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Full text of "La Revista de Buenos Aires; historia americana, literatura, derecho y variedades"

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A P 



REIMPRESIÓN EXACTA Y AUTORIZADA OC 

"LA REVISTA DE BUENOS AIRES" 

POR LA Biblioteca Amcricana 



Arturo K. Lopeíí — KdicU>r — tV'ictoria 7tí6 — Hiionos Airea. 




HISTORIA AMERICANA, LITERATURA Y DERECHO 



Periódico destinado á la República Argentina, la Oriental 

del Uruguay y la del Paraguay. 

PUBLICADO BAJO LA DIRECCIÓN 

DE 

Miguel Navarro Viola y Viceofe C Quesada 

(ABOGADOS) 



TOMO XL 



BUENOS AIRES 
Imprenta de Mayo, 241 Calle Moreno 24.'5 

1866 



Siendo en su mayor parte inéditos los trabajos de *'La Beviata 
de Buenos AireB", ee prohibe la reimpresión de ellos. 



5^ «jp «a^í 

r 



1.K REVISTA DE BUENOS AIRES. 



Riitorli Americim. Literatura y Dereelii 



AÑO IV. BUENOS AIRES, SETIEMBRE DE 1866. No. 41 



HISTORIA AMERICANA. 



DON FEDERICO BRANDSEN 

Capitán -de oabailleriía del ppiíui'er Imperio francés» 
Caballero de la Rea.l Orden Italiatnia de- la Corona d-e Fierro,. 
Coindeeoírado con la Lejion de Honor, 
Ayudautie del Príncipe Bujemio; 
Coronel d-e caballería de kn Kepúblicsai Argentina, 
Capitán de la nusmia arnua en el ejército de Chile, 
J<?injeral de Brij^ada leí Perú, 
Benemérito de la Orden del Sol, 
etc., etc., etc. 

( Con t i.mi a c i on, ) ( 1 ) 
III. 

Si la partida de (.)soriü del teatro de la guerra no s€- 
r€n<) de;l todo el horizonte político, fué al im-enos una de las 
postreras convulsiones de un euerpo vigoroso que habia re- 
cibido su golpe de muerte, y debia eoneluir en breve con la 
óesítruccion del absurdo sistema colonial, en la patria de 
Caupoliean y Lautaro ! 

El anciano coronel Sánchez, qu-edaba pues con la espi- 



3. Véase la pajina 47 del tomo VTII de esta ** Revista 



» 7 



H LA BEVISTA BE¡ BUENOS AIBBS. 

tiosa investidura de jeneral en gefe del di^ezmado ejército 
real, de cuyo mando se entregó el 5 de setiembre de 1818 
dedicándose d^sde luego á instruirlo con una constancia 
adiniirabJercoírmo el único medio d/e miantener la mioral y qu-e 
no s<e relajase la disciplina en hombres mal pagados y peor 
ver^tidos. 

El sucesor de Osorio, era un ofkia'l que gozaba de bue- 
na oj^inion y jniucho prestí jio entre las imíasas de Concep- 
ción y pueblos adyacentes por su perfecto conocimiento 
del teatro -en que operaba, avezado ya á esa guerra de re- 
cursK:)s á ^ue se prestaba acBmirablemente aquel terreno tan 
accidentado y con ila que comsiguió fatigar á Carrera en 

1813. 

Era simple comandante del batallón Penco, etiando el 
desgraciado brigadier Pareja, mo^m^entos anteí^ de espirar, 
haciendo justicia á S'U mérito, le encargó la dirección del 
í'Tierpo espedieionario que mandaba — salvando sus reliípiiaíí 
á fuerza de coraje y enerjia en la reñida acción de San Carlos 
á mediados de mayo de aquel año. 

En seguida lo veniiCís distinguirse en la defensa de Chi- 
llan, teniendo la gloria de coiKurrir -mas tarde á la desespe- 
rada de Takahuano, en la que al frente de sus Penquistas, 
sobresalió en decisión y arrojo. 

Bmioero, no bastaron estos antecedentes honorables, 
ni que la naturaleza le hubies-e prodigado á mauíxs Menas 
el valor, .para escudarlo de lo.^ tiros ponzoñosos de la en- 
vidia. 

Sus émulos, principiaron por criticar sus concepciones 
estratéjicas. negándole capacidad suficiente para el buen 
desempeño de un puesto de iniporlancia, hasta que logra- 
ron que el Virey de Lima, pospusiera s\is sacrificios al 
favor. 

Pero Sánchez demostró ser hombre de carácter, y A 
])csar de su edad provecta y de ostigarlo el recuerdo del de- 
sabrimienlfo con que se habían compensado sus servicios 
hasta entonces, su ciega obediencia á la ordenanza tnintar. 



CORONEL BRANDSEN. 7 

no enfrió en «'»! fse caudal inagotable do actividad, tan ne- 
cesaria para su causa en aquellos criticas monnentos. 

No contento con organizar la defensa de los pueblos de 
los ^\njeles y (.'hillan, al primer anuncio de haber dado fon- 
do en Talcahuano algunos trasi)ortes españoles con tropas de 
<lí sein])arco, se trasladó á aquel puerto, donde no tardó en sa- 
ber la pérdida de la fragata * Reina alaria Isabel*' y otros bu- 
ques de la espedicion apresados por los patriotas. Esta ines- 
perada emergencia y el desaliento que se siguió á ella, hi- 
cieron que el Jefe realista, después de un consejo de guerra, 
evacuase á Concepción y Talcahuano, replegándose á los An- 
ides con arreglo á sus instrucciones, como el paraje mas in- 
mediato al territorio araucano, iiltimo refugio que les que- 
daba. i)ara el caso de sobrevenir un nuevo desastre. (7) 

Sin embargo de esto, se ha dicho ignorándose el funda- 
mento, que hubieron sus negociaciones seeretat», 4 fin de qu«5 
♦Sánchez, ya tansado de la guerra, y agriado como estaba con 
nmchos de los suyos, que teniañ en menos servir bajo sus 
órdenes — desconociera la autoridad del Rey ó abandonase. 
*-\ pais con sus fuerzan» que constaban á la sazón de los bata- 
lloT^es ('oncjiH'ion y Vahiavia (ambos casi en esqueletos), es- 
cuadrones. Dragones de la F antera y de Chillan y algunas mi- 
licias de iníanteria de la Florida y Iiere, id de caballería de 
ja Laja, y seis piezas de tren volante, sin incluir los indios 
araucanos del cacique Venancio^ alguno? dispersos de Maipo 
mal rejimentados y por último un batallón del rejimiento 
Cantahria, recien desembarcado de la Península, formando el 
lodo, un personal de poco menos de 2000 hombres de pelea. 

Pero sea de ello lo que se quiera, pronto debia despejarse 

7. Refiere *'K' <rroé> Arana '^ en sni ** Historia Jeneral de !«, Tn- 
ílpptHiKl.hiicitt d^ Chile" que eJ 14 iiovi.embre 1818, dejaaxxn á Coueep- 
t¡(Mi i>ara usoafii r á Saii"th^z, ademas de un cre<'¡do númeiro de frailes 
y í-lérijiüs, tosías lr¡s monjas ^^Trijii-t arias»' de a-qu-el mon'a^'terio. .s^i. 
fr¡rindt> grandes |>eji.nria8 <>»n esa Tetiradu- lenta y desastrosa y las que 
tn adelante, sejfun Menendez, priefírie<ron vivir entre los Indios á re- 
gresar á sus conventos, á posar d<> las re-petidas instaneiías del go- 
hiierno ch.¡len> y de 1« mta^j'or parte de los habitantes de ia ciudad que 
habían abandonado. 



8 LA BEVISTA DE BUENOS AIRES. 

la incógnita, confiándose á las armas la resolución del pro- 
blema. 

IV. 

Desembarazado en tanto el Gk)bierno de O'Higgins con 
la promulgación de la constitución provisoria y la termina- 
ción del costoso equipo de la escuadra patriota que distraia 
en gran parte los fondos disponibles — se convergieron todos 
los esfuerzos á la nueva campaña terrestre, que tomando la 
ofensiva de un modo decisivo, debia limpiar el sur de ChiU 
de los últimos restos del ejército real ya demasiado trabaja 
do por la deserción y la miseria á que lo redujo la incomuni- 
cación con el Perú, puesto que pocos ó bien reducidos eran 
los socorros que podia sacar de la esquilmada provincia de 
Concepción. 

Consecuente con este propósito, en el mes de setiem- 
bre, el número 3 de infantería, fué á robustecer la pequeña 
división del coronel Zapiola que dejamos acantonada en Tal- 
ca — recomendándosele á la vez, activara las operaciones mi- 
litares de que estaba encargado. 

Después de tomar este Jefe algunas medidas preventiva a 
para engrosar su vanguardia estacionada en el Parral, bajo 
las órdenes de Cajaraville — en los primeros dias de octubre 
se movió de su campamento con dirección á aquel punto, 
haciendo adelantar al propio tiempo mas al sud, la corta 
fuerza situada en Cauquenes con el objeto de vijilar uw- 
jor al enemigo. 

liemos apuntado antes, que Brandsen servia en el Re*ri- 
ujiento ** Granaderos á Caballo*' fuerte de cerca 700 plazas 

Habiendo quedado en Talca el escuadrón del capitán don 
José Maria Rivera, al que estaba agregado entonces, en la 
t«rde del 6 de noviembre (1818) recibió orden de aprontarse 
á marchar con aquel al dia siguiente de madrugada, con 
dirección á San Carlos, punto en que debia reunirse toda la 
división de operaciones. 



CORONEL BRAND8EX. 9 

En efecto — siguiendo la ruta de Cauquenes y el Parral á 
las 4 de la tarde del 8 llegó á Han Carlos, donde encontró ya 
r»*concentrada aquella. 

• Esta villa fundada en l807, con sus calles rectas y espa- 
ciosas, está situada en una vasta y magnífica, llanura que sa 
estiende sin intermisión hasta las márjenes del Nuble. 

Brandsen volvió á ver allí á sus amigos Viel y los dos 
Bruix, entrevista que después de una larga separación le 
sirvió de un gran consuelo, como él mismo nos dice en sus 
Apuntes, (8) 

Durante su corta permanencia en San Carlos observó se- 
gún su costumbre, que las calles que desembocaban en la 
plaza, en cuyas casas estaba acuartelada la tropa, no se ha- 
bían atrincherado, cortado ni obstruido de modo alguno — 
circunstancia (lue le hizo reflexionar, que un jefe hábil y em- 
prendedor, hubiera podido forzar las avanzadas en la noche, 
caer sobre la plaza, sorprender á los centinelas, incendiar 
las casas, y acuchillar á los soldados dormidos y espantados 

Felizmente, la moral del militar español habia desapare- 
cido tn el campo de Maipo, y su ánimo permanecía aun 
t mbargado por el estupor de la derrota y muy ajeno por lo 
tanto de pensar en un golpe de audacia en medio del abati- 
miento que lo rodeaba. 

A las 3 de la tarde del 9 de noviembre se movió la colum- 
na para ir á tomar posiciones ' sobre el Nuble. Ya habia 
anochecido cuando alcanzó la orilla del monte Peráíesy que 
dista como Una legua del rio, y se encontraba á la altura de 
la capilla de Cocharca — Vivaqueó en ese parage, apoyada 
en el bosque y dando el frente á la llanura. 

**Esa falsa posición (prorrumpe Brandsen) no dejó de 



8^ Debemos prevenir -qme para la redaceiojí de <^ta part-e de 
nuestro trabajo', siin perjuicio ¿e las obras e(>nsulta4«s, hemo« te- 
ai do pofT gtuií» lotf» **Apuiities" enu>ne¡mtlos, **lo9 que pri.mí¡pi.a.n el 5 do 
jioviiemba:>e d>e 1818 y t^rmaiMun el 12 de raarzo (lo 1819." Es un pre- 
cioso autógrafo esco-ito eu frarwíies, durante aquella .penosísima cam- 
paña tan glorioda como rpoco conocida — ^y á una feliz casualidad se 
debe su descxibrimiento entre loa papeles del héroe. 



10 LA BEVISTA DE BUENOS AIRES. 

sorprender á todos, tan contraria nos pareció á los principios 
mas comunes de la prudencia militar y á las precauciones 
(excesivas de Zapiola. En efecto 2()0 hombres decididos, hu- 
biesen traido la confusión á nuestro campo y obligaiip á 
nuestra caballería, sorprendida é indefensa á precipitarse y 
i)trder.se en el monte cuyo terreno es desigual y pantanoso 
^Mientras que al contrario, colocada atrás del bosque, ella 

tí'uia una defensa natural y casi insuperable. 

Levantado el campo á las 6 1|2 de la mañana del 10, se 
encontró que la barca tlel paso habia sido echada á pique — 
por cuya razón, la división siguió costeando el rio hasta la 
altura del vado de Dadinco donde debia esguazarlo auxilia- 
da por los mejores prácticos del lugar, cuando como \ina le 
gua antes de llegar, se dio orden de hacer alto, perdiéndose 
asi la oportunidad de sorprender la retaguardia realista ó al 
menos tomarle su caballada y ganados. 

Después de gran vacilación, contramarchas y reconoci- 
mientos, habiendo recibido partes repetidos de la debilidad 
del enemigo — el cual, en la persuacion de que las fuerzas que 
ie picaban la retaguardia eran muy numerosas, esquivando 
fin enciumtro, se corria por la vera norte hacia los Andes — 
se determinó por fin Zapiola á hacer bandear el rio á un des- 
tacamento de 10 hombres con el capitán Brandsen á su ca- 
beza con el objeto de descubrir al enemigo que se oculta)>Ji 
en un morro formado por la ])arranca (0). Este lo ve- 
rificó en el acto por el vado de Dadinco, donde acjuel se 
divide en tres brazos de los cuales el último es corrento 
so y muy profundo. 

Dispuso asi mismo, que un escuadrón, una compañia v 
una pieza de artillería, pasaran en protección por el esguazo 
del Guape, en que al Nuble se precipita con violencia y 
estrépito, teniendo la suficiente profundidad para que per- 
diesen pié los caballos. 

9. V. P.irte dt» Zapiola á Ralearce etc. Gaceta de Buenas Aires 
No.— 101— (Ifi diciembre de 181S.) 



CORONEL BRAXDSEN. 11 

Ambas fuerzas tocaron simultáneamente la ribera opues- 
iii, y desprendieron batidores en la llanura para que registra- 
sen los potreros y las casas, llegando hasta Chillan, donde 
lio dt'neontraron un solo soldado español, /i pesar de que en 
Dadinco se sintieron algunos fusilazos disparados por la 
jífute del partidario José ]\Iaria Za])ata y la que tan luego 
como los patriotas se echaron al agua, huyó á toda brida. 

Desechando estos avisos como la protesta del paisano 
]vvisionero que se condujo a su presencia, el coronel Zapiola. 
ílemasiado temeroso de una sorpresa y contra la espectativa 
.'i(^n(Mvd. ordenó que las tropas que habiaii pasado el rio, aban- 
donasen sus posiciones y lo repasaran en el acto por el vado 
4l'^ (iuap(\ operación que á causa de Ja violencia de la cor- 
riente y la aproximación de la no(*hc, costó la vida á mu- 
<Iios soldados. El subteniente del N.o l.o Ignacio Dueñas. 
v.n sarjento y siete ú ocho de caballeria é infantes, habian 
; :i perecido en el primer paisaje. 

De este modo, por un sentimiento de i)recaucion inespli- 
<'al)h\ toda la división tornó á ocupar su primitiva posición 
; vivaíiueó en la i)lanicie (jue avecinda el esguazo de Dadin- 
<o. hasta la mañana siguiente en que la caballeria fué la 
priunra en pasar el Suble por el vado falso de Lala á una 
hora del de Guape — picada peligrosa por su estension, sus 
vueltas, la r?[)idez de la corriente y la caida de las aguas 
<les(le una el(»va(ion al cauce del rio. y las que habian adqui 
rido un considerable volumen con los dias de calor. 

El Nuble, nace al nordeste en la cordillera y vá á per- 
derse al oeste en el Océano Pacífico. Es un torrente impetuoso 
nue arrastra sus aguas con fragor, sobre un lecho desigual 
<l'' grandes guijarros que en su curso desprende de los Andes 
Los tres vados por donde pa.só el ejército patriota, (Dadinco 
Guape y Lala) son muy difíciles y peligrosos. Sus aguas se 
ongrosan con la fuerza de las nieves, bajan durante el dia y 
la noche, siendo el alba ó la mañana el momento mas propi- 
lio para vadearlo. No obstante, Zapiola lo hizo pasar á 
niediodia. 



12 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

Sin embargo de la actividad y esfuerzos que se hicieron 
ese dia, no se logró vadear toda la eaballeria, y tuvo que 
dejarse destacada la compañia del capitán Cajaraville. 

Ihia parte del N.o 3, pasó el vado á la grupa y el nesto 
por el rio en una mala balsa. La caballería fué á acampar 
en las proximidades de la hacienda de Curicó mientras que la 
infanteria vivaqueó á vanguardia del paso. 

Así, la demasiada prudencia de Zapiola que temia verse 
H cada momento rodeado de enemigos, costó muchas vidas, el 
cansancio de los caballos y la pérdida d-^ las grandes venta- 
jas que pudieron reportarse aquel día sobre los españoles 
dejando asimismo espuestas al saqueo á Chillan y á las fa- 
milias de los neutrales ó adictos al partido republicano. 

El 12, con el auxilio de tres balsas construidas con infini- 
to trabajo por la falta de recursos, terminó el pasaje del res- 
to de la División y municiones, siendo Zapiola. el último 
en veríficarlo. 

A las 5 de la tarde, reunidas las troi)as en Curicó, fueron 
{\ campar en Chiquilmavida, paraje apartado del camino y 
el que se encuentra á tres leguas de Chillan donde entraron 
al amanecer del siguiente dia. — Súpose alli, que hacia tres 
que el gefe enemigo Lantaño (ton una fuerza de 700 hombres 
lo habia evacuado con dirección al pueblo de los Angeles 
llevando consigo una trran parte de los habitantes con lo 
mejor que tenian y dejando á su retagimrdia un destacamen- 
tr» de 25 ó 80 milicianos con el partidario Zapata. 

San Bartolomé de Chillan, célebre por los Padres de la 
Buena Muerte, realistas consumados, (10) era una peciueua 

10. **E1 hermoNo convento de eí>tos ''Padres", se hallo provisto 
|>air; «u« ripviroMis vijil-üis d-e una ahiinidante " di'spi'nsa " una copio- 
sa **bodega" de eítqiii«itos vinos y hda <juinta llena de verdura. No 
falt^) un sacrilego ofi^'ial del Rejiniiento. llanu 'd(> Pastoriza (rel:- 
íjioí-o Betleinita) qii^» puí-vt^K» fuego á los claustro?*, el que tomó 
mu?cho euenpo y fué necesario gran 'trabajo imra sofoi'ar después de de- 
vorada algiiraa part« del edificio. Esto provino, <le que se difundió la 
U/Oticia d? quv> los P. P. antes de »\\ fuga, bibian luvho **Cinvenenar ' * 
lafi bebida« eí^prituosafí qu<» cwtiMilwiin en las ca^íis de negocio qiie fue- 
ron abandonatki'S. ("Episodio de la (iuerra die la Indejvp^ndenfia pnr 
^»1 eo.ro.n<»l do>n Mi-ini-el Olazabal — <iualiegiiííyc-hú — 1SH3. ") 



CORONKL BRANI)SKK. U 

vüIa que habia sufrido mucho los desóidenes y azotes de la 
guerra. 

J Vendado Brandsen de su situación pintoresca, escri- 
1 ia — **8us inmediaciones son encantadoras. El Chillan que 
!•• dá nombre, <*orre á sus puertas é inunda algunas veiíes sus 
chIIcs (*ortadas en ángulos rectos y atrincheradas por los Es- 
lía ñolcs para ¡)onerlas al abrigo de un golpe de mano — La 
l>liiza de armas es un cuadrado perfecto — y es muy rico ♦*! 
coligió de Misioneros de propaganda de San Ildefonso (uno 
d* sus cuatro conventos) — Famosa en los ¡)rimeros tiempos 
d" la conquista, fué destruida por los Araucanos en 1599, y 
el gobierno peninsular contribuyendo á su decadencia impi- 
dió con tanto tesón el ai)rovechamiento de las lanas en que 
nlíunda. que mandó destruir hasta los cimientos de una fábri? 
(%i de paños que hablan establecido sus habitantes al princi- 
pio de i.ste siglo. — Es i)onderada la belleza de sus mujeres 
sobre lo que no jmdemas abrir juicio, porque estaba casi 
desierta cuando entramos.'* 

Después de un pequeño reconocimiento ordenado al ca- 
1 itan Olazábal, el coronel Zapiola se encierra en Chillan. 
flonde pronto dá por llenado su único objetivo y trata ya de 
Ví'píisar el Suble. 

Este pro<*e*ler, era tanto mas incsj>licable cuanto que des- 
.Ideándose en .^seguimiento del enemigo, un e.*A*uadron de 
>:i*«naderos de los mejor montados, pudo alcanzarlos en el 
ItHtH, donde se sabia i)ositivamentc que intenta])a haei*r 
píisar su numerosa caballada y todo el ganado vacuno que 
logió reunir y quitar en las haciendas vecinas á Cliillan. 
!\ro Zapiola, temeroso de ser cortado |K)r Sánchez, de quieu 
ti:vo aviso por sus bomberos y varios desertores milieiauos 
*ii' movia con su ejército desde San Javier sobre aquel pun- 
to. pi»rd¡6 tan buena oportunidad y resolvió la retirada. 

A las 2 de la mañana del 1^ formó la divisioii en batalla 
y el coronel con el 1er. escuadrón y el núni. I de i'oq'uimbo^ 
repasó el Nuble en Cocharca. dejaado á retaguardia al 2o. ¿ 



Ú LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

las órdenes del capitán Grej2:orio Millan, el que debia seguir 
el uiovimiento en retirada al caer la noehe. 

En vez de repasar el vado con la caballeria. poeo cui- 
dadoso Zapiola de lo que pudiese acontecer á su espalda. 
])reíir¡ó dar una vuelta inmensa, latiíjar hombres y caballos, 
á esponerse á una persecución funesta — ordenando desen- 
sillase la caballeria y aproximase los suyos al rio para pasar- 
lo á nado, mientras que los jinetes lo hacian en una especie 
til? l)arca y algunas malas balsas — En ese i)asa.je se ocupó to- 
lo el dia V una Darte de la noche. 

Entre tanto, el escuadrón dejado en observación. íu 
Ib^gaba — En esta ansiedad, se pasó la noche, cuando cntr»^ 
V V 10 de la mañana siguiente, se dejaron oir de pronto va 
rios tiros de fusil, viéndose nuiy luego que el 2o. escuadrón 
á cuya cabeza se distinguia el caballo l)lanco de Millan, vol- 
/ia en desorden y á toda brida, el qu^» estrechado sobn» la 
barranca se arrojó precipitadamente al rio cuya profundi- 
dad y corriente no logró detener á los fujitivos. 

La División se puso en el acto sobre las armas y el te- 
niente José Olavarria, recibió la orden de hacer algunos dis 
paros con las dos piezas de artillería de los Andes que man- 
daba, hasta (pie la fuerza que habia sori>rendido, perseguido 
y derrotado al 2o. escuadrón, y la que no pasal)a de 200 gua 
.</.< mas, ó menos, armados de lanza y capitaneados por Za- 
jiata, emprendió la fuga en dirección á (liillan, acuchillada 
por Cajaraville. 

El Comandante Viel, bajo cuya protección se verificó el 
anterior pasaje, fué enviado esta vez al otro lado del ri > 
con el objeto de reunir y reconducir los restos del escuadrón 
íjue perdió 22 hombres, de los cuales 12 muertos y los da- 
lias peligrosamente heridos. 

En seguida, la división tomó posiciones á la altura di» l.i 
Capilla de la Cocharca con frente al rio, hasta las 5 de la tar- 
de, hora en que se movió y fué á campar una ó dos leguas 
n:as á vangiiardia en la orilla de un monte á cuyo frente se 



CORONEL BRANDíSEX. 15 

encuentra el estero Mcncrhue, posición que ya habia ocup&ilo 
antes de atravesar el ^Síuble. 

En la mañana del 17, levantó su campo de Mcnerhue y 
entró á mediodía en San Carlos que se encuentra 5 leguas al 
norte de Chillan, donde volvió á ocupar sus antiguos aloja- 
mientos. 

Allí permaneció hasta el 21, en que salió á las 8 de la 
mañana. Vadeó el Perquilauquen en el paso del Tronco, y 
\ivaqueó en la altura que lo domina, en el paraje llamado 
Cangua-Chilaio. Todo ese dia, sopló un viento espanto.so. La 
mala colocación de las tropas, las espuso sin abrigo alguno 
al rigor de la intemperie — permaneciendo durante la noche 
de pié firme una parte de la caballería, circunstancia que oca- 
sionó la deserción de mucha jente, un tanto desmoralizaaa. 
por la retirada, que muchas veces enerva al soldado, conmue- 
ve su disciplina, y le hace olvidar su deber. 

La División siguió su marcha el 22 por la mañana — A 
líK'dia legua de Perquilauquen, encontró un cañadon lleno de 
agua muerta, cuya travesía fatigó en estremo hombres y caba- 
llos, y una legua mas adelanta tropezó con otro pantano ó 
agua cenagosa que se corrompía al pié de dos colinas — Salva- 
rla esta nueva dificultad, y después de haber recorrido un iti- 
nerario estraviado y escabroso, con preferencia al camino r^nl 
que era muy bueno, la pequeña División hizo su entrada en el 
Parral al mediodía y fué á ocupar su alojamiento de costum- 
Ire, después de una espedicion que duró mas de quince días 

áo los mas sofocantes del estío. 

Así terminó esa penosa escursion sin resultado alguno pa- 
ra las armas independientes. 

El Coronel Zapiola, timorato, indeciso como general en 
Jffe, según parece, no reunía á su valor acreditado de solda- 
do, ni á sus aspiraciones generosas y patrióticas, las dotes ines- 
timables del mando superior que en la guerra siempre confia 
algo á su buena estrella. 

El mal éxito de esta campaña lo demostró así y el gobier- 
no de Olliggins, comprendiendo que aquel ejército, rebosando 



16 LA REVISTA DE BrEXOS AIRES. 

tl( abnegación y entusiasmo, solo necesitaba una calieza ins- 
1)1 rada para llevar adelante la ardua empresa de que estaba 
<»iK'argado, y en que entraba^ en no pequeña parte las concep- 
ciones rápidas y atrevidas del genio — proveyó lo conveniente 
<»oino lo veremos, para que no careciera en adelante de eae re- 
>4orte indispensable para coronar sii misión de gloria con el 
íiíiiquilamiento de los tercios castellanos que asentaban aun 
fius reales en la rejion austral de Chile. 

AXOEL .1. CARRANZA. 

^('oDtJimará.) 



IIERXANDAKIAS DE SAAVEDRA. 

CAUSA CELKBRE: NOTUIA» Y DOCrMKNTOS PARA SERVIR A 
LA lilSTüRlA DEL RIO DE LA PLATA 

(C'oniti.n<u ación.) (1) 

* 

XXVI. 

Sobrt los bienes embargados en ¡Santa Fe. 

El defensor de Hacienda, en 30 de julio de 1619, se pre- 
MDtó á los Oficiales Rtmles con el escrito siguiente: 

'Muan Cardoso Pardo, Detensor de la Real Hacienda, 
di^o: que por otras mis peticiones tengo pedido á Vuestras 
^iercedes, se cobre y entere la Real Caja de veinte y un 
mil y diez y ocho pesos y seis reales que debe justa y liquida- 

]i lente Hernandarias de Saavedra por autos y recaudos aut'»n- 
tifos nuichos años há, sin hal>erlos querido pagar; y S. ^I 
tiene despachado cé<lula sobre ello, y el señor Fiscal do) 

Real Consejo de Indias, por su carta escrita á Vuestras Hér- 
cules, se apremie el dicho- Hernandarias que, antes oue h%\- 

íXi\ de este ])uerto. satisfaga ; y sobre ello se le han embargado 
ti. >a tíiiídad de Santa Pé diez y siete negros y dos barcas y 
olías cosH« á que pretenden derecho alguno sus acreedores 
<.>n lo cual ne entretiene la dicha cobranza y está destituida 

1. Véase la pajina 439 del orno x. 



18 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

la Real Caja, y los bienes vienen á menos, por que un ne- 
frro en piiblieo i^ue se murió, y otros seis tiene declarado 
Nicolás Coronel que los llevó á la ciudad de Córdoba á don 
Gerónimo Luis de Cabrera, sobrino del dicbo Ilernandarias 
y las dos barcas de ¡)ropósito las han anegado en el rio de 
Santa Fé á donde tiene su casa y haciendas, y cada dia 
los diclios bienes tienen riesgo y diminución ; para cuyo re- 
medio, 

''A Vuestras Mercedes pido y suplico, y si es necesario,, 
hablando con el debido respeto, reijuiero, las veces <pie i>ue- 
do y debo, despachen su mandamiento j)ara ((ue el Oficial 
lícal de la ciudad de Santa Fé, su lugarteniente, que hizo el 
O'u'ho embargo y depósito envié los dichos negros y barcas 
con persona de confianza, á costa de la dicha hacienda, an- 
te Vuestras Mercedes, a este puerto, para que se V(*nda 
y asegure el riesgo y diminución que corre, y la Real Ca- 
j:í sea enterada, y de ^o contrario protesto contra Vuestras 
^lercedes y sus bienes y fiadores, los daños, inten'scs v 
nícnoscabos de la Real Hacienda, y pido justicia y cos- 
tas, etc. 

*'Otro sí: atento á que tengo i)edido se despache manda- 
lí.iento de ejecución por toda la dicha contia, y está mandado 
luntar los autos muchos dias há, y no se ha proveído sobre ello : 
pido y suplico á Vuestras Mercedes lo manden despachar en 
íorma, y juro á Dios y á esta -|- que la dicha contia es debida 
y por j>agar á la Real Caja, y pido justicia, etc. — Juan ('ardos,^ 
rardo/* 

'* Vista por los dichos Jueces Oficiales Reales, mandaron 
se ponga en los autos, y que se lleven al Licenciado (íabriel 
Sánchez de Ojeda, abogado de la Real Audiencia de la Plata, á 
<iU!en nombraron por asesor -en esta causa, con cuyo parecer 
determinarán sobre lo que pide el dicho defensor lo que fuera 
justicia, y asi lo proveyeron — Luis de SaJ(n1o — S{tn(>)i de Vid- 
f/Vy — ante mi, Gaspar de Acevedo. 

Auto — En la ciudad de la Trinidad, puerto de Buenos 
Aires, en postrero dia del mes de julio de mil y seiscientos y 



HERNANDARIAS DE SAAVEDRA. 19 

diez y nueve años, ^1 contador Luis de Salcedo y el CHi>itaa 
Siiiion de Valdés, tesorero, Jueces Oficiales Reales, habien- 
do visto lo pedido por Juan Cardoso Pardo, defensor de la 
líeal Hacienda, sobre que se traigan los bienes á este puerto, 
(.ne en la ciudad de Santa Fé están embargados á Hernando 
Arias de Saavedra, por lo contenido en esta causa, dijeron: 
oue, sin perjuicio de lo que es ejecutable en ella, se dé tras- 
lado á el dicho Hernando Arias del dicho pedimiento, para 
t]ue hoy, en todo el dia, responda; y que si quisiere traer los 
u'chos bienes á su costa, dando fianza abonada para el dicho 
electo, se le entregarán para ello, con apercibimiento que, no 
irespondiendo en el dicho término, se proveerá justicia ; y asi 
lo proveyt ron y firmaron con parecer del Lácenciado Gabriel 
Sánchez de Ojeda — Luia de Salcedo — Simón de Valdés — El L¿- 
(( iiviado Gabriel Sánchez de Ojeda — Ante mi, Gaspar de Ace- 
vedo. 

El gobernador de Guayrá. al serle notificado el auto 
(pir ])recede, espresó : *'que nada tenia que responder á el dicho 
!íedimiento, porque en algunos escritos que tenia presentados 
en esta causa habia satisfecho bastantemente á todo lo ([Ui» por 
ella se le pide; que los jueces Oficiales Reales hiciesen lo que 
le fuere justicia. 



19 



XXVII. 
Ptticion del gobernador E. de Saavedra 

Apesar de lo que habia manifestado al tiempo de la 
notificación, dos dias después, Saavedra presentó el siguien- 
te escrito, en que, reasumiendo sus anteriores defensas, agre- 
^y- poderosas consideraciones sobre '.diferentes puntos de la 
Cuestión. 

**IIernandarias de Saavedra, gobernador de la provin- 
cia del Paraguay, por Su Magestad, sin atribuir á Vuestras 
Mercedes mas jurisdicción que de derecho les compete, y esa 
no declinable, y sin perjuicio de mi derecho y lo demás que 



20 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

fllegndo tengo, digo: que por mandado de Vuestras Mercedes 
íue fué dado traslado de una peticioa presentada por Juan 
Cardoso Pardo, portugués tie tensor de la Real Hacienda, en 
que i)ide, luego dé y entregue en esta Real Caja veinte y un 
iiiii y diez y ocho pesos y seis reales corrientes que dice es- 
toy obligado á satisfacer por la razón y causa que alega, á que 
se i)roveyó por Vuestras Mercedes un auto en que mandan 
que sin perjuicio del estado de los dichos autos, para que 
(ientro de un dia responda sobre mandar traer á esta ciudad 
los bienes muebles que tengo embargados por Vuestras Mer- 
cedes (»n la ciudad de Santa Fé, donde soy v(H*ino, á mi cos- 
ta, y que, dando fianza abonada del valor dellos. .sí» me en- 
trrgiirán con apercibimiento que, no lo haciendo, se provée- 
la, y lo demás en él contenido, á lo que me refiero; el cual 
(¡iclio auto, hablando devidamente, es contra mi injusto y 
íígraviado, por cuanto yo no debo ni tengo obligación de 
( nti rar las dichas partidas, ni por ellas se debe hacer lo con- 
tenido en el dicho auto, por las razones que dichas y alega- 
dfis tengo en una respuesta hecha á una notificación por Vues- 
1rt*s Merctnles mandada hacer siendo yo gobernador de este 
puerto, (pie Vuestras Mercedes aceptaron, pues no respondie 
ivn cosa (*on ella y por lo general del derecho que á mi favor 
I s. ([ue he por esj)re8o; y porque el auto y visita de Cajas Rea- 
jcíi liecha por el Licenciado don í'ranrisco de Alfaro, porque 
mandó (pie se enterase la Real caja de las diclias partidas. 
310 es recado que traiga ni pueda traer aparejada ejecucioa 
c(.mo no lo es cualquiera provisión Real cuando se librara sin 
conocimiento de causa, ni citación de parte, ni convenei- 
iMÍc*nto por ejecutoria, lo cual no procedió en el dicho auto. 
del dicho señor Visitador, por^jU" si yo fuera oido y citado 
<*s cosa cierta revocara el dicho auto en cuanto á mi ; por que 
Uw nueve mil trescientos cincuenta pesos de ellos, que se 
dice luce de gasto i en la visita que tomé á los Oficiales Rea- 
b»s de esta provincia, por (omisión de su Magestad, lo que 
l'ude hacer, ponpie no habiendo tenido comisión para sen- 
tenciar, lícito y forzoso fué .sí|car los gastos de la Real Caja 



HERN ANUARIAS DE 8AAVEDRA. 21 

para los oficiales que trabajaron en la dicha comisión, en 
cuyo nounbre y el mió se presentaron los autos necesa- 
rios en el Real Consejo de las Indias, donde fué admitida. 
y la causa se está litigando, y ella pendi-ente ante el superior; 
y ningún otro juez inferior puede ni debe conocer, que la 
dicha presentación y testimonio ^es bastante mejora, sin que 
Vuestras Mercedes puedan proveer ni innovar en cosa al- 
p:una, porque con ella queda fundado el notorio defecto de 
jurisdicción, que de querer conocer de esto, como *le ujtorio 
egravio, ai>elo, como tengo apelado, para ante el Rev Nues- 
tro Señor y su Real Audiencia, y pido de nuevo sobre ello de- 
bido pronunciamiento ante todas cosas, demás de que est^* \S 
interés de todos los dichos oficiales que fueron de la dicha 
\ÍKÍta, que, en caso que hubiera jurisdicción, no era justo 
Oiirgármelo á mi, pues los que los recibieron tienen obliga- 
ción, si hay alguna al entero de los dichos pesos', los cuales asi 
mismo están presentados ante el juez superior d(» que emanó 
la dicha comisión de visilta, como consta del dicho testimonio 
í|ue tengo presentado; de mas de que el dicho entero, cuan- 
do hu])iese lugar de se hacer, habia de ser después de lo decla- 
rado por el dicho Real Consejo, ó por juez comi>etente que de 
próximo se espera para el dicho efecto y otras cosas del re,il 
«ervicio, que traerá determinación y orden de lo que justa- 
mente se debe hacer." 

'Y en cuanto á los novecientos y treinta y nueve i>esos 
y medio de gastos de piezas de artillería, municiones y armas 
(íue gasté para la fortificación de este fuerte, pagados de la 
Real Caja, fué en ocasión que Su Magestad me mandaba le 
íu viese prevenido y, armado para la defensa de él, que era 
DCíesario prevenirlo por los medios mas convenientes y for- 
zosos; las cuales piezas de artillería están hoy en el dicho fuer- 
te, y es tanto estar allí la cosa presente, como asegurado su va- 
lor y caudal que en ella se gastó.'' 

'*Y con la misma justificación se sacaron- la partida de 
los ocho mil pesos que se dieron á los herederos del gober- 
nador Francisco Ortiz de Vergara. por cédula de Su Mages- 



22 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

4 

taO ((ue se litigó en la Real Audiencia de la Plata con el fis- 
cal de ella, euyo testimonio protesto presentar cuando me 
convenga. ' ' *^ 

**Y en cuanto á la partida de los tres mil y setecientos y 
veinte y nueve pesos y tres reales, con que se ajustó toda la 
cantidad de pesos que se me pide, pertenecientes á los de- 
rechos de licencia y aduanilla de los tercios que me apliqué 
tío esclavos condenados y perdidos, se satisface debiéndo- 
los yo pagar con los salarios que tengo represado en la Real 
(•aja del tiempo (jue gol)erné este puerto como del que agora 
tengo á mi cargo, que es mucha mas cantidad que lo que 
ííc me pide por la dicha partida, además de que la cédula Real 
y carta del señor Fiscal del dicho Real Consejo que alega el 
defensor, hoy, para hacer el dicho entero, se entiende ha- 
1 i endose determinado por el juez superior, y asi es en mi fa- 
Aor, pues dice en ella el dicho señor Fiscal que se asegure la 
dlí'lKi Real Hacienda hasta que envíe determinación en la 
])rimera ocasión de lo que se debe hacer, y Vuestras Merce- 
des es visto anteponerse, antes de tiempo, á la ejecución tan 
in,]usta que pretenden hacer nni el fin que Ihvan de destruir- 
vte II quitarme mi hacienda ¡wr haber servido n Su Matfestad 
en este puerto ron la fidelidad notoria en la observancia y eje- 
ctiiion de sus reales cédulas, y de los sentares Vireifes de estos 
reinos, debajo de color fie justicia, ejecutando la pasión y odio 
lan notorio que me tienen, y consiguiendo sus venganzas á sa- 
(iyfaccion de personas interesadas y de la dfvocion de Vuestras 
.Vercedes, con que consiguen el que pretenden tener de mi, co- 
tí*'! es pública voz: y si se llevara tan solam'cnte el celo de ente 
rf;r la dicha Real Caja, bastaba el dicho embargo y seguro (pie 
en los dichos bienes está hedió en la dicha ciudad de Santa 
Yi pues allí lo están de manifiesto para lo que Vuestras jMer- 
( t des mandaren, y antes de traerse aqui es notable pérdida 
\ daño mió menoscabo de ello v total ruina y destrucción 
<ic mi casa, pues la pretenden dejar sin quien acuda al sus- 
tento de ella ni al beneficio de las haciendas que alli tengo; 
y en cuanto al menoscabo que 'el dicho defensor dice se re- 



HERNAXDARIAS DE SAAVEDKA 23 

cíese á los dichos bienes, ea muy siniestro y calumnioso, pues 
¿;ntes están mirada*; y reparadas como hacienda propia, y 
no van á menos, antes ^n aumento; y las barca^s que refiere 
se anegaron, fué para mas seguridad de ellas, por el detri- 
i»iento qm^ reciben del sol no lo estando, pues se verifica es- 
la verdad con (pie agora la una de ellas viene fietada de la 
<,n( ha ciudad de Santa Fé á €ste puerto, con carga, que tam- 
bién serán los ñetes de ella para ayudar á hacer la dicha pa- 
ga con los fletes de ella ; y en cuanto á los seis negros qu€ di- 
4:e envié á la ciudad de Córdoba, fué antes del dicho secresto 
para que se vendiesen en ella al dicho don Gerónimo Luis 
•le Cabrera, cuyo procedido le di orden para que lo embinse 
^ la ciudad de la Plata, para acudir á la defensa de mi per- 
dona y causasen la R^al Audiencia, que tan en mi j)erjuicio 
íle mi honra intenta contra mi, pues no t^ngo otros bienes 
de que poderme valer para ello; la cuales diligencias no se 
hacen tan apr-etadamente con ninguna persona, debiendo 
/jtras muchas á la Real Caja, procedido derechos de almoja- 
rifazgos y otros que no se atienden con la puntualidad y no- 
t.iblr perjuicio que conmigo, debiéndose tener el respeto y 
atención que se debe á mi persona como criado de Su Ma- 
g<stad, cuya noticia, si la tuviera, remediarla por el camino 
mas conveniente á su Real servicio, sin que mi persona rv- 
(Ibitsi los agravios tan manifiestos que se me haeen^ teniénclo- 
éhi preso tiempo de nu< ve meses^ saerestadfts todos mis bienes, 
j'in dejarme ir á In parte del gobierno que está á mi eargo, 
donde forzosamente debo acudir, pues cuando fuera líquido 
<]eudor que no soy, estaba asegurado el juicio que se pre- 
tende ; mediante lo cual y lo demás que hace ó hacer puede á 
mi favor.* ^ 

"A Vuestras Mercedes pido y suplico, y siendo necesa- 
i'o requiero, revoquen el dicho auto en todo y por todo, y 
m rinden suspend-er la ejecución y cumplimiento del, dejandc/ 
* ii su fuerza y vigor el dicho secresto y embargo por Vuestras 
Mercedes hecho, mandándolo suspender como lestá dicho, 
liasta que haya la dicha determinación, por el dicho Real 



24 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

Consejo ó por el Juez que deJlo debiere conocer, mediante 
l«s dichas causas que tengo alegadas y las que protesto ale- 
gar ante juez competente, y de lo contrario, de otro unl- 
quiera auto que contra mí se proveyere, apelo para ante 
el Rey Nuestro Señor y para ante quien y c«in d'»rc«*lii) pu»*- 
dr y debo, y en de])ida forma del pr"»t(sto <'0'ür;i Vui\strHs 
Mercedes y cada uno, todos los riesgos, pérdidas, menoscii- 
lios costas, y gastos que se me siguieren recrecieren en todo^ 
U'is bienes, para pedillo contra Vuestras ^íereedes y los suyos 
ante quien y como me convenga, en la parte y lugar que me 
conviniere, y i>ido justicia y costas, para cuya determina 
cion pido á Vuestras ^r(»rced(»s sí^ acompañen con letrado, 
por cuanto tengo por odioso y sospechoso, al Licenciado Ga> 
briel Sánchez át Ojcda, á quien recuso, y juro á dios y á es- 
ta |- en forma de derecho, qu(» esta recusación no la hago dr 
malicia, y para ello etc.'' 

**Y pido testimonio de esta i>etic¡on con lo á ello provei- 
(lo, y si denegado me fuere por Vuestras ^íereedes. retiuh»r«> 
el presente escribano me lo dé de oficio, donde no proti^sto \r* 
quf protestado tengo.'' 

' Otro sí digo: que en la ciudad de la Asunción, sicndí> 
gol)ernador, desa provincia Diego Martin Ncgron. difunto, 
por cédula de Su Magostad, hizo embargar en los dichos mis 
bienes, i>or los dichos nueve mil trecientos y cincuentH peso» 
de la dicha partida, y se dieron fianzas del valor de ellos, cu- 
yos autos están en esa Real (^ontaduria, por donde .'s visto- 
(Star asegurado á mayor abundamiento las fianzas ípic Vues- 
tras ^lercedes mandan dé del valor de los que me tienen se- 
crestados, con que quedo relevado d-c dar otras de nuevo, juies 
no estoy obligado a darlas, pues todo es una mesma causa y 
derecho, como constará de los dichos autos á (pie me refiero 
<ti'. — Ilcrnandarias fh Saavrdra. 

XXVIII. 

Ofra rpsolucion de los Ministros (h Hacienda. 

Visto el escrito del gobernador de Guayrá y la rebvluir 



HERNANDARIAS DK SAAVEDRA 25 

(ilíe, con la iwisnia fedia, le habia acusado ol «U.ÍVnsor le Im- 
cienda, por no evacuar -el traslado que se I.í 'i\ñ últimn mente, 
los Oficiaks ReaJes mandaron traer los a itos para resolver, 
l'aciéndolo en los términos siguientes. 

''Auto— En la ciudad de la Trinidad, puerto de Buenos 
Aires, a dos dias d-el mes de agosto de m'\\ y soi.seientos y diez 
y r.iieve años, el contador Luis do Saliii\l'>, y el capitán }¿1- 
mon de Valdés tesorero, Jueces Oficiales Reales destas pro- 
vincias del Rio de la Plata y Paraguay, por Su Magestad, di- 
f;(Ton : que atento que de mas de L<!ho años a esta parte han 
hecho muchos autos, exortaciones y requerimientos á Her- 
i-andaria-s de Saavedra, gobernador que fué destas provin- 
eV.s del Rio de la Plata, siéndolo, y después que no lo fué de 
f li( io, y á pedimiento del Defensor d€ la Real Hacienda, para 
(pie pagase y enterase en la Real Caja deste puerto veinte y 
<los mil y diez y ocho pesos y siet« reales que dobe á la Real 
iracienda por recaudos, cuentas y resultas y otros autos í|ue 
están en el proceso desta causj y no los ha pagado, y sobi-e 
ello han tenido cédula de Su Magest-ad y carta del señor lis- 
eal del Real Consejo de las Indias, por donde se les manda 
aeudan á la dicha cobranza y a qu-e dé seguridaJ y fiyn/Ms el 
cliclio Tlernandarias antes de salir de este puerto; y en t' •<!<;.« 
los tanteos de cuentas que se les ha tomado hasta hoy les esta 
Icíího cargo de la remisión que han tenido sobre la dicha 
e-obranza; y cerca della k han embargado en la ciudad de 
Santa Fé algunos negros, ganados y barcas y otros bienes k\ 
(.ue pretenden derechos otros sus acreedores; y el dicho De- 
fensor de la Real Hacienda ha pedido que los dichos negros 
y barcas y ganados se traigan á esta ciudad por su cuenta, 
(osta y riesgo del dicho Hernandarias de Saavedra, anto Sus 
?iereedes, atento que un negro »e ha muerto y que otros seis 
consta haber enviado á la ciudad de Córdoba, á don Geróni- 
mo Luis de Cabrera, su sobrino, y que puede venir á menos 
y en disminución cada dia; y pidió se le diese mandamiento 
de ejecución en forma; y para proveer sobre ello nombraron 
por su asesor al licenciado Gabriel Sánchez de Ojeda, con 



26 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

cuyo parecer le mandaron dar traslado, y que, dando fianzas 
de que traería los dichos negros y barcas á esta ciudad, ante 
^>as ^I^rcedes, no se despacharía por ello, á lo cual ha res- 
pondido y recusado á el dicho asesor, y lo hubieron por re- 
cesado; y para proveer mandaron juntar los autos, y los han 
visto, dig-eron: que mandaban y mandaron por último aper- 
cibimiento que, sin embargo de lo que dice y alega, se le no- 
1 i'ique á el dicho Ilernandarias de Saavedra qu-e hoy, en todo 
el dia, de fianzas legáis, llanas y al>onadas de que traerá á í^u 
costa, via recta, de la ciudad de Santa Fé á esta d<? la Trini 
dad todos los negros y barcas que le están s<ícrestadc)> por lo 
contenido en esta causa ante Sus Mercedes, dentro de cin- 
cuenta dias, para la seguridad y entero de la Real Taja, «-ou 
apercibimiento que no lo hackndo, pasado el dido tt^nniuo 
se despachará recaudo como el Defensor tiene peüaf». para 
(pie á costa de la misma hacienda y por cuenta y riesgo della 
se traigan las dos barca^s y todos los negros que están secres- 
tados y depositados, y demás bienes ante Sus Mercedes, des- 
do la dicha ciudad de Santa Fé á este puerto, para que la Real 
(\n.ia sea enterada, atento que ha muchos años que debe la 
di( ha contia y no ha pagado y enterado cosa alguna dell i : 
\ asi lo proveyeron y mandaron atento que no hay otro b^- 
trado en esta ciiulad sino el dicho Gabriel Sánchez de O i "-a. 
y está recusado y no pudo sc^r asesor en esta c'ausa, la deter 
minaron sin letrado, y lo firmaron — Luis de Salcedo — Sitnon 
ih: Valdfs. Ante mí, Gaspar de Acevedo/' 

Xo habiendo otorgado Ilernandarias d<» Saavedra las 
lianzas que por este auto se le mandaba dar, dentro del día, el 
Detensor de Hacienda no se hizo esj)erar para acusarle inme- 
diatamente relveldía, y pedir se mandasen traer los !)íenes em- 
biirgados en Santa Fé, á costa de los mismos. 

XXIX. 

El gobernador de Guat/rá presenta otros documentos. 
Pasaron algunos dias sin que los Jueces de Hacienda de- 



HERaN andarías DE SAAVEDRA 27 

ti T minasen sobr€ lo pedido por el Defensor, apesar de haber 
mandado traer los autos para resolver. 

Entretanto Saavedra, en 16 de agosto, presentó la peti- 
ción i[uc signe y los documentos de que luego nos ocupa- 
remos. 

' • Ilernandarias de Saavedra, gobernador que soy del Pa- 
raguay, preso por mandato de Vuestrafe Mercedes, sobre 
](«i? veinte y un mil y tantos pesos que me piden vuelva y en- 
tere á la Real Caja, por el alcance que hizo de ellos á los 
Oficiales Reales deste puerto el señor Oidor don Francise:) de 
^Mt'aro, siendo visitador destas provincias, afirmándoTüe de 
i.ucvo en la esv^e^)CÍon declinatoria que alegado tongo, y r-n 
lijs íleiiías declinatorias y apelaciones interpuestas en esta di- 
cha causa, y satisfaciendo al último auto que por mandado de 
Vuestras ^Mercedes me fué notificado, digo: que, ansi él como 
ti)dos los demás en esta causa pronunciados, no tienen justi- 
ficación que buena sea para poder seguir contra mi persona 
y bi( ues la via ejecutiva y tan de apremio, <!omo de hecho y 
-contra todo derecho, sin fundamento alguno se ha intenta- 
<'o; lo primero, por todas las razones y causas que antes de 
íigora dichas y alegadas tengo, en que me afirmo; lo otro. 
Vonjue no teniendo Vuestras Mercedes la determinación y 
ejecutoria del Consejo, ante quien penden estas causas en 
orado de apelación, de jurisdicción real ni contenciosa, no 
(nben ni pueden hacer mas de asegurar la paga y restitución. 
<}ue por el dicho Consejo se podria mandar hacer á la Real 
Caja, y esta se asegura con los muchos Inenes que me tienen 
se(*restados y embargados, juntamente con la lanza que ante 
D-ego ^larin Xegron, gobernador que fué destas provincias 
tengo dadas en la ciudad de la Asunción i>cyr lew uu^eve mil y 
tresci(^utos y cincuenta pesos que saqué de la Real Caja, como 
\ <ireccrá por ella y los demás autos que sol)re y en vazon 
d(sto se hicieron y están en el archivo de esa Real Contadu- 
i'ia. y. siendo esto asi, agravio se me hace y le recibo en que 
t;in precij>itadamente quieran Vuestras Mercedes atroi)ellar 
le forma de este juicio, sin ser de su naturaleza ejecutivo. 



28 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

respecíto de no estar conveneido en él, ni menos del^er las 
diMidas que, por sus conocidos fines, eon tan escesivo ri^or pi- 
Ccn ; y esta verdad consta y parece indubitablemente por esta 
cédula Real y ejecutoria que ante Vuestras ^íercedes presen- 
to con la solemnidad y juramjento necesario, de como están 
bien pagados los ocho mil pesos que de la Real Caja se dieron 
/* la parte de Francisco Ortiz de Verga ra, gobernador que hv" 
destas provincias, y su original de la dicha ejecutoria y Tind 
('''dula tienen Vuestras Mercedes en la Ural Contculuria, co- 
mo lo afirma y certifica Sebastian de Orduña por su carta. 
cuyo traslado es el que también presento para mayor abun- 
dancia: por tanto. 

**A vuestras ^klercedes pido acatadamente requiero ha- 
yan i)or presentada la dicha ejecutoria y Real Cédula, y en 
virtud de ambas y cada una dellas declaren estar ])ien pagn- 
cios lofs oclio mil pesos (pie de la Real ('aja si» dit^ron n 
la parte del dicho Francisco Ortiz de Vergara, para en cuen- 
t?^ y parte de pago de los salarios que Su ^lagestad le hizo 
juerced por el tiempo que parece haber go])ernado en «»stas 
provincias, y así declarado mande librar su mandamiento 
I>ara d^^sembargarnK» los bi(»nes ([ue asi por estos ocho mil pe- 
sos como por los nueve mil y trescientos y cincuenta me* 
fueron secrestados, (pie sevk justicia, la cual pido conforme á 
la nueva orden (pie Vuestras ^b»rce(l(»s tienen del stmor F'is- 
cal, y de lo contrario protesto contra Vuestras ^lercedes y 
ras bienes, todos los daños, pérdidas y menoscabos íjuc á lo:^ 
mios se le siguieren y recrecieren de mandarlos vender y 
traer á esta ciudad ; y de como ai lo pido y requiero se me dé 
por testimonio i^ara en guarda de mi derecho — Tierna )idnna.<i 
dr Saavedra. 

** Vista por los dichos Jueces Oficiales Reales. dijt»ron: 
(.ue de la provisión y re(íados que pres(*nta el di(*ho llernau- 
d» Arias de Saavedra, se dé traslado al Defensor de la Real 
ira(*ienda y con Jo (lue dierere. 6 no, se traigan los autov {>ara 



HKRNAXDARIAS DE SAAVEDRA 29 

la primera audioneia; y asi lo proveyeron, ante mi, Gaspar 
4¡t Ai't v( do. 



(Ci)ntinuará.) 



MANUEL RICARDO TRELLE8. 



M E :\I O R I A L . 

Presentado al Ministro don Diego Gardoqui por los hacendados de 
Buenos Aires y Montevideo en el año 1794, sobre los medios de 
proveer al beneficio y exportación de la carne de vaca etc., etc. 

(Coui'lusioii.) (1) 

De que >¡r»'.ni eu la Martinica, y otras Islas de la Aiiié- 
r'tVíXy donde se eonsunien ereeidas poreioües en la niant<*n- 
( «on de los nejaros, y demás habitantes; y con este objeto 
I'cira no dfir tantos rodeos, se podian llevar desde aípií á la 
llábana, eonio ya se ha empezado á practicar en pc(picñas 
]>orciones doud^ convendría estable( iese la ('ompafíia uu fac- 
tor que las veiuiiese, no solo para nuestros establecimientos, 
.siné tamlncn para los de los estranjeros (pie fuesen á com- 
¡^rarlas allí. 

27. Las carnes que se reniities(»n á España en derechu- 
ra, se vend.^ria una buena parte para la Real Armada, con 
cuyo motivo se loprraba, que el estii)endio (pie hace el Keal 
])rari(> todos lo.^ años, no fuese á manos de estranjeras; y 
tal vez, que ya que por faltas de earn(»s en algunas Provin- 
(ias de p]spaña, lo pa.san con e] bacalao que l(»s llevan los 
Jn^dest^s, si se hici(*sen al consumo de las de aqui, de este mo 
do iba la nación á adelantar lo que no es creil)le, ]>or solo- 
evitar se fu(»s(^n (»r(M*idas sumas de pesos fuera del Keino. 



rej*. ' ' 



]. Xéuse pá). 'U)4 <1^1 tomo X de *'La Kcv¡»ítn <le Bib'iJo-i Ai- 



MBMORIAL 31 

28. Las carnes que se destinasen para la África ten- 
orian buena salida, pues sabemos que en niuehos parajes ca- 
recen de ganados, y siendo constante que los .Vortugueses. 
que llegan á ^lontevideo conduciendo negros, llevan de re- 
torno crecidas porciones de la de charque, nos j>resUniiuios 
<pie en las costas del Hrasil se podrán vender con ventaja. 
y aun á la Asia si se llevase podrían convenir, i)ues el ejem- 
plo lo íicredita con los 70 barriles que el año de 1788 remitió 
desde aquí á Manila el factor de la compañía de Filipinas y 
lio solo llegaroii buenos á aquel destino, sino que habiendo 
distribuido algunos barriles á los Navios que alli estaban 
•pertenecientes á '\dicha compañía, retornaron con ellos ;i 
Tadiz, y llegaron sin corromperse, y de muy buena calidad, 
y capaces de embarcarse para cualquiera otro viaje, desí)ues 
de haber pasado la l'nea tres veces, sin duda por haberla 
Jabricado los Ingleses, que quedan referidos, y existian en 
aquel tienq)o en el saladero del finado ^íedina, por lo que 

los princápales directores que residen en ]\Iadrid le dieron 

■ 

3 as gracias á este factor. 

2Í). La compañía que alli se estableciese no solo podia 
liíicer su comercio exclusivo con las carnes °ino también con 
todos los demás frutos, cpie en el dia nadie comercia con 
ellos, como es el lino, el cáñamo, la rubia, cerdas de caballo 
y puerco, laanteca de vaca, quesos, lenguas, sebo de carne- 
]f para luces, pelo de ganado vacuno, pellejos de perro, do 
carnero, de corderillos, de viscacha, de nutria, maderas, seda 
Silvestre, añil, agengibre del Paraguay, y otras varias cosas 
jc.v este término. De este modo se abria la puerta á otros 
ramos de comercio, que no se ha(»e por ahora uso de ellos 
y consecuentemente se lograría ver en breve el aumento de 
j)()blacion, la adcpiisicion de las riquezas, y de la felicidad 
i'citural y civil de esta provincia, y a este objeto principal de 
fconomia se debían dirigir las miras del Gobierno, porque 
de ellos nace la opulencia, y la gloria del Soberano: las ar- 
tes primitivas son los primeros manantiales de donde pro- 
vienen estos efectos, y por lo mismo se debe vigilar con 



32 LA REVISTA DE HUENOS AIRtiS. 

«rdor para que este comercio sea protejido, á fin que los 
conductos por donde camine se hallen siempre exjHnlitos 
limpios y defendidos. 

♦SO. Cuando una nación no tiene comercio es cosa mani- 
fiesta, que por excelentes que sean las producciones de su 
terreno han de aer inútiles, pues no teniendo salida, ni des- 
pacho, no pueden los hacendados operarios, lisonjearse* con 
hi esperanza de las ganancias, que son las que estinuila á au- 
mentar y perfeccionar las haciendas, i)ues el comercio es el 
espíritu que aviva el ingenio, dá movimiento y resucita !¿i 
industria; es el iiuielle principal de todas las fuerzas del 
eucrpo político; y es el que produce, y atrae todas las ri- 
quezas del estado. 

81. Xo solamente es necesario el comercio para la sul»- 
si>tencia de un estado, sino que también es útil y i)roveeho- 
so. asi para enriíjuecerle y fortificarlo, como para civilizarlj 
( instruirlo, paes multiplicando la ganancia con el despa- 
cho, pone en movimiento la industria. También es del chso 
el comenio para mantener la tranípiilidad de los puelilos. 
para hacer observar las leyes, para (pie se respete el Cío- 
l>ierüo. pues couio subministra almndantes materias, no solo 
pora vivir sino para vivir con sosiego y con gusto, los acos- 
Tumbra á la paz y á la (piietud. hacúéndoles aborreeir los 
í.Iborotos púl)licos, las turbaciones civiles, de aqui proviene 
oue en las naciones donde no hay comereio, ó es muy 
jMH'O, se entregan las gentes á una vida licení iosa, vair.i- 
bimda y cruel, lo cual ocasiona infinitos males políticos. Ya 
i»emos referido de la nmltitud de gente ociosa y vaga, que 
existe :i la otra banda de este Rio. y los nudes (pu» i)i!ed;ir 
resultar de mantenerle en inacción, pudiendo harrrlos útii«s 
(•;irnes saladas; y el mismo remedio podia .servir en esta don- 
de también se hallan muchos, aunque no tan pet-ídi-ial s 
al estado, pero pernicioso en estremo al progreso de nuestras 
haciendas, resp.H'to de (pie por falta de ocupación no vivn 
sino del robo v la infamia : el comer '.o Hv tivo i's d si^lo '.\ie 



MEMORIAL 33 

l'odia renwnliar en este pais tales niales, y se prueba clara - 
íii'Mite porque si á él se inclinan los h.onibrís, ha sido si(»m- 
]ire por el aiií r natural á su existeneifl vin vivo des«;o de Jas 
í'oniodidades y las riquezas, y una cierta propensión á los 
j>laiere8 del lujo. Estas tres causas producen unos efectos 
•(ktivos á su mismo origen: y asi se vé, que como las prin- 
nieras necesidades se satisfacen con poco, y esto por lo co- 
mún se halla en el mismo pais con exorbitante abundancia, 
i.\'í nuiy corto y escaso el comercio que ocasiona la primera 
peto como las comodidades y conveniencias son mucha.s y 
-M versas, y los placeres y gustos no tienen límites es difícil 
qui* el mismo suelo produzca todo lo que desea nuestra sen 
fiibilidad, ó nuestro capricho, y por esto es grande el co- 
iijercio que proviene de la 2.a y grandísimo el que resul- 
ta de la tercera que debemos inferir que después de lograr 
hí civilización con aplicar á muchos hombres ociosos, y auri 
mujreit-s y niños de la campaña en la salazón de carnes, y 
la t)uerta que se abra para comerciar con otros ramos, que 
<*omo está dicho en el dia no se consideran para el resultado 
seria un aumento con.siderable en el comercio de España por 
v\ mar consumo de géneros y de vestuario y de otros diversos 
qu( exigiría el deseo de las comodidades. La historia de todos 
lo-' siglos demuestra esta verdad, en ella se vé que los salva- 
jes cambian, y pernmtan tan solo lo necesario, los medios 
bárbaros comercian por lograr algún descanso, y los Pueblos 
4*ultos trafican en todo, pero su mayor giro lo motiva el lujo. 
'V2. Las reglas que contribuyen principalmente según 
nos persuadimos al aumento del comercio son las siguientes: 
l.í» que los frutos de que abunda el Pais, y manufacturas 
<iue se trabajan de ellop, puedan libremente extraerse á cual- 
quiera lugar y en cualquiera tiempo y en cualquiera canti- 
dad, á no ser que por algunas extraordinarias circun.stanciaA 
s«* juzgue conveniente restringir ó moderar esta facultad en 
l-eneficio del público, esta libertad llena la nación de un en- 
tusiasnio de comercio, y es causa de que todos procuran te- 
ner una porción sobrante para el tráfico, a mas de esto la 



.34 LA REVISTA DE BI EX()8 AIRES. 

<4»naneia que wn próxima aviva sus «esperanzas, y estas daa 
Jrmyor v'sfuerzo á las labores eon las que proceden á enrique- 
eerse. Es cierto que cada nno piensa en su interés privado, 
f.ero también lo es que procurando los particulares por este 
It'rmino su opulencia, hacen la causa pública, y enriqu^HH'ii 
toda la nación. 

8í^. Pero para que todos se inflamen de estos deseos, y 
< unda el espíritu de negociar, es preciso que se hallen sesiu. 
IOS de que pmlrán extraer su sobrante á tiempo, y de numera 
(|U«» no se oponpra á sus mismos intenses, pues faltando est;» 
«^eííuridad nadie procura por la abundancia, y todos se con- 
tentan con lo preciso como hasta aquí, ella consiste en dos 
puntos: el ¡)riuicro que la compañía que abrace el comeréis 
de sus carnes saladas ponp:a todo el primúpal conato en este^ 
ramo, porque hemos visto que la actual destinada á la pes<Tt 
.^'' la Hallena no ha dejado d(» distraerse en otros ob.jt^tos 
ruando ha creído hallar mas conveniencia, como es en ocu- 
]?j'r algunos de sus buques, fletándolos para llevar solo eu;»ros 
{\ España, de lo (pie dimana no perfecci<marse en los á (jue 

son destinados. El segundo que la estraecion de todos frutos 
s(a libre; pues esperimentamos que no solo la del trijro se 
prohibe, aunque esté á un bajo precio, sino que también su- 
cede lo mismo con el st»bo que pr<>duct»n nuestros ganados 
\acunos en rama, cuyo precio ínfimo es el de 4 á 6 reales l,i 
arroba, y nuMÜnno de 8 á 10 reales, y el superior de 14 á l^ 
r^ah^s; por lo que seria muy. con veniente el que se establecie- 
r-e, tpie en llegando al de diez reales, solo en este ca.so s(» pro- 
hiba su estrací ion sea para el comercio interno, ó esterno. 
il(» euvo modo se animarán todos á cultivar el arte de bene- 
fieiar esta esp cíe tan vitil en todo el nnindo para murho^ 
objetos. 

M. Algunos creen que España no necesita de mas co- 
i->creio que el que haga de sus frutos, con sus Indias, pero 
lio consideran como un punto principalísimo, y el inas est'U- 
cial, que para la conservación de aquel Rt»ino. y este. di»b;- 
fer el sistema favorito el aumento de la marina mercantil. 



MEMORIAL 35 

loino madre de la militar, pues estas dos se dan la mano, y 
ambas la dan el comercio. Sin marina no puede halier c<>- 
irercio estendido, sin comercio estendido no puede haber 
marina. Las máximas de la*s potencias marítimas son bien 
conocidas sobre este asunto y pueden servirnos de regla 
Los Ingleses que entienden bien sus intereses, pudieran te- 
ner el carbón de piedra á la puerta de LiSndres, y aliorrar 
millones en su costa, pero prefieren pagar tres veces más caro 
e( de Xewcastcl, que viene por mar, porque en su trasporte 
• c ejercitan de continuo quince mil marineros. 

35. Entre los ramos de sii comercio los que mas a{)re- 
I ¡an son los groseros que consiste en objetos de mucho vohi- 
]«ien, como es el de Terranova para la conducción del baca- 
lao y la pesca de la Ballena, por que emplean mas Navios, 
y dan por útil cualquiera (»omercio marítimo, y á larga dis- 
tancia aunque no dé mas l)eneficio á la nación, que em- 
plear mucha gente de mar; y si esto es lo que vale, y lo que 
iuiporta podemos glrriarnos de que nuestro Soberano es 'A 
único en el mundo que tiene las mejores proporciones para 
crear iin plantel de marinería, como es en el comercio tle los 
•rutos de esta Provincia (pie se halla á larga distancia de 
la Metrópoli, lOn navegación la mas didce y menos arries- 
gada, y cuyos frutos los de mayor volumen, como son las 
cí<rnes saladas, las pieles, las astas, el sebo, ateite de Lobo 
y Ballena, los granos, lino, cáñamo y otros (pie produce la 
í)*jricultura. 

86. Por esta razón sin contradicción alguna, este co- 
mercio es el que se debe fomentar mas bien que otro quo 
no produce tan útiles ventajas al estado, y esta providen(*ia 
x^s tan precisa en nuestro concepto que sin ella jamas habrá 
(11 España una numerosa marina mercantil, y sin esta ¿vó- 
i» 10 podrá sostent*rse la militar, sino á pura costa de inmensos 
tesoros ! Diremos, (jue para un caso de guerra, cuando se.í 
pnviso armar las escuadras, puede sui)lir la provincia de la 
matrícula, de ningún modo; pues aunque se pueda tomar un 
número de paisanos, no son marineros, y treinta hombre>í 



36 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

va he<*h<)s á la iiiar, valen nías para las maniobras que 700 de 
ii([iiell<»s, y i>or lo que toca á pilotos, y un pié de hom- 
l.res í^spertos, es preeiso mantenerlos todo el año, y sino se 
mantiene un buen número de ellos en tiempo de paz, en un 
iomereio eomo este útil y lucrativo ¿donde se bailarán en 
habiendo guerras? Tiempo en que todas las naciones tienen 
( mpleados á los suyos. 

Hl. p]ste es, y será el estado de España basta (pie no 
tenga algunos millares de navios mercantib*s sobre el mar. 

10 (\ur no es dudable se consiga, después que se ha abierto 
el coinercio libre con las AnȎricas, y que se fomente el 
in'iHco de las producciones de esta provincia como dejamos 
tspnsado á cuyo intento nos i)arece seria muy convenien- 
te re!nover con tiempo los obstáculos que ocurren en ^lonte- 
\idco por la ninguna subordinación de los marineros, que 
vienen t*n las t^mbarcaciones de pjspaña, porque á reserva 
<lr los í{ue traen los Paquebotes correos, todos son propensos 
á la deserción con la mira de hacerse necesarios á la vuelta en 
]a que se hacen pagar mas que lo triplicado con el título que 
llaman de travesía y cuando no se les conwde saben levantar 
:m' en alta mar, y ha(*erse pagar por fuerza, y asi para atajar 
y arreglar este desorden, y el (pie se nota en la maestranza de 
rib( ra, en las oarenas que allí ocurren por el esceso de sus 
jornahs y poca aplicación, de modo que eu(»sten por lo re- 
gular 70, 72 y aun 75 mil pesos, y tan mal hechas que sue- 
len tener pr(»cision los navieros de arribar á las costas del 
] brasil para remediarlas, seria bueno se formasen ordenanzaf 
á propósito con arreglo á las circunstancias l()cal(»s de a(iU(»l 
puerto dando comisión para su cumplimiento á algún gef«» 
]H»rmanente, ])orqiie de darla á los comandantt^ del Rio, tal 
ifz no tendrían efecto, ponpie se mudan muy amenudo, r 
t\s tan ne(*esaria esta providencia que conceptuamos (pie sin 
(Ha no se podrán conseguir los progresos (pie nos promete- 

11 ¡os, ni que el Rey pueda (*ontar para los casos de guerra 
con un pié de 10 á 12 mil marineros ([ue pueden estar ocii- 
j'ndos en (»ste eomercio en tiempo de paz. 



MEMORIAL 37 

38. Xos hacemos cargo, que no es obra de pocos dia?» 
crear un nuevo sistema de industria y de comercio para uii 
objeto tan vasto, como es la salazón de carnes en común y 
ireneral, y darles salidas en los parajes donde las necesiten» 
pero es un asunto que se puede tomar por partes, y aunque 
fl método requiere algunos años, hay ciertas providencias 
ij\ie desde el mismo principio de su plantificación, tendrán 
todo su efecto, pues como se ha dicho hay hasta ocho partí- 
cuJares que se ocupan en esta manufactura. 

39. Los objetos capitales que de])e comprender el nue- 
vo sistema, son una buena policía, y buenas providencian 
para el gobierno de los cami)os á fin de lograr el aumento y 
conservación de los ganados, las que se pueden aqui arreglar 
con audiencia de los Hacendados de esta y la otra banda, es- 
t« nder el comercio todo lo que .se pueda, y sobre todo hacer 
útiles á las gentes vagas, y como ningún estímulo es tan po- 
deroso como el interés y el honor, que convendría señalar al- 
gún premio, 6 distinción al ([ue cultive ó manufacture la 
mayor cantidad y de ratejor calidad de carnes, con la circuns- 
tancia de sujetar y traer á los saladeros los ganados alzado:^ 
de mas remotas distancias, como ya queda espresado, |)ara 
ler si asi se logra, el que no hagan matanzas por solo el in- 
terés de la piel con pérdida total de carne, pues aunque sean 

teros no se der)e permitir este desorden, porque justamente 
e¿? la carne de mas consistencia para la salazón. A este me- 
die deben los mayores progresos los ingleses, siendo máxima 
consistente de su gobierno, no escasear la recompensa de los 
I>úblicas servicios, dispensando liberalmente honores y emo- 
lumentos, á quien dá honor á la Patria con su talento, y 
provecho con su aplicación, y para todo género de manu- 
factura y cada ramo de industria, ([U^* quieran acrescentar 
hay sus premios deterndnados, siendo increíble el ardor, y 
In emulación que causa este estímulo en todo el siu»rpo de 
la nación. 

40. No dudamos que aquí suceda lo mismo, en tomán^^ 
dosc con eínpeño la plantificación dí^l (*omercio de carnes, y 



38 LA REVISTA DE BUENOS AIBES. 

ium podían ser muy útiles los premios, si se estendiese á otro 
ramo de industria, que está durmiendo como se ha dicho 
arriba, y es el cultivo de la Rubia, que la hay silvestre en 
iibiindancia, la que es maravillosa para los tintes; (1) el de la 

<-eda silvestre, el del Lino y cáñamo que se produce bien para 
llevarlo á España en rama, como está mandado por repeti- 
<las reales órdenes, el de añil, cate y ajenjibre que producen 
2iuiy ])ien en el Paraguay, donde hay muchas raices, gomas, 
rocinas, yerbas y diversidad de especies de que en otras par- 
tes del mundo son escelentes ramos de comercio, y allí no se 
i)¡»»nsa en ello, tal vez por falta de estímulo, que si lo hubie- 
se no descuidarían también el ramo de la azúcar, pues es 
tanto su abandono, que de la que recojen, ni aun pueden 
abastecer A esta ciudad. 

41. Esta corta digresión sobre estos ramos de indus- 
iria, ha sido indispensable para dar una idea de todo lo que 
se puede adelantar en esta parte de que son susceptibles estos 
terrenos, y que se miran como necesarios al fomento de las 
ocupaí'iones públicas. Quisiéramos imprimir con principios 
]»rácticos en los corazones de nuestros compatriotas, que el 
I 'rimero y el mas preciso abono que debemos poner en nues- 
tras tierras y grangerias, es una constant^e aplicación y des- 
v*»lo para el mejor cultivo de varios ramos que hay de indus- 
tria, ([ue están abandonados á lo que pueden contribuir la 
ü'Mnii poKtica de nu-estro Gobierno, imiltiplicando isubpis- 
lencias, protegiendo y facilitando ocupaciones en toda clase 



]. El autor de las "Líoccionies 'enlomen talles de a,gTi cultura" .publi- 

va<lH*< ^m 1^1 spi r.iau'apio <l'Ol ■doctor Viieyteí? (año 1S03) consagra 1» 

le^M'ioin 14 al ^'cotnocimi'emto y -cultivo de la Rti^iía" pi^^ata 4^¡ae s&frun 

el mismo autor es espontánea entre iiosotr<vs y vulgarmente cono- 

v,u\tii coin i?.l niMübro d> ** Rui-ees de teñi-r". Kecomie.nda la estacio-n del 

Otoño como la mejor para eoseoharla y dic»e que la-s raicea son la 

parte verdaderamente útil de esta planta. No la describe: nofio- 

iros créenos que -os una planta tintórea que dá el color llamado 

por los franc-eises **gairatncíe. " 

Antig«*amente la cosecha de estas raiees era uno d«e los ramos 
ele imkistria de los vecinos de la **(^apilla del Paraná" (Entre Rios.) 
Hoy apena-s »on conocidas allí y empleadas en la industria do- 
jnés.tica p'iir alguívas familias. 



MEMORIAL 39 

vi" imlustria, por nu»dio de los premios y aunque las de la 
íigricultura pueden ser numerosas, consiguiéndose la estrae- 
tMon de los granos, y otros frutos que produee, con todo 
lUiviene lavore^^er toda especie de cultivo industrial por 
¡ícqueño que sea. 

42. Bajo el nombre genérico de industria, eomprende- 
i»ics todas las ventajas que quieran aprovecharse, y ofrece 
liucstro suelo (»n t*ualesquiera electos de los que produce ca- 
piU'es de recibir alguna nueva forma, mejora ó beneficio por 
h'cdio del trabajo del hombn», ya sea que rsulte de una sim- 
pb» operación manual, ó ya por el ministerio de ingenios, y 

iMíiíjuinas que la faciliten de que resultará que el producto de 
estos trabajos públicos, será la mas lejítima y la mas segura 
rii^neza del estado, sin los cuales las mas preciosas minas 
1*0 >;on sino unos bienes momentáneos, que se desvanecen 
fomo el humo. La industria es la llave maestra de la opu 
Icncia, y el dinero no es mas que signo de las ocupaciones 
útiles, y de (^ue ha de ir forzosamente á las manos del 
trabajador; poniendo pues en movimiento la agricultura, la 
ii (Histria y el tráfico, la Real Hacienda prosperará, porque 
ti patrimonio del Soberano sale del fondo público; si este no 
i rtM'e en vano proyectarán los Ministros que la manejen para 

tlar aumentos le riquezas al erario, pues los arroyos que fe- 
i vi.dan y fertilizan el patrimonio del príncipe y el de los par- 
ticulares naxe de una misma fuente. Para dirijir con acierto 
< ste ramo, es muy precisa la ciencia de la economía y el eo- 
r<*io : es esta una materia tan delicada, que cualquiera pe- 
llín ño golpe que se le dá sin acierto, suele agotar los manan- 
lifiles, por esto será muy del caso un sistema acomodado á la 
it:i1urab»za del Pais, á las necesidades del ciudadano y á los 
intereses particulares de la nación, para no obrar á ciegas en 
fstas operaciones. 

4*^ Para comprender con mayor claridad este princi- 
pio, «*onsideremos dos naciones que llevan unas mismos ef ce- 
los á vender á otra distinta; es evidente que si la una de las 
iM>5: tiene mejores 6 tan buenos géneros, y al mismo tiempo por 



40 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

la franquicia ó baja de derechos, por la mayor comodidad 
en sus transportes, por los menores estorljos que encuentra 
en el despacho de sus mercaderías; que paga menos en su 
íüíílida, y facilita su coastruccion ; tendrá infaltahlemente ía 
preferencia sobre la otra nación, y llegará á hacerse nuichu 
mas rica y poderosa. La demostración de este teorema es. 
<)ue la preferencia y el despacho es el alma del tráfiico. y que- 
donde la salida es pronta y mucha, el comercio es fuerte y 
piijante, y al contrario donde es lenta y poca, es débil y de 
poca consideración. Estas máximas (pusiéramos que se ar- 
raigasen en el (»spíritu de la eompañia que aqui se establezca 
como deseamos para la salazón de carnes, pues solo asi en. 
breve se notaría la decadencia del pospuesto,, y la total rui- 
na de su comercio en este ramo, que siemi)re nos pei'suadi-^ 
líxOH sea el inglés de cuyas máximas y resortes ocultos s(»rá 
menester guardarse porque siempre ha procurado d(»struir 
lus mejores establecimientos de industria y comercio de nues- 
tra España, y también quisiéramos, que se arraignseu otras 
no menos importantes en los jefes (pie aquí nos mandan 
sucesivamente, como (»s en primer lugar, la de sugetar á los 
vagos, haciendo que s(»an útiles á la provincia los (pie le 
son perjudiciales; porque el pueblo bien (M*upado, es sin la 
menor duda el punto fijo de donde como líneas ind(^feetible>; 
pi rten todas las tVlicidad(\s del Estado. Es el que olvi- 
dado de todo mal pensamiento contrario á la (piietud pi'ibli 
.♦a, solo se d(*svela en la adquisición de su subsistencia y de^ 
sus (comodidades. El que con sus manos aumenta los efec- 
tos nacional(»H y euriqu(H*e al p]stado. El que por estos 
iij(»dios se ¡)ropaga insensiblemente, acn^cienta la polilaeion. 
> dá gentes de mar y tierra, (pie d(*fienden la nación de sus^ 
enemigos. El (pie con sus numerosos consumos, y la extrac- 
cien dá valor á los frutos y ganados, y aumenta por eonsc- 
( iu*ncia el de ?as tierras y las haciendas. El que acrecienta 
á proporción las rentas reales y la fuerza del estado. E.s* 
l>or último el mas seguro tesoro de la Nación, (pte no ]>uede 
K(.r robado, mientras se le atienda como merece* con esta% 



MEMORIAL 41 

i*>áximas; y con la de que el eomereio .se halle l)ien practica- 
lio y protejido, se verán grandes y hermosos efectos; el 
1 rimero será aumentar el Poder del Soberano y las riquezas 
<k la nación, como está dicho, proporcionando medios para 
1» amentar mayor número de familias con el fomento de Ja 
agricultura é industria: este efecto á mas de ser patente por 
lo que se ha dicho en esta representación, lo demuestra la 
tsi)eriencia de las naciones, que han sabido y saben comer- 
ciar. En Inglaterra es máxima común y fundamental del 
í.'obierno que el comercio es la sementera de la marinería, es 
el espíritu de la marina; la marina los brazos del comercio; 
el comercio el origen del poder y de la gloria de la Gran 
Bretaña. 

44. Por último, Exeelentísinw) señor, debamos hacier 
presente á V. E. que hay ciertos parages, asi en esta banda 
como en la otra de este rio, donde se acumulan muchos mi- 
llares de ganados vacunos, que por no poderlos sujetar á ro- 
deo, y ponerles su marca cada dueño, se llaman orejanos ó 
«Izados; de modo que aunque se conoce que los de esta ban- 
d . (que por lo regular se hallan á la parte del sud) son perte- 
i;ecientes á todos estos estancieros en común, también es evi- 
dente que pertenecen á los de aquella todos los que s(» ha 
lian de esta clase en los parages mas remotos, sin que se 
pi:edan distinguir á que individuos correspondan en parti- 
ciilar, pues estos estravios los motivan varias causas gene- 
rales, é imposible de poderlas remediar, como son la falta de 
agnadas y pastos, que dimanan de una seca general, tam- 
l.ien por las correrías que se hacen en las mismas estancias 
l«;ira las matanzas, en cuyos casos se estravian, y después 
procrean á largas distancias, sin haber arbitrio para mar- 
carlos. 

45. Asi como hay ganados orejanos ó alzados, que no 
t3tnen conocido dueño por hallarse sin marcas en terrenos 
realengos y desiertos, hay tam3)ien otros de la misma clase, 
qiií tienen efectivamente dueños conocidos, como son loa 
que existen en las haciendas opulentas, que por no tener los 



42 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

Jieños suficientes esclavos ó no hallar peones que conchavar 
en los tiempos de yerra, se quedan muchos sin la marca, y 
DO por esto pierden el derecho que tienen á los tales ganados. 
V usan de ellos como legítimos dueños, y por estar en su 
}»ropio terreno les acredita la voz pública la posesión {{xw. 
Kozan. 

4(j. No son de estos de los que tratasen sino de los 
]»rimeros, que absolutamente es imposible poder conocer, y 
ciK'^ocer individualmente á los dueños á quienes pertenezcan. 

47. Por í'sta imposibilidad, y sin embargo de sal)erse 
con evidencia (jue pertenecen á todos los hacendados en co- 
mún, ha estado en práctica de muchos años á esta parte, quíi 
•^1 que ha querido con licencia ó sin ella, ha usado de los tales 
íííinados aprovechándose de los cuerambres que han produci- 
<lo. como si fuera único y lejítimo dueño, y lo que es mas sin 
tener ni aun remoto derecho á ellos por no ser hacendados, 
causando con estas matanzas clandestinas los mayores de- 
sórdenes en la campaña, no solo por matar las vacas, sino 
I)or la pérdida total de las carnes, sebo, grasa, y todo lo demás 
<ine produce cada cabeza de ganado á reserva de la piel, que 
es lo que solo aprovechan en tales ocasiones. 

48. En esta virtud, y pu<^to ([ue esta clase de ganados 
pertenecen al común de todas las haciendas, nos parece que 

• ixije la mas recta justicia, que los caudales que produzcan. 
*'H de los que se vendan en pié, o de los que se beneficien en 
íes saladeros, se apliquen, y se inviertan tambií^ en el ade- 
lí.ntamiento y provecho de todas las mismas haciendas en 
íomun. ai en lo gastos que se podrian hacer en aniquilar 
y destruir la muchedumbre de perros cimarrones, que hay 
t n todos los partidos en perjuicio general del terneraje, que 
se lo comen diariamente, en contener las yeguadas, y caba- 
lladas alzadas, que inquietan á los ganados en sus rodeos, les 
consuu)en los pnstos, y se llevan en la mezcla de sus corre - 
rias y atropelladas á los caballos mansos: en costear prisio- 
nes, y demás precauciones necesarias para reprimir la osadía 



MEMORIAL 43 

é'i los ladrones y vagabundos: en facilitar las aguadas don- 
de no liay ríos, ni arroyos por medio de aclarar las lagunas 
y manantiales, por cuya falta se ocasiona regularmente el 
í'.stravio de los ganados y este es el principio para que se 
liiiyan alzado, y por último se podian invertir los referido» 
caiulales en otros gastos de esta clase, como fuesen en man- 

tv'hcr (ilegible) 

lijo en las campañas, pudiendo 

fondos para habilitar con calidad de 

<iuieran formar nuevas estancias, y saladeros 

it^nalmenle se podian sacar de él los premios, y recompen- 
>:as que digamos indicadas á favor de los que se esmeren en 
a.srri(*ultura, y aun reintegrar después los primeros gastos, 
<liie hi'*itse la Real líacienda en el envío de los Irlandeses, 
p* ra maestros de la salazón de carnes, y el de los toneleros. 
\ con tastos objetos tan laudables, nos parece no seria fuera 
de propósito el que entrase en este fondo el valor de las apre- 
iia( iones de cueros y ganados que se hacen á los contraven- 
tores á los bandos que las prescriben con arreglo á los de- 
s» rdenes que se cometen clandestinamente. 

49. Para que la distribución de estos caudales fuese ar- 
reglada á justicia, se podian establecer dos canjes en esta 
ciudad para que entrasen en ella los pertenecientes á la cam- 
]mua de esta banda, y otra en ^Fontevideo para los de aque- 
lla, poniendo á íada una tres llaves: una en poder del Alcal- 
ile de primer voto: otra en el del Síndico Procurador de la 
. iudad, y otra en el sujeto que nombren los mismos hacen- 
dados ; respectivos, para llevar la cuenta y razón, la que se 

podía tomar cada año por la persona ii oficina, que señale el 
g(»l)ierno con anuencia del apoderado, que para esto nombren 

^v s haí'cndados ; y las libranzas contra las 

en jas. se podian expedir por el 

A cuyo cargo esté el mando de la 

ó por un ministro de esta Real Audiencia, precediendo in- 
form<^ é intervención de la Junta, 6 apoderado de los hacen- 



4A LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

ciados. De este moilo nos proiiietiauíos eesarian los conti- 
nuados pleitos, que se suscitan |>or la pertenencia de lo:^ 
tales ganados, y viviriamas todos en paz y tranquilidad. 

50. Por tanto, Exrao. Sr., ocurrimos á V. E. para qiK\ 

se digne inclinar la Real l>enefíceneia de S. M. á favor de loj* 
hacendados de Buenos Aires y Montt^video, para que por 
medio de los premios y reconipen.sas que se señalen á los que 
\enzan las difícidtades que ocurren, se establezca general- 
mente la salazón de carnes y el cultivo de otros ramos de- 
comercio, que no están en uso. Que se hagan útiles á h^s. 
Vfigamnndos, [)or medio de buenas ordenanzas de Policia 

formadas con anuencia de los hacendados. Que se envien 
f. dienta ó cien Irlandeses, maestros de salar carnes, con la 
calidad de que sean solteros y católicos. Que se envien to- 
neleros, con las prevenciones indicadas, para que aqui se 
fjíbriqíien barriles. Que por lo pronto se traiga barriler?a 
lííKva de España en duelas, y arcos de fierro. Que se esta- 
blezca una compañia, 6 facultar á la de la Ballena con el ti?i 

de facilitar estos objetos. Que no se prohiba 

ganado vacuno á menos de diez reales la 

arroba en rama ordenanza» 

peculiares al Puerto para el ar- 
reglo de la marinería, ma<^tranza de ribera, que ejecutan las 
carenas A los navios de comercio. Y que se forme un fond > 
del producto de los ganados alzados, y del de los cuí^ros, y 
(ítros frutos que se aprenden á los contraventores de los báñ- 
elos publicados para estos asuntos, y se inventa en benefi- 
<io de las ha(*i»»ndas de campo. ¡)ara lograr el auuiento. y 
conservación de los ganados. De todo lo qu(» queda ivmos 

(M n el mayor rvH'onocimiento á V. E., ordenando á este efecto, 
que las provid.'ncia.s que S. ^f. tenga por conveniente espe- 
tlir se circulen, y ]nibliquen en esta Provincia, con lo que 
MU duda esi)eramos ver logrados los fines, á (pie se dirijt» <»sti 
nuestra suim'sa repn^sentacion, como tan útiles al estado y 

al Real servicio de S. ^f. 



MEMORIAL 45 

Nuestro S« uor guardo á V. E. muchos años. — Buono.s 
iures lie 1794. 

Exnio. Señor clon Diego Gardoqiii. 



DES( RÍPrlOX IHíSTORICA 
DE LA 

ANTIGIA PROVINCIA DEL PARAGUAY. 

(Caiiílniíacion.) (1) 

^ÍHcliain no porfió en continuar el ataque; se retiró en 
«•ulen deíendiéiulose del fues?o de las dos divisiones que 1»? 
iban á envolver. 

Los tres generales, Gareia. ('abañas y Gamarra. retroce- 
dieron aunque ya victoriosos, sin atreverse á apurar y opri- 
Hjir ó cortar la retirada á ]Maeliain. Y sin embargo de qu»" 
el gobernador Velazco, por el hecho de haber desamparado 
<1 ejército y fugado vergonzosamente á los primeros tiros 
del canon enemigo, quedaba ya privado ilel gobierno de la 
jiovincia. y cíe toda intervención en el ejército, y por lo 
i\ jsmo se habia hecho digno de la pena capital, no se le for- 
i>:ó causa por un consejo de guerra que incontinenti debiau 
celebrar los tres prodichos generí^hk; antes bien le hi 

ci< ron buscar y llamar, mas por ignorancia (pie por necesi- 
dad. Vuelto Velazco al ejército, determinó perseguir, y al 
electo se destacaron algunas compañías lijeras, < on orden de 
srguir pisándole la retaguardia, hasta dejarle pasar libre- 
ii.ente el rio Taniarí, sobre cuya margen del su<l se acampó y 
J\)vt¡ficó Belgrano. aguardando el refuerzo de tropa que ha- 

1. Vt>a^»» la pajina 310 del tomo X «le esta *'Revista'\ 



PARA<ÍUAV. 47 

1)ia i)^dido á la Junta de Buenos Aires, para volver con fuer- 
za mas respetable sobre el Paraguay. 

p]l rio Tacuarí es angosto, pero profundo, rápido, mon- 
tuoso y sin vados; estas eireunstancias alucinaron á Belgra- 
no poeo 6 nada militar, para creerse seguro é inespugnable 
en atpiel sitio, apesar del descalabro que habia padecido en 
í*aragiiarí. Así fue, que sol)re el paso único que tiene el Ta- 
( uarí, levantó mis baterías, y se puso en estado de resistir á 
cualquiera invasión paraguaya. Allí se mantuvo todo el 
mes de febrero. 

El gobernador Velazeo, pensando que Belgrano, por el 
susto que llevó en Paraguan, y por su precipitada desord»^- 
rada retirada, no habia de parar hasta pasar el Paraná, se 
(•tiuvo en perseguirlo, hasta qiuí noticioso de haber hecho 
filto y fortificádose sobre el paso de Tacuarí, hizo marchar 
2(^00 liombres de todas armas, contra él, al mando de don 
?Januel Cabanas, v don Juan Manuel Gamarra, con orden d * 
ticsalojarlo de aquel punto, y perseguirlo hasta hacerlo pa- 
sar el Paraná. A principio de marzo se presentó nuestro ejér- 
cito sobre las )nárgenes de Tacuarí, al frente del enemigo, 
pfTO Belgrano nada temió á la vista de un ejército superior 
al suyo. 

Los generales y oficiales paraguayos que obs<*rvaroñ [a 
ventajosa posición en que se hallaba el enemigo al otro lado 
del rio, que le servia de antemural, y conociendo por estas 
circunstancias que no seria fácil desalojarlo de aquel punto 
atacándolo solo de frente, sin batirlo también por la espal- 
da, determinaron construir un puente sobre el Tacuarí, por 
lie haber vado por donde esguazarlo. Así lo ejecutarou» 

(onstruyéndolo á una legua arriba, del paso. En un monte 
grande cercano al rio, cortanm de noche á la lumbre de los 
fngones y condujeron al parage designado, toda la madera 
proporcionada al ancho del rio. y necesaria para el puente. 
(*oncluido este en dos dias se dividió nuestro ejército en dos 
considerables trozos, y el 9 de marzo al amanecer, comenzó 

o] que habia á éste lado, á batir de frente al enemigo, mien- 



4S LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

llh^ que el otro pasaba el puente al mando ele don Manuel 
(íaniarra. 

Divertido asi el general Belgrano, sin pensar en ser ata- 
cado i)or su retaguardia, puso toda su atención en corres- 
ponder a nuestros fuegos; cuando de repente se halló oprl- 
iDÚlo por las tropas que habian pasado al otro lado del rio 
Tacuarí, y al mismo tiempo por los botes armados que del 
Paraná, arribaban !)atiéndole por el flanco izquiertlo. Nues- 
tras tropas del otro lado, entraron en acción con el mayor 
g<'neral ^lachain y apesar de haberse defendido este con mu- 
cho valor, fué hecho prisionero con otros oficiales y consi- 
derable número de soldados, se le tomaron dos piezas de 
aríilleria, un carro de municiones, fusiles y demás armas 
bbaicas. llocos fueron los muertos, de una y otra parte. 

Belgrnno que se vio en el mayor conflicto, envuelto en- 
U-^ tres fuegos y espuesto también á caer prisionero, ser en- 
liramente destrozado ó rendirse á discreción, tomó el par- 
tido de ofrecer capitulaciones; al efecto, mandó iin parla 
Tienta rio que fué don José Alberto Echevarría, Paraguayo y 
lio materno de ^íachain al general don ^íanuel Cabanas, re- 
(.i.iriendo la cesación de hostilidad, y prometiendo retirar?.* 
ci n el resto de su ejército y armas que le quedaban, al otro 
lado del Paraná, dejando así evacuada la provincia de toda 
invasión. El general paraguayo contestó á Belgrano por el 

oficio que sigue: 

(ainjio (le batalla de Taoiiarí. marzo 9 de JSll. 

"Habiéndose presentado el parlamentario don José Al- 
berto Echevarría, proponiendo de parte del señor gencrd 
del ejército de Buenos Aires, q\ie respecto á (lue solo había 
T: nido, no á hostilizar la Provincia del Paraguay, sino á au- 
xiliarla, de que han resultado varias hostilidades, se retir.M- 
ria al otro lado del Paraná con su ejército, y dejanM 1h 
]»iovincia evacuada de toda invasión; he resuelto yo e! ^\»- 
li í»ndante en ge fe de las tropas del Paraguay, convenir, rn 
(Míe siempre y cuando se convenga no haber mas hostni«1;i- 



PARAGUAY. 49 

<les de armas, conceder la proposición hecha por el parla- 
jjcntario; bajo de dicho seguro principiará á marchar desde 
mañana 10 del corriente. — Dios guarde al señor general mn- 
chos años. — Manuel Atanacio Cabanas.^' 

El general don Manuel Belgrano, contestó lo siguiente? 

'*^le contormo en todas sus partes, con cuanto uslcd 
me significa en su oficio de este dia; y al efecto daré princi- 
l»io á mi marcha mañana, pero si usted gusta que adehvitc-^ 
íTios mas la negociación para que la Provincia se persuada de 
ouH mi objeto no ha sido conquistarla, sino facilitarle me- 
<]:os para sus adelantamientos, felicidad y comunicación e;)n 
la c?'i)ital, sírvase decírmelo, y le haré mis proposiciones - 
Dios guarde á usted muchos años. Marzo 9 de 1811.'' 

Quiso el general Cabanas oir las proposiciones que Bel- 
grano ofrecía hacerle, y le comunicó á este que gustaría s»? 
las hiciese, en cuya virtud le trasmitió las siguientes: 

**Yh que usted gusta imponerse de las proposiciones que 
hé meditado hacerle, en virtud de las altas facultades de que 
estoy revestido, como representante de la Exelentísima Jun- 
1a de la provincia de Buenos Aires, para que se convenza la 
(\] Paraguay, de que el objeto de mi venida, no ha sido á 
concpiistarla sino á auxiliarla, para que valiéndose los hijoá 
<le ella de las fuerzas de mí mando, recobrasen sus derechos. 
<;ue j)or todos títulos les corresponden; que nombrasen sus 
(^iputados al (-ongreso general, á fin de resolver el modo de 
tonservar la monarquía española en estos dominios de Su 
IMagestad el señor don Fernando 7.o, sí la España se pier- 
Jc enteramente, hallándose hoy reducida al triste recinto de 
Cádiz y la Isla de León; é igualmente concederle la franquí- 
cii' de un comercio liberal de sus producciones, inclusa la 
Oel tabaco, y otras gracias para sus mayores adelantamien- 
tos y ventajas; deseoso ademas de evitar para siempre \d 
chision de sangre entre hermanos, parientes y paisanos que 
t;in infelizmente hemos esperimentado — hago las siguientes 
proposiciones : 

1.a Habrá desde hoy paz, unión, entera confianza, fran- 



50 LA REVISTA DE BUENOS AIKES. 

co y liberal comercio de todos los frutos de las provincias, 
ineíuso el tabaoo, con las demás del Rio de la Plata, y parti- 
cularmente con la capital de Buenos Aires. 

2.a Respecto á que la falta de unión que ha habid» 
hasta ahora, consiste en que la Provincia ignora el deplora- 
Ht estado de la España, como el que las antedichas pro- 
vincias del Rio de la Plata, están ya unidas, y en obedien- 
cia á la capital, y solo ella falta con su diputado, y l.i 
civídad de ilontevideo, podrán ir tres ó cuatro individuos, 
que ella misma nombre, á la capital, á cerciorarse por 31 
núvmos, para que instruidos de la casi total pérdida de la 
l.spaña, elija el diputatlo que le corresponde, se una. y guar- 
;!(. el orden de dependencia determinado por la voluntad so- 
berana , , j 1 » 

8 a Klejido el diputado, deberá la ciudad de le. Asur«- 
cion formar su Junta de gobierno, según previene el regla- 
I . cuto de 10 de febrero último, que acompaño en la Gaceta de 
Buenos Aires del U, siendo su presidente, el gobernador don 

J'crnardo Velazco. 

4 a Para que se cerciore mas la provincia del 1 aragua> . 
de que no he venido á conquistarla, sino á auxiliarla: sin em- 
bargo de (pie nada se me dice de los ganados que he c^nsu- 
mido. i>ertenecientes á aquellos vecinos, y de las caballadas, 
oue acaso se habrán perdido por mi ejército, también corres- 
pondientes á los misnuís; me ofrezco á volver las mismas es- 
pccies, ó su equivalente en dinero, según convenio que .-ele- 

bremos. . 

ó a Pido que no se siga perjuicio alguno a las fami- 
lias de esta provincia, que siendo de la causa sagrada de la 
P.itria V del amado Fernando 7.o. se han constituido a vivir 
c(m el "ejército auxiliador de mi mando, ni se les tenga en 



runos. 



♦ 1 
«a Respecto á que los prisionero.s hechas por usted y 

ev Faraquarí. asi oficiales como soldados, son verdaderos hi- 
-os de la Patria v sus defensores, lo que tanto interesa a la 
¡rovincia del Paraguay, siendo la puerta Buenos Aires, por 



PARAGUAY, 51 

donde pueda ser invadida por los franceses, pido que se les dé 
libertad, para que vayan á sus Regimientos, y se me en- 
treguen las armas con el mismo fin. 

7.a En atención á que cesan ya todas las hostilidades 
pido á usted se ponga en libertad á mi oficial parlamentario 
don Ignacio Warnes. 

8.a Que igual favor merezcan todos los prisioneros que 
Sí; hallan en Borbon, y demás presidios, por haber sido de la 
causa de la Excelentísima Junta de las Provincias del Rio de 
Ja Plata. 

. Usted se servirá resolver sobre cuanto dejo significado y 
iJiauifestarme su contestación á donde juzgare oportuno; 
niientra, tengo el honor de ser con el mayor respeto, su afee- 
tisimo 8<*rvidor — Manuel Belgrano — Tacuari, marzo 10 de 
IMl. — Señor general don Manuel Cabanas. 

Remitidas á don Manuel Cabanas las antecedentes propo- 
sii^iones, se retiró Belgrano de Tacuari, como lo habia prome- 
tido; pasó el Paraná en el paso de Candelaria, en cuyo pue- 
blo pasó á descansar y aguardar la contestación y resolución 
(!el general Cabanas. Este, que no tenia facultad, ni estaba 
a'ítorizado para celebrar ni ajustar tratados ni convenciones 
íon Belgrano, sino apenas para concederle su retirada )¡bre, 
le contestó en los términos siguientes: 

Campo <l€ batalla de "Tacuari", marzo 10 de 1811. 

•'He recibido su papel d<? hoy dia de la fecha, al que con- 
testo diciendo, que mi autoridad es limitada, y por lo mismo 
no puedo resolverle á punto fijo ninguna de las proposicio- 
nes, que en él se contienen; y solo digo que mi patria, mere- 
ce se le dé satisfacción por tantos males que ha sufrido en 
sus hijos, habiendo dado la leche á los ágenos y á cuantos 
Ih gustan. También ha dado auxilios de armas y tropas al 
Kio de la Plata, las repetidas veces que lo ha pedido; pero 
310 ha tenido las resultas favorables á su mérito; y lejos de 
ííjgun respeto se le compensa con un ejército auxiliador que 
jiimás Jia pedido, y aun dado caso asi fuera, seria con la 
intención de algún favor, y no como el que ha resultado. 
Por dichas razones soy de sentir que el gobierno de Buenos 



52 LA REVISTA DE BUi;NOS AIRES. 

-í\ires, diera una satisfacción arreglada, de manera que prc- 
viiiezcan las leyes y costumbres que han guardado nuestros 
2i íivore.s, cuya honra debemos respetar según ley divina loa 
que profesamos el nombre de cristiano. Yo creo firmemen- 
te que en adelante según su palabra y autoridad no propen- 
ilerá á otra cosa usted, ni ningún individuo del gobierno. Mi 
limitada inteligencia zozobrada en la piedad, que natural- 
iii-cnte poseo, me hizo faltar ayer al pedido de las haciendas, 
y denuis haberes, en que hemos sido perjudicados todos loa 
individuos del ejército, cuya justicia clama al cielo; y Dios 
ouiera que usted no tenga que responder á ello en el Tribu- 
nal Supremo ; y asi es que seria yo de dictamen que en lo que 
existiese, se hiciese restit\icion, para que no fuera tan gravo- 
sa ni repugnante, la satisfacción (pie usted promete. Tam- 
bién iiK» contraigo sucintamente en cuanto á lo que pide en 
los artículos 5 y 6, asegurándole t**ndrá todo, buen suceso, 
siempn» que se sepulte toda invasión particular y general en- 
tre las dos provincias, cuyo proceder no dudo suavizará la 
justicia que algunos merecen. Quedo deseoso de que usted á 
continuación del papel de ayer, de mi condescendencia á su 
parlamento, ponga el suyo, y firmado me lo devuelva original, 
en cuyo i)roceder tendré gran prueba de su generosidad, la 
i'.isma que ofrece á usted, el que con el mayor respeto tiena 
el honor de llanvarse su mejor servidor. — Dios guarde á usteí 
muchos años. — ^Fanuel Atanacio Cabaña^s. — Al señor general 
don ^íanuel Belgrano.'' 

Est(» oficio tan mal concebido, ridículo y chabacano, ma- 
nifiesta con demasiada evidencia la suma insuficiencia de su 
autor. Lo recibió Helgrano estando ya en el pueblo de Can- 
dí laria, á donde fueron á verle y tratar con él, el ('apellan 
de nup.stro ejército, don José Agustín Molas, y el capitán don 
Antonio Tomas Yegros. con otros mas. Los dos primeros en- 
vídalos por el general Cabanas, á recibir una cantidad de pe- 
sos ((ue reclamaban el pueblo de ^anixago y el de San Ignacio, 
(omo injustamente despojados de ella, por un tal Francisco 
Jtanios, {{iw seguía al ejército invasor. Don ^lanuel Belgra- 



PARA.GUAY. 53 

LO, logró la ocasión de instruir á los referidos oficiales, y 
por medio de ístos al mismo general Cabanas y á don Ful- 
(,Ci\cio Yegros, el mas empeñado y acérrimo defensor del par- 
tido realista, quien prendió contra todo derecho de la guerra 
y de gentes á don Ignacio Warnes, oficial parlamentario y 
enviado con pliegas desde la Orilla opuesta del Paraná, al go- 
lernador Velazco. 

MARIANO A. MOLAS. 
(Oontimiará.) 



LITERATURA 



PALLA-IirARCUXA. 

(Tríi4¡eion de la época de los In(^as ) 

I. 

¿A donde marcha <?1 hijo del Sol con tan numeroso sé- 
quito? 

Tupac Yupanqiii — rJ rico en todas las virtudes — como la 
llaman los haravecs del C^uzeo va recorriendo, en paseo 
triunfal su vasto imperio y por donde quiera que pasa se oyen 
unánimes gritos de bendición. El pueblo aplaude á su sobe- 
rano por que él le da la prosperidad y dicha. 

La victoria ha sonreído á su valiente ejército y la indó- 
mita tribu de los pachis se encuentra sometida. 

II. 

Guerrero del llautu rojo ! Tus armas se han teñido con la 
sangre del enemigo y las gentes salen á tu paso para admirar 
tu bizarría. 

^íuger! abandona tu rueca y conduce de la mano á tus 
1 equeñuelos para que aprendan en los soldados del Inc:» á 
Oíimbatir por la patria. 

El cóndor de alas gigantescas, herido traidoramentc y sin 
fuerzas ya para cruzar el azul del cielo, ha caido sobre rt 
í»¡co mas alto de los Andes enrojeciendo la nieve con su san- 



PALLA^HUARCUNA. 5o 

jrre. El gran sacerdote al verlo moribundo ha dicho qiifí se 
¿1 cerca la ruina del imperio de Maneo y que otras gentes 
ví'ndrán en sus piraguab á imponerle su relieiou y sus 
leyes. 

En vano alzáis vuestras plegarias y ofrecéis sacrificios ¡oh 
hijas del sol! porque el augurio se cumplirá. 

Feliz tu ¡oh anciano! porque solo el polvo d^^ tus hu^í.sos 
^erá i)isoteado por el estrangero y no verán tus ojo^ ü «lia de 
la h\uaillacion para los tuyos. 

Pero entretanto ¡oh hija de Mama — Oello! tra^ á los fru- 
;oh de tus entrañas para que no olviden el arrojo de sas pa- 
<lr('S cuando en la vida ae la patria suena la hora fatal de la 
<:onquista. 

III. 

Bellos son tus himnos, niña de los labios de rosa ! pero en 
tn ae^ento hay la amargura de la cautiva 

Acaso en tus valles nativos dejaste al ídolo de tu corazón 
y hoy, al preceder cantanldo con tus hermanas el anda 
<le oro que llevan sobre sus hombros los nobles curacas 
litnes que ahogar tus lágrimas y entonar alabanzas al con- 
<;iiistador. 

Xó! tortolilla de los bosques. . . . ! El amado de tu alma 
está cerca de tí y es tamibien uno de los prisioneros del Ynca. 

IV. 

La noche empieza á caer sobre los montes y la comitiva se 
iletiene en Yzcuchaca. 

De pronto la alarma cunde en el campamento. 

La hermosa cautiva, la joven del collar de guairuros, la 
<lestinada para el serrallo del monarca, ha sido sorprendida 
liuyendo con su amante quien muere defendiéndola. 

Tupac Yupanqui ordena tanubien la muerte para la es- 
t:!avi\ infiel. 

Y esta escucha alegre la sentencia ; porque anhela reunir- 



56 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

se con el dueño de su espíritu y por(|ue sal>e que no es la tierra 
)a patria del amor eterno. 

k. i » . 

Y desde entonces ¡ oh viajero ! si quieres reconocer el sitio 
donde fué inmolada la cautiva, sitio al que los habitantes de 
Iluancayo dan el nombre de Palla'huarcun(^ fíjate en la ca- 
dena de cerros y entre Yzcuchaca y Huaynanpuquio verás 
una roca que tiene la forma de una india con un collar en el 
entilo y un turbante de plumas sobre la cabeza. La roca pare- 
ce artísticamente cincelada y los naturales del país en su 
sencilla superstición la juzgan el genio maléfico de su co- 
rarca, creyendo que nadie puede atreverse á pasar de noche 
por PaUa-huarcuna sin ser devorado por el fantasma de 
jiedra. 

RHWRDO PALMA. 
Lima. 



* 4 



CUADROS DESCRIPTIVOS Y ESTADÍSTICOS 

DE LAS TRES PROVINCIAS DE CUYO. 

(Coantiowiacion.) (1) 

Panaderos 24 

Carniceros > . . 84 

Relojeros ^ 2 

^lolineros 51 

Maquinistas. .'*..... 3 

í¿iiiímieos , 2 

JJiiieros 30 

Agrrimensores 9 

Lí-ñadores . 80 

Viajeros. , . • 50 

Cerveceros 1 

Lisiados, á saber: 

Locos ....••.. 4 

crudos y opas, varones 7 

Td. id. mujeres .......'.... 2 

Inválidos . .' . u . . .... . . . 4 

1. Véasft la ftóijina 221 del tomo X. 



58 



LA REVISTA DE BUENOS AIBES. 



Por Patria 

Nacionales 

]\íendoza 

íSan Juan 

San Luis 

P»uenos Ayres 

C'órdoba 

Rioja 

Calamarca 

'J ucuman 

Sí.lta 

Jujui 

íJntre-Rios 

Corrientes 

Santa Fé 

Santiago del Estero 

Estranjeros 

A saber, Americanos: 

Chile. . . 

IVuguay 

Brasil . . . • 

Bolivia ...-.•. 

IVrii. . .'.•.•.'. 

IJéjieo • 

\orte América'. .' .• .• .• . •• 

Europeos. 

España 

Francia 

Italia . 

Inglaterra 

Portugal 



53626 

5()90í); 

622 

1275 

120 

358 

107 

24 

4») 

7 

2 

?) 

62 
31 

3850 



3456 
7 
1 
2 

7 
o 

n 



21 

180 

72 

11 

5 



PKOVINCIAS DE CUYO. 59 

DéJjiea 1 

AJemania 6 

Dinamarca 1 

('recia 1 

África 3 

VIII. 

Organización Militar, 

]jii íiierza de línea de la provincia pertenece constitucio- 
nal mente á la Xacion, constituyéndola las guarniciones fron- 
terizas estacionadas antes de la guerra del Paraguay, en San 
Jíafael y los Algarrobos. 

En la ciudad y con los recursos provinciales existe orga- 
i»izada desde 1864 después del gran terremoto de 1861 y que 
casi destruyó la ciudad ó todos sus habitantes, un cuerpo de 
jcndarmeria que hoy consta de 151 plazas efectivas. Asi la 
fuerza militar de la provincia, bajo la dirección de un co- 
mandante general de armas que reside en la capital de ella 
piule distribuirse como sigue: 

Fuerzas de línea nacionales. 

Algarrol>os, fuerzas: 

Soldados 350 

(jefes 2 

Teniente coronel 1 

Jlayor 1 

San Rafael, fu;>rzas 200 

ÍTctes 2 

Teniente coronel 1 

^íayor 1 

Policía. 

J'w la ciudad, fuerzas 151 



00 LA REVISTA DE BUENOS ALBES. 

(/omandante 1 

-Ayudante 1 

Tatal do fuerza permanente de línea en la Pro- 
vincia 67 

Gefes, incluyendo de sargento arriba .... 64 

^JVniente coronel 2 

Mayores 2 

Milicias 

Antes del terrible terremoto de 1861 la provincia contaba 
un cuerpo de milicias que se elevaba. 

Tropas, plazas 7815 

í^efes, inclusos los oficiales 274 

Después del terremoto el número de milicias han quedado 
reducidas á 5,(KM) hombres, con disminución correspondiente 
en los í^efes. 

Las servicios de pruarnicion que antes desempeñaban los 
Í.Mardia.s nacionales, son hoy desempeñados por un cuerpo 
de guarnición de creación reciente, cuyo efectivo se eleva á 
I» as de 130 individuos de tropa. 

IX. 

Mf.'vimicnto de la población, Hos¡ntales y Cárceles en el primer 

semestre áe 1864. 

En los seis primeros meses del año 1864 han tenido lugar 
los siguientes matrimonios: 

Nacionales 201 

Mixtos entre nacionales y estranjeros .... 30 

Kntrc estranjeros 3 

l^otal 234 



Vitalidad, 

Xacimient.os. Han nacido en los primeras seis meses del 
<'s])resado año : 
Total de nacimientos 1487 



PROVINCIAS DE CrYO. 61 

Legítimos 947 

^Naturales 540 

Mortalidad. 

lian fallecido en los primeros sefs meses del indicado 
«fio : 

Deiunciones ^ 514 

Varones 303 

Mujeres 211 

Párvulos ¿88 

Adultos. 226 

Por mas detalles véanse los cuadros departamentales; 

Movimiento del hospital. Este establecimiento está re- 
«•J^»ntenlente organizado por haber sido el antiguo destruido 
enteramente por el inolvidable terremoto de 1861. Después 
«le su reorganización este establecimiento consta del siguiente 
j f rsonal. 

Administradores. 

Médicos 

Capellán. 

Boticario y practicante. 

Enfermero. 

Carretonero. 

Enfermos existentes en setiembre de 1864. 

Varones .... 

Mujeres. . . . 

Total 

Estas últimas se hallaban también en calidad de dete- 
Jiidas. 

La enumeración de las dolencias de los enfermos admi- 
tidos en el mencionado hospital es como sigue, á saber- 
mal venéreo, tisis, viruelas etc., el mayor número es de vi- 
melas. 

Cárcel Principal de la Capital 
Este estabU*cimiento es nuevo, como el hospital, por 



62 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

haber sido destruida la antigua cárcel, pereciendo casi todos 
sus moradores, en el terremoto del 61. 

En todo el primer semestre de 1864 han entrado 

Presos, total . 7t> 

De estos, salidos 23 

Condenados 33 

Piesos existentes de los años 62 y 63, total . . 23 

'j'otal de presas de todas procedencias .... 180 

De estos 15 se hallan encausados, á saber: 

Por ro))os de cuatropea 45 

I'or muerte y atentados contra la persona . . . 138 

Preso por delito político de sedición .... 1 

P.l resto por varios delitos 0^ 

X. 

Orifiímzai'vHi rdiÁiioaa — TimiHtt^ — Cta r¿)o sacerdotal 

Gobierno EclamniHrif — La Di()eesis de Cuyo fundada en 
1828, consta ec](*siásticamente de las tres provincias de San 
Juan, Mendoza y 8an Luík. Ac<*identalmente la residencia 
del 0))ispo dioct»sano de Cuyo es Mendoza. Esta liltima pro- 
vincia *«i(» halla ])ara el gobierno eclesiástico distribuida en tS 
curatos, que son: 

Curato de la capital, a earjro de un cura rector ó vica- 
rio Foráneo, (pie en ausencia del obispo liaee de cabeza del 
clero de la provincia. 

Curato de San Vicente. 

Curato de Lujan. 

Curato de San Martin. 

Curato de San Carlos. 

Curato de la Paz. 

Curato del Rosario y Lagunas. 

Curato de San Rafael. 

Antes del terremoto de 1861 el cuerpo sacerdotal de la 
¡provincia de Mendo-^a constaba como sigue: 
Clérigos de misa 17 



PROVINCIAS DE CUYO. 63 

Frailes de las diversas órdenes 32 

Ktligiosas y donadas del C. de J 61 

Total 110 

Después del terremoto el cuerpo sacerdotal ha quedado re- 
ducido á 

Sacerdotes de todas denominaciones, tanto clé- 

rigOLi como frailes de las diversas órdenes. . 43 

Religiosas mujeres del C. de J. inclusas donadas. 40 

Total 83 

Antes del gran terremoto de 1861 habian en toda la pro 
vjneia entre templos, iglesias parroquiales etc. 

Total de iglesias 43 

]^e estos templos principales 33 

Después del terremoto han sido reparados ó reedificados 
ei) número de 46 entre iglesias y capillas de poca considera- 
ción. Antes del terremoto habian tres ó cuatro templos y 
conventos magníficos, de que solo se distinguen hoy las co- 
losales ruinas. 

XI. 

tscnelas y alumnos de ambos sexos. — Ciudades y poblaciones 

principales 

El ramo de escuelas se halla bien atendido en toda lu 
provincia, si bien no con todo el esmero y abundancia que 
f^íTia de desear. 

En la provincia el número de escuelas para los dos sc- 
30S que existen distribuidas en los diferentes departamentos 
t:s como sigue: 

Escuelas de varones 32 

Escuelas de mujeres IR 

Total de escuelas en toda la provincia ... 48 



04 LA REVISTA DE BUENOS AIBES. 

£1 número de alumnos que asisten á estas escuelas es pa- 
ra ambos sexos: 

Varones 1714 

^iujeres 680 

Tatal de alumnos en toda la provincia. . . . 2344 
Entre el número de los establecimientos de enseñanza 
del)en contarse un Colegio Nacional de varones con el nú- 
}ijero de 130 alumnos, y un colegio de mugeres rejentrnlo 
l'or las religiosas del C. de J. con 70 pupilas. 

Ciudadís y villas principales en ti Siid. 

(-imlad nueva de Mendoza situada en los 32.o 51' 

31'' de latitud austral, con almas .... 4000 

San Vicente, almas 1200 

Lujan, almas 600 

San Carlos, almas 400 

San Rafael, almas 1000 

En el Norte 

Cliimba, almas 3íX> 

Panquegua, id 200 

J^lumerillo, id 200 

l'ulumavf^, id 2(K) 

Jí,coIi, id 100 

En el Nacientí. 

i ruz de Piedra, almas 300 

Ketamo r>(M) 

San Isidro 300 

31ovano 200 

San Martin 4(K) 

Alto Verde 200 

Sienta Rosa 100 

Villa de la Paz 200 



PROVi.NXIAS DE ( UVO. or> 

En el Ponienic 

1*ui>ungato 250 

l'spallata , 50 

XII. 

Comer cío — Esportaeiones í importaciones — ( Jasas de negocio. 

El comercio de importación de la provincia antes del 
terremoto alcanzaba una suma larga de mas de 800,()(K) ps 
]>lata. Pero esta suma que disminuyó mas de tres cuartos al 
m1(» sijjfuiente del terremoto, ha vuelto á ascender de8í)ues 
írradualmente hasta llegar en el primer semestre del año 1864 
ñ la cantidad que se espresa, á saber: 
[•^portación en el primer semestre de 1864, va- 
lor en pesos fuertes 13747P 

Los detalles de estos gastos oficiales de importación en 
vi referido año son como sigue : 
Tinj)ortacion por cordillera procedente de Chile 

en pesos fuertes 91476 

Importación procedente del Litoral, pesos fuer- 
tes 46000 

"i'otal de importaciones 13747»> 

Debe advertirse que las aduanas de las provincias en su 
<rganizacion actual, no tienen medios adecuados para ave- 
3'iffuar el monto exacto de las importaciones y esportaeiones 
in\ toda la provincia, escepto en lo que se refiere á las impor- 
tr.ciones por cordillera. Atendida la población actual de 
^fendoza y sus necesidades y consumo teniendo en vista los 
<latos suministrados por las casas de comercio importadoras 
y esportadoras, su verdadero movimiento mercantil puede eva- 
luarse como sigue : 

I'?!portaciones por cordillera y litoral en todo el 

año 64 en pesos fuertes 6000(10 

Los artículos de consumo de que se componen estas im- 



^ 



66 LX EEVISTA DE BUENOS AIRES. 

portatfiones consisten en los artículos siguientes, á saber: 
lienzos, bramantes, zarazas y otros tejidos de algodón blan- 
cos y de colores, paños, casimires, merinos, y otros tejidos 
de lana. Artículos de boneteria, pasamanería, mercería. c:ir- 
pintería fina, quincallería, cristales, hierro, yerba, azúcar, 
té y café, etc. A mas de estos se internan por cordillera otro>- 
artículos como ser sederías, calzado, soml)reros de paja, cera. 
n»iel. Estas importaciones asi evaluadas, se reparten como 

Importaciones por cordillera en los artículos in- 
dicados, p(»sos fuertes 40t OíiT 

Jinportaciones del litoral en el mismo periodo, 

p(»sos fuertes 2(HXHíít 

Antes del terremoto se cobraba como derecho de impor- 
tiicion por las aduanas terrestres de Mendoza el 7 p. OiO. de 
la.s mercaderías importadas. Hoy es el 17 1¡2 p. 0|0. 

E sport adonis. Según datos oficiales estas se elevaban 
en el i)rimer semestre de 1864 á la suma de 212,966 pesos 
fuertes. Estas esportacíones consisten en Bue- 
yes y novillos engordados al alfa y esportados 

para (1iile 16(XK) 

Vacas y terneros esportados con el mismo des- 
tino 10(M> 

Muías 2000 

Jabón, quintales 2000 

Frutas se(*as y plumas de avestruz por valores 

pesos fuertes 15000 

Vinos y aguardientes, por valores en pesos fuer- 
tes de 4000(^ 

I^letales de cobre y plata, por valor en pesos fuer- 
tes de .. ^ 5000 

1 anas, pesos fuertes 30000 

Cueros, pesos fuertes 150000- 

Valor de las esportacíones en todo el año de 1864 



PROVINCIAS DE CUYO. 61 

en pesos fuertes 830000 

Keasumiendo los datos que preceden tenemos 
Importaciones en todo el año 1864, pesos 

fuertes, según datos oficiales 274í>32 

Esportaciones en el mismo periodo, según datos 

oficiales ., . . , 42593^ 

Dií'erencias á favor de la esportacion, pesos fuer- 
tes * . . 15098o 

Importaciones en el espresado año según datos 

calculados, pesos fuertes 600000 

Es]>ort aciones en el espresado año según datos 

calculados, pesos fuertes 830000 

Diferencia á favor de la esportacion, pesos fuertes 230000 
El número de casas de negocio que se contaban estable- 
cidas en la provincia en el mismo año es el que sigue: 

Tiendas 103 

Almacenes 161 

Pulperías 304 

j^oticas ^4 

Confiterías 8 

Asientos de carne 84 

Total de cansas de negocios . . 674 

Médicos > 

XIII. 

Jlahitacioiues — Estahlecimdentoft industriaos — Iio(J^/k<í — Mo- 
linos — Talleres etc. 

Las habitaciones de la Provincia son generalmente cons 

truidas, después del terremoto, de madera y adobe cosido 

al sol. 

lotal de habitaciones incluyendo casas regula- 
res y ranchos rústicos, en toda la provincia. 6574 

Panadería tantos establecimientos especiales, 

como en casas particulares hay .... 24 



•> 



6S LA REVISTA DE BÍNENOS AIRES. 

JJurraras ó establecimientos destinados al acopio 
de cueros, lanas, grasa^ sebos, cerda, etc, y 
pura la fabricación de velas y jabón, etc. etc. II 
Jahoncrias ó establecimientos destinados á la 
fábrica de nno de los fjrrandes artículos de es- 
portacion del pais, merced á la facilidad de 
los enjíordes en las abundantes alfas y la esca- 
lente sasa (|ue el pais produce G 

lioiluftís () establecimientos por mayor de los es- 
celen tes vinos y apruardientes del pais . . 56 

JJotcles 5 

Fondas con ¡hf^aáa 4 

Villnns en toda la Provincia 12 

Canch abólas 12 

(li i tuja ñas ó casas de baile 

Nifvnias 1 

Jifñíderos de (rallos esparcidos en los diversos 

cuarteles dentro ó fuera de la ciudad ... •! 
Loznias^ ó establecimientos para la fabricación 
y venta de la loza del pais, diclia del carras- 
cal i\ 

Mttfidrrias 5 

í<itlrt(rias 

Molinos, desparramados en los diversos Depar- 
tamentos agrícolas de la Provincia ... 5T 
Imprentas, única, de carácter oficial: publica el 

XacionaK «'inieo periódico del pais ... 1 

¡Ttodados. 

Castillos, ó grandes carretas de acarreo ... *iD 

(hirrrtas 274 

< arros ¡j Carrdonvs 1S5 

Vidantas 48 

Voihrs 5jS 

Talleres, 

En este número se comprende carpinterías, ker- 



3 



PBO\ INCIAS DK CUYO. 60 

rcrías, carrosertas, zapaterías, talabartería», 
lomillerías^ albañiles, platerías, cohrerias, ho- 
jalaterías, etc. Total de talleres en to<la la 

Provincia de Mendoza 136 

lUlojería 1 

XIV. 

Administración. 

La Provincia de Mendoza se divide administrativamente 
en 12 subdelegaeiones y 12 departamentos. Los subdelega- 
dos son pues 12 incluso el Gefe de Policía de la capital que 
es uno de ellos. Los subdelegados tienen bajo su depen- 
dencia á los Comisarios ó gefes de departamento, y estos a 
los decuriones 6 gefe de partido ó cuartel. Donde no hay 
subílelegado, hace sus veces el comisario. 

Los nombres de las subdelegaciones son los siguientes: 
Capital, Guaimallen, Maipú ó Cruz de Piedra, San Martin 
ó Villa Nueva, Junin, La Paz, San Vicente, Lujan, San Car- 
los, Tupungato, San Rafael, Navarro, ó Las Lagunas, Los 
departamentos ya se hallan indicados mas adelante. 

Poder Lejislativo. 

Se compone de una cámara formada de 25 representantes, 
ílejidos á razón de 2 j)or cada subdivisión política de la 
campaña y de 6 por los departamentos urbanos. Los dipu- 
tados provinciales se renuevan por mitad todos los años; hay 
un Presidente y vice elejidos á pluralidad de votos, que du- 
ran todo el período. 

l.i • 

Poder Ejecutivo 

Compónese de un gobernador elejido directamente por 
el pueblo á pluralidad de votos y cuyo poder dura 3 años. El 
Gobernador nombra un Ministro con el carácter de Secre- 
tario General, y en unión con este designa los miembros del 



70 LA BBTN'ISTA DE BCEXOS AIBES. 

1 
IH-der judieiario, el gefe de Policía y los subdelegados. 

La Policía se compone de un Gefe, 1 Comandante, 10 Ofi- 
ciíiJes y un cuerpo de 150 hombres de Jendarmería á caballo 

Poder Judieiario, 

Este se compone de una Cámara ó Tribunal Supremo, 
iovniado de tres miembros designados por el gobi^rnador, que 
iion generalmente letrados, cuya autoridad es inamovible. 
Entre ellos mismos elíjen un Presidente, el cual se turna de 
htiH en seis meses. La cámara conoide en 2.a instancia 
en las resoluciontt? de los Jueces de 1.a instancia y de los sub- 
<leJcgados. De las resoluciones de la cámara solo hay esta- 
íilecido el recurso de súplica para ante la misma, integrada 
en número de 5 miembros. 

Los Juzgados de primera Instancia son: Juez Civil: Juez 
th Crimen, Juzgado Mercantil, Juez de Aguas y Juez de Mi- 
vas. Los subdelegados de los departamentos son: también 
jueces de Primera instancia en todos los asuntos menos de 
tíOí) pesos plata; y en los criminales en los asuntos leves, su 
II ariando los graves. Cada Juez es esclusivamente espe< >¡¡ij 
en su ramo escepto en los casos de implicancia. lié aquí 
la nómina de las causas pendientes ante los diversos tribuna- 
les indicados á saber: 

Jazgado civil, causas 500 

De estas ejecutivas 300 

Id id ordinarias 200 

Juzgado del (Vímen, causas 45 

A mas de la Justicia Provincial existe la Justicia Nacio- 
nal, la cual en esta Provincia consta de un Juez Nacional de 
Siccion. Este conoce en todos los asuntos internacionales é 
interprovinciales. El número de asuntos existentes en el 
ultimo semestre de 1864 es como sigue: 

Asuntos por escrito 35 

Asuntos verbales 36 



PKOVINCIAS DE CX^YO, 71 

XV. 

lientas. 

La Provincia de Mendoza está indudablemente destinada 
í. sfT un» de las mas opulentas de la JRepúblii'a una vez que 
iJegue á impulsarse de una manera conveniente el desarrollo 
<le sus riquezas, agrícolas, mercantiles y minerales, para lo 
4iue se presta admirablemente su situación y suelo. 

El presupuesto de gastos administrativo de su Gobierno 
-cv. el año de 1864 fué calculado en 94,(J71 i>esos. Las en- 
tradas fueron avaluadas en 57,850 pesos, dejando un déficit 
le 36,821 pesos. Pero gracias al desarrollo de un pais en 
1 ondiciones á pesar de todo tan propicias, las. rentas publicáis 
aumentaron ese año mas allá de lo presupuestado. De este 
i'^odo con los mil pesos mensuales de subsidio acordado por 
i'l Gobierno Nacional; con el dinero proveniente de la venta 
-Je sitios de San Nicolás; con una realidad menor de la pre 
.supucstada en el monto de la deuda notante ; con el aumento 
imprevisto de las entrada^s y sobre todo, con la honradez y 
l'.ien orden de la renta en la administración de ese período 
no solo ha habido para hacer frente al déficit; sino que 
VAU han podido pagarse las dos terceras partes áe la 
<leuda dejada por la administración anterior. No seria pues 
i'O cálculo exagerado el que diese á la Provincia como mon- 
to total de sus entradas anuales, la suma de cien rail pesos 
iuertes. 

La inversión de la renta pública indicada tiene lugar de 
la manera siguiente: 
Í!>ueldos de empleados de todas las categorías 

principales 38661 

l^Dspital y Cementerio 6442 

Instrucción primaria 12(X)0 

Subdelegaciones 133(K1 

Deuda flotante 23000 

Lan entradas pueden especificarse de la manera siguiente. 
41 saber: 



72 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

Papel sellado 4000 

Patentes 1200cr 

Asientos de carne 20000 

Territorial. 3 0000 

Talage 500 

Careelage y multas 200 

Herencias abintestato 100 

Entradas de Polieia 5000 

Tctoporalidadles. 600 

Cuatropea 1000 

Subdelegaciones 8000 

líospital , . . 350 

Cementerio, j 100 



EL HIJO DE LA HECHICERA. 

ESCENAS DE LA VIDA CX)LOXIAL 

(rrónica de la Villa Iinperi«I de Potosí.) 

(ContLauacion.) (1) 

En vano la ciencia protestaba contra estas sangrientas far- 
sas, ellas se realizaban en interés de los que pretendian domi- 
néis por el terror. 

**Asi continua en el siglo el hermoso duelo del mé- 
dico contra el diablo, de la ciencia y de la luz contra la 
tenebrosa mentira." (Michelet.) Porqué los médicos ne- 
gaban la posesión diabólica y mucho mas que en el cuerpo 
quedase el lugar insensible como signo del pacto, para cu- 
yo examen usaban de la aguja que enterraban por todas partes : 
<.l(í lo que resultaba impúdicas y lúbricas investigaciones sobre 
Ins desgraciadas acusadas de brujería ó posesión diabólica. Qué 
tiempos ! 

Ademas del fanatismo religioso habia un interés material 
vv asos proceso^', puesto que la confiscación era una de las pe- 
nas impuestas: era un medio de acumular caudales. 

Muy distante estaba la pobre madre de sospechar que el 
^ Tilgo la llamaba hechicera, puesto que cumplia como cristiana 
sus deberes. Oia misa, se confesaba una vez al año y hacia prác- 

1. Véase la páj. 469 del tomo X de **La Revista de Buenos 

Ai reí» '' 



LA EEVISTA DE BUENOS AIRES. 



• 



tica la caridad del evangelio con los pobres y los búerfanoa 
No habla hecho mal á nadie, y cuidaba su fortuna para con- 
servársela á su hijo. 

Cuando el comisario de la Inquisición supo la fama de he- 
(liicera de la viuda y las curaciones que hacia, se presentó 
Cí mismo en su casa vestido de ** negras ropa*s, con puños y 
golilla de encaje y la cruz verde en el pecho, ' ' 8í»guido de dos 
ministriles. E.sa visita y el traje con las insignias de la 
Inquisición, revelaron á la infeliz madre de lo que se tra- 
tr.ba. 

Inmediatamente procedió Salazar á un prolijo examen de 
1,1 casa, de los libros, de los papeles, y naturalmente encontró 
Ins preparaciones medicinales con que la viuda curaba á los po- 
1 res. Esto fué como si dijéramos el cuerpo del delito. Salazar 
iivantó la sumaria. 

Inmediatamente la hizo salir en una litera verde y la en- 
vió á Lima a las cárceles del Santo Oficio para ser allí 
juzgada por h<»chicera. Embargó en el acto todas sus pro- 
piedades. 

Don Juan de Toledo quedó aterrado cuando llegó la noti- 
( ia al garito donde jugaba y acababa de ganar buenas sumas : 
era un golpe mortal para sus dos santos amores. No habia po- 
(Hdo ni defender á su madre! No la habia ni visto! No vería 
1 ?as á su bella prima ! 

Innecesario es referir la angustia de aquella pobre mu- 
jtr y la desesperación de aquel mancebo. Ocurrióle dar 
inmediata muerte al «comisario del Santo Oficio; pero 
con esto dejaba á su buena madre en manos del terrible tri- 
l unal. 

Resolvió partir para Lima (*on la mira de salvar, si le era 
posible, á la infeliz. 

Dejémosla seguir á ella su viaje para encontrarla en la In- 
(juisicion. 

Cuando la noticia se generalizó en la villa, la marquesa 
íjiiedó aterrada, desde aquel dia se prej)aró para retirarse con 
sKs hijos á la ciudad de Chuquisaca. 



EL HIJO DE LA HE^'HICEKA. 75 

V. 

El Santo Oficio de Lima, 

Ya sabreiü lo mucho <|ue Diois nu 'i-^tro 8cüor 
íes aarvido y nw^ivá saata fé c-atól ea euüa'- 
zad«a por e\ Santo oficio <ie la inquiaieio-n y 
de •cuanto benejficio bij sido á la *inii\^erí«jl 
iglesia, á mis ¡reinos y seóorios y .uaturaN-ü 
de ellos dcspuios que lo<i «eñores reyea ca- 
tólicos, de gloriosa memoria, mis revisa- 
tíiboielos, la pu»ieir€<n y plantaion en el toa, 
con qwe »? hiA limpiad*) de ;!nfin'idad de he- 
¡rejes quie á eJloe han venido con el c^S'tigo 
qutí se l€« ha dado en tan4x)« y tan imsig 
ne»s autos como ¿-^e han celebrado, que lo-, 
ha eaiisado gran Icn.or y confubio.a y á los 
católicos s-iuguliar go^o, quie-tud y conduelo. 
(*»Real Cédula'', de 18 de Agosto de 1603.) 

No te «ru^^go, que los quitu^ del mundo, s.'-iio 

q«e los guuirdes de muí. 
No son del mundo, i*sí como tampoco yo «k)/ 

del muiudo. 
SantificalPís con tu verdad. Tu palabra es la 
verdad. 
'*El evangelio según San Juan,' ' cap. XV íf. 

Apenas llegó la desvalida viuda á la ciudad de Lima, fué 
eji(*errada en las tenebrosas prisiones de la Inquisición. Al- 
íennos dias después la presa era conducida desde ellos por un 
lorredor donde estaba la puerta que se llamaba del secreto, á 
presencia de los inquisidores que tenian sobre el hábito la faja 
de seda azul. 

Oigamos como describe un escritor limeño a.pnOlH 
^ala. 

** Figúrese el lector ese salón cubierto de alto íi bajo de 
tapices verdes, en medio de él un dosel igualmenl» verlo y 
l»aj<» el dosel una imájen de Cristo crucificado, obra maestra 
de es<»ultura en marfil, delante el dosel una mesa cub¡(»ria 
también de verde, sobre la mesa otro crucifijo acompañado 
de dos candeleros de plata en que ardian amarillentas velas 
<le cera, al frente de la mesa los señores inquisidores. . . .á los 



76 LA REVISTA DE BUENOS AIR lilS. 

vístreuios de la mesa el fiscal y el seeretario .... el aguacil ma- 
3 or . . . . con la espada desnuda, y toda esta escena cubierta por 
el sombrio y magnífico techo, primor de escultura, milagrosa- 
iiijente escapado de la furia revolucionaria que todos conoce- 
mos, sin ser capaces de esplicar lo que esplicarse no se puede 
el aire frió que alli corría, el aspecto sombrio, el sello de te- 
rrífica grandeza allí impreso por la potente mano del tremen- 
do tribunal/^ (1) 

La infeliz estaba casi moribunda, tenia en s.u rostro la pa- 
lidez anticipada de la nmerte y sus ojos brillaban con el fuego 
de la fiebre. ¡ Pobre madre ! no pensaba en sí sino en el hijo 
iílolatrado de su alma, en su Juan. ¡ Pobre madre ! ella sabia 
l>crfectamente que, aquel maldito tribunal, obra de ia mas fe- 
roz superstición y de la crueldad mas bárbara, podría conde- 
narla ; no le bastaba tener la conciencia de ser inocente porque 
Ja aterraba el tormento. En aípiel terrible lance pedia fuerzas 
ií Dios para sufrir. 

Ricardo Palma, en sus interesantes Analrs de la luquisi' 
(ion (le Lima, refiere que detrás del dosi4 había oculta una es- 
( üla donde se colo(*aba un hombre, (|uien ]>or meilio de cuerdas 
hacia mover los goznes de la eabeza de marfil del Cristo, para 
espantar mas si es posible, á los que eaian bajo las garras d< 1 
hanto Oficio. 

Acusábanla de maleficios ó sortilejios, que producían en- 
fermedades ii otros accid<»ntes con su arte infernal por medii> 
(*i' hechizos con hojas de eoca, de tener pacto tácito con el 
(''ablo, de consagrarse á la quiromancia y otras artes su|>ersti- 
.viosas. (2) 

A esta acusación tonnulada con énfasis por el i)romotor 
íií-í-al, siguió un interrogatorio amenazador. La pobre mujer 
lloraba desesperada, protestaba no haber renegado jamás de 

(1) ^*Un <1: pitillo (le la historia d« la inquisición vn Lima.'* 
por <lon Jtwíé AmtíO-nio de 1j tvallv* — ***R(»v sta de Buenos A ¡ros" tomo 
V, páj. 587. 

2. "Edicto do las delacioní^", citado i>or Palma^ 



EL HIJO DE LA HEC'HU'ERA. 77 

la r(»li^ion de sus mayores, de ser eatóliea apostólica á carta 
e¡ bal, uo haber soñado nunca en pactos con el diablo, ni en ina- 
le fieios de ninguna especie ; que curaba á los pobres indios por 
tjaridad aplicando remedios sencillos y caseros pero sin recurrir 
jamás al diablo. A sus lágrimas, á sus angustiosos sollozos 
lov Inquisidores la conminaban á que declarase sus culpa» 
<jue confesase que tenia pacto con el demonio. Aquella mujer 
c,*nó de rodillas poniendo por testigo de la sinceridad de sus 
p«dabras al crucificado, cuya imájen estaba allí. Entonces 

hicieron mover la cabeza de Cristo y la desgraciada se des- 
loa vó. 

Algunos dias después le leian este auto. 

**Chiis(i nomine invocato. Fallamos, atentos los autos del 
** dicho proceso y sospechas que de él resultan con la reo, que 
^*la debemos condenar y condenamos á que sea puesta en la 
'cuestión del tormento, en la cual mandamos esté y i>erKevere 
'**por tanto tiempo cuanto á Nos bien visto fuera, para que en 
**tl diga la verdad de lo que está testificada y acusada; con 
'* protestación que le hacemos que si en el dicho tormento mu- 
^ * riese ó fuese liciada ó se siguiese efusión de sangre ó mutila- 
*'cion de miembra-, sea á su culpa y cargo y no á la nuestra y 
*'por no haber querido decir la verdad." (1) 

Copiamos testualmente esta providencia espresion genuina 
jile la perversidad hipócrita de los jueces. 

Los legos del convento de Santo Domingo eran los en- 
cargados de dar tormento, y los frailes de San Juan de Dios 
cirdaban los enfermos en la cárcel, ademas habia médicos pa- 
ra volver en si á los que sufrian el tormento é informar si po- 
dian resistir á aquellas atrocidades. 

La infelz mujer fué conducida á la cámara del tormento 
y en presencia del Inquisidor y secretario, fué de nuevo interro- 
gada sobre los delitos de que estaba acusada. Ella cayó de ro- 
dillas implorando clemencia! piedad para ella, cuya única cuL 
pa era haber practicado la caridad! 

1. Aníiíes de ía Inquisiciojí cke Lima, ya cituidois. 



7S 



LA REVISTA DE BUENOS AlBES. 



En el centro de aquella sala habia una mesa de ocho pi«^ 
d > largo En el esirenio un collar de fierro en el cual se co- 
l,.caba el cuello del acusado, y correas para sujetar los brazos 
V las piernas, de modo (jue dando vuelta á la rueda, aquel a.s 
ecrreas se estiraban en dirección opuesta, hasta dislocar la» 
articulaciones do la víctima. Este fué el tormento que le 

Aquella nu..ier se desmayó varia-s veces, pero el eseeso 
del dolor la hizo volver en si. Xo confesó nada, es decr. se 

negó n uientir. 

Del tormento fué conducida moribunda á su prisión. 
Al fin j)ronunciaron esta sentencia. 

"ChrixH ii'jniiiii iiH'ocato — Fallamos, atentos los autos y 
•♦mérito del proceso y á haber probado bien y cumplidamen- 
"ti- el promotor fiscal su acusación, según y como probarla 
"convino. Damos y pronunciamos s>i acusación por bien 
••probada, en consecuencia de lo cual debemos declarar y 
'•tiedaramos á luana Andrea Mendoza de Toledo, haber siuo 
- ser hediicera, mujer de malas artes en maleficios y sortile- 
jrios, hereje c impenitente ; y por ello haber caido en sen- 
tencia de e.x-ouumion mayor y en eontiscacion y perdi- 
miento de todos sus bienes, los cuales mandamos aplicar y 
aplicamos á la cámara y fis.'o de Su Majestad y á su recep- 
tor en su nond.re. desde el dia y tiempo en (juc comenzó 
:'i cometer di.'hos delitos, cuya declaración in Nos reserva- 
mos. Y (lue (lelM'mos relajar y relajamos la persona d.- 
"dicha Juana Andrea -Mendoza de Toledo á la justicia y 
"brazo seglar, rogando y encargando nmy afectuosamente, 
"como de deredio mejor podemos, se hayan benigna y pia- 
"dosamente con ella. Y declaramos al hijo de dicha Jm-na 
"Andrea Mendoza de Toledo y á sus nietos si los tuviese por 
' la linea ma.seulina si'r inhábiles é in.-apaces: y los inhabi- 
"litamos para que no puedan tener ni obtener dignidades. 
• beneficios ni oficios a.si eclesiástic(>s como seglares ni otros 
"oficios públicos ó de honra. No poder traer sobre si m 
"sus personas, oro. plata, perlas, piedras preciosas, n. co- 



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EL HIJO DE LA HEOHICERA. 79 

'Tales, seda, chamelote, paño fino, ni andar á caballo, ni 
traer armas, ni usar de otra cosa que por derecho eomun. 
leyes y pragmáticas de estos reinos é instrucciones y estilo 
del Santo oficio, á los semejantes inhábiles son prohibi- 
das. Y por esta nuestra sentencia definitiva juzgando, asi 
lo pronunciamos y mandamos. ^ ' 

Tal era la fórmula de la sentencia definitiva del Santo 
Oficio de la Inquisición de Lima, según Ricardo Palma. 

Se entregaba luego el preso al brazo seglar para ser 
(fueniado vivo, vestido con el sambenito y demás estra va- 
gancias, y aquella ejecución tenia lugar en los autos de fe 
Para que el espetáculo fuese mas aterrante aglomeraban va- 
rios reos y entonces (clebraban la piibliea atrocidad. A 
este acto asistia el Virev, la Real Aiuliencia, el Dean v (>abil- 
lio Eclesiástico, los miembros del ayuntamiento, los del cláus 
tro de la Real Universidad, del Consulado, y necesariamente 
el Obispo. 

Ante el público iban prestando juramento de acatar el 
Santo Oficio, tanto el Virey como todas las demás autorida- 
des, y últimamente to<la la concurrencia. Xo faltaron nun- 
ca las señoras á este espectáculo repugnante y terrible ( 1 ) . 

Cuando supo la malhadada viuda la sentencia, cayó de 
rodillas, diciendo — Dios mió! tú que conoces mi inocencia, 
dadme fuerzas para soportar el martirio á que estoy conde- 
nada por estos verdugos, que no son ministros de la relijion 
de paz y mansedumbre que enseñasteis. Son fanáticos im- 
píos, no son ministros de la religión que has predicado Pe- 
ro cuando la infeliz madre pensó en su hijo, á quien se des- 
honraba, se desmayó. Largo tiempo duró su desmayo, cuan- 
do volvió en sí, se le hizo saber que sino guardaba absoluto 
FÍlencio seria azotada. 

— ¡Bárbaros! — esclamó, asi pensáis hafer prosélitos ? 
Días os perdone, inicuos verdugos, — y después (»ayó en un 
delirio verdaderamente angustioso. 

L Paj^ conocer los detaU^^ del c.erenioiiial de un **íiuto <le fé*' 
en Liiim, reeom<»»ndisfliioe la obra de Pailma — * * Anal-es de la Tuqutiííicion 
etc." 



80 LA REVISTA DE BUENOS A1RL:S. 

VI. 

Bon Juan d^ Toledo. 

La venjjaiizíi eti en cierta manera la crisis del rencor, 

* * Descuret ' ' 

Don Juan hahia huido de Potasí desde que supo qu? 
su eseelente y buena madre habia sido enviada á las cárceles 
<lel Santo Oficio de Lima, por don Martin de Salazar, comi- 
sario de la Inquisición en la Villa Imperial. 

El mancebo abandonó sus lujosos trajes, su tierna y pro- 
funda pasión, .su amor á su prima, y se dirijió á Lima bajo 
UiJ nombre supuesto. Queria acercarse á su madre, y sin 
iveer posible salvarla, marchaba atraído por una fuerza irre- 
>istible hacia la ciudad de los Reyes. 

Kl secreto de los procedimientos del Tribunal no le per- 
mitió saber el curso de la causa, y solo supo la verdad el dia 
del auto de fé. 

Lo que pasó entonces por el alma de aquel mancebo no 
puede decirse; pero no habiendo perdido la razón, resolvió 
vengarse: pero vengarse de una manera que no se borrase de 
líi memoria de los vecinos de la villa Imperial. 

— ¡ Don Martin ! decia en un monólogo, habéis sacrificado 
H mi santa madre, me deshonráis para siempre, pero yo 
os devoraré el corazón! No viviré sino para la venganza, y 
N¡ solo exijes hipocresía, vestiré el tosco traje de ermitaño y 
encañaré al mundo, para que la maldita inquisición no m<' 
queme también. Dios Santo, que permitís estas atrocidades. 

perdonad al hijo que vengará á su madre ! ^lis do^ 

smtos amores se han borrado de la tierra, mi madre y m\ 



prima ! 



Lavenganza no es jamas permitida ni lejítima; ¡K^ro es- 
ta vez se atenuaba porque el aiuor filial habia ofuscado la ra- 
zón de aquel desgraciado, y la atrocidad del procedimiento 
inquisitorial enjendraba la depravación, tan cierto es que 
el rigor aleja en vez de atraer. 

Asi en vez de consolidar la unidad de la fé, esos proce- 



EL HIJO DE LA HEOHTCEKA. 81 

iljiriientos aumentaban el cisma en el cristianismo y justifi- 
«.Hoan la necesidad de reforma, por los escesos de los minis- 
tros del culto. Hacian hipócritas medrosos; pero dejaban 
vacío el corazón y nublada la f é. 

¿Cómo podia don Juan de Toledo mirar sin odio pro- 
fundo, á los inicuos sacrificadores de su inocente madre) 
Este odio lo alejaba irrefiexivamente del seno de la iglesia 
sin pensar que asi como en las tempestades no se pierde la 
i^-speranza de ver lucir de nuevo el sol, asi también aquellas 
í* -ueldades ejercidas en nombre de la Iglesia no podian ser 
])ermanentes. **Los que la profanaban eran hombres: po- 
ilian enmendarse; y en todo caso, debían morir.... Se nece- 
sita tatt po«to para tocar las almas y transformar los corazo- 
lícs ! ha dicho Octavio Feuillet. Basta el álito de un niño ! . . . . 

Felizmente la tempestad ha pasado, y alcanzamos en 
Amt^riea los tiempos de tolerancia en religión; nos aproxima 
liios asi á la santa fraternidad. Pero cuan ruda ha sido la 
riarcha y cuan lento es el desenvolvimiento de la idea! Las 
víctimas han quedado en el camino de la historia para alec- 
^•¡onarnos con la esperiencia: para decirnos — la intolerancia 
religiosa y política es el signo del fanatismo y la ignorancia 
y esa situación t'S transitoria. 

*'Bajo el aspecto religioso, Dios es amor, y el amor es 
Toda su ley. Amor de Dios, soberano bien y Criador de to- 
llas las cosas, y amor de los hombres, sus mas nobles criatu- 
ras: he aqui, en resumen, la teoría cristiana del amor, se- 
íiwn Descuret. ¡Cuanto hemos avanzado desde los tiempos 
4lel santo oficio ! 

Don Juan de Toledo volvió á Potosí ocultamente. 

Los indíjenas á quienes la madre de don Juan de Toledo 
hnbia curado en sus enfermedades, conversaban en quichua 
-f^n torno de la lumbre en las fríjidas veladas, sobre el atroz 
i^astigo de la española. No comprendían sobre todo que hu- 
biesen hombres que impusieran á los hijos castigo y respon- 
sabilidades por delitos que no habían cometido. Compara- 



^- LA BEVJ^TA DE BUENOS AIRES. 

I»aii fntoncttí sus antiguan costumbres y sus riejas leyes con 
Ja í-ostunibres nuevas y las nuevas leyes, y deilucian que los 
conquistadores eran i>er\ersos comparados con el blando gro- 
híerno del fiíjo del Sol. 

Causábales jjena y sorpresa que don Juan hubiese i»^r- 
íVa\o sus bienes, y cjue lo dei-laras<*n infame i>or culpa no eo- 
]"<-tida iK)r él. 

Y en verdad que tenían razón. 1a>s Incas nunca inq>o- 
liian la i)ena de eonfis<-acion, porque ct)nsideral)an indifirna 
íie la autoridad semejante co<lic¡a, ni aun en los luayon*^ 
delitos a)>licaron esa pena. ' 1; 

El mayor crimen en su tiemjK) era el de rebelión, por 
'*! carácter sagrado del hijo del Sol que investía el In**». 
* .in/gando ¡)or t*sto el alzamiento contra el monarca, bajo »•! 
íloble aspecto reliínoso y político. Pues bien, aun en este 
Til se ú otro j>or el cual se aplicase la pena de muerte al eri- 
11 i nal, jauiás privaban á los hijos de sus bienes, ni las dt-.>- 
]»n jaban de lo que por herencia les corresi>ondia. La pena no 
se trasmitía jamás á los descendientes, estaba reservado á Io« 
conquistadores estatuir que las hijos y deseendientt^ fuesen 
M:jctos á la infamia de sus padres. ])rivadas de sus bienes y 
condenados á una vida desesperada, j)ues la rehabilitaciou 

< ra casi imposible. Y tan atroz castigo era impuesto por sa- 

< crdotes. en nombre de la Santa Religión ! 



1. ^'Xiiiica tnvi<?iv>n ye^nsL píH'uiiiaria. ni 0(»n'fis<»acic>n úe h't^M >, 
[•ir<jiií' íKH'ian, <\m* fa^stiijar i'n K hac onda y d<*.i) t vivos los del'n 
(Mii^n-t^-íH, n-o ora dest^aT quitar lo« i'ral.'*^ <Íe la ri»>pública, kuiu la 

tíHi'Aerula. á los malhechores, y de.jarloí* con jna< lil>€»rtad ])ara (|ue hi- 

í'ieran .iLavorem maleta. 

9 

Sí rlgnn curaca »e n't>e>aba (<ju« t^ra lo que mas rig-urosa i -^nt ^'^ 
tasíij^ban Uj^ Incas) ó hae a otro dolito quo mer«<*¡.t*s^ \)ímh do 
rí'u irtts auní|ii>'* se \u diet^^n, -no quitaban ^1 testado al suc"*ior; sino 
i]u-i} H» lo daban ToprCi*pntánd*f)l4* lá culpa y \s. pp»na de »u ■p'^div, ji- 
ra í|uc Ko ífuartl^«<» <!,> <)tro tanto." Oarci'aso <\>e la Veg^a, 'M'omen- 
tarioK rwile*í et"." 



EL HIJO DE LA HEC HICEKA. 83 



( • 



VIL 



El hijo (Ir la hechicera. 



....y los hijos «le tak'^ dt*li>ncuentA^ quinlea 
y sean s^jetofi á la ijifamia de feus pa Ires 
y del todo qufeden sin part-e do toda ó cual- 
quiera he.reneía, isuc^siou, donaci<ni, '11^ ii- 
da dt* {>ai'i'eintes, ó («t ranos, ni tetngmi nin- 
^iin.as diginidad'es: y niriífuno pued • U^ner 
d sculpa íilgutta. . . . 

(Constituciüu d'd Papa Pió V, cita la por 
Palma) 

E^te es mi mi.tndamicnito, que os a.u^'is los 
'\lü<^s á los otros, como yo os amé 
** Evangelio según .Sají Juan, oap XV. vtr 12. 



En l^otasí se supo Lh terrible ejeeiieion de la pobre Tili- 
ca y encontraron natural la desaparición de don Juan de 
Toledo, privado de sus bienes, de sus honores y condenado á 
arrastrar una vida sin esperanza y á sufrir ca^stigos por deli- 
tos que no habia cometido. La marquesa vivió en Chuquisa- 
ca consagrada al tierno cuidado de sus hijos; pero en la en- 
fermiza palidez de su rostro, se leia el anmrgo dolor de su 
alma. 

De repente empero apareció al pié del cerro, un hombre 
enflaquecido por el dolor, pálido el rostro, hundidos los ojos 
y de aire sombrío. Apesar de no ser viejo, su barba y su ca 
bello blanco, vestia el traje de ermitaño y con sus propia*^* 
Tímanos emp>ezó á cavar una cueva donde vivir. La irreprocha- 
}']c conducta del aquel penitente llamó la atención de todos 
los mineros del cerro, y muy presto se le vio en las calles 
de la villa, sin hablar á nadie, comiendo de los despojos que 
arrojaban las casas de los grandes señores. 

Los primeros que reconocieron al ermitaño fueron los 



84 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

:>illuelos de la ciudad, quienes le huian, gritando — es el hijo 
<le la hechicera! y hacían la señal de la cruz. 

Se supo entonces que el ermitaño era don Juan de To- 
ledo, le creyeron loco y algunos mártir á causa del cruento 
castigo de la madre. Los sacerdotes lo citaban como un 
ejemplo de los benéficos frutos de la persecución de los here- 
jes y brujos; y dec»ian que aquellas privaciones lo ponían en 
vi camino del cielo. 

Entre tanto los vascongados y los criollos tenían esean- 
cihlizada la ciudad con sus bandos y sus luchas, al estremo 
de batirse en las calles los unos y los otros, y quedar los 
cadáveres insepultos, hasta que la autoridad los recojia. 

Estas noticias llegaron á Lima, donde el 18 de enero 
de 1H()4 había hecho su entrada pública como Vírey, don 
(aspar de Zúñiga y Acevedo, Conde de Monte-rey. El nue- 
vo majistrado espidió órdenes terminantes para que los ban- 
dos fueran desarmados en Potosí, mandando persegir los va- 
cíos y ociosos. 

Las medidas que con este motivo dictó el corregidor le 
atrajeron serias enemistack^, y como en ellas era apoyado 
por el comisario de la Inquisición don Martin de Salazar 
<oiitra él también se levantó el pueblo. 

l'na mañana apareció est^ asesinado con muchas puna- 
lí;das, en su misma casa. Apesar de las activas dilijencias 
practicadas para descubrir los asesinos, el crimen quedó en ei 
misterio, limitándose á repetir — venganzas de los bandos! 

Pero lo que verdaderamente conmovió al vulgo, fué l;i 
noticia de haber sido misteriosamente violada la sepultura 
de don ^lartin de Salazar. A los activos comentarios de los 
pi'imeros tiempos, sucedió el cansancio y luego el olrid»). 
Nadie pensó mas en don Martin. 

El pueblo estaba ajitado por pasiones demasiado punzan- 
tes para detenerse en escudriñar el misterio de aquel crimen 

El ermitaño cruzaba siempre las calles, los bandos lo rea- 
petaban porque era inofensivo, y solo le burlaban los mu- 



EL HIJO DE LA HEURICERA. 85 

chachos y mal entretenidos — gritándole — ¡Hijo de la he- 
chicera ! 

Cuando sonaban en su oido aquellas fatídicas palabras 
temblaba de pies á cabeza y levantaba convulsivo una cala- 
vtra qu€ desde algún tiempo llevaba en la mano^ detenia 
sobre ella sus ardientes ojos, y continuaba su camino. 

Como jamás hablaba, como no disputaba nunca, como no 
I ocia mal á nadie, empezó al fin á conquistar hasta el res- 
peto de los niños. Al fin le dejaban pasar, él no levantaba 
la vista del suelo sino para detenerla fijamente en la cala- 
vera. 

— Es que piensa siempre en la muerte! — decian las bea- 
tas, y no quiere ser tentado por el diablo. 

— Es un santo que no vive sino rezando! repetían otros. 

La fama del ermitaño fué creciendo, se estendió mas allá 
do Potosí y circuló por todo el Perú. 

Largos años habían trascurrido durante los cuales los Vi- 
rtiñas y los Vascongados habían reñido cruelmente; pero la 
prudencia del factor don Bartolomé Astete de Ulloa. había 
conseguido pacificar los anillos. 

Promediaba el año de 1625, y disgustado don Francisca 
Castillo de algunas crueldades perpetradas por cierto em- 
pleado contra los antiguos soldados Vicuñds^ resolvió batirlo 
y castigarlo. 

Así lo hizo dándole muerte; pero tuvo que recurrir al 
virev solicitando autorización para perseguir a los inquieta- 
dores, como les llama el cronista. 

Asi se fué sosegando la villa. 

Para celebrar la tranquilidad que empezaba á disfrutarse 
el criollo don Agustín Solorzano dio un magnífico banquete 
en el cual *' había una pila de plata que tenia mil cuatrocien- 
tos cincuenta y tres marcos, de la cual desde las seis de la 
mañana hasta las siete de la noche corrió riquísimo vino 
Qastó setenta y seis mil pesos. (1) 

1, "AnalfHs 4e la villa Imperial d*e Potosí'*, por á(m Bartolo-mé 
Hartiuez v Yela. 



80 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

Pero antes de terminar acjuel banquete llegó la noticia 
vjue el ermitaño de la calavera estaba moribundo y acababa 
<le recibir los santos sacramentos con ejemplar piedad. 

Aquella nueva impresionó á los ilustres personajes y re 
solvieron bacer á su costa pomposas exequias al virtuoso y 
ascético ermitaño. 

Al dia siguiente la multitud se dirijia en romeria á la 
gruta del cerro. Todos repetían — ha muerto como un santo! 

En la cueva velaban algunos frailes de las diversas comu- 
nidades religiosas, cirios ardian en torno del cadáver, que 
loí mas encopetados querían conducir en hombros, hasta la 
i iglesia en que debia enterrarse. 

Las orden »s monásticas disputaban la posesión de los ^re- 
diosos restos de un ejemplar ermitaño, (pie quizá pensaban 
uierecicse ser «canonizado. Iba á procederse á la formación 
do un informe sobre la vida de este ascético, y á porfía se 
l)restaba á declarar sobre su santa y edilificante vida. 

Tn caballero de Calatraba que acababa de llegar á la gru- 
ía con otros, se a<*ercó al ataúd para examinar do mas cer- 
i'i\ las facciones del que habia sido don Juan de Toledo 

Miraba atentamente la calavera que tenia en sus manos, y 
cop la cual habian querido enterrarlo; pero levantándose 
rápidamente se dirijió hacia uno de los sacerdotes que allí 
rstaba, diciéndole que habia un papel entre los dientes de 
¿Uíuella. 

En efecto, todos se acercaron : la multitud se apiñó mas, y 
de boca en bo(*a circulaba la nueva de haberse encontrado 
(scrito el testamento del ermitaño, del penitente, del santo 

Sacaron el papel con el mas respetuoso cuidado, y des- 
doblándolo con veneración, uno de los frailes empezó á leer 
en alta y clara voz, lo siguiente : 

*• Yo don Juan de Toledo, natural de esta villa de Potosí 
**hag<) saber á todos los que me han conocido en ella y á todo? 
*'los <|uc de noticias quisieran en adelante conocerme, como 
"yo he sido aquel hombre á quien por andar en traje de 
*' ermitaño me tenían todos por bueno, no siendo así, pues 



EL HIJO DE LA HECHICERA. 87 

*'soy el mas malo de cuantos hombres ha habido en el mun- 

* do; porque habéis de saber que el traje que traia no era 
**por virtud sino por mi dañada malicia, y para que todo lo 

* Sepáis, digo, que habrá poco menos de veinte años que 
•por ciertos agravios que me hizo don Martin de Salazar 

**(íc los reinos de España, y en tales agravios menoscabó 
**la lionra que J)ios me dio, por esto le quité la vida con infi- 
•*nitas puñaladas que le di; y después que lo enterraron tuve 
•'modo para entrar de noche en la iglesia, abrir su sepulcro 
** sacar su cuerpo y con el puñal abrí el pecho, saqué!'/ 
**el corazón, rae lo comí á bocados, y después de esto le cor- 
*Mc la cabeza, quitele la piel y habiéndolo vuelto á enterrar 
*'me llevé la calavera: me vestí un saco como toílos me habéis 

* visto, y tomando la calavera en mis manos con ella he 
^'i.ndado veinte años sin apartármela de mi presencia, ni en 
**la mesa, ni en la cama; teniéndome todos por bueno y 
^•penitente, enj^añándolos yo cuand(» aplicaba los ojos á )a 
^'calavera que juzgarían ponia mi contemplación en la muer- 
**te, siendo lo contrario; pues asi como los hombres se vuel- 
**ven bestias, por el pecado, asi yo me habia vuelto la mas 

terrible, volviéndome un cruel y fiero cocodrilo, y como este 
** animal gime y llora con la calavera de algún infeliz hom- 

* bre que ha comido no por haberlo muerto sino porque se le 
*íícab() el mantenimiento, asi yo mas fiero que las fieras, mi- 
*'raba la calavera de mi enemigo á quien quité la vida, y me 
''pesaba infinito de haberlo muerto, que si mil veces resuci- 
^*tára otras tantas se la volviera á quitar. Y con este cruel 
*' rencor he estado veinte años sin que haya sido posible dejar 
•'mi venganza y apiadarme de mi mismo, hasta este punto que 
^'es el último de mi vida, en el cual me arrepiento de lo he- 
**cho, y pido á Dios muy de veras que me perdone, y ruego á 
^* tolos lo pidan asi á aquel Divino Señor que perdonó á los 

* oue lo crucificaron/ (1) 

1. ** Anales de 1« villa Imp^^frial d^ Potosí" por don TiaTtolom^ 
Martínez y V-ela. 

Bobre -este mismo suceso he. escrito don Diego Barros Ar-^mi?» 



88 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

Cuando terminó esta lectura, un grito unánime y terrible 
salió de aquella masa de jente: — el hijo de la hechicera era 
vn malvado! Al piadoso entusiasmo sucedió la indifjnacioa 
y trataron de atropellar la gruta para arrastrar el muerto y 
quemarlo, aventando luego las cenizas. La multitud faná- 
tica grita — el maldito! el hijo de la hechicera! 

Aquel furor popular, aquellas voces de venganza ante ef 
cadáver de un hombre tenían algo de salvaje ferocidad. 

Mintras el populacho reunido antes para conducir al que 
tenían por santo, gritaba enfurecido por el desengaño, un 
PHcerdote, blanco el cabello, despejada la frente, serena y 
8uave la mirada, se habia arrodillado y oraba. 

Los fanáticos asusaban al pueblo para vengarse en aquel 
cadáver de lo que llamaban la iniquidad y la mentira. Laíi 
masas escitadas por esas voces, pedían á los sacerdotes le*i 
ciitregasen esos restos humanos. El momento era solemne, 
se intentaba una indigna profanación, una venganza .so pre- 
testo de expiar otra venganza ! 

Entonces el anciano se dirijió á la multitud irritada, y le 
hizo señal para que le escuchasen. Aquel hombre gozaba 
en la villa del prestigio que inspira la virtud, de la venera- 
ción que se conquista el que la hace amar por el ejemplo y 
la mansedumbre. El saber, el talento, la gloria, la fortuna, 
pueden escitar los celos y la envidia; i>ero la virtud y la ca- 
ridad no despiertan en los otros sino respeto. 

Aquel sacerdote se espresó así: 

— Hermanos míos, en Jesus-Cristo ! Paz en vuestras al- 

unii .:.utere6«ínte no volita novelitíi bajo el título — ^Un crimen de Juga- 
dores, reproduciíkndo la co-nfiesion áe don Juan de Tole^do. Este es- 
crito eis-tá paibli cuido en la *'Revi®t.a del Panamá'', 10*010 I páj. 25. 

El señor don Ricardo Palma, coinocodar taiT.ibiem de) mism\> 

dociijr lento y d^el <*e>cT.i.to del señor Barros Arana, publicó un tra- 

hnio literario t tulado — Justos y Peca'aoros— drónica del sifflo XVTI 

que trata de como el Lobo vistió la piel del cordero. ''La Revista' '^ 

lo reprodujo en el tomo I ipa^. 117. 

Estos lescritoros ban tiainscripto el tefitamento de don Juan de 
Toledo, ún'i*co punto <5omuai, como baise histórica. De manera que 
el iragumiento ee conocido. 



EL HIJO DE LA HECHICERA. 89 

mas, indulgencia para las agenas faltas, piedad y amor para 
los arrepentidos I Rogu^mos a Dios para que tranquilice 
nuestros espíritus atribulados por el desengaño! 

Está escrito en el santo libro — No juzgeis y no seréis juz- 
gados; no condenéis, y no seréis condenados. Perdonad, y 
seréis perdonados.'' (San Lucas.) 

i Qué mérito tendríais amando á quien os amó? Nó, es 
necesario levantar hacia Dios nuestros corazones, porque to- 
dos necesitamos d« su misericordia; sed misericordiosos con 
aquel que os pidió perdón al morir y murió arrepentido! 
¿Quien os dá derecho para profanar esos restos mortales, 
con el pretesto de que fué un criminal el que ya no está 
entre nosotros? Haríais lo mismo que os indigna en él: 
os vengarias! Jesucristo no vino a predicar el odio ni la 
venganza, sino el amor. Aquel que perdonó a la Magdalena, 
ha dado ejemplo de indulgencia — ¿cuál de vosotros se cree 
escento de culpa para arrojar la primera piedra sobre este 
cadáver ? 

Recordad, hijos mios, *'que el que se humilla será ensal- 
zado." 

Estas sencillas y breves palabras, pronunciadas con la na- 
turalidad del que tiene convicciones profundas, que escusa 
fascinar por la retórica, y ama á sus semejantes, produjeron 
lín efecto májico y sublime un silencio solemne siguió á los 
írritos de las pasiones, tan cierto es el imperio irresistible de 
los que saben conmover el sentimiento del pueblo, raras, 
muv raras veces sordo ante la ancianidad virtuosa. 

El sacerdote dijo entonces con el mismo acento de man- 
sedumbre y de humildad. 

— Acompañadme á orar por el alma de este pecador, para 
q]ie el Señor de las misericordias le perdone! Jesu-Cristo 
ha dicho : * ' Tu f é te ha salvado : vete en paz. ' ' 

La multitud se arrodilló y aquella oración fué sincera. 
Momentos después volvia el pueblo hacia la Villa Impe- 



yo LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

rial, sin odio para el que fué don Juan de Toledo, compade- 
cidos de la atrocidad de su venganza y edificados sli^aí 
aquel ejemplo. 

VK ENTE G. QUESADA. 



DERECHO 



ESTUDIOS SOBRE LA Jl'STICIA FEDERAL 

AMERICANA 

EN Sr APLICACIÓN A LA ORGANIZACIÓN CONSTITUCIONAL 

ARGENTINA. 

(CootMMiacion.) (1) 

CAPITULO XI. 

CláKsKlas de la Constitución, Federal que limitan la acción 
dfl Legislativo — Xaturaleza del Legislativo Nacional — 
Jieglas generales de interpntacion. 

Creemos do interés eontraernos á esponer las doctrinas 
íiue se refieren á ciertas cláusulas de la Constitución de la 
l'nion. referentes á limitar las atribuciones del Legislativo 
Nacional en materias que atañen á los derechos privados. 
.\ntes de analizar las prescripciones que afectan á los dere- 
chos privados contenidos también en nuestra Constitución, 
estudiaremos la naturaleza del poder legislativo de 1a Union. 
V las reglas d*» interpretación aplicables á la ley fundamen- 
tal de la unión americana. 

Las reglas de interpretación varian con el instrumento 
que se trata de aplicar: una ley ordinaria no se halla gober- 
nada por los mismos principios que rigen la interpretación 

1. Aféase la pajina 94 del tomo X de e^ta **Reviirta*\ 



92 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

(le las Constituciones de los Estados, estas se hallan someti- 
das en muchos casos á reglas especiales y diversas de las que 
COI responden aplicar á la Constitución Nacional. 

La idea política que gobierna la materia tratándose de la 
Constitución, está contenida en la enmienda décima;' 'Moa 
* apoderes que no hubiesen sido delegados por la Congti- 
**tucion á los Estados Tenidos, aquellos que los Estados no 
'hallan prohibido á aquella conferir, se hallan reservados á 
*'lo8 Estados ó al pueblo/' 

Por lo que respecta al instrumento en conjunto, al gobier- 
no creado por él, la ("onstitucion es un atributo — (grant) no 
una delegación de poder. El Congreso puede ejercitar úni- 
cnmente los poderes que le hayan sido delegados. Claro 
es que esta doctrina no se aplicará á las prohihicioufs ispre- 
sas contenidas en aquel instrumento, y que se refieran tanto 
í'l gobierno nacional cuanto á los gobiernos particulares 
Respecto á aquellas, la Constitución de la Union, lo mismo 
í(ue las de los miembros (pie la integran son limitaciones del 
poder legislativo. La línea divisoria entre los poderes del go- 
bierno federal y de las Estados, deja poco terreno para dis- 
cutir la estension del legislativo Nacional; pero la Constitu- 
ción federal se propone conservar la separación del legislati- 
vo, del ejecutivo y del judicial, y esta separación ha dado 
márjen á la cuestión de saber si el Congreso podrá delegar 
en algunas ocasiones sus atribuciones legislativas. 

El gobierno de la unión ha adoptado en varios casos la 
legislación y los procedimientos de los Estados en materias 
indicíales, pero solo como aplicación de disposiciones vitr^n- 
tes y conocidas, respecto á materias nacidas dentro de la ór- 
bita jurisdiccional del (,'ongreso: no seria constitucional acep- 
tar las leyes futuras de los Estados puesto que esto equival- 
dría á delegar la atribuciones legislativas. 

Hemos referido en el capítulo precedente las reglas que 
gobiernan la jurisprudencia de los tribunales federales res- 
I^ecto á la adopción de la que rije en las cortes locales res- 
pecto á las constituciones 6 leyes de los Estados. Sin em- 



JUSTICIA FEDERAL. 93 

^argo, al decidir cuestiones que no sean meramente esta- 
liítarias, locales, ó municipales, sino procedentes del derecho 
comercial, la corte suprema decide con entera independencia. 

Las reglas políticas de interpretación concernientes á la 
<.'onstitucion nacional, se encuentran reasumidas en la si- 
¿ruit'Utc sentencia del juez ^larihall. 

**E1 gobierno de los Estados Unidos no puede invocar 
^*poílcres que la Constitución no le haya otorgado: y estos 
** mismos deberán ser esplícitos, ó de inferencia necesaria. 
''Por otra parte, este instrumento, como cualquier atributo 
**ígrant) debe tener una interpretación racional según el 
'•'alcan^'e de las palabras — Toda vez que un poder esté con- 
**ícdido espresamente en términos generales, no debe ser 
"restringido á casos particulares, á menos que tal interpre- 
**tacion se desprenda espresamente del testo, ó por implican- 
''*eia necesaria. Las palabras del>erán tomarse en su sentido 
"natural y obvio, sin restringir ó ensanchar arbitrariamente 
"\su akance. 

**La Constitución se espresa indudablemente, en térmi- 
•*nos generales. No habria cuadrado á los objetos del pue- 
"blo al redactar ese instrumento de sus libertades, entrar 
"*en minuciosos detalles, ó declarar los medios por cuyo con- 
**(lucto deberían ejecutarse los poderes conferidos. Seme- 
jante tarea según se previo acertadamente habria sido tan 
difícil como peligrosa, sino impracticable. Ese instrumen- 
**to no tendió únicamente á proveer á las exigencias de po- 
• eos años, sino á sufrir la prueba de los tiempos, ante los 
"* acontecimientos que ocultaba el porvenir. Nadie pudo pre- 
' vecer los cambios que serian indispensables para efectuar 
"los objetos generales de la Constitución; las restricciones y 
*' especificaciones que siendo indispensables al presente po- 
"*drian subvertir en lo futuro el conjunto del sistema. De aquí 
"*la generalidad con que se han espresado los autores de la 
** Constitución, con el objeto de dejar al legislativo el ar- 
"Mitrio de adoptar de tiempo en tiempo los medios adecúa- 



i 4 



94 LA REVISTA DE BUENOS AIRE^. 

'^(los para cumplir los objetos y el ejercicio de los poderes 
' * conferidos. * ' 

'* Decir que la intención, ó el espíritu del instrumento 
** deberá prevalecer sobre la letra, que la intención deberá de- 
'ducirse de las palabras, que estas deberán á su vez tomarse 

* en el sentido en que las emplean aquellos j>ara quienes tu<' 
**dada la constitución: que las disposiciones de estas ni de!)eu 
** restringirse basta el estremo, ni estenderse mas allá de los 
** objetos que tuvieron en vista sus redactores — va rcptfir h> 
^ 'dicho, pero es todo lo (pie S(* necesita saber. Marsball C. J. 
^*in oní?en vs. Sunders 12, AVbeat, 213, 382. 

L'cfflas (le ínter prefación aplicables á ¡a constitución, y (p(e no 

afectan á su carácter político. 

Leyes incoitstitucionalfs. La Corte Suprema dice sol>re 
este particular: 

''La cuestión de decidir si una ley es incompatible, o w- 
'* pugnante con la constitución, ha sido siempre muy delicM- 
'*da, y debe resolverse negativamente por lo general, /n los 
"casos dudosos. Colocada la corte en la obligación de espe- 
**dirse sobre casos de este género, no deln* olvidar la sol.Mune 
*res])onsHhilidaíl (pie se le ha coníiado; ni decidirle á di»- 
** clarar que el legislativo ha ultrapasado sus atribuciones, sin 
''graves fundauíentos. . . .Fletcher v. L Peek H, (Vanch 128. 
El célebre abogado Clay, decia *^obre esta mat< ria á la 
Corte Suprema alegando en el caso de Green vs. IMcidl»» Ma 
' corte debe us<ir de la mayor cautela ejercitando estas atri- 
**buciones. Se halla investida con la prerogativa mns im- 
portante que jamás S(» confió á tribunal alguno en benefícñ> 
de la humanidad. A la América c. imple encontrar la in- 
^'cógnita de un problema político, á saber: si pueden existir 
** gobiernos regidos por constituciones escritas. — Xo c^l^e 
"duda que estas no pueden existir sin que haya en alguna 

* aparte un depositario del poder de pronunciar sobre la con- 
*'f(>rmidad de los actos de la autoridad delegada con la ley 
•^fundamental. Esta corte es ese depositario, y no acierto á 



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JUSTICIA FEDERAL. 95 

•hallar ninguno mas seguro: pero, el resultado de la espe- 
ríeneia que tanto interesa á cuanto hay de mas caro a los 
intereses de la humanidad, depende de la prudencia t»on 
* * (»ue se ejecute este elevado encargo. Wlieat, 48. ' * 

Fuerza autoritativa de la interpretación contemporánea-- 
Es doctrina recibida que tanto la interpretación contempo- 
ránea á la discusión de la constitución nacional como la 
t?.si)osicion legislativa, sirven de guia para la interpt lítihion 
de aquel instrumento. Entre los escritos que merec^^n ma- 
yor estima sobre la materia podemos mencionar á **E1 Fede- 
ralista.'' El comentador Story, dice en el 406, *4a inter- 
¿•retaeion contemi>oránea debe emplearse con mucha reser- 
va y circunspección. ' ' 

Los hechos estemos no podrán ser admitidos á contradecir 
¡as palabras del instrumento. — Establece la regla de in- 
terpretación que hemos enunciado que el sentido de una ley 
ciebe buscarse ;-n sus palabras, y que no debemos recurrir á 
bcíhos 6 circunstancias esternas para hallar la intención del 
legislador. Esta doctrina se aplica á la constitución de los 
Estados Unidos. '*Es inconcuso que el espíritu de la cons- 
'^titucion del>e respetarse á la par que las palabras, decia Mr. 
*'Marshll; con todo, el primero deberá deducirse principai- 
**níente de las palabras, sin que sea permitido invocar la prác- 
**tica de los cuerpos legislativos, ni tampoco circunstancias 
'esternas para modificar el lenguaje claro de la dispasicion. ' ' 
Esta era la base de su razonamiento para refutar la obje- 
ción que se le opinia sosteniendo que las leyes de vocales 
iv.«ípecto á deudores insolventes, no repugnaban á la prohi- 
bición de espedir estatutos que alterasen las obligaciones 
nacidas de los contratos, porque estos se apoyaban en la 
I»ráctica constante de las legislaturas del Pastado durantví 
treinta años. — Agregaba el citado juez: 

* * Estremadamente peligroso seria inferir de cirunstaucias 
*• extrínsecas, que el caso al cual proveen las palabras de 
'un instrumento en términos espresos, deben esceptuarse 
"de su aplicación. Cuando las palabras se contradicen ó 



96 LA REVISTA DE BUENOS AIBES. 

^ pugnan entre sí, (uando las diversas cláosiilas de un ins- 
** truniento se rechazan y producen una inconsecuencia ai se 
**las deja tales cuales son sin alterar su sentido natural y ge- 
**riUÍno; la interpretación se hace indispensable, y es jastih- 
** cable el desvío de las palabras. Pero si alguna vez el sen- 
'*tido natural de una disposición, no contradicha por otiu 
**en el mismo instrumento, del)e desecharse justamente solo 
** cuando á los autores de dicho instrumento aparezcan decir 
**lo que no quisieron, es solo cuando seria monstruoso apli- 
*car una prescripción absurda ó injusta á toda luz/' (4 
Wheat 2()2, 203 Sturges vs. crowninshield. ) 

Las palabras (Uberán tomarsf eu su sentido natural 
Transposición d( cláusulas. **La dislocación de las palabras 
y aun de las sentencias de una ley puede ser tolerada algunas 
veí*es á fin de llegar á comprender la mente del legislador: 
,>er(), seria muy aveturado adoptar í*omo regla de interpre- 
tación para un instrumento tan maduramente elaborado co- 
mo lo ha sido la constitución, no solo por los Estadistas que 
lo discutieron sino por los opositores en las convenciones de 
los Estados. 

Leyes nulas en parte, y en parte válidas, — Si parte de 
una ley fuere inconstitucional, decia la Corte Suprema de los 
Estados Unidos, esta deberá desecharse, sin perjuicio del 
pleno efecto que tendrá la que no repugnare á la constitución 
lederal, ó local (1) 

Efectos de las disposiciones inconstitucionales. — Según lo 
declaró una sentencia de la Corte Suprema de Massachussetta, 
el efecto es una nulidad radical en todos los efectos de 
lí» ley. 

Efectos de las restricciones g< nerales impuestas al Con- 
greso por la constitución. — Esta se refieren únicamente á la 
lí^gislatura federal, al gobierno emanado de dicho instru- 
mento. Asi se ha decidido respecto á la enmienda o.* respec- 



1. Referonciag á cláu>ulas ** tc'stadas. ** Debe traerse á la Ti»ta 
la cláusub original para descubrTr el sentido genfC-ral. 



JUSTICIA FEDERAL. . 97 

lo á Ja compensación en caso de espropiacion : á la 6." relativ^i 
itl jurado en causas criminales. A la 7.* al jurado en lo civil 
— A la 4.^ y á la que prohibe la imposición de penas crueles ú 
iiiíamantes. 

De]>emos observar en este lugar que siendo atribución del 
<íongreso argentino, el di(tar los códigos de la República, tal 
<;ectrina solo podrá aplicarse mientras no se hubiese cumplido 
< sta prescripción en la República. 

Jiisti iccioufs impuestaít á los tribu nale.s federales en eier- 
y* v. casos. — La justicia federal no tiene atribución general pa- 
ra declarar nulas las leyes locales por ser repugnantes á las 
constituciones de los Estados respectivos. Semejante atribu- 
<ion le pertenece solo cuando aplica las leyes locales obrando 
<'omo Tribunal de Estado particular. Jackson vs.Lamphire 3. 
J'eterson 289. 

(láiisulas especiales relativas al poder judicial nacional. 

La atribución de la Corte Suprema como Tribunal de 
í^pelacion de los fallos espedidos por los juec^es locales, se ha- 
lUi terminantemente adoptada por las leyes del Congreso ar- 
^'entino espedidas en uso del derecho que á efecto de regla- 
mentar la jurisdicción federal le fué otorgado por la (yonsti- 
tueion Nacional. Art. 14 de la ley de 14 de Setiembre de 

p]sta materia ha dado márjen á serios ataques á los par- 
tnlarios de la interpretación restrictiva de las atribuciones fe- 
-<^^rales, y los argumentos aducidos por esta escuela y los fun- 
ílamentos que espuso en contrario la Corte Suprema en el ca- 
íío de Cohens : contienen la esposicion mas acabada de la mate- 
ria — Véase también **E1 Federalista'', y los comentadores 
í>tory y Kent. 

De la supremacía que inviste la Corte Suprema de la 
T'nion se desprende la consecuencia que las leyes de los Esta- 
<los se hallan fuertemente afectadas por las decisiones del al- 
te* tribunal de la Union. Conviene pues conocer la.s reglas 
<:ue gobiernan- esta importante materia según la jurispruden- 
-cia de la Corte Suprema. 



yS LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

** La regla fundamental sobre este punto se reduce á que 
*' la (/orte Suprema respete las decisiones de los Tribu- 
** nales de los Estados, tratándose de la interpretación 
** que haya de darse á la Constitución ó á las leyes de carác- 
* ■ ter local. ' ' 

Este principio guarda consecuencia con la índole de ía 
justicia federal. La jurisdicción de la Corte Suprema en «rrarr 
número de causas, por ejemplo, en las que interesan á ciuda- 
ivJios de diversos Estados que aquel en donde se radica el 
juicio, estriba en la imparcialidad que se ha creído encontrar 
en un Tribunal Nacional, pero las leyes (jue este debia aplicar 
tequian naturalmente que ser leyes locales — Sensato ha sido 
entonces suponer, que nadie comprendería mejor que los mis- 
11)08 tribunales locales, la inteligencia de las disposiciones le> 
í^ihlativas de los Estados, y por esto, la ('orte Suprema ha 
f!doí)tado la jurisprudencia de a(¡uellos, no como emanación 
de una autoridad superior á ella misma, sino como medida de 
buena política. 

La regla que hemos espuesto tiene variar limitaciones y 
escepciones. La Corte Suprema se reserva en muchos casos 
i na independencia absoluta de apreciación. Asi, espedida una 
sentencia fundada en la interpretación de las leyes locales un 
cambio de jurisprudencia de parte de los tribunales locales 
no podrá ser invocado ante la Corte Suprema federal como 
jirecedente para hacerle variar la jurisprudencia anterior, si 
no la encontrase aceptable aquel tribunal. 

Las decisiones de los tribunales locales sobre materias de 
derecho comercial universal, no son tampoco obligatorias 
pnra este. 

La Corte Suproua se ha reservado asi mismo una comple> 
ta libertad de apreciación respecto á ciertas cuestiones relati- 
vos á privilegios otorgados por la metrópoli, é invocados por 
los Estados contra los individuos. 

En igual caso se encuentran las decisiones de los tribuna- 
les locales que se fundan en leyes locales dadas en consideración 



JUSTICIA FEDERAL. 99 

á personas determinadas y las que confieren jurisdicción espe- 
cial á un tribunal para conocer sobre la trasmisión de propie- 
d<:des particulares. 

MAXITEL R. garcía, 
(Contánuará.) 



Bíbliofi^rafia y Variedades 



LA paleontología EX LAS COLONIAS ESPAÑOLAS 

A MKDIADOS DEL SIGLO XVI II 

ISt ñor doctor iUní Miguel Navarro Viola. 

Mi amigo:' 

Devuelvo á usted la eopia del curioso espediente que 
«y( r me dejó usted en casa, relativo á la exhumación de 
unos esqueletos colosales, verificada en el año de 1766 en «^1 
pa^o de Arrecifes de nuestra provincia de Buenos Aires. — 
Creo que esas páginas son dignas de la luz pública en las co- 
lumnas de su Revista, porque contribuyen al conocimiento 
lid estado de las ideas, de la administración y de la civiliza- 
ción en los tiempos coloniales que tanto nos importa ilus- 
trar. No ha de tardar mucho antes que algún pensador Norte- 
Americano ó Europeo, aparezca sorprendiéndonos con tralmjoü 
tic protunda filosofía y de alta enseñanza, haciendo la histo- 
ria moral de las colonias españolas durante* su espantosa edad 
hifdia, periodo largo que por ascuro que es todavia y por din- 
cii de estudiar, pasa para la generalidad como siglo de inoeen- 
cím y de dicha. La sociedad de entonces tenia por bases la 
ignorancia y el fanatismo — y sobre semejantes cimientos solo 
jodia cimentarse un edificio monstruoso que se hundió al fin 



LA PALEONTOLO'JIA. 101 

entre el eieno y cuyos escombros aun nos euibarazan y hacen 
gian daño. 

Uno de Jos objetos que debe proponerse la Revista, de 
que es usted fundador, es comunicar elementos de estu- 
dio, hechos y antecedentes á aquel pensador que columbro 
para un futuro próximo, y de que acabo de hablar á 
usted. 

El espediente en cuestión se inicia y concluye poco an- 
tes de la espulsion de los jesuítas, y al terminar don Pedro 
Ziballos su cargo de gobernador y capitán general de Bueno» 
^ires. 

El alcalde do primer voto don Juan de Lezica y Torrezurri. 
ihAnó tener mas parte en la exhumación que la «pie aparece k 
primera vista. Era un hombre, de aquellos de su tiempo, pre- 
oeso para las comunidades religiosas: se imaginaba que no 
habia empleo mas meritorio que dar al dinero, que el de fomen- 
Isr con él el lujo del culto, fundir campanas y edificar templos 
»'t pésima arquitectura. Bien es verad que el amor propio y 
Ja ambición de gloria entraban para algo en estas santas pro- 
pensiones, pues hemos visto su retrato, de tiros largos, susten- 
tando en una de sus manos el símbolo acostumbrado de funda- 
dor y patrono, con una inscripción latina que decia : Edificó 
tres templos, 

("no de esos tres templos es el Santuario de Lujan, cu- 
>os (Mmientos comenzaron á cavarse á fines de 1754, bajo la 
sindicatura del señor Torrezurri, (piien á mas, era pjo<iira- 
dor ecónomo de la fábrica, — La colocación de la iinácrm 
milagrosa se verificó el 8 de diciembre de 176:i, habiéndose 
empleado en la construcción del templo 57..']98 p^s^s *'< 
nales. 

Se vé, pues, (pie la solicitud curiosa que usted ha pues- 
ta, ^n mis manos cuadra con la época en que la aparición de 
vn nuevo templo, rodeado de maravillas y milagros en d 
centro de la campaña, ponia á la moda, en la sociedad con- 
versadora de Buenos Aires, esos pagos del Norte. Se me 
ocurre que en la opulenta casa del señor alcalde de prlmei 



102 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

voto, dehia reunirse en la primera noche, una tertulia, eu 
lo cuíil entre sorbos de chocolate en invierno y de agua azu- 
carada en verano, se platicaba de los asuntos ordinarios, de 
lúilagros auténticos practicados diariamente por nuestra seño- 
ra de Lujan; y de puntos de historia y de do^ma, cuando 
alfirunos padres graves, que precisamente eran tertulios del se- 
ñor Lezica, se dignaban ilustrar á los profanos sobre tan in- 
tMDcadas materias. 

En los vuelcos de conversación tan variada, debió venir 
v.srias veces el asunto de los huesos enormes en tamaño y de 
e' traña conformación que abundan en el suelo de Lujan, y 
rué en aquella época debian ser mucho mas comunes que 
hoy, pues nadie se ocupaba de removerlos ni aun de mirar- 
los. — No faltaría quien dijese que mas allá de Lujan, **en las 
iíímpañas que llaman del Arrecife," se encontraban también 
osos huesos: pero en toda su integridad de esqueletos, y en- 
cerrados en sus correspondientes sepulcros, y que seria dig- 
rn de un hombre de buena voluntad la empresa de arreba- 
tj.r á la tierra un nuevo testimonio de la verdad con que la 
sn^rrada escritura, y algunos de sus comentadores atirman la 
e.xistencia de seres racionales de corpulencia gigantea, en 
cargados de una misión especial en las épocas primitivas de 
1.1 creación del hombre. Qué gloria la de poder tapar la bo- 
<'a á los materialistas con un argumento de semejante tamaño 
y peso. ! 

Alcanzar esta gloria fué lo que se pro¡)uso don Estevan 
AlvHrez áol Fierro, capitán y maestre de fragata, (probable 
contertulio de Torrezurri) al ocurrir ante el señor alcalde 
solicitando nombrase jueces especiales encargados de exhu- 
iuar los tales gigantes del Arrecife, con todas las formalidades 
y solemnidades con que se pro(»ederia á la exhumación de los 
restos de Recaredo, de Leovigildo 6 de algún otro de los reyes 
godos. 

T asi .se hizo. Nombráronse á don José Larreondo vecino 
de la ciudad de Buenos Aires y á don Luis Vinales del Arreci- 
fe, (''sujetos inteligentes") para que reconociesen los sepul- 



LA PALFA)NTOLOGIA 103 

<ros, midiesen los esqueletos, los transportaran á la capital á 
1p morada del capitán Fierro, levantando de todo actas firma- 
rías por testigí)s y formalizando espediente capaz de protoco- 
lizarse orisrinal cuando llegara la ocasión. 

Los comisionados desempeñaron su cometido el dia 25 
<]e enero de 1766, trasladándose con varios testigos '*de es- 
c:pcion'' y con trabajadores al sitio 6 término que llaman el 
"'Arrecife," jurisdicción de la capitanía general del Rio de 
II Plata y distante de la capital de Ií* Santísima Trinidad de 
Buenos Aires cuarenta leguas, y mas de ochenta de Ins plmja.^ 
f// la mar. El primer sepulcro que cavaron esta])a sobre ^1 
íirroyo de Luna. Levantada la capa de tierra que cubría la 
^'osamenta'' contenida dentro de él, se vio patente que estaba 
<'n parte petrificada y *'que la configuración en todo era de 
racional"— El sepulcro media diez y cuarta varas de largo 
Irts y íres cuartas de ancho y cinco cuartas de prí>- 
iiindidad. 

El segundo sepulcro reconocido, estada á dos leguas y me- 
^b*M del anterior, dentro del rio mismo de Arrecifes, en un te- 
rreno formado de tierra, piedra y arena. Hallóse debajo una 
osamenta, **cuya configuración era de racional," que se sacó 
con el mayor cuidado. Le medida del sepulcro dio las dimen- 
siones siguientes : seis varas de largo, dos y tres cuartas de an- 
X he, y una de profundidad. 

Tanto de esta como de la osamenta, hacen los jueces co- 
3»!Ísionados una descripción entrando en la parcial de cada uno 
<le los huesos que la componían. 

Todos estos huesos bien acondicionados en petacas reto- 
badas con cueros se despacharon cuidadosamente para el 
juzgado de primer voto, á donde llegaron y de donde pasa- 
ron á la casa morada del principal interesado. 

Como este tenia en mira, no solo los objetos (pie quedan 
ya indicados, sino también el de remitir el hallazgo como 
** monumento auténtico" á alguna Academia ó I^niversidad 
lie la Península, solicitó del alcalde, un reconocimiento fa- 
í^ultativo de los huesos, á cuyo fin se nombraron tres **ci- 



104 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

r líjanos anatómicos" de los mas acreditados entonces en Rúe- 
nos Aires. — Fueron estos, don Matías Griniau, don Juan 
Paran y don Ángel Casteli, quienes ante escribano debían 
declarar en presencia de los huesos mismos **si eran ó no de 
persona humana, según su .saber y entender.'' 

Desempeñaron esta comisión el día 8 de febrero del año 
ya indicado, comenzando por Casteli, quien declaró^ que la 
muela no obstante no estar entera, tenia figura racional: 
{»ero que no se ratificaba en ello porque no podía decir lo 
li'ismo de las demás piezas. Don ^I. Grimau, ** cirujano ma- 
yor de la gente de guardia de este presidio por S. M.'' asient.i 
terminantemente que aquellos restos debían ser de '*uno!* 
hombres nuiy altos y corpulentos que han existido en lo an- 
ticuo, según la tradición que había llegado á su noticia con 
motivo de las recientes exhumaciones de a(|uellas osamentas. "^ 
V]l cirujano don Juan Paran se mostró mas discreto que sus 
dos colegas, suplicando al Alcalde le escusase de aquella di- 
lljencia, pues aunque había examinado los huesos '*no al- 
canzaban sus luces" á poder decir con certeza de verdad de 
que cuerpo podrían ser; de (»uya a(M^rtada declaración dio ft» 
<^1 escribano Conget, consignándola con lai; [palabras que- 
q^HHlan transcritas entre comillas. 

Esto es lo que consta del espediente obrado, cuyo original 
Kc entregó al ca|)itan de la fragata *' Nuestra Señora del Car- 
men" surta entonces en nuestro puerto. Es de creer que á 
bordo de esta nave se trasladasen á España los es<(u<*letos 
exhumados con tanta diligencia y formalidades judiciales, y 
en este caso debieron ser esos los primeros fósiles que se co- 
i:Ociesen en Europa extraídos de los abundantes depasíto*^ 
de nuestro suelo, pues el esqueleto de ^Níegaterium existente 
•m el Gabinete de ^fadrid, espedido por el Virey de Buenos 
Aires para aquel establecimiento, no llegó á su destino hasta 
m-^diados del año 1778, es decir, hasta después de do(*e años 
dé las exhumaciones de Arrecifes. 

Con este motivo recordaré a(iuí una anécdota no muy co- 
r.ocida, y que hace poco favor a la ciencia de nuestros pa- 



LA paleontología 105 

tires, j)or mas que quiera disculi)arlos nuestro amigo Trellefí:. 
que es quien ha publicado en su Registro Estadístico el do- 
cumento que constituye el chiste de dicha anécdota. — Es el 
caso que, — habiendo llegado á Madrid, en siete cajones, la 
osamenta de aquel animal, entonoee totalmente desconocido 
en España, se despertó en el Rey don Carlos III apellidado 
rl sabio, el deseo de poseer un individuo vivo de aquella rara 
especie, aunque fuese pequeño, disecado y relleno de paja, 
en el caso qu<e por la índole uraña de semejante bruto no 
se dejara coger en vida para solaz de S. M. que fué según la 
historia, uno de los mas encarnizados cazadores que se ha- 
brán conocido desde la cobarde invención de la escopeta á 
l»ala. Los inocentes deseos del monarca están espresados 
<*T' una real orden fírmada por el Ministro don Antonio Por- 
lier, en San Ildefonso, á 2 de setiembre de 1788. 

Y sin embargo, si no han existido hombres gigantes sobre 
\'\ haz de nuestro planeta, va quedando fuera de duda ta 
( vistencia de lo que vulgarmente se llama el hombre fósil, 
es decir, del ser racional contemporáneo de los organismos 
colosales que se encuentran á cada paso en los terrenos de 
antigua formación. Hace pocas horas que he tenido en mis 
manos parte de un^ mandíbula, dientes y muelas, encontra- 
dos en las mismas formaciones geológicas en que se encuen- 
t'-an nuestros Oliptodontes y demás fósiles, y pertenecientes* 
í la misma época que estos. — Pero, yo me hallo en el cas»-) 
del cirujano Paran del año 1766, y no alcanzando mis luce» 
irucho mas que las de aquel, no puedo abrir juicio fundado 
hobre una materia '*tan profunda,** y me limito á consignar 
el hecho y mi persuaeion instintiva. 

Creo que el espediente puede llevar al publicarse, coma 
título general el siguiente: — La paleoiiiología en las colonias 
españolas á mediados del siglo XVIJI. 

Vn siglo justo y cumplido ha pasado sobre este espedien 
te, y apenas hace un año (es decir una centÁíima parte dí^ 
tiempo que media entre el capitán del Fierro y la presencia 
fií'l Dr. Burmeister en Buenos Aires) que poseemos algunos 



106 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

t*Hqiieletos armados y clasificados de esos seres raros que 
a)>iindan en nuestros terrenos narrando por todos sus huesos 
las maravillas de la creación. Hoy tenemos formada bajo 
luenas bases una ** Sociedad paleontológica'', cuyo principal 
< V jeto es la recolección de fondos para dar publicidad á los 
tosoros que ya posee nuestro Museo en este ramo de una 
ciencia hoy tan á la moda en el mundo. — Para esto ha sido 
pecesario un siglo! Pero la ciencia de los fósiles no pued*^ 
,iudar sino (♦on el paso grave y mesurado que debia distin- 
í'uir á las monstruosos cuadrúpedos cuyos representantes ac- 
tuales son los perezosos. 
De V. at. amigo y 8.S. 

,irAX MARÍA GUTIÉRREZ. 

UR>n de V. Xf>viemKr(> 14 <ie \s6Cu 



ESPEDIENTE. 

Sobre la existencia de sepulcros y eisqueletos Me jigantes en el partido 
de Arrecifes en las estancias de Luna y de Peñalva cerca de la 
mar jen del rio — 1766.. • . 

S( ñor Alcalde d( primer voto. 

Don Estevan Alvarez del Fierro Capitán y Maestre de la 
Fragata nombrada '* Nuestra Señora del Carmen" como me- 
jor proceda y haya lugar en derecho, ante V. S. parezco y 
ciioro: que estando cerciorado como en el terreno ó campaña 
ove llaman el Arrívife, Jurisdicción de la Capitanía General 
de esta Provincia del Rio de la Plata, y distante de esta Ca- 
IMtal de treinta y ocho á cuarenta leguas con corta diferencia 
allí se encuentran y registran unos «epuleros varios: moni:- 
i«>entas de la antigüedad en que se conoce ser de racionales y 
d(* una estatura fuera de lo regular y propiamente de la 
e>tatura gigante como lo demuestra el espacio de dichos se- 
] uleros y las varias piezas de osamenta que se hallan en ellos 



N 



LA paleontología 107 

y siendo estos monumentos un testimonio autentico y de- 
liiostrable de que en la antigüedad hubo en esta región 
-Hjncricana, sea antes ó pos del diluvio racionales giganteos 
íiue están negados por varios historiadores y críticos de la 
historia sagrada y profana, suscitándose de esto varios pun- 
l«>s controvertibles con perjuicio de la veracidad de la sa- 
grada historia y de los autores fidedignos que con tanto 
acierto han escrito la profana, y lo que mas es, el que la secta 
/Ir hs tnaterialistas llega á negar varios puntos en dogma de 
f( sobre la estatura gigantea que nos espresa la Sagrada Es- 
c'iitura y para dar un testimonio auténtico de que ha habido 
esii\ (*specie de Gigantes, es muy arreglado el que se reco- 
iií»7can dichos sepulcros en cantidad de uno 6 dos de ellos, se 
fc¿».jue su osamenta y traiga á esta (iudad; todo lo cual se Im- 
íra á mi costa y mension con solo la remuneración tle que se me 
<-ntre£rue toda la osamenta que se hallare para conducirla á los 
reinos de España y entregarla como monumento auténtico á 
la Academia ó Universidad á quien tenga acción como miem- 
l-ro de ella ó á la que fuere de mi satisfacción — ^Y para qur 
^¿te hecho sea formal y plenamente justificativo conviene que 
^1 reconocimiento de dichos sepulcros y extracción de su osa- 
menta no se haga por mi, pues entonces la persuasiva de 
la crítica pudiera desvanecer el hecho y suponer á vista de 
1;: osamenta ser coleccionada de huesos de animales hecha por 
j !Í idea; con otros argumentas que la misma crítica produce 
^.ara contradecir aun lo mas patente y sí por sujetos impar 
< iales, por cuya atención usted se ha de servir nombrar á dos 
*•• jetos que á mi costa pasen á dicho término de ** Arrecife" 
y que en las estancias que llaman de *^Luna y Penal va" á \h 
iiiárgen del rio llamado el '* Arrecife" reconozcan uno ó dos 
sepulcros, midan su largo y ancho, saquen la osamenta dj 
-íllos y la conduzcan á esta ciudad á las casas de mi morada 
y que antes en aquel mismo sitio tomen razón individual de 
lodo poniéndola á continuación de este escrito con la formalí- 
<lad que corresponde en derecho, y autorizándolo con sus fir- 
jiias y la de los testigos que quisieren por si nombrar para 



IOS LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

mayor validación, citando á los que se hallaren presentes, y 
no supieren escribir, por tanto, haciendo el pedimento que en 
1 las justicia corresponda — A usted pido y suplico se sirva 
I^roveer y mandar como llevo pedido, mmibrando los dos su j > 
tos que sean de su agrado y que estos den razón individual 
cit todo como va dicho y asi mismo el que dicho sitio 6 ter- 
ruño está retirado del mar mas de ochenta leguas como á 
todos se hará visible por estar en lo interior de la tierra, to- 
do lo cual es de hacer en justicia, que es lo que pido y 
j>ara ello juro etc. Estevan Alvarez del Fierro — Por pre 
sentado y en atención á lo que esta parte pide, se nombra k 
<kn José Larreondo residente en esta .ciudad y á don Luis 
Vifiales vecino del *' Arrecife'^, sugetos inteligentes para que 
los dos juntos con los testigos que les pareciere y trabajado- 
res para el efecto, pasen á reconocer juntos los sepulcros d^^ 
i\ue se hace mención en este escrito, midan su largo y ancho 
l)or varas, estraigan la osamenta que hubiere en ellos, to 
mando razón individual á continuación de la providencia pa- 
ra lo que s(* les dá ccmiision en forma y original se traiga 
{.utorizada á un juzgado con sus firmas y las de los testigo?? 
<jue supieren escribir, citando los nombres de los que no 
supieron hacerlo y con ella traerán la osamenta para Iok 
efc(ítos que haya lugar, cuyos gastos y costos satisfará don 
FiStevan Alvanv. del Fierro como lo ofrece — Juan de Lezica 
V Torrezurri — Proveyó v firmó lo de suso el señor don Juan 
(ií* Lí^zica y Torrezurri, alcalde ordinario por Su Magestad 
(que Dios guarde) en Buenos Aires á veinte de enero di* 
mil sete( ientos sesenta y seis años — Ante mí Francisco Javiei 
(^nget, Escribano de Su ^lagestad — En Buenos Aires dicho 
(.ia mes y año, yo el Escribano de Su Magestad hice saber oí 
iiuto de arriba á don Estevan Alvarez del Fierro — doy fé — 
(\.nget — En cumplimiento de la comisión que se nos raand;i 
bíU'er por el auto antecedente espedido por el señor don Juan 
<\v Lezica y Torrezurri alcalde ordinario de la ciudad dt» 
Buenos Aires, Nos los nombrados, jueces comisiónanos parfi 
cDo hemos venido á este sitio ó término que llaman el **Arr?- 



LA paleontología l(i9 

iitV Jurisdicción de la Capitania General del Rio de la 
J'lata y distante de la capital de la Santísima Trinidad de Bue- 
i'os Aires cuarenta kgxias y mas de ochenta de las playa>. 
lie la mar hoy veinte y cinco de encero de este año de mil set**- 
<-ientos sesenta y seis, y desde la cisa de nuestro alojamient«> 
.j'compañados de don Francisco Hacandiaran, de don Manuel 
Johel y don Cayetano Gelbe^, testigos de escepcion y de Juan 
^\lejo Bacelo, Plateo Barragan, Blas Castillo, Miguel de Sa- 
ri la, Francisco Vinales y Luis Vinales jornaleros trabajado- 
res, conu) pasamos al sitio llamado el Arroyo de Luna, dis- 
t:iite media legua de las casas en donde reconocimos un se- 
XMilcro () sepultura principiado á abrir y habiéndolo hecho 
< avar y quitar toda la tierra que cubría una porción de' osa- 
ir* ntas. cuya ( onfigurac»ion en todo es de racional en parte 
j^ctriticada, la cual sacamos con el mayor cuidado, sin que per- 
c'iese el sepulcro su configuración, y medido este, le ha- 
llamos tenia de largo diez varas y una cuarta, de ancho tres 
A aras tres cuartas, y profundidad cinco cuartas, luego fui- 
ri'os separando la osamenta y hallamos lo que sigue: un peda- 
y.o de una muela; un hueso que parece ser del juego de una 
2 :ano. ó pié. varios pedazos de costillas, unos pedazos de los 
t-síremos de las costillas; un hueso redondo, que según parec-.^ 
es el que une el muslo con la cadera ó cuadril, una canilla en- 
tera, (|ue según su figura descubrimos ser la que une el brazo 
con el hombro ; otra cabeza ó estremo de canilla que parece ser 
tío las piernas y otros varios huesos que no podemos conocer 
¿ que parte correspondan, los cuales hemos hecho recojer con 
♦^1 mayor cuidado y puestos en petacas retobadas de cueros 
.se han mareado con la letra G., para asi encerrados llevarlos 
«I juzgado del espresado señor alcalde de la ciudad de Buenos 
.Vires, en fé de lo cual nosotros los jueces comisarios los fir 
I» ¡irnos y autorizamos en toda forma de derecho, y con nos4> 
tros para mayor validación lo firmaron don Francisco Baran 
iliraan, Don Manuel Jovel, y don Cayetano Gelvis, testigos 
4le escepcion en nuestra presencia hallándose también presentes 
á todo esto los trabajadores: Juan Alejos, Mateo Barran. 



lio LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

l^las Castillo, Frant-isco Vinales, Luis Vinales, Miguel Sarria 
tral)ajadores que no firmaron por no saberlo hacer, y solo 
dos que supieron lo firmaron conmigo en veinte y cinco de ene- 
ro de este año de mil setecientos sesenta y seis en el sitio que 
l'f.man la estancia de Luna— José de Larraondo — Luis Viña- 
Us— .Manuel Jobel— Francisco Vinales— Cayetano Gelbes— 
Luego incontinente pasamos al sitio que llaman la estancia de 
iV'fialva distante dos leguas y media de la antecendente, don- 
iví dentro del rio nombrado *' Arrecifes", reconocimos otro 
«epulcro, por manifestarse un cráneo á su margen y 
habiendo hecho retirar con un at^jo el agua del dicho. 
i\ conocimos una osamenta y en presencia de don Fran- 
cisco Barandiaran, de don .Manuel JoM, y de don Juan 
J(>sc González testigos de escepcion y Alejos Balojo, Jo- 
vjó Ferreira, Francisco Abalos, Juan Andrés Ribera, Fraa 
iih(0 Vinales, Luis Vinales y Mateo Barragan, trabajadores 
se cavó y quit') la tierra, piedra y arena que cubría la ost?- 
menta, cuya configuración es de racional, la que se sacó 
(le dicho sepulcro, con el mayor cuidado sin que perdiese su 
ligura el s. pulcro, y medido tenia de largo seis varas y es de 
ixivertir que en el di(*ho sepulcro no se encontraron mas hue- 
s )s, y estos unidos, que los corresponden hasta los cuadriles, 
íiue fué lo que tuvo la espresada longitud, pues aunque se si- 
isn'ió la cava para mas indicar no se halló cosa alguna de le 
restante del cadáver; de ancho dos varas y tres cuartas; a<. 
profundidad una vara, luego fuimos separando la osamenta 
y hallamos h» que sigue: un pedazo de cráneo que tenia una 
vítra de largo y tres cuartas de ancho, el que no se pudo con- 
sejiuir saliese en una pieza; varios pedazos de costillas, el 
hueso que parece ser de la nuca; varios huesos del espinazo. 
y otros varios huesos que no sabemos á que parte del cuer- 
]»o correspondan, y unos pedazos de dientes, los cuales he- 
mos hecho rec0í?er con el mayor cuidado y puestos en petacas 
retobadas de cueros se han marcado con la letra D. para así 
encerrados, llevarlos al juzgado del señor alcalde de la ciu 
dad de Truenos Aires, en fé de lo cual nosotros los jueces co- 



LA PALEO-\TOLO(ilA 111 

iinnionarios le íirmamos y autorizamos en toda forma de 
cit recho, jurando lo neeenario y con nosotros, para mayor va- 
Jiílacion lo ñrman don Francisco Barandiaran, don Manutl 
Jovd, don Cayetano Gelbes, Francisco Vinales y Luis Viña- 
Íes, testigos de escepcion en nuestra preseucia; hallándose 
l^mibien presentes á todo este acto, Juan Alejo Baleco, José 
Ft-rreira, Francisco Abalos, Juan Andrés Rivera v Mateo Ba- 
nagan, trabajadores que no firmaron por no saberlo hacer, v 
j>ara que conste lo ponemos todo por diligencia en debida for 
ina en veinte y ocho del mes de enero de este año mil seie- 
c'entos sesenta y seis en este sitio que llaman la estancia u^í 
l'eñalva — José de Larraondo — Luis Vinales — Juan José Gon 
zaltz — Francisco de Barandiaran — 5Tanuel Jobel — Cayetan.: 
(jelbes — Luis Vinales — Francisco Vinales — Y mediante qut» 
solo se nos comisiona uno ó dos sepulcros, damos por conclui- 
da la comisión y original la devolvemos con la osamenta al es- 
presado señor alcalde para los efectos que convengan, lleván- 
dola nosotros los dichos jueces comisiónanos fecho en veinte y 
c»í-ho de enero de mil setecientos sesenta y seis años en esta 
estancia de Luna — José Larraondo — Luis Vinales — Señor al- 
calde de primer voto — don Juan Larraondo y don Luis Viña- 
lí*s jueces comisionados por Vd. y á pedimento de don íJste 
\an Alvarez del Fierro pasan á reconocer los varios sepulcros 
que se encuentran en el término de Arrecife, jurisdicción de 
esta capitania general del Rio de la Plata, decimos: que ha- 
luendo pasado á practicar la diligencia, reconocimos dos se- 
l'Ulcros, los medimos según se nos mandó y sacamos su osa- 
renta, todo practicado en debida forma como consta de las 
diligencias actuadas á continuación de la providencia de V. 
1:.F que originales devolvemos junto con este eserit<>, y la osíi- 
n enta estraida de los sepulcros para que en su vista dé la pro- 
videncia que corresponda y por concluida nueátra comisión 
en cuya atención á V. pedimos y suplicamos se sirva proveer 
lo que fuera de su agrado, que es justicia etc. — José de Lar- 
raondo — Luis Vinales — por presentado y vistas las diligen- 
cias practicadas por las personas que por este Juzgado fueron 



112 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

oomisionadas á pedimento de don Estévan Alvarez del Fierro 
piíra efecto de reconocer los sepulcros de que hacen mención 
eíílos autos. Dase por concluida su comisión y entregúese 
al referido don Estévan la osamenta que han conducido co- 
iii(^ lo podio en su escrito que hace cabeza á los autos, y para 
mayor validación del dicho, se nombran de oficio para el 
reconocimiento de dicha osamenta á los cirujanos anatómi 
^08 don Matias Grimau, don Juan Paran y don Ángel Casteü 
quienes por ante el presente escribano dirán después de ha- 
berla visto, si es, ó no, de persona humana según su saT)er 
y entender y fecho, autcs para proveer lo que convenga— 
I ^zica — proveyó y firmó don Juan de Lezica alcalde ordina- 
rio por su S. ^I. (Q. I). G.) en Buenos Aires á cinco de febrero 
do miJ setecientos sesenta y seis — Ante mi — Francisco Javier 
í x>nget — Escribano de S. M. — En Buenos Aires á ocho de 
febrero de mil setecientos sesenta y seis años — Ante mi el 
'Escribano de S. ]\I. pareció presente don Ángel Casteli ciru- 
Jíiuo en esta ciudad y dijo: que en cumplimiento del auto 
antecedente, tenia reconocido los huesos que se hallan en 
casa del capitán don Estévan Alvarez del Fierro y halla qut- 
tres solos no tienen alguna figura rttcional; uno es la cabe- 
za del fémur ó caderas, el cuadril, el otro es parte del tarso 
<í sea el pié, la tercera parte es una falange del primer de- 
jo grueso del pié, la muela no obstante no ser entera tiene 
lisura recional, sin embargo no se ratifica en ello por no 
hallarse en el montón de huesos otro que configure á la ra- 
cunalidad, sin dudar del concepto: que es cuanto pueile 
ilccir bajo de juramento que lo hizo por Dios Nuestro Señor 
\ na señal de cruz, según forma de derecho, en lo que se 
afirma y ratifica, y lo firmó conmigo de que doy fé — Ángel 
í'astelli — Ante mi — Francisco Javier Conget — Escribano de 
S. M. — En Buenos Aires á ocho de «febrero de mil setecien- 
ifí sesenta y seis años, ante mi el Escribano de S. M. pa- 
reció presente don Matias de Grimau cirujano Mayor de H 
gf'nte de guardia de este presidio por S. M. (Q. D. G.), y dÁ¿o : 
<in*^ habiendo sido citado el dia de ayer de orden del señor 



LA PAL?X)NTÜLO(UA in 

Alcalde de primer voto á pedimento de don Estevan Alvares 
<ul Fierro, capitán de la Fragata '* Nuestra Señora del Cár- 
i'ien'' que se halla ^n este puerto próximo para hacer á Iof 
lí( inos de España y pasado á la casa de su morada para 
<'xaminar una osamenta de cadáver v examinado los huesos 
huUa que por su figura son de racional, en particular lo ha- 
<*e creer mucha parte de dichos huesos como los de la clavi 
en las vértebras el gran trocar del íemor y costillas ver- 
<iínleras como las tablas del cráneo, por una grande pieza re- 
«londa al contrario, no se halla en los brutos semejante fi 
jTiira y desformidad agigantada y según tradición de Iok 
r.iitiguos ha oido decir con el motivo de haberse hallado es- 
ti>s huesos, de que habia unos hombres muy altos y corpu- 
lentos, por lo que no estraña sean los referidos huesos de 
"stos hombres, y como el discurí^o de tantos años que ha- 
l'ian estado debajo de la tierra que todo lo consume, están 
^Hchos huesos calcinados; todo lo eual asi le parece y cuanto 
puede decir según sus cortos alcances y bajo de juramento 
<iue hace según forma de derec'ho, y lo firmó conmigo de 
<|ue doy fé — ^latías Grimau — Ante fmi — Fráneisco Javier 
<*onget — Escribano de S M. — En Buenos Aires dicho día 
mes y año, yo el Escribano de S. M. hice saber el auto de 
< ¡neo del corriente á don Juan Paran cirujano, para efecto 
^le que hiciera el reconocimiento que por él se manda y di- 
jo : (|Ut» suplicaba al señor AlcaUle le hubiese por escusado á 
dicha diligencia, por que aunque ha visto los huesos no al- 
*anzan sus luces a poder decir con certeza la verdad de que 
í'Uerpo puedan ser, y esto respondía, de que doy fé — Francis- 
co Javier Conget — En Buenos Aires á nueve de febrero de mil 
scTecientos sesenta y seis años, ante mi el presente Escribji- 
210 pareció don Estévan Alvarez del Fierro, capitán de la 
Frasrata nombrada el *^ Carmen" y dijo que tenia reunida en 
^«••u poder toda la osamenta que se ha t raido á su ])edimenT(> 
y (*onsta de las diligencias antecedentes y lo firmó de qu«» 
<i(iv fé — Estévan Alvarez del Fierro — Ante mi — Francisca 
Javier Conget — Escnbnno de S ^F. — Autos y vistos, entré- 



114 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

Júnese al capitán don Daniel Estévan Alvarez del Fierro estas 
diligencias originales, sacando primero el presente escriba 
no testimonio de ellas y lo protocolará en el registro que es- 
tá á mi cargo y se pasará razón al de Cabildo — El señor don 
Jiian de Leziea y Torrezurri alcalde ordinario por S. M. 
(Q. D. G.) — lo mandó eu Buenos Aires á nueve de febrero 
i\e mil setecientos sesenta y seis años — Leziea — Ante mi — 
Francisco Javier Conget, escribano de S. M. 

Va cierto y verdadero este traslado y concuerda con las 
diligencias originales de su contexto que para efecto de pro- 
tocolar está en el registro que está á mi cargo, y entregar 
JOS originales al capitán don Estévan Alvarez del Fierro 
sipné y firmé la presente en Buenos Aires á nueve de febre- 
ro de mil setecientos sesenta y seis años. En testimonio de 
Virdad — Francisco Javier Conget. — escribano público de Sü 
^'agestad. 



bibliografía. 

la. PARTE. 

BIGLIOORAFIA PERIODÍSTICA DE BT'ENOS AIRES, HASTA LA 

caída DEL GOBIERNO DE ROSAS. 

Contiene el título, año can la fecha áe su aparicio-n y cesación 
formato, Imprenta^ •n/únuero de qu-e ©e compone la co-feccJon 
4e cíZída periódico 6 dáaipio, mamibre de los inedaetoiries qu« <?e 
tíonocen, ob»er\'ta«k)ai)es, a^otieiías »oibre cada lumo, y la biblio- 
rtee-a pública 6 parti-culaor e.n do<ndie w eaK^ie-ntiria el periódico. 

(CoatiaMiaeion.) (1) 

Arenga funeraria, compuesta por el doctor don Vicente 
J opez, que por un accidente no pudo recitar sobre la tumba 
del señor don Juan José Cristóval de Anchorena, numere 
224. 

Necrología del señor don Juan Antonio Pereira antiguo 
capitán de granaderos del regimiento de Patricios, amigo 
íntimo del señor don Cornelio Saavedra y que fué el alma de 
la revolución de mayo, número 225. 

Dictamen presentado por la comisión de negocios consti- 
íuíionales en las dos minutas de comunicación, elevado por 
el señor diputado Lozano, y dirijido a los generales López y 
Quiroga, número 225. 

Correspondencia referente á la acción de la cindadela de 

1. Véase» la páj. .514 d«l tomo X de la *^ Revista de Buenos 



116 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 



ni. 



Tnciinian, ganada por el general Qniroga y contestación del 
ivdactor, número 226. 

El VlaMficador ó Nuevo Tribuno ha tratado la cuestión 
facuJiafIfs' esfraordinarias (número 182 á 194) consideradas 
l)or el redactor como peligrosas é innecesarias. 

(C L#anLa-9, QuJrno Costa, Zinny ) 

70. CIRCULAR MARÍTIMA— 1831 — 1832 — in fol— 
Impn ufa de Arzac — Empezó el 27 de Octubre de 1831 y 
conclu;s'ó, con el X. 243, el 27 de octubre de 1832. 

íll objeto de esta publicación era instruir al comercio so- 
bre todos los buques procedentes de lUtramar y ]Montevideo 
que fondeen en estas balizas. 

Sí^ cree que su Editor fué don José alaria Arzac. 

(Es Tari simo.) (1) 

71. COMKTA ARGENTINO (El) — 1831 — 1832— la 
iol. — Imprenta de ¡a Independencia — sus redactores fueron 
les señores don José Barros Pazos, don Luis José i3ustamau- 
tf y don francisco Casiano Heláustegui. — Empezó el 24 de 
diciembre de 1831 y cesó por orden de Rosas el 30 de enero 
de 1832. 

La coleí cion consta de 23 números. 

Los redactores se han ocupado en hacer una prolija rese- 
fn d(*l estado de las Provincias, para hacer convencer que 
no estaban aptas á concurrir á la Confederación Argentina. 

(Vé<Mse Chmfieador ó Nuevo Tribuno. X. 230.) 

(Es muy raro.) 

71>._(X)SM0P0L1TAN (TIIE)— 1831— 1833— in folio 

]. I). l).'nioh advertir (jue ci! ühId (ÍHMni{.5 qiit? un jH^r'ódieo e> 
*' rarísimo ó muy raro" y sin t'mbar^o damo-s iioticíias 4o él es ó poi 
qiK" sol;, ji(»-.rtMi.(i> ó hemos visto alírnrios uúm. ros, ó porque lie- 
no^ obten ido esas uotieiajs por medio de otros 'poriódiCDs ó de otra 
eK "■■ (l< i I presíjs. 

L-i .Mu-nncia di h\'ñor <íeiierMl Mit'v, eiiya rií'i biblioteca po 
iiu». ha s¡di> posible eívn!>ultar es tant») fi as sensible ouando que 
jHis (-(nista haber j)odido sin e>'a ausencia llenar muchas la^umas v en- 
rr (juei-er nu(\stro trabajo do un modo mas satisfactorio. 

Pinmetf^mos !*:n embarco llr^n' t \i\< la<íunas a^^i c;?no rec-tifi- 
<'ar las faltas que en ol presente tral^ajo se noten; ])or medio do- 
un ' ' sudItmíií 'Uo. 



BIBLIOGRAFÍA. 117 

Imprenta de la Independencia primero, y en la í/cZ Comercto 
después. Se publieaba en inglés, por los señbres Chapnian 
y Dillard, los miéreoles, teniendo por redactores á don Fran- 
cisco Agustin Wright y don Jorge A. Dillard y por editores 
responsables á don Juan K. H. Redue primero y los señores 
Chapman y Dillard después. Principió el miércoles 23 de 
lioviembre de 1831 y concluyó con el número 59 el 9 de 
enero de 1833. 

(C^ Carntnza,) 

73.— CUERITOS AL SOL (LOS)— ISS^— Imprenta de 
1i% Libertad, Fué anunciado en El Defensor de los derechos 
del Pueblo en los términos siguientes: **Los Cueritos al Sol." 
Nuevo periódico; se publicará mañana á la tarde (3 de octu- 
Ire) sin falta, por esta Imprenta. Los señores que gusten 
f r.vorecernos con algunos materiales — aunque tenemos de 

sobra — respectivamente á la vida privada de los A Z . . . . 

M , G , M , A Da. E. E ., Da. 

P. E , Da. A. R , Da M. de M y de cual- 
quiera otra persona del círculo indecente de los apostólicos. 
todo, todo será publicado sin mas garantía que la de los edi¿ 
t..res. Tiemblen malvados, y os enseñaremos como se ha- 
bla de los hombres de bien. Los Editores." ""* 

Esto solo alarmó á toda la población y al gobierno; por- 
que se agregaba la circusntaneia de nombrar personas por en- 
tero, limitándonos nosotros á dar solo las inciales. Felizmen- 
te no se publicó, como tan poco salió á luz el Telón corrido j 
aiuinciados ambos á principios de octubre. 

El gobierno mandó comparecer ;i todos los impresores y 
les intimó que al que publicase Los Cueritos al Sol, la.s Me- 
morias secretas del señor Monteagudo ó cualquier otro perió- 
dico, papel suelto ó aviso que tuviese la misma tendencia 
hostil contra el bello sexo del pais, se le aplicaria un castigo 
tan fuerte y eficaz que le haría contener. 

74.— CONSTITUCIONAL DE 1833 (EL)— Diario polU 
iico, literario y mercantil — 1833 — in folio — Imprenta de los 



118 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

Amigos — Su redactor fué el doctor don Mi^el Valencia. 
La colección consta de 85 números. Principió el 9 de ju- 
no y concluyó el 17 de octubre. 

Lo mas notable que encontramos en este diario es: — Vn 
<\vámen de la vida pública de don Manuel J. Garcia, como 
diplomático y como financista, contestando á su última Es- 
posicion — Una carta suscrita por Tartas, Monigote Tomista 
dirigida al muy honorable diputado señor don Nicolás de An- 
chorena — El diario de marchas y demás ocurrencias de la 
<livision izquierda desde el l.o de julio hasta el 15 inclusi- 
vo del mismo. — Biografía del general don Juan Ramón Bal- 
i-arce, en su vida pública, suscrita por Los amigos del general 
Bftl caree. (Es muy interesante.) — Paralelo de Washington y 
Bolívar, transcrito del Mercurio Peruano. 

El Constitucional de 1833 fué acusado, juntamente con 
otros catorce periódicos ó diarios, por el fiscal doctor Agre- 
li), por abusos de la libertad de imprenta. 

(Els mwy raro.) 

75.— CACIQUE CHAÑIL — 1833— -El número 26 es 
^jnunciado en el número 3 de El Águila Federal. 

76- CARANX^HO (EL)— IS^S— Imprenta de la Líber- 
fad. Apareció el 8 de Julio. 

No se ha tenido á la vista. 

77.— COPIADOR (EL)— 1833— in folio. 
No lo hemos tenido á la vista. 

78. (^RITK^A DE UNOS TENDERITOS, POR AL- 
Gí'XVS SEÑORITAS QUE RECORREN LAS TIENDAS 
SIX GASTAR UN MEDIO— 183:^— in fol. menor— Im pren^ 
ta df la Independencia — El impreso que se ha tenido á Ja 
v'sta. sin número, y con fecha 22 de setiembre, se cree ser el 
Orieo con dicho título, á cuyo final se lee: ** Contestación do 
unas señoritas á la crítica de los tenderitos**. Impreso suelto 
para el jueves (que corresponde al 26 de Setiembre). 

(P. l^TUti.) 

79. CONFESIÓN DE UN CISMÁTICO— 1833— in fo.\. 



BIBLIOGRAFÍA. 119 

menor — Imprenta de la Independencia — Se cree ser la úm- 
*:ii publicación con este título la que se ha tenido a la vista 
con fecha 6 de Setiembre, á cuyo final se anuncia que para 
el domingo (que corresponde al 8 de setiembre) saldria un 
impreso suelto titulado **Acto de contriccion de un Cismá- 
tico." 

(C. Beruti.) 

80. CONCILIADOR {llh)— Diario poUtico y mercan^ 
i'^ — 1833 — in fol. — Imprenta de la Independencia, Solo sé 
conoce el prospecto. 

(E« nniy «raro.) 

81. CORREO JUDICIAL (EL)— 1834— in 4.o Impren- 
to de la Libertad — Fué redactado por el doctor don Bernar- 
4l(» Velez — La colección consta de 8 números. Principió tA 
27 de agosto y concluyó el 21 de octubre. 

Este periódico era una publicación de los procedimientos 
judiciales, y en especial de las causas de la Cámara de Jus- 
ticia. 

(O. **Trelle8, Lamas, Zimiy/') 

82. CENSOR ARGENTINO (EL)— 1834— in folio.— 
Imprenta de la Independencia hasta el número 13, de la Lí 
hcrtad desde el número 14 hasta el 25 y por la del Censor des 
de el número 26 hasta el fin. Diario de prima-noche, hasta 
el numero 16, y de por la mañana, del número 19 en ade- 
lante. Fué su redactor don Pedro F. Cavia. — Principió d 
10 de abril y concluyó con el número 80, el l.o de agosto. 

El redactor Cavia no sostiene en este periódico los mis- 
ii.(»s principios que sostenia en El Clasificador. Véase el nú- 
mero 185 de El Monitor. 

El número correspondiente al 27 de mayo registra un.t 
nota del señor Rivadavia, desde el puerto, pidiendo su pasa- 
porte, el que le fué concedido por el gobierno. Este acto es co- 
liientado por El Monitor en su número 135, justificando al go- 
láerno y al señor Rivadavia por el paso acertado de uno y 
ctro. 

(C. La r.as y (*abot) 



120 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

83. CORREO EXTRAORDINARIO (EL)— 1834— in 
folio — Imprenta Hcpuhlicana — Fué su redactor don Luis Pe- 
rey. Solo apareció un número con el que el editor hace com- 
pletar la suscricioñ de 8 números, agregándole los 7 de El 
Gaucho Restaurador. 

C'G Zinny.") 

84. CIRCULAR MARÍTIMA— 1835— in 4.o Empezó el 
5 de febrero. 

No se ha tenido á la vista. 

D. 

85. DIARISTA DEL EJERCITO . (EL)— 1814— /m- 
prenta del ejército en campaña. Es una publicación que se ha- 
da en el sitio de ^Montevideo, de las órdenes del dia, proclamas 
y demás ocurrencias que tenían lugar, durante esa campaña. 
Se reimprimía en la Gaceta de Buenos Aires i la del 23 de^ 
marzo contiene el número 10 de este periódico. 

(Eb 'muy raro.) 

86. DESENGAÑO (EL)— 1816— 1817 — in 4.o — /w- 
prenta d>e la Independencia. Su redactor fué don Bartolomé 
Muñoz. La colección consta de 11 números. Principió el 
23 de octubre de 1816 v concluyó el 19 de diciembre de 
:817. 

El ilustre y patriota redactor de este periódico, para 
darle el título rjue lleva, se funda en el deseo general de to- 
dos los hombros de saber lo cierto. **La verdad, agrega. 
í'S apetecida hasta de aquellos que por sus inclinaciones de- 
pravadas tra])ajan en ocultarla ó contradecirla: estos suelen á 
veces sofocarla al-gun tiempo; pero al cabo ella se presen- 
ta, porque su brillo dá la luz que la descubre; á esto se lla- 
ma desengaño los acontecimientos de Cartajena. 

Caracas, Venezuela, Barinas, Margarita, Santa Fé de Bogotá. 
Quito, alto y bajo Perú, y hasta la boca del Rio de la Plata, 
nos desengañan sin género de duda que las Américas no tie- 
nen que esperar ya de su antigua metrópoli sino venganza 



B1BLI0(5RAFIA. 121 

y desolación Venezuela, la heroica Venezuela once 

veces ha sucumbido y doce veces ha triunfado, y triunfara 
con todo fiel americano, el corazón nunca puede subyugarse, 
y con aspereza menos ' ' 

España, dice El Desengaño, ha reducido poco menos que 
á escombros al opulento y vasto imperio de ^léjico por la 
heneficencia y religión, tan cacareada de los españoles, que 
va^ han empeñado en perder las Américas, y por conseguirlo 
no reparan en que se pierden á si mismos. 

El Desengaño comenta, con preciosas notas, muchos do- 
cumentos del general Morillo y Fenolana, asi como ha tratado, 
como propiedad esencial del desengaño, sacar de dudas al 
c.ue las tuviera con respecto á otros documentos de proceden- 
vH metropolitana, de cualquier otro género. 

(C. ZLnny.) 
(Es vnray raro.) 

87. DUENDE DE SANTIAGO (EL)— 1818— in 4.c> 
— Imprenta de Niños Expósitos, El número 14 es el único 
que se conoce, reimpreso en Buenos Aires, probablemente 
porque su contenido es totalmente referente a los señores 
Carrera de Chile. 

(<\ Lamas, Carranza, 01a^n?r, Zinny.) 

88. DESENGAÑADOR GAUCIII-POLITICO federi^ 
montonero, chacuaco-oriental, choti-profertor y anti-repiihUco- 
dor de todos los hombres de bien, que viven y mueren descui- 
dados en el siglo diez y nueve de nuestra era cristiana — 1820 

—1822 — in 4.0 — Imprenta de la independencia. Su redac- 
tor fué el R. P. Fray Francisco Castañeda. La colección 
íonsta de 26 números con 562 págs. Principió en 1820 (no 
iíjdica raes y dia) y concluyó el 24 de octubre de 1822. 

Este periódico, en 1821 y 22 tenia este otro título: De- 
.sciigañador Gauchi-político, f ederi-montonero, chacuaco-orien- 
tal, choti-protector y anti-repuhlicador enojadmmo con todos 
los hombres de bien que viven y mueren descuidólos en el siglo 
diez if nueve de nuestra era crhtiana. 

Lo mas interesante que rejlstra este periódico es: Vn 



122 LA^ REVISTA DE BüiiN'OS AIBES 

■ 

discurso intitulado, *'E1 hecho mas escandaloso de nuestra 
revolución: ó el americano mas indigno de este nombre," 
(niim. 10) — l'^n discurso sobre la tolerancia. 

Este periódico era contrario á la federación, porque, 
dice — después de haber auxiliado Buenos Aires á la Banda 
()nental, conquistado á Montevideo, dando importancia á Ar- 
tigas, dividiéndose en varias Provincias, derramando su san- 
gre en el Perú, auxiliando al Paraguay, á Chik y aun á Cara- 
<ns, ese fué el fruto recogido — La federación — Cuyo blasón y 
<*uyo timbre es, mueran los porteños. Que Buenos Aires a 
fuerza de su sangre conquistó a Córdoba, á Santiago, á Tu- 
<?!iman, á Salta y demás Provincias del Perú, que se habían 
entregado al virey de Lima: que conquistándolas ó auxilian- 
oolas trató de unirse a ellas, dándoles igual representacUm 
y derechos; pero las provincias han deshecha la unión y des- 
conocido á su benéfica capital. Que Buenos Aires, después 
de haber nutrido y exaltado á las provincias, solo ha reco- 
ja i do desprecios é ingratitudes. Que viva la confederado a 
i?n boca de los provincianos, quiere decir, mueran los porfe- 

El P. Castañeda no escribió en el mismo sentido después 
'le la revolución del l.o de diciembre. (Véase sus periódi- 
<»os publicados en Santa Fé.) 

**('. Zin¡ny, Lacras, B. P. de Buenos Aires." 

89. DEFENSOR TEOFILANTROPICO :M I S T I C O 
T'OLTTTCO— 1820— 1822— in ^.o— Imprenta de la Tndepen 
dencia — Fué r?dactado por el Padre Castañeda. El doctor don 
Pedro José Agrelo, en sus memorias (privadas ó secretas) 
inéditas, dice, que el Dean Funes ha sido colaborador y pro- 
tector del Padre Castañeda. 

La colección consta de 50 núms. 

Nota. Casi todos los periódicos del año 20, con escep- 
cion de La Gaceta, no tienen fecha. 

''B. V. áe B A.'- 

90. DESPERTADOR TEOFILANTROPICO MIS- 



bibliografía. 123 

TICO— político— 1820— 1822— in 4.o Imprenta de Alvo- 
tez y de la Independencia. En 1820 tiene este agregado: De- 
(l*daco á las matronas argentinas, y por medio de ellas á todas 
/<í 7 personas de su sexo que pueblan hoy la faz de la tierra y 
hi poblarán en la sucesión de los siglos. Su redactor fué el P. 
l'aílre Castañeda. La colección consta de 75 números. El nu- 
Diero 74 concluye en la página 1094 y el q5 último empie- 
Yj.\ en la página 183 y concluye en la página 190. 

Principió en abril de 1820 y concluyó el 12 de octubre 
fí.» 1822. 

El número 47, correspondiente al 16 de marzo de 1821 
rt^iristra la relación de una asamblea General Constituyente 
♦ n la que. habiéndose dado lectura de los números 45 y 46, el 
it'dactor hace figurar á una porteña, una entreriana, una san- 
ta tesina, una montevideana, doña Maria Retazos, una ma 
írona paraguaya y una india pampa, que hacia de secretaria 
á (|uienes hace pronunciar espirituales discursos sobre la f*^- 
i!* »*acion, de que no es nada partidario. Pinta á Ramirez 
como aguijoneado por Agrelo, Sarratea, Oliden, Dorrego ctc 
El número 48 registra una Biografía del General Bla- 
si(f0 á quien clasifica de chacuaco-oriental ó gaucho-político 
inferior a Artigas en nobleza, puesto que era medio tape y 
wedio charrúa: también inferior á Ramirez, por que este sabia 
nhar ^u firma. Dice que Blasito poseía muchas estancias, de 
que se habia apoderado y temeroso de que Artigas se apode- 
rase de todos sus bienes, lo dejó heredero á lyucrta cerrada; 
Artigas corrió con el entierro, y le hizo unas honras con ser- 
■:on en Montevideo, siendo el predicador un padre francis- 
cano. Otra pequeña Biografié del General José Artigas, 
quien habiéndole hecho consentir los porteños descontentos 
í(iic entrarla algún dia triunfante en Buenos Aires, solia de 
cir: **yo he de limpiar la silla directorial colocando en ella un 
indio charrúa." Otra del General Ramirez que era, dice, un 
panadero desertor de Buenos Aires, que entró en esta ciu- 
tlad é introdujo una multitud de Gobernadores hebdomada- 
rios, diarios v horarios. 



12^ LA REVISTA DE BUENOS AIKES. 

íln el número 50, correspondiente al 31 de Marzo de 1821. 
el Padre Castañeda dice, que su ganancia no pa«a de mil 
lisos anuales, que se gastan en el alumbrado y culto de la 
/Sociedad Teofilantrópica ; y que si las suscripciones al Gau- 
chí. Suplementista, Paralipómenon, Comentadora y Doña Ma- 
na Retazos no le producen rail pesos mas para su nueva es- 
cuela de dibujo, habían de quitarle a Cristo los mil pesos, pues 
primero está el alumbrado formal de su cuerpo místico, que d 
cimbrado material de sti cuerpo eucarístico, 

((,'. Lama.s, Zininy, y B. P. de B. A.) 

91. DOÑA MARÍA RETAZOS. De varios autores tras- 
udados literalmente para instrucción y desengaño de los filoso 
fjs incrédulos que al descuido y con cuidado hannos enfedera- 
do en el año veinte del siglo diez y nueve de nuestra era cristia- 
na. 1821 — 1822 — in 4.o — Imprenta de la Independencia. Su 
redactor fué el P. Castañeda. (1) Principió el 27 de inar- 

1. El P. Castañeda \\^i\ú el hábito de San FranciuMjo en el <'on- 

viMito de liji recolección de Hueñis Aires, y en 1H<K) obtuvu pur op<»- 
ííH'ion la cátedra de filosofía de la r.niversidad de Córdoba, eu dooi- 
de le ordenó de sa cerdo tet, el nii^nio año. el llustrisimo obis]H) Mokcosó 

Fué -el fuindf-tdor áe la primera escnelaí die di'biijo de Bm^uos 
Aít'Ps, paia «cuya la-p-cirtura pronuncüó ¡ujna iailo(Íucit>n, <|ue co^r^ 
inipre*:. en 15 paganas lu 4 o <>l 10 de agosto de 1815. 

Ki> 1818, ci^n nuo'tivo de haberse recibido de hí^rmnn^^ niayoi 
d(» la cmngregacion del Alumbrado el direc'tor del Eeütáído señor Pitey- 
iTpdon, pred'có un »ermon, que también corre .iiTfpreso, corftra Iíj 
inipi?diad é itrreligiorn. 

Establ¡(»ció en el rin'i'on die 8aJi Ja^é, províjieia de Santa Fé, 
escuela do» primeras let'r'^s y de latin«idnd. I^ m,"«mo hizo ^i\ el 
Paraná v en San José de Feli-ciíaoio. 

4 

Fué reda'ctcr de varios periódicoe en Baieuos Aires. Montevi leo, 
»S .nta Fé y Córdoba cuyos títulos son: El Teofil-antxópico; Kl T>eseín- 
gnñailoT (anchi político títuloe son: El Teofilam trópico; El Desper- 
tndor Teofilantrí)ipico; El Uauehi-politico; Paralipómenon; El Su- 
}>r^me!ito al Deí!»j>ertad<>T Teo<filaintrópi-co; doña M«írin Retazos En 
niom me meto cora Uiiingue^n; La Exma. motrona co»rh*ntadotin. d<* lo» 
cuatro .pnr iodistas: El Padre Oaetañeda; la Verdad d'pis.nud ; A'ete, 
I>ortugués. que íiíqiii no es; Ven acá poiftugués, que «qiuí evs: Buenos 
A"ir>í cautiva y I»! nación orgenti.na decapitadr' á nombre y por orden 
del fnuTvo CatiVnia Juan La'\'ia-lle; El Teofilamt(rÓT>ieo ó el amÍÉro de 
Dios V los hotmbros; Derechos del hombre ó disenrsos histórico — 
místico — i}3oUtice — <?rltico — dogmáticos sobm los princJpios dt^l dere- 
cho político. 

Los periódicos dtd F. C-astañedo, ba-sha' la revokwiion del l.o 



bibliografía. 123 

20 (le 1821 y eoneluyo el 15 de octubre de 1822, con 252 paji- 
nas. La colección consta de 15 números, despidiéndose en el 
ultimo ; pero reaparece en Montevideo, bajo el número 16, con 
iVcha 1.0 de agosto de 1823. 

En una sesión secreta que, según un papel suelto publi- 
cado en Monte v^ideo en 1823, tuvo lugar en la Isla de Ratas, 
iDlre el Padre Castañeda, doña Yodad desnuda, doña María 
lUfazcs ij don Fcbo, dicho padre dice que va á Santa Fé á 
<.HTÍhir sus diez periódicos, y hacerlos repartir en Buenos 

Aires etc. 

(('. D anas, Ziimy y b. P. de Hu.'nos A:ieí<.) 

<lt* iKc'taibre d^; 1828, apes-ar do su e.^íilo. e.ncierimi mucluís da 
to!i. <obre los personajes en aquella época, de que el historió- 
^fo no dtfjará de sacar provecho. 

Mi:ri«) en ^a ciudad del Pan \m el VI <ie marzo de 1832. El 28 
<it^ julio d-el mismo año, fué por <lepC'>::ciün sup..r;:;.r, d<*>ci i Unr- 
eadi» tu la falúa d»e la Capita-aia d^^l ^ixtío y conducido co>io tn 
triunfo, el cajou que contenía su t'»adaver, acompañado del mi- 
ni-^íru de gobieirmo, que con muchos otros cmp>.i <I'..,^ y i.ü ¡n- 
im.>> número d^* s-eñoras y caballeros de todas clastv^ y condl 
íiont'*, haha.n ido d recibirlo^ El general Ma-uí=iHa pronijmcó un 
dUcnr>í) al <les»embarcar el Maud, y luc^jjo fué lle^va.'io al ten'plo de 
^üo Fr:u.ci^co, euyos padrts tambicín fueron á recibirlo. F,.:é tít^)o- 
sita-lo en el pacteo-n de di^ho Monastí^rio. 

En la noche dvl mi.9mo día 28 do julio s* celebranm vísptiras 
en Ihm i;rlesia.s de la Mercid y del Colegit». 

El d:a 22 de diciembre p-e cidebraro-n suí* exéquiíus <'i;in todvj 
í«í'-iit' I i!, babi.mdo pro.nu.nc i a'do un elogio fúnebre Fray Xico- 
lá.H Al.lazor, do la orden de San Francií-co. el .cual ccjrre iniiii/r?o 
t'ta el títuFo * Elogio Fúíi.t^hne del M. K. P. Fr. Francisco ( í!-tañe- 
da. lectcr jubilado d-el orden de b'an Francisco qu » !e.n h s SídI -m- 
ri' ^ r-xeqnias, que celebraron por dusi>osicion del Superior Cíubierno en 
ni^HKíria kl* ckebrarou po.r di.spowieion del Sr]K'rior («i UÍi'.ino km^ 
la igU:r:a del Sciráfico Patriare!' de Buenos Aius, e^I dia 22 de 
«licienibre de 18H2. dijo Fr. iNicolás \ldazor (*), dol mismo orden. 
Lo dá á luz oin apas¡o.nado diel difuaito. Puí'Uos Ai'*es. Tm]»ronta 
liepubÜtana, 1333." — Íi9 páginas i¡n 4. o 

Xo e- pvtraño que p1 cr dáver d^i P, CastañfMla fu. -^^o rec'bido 
cí-n taMta «le rostracion de aprecio de>: le que era bien conocido do 
tt; .cx .'oiiio un e«cr tor politieo-, n.uchas vec s impjM'c'al y m. k 
que -to muy fitinco. coiio un verdadero patriota y como filántropo. 

El P. Cast; ñcda fo>?ia un taiítnto de ]>rini 'r orden y se hzd 
m-tab] • por Iíí a.sombroy i fertilidad de «u ingenio y e f'rvor con 
qne ^ «stuvo .«us varia** opinicnes políticas, y con especialidad la 
:noportuna reforma del clero, origen de la aida del señor K- 
ví;da\ i . 

' Frav Xic-ol.U Aldazor, Pai're (irardian del convento de San 



11^6 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

92. DEFENSOR DE LA PATRIA (EL)— 2.a BPOCW 
- 1824 — in 4o. — Imprenta de los Expósitos los dos primeros 
ni uñeros, y de Hallet los siguientes. La colección consta de 
10 núnieros. Empezó el lunes 23 de agosto. 

Su redactor fué el Español constitucional don Ramón Fe 
iiz Beaudot, quien habia publicado en España con este mis- 
mo título un periódico semanal, que llegó hasta el número 
172, número igual al de las semanas transcurridas desde que 
FíTnando juró la constitución en Madrid el año 1820, hasta 
que salió de Sevilla para Cádiz eu 1822. Dicho último 
rúmero 172 corresponde al 11 de junio de 1828, en qui^ 
el señor Beaudot lo suspendió, con motivo de la agresión 
f • ancesa. 

El Defensor de la patria dice en su número lo. que **la 
Fspaña ha sido víctima del fanatismo religioso, que es á quien 
debe esclusivamente su barbarie." 

En el número 3. el redactor agradece á los de El Argos 
por el honor, que estos le han dispensado en su número 69 del 
Háhado 4 de septiembre, al considerarle capaz é indicado para 
discutir en público las dos cuestiones tan importantes que ello^ 
proponen. Esas dos cuestiones á que se refiere El Defensoí 
son las contenidas en un papel suelto, publicado por la /m- 

FranciHOo h-ubo *]e ser fucilado wm otros tres, que lo fueran en 
Amguilon, ipueblo de la Rioja, el 15 de cr.-arzo de 1841, por el 
íft«i'?ral Lavalle, -en ra^n de híiberse (prestado á una <ini»ion se- 
ineta de Roeas, panM loe pueblos .int)pr¡ores. Ya de rodillas «n el 
ban<juilo, lo salvó don José Perni;in Soage, conM^re'«^]te áp Có^- 
dí'ba, quieJí hizo ver á LavadV la >mal>3» impresión que prcNluciria 
»»ii aquellas gentes e-l fusil^miemto d«e un rel'¡gio<K>: por lo que quizá 
Tiu ,M)iadyu\'«r> ra á mi e'niii>n'*»a, com'pronietie'ndo «aí*i el éx'fto de- la «tii- 
«a d^* la libertad contra e\ despotismo. (Vé^sip •e'' número 5403 de 
l«a **Ga*eta Mert^^mtiiT*). El í^eñar AMazor mA'nife»tó muña eoterv 
zii. y «oigun t>^ d^i'ia, í^p pre**entó resuelto y tranquilo con uiu cnuciíco 
ei» la m«!io. 

El &tñor Allazor p e^ el 19 de Julio, desde Xonogasta. wn.n 
iclncicm (• Tc.u.ne-^'Mnc'ada de e^^te sueeso c-at^i t.nági<'o, dirigido á do« Ma 
ffiucl Ori.be y se halla publicada en dicha **(}aceta'\ que correaponde 
í\\ 21 de í?.2t>«to de 1841. 

Fray Nieo»'ás mun^ió ^n la 'iudfld de S- -n Luis el 22 de auoMo de 
1^06, siendo obi-spo de Cuyo. 



BlBLIOUltAFIA. 127 

¡•renta de la Independencia y transcrito en El Argos bajo el 
í'pígrate **CuesHon€s interesantes; provocan á hacerlas Ins si- 
guientes iwticias que ha traido el último correo del Perú.*' La 
primera es una earta sin nombre al pié y encabezada: ** señor 
(Ion N. X. Cotagaéta julio 19 de 1824/' referente á la sor- 
presa del general Carratalá en Potosí y á la del brigadier Vi- 
í;íI en t'huquisaea ; y la segunda también sin nombre, encabe- 
zada ** Salta agosto 5 de 1824/' relativa á la toma de Tari ja 
por los constitucionales y á la prisión de ('arratalá. Es al autor 
(¡e dicho papel suHto á que debe referirse el redactor de El 
ihfensor, y no á los de El Argos, que no hacen mas que 
transcribirlo. 

Por lo demás el señor Beaudot parece no haber tenido otro 
«•Meto al publicar este periódico que el defender á su patria. 
«le donde ha emigrado, dejando en Gibraltar á su esposa é hi- 
/•s, cuya separación le ha sido tan sensible que le ha puesto 
<'0 t»] caso de espresarse en el número 5 del modo siguií'Uti- : 
V^i^ilá caiga un rayo sobre el tirano que es causa de uu'^'stra 
"t paracion ! " 

Casi cada número de El Defensor f/^ la Palna, 2a. época 
erncluye con un mal soneto. 

El periódico de Santa Fé titulado Biteíws Agres cautiva 
en su número l.o correspondiente al 24 de enero de 1824. 
<iiw del señor Béaudot, á quien llama periodista ambulante 
que **en Buenos Aires fué silbado, en Córdoba escomulgado 
(1) en Santa Fé aventado y ahora está en Corrientes dando y 
temando en que no se reconozca la convención nacional por que 
fs un cuerpo hediondo etc. 

**E1 tal periodista/' agrega '*no ha muchos años fue 
(abo de los verdes en Montevideo, á la« ordenes de Vigodet 
y con su fusil en la mano sostuvo los derechos del rey de 
Kspaña, en la memorable batalla del Cerrito, donde mató 
mantos americanos pudo, y habiendo sido puesto en fuga por 
el general Soler, hizo un motin contra Vigodet por que no 

1. Véase **I>a verdad sin roáx^o^.^' 



}'2S LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

habia ganado la acción contra nosotros; por este motivo fué 
iípst errado á Patagónica, de donde pasí') á Espaüa; des- 
de allá vino atraido por el olor de los millones que Rivadavi.i 
cfrecia á los constitucionales; en Buenos Aires se presen- 
tó contesando de plano que era un enviado de Eapaña, y 
j.idiendo plata; no habiéndosela dado, pidió licencH para 
escribir y en su primer periódico se tituló El Defensor de 
ht Patria/' 

(O. Lamas. Zinjiy.) 

9.S. DERPX'IKKS DEL HOMURE— 1825— 1826— in 4.o Se 
¡)ublicó en Córdoba y Buenos Aires. La colección consta de 
^ números. p]m]>ezó el 24 de «utubre de 1825 y concluyó el 
'!.'> de .setiembre de 1826. 

(Ks jarísimo) 

í)4. DL ENDE DE BUENOS AIRES f EL)— 182(>— 1827 
1 i 4.0 imprenta Argentina — Periódieo semanal. La colec- 
eion consta de X\ números, íorumndo un volumen de 476 pA- 
ginas. Empezó el 6 de agosto de 1826 y concluyó el í) (le abril 
<le 1827. Tuvo i)or redaetor «principal á don Fray Valentín 
Sjín ]\Iartin y por (colaboradores á don Bernando José íle 
Ocampo, cura de San Nicolás de Bari, doctor don Julián Se 
Kundo de Agüero y otros distinguidos escritores que ban guar- 
t'r.do el incógnito. 

El objeto priucipal de la publican ion de fJI Dm nd( ba 
sido combatir, como en eteeto combatió con felix éxito, la 
;iu)bieion inmod(»rada del g(*neral don Simón Bolívar á un 
j.íHler ilimitado é irresponsable, numi testando con lucidez 
i uan prcí arios y etímeros eran la proyectos de dicho gene- 
lid. que todos sus tral)aj()s y todas sus empresas no ban podi- 
do evitar la rí^at-eion d(» Lima, (pie ba dado en tierra con to- 
dos ellos. 

El núnuTo ló. bíijo el (^|>íírrafe *'¡(> temi>()ra I O mores!" 
el perií'Kli(*o El Atnn'nnnn de ISlíí. á (jue se baee referencia 
se lia conCundi lo con A títul.-ído El Ciítdadano de 1826 v 



BlBLlüGRAFrA. 129 

donde dice introducción al (Hudadano, debe ser, Prospecto de 
FA Americano. i 

El número 13 tiene la paginación equivocada: la página 
J(>9 debe ser 209. 

Siendo El Duende como es, uno de los importantes perió- 
dicos de sil época, le dedicamos alguna atención, indicando 
las materias principales que contiene á saber: 

Análisis de la constitución de Solivia presentado por Bo- 
lívar, número 3. — Carta de los editores á don Julián de Gre- 
íi'oric Espinosa. 

Ensayo sobre la política del general Bolívar, (1) número 
11 V concluye en el número 13. 



1. El ge»neral Boün-ar ba tenido, como tiietmeii toados los boraba'f^s 
4-élebrp.s, orgia n.os en pro y en eo«n<fcra, **E1 Cócdar'^ d-e Boiiviía y **E¡ 
Ti i huno'* de Buenos Arres t^ran s»us defensores, y ki Br indiepa Txicaloi 
dt> Bojrotá y **E1 Diic-nd©'' de Bai-emos Aixes fie «oxibatia-n s-i-n disfraz v 
<'on «ii-j promos docu'ni'en'tos. Véas<í el lenguagie .s>ervil y adulaítorio d¿ 
sus panio'T'Jstas y de »us apos"to.Pes y se compreindeTá •entoJl<^es si **Ei 
Duende" se ha eq.iiivocaclo' eoi %\i% juicios, sobre las intenciones y miras 
41 el jíen-^ral Bo'Uvííí*. 

Entre los muchos do<:u.'r.!entos en que e»te periódico se funda, .para 
poíi^^r t\¿ ma.iiifi6'?ro sois aspira-co^n^s á domimar todia ia América nos 
])rrmit¡nioef recomendar la lectura de la correspondencia oficial de 
\o*i comisionados del general Bolívar, para transar con el .presidente 
ann Jr*é de 1a Bva Agüero (*), Ta nota pasadía por e-l ge»neir»l Sucre á 
1" repif scntaeion n-aeio-n-aí!, ofiupcieindo sus armáis p:(ra sosft-enerla: la 
''Espolie ion" de-1 ^^eñorr Riva Agüero, tpublicaida e.n Londres en 1824: 
Ins ?n>rrucciones da-da» por el (rr.'i.niist-eir'o é su enviado testrajordinario. 
-cerca de la Repúblis-jia de Bolivia, don Ig^nacio Ortiz Zevalloa y lo mibk 
nnporta'ite <jue todo eso-, las not oibilísimas palabras del" ''brazo dere- 
i'bf)" del Libertador (cojto e»te m:i»mo die-cia) eji una obra de 107 pá- 
ginas iu 4. o, imjpresas en Lima eai; 1850, por don José Maria Monterola, 
♦itulada **P'ara Ita Historin de l-a América d'el savd. '' — -Los beneméritos 
von eduies em Junin y Ayíieu-cho y »us con.t»empoirán«?os, puestos en pié 
v.\\\o la h'stO'ria imparciail defienden 'la m-e-morici y «Peputacion de S'U 
Ijr.Tn ciipitan, penercd e»n gefe del e.iéjc'to unido liber-tadoír don 
Anio-nio José do Sucre (**) confirmaoido que ee bueno de person.iih- 



* Riva Agüero es el aiitor de la obra t'tuladA ''Manifestación His- 
ítóriea y política de 1t revoluciosn de la Arrérica, y mas e«pccialmentc 
de '!n parte qu'* oorr?sponde ; í! Perú y Rio Ay la Plata." Obra eí«- 
<rita en Lima, ceatro de la opresión y del despotismo en el año de ISlf» 
é Mnpre^a em Bju^nos Aires: " Impro^nta do los Espósitos — 1818 — 18 1 
\ á,i. in. ^.o 

'■■'■ El vencodi)i* de Ayacueho (en 9 de diciembro de 1824) fundador 



130 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

Carta del general Paz á Bolívar. — híeguuda carta al 
señor Eapinosa, núm. 12. 

Consejo de guerra de oficiales generales al general Mar- 
tínez, núm. 13. 

Felicitación que el libertador presidente dirijió al primer 
c(»ngreso constitucional de la República por su instalación 
núm. IG. 

Interesante artículo bajo el epígrafe Billetes de Baucf> 

car Ipri glorias dx^ «uii coiupañ^ros *le arxi ¡s reveniio el títuU> d:- 
^riin iiNiriscal fio Ayaeucho, por rec<>mT>^nea de í*us «eminentes i^er- 
vjciü« en la guerra de la Inde-pendencia de la América d-el 8ur/' 

En un.a convers^-cion qu*e tuvo lai^ac en 1829 t»n Quito, í»ntre el gv- 
itoral d«n José Mao-iía Oba»clo y el gratn mariscal de Ayacucho, a.'ereu 
de la opoeicicm anx a-da* que est* aeababa de hacer á Bolívar en defensa 
del orden constitucJonal de Colombia, le dijo ;i a<quel: ** Maleas son las 
revoluciones; pero de hacerlas es preciso, coronel, no terminarlas s no 
con ^íi gloTí.i y lucimiento co© que V. benminó la su^^ía. *^ Toleremos' 
cfiRdió con un gesto 9uplic«n<te * * tol-ereinoíi ^ ^ a.l Libertador, como sfr 
t. ifraa l&s **inipertáinC(U«c.:a«'^ de uai padie choeiho: poco tendrera<>s 
que tolerarle, porque debe vivir poco*'^ 

do Holivii» y su primer preaidente constitucional, nu(ció el 13 de junio 
do 1793 en C^imand, provimcjia de Venezfueta y fué á morir por una mn- 
I.» .0 culta lem 1:.) sombría y tenebrosa cjaveirna d^e Barrueco© el 4 de junio 
de 1830. Suere sei'á, coíto dice bien el ©eñor Blest Gajia, ** después dr? 
Boliva«r, e!l primero de todos i*08 viaronee esclarecidos de noieí^tro cc*n- 
tin-entt) que .nunoa hijí producido nitnguno que lo iguale eai 1» purez.a de 
1''. gloria, in^maculnda como la aureola de l:i' im tachable grandeza." **So- 
k Saicre" di-ce el aeñoo: Moneayo, **e4 inmorbatl' Sutcpe, «1 héroe po* 
e^x.'e"'ene-a, ese tipo de modi^racion, de vutud y patJ!Íoti«mo viene á 
nurir injustamente etc.^' véase también la *• Biografía del gen?ral 
Areníiles (su atiiágo) y juicio sobre la. meuvoria histérica de su secunda 
campaña á la sierra del Perú en '' 1821, por don Pedro de Ángel s — Bue- 
nos Aires: **Im^rentA de la Independencia" — 1832 — 17 páginas, in 4.o 

^'orir.> invprt^a por la ** Imprenta de Kspósitos'* en 1 pág. i.n foTo, 
una ** Areniga,'' pronunciada, ¡por el Dean I^nes en la ea»a de eu .míora- 
drí, Pin donde 4*e reu.n<ieJon los patríiotias, para ^ r principio k «u público 
regíM» jo, por la vietomia de Av'iaeuciho. 

*• KfeméiridiM". — **Junio 4 de 183Í). — Hl iinniortal triunfador de 
Pichiincha y de Ayaciicho, el ilu»t.rado general Anitonáo José de Sucre, 
es infamemente aisesinado en la montaña de Berruecos. Miembro del 
después de hia'ber eon'^JuJdo aquel cuenpo sus tirabajos, cuaoQ>do el estpí- 
congreso conMituy.P'nfte de ('olomlva. regresaba d^ Bogotá á Quit-» 
ritu de partido y ia intolerancia ¡política coTtaron la trama d? tan 
preciosos dias. Luego que Sucre paírtió de Bogotá, un periódico de 
aquella ca«pital, el '* Demik'rat'a,' ' anunció en su número tercero In 
próxMua nnierte de aquel héroe. 



bibliografía. 131 

por don Manuel B. Gallardo, diputado por Buenos Aires 
lie que se ocupa eselusivamente, núm. 17. 

Algunas observaciones sobre los proyectos en discusión 
cK las sesiones del 19 al 21 de noviembre de 1826 del con- 
greso constituyente, núm. 18. 

Instrucciones que el minsterio del Perú, dio á su envia- 
do estraordinario cerca de la República de Bolivia, don Ig- 
nacio Ortiz Zevallos, núm. 21. 



(•*E1 museo de amibas Américas" de Valpartiiso, núm. 9 pég. 3G7:) 
Kste periódico e^ontene algo «obr^ la historia Argentina; su redacto: 
tiié d^'D JuB-n <j«rc:a del Kio, coloinb'^ano, — nació en (aTiac^fíi; f::é S'e- 
crt^ario áe-i general BoíivaT, ministro deil general Sanbdi Cruz en 1839, 
y del giejieral Flores en 1S52. Uno de los antiífuos patriotas beineniéri- 
tí^í, filósofo dií»tingui-do, -orador sobresaliente y «político desgraciado, 
Garcia del Rio falleció &n Méjico ein 1836, después -de una penoe-a eoi 
f'.'.rniedad.) El núme-ro 285 del '* Ferro -corril*' de} Rosario registra 
ana Biografía da'' geJieral Sucre, por don Juan Es-pinosa, transcrita de 
**L/ni América" die Lima. 

En Ift *'Caíuaa e^mima-l »egui<3sa contra el coroneJ graduMido Apoli- 
r\9T Moffillo, y demás aantares y cómplices del asesinato perpretíido en la 
pf^rsonsa del St^ñoo* g^eneral Antonio José de Sucre, y que s>& ha mand'iido 
jublicar por orden del poder ejecutivo." — ^'Bogotá, imprenta del Esta- 
do: '' por G. A. Cuoll-a — «ño de 1843 — 163 páiginas in fol. — taiptireee el 
gejieral Oba'ndo. como principa»! aiutoo* y Morillo y otros cómpl ees en 
aque-l ateii>tado alevoso. El coronel'' Morillo fué «letenciad.a á ser pasa- 
do por las -armas, y esifcando en el patíbulo, el 30 de noviaoi'bre de 1842, 
a las 10 de la mañana», dijo 1/?© palabras siguientes: ^^Ee de mi debea* 
perdonar al g-eneral Joeé Mairia Obanado, p«e»to que fué el que me im- 
pT^li-ó y dio órdjen patra coim'etC'r el crimen poor ei' que voy á espiar en un 
patibttilo mi delito: asi mi^mo perdono á aquellas persoraas que me in- 
dujeron á, lia, perpetraicion del horrendo as-esiínato del general Sucre, 
porque estoy em el fmio<m>ent'0 de entregar mi alma al Creador, y -no 
quiejro que ella ¿leve con©igo jemordiimiento nilguno. En segui- 
da dio á 601 confesor para que lo hlcieira cireu'lar, \m impreso que, 
a^n -que int-eresante, no Jo tiranscr ib irnos por sai est^nsiioJi. El 
general Ob^ndo pubücó en Lima, en 1847, una obra de 233 pílg - 
n-as i«n 4.o titulad» *'E1 general Obando á la historia críti'?a det' as»?- 
si-rato del giran Maírisicel de Ayacoieho, publicada por el señor An- 
tonio José Irisarri.'* etn la cu:2il, Obando trata de ju.Hificairse incul- 
pando al general Flores, como responsable de aque»¡ hecho atroz 
qine solo á él por! i a interesaT. Obamdo bab'a public do en Lima, en 
1S42, un folleto titubado: ''Apuntamientos pa^ra ln his^toria'^ que fué 
Tí'praducido en la B-blioteca del diario de Monte\id-eo "Comercio del 
P alta ^ ' por Válela, 



132 LA REVISTA DE BUiJNOS AIRES. 

Sobre el tratado de federación entre las Repúblicas del 
Ferú y Bolivia, núm. 22. 

Observaciones sobre la comunicación dirigida por don 
José Gabriel Pérez á la municipalidad de Guayaquil, de la 
Bandera Tricolor, número 11, de Colombia, núm. 26. 

Artículo encabezado el general Bolívar en Colombia, nú- 
rrero 27. 

Asuntos del dia (sobre el estado de las provincias argen- 
tinas.) 

Carta del vice-presidente do la República de ('olorabia 
general don Francisco de Paula Santander al presidente de 
las provincias Unidas del Rio de la Plata, núm. 28. 

Asuntos del dia, núm. 29. 

Proclama del general Bolivar al arribar á las costas de 
Colombia y observaciones de El Duende, mlm. 30. 

Asuntos del dia — federación. 

Documento importante del intendente del departauumto 
de Guayaquil don Tomas ('ipriano ^íozquerr. dirigido al co- 
mandante general del departamento de Cauca, con notas de 
K! Duende, núm. 31. 

Reac(»ion en Lima y caida de los proyectos de Bolivar, 
rúmero 33. 

Por el índice que antecede, se habrá notado el oí) jeto 
qiií» se habían pro[)uesto los redactores de El Duende al fun- 
darlo, — (ombatir á Bolivar hasta verle en tierra; una vez 
« («nseiruido, dieron fin con su carrera con el último número 
indicado. Ha sostenido una polémica sobre el mismo tópi- 
co con los periódicos (pie defendían á Bolivar, muy princi- 
palmente con El Tribuno, 

El número 14 registra el prospecto de un periódico se- 
ir.anal que se publicaba en París, titulado lievista Americana 
con el objeto de hacer un análisis mensual de todos los he- 
chos importantes del Nuevo Mundo, é insertar todos los me- 
moriales políticos, históricos y científicos, para poder dar á leí 
í.r.ropa una idea completa de la existencia de las Repúblicas 
i\mericanas y establecer relaciones de todo género con ei 



BIBLIOORAFIA. 133 

mundo antiguo. En los números 18 y 24 se hallan trans- 
criptos algunos artículos de dicha Revista, con algunas recti- 
ficaciones de El Duende. 

En un folleto de 36 páginas in 4.o, titulado **A1 Mun- 
uO.''—Audite ei atiendite populi de longé'* escrito en Colom- 
bia el año de 1828, por don Bernardo Hurtado, este pone de 
nianifiesto las miras ambiciosas del general Bolívar, con car- 
tas autógrafas y documentos públicos, y conviene en un todo 
con las opiniones emitidas por El Duende, 

Nuestros lectores no tomarán á mal el que transcriba- 
mos algunos interesantes párrafos de dicho folleto. 

"Peruanos perseguidos!'' — dice el señor Hurtado: — **la 
Mstoria de vuestra opresión española, vuestro congreso, {)re- 
sidente Riva-Agüero, independencia y constitución bolivia- 
na, me ha hecho recordar la historia de Argel, cuando su 
rey Eutemy llamó en su socorro á Horue por su gran nom- 
Iradía, y marchando este con 5000 hombres fué recibido y 
reputado como libertador, se alzó en seguida y se hizo pro- 
clamar rey asesinando á Eutemy. Horue Araudj ú Oroush. 
inas conocido por el apodo de Barbaroja, era hijo de un olle- 
ro de Lesbos, como sabéis : alma ordinaria como la de Napo- 
león, que hizo lo mismo en España, cuando por su grande 
foma se le llamó en socorro para cortar las desavenencias 
intestinas. Los hombres que no mezclan en sus ideas los 
bipérboles ni las vulgaridades, se acuerdan de vuestros cora- 
ceros triunfando en Junin y de vuestra división, mandada 
por el valiente La-Mar, decidiendo la batalla de Ayacucho 
cf'ntra la voluntad y orden del general colombiano Antonio 
^icre, para no ir á las manos con el enemigo. Necesitáis 
*S«*nciar y entrar en una liga. Y si es cierto que habéis tran- 
**i?ido con lo que se titula Bolivia y reconocido el gobierno 
boliviano en esa República, como se dice, no tendréis liber- 
^d ni paz. Seréis esclavos y os matareis unos á otros. 

"Ilustres argentinos! La juiciosa y sol)erbia pluma que 
lía brillado en El Duende de Buenos Aires os ha trazado el 
camino de vuestra conducta, y Tarifa (Tari ja habrá querido 



3 34 LA BEVISTA DE BUENOS AIRES. 

decir,) está delante de vuestros ojos, lo mismo que las ase- 
chanzas hasta Tucuman. Las transacciones del Perú y Boli- 
via, si son ciertas, os ponen en riesgo inminente: y de todo* 
modos necesitáis entrar en una liga común, agenciándola tam- 
bién por vuestra parte. Si debéis á vuestra penetración 
el haber quedado libres de muerte, que se os llevó envuelta 
en el villano tratado que con tanta dignidad rechazasteis, n/ 
lo lestais de los manejos clandestinos por medio de após- 
toles. 

•* Invictos chilenos! Vuestro gobierno tuvo la previsión 
i} no enviar representantes al congreso de Panamá, donde 
pensó Bolivar poner los fundamentos á su trono y forjar ca 
(lonas por toda la América. Vosotros que habiais ¡lustrado 
vuestra historia con las batallas de Chacabuco y !Maipú, y 
llevando el pabellón de la libertad al suelo de los Incas, no po- 
díais contribuir á la destrucción de vuestra propia obra. El 
jeligro no ha pasado: el tirano vive y no descansará hasta 
iüiroducir el veneno en el corazón de vuestros pueblos: él 
<Mienta con la destrucción del Perú para después ocuparse 
de la vuestra. El desierto de Atacama no es la barrera que 
os lil)ertará, sino la de vuestro valor y virtudes. Defended 
vuestra libertad en las fronteras del Perú, y el opresor de 
América espiará los crímenes con que ha deshonrado la cau- 
so mas hermosa que han sostenido los hombres. 

** Esclarecidos guatemaltecos! Habéis tenido y Jfeneis 
desavenencias desagradables y no gozáis de la paz perfecta 
que pudierais ten^r, prosperando con vuestras instituciones 
[Ignoráis por rentura la causa? Bolivar no quiere ningún 
gobierno federal ; ; y si estuviera en su mano, introduciría en 
los Estados Unidos del Norte los desórdenes que por medio 
de sus agentes ha introducido entre vosotros. Su ambición 
no tiene límites, es un furor, y el continente americano to- 
davia no lo sacia. Los Estados Unidos del Centro están 
confinantes con Colombia y sujetos por lo mismo á los emba- 
tes de la iniquidad. Se cruzan los manejos de Bolivar. 4 Y 
qué esperáis? Vuestro bien, vuestra seguridad y el desean- 



bibliografía. 135 

fo de vuestras fatigas y desvelos exigen que procuréis pone- 
ros de acuerdo entre vosotros mismos y las demás Repúhli- 
oaíí para destruir el tirano de América; si, de América toda. 
]»<»rque toda ella está conmovida por las arterias de su genio. 
f(»cundo únicamente para toda clase de intrigas rastreras con 
<iiifc provocar el desorden y no permite el reposo. Si no ps 
destruido, se consolidará, y no consentirá ningún gobierno 
que contraste el suyo con el buen ejemplo. Ha de querer 
<nie todo gobierno presente desastres sugeridos por él mis- 
mo para que adopte su sistema boliviano.'' 

También á ^léjico dirige algunas entusiastas palabras 
invitándole á entrar en la liga para derrocar á Bolivar, consi- 
cU-rado por el señor Hurtado como el enemigo común de las 
Tí (públicas Americanas. 

Véase el siguiente documento de Bolivar, declarando la 
guerra al Peni. 

*' Declaratoria de guerra. 

*' Simón Bolivar, etc. — A los víolombianos del Sud — (Áu- 
i!«danos y soldados: la perfidia del gobierno del Perú ha 
lasado todos los límites y hollado todos los derechos de sus 
vecinos de Bolivia y de Colombia. Des|>uos de mil ultrages 
Mifridos con una paciencia heroica nos hemos \istn al fin 
f^Migados á repeler la injusticia con la fiior/.n. Las trojKis 
peruanas se han introducido en el corazón de Bolivia. {fQuid 
//</ uosf) sin previa declaratoria de guerra v sin cansa para 
f^lla. Tan abominable conducta nos dioe lo que timbemos es- 
perar de un gobierno que no conoce ni las leyes de las na- 
ciones, ni las de la gratitud, ni siquiern el miramiiut ) que 
se debe á pueblos amigos y hermanos. Referiros el cátalo- 
<r(» de los crímenes del gobierno del Perú, seria demasiado, y 
vuestro sufrimiento no podria escucharlo sin un horrible 
grito de venganza ; pero yo no quiero escitar vuestra indig- 
nación ni avivar vuestras dolorosas heridas. Os convido so- 
lamente, si, á alarmaros contra esos miserables que ya han 
violado el suelo de nuestra hija, y que intentan aun profa- 
nar el seno de la madre de los héroes. Armaos, Colombia- 



136 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

nos del Sur. Volad á las fronteras del Perú y «sperad allí 
la hora de la vindicta. Mi presencia entre vosotros será ;h 
s^'ñal del combate.*' 

El ilustrado venezolano doctor don Felipe Larrazabal 
acaba de publicar en Nueva York el segundo volumen de la 
Vida del Libertador, obra importantísima, asi por los datos 
que contiene, como por la brillantez del estilo y la nobleza 
del asunto. **Ella servirá como de introducción á la lectu- 
ra de 4000 cartas que de la correspondencia de Bolívar ha 
recogido el doctor Larrazabal con inaudita laboriosidad y 
noble espíritu patriótico." 

El volúmíen que acaba de publicar contiene dos capítulos 
de suma importancia: el uno es aquel en que se describe la 
conferencia de Bolívar con el general San Martin, muy poco 
conocida hasta hoy, y sin embargo, de una trascendencia tal 
que ella determinó, según el señor don A. Carrillo y Xaba:^ 
**la libertad definitiva del Perú:'' el otro es el que trata del 
proyectado establecimiento de una monarquía en Colombia. 
Dice el referido señor Carrillo que **los enemigos del héro»? 
sabiendo que desde el estrecho de Behring, hasta el Cabo de 
Hornos, seria su nombre justamente maldecido y desprecia- 
do, sí lograban persuadir á los pueblos que deseaba coronar- 
se, propalaron aquella impía calumnia que envenenó sus 
(lias y le arrojó al sepulcro. Fué en vano, agrega **que f»l 
protestase con el orgulloso candor de su grandeza que á su.^ 
sienes venia estrecha nna corona." 

En las demás partes de la obra, el doctor Larrazabal ha 
derramado nueva v brillant-e luz con la multitud de docii- 
mentos que ha podido consultar, de tal manera que var!or» 
puntos que hasta ahora corrían inintelíjibles y aun contra- 
dictorios en las obras que poseíamos, han venido á quedar 
perfectamente aclarados. 

(O. I#anii3ig, Caorrenza, doctor Mansiilla, Ziiiny.) 
95. DIABLO ROSADO (E\)— Diario mercantil, políti- 
co y literario; desde el número 2 tiene por título: DIABLO 



bibliografía. 137 

ROSADO mas diablo que el Tribuno — 1828 — in fol. menor— 
Imprenta de la Independencia, 

Este periódico se publicaba en papel rosado. Su redac- 
tor fué don Juan Lasserre. 

La colección consta de 7 números. Principió el 11 de 
abril y concluyó el 25 del mismo mes. 

El número 3 fué acusado ante un juri de Imprenta y ei 
Editor condenado á no poder publicar por la prensa, bajo la 
garantia, papel alguno, por el término de 6 meses, con cos- 
tas etc. El Editor Lasserre, interpuso apelación para ante el 
juzgado de Alzada; y este, presidido por el doctor don Gre- 
gorio Tagle confirmó en 26 de abril la sentencia apelada, li- 
ritando la pena á 4 meses, en razón de ser Lasserre autor do 
uno solo de los artículos acusados : y * ' respecto á que Antonio 
Raniirez ha confesado ser autor del artículo relativo á la 
venta de la casa, se reserva el derecho al Ministerilo Fiscal, 
para que le promueva ante el Tribunal competente.*' 

(C. Olaguer.) 

96. DIARIO COMERCIAL Y TELÉGRAFO LITE- 
KARIO Y político— 1828— in fol. Imprenta del Esta- 
('O, Por los señores Martínez y Beech. Principió el lunes 
-'• de agosto y concluyó* en diciembre. (Véase Telégrafo 
liff'rario y Político,) 

El número 20 registra la conclusión de la vista fiscal en 
la causa del asesinato de don Francisco Alvarez: un remití - 
Oo de su hermano don Ángel y otro del Presbítero don To- 
más Ladrón de Guevara y Guzman, acompañado de un bi- 
llete de don Juan Pablo Arriaga, fechado **en la capilla, á 
las 9 y media de la mañana del 16 de setiembre de 1828,'* 
nvilia hora antes de salir al suplicio, en el cual hace una 
confesión pública de su críra'Cn, cometido, dice, por efecto 
de las malas compañias. 

(Ks muy raro.) 

97. DIARIO UNIVERSAL— 1829— 1830— in fol. Im- 
píenla Argentina y Republicana, Por la primera hasta el 



138 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

mimero 80 y por la segunda desde el número 81 hasta su 
conclusión. La colección consta de 92 números. Empezó 
^1 1.0 de octubre de 1829 y concluyó el 9 de febrero de 
1830. Este último número varió su título en El VniverscU. 
í?e publicó diariamente hasta el número 90 cocresoondiente 
al 30 de enero de 1830 y desd-e el número 91 l.o de febrero 
los martes solamente. Era un diario titulado federal, equi- 
valente á Hberal en el lenguaje de la época, y el motivo 'lo 
su cesación no parece haber sido otro que el de habérsele en- 
caramado nn hombre al redactor, intimándole que callase so 
pena de incurrir en las iras del Gobierno, apesar de m» 
haberle ofendido, según dice, y de haber conocido los prin- 
cipios liberales de la creencia del Gobierno — Rosas — mejor 
que su pretendido defensor el redactor de El Lucero, ** Pro- 
seguimos" continúa el Diario Universal en su último núme- 
ro 92 '* apoyando una opinión que, después de vertida en 
nuestras columnas, se habia hecho la dominante. Pero el 
hombre fantasma se nos oponia á cada paso que dábamos; y 
como su plan era quedar solo en la arena, tomó el medio de 
calumniar nuestras intenciones, de llamar anárquicos nues- 
tros principios, y se diciosas unas doctrinas que ya eran un 
dogma, desde que el pueblo las Jiabia adoptado. Fué en- 
tonces necesario increpar con valentía su osada vanidad, y 
denunciarlo al público como su mas encarnizado enemigo. 
Obtuvo un momento de triunfo, no por el convencimiento ó 
la via del raciocinio, sino por un golpe de poder. Apesar de 
tan tenaces resistencias triunfó al fin de la verdad, y nuestro 
hombre entonces pareció acogerse á los mismos principios 
que habian antes eseitado su cólera, sin acordarse de lo que 
habia escrito, se le vio cortejar al nuevo orden de cosas. . . . 
Lo mas notable que registra el Diario Universal es: Una 
i^ota de la viuda del Coronel Dorrego al Ministro de Hacienda 
c.octor don Manuel J. Garcia, haciendo donación de la ter- 
cera parte de la suma de pesos 100,000 en fondos públicos, 
que le fueron asignados por la H. S. de Representantes, como 
un premio á sus servicios, el 21 de octubre de 1828 (N. 7) 



bibliografía. 139 

í onstitueion de la República Oriental del Uruguay, sanelv.» 
nada por la Asamblea General Constituyente y Lejislativa 
el 10 de setiembre de 1829 (N, 9 á 12.) Cartas y otros docu- 
mentos escritos por el Coronel Dorrego, en la hora que se le 
<li6 para disponerse á morir (X. 13.) Estracto de la conju- 
ración (le 31 de diciembre y sucesos posteriores, ocurridos 
kñ la República Alto- Peruana (N. 15 á 17.) Notable precoci- 
dad de talento, tomada del Times N.o 11,669, que por ser 
intere.sante damos de él un estracto. El Barón de Praun 
nació el l.o de junio de 1811. A los 2 años de edad, no 
wJo leia de corrido, sino que pudo también dar un bosquejo 
rt^laeionado de la historia del mundo. A los 29 n>eses ele 
^ad. fué pasado á la segunda cla.se del Gimnasio, y en el 
examen del 26 de agosto de 1814 recibió el premio por la 
kctura y escritura en el idioma alemán, en el húngaro, cate- 
cismo y dibujo, llevando la preferencia á 70 alumnos, todos 
irmeho mayores que él. A los 3 años 9 meses de edad n- 
eií>ió los mivsmos honores por el latin y la aritmética. Pero 
io mas estraordinario fué su asombroso adelantamiento en la 
música. En el año tercero de su vida ya se habia posesiona- 
do perfectamente del violin ; y en el examen del 17 de marzo 
<le 1815 ejecutó en este dificultosísimo instnimento una com- 
posición de Pleyel con aplauso universal. X^n año despiies 
dio un segundo concierto delante del príncipe Schwartzem- 
l)crgy de la principal nobleza de la Hungría, desde cuyo 
momento la fama de «ste prodigio se esparció por toda la 
Europa. En el verano de 1816 dio varios conciertos en 
Viena, dedicando la mayor parte de sus entradas á objetos 
de beneficencia, cuyo acto le valió la orden del iVIérito Civil 
con que fué premiado por el emperador de Austria. A los 6 
años de su vida era ya honrado con la orden de Constantino- 
pla por la duquesa de Parma, con las espuelas de oro y la or- 
den de San Juan de Letran por el Papa ; fué creado Palagra- 
ve y agraciado con una medalla de oro y un diploma muy 
lisonjero por la Academia Romana. A los 13 años completA 
m estudio de derecho y recibió 18 reales diplomas honora- 



140 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

1-Jos de Italia, Austria, Francia y los Paises Bajos. Apenas á 
i'.»s 15 años de su vida, ya era uno de los primeros violinis- 
tH8 y autor de varias obras, entre las cuales un hermosc» ma- 
rusento en siete idiomas escitó grande atención, X.o 19. Co- 
municado del mayor don Manuel Feliciano Fernandez, ci- 
tado por el General Lavalle en su oficio de dimisión, y dirijido 
al Universal de Montevideo, X.o 54. Tratado de amistad 
y alianza celebrados entre los grobiemos de las provincias de 
Buenos Aires y Santa Fé, N.o 36. Observaciones del Obsfr- 
vudor, pseudónimo, sobre un papel publicado como suple- 
mento al número 168 de Britsh Packet, firmado por Gui- 
llermo Brown, con relación á la muerte del Coronel Dorrego 
número 37. Carta á la viuda de dicho Coronel ofre<*iendo 
el sable de este á su amigo — Rosas — y contestación de este 
úllimo: número 38. Editorial sobre Arbolito, Molina, etc. 
á quienes presenta como individuos no estraños á la civili- 
zación^ número 39. Canción patriótica del Estado Oriental, 
pumero 40. Ultima sesión del Honorable Senado Consultivo, 
número 46. Estracto sacado de las memorias del general 
Miller. ('omposicion pt)ética dirijida á don Espoíncion^ con 
motivo de una segunda. Esiwjsicion de don Valentín Go- 
MH? — 8 pág. in 4.0 Imprenta de Hallet y compañia, fecha 
7 de noviembre de 1829, sobre la muerte del coronel Dor- 
rego, número 51. Armisticio celebrado entre la República 
de Colombia y la Peruana. Documentos relativos al recibl- 
líiiento de Rosas del mando de la provincia, número 57. 
Hclacion de la celebración de las exequias fúnebres por el co- 
ronel Dorrego, número 67. Documentos del protocolo de 
la (omisión mediadora por la guerra civil entre el general 
Paz y el general Quiroga, número 69 á 77. Oda á la inuer- 
tí' del coronel Dorrego, número 69. Juicio de Imprenta de 
(^08 artículos de la Gaceta Mercantil de ^lontevideo insertos 
en los números 53 y 55, acusados por don Juan Cruz Várela 
y don Manuel B. Gallardo y defendidos por don José Maria 
Márquez, número 70 á 72. Convención entre las Provincias 
de Buenos Aires y Córdoba, número 74. Ejemplo raro de 



bibliografía. 141 

la animación suspendida durante 5 dias, número 78. Con- 
íereneia de unos aguateros, número 79. Capitulación del 
ejército español en Tampico — Méjico, número )pl. DJDcuv- 
Lientos relativos al reclamo de 50,000 pesos fuertes por don 
Aaron Castellanos, número 80. C'omunicado de Unos fede- 
uks (h adidos sobre la supuesta conspiración de indios para 
aí^esinar al general Soler, número 87. Contestación del Día- 
iio ¡niversal á la Esposicion de don Salvador Cornet inserta 
eu el número 112 de El Lucero, número 88. Relación de 
bs exequias celebradas en la Merced el 22 de enero por el 
alma del brigadier general don Cornelio Saavedra, núme- 
ro 84. 

ANTONIO ZINNY. 

(Continuará.) . 



EL TELÉGRAFO ELÉCTRICO SCBMARIXO. 

KM HE MONTEVIDEO Y Bl'KNo^; AIRES 

Asistimos al gran hanqiiete dado iH»r el Direi-tor de la 
S*M-ieda<l j)ara tt-lebrar la inaugiiraeion de esta nueva línea 
fí-lepráfiea. El aeonteeiniiento era verdaderamente i>opuiar 
y digno de regoí-ijo. pon|Ue facilitando la rápida trasnii- 
K;on del pensamiento pone á estos grandes centros nierean- 
tiles en el camino de la fraternidad por el vínculo i>osi- 
tivo de los interes**s. Y era tanto mas digno de cele- 
brarse este suceso, cuanto que él revela que el progreso se ope- 
ra por la acción espontánea del comercio y por la prosperi- 
dad de estos países apesar de los malos gobiernos y de sus c»on 
tmuas guerras. 

Esta gloria pertenei'e esdusivamente á la empresa y 
á los dos pueblos suficientemente aptos para mantener la 
linca. La acción de los gol>ernantes es secundaria, pues 
h1 simf)le hecho de poner sus finnas al pié de los eon- 
t latos, no es un título que dé derecho á alabanzas perso- 
ludes exageradamente prodigadas y poco en armonía con 
rcfHíblii anos (¡ue no reconocen ni pueden reconocer hombres 
n« cesarios. 

La verdadera gloria de los demócratas consiste en la pros- 
j cridad de los pueblos, cuyo progreso necesario é infalible 
f^ugura mejores días, quizá no distantes, en los que trocando 
Ijs armas destructoras por el arado y la azada, haga impo- 



^ible los gobiernos pereonal^s, ya se titulen li>*»*rtadores ó H- 
l-erales. 

Deseamos que e^ta einprvNa rv<*oja jrramles utilidadt^s. 
fara que se estimule á prolongar el hilo eléi-trieo á través 
í«e la pampa, á subir las altas ntrdilleraLs y dt'ik-ender á los 
valles de Chile para ponemos en e<»ntaeto t-on las Repúblicas 
del Paeífie<^. Entoní-es podrem<*s ofrei*er á hw futuros 
Liiéspedes que vengan á ayudarnos á ha4*er fruetiteros nues- 
tros desiertos, no solo nuestras simpa ti as y las garantías que 
la wnstitut ion federal ofre«-e, sino las facilidades de i»omuni- 
caeiun (omo me'lio indispensable de amarnos y unirnos por el 
trabajo. 

La fiesta era por esto popular: era un tributo que st» pa- 
paba al progreso del pais, pn>gTeso que el t*ontaeto con las de- 
más naciones hace infalible y fatal, al menos en las ciudades 
situadas á las márjenes de los rios. 

Al mismo tiemjK) y en aquella hora, igual festividad tenia 
l'i;?ar en Montevideo, y ambas reuniom^s se pusieron en comu- 
nicación telegráfica re<'ibiendo y enviando re|>etidos telé- 
Í^Tamas. 

El acontecimiento hubiera po<lido ofrecer vasto campo <\ 
rensadores profundos, que desanudándose de las pequeneces 
'leí presente, se colocasen á la altura de vislimibrar los hori- 
zontes de la paz y de la libertad, de que están sedientos estos 
pueblos, enfermos de la guerra continua. 

La empresa del primer telégrafo eléctrico submarino del 
Rio de la Plata, merece las felicitaciones calorosas de. todos los 
hombres que aman el progreso, cualesquiera que sea su nacio- 
nalidad. Por nuestra parte, hacemos votos por que obtenga 
pingües ganancias. 

VirEXTE o. (^rnSADA. 

30 de novi'Ctnbre (1). 

(1). Kste número v hn impreso roi* tMi on e^te nic«, por cuya i*u- 
zoii «lamos euonfi de e«te acontecí naeat o. 



LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 



fiistoria Americina, bíteratura y Derecho 



AÑO IV. BUENOS AIRES, OCTUBRE DE 1866. No. 41 



HISTORIA AMERICANA. 



IIECIERDOS HISTÓRICOS SOBRE LA PROVINCIA DE 

CUYO. 



CAPITULO 2." 
De 1815 á 1820. 

(CuDtinuaciou.) (1) 

XLI. 

Entramos ya en el memorable año de 1820, con el que fi- 
nalizará el presente Capítulo de los ** Recuerdos históricos de 
la antigua provincia de Cuyo. * ' 

En los últimos parágrafos, que comprenden los hechos 
del año de 181Í) (páginas 284 y sigiente del tomo X de esta 
*' Revista'^), dejamos trazado, á grandes rasgos, el cuadro de 
]m situación [)olítica en que se encontraba la República al ter- 
n»inar ese año. y el estado, nuiy especialmente, siguiendo cl 
óiden cronológico, de aquella inqmrtante porción de su tcrri- 

\^. Véase la ¡ajina s4o tiel to i o X de e.-^ta "Revista". 



EECUERDOS HISTÓRICOS. 145 

torio, de cuyos anales procuramos dejar una compilación lo 
mas completa que sea posible. 

Algunos dias antes del lo de enero de 1820, el teniente 
gobernador de San Jtian, doctor de la Rosa, tenia frecuen- 
tes avisos, por personas fidedignas, de que se estaba fra- 
^niando un motín por algunos oficiales del batallón número' 
1/ de Ion Andes, allí estacionado para los fines que antes 
liemos dicho. Aun se le nombraban los autores de esa 
eriminal y funesta revuelta — En su aventajada penetración, 
en el esperimentado tacto político que poseía para el mane- 
jo de los negocios públicos en una época difícil, de peli- 
grosas crisis, de grande acción administrativa; por el cono- 
<áraiento que tenia de los hombres, y, con oportunidad, de 
^'H)» mismos que le señalaban como autores y cómplices del 
1 royectado crimen, á la vista, por último, de la conflagra- 
ción general que avanzaba de la circunferencia al centro, 
rompiendo los vínculos de la unión de las provincias, su or- 
gauizacion política, que habían asegurado con la victoria 
nuestra libertad é independencia — no trepidó un mo- 
r^ento en dar crédito á aquellas continuadas advertencias. 

Pero desgraciadamente el teniente-coronel del batallón. 

<lon Severo García Grande de Sequeira, primer gefe al pre- 

»^nte. desde que su coronel don Rudecindo Alvarado, ha- 

lia subido á mandar una división, entregado á esa confian- 

7* que, en hombres de su temple y posición, alimenta por 

lo general, el prestijio y el valor personal, no quiso prestar 

níonsr, á tan grave revelación — En valde el teniente-goberna- 

<if>r. en í-onferenoias conlinuas y reservadas, quería persuadir- 

It* de. la efectividad del peligro próximo de un alzamiento 

^¡el batallón y de la necesidad urgente de tomar fuertes y eñ- 

<ar<:s medidas para contenerlo en tiempo — Nada conseguía— 

al contrario, nombrándole los autores del motín, con mas aplo- 

ir.o entonces manifestando razones en oposición, el comandanta» 

^í-qiieira se afiníialia mas y mas en su incredulidad — De^- 

li^et iaba profundamente á esos tales, por su incapacidad, por 



no LA BEVISTA DE BUENOS AIRES. 

su nulidad moral, por su obscura posición social, y aquella que 
t' uian en el ejército. 

El capitán agregado don ^lariano Mendizabal, el tenien- 
te, en el mismo caso, Morillo (ambos de Buenos Aires) y el d^ 
igual grado del batallón N.o 1, don Francisco del Corro (de 
Salta,) eran las personas indicadas como los instigadores Cuy 
esa revolucnom, jencontrándose mezclador* -algunos Mecino^s, 
enemigos personales del teniente-gobernador. Ningún otro 
oficial del batallón, fué sospechado de connivencia : se 
(staba st»guro de la fidelidad, de la moralidad de to 
(ios ellos. 

Insistiendo el doctor de la Rosa en (¡ue se tomasen proa 
las providencias para atajar males de trascendencia t|Ui> 
se orijinarian de tal insurrección á la provincia, al ejér- 
cito, en vísperas de emprender la campaña sobre el Perü. 
y a la causa de la América en general, hacíale presente 
lí Spíjueira que no habia que poner en duda la existencia 
íle una trama semejante, manejada por los enemigos de la 
situación en Buenos Aires y en las otras provincias del li- 
toral, que estendian la anarquía y el desquicio de un estre- 
1110 ál otro de la República, obrando esto por medio de un 
vasto y bien cojubinado plan, teniendo ajentes á propósito en 
cada pueblo: que recordara el alzamiento de los espaüobs 
l»risi()neros en San Luis, el año inmediatamente precedente 
y de lo que, al res[>e(to, habia revelado la Gaceta Estraor- 
dlnaria de Buenos Aires, es decir, la parte principal que 
tuvieron en él, como autores, como instigadores. Carreras. 
Ramírez y otros (1) — que considerase que Mendizabal, a 
(|iiien él (Seíjueira) conocía muy bien, era capaz por su ca 
li'ícter díscolo, por su desmoralización, por su incorregible 
jinsubordinacion, por sus desafueros constantes contra lak 
átutoridades y por el odio inveterado que alimentaba con él 
(De Ja Rosa), muy capaz era de afrontar y llevar a término 
t( miaño atentado — Nada, nada — ya lo hemos dicho — podía per- 

1. Páginas 36 á 46, tom. X, «le **Ija Revista de Buenoe Airee. ''^ 



KE('Uí:R1X)8 HISTóKlCOa 147 

siiadir al benemérito gefe del N." 1, de que llegase ello á ser 

jK 8ible — ¡ Ah ! ¡ nial inspirada eonfianza, imprudente oli- 

Et'caeion, que tan funestas fueron para él y para sus tres 
compañeros mártires ! 

XLIÍ. 

Empero, antes de entrar á narrar ese negro crimen, ese 
Ciro atroz golpe asestado al peelio de la madre patria por 
sus propios hijos, en los momentos en que rendida de fati- 
i^a, derramando su sangre, apurando sus recursos, hacia los 
últimos esfuerzos en la lucha titánica que, sin tregua du- 
rante diez años, habia sostenido para romper sus cadenas y 
constituirse libre é independiente — veamos si podemos presen- 
tar al lector en pocas pinceladas el boceto de cada una ile las 
tres figuras que aparecieran al frente de este nuevo luctuoso 
epií-odio de nuestra historia, como los ejecutores del atentado, 
(iel crimen de alta traición. 

Don Mariano Mendizabal, hijo de Buenos Aires, capi- 
tán de infantería de línea, perteneciente entonces al cuadro 
«lo oficiales para la reorganización del primer cuerpo de 
ejercito de los Andes, á las órdenes del coronel Alvarado. 
Kiíidía desde hacía dos años en San Juan, en donde se habla 
(asado con la señorita doña Juana de la Rosa, hermana del 
teniente-gobernador de la Rosa, á la cual éste y los respeta- 
Mes miembros de esa dilatada familia no pudieron disua- 
dir de un tal enlace, con el conocimiento que tenían del 
mal carácter de aquél, de sus vicios y desventajosa posición 
social — De bellas prendas morales, con talento y fina edu- 
cación, desechó sin embargo esta dama otros partidos ven- 
tiijosos — La fatalidad la arrastraba á llevar unida á ese hom- 
bre grosero, habitualmente ebrio, irascible y licencioso, una 
vida de sufrimientos y de continua sozobra, hasta por su 
propia vida — Llevóle ella una dote de no poco valor, heren- 
Kia de su padre, uno de los más acaudalados vecinos de 
i^an Juan. 

Tendría entonces ^Mendizabal de treinta v ctmtro á trein- 






148 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

ta y cinco años. Era bien proporcionado de cuerpo, estatura 
i-egular, tez morena, cabellos negros, ojos vivos, del mismo ce 
lor ; su rostro abotagado revelaba la desvergüenza, el cinismo, 
la torpeza, la ignorancia que formaban más especialmente el 
fondo de -su carácter. 

Ligado ya á la distinguida familia de la Rosa, el doctor 
cíon José Ignacio, que muerto su padre habia quedado al 
frente de ella, no habiendo podido evitar tan desventajoso 
^enla0e, procuró favorec€(r á ^u cuiia4o,; ofH^ciéndolie IN 
medios de colocarse con decoro y dignidad en la sociedad — 
Desprendióse de la administración de los bienes de la 
testamentería y se la confió á él — renunció en favor de sus 
Lermanos menores de quien era tutor, su parte de herencia. 
<iando por motivo plausible, los gastos que habia impendido 
su padre en su educación científica — Quiso atraerlo y mo- 
dificar, por decirlo así, con blandura y franca amistad, sus 
ualas costumbres y perversas tendencias — Nada, absoluta- 
runte nada pudo conseguir — ^Mendizabal era incorregible 
Por eso había sido despedido del batallón N". 11 de los An- 
des, cuando se organizaba el ejército de este nombre en 
jyiendoza. 

\jii enemiga, el odio y las provocaciones de su parte 
il la discordia con todos los individuos de la familia, se 
annientaban más y más. Los ultrajes la sevicia que 
í^jercía cada dia sobre su señora, causaban el consiguiente 
y natural pesar en aquellos y el escándalo en la sociedad. 
'Jal fué Mcndizahal. Mas adelante veremos á que desas- 
troso fin lo ll<»varon sus exesos y sus delitos contra la paz 
pública. 

.Muy poco diremos de sus dos compañeros de motin, Mo- 
rolo y del Corro. 

Kl primero, joven de veinte y cinco á veinte y seis años. 
llevaba una vi^la desordenada y de orjía, sin pertenecer aun 
tcdavía á ( uerpo al^runo del ejército, no obstante su empleo 
de teniente, on el que pasó de Buenos Aires al de los Andes 
En este tenía un liermano con el mismo grado en granaderos 



EECUERDOS HISTÓRICOS. H9 

ÍB caballo, el que después de las campañas de Chile se incor- 
poró al de esta república y casó allí. 

El teniente del batallón N.° 1 de los Andes, don Fran- 
cisco del Corro, salteño, de edad de veinte y ocho á treinta 
años, alto, delgado, de figura desgarbada, genio apacible, 
•le escasa educación, era en su carácter y modo de ser, el 
antítesis de los otros dos. No poseía ninguna de las calida- 
des, aun aquellas más comunes, requeridas para la profesión 
de lar armas. 

XLIII. 

Aparecían los primeros albores del dia 9 de enero de 
1820, cuando los pacíficos habitantes de la ciudad de San 
Juan, fueron sorprendidos en sus lechos con el estampido 
de- algunos fusilazos primero, y en seguida con una descarga, 
al parecer de una cuarta de compañía, oyéndose en me- 
dio de esto, una aterradora algazara — ^Recelosos, lanzáronse 
medio desnudos á las puertas de calle, á sus ventanas, á fin 
de conocer el origen de tan inusitado como alarmante tu- 
multo. 

De pronto, los que vivían en la plaza principal y calles 
inmediatas se convencieron que tenía lugar un alzamiento df? 
un aspecto el mas amenazante contra la vida y la propiedad de 
los ciudadanos. 

En efecto, el batallón N.*' 1 de línea se encontraba en 
la plaza en desorden, atronando el aire con mueras al tirano 
(el teniente-gobernador de la Rosa) y vivas á la libertad y 
h la federación — Uno que otro oficial se veían allí amenaza- 
dos, insultados por la insolente soldadesca, que trataban de 
darse otros nuevos entre los sargentos y cabos, encontrándo- 
se á la cabeza, como el más influyente y ardoroso en el mo- 
tin, el sargento Jardín, hombre de color, de elevada esta- 
tura y de una osadía singular. En distancia conveniente 
estaban á caballo, IMendidabal, Morillo y Corro, dando ór- 
denes á sus agentes que partían al galope para diferentes 



150 EL HIJO DE LA HEÜHICERA. 

puntos de la población, acercándose, á la vez, esos cal>ecillas 
i^ animar aún más con sus procaces palabras el deslwrde de 
la tropa. Pero veamos, entretanto, como había principiado 
esta funestísima insurrección. 

Un piquete de soldados del batallón mandado por el 
sargento Jardín ya hecHo oficial se dirijió á la casa del te- 
niente gobernador y haciéndose abrir la puerta de calle con 
engaños, se aptoderó de su persona constituyéndolo preso en 
una de sus habitaciones, multiplicando centinelas en el inte- 
rior y al exterior. Al mismo tiempo, una compañía apre- 
hendía á sus jefes y más notables oficiales, teniente coronel 
Sequeira, sargento mayor Salvadores (don Lucio,) capitanes 
I><)8So (francés,) Benavente (chileno.) Zuloaga (mendocino,) 
7eiaya (porteño,) Velazco, don Jorge, (español) Vega y otros. 
T no de los cuarteles, en que hacía guardia una media com- 
pañía del batallón cívico con un teniente 1.®, don Bernard«> 
iX'avarro, joven de 17 á 18 años (sanjuanino) — el mismo quí^ 
más tarde ganó sus charreteras de mayor en la campaña d? 
la Banda-Oriental contra el Imperio y las de coronel gra- 
duado en seguida, en aquella de la cruzada libertadora á 
las órdenes del ilustre general Paz — fué atacado por la tropa 
^ublevíída, intimando rendición al oficial Navarro. Este, 
iíon un valor y arrojo propios de un veterano, al frente de 
f*as pocos soldados ya formados, resistió esa intimación, y 
los bárbaros descargaron sus fusiles á quema ropa, cargan- 
do en seguida á la bayoneta sobre esos milicianos, vencedo- 
res en Sálala, á la par que Hlos recogiaki Icís laureles 
de Chacabuco que venían junto con los de ^laipü, á pi- 
sotear ahora, como infames hijos de la patria. El deno- 
dado teniente Navarro, cayó cubierto de heridas, como 
algunos de sus soldados, muriendo otros. Estos fueron 
los fusilazas y descargas que se dejaron oir al amanecer 
do ese dia. 

El comandante Sequeira hasta en esos momentos no 
creía aún en la revolución. Pero una vez apercibido de la 
realidad c(m la prisión que se le intimaba, y grillos que se 



BEGUERDOS HISTóRICOa 151 

nevaban para ponerle á los pies, la energía de su noble ca- 
rácter, la habitud de mando tan rígida y dignamente Ueva- 
<!a por él, su valor extraordinario, severo; todo junto se su- 
Mi»v(). estallando sus terribles iras, en aterrantes apostrofes 
(o)ítra los cobardes traidores á la patria. Resistía con im- 
ponderable arrojo al acto de prisión, y habría muerto en esa 
resistencia, si sus otros compañeros de infortunio, no le hu- 
1 iesen hecho v.er con ruegos, lo inútil del sacrificio. Por 
lo demás, él mismo, después de pasado aquel primer rapto 
(le indignación, concibió la esperanza de una ftcil e 
inmediata reacción en su batallón que tanto le había 
iiiiiado y respetado, arrancando á su frente la victoria en 
tíintos combates — ¡Otra vez más esa vana y funesta ob- 
.V cación ! 

La población aterrorizada á la vista de aquel sangriento 
lonflicto, en presencia de unos soldados ebrios, en desorden 
que armados en actitud siniestra se esparcían por las ca- 
lles proclamando el degíüello y el saqueo, se reconcentró á 
1( mas interior de las casaos, asegurando las puertas. El 
ííobierno y todas las autoridades habían caído de hecho. El 
pueblo se encontraba en acefalía, y por consiguiente, en 
icmpleta inseguridad los mas caros derechos del ciudadano; 
todo en fin entregado al furor de una soldadesca sin dis- 
ciplina, sin gefes á quienes obedecer y respetar. 

Desde luego, que las únicas jentes que aparecían y ma- 
1' i testaban su alborozo, en medio de aquel aesquicio, de aque- 
lla calamidad pública, que era el principio de dias de luto 
y de ruina para la provincia de Cuyo y para la república, 
e/.in las que se decían víctimas de la tiranía del teniente go- 
l»ernador. Allí estaban toilos aquellos que eran sindicados 
c.»mo enemigos de la causa de América, que en la adminis- 
Ivaíion tirante del general San Martin, Luzuriaga, de la Ro- 
f^i y Dupuy, en los tres pueblos de Cuyo, según así lo 
<lemandaba la salud de la patria en peligro, habían sufrido 
^-xacciones y la represión merecida á sus actos de decidida 
<'posicion á nuestra independencia. Allí estaban algunos de 



152 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

los prisioneros españoles en Chacabuco y ^laipú, aunque 
fueron pocos los que tomaron parte ó se adhirieron de fren- 
te á la revolución. Entre estos habia el apellidado Bien- 
dicho, de execrada memoria, ejecutor, como veremos des- 
pués, de atroces asesinatos. También hubieron vecinos que 
por temor, prestaron servicios á la autoridad nacida de ese 
nefando motin. 

El alejamiento, el desquicio en que á esa fecha se encon- 
traba ya el gobierno nacional, amenazado de cerca por los 
^caudillos de la anarquía; el único de nuestros ejércitos 
niandado por el invicto y prestijioso general San Martin, al 
<tro lado de los Andes, pronto á emprender la campaña 
contra el último baluart-e del dominio español en América 
cjue podia sostener el orden y la Constitución — daba alas 
fí todos esos que en San Juan y en otros pueblos, con la 
mentida voz de libertad, encontraban la ocasión en la insur- 
ri'ccion del batallón N.o 1 v en las montoneras levantadas, 
de satisfacer sus venganzas, de saciar su zana, contra el te- 
niente-gobernador allí y lejítimas autoridades en todas par- 
tes. Era una conflagración general, imposible ya de poder 
contener, y bajo cuya destructora acción iban á caer nuestras 
instituciones, á mancharse nuestras glorias nacionales, á ser 
pagados con el martirio, la proscripción y la ingratitud, los 
¿grandes servicios de los ciudadanos que, en la magistratura 
y empuñando las armas contra el enemigo común, contri- 
buyeron á afianzar nuestra libertad é independencia. A 
estos que nos lieron tan preciosos bienes, que salvaron las 
futuras generaciones de una larga é ignominiosa servidum- 
bre, se les apellidaba tiranos enemigos de la República. Em- 
pero, esos que asi procedían por ambiciones bastardas, por 
una vil venganza personal, no se apercibían que el trihunat 
inflexible de la historia, haría justicia á aquellos y entrega- 
ría sus nombras y sus hechos á la execración de la huma- 
nidad. 

XLIV. 

No perdió tiempo el cal)ecilla ^lendizabal. Viendo eo- 



RECUERDOS HISTÓRICOS. 133 

roñada su criminal empresa, se apresuró á convocar al pue- 
blo, ese mismo dia para que procediese á darse sus autori- 
dades en un cabildo abierto, por supuesto, bajo la presión 
íle las armas y desconociendo ya de hecho, la superioridad 
del Intendente y de la ^lunicipalidad de la provincia de Cu^ 
yo. en su capital Mendoza. 

Como lo hemos dicho — atemorizada la mayoria de la 
p(»blacion, por los actos sangrientos y de completo desorden 
con que habia estallado la revolución, no podía esperars(^ 
sino una muy reducida concurrencia de ciudadanos para- 
l»roeeder á aquellas elecciones. Así fué en efecto. Ni tam- 
IHKío ipodia esperarse otro ele j ido de gobernador, que A 
mismo autor principal de la insurrección y que estaba al 
frente del batallón. Mendizabal fué proclamado ¿ unani- 
midad. Se nombraron otros Municipales y Corro y ^torillo 
compartieron el mando inmediato de las armas. ^ 

Nadie creemos que podria poner en duda, en vista de 
«^stos actos farsaicos, á la simple lectura del documento que 
inmediatamente vamos á copiar, el exacto cumplimiento da- 
do por parte de ^lendizábal, á las instrucciones que habría 
recibido con anticipación para la consumación del atentado 
y procederes ulteriores, una vez logrado, de los cabezas prin- 
cipales de la anarquía en el litoral. El ni sus paniaguados 
en San Juan, no eran capaces de concebirlos y ordenarlos. 

Al dia siguiente, 10 de enero, se apresuró á comunicar al 
Supremo Director del Estado, la revolución que acababa 
de hacer. Se atrevía á un semejante desafuero, sabiendo que 
^SL autoridad, era ya una sombra muy próxima a desapa- 
recer. He aquí esa comunicación. (1) 

*'Exmo Señor." 
**E1 sagrado derecho individual que permite á cada 

1. Eat-e, coiiM) los demás (loc'nm?ntos que t/ras-laidaíremios saicosd- 
v.imie.Dt€ á 'estas pajinas, señ>a'la<lo6 r.l pié eoin estas in.'oiales (A. i3.,) 
lo? hemos copiado- d-e sus orijinaies ftn el Archivo General de Hae- 
noñ Airee, debido á la benévola con<lesce<ndencia con que se ha servido 
f.ivopeeerno» en iíuMrado Director D. Manuel Ri<wirdo Trelle*-^ 
X. del A. 



154, LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

ciudadano defender su conservación, honor y propiedades, 
liasta valerse de la fuerza, en el caso que de otro modo no 
pueda evadirse de injustas tropelías, del>e considerarse mas 
amplio y mas privilejiado con respecto á un pueblo que es 
oprimido tiránicamente por un déspota mandatario. Este 
iué el primordial fundamento de nuestra revolución para 
sacudir el yugo ominoso del gobierno español y este ha sido 
también el que ha influido para remover de su empleo al 
J^eniente-gobernador de esta ciudad, don José Ignacio de 
la Rosa/* 

**En el próximo abril harán cinco años que, por intrigas 
y maniobras pudo hacerse nombrar gefe de este vecinda- 
lio, y por los mismos medios supo grangearse la voluntad 
<lel gobernador de la provincia, que lo era entonces el gene- 
ral don José .le San ^lartin, á cuya protección ha debido 
también las distinciones de su sucesor don Toribio Luzu- 
liaga. Apoyado su mando en tales auspicios, soltó los di- 
<iues de su despotismo en los mismos periodos en que em- 
pezó á, ejercerlo — arrestos, espatriaciones, multas, vejáme- 
nes y desprecios á las autoridades y vecinos de mejor nota, 
fueron los primeros ensayos de esta dominación. Prueban 
^sta verdad, recursos elevados á esa superioridad sin contar 
<*on otros nuuhos hechos al gobierno de la provincia, é infi- 
nitos otros sofocados por falta de arbitrios para esclarecer- 
los ante los Tribunales Superiores.'* 

**A vista de un manejo tan absurdo, aprovechando el 
vecindario los momentos en que partió á esa capital por se- 
lieml)re de 1818 en desempeño de una comisión que le con- 
íió el general San Martin, represi^ntó á este Cabildo la nece- 
sidad que habia de pedir su separación del mando, por la» 
•causales indicadas, á que adhirió la Municipalidad, aconi 
pañando la solicitud del vecindario, y ofoncluyendo, qu« 
l)ues de la Rosa habia gobernado por mas tiempo que el pre- 
fijado en el reglamento sancionado por el Soberano Con- 
írreso, bajo este pretesto se nombrase otro en su lugar, á 
ñu de que su remoción se atribuyese solo á haber finalizado 



RECUERDOS HISTÓRICOS. 155 

ii tiempo establ-ecido. Mas como entre los mismos capi- 
tulares no faltaron adictos á Rosa, que informasen á su fa- 
vor, contra el sentir de todo el pueblo, y el Intendente de 
^lendoza diese cuenta de haber sofocado esta opinión gene- 
lal atribuyéndola á unos pocos individuos, resultó que el 
tspediente elevado á la superioridad, se remitiese al propio 
latendente de la provincia para que informase lo acaecido 
en virtud de haberse impuesto de todo lo ocurrido cuando 
."•* personó en esta ciudad/' 

** Desde este momento los suscriptos empezaron á es- 
I el i mentar todo el desagrado de unos gefes que se concep- 
tuaron insultados con un hecho tan arreglado á la ley. Los 
primeros trámites fueron Hacer bajar á la ciudad de Mendo- 
Zi\ á los individuos que se creyeron con mas influjo en U 
representación: tres de ellos aun se hallan confinados en hi 
(iuilad de San Luis: yo lo fui al Fuerte de San Carlos y pos- 
teriormente á la ciudad de la Rio ja, y los demás han sufrido 
todo el peso de la persecución de Rosa, á beneficio de una 
lista estraida del mismo espediente y que ha tenido siempre 
á la vista para pensionarlos en cuanto ha querido. Bastaba 
tstar suscrito en semejante registro para no tenerles la me- 
1 or consideración. ' ' 

**(.'omo en mayo del año anterior regresaron á esta 
provincia algunas tropas de las que componian el ejército (le- 
los Andes, se destinó á esta ciudad, el casi aniquilado bata- 
Ilon de cazadores, que si no fuera por sevicia de sus gefes 
ya merecería el nombre de rejimiento completo, pero un 
-É?evero castigo ha malogrado el reclutaje con la continua de- 
sertion de soldados y el fallecimiento de muchos en el hos- 
piral, de resultas de sus padecimientos, aun por delitos de 
nu-nor momento. Para sufragar los estraordinarios gastos 
de esta división, es manifiesto que se recurria á medios es- 
traordinarios, respecto á que los fondos de la tesorería de 
aduana apenas podían soportar el pago de sueldos para el 
1 teniente gobernador y otros empleados, por consiguiente. 
íí»n tener noticia de la aprobación hecha al efecto por el 



156 LA BE VIST A DE BUENOS AIBES. 

Congreso Soberano, según lo previene el art. 8.0, cap. 2.o 
sece. 3.a del Reglamento." 

**Si en los repartos y exacciones se hubiera guardad<> 
una exacta proporción y las tropas hubieran estado bien 
socorridas, los contribuyentes hubieran sufrido gustosos su?v 
erogaciones, apesar de la infracción del Reglamento. Pero, 
ademas que los soldados han estado mal servidos, las pen- 
siones no han tenido mas ley que la arbitrariedad. Asi es 
que los pa'rciales del señor teniente-gobernador, 'han su- 
fragado pequeñas sumas, comparadas con las que han ero- 
gado los presuntos rivales, y á la posibilidad de sus haberes, 
leuando por otra parte, han adelantado sus fincas y posesi^v 
nes á beneficio del trabajo de los prisioneros de Chile (ju»^ 
í^i' han distribuido entre ellos como esclavos, llegando á te- 
ner un solo individuo de la facción dominante, mas de cin- 
cuenta prisioneros en su servicio. La misma proporción 
ha tenido el reparto de unos terrenos de pan-llevar, deno- 
minados del Pósito, que después de haberse gastado mas de 
cin(»o mil pesos de los fondos de Propios para darles, agua, 
se distribuyeron entre Rosa y sus adictos, llevando, solo el 
I rimero, trescientas cuadras planas y asi proporcionalment»^ 
Irdos sus aliados.'* 

**Ya ve V. E., que en todos estos hechos en que nada 
l:ay de exajeraiíion, la justicia distributiva ha faltado ente- 
ramente y su lugar ha pasado á ocuparlo la depresión y ^I 
Itrror; fatigado pues con tantas vejaciones sufridas por un 
vecindario que se ha sacrificado por la causa de la liberta I 
y notando era general el desagrado en las tropas, asi vetera- 
nas como milicianas, concebí el proyecto de separar Ulel 
n»ando á un tirano que ya era odioso k la ley y á sus conciu- 
dadanos. Al afecto toqué todos los resortes que me propu- 
sieron oportunamente, y encontrando en los soldados un:i 
justa adhesión a mis ideas, cumplí con el deber de un ame- 
ricano libre el dia 9 del corriente, deponiendo al déspota 
goVternante y dejando al pueblo la acción de elejir nuevo 
gefe, que se encargase de la dirección. * En la misma ma- 



RECUERDOS HISTÓRICOS, 157 

fiana de este dia, reunido el vecindario en la Sala Consis- 
lorial, procedió á dar sus sufragios, que uniformemente, 
rí'cayeron en mi persona, como consta de la acta que acom- 
paña á esa supremacia el M. I. Cabildo. Agradecido á la 
üistineion con que me honraban mis convecinos, acepté el 
nombramiento, pero inmediatamente deposité el mando po- 
litieo en la Municipalidad, reteniendo el de las armas, por 
<\ijirlo asi las actuales circunstancias. ' 

** Aunque en todas las convulsiones se esperimentan ai- 
$í;ido8 desórdenes, me lisonjeo que en la presente revolu- 
<ion (si asi puede llamarse), se ha observado la mas perfecta 
tranquilidad. Como el deseo general era deponer al man- 
<!atario, no ha habido la mas leve discordia entre el vecinda- 
rio y la tropa armada que observa la mas exacta disciplina 
y subordinación. Así lo comprueban los adjuntos documen- 
1'>8 que acompaño á V. E. para su supremo conocimien- 
1o No obstante, ha sido indispensable el arresto del gefe 
<itPpuesto, que he mandado ejecutar en su propia casa y la 
reparación del comandante de cazadores, don Severo St- 
<iueira y otros oficiales subalternos que, prevalidos de sus 
<'!npleos, trataron de trastornar el orden público con inmi- 
iff nte riesgo de sus vidas y de la tranquilidad y seguridad de 
■estos habitantes. A consecuencia, los he remitido á la dis- 
l'osicion del señor Gobernador Intendente de Tucuman, hastn 
<iue V. E. ordene lo que estime conveniente.'' 

** Quisiera esponer á V. E. difusamente todos los moti- 
vos que han influido para esta determinación, pero la pre- 
Diitra del tiempo no me da higar á una larga esplanaeion. 
ni es posible realizarla, sino ante un juez destinado para es 
í^ conocimiento. Dígnese V. E. nombrar al efecto una per- 
tw>na imparcial que, oyendo al pueblo en plena libertad, 
trasmita á esa supremacia el resultado de la causa y enton- 
i'ps se cerciorará V. E. de los ])Hd(M'iini«^nt(>s de un puebif» 
ípie (listante de los tribunales sapn^nos pava elevar sus re- 
cursos, ha sufrido por cinco años el mas terrible despo- 
lismo.*' 



158 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

4 

'*No habiendo tampoco aspirado á otra cosa que á obte- 
ner mi libertad y la de mis conciudadanos, de ningún modo 
ckseo permanecer con el mando que se me ha confiado. A. 
este fin, suplico rendidamente á V. E. que á la brevedad po- 
sihle se sirva nombrar teniente-gobernador que cumpliendiv 
con sus deberes sepa merecer el aprecio de este noble ve~ 
tindario y propender á su prosperidad " 

*'Esto es lo que deseo únicamente y confio que V. E. 
hecho cargo que no quedando mas arbitrio que el de la tuer- 
za para sacudir el yugo opresor, ha sido necesario adop- 
tarlo, tendrá á bien no desaprobar mi determinación, ([ue si 
no obstante pareciese disconforme á los principios liberales, 
en (pie está fundada nuestra constitución, .sufriré con re- 
sicrnacion las penas á (pie me juzgue acreedor el recto áni- 
mo de V. E.^' 

**Dios guarde á V. E. muchos años — San Juan, 10 de^ 
entro de 1820.'' 

*^Exmo. Señor'' 

''Mariano Mcnduabaí/^ 

**Exmo Señor Supremo Director d(»l Estado.'' 

{A. GA 

\ Con que refinada hipocrecia, con que desvergonzado ci 
nismo, concluye este criminal famoso esa nota oficial! Con- 
íiesa de plano su delito de alta traición, citando la misma 
Constitucicm del Estado, pidiendo humiJd emente que se le 
juzgue y castigue — ¡ Ah!. . . . bien sabia él (pie por de pronto^ 
no llegaría ese caso, puesto que, según las instrucciones qw 
habia recibido de sus gefes en el litoral, pocos dias faltaban 
l>ara caer el Directorio. Pero la justicia divina, por mcnlio 
(hí la de los hombres, le tenia aplazado para purgar su hor-^ 
ri]>Ie atentado, á una época muy próxima. 

Se ve en ese papel, (mantos esfuerzos hace para justifiear- 
>(\ y emph^a los mas calumniosos cargos contra la autoridad 
legal que acababa de deponer por medio de las armas. Pero 



RKcrERIX>S HlSTóRK OS. 139 

fl historiador t la vista de dot'umentos fehacientes, que le 
suministrarán los archivos de San Juan, ha de poner eu 
evidencia la mentira que encierran esos cargos. Knuniere- 
imts lie paso algunos de ellos. 

F]s falso que el X.o 1 de los Andes hubiese llegado casi 
aniquilado á Sm Juan. p]ra un rejiniiento completo, y co- 
mo antes hemos dicho, venia á ese pueblo precisamente par^t 
Montar la mitad de él á caballo, bajo la denominación th^ 
Dragouis y formar con la ccmipetente artilleria la 2.a bri- 
gada del 2.0 cuerpo del ejército de los Andes. 

Falsísimo (pie el (comandante Secpieira ejtTciese la m vivi^> 
^n sus soldados. Severo fué en la disciplina, ríjido en el 
tuiíiplimiiuito de la Ordenanza, desempeñando sus deberes 
<le pefe, pero no cruel. 

El teniente-gobernador de la Rosa, jamás cobró sueldos 
]K)r su empleo. Tenia fortuna y su patriotismo lo llevó 
hasta el sacrificio de sus intereses y persona. 

Xo es menos falsa la cita que hace del artículo 8.0, cap 
1.0 sección 3.a del lUglamento, esto es. en cuanto á su vi- 
jencia práctica. La guerra se hacia <*on el tesoro nacional 
.^•ocedente de los impuestos y también con las contribuciones 
ícrzosas, con los empréstitos. Xo existia aún la ley del Pre- 
supuesto. 

Las exacciones para sostener la causa de la patria, s<' 
imponian con exacta igualdad entre los ciudadanos afecto» 
á ella. Las circunstancias de entonces, no permitían pro- 
ceder lo mismo en cuanto á los ([ue eran sus declarados 
íiiemigos. 

Los amigos y parientes del Teniente Goliernador, al con- 
trario fueron siempre en su administración los mas grava- 
díís — Eso es notorio y bastantemente probado. 

En otra parte dejamos dicho, que los prisioneros espa- 
ñoles en los puel)los de» Cuyo, gozaron de la mejor consido- 
rí eion en las casas donde fueron rei)artidos y que se dicta- 
ron reglamentos para así tratarlos y para (pie se les pasase 
por los patrones cierta cantidad de reales semanalmente — 



ItK) LA REVISTA DE BUENOS AIBES. 

Calumnia! que los particulares los tratasen como á esclavos 
— desmedida imputación!, que un solo vecino tuviese á su 
servicio cincuenta de ellos! 

El doctor de la Rosa por último, á quien se debe la habi- 
litación de agua á los terrenos del Pósito, durante su go- 
bierno, compró con su dinero, el primero para estimular 
fá los demás capitalistas, una suerte de chácara, como las 
conpraron los SS. Rojo, Yanzon, Gil, Echegaray, Sánchez 
y otros — No se repartieron gratis esas tierras — eran del es- 
tado y se vendieron de su cuenta. 

Veamos ahora la nota de la ^lunicipalidad de San Juan. 
<lirigida al Supremo Director del Estado, á que se refiere 
an la suya Mendizabal — Es esta — 
**Exmo. Señor." 

**Xo le es poco satisfactorio á la Municipalidad de San 
Juan, tener cada c'ia nuevas pruebas que presentar á la Na- 
ción, de la subordinación á la Suprema Autoridad, con que 
ííiempre se ha conducido y se conducirá. El admirable svi- 
fL-eso del dia nueve, de que instruirá á V. E. la copia lega- 
lizada adjunta, es un comprobante sobre los anteriores que 
ya tiene dados. 

** Oprimido este pueblo por el Teniente Gobernador don 
José Ignacio do la Rosa, aprovechó los momentos de su au- 
Si*ncia en comisión á esa capital para pedir á V. E. se sir- 
viese ordenar su separación de la lista de elejibles. Est«> 
t'aso tan sencillo y arregladj á la ley, dio lugar á que su 
venpranza vejase y oprimiese de tal modo á estos vecino*^. 
<;ue st» ostigaron. Por otra parte, conocia el pueblo que in- 
M-nsiblrmente era conducido a la separación de las autori- 
dades lejítimas y á la uni(m de los anarquistas. Estas cir- 
*nnstancias unieron al pueblo con la fuerza armada parji 
j'irar nuevamente al reconocimiento y sumisión á V. E. y 
fumplirndo de sus superiores órdenes.'' 

*'La relación dH liecho, (pie felizmente consta del acta en 
<opia, nada deja i\\U' n<rreí;ar á la ^lunicipalidad» sino la 
y rotestn seria (lue hace a V. E. de que en medio del trastor- 



EECIJERDOS HISTÓRICOS. 161 

no que debía causar este acontecimiento, ha tenido la glo- 
r»H de que el pueblo y fuerza armada, han conservado el ma- 
j^'or orden, que no se ha derramado una sola gota de sangre, 
y que se han respetado los derechos de seguridad, propiedad 
\ libertad. Que el país se mantiene firme en la unidad que 
ha protestado 'jon la capital de la Provincia, y que ni él ni 
la fuerza armada la trasgredirán, mientras no sea el caso 
iirjente de una invasión por la fuerza armada, con que toda- 
Tia se sostiene la ambición." 

'*Los adjuntos oficios instruirán, á V. E. el estado de 
nuestras relaciones con la capital de Cuyo, nuestras pacífi- 
-tas y fraternales ideas y el honor y rectitud que nos conduce. 
Xos resta solo que V. E. tenga la dignación de aprobar un 
hecho que no ha tenido otro objeto que unir este país á la 
Nación, de que ya estaba desmembrado y elevarse sobre el 
^tremo grado de abatimiento á que le tenia reducido su 
<lí»puesto gefe. La Municipalidad interesa altamente á V. E. 
<*n la aprobación, como el único medio de invitar al orden 
y unidad á las demás provincias que tengan la desgracia de 
liallarse disidentes." 

**Bajo la garantía de esta Municipalidad, debe V. E. que- 
<jar asegurado que las tropas ni obrarán, ni tomarán otro 
4íestino, que el que V. E. tenga á bien señalarles, á no ser 
<[ue el imperio de las circunstancias y el evitar efusión de 
íiangre» exijan lo contrario; mas fuera de estos casos, ellos 
y el pueblo, protestan no innovar un ápice del orden esta- 
llei-ido y conservar la seguridad y propiedad de los habitan- 
l'.'s. El mismo destino del gefe depuesto, depende de la su- 
frrema disposición de V. E." 

**Díos guarde á V. E. muchos años." 

*^Sala Capitular de San Juan, enero 24 de 1820." 

**Exmo. Señor.' 

Uilarum Fnrque. José Hantiago Cortinez, doctor Estanislao 
Tello, José Tomas Albarracin, José Félix Aguilar^ Sa- 
tyrnino Manuel de Laspiur, 



162 LA REVISTA DE BUENOS AIBiCS. 

**Exnu). S^ñor Supremo Director de las Provincias Uni- 
dasilel Río de la Plata/' 

{A. G.) 

La acta que cita el presente despacho, es la siguiente : 
**En la ciudad de San Juan, á veinte y cuatro dias del 
mes de enero de mil ochocientos veinte, reunidos los señores 
capitulares en su sala de acuerdos en junta estraordinaria 
dijeron: que yá que las circunstancias de la guerra les ha 
ocupado en todos los dias anteriores, de tal modo que no 
ha ha permitivlo acordar muchos puntos demasiado intere- 
santes y principalmente el de dar un parte exacto al Exmo 
i^cñor Supremo Director de las Provincias Unidas del Rio d * 
la Plata, se hiciese hoy mismo, pidiéndole su suprema apn>- 
l'acion y protestándole que el gefe militar y Cabildo no se 
¿*niman de otro deseo que el de recibir sus superiores ordenéis 
y cumplirlas con toda la exactitud y honor á que están liga- 
dos por el solemne juramento que han prestado, de no reo- 
lu cer otra autoridad que la de la primera majistratura de la 
Nación; que en el presente acuerdo (de que se remitirá co 
pía legalizada) se haga referencia de todo lo sucedido liat^tH 
la fecha. — Apoderado el capitán don Mariano Mendizabal ac 
la fuerza armada y depuesto el Teniente Gol)ernador don J()s6 

I^jiacio de la Rosa, por coligado con los demás gefes de i:i 
provincia de Cuyo, empeñados en desobedecer al Exmo. señor 
bjpremo Director de la Nación, y quizá unirse á los anar- 
(|U:stas: depuesto también por haber oprimido este vecinda- 
rio de un modo tan escandaloso, que aun esponiéndose á loí$ 
■ t(»rribles efectos de zizaña y venganza, aun estando bajo la 
fuerza, se atrevió á dirijir sus reclamos á la supremacia por 
su separación de la lista de elejibles, y depuesto al ñn, por 
otros mil motivos muy justos y poderosos, se reunió en di- 
vtrsas ocasiones el puel)lo, libre de la opresión, á elegir un 
Teniente-Gobernador de su entera confianza. A la primera 
ocasión fué electo de unánime consentimiento, el espresado 
capitán don Mariano Mendizabal, el que renunció obstinada- 



BECUERDüS HISTÓRICOS. 163 

mente, por la escrupulosidad de que no se creyese que habia 
tenido otro objeto en apoderarse de la fuerza armada, que 
el de libertar á este pueblo de su opresor y unirlo á la Na- 
ción. Mas obstinadamente se empeñó el puel)lo en su se- 
gunda reelección. Asegurado entonces de la espontanea, 
linánime voluntad del pueblo, pensó con el ilustre Cabildo el 
inandar dos Diputados á la capital de Cuyo, pue le expusiesen 
los motivos fundados del suceso y le propusiese relacioneSi 
amigables y de unión. Fueron en efecto nombrados, por 
¿arte del Cabildo, don Salvador Maria del Carril, y por parte 
del gobierno, don Pedro José Zavalla; pero sin aún permi- 
tirles regresar, se presentó el coronel Alvarado á las inme- 
diaciones de esta ciudad y conoció, sin que se derramase una 
^ola gota de sangre, la heroicidad de que es capaz el pueblo 
que quiere ser libre: desengañado entonces de la tenacidad 
do su empresa, se retiró precipitadamente.* Este feliz suceso 
dio lugar de que la capital de Cuyo (oprimida quizá en igual 
gr?do que este pueblo) quedase libre por la dimisión del 
1! undo del coronel mayor don Toribio Luzuriaga y que dipu- 
tase al señor Juez de Alzada don Remijio Castellano y al se- 
ñor alcalde de 2.o voto don Bruno García, que hiciesen propo- 
siciones amigables á este pueblo. Mas el coronel graduado 
don Rudecindo Alvarado influyó, sin duda, con la fuerza k 
que las proposiciones quedasen reducidas únicamente á dos: 
o á que el batallón número 1, pasase al ejército de los Andes, 
ó á que quedase disuelto enteramente — Con todo de que el 
tr^^fe militar y Cabildo estaban decididos á no reconocer otra 
¿autoridad que la del Supremo director d^l Estado, hubieran 
ífinzá accedido, por el bien de la paz, á una de ambas pro- 
1 1 sieiones ; pero considerando los graves inconvenientes y 
filíales consecuencias que se seguirían, no solo á la Provin- 
)iJ-i de Cuyo, sino á la Nación entera, de la adopción Úk^ 
fiialquiera de ellas, se negó el gefe militar á adoptarlas y 
pidió á los señores diputados propusiesen medios mas racio- 
i»ales. Con todo tuvieron el gefe militar y Cabildo la sa- 
tisfacción de asegurar por las protestas de los enviados qus 



164 LA EE\^STA DE BUENOS AIBES. 

]\Iendoza y San Juan están unidos con tanta intimidad en la 
rrlacion de sus intereses, con intimidad en sus ideas políticas 
de sumisión á la suprema Magistratura, de odio á la anarquia. 
y fraternidad entre sí. — Acordaron así mismo que se senta- 
sen en el acuerdo la voluntaria dimisión del anterior 0«fcü- 
do, la admisión que hizo el pueblo entero de la sala Capitu- 
lar y elección de nuevos individuos con toda la solemnidad 
prescripta por la constitución, que recayó en el señor don 
Hilario Furque para Alcalde de primer voto, en el señor don 

Santiago Cortinez para el de 2.o voto, en el señor doctor don 
Estanislao Tello para rejidor decano y Juez de Polieia, en el 
Sr. D. José Tomas Albarracin para rejidor Alguacil mayor. 
en el señor rejidor don Ventura Morón para rejidor Fiel Eje- 
cutor, en el señor don Saturnino Laspiur para rejidor Defen- 
sor de menores, en el señor don Juan José Cano para rejidor 
defensor de pobres, y en el señor don Domingo ^Maradona 
l»ara procurador de ciudad. Con lo que se concluyó y cerró 
este acuerdo, firmándolo Sus Señorías de que doy fé — Hila- 
rión Furque — Santiago Cortinez — Doctor Estanislao Tello — 
José Tomas Albarracin — José Félix Aguilar — Saturnino M. 

de Laspiur — Domingo Maradona — Ante mí — Luis Estanislao 
lello — Escribano público y de Caluldo — Concuerda con el 
í.ota matria de su tenor que ante mí pasó y se otorgó y queda 
en el Archivo de Cabildo, á que me remito y en fé de ello 
y de orden verbal del muy ilustre Cabildo, doy la presente, 
que autorizo y firmo en San Juan, á veinte y cuatro de ene- 
\i\\ de mil ochocientos veinte años — Luis Estanislao Tello — 
Escribano público y de Calnldo." 

Al margen de la nota precedente del Cabildo de San 
Juan, se encuentra el siguiente decreto: 

^'Buenos Aires, febrero 10 de 1820/' 

*' Contéstese lo acordado en la nota del Teniente-Gober- 
laulor nuevamente electo/' 



i ^ 



Rúbrica de S. E. el Supremo Director del Estado". , 



KECÜERDOS HISTÓRICOS. 165 

*'Por disposición de S. E. 



>» 



Cavia. 

Y el otro á que esto alude, es este : 

'* Buenos Aires, febrero 10 de 1820." 

** Apruébase el nombramiento que se ha hecho para Te- 
riente-Gobernador de la ciudad de San Juan, en el capitán 
don Mariano Mendizabal, ¿ quien se prevendrá que cuide de 
conservar el orden y tranquilidad del vecindario." 

** Rúbrica de S. E. el Supremo Director." 
'*Por disposición de S. E." 

Cavia, 

A fin de no alejar demasiado de la vista del lector los 
documentos que dejamos insertos, por la inmediata relación 
que tienen entre sí, nos hemos adelantado de algunos dias, 
H los sucesos que narramos — pero ya volveremos á seguirlos 
de cerca en su desenvolvimiento sucesivo, estrictamente cro- 
Li'lójico. 

Entre tanto, por poco que se preste atención al despacho 
y acta adjunta del nuevo Cabildo de San Juan, se encon- 
trará que una misma persona es la que ha redactado esos 
escritos y aquel de Mendizabal que copiamos antes. 

. No podia ser de otro modo para procurar encontrarse 
uniformes ambas entidades revolucionarias, en la exposición 
falsa de los hechos, para tratar de justificar, aparentemente 
siquiera, la enormidad de su crimen — Pero véa^ que en rl 
último documento, el redactor se muestra aun mas audaz 
Es que, después de corridos quince dias, á contar del dia 9. 
los insurrectos hablan ya tomado muchas y seguras medidas 
para su impunidad, para atreverse á mas. — Se creian en 
actitud de llevar su dominación á los demás pueblos de Cuyo 
Por eso dice el Cabildo que se hizo el movimiento del 9, en- 
tre otros motivos, **por mantenerse unidos á la autoridad 
** nacional y sostener la Constitución — por no caer en la 
**anarquia y defenderse contra ella — que eran aquellos que 



166 LA REVISTA DE BUENOS AIEES. 

*^ mandaban en la Provincia constitucionalmente, por nom- 
**bramiento del Gtobieírno Nacional los quei, confabulados 
**eon los anarquistas, se habian separado de la unidad y 
** desobedecían á la Suprema Autoridad." 

¡Sarcástica burla, atroz ironía lanzada contra la moral 
pública, contra el buen sentido y sana conciencia de los ciu- 
dadanos honrados! 

Repiten, dos ó tres veces, en esos escritos ¡que no na 

Im derramado una sola gota de sangre!!! 

¿ Y la que derramaron el mismo dia 9 atacando el cuartel 
do Cívicos? ¿Por qué niegan, por qué ocultan el bárbarí» 
asesinato de esos patriotas, de esos ciudadanos que cumplían 
con su deber en defensa del orden público y de las leyes? 

¿Por qué niegan y ocultan la horrible hecatombe qut- 
consumaron pocos dias después, haciendo verter la sangre 
ilustre y jenerosa de cinco héroes que se habian coronado 
<!c gloria en cien combates, en defensa de nuestra Indepen- 
cVneia? 

¡Y no derramaron unu sola gota de sangre!!! 

¡Fueron ellos los que abrieron en esas pacificas comar- 
cas, la ominosa, la sangrienta época de anarquia y del mas 
cniel despotismo, que ha durado treinta años! 

XLV 

Veamos en seguida la contestación que el bamboleante 
Directorio dio á esas notas de los revolucionarios en San 
Juan. 

**Por la nota de V. de 10 del próximo pasado enero, s? 
ha impuesto el Director Supremo de la deposición que se ha 
hecho en ese pueblo de su Teniente Grobemador doctor don 
^iosé Ignacio* de la Rosa y de la reunión del vecindario en la 
y ría Consistorial para la elección del que debia subrogarle, 
<iue recayó en la persona de usted, según lo manifiesta la 
ficta que acompañó á aquella nota." 

''S. E. ha aprobado esta determinación, sirviéndole d* 
nuicha satisfacción el buen orden y moderación con que so 



BEi UEBDOS HISTóRICOÍl 167 

¡la procedido en eirenosuncias tan delicadas; y respei'to á 
<\ue se halla restablecida la tranquilidad, cree 8. E. que pue- 
-ie desde luego, ponerse en libertad al (Jefe depuesto y que 
e\ eoniandante de caladores don Severo Sequeira y demíis 
(ÍM*iales subalternos que fueron remitidt^ á Tucuman, pa- 
^^u á esta capital á presentarse al estado mayor general, eu 
inya virtud se pasa al efet to la orden competente al gol>er- 
uador intendente de aquella provincia.'' 

**E1 sufragio jeneral que ha merecido usteil en ese pueblo 
para desempeñar la Tenencia de gobierno, persuade al go- 
lií^rno supremo que es acertada la elección. — Por lo. tant»^ 
ratifica en su persona el nombramiento y espera que con ti - 
luie en el mando de él y propenda por cuantos medios le 
.'ujiera su celo por el bien general á sostener el orden y tran- 
<juili(lad de ese vecindario." 

**Por disp.>sicion suprema hago á usted la comunicación 
presente á los fines espresados." 

** Buenos Aires, febrero 10 de 1820." 

(A. G.) 

**A1 señor don Mariano Mendizabal." 

Esta y las siguientes notas, como que son borrones en 
':*arpeta, no tienen firma; pero delxí haberlas subscrito el 
s*^ñor Cavia, quien autorizó los decretos marjinales en la mis- 
ma fecha que llovan para dirijirlas. 

*'La nota de V. S. de 24 de enero anterior ha instruido 
íil Director Supremo de haber sido depuesto en ese pueblo 
*l teniente gobernador doctor don José Ignacio de la Rosa, 
y del nombramiento que en consecuencia, se hizo en el ca- 
pitán don Mariano Mendizabal." 

*'S. B. queda bien satisfecho de los nobles sentimientos 
^(' adhesión al orden que anima á ese ilustrísimo cuerpo y 
Im venido en aprobar esta determinación. En su virtud, ha 
ratificado aquel nombramiento, y con esta fecha se le da el 
competente aviso al nuevamente electo." 

**E1 gobierno espera que V. S. contribuirá en cuanto le 



I 



168 LA BE VIST A DE BUENOS AIRES. 

sea posible á que se conserve el orden y tranquilidad en ese 
benemérito pueblo, que tan dignamente representa." 

'* Buenos Aires, febrero 10 de 1820." 

**Ilustrísimo Cabildo de la Ciudad de San Juan" 

(A. G.) 

**En vista de la nota de usted de 24 de enero anterior eo 
que manifiesta al gobierno que el ilustre cabildo de la ciu- 
dad de Mendoza le ha dirijido una diputación con proposi- 
ciones que usted indicó á los mismos diputados fuesen mas 
arequibles, me ha ordenado S. E. conteste á usted que ahora 
mas que nunca interesa la unión entre todos los pueblos 
hermanos y qu'3 por lo tanto espera así que se notificarán 
dichas proposiciones por parte de la diputación, como que 
contribuirá á que se realice la reconciliación y se restablez- 
can las relaciones tan necesarias entre dos pueblos unidos 
con vínculos muy estrechos." 

**Por disposición suprema lo aviso *á V. en contesta- 



ción. ' ' 



'* Buenos Aires, febrero 10 de 1820." 

** Señor Teniente Gobernador de la ciudad de San Juan." 

(A. G.) 

Después de esto, puede pues observarse, que en presen- 
cia de las graves críticas circunstancias que rodeal)an en 
esos momentos al Directorio, nada otra cosa podia hacer, 
que aprobar la revolución de San Juan y ratificar el nombra- 
üiiento de Mendizabal. Los términos en que están redac- 
tadas sus notas al respecto, lo revelan esplícitamente. 

Y así es la verdad — El Director sostituto, General Ron- 
dcau, ya habia sido derrotado en la Cañada de Cepeda por 
Ramírez el l.o de ese mismo mes de febrero. (1) 

El que habia interinamente quedado en lugar de aquel, 
1. Efeméwjd«s de Nuftez. "**" — <-*'^ * - -•*> 



RECUERDOS HISTÓRICOS. 169 

cuando salió á campaña, 31 de enero último, (2) don Juan 
P. Aguirre, iba ¿ caer del mando supremo en esos diás — 
En esa misma fecha en que firmaba aquellas notas — 10 do 
febrero (3) fué de ello notificado — El General Soler con 
las fuerzas de su mando en el Puente de Márquez, unido á 
los demás jefes, intimó al Cabildo, en dicho dia, hiciese ce- 
sar el Directorio y el Congreso, los que en efecto, quedaron 
(iisueltos el 13 de febrero. 

¡Qué respeto, qué obediencia, por lo demás, habian de 
prestar á esa autoridad ya caduca los revolucionarios de 
San Juan? Sabian desde antemano la situación de esta, y 
por eso la engañaban en la relación de los hechos que allí 
tf'Dian lugar bajo su presión, bajo su acción anarquizadora, 
criminal. Puede decirse sin que se nos tache de temera- 
rios en el juicio, que dieron parte al Directorio de la insur- 
rtccion que encabezaron, por burla, por revestir en esos pri- 
ireros momentos tal acto, de algo que pudiese justificarlo 

Mientras tanto, las violencias, los atropellos y el desor- 
den, con que habíase iniciado el motin el dia nueve de ene- 
ro, continuaban de dia en dia, cada vez mas multiplicados 
v alarmantes para los pacíficos ciudadanos de San Juan, 
Corridos ya algunos dias, los mandones y la tropa, viendo 
one el Gobernador Intendente en la Provincia de Cuyo, en 
^íendoza, con todo de tener á sus órdenes el segundo cuerpo 
del ejército de los Andes, mandado por el Coronel Alvara- 
dc, compuesto de dos rejimientos de caballería y artillería 
correspondiente, no avanzaba un paso, de«de los primeros 
n.omentos de la sublevación del número primero para so- 
focarlo, asumieron entonces una actitud altanera y amena- 
zante — Se consideraban fuertes y capaces de vencer á una 
división, por mperior en número que fuese, si osaba ata- 
carlos. Sabian por otra parte, que el gefe de aquel cuerpo 
temiendo no contaminar de la misma desmoralización su 

2. Li. \ñ. .. , 

3. I-d, id. 



170 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

tropa, si la acercaba á San Juan, no aventuraría de ningún 
Biodo una seria espedicion — Todo esto, y su misma indis- 
ciplina y desenfreno, los alentaba en la carrera de sus desa- 
íiieros. 

El Teniente Gobernador de la Rosa, desde el primer dia 
<jue fué preso, sufrió en su persona el mas cruel tratamien- 
to, complaciéndose en ello Mendizabal particularmente, en 
tenerlo en continua alarma por su vida — y á no ser por la 
<*nerjia, serenidad y actitud digna que opuso aquel benemé- 
rito patriota, á tan bárbaros atentados, habria perecido, sin 
duda — Hacian aparatos, con doble tropa armada cerca de 
i'l, con instrumentos propios del suplicio, con hacerle ver 
un sacerdote, diciéndole iban á fusilarle. 

En esta penosa situación, su mas íntimo y distingiiido 
«ir.igo, el doctor don Narciso Laprida, el ilustre Presidentt 
del Congreso que declaró nuestra Independencia, hizo los 
mas vivas esfuerzos, ocurrió á mil medios ocultos y de in- 
TCDcion suya para salvarlo clandestinamente de la prisión — 
Llegó hasta disfrazarse de clérigo para penetrar hasta la 
habitación donde estaba de la Rosa, con el objeto de obrar 
lili cambio del vestido talar que llevaba y que asi lograse 
escaparse — Nada pudó conseguir — la vijilancia de la guar- 
<iia era activa y dilijente. 

Las exacciones, los saqueos á los ciudadanos, se ejercían 
i*on frecuencia. Los vejámenes y ultrajes por una tropa 
iiisubordinada y por gefes groseros y viciosos, consternaban 
á la población, viéndolos descargar sobre lo mas respetable 
de aquella sociedad. 

Ya veremos luego, en el curso de esta narración y do- 
<'umentos que la acompañan, hasta que alto punto de des- 
bordamiento en sus exesos, en sus atentados, llegaron esos 
cabecillas de la insurrección en San Juan, sin el poder, sin 
la voluntad, sin el respeto debido para contener una solda- 
desca completamente en desorden. 

Pero volvamos ahora, por un momento, la vista á la 
eapital de la Provincia de Cuyo, para saber cuál fué la acti- 



RE^TERDOS HISTÓRICOS, 171 

tud que ella asumió en su ealidatl de tal, euales las medidas 
que sus autoridades tomaron en virtud de aquel trascenden- 
tal funestísimo alsamiento. 

DAMIÁN HUDSOX. 

(Continuará.) 



HERNAXDARIAS DE SAAVEDRA. 

CAUSA CÉLEBRE: NOTICIAS Y D0( UMEXTOS PARA SERVIR 
A LA HISTORIA DEL RIO DE LA PLATA. 

(Coniln nación.) (1) 

XXX. 

Los salarios del gobernador Ortiz de Yergara. 

Uno de los documentos presentados por Hernandarias dt? 
Saavedra, es la estensa provisión que la audiencia de Char- 
ras expidió en 1613* sobre los salarios del gobernador del 
Kio de la Plata, Francisco Ortiz de Vergara, en la que se- 
encuentran incorporadas otras provisiones y porción de do- 
cumentos relativos al asunto. 

Elejido Ortiz de Versara por el cabildo y obispo de l?t 
i\suncion, con fecha 25 de julio de 1558, habia desempe- 
ñado el gobierno, sin percibir sueldo durante seis años y se- 
^'enta y ocho dias, al fin de los cuales, en 3 de octubre de 
1564, salió para el Perú, comisionado por el cabildo y veci- 
nos de aquella ciudad, con los objetos que espresan en la 
cédula del Rey que luego transcribimos. 

Prescindiremos de lo que dicen los historiadores sobre 
el objeto de este viaje, por que no conocemos todavía doen- 

í. Véaee la pájiíia 17 del tomo XI de e^t*^- **R«váata." 



HERN andarías DE SAAVEDRA, 173 

liientos que comprueben sus asertos; por el contrario, el 
<(Ue vamos á copiar despierta cierta desconfianza sobre la 
íjactitud de los historiadores á ese respecto. 

*'El Rey — Nuestro gobernador de la provincia del Rio de 
la Plata y mis oficiales della: Francisco Ortiz de Vergara me 
ha hecho relación que habrá treinta años pasó á esas pro- 
Tiucias, de donde, en compañía de Alvarez Nuñez Cabeza de 
Yaca, adelantado que fué dellas, nos ha servido en todo lo 
<iui se ha ofrecido, asi en el descubrimiento de la tierra 
<x)mo en allanar, pacificar y atraer los naturales della, que 
üiuchaff veces se habian levantado, en que habia pasado mu- 
<hos y grandes trabajos, peligros de muerte y otras necesi- 
dicles. y gastado en ello mucha parte de su hacienda; y que 
<*i año pasado de cincuenta y ocho, entendida la calidad de su 
pirsona, por muerte de Domingo de Irala, su suegro, el ca- 
bildo de la dicha ciudad de la Asunción, juntamente con el 
<iMspo, y consentimiento y conformidad de los vecinos de 
í'sas tliehas provincias, y por virtud de una nuestra Provisión, 
le habian elejido por gobernador dellas, en el entretanto 
<iue nos, sabido lo suso dicho, proveyésemos lo que fué- 
semos servido ; el cual dicho oficio habia acetado y usado y 
servido con toda deligencia y cuidado, desde veinte y cinco 
<ie julio del dicho año pasado de mil y quinientos y cincuen- 
:ííi y ocho, hasta el mes de setiembre del año de sesenta y 
t'natro, que el cabildo de la dicha ciudad y vecinos de ella 
T de las dichas provincias le enviaron con su poder é eoml- 
íiion á dar noticia á la nuestra audiencia real que reside en 
la ciudad de la Plata, en los Charcas, en el Perú, del estado 
-•u que estaban las cosas della, y á llevar ciertas muestras de 
los metales de las minas que se habian descubierto y pedir se 
í^mbiase gente y aparejos para labralla y veneficiallas, como 
1i»do lo suso dicho y otras cosas, dijo constaba y parecía por 
cierta información y testimonios de que ante nos, en el nues- 
tro Consejo de las Indias, por su parte fué fecha presentación, 
suplicándome que teniendo consideración á lo suso dicho y á 
los muchos gastos que en todo habia fecho, le mandase pa- 



174 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

gar el salario que se montaría en el tiempo que, como dicho 
es, 4iabia servicio el dicho oficio de gobernador de esas di- 
clias provincias, á razón de dos mil pesos de oro cada año, •> 
como la nuestra merced fuese; lo cual visto por los de mi 
C.'onsejo, fué acordado que debíamos mandar dar esta mi cé- 
(iíila para vos; é yo túvelo por bien: por ende yo vos mano 
que luego que con ella fuéredes requeridos, libréis y hagáis 
pagar á el dicho Francisco Ortiz de Vergara, ó á quien su po- 
der hubiere, lo que montare el salario de todo el tiempo qu'í 
os constare haber servido al dicho cargo de gobernador de esas, 
dichas provincias, al respvecto y según se dio y pagó al dicho- 
Domingo de Irala, difunto, nuestro gobernador que fué ^*!i 
esa tierra á el tiempo que le sirvió, conforme al título y pro- 
visión que tuvo del dicho cargo, que, lo que en ello se mon- 
tare, mandamos á vos los dichos nuestros oficiales que de 
cualesquiera maravediz é hacienda nuestra que haya en i>oder- 
de vos el nuestro tesorero, se la deis é paguéis, ó á quien el 
dicho su poder hubiere, que con esta mi cédula y su (arta d<- 
pago é libranza de vos el dicho nuestro gobernador, man- 
damos que os sea recibido y pasado en cuenta lo que con- 
forme á lo suso dicho le diéredes é pagaredes. Fecha en Ma- 
drid, á veinte y tres de abril de mil seiscientos y sesenta yr 
nueve años — Y ) el Rfij — Por mandado de su majestad — Au- 
tonto de Eraso.*' 

Con esta cédula, Francisco de Guzman, en nombre de- 
íK»ña Mariana de Irala, viuda del gobernmlor Ortiz de Ver- 
gj.ra, se presentó á la audiencia de Charcas, el año de 1593, 
] idiendo se librase provisión para su cumplimento pov- 
I arte del gobernador y oficiales reales del Rio de la Plata. 
La audiencia dio vista á su fiscal, (piien manifestó que en 
virtud de no ser dirigida la cédula del rey á aquel trilmnaL 
í^ino á los cspresados funcionarios del Rio de la Plata, cor- 
respondía mandar que ocurriese á ellos la pñvte interesada. 

Ax)esar de este dictamen la audiencia despachó provi- 
sión ordenando al gobernador y oficiales reales de estas pro- 
vincias, ^ue diesen cumplimiento á lo mandado por el re\% 



HERNAXDARIAS DE SAAVtíDRA. 175 

satisfaciendo á doña Mañana de Irala los salarioH que re- 
sultase deberse al finado gobernador Ortiz de Vergara. . 
Ruiz Diaz de Guzman, el historiador argentino, repre- 

stentando á su tia doña Mariana de Irala, se presentó eou 
esta provisión, en 1597, al gol)ernador de e.sta« provincias 

Juan Ramírez de Velazeo, pidiendo que en virtud de ella y 
de la cédula real incorporada Su Señoria la mandase cum- 
\\\T. El gobernador dispuso que los oficiales reales veri- 
íieasen el tiempo que liabia servido Francisco Ortiz de Ver- 
gara, y viesen que salario habia gozado su antecesor Domin- 
^ Martínez de Irala, y eon lo que resultase dehérseh»» 

consultasen con 8u Señoria para proveer lo que correspondiese. 
Los oficialías reales de la Asunción espresaron que, tra- 
.endo la parte interesada cédula del gobernador, estaban 
i-!h¡)ue8tos á cumplir lo mandado por el rey. Solicitada de 
líamirez de Velazeo la cédula exigida, el gobernador nadi 
resolvió, obligando á doña Mariana de Irala á concurrir nue- 
valiente á la audiencia, como lo bizo, el año de 1599, por 
*^ii podatario Francisco Pérez de la Raynaga, quien acusó al 
f;í»l)ernador y oficiales reales espresando (jue no daban cum- 
I'limiento á los mandatos superiores, pagando lo que se de- 
lia á Francisco Ortiz de Vergara, por no quedar ellos sin 
tener con que satisfacerse sus propios salarios, lo que era 
tontra derecho natural, pues lo tpie no querían para si no 
tibian quererlo para otros; que en consecuencia, para que 
Sil partet fuese satisfecha, mandase la audiencia que, no ba- 
1 abiendo cantidad bastante en la caja de la Asunción, se com- 
pletase por las demás tesorerías de la gobernación, comisio- 
nando á una persona de calidad, para que, sin dar lugar á 
<Mlaeiones. con el rigor necesario, hiciese cum])lir lo mandado, 
•ie eualesquier haberes de Su ^lagestad que existiesen en estas 
irovincias. 

La audiencia resolvió de conformidad, comisionando á 
los vecinos del Rio de la Plata, Diego Xuñez de Prado y Pedro 
Hurtado de Mendoza, para que, con vara alta de la real justi- 
cia hiciesen ejecutar lo mandado, facultándolos para imponer 



176 LA KEVISTA DE BUENOS AIRES. 

las penas que creyesen necesarias á los funcionarios que se ma- 
ijj'estasen rebeldes. 

En ejercicio de su comisión, el alcalde ordinario de 
la ciudad de Buenos Aires, Pedro Hurtado de Mendoza, el 
año de 1609, en virtud de petición del capitán Manuel de 
I'iias, representante de doña María de Guzman, única he- 
redera entonces del gobernador Ortiz de Vergara, mandó: 
que, atento que por los autos constaba haber servido el es- 
presado gobernador, seis años y sesenta y ocho dias, á razou 
de dos mil pesos oro por año, que era el salario que se- 
Lvló el emperador a Domingo Martínez de Irala, y que el 
precio justo y valor de cada peso de oro estaba averiguado 
É^er de dos pesos corrientes de á ocho reales el peso; el tiem- 
l'O que habia í;ervido Ortiz de Vergara montaba según esto 
¿í veinte y cuatro mil setecientos cuarenta y seis pesos y cin- 
e(í reales y medio, á cuenta de los cuales parecia haber re- 
X ihido de las cajas de la Asunción, Santa Fé y Buenos Aires 
8019 pesos 6 jales; que constando por recaudo puesto en 
1p causa á pedimento del tesorero Simón de Valdez, que 
liabia en la caja de la Asunción 5158 pesos 4 reales, y dándose 
libranza para que los oficiales de aquella ciudad los pagasen, 
vtnian á restarse 16568 pesos 3 y medio reales: por tanto ex- 
hortada y requería al gobernador Ilernandarias de Saaved»\i 
mandase despachar sus libranzas, en forma para que de aque- 
lla caja se pagasen los cinco mil y tantos pesos y asi mismo 
para los oficiales reales de este puerto por los diez y seis mil y 
"^íintos restantes. 

El gobernador Saavedra dio libranza para que el teso- 
Tkto Simón de Valdez pagase ocho mil pesos á cuenta; pero 
ese funcionario contestó apelando para ante la audiencia. En 
conseí uencia fué puesto en prisión por el Juez comisario hasta 
oue diese cumplimiento á lo mandado, surtiendo esra medida 
tan buen efecto que á los pocos dias enteró Valdez al capitaa 
Manuel de Frías la cantidad de seis mil y tantos pesos, y tr?s 
meses después, lo que faltaba para cubrir la libranza do 
ocho mil. 



HERXAXDARIAS DE SAAVEDBA. 177 

£d tal estado se encontraba este asunto, cuando lleg-j 
ii Buenos Aires el visitador general don Francisco de Alfaro, 
ol ano de 1611, al que los oficiales reales presentaron un 
uiemorial en que espresaban: que la paga de ocho mil i)eso8 
o cuenta de 5(alarío6 del gobernador Ortiz de Vergara, la 
habían htcho compulsos y apremiados, de lo que habian dado 
cuenta á la Contaduría Mavor de la ciudad de los Reyes, 
cuyos jueces mandaron pedir los autos: que en esta virtud 
el visitador general proveyese lo conveniente para evitar que 
íaoííen molestados por esa partida. 

Este tan afamado como absolutamente desconocido perso- 
iiiige, á quien se han prodigado elogios tan prematuros conK> 
inmerecidos, no .tuvo inconveniente en dictar resolución 
en una causa tantas veces resuelta- por jueces competentes, y 
]»or superiores de tanta altura como el rey, el Consejo de In- 
<\'\as y la audiencia de la Plata. He aqui el inconcebible auto 
<U1 visitador. 

**En la ciudad de la Trinidad, puerto de Buenos Aires, 
^'•i veinte y dos dias del mes de junio de mil y seiscientos y 
**om*e años, el señor licenciado don Francisco de Alfaro. 

* oidor de S. M. y visitador en estas provincias y en las de 
^*Yu«*uman, habiendo visto los autos sobre la paga que pre- 

'Mende se le pague de la real caja á doña Maria de Guzman, 
**por el salario que dice deberse á Francisco Ortiz de Ver- 
'para, por el tiempo que gobernó esta provincia, é lo en 
^'contrario dicho y alegado por los oficiales reales, á cuyo 
*'p(*d i miento vino esta causa, dijo: que revocaba y revocó y 
^dió por ninguno el mandamiento librado contra la Real 
''^('aja y libranza del gobernador Ilernandarias de Saavedra. 
^ y todo lo en virtud dello fecho, actuado y ejecutado, y 
''^ mandó que los oficiales reales no paguen cosa alguna por 
^'la dicha razón; y lo que han pagado ellos y sus antecesores. 
''*lo vuelvan á restituir y enterar en la Real Caja, y fecho esto 
^'las partes pidan y sigan su justicia en grado de apelación en 
**la Real Audiencia, asi, cuando y como vieren que les 
^ conviene; y asi lo proveyó, mandó y firmó. El lirowiafh} 



17** LA REVISTA DE BUENOS A IBES. 

**don Francisco de Al faro — ^Ante mi, Ahntso Xavarro, Es- 
**cTÍbaiio. 

¿(¿lie pudo t^ner en vista don Francisco de Alfaro al 

íJictar e«ta resolución? Acaso, el mostrar que su innier 

ttomo representante del rey y de la audiencia, era mayor que 
el de eso» superiores de quienes emanaban sus faculta- 
o»*H? — Satisfacer tal vez el resentimiento del tesorero, 

j/or los «lias que habia sufrido de prisión, proporcionándole 
el medio de satisfacer sus venganzas sobre los que le ha- 
bían compulsado con títulos irrefragables? Perpetuar 

la causa sobre lo que se debia á Ortiz de Vergara, para qut- 
i.\ fin quedase inmpago él y sus herederos hasta la última ge- 
iH raí iím ? . . . . 

Y en presencia de semejante auto, agregado á los ante- 
f (Hlent(*s que dejamos estudiados sobre sus determinacionej? 
nspccto del servicio personal de los indios ¡no nos será per- 
mitido negar al oidor Alfaro las calidades que se le han atn- 
buido, entre otros, de rectísimo jucZj por el P. Montoya ; de 
viiuufro inierrinco, por el P. Guevara; de ministro háhi^ 
incorruptible, diestro en manejar ¡os espíritus, y que unta ni 
Cisco de acierto n la firmeza de sus resolueiones, pK)r el Deai> 
Funes? 

¿ No estariamos autorizados hasta para retirar la defensa 
que de él hemos hecho, respecto del doble papel que le atribuy«V 
Azara (íon motivo de sus ordenanzas sobre servicios personal 
di» los indios? 

Pueden inspirar (íonfianza loe actos de don Francisco de 
Alfaro, después de conocido el auto que acabam:)8 de tras- 
«•ribir ? 

('orno era consiguiente, los efectos de tan arbitraria re- 
.^oliK'ion no se hicieron esperar. Los oficiales reales pro- 
nunciaron la suya á su vez, para reintregar la caja de su 
cargo de lo que se habia pagado á cuenta de salarios del go- 
bernador Ortiz de Vergara, ejecutando á Francisco de Alaba, 
marido de doña Maria de Guzman, y haciendo responsables, 
por la cantidad pagada, al gobernador Saavedra, al juez co- 



HERXANDARIAS DE SAAVEDRA. 179 

ii isario, y al capitán Manuel de Prias, siendo Alaba puesta 
en prisión apesar de haber apelado del auto de los jueces de 
hacienda. 

Nada de estraño parecerá todo esto considerado el deses- 
perante sistema de procedimientos que se practicaba entonctrs, 
áf (jue tenemos muestras muy elocuentes en d proceso contra 
hernandarias de Saavedra y en el relativo á salarios del gober- 
n,;dor Ortiz de Vergara. 

Volvió, pues, la causa al tribunal superior, el cual, en gra- 
fio de rt^vista, con fechas 6 de setiembre de 1613, revocó el 8\?*o 
apelado de los oficiales reales de Buenos Aires, mandando en- 
tregar á la parte de doña Maria de Guzman sus bienes libres y 
sin costas, espidiéndose en conse(*uencia la provisión quo deja- 
iiios estractada. 

XXXI. 

Los Oficiales Reales puestos en traspareneia. 
Otro documento manifestado por el gobernador de Guay- 
rá. es el que vamos a copiar: 

**Este es un traslado de una carta que, según pa- 
rtee escribió Sebastian de Ilorduña, que el sobre escri- 
to de ella dice asi: A Francisco de Alaba, vecino de 
lii ciudad de la Asunción, y dentro della estaba lo del tenor 
sííjuiente : 

**Mi señor — El año pasado escribí á Vuestra Merced, y 
í^í^pues acá otra vez, dando cuenta como recibí la ejecutoría, 
y despaché dos duplicados á España á el capitán Manuel de 
Frias ; y por que la última que de Vuestra ^lerced recibí, me 
dice Vuestra Merced, que no le he avisado, no me descuido 
yv. en hacer lo que me mandan mis amigos. Yo la despaché 
í-omo digo á Vuestra Merced, luego por dos vias ; yo creo que 
la tiene ya Manuel de Frias en su poder, porque he tenido 
carta del que la llevó, que fué á salvamento á España; asi que 
ya está allá. Plegué á Dios suceda como deseamos ; asi que está 
en mi poder otro traslado y el oríginal está en Za Caja Real, 



180 LA REVISTA DE BUENOS AIBBS. 

5i8i qu^ guardado está y muy bien. Escríbeme Vuestra 
iferced que mi señora prima está enferma, pésame. Nues- 
tro señor le dé la salud que yo deseo en vida buena de Vuestra 
Merced y de esa niña á quien beso las manos muchas veces ; y 
A'ue^tra Merced me envíe á mandar, que lo iiaré muy de veras 
— De Buenos Aires, hoy siete de julio de mil seiscientos quin- 
ce años — De Vuestra Merced muy servidor — Sebastian de Hor^ 
iltiña.*' 

**Como todo ello consta por la dicha carta original que 
ijiieda en poder de Francisco de Alaba, de cuyo pedimiento 
scujué este traslado á la letra, y concuerda con su original, y 
en fé dello lo firmé y rubriqué, en la Asunción en veinte y 
íicis de abril de mil y seiscientos y diez y nueve años. Tes- 
tijros á lo ver sacar y corregir,Pascual Ramirez, y Luis Arias 
y Ilt mando Arias de Mansilla, presentes — En testimonio do 
,\ verdad, Fraucisc(f de Lugo. Escribano público y del ca- 
bildo.'' 

Por este testimonio se viene en conocimiento de que. 
fl original de la provisión de que hemos dado cuenta en el 
cíinítulo precedente, estaba en la Caja Real de Buenos Aires, 
es decir, en poder de los Oficiales Reales, desde el año de 
]ín4, y sin embargo, esos jueces que tenian conocimiento do 
Wíjiiella disposición superior, continuaban ejecutando á Her- 
landarias de Saavedra por la partida relativa á salarios del 
<^J()b( rnador Ortiz de Vergara, y conservaban oculto el doeu- 
p.(Rto que del)ió haberles inspirado un proceder muy dif^v 
!•♦ nte. 

XXXII. 

Coíiffsfacion d<I Drfinsor y auto de Jos ministros, 

Evacuaiido el traslado que de la última petición y doeu- 

tVnsor de liacienda, produjo esta la contestación que vá á leer- 

inentos prescntn.^os por Ilernandarias de Saavedra se dio al de- 

s.* en vista de la cual los ofi( ¡ales reales dictaron el auto que 

1f»nil)ien copiamos. 



HERNANDARIAS DE 8AAVKÜBA. 181 

**Juan Cardoso Pardo, detensor de la Real Hacienda* ea 
la causa con Hernandarías de Saavedra, gobernador que fué 
desta provincia del Rio de la Plata, sobre los veinte y dos mil 

y tantos pesos que debe a la Real Hacienda y caja deste puer- 
to, de mas de diez años á esta parte, digo: que de una peti- 
con y de un traslado simple de una llamada ejecutoria y 
u;i*ta misiva que presentó para dilatar la paga que tan justa- 
1 lente debe, se me dio traslado, y su tenor supuesto, digo: 
(,ue no tenia obligación á responder, por que no es jurídico 
ni de sustancia lo que dice y presenta, y sin embargo de jus- 
ticia Vuestras Mercedes del>en despachar persona á la ciudad 
üo Santa-Fé, que tengo pedido, por los esclavos, ganados, 
carretas y bueyes y demás bienes que por esta causa estau 
8t»t*restado8 y depositadlos en ella, por lo general del dereíího 
y por que la dicha deuda que debe tiene gran justificación, li- 
quidación y ejecución contra el dicho Ilemandarias de Saa- 
vcdra, que, de su autoridad, con violencia precipitada, sin 
trner licencia de 8. M. sació de su Real Caja los dichos pesos, 
que en derecho lo semejante es despojo, y, como tal, por juez 
competente, visitador general, oidor y letrado está condena- 
Oo, y por el tribunal supremo de la Contaduría Mayor destos 
leinos; y habiendo sido ejecutado en la ciudad de la Asun- 
jcion por via de apremio, en tiempo del gobernador Diego 
JJarin Negron y también 'en este puerto, tuvo negociación y 
trazas para apelar y que se le otorgase la apelación i)ara el 
K«al Consejo de las Indias, y aún que no se pudo hacer, se 

If dio tres años para traer mejora, y son pasados nueve y no 
lo ha traido; y otros sus acrecdon^s han cobrado de los 
dichos bienes; y dio á doña María de Sanabria, su hija, 
treinta mil pesos en dote con don ^liguel de Cabrera, vecino 
do Córdoba, y se los entregó ; y ha vendido negros, ganados y 
otros bienes de valor, y enviado á la dicha ciudad de Córdo- 
la y cada dia se van consumiendo las pocos que Vuestras 
Mercedes tienen secrestados, y 'ái se dilata el traerlos á esta 
ciudad, será ocasión de se morir y consumir, como es público 
que se ha muerto y huido algunos de los diclios negros; de mas 



182 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

<iUfe esta causa es de apremio y no ejecutiva, y la llamada 
cgecutoria que presenta, sacada á su modo, sin mi citación, 
31'» fué litigada por el dicho Ilernandarias, sino por otro 
t^Tcero contra quien está reservado el derecho de la Real <'a- 
ja en cantidad de ocho mil pesos; que cuando caso negado 
fufra bastante recaudo, restan catorce mil y tantos pesos 
y lo que le está secrestado agora por Vuestras Aíercedes 
no importa seis mil, y se dejó estar preso por no pagar; y 
debe muchas deudas, como es notorio y no paga á nadie; y 
dtí próximo se aguarda el juez de su residencia y conforme 
í derecho, si algún salario se le debiere en la Real Caja e? 
jara el seguro de dicha residencia, por no haber cumplido 
con las fianxas que tenia obligación á dar; y pues Vuestras 
3It rcedes tienen recaudos bastantes para cobrar por apremio 
y orden del señor Fiscal del Real Consejo de las Indias para 
hacer esta cobranza, no es justo se entretenga mas tiempo. Por 
todo lo cual y lo que mas hace y hacer puede en favor de la 
l?eal Hacienda. 

**A Vuestras Mercedes pido y suplico, y hablando con el 
dolido respeto, requiero, que. sin hacer caso de la dicha 
petición y recaudos simples de contrario presentados qui» 
redarguyo civilmente, y en caso necesario, manden hacer 
se^in y como tengo pedido por otros mis escritos, despa- 
chando luego persona á la ciudad de Santa -Fe por todos los 
ilichos bienes, para que por la dicha via de apremio s>e ven- 
dan en esta ciudad, donde el dicho Hernandarias de Saavedra 
está detenido hasta la real paga que no le escusa de ella nin- 
iruna fianza que haya dado ó diere, antes es deudor por la 
retención de los intereses, á diez por ciento, conforme á la 
ley real, que protesto pedirle á su tiempo, y la culpa que en 
hí»ber sacado de la Real Caja la dicha plata, de hecho 
y contra- derecho, tiene; que en lo asi Vuestras Mercedes 
mandar hacer harán lo que deben y son obligados con jus- 
ticia, y de lo contrario protesto lo que protestar me con- 
viene, y sobre todo pido justicia y costas, etc. — Juan Cardoso 
Pardo. 



HERNAXDARIAS DE SA A YEDRA. 1S3 

Auto — **En la ciudad de la Trinidad, puerto de Buenos 
*\¡res, en veinte y siete dias del mes de agosto de mil y 
íieiseientos y diez y nueve años, el contador Luis de Salcedo 
y el eapitan Simón de Valdes, tesorero, jueces oficiales Reales 
ilr este puesto y provincias del Rio de la Plata por Su IVIa- 
^íestad, habiendo visto estos autos digeron que sin perjuicio 
<it lo hecho y proveido, embargado y secrestado hasta hoy. 
y fianzas que estuvieren dadas, dejándolo todo en su fuerza y 
vijror y derecho interior, sin lo innovar ni alterar en cos;i 
alguna, mandaron se notifique á el dicho Hernando Arias 
tic Saavedra, que dé fianzas legas, llanas y abonadas de la 
5i»*>ruridad de todos los bienes que le están embargado* v m^ 
crestados, para los traer ante Sus Mercedes á esta ciudad 
rada y cuando se mandare por Sus Mercedes, ó por otro juez 
competente, para el entero y paga de los veinte y dos mil y 
tantos pesos que debe á la Real hacienda, como consta do 
los autos desta causa, con apercibimiento que no las dando, 
so proveerá lo que fuere justicia; y así lo proveyeron, man- 
daron y firmaron — Luis de Salcedo — Simón de Valdez — Ante 
MÍ, Gaspar de Acevedo, Escribano de Registros y Hacienda 
Real. 

MANUEL RICARDO TRELLES. 
((*oiitinuará.) 



DON FEDERICO BRAXDSEX 

Capitán de caballería del primer Imperio francés. 
Caba«llero de la Reial Orden Ifeali^na de •'«• Corcvna de Fierro, 

Conde«earado <»on h* Le j ion de He ñor, 

Ayuda-nite del Prímcipe Eujenio; 

Coronel de caball-arLa de la Repúblioa Argentina. 

Capi'tan dte la misma anrana en el ejército de Chile. 

Jenteotal de Biógiadia d«l Perú, 

Beneménito de la Ord^oi del Sol, 

eitc, -etc., etc. 

(CouUiHiacion.) (1) 
V. 

Según se ha dicho, quedaba -en el cantón del Maule la 
columna de operaciones de la frontera Sud, compuesta d^ 
las tres armas después de su infructuosa demostración sohr»^ 
Chillan — cuando en la tarde del 24 noviembre 1818, en cir- 
cunstancias que las salvas y dianas festejaban frenéticamente 
la noticia oficial recibida esa mañana de la captura hecha 
pt.r la escuadra patriota de tres buques enemigos con iiOO 
hombres de línea á su bordo — se incorporaron los coroneles- 
Freiré y Escalada, nombrado el primero Intendente de hi 
Provincia de Concepción y comandante de la división de- 
vanguardia, y el segundo encargado del mando de los 'gra- 
naderos á caballo.'' 

1. Véase la páj. "5 del tomo XI de **La Revista de Buenos Aires. ^'^ 



CORONEL BRAND8EX. 185 

Ese dia, desempeñaba Brandsen el servicio de avanzada, 
(astacado en el paraje de los Cardos, con el objeto de vijilar 
)<.•« dos pasos que desde el Perquilauquen conducen á la villa 
liel Parral. Posición fácil de sostenerse con poca jente, por 
la naturaleza del terreno, puesto que pasa el camino entr»." 
dos colinas que forman un valle cenagoso y cubierto por uu 
luonte bravo — allende las cuales y casi perpendicularmentí*- 
á ellas, existe en la llanada un paso impracticable . 

Contra las reglas del arte, se le impartió la orden, qut* 
i la aproximación de la noche, retrocediese con su fuerza y 
1 «upara el campo que se encuentra á 10 ó 12 cuadras de- 
ambos pasos, y se mantuviese así hasta el alba, hora en que- 
(K'hia retomar su primera posición — De esta medida podia 
lesultar, observa Brandsen, *'que encontrando el enemi^j 
desguarnecidos los pasos enunciados y apercibiendo de lejos, 
nuestros fuegos, se deslizase en el llano cirniéndose á derecha 
( izquierda, para ir á colocarse por nuestra retaguardia, o* 
decir, entre la villa y nosotros, acuchillando ó tomando el 
l'Uesto, sorprendido y atacado por donde menos tenia que 
recelar. Empero, aun cuando conociera perfectamente lo in- 
< onveniente de «esta retirada, la ejecuté, haciendo que la tro- 
pa pasase toda la noche sobre las armas, espuesta á un viento 
1 orrible y á una lluvia casi continua — La mayor parte d*»- 
míi» granaderoSy estaban medio desnudos, y sin embargo, no 
oí im murmullo en hombres tan acongojados." 

A las 6 de la tarde del 25, fué revistado el Rejimiento por 
i'I coronel Escalada, terminada la cual, reuni<S á los oficiales^ 
para exhortarlos á que adoptasen una conducta mas sevent 
y redoblaran los esfuerzos y la armonía que debia reinar en^ 
tre ellos si querían volver al cuerpo su antiguo lustre. Este- 
no tardó en cambiar de aspecto militar poniendo de relieve? 
la actividad y celo del nuevo comandante que dos dia» 
después de recibirse de aquel (27) past) por las armas u» 
desertor del núm. l.o y castigó á varios soldados, de los 
íiue uno había herido á otro de sus camaradas, quien por 



186 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

liaber perdido su carabina, y los restantes faltado á la //a- 
mada. 

En este Ínterin, (26 de noviembre) recibió Brandsen una 
varta de su amigo ^1 coronel Necochea, y una orden del ge- 
neral San Martin, llamándolo con urjencia á Santiago — Pe- 
ro deseoso de aprovechar la oportunidad que se le ofrecía 
para recorrer un país enteramente desconocido, y mas que 
todo, persuadido que el cambio de Jefes, iba á imprimir otra 
dirección á la guerra y terminar con la vida aburrida y des- 
n oralizadora del campamento — obtuvo del coronel Escalada 
♦•i favor especial de concluir la campaña al lado de sus queri- 
dos granaderos, verdaderos tipos de disciplina y coraje. 

VI. 

El nuevo Jefe de la división, don Ramón Freiré y Serra- 
do, era un joven de hermosa figura y formas atléticas, cuyo 
cuerpo parecia fundido para resistir á los mas fuertes dolores 
y recorrer todas las escalas del valor. Cadete de dragones 
•de la frontera en 1811, hizo sus primeras armas con Carrera, 
bajo cuyas órdenes se acreditó de guerrillero consumado eii 
los combates de Huilquelemu, Talcahuano y el Quilo. Res- 
]>etado por la muerte en un al>ordaje, asiste á la encarnizada 
tíefensa de Raucagua que fué para Chile una lección severa 
á la vez que una decepción amarga — Emigrado en nuestra 
Rt pública, cuando vio abatidas tantas esperanzas, no trepi- 
da en asociarse á Brown, ese faro que tan alto alzó la gloria 
íirjentina sobre las aguas, y á su lado arremete la temeraria 
<:mpresa de arrancar á los españoles el cetro del Pacífico, y 
6in mas estímulo que su arrojado entusiasmo por la inde- 
pendencia, después de contemplar las faldas orientales de la 
<*ordillera, fué á sentir las corrientes borrascosas del Cabo 
im el verano de 1815. 

El Callao de Lima y el remoto Guayaquil, son saludados 
n bala por las naves republicanas, que faltas de los elementos 
necesarios para llevar á cabo una tentativa seria, vuelven la 
í roa al Atlánti(*o, no sin haber dado antes una buena lección 



CORONEL BBANDSEX. 187 

^1 enemigo común en el asalto de Punta de Piedra, en el 
que luce en primera línea la espada de Freiré. 

Incorporado al ejército que organizado en Mendoza de- 
bia escalar los Andes, recibe orden del jeneral San Martin 
para internarse por el Sud y apoderarse de Talca, consagra- 
dla ya por la sangre de dos héroes (11). Operación difícil y la 
<,'ie á pt^sar de los cortos recursos puestos á su disposición, 
llovó á término al mismo tiempo que el Gran (íapitan ar- 
^ív'ntino se cubrifl de gloria en la cuesta del Chacabuco. 

Tnido á Las Heras, vence en Curapaligüe y dueños de 
('•mí ; ])<*ion que ya no resiste, van á fijar sus reales en el 
(erro del Gavilán. 

Su bella conducta en la toma de Araueo le vale la con- 
-ilfcoracion de la Lejion de mérito^ para irse á distinguir en 
Síguida en los llanos de Mayo donde hace «prodijios dti 
Kraje con los ** cazadores á caballo" hasta que consigue do- 
1.^1 r los brios de la caballería española que se bate á su frente. 

seííundado por otro intrépido chileno, el comandante San- 
tiago Bueras, que menos feliz que su compañero debía su- 
cumbir aquel día sobre el cuadro de Burgos y el cual á 
prevención de romper su sable, c^mo le acaeció en un lan- 
ce igual, había ceñido dos al cinto. 

Tales eran los méritos contraídos por el nuevo Intenden- 
te de Concepción, llamado á reemplazar al coronel mayor 
7a piola, que discípulo de la vieja escuela y marino por voca- 
ción, no era apto para la clase de guerra que era necesario 
V.icer en aquellos desolarlos parajes/ en que tiene una gran 
ÍDfluencía para su mejor éxito, el conocimiento práctico y 
to|>ográfico del terreno, cualidad que reunía Freiré, guerri- 
llero insigne, acostumbrado á esa vida de aventuras y perpé- 



11. El C'oroiíel don Carlos Spaj^no y oficial Game-ro, mu^erto^ 
V'í'íi'Osamt^nte defendiendo las ca^lka de aqti<^lla cuidad en marzo 
de 1S14 — (V. **Et^ Monitor AMnuoano** tom. 2.o n.o 6, donde se de- 
tj«llaTi lo« úUlnK» «momentos de xqueillas alnvas ronvaiif''») — El Je- 
i'^ral Ciuido era casado con una hija del heroico Espabilo, (doña 



188 LA BEVISTA DE BUENOS AIBES. 

lúa actividad, en que cada momento es un peligro ó una 
emoción, y capaz de galopar dias enteros al través de mon- 
tes, sierras y pantanos, salvar rios caudalosos y favorecidi> 
por las sombras, caer de improviso sobre el enemigo fati- 
gado de no poderle sorprender. (12) 

Puesto al frente de la columna patriota, que á i>esar de 
su inacción conservaba aun su buen espíritu, se ocupó sia 
I érdida de tiempo, en la organización de las milicias de ca- 
halleria de Cauquenes, á la vez que reunia los cívicos de in- 
fantería y averiguaba nuevas de los españoles. ** Estos están 
biistante apuradlos (escribia á Olliggins) ; todas sus fuerzas^ 
(consisten en las que Sánchez retiró de Concepción á los Aii- 
y,A(*H con ánimo de ha<*er allí la defensa, y en la división de 
Ijantaño que está en ('hillan y se compone de 600 hombres." 

En esa carta, que lleva la fecha de 26 de noviembr**^ 
espresa la desmoralización que reinaba en el ejércit<» enemi- 
fX'\ como de las esperanzas alentadas que abandonasen su» 
banderas muchos oficiales de los recien llegados de España, 
puesto que tres dias antes se habían presentado á las avan- 
zadas, un Sarjento Mayor, un teniente y dos subtenientes 
(^el rejimiento ** Cantabria'', que profesando primipias libo- 
r?iles, simpatizaban con la causa americana y no querían 
servir de instrumentos de opresión. 

Entre tanto, reorganizado el pequeño ejército de opera- 
ciones, provisto de víveres y medios de movilidad, y refor- 
zado con el magnífico batallón de los Andes, (cuya lleírada ft 
Talca se acababa de sa1>er) una compañía de cazadores de la 
escolta de O'IIiggins y una batería de artillería— á las 8 de 
la mañana del 19 de diciembre se movió del Parral con di- 
nrrion á San ('arlos, en el siguiente orden de marcha : — 

La vanguardia la formaban dos compañías de infantería 



12. Fr.:>ir^ na«e¡/) en la pr<n "nK^ia -de St"!nt*aí:,o (Ohile), e] 29 «le- 
Povi.M:.bre 1787, y falílecV) en e«' rathfro d« Capitán ffeneral el 9 de di- 
<*iembre 1851, de«paies de haber ocupado puestos de alta importancia, 
«^n la ad ni i n'' 118-0:011 do «u paús. 



<:t)ROXEL BRAXDSEN. 189 

Y una dtí caballería á las órdenes del coronel Andrés del A¡- 
<Hzar. (13) 

Número l.o de Coquimbo, comandante Isaac Thompson., 
•^porteño). 

Número 3 de Chile, id. Agustín López, (penqtrista.) 

Artillería con 6 cañones de montaña de á á—eomandanti* 
capitán Juan Pedro Macharratíní, (araucano.) 

Granaderos á caballo, mayor Pacheco, comandante Esca- 
lada, ^porteños.) 

Cazadores de la escolta del Director. 

Después de una marcha de tres horas, que el calor, la 
violencia del viento y el polvo del camino hacían penosa á 
\i.% .soldados, llegó la división sobre el Perquilauqiion que 
pasó por el vado de la Cajnlla Vieja, paraje en estreíuo pin- 
toresco y agradable, para ir á tomar posición á una l'*i;5:a 
-de allí, entre la ^* Capilla Nueva" y la casa de la hacienda de 
Niqueno — verificando su entrada en San Carlos a las 10 del 
<lia .sis^niente — donde se incorporó á las 7 de la tarde d'4 '2\ 
-el batallón de los Andes al mando del coronel Rudr-rindo 
Alvarado, (salteño) que iba desde Santiago á ponerse á las 
^>!*denes de Freiré. 

Mereciendo Brandsen una especial consideración de su 

<^(ronel, y siendo preciso víjilarse los movimientos del ene- 
migo le confió el mando importante de la gran-guardia, es- 
tablecida el 22 en el punto de Aquimavida que domina las 

13. Este afiei«tl, que gowjíba de un crédito distinguido por siis 
virtudes y sii- bizarría, tuvo la gloria de ser **el iprimero", q^^e al 
f^^fnte de 300 ^Vpenquistafi" (y solo 100 ee-ífun alguno,) 5effund'adt> por 
í*i oomanda-nte Miguel del Rio. trepó loe Andies e«n 1811 y V\^() á Bue- 
ii«.s Airee desde Chille en auxilio de la revolución de mayo. No s'endo 
Tircí sarjo sai con<»umo en junio de 1813, repasa \m cordilleja- con s^us 
fuerzas, y e^ntró en S. .ntiago el 5 de julio inmediaíto, dejando trazada 
la ruta que dos meses ma* tarde debía seguir t'a divis on de cerc / áe 
1<H)0 hombres del coronel don Santiag^o Carreña (Córdovés) — desi>a- 
<liada par el gobierno argenti-uo en retribución do aquel import: mto 
í'frvicio — AlcAzar, á su regre?>o d^ Xacimicnto en el primer tercio del 
*Aiu 19, fue 'a.^es'níido con varios oficiales por eT do^alnado bandolero 
Vicente Benavides, qu? violando la fé de una capitulación, no respetó 
í^ii« (Minas ni sus servicios. 



190 LA REVISTA DE BUENOS A1RB& 

Aoredas que conducen á la villa de San Carlos, desde los 
\i)do8 del Portillo, la Coeharca y Dadinco. 

Fijado el 23 para abrir las operaciones militares, desde 
bien temprano se notaba una actividad estraordinaria en ei 
<ampamento patriota. Después de la revista de armas y 
Tíiuniciones, convocó Escalada á los oficiales de su Rejimien- 
to y les previno confíd'cncialmente, que á las 9 de esa misma 
loche, debian ponerse en movimiento con el objeto de sor- 
prender al enemigo en Chillan, cuya fuerza total según no- 
ticias, no pasaba de 400 jinetes, en su mayor parte volunta- 
rios d^ milicia. 

El coronel Escalada pertenecia á esa juventud ardorosa 
(|ue á la voz májica de Patria y Libertad, abandonó gustosa 
bis aulas y las comodidades de la vida, para empuñar la es- 
jada vengadora, que no debia colgarse mi-entras no se es- 
1 ülsara al último opresor estranjero que desde Anabuactí. 
basta la Patagonia helada, hacian de la América un san> 
oriento campo de batalla y un inmenso osario. Ayudante- 
de San Martin, la punta de su sable inscribe su nombre en 
San Lorenzo el verano de 1813. Rendido Vigodet se tras- 
Lula á Mendoza, y oficial del inmortal ejército de los Andes, 
su bota granadera escaló la nevada cordillera, y de la pu- 
jiinza de su brazo son inanimados testimonios Chacabuco. 
'iKkahuano, y Maipo! Creado en los campamentos, fami- 
liarizado con los peligros de la guerra y formado en una es- 
cuela ríjida que desarrolló las dotes que como guerrero y 
como patriota babia traido al nacer, hermanaba al temple 
de un soldado, la esperiencia de un militar á propósito para 
( ducar oficiales que inspirasen confianza á sus subordinados- 
y respeto á la ordenanza. (14). 

14. Este «'¡(T^entino qiie corrí' fndo <^^ ti*»Tiipo debia «IcanziaT los 
pr'nif^ros gratíos en la milicia y <3ee*empeñ«ír «puesto© de snnia im-. 
)if 'Ttancia en sii p:(tria, fué hijo á? don Anto-nio José Escalad-a y 
doña ToTwa.s^a de la Quinita'n'a, nac¡pmdo en Buenos Ai-nee o-l 17 die 
junio de 179Ó. Vwn de «us hermanas, (doíía Rí*medio«) era casada. 
c(»n «e! general San Martin, y á este propósito ha conservado la. 
trad'ciou una anécdota que vamo« á ■consignar. Cierto di«, depor- 



( OROXEL BRANDSEN. 191 

En aquella reunión mas amistosa que militar, logró con- 
liiover á sus subalternos con su elo(»ueneia llena de enerjia y 
l*atriotismo, manifestándoles la satisfaeeion que esperimen- 
taba su alma viéndose por la vez ))rimera á la cabeza de los 
bravos ** granaderos ;' * la necesidail imperiosa de lavar la 
alrenta impresa al Rejimiento por un ofieial salido de sus 
íias (Millan) y la confraternidad que debia reinar entre 
los oficiales cuyos esfuerzos unánimes asi como los de los 
si'!(lados no dv^bian tener otro fin ni mas norte que con- 
quistar la amada independencia, etc. Se ocupó en seguida^ 
<!'' esplicarles el plan de ataque que pareció sabiamente com- 
binado. 

El Rejimiento entero (fuera de una compañia, la segun- 
<la del cuarto escuadrón y un destacamento de 11 hombres 
<inpleados en otra parte), debia salir de San Carlos á las & 
I* esa misma noche, para llegar sobre el Nuble antes del 
alba — emboscarse allí entre los árboles de la margen derc- 
clm hasta las once del di a, momento que se calculaba qut? 
f! enemigo, no sintiendo novedad alguna por ese lado del 
rio, retirase sus grandes guardias y largara sus caballos en 
los potreros. Aprovechando esta coyuntura, debia pasarsi^ 
'^l Nuble, mar'har directamente á Chillan, y atacando allí 
a las españoles, sorprendidos y confusos apoderarse de su 
ciiballada, almacenes y munición. 

Desgraciadamente no se ejecutó á la letra lo convenido. 

En vez de salir á las nueve de la noche, no se movieron 
basta las once; á esto se agrega que el rejimiento mal con- 



tVmdo Es<'aí!a-'ia con otros ofie.iíales, quiso la crKualidaífl que pa^ 
síii Satn Ma/rtiin inm-ed-íaiío á «quolla reunión. Todos los oi'r<»ains- 
t^nt^e devolvieiTon ef saludo atento de su ffofe, manos el cuñado, 
que. 6 no vio 6 \'«>ido <]<» la ínt^irna confiafliai qu/^ d'^be reima* 
entre persónate de -una misma familia, «creyó e*<c.u-4aJo tocaive el 
flásf.Vo. Esto b&isfó pam- que apercibido de-l hecho con sai vista 
ó*' áj^rni'la. del'UVMewi el paso y volvie-n.ilo 3ni cara le dijiese on tono 
bitR»?© — '* Señor Es<»«l«da, p" o í*o'n pico, ala con ala, yo no \\w caisé con 
usted ainó <^on í?u hermana, '' Apostrofe que •íljxn'fícaba al subalterno 
pl»oeborna'do, que» no e>xÍHtia en el mun<do vín<»ulo »^«lgiim> ca*paz de re- 
In.iflT lo. jsev'Pri^a-d que siempro carácter zó á a«quel ciego observante dv? 
la Ordenan Z3>, 



192 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

oucido por sus guias^ hizo un falso camino, dando una gran 
vuelta, y con la primera luz del dia, recien pudo emboscarse 
«er una hondonada distante aun del vado de Dadinco una 
Ihrga legua y media, y desde donde podia ser reconocido 
p fv el enemigo, que ya dejaba apagar sus fuegos, relevaba 
«US centinelas y desprendía sus descubiertas ó patrullas re- 
^'cnocedoras. 

En tal emerjencia, solo quedaban dos partidos — ó retro- 
gradar dando la empresa por abortada á fin de mejor coni- 
l.»:nar el tiempo y lugar de una nueva sorpresa — ó marchar 
<i») frsnte sobre el rio y bandearlo sin demora. A pesar de 
lodo nada se hizo. Perdieron 4 horas en la hondonada enun- 
ciada, y cuando desemboco para marchar sobre el vado, todo 
el Tejimiento quedó á descubierto y entonces pudo ser visto 
•ciísde las alturas que sin embargo de dominar la orilla iz- 
<iuierda del Nuble, distan casi dos leguas de este. 

Precipitada la operación y confiada la vanguardia al ca- 
pitán Cajaraville, luego de salvar el obstáculo del rio sin 
<lificultad alguna, fué á formar el Rejimiento en el llano de 
< liillan, dividiéndose en tres columnas de ataque por escuíi- 
<1 roñes que se pusieron á las órdenes del comandante Nicasio 
f?amayo y mayores Benjamin Viel y Anjel Pacheco. Ila- 
])iendo avanzado en este orden, se ol)servó que aquella plaza 
liabia sido evacuada por el enemigo que seguia replegándose 
«1 sur, sin embargo de haber aparentado estar resuelto á 
<ruzar sus armas tan luego como los patriotas iniciaran la 
i'nmpaña. 

Xo o!)staníe de (pie se omitió destacar un escuadrón en 
■importunidad para cortar á los españoles, como hubiese sido 
fácil hacerlo, circunstancia que malogró en mucha parte las 
ventajas que se prometian de la empresa — el héroe de la 
hacienda de Valdivieso y del Parral. Cajaraville el de bra- 
vura proverbial, apurando sus pocos caballos, atraviesa sin 
<itteners4» la í'iudad abandonada, y sostenido por alguna^s 
<tras partidas de *' granaderos'' pica la retaguardia enemiga 



<:X)RONEL BRANDSEX. 193 

\ se entrevera resueltamente con esta sin reparar en la corta 
fuerza de que dispone. 

Aterrados los españoles por esta atrevida carga, lejos 
líe oponer alguna resistencia, emprenden la fuga. Llevada 
la persecución por espacio de dos leguas, y desesperando dar 
alcance á los fugitivos, se mandó hacer alto y el Rejimiento 
retrocedió con el objeto de acantonarse en la Villa. Los 
1 csultados de la jornada, se limitaron . á nna veintena de 
iiiuertos y probablemente igual número de heridos, cincuen- 
h\ caballos ensilladas y varias armas y municiones que arro- 
ja» el enemigo en su derrota. Las pérdidas de los patrio- 
tas no pasaron de un muerto y dos heridas. 

^lientras esto , tenia lugar, el grueso de la columna que á 
las órdenes inmediatas de Freiré, seguia el movimiento del 
lítjimiento de granaderos, después de un corto tiroteo co^» 
las partidas realistas, apostadas en las márjenes del Nuble 
atravesó este río por el balseadero de Cocharcas, y ocupó á 
( hillan al caer la noche del mismo dia veinticuatro de di- 
rieinbre. 

A todo esto, el lastimoso estado á que se encontraba 
reducida la belicasa provincia y ciudad de la Concepción 
que desde tanto tiempo atrás, era el teatro de una guerra 
desvastadora, reclamaba con urjencia la presencia del Inten- 
cente Freiré — razón por la cual, asi que se le reunió el bri- 
tradier Balcarce con el resto de la división que llevaba d^ 
í^r.ntiago, resignó aquel el mando de todas las fuerzas y se 
dirijió á su destino por los caminos de la costa, á donde llegó 
el 25 de enero de 1819. 

Esta penosa campaña tocaba pues a su término y la 
Fuerte de Sánchez y su ejército estaba en vísperas de jugarse. 

AXOEL J. CARRANZA. 

(Continuará.) 



DES( RIPCION HISTÓRICA. 
DE LA 

ANTIGl A PROVINCIA DEL PARAGUAY. 

(C(>ftti.miacion.) (1) 

Ilabiéndost* retirado Belgrano á la otra bauda del Para- 
ná, fueron eondueidos á la Asunción los prisioneros, dond<^ 
k»« tuvo Velazeo en un mareo en medio rio, mientras que se 
preparaban dos ó tres buques, para conducirlos á la ciudad 
de Montevideo, á disposición de aquel gobierno, como se eje- 
putó. El conductor de ellos fué un gallego llamaílo </o?í 
(árhs Ge noves, capitán miliciano, que sin mas mérito .pie 
el de haber sido escribiente pendolista del gobernador d«»n 
Lázaro Rivera, antecesor de Velazeo, obtuvo el grado de ca- 
pitán de mili ñas. 

El general Cabanas, después de haber prometido al ^''e-^ 
neral Belgrano, y asegurádole que tendrían buen suceso sus 
proposiciones quinta y scxta^ á saber, que no se les seguiría 
perjuicio alguno á las familias de los individuos que siendo 
de la causa sagrada de la patria, se con.stituyeron á vivir ea 
el ejército auxiliador; y que se diese libertad ;i los ])risi.>ne- 
]'os tomados en Paragiiari y en Taciiarí, para que volviesen 
á incorporarse ^n sus rejimientos, ni aun interpuso su me~ 
diaeion con Velazeo, á favor de estos 

1. Téa^ la |iájina i^, <lel toM« XI. 



PARAGUAY. 195 

El gobernador VeUizco, que ya se consideraba un señor 
absoluto y arbitro de nuestros, destinos, y que en su lisonjera 
y engañosa proclama de 4 de febrero anterior, había trata- 
do de rebeldes á Belgrano y á todos los que se hablan decla- 
rado adictos á la libertad de la América, ordenando ademas 
ú los gefes de las villas y de campaña, que redoblen su vigi- 
lancia, continuando sus rondas y patrullas, para que no se 
introduzcan personas sospechosas, y papeles seductivos; y 
se les envien á los que los oculten — miró con alto despre- 
cio las proposiciones de Belgrano y la promesa de Cabanas, 
apresurando la remisión de los prisioneros á Montevideo, á 
cargo de don Carlos Genovés, á quien enviaba con poderes 
para pedir armas y dinero y á combinar el plan de opc;-vi.^fi 
abierta á la Junta de Buenos Aires. Con esta comisión 
marchó Genovés, 

El gobernador Velazco, ingrato al favor que le habian 
hecho los paraguayos, en restituirle el gobierno de la pro- 
vincia, que por su vergonzosa fuga del ejército en Paragua- 
fi, (después de haber prometido en el Congreso de 24 de ju- 
lio del año anterior que se sacrificada por nosotros) lo liabiti 
IKrdido, licenció á este en Tacuari, sin paga alguna; voló á 
elisiones con sus adheridos aduladores y lisongeros, no á 
otro fin que al de divertirse, y hacer tributar los honores 
del triunfo, que no los merecía. Algunos dias se mantuvo en 
el pueblo de Santa Maria en regocijos y fiestas, no á su 
ciísta, sino á espensas de aquel vecindario pobre, y volvió 4 
la Asunción. 

Como él se habia investido del alto carácter de legíti- 
mo representante del señor don Fernando 7.o en el Paraguay, 
condecoró a don Fuljeneio Yegros con el grado de teniente 
coronel, y le nombró gobernador de Misiones, en cuya vir- 
tud quedó este con alguna tropa en el pueblo de liapna. 

Instruido allí por el referido capellán y por su hermano 
el capitán don Antonio Tomás Yegros, que con la comuni- 
fa«ion familiar que tuvieron con el general Belgrano se ha- 
kian instruido y cerciorado del verdadero objeto á que el 



195 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

pueblo de Buenos Aires y su Junta Gubernativa dirijian 
sus miras, é invitaba á los demás pueblos, que formaban el 
ostinguido Vireynato del Rio de la Plata, á un Congreso ge- 
neral, para que reunidos en él los diputados de las provin- 
cias, determinasen y designaran el supremo gobierno que ha 
de regirlas en representación del rey don Fernando 7.o du- 
rante su cautiverio en Francia, eligiendo cada provincia por 
üí la forma de su gol)ierno particular que mas le convenga, 
íso necesitó de mas don Fuljeneio Yegros; abrazó cuanto pro- 
puso Helgrano, y se resolvió sin hesitación k contribuir por 
8u i)arte al logro de la remoción del golH?rnador Velazeo. 
I*ero como se hallaba á 70 leguas de la Asunción, donde se 
l.Hbia le ejecutar la revolución convenida, y carecia tambiea 
de conocimientos y talentos necesarios para dirigirla, con 6r- 
<íen, cordura y acierto, á fin de evitar las desgracias, horro- 
i'í»s y funestas consecuencias que regularmente suelen resultar 
<¡r las revoluciones contra un gobierno legalmente establecido: 
1*0 pudo él efectuarla en persona, ni tan pronto como se desea- 
l»íi Se le habló al doctor don José Gaspar Francia, quien con- 
viniendo en dirigir la empresa instruyó el plan que se habla 
de efectuar, {sicü!) (58) 

óH. Knta aipreelaclon del w.utor, w campletajn>ente ^íarójuea, {mesU» 
ciuf Fpaine¡<a, como es bitn sabido, vivía retirado en mi ohaciria de Iba- 
Tai y fué del todo ajeno á los meaiorables s4ieeftO€« del 14 de mayo, pte- 
parados y dirijidos ** principalmente" por miestro d»tin«-\iido compa- 
triota (^I doctor (Ion Pedro Somelktna, que desempeñaba eatonees la 
iNse.^oria del (robernador de! Parajfahay. 

Ks ?.stPaño á la verdad, q<io \m co^ntemporá-n-eo de .aquella rovo- 
•líM-ion como lo era Mola» y á quif^n no podemos siipofner ¿gnonante 
ií( un lu^clio tan conocido, haya sil'pmciado en mi relato, el nombr<) 
íici perHiuiff.te qj^ jugó el rol m«s ct>n«pic.úo, paro mrplaiifc:<rkle al 
I-nítuo Fraaci-a, que e*¡n n'mgun •:iin/t?<»^<»nte, aprovechó de eTla en 
btp.i^fi.'io í>ropo, de^sijHiK^í* de pt*rse^iír y dar muerte á sus autoiVA. 
Eniívcfo, como anotadores de este libro, nuestra tarea nos impide 
toleríir *e eoitJonice la iiníjai«ti<?ia y vse confirme el error, tratán- 
o<Ȓ-.e de rea vindicar un.i gloria niacionial, sin n:>?<no9(Nabo de la verdad 
1 > torca. **m).iga" ríjida y desafNiHÍon-ada qiK» babitamdo dae rej-'ones 
f'.*ren<a.s -¡uto heladas del tiempo, fué desaij.da mas die una vez por 
el ciego espíritu localista. Raizon de cr.n», que mu»eve nuie^tra pinina 
fí tiaz .r alguna» líneas «obiv lo-» servicios de aquel beneméritto «r- 
3eiit'*mo. 

Hijo de don Andrés de Someílera (Montañés) y doña Josefa 



PARAGUAY. 197 

El capitán don Pedro Juan Caballero, encargado de ob- 

fit-nrar en secreto las medidas que tomase el gobierno para 

frustrar la revolución, sabiendo que se le habia descubierto al 

Gutiérrez (porteJS*), n-ació don Pedro eii Bii^^nos Aires, el 19 de 
cetahne die 1774 y falleció en dáeha ciudad á k» 10 de 'la noche 
del 4k)imin.go 6 d*e agosto de 1854, despuiee die iioa vida conaagnada por 
entero al ^ervieio publico y á la enséilainza de 3a juventud de amibas 
orilhs del Pbrt»a. 

Colegial de San Oáiíiod, donde adquirió los <»onoe¡niúe»nítos ni- 
dlmeoWjes, pa»ó al de Mosneenrat en Córdoba, en cuya Univers'dad 
s* g:paduó en la facultad de juirisprudeneia y en 1802 ae reebia de 
(bogado eJi estra» audieoeia, la cuall le nombró en seguida Defensor «i») 
pobres y menoree, cargo que ejerció haeta el mes d)e junio do 
3808. 

Efectuada la 'invasión de Beiresford, abandoa>ó el foro para to- 
i»tóir una espada en sus mamos de ci-ud-^dano y con'tni.buyó á ki 
Re<M>nqiU istia s'rviendo en un piquete de la eompañi» dt» Catalamee 
ó Miiñones — distingwiéJidoea e«n las guearii'laa que se trabaron el 
10 de «gosfto, conitiauadido s/a» servicios h::/?'ta la rendición d^ 
Ingle». 

No habiéndose d'isipado los tt^mores de otra t'eratativa iH>r parte 
<je k Gran Bpe«taiva, en setiembiv (1806) sentó plíaza de íHildado 
«a el eiKWipo que babia eletjido, pero sin ííueldo ni í9ratific::ieian 
e4guik3, corocíUTricmdo en otras, á la Hi^ñida acción \de Mis-oner» 
(2 de julio 1807) y al ataque dlri-gido contra Santo Domingo, em 
cuyo convento eonio es notorio se refujió i'a división del brigadier 
C'wwifuTd, 8Íe>ndo «luo de ¿fOG que o-.-ndieron y escoltairotn á ente je- 
jwt&i] itngíes. 

DestiTiado en seguiida á los caintones de la Alameda. pep;uineei5 
allí hasta que «e publicó la capitulación, ocivi>ándose al día siguieoite 
(S) con «u compañ.i<a, en despe.f r las caüte» de lo« cíidtá-A'eres para inhn- 
.nwrlo» en el corralón de don Sebastián Lai>ez, sito en el miívino local 
que ocupa hoy el "Teatro de la V.ictoria. 

Bl Binrojo con que hribia afrontado la nietirall::i' enenirga on k>s ««h- 
gr iieitttos combates i'iibrados en lae caíles de esta ciaidad en 1806 y 7 r 
las Teccimendiaei Odies d-d» la Beai Audienci-a, influyero«n en el ánijno del 
señor Lmier», rp:<ra quio le mombre Tenían tv? Letrado y Asefsor interino 
del Gobierno Int3nfle<ncia del Pairagu}n<y — ó como íyo» llanitaba en t coces. 
Tt^n'ente Oobernadoj. 

En 1807 ae eoicontiraba en ¡la Asunción cotn su familia (a) desem- 
pefíacdo aquel honorífico puessto, iha$t-a que :'os -.eonteieitriionítos desden- 
^Tieltos -etn el Rio de la 'Kiait«s tuviert)n su repcrcucion m\V\ el 14 d-. 
mayo de 1811, dando por remíHíido la termijiacion do la dominación 
española en el Parstguay. 

(a) iPoip este tiejwpo coatrajo ini!:ítrimoin.io el doctor 8oin.ellera 
con la se&oTSL do&a Te'ésfona P.mazo, (finado eai 1824) de la cual 
tuvo « hijos y loa dos VAnonias llegaron á dsiatinguir^e en el foro y en 
la nncfrloa. 



198 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

gobernador Velazco la proyectada conspiraeion coDjtra su 
persona, y partido realista, se adelantó con algunos pocos 

El mismo se ha encairgiado de pomeo'nos biI: ¡co^nriiente eoi sus intefre- 
cantes *' Notas C-iríticas, '' á ¡la eél¿bTe obra de los «eñore» Rengger y 
Lr>níícham{p, so-br^^ e\ Pasragu^iy (V, BibJáodeca del O. del P. tom. III) 
escritas en Montevideo en 1841— <de los incide-ntes y pasos que pre- 
.]>araron la oaida del Crobernador Velazico en la que le cupo luna parte 
¡principal, coimo así másmo de los intentos fero-ces qué desen- 
2uais«aró Fn£m«ÍA luengo que emp-uñó lias iriendas de íka dictaidiira que so- 
Id debita labandodiaar con la vida. 

■Oon uniotávo de Uia mistión. 'BeOgnamo-Echavama, logró «permiso parai 
d^jar un ipaiis sobre «eil que veia venar un cúmulo de "mBl'e©, como lo efec- 
tuó e<n un pequeño buque el 23 setieuiibre 1811, después de una rigurosa 
¡.'Crsecuciion que finalázó poír 93 dáas de cárcel. 

Desembaür-eado en Buenos Aires ei 4 «noviembre 1811, fué noran- 
brado .jxw el Cabildo (enero 1.* 1812) ((Asesor" del Alcalde de pri- 
mer voto con cairgo de «consejar á la Corporación en 8»us **aeuepdofi''; 
siendo áncUi-idio poco después en-tre los Vocales de ^a comiwon el»ejida 
i'Kfra redaetar el ** Proyecto de constitución" que debia «rejir á las 
Pro\ii>nc¡as Unidas. 

En 1814, filié nombrado Secretarie y Asesor de Gobierno y el 8 de 
f'^brero 1815 Audi-tor jeneiral de guerra y Defensor del Juzgado de 
*• bienes estrafios", desempeñando este cargo gratuito hasta que salió 
á campaña (julio 18^1é5) como Seeretario y Asesor del ejérciito de 
^*0b8.e(r\'ac'ion," enviíado á la Provúincia de Santa-Fé á las órdenes de 

Viamot. 

Los tnaatomos del año 20 flo encontraron de juez de Aüizadae de 
la Provincia, puesto á que fué elevado en 1818 — ^En este año, «tan fu- 
nesto eoOTJO el <le 1815, .pasó á deswmipeñaT interimaOTeinte te Auditoría 
io guerra siendo jubiJado eíu 1821, b> que disfruitó hasta nA 1.* de ene- 
ro 1833, en que se sufijpen.dió aq.ueilfla encontrándose Soanellera esta- 
blecido en Montevideo. 

Arreglada esta .Universidad ipor decreto de -8 febrero 182.2., fué «nom- 
brado catedrático de derecho civi* ^ 6 de aibriiil «iguiente — wjentandb 
esta importante asignatura hasta 1828, en que (renuncié por el mal 
€5tado de síu salud. 

I>e conformidad a;l decireto de (5 de mraorzo de 1823, imprimió la 
1." y 2.* parte de eias ''Principios de Derecho OiviJ'* (1 vol. en 4.o 
249 páj.. Imprenta de Expósitos, 1824) en circunstancias que el P. 
doctor .Tiianí Manuel Fernaindez Agüero publicaba también las dos 
primeras pactes de sus ** Elementos de Ideología", el aeñor Dlaz( don 
Av,e:!¡no) su itamortail de Matemátiers y un hijo de C6 ndoba, <*] presbí- 
t'.*rü doctor Ensebio Agüero sus ''Instituciones de Derecho Público 
íiclcí-'iásítico. *' 

El doctor Somellera, se propone en su .libro, según lo dice en 
el ])reámbulo, presentar «los verdaderos princijpios 'de utilidad y 
conveniencia que sirvieron para la formación de nuestras leyes, 
fin inteligencia y aplicación, desarrollando con tanta claridad y 
invaestria las ideas atrevidas de Jeremías Benthatm* en materia de 
lojislacion, que la Universidad de Ja Paz y el Colejio del Oazoo, 



PABAGUAY. 199 

compañeros á ganar el cuartel general de la plaza, única fuer- 
za que Velazco podia oponer en su defensa. 

siguiendo el ejemplo de 1« de Buenos Aires, adoptaron dicho cur- 
«•> por texto <le euiseuanza .para ens aulají de derecho civil, sin 

embargo de que io impreso tra-taba de las Personas y '* Cosas" — ra- 
zón quv? impulwü al segundo, (V. El Tiempo N. 21, 1828) á pedir 
otíeialniente la 3.a part« que comprendía laft Acciones, los 'uelitos, 
modos de precaverlos, de los Jneces y Juicios — la qaie no *habiéndoee 
aun i^Hiblicado, se remitió manuscrita por condiucto de-l plenipo- 
tenciario de la República Argentina cerca de la del Perú, y es la 
ini&ma si no nos equivocamos, que dictó el autor en Montevideo 
•en 1837, donde ee dio é, la estampa con el título de ** Apéndice, etc 
<foll. 64 paj. 1848, irr.p. TTruguaya.) '' 

Kl e^ñor Manuel Silvela, abogado español, ventajosamente co- 
nocido por s-ufi producciones literarias, fm fa/moso discurso sobr« 
«ucesio^nes tra^versale*» y posteriores trabajos á icerca de la his- 
toria filosóñca del derecho Romano, formó el mas distinguido con- 
cepto de efita obra, felicitando encarecidamente á nu-estro com- 
patriota en u«na carta que le dirigió con tal motivo, (b) 

En agos^to de 1824, fué comisioaiado para redactar el código 
¡iuidfial mepea)ntil, y contribuyó ,por «u parte com los capítu'los si- 
guientes: 1.0 **<'oi:iiposicion del Jiizgado Mercantil'' — ^2.o **Co'mpe- 

tí»ncia del mismo'' — ^3.o **Modo de conocer y proceder de id." — Este 
trabajo quedó sin ver la luz .piiblica. 

En 1829, filé llamado á 8«u antigiio empleo de Auditor de guerra 
y marina, que sirvió hasta el mes de agoisto del mismo año, en que 

.s-c vio O'bligado k esipatriairse y fijó su residencia en Montevideo, 
Poco tie»rnpo antes ha'bia tsido diputado del pueblo á las Calma- 
ras ])rovincioles y nacionales y director de la ¡Acadesmiia de Jnuris- 
priK^encJa. 

En 1836 fué encargado por el Go'bierno Oriental de Ta redacción 
di» lo6 reglamentos de enseñanza y policía i.nterior de las tcdtedras 

do estudios, creadas por decreto de la H. A. de junio 1833 — <V>mi- 

slon que dese.!r}>?ñó satisfactoriamente. 

Al año sigiviente de 1837, las Chámaras de Montevideo, en sesión 
dv 13 de junio, sancionaron la importante ley, **cuyo cerdadero au- 
tor fué el doctor Somellera," sobre herencias int?estadas, y por la 
cual, Á falta de descendientes ó ascendientes lejítimos ó ** naturales*' 
«í>n llamados á süiceder, con exclusión de todo colateral, el marido á 

la niiiijer y es.ta á aquel, no estando separados do. hecho ó de 

(h) Este doctor. jurisconsAilto y literato, falleció en París A 
mediados de 1832 — Fiié el principal colaborador de una obra en 4 
vol. titulada '* Biblioteca de la Literatura Española". Fundó en 
París un ** Liceo" para instr«ir A los jóvenes americanos. ,por quie 
nes tenia una particular predilección en analo^jia con »us ideas libe- 
rales. 8u íntimo amigo el gram trájíco IjCfindro Fernandez de 
Moratin, murió en hu casa el 12 de junio de 1823, dejando bere- 
nera de todos sus bienes á ¿una hija de este, á quien lego la colección 
do sus obras inéditas inclusa la '^^ Relación" de su viaje por 
Francia, Inglaterra, Flandes, Alemania, Suiza é Italia, y los **Ori- 
jene^" del Teatro Español (vendidos al reí de España) 



¿í-i LA BEVISTA DE BUENOS AIBES. 

Revolución del Paraguay. 

VarioB oficiales que habian servido en la acción de Ta* 
cuarta y que 3e habian prestado gustosos á cooperar en la 
rfvolucion, se íiallaban á la sazón en la Asunción. El ca- 
futan don Pedro Juan Caballero, les había prevenido que la 
señal de alarma para reunirse en el Cuartel General de la 

derecho, (c) 

Apesar de su avanzada edad, empleaba últinuHnente las horas 
anj^^uMíoAa» del destierro, ya en el desen.peño de su» deberé* fo- 
reiMofl,, \-a <\ue »n la e<lucaAÍon de la jnventtid oriental como lo habÍA 
herbó con la arjentioa, y «otes de bajar ai sepulcro tuvo la forw 
ti>na de ver florar eon distineion á muchos de mn discí-pulos. Flo> 
rencio Várela, su ami^o predilecto. Andrés Lamas, su hijo político, 
Ak^iua, Pico, Thompson, Berro. Dulce, Gamboa. Averastain, Gó- 
mez, y toda esa jeneracion dé abogados, publicistas de nota de 
aquende y allende el Plata, bebió en sus labios el maná de la ciencia. 
De vueha ^ aa país natal, dio á la prensa el II febrero IHoil, 
una ^'Itnpuj^nacion, '^ escrita el año antes, al Manifiesto pitblicado 
por liofpez en la Villa del Pilar en 13 febrero 1S4S, sobre los tít|tf- 
loí* y derechos de la República del Para$rat^y »l territorio sito 
«obre la izquierda del ParaÁá — ^interesante ** Memoria**, que mereció 
lo? honores de la reimpresión en Corrientes en ISóó, y será con- 
sultada con éxito por el historiador futuro, por la copia de hechos 
que encierra y la exactitud que preside á sii narración. 

Aun está viva en nosotros la honda imipresion que nos caAic^ó 
au <preee»^ia en Ja Universidad ilustrada por sus lecciones, el 17 
do af(OAto 18Ó2, con motivo de la colación de jurados de nuestro ami- 
sto el doctor Gómez qne tuvo la bella idea de elejirle por }>adri«no 
en aquel acto imponente que recordaba al anciano maestro, en vis* 
peras de e'rprender el viaje sin regreso, los bellos dias de tiempos 
mas felices. 

Por último y para re<londear esta nota que ya sale de U»s lími- 
tes q»e debiera tener — añadiremos que el doctor Somellera, fué 
soldado p^indonoroso de la Reconquista y de la Defensa de Bue- 
nos Aires; ilustración del foro ar^^entino, procer de la Revolución 
del Parajruay, lejislador ¡nteli.}ente y orjf animador, hábil maestro 
en la difícil ciencia del derecho y .publÍAÍsta estimable — prendas 
á que reunia nn carácter franco y laborioso, que hacian de él un- 
hombre de consejo /de los me.jores antecedentes, granjeándole 
mas de un título al rewuerdo y á la veneración de sus compaf rio- 
tas, qus perdieron con f«i muerte un republicano sincero y \\n infati- 
gable y modesto obrero del progn»<5o. 

Los siguientes **a;puntes'* que la piedad filial conserva de su puño 
y letra son la n.polojia de su mérito á la vez que el epitafio de mt 
virtud. 

**Bin ninguno de los em.pless que he servido, cesé por dcistitucion. 
Xunca fui provenido, ni a'j>ercibido por los .hieces Superiores que 
ban juzgado mis jsuicios, ni jamás soli'isité del Gobierno en.pleo 
alguno,, .pero tamjwco me eseiisé del servicio á que fui llamado. En 
auestra época tomamos la parte que pudimoe* — -^^Nos nostra tém- 
pora habnimufl et concurrimos quantum potuerinnus''. 

C. Nueva >y de 22 de Mayo, 1S57. 



PARAGUAY. 201 

Plaza, seria un repentino é intempestivo repique de campa- 
nas en la Catedral. En la noehe de 14 de mayo de 1811^ 
fí la hora de diez poco mas ó menos, hizo dar la señal prevé- 
nida, y se avanzó el primero con algunos pocos individuos de 
confianza á tomar el Cuartel, y apoderarse de las armas, como 
en efecto se apoderó de ellas, sin violencia, y sin oposición 
alguna de la guarnición, ni del oficial don Mauricio José Tro* 
che que la mandaba. Posesionado Caballero del Cuartel, y 
habiéndosele reunido ya mucha parte del pueblo adhiriéndose 
¿ la revolución y ofreciéndole sus servicios, se le sometió toda 
la guarnición, y fué reconocido Comandante del Cuartel. 

En este estado requirió é intimó al (Jobernador Velazco 
la cesación en el mando de la Provincia, ó que entretanto, 
se celebrase un Congreso Nacional que determinase y delibera- 
se la forma de Gtobiemo que le pareciera mas conveniente y 
ac?aptable á las circunstancias «en que se hallaba la España. 
Til (Jobernador Velazco, convocó a sus adheridos, y se negó 

á acceder á la propuesta de Caballero : segundó este su reque- 
rimiento proponiendo se le nombrarían dos consocios cou 
quienes actuasen el despacho de las causas y asuntos de Go- 
bierno hasta la celebración del Congreso. Siguió el Go- 
Wrnador con su oposición, permaneciendo inflexible toda esa 
noche á cuanto se le proponia por el cuartel. Se valió de 
cuantos medios le dictó su prudencia para aquietar y apa- 
ciguar los ánimos enardecidos yá y dispuestos á usar de la 
fuerza para derribarlo del mando ; pero no se atrevió, ni per- 
n ¡tió que sus adeptos se valiesen de las armas. Amaneció el 
«lia 15 sin que el Gobernador desistiese de su oposición, ni las 
tropas de su empresa; y firmes estas en salir con su intento, 
se presentaron en la Plaza con dos piezas de artillería, deter- 
minadas y resueltas á batir y derribar las casas de Gobierno. 
A la vista de esta disposición y firmeza de los revolu- 
cionarios, accedió el Gobernador á cuanto se le habia pro- 
puesto y exijido la noche anterior. En esta virtud, se nom- 
braron los dos consocios que fueron el doctor don José Gas- 
par Francia, y don Juan Valeriano Ceballos. Empezaron á 



202 LA REVISTA DE BUENOS AIBE6. 

intervenir en el despacho de Gobierno, y ordenaron se re- 
c*ojiesen las armas de fuego y blancas que existían en poder 
del partído realista que se componía de los Españoles Euro- 
ptos y de algunos Paraguayos, á fin de precaver una contra- 
revolucion para reponer á Velazco. Apesar de esta pro vi - 
d«ncia, hicieron también que de la campaña bajase alguna 
tropa para resguardo y seguridad de la ciudad, como se ve- 
rificó. Mandaron evacuar la ciudad de Corrientes, que de 
orden del Grobernador Velazco, la habia ocupado el Coman- 
dante del Pilar, Jaime Ferrer, que era también gefe de la 
íuerza fluvial, y se le separó á este de todo mando en aquella 
frontera. 

A las 25 dias de la revolución, habiéndose tomado todas 
las providencias convenientes á la seguridad y tranquilidad 
interior y esterior de la Provincia, se le suspendió del mando 
p don Bernardo Velazco, y á los capitulares de aquel año 
hiendo los mas de <»llos Europeos, y fueron recluidos en el 
cuartel, quedando solos los referidos consocios con la juris 
dicción interina de Gobierno, y para satisfacer al público d.? 
toflo lo hasta alli obrado, se publicó un bando del tenor si- 
guiente: 

**El Comandante y Oficiales del Cuartel General de la 
I nion á los habitantes del Paraguay. 

Uno de los motivos que han apurado los sufrimientos de 
las tropas, y de muchos distinguidos vecinos de la Provincia, 
hasta obligarlos á tomar la generosa determinación de arro- 
jar el pesado yugo que la tenia oprimida y tiranizada, ha 
sido el concepto a que la voz divulgada, y las circunstancias 
mismas dieron lugar, de que los depositarios de la autoridad 
y sus viles secuases maquinaban el detestable proyee- 
(o de somerterla á una dominación estranjera, ó valerse de 
sus fuerzas para sorprenderla con el simulado aparato de 
auxilio, tenerla en una dura y rigorosa sujeción; y de este 
modo formar y asegurar una especie de señorío y posesión 
pora ellos mismos, sacrificando a su orgullo, ambición y co- 
dicia la libertad de la Provincia, los derechos mas esenciales 



PARAGUAY. 203 

<le SUS naturales y los vínculos que la unen con las demás 
<.it la nación. , 

I^ aproximación de tropas portuguesas hacia los lími- 
4es de esta Provincia, á saber, al Norte, en los establecimien- 
tos de Coimbra, y al este en el pueblo de San Borja, al man- 
do del capitán general de San Pedro. La venida del tenien- 
te de Dragones don José de Abreu, enviado por dicho general 
ii esta ciudad ; la misteriosa reserva con que se disfrazaba el 
verdadero objeto de su comisión. La determinación de 
i'iandar de aqui un oficial hacia dichos establecimientos del 
Xorte. asegurada por la voz pública con el pretesto total- 
xneute inverosimil de pasar hasta Matto-Groso, buscando au- 
xilio de dinero; daban no poco valor á aquel juicio, y sobra- 
de fundamento á los temores. Después de nuestra feiiz 
revoluci(m se lian ido notando, v descubriendo otros hechos 
tan circunstanciados que no hacen ya dudable aquel con- 
cepto. Ha sido público que el pliego de contestación á di- 
cho general estaba ya cerrado, y que el teniente Abreu debia 
partir el mismo dia de este acontecimiento. Sin embargo, 
<!(>n Bernardo Velazco solo manifestó á los consocios del 
gobierno, por acontestacion preparada, un brevísimo y fri- 
volo borrón que no condice con los planes y demás que con- 
tiene el oficio del general de San Pedro. La fuga precipita- 
da del coronel don Pedro Garcia, abandonando el mando de 
líí población que estaba á su cargo, después de estar noticiado 
del suceso que de nuestra revolución, llevando su ruta a dichos 
tstablecimientos portugueses del Norte, que en dia se tiene 
averiguada con certeza, es otro accidente que induce algo mas 
(fue una vehemente presunción. 

Pero lo que remueve toda duda en el particular es la 
Oíjrta interceptada por el gefe de nuestras tropas patrióticas 
don Blas José Rojas, escrita de la Bajada al propio don Ber 
nardo Velazco, por don Carlos Genovés, que como es notorio 
iba enviado por él á Montevideo. En esta carta encarga 
Genovés á don Bernardo Velazco, que redoble sus comuni- 
caciones con los portugueses: que estos cubran (inmediata- 



2t)4 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

ii«ente) la costa oriental del Paraná; que los del Norte caigan 
también sobre el Paraguay; que nuestras fuerzas de mar cu- 
bran igualmente aquel punto; y de este modo teniendo la 
costa occidental, concluye diciendo Genovés á don Bernardo 
Velazco) somos los Reyes de la América del Snd. No ha ha- 
bido ni habrá un veniadero patriota que no se sienta horro- 
rizado al oir y comprender la enorme criminalidad que des- 
cubre tan execrable lenguaje. Este mozo desconocido é 
iuepto, que sin otro oficio, mérito ni carrera, que la de un 
vulgar escribiente, por una consecuencia del poder abimivo 
y de la arbitrariedad y despotismo de un gobierno desastroso 
se vio repentinamente adornado aquí, ya c(m el título d*í 
capitán, yá con el de comandante de Villa-lieal, con abando- 
no de tanto ])atricio honrado, distinguido y benemérito, que 
de este modo por el favor del mismo gobierno se ha he- 
cho visible en el Paraguay, y ha adquirido c*onsideracio- 
nes. y una regular fortuna, es el que ahora intenta des- 
pedazar el seno donde ha recibido nueva vida, querien- 
do con insolencia y descaro (pie los Portugueses del Nor- 
♦'» caigan inmediatamente sobre el Paraguay, para que don 
Bernardo Velazco. él y sus viles parciales y eoaligados, tí- 
ranos de la libertad de la patria, sean los Reyes de esta parto 
df la América. 

Pero es preciso esplicar la verdad, y mirar las cosas en 
su verdadero punto de vista. La8 producciones de Geno- 
vés, no son partos orijinales de la abundancia de su corazón 
dañado; él no hace mas que repetir el mismo funesto pro- 
yecto de que era sabeedor y cómplice, instando y apurando 
por su pronta ejecución; y de aqui mismo es natural deducir 
cnie la marcha de don Pedro Garcia, á los establecimientos 
portugueses del Norte, ha sido dispuesta por los tiranos luego 
r1 punto de nuestra revolución, ó un resultado de la mlsmf% 
maquinación anterior, i)ues que aun mucho tiempo antes ya 
se sabia que se prevenía y preparaba para hacer una larga 
jornada. 

Aquellas espresiones que se oian anteriormente en boca 



PABAGIJAY. 205 

de los tiranos de que ya tenían paraguayos que les trabajasen 
la yerba á dos reales arroba y las voces que aun ai presente pro- 
curan esparcir ; de que nuestra revolución puede todavia que- 
dar en nada, y que dentro de dos meses se compondría todo, es- 
l»lican muy bien, y dan á entender el fondo de la nueva tiranía 
l^emedítada, y \á esperanza y disposición en que se hallabau 
de llevar adelante sus perversas ideas hasta realizar la inicua 
obra proyectada. 

No por eso creemos ni recelamos que Uegcn á verse pues- 
tas en ejecución disposiciones algunas dirijidas á semejantoá 
fines. Una cosa es, que los gefes ó comandantes portugueses 
8r ; «resten á una oferta voluntaria, lisonjera en apariencia ai 
los intereses de S. M. Fidelísima; y otra muy diversa el que «i 
fuerza de armas intenten invadir nuestro domicilio con reluc- 

lancia y oposición de la Provincia y de su gobierno. Tales 

• 

8on los justos y magnánimos i>ensamíentos de su alteza Real 
el príncipe Rejente de Portugal. La carta de su ministro de 
relaciones esteriores el Exmo. señor Conde de Linares á la Ex- 
ilia. Junta de iiuenos Aires, basta para convencer y disuadir 
^ los que sin conocimiento y sin reflexión sobre los verdaderos 
intereses de ambas Naciones, aventuran un juicio contrario 
Si! A. R. muy distante de tomar semejantes medidas vio- 
h'ntas con los pueblos que reconocen al señor don Fer- 
nando VII, manifiesta que se limitará únicamente á ele- 
var sus votx)s para que las disensiones intestinas, entre va- 
í^íillos de un mismo príncipe, tengan una pronta y feliz 
conclusión; y á disponer lo conveniente para que el fuego 
de la guerra civil no se encienda en las fronteras de sus pro- 
¡•ios Estados. Además, sabemos por noticia cierta y segur.a 
que las tropas portugesas, que se habían reunido en el pueblo 
de San Borja, volvieron á retirarse hacia la campaña de 
Montevideo en los días 19, 21 y 24 del mes de mayo próximo 
j|)asada. 

De nuestra parte ya*8e han pasado anteriormente los ofi- 
í-ios eorre^ondientes, así al capitán general de San Pedro, *o- 
mo al comandante del fuerte de Coimbra, significándoles igual- 



206 LA REVISTA DE BÜEXOS AIRES. 

mente nuestra adhesión á los derechos del mismo señor don 
íVrnando VII, y nuestros sinceros deseos de terminar por me- 
dios pacíficos las diferencias ocurridas con la ciudad de Bue- 
nos Aires, y de continuar al propio tiempo conservando i» 
amistad, buena armonia y correspondencia con todos los gefes 
y paises de la dominación de S. M. Fidelísima. Pero si con- 
tra toda justicia, violando la paz en que nos hallamos y el 
mismo derecho de jentes por las ocultas tramas y maquinacio- 
nes de los tiranos opresores de nuestra patria, y de nuestros d*^- 
rechos, libase el caso de ponerse en planta sus amenazas 
conocerán á su costa nuestros invasores, sean los que fue- 
sen, cual es la constancia, cuales los esfuerzos y cuales los re- 
cursos de un pueblo grande que ha tenido valor para recobrar 
su li1)ertad, y está empeñado en defenderla á espensas de su 
propia vida. 

La conclusión natural de todo esto es, que el empeño «le 
don Bernardo Velazco, v de los individuos del Cabildo en 
sostener la total división de esta provincia, sin querer aibi- 
trar ó tentar un medio de conciliar su reunión con su IiIht- 
tad y sus derechos, sin querer reducirse á enviar sus diputa- 
dos al Congreso Jeneral de las Provincias, con el objeto dé 
formar una asociación justa, racional fundada en la equidad 
y en los mejores principios de derecho natural, que son co- 
UHines á todos, y que no hay motivo })ara creerse que hayan 
de abandímar ú olvidarse por un pueblo tan generoso e ilus- 
trado como el de Buenos Aires; ha sido una conducta impru- 
dente, opuesta á la prosperidad de la provincia, y común fe- 
licidad de sus naturales; y dirigida mas bien para fines par- 
ticulares. 

La provincia ha tenido que sufrir los muchos males y da- 
ñas consiguientes á una guerra civil, y el comercio de sus 
muchas producciones y frutos ha quedado obstruido y ani- 
quilado. Se han consumido y desaparecido mas de cien mil 
j»eso8 de la Real Hacienda. Las tropas se han dejado priva- 
das del justo y debido estipendio de muchos meses, y por 
último ha llegado la ceguedad al estremo de querer aumen- 



PARAGUAY. 207 

tfir nuestras cadenas, y reducirnos á mas dura esclavitud, ha- 
cii'ndo (mdsí vez mas inciertos v dudosos el destino v la suer- 
te de nuestra provincia. Los individuos del Cabildo, que en 
las críticas circunstancias del día, debian concentrar toda 
su atención en la felicidad general, y conservar ilesos los 
derechos de todos los ciudadanos, se vé que menos han pen- 
sado en esto, que en perpetuarse en el mando, y proporcio- 
narse nuevas consideraciones. Cuanto se ha dicho; la cons- 
piración últimam<ente descubierta contra la pública libertad ; 
y la continuación de sus oficios por medio de una cuasi ge- 
neral escandalosa reelección, contraria á las leyes del propio 
S<)l)erano que se aclamaba, son unos hechos que afianzarán 
esta verdad. 

Habiendo pues tomado á nuestro cargo y de nuestras tro- 
pas, el poner en libertad, á nuestra amada Patria, y á nues- 
f Iros conciudadanos, para que puedan deliberar y resolver 

francamente el partido que deben abrazar, y juzguen mas 
conveniente, creeriamos faltar á nuestra principal obliga- 
ción, si consultando la tranquildad y seguridad general de 
ja provincia, contra la perniciosa influencia y maquinacio- 
nes de los que se hallan mas que indicados de autores ó cóm- 
plices en la determinación de valerse de fuerzas estrañas 
jara oprimirla, no tomásemos al mismo tiempo las mas opor- 
tunas medidas; por eso ha sido preciso tener por ahora sus- 
pensos de sus oficios, y en un lugar de seguridad á don Ber- 
nardo Velazco, é individuos de Cabildo, hasta la resolución 
de la Junta General, que ya está próxima á celebrarse. En- 
tre tanto y hasta la misma resolución, ejercerán la jurisdic- 
ción de gobierno interino, y unidamente, los inismos dos conso- 
cios, con quienes se actuaba el despacho, y por lo mismo serán 
también los presidentes de la Junta General. Y para que 
llegue á noticia de todos, se publicará este manifiesto por 
bando en la forma ordinaria, fijándose los correspondientes 
ejemplares en los lugares acostumbrados. Fecho en el Cuar- 
tel Jeneral de la Asunción del Paraguay, á nueve de junio 
de mil ochocientos once." Pedro Juan Caballera. Fuljencio 



108 LA BEVISTA DE BUENOS AIRES. 

Yegros, Antonio Tomás Yegros, Mauricio José Troche, Vi- 
cente Iturbe, Juan Bautista Rivarola, ^lanuel Iturbe. Fran- 
cisco Antonio GK>nzalez, José Joaquín León, Mariano del Pi- 
lar Mallada, Blas Domingo Franco, Agustin Yegros, Pedro 
Alcántara Estigarribia. 

Se publicó el antecedente Bando, para que instruida la 
provincia, convocada ya á Congreso General, por medio de 
esquelas para el dia 18 del mismo mes de junio, de los graves 
motivos y causas que precedieron é impulsaron á los oficiales, 
tropas y vecinos de la capital, á la separación y remoción tt»- 
tal del gobernador don Bernardo Velazco del mando absolu- 
to de la provincia; procediese con conocimiento de cansa 
;or el órgano de sus representantes á deliberar y determi- 
nar la forma de gobierno, réjimen y administración que mas 
le conviene para su defensa, seguridad y prosperidad. 

MARIANO A. MOLAS. 

(Continuará.) 



APUNTES POSTUMOS 



Los apuntes históricos del coronel Roca que van á ver la 
luz en las columnas de la Revista de Buenos Aires, los tengo 
<lesde ahora año y medio que se marchó á traer un contin- 
gente para el ejército de operaciones, y me los dejó con el 
objeto de que los revisase é hiciese algunas correcciones: lo» 
í xaminé en su aasencia y esperaba su regreso para ofrecerle 
varios otros datos y una que otra observación, mas á su vuel- 
1 1 á esta capital en noviembre con el batallón tucumano, la 
j>remura de su marcha á Corrientes no dio tiempo á que nos 
ocupásemos de esa tarea: se hizo indispensable nueva espe- 
ra hasta que terminase la campaña del Paraguay, pero ti 
<3Ja menos pensado nos sorprendió la deplorable noticia de 
tíu fallecimiento (8 de marzo de 1866 á las 9 3|4 de la maña- 
na}, en el campamento de ''Las Ensenaditas'* sobre el ''Paso 
tlt la Patria'' — Este inesperado acontecimiento, si ha priva- 
dlo á la historia de recojer mas extenso, i ó correcto el trabajo 
<Iel coronel Roca, y otros á que se preparaba según se vé 
en la carta que encabeza los apuntes, no me privará á mí de 
hacerlos conocer de nuestros compatriotas en el estado en 
<iue quedaron: y para que quien llegue á leerlos no ignore 
los antecedentes de su expositor y les dé el crédito que me- 
rezcan, me permito hacerlos preceder de su foja de servi- 
íios, propendiendo á que se tribute á su memoria la parte 
de gloria que le cupo, en el paseo triunfal que el Estandarte 



210 



LA EEVISTA DE BUENOS AIEES. 



Argentino hizo desde las riberas del Plata hasta el Chiiu- 
lorazo. 

Gerónimo Espijo, 

•i» i « ■ 

Ejército Nacional. 
El coronel de caballería don José Segundo Roca nació el 
1.0 de jimio de 1800: su pais la ciudad de Tucuman en la 
República Argentina: su salud conservada: sus servicios y 
circunstancias las que á continuación se espresan. 

Tiempo en que empezó á servir — los empleos. 



Empleos 



Cabo 1. de Cívicos de Tucuman 
Subteniente de banderas del N. 11 

Teniente 2 

Capitán de Caballería . . . . 
Grado de Sargento Mayor . .¡ 
Sargento Mayor efectivo^. . . | 
Grado dt Teniente Coronel . . 
Teniente Coronel efectivo . . 
Coronel efectivo 



Dias 


Meses 


Años 


15 


Febrero 


181(í 


10 


Junio 
Diciembre 


1820 


H 


1820 


4 


Enero 


1822 


22 


Junio 


1 822 


1) 


Julio 
Febrero 


182:> 


23 


1827 


12 


Julio 
Setiembre 


182!f 


2a 


1880 



Tiempos que sirvió en cada empleo. 



Empleos 



Años Meses Dias 



De cabo 1. de cívicos . . . 
De Subteniente de banderas . 

Teniente 2 ' 1 i 

De Capitán 3 

De Sargento Mayor , 3 

De Teniente Coronel ' 1 

De Coronel ! 33 



Total hasia 30 Diciembre de 1863! 

en que se hizo esta foj a de servicios I 43 



11 
3 
3 



2(» 

28 

;"> 
3 
11 

7 



20 



APUNTES POSTUMOS. 



211 



Cuerpos en que ha servido 



Empleos 



Años 



En la Compañía de Cazadores Cí 
vicos de Tucuman desde ir> de 
Febrero de IHKí 

En ei Batallen número 11 del Ejér- 
cito de los Andes, desde I o de 
Junio de 1820 • . 

En el Rejimienlo de Cazadores á, 
caballo del Perú, desde 4 de 
Enero de 1H22 

En el Cuartel General del Ejércitoi 
del Perú, desde 2<) Febrero 1823. 

En el Estado Mayor del Ejército 
Republicano sobre el Brasil des- 
de el IH de Agosto 182H . . . .: 

En el Estado Mayor del Ejército 
Nacional desde 31 de Julio I8ó4. 




Total hasta 30 Diciembre J8*i3 en 
que se hizo esta foja de servicios.. 



Meses Di as 



27 



43 



<i 



;) 



11 



;> 



24 

22 
2() 

U 



2(t 



Campañas y acciones de guerra rn que se ha hallado. 

En la campaña libertadora del Perú á las órdenes del 
Exmo. S. Capitán General, don José de San ^lartin, para 
la cual se embarcó con el batallón número 11 á que perte- 
necía, formando el ejército unido libertador de los Andes y 
Chile, en el pu<^rto de Valparaíso el 20 de a^^osto de 1820. 

Desembarcado el ejército libertador en Pisco, marchó 
con su batallón el día 5 de octubre del mismo año 20. á la 
príjnera campaña de la Sierra del Perú, bajo las órdenes 
del señor general don Juan Antonio Alvarez de Arenales. 

Se halló en el combate de la Cuesta de Jauja el 20 le 
JiOTÍembre del mismo año 20, en que fué sorprendida j ba- 



:iV¿ LA BEVISTA DE BUENOS AIBES. 

lida la ilivÍKÍon realinta de 6(K) hombres, que mandaba el 
intendente de Huaneavélica don José Montenegro, por 40 
gramwleros á eaballo y 15 oñeiales entre los que se halHti?» 
lioea, mandados por el sargento mayor gracíuado capitán 
don Juan Lavalle. 

Se encontró en la batalla de PaseO; el 6 de diciembre del 
L'iisiiio año 20, con el batallón número 11 de que dependía 
é-n la cual fué completamente derrotada por el citado gene- 
ral Arenales, una división del ejército español mandada por 
*'A Brigadier don Diego O'Reilly; por cuya victoria concedió 
4'1 general San Martin, una medalla de plata á la ofícialidad 
y entre los a8<*ensos con que además fué premiada, á Roca 
la toí'ó ascender á teniente 2.o de la compañía de granada- 
lof- (le su batallón. 

A < onsecuencia de la sublevación de los pueblos de Otus- 
i'( y ^loyobamba (departamento de Amazonas en el Pe- 
yú y siniultáneamente del depósito de prisioneros en el pue- 
blo de Iluarraey de gefes y oficiales realistas; el teniente 
lioca marchó con un destacamento de 60 hombres del bata- 
llón número 11, por orden del general San ^lartin. para 
I)restar apoyo al presidente del departamento Marqués de 
'T'orre Tagle y la ciudad de Trujillo su capital, contra los 
5'taques ó depredaciones de los sublevados. 

Habiéndose posesionado el general San ^lartin en julio 
<le 1821 de la capital de Lima y asumido en consecuencia el 
Supremo Poder político y militar del Perú, en 15 de agosto 
espidió uu decreto concediendo varios premios al Ejército 
l¡l»erta(lor, entre ellos una medalla de oro á la ofícialidad 
con el lema ** Yo fui del Ejírcito Libertador", de la cual tam- 
l i<»n disfruta Roca, según diploma que se le espidió en di- 
ciembre del mismo año. 

Por disposición del general San Martin se mandó crear 
el Rcofi miento de cazadores á caballo del Perú, sirviendo de 
base al destacamento que mandaba el teniente Roca, cuyo 
encr|)0 formó parte de la división que á las órdenes del se- 
ñor general don Andrés Santa Cruz marchó de Piura en 



APUNTES POSTUMOS. 213 

febrero de 1822, en auxilio del ejército; que hizo la campa- 
ña del Ecuador bajo la dirección del señor Mariscal Antonio 
José de Sucre. 

£1 24 de mayo de 1822 se halló en la batalla de Pichin- 
cha con el rejimiento de su dependencia, en la cual fué des- 
hecho y rendido el ejército español mandado por el Virey 
Aimerich; por esta victoria disfruta Roca de tres medallas 
de oro que por premio de honor fueron decretadas, la pri- 
mera por el libertador de Colombia Simón Bolivar, la se- 
gunda por el Cabildo y ciudad de Quito, y la tercera por el 
erobierno del Perú, siendo ademas premiado Roca por el gv- 
neral San Martin con el grado de Sarjento Mayor por haber 
conducido el parte del general Santa Cruz por ese triunfo. 

En seguida el mayor Roca fué nombrado ayudante de 
campo del general en gefe del ejército peruano don Andrea 
Santa Cruz, con el cual hizo la segunda espedicion sobre 
Puertos intermedios, embarcándose en el Callao el 23 de 
mavo de 1823. 

Se encontró el mayor Roca en la acción de Zepita el 25 
de agosto del mismo año 23, por cuya victoria disfruta de una 
medalla de oro. 

A principios de setiembre del mismo año 23 el mayor 
Roca fué desde el pueblo de Catamarca á la ciudad de Oruro 
enviado por el general Santa Cruz en clase de parlamentario 
ante el general del ejército real don Pedro Antonio Olañeta 
comisión ostenaiblie qme envolvia instrucciones ^reservadas 
para algunos gefes realistas, cuyos resultados patentizaron 
las posteriores operaciones militares del ejército espedicio- 
Eario. 

Terminada la campaña del alto Perú y vuelto á Lima 
á fines de 1823, fué nombrado Roca edecán del señor gene- 
ral del ejército del Norte, don José de La ^lar, y á ccmse- 
cuencia de la sublevación de las tropas que guarnecian las 
fortalezas del 'Jallao en febrero de 1824, se retiró hasta la 
ciudad de Trujillo donde tenia su cuartel general el liberta- 
dor Simón Bolivar, y dirijia la organización del ejército que 



214 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

Ilizo la Última campaña que afianzó la independencia de la 
-América. 

Se halló en la batalla de Junin el 6 de agosto de 1824 por 
la cual disfruta de una medalla de oro decretada por el li- 
J)ertador Bolívar. 

Como edecán del cuartel general en la última campaña 
del Perú, fué comisionado por el señor mariscal Sucre, des- 
de la provincia de Aymaraes, para llevar ante el general 
l^olivar que se retiraba hacia la costa de Chancay, el parte 
<^e las operaciones practicadas por ambos ejércitos belige- 
rantes hasta los últimos dias de noviembre, y detallarle las 
maniobras, el estado y situación de ambas fuerzas, y las 
peligrosas posiciones que ocupaban, consultándole la gra- 
vedad del caso y la imposibilidad de prolongar por mas tiem- 
]«o semejante situación sin librar a una batalla el éxito de la 
eampaña. 

Al regresar Roca de Chancay con la respuesta del Liber- 
tador al general Sucre, en que le ordenaba aceptar ó pre- 
sentar l)atalla al ejército real, cayó gravemente enfermo en 
la ciudad de Jauja, cuyo involuntario accidente le privó de 
aisistir personalmente a la batalla de Ayacucho el 9 de di- 
ciembre de 1824, pero sí fué declarado con opción a la 
medalla de oro y demás premios acordados al ejército liber- 
ta dor por decreto del general Bolivar. 

Terminada la guerra de la independencia con el triunfo 
<!e Ayacucho y restituido Boca al suelo de la patria en 1826 
fué re(íonocido en su clase de sarjento mayor por el señor 
I'residente de la República don Bernardino Rivadavia y des- 
tinado al ejército republicano como ayudante de campo del 
señor general don Lucio Mansilla, quien pasó á la Banda 
Oriental á dar dirección a las ñierzas que sitiaban la plaza 
íle Montevideo ocupada por el ejército brasilero. 

En seguida cuando el general Mansilla fué nombrado 
ícefe de Pastado mayor del ejército republicano, pasó de Mon- 
levideo á recibirse de su alto puesto en la campaña sobre 
el territorio del Brasil, y se incorporó al ejército en los iilti- 



APUNTES POSTUMOS. 215 

mos (lias d^ diciembre del mismo año 26 en las puntas del 
Rio Negro. 

Se halló Roca en el combate del Ombú el 16 de febrero 
<::e 1827, á las órdenes del mismo general Mansilla, en cuyo 
triunfo le cupo una parte decisiva. 

También se encontró en la batalla de Ituzaingó el 20 
del mismo mes y año á las órdenes del general en gefe don 
<'árlos de Alvear, por la cual disfruta del cordón y del es- 
< iido decretados como premios de honor, el primero por el 
heñor Presidente Rivadavia y el segundo por el Congreso 
<>eneral Constituyente en 11 y 16 de marzo. 

Habiendo pasado como edecán del general Alvear, se en- 
contró en el ataque que ejecutó en persona con varios es- 
i'uadrones de caballeria sobre una división brasilera man- 
<iada por el general Bento ^lanoel, en el punto Camacuá el 
21 de abril del mismo año 27. 

Nombrado general en gefe del ejército el señor Brigadier 
<lon Juan Antonio Lavalleja y continuando Roca en su clase 
í!e edecán, se bailó en la sorpresa que hizo en persona al 
ejército im|>erial el 22 de febrero de 1828, en el puesto del 
i adre Filiberto sobre el rio Yaguaron. 

Habiendo sufrido un contraste los cuatro buques de la 
^.scuadrilla argentina que operaba en el Lago ]Merin, el te- 
niente coronel Roca entonces fué comisionado por el gene- 
ral Lavalleja para marchar á salvarla del ataque combinarle» 
<uie la esííuadra sutil brasilera le preparaba con sus diez y 
^iete buques, en cuya ocasión aprovechando de un retardo 
que padecieron los imperiales, tuvo tiempo para hacerlos 
remontar el rio de San Luis, de formar trincheras en la 
iiiarjen izquierda del rio con artillería de los mismos buqurs 
y de este modo salvarla de la destrucción que indudable- 
mente habría sufrido. 

A consecuencia del tratado preliminar de paz cele-)rado 
^ntre la República Argentina y el imperio del Brasil, el 
ejército se retiró del cuartel general del Cerro Largo sobre 
láñenos Aires en dos divisiones, y á Roca le tocó hacerlo en 



216 LA BE VISTA DE BUENOS AIBES. 

la segunda á las órdenes del señor general don José María 
Paz que hizo su entrada el 29 de diciembre de 1828. que- 
dando asi terminada la campaña del BrasiL 

Llegado a Buenos Aires, Roca fué destinado por el go- 
bierno de gefe del detalle de la división que al Oeste de la 
j>rovincia operaba á las órdenes del coronel don Isidoro Su¡i- 
rez, encontrándose en esa vez en el combate de las Palmitas 
el 9 de febrero de 1829. 

En seguida Roca fué dado á reconocer como edecán del 
señor gobernador provisorio de la provincia, general doi> 
Juan Lavalle, en cuyo puesto lo acompañó á la campaña 
que emprendió en persona sobre la provincia de Santa Fú 
repeliendo la invasión que su gobernador el general don 
Estanislao López verificó sobre la de Buenos Aires con su^ 
tropas y hordas de salvajes del Chaco. 

Se halló en la acción del Puente de Márquez el 2f» de 
abril de 1829, que el general Lavalle libró contra las fuerras 
unidas de don Juan Manuel Rosas y general López 0:0- 
liernador de Santa Fé. 

A consecuencia del tratado que el general Lavalle í»ei( - 
bró (»on don Juan Manuel Rosas, el 24 de junio de 1829, y 
fie los artículos adicionales de 26 de agosto en Barra<*as. e! 
ejército nacional fué disuelto en Buenos Aires y Roca obtuvo 
licencia del gobierno para retirarse á Tucumán, su país natal ; 
y al pasar por Córdoba el señor general don José alaria Pa?; 
b.r comisionó para traer al ejército que operaba en las pro 
vineias del Interior bajo su dirección, un contingente de 
Iropas de la provincia que había ofrecido su goberna<lor 0} 
general don Javier López. 

Llegado R>>ca á Tucuman, concurrió á la campaña que r\^ 
gobernador el areneral López emprendió sobre la de Santia- 
fso del Estero en junio de 1830, la cual dio por resultado uhíí 
capitulación con su gobernador el general don Felipe Ibarra. 
en la cual una de sus estipulaciones fué que él se retiraría á 
la provincia de Santa Fé, como lo verificó. 

En seguida hizo la campaña en la provincia de Salta 



APUNTES POSTUMOS. 217 

bajo las órdenes del señor general don José Ignacio Gorriti 
á pacificar la frontera del Rio del Valle y Lachiguanas en 
que se había sublevado el coronel Pablo Latorre proclamando 
la federación, cuya fuerjsa dispersada, dicho coronel fugó 
ai territorio norte de Santiago del Estero sobre el Chaco. 

Habiendo tranquilizádose las provincias del Norte, el 
gobierno de Tucumán despachó a Córdoba el contingente 
ofrecido, y el coronel Roca se incorporó al ejército nacional 
en abril de 1831, con el rejimiento de granaderos de su 
mando ; con él asistió á las operaciones de la campaña, hasta 
«?J desgraciado dia 10 de mayo de 1831 en que fué tomado 
prisionero el general Paz por una montonera de Santa Pé. 
y recibido accidentalmente del mando del ejército el general 
don Gregorio Araoz de la Madrid, en mayo se retiró sobre 
las provincias del Norte. 

En esta retirada y antes de pasar la travesía de Ambar- 
gasta, se halló Roca en el combate de Las Piedritas el l.o 
de junio de 1831, mandando un escuadrón del i*ejimienti> 
de su mando y bajo las órdenes del coronel don Mariano 
A cha, en el cual fué batida y dispersada una montonera de 
800 y mas hombres capitaneados por don Francisco Reina- 
fé que había sido destacado desde Santa Pé para hostilizar 
al ejercito. 

Resuelta la situación política de las provincias del Norte 
I»or el contraste que sufrió el ejército en la ciudad de Tucu- 
mán el 4 de noviembre de 1831, y á virtud del tratado cele- 
brado por el general don Juan Facundo Quiroga con la 
j>rovincia de Salta el 2 de diciembre, en el que, por el ar- 
t.'ííulo 1.0 se pactaba el estrañamiento de los gefes y oficiales 
del ejército; el coronel Roca, salió deportado en calidad de 
preso, y tomó asilo en la República limítrofe de Bolivia á 
principios de febrero de 1832. 

Dominados los pueblos argentinos por el tirano don 
Juan Manuel Rosas, tomó parte Roca en la invasión que el 
general don Javier López ejecutó desde Bolivia sobre Tucu- 
i!ián en enero de 1837, la cual habiendo fracasado y caído 
prisioneros todos los que la componían, el general don Ale- 



21 S LA EE VISTA DE BUENOS AIRES. 

jandro Heredia, gobernador de la provineia, mandó fusilar 
al general López y al doctor don Ángel López, salvándole la 
vida á Roca por un acto de generosidad. 

Trasladado Roca á Buenos Aires en 1839 y clasificado 
por Rosas de salvaje unitario, después de tres años de sufri- 
mientos fué restituido á Tucumán, donde permaneció hasta 
la victoria de Caseros el 3 de febrero de 1852, en que fué der- 
rocado el tirano y los argentinos volvieron ai goce de su 
libertad. 

En el pronunciamiento que en abril de 1852 hizo el pue- 
blo tucumano para sacudirse del poder terrorista del gene 
ral don Celedonio Gutiérrez, durante su ausencia al acuerdo 
cií? San Nicolás de los Arroyos, Roca perteneció á las filas del 
partido liberal que lo verificó, resultando electo por el voto 
jiopular el ciudadano don ]\Ianuel Espinosa. 

No conformándose el general Gutiérrez á su regreso de 
San Nicolás con el cambio verificado y lejos de eso, habien- 
do reunido fuerzas y sublevado los departamentos del Sud 
para restablecerse en el mando; el gobernador Espinosa 
].uso en armas la guardia nacional, y eonfiándole á Roca el 
laando en ge fe de una división de ... . hombres, hizo la cam- 
paña de Iluacra que dio por resultado el rechazo del invasor 
y su alejamiento á la provincia de Catamarca. 

Persistiendo el general Gutiérrez en detentar el poder 
de que habia sido depuesto, y auxiliado para ello con fuerzas 
y elementos por el de Catamarca, el gobernador de Tucu- 
mán puso un ejército en campaña confiando á Roca el man- 
do de la masa de infanteria. y en la batalla de Los Laureles 
el 25 de diciembre de 1853 Gutiérrez fué completamente 
derrotado y puesto en fuga. 

Buenos Aires Diciembre 31 de 1863. 



APUNTES POSTUMOS. *219 

ífíTwr Coronel don Gerónimo Espejo. 

Buenos Aires l.o de mayo de 1865. 
Mi distinguido amigo y eamarada. 

En oportunidad tuve la satisfacción de recibir tu carta 
UAvA 31 de diciembre, en que me pedias la relación históri- 
ca de varios i)eríodas de la campaña libertadora del Perú, y 
¿íliora voy á confesarte con la franqueza de la amistad, que 
nié poco favorable la impresión que me hizo la primera lec- 
tura, porque nunca me Imbía ocurrido la idea de hacer el 
papel de historiador: pero cediendo á tu empeño, fluctuando 
entre dos impulsiones opuestas, antes de resolverme por una 
(\ otra, volví á leer y releer la carta con mas calma y reflec- 
<ion, fijándome en la especie de índice á que has sujetado 
los párrafos de cada sección, y en particular aquel período 
<jue dice una relación sencilla de lo que hubieses visto, oido, ó 
Ikyado á saber; entonces me persuadí de que la obra no era 
lan difícil como me lo habia imaginado: y confirmándome 
Mas en esta creencia alguna^ conferencias y el examen de 
otros datos, ese conjunto refrescó á tal grado mis tradicio- 
nes y renovó el entusiasmo de esos tiempos de grato recuer-' 
do, (jue la ilusión me presentaba las cosas tan patentes como 
si ayer no mas hubieran sucedido. En fin, mi querido amigo : 
bajo la inspiración de tan vivas impresiones, he escrito la 
])rimera parte á que se contrae tu carta — La Campaña de la 
*^¿trra en 1820, que encontrarás en los adjuntos pliegas, 
trabajo que te dedico como prueba de la amistad que por 
tantos años nos ha unido, rogándote que lo examines, en- 
miendes ó modifiques cjoiuo mejor te pareciere, antes de ha- 
<erle lugar en tus colecciones. 

Por lo demás, y en cuanto á las otras tres partes porque 
te interesas en la carta — Campaña de Pichincha— Vampañn 
iic Intermedios por el General Santa Cruz — y Campaña de 
Ai/acuchOf — como ya me es conocida la senda y el modo de 



220 LA BEVISTA DE BUENOS A1BE6. 

trillarla, te prometo ocuparme mas tarde poco á poco, y re- 
liiit írtelas conforme las vaya terminando. 

To me marcho á Tncuman á ver si coopero en algo á la 
guerra en que se vé empeñado el pais, y esta carta con los 
apuntes asi como los libros y antecedentes que me facilitaste, 
te serán entregados cuando regreses del Rosario de tu con- 
valecencia: debiendo prevenirte por conclusión, que no por- 
que ahora me ausente, serán menos vivos mis deseos de 
complacerte, esperando al mismo tiempo que no dejes de 
escribirme como lo has hecho otras ocasiones. 

Soy como siempre tu afecto amigo y antiguo compañero 

.José Segundo Roca. 



Primera campaña del General Arenales. 

PER C— 1820. 

La historia de las campañas del Ejército argentino^ 
que, bajo el título de las Andes, combatió poi- la indep)en- 
(^•ncia de las Repúblicas Sud-americanas bajo la dirección 
del Greneral San Martin, es obra que hasta el dia entiendo 
(|ue no se ha escrito pero ni se ha anunciado que alguno se 
ocupe de ella: mas como me complazco en suponer, por 
razones que es obvio indicar, que alguna pluma argentina 
sea la que emprenda ese trabajo, ó por lo menos el de com- 
pilar los fragmentos dispersos de esa epopeya, es para en- 
tonces que podrá utilizarse algo de los apuntes que aquí 
voy á reunir. 

Por otra parte, habiendo leido ahora muchos años una 
memoria histórica titulada Segunda campaña del General 
Arenales á la Sierra en 1821, recuerdo que su autor ofrecía 
ocuparse mas adelante de la primera, y esperé leerla porque 
habría tenido en ello una verdadera complacencia: pero bas- 
teándola entre algunos amigos y posteriormente en las lilwe- 
lias de Buenos Aires, mis diligencias han sido infructuosas 



APUXTES POSTUMOS. 221 

í ucs todos me han respondido que no existe y creen que aun 
)to se ha escrito. Estas razones y las de que, han ido desa- 
]>areoiendo una tras otra las personas que con mas idoneidad 
pudieran haber dado noticia de esa campaña: que siendo yo 
íA único argentino quizá que existe en el pais de los que 
concurrieron á ella, me considero ya también muy próximo 
al sepulcro: y lo que es aun mas, el pesar de que puedan 
quedar sepultados en la oscuridad los detalles de los prime- 
vos pasos de la Expedición libertadora del Perú, empresa 
que en mi humilde concepto fué el hecho mas influyente 
.sobre la emancipación de la América meridional; todas es- 
tas rertecíciones, repito, y ademas el empeño de un amigo á 
<iuien deseo complacer, me han animado á emprender este 
,l?'abajo de que nunca habia i)ensado ocuparme: en este con- 
C'cpto y sin mas pretensión de mi parte que contribuir con 
am grano de arena á la historia argentina, he coordinado los 
aj. untes de lo que ocurrió en los noventa dias de la campaña 
cuyo título encabeza estos renglones, de los cuales á mi me 
4*upo la honra de ser tewtigo ])resencial. por haber sido en- 
ronces Abanderado del Batallón niim. 11, (|ue fué uno de los 
cuerpos que formaron la División Arenales. 

Hecho este breve exordio, solo me resta advertir, que 
íiiendo apenas un pobre soldado sin mas estudios que los 
oue recpiiere su j)rofesion, no debe estrañarse que la redac- 
ción adolezca de faltas de toda clase, menos de la verdad 
pura y sencilla que ha sido mi guia, pues protesto que no 
lingo ni un átomo de aspiraciones á la espectabilidad. 



Estoy en la ])ersuacion de que, tanto en los estados 
í inericanos cuanto en los principales de Europa, es bastan- 
te mente conocida la expedición con que el general San Mar- 
tin se lanzó desde Cliile en 1820, á combatir la dominación 
española en el Perú y libertar del coloniaje el antiguo impe- 
lió de los Incas: mas si esa atrevida empresa es conocida 
t^n grande, me atrevo á creer que no sucede otro tanto acer- 
ca de sus detalles, nuiy en especial en aquellos primeros pa- 
sos que siguieron á su desembarco en Pisco: yo me he pro- 



222 LA REALISTA DE BUENOS AIRES. 

iniesto hacer esa demostración ya que ningún otro lo ha 
hecho hasta ahora, pero para que la narración guarde la de- 
bida cohesión con la infancia del ejército, se me ha de per- 
iiíitir una sucinta reseña de su origen y los primeros pasos 
(le su carrera. 

Amenazada inminentemente por el Oeste la emancipa- 
ción del territorio argentino, por el triunfo que alcanzaron 
Jas armas españolas en Rancuaga (Chile) en octubre de 1811 
y reagravada con los descalabros sucesivos que sufrieron 
nuestras tropas en Vilcapugio, Ayouma y 8i{)esipe por el 
isorte; la situación se tornó tan crítica y alarmante, que es- 
tuvo en una disyuntiva muy peligrosa: pero disyuntiva que, 
si amilanó el espíritu de los débiles y alagó el de los eneiui- 
gos de la causa, reanimó en escala incomparable la energía 
di* los varones que n ^ levantaron el grito el 25 de Mayo de 1810 
en Buenos Aires, y retempló el entusiasmo de la masa de los 
pueblos. Tales circunstancias y la oi>ortuna presentación de 
un nuevo plan de operaciones, por uno de los animosos pa- 
triotas de esa época, monumento vivo que existe toíiavia; 
hicieron variar el pensamiento del Gol)ierno, y la forma- 
ción del Ejército de los Andes fué decretada bajo la direc- 
ción del guerrero nms sol)resaliente que ha tenido la Améri- 
(*a del Sud. Sus hechos posteriores confirmaron superabun- 
dantemente el acierto de semejante elección. El ejército se 
creó en la antigua Provincia de Cuyo (que mas tarde se 
fraccionó en tres, (Mendoza, San Juan y San Luis,) con tan 
(xíguos elementos, que el mismo general cumpliendo un de- 
ber de justicia dijo con este motivo, mis rrcursos eran es- 
casos, y apenas tenia vn embrión de ejército; pero conoeia 
Ja buena voluntad de hs cuyanos y emprendí formarlo "bajo 
un plan que hiciese ver, hasta que grado puede apurarsr hr 
iamomia para llevar á cabo las grandes empresas. 

« 

La creación del ejército en ^Mendoza puso en jaque la 
dominación española de Chile, pero el presidente Clareó 
.pareció mirar ese hecho con desdeñosa impasibilidad. KI 
general San ^lartin en consecuencia completó tranquilamen- 



APUNTES POSTUMOa 223 

te la creación y disciplina de su ejército, y en una campaña 
du 24 dias, alcanzó la espléndida victoria de Chacabuco el 
12 de febrero de 1817; el ejército realista perdió 1,100 
moldados en este dia, 500 que entre muertos y heridos que- 
¿aron en el campo de batalla, y 600 prisioneros entre jefes, 
cficiales y tropa, incluso Marcó, su general en jefe, constitu- 
yendo el verdadero mérito de este triunfo que el reino de 
Chile quedó libre casi en toda su cstension de sud á norte. 

El Virey de Lima como era consiguiente, no se confor- 
mó con que los territorios de su Sol>erano se desmembrasen 
tan impunemente, y se propuso restablecer el equilibrio. 
Pero ya era tarde. Todo lo que la causa del Rey habia 
perdido, en terreno, fuerzas, opinión etc. etc. lo habia ga- 
nado el general San Martin. De poco le sirvió mandar 
avanzar el ejército del Alto Perú sobre la provincia de 
8alt^, dominado de la ilusión de apoderarse de las demás has- 
ta Buenos Aires: este fué otro delirio; no contando con sim 
j>atias en los territorios que momentáneamente sojuzgó, ni 
con recursos bastantes, no pudo sostenerse: el general La 
Serna hostilizado por el general Güemes y sus gauchos de 
f^alta, tuvo que retirarse con considerables pérdidas. 

Hizo no obstante otro esfuerzo el Virey sobre el territo- 
rio chileno, alando un segundo ejército con el general Oso- 
rio, á reforzar los restos que hablan salvado de ('haca- 
Luco y atrincherádose en Talcahuano, pero aunque consi- 
guió una buena ventaja en Cancha-rayada, no por eso fué 
mas feliz que en las otras tentativas: una mano invisible 
í)arecia encaminar las cosas de otro modo; los defensores 
de la emancipación ameri(»ana lavaron la mancha de su con- 
ffinza ó descuido, con otro nuevo triunfo el 5 de abril de 1S18 
en Maypo, y Chile en una pirámide mandó inscribir gloria 
á los vencedores de los vencedores en Bailen — El ejército rea- 
Ji.sta perdió en esa jornada mas de 4,600 hombres, de ellos 
1,400 entre muertos y heridos en el campo de batalla, y 
e! resto de 3,200^ prisioneros, in(*luso 190 jentre geniera^ 
Jes, gefes y oficiales, menos el general en jefe Osorio que es- 



•224 LA REVISTA DE BUENOS AIBES. 

caj^ó á uña de caballo ^ como vulgarmente se dice: y la auro- 
ra que siguió á ese gran dia, anunció á la América el rena- 
cimiento del Sol del imperio de los Incas. 

Desde ese hecho memorable en que el guerrero argenti- 
no cerró el segundo período de sus hazañas, sus conatos se 
contrajeron esclusivamente á trasladar su teatro á otra re- 
gión que gemía bajo el yugo del vasallaje y clamaba por su 
libertad. Poco le importaba que el Virey contase con mas 
de 20,000 veteranos para defender el alcázar heredado de 
Fizarro ni que en su mayor parte fuesen de ios amaestrados 
t n la Península a costa de Napoleón I, ni que tmiese en su 
nano los abundantes elementos del opulento Perú. San 
IVlartin con sus 4,000 aguerridos compañeros, con su deno- 
dado arrojo, y su incomparable ingenio, se proponía supe- 
rarlo todo: pero siempre inexorable por la conservación tLí 
la disciplina y la moral de sus soldados, por lo cual era 
opuesto á que un cuerpo permaneciese mucho tiempo en 
alguna población; en la primavera del año 19 los hizo salir 
de la capital de Santiago de Chile á tomar cantones en Ran- 
cagua, que continuasen allí su instrucción diaria como de 
costumbre, hasta junio del siguiente año que los hizo mo- 
ver á las cercanías de Valparaíso, para facilitar su embar- 
(;iie á la expedición del Perú en el momento dado: mo- 
piento que esos soldados vieron llegar poseídos del mas ar- 
doroso entusiasmo, porque lo deseaban para terminar su 
obra y retirarse á gozar en sus hogares, de la libertad y la 
ventura que su brazo había contribuido á establecer en el 
suelo americano: y asi que la escuadra y el comboy estuvie- 
ron listos, se embarcaron entre los aplausos y aclamaciones 
del pueblo chileno, zarpando á su grande empresa el 20 
de agosto de 1820. 

No me detendré en las incidencias de la navegación por- 
que no es mi intento redactar ese diario, sino que me bas- 
tará d*^cir, que á los 10 dias de viaje se encontró el comboy 
fondeado en la ** Ensenada de Paracas'', tres leguas al sud 
del Puerto de Pisco y 40 de la cai>ital de Lima, á las seis de 



■■ \ ^1 



APUNTES POSTUMOS. 225 

la tarde del dia 7 de setiembre. El 8 desembarcó la prime- 
ra división del ejército y tomó posesión tranquila de la 
A'illa de Pisco. El 16 llegó al Cuartel General de parla- 
-mentario del Virey el alférez don Cleto Escudero, con pro- 
X»o8Íeiones que por entonces no fueron conocidas en nuestro 
t jtreito, i>ero el 19 vimos marchar á Lima como enviados 
del general, acompañados de una escolta al coronel don To- 
más Guido y secretario de gobierno don Juan Garcia del 
J^io: á vista de cuyo hecho, todos sospechamos por inducción 
^lue algo de provecho contendrian las proposiciones del Vi- 
rey cuHilílo se mandaban negociadores, ó por lo menos, la 
viveza astuta de nuestro general algún partido se proponía 
-s&ear de la ocasión. Dicho y hecho. El 28 se comunicó al 
ejército por la orden) general, que los comisionados ha- 
J>ian ajustado el 26 en ^liraflores (pueblito a dos leguas de 
lima) un armisticio y suspenison de armas por ocho dias. No 
ira pequeña adquisición la de que, la masa de diez mil 
veteranos que el Virey habia aglomerado en Lima, respeta- 
ría el j)uñado de cuatro mil que estaba en Pisco, sin acabar 
<iuizá de recuperarse del entumecimiento de la navegación y 
privaciones consiguientes, asegurándole á la vez su quieta 
l>ermanencia en el terreno que pisaba, por una suspensión 
^le armas solemnemente estipulada. Algunas otras refleccio- 
nes y congeturas haciamos en nuestros círculos privados, 
pero me complazco en silenciarlas dejando el campo á los 
fiituros historiadores argentinos, que con mas capacidad que 
yo sabrán deducirlas en honor del genio que sabia prepa- 
Tarlas. 

El dia 4 se previno en la orden de la División, que se 
:a]istasen para marchar al primer aviso, los cuerpos y pique- 
t(8 siguientes: 



22« 



LA REVISTA DE BUENOS AIBES. 



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~ ^ APUNTES POSTUMOS. ' — ' 227 

En la noche del cuatro al cinco, y á virtud de haber ter- 
irJnado el dia anterior los ocho dias del .armiaticio acordado 
en Miraflores, se puso en marcha esta división desde Cau- 
cato á las órdenes del general Arenales, acompañándola ade- 
mas hasta Yca el rejimiento de cazadores á caballo man- 
dado por su coronel don Mariano Necochea, con una fuerza 
de 300 y pico de plazas. Se dio a reconocer por 2.o gefe de 
la división y gefe del estado mayor, al teniente coronel don 
]Manue1 Rojas, que llevaba á sus órdenes al 2.o ayudante ca- 
pitán de injenieros don Clemente Althaus y 3er. ayudante 
teniente don Juan Alberto Gutiérrez. 

El primer punto que tocó la división fué la hacienda de 
Chunchanga, pero por aprovechar el fresco de la noche no 
cesamos de anÜar, á excepción de los descansos que se da- 
ban á la tropa, para reponerse de la fatiga que causaba la 
gruesa capa de arena que cubre casi todos los caminos de la 
cc«sta. 

La división llevaba sus descubiertas de caballería á van- 
guardia, y verificó su marcha hasta la ciudad de Yca sin hi 
menor novedad, por cuanto la fuerza del coronel Quimper 
no se dejó ver ni á distancia. 

Nuestra entrada á la ciudad fué brillante. El cabildo, las 
comunidades reWgiosas con sus prelados, los vecinos nota- 
bles de la ciudad y un inmenso gentío, salieron á nuestro 
encuentro. Las demostraciones de regocijo que nos mani- 
festaban esas gentes, parecian sinceras por la espontaneidad, 
y llegaron al mas alto grado de entusiasmo. El alcalde de 
1er. voto don Juan José Salas y todos los señores municipa- 
les, se esmeralmn á competencia en prestarnos atenciones, 
comedimientos y servicios, que era imposible dejar de agra- 
decer con la mas fina sinceridad. Todos los gefes de los 
cuerpos fueron alojados en casa de las familias mas 'notables 
del lugar: la oficialidad de cada uno, en otras casas desocu- 
padas que se asearon y amueblaron con cilanto se consideró 
preciso á su mayor decencia y comodidad ; y á la tropa se le 
proporcionaron cuarteles en una, dos y mas casas contiguas 



2t¿S LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

para que estuviesen con desahogo, cuidando en particular 
cié la carne, las menestras y las verduras para que el rancho 
fuese lo mejor posible. 

El general Arenales inmediatamente de entrar á la ciu- 
dad y recojer datos de la dirección que tomaban los enemi- 
^'os, asi como de las familias españolas que huian para Lima 
llevando un gran cargamento de equipajes, dinero, arma- 
iiiento y pertrechos de guerra de toda clase, mandó en sa 
persecución un escuadrón del rejimiento de cazadores á ca- 
ballo al mando del teniente coronel don Rufino Guido, con 
' la orden de perseguirlos hasta batir la fuerza y apresar 
cuanto se pudiera: mas volvió esa misma noche dando parte 
lie que, después de andar mas de seis leguas, no habia des- 
cubierto rastro ni noticia la menor por el camino que se le 
habia ordenado; de lo que se infería, que eran falsos los 
avisos dados al general: pero descansó este escuadrón un 
poco y acto continuo volvió á marchar en la dirección de 
Palpa, camino que según las últimas noticias llevaban los 
enemigos: y fué tan activo, que el dia 7 les dio alcance, y al 
primer tiroteo se le pasaron dos compañias de infantería con 
.sus oficiales, y se dispersó el resto en distintas direcciones: 
<'on esta adquisición, el comandante Guido regresó á Yca 
conforme á las órdenes que se le habian ^ado. ^Mientras 
el comandante Guido verificaba esta operación sobre Palpa, 
se prej>araba en Yca otra pequeña división al mando del 
pefe (le E. M. teniente coronel Rojas, compuesta de los 50 
gianaderos del mayor Lavalle, una compañía del rejimiento 
de cazadores con su capitán don Federico Brandzen, la 3.a 
compañía del batallón X.o 11 con su capitán don José Videla 
Castillo, otra compañia del N.o 2 cuyo capitán no recuerdo 
quien era, y el piquete de 30 cazadores a caballo del teniente 
aon Vicente Suarez: esta fuerza que seria como de 250 hom- 
bres, marchó el dia 12, montada la infantería como mejor 
Ke pudo en aneas unas de otros, y dio alcance á la división 
Quimper que llevaba mas de 700 hombres de infantería y ca- 
ballería, el dia 15 en el pueblo de la Nasca, y la hizo peda- 



APUNTES POSTUMOS. 229 

r.08 sin darle tiempo para nada por la impetuosidad del 
ataque. El Marqués de Quimper no habia podido apresu- 
rar mas su marcha, á causa del gran tráfago que custodia- 
ba de familias que emigraban para Arequipa, y un gran 
cargamento de equipages, armamento, municiones etc., etc. 
que habia sacado de Yca: el fruto de este pequeño triunfo 
fué, 41 muertos de tropa que dejaron los enemigos en el 
campo, 15 heridos y 88 prisioneros, entre ellos seis oficiales, 
300 fusiles y un crecido número de tercerolas, armas blan- 
cas y los equipajes de los gefes y oficiales de la división. El 
comandante Rojas fué informado por algunos vecinos de 
Nasca, que el Marqués^ habia hecho adelantar sobre el pueblo 
de Acari, mas de 100 cargas de armamento, municiones y 
efectos de los que habia sacado de Yca. en cuya dirección 
el mismo habia fugado con el resto de ca!>alleria salvado del 
combate, y esa misma noche asi que los caballos hubieron 
c(»mido y descansado un poco, hizo marchar al teniente Sua- 
lez con el piquete de 30 cazadores á caballo que traia a sus 
órdenes, a ver si lograba hacer presa de esos objetos. T"! 
teniente Suarez que ansiaba por una de estas ocasiones ¡mra 
lucirse, como él decia, en esta vez cumplió su deseo: tres 
^^entajas logró e\ ejército con este golpe: aumento de nues- 
tro parque, reportación ante el pais, y el terror de los ene- 
«migos. Verificó su marcha con una rapidez y habilidad 
increibles, y al dia siguiente, 16, les cayó encima á medio 
día: sorprendió la escolta del comboy, les mató algunos sol- 
idados que quisieron defender el puesto, tomó prisioneros 
casi á todos los demás, tomó ciento y tantas cargas de mu- 
rJciones y pertrechos militares, y mandó que reíjresason á 
sus casas las familias que el enemigo habia forzHcío m emi- 
grar. El teniente Suarez ayudado por los vecinos patriotas 
de Acarí favoreció en cuanto fué posible á esas f^ínilins. y 
regresó sin demora á Nasca con la rica y abunrlaute ]>r«:sa 
que habia arrebatado al enemigo. 

5EEÓXIM0 ESPEJO. 
(Continuará.) 



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LITERATURA 



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CONFIDENCIAS 



8eñor Redactor de la ** Revista", doctor doa 
Vicente G. Quesada. 

Para en vencer á usted de que no he olvidado 
•mi compromiso de colaborar en la publica- 
ción <fue V. dirije, le adjunto esto» recíuer- 
dos íntimoH, escrito» en medio de las pro- 
saicas labores del oftoiaiite ministerial — 
Suvo de corazón — *^R. Palma. ^* 



CONSOLA CIOX 
I. 

Lector i eres jorabado? 

Si por desgracia la mano del Creador puso s<»bre tus 
espaldas el abultado pan de azúcar que se lluina joroba, ar- 
roja estas pajinas sin leerlas y jíirote en concicjucia no per- 
<lerás mucho. 

Siempre se ha dicho que los jorabados son sarcástieos 
y malignos y que la protuberancia que los afea es un depósi- 
lo de venenosas sátiras y picantes blasfemias. Líbreme Dio» 
de acojer tal opinión, yo que he conocido á uno de estos 
desgraciados que tenia un corazón de ángel encerrado 1)ajo 



CONFIDENCIAS, 231 

tan tc^ca y deforme corteza. Andrés era como un herrao 
^» brillante engarzado en una sortija de hierro. 

n. 

Andrés contaba diez y nueve años. 

Nunca he contemplado una mirada mas dulcemente !án- 
j^ida que la suya, en unos ojos azules como un cielo 4Ín 
nubes. 

Sus palabras tenian algo del perfume de la inocencia 

Jamás le oimos proferir sus amigos una queja contra 
<fl destino y cuando teniamos un sufrimiento que comuni- 
carle, alguna de esas infernales decepciones que destrozan 
filara por fibra el corazón de un joven, eran siempre acentos 
oo bendición, de paz y de consuelo los que brotaban de sus 
Jábios. Habia en su voz un no sé qué de profunda y sujivr 
melancolía que alcanzaba á conmovernos, y después de oVlo 
liuestra congoja desaparecia. -^ 

Por eso sus amigos le Uamálmmos Consolación, 

III. 

La juventud sin amor es como una fuente sin murmulla, 
como una flor sin perfume, como un cielo sin sol. 

Desencantad á la juventud, quitadla ese divino fuego y 
habréis convertido para ella el mundo en un espacio inP- 
iiito donde reinan las tinieblas. 

Entonces si el joven se llama Alfredo de Musset, se vuel 
ve escéptico y muere envenenado por el alcohol: si se lla- 
ma Gerardo de Nerval se torna impío y se ahorca bajo las 
ventanas de una ramera. 

Andrés amaba en silencio á Cesarina. Jamás los labios 
<íel pobre joven se atrevieron á declararla la pasión que lo 
consumia; porque temió que de su amor se hiciese un obje- 
to de burla. 

Pero acaso el amor verdadero necesita de palabras? ¿No 
tiene un lenguaje mudo que se traduce en las miradas, en las 
5»onrisas, en nuestras acciones todas? 



232 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

Cesarina no quiso comprender el tesoro de amor q»ie 
para ella encerraba el corazón de Andrés. 

IV. 

Una tarde notamos en el rostro de Andrés mayor pali- 
dez que de costumbre. 

— Estás enfermo? le preguntamos. 

—Sí....! del alma!!! 

Habia un dolor tan íntimo en su acento que nos estre- 
meció. 

— ¿Estás tal vez enamorado? 

Andrés nos miró procurando dar á su semblante todo el 
aire de indiferencia que le fué posible y nos repuso: 

— Acaso un jorobado tiene corazón? 

— Entonces ¿qué tienes, Andrés? 

— Lo de siempre, amigo mió ! Lo de siempre. . . . ? 

joroba ! ! ! 

Era la primera vez que lo veiamos tan dolorosamente 
iiTi presionado y comprendimos que acababa de recibir una 
de esas heridas en el alma para las cuales no hay bálsamo en 
Ja tierra. 

V. 

' l Qué habia pasado ? 

Consolación declaró su amor á Cesarina, la que prorum- 
piendo en una alegre y estrepitosa carcajada se dirijió á tres 
jóvenes amigas suyas que se hallaban en un corredor de la 
iSvkSa. 

— ¿Sabéis una novedad? les dijo. 

Andrés la miraba espantado. 

— ¿ Qué es esto ? preguntaron á una las amigas. 

— Dejadme reir no lo acertareis nunca Andrés 

está enamorado . . ' . 

— De alguna jorobada? 

— ^No, niña^: de mí! 



CONFIDENCIAS. 233 

Y el alegre coro estalló en carcajadas; porque no conce- 
bía que un jorobado tuviese las pasiones de un hombre. 

VI. 

Cuando yo descendía de la habitación de Andrés sentí la 
detonación de una pistola. 

VII. 

Aquella noche había baile en casa de Cesarina. 
Al penetrar en el salón la descubrí en los brazos de un ga- 
llardo y elegante joven que la acompañaba en los volup- 
tuosos giros de una redoiva. Me aproximé á ella y la dije al 
oido: 

— Andrés acaba de matarse. 

— Qué loco ! murmuró ella sonriendo y arrebatada por su 
pareja se perdió en la confusión del baile. 

Aquella mujer tan joven y tan bella tenia helado el co- 
razón. 



LAVENGANZADEUNANGEL, 
Confidencias de un soldado. 

**1.o de Dici-e-rabre 1854.'* 

Magdalena acaba de revelarme que me ama. 

Perdón, hermosa prima! Xo soy de esos jóvenes que 
aseguran que el siglo XIX se muere de fastidio; pero si en- 
tregase mi corazón bajo el imperio de unas miradas fascinado- 
ras como las tuyas, acabaría por aburrirme. 

Y en verdad i hay algo de mas tonto y de menos cristia- 
no que amar á una sola mujer? Yo amo á Dios en sus obras, 
amo la belleza como emanación de su divinidad, amo á las 
njujeres como destellos de su santa auréola. Y he aquí por- 
que esas mariposas del verjel de los amores que cambian 
ik queridas con la facilidad que un diputado de opiniones, 



234 LA BEV18TA DE BUENOS AIBSS. 

son para mi los hombres mas cristianamente sabios. Da^rue- 
ri't'Otipos del siglo, viven con la actualidad: y la actualidad, 
prima mia, no es de pasiones profundas, sino de pasatiempos ; 
no es de creencias sino de duda; no es de ilusiones fantásti- 
cas sino de realidades desesperantes; no es de poesía sino de 
|L^i:arismo8. 

i A que engañarte*, Magdalena, fíngien<l(» que participo 
<lc tu amor? Seria destrozar tu corazón ¡nocente, pobre pri- 
lí.a mia, que no has hallado hasta hoy en la existencia mas 
qi:e colores y armonías, luz y perfumes. Y luego, concedien 
<Iu que fuese yo bastante infame para darte mi nombre sin 
mi amor ¿salies lo que seria nuestro matrimonio? Vn ere- 
púscfulo eterno: siempre las medias tintas de la tarde; per*', 
niinca el sol en el zenit. Tal vez renunciaría por breve tiem- 
I>o á mi vida de lil)ertino; pero al fin el tedio, la pn>sa del ma- 
trimonio, volverían á arrastrarme á ella. 

Ya vez que soy franco y que no quiero jugar c»on tu cora- 
zón de niña. Tiempo hace que Williams solicita tu mano. 
Acepta, Magdalena, que si á su lado no hallas todo el entu- 
siasmo, pasajero al fin, de una alma vivificada por los ardien- 
ii'h rayos del sol americano, encontrarás el glacial pero eterno 
«mor de un inglés. 

**2 de Dicienbre '' 

• 

Así hablaba yo anoche á mí prima ^lagdaiena, precioso 
Kt rafín. de diez y siete años. Casi tengo remordimientos de 
jíii franqueza; porque á veces la venlad es un crimen.... ("reo 
i|ue mejor habria sido, 8ofo( ando mis instintos de hombre hon- 
rado, mentiila un amor que no siento. 

La p(»!)re niña me dejó ver una perla cristalizada en su 
I>4ÍT)¡la y corrió á encerrarse en su cuarto. 

Todo ello serk un día de llanto; mas acabará por conso- 
lare y aceptar la mano de Williams. 

*M0 áe Diciembre '' 
(.'horrillos! Pueblo de maldición donde á un golpe de 
dados se arriesga el decoro, el porvenir de las familias. En 



CONFLDENOIAS, 235 

tu recinto los desórdenes se llaman bromas y los vicios dis- 
tracciones. Salve, pueblo de eterno carnaval y de eternas 
<preta«! 

Tenéis hijas? Educadlas, por seguir la moda, en Chor- 
rillos, esa esíuela del lujo y del vicio. Desde la invención 
<?í» los nervios en Lima, se ha hecho Chorrillos una necesidad 
f»ii las familias para correjir el sistema enfermo ó que se fin- 
jo estarlo. 

Bienaventuradas nuestras abuelas que no conocieron las 
*»nfermeílades nerviosas! 

Y establecida ya en Chorrillos una familia i en que pa- 
sará la noche? Vengan dados de marfil ¡y jugemos por 
trozos el honor; y las esposas y las hijas participen también 
<le los encantas del mal. i Que importa la ruina de algunos 
hombres si su desgracia sirve para distraer el tedio de los dc- 
juas i i 

Las blasfemias, las palabras mas inmundas hieren los 
^kios de la casta esposa y de la modesta vírjen; pero es pre- 
ciso ílisculpar á los que pierden y no darse por ofen- 
didas. 

Seamos induljentes, dicen las bellas. 

No ! Sacrifiquemos nuestra dignidad, deberían esclamar ; 
pt ro gocemos c(m él ruido del oro. 

Y asi es la humanidad ! Aun cuando la tierra se convierta 
en una California sin fin y la humanidad fatigada se acueste 
«obre un lecho de ese metal corruptor, el ruido de las monedas 
la haria estremecerse (*omo un cadáver sometido á la acción 
galvánica. 

**11 de Diciembre.'' 

Mi honor -.^stá comprometido. 

Williams me ha ganado al juego una fuerte suma por la 
<'ual le he firmado un vale. 

Si no pago mañana mi deuda, estoy desonrado y prefiera 
la muerte á la deshonra. 

E.stoy decidido. El mundo no ha de conmoverse por un 
pistoletazo que me destroce el cráneo. 



236 LA KEVISTA DE BUENOS AIBKS. 

**21 de Diciembre/' 

He estado diez dias con una violenta fiebre, luchando en- 
tre la muerte y la vida. 

¿Que ha pasado en este tiempo? Recordemos. 

Llevaba la pistola á mi frentte cuando sentí que me dete- 
nían el brazo. ^le volví y era Magdalena. 

— Loco! Te devuelvo el honor, me dijo alargándome un 
papel. 

Era mi vale. Ella se habia interesado con Williams, 
para que la regalase mi deuda. Williams comprendió que 
solo la arrastraba á este paso el deseo de evitar que su 
primo continuase jugando y corregirlo por una acción ge- 
nerosa. 

— Magdalena, la dije conmovido, no puedo aceptar 
tu regalo porque me humilla. Mi resolución está ya to- 
mada. 

— Y si te obligo á que lo aceptes? repuso ella rompiendo el 
vale. 

— ¿Que has hecho? Solo con tu mano podría aceptarlo 
l-ara pagarte á fuerza de ternura. 

— Es tarde, Jorge. Mañana me caso con Williams. Des^ 
deñaste mi cariño y me vengo de tu desi)recio devolviéndote el 
honor. 

Y la infeliz llevaba el pañuelo á los ojos para enjugar una 
lágrima. 

No sé lo que pasó entonces por mi. Caí desvanecido en 
un sillón con el remordimiento en el alma de no haber com- 
prendido ese corazón de ángel. 

**26 íle Diciembre». •' 

He recibido orden de incorporarme á mi regimiento. Ten- 
go el presentimiento, ^íagdalena, de que es esta-s líneas te doy 
iin adiós eterno. Hoy en que un lazo indisoluble te une á otro 
hombre, cuando la felicidad que tu esposo se afana en darte se 
híilla enturbiada por algunas gotas de llanto, voy á hacer una 



CONFIDENCIAS. 237 

súplica á tu ^^{mti generosa. ¿Me concederás lo que imploit>? 
— Olvido y perdón. 



Atpii termina el manuscrito del libertino capitán. 

Diez dias después, el 5 de enero, se daba la batalla de la 
Palma y el cadáver de Jorge fué encontrado al pié de un ca- 
Bon. 

En cuanto á Magdalena es hoy una esposa llena de digni- 
<lad y virtud ; pero conserva en el rostro señales de una mor- 
tal melancolía. 

alienten los que dicen que el tiempo todo lo cura. ¡ Solo 
Dios es el médico de las almas* 



' EN LA CASA DEL JABONERO. 

Era el dia de San Andrés del año de 185.... 

La multitud se dirijia al hospital de locos y confundido 
<»on ella penetré en el primer patio donde se hallaban las cel- 
<ia8 de quellos infelices por quienes los Directores tenian algu- 
na deferencia en razón á la posición social que ocuparon ó á 
las recomendaciones de sus familias. 

Diréis que es una triste ironia un poeta visitando la casa 
<ie locos i \ Bah ! ¿ Pero que otra cosa es el mundo que una gran 
jaula de locos? 

Adán, el loco número uno que descendió del Edén á 
iste valle de lágrimas trayendo aun en pos de sí el tibie 
perfume del aliento divino que lo formara ¿no es vcrcl^id 
4«ue hizo una locura de tomo y lomo al dejarse tentar por lu 
golosina de una manzana que quizás no estaba todavía m 
«azon ? 

Vn loco hace ciento. La humanidad fué fundidn pa el 
mismo crisol que Cain y Abel, el primer picaro y el primer 
bobalicón, y convenid conmigo en que desde el descubrí- 
niiento de la quijada de burro para descalabrar al prt'>jimo 
hasta la invención de la crinolina para encubrir la corteza 



238 LA REVISTA DE BUENOS AIEES. 

del fruto vedado, los hombres no han heeho mas ^iiie lo- 
curas. 

Y á propósito de crinolina, no os parece preferible la hoja 
de parra que usó la madre Eva? 

Compadezcámonos mutuamente y no limitemos este senti- 
miento para los seres que viven en un encierro sufriendo la ca- 
miseta de fuerza y el látigo del brutal loquero. ¡ Quien sab<i si 
fcsos enfermos son mas felices que los que habitamos al aire li- 
bre obstinados en negar nuestra locura! 

Algo mas que no creo bueno para escrito pensaba yj ai re- 
correr la casa de amentes, cuando de prontto me detuve -ú oii- 
me llamar por un loco. 

— Eh ! chico ! no te pases sin visitar á los amigos. 

Penetré en la celda número 13 y con gran trabajo pude re- 
conocer á un antiguo compañero de colegio que con verlaiicra 
efusión me estrechó en sus brazos. En el primer momeiU-» d*> 
las tuve todas conmigo y le dije : 

— Cuenta, hombre ! que me estrangulas ! 

El loco sonrió amablemente y me invitó á sentarme 

Joaquin. tal era su nombre, contaba entonces veinte* y seis- 
años. La palidez mate de su rostro contrastaba magníficamen- 
te con sus grandes ojos negros y con la sonrisa melancólica de 
siis labios delgados y rojos. Su cabello artísticamente desali- 
ñado V el aseo de su vestido revelaban aun en él al hombrí* de 
buen tono. 

Hablamos gran rato sobre recuerdos de nuestra priiiuv» 
juventud y ¡ Dios me perdone ! creo que aun echamos un r*iiar- 
To á espadas sobre la poesía y los poetas, sobre la oposición y «i 
ministerio. El local era apropósito. 

Al fin me decidí á preguntarle por que serie de estra- 
Tos acontecimientos había venido á ser uno de los morad<» 
res de la casa de locos. I^na lijera contracción nerviosa aji- 
ló la fretite de mi amigo y estrechándome la mano mc^ 

dijo : 

— ¿ No crees que el mundo vé solo lo que quieren dejarb> 
ver y que la ciencia se engaña ó finje engañarse! 



CONFIDENCIAS 23^ 

— j Quien sabe ! 

— Escucha y te conyencerás. A la edad de veinte y dos 
años salí del colejio con una regular reputación de talento v 
y en breve me recibí de abogado. La sociedad me abria su^ 
puertas y entré en ella con todo el desenfado propio de la ju- 
ventud. Apuré sus placeres y tras la desilucion vino el hastio 
Buscaba el espíritu y por todas partes encontraba el fango de 
la materia. Donde soñaba hallar el amor ó la amistad se me 
l^resentaba deforme el egoismo. 

Una noche fui convidado á un baile de Palacio, en el que 
lejos de mostrarme galante y obsequioso con las damas pasea- 
ba con un anciano conversando de política, ese eterno manjar 
de los hombres gastados. 

De pronto mis ojos se fijaw)n en una hermosa joven qu.^ 
daba el brazo á un caballero y pregunté i 

— Quien es esa linda niña? 

— Es mi pupila Elodia Gonzalvo. 

— ¿Y el joven que la acompaña? 

— Es su pimo. . . . don Alfredo Camprodon. 

Jamás me habia sentido tan vivamente impresionado; y 
sin embargo no podía darme cuenta del efecto <iue me inspi- 
raba la belleza de Elodia. Yo necesitaba el amor ó el aborre- 
cimiento de esa mujer. 

La orquesta empezó á tocar una mazurca y separándome 
del tutor de Elodia me dirijí hacia ella, suplicándola m*; 
Lonrase aceptándome por su pareja. Elodia accedió á mí 
demanda con una sonrisa llena de gracia y en breve nos ha- 
llamos arrastrados por ese vértigo infernal y delicioso á la 
vez que produce el baile. Yo centia los latidos de su co- 
razón y su aliento, tibio como una brisa de verano y perfu- 
mado como el jazmín, bañaba mi rostro. El brillo de sus oyis 
me fascinaba como el de la serpiente tentadora de que habla 
(1 Oénesis. 

Una mujer hermosa deja adivinar siempre en la agitación 
del baile un tesoro de encantos. Bailad en buena hora los que 
buscáis el filtro ponzoñoso del amor sensual ; porque en el bai- 



J4ü LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

le la mujer sabe unir la timidez y pureza del serafín con la 
májia fatal de ángel caído. 

Aquella noche decidió de mi destino. Salí del baile 
ebrio de amor y tres meses mas tarde Eloida era mi esposa. 

Transcurrió un año en que viví completamente dichoso, 
porque me alentaba la fé en el cariño de la mujer á quien ha- 
bía dado mí nombre. 

De pronto apareció en mí casa Alfredo, de regreso de un 
viaje á Estados Unidos, y desde ese instante principió á desva- 
necerse mí felicidad. , 

Dos meses pasaron siendo Alfredo nuestro huésped, cuan- 
do una noche después de las doce sentí un leve ruido en el co 
rredor, que comunicaba al dormitorio de Elodia. Levánteme 
presuroso y salí á tiempo de percibir una sombra que penetra- 
ba en el cuarto de mi esposa, sagrado santuario cuyos umbra- 
les solo dos hombres tenían derecho de traspasar : — El médico 
y el sacerdote. 

^las de una hora permanecí anonadado ante la certidurn- 
l're de mi deshonra. Al cabo adopté la resolución de castiga*, 
j'i los infames y me acerqué al lecho de la adúltera. Des- 
cargué una pistola sobre la frente de su cómplice, entre- 
tanto que Elodia huia y se asilaba en las habitaciones di» sij 
tutor. 

Al siguiente día me trasladaban á la casa de amentes. 

La influencia social y política de que gozaba el tutor de 
Elodia habia cegado á la juvsticia, médicos vendidos certifica- 
ron que mi cerebro se hallaba en desconcierto, nadie quiso es- 
cuchar mi defensa y ya lo ves, amigo estás hablando 

con un loco! 

Joaquín calló y al salir del hospital de locos, esa casa del 
jabonero en la que habia resbalado y en la que con frecuencia 
caen los que como yo son tentados por el demonio de la poesía 
me preguntaba: 



C0NFIDEXCIA8 241 

— Señor! Señor! ¿Si estará escrito que la sociedad tiene 
oídos para no oir y ojos para no ver? 

RICARDO PALMA. 
1866 



FKAC.MENTO DE VIAJES. 



DE C O P I A P Ó A VALPARAÍSO 



9 á 11 de Mayo, 1841. 



Vapor Pírú, 

El primer dia se ha navegado á la vista de la eosta y á 
nmy poca distancia: la variedad de objetos y continuo cam- 
bio de ¡lerspec tivas por las diferentes sinuosidades de hi>r 
tierras inmediatas al mar, todas empinadas y accidentadas 
hacen este viaje muy variado y entretenido. — (La velocidad 
del vapor es de nueve millas por hora.) 

A este recreo, que es de gran recurso para no caer en e! 
tedio que ocasiona la nionotonía en los viajes de altamar, <e 
agregaba el de una buena sociedad, que para mí tenia uiim 
e8i>ecie de encanto; i)orque después de salir de los áridos y 
selváticos desiertos de la Rioja al través de los Andes, débil 
todavía y convaleciente de una tenaz enfermedad, en un?) 
estación bastante avanzada; y de una campaña en estremo 
penosa y desgraciada — la del ejército libertador — me sentí^r 
agradablemente sorprendido al encontrarme entre inglesas 
franceces, argentinos, chilenos, bolivianos,, peruanos y colom- 
bianos y todos, con cortas escepciom^s, personas de buena so- 



FRA<JMENTOS DK VIAJEN. 24a 

fiedad. — La mesa no podía mejorarse, servida con abundancia 
^ lujo, y con delicadas frutas tropicales. 

Para disfrutar de las románticas vistas del paisaje mas 
allá de la costa, verdaderos estrivos de Ion Andes, pedí al se- 
ñor don Arístides Martínez — joven sanjuanino muy simpáti- 
co com panero de camarote — me despertase al primer despunte 
de la aurora. 

; Que vista tan pintoresca ofrecía en aquel momento la ele- 
vada cordillí^ra coronada de nieve en su cima, y en nl- 
í^unos parajes de densas nubes! Era un grandioso pano- 
rama. 

FA color ceniciento del crepúsculo matinal, hacia lenta- 
mente lugar á los tintes suavemente rosados formados por 
Ja gradual aproximación del astro esplendoroso. Al prin- 
cipio, el conjunto de aquellas inmensas masas se ofrecía 
{\ la vista estasiada por tan magnífico espetáculo como niut 
muralla gigantesca que se levantaba en la orilla del mar; 
pero las líneas irregulares de luz y las de las sombras se hi- 
cieron luego perceptibles, descubriendo la formación de 
las tierras entre la costa y Ion Andes, y podía ya discer- 
nirse la larga distancia entre aquella y la altísima cor- 
dillera. 

A medida que el día avanzaba el paisaje se hacia m,is 
visible, y los coloridos aumentaban en riqueza y esplendor 
hasta que apareciendo el sol detras de las elevadísinms cres- 
tas, se ofrecía una escena de las mas bellas que hasta enton- 
ves hubiera yo visto. Se exhibía primero á lo largo de la 
playa una costa estéril de color ferruginoso, con varios pro- 
montorios de rocas salvages y desnudas de vegetación, de 
formas caprichosas. Se veían los cerros mas próximos ves- 
tidos de verdura silvestre, y a sus espaldas altas cordilleras 
purpúreas y azuladas, que elevándose unas sobre otras en 
j^nfiteatro, terminaban agrupadas sirviendo de contrafuertes 
á los Andes, cuyos picos escabrosas é inaccesibles, resplan- 
decientes por sus eternos hielos, coronaban toda la escena 
con tal magnitud de dimensiones y altura tan desmedida. 



244 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

5iue el alma se sentía elevada por las mas sublimes eiiio- 
•eiones, y como trasportada á las regiones de lo maravi- 
lloso. 

La aparición del sol vino á disipar este encanto: densc^ 
vapores empezaron á esparcirse de los cerros hasta la costa ; y 
lodos los vivos y trasparentes coloridos se transformaron en 
un tinte muerto y opaco. 

Corta era ya la distancia á Valparaíso, y el vapor navega- 
ba todavía á lo largo y cerca de una costa inculta y al paretícr 
ílesierta, hasta que se llegó a la inmediación del puerto. í.a 
Bahía — pequeña cala de pocas millas de circunferencia — es 
abierta enteramente desabrigada del lado del norte, con gran 
peligro de las embarcaciones que con frecuencia sufren ave- 
aias, y algunas veces se pierden, por los grandes temporales 
estacionales de esa dirección. 

El aspecto físico de Valparaíso es notable. La curbatura 
de la bahía desde el Almendral hasta la punta en que está 
situado un castillo — que á su espalda tiene el morro del 
Telégrafo y del Faro — es de tres millas: se presenta a la 
vista en todo su desarrollo. La ciudad está sobre la playa 
formando una calle irregular, limitada por las aguas y los 
desnudos precipicios de roca casi en contacto con las hal:i- 
Jaciones. Las casas se estienden con mas ó menos profuu 
clidad en toda esta estrecha zona trazando una sola calle; ee 
iieralmente son de un solo cuerpo, y como están construidas 
con tierra y ladrillo crudo, con techos de tejas rogizajs, tie- 
nen una apariencia estraña y poco agradable. Toda esta 
parte de la ciudad que es la principal, está inmediatamente 
locando con el escarpado de los cerros, y en estos, siguiendo 
todas sus sinuosidades desde las faldas hasta la cima, se ele\a 
otra población que es muy moderna: se ven en los parage« 
mas elevados edificios muy bellos, con pequeños pero bien cul- 
tivados jardines — De modo que el conjunto ofrece desde el 
puerto una perspectiva bastante original pero al mismo tieni- 
1)0 agradable. — En toda la estension de esta cadena de cerrc**. 



FRAGMENTOS DE VIAJES. 245 

fie encuentran quebradas á pico y torrenteras que vierten en el 
liiar sus aguas pluviales. 

Del lado del Almedral la playa ne ensancha mas: así 
la población vive mas desahogada, y los ediflcios ocupan 
mayor espacio. El Almendral empieza desile la plaza de 
Orrego, que está precisamente €n el centro de este escena- 
rio, y se ven allí edificios muy bellos, aunque de poca soli- 
dez para evitar los estragos de los frecuentes temblores de 
1 ierra, que han ocasionado en varias épocas los mas des- 
tructores efectos en Valparaiso, y muy particularmente en 
ti año 1822, cuando la ciudad se arruinó. 

En el estrerao del Almendral está situado el barrio de Po 
lanco: se encuentran muchas quintas con árboles frutales y 
sembrados, y algunos jardines muy pintorescos y bien cui- 
dados Siguen los cerros del Varón, célebres por la derro- 
íla del ejército de línea, sublevado por el coronel Vidaurre 
l)or los guardias nacionales de reciente creación; y el asesi- 
nato de su fundador el Ministro Portales. 

El clima de Valparaiso es salubre y templado en todas las 
estaciones. 

Los chilenos tienen generalmente un esterior agradable. 
y son de una constitución robusta y fornida: sus formas mus- 
aculares y huesosas revelan un gran poder físico: este tipo v^s 
general en toda el país. 

La república chilena progresa mas (jue ninguna otra de la 
América antes española : y esta ventaja la debe al largo tiem- 
po que goza de tna inalterable tranquilidad asi como al ca- 
rácter naturalmente pacífico y subordinado de sus habitan- 
tes; que no obsta á que sean como efectivamente son — nuiy 
buenos soldados. 

Los fundamentos de la cultura social, particularmente en 
las altas clases, están bien (establecidos en ('hile, debido es- 
Ig en gran parte á la paz pública que hace tiem¡)0 disfruta. 

La política interior y esterior del gobierno es bien cnl- 
-i^ulada para promover el progreso material y moral. — En ge- 
neral en Chile hay mas elementos de orden que en los Es- 



246 LA REVISTA DE BUENOS AIKES. 

lados sus co-hermanos, supremo bien que tiene su origen 
(en las causas ya indicadas, y también en su singular situa- 
ción geográfica que, en un período considerable del año lo 
incomunica con el continente por la gran barrera de los Andes 
Intransitables durante el invierno. Es pues, poco ó nada 
I)el!groso el contagio anárquico. El inmenso mar Pacífico 
separa á Chile de los otros cuatro grandes continentes. 

TOMAS TRIARTE 



CUADROS DESCRIPTIVOS Y ESTADÍSTICOS. 

DE LAS TRES PROVINCIAS DE CUYO 

(Conelii5Í<Mi.) (1) 

Es una axioma económico que la esperiencia demuestra 
mejor cada dia, que la riqueza y desenvolmiento de un Es 
tado es tanto mayor cuanto mayor es la renta pública. Esta 
en efecto se difunde en el cuerpo político esparciendo el bien- 
estar y la industria en las poblaciones, y con su circulación 
jjncesante vivificando la circulación, y el comercio de todo el 
país. La riqueza privada no es tan estensa ni fecunda en 
'sus beneficios. 

XVI. 

Minería. 

Por \(f que se ha podido ver en los cuadros anteriores t 
Vor lo que consta mas en detalle en los cuadros Departamen- 
tales, la riqueza minera no es la que menos contribuye á dar 
importancia á esta interesante provincia. 

Sin embargo, por consecuencia del estado de constante 
lucha de los partidos en estos países, esta industria no lia 
podido desarrollarse, siendo de las que mas necesitan de la 
paz y de la confianza general para existir. 

1. Véase Ifi pajina 57 del tomo XI. 



24S LA REVISTA DE BUENOS AIBES. 

Hoy la esplotaeion de la riqueza minera de la ProvindíX 
he halla solo impulsada por los esfuerzos de tres ciudada* 
nos celosos é inteligentes, que son los 8S. Correa, Villanue- 
va y Maza. Estos tres individuos tenian por junto en ejer- 
cicio en el espresado año unos 87 brazos ocupados de la es- 
•traccion de metales de las minas de diversos puntos de 1h.s 
^cordilleras Mendozinas. Parece que sus esfuerzos no deJH- 
xán de recibir un brillante éxito, con el auxilio ofrecido 
por el comercio de Valparaiso y por el Sr. Bichar, el muy 
•conocido empresario de las minas de San Juan. 

A este propósito, y dirijiéndímos á los inteligentes en la 
materia, no creemos avanzarnos mucho asegurando que las 

riquezas del mineral de Tontal en San Juan, si esta rique- 
|cas existen, no son sino como una continuación de las corri- 
das de vetas que han constituido el mineral mas antiguo y 

afamado de San Lorenzo de Uspallata, situado mas al Sur 
pero en el mismo sistema de montañas, ó como dicen los mi- 
neros, en las misma corrida de panizos. Este mineral lleiró 
Á contar hasta fines del siglo pasado 4500 mineros matri- 
iculados. 

Las riquezas minerales señaladas ya anteriormente, lo 
mismo que en los cuadros departamentales respectivos, pue- 
blen determinarse de una manera mas circunstanciada co 
mo sigue: 

Mineral de San Lorenzo de Uspallata, — Zona metalífe- 
ra de cobres y galenas argentíferas y de vetas de oro de una 
ley de 20 onzas por cajón para adelante. 

Mineral de Yarguará, de cobre, oro y galenas argentífe- 
ras. Solo se han esplorado y esidotado en una insignificari- 
te parte las vetas de cobre. Se halla al naciente del an- 
'.terior. 

Vallejos, mineral de carbón bituminoso, descubierto por 
d(m José Correa. Se halla a los pies del antiguo mine- 
ral de San Lorenzo, y cerca del camino de Chile. El car- 
bon se encuentra en estratificaciones de 12 metros de espe- 



PROVINCIAS DE CUYO. 249 

«or. Su calidad ha sido ensayada y reconocida como buena 
en Valparaíso y otros puntos. 

Sierras de Uspallata, En las alturas de las planicies de 
este nombre se encuentran depósitos inagotables de hierro 
oxidado y piritoso en todas las formas, con el carbón in- 
mediato para poderse beneficiar. 

Tamhillos, mineral situado frente de Uspallata, al este. 
Abunda en vetas de oro, en galenas argentíferas y en cobre 
El oro ofrece generalmente de 17 a 20 onzas por cajón en 
la superficie. 

Cerro Rico. Este mineral se halla una legua al Sur del 
Carbón. Abunda en vetas de cobre y galenas argentíferas 
de una ley de 20 marcos arriba por cajón. 

Sasta Elena. Descubrimiento de cobre denido á don José 
Correa. Metal Abundante y de buena ley. Se halla al Sur 
O el anterior. 

Sacramento^ mineral de cobre, una legua al Sur del prece- 
dente. Descubierto por don Correa: en las mismas condicio- 
nes que el anterior. 

CoUfornia, mineral de cobre media legua al Sur del prece- 
dente, descubierto por el señor Correa. Este como los otron 
ofrecen en abundancia un metal de mas de 20 0| O de cobre 

Amianto. En el Carbón y en California se encuentran 
^•n gran cantidad en esos mismos cerros del Paramillo, de 
Uspallata, estratificaciones de este mineral. En los mismos 
parages se encuentra en abundancia cuarzo y arcilla refac- 
laria superior. Toda esta rica zona mineral del Paramillo 
de Uspallata se estiende desde el rio de San Juan al Norte 
•hasta el rio de Mendoza al Sur, espacio de 50 leguas en la? 
Cordilleras. En las alturas situadas al Sur de las quebradas 
por donde se descuelga el rio de Mendoza, se encuentran en 
'abundancia ricas vetas de cobre, plomo nativo y galenas ar- 
'gentíferas. 

Cache uta. En este cerro se encuentran en al)undanciíi 
la galena argentífera, la plata y el selennio. También se eu- 



2.30 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

Viientran en esos mismos parajes fuentes de petróleo y betiin 
luineral. 

Arboleda, En las alturas situadas al Oeste de esta lo- 
tíalidad, 14 leguas al Sur de Mendoza, cerca del camino «leí 
Portillo, que comunica con Santiago de Chil«; en paraje 
jfibundante de pastos, víveres y recursos de toda especie, í^e 
¡encuentran abundantes vetas de cobre, oro, y galenas argen- 
tíferas. 

Tupungato. Al pié de la conocida eminencia trachj^tica 

4 

de este nombre, se han hecho descubrimientos comprobados, 
pero no explotados hasta la fecha, de cobre y sobre todo de 
aplata casi en barra. Al sur del alto cono nevado del Tu- 
•jiungato, todas las cordilleras abundan en cal, yeso, mármol 
^ilabastro, ametisto, cuarzo, cristal de roca, cobre, oro, plo- 
mo y galenas argentíferas de una buena ley. 

Jume. En esta localidad se encuentran en abundancia el 
alabastro, el petróleo, piedra amolana ó asperón fino. Ku 
4odos los museos nacionales existen colecciones de los mine- 
aales indicados enviados por el infatigable minero práctici» 
don José Correa, una especialidad en la mineralogía de ías 
Y»ordilleras Argentinas y un patriota ilustrado de que puí^dc 
enorgullecerse cualquier país civilizado. 

XVII. 
• Observaciones Generales, 

Aspecto Territorial . Toda la provincia de Mendoza n(» 
iforma sino á manera de una falda ó pendiente que se estien- 
de á lo largo de las últimas falanjes Andinas. El aspecto 
de todo este territorio en declive, cuya parte superior se ha 
lia coronada por la crestas resplandecientes de los Andes 
i>frece la espasicion mas ventajosa y el mas magnífico pa 
/iiorama en relieve al viajero que lo mira viniendo del na 
cíente en ese grandioso conjunto. Nada podrá espresar su- 
licientemente la grandeza y majestad de ese cuadro en que 
las mas estensas y feraces llanuras del Universo, dispuestas á 



PKOVINCIAS DE CUYO. 2Ó1 

la manera del ¡)roeenio de un inconmensurable teatro, se ofre- 
J'e á la vista con todos los accidentes de su desarrollo, ter- 
minando encima de las nubes por el coronamiento azul de 
las cordilleras ^ue ribetea la espléndida blancura de las éter 
lias nieves. 

A la estremidad norte de esta zona de faldas, á veces 
pedregosas y á veces guadalosas (meganosas) lo mismo que 
<!e toda la rejion del Nordeste y Este, ningim obstáculo ile- 
Aiene la vista sobre el vasto y uniforme horizonte de las lla- 
nuras í*n pendiente. Empero al Sur se levanta el promon- 
torio de las primeras cumbres en el arranque de los cortlonc s 
de Lunlunta y Capis, cuya influencia modifica los declives, 
^a hidrografia y por consiguiente el a.specto del territorio 
jvOnninicándole el movimiento y relieve que al Oí'eid«»nte se 
Oí^íenta en la espléndida culminancia de las Cordillera.s. JCsa 
Uícquefia eminencia de Lunlunta, que no ol^stante por do- 
.<iiilera se alza atrayendo la atención del espectador, dá el iui- 
I ortante resyjtado hidrográfico de arrojar el rio de Men- 
doza al Norte del Tunuyan al Sudeste, sirviendo de linea de 
iJivortia aquarum entre las hoyas distintas y caraott»r:sticas 
kle Cuyo y de San Rafael. 

Desde Lunlunta esa banda de llanuras en pendiente, que- 
bradas en partes por los accidentes del suelo y los torrontos 
que bajan de las montañas, queda estrechada formando un 
«angosto valle que corre de Sud á Norte, con un anciio me- 
4lio de tre(*e leguas, entre la diadema azulada de las cordi- 
lleras al Oeste y el cordón gris meganoso de Capis al Este 
.La perspectiva se preííenta allí mas confinada, pero no me- 
nos espléndida y las moles de los Andes se destacan majes 
.tuosas sin hallarse veladas por alturas de segundo orden 
K?omo sucede en el Norte, ya plantando en su culminancia ra- 
^liosa todas las eminencias del naciente, semejante á pig- 
meos ante jigantes. 

Ese largo valle que atraviesan sucesivamente el Tunuyan 
y sus numerosos afluentes, va ensanchándose al Sur, sobre 
lodo desde el Punta en que el Nevado de San Rafael co- 



252 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

mienza á dominar levantándose por sobre los horizontes aus- 
trales, mientras la cordillera aparece sepultarse bajo el suelo 
5!l Sudeste. 

El cordón de Capis que, desde Aguanda se desvia al Fh- 
te, como los Andes al Oeste, disolviéndase en montículos, y 
pirámides meganosas, se compone de una gradería de altu- 
Vas meganosas en parte, y en parte gravelosas, y comenzai;- 
.do en Lunlunta y Capis con un ancho medio de tres á seis; 
'leguas, se ramifica en seguida en tliversos cordones ó cor- 
dilleras de meganos mas ó menos elevados, con valles y ondo- 
nadas interpuestas. Desde su cima la vista se pierde en -I 
Vago océano de vastas llanuras estériles vestidas por la vegc- 
i ación enana y descolorida de los brezos cuyanos, con escasas^ 
tíscepciones de bases fértiles, perfumados de olorosa chilca ; 
^constituyendo lo (jue en los mapas se designa con el nómbre- 
nle país (IcsvoHocido, vasta rejion situada entre el Tunuyan 
(il Norte y el indicado cordón de Capis al Oeste. 

(lima y temperatura. La provincia goza de uno de los. 
'climas mas templados y saludables, en la rejion mas tem- 
plada y sana de la América del Sur Su territorio que s»r 
.estiende entre ?os 31o. y 38.o de latitud austral, ofrece una 
^elevación en la rejion inmediata al pié de las últimas cerra- 
nias de los Andes, que podría evaluarse en 1150 metros, o 
mas exactamente 3595 pies. 

La temperatura de Mendoza es isx)thera con la de M.áia- 
^^a. Marsella, Lisboa y Ñapóles que es de 21 á 22o. é isoqui- 
jnena en invierno con Granada, San . Sebastian, Pérpignan 
Hayona, Turin y Oporto, esto es, de 10 á lio sobre O, lo 
que dá una temperatura media anual de 17 á 18o El calor 
<lel estio es refrescado en ^Mendoza por las brisas que en las 
noches descienden de las nevadas cordilleras. 

A mas de los frutos de la zona templada, ^lendoza es sus- 
ceptible de producir la seda, el algodón, la cochinilla, y el 
«arroz, pero el cultivo del alfa y de la viña obsorven los cui- 
Mados del agricultor mendozino. El cielo, constantemente 
despejado, en donde en unas noches de una serenidad in- 



PROVINCIAS DE CUYO. 20% 

ieonipai*a))le, resplandecen con un brillo sabeíano las bellas 
Konstelaeiones del Sur, la Cruz, Sirio, Orion, las manchas del 
i^UT y las nubes Magallánieas, durante las ausencias de esa 
Diana que en Mendoza, es mas esplendente, plácida y melan- 
cólica que bajo el mismo cielo de la Beocia, ese poético cielo, 
^lecimos, añadido al espectáculo incesante y sublime de las 
^Itas nevedas cordilleras occidentales, comunican á sus pai- 
•üsajes una l>elleza, grandiosidad y esplendor desconocidos eu 
otras rejiones. 

El ambiente es mas bien seco que húmedo; llueve poco y 
solo en estio; rara vez en invierno en que solo llueve •*» 
i»ieva en los grandes temporales que visten los Andes de lo8 
j;ies á la cima de una blanca túnica de ofuscantes nieves. Fu 
las cordilleras Mendozinas, las nevedas son frecuentes y con- 
siderables en la estación fria. En el Sur, en las regiones 
tiominadas por el nevado ó bañadas por el rio Grande en 
"ios 38o, la temi)eratura es mucho mas fresca. A la c^lraa 
constante y serena de la región septentrional de Cuyo suce- 
-<len los helados cierzos Patagónicos; la temperatura descien- 
de algunos grado»; la atmósfera se carga mas constantemen- 
^te de vapores y el suelo y la atmósfera son mas húmedos 

Costumbre.^ y constitución física. Las costumbres Men- 
<lozinas son todavía muy españolas, según se espresa el señor 
Iristani, viajero de esta nación. Los mendozinos son muy 
/caseros como los ingleses, pero hospitalarios para los es- 
Iranjeros; sociables y de carácter agasajador. Los mendo- 
zinos son generalmente reposados, honrados y laboriosos. Su 
poca actividad relativa puede provenir del clima y de las eos • 
iinn])res; mas después del terremoto que asoló la provincia 
<'n ♦)], el carácter de los mendozinos se ha mostrado de una 
cnerjía admirable. Son robustos y bien formados, de buenos 
colores y de una complexión sana. Entre sus jornaleros se 
encuentran los hombres mas robustos de la república. lios 
mendozinos son escelentes y valerosos soldados, al mismo tiem- 
po que obedientes, dóciles y poco fanfarrones. Las paperas 
«olo desfigiiran ciertas personas, ó mejor familias, en ciertí?s 



2Ó4 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

localidades. **Las mendozinas, dice Tristani, son aunque re- 
¡posadas en sus maneras, graciosas, y muy apasionadas al 
Lailo y á la música.'' 

Enfermedades dominantes. Aunque salubre, el clina dt^ 
¡Mendoza no se escapa de la ley común de nuestro planeta: 
ei^io es, presenta entermedades y dolencias endémicas las un is 
y generales las otras. Entre las enfermedades endémicas ó 
peculiares de su suelo, deben contarse las paperas, la hidro- 
pesia, el constipado, ciertas fiebres pútridas que podrian atri- 
buirse á los miasmas de sus cienagales; las entermedades del 
estómago que se atribuyen á la acción de las aguas del rio de 
Ivíendoza. Las enfermedades generales de que participa <4 
país son los males venéreos, sífilis, gálico etc; la tisis, la es 
carlatina, la viiniela, la grope, el mal de garganta, el costada 
la apoplejía, la hepatitis etc. 

En estos últimos tiempos la viruela ha hecho y hace sen- 
sibles estragos, sobre todo en las poblaciones rústicas. La K> 
cura y sobre todo la imlxílicidad son males muy frecuentes. 
Playas. La langosta y el granizo eran las únicas y sen- 
sibles plagas que se conocían antes del horrible terremoto dt 
1861, La nieve cae á vet^s en invierno y cubre las lla- 
nuras inmediatas á las faldas de los Andes. Pero el granizí> 
es mas frecuente en estío en que es acompañado de fuertes 
truenos y relámpagos, asolando en toda la estension lU» Vu 
manga ó zona de su acción, las huertas, viñas y sembrados 
La langosta, plaga mas general y funesta que la anterior, 
A*e estiende también por mangas ó zonas como la anterit^r, 
asolando todo á su paso. Suele ser tan grande la cantidad 
de estos voraces insectos que llegan á cubrir materialmente 
el cielo. A todo esto ha venido á añadirse las fuertes sacu- 
didas que hienden y fracturan el suelo á mas de conmoverlo; 
azote que hizo su aparición en la noche del 20 de marzo de- 
1861 de una manera tan terrible, asolando el pais á veinte 
leguas á la redonda y sepultando cerca de veinte mil bal»!- 
tantes. 

Edificios. Al antiguo modo de eons*^ruir con ladrido 



PROVINCIAS DE CUYO. 235 

c¡ adove cocido al sol, el temor de los terremotos ha he.'.'ho 
fiosiituir otro mas ligero y elástico que se compone de imíi 
armazón de la madera abundante del pais que es el álamo (> 
el sauce, revestida de una ligera cubierta de materia. Hoy 
existen muy elegantes casas particulares construidas por es- 
te sistema, en medio de las ruinas de las antiguas que erHi* 
mas sólidas, pero sin resistencia ninguna contra los terre- 
motos: mientras con el actual método de edificar no hay te- 
mor ninguno de (¡ue los habitantes puedan ser aplastados 
1 ajo pesados escombros. Las modernas construcciones por 
eiste sistema resisten perfectamente á los sacudimientos del 
hUelo, y han resuelto el problema para que en adelante no 
imedan ser funestos los terremotos. Hánse también erigidí> 
con estt* estiU) diversos edificios públicos de consideración 
tales como Igk^sias, casa de Gobierno, Cárcel penitenci:¡ria, 
Colegio, monasterio, etc. 

Baños. Se hallan en la provincia escelentes baños ther- 
males propios para restablecer la salud de los enfermos / 
conservar la de los sanos. Vamos á designar en resumen los 
mas conocidos con sus circunstancias particulares. 

Batios del Inca, llállanse estos situados en el valle lo'.i 
jitudinal de las Vacas, al mismo pié de la cordillera cen- 
tral nevada que separa los dos Estados del Plata y Cliile 
Brotan de bajo tierra con un ruido subterráneo bajo el mis 
mo arcíí)*'de un puente natural de pieilra que es una de las 
maravillas de la naturaleza en las cordilleras mendozinas 
Este puente natural de i)iedra es una perforación de la roca 
viva, praticada por las aguas torrenciales del rio de Mendoza 
cerca de su origen, en las quebradas australes del nevado de 
Aconcagua. La roca se compone de estratificaciones, ó mejor 
de ojaldras de una calcaria delesnable. intercalada de conc<:- 
siones y de óxido de hierro. La bóveda del puente tier^e 
de 30 á 40 metros de ancho, y se halla cubierta de estalactitas 
correspondientes á las estalagmidas del piso. 

El puente tendrá unos 50 metros de ribera á ribera, v 
una altura de 40 metros sobre el nivel" del agua. Las tUer- 



256 LA BEVISTA DE BUENOS AIRES. 

mas brotan en tazones de forma cónica ¿ manera de los pe- 
queños craters ó montecillos de erupción de una salsa volcá- 
nica. Los baños se han dispuesto bajo del puente natural 
con las aguas de la fuente mayor, que erhalan un fuerte olor 
de hidrógeno sulfurado. El agua sale borbotando con un 
ruido subterráneo intermitente análogo al que se escucha en la 
fuente de Geisser en Islandia, aunque en menor escala. 
Según Tristani, estas aguas que salen con una temperatu- 
ra próxima á la ebullición, ejercen una acción particular so- 
bre los sistemas nerviosos y linfático; se indican para Irts 
^enfermedades cutáneas como lepra, sarna, gálico, escrófulas, 
reumatismo etc. La temperatura del agua exede de 45.o 
<?entígrados y su color es azulado al salir, el que toma des- 
pués un tornasol amarillo. 

Baños de VillavicencÚK Thermales, con 20.o de temp'.»- 
ratura; una fuente helada brota al costado mismo de la 
therma. Los baños se hallan dentro de un sombrío y estre- 
cho valle entre los altos cerros calcáreos de la quebrada de 
Villavicencio, antes de trepar al Paramillo de Espallada. El 
agua es incolora, su sal>or picante por contener ácido eili- 
sico. algo untuosa al acto. Se aplica al venéreo, parálisis, 
reumatismo, raquitis, olwtrueciones, afecciones nerviosas, in 
flamaciones del hígado, bazo, viente y para los dolores de es- 
tómago ó ictericia. 

Baños del Callao. Se hallan al pié de los cerros frente 
á la ciudad de ilendoza. Las aguas brotan de diversos ma- 
nantiales en un cauce arenoso dentro de una quebrada pin- 
toresca, sobre cuyas elevadas barrancas se hallan diversas 
habitaciones. rcHHÜíicadas después del terremoto. Agua diá- 
fana é incolora, algo acidulada, sabor que desaparece al se- 
reno. Su tenq^eratura es de 13 á lo.o Coatiene ácido- 
carbónico y carbonato de potasa y soda. Su acción es tó- 
nica y diaforética. Se aplican á los males nerviosos, diji- 
pepsia, ictericia, hipocondría, venéreo, piedra, heridas, lom- 
brices y llagas. Son diuréticas, aperitivas y sudoríficas; in- 
mejorables como bebida. 



PROVINCIAS DE CUYO. 257 

Baños del Borbollón. Tres leguas al norte de Mendoza 
en una depresión en medio de una llanura quebrada y sali- 
trosa, brotan estos célebres baños de una gran profundidad 
bajo la tierra, rormando un curso de agua de consideración, 
el cual corre dentro de un cauce hondo pasando por algunos 
ciénagos y herbazales aromáticos de brea y chilca. Aguas 
alealinais, gaseosas, cristalinas pero que se opalizan gradual- 
mente. Tienen un lijero olor cienagoso. y guardadas hue- 
len á hidrógeno alcalizado. Las aguas nacen borbotando 
formando un pequeño lago con márjenes algo elevadas. Al 
♦salir su temperatura es de 19 á 20.o corriendo lejos de sa 
juente para ir á fecundar los terrenos inmediatos cubiertos 
de preciosos cultivos que fecundizan sus aguas. La tempe- 
ratura del agua disminuye á medida de su distancia. Bebida 
<'s purgante y aprovecha» '. en los infartos, males de estómago 
o hidropesia. Es escelente contra la ciática, emipleajia, ri- 
jidez, neuraljia y enfermedades cutáneas. 

Baños de la Boca del Rio, Se hallan á 14 leguas al Sur 
de ^lendoza, en la parte en que el rio 'de este nombre de- 
semboca en las llanuras, sobre una eminencia pintoresca. 
í>on tres manantiales cristalinos y las aguas se opalisan al 
<»nfiarse. Sus temperaturas son 17, 24 y 45.o oentrígrados 
contienen carbonato, sulfatos, ácido sulfúrico y carbónico y 
<'»xid() de plomo. Se aplican para las herpes sifilítica, pará- 
lisis, convulsiones, dolores sifilíticos, nefléticos, reumáticos y 
contra las escrófulas. 

Baños de Capis. Se hallan 30 leguas al Sur de Men- 
doza, al pié del cordón medanoso de este nombre. Son ther- 
niales: las aguas abundantes, cristalinas con virtudes medi- 
cinales y curativas superiores. Contienen ácido carl>ónico y 
otras sustancias de una influencia eficaz sobre el organismo. 

Baños de Lunlunta. Siete leguas al Sur de Mendoza 
al pié de la eminencia del mismo nombre, cuya proyección 
hace cambiar de curso al rio Mendoza, arrojándolo al norte; 
brotan en la misma orilla del rio de IVIendoza, en una falda 



258 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

muy estrecha pero pintoresca. Son semitherniales, tónieoí^ y 
refrescantes. Los frecuentan en la primavera y el estio. 

XVII. 

Precio (le las Tierras y Puntos coJonizahles. 

A pesar de la buena situación, feracidad, abundante irri- 
gación, riqueza de productos y facilidad de su espendio, por 
liallarse esta provincia en la gran líne^ de tráfico que une 
el Pacífico con el Atlántico, la tierra con todas esas ventíi- 
jas es comparativamente barata en Mendoza. 

En la ciudad, después del terremoto, los sitios para edi- 
ficar han podido obtenerse por nada ó por muy bajo precia:: 
y ya hemos indicado que los terremotos no son peligrosos 
desde que se construyan edificios íijeros dotados de alguna 
elasticidad. 

En las inmediaciones de la ciudad, actualmente, la cua- 
dra de tierra cultivada puede obtenerse por cien ó doscientos 
pesos, según la situación. En los Departamentos mas dis- 
tantes, la cuadra de tierra cultivada no vale mas de 20 á ")'> 
pesos, escepto en las localidades mas ventajosas como ser 
Uspallata, Tocoli y otros puntos que por su situación coinu 
nican mayor valor a la propiedad. 

Los terrenos incultos pero susceptibles de cultivo, y los 
hay escelentes, muy bien situados y abundantes, pueden ol)te- 
nerse desde tro.s hasta diez pesos cuadra con agua de irriga- 
ción; y sin agua, pero pudiendo darla por la canalización 
se pueden hasta por cuatro reales, bolivianos cuadra. 

Respecto á los puntos colonizables, esta Provincia (*s 
como Santa Fé, susceptible de una pronta, rica y brillanti^ 
colonización. A mas de que los inmigrantes de toda proi-.^ 
dencia hallan actualmente en todos los puntos de la Provin- 
cia pronta y lucrativa colocación. 

Como se proyecta unir por un ferro-carril los dos océa- 
nos, es evidente que los puntos que este ferro-carril d^bi* 
tdcar están destinados a ser los mas importantes y los ma» 



PROVINCIAS DE CUYO. i 359 

ronveiiientí's para una inmediata colonización. En la actúa* 
lidad se abre ya un camino carretero destinado á cruzar 
las Cordilleras de San Rafael al Sur de Mendoza, poniendo 
en comunicación una y otra banda de los Andes. Esto dará 
mucha importancia á los terrenos inmediatos al Planchón, 
que es el paso donde se abre el camino, y en particidar á la^t 
tierras rejeadas por los caudalosos rios Diamante y Atuel. 
Estos rios ofrecen la mayor facilidad para ser canalizados y 
riegan vastas y feraces llanuras susceptibles por el cultivo 
de los ma.s valiosos productos de la zona templada. 

Las tierras en esas localidades son fáciles de adquirirse 
¿Abundantes v baratas. En los cerros inmediatos existen ide- 
mas abundantes vetas de oro, plata y cobre, á maíí de esce- 
lentes materiales de construcción. El aspecto del pais es inte- 
resante y pintoresco en estremo y el clima templado. Se pue- 
den obtener terrenos comprándolos á particulares ó al Go- 
bierno Ijos mejor situados, cultivados ya y sembrados de al- 
falfa, valen en cantidades de 20 a 30 pesos la cuadra cuadra- 
da. Sin cultivar se pueden obtener de uno á tres pesos cua- 
dra. Hay allí tierras, no las mejores, pero escelentes y bien 
situadas que se pueden obtener incultas, hasta un peso í 
cuatro reales la cuadra cuadrada. Todas esas regiones se van 
l>oblando en la actualidad con rapidez, y alli abundan los re- 
cursos necesarios para el sustento y cultivo de las tierras 
Asi no es un pais desierto el que se iria á poblar, sino uno ya cu- 
bierno. Los mejores situados, cultivados ya y sembrados de ai- 
Tenemos pues que los puntos colonizables mas conve- 
nientes de la Provincia por su actual prosperidad y su inme- 
diato desarrollo, son las márgenes de los rios Diamante y 
Atuel en el Sur, y las del Rio Tunuyan en el naciente. Aun 
no se hallan ocupados todos los terrenos situados á una y 
-^^tra margen de e§te último rio, y por consiguiente se pueden 
adquirir por compra del Estado, tierras baratas, abundan- 
tes, bien situadas y susceptibles de un abundante riego con 
las aguas de ese caudaloso rio. 

En una palabra, por todas partes, en la Provincia, se 



260 LA REVISTA DE BUENOS AIRES 

imeden formar con poco costo colonias y estableciuatiatos 
que en pocos años pueden hacerse muy productivos. El es- 
traujero está perfectamente garantido tanto por l.ns leyes na- 
í-ionales como Provinciales, y la Provincia de Mendoza en 
particular se distingue por su carácter hospitalario y tole- 
rante para con los estranjeros 

JUAN LLERENA 



PEREGRINACIÓN DE UN FUGITIVO 

ESCENA DE LA V1D\ COLONIAL 
(Crónica de la Villa Imperial de Potosí) 

I 

Sobre el fondo rojizo del cielo se destacaba eu el lejano 
horizonte^ el cerro del Aconquija, de nevada cima, brillando 
oomo una silueta de bruñido acero a los postrimeros rayos 
del sol de la tarde. . 

Las faldas estaban cubiertas por la espléndida vej-^tacion 
de los magníficos y seculares bosques del antiguo reino de 
Tucma. 

Levantábase apenas distante de aquel cerro, un misera- 
ble villorio de españoles, fundado en 1564, oculfo entre la 
arboleda de sus contornos. El aire tibio y pertunüido, la 
agreste y selvática soledad de aquellos sitios sin jente: pero 
abundantemente dotados de la riqueza de los tres reinos, p.'ivc- 
cia contrastar burlescamente con la angustiosa s¡tua«»ion de 
un viajero desconocido, á pié, descalzo, desgarrados «us ves- 
tidos por los enmarañados bosques que sin duda babia atra- 
vesado. 

Estaba recostado al pié de uno de esos árboles que el vior 



2&¿ LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

jero busca ansioso para resguardarse de los ardores del sol, 
y en las tardes despejadas y hermosas para contemplar los 
deliciosos paisajes del crepúsculo. Ese árbol bajo cuya som- 
bra benéfica se conserva el suelo limpio y seco porque sus ho- 
jas resinosas y la calidad piperina de sus frutos destruyen ea 
su ámbito todas las yerbecillas y pastos, es el asilo apeteci- 
do del pasajero. Sus raices gruesas y fuertes se estienden 
sobre la superficie como uñas de bronce para resistir á las 
tempestades, y quizá para conservar la larga vida de que 
goza. Aquel árbol tenia un tronco como de diez varas de 
altura, era tortuoso, cubierto de una corteza pálida y con ra- 
jaduras lonjitudinales. Parecia uno de los antiguos vivientes 
de la selvas á juzgar por la grosura de su tronéis, cuyo diá- 
metro tendría cinco pies. Sus ramas inferiores eran abier- 
tas, casi horizontales, mientras las superiores se erguiaii m 
líneas ol>licuas unas y otras casi perpendiculares, partiendo 
del tronco, que ora el centro de donde salian aquellas ramas 
hacia el círculo que formaba el ramaje verde, alegre, y pin- 
toresco. Las flores muy pequeñas y de blanco amarillento 
salpicaban el verde follaje de sus hojas aladas, entremezcla- 
das de racimos de frutos pintados. Del tronco y por las aber- 
turas 6 grietas se destilaba la resina clara, abundante, líquida 
trasparente y pegajosa, la cual al contacto del aire se endu- 
rece y forma granos amarillos 6 blancos. 

¡Que árbol tan lindo en aquella selva tan frondosa! su 
nombre es el moUe. (1) 

Bajo su sombra amiga, exhaustas las fuerzas por la larga 
fatiga de un viaje penoso, descansaba un hombre de ma^ 
andar, como llamaban á la sazón á los fujitivos de las recien- 
tes poblaciones de españoles. 

De re]>ente aparecieron dos jinetes, quienes al reconocer 
])or el traje y el color de la piel el origen europeo del viaje- 
ro, se dirijieron á él. Era un soldado fugado de Chile que 

L El ** árbol del niolle.'^ CORREO DEL COMERCIO áe don- 
de tamamas su descripción^ 



1 



PEREGRIXACIOX DE UX FUGITIVO 263 

Labia atravesado las altas cordilleras y descendido hacia el 
país quebrado y montuoso de Tucuman. Aquellos tenían 
liO distante su hacienda, abundante de ganados y de indios 
en encomienda. 

Diéronle de comer y lo hicieron cabalgar á la grupa. 

El crepúsculo de la tarde alumbraba aquel paisaje. En 
las sendas de los bosques la oscuridad era completa; pero en 
las abras la luz melancólica de aquella hora daba á los ob- 
jetos el apacible encanto de la calma. Las aves trinaban 
alegres en aquellas soledades, donde se respiraba un aire 
recargado en esceso con los perfumes embriagantes de la ve- 
jeta cion intertropical. 

La noche no había llegado aun con la fascinante trans- 
l)arencia del cielo tucumano, pero ya se distinguían entro 
los matorrales y arbustos, las infinitas luces de las luciérna- 
gas, fantásticas con su aspecto fosforescente y sus innume- 
rables jiros, ora elevándose ó descendiendo, ya en una ra- 
ma y ora en otra; pero en tan gran número, con tal rapidez 
en sus apariciones, que la vista quedaba sorprendida y fati- 
gada, cuando queria penetrar en la oscuridad. 

Nuestros viajeros llegaron al sitio apetecido. Era la c^i- 
sa de una mestiza hija de india y de español, esposa de uno 
de los caballeros. Allí dieron de cenar abundantemente al 
f njitivo, quien en blando lecho reposó de su larga fatiga. 

Al sígnente dia fué provisto de ropas de paño azul con 
botones de plata. El fujitivo se hizo bien presto de la casa, 
donde solo existia una doncella, hija de los propietarios 
delgada, flaca y negra como ini diablo, según la espresion del 
huésped. ^ 

Escasos los españoles en aquellos territorios estensísimos ; 
X)ronto concibieron el proyecto de casar al recien venido con 
la heredera de aquella hacienda, y sin muchos ambajes ni ne- 
í?ocia<*iones previas, claro y franco espusieron su proyecto a! 
lmés})ed. Este pareció acojer agradecido tan inesperada pro- 
po.sicion é inmediatamente hicieron viaje para la naciente 
ciudad de »San Miguel de Tucuman. 



2U LA BEVI8TA DE BUENOS AIRE«. 

El español trabó allí conocimiento con el cura párroco 
á quien ocultó el proyectado enlace. El buen clérigo tenia 
una sobrina en casa, garrida y hermosa, de mirada ardiente 
y de labio rojo, cuyo aspecto acusaba á la legua la mezcla 
de las dos razas. A su turno quiso echar caza al mancebo, j* 
ie propuso buen dote, buena casa, y la escelente prenda do 
MI sobrina, sin otra condición que el vínculo sagrado del sa- 
cramento, como prueba constante del convenio. 

**Vide á la moza, dice fl mancebo, y pai-ecióino bien, y 
envióme un vestido de terciopelo bueno y doce camisas, seis 
pares de calzones de rúan, unos cuellos de holanda, una do- 
cena de lenzuelo y doscientos pesos én una fuente, y esta 
de regalo y galantería.^' (1) 

Apretada era en tanto la situación del novio, disputarlo 
para dos enlaces, ligado por la gratitud hacia sus protecto- 
i(M^, y á la vez halagado por la hermosura de la sobrina del 
cura, y los buenos regalillos con que el anciano trató d<^ 
seducirlo al punto. 

('orno el tal no tenia palabra mala ni obra buena, entre- 
tenia á ambos lo mejor posible; pero el término de la intri- 
ga se acercaba. 

Una noche después de una larga conversación con ia 
sobrina del cura, á quien prometió desposarse al dia si- 
gui(ínte, se dirijió en vez de su morada, hacia el pesebre y 
colocando en sus maletas de viaje el vestido de terciopelo y 
los j)esos (pie tíun conservaba, ensilló una cabalgadura lije- 
ra, y sin decir oste ni moste, emprendió viaje háeia el norte 

Pasó por los des¡)oblados caminos doi^dc después s^» 
fundó á Salta por don Hernando de Lerma, atravesó los soli- 
tarios caminos del valle de Jujuy, se internó en la quebrad» 
de Ilumahuaca, y siguió durante varios dias el camino que 
pasa ])or Quia'*a, Mojo, Suipacha, Tupiza, (^hapaca, Cota^rai 
ta, Escura, Quirle, Zozopalca, Chaquillo, y entró por último 
en la Villa Imperial de Potosí, cuyo célebre cerro vio por 

1. Historia do doña Tatalina de Erauso, por Ferrer. 



PERECRINAOIOX DE UN FUGITIVO 265 

vez primera, contemplándolo á lo lejos como el fantasma rojo 
de las minas. Hacia el norte del cerro, el Guayna Potosí apa- 
recía como el hijo, según su nombre, del fabuloso mineral. 

Después de descansar algunos dias visitó el cerro: pri- 
mero lo contempló desde el plano cerca de la iglesia que se 
edificó bajo la advocación de Santiago, luego fué á la que- 
brada colorada desde la cual mide de altura novecientas vein- 
te y una varas; después fué á Lypi-Orco desde donde es ma- 
yor su elevación á causa de las irregularidades de la base que 
forma la circunferencia. La altura que allí se calcula es 
ochocientas diez y seis varas. El terreno es por lo general 
peñascoso ó arenisco, cubierto de lajas, lo que hace desagra- 
dable el tránsito. 

Diez mil aventuras tuvo en este largo y penoso viaje 
en medio de las penurias del camino, atravesando desiertos 
en medio de los cerros descarnados y tristes d'C aquellas cor- 
dilleras, ó descendiendo á los valles donde la vejetacion ale- 
gra el ánimo. Al aproximarse á Potosí, esperimentaba el 
cambio de temperamentos según subía á las alturas ó des- 
cendía á los valles. (1) 

Y **no he sabido como se entendieron después la negra 
y la provísora", cuenta cínicamente en sus memorias 

Sin conocer á nadie, aventurero descontentadizo al pa- 
recer, iba á Potosí buscando fortuna, ó quizá aventuras, tal 
vez llevando en su alma uno de esos secretos sombríos que 
hacen imposible la tranquilidad. ¿Por qué había roto brus- 
camente esos dos casamientos, burlando con deslealtad á la 



1. '*La conformación del pais es singularmente favorable, co- 
mo se ha observado ya, á una variedad itafini-ta de produccionee, no 
tanto por »n esten«ion como por las diferentes alturas», las qii^ mas 
notables aun qne las de Méjico, «contienen todos los grados de la- 
titud desde el Ecuador hasta las rejiones polares^ Sin embargo» 
aunque la temperatura cambia en esta rejion según Ja elevación^ 
permaneee easi ádéntica en el micmo cantón durante todo el año, 
y los habitantes no sienten esos agradables cambios que pertene- 
cen á las latitudes templadas del globo. ^Histoire de la coquéte 
da Pérou ' ', por Prescott, traducción del inglés.) 



266 . LA REVISTA DE BUENOS AIBES, 

novia, y mintiendo traidoramente á la sobrina del eura^ 
Ese es un misterio que solo el f ujitivo lo sabia. 

II. 

El licenciado Ordáz. 

Era el tesorero de asperísima condición 

V natural arreábalo 

• • 

** Bartolomé Martinez v Vela. '^ 

En marzo de 1568 llegó á Potosí el licenciado Orda^í. 
licorero, juez oficial real, nombrado para la Villa, donde 
íué recibido con beneplácito de mercaderes y mineros, por- 
que conocían que traia por misión reformar la administra- 
<íion de la real hacienda. Ordáz habia desempeñado en va- 
rios puntos de las colonias empleos importantes, y no ha- 
bia descuidado buscarse como recompensa ascensos lucrati- 
vos y honrosos. Era ademas codicioso, y como su misión rs- 
ponia á serios procesos á los administradores del tesoro, no 
muy limpios en manejos, costumbre que por lo visto iniciaron 
im la colonia, estos fueron pródigos con él, como medio de 
propiciarse su voluntad y eludir responsabilidades bien se- 
rias. 

El licenciado era alto, delgado, de frente despejada y 
poco cal)ello, nariz aguileña, boca grande, de delgados y pá- 
lidos labios. 

Era el tal, apesar de su flacura, de los que cometen con 
frecuencia el i)e(ado de la gula. Comilón, locuaz y altanero 
tenia el defecto capital de la irascibilidad de su carácter, lo 
que por cierto no lo hacia muy agradable en la intimidad: 
su aspecto por otra parte era áspero y seco. Hablaba siem- 
pre dogmáticamente y no soportaba la contradicción, prue- 
ba evidente de los malos hábitos de la infancia y viciosa edu- 
cación. 

El licenciado vestia de terciopelo negro, capa y espada 
lie hidalgo, y blanca y bien arreglada golilla. Su figura es- 
cuálida y su mirada penetrante, tenia algo análogo al ave de 
rapiña que acecha su presa. 



PEREORlXAnoX DE UN FUGITIVO 267 

Con este caballero se colocó el malandrin del fujitivo en 
.#-alidad de camarero con novecientos pesos al año. 

Dos medidas dictó el licenciado: una fijando el orden y 
forma para la recaudación de los quintos reales, derecho 
4jue como es sabido se pagaba por el beneficio de la mina 
y la otra fué reglamentar el trabajo de los indios. No tu- 
vieron opositores la*s medidas, y mineros y vecinos las aca- 
taron sumisos. 

Pocos dias después dictó el tesorero otra resolución que 
4ífc(*taba directamente á los mercaderes: aumentó el dere- 
<*ho de alcabala sobre la venta de mercaderías á seis pesos 
<](» á nueve reales por ciento, cuando hasta entonces solo 
pagaban dos pesos sellados como impuesto. 

Este aumento repentino y brusco producía un trastorno 
en h)s negocios, y reuniéronse los mercaderes para deliberar 
sobre la medida. Resolvieron entonces no cumplirla alegan- 
do (jue los oficiales Reales anteriores habian ya fijado la alca- 
bala en dos pesos ensayados por ciento, y que el aumento era 
injusto y atentaba á los intereses del gremio sin razón y sin 
justicia. Alegaban ademas que al fijar dos pesos ensayados 
por ciento no fué por que — **les hiciesen favor y gracia, sinó 
''caridad y justicia, porque ellos solos eran los que hacian los 
^" gastos de las fiestas públicas, forzados de las Justicias; da- 
* ' han cuantidades de plata para los edificios y para otras cosáis 
"** del bien común. Que en solo veinte años de vecinos habian 
** dado sesenta mil pesos de donativos, los cuales se habian re- 
''^mitido á España en dos ocasiones. Que para la pacificacioa 
** del reino de Tucma (ahora Tucuman) habian donado mas de 
** sesenta mil pesos, sin muchos soldados á su costo. Que para 
^* pacifi(*ar las provincias de arriba y poblar de españoles las 
*^ fronteras de indios enemigos, estaban actualmente contri- 
^* huyendo con veinte mil pesos. Que ademas de lo dicl.o 
^**tenian otro grandísimo gasto y pensión que era el de los 
^' alquileres de las casas y tiendas, pues que una tienda que 
** tenia solamente seis varas de ancho y otras tantas de largo 
***pngaban quinientos pesos á la villa ó á los pobladores 



268 LA REVISTA DE BUENOS AIBICS. 



< í 



4< 



Que los indios ó indias yanaconas de S. M. que se alqui- 
laban para el servicio de casa se les daban á ellos un i^re* 
** cío mas subido que á los de los otros reinos. Demás ile 
'* esto que se debia atender á que ya los precios de las mer- 
** caderias habian bajado de tal manera que casi estallan taii 
** baratos como en España, y que si cuando los precios es- 
tuvieron tan subidos que se daba el género por cuatro tantos 
mas que al presente, se les habia señalado solo dos pestes 
** ensayados de alcabala por ciento, cuanto mas en razón seria 
** que ahora habiendo bajado los dichos precios les subieran 
'' tanto la alcabala. (1)'' 

En vez de darse por convencido el licenciado Ordáz se- 
irritó y les contestó que, si no pagaban el seis por ciento les. 
impondría el doble como pena: que si aun se resistian los 
declararía por desleales y usurpadores del real tesoro y los^ 
desterraría de la Villa. Trémulo de ira recibió la petición do^ 
los mercaderes y al punto dio la respuesta de que damos 
noticia. 

A tan categórica contestación se amostasaron los mor 
caderes y les enviaron un mensaje, así concebido: — Si»^ 
ñor licenciado, Vuesa Merced es injusto, y estamos dis- 
puestos á dar doce millones que tenemos en ropas y dinero, 
para en seguida tener el placer de quitar la vida á Vuesíi 
Merced con mil puñaladas. Tengase por prevenido y ande- 
listo. 

Agriados así los ánimos la fuerza iba á resolver la dis- 
puta. 

Inmediatamente Ordáz hizo llamar al Justicia Arias de 
Aponte, á quien manifestó el suceso. Este, hombre esperi- 
mentado en los negO(*ios, le aconsejó transar la cuestión, ofre- 
ciéndose él de intermediario. 

Tal actitud pareció indigna al tesorero, quien hizo venir 
í un Alcalde ordinario y reuniendo cien hombres españole» 

1, "Historia de la Villa ImjH»rial de Potosí/' jmr don Barta- 
Iwn'é Martínez y A'ela. 



PEREGRINACIÓN DE UN FUGITIVO 269 

y cuatrocientos indios se dirijió á las casas de León de Moría 
y Alfonso Rangel, que vivian en una misma calle. En ambaá 
4'asa.s estaban reunidos los mercaderes, armados y dispuestos á 
resistir al licenciado. 

Apenas se presentó la fuerza de Ordáz, los otros formaron 
€n dos alas, apoyados ademas por destacamentos en las azo- 
teas. 

Los preparativos habian insumido algunas horas y ya la 
luz del sol habia completamente desaparecido. 

La guerilla desplegada por Ordáz dio el alerta preguntan- 
do — ; Quien vive ! al distinguir los grupos armados. 

A esta pregunta contestaron ios otros: — la libertad y el 
Eey! (1) 

A los gritos de ¡ viva el Rey ! avanzaron á cuchilladas y 
1)alazos. defendiendo con brio los mercaderes el paso y dis[>a- 
rando arcabuces desde las ventanas y azoteas. 

Tan firme y sast^^nida fué la carga que los mercaderes die- 
ron con espadas y picas, que los del licenciado fueron desbarn- 
tados y perseguidos. 

Poco después tocaban á rebato las campanas de Santo 
Domingo, San Francisco y San Martin. 

Perseguido Ordáz, fué alcanzado, y arrastrado por los 
<-abcllos á la Plaza del Regocijo; allí le despojaron de sus r *• 
pas, y le aplicaron sendos palos sobre su enflaquecido 
cuerpo. 

En aquel trance se presentaron sacerdotes 7 frailes para 
pedir por la vida del incauto licenciado, á quien Uevanm en 
eamisa en medio de la gritería del populacho. 

Entre los que habian defendido con mas decisión al licen 
<*iado se encontraba su camarero, nuestro antiguo conocido, 
á (juien por estos servicios le dieron el empleo de ayudante 
mayor. 

Cuando Ordáz se restableció del susto y curó de ^a 
«zotaina se marchó cabizbajo á Chuquisaca, de donde os- 

]. Martínez y Vela, obra citada 



270 . LA EEVISTA' DE BUENOS AIBES. 

pidió un correo para Lima dando aviso de lo que había su- 
cedido. 

Grande fué el atrevimiento de los mercaderes, seirnn? 
lo refiere, como testigo ocular, el capitán Pedro ^lendc^z: 

(1). 

1. Escribió e?te ca»ti, áw Martínez y Vela, en aquella verda- 
dera y elocuente historia que nos <iejó nianu«<»rita y sin a-abarla^ 
porque arrebatadatiente fué llevado ,preso 4 la ciudad de los Re- 
yes por cierto testimonio que indignamente le levantaron..." 

VICENTE a. QUESADA^ 
(Continuará.) 



bibliografía 



1.a PARTE 



bibliografía periodistk a de buenos aires, hasta 

LA caída del gobierno DE ROSAS 



Contiene el título, año con la fecha de su aparición y cesación, 
formato, i r.-prenta, número de que se compone la colección de 
cada periódico ó diario, nombre de los redactores que se co^nocen, 
observación^^ y noticias «^abre cada uno, y la biblioteca pública 
ó particular en <lond« t^e encuentra el periódi<'<). 



(Conclusión.) (1) 

El artículo editorial del último número . es una biografía 
política del redactor de El Lucero. 

(C. Ziuny.) 

98. DON GERUNDIO PINCHA^RATAS, Ó EL ABO- 
GADO DE LOS UNITARIOS— 1831— in á.o— Imprenta Tíf- 
pulilicana. La colección consta de 5 números. Principió el 
J 7 de abril y concluyó el 15 de mayo. 

Era un periódico escrito en prosa y verso, y empieza con 
un bosquejo biográfico de la vida del redactor, diciendo 
que es hijo legítimo de don Sempronio Coliflor y de do • 
ña Catalina Golondrina ; nació en la Villa de Lujan el 17 do 
abril de 1786: .se casó á la edad de 22 años con doña Ne- 

1. Véase la pajina lio del tomo XT. 



272 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

riña Pimienta, hija de un viseaino tuerto y de una par- 
tera, etc. 

Dicho primer número contiene también algunos artícu- 
los curiosos referentes al general don Ignacio Alvarez, á quien 
es dedicado, según el número 8 de la Bnija ó Ave Noc- 
turna. 

Se vendia á 3 reales el ejemplar. 

(Ea rarísimo*) 

99. EL DESENGAÑO— 1831— in á.o— Imprenta liepn 
(dicana. Periódico de medicina popular. La colección cons- 
ta de 4 números. El primer número corresponde al 17 de ma- 
yo, y el 4.0 al J de julio. Su redactor fué el doctor don Josi 
Indelicato. 

(E« muy raro,) 

100. EL DEFENSOR DE LOS PRINCIPIOS DE M 
LE ROY, Ó LA VERDAD CONTRA EL ENGAÑO— in 4 o 
El número 2 apareció el 15 de Julio, único que hemos tenido á 
la vista, perteneciente á la — 

(C\ ( arrauza.) 
(Es raro) 

101. DE CADA COSA UN POQUITO— 1831—in 4.o In\ 
prenta Republicana, Periódico joco-serio. Se publicaba los 
lunes y los viernes. Consta de 24 números. Empezó el 17 de 
julio y concluyó el 10 de octubre. El señor don José Maria 
Arzac tributa, por medio del Clasificador ó Nuevo TribuiH', 
en su número 180, infinitas gracias al redactor, de este periódi- 
co por las espresiones de benevolencia con que le favorece en 
su número 19. 

El redactor declara que cesa, no por falta de protección 
siino por que, habiendo cumplido los fines que se habia pro- 
puesto, no tenia ya deseo de vivir, que habia hecho sus arre- 
glos para impartir su espíritu á otros dos seres en forma de 
periódicos, uno de los cuales debia llamarse El Gaucho, salien- 
do los liínes y jueves, y el otro La Gaucha, los martes y 
viernes. 

(Es rarísimo.) 



BIBLIOGRAFÍA 273 

102. EL DIARIO DE LA TARDE— 1831— 1852— i n 
lol. Imprenta Argentina. Principió el 16 de mayo de 1831 y 
<íoneluyó en octubre de 1852. Su fundador y editor fué don 
Pedro Ponce. 

En los primeros años registraba artículos de fondo redac- 
tados con ilustración, hasta el año 1835. Desde esta fecha 
solo registraba un estracto de los periódicos estranjeros ó 
trascripciones de la Gaceta Mercantil ó del Archivo America- 
lUK y pocas veces rejistraba noticias locales, con escepcion do 
aquellas que fuesen del agrado de Rosas, las que eran á su vej2 
ijT.nscritas en la Gaceta Mercantil. 

El último redactor fué don Federico de la Barra, en cuyo 
diario publicó **La vida de un traidor, Justo José de Urqui- 
'/.K^' transcrita igualmente en la Gaceta Mercantil y en el Ar- 
ihivo Americano, la cual quedó suspendida con la caida de Ro- 
sas, el 3 de Febrero de 1852. 

O. Zinny y B. P^ d« Buenos Air^.) 

103. DON CUNINO— 1833. Imprenta de la Libertad 
Está anunciado en El Defensor de los Derechos del Pueblo 

del mes de octubre. 

El número 2 de El Águila Federal dice lo siguiente*. **Ya 
han resucitado la virtuosa Ticucha y el amable Cunino; ya 
han comenzado de nuevo á sangre y fuego su guerra ga- 
lana." 

Se cree que fué redactado por don Luis Pérez. 

(Es ramimo,) 

104. DBIE CON QUIEN ANDAS— 1823— Lo único 
que sabemos respecto de este periódico es que fué acusado 
\'l 2 de octubre por el fiscal doctor Agrelo, por ** atacar al ho- 
nor de las familias y de los individuos, al decoro y respeto del 
Gobierno, ajados de un modo nunca vivsto; al crédito de un 
país ilustrado, donde ha nacido (el Fiscal) en que serji 
difícil creer á la distancia que hayan podido tener unas pro- 
ducciones tan inmundas; y á la quietud y sosiego de las fami- 



'274: LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

lias todas, alarmadas por la publicación y amagos de este 
peri^klieo/' 

Sin embargo, el juicio no pudo efectuarse á causa de la re- 
volución de octubre, pues habiendo empezado la acusación 
por el periódico Restaurador de las Leyes, se amotinaron los 
Restauradores é imposibilitaron la actuación. 

Con la acusación, concluyó su publicación. 

(Es rarísimo.) 

105. EL DEFENSOR DE LOS DERECHOS DEíi 
PUEBLO, Diario de medio dia — 1833 — in fol. — Imprenta de 
la Libertad. Principió el 25 de junio y concluyó el 16 de oc 
tubre. La colección consta de 94 números. 

Era un diario liberal, redactailo por don José Luis Basta- 
mante. (1). 

Este diario fué acusado, lo mismo que el Restaurador de 
¡as Leyes y los demás periódicos de su época, escepto el Dia- 
rio de la Tard.\ en octubre, por el fiscal doctor Agrelo,por 
las mismas causas alegadas con respecto al Dime con quien 
andas. 

Don Bernardo Velez deí»lara por medio de este diario que 
**cl no escribe ni ha escrito en el Iris ni en el Patriota Bonae- 
rense,*' 



1. El señor Bus-tamante ^s» au-tor ^e imichas obras, entre \b,^ 
cuales, recordamos la*» siguientes: ** Memoria» sobre la revolución del 
11 de s?tie.!i:ibre de 1852/' un volumen de 2^ — IV pá^nas in 4o: 
**Bioí?rafia del Exmo. señor gobernador y capitán ge^neral de la pro- 
vincia, brigadier don Manuel (fUÍ.llernLo Pinto, ^' acompañado del 
fac -símile de sai firma y rúbrica; 44 pajinas in 4 o, a<r.bas publicadas 
en 1853: ** Ensayo histórico de la defensa d^ Buenos Aires, contra 
la rebelión del ex-corooj-el don Hilario L»agos, apoyada y sostenida 
por el gobernador de la (provincia de Entre Rios, brigadier don 
Justo José de Urquiza, óireu'tor provisorio de las provincias ar- 
gentinas reunidas en confederación,^* un voTúmen de pajinas in. 
4.0 — ipubli<'ado en 1804^ — **Lo« cin-co errores capitales de la inter- 
ven*cion anglo-fraín-cesa en -el Plata; Montevideo, 1849 — 384 páji- 
nafl 'in 4.o 

El señor Bustamant^ murió repentinamente en Montevideo el r» 
de octubre de 1857, Los diarios de Buenos Aires **La Tribuna'* 
y **E1 Nacional'* >no han hecho nwis que transcribir el «imple anun- 
ric de la muerte de dicho señor, del ^HJ'onverciio del Plata" del 7 
dü octubre del mismo año. 



BIBLIOGRAFÍA. 275 

A las palabrón de despedida del redactor del Lucero en 
su último número 1,121, de que este ** jamás ha abjurado 
sus principios, ni traicionado sus juramentos, '*' el Defensor 
de los Derechos del Pueblo dice saber que, ** después de ha- 
ber prestado juramento al gobierno y principios políticos de 
la presidencia del señor Rivadavia, á la presidencia interina 
del señor don Vicente López, al gobierno federal del señor 
Borrego, al de la revolución de diciembre, á la atlministracion 
del general Viaraont, al gobierno dictatorial del general Ro- 
sas y al gobierno constitucional del general Balcarce, lo pres- 
ta ahora al de los anarquistas para erigir un gobierno de puñal 
y garrote. ' * 

El defensor de los derechos del pueblo ha empleado todo» 
j.us esfuerzos para atraer al general Rosas al buen camiuo 
clasificando de demagogos á los que se empeñaban en Je- 
saereditarle, representándole como un instrumento de veii- 
gamas particidares. El redactor de este diario supone í 
Rosas incapaz de traicionar sus deberes volviendo las ar- 
mas que se le han confiado para asegurar la frontera contra la 
{autoridad legal, trastornando el orden y conculcando las le- 
yes, y declara que está muy distante de dar crédito á tales inep 
eias y disparates. 

Registra en sus columnas, bajo el rubro Correspondencia, 
un * * Breve ensayo sobre los principales actos de arbitrariedad 
ejercidos en la época de la dictadura,'* y una lista de los ciu- 
dadanos pacíficos é industriosos, empleados civiles y militares, 
sacerdotes, legistas é individuos pertenecientes á todas las 
clases de la población, encarcelados ó desterrados durante di- 
cha época. 

El cura don Juan Antonio Argerich no es tratado con be- 
nignidad en este diario, ni lo es don Pedro de Angelis, á quien 
presenta como redactor de El Restaurador, cuyos escritos, di- 
<?e, copiaba el nmcoso Marino á las 7 de la mañana, para llevar- 
los á la composición. 

En su número 82 se anuncia **Los cuentos al sol." 

(B, P. de B. A.) 



276 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

lOG. EL DIARIO DE COMERCIO DE LA MAÑANA 

— 18'i3 — in fol. — Imprenta del Estado. La colección consta 

de 9 números — Empezó el 1.** y concluyó el 11 de marzo. Se 

puWicabíi en cistellano con un sumario de todas las noti- 

<?ias en inglés. 

(Es raro.) 

107. DIARIO DE ANUNCIOS Y PUBLICACIONES 
OFICIALES DE BUENOS AIRES— 18:]5—in á.^ y fol..— 
Impn tita dd (Unnercio y LitofP'afia dd Estado — Los 5 prime- 
ros números in. 4.'* y los demás in lol. Su redactor fué don 
José Rivera Indarte. 

La colección consta de 215 números. Empozó el 5 de 
enero y coneluyó el ÍÍO de setiembre. Desde el 14 de dicho mes 
de scti(»mbn* empiezo á salir en medio pliej^o publicando avisos 
solamente, titulándose desde algún tiempo antes simplemente 
Diario (h Atuinrifts. 

Sobre la redacción de este diario, véase lo que dice el bió- 
grafo del señor Rivera Indarte (1) en los renglones siguientes: 
— "De sus artí<*ulos en El Iw parcial y en El Diario de Anuncioíi 
y los Apuntes sobre el asesinato de Quiroqa, no liaremos men- 
ción ninguna, porque si algo merecen es la disculpa de sus po- 
cos anos y el anhelo de figurar que es la enfermedad de los 
jóvenes que recien empiezan y (jue por faltas de guias al fin 
se corrompen y se malogran''. 

VjIí la biografía del señor Rivera Indarte no se menciona 
lina couíposiriort en verso, de dicho señor, titulada Himno 
de tos Ií(slanrador(s, con música de don Estevan Massini, 
que eon motivo d(» las grandes funciímc^ celebradas en 
honor do la instalación del general Rosas, como gober- 
nador de la provineia. se cantó en el t^^atro el 13 y 14 de junio 
de 1883. 

Ei número 80 registra una noticia biográfica del general 
Rosas, eon su retrato al frente, de la cual damos el siguiente 
estra(*to. 

1^ El í^eñor gonerMl tlon B. Mitre. 



bibliografía. 277 

**Don Juan M. Rosas, el primogénito de los varones naci- 
dos del matrimonio de don León Ortiz de Rosas y de doña 
Agustina López, nació en Buenos Aires (calle de Cuyo nú- 
mero 94) el 30 de marzo de 1793. Pasó sus primeros años en 
las faenas del campo, que contribuyeron á robiLstecerlo. Fre- 
cuentaba la escuela de don Francisco X. Argerich cuando se 
verificó la primera invasión de los ingleses el año de 18(>6. El 
joven Rosas, de 13 años de edad, se arrojó intrépidamente en- 
tre los combatientes, y peleó al lado del mismo general Liniers 
Cuando se pensó en organizar otras regimientos para premu- 
nirse contra la segunda esinnlicion al mando del general Wbi- 
telock, se enroló voluntariamente en el cuerpo de Migueletes 
do caballeria. 

**F]n vista de su aptitud, para el manejo de cualquier ne- 
gocio, su padre lo confió, el año siguiente, la dirección do 
su valioso patrimonio. El 24 de marzo de 1813 se casó con 
la señora doña Encarnación Ezcurra, quien le ayudó en la 
administración de los bienes de su familia, basta el año de 
1815, en que Rosas pidió el auxilio de su hermano dcm Pru- 
dencio, para fundar otros establecimientos. Rosa.s rehusó 
un capital en dinero y ganados que su padre le ofreció, co- 
mo una remuneración á la fortuna devuelta por él, que era 
íloble que la que se le habia confiado, diciendo que no 
necesitaba mas caudal que el de sus brazos y sus conoci- 
mientos. 

**En junio de 1820 recibió los despachos de capitán de 
milicias, y en poco tiempo montó, equipó y armó á sus ex- 
pensas un numeroso cuerpo de (»abaUeria, compuesto en; 
gran parte de sus propios jornaleros, á cuya cabeza marchó 
para reunirse al gobernador (don !Martin Rodrigue:/^ en 
campaña. El 5 de octubre del mismo año, entró Rosas á la 
ciudad al frente de un rejimiento de colorados, y basl<» su 
presencia para restablecer el orden, perturbado por el mo- 
vimiento tumultuario de aquel año. En recompensa de sus 
servicios, el gobierno le envió el despacho de coronel de 
caballeria de línea, con el que volvió á sus establecimi«^ntos 



278 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

de campo. El 16 de agosto de 1827 fué comisionado p^^ 
el gobernador Dorrego para el establecimiento de la nuiva 
línea de frontera, y poco tiempo después fué nombrado co- 
mandante general de campaña. La revolución de l.o de 
diciembre le sorprendió en sus campos, cuando el goberna- 
dor Dorrego buscó su auxilio que no le sirvió. Rosas 
quedó encargado del mando del ejército restaurador de las 
leves. 

*'E1 24 de junio de 1829 hizo la paz con el general lia- 
valle. 

*'E1 24 de octubre del mismo año, el gobierno deiln- 
ró un sueldo de seis mil pesos á Rosas, dejándole á sal- 
vo su derecho para reclamar la compensación correspon- 
diente á sus servicios anteriores, pero él renunció una y otra 
cosa. 

**E1 6 de diciembre fué nombrado gobernador de la 
provincia, fcon facultades estraordinarias. En julio án 
1830, la II. S. le pidió cuenta del uso de esas facultades 
y el 2 de agosto del mismo año fué nuevamente investido 
con ellas. 

*VE1 25 de enero de 1830, fué nombrado brigadier general, 
por dey de la H. S. y el 4 de abril de 1831 marchó á la cabeza 
del ejército en campaña para restablecer la tranquilidad en la 
provincia de Córdoba, siendo condecorado en el mismo año con 
el título de Restaurador de las leyes, 

*'E1 4 de marzo de 1833, marchó á campaña en calidad ríe 
comandante general del ejército de la izquierda, destinado con- 
tra los bárbaros del Sud. (1) 

**E1 6 de mayo de 1834 fué condecorado con una medalla 
de honor por decreto del Gobierno, en premio de sus servicios 
en dicha espedicion. En setiembre de este mismo año fué suce 

1, Corre ¡.nipr^^a por la ''Imprenta del Ustado" en 92 páji-nas 
in 4o. nna "Relación 4e lo« cristianos salvados d^l cautiverio por 
la división izquieráa. del e.>ército es^pedieionario contra los bárba- 
ro?, al mando del brij^adier gera^ral Rosa«. " El número de cris- 
tianos rescata<los, incluyendo 73 hijos que traían á fsii lado las res- 
pectivas im-adres, a«cendia á 707 indiviiluoí*. 



bibliografía. 27» 

8i\ íiuionte nombrado 4 veces gobernador, á lo que rehusó cons- 
tantemente. 

**E1 7 de marzo de 1835 fué otra vez nombrado goberna- 
cJor por el término de 5 años, con la suma del poder público, y 
¿] (lia siguiente contestó Rosas pidiendo 12 dias para resolver, 
mas el dia 16 ofició á la Sala solicitando acordarse un medio 
1 ara <|ue todos y cada uno de los ciudadanos habitantes de la 
Ciutlad espresasen su voto precisa y categóricamente sobre tan 
grave asunto. La H. 8. accedió, y el resultado fué que 9310 
ciudadanos votaron en favor de la ley de 7 de marzo y 4 sola- 
mente en contra de ella. 

**E1 13 «le abril de este mismo año, á la una del 
lüa, prestó Rosas ante la ü. S. el juramento de estilo y 
jironunció un discurso que fué contestado por el Viee- 
j)residente de la Sala, General ^don Manuel Guillíermc 
Pinto.'' 

El señor Indarte, en su obra titulada Rosas y sus Oposito 
iv.«?. dice que el votante no debia separarse de contestar á la 
siguiente pregunta: **¿ Aprueba el nombramiento que ha 
hecho la Sala, ó no? y el señor Bosch, uno de los votantes 
afirma en la Gaceta Mercantii de 30 de marzo del mismo 
año, (jue se le sujetó al conforme y disconforme de la 
ley de 23 de marzo y que determinó su voto por el tenor si- 
íruiente : 

* * Disconforme con la ley de 7 de marzo, en cuanto al tiem • 
po, modo y forma de gobierno que ella sanciona. 

**Muy conforme con la persona de don Juan Manuel de 
Rosas, mandando la provincia bajo el imperio de la ley y co- 
mo custodio de ella." 

El señor Indarte, en la obra citada, dice que uno de los 
votantes era ájente y espia de Rosas, otros dos, que votaron y 
se apresuraron a fugar del pais, y el cuarto, que fué después 
] ro8cr¡i:to de Rosas. 

Sensible es en verdad que el señor Indarte haya omitido 
\r\ nombrar á esos cuatro, que no «e arredraron con la 
prcí^eneia de los miembros de la famosa Sociedad Popular 



2S0 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

Restauradora, para renunciar á los derechos civiles y políti- 
cos del hombre en sociedad, como lo hicieron 9316 ciuda- 
danos. 

Según loe datos que hemos adquirido de los contemporá- 
neos, los cuatro ciudadanos que votaron contra las facultades 
ostraordinarias, y cuyos nombres deben ser trasmitidos á la 
posteridad para honor de ellos, fueron don Juan José Bosch 
antes mencionado, boticario, en la parroquia de la Merced 
doctor don Jacinto Rodriguez Peña (1) en la de San Nicolás 
el general don Gervasio Espinosa y el deán don Diego Zavale- 
ta, quien, á la formula de conforme ó disconforme, contestó; 
**me resigno." 

No debe causar sorpresa que de entre 9320 votantes 
solo cuatro se hayan atrevido á declararse disconformes, si 
se atiende á que en cada parroquia habia uno ó mas miem- 
bros de la Sociedad Popular Restauradora, cuya presencia 
bastaba para imponer el voto de los ciudadanos á medida 
del deseo de Rosas. El deán Zavaleta se atrevió á negar su 
voto, prevalido quizá del carácter que investía, el general 
Espinosa, confiado en su amistad con Rosas, cuyo mayor sre- 
neral fué en la espedicion al desierto, quedando únicamento 
las otros dos que se lo negaron, por que tenian valor cívico 

1^ El señor Peña fué después uno de los «li^mbros del '*i'lub 
de li>9 o.** que reemplazó en cierto modo á la ** A-HH-iacion Mayo/' 
fundada en 1S37 por el señor Echevarría, y se componia aquel, de di- 
cho »eñor Peña, don <^rlo« Tejedor, dan Enriq^ie La Fuente, don 
8antia^> Albarracin, y don Rafael Jorjje Torbalan, quienes fueron 
los que hablaron al coronel Maza en 1839 para hacer inia revolucicrn 
y voltear á Rosas, estando en combinación con el jreneral Lavalle, 
que »e hallaba en Montevinleo, y con los del 8ur^ Todo e>tal»a per- 
fectamente bit^n preparado j>ara obt'Cmer el mejor resultado, pero la 
demora del jjeneral Lavalle, debida tal vez á motivo?, poderosos 
qive le impidieron de-sembarcar en Buenos Aires C'»mo él proyec- 
taba, hizo que la revolución fracaí^ara y que hubiese dos viotiras 
que lamentar, el doctor Maza y su hijo el coronel. Refiriéndose 
al .primero de estos das, Marino clasifica ese horrendo liet lio de 
**detestable asesinato'* del salvaje unitario doctor Maza.** (^ Véase 
•caceta Mercantil*' del IS de julio de 1S43.) 

L#oí» revolucionarios se reconocian entre sí por vT-?dio «íe una 
señal, que consistía en una pequeña desflocadura de la cinta ó 
ribete del ala del sombrero 



bibliografía. 281 

bastante para hacerse respetar, como lo probaron Peña en 
San Nicolás, en donde se hallaba el famoso coronel S, cuyo« 
movimientos y palabras federales, no alcanzaron á atemorizar- 
le, y Bosch, á quien no pudo intimidar todo un general Qui- 
roga. 

Mas aun, este último se atrevió á dar por la prensa una 
hoja suelta de pajina y media de á dos columnas (que posee- 
mos) con fecha *'7 de abril del año 26 de la libertad y 29 do 
la Independencia," bajo el rubro de Los cuatro apóstoles fedi- 
grafos de amen, y, como es muy raro, trascribimos lo mas im 
portante de él: 

**A1 que suscribe le han llamado loco, y como tal los 
va á zumbar con la salsa de la verdad, (que suele ser picante) 
y alquimista los calcinará con el crisol mas pulido y en el 
humo de reverbero. Ellos son parricidas! Ellos son Lomos 
negros!" 

Después de hacer la apolojía de sus servicios, el Sr. Bos*^h 

agrega : * * Y pregunto al Sr. B , Secretario de la Sociedad 

de la ^lazorca ¿donde se hallaba por los primeros meses del 
año 1829? ¿Y que manoseaba por San Nicolás? Y al señor 

S , que como vi ce-presidente de la Sociedad Restauradora 

ha consentido que se apostrofe mi nombre, digo, ¿ dónde esta- 
Im el año de 1829? i Qué hacia? Qué sabian de él los pa- 
ítriotas federales? El que habla, entonces esponia su persona 

y bienes También me admiro que ciertos comisarios de 

policia hayan hecho la imparticion de ese papel que conculca- 
ba la idea del señor gobernador electo, que queria saber clara 
y categóricamente el voto de cada uno de los ciudadanos, 
cualquiera que fuese su clase ó condición. ¿Y quiénes son 
y á qué aspiran? ¡Puede ser que os venga el Cabildo enci- 
ma, y se concluyan las chupandinas! Registrad la Gaceta 
Mercantil de 10 de setiembre de 1833, y hallareis un artículo 
firmado por Dos Republicanos, y tened entendido por ahora 
que cuando menos he trabajado en política, he valido por 
cuatro. 



282 LA REVISTA DE BUENOS AIKES. 

Y loca á bandullo mi vida 

Y toca al bandullo mi alma. 
Víctores Mostacho 
Victores don Tiple 
Víctores Muchacho 

Que sirves de Triple. 

**E1 primero don Mostacho es un luozalvete á quien 1:* 
instrucción fraucesa lo conduce á tomar por carrera la mili 
cia, y no es estrauo, pues que lo8 humos de su ambición lo llevan 
por lo« aires á sentarlo en la primera IMagistratura del gídii 
nete de San Grerónimo, por lo tanto no podemos decir de esto 
**que caballo cordobés y muía serrana no valen nada", aunque 
<*n la calle de Cabildo y con noches de luna convida con su al- 
fajor. Talis Pater qualis Filius, Lección de Tohus, parágra- 
fo Nonato. 

**El segundo don Tiple es una potranquita que está 
bien enjaezada, pero la historia ya publica sus venales 
]>at rañas; la unidad le ha conocido su apóstol ensangren- 
tado, los cismáticos su apología en la U crista del año de 
.188;^ de Montevideo; y la cárcel por desgracia le !ia 
favorecido con sus piojos — Este sujeto me ha inducido 
á juzgar de los miembros de la Sociedad que cito, y de un 
empleado del Fuerte, que desprecio y por eso no lo bosqu(\jo 
ptTO .... 

'*E1 t^^rcero, no le viene mal la escala á ese mucl.achí» 
es un joven perdonavidas, que despueí^de ser un parricida 
tK'senfrenado en el 28 y 29, fué un lomo negro de í^a]>ueha 
en 1833, cuyo nombre en las elecciones de abril registra la 
parroquia de Jas IMerced, como los supuestos que dio en 
otras parroquias tntre el círculo de sus eoopinantes, do cu- 
jas resultas se le crió un hidrocéfalo que le hace n> tolerar 
í?l sombrero quo le cobran en el teatro; el cráneos lo tiene 



bibliografía 283 

huee^. <le modo qiic lo8 efectos de la memoria no li*.'ncn in- 
orar en él, y por lo tanto me está debiendo veintitantos pe- 
$os. ..." 

AXTOXIO ZIXXV 
((,%intinuará.) 



LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 



Riitoria Amerleini. literatura y Dereehí 



AÑO IV. BUENOS AIRES, NOVIEMBRE DE 1866. No. 4»- 



HISTORIA AMERICANA. 



COMUNICACIÓN PLUVIAL DEL LITORAL 

ARGENTINO. 

EN EL SIGLO XVIII 
Con varias observaciones sobre las costas del rio Uruguay. 



Carta del Padre Cayetano Cataneo inserta en el ^^Crisfianesi- 
mo felice'' de L. A, Maratori y traducida del italiano 

POR J, M. ESTRADA 

Reducción áe Santa Miaría en la** Misiones 
<iel Uruguay, 25 de Abril de 17'M\ 

Carísimo hermano : 

Con la relación de nuestro viaje desde Buenos Aires has- 
la las Misiones, en que al presente me encuentro, y algunos 
apuntes sobre las propiedades de estas naciones, habré satis- 
fecho la obligación que me correspondia de daros noticias 
de estos paises: por que en lo venidero, Dios sabe cuando 
tendré ocasión de escribiros, ya por que solo de tres en tre« 
años á lo sumo, parten de Buenos Aires para Euro])a las na- 
ves del Rejistro, ya por qué un Misionero que tiene á su car- 



COMUXK ACIOX FLUVIAL EN 1730. 285 

go tantos millones de almas, se encuentra ocupado todo el 
^nto dia en predicar, confesar, esplicar el catecismo, asistir 
á los moribundos, administrar sacramentos, ere. Esto cuesta 
todavía nuicho mas trabajo al principio por la dificultad do 
la lengua, que no tiene relación ni semejanza alguna con 
las nuestraíí, por lo cual se necesita mucho tiempo, aplica- 
■cion y paciencia para aprenderla. — Digo esto, por que si acaso 
4en adelante, llegaren á transcurrir varios años sin recibir 
-cartas mias, sepáis el por qué y no lo atribuyáis á haber perdí* 
do yo vuestro amor y vuestro recuerdo. 

Viniendo á nuestro viaje, diré que partimos de Buenos 
Aires el 13 de julio de 1729. Fuimos por tierra á un riacho 
distante diez y ocho millas, que llaman las Conchas y sirve 
de i)uei'to ordinario á las Balsas de los indios. 

Las Balsas son unas embarcaciones formadas de dos ca- 
noas, entre dos pequeños esquifes de una sola pieza, esoa- 
vados en un tronco de árbol, los cuales se unen colocando 
en el medio, sobre el plano de cañas, una casita ó cabana, 
hecha de esteras, cubierta con paja ó cuero, en la cual cabe 
una cama pequeña, y algunas otras cosas necesarias para el 
viajtTO. 

Quince eran las balsas que nos esperaban con veinte y 
mas indios en cada una, las cuales aunque de diferentes na- 
<»iones, eran sin embargo cor unum et anima mea, y nos reci- 
bieron en son de fiesta con sus pífanos y taudioriles, estraor- 
dinariamente contentos de poder conducir misioneros á sus 
1ierra.s. Salimos del puerto con viento felicísimo, que por 
favor del cielo nos duró las ocho dias, que empleamos en 
ponernos á la otra banda del Rio de la Plata. No pudiendo 
íitravesarlo en un solo dia por tener allí unas treinta y tantas 
millas de andio no arriesgan el engolfarse en él con peligro 
de (jue levantándose en el medio un poco de viento, tumbe 
ía ])alsa, que es una embarcación sumamente ligera, como 
ha sucedido varias veces, atravesando otros muchos meno- 
res. Asi es que siem])re se va cerca de tierra y cuando mas a 
un tiro de pie<lra de la playa, lo que facilita el tomar puer- 



286 LA EEVISTA DE BUENOS AIRES. 

1x) en el momento que se levanta de improviso cualquier 
viento. Por esto en vez de pasar directamente á la embocadu- 
ra del Uruguay, van costeando por ciento cincuenta mi- 
nias, entre amenísimas islas, hasta que llegan á una, (iue no 
dista < mas de siete ú ocho de la otra banda, desde la cual s(^ 
dejan caer á la punta que forma ángulo entre el Uruguay y 
Rio de la Plata. Asi con un viaje feliz de solo ocho dias 
nos libramos de aquel pa.so, el mas peligroso de todos, nos en- 
'contramos en el gran Rio Uruguay, uno de los mayores á^ 
América. En su boca no se distingue la otra playa sino en ua 
dia claro, y aun así, confusamente. 

Para daros una idea de su anchura os diré solamente, (H'e- 
pasándolo por frente á la Reducción en que me encuentra 
al presente, situada á seiscientas noventa millas de su em- 
bocadura, en una embarcación bien ligera, con diez hom- 
bres, pude cómodamente recitar todos los Maitines. Discur- 
rid aliora, que será cinco 6 seiscientajs millas mas abajo. 
después de haber recibido el tributo de tantos rios. Así 
como el Rio de la Plata está sembrado de bancos, el Uru- 
guay lo está de escollos de piedra viva que surjen desde el 
fondo hasta flor de agua. Por esta razón, es muy peligroso 
para las grandes embarcaciones, que si dan en uno de ellos, 
se hacen pedazos. Esta es la causa de que se sirvan de balsas^ 
mas bien que de Tartanas ú otros barquichuelos á vela, 
como en el Paraná, aunque este tenga el mismo fondo Las^ 
balsas aunque den en los escollas ocultos no reciben mucho den- 
ño porque siendo muy livianas, y manejadas solamente á 
remo, no chocan con mucho ímpietu, además, las ^anoa» 
«on de una sola pieza, y por consiguiente no hay peligro, 
como de otras naves, de que se abran las junturas al dar err 
algún escollo, antes al contrario, calan tan poco que paran» 
fK)bre la punta, de los escollos. Sin embargo, como la estre- 
midad de estas piedras es muy aguda y cortante, raspan de- 
tal modo el fondo de las canoas que pasan por encima, que las 
inutilizan en pocos viajes. Pasando aquel golfo, que es coma 
el paso de ^lalamocco, y entrados felizmente en el Uruguay,. 



COMUNICACIÓN FLUVIAL EX 1730. 287 

permanecimos algunos dias cerca de un ¡>equeño rio que 
llaman Kio de las Vacas, para hacer provisión de carne para 
la gente, pues hay en esa punta una Estancia de un señor 
español que tendrá treinta ó treinta y seis millas de su do- 
minio, unos veinte y ocho ó treinta mil animales vacunos y 
vende cuantos se buscan á todas las embarcaciones, que vau 
y vienen de Buenos Aires. Hicimos aquí provisión de sesen- 
ta y tantos novillos, ó bueyes jóvenes, que como andan 
completamente libres en el campo (pues en estas Provincias 
no se usan jamás establos para las bestias, y por ser fértilí- 
simos los pastos, eran de un tamaño y gordura estupendos. 
Los pagamos solamente en seis paoli romanos cada uno, que 
es por aquí el precio corriente, escepto ^n Buenos Aires 
donde cuestan casi el doble. Así vinieron á cuatro ó cinco 
por balsa, provisión que apenas basta á los indios para diez 
ó doce dias, que se suelen emplear en llegar á Santo Domin- 
go, donde se hacen nuevas provisiones de carne, pues fl uue 
no lo ha visto, no puede imaginarse la voracidad de ost^i-s 
gentes. Yo he visto durante el viage á la chusma <h» una 
balsa sola, que suele ser de veinte y cuatro personas, co- 
merse en menos de un dia un buey bien grande, como si fue- 
se un ternerillo, y no comer mas, porque no tenían. C»s 
aseguro que por aquí, muchacho de doc/e á catorce auos c )mia 
solo, lo que no podrán llegar á comer allá cinco ó seis iiombres 
de buen diente. Cual sea la causa de esto no lo entiendo 
á menos que se diga, que nesecitan mucho mas alimento 
que los Europeos, por tener mayor calor natural ^ ])or(|ue 
ftean las carnes mas débiles, — porque lo cierto es qu»?. llenán- 
dose como lo hacen, parece que no se ven jamás indifiríístiones 
ni obstrucciones de estómago, como sucede entre nosotros cuan- 
do se come mas de lo necesario, y además casi todos son 
flacos. 

No es menos curioso el modo que tienen de comer la car- 
ne. — Matan una vaca ó un toro, y mientras unos lo degüe- 
llan, otros lo desuellan, y otros lo descuartisan, d« modo, 
que en un cuarto de hora se llevan los trozos á la Balsa. En 



2^8 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

seguida encienden en la playa una fogata y con palos se 
hace cada uno un asador, en que ensarten tres ó cuatro pe- 
dazos de carne, que aunque está humeando todavía, para 
ellos está bastante tierna. En seguida clavan los asadores en 
(tierra, al rededor del fuego, inclinados hacia la llama y ellos 
se sientan en ruela sobre el suelo. En menos de un cuarto 
de hora cuando la carne apenas está tostada se la devoran, 
por dura, que esté y por mas que eche sangre por todas par- 
tes. No pasa una ó dos horas sin que la hayan digeri- 
do y estén tan hambrientos como antes, y si no están im- 
pedidos por tener que. caminar ó cuaUjuiera otra ocu- 
pación, vuelven, como si estuvieran en ayunas á la misma 
función. 

Es verdad también, que su manera de remar ayuda mu- 
cho á la digestión, porcjue están siempre en pié. Sus remos 
tienen la pala muy larga. El mango que es tan largo como 
el de una pica, lo toman de muy arriba y lo ponen derecho 
b1 agua como ú de la canoa azotase el rio hacia atrás y se 
jnclinan todos al mismo tiempo cap todo el cuerpo, hasta 
poner derecha la pala, y muchas veces hasta tocar el agua 
con la mano. Este ejercicio es tan fatigoso, que á pesar de 
no tener otro vestido, sino los calzones, se llenan de sudor 
por todas part^. Resisten esta fatiga por cuatro ó cinco ho- 
ras, hasta que llegan á algún riachuelo donde entran á tomar 
tierra en sitio que por la noche ofrezca seguridad para las 
balsas. 

I"na vez desembarcados lo primero que hacen es formar 
con foUage un pequeño altar, en que colocan la imagen de 
la Santísima Virgen, que cada balsa Ueva siemi)re consigo 
con otras imá'zenes de Santos, como San Josi', San Fran- 
cisco Javier, S.m Antonio de Panda, santos, por los cuales tie- 
nen especial devoción, y ante él ent(man al son de sus pífanos 
y tamboriles el Avf Maris stdJa; recitan después el Rosario, 
las letanias, y terminan con el acto de contrición juntamente 
con los Padres, cada uno de los cuales lo hace con la gente de 
su Balsa, 



WHITNICACION FLUVIAL EX 1730. 289 

Era verdaderanM?nte edificante ver aquella pobre ícente 
tan sudada y hambrienta, entretenerse con recitar con tanta 
devoción sus oraciones ; así corao era consolador oir resonar en 
medio de los bosques las alabanzas del Señor. 

Terminadas las oraciones, hacían fuego al momento, car- 
gaban sus asadores siempre nuevos, y empezaban á devorar 
como antes. Después de esto, se estendian en el suelo so- 
bre una piel de buey ó de tigre, y dormían profundísima- 
mente en varios círcidos ó ruedas, en cuyo centro huh'ih 
«iempre encendido un buen fuego, no tanto para calcntarstr 
cuanto para Ot tenderse de los T\*>res. que en viendo fueiro 
no se atreven á acercarse. Sin esta precaución asaltan fre- 
cuentemente la gente que duerme, y ha sucedido varias 
veces arrastrar tan velozmente un hombre á sus cuevas, que 
no ha habido tiempo ni modo de poder socorrerlo. Levanta- 
dos á la maiíana siguiente muy temprano, hacen al momento 
una bu(»na comida, terminada la cual, dan con sus instru- 
mentos la sí^nal para las oracicmes de la mañana. En se- 
guida se ponen en marcha, caminando hasta cerca de medio 
<lia, que bajan A tierra á tomar algún reposo y alimento Y 
es admirable ver la prontitud en que apenas les dice el Padre . 
^'Arriba, hijos, marchemos!*' dejan el sueño y el bocado co- 
menzado, y tomando apresuradamente» los remos, continúan su 
viaje. 

El rio es fecundísimo en peces, muchos de los cuales 
vi con sumo gusto, tomar con el arco, porque soltando la 
flecha aunque el pez esté debajo del agua, lo trapasa, y he- 
rido sale á flote con la flecha clavada y lo toman. Son 
abundantes también los Lobos marinos, como en el Rio de la 
Plata y bay ademas ialgunos Puercos maj['ino« que lla- 
man (^apigiiá, de una especie de yerba que comen en tie- 
rra. Son ávidos de la galleta, y se domestican muy fácil 
mente, como lo probó con dos de tal manera que se hacen im- 
pertinente:!. 

Las playas por uno y otro lado son generalmente un 
bosque continuo ó de Palmas, ó de otros árboles, distintos 



290 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

(lí- los nuestros, y que en su mayor parte coníservan las ho- 
jas UkIo el año. Se ven ademas de cuando en cuando be- 
llísiina^s aves, grandes y petiueilas, de varios colores, que 
S(*rá largo desiíribir, entre las cuales sin embargo, hay una 
singular por su pequenez, pues apenas llegará á la mitad 
de un rcyizucl'jy y todo de color verde dorado como las plu- 
mas del Pavo-real. Está siempre en el aire (al menos d(> 
dia) y se alimenta solo de ñores de los árboles, que ehu- 
¡)a, manteniéndose en el aire y batiendo las alas. Los es- 
pañoles han enviado muchos de ellos á España, por curio 
tidad entre una carta, porque un cuerpo tan pequeño ocuim 
¡loquísimo sitio, y aun muerto conserva sus l>ellís¡mas i)hi- 
mas. 

Hay muchísimos Papagayos de varias especies. 

Entre los animales terrestres que fre(*uentan los Ixs- 
ques, ademas de los Javalies, de los cuales una tarde sok> 
los de dos balsas mataron á palos treinta y cinco, y de hs 
Ciervos y Cabrios montases, los mas comunes son los ti- 
gres, los cuales muchas veces están sentados en la playa mi- 
rando las balsas que pasan. Son mas grandes y mas fevo- 
(•(\s que los de África. En cuanto á su tamaño diré solo lo- 
que he visto con mis ojos y tocado con la mano. Los indios 
de la Reducción en que me encuentro, mataron uno, y llt»- 
varon la piel á casa del padre. Pareciéndome monstruoso 
quise medirlo, y haciéndolo poner derecho sobre dos i)iés 
ícomo euando saltan y se arrojan sobre el hombre, encon- 
Itré que por mas que me esforzara en alzar la mano no po- 
bia llegar sino á la boc^, y como sabéis, yo no soy tan pe- 
(jueño de estatura. Verdad es que este era de tamaño es- 
Jtraordinario y por eso lo llevaban á mostrarlo, con todo, 
no era esta la primera piel que veia de ese \ amaño, aunque 
no la hubiera medido con tanta exa(»titud. Ordinariament*^ 
son muchos mayores que las que yo habia visto en poder del 
Serenísimo Duque de Parma, como comprendí par uno solo 
que vi á distancia de unos cincuenta pasos. Son también 
mas bellos, por que el fondo de su piel es casi color de «jro. 



COMUNICACIÓN FLUVIAL EN ll'M), 291 

Pero, como dije, son también mas feroces; pues si se sieu'o 
herido de dardo ó bala, sino queda muerto en el acto (la 
que muy raras veces sucede) no huye como otras fieras, 
*;ino que se arroja con rabia indecible contra el agresor, y Id 
busca para envestirle, aun que fuera en me<iio de cien per 
sonas. 

Sucedió en ¡)resencia del Padre Miguel Giménez, mw^- 
tro Superior, durante el viaje, que tres indios se dirgierou 
hacia una tigra, que habian visto retirarse á un boscpiecillo 
aislado. El padre se puso en un sitio apartado y eminente 
para ver la caza, que siguió en esta forma. — Iban los indos 
^onio gente práctica, armados de dos lanzas y uno con mos- 
quete. Este marchaba en medio, y los dos con lanzas í los 
lados. En este orden «anduvieron circundando el l)osí|iie. 
hasta que la J escubrieron. Entonces el mosquetero lanzó 
el tiro y la hirió en la cabeza; y me refirió el Padre, que fué 
instantáneo oir el tiro, y ver la tigra ensartada en el ,iirií 
con las lanzas; porque al sentirse herida hizo un gi-ande es- 
fuerzo para arrojarse en el acto contra el tirador, y lo^> que 
í on este objeto se habian colocado á los dos lados, sabieuilo Ir 
que había de suceder, al llegar le plantaron con adniinlle 
destreza las lanzas uno de cada lado y la cruzaron en ei 
aire. 

Son muy abundantes también las víboras, de las cuales 
ó por la cuerda con que se ata la Balsa á un árbol, ó por la 
tabla que se pone para pasar á tierra, se atrevió á entrar 
una en la Balsa del Padre Superior, el cual encontrándose 
encerrado con ella, sin poder huir tuvo no pequeño espanto 
basta que ocurriendo la gente de la Balsa la mataron. ]\hi- 
(íhos indios mueren de la mordedura de las víboras, siendo 
no obstante muchos los que sanan, si acuden pronto á cu- 
rarse, para lo cual no les faltan antídotos de varias yerbas 
especialmente del Nardo. Pero si son mordidos de la que 
llaman de Cascabel, no creo que encuentren remedio. Una 
sola vi de estraordinario tamaño, que descubrieron tras di* 
les ranchos en que estábamos sentados y la mataron. Es 



2»2 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

vosH prcHÜgioHa los nudos que tienen en la cola, de los qu<* 
dicen les crece uno cada año, y mientras camina hace con 
ellos cierto ruido como de campanillas, por el cual es sen- 
tida, aunípie marche sobre el pasto. 

A ]>esar del peligro de estos y de otros animales dañinos 
los indios apenas toman tierra, entran en los ]>osques ma? 
densos y con sus hachas forman en un abrir y cerrar de ojos 
cada comparsa delante de su balsa, una plazoleta donde, 
lachados en el suelo comen y duermen con una paz y gusto 
admirables <»n lo que traspira su innata inclinación á habitar 
en los bos(pie« vomo en otro tiempo. 

He estimado conveniente poner todo esto unidamente 
y de una vez, para (pie tomada esta noticia general, podáis 
entender mejor lo que paso á narrar acerca de los incident^^s 
particulares de nuestro viaje. 

Antes de partir de la punta, á que como dije, habiamos 
llegado felizmente, el Señor comenzó á enviarnos alguna^? 
pequeñas tribulaciones, que temperasen un poco la alegría 
tal vez escesiva, que habíamos concebido ]>or el principio 
tan feliz de nuestra navegación. La prinu»ra fué una hor 
ríble tem|>estad á cielo sereno y de puro viento que por In 
<lesmesurada anchura del rio I'ruguay levantaba las onda^! 
(*omo en el mar. Por mas que los indios procurasen atraer 
á tierra sus balsas y poner atrás montones de ramas para 
romi>pr las ondas y evitar que entrasen en las canoas, erat* 
estas tan hinchadas, que no solo entraban en ellas, sino qu** 
])asando las ramas y la-s mismas canoa.s, iban á romperse 
en la ]>lrtya. Los Padres bajaron á tierra a gozar el fresco 
de aípiella noche, que por ser hacia fines de julio cuando 
H<]uí (c(mio escribí en otra mía) es el rigor del invierno, era 
frígidísima; y |>or mas que los indios vse apresurasen á des- 
cargar las balsas, no lo pudieron hacer tan presto, (pie no 
se perdi(*:-;4»n varias pn^visiones. Dia y medio dun') la tem- 
]>estad. (*n la cual se anegaron todas las balsas es(*epto una 
(* dos, y cost(') á aquella pobre gente no pequeño trabajo, vol- 
ver á ponerlas en su primer estado, principalmente la mia 



i'OMUNICAClON FLUVIAL EX 1730. 293 

en que no solo fué preciso vaciar la canoa llena de agua, sino 
deshacer toda la Balsa y remedar con tabla una canoa que 
fce habia abierto en un lado por los impetuosos golpes de las 
ondas. Pero nuestra mayor tribulación fué descubrir entre 
lu gente dos enfermos de viruelas, enfermedad que por ser 
muy contagiosa aun entre los indios, nos causí) un gran 
lemor. Los alejamos al momento de los otros y consiguien- 
do dejarlos con gente que los asistiese, concebimos alguna 
esperanza de libramos del grave peligro de una epidemia en 
el viaje y nos pusimos prontamente en marcha. 

Al cabo de siete á ocho dias de camino llegamos á Santo 
Domingo de Soriano, que es una Reducción de cristianos 
bajo el cuidado de los R. R. P. P. de San Francisco. Era 
párroco alli un santo anciano que nos recibió con tales ea- 
trañas de caridad, que si hibieramos sido sus religiosos, no 
hubiera podido Uí?ar mayores finezas. Antes, porque era líi 
víspera de San Ignacio hizo repicar las campanas, y al d!í> 
siguiente, quiso celebrar él la misa cantada, lo que se hizo 
con la mayor solemnidad y fiesta común para sus iutlios y 
los nuestros. Vqui sin embargo mezcló Dios un ])oro de 
amargo á tanta dulzura, poniue se descubrieron otros tr-s 
atacados de viruela, uno de los cuales murió acjuel din cu- 
yas exequias (fuiso el buen Padre celebrar personnliMt-nu* 
Pero temiendo que pudiese sucedemos lo que efcctivauKnte 
sucedió poco después, el Padre Superior compró allí algunos 
caballos y despachó por tierra un aviso á los Padres de !a 
primera Reducción (Yapeyú) notifícáudob^s el |>"ligro en 
que estábamos, y rogándoles nos enviaran socorros de pro- 
visiones; porque si la peste seguía corríamos ríe<<?o dr que- 
darnos á medio camino. — Después de haber hct-bo nueva 
provisión de carne como antes, y (»spí»rando vernos libn's 
del peligro con la separación de los enfermos, conlínuamos 
nuestro viaje. Después de algunos dias de camiuiv tiramos 
hacia la otra parte del río, porque es mas fácil allí encouírar 
toros y vacas para proveer la gente, pues los infieles, dan- 



294 LA KEVISTA DE BUENOS AIRES. 

(loles un poco de tabaco, de tela ó cualquiera fruslería traen 
ellos mismos la carne á las Balsas. 

El dia mismo que pasamos á aquella Banda nos salieron 
al encuentro en multitud. 

Los hay de varias naciones, Bohanes, Martidanes, Man- 
chados y Charrúas, que ocupan en unas cuatrocientas millas 
el país que se estiende entre el Uni^iay y el Rio de la Plata 
^> Paraná como suelen llamarle) hasta nuestras Misioneí? 
La nación mas numerasa entre todas estas, es la de los Char- 
rúas, gente bárbara, que viven como bestias, siempre en el 
campo ó en los bosques, sin casa ni techo. Van vestidos 
n la ligera y siempre á caballo, con arcos, flechas, mazas 6 
lanzas, y es increible la destreza y prontitud con que mane- 
jan sus caballos. Esta habilidad es común á casi todas estas 
naciones; de modo que aunque los españoles sean grandes gi- 
n^tes, superiores á cualquiera otra nación de Europa; sin 
embargo es rarísimo el caso de que puedan alcanzar en la 
<*arrera ni acometer con la lanza un indio. 

Cierto dia que volvimos á pasar á la derecha del rio 
nos vinieron al encuentro en la playa no se cuantos Guandos 
<jue es oti-H nación numieraiiMiima que habita <»l gr*n país si- 
tuado entre el Uruguay y el mar hasta nuestras elisiones. 

Estaban todos á caballo hombres y muchachos, entre los 
cuales observé un chiquillo que estaba acostado sobre sii 
caballo como en una cama, con la cabeza en el cuello y los 
pi(vs cruzadas sobre la grupa, postura en que estaba mirán- 
donos atónito á nosotros y á nuestros indios. Xo vestia mas 
traje que un andrajo, que a manera de tahalí le venia desde 
el hombro derecho hasta debajo del brazo izquienlo, en cu- 
yos pliegues guardaba sus provisiones como en una Iwlsi 
T)es[)ues de haber estado un rato mirándonos de ese modj 
ee anderezó de improviso en su caballo, y tomando la carre- 
ra desapareció. Pero los mas maravilloso de aquella ligerí*z¿i 
en correr, ^ra que no tenia silla, ni estribos, ni espuelas, ni 
siquiera una varilla con que estimular el caballo, sino que 
iba desnudo sobre un animal completamente desnudo tam- 



COMUNICACIÓN FLUVIAL EN 1730. 295 

bien. Discurrid ahora como andarán los hombres que s.>n 
tiiafí ejercitados. 

Volviendo á los Charrúas :— son gente verdaderaniente 
bárbara y como se esponen casi desnudos á la lluvia y al noI. 
toman un color tostado; sus cabelleras, de no peinarlas ja- 
más, son tan desgreñadas, que parecen furias.— Los princi- 
pales llevan engastados en la barba algunos vidrios, piedrt^s 
ó pedazos de lata, y otros, apenas tienen un dedo ó dos en 
la mano, porque acH>stumbran cortarse una articulación en 
señal de duelo por cada pariente que muere: costumbre 
bárbara que comienza á desaparecer. Las mujeres son las 
que trabajan en las necesidades de la familia y particular 
mente en las continuas mudanzas de sus barracas de un síIíd 
á otro con las cuales van cargadas, además de llevar uno ó 
dos niños atados á la espalda, y marchan siempre á pir- 
mientras que sus maridos lo hacen á caballo sin mas pes.^ 
que el de sus armas. No plantan, ni siembran, ni cultivan 
los campos de ningún modo, contentándose con los anima 
b R. que encuentran en abundancia por todas partes, y to- 
rnan el único alimento que apetecen. Gustan, sin embari^o, 
lo mismo que los Pampas circunvecinos de Buenos Aires 
t:ias de los potros que de las vacas. No tienen habita: h n 
fija, sino que andan siempre vagamundos, hoy aquí, y ma- 
Tiana allá; y lo mismo hacen los Guanoas en la otra bjuidíi 
Vj<ío ha sido siempre un impedimento grandísimo para su 
conversión, porqué, no estando estables en ninguna parte, 
es imposible instruirlos ni administrarles los Sacramentos, si 
íioy han de estar en un lugar y mañana en otro. IMucbísijno 
y por largo tiempo han trabajado los Padres, por convertir- 
los; pero hasta ahora ha sido imposible. Por estn ^apion 
queriendo el actual Padre Provincial emprender nuevas mi- 
siones entre los infieles ; además de las que atiende conti- 
nuamente esta Provincia, — ^Im puesto los ojos sobre la Na- 
ción algo lejana de los Guáyanos, — hacia la cual se pondrán 
<*n marcha los misioneros muy en breve con la esperanza 
de obtener mucho mayor fruto que de los mencionados Ja- 



296 LA REVISTA DE BUENOS AIRBS. 

ros y Charrúas, tantas veces emprendidas antes. Verdad < s 
que en una ocasión consiguieron juntar gran cantidad di> 
estos hasta formar una población muy numerosa bajo d t-'- 
lulo y patrocinio de San Andrés; pero poco tiem¡)0 después 
impacientes al verse obligados á vivir en un solo país, — 
marcharon de i-epente unos á una parte, otros á otra, dejan- 
do desierta la Reducción. Lo mismo sucedió en la otra ban- 
da con los Guanoas, por cuya conversión han trabajado imi- 
chísimo los Misioneros; y llegaron poco ha, á fundar un.i 
Reducción llamada Jesús y Marta, con esperanza de fundar 
en breve muchas otras, cuando una mañana al llamar ¡il 
pueblo con la campana para oir, como de costumbre, la 
Santa ]MÍ8a, no se encontró una alma. Asombrado el Padn»- 
Misionero con tal novedad, sale de su casa y encuentra qu*^ 
en la noche anterior se hablan ido todos, volviéndose a sus 
})osques. — Sin embargo, de estofi suelen convertirse* nuichos 
que se vienen á vivir en las Reducciones de nuestros otios- 
cristianos. El mismo Padre Provincial, que ha sido por mu- 
chos años insigne misionero, envia ahora nuevos predica- 
dores á esas gentes, con orden que una vez convertido up 
número competente, se transporten al seno de nuestras Re- 
ducciones, para alejarlos de sus parientes, y á fin de evitar 
que los que vienen á visitarlos de su Nación, los perviertan 
como sucedió antes. 

Pero por lo que toca á los Jaros y Charrúas, hasta ahora 
no se ha encontrado ningún buen remedio. Concurre no poco 
á su obstinación, la antipatía que tienen á los españoles 
fíontra las cuales se han defendido valerosamente, conser- 
vando su libertad como otras muchas Naciones. El trata 
por otra parte que tienen con las ciudades de los españoles 
ahora que están en paz con ellos, produce casi el mismí> 
efecto, que entre los herejes de Europa, que comunicán- 
dose con los Católicos, en vez de mirar los muchos bienes 
que podrían, observan solamente algunas faltáis ó defectos? 
inevitables en la multitud: observación que les sirve para 
obstinarse mas y mas en sus errores. — A todo esto se junta 



fOMl'MCAí ION FLrViAL EX 17:i4». 2í»r 

ia multitud de A|MMtatas, que viven entre ellos; pues sutv- 
lie muy frecuentemente, que en treinta y tantas numerosí- 
simas Reducciones de cristianoK, fundadas en estas misiones 
del Uruguay y Paraná, 8e encuentran algunos disolutos ó 
desarreglados, que viendo. |>or una parte, que sino \iven 
con la piedad y edificación de los otros, son acusados y cas- 
tigados: y no queriemlo, por otra, volver al buen camino 
huyen y se refugian entre los infieles para vivir á su capri- 
f*ho. Lo mismo se ha de decir de algunos españoles, que. ó 
por sustraerse á la justicia, ó por vivir con todo género de 
libertad, se retugian entre ellos, como se refugian en Italia 
los bandidos entre los asesinos y figuraos que idea harán 
í»oncebir á los infieles de la Religión Cristiana. Un dia dac- 
<io vuelta la punta de un bosque, después del cual se abrin 
un buen trecho de playa rasa, la encontramos cubierta casi 
toda de indios á caballo, armados de arco y lanza y dispues- 
tos en forma de media luna, que nos esperaban en aquel pas'» 
para darnos carae y recibir de nosotros algunas cosas. To- 
dos sus gefes tenian nombre de cristianos. El cacique prin- 
cipal se llamaba don Simón, y por cierto, que era una carici^- 
tura bien ridicula. Llevaba una especie de manto de la figu- 
ra d^ wna capa pluvial, compuesto y remendado con varias 
piezas, entre las que se veian algunas pieles viejas pintadas 
como cueros que habrá encontrado en alguna ciudad española 
en casa de algún ropavejero. Llevaba en la mano un pecpie- 
ño bastón negro (*on puño de latón, redondo, encima y lo ma- 
nejaba como un cetro con la gravedad correspondiente á aquel 
manto y a su cabellera no menos desgreñada, que la de lo^ 
otros. En cuanto á los demás gefes. uno se llamaba Fran- 
cisco y hablaba español admirablemente: el otro tenia por 
nombre — Juan. Uno de ellos era íiijo de un escelente viejo, el 
mejor cristiano de la Reducción de San Francisco de Borja 
i Ved que bien lo imitaba I — don Simón por hacer una fineza á 
un Padre que le regaló varias chucherias. le presentó un me- 
dio ternero, sobre el cual se sentaba en su caballo y le servia 
^mo de silla. En el discurso del viaje encontramos varias 



298 LA REVISTA DE BCEXOS AIRES. 

tropas de estos infieles mas ó menos numerosas. En cierta 
ocasión algunos Padres mas fervorosos hicieron la prueba do 
solicitarlos á convertirse, pero ellos oian todo con una indi- 
ferencia digna lie indios, y á lo mas, respondió alguno que te- 
nía muchos parientes y no podia dejarlos. — Otro de Naciun 
distinta, diciéndole un Padre que mirase bien, que si no se 
hacia cristiano, iria al infierno, contestó: ¥ bieUy si es así me 
calenidré en la otra vida. Con semejantes respuestas, se li- 
braron bien pronto de que nadie quisiese predicarles. Por 
esto, sin detenernos mucho, pasamos adelante con la mayor ce- 
leridad (jue piuUmos, por el temor muy probable que habiamos 
concebido que nos cojiese la peste, por otros tres ó cuatro en- 
fermos de viruelas que jae habian descubierto, y que en el acto 
separamos de la gente, poniéndolos en una c^noa suelta, para 
([ue nos siguiese de lejos. 

Pero á pesar de todas las diligencias que usamos, no fué 
posible librarnos, porque el 20 de agosto se declaró final- 
mente con la caida casi simultánea de catorce en una sola 
Balsa y otros acá y allá en otras Balsas, señal bastante cla- 
ra de que ó por el aliento ó por la comunicación de las ro- 
pas, el fuego serpenteaba yá ocultamente, y no acabaría sin 
prorrumpir en un incendio universal. Podéis figuraros en 
que angustias nos encontramos, viéndonos a meiüo camino, 
á trescientas millas de Buenas Aires y casi otras tantas de 
nuestras Misiones; no teniendo á quien recurrir, ni menos 
pudiendo es|>erar nada de los infieles cuyos países nos ro 
deaban por uno y otro lado, — por que no hay cosa que te- 
num mas que esta peste, de tal manera, que cuando apare- 
ce uno de ellos con viruelas, lo abandonan todos, deján- 
dolo en tierra con una vasija grande de agua y un cuarto 
de buey al lado. Pasados tres ó cuatro dias, vuelve uno gi- 
rando al rededor á caballo, siempre de lejos, y mirando si 
el enfermo está vivo ó muerto. Si muerto se va en segui- 
da, pero si está vivo le renueva la provisión, y así hasta que 
muera ó sane. De modo que cuando supieron que la peste 
se habia encendido entre nosotros, se internaron en el país. 



COMUNICAÍ^ION FLUVIAL EX 1730. 299 

y no se mostr-iron mas. Permanecimos así en iin desierto, 
sin haber persona viviente á quien recurrir. Comprendíamos 
pertV»etamente, que el mejor partido era caminar cuanto se 
pudiera para acercarnos siempre mas á Yapcyú, que es Ut 
priiiít^ra RiHluccion de nuestras Misiones, y recibir mas fá- 
cilmente de allí socorro de provisiones. Pero la dificultnd 
^ra decidir a quien seguiría el P. Superior, que era el único 
-que sabia la lengua de los indios y podia confesarlos y asis- 
tirlos. Si venia ton nosotros, quedaba abandonada toda aque- 
lla trente, sin tener quien les administrase sacramentos, ni les 
procurnse los alimentos, y esto importaba condenarlos á morir 
como bestias en la playa, pues poco después habian caido en- 
fermos algunos otro«. Si p<»rmanecia cim ellos, quedaba es- 
jíUt^sta al mismo i)eligro la gent<* de todas las otras Balsas 
que podían enfermarse sin tener quien á lo menos los con- 
fesast^ Pero l)ien pronto, con suma edificación nuestra, se 
ofrecieron diez indios de varias Balsas á asistir los apestados, 
aunque conociesen muy bien el peligro próximo de la vida n 
que se esponian. Con todo, el Padre Giménez, quiso adver- 
tirles esto mismo, para que reflexionasen bien antes, y ofrecie 
«en mejor á Dios el sacrificio de suíí vidas. En seguida se diri- 
jieron hacia los apestados, que estaban tirados acá y allá en 
la ribera sin poder ayudarse y como dijeron los que sanaron 
se habian preparado á morir, sino de otra cosa, de hambre, 
creyéndose abandonados de todos ; por lo cual dieron mil gra- 
cias al Señor, cuando vieron aparecer aquel socorro de gente 
tíon el Padre Giménez, que administró á todos, los Sacramen- 
tos, confesando, si no me equivoca), aun á los sanos, por lo 
que pudiese suceder, y dejándoles buena provisión de víveres 
«e volvió á las Balsas para apurar la marcha. Con tal amor y 
diligencia se consagraron aquellos al cuidado de los enfer- 
mos (|ue consiguieron salvar mas de la mitad, lo que es muy 
raro ; hasta que sepultados los muertos y puestos los enfermo.s 
y convalecientes en las dos canoas de la Balsa deshecha, cami- 
nando poco á po(»o, llegaron á ponerlos en seguro con los 
otros. En seguida aquellos diez, uno después de otro, se 



300 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

enfenuaron toilos de la misma epidemia, y á escepeion de 
uno ó dos, murieron todos, no queriendo Dios retarda ríen 
el premio de tan heroica caridad cristiana. 

Entre tanto, todas las otras Balsas caminaron cuanto fué 
posible hasta llegar á los cinco ó seis dias hI Itú (1) ó Sal- 
to, que es el paso mas arduo y trabajoso, como diré en se- 
guida, de toda esta navegación y entraron en un riac!un»ln 
fpic desemboca en el Uruguay como media milla antes deí 
Itú. ^li Balsa, sin embargo, con otras dos, juzgaron mejor 
librarse de una vez de aipiel paso tan trabajoso, mientras 
conservaban toda la gente sana, y mucho mas por se¡)ararse' 
de la,s otras, donde comenzaba á presentirse el contagio. Y 
asi después de dia y medio de trabajo, vencido aquel paso y 
llegando á la embocadura de otro riachuelo, tres millas mas^ 
adelante, tomamos allí puerto. Pintonees fué cuando se de- 
claró la peste mas fieramente, pues de improviso, á escep- 
«•ion de una, se encontraron infestadas todas las Balsas y 
caian con tanta furia las personas, (pie en pocos dias nos en- 
contramos con sesenta enfermos y otros amagadas, y no pa- 
só mucho sin que cayeran ciento catorce: ])or lo cual vién- 
donos totalmente imposilúlitados de s(»guir viaje, enviamos 
apresuradamente un individuo por tierra á la Reducción <h*l 
Yaí)eyú, con aviso á los Padres de nuestro infeliz estado, 
rogándoles por amor de Dias, nos enviast^n provisiom^, de 
nue ya nos encontrábamos en suma escasez, á fin de que no 
murieran de hambre los que se salvaban de la i)este. T4>da 
la galleta, pan y otras provisiones, que yo tenia en mi Bal- 
sa para mí, lo distribuí á los indios, no piuliendo sufrir el 
verlos pad(ver de hambre; ni me daba pena la escasez, 
cuando podia socorrer con lo poco que tenia su necesidaíl 
íuucho mayor. Ni era menos la solicitud i)or los enfermos 
para los cuales construyó cada Balsa una ó dos mas casas 
de paja en el campo, para que estuviesen defendidos del alrt 

1. **Un*' — *'^y<>l|>f' i\o agua'\ I^alabra jfuaraní í'ompuo'itíi <lt* 
"J, agua y tú", gol|>e, (E). 



<'<)MrXI('A<*IOX FUTVÍAL KX M'M). not 

y .separados de los sanos, (.'orno el Padre Giménez estaba 
ííon la otra tropa á solo tres millas del riachuelo, vino por 
tierra á confesar tod(iK nuestros enfermos. despu<»s de lo cual, 
no teniendo ne(H»sida<l de él, los asistimos nosotros en tt)do 
lo que pudieron precisar. Hasta ahora no habia yo adminij^- 
trado el viático ni la Extrema-rncion ; pero la primera vez 
que lo hice, os aseguro, que tuve la ocasión de adiestrarme 
Una mañana dt»spues de la Santa Misa, que deciamos todos 
los dias en el altar portátil administré trece viáticos y otras 
tantas Extrema-Unciones. Ya no podia mas por el gran tra- 
bajo que me costaba estar tanto tiempo encorbado hasta el 
suelo, donde yacian las enfermos, pasar por medio de ellos, 
que estaban amontonados en aquellas cabanas y moverlos 
])ara ponerles M óleo Santo sin hacerles daño. — ademas del 
hedor que echaban y el horror que ocasiona el mirarlos pue« 
lio creo que se encuentre enfermedad mas asquerosa. Üel 
í^specto que presenta allá un niño bien cargado de viruelas, 
podéis conjeturar que serán los indios con tan malos hu- 
mores, provenientes de la cantidad de carne casi cruda que 
comen, de los cuales se descarga la naturaleza en esta nea- 
sion. Estaban en efecto, tan contra hechos que horrorizaba 
verlos, pues á causa de la gran comezón que la enfermcnlad 
produce, se d<'sfiguraban toda la cara, convirtiéndola en 
una llaga, de tal modo que no se les distinguia fisonoiiiia 
humana. Un dia mientras sacaban un muerto fuera de su 
cabana para sepultarlo, al tomarlo por las piernas empezó A 
salírsele la piel, que estaba separada de la carne, como si 
fuesen medias sueltas: lo que da á entender mejor la ma- 
lignidad de esta enfermedad. 

Tias otras lía Isas, entre tanto, con la poca gente sana que 
h^ quedaba, ayudándose mutuamente pasaron poco á poco 
el ¡tn. Este difícil paso, que llaman Jtú ó Salto es una fila 
encadenada de escollos que atraviesaní de parte á part» 
tcdo el rio Uruguay, por medio de los cuales hace el r^o 
una gran caida muy semejante al Lago de Mantua. — ^>' con 
tal ímpetu que se alzan espumosas las olas y se siente su ee- 



302 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

trépito á muchas millas de distancia; y es necesario que h^s 
Balsas pasen por ahí, porque no hay otro paso. Ve!cla<l 
es qué, desembocando el agua por varias partes entre a(jue- 
lias piedras, los indios como prácticos rodean los canales 
que tienen muchas gradas y que moderan por consiguiente 
la caida, no permitiendo al rio precipitarse de un golp». 
Con todo, no es creible, cuanto trabajan los pobres indios 
t-n este paso, porque se emplean uno ó dos dias enteras 
tirando con cuerdas la balsa, unos de la playa, otros tr.*i)a- 
dos en algún escollo. La mayor parte se arroja al agua 
empujando la Balsa por los lados y por detrás ó levantándo- 
la con las espaldas de cuando en cuando para ponerla .sobre 
un escollo, después sobre otro y librarla finalmente á costa 
de grandes y largos trabajos de aquel paso peligroso, en (¡ue 
casi siempre ocurre alguna desgracia á la gente ó á la Balsa. 
Una vez salidos de aquel peligro tiramos adelante hasta en- 
contrar un sitio á propósito para nasotros y para los enler- 
mos, (lUe cayeron aquí en mayor número que antes y para 
los cuales trabajamos apresuradamente al pié de una peque- 
fia colina 2^; ó 24 cabanas de paja, que parecían de lejos una 
tierra ó ranchería de infieles. Recurrimos, en seguida, á 
Dios con todo género de devociones públicas y privadas, su- 
jílicándole nos librase de aquel azote, si era para mayor glo- 
ria suya. Pero el señor dispuso las cosas á su agrado, 
preparándose mejor aun para las misiones con e.ste breve 
noviciado, y para hacer una buena cosecha de las almas de 
aquellos indios, que sin duda, volaron todas, tarde ó tempra 
no al Cíelo. 'Jausaba grandísima edificación ver con que 
¡)remura pedian y con que devoción recibían los Sacramen- 
tos: así como la paciencia con que toleraban tan molesta 
enfermedad sin la menor queja y desfogándose solo con in- 
vocar los santísimos nombres de Jesús y María. Vn día 
mientras administraba yo la Extrema-Unción á uno que es- 
taba casi en la agonía, otro que se encontraba al lado, en- 
vuelto en sus andrajos, y con la cara cubierta á su modo» 
me llamó y como hablaba un poco español le entendí mejor. 



COMUNICACIÓN FLUVIAL KN UM. 303 

Me rogó que le diese á besar el erucifíjo para ganar la induU 
geneia plenaria m artículo mortisf eomplaciéndolo en el ;i(*- 
to, agregando algunos sentimientos espirituales propios del 
estado en que se encontraba. Cuando el buen hombre <o- 
menzó á danne mil gracias, me prometió entre otras cosas, 
acordarse de mi en el Paraiso, con otras espresiones seme- 
jantes que me enternecieron tan escesivamente, que no po- 
dia articular una sola sílaba, ^lurió el buen indio santa- 
mente, y espero que en el Paraiso no me faltará á su pa- 
labra. 

Otro dia estando por morir un anciano de autoridad en 
tre ellos, hizo ilamar toda la gente de su Balsa, y les dijo 
públicamente que moria contentísimo, por haber sacrifica- 
do su vida, conduciendo á su país nuevos Misioneros, y los 
extiortó á no abandonar jamás á los padres por nada: *'/>í^í ; 
** aunque debáis perder la vida, dijo, estaréis seguros á lo me- 
^* nos de morir con todos los santos Sacramentos: y os aseguro, 
que es este el mayor consuelo, que puede tener un cristiano 
en el momento de su muerte,^ ^ Añadió otras cosas semejante?. 
en la larga exhortación que les hizo, que habiéndolas esplicí^- 
do el Padre Jiménez á todos los presentes, nos enternecienni 
sobremanera. Y bien claro se vio el efecto de tales exhorta 
ciones hechas al morir por mas de uno, porque de tanta gen- 
te, á pesar de los estragos que hacia la epidemia, ni uno 
solo huyó á los infíeles, lo (¿ue era fácil, por librarse de las 
miseria.s y salvar su propia vida. Pero se mantuvieron todos 
constantes hasta el último, aunque murieron la mayor parí»; 
.Vntes se encontró un dia cierto Padre con un indio, que «.'S- 
tcndido al pié de un árbol estaba llorando y preguntándole 
por qué lloraba: '^ Lloro ^ respondió, por ver á los Pacrs 
^^en estos desiertos con tantas incmñodidades y padcciymcntos 
** fuera de sus términos, por asistirnos, á nosotros, pobreci- 
*'lhs!*' Xo les hacia ciertamente, poco efecto, la incar*- 
Bable asistencia que les prestaban los padres de dia y de no 
che, no solo en lo espiritual sino también en lo temporal, 
hasta quitarse la comida de la boca, las cubiertas de las ca- 






304 LA REVISTA DE BUENOS AIBES. 

mas y otras cosas de uso para socorrer sus necesidades. Aun- 
que si ha de ser dicha la verdad, los mismos indios y parti- 
culariuente los enfermos, no cedian un ápice á los Padres en 
materia de caridad hacia los enfermos. Yo tuve muchas ve* 
(.es que reprender el mió y lo mismo sucedió al Padre Ras- 
]>oni con el suyo, por el esceso con que trabajaban siemprií 
en medio de atjuellos, descansando apenas algunos instantes 
durante la noche, hasta que ambos fueron atacados del mal 
del que sin embargo quiso Dios librarlos. Pero el mas í*ék- 
l)re fué uno llamado Ticú, que no reposaba en todo el dia 
manejando siempre los enfermos 6 sepultando los muerto?: 
A fuerza de trabajar en aquel terreno pedregoso sin ¿v/ímIa 
ni herramienta alguna, sino con un palo, se le habia hincha- 
do de tal modo el brazo derecho, que apenas lo podia mover. 
Advertido por el Padre Jiménez, que tuviese mas cuidado, 
porque aquello era esponerse á un peligro evidente de •**n. 
fermarse, n»spondi6 estas precisas palabras, '*¡^a(Jn, ?t el 
''Señor quiere preservarme ele la peste, él lo puede hnrer: ,ii 
'* nó, hágase su santísima voluntad .. ,Y o soy enfermero: mi 
'* deber es trabajar por los enfermos " Y dicho esto volvió 
como antes á andar entre ellos, hasta que contrajo la peste 
y con tanta fuerza, que parecía se hubiesen juntado en '1 
todas las pústulas de los que habia enterrado, con gran sen- 
timiento de los Padres, que se interesaban altamente por su 
vida. Pero el Señor lo curó casi milagrosamente en premio 
de su singular caridad, ó por mejor decir, en favor de los 
otros enfermos á quienes volvió á asistir como antes, una 
vez curado, continuando también en dar por la mañana y 
la tarde la señal para las oraciones y la misa, pues era t«rii- 
})orilero y sacristán. 

Nos encontrábamos reducidos á una suma escasez, cuando 
finalmente llegó por el rio el deseado socorro de provisiones 
en das Balsas despachadas de las IMisiones por los Padres. 
Pero hábil ndol(«s éstos ordenado prudentemente, que no se 
acercasen demasiado ni ccmiunicasen con los apestados, sino 
que guardando suficiente distancia descargasen lo que traían 



COMÜNICAOIOX FLUVIAL EX 1730. 305 

y nos avisaren para enviar á tomarlo; estos se quedaron en 
un Riachuelo á 12 millas de nosotros sin darnos el menor 
rtviso, donde se estuvieron muehos dia.s muy descansados, 
mientras nosotros pereciamos de hambre. Afortunadamen- 
te, dos de nuestros indios yendo á cazar por aquellos luga- 
res, encontraron una de las Balsas y preguntándoles de donde 
venían, dijeron que esperaban hacia tiempo que nosotros 
enviásemos á buscar aquellas provisiones. En él instante vi- 
nieron los nuestros á darnos aviso, sin lo cual, ¿cómo hu- 
bie'-ramos podido adivinar su llegada, nosotros que mas te- 
níamos de mártires que de protetas? Algunos dias después. 
Hegó por tierra un })uen socorro de bueyes, con lo que em- 
pezamos á respirar un poco, bien que á este consuelo sobre- 
vino en seguida otro tralmjo. Fué est^ una tempestad mayor 
íiun y mas furiosa que la anterior, que no solo smnerjió casi 
todas las Balsas, sino que las estropeó de tal modo, que fué 
preciso deshacer seis por lo menos. El rio gozó también de 
una parte de la nueva provisión, y un Padre por salvar una 
Balsa cayó al rio, corriendo no poco í)eligro de ahogarse» 
Pero la mayor pérdida que sufrimos en esta borrasca fué la 
del Oleo Santo, que .se perdió al sumerjirse una de las ])al~ 
*as, tiro certero de que acuso al demonio. 

A la tempestad siguió una infestación de tigres, que ve- 
nían á visitarnos atraídos al olor de la carne, durante la cual 
se en(*ontraron los Padres dos ó tres veces en grave temor y 
peligro. Muchas mas fueron las veces que vinieron á visitar- 
nos de noche, entre los cuales llegó uno á cierta cabana don- 
de .se encontraban dos pobres enfermos. ^ Por fortuna halua 
en el suelo un cuarto de buey, con el que se contentó la 
fiera y partió sin hacer mas daño. Otro se atrevió á entrar 
en la canoa de una Balsa, donde estaba durmiendo un hom- 
bre, cubierto con un cuero de buey. Al echar el tigre la 
garra .sobre el cuero, despertó el hombre y dio tal grito du 
horror, que no dándose cuenta la fiera de lo que podriri 
-ser, espantada á su vez, dio un salto y emprendió la fuga. 
Los indios mataron dos y nos presentaron un tigrecillo coni# 



.•ít^iH LA REVISTA DE BUEXOS AIRE^ 

de un mes, que habían tomado vivo, y de paso sea diciio, 
que no espero ver animal mas furioso. iMientras lo tuvú - 
ron estuvo Siempre frenético de rabia, rujiendo y ahalt,. 
dándose sobre todo el que se le acercaba y ha.sta sobre el ([u*- 
le traia de comer. Viendo que era imposible domesticar- 
lo y que se corria peligi'o de que en gracia á él viniesen á 
visitarnos sus parientes, como ya se habia empezado á s-rv 
tir, lo ahogamos en el Rio. 

A los tigres se juntó la molestia indeci}>le de las hori:«i- 
gas, que por estar la Balsas tanto tiempo en el mismo sitio 
habian encontrado modo de entrar en ellas á millares ya por 
\as tablas que sirven para bajar á tierra, ya ])or las cuerdas 
que las sujetan á los troncos de la costa. No habia medio Je 
librarse de ellas; ponpie era imposible matarla-s á todas ni 
un sitio tan estrecho, y si se recojia la tabla ó la cuerda pi,i n 
impedirles la entrada, era peor, pues no pudiendo salir la^ 
que habian entrado ya, se metian entre los generas. eu*í\* 
la ropa, las bolsas etc.. de modo que no habia mas remedio 
que tener paciencia. 

Omito muchas otras molestias semejantes (pie ocurriíM-nn 
imnpie seria largo y fastidioso referirlas. De este modo, ha- 
bian trascurrido ya tres meses desde que nos pusimos «^u 
viaje, dos de los cuales hablamos pasado en este desierto* 
con nuestros ai>estadas, y esperábamos la n^solucitm del 1\ 
Superior de las Misiones, porque si debíamos esperar á (pir 
todos pasaron la epidemia seria cosa de no acabar jamás, 
pues en todas las i)estes siempre escapan algunos. — T^e en- 
viamos por tanto una relación detallada de nuestro <»stado 
Los indios que venian en todas las Balsas eran 340: de ellos 
solo 42 habian permanecido sanos. Los nuiertos eran 17l#: 
(1) los curados 90. cincho tiempo hacia que no se enferniü- 

1. De niíiiiera q.io toinaiulu :>(ir tijm t»>te Ostad:» inicie cr^i- 
(Milars^o tpie anteM «le la iníroíliwcion <le la va^Miiia inorian en nues- 
tro paU iiíu ♦íO Q>¡>r ciento tie los aj^^^statios «le v'niela; y lo^ rnfer- 
iiiosei^an cumo nn vs o o sobre la poblaei<»n ataea^ia Los estado? 
<le la e'*tailí«ti«.'a de las Mi-ione* autoriza!! *^n general ente cál- 
«11 1 o. 



íOMrXK'ACIOX FLUVIAL EN \1M). 307 

ha sino uno que otro, de moilo que parecía que la i)este «nv 
saba yk ; por otra parte, varios Padres se encontraba n enfer- 
mos y en peligro, á lo menos dos, de no llegar á su destino, 
si aquellas miserias continuaban. Reconocido esto por el P^i- 
dre Superior de las elisiones, envió al instante con gran ci 
ridad un Padre con cuatro Balsas y orden de detenerse él y 
el P. (limenez con los apestados, hasta que hubieran hecho 
una rigurosa cuarentena, para evitar que la peste se introdu- 
jese en las elisiones, como en 1718, en que se llevó como cin- 
cuenta mil personas ; y que por esta misma razón, dejasen l\)s 
Padres sus ropas y se vistiesen de pies á cabeza con los vestidos 
que á este fin óo nos enviaban proseguimos nuestro viaje eu 
las Balsas nuevas. En este intermedio se nos unió de improviso 
el P. Provincial que habiendo vuelto de Córdoba de Tucuman, 
se habia embarcado en Buenos Aires para hacer la visita á las 
Misiones. Nos compadeció sumamente al encontrarnos á poco 
mas de medio camino, cuatro meses después de hnber saliólo, 
pues nos miraba con amor ])articular por ser todos ¡)erKoníis á 
quien él habia conducido de Europa con tantos ^'ii i litados, y 
animó nuestra marcha. Despojados, pues de los vestidos vie- 
jos, tomamos los nuevos de lienzo teñido, (pie es el paúo i.sado 
aquí; y podéis figuraros como nos caerian encima, lo mismo 
que hxs zapatos en las pies, siendo todo hecho al acasi por 
gente que jamás nos habia visto ni conocido. Veslidos como 
Uiejor pudimos, entramos en tre« Balsas, en las ciialcs íii)e- 
ñas podiamos movernos por su estrechez, y de »ste mOvla 
seguimos hasta las elisiones, en compañía del P. Provincial, 
que antes de partir cx^nsoló á los pobres indios, disponiendo 
que los 40 sanos se dividiesen completamente de los otros y 
unidos entre sí condujesen dos Balsas y cinco los 115 ó 120 
eonvaWient^s ; y asistidos por el l^íidre que había venido de 
las elisiones nos siguieron a dos ó tres jornadas de distancia» 
contando el viaje en la cuarentena para completarla despu» s 
en un sitio distante 90 millas de Yapeyú. De est-e modi» se 
dio fin á todos nuestros trabaj(xs, llegando hacia la mitad i-e 
Noviembre á la Reducción de los Tres Boyes, que llaman 



308 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

Yapeyú y es la primera de las Misiones del Uruguay y bas- 
tante numerosa, pues tiene como mil doscientas familiar. 
Sera largo describir la alegría con que todo el pueblo vino 
á nuestn) encuentro y las fiestas que se celebraron á su ma- 
nera en los dos ó tres dias que permanecimos allí. Después 
todos los Padres se dividieron en las Reducciones á que íue-' 
ron destinados por el P. Provincial. 

A mi me tocó por fortuna la de Santa Maria, unas dojy- 
I ientas cuarenta millas adelante, á la cual llegué fínalmente 
el 1.0 de Diciembre de 1719 justamente cuarenta meses des- 
j)ues de bal>er partido del Colegio de Bolonia, poniéndome 
en camino hácíia esta provincia. Aquí fui reci])ido con los 
brazos al)iertos y las mas tiernas entrañas de caridad por el 
Padre Diego Ignacio Altamirano, venerable anciano septua- 
genario, muy considerado en el país por su condición, doc- 
trina y singular santidad. Xo sabria como espresar tampoco 
las bondades de los indios para conmigo. Me salieron al en- 
cuentro y me rodearon tunuütuosamente quien me l>esalm 
la mano: quien se congratulaba por haber llegado al fin á su 
país: quien me daba gracias por haber venido de tan le.jos, 
lialn^r pasado el Para-duazú, es decir, el mar, y haber aban- 
donado la patria, guandi railiupaf, como ellos decian, este 
es. /x>r nuestro amor, agregando mil otros agradecimientos. 
Fué tal el júbilo que esperimenté al verme en término tan 
deseado, que olvidé al instante todos los padecimientos pa- 
sados, y estaña pronto á arrostrarlos de nuevo y aún muchos 
mayores, por el consuelo de trabajar toda mi vida entre estas 
])obres gentes. Lo único que me ocasiona alguna molestia es 
lo dificil d(» la lengua. Con todo, me voy industriando tanto, 
que va ya en dos mesí*s que hago la doctrina diaria que se 
acostumbra para los niños, que es el ministerio mas análogo 
íi mi genio, y acaso el mas provechoso. Nunca me falta nu- 
meroso auditorio, pues según el Registro, las niñas hasta quin- 
ce» años son KKKl y los niños 960. Aunque de cuando en cuando 
equivoque cualquier palabra, entienden perfe<»tamente lo qne 
quiero deHr, asi como les entiendo yo á ellos, cuando les pre 



COMUNU'AClüN FLUVIAL EX 1730. 309 

gunto, y dando algún premio á los que responden bien, se re- 
tiran alegres como una Pascua. 

Pero mejor es que concluya aquí, porque si empiezo á 
hablar de los indios^ no me basta otro tanto de lo que he 
escrito y me i:ncuentro ya bastante cansado. Me remito, 
pues, a la Relación que ya os envié de estas elisiones y que. 
por lo que yo iie visto hasta ahora, es fidelísima. Entre tanto 
os suplico saludéis muy cordialmente de mi parte á mi Se- 
ñor Padre, Señora Madre, cuñados, hermanos, hermanas, 
sobrinos y todos los parientes y amigos, rogándoles me re- 
cuerden en sus santas oraciones, para alcanzarme del Señor 
la única gracia que deseo: emplearme todo en su mayor 
gloria y en la salud de estas pabres gentes — Adiós. 

Vuestro afectísimo hermano — 

Cayetano Cattaneo, 

(De la Compañia de Jesús.) 



HERN ANDAR [AS DE SAAVEDRA. 

i\\VS\ CELEBRE: XOTKIAS Y DOCUMENTOS PARA 
SERVIR A LA HISTORTA DEL RIO DE LA PLATA. 

(C-ontioMiacian.) (1) 

XXXIII. 

Xncva solicitud del Gohirnador de Guayrá, 

Despu<?s de la notificación hecha á Hernandarias de Saa- 
vedra del auto de que acabamo8 de imponernos, pasaron 
cinco meses sin que conste del proceso que se hiciese dili- 
gencia alj^una para su ejecución y cumplimiento. 

Fué trascurrido ese lapso, en primero de febrero de 1620. 
que el gobernailor de Guayrá presento á los oficiales reales 
el escrito »si^uiente: 

** Hernandarias de Saavedra, gobernador y capitán gene- 
ral de las provincias del Paraguay, digo: que por la visita 
que el señor don Francisco de Alfaro, oidor que al presente 
es de la ciudad de los Reyes, hizo en estas provincias, me 
condenó en dos mil y tantos pesos de los derechos de la li- 
cencia y aduanilla que d^^ben los esclavos, por los que entra- 
ron en el tiempo que fui gobernador de este puerto, desca- 
ía Véa.se la p'i.iinii v^ ^cl tomo XI. 



HKRXAXDARFAS DE HAAVKDKA. MI 

minados y que se vendieron en pública almoneda, sobre que 
fué condenado así mismo por el Real Consejo; y en virtud 
de esta resulta y para la cobranza de ellos, vuestra merced 
í?eñor contador, y el tesorero, don Juan Pérez de Tamariz 
<iuc entonces lo era de esta Real Caja, proveyeron un auto 
iu q\w mandaron que el salario corrido y que me corriese por 
lazon del cargo que administré y administro, se tomase parn 
íwitistaccion y paga de lo uno dicho, por la oblación que de 
ello hice para ella, como consta de los autos, y aceptación por 
vuestras merccvles fecha, que están en poder del presente es 
cribíino Gaspar de Acevedo, y de los libros reales donde nece- 
sariamente ha de constar, según la dicha aceptación, á qu«» 
me remito ; y agora ha venido á mi noticia que vuestras mer- 
<'cdes quieren, sin poderlo hacer, sacAr la dicha plata y sala- 
rio i)ara el entero de una real ejecutoria de nueve mil y tan- 
tos pesos que saqué de la dicha Real Caja para la paga y 
trabajo de las ministros que se ocuparon en la visita de 
oficiales reales que en esta provincia hice por comisión de 
8u ^Vlagestad, que son Juan de Vergara, el capitán Manuel 
<le Frias, el capitán Pedro Hurtado y otros, de los cuales 
manda Su Magestad se cobre lo que cada uno debe, como se 
<*spre.sa por la dicha ejecutoria, no embargante lo cual e! 
licenciado Gabriel Sánchez de Ojeda, alcalde ordinario, me 
tiene ejecutado en virtud de ella, por decir habla conmigo 
no entendiéndose ni debiéndose entender así, sino para el 
<*aso que no puedan ser habidos los susos dichos ni sus bie- 
nes, se cobren <le mi. y esto se hace soh á fin de reservar ni 
dicho Juan de Vergara, y que no d^'sembolse la parte que ha de 
ic.^lihnr \i volver A la dicha Beal Caja, que es quien debe la 
mayor cantidad, y para que yo laste y mis bienes sean vendi- 
ólos y traídos de la ciudnd de Sania Fé, donde el dicho alcalde 
ha drspachado para que se traigan á esta; el cual fin parece 
que vuestras mercedes llevan, pues quieren que los de S. 
^r. que está poseyendo en su Real Caja, se pague lo que el di- 
<*ho Juan de Vergara y los demás contenidos en la dicha Real 
i'jecutoria le d<^]>en. lo cual todo arguye mui grave malicia 



312 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

y serán dignos de castigo si lo hicieren, pues cuando luibiera 
alguna justificación en la ejecución que me está fecha, no 
pueden vuestras mercedes, habiendo partes saneadas y de 
tanto caudal, como el dicho Juan de Vergara, que de!)e cua- 
tro mil pesos de los dichos nueve mil. librar lo que una vez 
aprehendieron con tanta justificación, que aún no habiéndola, 
las personas que como vuestras mercedes tienen la haciendít 
de Su Magestad á su cargo, retienen y guardan lo que en sus 
reales cajas entra de tal manera que solo son meros cobradores 
y administradores dello y no dueños para distribuirlo y disi>o- 
ner dello : por lo cual — 

*'A vuestras mercedes pido y suplico, y debidamente re- 
quiero, las veces que ha lugar de derecho, no libren la dicha 
plata que está en la dicha real caja poseida por S. ^í. y paga- 
da por mi por la dicha condenación de las licencias y adua- 
nilla de los esclavos que me fué fecha por particular resulta 
y decreto del dicho Real Consejo, y lo declaren asi y rcíjuie- 
ran al dicho alcalde son la dicha cédula que sobre esto tie- 
nen, para que se inhiba y que cobre del dicho capitán Juan 
de Vergara y de los demás, pues tan justamente lo deben, y 
de mi parte está enterada la Real Caja con los dichos mis sa- 
larios; y para que mas cumplidamente acudan vuestras mer- 
cedes á su deber y oficios pido requieran al dicho alcalde con 
la dicha cédula de Su Magest^id contra mi librada en esta ra- 
zón; y de no hacerlo vuestras mercedes así, les protesto los 
daños, pérdidas y menoscabos de mi hacienda, molestias, 
prisión y guardas con que está mi |>ersona y los demás qu»* 
se me siguiesen, y al presente escribano pido me dé un tes- 
timonio de los autos, petición que ante vuestras merced pre- 
senté de la obligación de la dicha pago, cédula de S. ^Fagestad 
para la cobranza, gastos por vuestra merced y el diclio teso- 
rero proveidos, y desta peti(*ion y lo que á ella se prov<\vere 
para en guarda de mi derecho, que. si denegado um* fuere 
protesto á vuestras merce<les, á quien pido se lo manden 
lo que protestado tengo y me conviene, y al dicho escri- 



HERNANDAR1A8 DE SAAVEDRA. 313 

hano la denegación do su oficio, y so)»re todo pido justi- 
cia, etc. 

**Otrosi, para mas abundamiento, en caso necesario, y 
en (jonforniidad de los autos prevcidos y demás diligencias he- 
chfis i)or vuestras mercedes, sobre la dicha cobranza de los di- 
chos derechos de licencia y aduanilla, en virtud de la real cé- 
dula de Su Magestad, (1) hago de nuevo reproducción de 1=1 
<licha cédula contra mi librada y se la intimo, y sobre todo pi- 
do y prot^ísto lo que protestado tengo, y justicia — Jlernanda- 
rias de Saavedra. 

XXXIV. 

La opinión de Jos Oficial va Reales se divide. 

Vista por los jueces la representación de Ilcrnandarias d<í 
Saavedra que dejamos copiada en el capítulo precedente, el 
Contador Luis Salcedo dijo : que la tomaria en consideración 
proveería justicia, pero, el Tesorero Simón de Valdés inmedia- 
tamente manifestó su voto porque se guardase lo proveido, y 
que, si el solicitante quisiese testimonio, se le diese de todo lo 
actuado. 

Tomada en consideración la solicitud por el contador pro- 
nunció el auto siguiente: 

**En la ciudad de la Trinidad, puerto de Buenos Ayres 
en tres dias del mes de febrero de mil y seiseientx)s y veinte 
años, el Contí^dor Luis de Salcedo, juez oficial real do la Real 
Hacienda dostas Provincias del Rio de la Plata, por S. Ma- 
gostad; habiendo visto la petición presentada por Hernando 
Arias de Saaveilra, gol>ernador que fué destas provincias, en 
primero dia doste dicho mes, dijo ; que se guarde y cumpla lo 
í|Ue tiene proveido por auto de veinte y siete de febrero del 
año pasado de seiscientos y diez y nueve con parecer del doc- 
tor Francisco Pérez, y si quiere testimonio se lo dé de t(Klos 
los autos ; y en el otrosí, se ponga en los autos la real cédula por 

1. Esta cédula es la que hemr>s hecho conocer en el cap, XXII^ 



314 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

donde consta estar condenado el dicho Hernando Arias de Saa- 
vedra en los dichos derechos de licencia, y así lo proveyó, man- 
dó y firmó — Lnis de Salcedo — Ante mi, Gaspar de Ace- 
vedo. 

Con esta divergencia de opiniones entre los jueces de ha- 
cienda, terminaron, por entonces, las actuaciones que seguían 
contra Hernandarias de Saavedra, hasta que éste, cuatro años 
después, entabló el reclamo de que á su tiempo nos ocupa- 
remos. 

Pero, no por eso terminó la persecución ante otros jue- 
ces como lo revela la última petición de Saavedra, por Ui 
que se manifiesta que el alcalde ordinario Gabriel Sánchez d*- 
Ojeda, llevando adelante la ejecución por la partida sobre 
salarios de las visitas de cajas, habia mandado conducir á esta 
ciudad los bienes del gobernador de Guayrá embargados eu 
Santa Pé. 

XXXV. 

El licenciado Mafias Delgado Flores. 

Con fecha 4 de febrero 1619, Felipe III, dirijió una c< du- 
la a su virey de Portugal, mandándole que, en uno de los nnvi(»8 
que viajaban al Brasil, dejase pasar á las provincias del líio 
de la Plata al portador de la misma, á quien habia nombrad') 
jt O]' juez d.* comisión para ciertas averiguaciones que d^binu 
nacerse en fslas provincias. 

El juez de comisión, que lo era el licenciado Matías Del- 
gado Flores, llegó a Buenos Aires el 20 de noviembre del mis- 
mo año de 1619, presentándose en esta ciudad con vara de la 
Real Justicia, acompañado de su secretario Domingo de Fuen- 
tes, del aguacil Juan de Bustos y varios criados del Juez y sus 
oficiales, estos con espresa licencia de S. ^I. y los criados con 
información de no ser casados, ni de los prohibidos de pasar á 
las Indias. 

Delgado Flores inmediatamente dio principio á las inda- 
gaciones de que venia encargado, fulminando procesos y pro- 



HERXAXDABIAS DE SAAVEDRA. 31ó 

< eJiendo á prisión y embargo de bienes contra varios vecinos 
y residentes, cuyos actos dieron fundamento al procurador ge- 
neral de la ciudad para pedir al ayuntamiento, en 24 de abril 
de lt)20, que exigiera del juez comisionado la exhibición de sus 
títulos, pues aún no lo habia verificado, como correspondia se- 
gún la ley. 

El cabildo resolvió de conformidad, y, notificado el 
juez, contestó que pasaría inmediatamente a presentar sus 
títulos. 

Pocos momentos después el portero de la corporación 
anunciaba que el licenciado Delgado Flores quería entrar al 
ayuntamiento, y se le mandó decir que entrase en hora 
huena. 

Abrióle el portero la puerta de la sala y penetrando en 
ella el comisionado, sin saludar a nadie, preguntó: — i dónde 
está el señor gobernador? por que es á él á quien vengo á 
ver. 

A esta tan brusca como inesperada pregunta, los capitula- 
res — f|ue se levantaban de sus asientos con los sombreros en las 
manos y hacían cortesías al licenciado — contestaron que el se- 
ñor gobernador no estaba en el cabildo. 

Diríjiéndose entonces el licenciado al teniente general 
don Gil de Oscaríz: que permanecía aún de pié con el som- 
brero en la mano, — señor don Gil, le dijo, ¿dónde me he de 
{.entar.? 

—Aquí, le contestó el teniente general — señalando há- 
eia e/ ha tico ó f^caño de e.^paldar donde estaban sentados los 
alcaldes ordinarios; aquí con estos señores, se puede v. v\ 
sentar. • 

— Xo me quiero mentar donde no (»stá el señor gol>ern»odor 
dijo el licenciado dando las espaldas al cabildo. 

Y pregutado porque no lo hacia estando todo <A cabillo 
reunido, replicó: No me siento yo donde están los '^nlpíMios 
Cintra quienes traigo comisión; y salió inmediatamente de la 
sala, hablando á manera de menosprecio, sin hacer cortesía ni 



316 LA REVISTA DE BUENOS AIRlíS. 

despedirse, ni mostrar ninguna comisión ó papel, ni decir qm 
venia á mostrar cosa ninguna. 

El cabildo mandó luego estender constancia de este de- 
sagradable insidente, y comisionó á los alcaldes ordinarios, 
l)ara que, en vista de la petición del procurador general 
y de la contucta del Jiiea de comisión, proveyesen lo 
yue fuese oondiu^ente al cumplimiento de las i|eyes. in- 
formando de tollo á Su Magestad, Real ('onsejo, Virey y 
Audiencia de !a Plata, y pidiendo lo que conviniese para 
este caso y otnxs semejantes; pues por hallarse este puerta 
tas distante de aquellos superiores, padecía de ordinario el 
cabildo y república con los juetes de comisión, muchos 
daños y agravios, costas y salarios, prisiones, molestias y veja- 
ciones, 

(.'onsignemos ahora los nombres de las i>ersonas que com- 
ponian el cabildo en aquel dia, pues, según las espresiones 
de Delgado Flores, entre ellaíi se encontraban culpados con 
tra quienes traia comisión. P>an las siguientes: el tenient*.» 
general don Gil de Oscariz; el licenciado Gal)riel Sánchez ih^ 
Ojwla y Mateo de Grado, alcaldes ordinarios; Luis de Salce- 
<lo y Simón de Valdés, oficiales reales; Francisco de ^Manza- 
nares, Bernardo de León, Juan de Vergara. Diego de Trigue- 
ros y Juan Bautista Ángel. 

XXXVL 

El cabildo contra Sa<ivedra y Delgado Flores. 

El acuerdo que vamos á transcribir manifiesta los tcmori^s 
del cabildo de Buenos Aires por la comisión que, se decia, 
iba á recibir Ilernandarias de Saavedra, llamada de pesquisa 
sobre escesos cometidos por este puerto. Al mismo tiempo 
venimos por él en conocimiento de la protección (pie mennáa 
el procesado gobernador de Guayrá del juez de comisión Delga- 
do Flores, que con tanto desprecio habia tratado al ayun- 
tamiento, según vimos en el capítulo anterior. Dice asi el 
documento : 



HERXAXDARIAS DE SAAVEDRA. 317 

**En este cabildo, de 1." de junio de 1620, propuso el 
lireneiado Gabriel Sánchez de Ojeda, alcalde ordinario desta 
ciudad, que por lo que importaba á la paz, bien y aumento 
de esta república y su conservación, conviene que se despa 
che persona de diligencia y cuidado á la ciudad de la Plata, 
enviado poder al licenciado Francisco de Sas Carrazco y á 
Alvaro Hrito y Juan Pérez de Santa María y Pedro Rodri- 
«;uez de Pareja, procuradores de la real audiencia de la Plata, 
(juienes este cabildo tiene despachado otro su poder, paia 
negocios y causas importantes á esta república, para que, 
junta ó distintamente, pidan ante el señor presidente y re-il 
andiencia de la Plata y otros tribunales que convenida, sf» 
suspenda y revoque el nuevo nombramiento de que se jact.i 
y hay publicidad en esta ciudad le viene á Hernando Arias da 
Saavedra, en razón de la comisicm que llama Pesquisa sobre 
extesos sucedidos por este puerto, atento á la enemiga de- 
clarada que tiene á toda esta república, cabildo y vecinos de 
<'lla, á quien ha hecho muchas veces amenazas ctm la dicha 
comisión, por ejecuciones y demandas que le tienen hechas 
y puestas por ejecutoriar del Real ('onsejo de la.s Indias y 
real audiencia, y con papeles y recaudos sobre deudas q^ie 
deln» á los dichos vecinos y moradores, y otras cosas qu- no 
les (piiere pagar, y que está preso y detenido por ello en vir- 
tud <le mandamientos de apremio; y que, aunque antes d«» 
ahora se han despachado testimonios en esta razón, no deben 
de haberse presentado; y conforme á derecho, mediante las 
dichas causas, no puede >ser juez, ademas de que, como es no- 
torio, no entiende derechos ni el orden judicial, y (pie pro- 
cede de hecho en ejecución y venganza de las amenazas que 
general y particularmente tiene hechas á los justicia mayor 
y ordinarios de esta ciudad y á los dichos sus vecinos y mo- 
radores, y que se pida y suplique de cualquier auto, nombra- 
miento á otro recaudo que se le haya hecho, siguiéndolo en 
todos grados é instancias, para que no sea tal juez, y cuandc» 
no haya lugar se le señale término breve, sacando provisión 
y recaudo, para que, recusándole, se acompañe conforme ;\ 



318 La revista de buenos aires. 

derecho, porque nunca se quiere aeomi)añar; y que no se 
acoiu{)añe con el licenciado Matias Delgailo Flores, con quien 
tiene parcialidad y amistad notoria, y que el escribano ante 
quien ha de pasar la dicha comisión sea de los del número y 
escribano real, conque no sea Domingo de Fuentes, escriba- 
no del dicho licenciado Alalias Delgado Flores, otrosí amiiro 
ílel dicho Hernando Arias de Saavedra ; á todos los cu:dcs v 
al dicho Hernando Arias de Saavedra se recuse; y á las 
demás personas que conviniere convenir, y que sc en- 
vié el dicho poder ( on hws testimonios y recaudos nec *- 
fiarlos. 

•*Y vista hi didm proposición por los dichos capitulan\s- 
dijeron, unánimes y conformes, ([ue se despache poder bas- 
tante con los testimonios y recaudos necesarios, segui:i\ y 
como y para efectos que el dicho alcalde tiene propu<*sto: 
]>or(iue seria nuiy ^ran daño de esta re|)úbliea (pie los dicho.v 
Hernando Arias, licenciado Alatias Delicado, I)ominü:n de 
Fuentes, escribano, sean jueces, asesor acompañado, ni es- 
cribano, en ninguna causa que toque á este cabildo, y repú- 
blica, vecinos y moradores della, por el odio, enemiga y 
auícnazas (pu* tienen hechaí^. como consta de autos, porqué- 
desde luego á todos los sobredichos y á cada uno de por sí» 
los recusan, porque los tienen por odiosos, sos])echo«o< 
y (pie han hecho agravios, injurias, y cometido otras co- 
sas graves, (pie i>or proí'>eso« y autos ])arec4M'á, á que se 
remiten. 

*'Y j)()r(pie este cabildo no tiene propios para (lesj>achar 
personas á esta caiLsa y á las demás que antes de ahora tiene 
despadiado su poder, se despacha este nuevo poder, á los 
diclios lic(^nciado Franci.scío de Sas C'arras(*o, abogado de la 
dicha real audiencia y á los demá,s procuradon^s que (*stán 
nombrados insi^liáuni, y st» les envié un testimonio destv» 
acuerdo (pie sivva de instrucción y se les dé alguna ayuda 
de c4>st4i para el dicho pago de las comisiones que se pidie- 
ren y dienm, y otros derec^hos. 



HERXAXDARIAS DE SAAVEDRA. 319 

XXXVII. 

otros acuerdos tonira d Juez de Cohusíoh. 

*'En este cabildo, de 17 de julio de 1()20, ])ropuso el li- 
cenciado Gabriel Sánchez de Ojtnla, alcalde ordinario desta 
ciudad, como era cosa notoria en ella las palabras injuriosas 
que, contra el honor y fitU^lidad de este cabildo y justicias y 
su república, dijo el licenciado Matias Delgado Flores, que 
se nombra juez sin haber querido mostrar en este cabildo 
aunque se le ha p<ídido mueha*s veces, la comisión que tiene 
para lo hacer, de lo cual, y de las amenazas que ha hecho 
de tpie ha de matar á los de esta ciudad, y otras cosas quií 
han causado nota y escándalo, conviene pedir, probar y ha- 
cer informaciones, y del estado desta república, y de sus 
daños, agravios y molestias, y porque causa y Oí*asion han 
sucedido, para que se provea de remedio en todo con justi- 
cia, i>ues toca la detensa y amparo de ella á este cabildo 
como cabeza desta provincia y ciudad; i)orque no es justo 
quede sin satisfacción lo que el dicho licenciado ^latías Del- 
gado ha hecho y dicho, y lo que Domingo de Puentes, su es- 
cribano, asi mismo ha cometido, para que todo se infor- 
me á Su Magestad y Real Consejo de las Indias y demás tri- 
bunales superior(»s, como cosa tocante á su real servicio, paz 
y quietud de esta repúbli<*a. 

''Y vista por los dichos caiútulares la dicha proposición 
habiendo tratado y conferido lo que conviene hacer en e«tc» 
ra.so. todos unánimes y conformes acordaron, que el capitán 
Plateo Leal de Ayala, procurador general de esta ciudad 
civil y criminalmente pida satisfacción y enmienda de las 
dichas injurias, ante el juez y jueces que le pareciere, contra 
los dichos licenciado Matias Delgado y Domingo de Fuen- 
tes, presentando los pedimentos y haciendo las infoniiacio- 

nes y acusaciones y demás autos y diligencias que se requie- 
jan, i>orque para ello le dieron el poder y facultad que es ne- 



yiiO LA REVISTA DE BUENOS AlEES. 

eesario, y para que en apelación, ó en otra manera, ocurra 
ante S ^I. y dtnnás tribunales superiores, para que cesen las 
molestias y agravios y vejaciones que ha recibido y recibe 
esta república, y así mismo haga todas las demás informa- 
ciones que conviene convenir en la dicha razón, y del es- 
tado que tiene y ha tenido, para su bien y aumento y con- 
servación. Y estando presente el dicho produrador general, 
lo aceptó y dijo que está presto de acudir á lo que por este 
cabildo se le encarga y ordena." 

**En este cabildo, de l.o de diciembre de 1620, el ca- 
pitán Mateo Leal de Ayala, procurador general de esta ciudad 
presentó una petición dando razón de lo hecho y pedido so- 
bre lo que este cabiklo le tiene cometido en razón de las co- 
misiones del licenciado Matias Delgado Fh)res, pidiendo quo 
dolhis se les dé traslado para las ver y pedir en nombre de 
esta ciudad, lo que le convenga á su defensa, derecho y jus- 
tit ia, porque asi lo tiene pedido y protestado a el seiior golx^r- 
nador y á los señores alcaldes ordinarios; y que no use dellas 
hasta que las presente en este cabildo y se vean, y le den ^^l 
traslado que tiene pedido; y hizo cierta^s protestaciones y 
pidió testimonio y justicia. 

'*Y vista por los dichos capitulares, en nombre de »*-te 
cabildo y república, ¡ndieron á el señor gobernador y alcal- 
des ordinarios provean sol)re lo que el dicho procurador 
giTi.^ral tiene pedido en la dicha razón, para que se venu Lis 
<f»niisiones que el dicho licenciado Alatias Delgado tuvi(n^ 
de los tribunales superiores, y á A dicho procurador trener«il 
se le de el traslado que tiem» pedido que íi mayor a))und/i- 
miento este cabildo manda á mi el escribano del, vaya á las 
casas de la morada del dicho licenciado Matias Delgado y le 
l)ida y requiera que todas las comisiímes que tiene y tuviere 
que usar y ejercer en esta ciudad las muestre en este^'abildo. 
para que se venn y sepan, y su prwurador general, si tuvie- 
re que pedir en razón dellas. lo haga c^onforme á derecho, d'» 
manera (pie en todo se pro(*eda jurídica y legalmente, con 



COMrMCAÍ lOX FLUVIAL EX 17^0. 321 

toda paz y quietud, en servicio de Dios y S M. que es lo 
que este cabildo siempre ha pretendido y pretende con la 
fidelidad y lealtad qe es notorio en el dicho real servicio; y 
así lo acordaron y decretaron. 

**En este cabildo, de 30 de diciembre de 1620, el capitán 
Mateo Leal de Ayala, procurador j^eneral, presenfó una pe- 
tici<m sobre que se le dé traslado de las comisiones que usa 
y e.jerct* el licenciado Matias Delgado Flores, para las ver 
y pedir lo que convenga, y que no se exeda de lo que Su 
^lagestad por ellas manda; y que se le notifique una cédula 
y provisión real, pregonada en estA ciudad, para que ningún 
jut:z m otra pfsona tome ni abra cartas ni papeles,'^ 

(Continuarán) 

MAXUKL KICARDO TRELLES. 



DON FEDERICO BRAXDSEN 



Capitán áe caballería deT primer Imperio francés. 
Caballero ele la Real Orden Italiana de «la Corona de Fierro, 

Cond€4:'orado -con Iím Lf.jion de Hcnor, 

Ayudante del Prímcipe Eujenio; 

Corone! de caba Haría de la Repúbli<cia Arg^^ntina, 

Cap" tan de la misma arma en el ejército de Oiile, 

Jen'eipal de Bnigada d«! Perú» 

Benemérito de la Orden del Sol, 

etc., etc., etc, 

• 

(Cwntkttuaciou.) (1) 



VIL 



Aquel cuya espada brilló gloriosa en Santiago de Cota- 
gaita y á quien la Patria adeudaba los primeros laureles al- 
canzados en las memorables playas del Suipaeha, inmarce- 
sibles aún á pesar del melancólico cantón de Huaqui, era »íI 
designado ])ara cerrar una campaña que debia costa rl«» la 

vida. 

Patriotismo íntegro, carácter afable y contracción asi- 
dua á sus deberes — hacian del Brigadier González Balcarce 
eí digno dei)ositario de la confianza de O'Higgins, que pudo 

1^ Véase la pajina f>o. 



CORONEL BRANDSEX, 323 

Valorar personalmente su admirable conducta en el celebro 
dia 5 de abril de 1818. (15) 

A las 2 de la tarde del 2ü de diciembre del dicho «úo 
llegó al campamento de ChiUan, con su Gefe de E. M. coronel 
Juan Paz del (bastillo (mejicano recien venido de Colombia) 
y después de la presentación de la oñcialidad, y la marcha 
de Freiré, con el objeto de hostilizar por otra parte á los rea- 
listas para dividir sus fuerzas — se ocupó el nuevo general 
del ejército del Sud, en tomar las medidas que le sujería su 
esperiencia, empeñado en captarse la voluntad de los ha- 
bitantes de aquellas comarcas, asaz perturbadas por xuui es- 
pecie de vandalaje introducido en ellas por el enemigo que 
instigaba al fiero indígena: pacificarlas y remover los obstá- 
culos que pudieran levantar este, cuya presencia at*eí*Tíi^a .Pie- 
riamente al país, temeroso de verse envuelto en nuevos com- 
promisos como suc*edió con los que se refugiaron en Talca- 
huano — Consecuente con esa táctica armó las milicias que 
l)udo reunir y despachó emisarios á la frontera que entrasen 
^n negociaciones pacíficas con los Thoquis de Arauco. '^ 

Entre tanto, el 29 se incorporaba el batallón N.o 1 de Chi- 
le, Comandante Juan de Dios Rivera, (penquista) contin- 
jente (pie hizo subir el personal del cuerpo espedicionario á 



15. D. Antonio González Bal?<arce, anació en Buenos Aires el 13 
de junio <ie J774 y falleció en la misma ciudad el 5 de agosto de 
1819, á oausa de las dolencia» que contrajo en el curso de esta peno- 
sa cautpaña — Prisionero de los intgleses en el asalto de Montevideo 
(1807), libra el pri>Tier combate de la Revolución en ]a«. vegas del 
rio Santiago^ y el 7 de noviembre de 1810, eoinsigue derrotar la^ 
huestes del marino José Córdoba y Bojes — triunfo que abrien-do 
]a<< puertas de Potosí^ decidió la libertad del Alto Perú haí^ta el 
Desaguadero — Bn el delicado pu-9«to de Gefe de Estado Mayor 
del ejército de los Ande», ae distintió en </aneba-Bayada y Mai- 
po, haciéndose acreedor á la medalla y cordón de oro señalado á. 
los vencedores Cí>mo asimis-mo á la banda de la **Légiom de Méri- 
to", im^ltuida por Chile en reemiplazo de los abolidos títulos de 
nobleza— Era casado «.•■on doña Dominga Buchardo, en la que dejó 
sucesión — ^y her.mano de los jenerales don Marcos, don Juan Ramón 
y el coronel doih Diego Balcarce, «que también prestaron sn> valioso 
eoneuriH) á la cau«a de la Independencia 



324 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

3,385 plazas y 6 piezas (16) — Terminados los preparativos 
de marcha y dada la orden de abatir carpas y de que los 
Granaderos siguiesen cubriendo la vanguardia — **A1 aclarar 
del 13 (17) de enero de 1819 (dice Brandsen), estando los ca- 
ballos entrenados y ensillados, montó el rejimiento á las 5 y 
se movió á las 7, por el camino real de los Angeles con di- 
rección á San Javier — Después de hacer alto á orillas de un 
estero para aprovechar un excelente forraje, se continuó á 
marchar y eran mas de las dos de la tarde cuando alcanzamos 
esa hacienda de los ^lendiburu, distante casi 7 leguas del 
punto tle partida, y cuyas casas encontramos abandonadas 
y (ompletamente saqueadas — Al 8. O. de la Hacienda se al- 
za un pe(|ueño l>osque de durazneros, bajo cuyo remaje tod«í 
el Kejiíiiiento pudo encontrar un vivaciue agradable y a cu- 
bierto del sol y del viento que soplaba con estremada vio- 
lencia — ^las ignoro la causa que obstó se colocase aquel por 
la dereclia en batalla, en vez de mandarlo echar pié á tierra, 
dando la esi)alda al enemigo, apoyando su derecha en un 
pantano y su izquierda á las casas, de manera que formaba 
lH»ri)en(liculHr al camino real — Ningún abrigo habia allí, 
y toda la tropa, oficiales y soldados pjtsamos una noche 
espantosa — ('uando al romper el siguiente día. formamos 
en batalla, no solamente se encontró la línea tendidu en 
orden inverso, sino también las compañías á la inversa de 
esta — A pesar de lo cual no se corrijió tan mala disposi- 
ción, repitiéndose mas de una vez en lo sucesivo — El bata- 
llón (le los Andes (al que precedimos dos horas) encontiv 
cómodos, alojamientos bajo el corredor que rodea el inmen- 
so i>átio de la hacienda — La artillería que nos alcanzó con la 
última luz del dia, tomó posición en una espe( ie de auli? 

Hi Olazabal áh *J.";(M) hombres oscasos en su **()pú«<'ulo" cita- 
di. — 'r«Mijx) por Dií^Jor informado á íi. Arana, que tuvo á su di«pos¡- 
CMMJ el avcliivo del Ministerio <le la íuerra «le ( hile — La||pifra d<^l 
tfí-to es la misma <|ue í*ienta a(nipl historiójjrafo. 

17. B Arana, ant¡ii}>a un «lia oste movimiento coi. o el pasaje 
díd "Laja." Lo creemos en error. 



CORONEL BRAXDSEN. 325 

patio, y luego de apoyar su espada dio frente al costado de- 
recho de las eas&s — quedando obligada, caso de maniobrar^ 
sea á derecha ó á izquierda, á desfilar por una puerta por la 
eual, solo podia pasar un canon á la vez. 

El terreno ocupado por la caballería, sin embargo de 
ser algo horizontal, dominaba la llanura defendida por el 
frente é izquierda, por un pantano inaccesible. Según mi 
opinión, este campo, era el mas á propósito para la artille- 
ría, cuya retirada hubiera podido asegurarse en caso nece- 
sarío, abriendo camino sin mucho trabajo, al través (\** uu 
potrero bastante montuoso que se encuentra á retaguardia 
de dicha posición, y el que vá terminar en el gran cami- 
no de los Angeles — Pero nada de esto se hizo, y nos corten- 
tamos con colocar nuestras avanzadas en los pasos principa- 
les del riachuelo Diguillin que distaba mas de una legua del 
campamento.'' 

En la mañana del 16 se continuó la marcha, y luej^o de 
vadear el pintoresco Diguillin, alcanzó la columna antes de 
meiliodia las márjenes del Itata. 

Este rio caudaloso, cuyas aguas como las de aquel ar- 
royo tienen la blancura y el brillo del cristal, nace al S.ul 
del volcan de Chillan, llevando allí e^rte nombre hasta <iMe 
recibe el Nuble, y sigue su curso con una rapidez de 6 mi- 
llas, por un álveo de piedras de lastre, guarnecido por Mon- 
tes densos y barrancas escarpadas, hasta desembocar en el Pa- 
cífico á 60 leguas de su origen, formando una barra casi 
insuperable 9 millas abajo del pueblito (^oelemu situado eu 
la margen del 3ud. 

Se buscó un punto playo y estrecho para pasarl»-. ct)mo 
se logró sin dificultad (alguna, prosiguiéndose la mar ha 
hasta la hacienda de ^'Bilorio^\ donde reunió toda la (li\i- 
sion tomando posiciones en las alturas y el llano — (jiie la 
avecindj^n. 

Habiéndose recibido noticias que la vanguardia enemi'jja 
í* las órdenes de Lantaño, y fuerte de 600 hombres, cam- 
paba trajiquilamente del otro lado del Laja, se trató de sor- 



^'2Cy LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

prenderla, para cuyo efecto provisto de caballos de rerauda, 
se movió todo el Rejimiento á las 8 de esa noche. 

El proyecto era bien concebido y no habría fallado, si su 
ejecución hubiese correspondido al plan. 

Después de una marcha larga, penosa é incierta á cau- 
sa de la mala fe 6 ignorancia de los guias, alcanzó la orilla 
del Laja antes de aclarar, y sondado el punto que se había 
designado como vadeable, resultó con gran asombro de to- 
dos que no existia picada alguna por donde verificarlo — 
emerjencia que frustre) la empresa é hizo retrogradar al 
Rejimiento. 

*'Que la falta fuese de los taquéanos, prosigue Brand- 
sen, ó de nuestro poco deseo de atacar, es cuestión que no po- 
dría decir — Sin embargo, sobrevino un incidente que nos 
hizo dudar que los primeros fuesen los únicos culpables. 

Algunos granaderos enviados a la descubierta, tomaron 
en un rancho un espia del enemigo, quien nos instruyó, que 
Lantaño ignorando completamente nuestra marcha, habia di- 
vidido sus fuerzas, situándose con cerca de 300 hombres 
sobre la marjen derecha del Laja, á vanguardia del esguazo 
del Salto, dejando campada al resáo de su .gente en la oriUa 
izquierda del mismo á una legua de dicho vado. 

El momento era favorable. Se podia sorprender esta ca- 
ballería dividida, atacarla, deshacerla, marchar rápidamente 
so})re los Anjeles, que Sánchez no hubiera tenido tiempo de 
evacuar, y terminar de un solo golpe la campaña. 

Tal era el provecto y la esperanza del general. Empero, 
la suerte enga?1ó su prudencia y desbarató sus bien concer- 
tadas medidas. 

En vez de marchar directamente al paso del Salto, nos 
oln^tinamos en buscar un vado imajinarío, perdiendo un tiem- 
po precioso é irreparable, y cuando se resolvió al fin tomar 
la dirección del primero, el sol brillaba ya en el zenit, y Lan- 
taño prevenido á tiempo de nuestra aproximación, habia tenido 
el suficiente para retirarse á la banda opuesta del rio, desde 
donde pudo cómodamente y con toda seguridad reconocer núes- 



CORONEL BRANDSEX, 327 

tra fuerza y observar nuestro movimientos — Ocurriendo á*: 
singular, que el bombero que nos comunicó un aviso tan opor- 
tuno (del que ningún partido sacamos), y al cual temamos 
interés en retener, desapareció sin que ninguno de los nues- 
tros se lo hubiera impedido! 

Sin embargo, al siguiente dia 17, á pesar de nuestra ca- 
i'haza logramos avistar á los españoles y nuestra vanguardia 
pudo cambiar «Igunos fusilazos con una cortina de tiradores 
que babian situado aquellos en la isla que divide el Laja en 
ti paso del Salto. 

Aun cuando distábamos una larga media legua de la ori- 
lla, tan luego como se apercibió al enemigo en batalla sobre 
la mar jen izquierda — se mandó formar el Rejimiento e» tres 
columnas por escuadrón, con sus trompea á la cabeza, orden 
en que marchó al son de carga. 

Esta ridicula demostración fué sin objeto y a nada con- 
dujo. 

Llegados á tiro de cañón del rio se dio la voz de me- 
<Ua vuelta á la izquierda, y los escuadrones bajo las órde- 
nes del comandante Ramallo, fueron á tomar posición á 30 
cuadras de allí, mas ó menos, en medio de una llanada ar- 
diente y quemada, en la cual, como era consiguiente, los ca- 
ballos postrados de fatiga, no encontraron una brizna de 
yerba para refrescarse, ni los hombres un arbusto que los 
garantiera en lo posible del ardor insoportable del sol — y i»s- 
to, cuando habia mas próximo á la ribera un excelente for 
rajeo y una sombra deliciosa — pero se supuso, que estaría- 
mos en ese punto, de blanco á las asechanzas de un ene- 
migo que pensaría en todo, menos en atacar." 

Brandsen, no se equivocaba en sus juicios, puesto que 
íisi que se les reunió la infantería a eso de las 3 p. m., la 
División entera pasó el Laja, sin peligro y sin oposición — 
habiendo retrocedido el coronel Lantaño, buscando la incor- 
poración de Sánchez, en la persuacion que no podría rr.e- 
dirse ventajosamente con los patriotas — que á las 4 de la 



328 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. * 

tarde habian concluido su pasaje después de tomar 10 reza- 
gados del enemigo (1) 

viir. 

Se ha llamado Isla de la Laja á una llanura sin horizonte, 
apenas orlada con ramilletes de bosque, comprendida entre 
el Bio-Bio y el torrentoso rio de ese nombre, que es el afluen- 
te mas considerable del primero y al que los antiguos deno- 
^ninaron Nhwqueten — Semejante al Itata oculta sus ver- 
tientes al sud de la cordillera donde fumea el Chillan y es 
notable por su estension y la naturaleza de su cuenca fr.i- 
mada por escorias volcánico-graníticas. Hacia el centro del 
llano por donde ostenta el raudal de sus aguas y frento 
mismo al cráter del Antuco, proyecta un imponente salto ó 
cascada peñascosa en la que se precipita desde una elevación 
de 80 varas, entre vaporosas nubes teñidas con los purpu- 
rinos y tenues arreboles del iris y el melancólico verde oscu- 
ro de fragantes mirtos y laureles que medran en su ácueo 
regazo. Acrecido por el rio Claro, que descendiendo de las 
lagunas de Avendaño se le reúne á pocas millas al sud de 
Yumbel, vá á perderse en el Bio-bio, después de fertilizar 
44 leguas de pais. 

En el punto por donde paso el ejército estaba bifurcado 
por una isla guarnecida de arbustos espesos y muy apropia- 
dos para servir de emboscada, formando dos brazos, de los 
cuales el segundo es el mas ancho y profundo, á lo qxxe s(* 
unia la magnitud de los silex ó mas bien fragmentos de rcK*a 
(¡ue constituyen su fondo desigual, y hacian el pasaje en 
estremo difícil, por cuantos hombres y caballos, perdiendo 
pié de continuo, resbalaban y caian — razón por la cual, si el 
enemigo hubiese intentado defender el paso, su forzamiento, 
caso de pretenderse, habría costado mucha sangre — Tan fuer- 
te era la posición que ocupaba ! 

1, V, Parte <le ** Baleares»'*, datado en los Anj^eles el 18 de 
en€ro 1819. (Extraordinaria del 10 de febrero.) 



CORONEL BRANDSEN. 329 

En prevención de esta emerjeneia, se destacó el 2.o es- 
cuadrón de 'granaderos á las órdenes del comandante Viel, 
el que cubriendq el servicio de vanguardia, bandeó el rio 
sin demora y avanzándose á alguna distancia sin encontrar 
el menor obstáculo ni apercibir vestigio alguno de enemi- 
gos, ocultó su frente por un monte alto, tomó posición á le- 
gua y media del Salto en una pequeña loma á la izquierda del 
camino real de los Angeles. . 

Merced a esta precaución, el resto de las fuerzas verifico 
su pasaje á la parte sud, sin accidente de ningún género, se 
gun queda diclio, y fué á campar sobre una ladera distante 
como 1(X) toesas del Salto, y no habiendo descubierto cosa 
alguna los esploradores, se pasó la noche sin novedad. 

Al dia siguiente de madrugada, levantó campo la divi- 
sión y prosiguió á marchas forzadas por el camino real 
de los Angeles, con el ánimo hecho de ocupar aquella plaza. 

**üna hora antes, dice Brandsen, el comandante Viel. 
montaba á caballo y persiguiendo al enemigo, con activi- 
dad y el coraje que le son peculiares, alcanzó sus bagajes un 
poco mas adelante del pueblo de los Angeles, que este habi« 
evacuado con precipitación á prima noche, (es decir, á siete 
leguas poco mas ó menos del lugar eu que i>ernoctamos la 
víspera) — Era hacer demasiado con caballos cansados por 
marchas precedentes, y en un terreno arenoso y tupido de 
monte como el que tuvo que recorrer. Además del repuesto 
de víveres y pertrechos de guerra que quedaron en los Ange- 
les cayeron en su poder 30 cargas de munición y cuatn) de 
equipaje de las religiosas de Concepción, que víctimas de un 
celo fanático y ridículo, á la par de un crecido número de 
nuijeres, seguían á pié y descalzas al ejército real, (cuyos 
movimientos entorpecían) regando con lágrimas su trayecto, 
temerosas de ofender á Dios si traicionaban la causa de Fer- 
nando!" 

El denodado Viel, pudo detenerse en este primer encuen- 
tro feliz y esperar la llegada del ejército á al menos del resto 
del Rejimíento — mas, sin consultar otro móvil que su indo- 



330 LA BEVISTA DE BUENOS AIBES. 

mable bravura y contando ciegamente con su prestigio en 
los soldados que mandaba, estimulados á despreciar el peli- 
gro y á juzgar de la debilidad ó cobardía del enemigo por la 
precipitación de su fuga — continuó su rápida marcha á la 
cabeza de 40 jinetes únicamente, y atravesando en presen- 
cia de fuerzas muy superiores la inmensa llanura que media 
entre los Angeles y Bio-bio (8 leguas) alcanzó la retaguardia 
española, sobre las numerosas alturas que encajonan este 
rio y defienden sus avenidas, la cargó aunque fuese en doble 
número a su fuerza, contrariada por el mal estado de sus ca- 
ballos y las escabrosidades del terreno, y la puso en derrota, 
matando é hiriendo 8 dragones cazadores, haciendo algunos 
|)risioneros, rindiéndose otros, y dispiersándose la mayor 
parte. (18) 

Estrechado Sánchez por este hecho de armas sobre el cau- 
daloso Bio-bio, principió á pasarlo con la confusión que 
envuelve una derrota. 

AXGEL .T. CARRANZA. 

(Contiatmrá.) 



IS V. Parte do Esealüila. datado en ?I Uano de Santa Fé á IS 
de enero d^ 1819 (** Gaceta '* núin 111). En él «e ha<*e meneion 
licorosa, de los capitana** Rivera y Olazabal. teniente F. Aldao v al- 
inez Bautista Fonsalida. 



RECI^ER1K>S HISTÓRICOS SOBRE LA PROVINCIA 

DE V (YO. 



CAPITCLO 2.0 
De 1815 á 1820. 

(Conti.niuacian.) (1) 

XLVI. 

Al día siguiente» — 10 de enero — se tuvo notieia en la ea- 
])ital de Cuyo del motin del núm. 1 de los Andes en San 
Juan, eneabezado por ^lendizabal. Corro y Morillo, que ha- 
líia verifieádose la víspera. 

En eonociiniento las autoridades de un hecho tan grave, 
tí fin de tomar las primeras y mas efieae^s medidas requeri- 
<!as en el caso v que ellas produjeran el mejor éxito en guar- 
da del orden y tranquilidad públiea, su preferente atención, 
ante todo, se contrajo á no dejar se divulgara tan funesto 
suceso, con mucho mas motivo entre la tropa del 2.o Cuer- 
po del Ejército de los Andes que. como se sabe, se encon- 
traba acantonado en la Villa de Lujan, á 5 leguas al sud de 
la ciudad de ^lendoza. 

Peligroso era. en verdad, se produjera la alarma en una 
tropa que se encontraba próxima á emprender una marcha 

1. Véas« la páj 144. 



333 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

H Chile y que podia ser seducida ó influenciada para unirse 
á sus antiguos compañeros, insurreccionados en San Juan, 
H 50 leguas de distancia. — Desde luego, en el mismo instan- 
te de recibir aquel aviso el Gobernador Intendente, jene- 
ral Luzuriaga, hizo llamar con sigilo al coronel Al varado,, 
al jeneral Arenales, que se encontraban alli de paso á Chi- 
le para incorporarse al Estado Mayor General del Ejército 
Libertador del Perú, y algún otro gefe perteneciente al es- 
l)resado 2.o cuerpo para acordar con urjencia las providen- 
cias mas acertadas que debian tomarse en aquel trascendental 
conflicto. 

Se mandó pímer en completa incomunicación aquel eaiu- 
j)amento con la capital y lo demás de la campaña. Vii cor- 
don sanitario por asi decirlo, se estableció circunvalándolo, 
á fin de que nadie penetrase (íerca de los soldados, ni es- 
tos saliesen fuera de esa línea. Se creia conseguir así poder 
detener los efíH»tas peligrosos que aquel suceso podría pro- 
ducir sobre una tropa, en su mayor parte, todavía en la edu- 
cación disciplinaria: quería evitarse á todo trance, siquiera 
fuese algunos días, una otra insurrección, muy posible, siu 
duda, á vista del inmediato ejemplo que acababa de ofrecer- 
nos el núm 1 . 

El coronel Alvarado queria marchar solo, sin escolta, ñ 
8an Juan para obrar, con su presencia únicamente, confiado 
en el prestijio que creía aún tener en esos soldados (pie éf 
había formado y conducido tantas veces a la victoria, una 
favorable reacción, su vuelta á la carrera del honor. Reso- 
lución atrevida, de la que le separó el jeneral Luzuríagp.. 
haciéndole muy oportunas y justas reflexiones sobre el ries- 
go a que esponía su persona. Este pensamiento había veni- 
do a la mente del coronel, de las cartas que acababa de reci- 
bir de sujetos respetables de San Juan, en que le parti- 
cipaban, con sejTnirídad, que una parte del batallón insurrec- 
• ionado, estaba arrepentido del acto, descontento, y que bas- 
taría que su antiguo gefe se acercara á aquella ciudad para 
correr á ponerse á sus órdenes. 



BKCrERDOS HISTÓRICOS. 333 

Lisonjease el coronel Alvarado tanto con la esperanza de 
alcanzar este resultado, que convino con el gobernador in- 
tendente de ponerse al dia siguiente 11, en marcha para San 
Juan, llevando consigo dos compañias de cazadores á caballo 
y dos piezas de artilleria de campaña. 

Espidióse al mismo tiempo un espreso á San Luis, orde- 
nando al jefe de una parte del rejimiento de Granaderos á 
<»abaIlo <|ue se encontraba allí para su remonta, se pusiese 
iranetliatamente en camino hacia Mendoza á incorporarse á 
Ja división. Temíase tam])ieu, y con sobrada razón, cpie al- 
i'anzase allá las chispas del grande incendio que avanzaba 
rápidamente sobre todos los puntos de la República. 

FA 11, en efecto, salió el coronel Alvarado con esa fuerza 
en dirección á San Juan. El 14 llegó al Pocito, 5 leguas 
<le la ciudad, en donde los insurrectos tenían avanzada una 
gran guardia. Era de noche y ordenó al ayudante de caza- 
dor<»s á caballo. Rojas, sorprenderla. Consiguiólo, pero, de- 
bido á la obscuridad de la noche y al con(M*imiento que lo;s 
^enemigos tenían de la localiilad, lograron vscapansc. AI 
siguiente dia, temprano, marchó á la ciudad el coronel con 
su pequeña fuerza. A dos leguas de distancia de aquella, 
encontró situado en línea de batalla el rejimiento níim. 1 y 
algunos escuadrones de caballeria de milicias, esperándol > 
1)8 ra resistirle. Detiívose, y pocos momentos después rvr'x- 
bia una diputación del cabildo de San Juan, por medio de la 
cual le pedia v'ncarecidamente desistiera de atacar la tropa 
insurrecta, (|ue (onsidera«e las desgracias y horrores que 
caerían, en un tal conflicto que no podía menos de ser san 
^rientí». sobre el pueblo, y el inminente riesgo en que se co- 
loeaiiiin las vidas del teníente-gol)ernador de la Roza, jefes 
V oflciídes del rejimiento. que se encontraban presos — Co- 
mandante Seíj.ieira. mayor Salvadores, capitanes Hosco y 
l^enavente. — No podía dejar de pesar poderosamente en el 
ánimo |)rudente y reflexivo del coronel Alvarado, lo (pie el 
Cabildo le hacia presente por conducto de sus comisionados. 
Conocía bien á (ine excesos podía entregarse esa soldndes-a 



334 LA fiEVlSTA DE BUENOS AIRE«. 

enfurecida, en medio de un combate, con caljecillas como 
Aíendizabal y IMorillo. Temia que aquellos distinguidos pre- 
sos, fuesen sacrificados, que se derramase la sangre de ciu- 
dadanos pacíficos también y que el pueblo todo sufriera lo», 
horrores de un saqueo. — Resolvió retirarse y se retiró en 
efecto sin que los amotinados osasen incomodarlo. En J; - 
colí, á diez leguas de Mendoza, encontró el resto del Rfji- 
miento de cazadores á caballo, á quien habia ordenado si- 
tuarse allí para el caso de necesitar un retuerzo en su espe- 
ilición á San Juan. 

En este intervalo habíase operado en Mendoza un vnin- 
bio de situación. El contagio de la anarquía habia también 
l)enetrado en la capital de Cuyo, y no obstante que los jór- 
menes depositados no tuviesen la fuerza necesaria ])arH esta- 
llar con todos los horrores que cortejan á este fiajelo, ellos, 
ibrabau ociütamente de un modo activo. El respeto y alto 
prestijio de que aún gozaba esta preciosa institución, ente^ 
raímente democrática, aunque heredada de una monan^iiía. 
vuelta absoluta con el correr de algunos siglos, llamada Mu- 
nicipalidad, que tan importantes servicios prestó a la R^^piV 
Mica en sus últimos tiempos de desquicio y de desorden ; * I 
distinguido personal de que ella se componía felizmente en 
Mendoza en ese año; la presencia allí de una parle del e.i'»r> 
cito de los Andes, á las órdenes de jefes dx^ mérito y de ««oiio- 
cida capacidad ; la inmediación en que se encontraba el íí**- 
neral San Martin, por quien conservaban siempre aquel r(*s- 
peto y simpatías que su elevado carácter y ranus cuali<líulo.s. 
supieron inspirar á los mendocinos — todo esto retardab.i !a 
o])ra latente, i>ero muy conocida, de los demoledores del 
orden y de las instituciones. 

Los dos hermanos Aldao — José y Francisco — que S( ha- 
bían separado del ejército, teniendo en vista siniestras mirjts 
l)ara lo ulterior, eran los que en Mendoza se habían iniesto 
á la cabeza de la revuelta que se intentaba, en connivencia 
reservada con Jos anarquistas de San Juan y demás punto» 
de la República en conflagración. De un valor personal bien 



RElOfERDOS HISTÓRICOS. 335 

probado, de carácter díscolo y allmaero, ambiciosos de m*iu- 
do y de riquezas, no importa los medios «iuj)leados para lle- 
gar á lograrlo, con afecto entre el gauchaje qiic sabían alUa 
gar con promesas, con la práctica de sus mismas cofrtMnibres 
y hábitos. — Unidos á sus parientes los Anzorena, crí»cida fu- 
milia, que teniendo iguales tendencias al montonerismo, á la 
discordia, desde sus antepasados, habiendo, por último des- 
cendido á la plebe — contaban con llevar á cabo sus bastar- 
das y criminales aspiraciones y trepándose á h)s primeros 
puertos de la Provincia, disponer de ella como de un patri- 
monio suyo y de sus parciales. Esperaban no mas la v);)or- 
tunidad que no tardó en llegar. 

El mismo dia que arribó á ilendoza el coronel Alvarjido. 
de vuelta de San Juan — el 16 — entregaba á la circulación 
el gobernador intendente, jeneral Luzuriaga, un Manifies*.> 
á los pueblo» de Cuyo, en el que daba cuenta del eseanaa- 
loso motin del 9 de enero en San Juan y esputaba sus cau- 
sas y funestísimas tendencias. 

Y convencido, además, en presencia de la atmósfera ur- 
diente, conmovida, que empezaba á hacerse á su alrededor, 
del terreno minado que se estremecía bajo su planta; con- 
vencido, decíamos, que ya no podría sostenerse en su pues 
to, que ni aún le seria dado apoyarse en la fuerza armada, 
en vísperas como estaba la división de marchar á Chile, di- 
mitió el mando al dia siguiente 17. 

El mismo dia, reunido el pueblo, le fué admitida su re- 
nuncia y se confirió al Cabildo la autoridad política y la mi- 
litar á un anciano oficial, don José Vargas, que habia servi- 
do en Buenos Aires, en los ]>rimero8 tiempos de la revolu- 
ción de 1810, hombre íntrego, paeífico, ilustrado, sin poKt ..r 
por lo demás, aquellas cualidades adecuadas para dominar 
una situación en momentos de crisis, colocado en un puesto 
senvejante. 

También Dupuy, por el mi«mo tiempo, como se verá 
después, renunciaba su Tenencia de gobierno en San Luis. 

El coronel Alvarado colocó de guarnición en la ciudad de 



¿36 



LA REVISTA D£ BUENOS AlBES. 



Mendoza al rejiíuiento de eazatlores á eaballo-Tuvo en vistu 
para esto, dos motivos- -primero, afianzar por algnn tiem- 
,w el orden y la seguridad púbUca : segundo, distanciar ese 
<uerp« del de granaderos á caballo en Lujan, temiendo un 
conflicto entre ambos, de que ya aparecian algunos sintonías. 
Entre tanto, v antes de internarnos mas en la descripción 
de estos acontecimientos demos la palabra á documentos 
relativos, de la mayor importanda histórica, que liemos ob- 

tenido. 

nelt)s aquí. .. i «♦ 

También participó Mendizabal al gobernador |ntenden e 
de la provincia de Cuyo, del atentado (lUe cometió el í» de 
«>nero. — Le deei?- así — 

•Si el sistema que hemos proclamado está fundado en 
principios de equidad y libertad, ellos mismos franquean ac- 
•ion á todo ciudadano, para remover el gol,ernante que ol- 
vido .le unos deberes tan sagrados, no tiene mas regla 
para pro<.eder. que la arbitrariedad. Tal era el doctor dou 
oe gnacio de la Roza. Expatriación de ciudadanos bene- 
m^ito!. abatindento y desprecio de la mayor y uuis sana 
parte del vecindario, disponer de sus propiedades a su an o 
Cv in guardar equilibrio entre los impuestos y los tondos 
•;;¡; debían sufragar los gastos públicos, y finalmente la to- 
tal viola.-ion de nuestra Constitución y Reglamentos. 

Vea ahí V. E. los motivos que me indu.ieron a separar -> 
„el mal de este pueblo, como lo ejecut. ^'' ^^/-^^ .^,;; 
.„ eonsecuencia. convocado el vecndar.o para »« J-*^; 
,V1 nuevo gobi-rno y habiendo recaído en mi pcr«>na. con 
,0 acrnlita la acta testimoniada, que acouqmna a ^ . S. I 
;, Cabildo (1). ha sido mi primer cuidado, que ent.. 
tropas V el vecindario, se oKserve el mayor cuidad.. > orden. 
,,asta que el Supremo Gobierno de las 1 roMmids 

, 1.H „„o„a ,,a-..la al í^>.!„e.... I.w.n-.,.r M hNta.l... <,uc .va 



RF:('rp:RL>08 históricos. 3^7 

á quien doy cuenta de lo ocurrido, resuelva lo que sea de su 
justificación arbitrar/' 

"^lientras tanto, lo pongo también en conocimiento «le 
V. »S. para que á vista de lo espuesto y de la quietud y se- 
guridad que hay en este pueblo, se digne suspender cual- 
<iuier medida que crea V. S. conveniente en las circunstan- 
cias. Bien persuadido que el arresto del comandante don Se- 
vero Garcia de Sequeira y de otros oficiales, á quienes se les 
trata con aquel decoro que les corresponde, ha sido por pura 
precaución, y con el objeto de evitar discusiones que tal vez 
<'()mprometerian la tranquilidad de este vecindario." 

**Dios guarde á V. S. muchos años.'' 

**San Juan, enero 10 de 1820." 

Mariano MincUzahal. 
** Señor gobernador inti^ndente de esta provincia." 

(A. G) 



Xo sabemos si el general Luzuriaga, en su calidad de Ge 
IV Superior, inmediato de Ja provincia de Cuyo, dio contes- 
tación á esta desacatada nota — Debemos presumir que no, 
caloso í'omo de*)ia manifestarse en este caso de su ilignidail y 
decoro. — P]n vista de un crimen de insurrección, cometido 
tan corea de la autoridad central de la provincia, de un acto 
atroz de inversión contra el orden, contra la constitución y 
las leyes, con derramamiento de sangre y la prihion /iol«'nta 
> arbitraria dA teniente gobernador de aquel pueblo y de 
los tfctes y oficiales del regimiento X.o 1 del e.i«'*rcito de los 
Andes, no podia, sin comprometer sus deberes para con la 
patria, sin hacerse responsable ante los tribunales , or in- 
tracrion á su juramento de vijilar y mantener en desiMiipeño 
de su cargo, la seguridad y tranquilidad públii-a, el jmix rio 
de las leyes, no podia tolerar, dejar impune tal at^ntaJo — 
Antes al contrario, si queria evitar el derramamiento de san- 
gre, si consideraba por las circunstancias, impo-i'íle «le llm'tvr 



S.-ÍS LA RETV'ISTA DE BUENOS AIEES. 

e\ castigo (*ontra esos criminales debia bajar del puesto — Así 
vemos que lo hizo y que i>or eonsi guien te proctdió en esta 
grave emerjeneia eon honor y lealtad. 

El contestó como sigue á un despacho que le dirijió el 
cabildo de San Juan, el mismo dia 10 de enero. 

** Impuesto por la nota de V. S. de 10 del corriente y sx'Vi 
que me acompaña en copia y recibí la noche del 13 por ú 
comisionado Salvador del (^arril, de lo ocurrido el 9 al ama- 
nee cr, tengo el honor de incluirle en contestaeion las adjun- 
tas copias que instruirán á V. S, de las medidas que hé to- 
mado i>or mi i)arte para consultar el restablecimiento del 
rrden, desgraciadamente interrumpido. Estoy tan |x*rsua- 
dido que V. S. empleará toda su influencia al mismo objeto. 
l)orque este es el interés general del pais y el de cada indi- 
viduo en particular/' 

* * Dios guarde á V. S. muchos años. 

**. Mendoza, 17 de enero de 1H20. 

Torihio (U LuzKriaga. 

**Al muy ilustre cabildo, justicia y rejimiento de la ciu- 
dad de San Juan.'' 

.(A. G.) 



Esta concisa y digna respuesta la tinnó el general Luzu- 
riaga, precisamente» en la mLsma fecha — 17 de enero — en 
que se separal)a del puesto de goln^rnador intendente de la 
provincia de Cuyo — Las copias á que en ella se refiere remi- 
tir adjuntas al cabildo de San Juan, son sin duda, de los do- 
cumentos que mas adelante insertamos, salidos de vSU Secre- 
taria. 

Sí» re(*ordará que en uno de los despachos dirijidos al Su- 
j)ri»mo Director del Est^ido por el cabildo de San Juan quí* 
dejamos registrados, se acusa al gobernador intendenta, ge- 
neral Luzuriaga de retenerle en Mendoza á su comisionado 
ilon Salvador del Carril — En la contestación (|ue acabamos 



RE<'UKRDOS Hí«TOR !<•()$. 339 

de copiar, hablando de este últmo, nada induce á creer, quo 
lisase de un tal pi*ocedimiento — Por lo demás, el doctor 
C'arril, que desde su temprana carrera pública no simpatiz<> 
jamás con el i)artido del desorden, se detendría en Mendoza 
para encontrarse lejos de la repugnante y peligrosa anarquia 
en que se encontraba el pueblo de su nacimiento — quería — 
no lo dudamos — permanecer en Mendoza, con el laudable y 
patriótico empeño de trabajar, cerca de sus autoridades, del 
ííeic del 2.o cuerpo del ejército de los Andes, para que pusie- 
sen en acción sus fuerzas, sus recursos, en salvar á San 
Juan. 

Veamos ahora estos otros documentos. 

*'E1 orden de esta ])rovíncia y la seguridad de sus habi- 
tantes, exijen que V. 8. se sirva convocar al pueblo en la 
forma ordinaria para un Cabildo abierto, que debe celebrar- 
se el día de mañana á las 9 de ella. Mi objeto es que V. S., 
en unión con el pueblo que representa, tomen en considera- 
tion la situación política de la provincia, los peligros que 
la amenazan y los medios de precaverlos, entre los cuales 
espomlré á V. S. en la comunicación de mañana, los que 
por mi parte tengo meditados para que el pueblo resuelva 
sobre ellos, con el juicioso celo que ha acreditado siempre 
en las circunstancias mas difíciles. '' 

**Dios guarde á V. S. muchos años." 

** Mendoza, 16 de enero de 1820.'' 

Toribio de Luzuriaga, 

**Muy I. cabildo, justicia y rejimiento de esta capital.*' 

(A. G.) 

(Ooíntinuará.) 

DAMIAX HUD^ON". 



apl'ntp:s postumos 

V 



(Contlmiacion.) (1) 

Kl teiiú'ntt* coronel Rojas regresó el lí) k lea con loa 
trofeos (h» su triunfo, y ese mismo dia el rejimiento de ca- 
zadoit\s á caballo eon su coronel Xecochea volvió al cuartel 
general de Pisco. 

La división Arenales continuó su marcha para el interior 
f*l dia 21 de octubre, dejando en lea al teniente coronel don 
Francisco Hermudez como comandante militar,, al capitán 
don Jasé Félix Aldao para que crease un escuadrón de ca- 
bal leí ia, y como gobernador político de la provincia al al- 
calde d(* primer voto don Juan José Salas, agraeiámlolo 
a(b*más con el título de teniente coronel de ejército, que el 
general San Martin címíirmó inmediatamente. 

La ruta de la división era sobre la cordillera de Iluancavé 
lica. á donde el general babia despachado con anticipación 
un itinerario de las jornadas, conducido por un comisiona- 
do patriota, a(*tivo y enérgico, con un pasaporte é instruc- 
cioní's. en <|ue se ordenaba á los alcaldes de distrito, que 
en cada jornada de las demarcadas se reuniesen las rews y 
leña suficiente para la mantención de la tropa ; y en honor 

1. Ví^-A-o la pá.i. -ir». 



APUNTES POSTUMOS. 341 

de la justicia y del patriotismo de los habitantes de osa ruta, 
y de la8 demás que recorrió la división Arenales, en esa épo- 
ca, me es satisfactorio declarar, que no solo no tuvo el co- 
misionado la necesidad de compeler á ninguno en este ra- 
mo, sino que por el contrario, los indios, las indias y todos 
los habitantes venian á ofrecer espontáneamente, sus vaqui- 
tas ovejas, papas, queso y cuanto tenían para mantención 
de nuestros soldados: y hay que advertir, que algunas de 
estas ofrendas y demostraciones, las traian á cuestas habi- 
tantes de muy largas distancia^*, saludando á nuestros sol- 
dados con las palabras de patrianos, patriarcas, que sin duda 
creían sinónimos de patriotas: y cuando nos acercábamos á 
pueblos grandes situados en eminencias elevadas que no era 
fácil llegar á nuestro camino, se contentaban con saludarnos 
al paso desde la cumbre de sus elevados cerros, con sus can- 
ciones tradicionales en quichua, cantadas en coro por cente- 
nares de voces al son de sus flautas y tamboriles, que eran con- 
testadas de nuestra parte batiendo al aire nuestros pañuelos: 
estas manifestaciones de los peruanos, que conocidamente 
eran producidas por la sinceridad de un sentimiento patrió- 
tico, entasiasmaban el ánimo de nuestros soldados, demostrán- 
doles la grandeza del pensamiento de su general. 

Atravesamos la cordillera de los Andes sin novedad (pie 
llamase la atención, y al aproximarnos á la ciudad de Ilua- 
manga, el general tuvo aviso de que el Intendente de la pro 
vincia, Recabarren, con una compañía de infantería y al- 
gunos milicianos, se retiraba para el Cuzco, llevando con- 
sigo los fondos de la tesorería y algunas otras cosas de valor : 
el general dispuso entonces que inmediatamente marchase 
el mayor Lavalle con sus granaderos, sobre el puente de 
Pampas á ver si lo batía y le quitaba el cargamento; mas 
cuando llegó, ya habia pasado el rio y cortado el puente, 
que es del sistema de puentes colgantes del tiempo de los 
Incas y son tan comunes en el Perú, pero no regresó sin 
muestras de triunfo, pues trajo un oficial de artillería y unos 
cuantas soldados que habia tomado prisioneros. 



342 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

El dia 31 de octubre hicimos nuestra entrada en la ciu- 
dad de Huamanga, y fué indudablemente mas espléndida 
que la de lea: la Municipalidad, los vecinos notables de la 
ciudad, y algunos miles de habitantes de todas las clases de 
la sociedad, salieron á recibirnos á distancia de mas de 15 ó 
20 cuadras de los suburbios, llegando el inmenso concurso 
al estremo de embarazar la marcha de la columna. Asi que 
anduvimos algunas cuadras, encontramos á los señores de 
la ^Municipalidad con sus altas varas negras, símbolo de su 
autoridad, formados en línea: se acercaron al general diri- 
giéndole un discurso el principal de ellos, y haciendo la de- 
mostración de ofrecerle la llave de la ciudad: pero nuestro 
general con ese carácter estoico, adusto y de una rigidez 
inflexi])le, apenas les hizo una cortesía con la cal>eza: im- 
perturbable, continuó su marcha á la cabeza de la columna, 
repitiendo la palabra — historiadores . . • . historiadores — Mi 
batallón formaba la cabeza de la columna, y yo iba ocompa- 
ñando al gefe del cuerpo, con cuyo motivo me fué fácil pre- 
sencias este estraño episodio. Semejante acto de descorte- 
sía y falta de consideración, a un pueblo entero que con 
sus ^Magistrados á la cabeza y con las demo6traiCÍon«8 mas 
invidentes de regocijo, salia á presentar el homenaje de res- 
peto y aprecio que dedicaba á sus libertadores, nos rubo- 
rizó á teñios y fué amargamente censurado por los gefes y 
ofí(*ÍHles de la división: y un poco mas adelante que hizo alto 
la columna y je dio un corto descanso, como para sacudir- 
nos el i>()lvo y arreglar nuestros uniformes antes de entrar a 
la población, el teniente coronel Rojas gefe d^l E. ^TM., 
los comandantes Aldunate y Deheza, el mayor Lavalle y 
muchos oficiales de los cuerpos, corrimos á rodear á los ^íu- 
nicii)ales y la gran comitiva que los acompañaba, para abra- 
zarlos (*on el carino y entusiasmo que merecían sils demos- 
traciones de patriotismo, y disculpar al general describién- 
doles sin embozo las raras calidades de su genial exentricidad 
y rigidez, pero haciendo justicia á su valor, su rectitud y 
su bonomia, asi como á sus revelantes servicios á la causa 



APUNTES P(ySTUMOS. 343 

ele la independencia americana: y estos señores repuestos 
<M desaire que habian recibido, con las satisfacciones y sin- 
ceros halagos (|ue recibian de los ge fes y oficiales, recupe- 
raron su serenidad y continuaron con júbilo sus vivas al ge- 
neral San Martin, á los protectores de su libertad y á la cau- 
in\ dt la independencia. 

Entramos á la ciudad, y tanto la tropa cuanto los gefes y 
< filiales, fuimos perfectamente alojados: y en la casa dis- 
puesta para el general, se encontró un gran banquete pre- 
parado para todas los gefes y oficiales de la división, que por 
^star ya todo listo aceptó el general, no sin hacer demastra- 
4'iones de reprobación: único ejemplar que puedo yo citar 
vn todo el tiempo que he servido á sus órdenes ó estado á 
-su inmediación, pues jamás aceptaba obsequio ni present»? 
<le ningún género, aun cuando fuese de un ramo de flores 
/; la cosa mas insignificante. El general Arenales sin dejar 
<le tener un corazón bondadoso, generoso y noble, tenia el 
•ílefcíto de ser poco cortesano, urbano, amable: era hombre 
de una pieza: severo, inflecsible, rispido, como no hemos 
tenido ningún otro gefe: y para que se forme juicio de la 
persona del general Arenales, séame permitido diseñar al- 
ífunas de sus costumbres que se le vieron en esa campaña. 
4iue practicaba en público y sin la menor reserva. 

En esa campaña no tenia mas que un solo ordenanza que 
cuidaba de su caballo de batalla, su muía de marcha y su 
eíjuipaje (pie estaba contenido en dos petacas y nada mas. El 
por sus manos ensillaba y desensillaba su muía, y no con- 
sentia (pie nini^un otro se lo hiciera: sabia herrar perfecta- 
mente, y por consiguiente, él herraba su caballo y sus muías : 
*;n las marchas cargaba un par de alforjas en su silla, en las 
-que llevaba una servilleta con pan y queso, un cubierto, un 
jarro de plata, un pedazo de carne cocida ó asada, y un poco 
<]c maiz tostad:): este era su alimento favorito. En 1 s des- 
cansos que daba á la columna en las marchas, se apartaba 
un poco del camino, le quitaba la brida á su muía para ipie 
ramonease, bajaba sus alforjas y almonzaba ó tomaba algo. 



344 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

\anca invitaba á nadie para esta operación: y algrnnas ve 
tes que á mi batallón le toeaba por su turno ir á la cabeza 
lie la columna, yo como abanderado iba siempre al lado de mi 
(comandante Deheza, y no pocas ocasiones me llamó el gene- 
ral para brindarme con algo de su almuerzo, obsequio que ni 
su hijo el teniente don Florentino, que iba de su ayudante, le^ 
merecia, porque no comia con él: pero dejando aparte toda 
reflexión, estas distinciones que el general me dispensaba, 
yo se las estimaba con aquella cordial sinceridad que me 
< orrespondia. 

El general Arenales era tan escrupuloso en todos sus ac- 
tos administrativos, que fiscalizaba y mezquinaba los inte- 
reses públicos mas que los suyos propios: nos tenia por des- 
])ilfarrados, y de consiguientci llevaba las economías basta un 
punto que nos hacia desesperar. A la salida de lea ordeníV 
(|ue se racionasen las compañías con una res, como se hacia 
en la costa, disposición que nada tenia de particular, desd»^ 
que en la costa todo el ganado es muy crecido, una í*oíiipa- 
ñia de 80 á 90 plazas podia comer muy bien con una rcsr 
pero en la sierra donde el ganado vacuno es incomparable 
mente mas chico, no se podia hacer esa distribución, y mu- 
cho menos el dia que nos daban carneros, í|ue entregaban diez 
como equivalente de un novillo; por consecuencia, los parte» 
que se daban por los sargentos de las compañías A la hora 
(le lista, eran, que en una se habían quedado diez honibrcR 
sin ración, en otra doce y en otras aun mas, cargo (|U(* sin 
desconocerse el orí jen, recaía sobre el abanderado que reci- 
bía el ganado y toda clase de raciones. En vano el coman- 
dante reclamó al E. ^I. repetidas veces sobre la escasez (h* 
raciones : el general con ese carácter inflexible que lo domina- 
ba, siempre sostuvo ese sistema de raciones como invariable^ 
acusando de despilfarrados á los oficiales que hacían las dis- 
tribuciones: y como sobre mi como abanderado del Batallón 
recaían las reconvenciones, tanto del comandante cuanto de- 
los capitanes de compañía, por msfí que conociese la injusticia 
y procurase disculparme haciendo ver el oríjen, no remedian- 



APUNTES P68TUMOS. 345 

doae radicalmente el mal como correspondía, (*uando iba con 
la tropa á la carneada yo reclamaba á los repartidores, al- 
tercaba y constantemente tenia mis reyertas con ellos; pero 
viendo que nada adelantaba por esos medios, yo discurrí un 
arbitrio de consegir lo que por medios legales no habia 
llegado á alcanzar. Consistía en lo siguiente. — 

Los rebaños de ganado en el Perú, sea vacuno ó lanar, 
son tan mansos y bien domesticados, que un indio solo, 
una india ó un muchacho, los maneja no siendo muy nume- 
rosos: pero cuando se acerca una persona estraña, ó un sol- 
dado en particular, el ganado lo desconoce por el traje ó por 
el olfato, se asusta, se alborota, quiere disparar y no hay 
muralla que lo contenga: yo que habia observado esto, me 
propuse sacar partido en favor de mi batallón: los abande- 
rados del 2 y del 11 Íbamos todos los días á recibir el ganado 
á cualquier hora que los comisionados hicieran el reparto, y 
en reserva instruía yo á los soldados que llevaba, para que 
después que nos entregasen el que correspondía al batallón, 
con algún pretesto hiciesen algo como para que disparase el 
que quedaba en el corral, y de entre la confusión que resul- 
tase, nos apoderábamos de una res ó de algunos carneros 
mas para que alcanzase la carne para todos. Vn día de esos, 
I>ues, que hacíamos la marcha por la cordillera, el genera) 
hizo adelantar los abanderados á recibir el ganado antes que 
anocheciera: asi que llegamos al corral, observé que las re- 
ses eran muy chicas, y calculé que ese día se nos iban á que- 
dar algunos soldados sin ración: pero viendo entre el ganado 
una vaca hermosa y gorda, quise hacerla carnear antes que 
llegase el abamlerado del núm. 2; pero los pastores que solo 
hablaban quichua, no me entendían lo que yo les hablaba (*ri 
castellano, por (*uyo motivo tomé yo un lazo de los (pie te- 
nían los indios, armé la lazada, y al revolearlo para enlazar 
la vaca, el ganado se alboroto y atropello á la puerta del cor- 
ral, pero al sentir la vaca el lazo en las astas me aííometió y yo 
á duras penas pude" escapar corriendo para saltar la pa- 
red del corral: mas el jeneral que en ese momento llega- 



346 LA KEVISTA DE BUENOS AlBES 

ba al campo ron la división y presenció la escena, mon- 
tó en cólera y Je gritaba a la vac*a "'cójelo, cójelo vaquifa, y 
tnata á ese abanderado ladrón": — pero no sucedió asi por for- 
tuna : yo pude saltar la pared y la vaca siguió la disparada del 
resto del ganado. Con este gracioso episodio me ejercitaban 
la paciencia los compañeros y amigos, mas el jeneral nunca 
se dio pmr entendido en ninguna de las veces que lo vi después 
y aún mas tarde. Pero continuaré la narración interrumpida 
por esta digresión. 

Posesionados de la ciudad de Huamanga, capital del De- 
partamento del mismo nombre, el jeneral tomó informes del 
estado y posiciones del enemigo, al sud que queda el Ou/eo 
y a) norte el valle de Jauja. Dispuso también qu*» el nueilo 
.,iirHS<* la iuilependencia, ceremonia que se verificó i'on la 
mayor pompa y lucimiento, con misa de gracins. IV-D^Miin, 
^Tinaeion de nuei^tras tropas et^. etc. : y mientras «^1 i'ií^blo 
estaba engolfado en estas diversiones, el jeneral mandó que 
un piquete de granaderos á caballo se adelantase á pose- 
sionarM* del puí*nte de Mayo, que quedaba á nuestra reta- 
guardia, punto indispensable para la continuación de las ope- 
raciones: esta comisión le tocó ejecutarla al teniente don 
PVancis<*o Borja Moyano, que marcbó con 15 granaderos y 
varios indios, entre ellos un alcalde muy patriota y baquea- 
no de esos parajes. Se nombraron en seguida las autoridades 
que correspondian al nuevo orden establecido, quienes como 
en Tea se esmeraron á competencia en su atención y servicios 
k la división. En la nocbe del 11, fuimos agradablemente 
sorprendidos con el parte del teniente Moyano, en que decia, 
que en la madrugada de ese dia babia tenido la fortuna de 
a])<)derarse del puente sin ser sentido, que sorprendió al cen- 
tinela, dejándolo muerto de un pistoletazo, y babia tomado 
prisionera toda la guarnición, que se componia de un oficial 
y 25 hombres, con sus armas, municiones y caballos: dicien- 
do por conclusión, que el oficial le habia declarado, que el 
puente estaba minado artificialmente y las minas cargadas 
de pólvora, y que él habia sido puesto allí para darle fuegos 



AlH'NTEíS POSTUMOS. 347 

y hacerlo volar en cuanto se acercase cualquier fuerza nues- 
tra: pero que informado él de estas circunstancias, marchó 
con toda la cautela y precauciones que pudo discurrir, y que 
3a buena estrella que guiaba nuestras armas habia querido 
^•oadyuvar á su deseo: que quedaba asegurado el camino que 
la división debia seguir, y burlados los planes del enemigo. 
La división se puso en marcha al otro dia, y así que pasó 
1*1 puente, campó en un pueblo distante como una legua del 
rio: allí recibió el jeneral comunicaciones del jeneral San 
3Iartin, en que le prevenía que el Ejército se reembarcaba 
<n Pisco para pasar al Callao, á ver si al presentarse en la 
bahía se efectuaba una conspiración que tenían combinada 
los patriotas de Lima, y de no efectuarse ocuparía la costa 
-del norte para -imagar la capital y de ese modo protejer núes- 
ira división hasta que nos reíncorparásemos. 

K\ dia 16 llegamos al pueblo de Pampas, población tan 
agrande como la de Iluanta. y muy bien situada en un her- 
moso campo circumbalado de cerros: al siguiente el general 
hizo sal>er á la división por la orden general, que el goberna- 
xlor int<*ndente de Iluancavelíca se retiraba por el Valle do 
-Jauja hacia Lima, con una división de tropas, llevándose 
los caudales d^ la tesorería y una grande emigración .b» 
familias de españoles empleados y comerciantes: que se es 
-<»apana sin qu*^ la división le hiciese sentir el peso de sus 
4vrnias y su valor, por cuanto la infanteria no podía for- 
-zar sus marchtis hasta alcanzarlo: y que siendo la caballería 
la única <iue podía picarle la retaguardia, cuando una parte 
de esta andaba en otra comisión; invitaba á los oficiales de 
\oH cuerpos que se considerasen bien montados, para refor- 
7ar los 40 granaderos del mayor Lavalle y acometer esa im- 
portante operación: esta invitación fué bien acogida, pues 
«e presentaron quince al Estado Mayor, siendo yo uno de 
<^llos que fui con el consentimiento y licencia de mi coman- 
clante: en el E. M. se nos ordenó presentarnos al mayor La- 
valle, (piien inmediatamente que nos incorporamos nos hizo 



:j48 la revista de bueíjos aires. 

formar la primera mitad, poniéndose en marcha acto conti- 
nuo sobre Huancayo. 

Desde que descendimos los cerros que dominan la posi- 
ción de Pampas y caímos al valle de Huancayo, valle que- 
está tapizado por decirlo así, de numerosos pueblos de in- 
dios á muy cortas distancias uno de otro, cambió completa- 
mente la escena para nosotros : el país era abierto, llano, fér- 
til, y el camino, por supuesto, menos fragoso que el que ha- 
llamos dejado atrás: anduvimos ocho leguas á pesar de que 
interrumpían nuestra marcha, grandes masas de hombrea 
y mujeres con banderas, arcos triunfales improvisados de 
ramas verdes y flores, danzas que bailaban á su modo y can- 
taban canciones con tamboriles y flautas, obsequiando con 
cántaros de chicha, flores, licores, dulces y cuanto tenían 
de mas agradable, victoreando á sus libertadores: todo les^ 
fué admitido con efusión de aprecio y agradecimiento úna- 
nos los licores: pero nada era tan encantador como unas 
(lanzas que en uno de esos pueblos salieron á nuestro en- 
cuentro, compuestas de las mas ])onitas y graciosas donce- 
llas, figurando las Pallas del Tnca : su porte modesto, su gra- 
cioso candor, pero sobre todo, el modo de espresar i)or me- 
dio del llanto sus íntimas emociones de placer ó de dolor, 
eran demostradas con la sencillez y naturalidad de sn pecu- 
liar carácter: pocas veces he presenciado una escena maí5 
conmovedora: j)ero nuestros soldados henchidos de satisfac- 
ción y de ternura, sin interrumpir su marcha les manifesta- 
ban su gratitud y su entusiasmo, repitiéndoles que se ha 
bian resuelto á sacrificar su vida, por venir á libertarlos de 
la esclavitud y de la opresión. Entre esta sucesión de de- 
mostraciones entramos á Huancayo. cuyo vecindario en masa 
con el mayor entusiasmo, pretendia detenernos para obse- 
(luiarnos. Fué necesario un grande esfuerzo de jiarte del 
mayor Lavalle, para convencer á los Municipales y vecinos 
notables que salieron á recibirnos, de lo inconveniente^ .lo 
cualquiera demora y la necesidad urgente de alcanzar a! 
enemigo, ofreciéndoles que si eramos felices en el combate. 



APUNTES POSTUMOS. 34il 

á la vuelta aceptaríamos sus agasajos. No insistieFon en su 
pretensión y nos dejaron pasar. 

Luego que nos alejamos un poco de Huancayo, el maycir 
Lavalle habló al escuadrón haciéndole presente, que basta- 
rla í)ara dejar contentos á otros pueblos ó comitivas (jue 
salies<m á nuestro encuentro, tratarlos con afabilidad y ca- 
riño sin detenerse, pues siendo la misión que llevábamos 
de |>relVren(ia para el lionor dp las armas del ejército era 
impropio faltar á ese deber por atender á demostraciones de 
un orden secundario: que á la vuelta si teniamos la for- 
tuna de reportar alguna^s ventajas s(»bre el enemigo, ten- 
driamos un nU'*vo título ante esos mismos pueblos y sobrado 
tiempo para los regocijos. Bajo de esta persuacion mar- 
chamos con alguna mas celeridad, recojiendo al paso los 
victorcs y testimonios de adhesión y patriotismo con que 
nos saludaban los infinitos i)ueblos de que está tachonado 
iíquel gran valle, y solo en la Villa de Concepción nos detu- 
vimos un poco, para caml)iar unos cuantos caballos que se 
habian rendido, por la larga y forzada marcha que habiamos 
lu'cho. Concluida esta operación continuamos nuestro ca- 
mino, y todos los habitantes salieron acompañándonos hasta 
ol puente del rio, puente que poco tiempo después defen- 
dió lieroicamente el bello sexo de Concepción, hecho (pu* 
refiere Arenabas en sus ^Memorias con el mas cumplido elo- 
gio y exactitud. 

Continuamos nuestra marcha, y un poco mas adelante del 
í)m*nto ya fué preciso ir (*on otra clase de precauciones, por 
fuanto scirun Jas noticias recogidas, debia hallarse no muv 
distante el en.Muigo ; -siendo una de ellas la de que. ,el 
teniente Villarreal del N.o 11 de los Andes y yo, marchase- 
iiios á vanguardia de descubridores á una ó dos cuadras del 
vseuadron, y como media hora después fué reforzada la des- 
cubierta con los oficiales Navarrete y Vázquez del N.o 2 de 
Cliile, con concepto á (jue, cuando uno llevase el parte de 
cuah(uiera novedad (pie ocurriera, la descubierta no queda- 
>(• débil. Al acercarnos á un pueblo situado á la ribera del 



350 LA REVISTA DE BUENOS AIBIÍS. 

oaniino que llevábamos, vimos á un soldado español que sa- 
lía á galope del pueblo, lo corrimos, y Vázquez que iba mas 
bien montado que nosotros, lo alcanzó y le intimó rendición^ 
mas no quiso rendirse el español, y lejos de eso, diciéndoK^ 
una porción de insultos y groserías, sacó una pistola y le 
disparó un tiro, que no acertándole, Vázquez se le fué enci- 
ma y de un sablazo le derril>ó al suelo herido: en esto llega- 
mos nosotros: y declarando el prisionero, que como á (¿os «V 
tres cuadras de allí habia una avanzada de doce homl)res con 
un oíicial, le amarramos, los brazos á la espalda asegurán- 
dolo bii'u, lo dejamos tendido en el suelo y marchajnosi 
a galope á ver si sorprendíamos la avanzada: en efecto: la 
encontramos en el bajio de un rio seco que estaba ensillando 
sus caballos, i)ero nos fuimos encima sin darle lucrar á 
nada, y todos fueron tomados sin matar ni herir á nadie, 
escapando tan solo un cabo que montaba un buen caballo, 
al cual no pudo alcanzar el teniente Villarreal que lo cor- 
lió basta las orillas del pueblo de Jauja. A los prisione- 
ros los hic'imos tender de boca al suelo, les amarramos los 
l>razos á la espalda y los conservamos asi haciéndoles la 
rentinela ha^sta que llegó el mayor Lavalle que dispuso re 
ellos. 

Empezaba á oscurecer la noche cuando llegó el (*scuadron 
donde nosotros estábamos, y el mayor se puso á exami- 
nar al oficial prisionero, acerca de la división eniMuiga. 
la fuerza de que constaba, que número de cada arma, el 
plan de sus oi)eraciones y marcha8, y cuanto nuis convenia 
á nuestra situación ; y dispiLso que á los prisioneros se les en- 
sartase un lazo i^or el brazo derecho, ec^hando á cada uno una 
lazada, y (pie los condujese un cabo con dos soldados á reta- 
guardia del escuadrón, llevándolos á pié hasta la Villa d» 
Jauja, que estaba á pocas cuadras: hizo cambiar á alguno.*?^ 
granaderos los mejores caballos que dejaban los prisioneros, 
y los restantes que se llevasen acollarados: formó el escua- 
drón á son de combata, colocando á la cabeza los oficiales 
agregados por filas de á 4, poniendo á la derecha al capitán 



APUNTES POSTUMOS. 331 

<IA N.o 11 (Ion Nicolás ^ledina, saltefio (1), y á la izquierda 
al teniente don Florentino Arenales, hijo y ayudante de 
campo del general de la división. En este orden marchó 
al trote el escuadrón, y al acercarnos á la población salió un 
l)atriota á gran galope á encontrarnos: habló con el mayor 
y le dijo, que los enemigos acababan de abandonar la plaza 
sabedores de nuestra aproximación, que tomaban la direc- 
ción de Tarma y que debian ir muy cerca todavia. Llega- 
mos á la plaza, y en el acto se abrió la puerta de calle de una 
gran casa que se hacia notable en uno de sus frentes, de don- 
de salió un caballero montado en un hermoso caballo, el 
cual se [)r(*scntó al mayor Lavalle ofreciéndole con las mas 
positivas nniestras de entusiasmo y enternecimiento sus ser- 
vicios, su persona y sus intereses en favor de la patria, aña- 
diendo que dentro de pocos minutos se le reunirían ocho ó 
diez hombn^s mas. bien montados, armados y municionados 
á su costa, que habia estado preparando desde que tuvo no- 
ticia de que se acensaban las tropas lil)ertadoras, todos re- 
sueltos como él á sacrificar su vida en defensa de la Patria 
El mayor entregó á este sujeto los prisioneros que traiamos, 
encargándole bajo responsabilidad, su conservación y custo- 
dia en el cuartel, en la cárcel ó en alguna casa segura hasta 
nuestra vuelta. 

Se arregló de nuevo el escuadrón, se mandó una descu- 
bierta de ocho granaderos con un oficial á vanguardia, se nos 
dio la contraseña de San Martin, para conocernos recípro- 
camente en cualquier caso de confusión ó entrevero con los 
enemigos en el ataque que íbamos á hacerles, y nos pusimos 
en marcha guiados por varios patriotas jaujinos que se em- 
peñaron en acompañarnos. Serian las ocho y media ó nueve? 
de la noche del dia veinte de noviembre que nos pusimos 



1, »te (víioial es e\ mií«iiio <\ue <^n marzo de 18^29, siendo ya 
eoroinel graduado y j(ef« del Tejimiento No. 4 de" cabaUeria del 
<*.jército N'aeiotnal, inairió en el combate d^ las Visc-acheras, froji- 
tf-ra mid -de Huenos Aires, dowde tanubien murió el coronel don 
IVderieo Rauch, el 28 de marzo — <"* E. 



U3J LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

en marcha alumbrados por la claridad de una hermosa luna^ 
que en la elevación de esas encumbradas sierras, sin duda 
<|ue la atmósfera es mas pura y diáfana, llevando el mayor 
Lavalle á la cabeza: no habíamos andado una hora cuando 
desí'ubriiHos el grupo de la columna enemiga que em{>ezaba 
¿ subir la tuesta, y el mayor mandó al trote; y asi que nos 
pusimos casi encima, se dejó oir la tremenda voz de á la car- 
ga, que resonó en las concavidades y quebradas de aquellos 
cerros: mas como el camino por estrecho, no permitia que 
<4 esífuadron desplegase en batalla, esto dio lugar á que los 
oficiales agregados tomásemos las sendas de la derecha é iz- 
<|uierda. ya para echarnos sobre el enemigo, ya para poner- 
nos á la par de nuestro jefe (pie era el primero á la cal)eza : 
sorprendimos la columna enemiga en el orden de marcha: y 
íiunque su jefe dio la voz de desplegar en batalla ion frente á 
retaguardia para recibir la carga, ya era tarde, estábamos 
«ucima acuchillándolos: todo fué en ellos destVden y confu- 
sión que no atinaban á nada: en esto rodó mi caballo entn» 
unas i)iedra.s, y arrojándome por la cabeza caí entre los 
infantes enemigos, que nuestra descubierta y oficiales sa- 
])leaban sin piedad : corrí un gran riesgo en aquel trance es- 
traordinario: algunos se acercaron á mí confundiéndome con 
los enemigos al verme pié á tierra, i)ero les daba la contrase 
na Sau MarfiíK me reconocían y i)asaban : yo estaba empe 
nado en hacer levantar mi caballo para montar y seiruir. 
cuando en esto se me vino encinuí uno de los granaderos 
que venían mas á retaguardia, quien suponiéndome enemigo 
me cargó do firme á tajos y estocadas: yo le daba y repetái 
la contraseña hacíéndoh» (piites y detendiéndome al rededor 
<!(' mi caballo, y (|uizá hubiera sido víctinuí de este soldado 
tMitnre(ido: por casualidad habia oído Uíis voces el mayor 
íiavallr, se vin;> al i>araje de la csreii:» á saber <|Ur era. y re- 
rouofiéndonie '\ un v al soldado Maraña, le dio un »rríto 
mandándole (|ii'» se fuera á hi fornijuion, y solo así me vi li • 

br( i]v a<|Uella fiera. 

.lOSK SKia'NlK) ROCA. 
(Continuará.) 



DESS( RIPCIOX HISTORK A 



DE LA 



AXTKU'A PROVINC^IA DEL PARAGUAY 



(('ontiin<uacian.) (1) 

Congreso (Uneral de la Frovincia del Paraguay. 

Habiéndose reunido la provincia en Congreso jeneral, por 
medio de sus ivi)resentantes el dia diez y ocho de junio do 
mil ochocientos once, en las casas de Gobierno, los Presi- 
dentes de él, que fueron los referidos Consocios, abriendo la 
cuta, dirigieron la siguiente arenga: 

Señores — Los males y padecimientos de nuestra provin- 
4Ííi. lian sido tan graves y tan notorios, que creeriamos per- 
<h*r el tiempo en querer individualizarlos. Hasta aquí he- 
mos vivido humillados, abatidos, degradados y hechos el ob- 
jeto de desprecio, por el orgullo y despotismo de los que nos 
mandaban, lia llegado este exceso al extremo de querer rea- 
gravar iHiestras cadenas, intentando disponer de nuestra li- 
bertad, de nuestra suerte y de nuestras personas misnias co- 
mo quien dispone de un rebaño de ganados, de una hacien- 

3. Véase la pajina 194. 



304 LA REVISTA DE BUENOS AIKES. 

da, ó de una cosa mueble, sin atender á la dignidad y dere- 
clios de un pueblo grande, ni á la voz de la naturaleza que 
clama, que los intelices paraguayos han padecido bastante 
en cerca de tres siglos, en que han sido indignamente vilipen- 
diados y postergados — al fin han pasado esos desgraciados- 
tiemi)os de opresión y tiranía. La oscuridad en que vacia- 
mos ha desaparecido, y una brillante aurora empieza a des- 
cul)rirse en nuestro horizonte. La provincia del Paraguay, 
volviendo del letargo de la esclavitud, ha reconocido y re- 
cobrado sus derechos, y se halla hoy en plena libertad, para 
cuidar y disponer de sí misma y de su propia felicidad. Estr 
y lio otro ha sido el objeto de nuestras tropas patrióticas, y 
de los valerosos vecinos que tomaron parte en la dichosa re- 
volución del dia 13 de mayo, dia grande, dia memorable, 
(pie hará la mas señalada época en los fastos de nuestra pro- 
vincia. Todas las medidas oportunamente tomadas, surtie- 
ron el mejor efecto, y al modo que un viento saludable dis- 
persji. y deshace las densas nubes que amenazan una tempes- 
tad, se han desconcertado y descubierto los planes de los 
que por distintos rumbos, por diversos medios y por varios 
fines se habian propuesto oprimirnos, y hacerse arbitros d«» 
nuestra libertad; de suerte que podemos decir, que el ciel > 
favorece visiblemente la justicia de nuestra causa. 

No hay duda que algunos intentarán calumniarnos atre- 
vidamente, ultrajando nuestras máximas, ó dando siniestras 
interpretaciones á nuestras ideas: tampoco faltarán quienes 
]>or sus intereses particulares y miras personales, olvidando 
la verdadera felicidad y grandeza de nuestra patria, inten- 
ten seducir y trastornar los ánimos incautos con discursos 
<apciosos, razones frivolas y pensamientos especiosos, todo 
no mas que con el fin de dividirnos, de minorar y destruir 
nuestra naciente libertad ; guardémonos de caer en seme- 
jante lazo. 

Kl tiempo de la ilusión y engaño ya pasó, no estamos en 
aíjuellos siglos de ignorancia y de barbarie en que casual- 
mente se formaron muchos gobiernos, elevándose por gra- 



PARAGUAY :M5 

dos en los tumultos de las invasiones ó guerras civiles, entrtí 
una multitud de pasiones feroces, y de interetíes contrarios 
á la libertad y seguridad individual. 

Al presente nos hallamos en circunstancias mas favora- 
bles. Nuevas luces se han adíiuirido y propagado, habiendv> 
sido objeto de meditaciones de los sabios, y de las atencio- 
3ies públicas, todo lo que está ligado al interés jeneral, y 
todo lo que puede contribuir á hat*er los hombres mejores y 
jiias íelices. Se han desenvuelto y aclarado los principios 
fundamentales de las sociedades políticas, hombres de talen- 
to han analizado todos los derechos, todas las obligaciones, 
totlos los intereses de la especie humana ; han dado á las 
verdades de la moral y de la política, una evidencia de que 
uo parccian ser susceptibles, y no han dejado á la mala íé, v- 
L la corrupción, otro auxilio que el de abusar vergonzosa- 
mente de las palabras para contestar la certidumbre de los 
j/iiucipios. Aprovechemos de tan feliz situación, y la memo- 
ria de nuestras pasadas desdichas, aflicciones y abatimientos, 
no nos servirá sino de lección y esperiencia para evitarlos en 
lo venidero, formando una valla inespugnable contra los abu- 
sos del i>oder. El terreno está desmontado, ahora es preeis«> 
cultivarlo sembrando las semillas de nuestra lutura prospe- 
ridad. 

Todos los íiombres tienen una inclinaeion invencible á la 
solicitud de su felicidad, y la íormacion ile las sociedades y 
establecimiento de los gobiernos, no han sido con otro ob- 
jeto, que el de conseguirlo mediante la reunión de sus es- 
fuerzos. La naturaleza no ha criado á los hombres esencial- 
mente sujetos al yugo perpetuo de ninguna autoridad civil, 
antes bien, hizo á todos iguales y libres de pleno derecho. Si 
(edieron su natural independencia, creando sus jefes y ma- 
jistrados, y sometiéndose á ellos, para los fines de su pro- 
pia felieidad y seguridad, esta autoridad del)e considerarse 
devuelta, ó mas bien permanente en el pueblo, siempre que 
esos mismos fines lo exijan. Lo contrario seria destructivo 
de la sociedad misma, y contra la intención general de los 



;W<3 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

mismos que la habían establecido. Las armas y la fuerza 
pueden muy bien sofocar y tener como ahogados estos dere- 
chos, pero no estinguirlos ; porque los derechos naturales son 
imprescriptibles, especialmente por unos medios violentos y 
opresivos. Todo hombre nace libre, y la historia de todos 
los tiempos siempre probará que solo vive violentamente su- 
jeto, mientras su debilidad no le permite entrar á gozar los 
derechos de aquella independencia con que le dotó el Ser 
Supremo al tiempo mismo de su creación. 

Aun son mas urjentes las circunstancias en que nos ha- 
llamos. La sol)crania ha desaparecido en la nación. No hay 
un tribunal qu^ cierta é indudablemente pueda considerar- 
se como el órgano ó representación de la autoridad supre- 
ma. Por eso muchas y grandes provincias han tomado el 
arbritio de constituirse, y gobernarse por sí mismas: otras 
8e (consideran en un estado vacilante, ó de próxima a jitacion ; 
y su incertidumbre y situación que presajia una (asi je- 
neral convulsión ; esta Junta reflexionará sobre el medio mas 
oportuno de proveer á nuestra defensa, á nuestra seguridad 
y felicidad. Xo por eso hemos pensado, ni pensamos dejar 
de reconocer al señor don Fernando 7.o; muy distantes de 
fieni(\iante idea, públi(»amente por bando, hemos protestado 
y ahora protestamos nuevamente una firme adhesión á sus 
augustos derechos, que no s(m ni pue<len st*r inconciliables 
con los de las jirovincias, dirijidos únicamente á poner los 
fundamentos de su conservación y de su verdadera ícli( idad, 
ap(>yH(la d(* un sistema s(*guro y duradero. 

Este es el grande asunto que nos reúne en este lugar: ja- 
más nos hemos visto en circunstancias tan imj)ortautes, j 
tolo lo ([ue ahora se decida, debe mirarse como el precursor 
<le hi s'.icrtc que nos d(»stine el hado. Se trata i)rimcramente 
<le (staltI(MM*r la forma de gobierno y el réjimen que debamos 
t(»ncr y observar en lo su(»(\sivo. En sí^gundo lugar, fijar 
nuestras n^laciones c(m la ciudad de Buenos-Ain^s y demás 
proviuíias adheridas. En tercer lugar, resolver ]o ( (mve- 
nientc con ros[)ccto á los individuos (pie anteriormente ejt*r- 



PARAGUAY 357 

cian la autoridad de esta ciudad, y al presente se hallan sus- 
pensos en justa precaución de cualquier influencia, ó disposi- 
ción contra la libertad de la patria, por los antecedentes y 
causas de que se ha dado satisfacción al público. 

Respetamos altamente la provincia tan dignamente re- 
presentada en esta Junta Jeneral, y por lo mismo nos abstene- 
mos de anticipar idea ó resolución alguna de nuestra parte. 
Nada otra cosa deseamos, sino que ello esprese y manifíeste 
libremente su voluntad. Si en los bandos parece que he- 
mos insinuado algún concepto, no ha sido por prevenir su 
deli])eracion, sino mas bien porque en el estado de cosas, 
no se llegase á imajinar, que sin acuerdo de la Provincia in- 
tentábamos disponer, ó innovar en cuanto á sus principales 
derechos. Y Analmente por el juicio que habiamos formada 
ríe la opinión pública, y por los primeros sentimientos de 
nuestras tropas; pero nuestro juicio podia ser falible, y 
los señores comandantes y oficiales del cuartel jeneral, to- 
do lo dejan al arbitrio y determinación de la provincia, de 
tal eonformidiid que todos, y cada uno de los que com- 
ponen esta respetable Asamblea, deben considerarse on la 
mas plena, perfecta y absoluta libertad de esplicar, decla- 
rar y manifestar francamente sus pensamientos, sus concep- 
tos y sus votos. Las resoluciones aceleradas no siempre son 
las mas acertadas, y asi puede aun esta Junta tomar el tiem- 
po (|ue estimase conveniente para proceder a la votación con 
todo el conocimiento y plena delil>eracion que se dtsea. En 
todo caso estamos prontos y resignados á conformarnos coa 
la voluntad jeneral, y lisonjeándonos que esta Junta dará 
i»se ejemplo de cordura y circunspección, haciendo un uso 
justo, moderado y prudente, de esta preciosa libertad en 
que se le constituye; pero de tal modo que puesta la Patria 
á cubierto de tx)da oculta asechanza y de los tiros de la arl>i- 
trariedad y despotismo, se ponga en estado de ser verdadera 
y perfectamente feliz — Dr. José Gaspar de Francia — Jua» 
Valeriano de Ceballos. 

Después de haberse publicado varios documentos que ma- 



33S LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

üifestaban el estado actual de la Provincia, las cabalas del 
gobierno y las cansas que motivaron la separación del man- 
do del gobernador don Bernardo Velasco, los presidentes 
del Congreso, pronunciaron el antecedente discurso. 

Este oyó con atención los documentos y razones que en 
«ellos se esponian; y para meditar sobre las deliberaciones 
<iue habian de tomarse para el establecimiento de un nuevo 
j^obierno, aplazo la votación para el dia siguiente: y puesta 
«esta disposición por dilijencia, firmada por los presidentes, 
¡>ersonas condecoradas del estado seglar y eclesiástico pre- 
lados de las relij iones, y seis individuos mas, nobles, se re^ 
tiró la Junta á conferenciar, y consultar sobre los tres pun- 
tos propuestos en el cuarto párrafo de la arenga. Todos los 
i»¡uda(lanos que habian concurrido al Congreso, manifesta- 
l>an la mas tierna y dulce sensación al contemplarse libres 
V con plena facultad de votar, según su concienda, sobre la 
t'ornia de gobierno que los habia de rejir en adelante: esta- 
ban firmemente persuadidos que el supremo arbitro del uni- 
Teiso, favorecería su causa, y el ángel tutelar del Paraguay 
Telaba sobre ellos: pues en todas las conferencias no hubie- 
ron disensiones, ni (»ontiendas que dividiesen los ánimos ni 
la uniforme opinión popular. La obra grande de la rejenera- 
<ion política de la provincia, se iba animando con acierto y 
jírmonia; y para llegar al punto de su iiltima perfección, vol- 
vieron los representantes al dia siguiente á reunirse en las 
«asas de gobierno En este estado, se dio principio á la acta, 
c-on el voto siguiente : 

**En la ciudad de la Asunción del Paraguay, á diez > 
nueve dias del mes de junio de mil ochocientos onoe, habién- 
dose vuelto á in)ngregar en estas casas públicas de gobierno, 
los individuos que asistieron el dia de ayer para la Junta Ge- 
neral, y hallándose así juntos y sentados, previnieron los seño- 
res presidentes que la votación empezase de abajo, y no por 
las personas de mayor carácter del estado eclesiástico y se- 
cular, que se hallaban en los primeros asientos : y en este 
castado, dijo, don ^íariano Antonio violas, que su voto era, en 



PARAOrAV a-9 

l>riiner lugar, que don Bernardo do Velazeo, asi por los mo- 
tivos espuestos, espresados por el Bando, como por haber 
íilmndonado nuestro ejército en Paraguarí, quede privado de 
todo luando, sobrogándose en su lugar una Junta de Gobier- 
no, eoiiipuesta de cinco individuos y un secretario. El pre- 
>jidente de ella y también el comandante general de las ar- 
mas sí»rá el teniente coronel don Fulgencio Yegros, y los 
vocales el doctor don José Gaspar de Francia, el capitán dcm 
Pedro Juan Caballero, el presbítero doctor don Francisco 
Javier Borgarín y don Femando de la Mora: y en cuanto al 
^secretario lo nombrará la misma Junta de Gobierno y asig- 
nará á todos sus individuos unos moderados sueldos, en aten- 
<'ion á que abandonando sus particulares atenciones por el 
servicio de la patria, no es justo que su ocupación les sen 
enteramente gravosa. 

Kn segundo lugar, que todos los individuos del Cabildo 
<iued(m igualmente privados de sus oficios, no solo por los 
motivos indicados en el mismo Bando, sino también por ha- 
!>er abandonado la ciudad, embarcándose con el armamento 
y dejándola enteramente indefensa al tiempo del combate en 
Paraguarí, á mas de no s(*r patricios varios de ellos, debien- 
do adí'inás ser responsables los que hubiesen concurrido al 
imi)orte de la partida de yerba perteneciente á los Propios, 
-((Ue reinitieron á Montevideo, en caso que este valor no s" 
devuelva ; bien entendido, que todos los que son Patricios. 
<]uedarán habilitados para obtener en lo sucesivo cualquier 
<»fic¡() ó cargo en la provincia, siempre que manifiesten sn 
moílo de pensar, y sus ideas conformes con las demás de 
4»sta Junla General, y en consecuencia de esta disposición, 
la Junta *de Gobierno nombrará ahora todos los individuos 
<lel Cabildo, que en lugar de los anteriores, deban eom- 
]>oner este cuerpo, los cuales deberán continuar todo el año 
venidero, con declaración de que si no resultase causa con- 
tra el akalde ]>rovincial don Manuel Mujica, se le integra- 
rá de la Real Hacienda el importe del valor en que remato 

:SU oficio. 



360 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

En tercer lugar, que todos los empleos ú oficios conceji- 
les, políticos, civiles, militares, de Real Hacienda, ó de cual- 
quier género de administración, que al presente hayan oeu^ 
pado ó vacantes se provean en los naturales, ó nacidos en 
esta provincia, sin que nunca puedan ocuparse por los es- 
pañoles europeos, á menos que la misma provincia deter- 
minase otra cosa; pero en lo sucesivo todo americano, aun- 
que no sea nacido en esta provincia, quedará enteramente- 
apto, para obtener dichos cargos, siempre que uniforme sus 
ideas con las de esta Junta, exceptuando desde luego de ia 
anterior disposición, al capitán don Juan Valeriano Ce*»ii]los. 
en consideración á su conocido patriotismo, y al mérito qu'* 
tiene contraido; por todo lo cual y en atención á liab^v ofre- 
sido sus servicios ¿ la patria, se encarga á la Junta H«* 'go- 
bierno tenga presente su mérito recomendable, para '^in- 
picarlo en los cargos convenientes; advirtiendo finnlmt*nlc 
que teniendo presente la falta que hacen las dos Escribanias^ 
públicas de esta ciudad, para la administración de Justicia., 
se deja á disposición de la Junta de Gobierno, el habilitar a 
don Manuel Benites, ó poner en remate la Escribania que es- 
taba á su cargo, así como el tiempo que debe cesar la otra 
Escribanía del cargo de don Jacinto Ruiz — bien entendido^ 
que este deberá ser reintegrado del importe de su romat»- 
cuando la Junta de Gobierno dispusiese la cesación. 

En cuarto lugar, que don Bernardo de Velazco. su direc- 
tor y dependiente don Benito de Velazco y Marquina. y 1(k 
ministros de la Real Hacienda, don Pedro Oscaris, y don Jo- 
sé Elizalde, sean mancomunadamente responsables al im 
porte de la partida de tabaco perteneciente á la R<»al Ha- 
cienda, y remitida á Montevideo, en caso que de aquella 
ciudad no se devuelva este valor; debiendo además la Junta 
de Gobierno, tomar las correspondientes cuentas á los sus- 
citados ministros de Hacienda. 

En quinto lugar ; que en consideraciones al mérito y dis- 
tinguidos servicios del comandante don Blas José Rojas, cit 
favor de la libertad de la patria, sea desde ahora subdelega 



PuVRAGUAY 361 

do del departamento de Santiago^ eon agregación de los tres 
pueblos: Ytapua, Trinidad y Jesús, los cuales con los cinco 
pueblos de la antigua demarcación, deberán contribuirle con 
el sueldo acostumbrado, debiendo al mismo tiempo ejercer 
el cargo de comandante de aquella frontera. Y por lo que 
respecta á la otra subdelegacion de la Candelaria y pueblos 
que le pertenecen, nombrará la Junta el subdelegado que 
corresponda. 

En aesto lugar, que esta provincia no solo tenga amistad, 
buena armonía y correspondencia con la ciudad de Buenos 
Aires, y demás provincias confederadas, sino que también 
se una con ella, para el fin de formar una sociedad fundad» 
en principios de justica, de equidad y de igualdad, bajo 
las declaraciones siguientes : 

Primera: que mientras no se forme el Congreso Gene- 
ral, esta provincia se gobernará por sí misma, sin que la 
Exma. Junta de Buenos Aires, pueda disponer y ejercer ju- 
risdicción sobre la forma de gobierno, réjimen, administra- 
ción, ni otra alguna causa correspondiente á esta misma, 
j/rovincia. 

Segunda: que restablecido el comercio, dejará de co- 
brarse el peso de plata, que anteriormente se exijia por ca- 
da tercio de yerba con nombre de sisa y arbitrio, respecto á 
que bailándose esta, provincia como fronteriza á los portu 
gueses, es urgente necesidad de mantener alguna tropa por 
las circunstancias del dia, y también de cubrir los presidios? 
de las costas del rio, contra la invasión de los infieles, abo- 
liendo la insoportable pensión de hacer los vecinos á su costa 
este servicio, es indispensable á falta de otros recursos, car- 
gar al ramo de la yerba aquel ú otro impuesto semejante. 

Tercera: jue quedará e^stinguido el estanco del tabaco, 
quedando en libre comercio como otro cualquier fruto y 
l>roduccion de esta provincia, y que la partida de tabaco 
existente en la Factoría de esta ciudad, comprada con el di- 
nero (jue anteriormente era de la Real Hacienda, se espen- 
derá de cuenta de esta provincia, para el mantenimiento de 



363 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

SU tropa, y de la que ha servido en la guerra pasada, y se 
halla aun mucha parte de ella sin pagarse. 

Cuarta: Que para los fim^s convenientes á arreglar el 
ejército de la autoridad suprema, 6 Superior, y formar la 
<?on8titueion que sea necesaria, irá de esta provincia un di- 
putado con voto en el Congreso General, en la inteligencia 
de que cualquier reglamento, forma de gobierno, ó consti- 
^tucion que se dispusiese, no deberá obligar á esta provin- 
cia, íiasta tanto se ratifique en Junta General de sus habi- 
tantes y moradores. A este efecto, se nombra desde ahora 
por tal diputado al doctor don José Gaspar de Francia ; res- 
pecto á que ya anteriormente lo habia sido por el ilustre 
<'abildo, para que con una regular dotación se ponga en 
<»aniino á Buenos Aires, luego que por parte de la Exma. 
Junta y generoso puel)lo de aquella ciudad, no se ponga 
reparo, como se espera, en estas provisiones, que á este fin 
se le remitirán por la Junta de Gobierno, con todo lo demás 
acordado en esta acta, advirtiéndose que en este caso, y por 
sola esta vez. la Junta de Gobierno de esta provincia, antes 
de la separación de dicho diputado nombrará el vocal que 
deba quedar en su lugar. 

En séptimo lugar — se previene que los oficios de presi- 
diente, vocales, y secretarios de la Junta de Gobierno de esta 
provincia, no deben ser vitalicios, ni durar por mas tiemp;> 
que el de cinco años: y que en lo sucesivo deberán ser pro- 
vistos por el pueblo en Junta General, como la presente; 
lodo en la inteligencia que no se disponga otra cosa por el 
<''ongreso General, y se ratifique por esta provincia. 

En octavo lugar — Respecto á que queda abolido el estan- 
<»o de tabaco, no del>erá haber mas que un ministro tesorero 
de Real Hacienda, que será nombrado por la Junta de Go- 
bierno con los dependientes precisos, el cual no será remo- 
vido sin causa, quedando istinguido el empleo del ininislro 
factor y administrador de renta, asi como el de Teniente 
Tictrado, por no conceptuarse necesario. 

En noveno lugar — S>e declara que la Junta que se crea 



PARA(UTAV afi3 

4ile í^oliierno, st^rá en calidad de superior de provincia ; ten- 
<lrá tratamiento de Usia; y del mismo modo el presidente 
<M>Tno cabeza; pero los vocales no tendrán otro que el de Vd. 
<¿ue(lará encardada de crear y mantener la tropa necesaria 
rjí la s^<?uridad de la provincia, según los casos ocurrentes. 
El fírcsidente suplirá las v^ces de Juez de Alzadas para las 
-causas mercantiles, cuyos diputados serán electos por los 
individuos de comercio de cada lugar donde al presente los 
liavíi. 

Por último y consiguientemente» que quede suspenso por 
:jih()ra todo reconocimiento de las Cortes y Consejos di» Rc- 
jencia. y de toda otra representación de la autoridad supre- 
ma, ó superior de la Nación, en estas provincias, hasta la 
•suprema decisiím del Congreso General, que se halla próxi- 
mo á celebrarse en Buenos Aires. 

Y (|ue los individuos de la Junta de Gobierno de la pro- 
vincia, antes de entrar en el ejercicio de sus oficios, harán 
juramento á continuación de la presente acta y ante escri- 
liano, íle no reconocer otro soberano que al señor don Fer- 
nantlo T.o de proceder fiel y legalmente en los cargos que se 
les confien, y de sostener h)s derechos, lil>ertad, defensa y 
^c^uridad de la provincia; añadiendo por conclusión, que 
Igualmente era su parecer, que la Junta de Gobierno señah» 
un moderado impuesto sol)re los ramos de tabaco y maderas 
«que se es])ortasen de esta provincia; para el mismo objeto 
xlc u»antener y pagar la tropa necesaria á la custodia y de- 
fensa de la provincia; con lo que dijo que se concluía su 
Aoto, y lo firnií') — Mariano Antonio Molas — ^'Ecce confechra- 
fio r*sohita ah haré Provintie.^' 

Los presidentes ordenaron se redactase el antecedente 
voto »»n los autos formados en las actas de la Junta jeneral. y 
hcíha la redacción, el escribano actuante volvió á publicar- 
lo ante la misma Junta jeneral, la cual manifestó su entera 
4iquicscencia á cuanto en él se proponía, y reproduciéndolo 
<í*adn uno de los asistentes, lo firmó como propio; siendo ya 



364 LA BEVISTA DE BUENOS AIRES. 

la hora muy avanzada, resolvieron los Presidentes, que se 
suspendiese la votación hasta el dia siguente. 

El dia 20 volvieron á reunirse los representantes en la* 
mismas casas de gobierno, y dijeron los presidentes que se 
continuase la votación con la misma libertad y franqueza, 
con que se habia principado el dia anterior; en esta virtud^ 
y firmes en el i)rimer voto, continuaron en repro<lucirlo y 
firmarlo hasta mas de las doce del dia. 

El 21 votaron algunos individuos del estado eclesiástico^ 
j)ero sin variar ni discrepar en lo sustancial del primer voto 
adoptado ya por una mayoria excesiva del estado secular^ 
Los eclesiásticos no trepidaron en conformarse con a<|uel. y 
de los votos que dieron el mas notable es el siguiente : 

El señor Chantre Provisor: y Vicario General del Olns-^ 
l)ado, doctor don José Baltazar Casafiis, dijo que su i)arecer 
y voto es el mismo (pie ha producido el presbítero don Sebas- 
tian Patino, añadiendo \o siguiente: ^Spie no obsta, ni puede 
(bstar, á lo votado en dicho parecer y en el antecedente de 
(ion Mariano Antonio violas, el juramento que se prestí'» en 
( I Congreso del 24 de junio último al Consejo de Rejencia 
que se estableei('> por la Suprema Junta central, al tiem- 
po de su disolución; ni el que se hizo últimamente á fa- 
vor de las Cortes, que se dice, haberse congregado en 1» 
Isla de León. Lo primero, por qué. en uno y otro, se pro- 
cedic) bajo la íuposieion de que di(*ha Rejencia estuviese 
lejíti mámente estableí ida, y las corti^s formadas con todos 
los requisitos (jue exijen los derechos de los pueblos de todir. 
nación, i)ara cuya calificación, no hubo ni en uno ni otro 
caso, la libertad ni los (*onoeiinientos necesarios, como al 
])resente, en que se ha visto la provincia felizmente en testa- 
do de poder en públi(»o discurrir libremente sobre el asunto 
> que los que hemos producido dichos parecer<*s, nos halla- 
mos mediante una madura consideración y discusión sobn.*- 
mejores noticias }' datos, con conocimiento de causas muy 
legales de nulidad, asi en la erección de la rejencia como 
en la celebración de las cortes; como es entre otras, y la ma55 



PARAGUAY aer» 

perentoria, la Calta total de sufragios de las Amérieas, que 
<í(aistituyen en el dia casi toda la monarquía española, eou 
la casi total subyugación de la península, por el intruso 
nuevo soberano — Lo segundo^ por que las cortes no han sí- 
<lo ret'onocidas ni juradas por toda la provincia en un Con- 
•^reso Jeneral, como el presente, sino solo por las autorida- 
<]es y en fuerza de un mandato de gobierno, acordado con 
2s(»lo el Cabildo, sin reparar en que la provincia no habia 
\\\ parte que debia tener en dichas cortes, como ni las de- 
más de estos dominios, y que el nombramiento que se hizo 
<lt» representantes suplentes por ella, era un arbitrio ilegal 
<*(uiio desconocido hasta ahora; como mas, de no haberse 
h(M'lio constar á los concurrentes la autorización de los do- 
"cuinentos relativos que en el acta se leyeron, ni si fueron 
<liri.jidns de oficio desde su oríjen á este» gobierno, ó al algu- 
i:!is de las autoridades de la proviniia — Lo 3.o por que los 
«iravísinios motivos que han ocurrido al presente, y van es- 
pivsados y publicados, y principalmente el de poner en 
tranquilidad la provincia, mirar por su salud y derechos v 
li])rarla de los males que en el dia la amenazan con causas 
1 ;istjintí>iums, para no embarazar dicho juramento en las 
íietuah's eircunstancias, las providencias que van dictadas, 
T últimamente por que solo se suspende ahora el reconoci- 
miento prestado a dicha rejencia y cortes, hasta tanto que 
<! Contrrí^so general de las provincias, decida el punto de le- 
jitimidad ó ilejitimidad por el voto de todas juntas; siendo 
todo lo que al presente se determina en esta puramente pro- 
^'isi(mal ])or esíe respecto. Asi mismo añadió, se comuniqu? 
por la Junta Gubernativa que se establezca al cabildo y go- 
1 ierim de ^íontevideo, la resolución presente de esta pro- 
vincia. ( on copia ó un estracto de la acta, pidiéndole se uni- 
forme con ella, en cuanto á aceptar, y concurrir con un di- 
¡Mitado á la celebración del (*ongrcso general en la capital 
de júnenos Aires y que cese de toda hostilidad contra ésta, 
para (pie asi se logre la general tranquilidad y el restableci- 
miento de la unión, fraternidad v comercio entre vasallos 



30Ü LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

ilel mejor ile los Soberanos — 'y lo firmó — Dr. D. José I>al« 
t tusar de Casafíís. 

Concluida con el antecedente sufragio la votación. pidii> 
la palabra don Juan Bautista Ri varóla, y dijo: que el pue 
blo por su órgano declaraba y esplicaba su voluntad, la cual 
era, que verificada la unión de esta provincia en los términos- 
que ella desea, con la de Buenas Aires, se conserven en 
sus oficios el Escribano de Gobierno. D. Jacinto Huiz, v el 
Alcalde Provincial, don Manuel Juan Mujica — Secundo — 
Que don José Joaquin Goiguru, se mantenga en el ejnplet> 
de primer oficial de la Tesorería, con una ilotacion retrular. 
que la Junta de Gobierno señalase, y durante la voluntad d-* 
ella — »lo que llegado el caso de verifi(*arse la unión de esta 
provincia con Buenos Aires, en los términos es¡)uest()s, bu 
de ser bastante que el poder (jue se diese al Diputado nom- 
brado que ha de ir al Congreso jeneral. lo firmen cien indivi^ 
ducs de los principales de la provincia, que han asistido á la 
presente Junta jeneral, incluso los de la Junta de Gobierno, 
los del ilustre Cabildo, y los diputados de las villas y |)oblH- 
ciones que no enviasen diputados particulares, á cuyo fin ju- 
raban por Dios, no reconocer otro soberano que el señor do» 
Fernando 7.o. Cuarto : que la Junta de Gobierno vea si en 
«uentra algún arbitrio de recobrar en Montevideo l<)s pri^ 
pioneros, nuestros hermanos, porteños, santafecinos, corren- 
tinos y paraguayos, que de aqui st* enviaron después de la 
guerra, ó al menos á los oficiales/' Publicando el presente úl- 
timo parecer, preguntaron los presidentes, en voces altas: 
*'isi estas declaraciones eran de consentimiento de toda la 
Junta?" \ ^ el concurso aclamó jeneralmente (pie efectiva- 
iiiente esta era su voluntad. 

En virtud de esta aclamación jeneral, y respecto á qu<^ 
<•! voto ])rimero de don ^lariano A. violas, habia sido casi 
unánime y generalmente adoptado por voto eomun. dijeroír 
*'í]ue los presidentes de su parte se conformaban con la dis- 
posición y voluntad jeneral del Congreso, como lo habian 
prometido — Que se tuviese por acuerdo y determinación dt^ 



rAKAUUAV 367 

la Asamblea el meiieionado voto de don ^Mariano A. JIolas, 
ton su iiltinia deelaracion, y que eu esta intelijeueia para 
ijiayor eonstaneia de ella, en seguridad y soleninidad la tír- 
niasen todos los que habían convenido en hacerlo; y que eu 
consecuencia los señores presidentes y vocales, prestando el 
juramento prevenido, y quedando recibidos en sus oficios, 
con esta formalidad procediesen á dar las providencias qu.A 
juzgaran convenientes, en conformidad de este acuerdo je- 
neral y solemne concluido en veintidós jdias del mes de Junio 
de mil ochocientos once años, a las doce del dia, de que yo el 
presente escribano píilüico y de Gobierno doy fé — Dr. Jos^ 
(iaspar de Francia — ^Juan Valeriano Zeballos — Jacinto Ruiz, 
cscril/ano público y de Gobierno/' Volvieron á firmar todos 
los representantes que componian la Junta jeneral, la que 
se disolvió. 

Así terminó la Junta jeneral de la provincia sus sesiones 
á h)s ciuitro dias de su apertura, y antes de su disolución, con- 
gratuló á la Junta de Gobierno, cuyos individuos pasaron de 
allí entre repetidos y alegres ¡Viva la Junta dv nuvstro Go- 
hitnio! á las salas de las casas públieas á prestar, como lo 
hicieron, el juramento de fidelidad en los términos dispues- 
tos. . Se anunció al pueblo la conclusión de las sesiones de 
la Junta jeneral, con salva de artillería, música y repiques 
de campana. 

MAKIAXO A. MOLAS. 

(<V>ntiniiará.) 



LITERATURA 



f 



PEKE(iKI\A('I()X DE CX FL'GITIVü. 

KSKCKXAS 1)K LA VIDA COLÜXIAL 

((róni'íi d? la Villa Imperial de Potr.sí ) 
(Continiiaciaii.) (1) 

III. 

Los mcrcmhrcs. 

Apenas lleijó Ordáz a Chuqiiisaca despachó un correo á 
Lima como hemos diclio. En agosto regresó el correo con 
provisiones y órdenes para que la Real Audiencia de la Pla- 
ta y su corregidor ejecutasen lo mandado ( impuesto á los 
mercaderes de Potosí. 

Moría y Rangcl, ricos y acaudahHh>s, y muchos otros 
mercaderes de importancia se hahian retirado á los ]^1nto- 
rescos y amenos valh^s de l\íataca, no muy distantes de hi 
Villa Imperial. 

Aquellos valles eran los luas bellos ])aisa.ies de los ( ontor 
r.os: allí (*recian la yuca y el bananero indí.jena, mezclado :i 
los cultivos de inaiz y de coca. La población aborígena no era 
numerosa ; ]>eio la oue existia era agrícola y pacífica. 

1. Véa?-t» la pjVJ. 7 



PKREGRIXu\(lOX DE UN FUGITIVO. ^C9 

En la villa no habia vejetacion, su cerro no producía sino 
hiclui, y lo frígido del temperamento no permitía la agri- 
<íultura, pero en Mataea sucedía lo contrario. Valles de es- 
l-léndida vejetacion, donde habia infinitas é intrincadas en- 
redaderas que cubrían como redes los altos árboles» mostran- 
<lo la infinita variedad de sus flores. Allí abundaba la caza v 
las frutas silvestres. 

Aquella caza mayor y menor fué para los fugitivos y los 
indios r|ue los acompañaban, el medio de alimentación. Las 
<*acenas se hacian á la usanza de los indíjenas. Estos anna- 
<l(>s de largos palos y de picas se dividían en dos alas para 
<*ncontrarse los estremos y trazar un círculo, espantaban los 
íinimales de toda especie ocultos en los bosques, los valles 3' 
las montañas. Este vasto círculo iba estrechándose con gran- 
ule vocería y alaridos salvajes repetidos por el eco de las 

'Cordilleras, hacia el centro huían los huanacos, las vicuñas 

•I 

^ otros animales; pero como el círculo se iba disminuyendo, 
níquel los se encontraban rodeados por todas partes y entón- 
t^es los cazadores desempeñaban su oficio. (1) 

Cuando caian gamos, vicuñas y huanacos ú otros anima- 
les parecidos en aquella batida y la carne era comible, la 
<ortaban en lonjas delgadas que secaban en la parte eieval:: 



^. I);)n Agustín de Zarate en su ** Historia del descubrimiento 
^v ((rrujui^ta del Perú" etc., cuenta lo sijfuieute: **Hay venados y 
"rurzos. y otros géneros de animales nK'nore», y alHindancia de rá- 
-"po-.M. De todos estos anímales liaci»n los indios un«a caza <le gran 
**re«oeijo, <]iie de ^llo« llaman chacu, desta manera: que juntan cua- 
*'tn» ó cinco mil indios, mas ó menos, como lo sufre la pobla- 
-"cion de la tierra, y pónense apartados uno de otro en corro; 
""tanto, que oi-upan dos 6 tres ^eguas de tierra; y deí9pu>cc4 se van 
**jnntand<» paso á ¡paso al son de ciertos arntares que ella-* •ja.ben 
*']taia aquel propósito, y viénen^^e á JMntar hasta trabarse de las 
*'iinno'i. y aum hasta cruzar lo-s brazos uno» con otroí<, y asi vic- 
^'iien á .¡untar gran número de caza, coxo en iMvrral. de* tcdos gé- 
*' ñeros i\e animales, y alli toman y mata^n lo que les par (»e; v 
*'^on tan grandes las voces qae dan, <|ué, no solamente espan- 
^'tan los animales, mas hacen caer entre ellrs atuniidas mucha.s 
"ot^rdices y neblis y otras aves, que embarazadas con la mucha 
*'yente y grandes gritos, se dejan tomar á mantas, y alguna de- 
"^'llas con redes." 



370 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

de la cordilkra, para conservar esta provisión para todo 
evento. Esto era el charqui, ó utilizaban las pieles estaqueán- 
dolas. Además los bananeros daban su apetecido fruto, h^ 
yuea su excelente comida y la coca deleitaba á los indíjenas. 
haciéndoles soportar sus largas fatigas. 

En esas batidas divertíase con la caza de la tímida vi- 
cuña de finísima lana, detenida de curiosidad y de sorpre- 
sa, ante el cordón punzó que impedia su huida, y (pie á 
pesar de la facilidad de vencer tan débil obtái'ulo, quedaban 
temblorosas como ante el filo del cortante acero sobre su 
cuello. 

Los aborí jenes recordaban con este motivo las grandes ca 
cerias anuales llamadas chacy y se deleitaban con consagrar las^ 
viejas y queridas costumbres del tiempo del Hijo del Sol. 

Moría y Rangél compraron armas y se pusieron al frente 
de los sublevados, cuyo número no era de desdeñar. 

llabia entre tanto llegado á Potosí en abril de 1569 un 
jrallardo caballero, de hermoso rostro, de agradable trato, de 
grande esfuerzo, inclinado á la milicia y diestro en el manejo 
(íe las armas; liberal, bien hablado, injenioso, de gran valí)r y 
1 ien adquirida fama. 

Reunía á sus dotes físicos calidades morales pero comunes. 
Llamábase el general Avendaño. 

Cuando se presentó al Ilustre (Cabildo, donde fué re- 
cibido (on mucho regocijo, vestía un jubón de terciopelo 
morado c(m pasamanería y galones de plata, sombrero con 
cintillo de perlas y esmeraldas y pluma blanca, espada al 
cinto, ajustado y largo calzón ceniza de seda tejida elás- 
tica, y borceguíes bordados. ^Manial y altivo era su as- 
pecto. 

Había sido nombrado corregidor de la Villa Imperial pa- 
ra **(pie administrase justicia rectamente,^ castigando tantán 
insolencias como en esta villa se hacían ; para que entendiese 
en el buen gobierno de los indios del repartimiento que traba- 



PEREORIXACION DE UN FUlilTlVO. 371 

jaban en el eerro y dictase la reforma que era indispen- 
sable/' 

Vino á Potosí con veinte jinetes y algunos amigos; perv> 
desmintiendo las buenas prendas de su pasada vida, su eordu- 
ra, su prudencia, su mismo valor, empezó * * menospreciando los 
nobl s, y maltratando á los humildes'*, según lo asevera ilarti- 
nez V Vela. 

Sin haber desempeñado el rol histórico de Gonzalo Pizar- 
n», ])odriamos decir á su respecto lo que Prescott dice so))re el 
ultimo. *'Su elevación le causó vértigo; y la prueba que sus 
talentos no igualaron su fortuna, es que no supo aprovecliarla. 
Obedeciendo á las inspiraciones de su juicio temerario, re- 
chazó la opinión de sus mas sabios consejeros, y se fió de su 
dístino con una confianza ciega. La presunción alimeutaila 
por el éxito, prodújole esa demencia que, según el proverbia 
griego, aflijo á los hombres cuya pérdida han decretado !is 
Piosís. ' 

Apenas se recibió de su empleo prendió á algunos mineros 
y á muchos vecinos, por juzgarlos implicados en el alzamiento 
de los mercaderes; les embargó sus bienes, y tomó presos 
á cuatro forasteros que traian mercancías para negocio, á quie- 
nes les confiscó cuanto poseían. 

Esta actitud soberbia y menguada le desprestijió al iniciar 
su administración, pues solo la justicia conquista el respeto y 
el amor de los subordinados. 

Los vecinos de Potosí comenzaron entonces á engrosar 
las filas de los sublevados de los valles de Hataca. De ma- 
nera que bien presto partidas de mercaderes armados in- 
terceptaban las comunicaciones de la villa, impedían la en- 
trada de mantenimientos é Iniciaban sin embozo las hostili- 
dades. 

Como la villa vivia de las provisiones de los valles cer- 
canos por no producir aquel cerro sino metales preciosos, 
la medida tomada por los mercaderes se hizo sentir bien 
pronto. A la carestía de los mantenimientos siguió la es- 
casez. 



372 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

**Era ya público en esta villa, dice Martínez y Vela, que 
León (le Gloria y Alfonso Rangél tenian crecida cantidad de 
oro y plata para llevar adelante la guerra que intentaban 
brevemente comenzarla, que tenian ciento sesenta españoles, 
trescientos indios y cuarenta negros, muchos arcabuces, esco- 
petas y otras armas ; treinta caballos, municiones y bastimen- 
tos en abundancia. (1) 

El general Avendaño impuso á los mercaderes de Potosí 
una contribución de cien mil pesos para costear las gastos que 
demandaba el someter y castigar á los insiirre<*tos. 

(organizó .»on este objeto cuatro compañías, nombrando 
por jete al general don Francisco César, capitán valeroso y 
conocido en Indias, por la parte que tuvo en la pacificacio-'i 
do los valles de Al)ibe y poblaciones de las montañas. Piste 
olijió dos( ientos españolas y cuatrocientos indios, y abrió la 
campaña. 

Kl () de nuiyo reí*ibió aviso que por el camino de Cara- 
cbipanipa marcliaba una fuerza de infantería y algunos jin**- 
tes. notándose el ruido lejano de tropas (pie d(»s(»endian las 
ladí ras de la montaña baeia Chaqui. La población de Potosí 
se puso en alaruia, y sobre la mareha orden() el general César 
(jue el í'apitan Xiinon con diez caballos hiciera un reconoci- 
miento. 

Los niercaden^s entretanto se dirijian há(ia una qu(*l)rada 
distanli una lecrua de la villa, eran mas de doscientos (»spañ(v 
Jes y multitud de indioTs e(m cargas de oro, plata y mercaderías. 
Estos iban eust adiados por eineiu»nta jinetes y eien ar(»abuce- 
ros í'i pié. Otro cuerpo de indios se dirijia por la parte alta 
i\v la (^irdillerH. 

El jr<'neral Ci'sar s(» puso (*n marcha al frente de parte de 
?^ii tropa, d<*jando al capitán Pedro M(»ndez. historiador de .»s 
tos sucesos, eon V(»inte jin(»t(^s y ( incu(»nta indios eonio de re- 
l^<:ua^dia d(^ 1h es|>edieion. Tomó un camino estravia<l« y al 

1. * ' Hi-ititria «lo líi ViUa Tij>"ri:ír* eti' 



PEREGRINACIÓN DE UN FUGITIVO. 373 

descender á la quebrada encontró á los contrarios d<-8cHrj?í':i- 
iio las acémilas, las armas en pabellón y levantadas rendas de 
l^ruesas mantas para descansar allí. Era una sorpresa per- 
fectamente cojiíbinada. 

Rangél se «entretenía a la sazón en reconocer un#j corrí» iite 
de agua potable que pasaba por el vallecillo, y fué el primero 
que vio á los tiiemigos á tiro de arcabuz. Montó so>.r« su ^a- 
Dnllo dando el cilerta, y poniéndose al frente de algunos jinetes, 
lanza en ristre los acometió con fiereza. Trabóse la ludia coa 
*íl Jirísmo general, quién hiriéndole en el pecho lo arrV!«> d*'l ca- 
ballo por las ¿ncas. 

Moría hrbia ya montado en su corcel, y á .su turno jutc- 
ni<fió al goruíinl César, cuyo caballo cansado no pucio p» r- 
lirle desviar hj lauza del contrario que le hirió tm bra/*) y la 
cara. 

Esta batalla aunque dura y cuerpo á cuerpo, fué favora- 
ble á los mercaderes, quienes continuaron dominando los ca- 
minos de Potosí para impedir la entrada de mantenimien 
tos. 

Larga parecía la campaña á aquellos hombres, y resolvie- 
ron mandar ocultos emisarios para que asesinasen al corregi- 
dor Avendaño. 

En efecto, una noche entraron doce jinetes bien montados, 
burlaron la vijilancia de los centinelas, dejaron sus caballos 
en la calle de los Césares, y á pié se dirijieron a la misma 
morada de Avendaño. Cerrada esta})a la puerta; pero la 
echaron abajo á hachazos, entrando á tiempo, dice ^lartinez 
y Vela, que el «feneral se tiraba de una ventana a otra calle 
Le hicieron dos heridas, y á pesar <le tirarle un tiro no le 
mataron. Dieron muerte á su sobrino que se ocultó debajo de 
la cama y á dos criados, y regresaron luego á los vnlles de 
Mataca. 

La escasez de víveres era estrema, pero se cobraba la al- 
cabala en la forma establecida por Ordáz. 

Avendaño quedó cojo á causa de la caida y corcobado, do 
manera que en vez del lujoso y gallardo general de otro tiem - 



37+ LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

Iȟ, era el mas feo y mas contrahecho, de los moradores. Est> 
agrió su carácter y se hizo misántropo. 

Durante estos sucesos, nuestro fugitivo de Chile se habia 
•rchc arriero, y con sus recuas de llamas y contiruo^ ^iajrs 
lia g'nnjindo hI-^iíiíos ccnt-enares de pesos. DefenvH í la causa 
del general Avendaño y fué notable como valiente é intrrpido, 
por lo cual adquirió ya un grado militar. Tenia un defecto ca- 
pital, y era trabar disputa y usar de las armas como medio de 
manjar las cuestiones. 

p]n uno de esos días le ocurrió visitar las minas •iel 
rerro. 

IV. 

La S lisia mitolójica. 

Evprit «nprérp de la torro, de queV yeaix 
contemnles tu ees vi»i<ons, les fantómes 
éphtKnére* qui se sue^edent sur uotro 
íjlobe, car tious ni* semines que des oni- 
bres et ní>s fK*in«^ées sont vaines o»am- 
«le les |>pnsées de« ombres. 



Una mañana montado en un gallardo caballo de paso, en- 
jaezado con prendas de valor, cabalgaba nuestro 'conocido ha- 
lia el cerro con la mira de visitar la mina de ( "enteno : vestia 
^1 uniforme de ayudante mayor. En efecto, llegó al ingenio 
y visitó todo con la natural curiosidad que inspiraba la céle- 
bre riqueza de la mina. A la misma veta pertenecía la de (V> 
íamito y otras. 

Admiró allí un precioso nicho de plata al cual alumbra- 
ban velas de cera en candeleros de oro. Dentro de aquel 
nicho estaba encerrado como una reliquia santa, uno de esos 
c»aprichos de la naturaleza que los mineros encuentran :i ve- 
rles en los metales que benefician, ya en formas capridu sas, 
ya en formas humanas. *'Era una plancha de metal do pla- 
ta, dice ^lartinez y Vela, redonda como una luna cuan- 
tío se muestra llena, en la cual aparecía formada por bi na- 



PEREGRIXA<:iON DE UX FrGITlVO. 375 

turaleza una imájen de la Concepción de N. S. la Vírjen Sar 
ta alaría, con el rostro y ojos levantados para arriba, y 
las manos arrimadas al pecho, cosa por ciento adminiblc. 
•dice el capitán Pedro Méndez, ver esta imájen formada » e 
menudísimas líneas de plata blanquísima, con tanta perfec 
cion que ni el mas aventajado artífice lo pudiera imitar en 
obra." (1) 

Esta imájen era venerada por los mineros y los indios . la 
< xaminó con minucioso cuidado. La devoción se kabia estén 
•dido á todas las minas descubiertas, donde aparecia dentn, 
<le las mismas, en los cruceros, una imájen de la Concep- 
ción, haciéndole grandes festividades y conduciendo las imá- 
genes á la villa con lujosos acompañamientos para las fiestas 
íinuales. 

Resolvió entonces hospedarse en uno de los injenios para 
■solazarse en metlio de los indios en las horas del descanso, cuan- 
<]() ])ebiendo chicha rodeaban á los yaravicus al entonar sus 
cantares amorosos 6 la historia tradicional de las hazañas de 
:sus may«>res. 

Escuchó allí por vez primera la leyenda de los Incas poe- 
tas, sobre la dulce Ñústa celestial. 

El hacedor del mundo, Pachacamac, dice la leyenda, 
l)us.> en el cielo una Ñústüy hija de rey, á quien le dio un 
frágil cántaro lleno de agua; cántaro májico cuya agua no se 
jij?otaba jamás, en vano la derramasen por dias y por sema- 
nas. Aquella Sústa, hermosa como las pálidas estrellas, te- 
nia la misión de derramar sobre la tierra sedienta la lluvia 
henéfíca y necesaria. Pero esa doncella vivia acompañada de 
un hermano, quien á veces se divertía en romper el cántaro, 
y el dolor que en las regiones etéreas se esperimentaba por 
•esta travesura, se sentía por relámpagos, truenos y rayos. 
T)e manera que es el hombre sin sentimiento ni bondad, 
quien (*au<a aquellas revoluciones en la atmósfera. ** Dicen 

1. ** Historia de la A'illa Tmperiar' por Martínez y Vela, A 
<|uien hemos segiii^o en el «bvamiento de los mercaderes de q\ie nos 
ocupamos on el cap^ anterior. 



376 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

que el hombre los eausa, refiere GareilaHO de la Vega, por- 
<iue son hechos de hombres feroces y no de mujeres tier- 
nas/' 

Asi en la leyenda quichua la lluvia de la dulce ^ásta es. 
benéfica y oportuna; pero la que causa su indómito hermano- 
es precedida de la tempestad. 

En la mitolojía quichua la ternura de la mujer estaba re- 
presentada por la Ñústaf que amorosa derramaba 8ol)re la tier- 
ra la lluvia que habia de fertilizarla : para sus poetas la mujer 
era superior en ternura al hombre, y colocábanla en el cielo 
como una divinidad benéfica. 

(yándida y pura es en esta parte la leyenda quichua y 
muy superior 'i la de los romanos que hicieron de la tem- 
pestad una Diosa, á la cual representaban en figura de mujer 
con rostro irritado, sentada sobre una nube oscuro y derra- 
mando rayos sobre lo que se encontraba á sus pies. Los. 
quichuas no hicieron de la Ñusta la Diosa de la tempestad, 
cuyo cetro pusieron en manos de un hombre, por ser este 
hecho de hombres feroces y no de mujeres tiernas. 

Por esto también supone la leyenda que el roció, la nie- 
ve y el granizo son presididos por la misma Ñústa, poro last 
tempestades son las roturas de su cántaro .sagrado: roturas, 
que traen el dolor y el espanto que solo el hombre puede 
producir por ser feroz. De manera que aquello que para los- 
quichuas era mas benéfico y mas provechoso, lo ponian bajo 
la éjida de la Ñústa celeste. Cada vez que el cántaro se rom- 
pía volvía á ser reemplazado por otro. 

Dicen, agrt'ga Garcilaso de la Vega, que un Inca poct<r 
y astrólogo, hizo y dijo versos, loando las escelencías y vir- 
tudes de la dama, y que Dios se los habia dado para (lue voit 
ellos hiciese bien á las criaturas de la tierra.*^ (1) 

El Inca historiador (2) recuerda haber oido esta fábula 

1. *M <Hiient>arios Reales «le los Incas", cap. XXVII. 

2^ (larcilaso <le la Vega á quien con frecuencia citai.os por 
considerarlo bien informado en lo que se refiere á los Inea^, y 



PEREGRIN.AClüN DE UN FUGITIVO. 377 

^n SU nüíez y trae el dulce cantar del poeta indíjena, á la 
'(Jumac Ñústa, k la hermosa doncella de los cielos. 

Esta fábula muestra que el sentimiento tierno de los 
quichuas estaba levantado, y que tenian idea de la santidad 
uo la mujer á quien Dios formó para que hiciera bien á las. 
criaturas de la tierra, según las palabras del Inca historia- 
dor. El pueblo que coloca en las leyendas á la mujer como 
la fuente de lo bueno, de lo dulce, de lo afectuoso ; que no se 
contenta con amarla en la tierra sino que la levanta á las. 
rejiones celestes; ese pueblo no puede ser calificado de bar- 
l)aro.(l) Esta leyenda haria su defensa. El amor no bro- 
ta en los corazones salvajes, allí arde el deseo. El fuego sa- 
grado no desciende sino para iluminar la intelijencia. 

Los grandes espectáculos de la naturaleza hieren t^n pro- 
fundamente la imajinacion de los pueblos primitivos, que- 
do cuya historia decia el P. Francisco Montiel de Fu^ntenobilla 
— «q-iie '* hallaba nnicho qiie admirar, sin «^sa alguna que correjir, '* — 
era hijo de GareLlaso de la Vega, de la casa de los duques de Fe- 
ria y del Infaiüítado, y de Elisabet ** Palla," sobrina de **Huayna 
Uapac. *^ Nació en el Ouzco en l.)40. M^rió en Córdoba (España) ea 
cuya catedral está efnterrado, en la nave del sagrario, capilla de- 
nominada de Garcilaso. Falleció el 22 de abril de 1616. Su inme- 
diato parentesco con los Incas lo p;i=io eu especial::* condiciones^ 
para obtener informes eicactos «obre el gobierno, costumbres, re- 
lijion, etc., de su'S mayores, habiendo re logido la tradición oral 
d^í los mismos iniíjenas, que lo miraban cn-n el respeto de Tnca^ 
^8o»)re su obra hace merecidos e.ojios el célebr-e historiador Gui- 
ller.xa Pre:9cott, autoridad ca:i:ipetente sobre la materia, quien em- 
pero lo tacha de exagerado y parcial en To que se refiere á 1;>» 
Incas. 

1. Oarcilaso de la Vega -ita las siguientes palabras del P. M- 
Jfsé de Acostar *'Los hombres mas curiosos y nábios, qiu»^ han pe- 
**netrado y alcanzado sus secretos, su estilo y gobierno antiguo,. 
*'nuiy de otra suerte lo juzgan, maravillándose que hubiese tan- 
*'ta orden y razón entre eUos, '* y agrega el tnea.... tmlo lo que- 
** hasta aquí hemoe di<..ho, y adelante diremos de ios Incas, de su*;. 
^* leyes y gobierno y habilidad; que una de ellas fué que supieron 
** componer en iprosa, también como en verso, fábulas breves y com- 
**pendiosa^, por via de .poesia, para encerrar en ellas doctrina mo- 
**ral, ó para guardar alguna Iradicicn de fu idolatria ó de 1í>s he- 
**chos famosos de «us reyes, 6 de otros grandes varones; muchas 
**de las cuale-s quieren los españoles que no sean fábulas ^ino his- 
**torias verdaderas, porque tienen alguna semejanza con verdad.'* 
** Comentarios reales eto^' 



378 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

no pudiendo darse cuenta de las leyes que rijen el orden de 
la cTeaeion, oeurren á la fáhula para esplicar la causa deseo- 
no( ida y misteriosa. Por esto el principio de las religiones 
4?s casi siempre el culto tributado á la naturaleza— el sol, la 
luna, las estrellas, el relámpago, el trueno, el rayo, porque 
^H lo que mas freciw^ntemente los impresiona. 

Los quichuas de imajinacion contemplativa y melancóli- 
ca, habitantes de climas tan variados como ricos, desde el 
frió del polo hasta los ardores del trópico, en un mismo gra- 
fio, según estuviesen en el valle ó las montañas ; los quichuas 
<iearon una mitolojia de acuerdo con su imajinacion y su 
-carácter blando. 

El fundador de su imperio y de su civilización, aparece á 
las márjenes de un gran lago y se titula hijo del sol, porque 
el gran luminar era lo que podia representar mejor á su ima- 
jinacion la idea de un ser creador. 

Pero no ba^staba este Dios para satisfacer los deseos inhe- 
rentes á la humanidad de darse cuenta de los objetos que le 
rodean, de las causas que enjendran esos fenómenos natura- 
les, y fueron formando sucesivamente su mitolojia, cuyo es- 
piritualismo sorprende en aquella raza. Ningún vicio tiene 
n presentantes en el Olimpo quichua. 

El clima y las escenas de la naturaleza modifican profun- 
<laniente la fábula que esplica á cada tribu, á cada pueblo 
primitivo, esas ideas que no vienen de los objetos visibles. 
El patagón no habria esplicado la lluvia como el quichua: 
naturalezas distintas impresionan diversamente las imajlna- 
t'iones de ambos pueblos. Los indios que habitan la llanura 
<le la pampa, no pueden tener las necesidades ni esperimen- 
tar las impresiones del que habita la cordillera ó el valle, el 
trópico ó el polo, mediando para cambiar de clima el indis- 
]«ensable espacio de tiempo para descender al valle ó subir 
la cumbre de los montes. 

Pero hay fenómenos que se repiten en todas partes, y por 
eso en todas partes son comunes las supersticiones sobre Ior 
eclipses, de aquí también fé medrosí^ en los espíritus del 



PEREGRTXAÍION DE UN FUOITIVO. 379 

3iire y de los elementos. Cuando el hombre no concibe con 
<'laridad una causa, ocurre á las quimeras, á las sujestiones 
•<le su imajinacion. los mas atrevidos ó los mas intelijentes 
«aplican el misterio por la fábula y la tradición conservada 
<íe generación en generación la esplicacion del hecho, y va 
inroriinranido la leyenda en su relijion. 

"Asi el culto de la naturaleza, dice un profundo pensa- 
dor, ha invadido el mundo entero, y las ilusiones que enjendra 
tienen por objeto su preponderancia y el terror que ejerce 
y (\\n\ variados según los climas, tocan de cerca á las mise- 
rias humanas. En los tiempas antiguos á esto era á lo que 
se limitaba el culto divino áe casi todos los pueblos de la 
tierra. ' ' 

A veees sorprende la identidad de semejanza en las mito 
lojias de pueblos de diversa raza y de distinto clima. 

Los quichuas consideraban a la luna como la hermana y 
esposa del sol ; pues bien, en la mitologia de Groenlandia, con- 
sideran también al sol y la luna como hermanos '* Malina, la 
hermana fué atacada en la oscuridad por su hermano: busco 
(41a su seguridad por medio de la fuga, se lanzó en el espacio 
y se hiifio aoI. Amuga la persiguió y se hi«o luna. La luna 
-corre sin cesar al rededor de su hermanA menor con la espe- 
ranza, eternamente perdida, de alcanzarla.*' 

En ambas mitologias se establece la fraternidad entre el 
:íiol y la luna — ¿por qué singular coincidencia quichuas y 
groelandeses han arribado a esta creación fantástica? 

Los que adoraban al sol Inti, á la luna Quilla, y á las es- 
trellas (1). los que levantaban su mirada hacia las rejiones 

1. **En la cual i<lolatrí<a etn la que antc-s de filos hubo, son 
'^'•raií'ho •](» estirr.ar aquelloíi indios, así los de la íregunda edad como 
''Mos de la primera, que en tanta diversidad, y tanta burlería <1e Dio- 
■^*s?s como 1u vieron, no adoraron los deleite? ni lo« vicios, como 
***en la anti>jua gentilidad del mundo vieio que adoraban á los 
"**f|ue ellos confeí^ban '])or adúltercjí. homicidas, borrachn-s y sf»- 
^M>rp tolo al Priapo: i-o^n ser ífetute qne presuma tanto de letra*» 
*v sabT V esta otra lan aiena de toda buena enseña^nza. *' **('o- 



ini>nt:irios reales de los incaí», " etc. 



ra lan ale 

los incaí», " 



S80 LA REVISTA DE BUENOS AlBES. 

celestes, no cofieibieron en sus leyendas niitolójieas que kt 
tempestad pudiese ser presidida por una mujer; porque con- 
sideraban este hecho como de hombres feroces, y enton'*e» 
atribuyeron al hermano de la Ñústa el poder de que rom- 
piera el cántaro misterioso de su hermana vírjen, la de blan- 
dos pensamientos y suave corazón; porque solo un hombre 
podia hacer preceder la lluvia por la tempestad, el relámpa-^ 
go, el trueno, el rayo. La Stihta, la vírjen solo tenia el cán-^ 
taro para derramarlo con amor sobre la tierra, porque Pa- 
chacamac la hahia dotado de virtudes y escelencias para que^ 
h Ícese bien á las criaturas de la tierra. 

(vuando terminó el varavicu su lenyenda de la Cumay 
Ñmta, don Antonio de Erauso que á la sazón así se llamaba, .s«* 
levantó de su asiento, y esclami') — Siempre el amor! Siempre 
mi ángel negro! — y sin despedirse se marchó hacia la villa a. 
la claridad de las estrellas. 

V. 

Los jugadores. 

En torno de una mesa se agrupaban á la fascinadora vistí?. 
de los montones de oro y plata, militares, mineros, honibr;»* 
de todas edades, dominados empero por el demonio tortura- 
dor de la codicia. 

En aquellos rostros, á primera vista impasibles, se leiaifr 
las punzantes aspiraciones del espíritu. Pálidos unos y ar- 
diente la pupila, tenían en la mirada el fuego fascinador de 
i a serpiente. Otros contraían los labios, descoloridos y se- 
cos, y con el ojo al parecer sin brillo, se veía sin esfuerzo la 
fría meditación de un crimen, ora el robo para recuperar 
su perdida riqueza, ora el homicidio para arrebatar la ga- 
nancia. 

Algunos pasaban su mano sobre sus cabellos rizados y^ 
caídos, mientras otros, sonrosada la mejilla, parecían sabo- 
rear los codiciados frutos de la riqueza adquirida por of 
azar. • 



PEKEORINACIOX DE UX FUGITIVO. 3Sl 

Se asemejaban aquellos hombres á un conjunto de enfer- 
jiios morales en cuyos rostros el demonio interior, se divertía 
<'n revelar las profundas sensaciones que produce aquella pa- 
ííion infame. Vicio á cuyas puertas doradas sonríe el placer, 
pero (pie condui^e á la degradación ó al crimen. 

En los jueí^os en que la intelijencia ó la combinación tie- 
nen su imperio, no se esperimenta la vertiginosa emoción de 
ios jucjíos de azar: aquellos jugadores jugaban al dado, per'> 
juzgaban raudales de oro. Aquel metal corria sol)re el tapete 
-como un torrente abrasador en el cual la casualidad podía 
conducir á la fortuna ó la miseria, tal vez arrastrar en pos de 
üi la felicidad de una familia ; pero allí estal)an silenciosos 
íiquellos pervertidos. 

(*on i)a.so lento y pálido el rostro imberbe, entró el ama- 
jit ra(U) don Antonio de Krauso, ceñida la espada al cinto, 
pendi. nte de una gruesa cadena de oro el puñal de bien tem- 
plado acero. A pesar de su aspecto de juventud, tenia fama 
-de ¡)t»iideuciero y valentón. Se acercó sin ceremonia y jugu 
ii\ primer golpe cuanto dinero tenia tanto en su bolsa como 
-en su casa. Todos los jugadores levantaron la vista para 
<letcneTla en aquel audaz, que arriesgaba tan elevada su- 
ma al dado. 

La ajitacion de todos era estrema, la mano de los mas 
<lii'stros teml>laba al tirar los dados sobre el tapete. Don An- 
tonio tenia la r lirada fija sobre los dados ( on una fuerza á<3 
íitraccion tal. que rara vez se resiste á esa mirada penetrante, 
t(*naz. ardiente, si la hubiera detenido en un hcmibre habría 
fpiedado aterrado. 

Kl silencio era tan profundo que se habría escuchado el 
latido de aquellos corazones. Los dados iban pasando de 
mano en mano, colocados dentro de un vaso apropiado para 
Jirrojarlos sobr* el tapete. Erauso era el líltimo. 

Cuando le tocó el turno paseó la mirada por todos los es- 
pectadores acpiella mirada era siniestra y terrible. Luego 
<M)n mano firme arro.ig los dados: había ganado aquella mon- 



:3S4 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

c'iudad está provista de aguas corrientes, que conservan la 
liigiene de la población. 

Los contornos son amenos y fértiles; pero dificultosas las 
:salida8 por estar situada*, entre sierras. 

Desde los tiempos del Inca este sitio fué estimado, con- 
j^ervándose tradicionalmente la leyenda que en la cumbre 
de un gran monte vecino, hay ocultos grandes tesoros que 
los indíjenas quisieron sustraer de la rapacidad de los con- 
<][UÍstadores. 

Residió en la Paz algún tiempo, visitó sus contornos y se 
^•ntrcgó al juego, su pasión dominante. Pero cansado cTc 
la vida habitual, continuó su peregrinación. Llegó á Laja 
y desde allí, .^icte leguas mas adelante alcanzó á Tiahua- 
nacu. 

En TiahuHuacu visitó las colosales ruinas, examinó lo« 
dos grandes ídolos de piedra de talle y figura humana, muv 
primorosamente labrados, Fegun Cieza de León, que los vio: 
''son tan grandes, dice este cronista, que parecen pequeños 
^*jigantcs. y vésc que tienen forma de vestimentos largos, 
^^diferenciados de los que vemos á los naturales de esta*? 
"" 'provincias.'' (1) 

Se cree que aquellas construcciones verdaderamente ji- 
^antescas son anteriores á la época de los Intas. Cieza de 
Le<m asevera que algunas de esas piedras esculpidas esl i])an 
tan gastadas que manifiestan una alta antigüedad. 

"Lo que yo mas noté, dice este cronista, cuando anduv.* 
mirando y ribieudo estas cosas, fué, (pie destas pijrtadas 
tan gran^ ian otras mayores piedras, solíre qui* (staluui 

1. (ii'za dt' Lo«vji no sulo <"*crihó '*Ln ( rónica dol I*i»rú, ^iin 
3i<!oinas. spg^uii él lo dice, mi libro sobre los Incas; pero I*ri*<cott sos 
tiene t|iii* solo terminó sn crónica. s,ii íuiber ejecutado ninunna par- 
te ríe sus prt)vectado>i trabajos, ni rió en KspM'ia en l'íID K> un 
liistoriadivr bien int'or i avio, vinjó es¡»re^a'i i nte estmliando los In- 
dares, con cartas <le reconieinia ion 4Íel ])re'iideiite (íasca Hejinn él 
I-. ji«»»vera empezó á escr'bir sn crónc.'i en 1Ó41 y la terminó e;i 
].V)(). Sn liliro merece, «egim IVe-^cott. la tjratitnd de la post^^ridad. 
K> de couMilta [n.i\eclu'«a pt>r lov coiuciniienros Jeográflc.-s do 
siíjuel pais, y merece crv'dito 



PEREGRINACIOX DE T^X FUGITIVO. 38Ó 

formadas, de las cuales tenían algunas treinta pies de ancho, 

V de largo quince y mas, y de frente seis, y esto y la portada 
y sus qifitíios y umbrales era una sola piedra, que es cosa do 
mudia grandeza, bien considerada esta obra." (1) 

Cerca de estas ruinas gigantescas se veia aun la antigua 
<-asa donde nació el hijo de Huayna-Capac, y los paredones 
<le los edificios que servían de depósitos reales. Dos torres 
<niadradas se levantaban allí, sepulcros de señores indíje- 
iias. según el cronista citado. 

Admirado quedó nuestro viajero en presencia de aquellas 
ruinas, restos de la civilización primitiva de aquella comar- 
<'a. Allí donde en otros tiempos se aglomeró la población, 
entonces apenas contenía un pueblo de poca consideración: 
.sus indios pertenecían á encomiendas de los conquistadores, 
y habían perecido en multitud asombrosa ora por el hierro 
<^n las ])asadas luchas, ora por la crueldad exíjente de los 
nuevos dominadores de aquel país. 

El camino que había recorrido era pedregoso y árido, 
distinguiéndose las elevadas cumbres de los Andes con sus 
p(»rpétuas nieves. IMolesta era la travesía desde Laja por la 
rarefacción del aire. 

A la misma altura de aquel sitio y como á milla y medía 
<le distancia, estaba el inmenso lago de Titicaca cuya estén 
sion. según Alcedo, es de cincuenta y una legua N. O. S. E. 

V veinte v seis de ancho, su fondo desde «eis hasta cuarenta 
])razas. Este inmenso lago en el cual navegó un vapor en 
1850. era entonces surcado por embarcaciones y balsas do 
los indíjenas. 

Es en ese estenso lago donde aparecieron íos fundadores 
de la civilización quichua, el hijo del sol, por cuya causa era 
la laguna sagrada, elevándose en una de sus grandes islas el 
templo al gran luminar. Aquel lejíslador y sacerdote apa- 
recía ungido por el eterno, de quien se decía hijo, y seña- 

1. *M'rónio«i «lol Perú" j>or Pí'dro (ioza de León, ciip. CV*. 



3*<6 LA REVISTA DE BUENOS AIRES, 

laba al Sol, como al creador y Dios soberano de todo lo 
creado. 

Antes de su aparición los collas creian que el Hacedor del 
mundo estaba en el cielo, y Manco Capac les designó el 8oU 
como su padre, y fundó una relijion nueva y una civiliza- 
ción escepcional. El fundador de la ciudad del Cuzco, crea- 
dor de su religión y de sus leyes, fué transformando el modo de 
ser de aquellas poblaciones primitivas. 

El intadiable testimonio de Cieza de León, nos reitere 
....** aunque á la verdad, como las reyes ingas que líuin- 
i'aron este imperio fueron tan sabios y de tan buena ir» í ci*- 
nacion y tan bi»'n proveidos, establecieron casas y oileuii- 
rv.u leyes á su usanza, que verdaderamente, si no fiurn ip.e- 
<liante ello, \hh mas de las jentes de su señorio pasarían gran 
trabajo y vivieran con gran necesidad, como antes que ellas- 
fueran señoreados ''.... ( 1 ) 

De los juncales de las márjenes de la gran laguna, las 



1. **( rolliza del Perú," cap. X(MX, por IVilro Cieza de Leen,, á 
c|i.ien citamos en esta parte con prefereiK'ia á .'íarcilaso 4e la Ve- 
í;a, í|iio Pres ott tiene por exajerado al hablar de los Ineas 

("reenioí* conveniente recordar las fuentes en que el Inca histo- 
ri.'idor bebió sus conocimientos y (para esto reproducimos lo que él 
dií-e: **Y« nací, dice, -ocho íiños después que los esj>añoleis jjanaron 
**mi tierra, y como lo he dicho, me crié en ella hasta los veinte 
**años, y asi vá muchas cosas de las que ha«ian lo« indios en aque- 
*'lla su gentilida4, la« CAiales contaré, diciendo <jue las vi. Hin la 
** relación que mis parientes 'fiiic dieron de la« irosas dichas, y sin lo 
**que yo vi, he habido otras ixuchas relacione'S de las cimijuistas 
**v hechos -de aquellos reyes: porque luejjo que me propuse escri- 
"bir esta historia, escribí A los condiscipukwí de e«scuela y jframá- 
*'ítica encargájidoles que cada uao me ayudase con la relación qut* 
** pudiese haber de las particulares comquir^tas que los Inca*» hi- 
**c)eron en la« provincias de sus madres; porque «^ada provincia 
** tiene svl9 cuentas y mondos con sus hi-'tor:,as. anales y la tradición 
**(lellas; y por esto retiene mejor lo que en ella pasó, qu? lo que 
*'4>a8Ó en a,iena. Los condiscípulos tomando de vera« lo que le» 
*'pedí, cala cual dallos dio cuenta de mi intención á s-u niadre y 
** parientes, los cuales, sabiendo -que -un indio hijo de eni tierra, que- 
**r¡a escribir los sucesios della «acarón de mis archivos las relaciones^ 
"que tenisin d^ s-us historias y me las env'aron." Cap. XíX, lib. 
T, * * Co^mentarios reales", etc 

El Inca protesta que el amor de los <*uyi>H no le liará ocultar 
]a verdad, atenuar lo malo ni exajerar lo bueno. 



PEREGRINAClüX DE UN FUGITIVU. 387 

i. 

aves acuáticas se levantaban en nuütitud asombrosa. El ca- 
l)itan Juan Ladrillero habia andado allí en sus bergantines, 
como lo vio Cieza de León. 

Las tempestades de aquel inmenso lago lo asemejabau 
á un mar interior, á la altura de doce mil pies sobre el nivel 
del mar. 

Allí desde la altura de un cerro que le permitía estasiar 
la vista en los lejanos borizontes de aquel lago, rodeado de 
indios, escuíbó la fábula que conservaba la tradición sobni 
los orígenes del culto del sol. 

Referían que después de una larga nocbe que duró diaíi 
** estando todos puestos en tinieblas y oscuridad, salió de 
*'esta isla de Titicaca el sol muy resplandeciente, por I» 
"(*ual la tuvieron por sagrada, y los indios hicieron en ella 
**el templo que digo, que fué entre ellos muy estimado y 
' * venerado, á honor del sol . . . ( 1 ) 

Fundaron allí también un templo de las vírjenes del sí>I 
y hul)0 sacerdotes con grandes riquezas. 

Ijos buscadores de tesoros ocultos arruinaron aquellas 
construcciones, deseosos de encontrar las riquezas fabulosas 
que creían ocultas. 

Después de descansar en la pequeña villa, se dirijió hacia 
0ua(|ui, donde hubo edificios del Inca, depósito de los tri- 
butos y provisiones aglomeradas para las necesidades del es- 
tado. Llegó á la capital, admirando en la comarca que re- 
(íorria, la abundancia de los rebaños de llamas y los campos 
( ultivados de maíz y coca por indios mitimaes. 

Los pueblos de Acos, Chilane y Xulli, sitios donde habia 
indios de S. M. y misioneros é iglesias, estaban gobernados 
por un empleado de la corona. 

Cerca de Cepita había un puente á la usanza de los del 
tiempo de los Incas, donde en lo antiguo tenían un ponto- 
nero para cobrar el peaje. Era tan fuerte que lo atravesa- 
ban cabalgaduras y ganados. 

1. '*( iezii de León" va »v?,itado. 



38^ LA REVISTA DE BUENOS AIRfiS. 

Llegó á Quilea y de aquí pasó á Poniata. Diez y siete le- 
j^uas anduvo íintes de entrar á Chuquitx), provincia muy 
poblada en ti.*i:?po de la conquista, de frió clima menos en 
ííus valles. Sus habitantes hilaban y tejian la lana de las vi- 
cuñas y alpacas, aprovechando en colorir los rictxs tintes quo 
I)roduce la comarca. 

Según Cieza de LiH)n, Chuquito es cabeza de los indios 
de la (*orona en la provincia y desde el tiempo de los Incas 
se tuvo por nniy impiirtante ** y es, dice, de lo mas antiguo 
de todo lo que se ha descripto, á la cuenta que los misntos 
indios dan.'* 

Llegó al sitio donde después se fundó á Puno, hizo la tra- 
vesia de Puno á Arequito. 

Pasó por Avilque, Tayataya, Guayra, Pasi, Tamboaji y 
<1iiguat«. En este viaje demoró algunos dias. Se desvió há 
eia el oeste y entró por fin en Arequipa fundada en 15:56, en 
el valle de Quilea. Ap^sar de lo lluvioso del clima, (»s seco y 
sano, los ediíicios de piedra y espuesta la ciudad á terremo- 
tos, la baña un rio del cual sacan acequias para el regadío de 
sus contornos, todo lo cual observaba nu(»stro viajero. 

l'na mañana fria. en la cual la rarefacción del aire de las 
rej iones altas presentaba á lo lejos los estraños mirajes en 
las meseta» y en el horizonte* se veía la silueta azul de las 
montañas reflejando la luz del sol. nuestro viajero salió de 
Arecpiipa hacia Pancorcolla, en la estensísima provincia del 
mismo nombre que está ro<leada de grandes lagunas como 
las d(» Chucuito. Ijarecaja, Lampa y Omasuyos. Estas pro- 
veen de abundante pescado á las poblaciones («miarcanas; 
pero él tomaba recien ahora el camino mas corto para ter- 
minar su largo viaje. Pasó por Taracoto, Xava-puja y llegó 
y.or fin á Pucará, situado en la falda de la Cordillera d<í 
Vilcanota, dirijiéndose al Nord-este. El sol habia declinadlo 
completamente y el frió era intenso. 

1. El Ima Lloque Vupan<]n¡ ram^'» construir estf Puoar'», que 
e^ fortaleza, «lice (íarcüasf) dp l;i Vcija. "^a 4Mial manilo ha ^er para 
«Ipfcnsa. y frontera jU» It» que habia ^ana-lo.'^ 



PEREORlNiAVION DE UN FÜOITIVO. 389 

Al siguen te dia fué á visitar á Pucará (1) ** donde vi(S 
grandes edificios arruinados y desbaratados, y muchos bul- 
tos de piedra, figurando en ellos, figuras humanas y otra?? 
cosas dignas de notar '\ según Cieza de León. 

Alcedo refiere que cerca de este paraje '*se ven las ruinas 
de un castillo de los antiguos gentiles, de figura cuadrada, y 
dentro de él dos estanques hechos de piedras, algunas tan 
grandes que ti«;nen tres varas de largo y dos de ancho. (1) 

Pucará en el lenguaje indíjena quiere decir fuerte ó for- 
taleza, las que según Pablo Marcoy, los Incas del segundo 
periodo colocaban sobre el límite de los territorios nueva- 
mente conquistados. En estos Pucarás habia guarnición para 
mantener sujetas las fronteras de Jas conquistas nuevas, ó en 
los puntos estratégicos para la defensa del imperio. 

Los habitantes oriundos de las costas llevaban chucos, 
bonetes de lana de forma de morieras, vestidos de tejidos 
<le lana los hombres y mujeres por lo frió de la temperatu- 
ra, como lo refiere el cronista ya citado. 

Nuestro viajero se sorprendia del lujo y comodidad de 
sus cementerios que contrastaban con la manera de vivir de- 
mostrando que consideraban la vida como una mera pere- 
grinación en la tierra y cuidando de adornar los sepulcros 
donde empezaba la vida futura. En los llanos y en las vegas 
abundaban aquellos sepulcros, como pequeñas torres de cua- 
tro caras, unos de solo piedra y otros de piedra y barro, 
techados ó con una gran laja ó cubiertos con paja, las entradas 
al oriente para recibir los primeros rayos del sol naciente, 
(^ieza de León vio sepulcros. 

En muchas de esas sepulturas habia oro y plata, joyas dé- 
los antiguos señores del pais, algunas recojió Erauso en su 
tránsito. 

De Pucará siguió el camino que pasa por donde se fundó 



1. **Di<»c¡onar¡o Reoj^ráfico- histórico d« las Indias 0<'c¡dentales 
ó América ', ¡wr el coronel don Antonio d« Alcedo. 



3&0 LA REVISTA DE BUENOS AIBES. 

á Santa Rosa, mas adelante á Agua Caliente y alcanzó á Si- 
ouana : habia andado aquel dia algunas leguas. 

Sicuana ó Chieuana pertenece á la nación de los Canas 
sometidos al Inca, en cuyo territorio tenian poblados los 
pueblos de Atuncana, Oruro, Cacha y otros. ''Andan todos 
vestidos, según Cieza de León, y lo mismo sus mujeres, .v 
f»n la cabeza usan ponerse unos bonetes de lana, grandes y re- 
dondos y altos.'* Vivían en casas de piedra. 

El temperamento es frió, pero abundante de ganados y 
víveres. 

En Cacha el Inca Tupac Yupanki hizo construir grandes 
edificios. 

De este sitio pasó á Checacupi y Quijana. 

Cuatro leguas adelante atravesó el rio Yucay por un 
puente formado de tejidos (1) fuertes y maderas atravesa- 
das, el cual aún se conservaba. 

Las sierras que pasaba eran ásperas y sin vejetAcion. Vio 
el pueblo de I^rco colocado sobre un elevado cerro, distan- 
to seis leguas del Cuzco (2) En el camino una muralla 

1. Hó aquí la relación do uno ilo esoa pnentíVí heelia ^or Mi- 
^ve\ Pástete, y reproducida testualmente por Oofuzalo Fernandez 
<lo Oviedo.... '*«a an, dice, un gran cimiento de piedra desde 
el agua é lo suben arriba, é de una parte á la otra del rio ha.v 
linas •n.aromas, heclias de bexucos á manera d? mimbres, é tan 
j;rueí»os como el muslo de la pierna de un hombre; é tiénenla^ 
atadas á muy resciai» -piedra*, é de la una á la otra hay ancho^r 
<ío una carreta, é atraví^sados t^'^scíds cordelen nuuy torcidos é po-r 
ííobaxo nonen unas piedra* grandes para que aplegué la (puente." 
*' Historia general v natural de Indias.'* etc Lib. XLVT. cap XT, 
tomo TV. pág. 1K9 ' 

<"'ar ilasr» de la V^fga explica minucio-oameute la manera como 
S'» construian esstos .puentes, con detallen 5?tT'T.«mente curiosos como 
í]>uede verse en el caip^ VII, lib. ^^. de su*» "Comentarios Reales" ete^ 

2. Para que se pueda juzgar del estado de las artes entre los 
«úbdito-? del Inca, citaremos el siguie^nte pasaje de Gonzales Fer- 
níindez; de Oviedo al referir loa regalos que Atabaliba (Ata- 
hualLpa) envió á Francisco Pizarro que se dirijia á Cajainalca: **y en- 

?* violes las fortalezas é piezas -de lana de la tierra que de Caxa» 
*'se trajeron, era cosa mucho de ver, »e^in su -priror y genti- 
*Meza: é no «e «abian determinar si era secla ó lana, segund ru 
** fineza, con muchas labores é figuras de oro de martillo de tal 
*•■ manera asentado en la ropa que no cesa de maravillar, e que en 
**K»paña é en todo er mundo «e estimará por muy rica é sutil 



PEREGRINACIÓN DE UN FUGITIVO. 391 

jinelia y fuerte conducía á la ciudad sagrada, en la cual se 
<-olocaban en otros tiempos los empleados del Inca para co- 
brar derechos y tributos é impidir sacasen oro ó plata de 
la ciudad capital. Los que violaban la prohibición eran con- 
<3enados á muerte. 

En Mohina se veían las canteras trabajadas en tiempo de 
los Incas. Los antiguos edificios de Mohina estaban arruina- 
dos y deshechos, no por efecto de los años, sino por los 
buscadores de tesoros, pues de allí sacaron gran cantidad do 
oro y plata, cuando don Francisco Pizarro entró en el 
<^uzco. 

Se iba á la ciudad por el caimno real de CoUasuyo, atra 
vesando las angosturas de Mohína. Este camino era de can- 
tería V se conservaba como una obra colosal v útilísima en 
tiempo de los Incas. 

Ya que nos ocupamos lijeramente de los trajes y costum- 



-"obra" Cap. IV Lib^ XLVI. páj?. 107, tomo 4.0 *' Historia general 
_v natural de las indias, islas y tierra firme," ete. 

El misiito hi»toiáador describe en esto-s términos los edificios 

do Cajanialca "la plaza que es dicho, es mayor que ninguna 

**de K*rpaña, é toda cercada, con dos -puertas <\ue ?alen á las ca- 

^'lles ciel pueblo. Las ^asais de aposento de ellas don de mas de 

"** doscientas ipasos en luengo cada una, muy bien .hechas, cerca- 

**das d? tapias fuertes, de altura de tres estados las paredes, y 

*'el techo cubierto de paja é madera sobre la» paredes de las ca- 

■**sas. Kstón los aposentos desta plaza repartidos en ocho euar- 

•*'to.s mejor hechoi^ que .los otros, >las paredes dellas de canterías, 

muy bien labradas y encalad&s, é cercados estos aposentos por 

sí fon su muro de cantería é sus puertas por donde entran 'x 

ellos; é dentro en los patios ha\' pilas de agaia traída de otría. 

parte por caños para el servicio ¿e estas casas, que paresceu 

ser apo-jontos d? señor^ Por la delantera de esta plaza, á la 

parte del campo, está incorporada en la propia plaza uua pe- 

"** quena fortaUza de piedra, peqiueña, <jue paresce castillo, cou una 

^*e*i:alera ancha muy bien labrada de cantería, por donde ^iben 

■** desale la plaza á la fortaleza: é por la parte del c^mpo está 

^'otra pequeña puerta con otra escalera angosta, todo s^ÍiD salir de 

"la cerca de la plaza: fuerza es bien hecha y de bue«ia defensa.*' 

Ksta larga transcripción demuestra el estado de la arquitectura 
■oj el imperio Inca, y el conocimiento que tenían de la ciencia mi- 
litar. El testit.iionio de los miar'os españoles no pueule tacharse y 
^forzofra es hacer >u»ticia al pueblo <jue alcanzó ese grado de al- 
tura en la América primitiva. 



U ( 
M i 

-i t 



392 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

bres de algunos pueblos indíjenas en el camino recorrido por 
nuestro vagabundo conocido, no queremos dejar de referir 
la observación hecha, por Gonzalo Fernandez de Oviedo,, 
quien encontraba á medida que subia á la sierra, que las po- 
blaciones eran mas cultas, **la jente mas limpia y de mejor 
razón y las mujeres mas honestas''. 

Hé aquí como él describe los trajes de los aborí jenes de la 
comarca: ** Traen sobre la ropa que visten las mujeres, unas 
** reatas anchas como la mano, é de mas de cuatro brazas 
** luengas, hechos de lana, muy labrados, faxados por la 
** barriga muy apretados, é sobre esta ropa é faxadura traen 
*' cubierta una manta corta desde la cabeza hasta la pierna^ 
**que quiere parecer mantillo de mujeres. Los hombres visten 
** camisetas sin mangas y unas mantas cubiertas encima." (1) 

Las mujeres tejian la lana y el algodón para sus vestido* 
y hacian '* calzado para los hombres de lana é algodón, hecho» 
como zapatos.'' (2) 

VICENTE o. QUESADA. 
(Continuaré.) 



1 ** Historia natural y general de las india»*/' etc , por (íon- 
zalo Fernandez de Oviedo, Lib. XLVI, Cap. VI. 

2. Don Agustín de Zarate en mi **H>i.storia del do« ubrimiento 
de la provincia del Perú.'^ dice lo siguiente: '*La8 mujeres visten 
**nno« hábitos de algodón hastA los pies, á niane^ra de lobas; hw 
''hombres traen tpañetes y u-nas camisetas ha^ta la rodilla, y (>ncima 
'•unas mantas: y aoinque la manera de vestir e» eojnun á todns. 
** difieren en lo que traen ^n la cabeza, según el uso de caiía 
''tierra; porgue unos traen trenzas d^ lana, y otrcxs muchos cor- 
Odones de diversos colores; y no hav ninguno que no traiga alg«> 
"en la cabeza, y en cada provincia diferentemente " 



bibliografía. 



la PARTE 



HlBLlOvíRAFIA PERIODÍSTICA DE BrENCXS AIRES, HASTA 
LA CAÍDA DEL OOBIERNO DE ROSAS 

Contieme el título, año co-n la fec-ha de su aparición y cesacioo^ 
formato, imprenta, número de que se •'Oripone la colección de 
cada periódico ó diario, nombre de loe redactores que se co- 
nocen, observaciones v inoticias «obre cada uno, v la biblio- 
te<ía -pública ó particular en donde se encuentra el »periód¡co. 

(Contijiiuacion.) (1) 



Soy un trompito fran(*és 
Un truhán de los castellanos 
Un jugador de dos manos 
Vn Gaseon, un almofrex. 

**Este será el euarto retrato del mas verdadero apóstoL 
pues eomo babilónico ha hecho la traducción de la biblia á 
las mil maravillas; él ya por atrevido ha llevado sus golpeí? 
en la calle de la Paz, más esto no importa á mi caso, sola 
fjuiero que predique los sucesos de cuando fué tinterillo d«* 
la legación rusa en el Janeiro, contándose también el rum- 
bo (jue tomó, y como dejó á los sujetos que en la Bahía lo 
favorecieron, y sin embargo vino á Buenos Aires sin un diez 

1. Véase «la páj. 271. 



394 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

reis, y estuvo haciendo centinela á la puerta de la fonda del 
señor Ballester, andrajoso, y con la barba puesta sobre la 
clavícula, como dos horas, donde oia el tintin de los cubier- 
tos y de los platos, y su hambruna canina le arrancaba las 
frases del gastrónomo. IMiserable ! vino á su amparo el finado 
Mr. Hervaud á quien aun no le habia rezado un padre nues- 
tro: su figura ?s ridicula, es un arle,quin tartamudo, se sim- 
patiza con un mendozino, á quien llaman Mulita; su nom- 
bre es Riza Velas; sus maneras las de Arlóte de gurullada; 
<lurmió muchas noches bajo la mesa de billar de un fondin A 
suelo raso; y este francés guitón pordiosero se ha atrevido á 
tocar mi nombre. ¡ Qué lindos federales ! 

^•a ••• ••* ••• ••• ■•• • m ^ ••• ••• ••• •«• ••* ••• ••• *•• 

Un teniente coronel Hemorroidal muy valiente que una 
noche de mascada pierde hasta la chaveta en la carpeta, que 
por un certificado se encuentra ton ese diploma, y que me 
debe unos pesos, también ha mojado conmigo llamándome 
pastelero. 

**E1 tio Pepillo es un hom]>re 
C¿ue el Rey de copas le llaman 
Y dicen que bebe mucho 
Tomás, .vi es pampirolada. 



'(■n sacristán (¡que desmaní) 
A un doctor (rara locura!) 
Solicita con afán 
l^orque piensa el sacristán 
Que el doctor le ha de hacer cura. 
El saludo es a Mostacho, 
Don Tiple h) ha consentido. 
Su pan 5^a lleva el Muchacho: 
Eolo molesta al Gabacho, 
Y vo me vov á mi nido. 

J, J. fíosch. 



BIBLIOGItAPIA 39. 



>> 



Que no tiene cola de paja. 

Hoscli era vulgarmente conocido por El que no tiene cola 
4iíe paja, y posteriormente por El resucitado. 

Según una hoja suelta, sin fecha, impresa por la Imin-en- 
Ja di I Comercio, bajo el rubro Evangelio de los 4 mártires de 
Ja Cuidad, el cuarto de los ciudadanos que votaron contra 
Ja ley de 7 de marzo no fué el deán Zavaleta sino un 
rteniente coronel, que, según tradición no es otro que don 
Juan Escobar. 

Este impreso concluye del modo siguiente : 
** Y pasarán sus nombres á la posteridad. 

Y los han canonizado los Unitarios, 

Y los van á adorar. 

Pero llegará el dia de la justicia, en que cada uno será re- 
<om])ensado segan sus obras — Amen. (Garantido) '' 

En el mismo número 80 se hallan registrados los citados 
^liscursos y los demás que se pronunciaron en dicho dia l-> 
<le abril, con motivo del recibimiento del general Rosas, del 
iiinndo de la provincia. 

También se atron^ia en venta en el mismo número **E1 
Himno de los Restauradores,'' ya mencionado, compuesto 
por el .señor d(m José Rivera Indarte, música de don Este- 
T«n Massini, y adornado con el retrato de Rosas. 

Anuncia asi mismo que se publicará inmediatamente por 
ia Litografía del Estado y á 5 pesos el ejemplar **La ova- 
n-ion del exmo. señor general don J. M. de Rosas en el acto 
^e recibir el mando de gobernador y capitán general de la 
provincia", con la vista de la plaza de la Victoria. 

El núm. 89 rejistra un discurso pronunciado por el se- 
iíor don ^lanuel Irigoyen, que mandaba la guardia de honor, 
<'n el acto de presentarse S. E. — L^na correspondencia sus- 
<*rita por el pseudónimo Los mismos, referente á la inasis 
^encia del coronel Espora á la guardia de honor que debia 
alarse al ilustre Restaurador de las Leyes, finjiéndose enfermo. 
— Anuncio de un impreso suelto para el 30 de abril, titula- 



396 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

do El arrepentimiento de un unitario, — Anuncia que á pesar 
de haber hecho tirar un número considerable de ejemplareíS^ 
demás, del N. 80, conteniendo el ensayo biográftet», cuyo 
estracto hemos dado mas arriba, la edición entera lia sido 
agotada en el dia, y como el redactor ha tenido después tan- 
tas demandas de dicho niimero> se proponia para satisfacer- 
el deseo jeneral, publicar en un tomo aparte una biografía, 
detallada y muy circunstanciada del Ilustre Restaurador^ 
desde su oríjen hasta el dia, etc. 

El núm. 90 — Proy-ecto de ley sobre la responsabilidad dé- 
los jueces, redactado por una comisión nombrada al efecto^ 
y presentado á las Cortes por orden de la reina Cris- 
tiiia. ', 

De los Jesuítas de España. — Cantón ó Quang-Tong. saca- 
do de una obra impresa en Cantón en 1843. — Los Ríeufrdo*^ 
san f/rie utos, oda dedicada al exmo. señor Restaurador de las; 
Leyes, por Un Federal, núm. 148. 

Del proceso formado sobre el asesinato de don Félix Trios- 
te, núm. 150 y siguientes:. 

D. José Rivera índarte nació el V\ de agosto de lí>14 en la- 
< iudad de Córdoba del Tucuman, y murió en la no(he del 1^ 
de agosto de 1845, en Santa ('atalina, Brasil. (Véase su Bio- 
«rafia por el señor Mitre.) 

((\ Lanirts.) 

108. DEFENSA FEDERAL— 1841— in íolio—lmpren^ 
la Arjentina — Su redactor fué el presbítero don Ruperto Al 
beito González y Casas. 

Era una publicación en hoja suelta (¡ue salia siempre 
que el redactor lo juzgaba oportuno. Conocemcís hasta 
*i, una con ftx'ha 7 de marzo, otra con la del 1.' de abrif 
y la 3.a que creemos ser la última, con la de 13 de di-iem- 
l're. 

Xo tiene numeración, ni rejistra nada que merezi a llamar 
la atención. 

ion. DIARIO DE A V^ISOS. prrúUliro rom, nial >j lili ra- 



BIBLIOÜRAFIA 897 

tío, J84Í) — 1852 — in folio mayor — Imprenta de Arzac. Fuó 
redactadlo con la mayor cordura por el señor don José Tom/is 
Guido (1), siendo el único de los escritores de esa época aciaga 
<|ue evitó en cuanto fué posible, el escollo de tocar ningún pun- 
to conexo con la dictadura. El Diario de Avisos fué después 
j-tdartado por don José Maria ^lontoro (2) y por el doctor 
<lon Vicente Pazos Kanki, que habia sido ájente de Bolivia en 
Francia. (3) 

La colección consta de 953 números. Empezó el 2 de fe- 
brero de 1849 y concluyó el 31 de marzo de 1852, reemplazan- 
<tole el (U)rr(o Ar (jen tino. 

1. Kl »Sr (inicio, natural de Santiago de (hile y educad:) pii 
}5ueiio-í Airv. fué, en is:i9. en la noche en que se perpetró el as^-e- 
?^i»ato 'Itd Presidente Dr. Maza en la Sala de Re.presentantes. el 
3>rniero (|ue, de-^juirs do eoMsmna lo aquel horrible acto, penetró 
en la iiabitacion en donde se hallaba la víctima, tendida en el 
suel • 

Kn 1S4(), fué jierse^niido por la -élebre *' Sociedad popular", 

auto la cual fué llevado do-i veces, mojítrándose con inalterable s':re- 

nidad. en luedio de los puñuleís que le amenazaban. En el mi.siiiu> 

añ» pre^ró servicios .persona le>< con K^*^" peligro 'iuyo y con el 

mayor ardor, á varios proscriptos, que. ocultos en Buenos lAires, 

-se proponían fugar del pais, activamente auxiliado .por el cónsul 

<1»^ 1 > K-^tado;? Unidos Mr. Slade y por oficiales de la escuadra fran- 

<*e>a, y c ui especialidad los de la "Tactique/' Dese^npeñó puestos 

distinguid. .s; se negó á actfptar oíros igualmente distinguidos, por- 

<(ue no Mrovonian del gobierno de Ruen:is Aires, con el q;.ie siei> 

pie ha siinpatizado, y hoy í^s gefe de la Mesa de Fronteras de la 

Kcpública. miejnbro de algunas sociedades .'ientíficas y literarias 

y enítiin >]ógicas y colaborador de * * La "Revista de Buenos Aire«." 

li. Kl Sr^ Montoro, á quien tmlos creian redactor, desmiente 
■este hecho en el número 12 del diario "J^a Ilustración", que se pu- 
bl'caba en 1>.")4. diciendo que, mientras estaba cw la administración 
ílel "Diario de Avisaos" no fué sino "el encargado de la parte este- 
rior y »':nnercial, al pro})io tiempo que de su contabilidad," y qui> 
jamá^ sal "ó de su pluma un ebígio íi Tí osas ni el menor cm'plir.'ento 
á Mannelita. 

•í. Don Vicente Pazos KanUi. clérigo de ideas estravagante«, 
"e-'^critor d.» nn lenguaje tos-co é in'ulto como las breñas del r*e- 
rl," sn país natal, y coro ellas tenia el sello de la naturaleza, 
que e< la sen -illez y la ingenuidad. Autor de una obra publicada 
e'i L<'>n Iro^. titulada "Memorias ITistórico-PoIíticas ", el Sr. T'a- 
zos KanUi dic^ en su '* introd.uecion ", que s^u primer intento fué es- 
tírib'rla en quichua, pues que, siendo de una familia indígena "ma- 
mó let'lo» :ní>cente de sus Pallas" y con ella apreivdió el lenguajo 
<Mi ,]iie sus antepasados se espresaban en el antigno ¡m'¡)erií> perna- 



0|Lk> 



i>8 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

Lo mas notable que rejistra este diario es lo siguientes 
Anuncio de haber sido conducido á tierra el 16 de ju- 
lio de 1850 los restos del benemérito arjentino don Manuel de 
Sarratea (núm. 439). Noticias Bibliográfica de la historia de 
lu literatura española, escrita en inglés por Jorje Ticknor, 
En 3 tomos, in 4 de ma-s de 500 páj., Londres, 1849 (núm. 
505) — Pío IX y el preso del Castillo San Angelo (nii.m 530), 
Xecrolojia del general don José de San Martin, suscrita por 
A. Gerad (núm. 536), — Rectificaciones de dicha necrolojía 
por la redacción (núm. 538), — Discurso pronunciado por el 
doctor don Claudio Cuenca en la universidad de Buenos Ai- 



iii.^ "Los acentos de ente iflioiiia original", a^^re^a el Sr. I*a- 
zi's Kanki, **tan sonoros para mí, no cesan de latir en mis oido*»» 
y como por un. encanto (.i:.e parece que aun entoy es'uchando lo» 
<J"sc.arsü.s patéticos á que- frecuentemente assistia, en mi primera» 
o;lad, en el antigiuo **<'ozco*\ metrópoli de loa incas, adon<le fui á« 
aprender los rudimentos del saber niropeo^ Dificultades in^upe^a' 
bles me h-icieron abandonar e<te intento, y preferir el casteWv 
no. como el i.'ioma j^eneral desde la Bahía de San Francisco has- 
ta el Cabo de 'Hornos; idioma que se perpetuará en el Nmevo Mun- 
do c:)mo herencia y señal de la dominación de lo«* peniíiMilarOi!, 
d»» aquellos valienteís y osados españoles que surcando mares, arros* 
trando ¡peligros, atravesando desiertos y sufriendo todas las cala- 
midades de cli'ias que les eran desconocidos, plantaron allí su re- 
l:jjion, lengua y costumbres.*' 

Pazos Kanki se hallaba en Lisboa en 1825, cuando principió á. 
escribir dichas "Memorias." Las provincias del Alto Perú no for- 
ntaban toiavia la república de Bolivia^ Habiendo ,pasado á Inglate- 
rra en el mivsmo año, determinó i. r/primirla» en el vStadí) en que se 
hallaba el manuscrito, -que comprende también una relacvjon do 
las vicisitudes de mi vida, causadas por la revolución, en la que 
no todos los que han sembrado han recogido, circunstancias ad- 
versas para él, impidieron p'.jr mu-cho tiempo su i' iipresion, hast» 
que resolvió ha-erla en »u casa, «tomando ama pers-ona á quien ins- 
truyó v^n el arte tipogr.ufico y en el idioma castellano á uu mi^mo 
tienípo. 

Rl ^periódico **The Athenoeunv (*) de T^óndres hace una críticw 
jiiuy sievera de esas Me.iioria», en que encontramos tran^ícrijítos **ad 
pt'de'i; literae, párrafos enteros de una obra titulada " Knsayo his- 
tór-ico sobre la revolución de Jisj>aña y sobre la interven<'ion de 
lJs2;r', eH<TÍta en francés por el virconde de Martignac, traducida 
a: es-pañol y dedi-cada al ministro de la giuerra de entonces, el ge- 
neral don Tom^s Guido, ipor don Rafael Minvielle. 

(*) En el número 40 da ''La Revista de Ruimios Aires»*', püg. 
f)12 se halla esta misma nota, diferentemente redactada, fuera de 
lugar, siendo este el que le «corresipande. 



«I«L!<XÍRAFIA 399 

res, con motivo de los grados de doctor acordados al profe- 
sor de medicina don Federico Mayer (núm. 544). Apuntes 
sobre la fiebre reinante en el Rio de Janeiro, tomados por 
Juan José ^lonte^s de Oca. ciudadano argentino, doctor en 
medicina y cirujia por la Tniversidad de Buenos Aires (N. 
547), — Documentos o'ficiales del gobierno de Bolivia (núm. 
561). — Despedida dirijida por el general Paez al pueblo ve- 
nezolano (núm. 584) — Esposici(m hecha por el Ministro def 
Interior del gobierno de (Jhile al presidente de la República 
ínúm. 590.) — Documentos del gobierno de dicha República 
relativos á los honores fúnebres del general San Martin (núm. 
H16) — Testamento de dicho general (núm. 617). — Relación 
del gran incendio de Valparaiso (núm. 618.) — l^n reo dc^ 
Estado (el coronel don Silverio Sardinas) prisionero por un 
P'-rro (núm. 621. — í-arta de don Juan Manuel Rosas á su 
.•7f/;V7f> rotnpañfro don Juan Facundo Quiroga (20 de di- 
ciembre de 1824) (núm. 646). (Correspondencia del doc- 
tor don Vicente Pazos Kanki (núm. 654 á 656.) Acta 
de la instalación <le la Junta el 25 de Mayo de 1810 
y proclama de dicha Junta del 26 del njismo mes y año. — 
Arenga del general Rosas al 25 de Mayo de 1836 (núm. 

El FoUetin del Diario dr Avíjíos rejistra la ** Traducción 
de un artículo publicado en la Bf vista de Ambos Mundos, en 
1.0 de setiembre de 1843, escrito por Mr. P. Grimbolt, y tradu- 
cido para el Diario dr Avisos, por xntArj entino'' (que creemos 
ser el señor (ruido,) titulado Islas Falkland ó Malvinas — Bue- 
nos-Aires — 1851 — 96 páj. in. 8.o 

(('. Beruti, Zinny.) 

110. EL ESPAÑOL PATRIOTA DE BUENOS AIRES 
- -1818— in. 4.0 — Itnp( nta de Xiños Expósitos. Era una p'»- 
blicacion mensual. 

La colección consta de 2 núuieros. Principió el l.o d'* 
enero y concluyó el l.o de febrero. Su redactor fué el doctoi» 
don Ventura Salinas y Gutiérrez, (1) profesor de medicina y 

1. ''Gaceta ¿e Buenos Aires'' <le] 20 de diciembre de 1S17 



400 LA REVISTA ÜE BUENOS AIRES. 

español emigrado, que vino á Buenos Aires en 1817 con el jt- 
neral Milans. 

Salinas tuvo una cuestión, que fué muy ruidosa, con 
un señor don Miguel Cabrera de Nevares (de quien h.tblare- 
juos en el curso de nuetitro trabajo) • (1), pero que pas^'» 
easi inapercibida por haber tenido lugar en una época 
(1820), en que los ánimos estaban preocupados de los 
asuntos del día, que envolvian mas interés para esta s(K*iedad 
en general. 

El tloctor Salinas se proponia con la publicacitm de su 
periódico, desalucinar á sus paisanos, enemigos de la liber- 
tad americana é ingratos al suelo que habia labrado sus 
fortunas, á fin de hacerlos arrepentirse con la lectura de los 
sucesos que denunciaba y por las reflexiones que Ick ha- 
cia. 

Después d** muchos años de residencia en el pais, >'a li- 
nas murió en Buenos Aires, dejando una viuda y un hijf) v ji- 
rón. 

(B. P. ae B, A.) 

111. ESTRELLA DEL SUD (LA)— 1820— in 4.o maN or 
— Imprenta de Niños Expósitos — Sus redactores fueron los -e- 
ñores doctor don Juan Francisco M<»ta. catamarqueuo ; Diaz, 
(don Ramón y don Avelino) y don Salvador ]\Iaria del Carril, 
estudiantes de derecho. La colec(»ion consta de pro.sp(»cto y 
nueve números. Principió el 9 de septiembre y concluyó con 
una Estraonlinaria el 16 de octubre. 

Este interesante cuanto ilustrado periódico empieza 
(núm. l.o) con una exbortacion á los pueblos de la América 
<lel Sud, romo un bálsamo consolador después del incon- 
mensurable desborde de laí< pasiom^ de los meses anterio- 
res del memorable año 1820. A cada una de las provincias 
ixhorta á la unión y al orden, en la persuasión de (lue los 
individuos son ]>ara el Pastado y í|ue los pueblos no son d»» 

1. Véase n Tpstr«» artícMi'i» «')Un' *" Kl Telé.:rafo Mt^rcantil, Ku- 
ral", PolíticoMHMHiómii'o é Ili^^torió^rafo <lel Ki.» <lo la IMata." 



BIBLIOGRAFÍA 4t.l 

los particulares. Opina que el gobierno actual siempre será 
uno bajo cualquiera denominación, y siendo este el sentir de 
todos, la América respirará. Declara que los abusos de la li 
bertad de la prensa ponen á la Patria en los brazos de la 
muerte. 

Rejistra algunas sensatas reflexiones sobre el reconoci- 
miento de la independencia de Venezuela ; sobre la tiranía. El 
parte del general en jefe de las tropas de ^lendoza, don Fran- 
<;isco de la Cruz, á su gobierno. 

La Estrella del Sud ha tratado de evitar los escollos en quo 
.sus predecesores han tocado, á pesar de la crítica mordaz, que 
ha despreciado, declarando no pertenecer á otro partido que 
íil de la causa de la América. 

(C. Lamas, TreJlee, Zinny.) 

112. EU NAO ME METO CON NINGUEN— 1821— 
in. 4.0 — Imprenta de Alvarez — Fué su redactor don Francisco 
iV Paula Castañeda. Solo el título del periódico es portugués, 
lo demás es castellano, con escepcion de algunas frases y 
palabras. 

La colección consta de 6 números con 98 pajinas. Princi- 
pió el 24 de julio y concluyó el 15 de setiembre. 

(C. JañmsLs y B P, de B. A.) 

ll:l EL ESPÍRITU DE BUENOS AIRES— 1822— in 

4.0 — Imprenta de la Independencia, 

La ( oleccion consta de 28 números. Empezó el 26 de ene- 
ro y concluyó el 4 de julio. 

(B. P. de B. A.) 

114. El ELECCIONERO— 1825— in folio menor— /m- 
prvnta de los Espósitos — Empezó y concluyó el 28 de marzo, 
terminando el núm. l.o (y único) con el siguiente *' Aviso — Es- 
to periódico se publicará infaliblemente, á los ocho dias de ca- 
da elección. A los señores de la oposición se darán de bald«* 
todos los números, tnenos este. Los demás señores i^ue gusten 
sus(TÍ])irse, lo podrán hacef en las casas de los que hayan he- 
<'ho uso de la. proclama del Arjenfino. Precio, onza por pliego. 



402 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

Uro y iiitís oro: á nosotros nos gusta/' Su redactor fué el se- 
ñor clon Ventura Arzae. 

(^(\ Trelle^i, Ziuuy, Insiarte.) 

115. ECHO FRANCAIS (L') JOURNAL COMMEK- 
CIAL, PÜLITIQUE ET LITTÉRAIRE— 1826— 1827— in 4.o. 
y üol.— Imprenta de Jones y Va. 

p]ste periíSilico se publicaba en trances y castellano. La 
colección consta de dos series; la 1.a de 72 números in 
4.0 y la 2.a de 7 in folio, titulándose sinipleniente L'E- 
CIIO. 

Su redactor, don Juan Lasserre, fué arrestado en la Poli- 
cia el 2 de febrero de 1827. 

Principió el 14 de junio de 182o y concluyó el 11 de abri^ 

de 1827. 

El niini. 2 tiene suplemento. 

(C\ Lamas.) 

116. ESPADA ARJEXTIXA (LA;— 1828— in fol. me- 
nor — Imprenta del Estado. Se publicaba 3 vee^s ñor soiiiana. 
los martes, jueves y sábado. La colección consta de 14 nú- 
meros. Empezó el 28 de junio y concluyó el 12 de agosto. Su 
redactor fué don José María Márquez, que abandonó estos 
paises en 1830, dejando en ellos una triste celebridad. Fué fu- 
silado en Cartajena de Levante, según unos por desertor de 
las ])anderas españolas en Chile, y según otros por perturbador 
del orden, y juzgado por haber encabezado una sedición 
entre la plebe, en favor del sistema constitucional. Si no 
hay duda que le ha cabido esa suerte infausta, la causa 
al menos es digna, y en este sentido su desgraciado í'n 
ha sido acaso el mas noble de todos sus infortunias. " (Vé?:- 
se (¡aceta Mercantil núm. 2,828 del 7 de noviembre de 
1831.) 

El núm. 5 rejistra un rasgo encomiástico á los generales 
Rivera y Lavalleja. 

En una carta que el redactor dirije (núm. 6) al coro- 
nel graduado don Juan Apóstol Martínez, hace una breve au- 
to-biografia política. Este mismo número registra un llaiuíi 



BIBLKXJRAFIA 403 

miento del general don Guillermo Brown á los generosos 
arjentinos, invitándolos á levantar una suscrieion, con el ob 
jeto de poder realizar un proyecto euyo resultado seria impo - 
ner respeto al enemigo de la República. 

La Espada Arjentina era opositor al Liberal, á que elasiíi- 
ca de hermano ¡ejítimo del Constitucional^ Granizo y Porteñ-i^ 
y que es un *' papel vendido á las máximas y principios de lo- 
tiranos/' Hablando del gran mariscal de Ayaoucho, predicí* 

<iue hay ([uien Iratará de as( sinario. 

(Ks muy raro.) 
(C. ZÍirny.) 

117. KTOILE (I/) DU MATIN— 18:31— in foL— /wí- 
prenta dv la Independencia — Su redactor fué ^I. Lavessari, 
cónsul francés. 

Xo hemos tenido á la vista ningún número. 

(Ks rarísini.;») 

118. ESTRELLA DEL NORTE (La) GR NORTIIS- 
TAR — 1838 — in fol. Solo se conoce el prospecto (en caste- 
llano é inglés) de una publicación política y literaria. Estíi 
no vio la luz. 

(E.s 111(11 y raro.) 

119. EL ESCARMIENTO DE TN UNITARIO— 183;{ 
--in fol. imprenta del Comercio. . No tiene fecha, pero se 
sabe ((ue corresponde á este año. La colección consta de 2 
números. Ym el 1.° se lee:— ** Aviso— El jueves y domingo 
<le cada semana saldrá á luz un impreso suelto en estilo joco- 
serio y bajo diferentes títulos.'' En vista de este aviso, se 
cree pertenecer á la misma colección una hoja suelta in fol. 
— publicada por la misma imprenta y con el título: **La 
muerte de un Fnitario, 6 sea el cha.sco de un Usurero/' sin 
fecha. 

((\ Beniti.) 

120. ECHO (L') DBS DEUX MONDES. 18:U nx 
fol. Imprenta de la Indi pendencia. Se publicaba en francés. 
Jos niártes y sábados. La colección consta de prospecto y 11 
números. Empezó el 2 de abril y concluvó el 7 de Mavo. 

(C. La-inas.) 



4U4 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

1:¿1. espíritu de los mejores diarios Ql'E 
8E PUBLICAN EN EUROPA Y AMERICA 1840. íu 
4.0 imprenta del Estado, Su editor fué don Pedro de-. 
Angelis. Consta de 2 números: el l.o de 36 y el 2.o de 108 
pajinas. 

Es un estracto de todos los periódicos europeos y america 
nos que han tratado de la cuestión del Rio de la Plata, con mi*- 
íivo del bloqueo francés y de la guerra entre los titulados fede- 
mies y unitarios. 

(O. Carranza, Angelis, Zinny.) 

122. FUROR (EL) DE LAS PASIONES ENCEÍrUE- 
CE A LOS HOMBRES Y LOS CONDUCE AL PREClrf- 
<;íO. 1822. in fol. Imprenta de los Expósitos. Constado 
2 números. 

(Es raríwiino^ 

123. F1L.\NTR0P0 (EL). 1831. in 4.o Iwpnn- 
ia lU pHbli.iua Principió el 4 de enero y concluyó el 2S 
de Mayo. La colección consta de 10 números y un es- 
iraordinario que contiene las observaciones al informe del 
Tribunal de Medicina. Su redactor fué el doctor don Pedro 
Martinez. 

Este periódico era destinado á propagar el sistema curati- 
vo de M. Le Roy y el uso del pan quimagogo. 

Según la pajina 55 del número 7, El Filántropo se ocupó 
<;n los números anteriores de la muerte siibita del doctor 
Anchoris. 

(Kí* rarusimo) 
(C. Insiarte.) 

124. FLANEUR (LE) Ambigú polifique ef littcrair^. 
1831, 1832, in fol. Imprenta de la Independeneia. Fué su 
redactor el si ñor don Pedro de Angelis. La coleccicm consta de 
12 números. Principió en 19 de diciembre de 1831 y concluyó 
el 3 dv marzo de 1832. Era periódico semanal escrito en fran- 
cés. 

El Britisli Paeket clasifica á este í>eriódico de interesante y 
div(»rtido. 



BIBLIOGRAFÍA 405 

Le Flaneur se despide con un calembour en las siguiente» 
palabras: '*Messieur8, ríen n' est changé; ce n' est qu'un Fia- 
neur de moins.*' 

Es rarísimo. 

125. fígaro (EL), periódico biográfico, poUtico, anti- 
apostólico, feder i-republicano y enemigo de los traidores. 183t3. 
in 4.0 Imprenta de la Libertad, Principió y concluyó el jue- 
ves 3 de octubre. 

Ataca á los defensores de las facultades estraordinarias, 
designándolos con los nombres peculiares de la época en que 
han ñgurado en ese rol. 

(Efi raro) (C. Zinuy.) 

126. FEDERAL (EL) SUMISO A LAS LEYES. 1833 
in 4o. Imprenta de la Libertad, Solo consta de un número, 
que debió haber aparecido el 14 de octubre. (Véase El De- 
fensor de los derechos del pueblo,) 

127. GACETA DEL GOBIERNO DE BUENOS AI- 
RES (1)— 1809— 1810— in i.o—hnprenta de Niños Espósi- 
tos — Fué publicada por el Virey Cisneros. Lo colección cons- 
ta de 50 números. Principió el 14 de octubre de 1809 y cesó 
el 9 de enero de 1810. 

Este periódico publicaba esclusivamente los documentos 
oficiales y transcribía los artículos de periódicos de afuera» 
principalmente de España, que mas convenia á la política del 
gobierno metropolitano. 

En los números que se ha tenido á la vista no se ha encon- 
trado un solo renglón editorial. 

A nuestra noticia, el señor Lamas, es el único de Buenos 
Aires que posee números de este periódico, habiendo tenido á 
la vista hasta el núm. XVT, que corresponde al 16 de Noviem- 
bre de 1809. 

(C^ Lamas.) 

1. ** Gaceta" viene «de **í(azetta*\ moneda veueciaua, que era el 
valor del primer .i>eri(>di(»o rr;preso en Ven?cia. Deí^pnes se ha dado 
aste nor.bre al periódico que registraba todo do^ument'v autoritativn, 
principalmente del gobierno. 



4i)6 LA REVISTA DE BlIEXOS AIRES 

128. GACETA DE BUENOS AIRES— 1810— 1821— 
in 4.0 y folio — Imprenta de Niños Espósitos y en la de Ganda-- 
r til as y socios, 

llñHts, el .'il de octubre de 1811 apareció in 4.o y desde 
el 5 de noviembre de 1811, hasta su conclusión in folio. 

Este periódico ha tenido varios títulos á saber: Oaceta de 
liiieiws Aires, <lesde el 7 de junio de 1810, hasta el 20 de mar- 
zo de 1812; Gaceta ministerial, desde el 3 de abril de 1812. 
hasta el l.o de enero de 1815, i>or decreto de fecha 25 de mar- 
zo de 1812; Gaceta del GobiernOy (7 números solamente) des- 
ilí' el 5 de enero hasta el l.o de abril de 1815, durante el di- 
rectorio del señor Alvear, y vuelve á tomar el primer título *\} 
Gacffa de Buenos Aires, desde el 29 de abril de 1815 hasta su 
i'ouclusion. 

Sus redactores, conocidos con la denominación de Edi- 
tores como entonces se designaban han sido como si- 
^ue : 

El doctor «Ion ^lariano Moreno, secretario de la primera 
Junta, fundador de la Gaceta, hasta diciembre de 1810. 

El do<»tor don (iregorio Funes, vocal de la segunda Junta, 
juzgando i)or el estilo, según el señor Domínguez, en su 
Historia Arjenfina, desde diciembre de 1810 hasta marzo de 
1811. El señor don ^lariano Lozano (1) que. bajo, el pseudó- 

1. Kl Sr. Luzaiu» ha sitio aini^fo íntimo d.*l Dean Funes, y es 
aíit^niAH pospo.ior <le ti)dos su« papeles. 

K:i el í'iario " Kl Orden" de Buenos Aires de 19 de Julio IH.ltí se 
•encuentia ctvpia de 4ina carta dirigida á don Justo MaepJO, editor de la 
ohra del Sr. F'.ne^, titulada ** Knsayo" ete . y suscrita por *'Un miem- 
bro honorarir» del Instituto historie») de liuenos .\ires'\ en la cual, á 
la vez que st» eIoj;¡a el j>?in.sanrienti> de reimprimir el ** Ensayo*', so 
dice al editor que tal vez ij^nora e«te qu-e la primera edición de la 
«l?ra del Dean c«rdol>t''^s en s-u mayor parte existe encerrada en una 
«1( *co!io«'ida alacena de la l»il)l:oteca pública de Santiago de (hirte, y 
í|ue la razón de existir allí e,s la de que el editor (tandarillas. emijrra- 
*{u chileno en bSlH en Buenos Aire?*, debió llevar consigo al rej^resar 
{\ su patri'i una M '?n ^an(•ia de poco e«pcnd'o en aquista 6poca, en qno 
1:< Kppública .Vr^entina ponia el pié en el o-scuro y tempestuoso r.'in- 
bial del año '2íl. 

**K<toy'\ ao^rega, lejo** de censurar ó criticar la obra del Dr. Fu- 
r.rs. Ks digno de la gratitud de sus coiipAtriota» por el i»eebo solo 
dr haber acometido una obra de esas que solo se emprenden co-n la 



BIBLÍOORAFIA 407 

iiiiiio (le T/í amigo de ¡os servidores de la patria, escribió la 
Biografía del Dean Funes, dice que este **8e hizo cargo de es- 
te periódico por orden de la Junta» luego que se separó de ella 
^1 secretario Moreno, y lo redaetó él solo escribiendo cuanto 
[)od¡a recomendar un papel público. 

El doctor don Pedro José Agrelo, desde el 18 de marzo 
<lc 1811, hasta A 5 de octubre del mismo año. 

El doctor don Vicente Pazos Silva, la de los miércoles, 
4lesde el 5 de noviembre, y el doctor don Bernardo ^lontea- 
gudo, la de los viernes, desde el 13 de diciembre de 1811. 
ha.sta el 8 de octubre de 1812. (Yéase la Gaceta núm. 14, la 



inteiu'ion de sacrificar el tiem|>o eu el altar del patriotismo El **Rn- 
>ayo** es lo mas adecuado que ha^ta ahora (auo no »e habia publi- 
cado la obra del Sr. l>3in¡nfíuez) tenemos* para informar.nos á la lí- 
jora y sin j^an fastidio de los orí^renes de estos países, tan mal estu- 
diados basta ahora. ^' — '**S¡n embargo*', ¡prosigue, Fune« no es origi- 
nal, ni> tiene «severidad ea el método, es ipoco eserupjloso y nada 
ííbundante en la cronología. Su libro se resiente de .las dos diferentes 
épocas en que fué e«^'rito, es decir, antes y destpuéá de la revolu)?tion 
^c ISlí). Tiene lu-nares que rayan en ridicula trivialidad para el que 
liH advierte, tan-to en la afectación de pretenciof»o como en los pía- 
>;ios sin disimulo de autores conocidos^ Por ejeii-.plo, el cuento aqiuel 
de la leona y la esfpañola desterrada ftiéra de Buenos Aires (la Maído- 
n.ndn) estí trad'-.icido **'mot á mot^' y con mucho» galicismos de la 
obra del Padre Cherlevoix, y creo que otros ejpis'odios de igual na- 
tuialeza -se han tomado también de la misma fuente*'. 

( ontinúa reconociendo el mérito y .la u-tilidad del ** Ensayo *\ 
]>ero cfue ya no es la o-bra q-ue se necesita; que estamo.s á vísij>eras <lel 
verdailero historiador de los tiem-pos primitivos del Rio de la Pla- 
ta. Paraguay y Tucuman y que los presentes deben preparar y po- 
ne.* á la mano los material<»^ que ha de di^-utir y sistenar ese histo- 
4-iad:)r: que «eria de la mayor importancia la publicación de la his- 
t'>ria del Rio de la Plata escrita por el .Tesuita Lozano, crjyo nia- 
nu.scrito original exií«tia en la Biblioteca pública de Buenos Aiiv«, 
Tiaf»ta poco antes del año 40^ y que en ó2 ya no se hallaba allí, 
(véa-^e nuestro ** índice de la Oac*ta Mercantil^' ó el núm^To 3149 de 
dicho diario). KI autor -de esta carta cree que hay ó habia al meno» 
en 1S41 una copia de dicho manu<scrito en dos grandes volúm-^^nes 
<en fóJio de letra gorda y redonda en la Biblioteca de MoJi'tevideo; 
que no debe confundirse esta obra -del Padre Lozano -on otra del 
mi-smo autor, impreca en Madrid en 1764, en folio, titulada: ** His- 
toria de la Compafiia de Jemis en el Paraguay**; y q«ue seria la-menta- 
ble la d. saparicion de aquel mamiscrito, porq.ue estaba redactada de 
puño y letra del autor, letra que es muy conocida de los que han 
¡r-ano-íeado Jos manuscrito» relativos á los de esta parte de Amé- 
Tica. 



iííH LA BEVISTA DE BUENOS AIBES. 

nota al pié de la 1.a columna de la 4.a pajina y la del 
núm. 16, pajina 1.a eolamna 2.a) 

Uesde el 11 de setiembre hasta abril de 1815 fué redae- 
tatlo por don Nicolás Herrera. 

El doctor don Gregorio Funes, (1 \ según original que he- 
mos tenido á la vista, consta que fué nombrado por el Ca- 
bildo el 24 de abril de 1815, debiendo publicar ocho fjactfas 
en cada mes con 100 pesos fuertes mensuales. . 

Frai Camilo Enriquez (2) emigrado chileno, desde abril 
haAta noviembre de 1815, gozando el sueldo de mil peso» 
fuertes anuales, con la obligación de dar además una publi- 
eacion mensual, que es la que se conoce con el título d»*- 
** Observaciones acerca de algunos asuntos útiles.'' 

El doctor don Julián Alvarez. oficial l.o de la Secreta- 
ria de Gobierno, desde noviembre de 1815, hasta la disolu- 
ción del Congreso en abril de 1820, con una gratificación 
de 300 pesos fuertes anuales. 

El do<*tor don Bernardo Velez (3) desde el 5 de abril de 
1820, hasta setiembre del mismo año. 

1. Mas adelante ;pre»pn taremos la bibliografía del Dean Funes^ 

2. Véase **Observaciono« acerca de alg-unos apuntos útiles'*, ea 
esta ** Bibliografía*'. 

3. <on fecha 11 de marzo de lS:í3. el doctor don Beruanlt» VeKz:. 
dirigió el original de la ^Torripilacion del Derecho Patrio" á don .Inan 
MamioT Roíwí«, brigadier general, comandante general de campaña y 
en gefe del e.jército espedicionario al sud, á <juien se lo dedicaba "o- 
tno primer Magistrado de la Provincia: y aunque no lo habia hecho^ 
c»ian4o "Rosas ocupaba la .silla del gobierno, no por eso varió de re- 
sotuiMo^n, **pues q^iie esta no e&tribaba solo en el lugar que Rosas ocu- 
<píiba, sino también en su mérito jjersonal " 

En mayo de 1831, presentó sti -primera parte, a.I entonces minis- 
tro de gobierno, doctor D. Tomás M. de Anchorena, quien <lesimes de- 
examinarla ]>ersonalmento y hallarla correcta, le o^rdenó prosigjutese 
ei:í sHus tareas. Concluida la "compilación" ,por orden de inaterias y 
alfabeto cronológico, á «Ttediaílos del 1832, fué -presentad-a al gobier- 
no; este nombró una comiííion compuesta de los señores doctor don Mi- 
gi'«í de Villegas, coronel don fasto (áceres y don .losé Joaq^nín de- 
Araujo, ¡para que revisase los trabajos ^presentados por el doctor V'élez. 
Y con fecha 6 de Marzo de 1833, :por lo pedido en su virtud por et 
FÍH?ail (doctor Agrelo) y lo que aconseja el Asesor (doctor Insiarte) 
el gobierno viene á aprobar la ** recopilación de las leyes y de-'-retos^ 



BIBLIOGRAFÍA ii)^ 

El camarista doctor don Manuel Antonio Castro (1) des- 
ude el 12 de setiembre de 1820, hasta el 12 de setiembre de 
1821, en que cesó la Gaceta de Buenos Aires, por renuncia 
^el señor Castro, siendo reemplazada por el Registro Ofi- 
cial, 

La colección de la Gaceta consta de 541 números ordi- 
narios y 240 estraordinarios y supkmentQS. 

El primer número ordinario salió á luz el 7 de junio de 
1810, y el último el 12 de setiembre de 1821. 

La numeración es como sigue: — 1810 — Desde el núm. 
1.0 hasta el 29, correspondiente al 27 de diciembre — 1811 
—Desde el núm. 30 (continuación de la numeración dei 
año anterior), hasta el 73, que corresponde al 31 de octubre 
— 1811 (in folio) — Desde el núm. l.o hasta el 17, que cor- 
responde al 31 de diciembre — 1812 — Desde el núm. 18 has- 

redactada .por el (precitado doctor Velez*^, bajo el índice ipreseutado^ 
con las supreeiooies y adiciones hechas por la misma comisión En mi 
virtud se concede el iperraiso para la impresión co-n la exclusiva, á que 
8*1 autor tiene derecho, como **una obra de m propiedad^', sin que 
se entienda que «por el ipressoite .permiso inviste «u obra el carácter 
do an código, por cuanto esto perte^nece ad poder legislativo del Es- 
tado. — Rúbrica de S. E. — Maza.'' 

Aprobada la obra de un modo tan solemne y siendo la eni(presa 
superior á eu caudal, el doctor Velez se vio en la necesidad de in- 
vitar á una suscricion y la proipuao en los términos «iguieute», ad- 
virti^ndose que la inupresidn seria en 4.o: **].o. Al fin de cada mes 
se entregará 4 cada auscritor los (pliegos que se haya impreso. 2.o El 
prt^cio será de dos reales pliego, y se cubrirá al recibir Jos de cada 
mes «marzo 11 de 18^'*.— Firmado — ^Bernardo Velez. 

Estos documentos corren imipresos ;por la ** Imprenta Argentina''' 
en 8 pagináis en 4 o (C. Carranza). 

La primera ••o'rertia representada en Buenos Aires y con la que se 
<?«lebró la noticia de la victoria de la Cuesta de Chacabuco en 1817, 
titulada **La Jornada de Maratón ó el triunfo de la libertad," es- 
crita en francés por M. Guerouh, fué traducida en verso castellano 
por el jpeeudónimo Leandro Berruez, anagrama de ** Bernardo Velez"" 
(Véase miestro artículo sobre el ** Telégrafo Mercantil, Rural, Polí- 
tico-económico é HiiStoriógrafo del Rio de la Plata.) 

1. El doctor Castro puiblicó en 1820 fKor la '* Imprenta de la In- 
dependencia" un folleto en 4.o titulado ** Desgracias de la patria^ Pe- 
ligros de la ipatria. Necesidad de salvarla. Cartas escritas por un' ciu- 
dadano vecino de Buenos Aires" á otro del in-terior. 

Eí también autor de la ** Práctica Forense", publicada en 18.1 1 
y reimpresa en 1865 por sus hijos don Manuel y don Tomáa^ 



410 LA BEVISTA DE BUENOS AIRES. 

ta el 29, correspondiente al 20 de marzo. El 3 de abril prin- 
<'ipia nuevamente el núm. l.o y concluye con el 38 en 25 
de diciembre — 1813 — Desd-e el núm. 39, hasta el 85, que 
corresponde al 29 de diciembre — 1814 — Desde el núm. 86, 
hasta el 133, correspondiente al 14 de diciembre — 1815 — Nue- 
va numeración con el título de Gaceta del Oobierno, desde el 
núm. 1.0 hasta el 7, que corresponde al l.o de abril y (nue- 
vamente) desde el núm. l.o (29 de abril), hasta el 36 (30 
<le diciembre)— 1816— Desde el núm. 37, hasta el 87 (28 de 
dicieuibre) — 1817 — (Nueva numeración), desde el núm. l.o 
hasta el 51 (27 de diciembre) — 1818 — Desde el núm. 52, has- 
ta el 103 (30 de diciembre)— 1819— Desde el núm. 104. hasta 
<'l 153 (29 de diciembre)— 1820— Desde el núm. 154, hasta 
e\ 169 (26 de abril) y (nueva numeración) desde el núm. l.o 
<3 de mayo), hasta el 35 (27 de diciembre) — 1821 — Desde el 
iiúm. 36, hasta el 72 (setiembre 12) y cesa. 

Las extraordinarias y suplementos de que se componen las 
colecciones mas completas que conocemos son las siguientes : 

1810. 

Junio — Estraordinarias del 9, 23, 24; suplementos á la 
del 7 — á la estraordinaria del 9 — Julio — Estraordinarias del 
3, 10, 16, 23— ^i^í>.s/o— Estraordinarias del 7, 11, 21— 8f- 
tieml)re — Estraordinarias del 10, 17, 25 — Octubre — Estraor- 
dinarias del 2, 15, 23, y suf)lemento á la del 4 — Xotnembre — 
Estraordinarias del 6, 13, 20 y 2ó— Diciembre— FMrHordi- 
iiarias del 3. 8, 26, 31. 

1811. 

Enero — Estraordinaria del 2, 22 — Febrero — Estraordina- 
ria del 4, 12, 18, 25 y suplementos a la ordinaria del 7 y 
la estraordinaria del 18 — Marzo — Estraordinaria del 5, 8 — 
Abril — Estraordinaria del 1, 8, 15, 22 — Mayo — Estraordi- 
naria del 4, 21, 24, 29, y suplemento á la del 2 y á La 
del 9-~Junio — Estraordinaria del 15, 18, 26 y suplemento h 



bibliografía 4H 

lu estraordinaria del 26 — Julio — Estraordinaria del 5, 9, 22, 
-30 y suplemento á la del 25 — Setiembre — Estraordinaria 
del ;i 10, 25— Oc/ií6iT— Estraordinaria del 14, 19, 26, 27— 
.j\or¡( mbrc — ^estraordinaria del 21 y suplemento á la del 2Í> 
— Duinnbre — Estraordinaria del 19 y suplementos á las del 
4i y 17. 

1812. 

Enero — Estraordinaria del 4, 23 y suplementos á la del 
-3, 10, :n — Febrero — Estraordinaria del 8, 15 — Abril — Estra- 
ordinaria del 5, 6, 30 — Mayo — Estraordinaria del 27 y su- 
plemento á la del l.o, 15 y 29 — Junio — Suplemento á la 
del 12 (l)—Jíí/íV>— Suplementos á la del 10, 17, 2á— Agosto 
' — Suplemento á la del 21 — Oetubre — Estraordinaria del 13 
A 22 — Noviembre — Estraordinaria del 10 y 21. 

1813. 

Enero — Estraordinaria del 8, 12 y suplemento á la del 
1.0 — Febrero — Estraordinaria del 9 — Marzo — Estraordinaria 
-^lel 4 y 16 — Mayo — Estraordinaria del 14 — Junio — Estraor- 
<Hnaria del 19 y suplemento á la del 30 — Agosto — Suplemen- 
to á la del 11 — Oetubre — Estraordinaria del 21 — Xoviem- 
Jtn — Estraordinaria del 5, 13 y suplemento á la del 10 — Di- 
^iembrr — Suplemento á la del 22. 

1814. 

Mayo — Estraordinaria del 23 — Julio — E/traordinaria del 
A. 25 — Noviembre — Estraordinaria del 23. 

1815. 

Abril — Estraordinaria del 29 y 30 — Mayo — Estraordina- 
ria del 14 y 24 — Junio — Estraordinaria del 3 y 18 — Julio — 

1. El ** Suplen ?iDto" (reimpreso) que existe >con fecha 24 <le 
^Tnni >, está equivocado d-ebiendo ser 24 de .lulio. 



412 LA REVISTA DE BUEÍS08 AIRE«. 

Bstraordinaria del 24 — Agosto — Estraordinaria del 2 — ¡Se- 
tiembre — Estraordinaria del 12 y 14 — Octubre — Estraordina- 
na del 19 — Noviembre — Estraordinaria del 1 y 20 — Diciembrt^ 
' — Suplementos á la del 23 y 30. 

1816. 

Enero — Estraordinaria del 24 — Marzo — Estraordinariiir 
del 31 — Abril — Suplemento á la del 6 — Mayo — Estraordi- 
naria del 24 — Julio — Estraordinaria del 5 — Setiembre — Es- 
traordinaria del 4, 5 y 25 — Octubre — Estraorclinaria del 3, 9^ 
16 y 24 y sui)lemento á la del 19 — Noviembre — Estraordina- 
ria del 11, 26 y suplemento á la estraordinaria del 26 — Z>¿- 
cumbre — Estraordinaria del l.o y suplemento k la del 1. 

1817. 

Enero — Estraordinaria del 17 — Febrero — Estraordinari.T. 
del 5, 18, 20, 21, 27 y suplemento á la del 15— .¥arío— Es- 
traordinaria del 6, 11 y suplementos á las del l.o. 13, 22* 
y 29 — Mayo — Estraordinaria del 7, 14 y 22 — Junio — Estra- 
ordinaria del 17 — Agosto — Suplemento á la del 16 — Setiem- 
bre — Suplementos á la del 20 y 27 — Octubre — Suplemento 
á la del 18 — Noviembre — Estraordinaria del 6 y suplementos: 
á las del l.o, 15 y 22. 

1818. 

J5:«(^r(9— Estraordinaria del 13 — ^3íar2f>— Estraordinaritr 
del 5 y 27— ^?ir?7— Suplemento á las del l.o y S— Agosto^ 
—Estraordinaria del 14 — Octubre — Estraordinaria del 9 v^ 

« 

16r— A' r)ríVw>fe/v— Estraordinaria del 22 — Diciembre — Estra- 
ordinaria del 3, 12, 23 y 28. 

1819. 

Ffhrero—EstTfíordinRrift del 10 y del 22— ^6n7— Estra- 
ordinaria del 17— .¥oí/o— Estraordinaria del 3 y 2á— Junio — 



BIBLIOORAFIA 413 

!Estraord¡naria del 10 y 30 — Julio — Estraordinaria del 24 — 
Agosto — Estraordinaria del 5. 

1820. 

Ehii'o — Estraordinaria del 8 — Febrero — Estraordinaria 
<lel 4, 7 y 15, 15 P. M., 15 continuación, 15, 16, 17 P. ;M. — 
18, 19, 19, P. ]\I.— 22, 22 P. .M.— 28, P. M.— 3/ar2í>— Es 
traordinaria del 2, 6, 10, 11, 24 — Abril — Estraordinaria del 
2, 6, 18, 18— J/ai/f>— Estraordinaria del 21 y 2b— Junio — 
Estraordinaria del 2 — Julio — Estraordinaria del 13 — Setiem^ 
hr( — Estraordinaria del 22 — Noviembre — Estraordinaria del 
22 y 26 — Diciembre — Estraordinaria del 7, 14, 21, y suple- 
aiiento á la estraordinaria del 7. (1) 

1821. 

£'//f/v>— Estraordinaria del 11, 24, 24 P. :M. 2S— Febrero 
— Estraordinaria del 20 — Marzo — Estraordinaria del 10 — 
Abril — Estraordinaria del 21, 26 y suplemento á la estraor- 
<linaria del 26 — Mayo — Suplemento á la del 24 — Junio — Es- 
traordinaria del 11 y suplemento á la del 13, con Techa 14 
—.Julio — Estraordinaria del 2 y 19 — Agosto — Estraordina- 
rií» del 2 y 6. 

Las (»oleceiones mas completas que se conocen son las de 
los señores don Andrés Lamas, doctor Carranza, Zinnv v 



1. Kste año — AS'Ii) — 'tan aciago para la República Argentina, ha 
^|ner¡ lo manifestar toda s-u fealdad hasta con k>^ ilustres varones á 
<|.i:ien?s cupo la desgracia de separarse de este i.iundo por disposición 
de la Previdencia. Nos referimos á u»o de los hijos mas virtuosos 
_v obedientes <le las Provincias ITnidas del Rio de la Plata, el bene- 
jní'rito brigadier general don Manuel Belgrano; muere en Rueno« 
Aires el dia 2i) de ju^io de este año, "olvidado, oscurecido y mise- 
Tíible" **in haber merecido siquiera de la "Gaceta de Buenos Aires'* 
ni el «imple anuncio de v^u muerte **8ic transit gloria mun-di". El 
d« mingo '¿9 de julio de 1S21, al año y 39 días. v.> le hicieron en la 
<'atelral h\< honores fúnebre-? correspondientes á un capitán general 
■en campaña, según declara ion <le los r^ipre^sent antes d-e su patria. 
<'f»n este m'>tivo "iin amigo" (V. L.) que creemos debe ser el doctor 
Vicente López, le ha dedicado un "í^oneto elegiaco^', in«*erto en "El 
Argo*i «le Buenos Aires" del 31 de Julio del .rismo año. 



4U LA ItEVISTA DE BTJENOS AIRES 

doctor Quesada. La de la Biblioteca Pública de Buenos Ai- 
res es regular. (1) 

129. GRITO (EL) DEL SUD— 1812— 1813— in 4.o y 
folio — Imprenta de Xiños Espósitos — Su redactor fué el doc- 
tor Planes. La colección consta de prospecto y 30 números- 
Desde el número l.o hasta el 25 inclusive es in 4.o y los. 
siguientes in folio. Principió el 14 de Julio de lí^l2 y con- 
cluyó -el 2 de febrero de 1813. 

El primer número tiene por equivocación enero en vez de 
Julio, 

(r. Lama^, Zinny, ( arranza) 

VMl—QAVClll'^OLlTlCO.Federi-monfonero^Chacuacf^ 
Oriental, Choti-proteetor y Puti-repablicador de todos loif hotn^ 
bren de bien que viven y mueren dcscuidaeLos en el siglo 19 de 
nuestra era eristiana — 182() — 1821 — in 4.o — Imprenta d( la 
Independeneia. 8u redactor fué el reverendo padre Casta- 
ñeda. La colección consta de 24 números. Cesó el 21 de 
Julio de 1821. 

Este periódico fué, en diciembre de 1820, sometido al 
examen y consideración de la Junta Protectora de la lilier- 
tad de imprenta, por el gobierno. Dicha Junta tocó muchas 
dificultades qu*^ fueron allanadas por la H. J. de Represen- 
tantes, cuya resolución fué mandada cumplir por el gobier- 
no; pero t»l í)eriódico no cesó, como se vé, sino en julio del 
siguiente año, lo que prueba que se hacia grandes esfuerzos 
para conserv^ar la libertad de imprenta á toda costa, por la 
misma Junta Protectora. 

((? Zinny y B. P. de Buenos Aires.) 

l:U. GUARDIA (LA) VENDIDA POR EL CENTI- 

1. Siendo **La rtiaceta de Buenos Aires" ain .perióíiico puramen- 
ft» oficial, e-vcrito bajo la ¡níípira<»ian <lel jrobieriw), nada ina« pudenio?» 
ileeir <le su j>i>lítlea ni d^ sus tendencias sino qiw e«tas CL-*taban í'oni- 
p'*.f»uieut«» anioHadas á las épo<»as de las respectivo» jjobernante.^. 

Sin einbarjío, la importancia «le fáte .perióüi'o es tal que he- 
lios ,Hi?i>¡;ado conveniente dedicarle una parte esjiecial de nuestro tra- 
bajo, pri**íentan.il > el ** Índice" de t >do su cont^^iiido. Ksto es lo que 
constituirá la *'3.a parte" 



HIBLIOURAFIA 41Ó 

^'ELA, Y LA TRAICIÓN DESCUBIERTA POR EL OFI- 
CIAL DE día— 1822— in 4,o— Imprenta de Alvarez. Su 
redactor fué el P. Castañeda. La eoleceion consta de Pros- 
pecto de 12 pajinas y 11 números, de 10, 12 y IG pajinas 
cada uno. El l^rospecto salió á luz el miércoles 28 de aj^osto. 
El periódico empezó el 9 de setiembre y concluyó el 7 de- 
noviembre. El prospecto y cada número están encabezados 
con el mote:'* ¡Aiisilio! ¡ausilio! ¡ausilio! La patria está 
tu peligro," 

El principal objeto de la publicación de este periódico ha 
sido impugrnar al Centinela, al que ataca en términos nniy 
acres y poco pulcros. 

IIc aquí lo mas interesante que encontramos en este pe- 
riíklico: Punto de doctrina dirijido á catequizar á mi carísi- 
mo hijo el ceniinelay y á todos los centinrHtas que le hacen 
la corte, núm. 2, pá^na 11 y núm. 3 pág. 20. 

Una carta de don Germán Córdoba, dirigida al editor d^*^ 
los ocho (Castañeda), en la cual declara no ser el autor del 
Lobera como st^ habia generalizado en el público, número 2, 
pág. 22. 

Una orden del rey fechada en el Pardo á 9 de febrero dr 
1777, refrendada i)or Migud dr San Martin (Unto y dirigí 
da al Consejo, justicia y rcjimiento de la muy noble ciu- 
dad de Buenos Aires, referente al estilo orgulloso y ajeno 
del decoro y respeto con que dicho cabildo debía y ha de- 
jado de tratar !a autoridad que ejercia ei teniente d? rey, 
durante la au.sencía del señor Vertiz en ^lontevídeo, nii- 
mero 3, pajina 24. 

Hablando dí^ la incomparable doctora mística Santa 
Teresa de Jesús, llamada en el siglo doña Teresa Aunuubi 
y Cepeda, dice en el número 4. (pie esta santa tuvo varios 
hermanos, uno de ellos murió de cai)itan en Buenos Aires, 
peleando valerosamente con los indios. 

Y agrega que **los i)rimeros curas y priuieros obispos dv* 
ambas América^ fueron todos frailes, y aun los primeros ca- 
nónigos de la catedral de Santiago del Estero, y de otras 



416 LA RBTV'ISTA DE BUENOS AIBES. 

partes. Entre los santos, Siid Aniériea cuenta á la in^ÍOTr* 
dominica Sor Rosa, nuestra patrona: entre los venerables, 
al donado dominico Fr. 3íartin de Porras, hijo de una n**- 
^a y de un caballero español; al insigne Bernedo domir.i 
^ano, cuyo cuerpo incorrupto, desde el tiempo de Santa 
Rosa, se venera en Potosí. 

**('uenta al franciscano S. Francisco Solano. apí>stol de 
las ludias, al venerable Volaños, apóstol del Paraguay, y en 
nuestros rlias al nunca bastantemente llorado Fr. Ino<*enc¡o 
<Jafíete, mercedario, cuya elocuencia, e-rudicion. virtudes ht*- 
róicas y caridad con los indios infieles no borrará janás 
el tiempo; como tampoco las del humildísimo mercedario 
Fr. Diego Toro, fundador de la casa de ejercicios, dond'* nos 
^^videnció su celo verdaderamente apostólico en la coDv»»r- 
-sion de tantos pecmlores, en el arreglo de tantas fauíilias, 
eu tantos matrimonios descompuestos, de modo que sin pon- 
<leracion podemos decir que, el no haberse corrompido este 
])ueblo con la epidemia filosófica se debe en su origen á este 
reverendo mercedario.'' 

Dice que ?n la Concepción de Chile hasta el año 1^70, 
todos sus obispos fueron frailes. En Buenos Aires, los *^;s 
primeros electos fueron frailes franciscanos que muiieron 
sucesivamente cuando S(» i)revenian á recibirse de esta dio- 
4*esis; el tercero fué un fraile <'annelita. el cuarto un monje 
benedictino, el (juinto. un fraile dominico, el .sexto fue un 
<'lérigo, que murió antes de tomar posesi<m del obispado. i*l 
->éptinio filé un fraile agustino, el octavo, un fraik^ trinita- 
rio, el nono, un franciscano porteño, el décimo fué Fr. Pe- 
•ílro Fajardo, el undécimo, un fraile franciscano porter:«>. 
bermano del décimo obispo ; el duodécimo, un fraile doiiiíni- 
<H), el décimo cuarto, un clérigo natural del Perú, el déi-iii.o 
-quinto, un ch'riuo porteño muy rico, el décimo sexto, un 
clérigo que fué eura de Palencia. el décimo séí)linu), \ni 
fr-aib» franciscano cpie fué promovido al arzobispado de San- 
tiago. (»1 d.cimo octavo, fué el sabio c*b'»rigo don Manuel Aza- 



BIBLIOGRAFÍA. 417 

mor y Ramir<^z y el último un clérigo que habia sido 
<lean de Lugo, (don Benito de Lúe y Riega.) 

El redactor dice que tiene en su poder la nómina d<^ los 
obispos franciscanos que ha habido en América desde que 
fué conquistada hasta el año de 1755, y llegan al númer-;^ de 
81 ; (h'sde 55 hasta 1822 son 67, en los cuales se han pro- 
visto mas mitras en religiosiw franciscanos. Por consiguiente, 
concluye diciendo que no es ponderación asegurar que (»l 
]K)ntifi(ado en America ha sido eselusivo de los frailes, lo 
mismo dií'"* del non apost«')lico, pues las misionas do los in- 
fliges y á lo-j H' Us han sido confiadas á esos frailes. 

Registrx <*n ti mismo número 4 un oficio del cnpitan ge- 
neral don Juan José de Vertiz al Guardian de S. Fiancisco 
(1) Fr. Roque González, de fecha 15 de febrero de 1778, 
i'on motivo de haber, el franciscano prediiMdor ^^ iieril y 
definidor de la provincia de Buenos Aires Fr. José .\costa. 
dicho en el pulpito que el asistió á un baile de máscaras, in- 
troducido en esa éi>oca, era un pecado. A esto dice el re- 
dactor que el rey Carlos III defendió al R. P. Acrsta \ -re- 
prendió ásperamente al virey. por haberse atrevido ñ per- 
7nitir lo (pie el sol^erano habia prohibido, bajo do sever*4S 
penas. 

Ignoramos si efectivamente hubo tal defensa del fraile y 
reprehensión al virey por parte de Carlos IIL lo que si sa- 
bemos es que el asunto fué algo serio, pues duró bastan t»í 
tiempo, y que el fiscal, cuyo dictamen fechado en ^lalrid, 
5 de marzo de 1774, pide que mande cesar los bailes (ic 
máscaras como lo tiene resuelto. 

Este dictamen fiscal (2) y la consulta del P. Guardian son 



1. Kn el *• I)ir<M Hilario <.ioojrráfico rji¡vt»rsal **, fjor una sociedad 
<í«^ literatos, en el artículo ** Hilónos Ayres'*, .s.e lee lo que ^¡^ue: "La 
ijíleí<in 'le VP. Franc;scnnns ¡>osee una cena pintada por un Indio, á 
la cual se da nmclu) nicrit>." Xd sabemos que .se habrá hecho <>so 
4?ua4To, pues hoy no e^xi«*te en el .oiivento de San Francisco. 

2. M. S. en la ( . <le Carranza. 



418 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

á nuestro entender bastante interesantes A la par que curio- 
sos por el modo como se resuelve la cuestión. 

(C\ Lamas, Zinny). 

132. GACETA MERCANTIL (LA)— 1823— 1852— ia 
folio — Imprenta de Hallet y Ca. — En pequeño in folio desde 
el 1.0 de octubre^ en que principió, hasta el l.o de may(^ 
de 1827 inclusive, y en gran in folio desde el 2 de mayo de 
1827 hasta su último número, que es 8473, que corresponde 
al 3 de Febrero de 1852; si bien este número no se repar- 
tió por haberse hallado todos los ciudadanos sobre las ar- 
mas, unos combatiendo en Caseros y otros acantonados en 
la ciudad (Buenos Aires). 

Lleva el título de Gaceta Mercantil, simplemente hasta el 
13 de Julio de 1826, y desde el 14 del mismo mes y año, 
hasta (jue cesó, el de Gaceta Mercantil, diario comer ciaU poU- 
tico u literario. 

Los primeros años de la publicación de este diario, era 
puramente lo que indica su título — mercantil — con escej)- 
cion de una que otra noticia trascripta de otros diarios. 
Posteriormente tuvo varios redactores, cuyo color político 
era el del gobernante. 

Los redactores mas conocidos de este diario fueron don 
Estevan Hallet, don Santiago Kiernan, don José Rivera In- 
darte, (con motivo de la cuestión d^e los anarquistas en el 
Estado Oriental, sosteniendo las medidas del gobierno le- 
^al), don Manuel de Irigoyen, (1) bajo el pseudónimo de El-^ 
Observador; don Pedro de Angielis, desde el 16 de febrero 
hasta el 24 de junio, 88 números, don Nicolás Marino, Dr. 
don Bernardo de frigoyen y don Avelino Sierra. 

Los traductores que tuvo este diario, fueron el mismo don 



1. Bajo ^1 jyseu^óni no de *'E1 Patriota*' i'irculó en 1833 oiiia 
})ublieacion en hoja «uelta qoie fué acusada por don Pedro de lAngelis 
Y retirada de^sp.ies la acusación **:por no perturbar la paz pública.'' 

El «c^ñor don Manuel Irigoyen, oficial imayor de Kelacione* es- 
teriores, ha confe<iado ser el autor de dicha publicación, suscrita por 
**E1 Patriota". 



BIBLIOORAFIA 419 

Avelino Sierra, dou Mariano Lársen, don Carlos Carbalio, 
don Henjamin Llórente y don Antonio Zinny. 

Tuvo varios colaboradores bajo diferentes pseudónimos o 
anónimos, pero no nos son conocidos. 

Daremos por separado un índice de lo mas interesante que 
ha publicado este diario, así como sus diferentes cambios de 
redacción. Dicho índice formará la 5.a y última parte de la. 
Bibliografia periodUiíca^ hasta la caída de Rosas. 

((.'. Zinny, Insiarte, Lamas, B. de la 
Universidad y B. P. de B. A.) 

13:3. GACETA DE POLICÍA— 1824— in íoV\or-lmpr cu- 
ta de los hJspósitos — Principió en agosto de 1S24. Solo apa- 
re(»ió el núm. l.c» con este título, y en el número 2.o varió con 
el de Boleiin de la Policía. (Véase este.) 

(C Lama*»). 

134. GRANIZO (EL)— 1827— in folio— /mprc;</a Ar- 
gentina — Sus redactores fueron don Florencio, don Jacobo y 
don Juan de la Cruz Várela — este último la mayor parte de 
las piezas eq verso — habiendo tenido muchos colaborado- 
res, entre los cuales se cuentan un .señor Mansilla, don Ma- 
nuel H. Gallardo y don Francisco Pico. 

La colección consta de 11 números. Principió el 29 d<í 
octubre y concluj'ó el 10 de noviembre. 

(('. Lamas, Ziuny.) 

135. GACETA COMERCIAL— 1828— 1831. 

No hemos tenido á la vista sino algunos números que no 
contienen otra cosa que avisos y noticias mercantiles. 

136. GACETA DE LOS ENFERMOS— 1830— /mpre/i- 
ta Republicana — Por don Pedro Martínez. Debia salir 2 
veces al nM*s. (Véase el núm. 371 de El Lucero.) 

ZINNY. 

(Continuará.) 



LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 



ñiitoria Americina. Literatura y Dcrechg 



AÑO IV. BUENOS AiatS, ÜICIEMctRE DE i86t>. No. 44 



HISTORIA AMERICANA. 



APIXTES POSTUMOS. 



(t'ontiiiuaeion.) (1) 

Después hablando de este episodio con el t-eniente don 
Yieeiite Siiarez, me dijo, que el soldado Maruñá era natu- 
ral del Paraguay, y de los fundadores del rejimiento de 
Granaderos en 1812 en Buenos Aires: que este soldado €ra 
tan honrado eonlo valiente, pero tan feroz y de una pujanza 
tan grande, que al godo que en un eombate él lograba dar- 
le un sal)lazo íi su gusto, era seguro que le partía la cabeza 
eon morrión y todo como si fuera una sandía : que esto lo sa- 
bian en el rejimiento por esperieneia, por que asi se lo ha- 
bian visto ejecutar en Chaeabueo, en Maipo y en euanto com- 
líjite s/ halíia encontrado: que me habia librado de una 
muerte tan seixura eomo atroz. Pero en fin. sigamos: mi 
caballo en su caida .se habia estropeado tanto entre las pie- 
dras, (jue se ha])ia i)elado desde el hocico á la frente, le ehor- 

i. Véasp la páj. 'Ui\ 



APUNTES POSTUMOS 421 

reaba la sangre y estaba inservible; pero uno de los pa- 
triotas jaujinos me facilitó el suyo, lo ensillé y marché á 
incorporarme á los perseguidores: el eniemigo huía en der- 
rota á ganar la cima de la cuesta, y nuestro escuadrón lo 
arreaba por que los caracoles del camino no presentaban 
terreno para desplegar: gracias á esa circunstancia, que á 
no ser así los estragos hubieran sido mayores: sobre la 
marcha Íbamos refleecionando, que si por alguna circuns- 
tancia nos hubiéramos retardado diez minutos y el enemigo 
hubiera posesionádoae da la cuesta, ó se nos escapaba de- 
jándonos burlados, ó para forzar esa fuerte posicitm cuan- 
tas desgracias no hubiésemos sufrido: pero en fin, llegamos 
á la cumbre y tomamos dos cañones, varias cargas de mu- 
niciones, algunos prisioneros de tropa, entre ellos cuatro 
oficiales, siendo uno de estos el teniente don Pedro Bermu- 
dez, peruano, que tomando después servicio en los cuerpos 
que se formaron ascendió hasta la clase de general, y como 
quince años mas tarde llegó á ser presidente de la república. 
La división enemiga que se componía de un batallón de in- 
fantería, un escuadrón de caballería y algunos piquetes re- 
sagados de otros cuerpos quie había recojido en su marcha 
desde Huancavclica hasta Jauja, formando una masa de mas 
de 650 hombres, siguió su precipitada fuga hacia Tarma con 
su gefe el Intendente de Huancavélica don N. . . . ^fontenegro, 
protejida por la oscuridad de la noche pero dejando en el 
campo mas de 40 muertos, que no sin asombro vimos d- • 
pues que el boletín del ejército hablaba de 8 solamente, 
quien sabe si por error de imprenta, sí por negligencia ó 
intento del escribiente del general Arenales, ó por cual otro 
motivo que ninguno de nosotros se propuso después averi- 
guar: pero sea de ello lo que fuere, así que el escuadrón lle- 
gó a la cima de la cuesta se suspendió la persecución, ya por 
que los enemigos debían ir muy distantes pues no se sentía 
ol menor rumor, ya por qiue no era prudente continuarla en 
la oscuridad de la noche, cuando bien podíamos caer en al- 
guna emboscada y sufrir un contraste que empañase el triun- 



422 LA REVISTA DE BUENOS A1R15S. 

fo alcanzado, y ya en fin, por que la mayor parte de los ca- 
ballos estaban muy rendidos por la marcha forzada del dia, 
por la fatiga y el trabajo de -esa noche, y lo peor "de todo, 
por estar muy mal comidos — Se tocó reunión, se pasó lista 
después de un rato y solo se echó de menos un oficial, que 
siendo conocida de todos nosotros la causa de su ausencia, 
esperábamos que no pasaría mucho tiempo sin que se nos 
reuniera, como >en efecto así sucedió: en aquel suceso no tu- 
vimos por nuestra parte ningún herido ni mas novedad que 
los muertos del enemigo y la caida de mi caballo en que se 
X>eló la cál)eza, y en estos mismos términos el mayor pasó 
el parte por escrito al general. 

Reunidos los oficiales en torno del mayor mientras des- 
eansaban un poco los caballos, la conversación se redujo á 
referir cada uno algún episodio de los que son tan comunes 
en casos semejantes, y habiendo relatado yo á mi turno, qxw 
liabia visto con horror á un granadero degollar contra sus 
piernas á un soldado enemigo, nos dijo — **ese, es un bandi- 
*'do paraguayo que tiene esa maldita costumbre, con todo 
** enemigo que cae en sus manos en los combates: no hemos 
*• podido quitarle ese vicio feroz, por mas esfuerzos y aun cas- 
*'tig(>s que le liemos impuesto: es preciso matarlo ó dejarlo- 
^'ese es el mismo que persiguió á usted ahora por equivoca- 
**cion, dijo dirigiéndose á mi: por lo demás, es un eseelentc 
^'soldado/' 

Como la cumbre de la cuesta era un cerro pelado que 
no tenia pasto ni cosa que pudiesen ramonear los caballos, 
el mayor La valle se informó de los jaujinos que nos acom- 
pañaban, que como a media legua al costado habia un rao- 
lino que tenia un potrerillo que quizá tendría alfalfa: en esta 
virtud, se dejó una avanzada al mando de un oficial con las 
instrucciones convenientes, y el resto del escuadrón se dirí- 
jió allá: al acercarnos sentimos bulla y tropel de caballos, 
por cuya novedad se destacaron dos partidas por derecha 
é izquierda, siguiendo nosotros por el frente; y asi que lle- 
gamos, vimos que era una partida de cinco soldados con un 



APUNTES POSTUMOS 42?> 

sarjento que condueia á Tarma catorce cargas de equipaje, 
del Intendente Montenegro, de su familia y de algunos jefes 
y oficiales de su división, y ambas cosas quedaron prisione- 
ras: y descubriendo que el potrerillo estaba eompletament»» 
talado, el Mayor dispuso regresar con el escuadrón inme 
diatamente á Jauja, á ocupar el cuartel que habia dejado 
•el enemigo con un abundante forraje acopiado, dejando los 
prisioneros y equipajes tomados, á cargo del teniente Na- 
varrete con una pequeña partida para ser conducidos al 
íiiguiento dia. 

Asi que llegamos á Jauja, lo primero que se hizo fué. 
repartir forraje á los caballos que hacia muchas horas que 
no comian, y al salir el sol me ordenó el mayor que me 
aprontase para llevar el parte al general Arenales; pero ha- 
biéndole hecho presente, que me tenian muy aquejado las 
<*ontusiones que la noche anterior habia sufrido cuando ro- 
dó mi caballo en el acto del combate, me eximió de esa co- 
misión y me dijo que me retirara, que nombraría á otro: en 
■efecto, recayó la elección en D. F. A., el mismo oficial que 
habiamos echado de menos cuando dimos la carga en la 
■cuesta la noche antes. Marchó este oficial con el parte hastn 
•encontrar la división que continuaba su marcha, y deseoso 
el general de conocer algunos pormenores qu»e no se le re- 
ferian, siguió haciéndole varias preguntas: mas el oficial con 
Tina ligereza indiscreta, no solo le refirió lo que pudo ver 
y aun lo que no vio ni sucedió, sino que, según nos infor- 
maron después algunos compañeros que presenciaron el lan- 
i*e, le habia agregado, que por haber sido poco activas las 
marchas y la persecución, se habia dejado escapar al Inten- 
dente ^íontenegro y sus tropas, con otros agregados de su ca- 
"beza altamente ofensivos á la reputación bien adquirida del 
mayor Lavalle: esto exitó naturalmente las susceptibilidades 
del general, y no pasaron muchas horas sin que ocurriese una 
<»pcena que pudo ser de graves y muy funestas consecuencias, 
de la cual nosotros fuimos mudos espectadores. 

La misma noche del 21 llegó á Jauja la división, y po- 



424 LA REVISTA DE BUEMOS AIRES. 

eos momentos después el mayor reunió todos los oficiales que 
lo ha1)iamos acompañado, para ir á saludar al general que ya 
estaba instalado en una casa. Entramos y lo encontramos 
acompañado del Jefe de Estado Mayor Rojas y los coman- 
dantes Aldunate y Deheza. Nos recibió de pié, como era su 
costumbre hasta con el mas infeliz, pero su cara y su mirada 
tenian algo de notable que llamó nuestra atención: y siu rs> 
porar que el mayor pronunciase una palabra, le dijo cod 
toda la severidad de su carácter. — ** Usted, señor capiint « j 
h'i cumplido COI su deber' ^ — A estas palabras, ivw como im 
uoipe eléctrico hicieron salir al rostro del increpada la im- 
presión que le líabian producido, y que, mas qu»f un cjirgc^ 
parecian una provocación, que Lavalle jamás eludía por iiia& 
alta que fuese la categoría que se la hiciera ; respondió dando 
un paso adelante, agarrando al general por la sangría de 
un brazo y sacudiéndolo le dijo, con la cólera pintada en el 
semblante — ** Señor general, es U)ia impostura que yo he </*? 
vengar con sangre'* — Visto esto por el comandante Alduna- 
te, amigo íntimo de Lavalle, se lanzó sobre él y lo separó: 
los demás gefes hicieron otro tanto con el general pero est»^ 
dio gritos repetidos á su guardia, que por las palabras t^u 
trecortadas que se j>ercibian entre el bullicio, comprendimos 
que pensó en aquel momento cometer una tropelía: pen* í>- 
li/mente la tormenta se apaciguó, dando por resultado el myí^ 
lo de Lavalle en su alojamiento y la orden de seguirle un su- 
mario: este se concluyó antes de veinticuatro horas constan- 
do de catorce declaraciones, en que los oficiales que lo liabia- 
mos a(5ompañado espusimos uniformemente el orden de Ihn- 
marchas que el escuadrón había hecho, las medidas de previ- 
sión y cautela con que atravesamos los pueblos del tránsito, 
los espías que el mayor habia despachado sobre el enemií^o, y 
las diferentes preciiuciones, en fin, tomadas para cruzar aque- 
llas quebradas y terrenos desconocidos hasta la hora del ata- 
que : lo cual visto y bien meditado por el general, us() la gran- 
dfcza de confesar el error á que se le habia inducido, mancló 
poner á Lavalle en libertad, dándole una completa satisfacción 



APUNTES POSTUMOS i23 

por la orden general (1) y haciendo pedazos la sumaria de- 
lante de todos los gefes que habían presenciado el pasaje. 
Corridos algunos dias llegamos á averiguar, que el chismo- 
so habia fundado su enredo en que, las marchas que habia 
hecho el escuadrón desde que se desprendió de la división 
en Guanta, no habian sido tan rápidas como habria conve- 
nidlo para llegar a Jauja mas temprano y verificar en claro- 
ilia el ataque, por motivo de haberse detenido á recibir !;•& 
•ovaciones con que el vecindario y comunidades de incíios 
de los pueblos del tránsito saludaban á sus libertadores, y 
ctros chismes por este estilo, despreciables por su objeto :•" 
fundamentos: pero como todos estos puntos habían sido lAo 
ñámente esclarecidos en la siunaria, la oficialidad de la divi- 
sión quedó convencida de la mala índole del calumninntr,. 
;i la vez que de la satisfactoria comportacion del inayor la- 
valle, mucho mas cuando así lo habia declarado ol 5?en«ral 
en la orden del di a. 

Al siguiente día, 22 de noviembre, se preparó otra li- 
jera columna L las órdenes del teniente coronel Rojas, ¡efe 
del Estado Mayor, compuesta del batallón núm. 2 de Chile y 
el escuadroncito de Granaderos á caballo, con el objeto de" 
que fuese á tomar posesión de la villa de Tarma que distaba 
ocho leguas. Por la tarde se puso en marcha con el desig- 



l.Conio oeho meses desipues de este acaecimiento, su edió otro 
muy semejante en la »eg'unaa campaña á la Sierra en 1821 — Este mis- 
mo oficial indispuso al teniente coronel don Blas i.'erdeña (después- 
Oran Mariscal del Perú) ante el gen-eral Arenales, por cuya causa 
hi uieron altereados, reconvenciones y hasta inf5ailtos de parte á parte» 
lleírando hasta el grado de que -el primero desembainó el sable^ y en 
aetitud ya ée tirar una estocada al general, Uegó por casualidad eT 
coronel, entonces, don Rudecindo -Alvarado, lo« apartó y desarmó á 
('■erdefia — 'Pasado ese ^primer im,pulso y con la interposición del ge- 
neral Aivaratio, se hizo una breve indagación del hecho, se descu- 
brió la tnialdad del oficial, y el general Arenales después <le satis- 
facer cuiríplÍKÍa mente «á Cer-deña, lo llevó á su lado como su prianer 
Ayu^an-te de Campo. I>esd^ entonces, Cerdeña fué e<l mas íntimo y 
leal amigo que tnvo el general Arenales, y eT único que hasta el últi- 
mo momento lo aeompañó en 1823, ouando dimitió el mando del ejér- 
cito del Perú con motivo de la revolución de Riva Agüero y dej^ 
aqneT país para regresar á Salta — Pero el calunrniante, en la segunda, 
como en la iprimera vez, quedó impune. 



426 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

nio de hacer su jornada en la noche, y lo consiguió en efec- 
to, pues sorprendió en la madrugada del 23 los restos de la 
división Montenegro, tomó prisionero al mismo intendente. 
Algunos oficiales y tropa de los escapados de la cuesta de Jau- 
ja, 6 piezas de artilleria, 50,000 cartuchos á bala y gran nú- 
mero de armamento y otros pertrechos. Así concluyó esa 
división realista, que venia huyendo de nosotros desde Huan- 
cavélica. 

Tres ó cuatro dias después llegó á Tarma el general 
Arenales con el batallón núm. 11, la artilleria y el parqiK». y 
sus habitantes encabezados por el patriota arjentino d(m 
Francisco de Paula Otero (natural de Jujuy y mas tarde ge 
neral del Perú), deseosos de manifestar su decidida adhesión 
á la causa de la libertad é independencia, solicitaron acre- 
<litarla bajo de iin juramento público como lo habia hecho la 
<-iudad de lea ; y el general persuadido de la utilidad y con- 
veniencia de tal demostración, cuando además así se lo pres- 
tir ibia el general San Martin en sus instrucciones, accedió al 
pedido y acordó el modo y forma de verificar la ceremonia. 
En efecto: al amanecer del dia señalado, se vio la población 
adornada de colgaduras, arcos y banderas, y los cuerpos de 
la división formados de parada en la circunferencia de la 
plaza, para solenmizar con salvas de fusil y artilleria el acto 
del juramento. En el centro de la plaza se habia elevado un 
tablado con un altar de la Patria que rodeaba el vecindario 
y un inmenso gentío, ante el cual el general Arenales recibió 
los votos de los empleados civiles, militares y eclesiásticos. *' 
i-n masa el pueblo de la provincia, que en altas voces pronua- 
tíiaba su juramento con el mas ardiente y decidido entusias- 
mo, á que se siguieron los mas festivos Víctores y aclamacio 
nes á la libertad, complementándose el acto con una misa y so- 
lemne Tc'Deum que se celebró en la iglesia Matriz, en acción 
<le gracias al Todopoderoso por la protección que habia dis- 
pensado al Ejército libertador en aquella grandiosa empresa, 
y al pueblo peruano que á su sombra iba conquistando su 
^^mancipación del poder despótico de España. 



APUNTES POSTUMOS 427 

Las fiestas y regocijos populares continuaron en los dias 
siguientes, pero el general solo pensaba en los objetos de su 
misión : por lo cual, remontada la caballería con caballos que 
-oblai'on los patriotas tarmeños, repuesto el armamento d«; 
los cuerpos que se había inutilizado en las marchas, y aumen 
tado nuestro ',)arque con el abundante material tomado al 
eneniijjo, la división continuó su marcha el dia 2 de diciem- 
l)re, sobre el mineral de Pasco, ó de Yauricocha como era 
su nombre verdadero, dejando como gobernador intendente 
<le los pueblos de Tarma, Jauja, Concepción y Huancayo al 
l>enemérito patriota don Francisco de Paula Otero, a quien 
^1 general espidió el título de coronel ; encargándole especial- 
mente^ el arreglo y organización de los cuerpos de milicias 
^1e esos mismos pueblos tanto para apoyar la fuerza que habiíi 
cjucdado creando en lea el comandante Bermudez, cuanto pa- 
ra protejer la retaguardia de nuestra división. 

Batalla de Pasco. 

Kl dia 5 de diciembre cerca del medio dia llegamos á In 
tíIIh ile Pafico, pueblo que queda al sud del mineral á tres le- 
•guas. pero con una alta y áspera serranía de por medio. Por 
los espías se tenían positivas noticias de que el general O'Rei- 
lly no se liabia movido con la división de tropas que el virey 
de Lima liabia destacado para vsostener la posición del mine- 
ral, y esto significaba, que á toda costa se trataba de impe- 
<lirnos el paso á reunimos con el general San ^lartin y el 
-grueso de nuestro ejército, que conforme al plan de opera- 
ciones ya debia hallarse en las costas del norte de Lima : mas 
^i para realizar esta maniobra era preciso hacernos paso li- 
l)rando un combate, también era indispensable conocer el 
terreno que teníamos que atravesar, por si en la noche el 
enemigo se avanzase a tomar alguna posición ventajosa de 
i:antaK en que abundaban aquellos lugares quebrados, con el in- 
-tento de sorprendernas sobre la marcha. En este concepto, 
^I general se propuso practicar en persona un prolijo reco- 



428 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

noci miento, y luego de campada la división, marchó acom- 
pañado del jefe del Estado Mayor, Rojas, del injeniero capi- 
tán Althaus y del mayor Lavalle con su escuadroneito dír 
Granaderos, regresando al anochecer después de haber visto y 
examinado el terreno y posiciones adyacentes, y de haberse 
cerciorado por sus propios ojos de que el enemigo permane- 
cia en la población del mineral. 

Esa noche sobrevino una fuerte tempestad con truenos^ 
relámpagos y lluvia, que, como generalmente sucede en 
aquellas elevadas rejiones, á poco andar se convirtió en una 
gran nevada. Al amanecer el dia 6, nuestra división se puso- 
en marcha preparada al combate, resolución que hasta la- 
misma naturakza parecía prestarle su protección, pues la. 
nevada fué disminuyendo en proporción que adelantaba el dia,. 
hasta que por fin se disiparon completamente los nublados y- 
asomó el sol. 

El general Arenales á mérito del reconocimiento que ha- 
bía practicado la tarde anterior, calculaba y con razón, quer 
el enemigo se aprovecharla de la posición inespugnable que- 
ofrece la alta cuesta que el mineral tiene por la parte sudr 
suponia, que no solo le disputarse el engargantado paso de la 
cuesta por su posición dominante, sino que, abrazando con- 
sus fuegas desde la altura á nuestros soldados, le valiese qui- 
zá el triunfo, pues podia aniquilarlos á mansalva, parapeta- 
do de los crestones y peñascos de que es erizada la montaña r 
suponia en fin, que entre tantas ventajas que le ofrecían aque- 
llas localidades, aprovechase la principal de dejar fuera de- 
«•ombate, y sin medio de evitarlo, á nuestra caballería, que^ 
habla sido su terror, desde que su intrepidez y movilidad tan- 
tos estrasros. tantas y tan (continuadas derrotas le habia cau- 
sado en toda la campaña hasta aquel momento. Pero no» 
fué así. Contra los cálculos de nuestro general, contra las- 
reglas de la estratejla, y contra la pericia que habíamas visto- 
desplegar á otros jefes y oficiales realistas en aquella corta 
campaña, vimos que la cosa no era como nos figurábamos r 
vimos que el general O'Reilly habia desechado tan positiva» 



APUNTES POSTUMOS 429 

ventajas: pero en cambio vimos también, que estaba resuelto 
á jugar el éxito de la campaña en un combate. Esto signi- 
íical)H su permanencia en Pasco. 

El general Arenales, por su parte, convencido de que, si 
las fuerzas españolas habian hecho pié en aquel punto, er>i 
<-()n la decisión de resolver el problema, no le quedaba otra 
alternativa qu»» aceptar el reto, y en tal concepto combinó 
sus iiianiol)ras lomando siempre la iniciativa: dividió la fuer- 
-za en consecuencia , en el siguiente orden : 

El batallón núm. 2 con una fuerza c(mio de 340 plazas, 
<*u columna en masa, formaba nuestra ala derecha al mando 
<le su comandante don Santiago Aldunate: era destinado á 
flanquear la iz<[uierda enemiga aprovechándose de las altu- 
ras, iniiniol)ra imj)ortante que debía efectuarse á toda costa 
y con la mayor rapidez, pues la línea enemiga establecida 
<liaunualmente del sudoeste al nordeste, dejaba por conse- 
<*uencia esta ala mas retirada hacia su retaguardia, y lo- 
grán<lose el golpe, era seguro introducirle la confusión por 
la es])alda. 

El batallón núm. 11 (á que yo pertenecia) con casi otras 
íUn plazas en masa también, con las dos piezas de artillería, 
formaba la ala izquierda al mando del sarjento mayor don 
Tíoman Antonio Deheza: este cuerpo debia marchar de fren- 
te j)or el camino real, y como mas veterano y aguerrido en 
las campañas de Chile, además de diestro en el ataque y es- 
<:'alamieuto de posiciones fortificadas, como lo habia acredi- 
tado en el asalto de la plaza de Talcahuano; estaba encargado 
<]e hacer su ataque al foso en que se parapetaba la derecha 
<:nemiga. punto culminante de su línea, en que se calculaba 
fpie hubiese situado su mayor y mejor fuerza. 

lia foluiuna de reserva se formó de cuatro mitades del 
niini. 11 y otras cuatro del niim. 2. debiendo ocupar el wn- 
tro de las dos anteriores, al mando del jefe de Estado Mayor 
tenienti» coronel don ^Manuel Rojas, y ademas el es(»uadron 
de calmlleria á las órdenes del capitán con grado de sarjento 
rnavor don Juan Lavalle. La reserva tenia orden de marchar 



430 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

« 

siempre al centro de las dos alas, como una á dos cuadras i 
retaguardia, observando sus movimientos para prestar pro- 
tección á cualquiera de ellas en todo evento. 

Dispuesta de este modo nuestra marcha y despegadas la* 
respectivas guerrillas á vanguardia de cada columna de infan- 
tería, rompimos el movimiento á las diez de la mañana ca- 
da cual en su liireccion. A poco andar ya empezamos á re- 
I)echar las e^ícabrosas faldas de la cuesta, cuyo cordón si* 
prolonga de oriente á poniente por mas de una legua en for- 
ma de anfiteatro muy inclinatlo. La manha se hacia coa 
cautela en precaución de alguna celeda, pues de trecho en 
trecho, íbamos descubriendo crestones, piedras, cortadura^ 
y posiciones cada cual mas ventajosas, propias para disputár- 
selas al enemigo mas osado y valiente que se atreviese ú 
acometerlas. Nuestra admiración crecia á cada paso, vien 
do las ventajas de la localidad que el enemigo habia dese- 
chado, y meditábamos de que cla.se podrían ser las que ha- 
bia preftrido; y nuestros soldados con esa lójica intlexible- 
del tablado, todo lo atribuían á cobardía del enemigo, á qu«^ 
buscaba en los pueblos paredes en que parapetarse, y rebosa- 
ban en ardími:*nto y entusiasmo: deseaban descubrirlo ya. 
irs<»le encima y hacerle sentir el poder de las armas (pie ha- 
bian conquistado la libertad del suelo chileno. 

Hacíamos la marcha con todas las precauciones de prac- 
tica, esperando de un mom-ento á otro principiar la función 
de aquel dia, con las descubiertas ó batidores con que imaji- 
nábamos tropezar, tras la serie no interrumpida de pedro- 
ncs y picachos de que está salpicada aquella serranía : pero 
no encontramos á nadie : el campo estaba solitario : no se des- 
cubría ni un soldado realista, ni un centinela perdido conr> 
para llevar á su general la noticia de nuestra aproximación ó 
movimientos: todo el espacio que íbamos atravesando era uit 
desierto. Asi continuamos por largo tiempo, hasta que por 
Jin llegamos al boquete que forma el camino de la cumbre, 
en donde nuestra descubierta percibió una pe(iueña avanzada 



APUNTES POSTUMOS 431 

<|Uií al avistar nuestros esploradores se puso en retirada algo 
mas que veloz, (.'ediéudoles el puesto sin disparar un tiro. 

Pareee que desde que habiamos salido de Chile, todo lo 
que se presentase á nu'estra vista estaba destinado á ha- 
teemos una inij)resion de novedad ; y bajo este (íoncepto, 
desde que pisamos el suelo peruano, cuanto veiamos nos 
causaba impresión. La estructura de las poblaciones, el as- 
pecto de los campos, las costumbres de sus habitantes, las 
efusiones de adhesión y entusia*smo con que éramos recibi- 
dos por los vecinos de los pueblos, el idioma, las palabras 
mismas de cariño que nos dirijian; todo, todo, era nuevo 
para nosotros, y muy distinto de los usos arjentinos y chile- 
nos. Esta singularidad, estas particularidades, tan diversaíi 
en todas las latitudes de la América, no podían faltar en aquel 
momento, al exhibirse á nuestra vista el afamado mineral de 
Pasco. Nuestra columna tomaba posesión del portezuelo de 
hi cumbre, cuando vimos aparecer al núm. 2 á nite^tra dere- 
cha coronando la cima de la serranía, conforme á la combina- 
ción ordenada por el general. Nuestra posición dominaba 
toda la comarca, y desde ella se veia á nuestros pié« perfec- 
tam-ente todo el terreno, circumbalado de un cx)rdon de altos 
rerros. Vimos una población de aspecto triste como en un 
pozo, al centro de una superficie muy desigual, en medio de 
(los lagunas cuya agua era de color verde : no se veian torres, 
templos, edificios ni otras obras que demostraran exteriormen- 
te, la grande opulencia que en los pueblos que habiamos de- 
jado atrás nos ponderaban que producía la tierra: tenia eí 
aspecto de un miserable pueblo de indios, sin arreglo de 
(alies ni cuadratura de manzanas : t^do el terreno sembrado de 
bocas-minas : la <*ntrada al pueblo por el camino del sud que 
era el que llev,aba nuestra división, defendida p^í* wna es- 
trechura engargantada, del lado del naciente por una de 
las lagunas y del poniente por una ciénaga ó pantano gran- 
de, y además, cortada por un zanjón ancho y profundo que 
desagua la laguna: est^ se conocía que había tenido un puente 
de arquería de piedra, pero se echaba de ver que lo hablan 



Í32 LA KEVISTA DE BUENOS AIRES. 

<ieshecho para hacer mas inaccesible el paso. Este era el gol- 
pe de vista, del campo que dominaba el enemigo: y esas tro- 
pas ¿dónde estaban, que no se presentaban á nuestra vista f 
Hasta en esto hubo su singularidad. El general enemigo 
pensando quizá causar una fuerte impresión en el ánimo de 
nuestros soldados, después que vio asomar nuestras masas en 
^1 perfil d-e la altura, hizo salir sus batallones á tambor ba- 
tiente de los cuarteles y tomar sus posiciones á nuestra vista : 
y no se crea que lo hicieron con apuro, con prisa, por vernos 
Á su frente: no señor: marchaban con una calma y parsimo- 
nia, que mas parecia qu-e lo hacian por ostentación de su dis- 
<íiplina ó por desprecio á nosotros, que por confianza en el 
triunfo: pero cualquiera que fuera la idea que los dominase, 
no eran ellos los que con esas apariencias podrían impresionab 
^\ ánimo de nuestros soldados, que los habian batido y dis- 
persado en mas de diez parajes en los sesenta días que llevá- 
bamos de campaña. Pero en fin, la fuerza se presentó, y la 
computamos mas numerosa que la nuestra: pero el número 
poco importaba : con ventajas asi y aun mayores, hablamos 
medido nuestras armas en todas partes, y en todas 
partes no habian podido resistir nuestro empuje. Pero 
iiejcinos á un lado toda reflexión, y veamos como desplegaron 
^u línea. 

Colocó el general enemigo en la ala derecha, su |)ondi^- 
rado })a tallón Victoria (a) Talavera, fuerte de mil plazas po- 
co mas ó menoM, en tres líneas, para sostener el paso del ca- 
líiiuo real, pero parapetado de la gran zanja que desaguaba la 
laguna y hacia inespugnable la pasicion. 

En seguida del Victoria y sobre un pequeño morro al 
<'entro de la línea, sus dos piezas de artillería, que á mane- 
ra de reducto, i^odian barrer con sus fuegos la cortadura del 
lamino, al mismo tiempo (jue la planicie que se estendia sobrí* 
í>u izípiierda hasta una larga distancia. 

En el ala izquierda aprevechando un lijero bajío, situó el 
l)atallon Coneordia. fuerte al parecer de mas de cien plazas 
í)ajo los fuí'gos d(» su artilleíia, ]>en) completamente parapeta- 



APUXTES POSTUMOS 433 

<lo contra toda tentativa de nuestra parte, por la gran laguna 
<le Putareoeha que cubría su frente. 

Y completó su formación, colocando en la estrema dere- 
K ha su caballeria, que no faltó quien la cfilculase en mas de 
J¿(M) jinetes, pero que á mi juicio y el de otros compañeros, 
tendria á lo sumo 150: pero cualquiera que fuese ei número 
<ie esta arma, .su colocación parecia calculada solo para el ca- 
so de alcanzar la victoria, pues que, como la nuestra, no tenia 
terreno para operar, ya porque el paso del camino real es- 
taba cortado por el gran foso y defendido por infantería y 
4irtilleria, ya por el insuperable obstáculo del pantano que 
resguardaba el flanco hasta una larga distancia : y para termi- 
nar esta descripción básteme decir que, toda su línea estaba 
colocada tras de un prolongado obstáculo, que solo á fuerza 
<le corají» y de maniobráis li jeras couo el rayo, podria vínica- 
mente s**r desconcertada. Esta era la formación del ene- 
migo. 

Viendo el general Arenales que la posición enemiga era 
esencialmente defensiva, de acuerdo con los jefes de división, 
dispuso un plan de ataque. Se acordó, que, bajando las co- 
huiinas á la pampa, el núm. 11 atacíise el foso del camino 
real, desprendiendo una compañía que por una maniobra 
rápida cortase la línea enemiga por el centro, aprovechándo- 
í4e j»ara ello de la ribera de la laguna : que mientras esta com- 
pañía llamaba la atención por el centro, el resto del batallón 
^»mpi endiesi* una carga sobre los Talaveras, pasando el foso á 

toíla costa: que lo que convenia era, un ataque impetuoso. 
Que el batallón núm. 2 siguiese su obra de flanquear la iz- 
quierda enemiga, pero con toda la celeridad imajinable, con- 
sultando la simultaneidad del ataque. Que la reserva pres- 
tase niHs atención á la carga que se encomendaba á la ala iz- 
quierda, i)or cuanto ella venia á ser punto cardinal ; y qu • el 
batallón de granaderos á caballo, estando á la mira del mo- 
mento de facilitarse el paso de la cortadura, cayese sobre la 



4S4 LA REVISTA DE BUENOS AIBES. 



caballería é hiciese cuanto le fuese posible, en una función quí* 
nn duda iba á ser la decisiva de la campaña. Esto quedó r»^- 
suelto en la junta de guerra. Antes de emprender el movi- 
miento advertimos, que las alturas de la circunferoníin costa- 
ban coronadas de indios, y que del lado nuestro bien se pofh*i«n 
calcular los grapos en mas de quinientos. Si debiesen /» no 
tomar participación en el combate que se preparaba, no podía- 
mos saberlo por falta de datos. 

Emprendieron la marcha ambas columnas .1 su «lestiiio: 
Illas en cuanto el enemigo se api^rcibió de la mani.>hr i del 
I ó tallón nuiíi. 11 sobre la cortadura, y aun antes de cm(»n- 
uarse al .•íl(;ii»c'' de sus piezas, emp.^zj á moIcNlanus c«»u 
.sus fuegos iU' nrtiileria y fusilería. líai-i;i¡nos la maivha 
medio encubiertos por una colina que habia antes de 
caer sobre la cortadura, ventaja que, supo aprovechar 
el Mayor Deheza para organizar su ataque. Destinó la com 
pañía de cazadores al mando de su capitán don XieolA* 
Medina, para que pasase por sobre los nmros de la com- 
puerta de la laguna ó como el terreno se lo permitiese, y 
ejecutase el ataí^ue al centro de la línea enemiga rimio- 
estaba combinado; para lo cual se apartó de la formación, 

y por hileras desfiló en guerrilla por el costado dereclio,. 
ocultando su movimiento por entre una fila de (hozas y ran- 
i'hos que habia entre la ribera de la laguna y el camino real. 
El batallón también se movió para irse encima de la cortadu- 
ra, pero en ese momento se advirtió en la tropa cierto aspec- 
to de vacila(»ion ó enc^ojímiento provenido sin duda de no ha- 
ber ocurrido ninguno de esos preliminares de escaramuzas, 

tiroteos, provocaciones de palabra, ó agudezas picantes con 
í|ue se templa el ánimo de los combatientes: y adv'rtiéndolo el 
Mayor Deheza con la perspicacia del guerrero esperimentu- 
do, como inspirado por un golpe eléctríco, picó con las 
espuelas el hermoso caballo chileno ([ue montaba, y tre- 
pando á galope la colina, fué la primera figura que se exhi- 
bió a la vista del enemigo: de alli dirijió «I batallón unas 



APUNTES POSTUMOS 435 

i'uantas palabras enérjieai* entusiasmadoras, que me es seu- 
FÍble no recordar para repetirlas, y la eseena eaml)i«> 
de aspecto : la tropa respondió con un viva : los semblantv^s 
He tornaron alegres y radiantes de coraje, y el ataque 
se acometió en e^e acto porque eran ya urgentes los uio- 
m^ntos. 

El batallón en masa coronó la cima de la colina, á la 
par que la compañia de cazadores á paso de trote marchaba 
sobre la compuerta á tranquearse el paso, y á paso de trot<i 
también ejecutamos nuestro asalto al toso: y atónitos los 
realistas con el arrojo de nuestros soldados, solo cuando 
estuvimos á tiro de pistola sobre su línea, atinanm á ba- 
ilemos una descarga á quema ropa: ella sin duda tué opor- 
tuna y bien dirijida, pues nos volteó tres oficiales y como 
quince individuos de tropa, pero no contuvo el ataque por 
eso: sobre la marcha cerramos los claros, y sin darle tiemp<> 
á que por segunda vez cargasen sus tusiles, nos fuimos en- 
cima á la bayoneta, en circunstancias que el capitán Medina 
con quince ó veinte cazadores que habia logrado pasar, los 
t s(*opet?eaba ya por el flanco : mas los Talaveras que <iuizá se 
imajinaban, que, sin quemar primero veinte ó treinta mil 
cartuchos á pié firme, y echar á la eternidad algunas doce- 
nas de enemigos, no era lícito hacer uso del arma blanca y 
trabarse cuerpo á cuerpo, quedaron estupefactos al verse 
acometidos con tanta intrepidez: vacilaron, se envolvieron, 
al plegarse en cuadro para recibir nuestra carga: de poco 
les sirvió el orgullo con que nos enrostraban á grandtís vo- 
ces, < sus antiguos triunfos sobre Napoleón el grande en la 
Península: se acobardaron, perdieron su posición y retro- 
cedieron agrupados, por último, á parapetarse de unas ta- 
pias de corrales y chozas, que habia como una cuadra A su 
retaguardia: y el resto de nuestro batallón aprovechando esa 
confusión para pasar la cortadura, se organizó sobre la mar- 
cha, los persiguió á la bayoneta y los deshizo cuantas veces 
se pararon intentando rechazar el empuje, haciéndoles pri- 



430 LA KEViSTA DE BUENOS AIRES. 

sioueros cuautoH no alcanzaban á huir, llenando asi la mi> 
sion que el general y la patria habian confiado ese dia á su 
brazo. En una de estas cargas el corneta del batallón José 
Pinto, s(* trabó en combate personal con el Abanderado de 
Talayeras; siendo su resultado, que el corneta dio una esto- 
cada al oficial, lo tendió mortalraente herido, le quitó la 
bandera, y después de la acción se la presentó al jefe, ha- 
ciéndole relación del hecho, que algunos oficiales y tropa pre- 
senciaron y dieron testimonio de verdad (1) — Asi nos resar- 
cieron los sostenedores de la monarquía española, la pér- 
dida di» los ilustres compañeros que humedecieron con su 
sangre los laun^les que en este dia recojió el pabellón argen- 
tino, y me es tan honroso como satisfactorio este momento en 
que purdo dedicarli*s este recuerdo, y trasmitir sus nom- 
bres á la memoria de nuestros compatriotas — El teniente de 
la conipHñia di» granaden^s don Juan Moren(». mendozino, 
murió en el acto atravesado por una bala de fusil — El capitán 
de la 1.a don Pedro Lo|h?z, cordobés, perdió una pierna por 
una líala de cañón — El teniente de la 2.a 1). N.... Plaza, 
chileno^ fué herido en un brazo — Y el ayudante del gefe, don 
Manuel Saavedra, de Buenos Aires, recibió una contusión ra- 
ra en el nuislo den^cho. Este oficial llevaba siete pesos fuer- 
tes en el bolsillo del pantalón, y la bala de fusil acertó á 
pegarle solire ellos, se acható y quedó dentro del mismo 
bolsillo: pasado el combate, fué á reconocer el efecto que le 
hubi<»se < Husado por el dolor <|ue sentía, y 8oh> descubrió una 
gran nuinrha <*n la |>arte contundida, pero con el mayor 
asombi'o descubrió la bala entn^ el dinero la que nos enseñó 
v cons' rvaba como un recuerdo — Pero continuemos la reía- 

• 

eion (l»'l combate. 

Mientras el X" 11 saltaba hi zanja y proseguía su ataque 
so]>re 1*1 batallón Vieforia. y la artillería enemiga no cesaba 



1. V/'a^e el boletín X.«' ií 'leí Ejército Lbcrtador, publicado en 
ir. laura .on fecha 2-1 <le eiiert» de 1*^1*1. (pie en la eai paña de A r nales 
se iri-!pita i>a.i. 1Í4:'> A 247 — i'í. K. 



APUNTES POSTUMOS 437 

de molestarnos con sus continuos fuegos á bala y metralla, 
aunque con tan inciertas punterías que muy poco daño nos 
hacian; el comandante Aldunate con su batallón N" 2, ro- 
deando la laguna por la derecha & favor de una marcha al 
trote también, consiguió ponerse al frente del batallón Con- 
cordia, abrasarlo con sus fuegos, y bajo la ntuie aei ?iuiiiu 
Írsele lo mismo á la carga: y teniendo la suerte de tomarlo 
medio desprevenido, lo desorganizó, lo desalojó de su posi- 
ción, sin que le quedase otro arbitrio que la fuga y buscar 
amparo en las casas del pueblo: asi, pronunciada la der- 
rota desde entonces en toda la línea, lo demás fué persecu- 
ción, toma de prisioneros y acopio de toda clase de trofeos 
por complemento de la victoria. 

El mayor Lavalle que observaba desde su puesto en la 
reserva, que la caballeria enemiga se retiraba del campo 
de batalla en su formación intacta, en cuanto la infanteria 
fué desalojada de sus posiciones; se desesperaba por írsele 
encima y recojer la parte del triunfo á que su arma tenia 
derecho, pero no pasaron muchos momentos sin que se col- 
masen sus deseos: llegó un atildante con la orden de que 
pasase la cortadura ó el pantano, y persiguiese al escuadrón 
que se retiraba: en el acto se puso en marcha con sus gra- 
naderos, y por mas que deseaba acelerar el paso del obstá- 
culo, no pudo hacerlo sino de uno en uno por la estrechura 
de la senda, pues se enfangaron dos ó tres que se desviaron 
por acelerarse: pero al fin pasó el escuadrón y siguió su 
marcha, mas no pudo andar dos cuadras sin tropezar con 
f)lro inconvenientet, grave, incomparablemente mayor que 
ningún otro, como es el sorocho ó rareza del aire de aquella 
rejion elevada de mas de 14 mil pies sobre el nivel del mar, 
que fatiga y hasta causa la muertei á quien inmoderadamente 
se ajita : asi sucedió á Lavalle esta vez, que cuanto mas apu- 
raba el paso por acercarse al objeto de su persecución, mas 
se le fatigaban los caballos y los soldados iban quedándosele 
uno aquí y otro mas allá — Y ¿qué hacer contra el poder 



4.58 LA REVISTA DE BUExN'üS AIRBíá. 

^irresistible de la naturaleza? No /encontró otro arbitrio 
que eseojer diez hombres de los mejores montados, y des- 
pacharlos con el teniente don Vicente Suarez, paraguayo, á 
picar la retirada del escuadrón realista á quien suponia ir 
sufriendo igual inconveniente. Suarez nos refería después, 
que consiguió acercarse al escuadrón enemigo, solo después 
de andar de cuatro á cinco leguas al Oeste de Paseo, por uno 
de los caminos que van al pueblo de Yanahuanca: que tanto 
los prófugos cuanto los perseguidores, llevaban una marcha 
igualmente lenta por mas que deseasen hacerla mas veloz: 
que cuando se hubo acercado como un tiro de fusil, el es^ 
cuadron enemigo hizo alto, volvió caras, y desplegó en ba- 
talla : (jue la fuerza que presentó fué de cuatro mitades de 
16 hileras de frente, perfectamente uniformados y armados 
de tercerola y sable: que al ver esta actitud amenazante, él 
consultó el ánimo de los granaderos preguntándoles que po 
drian hacer, y que unánimes respondieron con ese coraje 
que siempre les acompañaba — vamos sobre ellos, señor — sin 
dejar de seguir su marcha: que en este momento vio que el 
comandante Santa Cruz, solo, dando algunos pasos al frente 
T embaí nando su sable, le dijo en voz alta — señor ^ficiaL 
í^nifrr vsted embainar su espada y que hablemos cuatro 
palabras f — á lo que Suarez, haciendo alto, respondió — no 
tengo i n comiéncente, señor — qu^ ji^ntonjces émbainslndo su 
sable y batiendo en alto las palmas de sus manos, para darle 
la prueba de no tener arma alguna en ellas, marchó al frente 
ñ su encuentro: que ambos se acercaron pausadamente 
promediando la distancia, y en cuanto se pusieron al habla 
e\ comandante Santa Cruz le preguntó quien era el jefe de la 
cabalhria, y que deseaba hablar con él: Suarez le respondió 
entonces, que el mayor LavaUe, que venia un poco mas atrás 
<on la fuerza — y le mandó el parte de esta ocurrencia con 
iin sargento. Lavalle que realmente continuaba la marcha 
en protección de Suarez, luego que se impuso de este aviso 
y sus pormenores, dispuso que el escuadrón siguiese su mar- 
cha hasta reunirse á la vanguardia si fuese posible, y acom- 



APUNTES P6STUM08 439 

{mñado de un ayudante y dos ordenanzas marchó al trote al 
lugar de la cita — A poco no mas llegó Lavalle donde estaba 
Santa Cruz, y después de los saludos de cortesía se aparta- 
ron á un lado á hablar solos: conferenciaron largo tiempo, 
<lando por resultado la entrevista, que el Escuadrón de Dra^ 
<jonfM de CaravailU), que asi se titulaba, se entregó prisione- 
ro desde el gefe hasta el último clarin, con sus armas, e.j- 
tandiirtes, municiones y cuanto tenia, en número de 130 
liombres de tropa ; en cuya virtud se puso en marcha para 
•el mineral de Pasco, siguiendo á corta distancia á su re- 
taguardia los {granaderos, como por via de escolta : que ha- 
l)iendo producido una estraña admiración á los oficiales de 
granaderos, que una fuerza tan considerable se hubiese ron 
tlido sin hacer ninguna clase de resistencia; en precaución 
<h un arrepentimiento ó motin repentino de la tropa, con 
afabilidad y simulados pretestos se entretuvieron durante 
la marcha, en tomar las tercerolas de muchos de los sohia- 
dos romo para reconocer la clase del armamento, y con ^*d 
motivo abrian y cerraban las cazoletas, montaban y desmon- 
taban los gatillos, siendo el verdadero intento derramarles 
las cebas inutilizando de pronto el tiro: felizmente no ocur- 
rió la menor novedad durante la marcha, y en cuanto por la 
noílie llegó esta tropa al pueblo, fué desarmada y asegurada 
en los depósitos de prisioneros — Esta fué la última operacitm 
<le la batalla de Pasco. 

Los trofeos que las armas de la Patria recojieron en ese 
<1ia memorable, fueron, tres banderas, dos estandartes, la 
-espada del general O'Reilly, el armamento de dos batallones 
de infanteria, el de un escuadrón de carabineras, dos piezas 
de artillería, la caja militar y el parque de repuesto: y la 
pérdida de fuerza que ambas partes sufrieron, fué como si- 
gue: 



440 



LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 



De lo8 Patriotas. 



\ Muertos. . . 
) Heridos . . . 



Total 



Muertos. . . 

De los Realistas. . ] Heridos 

.prisioneros . 

Total 



JEFES 



OFICIALES 


TROPA 


1 


14 


5 


23 


6 


37 


4 


58 


5 


18 


36 


386 


43 


462 



Por estos detalles se vendrá en conocimiento, que no 
podia apetecerse un triunfo mas brillante ni mas completo: 
pero para que nada se echase de menos si algo aún restaba 
á su complemento, habiendo el general Arenales re<'ibid(^ 
aviso de lo» indios que mosqueteaban la batalla desde las al- 
turas, que el í?eneral O'Reilly habia sido de los últimos 
«n retirarse del campo del combate, y por consecuencia no de- 
bía ir muy lejos; dispuso, que sin pérdida de tiempo mar- 
chase el teniente don Vicente Suarez, con un piquete de gra- 
naderos bien montados en muías, á perseguirlo en cualquier 
dirección que fuese hasta tomarlo. Así se hizo: en la madru- 
gada del dia 7, Suarez se puso en marcha, llevando de ha 
queanos varios entusiastas indios alcaldes, que se ofrecieron 
\oluntariamente, y tomo el rumbo que las noticias mas con- 
testes indicaban : y, dicho y hecho : á los tres ó cuatro dias- 
volvió el infatijoable Suarez, con el último trofeo de la vic- 
toria del 6. Rl general español habia sido aleanzado en los^ 
campos de la hacienda de Lauricocha. como veinte leguas a[ 
noroeste del campo de batalla, próximo ya á tomar el cami- 
no de la cordillera de Cajatambo, de donde fácilmente po- 
dia declinar á Lima: pero ya estaba decretado que el poder 
español terminase en América, y esa sentencia fatal debia 
«cumplirse. La división Arenales habia llenado su misión, ;?► 
ya era tiempo que dejase el campo á nuevas acontecimientos: 



APUNTES POSTUMOS 441 

habia descansado doce ó quince dias, y el general después de 
instalar como gobernador de la provincia de Pasco al tenien- 
te coronel don Manuel Rojas, emprendió su marcha por la 
quebrada de Hoyon: pero antes de referir los últimos pasos 
de nuestra campaña, se me ha de permitir una digresión que 
quizá no desestime la posteridad. 

Mucho habia llamado la atención de todos nosotros, el 
grado de desarrollo en que encontramos el espíritu revolu- 
cionario en aquellos pueblos, enigma que al principio no su- 
pimos esplicariios, pero que a poco andar descubrimos el 
origen. En lo principal habia sido obra del general San 
Martin : que así que hubo logrado de los gobiernos de Chile v 
de las Provincias Unidas la resolución decidida de espedicio- 
nar al Perú, vio que era la hora de la combustión, y lanzo 
emisarios secretos que desparramaron proclamas impresas, 
en castellano y en quichua, hablando á todas y cada una de 
las clases y castas de que se componen aquellas masas, espli- 
candóles su empresa y el rol que cada cual estaba llamado a 
desempeñar: así, pues, los indios, y aún personas de mas- 
elevada clase, que habían conseguido uno ó mas de estos pa- 
peles, los guardaban con una fé reverente y entusiasta co- 
mo una valiosa adquisición, y se servían de jellos comí> 
de un pasaporte ó título, que nos enseñaban para com- 
probar su patriotismo y adhesión á la causa de la ind(»- 
pendencia. 

Por este tiempo regresó del cuartel general el ayudante 
don Florentino Arenales que habia conducidc él parte de 
la victoria de Pasco, y por él supimos, que mientras nuestra 
división había hecho su paseo militar por Tea, Huancavéli- 
(»a, Huamanga, Jauja, Tarma y Pasco, el general San ]\Iartin 
se habia reembarcado en Pisco con el resto de la espedieion. 
habia hecho una visita al puerto del Callao con el ejército y 
la escuadra, y descendiendo en seguida á la costa del norte 
de Lima, habia vuelto á desembarcar en el puerto de Huacho 
á principios de noviembre. 



442 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

El 20 ó 21 de diciembre si mal no me acuerdo, la di- 
visión Arenales emprendió su marcha hacia la costa buscan- 
do su reunión al ejército, no sin preparar el ánimo para otra 
función como la del 6, pues era muy factible que el general 
iJanterac campado con el ejército real en la hacienda de As- 
iiapuquio, intentase tomar su revancha á nuestro paso. Efec- 
tivamente así pudo suceder, sin la traslación de nuestro ejér- 
•cito de Pisco al norte, pues con esa mira en el mes anterior 
^l enemigo hahia destacado una columna de 1300 hombres 
<le las tres armas sobre la línea de Chancay y Palpa al mandt> 
del intrépido guerrillero coronel don Gerónimo Valdés. Pe- 
ro ya era tarde : el incomparable genio del general San ^lar- 
tin, cuya previsión y cálculo estratéjico rayaban á una altu- 
ra que no á muchos es dado llegar; el que nunca habia com- 
prometido una simple partida sin la probabilidad del éxito : el 
-que con audacia y rapidez da sus maniobras habia aturdi- 
do al virey; el que, para decirlo de una vez, era el alma do 
<»sa prestijiosa superioridad que la espedicion habia impreso 
^n el Perú y en la América toda : él habia cruzado el plan del 
t^nemigo: con mayor anticipación lo habia previsto y dado 
<)rdenes al coronel Alvarado de ocupar a Palpa con la masa 
de caballeria de vanguardia, ocupación que se verificó con el 
apoyo del resto de nuestro ejército que se movió hasta la ha- 
túenda de Retes. Hasta entonces y desde cuatro años atrás. 
f?l poíler español, en Cbil*» como en el Perú, se habia visto 
vencido ó burlado por. . tros soldados en mas de sesentn 
t'ombates y casos diversos, y en esto se fundaba su orgullo v 
su preponderancia; calidades que tomaron mayores dimen- 
•siones, con el trastorno consiguiente á la deposición del Vi- 
rey Pezuela, arrojado de su solio por sus propios generales 
y gefes, acusado de apatía, irresoliicion é incapacidad. Est»^ 
^Tñ el cuadro que ofrecía el Perú en las primeras escenas del 
ilrama de su independencia. 

El ejército formado con el general Jefe de E. 'SI. á la ca- 
}»cza hizo los honores de la recepción: y asi que los cuerpos 



APUNTES P6STÜM0S 44:; 

tomaron su puesto en la línea, se presentó el general San 
Martin eon sus ideeanes, y en términos lacónicos pero esi)re- 
íiivoti dirijió á la división de la sierra su bienvenida, espre- 
-?ándoIe, (¡ue quedaba satisfecho de su comportamiento, y d" 
((ue cada cual en su puesto hubiese llenado su deber. En 
seguida el general Las Heras si^gundó su enhorabuena en es- 

Kíojidas palabras, y dirijiéndose al núm. 11, cuerpo que ba 
bia creado y sido su jefe por mas de ocho años, le felicitó en 
particular exhortándolo á que siempre siguiera por la senda 
<lel deber y de la victoria, en que tantas veces habia merecido 
honrosos aplausos. Los cuerpos se retiraron á sus respecti- 
vos campos y el nuestro al que le habia señalado el E. M., y 
^n seguida no mas, empezó á presentarse la oficialidad de \oñ 
otros ron sus jefes á la cabeza, á congratularnos por la feli- 

<'idad de la campaña y de nuestro arribo, singularizándose 
-en demostraciones y siendo la primera en llegar, la del en- 
irreido batallón de Numancia; oficialidad que en su mayor 
¡>arte eran jóvenes oficiales que habian pertenecido á las 
tropas de Colombia, que teniendo la de8gra>cia de caer prisio- 
neros (*n poder del general español Morillo, durante la época 
<le la guerra á muerte que hizo en Venezuela y Nueva Grana 
da. por un ravSjaro de compasión á su corta edad no los h^diia 
fusilado, como lo hacia con todo prisionero sin distinción dir 
<*lase ni rango, sino que los destinó al Rejiíüi. nto XuniaiKÍi 

■en clH»^e de soldados rasos: entre ellos se 'oiitr. )aa l.»s c.j- 
pitanes don Pedro Guerra y don Agustin (íeldarim»- U.s a.'u- 
-dantes don José Bustamante y don Rafael Cuervo— l(/s í»*- 

Tiientes don Pedro Torres, don X. . . . ^íadrid, don P?dra 
Guas. don Diego Sánchez y don Pedro Sornosa — y su))tenien- 
tes don José Carretero, don Luis Foronda y don Francis(*o 
Satizabal, siéndome muy satisfactorio añadir, que desde estí 
<l¡a la oficialidad asi como la tropa de ambos batallones, sim 

patizanin con tanta (estrechez, que en los campamentos, en 
los combates, lo mismo que en los pueblos, nos buscábamos 
amos á otros c(m preferencia y conservamos una unión y con- 



444 LA REVISTA ÜE BUENOS AIRES. 

fraternidad, que solo se interrumpió por el regreso del cuer- 
po á Colombia. 

No fueron esta^ las únicas demostraciones que se tri- 
butaron á nuestra división en aquel dia; sino que, se com- 
plementaron con un premio que para nosotros fué de un» 
alta estima. Nuestra satisfacción fué inmensa y la sensacio/^ 
de agradecimiento y estímulo que produjo en el ánimo de 
todos, me merece hoy como mereció entonces un vivo re- 
eu'Prdo — El General San Martin que de todo podría ser pró^ 
digo menos de los ascensos y recompensas, hizo pul)licar ea 
la orden general de ese dia, un decreto que habia espedido» 
el 13 de diciembre cuando recibió el parte de la batalla, en 
que decia — '*La División libertadora de la Sierra, ha lie nado- 
**r/ voto de /os pueblos que la esperaban: los pelifp'os y In^ 
''dificultades han conspirado contra ella á porfia, pero no- 
''han hecho mas que exaltar el mérito del que la ha dirijido' 
'^y la constancia de los que han obedecido sus órdents: ¡yara- 
"premiar á uno y á otros, se abrirá una medalla que re- 
"presente las armas del Perú por el anverso, y por el reversí^ 
*'te}idrá la inscripción "A los vencedores de Pasco '^ — El Ge- 
" neral y los Jefes la traerán de oro, y los oficiales, de pWa, 
'^pendiente de una cinta bhnca y encarnada: y los Sargen- 
"tos. Cabos y Soldados, usarán al costado izquierdo dd pechf 
'*un escudo bordado sobre fonda) encarnado, con la Uyinda — 
"Yo soy de los vencedores de Pasco** — En seguida hul)^^ 
promosiones en los cuerpos de la división, y á mi \\w tocó eir 
Nuerte ocupar la vacante de Teniente 2.o de la couipañia de 
Granaderos, que el desgraciado Moreno habia dejado por sit 
muerte en aquella memorable jornada. 

Aquí terminaria estos apuntes sobre la campaña de la 
Sierra, si no fueran dos singulares episodios que ocurrieron, 
y que guardan un riguroso enlace con las operaciones def 
ejército en general. Voy á hacicr su exposición lo mas lacóni- 
co que me sea posible. 

Como ya he dicho en otra parte de estos apuntes, euan - 



APUNTES POSTUMOS 445 

do el General Arenales marchó con la división sobre Hua- 
luanga el 21 de octubre, dejó como gobernador político do 
la provincia de lea á don Juan José Salas, persona de distin- 
.gufda clase, de ilustración no común y de una educación cul- 
tivada, calidades que le hablan grangeado la estimación del 
General, ademas de que á nuestro arribo de Pisco habia ad- 
quirido mérito con su actividad, contracción y asiduas ofi- 
<;iosidades, para proporcionar á la división alojamientos có- 
modos, víveres, caballos y cuanto se hacia necesario á la 
oficialidad y tropa, y por cuyos comedimientos todos noso- 
tros le correspondíamos con las mas finas at'cnciones y de- 
ferencias. Quedó tambitn como Comandante general d»j 
iirmas del Sud el Teniente Coronel don Francisco Bermudez, 
it quien se entregó una cantidad del armamento y municio- 
nes tomado al enemigo, con destino á que levantase una 
fuerza que sostuviese interceptada la comunicación entre el 

4lepHrtHmento de Arequipa y la capital de Lima, poniendo i 
í;us órdenes al Sargento ^layor graduado ca¡)itan de caballe- 
ria don José Félix Aldao, oficial de capacidad, de valor á 
toda prueha y otras buepas calidades militares, para <pie 

formase un escuadrón veterano que les sirviese de apoyo: 
jMTO el señor Salas, cpie á todos mertH-ia el concepto de \\n 
l>atriota «Um idido y leal, olvidándolo todo, despreciando las 
consideraíiones y honores que se le habían prodigado, se 

* 

habia puesto en inteligencia secreta con el Virey : en cuanto 
<1 General Arenales continuó la mareha para el interior, su 
K'orrespondencia fué mas frecueiit<í y por consediencia con 
datos mas positivos, mas detallados y doblemente mas per- 
niciosos: pero la Providencia que par. cía estar de parte de 
la causa de la libertad, puso el antídoto al lado del veneno: 
los conducton^ de esa corresi>ondencia (pie eran de la raza 
indííxena, raza hi^chizada con las palabras de Patria, Liber- 
tad, (|ue habia lanzado el General San Martin desde Chile en 
sus ])rofIamas. y que h>s hechos le demostraban (pie nuestra 
misión era realmente la de destruir A sus opresores; al solo 



446 LA REVISTA DE BUENOS AIRE8. 

íleeirles Salas, que las cartas que le reeouiendaba eran para. 
<^1 Virey de Lima, sospechaban la traición, y de trasnochada» 
trasmontando serranías, arrostrando toda clase de riesgos, 
iban á presentarlas al general San Martin, en la persuacion 
de contraer un mérito, de hacer un servicio á la causa di 
sus simpatías — Varias de estas cartas, y entre ellas, otras, 
(jue la bella señora Rosa Campusano (guayequikña, que dis- 
frutaba entonces de mucho ascendiente ante el General La- 
serna) decidida y entusiasta patriota de Lima, que habia lo- 
grado sustraer clandestinamente de las gavetas de un cscri 
torio, estaban también en poder del General San ^lartiu, 
cuando el Ayu<lante Arenales condujo el parte de la vi( toria 
(le Pasco: al rcsrreso pues de este Oficial, el General Arena 
les rccil'ió orden con recomendaciones encarecidas, de ha- 
i'ov comparecer á Salas en el Guartel General" con Uk\h segu- 
ridad y á la nniyor brevedad posible. 

Mientras esto ocurría entre los Generales San Martin y 
Arí'ualcs por el norte, otras cosas de diverso género, aun- 
que del mismo origen, tenían lugar por el sud entre la:s Pro- 
vincias de icíi. Arequipa y Linm. 

Kl Co'fíaiKhiiitc Bermudez y el Mayor Aldao (jui couo- 
<-um bien la pelillosa posición en que los dcj.i!.\i A nlcja- 
miento de la <livision Arenales al interior, procedieron sia 
jx^rder instantes con la actividad de su celo y pericia en la. 
f^uerra. Tonocian que no podían sostener el puesto que s(* 
les habia encomendado sin una fuerza veterana en que apo- 
yarse, y esta necesidad les obligó á levantar dos peíjueñas 
(*ompañias, una de infantería y otra de caballería, empeñan 
dose en darles su instrucción y disciplina dia y noche sin ce- 
sar: y con el mismo designio sujetarcm también á una rigu- 
rosa organización y enseñanza, parte de las milicias de in- 
fauteria y caballería de la Provincia, tanto para afianzar su 
])oder moral y material, cuanto para comprometer al pueblo 
en el sosten de la libertad é independencia que acababa de ju 
rar por un acto solemne. Pero en medio de este cuadro, el 



APUNTES fV>8TrM08 447 

Gobernador Salas, ya por debilidad característica, ya por 
carecer de un legitimo patriotismo ó persuacion de lo» de- 
rechos de su pais, ó ya en íin porque su corazón profi*sasc 
mayor adhesión al vasallaje que á la libertad ; ciego por sus 
instintos ó inclinaciones menguadas, y sin valorar la mrin- 
cha que echaria sobre su nombre si por algún incidente He 
gaba á descubrirse, no vio en la marcha de nuestras tropas al 
interior sino un campo mas expedito para continuar su cor- 
respondencia con el V^irey y Generales realistas, no limitán- 
dose ya á solo dar razón de la fuerza y estado débil en (pie 
quedaba lea, sino aconsejando, instamlo, á que mandasen 
tropas que por sorpresa se apoderasen de la provincia, y 
que tomasen á esos jetes insurjent-(\s que oprimian al puí 
l>Jo. Este era el lenguaje de las cartas interceptadas. Y 
H>\ sucedió, que tantas fueron las insinuaciones del «ioslcíd 
Salas y sus ofrecimientos de cooperación, que convenido el 
virey de no »*orrerse riesgo en la i*m])rcsa, se decidió a 
mandarla ejwutar girando sus instrucciones al general Ri- 
cafort gefe de la costa sud, para que despachando fuerzas d«>- 
su parte simultáneamente con otras (jue él baria salir di^ 
Lima en días 'ijos, en una determinada hora cayesen, sobre 
Hermudez y Aldao. El plan no hay duda era sencillo y bien 
combinado, pero no resultó asi en la ejecución, por que 
algunos lejítimos patriotas al observar apresto ile tropas, 
se valieron de ingeniosos ardides para averiguar el designio^ 
y asi que lo consiguieron despacharon un indio cruzando 
(*erro8 y sendas escusadas, para avisarlo al gefe de las tropa» 
de lea. Bermudez apercibido entonces por este aviso y 
otras sospechas y denuncias que desde antes tenia contra 
Salas, tomó con sigilo toda ríase de medidas para preca- 
verse de una sorpresa, siendo la principal de ellas la de ase- 
ííurar con artificio la persona del sos|>echoso; pasó algunos 
dia« de 'incertidumbre pero variando de posiciones todas 
las noches, cuando á la hora menos pensada se presentó uno 
de los espías que habia mandado á la parte de Lima, dicién- 
dole que dejaba cerca una fuerza que venia á atacarlo: esta 



44^ LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

se presentó pocos minutos después, se trabó el combate en 
que liu])o algunos muertos y heridos de ambas partes, mas 
los milicianos de lea, bisónos, y que sin duda por primera 
vez se veían entre la sangre y las balas, se acobardaron, se 
envolvieron y se dispersaron, no quedando á Bermudez otro 
recurso que emprender su retirada en orden, aprovechand(í 
<íuantas ventajas y posiciones le ofrecia te localidad, hasía 
<iue pudo ganar la sierra: allí se consideró yá seguro, pues 
el enemigo por otra parte no esforzó mayormente su persi- 
cucion, y entonces con mas calma pudo tomar la cordillera 
en dirección al valle de Jauja. Siguió sin mas inquietud»*», 
mas como la tropa que llevaba era un grupo de reclutas con 
40 ó 50 dias de instrucción apenas, en las marchas por ca- 
minos estraviadns y difíciles se le dispersaron algunos sin 
medio de evitarlo: pero asi, asi, llegó con el resto á Iluancayo 
níu novedad: alli recibió comunicaciones del general Are- 
nales que iban ya á despachárHcle á lea, y entre ellas una en 
que Iv» ordenaba remitir la persona del teniente coronel 
Salas á presentarse al general en gefe, escoltado por mu 
oficial con tropa, con la consigna r(*servada de vigilar y 
asegurar su persona sin dárselo á entender. 

Llegó Salas muy ufano al cuartel general de Retes. Ha- 
ummlo la aten(*ion el conjunto de su lujoso traje militii'% 
su montura, su sable, sus botas granaderas, y sobre toilo. 
su estatura gi'xantesca. El oficial conductor lo presentó «'U 
íA acto al general San Martin, diciendo, que lo remitia el lo- 
jiiandante Bermudez desde Iluancayo por órdenes que haV-ia 
líí'iliido para ello. El general entonces pidió á su secreta 
rio privado, capitán Salvador Igbsia.^, que le trajera las 
i^artas (pie tenia de Salas: siéndol» presentadas, las revisó, 
tomó di' entre ellas una. y ensenándole la ñrma le precrun- 
^ó — ^'('onocr usUd fsfa cartaf — Salas respondió — Si, üf¡¡*>'\ 
la (onozco: f\s wia. El general le dijo en toñecos— 7' •/< v s> 
usf((J la jy conocí, ha sti c(nü( nido — Salas al reconocer su 
letra, creyó pvol)al>lMU('nte (jue era aluruna de las que habia 
*»s(»iito desde li-a al mismo general á Pisco, pero en ciuuito 



APUXTKS I'ÓSTÜMOS 44Í) 

<H6 vuelta la hoja para leerla desde el principio, se eneontr»'» 
con que era do las que habia dirgido á Lima aconsejando 
la sorpresa al comandante Bermudez en lea — Quedó estu- 
pefacto, sin sentido: y comprendiendo de un golpe su cri- 
men y que ya no eran momentos de recurrir á disculpa«^ no 
enc<mtró ma.s recurso que postrarse de rodillas á los pii« 
del general San Martin, y abrazándole las piernas implorar 
pirdad, perdón, clemencia para un hombre débil, inej'p*^rhp 
alucinado por el poder de los realistas, que él concepinahc in- 
vencible. El general entonces dio dos pasos atrás, le diri- 
jió una mirada de desi)recio con sus ojos centelleantes, di- 
ciendo — yo no he venido á este pais á sacrificar vichos ,an 
miserables como este — y volWendo la espalda, ordcM'» i;ue 
en el acto se mandase al puerto de Huacho, lo embarcoxt»n 
en el buipie (pie iba á zarpar para Valparaíso, remit'cn lolo 
á disposición del gobierno de (■hile, con exposición de la 
causa y sus antecedentes. Este pasaje lo presenciaron Lks 
♦ decanes del general y varias otras personas, (jue tlesi>ui'S 
lo refirieron, y asi se divulgó en el campamento como tantos 
otros que continuamente ocurrían. La orden del gener il 
San Martin se cumplió, y Salas permaneció alejado (Iv.ranle 
s!i administración : mas cuando Riva Agüero subió á la pn - 
sidencia del Perú en marzo de 1823, no solo le permitir 
regresar al pais, sino que lo llamó á la carrera militar, no 
rvcuerdo bien, si en la clase que le confirió el general Are- 
nales ó con ascenso: esto no importa gran cosa, pero si 
conviene á saber, que no fué este el único de los act« s no- 
tables de la corta administración de Riva Agüero. 

Aquí termina el primero de los episodios (pu» of re •• n»- 
ferir: y en cuanto al segundo, si por ahora no iiifn'ci^se 
figurar como parte del suceso que le dio origen, no i»crju- 
dicará en mi ^onc4^pto que pase á nuestros mas lcjani»s su- 
cesores, para íuando les llegue el turno de apreciar las 
ocurrencias de esos remotos tiempos, en cuyo supu<*stM, gi: 
me |>ermitirá una sucinta exposición de sus i)reliminan*s. 



450 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

Liie{»:o que nuestro ejército eontramarehó de ilutes y to- 
mó cantones v^n el pueblo de Iluaura, se encontró qu** :j'> 
liabia local aparente para depósito del crecido número ih 
prisioneros de toda clase que tenia, y en su virtud se dispu- 
so establecerlo en Iluarmey, pueblo que está treinta leguas 
mas al norte: y siendo de este número el teniente corouel 
don Andrés Santa Cruz, americano natural de la Paz, solici- 
tó abrazar la causa de la libertad y el general San ^lartin se 
lo concedió: juró la independencia en legal forma, levantán- 
dose una acta ante testigos militares de graduación de aniljos 
ejércitos, y tué incorporado al Ejército Libertador en su nii^- 
mo empleo > poco después tué nombrado Comandante mili- 
tar de la provincia de Cajamarca, mas adelante se le confió 
el mando de la división que bajo la dirección del general Su- 
cre triunfó en Picbincha, y i>osteriormente sus servicios y 
circunstancias lo elevaron hasta el rango de Gran Marisc;d 
del Perú. 

Bajo la prestijiosa influencia del Ejército Lil)ertador, en 
el mes de diciembre de 1820 las pueblos de Cuenca, Ambato 
y Loja, del departamento de Quito, hal)ian i)roclamado la 
independencia: en seguida el departamento de Truxillo y sus 
jírovincias repitieron el mismo grito, encabezados por su In- 
tendente el marqués de Torre Tagle; y á su imitación, hicie- 
ron otro tanto las ciudades de Moyobamba, Chachapoyas y 
demá.s puebh)s del departamento de ^fainas: es decir, todo A 
norte del Perú, se sometió al poder de nuestras armas: mas 
á fines de abril de 1821, reaccionaron los españoles vecinos 
del pueblo de Otusco, bajo la inspiración, según se dijo, del 
señor Obispo Sánchez Rangel de la diócesis de Mainas y d * 
los funcionarios derrocados, con cuyo motivo fui comisio- 
nado yo con 5í) hombres de mi batallón, para prestar apoyo 
al comandante militar de Cajamarca ^larché á mi destino 
y en esa.s circunstancias se esparció la noticia de que, los pri- 
sioneros del depósito de Huarmey se habían sublevado tam- 
bién en esos mismos dias, quien sabe si en combinación, aun- 
que separados por una larga distancia un punto de otro : mas 



APUNTES POSTUMOS 451 

eonió quiera que ello fuese, lOs de Iluarmey que se hallaban 
so])re la costa del Pacífico y pudieron completar su evasión 
embarcándose, lejos de eso dirijieron su fuga á la sierra, bus- 
cando la reunión con los de Otusco: por este hecho se juzj?í>- 
verosímil que i>retendiesen reunirse para hacerse mas fuer- 
tes, y pensasen hacer rumbo por las faldas de la sierra hacia 
Jauja, por cuanto de allí les era mas fát il descender á Lima <\ 
incorporarse á sus tropas del Cuzco. Esto se calculaba, por 
cuanto iba entre ellos el coronel don ^lanuel Sánchez que la 
habia sido del Rejimiento de Talayeras, y como buen militar. 
entre vengar el agravio de su derrota de Pasco ó volver á 
Esf)aña con esa nota, se sui)onia que prefiriese lo primero. 
Pero sea de esto lo que fuese, no siendo mi intento sino re- 
cordar una esplicacion que le oí hacer al teniente-i-oronel 
Santa-Cruz respecto de su persona, terminaré esta digresión 
diciendo, que luego no mas y á poea costa, se pacificó la pro- 
vincia con la captura de los prisioneros y sublevados de Otus- 
co, por las indiadas circunvecinas que se les lanzaron encir 
ma, los acorralaron en una quebrada, los asediaron, y no le?i 
quedó mas arbitrio que rendirse. 

Recuperado el orden y la tranquilidad en los pueblos d(t 
aquella parte de la Sierra, el piquete de mi mando j>ermane- 
ció en Cajamarca, por cuya circunstancia y el cumplimiento 
de mis obligaciones, diaria y frecuentemente tenia que ver 
al comandante Santa Cruz, para darle los partes de las 
ocurrencias del cuartel y recibir sus órdenes. Este contacto 
diario por una parte y el no tener él ni yo relaciones en el 
pueblo, no tardó mucho en hacer mas franco nuestro trato 
V establecer una estimación y confianza mutua : en ese estado 
de relaciones de amistad, una de esas noches de verano quo 
conversábamos á la luna acerca de la campaña de Arenales y 
batalla de Pasco, me dijo — ** Usted y quizá todos los que stí 
'^hallaron en esa campaña, probablemente han hecho mu- 
"chos y diversos comentarios á mi respecto, ya cuando me 
"vieron salir del campo en el momento de pronunciarse la 
''derrota de O'Reilly, ya al verme volver por la noche en 



452 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

*** clase de prisionero: pero cualquiera que hayan sido, dudo 
**que hayan acertado con las verdaderas causas, y por eso me 
** permitirá que se las esplique — 1.a Yo pude retirarme en 
"** orden como llevaba mi escuadrón, por el camino mas cor 
* * to ó nie.jor para descender á la costa, sin que nadie imbiese 
^'podido impedírmelo, por cuanto el general Arenales no te- 
^*nia la fuerza de caballería necesaria para mi persecución; 
^'ni aun cuando la hubiera tenido, no habría consentido en 
"^íjuc se alejase aislada á una larga distancia.'' 

2.a — **Pudc haln^r batido á Lavalle cuando me perse- 
"•^giiia por el camino de Yanahuanca, desde que llevaba solo 
^*2r> ó W liombres, que yo contaba uno a uno con mi anteo- 
^*jo, cuando mi fuerza era cuatro ó cinco veces mayor y esto 
'*mc daba la probaliilidad del triunfo: y lo que era aun mas, 
**íiavaUc llevaba sus caballos en mal estado por las marchas 
^* y maniobrns (juc habia becho, mientras que los mios eran 
"'*in<*omparablcmentc su|)criores. ya por no haber hecho fati- 
*\íra, ya por baln^r estado en descanso y mantenidos á grano 
^''cn pesebre: y para decirlo de una vez, mi triunfo habría si- 
*Mo indudable en esa ocasión, y entonces mi retirada segura 
^' basta el otro Indo de la cordillera y sin temor de ser inquie- 
^'tndo.'^ 

^^a — Pude pasarme con mi escuadrón, como estaban 
** haciéndolo los jefes y oficiabas americanos hasta con tropa 
■** armada, pero como una infidencia deja impn^sa la descon- 
*' fian/a sobre sus autores, pues como dice el proverbio quien 
*"har( i(n rrsto puvdi harir un viento: no quise echar es» 
■''mancha sobre mi nombre. |>or(iue así habría sucedido anto la 
''^ opinión (!(» ambos bclijcrantcs, y deseché la idea por desdo- 
"'rosa. Ku cst** sentido hablé á la tropa esplicándole el con- 
**c(pto, tt)d()s se convinieron unánimes, porque también les 
"'prometí hacerlo así presente al general San Martin, y que 
*'no dudaba qno cumpliese las promesas que habia hecho en 
**sus prorhnuas á las tropas del ejército real." 

4.a — Yo como americano y desde muy atrás, abrigaba 
*'las mas positivas simpatías por la causa de la emfatieipa- 



APUNTES POSTUMOS 4ó;$ 

*cion, porque me habia llegado á convencer del perfecto de- 
'recho de la América y de su inmenso poder, asi como de la 
*impotencia^e la España y nulidad de sus recursos: veía el 
'desacuerdo y casi anarquía entre el Virey y los mismos ge~ 
'nerales y ge fes europeos, unos absolutistas y otros consti 
'tucionales, anarquía que ahora la vemos patente con la de- 
*posicon de Pezuela: veía al mismo tiempo los progresos que 
*hace y nadie duda que seguirá haciendo la revolución del 
'Perú, bajo la protección del ejército y dirección de un ge- 
*neral que con tan hábil golpe de ojo, con tanta firmeza,, 
'concibe y ejecuta el mas tribial de sus golpes: veía que 
'cuando él abandonó su carrera en Europa, lo hizo como 
'americano y por amor á la sagrada causa de nuestra tierra^ 
'i y por qué no hacerlo yo en la ocasión que se me presenta- 
'ba? Estas y otras infinitas reflexiones se agolparon á mi 
' mente en esos momentos : ellas me iluminaron : por ellas pre- 
*ferí entregarme prisionero, y asi me tomé la libertad de de- 
'círselo al general delante de los señores Monteagudo y Gui- 
'do: y la mejor prtieba del acierto de mi resolución es, el 
'puesto en que me hallo colocado. Estas son las espHcaciones 
'que ofrecí á usted : y como ahora ya es innecesaria su reser- 
'va, autorizo v ruego á usted que las trasmita á sus compa- 
'ñeros toda vez que se le presente ocasión." 



Aquí dan fin mis reminiscencias de la primera eam-^ 
paña del general Arenales á la Sierra, .sobre cuyos he- 
chos estoy en la persuacion de que nada se ha escrito, ó 
por lo menos, si la prensa algo ha dado á luz, yo no he leido- 
todavía, y por mi parte sentiría mucho que quedasen en f^X 
silencio de los tiempos: debiendo advertir por conclusión, 
que si en el relato de algunos acaecimientos no hubiese es- 
tricta exactitud, es por que no en todos ellos pude hallarme- 
presente, y los refiero cómo y del modo que llegaban á mí 



454 LA REVISTA DE BUENOS AIRES 

conocimiento. A bien que mas atrás han de venir sin duda 
otros que enmienden y perfeccionen esto y lo demás. 

Buenos Aires l.o de Mavo de lS(>o. 
J08E SEOrXDO RO( A 



JJKC CERDOS HISTÓRICOS SOHRE LA PROVINCIA 

DE CIYO. 



CAPITULO 2.0 
De 1815 á 1820. 

(Contimiación) (1) 

""Manifiesto qu'e hace el Gobernador Jnt endenté de esta 
Vi''*^'incia de Cuyo á ¡os habitantes de Mendoza, sobre los acón- 
ievimientos de la ciudad de San Juan/' 

'*E1 9 del eorrieiite al amanec<»r, se apoderó de la fuer- 
za veterana y niilieias de la eiudad de San Juan, el capi- 
ian don Mariano IMendizabal y de])uesto inmediatamente el 
1enii»nte gol>ernador don José Ignaeio de la Roza. Fué elec- 
to en su lugar el misnio Mendizabal por el sufragio de 
íiquel veeindario y euerpos de milieias, bajo la seguridad de 
^jur las tropas qne se hallaban en la plaza sobre las armas, 
Jiostendrian su elección, según se espliea del aeta celebrada 
^] diez. Los crefes y oficiales del batallón núm. 1, fueron 
presos en el acto del levantamiento, junto con el teniente- 
írobernador depuesto. Apena.s tuve noticia de este funesto 
suceso, di.spuse de acuerdo con el señor comandante gene- 
ral de esta división, que pasase él en persona, con dos com- 

1, V^ase la pajina 331. 



456 RECUERDOS HISTÓRICOS 

pañias de cazadores á caballo, á observar la naturaleza y 
circunstancias de la insurrección, persuadido por el aviso 
de varias personas respetables de aquel vecindario, que la 
masa del pueblo y todos los ciiuladanos de Iniena intcmcion, 
se veían comprometidos y espuestos á los fatales resultados 
de la i nsul)ordi nación y que deseaban un apoyo para proca- 
verlos. Con el fin de inspirar mas confianza al pueblo ó. 
imponer á los insubordinados, dispuse de acuerdo con el srefe 
de la división, marchase a incorporársele el resto de los es- 
cuadrones de cazadores. Estos se hallaban en Jocolí esi)e- 
rando órdenes, y entretanto el señor comandante Al vara» lo 
se acercó á las inmediaciones de San Juan, habiendo sor- 
prendido antes una partida del batallón insurre<*eiona(lo en 
el Pozito, que a favor de la oscuridad de la noche pudo po- 
nerse en fuf?a, sin embargo que no esperaba ser atacada Po- 
sesionado de aquel punto el comandante Alvaralo. mandó 
una exortacion al batallón, ofreciéndole un indulto y .*;.s«»i4u- 
rándole que oiria las quejas que tuvieran contra los oílcialcs 
y pondria renunJio. Esta proposición fué desatendida abier- 
tamente, y entonces continuó su marcha el comandante Al- 
varado hasta dos leguas de la ciudad, donde recibir' una tli- 
putacion del Cabildo, con el objeto de hacerle pn^senti» el 
peligro á que esponia á los gefes y oficiales presos, no mo- 
nos que la tranquilidad pública, si continuaba sus mar- 
chas, atendida la decisión en que estaba de sostenerse el l>a- 
tallón insurrecci(mado. El comandante Alvarado proti'stó 
a la diputación, que no siendo otro su objeto que r«^sta>»l'*tvr 
el orden en el cuerpo de su mando, suspendia dcsd^* hi«».ío su 
marcha, por no esponer la tranquilidad del vecindario i las 
consecuencias ile la obstinación que mostraba la tropa re- 
belada. En scíi^ida se puso en retirada, con el sentimiento 
de no haber podido coadyuvar á los deseos de los ciud:Kla- 
nos pacíficos que se hallan rodeados de peligros, cuya i'ra- 
vedad y trascendencia es imposible calcular en el mom«'ntí> 

actual." 

'*Tal es el cuadro que presenta la ciudad de San Juan, y 



LA BEVISTA DE BUENOS AIRES. 457 

es imposible contemplarlo, sin sentir la trascendencia de esto 
suceso á toda la provincia. Para penetrarse de la estension 
de los peligros qiie la amenazan, basta observar que la insur 
reccion del 9 del presente, es de un carácter tanto mas alar- 
mante, cuanto que ella tiene una tendencia rápida y directa 
á establecer la anarquía mas horrorosa. Su objeto no es sa- 
tisfacer los resentimientos de un partido descontento, que es 
imposible dejar de suponer en las actuales circunstancias : 
no es reformar la administración económica de San Juan, cor- 
rijiendo los abusos que haya podido encontrar el celo de lo?; 
buenos patriotas, 6 la suspicacia de los díscolos. Todo es- 
to sería menos peligroso, y al menos, po<lríamos consolarnos 
de la subversión del orden, con la esperanza de su restable- 
cimiento. Mas por desgracia, el objeto y fin que manifiesta 
la insurrección del dia nueve, es poner en igual peligro á to- 
dos los partidos; amenazar la vida y las propiedades de los 
ciudadanos pacíficos y de los mismos díscolos; poner la auto- 
ridad al arbitrio de una soldadesca amotinada, que una vez 
acostumbrada á la insubordinación, no pueden tener sobre 
ella sino influencia precaria, los mismos jefes que proclame, 
ba conducta que ha observado hasta aquí el batallón insur- 
reccionado, hace ver la justicia de este presentimiento. El 
ha nombrado sus jefes y oficiales por votación, y la elección 
ha recaido en los sarjentos y cabos del cuerpo. El capitán 
Mendizabal ha distribuido entre ellos una suma de dinero, 
que quizá servirá de garantía á la subordinación, mientras 
lenga recursos para satisfacer los vicios de una tropa desen 
frenada; pero en el momento que no los tenga, ella los bus- 
cará por sí, sin examinar los medios, porque la fuerza es la 
medida de su autoridad.'* 

**En tales circunstancias, yo he tomado la resolución do 
convocar á un Cabildo abierto para manifestar al pueblo mis 
sentimientos y mis deseos. Conozco que las circunstancias 
de la insurrección del nueve, son dificiles y peligrosas, que 
antes de emplear la fuerza para sofocarla, es preciso tocar 
todos los medios políticos que puedan salvar la provincia de 



458 RECUERDOS HISTÓRICOS 

los riesgos que la amenazan. La gran medida de que yo 
creo pendiente la salud pública, es concentrar la fuerza mo- 
ral de la provincia para neutralizar y resistir la fuerza física 
que ha levantado en San Juan, el pabellón imponente de la 
anarquía. A este fín, es preciso quitar á los jefes de la in- 
surrección, los pretestos plausibles que han tomado para 
comprometer al pueblo y dar un carácter de revolución po- 
pular al que solo ha sido un motin militar. Con este obje- 
to, yo provoco á la Municipalidad y pueblo de Mendoza, para 
que delibere sobre una diputación, que pase inmediatamente 
á San Juan, con el fin de asegurar á su Cuerpo Municipal y 
vecindario, que el Gobierno conviene desde luego, en que el 
pueblo nombre el jefe que pida por la mayoria de los ciuda- 
danos, y haga las reformas convenientes para el restableci- 
miento del orden, con la sola condición, de disponer que la 
fuerza se retire del pueblo, dejándole en plena libertad de 
deliberar y poniéndose á las órdenes del comandante gene- 
ral de la División, quien, en -este respecto, adoptará las me- 
didas que estime conducentes al restablecimiento de la su- 
bordinación. Que, en prueba de la sinceridad de mis in- 
tenciones, y por garantia de ellas, les asegure la Diputación, 
que yo soy el primero que estoy dispuesto á dimitir el man- 
do de la provincia y que el pueblo está en plena libertad de 
nombrar el que le parezca, mientras el Gobierno Supremo 
dispone lo que sea de su agrado. Que las fuerzas que he 
mandado concentrar en esta ciudad, no tienen mas objeto 
que sostener las deliberaciones del pueblo, y en prueba de 
ello, permanecerán acampadas fuera, mientras se concluye 
esta transacción. '* 

**Yo espero del celo de los magistrados, de la honradez 
riel vecindario, del interés de los propietarios por la conser- 
vación de sus fortunas, y del amor al buen orden, que en 
todas circunstancias han manifestado los habitantes de esta 
ciudad, que se adoptarán las mejores medidas para impedir 
los progresos del desorden y sofocarlo con prudencia y 
enerjia.'' 



LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 4ÓP 



'* Mendoza v enero 16 de 1820" 
^'Toribio de Ltizuriaga." 



(A. ü.) 

Es ehíte, entre los doeiimentos relativos á los aeonteei- 
mientos que tuvieron lugar en Cuyo en 1820. el que mas cía- 
la luz lia de dar al historiador sohre el earáeter v tendencias 
^lel niotin del f) de enero en San Juan, de la uniformidad de 
miras é inicuos ¡iroeederes con los corifeos de la anarquía, 
K|ue hai'ian prosélitos de un estremo al otro de la República. 

Concisa y sencilla en el lenguaje esa esposicion del go- 
bernador Luzuriaga, al separarse del mando, contiene sanos 
prineipios en política, exactitud y verdad en la narración de 
los hechos á que se refiere, gran alcance en preveer los resul- 
tados que ellos iban á producir inmediatamente, habiendo te- 
nido, (u efecto, cumplida realización, á los pocos dias des- 
pués, sus pronósticos, como lo vamos á ver — Y sobre todo la 
lealtad, la buena fé del íntegro Majistrado, del honrado pa- 
triota que quiere la paz y tranquilidad de los pueblos, cuyos 
destinos se le han confiado, se revela resaltante hablándoles 
<'n tan peligrosa emerjencia. (/onociendo que, sin verter la 
preciosa sangre de hermanos, es ya imposible contener aque- 
lla vorájine de horrores que amenaza hundir la República, 
resigna el puesto con abnegación, oprimido el corazón por 
nuestro funesto porvenir. 

Este íicto de la vida honorable del general Luzuriaga, 
•entre muchos otros, será uno de sus timbres mas brillantes 
íinte la i>o8teridad que ha de juzgarle con imparcialidad. 

Fué en estos términos que se dirijió al Cabildo, al dia 
siguiente, resignando el mando: 

*'IIoy hacen tres años cuatro meses, que tuve la honra 
-de entregarme del mando de esta provincia, y me es en es- 
tremo satisfactorio halier hecho cuanto ha estado á mis al- 
cances para sostener sus intereses y conservar el orden en 
las diferentes, críticas circunstancias en que me he visto. 



460 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

Pero hoy tengo el profundo sentimiento de conocer, que to- 
dos los esfuerzos de mi celo y la sinceridad de mis intencio- 
nes, no bastan para garantirme el Imen resultado de miíi 
medidas gubernativas. Mi primer objeto es consultar lo» 
grandes intereses de la Patria, y respetar el imperio de las. 
circunstancias, cuya combinación no está en mi arbitrio pre- 
caver ni penetrar: conozco, francamente, que ellas exijeo 
que yo haga en manos de V. S. la dimisión del mando que he- 
ejercido hasta hoy, y que, desde luego, verifico, en la con- 
fianza y seguridad, de que V. S. al admitirla, hará á mis in- 
tenciones y deseos por la paz pública, la justicia que mere- 



cen/' 



**I)¡os guarde á V. S. muchos años.'' 

^^ Mendoza, 17 de enero de 1820." 
^"Torihio (le Luzuríaga/' 
**Muy I. ('abildo de esta Capital." 

(A. G.) 

El Cabildo contestó con la siguiente nota. 

"A consecuencia de la dimisión que se ha servido V. S. 
hacer del manilo de esta provincia, reunido el Cabildo pleno 
y vecindario de esta capital, (pie fué convocado previamente^ 
se ha admitido la renuncia, como lo hallará V. S. en el testi- 
monio de la acta que tenemos el honor de acompañarle, y á 
virtud de la unánime voluntad de los sufragantes, ha reasu 
mido este Ayuntamiento, adaptándose á las providencias jo- 
m^rales del Sui)erior Gobierno, que están en observancia/" 

''VA cabildo se tendrá i>or feliz, si acierta á imitar las 
ideas ]>enéficas con que V. S. ha sabido marcar el periodo de 
su mando, por la prosperidad de todos h)8 habitantes de es- 
tos pueblos, entre quienes será siempre grata la memoria di^ 
V. S. En su virtud, espera este ayuntamiento, se sirva dar 
las órdenes correspondientes para que se le reconozca í»n los 
términos acordados." 



KECUKRD08 HISTÓRICOS 461 

**Dios guarde á V. S. muchos años.'* 

** Mendoza, enero 17 de 1820." 

**JoS'j demente Bcnegas — Bruno Garda — XicoUU 
Ouinazú — José Mayorga — Narciso Segura — José 
de la Cruz Encinas — Jos/ Toribio VidcJa — José 
Alvino (rutierrtz — Benito Segura — Francisco Mo- 
yanj,** 

**S:>eñor Coronel ^layor don Toribio de Luzuriaga." 

(A. G.) 

Omitimos la insereion a(|uí de la acta de su referencia, 
por no <*ontener ella nada de notable. 

•'Impuesto por la comunicación de V. S., fecha de ayer, 
de habí^rse admitido la dimisión voluntaria que hice del man- 
do dr la provincia, consultando mis primeros deb(»re« y los 
intcn^st's de ella, y haberlo reasumido V. S. en consecuen- 
cia, tengo el honor de acompañar á V. S. las órdenes corres- 
pondientes para las autoridades subalternas de la Provincia, 
á efecto de (jue será reconocida la que V. S. ha reasumido i>or 
la voluntad jeneral del pueblo, según se ha servido comu- 
nicármelo.'* 

*'Yo quedo altamente obligado á los habitantes de la 
Provincia, y muy particularmente á V. S., [)or la considera- 
ción (|ue me asegura, le han merecido mis servicios. Siento 
no poderme lisonjear de haber he<*ho todos los que deseaba 
y de i|ue mi (^elo no haya sido siempre tan feliz, como han 
sido sin<*eras mis intenciones. Sin embargo, yo me retiro 
del mando eon la satisfacción de que la provincia, durante 
el tiempo de mi administración, ha salvado la Patria mas de 
una vez. por medio de los grandes y heroicos sacrificios que 
ha prodigado á la tausa del pais. Algún dia la posteridad, 
mas justa que la edad presente, dará el valor que corres- 
]>í)nda á los esfuer7/)s de este pueblo generoso. Esta esperan- 
za me consuela en medio de la angustia que sufro, al ver in- 
t^rnimpido el orden que felizmente» se habia cons4»rvado 



4t« LA REA iSTA DE BUENOS AIRES. 

hasta hoy en la provincia y que exitaba la emulación de las 
ileniás. Pero V. S. 8al)e, que sola por un acontecimiento el 
mas extraordinario en la historia de la revolución, ha po- 
dido alterarse la tranquilidad. A pesar de todo, yo que co- 
nozco por esperientia, de cuanto es capaz la buena intenci<m 
y carácter honrado del pueblo que V. S. representa, espero 
que, no solo se restablecerá el orden en la provincin, sinf> 
<iue se asegurará sobre bases [)ermanentes y será en adelante, 
crino hasta aquí, una barrera firme contra el espíritu dt* 
anar(|uía y contra las empresas de los enemigos irreconcilia- 
bles dv la América/' 

"Dios guarde á \^. S. nuichos años/' 

** Mendoza 18 de enero de 1820." 
"Torihio de Lnzuriaga/' 
"Al muy ilustre Cabildo y golK^rnador político de la 
provincia de Cuyo/' 

(A. G.) 

lié ahí las sentida-s palabras, llenas de esa convicción 
que abrigaba una conciencia tranquila, con que el general Lu- 
zuriaga se despidió de los pueblos de Cuyo, y especialmente 
de la capital. Hace justicia á los que dejaban de ser sus go- 
beinadort»s, en la satisfacción que, dice, lleva al retirarse del 
pais, por la generosa cooperación que durante su administra- 
ción le habia siempre pn^stado en defensa de la causa de* 
América. Les asegura que aun en medio de la angustia (|u»í 
aflije su corazón de patriota, viendo entronizarse la anarípiía, 
le sonsuela la idea, de que la buena intención y carácter hon- 
rado de sus habitantes, ha de consolidar en Cuyo el orden y 
las instituciones. 

Conocía, por otra parte, el general Luzuriaga, que el 
estado á que habían arrastradlo al pais los espíritus díscolos, 
los corifeos empecinados de la anarquía, no ofrei'ia la menor 
esperanza de salvar la constitución y el principio de autori- 
dad en el réjimen de centralismo moilerado que habiamos 



KKCUKKDOS HISTORK OS 4G,^ 

adoptado. Que la pendiente demasiado rápida en que nos 
habiau coloeado los sueesos, no dal)a ya lugar á detenerse, 
sin que la violeneia del choque proilueido, llegara á causar 
aún mayores males. Tenia conciencia de todo eso y dt»scen- 
dió del puesto en oportunidad, evitando agravar mas la si- 
tuación, de suyo sobradamente grave, con motivo del motin de 
San Juan. 

El general Luzuriaga dio cuenta de su dimisión al Su- 
premo Director del Estado, con copias adjunias de los docu- 
mentos relativos al incidente que la motivaba, en estos tér- 
minos : 

**E.\mo. Señor.'' 

*'Las copias que tengo la honra de acomi)añar á V. E.. 
detallan las ocurrencias que desgraciadamente han alterado 
la tranquilidad de esta provincia y motivado la dimisión que 
he hecho del mando de ella, á fin de paralizar de algún mo- 
do las inquietudes públicas, coadyuvando por mi parte con 
esta medida.'' 

^'Yo espero (pie se restablecerá la cpuetud piiblica, y que 
solo tendremos que lamentar los males que ha sido imposi- 
ble i>reveer, inq)idicndo i)or lo menos, su funesta trascenden- 
cía. y 

'*üios guarde á V. E. muchos años. 

*' Mendoza, lí) de enero de 1820.*' 
^'Toribio de Luzuriaga." 
*'Exino. Señor Supremo Director del Estado." 

(A. G. 

Vamos á dar algunos lijeros ra.sgos de la vida pública do 
este ilustre general, durante su gobierno de Cuyo. 

DAMÍAN HUDSON. 
(Continuará.) 



DON FEDERICO BR AND SEN. 

l'apitan de caballeria del firimer riiL|>er¡o francés. 

Caballero de la Real Orden Italiana de la íorona de Fierro, 

Condecorado con la Lejion de Honor, 

Ayudante del Príncipe Kujenio; 

Coronel de caballería de la Repúbliea Arj^niina, 

Capitán de la misma arma en el ejército de Chile*, 

Jeneral de Brigada deJ Perú^ 

Henemérito de la Orden del S(d. 

etc., etc., etc. 

(( ontinuacion) (1) 

IX. 

El eomandnnti* Viel, cuya bizarra figura acabanias de 
ver destacada del cuadro de oficiales i)atriotas. era uno de 
los Illas dist influidos del ejército Andes-Chileno. Hijo de 
un antiguo letrado francés, su vocación decidida por la mili- 
cia, lo llevó temprano á los campos de batalla, y húsar de 
Xey, asiste desde Elchingen hasta la jornada de Waterloo — 
mas desastrosa para la Francia ipie la de Azincourt y Poi 
tiers — á todas las campañas y encuentros dó se empeñó el 
jénio de Xapoleim contra la Europa co*ílÍ!»ada. Cuand») el 
funesto 18 de junio de 1815, eclipsó tanta gloria Viel cnmo 
muchos otros, no vaciló entre el ostracismo y la humillación, 
circunstancia á que debieron las banderas de la república, 

(1), A'éaso la páj^ :v.\'l de esto tomo 11 de "La Revista". 



CORONKL BRANDSBX. 46.> 

desplegadas en el Nuevo ÍMiindo á las brisas de la libertad — 
el fuerte apoyo de brazos esperi mentados en cien combates. 

(20) 

Soldado intelijento y práctico en la guerra, conoció en 
^*l acto, que habia llegado el momento mas crítico para San- 
íliez y su reducido ején*ito, y firme en el terreno conquistado, 
])idí' ron insistencia un batallón, algunas compañias al menos 
4*n que apoyar sus movimientos que tendian á asegurar la 
]>resa, y libertar de su pesadilla á la (jT'Pnsidencia y Vapita- 
ma Jfmral ihl Reino de Chile. 

Pen) vana espectativa. Xi el resto de su cuerpo de Gni- 
naderas — q\ie por una imprevisión indisculpable, seguia á una 
gran distancia á retaguardia — jiodiá retorzarlo, salvándolo 
4 le una ¡)08Ícion que se hacia end)arazosa. 

En efecto, toda la infantería habia quedado en los Anje- 
Jes, y el Jeneral en Jete, halagado por un triunfo efímero, ol- 
vidó ó no hizo easo de los constóos de la es¡)eriencia, clejando 



(20) Heajaniin Jiiaii Maria Niooláss Viel, nació en París el 21 «le 
enen» 17S7 — Ilijt» de i'Iaiidio B. X. Vie', ulKigado del Parlamento y 
<;onsc.iero de Luíh XVI. el iU de aga**to de \^^K\, ingresó al ejéreito 
trancé'» en el campo de Bolonia como soldado del ,'{er Kejimiento de 
liú«*ares — \k lass órdenes de Xey, asistió A las batallas de Elclúnijeu, 
"íkéha, sitio de Majjdebourg, Kylau, Friedla-nd, Torres-Yedras, Bnsaeo, 
í^alai.an a. asedio de ( iiidad Rodrifjo y Almeida — Bantzen. Üresde, 
Leipsiek. Hanau, Í'lianip-Anbert, Montmirail, Ligny y Waíerloo. Sien- 
d'i candeeora lo en el ea ripo de Leipsiek con la cruz d.^ la Lejitxn do 
Honor, y con la orden de la Reunión en el ('lia:n}>an\ert — Durante la 
>{uerra de la Indepeuílencia fué premiado con la medalla y cordón de 
or» de Maipo, la esmaltada de la '*Lejion de Mérito" y últimamente 
<• »n la de **Saiita Helena", in^^tituída por el actual Kmp:'rador ile 
lií-í franceses, para los militares <jue sirvieron desde 1792 á ISl."), si ni' 
bidizando el último pensamiento d<d "(irán Hombre" á >\:s com]»a- 
ñ ro-í oe ^jloria. Kl 29 de abril de 1S22. casó Viel en Santiago de Cliile. 
<<>!.' María Luina de Toro, hija de la martjnesa doña Mercedes (íuz- 
man y nieta del (onde <le la Conquista — tsiendn su pailrino el li^^nio 
jeüeral San Martín, y asistiendo en cla*io df testij^oH, los «oroneles 
unido (R), Reyes (A ) Miller y M. X'ecochea — Viel principió á ser- 
vir en los ejércitos de la Patria, como «arjento mavor <le cabalh^ria 
<\e línea y e>í en el dia Jeneral de Bri>;ada de la República hermana 
<!.• ( hile, Uonde ha desempeñado pue-^tv-í de importancia — 'Vjvia aún 
<»'i aquella capital, en setiembre de IS'm, é[u)ca en ípie tuvimow el 
h( ñor de recibir su retrat») y las últimas noticias de su persona. 



«66 LA REVISTA DE BUENOS A 

escapar de nuevo la oportunidad de esterniinar al desmorali- 
zado español. 

X. 

Los invencibles estandartes de la Revolución, asoniahau 
ya á las corrientes del Biobio, vanguardia y barrera natural 
del indoma!)le Araucano, y cuyas aguas nunca profanó impu- 
nemente la con(piista. 

Linde austral de una costa v un cordón de cerros enea- 
necidos, dos montañas y una pampa intermediaria que entre 
los Andes y el }*acífico, Ataeama y la rejion Magallánic^, se- 
mejan cinco inmensas fajas paralelas, y á las que por la in- 
clemencia de su clima aplicaron los antiguos la voz ipiíchua 
chirí, (pie designa el invierno ó término de la naturaleza vi- 
va — es considerado á justa razón, como la principal art<:ri.i 
liidráulica de aquella zona sub-Andina. Alumbrada su fueii- 
íc i)or las eternas llamas del Tucapel ser|Míi «^uf rápulo^ 
hiliíTOS de í^te á oeste por tierras, auríferas y sombreadas di' 
bos(pies gigantescos que las continuas lluvias jamás despojan 
de sus lustrosas" galas de primavera — hasta derramarse en el 
Océano á 94 leguas de su revtiente.. 

La caballería, falta de apoyo, se vio obligada á haetn* al- 
to en un i>equeiio médano, á la entrada de la enmarañada sel- 
va de frondosos pataguas y maifaies que dificultando 1(Kv 
aproches del Biobio en aquel punto, entapiza todo el baluar- 
te orográfico que se eleva en forma de hemiciclo ó anfi- 
teatro, en la orilla derecha del n)ismo, y solo es ac<«esible por 
dos desfiladeros que ai>enas dan paso á dos jinetes de frente 
Hay parajes en que ^a, vereda ó quebrada se ahonda á punto 
de (juedar completamente dominados los transeúntes desde 
los bordas de ambos desfiladeros — circunstancia á que se 
une el mal piso formado por una tierra negruzca y movible 
que bajo la pata de los caballos se levantaba en nubes de pol- 
vo, impidiendo se distinguiesen los objetos cuatro pasos k 
vanguardia. 



CORONEL BRANDSEX. 4(i7 

A pesar de estas dificultades naturales que hubieran si- 
do inveneibles para esta arma, si Sanehez hubiese pensado 
un momento en la defensa del paso; en tanto llegaba la in- 
fantería, mandó Escalada — incorporado ya á Viel después de 
14 leguas de marcha forzada — que los granaderos dispersa- 
dos en tiradores y favorecidos por los desfiladeros enuncia- 
dos, á la vez que molestaban, tratasen de reconocer la fuer- 
za y observar los movimientos de la infantería enemiga, (jue 
obligada por el rio, se defendia aún, con el objeto de protc- 
jí r el pasaje óo su artillería, cípiipajes, familias, caballada y 
ganados. 

Rucien en la mañana del 19 se ordenó al batallón Ca^.n- 
dores de los Andes, tomase la vanguardia como lo hizo, riMi- 
niéndose á los granaderos á eso de medio dia — habiéndo^t»^ 

dejado al enemigo toda la tarde y muhe del 18 y madruga- 
da del 19, para efectuar su pasaje — inientras (lue los patrio- 
tas, perdian la mayor parte de las ventajas que pudieron 
proHKiterse de esta campaña, como tendremos ocasión tic 
palpar. 

lia reunión de Alvarado tuvo lugar á distancia de uua b»- 
j/ua del rio. Luego de asumir la dirección de la colunina 
como jefe mas antiguo, deseoso de cumplir las órdenes iím'Í- 
l'idas, sin reparar en el cansancio de su batallón postraiio 
]>or una larga jornada — resolvió llevar el ataque sin (icruora 
á las líneas enemigas. 

Iniciada la operación á las tres de la tarde, c(m arreglo 
al plan conc»;rtado, los granaderos debían deseinl)ocar p )r 
el uesfila<lero de la derecha que era el uftis descubierto, mieu- 
tras que la infantería con una pieza, llevaría la carga por el 
le la izquierda, cubriendo su frente con una partida do *>(> 
granaderos al mando del alférez Fuensalida y la pr¡»»i íra 
compañía del brdallon con el mayor graduado Lucio áalvido- 
r«?s. Durante la marcha, previendo Alvarado una t volurion 
sobre su retaguardia, desprendió una compañía que situada 



4(38 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

üouvenienteinente defendiera las iiumieiones, un eañon de 
batalla y equipajes dejados allí. 

Tan luef?o eonio descubrió el enemigo el movimiento de 
ios ])atriotas, trató de pararlo con el fuego sostenido de su 
nial servida artillería. Pero el ataque era irresistible v fu'» 
coronado con 4 éxito mas completo. Los españoles opusi'3- 
Tou una délál resistencia, y como dice Brandsen — *'hus- 
iantu su salvarían emphando el arma d< las liebres*' — (la 
fuga.) 

A causa de lo quebrado y montuoso del terreno, solo to- 
ma nm parte en la refriega 2 compañías de infantería, 50 ca- 
ballos y 2 piezas. Esta corta fuerza, como se ha visto, logró 
<lcsaIojar al en'Muigo de las arboledas que lo cubrían y estre- 
<-bnrIo so])re el paso. Pero la oportuna irrupción del Re- 
jimi(»nto de Granaderos, llevando delante de sí el estrago y 
la muci-tc. o])li«<ó á aquel á precipitarse al agua en gran con 
fusión, donde encontraron su tumba multitud de ellos, dis- 
persándose el resto, entre el ensordeceilor alarido de centena- 
les de nnijeres y niños que poseidos de vértigo y de horror, 
e(»rrian al acaso ó formalian una ma,Ka compacta sobre el paso, 
<|ue en vano devoraban con la vista y la acción aquellas 
desgraciados ofuscados por el humo, el silbo agudo de loa 
jiiovíM-tiles, el relincho y la i)olvareda levantada por milla- 
res de caballos y acémilas (jue espantados por el estampido 
de las armas de fu(»go, estremecían la tierra disparando en 
todas direcciones. La aciaga noche de Cancha-Tlayada, era un 
páliílo rcHejo ante a(juel drama indescribible.. . . 

'* Difícil es creer — prorumpe indignado un testigo de 
eí-ic cuadro des!>arrador — <[ue un Jeneral español que se 
jactaba de hacer la gfierra bajo los ]>rincipios de las naciones 
civilizadas, anidase un corazón de hiena, para haber obliga 
<lo á tantas familias inermes á abandonar sus hogares é inte- 
res( s para seguir la suerte de sus armaos. Aglomeradas las 
virtuíísas monj;is é infinidad de familias de las que no pocas 
estaban heridas y lloraban otras la pérdida de algunos den 
dos á ípiienes habían visto ahogarse, ó pasar a la banda 



CORONEL BRANDSKN. *<'^ 



opuesta, sin que el tumulto les hubiese permitido «egmr- 
hacian aquel espetáculo en estremo atlijent*. No obstante 
k« medidas activa* que se tomaron para reunir y devolver a 
la« iglesias especialmente, la inmensidad de alhajas «lue sir- 
vieron de botin á la tropa en el desparramo de tanto cargue- 
río, no pudo evitarse la pérdida de muchísimas de^ ellas qu.. 
se ocultaron. El solo sarjento de granmleros a Mo^- 
nuol A raya, tomó en dinero y alhajas, como 4,(K)0 pesos. 

•.|..s corr.K'es Alvarado y Escalada, y de «as jefes y 
oficiales, nada ..miicron para consolar y ^lu- 1-csa. n.pe ta 
das ..,.,. lU. victinu.. inocentes de la li'.-rial -le nu ,'ran ... e- 
,.,.. . Mas de '-.(M serían las personas d.l sexo tcn..u.n.. q uc 
„UÍ s. r..unicr.u'"-!.:i capitán Olaznlvü, iue nc.nbra.l- poi 
. . ......l para c-a.-.<«diarlas con su co.m---- Y^; -"-'- 

nol y Un llegaban las balas de cañón de la ^-l» 9,-- 
ta fué n;cesario tomar posesión de una hondonada atrás del 
norte v alM, tormando un grupo compacto y rodeadas de 
::nt^;elas. picaron aquella cruel situación tend.das en el sue- 
le v sin mas alin>ento que sus lágrunas. - 

• "Reunido el ejército (continúa), el general líalcane dis- 
puso la restitución á s.is hogares de las monjas y fannl.a.> 
pr<)porcionándoks cuanto era posible en las circunstancias. 

^''- Entretanto, un pelotón de granaderos embriagados con 

la victoria, pretendieron allanar la barrera del no y se arro- 

ron en sus aguas con el propósito de alcanzar á nado las >.- 

ima-s balsas en que se retiraban los españoles, "-has di 

cuales fueron anegadas por la acertada puntería del teme nt< 

Olavarria. , , , , > ^ 

Esta fuerza, como es de suponer, «irvio de blanco a los. 
fue«^os de tres cañones y una cortina de tiradorr, apostados 
por"sanchez en la banda sur del Biol)io, con el objeto de cu- 
brir su retirada y detener la persecución— Sin embargo, 
ellos no impidieron que los intrépidos centauros abordasen 

(21) Míreee— "Olazabal"— Bplsodios etc., citados en otra parte. 



470 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

la primera isleta, desde donde regresaron con* multitud do 
prisioneros y un abundante despojo, que satisfizo su amor 
propio irritado. 

El resultado de esta brillante escaramuza, fué la eaptu- 
líi de 4 piezaíJ de artillería en el mejor estado de servicio 2 
-de fierro de á 12 y las restantes de bronce de á 4) sin incluir 
otra que botaron al agua (pues dos fueron toma-das en la 
isla) ; el teniente de caballería Ramón Pauna, y 106 soldados 
tntre prisioneros y pasados, calculándose en mas de 500 los 
muertos en la pelea, sumerjidos y extraviados, fuera de la 
correspondencia do Sánchez, casi todo su parque, armamen- 
to, equipajes, familias, y otros pertrechos y animales ele toda 
cla,se. (22) 

Los patriotas tuvieron una baja de cerca de 18 hombres 
<»ntre heridos y muertos, siendo de este número el tenien- 
te d(» cazadores de los Andes, Atanacio Matús, que sucumbió 
í\ su herida el dia siguiente. 

Empero, una pérdida deplorable y vivamente sentida 
j)or el ejército, fué la del joven abanderado del Rejimiento, 
Eustaijiiio de Bruix. Colocado en la ribera al lado de su her- 
mano el capitán don Alejo, que mandaba uno de los petotenes 
de ata<jue, fué herido por una bala de cañón que le destrozó 
el cuadril, de cuyas resultas falleció en el correr del propio 
dia. 

Llegado de París a Santiago el 28 de abril anterior, este 
infortunado oficial, tan recomendable por el apellido que 
llevaba (23), como por su carácter y las risueñas esperanzas 
que hacia concebir su esmerada educación, después de ha- 
ber servido en Francia como oficial de la Guardia imperial. 

{'l'l) Parte de A I varado á Balcaree — •*'Gac<'ta" núm. 111. 

(2.'») Era hijo il^l célebre almirante y ."onsejero de Estado, 
■** Eustaquio Bruix", nacido en la isla de Santo Domingo de una dis- 
tinguida familia orijinaria del Béarn (Francia), <e<n 17.19 ó 61 y nnuor- 
to en París el 18 de iiiarzo de 1805 — iFué el único émulo y digno de 
•«^orlo, de La Tonche-Tréville, eí iTra« eminente lio'mlore do mar que 
tuvo la Hepública y el Im|>erio-r-J* ' M. MaZiér^M*', <^u <Ae^-is«tario paHi- 
•eular, publicó en IHOó una **Noticia histórica sobre E. Bruix." 



CORONEL BBANDSEX. 471 

se embarcó para América, arrastrado por la pasión de la 
gloria y el jeneroso deseo de derramar su sangre por la 
•causa de la Independencia, en la que su hermano mayor esta- 
ba ya comprometido. Afiliado voluntariamente bajo el pen- 
<lon de los libres, desde la apertura de la campaña, acompa- 
ñó constantemente á aquel en todas las espediciones ó en- 
<-uentros en qué tomó parte el Rejimiento. 

Brandsen, f{ue hacia i)ocos meses, habia preat^nciado con- 
movido el abra'^.o que estrechó á ambos hermanos en Queche- 
reguas, después de una larga separación y á tanta lejania de 
la tierra natal, que un fin igualmente trájico debia cerrarles 
])ara siempre — esclama : 

''Esta victima del amor fraternal, mostró tanta resigna- 
<ion en su último instante como fué su denuedo y sangre fria 
<n los combates. — El ejército entero le tributó honores que 
<^ndulzaron la amargura de nuestro llanto, sin por ello ami- 
norarlo — Pueda su nombre vivir eternamente con el de los 
<lefensores de la libertad en los fastos del Nuevo Mundo!" 

ÁNGEL J. CABBANZA 
(Continuará-) 



B. Arana, siguiendo al coronel Beaaiclief, afirma <\ue el joven 
Brnix mandaba los granaderos que se echaron al río y que en la caja 

dt» éste fué herido mortalmente. Pero Brandsen y Olazábal di<?en 

tí ' • « 
c|ue no 



DESCRIPCIÓN HISTORK A 
DE LA 

ANTIGUA PROVINCIA DEL PAEAGrAY. ' 

« 

(Conchision.) (1) 

Quedando pues instalada la Junta Gubernativa, y en- 
trando en posesión del mando, al dia siguiente dio principio 
ni ejereieio de la autoridad que se la confió la Provincia. '*i¡ 
jiendo los nuevos alcaldes y Rejidores que reemplazasen 
los removidos, que por disposición de la Junta Jeneral es- 
taban privados de sus oficios, y pennanecian reclusos, en ct 
cuartel de la Union ; pero se les puso en libertad á los o<»ho 
dias de la nueva elección, menos al ex-Go]>ernador don Ber- 
nardo Velazco y su sobrino, director don Benito Vclazco^ 
quienes permanecieron reclusos é incomunicados. (59) 

1. Véase la ipáj. 1153^ 

Ó9. El eiu<ladano Peña, rocordando esUm hechos, refiere lo si- 
uniente en SU8 ** Apuntes'' antes mí^-ndonados. 

"El general don Manuel Atanasio CabañavS era primo hermano de- 
mi madre la f^eñora doña Jo*íefa Hurtado de Mendt>za y Cabanas, es- 
])( .sa ^l-e-l vizcaíno don Pio Ramón de Peña^ (a) 

(a) El actual publicista Peña, nac¡<) en la Asunción el 7 de Ju- 
nio de 1809. 

Francia le tuvo preso deíide el \m^s de diciembre 1827 hasta su 



PAKAaUAY. 






Yá que se han deuiostrado los grandes motivos y cau- 
sas que impulsaron á la Provincia del Paraguay, para estin- 
guir el Gobierno Español Europeo, y declararse indepen- 
diente de toda autoridad suprema ó superior estrangera, 
a.si como de la dominación Portuguesa á que el Gobernador 
Español don Bernardo Velazco, intentaba sujetarla, para 
separarla de la unión y confederación con las .provincia;» 
«rjentinas, que formaban el Vireinato del Rio de la Plata, es 



El general don Juan Manuel Oamarra era casado con una parien- 
ta de los (-abaña^, por cuya razón don Fio, tenía »ii parentesco polí- 
tico con ajK'bos genérale», y .por coní^iguiente tenía relación con ellos, 
y íTípecialmente con -el último qne le hizo -au Mayor general para la 
guerra contra Belgrano, p-iee Oamarra era para don Pío el ras fiel 
realista* por lo que le servía y dírijía con «iimo giisto. 

Cuando las capitulacionet* de (abañas con Belgrano, (tamarra y 
don Pío -eran opues^to» á que «e le dejaí^ salir del imin con las armas 
al enemigo, 'ípero coirtt) no lo consiguieron, don Pió qaiebró onteramen- 
t«í con su .primo ipolítico ('abañas, y desde entonces cortaron tola re- 
lación de ipaTente«co y amistad, hasta qne á loe catorce años «*» re- 
conciliaron y volvieron á sai antigua Tetacion, sucediendo esto ?l año 
de 182.5, en que dirigiéndose don Pió Á su estancia en el partido de 
8an .iof^é de los <los Arroyos, llegó de .paso á visitar á < abañas reti- 
rado por el dicta<lor Francia en .«u estancia de la cordillera en el Ba- 
rrero Oran^. 

Recuerdo haber oivio á < abañas deMr á don Pío en esta visita de 
reconciliación: ** Pariente, ambos nos hemos engañado: no hay mas 
que sufrir: hemos pagado la chapetonada/' 

<*aKo don Pió Ramón áe Peña había servido en esa guerra, tanto 
en Para^arí, com» en Tacuari, y era ve ino de la Ai?i>ncion, adquirió 
alistad con nnuchos oficiales que pertenecían á la trepa tVsrmada en- 
trence*; y aunque la mayor parte eran patricios, y varios de ellos 
enonigos ocultos de los enpañoiles, es,pecialmente <iefipues de las i»u 
trevista^ que tuvieron c:>n el general Belgrano: no dejaban de }»arti- 
c: parle loa proyectos que tenían entre manos para la revoli ion que 
c»tal-'ó el 14 de mayo de IHll^ 

Kl cabildo de la Aí^unclon. compuesto la maynr parte de espa- 
ñoles, no se hallaba unísono con el espíritu del pueblo: hacia una re- 
sistencia tenaz á la idea surgida de Buenos Aires; se negaba abier- 
tamente á reconocer los actoá emanadoe» de la Junta revolucionaria, 

muerte, en IS-IO, á c ^secuencia de una calumnia levantada por un 
|H^on, en la que se le atribula haber dicho: **HenuKs salido al campo 
per no poder estao* en la 'iudad, por qué aqi:el hombre, no- pone en 
una cárcel perpetua, nos quita nua-ítros bienes ó nos mata." Kn los 
1,1 años que duró su reclusión tuvo la **santa paciencia*' de estudiar 
y apreu''er8e de mem )ria el ** Diccionario" de la '/Academ'a E*-"pa- 
ñilaü... " Está versado en la historia de su pais y se distinguen sus 
c.-irit;;s por el **edtilo orijinal" que los caracteriza^ 



474 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

consiguiente, que también se trate de los actos administra- 
tivos de la Junta de (Jobierno. 

Como el primer acto de jurisdicción de un Gobierno, 
lejítiraamente establecido es la institución de Magistrados, 
juet es y ministi'Ofi de justicia ; la Junta, empezó á ejercf r su 
jurisdicción elijiendo los Alcaldes, Rejidores, y demás mi- 
nistros, como queda dicho; en seguida tomó y dio las provi 
dencias convenientes á su propia seguridad, tranquilidad y 

y se .])(>nía de acuerdo con el gobernador d? Montevideo para &u sos- 
tenimiento V conservación. 

El gobernador se consideraba ir.ipotente, notan-do el fermento 
<le l-cís patricios: no olvidaba los acontecimientos ocurridos en el Pa- 
raguay durante y después de la gobernación de don Diego de los Re- 
yes y Balmaceda, y sabía la altura en qiie ipodía colocarse el pueblo 
d'» la Asucion al recobrar sus derechos, (b) 

Pr?veia que se presentaba la ocasión «de revivir el germen <>fo- 
cado por tantos añm^, pues notaba que la idea no se habla extinguido, 
y parecia que los paraguayos despertaban con la revolución del 2Ó de 
niavo de LSlO, v noírenzabau á reflexionar sobre »u« debere>: e^Jta- 
ban como impregnados <ie la justicia y de la verdad, que se procla- 
maban en aquella época á noi.rbre de la 'libertad. 

Don Pío tuvo conocimiento de la aptitn'l que a^umian los patri- 
í'ios, y anticipadamente participó á Velasco, y e.-^te Xe contestó que 
ya to4lf> lo sabia, pues que el ten'ente coronel don José Antonio Za- 
vala le habia ^wiesto presente el proyecto comu.nicado p.>r el patriota 
clérigo Molas, y ya habia dado »u contestación. 

1^)1 mismo obispo Panes era sab?[lor, pues asi lo afirmaba df>n 
Prancisco Antonio Caballero, hermano del icomandante «Ion Podro 
Juan, cabeza principal del movimiento revolucionario, quienes le 
consultaron, y hallaron acogida; de suerte qut» A su v?7. el obispo, y 
ei ínismo A'elazi'o e**taban convencido"*, y como dice el docto-r don 
Podro Somellera. *'(>eian inoficiosos- 'os esfuerzos -íle las juntas in>- 
taladas í^n Flwpaña" para contener por -i ¿is tiempr» la decr¿^pita Mo- 
jiarquia, y »u acción en esta parte de América^ 

Solo d Cabildo y ^w» adeptos .se hallabau obcecados, hacian ojmv 
flicion abierta al sistema que se proclamaba, y declaraban persecución 
y guerra al qiie se denominase porteñií^ta. 

Kl R P. Fray Fernando ( aballero, hombro recto y sabio, que ha- 
bía venido á capí-tir'o á Buenos Aires, y se habia encontrado en In 
revolución acá, se mostraba entusiasmado por ella; y »us voces pro- 
paladas en la Asunción se un ian de un modo poderoso á las ya ino- ti- 
lada«» en la oficialidad y gefes del e.iército del Paraguay por el gene- 
ral H? I grano. 

Recuerdo <íne oia decir á mi padre años devspues, que en vano 
habia sido querer privar á los verdaderos patricios del pensamiento 

(b) Ensayo Histórico laobrc la Revolución de los Comr.in^ros del 
Paraguay — ca,p. 111, p«*r el discreto é ilustrado joven argentino don 
J<.sé Manuel Estrada— tBuenos Aires IH^'\ 



PAEAOUAV. 475 

<lefen8a de la Provincia; y en este estado, á los once dias d» 
«u instalai'ion i^cibió pliegos del Sr. Marqués de ('asa-Irujo, 
embajador y ministro Plenipotenciario de España, cerca de 
su Altt'za el Principe Rejente de Portugal, en el Rio Janeiro: 
^-l conductor de los pliegos, era un mulato oficial que habia 
militado en los ejércitos de España, contra los tranceses: 
venian dirijidos al gobernador don Bernardo Velazco. Inme- 
•<liatamonte procedió la Junta á comunicar al Pueblo lo con- 



y VMjnta-l qu^ esfprvüaron: que hieieron trasluMr su proyecto; que 
buscarou su apoyo en la voluntad púbüea que fué niueho lo que -bu- 
ilia en aquellos es-píritiis la idea de la ^soberanía del pueblo: que í^iui- 
'[íptizaron enteramente con hxs propósitos dt> Bueno** Aires, que les 
-abril raba el centralii^mo: que su aspecto no los asustaba, ni temían 
la eó)era y aborrecí' riento de los absolutistas Cabildantes. 

K>«t ts estaban alarmadivt, veian que la actividad porteña se es- 
ten.iia, que hallaba e*o en el Parag^iay, y que el ideal d^ los **Comu- 
utrt»<" del año <ie 17-4 ^jermiuaba, pero depurado de los errores de> en- 
tónete, pnes ya se tenia por guia y auxilio á un ¡meblo hermano que lo 
r.enaba mis aí^ipi rae iones antiguas y á quien no se podia contrarres- 
tar con etítovs antecí*tlVntes, afirmo, apoyado en la opinión <le Nuñez 
y Mitre que el alma de la revolución del año de 1811 fué el doctor don 
iVdro Somellera (c^ que los promotores fueron los Caballeros, los Ye- 
-^rt>s. lo^ Yturbes, los Montioles, los Zarcos, los Recaldes. los Trochen», 
^•tc.; que el doctor Francia fué proinr^to por el doctor t^omellera, 
e f* Uf t«> HatiM^ V ^«tró á f'osa li«<:)ia, ft»rre*#T>ofldiéiHÍole -e<»n la «wiyor 
iuj{rat«tud. hasta el punto de hacerilo aprisionar, y últimamente eli- 
winarli del ¡pala. 

No quiero q^e quede en olvido que don Benigno Somellera, hermano 
fiel 4 N-tor don Pedro, que aun vive en Ruanos Aires, y que padeció jun- 
tament-e con su hertiiano, tuvo parte en di ha revolución. PNtJvo al 
pif de un eañon la noch? tlel 14 ^ie mayo en la plaza de la lAsuncion, 
abocan -ole á la casa de gobierncí, en donde acercAndose-'e el obisjm 
Panéy. le pre^juntó que, que i|>osicion era aquella? Y contestó don He- 
lugn > Somellera; **Nada mas exigí ios que se n<« entreguen las 11a- 
ví*s de las puertas de esta capital." 

C'uando el general /Jamarra. dí)n Pio Ramón de Peña, y otro^ 
•ofv2)añ )les se ofrecieron retomar el cuarte-l, de que s* hablan apode- 
rado los revolucionarios, el Aye«or de «obierno doctor Somellera, 
■e- goViernador Velazeo y el ()bis.po los d¡-«iuadieron y calmaron, de- 
jando triunfar tranquilamente la revolución, sin obligarla á hacerla 
■í^nienta. 

(c-). Kl numero I-Ol de **K1 Paraguayo Tnf\»j)endiente'' cuyn re- 
dacc'.íin se atribuye con fundamento al ilustrado doctor .losé Antonio 
Pi menta Bueno. Ministro residente del Brasil í>n aquella época — refu- 
tó e."<tenKamente la '* Memoria'' del doctor 8ü' rellera, de kla qr^e nos 
•bemo*»^ (KMipado ya en otra nota — llevando su audacia hasta neijar la 
participación de este en los sucesos de 14 de mayo 1811^ A. .1. ('. 



476 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

tenido eu esos pliegos, |>or el siguiente manifiesto, puMieado 
j)or Bando. 

Manifiesto al Público. 

Deseando esta Junta no omitir medio de manifestar la- 
fuerza de sus inteneiones, en el ejercicio del grave y dolica^ 
do encargo que se le ha confiado, ha hecho un deber de sii 
oficio, y al mismo tiempo consiguiente á la confianza (pie ha 

Asi Me prKiiijo este h©*ho en e\ Parajjuay, y así pasó á la <i¡re<*- 
cion (1*1 doctor Francia, que robusteció la idea preconcebida del go- 
bernador Velazco, y declaradla el año anterior, de *'no unión con Biie- 
Jíos Aire®'*, y tener gobierno propio democrático é inde{>enJiente^ 
nacido solo del pueblo, ccmio lo invocaban los 'H'oHinn^ros" iiu venta 
años antes. 

El ló de Mayo fué llamado Francia por Somellera por T.e<U*> 
de 'una esquela, di^ que fué jwrtador <ion .bi.sé T. Yeasi á >ii chacra 
de Ybiraí, como le>;ua y cuarto de la ciudad. Así qaie llej^ó al uar- 
tf I. ''e recibió el doctor Somellera, y le introdujo en el bufete ó des- 
pacho que se había dispueí^to, dejándole co>n el co^nandante ( aballenv 
y otroH oficiales, entre éxitos el ptirteüo don •Marcelino Rudri^nez, 
que y? hallaba arre?ítado en el cuartel. 

Parado estaba aun Francia, cuando prejiuntó á Caballero: **|(^ue 
se ha dispuesto, qué í<e hace?" Y fonte^tó el coman^dante: **>v^ de- 
termina mandar de ex.]»re■^) á don José de María en una canoa, dando 
parte á la Exma. Junta de Buenos .\ires, cuyo oficio está ya redae- 
t8<io y puesto en limj»io, y es el que j*e halla á la vista M>hre la 
mesa. 

Fraa?Ja non riéndose, y haciendo ademan de sentarse» en In nii*^- 
nia silla que había estatlo i^entado don Marcelino Roí^rij^uez. y sepa- 
rando los faldones del fraque, dijo: **Si tal ,se hace, sería dar cT 
mayor alejaron á "l«)s orjjullosos porteño»... Xada de eso." 

De-tpues tomantlo á ]»arte á ( aballero. lo felicitó por su obra^ 
encareciéiidos'.Ma y re|>itién;lole: ^^Oraníie y ruy es la que ha hecln» 
u^ted; pero le prevengo que esta sea la primera y la última." 

Esa misma tarde. ci^Jido el doctor Sor.ellera vo^lvió de >u ca^a. 
(.1 donde había ido á deseanisar de la fatiga de la noche del 14) a 
visitar á h>s amigos «lel cuartel, ya Francia al despedirlo, b» dijo: 
"que había llegado el tíe.'UjK» en que caila uno sirviera á su patria, 
que él e>;aria mejor en BuíMuis Aires que no allí". 

Desde entcinces trabajó Francia, porque el comandante Caballero 
prendiera á Somellera, y cuando Caballero le replicaba diciendo qiie^ 
"¿cómo quería que procediera así con el httmbre. á quien debía tod»» 
ol buen éxito de la revolución f" Contestaba Francia: "si u^^ted 
** me lo prende á Somellera, le aseguro sacarle como en andas en laí^ 
" pairas de las manos." 

4'onsiguió esto cuando Francia entró á ser uno de lo* vocale*?^ 
dt' la junta Gubernativa <|ue vse creó. Pero viendo que la revolución 
había .sido incruenta, él la quiso ensangrentar para infundir terror^ 



PARAGUAY. 477 

<íehitlo h\ públicH), noticiar sincera y francamente aquellas 
<>curren<»ia8 ó sucesos, que al paso de ser interesantes á la 
J'rnvinria, pueden si*r especialn»ente conducentes para disi- 
par A error en unos, destejer la equivocación de otro?, y 
conten» r la malicia de los mal intencionados, que aprove- 
chándose diestramente de cualquier accidente ó anucrjcia, 
j or ignorado (jue sea su objeto, tratan de inducir la deson- 
í^aTiza, para sembrar la discordia y fomentar un concepto 



V hat*tM' inipfrar «u idea de hacerse independiente y absoKito, todo 
et>n n'finala é infame astucia, paliando nus inte.ncione** con las mas 
aci>ndra la hipocresía y el mayor diMimnlo. 

De e-ta manera embaucó á lo-» l'arajfiiayos, entretuvo á la Kxm^. 
.Ir.nta le lan Provincias Tnidas leí Kii^ de la l^lata, y paulatina- 
mente s' fué colocanio en tal p isicion que cuando acordaron los pa- 
tr .tas. ya no hubo reme 'io, ^e hiz» ('('hhuI de la República del Pa- 
jp-iruav. V ^le^:lue'^ drs:na"»carado enteramente, «íe convirtió en Dicta- 
i\v\ \* rp?tuo. 

Si'i embarj/o de <| le 'o <|iie ha^ía aquí dt^rimos, nos es coniuni- 
endo I »r el 'iuda^lano para>»uay;> l*eña, a^rep^amos las sij^uientes 
iK.ticiíis que nos ha pasado, unidas ctvn las -que ha escrití) el señur 
dóct r Ion Pedro SoiUi^llera, reveíanlo el proce i. liento del doctor 
Fianria al principiar á influir en la Junta (iubprnativa, creada el 
añ ) de Hll. Dice así: 

Inventó Francia una contra revolución, hacien lo a]>arefer cumo 
fr:i^ua<la por los e^;>afinUM, [»ara que estos quedaran at-'rrorizados, 
y Francia tuviera el [.'acer de derra i ar sanare. Óigase al mismo 
íit'ñor Somellera. 

**K^ el ca^o: en la mañana dd *29 de setiembre de ISll, salió 
<lel iiartfl un pri'po de soM;ii(»«* con alyunrjs d? \m pre-? ¡s, capita- 
neados p )r el oficial don Mariano Mallada: sacaron dos caño-nis, 
que ío^ mandaban los oficiales pre>os don duan B, Zavala y don Fran- 
v'í'-in (íuerrero^t: salieron con mucha algazara, tofanrlo caja>. y gri- 
tandii: **V¡va el Rt*y. viva nuestro gobernador, y mueran 1(m traillo- 
To^." A lu bulla, como era regular, se juntaron algunas gentes en 
la plaza, donde habia hecho aUo la asonada. Alguntx de los concu- 
rrentes fueri)n presos por lo< miamos alborotadores, y por otr.js sol- 
di do«. que «¿ari ^ron del c.iarlel. Kntre los que fueron prt sos se halla- 
ba un fraile Dominico, Padre Tab *ada. un mozo (|ue habia sioo 
ciialo «leí gobernador, natural de Villa-Diego en (astilla, no r: uer- 
d.i -.! no rbre. y un catalán llaiuado Martin, (|ue tenia i)ulper:a en la 
cri«a de <b)n Juan Frauc <co Dec(»nd. Estf)s fueron en el acto fusila- 
<!os y colgado-! ?n la hí>rca: algunas fueron obligados á ]>asar ;)í)r de- 
bajo de ella, entre e^tos el Padre Taboada. *' 

'M)espue.s de pa*<ar debaio de la h )rca al Padre Tnboada y otros, 
so Ina.itó un grito de: "Viva la .Uinta", y se retiraron todos al 
«•uartel, llevándose los dos cañones. Yo no pude menos que recor- 
<!ar el cuento de la rev(>!ucion de los españoles, que en principio de 
fJítiembre me llevó el patrón de la garandu i.b&, en que ivtaba yo 



478 LA iíEVl«TA DE BUENOS AÍRE8 

)».enos favorable al Gobierno y al estado actual de las c«>síi.s. 
Va aiiteriorinento se demostró por parte del Cuart«'l Jone- 
»al de esta pla>i, que al presente no habia motivo do ivi'j^lar 
invasión alguna de los Portugueses eontra nuestro i*rril.)- 
nn KfeetivanMíte la menor reflexión podia bastar í»ar i de- 
ducir que de una nación culta, con quien hemos estado en 
buena paz, y á cuyo Jefe se ha declarado y protestado en el 
momento niismo de nuestra revolución, el deseo de <onser- 



ÍH080, y (le que he lieelio mención en la nota 7 d?l i-apíiulo aiiti'rioi."^ 
**Éste lamentable hucosl» que refiere el do tor K?ugjy;er ,|»ara ala- 
bar la lunnanidad del doctor Francia, es un teátimoniu de í»u inicua 
b|irbaridad. Ksa contrarevolucion «le loí» .*spañol?s, ese moviiniento 
4\o\ '¿9 de setiembre fué una infame trama "urdida ¡»or el doctor 
Francia. J^as pruebas que hay ile ello, son las ma.4 conviiuentefti. " 
"En primer hijear, en el mes de «etie.ii'bre de 1811. no existi» 
en el Paraguay alguno capaz de emj»resa ..noutra el nuevo órdeu de ct>>as- 
Kl *»arjento i.ayor don ( arlos ' íciiové^, y el capitán Fournier, ha- 
bían pasado á Monteviiíeo: lo« cabildantes estaban preso^: el go- 
Inmador Velazco I ) i^s^taba también, y á mas no era hombre i'e 
q-.úen pudiera temerse. El coronel don Pe.dro ^"«raeia, enemigo de- 
i-laradt) de la revolución del 25 de Mayo, ligado íntimamente cou 
los ^nabildante-s, y partidario de los españoles, no estaba ya en la 



¡>rovi.ncia. 



' ' En segundo higar, ese movimiento del 29. capita»eud'* pt»r 
Mallada, es el mismo que en principios de setiembre iie habia anun- 
ciado el patrón de la garandumba, el misr.o que yo habia denm- 
ciado al doetor Francia desde iri arresito. Este hombre* robarde,. 
desconfiaiio, suíípicaz, no »p iniidó de de mi aviso: él no trató de 
tomar noticia alguna, «le investigar el orí jen del cuent:> d?l patrón 
de la garandumba: el oficial Mallada siguió con el mi*<mo servi- 
cio que hacia en el cuartel." 

**^hi tercer lugar; los oficiales de artillería Zavala y (írorreros,. 
que estaban .preí*üs, y se presentaran en la iplaza ■dirijiendo bw oa- 
fuues, qíie >sacaron en la avsonada, eran sin dtida los mas cnlpatios en 
ella: parejee que en ellos debía ejercerse el rigor; jnies no fité así: 
ellos en vez de ^er castigado» fue^ron pre.niado», se les pagaron 
sueldos, que habían devengado en tiemjKy del gobierno es(i)añal, y 
fueron puestos en libertad. Zabala ¡pasó á Montevideo al servicio de 
les <*spañoles, y después que tullíamos esta plaza e.n 1814, i^stuvo 
<ronmigo muchas veces en Buenos Aires, y -me refirió la fantí-stica 
revaUícian de Mallada, los secretee avisos que él habia dado de la 
trama, el fin que él y Guerreros se propusieron, y el pago de los 
suebbis. ' ' 

'*Las razones que me dio Zavala pftra haber él y Guerrero en- 
trado en la trama de Mallada, fueron las siguientes: .primera, haber 
sabido que la eosa se hacia con beneplácito -del gobierno: segunda^ 
(|iie si se negaba, quedaban esipuestos á ser asesinados en s\\9 cala- 
bozos, ya por el enojo que su negativa causaría, ya por enterrar el 



\ar y eontinuar la misma amistad y buena armonía, un dc- 
!)emos asperar un rompimiento inopinado, sin causa ni mo- 
tivo antecedente», con infracción de los mas fuertes y reco- 
mendables derechos, tpíe siempre han respetado todas las 
naciones. 

Pero lo que en este particular ha llenado de satisfacción 
á la Junta, y debe darla á toda la Provincia, es la carta 
que acaba de recibij», escrita por el Exmo. Sr. Marqués de 



secreto: tercera, que niostráudose comleseeniiient^s, .podian avisar á 
lí.-.- españole», para que no concurriesen á la asonada, como lo hi- 
i-ierou; y por cuyos aviaos, ninguno <k* lo-* pr'ncrpales vecinos asistió 
á la pla^a: me añadió que Veíazco y los cabildantes, presos en ^1 
cuartel, lo pasaron tranquilos, porque estaban impuesto» de la finji- 
da contra-revolución.*' 

Tan cierto e» esto, que se sabe de positivo que don Pió Raman de 
Peña, prevenido del movimiento proyectado, corrió toda la ciudad de 
ln Asunción la noche del 28 de setiembre, avisando se.r?tamente á 
todos los esfpañoles el intento y diciéndales: **si son Ua/r.iado-s por 
orden del gobernador Velazco, no obedezcan; pero si el mandato es á 
nombro de la Junta, comparezcan inmediatamente.'' 

Va que en virtud de la asona-da ningún español «e apersonó á la 
plaza, iJias q^ue los dos infelices á quien^^s no se les previno, porque 
no se les encontró oportunamente en sus casas, y fueron fusilados y 
colgados en la horca: se le« llamó 'á .los otro« á nombre <le Velaz'»o, y 
vieiido que no com;parecian, fueron llamados á gobierno por orden 
<!e la J^inta. 

Reunidos allí, á muchos se le hicieron varias preguntas, y en se- 
guida 86 les ordenaba que se confesasen en el acto con eapellanes que 
se hablan «llevado allí ex-profeso. Des^ni-es de estas cer-emonias fne- 
ron todos sacados á la plaza y conducidos á pasar por debajo de la 
horca Solo don Pió Ramón de Peña no pasó por debajo de ella, 
porq-ue basta media iplaza dio tres gritos, dirijiéjidose al gobierno, y 
diciendo estas palabras: **¿Por qué me van á quitar la vida sin ha- 
blar una palabra?" 

£ntoncee el (nisrao doctor íVancia lo llamó, y haciéndole ciertos 
cargo», de haber estado esa mañana en una de las esquinas de la 
plaza, y de haberse andado paseando en la azotea de mi casa, los 
satisfizo, y fué despedido. 

L»o« otro« españoles fueron también puestos en libertad, después 
di haber pasado como queda dicho por debajo de la horca. 

Seguid» n-ente corrió la voz que todos lo» miembros de la Junta 
hablan querido que fuesen fusilados, menos Pran'?ia, y que por é»l 
SI- libraron, y que aun habia dicho, haciéndose el horrorizado «por el 
espectáculo de lo« dos ahorcados — /** Bajen esos cadáveres y basta de 
sangre". 

B2eta noticia cau^só odiosidad á los demás compañeros, y Francia 
se adquirió el nombre y fama de humano. Todo^ los españoles se 
deshacían en alabarle y reconocerle por su libertador. 



4íi<> LA REVISTA DE BUENOS AIBBS. 

(.'asa Irnjo, embajador de España en el Rio Janeiro, en qué 
des])ue8 de felicitar á este (lobierno por las victorias de la 
l^rovincia, y de manifestar que la reunión anterior de tropas 
jíortugraesas eu el pueblo de San Horja. habia sido dif5p«i«sta 
por el Capitán Jenerai del Rio Grande, con motivo del auxi- 
lio de doscientos hombres que de aqui se habia pedido |)ara 
cortar en su retirada el resto del ejército de Buenos Aires, 
se contrae á dar á saber á este Gobierno las órdenes estre- 
chas y terminantes que tiene de España, para no consentir, 
y antes bien reclamar y protestar, (como espresa hal)erlo 
ya verificado), contra la entrada de troi>a8 portuguesas n 
cualtpiier territorio Español, y (sto aun cuando se intenté 
najo el i)ret(»sto de sujetar la razón política de esta deter- 
]'íinacion. Nuestro (»mbajad()r citado, tenía á bien d'M.vr ;'l 
buen juicio y fliscrecion de este Gobierno, su ejecución com- 
pleta ó parcial, sefriin lo requieran las circunstancias, y de- 
cidir, si este es uno de los casos en qué por por razón de la 
inmensa distancia, es |)ermitido violar las órdenes del Gobier- 
no, para realizar sus intenciones, que no son, ni pueden ser 
otras que las del bien jenerai de la monarquía; encargando 



Vn fraile merconario, el Pailre Cafiet?, tenido ¡mr 8aiuo, sabe- 
f'uir del su '.P80, se presentó á la puerta del cuartel, indignado del 
Jíoflio. llamó á don IVí^ro Juan Cabaih^ro, y le ini-repó en iireneneia 
<le la tri»}»a, presa.¡iándí»le iiu fin i^ual i.ente íunest», ya que de esa 
manera daba principio á su g<>biern(». 

Kl faiíativuio [irulujo su efecto, la imprecación del sauto varón 
ínfíltró en todos h.-< e>j)íritus, y el ni: -¡no Caballerí» se dejó impre- 
sionar tanto del anatema, q.:e dexle aquel momento s-u alii.a n.) per- 
jnaneció tranquila y sí)1o veía sombras, (d) Kl justo y i^auto criterio 
íli'l >aiM»rdote. hacia eco en aquellos corazones. 

Kl Reverendo Padre Cañete, colmó de beniíiciones al hipócrita 
I'raiiria p.ir haber sabido v-onten/r á mi"< compañeros.' 

(d) F^inesto presentimiento de la triste suerte (pie I? de!»araba 
el porvenir. — En efecto, en el mes de j.:nio (L* 1S21, jemia este pa- 
ti'iota. vícti'ia como tantos otros, ile la tormenta de críinenes des- 
í'Uea leñada scbre su }>aí> |»or el jenio sombrio le Francia^ — I)>ses- 
]Mi"alo de la vida, imita á (aten le l'tica y con la sanare de sr.s 
venas escribe e.i la pare i «'-^ su jui-ion: *'KI su'cido e^ re;>rovado 
]»or las levi's divinas y humanus. piro el tirano de mi ])atrÍH no se 
saciará con mi sanjjre. " 

A. J. V. 



P.ARAGUAV. 481 

filialmente que en cualquier evento se despidan de aqui las 
tropas portuguesas, con toda la prontitud que permitan la se- 
guridad de la provincia y las ventajas ulteriores que las cir- 
cunstancias puedan presentar, si en ello no se prevéen incon 
venii»ntes ó malas inconsecuencias. Este, y no otro ha sido el 
eont^^iiido del pliego que ha conducido el oficial enviado por 
el embajador á esta ciudad, y la actual Junta, se encargará 
d(» iiuuii testar y declarar esto mismo á los jefes y comandan- 
tes portugueses de las tropas y establecimientos fronterizos ¿» 
t'sÍH ])rovincia, cuando el caso y la necesidad lo exijan. Así 
í^v dá {\ sal)cr al público, para que (on este conocimiento nun- 
<'U pui da ser sorprendido por las falsas voces de los que ha- 
biendo i)erdido la esperanza de subyugarnos, pretenden in- 
troducir la inquietud, suponiendo noticias inventadas y figu- 
rando cuidados y toéiiores vanos, y aun despreciables para 
Tin pueblo de hombres libres, que antes morirían que dejar 
de sítIo. y para que llegue á noticia de todos si^ publicar?. 
<stf» Manifirsio por bando en la forma ordinaria; y sacándo- 
M* las copias correspondientes, se fijarán en los lugares aí*os- 
tumbrados. Hecho en la Asunción, á tres de Julio de mil 
<>cho< ieutos once — Fuljencio Yegros — Dr. José Ga^spar P^ran- 
< ia — Pedro Juan Caballero — Dr. Francisco Bogarin — Fer- 
nando de la ^lora. vocal ?^ecretario. 

La Junta de Gol)ierno, en cumplimiento de lo acordado 
\ resuelto por la Jeneral de la provincia, remitió á la Exma. 
Junta de Buenos Aires en testimonio, los autos de la revo- 
lución y de su resultado, con el siguiente oficio. 

Oficio dr la Junta Guheniativa del Paraguay, á ¡a de la 
<'¡udad df Buenos Aires. 

'*Exmo. Sr. — Cuando' esta provincia opuso sus fuerzas á 
las que vinieron dirijidas de esa ciudad, no tuvo ni podia te- 
ner otro objeto, que su natural defensa. No es dudable, que 
abolida y deshecha la representación del poder Supremo, re- 
cae este 6 queda refundido naturalmente en toda la nación. 
Cada pueblo se considera entonces en cierto modo partici- 
pante del atributo de la soberanía, y aun los ministros pú- 



4íí¿ LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

Micos, han menester su eonsentimieuto ó libre eouformidatí 
para el ejercicio de sus facultades. De este principio tan iiii- 
lj«)rtante, eonio fecundo en útiles consecuencias, y que V. E, 
sin duda lo liahia i^econocido, se deduce ciertamente (píe rea- 
sumiendo los pueblos sus derechos primitivos, se hallan to- 
dos en igual casv>, y (|ue ifjrnalmcnte corresponde á todos velar 
sobre su proi)ia consi»rvacion. Si en este estado se presenta- 
ba el Consejo llamado de Rej^ncia, no sin alguna apariencia 
de lejitimidad, ¿ qué mucho es <pie hubiese pue^blos, que bus- 
<íando una áncora de que asirse en la jeneral borrasca (|iie 
los amenazaba, adoptasen diferente sistema de seguridad, sin 
1 ponerse á la jeneral ile la nación? 

FiS verdad vpie esta idea para el uu\jor logro de su objí'to, 
podia haberse n'ctiftcado. La confederación de esta provin 
í'ia con las demás de Nuestra América y principalmente ern 
la que comprendia la demarcación del antigim V^ireinato. de 
bia ser de un interés mas inmediato, nms asequible y por 1«> 
mismo mas natural, como de pueblos no solo de un mis;«« * 
orí.jen, sino que por el ( nlacv de partií ulares recíprocos in- 
teres<»s, parecen destinados por la naturaleza misma á vivir y 
conservarse unidos. Xo faltaban verdaderos patriot!ís (fíe 
desva.sen esta dichosa unión en términos justos y razona- 
]>les: pero las grandes enq)resas requieren tiempo y eomlúna- 
cion, y el ascendiente del gobierno, y desgraciadas ciremi<- 
tancias ({ue ocurrieron por parte de esa y de esta ciudad, de 
(;ue va no conviene hacer memoria, la hablan dificultrido .M 
fin, las cosas de la provincia llegaron á tal estado, (pie f i«' 
l)reciso que ella se n*solvies?e seriamente á re(*obrar sus dere- 
chos usurpados para salir de la antigua opresión, en (pie se 
mantenía, agravada con nuevos males, de un réjimen sin coíi 
cierto, y para ponerse al mismo tienq^o á cubierto del rie^r 
de una nueva '\selavitud de que se sentía amenazada. 

No fueron precisos graneles esfuerzos para conseguirlo: 
tres compañías de infantería, y otras tres de artillería, que 
en la noche del 14 de mayo último, ocuparon el euar-ei 
jeneral, y parque de artillería, bastaron para facilitarlo to- 



PARAGUAY. 48:í 

do. El gobernador y sus adheridos, hubieron de liaet»r al- 
líuna oposición, con mano tímida, i>ero presintiendo la in- 
tención jeaeral, y viendo la firmeza y resolución de nuestiav 
tropas, y que otras de la campaña podían venir en su auxilio, 
\i íué preciso ceder, y al dia siguiente acceder á cuaíit<> 
k;^ le exijió, lue^o que aquellas se presentaron en la plaza. 

VA principal objeto de ellas, no era otro, sino allanar 
el paso para (jue la provincia, nnionociendo sus derechos, libre 
tiel iníiujo y poderio d;^ sus opresores, delil)crase i'rancauíeu- 
tc el partido que juzgast» conveniente. Con este fin se con- 
vocó á una Junta Jcneral, que se celebró felizmente, no soL> 
con suHcicute número de sus principales vccintis, y de todas 
las corporaciones iutlependientes, mas también con asi>ten- 
( ia y voto de los diputados de las villas y pol)lacion( s de esta 
.iurisdiceion. Hn ella, se creó la piesente Junta Gubernati- 
va, que ha sido reconocida jeneralmente, y se toinaron otras 
di tei entes providencias, que su seguridad, el c<mocimient(> 
íntimo, y remedio de los males qm^ padece, y la conserva 
(ion de sus derechos, han hecho necesarios c indispensa- 
bles. I>e todas ellas y de otros incidentes <pie antecedieron, 
instruirán á V. E. los autos de esta revolución, que la aetuaí 
Junta, consiguiente al encargo de la Provincia, tiene la sa- 
tisfacícion de acompañar en testimonio. 

E.ste ha sido el modo como ella por sí misma, y á es- 
fuerzos de su i)ropia resolución, se ha constituido en liber 
tad, y en el pleno goce de sus derechos; pero se engañaría 
cualquiera que llegase á imajinar que su intención había sitio 
entregarse al arbitrio ajeno, y hacer dependiente su suerte 
de otra voluntad. En tal caso nada mas haliria adelantado, 
ni reportado otro fruto de su sacrificio, que el cambiar una 
cadena por otra.s, y mudar de amo. Ni nunca V. E., aprecia- 
flor justo y equitativo, estrañará que en el estado á que han 
llegado los negocios de la nación, sin poderse divisar el 
éxito que puedan tener, el pueblo del Paraguay desde ahora, 
se muestre celoso de su naciente libertad, después que ha te- 
jüdo valor para recobrarla. Sabe muy bien que si la lil>ertfld 



48:1 LA REVISTA DE BUENOS AIRES, 

puede á veees adquirirse ó conquistarse, una vez perdida, no 
es igualmente fácil, volver á recuperarla. Ni esto es recelar 
que y. K. sea capaz de abrigar en su corazón intenciones me- 
nos justas y equitativas, muy lejos de esto, cuando la Provin- 
cia no liaiH? mas que ^^o«tener su libertad y sus derechas, se 
lisonjea esta Junta cjue V. E. aplaudirá estos nobles senti- 
mientos, considerando cuanto en favor de nuestra causa co- 
imiu, puede esperarse de un pueblo grande, que piensa y ha- 
))la con esta franqueza y magnanimidad. 

La Provincia del Paraguay, Kxmo. Sr., reconoce sus 
derechos, no pretende perjudicar aún levemente los de nin- 
gún otro i)ue))lo; y tampoco se niega á todo lo que es regu 
lar y justo. Los autos mismos manifestarán á V. E., que su 
voluntad decidida es unirse con esa ciudad, y con las demás 
conlVdfi'athis, no para conservar solamente nna recíprocii 
amistad, buena armonía, comercio y correspondencia, sino 
tamhien para loimar una sociedad fundada en principios de 
justieia, de equidad y de igualdad; á este fin ha nombrado ya 
8U diputado, para que asista al Congreso Jeneral de las Pro- 
vineiíiv. suspendiendo, como de^tle luego queda aquí suspen- 
dido hasta su eelehraeion y suprema decisión, el reconoci 
miento de las Cortes y Consejo de Kejencia de España y de 
otra cualquiera representación de la autoridad suprema de 
la nación, bajo la declaracicm siguiente: 

Priwtra: (pie mientras no se forme el Congreso gene- 
ral, esta provincia se goln^rnará por si misma, sin que la 
Exma. Junta de esa ciudad, pueda disponer y ejercer juris- 
die( ion sobre su forma de gobierno, réjimen, administra- 
ción, ni otra alguna causa correspondiente á ella. 

Sf (/linda: que restablecido el comercio, dejará de co 
brarse el peso do plata que anteriormente se exijia en esa 
t'iudad. aunque á beneficio de otras, por cada tercio de yer- 
ba, con nombre de sisa y arbitrio; respecto á que hallándo- 
se esta i^rovincia, romo fronteriza á los portugueses, en ur- 
gente necesidad de mantener alguna tropa, por las circuns- 
tancias del dia, y también de cul)rTr los presidios de la costa 



j 



PARAGUAY. 485 

del rio contra la invasión de los infieles, aboliendo la inso- 
portable pensión de hacer los vecinos á su costa este servicio, 
es indispensable á falta de otros recursos, cargar al ramo de 
la yerba aquel á otro impuesto semejante. 

Tercera: que se estinguirá el estanco del tabaco, que- 
dando de libre comercio, como otros cualesquiera frutos, y 
producciones de esta provincia: que la partida de esta espe 
eie existente en la Factoría de esta ciudad, comprada con el 
dinero perteneciente á la Real Hacienda, se espenderá de 
cuenta de la misma provincia, para el mantenimiento de su« 
tropas, y de la que ha servido en la guerra pasada y se halla 
aun mucha parte de ella sin pagarse. 

Cuarta: que cualquiera reglamento, forma de go])iv^rn(> 
ó constitución, que se dispusiese en dicho Congreso general, 
no deberá obligar á esta provincia, hasta tanto se ratifique 
en Junta plena y general de sus habitantes y moradores — Al- 
gunas otras providencias relativas al réjimen interior han 
sido puramente provisionales hasta la disposición del mismo 
Congreso. 

Tal fué la voluntad y determinación libre de diclia Junta 
general, esplicada francamentie sin concurso de don Bernar- 
do Velazco, ni individuo de su cabildo, que en justa pre- 
caución de cualquier influencia contra la libertad de la pa- 
tria, por graves causas que precedieron, de que instruyen 
los mismos autos, se mantuvieron suspensos y aun reclusos^ 
y sin que á ella tampoco hubiesen asistido mas que cuatrfv 
ancianos europeos españoles. La provincia no podia dar 
una prueba m8s positiva de sus sinceros deseas de accesión 
á la Confederación Jeneral, y defender la causa común deí 
señor don Fernando 7.o y de la felicidad de todas las pro- 
vincias que tan heroicamente promueve V. E. Podia aun 
decirse que en las presentes circunstancias ha hecho cuanto- 
debia, y estaba de su parte; pues aun siendo incalculables los 
daños que les ha ocasionado la pasada guerra civil, todo lo 
olvida, todo lo pospone por el amor del bien, y jii^spí'ridad 
generaL De V. E. pende ahora dar la última mano á esta 



4Mi LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

írrande obra, y aumentar el rc^goeijo y contento jeneral de 
lodo este pueblo. 

Asi, eonfia esta Junta en la prudencia y moderaeion que 
earacteriza á V. E. que habiendo sido su principal objeto, 
el mas importante, el mas urjente y necesario, la reunión 
<le las provincias, prestará su adhesión y conformidad á la 
modifica! ion i)ropuesta por esta provincia, a fin de que unién- 
dose todas con los vínculos mas t*streciio8 é indisolubles, qin* 
<*xije el interés jeneral, indique: **Eccf coufvdvratio ri- 
solula al) hnc Provintia non anntat** proceda á cimentar el 
ediñcio de la felicidad (*onnm, cual es, el de la libertad. 

V. E. estaría ya anteriormente informado que innie- 
<liata mente al buen su<cso de nuestra revolución, y aun an- 
tes de celebrarse la Junta Jeneral de la provincia, se evacuó 
la ciudad descorrientes por disposición de nuestro interino 
jrobi(»rno asociado. Posteriormente hizo presente el coman- 
dante de aquella ciudad, los temores que le acompañaban. 
< on la noticia de venir arribando y a(*ercándose varios bu- 
ques armados d<» Montevideo, solicitando se le mandase dar 
algunos auxilios de la Villa del Pilar. En su inteligencia, 
l'or orden de esta Junta, ha pasado á Corrientes el e(Mnan- 
daute don Blas José Rojas, con algunos fusileros y dos ca- 
ñon^'s de á 4, considerando si*r bastante para impedir cual- 
(|uier insulto, en caso de intentarse algún desembarco dtí 
cuyo incidente ha creido también oportuno esta Junta co- 
numicarlo á V. E. Dios guarde á V. E. muchos años. 
Asunción, y julio veinte de mil ochocientos once. Fuljen- 
cio Ycgros. l)r. Jasé Gaspar Francia. Pedro Juan Caba- 
llero. I)r. Franeis(»o Javier Bogarin. Fernando Mora, Vo- 
cal Seeretario." 

Con la noticia que del gobierno de Corrientes se le ha- 
bía comunicado á la Exma. Junta de Buenas Aires, de nues- 
tra revolución, halua i»lla determinado enviar sus represen- 
tantes plenipotenciarios cérea de la Junta de Gobierno de 
<\sta provincia, con el objeto de acordar las providencias 
^convenientes á la unión de ambas provincias, y demás con- 



PARAÍÍUAY. 487 

IVileradas que formaban antes el vireinato estinjciiido del 
Kio de la Plata, (onio en efecto envió á don Manuel Bel^rrano 
y á don Vieente Anastasio Eelievarria. Llegados estos á la 
I iudud de Corrientes, avisaron de su arribo, pidiendo per 
miso para su "Utrada en esta, á cumplir y llenar la misión 
<pie traían. La Junta de Gobierno, les contestó en los tér 
/niños sij^uientes: 

•*Si para í'1 adelantamiento de la sagrada causa en que 
t;m ju^ítamente nos hallamos empeñados, y afianzar de una 
\ez para siempre nu(*stros conumes derechos, no puede ha- 
ber medio mas eficaz ni arbitrio tan importante y necesario. 
<'omo si de una sincera y estrecha unión fundada sobre prin- 
ripios sólidos y estables, pueden Vds. inferir de aquí, cuan 
satisfactorio nos habrá sido el aplauso y complacencia con 
(lue Vds. nos manifiestan haberse recibido en Buenos Aires, 
la noticia de nuestra feliz revolución, y la digna eleicion qu.^ 
SI* ha hecho de las jversonas de Vds. para conducirse á hacfr 
ú t*sta provincia las proposiciones convenientes á tan justi 
ficado objeto. Pero habiendo esta Junta dirijido en veinte 
<le julio último, su oficio a la Exma. Junta de aquella ciudad, 
tuya copia aeonípañamos, con testimonio íntegro de las ac- 
tas de nuestra revolución citada en que se contiene las de- 
libera<-iones tomadas por la nusma provincia en Junta Jene- 
ral, nos hallamos en (»ircunstancias de no haber aun reci- 
bido la contestación directa que aguardamos. 

Por otra parte, consideramos que lejos de sernas fa- 
cultativo inducir alteración alguna sust-ancial. en cuanto á 
<liehas deliberai iones, es un deber preciso de nuestro mi- 
nisterio, observar y sostenerlas eficazmente. Por eso es, que 
<*utre tanto la Exma. Junta, por si misma no reconozca es- 
])resa y formal m<»nte nuestra independencia de ella en los tér- 
minos propuestos y acordados por nuestra provincia; cré<í 
<pie esta Junta no obstante lo agradable que le seria la vist« 
de Vds. no es llegado el caíío de entrar oportunamente en 
Iratado alguno relativo á esta misma provincia; pues que su 
indicada independencia, como su derecho incontestable de!)e 



4S8 LA REVISTA DE BUE.NOS AIRES. 

asentarse por preliminar de toda ulterior determinación. 

La Junta protesta á Vds. que solo el deseo de una entera 
y feliz terminación de las pasadas diferencias, es el que la 
impele á proceder con esta detención, á fin de que atirmada 
nuei^tra unión, sin nuevos cuidados y dificultades de la pro- 
vincia, pueda dirijir sus atenciones al mejor progreso de 
nuestros empeños sagrados, que son y deben ser unos mis 
mos. Protesta también una amistad sincera, deferencia y 
lealtad con los pueblos hermanos; valor jeneroso contra ]\)^ 
enemigos armados; desprecio y castigo para los traidores. 
Estos son los s<»ntimientos del Pueblo Paraguayo y de su Go- 
bierno, y los mismos que reclama y espera también de j)arte d*^ 
Buenos Aires; bajo de este concepto pueden vds. estar segu- 
ros, de que si ahora nos es sensible no acceder desde luego 
á la solicitud de vds., al instante que por la contestación d** 
la Exma. Junta, seamos cerciorados de su adhesión á nuestras 
primeras anteriores proposiciones, tendremos un motivo de 
particular satisfacción, de facilitar cuanto sea de nuestra 
parte para el tránsito, y pronta dirección de vds. á esta ( iu- 
dad.'' — Dios guarde a vds. muchos años. — Asunción, y se- 
tiembre nueve de mil ochocientos onw — Firma del Presiden 
te y Vocales. 

MARIANO ANTONIO MOLAS. 
(Copia fiel por Carranza.) 






LITERATURA 






TIPOS SOCIALES. 



EL HOMBRE ESTORBO. 



No hay cosa que me guste tanto como las ciencias, y si 
me pusiera á escojer una corona entre las muchas corona:* 
que hay en este mundo desde la de Nicolás de Rusia, hasta la 
del negro Soulouque de Santo Domingo, de fijo que las des- 
preciaría sin vacilar, pues ellas traen molestias inñnitas: y 
si nó que lo diga don Nicolás de Rusia que anda á vueltas con 
todo el mundo. Entre todas las coronas, pu-es, escojeria sin 
vacilar la de Newton, se entiende, la de las ciencias, pues 
la otra es un tesoro muy ridículo y que a nada conduce. 

Entre las ciencias tengo particular predilección por las 
analíticas y prácticas como la fisiolojía. ¡Oh! la fisiolojía 
es la ciencia mas científica que hay en el mundo, como diría 
cierto escritor que yo conozco, muy fino en esto de satirilla« 
agudas como las de cierto difunto que en paz descanse, y que 
yo no quiero ni mentar, pues es capaz de resucitar y se me 
vendría el tinglado encima. T en esto de camorras, yo no 
las quiero por nada de este mundo. 

Dicho esto, que es obligado preámbulo en los escritos 
de los presentes tiempos, entremos en matería. 



490 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

El hombre estorbo, pertenece al reino animal y es de la 
familia de los de asta y pezuña hendida. Se parece al ele- 
íante en la pesadez de sus movimientos, tiene mueha seme- 
janza con la cabra, porque trepa á todas partes y se dá la ma- 
no con la vaca, porque como ella se abre pa*so con sus cuer- 
nos por cualquiera sembrado. 

El hombre estorbo, i>ertenece en el reino vejetal á las 
i>lantas sarmentosas y trei>adoras, como la viña, el mas- 
tuerzo y la hiedra. 

Que vengan los mas célebres naturalistas y me digan si 
no es cosa asombrosa y nunca vista, un animal que reúna en 
sí caracteres tan opuestos y esté formaiio de partes tan di- 
verjentes y heterojéneas. No deja de ser un fenómeno bien 
singular la circunstancia notable de que un mismo indivi- 
duo de la raza bípeda pueda tem r la ajilidad del mono, la 
ardilla y la cabra ; al mismo tiempo que la iH»zadez del elefante, 
el hipopótamo y el cocoilrilo (cuando trata d(» jirar en cír- 
culos, es entiende.) — Que haya un ser en lo encado capaz d« 
srr planta, animal y mineral, y en fin, cualquier cosa menos 
un hombre. El caso es que existe, y que este es uno de los 
tantos stcres que se han escapado á la penetración de la 
jente de ciencia, pero esto no prueba sino que al mejor caza- 
dor se le va la liebre. 

Vamos pues por partes, pues aunque único de su espe- 
cie, este animal tiene varias claseí?. 

Busquemos al hombre-estorbo en las altas rejiones de 
la política, y allí le hallaremos en el lleno de sus facultades. 
<lcsplegando todas las cualidades que Dios le dio. 

El hom})r e-estorbo es ministro, empleado, diputado y to- 
flo lo (pie se putHÍa ser en este mundo que se llama político 
En cual(|uiera «le estos puestos está el hombre estorbo. 

Es una planta conocida en todas partes y que ha produ- 
<ido muchíflinios -IfrutoH en Europa y América. Es una 
planta (pie brota de los art hivos y se está allí siempre para 
vvitar todo pro.ü:reso. para oponerse á cimnto se presente con 
alguna tendencia de reforma y se separa un poco de la rutina 



EL HOMBKK I-^^TOUIK). 491 

<?onoeida y trasmitida al hombre-estorbo de padres á hijos. 

Pero tlejemos en esas altunis á donde siempre (*s |k4í- 
groso subir, difieil escalar y fáeil deseender, y busquemos á 
nuestro hombre en rejiones nuus bajas. 

El kombrt't storbo no daria una antigualla de sus alme- 
los por todas las beUezas (pie la moda le invitase; st*ria ea- 
j.az dt» salir á las ealles eon la peluea empí)lvada del tiem- 
po de Caros III, si no temiera una silva de los pillos de to- 
<la «lase que no le dejarian hueso sano. Kl hou\br( -estorbo 
no |>ermite qu(» en su easa se altere ni una piltrafa de lo que 
halló, j)ues euahpiiera invasión (pu» pretenda haeerle la no- 
vedad, eneontrará en él una nuiralla veinte v<»e<^ mas im- 
l»f íi<4rable <pie la de San Juan de riña, de la (pie dieron bue- 
na 4*uenta los yanke^vs. 

Sin end>arí?o, hasta aquí es un ser inofensivo, ineapaz 
de molestar á nadie, y solo estorba en petpieñas eosas que na- 
da siírniHean. IN»ro si le seguimos la pista — ¿á donde va- 
mos á parar? 

Se encuentran dos amigos en la ealle, que han salido 
juntos de easa, y que en amigable plática departen en la es- 
<(uina ó en dirección á su pjiseo — Esperad un momento, y 
no tardareis en ver el hombre-estorbo unírseles, aeribillarlo« 
á preguntas ó finalmente, juntarse á la pareja eon la lisura 
del mundo, á pesar del gesto de no muy buen agüero ((ue ie 
ponen desde luego los asaltados. 

Si en lugar de hombres únicamente, halláis A estos eon 
señoritas, no tardareis un momento en ver al hombre-estor- 
tto acercándoseles, ofrec<*rlas el brazo, fastidiarlas, cansar- 
las y aburrirlas, porque no hay hombre que fastidie, que can- 
se y que aburra mas (|ue el hombrr -estorbo, conm puede de- 
rivarse de la etinmlojía de su nombre. 

Por consigui<»nte, la conversación interrumpida quilla 
-sin resolverse ó anudar durante todo el tiempo que permane 
ee allí clavado, adherido, eneajonado é incrustado el hombre- 
'estorbo, que no abandona su presa eon tanta facilidad. 

Si ol hombre-estorbo, os encuentra en la calle, no tarda- 



492 LA REVISTA DE BUENOS AIBES. 

rá un momento en daros una fuerte palmada en el hoiubnv 
unirse á vos y moleros por sendas horas desviando el cursi*^ 
de vuestro camino é impidiéndoos tal vez cumpláis una pala- 
bra que no estáis de humor de comunicar á nadie. 

Si estáis en el estrado en sabrosa 3' retirada plática á 
dúo con alguna sílfide, el hombre estorbo al momento se 
mezclará en vuestra conversación, y venga ó no al c«so, t»* 
neis que mostrarle una cara agradable, cuando en aquel mo- 
mento lo mandaríais al infierno con toda el alma. Pero es- 
tos son deberes que impone la cortesia. 

Si estáis en vuestra casa retirado, solo, en esos uionMi- 
tos solemnes de aristoi'rático fastidio en que solo procnrais 
el silencio, la soledad y el retiro, halláis siempre que t*»ca á 
vuestra puerta el hombre-estorbo; que os molesta, os viorti- 
fica y os aturde. 

;0h! bendita raza! Solo os deseo que me declarei*^ par* 
siempre una guerra á muerte. 

JUAX VICENTE ( AM.\rHO- 



PEREGRINACIÓN DE TN FUGITIVO. 

E8CENAS DK LA VIUA COLONIAL. 
(Crónica do la Villa Imperial de Potosí.) 
(Conclnsion.) (1) 

vn. 

El Cuzco. 

La fundación de la sacada ciudad dd liijo del Sol tiene 
>u leyenda y su fábula, puesto que se supone que esti» era 
^'1 enviado mismo de aquel **que tenia cuidado de dar una 
vii.'ita cada dia al mundo para ver las necesidades íjii.' en 
la í'orra se ofrecen, para las proveer y socorrer, como sus- 
tentador y bienhechor de las ^ntes," setrun las i)a!abras leí 
lucii. tio de Ga'cilaso de la Ve^a. (2) 

Pero ¿quien es y de donde vino aipu^l misti ri )ro pcr- 
vna.e, que se utcia hijo del Sol? 

La historia lo Uauía blanco Capae y 'á su «unjer y !n r- 
iii.ino .Mama Oello Iluaco. Aparecieron en la laofuna <le 

1 Véase la [mj. .'ÍOS 

2. (^lando el tio de (tarcilaíio terminó su narracii^n, ajífogó: — 
■**rreo (|ue lie <lado lar^a Mienta de lo que 'i.e »ppd¡ste. y resj>()n(lido 
á toda-í tus .prejjuntan, y .por no hacerte llorar, no he recitado e<?ta 
hi«<t<)ria ean láj^rimas de sanjjre derramadaí» por los ojns eo no las de- 
rramó en el corazón, del dolor que siento, de ver nuestros Inoas aca- 
hrdori, y nuestro imperio perdido." — Lib. 1. cap. XVII — 'M'onenta- 
ri(j-, reales de los Incas" 



494 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

Titicaca, enviados, según la leyenda, por su padre el SoL 
l)ara rediuár á las gentt^, mantenerlas en justicia y paz. 
como reyes y señores, porque se dice tpie era deploral)le 
el estado salvaje de los indíjenas. 

¿Como aprendió aquel indio á cultivar la tierra, cons- 
truir edificios, dictar leyes, fundar j>ueblos y establecer la^ 
l>as<»s de una de las j^randes civilizaciímes de la AimVica pri- 
mitiva? La investi^aciím históriea de estos heehos nos 11.'- 
varia demasiado lejos: pero está averiguado que anteN <le 
la aparición d<» Manco C'apac, existió un pueblo cuyos r;is 
tros s(» 1 Mostraban en las ruinas de las grandes construfcio- 
nes de Tiabuanaeu. Es de sospeí bar (pu* en las tradicioiH's 
de este pueblo se inspiró el Inea para civilizar las poblaei»»- 
nes salvajes de a<[uellas comarcas. 

Apanvido como bijo del Sol. como enviado con uní 
misión regeneradora, recibió, según la leyenda, una varilla ilf 
oro para (pie rt»corriendo el pais con su b(»rmana y esposa, 
cuando descansasen, metiesen aquella varilla en la tierra y 
ílnndc entrase sin esfuerzo, allí fundasen la primera ciudad 
d(»l nueve imperio (1 ) 

Salieron de Tititaca y marcbaron al setentrion. cum- 
pliendo el mandato del Sol. Llegaron al cerro de Iluana- 



1. l'Nto sucoso tiV(t lu^ar. so^rnii Mnrtiuez y Vela, d »<oi*Mít'»> 
ciiiiMionta añ 's antt»s «U» .Icsii-< risto. Kn su **'nist<>ria <le la Villa 
iiij;j)crial do Potosí", leonios: "Así vivieron niiicht.'í -sij^los. hasta 
iU scientos v iMiimuMita años antes del naciinit^nto do (ri-sto, eroarta 
n^y . ote." 

Kl tio do (íar ilas ), cuyas palabras lu'níos citado, dico: *Mn:»n- 
t"> años hace <juo el S »l nnostit) padre envió sus primeros hijos, «o 
t( lo sabré decir precisamente, <jue son tantf»s <jfue no los ha poilitlo 
jjuardar la memoria, tenemos que S4)n rías de cuatrocientos." 

.Alcedo en s-u * * Diceionario jieojíráfico-histórico", etc., a^evora 
<f.:e Man(v> (apae fundó la eiudad del (n/^po en l<>4.'í. 

Sejjun Presi'ott, o."<te aeontoi'imiento tuvo hijear 4<M) años ant<*- 
riorjiíonte á la lloí^ada d.* I<is osymñoh^s, lo que (•■oincMe con el tio 
(\c (iarcilas(». 

Houillet en <ii * ' Dictionario univorsel de 'historie" etc., señala 
1 1 fecha de lOóO. 

Kl R. P. frai Diego <le < ordova en ^w **('róniofl franciscana á^ 
las provincias del Perú", dice que los ln<;aH reinaron cuatrtM»iento* 
añoH, y que segnn el P. Blas Valera, quinientos?. 



PKKK(ÍRIXA('10N 1)K TX FLHUTIVO 495 

cauti y descansaron. Allí Manco ('apae dio un golpe a la 
varilla de oro, y esta se hundió y desapareció para siempre, 
ílste <Ta el sitio designado enton<*es por las preseripeiones 
de lo alto. 

De atpiel eerro salieron á predicar la paz y la justicia : el 
Inca marchó al st^entrion y Mama Oello al mediodia. 

Los habitantes que vivan errando en las selvas y en 
las grutas, oyeron conmovidos la palabra de las mensajeros 
celestes, y en multitud empezaron á seguirlos. La predi- 
cación fué eficaz y iú proselitismo inmenso. 

Volvieron entonces al sitio de Iluanacauti y se dio 
ju'incipio á la fundación de la ciudad, después de haber el 
inca ordenado empezasen á labrar los (*ampos para asegurar 
la mantención. 

Los prosélitos del Inca se establecieron en llaman Cozco, 
y los de Mama Oello en Hunin Cozco: los pobladores ihl 
alto eran los primojénitos, los d. 1 bajo coíuo hijos segundos. 
j)ara perp'tua uícinoria de haln^r ambos contribuido á la po- 
blación de la ciudad y á la fundación del estado. 

Ks un rasgo notable la acción directa de la nuijer en l.i 
civilización fundada por el Inca: compañera de blanco Ca- 
]>ac predicó ella misma la misión confiada por el Sol á su 
oposo y hermano, y es tanto mas sorprendente esta uuu*stra 
de elevación y de progreso, en pueblos primitivos como los 
de América. La mujer era colocada al igual del hond>rc, 
y esta igualdad prueba la inteligencia del Inca, su penetra- 
ción y su t-al-ento. 

El Inca mismo les enseñó á cultivar la tierra y sacar 
acequias y á ** hacer el calzado cjue traen'' y construir casas. 
La coya enseñó á hilar y tejer a las mujeres para hacer sus 
vestidas y los de sus nmridos é hijos. 

Cuenta (Meza de León (pie en las ruinas que él vio en 
Tiahuanacu, las figuras de los hond)res tenian traje I d.-n* y 
Garcilaso de la Vega diie que la tradición de la familia ilcí 
IncA refiere que Manco Capac venia vestido y adórnalo con 
los ornamentos que le dio el Sol — ¿No se habría inspirado 



i»6 LA REVISTA DE BUENOS AIEES. 

en los modelos d-e aquellas ruiuas para hacer su traje? ¿Quien 
y como enseñó á hilar á Mama Oello? 

Si es cierto como lo asevera Cieza de León, que ios 
grandes edificios del Cuzco fueron modelados por los de 
Tiahuanacu, parece indudable que el fundador de la civili- 
zación peruana se inspiró y aprendió en las ruinas de otra 
civilización anterior. 

Otra leyenda de hombres barbudos, habitantes de aquel 
lago d-e Titicaca, se referia por los indíjenas; pero seguimas 
á (jarcilaso de la Vega en esta parte, reproduciendo su nar- 
ración; quien refiere también en el cap. XVIIÍ, lib. l.o, otro 
origen que se atribula á los lucas. 

Pr(*scott se inciioa á pensar (pie en Titicaca existia una 
raza de una civilización relativamente adelantada antes de los 
Iucas~¿(ual fué? — ¿de dónde vino? 

Manco Capac fué el fundador de la familia, estableciendo 
el respeto á la mujer y á los hijos, prohibiendo la pluralidad 
de mujeres en el pueblo, y castigando con la muerte al que 
Ncdujese la mujer ajena. Esta fué indudablemente la mas 
fecunda de todas las reformas: el hombre tenia una mujer, 
la prole de esta unión formaba el objeto del amor del indio, 
faltóle á aíjuel lejislador establecer la propiedad privada con 
los lM*neficios que garanten su trasmisión y hacen posible la 
acunnilacion de la riípieza por el trabajo individual. 

Fundó la familia, pero desgraciadanx nte no la santifi- 
có por el amor y la libre elecí ion de los esposos: hizo de la 
i'.nion d(» los sexos un acto de administración, en el cual la 
voluntad de los contrayentes no era consultada, sino el man- 
dato di' la ley. (1) La poligamia soh) era permitida al In- 
ca y á los nobb's de su imperio. 

1. (íarcihiso de la Ve^a <lic*e (|ue en las provincias sometida? 
ai Iiiea. re reunían todos los años ó cada diis años, lo-*» mozos y «rozas 
casaderas, los "ranacas" í<e ponían en nieMio de los dos sexos, y to- 
mando una joven y un joven los casaban, sin consultar la voluntad 
<1(» los contrayentes; estas eran mujeres lejítimas. La ceremonia la 
liacia el Inca en el ( nzco con los di^untaruis de su país, y á los definas 
vecinos los casaban sus delegados. 



PEREURlNAClüX DK rX FUülTIVO _ 497 

I 

En una palabra, la personalidad del individuo estaba ab- 
»orvida por el interés de la comunidad (1) : el individuo tenia 
lija la estera en que poilia moverse, sin salir nunca de su con- 
dición; la familia era un obraj<?, y el tiempo que pudiera em- 
]»lear en su provecho ; lo destinaba á la «ociedad. 

Xo conocieron la ])ropiedad, eran meros ocupantes de la 
tierra, y no siendo propietarios ni teniendo moneda, no pudie- 
ron tí ner sino cambios en las ferias designadas por la ley ; 
cambios que no afeetal>an á los bienes raices. A cada familia 
el Estado le repartia la arca suficiente para su cultivo, pero 
i\([\w\ terreno fecundado con el sudor del agricultor, no era 
jfimás suyo, no salia del dominio del Estado, al cual volvia 
l)or la estincion de aquella familia. El indio, llenadas sus 
necesidades. c(mtribuia á aumentar los ])ienes del Estado, de 
modo <iue erfin desconocidos los halagos de la proi)ie(lad y la 
perspectiva de los goces de la riqueza acumulada con eco 
Loinir. y trabajo. 

La tierra se dividía en una parte para el Sol, con el ob- 
jeto de sostener su culto: otra para el Inca, para mantener su 
<lif£nidad real, y lo demás se dividia en porciones iguales y 
¡K r rafñfa, entre los indios, quienes no solo debian cultivar 

A caila famiUa nueva le daban casa y terreno. 8e casaban los 
de cala provincia entre sí, y les era ^)roh¡bido cambiar domicilio. 
La ley lo preveía todo, la libertad individual no e.xLstía, ni habia 
o »ineri-io esterior. sino cambio de frutos 6 proihi fifmes entre los 
súblitos del Inca. 



*i V. 



1, Kernantiez de üvietlo, tomo IV. paj. 177, refiere lo sij^uiente: 
Kn aíjuel pueblo de Caxamalca >e hallaron i'iertas casas lL»nas da 
i<M»a, que part^ce estaba allí de-positada, é puesta en fardos arri- 
n;ad'>> hasta la techumbre de la casa, tar.bien puest/KS é ordenador 
fomo 1 »s suelen tener los pálidos mercaderett en Flandes y e.u Mtnli- 
iia dd (amjH): é de aquella ropa se bastecía el ejército de Atabaliba. 
Lii-í esjiañoles tomaron lo que quisieran dessa ropa, ó to<iavia queda- 
ron las casas tan llenas, que pare^cia q^ie no hab'a liocho faUa la 
<jne se tomó della. V era la mejor ru¡»a que i*n ninguna parte de In- 
dias se ha visto en aquestas ipartes, y en Kspaiia y en todo el mun- 
do la ovíeran ávido por muy buena y inny linda: é la mayor parte 
della era de lana muy delgada é ,primal: otra de algodón de uKchos* 
é diverso^ colores ** finas** é bien matizadas.** 

'Mfist'jria Occeral v Natural de las ludias" — Lib. VLVl, 

• w 

-cap. VIH. 



49S LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

las titiras del ho\ y del Inca, sino de las viudas y ausentes. 
De manera que su tii»iiipo estaba consagrado al tralmjo aje 
no, seguros de tener lo indispensable y ciertos que en eual- 
cjuier caso el Estado les proveería de lo necesario. No e>^ 
posible que un pueblo organizado de este modo fuese comer- 
cial: el individuo no disponia.de su libertad ni de su tiempo 

La organización soi'ial era viciosa, y por eso ese impc 
rio se desplomó al soplo de la conquista, como mas tarde la 
(spulsion de los Jesuítas desbarató las elisiones, por análo- 
gas causas. Tan cierto es (pie no se pueden violar la« leyes, 
(le Dios, ahí d(mde no existe la libertad individual, dond*' 
el (\stado absoive todo, podrá existir un pueblo manso y un 
( rario rico; pero (\sa organización artificial será demolidu 
•sin estuerzo, porque solo la libertad del individuo armoni- 
zada (*on el interés social, bace posible y estable la vida de la 
bumanidad. (1) 

Pero, el fundador de est^ civilización debe ser juzgí»«l«» 
con arreglo al estado de su pais y de sus mtnlios: es preciso 
tener en cuenta, como lo di(e cim profunda verdad Huckl«\ 



1. **E1 jjohierso <\('\ Perú <?ra un lU^spotis-mo <le t-aráeter dulce, 
•port) absoluto y sin contrapeso <*n mis forma-?'* — Prese»)tt — '"Histo- 
ria (\c la conquista del Perú". 

Kl Padre Dietro ( órdova, natural de Lima, en su *'('oron'.<a 
franeiíwana de las provincias del Perú", di<'e: ** Hicieron lo»* Iujths 
*' ventaja á toda** las nacione** de la ¡Antérica -en polioia, gobierno, y 
"mucho mas en armas y valentía.'' Lib. 1, paj. P2 

Kn la confesión hecha en fonna de testamento por Mancio Sie- 
rra Le-jesema en la ciudad del (\iZ'o, á 15 de s^tier.bre de 1.1S9 ante 
el escribano (Jerónimo Sánchez de Quesafla, i'orrobora lo que déci- 
mo» en el testo. Le.je>e'iia hiznv en el lecho mortuorio su eonfesjón, 
']iorque era el último conquistador (jue vivia y para descargo de su 
conciencia. Dice así: **...qup lo* dichos Instas los tenían goberna- 
dos de tal «¡llanera, que en to<los ellos no habia un ladrón ni hombre 
vicioso, ni hombre holgazán, ni una nnijer adúltera ni mala: ni se 
permitía entre ellos ni gente de mal vivir en lo moral; q.ue los hom- 
Í>res tenían «us oeupaciones honestas y provechosas; y que los mon- 
tes y las ninas, ]>asto, caza y mailera, y t(»do género de aprovecha- 
mient »s. estaba gobernad i y repartido de suerte q'.?-? caia uno cono- 
liíf y tenia #íii hacienda sin que otro ninguno se la ocupase ó tomas**, 
ni sobre ello habían pleitos... y que las Ingas eran tenidws y obe- 
decidos y respetados de mis «mbditos, como gente cíipaz de mucho- 
gidderno^ y que lo mismo eran sus gobernadoren y capitanes.'^ 



PKREtSHINACIOX DE l'N FUUITIVü 49i> 

que— ** ninguna reforma puede producir bienen reales si no ef* 
obra de la públiea opinión, y si el niismo pueblo no toma la 
ineiativa." La indolencia característica del indíjena harii 
quizá pre<»Í80 ese lujo de reglamentación que critica Prcscott^ 
l'orque sin esos mandatos de la ley, el indio se entregaria á 
la contemplación de la magnífica naturaleza que lo rodea. 

El gobierno del Inca fué incuestionablemente civiliza- 
dor; de pueblos sin costumbres, errantes, salvajes y rudos, 
lormó un imi>erio inuienso, los hizo agrícolas y fundó ciuda- 
des con vias de comunicación seguras y fáciles; estableció 'la 
sistema rcgulai .. seguro de comunicación por medio de 
chasquis; íormó los quippos (1), creación sorprendente, |>or 
la cual se trasmitían las tradiciones, se formaba la estadística 
de sus provincias, de manera que el gobierno central, el In- 
ca, Siibía la población de cada una de las comarcas de su vas- 
to imperio, sus aumentos y sus atrasos. Organizó un sis- 
tema militar (2), reglamentó la justicia en formas primitivas 
pero rápidas, lesolviéndase en una sola instancia la causa 
que se ventilaba, sin apelación. Pero ;ay de los juec(»s per- 
vei*soG! La violación de la ley era castigada irremisi!)lc- 
mente. 

Creó una relijion nueva, cuyo ceremonial computado y 
FÍmbóIico ri'vela ideas en hu fundador. Al culto del Sol, le- 

1. ... *Maií eos-as de cuenta se perpetúan, dice ^^on Agustín 
Ao Zarate, por medio de tinas cuerdas de algodón, que llaman los 
indio* quippos, denotando los números por nudos de diver.sas hechu- 
ra«, ííubiendo ;por el esipacio de la eu<írda desde las unidades á de- 
e^^nas, y así desde arriba, y poniendo la cuerda del color que es la 
^í^a. que qui-eren mostrar'*... ** Historia del descubrimiento ete." 

2. Según Prescott «n los últimos tiempi^s del Imperio, el Inca 
4»r^ia poner en campaña un ejército de dosi-ientos mil hombres. **Las 
tropaj», dice, estaban divididas e~n cuerpos correspondientes á nuestros 
batallones y á nuestras couiipañías, mandador «por oficiales, que se 
formabaJí, siguiendo una jerarquía regular, íJesde el imas humilde m\- 
bfclterno baí»ta el noble Inca, encargado del mando en gefe — •" "His- 
toria de la conquista del Perú. '^ 

'*B1 país, agrega el mismo autor, está aun cubierto de las ruina« 
ñ<* Inm obras militares, con^^troidas <m pórfiro ó granito, las que, se- 
gún la tradición, servían para alojar al tn<;a y su ejército." 



5ÍJ0 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

vautarou magníficos templos que sorprendieron por su ri- 
queza á los conquistadores. Estinguió los sacrificios huma- 
jios según Garoilaso, aun cuando Prescott asevera no hizo 
sino limitarlos para las grandes solemnidades. Las vírjenes 
del Sol, destimidas á conservar el fuego -sagrado y á vivir 
perpetuamente consagradas á este culto, como las vestales dt* 
la antigua Koma, es una creación que establece una marca- 
da superioridad sobre las poblaciones aboríjenes de la Amé- 
rica. 

Además, la cultura del espíritu tenia sus representan- 
tes en lo« amantas, y el Padre Blas Valera, citado por Gar- 
cihiso de la Vega, asegura que el Inca Roca fundó escuelas en 
<fl Cuzco. (1) 

Para probar la cidtura y beneficio de este gobierno, las 
tendencias civilizadoras que lo caracterizan y la previsión de 
los Incas, bastará recordar la enseñanza que se hacia de la 
It^ngua general del Perú. d(» la lengua oficial y cortesana, co- 
mo la lUnua Garcilaso de la Vega. Esta lengua cultivada 
])or los amantan, enseñada en las escuelas, servia á sus yara- 
i'icKs en sus canciones, sus historias y sus representaciones; 
y en las relaci'mes oficiales, era requisito indispensable para 
tiesempeñar cargos públicas. Por poco adelantado que 
.se suponga á iin pueblo, desde que hace de su lengua 



1. *'l)¡ee qno fuó el primero que (jniso e>cuela8 en la real ^íu- 
cia<l <iel ioY.vi) para que lt)s **aniauta^" enseñasen las ciencias qu© 
al.anzabaii a los priiielpes Incas, y á Ids <\? su sangre real, y 
á los nol)|ps (le su i/rperio: no por enseñanza de letras, que no las 
tuvieron sin) por ipráctica y por uso cotidiano, y por esperien<?ia, 
])ara (juo >Mi;>ieran los ritos. piecepto> y ceremonias de su falsa ro- 
lijion, y para ípie entenire-en la razón y fundamento de su-^ leyes 
y fu ro*», y el nú ñero della^s, y vHu verdadera interpretación ?para que 
alcr. ¡izasen el dmi de saher jjobernar, y se hicieíton mas urbano-s^ y 
fueren de mayor inilustria para el arte militar: para conocer los 
tiiMup ts y los años, y saber }>or 1')tí nudos las historias y dar cuanta 
della>: para que cupiesen hablar .on ornamento y elegancia, y su- 
^]^ie^en criar «^us liijos, gobernar su casa. Kní*eñábanle« -poesía, mú- 
¿iica. filo-íofía y astrolujia. esa j)oco qu? de cada ciencia alcanzaron. 
A los maestros llamaban amantas, que e« tanto como filósofo» y 
sabios, los cuales eran tenidos con mucha veneración'* — * 'Comenta- 
rios Keales, cap. XIX Lib. IV. , 



PEREGRINACIÓN DE UN FUGITIVO óOl 

un objeto de entudio y de enseñanza , es fuera de duda 
que esa lengua tiene forzosamente que progresar. Por olr^ 
parte, ese estudio revela ejercicio en las facultades de la inteli- 
jencia, y el pueblo que dá una importancia oficial á su lengua^ 
es una sociedad que piensa, y en la cual el espíritu tiene movi- 
miento y espansion. 

Esa lengua que se habla desde Quito hasta Chile y hasta 
el reino de Tucnia, según Qarcilaso de la Vega, era enseña- 
da en todo pueblo conquistado, mandando para esto indios 
naturales del Cuzco, que conservaban la pureza de su idioma. 
y lo generalizaban por este medio, sirviendo como vínculo á 
las diversas comarcas de aquel gran imperio. 

Para estimular este estudio **los Incas anteponían, dice 
Gareilaso de la Vega, en los oficios de la república, asi en paz 
como en guerra, á los qne mejor hablaban la lengua gene 
Tal.'' 

Ilabian comprendido que, para las letras la lengua 
de cada pueblo es el instrumento mas importante, como di- 
i'e el biógrafo de Fernandez de Oviedo. Por esto se em- 
peñaban en el estudio y perfección de la lengua quichua, 
título suficiente para justificar sus -elevadas miras. Y 
en efecto, 'Ua quichua se hizo, dice Prescott, el dialecto 
mas rico y mas variado, como el mas elegante de la América 

del Sud.'' 

Así pues, la civilización fundada por Manco-Capac. cre- 
ció á medida que transcurrían los años, aumentando no soV> 
el número de sus subditos, sino elevando la cultura del pu^ 
blo, las artes (1) y las escasas ciencias que compren- 
dían. 



1 Para qwe pueda formars? una i'lea «leí estado de lan arteíc 
entre lo« Ineas, vamos á repr<MUicir lo que dice Fernandez de Ovie- 
do, cuyo testivn-onio no se pueda tachar de exajerado en favor de los 
in-dios. como igualmente el de otros escritores d?l mis?n) oríjjen. **Lo?r 
apossento», dice, e» uno donde estaba Atabal i ha íae recreaba y esp- 
iaba entre á'iSL: es un corredor alto, y junto con él estaba una cí- 
mara, donde dormía, con <una ventana sobre el patio y estanque; \^ 
e^ corredor assimesmo «ae sobre el tpatio. Las paredes desto es todo 
enxalv«gado de un betuni'e bermejo, mejor que almagre, que luce^ 



ÓÍ12 LA REVíSTA DE BUENOS AIRES. 

"Es necesario tomar en consideración, dice Prescott, 
los resultados verdaderamente grandes, obtenidos por el go- 
bierno de los Incas. No debemos olvidar que bajo su dominio, 
los últimos del pueblo gozaban del mas alto grado de bienes- 
tar personal, ó al menos estaban mas al abrigo de la necesidad 
física, que las clases similares de las otras naciones del conti- 
nente americano, y probablemente que las de la mayor parte 
de las comarcas de la Europa feudal." (1) 

A la capital de este imperio, á la ciudad fundada por 
^íanco-C'ai)ac y Mama Oello Huaco, * agentes de gran ser" co- 
mo los llama Cieza de León, acababa de llegar nuestro viaje- 
ro, quien en presencia de su antiguo esplendor estaba verda 
<leraniente comovido. 



imicba: la ma4Í^ra <sí>br^ que ca^ la co-bija de la casa teñi'la ñe la 
jiiesma color. Otro quarto frontero de*te, á la otra parte del patio. 
e< de qiiatro bóveda<» redondas cono campanas, todas cuatro encor- 
fporadaK en una: este e^ encalado blan. o, como una paloma. Los 
<)tro«< djs fion dos casas de *>ervicio. 8on apossento« de ver, y ;por 
wuchi) primor y concierto labrados; y por la delantera deste apos«ea- 
to pa-ísa un rio muy gentil y de íjentil rib^ra." 

** Historia íjeneral y natural de Indias": Lib XLVI. <?ap, VIII, 
paj 17S, tomo IV'. 

El mi«mo autor refiere en la pVj. 202. **La diversidad de las 
■])ieza*í d? oro que se trajeron, si se oviese de decir seria no acabar; 
pieza ovo, que parecía í-er as^iento de señor, que pessó ocho arrobas 
df oro; y fuentes ovo jírandes con sui* caños, corriendo agua en un 
lagü het'ho en la mesma fuente, donde estaban aves de diversas iTra- 
ncras y hotirbres sacando aj^ua de la me-iina fue:ite, todo hecho de 
oro. que era cosa mucho de ver.-' 

Pedro Cieza de Tvcon, dice estas palabras en el cap. LXX de mi 
*M'rí'niiea del Perú*'. *^Las '.r oradas y aprisentos eran nvuy galanos, 
y tienen por las t}>aredes pintodas muchos animal<^^ fieros y pájaros, 
ccicada tof'a de fuertes paredes y bien obrada; ya e.stá toda muv 
arruinada, y por muchas partes minada, por buscar (ho y ¡plata de 
enterramientos. " 

A>íu><tin df» Zarate en su ** Historia del descubrimiento y eon- 
•cjui-^tri de la provincia del Perú", dice en el cap XI: ** También tenia 
muchos graneros y trajes hechas de oro .v <plata, y grandes figuras 
4K> hombres y ^mujeres y de ovejas y todos los otros animales, y de 
tolos 1;)H géneros de yerbas que nacían en aquella tierra, con sus 
espigas y bastigas y nudos hechos al natural, .v gran s-uma <le man- 
tas V hondas entretejidas con oro tirado, v aun cierto número de 
l?ñ!)s, coro los que había de quemar, hechos de oro y plata." 



■i 



1. "Histoire de la conquéte du Piaron", par W. B Prescott^ 



PEREGRINACIÓN DE UN FUGITIVO 50,3 

Para apreciar con justicia aquellan impresiones, hemos 
<Teiclo conveniente hacer la larga digresión sobre las institu- 
<;ion<s del gohit'ruo de los Incas, porque conociéndolas, pue- 
<lc concel)irse la sorpresa de los conquistadores al examinar 
la destrucción de tan poderoKO reinado; destrucción tan 
terrible en las inmensas poblaciones indíjeuas, como torpe 
<*n las obras que encontraron para apagar su febril sed de 
4^»ro. Y sin embargo, aquel manso pueblo, al ver descender 
y morir como criminales á los hijos del Sol, habian doblado 
resiirnados su cuello al pesado yugo de la conquista. (1) Rota 
la artificial organización de su sociedad, sus restos fueron es- 
]»arcidos por los cuatro vientos; porque aquel pueblo no te- 
nia el amor d-e la patria, el amor de la tierra y de sus lares, 
<]ue hace que el hombre prefiera la muerte por defender la 
libertad. Los conquistadores cayeron sobre los indíjenas con 



1. K\ P. Bla<i Valora <»itatlo por Garcilaso de la Vega, dice: 
*'La habilidad y agudo injenn» de los del Perú, escede á muchas 
iiH'ioiieis del otro orbe: parte, porque sin letras ,pu<lieron alcanzar 
truchas coísas, que con ella» no alcanzaron los ejipcios, griegos y 
caldeos: parte porque ya que se arguye que si tuvieran letras como 
tuvieron nudos, e.-^cedieran á los romanas y galos y otras naciones. 
T>o otro, -qu^ la rudeza que ahora «muestran no es por falta de babi 
lidad é injeuio, sino por estar desacoiítumbrados á la» covstumbr?« y 
cf)>as de Euro:pa, y |)orqne no hallan quien l^es enseñe cosas de ha- 
"bilidad, sino cosas de granjeria é intereses. Lo cuarto, por<]U9 las 
-qu.» alcanzan maestro 6 tienvpo desocupado y libertad para apren- 
dei a.r.Hjue no i-ea nia^s que ii.itando lo que ven, sin que les ense- 
ñen, salen oficiales en todas las artes mec^init^as. y hacen ve-ntain 
^ muchos españolas. Manifiesta ^1 mismo Padre, que e-n música, artes 
y ciencias, -si les enscña«íen, no serían inferiores á les españole-», 
.]íi?esto que mas facilmento han comprendido loí* libro.* <de los con- 
quistadores, que evstos entendido su lengua, quipos y leyes. Alaba 
la memoria d^ los indíjenas. y explica la razón de haber sido ven- 
cidos, por la superioridad de la táctica y armas de loa e?ipañoles, 
I»orque solo se defendían con hachas y tridentes Ae bronce, piedras 
lanzadas pr>r hondas, y fleí-has. 

Mr. .Tosiah Conder, en ¡su obra **The modern traveller". dice en 
Irt páj. 14: *'The government of the Incas of Peni was a «pe íes of 
thiocracy: the sovereing nnited in his own person the ten.íporal and 
ibe «:;^irit'ual supremacy. and the ('hil<^ren of the Sun were both .priest-s 
■anl kings. But, thought the nost absoluto decvpotism in its form, it 
was far more mild inn as c-haracter. and less oppresive in fact. than 
that of the Mexican sovereings. " Citamos la oninion de este escri- 
tor, (|.up confirma lo que heíos dicho en este capítulo. 



504 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

la rabia de las fieras, y no se saciaban de despedazarles las 
entrañas, ni les conmovía el triste y prolongado quejido de 
los cautivos, al retorcerse bajo la férrea cadena del conquis- 
tador. 

Erauso entró por el antiguo camino, llamado de Conde- 
suyo. 

Cuatro grandes caminos conducían á la ciudad, el de 

Chinchasuyo, que se dirijía á Quito ; el de Condesuyo á Are- 

requipa y sus comarcas; el de Andesuyo á ías faldas do lo* 

.Andes; y el de Collasuyo, por donde se iba hasta Chile. 

íl) 

La ciudad está rodeada de sierras, entre las cuales cor- 
ren dos arroyos, uno de los cuales divide la población. Hacia 
el Oriente se estiende un valle que comienza en las misma ciu- 
dad. En el cerro del Norte, Erauso vio las grandes ruina.*? 
de la fortaleza de los Incas, de tradicional magnificen- 
cia. 

A medida que se internaba en aquella ciudad por sus 
largas calles, con edificios de piedra hiodificados ya por la teja 
fabricada por los conquistadores, que aprovecharon la solide;^ 
de sus muros de piedra, notaba que sobre las ruinas de otro 
tiempo se levantaban nuevas casas. A pesar de hal)er perdi- 
do el pasado esplendor, la población se habia estendido al 
estremo de encontrarse dentro de la ciudad el pueblecillo d»^ 
C'ayaucachi, mil pasos mas al occidente de la antigua metrcV 
poli de los Incas. (2) 

La población había estado dividida en cuatro barrios, en 
cada uno de los cuales residían los vecinos de las provincias á 
que éste correspondía, estando obligados á conservar sus tra- 
jes nacionales y sin poder mudar de domicilio. 

**Como estos Incas fueron tan ricos, dice el cro- 
nista Cieza de León, y poderosos, algunos de estos edifi- 

1 (Meza de L^on, **La Crónua del Perú", etc. 

2. Garcilaso de la Vega — ^*MV>ment arios reales de los Incas.** 



PEREGRINACIÓN DE UN FUGITIVO 505 

<?ios eran dorados, y otros estaban adornados con planchas de 
oro." 

Ademas de las ruinas de Erauso veía, supo que existian 
** grandes edificios debajo de tierra, y en las mismas entrañan 
della, hoy dia se hallan losas y caños, y aun joyas y piezas de 
oro de lo que enterraban." (Cieza de León) 

Apenas se alojó nuestro viajero en una de las ven- 
tas ó bodegones ya establecidos á la sazón, no faltaron 
quienes le informasen de los tesoros inmensos que se supo- 
nen ocultos en aquella ciudad. Los buscadores de esta» 
riquezas abundaban y causaban mas ruinas que la acción del 
tiempo. 

Erauso no era aficionado á tales empresas y las oía con 
interés, pero sin dejarse deslumhrar por ellas. 

Visitó el convento de Santo Domingo, en el lugar dond^* 
los Incas tenían su espléndido templo del Sol, levantando la 
iglesia sobre las sólidas paredes del antiguo edificio. 

En una de las calles norte-sud de la ciudad estaba ya fun- 
dado el convento de San Agustín, que también visitó, haciendo 
así relación con los frailes que lo habitaban. 

Del convento de San Agustín hacia la part^ alta de la ciu- 
dad se emjontraba el convento de Santa Clara, barrio poblado 
á la sazón de muchos españoles. 

En la plaza principal, en uno de cuyos frentes sobre el 
antiguo edificio que servia á las fiestas de los Incas en los dias 
de lluvia, se levantaba la Catedral. El antiguo edificio ha- 
bía sido construido por el Inca Viracocha. 

Muchas veces se paseaba en la plaza de Intipampa en la 
cual los antiguos adoradores del sol llevaban ofrendas á su 
Dios. Aquel barrio en otro tiempo se llamó el barrio del oro 
y plata — Coricancha — en el cual se kvantaba el espléndido 
templo de histórica fama.. 

En el barrio de los amauias y haravec^ fiilósofos y poetas 
del imperio, no existia sino el recuerdo y las tradiciones: la 
transformación había sido completa. Los amantas habían 
totalmente d!es:apare(»ido con la conquista, y eran sostituídos 



506 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

por la escasa enseñanza de algún convento ; escasa y pobrLsi- 
ina como lo manifiesta el historiador de los Incas, hasta el es- 
tablecimiento de los Jesuitas. 

Erauso frecuentaba los conventos y en esto obralm eon 
cordura, porque pendenciero y matón, buscaba siempre su 
salvaguardia en el derecho de asilo concedido á aquellos, 
precaución que mas de una vez lo sacó de aprieto. Fué, pues, 
al convento de la Merced, que tenia una manzana completa. 
La narración de sus largos viajes, sus penurias, sus travesuras 
y á la vez sus invenciones, le procuraron amigos en los buenos 
frailes de aquel claustro, á quienes muy frecuentemente visi 
taba en las horas de ocio. 

Contábales entonces las historias potosinas; describíales 
la riqueza del cerro, la facilidad de hacer fortuna en el juego, 
en que se perdian y ganaban sumas que deslumhraban la iraa • 
j i nación de los frailes. 

Otras veces para mostrarles el estado de aquella socie- 
dad, les referia las concejas mas en voga, las leyendas y las 
<»rónicas, haciendo un efecto prodigioso en su auditorio, que 
mas de una vez originó serios debates teológicos sobre los mi- 
lagros, las apariciones de los muertos, las almas en pena, los 
castigos de los condenados y otros puntos, según la materia re- 
ferida por Erauso. 

¿Porque frecuentaba tan asiduamente el claustro aquel 
calavera desalmado, jugador y matón? Tenia dos razones; 
la primera buscarse protectores en los difíciles lances en 
que solia meterse, y la segunda interesar á los frailes en 
sostener el derecho de asilo, para que en cualquier conflicto 
pudiera ganar aquel lugar. Ademas les proponia diversos 
casos de delitos, é indagaba los medios de que legalmente 
])odia valerf^e el delincuente para eludir la pena, y conserva- 
!>a con cuidado las opiniones que creia mas seguras, para 
utilizarlas, como mas de una vez lo hizo, en críticos momen- 
tos. 

Erauso no solo habia sido un vagabundo calavera, 
sino que ni el >ropós¡to tenia de corregirse; pero gustaba de 



PKREÜRIXACION DE UX FIHUTIVO 5<)T 

los frailes para hablar y beber con ellos, y no faltaba alguno 
que tani])¡en le hiciese compañia en el juego, como un parénte- 
sis á la monotonía de la vida vonventual. 

Estuvo también en el eonvento de Santa Catalina de Se- 
na, fundado.en el mismo sitio donde las vírjenes del sol cele- 
braban su culto pagano. 

A pesar de existir varios conventos de monjas y beateríos, 
la ]>rosti1ucion se habia generalizado, mientras que durante el 
gobií rno de los Incas la moralidad del hogar era conservada 
por el rigor de las leyes. La estigma que marcaba á la pavi- 
paijnotn, condenada á vivir solitaria en el campo y á no pe- 
netrar en la ciudad para no contagiar con su ejemplo la cns- 
tida<l y la virtud, reducía el número de esas desgraciadas cria- 
turas. Pero la comiuista habia borrado aquellas costumbres 
severas y castas, y la prostitución se habia estendido con la ra- 
yúdez de las aguas que desbordan, una vez roto el dique que 
las contiene. (1) 

Erauso frecuentaba la soiáedad de los truhanes v mato- 
nes, y la fama de j>endenciero y valentón dábale cierto j>resti- 
jio entre aquella hez de las sociedades desquiciadas. De mane- 
ra que alternaba de la conversación de los claustros á la bulli- 
ciosa algazara de los garitos. 

Tengo necesidad de olvidarme de mi mismo, decíale una 
vez á i*ierto fraile — Xo puedo borrar mis recuerdos infantiles 
porque casi en la infancia empezó mi vida azarosa y bagabun- 
<\n. líe sufrido mucho, y mas he hecho sufrir. 

El viajero no habia conocido las santos ejemplos dd ho- 
gar, (.'asi niño fué encerrado en un convento, del cual fug^» 
l)ura seguir aquella vida de escesos, de sangre, y sin embartro 
-de ejemplar castidad ! 

1. En la eoufej'ion do Maneio Siena l>e.jesema, citado por 
rie«-ott. dice: "....y que entienda S. M. que el intento que nie 
mueve á hacer esta relación, e« por descarj^o de mi conciencia, y 
por hallarme culpado en ello, pues habernos destruido c>n nuestro 
mal ejemplo, puente de t^nto jfobiorno coino eran estos naturales, 
y tan (|ii¡tado8 de c(,meter delito.s ni oscesc^s, asi hoi.bres cjmo mu- 
jv'>re,M. ' * 



.308 LA REVISTA DE BtltíNOS A1RE& 

VIII. 

A la luz de una lámpara. 

Recostado en una mesa en la sombría celda de un re- 
ligioso del convento de la Merced en el Cuzco estaba ua 
hombre de estatura grande, grueso, de facciones bastante re- 
gulares para no ser llamado feo, cabellos negros y largos. Te- 
nía la espada bien ceñida, la cabeza algo agoviada, su aire era. 
mas de valiente que de galán — Las manos carnosas, robustas y 
fuertes, pero su acción era afeminada (1). No tenia barba, 
lo que daba á su rostro un aspecto etiuívoco ó mujeril. 

Le escuchaba atentamente un religioso de la ]kler 
eed, alegre el rostro, franco el aspecto y penetrante la mi- 
rada. 

La conversación debia haber empegado mucho tiem- 
po hacia: ponpie el de la es])ada cotitinuaba su narra- 
ción. 

— Se encontraba — decia este — sumamente necesitada pa- 
ra alimentar á dos hijas enfermas. Bien podéis comprender 
la aflicción de una madre que tiene que mendigar para sus hi- 
jos, como el único y supremo recurso. Fué á casa de un mer- 
cader y pidió una limosna por amor de Dios. El mercader 
no quiso dárst*la. Entonces ella le rogó le diese de limosna 
para alimentarse, lo que pesaba un papelillo donde estaba es^ 
erito su nombre y decia: — Doña Juana Uiquelmi piih á V. 
una limosna, (2) 

Precisamente en aquel momento se encontraban en casa 
del mercader otros vecinos, y empezaron á burlarse de la pe- 
regrina ocurrencia de la infeliz madre. 

Entonces puso el papelillo en una balanza y en la otni 
colocó un real. Pero con .sorpresa de todos, el real no in- 

1. Iliütoria de doña (^atalina Eraiiso, por Ferrar. 

2. *VAnalos de la villa Imperial de Potosí^', por Mvtrtínez: 
y Vela. 



PERKCRINACIOX DE UN FUGITIVO 009 

<linó t»l fiel de la Imlanza. Admirados del caso fueron echan 
«do reales sobre reales; hasta que creyendo ver en aquel su- 
ceso un hecho sobrenatural, contaron el dinero y habia diez 
pesos de á ocho reales, que era la suma que precisamente ne- 
cesitaba la atribulada señora. Cruéntase que corria el año de 
1630 (1) cuando ocurrió lo que refiero, Re vendado Padre, por 
lo cual bien comprendereis que en Potosí abundan las con- 
sejas. 

— El caso es grave — dijo el religioso, y sobre todo, es mo- 
ral. . .quizá es un milagro. . . . 

En cuanto á milagras, numerosos son los que alli refiení 
la crónica. 

En la quebrada de San Bartolomé — continuó — al salir 
<le Potosí para esta capital, comí» á una legua de distancia de 
la primera, existen dos grandísimas peñas, y me refirieron 
seriamente al cstremo de darme risa y deseos de administrar 
una paliza á mi interlocutor, que — por el año de 158!) huían 
unos asesinos por aquel sitio, cuando las dos peñas se jun- 
taron en el lugar donde es mayor la angostura, separándose 
en seguida. La credulidad es tal qué, sostienen que antes 
y después de aquel suceso acontecieron allí otros verdade- 
ramente espantosos. Las cabalgaduras, decían, se alborotan 
hasta matar á los jinetes y despedazarse ellas mismas. 
De noche eran terribles y pavorosos las ruidos y nadie 
entraba en aquella quebrada sin verdadero temor d«í 
Dios. Sabéis Padre, cual era la causa, según aquellos ha- 
l)itantes? El demonio que habitaba en una cueva de aquel 
«itio. (2). 

1. ** Anales <le la villa Imperial de l'otosí. por Martínez y 
Vfla. 

'2. 1). Hartolomé Martínez y Vela, en su ** Historia de la Villa 
Int^periaJ de Potosí", di(*e: ** Tenían estos naturales en la quebrada 
-que hoy IJaman de San Bartolomé (diatante de esta villa una le^jua), 
una iirsixi ueva naturalizada en la peña viva, donde \\n día á la se- 
mana iban como en procesión á ailorar al común enemigo, que las 
mas veces se les aparecía vis-ible. Fs meT.orablí^ esta quebraln por 
la cual pasa el camino real de las provincias bajas y ciudades de 



ÓIO LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

La superstición se aumentaba, hasta que los jesuítas lle- 
varon la efijie le San Bartolomé, la colocaron en una cueva y 
salió bramando el demonio de otra caverna vecina y se es- 
tríalo en la peña. Por esto podéis juzgar de lo candido (pie 
son aquellos ricos moradores del mas rico asiento de ruinas^ 
ílel Perú. Pero no es esto solo, se empeñan en probar que ei 
diablo ha dejado impreso en la i>eña la prueba de su atroz sui 
cidio, en el color verdinegro de esta. ( 1 ) ¿ Qité os parece, pa- 
dre? Los Jesuítas sostienen que desde que la imájen d" Si»n 
Bartolomé hizo aquella visita, la quebrada que lleva su no'r.lo'e 
es un sitio de paz. 

Latgo é 'nacabable fuese si continuase refiriendo ruan 
ta historieta s* cuenta en Potosí, (onsejas que pasarán á \a 
pc»steridad, poriaie están grabadas en la imajinacion dv* ¿iquei 
r.u^'blo de ua iiiodo imlK>rrable. Quitarles esas ci*«»«Mic¡as, 
.s. í.:i desj>ojarI(>s del encanto con que creen en las aparicio- 
ii«*s dí'l otro »n ujdo. y en las batallas continuas y diari.Ks n.e- 
♦'i «hablo dá, pnr medio de sus ajentes, para pesciu* Anuis. 
para el infierno. (]Ue sin duda delw estar despoblado por !•► 
empc'Wso dv h< industria de que dicen valerse — dij) ri«*udo 
íileíTi'í'HU'nt'*. 

El Irnile no decia nada, escuchid»a con interés a(ia*dlo*í 
cuentos, (pie hov ni los niños oirian impasibles. 



Lima, <'iize(). y las otras, p(>r lo que en eUa sucedía á los principios 
dt Ih fundación úi^ esta viUa; ipues .pasando las gantes por allí, re- 
•peníinaiTcnte se juntaban las dos peñas (que son altíiíimas), y ma- 
tándolos á ttMlos se tornaban á abrir. Otras veces si pasaban en 
«•nbalj^adiiras, de improviso «e alborotaban y no paraban ha^ta ha- 
cer pi» lazos 'X los hombres con sus corcobos: otras se levantaba iin 
viento liiracan tan espantoso, que s^úbita-mente le« qniiaua la vida, 
y si no se las quitaba en a<fuel punto, los arrebataba y arrojaba en- 
n'ima de otra*s .i>eña« que hay en sus cantornos. Añrman ^ion Antonio 
de A costa y el capitán Pedro Méndez, don Jnan Pasquier y otros 
autores, que el causador de estos daños era el demonio que habitaba 
c) a(|uel)a üthti cueva." Transcribimos este párrafo como una prue- 
ba «le la candida credulidad del cronista y en justificación de lo que 
referimos en el testo. 

1 Martínez v Vela, ** Anales de la Villa Imperial* ' etc. 



PERK(iKlXAriON 1)K l'N FliUTlVO ¿11 

— Para que juzgue mejor V. P. del estado de aquella so- 
1 ¡e<lad, voy á referirle un suceso de otro jénero. 

Oolüernaba á Potosí en 1600 el correjidor don Alvaro 
I^atiño y se celebraban fiestas de toros. Era una corrida <?u 
toda regla, á la cual son tan afe<*tos nuestros pueblos. Don 
^lartin de Igarzabal. vascongado, por ciertas cuestiones anio- 
rosas arrojó del balcón de su casa á Nicolás Enriquez, raancí»- 
bo de pocos años, oriundo de Potosí. Vio su padre este atroz 
asesinato y trepó las escolleras, se introdujo en las habitaciones 
de Igarzabals que estaba e8i*ondido del)ajo de la cama, y le di/' 
de puñaladas hasta dejarlo muerto. (1) 

Se alborotó la jente de la plaza con este motivo, vinieron 
\oH criados del correjidor y los amigos de tinriquez, que eran 
andaluces, estremeños y criollos. 

Los vascongados gritaban ¡ muera el a*scsino ! Y en tropel 
entran los unos y los otros. Se trabó entonces una lucha cuer- 
1)0 á cuerpo, en la cual pereció don alendo Patino, sobrino del 
correjidor. (2) 

De uno y otro bando murieron algunos y (piedaron trein- 
ta heridos. 

De aquí sií originaron crueles desafios entre vascongados 
y criollos, y si hubiera de continuar, Padre, en estas historias. 
st»ria inacabable mi conversación. 

— En verdad que nunca oí tantos escesos, ni soñé que hu- 
biese minas tan ricas. Aquí gozamos, hijo mió, de la paz del 
claustro, con la bendición de Dios. 

— Pero los que vivimos en el mundo y no llevamos una 
vida con olor de santidad, como el humilde pecador ahora 
presente, necvesitamos consejos de los varones prudentx^s y 
justos. 

(^ierto relijioso de San Francisco — dijo — me ha ensi^ñado 
que, si me encontrase alguna vez condenado á muerte, lo que 
de cierto no será por mis virtudes, estando en la capilla de 

1. Obra ya citada. 

2. I<3. id. 



Ó12 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

los reos y después de comulgar, ponga la fonua en la mano, y 
grite — iglesia me llamo, iglesia me llamo! — Por este arbitrio 
me asegura gozaré de inmunidad y no podrán ejecutar la 
sentencia. 

— De veras que sería una cuestión en la cual tomaría par- 
te la autoridad de la Iglesia ; pero es una herejía. 

— ^le rasparán la mano; qué importa !.... lo esencial 
es salvar el bulto — dijo riendo estrepitosamente nuestro co- 
nocido. Y que diría V. P. si le dijese que piuíe en obra el 
consejo .' 

El relijioso abrió los ojos desmensuradamente, y murmu- 
ró — Dios mió, ten piedad de este pecador ! 

IX. 

Cuando iban á cerrar la i)orteria del convento, nuestro 
conocido se dirijió á casa de un amigo á jugar. 

Por ciertas rencillas de juego, trabó riña con un célebre 
matón, y dando tajos y reveses llegó cerca del cx)nvento de Sau 
Francisco. Allí asestó una feroz puñalada al contrarío — que 
solo tuvo tiempo para pedir confesión. Nuestro fugitivo es- 
taba herido en la espalda y en el pecho, por consiguiente, des- 
pués de aquel esfu-erzo, cayó examine. 

Al ruido acudien)n los frailes del convento, el correjidor 
y jente de armas. 

Asistido en (*asa del tesorero, en cuyo servicio <*staba. fue 
una noche llevado sijilosamente á la celda del Padre Francis- 
cano, fray Martin de Arestegui. El objeto de esta traslación, 
<ra buscar asilo en el convento. 

En efecto, *1 correjidor puso guardias en los contornos y 
tomó medidas para capturar el reo, una vez que saliese del 
convento, que no se atrevió á allanar. 

Algunos meses después trató do nuidar fierra, como 
él dice en sus memorias, y tuvo en el camino lances sia 
cuento. 

Llegó por íin á Iluauuuiga y d( spues de largas cuitas, por 



PEREORINAClüN DE ÜX FUGITIVO 513 

ciertas estocadas cerca de la casa del obispo, este por salvarle 
la vida lo tomó bajo su protei*cion, y por último lo llevó al 
convento de Santa Clara. 

Grande ruido hizo la noticia en el Cuzco y Potosí, al sa- 
JH»r que al capitán Erauso lo habían llevado á un convento de 
monjas. 

— Es i>eregrina la idea de su Sefioria Ilustrísima! 

— El obispo de Huamanga, decian otros, no está en su juí- 
<'io, y es estraño le hayan iK»rmitido tal desacato ! en el convengo 
de Santa Clara! 

Y en verdad, á cualquiera á quien dijera, que se 
ponía en un convento de monjas al mas desalmado cala- 
vera de aíiuel tiempo, tomaría la cosa por una muestra díi 
locura. 

Pero hé aquí el misterio: ** Señor, todo esto que he refe- 
•*rido á V S. Ilustrísima no es así, le verdad es esta: que soy 
*' mujer: (|ue nací en tal parte, hija de fulano y de sutana: que 
^*me entraron de tal edad en tal convento, con fulana mi tia : 
**que allí me «'rié: que tomé el hábito: que tuve noviciado: 
**(iue estando para profesar, por tal ocasión me salí: que me 
*'fuí á tal parte, me de.snudé, me vestí, me corté el cabello* 
*' partí allí y acullá, me embarqué, aposté, trajiné, maté, herí, 
"* malee, córrete*, hasta venir á parar en lo presente, y á los 
pies de su Señ.)ria Ilustrísium.'' (1) 

Este viajero singular y fantástico, es ccmocido en las cró- 
nicas coloniales bajo el nombre de — la monja alférez. 

VICENTE G. QUF:HAI)A. 
1. ** Historia (le la Monja Alferoz*', doña Catalina de Eraiieo. 



DERECHO 



JIRISPRUDENTIA DE LOS TRIBUNALES. 



Sumario — 1.* ¿Debe considerarse testamento militar, el otorgado por 
nn oficial en servicio de frontera? 
'2." ¿La ley 4, tít. l.o, Part. (>.a, ha sido derogada en e.-^te 
juinto, según la interpretación que se dá á la de 7 ji 
lio 1S23? 



Caso — FA TA setiembre 1864, se pr seiit i ñute les 
Tribunales inferiores el procurador Sn >;>sííi y j)atnHÍnailo 
por el I)r. Pinedo (I). Federieo),aeonipau() á nonibrí» de lona 
jMrona Ortiz el icMaminta militar del casposo »le esta, 
capitán de Dragones de infantería Javc Seguí, (africano) — 
y espuso — Que liabiendo fallecido los testigos Manuel 8anipa\\> 
y el teniente Manuel Pérez (autorizante), ignorándose el pa- 
radero de los dos restantes Carmelo y Nicanor Pa\ia — solo 
era posible justificar la autenticidad de dicha memoria otor- 
gada en el Fuerte Federaeion (hoy Junin) Frontera (h San 
Ignacio de Logóla, á 4 de octul)re de 1847 — ahorando las *ir- 
mas del testador y testigos nombrados. 

Que tal prueba era bastante en el caso presente, puestr> 
que el militar que se encontraba en la situación de Seguí, 
podia testar en cualesquier forma, siendo válida su dispo- 
sición con tal que se probase la antenticidad, aun cuandc^ 



JURISPKrDKNCIA DK LOS TRIBUNALES. Ó13> 

ipareeiera de loe? requisitos prescritos para las ^leiiioriaí*^ 
otorj^adas por aquellos (jue uo gozan di^l fuero de guerra — 
por lo qué s()lieital>a se jirase oíieio al Juez de Paz del Snlto 
eon remisión de la Memoria orijinal, autorizándolo para re- 
cibir lits deelaraeiones de los testigos que le fueren [)resenta- 
dos al tenor del interrogatorio adjunto. 

Oido el Ministerio Púhlieo, fundó su oposición en queí- 
este eano no era el de la ley de Partida «pie permitía á los 
militares que se hallaban en campaña y peligro de nnicrtt* 
por fun<*ion b'*liea, otorgar testamento sin los reciuisitos ne- 
eesiirios— Que aún cuando una Ordenanza del ejército acor- 
dalia esa esccpí'ion á todos los militares como fuero, hallán- 
dose (»n su ca<a y en poblado — la ley de 7 julio 182*í. aboliiS 
los fueros personabas, razón por la < ual no podian ser invo- 
cados con éxito — Que en esta virtud, y mandando la ley quv> 
el menor númí^'o di» U^tigos de un testamento que no es lie- 
eho ante Escribano público — sea el de cinco y no i»udiend;> 
probarse el ca.<o (strcmo en que bastan tres — no debía aten- 
derse lo pretendido por la parte — 

Esta observó á su vez. que la ley de Partida reconlada, 
había (piedado subsistente á pesar de la ley patria de 1823 — 
cuya im»ntv fué abolir km fueros en lo qui^ venían á hacer una 
eseepi ion á la regla jeneral sin un motivo justificado, pero nc» 
en los casos en (pie atento el carácter especial de los militares 
es una necesida<l imprescindible — como sueedia en el presente 
tratándose de un acto civil efectuado en lugar enteramí*ntt* 
despoblado como era la frontera en aquella época. 

El Juez de lo Civil Dr. Garda Fernandez — en 8 de Ma- 
yo 1865, proveyó — 

**Y vistos: Considerando que la ley 4, tit. l.o Part. 
6.a solo concede el privilejio de que falte la solemnidad del 
competente número de testigos, en los testamentos que otor- 
tnien los militares hallándose estos en hueste, ó sea en espeii 
cien militar, como sienta la glosa de Gregorio ^ opez, — j en 
peligro de muerte por acción de guerra; debiendo sujetars* 
<n\ loR otros castas á las prescripciones comunes. 



r»ltí LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

Que las leyes posterior(*s que establecieron ¡luvns ¡jcr- 
^ioualis pnra todas elreunstaneias en favor de los militarte — 
liallfisense ó no estos en los estreñios de aquella ley han hido 
inipIkitaiiKnte derogados por la ley Patria de 5 dv» julio dt? 
1S2^> (pie al>olió irnlo futro personal y dejando solo subsistente 
el futro real ó de las cosas. 

Que, j)()r ]o tanto, solo corresponde á este último el 
que determina la ley de Partida; es decir, el de hallarse en 
espcdicion militar ó peligro de muerte; y no el caso de la 
Memoria f. 1.a, en la que su autor aparece de guarnición 
en ticuipo d;^ i)az, en un fuerte fronterizo pero rodeado de 
vecinos (pie ¡mdrian servirle de testigos. 

Por esio — y de conformidad con el Ájente» Fiscal no há 
lugar á lo solicitado por el procurador Sagasta para que el 
papel f. 1.a se lonsúhrc como testamento militar if privilejia- 
^lo, el» /' 

Apelada (*sta sentencia, ol)servó ante el Superior la par- 
le agraviada, por el finado Seguí en encontraba en /•?//:>./*! 
cuando otorgó su última voluntad y de consiguiente compr»»n- 
<li<lo en la ley 4, tít. 1.a Parte ().a y amparado por la de 
julio 182*{ — que dejó subsistente el fuero militar para los ac- 
tos (ejecutados en marcha, campaña é serincio. 

El Sr. Fiscal dictamine) — en apoyo de la providencia del 
inft»rior — fundado en que para que un militar se considen; 
<^n el (aso de usar del privilejio que acuerda la ley á los dtí 
-su dase, es necesario que esté en marcha, ó próximo á un 
combatí, lo (pie no podia pr(\sumirse por solo la eircunstan- 
eia <le (pie Seguí estuviera de guarnición en un fuerte fron- 
te rizo donde otorgó la M( m<n'ia de que se trata sin tener una 
urjencia que le ])rivase de la reunión de los testigos que lo 
firmaron. 

A pesar de esto, el Superior Tribunal en su Sala de lo 
Civil decidió lo siguiente» — en 3 de dicie^mbre úítimo. 

** Vistos. Considerando que el destacamento en un puñ- 
to avanzado de la frontera, como lo era en la epm^a del 
otorgamiínito de la ^lemoria de f. 1.a el Fuerte Federación^ 



JCRJSPRUÜEXCIA DE LOS TRIBUNALES. 511 

no puede considerarse como guarnición en tiempo de paz, 
por que perpetuamente existe el estado de guerra con ios 
salvajes del desierto que siempre se mantienen en asechanza 
para sus continuas invasiones ; que para todos los efectos mi- 
litares se consideran como en campaña las fuerzas que pres- 
tan este servicio, y respecto también á los Guardias Naciona- 
les que á él contribuyen : que por consiguiente los qu-e se ha- 
llan en este caso están comprendidos en las escepciones que 
V:Stablece el artículo 4.o de la ley de 7 de julio de 1828 — 
•y queda en tal caso vijente la ley 4, tít. l.o Part. H.a, se 
revoca el auto apelado de fs. 13 — y satisfechas las costas, de 
vuélvanse, {fíai 5 rúbricas*') 

(Corolario — Estamos de perfecto acuerdo con el fallo que 
precede que no fué ai>clado i)or el Sr. Fiscal, y el que con- 
cretando los verdaderos principios de la materia, viene á 
fijar con netedad la jénuina interpretación que deba darse 
á la ley Patria de 1823, siempre que ocurra un caso tan raro 
como el presente, siendo el único que recordamos al respec- 
to por su nalojía, el del jem»ral José Maria Flores, tinado en 
1856, y que á pesar de no contener sino su sola firma fué 
declarado legal el testamento que ordenará, ante don Celctio 
nio de la Cuesta, secretario del jeneral en jefe don Anjcl P.i- 
checo, en el lugar de **La Hedionda" (Provincia de la Rioja) 
en 25 febrero 1841 — instituyendo con arreglo á ()rdeniin>.a 
por fiu única y universal heredira (por no tener sucv»sioii/ 
á su esposa doña Maria del Rosario Sara vi. 

Ahora, por lo que mira á la sentencia del inlelijcntí- y 
híl>oriuso niajistrado que conoció en 1.a Instancia, observa 
mos cierta contradicción en ella, por cuanto si bien dí'clara 
en vijencia la ley 4, tit. l.o Part: 6.a que permite hacer su 
testamento al militar en hueste de cualquiera manera qur 
pueda ser justificada su voluntad — exije la presencia de 'nn^ 
co testigos, en un lugar en donde ninguno existia, para la 
validez del otorgado por el oficial Seguí, que á no dudarh> 
se encontraba en la hueste ó espedicion militar, mandando 
tropa en la frontera entonces despoblada del Fuerte Fcde- 



.118 LA BEVISTA DE BUENOS AIRES. 

raeiou ó Frontera de San Ignacio de LoyoJa, como se sioii- 
ía en la Memoria aludida. 

Ku efecto, lejos de nosotros la creencia de que la lév- 
ele 1823, haya abolido en todos sus casos el fuero militar — 
Ahí está su art. 4.o que dice; ** Queda sujeto á la misma 
jurisdicción (á la militar) todo delito cometido por los mili- 
tares dentro de los cuarteles, en marcha, en campaña, ó en 
<ictos de servicio.*' 

¿Y e-sto no importa la conservación del fuero? 

De consipfuiente, la ley patria se circunscribió á al>olir 
i'ste en cuanto hacia una esce]>cion á la regla jeneral sin cau- 
sa justificada — mas de ningún modo en los casos en que at-ento 
4*1 carácter especial que inviste un soldado, se hace de im- 
periosa necesidad su observancia. 

La ley, replican, solo deja subsistente el fuero militar 
<*n los procesos criminales, mas no en los asuntos meramente 
•civiles como el que nos ocupa — Pero ¿cual ha sido la razón 
<1(* aquella al establecer semejante es(»epcion que sienipre es 
odioso ccmio todas las de su jénero? En nuestro sentir no en- 
•íontramos otra que la de facilitar el castigo de los delitos 
(le un modo ])ronto y eficaz, en parajes en que, merced á un 
«cúmulo de circunstancias especiales, no puede hacerse oir 
la voz de la justicia ordinaria con la celeridad requerida — 
Y tal es la que milita en pro del fuero en asuntos civiles, 
<'(mio v\ otorgamiento de un poder (1) ó la facción de tes- 
i^amento, ordenado en campaña, ó en el conflicto de entrar 
-en combate, donde casi siempre las exijencias del servicio 
iiiji/»utii llenar los requisitos de estilo — Tan es así, que •- 
mismo Sr. Ajenie Fiscal en lo civil, se limita á negar que 
Seguí se hallase en el caso de la ley de Partida, por que de 
lo contrario era insost(»nible la premisa, como k> dice táeita- 
mente el hecho de haberse dejado ejecutoriar el fallo revo- 

, (1) T^s que vionen del ejército <le operaciones, son autorizados 
*n 4)apel Mm,pie por el señor Jefe de Estado Mayor y el Au-ditor 
•ie jíiierra. 



JURISPKUDENCIA DE LOS TRIBUNALES. 519 

malcrió 8Ín acudir al remedio oportuno del recurso para ante 
la sala del Crimen. 

Queda pues establecido, en virtud de la jurisprudencia 
< lara y evidente del Superior Tribunal en su Sala de lo Ci- 
vil — «pie la ley de Partida que permitia á los militares, ha- 
llándose en campaña ó en peligro de muerte, por naufrajio 
/> funíúon bélh'a — ordenar su última disposición de cual- 
4piiera manera, dándoles validez con tal que se pudiese pro- 
])ar que esa fu^ su postrera voluntad — ha quedado subsis- 
tente á pesar de nuestra ley de julio de 1823, cuya promul- 
í^acion no pudo causar gravamen tan irreparable á los que se 
^ledican al noble ejercicio de las armas, y brinden su vida en 
defensa de la patria y por el honor de su bandera! 

ÁNGEL J. CARRANZA. 



Bibliofirrafia 



REVUE AMÉRICAINE. 

Histoire, littératur^, voyages, arcbéalogie, etnographie, linj^ubtíque^ 
Sciences, agrieultiire, iiiclu&tne, commerce, bibliographie et nouvelles. 



Hemos recibido el primer número de una injíeresante 
publicación que acaba de fundarse en Paria, bajo el título 
que encabeza estas líneas. Aparece mensualmente una en- 
trega en 8.0, buen papel, con ocbenta pajinas de impresión^ 
mapas y láminas. El precio de suscripción en Paris es 2> 
francos. El periódico formará dos gruesos volúmenes anual- 
mente. 

Para demostrar el interés y la im})rotancia de los estu- 
dios americanos á que se consagra, basta señalar las mate- 
rias que trata en la entrega que tenemos á la vista: Dracn- 
hrimioilo ¡j esphracion de las minas de Palenque por Hras- 
síHir de Bourbourg — El réjimen de l<is encomiendas esjMiño^ 
las en ambas A mt ricas por el doctor Martin de Moussy : — 
Introducción á un estudio comparatix^o sobre las lenguas de 
kt familia maifa-ejuiché por Charencey: — Las aguas mine- 
rales del Perú por Barrault — La cuestión de las razas en. 
las Antillns por G. de Tayac: — Cuento de los sahmjes del Ca- 
nadá — Miscelánea, noticias y bibliografin. 



BIBLIOGRAFÍA. ^21 

La entrega está preeedida de una introducción que 
creemos conveniente reproducir. El señor J. León de Ces- 
sac, director-propietario de este periódico, se espresa en es- 
tos términos : 

**La América no es solamente un continente distinto, 
es á la vez un mundo diferente elevándose quizá á una fe- 
cha tan remota como el antiguo, pero de cualquier modo 
no menos digna de interés, y sobre todo no menos fecun- 
da en curiosos descubrimientos. 

Queremos hacer por la América lo que hasta ahora no 
ha sido desempeñado de un modo satisfactorio. 

En efecto, la Francia posee un número considerable 
de compilaciones consagradas al estudio del mundo anti- 
guo y de las civilizaciones muertas ó vivas cuyo sello está 
toilavia visible. 

En los libros, en las revistas, escritores especialistas re- 
velan los resultados de sus investigaciones sobre los mo- 
numentos y en las archivos de los pueblos: Aparecen los 
orígenes, y se puede seguir la huella de los desarrollos su- 
cesivos, comprender las formas variadas de las lenguas pri- 
mitivas, evocar del pasado las ideas, la relijion, el arte; y dí^ 
tstos materiales, laboriosamente reunidos, se vé salir la 
vida intelectual y física del individuo, el estado social de los 
grupos etnográñcos y de las nacionalidades constituidas. 

Las indagaciones y la publicidad periódica que las pro- 
paga dan á las generaciones nuevas un conocimiento mas 
exacto y mas completo de los caracteres propios de lax res- 
peetivas costumbres, y, por una deducción nec*esaria, reve- 
lan los intereses generales que son comunes al presente y al 
porvenir. 

Pero para que sea realmente fecunda e.sta curiosidad, 
esta sed de aprender y comparar no debe limitarse ; no reco- 
noce ninguna frontera y las olas del mismo océano no de- 
berían detenerla. El título mas característico de nuestra 
época se encontrará en los estudios americanos,