud de los he- 
chos, el autor estudia un curioso caso de monstruosidad en el expresado 
fruto, ó sea el de la pleiotaxia del gineceo, la cual consiste en la multiplica- 
ción del verticilo carpelar; apareciendo en el interior formado de dos series 
de carpelos deformados y en vía de completar su evolución: tal como pasa 
en las naranjas, chicos zapotes preñados, y otros más, á los que se da este 
expresivo sobrenombre, y que probablemente es causado por parasitismo. 
Familiarizado con este género de investigaciones, fácil le fué resolver el pre- 
sente caso. 

Por ser de la misma índole los subsecuentes artículos, se anticiparán 
acerca de ellos unas cuantas palabras. Bien conocida es en M éxico, por los 
que se dedican á la historia natural, la antigua obra de Francisco Hernández 
acerca de las plantas y animales de la Nueva España, en la que se describen, 
aunque muy someramente, las especies de anillos reinos con sus respectivos 
nombres indígenas, que más ó menos alterados han llegado hasta nosotros. 
Hacer su connotación científica, y con especialidad la de los vegetales, es una 



XLIV 

empresa verdaderamente difícil que toca á veces á lo imposible. Nuestro bio- 
grafiado fijó en este punto su atención, y nadie tan competente como él po- 
día abordarla con éxito; posible es que en un asunto tan escabroso haya in- 
currido en errores, que no intentaré subsanar por no caer en otros de mayor 
cuantía, aceptando como bueno el sentir del autor. 

4. Raíces comestibles entre los antiguos mexicanos. (A nales del iVl useo 
Nacional de México. 2? época, tomo III, pág. 17). — Con distintos nombres, 
como dice el autor, era designado por los aborígenes el expresado órgano 
vegetal, atendiendo á ciertos de sus caracteres. Algunos de éstos hacen alu- 
sión á la forma que presenta, como la gruesa y cilindrica, que llamaban ca- 
motli; jicama, cazotly coen á la napiforme; cimatl á la de pequeños tubércu- 
los, y así otras. Empleaban también nombres que se referían al color, sabor, 
consistencia, etc. Consigna nuestro autor en sus escritos una lista de 42 cla- 
ses ó especies con su correspondiente nombre indígena y respectiva etimolo- 
gía. Vertidos fielmente á nuestro idioma, transcribe uno á uno los capítulos 
que sobre este asunto ocupa la referida obra de Hernández, agregando en 
ciertos de ellos datos y noticias proporcionados por otras respetables auto- 
ridades, textualmenle copiados. Son de aplaudirse trabajos de esta naturale- 
za, que ponen en claro puntos dudosos de la historia natural de nuestras 
plantas. 

5. Nota acerca de los copales de Hernández y las Burseráceas mexica- 
nas. (Anales del Museo Nacional, tomo IV, págs. 98-114). — Es un grupo in- 
teresante de especies típicas de nuestra flora, demasiado conocidas por sus 
aplicaciones y que en su mayor parte corresponden á la expresada familia. 
Con la palabra Copalli designaban los antiguos mexicanos á una goma-resi- 
na que, con pocas excepciones, mana de árboles muy parecidos entre sí; sir- 
viéndose del referido nombre para designarlos unido á otros que expresaban 
alguna otra particularidad, como Xochicopalli por lo notable de la flor, Te- 
pecopatti en razón de vegetar en las montañas, Copalxihiátl por ser yerba y 
no árbol, etc. Con justicia llama la atención el autor hacia la sagacidad des- 
plegada por aquel pueblo inculto en sus acertadas apreciaciones sistemáticas 
acerca de las plantas, en éste como en otros muchos casos. Con la obra de 
Hernández á la vista procura hacer él mismo la identificación de las 9 espe- 
cies de copalli que en ella se señalan; para el mejor acierto de sus investiga- 
ciones recurre más bien á las láminas que á las imperfectísimas descripciones, 
así como á otras fuentes, de las que obtuvo gran provecho; logrando verificar 
las de S, pues la de la restante le fué del todo imposible. Fuera de ellas, que son 
las únicas que se consignan en la edición romana, agregó otras más que figu- 
ran en la matritense y corresponden á una familia distinta de la expresada. 



XLV 

(>. Datos acerca de los amóles mexicanos. («La Naturaleza,» 2. a serie, 
tomo III, págs. 244-246 de la Revista Científica, reimpresión). 

En una extensa memoria el autor se ocupa de un grupo interesante de 
vegetales que los antiguos mexicanos designaban con la palabra amolle ó 
a mulle, la cual viene de atl, agua, y molli ó mullí, espesar: bien sola ó acom- 
pañada de otras expresiones. Eran muy empleados á guisa de jabón por la 
propiedad detergente especial de que se hallan dotados, debida á la presen- 
cia de la sapouina en el jugo celular, á menudo acompañada de cristales aci- 
culares ó en agujas de oxalato de cal, ó sean ráfidos, que hacen más eficaz 
su acción; pero que tienen el inconveniente de ocasionar en la piel una pica- 
zón molesta, á la que se llama entzitzar. De tres distintas fuentes son los da- 
tos que se aprovechan para exponer el asunto con la mayor amplitud: de 
Hernández principalmente, de Mociño y Sessé en seguida, y en final de otros 
autores. Corresponden al primero los que llevan los siguientes títulos: Amolli 
simplemente ó Zephyranihes carinata, de las Amarilidáceas; Amolxochitl ó 
Bravoct geminiflora, de la misma familia; Apistle ó yerba erguida, el cual 
nombre en su construcción se aparta de la regla y por otro lado se refiere á 
diversas especies vagamente señaladas de la tribu Agáveas, correspondien- 
tes á la citada familia, como son: Procnianthes viridescens, Agave guttata. 
A. saponaria, A. brachistachis; el hjamolim, Plútolacca octandraj otra más 
de la familia Fitolacáceas; el Omaxoclútt ó Polyantlies tuberosa de la primera 
familia y que es otra excepción á la regla; QuilamolU ó yerba amolli, Micro- 
sechium helleri, y el Chichicamolli, M. palmatum de las Cucurbitáceas: y por 
último, la Yucca rupicola, que es el Amolé de Coahuila. Los segundos de los 
citados autores repiten algunos de los anteriores y señalan otros más: el Sa- 
pindus amolli v quizá una Paullinia de las Sapindáceas, así como el Rham- 
niis amolli y R. pinnatus de las Ramnáceas. Hay otros amóles señalados por 
diversos naturalistas, y los datos que se tienen acerca de ellos se hallan igual- 
mente consignados en el escrito que se analiza, quedando, por lo tanto, este 
asunto ampliamente documentado. Labor tan estimable amerita el celo que 
desplegaba nuestro naturalista en sus investigaciones, á las que no daba puuto 
de reposo. 

7. Los amates de Hernández ó higueras mexicanas. (Anales del Museo 
Nacional, tomo Vil, págs. 93-114). 

Constituyen un grupo de especies arbóreas de nuestra flora, no menos 
típicas que las anteriores, entre las que descuellan algunas que son verdade- 
ro ornato de los bosques por su alto porte, hermoso follaje y la multiplicidad 
aparente del tronco; debido ésto á la presencia de raíces advenedizas que, des- 
prendidas de las ramas, acaban por penetrar en el suelo. Una particularidad 



XLVI 

de aquél es la de hallarse revestido de una delgada capa de peridermis aper- 
gaminada y morena rojiza, que aprovechaban los antiguos mexicanos para 
fabricar papel, y al cual producto industrial designaban con la palabra amail: 
de aquí el nombre de amaquáhuitl qué recibía el árbol productor de la ma 
teria prima. Mas no siendo de una sola especie, sino de varias, los que con 
tal fin utilizaban, á la palabra amail agregaban otra que aludía á su aspec- 
to, color de la madera ó alguna otra particularidad; llamaban así, Amacoc- 
tic, Iztacamatly Tlicamatl, respectivamente, al que tenía la madera amarilla, 
blanca ó negra; Tlaeiamatl y Tlacoamail, al de gran porte ó por el tronco 
desprovisto de ramas como un estípite, y así otros. Todas estas plantas per- 
tenecen al género Ficus; pero no eran las únicas que empleaban en la expre- 
sada industria, sino también algunas otras más, pertenecientes á familias dis- 
tintas y de las que el autor se ocupa igualmente. 

En el erudito y laborioso trabajo que se analiza se exponen con alguna 
detención, el procedimiento empleado en la elaboración del repetido produc- 
to industrial, así como del gran consumo que de él se hacía y los usos á que 
se le destinaba Con toda prolijidad se exponen los demás datos consignados 
en distintas obras relativos á las especies á que se alude, siendo por lo tanto 
de inestimable valor, los conocimientos ya adquiridos en tan interesante ma- 
teria, merced á los loables esfuerzos de quien los presenta reunidos, disipando 
á la vez, con la luz de la ciencia, la obscuridad en que se hallaban envueltos. 
8. Los zapotes de Hernández. (Anales del Museo Nacional, tomo IV, 
págs. 209-39d). 

En cerca de 200 páginas nos presenta el autor en un magistral informe 
aquel interesantísimo grupo de árboles indígenas, que embellecen los bos- 
ques de la zona tropical, beneficiándonos en gran manera con los inestima- 
bles productos de su fructicación, cuales son los que llevan el nombre arriba 
mencionado. Comienza por exponer la lista de las especies, en cuya denomi- 
nación empleaban los aborígenes la palabra tzapotl, como genérica, agregán- 
dole otra que connotaba algún carácter especial. Transcribe en seguida uno 
á uno, los capítulos relativos de la obra de Hernández, vertidos á nuestro idio- 
ma, precisando la clasificación botánica é ilustrándolos con atinadas obser- 
vaciones de fecha muy posterior, tomadas de diversas fuentes, y sin olvidar 
las especies señaladas por otros autores. En un instructivo resumen se expo- 
nen las útiles aplicaciones, generalizadas hoy día, délos productos que sumi- 
nistran; terminando tan interesante trabajo con un catálogo de las especies 
según el orden de las familias naturales á que pertenecen. 

A medida que se escudriña la intensa labor que nos ocupa, sube de punto 
el interés que inspira; siendo de lamentar que por el escaso número de perso- 



XLVII 

ñas idóneas y de buena voluntad, se abrirá un largo paréntesis para terminar- 
la: quedará así, entretanto, como muda esfinge una buena parte del ímprobo 
trabajo del sabio médico de Felipe II, que en época pretérita exploró la an- 
tigua Nueva España. 

9. Notas acerca de los «ayotu» de Hernández ó calabazas indígenas. 
(Anales del Museo Nacional, tomo V, págs. 853-390). 

Bajo el mismo plan nuestro autor prosigue sus investigaciones en otra 
grupo de vegetales aun más vulgares, si se quiere á la vez que humildes, 
pero no menos interesante y de los que hacemos frecuente uso. Ardua fué lo 
empresa y de penosa labor, el continuar con tesón inquebrantable desembro- 
llando asuntos al parecer indescifrables. El presente artículo fué objeto de 
una lectura de turno, hecha ante la Academia Mexicana de Ciencias Exactas, 
Físicas y Naturales, correspondiente de la Real de Madrid, y que aquella 
docta corporación escuchó con beneplácito. 

Los Ayotli no son ciertamente artículos de gran valor desde el punto de 
vista comercial y alimenticio: tanto los verdaderos que se cultivan, como 
los falsos y á su vez silvestres que en la clasificación natural se apartan de los 
primeros. No obstante, estos últimos tienen importancia por su mucho consu- 
mo y como medicina pectoral alguno de los segundos. El distinto léxico, en 
fin, empleado en el idioma indígena, en unas y otras especies, indican clara- 
mente que los aborígenes sabían distinguirlos. Ocioso sería repetir losjuicios 
anteriormente emitidos, y que en todo su rigor convienen al presente trabajo, 
ejecutado con idéntica clarividencia. 

10. El peyote y el ololuihquí. (Anales del Museo Nacional, tomo VII, 
págs. 25-48). 

Difícilmente se encontraría una planta que mereciera fijar más la aten- 
ción de los observadores, como las que sirven de asunto al presente artículo. 
En realidad, son á tal grado sorprendentes las singulares propiedades que 
acerca de ellas refieren las crónicas antiguas y modernas, que el espíritu va- 
cila en aceptarlas, y necesarias son mayores pruebas que plenamente las con- 
firmen ó las reduzcan ásus verdaderos límites. Con todo método el autor di- 
vide en cinco partes la extensa y pormenorizada relación del primero, que 
es de los dos el más notable. 

Bajo el rubro de «Parte histórica» copia textualmente lo que el Sr. D. 
Alberto Santoscoy relata en su «Historia del Nayarit,» en la cual estampa 
estas significativas expresiones, con las que principia al tratar el asunto de 
referencia: «El peyote, la planta sagrada de los pueblos de una gran parte 
de nuestro territorio, que nos recuerda por sus efectos ó virtudes, ya á la 
hierba hipice, descrita por Plinio y Herodoto, y que macerándola apagaba 



XLVIII 

el hambre á los escitas; ya el laurel, de cuyas narcóticas hojas se servía la 
Pitia antes de pronunciar los oráculos; ya el muérdago cortado por la hoz 
de oro de los druidas el sexto día de la primera luna, y las ramas del cual 
parásito se repartían al pueblo celta como divina panacea; ya la cohobba que 
los boicios ríe la España la absorbían para consultar á los zemes lo futuro en 
medio de la embriaguez que les producía; ya la coca con que se hacían el- 
ches (valientes) las personas, y con que mochaban (daban culto) á Ataguja su 
creador; ya el tabaque que otr. s pueblos americanos mezclaban á la chicha 
para darle fuerza y hacerla más embriagante; ya, en fin, los hongos con miel 
de abejas, con que formaban los aztecas los teonanacatl, la «carne divina » para 
la práctica de usos supersticiosos, ó la semilla de la cuatlaxoxonqui, produc- 
tora de tan espantosas visiones en el que la tomaba. Siguen á continuación 
diversos testimonios que dan fe de lo anterior, y que en la parte etnológica 
que viene después, se confirman. En la parte botánica que á su turno toca, 
entran en juego respetables autoridades que fijan con exactitud el lu^ar que 
ocupan en la clasificación las distintas especies botánicas pormenorizada- 
mente descritas, en número de 8, y referidas á tres distintos géneros, adscri- 
tos á dos familias naturales: Cactáceas, siete y Compuestas una so'a. En las 
partes subsecuentes, que tratan de los caracteres físicos y químicos, acción 
fisiológica y usos terapéuticos, se completan con lujo de detalles bien con- 
cluyentes, lo que á cada una de ellas corresponde. 

La segunda planta, llamada también Coaxihuitl según Hernández, de la 
cual se ocupa aunque de escasa literatura bien aprovechada por el autor, 
á quien corresponde la prioridad de su clasificación natural, ofrece, como la 
anterior, notoria importancia: estudios posteriores tienen ya abierto el ca- 
mino, merced al exacto conocimiento botánico que de ella se tiene. 

Si nuestro biografiado fué un escritor concienzudo que llevó magistral- 
mente á cabo la misión que se impuso, en la cátedra desempeñó igualmente 
un papel no menos importante; con ardiente celo inculcaba á sus discípu- 
los las mis sanas doctrinas, y en las dudosas señalaba aquellos puntos en 
que la crítica era justa y razonada, Los métodos lógicos de la inducción y 
deducción, los explicaba á menudo en sus lecciones con demostraciones prác- 
ticas. La mejor ejecutoria de sus indiscutibles méritos queda explícita en lo 
anteriormente expuesto, y que el subscrito ha tomado particular empeño en 
darle nueva publicidad; para que el nombre del distinguido naturalista Dr. 
Manuel Urbina y Altamirano sea siempre querido y respetado, y perdurable 
su memoria. 

Museo Nacional de Historia Natural. México, Marzo de 1ÍI12. 

3)t. Manue-e 911. ViMada. 



FUNDAMENTOS BOTÁNICOS 

DE 

C^^LOS H.IIN'IN'IEO 

QUE EN FORMA DE AFORISMOS 

EXPONEN LA TEORÍA DE LA CIENCIA BOTÁNICA* 



EX HOMENAJE A ESTE GRAN NATURALISTA SE LES DA CABIDA 
EN ESTE PERIÓDICO 



Al Exmo. Sr. Conde de Floridablanca, 
benéfico, zbloso, y sabio protector del 
jardín y ciencia de la botánica, consa- 
gra, y pone baxo el patrocinio de tan 
gran ministro este ensayo de estudios 

botánicos. 

Ángel Gómez Ortega. 



PROEMIO 




OS inmortales Aforismos de Linneo constituyen los fundamentos 

de la Botánica; ellos no son sino los preceptos que hemos apren- 

k^^V dido en los libros y escuchado en la cátedra. 

Hoy que ya existe una generación numerosa, instruida y aman- 
te de la Ciencia, sabrá deleitarse con la lectura de la excelente y elegante 
traducción del botanista español D. Ángel Gómez Ortega. 

* En Madrid, en la Imprenta Real. M.DCC.LXXXVIII. 



L 

El gran Linneo, con su portentoso talento sistemático, fundó las bases de 
las Ciencias Naturales. Sembrada la simiente en el campo preparado por los 
naturalistas del siglo XVIII, germinó con una rapidez extraordinaria. Un 
siglo ha sido suficiente para que en su vertiginosa carrera de adelanto pro- 
gresivo llegaran hasta poderse fundir en la síntesis de la teoría Darwiniana. 

Pero este resultado no ha sido casual, pues existen todos los eslabones 
que forman la cadena que liga á los dos colosos, Linneo y Darwin. Entre es- 
tos dos genios la Historia ha recogido los nombres inmortales de Bonuet, 
Buffon, Lamarck, Geoffroy Saint-Hilaire, Goethe, Spencer, Huxley y AVallace. 

Natura non facit saltum. 

3)i. éfooS oRatnízez. 

México, Enero de 1887. 



I. 



INTRODUCCIÓN 



1 Todas las cosas que se encuentran en 
el globo de la Tierra, se conocen con el 
nombre de Elementos, y de Cuerpos Na- 
turales. 

2 Los cuerpos naturales (1) están divi- 
didos en los tres Reynos de la Naturale- 
za: el Mineral, el Vegetal, y el Animal. 



Los minerales (2) crecen; los vegeta- 
les (2) crecen y viven (133); y los ani- 
males (2) crecen, viven y sienten 

La botánica es la Ciencia Natural, que 
enseña el conocimiento de los Vegeta- 
bles (3). 



LA BIBLIOTECA. 10 

La biblioteca Botánica comprehende 11 
las Obras que se han escrito de los Vege- 
tables. 

Fitólogos se llaman los Autores que se 12 
han distinguido con algún escrito de los 
Vegetables (5), ya sean Botánicos ó Bota 13 
nófilos, esto es, aficionados á Botánica. 

Los botánicos (verdaderos) (6) entien- 14 
den la Botánica (4) por su fundamento 
genuino, y saben nombrar todos los Ve- 15 
getables (2) con nombre inteligible; estos 
son Colectores (8), ó Metódicos (18). 16 

Los colectores (7) cuidaron principal- 
mente del número de las especies de los 
Vegetables; son estos: los Padres (9), Co- 
mentadores (10), Iconógrafos ó Retratis 17 
tas (11), Descriptores (12), Monógrafos 
(13), Curiosos (14). Adonistas (15). Floris- 18 
tas (16), y Viageros (17). 



Los padres (8) echaron los primeros ci- 
mientos de la Botánica. 

Los comentadores (8) ilustraron ó acla- 
raron los escritos de los Padres (9). 

Los retratistas (8) expresaron con los 
Dibuxos y Estampas las Figuras de los 
Vegetables. 

Los descriptores (8) dieron los Bos 
quexos ó Historia (325) de los Vegetables. 

Los monógrafos (8) trataron de un solo 
Vegetable en obra particular. 

Los curiosos (8) propusieron los Vege- 
tables mas raros. 

Los adonistas (8) presentan los Vege- 
tables que se cultivan en algún Jardín. 

Los floristas (8) ó Escritores de Flo- 
ras refieren los Vegetables espontáneos ó 
naturales de algún Territorio determi- 
nado. 

Los viageros (8) pasaron á Países re- 
motos con el fin de investigar las plantas. 

Los metódicos (7) se dedicaron con es- 
pecialidad á la Disposición (VI) de los 



LII 



Vegetables, y á la Denominación (VII) 
que resulta de ella; y son ó Filósofos (19), 
ó Sistemáticos (24) ó Nomencladores (38). 

19 Los filósofos (18) valiéndose de prin- 
cipios nacionales, y procediendo demos- 
trativamente, reduxeron la Botánica al 
estado de Ciencia, como los Oradores 
(20), Erísticos (21), Fisiólogos (22), é Ins- 
titucionistas (23). 

20 Los oradores (19) expusieron todas las 
cosas que sirven de adorno instructivo á 
la Ciencia. 

21 Los erísticos (19) ó Controversistas, 
disputaron en asuntos Botánicos por me 
dio de escritos públicos. 

22 Los fisiólogos (19) publicaron las Le- 
yes de la Vegetación, y el arcano del Se- 
xo (V) en las plantas. 

23 Los institucionistas (19) dispusieron 
las Reglas, Cánones y Axiomas. 

24 Los sistemáticos (18) ordenaron las 
plantas en ciertas series; los cuales son 
ú Ortodoxos (26), ó Heterodoxos (25). 

25 Los heterodoxos Sistemáticos (24) dis- 
tribuyeron los Vegetables por otro prin- 
cipio diverso del de la Fructificación 
(164); como los Alfabetarios, Rizótornos, 
Filofilos, Fisonomistas, Crónicos, Topó- 
filos, Empíricos, y Seplasiarios ó sean 
Drogueros. 

26 Los ortodoxos Sistemáticos (24) toma- 
ron el Método en el verdadero fundamen- 
to (164) de la Fructificación; y son Uni- 
versales (27), ó Parciales (32). 

27 Los universales Ortodoxos Sistemáti- 
cos (26) dispusieron todas las Clases de 
los Vegetables por el método legítimo; 
como los Frutistas (28), Corolistas (29), 
Calicistas (30) y Sexúalistas (31). 

28 Los frutistas (27) formaron las Clases 
de los Vegetables por el Pericarpio (86), 
la Semilla (86), ó el Receptáculo (86), co- 
mo Cesalpino, Morison, Rayo, Knaucio, 
Hermanno y Boerhaave. 

29 Los corolistas (27) distinguieron las 
Clases por la Corola (86) de uno ó más 
Pétalos: como Rivino y Toumefort. 

31) Los calicistas (27) distribuyeron las 
Clases por el Cáliz (86): como Magnol y 
Yo. 



31 Los sexúalistas (27) formaron el Siste- 
ma por el sexo (149): como Yo. 

32 Los parciales Ortodoxos Sistemáticos 
(26) compusieron el Sistema de una sola 
Clase: v. g. de las flores Compuestas (77. 
ord. 21.), de las Umbeladas ó Aparasola 
das) 77. ord. 22), de las Gramas (77. ord. 
14), de los Musgos (77. ord. 65. 66.), y de 
los Hongos (77. ord 67;. 

33 De las compuestas (32. 117) expusie- 
ron las Clases Vaülant, y Pontedera. 

34 De las umbeladas ó Aparasoladas (32. 
118.) ordenaron la Clase Morison y Ar- 
tedi. 

35 De las GRAMAS (32) compusieron las 
Clases Rayo, Monti, Scheuchzer, Miche- 
li y Yo. 

36 De los musgos (32) trabajó la Clase 
Dille ¡vio. 

37 De los hongos (32) dispusieron la Cla- 
se Dillenio y Micheli. 

38 Los nomencladores (18) emplearon su 
esmero en denominar los Vegetables; co- 
mo los Sinonimistas (39), Críticos (-10), 
Etimologistas (41), y Lexicógrafos (42). 

39 Los sinonimistas (38) recogieron los di- 
versos nombres impuestos antes á los 
Vegetables por los Botánicos. 

40 Los críticos (38) fixáron los Nombres 
verdaderamente propios á los Géneros y 
Especies. 

41 Los etimologistas (38) descubren las 
raíces y orígenes de los nombres Gené- 
ricos. 

42 Los lexícógraphos (38) recogen los 
nombres de diversas lenguas. 

43 Los botanófilos (6) son los que publi- 
caron varias cosas acerca de los Vege- 
tables, bien que en rigor no tocantes á la 
Ciencia Botánica: como los Anatómicos 
(44): Jardineros ú Hortelanos (45), Mé- 
dicos (46) y Misceláneos (52). 

44 Los anatómicos (43) examinaron la or- 
ganización ó estructura interna de los 
Vegetables. 

45 Los jardineros (43) enseñaron el cul- 
tivo de los Vegetables. 

46 Los médicos (43) inquirieron las Virtu- 
des y Uso de los Vegetables, en el cuer- 
po humano: como los Astrólogos (47) 



Lili 



Signadores (47), Chímicos (48), Observa- 
dores (49), Mecánicos (49), Dietéticos (50) 
y Botánico-Sistemáticos (51). 

47 Los astrólogos (46) conxeturároü por 
el influxo délos astros las virtudes de las 
plantas: los signadores (46) infirieron 
las propiedades por la semejanza de la 
parte de la planta con la parte afecta 
del cuerpo. 

48 Los chímicos (46) presumieron descu- 
brir las Virtudes de los Vegetables me- 
diante la análisis del fuego. 

49 Los observadores (46) deduxéron del 
acaso y experiencia, las Virtudes de los 
Vegetables: los mecánicos (46) de los 
principios fisiológico-mecánicos. 

50 Los dietéticos (46) discernieron por el 
sabor y olor, las virtudes de los Comes- 
tibles. 

5 1 Los botánicos sistemáticos (46) dis- 
tinguen con circunspección las virtudes 
de los Medicamentos en conformidad de 
las Clases Naturales. 

52 Los misceláneos (46) son los que escri- 
bieron varias cosas de los Vegetables pa- 
ra uso de otros: como los Economistas, 
Biólogos ó Escritores de vidas, Teólogos 
v Poetas. 



II. 



LOS SISTEMAS. 

53 A los sistemáticos (24) Ortodoxos (26) 
se debe la claridad y certeza de la Cien- 
cia Botánica. 

54 Cesalpino (28) es Frutista, y el primer 
Sistemático verdadero, y hace su distri- 
bución según la situación del Córculo 
(86: VI). y del Receptáculo (86: VII). 

55 Morison (28) es Frutista, que coincide 
con los Fisonomistas (25) y Corolistas 
(29). 

56 Hermanno (28) es Frutista, que cuenta 
las semillas según el fruto Desnudo (200) 
ó Cubierto (200). 

57 Cristóbal knaucio (28) adoptó el Siste- 
ma inverso de Rayo (59). 

58 Boerhaave (28) concilio el Sistema de 



Hermanno (59) con el de Rayo (59 Iki. y 
el de Toumefort (64). 

59 Rayo (28) pasó de Frutista (28) á ser 
Corolista (29). 

60 Camelli probó á ordenar las plantas se- 
gún las ventallas (86) del Pericarpio. 

61 Rivino (29) es Corolista con arreglo á 
la regularidad y número de los pélalos, 
con tres diferencias de fruto. 

62 Christiano knaucio (29) hizo suyo el 
Sistema inverso de Rivino (61), es á sa- 
ber, prefiriendo el Número á la Regula- 
ridad. 

63 Ludwig combinó el método de Rivino 
(61) con el de Linneo (68). 

64 Tournefort (29) es Corolista en confor- 
midad de la Regularidad y Figura con 
doble situación del Receptáculo (86) de 
la flor. 

65 Pontedera se esforzó á combinar el Sis- 
tema Tourneforciano (64) con el de Rivi- 
no (61). 

66 Magnol(30) es Calicista combinado con 
los Frutistas (28). 

67 Yo (30) dispuse el Método Calicillo se- 
gún las especies del Cáliz (86). 

68 Yo (31) trabajé el Sistema Sexual con 
arreglo al número, proporción y situa- 
ción de los Estambres con los Pistilos. 

69 El Método natural le inquirieron es- 
meradamente Royen, eruditamente Ha- 
ller, y usando de términos griegos Wa- 
chendorf, en los Cotiledones, Cáliz, Se 
xó y otras cosas. 

70 Las Flores compuestas (77: 21) las dis- 
tingue vaillant (33) por el Cáliz (86: 1), 
por el Receptáculo (86: 7), y por la Coro 
nula de las Semillas (86: 6); y pontedera 
(33) se acerca en la teórica respecto de 
los órdenes á Vaillant en quanto á las 
Compuestas. 

71 Las umbeladas ó aparasoladas (77: 
22) las dispuso morison (34) según la Fi- 
gura de las Semillas; y artedi (34) fué 
el primero que las distribuyó en tres se- 
ries con atención á las Gorgueras (77: 1). 

72 Las gramas (77: 13, 14) las coordina 
rayo (35) con arreglo á su afinidad con 
las Cereales, con quien va conforme mon- 
ti, y las trabajó con lucimiento scheuch- 



LIV 



zer (35). micheli (36) explicó las Gra- 
mas, atendiendo á las Glumas sencillas, 
y compuestos, y yo (35) en consideración 
del Sexo. 

73 Los musgos (77: 65) los descubrió y per- 
feccionó dilenio (36) con admirable in- 
dustria. 

74 Las áLGAS (77:66) las colocó DILENIO 
con arreglo á su Textura, y micheli 
atendiendo á sus flores. 

75 Los hongos (77: 67) los repartió dile- 
nio (37) según sus Sombrerillos, y mi- 
cheli (37) según sus fructificaciones. 

76 Los litofitos abandonados antigua- 
mente á Pluton los sujetó marsigli al 
imperio de Flora, pero á los mismos los 
restituyó peysonell al Reyno de Fauna. 

77 Los Fragmentos del método natural 
deben inquirirse con esmero. 



III. 

LAS PLANTAS. 

78 Los vegetables abrazan siete familias: 
es á saber Hongos, Algas, Musgos, Helé- 
chos, Gramas, Palmas, y Plañías. 

79 Tres son las PARTES de los Vegetables 
(78), que ante todas cosas debe distin- 
guir el Principiante: la Raíz, la Yerba, 
Armazón ó Fuste y la Fructificación. 

80 La raíz (79), que extrae el nutrimento, 
y produce el Fuste (81), y Fructificación 
(IV) la constituyen la Médula, el Lefio, 
el Libro ó Corteza interior, y la Corteza 
exterior; y consta de Cepa, y Raicilla. 

81 La yerba (79) ó fuste es aquella parte 
del Vegetable, que saliendo de la Raiz 
(80) y rematando en la Fructificación 
(86), comprehende al Tronco, las Hojas, 
los Atavíos, y al Invernáculo. 

82 El TRONCO (81) brota las Hojas, y la 
Fructificación; y sus Especies son Seis: 
El Tallo, Caña, Bohordo, Cabillo, Pezón, 
la Fronde, y el Astil ó Pie: pues el Ramo 
es parte del Tronco. 

83 La HOJA (81) se considera en orden á su 
Sencillez, Composición ó Determinación. 

A. La sencilla esquandoel Pezón sos- 



tiene una sola hoja, y esta se diferencia 
según su Contorno, Borde, Superficie, 
Punta y Substancia. 

B. La compuesta comprehende varias 
hojas en un solo pezón, atendiendo á su 
Estructura ó Grados de composición. 

C. La determinación toma su señal di- 
ferencial de otra cosa que no sea la pro- 
pia estructura; como por exemplo del Lu- 
gar, Situación, Inserción ó Dirección. 

84 Los atavíos (81) son unos adminículos 
de la Planta para su más cómodo apoyo; 
y hasta ahora se cuentan siete, que son 
la Estípula, la Chapeta, la Espina, el 
Aguijón, el Zarcillo, la Glándula, y el 
Pelo. 

85 El invernáculo (81) es una parte de la 
Planta que encierra y defiende la Yerba 
(81) en embrión ó que está para brotar, 
de los años externos; y es ó Bulbo ó 
Yema. 



IV. 



LA FRUCTIFICACIÓN. 

86 La fructificación (79) es aquella par- 
te pasajera de los Vegetables, que está 
destinada para la Generación, y da fin 
al Vegetable antiguo, y principio al nue- 
vo; de ella se cuentan siete Partes. 

I. El cáliz, que es la Corteza de la 
planta que se halla en la Fructificación. 

II. La corola ó roseta, que es la Cor- 
teza interior de la planta desplegada en 
la Flor. 

III. El estambre, que es una Viscera 
destinada á preparar el Polen ó Polvillo 
fecundante. 

IV. El pistilo, que es una Viscera ad- 
herente al fruto, destinada á admitir el 
Polvillo fecundante. 

V. El pericarpio, que es una Viscera 
preñada de semillas, que suelta ó dexa 
caer después de maduras. 

VI. La semilla, que es la parte caedi- 
za del Vegetable, la qual viene á ser el 
rudimento de otra nueva planta, vivifi- 
cado por medio de la aspersión del Polen. 

VIL El receptáculo, que es la base en 



LV 



que se unen las seis partes de la Fructi- 
ficación. 

87 Las partes de la flor son el Cali;, la 
Corola ó Roseta, el Estambre, y el Pistilo 
ó Puntero. Las del fruto, el Pericarpio, 
Semilla y Receptáculo. Y así 1-is de la 
fructificación son la Flor y el Fruto. 

88 La Esencia de la flor (87) consiste en 
la Antera ó Borlilla (86), y en el /£stó/- 
/>?« (86); la del fruto (87) en la Semilla 
(86); la de la fructificación (87) en la 
Flor y en el Fruto; y la de los VEGETA- 
BLES (78) en la Fructificación (87). 

89 el periantio (86: i.) se diferencia déla 
Bráctea ó Chapeta (84) en que aquel se 
marchita, á lo más tarde, luego que se sa- 
zona el fruto, y no asi las Hojuelas Flo- 
rales. 

90 la corola (86: iv.) se discierne del pe- 
riantio (86: i) en que la situación de 
aquella alterna con la de los Estambres 
(86: ni.), y al contrario el Periantio cae 
frente de ellos. 

91 El Número de los pétalos (86 8:) se ha 
de determinar por la base de la Corola: 
así como el de las Lacinias por el medio 
del Limbo ó Lámina. 

92 En todas las partes de la Fructificación 
(86) observa siempre el Botánico tres di- 
ferencias de su estructura: la Naturalí- 
sima, la Diferente, y la Singular: Y es- 
tas debe cuidar de describirlas con arre- 
glo á las quatro Dimensiones del Núme- 
ro, Figura, Proporción, y Situación. 

93 La Estructura naturalísima (92) de la 
Fructificación se toma de la pluralidad 
de las cosas que existan en a el Numero 
(94), en fi la Figura (95), en r la Propor- 
ción (96), y en d la Situación (96). 

94 El numero Naturalísimo (93) es quando 
el Cáliz se divide en tantos segmentos 
como la Corola: á los quales correspon- 
den los Filamentos, provistos cada uno 
de su Antera; pero la división del Pisti- 
lo suele coincidir ó concordar con las cel- 
dillas del Pericarpio, ó con los Receptá- 
culos de las Semillas. 

95 La figura mas natural (93) consiste en 
que el Cáliz menos abierto abrace á la 
Corola que se ensancha insensiblemente, 



provista de Estambres, y Pistilos ergui- 
dos, y gradualmente adelgazados: y ca- 
yéndose estas partes á excepción del Cá- 
liz, se engruesa, y dilata el Pericarpio 
preñado de Semillas. 

96 La proporción naturalísima (93) produ- 
ce el Cáliz mas pequeño que la Corola, 
con los Estambres, y Pistilos de igual 
largo entre sí, en caso de ser erguida la 
flor. 

La Flor cabizbaxa lleva el Pistilo mas 
largo que los Estambres. 

La decumbente los Estambres, y Pisti 
lo inclinados hacia el lado inferior. 

La incorporada los Estambres, y Pisti- 
los encubiertos baxo del lado superior. 

97 La SITUACIÓN mas natural (93) es quan- 
do el Periantio abraza al Receptáculo, 
del qual nace alternativamente la Coro- 
la; y á ésta corresponden mas adentro 
los Filamentos, en cuyos ápices cargan 
las Anteras. El centro del receptáculo le 
ocupa el Germen coronado del Estilo, 
que en su parte superior lleva el Estig- 
ma. En cayéndose estos, crece el Germen 
formando al Pericarpio sostenido del cá- 
liz, y encerrándolas Semillas adherentes 
al receptáculo del fruto. Regularmente 
el Receptáculo de la Flor está debaxo, y 
rara vez rodea al Pericarpio, ó nace en- 
cima de él. 

98 La estructura diferente (92) de la Fruc- 
tificación se toma de aquellas partes, 
que se diferencian muchas veces en di- 
versas plantas. 

99 El cáliz (98) difiere según a el Núme- 
ro, Composición, Partes, y Lacinias; se- 
gún ft la Figura, Igualdad, Bordes, y 
Punta; según r la Proporción; y según 
§ el Lugar y Duración. 

100 La corola difiere (98) respecto a de los 
Pétalos, Lacinias y Nectarios (110); en 
orden fi á la Figura, Igualdad, y Bordes; 
según r la Proporción; y por lo tocante 
8 al Lugar, y duración. 

101 Los Filamentosas los estambres difie- 
ren (98) en quanto a al Número; ¡3 la Fi- 
gura; t la Proporción; y 8 la Situación: y 
las Anteras en punto a del Número, de 
las Celdillas, del Defecto; /? de laFigura, 



LVI 



del Modo de abrirse; r de la Coniiexion; 
y ó de la Situación. 

102 Los pistilos difieren (98) respecto a 
del Número, de las Lacinias; fi de la Fi- 
gura; r de la Longitud, del Grueso; y S de 
la Situación, esa saber de las tres partes. 

103 El pericarpio se diferencia (98) aten- 
diendo a al Número, Celdillas, Ventallas, 
y Entretelas; fi á las Especies, Figura y 
Modo de abrirse; r á la Inclusión, ó Re- 
sorte; y 6 á la Situación. 

104 Las semillas se observa, que se dife- 
rencian en quanto « al Número y Celdi- 
llas; fi á la Figura, Substancia, Coronilla 
y Arilo; t al Grandor; ó" al Córculo, y «al 
Receptáculo. 

105 La Fructificación singular (62) se de- 
duce de aquella estructura que se advier- 
te en poquísimos géneros. 

10G El cáliz suele ser de menos color que 
la Coi-ola. 

107 El receptáculo de la Flor (86) abraza 
por dentro al Periantio en las Icosan- 
drias, y otras: y le rodea por todas par- 
tes en las Cucurbitáceas (77: 45). 

108 Los filamentos de los Estambres es- 
tán separados de la Corola Polipétala, y 
se hallan prendidos á la Corola Monopé- 
tala: á excepción de los que llevan ante- 
ras de dos cornezuelos. 

109 Las Anteras por lo común coronan el 
ápice de los filamentos. 

110 El nectario, que se halla separado de 
los Pétalos, está sujeto por lo regular á 
varias. 

111 El pistilo lo mas frecuentemente está 
colocado mas enmedio, que las Anteras. 

112 El estilo remata por lo común el ápi- 
ce del Germen; exceptuándose algunos 
pocos. 

113 El PERICARPIO se cierra naturalmente, 
y no contiene otros Pericarpios menores, 
pero el xugoso se transforma las mas ve- 
ces en baya. 

114 Las Flores completas son Sencillas, ó 
Agregadas. 

115 La Flor sencilla es quando ninguna 
parte de su fructificación es común á 
otras flores. 

116 La Flor agregada posee en común con 



otros flósculos alguna parte de la fructi- 
ficación; y se llama ó Agregada propia- 
mente tal, ó Compuesta, ó Aparasolada, 
ó Acopada. 

117 La Flor compuesta es la agregada 
(116), que consta de varios fiósculos sen- 
tados, y contenidos dentro de un Recep- 
táculo común entero, y de un Periantio; 
bien que provistos de anteras reunidas 
en cilindro. 

118 La Flor aparasolada (116) es la agre- 
gada de diversos flósculos, que salen de 
un receptáculo sobre cabillos encumbra- 
dos, los quales nacen todos de un mismo 
centro. 

La copa (116) al contrario es una flor 
agregada de varios flósculos, que salen 
de un receptáculo sobre cabillos encum- 
brados, de los quales los primeros parten 
de un mismo centro, y los sucesivos sa- 
len dispersos. 

119 La Flor VICIOSA, lozana ú MONSTRUO- 
SA multiplica de tal suerte las cubiertas 
de la fructificación, que se destruyen sus 
partes esenciales: y es ó Multiplicada, ó 
Plena, ó Prolífera. Llámase Mutilada ó 
Defectuosa, esto es Diminuta, la flor en 
que se echa menos la Corola. 

120 El nombre de Flor multiplicada (1 19) 
alude por lo común á la Corola multipli- 
cada, que conserva algunos Estambres; 
y es ó Doble, ó Redoble. El Periantio, y 
la Gorguera rara vez constituyen flor 
multiplicada; y los Estambres casi nunca. 

121 La flor es plena (119) quando la Coro- 
la se multiplica tanto, que desaparecen 
por su causa todos los Estambres. 

122 Muchos órdenes naturales de plantas 
no pueden presentar flores viciosas, ó sea 
monstruosas. 

12.3 prolífera (119) se hace la Flor, quan- 
do sobresalen otras flores de dentro de 
alguna flor (las mas veces plena), y esta 
misma flor Prolífera se llama Frondosa, 
quando la prole ó producto de la Prolife- 
ra se viste de hojas. 

124 La prolificacion (123) de las flores 
Sencillas (115) se forma mediante el Pis- 
tilo; y la de las Agregadas (116) por el 
Receptáculo. 



LVII 



125 La plenitud de las flores sencillas se 
efectúa por los Pétalos, ó por los Necta- 
rios. 

126 Se multiplican (120) las mas veces las 
Flores en la Corola, ó Roseta de muchos 
Pétalos: y se doblan con mas freqüencia 
en las de una Pieza. Sin embargo, no es 
incompatible, que las flores sean de una 
sola Pieza, y juntamente Plenas. 

127 Las flores compuestas (117) se llenan 
(121) de Pétalos acanutados, ó de Pétalos 
llanos. 

128 Las Flores Plenas (121) de las Sencillas 
(115) se distinguen de las compuestas na- 
turales (118), en que las plenas poseen el 
Pistilo común en el centro de la flor, y 
al contrario las compuestas tienen cada 
una sus estambres, y pistilos propios. 

129 Las Flores compuestas plenas con pé- 
talos llanos se diferencian de las de su 
especie no plenas, en que en estas se alar- 
gan los Estigmas, y se desvian tomando 
mas cuerpo los gérmenes. 

130 Las Flores compuestas plenas por me- 
dio de pétalos llanos (127) se disciernen 
de las compuestas naturales (117) con pé- 
talos llanos, en que aquellas plenas care- 
cen de anteras, que conservan las natu- 
rales. 

131 Si el Radio en la flor compuesta natu- 
ral (117) goza de pistilos, también tienen 
pistilos todas las flores plenas: al paso 
que si carece de ellos, las flores plenas 
carecen igualmente de pistilos. 



EL SEXO. 

132 Pretendemos que en el origen del mun- 
do fué creado un solo individuo de cada 
sexo de toda especie de vivientes (3). 

133 Los Vegetables, aunque están destitui- 
dos de sensación, viven (3) igualmente 
que los animales, según lo prueban su 
Nacimiento, Nutrición, Edad, Movimien- 
to, Propulsión ó Empuje, Enfermedades, 
Muerte, Anatomía y Organización. 



134 Todo viviente procede de huevo; y por 
consiguiente también los Vegetables, cu- 
yas semillas son verdaderos Huevos, se- 
gún lo manifiesta su Fin, reducido á pro- 
ducir descendencia semejante á sus pa- 
dres. 

135 Que los Vegetables provienen de hue- 
vo (134), lo persuaden la Razón, y Expe- 
riencia: y lo comprueban los Cotiledones. 

136 Los Cotiledones de los animales traen 
su origen de la Yema ó amarillo del hue- 
vo, en que nace el punto vital; luego las 
Hojas Seminales de las plantas, que abra- 
zaron el Córculo (86: vi), corresponden á 
lo mismo. 

137 Que la Prole no sale únicamente del 
Huevo, ni solo de la Esperma, sino de 
ambas cosas juntamente, lo convencen 
los Animales bastardos ó mixtos, la Ra- 
zón, y la Anatomía. 

138 Que se empolle el Huevo no fecundado 
ó no gallado, lo repugnan todos los expe- 
rimentos; y por consiguiente, que germi- 
nen ó broten los Huevos de los Vegeta- 
bles. 

139 Toda especie de Vegetables (157) goza 
de flor, y fruto, aun donde no los alcanza 
á descubrir la vista. 

140 Toda (139) Flor (88) posee Anteras (86), 
y Estigmas (86). 

141 La Flor (140) precede á todo fruto, co- 
mo la Generación al parto. 

142 La fructificación (88) consta de los 
Genitales de las plantas (143. 144); y por 
tanto la florescencia (140) es la Genera- 
ción, así como la maturación del fruto 
es el Parto. 

143 Que las anteras (140) son los Genita- 
les Masculinos de las plantas, y su pol- 
villo fecundante verdadera Esperma. 
lo enseñan su Esencia (88), su Preceden- 
cia ó Anterioridad (141), su Situación, el 
Tiempo, las Celdillas, la Castración y la 
Estructura del Polvillo. 

144 Que los estigmas (140) continuados 
siempre con el Germen (97) son los Geni- 
tales femeninos, lo prueba su Esencia 
(88), su Procedencia (141), su Situación, el 
Tiempo, su Caida, y su Separación por 
el corte. 



LVIII 



145 Que la generación (138) de los Vege- 
tables se efectúa mediante la caida del 
Polen de las Anteras sobre los Estigmas 
desnudos, con que se rompe dicho Polvi- 
llo, y despide el aura seminal, que es ab- 
sorbida por el humor del Estigma; lo 
comprueban la Inspección, la Proporción 
el Lugar, el Tiempo, las Lluvias, los Co- 
secheros de Dátiles, las Flores cabizba- 
xas, las sumergidas, y la Clase Singene- 
sia, ó por mejor decir la atenta, y debi- 
da consideración de todas las Flores. 

146 El CÁLIZ, pues, es el Tálamo, la CORO- 
LA ó roseta la Colgadura, los filamen- 
tos 1 os Vasos Espermáticos, las anteras 
los Testículos, el polen la Esperma, el 
estigma la Vulva, el estilete la Vayna, 
el germen el Ovario, el pericarpio el 
Ovario fecundado, y la semilla el 
Huevo. 

147 El ventrículo ó Estómago de las 
plantases la Tierra, los VASOS CHILÍFE- 
ros la Raíz, los huesos el Tronco ó Ta- 
llo, los pulmones las Hojas, el corazón 
el Calor: y por eso llamaban los antiguos 
la Planta Animal inverso ó vuelto lo de 
arriba abaxo. 

148 La FLOR (140), que contiene Anteras 
(143), se llama masculina, la que lleva 
Estigmas (145) femenina, y la que ambas 
cosas (143. 144), hermafrodita. 

149 La planta que solamente encierra flo- 

res masculinas (148), se llama MA- 
CHO; 

la que encierra únicamente flores fe- 
meninas (148), se dice hembra; 

la que solo flores hermafroditas (148) 
hermafrodita; 

la que juntamente abraza flores mas- 
culinas y femeninas (a. b.), andró- 
gina; 

y la que se compone de hermafradi- 
tas, y al mismo tiempo de mascu- 
linas, ó femeninas, polígama; bien 
que esta por lo regular consta de 
flores en que hallándose ambos 
sexos, predomina y prevalece uno 
solo. 

150 Éntrelas Flores lozanas (119) ningu- 
na hay Natural, antes bien todas son 



Monstruos; pues las Plenas (121) queda- 
ron Eunucas ó como si fueran Castradas, 
y por consiguiente siempre abortan; no 
así las Multiplicadas (120); y las Prolífe- 
ras (122) suben de punto la deformidad 
de las Monstruosas. 



VI. 



LOS CARACTERES. 

151 Dos son los fundamentos de la Botá- 
nica (4): la Disposición, y la Denomina- 
ción. 

152 La DISPOSICIÓN (151) enseña las sepa- 
raciones, ó reuniones de los Vegetables; 
y es ó Teórica, que forma las Clases, 
Órdenes, y Géneros; ó Práctica, que es- 
tablece las Especies, y Variedades. 

153 La Disposición délos Vegetables (152) 
se efectúa ó bien Sinópticamente, ó Sis- 
temáticamente, y se llama, vulgarmente 
Método. 

154 La sinopsis (153) presenta Divisiones 
(152) arbitrarias, mas largas ó mas cor 
tas, y mas ó menos numerosas, y en la 
constitución del Género no deben admi- 
tirla los Botánicos. 

155 El sistema (153) resuelve las Clases 
por medio de cinco miembros, ó subdivi- 
siones adequadas, que son Clases, Orde- 
nes, Géneros, Especies, y Variedades. 

156 El Sistema (155) viene á ser el hilo de 
Ariadna en la Botánica, y sin él es un 
Caos esta. Ciencia. 

157 Contamos tantas especies (155), como 
formas diversas fueron criadas en el 
principio del mundo. 

158 Las variedades (155) son tantas, como 
plantas diferentes han nacido de la semi- 
lla de la misma especie (157). 

159 Decimos que hay tantosGÉNEROS (155), 
como fructificaciones de estructura se- 
mejante manifiestan las diversas Espe- 
cies (757) naturales. 

160 clase (155) es la conformidad de va- 
rios Géneros (159 en las partesde la fruc- 
tificación (86) con arreglo á los princi- 
pios de la naturaleza y del arte. 



LIX 



161 El orden (155) es una subdivisión de 
las Clases (160), á fin de que no haya que 
distinguir de un golpe más Géneros (159), 
que los que alcance con facilidad la ima- 
ginación. 

162 La Especie (157), y el Género (159) son 
siempre obra de la naturaleza; la Va- 
riedad (158) las mas veces lo es del cul- 
tivo; y la Clase (160), y el Orden (161) lo 
son de la naturaleza y del arte. 

163 La traza es cierta conformidad de los 
Vegetables afines, y congéneres en la 
Placentacion, Radicación, Ramificación, 
Intorsion, Gemmacion, Foliación, Esti- 
pulación, Pubescencia, Glandidacion, 
Latescencia, Inflorescencia, y otras co- 
sas. 

I. La placentacion es la disposición 
de los Cotiledones en el mismo acto de 
germinar la Semilla. 

II. La radicación es la disposición de 
la Raíz, con el tronco descendente, as- 
cendente, y Raicillas. 

III. La ramificación se manifiesta en 
la situación de los Ramos, con la qual se 
conforman las Hojas. 

IV. La intorsion es la inflexión de las 
partes hacia uno de los dos lados. 

V. La gemmacion es la estructura de la 
Yema compuesta de hojas, estípulas, pe- 
zones ó escamas. 

VI. La foliación es aquella plegadu- 
ra, que mantienen las Hojas mientras 
permanecen encerradas dentro de la Ye- 
ma, ó dentro de los Espárragos ó prime- 
ros brotes de las plantas. 

VII. La estipulación consiste en la si- 
tuación y estructura de las Estípulas al 
pie de las hojas. 

VIII. La pubescencia es la Armadura 
de la planta, con que se defiende de los 
daños externos. 

. IX. La glandulacion la constituyen 
los vasos secretarios. 

X. La lactescencia es la abundancia 
de fluido, que mana de la planta herida. 

XI. La inflorescencia es el modo con 
que se unen las flores al pedúnculo ó ca- 
billo de la planta, al que llamaron los an- 
tepasados Modo de florecer. 



164 La Disposición (155) primaria (152) de 
los Vegetables se debe tomar de sola la 
fructificación. 

165 Qualesquiera Vegetables, que conven- 
gan' en las partes de la fructificación 
(86), no deben distinguirse, ó separarse 
en igualdad de circunstancias (162) en 
la Disposición Teórica. 

166 Qualesquiera Vegetables, que difieran 
en las partes de la fructificación (86), su- 
puestas las consideraciones correspon- 
dientes (162), no deben juntarse. 

167 Toda nota característica (189) debe 
deducirse del Número, Figura, Propor- 
ción, y Situación de todas las partes de 
la Fructificación (86), que sean diferen- 
tes (98 104). 

168 La Traza (163) se ha de atender secre- 
tamente para no íormar con ligero moti- 
vo algún género erróneo. 

169 Las cosas, que (167) sirven en un géne- 
ro para establecer el Género, no por eso 
producen necesariamente el mismo efec- 
to en otro. 

170 Rara vez se observa un Género, en que 
no discuerde ó no sufra anomalía algu- 
na parte (167) de la fructificación. 

171 En los mas Géneros se advierte alguna 
nota singular (105) de la Fructificación. 

172 Si no se hallase en todas las especies 
alguna nota singular (105) de la fructifi- 
cación, ó propia (171) de su género; se 
deberá evitar que no se refundan, reú- 
nan, ó incorporen en uno muchos gé- 
neros. 

173 Si la nota singular (105) de algún géne- 
ro se haya también en un género cerca- 
no; se habrá de precaver que no se divi- 
da el mismo género en mas de los que 
dicta la naturaleza. 

174 Quanto mas constante es en varias es- 
pecies alguna parte de la fructificación 
(167), ofrece también tanto mas segura 
la nota genérica. 

175 En unos géneros se ebserva mas cons- 
tante una parte de la fructificación, y en 
otros otra, pero ninguna es perfectamen- 
te constante. 

176 Si convienen las Flores (87), y difieren 
los Frutos (87); en igualdad de circustan- 



LX 



cias deben incorporarse en uno los Gé- 
neros. 

177 La Figura (95) de la Flor (87) es mas 
segura que la del Fruto (87); la Propor- 
ción (96) de las partes es muy diversa, y 
no muy constante. 

178 El Número (94) se desvia del orden re- 
gular mas fácilmente que la Figura (95): 
sin embargo se explica muy bien con la 
proporción del número; y las Flores di- 
versas en número en la misma planta 
deben considerarse con arreglo á la Flor 
primaria ó principal. 

179 La situación (97) de las partes es cons- 
tantísima. Tournefort (64) hizo grande 
uso de la situación del Receptáculo (86) 
en los Órdenes (161). 

180 Rivino (61) dio excesiva consideración 
á la Regularidad de los Pétalos. 

181 La Naturaleza distinguió particular- 
mente al Nectario (110). 

182 Los Estambres, y el Cáliz, menos ex- 
puestos á lozanías, son mucho mas segu- 
ros que los Pétalos. 

183 La Estructura del Pericarpio (92), de que 
hacían frequente uso los anteriores Botá- 
nicos, ha manifestado con innumerables 
exemploS,que merece mucha menos aten- 
ción de lo que aquellos habían creído. 

184 Las Flores losanas (119, las Plenas 
(150), y las Mutiladas ó Defectuosas (119), 
como que son Monstruos, no tienen cabi- 
da en la constitución de los géneros. 

185 Las Flores Multiplicadas (130), y las 
Plenas (121) se juzgan por el Periantio, y 
por la serie inferior de los pétalos, así 
como las Prolíferas (122) por la Prole. 

186 El carácter es la Definición del Géne- 
ro; y este es de tres especies: Facticio 
(188), Esencial (187), y Natural (189). 

187 El Carácter (186) esencial subministra 
una notapropísima (171), y singular (105) 
del Género, á que se aplica. 

188 El Carácter (186) facticio distingue el 
Género de otros Géneros, pero solo del 
mismo orden artificial. 

189 El carácter (186) natural reúne todas 
las notas (92-113) genéricas posibles 
(167), y por tanto comprehende en sí al 
Esencial (187, y al Facticio (188). 



190 El Carácter Facticio (188) es el sucedá- 
neo; el Esencial (187) es el mejor, pero 
no siempre asequible; el Natural cuesta 
mucha dificultad trabajarle, pero ya tra- 
bajado es la Base (156) de todos los Sis- 
temas (53), Conservador infalible de los 
Géneros (159), y aplicable á todo Siste- 
(26-37) posible, y verdadero. 

191 El Carácter Natural (189) debe poseer- 
se por todo Botánico (7). 

192 El Carácter Natural (109) contendrá to- 
das las notas diferentes (98), y singulares 
(105 de la fructificación, que convengan 
(165) en todas y cada una de sus Espe- 
cies (157); y omitirá las discordantes 
(166). 

193 Ningún Carácter es infalible antes de 
haber sido arreglado con presencia de 
todas sus (139) especies (157). 

194 La inflorescencia (163) no prestará nota 
Característica. 

195 El Carácter ha de llevar al frente el 
Nombre Genérico. 

196 Para cada Especie ó Parte de la Fruc- 
tificación (86) se ha de empezar nueva 
línea en el Carácter natural (189). 

197 El nombre de la parte fructificante (86) 
principiará el renglón (196) con letras 
distintas. 

198 Ningún Carácter (192) tome nota (167) 
de semejanza ó comparación, que no sea 
tan conocida, como á cada uno su mano 
derecha. 

199 Las notas convenientes ó conformes 
(192) las describirá el Carácter con tér- 
minos compendiosos. 

200 Los términos se han de elegir puros 
(81-85): y no se han de admitir los obs- 
curos, y erróneos. 

201 Los Términos (199), que sean mas que 
los necesarios (200), se han de excluir, y 
si son menos que los precisos, se han de 
aumentar. 

202 El Carácter (192) se ha de conservar in- 
mutable en todos los Sistemas (54-77) por 
diversísimos que sean. 

203 El Género (159) puede constar de una 
sola especie (157), aunque las mas veces 
se componga de muchas. 

204 Lo que vale para el Carácter genérico, 



LXI 



rige también para el clásico (160), aun- 
que en este todas las cosas se toman mas 
latamente. 

205 La Clase (160) es mas arbitraria (162) 
que el Género (159), y mas que ambos el 
Orden (161). 

206 Las Clases en igualdad de circunstan- 
cias son tanto mas aventajadas, quanto 
mas naturales. 

207 Las Clases, y los Órdenes excesivamen- 
te largos, ó en sobrado número, son muy 
dificultosos. 

208 El Orden colocará cerca uno de otro los 
Géneros mas afines ó análogos entre sí. 

209 Proceder tan aderidos á la Traza de las 
plantas (163), que se abandonen los prin- 
cipios déla Fructificación (164) debida- 
mente adoptados, es ir en busca de la ne- 
cedad en lugar de la sabiduría. 



VIL 

LOS NOMBRES. 

210 La Denominación, que es el segundo 
(151) fundamento de la Botánica, impon- 
drá ante todas cosas los Nombres des- 
pués de hecha la disposición (152). 

211 Solamente los Botánicos (7) genuinos 
(26) pueden imponer verdaderos Nom- 
bres á las plantas. 

212 Todos los nombres en la misma enun- 
ciación del Vegetable son Tácitos ó sean 
Mudos, como el de la Clase (160), y el 
del Orden (161) ó Sonoras, esto es Expre- 
sos, como el del Género (159), el especí- 
(157), y el de la Variedad (158). 

113 Qualesquiera plantas que convienen en 
género (165) se han de designar con un 
mismo nombre genérico (212). 

214 Al contrario (313) todas las plantas que 
difieren en género (166), se han de dis- 
tinguir con diverso nombre genérico 
(213). 

215 El nombre genérico dentro de un mis- 
mo género (213) no ha de ser mas que 
uno solo. 



216 El nombre genérico dentro de un mis- 
mo género ha de ser uno mismo. 

217 El nombre genérico, que siendo uno so- 
lo (215), y el mismo (216), se haya em- 
pleado para denotar géneros diferentes, 
se habrá de excluir de una de las dos 
partes. 

218 El que establece un Género nuevo, es- 
tá obligado á imponerle también nombre. 

219 Fíxese inmutable el nombre genérico 
antes de disponer alguno específico. 

220 Ningún hombre juicioso introduce nom- 
bres genéricos primitivos ó de origen 
desconocido ó ininteligible á los sabios. 

221 Los nombres genéricos, que consten de 
dos bocablos enteros, y separados, se 
han de desterrar de la República Botá- 
nica. 

222 Los nombres genéricos compuestos de 
dos vocablos latinos enteres, y unidos 
uno con otro, apenas merecen tolerarse. 

223 Los nombres genéricos bastardos ó for- 
mados de una voz griega, y otra latina, 
ó de diversas lenguas á este modo, no 
deben admitirse. 

224 Los nombres genéricos compuestos de 
un vocablo incompleto, y de otro entero 
de algún género de planta, no son dignos 
de un Botánico. 

225 El nombre genérico, á que se añaden 
una ó dos sílabas, para que signifique 
genero enteramente diverse de el de an- 
tes, se debe excluir. 

226 Los nombres genéricos con la termina- 
ción en oides deben desterrarse de la Re- 
pública Botánica. 

227 Los nombres genéricos, forxados de 
otros igualmente genéricos con añadir 
una sílaba al fin, no sen del gusto de los 
inteligentes. 

228 Los nombres genéricos, que se semejan 
en el sonido, ocasionan confusión. 

229 Los nombres genéricos, que no se deri- 
van de la lengua griega, ó de la latina, 
se deben desechar. 

230 Los nombres genéricos comunes á las 
plantas, animales, y minerales, si los Bo- 
tánicos hubiesen sido los últimos á usar- 
los, deberán devolverse á los Zoólogos, y 
Litólogos. 



LXII 



231 Se excusarán los nombres genéricos, 
ya empleados per los Anatómicas, Pató- 
logos, Terapéuticos, ó Artistas. 

232 Los nombres genéricos contradictorios 
á alguna especie de su género son malos. 

233 Los nombres genéricos, que sean idén- 
ticos con los de las Clases, y Órdenes na- 
turales, deben suprimirse. 

234 Los nombres genéricos Diminutivos, y 
traídos de la Lengua Latina con alguna 
alteración, aunque no son los mas reco- 
mendables, podrán tolerarse. 

235 Los nombres genéricos Adjetivos son 
peores que los Substantivos, y por consi- 
guiente no los mejores. 

236 No se ha de abusar de los nombres ge- 
néricos para captarse el favor, ó perpe- 
tuar la memoria de los Santos, ó de los 
Hombres Insignes en otra faculta!. 

237 Conservo los nombres genéricos del uso 
de los Poetas, propios de las Deidades 
fingidas, consagrados á los Reyes, y de- 
dicados dignamente á los Promotores de 
la. Botánica. 

238 Los nombres genéricos formados pa- 
ra conservar la memoria de algún Bo- 
tánico benemérito, se han de mantener 
inviolables. 

239 Los nombres genéricos, que sin cletri- 
me litro de la Botánica se hallan ya im- 
puestos, deben tolerarse en igualdad de 
circunstancias. 

240 Los nombres genéricos, que represen- 
tan el Carácter Esencial, ó la traza déla 
planta, son los mejores. 

241 Los vocablos de las plantas usados 
por los Antiguos se leen, los griegos en 

HIPÓCRATES, TEOFRASTO, V DIOSCÓRIDES; 

y los latinos en PLiNio, en los Geopó- 
nicos ó Escritores de agricultura, y en 
los Poetas. 

242 Un nombre genérico antiguo (241) se 
adapta bien á un género que sea anti- 
guo. 

243 No es permitido cambiar un nombre ge- 
nérico digno (213 242) por otro, aunque 
sea más adeqüado. 

244 No se han de inventar de nuevo nom- 
bres genéricos, mientras haya á mano 
Sinónimos dignos. 



245 El nombre genérico de un germen, á no 
ser superfluo (215-217), no debe transfe- 
rirse á otro, aunque le qüadre mejor. 

246 En caso de haber de dividir un Género 
ya admitido, en fuerza de las leyes de la 
naturaleza (162), y del arte (164), en va- 
rios géneros; entonces el nombre, que an- 
tes era común, se le mantendrá á la 
planta más vulgar, y oficinal. 

247 Los nombres genéricos (229) se han de 
escribir ó representar con caracteres la- 
tinos. 

248 Deben facilitarse, en quanto se pueda, 
la terminación, y el sonido de los nom- 
bres genéricos. 

249 Se han de evitar los nombres genéricos 
excesivamente largos, difíciles de pro- 
nunciar, ó extraños al oido. 

250 Es fuera de razón abusar de los térmi- 
nos del arte (199), en lugar de nombres 
genéricos. 

251 Para con los nombres de las clases 
(160), y de los órdenes (161) milita la 
misma razón (204), que con los genéricos. 

252 Los nombres de las Clases, y de los Ór- 
denes tomados de las Virtudes, Raíz, 
Fuste ó Yerba, y Traza son malos. 

253 Los nombres de las Clases, y de las Or- 
denes han de incluir una nota esencial 
(187), y Característica (189). 

254 Los nombres de las Clases, y de los Ór- 
denes, tomados del nombre de alguna 
planta, baxo del qual entendieron los an- 
tiguos toda una serie, desechados del gé- 
nero, se han de aplicar solamente á las 
Clases naturales. 

255 Los nombres de las Clases y de los Ór- 
denes constarán de un solo (215) vocablo. 



VIII. 
LAS DIFERENCIAS. 

256 Se halla perfectamente denominada una 
planta, quando tiene su nombre genéri- 
co y específico (217). 

257 El Nombre específico legítimo ha de dis- 
tinguir la planta de todas las congéneres 



LXIII 



(159); el Trivial carece hasta el presen- 
te de reglas. 

258 El nombre específico dará á conocer á 
primera vista su planta, respecto de que 
contiene la diferencia (257) esculpida en 
la misma planta. 

259 El Nombre específico debe tomarse de 
partes que no varíen en las plantas. 

260 El Tamaño no distingue las especies. 

261 Las notas ó señales comparativas con 
otras especies de género diferente son 
falsas. 

262 Las notas comparativas con otras espe- 
cies de su propio género son malas. 

263 No se baga uso en la Diferencia, del 
nombre del jnventor, ni de ningún 
otro. 

264 El lugar nativo no enseña la distinción 
de las especies. 

265 El tiempo de florecer, y vegetar es una 
diferencia sumamente engañosa. 

266 El color varía increíblemente dentro de 
la misma especie; y así no tiene fuerza 
alguna para la diferencia. 

267 El olor nunca distingue con claridad la 
especie. 

268 El sabor suele ser vario, respectivamen- 
te al paladar de cada uno, y así exclu- 
yase de la diferencia. 

269 La virtud, y el uso subministran Dife- 
rencia vana al Botánico. 

270 El sexo jamas constituye especies di- 
versas en ninguna planta. 

271 Las Flores MONSTRUOSAS (150), y las 
Plantas también monstruosas traen su 
origen de las Naturales. 

272 La pubescencia (136: VIII.) es una dife- 
rencia infiel, respecto de que las mas ve- 
ces la disipa el cultivo. 

273 La duración corresponde muchas ve- 
ces mas bien al parage, que á la planta; 
y así no apruebo hacer uso de ella en la 
diferencia. 

274 La multiplicidad del Fuste ó Yerba 
varía muchas veces por razón del sitio. 

275 La raíz (81) subministra freqüentemen- 
te diferencia sólida, y sin embargo no se 
debe recurrir á ella sino á falta de todos 
los demás medios. 

276 Las notas del tronco ó tallo (82) ofre- 



cen diferencias por lo regular aventaja- 
das. 

277 Las HOJAS (83) dan de sí diferencias 
muy primorosas, y muy naturales. 

278 Los arreos (84) y los invernáculos 
(85) presentan por lo común excelentes 
ciferencias. 

279 La inflorescencia (163: XI.) es una di- 
ferencia sumamente efectiva. 

280 Las partes de la Fructificación submi- 
nistran las más veces diferencias cons- 
tantísimas. 

281 Las notas genéricas (192) empleadas en 
la difdrencia son absurdas. 

282 Toda Diferencia se ha de fundar nece- 
sariamente en el Número, Figura, Pro- 
porción, y Situación de las varias partes 
de las plantas (80 86). 

283 Siempre se ha de cuidar de no tomar la 
variedad (158) por especie (157). 

284 El nombre genérico se debe aplicar á 
cada una de las Especies. 

285 El nombre específico ha de ir siempre 
inmediatamente después del genérico. 

286 El nombre específico sin el genérico es 
como campana sin lengüeta. 

287 El nombre específico no ha de estar in- 
corporado con el mismo nombre gené- 
rico. 

288 El nombre específico genuino es ó Si- 
nóptico, ó Esencial. 

289 El Nombre Específico Sinóptico (288) 
impone á las plantas congéneres (159) 
las notas correspondientes al uno de los 
dos miembros de su división. 

290 El Nombre Específico Esencial (288) 
ofrece una nota singular de la diferencia 
ó sea propia solamente de su especie. 

291 El nombre específico, con tal que lo sea 
(257), quanto mas conciso, es también el 
mejor. 

292 El nombre específico no ha de admitir 
mas vocablos que los precisos para dis- 
tinguirse de los congéneres. 

293 Ningún nombre específico puede impo- 
nerse á la especie, que sea única (203) 
en su género. 

294 Nombre específico inpóngale el que des- 
cubriere alguna especie nueva, en caso 
de ser necesario (293) tal nombre. 



LXIV 



295 Los vocablos del nombre específico no 
han de ser compuestos, semejantes á los 
nombres genéricos, ni griegos, sino ex- 
clusivamente latinos; porque quanto más 
sencillos, serán también mejores. 

296 El nombre específico no debe de ser fi- 
gurado con Tropos Retóricos, y mucho 
menos erróneos: sino fielmente expresivo 
de lo que dicte la naturaleza. 

297 El nombre específico no sea comparati- 
vo, ni superlativo. 

298 En el nombre específico úsense términos 
positivos, y de ningún modo negativos. 

299 Toda semejanza ó comparación, emplea- 
da en el nombre específico, ha de ser 
más clara que la mano derecha; aunque 
ni así es la mas conveniente. 

300 En el Nombre específico no se ponga 
adjetivo alguno sin el correspondiente 
substantivo. 

301 Todo adjetivo (300) en el nombre espe- 
cífico debe ir después de su substantivo. 

302 Los adjetivos (300) empleados en el 
nombre específico, se han de sacar de los 
términos selectos del arte (80-86), en ca- 
so de ser suficientes. 

303 Del nombre específico se excluirán las 
partículas conyuntivas, y disyuntivas de 
los adjetivos, y substantivos. 

304 Las notas ó partículas divisorias han de 
separar las partes de las plantas (79), y 
no los adjetivos. 

305 El Paréntesis nunca ha de tener lugar 
en el Nombre específico. 



tituyen las flores mutiladas (119), las 
multiplicadas (120), las llenas (121), y las 
prolíferas (121); los fustes ó yerbas loza- 
nas, las fasciadas, plegadas, y multipli- 
cadas: en el número, figura, proporción y 
situación de todas las partes, y asimis- 
mo las mas veces el Color, Olor, Sabor, 
y el Tiempo. 

310 El Botánico (7) no atiende á las Varie- 
dades de corta consideración. 

311 La lozanía de las hojas se verifica muy 
fácilmente en las Encontradas, y en las 
Compuestas. Todas las hojas rizadas, y 
ampollosas son monstruosas. 

312 Las mas veces es ocioso hacer uso de 
las enfermedades de las plantas, ó bien 
de sus edades en los Nombres de las Va- 
riedades. 

313 El color varía fácilmente pasando con 
especialidad el azul, ó rubio á blanco. 

314 El lugar aguoso hiéndelas mas veces 
las hojas inferiores, y el montuoso las 
superiores. 

315 La planta natural (157) no se debe de- 
signar con nombre opuesto ó repugnante 
á sus Variedades (158). 

316 El cultivo, padre de tantas Variedades, 
es también el que mejor las califica. 

317 El recoger ó reducir las diferentes Va- 
riedades á su especie, no es de menos 
consideración que el colocar las espe- 
cies baxo de su género. 



IX. 



LAS VARIEDADES. 

306 Al Nombre Genérico (VII), y Específi- 
co (VIII) se le puede añadir también el 
Variante ó de la Variedad, si le hubiese 
(158). 

307 Los Nombres Genéricos, Específicos, y 
Variantes se han de inscribir con letras 
de diverso grado ó tamaño. 

308 El sexo (149) constituye Variedades na- 
turales; todas las demás son monstruosas. 

309 Variedades monstruosas (308) las cons- 



X. 



LOS SINÓNIMOS. 

318 Los Sinónimos son los diversos nombres 
impuestos por los Fitólogos (6) á una mis- 
ma planta, y estos ó son Genéricos, (VII) 
ó Específicos, (VIII), ó Variantes (IX). 

319 Entre los Sinónimos pónganse al frente 
el mejor nombre, como el Selecto de otro, 
ó el propio del Autor. 

320 Júntense los Sinónimos que sean idénti- 
cos. 

321 Cada Sinónimo empiece con nueva lí- 
nea. 



LXV 



322 Ei Autor y la Página siempre se han de 334 Los lugares nativos se refieren al País, 



citar al fin en los Sinónimos. 

323 En la Serie completa de Sinónimos se- 
rá bien distinguir con una Estrellita al 
Inventor. 

324 Los nombres nativos ó propios del país 
ó se han de omitir, ó poner al Cabo de 
los Sinónimos. 



Clima, Suelo, y Tierra. 
335 El tiempo de Vegetar con vigor, de Ger- 
minar, de Desplegar las primeras hojas, 
de Producir las primeras flores, de Velar, 
de Sazonar el fruto, y el de Despojarse 
de la hoja, indican el Clima. 



XI. 

LAS ADUMBRACIONES 

Ó REPRESENTACIONES. 

325 Las representaciones comprehenden 
la Historia de cada planta, y por consi- 
guiente los Nombres (Vil) las Etimologías 
(234-242), las Clases (II), los Caracteres 
(VI), las Diferencias (VIII), las Varieda- 
des (IX;, los Sinónimos (X), las Descrip- 
ciones (326) las Estampas (332) los Luga 
res (334), y los Tiempos (335). 

326 La descripción (325) es el carácter na- 
tural de toda la planta, y ha de describir 
todas sus partes exteriores (80. 81. 82. 
83. 84. 85. 86.) 

327 La Descripción (326) ha de expresar las 
partes concisísimamente, pero con per- 
fección, sin valerse de otros términos que 
los del arte, si estos fuesen suficientes, 
con respecto n\ Número, Figura, Propor- 
ción, y Situación. 

328 En la descripción se seguirá el orden, 
conque nacen las partes de las plantas- 

329 La Descripción explicará cada parte de 
la planta en parágrafos separados. 

330 Así la Descripción mas difusa, como la 
mas corta de lo que corresponde, son 
malas. 

331 La Medida del Tamaño graduada por la 
mano del hombre es muy conveniente en 
las plantas. 

332 Las Estampas ó Figuras se deben hacer 
del grandor, y situación natural. 

333 Las Estampas mas acabadas han de re- 
presentar todas las partes de la planta, y 
aun las mas menudas de la fructificación. 



XII. 
LAS VIRTUDES. 

336 Las virtudes ó propiedades de las 
plantas las deducirá de la Fructificación. 
(86) el Botánico (7), observando el Sabor 
(365), Olor (362), Color (364), y Lugar 
(357). 

337 Las Plantas que convienen (165) en Gé- 
nero, convienen también en virtud: las- 
que se comprehenden dentro de un mis- 
mo Orden Natural (77), se asemejan asi- 
mismo en virtud; y las que concuerdan 
en ser de una misma Clase Natural, igual- 
mente corresponden, en algún modo, en- 
tre sí en virtudes. 

338 Las hojas de las gramas (77:14) sirven 
de pasto grato al Ganado Menor, y Ma- 
yor: y sus semillas menores prestan ali- 
mento á las aves, y las mayores á los 
hombres. 

339 Las plantas Estrelladas (77: 44) son 
diuréticas. 

340 Las Asperifolias (77: 43) participan mas 
ó menos de la naturaleza de las hortali- 
zas, y son mucilaginosas, y glutinosas. 

341 Las Macilentas ó de color mustio (77: 
33) son plantas sospechosas. 

342 Las aparasoladas (77: 22), que se crian 
en terrenos secos, son aromáticas, cáli- 
das, y estimulantes; y al contrario en los 
aquáticos son Venenosas, y poseen su 
eficacia en la raíz, y semillas. 

343 Las raíces de las plantas de la Clase 
hexandria (68) son comestibles, ó noci- 
vas á proporción de su sabor, y olor. 

344 Las bicornes ó de dos cornezuelos (77: 
24) son adstringentes; pero sus Bayas 
acidas son comestibles. 



I.X VI 



345 El fruto pulposo de la icosandria (68) 
es comestible. 

346 La Poliandria (68) por lo común es ve- 
nenosa. 

347 Las verticiladas ó de flores en roda- 
juela (77: 58) son fragrantés, nervinas, re- 
solutivas, y estimulantes; y la virtud so- 
bresale en las hojas. 

348 Las siliquosas ó de Vayna (77: 57), es- 
tando xugosas, son acres, incidentes, abs- 
tergentes, y diuréticas; y su virtud se 
disminuye con la desecación. 

349 Las columníferas ó Malváceas (77: 34) 
son mucilaginosas, lubricantes, embotan- 
tes, y madurativas. 

350 Las hojas de las de flor amariposada 
(77:55) sirven de pasto al Ganado Mayor. 
y Menor, y sus Semillas, comestibles pa- 
ra varios animales, son harinosas y flatu- 
1 en tas. 

351 La singenesia (68) de las Flores Com- 
puestas (77:21), muy usada en la Medici- 
na, es amarga por lo común. 

352 Las de la familia de las órchídes (77: 
4) son restaurantes. 

353 Las CONIFERAS ó de Pina (77: 15) son 
resinosas, y diuréticas. 

354 La criptogamia (68) contiene por la ma- 
yor parte Vegetables sospechosos. 

355 Las plantas, en cuyas flores se halla el 
nectario separado de los pétalos (110), 
comunmente son venenosas. 



356 Las plantas lactescentes ó Lechosas 
son por lo regular venenosas; pero no 
tanto las semiflosculosas. 

357 El Lugar seco hace á las plantas mas 
sabrosas, el xugoso menos sabrosas, y el 
acuático las mas veces corrosivas. 

358 Las qualidades de las plantas, en que 
estriban sus virtudes, las indican el Sa- 
bor, Olor, y Color. 

359 Las Sabrosas, y de Olor suave, son bue- 
nas; las Nauseosas y Fétidas, venenosas. 

360 Las Qualidades Contrarias producen 
efecto contrario. 

361 OBRAN todas las plantas ó por medio de 
su principio Oloroso en los nervios, ó del 
Sabroso en las fibras, ó de ambos en los 
fluidos. 

362 Los Ambrosiacos son analépticos, los 
Fragrantés son Orgiásticos, los Aromáti- 
cos son excitantes, los i<Wí'dosnarcóticos, 
y los Nauseosos corrosivos. 

363 Los SABROSOS obran en los Fluidos, y 
en los Sólidos. 

364 El Color Pálido indica cosa insípida, el 
Verde cruda, el Amarillo amarga, el Ru- 
bio Acida, el Blanco dulce, y el Negro 
desagradable. 

365 El Uso económico de las plantas es de 
suma utilidad para el hombre. 

En las Ciencias Naturales deben apo- 
yarse los Principios verdaderos en las 
Observaciones. 



NECROüOGIA. 



El día 30 de Junio del presente año, á las cuatro y media de la mañana, su- 
cumbió, tras larga y penosa enfermedad, el 

SR. DR. D. JESÚS SÁNCHEZ, 

actual director del Museo Nacional de Historia Natural y miembro distinguido 
de esta Sociedad. 

Cnán grande pena embarga al suscrito en estos momentos, en que la Parea 
inexorable acaba de segar una vida que fué para él tan querida como apreciada 
para muchos, la de un fiel compañero suyo desde la infancia, con el que le liga- 
ba fraternal cariño por muy cercano parentesco. Juntos frecuentaron las aulas 
hasta llegar al término feliz de igual carrera científica. Unidos más tarde, en el 
antiguo Museo Nacional, pudieron dedicarse con ahinco á estudios por los que te- 
nían verdadera predilección, consagrándose el desaparecido, más especialmente, 
á los de la zoología; en este ramo se distinguió sobremanera, como lo demostró 
en el citado Establecimiento, del que fué insigne profesor y su director después, 
en aquella lejana época; desempeñó también con maestría, por largos años, la en- 
señanza de la expresada asignatura en la Escnela Nacional Preparatoria, Fué 
mi catedrático de buena cepa, de la escuela de los Herrera, Ramírez, Dngés, Ur- 
binay de tantos otros, reputados como verdaderas joyas en el asendereado cam- 
po de la enseñanza. La Sociedad Mexicana de Historia Natural lo cuenta tam- 
bién entre sus socios fundadores, y mucho le honra el empeño que tomaba siem- 
pre en prestigiarla y el afán que por ella tuvo para mantenerla viva, proporcio- 
nándole con este fin, de los fondos del Establecimiento que regenteaba, y con 
aprobación de la Superioridad, una ayuda pecuniaria para su periódico «La Na- 
turaleza,» que es hoy órgano también de este Museo. Uno á uno han ido desapa- 
reciendo del estadio de la ciencia, en nuestra patria, los muy pocos naturalistas 
que en ella han surgido, cuando deberían contarse por millares en razón de la 
riqueza y feracidad de su suelo, que á todos brinda con reiuiineradores y apre- 
ciados frutos de trabajo. 

Gloria, pues, al que hoy hemos tenido la desgracia de perder, y sirva su per- 
sonalidad de noble ejemplo para encarrilar á la juventud estudiosa por un sen- 
dero que á todas luces le será provechoso. La Sociedad Mexicana de Historia 
Natural ha terminado; pues al abrirse esta fosa, puede decirse que ha cavado sn 
propia sepultura. 

Museo Nacional de Historia Natura). México, Julio 1." (le 1911. 

afíe&iden-te. 



INF( )RM ACIÓN ( )FICTAL 



Por la sentida muerte del Sr. Dr. D. Jesús Sánchez, que desempeñaba dos 
empleos, y la separación del Sr. D. José MacGregor, resultaron tres plazas va- 
cantes en el Museo Nacional de Historia Natural: la de Director. Secretario y la 
de un Profesor de Zoología, las cuales fueron cubiertas, respectivamente, por el 
Sr. Dr. D. Jesús Díaz de León. Sr. D. Felipe Gutiérrez Vásqnez y Sr. Dr. D. José 
Mangino. 

Por disposición superior se abrirán próximamente cursos de perfecciona- 
miento, regenteados por los señores profesores del establecimiento, de las espe- 
cialidades á que se dedican. Los programas están ya presentados para su apro- 
bación, y sujetos á un reglamento que oportunamente se dará á conocer al públi- 
co. Sin abandonarse las necesarias labores que requiere la buena presentación 
de las colecciones, el establecimiento se convertirá en una verdadera «Escuela de 
Naturalistas,» cuya utilidad y conveniencia son palpables para el progreso cien- 
tífico de México. Si llega á realizarse, como está acordado, el aumento del per- 
sonal docente, la enseñanza de las variadas é interesantes materias que abraza 
el vasto dominio de las ciencias naturales, será más completa. 

La Sociedad Mexicana de Historia Natural renacerá con nuevos bríos y la 
proseute publicación recibirá mayor impulso sin mucho retardo, por lo que res- 
pecta á los futuros discípulos, que serán también sus colaboradores, [mes no ha- 
brá que formarlos, por decirlo así, desde los cimientos, que los tendrán ya bien 
adquiridos. Las frecuentes excursiones que tendrán que organizarse para reco- 
rrer todos los ámbitos de la República, proporcionarán valioso contingente de 
estudio que llenarán las páginas de esta publicación. 

Estos buenos propósitos serán ilusorios, si para la nueva era que se inau- 
gura no se cuenta con un personal docente perfectamente idóneo para llevarlos 
á buen término; y como en el país no existen verdaderos especialistas, habrá que 
contratarlos en el extranjero, con buena remuneración, siguiendo en ésto el 
ejemplo del Instituto Geológico Nacional. 

Tocando otro asunto, expondré, que la presente publicación ha estado, casi 
todo el tiempo transcurrido desde su fundación, á cargo del que subscribe. En Jo 
futuro, bajo nuevas manos, y con una más activa colaboración, adquirirá mayor 
prestigio, acrecentándose más y más su importancia. Quedan tan sólo dos super- 
vivientes de entre los socios fundadores de la Sociedad Mexicana de Historia 
Natural: el Sr. Dr. D. Antonio Peñafiel, que dio al fin otro nimbo á sus estudios 
con éxito brillante, y el que esto escribe, que permaneció siempre fiel á su divi- 
da: Studere natura. 

Museo Nacional de Historia Natural. México, Diciembre "21 de 1911. 



MOLLUSCA. 

Catalogus Molluscarum Maxicanae Reipublicee hucusque descripta. 



AlOLLtTSCA. — Etimología: En latín, mollusca es nuannez cuya corteza es muy 

tierna; de moJlis blando. Se aplica esta voz á un grupo de animales que tienen el 
cuerpo blando y carecen de esqueleto sólido como los vertebrados: la concha ó 
caracol de los moluscos es un órgano secundario y solo de protección. La pala- 
bra Mollusco fue empleada primero por Aristóteles, pero dando el nombre de 
Ostracodermos (Osrpahov, concha; Aépfxa, piel) á los que realmente tienen una 
cubierta caliza. Blainville propuso el nombre de Malacozoarios (pakákó?, blando; 
8,oúói', animal) para designar la clase de animales que hoy se llaman sencilla- 
mente moluscos. 

CEPHALOPODA DIBRANCHIATA. 

Etimología: Cephalopodos, del griego keacp\r¡, cabeza, noví, nodo?, pie. 
Dibranqnios, griego Sis, dos, (di) Bpáyxia, branquias, agallas. Animales que 
tienen pies, brazos ó tentáculos en la cabeza y con dos branquias. 

OCTOPODA. 

Etimología: Griego ókrco, ocho, ?rov?, ttoSoí, pie, (brazo, tentáculo) animal 
que tiene ocho tentáculos ó brazos. 



OCTOPODID^E. ARGONAUTID^E. 

Género Octopus, Lamark, 1799. Etimología: Griego, 'Apyovavrr¡5, el que na- 
vega en el buque Argos. 'Apyóí Argos; vavrr, ?, 

Octopus vulgaris, Lamark. el que nayega 

Nombre común: Pulpo común. (Aristóteles lo Gén _ Argonauta, Linn., 175(5. 
llamó 7To\v7tov:, pólipo.) 

Sinonimia: Polypus americanus pelagius, Linn. Argonauta argo, var. pacifica, Dalí. 

Habitat: Veracrnz. N. común: Argonauta argos, del Pacífico. 



94 



.1. DÍAZ DE l.EON. — MOLLUSCA. 



Hab.: Tepic (Isla de Trinágulos). 
Argonauta argo, Linn. 

Nombre común: Argonauta argos. 

Hab.: Veracruz. 
Argonauta expansa, Dalí. 



LOLIGINIDiE. 

Etim.: Latín, loligo, inis, el calamar, del cual 
habla Plinio. 

Gen. Loligo, Lamark, 1801. 



N. etimológico: Argonauta desplegado. Latín: LoligQ subulata) Lamark 



expando, desplegar. 
Hab.: Tepíc. 

DEOAPODA. 

Etim.: Aexá, diez; noví, nodos, pie, con diez 
brazos ó tentáculos. 



N. común: Calamar aleznado. Latín: subida, 
la lezna. 
Hab.: 



GASTROPODA. 

Etim: rao-rtjp, yasrpóí, estómago, vientre, novs nodos, pie, tentáculo, brazo. 
El Dr. Fischer divide la clase de los Gastrópodos en dos subclases: Univalvia y 
Multivalvia. La primera comprende cuatro órdenes: Pulinouata, Opistobrau- 
chiata. Nucleobrauchiata y Prosobrancliiata. La segunda solo tiene un orden 
Polyplacophora. 



PULMONATA. 

Etim.: Como su nombre lo indica comprende 
aquellosmoluscos que tienen una respiración pul- 
monar. 

TESTACELLIDiE 

Etim.: De testacella y la desinencia idee. Testa- 
celia es el diminutivo del latín testaceiis, que está 
formado de tejas, de testa, teja, concha. La tes- 
taceología es la parte de la Historia Natural que 
se ocupa de los moluscos testáceos. 

Gen. Strebelia, Crosse et Fischer, 1868. 
Strebelia berendti, Pfeiffer. 

Sinonimia: Physella berendti. C. et F. 

Habitat: Coscomatepec. — Mirador, V. C. — Pa- 
cho, cerca de Jalapa. — (M. S. M. I., p. 11. B. C. 
A., p. 46.) 

NOTA: — Según Brochi es una de las expeciesgeo- 
fllas más notables de la República Mexicana. 
En la B. C. A., este género forma parte de la 
Familia Agnatha, suborden Stylomatophora, 
(Gastrópodos pulmonados monoicos.) Pertene- 
cen también á la fam: Agnatha, los géneros 
Glandina, Salaciela y Streptostyla. 

Gen.: Streptostyla. Schuttleworth, 1851. 
Etim.: ~2rpsmÓ5, contorneado, entrelazado ó 
torcido; gtv\os, columna, espira. Espira muy 
retorcida. 



Formula dentaria: 

(30—20—0—20—30) X 90=9000. 

Los dientes laterales son alargados, estrechos, 
algo arqueados, unicuspides, llamados por Fis- 
cher dientes carniceros, semejantes á los dientes 
marginales de los Janites, que son dientes her- 
bívoros ó molares. Los Estreptostila se distinguen 
de los Glaudina por la ausencia de dientes raquia- 
les. 
Streptostyla nicoleti, Schuttleworth. 

Sinonimia: Spiraxis nicoletis, Schutt.; Achati- 
na nicoleti, Schutt.; Streptostyla nicoleti, var. 
subovata, F. et C. (a) 

Habitat: Misantla, San Isidro, San Juan Mia- 
huatlán, Coatepec, Jalapa, Córdoba, (a) Tox- 
pam, cerca de Córdoba, Orizaba. M. S. AL, p. 23; 
B. C. A., p. 85. 
Streptostyla botteriana, C. et F. 

Habitat: E. Méx., Orizaba. B. C. A., p. 85; M. 
S. M., p. 25. 
Streptostyla dubia, Pfr. 

Etim.: Estreptostila dudosa. Latín dubius, du- 
doso. 

Habitat: Chiapas. B. C. A., p. 90; M. S. M., 
p. 65. 
Streptostyla nigrieans, F. et C. 

Etim.: Estreptostila negrilla. Latín nigrieans, 
lo que tira á negro. 

Sinonimia: Glandina nigrieans, Pfr.; Achatina 
nigrieans, Pfr.; Spiraxis nigrieans, Pfr. 



J. DÍAZ DE LEÓN.— MOLLUSCA. 



95 



Hab.: Var. B: Tabaseo (col. Cunning). B. C. 
A., p. 90: M. S. M., p. 6". 
Streptostyla mitreeformis, Schuttleworth. 
Etim.: Estreptostüa en forma de mitra. 
Sinonimia: Spiraxis mitrsefoi'mis. Pfr.; Chcr- 
somitra mitrseformis, Albers. 

Hab.: Túxpam, Córdoba. B. C. A., p. 90; M. 
S. M., p. 62. 

Esta especie sólo se ha encontrado en México. 
(Martens, 1878). 
Streptostyla delattrei, Pfr. 

Sin.: Streptostyla delattrei, var. edwarsiana; 
Streptostyla delattrei, var. sallaei; Streptostyla 
sallaei, F. et C. 

Hab.: E. Méx., (Drizaba, Mirador. B. C. A., p. 
91-92; M. S. M., p. 35-36. 
Streptostyla irrigrua, F. et C. 

Etim.: Estreptostüa regadera. Latín irriguus, 
lo que sirve para regar. 

Sin.: Spiraxis irrigua; Streptostyla irrigua, 
var. cingulata. (Estreptostüa regadera con fajas. 
Latín cingulus, faja). 

Hab.: Córdoba, Tuxtla. B. C. A., p. 92; M. S. 
M., p. 40. 
Streptostyla sehuttlewortlii, Pfr. (l) 

Sin.: Spiraxis sehuttleworthi; Streptostyla 
schuttleworthi, var. ventricosa (2); Streptostyla 
sehuttleworthi, var. siniüis (3); Streptostyla 
schuttleworthi, var. quirozi (4); Streptostyla 
brevispira, Strebel; Spiraxis bullacea, Pfr. 

Hab.: Misantla (1, 3, 4), Córdoba (1), Orizaba 
(1, 2, 3), Chiapas (1), Tabaseo (1), Juquila (3), 
Teziutlán (4), Coatepec (4), Miahuatlán (4), Ve- 
racruz (3), San Antonio del Monte (4). B. C. A., 
p. 92; M. S. M., p. 41. 
Streptostyla novoleonis, Pilshy. 

Hab.: Diente, cerca de Monterrey, N. L. — B. C. 
A., p. 92 
Streptostyla eylindracea (Pfr), F. et C. 

Sin.: Achatina eylindracea, Pfr.; Spiraxis ey- 
lindracea, Pfr. 

Hab.: Córdoba. B. C. A., p. 93; M. S. M., p. 
30. 
Streptostyla eoniformis, Schuttleworth. 

Etim.: Estreptostüa en forma de cono. 

Sin. : Spiraxis eoniformis, Schutt. ; Streptostila 
blandiana, F. et C; Streptostyla eoniformis, var. 
pfeifferi, F. et C. (a); Achatina streptostyla, Pfr.; 
Glandina streptostyla, Pfr. 

Hab.: Córdoba, Mirador, Coatepec, Orizaba, 
(a) México, sin indicación precisa. B. C. A., p. 
94; M. S. M., p. 43. 
Streptostyla conulus, sp. n. Martens. 

Hab.: Sayula. B. C. A., p. 94. 



Streptostyla turgidula, Pfr. 

Etim.: Estreptostüa hinchadita. Latín turgi- 
dus, hinchado. 

Sin.: Spiraxis turgidula. Pfr. 

Hab.: Córdoba, Jalapa. B. C. A-, p. 95: M. S. 
M.. p. 58. 
Streptostyla lurida, Schuttleworth. 

Etim.: Estreptostüa pálida. Latín hiridus, pá- 
lido en demasía. 

Sin.: Spiraxis lurida, Schutt. : Streptostyla bo- 
courti, C. et F.; Streptostyla bocourti, var. y (ma- 
jor) (a), F. et C. 

Hab.: Córdoba, Pacho, Orizaba, San Juan Bau- 
tista, (a) Chiapas. B. C. A., p. 96; M. S. M., p.48. 
Streptostyla nebulosa, Dalí. 

Hab.: San Cristóbal (Chiapas). B. C. A., p. 615. 
Streptostyla ventricosula, H. & A. Adams. 

N. etim.: Estreptostüa ventrudita. Lat. ventri- 
cosa, ventruda. 

Sin.: Spiraxis ventricosula, Morelet; Glandina 
ventricosula, Morelet. 

Hab.: Yucatán, Mérida (juntamente con la Es- 
treptostüa meridana). B. C. A., p. 97; M. S. M., 
p. 30. 
Streptostyla plicatula, Strebel. 

Etim.: Estreptostüa plegadita. Lat. plicatus, 
plegado. 

Hab.: Orizaba. B. C. A., p. 98. 
Streptostyla bicórnea, Pfr. 

Hab.: Chiapas. B. C. A., p. 98; M. S. M., p. 32. 
Streptostyla flaveseens, Schuttleworth. 

Etim.: Estreptostüa rubia. Lat. flavesco, po- 
nerse rojo, rubio. 

Sin.: Spiraxis flaveseens; Streptostyla flaves- 
eens, var. bocourti (a); Spiraxis bocourti, Pfr. 

Hab.: Córdoba, (a) Juquila. B. C. A., p. 98; 
M. S. M., p. 37. 
Streptostyla fulvida, C. et F. 

Etim.: Estreptostüa leonada. Lat. fulvus, leo- 
nado, rojo. 

Hab.: Orizaba. B. C. A., p. 99; M. S. M., p. 49. 
Streptostyla glandiformis, C. et F. 

Etim.: Estreptostüa forma de bellota. Lat. 
glanS) bellota. 

Hab.: Orizaba. B. C. A., p. 99; M. S. M., p. 50. 
Streptostyla physodes, Schutt. 

Etim.: Estreptostüa burbuja. Griego: <puffa 
vejiga, burbuja; elóo; forma. (Debería decirse 
physoides). 

Sin.: Achatina physodes, Schutt.; Spiraxis 
physodes, Schutt.: Streptostyla physodes, var. 
major; Spiraxis auriculacea, Pfr.: Streptostyla 
auriculacea, F. et C. 

Hab.: Córdoba, Coatepec, Mirador. Huatuseo, 



96 



J. DÍAZ DE I,EON.— MOU.l'SCA. 



Chiapas, v;ir. B; Orizaba. Atoyac, var. raajor. 
B. C. A., p. 99; M. S. M., p. 54. 
Streptostyla limneeiformis, Schutt. 

Etim.: Estreptostila semejante á una limnaea. 

Sin.: Spiraxis limnaeiformis, Schutt.; var. pár- 
vula; Spiraxis párvula, Pfr. (a); Streptostyla pár- 
vula, Pfr. 

Hab.: Córdoba, (a) Chiapas. B. C. A., p. 100; 
M. S. M., p. 38. 
Streptostyla oblonga, Pfr-, F. et C. 

Sin.: Spiraxis oblonga, Pfr. 

Hab.: Chiapas. B. C. A., p. 100; M. S. M., p. 
57. 
Streptostyla meridana, Morelet. 

Sin.: Glandina meridana, Morelet; Spiraxis 
meridana, Pfr. 

Hab.: Yucatán. B. C. A., p. 101; M. S. M., p. 
32. 
Streptostyla vexans, Strebel. 

Etim.: Estreptostila infestante. Lat. vexo, in- 
festar. 

Hab.: Jalapa. B. C. A., p. 102. 
Streptostyla boyeriana, C. et F. 

Hab.: Orizaba. B. C. A., p. 102; M. S. M., p. 
46. 
Streptostyla mohriana, Pfr. 

Sin.: Spiraxis mohriana, Pfr. 

Hab.: Orizaba, cerro del Borrego. B. C. A., p. 
102: M. S. M., p. 64. 
Streptostyla catenata, Pfr. 

Etim.: Estreptostila con mallas ó cadenas. Lat. 
cateuatus, con cadena. 

Sin.: Spiraxis catenata, Pfr. 

Hab.: Chiapas. B. C. A., p. 103; M. S. M., p. 63. 
Streptostyla blandiana, C. et F. 

Hab.: Córdoba. M. S. M., p. 28. 
Streptostyla boucardi, Pfr. 

Hab.: Juquila, Oax. M. S. M., p. 43. 
Streptostyla boeourti, O et F. 

Hab.: Var. B, México; var. ;', Chiapas. M. S. 
M., p. 47. 
Streptostyla aurieulacea, Pfr. 

Etim.: Estre|>tostila orejuda. Lat. aurícula, 
oreja. 

Sin.: Spiraxis aurieulacea, Pfr. 

Hab.: Córdoba. M. S. M., p. 55. 
Streptostyla bullacea, Pfr. 

Etim.: Estreptostila ampollada. Lat. bulla, am- 
polla, burbuja. 

Hab.; Chiapas. M. S. M., p. 56. 
Streptostyla edwardsiana, C. et F. (Véase 

S. delattrei). 



Hab.: Cerca de Orizaba. M. S. M., p. 35. 

Nota. — En la Mission Scientiüque au Mexique 
se advierte que esta especie es diferente de la 
S. delattrei y de la S. sallei, aunque ya la había- 
mos anotado como una variedad de la primera. 
La S. sallei es la especie más grande que se en- 
cuentra en el género. 

Subgénero Pétenla. 

Etim.: Petenia, de Peten, ciudad de Guatemala 
en donde se encontró por primera vez. 
Petenia ligulata, Morelet, 1868. 

Sin.: Streptostyla ligulata, Pfr.; Glandina ligu- 
lata, Morelet; Achatina ligulata, Pfr.; Spiraxis 
(Glandina) ligulata, Pfr. 

Etim.: Petenia acordonada. Lat. lígula, cor- 
dón, liga, haciendo alusión á la faja que la dis- 
tingue. 

Hab.: Córdoba; Palenque, Tab.; Motzoron<jo. 
M. S. M., p. 68. 

Gen. Glandina, Schumacher, 1817. 

Etim.: Glandina, sinónimo de Achatina. Del 
latín glans, glandis, bellota (glandina); ina es una 
desinencia que expresa forma ó semejanza. 
Glandina sowerbyana, Pfr. 

Fórmula dentaria: (30-1-30) x 45 = 2745. 

Sinonimia: Glandina lignaria, Reeve; Achati- 
na (G.) sowerbyana, Pfr.; Oleacina sowerbyana, 
Pfr. — Variedad: Glandina sowerbyana, var. ste- 
fanise (a). 

Habitat: E. Méx.,Misantla, San José, San Juan 
Miahuatlán, Pacho, Mirador, cerro Necoxtla, en- 
tre Jalapa y Orizaba; Orizaba; SO. y O. Méx.; 
Omilteme, Gro.; Totontepec, Oax.; (a) E. Méx.; 
Miahuatlán. B. C. A., pp. 55 y 56; M. S. M., pp. 
97 y 98. 
Glandina indusiata, Pfr. 

N. etim.: Glandina vestida. Latín indusiatus, 
vestido con camisa, de indusium, camisa, apule- 
yo. 

Sinon.: Oleacina indusiata, Pfr.; Glandina 
truncata, Strebel.* 

Hab.: C. Méx.; Angangueo, Mich.; S. Méx.; 
La Parada, Oax. B. C. A., p. 54; M. S. M., p. 121. 
Glandina vanuxemi, Lea. 

Etim.: Glandina de Vanuxem. 

Sinon.: Achatina vanuxemensis, Lea.; Oleaci- 
na vanuxemensis, Lea.; Achatina coronata, Pfr.; 
Glandina coronata, Pfr.; Oleacina coronata, Pfr.; 
Glandina vanuxemi, variedad guttata, F. et C. 
(a). 

Etim.: Glandina de Vanuxem manchada. Lat. 
guttatus, manchado. 



* Fórmula dentaria: (32-l-32)x65=4225. 



J. DÍAZ DE LEÓN. — MOLLUsCA. 



97 



Sinon.: Oleacina guttata, F. et C. 

Hab.: C. Mes.: Volcán de Mexicaleingo, Cuer- 
navaca, Tehuacán; SO. y S. Méx.: Omilterae 
(Guerrero): Oaxaca, Juquila (Oax.); C. Méx.: (a) 
cercanías de Puebla (rara). B. C. A., pp. 54 y 55; 
M. S. M., pp. 100-101. 

Xota. — Es incorrecto escribir vanuxemensis 
para designar esta especie; debe ser vanuxemi. 
Glandina coulteri, Martens. 

Sin.: Oleacina coulteri, Gray.; Glandina uh- 
deana, F. et C; Oleacina uhdeana, Pfr. 

Hab.: C. Méx.: Zimapán, Puebla; E. Méx.: Ja- 
lapa (V. C). B. C. A., p. 56; M. S. M., p. 94. 
Glandina cuneus, Mart. 

Etim.: Gandina cuña. Latín cuneus, cuña. 

Hab.: SO. Méx.: Omilteme, Gro. B. C. A., p. 
56. 
Glandina michoacanensis, Mart. 

Hab.: Uruápara (Mich.). B. C. A., p. 610. 
Glandina ghiesbreghti, Pfr. 

Sin.: Achatina ghiesbreghti. Pfr.; Oleacina 
ghiesbreghti. 

Hab.: Chiapas; SE. Méx.: San Juan Bautista 
(Tab.). B. C. A., p. 58; M. S. M., p. Iu6. 
Glandina tenella, Strebei. 

Etim.: Glandina pequeñita. Lat. tenellus, pe- 
queñito. 

Sin.: Glandina ghiesbreghti, var. B, F. et C. 

Hab.: Veracruz. 
Glandina cunningi, Mart. 

Sin.: Glandina petiti, Deshayes. 

a. Glandina cunningi, var. fulvo-rosea. 
Achatina rosea, Ferussac. 
Glandina rosea, Pfr. 

b. Glandina cunningi, var. flavida. 
Achatina petiti, Deshayes. 
Oleacina petiti, Gray. 

c. Glandina cunningi, var. rubro-marginata. 
Achatina rosea, var. y, Pfr. 

Hab.: SE. Méx.: Teapa (Tab.); México 

B. C. A., p. 59; M. S. M., p. 107. 

Glandina carmenensis, Morelet. (Glandina 

de la Isla del Carmen). 

Sinon.: Achatina carmenensis, Desh.; Oleaci- 
na carmenensis, Gray.; Achatina rosea, var. B, 
Eeeve. 

Hab.: Isla del Carmen, Yuc; Bahía de Térmi- 
nos, Golfo de Campeche. M. S. M., p. 109; B. C. 
A., p. 69. 
Glandina liebmani, Pfr. 

Sin.: Achatina liebmani, Pfr.; Oleacina lieb- 
mani, Pfr.; Achatina striata, Reeve. 
Glandina liebmani, var. insignis (a). 

Achatina insignis, Pfr. 



Oleacina insignis, Pfr. 

Glandina insignis, F. et C. 

Hab.: México, alrededores; SO. Méx.: Colima; 
Chilpancingo, Gro.; (a) SO. Méx.: San Blas (Jal.), 
Tepic. B. C. A., pp. 61-62; M. S. M., pp. 1 10-119. 
Glandina audebardi, Desh. 

Sin.: Oleacina audebardi, Pfr.; Helix rosea, 
var. elongata, Fér.; Glandina amsena, Martens. 
Glandina audebardi. var. a, typica, (a). 
> » » b, amcena, (b). 

» » •» c, miradoroensis, (c). 

» » » e, minor, (d). 

Habitat: Llanos de Veracruz, a y b; Chichiqui- 
huitl (a), Ver.; Veracruz, Jalapa, Córdoba (b); 
Mirador (c); Tejería, ciudad de México; Chietla, 
Puebla (a); Venta de Zopilote, Gro. (a); Tehuan- 
tepec (d); Colima. B. C. A., p. 62; M. S: M., pp. 
114-118. 

Glandina isabellina, Pfr. 

Sin.: Achatina isabellina, Pfr.; Oleacina isa- 
bellina, Gray. 

Hab.: México, en los troncos muertos de los 
árboles. B. C. A., p. 63; M. S. M., p. 138. 

Glandina longula, C. et F. 

Oleacina longula, C. et F. 
Glandina longula, va.r.jalapana. 

Hab.: NE. Méx.: Río de San Juan; Misantla, 
Jalapa. B. C. A., p. 64; M. S. M., p. 111. 
Glandina rhoadsi, Pilsbrey. 

Hab.: Diente, cerca de Monterrey. B. C. A., 
p. 611. 
Glandina turris, Pfr. 

N. etim.: Glandina torre. Latín turris, torre. 

Sin.: Achatina turris, Pfr.; Oleacina turris, 
Gray.; Acicula turris, Adams. 

Hab.: Mazatlán. B. C.A.,p. 65. Oaxaca, á 3000 
metros (Uhde). M. S. M., p. 126. 
Glandina mazatlanica, Mart. 

Sin.: Glandina turris, Strebel. 
Glandina mazatlanica, var. O. abbreviata. 

Hab.: Mazatlán; Tres Marías. B. C. A., p. 65. 
Glandina pseudoturris, Martens. 

Sin.: Achatina turris; Oleacina (G.) pseudo- 
turris, Strebel. 

Hab.: SO. y S. Méx.: Tierra Colorada, Gro.; 
Juquila (Oax.). B. C. A., p. 65. 
Glandina simplex, Martens. 

N. etim.: Glandina sencilla. Latín simplex, 
sencillo. 

Sin.: Glandina turris, Pfr.: Oleacina (G.) sim- 
plex, Strebel. 

Hab.: Oaxaca. B. C. A., p. 66. 

Nota. — Según la Biología sólo se conoce un 
ejemplar. 



98 



J. DÍAZ DE LEÓN. — MOU.USCA. 



Glandina conularis, Pfr. 

Sin.: Achatina (G.) conularis, Pfr.: Oleacina 
conularis, Pfr. 

Hab.: México B. C. A., p. 66; M. S. M., 

p. 137. 

Glandina excava ta, sp. n. Martens. 

Sin.: Gladnina albersi, Pfr. 

Hab.: Mazatlán? B. C. A., p. 66. 

Glandina albersi, Pfr.; Achatina albersi, Pfr.: 
Oleacina albersi, Pfr. 

Hab : Mazatlán, muy rara; Sierra Madre, Co- 
lima. M. S. M., p. 127. 
Glandina largillierti, Pfr. 

Sin.: Achatina (G.) largillierti, Pfr.: Oleacina 
largillierti, Gray.; Achatina (Gland.) yucatanen- 
sis, Pfr.; Glandina yucatanensis, Gray.; Oleacina 
yucatanensis,Gray.; Glandina (Achat.) cylindra- 
cea, Phil.; Oleacina (Gland.) cylindracea, Pfr. i 
Glandina cylindracea. C. etF.; Achatina carnea, 
Pfr.; Glandina carnea, Pfr.; Oleacina carnea, 
Pfr.; Glandina strebeli?, Aug. ' 

Hab.: Yucatán: Tecanto, Tabí, Ticul, Tínicas, 
Sitilpech, Izamal, Labna, Mérida; Campeche. 
B. C. A., p. 67; M. S. M., p. 116. 
Glandina cylindracea, Philips. 

Hab.: Yucatán. M. S. M., p. 123. 

Glandina carnea, Pfr. 

Sin.: Achatina turris, Desh.; Achatina carnea, 
Pfr.; Oleacina carnea, Pfr. 

Hab.: México M. S. M., p. 124. 

Glandina multispira, Pfr. 

Sin.: Oleacina multispira, Pfr. 

Hab.: Juquila, Oax. B. C. A. , p. 69; M. S. M., 
p. 125. 

Glandina oblonga, Pfr. 

Sin.: Oleacina oblonga, Pfr. 

Hab.: Centr. Méx.: Tehuacán, Puebla; Mira- 
dor, Ver. B. C. A., p. 69; M. S. M., p. 138. 
Glandina bellula, C. et F. 

Etim.: Glandina pulidita. Latín bellulus, puli- 
dito. 

Sin.: Oleacina bellula, Pfr. 

Hab.: México B. C. A., p. 69; M. S. M., 

p. 128. 

Glandina dalli, Pilsbuy. 

Hab.: NE. Méx.: Diente, cerca de Monterrey. 
B. C. A., p. 612. 
Glandina lanceolata, sp. n. Martsns. 

Hab.: Omilteme (Gro.). B. C. A., p. 69. 
Glandina decidua, Pfr. 

Etim.: Glandina recortada. Latín decidíais, re- 
cortado. 

Sin.: Oleacina decidua, Pfr. 



Hab.: S. Méx.: Juquila (Oax.). B. C. A.,p. 70. 
M. S. M., p. 122. 
Glandina cordobana, Pfr. 

Sin.: Achatina (varicella) cordobana, Pfr.; 
Oleacina cordobana, Brimey. 

Hab,: Córdoba; Mirador. B. C. A., p. 70: M. 
S. M., p. 87. 
Glandina delicatula, Schuttleworth. 

Sin.: Achatina delicatula, Schntt.; Oleacina 
delicatula, Gray. 
Glandina delicatula, var. major, (a). 

Hab.: Córdoba, Jalapa; (a) Coatepec. B. C. A., 
P . 70; M. S. M., p. 92. 
Glandina conferta, Pfr. 

Etim.: Glandina apretada. Latín conferías, 
apretado. 

Oleacina conferta, Pfr. 
Glandina conferta, var. erossei (a). 

Hab.: Mirador, Huatusco. Jalapa, Juquila 
(Oax.), (a) Orizaba? B. C. A., p. 61; M. S. M., p. 
131. 
Glandina speciosa, sp. n. Martens. 

Etim.: Glandina vistosa. Latín speciosus, vis- 
toso. 

Sin.: Achatina (varicella) speciosa, Pfr.; Olea- 
cina speciosa, Pfr. 

Hab.: Córdoba, Huatusco, Orizaba. B. C. A., 
p. 71, M.'S. M. 
Glandina lignaria, Reeve. 

Sin.: Achatina lignaria, Reeve; Oleacina lig- 
naria, Pfr. 

Hab.: Orizaba. M. S. M., p. 97. 

Nota. — La Mission Scientifique au Mexique ad- 
mite dos especies, G. sowerbyana y G. lignaria; 
pero la B. C. A. sólo indica la primera, G. sower- 
byana. 
Glandina ambigua, Pfr. 

Sin.: Achatina ambigua, Pfr.; Oleacina be- 
rendti, Pfr.; Spiraxis? ambigua, Pfr. 

Hab.: E. Méx.: Córdoba, bajada del Ojo de 
Agua; Huatusco, Orizaba. B. C. A., p. 72; M. S. 
M., p. 139. 
Glandina orizabaB, Pfr. 

Sin.: Achatina (varicella) orízabse, Pfr.; Olea- 
cina orizaba, Pfr. 

Hab.: Volcán de Orizaba; Las Vigas. B. C. A., 
p. 73; M. S. M., p. 85. 
Glandina túrgida, Pfr. 

Etim.: Glandina hinchada. Latín turgidus, 
hinchado. 

Sin.: Oleacina túrgida. 
Glandina túrgida, var. sayulana. 

Hab.: Juquila (Oax.); Sayula (Jal.). B. C. A., 
p. 73; M. S. M., p. 130. 



J. DÍAZ DE I/EON. — MOLLUSCA. 



99 



Glandina filosa, Pfr. 

Etim.: Glandina sutil. Latín filosus, sutil. 

Sin.: Achatina (G.) tilosa, Pfr.; Oleacina filo- 
sa, Pfr. 

Hab.: Orizaba. B. C. A., p. 74; M. S. M., p. 
129. 
Glandina flscheri, sp. n. Martens. 

Hab.: Toluca. B. C. A., p. 74. 
Glandina sulcifera, sp. n. Martens. 

Etim.: Glandina surcada. Latín siilcus, surco; 
fero, yo llevo. 

Hab.: O. Méx.: Jalisco. B. C. A., p. 74. 
Glandina albersi, Pfr. 

Fórmula dentaria: (32-1-32) X 65=4225. 

Sin.: Achatina (G.) albersi, Pfr.; Oleacina al- 
bersi, Pfr. 

Glandina albersi, var. inflata (a). 
» » » solidior (b). 

Hab.: Mazatlán (rarísima); Islas Tres Marías; 
Sierra Madre de Colima: (a) Tepic; (b) SO. Méx.: 
Colima. B. C. A., p. 75; M. S. M., p. 127. 
Glandina monilifera, Pfr. 

Glandina monilifera, var. pidcherrima (a). 

Etim.: Glandina de collar (var. hermosísima). 
Latín monilis, collíir; fero, yo llevo; pidcher, her- 
moso. 

Sin.: Achatina (G.) monilifera, Pfr. (Reeve); 
Oleacina monilifera, Ciray.; Glandina rubella, 
Morelet; Achatina (G.) rubella, Morelet; Oleaci- 
na rubella, Gray. 

Hab.: E. Méx.: Coatepec, Cuautlatitlán, Oriza- 
ba. Córdoba; SO. Méx.: Omilteme, Gro.; Chia- 
pas; (a) Coatepec. B. C. A., p. 75; M. S. M.,p. 89. 
Glandina stigmatica, Schuttleworth. 

Etim.: Glandina señalada. Latín, señalado ó 
marcado á hierro (Petronio). Stigma, serial. 

Sin.: Achatina (Polyphemus) stigmatica, 
Schutt.; Oleacina stijrmatica, Schutt. 

Hab.: Córdoba: Orizaba: Atoyac. B. C. A., p. 
77: M. S. M., p. 91. 
Glandina nana, Schuttleworth. 

Sin.: Achatina (Polyphemus) nana, Schutt.; 
Oleacina nana, Schutt. 

Hab.: Córdoba, Misan tía. B. C. A., p. 77; M. 
S. M., p. 133. 
Glandina difflcilis, F. et C. 

Sin.: Oleacina difflcilis, Pfr. 

Hab.: Orizaba. B. C. A., p. 78; M. S. M., p. 
132. 
Glandina boucardi, Pfr. 

Sin.: Oleacina boucardi, Pfr. 

Hab.: San Martín (Ver.). M. S. M., p. 93. 
Glandina decussata, Desh. 

Sin.: Achatina decussata, Pfr.; Oleacina de- 



cussata, Pfr.; Glandina truncata, var. Binney; 
Glandina carneóla, Binney; Oleacina carneóla, 
Binney. 

Hab.: México, cerca de Texas. M. S. M., p. 
112. 
Glandina nymphae, C. et F. 

Hab.: México. M. S. M., p. 115. 
Glandina alabastrina, Albers. 

Sin.: Oleacina alabastrina, Pfr.; Achatina ala- 
bastrina, Pfr. 

Hab.: Tabasco. M. S. M., p. 120. 
Glandina candida, Schuttleworth. 

Etim.: Glandina blanca. La t. candidus, blanco. 

Sin.: Achatina candida, Pfr.; Oleacina candi- 
da, Pfr.; Acicula candida. 

Hab.: Mirador (Ver.). M. S. M., p. 130. 

(Género Glandina); 
Subgénero Salaciela, Strebel, 1878. 

Ktim.: Subgénero formado á expensas del gé- 
nero Glandina y dedicado á la familia Salas (me- 
xicana). 

Salaciela margaritacea, Strebel. 

Etim.: Salaciela aperlada. Lat. margarita, 
perla. 

Sin.: Achatina margaritacea, Pfr.; Oleacina 
margaritacea, Pfr.; Glandina margaritacea, F. 
etC. (a). 

Hab.: Córdoba, Ver. B. C. A., p. 81; (a) M. S. 
M., p. 136. 
Salaciela. i oaquinse, Strebel. 

Etim.: Dedicada á Joaquín Salas. 

Hab.: Jalapa. B. C. A., p. 8l. 
Salaciela modesta, Pfr. 

Sin.: Oleacina modesta; Glandina modesta (a). 

Hab.: Mirador, probablemente subterránea. 
B. C. A., p. 81; (a) M. S. M., p. 135. 
Salaciela perpusilla, Strebel. 

Etim.: Salaciela pequeñita. Lat. perpusilhis, 
pequefüto. 

Sin.: Oleacina perpusilla, Pfr.; Glandina per- 
pusilla, Pfr. (a). 

Hab.: Mirador; Jalapa, en el bosque de Pa- 
cho; Montes cercanos á Orizaba. B. C. A., p. 83; 
(a) M. S. M., p. 134. 
Salaciela pulchella, Strebel. 

Etim.: Salaciela pulida. Latín pulchelus, puli- 
do, bonito. 

Sin.: Achatina pulchella, Pfr.; Oleacina pul- 
chella, Strebel; Glandina pulchella, F. et C. (a). 

Hab.: Chiapas. B. C. A., p. 83; (a) M. S. M., 
p. 136. 
Salaciela elegans, v. Martens. 

Etim.: Salaciela elegante. 

Hab.: Colima. B. C. A., p. 613. 



100 



.). DÍAZ DE LEÓN. — MOI.USCA. 



Género Pseudosubulina, 
Strebel y Pfeiffer, 1882. 

En B. C. A. Fara. Stenogyridse. 
Pseudosubulina berendti, Strebel. 

Sin.: Achatina berendti, Pfr.; Subulina berend- 
ti, F. etC. 

Hab.: E. Méx.: Orizaba, Pacho, Soncoautla; 
Consolapa, Dos Arroyos, cerca de Jalapa: Las 
Vigas. B. C. A., p. 301; M. S. M., I, p. 635. 
Pseudosubulina chiapensis. 

Sin.: Achatina chiapensis; Subulina chiapen- 
sis. F. et C. 

Hab.: Chiapas. B. C. A., p. 303; M. S. M., 1, 
p. 037. 
Pseudosubulina? sargi. 

Sin.: Subulina sargi, F. et C. 

Hab.: Teapa (Tabasco). B. C. A., p. 303. 
Pseudosubulina? trypanodes. 

Sin.: Achatina trypanodes. 

Hab.: Chiapas. B. C. A., p. 303. 
Pseudosubulina berendti. 

» » var. occidentalis (a). 

Hab.: (a) Uruápam. Mich. B. C. A., p. 638. 
Pseudosubulina texoloensis. 

Hab.: Salto de Texolo (Ver.). B. C. A. , p. G39. 
Pseudosubulina robusta, sp. n. Martens. 

Hab.: Omilteme, Gro. B. C. A., p. 304. 



LIMACID^E. 

Etim.: Latín Umax, limacis, el caracol, de la 
voz limus, limo, cieno; singéneo del griego Ael- 
¡xaB,, caracol. 

Género Limax, Linneo, 1758. 
Limax lsevis, Martens. 

N. común: Caracol ligero, tlaconete. Latín 
Icevis, liviano. 

Sin.: Agriolimax Iobvís, Simroth; Limax brú- 
ñeos, Draparnaud; Limax campestris, Binney; 
Limax parvulus, Normand; Limax guatemalen- 
sis, C. et F.; Limax (malacolimax) brasiliensis, 
Semper; Limax arsentinus, Strebel; Limax hy- 
perboreus, Westerl; Limax stenurus, Strebel; 
Agriolimax lacustris, Less. et Pollón. 

Hab.: México B. C. A., p. 347. 

Limax jalapensis, Strebel (1880). 

Hab.: Jalapa, sobre las plantas. B. C. A., p. 
349. 
Limax maximus. 

X. vulgar: Tlaconete. 

Hab.: Tacubaya (ciudad), Panteón de Dolores. 
Género Zonites, Montfort, 1810. 
Zonites metanomasticus, C. et F. 



Etim.: Gr. 8,oovÍ7rrjí, que tiene un cinturón; 
¡xetÚ, superabundante; óvofiaarikóv, vocabu- 
lario. Zonita que tiene muchos nombres. 

Sin.: Helix zonites, Pfr.; Nanina zonites, 
Gray.; Edusa zonites, Albers. 

Hab.: Chiapas; Tuxtla, Ver. M. S. M., p. 157. 
Omphalina zonites. Jalapa. 
Zonites veraerucensis. Pfr. 

Sin.: Helix veraerucensis (Pfr.), W. G. Bin- 
ney; Hyalina veraerucensis (Albers), Martens. 

Hab.: Córdoba, Ver. M. S. M., p. 157. 
Zonites lucubratus, Say. 

Sin.: Helix lucubrata, Pfr.; Helix caduca, W. 
G. Binney; Hyalina lucubrata, Albers. 

Hab.: Var. B en el monte Tepamacuales, Oax. 
M. S. M., p. 160. 
Zonites eaducus, Pfr. 

Sin.: Helix caduca, Pfr.; Hyalina caduca, Al- 
bers; Helicella caduca, H. et A. Adams; Helix 
caduca, var. B. 

Hab.: Córdoba, Montes en Orizaba; var. B en 
Jacale, cerca del volcán de Orizaba. M. S. M., 
p. 163. 
Zonites fuliginosus, Griffith. 

Etim.: Zonites obscura. Lat. fuliginosus, obs- 
curo. 

Sin.: Helix fuliginosa, Binney; Hyalina fuli- 
ginosa, Albers; Helicella fuliginosa, H. et A 
Adams; Omphalina fuliginosa, Binney. 

Hab.: Orizaba (dudosa). M. S. M., p. 164. 
Zonites tuxtlensis, C. et F. 

Hab.: Tuxtla. M. S. M., p. 166. 
Zonites bilineatus, Pfr. 

Etim.: Zonites con dos líneas. Lat. bis, dos ve- 
ces; lineabas, lineado, rayado. 

Sin.: Helix bilineata, Pfr.; Hyalina bilineata, 
Albers; Helicella bilineata, II. et A. Adams; Zon- 
hialina bilineata, Marteus. 

Hab.: Córdoba. M. S. M., p. 167. 
Zonites selenkai, Pfr. 

Sin.: Helix selenkai, Pfr. 

Hab : Var. B, Mirador. M. S. M., p. 171. 
Zonites subhyalinus, Pfr. 

Sin.: Helix subhyalina, Pfr. 

Hab.: Tehuantepec. M. S. M., p. 172, 
Zonites tehuantepensis, C. et F. (Véase no- 
ta). 

Hab.: Tehuantepec. M. S. M. , p. 174. 
Zonites minusculus, A. Binney. 

Sin.: Helix minúscula, Pfr.; Helix apex, C. B. 
Adams; Hyalina minúscula, Albers; Helicella mi- 
núscula, H. et A. Adams; Microphysa apex, Al- 
bers; Microphysa minúscula, Albers; Pseudohya- 
lina minúscula, G. Tryon. 



J. DÍAZ DE LEÓN. — MOLLUSCA. 



101 



Hab. : Palizada, Yucatán. B. C. A., p. 175. 
Zonitoides minúsculas. Topo Chico, N. León. 
Zonites elegantulus, Pfr. 

Sin: Helix elegantula, Pfr. 

Hab.: Veracruz. 

Subgénero Hyalinia, Férussae, 18 i 9. 

Etim.: Gr. váXwo?, de vidrio, cristal; latín 
hyalinus, lo que es de vidrio; cristalino. 

Hyalinia permodesta. 

Hab.: Mirador, cerca de Jalapa. B. C. A., p. 
117. 

Nota. — En la B. C. A. se describen en el gé- 
nero Hyalinia el Zonites tehuantepensis, Z. sub- 
hyalinus: el Z. subhyalinus con el nombre de 
Hyalinia arbórea. 

Subgénero Vitrea. 
Vitrea indentata. 

Sin.: Hyalinia indentata; Helix indentata, 
Say. 

Hab. : Yautepec, llórelos; Confluencia del Río 
Balsas. B. C. A., p. 17. 

Subgénero Stenopus, Guilding, 1828. 

Sinonimia: Guppya, Moren. 
Guppya trochulina, sp. n. Martens. 

Sin.: Zonites selenkai, Pfr.; Zonites trochuli- 
na, Pfr. 

Hab.: Agua Caliente, cerca de Misantla, Jala- 
pa. B. C. A., p. 120. 
Guppya elegans. 

Sin: Stenopus elegans, Pilshy: Habroconus ele- 
gans, Strebel. 

Hab.: Bosque de Pacho, cerca de Jalapa, Ori- 
zaba; Yautepec, Morelos. B. C. A., p. 121. 
Guppya gundlachi. 

Sin.: Zonites fulvoides, Morelet; Helix fulvoi- 
dea, Morelet; Hyalinia fulvoidea, Martens. 

Hab.: Isla del Carmen, á la entrada de la la- 
guna de Términos. B. C. A.; M. S. M. , p. 117. 

Subgénero Pseudohyalinia. 
Pseudohyalinia minúscula, Morse. 

Véase Zonites minusculus. B. C. A., p. 124. 
Pseudohyalinia berendti. 

Sin.: Pynogyra berendti, Pfr. 

Hab.: Mirador, Jalapa, Coatepec, Consolapa, 
Dos Arroyos: Texolo, Ver. 
Pseudohyalinia cidariscus, sp. n. Martens. 

Hab.: Palenque. B. C. A., p. 126. 



PHILOMYOIDiE. 

Etim.: Griego yiXéoo, yo amo; <pí\oí, amigo, 
amante; /.wJct/5, hongo; que tiene amor á los 
hongos. 

Género Philomycus. 
Philomycus sallei, Mart. 

Sin.: Tebenophorus sallei, C. et F. 

Hab : Playa Vicente (V. C). B. C. A., p. 345, 
M. S. M., p. 191. 
Philomycus crosseanus, Mart. 

Sin.: Tebenophorus crosseanus. 

Hab. : México B. C. A . , p. 346. 



HELICIDiE. 

Género Xanthonyx. 

Xanthonyx salleanus, Martens. 

Etim.: Griego ¿¡avSÓs, amarillo; ovvS,, uña; 
uDa amarilla. 

Sin.: Simpulopsis salleana, Pfr. 

Hab.: Pacho (Xah), Córdoba, Oaxaca. B. C. 
A., p. 344; M. S. M., p. 199, I. 
Xanthonyx cordobanus, Martens. 

Sin.: Simpulopsis cordobana, Pfr. 

Hab.: San Antonio del Monte, entre Jalapa y 
Orizaba; Córdoba. B. C. A., p. 344; M. S. M., p. 
200. 

Xanthonyx sumichrasti, C. et F. 

Sin.: Vitrina sumichrasti, Brot. 

Hab.: México. B. C. A., p. 344; M. S. M., p. 
201. 
Xanthonyx chiapensis, Martens. 

Sin.: Simpulopsis chiapensis, Pfr. 

Hab.: Chiapas. B. C. A., p. 344. 

Género Helix, Linneo, 1758. 
Subgénero Acanfhinula. 
Helix granum, Martens. 

Etim.: Griego éXiS, espiral; aJcavBivo?, espi- 
noso; de akavS-a, espina; en latín acanthinus, 
forma diminutiva acanthinulus , espinosillo. La- 
tín granum,, grana ó cochinilla. Hélice cochini- 
lla. 

Sin.: Acanthinula granum, Strebel; Patula 
granum, Strebel. 

Hab.: Mirador, cerca de Jalapa; Yucatán, Pro- 
greso. B. C. A., p. 131. 
Helix punctum, Martens. 

Etim.: Espira ó caracol picado; punctum, pi- 
cado. 

Sin.: Helix (Patula) punctum, Morelet. 



102 



J. DÍAZ DE LEÓN. — MOLLUSCA. 



Hab.: San Juan Bautista (Tab.); Yuc, Mérida. 
B. C. A., p. 131. 
Helix intonsa, Martens. 

Etim.: Hélice sin trasquilar: intonsus, no tras- 
quilado el pelo. 

Sin.: Patula intonsa, Pilshy. 

Hab.: Orizaba. B. C. A., p. 132. 

Subgénero Trichodiscina. 
Helix coactiliata, Mart. 

Etim.: Hélice cubierta con fieltro. Tricodisci- 
na: disco de pelo. BpíS, rpixoí, pelo; discus, 
disco; coactiüus, fieltro; coactilia, fieltro de lana 
no tejida, sino incorporada con goma para que 
tenga cuerpo. 

Sinon.: Trichodiscus coactiliatus, Férussac; 
Patula coactiliata, Férussac; Helix teniata, Nys- 
ten; Helix nystiana, Pfr.; Helix bridgesi, Tryon; 
Helix parkeri, Tryon. 

Hab.: Tabasco; Yuc: Tunkas, Labna. B. C. A., 
p. 133. 
Helix cordobana, Martens. 

Sin.: Helix coactiliata, var. B, cordobana; He- 
lix (patula) coactiliata, var. B; Trichodiscus cor- 
dobanus, Pfr. 

Hab : SO. Méx.: Omilteme, Gro.; Oaxaca; E. 
Méx.: Tuxpan, S. de Tampico, Nacimiento de 
Quilate; Cerro de Espaldilla y Pancho de Gue- 
rrero, cerca de Misantla: Chirimoyo, Coatepec, 
Dos Arroyos, Soncoautla; Consolapa y Barranca 
de Teocelo, cerca de Jalapa: Mirador, Misantla, 
Soledad, Almolonga, Córdoba, Atoyac; SE. Méx.: 
Colima. B. C. A., p. 135. 
Tricodiscina cordobana, Pfr. 

Hab.: Diente, Monterrey, N. L. 
Helix SUturalis, Martens. 

Sin.: Discus suturalis; Helix (Patula) coacti- 
liata, var. ;/ suturalis. 

Hab.: Teapa (Tab.). B. C. A., p. 136. 
Helix oajacensis, Martens. 

Sin.: Trichodiscus oajacensis. 

Hab.: Oaxaca. B. C. A., p. 136. 
Helix sumiehrasti, Martens. 

Hab. : Soledad, entre Córdoba y Orizaba; Ist- 
mo de Tehuantepec. B. C. A., p. 137. 

Subgénero Praticolella. 
Helix ampia, Martens. 

Sin.: Helix (Patula) ampia, C. et F.; Praticola 
ocampi, Strebel. 

Etim.: Latín pratum, prado; colere, habitar. 
Praticola. Género establecido por Strebel, 1879. 
Praticolella, diminutivo de Praticola. 

Hab.: Misantla, rancho de Guerrero, río de Mi- 
santla, Almolonga, Jalapa, Monte deXacaquica- 
pa, Dos Arroyos, Mirador, Consolapa, San Anto- 



nio del Monte, San Rafael, Xicaltepec B. C. A., 

p. 138. 

Helix strebeliana, Martens. 

Sin.: Praticolella strebeliana, Pilsbry. 

Hab : Diente, cercado Monterrey, N. L.— B. C. 
A., p. 623. 
Helix berlanderiana, Martens. 

Sin.: Hygromia berlanderiana, Moricaud; Dor- 
casia berlanderiana, Moricaud; Praticola berlan- 
deriana, Moricaud; Helix pacliyloma, Menke. 

Hab.: Tamaulipas, Chapatillo; Ventanas, Dgo.; 
Veracruz. con la variedad griseóla; Sayula (Jal.). 
Variedad: Helix berlanderiana, var. griseóla. 

Sin.: Helix cicércula, Férussac; Helix splendi- 
dula, Ant.; Helix griseóla, Pfr.; Helix albocinc- 
ta, Binney; Helix albozonata, Binney: Helix 
albolineata, A. Gould; Brodybaína pisum, Beck.; 
Hygromia griseóla, Pfr.; Dorcasia griseóla. Pfr.; 
Praticola griseóla, Pfr.; Helicogona (Arionta) 
griseóla, Pfr. 

Hab.: Alrededores de Veracruz; Córdoba; Ta- 
maulipas: San Rafael Sicaltepec; San Culos, O. 
de Oaxaca. B. C. A., p. 140. 

Subgénero Arionta. 
Helix flavescens, Martens. 

Etim.: Hélice enrojecido. Lat. flavesco, enro- 
jecerse. 

Sin.: Helix (arionta) flavescens, Wiegman; 
Helix (praticola) flavescens, Wiegman; Helix 
(Ieptarionta) flavescens, Wiegman; Higromia 
flavescens, Adams. 

Hab.: E. Méx.: Papantla. B. C. A., p. 142. 
Helix trypanomphala, Martens. 

Etim.: Hélice de ombligo taladrado. Griego 
rpv7tvov y barreno, taladro; o/j.<pa\oí. ombligo. 

Sin.: Helix fruticicola trypanomphala. Pfr. 

Hab.: Sierra Madre. En B. C. A., p. 143, Sie- 
rra Maestra! 
Helix trypanomphala, var. remondi. 

Sin.: Helix remondi, Tryon; Helix arionta re- 
mondi, Tryon. 

Hab.: Guaymas (Sin ): Ventanas (Dgo.); Te- 
pic, Sayula (Jal.). B. C. A., p. 143. 
Helix magdalenensis, Martens. 

Sin.: Helix arionta magdalenensis, Stsarns. 

Hab.: Magdalena (Son.). B. C. A., p. 144. 
Helix ariontakelleti, Gabb. 

Hab.: Baja California. 

Subgénero Pomatia. 
Helix aspersa. 

Etim.: Caracol salpicado de lodo. Gr. naofia- 
ríaí, un caracol operculado, de naj-ia, cu- 
bierta, tapadera. Lat. aspersus, esparcido, de 
aspergo, parcir, rociar, salpicar Apes.ersus hitos 



J. DÍAZ DE LEÓN.— MOLLITSCA. 



103 



(Hor.). salpicado de lodo. El pomatia aspersa 
puede reconocer su etimología por su abundan- 
cia en los lugares que habita esparciéndose por 
todos lados, ó bien á su aspecto ordinario, que se 
encuentra salpicado de lodo. 

Sin.: Cochlea vulgaris, Lister; Pomatia asper- 
sa. Müller. 

Hab.: Jaral (Gto.): alrededores de México, 
abundante, especialmente en el parque de Cha- 
pultepec. 
Pomatia aspersa. Müller. 

Hab.: Misantla, Tacubaya. 

Subgénero Lysinoe. 
Helix humboldtiana, Mart. 
Variedad b. Hegeicischi (1). 

Helix pomatia humboldtiana, Val. (2). 

Pomatia humboldtiana, Val. (3). 

Hab.: México (1), Durango (2), Desierto, Ven- 
ta de Cuajimalpa (3). 
Pomatia humboldtiana. 

Hab.: Real del Monte (Hgo.), Puebla. 
Variedad c. Hógeana. 

Helix humboldtiana, Pfr. 

Hab.: Chihuahua. 
Variedad d. Buffoniana. 

Helix buffoniana. 

Arionta humboldtiana, var. buffoniana. 

Helix ventrosula, Uhde. 

Hab.: Río Frío; de México á Puebla; alrededo- 
res de la ciudad de México. 
Lysinoe humboldtiana buffoniana, Pfr. 

Hab.: Diente, Monterrey. 
Variedad c. Badiocincta. 

Helix badiocincta, Wiegman. 

Helix aspersa, Binney. 

Helix humboldtiana, var. a. 

Arionta humboldtiana, Val. 

Hab.: Alrededores de México. 
Variedad f. Qiteretaroana. 

Helix lysinoe queretaroana, Dalí. (a). 

Hab.: Ciudad de México: Piñal de Amóles 
(Quer.). (a). B. C. A., p. 147 y p. 625 (a). 
Helix Sebastiana, Mart. 

Helix lysinoe Sebastiana. 

Hab.: San Sebastián (Jal.). B. C. A., p. 
625. 

Helix ghiesbreghti, Mart. 
Variedad a. typica. 

Macrocylis (lysinoe) ghiesbreghti, Nysten. 

Hab.: Chiapas. B. C. A., p. 150. 

Subgénero Oxychona. 

Helix bicincta, Mart. 

Helix leptarionta bicincta, Pfr. 
Corsaria bicincta, Pfr. 



Hab.: Oaxaca; Juquila; Panistlahuaca; So- 
ledad, entre Córdoba y Orizaba. B. C. A., p. 
157. 
Helix guillarmodi, Martens. 

Helix corsaria guillarmodi, Schuttleworth. 

Axina guillarmodi, Schuttleworth. 

Hab.: Túxpam, cerca de Córdoba; Cerro de 
Palmas, V. C— B. C. A., p. 158. 

Especies dudosas. B. C. A. 
Helix mexicana, Mart. B. C. A., p. 160. 
Helix tenuicostata, Mart. B. C. A., p. 161. 
Helix bicmris, Pfr. Véase Polygyrabicruris. 

Hab.: Sultepee; G. de Cal. 
Helix disimilis, Binney. 

Melantho desirá, Say. 

Subgénero Fatula. 

Pyramidula hermani, Pfr. 

Hab.: Morelia (Mich.). 

Subgénero Anchistoma. 
Helix thyroides, Say. 

Sin.: Mesodonthyroides, Binney. 

Hab.: G. de Cal. 
Strobila strebeli. 

Sin.: Strobilops strebeli? 

H;ib.: Monterrey, N. L. 
Strobila labyrinthica. 

Sin.: Helix labyrinthica. 

Etim. : arpófJiAo?, una cosa trenzada, torci- 
da; caracol marino; arpiyuv, girar. 

Hab.: Mirador, V. C. 

Género Polygyra. 

(Familia Aulacognatha. B. C. A.). 
Etim.: Gr. noXvyvpoí, que tiene muchas es- 
piras; noXi,, mucho; yvpos, anillo, vuelta. Av- 
Xa¿¡, avXakoí, surco, estría, arruga; yvaSoí, 
maxila; maxila arrugada. 

Polygyra implicata, Martens. 

Etim.: Poligira enroscada. Lat. implicatus, 
enroscado. 

Sin.: Helix (dsedalochila) implicata, Beck.; He- 
lix oppilata, Pfr. 

Hab.: Río Tecoluta, Ver.; Agua Caliente, Ran- 
cho Guerrero; Caminos de Arroyo Hondo y del 
Obispo, cerca de Misantla; Barranca de Mahuis- 
tlán, entre Jalapa, Mirador y San Juan Miahua- 
tlán; Jalapa, Ver.; Oaxaca; Misantla. B. C. A., 
p. 164. 

Polygyra oppilata, Morei. 

Etim.: Poligira tapada. Lat. oppilatus, obs- 
truido, tapado. 

Sin.: Helix oppilata, Morel. 

Hab.: Veracruz, Yucatán, Istmo deTehuante- 
pec. B. C. A., p. 164. 
Polygyra chiapensis, Mart. 



104 



J. UIAZ DE LEÓN. — MOLLUSCA. 



Sin.: Helix dorfeuilleana, Pfr.; Helix dysoni, 
Schuttleworth. 

Hab.: Chiapas. B. C. A., p. 165. 
Polygyra mooreana, Mart. 

Sin.: Helix mooreana, Binney; Dsedalochila 
mooreana, Binney; Helix texasiana, var. minor. 
Variedad, tholus. 

Helix polygyra tholus, Binney. 

Daedalochila tholus, Binney. 

Helix couloni, Martens. 

Hab.: Veracruz. B. C. A., p. 166. 
Polygyra yucateana, Martens. 

Sin.: Helix yucateana: Triodopsis yucateana, 
Morelet. 

Hab.: San Juan Bautista (Tab.), Yucatán, Isla 
del Carmen, Laguna de Términos. 
Variedad: helictomphála. 

Polygyra helictomphála, Pfr. 

Etim.: Poligira de ombligo encorvado. Gr. 
e\iS, skikoí, y ofA<pockóí, ombligo. También 
puede ser híbrida la voz, de elicere, hacer apa- 
rente una cosa; elictus, aparente; (elict-ompha- 
lós). La primera es más correcta. 

Hab.: San Juan Bautista (Tab.). B. C. A., p. 
166. 
Polygyra plagioglosa, Pfr. 

Etim.:Gr. n\aywi, oblicuo; yXwaaa, lengua. 

Sin.: Helix plagioglosa, Pfr. 

Hab.: E. de Puebla, Oaxaca. B. C. A., p. 167. 
Polygyra dissecta, sp. n. Martens. 

Etim.: Poligira hendida. Latín dissectus, hen- 
dido. 

Hab.: Toluea. B. C. A., p. 167. 
Polygyra couloni, Mart. 

Sin.: Helix couloni, Schuttleworth; Anchios- 
toma couloni, Schuttleworth. 

Hab.: Córdoba, Jalapa, Maltrata; Sayula 
(Jal.); México, Cuernavaca: Omilteme (Gro.). 
B. C. A., p. 167. 
Polygyra bicruris (Pfr.), Martens. 

Etim : Poligira de dos piernas: bis, dos; cru- 
ris, pierna. 

Sin.: Helix bicruris, Pfr. 

Hab.: Islas Tres Marías; Ventanas, Dgo.; Co- 
lima. B. C. A., p. 168. 
Polygyra richardsoni, sp. n. Mart. 

Hab.: Presidio de Mazatlán, Sinaloa; Colima. 
B. C. A., p. 168. 
Polygyra ventrosula, Martens. 

Sin.: Helix ventrosula, Pfr.; Dsedalochila ven- 
trosula, Pfr. 
Variedad: hindsí (a). 

Hab.: Islas Tres Marías; Sierra Madre; Coli- 
ma; Tepic; (a) México? B. C. A., p. 169. 



Polygyra texasiana, Martens. 

Sin.: Helix polygyra tamaulipense, Lea.; He- 
lix triodopsis trivonia, Beck.: Daedalochila texa- 
siana, Tryon. 

Hab.: Tamaulipas, Veracruz. B. C. A., p. 170. 

Polygyra behri, Martens. 

Sin.: Helix behri, Gabb.; Daídalochila behri, 
Gabb. 

Hab.: Guaymas (Son.). B. C. A., p. 171. 

Polygyra ariadnse, Martens. 

Sin.: Helix ariadnas, Pfr.; Anchistoma ariad- 
nse, Pfr.; lUedalochila ariadnas, Pfr.; Helix po- 
lygyra conchiana, Lea. 

Hab.: Tamaulipas, Matamoros, Veracruz. B. 
C. A., p. 171 
Polygyra acutedentata, Binney. 

Etim.: Poligira con dientes aguzados: acute, 
aguzadamente; tiéntalas, dentado. 
Variedad: loisa (a). 

Sin.: Da?daloehila acutedentata. 

Hab.: Guaymas, Mazatlán, Río de Sinaloa, (a) 
Mazatlán. B. C. A., p. 172. 

Polygyra anilis, Martens. 

Etim.: Poligira vetusta. Lat. anilis, lo perte- 
neciente á las viejas. 

Sin.: Helix (polygyra) anilis, Gabb. 

Hab.: Guaymas. B. C. A., p. 172. 
Polygyra nelsoni, Martens. 

Hab.: San Sebastián (Jal.). B. C. A., p. 628. 
Polygyra rnoadsi, Martens. 

Hab.: Topo Chico, Monterrey, N. L.— B. C. A., 
p. 628. 
Polygyra suprazonata, Martens. 

Etim.: Poligira de zonas superficiales. 

Hab.: Tzintzuntzan, Mich. B. C. A., p. 628. 

Polygyra matermontana, Martens. 

Etim.: Poligira de la Sierra Madre. 

Hab.: Colima, Sierra Madre. 
Polygyra ponsonbyi, Martens. 

Hab.: México. B. C. A., p. 629. 
Polygyra euglypta, Martens. 

Etim.: Poligira bien esculpida. Gr. eu, bien; 
y\v7trcú, esculpir; y\v7troí, esculpido. 

Hab.: Sinaloa, Mazatlán. B. C. A., p. 629. 
Polygyra albicostulata, Martens. 

Etim.: Poligira de costillas blancas. Lat. albus, 
blanco; costidatus, con costillas. 
Hab.: México. B. C. A., p. 629. 

Subgénero Patilla, Held, 1337. 
(Gen. Patula, Fam. Aulacognatha. B. C. A.). 
Etim.: Latín Patulus, a, um, abierto, ancho, 
extendido, haciendo referencia á lo ancho del 
ombligo (a wide umbiücus) que caracteriza al gé- 
nero. 



J. DÍAZ DE LEÓN. — MOLLUSCA. 



105 



Patula mazatlanica, Mart. 

Sin.: Pseudohyalina mazatlanica, Pfr. 

Hab.: Mazatlán. B. C. A., p. 127. 
Patula hermanni, Martens. 

Sin.: Helix hermanni, Pfr. 

Hab.: Mirador, (Drizaba. B. C. A., p. 128. 
Patula wilhelmi. 

Sin.: Helix wilhelmi, Pfr.; Microconus wilhel- 
mi, Pfr. 

Hab.: Mirador. B. C. A., p. 128. 
Patula conspurcatella, Martens. 

Etim.: Patula manchadita. Latín consparca- 
tus, manchado. 

Sin.: Helix conspurcatella, Morelet; Thysano- 
phora conspurcatella. 

Hab.: Veracruz, Mérida, Tunkas y Tekanto, 
San Juan Bautista. B. C. A., p. 128. 
Patula impura, Martens. 

Sin.: Helix impura. Pfr.; Thysanophora im- 
pura, Pfr. 

Hab.: Mirador, Veracruz, Yautepec, Morelos. 
B. C. A., p. 129. 
Patula paleosa, Martens. 

Etim.: Patula pajiza. Latín palea, paja. 

Sin.: Thysanúphora paleosa, Strebel. 

Hab.: Jalapa, Orizaba. B. C. A., p. 129. 
Patula Strigosa, Martens. 

Etim.: Patilla macilenta. Latín strigosus, fla- 
co, macilento. 

Sin.: Helix strigosa, A. Gould. 

Hab.: Sonora. B. C. A., p. 621. 
Patula próxima, Martens. 

Sin.: Thysanophora próxima, Pilsbry. 

Etim.: Gr. Svsavos, borla; <popoí, el que 
lleva. 

Hab.: Uruápam. Morelia. Pátzcuaro, Huingo. 
B. C. A., p. 622. 

Subgénero Acavus, Montfort, 1810. 
Acavus hoemastoma. 

Sin.: Helix hoemastoma. 

Hab.: México. B. C. A., p. 117. 

Subgénero Cochlea, Adams, 1855. 
Aglaia ghiesbreghti, Nyst. 

Hab.: Río Blanco, Ver. 
Aglaia eximia, Pfr. 

Hab.: Jalapa. 

Género Bulimus, Scopoli, 1887. 
(Familia Goniognatha. B. C. A.). 
Bulimus spirifer, Gabb. 

Etim.: dudosa. Latín bulim.us, hambre canina. 
Hab.: Baja California. 
Bulimus nitens, Philippi. 
Hab.: Texas á Tehuantepec. 

Género Berendtia, C. et F., 1869. 



Berendtia taylori, Pfr. 

Etim. : Especie dedicada á Berendt y á Taylor. 
Hab.: Baja California. Dr. P. Fis