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RCIMPRCSIÓN EXACTA Y AUTORIZADA OC 

'*LA REVISTA DE BUENOS AIRES'* 

^OR LA Biblioteca Americana 



A.rturo E. López — .Editor — La valle 1452. 



•1 



# • 




' HISTORIA AMERICANA, LITERATURA Y DERECHO 



Periódico destinado á la República Argentina, la Oriental 

del Uruguay y la del Paraguay. 

PUBLICADO BAJO LA DIRECCIÓN 

DE 

Miguel Navarro Viola y Viceofe C QuesaJa 

(ABOGADOS) 



TOMO XVL 



BUENOS AIRES 
Imprbnta de Mayo, 241 Calle Morbno 243 

18B8 



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U REVISTA DE BUENOS AIRES. 



Riitorii Amerieaní, blteritura y Dereehí 



AÑO VI. BUENOS AIRES, MAYO DE 1868. No. 61 



«M^M 



HISTORIA AMERICANA. 



bolívar — SAN MARTIN. 

PARALELO - ''^ 



Tarea grata para un Americano es la de estudiar á esos 
dos hombres, cuyo carácter ofrece afinidadies y contrastes que 
dan mas reliteve á sus nobles figuras. 

Ellos estuvieron dotados de altísimas prendas del cora- 
zón y del ingenio, quie si esplican su misión providencial, nos 
mueven, empero, á observar puntos opacos en esas estrellas diel 
Sur. 

Uno y otro gozaron de las vientajas del nacdmiíento, y de 
la educación bajo el régimen metropolitano. 

Los sucesos de la primera edad modificaron aquellos dos 
espíritus, cuyo molde se quiebro con su muerte. 

Los viajes y el cultivo de la primiera sociedad mas que 
los estudios teóricos desenvolvieron las facultades die uno y 
otro, 4 que los sucesos delwan dar un vuelo estraordinario. 

Bolivar, aunqiue educado en España, advirtió temprano 
en su Patria los vicios de la esclavitud, y las preocupaciones 
que esterilizaban la savia de esas generaciones anhelantes de 
la felicidad á que convidaban los esplendores de su clima. 

Después visitando la Europa, presenció en la coronación 



6 LA REVISTA DE BUENOS AIBES 

de Napoleón el apoteosis del primero de los mortales en su 
tiempo ; pero ese espectáculo casi olímpico no alteró la melan- 
colía de sus meditaciones sobre las ruinas de Boma. Desde las 
colinas de la ciudad leterna, contempló, como Bienzi, las tum- 
bas cubiertas con el añoso musgo y las sombras de los tribu- 
nos que parecian reclamar un vengador. Existen pajinas pal- 
piítantes die entusiasmo bajo esas inesplicables impresiones. 

San Martin robustecia la instrucción adqudrida en el Se- 
minario de Nobles con su ejercicio profesional en la lucha de 
los Españoles contra sus invasores, que renovó las hazañas 
mas románticas de esa nación de leones. 

Los libros no le aleccionaron mejor que su observación 
inmediata de la táctica áe los gefes que le guiaron con sus 
ejemplos perfiectamente aprovechados por su bizarro discípulo. 
Esa época le comunicaba enseñanzas profundas de la incons- 
tancia y de los furores de la muchedumbre. — El cadáver del 
gobernador Solano víctima del populacho no se borro de su 
ineijioria, v aun años dispues, asomaban sus lágrimas al mirar 
el retrato de su amigo. 

Los trabajos de uno y otro caudillo en favor de un mis- 
mo pensamiento, presentaron notables difierencias en cuanto á 
los medios que emplearon, y en cuanto al campo mismo en que 
sobresalieron. 

No hay en los anales militares combinaciones mas astutas, 
ni resultados mas completos que los de la campaña sobre Chile, 
organizada con admirable previsión desde el territorio de Cuyo. 

El paso de los Andíes frustrando la perfidia de los indí- 
genas, y la vijilancia de un ^enemigo poderoso, solo es compa- 
rable al de los Alpes por otros dos insignes capitanes ; y si la 
superioridad se mide por los obstáculos viencidos, ella está 
en el gu»errero sud americano — San Martin plantando la han 
dera de la libertad humana en esas alturas, fué mas sublime 
que Bonaparte, cuando descendía de los desfiladeros alpinos 
para humillar la casa de Austria ; ó que Aníbal cuando después 
de caer sobre las llanuras italianas, las abandonó, para acudir 
al África amenazada por Escipion. — Roma había sido salvada 



BOLIVAE— «AN MABTIN. 

por SUS cónsules. 

El vencedor de Chacabuco y Maipo fundó rápidamente la 
inoiependencia en los valles trasandinos, y preparó la célebre 
expedición del Pacífico, para recibir en sus manos victoriosas 
el viejo estandarte que la madne de Carlos V bordó para Piza- 
rro. 

Bolívar, creando recursos de la nada, é improvisando ejér- 
citos adquirió un ascendiente irresistible. La guerra ardió 
cruiel y desapiadada en toda la región que los descubridores 
apellidaron Costa Fií-me. 

Gipreses y palmas coronaban alternativamente la frente 
diel hijo de Caracas, abrasada por el sol del Ecuador, ó baña- 
da por los torrentes de los trópicos. El odio al dominio es- 
pañol centuplicaba su prodiogiosa actividad. Vélasele fre- 
cuentemente poner por alfombra á sus pites el pendón de Cas- 
tilla que no se abatiera ante el opresor de la Europa. Habia 
en lo íntimo de aquella organización una perpetua electricidad, 
como en el seno de la tierra fermentan las sustancias de los 
mas puros ó sólidos metales, 

Las jornadas de Boyacá y Carabobo dieron por resulta- 
do la consolidación de Venezuela y Nueva Granada en una so- 
la comunidad nacional. Ellas fueron precursoras de Junin 
y Ayacucho que consumaron la epopeya Americana, encum- 
brando sobre todas las reputaciones contemporáneas df^l nue- 
vo mundo la de Simón Bolivar. 

El teatro de los sucesos ofreoió una fisonomia análoga 
á la magnitud de teste ínclito torneo. Sus límites eran am- 
bos océanos; y esa tierra ilumí natía p!>r volcanes, cruzada 
d« rios soberbios y dotada de una variedad infinita de aspec- 
tos, imprimió á la insurrección y á la guerra una novedad y 
una serie de accidentes lextraprdinarios, á que era necesario 
se plegase el genio fértil de los generales, frecuentemente 
desorientados por los caprichos de la fortuna, y por los de una 
naturaleza portentosa. 

Tanto el gef e argentino, como el venezolano han sido ído- 
lo diel ejército. 



8 LA EBVISTA DE BUENOS AIBES 

El primero poseía una elocuencia incisiva y flexibtle como 
el acero de su sable. — Trataba con la mas franca deferencia 
á la mayoria de sus compañeros die armas, llevando su seuci> 
Hez espartana á un grado sorprendente á sus subordinados. 

Los discursos, las proclamas, los brindis del segundo» 
radiantes de inspiración y de oportunidad, electrizaban en 
los dias gieniales de la república. 

Pero fué á veces injusto con algunos de sus amigos 
mas entusiastas, y tiránico con sus inferiores, á quienes solia 
tratar con lenguaje acerbísimo. 

Quizá las asperezas de una lid sin cuartel le arrebataran 
algo de su nativa generosidaid ; ó acaso se persuadiría que 
sus defectos no parecerían tales á sus fieros veteranos, á esos 
ginetes de los llanos, 6 esos criollos salidos de l-js sierras y de 
las ciudades. Pero la amistad desearía arrojar uno de sus 
velos sobre esas flaquezas de tan buen caballero. 

En San Martin la autoridad produjo el <lesencanto, y 
cierto escepticismo ; ni las pompas tradicionales de los palacios 
de Santiago y de Lima le deslumbraron un instante. 

El ofrecimiento de la corona del Imperio de los Incas 
que el Consejo de Estado le hizo en uña sesión secreta, pero 
memorable, fué rechazado con la lójica tan clara y decisiva que 
patentizó á los nobles y á los ministros allí congregados toda 
la sobredad de juicio, así como el desprendimiento de su can- 
didato. 

La sed inextinguible de supremacía y de gloria fué en 
Bolívar origen de esfuerzos heroicos, y de graves errores. 
El procuraba extender la vasta esfera de su dictadura sobre 
Estados distantes. La confederación americana fué uno de 
iras sueños, anhelando avasallar la naturaleza á sus planes y 
transplantando 4 este hemisferio una imitación de la liga ds 
las Repúblicas griegas. 

San jMartin no se alucino desde el principio sobre la 
falta de preparación de estos países, y sobre los riesgos d» 
la transición que se efectuaba por el triunfo. No partici- 
paba del fanatismo contajioso de las revoluciones, ni del de 



BOLÍVAR— SAN MARTÍN. . d 

las doctrinan exclusivas. Tuvo culto por el orden, y la su- 
bordinación. Abandonó el mando ejercido con moderación, 
y la perspectiva de afianzar la regeneración peruana, mas 
bien que sacrificar á algunos de sus camaradas que no fueron 
tan austeros como él mismo, en el cumplimiiento del deber. Es 
mas que probable, que acabó de decidirlo el fundado recelo 
de un rompimiento con Bolívar, cuyos celos eclipsaron su cri- 
terio, creando un ominoso peligro para lo mas sagrados inte- 
reses. 

El gobernante colombiano aspiró á la fama de Lejislador. 
Las constituciones que inspiró ó escribió, fueron mas bien en- 
sayos paisajeros que un monumento del adelanto de las cáen- 
cias morales en el último siglo. Esas leyes eran el clamor de 
la filosofía para serenar las facciones. 

Nada de durable se fundó en ese terreno, y la unión Co- 
lombiana, anbelada por él, fué dilacerada por la espada de 
sus tenientes. 

Si la abdicación del Protector del Perú no le fué im- 
puesta sino por su propio albedrío, ó por las fatigas de su áni- 
mo, contristando derrepente ¿ todos sus amigos, la caida áe\ 
primer soldado de Colombia, se debió á las conspiraciones y 
a la pérdida de los elementos con que tantos años, habia pe- 
sado sobre el ejército, los pueblos y el Congreso. 

Uno muere en las orillas del Sena, en un hogar patriar- 
cal, y rodeado de la veneración de la familia. 

El otro en la fuerza de la edad, pero devorado de pesares, 
y menos intrépido contra la calumnia que contra los puñales, 
rindió su último aliento en una playa trastornada por los 
terremotos, y amenazada por el mar de las Antillas, como si 
ni la tumba fuera albergue tranquilo para el Libertador. Se 
despidió de sus compatriotas, dirigiéndoles consejos dignos 
de grabarse en sus templos. 

Las opiniones se dividen sobre el mérito respectivo de 
tan escelentes varones, y sobre los móviles de algunos de sus 
hechos gubernativos; pero la preeminencia de capacidad mili 
tar se atribuye universalmente á San Martin. 



10 LA BEVÍSTA DE BUENOS AIBES 

No pueden equipararse exactamente sus respestivas apti- 
tudes para organizar fuerzas, perfeecioiiar su meennúmo, ó 
combinarlas para un fin ya preparado ó imprevisto. 

La aplicación de la táctica sabia a nuestro pais, con lan 
modificaciones exijidas por los hábitos y por la topografia, 
comprobó la pericia del antiguo Coronel de granaderos á 
caballo. Impetuoso en la iniciativa, pero avaro de la san- 
gre de sus soldados, calculaba con singular precisión los ele- 
mentos de disolución del enemigo, adivinando sus designios, 
ó engañándole sobre sus propios movimientos. Manejaba 
hábilmente las cosas y los hombres ; y su entendimiento que ten- 
dia á la unidad, y capaz de todos los detalles abrazaba un vas- 
to horizonte, penetrando «en la profundidad del porvenir. 

Bolivar conocia la sublime «estrat-ejia y la historia de 
la guerra; pero impaciente de toda traba, poco habituado á 
las lentitudes de los campos de instrucción, y urgido por la su- 
prema necesidad á dirijir frecuentemente cuerpos irregulares 
ó revolucionarios, no pudo ser estricto observador de la disci- 
plina y del arte. No siempre alcanzi') todas las ventajas de su 
arrojo, no si/empre calculó con certeza ; ni el éxito correspondió 
de continuo al mérito de sus sacrificios, ó á la trascendencia 
de sus miras. Pero estos desaires de la suerte no le impidieron 
tomar brillantes desquites, ni batir, entre otros, á Morillo, el 
mas temible campeón de la dominación española. 

Se ilustró sobre todo por aquella calidad de los fuer- 
tes que hizo exclamar á Alejandro Magno que él solo se reser- 
vaba la esperanza. Su constancia fué igual á las resistencias 
de un sistema elaborado por los siglos, y defendido con olas de 
sangre. 

El desinterés que le caracterizaba habria merecido la 
clásica predilección de Plutarco. Principió por libertar á 
sus numerosos esclavos. Los tesoros no eran nada á sus ojos, 
sino como ofrendas opimas á la libertad. 

Donó para escuelas el millón que el Perú le forzó á 
aceptar; y un dia en una fiesta triunfal desprendió de sus 
sienes los laureles de brillantes con que orló las de Sucre. 



BOLÍVAR— SAN MARTIN. 11 

Cualesquiera que sean los destinos de la gran familia^ 
«sos hijos serán los predilectos. El pastor de las Pampas, el 
^ndio len su cabana, el soldado en el fogón del campamento, 
*I poeta en sus mas bellos himnos, «el patriota en los conflic- 
tos nacdonales, y el filósofo al trazar los fastos de la excelsa 
virtud, anunciarán á nuestros descendienteci dos nombres ro- 
l)ados al olvido. 

La harmonía, sello divino de la creación, no existiría 
en América, si las ondas del Amazonas y del Plata no mur- 
murasen sino el eco de pueblos ingratos á sus bienechores. 

Mayo 25 de 1868. 

JOSÉ T. GUIDO. 



NOTICIAS BIOGRÁFICAS 

DEL TENIENTE CORONEL DON GONZALO DE DOBLAS. 

Autor del Plan para defender á Btienos Aires contra la se- 
gunda Invasión Inglesa. 



Hemos juzgado oportuno preceder con un lij<ero esboso 
•obre la vida de su autor, la publicación diel importante autó- 
grafo que sigue; obsequio hecho á nuestra colección con 
otros papeles igualmente valiosos, por la amistad del aprecia- 
ble iescritor don Dario Brito del Pino, (descendiente del Vi- 
rey de este nombre) y el que franqueamos con el mayor gusta 
para las columnas de La Revista de Buenos Aires, 

Según nuestras investigaciones, el señor Doblas era an- 
daluz. 

íiliembro de una familia de fuste de la villa de Yznajar á 
14 leguas de Córdoba, habia nacido el año 44 de la pasada cen- 
turia y acatando la voluntad de sus padres se dedicó al conuer- 
oio. 

Mas, no llegó aun á la mayoridad, cuando despertada 
en él la afición por las viajes, resolvió pasar á este continente 
en 'cl que debia prestar muy señalados servicios. 

En efecto terminados sus preparativos, tomó pasaje en 
el paquebot, correo nombrado el PrÍ7icipe, el mismo que trajo 
al gobernador Bucareli y Ursua, la cédula de supresión de 
la famosa Compañía de Jesús, á mediados de 1767. 

Desde lentónces se entregó con ahinco al servicio publicó 



NOTICIAS DE DOBLAS. 13 

y merced á su carácter afable y conocimientos no comunes lo- 
gró granjearse la estimación jeneral. 

El ánimo recto y jeneroso del mejdcano Vertiz y Salcedo, 
el último de los gobernadores y segundo Virei de Bu'enos Ai- 
res, cuya administración dejó huellas imborrables entre noso- 
tros — no tardó en darle una colocación digna de su reconocido 
mérito y conducta — nombrándolo en 1781 para el gobierno del 
departamento de Concepción en las IVIasiones — empleo que de- 
sempeñó con el mayor celo y dedicación según se, colije de la 
interesante Relación ó Memoria Histórica que escribió sobre 
aquella remota Provincia y dedicó al ilustre Azara. 

Ese esitenso trabajo fechado en el pueblo de Concepción 
á 27 de sí^tiembre de 1785 — fué dividido por su autor en dos 
partes — tratando la primera de la Descripción del pais, de sus 
habitantes y producciones, y ocupándose en la segunda de un 
Plan general de gobierno, acomodado á las ciscunsta7icias ^e 
estos pueblos, (1) 

Doblas se propone plantificar un nuevo orden adminis- 
trativo quie librase á aquellos infelices habitantes de la ino- 
pia y abyecto vasallajíc en que habían vejetado — ó según él: 
** mover el ánimo á desear, como yo deseo, el bien de estos na- 
turales, facilitándoselo con algún nuevo método de gobierno 
que los saque de la miseria, sugecion y aba;timiento en que se 
hallan, y gocen en vida política y civij los bienes de. la liher- 
tald que S. M. les franquea, y ks abundancias y conveniencias 
que tan liberalmente les ofrecen sus terrenos y que el real 
erario tenga los aumentos que son consecuentes al floridísimo 
comercio que se puede establecer, con otras muchas ventajas 
que lograria la monarquía". 

Y en verdad, que tales reflexiones tendian á dilucidar un 
problema económico del mayor interés y trascendencia. Así, 
no es de lestrañar llamase tanto la atención el proyecto de 
nuestro protagonista, á punto de habérsele exijido con ins- 
tancia varias copias de él, con destino á los vireyes marque- 
ses de Loreto y de Aviles, brigadieres don Diego de Alvear y 

1. V. tom. 3. col. Angelis. ; 



14t LA BEVI8TA DE BUENOS AIRES 

Ponce de I-eon, don Beraarrj > Lecocq y don José Várela y 
UUoa, quien á su regreso á la Corte la juzgó digna de elevar- 
se á Carlos 3.0 que haciendo alto honor á su mérito se sintiá 
inclinado á adoptar en gran parte el plan de reforma que noa 
ocupa, tanto mas importante cuanto que el airamiento siste- 
mado de la Compañía en sus misiones del Faraguai, cuyo ac- 
ceso estaba prohibido á los mismos españoles, habia hecho se 
ignorase de todo punto el organismo de una república tan sin- 
gular, y en la que en cierto modo se llevaron al terreno de la 
práctica las doradas utopias de Platón, Morus y Campauella. 

Empero, las sensatas indicaciones que le hizo el aventaja- 
do Patrono de la obra, fueron tan ilevantables, que ejercien- 
do una gran influencia en su espíritu, le obligaron á refundir- 
la en un nuevo trabajo que tituló : Disertación que trata del 
estado decadente en que se hcUlan los pueblos de Misiones^ cort 
los medios convenientes á su reparación, 

Gran lástima seria se hubiese perdido completamente es- 
te curioso manuscrito. (2) 

Revisando la correspondencia del Biúgadier Lecocq. he- 
mos dado con la sigui^ente carta, que hace mucho honor á Do- 
blas á la vez que demuestra que hasta muy entrado este siglo 
se encontraba aquel al frente de los pueblos de Misiones. 

Ella fué dirijida desde Montevideo á otro distinguido 
ingeniero de esta ciudad, don José Pérez Brito, y lleva la fe- 
cha de 28 de diciembre de 1803. 

Entre otras cosas, le dice : * * Ya sabrá um. como llegó 

el Ciobei .oador de elisiones, con cuyo motivo quisiera que no 
olvidaran uds. al pobre Doblas, aunque sea corta su interini- 
dad con dicha llegada del Gobernador propietario, para que 
vea lo que se le ha ofnecido, no ha quedado solo en promesas,. 

2. Se le atribuye al mismo, la " paternidad *' de una Memoria 
comprensiva de **Tres proyectos", ilustrados icon notas, á saber — 1..> 
'* Seguridad de la Frontera. 2. o, Kmpedrar las calles. 3.o Formación 
de Muelle.'' Loa cuales habiendo sido presentados al Virei Vértiz 
t»n 11 de setiembre de 1778, fueron pasados por este á examen del 
Sr. Marqués de Tabuerniga. Escusamos decir que esos documentos 
forman parte de nuestro archivo y muy luego verán la luz en esto 
Periódico. 



NOTICIAS DE DOBLAS. ■ 15 

pues ya habrá um. oido decir * ^ que quien dá pronto dá dos ve- 

m 

ees/' 

P. D. 

H'e viírto al Gobernador provisorio de los pueblos de Mi- 
siones (3) con quáen he hablado largamente de su nuevo go- 
bierno, y me ha dicho que lleva instrucciones de la Corte pa- 
ra obrar en punto á la libertad de los Indios, independiente 
de eso Gobierno, y del del Paraguay ;y parece no es adicto á que 
subsistan los Tenientes, y si solo los Subdelegados que sean 
necesarios; es muy conocido de su cuñado de ura. don Fran- 
cisco, y me ha dicho trae cartas para umds. -de él. Yo le he 
hiecho una pintura de lo que es Doblas, de su talento yhom- 
bria de bien, y que nadie podrá ajaidarte con mas conoci- 
mientos á su nuevo establecimiento; en cuyo concepto he de 
merecer á umds. que ya que no se le de al citado Doblas la 
interinidad de la Tenencia, por la espresada causa, se lo reco- 
mienden para que lo coloque de Subdelegado por estar vehe- 
mentemente persuadido que nadie ha de desempeñar mejor 
este encargo que él.'* — Lecocq. 

Como se vé, »este documento otorgado graciosamente por 
un personaje competente, refleja mucha luz acerca de las ap- 
titudes facultativas é integridad de aquel cuya suerte manifies- 
ta interesarle, virtiendo á su respecto conceptos tan favorables. 

Mas el pobre Doblas, según su espresdon, escaso de va- 
limiento ante la Corte, fué reemplazado en su mando, y para 
consolarle en cierto modo, de la injusticia de que le hacian 
víctima, sé l»e significó bajase á dar forma y planta á la anti- 
gua población de los Quilmes, situada en la costa, 12 mallas 
al sud de esta ciudad. * 

Obedeciendo dicha orden, después de practicar un proli- 
jo reconocimiento de la rica Isla Apipé, sita en el alto Para- 
ná, y de la que el Soberano acababa de hacer merced á Linier^ 

3. Don Bernardo de Velasco, finado oscuramente en la Asun- 
ción por el año 31. Había peleado con denuedo contra los Ingleses 
que atacaron esta ciudad y fué después gobernador del Paraguai. 



16 LA BEVÍSTA DE BÜEXOS AIBES 

en premio de sus proezas — llegó á su destino poco antes de la 
gran invasión de Whitelocke. 

Esperábase esta, y el i)eligro era inminente, cuando ani- 
mado del mas puro patriotismo, se puso á escribir su **Plan de 
Defensa" al que dá el simple dictado de *' Papel de don Gonza- 
lo de Doblas para la defensa de la capital de Buenos Aires." 

Este maduro trabajo, fruto de prudentes observaciones, 
hijas de la esperiencia y del estudio, fué terminado en 20 de 
abril de 1807, es decir cuando aquella formidable espedicion 
nos amenazaba por todas partes. 

Efectuada esta, el benemérito Doblas, ocupó su puesto 
de honor, y tomq una parte digna en los encuentros parcia- 
les y en el ataque jeneral del 5 de julio en que fueron tantos 
los héroes y tan heroicas las hazañas — alumbrando la mañana 
de la naturaleza y de la victoria el hecho mas glorioso que 
haya realizado jamás un pueblo indefenso sobre un niuneroso 
y aguerrido ejército. 

El rol activo que jugó Doblas en este memorable suceso, 
le sirvió no poco para perfeccionar su enunciado Plan, con un 
Suplemento al mismo, datado á 4 de noviembre de 1807. (4). 

El va acompañado de un croquis, comprensivo de la par- 
te principal de esta ciudad, señalándose sus plazas y edificios 
públicos. 

Las fortificaciones qu^e se proyectan ^en él, encierran on- 
ce manzanas frente deJ rio, con baño rosa, otras tantas por 
la parte Oeste, y seis á cada costado inclusas las que forman 
los ángulos salientes que cada una hace á dos lados — defendi- 
do el todo, que tiene la figura de un cuadrilongo simulado 
con doble faja amarilla — por 26 1)ocas de fuego. 

Dicho plan, viene en cierto modo á ser complementado 
por el que, presentó el V(»ncedor (le IMontevideo al Directorio 
de 1819, y el cual se halla reproducido en lel tomo 6.o de esta 
Revista. 

4. Ese ** Suplemento'* lleva otro ''croquis", cuvas fortifica- 
eiones tienen la figura <ie una escuadra 6 pirj'niiide estendida y del 
que se habla en la nota 5.a de la "Memoria. '* 



NOTICIAS DE DOBLAS. . 17 

A pesar del olvido y cruel postergainiento que pesaba 
sobre sus servictios, todavía se quiso oir su opinión científica 
respecto á la fortificación de la Plaza de Montevideo que co- 
mo se sabe era el segundo baluarte «español en la costa occi- 
dental de la América — (5) 

Tal fué el origen de Jos apuntes «en que la formuló, los 
misTTiOs qm» tnmscribiraos á continuación -en prueba de su celo 
X>er»everante por el bien del público. 

Prevenciones y Heflecciones sobre la Defensa de la Capital con 

relación á la Plaza de Montevideo. 

** Sin disputa alguna está esperimentado que la Nación 
Inglesa desea á toda costa la posesión de Buenos Aires y que la 
toma de Montevideo le es indiferente, por que dueña de la 
mar aunque conservemos aquella Plaza, nada se adelanta 
perdiendo esta, y a«í, vsentado «este principio, contemplo que 
sí no hay jente, armas y municiones para dotar ambas plazas, 
debe llevarse esta la preferencia. 

La guarnición de Montevideo, la contempló á lo menos 
necesaria de tres mil hombres dentro de la plaza; tiene mu- 
cha artillería montada y necesaria y por consiguiente nece- 
sita mucha pólvora, halas y pertrechos, muchos artilleros y 
víveres. Examínese si en la situación presente nos podemos 
desprender de todas estas prevenciones quedando la capital 
del todo surtida para una vigorosa defensa. 

Si los enemigos comtemplan necesaria la toma de aque- 
lla Plaza, si no ostá bien guarnecida, se pierde artillería, mu- 
nicdones y lo que es mas, la jente y armas, que según ten- 
go entendido no hay con la abundancia que se requiere, y por 
consiguiente debilitada la guarnición de Buenos Aires, y es- 
puesta á ser presa de los enemigos. 

Yo no me puedo figurar que á vista de lo que la Nación 

» 

5. Las fortalezas de San Juan de Ulna en el seno Mejicano, 
Montevideo sobre el Atlántico y el Callao en el Pacífico, completa- 
ban el sistema de defensa de la corona de Castilla en el Nuevo 
Mundo. 



18 LA REVIÍáTA DE BUENOS AIEES 

Inglesa ha esperimentado en la Reconquista y ataque de esta 
capital, venga á ella sin. un ejército de quince á veinte mil 
hombres, que reunirán en el Cabo, Santa Elena, ó costa del 
Brasil y en este caso uLeditese sin conviene atender solo á un 
punto ó a los dos, pues nada adelantamos con detener quince 
ó veinte dias las tropas enemigas en el sitio de Montevideo 
(en lel caso que vayan allá) si perdemos aquella guarnición y 
no salvamos esta llave dd reino del Perú. 

Soy de opinión que el oficial á quien se le encargue el 
mando de Montevideo, pida lo necesario para su defensa, y 
con concepto á los estados que dirija se mediten con reflexión 
si se aventurará la capital defendiendo aquella Plaza, ó po- 
drán defenderse ambas.'* 

Este juicio fué muy aplaudido por hombres del arte, co- 
mo los brigadieres don Bernando Lecocq, y don Francisco de 
Orduña, el primero Comandante de Injenieros y el segundo 
Subinspector del Real cuerpo de Artillería — El teniente co- 
ronel del arma don Mauricio Rodríguez de Berlanga — don 
Antonio María Durante, don José Maria Cabrer, Cervino. 
Brito y otros, que hicieron cumplida justicia á la ciencia peri- 
i a de Doblas. 

Empero, una razón despelada y tantos galardones á que 
se habia hecho acreedor el honrado militar á cuyos manes 
dedicamos estos pálidos rasgos — títulos todos, ganados en una 
larga y laboriosa carrera consagrada á su patria adoptiva — 
apenas le valieron el modesto despacho de teniente coronel! 
grado que tenia cuando acaeció su sentida muerte á principios 
de 1809, en la edad sazonada de 65 años. 

De este modo finalizó sus dias el autor del trabajo á que 
nos referimos, bajando al sepulcro abrumado de angustias é 
inquietudes por la suerte futura de su familia que dejaba en 
orfandad, sin mas legado que un nombre honroso unido al 
recuerdo de sus virtudes cívicas — aureola envidiable que ilu- 
minará su memoria en la posteridad ! 

ÁNGEL J. CARRANZA. 
(Continuará.) 



REFLEXIONES 

Sohre las circunstancias criticas en que se halla actualmente 
esta ciudad de Buenos Aires, Moqueada y amenazada de 
invasión por los Ingleses^ y se proponen algunos medios 
que puedan ser oportunos para su defensa. 

Son tan pocas las tropas veteranas qii«e hay agregadas k 
e&ta guarnición, que deben reputarse para su defensa, por 
ningunas: el corto número de oficiales die esta clase, se ha- 
llan juramentados la mayor parte, con que podemos decir^ 
no sin propiedad que sus defensores son lel valeroso vecinda* 
rio unido en masa, quáen inflamado de su heroica fidelidad 
al soberano, fervoroso celo por la religión, y honrando pa- 
triotismo, ha tomado las armas formando cuierpos bastante 
numerosos con la denominación de las provincias de que 
son oriundos sus individuos. Estos cuerpos han elegido y 
nombrado con aprobacdon uei superior gobierno, los gefes y 
oficiales que dieben mandarlos ; se han uniformado á su costa, 
se han disciplinado regularmente, y están haciendo el servi- 
cio militar con una puntualidad, y voluntad que jamás se ha 
visto, aguardando con impaciencia al enemigo para medir 
con él sus fuerzas, no dudando un punto de la victoria. Pe- 
ro todas estas ventajas no están exentas de nulidades, que 
si no se haoe cuenta de ellas, pueden conducirnos á fatales con- 
secuencias. 

Por mas nobles y fervorosos que sean los estímulos que 
animan á estas tropas, no pueden sacarlas del «stado de 
nuevas ó recien formadas, sin otra pericia militar que la ad- 



20 LA BEVISTA DE BUENOS AIEES 

quirida en los ejercicios doctrinales; fáltales la principal que 
«es la que produce la Palestra: La 1.a es buena para lucir 
en las funciones pacíficas; pero sirve áe poco en las acciones 
de guerra, sino se han ejercitado en la 2.a. También care- 
cen los soldados, de aquella subordinación tan necesaria 
que se adquiere con la costumbre de obedecer, y se convierte 
en hábito con el tiempo. Igualm-ent^ carecen los oficiales de 
aquella imperiosa firmeza en el mandar á los soldados, que 
no les dá lugar á dudar que serán puntualmente obed«ecidos; 
y por lo mismo en las circunstancias presentes, manda el ofi- 
cial contemplando, y el soldado gbedeoe como de favor; y es 
preciso que así sea. 

Además de esto, íes menester considerar, que así en la 
clase de oficiales como en la de soldados, están incluidos to- 
dos los vecinos honrados del pueblo, estimulados de las razo- 
nes referidas, y de Ja necesidad forzosa de defender sus pro- 
piedades, sus vidas, y las de sus amadas familias; y no se- 
ria prudencia, equidad ni justicia, esponer sus personas á 
unos riesgos que pueden minorarse consid-eralilemente toman- 
do con anticipación buenas medidas y precauciones. 

A este fin he juzgado muy conveniente disponer un plan 
de operaciones defensivas (y aun ofensivas en su caso) tales, 
que eviten á nuestros soldados, presentarse al enemigo á cuer- 
po descubierto: y mucho mas un choque ó batalla en campo 
raso, porque es terrible el terror que infunde á los no aguer- 
ridos, el aspecto de un ejército veterano. Por esta razón 
procuran los gefes esperimentados, evitar estos lances, cuan- 
do mandan semejantes tropas; sabiendo que los oficiales por 
lo común, son los primeros que se llenaJí de pavor, y no 
aciertan á mandar; con que al menor contraste se vuelve 
todo desorden y confiLsion. Por el contrario, estos mismos 
soldados y oficiales, puestos á cubierto, aunque pea de un li- 
jero parapeto, en calles, balcones, ventanas,, azoteas, ó de cual- 
quiera otra forma, pueden concebir una seguridad tal que 
pueda equivaler uno por tres cuando menos ; y libertar la vi- 
da á las tres cuartas partes de los que perecieran á cuerpo 



PLAN DE DOBLAS 21 

descubierto. Bien se conoció esto mismo, en la reconquista 
de esta capital, pues aun sin la ventaja de los parapetos; con 
solo iej resguardo de los post-es, esquinas, y huecos de las 
puertas, pelearon como leones ; y no dudo que harán lo mismo 
(en su casa) metidos y cuhi<erto8 en el laberinto de calles y 
casas, donde todas sus cuadras y manzanas puieden ser otras 
tantas fortalezas, y rebellines, emboscadas, y defensas tan 
favorables á las nuestras, como adversas á los enemgios. 

Con esta idea he formado el bosquejo que acompaño, 
comprensivo de la parte principal de esta ciudad, señalando 
en él, las iglesias, y plazas para que se distinga mejor la ex- 
tensión que me parece conveniente fortificar. El se reduce 
á figurar en el centro de la ciudad una fortaleza cuadrilonga, 
compuesta de 11 manzanas de casas por el frente del rio; 
otras tantas por la parte opuesta quíe mira á la campaña, y 
6 — á cada costado, inclusas las que forman los ángulos sa- 
lientes, que cada una hace á dos lados. Las lineas ó fajas 
amarillas que figuran el cuadrilongo pueden considerarse, 
como estradas •') caminos cubiertos que aseguran la comuni- 
cación libre en toda la circunferencia del cuadrilongo. Las 
boca calles contiguas á la parte exterior de las fajas, deben 
cerrarse á su tiempo colocando en ellas parados unos sacos 
de cuero llenos de tierra construidos en forma cilindrica de 
la hechura de los que comunmente es emplean en sacar hari- 
nas. Estos sacos deberán ser del diámetro á que alcancen 
los cueros, y de la altura de 6 J^ á 7 metros, formando con 
ellos los parapetos á manera de barricadas, pero será con- 
veniente que dicho parapeto, se componga á 2 filas de sacos 
colocando los unos en la unión de los otros. La ventaja que 
ofrecen dichos parapetos, es que cerrando las boca < calles de 
]a«? cuadras extteriores á las fajas que forman la estrada ó 
camino cubierto, qujeda este despojado (según se ha dicho) 
y en disposición de apostarse la tropa que se quiera destinar 
a su defensa, con la comodidad de no poder ofenderle por 
part'p alguna, y de liaeer fuego sin descubrir el pecho, car- 
gando su arma á cubierto, sin otra evolución ni maniobra, 



22 LA BEVISTA DE BUENOS AIBES 

< 

que la de formarse en hileras al abrigo de las casas, mar- 
char por divisiones de 10 a 12 hombres en la misma forma- 
ción dando el frente al parapeto, y hacer su descarga ; y vol- 
viendo á la formación de hilera, marchar á cubrirse con las 
casas de la manzana opuesta, colocándose de forma que dea 
paso á la división que debe seguirlos, y á cargar sin deten- 
ción. Todas las divisiones del)en hacer lo mismo, y en pa- 
sando la última, repetirá la 1.a, y sucesivamente las demás, 
la misma maniobra continuándola de un lado á otro entre 
tanto que puedan ó sea necesario. 

Ademas de la ventaja referida ofrecen otras muchas los 
espresados parapetos; como son la presteza con que pueden 
ser colocados los sacos, y cuando sea preciso su uso, sin necesi- 
dad de impedir el tránsito de las calles con anticipación: la 
comodidad de poderlos mudar de una boca-calle á otra de las 
contiguas: la facilidad de reponer los sacos que derribase la 
artillería enemiga^ levantando los mismos, ó poniendo otros 
que del)en tenerse prontos para reemplazar los que destruyen. 
La mayor seguridad en la puntería afirmando los fusiles so- 
bre los parapetos. La simplicidad de las evolucioni^s, cosa 
tan necesaria en esta clase de tropas, y la de poder abrir tro- 
neras derribando algunos sacos para jugar la artillería trans- 
portando los cañones que se quiera de los apostados en las 
c.dií^s ó derribán^loos. todos si se juzgase conveai»»nte. 

El único reparo ó inconveniente que yo alcanzo puede 
oponerse contra estos parapetos es; que si el enemigo se apo 
dera de todos los de una línea, ó de algunos podran usarlos 
con perjuicio nuestro; pero si se considera que su único em- 
peño debe ser el apoderarse de la ciudad, y que para conse- 
guirlo, debe avanzar sin detenerse ni pensar fortificarse en 
punto alguno, lejos de servirle de utilidad, serian estorbos 
que impedirían 6 retardarían sus progresos. Fuera de que 
teniendo nasotros franco el paso de unas calles á otras por 
el interior de las casas (como se dirá después) y estando es- 
tas guarnecidas de nuestros soldados que con toda clase de 



PLAN DE DOBLAS 23 

armas, ofenderian á los enemigos por azoteas, ventanas, etc., 
siéndoles preciso á ellos marchar en columna, ocupando toda 
la calle, ó «n hileras por sus veredas hasta llegar al parapeto 
que la cierra; seria terrible el estrago que podrían los nuestros 
hacer con "ellos si se detenian en él, mayormente si en las cua- 
dríis de la 1.a y 2.a linea fortificadas, y aun en las mas avan- 
zadas estuviiesen las puertas de calle y las ventanas bajas 
atroneradas, en forma triangular d«e tres pulgadas de diáme- 
tro cada tronera para hacer por ellas fuego de fusil, trabuco, 
6 pistola, cuando fuesen ocupadas por el enemigo; pues en 
este caso todo tiro de arma larga ó corta es seguro por ser 
sus descargas á quema ropa; de manera que haciéndolo así 
convertirían las calles en fosos y la« puertas atroneradas en 
caponeras de eUos, si el vecindario por necesidad se ha trans- 
formado en soldados, por la misma redúzcanse . las calles en 
fosos, y las casas en muros para comodidad y seguridad de 
sus vecinos. 

Asimismo, conviene colocar cañones y obuses de media- 
no y pequeño calibre en los puntos señalados en el citado 
bosquejo; su número son 26 y con ellos se pueden defenaer 
todas las calles de lo principal de la ciudad, y la mayor par- 
te de los arrabales, por que no hay punto alguno en ellas, que 
no se descubra y enfile por alguno ó algunos de dichos caño- 
nes. Los 12 destinados á defender y flanquear los frentes 
de las líneas ; como que su situación es la mediania de las cua- 
dras, me parece que no puede ocasionarse inconveniente de 
consideraedon en que desde luego se construyan los parapetos 
que van señalados en el boscjuejo, poniéndolos de firme, y zan- 
jeados á manera de los construidos en las boca calles que mi- 
ran al rio. Estos cañones pueden ser de mayor calibre que 
los interiores: el uso que debe hacerse de ellos es tan patente 
que no necesita espHicacion. 

Aunque me parece que con la fortificación expresada 
puede duplicarse el efecto de nuestras operaciones defensivas, 
no paran aqui mis deseos, quiero y pretendo que se tripliquen 
6 cuadrupliquen sin aumentar el número de defensores, y 



24 LA HEVISTA DE BUENOS AIRES 

que igualmente se disminuyan sus riesgos y fatigas. A este 
^fiecto he discurrido que será muy oportuno, y sobremanera 

conviene que á todas las casa» de las manzanas incluidas 
dentro de las líneas d*e iortiiicacion y dos filas de ellas en su 
circunferencia -est-erior (según van señaladas con lineas de 
lápiz) se les abran comunicaciones interiores de unas ¿ otras 

para que puedan nuestros soldados guarn-ecerlas entrando por 
las puertas de las casas de aquellas calles que estuvieren libres 

del fuego enemigo y distribuirse en las ventanas, balcones y 
azoteas de todos sus frentes, y en caso neoesario pasar á otras 
atravesando las ¿alies, avanzando ó retirándose ; cuyo benefi- 
cio pueden disfrutar también oportunamente los soldados des- 
tinados para combatir en las calles al abrigo de los parapetos, 
por que unos y otros deben tener el paso libre para transitar 
a cubierto toda la ciudad ó aquella parte en que sucede la 
refriega, debiendo estar abiertas las puertas para los nuestros 
y cerradas para los enemigos. 

Los pasadizos ó portillos de comunicación, pueden ser 
unas aberturas de los corralea cuanto den paso cómodo á un 
hombre y no se debe aguardar á la forzosa para abrirlas. Los 
dueños de casas los deberán hacer acordándolo mutuamente 
los vecinos ; pero las personas comisionadas al efecto deberán 
cuidar que se verifique como mejor convenga; y para evitar 
la comunicación de criados de unas á otras casas por lo.s pasa- 
dizos, se podrán cerrar estos con tablas, cueros, ú otros mate- 
riales postizos fácile* ^^ ^--•'^- ,»*,j^ fuera conveniente. 

No es necesario ponderar el estrago que pueden recibir 
nuestros contrarios, teniendo que avanzar por las calles for- 
mados en columna ó desfijando por las veredas; en la l.a, 
formación, pueden ser ofendidos de frente por el fuego 
continuo de la fusileria y aun del cañón del parapeto; y por 
los costados, de el de las azoteas, balcones y ventanas, en 
que puedan disponerse de pronto parapetos de iipaji de tier- 
ra; mesas, cajas, etc., teniendo repuestos de granadas de va- 
rios calibres, y de otras armas arrojadizas que aumenten el 
estrago de la fusileria y cañones; y si á pesar de tantos obs- 



PLAX DE DOBLAS 25 

táculos consiguieren el asalto de los parapetos de la 1.a 
línea, la hallarían desierta, por que los defensores desapare- 
cerian por las puertas de las casas de Jas calles de travesía; 
y el cañón ó cañones que las flanqueaban podían á su salvo 
hacer su deber entre tanto que los nuestros se retiraban á 
la 2.a línea ó á formar otra 3.a, que sostuviese aquella; y 
si al mismo tiempo acom'ctian por la retaguardia las tropas 
nuestras de infantería, caballería y tren volant-e que (como 
diré) deben estar apostadas en paraje oportuno fuera del re- 
cinto fortificado; puede considerarse el efecto que causaría 
•esta operación ejecutada con discernimiento. 

En cuantas ocasiones he meditado seriamente sobre el 
órd-en, distribución y colocación de las tropas destinadas á 
operar defensivamente y que no se sabe ni puede colegirse 
con probabilidad por donde intentará verificar su ataque el 
enemigo, he hallado por resultado que debe esperarse con to- 
das Jas fuerzas unidas, en el paraje que mas importa defen- 
der; ó á lo menos tan inmediatas las divisiomes, que aun en 
el caso de sorpresa puedan operar y socorrerse mutuamente 
sin embarazos ni retardaoion. Lo mismo aconsejan los maes- 
tros del arte militar, persuadidos del axioma que las fuerzas 
unidas con dificultad son vencidas, y de la esperiencia que 
nos presenta millares de ejemplares desgraciados por la divi- 
sión. En este concepto, y en el que es mi ánimo detallar un 
plan completo de defensa (á valga lo que valiere) no me de- 
tendré en el que hay ó puede haber ya establecido por los 
sabios gefes que por felicidad tienen á su cargo la defensa 
de esta capital: por qute los considero adornados de tanta 
prudencia, equidad, y justíficaeion, que dispensarán mi arrojo 
conociendo que lo motivan muy buenos deseos. Sentado 
pues este concepto, diré que el objeto único de nuestras ope- 
raciones en mi plan ha de ser la defensa y conservación de es- 
ta capital. Ella puede ser atacada de dos maneras; por sor 
presa, verificando los enemigos su desembarco, en algún pun- 
to ó paraje de los que median entre el Riachuelo y la Recole- 
ta ; ó procurando ejecutarlo con mas sosiego en parage distan- 



26 LA REVISTA DE BUENOS AIRES 

te d<e la ciudad; eligiendo alguno desde la Ensenada al Ria- 
chuelo, ó de las Conchas á la Recoleta. 

Al primer caso podemos llamarlo verdadera sorpresa, 
verifiquenlo como lo verificaren, y á cualquiera hora del 
dia ó de la noche; por que de todos modos liabia de causar 
sobresalto y confusión; y sino se hallan para entonces uni- 
das y ordenadas todas nuestras fuerzas, como si evidentemente 
supiéramos que por aquel parage y no otro, habÍAmos de ser 
atacados, estariamos espuestos á un contraste, ó á lo menos 
á sufrir mucho daño, si por cualquiera otro parage de los 
apartados de la ciudad (sea el que fuere) ponen los enemigos 
BU gente en tierra, aun que sea sin ninguna oposición ya no 
es ni puede llamarse sorpresa; ni causar los efectos de tal; 
antes por el contrario, nos daban lugar para tomar con se- 
guridad, y frescura el mejor partido; elijiendo las tropas á 
propósito para retardarles, y dificultarles sus marchas; con 
el tren volante, emboscadas, y otros obstáculos del arte mili- 
tar, que bien dirigidos y practicados sobre un terreno que 
todo él es proporcionado á favorecer nuestros designios y di- 
ficultar los del enemigo, parece que raya en lo imposible que 
estos pudieran superarlos; pero si lo consiguieran, encon- 
trarian otros mayores ya dispuestos con sosiego en las ca- 
lles de la ciudad, como ya queda insinuado. Los desembar- 
cos de tropas, se verifican comunmente á pesar de cualquie- 
ra resistencia, y aun debajo del fuego de la artillería, por 
que la de los invasores, lo facilita. En este supuesto, que 
la «esperiencia lo tiene acreditado con repetición; considero 
por inútiles, y aun talvez perjudiciales aquellas fuerzas que 
separadas del cuerpo del ejército se colocan á considerable 
distancia de él, para impedirlos ó retardarlos. Ellos de cual- 
qudera modo se realizan, y como por lo regular los opositores 
son pocos para contrarestar á los contrarios y no pueden ser 
socorridos del cuerpo principal ni de los inmediatos, toman 
por lo común con anticipación el partido de la fuga abando- 
nándolo todo, por no esponerse á ser batidos, cortados, muer- 
tos, ó prisioneros; y las resultas son; el que estos fugitivos 



PLAN DE DOBLAS 27 

por cohonestar de algún modo su fuga van ponderando por 
todas partes el número d^e los enemigos, su intrepidez y peri 
cia militar con otras especies qu^e aterrorizan, y por de con- 
tado consiguen los enemigos apoderarse de lo que abandonaren 
nuestros soldados, cobrando aliento con la ventaja conseguida ; 
pero no sucedería esto, sí nuestras fuerzas se conservaran uni- 
das con la firme persuacion de que una sola acción ó batalla, 
ha d« dicidir nuestra suerte, y por lo mismo debemos evitar to- 
dos los encuentros parciales que not nos preparen conocida 
ventaja. 

Continuando la id<ea de perfeccionar ¿ mi modo el plan 
de fortificación, y operaciones militares que me parecen con- 
ducentes, á la defensa de esta capital; y sin mas preámbulos 
que los antecedentes, diré que de las tropas de todas profe- 
siones y calidades se pueden formar tres divisiones acercán- 
dose en cuanto sea posible á la igualdad en el número d^e in- 
dividuos. La 1.a compuesta de los cuerpos de infantería 
que incluyen mayor número de individuos vecinos pudientes 
ó que su subsistencia la aseguren en empleos de (oficiales) 
oficios 11 ocupaciones «en lo interior de la ciudad. Esta di- 
visión puede destinarse á guarnecer y defender el recinto for- 
tificado agregándole el número de artilleros correspondien- 
tes al servicio de artillería quie comprende inclusa, ó esclusa 
la de la Beal Fortaleza, con la demás que convenga colo- 
car en sus inmediaciones. Igualmente podran destinarse 
aquel número de naturales, pardos 6 morenos, que se cor-sivíe- 
nn bastantes para que sirvan en clase de trabajadores en 
la misma artilloria, en armar parapetos, mudarlos, y reparar- 
los, con lo demás que corresponde á su clase y ocupación. Es- 
ta división podrá subdividirse en 3 tercios compuestos el 
1.0 de aquellos soldados que por sus circunstancias merezcan 
entera confianza. A estos serán los que nominadamentcj 
con sus oficiales se les empleé en guarnecer las azoteas, y lo 
interior de las casas para, evitar en lo posible, los desórdenes 
que ocasiona la licencia militar aun en aquellos que acciden- 
talmente toman las armas. Los otros dos tercios se emplearán 



28 LA REVISTA DE BUENOS AIRES 

el uno en guarneoer las lineas para hacer fuego en los para- 
petos, según queda diclio y en defender la artillería de las 
calles, y eon el otro, se formarán algunos cuerpos de reserva 
que podrán colocarse en la plaza mayor y en otros parages 
apropiados para poder acudir donde convenga. 

Las otras 2 divisiones, deben colocarse de modo que 
ocupen los costados derecho é izquierdo del recinto fortifi- 
cado, esto es : la una desde la zanja del Hosi)ital hasta Barra- 
cas ó Riachuelo, y la otra desde la de Matorras á la Recoleta 
ó mas adelante si conviniere. Estas divisiones se formarán 
por mitades, con la infanteria, cahalleria, artilleria, cazado- 
res, miñones, trabajadores etc. que se tenga á bien destinar- 
les: surtiéndolas (también por mitades) con la artilleria que 
se les aplicare á este fin, formando un parque ten la Residencia, 
y otro en el Retiro con su tren volante cada uno surtido de 
municiones, cabalgaduras, gente para su servicio y demás 
artículos necesarios cabiendo estar tan resguardados que 
sea muy difidl los tome el enemigo. Me parece (pie 
no es preciso detenerme en el pormenor de la colocación 
y servicio diario de esta gtmte; basta decir (jue su obj^eto 
debe ser el guarnecer c(m la de á pié aquellas distancias se- 
ñaladas á su división empleando para ello diariamente el 
mimero de soldados que sea suficiente. A cargo de la caba- 
lleria podran estar las distancias (pie se dilatan por el sur 
hasta los Quilmes, ó mas adelante : y por el norte hasta San 
Isidro ó las Conchas, pero esto pueden hacerlo con ptMpieñas 
partidas, solo con el fin de explorar las margéneos del rio y 
campos inmediatos, avisando puntualmente la,s novedades; y 
asimismo para interceptar contrabandos y cuanto parezca 
sospechoso; pudiendo establecerse para su comodidad, apos- 
taderos en proporcioi adas distancias (»on el número de indi- 
viduos que convenga guarnecerlos, y que cada ocho dias, sean 
relevados (enteramente, para evitar los inconvenientes que 
pudiera ocasionar su permanencia fija. 

A estas tres divisiones se les podrá dar la denominación 
de tales (') la de brigadas, nombrando oficiales para que como 



PLAN DE DOBLAS 2'J 

goíes las manden igualmente eon un 2.o ; cada uno que tenga 
á su cargo las funcionen de sargento mayor, arreglando las 
suyas, y las del primer gefe á las que establecen las orde- 
nanzas para los de cam¡mria, en cuanto tengan compatibili- 
dad con ellos. Ya se puede comprender, el grave encargo 
de estos getés y las circunstancias de que deben estar ador- 
nados para de«5erapeñarlo. Ellos deberán insi>eccionar los 
líuerpos de su mando, organizados en aquella parte qu-e lo 
necesiten y formen relación los unos con los otros y con las 
domas divisiones, según las órdenes que les comunique el 
gefe principal del ejército por medio del mayor general ó 
del de la pla^a, distribuir proporcionalmiente la fatiga enten- 
diéndose para todo con los comandantes particulares de los 
cuerpos, y estos con ellos, y en un dia de acción mandará en 
gefe su divicdon sin otra dependencia que la del comandante ge- 
?ieral. 

Aunque parece inútil el detallar las operaciones relati- 
vas á la defensa de esta ciudad en un dia de ataque, por que 
estas deben regularse sobre las de los enemigos que no sabe- 
mos cuales serán; no -estará demás el proponer algunas ge- 
nerales aplicables á todos los actos posibles. 

Es menester dar por sentado qu^e el enemigo no puede 
atacarnos á un tiempo por todos los puntos de la ciudad : esto 
seriel debilitar sus fuerzas, por mas numerosas qué fue- 
ran sus tropas ; y asi se puede creer que lo intentará por solo 
un parage de mucha ó de poca extensión. Si lo intentase 
por el bajo del rio en toda la estension que comprende el 
recinto fortificado de una y otra parte de la Real Fortaleza, 
deberá acudir el comandante de dicho recinto con los dos 
tercios de su división á defender la parte atacada, sin cui- 
dar de lo restante del re<?into, y si dispondrá que los cuer- 
pos de reserva ocupen los lugares oportunos para emplearlos 
donde y cuando convenga. 

Las divisiones de los costados convendrá que en tal ca- 
so, doblen su frente sobre el rio formando escuadra por uno 
y otro lado sobre los costados del recdnto fortificado para 



30 LA REVISTA DE BUENOS AIRES 

flanquear y batir al enemigo con la artillería volante ; y aun 
con la gruesa de los parques, colocándola oportunamente ea 
los parages que d-escubran mayor estension de playa por uno 
y otro ladoj y si (como parece probable) causa confusión & 
desorden al enemigo esta maniobra, se deberá dar la señal 
para que la caballería los cargue intrépidamente con arma 
blanca, hasta consumar la victoria, cuya voz, se procurara 
propagar desde el principio de la acción, para vigorizar á to- 
das nuestras tropas, aun cuando todavía se halle indecisa. 

Si el ataque lo emprendieren los enemigos, por alguno 
de los costados de la ciudad por haber verificado su desem- 
barco, hacia el Riachuelo ó Recoleta, dirijirá el gefe del re- 
cinto fortificado todas sus fuerzas hacia el costado que inten- 
taren atacar guarneciendo parte de los frentes del rio y cam- 
po de modo que formen escuadras por el costado; y toda Id, 
íi» pa de la división del lado opuesto al atacado por los ene- 
mi^fos, acudirá con su artillería á reforzarlo, y lo nñsmo de- 
beran hactr cuando el desembarco lo hubieren ver» 'Jijado on 
algún parage distante de la ciudad para que la caballería do 
las dos diviciones con la .artillería volante marchen á moles- 
tar al enemigo en su tránsito, sostenidos de su infantería, 
cazadores, y Miñones los que en las emboscadas y resguar- 
dos que ofrecen á cada paso aquellos caminos y terrenos,, 
hagan su deber deteniéndolos, y molestándolos en sus mar- 
chas ; pero siempre con la idea de atraerlos á la ciudad y me- 
terlos entre los fuegos de adentro y fuera de ella, en el labe- 
rinto que forman las calles y casas fortificadas; pues si tal 
idea se consigue, es muy probable que ninguno se reembar- 
carla por muchos que ellos fuesen. 

Muy ventajoso seria al intento de estorbar de todos mo- 
dos la sorpresa ó ataque del cuerpo de la ciudad por el baja 
del rio, disponer dos baterias de cañones de mediano ó grueso 
calibre, colocando la una por el lado del Riachuelo, y la otra 
por el lado de la Recoleta, de manera que no pudieran aer 
ofendidos sus defensores por el fuego de la artillería marítima 
del enemigo. La dirección de estas baterias habla de ser 



PLAN DE DOBLAS 33 

rasando de travesía todos los puntos de la playa en que 
pudieran desembarcarse y formarse los enemigos; por que sin 
embargo ilie la utilidad de las que dirigen los suyos á las em- 
barcaciomes enemigas como pueden ser igualnnente ofendidos 
de ellas, y de las cañoneras destinadas á protejer el desem- 
barco, pudiendo ellos dirigirlo á donde reciban menos daño, 
me parece que las que propongo pueden suplir cualquiera de- 
fecto en las otras. 

Bien me haga cargo que es muy diferente formar un 
plan d-e fortificación y operaciones multares en ed papel 
que sobre el terreno en que se han de realizar, y operar á 
consecuencia de los movimientos 6 ideas del euemigo; que 
pueden ser muy diferentes de las que se imajánan; pero la 
prudencia exige que se forme alguno, pues «d abandonarse 
al acaso, por acaso se logra algún acierto. Los defectos del 
Plan de fortificación ó los del terreno, en que se ha de colocar ; 
como los de la ordenación, distribución, y colocación de las 
tropas y artillería se pueden enmendar al tiempo de plan- 
tificarlo; pero los die las operaciones relativas á los ataques, 
es preciso confiarlos a la prudencia y sabiduría de los inte- 
ligentes para que con anticipación examinen y corrijan los 
errores que encontraren en lo especulativo dejando a su pe- 
ricia el superar los obstáculos que se presentan en la prác- 
tica; por que para estos no hay sabiduría humana que pue- 
da preverlos. No obstante, se pueden tomar algunas pre- 
cauciones anticipadas de mucho provecho : los ensayos gene- 
rales y parciales: uc plan de señales para ejecutarlas desde 
alguna ó algunas torres ; de dia con banderas y de noche con 
faroles, cohetes y otros fuegos artificiales, pueden servir de 
avisos prontos de todo lo que sucede á nuestras tropas y á 
los enemigos con designación de los parajes para que á su 
consecuencia pueda el general y gefes subalternos regular 
sus órdenes y operaciones: los repuestos de carcasas y 
calderetas para iluminar las calles, de forma que se descu- 
bran los enemigos si atacasen de noche deben estar distri- 
buidos en el recinto que forman las lineas fortificadas para 



32 LA REVISTA DE BUENOS AIRES 

usar de ellas oportimauíente, con mas todas aqii-ellas armas 
arrojadizas, invenciones conocidas por útiles, ú otras que se 
discurran que puedan serlo, pues el presente Plan admite in- 
finitas que cómodamente se pueden practicar; y sobre todo 
es menester señalar el panage ó paragies en que nuestras tropas 
se reúnan si les sucediere algún contraste general ó parcial; 
pero si estas anticipadas precauciones, no surten el -efecto 
deseado, peor será si no se toman ningunas. 

Estos son los resultados ó ensayos que han producido 
mis meditaciones sobre las circunstancias críticas de esta 
ciudad, los que dedico y ofrezco al lexámen y censura de aque 
líos á quienes por dicha de ella y de su vecindario está con- 
fiada su defensa y conservación. Admiro y venero los pro- 
digios que han ejecutado en poco tiempo; ccmozco lo limitado 
de mis talentos para tan ardua -empresa; pero no teniendo 
otro caudal que ofrecer para manifestar mi leales y patrió- 
ticos deseos, hago oblación de este corto fruto de mi aplica- 
ción, esperando se me dispensará el arrojo en recompensa 
de la buena intención que lo ha motivado. A nada mas as- 
piro que á ser útil al Estado, y me bastaría para conside- 
rarme suficientemente recompensado de mi trabajo saber al- 
gún dia que ha sido útil, aunque no sea mas que su centéaima 
parte, porquie si como yo lo hago se dinlicaran otros 99 con 
igual suceso, se lograría un plan tan completo como lo ape- 
tezco para felicidad de esta ilustre Ciudad a la que profeso el 
mas afectuoso cariño. Buenos Aires, 20 de abril de 1807. ,n* 

NOTAS. 

1.a — Con cuidado he omdtido proponer la fortificación 
que puede convenir á la Plaza Mayor y á las inmediaciones de 
la Real fortaleza, porque 'estos parajes son de nuicha impor- 
ta ncia, y al mismo tiempo pueden ser fortificados do diversos 
modos; pero para que sean tan ventajosos como se desea, es 
menester combinar sus defensas con las que se adoptaron en 
lo restante de la ciudad, porque de otro modo quedarían tal 
vez defectuosas. 



PLAN DE DOBLAS. 3i 

2.a — Las dos baterías que se proponen como útiles en 
el Riachuelo y Recoleta para batir al enemigo de travesía, en 
el caso de verificar su desembarco en -el bajo del rio ; ee pue- 
dien omitir fortificando el muelle con alguna regularidad, 
aunque sea con fajinas para colocar en los costados Norte y; 
Sur, cañonees de buen calibre, que puedan batir las playas: y 
en el lado que mira á la Barranca (que debe cerrarse á la mi- 
tad de dicho muelle) será bueno colocar también otros peque- 
ños para metralla ; y para dificultar el acceso de la batería, 
se colocará en la entrada y garganta de dicho Muelle, mon- 
tes, y otros inventos militares propios al efecto; pudiendo 
convenir al mismo, la artillería de la Real Fortaleza, que des- 
cubre bien aquel paraje. 

8.a — Nadde puede negar que los sucesos de la guerra 
son nmy inciertos y que uno de aquellos que se nombran 
acasos quitan de las manos la victoria mas segura pasándola 
al que se consideraba batido y derrotado enteramente. Por 
esta razón no pueden nunca ser demasi-adas cuantas precau- 
ciones sean imaginables para evitar á lo menos la total rui- 
na de un ejército ó provincia. En este concepto, me parece 
no solo oportuno sino absolutamente necesario que todos los 
pertrechos de j^uerra de cualquiera especie, clase y calidad, 
de lOo que existen, sin uso ni destino actual; se retiren de es 
la ciuJad á la villa de Lujan, ú otra parte á proporcionada dis 
tancia, en que se consideren moralmente 5»eguros, y de donde 
puedan trasladarse á esta en caso de necesitarse, formando allí 
un parque bien ordenado, y resguardado con aquellos oficiales 
y soldados, que por estar juramentados no se pueden emplear 
aquí. Con esta precaución si por desgracia somos vencidos, 
nos queda un recurso á que apelar, y un refugio donde se am- 
pare la gente que pueda retirarse como deben hacerlo en tal 
caso, etc. 

4.a — Aunque en todos tiempos y circunstancias son fali- 
J)les los juicios 6 conjeturas que se forman sobre los futuros 
sucesos de la guerra y su duración ; nunca pueden serlo mas, 
que en la época presente. Por esta razón exije la prudencia. 



34 LA EBVISTA BE BUENOS A IBES . 

que atendiendo á las actuales circunstancias d-el País, procu- 
remos «economizar los caudales y minorar las fatigas á la tro- 
pa, en cuanto es posáble, y no se oponga á nuestra seguridad y 
progreso de las armas del Bey : lo uno y lo otro puede propor- 
cionarlo cómodamente el presente Plan. 

5.a — Habiendo examinado cuidadosamente la estension 
que en el Bosquejo se propone para fortificarla en forma d& 
<3uadrilongo, he advertido que en lo interior de los dos ángu- 
los que forman los lados de los costados con el de la cam- 
paña, hay muchas cuadras bastante despobladas de casas 
y que por lo mismo pueden proporcionar paso franqp al 
enemigo por muchas partes aunque se cierren con los pa- 
rapetos sus boca calles ; y así he discurrido y formada 
otro pianito mas reducido, y que (á mi ver) ofrece mejores 
proporciones para defendernos y ofender al enemigo. El se 
reduce á figurar un triángulo Ysósceles sobre el lado que mi- 
ra al Rio : leste debe conservar el másmo lugar y extensión que 
el del cuadrilongo. Las líneas que forman los costados en 
él, deben inclinarse igualmente al centro de la línea que mi- 
ra de frente á la campaña; y como dichos lados han de 
seguir sus líneas por la dilección que tienen las calles, no 
pueden ellas ser rectas; y así se vé en el Pianito que van for- 
mando escalones; lo que proporciona la ventaja de poder 
flanquear el fuego, causándolo en todos los puntos exteriores 
á loe ángulos salientes; en los que deben colocarse los pa- 
rapetos conforme van señalados de color rojo ; y con ama- 
rillo se denota todo el centro de la ciudad que debe com- 
prender el recinto fortificado. Los cañones que en el cualdri- 
longo se figuran colocados en las calles del centro de él; po- 
drán sacarse á los ángulos salientes de los dos lados que forman 
los expresados parapetos para usar de ellos en caso necesario 
con mas ventaja, abriendo en ellos las suficientes troneras. 
En todo lo demás relativo á esta nota 6 adición, puede apli- 
carse cómodamente lo que se ha dicho cuando en mi plan se 
trata de las operaciones correspondientes al Cuadrilongo. 

6.a — ^Puede suceder que (si llegase el caso) de tratar Id 



^ 



PLAN DE I>OBLAS. 35 

realización de lo que propongo «en mi plan sobre dar paso de 
unas á otras calles por lo interior d-e las cuadras y de guar- 
necer las casas con tropas; se pongan algunos embarazos á 
su ejecución. Con este conocimiento lo propuse por que co- 
mo no pretendo ni imagino qu<e se apruebe y ejiecute todo él, 
no me detuvo este obstáculo; por que lo que yo apetezco en 
«fita parte es patentizar algunos d« los muchoB recursos que 
proporciona mi plan para la defensa de esta ciudad, con el 
fin de que se puedan elegii» aquidlos que parezcan mas opoi*- 
tunos según la gravedad del riesgo que la amenaze. 

(Concluirá.) 
I. 

í.. GONZALO DE DOBLAb. 



MEMORIAL 

Presentado por el AyuntamieDto de la ciudad de Méjico a la real 
majestad de Don Carlos III, rey de Kspaña é Indias, en 1771, 
refutando un informe que se habia dado sobre las malas aptitu- 
des de lo^s Americanos. 

Introducción. 

Pocos documentos de la historia americana qu<e solemos 
llamar antigua, verá la luz {)ül)lica, que esté revestido ile uu 
carácter á la vez ma.s serio, mas interesante y que nos revele 
de un modo mas patético, el instado del pueblo americano an- 
tes de comenzar el siglo XIX, en que habian de tener lugar 
tantos sucesas de feliz recordación. 

La Ley 2, título H.o lib. 4.o de la Recopilación de In- 
dias, que es la Real Cédula de Carlos V de 25 de junio de 
1530, encomienda que en los asuntos del Reino de Méjico, 
su capital tenga el prúner voto y derecho de representación 
al Rei, privilejio esciusivo en principio y que el mismo mo- 
narca hizo, en 13 de marzo de 1553, estensivo también á 
la ciudad de TJaxcala — En virtud de esta concesión^ el 
Ayuntamiento de Méjico presentó el actual Memorial, con 
motivo de un informe supuesto, ])ues en él ni se relata el au- 
tor ni la fecha, y se luibla solo por rumores. 

Ignoro si el informe existió jamás; pero los mejicanos 
se valieron de este pretesto, lo hicieron nacer, diré así, 
para hablar á Carlos III el lenguaje de la verdad, que rara vez 
consigue hacerse oir entre la grita de los adulones de las Cortes. 

p]s una pintura nuiestra de los maK»s que aflijian la Amé- 
rica, un cuadro vivísimo del despotismo de las procónsules del 



MEMOBIAU 87. 

César Ibero, una serie de servicios mal recompensados, de fi- 
delidad inmerecida, de abusos ignorados, y en una palabra, 
el perfecto retrato del gobierno colonial, que no comprendó 
como subsistió 300 años en el Nuevo Mundo. 

Los puntos culminantes del documento en cuestión, son: 

1.0 — Postergación de los Americanos en los Empleos de 
Indias, prefiriéndose á los españoles, siempre menos capaces, 
menos antiguos y menos conocedores de las necesidades locales. 

2.0— Males que producen los Españoles colocados en los 
empleos de América, económica y moralmente hablando. 

3.0 — ^Beneficios hechos por la Provincia de Méjico á la 
causa de España, acreditando un celo y amor, que no merecia 
tan mal proceder d-e la Metrópoli. 

4.0 — Prueba de las aptitudes moral<es áe los Indianos 
para todo empleo y carrera. 

5.0 — Opiniones diversas de varios monarcas, vireyes me- 
jicanos, arzobispos, etc. sobre las dichosas condiciones de 
moralidad de Méjico. 

Como se vé, no podian ser mas delicadas las materias 
que se tocan en el Memorial, especialmente cuando á todas 
ellas se Ifes dá solución favorable á los americanos y adversa 
á España, pues sabido es, que luchaban en Indias estos dos 
principios, opuestos en sus medios y en su fin. Para tratar 
sobre ellas, necesario era que se hubiera ofendidg mucho la 
suseeptibilidad é intereses del pueblo Mejicano, informando 
monstruosidades, para vencer un temor muy natural de 
tocar tan ardua cuestión y luchar contra la prepotencia de 
los Españoles en la MetnSpolá. 

Ese informe, supuesto ó verdadero, sirvió de protesto, 
como ya he dicho, para dirijirse al Rey y hablarse con desu^ 
sada austeridad. ** El espíritu de los Americanos, decia ese 

* informe es sumiso y rendido, porque se hermana bien con 

* el abatimáento; pero si se eleva con facultades 6 em- 

* pieos, están muy espuestos a los mayores yerros, y por 

* efío conviene mucho el tenerlos sujetos, aunque con em- 

* pieos medianos, por que ni la humanidad ni mi corazón 



38 LA REVISTA DE BUENOS AIKES 



ti 



propone el que ae vean decinudos de favor ; pero si me en- 
seña ia esperiencia y conviene mucho tengan por delante á 
los Europeos, que con un espíritu muy noble, desean el bien 
de la patria y el sosiego de nuestro amado monarca." 
El memorial es una obra concáensuda, una defensa; sus 
formas no son por cierto un mod-elo, pero se escusan ante 
la gravedad del fondo; — se le puede tachar de estar escrito 
en términos lisonjeros á los monarcas iberos, pero esto se 
comprende fácilmente y merece disculpa. Se vé que la idea 
dominante es utilizar todos los recursos para llegar a un fin 
d^eseado: probar los méritos de los americanos. 

Es nuestra época, no hubiera aido alhagüeño para un 
pueblo que dijese de él lo que PaJafox (1) del mejicano: ** su- 
fre hasta la opresión y arbitrariedad, sin mas que murmurar 
en silencio y llorar ", porque probaria la falta de espíritu 
en una nación, lo que jamás puede lisonjear. 

Si no temiera equivocarme, porque lo hago sin mas 
antecedente que la ddentidad de formas, diria que su autor 
68 el doctor don Servando Teresa Mier y Noriega (2), que 
escribió, bajo el pseudónimo de José Querrá la Historia de 
la Revolución de Nueva España, (Londres, 1813), á'una edad 
muy avanzada. 

El punto que mas ha preocupado al redactor del escrito, 
ha sido la admisión de los americanos á los >empleos superio- 
res con esclusion de los Europeos, ya para facilitar una 
carrera á aquellos (3), ya por la conveniencia de tal me<lida. 

1. El exmo. Tilmo, señor doctor don Juan de Palafox, virey y 
arzobispo de Májico (ir)23 — 1625), modelo de gobierno fraternal ha- 
cia los americanos. 

2. y. ''Revista de Buenos Aires** núm. 58, Bibliografía del 
señor Zinny. 

3. Tengo en mi poder, sin fecha ni firma, un manuscrito quí> 
contient un pedido al Rei para que se facilitase á los jóvenes ame- 
ricano» el ingreso en la carrera de la» arm«is, pues se hallaban mu> 
tchos de ellos sin colocación. — ^<*omo es un documento muv^ curioso A 

• 

inédito, lo reproducirá íntegro: *' Señor: El clementísimo corazón de 
V. M. cada día despierta y fortalece mas nuestros buenos deseos: & 
í^u soberano influjo, ya el mar no presenta terrores, ni la Ar.érica 
di^^tancias: la verdad halla caminos seguros hasta el trono, y estos 
humildes clamores serán benignamente oidos de V. M., tanto por 



MEMOBIAIi. 39 

La csclusion de los «empleos superiores de los americanos, 
fué política seguida por la España en estos países. Desde 
1620, en que se crearon los gobernadores del Rio de la Pla- 
ta, hasta 1776, en que se erijió el Virreinato, Buenos Aires 
no ha contado en siglo y medio mas qu/e cinco americanos: 
Harnando Arias, de la Asundon; Juan Ramírez de Velazco, 
del Tucuman; Alonso Pérez de Salazar, de Santa Pé de Bo- 
gotá de Nueva Granada; Gerónimo Luis Úe Cabrera, de Cor 
doba, y Juan José de Vertiz y Salcedo, de Méjico. Y sin 
«mbargo, en Real Cédula de 14 de agosto de 1768, Carlos III 
llama españoUa á los indianos, á quienes no permite el as- 
censo á puestos superiores. 

Recuerda también al Rey los servicios prestados por 
Méjico á la Corona; armamentos de tropa, contribuciones 



su justo objeto, cuanto por que prescinden de interés particular. 

**V. M. tiene en las vastos países de Indias, muchísimos jóvenes 
de grande fidelidad y prendas naturales, sofocabas todas en su proplj 
nido, por faltarles el saludable aire de la esperanza. El triste ocio 
á que están condenados, les quita auai el consuelo del movimiento, 
y sola.uente trabaja su imajijiacion en ideas quiméricas y vagas, de 
suerte que los criollos vienen á ser unos enigmas del Estado, pues 
ni son estrangeros, ni n&eionales, ni miembros de la Bepública, sin 
esperanza y con honor, sin patria y con lealtad. 

** Desde el establecimiento de estas grandes colonias hasta j>o<5r> 
tiempo há, no se habla podido dar empleo y ocupación á tanta juven- 
tud. Las continuas y ¿rduas empresas d« Carlos V y Felipe II, re- 
quirieron toda su atención en Europa: después se ne<'esitaron lo» 
ojos mas para llorar que para ver. El señor don Felipe V, habiendo 
protejldo la marina y el comercio, dio á los Americanos algún reme- 
dio en el tráfico pasivo y precario de sus preciosos metale>s, y tal 
<;ual fruto, que debe al acaso y no á la providencia del ^ministerio. 
Así han engañado el tiempo algunas personas, á quienes su educa- 
loion y pensamiento no les prestan alas para volar «mías alto y acer- 
carse á los pies del Bel; pero quedan muchas y las mas generosas, 
en un ocio mas duro que la hambre y la prisión, y lo que es peor, 
sin toner un precipicio hondo, en que acabar sii vida contemplativa. 

** Algunos indianos, sin embargo de ver en la eorte tan remoto, 
tan costoso v tan aventurado su acomodo, vienen á buscarlo ac^ y les 
es Madrid lo mismo que un vasto golfo donde navegan sin aguja, 
sin norte y sin piloto: los mas se pierden en la calma; poeos escapan, 
desnudos y atribulados. Los que vienen con propósito de wguir 
carrera, no teniendo quien los apoye, se hallan en la necesidad do 
hablar por si miamos, y tienen muy poca acojida sus pretensiones, 
priniíipal rente si las dirijen á algunos ministros, que creen que todi 
el gobernar consiste en aludir, que el negar es el primor de la justi- 
cia, y que hacen bastante con oír al que revienta. 



40 LA REVISTA DE BUENOS AIRES 

i 

voluntarias, etc. y para probarle el amor al monarca, cita 
los siguientes hechos parciales, cuyo buen éxito -^e debió á los 
americanos, que, según dice, son leales hasta lo imposible: 

1.0 — Revolución de 1651 en las provincias de Thehuan- 
tepec y Nejapan, pacificada por el doctor dcm Alfonso Cue- 
vas y DávaJos, natural y obispo de Oajaca. 

2.0 — Motín de indios en 1692 en la ciudad de Méjico, í«>fo- 
eado por el alférez real don Juan Manud de Aguirre, america- 
no, 

3.0— Movimiento de 1732 á 1734 en la Provincia de Chi- 
chimecas, apaciguado por los vecinos de Guanajuato, sin gas- 
to al Real Erario. 

4.0 — ^Levantamiento de 1767 en Pasquaro, anulado por 

** Tales desengaños, aprietan el torcedor á aquellos corazones, 
y viendo que mientras se mantienen allá no pueden ^anar mas honor 
que el de ser ouras 6 abojjados, y que acá depende eu bien de uii 
sistema que no admite plano regailar, trabin-a »u razón, en^drase un 
miio tenaz contra los españoles europeos, y pafifándole^s estos en la 
misma moneda, pierde V. M. los f ratos que podian resultar de íh 
concordia de unos y otros. 

** Pudieran remediarse esto€« daños, haciendo para los criollos mas 
llana la carrera militar. Por jjrandes inconvenientes, no puede i 
estos venir á España en «u primera juventud y «*íiipezar de cudetejí 
en el servicio, ¿i vienen en edad capnz de defenderse por si mis 
mos de los escollos de este piélaj^o, ya es tarde para emi|)ezHr de. 
cadetes, y el único medio seria, que tuviesen una bandera ó estan- 
darte en cada Rejimiento, si sus buenas circunstancias no desmere- 
ciesen esta gracia. Por dichas razones, parece asi mismo q'i-3 con- 
vendría que á solo los criollos se les concediera el privilejio de bene- 
ficiar compañías en los Rejimientos, pues esto no les es nada airoso 
á los Kspañoles que tienen acá sus casas y j.ariente«, tanto, q:ie el 
beneficiar compañía uno de ellos, es bastante prueba de h:i'3»:r pasado 
su mejor tiempo entre el sueño y la p<M07.a. ó que ya ha da<'o 'anos 
desengaños á sus padres. 

*' Pudiera también V. M. formar un cuerpo dj hKÍiiíento, 
donde se emplearan desde luego que vinieran, gozaran su regular 
aíi-"en<*o, como en la Coniipañia Italiana y FlamencH de l's Juardias 
de Corps; — que los criollos son Españolea y se consideran c-omo 
tales, en flaca objeción, pues no basta el noi'ubre sin las prerogati- 
vas, y lo que desean aquellos vasallos, es un destino honrosa y 
seguro, para el cual no sean menester empeñoe. Así, e¡ C ,uí'í)o de 
Mosqueteros en Francia está lleno de sus Americanos, y a favor 
de las ascensiones que gozan, tiene t-anibi.^n su marinv mucho ma- 
yor número de ellos que la nuestra. Nd perdería uadrí Híspana en 
acojrr con ai'ror estos individuos, pue«« aurqup uto con )tro no aca- 
rrease de su casa mas que 200 posos al año, vrn«^rla ft correr en el 
centro del Reino una suma considerable de dinero, jn.' losiütnria. en 



MEMORIAL. 41 

el ausilio del doctor don José Vicente Grozabel y el licenciado 
don Joaquin Beltran. 

Que providencia dio Carlos III al memorial del Ayunta- 
miento de Méjico? 

Esta pregunta, sin podérmela contestar, se me he ocurri- 
do, ^luy probable es, que haya sido encarpetada ó que el Mar 

provecho del artesano y ilel labrador, no co.no el que prodccf? él 
«omercio de manufacturas estran jeras, que no pasa ordinariamente 
d-e los labios de la Península. 

**Para esto convendría, que esta tropa y ofi-ciales presuntivos no 
pagasen man que un peso ó dos al día por su transporte, como los 
oficiales que van de E«^paña á la América, sin padecer el rigor de un 
pasaje tan costoso, como el del puente de la tierra al cielo que finjió 
Mahonia • como también, q-ue en los tribunales de Elspaña tuvieron com- 
pétente vigor las informaciones de lejitimidad é hidalguía hechas 
ante aquellas Audienicias y Ayuntamientos, sin tener que buscar acá 
ramas, que quizá el tiempo las na puesto ya en una escoba. 

'^Xo akanzo tampoco que embarazos se opongan á que haya un 
hombre condecorado con el empleo úe ** Protector" ó ** Director de 
los indianos", á quien se presenten confiados, á quien hablen sin 
temblar y se den á conocer, no en un pasadizo ó porta], sino en una 
«illa de su casa. Por falta de esto se ven los Indianos sin atinar 
asilo, y tal vez creen, que el manantial de las gracias está colocado 
en una nube, mas allá de la vía reservada. El Consejo y Cámara 
de Indias no pueden canonizar deseos ni virtudes añórales: se escri- 
ben en papel sellado. 

*' Alejandro Magno tomó de un golpe 30.000 jóvenes, hijos d-? 
los mas principales de la Persia, y ordenó que se les educara en 1^*» 
letras griegas y todos los ejencicios de los Macedonios, asegurándose 
de esta manera de la fidelidad de los padres y del afecto de los hijos, 
lo« que presto le servirían como soldados y ya le servían como 
rehenes. 

** ¿(Quién tendrá la temeridad de afiíun'ar, que Alejandro, si hu« 
biera vivido, no hubiera sacado gran fruto de esta ilustre juventud, 6 
que por no haber comido desde niño los mismos guisados que los Ma- 
cedonios, no fuesen capaces de hechos tan fuertes como ellos? Si 
hay alguno que piense de este modo, y por consiguiente, «que los crio- 
llos no son tan buenos para la milicia como otros, vuelvan los ojos 
á la guerra de suceí^ion y hallará que de seis ó siete Peruleros (a) 
que cuando mas servirían al señor Felipe V, hubo nada menos quo 
tres insignes generales, cuales fueron, el Marqués de Valdecañas, el 
de Casafuerte y don José Vallejo, y saque entre Flamencos, Suizos 6 
Irlandeses, un ejemplo tan glorioso como este. 

*'Kn fin, señor, los Ameriicanos españoles no piden acá ni pren- 
das ni pensiones; piden solamente carrera y ocasioaies. Si en el 
principio ó el medio de ellas tropieza su honor 6 su conducta, su- 
fran todo el rigor de la ley, «nendiguen el pan y vivan con igno- 
minia.'' 

(a) ''Peruleros'', dice el original — ^Peruanos habitantes ó na- 
turales del Perú. _ _ j j 



42 LA BEVISTA DE BUENOS AIRES 

qués de Grimaldi, el miuistro-raposa haya dado buena cuenta 
de él (1), impidiendo que llegase á manos del Monarca. 

Sea de ello lo que fuere, el Memorial tiene mas de un tí- 
tulo para ver la luz pública y ser leido con gusto en las colum- 
nas de La Revista de Buenos Aires, 

ROMULO AVEXDAÑO. 



MEMORIAL DEL AYUNTAMIENTO DE MÉJICO 

Señor : 

Para asuntos del interés común de toda la América 
Septentrional, ha querido V. M. que no tenga otra voz sino 
la d^ esta Nobilísima Ciudad, como cabeza y corte de ella. 
No puede ofrecerse cosa mas interesante que el punto en que 
ge trata de arruinar con sus utilidades su honor, malquistando 
su bien granjeado conci^pto en lo mas sagrado de la lealtad y 
amor con que reconoce y venera á V. M. ; — por eso nunca 
se creerá este Ayuntamiento imis obligado que ahora á tomar 
la voz de todos -estos domdnios para hacer presente á V. M. 
la sinrazón con que se procura oscurecerlos é infamarlos. No 
deja en la común opinión de ííer triste necesidad la de litigar 
ei honor, cuanto el poseerlo en paz "es felicidad sobre tcxlas 
apreciable; pero alguna vez debe lisonjearse el honor mismo 

1. Tengo á la vista un curioso manuscrito crítico en verso, 
cuyo título es: 'Muiita anual y general de la Sociedad Anti-HÍBpana, 
en el dia de Inocentes de* 1776, y fin de fiesta en el euarto del Mar- 
qués de Grimaldi'' — en que hablando de los memoriales de Vértiz, 
nos dá una idea clara de la fre<?uente interceptación que vse hacia 
de los papeles de América que no convenían al Marqués como lo 
muestra la estrofa siguiente: 

De Vertiz los continuos memorialev»» 

Kn que representaba a! Soberano 

Su poca trivpa. y esta no pagada. 

Las superiores fuerzas del contrario, 

Del Yirei la ini^olenoia, y flnaim'ente. 

Que para mantener á sus soldados 

Había ya vendido mucha parte 

De su corto equipaje, — es necesario 

** Kntregarlos al fuego por que callen*' 

"Infinidad tan grande de atentado».'' 

Por e-ito no seria de estrafiar, que el presente jarnos lo bublora 
conocido Carlos IIÍ. 



M£MOBIAL. 4¿ 

óe la necesidad de disputarse, cuando ha de ser ante quien, 
«orno V. M. libre enteramente de preocupación, sabrá dar 
todo el justo valor á Jas verdades qu^e se alegaren por defensa, 
y cuando «stas han de ser tales que basten á convencer ¿ la 
vasta del mundo la voluntaria injusticia con que se nos in- 
quieta. 

Dá motivo á estos clamores ed haberse esparcido entre 
los Americanos la noticia de que por algún Ministro ó Pre- 
lado d'C estas partes, se ha informado á V. M. en -estos ó 
semejantes términos: '^ £1 espiritu de los Americanos es 
*^ sumiso y rendido, porque se hermana bi^en con el abati- 
** mdento; pero si se «eleva con facultad<es ó cmpleoS; están 
** muy espuestos á los mayores yierros, y por eso conviene 
*" mucho el tenerlos sujetos, aunque con empkos medianos, 
*^ por que ni la humanidad ni mi corazón propone el que 
** se vean desnudos d>e favor; pero si me enseña la espe- 
^* riencia y conviene mucho tengan por delante á los Euro- 
^* peos, que con un espíritu muy noble desean el bien de la 
*^ patria y el sosiego de nuestro amado monarca. " 

Dias há que reflexionábamos, no sin el mayor descon- 
suelo, que se habian hechc mas raras que nunca las gracias 
y provisiones de V. M. á favor de los Españoles Americanos, 
no solo en la linea secular sino aun en la eclesiástica, en 
t]ue hasta aquí habíamos logrado atención. Lo observába- 
mos, pero conteníamos nuestro dolor dentro dd mas res- 
petuoso silencio, y no romperíamos jamás, aunque no logra 
ramos otro beneficio que el incomparable de reconocernos 
sus vasallos, veneraríamos siempre, cual de la imájen del 
mismo Dios, las providencias de V. M., los confesaríamos en 
todo caso justas por mas que no alcanzáramos sus causas, 
que tampoco osaríamos averiguarlas; y aunque nos fueran 
dolorosas, acallaría nuestro sentimiento la satisfacción de ha 
eer en todo caso el gusto de V. M. 

Así debiera ser, y así seria si se tratara solo de nuestra 
utilidad y no se arruinara con ella nuestro honor, Si fuera 
voluntad de V. M., desatendernos, cifraríamos nuestra feli- 



44 LA REVISTA DE BUENOS AIRES 

oidad en obedecerle con «el mas profundo silencio, pero si 
contra la piedad que le del>enios sus vasallos de estas rejio- 
nes, no por mas remotas menos atendidas, haciendo violen- 
cia á la inclinación misma de V. M., se intenta despojarnos 
del robusto derecho que tenemos á toda suerte ele honores 
con que la piedad de los Reyes premia el mérito de sus sub- 
ditos, y esto con informes poco sinceros, hijos de la preocu- 
pación de quien los hace, ó de otro igual viciado principio: — 
haríamos la mas infami* traición á nuestro honor no vindicán- 
dolo, y deserviríamos á V. j\I. permitiendo que con tan daña- 
dos medios se tiranizaran sus justas piadosas intenciones. 

No es la primera vez que la malevolencia 6 prevención 
ha atacado el crédito de los Americanos, pretendiendo que 
pasen por ineptos para toda claf?e de honores. Guerra es 
esta que se nos hace desde el descubrimiento de la América 
en los indios 6 naturales, que son nacidos y traen su orijien 
de ella, á pesar de las evidencias, se puso en cuestión auft 
la racionalidad. Con no menor injusticia se finje de los que 
de padres europeos hemos nacido en este suelo, que apenas 
tenemos de razón lo bastante para ser hombres. Con estos 
coloridos nos han pintado ánimos prevenidos, abundantes en 
su propio sentir; enemigos del desengaño y á tamaña inju- 
ria se ha manifestado, al parecer, injaensible Méjico, cierto de 
que la pluma particular de cualquiera de sus hijos, bastaría, 
como lo ha acreditado constante la esperiencia, á rebatir la ca- 
lumnia. 

La que hoy se nos haoe (siendo cierto haber informado 
á V. M. en los términos que quedan asentados,) es de na- 
turaleza que deben escitar todos los senti«iientos de este 
Ayuntamiento. Versase la causa de nuestra fidelidad, y en 
cuanto á ella, en paralelo con los EuropcMis. se dá volunta- 
riamente á estos la preferencia. En todo ceilerá ^léjico, 
por mas que su moderación se bautice con el nombre de aba- 
fimirnfo; pero no oe<lerá cuando se controvierta su lealtad. 
Lealísimos son los Europeos españoles, gloriosa emulación 
del resto de las naciones del mundo antiguo; pero en nada 



MEMORIAL. 45 

aventajan á los del nuevo. Tiene este en su capital Méjico, 
por su mayor y mas apreciable timbre, el título áe muy IcaL 
con que los gloriosos Reyes predecesores de V. M. califican- 
do sus servicios, se dignaron de honrarle, y no pueden abal- 
donar esta honra que tanto aprecian, confesándose respecto 
de otro alguno menos leales. 

Tan decoroso y superior motivo nos conduce á levantar 
hasta el trono de V. ;M. nuestros clamores contra un informe 
injustísimo en lo que concluye, é injuriosísimo en lo que para 
promoverlo supone. 

Es el asunto que se propuso, el que estendió el informe, 
alcanzar de V. M. que los Españoles Americanos no sean 
atendidos sino cuando mas en la provisión de empleos, te- 
nienldo siempre por delante, en mas alto grado de honor co- 
locados á los Europeos, eg decir, que se nos escluya en la lí- 
nea eclesiástica de las mitras y primeras dignidades de la igle- 
sia, y en la seglar de los empleos militares, gobiernos y pla- 
zas togadas de primer orden. Es querer trastornar el dere- 
cho de las jentes, es querer caminar no solo á la pérdida de 
esta América, sino á la ruina del Estado, es, en una palabra, 
la mayor y mas enorme injusticia,, que no se alcanza, cómo 
hubo animosidad bastante para proponerla á V. M. 

Aclaremos «esto, para que, conocido el espíritu que animó 
el informe, sea fácil persuadirse á la falsedad de las calom- 
mas que se tejieron para fundamentarlo. No deberemos canr 
sar demasiado la atención de V. M. en hacerle presentes los 
derechos que claman por la colocación de los naturales en toda 
suerte de empleos honoríficos de su país, no solo con prefcr 
Tencia sino con esclusion de los estraños. 

Máxima es esta, fundada en razones tan sólidas de uti- 
lidad y necesidad, en lo político y espiritual, que no hay de- 
recho que no la haya adoptado y apoyado. — Trae su anti- 
•güedad desde antes de la Ley Evanjélica, y el mismo Dios la 
reconoció altamente impresa en los corazones de su pueblo. 
3En contravenir á ella, se ha visto como un odioso abuso, que 
para defenderlo ha escitado contra sí la vijilancia de todos 



46 ^^ KEVISTA DE BUENOS AIRES 

los gobiernos. El de V. M. y el de sus gloriosos pro jeni to- 
rea, no sido en este menos atento á la felicidad de sus vasa- 
IJos, d«e que es ilustre testimonio la pragmática del Bey don En- 
rique III en las cortes de Madrid, á 24 de setiicmbre de 1396, 
en que con las mas vigorosas cláusulas se prohibe á los estran- 
jeros que pu'edan obtener beneficios algunos en España. Las 
leyíea 4.a y 5.a, título 3.o, libro l.o de la Recopilación de Cas 
tilla, se -estabíecieron para lo mismo, y en el Supremo Conseja 
»e retienen las provisiones hechas por la Corte de Roma en 
favor d-e los estraños, se encuentran los frutos del beneficio- 
así proveído y sujetan á otras penas los impetrantes. 

Así lo ha acordado V. M., asi lo han practicado sus Con- 
cejos, aun en este punto de beneficios, de que en los últimos 
siglos se creia un despótico dispensador al Papa, por que toda 
la autoridad que se le atribula, no parecía bastante para tras- 
tornar la copia de razones y derechos que claman por las pro- 
visiones á favor de los naturales. 

Estos, en cuanto á piezas •eclesiásticas, fundan su inten- 
ción en espresas decisiones canónicas d>e papas y concilios; 
en la naturaleza é institución de los beneficios ; en la calidad 
de sus rentas ; en el destino que á ellos debe dar el beneficia- 
do; en la utilidad del servicio que se obliga á presentar á su 
iglesia, y en otras tantas y tan poderosas razones, que han 
hecho pensar á la iglesia en aligar la provisión, no solo á los 
naturales de un Reino con esclusion de los estraños, sino á. 
los de cada obispado, escluidos también los de otro, aunque 
naturales de un Reino y de la misma provincia. Este pen- 
samiento se halla apuntado en los Cánones mas antiguos y 
se propuso con cierta limitación en la Asamblea sagrada de 
Trento, en donde se oyó con el mayor aplauso, y si no quedó 
comenzado entonces por Ley imefragable, fué, ó por que so 
consideró establecido ya de muy de antemano en el Concilio 
Valentino, ó por que otras atenciones mas urgentes acaso ocu- 
paron al de Trento, 

Iguales razones á las que se consideran en la provisión 
de piíezas eclesiásticas, urj<en para que los empleos seculares 



MEMORIAL. 47 

de cualquier' clase no sie confieran sino á los naturales. De 
lelkis hablaremos encontrayendo estos principios gienerales á 
favor áe los Americanos, debiendo por ahora quedar senta- 
do que la provisión de los naturales con esclusion de los tes- 
traños es una máxima apoyada por las Leyes die todos los 
Reinos, adoptada por todas la» naeiones, dictada por senci- 
llos principios que forman la razón natural, é impresa en los 
corazonies y votos die los hombres. Es un: derecho, que si no 
podemos graduar de natural primario, es sdn duda común d^ 
todas las jentes, y por eso, d(e sacratísima observancia. 

En trastorno de ella se dirije el Informe (si acaso es jus- 
to,) para que en esta América todos los beneficios eclesiásticos 
mayores y empleos seculares de primer orden se confieran á 
los Españoles Europeos con esclusion de los naturales, querien- 
do acaso cohonestar la transgresión de los derechos contrarios, 
por la razón de no ser los Europeos propiamente estranjeros 
de la América, que felizmente reconoce el dominio de V. M. 

Por él se incorporó este nuevo mundo en los Reinos de 
Castilla y León, sin formar corona distinta, sino sirviendo 
solo de nuevo adorno á la que, derivada d«e los Reyes cató- 
licos dqn Fernando y doña Isabel dignamente ciñe las sienes 
de V. M. — En esta una sola cabeza, formamos un solo cuerpo 
político los Españoles Europeos y Americanos, y así aquellos 
no pueden considerarse estranjeros en la América. 

Así es verdad en cuanto al reconocimiento que unos y 
otros vasallos de ambas Españas debemos prestar á un mismo 
soberano ; pero en cuanto á provisión de oficios honoríficos se 
han de contemplar en estas partes estranjeros los Españoles 
Europeos, pues obran contra ellos las mismas razones por que 
todas las jentes han defendido siempre el acomodo de los es- 
traños. 

Los puestos, los honores, las dignidades, tanto ecle- 
siásticas como seculares, si se confieren á beneficio del pro- 
visto en premio de su mérito, no es este el principal objeto . 
que se tiene en la provisión, sino consultar al buen servicio 
del empleo y á la utilidad pública para que se erijieron los 



!l 



i8 LA REVISTA DE BUENOS AISKS. 

mismos empleos honoríficos. ^las y mejor lia de servir al 
público de una ciudad, de un obispado, de una provincia ó 
Reino, el que, por haber nacido en él, naturalmente mas le 
ama, que el que teniendo su patria á dos mil leguas de dis- 
tancia, contemplándose desterrado en el mismo -empleo que 
sirve, ha de concebir desafecto. En el primero obra en be- ¡ 

neficio público su obligación estimulada de los naturales mo- 
yámientos de la inclinación: en el »egundo por el contrario, 
ee remora á los honrados impulsas de su obligación, la pesadez 
que enjendra el d-esafecto. Así han pensado siempre los hom- 
bres para poner en los empleos solo á los naturales, y esta 
niisma razón influye con det'crminaííion á nuestra América, 
para no acomodar en >ella á los Europeos. 

Estos, por mas que no se consideren civilmente estranje- 
ros en Indias, lo cierto es, que no recibieron el ser en 
ellas; que tienen en la antigua España, y no en la nueva, sus 
casas, sus padres, sus liermanos y cuanto es capaz de arras- 
trar la inclinación de un hombre; qu«e cuando á esta distan- 
Aíia se destierran á servir un empleo, no mudan de natura- 
leza, ni se hacen insensibles á los impulsos de la con que 
nacáeron, y por todo ello es fuerza que de estas re j iones no 
pierdan de vista la atención de los suyos, y sobre consultar 
á socorrerlos (si ya no es á enriquecerlos) se contemplan pa- 
sajeros en la América, teniendo por objieto volverse á la de su 
patria y casa acomoílados. Así lo enfíeña ca<la dia la espe- 
riencia, y así es inevitable que sea por lo regular, si los eini)leo& 
se confieren a los que no nacieron en las rejdones que los sirven. 

Ocupado el europeo de las ideas del socorro y adelan- 
tamiento de su casa, distante con todo el Océano de por me- 
dio, entrañado del pensamiento de volverse á su patria, es 
inevitable, que ponga todo su estudio en que le sirva el em- 
pleo para enriquecerse: es preciso que le falte mucha parte 
de espíritu, mas de tiempo, para dedicarse á pt^nsar en fe- 
licitar la provincia que go])ierna: tes consiguiente que le sean 
anucho mas fuertes que á otro las tentaciones de la codicia, 
y que no deje pasar ocasión que se le presente, en que por 



MEMOBIAL. 49 

cualquier medio (que el amor propio todos lo pintan justos,) 
proporcione caudal qu^e poder llevar á su patria, y d>e todo 
esto, ¿ qué puede esperarse de buen servicio y utilidad del pú- 
blico? ¿Cómo no es de temerse justamente el daño en los in- 
)?ereses, en el gobierno, y otras perjudiciales resultas de las 
provincias ! 

Lo mismo proporcionalmente debe pensarse de los 
pro>dstt»ü: .el•Ie^'«&^ticos. Estos, deducida su manutoñcíoc 
(iííc^^nte. cual corresponde al grado que logran en Jeranjuía 
Eclesiástica, no pueden considerarse du-eños despóti(?os O^l 
reslo do Ir-i frutos de sus beneficios, cuya institución no P'ié 
pa?íi nÍL'H cosa, sino para mantener á espensas de la pie lad 
del público 3Iiiiistros Eclesiásticos. Estos, pues, deJr«cÍ4!:i 
su manutención, conforme al espíritu del cristianismo, de- 
jando opiniones lisonjeras, deben reconocer por acreedores 
y aun dueños del sobrante de sus rentas á los pobres, no de 
cualquiera parte, sino del obispado á que toque el beneficio. 
Si en. aquella Diócesis tiene el beneficiado su parentela y esta 
es. pobre, no deja de ser tan acreedora á sus rentas como 
otro cualquier necesitado, y podrá socorrerla sin faltar á su 
obligación y sin perjudiciar al obispado que lo mantiene, con 
extraer del dinero, que es la sangre que lo vivifica. 

Con todo esto podrá cumplir fácilmente, acomodado 
en esta parte en un beneficio eclesiástico un español Ame- 
ricano, y no podrá verificarlo el europeo, que acaso dejó su 
familia necesitada de sus socorros: ¿qué hacer, pues? deja- 
rá de oir los clamores de la naturaleza? parecerá volverse 
peor que los infieles; se dejará mover de la necesidad de los 
suyos para consultar á su socorro? de otro tanto defraudará 
á los lejítimos acreedores y aun dueños, que son los pobres 
de la religión en que sirve ; y para confundir los derechos de 
estos, procurará engañarse á si mismo, abrazando opiniones 
de los que tienen rebajada la moral cristiana y desfigurada 
hasta el grado inconocible, la disciplina de su iglesia. 

Hay otras razones que inducen cierta necesidad para no 
servir bien ni ser útiles al público, los españoles europeo» 



50 LA REVISTA DÉ BUENOS AlHES. 

acomodados eíx la América — Tienen estos que erogar los 
muy crecidos co«tosi de su transporté, que suben mucho á 
proporción de qu^e los empleados se contemplan precisados k 
venir con particular decencia y coniodidad, con séquitos de 
criados y f ainilia, y no solo la que han menester, sino la que na 
pueden menos que admitir, por que una vez provistos para la 
América, soín inum'erables Tos euró^)eo8 que carecen de destino, 
quieren lograr aquella ocasión de venir á buscarlo á estas re- 
jíones, importunando con la mediación los mas obligantes res- 
petos al «empleado para que los traiga en su familia. 

Así lo esperimentamos cada diá: ¿Y qué de perjnioioa 
públicos nó es preciso que resulten de tan fatal esperenciat 
Los dos últimos Arzobispos de esta Metrópoli, tuvieron que 
pagar por su transporte 45,000 pesos, pues al actual le cos- 
tó 20,000, según ha cdnfes&do paladinamente muchas veceft 
él mismo, y a su antecesor D. Manuel Rubio y Salinas 25,000 
pesos. Agregúese a este costo el transporte de mar, de que 
solamente hemos hablado basta ahora el de su conducción 
por tierra desde el puerto hasta sti destino, en un pais en 
que se miden las distancias por centenai^es de leguas, en unos 
(aminos desproveídos, en que es necesario que junto con los 
caminantes se conduzca todo cargado en muías, con multi- 
tud de criados inferiores para cuidar de "ello y de los que la 
Uevan todo á costa de muy crecidos gastos. Considérese que 
despuH?s de todos estos costos, el provisto tiene que poner 
una casa y adornarla, tiene qtie disponer uñ tren corres- 
pondiente á sü carácter, Y todo esto sin entrar el costo de 
la espedicion de sus dcvspachos {^xve no gasta mas que el 
Americano), ya es una suma, á que agregados los premios y 
riesgos de mar y vida, por mas que se ciña, no podrá bajar de 
30 á 40,000 pesos. 

En otros tantos es fuerza que se hajle empeñado el eu- 
ropeo provisto para Indias cuándo entra al servicio de su 
empleo. Este, si es secular, esceptuando el virreinato, tie- 
ne de dotación una renta con que poder mantener la decen- 
cia que demanda el puesto, y nada mas. Y aun hay empleos 



MJSMOBIAL. 51 

eomo son tod»» 1^ ^ica^dias Mayores del Reino, que uo ti>e- 
aen asígpjiiiC'ion alguna á í'avor del que la^ sirve. 4 Cómo, 
pues, pagaría estos «el honroso empleo con que entraron ei^ 
sus oficios f ¿Dejarán acaso de corresponder 4 sus acree- 
dores? Aun esto, que no seria lo peor, siendo tan malo, se- 
ria en desdoro y desestimación de I03 Ministros: se vilipen- 
diaría y vituperaria su mij^isterio : se desautorizarían sus pro- 
videiusias. Y de aquí, ¿ qué utilidad al público podíamos pro- 
meternos de su servicio? 

Pero lo cierto es, que no dejan de corresponder sus 
créditos, por que cederían para su l>ene£icio las puerta» 
de aquellos acreedores que desean tener prontos para que 
fomenten sus nuevas pretens^ioiiies. Los acreedores mismos 
zio ven eon rtaiotta Í£dá£ei)ea9ioia la ]>érdida de ^sus intereses, 
que dejen de perseguir, molestar y aun avergonzar á «nui 
deudores, hasta conseguir I9, i^atisfaceion. Los deudores no 
pueden tolerar la persecueiooi de^ acceedor, ni carecen de 
arbitrio para pagatríe. Mas cuál es este? Cercenar a'go 
de! sueldo para cubirir el crédito? No es posiblt», i>oi:que 
«el suieldo está medido á proporción de lo que exi je la decencia 
4Íel puesto, y mantenida esta, nada sobra á .beneñcio del acree- 
dor. 

Las Indias m\iy i^bundantes son de oro y plata para los 
proscritos, en no escrupulizando en los medios de su adqui- 
sición, y no podrán ser muy esqrupulosos cuai^do, urjidos 
por .la necesidad, molestados del acreedor y estrechados acaso 
del Juez á quien se ba ocurrído para cobrarles, vean que se 
les proporcionan frecuentes ocasiones de alcanzar con que 
salir de sus ahogos. Se franquearán á obsequios que á po- 
cos pasos declinarán en descarados cohechos ; vendrán la Jus- 
ticia y no podrán tener otra atención que á su particular uti- 
lidad, sobre la ruina del público de su cargo. 

Ojalá fueran estos solos los temores á consideraciones 
teóricas y no las lloráramos cada dia en la práctica. No se vé 
otra cosa que venir provistos 6 colocarse en estos reinos 
hombres cargados de necesidad y empeños; mas dentro de 



52 LA REVISTA DE BUENOS AiKES. 

pocos años, cubiertos sus créditos, vuelven llenos de rique- 
zas á sus patrias, haoen en -ellas creiT que abundan por acá 
medios lícitos para juntar mucho oro; pero bien observa- 
mos los Americanos, que en los empleos públicos nada se 
puede adquirir sino lo que V. M. paga ó lo que tiene asignado 
de derechos reí^pectivos á cada ministerio y contentándose 
con esto, nada sobraria después de mant-enido con decnenoía 
el empleo, aunque cercenara algo del lujo, que en algunos se 
suele notar en estas partes. 

No se lamenta igual corrupción en los provistos eclc^ 
siástieos, principalmente los Mitrados, pues debemos con- 
fesar, que los que hr>ta ahora hemos tenido en Indias, han 
sido unos Prelados acreedores á la altísima dignidad. No 
se salle que hayan dejado corromper con cohechos su ma- 
nejo. No han vejado los pueblos ])ara estraer de ellos el 
dinero; })ero han venido bien empeñados, por que esta es 
carga indispensable, con que entran los Españoles p]uropeos 
en los empleos de ambos estados, con solo la diferencia de 
mas ó menos, cuyo perjuicio, es tan grave y digno de remedio, 
como fine ha ponderado. 

Aun hay y se sigu-en otros mayon^, viene el empleado 
cargado de familia, alguna que necesitaba para su servicio, y 
la mas que se vio precisado á traer por d-eferencia á los r^- 
petos que lo estrechan. Es natural amar á los compatrio- 
tas, tanto mas% cuanto han hecho compañía y de mas distan- 
cia. Es también inevitable que se abulte el mérito visto con 
los ant(H)jos de mayor afecto; y de aquí proviene que llegan- 
tío un prelado con mucho familiares europeos, cuantos .son 
estos, contempla otros tantos sobresalientes acreedores k los 
primeros beneficios que Je proporcionan d(» su provisión. 

Gimen oprimidos con el peso de los años ó de los tra- 
bajos de Academia y de la Administración nuestros estu- 
diantes, logran la mas autentica calificación de sus letras 
con los mayores grados en la T'^niversidad, acreditan sn 
conducta en doctrinar los pueblos, no cesan de pretender 
sin omitir oposición á que no concurran, y después de to- 



MEMOBIAU 53 

do, salen de los concursos sin I^as que el nuevo mérito de 
sus actos, y logra de los mejore^ premios un familiar ó mu- 
chos que empiezan ¿ vivir, que no tienen, con algún grado, 
pública ealifieacáon de idoneidad, que no han doctrinado en 
Indias, ni servido en alguna de sus iglesias, y que á veo^ 
(y es Jo regular), no ha salido jamás á otro concurso. 

A centenares podifunos poner á V. M. los ejemplos de 
esta^i verdades. Las leyes del reino mandan estrechamen- 
te, que las doctrinas de pueblos de indios no se den sino á 
los peritos en el idioma respectivo: es ocioso fundar la jus- 
ticia de esta providencia; mas, sin embargo de ello, hemos 
lamentado provistos los mejores curatos en europeos fa- 
miliares de los prelados, que ni entienden á sus feligreses 
ni pueden ser entendidos de ellos, y hacen el triste papel de 
pastores mudos y sordos para sus ovejas. Qué es todo eso? 
Los prelados no podemos decir que han depuesto el temor á 
Daos y héchose in¿9cnsihles á los clamores de sus conciencias, 
sino que el amor natural y tierno con que ven á sus familia- 
res, les abulta el mérito de estos hasta creerlos mas dignos 
aun, en circunsftancias de ser por la ignorancia de los idio- 
mas positivamente inaptos. 

Hay otra razón natural, que influye en^ hacer irreme- 
diable este perjuicio. Viene un prelado europeo cargado 
de familiares que también lo son. De estos confia, porque 
con el manejo desde España han sabido insinuarse y hacer 
se dueños de sii interior. No confia de Jos americanos, á 
quienes no ha tratado ni conoce, ni está en estado de cono- 
cer ó sal)er dej ellos mas de lo que quienm díecirle los fami- 
liares, conductos únicos para llegar al prelado r»pcien venido. 
Los familiares cuidan poco de hacer formar al obispo buen 
concepto de nuestro clero, si acaso no influyen positivamen- 
te en que lo forme malo, como interesados en que no haya en 
otro mérito que Jes aventaje, y con esto, sin culpa alguna 
suya, el prelado está necesitado á creer que no hay en su 
di»eesis cosa comparable con los que inmediatamente lo 
oercan. A estos atiende, á estos acomoda, y hasta que se- 



04 LA REVISTA DE BUENOS AIBES. 

pagado de éllbfi comietizA dest)Ues de muchos años á certifi- 
carse por si misitio de las circunstancias de su clero, padece es- 
te lo que mas fácil es concebir que de ponderar. 

De éste principio redunda el mal concepto, que prin- 
cipalmente eh los primeros años, se forman de nosotros los 
prelados europeos, y lo mismo se entienden respectivamen- 
te de los demás emplieados estrenos de estos pais<^ De aquí 
proviene, ^ue mal impresionados al principio, jamás de- 
pongan perfectamente la primera idea que se formaron. De 
aquí se sigue, que si han de informar á V. M. de nu^estro ca- 
rátíter y circunütanei^s, nos hagan la poca justicia que se es- 
porimenta, haSta poder mal impresionar contra nuestra con- 
ducta el justificado piadoso ánimo de V. M. 

No cesan aquí los perjuicios, en el acomodo de los eu- 
ropeos en los empleos públicos de las Indias. Tienen estas 
leyes peculiares para su gobierno, ordenanzas, autos acor- 
dado?, cédulas reales, estilos particulares de los tribunales, 
y en una palabra, un derecho entero, que necesita un estu- 
dio de por vida y no lo ha tenido el europeo, porque en su 
patria le seria del todo infructuoso este trabajo. Viene a go- 
bernar unos pueblos que no conoce, á manejar unos dere 
chos que no ha estudiado, á imix)nerse en unas costumbres 
que no ha sabido, á tratar con una^s jentes que nunca ha 
visto, y para el aiierto, suele venir cargado de familia igual 
mente inesperta. Viene Deno de mácsimas de la Europa 
inadaptables en estas partes, en las que si los españoles 
americanos en nada nos distinguimos de los europeos, los 
miserables indios, parte por un lado má« débil y digna de 
atención, y por otro, lo que hace lo mas grueso del reino y 
todo el nervio de él, y lo que es el objeto de Jos piadosos 
desvelos d(l Gobierno de V. M. son sin duda de otra con- 
dición que pide reglas diversas de las que se prescriben pa- 
ra los españoles. Sin embargo, el recién venido trata de 
plantear sus ideas, de establecer sus mácsimas, y mientras que 
en ello pierde máserablemente el tiempo hasta q\ie le hacen 
ahrir los ojos los d(*sengaños, ¿qué puede esperarse de su go- 



MKM09IAU 55 

bierno, sino upo sobre otro los yer^-os y perjuicios! 

Mas há de dos ¿siglos, que las gloriosas arinas de V. M. 
Auxiliando el Evanjelio, para introducirlo en esta rejion y 
íeliútarla, la conquistaron. En todo este tiempo no ha 
perdido V. M. ni sus gloriosos progenitores de vista la si- 
tuación de los indios, mani testándose cleinentisimo padre 
4e ellos, i jL¿ué de leyes no se han publicado á su beneficio ! 
qué de providv.*ncias para civilizarlos I qué «de reglas para 
bien iiLstruirJos ! qué de priyilejios para favorecerlos! qué de 
puidados no han costado su conservación, su aumento y su 
felicidad? — parece qjie son el único objeto de la atención de 
V. M.; mucho menos bastaría para felicitar cualquiera otra 
de las naciones del mundo, y en le, de los indios vemos con 
dolor, que lejos de adelaptar, cuantos mas años pasan de la 
conquista, es menor su cultivo, crece su rusticidad, es ma- 
yor su miseria, y aun en el número de sus individuos se es- 
perimenta tal decadencia, que tiene V. M. en estos domi- 
nios gobi crups enteros en que ya no se conoce un indio, y 
en el resto del Reino acaso no se conocerán dentro de algu- 
nos años. Muchos se fatigan en averiguar la causa de est^ 
verdad constante ; pero debemos creer que se fatigan en vano 
mientras no recurran al principio cierto, que consiste en el 
gobierno inmediato de los europeos. ¿Qué importa que 
las leyes de V. M. sean santísimas y útilísimas para estas 
regiones y sus naturales, si el gobierno ó prelado que ha de 
<íuidar de su observancia no está instruido de ellas ó del mo- 
do de practicarlas? Este es, señor, el verdadero principio del 
atraso de las Indias y del increíble número de vasallos que 
faltan á V. M. en estas partes. Ni hay que cansarse en 
otn)s raciocinios: qiie mientras para los empleos de estas 
Provincias, así 'eclesiásticos como seglares, se excluyeren los 
nacidos y criados en «ella??, instruidos en cuanto neresario es 
estarlo para su régimen, amantes de esta región y no ocupa- 
dos dv la idea de separarse de ella cargados de oro, h<an de 
continuar los males que se esperimentan y no hay que .prome- 
ternos los ventajosos adelantamientos á que se deberá aspirar 



5« LA REVISTA DE BUENOS ALEE-?. 

• 

por Jas proporción que para ellos tienen estos dominios. 

Con lo dicho, se persuade bastantemente, que los «es 
pañoles europeos, por solo no haber nacido en Indias, dejan 
de ser idóneos para obtener empleos en ellas, y aun es per- 
nicioso en general que los obtengan; pero todavía hay que 
considerar, que aun que los contemplemos útiles y 
mas dignos que los indianos, únicamente á estos con 
esclusion de aquellos debían conferirse los puestos ho- 
noríficos de su patria, consideradas las razones legales que 
lo persuaden. No para toda provisión se solicita la mayor 
dignidad en el provisto, pues solo paiH los beneficios ecle- 
siásticos se reserva esta averiguación escrupulosa entre lo 
bueno y lo mejor; y aun en punto de })eneficios, siendo de 
patronatos legos, tienen estos mas lil>ertad y mayores indul- 
jencia»; pero no es necesario recurrir á estos principios 
Supongamos por ahora que toda provisión debe hacerse en 
el mas digno, y que lo son los Europeos respecto de los 
Americanos: todavía estos deben esc.luir á aquellos de los 
honores de Indias: la calidad de mas digno en los casos en 
que se requiere, no ha de ir á buscarse fuera del país en que 
está situado el beneficio de que se trata. Ni esto seria posi- 
ble, ni lo permitiera la razón ni la equidad ; si se ha de pro- 
veer un beneficio curado ú otra pieza igual, debe recaer la 
elección en el mas digno; pero dentro de los límites de 
aquella diócesis, no de otra de la Iglesia Universal. Luego, 
para una plaza de Indias, aun cuando deba darse al mas digno, 
se ha de buscar este dentro del Reino mismo y no se ha de soli • 
oitAr en el otro, aun que ambos sean de los dominios de V. M. 

Supongamos que el Europeo acomodado en Indias na 
trae empeños que pagar ni costos que resarcir, que no vie- 
ne con las ideas de restituirse á su patria, sino que desde 
luego se Uena de un tierno amor á la provincia que se le en- 
carga, que entra instruido y con cabal noticia de sus dere- 
chos y costumbres, que por último, llena perfectamente los 
deberes todos de su cargo, no solo también que esta ventaja 
es general en todos los Europeos, y que empleados estos, nada 



MEMORIAL. 6T 

hacen con que perjudiquen al Reino; — aun en semejantes 
circunstancias, es desolación de este el conferirles los empleos 
á los Europeos. 

Qué bden entendida tenia esta verdad don Enrique, 3.o 
de este nombre! Refiere este gran Monarca en su Pragmá- 
tica del año de 1396 los perjuicios que esperimentaria su 
reino y vasallos de que no se atendieran estos por la Corte 
de Roma en las provisiones de beneficios de su país, y des- 
pués de a.sentar otros iguales ó los mismos, á los que es 
fuerza se padezcan en Indias, conferidos generalmente sus 
empleos honorificos á los Europeos, carga particularmente 
la consideración sobre el daño, de que faltando estímulo en 
la provisión de los beneficios, desmayaría la aplicación, de 
caerían los estudios, no se cultivariAn las ciencias, y domina- 
ría en el reino un vengonzozo idiotismo. 

Así seria en España, si la paternal providencia de nues- 
tros soberanos no hubiera defendido las provisiones de Ro- 
ma á favor de )os estranjeros, y sucedería sin duda en la 
América, si la piedad de V. M. no mandara atender particu- 
larmente con toda preferencda, como lo esperamos, en los 
empleos de e&te Reino á . los Españoles Americanos. 4 Qué 
aliento tendrán estos para consumir todo el jugo que los 
mantiene en el trabajo del estudio, ó para hacer útil servicio 
& la república, ó para derramar su sangre, como deben, por 
V. M., al considerar que nunca llegarán á verse pagados sus 
servicios con el goce de algún honor de primer orden? Des- 
mayarán los ánimos, se fatigarán de un estudio que, ó les se- 
rá del todo estéril ó muy poco fructuoso; se entregarán á la 
ociosidad, que de contado brinda con apariencias de des- 
-janso, se llenarán de los resabios á varios que dejándola sin 
cultivo produce la tierra de la naturaleza, y tendrá V. M. en 
¿I copioso número de vasallos, que componen las Indias, otros 
tantos menos que hombres, bultos que solo sirvan de pesada 
carga si ya no de positiva ignorancia, y aun de confusión al 
«estado. 

Dos atributos tiene el premio mayor para ser su espe- 



68 LA BEVISTA D£ BU£NOS AIBEd. 

r»p^, una de las eolumnaa sobre que se sustenta el gobierno : 
UDQ es la brillante^ d*el honor, á que naturalmente aspira la 
nohI*eza de nuestro espíritu ; otro, el progreso de nuestra for- 
tuita que se hace apetecer die nuestro amor propio, y ambos 
faltarán a loa Americanos contemplándose esciuros de los 
primeros empleos, sabiendo que cuando mas, podrán llegar 
á los mediano^, ni hallarán en estos la mayor comodidad 
para el descanso de su vida, ni aquel alto punto de lustre 
por que anhela cualquier espíritu; y aunque no lo consiga, 
jamás pierde de vista la esperapza; faltando esta, confesará 
todo político, que sin una de sus columnas queda ruinoso el 
gobierno de las Indias. 

Si los Españoles de ellas, hoy cpn poca razón se informa 
que no son á propósito paxa los mayores empleos, ya maña- 
na se dirá con justicia que ni para los medianos, y carecien- 
do de la esperanza '' .que los aliente quedarán despojados (pa- 
labras son del Rey don Enrique III y no podremos usurlas me- 
jores) '* é dcíionrados de tpdos sus vienos é honra, é en sí mas 
vituperacjlos é difamados por necios é no dinos de otras 
cosa^ sino de ser somietidos é sojuzgados, é siervos de los 
estraños, é á fuerza de lo susodicho, se seguian tantos in- 
convenientes á una é otra nación de los mios por mengua 
de la sabiduría^ que no sse podría decir ná bien exprimir 
por palabras. " .Que imájen tan funesta nos pone á la vis- 
ta este gran rey, de una nación en donde faltara para las cien- 
cias atractivo par^i la provisión de sus oficios! pues no es mas 
que una viva representación de lo que será dentro de breve 
la Nueva España, si á sus patricios no se les franquean las 
puertas de la gracia do V. M. para entrar al goce de las pri- 
meras dignidades. ^ 
Capaces de ella son á pesar de la emulación, los espa- 
ñoles Americanos. No ceden en ingenio, en aplicación, en 
conducta ni honor á otra alguna d-e las naciones del mundo ; 
así lo han confesado autores imparciales, cuya crítica respeta 
el orbe literario, así lo acredita cada dia la esperiencia, menos 
á los que vohintarianiente cierran los ojos al desengaño ; pero 



n 

ii 
4 í 



MEMX>BIAIi. 69 

los que hoy, alentados con la esperanza, son capaces, son úti- 
les, son dignos, — desesperados de adelantar, abatidos y aban- 
donados, '"quedarán no dinos de otra cosa que de ser someti- 
dos é sajuf gados é siervos é aborrecidos de los estraños.. ' ' 

Mayor fu>era todavia el perjuicio del abandono de los 
Ani'ericanos. No se inutilizarian estos, sino que no queda- 
rian, porque del abandono seria consecuencia la desolación 
de la América. En los indios ya se esperimenta, como qi£e- 
da dicho, una disminución de su número que no podia creer- 
se, a menos que esperimentándose, y mayor se esperimen- 
taria en los «españoles americanos. El honor con que nacen 
estos los retrae de empeñarse en el matrimonio, mientras 
no aseguran una decente sul)sistencia con que poder llevar 
honestamente «us cargas, y eseluidos de los empleos, se ve- 
riaa privados del mas considerable renglón, que hoy haoe el 
fondo de su conservación. En Indias no tieiien otro/ ar- 
bitrio los americanos; no es para ellos regularmente el co- 
mercio, porque como este lo hace la Europa, casi siempre lo 
ha de hacer por medio de los europeos. Los oficios me- 
cániccis, ni se compadecen bien con el lustre del nacimiento 
ni sufragan en Indias para una deoente subsistencia; por 
que como las mejores manufacturas se llevan de la Europa, 
en donde se hacen con mas comodidad, eu el precio por lo 
menos que ne^jesitan para mantenerse los artesanos, nunca 
pueden tener este corriente los oficios en Indias. En ellas, 
los caudales son mas inconstantes é inestables que lo que re- 
gularmente es en el mundo la fortuna, lo que sin embargo 
de lesperianentarse, no tea de muestro apunto el incluir al pre- 
sente las causas, contentándonos en persuadir en fuerza de 
esta iduccion, que el principal fondo con que podemos 
contar los españoles americanos para marftener nuestras 
obligaciones, es el que consiste en las rentas 6 sueldos con 
que están dotados los empleos. Si á ellos se nos cierra la 
puerta — ó haremos una vida oscura, y no pudiendo atraer 
alianzas lustrosas los hijos que tuviéramos servirán solo pa- 
ra aumentar la plebe — 6 nos veremos reducidos á la necesi- 



*60 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

dad del tiolibato y acaso á abrazar el est^tdo religioso ó ecle- 
siástico secular, en que atenernos á la limosna de una misa, 
y faltará el principio de aumentar y aun el de conservar ho- 
nestamente la población de América. 

No será mejor la suerte de la Europa. Ya muchas na- 
ciones de ella han hecho apreoiables reflexiones sobre el 
despueblo que esperi menta España desde la conquista 
de la América. Perjuicio es este que grandes políticos 
contemplan haber llegado á términos que urge por su 
remedio, y no lo es ciertamente emplear los españoles eu- 
.ropeos en los oficios públicos de Indias. De esta práctica, 
t;s :\ier7a so orijine h; mayor «lesiVíolacion de Espafía. Ei 
europeo acomodado en Indias en algún empleo que no sea 
vitalicio, como no lo son los mas, si es casado, deja regular- 
mente á su nmjer en España, por no esponerla en la natu- 
ral delicadeza del sexo á las incomodidades y riesgos de tan 
larga navegación, por escusar lo que crecerán los gastos de 
su transporte, y por que siendo temporal el empleo, parece 
poco perjuicio la ausencia por el tiempo de su duración. 
Este no es tan corto que no se consuma en él lo mas florido, 
vigoroso y fecundo de la edad de la muger, y á proporción 
de lo que «esta desmerece, se disminuye el número de hijos 
que pudiera dar al estado. 



(Concluirá») 



RECUERDOS HISTÓRICOS SOBRE LA PROVINCIA 

DE CLTO. 



CAPITULO 3.0 
De 1821 á 1825. 

(Coutinuacion). (1) 

X. 

Dejamos dicho que, á eonseciioncia de la fatal catástro- 
fe que sufrió en el Rio 4.0 el victorioso ejército d<e Cuyo con- 
tra C-arrera, dispersándose á la voz de un cobardic oficial, a- 
nunciando la muerte del greneral Morón, y de encontrarse yá 
en San Luis, despules de eso. aquel caudillo — ^los pueblos de 
Mendoza y San Juan, apresurábanse á reorganizar sus respec- 
tivas fuerzas para salir al encuentro y batir la montonera, 
que pronto dba á pisar sus territorios para pasar á Chile. 

Efectivam-ente, San Juan, faltándole un gefe y también 
oficiales veteranos, organizadores y valientes que, en poco 
tiempo, pusiesen á sus milicias «en buen estado de discipli- 
na é instrucción militar, haciéndolos capaoes de batirse en 
buen orden y con arrojo — su gobierno, compuesto entonces 
de don José Antonio Sánchez, chileno, casado eü el pais, go- 
bernador, V de su secretario el señor Amitisarobe, de Bue- 
nos Aires, avecindado también allí, de acuerdo con el Cabil- 
do, enviaron con precipitación á Córdoba á solicitar la ve- 
nida á aquel urgente objeto de algunos jefes y oficiales que, 

1 Veaso el tomo XV. pág. 432. 



62 LA BBVISTA DE BUENOS AIRES*. 

perteneciendo al ejército auxiliar del Perú, revolucionado ea 
Arequito, habian quedado sin destino. Estos eraai los que 
vamos á nombrar según el orden de sus grados. (1) 

Coronel de caballería de línea, don José María Pérez de 
Urdininea, de la ciudad de la Paz — después general. 

Teniente coronel del Rejimiento de Dragones del Ejér- 
cito Auxiliar del Perú, don N. Beideja. 

Sarjento mayor del de Húsares del mismo, don Ignacio 
Mendieta, de la Provincia de Tarija. 

Capátan de caballería de línea del mismo ejército, don X. 
Daza, de Cochabamba. 

Teniente de Dragones don Manuel Rodríguez, de la Pa/ 

Teniente del mismo rejimiento, don Serápio Obejero, de 
Salta. 

Teniente de caballería de línea, don N. Aviles, después,, 
general de Bolivía, de esta nacionalidad. 

Alférez don N. Riso Patrón, de Tucuman. 

£n los primeros días de julio llegaron á San Juan est js 
agaerridos oficiales del ejéroito que sirvió bajo las ordene":^ 
del general Belgramo, alojándoseles dignamente y dándolas 
{ reconocer en varios «puertos de -mando de la división sanjua* 
nina y como jefe de toda ella al coronel Urdininea. 

DicBGles colooaeion igualmente en ella á los que se ha- 
bian retirado del ejército de los Andes y se encontraban á la 
sazón en San Juan — ^á saber: 

Sarjento mayor graduado del núm. 1 de infantería á& 
los Andes, que no entró en el raotin de este, don N. Zelada 
(hijo de Buenos Aires, casado en aquella ciudad). 

Teniente del núm. 11 de infantería del mismo ejército, 
don Andrés del Carril, sanjuanino. 

San Juan tenía un batallón de infantería de milicias 
bien organizado y dotado de una brillante oficialidad, el 

1. !*'> que vamos A narrar en seguida, hasta mediados dé oc- 
tubre del mismo año de 1821, en que regresamos á Mendoza, lo hace- 
mos como testigos presenciales de tales hechos, segiin antes lo he 
mos dicho. 

(N. del Autor.) 



BECUEHDOS «ISTORICX)S. 6Í 

mismo que, cuatro años antes, había hecho la gloriosa cam- 
paña die Chile bajo lias órdenes del conmel don Juan Manuel 
Cabot, formando te •éstrettia derecha del Ejército de los An- 
des aJl mando del general San Martin, obteniendo el triunfo 
de Sálala — en Coquimbo, al toórt^ de aquella república, casi al 
mismo tiempo <|ue vieneia «el gtmeso de nuestras legiones eti 
Chaeabueo. Ellos Iteraban pendientes de «as nobles pechos, 
por aquel brillante hechos de armas, la míAma colidecoracion 
que fué acordada á los qtve B« encontraron en este otro. 

E^e batallón se encontraba, por lo demás, biien diseipU- 
nadó, ejercitado en toda dase de maniobras, lujosamente ves- 
tido y dotado de una -exielfente banda de música — Su aire era 
verdadéraftiente marcial. 

Su jefe principal, teniente coronel don Juan Agustín 
Cano. 

Sarjento mayor, don Juan de Dios Jofre (ambos de San 
Juan.) 

Ayxiááttte, don Santiago Albitrracin (del mismo país, 
como los demás que siguen) hoy coronel de línea, retirado- 
de los ejércitos contra el Brasil y del general Paz en Córdoba 
— ^y antes contra los «españoles. 

Capitán don N. Cálderdíi— después, del ejército contra 
el Brasil. 

Teniente, don Bernardo Navarro; después, teniente co- 
ronel graduado de línea en el ejército del general Paz y de 
la división á sus órdenes, regresahdo de la campaña contra 
aquiel Imperio, muerto en combate canlpal en 18'W, contra las 
fuerzas de Rosas que invadían á Córdoba. 

Teniente de artílleria, mandando una pieza, agregada 
al espresado batallón, don Nicomedes Castro, que hizo la 
campaña del Brasil y las del ejército del general Paz en el in- 
terior, de sargento mayor de caballería de línea, fusilado por 
el ¿eneral Quiroga en San Juan el año de 1831. 

Capitán don Carmen José Domínguez, que sirvió última- 
mente en el empleo de coronel de ejército á las órdenes del 
general Benavides — 'Retirado, murió haoe poco en San Luis — 



tíi LA KEVISTA DE BUEJNOS AISEá. 

hermano del finado general don Cesáreo Dominguez. 

Teniente, don Juan de Dios Coquino, llegado hasta co- 
ronel de ejército á las órdenes del misano Benavides; falleció, 
haoe poco, en San Juan. 

No mencionamos los demás oficiales de ese cu«erpo, por que 
retirados de él para emplearse en otras carreras, no se hicie- 
ron espectables, como estos, en nuestra historia militar. 

En distinto estado se encontraba la caballería — Com- 
puesta de hombres del campo, brazos indispensables para la 
agricultura, no había tiempo, ni necesidad tampoco de ins 
tmirlos en la milicia, agregando, que con la reciente derro- 
ta que sufrieron en el Rio Cuarto, perdieron toda moral y 
disciplina — Pero urgente y necesario era disponerlos, como 
quiera que fuese, para entrar en línea en la resistencia 
contra Carrera, que apresuradamente se acercaba — Para eso 
se habian hecho venir esos gefes y oficiales de línea — para 
disciplinarlos, moralizarlos y conducirlos en el dia del com- 
bate. Pocos, muy pocos dias quedaban para ocuparse de tan 
ardua y laboriosa tarea. 

En efecto, por ese mismo tiempo, ya Carrera empren- 
dáa su marcha desde San Luis, indeciso, al principio, en 
cuanto al camino que debia tomar, ó el de ^lendoza ó el de San 
Juan, buscando así la ventaja de no dejar reunir las divisio- 
nes de estas dos provincias y batirlas en detall. 

Entretando, ^lendoza, por su lado, habia conseguido yá 
reorganizar su ejército, é iba muy luego á ponerse -en marcha 
al encuentro de los montoneros, camino de San Luis. La 
lamentable pérdida que sufrió Mendoza, cayendo el general 
Morón en el campo del honor, no podia absolutamente re- 
pararla. — No contaba con un oficial de la instrucción, de la 
•esperiencia, del valor, del prestigio y graduación de aquel — 
Habia que llenar est>e vacio con la persona que siquiera en 
rango y simpatías entre los soldados, fuese mas á propósito 
para mandarlos. — Las circunstancias eran angustiosas, — el 
peligro inmim^nte. El gobierno nombró para eso alto y de- 
licado i)uesto, de tan grave resptmsabilidad, al Comandante de 



HECUERDOS HISTÓRICOS. 65 

mildcias de caballeria^ don José Alvino Gutiérrez. 

Este ciudadano honrado y laborioso, d-e bastante caudal, 
no tenia antecedente alguno militar. — ^Aunque se l>e atribuía 
valor personal, como acabó de probarlo años después, mu- 
riendo al frente de las fuerzas mendocinas que defendían 
la frontera sud de aqu>ella provincia, contra una formida-^ 
ble invasión de los indios salvajes, no poseia conocimiento 
alguno en el orden militar, ni menos tenia talientos, ni je- 
nio para mandar en g^fe — De opinión en las masas, por sus 
costumbres sencillas, por los muchos brazos que empleaba 
en sus vastos terrenos cultivados y otras industrias y que pa- 
gaba bien — no era estraño que estos proletarios y muchos de 
sus íntimos amigos, que como jefes unos y oficiales subalter- 
nos otros, pertenecientes al ejército, lo aclamasen. Después 
fué gobernador de IMendoza, cayendo del puesto á los pocos 
días de subir á él, por medio de una revolución — ^28 de junio 
de 1824 — ^recibiendo, en el acto de querer sofocar esta, solo, 
á caballo, una herida de bala en un brazo. — Pero nos adelan- 
tamos á la época en que tuvieron lugar esos sucesos. 

Afortunadamente tenia Mendoza en el tiempo que Car- 
rera invadía Cuyo, oficiales de mérito, que habian servido con 
honor y reputación en el ejército de los Andes y que se habian 
retirado de este, al emprender la espedicion al Perú, al lado 
de sus esposas é hijos en dicha ciudad. Hemos hecho antes 
mención de leJlos, i>ero tócanos ahora relatar los importantes 
servicios que prestaron al país en la campaña de que estamos 
ocupándonos. Lo notará el lector, á medida que avancemos 
en la narraeion de los sucesos á ella pertenecientes. 

Mientras esto pasaba en Mendoza, activábase igualmente 
en San Juan la organizacdon y disciplina de sus milicias, bajo 
la dirección de aquellos jefes y oficiales que ya hemos nom- 
brado, pertemecientes al disuelto ejército del genera] Belgrano, 
muerto de pesadumbre el año anterior en Buenos Aires. 

Dados ellos á reconocer en sus puestos por el go])iern<> 
de aquella provincia como militares de táctica y esperimen- 



66 L.A KBVISTA DE BUENOS AIRES. 

tados en la guerra regular, con tropas de lincea, tarea fácil I«s 
fué, desempeñar en pocos dias su cometido. 

£1 coronel Urdininea, nombrado comandante general 
del ejército sanjuanino, procedió inmediatamente á ejercer 
su empleo con la contracción, rapidez, intelijencia y tacto^ 
propios de su carácter distcjiguidamente militar — El dia 
que se presentó á la plaza para ser reconocido por los cuer- 
pos que en ella estaban formados, vestía el uniforme este — 
pantalón blanco ajustado de casimir, bota^ granadera, casaca 
larga de paño azul con vueltas, cuello y bocamangas punzón 
gorra de la misma tela y aquel color, con ancho galón de 
oro, redonda y caida á un lado, como la usaban en el ejército 
Ausiliar del Perú y <eííi)ada al cinto. Salió á pié de la casa en 
que alojaba, á media cuadra de la plaza, sin ningún séquito — 
Viviamos nosotros en la misma casa, de que era dueño un 
pariente nuestro. El comandante general Urdinánea nos 
invátó á seguirle al acto que iba á tener lugar — Así lo hicimos 
— Al aproximarse, se le batia marcha y llegado al frente de 
la línea deeíembainó su espada y poniéndola en alto, dirijió. 
después de comunicada la orden del dia para su reconoci- 
miento, una proclama ardorosa y patriótica: la elocuencia 
militar resaltaba en ella — vivas entusiastas de todos los cuer- 
pos se confundieron con sus últimas palabras — En seguida 
mandó retirar á estos á sus respectivos cuarteles. 

Pocos dias después el comandante general Urdininea^ 
organizó el Estado Mayor general, como sigue: ,. 

Gefe de este, al teniente coronel Berdcja. 

Del detall, al sarjento mayor graduado Zelada. 

Oficiales y ayudantes del estado mayor, los capitanes Da 
za, del Carril (don Andrés) y algunos mas de las milicias del 
pais. 

Los ayudantes de campo del comandante general, lo 
eran el oficial de milicias de caballería don Anselmo Rojo (hoy 
general de la nación ) «el Ajnidante Mayor del bataJlon cívico 
don Santiago Albarracin (hoy coronel de ejército) el amoldan- 
te del ejército del Perú don Manuel Rodríguez, y el tendente 



RECUERDOS HISTÓRICOS. 67 

del iniísnio, Aviles, y algunos otros como oficiales de ordenanza. 

Daremos an lijero boseto del general Urdininea — Su 
estatura regular, delgado mas bien que grueso, de rostro 
pálido — ^moreno, del señalado tipo peruano, ojos pequeños, 
redondos, vivos, brillantes, revelando sagacidad y mucha pe- 
netración, que eran las cualidades mas salientes de su 
persona moral — poca barba — continente marcial, agregán- 
dose á eso, maneras cultas, trato fino y agradable, princi- 
palmente con las damas, no obstante frecuentar poco los 
estrados — En cuanto á lo moral, ya hemos dicho que era sa- 
gaz y de mucha penetración — Reunda á esto un carácter re- 
servado en lo pertenteciente á los negocios confiados á su di- 
rección, ya politieos ó militares — disimulado — ^y ya puede 
presumirse que, bajo la influencia de estos dos elementos, 
seria inclinado, arrastrado, sin poderlo remediar, á jugar la 
diplomacia, el cubilete en los negocios públicos, sin embargo 
de carecer de avanzada habilidad en ello — Era valiente y 
buen ordenador como militar — Por lo diemas, fué siempre 
oficial de órd<en, sin aquella ambición que para llegar á sus 
fines rompe toda valla. — En sus últimos dias, alcanzando mu- 
cha edad, ha pasado casi oscurecido y olvidado. 

Fué d>estinfido al mando en gefe die la caballería, el Sar- 
gento Mayor del mismo ejército del Perú don Ignacio Men- 
dieta con los demás oficiales subalternos venidos con él de 
Córdoba. 

XI. 

A principios de agosto, moviase Carreras de San Luis 
incierto del rumbo fijo que debía tomar para evitar encon- 
trarse con los dos ejércitos reunidos de San Juan y Mendoza, 
en su empresa de pasar á Chile. Buscaba, sinembargo, con 
tal motivo, la vía mas central, la distancia media entre esos 
dos pueblos, en el propósito de llegar, sin ser sentido, al bo- 
quete mas próximo, en esa dirección, de la Cordillera, aún 
cerrada y avanzar para pasarla á todo trance. ' 

Al mismo tiempo, y con las noticias comunicadas al 



6B LA REVISTA DE BUENOS AIREí:^. 

Gteneral <en Gefe del ejército de Mendoza por sus bomberos, 
de la marcha que se^ia aquel caudillo, emprendió la suya 
desde el Retamo, 12 leguas al Este de la ciudad, donde tenia 
su Cuartel General, para salirle á vanguardia ó por el flan- 
co y batirlo con arreglo á las instrucciones que se le habian 
comunicado por el señor Comandante General de Armas 
don Pedro Regalado de la Plaza, Coronel retirado de Arti- 
llería de los Andes, haciendo avanzar una vanguardia de 
300 hombres, al mando de su Comandante don Manuel 01a- 
zabal, Capitán retirado de Granaderos á caballo, con el ob- 
jeto de reconocer y atacar varias partidas del enemigo que, 
según noticias de los bomberos, que hemos dicho, recojian las 
caballadas y asolaban nuestro i terrdtorioí en Corocorto. (1) 

El movimiento de las tropas» mendocinas sobre Carre- 
ras, fué comunicado en el acto por el Gobierno de ^lendoza 
.'] de San Juan para que su división al mando del Coronel 
Urdininea, emprendiese sus marchas en combinación. 

m 20 de agosto recibió el General Gutiérrez los pri- 
meros partes de su vanguardia, en los que f?e le decía, que el 
enemigo cargaba con todas sus fuerzas. En el momento el 
General Gutiérrez movió su campo con el objeto de protejer 
aquella y reuní rsele en las C ai Has. Y en consideración á las 
dificultades que of recia el terreno mismo para mantenerse 
én esa posición, dispuso replegarse al punto del Retamo que 
a'iababa de dejar. 

Noticias posteriores le aseguraban, que el enemigo k 
su vez, habííise retirado hacia la Be presa, jurisdicción de la 
Provincia de San Luis y movídose desde aUí rápidamente 
para las Lagunar áe Guanacache, rumbo á San Juan. 

Este ñié el momento de resolver sobre el movimiento 
decisivo del ejercito de Mendoza. Acordóse, en efecto, y es- 
te se puso en marcha a la una de la tarde del dia 27 de agos* 

1. En la narración de la<* operaciones de este ejército, tenemos 
á la vista el parte oficial que pa?ó su (? en eral en <iefe el 3 de setiem- 
bre siguiente al Gobierno de Mendoza y apuntaciones obtenidas d» 
j^ersonjifl que tuvieron parte en eJlas. 

(N. del A.) 



BECUEBDOa HISTOBIOOa Í9l 

to, cortando el campo al través hacia Jocolí, diez leguas de 
la ciudad d>e ]Miendoza al Nord-Este. Entre tanto, noticias 
sucesivas recibáa el General ten Qefe, que le aseguraban, á no 
dejarle duda, que «ed ememigo se dirijia sobre San Juan. Eu- 
tonces forzó sus marchas de dia y de nochíe para darle alcance, 
cuidando mucho de mantener intacta la caballada de ix^puesto, 
en la quie el general fiaba el éxito feliz de la campaña. 

Mientras tanto, iguales avisos recibía al Qobierno de 

* 

San Juan de la marcha directa hacia su capital que llevaba 
Carrera, y en consecuencia, ordenó al Comandante General 
Urdininea saliese inmediatamente á su encuentro, lo que ve- 
rificó. 

El 31 de agosto, al amanecer, llegado el ejército de Men- 
doza cerca de la Punta del Médano, como de 14 á 15 leguas al 
Sud de la ciudad die San Juan, descubrió un cordón die fuegos 
en orden, que luego se apercibió ser del campo enemigo. 

En el acto el General en Gefe ordenó que el ejército 
montase inmediatamente los caballos de reserva, y hecho esto, 
86 continuó la marcha hacia la Punta del Médano. A las 
nueve tuvo aviso por una de nuestras guerrillas, que el ene- 
migo se aproximaba á salimos al encuentro, disponiéndose 
á aceptar la batalla á que se le provocaba. En consecuencia, 
el Comandante General Gutiérrez mandó formar la línea para 
esperarlo, cuya operación, apenas terminada, el enemigo es- 
taba ya sobre nosotros. 

Se dieron las órdenes correspondientes á nuestra ala iz- 
quierda, sobre la cual parecia que aquel flanqueándola que- 
ría dirijir sus primeras operaciones, envolver al mismo tiem- 
po nuestros tiradores; á los que, desde luego, se mandó reple- 
i.r en dispersión á la linea. 

El ejército de Mendoza fué formado en esa situación, 
como sigue: 

El ala derecha, compuesta de cien hombres de caballe- 
ría, á las órdenes del Comandante de vanguardia don Ma- 
nuíel Olazabal, quien ya se habia incorporado al ejército. 
La izquierda, de igual manera á las órdenes inmediatas del 



• 70 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

Comandante don Victorino Corvalan. El centro, cubriendo 
la infantería con doscientos cincuenta hombres, al mando 
del Sarg^ento Mayor don Jorg« Velazeo, la que se hallaba 
oeu'lta "poT un fila de cabajlería para que no fúmese vista por 
el enemigo. (1). La reserva constaba de cien hombres al 
mando del Sargento Mayor don Pedro Advíncula Moyano. 
Los tiradores flanqueadores de la derecha, que eran treinta, 
á las órden4»s del Capitán don José Antonio Becerra, (de San 
Luis.) Los de la izquierda, igual número, mandados por el 
Subteniente don Julián Olivera, y por el frente sesenta tira- 
dores, bajo las órd-enes del Alférez don Andrés Marzola, re- 
servando treinta honibrt»s para custodia de los bagajes. Así 
fué formada la línea de batalla de nu-t^tro ejército, sobre la 
cual asistia y vijilaba constantemente el Mayor del Detall don 
Agustín Bardel, francés de nación, antiguo oficial del ejército 
auxiliar del Perú, retirado después de la revolución de Arequi- 
to, casado en Mendoza. Desempeñó -en esíi vez su comisión 
con el mejor acierto y valentía, como lo habia hecho muchas 
veces en otras que tuvo á su cargo en aquel «ejército. 

Ed primer movimiento de ataque de los montoneros so- 
bre nuestra línea, fué en el propósito de flanquear la -estre- 
ma izquierda. Entonces, la fila de caballería que cubría la 
infantería, desfiló con rapidez por ambos flancos, dejando á 
esta en actitud de romper sus fuegos contra el enemigo que 
cargal)a, lo que verificó, en efecto, con gran ventaja, escar- 
mentándolo V haciéndolo retroceder inm-ed i at amenté. En 
ese momento cargó nue^stra ala izquierda y sus tiradores, 
habiendo sido esta reforzada por dos pelotones de la dere- 
cha, que marcharon á incorporarse por retaguardia, acu- 
chillando al enemigo con denuedo y serenidad por espacio 
de di'CZ cuadras, siguiéndola todo nuestro ejército en línea 
hasta esa misma distancia, en donde hizo alto, mandándose 
dar por el General en Gefe la señal de reunión. 

Pero, rehecho el enemigo, acometió de nuevo con mas ví- 

1. Plan sujerido por el mismo Sargento Mavor Velazeo. N. 
del A. 



RECUEBDOS HIST0K1C08. 71 

gor y mayor número de fuerza, cuya segunda carga fué espe- 
rada por las nuestras á pdé firme y con un valor admirable, de- 
jándolo aproximarse hasta menos de una cuadra d<e distancia, 
volviendo en ese momento nuestra infantería á hacerle una ce- 
rrada descarga, al mismo tiempo que secundaban ese fuego 
nuestros tiradores de caballería de la izquierda y de la derecha. 

Entonces el re^to de nuestros e^uadrimes lanzóse sobre 
los montoneros aabJeándolos, causándoles gran mortandad, 
tomándoles muchos prisioneros y dejándoles en el campo 
muchos heridos. La derrota de Carrera fué, desde <ese instan- 
te, completa. Seguida la persecución por algunas cuadras, 
se mandó tocar reunión á nuestro ejército, la que verificó en 
el mayor orden. 

En la tercera carga que el enemigo figuró querer hacer 
sobre nuestra izquierda y derecha, se destacaron partidas da 
ambos flancos de nuestra línea, en la creencia el general en 
jefe que se le tenia preparatla alguna emboscada tras de los 
médanos inmediatos, lo que resultó falso, segpn la declara- 
ción de un pasado, prestada en el acto, asegurando que Carre- 
ra se encontraba inerme, figurando con mujeres en línea su 
reserva — Cargada esta, fué, como era de esperarse, por lo dé- 
bil de su composición, completamente dispersa. 

Hé aquí eJ resultado en <letall de esa memorable jorna- 
da que libertó á ('uyo die ser desolada por las desmoralizadas 
hordas del caudillo José Miguel ('arrera, ateniéndonos al 
parte oficial del comandante general en jefe del ejército ven- 
cedor. Coronel don José Alvino Gutiérrez, al gobernador d« 
^lendoza don Tomás Goíloy Cruz el 8 de setiembre siguiente. 

Muertos en el campo de batalla al enemigo, ciento sesenta 
y nueve. 

En la persecución que le hizo el comandante Olazabal, 
treinta. 

En la del sargento mayor D. Ramón Aycardo, cuatro. 

Oficiales muertos en el campo de batalla, cuatro. 

Prisioneros que existen en Mendoza, ciento cincuenta y 
siete. 



72 LA REVISTA DE BUENOS AIRE3. 

Montoneros presentados, oehenta, 

Prisionero, el general D. José Miíguel Carrera. 

Su segundo -el coronel D. José María Benavente. 

Los d)e igual claae D. Felipe Alvarez y; D. José Manuel 
Alias. 

Seis capitanes, seis teni»entes y cuatro alfereoes. 

Hechos prisioneros en el campo de batalla, «el sargento ma- 
yor y gobernador de San Luis, nombrado por Camera, D. José 
Gregorio Jiménez — tres tenientes — dos sub-teni*entes. 

Todo su armamento, municiones, bagaj-es, cuatrocientos 
ammalies, entre muías y caballos y sesenta mujeres. 

El general en jefe, al fin de su parte, recomienda al go- 
bierno de Mendoza á los jefes, oficiales y tropa, por la bravura 
y disciplina con que se hablan comportado en ese- tan glorioso 
hecho de armas. 

La fuerza que Carrera presentó en línea contra el ejérci- 
to mendozino en la batalla de la Punta del Médano el 31 de 
Agosto de 1821, constaba de quinientos hombres armados, 
fuera de mujeres y chusma. 

El dda anterior en que el comandante general Gutiérrez 
pasó el parte de la batalla de la Punta del Médano, es decir, 
el 2 de setiembre, dirijió al gobierno de San Juan el despacho 
siguiente : 

*'En este momento acabo de recibir la plausible noticia 
que me comunican el Sr. Gobernador y el Sr. Comandante 
General de Armas de Mendoza, de tener en su poder al céle- 
bre coronel D. José Maria Benavente, al teniente O. Rosauro 
Fuentes y un cabo, todos de Carrera. Estos dos últimos condu- 
cian un pliego de D. Manuel Arias, en que noticiaba que el 
Fuentes y otro oficial de Carrera, desengañados de las tramas 
inicuas de este último, le habían hecho revolución en los Cha- 
ñaritos (1) y apresado á dicho Carrera con todos sus oficia- 
les, por medio de la tropa — que Arias vá á entregar la tropa 
y solo pide indulto de su vida y de la de algunos oficiales qiíe 

1. Fué en el **Chañar^', estancia y posta de Mendoza 4 IS 
lególas al norte. 



BECUERDOS HISTÓRICOS. 73 

concurrieron á la revolución — que el señor gob«ernador reci- 
bió un parte del comandante de Jocoli (2), en que avisaba 
haberse recibido de Carrera y Itevarlo «scoltado — que la fuerza 
rendida es de ciento y tantos hombres y que solo habian esca- 
pado Aldao (3), Anzopena y Urra (4) para la sierra.*' 

** Tengo «1 honor d«e comunicarlo á V. S. y felicitarlo 
por un incidiente que augura la tranquiiidad pública. ' ' 

-** ** Dios guarde á V. S. muchos Años — ^Punta de las La- 
gunas, setiembre 2 de 1821. " 

José Alvino Gutiérrez. 



' * Señor Gobernador Intendente de San Juan. 



97 



(Continuará.) 

DAMIÁN HUDSON. 



2. Eetaneia y posta de Mendoza & diez legfuas al norte de sa 
capital. 

3. Don Fran<;ieco, antiguo oficial del ejército de los Andes 
(hermano del i^eneral y gobernador, después, de Mendoza, del mismo 
ejército, don José Félix, fraile dominico, antes capellán de grana- 
deros á ic&ballo) -mendoliuo, pariente del Anzorena que se menciona 
en el texto. 

4. Capitán Urra, chileno, prisionero por las . fuerzas de San 
Juan 7 fusilado allí. (Notas del Autor.) 



LITERATURA 



heroínas y patriotas americanas. 



LA líJ'^TRK < íií^JMIilAXA. 

ANXONIA SANXOS. 

NAkKAí ios i)K ^r nx thaji» o. rnvj edida de uxa 



Itifrodin vlon. 

Naí'ííla para esfH'riiiu*ntar y í-n<rernlrar tolos los senti- 
iriicntoM tííTDfw, totlas las af«M'ci«»nes diilres. la niueer es la 
obra ifiaí*>tra dif la natu raheza. Su influjo sobre el hombre 
obra poílerosíi mente eomuni(án<Íolp la dulzura, la afabilidad 
y las (b'mas eualidades en que solo ti^^ne parte el eorazon, y 
que entrando á eonstituir el carácter, en«r»»ndran en el hom- 
bre los mismos sentijnientos que ella posee incuestionable- 
mí*n1c en un grado sup.^rior. Las pasiom^ mas violentas 
tienen a>íií'nto en el coray.on de la muger. Ejemplos de amor 
maternal, filial ó fratírnal los tenemos con bastante frecuen- 
cia aun entre los salvajes; pero el amor patrio, tan sublime, 
tan magníinimo y t^n heroico como el de la Americana en la 
/•poca de la independcnc ia. no es muy común. 

La historia anticua nos suministra el ejemplo de patrio- 
tismo en la joven y linda Judit, viuda del opulento Miañases, 
qu(» esfmnicndo su vida, se introduce en el campo de Holofer- 
n<*s, f;^»neral del célel)re rey asirio, Nabucodonosor, que sitia- 
ba la ciudad de Retiüia, y cortándole la cab'cza, corre á pre- 
Hcntarla. como trofeo, á sus compañeros de cautiverio. Y 
díí este modo la heroina hebrea salva del saqueo y d^üello 



heroínas y PATRIOTAS AMERICANAS. 75 

á SU patnia próxima á caer en poder de un enemigo tan bár- 
baro como cruel. 

Durante el cautiverio de Babilonia, otra virtuosa heroí- 
na, la reina Est)er osa infringir una ley qiie declaraba inacce- 
sible, sin especial permiso, á la persona del rey, so pena de 
muerte, y así salva á Mardoqueo, su tio, y á todo su pueblo, 
próximo á perecer, en virtud de circulares ya espedidas, en 
las 120 provincias ó gobiernos, para satisfacer el orgullo in- 
moderado de Aman el Amalecita, ministro y favorito del rey 
Asu'ero. (Se cree ser este el mismo Darío, hijo de Ilistaspe 
ó Artagerges Largamano. (1) 

La historia de la edad media no es menor abundante 
en e.iem])lo6 do heroicidad femenina. Uno de ellos, la céle- 
bre heroína Juana de Are, la Doncella de Orleans, cuya his- 
toria es demasiado conocida, para que nos detengamos en re- 
ferir sus actos (k* virtud piedad y valor. (2). 

Juana Ilenriquez, reina de Navarra y de Aragón desple- 
gó actividad y firmeza disputando la Cataluña al duque de 
Lorena. 

Juana de Penthievre, preso su marido el conde Carlos de 
Blois, sostuvo con valor sus derechos contra la condesa de 
Monfort. 

En los tiempos modernos, la Europa no nos presenta 

1. Se Ip lla-T/aba así porque tenia la mano derecha más lar^a que 
la otra. 

2. Juana íle Are dio motivo para una infinidad de escritos. F*! 
mas completo es el que lleva por titulo: **Trst/)ria de Juana de Xrc^ 
etc.," por M. Lebrun des (.'harniettes, — París, 1817, 4 tomos, en 8. — 
También se han escrito tragredias, eleí^ias, poen.as, etc., por Schi- 
ller, Soumet, Casimiro Delavi^me, Southey, Ozaneaux y hasta Vol- 
taire en estilo burlesco é inmoral. El :iiwestro Verdi también coirn- 
pnso una 6pera con el título '*Oiovanna d'Arco, que fué representa- 
da, en París, en esf* año (18()8), por primera vez. Kl arírument^ 
de esta ópera de Ver;l: no fué inspirado, por ol poeta italiano ¿bolera, 
en la historia verdadera de la heroína, sino en la leyenda de Schi- 
Uer. Sobre el éxito de esta 6p«ra, en París, recomendamos la lectu- 
ra de **la Revista de Paris" ])or el señor Ubarrieta en el núm. 08 
de "El Mercantil del Plata '\ de Montevideo, de 27 de junio del 
corriente año. 

(Nota. — Este número de **La Revista de Buenos Aires'', si bien 
corresponde al mes de mayo, no vio la luz sino en julio.) 



70 LA REVISTA DE BUENOS Al BES * 

muchos casos que recordemos, si esoeptuamos «1 de la célebre 
náña de 15 años de edad, Raquel Hatchwell, mártir de la fero- 
cidad del fanatismo mahometano en Tángier — Berbería— y cu- 
ya historia existe escrita, en 1835, por el duque de Rivas, que 
conociendo la magnanimidad y coraj»e de «sa víctima dse la bar- 
barie morisca y previendo un fin trágico, costeó algunas per- 
sonas, para que no la perdiesen de vista un momento. 

En efecto tanto conmovió á la sociedad europea la rela- 
ción que el ref«efrido duque de Rivas hacia de laa| crueldades 
egercidas con esa heroina, que la Inglaterra y la Francia se 
vieron en el caso d«e pedir esplicaciones y exigir garantías por 
la seguridad d-e los habitantes de aquel imperio, fuesen ó no 
«úbditos. 

República Argentina. 

Doña Manuela Pedraza, mas conocida por la Tucumanay 
se distinguió durante la gu»erra con los ingleses, (1807) lan- 
zándose en medio de la refriega al campo de batalla, por 
cuyo valor y serenidad fué declarada heroina y condecorada 
con un grado militar. 

Durante la guierra d-e la independencia, el entusiasmo por 
la patria fué mayor. Matronas hubo que presentaron sua 
alhajas, hijos y esposos, animándolos á defender su país. 

Distinguiéronse en 1810 las señoras doña Tomasa de la 
Quintana, doña Carmen Quintanilla de Alvear, doña Reme- 
dios de Escalada, doña Angela Castelli de Igarzabal, doña 
Nieves de Escalada, doña Magdalena Castro, doña Maria de la 
Quintana, doña Maria de la Encarnación Andonaegui. doña 
Maria Eugenia de Escalada, doña Isabel Calvimonte de Agre- 
lo, dt)ña Petrona Cordero, doña Maria Sánchez de Thompson^ 
después de Mandeville, doña Ramona Esquivel y Aldao y do- 
da Rufina de Ortega que solicitaron del gobierno se grabase 
sus nombres en las armas que debian servir á los patriotas. Y 
como un rasgo de sublime patriotismo consignaron su deseo 
en un documento público en los términos siguientes: — 

'*Exmo. Señor. — 

'*La causa de la humanidad, con que está tan íntimamen- 



heroínas y patriotas americanas. 77 

te enlazada la gloria de la patria y la felicidad de las genera- 
ciones, d«ebe forzosamente interesar, con una "vtelieraencia 
apasionada, á las madres, hijas y esposas que suscriben. Des- 
tinadas por la naturaleza y por las leyes á llevar una vida 
retirada y sedentaria no pueden desplegar su patriotismo 
con el emplendor que los héroes en el campo de batalla. Sa- 
hen apreciar b:«en el honor de su sexo, á quien confia la so- 
ciedad el alimento y educación de sus gefes y majdstrados, la 
economía y el orden doméstico, base eterna de la prosperidad 
pública; pero tan dulces y sublimes encargos los consuelan 
apenas en el sentimiento de no poder contar sus nombres en- 
tre los defensores de la libertad patria. En la actividad de 
sus deseos han encontrado un recurso, que, siendo análogo á su 
constitución, desahoga de algún modo su patriotismo. 

**Las suscritas tienen el honor de presentar á V. E. la 
suma de pesos que destinan al pago de fusiles, y que podrá 
ayudar al Estado en la erogación que va á Kacer por el ar- 
mamento que acaba de arribar felizmente (1), ellas la sus- 
traen gustosamente á las pequeñas pero sensibles necesida- 
des de su sexo, por consagrarla á un objeto el mas grande 
que la patria conoce en las presentes circunstancias. Cuan- 
do el alborozo público lleve hasta el seno de sus familias la 
nueva de una victoria; podrán decir en la exaltación de su 
entusiasmo: Yo armé el brazo de ese valiente que aseguró su 
gloria y nuestra libertad.'' 

''Dominadas de esta ambición honrosa, suplican las sus- 
critas á V. E. se sirva mandar se graben sus nombres en 
les fusiles que costean. Si el amor de la patria deja algún 
vacio en el corazón de los guerreros, la consideración al se- 
xo será un nuevo estímulo que les obligue á sostener en su 
arma uña prenda del afecto de sus compatriotas, cuyo honor 
y libertad defienden. Entonces tendrán un derecho para 
reconvendr al cobarde que con las armas abandonó su ñora- 

T. Acababa de llegar de los Estados Fnidos wn armamento ea- 
cargado secretamente por el gobierno, cuyo importe no podía este 
cortear. 



78 LA BEVISTA DE BUENOS AlTiE.5. 

bre en el campo enemigo ; y coronarán con sus manos al joven 
que, pret^entando en <íUa8 el instrumento de la victoria, dé 
una prueba de su gloriosa valentía. 

**Las suscritas esperan que aoeptando V. E. este pe- 
queño donativo, se servirá aprobar su solicitud como* un tes- 
timonio d'e su decádido interés por la felicidad de la patria^ 
Buenos Aires, mayo 30 de 1812." (1) 

Superfino es decir que -ese generoso y patriótico donati- 
vo fué admitido por el gobierno con las mas espresivas gracias. 

Pasando •ed ejército del general Bakarcie por Córdoba^ 
una viuda, dueña de una poeta, se Je presentó ofreciendo al 
general un número de caballos para el servicio d-e la patria. 
El general, que consideró ese acto de desprendimi-ento, sa- 
crificio demasiado grande para quien no poseia otra cosa, le- 
dio las gracias ordenando se abonase su valor. ''Pues bien, 
replicó ella, ya que V. S. no los necesita por ahora, consi- 
dérelos siempre como propiedad pública: disponga de ello* 
cuando la salud del país lo exija; yo los cuidaré mucho con 
ese objeto. Llévelos V. S. hastli donde guste; pero le ruego 
que no me confunda con la gente mercenaria, y no me agra- 
vde ofreciéndome dinero.'' El general Balcarce, asombrado 
cada vez mas, le hizo algunas reflexiones aoerca de sus deberes, 
como madre de familia que era. **No, repuso ella, mis bie- 
nes, mis hijos, mi persona, todo pertenece á la patria: todo lo- 
delK) á ella, y todo lo sacrificaré gustosa por su felicidad 
y por su gloria. " A tanta patriótica solicitud, el gefe- 
argentino nada encontn) que decir sino acieptar. Los ojos de 
la generosa cordobesa brillaban die alegría al ver llenos sus 
deseos, teniendo la dulce satisfacción de trasportar el ejército 
mn remuneración alguna, hasta la siguiente posta. 

Sensible nos es ignorar el nombre de tan magnánima mu- 
gor, para que quedara consignado en honor y gloria de laa 
generaciones venideras. 

— La señora doña Tiburcia Ilaedo de Paz, presentó á 

1. "Gaceta Ministerial del gobierno de Buenos Airee'*, 26 de 
junio de 1812. 



heroínas y patriotas americanas. 79 

sus dos hijos don José Maria y don Julián, al servicio de la 
patria, cortando así su8 estudios, pero quedando á la Repú- 
blica Argentina la gloria de contar á uno de los hijos d>e esa 
matrona, como á uno de los primeros generales de la Repú- 
blica Argentina, y quizá de Sud- América. 

Doña Margarita Arias de Correa, es otra matrona que 
w distinguió en el mismo sentido que la preced-ente, y cuyos 
dos hijos fueron víctimas mas tarde en la gu<erra con el gene- 
ral Quíroga. 

Doña Tecídora Suarez de Roldan, (1), santiagueña an- 
ciana de 70 años de edad, moraba en Manogasta, en una 
miserable choza, cuyo aspecto no incitaba curiosidad algu- 
na para ser visitada, y solo por necesidad, como le sucedió 
en aetiembre de 1810, al doctor don Juan José Castelli, que 
con otros gefes y oficiales del ejército auxiliar, entraron á 
ella á descansar, mientras «/e hacia el relevo de caballos, para 
continuar su marcha. 

Al saber doña Teodora, el destino que llevaba á tan 
distinguidos huéspedes, trasportada de gozo, presentó al doc- 
tor Castelli, una flor del campo. Movido este de la curiosi- 
dad al ver el semblante alegre de la anciana, qu<e parecia ser 
la abuela dte aquella humilde sociedad, le preguntó la edad 
que elle tenia. *' Señor ^ contestó, sonriéndose, no soy tan 
vieja como parezco: no cuento sino cuatro meses de edad,'* 
Sorprendido Castelli, pidió esplicacion de aquel enigma. ^'Si^ 
señor, añadió ella, nad el 25 de mayo; hasta entonces no he 
vivido un solo dia/' cuyas palabras pronunció con voz sonora 
y rostro animado por la satisfacción que esperimientaba. 

La señora de Araoz, Molina y otras se distinguieron en 
Tucuman durante la época de Belgrano y San Martin . 

Las mujeres de Salta prestaron además servicios ponien- 
do en juego su vida con las noticias que trasmitían clandes- 

1. El señor .padre del doctor don An.jjel Carranza conoció per* 
Bonalmente á esa matrona patriota, cuyo no.mibre era nn mUterio 
hasta ahora que sale á luz por primera vez, debido k la bondad de 
este amifro, cpie nos lo comunicó ,tTa&mitido por aquel, á quien fué 
referido el hecho por la misma distinguida mujer. 



80 LA EE VISTA DE BUENOS AlBE». 

tinamente á los patriotas, luego que aquella dudad cayó en 
poder del 'enemigo. 

Cuando San Martin preparaba su ejército en Mtendoza, 
para atravesar los Andes, las señoras se confundían con las 
mujeres de la mas humilde clase en servicio de la patria. 
No las arredraban las dificultades crecientes cada vez mas, 
ni el terror á la clase de castigo que el enemigo infligid ; todo 
lo hacían con gusto por la satisfacción de ser útiles a la patria 
independiente. Sus casas estaban tranformadas . en talleres 
de ropa, qwe ellas mismas cosían para los soldados, y en 
hospitales servidos también por ellas, con la mayor proliji- 
dad y esmero. Ocupan un lugar distinguido la esposa del 
general Escalada, doña Eemedios de San Martín que vendió 
sus alhajas para Uenar las necesidades del ejército, las señoras 
de Corbalan, Correa, Ortiz y otras. 

Argentina hubo que diera hasta ocho hijos que fueron 
todos ellos, con eseepcion de uno, sacrificados por 1^ patria. 
Esa mujer, de mas de cien años de -edad, que no había tenido 
noticia de ninguno de sus hijos, emprendió un viaje hasta la 
capital de Chile, donde encontró el único sobreviviente en 
clase de sargento condecorado; en la escolta del presidente 
de aquella república. (1) 

El día 25 de mayo de 1810, cuando el pueblo de Buenos 
Aires, reunido en la (hoy) Plaza de la Victoria, damas en- 
tusiastas hubo que, conociendo los secretos de la revolu- 
ción ó arrastradas, por una sensación tan vehemente como 
•estraordinaría, se mezclaban con disfraz entre la multitud pa- 
ra sostener esos mismos derechos de la patria que se procla- 
maba ; entre ellas, las mas notables fueron las señoras Vieites, 
vulgarmente llamadas y conocidas por los contemporáneos 
para designar las patriotas de ese dia. Las Vieites. 

Una mu'estra de f-ídelidad conjTigal superior á todo elo- 
jio, se nos presenta en el martirio que vsufrió la distinguida 
matrona «antiagueña doña Agustina Palacios de Libarona, 

1. **Siid América *', por don Domingo F. Sarmiento, pág. 124, 
tom. T. 



lIEliOlNAíá Y TATRIüTAS AMERICANAS. 61 

t 

ID el Bracbo, (1) durauíje el gobierno de don F>elipe Ibarra. 
Ed marddo de esta beroina, don José María de Libarona, ha- 
bía sido traicionado por un guia, en quien él habla deposita- 
do toda su confianza. Luego que ella le vio, nada ni nadie 
pudo contenerla, para tratar de mitigar las penas de su des- 
jconsolado esposo, ni las amenazas del centinela que le custo- 
diaba, ni los culatazos de su fusil, ni puertas cerradas, nada, 
absolutamente nada dejó por hac/er esta audaz mujer, hasta 
que á fuerza de ruegos, y después de muchos trabajos se pre- 
jsentó ante su marido con el ánimo decidido de compartir con 
él los pad-eeimientos que estaba condenado á sufrir. El no lo 
xionsintió bajo ningún pretesto, pretiriendo sufrir el doble 
dolor de privarse de la vista del ser que mas idolatraba, así 
como de los cuidado» que ella le prodigara. En una palabra, 
enfema de tanto padecer al lado de Libarona, que habia per- 
dido el inicio, maltratada y martirizada con todo género de 
vejámenes, doña Agustina prorrumpió, en un momento de 
desesperación del modo siguiente: '*No crea Ibarra que ni 
por hambre, ni por riesgo de tigres, ni de indios, abandone 
yo á mi Libarona, pues cuando yo muera por éj, habré cumpli- 
do con mi del>er y con md esposo ; y así es que estoy resuelta 
Á sufrir toda clase de trabajos que me imponga. 

Después de tantos y tan incomparables padecimientos, la 
señora de Libarona recogió en sus brazos el último suspiro 
d-e su desgraciado esposo. 

Puede verse la relación de los padr cimientos, en el Bracho, 
de doña Agustina Libarona, «en los números 26, 27 y 28 del 
periódico de Buenos Aires titulado La Religión, del año 1858 
y la Vuelta al Mundo de 1868, obra publicada en Paris y dada 
como obsequio á los suscritores del Correo de Ultramar. 

Esa liclacion fué dada á luz, en un periódico de Córdo- 
ba, por el señor don Benjamín Pouoel, reproducá da en La 
lleligum y recomendada en La Vuelta al Mundo por el doc- 

1. El Braeho en el "junito adonde Ibarra solía enviar á los des 
terrados para martirizarlos. El solo nombre de ** Bracho" causaba 
«ntónces terror á los que eran RenteQiCiadas á él. En el dia de ho^ 
es menos horrible. 



M2 LA BEV18TA DE BUENOS AIBE^. 

tor don ^lartin de Moufisy, que conoció personalmente á la 
mártir que diera mérito á hacerla. 

Ninguna pintura podría hacerse con colores mas vivos 
ni mas patéticos que dicha Htlaciou, trazada sin las reglaa 
del arte^ p»t) con la mayor naturalidad. 

Hecho digno de figurar entre las patriotas americanaa 
es el de la heroina catalana doña Jacinta Vilar. 

Después de la invasión de los brasileros á Maldonado 
(Banda Oriental) el día 16 de Junio de 1827, volvieron á en- 
trar allí las guerrillas en la madrugada del 20 llevando de 
vaqueano entre ellos un vecino portugués, se dirigieron á la 
habitación de la catalana patriota doña Jacinta Vilar, tras- 
pasada aun de dolor por la sensible pérdida de dos hijos, el 
uno muerto en Ituzaingó, y el otro, oficial de la división de 
don Ignacio Oribe, hecho prisionero en Cerro Largo. Ha- 
biéndola obligado á abrirles la puerta, después de recios 
golpes y amenazas, intentaron repetidas veces violentarla á 
gritar ¡Viva el imperio!, pero aquella ilustre matrona, ape- 
aar de la ferocidad de sus verdugos, que descargaban en su 
persona furiosos rebencazos, para reducirla á la ignominia 
de aclamar el nombre de lo que detestaba, superior á cuan- 
tos la rodeaban, no solamente se mantuvo inflexible, sino 
que tuvo la valentia de asegurarles que moraría, y de pronun- 
ciar con reiteración, ¡Viva la Patria!, confundiendo asi, el 
orgullo de sus perseguidores. 

Este es un hecho digno <die aiuiientar una pajina bri- 
llante ¿ la historia de las heroinas anieraeanas, pero no po- 
drán desdeñar á asociar á sus nombres el de una europea, 
que supo dar una prueba tan eviilente del patriotismo que 
la animaba, y que por consecuencia se vio precisada á ale- 
jarse de su hogar con una crecida familia, para no ser blanco 
de nuievos ultrages. (1) 

Durante el cólera que nos «invadió últimamente, arre- 
batándonos muchas vidas preciosas é infundiendo el terror 
en toda la campaña de Buenos Aires, donde sus estragos 

1. **Oaceta Mertantir- de 26 de julio de 1827. 



heroínas y patriotas AMERICANAa 83 

fueron mayorjes, hubo sinembargo en el partido de Navarro 
un caballero (señor Costa) cuya filantropía ha escedido todoa 
los limites de la prudencia. Este señor ha puesto á dispo- 
sición de todos los atacados de la peste, su casa, su servidum- 
bre, su fortuna y hasta su salud y la de su propia familia. La 
conducta del señor Costa es tan noble cuanto digna de ser 
trasmitida á la posteridad para gloria suya, y para vergüenza 
y oprobio de los que abandonaron no solo á sus semejantes, sino, 
lo que es ignominioso, ¿ sus propios deudos. 

En este hogar hospiítalario, donde la caridad ha reves- 
tido formas tan sublimies, Dolores Costa, la digna hija del di- 
cho filántropo, ha llevado su abnegación hasta donde el co- 
razón de mejor temple no hubiera osado llegar. De hoy en 
adelante, esta noble argentina ocupará el puesto distinguido 
que la sociedad señala á sus heroínas. 

Ella no ha descollado por ningún hecho marcial, co- 
mo tantas otras, pero ha tenido valor bastante para mirar im- 
pasible la muerte sin temerla para si, jugando su vida al azar 
de una esperanza efímera, para los que habían eaido al golpe 
del flagelo aterrador. 

Esta joven, que solo cuenta 18 años de edad, acostum- 
brada á una vida llena de comodidades no vacila por un mo- 
mento en abandonarla, para dedicarse completamente á la 
asistencia de los coléricos, alojados en su propia casa, cona- 
tituida en hospital de toda la comarca. Este ángel tutelar, 
constante guardián de sus huéspedes, no descansaba dia y no- 
che; ora administrando las pociones adecuadas al caso, en- 
derezando a los pacientes con sus propias manos ; ora derra- 
mando el bálsamo consolador de su dulce palabra; ya atra- 
vesando los patios bajo un sol abrasador del raes de enero, 
llevándoles con sus propias manos cuanto juzgaba necesario. 
En vano, ve la muerte por do quier; en vano ve salir cin- 
cuenta veces al dia al padre espiritual, que allí moraba á lle- 
nar los deberes de su ministerio para con los que lo recla- 
maban; en vano le veía regresar trayendo la nueva de la 
muerte pintada en el rostro ; en vano veía exhalar el última 



ü^ • LA REVISTA DE BUENOS AIBE<i. 

suspiro á los que, momentos antes dirigía la pa^labra de con- 
Buelo ó aplicaba los remedios; nada la arredraba, nada la 
acobardaba, íirme siempre en su santa y filantrópica empre- 
sa, seguia asistiendo á los sobrevivientes con la esperanza en 
el Todopoderoso. 

El cuidado que esta heroína prodiga continuamente á sus 
jóvenes hermanos solo es comparabk al de una tierna ma- 
dre. El cariño que profesa á sus j)adres es superior á todo 
elogio. No os de estrañar pues que ella sea colmada de 
bendttciones por todos los que tengan conocimiento de las 
bellas prendas que la adornan. 

Estamos seguros qu'e esta relación de los méritos de la 
señorita de Costa va á herir la modinstia earacterítítica de «sa 
rt^spetable familia ; pero también habríamos faltado en callar 
el nombre de una heroína, tratándose de la materia. 

Omitimos el nombrar á muchas otras heroínas por ha- 
ber figurado, unas en la guerra civil, como la señora doña 
Javiera Carrera y Verdugo, hermana de los célebres chile- 
nos ejecutados en ^lendoza, y cuyo patriotismo y valor eran 
dignos de mejor causa; la señora doña Juana Rivera de 
Silveira, apellidada la Vola Unitaria, suegra del malogra- 
do general oriental don César Diaz, muger renombrada por 
su energía y valor contra la tiranía ; la señora doña Dolores 
de Mayer, por la misma causa (jiu» la pri^t-edente ; doña 
Militcma López, santiagueña, esposa de Mr. Berreaute, 
que mostró heroísmo en defensa de su honestidad, y otras 
infinitaos de diferentes categorías, pero todas con valor y fir- 
meza de carácter mas ó menos notables. 

Houvi.v ó Alto-Pkrú. 

Doña Teresa LtMuoyne, s(*ñora de las principales fami- 
lias de CluKiuisaca, j>ers(»gu!(la ha.sta ver sus bienes confis- 
cados y condenada al destierro de LaguniJlas, ad(mde fué 
Tíbliííada á marchar con sus nueve hijos, á pié, sin recursos 
de nin<rnn género para su abrigo y manutenci<m. y sin mani- 
festar la mas leve desazón por tan cruel tratamiento, es 



HEBOINAS Y PATBIOTAS AMERICANAa 85 

otra digna de figurar á la par de las republicanas de Bo- 
ma, Jamás se quejó ni pidió perdón; al contrario, decía 
que no había patriotismo si se renunciaba á la constanoia 
en los sufrimientos. Ella se conservó en su destierro kasta 
que los patriotas la sacaron en triunfo. 

Doña Merceditas Tapia, jóv^n preciosa que, después 
de la victoria d'e Suipacha (noviembre 7 de 1810), gana- 
da por el general Balcarce, fué, vestida d^e blanco y con sus 
bellos cabellos sueltos, al encuentro de Castelli, á la cabeza 
de una diputación, compuesta dtel bello sexo chuquisaqueño, 
pronunció, en presencia del representante de la Junta de 
Buenos Aires y de su comitiva, una arenga en que sobresa- 
lían las elocuentes palal)ras siguientes : 

*'¿Como ha crido posible, dijo, que por tanto tiempo 
sufriésemos el ignominioso espectáculo de ver á nuestros com- 
patriotas degradados al estremo de tener que renunciar á las 
nobles prerogativas que los elevan tanto en nuestra estima- 
ción? No, yo leo en vuestros varoniles rostros que estáis 
determinados á sacudir para siempre tan humdllante yugo. 
En cuanto á nosotras, no habrá sacrificio que no hagamos 
gústelas, mientras no seamos independientes y libres, y pa- 
ra conseguirlo pondremos «en acción todos los medios. Aquí 
están nuestras alhajas, las prendas de nuestros amor. ¿ Pode- 
mos acaso emplearlas mejor que en vosotros miamos. ? Si vol- 
véis vencedores ¿no os contentareis con nuestras virtudes! 
Si sois vencidos ¿habrá am»ericana que quiera adornarse pa- 
ra agradar á los estermina clores de sus compatriotas? Pero 
al desprendernos de vosotros ¿ no renunciamos á todo ? 

*' Corred, pues, á las armas, á las armas, id, y mos- 
trad en el campo de batalla, hasta dejar sellada con sangre 
vuestra libertad y la nuestra, que sois los defensores de nues- 
tros derechos, los sostenedores de la inocente América, sus 
dignos hijos. Si fue.se necesario, cooperaremos nosotras tam- 
bién con el fusil al hombro, con el sable en mano. Bb vues- 
tra ausencia tegeremos guirnaldas con qn»e orlar vuestras va- 
lientes sienes; cuidaremos de los enfermos y heridos; traba- 



«6 LA BE VIST A DE BUENí^á AIRES. 

jaremos para nuestra subsistencia y la de los huérfanos que 
dejareis á nuestro cargo. Marchad, y volved victoriosos." 

Estas palabras arrancaron lágrimas á toda aquella reu- 
nión. 

^íereedes fué de las mas perseguidas después del desgra- 
ciado suceso de Huaquí y de la ocupación de Chuquisaíja por 
los españoles. 

No obstante, vdvió hasta que la alegría con que recibió la 
nueva de la victoria de Salta cortó tan bella existencia. 

La conducta de las paceñas no fué menos digna. Antes 
y después de Huaquí, antes y después de Vilcapugio y Vilu- 
ma se mantuviieron siempre firmes, siempre fuertes. Con 
una mano remitían secretamente auxálios a los patriotas, y 
con la otra prodigaban oro á los enemigos, para salvar á sus 
cc^mpatriotas. Tuvieron valor de mantener comunicación 
con los patriotas, después de la evacuación del Alto-Perú 
por el grueso del ejercito independiente. Y como lo dioe 
el general Paz, ^^de ChuqiUsaca nos venían recursos de toda 
clase. El pais simpatizaba con nosotros y en lo general se 
prestaba á toda clase de sacrificios. '' (1) 

Ija esposa del sabio mineralogista Matos, que participa- 
ba de los mismos sentimientos de su virtuoso esposo, una de 
las víctimas del enemigo, fué conducida por un destaca- 
mento de soldados al lugar del suplicio de su desgraciado es- 
poso, y al acercarle, ** levanta la cabeza, orgullosa rebelde, 
le decían los que la conducían; mírale, mírale, espirar.'' Pe- 
ro ella, llena de valor y con toda entereza, se dirijio á su 
moribundo compañero en los términos siguientes: "Mi que- 
rido, 'dijo, tú rale enseñastes á vivir; y ahora me enseñas á 
morir. Sube al cáelo, mártir de la patria; que yo no tardaré" 
<en seguirte. ' * 

Otro teatro de ejemplar heroísmo, el mas fecundo en 
hechos memorables de patriotismo y valor, quedaba reser- 
vado en la famosa Cochabamba. La constancia y eJ corage 
desplegados por los magnánimos cochabambinos llenaron de 

1. **M©T.orías Postumos*', tom. I, pág. 136. 



heroínas y patriotas AMERICANAa 87 

adniiraeion al mundo. ApeBar de las crueldades inauditas 
egcmdas con los habitantes de esa gloriosa tierra, desde 
1809, seis yieees se sublevaron en masa, casi ¿ la vista del 
ejército enemigo, sin que este pudiera conseguir jamás domi- 
narlos del todo. 

La hifitoria de las acciones heroicas de Cochabamba, es 
liarto conocida para que nos detengamos en sus detalles; 
basta traer á la memoria uno que otro ejemplo de los mas cul- 
minantes. 

Aprovechando, el general Goyeneche, de la retirada del 
ejército patrio desde la margen derecha del rio Suipacha al 
Tueiiman, se decidió á emprender la reconquista de Cocha- 
bamba. Derrotado el general Arce y sometido el prefecto 
Antezana, (1) los valerosos cochabambinos prefirieron es- 
poner sus vidas á las ventajas de una paz que ellos conside- 
raban humillante. Pusiéronse en campaña y presentaron 
heroicamente al enemigo un combate desordenado, en que las 
mujeres pelearon á la par de los hombres. 

Apesar de su hercúlea resistencia, sucumbieron á la supe- 
rioridad numérica. 



1. Don Mariano Antezana, prefe<;to de la valerosa provincia 
de Tac haba mba, y don Esté van Arce, comandante general de las 
armas de aquella digna provincia, merecieron que *'un compatriota" 
dirijiese al Gobierno de las Provincias Unidas, en loor de los valien- 
tes cochabambinos, lo siguiente: 

'* Vosotros esforzados 

Fieles caudillos, Arce y Antezana, 

Recibid hoy los votos consagrados 

Al valor vuestro por la gente indiana. 

Bueaos Aires /celebra vuestra gloria, 

Y la mayor victoria 

•Cantar espera en el tremtendo día 

Que aniquiléis la horrenda tiranía." 

No pudiendo Antezana sostener la plaza, implora el perdón del 
enemigo, mas Ooyene<?he -contestó mandándole sacar de un convento, 
en donde se había ocultado y disfrazado de fraile, y juntamente con 
otros diez, aquel general vencedor presentó el horrible espectáculo de 
mandar clavar las cabezas de los once mártires en pióos y plantarlas 
en la plaza. Ocho dias después fué tomado, por Huizl y fusilado, el 
desgraciado patriota coronel don Bartolomé Pizarro, de quien habla- 
romos en otro lugar- 



88 . LA REVISTA DE BUENOS AIKES. 

En otra ocasión, después de la acción de Viluma, consi- 
guieron los enemigos prender á doce de las señoras que se 
habdan hallado en el ataque. Fueron todas ellas condena- 
das á morir -en la horca; sus cuerpos descuartizados, y lo» 
pedazos colocados en jaulas de hierro, sobre altos i)alos en 
los parajes mas frecuentados de los caminos públicos, t»n las 
cercanías de la ciudad. ^*Viva la patrial repetian con una 
energía asombrosa y ya con el cordel ajustado; ¡viva! balbu- 
ceaban moribundas. 

Para conmemorar el heroismo de los cochabambinos y 
conservar siempre encendida la llama del patriotismo, un 
ayudante de cada cuerpo del ejército del Perú, á la lista de 
la tarde, llamaba: ''Las mujeres de Cochahamha'' á lo que 
contestaba un sargento: ''murieron en el campo dú honor. *^ 

La distinguida señora doña Casimira, viuda del Oidor 
Iglesia, recibió estorsiomes, ultrajes y \'dlipendios, hasta ser 
afrentada públicamente con una mordaza por haber defen- 
dido la causa de la patria y halw^r tenido el valor de descono- 
oer la autoridad en Goyeneche. 

Doña Juana Azurduy, mujer estraordinaria, chuquisa- 
quena, esposa del después general don Manuel Asencio Padi- 
lla, (1) no salo tuvo el mando do una tuerza de M) fusileros 
y 200 naturales en San Julián, á una legua de distancia del 
cuartel general de las fuerzas realistas, sino (jue salió por el 
Villar al encuentro del enemigo, que trataba de cortar la 
retirada á su marido, lo rechazó completamente matándole 
15 hombres y tomándole la bandera, que presentó á Padilla 
con sus propias manos. Esta mujer heroica fué premiada 
por el gobierno con el grado y sueldo de teniente (»oronel. (2) 

1. No deb(» confundirse este Padilla con el qne figuró durante 
la invasión inj^lesa, co-habambino también, y cuyo nombre e^a 
Aniceto. 

Este tniirió en Cochabamba, por el año 1842 ó 1S43; aquel en los 
primeros años de la guerra de la Independencia. 

2. V. el **Bo?que,io de la revoluci/jn Argentina", que hem<»s 
traducido y se hnlla publicado en el número 59 de **Tíjí Kevista de- 
Buenos Aires. " 



HER0IÍÍA8 Y PATRIOTAS AMERICAN Aa 89 

I>espues de la muerte de su patriota esposo, «ella si^udó 
empuñando la aspada y no la dejó hasta que vio su patria li- 
bre. 

Chile. 

La señorita doña Rosario Rosales, hija del septuagenario 
don Juan Enrique Rosales, nos presenta un ejemplo de amor 
filial, poco conuin. 

Después de la batalla de Rancagua, ganada por Osorio^ 
los mas notables patriotas fueron deportados á la isla de- 
sierta de Juan Fernandez, sin permitírseles mas que una 
ración de sioldado raso por persona y negando á sus espo- 
sas é hijos el consuelo de acompañarlos en su cautiverio. 
Valida dt» la amistad de sir Tomas Staines, comandante de 
la fragata de S. ^I. B. Bretona, la joven Rosario consiguió 
permiso de acompañar á su infeliz padre, de quien no quería 
desprenderse por nada en el mundo. Apesar d<e su enfer- 
medad contraída á consecuencia del desastre de Rancagua, 
Rosario solo se acordaba de su padre, con quien vivió en la 
isla, cocinándole, lavándole la ropa y curándole con una 
solicitud infatigable. Esta joven era el consuelo de todos 
los moradores de aquel triste desiierto. 

En vano, su anciano padre, compadecido de la misera- 
ble situación de la virtuosa Rosario, la rogaba regresase á 
Chile, ella cont?estaba: **no, mi padre, la suerte de vd. debe ser 
la mía. Permítame que siga acompañándole: no puedo se- 
pararme de usted: el pensamiento solo de abandonarle me 
es menos soportable que la muerte," Ella se conservó á su 
lado hasta que la batalla de Chacabuco puso término á sus 
infortunios. 

Doña Maria Cornelia Olivares, vecina de Chillan, se 
distinguió por su amor patrio, que no pudo ocultar cuando 
le llegó la nueva de que el "ejército del general San Martin sal- 
vaba los Andrés, para libertar á Chile. Fué presa, rapada 
y espuestft á la vergüenza pública durante cuatro horas, to- 
do lo sufrió con inalterable firmeza. El gobierno de Chile 



90 LA BEVISTA DE BÜEN03 A1RE$. 

premió sxi heroicidad declarándola, por decreto de 2 de di- 
ciembre de 1818, ''una de las ciudadanas mas beneméritas del 
Estado, en atención á sus sobresalientes virtiudeB cívicas. 

Después de la sorpresa de Cancha Rayada (marzo 19 de 
1818,) la señora doña Paula de Jara-Quemada, se presenta 
con los ojos centellantes al general San Martin, que, algo, en- 
fermo, habia entrado á descansar en un rancho que se ha- 
llaba sobre el camino de Santiago, y le dice: **iCon que ha 
sido usted desgraciado, querido libertador de mi patria? ¿le 
han batido los españoles? ¿volverán á dominarnos sus ar- 
mas? ¿hay algún remedio? ¿Cuál esV... Digame usted 
por Dios ¿puedo servir de algo? Disponga usted de mis bie- 
nes, de mis criados y peones, de mis hijos, de mi propia per- 
sona, todo lo sacrificaré gustosa en aras de la patria. ' ' Tran- 
quilizada algún tanto por el general, prosiguió: ** Antee man- 
dé el resto de mi ganado en ausilio del ejército ; ahora traigo 
cincuenta de mis inquilinos, patriotas á toda prueba, para 
que los incorpore usted á sus filas. También le presento aquí 
mis dos hijos con igual objeto; — y dirijiéndose á estos, les 
dijo en un tono firme y varonil: '* Hijos mios, sabed que 
si no cumplís con vuestro deber, dejareis de llamarme madre i 
acordaos de que la muerte es preferible á la ominosa escla- 
vitud que nos quieren deparar los enemigos. Yo os daré el 
ejemplo; seguidme y veréis que arrostraré los peligros hasta 
el último estremo, antes que doblar la oerviz á los estraños. 

Buen ánámo, mi general, — dijo á San Martin — el revés 
que usted ha sufrido hará ver que somos dignos de ser libres ; 
pronto acreditaremos á los invasores que merecemos tener 
una patria.'^ 

Para eternizar la memoria de las célebres patriotas de 
Chile, concluiremos consignando en este lugar los nombres 
de la señora doña Gertrudis Serrano, madre del general don 
Ramón Freiré, presa en un s(>tano en Talcahuano— Doña 
Mónica Monasterio, que murió cuando se la conducía á pri- 
sión; las señoras de Larrain, Traeios. Rosales, Rojas, Vicu- 



heroínas y patriotas americanas. 91 

fia, Pérez, Sánchez, Mascallano, Guzman etc. 

Perú. 

Entre las señoras mas distinguidas del Perú libre debe 
jtsignarse un lugar preferente á las d'C Avila, Palacios, La Ri- 
va, Telleria, ^Matute, López, Portacarrero, Boqui, Flores, Mán- 
celo, Silva, Cantera, Aranda, etc., cuyas casas eran el asi- 
lo de los perseguidos : alli se levantaban las suscripcion^es para 
socorrer á los prisioneros de Casas-Blatas; allí se patrioti- 
^aba á los oficiales del ejército «enemigo; resultando de sus 
esfuerzos que 33 se pasasen de una vez, al de San Martin. 

Es digna de muy particular mención la señora doña 
ll^üercedies La Rosa que entregó sus alhajas á su hermano don 
Pedro para que las vendiese y con su producto quedase ha- 
bilitado él y algunos de sus compañeros de armas, para prac- 
ticar otro tanto. 

No son menos dignas de nuencion las señoras de Pare- 
des, de Thorne. de Pezet, doña Lucia Delgado, viuda del ilus- 
tre arequipeño Quirós y muchas otras. 

Cuando el general Alvarado desembarcó en Arica las 
mujeres de Arequipa desplegaron su amor patrio de un mo- 
do difícil de describir ; armadas de puñales ó de palos, pedían 
á gritos formar parte de las falanges republicanas ; otras cor- 
rían presurosas trayendo en sus manos con que mitigar la 
f?ed y el hambre de las desfallecientes fuerzas de aquel ge- 
neral. 

Ecuador. 

Las Georgianas fie la América Meridional^ — como se de- 
nominan con mucha propiedad las hijas de Guayaquil, me- 
recen también. un lugar en este cuadro de patriotas america- 
nas, porque son de las que desplegaron el mayor, amor á la 
eausa de la independencia, desde la primera insurrección de 
^uiío en 1809, hasta la trasformacion política de Guayaquil 
en 1820. 

El año siguiente, un traidor diel ejército del general Su- 



92 LA REVISTA DE BUENOS AIRE55. 

ere, (le nombre López y con el grado de teniente coronel, se 
atrevió á dirigir una proclama á las guayaqui leñas, exhortán- 
dolas á que abandonasen la causa de la independencia. 
Ellas contestaron á ese papel en estos términos: 
**¡ Traidor! ¿Aun te atreves á pronunciar los nombres 
de la inocencia y el pudor, después de haber profanado este 
suelo con tus crimenes? ; Cobarde! Las pequeñas fatigas 
de una nuircha corta, te atreves á poner en consideración de 
un sexo que las conoce y las desprecia? ¡Hombre detesta- 
ble! Tu lenguaje es igual á tus intienciones: y el desorden de 
tus palabras igual á la desorganización de tu alma corrompi- 
da. Huya para siempre de ella la victoria, que sería el triun- 
fo de los vicios-, y antes de es[)erimentar ese dia de horror, pe- 
reciendo el iilti^no de sus del'cuisores, las patriotas á (piienes 
hablas, encendiendo con sus manos esta hermosa ciudad, se- 
pultarán su honor y su decoro en las cenizas de Guayaquil, 
Agosto 18 d'C 1821. Rocafuerte, Tola, Garaicoa, Llaguno, 
La vallen, Rico, Camba, Calderón, Diaz, Gorrichátegui, Luz- 
eando. Campos, Plaza. Merino, Aguirre, Casilari, Haro, Glor- 
ias, Gainza, Roblan, Carbó, ürbina, Gimima, Elizalde. Tcaza^ 
etc. etc.'' 

En Quito, la casa de la S(»ñora doña ^Manuela Canisaro, 
era el lugar de reunión de los conjurados. 

Venezuela. 

Doña Juana Antonia Padrón, madre de los célebres ge- 
nerales colombianos D. ^Mariano y D. Tomas ^lontilla, era 
la principal en cuya casa, en Caracas, tenían lugar las reu- 
niones secretas de los patriotas, mucho antes de la revolución 
de aquella ciudad. 

NlTEVA (tRANADA 

La revolu(»ion de América ha revivido el siglo de los 
mártires, y las hijas del Nuevo ^lundo selhiron con su san- 
gre la independencia de su patria. El fin de la dominación 
española iba acercándose^, á medida que se derramaba ge- 



heroínas y patriotas americanas. 93 

morosa sangre americana; mas aun cuando esta era la de 
una heroina. 

La virtuosa, la inmortal Policarpa Halavarrdeta, natu- 
ral d(» (juaduas, en Cundinamarca, íuc víctima del virrey 
Zámano, á causa (le sus sentimientos patrióticos, calificada 
de traidora y condenada á nuierte. 

lie aquí unos lindos versos que se suponen pronunciados 
por ella momentos antes de morir. 

¡Granadinos la Pohi no existe! 
Con la Patria su muerte llorad, 
Por la Patria morir aprendamos 
Y juremos su muerte vengar! 

Por las calles y al pie del suplicio, 
¡Aí^esinosI gritaba, temblad! 
Consumad vuestro horrible atentado, 
Ya vendrá quien me ha de vengar. 

Y volviéndose al pueblo, le dice: 
''Pueblo ingrato, ya voy á espirar! 
Por salvar tus sagrados derechos: 
¿Tanta infamia podréis tolerar?" 

Ni el temor, ni halagüeñas promesas, 
T"n momento me harán vacilar. 
Por la Patria, gustosa yo riuiero, 
; Oh ! qué dulce es por ella (^pirar ! 

De mil modos sus .manos feroces 
Supo el cruel implacable luanchar! 
Con la sangro de mil inocentes 
Que á la Patria supieron vengar! 

I^a memoria del h'eroismo de esta ilustre cundinamar- 
quesa fue presentada entonces en este oportuno anagrama: 

* ' Policarpa Salavarrieta 
Yace por salvar la patria.'' 



94 LA BE VISTA DE BUENOS AIRES. 

A principios de 1817, en el Socorro, ciudad de Nueva 
Granada, departanuento de Boyaca, situada cerca de la mar- 
gan derecha del Suarez, en la falda de una montaña, tuvo lu- 
gar el lúgrube acontecimiento que se vá á leer, neferente al 
trájico fin de una heroína neo-granadina, cuyo nombre ha- 
bía permanecido oscuro, hasta que el señor don Adriano Paez. 
lo dio á luz, por primera yez para iimiortalizarlo, á la par 
del de la célebre Policarpa Salavarrieta, del de la Tuciimaud 
y del de otras no menos célebres. 

Si aquellas heroínas amierícanas merecieron, con justi- 
cia, ocupar algunas páginas de La Biblioteca Americana^ La. 
Flor (Colombiana, etc. no sabemos como ha podido pasar por 
alto el nombre de la patriota de la misma época de la inde- 
pendencia, Doña Antonia Santos, ilustre victima que sufrió- 
tranquilamente el martirio en holocausto áe la libertad de 
América. 

No dudamos que la historia de esta mugier, tan virtuosa, 
como estraordinaria y tan patriota como linda y rica, será, 
lieida con gusto, á la vez que con compasión, por su fin pre- 
maturo y trájico. 

Recomendamos un artículo que bajo el titulo de ** Ilus- 
tres Americanas'' registra La Biblioteca Americana, ó Mis- 
celánea de Literatura, Artes y Ciencias — Por una sociedad de- 
Americanos — Londres, 1823 — pág. 368. — Esto mismo se re- 
produjo mas tarde en un librito titulado, Flor Colombia'na, 

El Dr. D. Ramón Ferreira publicó también, en La Na- 
ción Ar ¡entina de 23 de Jundo de 1864 y se reprodujo en La 
Reforma Pacifica de Montevideo del 5, 6, y 7 de Octubre del 
mismo año, un interesante trabajo del mismo género bajo el 
epígrafe: La muj»er Americana en la guerra de la indepen- 
dencia: ** Anécdotas tomadas de los periódicos de esa época."* 

Ninguna de esas publicaciones consigna los nombres ni 
refiere las acciones heroicas de algunas que se mencionan aquí, 
y mucho menos el de Ja distinguida patriota que ha dado 
motivo al presente trabajo. Y al darlo á la prensa por pri- 
mera vez, en Buenos Aires, hemos creído deber precederlo 



HEROÍNAS Y PATRIOTAS AMERICANAS. 95 

los hechos de otras hieroánas, cuyos rasgos patrióticos son, 
conocidos unos y muy poco conocidos otros. 

Advertencia, — Después de hallarse impreso lo que ante- 
ceda, hemos venido en conocianiento de que el Censor ae Chi- 
le de 1820, bajo el título de Anécdota d^l año 1810, trae un 
articulo del doctor Monteagudo, sobre la señora doña Teodora 
Suarez de Roldan, cuyo nombre ignora, de qu^ hemos hablado 
en la pág. 79. . 

A Zinnij, 



ANTONIA SANTOS. 

I. 

LA HEROÍNA. 

A principios de este siglo, el Socorro no era la impor- 
tante ciudad que conocemos hoy. El área de sfu población 
estaba mas circunscrita, y una infinidad de árboles la rodea- 
ban por todas partes. Las casas eran todas de un solo piso, 
sin gusto ni elegancia alguna. A la cabeza de «ellas levanta 
ba su altiva y severa frente el convento die Capuchinos hoy 
arruinado, y que entonoes era el adorno de la ciudad y la 
fortaleza de la tiranía española. Dolor causa hoy la contem- 
plación de aquel dmponente edificio, donde sonó por dos días 
el ruido terrible de la fusilería en 1810. Parece que por 
haber servido entonces al despotismo, lo ha condenado Dios 
á vegetar tristemente, no escuchándose en su recinto sino los 
sollozos de la miseria, y no teniendo por adorno sino algunas 
flores solitarias. 

Nuestra narración principia en uno de los primeros me- 
ses de 1817. 

A un día tempestuoso y oscuro había seguido una noche 
mas triste y tempestuosa aun. La ciudad parecía temblar 
bajo el impulso de la tormenta. Oíase el ruido fuerte y mo- 
nótono quie produce la lluvia al azotar con furia las calles y 
paredes. Una espesa niebla lo rodeaba todo. De vez en 
cuando los relámpagos iluminaban dudosamente la ciudad, el 



í)6 LA KEVISTA DE BUENOS AIRE^. 

trueno los seguía con su voz aterradora. No se divisaba per- 
sona alguna en las calles. Eran las once de la noche. • Todas 
las puertas permanecían cerradas, y solo á dos cuadras de la 
plaza, en una habitación que todavía existe, aunque muy cam- 
biada, se alcanzaba á divisar una luz al través de las celocias 
de la ventana. 

Penetremos en esa casa con nuestra autoridad d^e cronds 
ta: allí va á principiar un drama terril)l'e, cuya última esce- 
na se re¡)resenta en el cadalso. 

liemos dicho que la casa era pequeña y de un solo piso. 
En ella reinaba una sencillez completa. Tres grandes cana- 
pés forrados en cuero, varias sillas y cuatro mesas completa- 
ban el adorno de la sala. En la pared de estas habia algunas 
pinturas representando la vida de varios santos y un cruci- 
fijo. Sobre una de las mesas veíase la Biblia, siempre abierta 
y las obras de Fray Luis de Granada, emi)astadas en perga 
mino. 

En «esa pieza, la noche de que hablamos, paseábase con 
inquietud una señora, escuchando á veces 'el ruido del agua 
que azotaba en la ventana, á veces las palpitaciones i)reoipi 
tadaa de su propio corazón. 

La señora que se paseaba podría tener unos 35 años. 
Era de talle espigado y magestuoso, negra cabellera y bri- 
llante mirada. Elevaba de pronto sus ojos al cielo y cliispea- 
ban entonces ctm brillo estraordínario : unía luego sus mano6* 
vn seuid de súplica, murmuraba una oración, se aproximaba 
á la mesa, tomaba la Biblia, la dejaba luego y continuaba pa- 
seándose precipitadamente por la sala. Una agitación es- 
}»antosa la dominaba en esos momentos. 

Es nec(*sario escribirles, murmura])a, es necesario que 
s;e manejen con la maytM* prudencia. Dessrnuíada de mi si 
llegan á eogerlv>s. desgraciados de todos mis hermanos. Ig- 
noro ([ue ocunv ; pero oprime el cora>.on un presentimiento 
ti rrible. Siento >(^spanto, yo qu(» jamás lo he címocido. Algo 
Imy; alijo dicen estas i'uertts ])alpitaciones, esta inquietud 
de mi alma. Vero no es posible que Dios n(»s abandone. Su 



HEROÍNAS Y PATRIOTAS AMERICANAS. 

proteíícion ha sido hasta hoy infinita: no dudemos. Yo tengo 
fé en vos, Dios mió, anadia la señora, volviéndose al erueiíi jo : 
te ruego, pues, quv no abandones á esos infelices que vagan 
hoy por los boscjues eon un ol)jeto santo : buscando la libertad 
que les niegan los traidores/' 

De vuelta la vista al cielo, las manas entrelazada^s, bri- 
llando los ojos negros en la semi-oseuridad de la sala, conti- 
nual»a la señora sunierjida en una meditación profunda. 

Esta señora, qwe rogaba á Dios por la libertad de su pa- 
tria, y que mientras la tempestad sacudía con violencia la 
«casa, pensaba únicamente en sus hermanos oprimidos, era 
Antonia Santos, muger de espíritu varonil y corazón herói 
<;o, que pocaci horas después debia morir dignamente, con un 
valor sin ejemplo en nuestra historia. Esta ha olvidado á la 
mártir socorrana, como olvida tantos saerifioit)s, tantos acto» 
<le heroismo, á tiempo que consigna en sus pajinas Jas infa- 
mias de los reyes y la abyección de algunos pueblos. Noso- 
tros haremos aparecer en la escena á la heroica Antonia, ro- 
deada con esa aureola luminosa que dan el valor y el sacrificio. 

Antonia Smtos nació en Charalá, jhto hacia algún tiem- 
po que se había venido al Socorro. Admiradora de las gran- 
des acciones, teniendo por lectura favorita las obras majes 
tuosas de Plutarco, el inmortal historiador de los hombres 
<'élebre8 de la antigüedad; compatriota de Galán, el primer 
mártir de la patria; Antonia, desde sus prim-eros años, con- 
sagró una especie de culto á los mártires granadinos y se pro- 
puso imitarlos. La época la favoreci<> en su empiesa. Co- 
irian entonces aqu-ellos dias gloriosos y terribles, en que p? 
leaba sola la América española contra los representantes de 
Fernando VII; en que se luchaba con valor y ©e mona con 
dágnidad ; en que Pola, Caldas, Lozano y otros uiuch(H ha- 
hÍMn sabido sellar sus creencias con el martirio. Después de 
los primeros años de independencia, llegaron paif^. la patria 
los de duelo y espanto Morillo y sus compañeros rei^rr'»*- 
Ton el suelo granadino cubriéndolo de cadáveres, pero en me- 



98 LA RKVISTA DE BUENOS AIRES. 

dio (le esas s«ii iguales argustias, el valeroso ccrjzorj de An 
toniu Rautos isc cl'esfalleció. 

Mientras quo Morillo estaba en Venezuela y h>á habi- 
tantes de 3sa li' pública, peleaban como libres, y« l\r».nó tñ 
lus pueblos le (^haralá y Coromoro una guerr.üa de patrio- 
tas, que junto con las que existían en Casanare eran las únicas 
fuerzas de Nueva Granada que, en 1817, sostenían la causa, 
de la independencia. Esa guierrilla, á la cual se unían cuan- 
tos podían salvarse de la muerte ó de las cadenas, llegó 1 te- 
ner en aquel año quinientos hombres bien armados y dirijí* 
dos por gefes de notable valor. Imponía, pues, serios temo- 
res a las autoridades españolas de las provincias del Norte^ 
por lo cual custodiaba siempre esta plaza una fuerza de con- 
sideración. Antonia Santos, fué el ángel protector de aque- 
llos valientes granadinos; vendió la mayor parte de sus jo- 
yas, sacrificó su caudal, reunió armas, municiones y víveres,, 
y en fin, auxilió de todos modos á los independientes. Con 
frecuencia Les escribía dándoles noticia de los sucesos notables 
y escitándolos á que continuaran peleando. Sus cartas, lie 
ñas del fuego sagrado que dá á toda producción un sentimien- 
to ardiente y sincero, entusiasmaban á los patriotas. Estoi» 
seguian organizándose para caer de repente sobre sus verdu- 
gos. 

Tal era la mujier, que en la noche tempestuosa que he- 
mos diescrito, meditaba los medios de salvar á su patria. 

Después de haberse paseado largo tiempo por la sala, 
eomo dijimos, Antonia Santos, se aproximó á la mesa, sentóse 
y escribió : 

** Amigos míos: 

* * Envió á ustedes sal, carne y 200 pesos en plata de cruz,, 
que les entregará, como antes, Juan. Pronto les mandaré 
mas. No desmayen ustedes, por Dios; que en todas partes 
continúan peleando. La isla de Margariita ha sido atacada 
por Morillo, según las noticias que han venido á Formínaya, 
pero después de un mes de alaquies inútiles contra los heroi- 
cos margariteños, aquel tuvo que volver á la Costa Firme ; los 



heroínas y patriotas americanas. 90 

patriotas se adueñaron de la Quayana y la causa de su amo 
Fernando, testaba en mal <estado. Dios, pues, nos sigue pro- 
tejiendo. 

''Constancia y valor, mis queridos amigos: prudiencia 
sobre todo. Asi pronto avisaré a ustedes la hora de dar el 
golpe y de purgar á la tierra de estos malvados. Dios los 
proteja siempre. Su amiga de corazón. 

Antonia Santos.'' 

Concluida -esta carta, Antonia se levantó y llamó. Al 
instante apareció un joven de diez y ocho á veinte años, ne- 
gro y esclavo, que le era sumanvente fiel y á quien su ama 
confiaba las mas peligrosas comisiones. 

— ^Juan, dijo la señora Santos, de aquí á las tres de la 
tarde se apasiguará la tempestad. A esa hora partirás para 
Coromoro, con tu acostumbrado sijilo. 

— ^Bien, señora, contestó el negro. 

—Pon, en tu bordón hueco, esta carta. Ya sabes la pru- 
dencia que debes tener. Si la cojen, somos perdidos. 

— No tenga usted cuidado, señora, no la cojierán. 

— Así lo espero.. Forma una maleta con la carne y la 
sal que compraste hoy y la llevarás junto con la plata que hay 
en aquel* cajón. 

El negro tomó el dinero. 

— ¿Y todo lo «entrego á la misma persona? preguntó. 

— Sí, Juan. Pero no hables en el camino con nadie, y 
si te encuentras con gente armada, dices que vas á Charalá á 
vender esas provisiones. 

— Está bueno, mi señora Antonia. 

— Toma para tu camino: vuelve pronto y que Dios te 
proteja. 

— ^Así sea. 

E inclinándose el negro ante su señora, con el mayor 
respeto, salió de la pieza. 

La señora Santos entró á su aposento. Era ya la una 
de la mañana. La tormenta continuaba y se oia ese ruido 



100 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

pesado y continuo que produce el agua al caer, semejante al 
del reloj que en el silencio de la noclie cuenta las horas de la 
eternidad. 

11. 

LA APREHENSIÓN. 

Al dia siguiente, la naturaleza apareció alegre y risueña 
con los efectos de la tormenta. Esta habia pasado sobre la 
ciudad, animando y vúvificando todo con su aliento podtero- 
80. La mañana era espléndida. El Opon, cubierto de blan- 
quísimas nubes, levantaba al cielo su soberMa frente, y espar 
oídas aquellas -en desorden sobre diversas eminencias de la 
montaña semiejaban aves de inmensos y variados plumages. 
Todo era vida, movimiento y perfumes: todo volaba, corría, 
cantaba li oraba. Los millares de árboles (pie sombreaban 
la ciudad se movían á impulsos de una fresca brisa. Y á lo 
lejos, el Suarez. K*spumoso, terrible, se estrellaba contra las 
piedras que adornan sus márgenes, haciendo llegar hasta 
muy arriba el lejano murmullo de sus aguas. 

Eran las 7 de la mañana. 

Antonia Santos, vestikia de negro y sentada en uno de los 
canapés de la sala que hemos ¡descrito, estaba cosiendo. 

Mientras perinaniecia tranquila, hts malas pasiones se 
agitaban afuera horriblem'ente. Uno de sus amigos, á quien 
estimaba mucho y que estaba al corriente de los planes de 
Antonia abusó con infamia de la confianza que en él se habia 
depositado. 

Gobernaba en aquel año al Socorro don Antonio Formi- 
Daya, digno compañero de "Morillo: feroz, adusto y perseguí 
dor. Era valiente como Morillo; pero enemigo implacable 
de los patriotas granadinos. El amigo de la señora Santo» 
se presentó á ese funcionario y le manifestó los planes de 
aquella. 

El gobernador, enfurecido, mandó aprehenderla. 

Hemos dicho que en esa mañana Antonia estaba en su 
casa cosiendo tranquilamente. 



HEBOINAS Y PATBIOTAS AMEBICANAS. 101 

Se oyeron de pronto fuertes golpes en la puerta de la 
(¡asa. Una de las criadas salió, y á pocos momentos volvió 
pálida y temblando. 

— i Qué hay, Dolores? preguntó la señora Santos. 

— Soldados! señora, soldados! dijo la criada balbu- 
ciente. 

— ¿En dónde? 

— En la pu-erta. 

— ¿Los conoces tú? 

— Si, señora, son de Ja guardia ác\ señor gobernador. 

Paróse repentinamente la señora Santos: el fuego de su 
corazón pasó á sus ojos, quie brillaron como relámpago. Salió 
de la sala, atravesó el corredor y llegó al zaguán. ílabía allí 
diez .soldados muy bien vestidos y á su cabeza un oficial joven 
todavia. 

— Entren ustedes, señores, dijo Antonia, y -en la sala me 
dirán el obj-eto de su visita. 

— Gracias, señora, contestó el jóv»en oficial, venimoB á cum- 
plir una muy penosa comisión que nos ha dado su escelencia 
el señoc gobernadoi:, 

— ¿Qué comisión? 

— Conducir á usted, señora, á la casa de gobierno. 

— Muy bien, señor, permítame usted que míe vista y lu«.- 
go estaré pronta á ir adonde á ustedes plazca. 

— Con el mayor gusto, señora, dijo ¡el oficial. 

aNuIcnia volvió á la sala y llamó á sus dos ería-iüs. escla- 
vas luLiiil'ien iO!üo Juar 

— Dolores, dijo á la una, trae mi mantilla y mi som- 
brero. Y tú, añadió, volviéndose á la otra^ cuida de la casa 
mientras yuelvo ; y si acaso nue tardo del)es ir á la casa del go- 
fae];nadiQr y Uevarme lo necesario. 

Iia3 criadas comenzaron á llorar. 

— i A donde la llevan á iLst^ed, ^ñora? decían. 

— Voy donde Forminaya. Tontas ! no lloréis : ¿ qué hay 
en esto de particular ? Vamos, un abrazo y adiós ! 

Abrazólas y salió, diciendo al oficial : 



102 LA BEVISTA DE BUENOS AIBES 

— Estoy pronta, señor. 

Este se inclinó, y partieron. Antonia con paso firme 
salió de aquella casa adonde no debía volver, atravesó con 
la escolta varias calles y ll»egó á la casa del gobernador, 
sita en el mismo punto donde hoy existe la cárcel. ^ En un 
gran salón estaba Porminaya con su secretario que aun vi- 
ve (1), examinando varios despachos. Levantóse cuando lle- 
gó la señora Santos, hizo seña al oficial y soldados para que 
se retiraran, y con la urbana cortesía española ofreció un 
asiento á su nueva víctima. 

Hubo un instante de silencio. Forminaya examinaba á 
la señora Santos y esta permanecía tranquila. 

— Señora, dijo derrepente el gobernador, se ha denun- 
ciado á este despacho que usted auxilia á los insurgentes 
d'e Coromoro y Charalá. Hay pruiebas, pero mandé llamar 
á usted para que d»eclare si eso es 6 no cierto, 

— Es cierto, contestó Antonia con firmeza. 

— I Cómo ! esclamó el estúpido funcionario español, que 
no comprendía la abnegación sublime de la mujer que tenía 
en su presencia ; ¡ como ! confiesa usted sin-ambajes ese crimen ! 

— ^Yo no he cometido crimen alguno, señor gobernador. 

— ¡Cómo! continuó Porminaya. ¿No es crimen rebe- 
larse contra nuestro amado y legítimo soberano Pernando VII T 

— No: he cumplido un deber. 

— ¿ AusUiando á loe insurgentes? 

— No es insurgente, señor gobernador, quien combate por 
sus derechos y trata de adquirirlos apesar de las crueldades 
de funcionarios implacables. 

— ¡ Señora ! 

— Sí, exclamó Antonia Santos parándose, las inauditas y 
frecuentes crueldades que ustedes han cometido, han obligado 
á muchos granadinos á defenderse del modo que pueden \ que 
hay en esto de raro ? 

Mientras nsí hablaba Antonia, el gobernaxlor se pa- 
seaba por la sala precipitadamente. Paróse de pronto contra 
«u víctima. 

1. Año \W¡, i 



HEBOINAS Y PATBIOTAS AMERICANAS. 103 

— ¿Y no sabe usted, señora, preguntó, cuál es la suerte 
de los insurgentes americanos!. 

— Sí, respondió Antonia: son ahorcados, arcabuceados 6 
enviados á climas donde mueran pronto. 

— i Y no sabe usted que mañana puede sufrir igual suer- 
te? 

— ^Lo sé; ¿pero cree usted atemorizarme presagiándome 
una muerte próxima? En esta larga guerra h/emoe aprendido 
á morir. Han matado ustedies á tantos granadinos, que hoy 
la muerte es una cosa común y vulgar. La espero, pues, sin 
miedo. 

— Por último, dijo Porminaya con violencia y no me 
dáoe usted quienes auxilian esa guerrilla y los insurgentes que 
la componen? 

— No, señor. 

— No me promete usted que dejará de auxiliarla? 

—No. 

— Secretario, concluyó Porminaya, dirigiéndose á aquel, 
que habia guardado silencio durante la conversación: haga 
usted poner á esta muger en capilla y cuanto antes se le pres- 
ten los auxilios espirituales que necesita, puies, por mi vida, 
será arcabuceada dentro d«e 48 horas en el sitio donde mué- 

■ 

ren siempre los riebeldes. 

— ^Pero, señor. ... 

— Silencio: cumpla usted lo ordenado, esclamó con voz 
de trueno el gobernador. 

— Dirijióse el secretario al sitio donde se hallaba la sé- 
flora Santos. Paróse esta y ambos se dinijieron á la puerta 
de la sala. Al llegar al umbral, Antonia, se detuvo. 

— Señor gobernador, dijo; no olvide usted mis pala- 
bras. Su poder concluirá pronto i la sangre derramada cla- 
ma al cielo. Yo moriré, pero mi sacrificio servirá para pro- 
ducir la caida de la tirania, en estas provincias. Repito, no 
lo olvide usted. 

Y dichas estas palabras, salió de la pieza sonriendo. 

El funcionario español cayó sobre su silla asustado al 



104 LA REVISTA DE BUENOS AIRES 

oir esas profétieas palabras ** Valerosa mujer! dijo: será tris- 
tie que muera. Procura reinos hacer que denuncie á sus cóm- 
plices y se salve.*' 

ni. 

LA CAPILLA. 

Antonia Santos fué puesta en capilla. 

AI llegar al tenebroso cuarto de donde no debia salir sino 
para el suplicio, Antonia volvió la vista á todas partes y es- 
elamó : 

'*Hé aquí mi última y triste habitación. ¡Que horror 
«e siente aqui! Cómo brota agua de este piso! Cómo pesa 
sobre mi eorazoni la soledatl que me rodea! Pero es preciso 
alejar de mi pensamiento las ideas que pudieran debilitar 
mi valor Y sin embargo voy á morir! Nunca he te- 
mido la muerte, porque al principio de ese tenebroso cami 
no he visto á Dios, quie premia y castiga. ¥ ademas, es gra- 
to morir cuando asi salvamos á muchos desgraciados, cuan- 
do ayudamos en algo al triunfo de una causa sagrada. Dios 
rae dará la fortaleza necesaria para morir con firmeza y su 
santísima madre me recibirá amorosamente en la eternidad.*' 

Y qnedó sumergida en una meditación profunda. 

Pocos momentos después se abrió la puerta de la prisión 
y apareció el secretario did gobernador. 

— ^Vengo de parte del señor gobernador, dijo á la señora 
Santos. 

— I Qué orden trae utrted ? preguntó esta. 

— Ofrece dejar á usted libre y entregarle sus propieda- 
des, que sie han mandado confiscar, si dá una lista de las per- 
sonas, que prestan ausilio á la guerrilla de Charalá : 

— Ah ! ¿ Con que el señor gobernador me propone esto f 

— Si, señora. 

— Pue« bien : pido que se me dé un término de dos horas 
para resolverme. Mientras tanto, suplico á usted le diga al 
señor Forminaya que ordene á mi confesor, el señor doctor 
Torres, venga á mi prisión. 



heroínas y patriotas AMERICAXAtí. Iü5 

— Se dará la orden, señora. 

Salió el secretario. Una hora tlespu/as entró al calabo- 
zo el confesor de la señora Santos, sa4*erdot^ pevspetable y vir- 
tuoso. 

Levantóse vivamente la señora Santos al verlo y le ofreció 
asiento. 

— ¿Sabrá usted, doctor, que estoy condenada a muerte? 

El doctor Torres dio un grito y palideció. 

— Cómo, señora ! 

— Si, doctor; ausiliaba á la guerrilla de Charalá, y por 
tsto Porininaya me ha condenado á muerte. 

— Entonces, señora, -el motivo de su muerte es muy no- 
ble y sagrado. ¡ Ojalá que todas la imitaran ! Así se sal^'aria 
la causa de nuestra independencia. 

— Pero ae me han hecho propuestas para salvar iii¡ »ida 
y he creído de mi deber consultarlas con usted. 

— Hable usted, señora. Pediré á Dios que me ilumine 
para dar un consejo saludable. 

Forminaya nue ofrece la vida si denuncio á las perso- 
nas que auxilian á la giierrilla de Charalá. ¿Cree usted que 
si yo no acepto esa infame propuesta, y desecho ese deshon- 
roso raeiüo de salvación, cometeré un suicidio? 

— i Y usted juzga que si dá «ese denuncio sus amigos mori- 
i*án ? 

— Al instante. 

— ¿De manera que la muerte de usted impide la de mu- 
chos? 

— Asi lo creo. 

— Entonces, señora, usted no se suicida sino que sufre 
el martirio por salvar la vida á muchos desgraciados. Eso 
es noble, generoso, santo. Bendita sea usted, señora. 

— Ah! razón tenia yo para creer quie usted opinaba co- 
mo yo. Gracias, mil gracias, doctor, por sus dulces y con- 
soladoras palabras. Mis creencias se han fortificado: tengo 
valor. ¿Tendrá usted la bondad de recibir esta tarde mi úl- 
tima confesión? 



106 J^A BBVISTA DE BUENOS AIBES 

—Vendré, señora. 

— Gracias, doctor. Absuelta de mis muchos pecados, no 
temeré la muerte y partiré gustosa para la «ternidad. Adiós, 
doctor. 

— Hasta la tarde, señora. 

El sacerdote salió. Una hora después entró el secretario. 

— ¿Qué ha resuelto usted, señora? digo. 

— ^Mprir, contestó Antonia. 

— i De veras! 

— Sí : diga usted al gobernador que se engaña tristemente 
si piensa que yo puedo cometer una infamáa tan grande co- 
mo la que me propone. Dígale usted qu^, aunque muger y 
débil, no tengo temor alguno y no vacilo entre la muerte y 
la deshonra. Dígale usted que puede ordenar se prepare 
todo lo necesario para mi suplicio. 

El secretario, asombrado, salió de la capilla. 

A las doce del dia, Antonia envió á implicar al gober- 
nador la dejaran ven^ie con los criadas que el lector conoce. 
Forminaya dio el permiso y vinieron á la prisión los servi- 
dores de Antonia. 

Una esoena de lágrimas tuvo entonces lugar. Los gritos 
y llantos de las criadas, al saber que su señora iba á morir, 
resonaron largo rato en la prisión. Antonia era la que ma- 
nifestaba mas valor y serenidad. Les ordenó que guardaran 
lo que les fuera posibl'e de los intereses que habia en la casa, 
antes que los españoles cayeran sobre dios, pues la orden 
de confiscación se habia ya espedido. Les dio muy buenos 
y saludables consejos y dispuso que le ^enviaran por la noche 
su mejor traje negro y sus mas ricas joyas. 

Por la tarde de ese dia se confesó la señora Santos, pa- 
ra recibir la comunión al dia siguiente ; á las seis de la noche 
tonw) un lijtero alimento y se despidió d«e sus amigos y ser- 
vidores. Lluego se qued^ sola. 

En la capilla habia una mesa cubierta de negro y sobre 
ella un pequeño crucifijo. Dos velas alumbraban la divina 
imájen de Cristo. Arrodillóse Antonia junto á la mesa y oró 



HEB0INA8 Y PATRIOTAS AMEBIOAJIAS. lOV 

largas horas. En sus oraciones, mezcladas con lágrimas, ro- 
^ba al cielo que hiciera servir su muerte en provecho de su 
patria. Próxima al sepulcro, únicamente sentia que el despo- 
tismo peninsular no fuera derrocado pronto. ¡Cuan grantle 
71) s»? no.s \ rtsriitfi & iravés de los años el alma de ^^si heracU 
y suhüiiti; iuu^ítI (Crmo resplandecen íu .titIío de ^^vcríts 
horri' U?ít, las nebíes tcciones, la abncga^i n v el saciiíi Jo 

A hm once di' i'i noche concluyo -^u^ orn^'oiiís .^nionia 
Santos : se recostó en la cama que se le habia preparado y se 
durmió tranquilamente. En un reposo semejante debió que- 
dar Sócrates, después que tomó la cicuta: asi deben donnir 
los mártires de la lil>ertad la vispera de esos sacrificios su- 
Mimes que hacen temblar á los hombres y conmueven á Dios 
y á los ángeles. 

IV. 

EL SUPLICIO. 

Eran las ocho sie la mañana del dia siguiente al en que 
pasaron los sucesos que acabamos de referir. 

La mañana era fria y tempestuosa. Nubes dte siniestros 
colores encapotaban el horizonte: una niebla espesa cubria 
^n parte á la ciudad heroica, no dejando pasar á través de 
aquella sino algunos débiles rayos de sol. 

En medio de la plaza de esta ciudad se habia colocado un 
banquillo. Varios soldados, oonversanBlo y riendo, custodia - 
han el terrible «siento. 

Se oyó de pronto un redoble de tambores y salió Anto- 
nia Santos de su prisión en medk) de muchos soldados. Su 
•confesor la acompañaba, llevando un crucifijo en la mano 
Antonia vestia un severo traje niegro é aba adornada con sus 
mejoras joyas. Aunque algo pálida, brillaban sus ojos efrtra • 
ordinariamiente, su cabeza se levantaba con orgullo y con 
mirada segura, veía el último asiento que iba á ocupar. Su 
paso era firme, tranquila su actitud. 

Uu pueblo numeroso la contemplaba con respeto y do- 
lor: todos sufrían, todos lloraban al ver aquella mujer, her- 
y^oss, y joven aun, morir prematura y horriblemente. 



1Ü8 LA BEVISTA DE BUENOS AIBES 

Al salir de la cárcel, volvió Antonia Santos su vista al 
balcón de la casa de gobi>erno. Allí, rodeado die sus sica- 
rios estaba Forminaya mirando a la mártir granadina. An- 
toniía lo miró con tristeza, como perdonándole su crueldad. 
Al ver Forminaya esa mirada de mi^íericordáa, se entra 
precipitadamente. Entónoes Antonia anduvo el camino que 
la separaba del banquillo. Al llegar allí se detuvo, y elevan- 
do la voz, — ** Amigos, compatriotas mios, esclamó con voz 
fuerte, dirigiéndose á los hombres que la rodeaban: suplico 
á ustedes salgan de la plaza, dejando solo á las mujeres. No 
desoigan ustedes la súpUca d^e una infeliz que va á morir. '^ 

Los hombres se comunicaron unos á otros la orden d» 
la señora Santos. Poco rato después solo quedaban en la 
plaza las mujeres y los \Terdugos. Entóneos, dirigiéndose 
Antonia á las primeras, les dijo : 

* * Acerqúense ustedes, amigas mías. ' ' 

Se aproximaron algunas. Antonia se quitó las joyas y \a» 
distribuyó «entre las mujeres que la rodeaban. Luego hizo que 
se retirasen. 

Sentóse después en el banquillo y por una precaución de 
sublime pudor, se amarró un pañuelo junto á los pies, te- 
miendo que en las convulsiones de la agonía el viento le- 
vantase su vestido. AUsó después su cabeza al firmamento y 
vio que el sol empezaba á brillar débilmente. Una ráfaga de 
valor brilló en los ojos de Antonia. Parecióle ver al cielo 
abierto y que Dios la llamaba con palabras de amor y de 
perdón. De estos delirios y visiones hay en las grandes 
agonias. Palpitó con violencia el pecho de Antonia, y gritó 
** estoy pronta", con voz tan fuerte que resonó hasta en la casa 
del gobernador. 

Los verdugos también estaban prontos. Oyóse una es- 
plosión terrible, una espesa nabo «cubrió por breves instan- 
tes á la víctima y á sus verdugos; y pasado el estruendo, el 
humo, el terror, vióse únicamente sobre el polvo de la pla- 
za un cuerpo despedazado. El alma de Antonia habla vola- 



IIKKOLN AS Y PATRIOTAS AMERICAIfAS. 10:1 

<lo al cielo, donde la aguardaban las de Policarpa Salavarritrta 
y madama Roland. 

Algunos par¡a*ntes y amigos de Antonia neeojieron su 
eadáver y lo enterraron en el cementerio de esta ciudad. 
Pero no existe señal alguna que indique doiide reposan sus 
rt^tos, y la cruz, sínilwlo de bien y vida, no protege las ce- 
nizas de la mártir de la libertad. Y como sus huesos, que 
-quedaron olvidados y confundidos con otros mil, así el nom^ 
bi'je de Antonia Santos no ha í?ido inscrito en los anales da 
nuestra gloriosa rcn^oluciim. Hoy por la vez primera se re 
fiere la vida de esa gran inuger, presentándola en nuestras 
ilesaJiñadas pajinas, como ejemplo de enseñanza fecunda, como 
fuente de honor y de gloria. 

ADRIANO t'AEZ. 



VARIEDADES 



I 

ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN 

DE LA 

*' REVISTA DE BUENOS AIRES/' 

^ i 



En mayo de 1863 apareció el primer númiero de este 
periódico, que fundamos con el doctor Navarro Viola. Quin- 
ce volúmenes publica4t)6 muestran al públáco si hemos ó no» 
cumplido con el prospecto y llenado nuiestros compromisos. 

Hiemos contado en esta tarea con la desinteresada coope- 
ración de colaboradores ^atuitos, que sacrificaban su tiempo- 
y consagraban sus ocios para ayudarnos en una empresa, que 
no tuvo objetos de especulación ni de lucro. 

Apesar de la mala situación del país, de la guerra, del es- 
tado de sitáo y el limitadísimo número de suscriptores. La Re- 
vista ijo ha interrumpido su marcha ni la interrumpirá en 
adelante. Sin suscripciones oficiales (1) ni. apoyo de los go- 
biernos, vive esclusa vamente por la protección de los sus- 
criptores constantes que nos han acompañado desde la fun- 
dación del periódico hasta ahora, y que esperamos nos acom- 
pañen en lo futuro. Limitada la suscripción á la ciudad á^ 
Buenos Aires, hemos tratado de consagrar á la historia de- 
esta capital, sus establecimientos públicos, sus conventos, su^ 

1. El gobierno nacional €S el único euscriptor por diez y ocho 
números. 



AXIVER8ARI0 DE LA REVISTA lli 

iglesias, y sus mismas instituciones, una serie de trabajos 
que se registran en los quince volúmenes publicados. Esta 
consagración á la ciudad de Buenos Aires es un debido ho< 
menaje al pueblo con cuyo favor ha vivido y vive este pe- 
riódico. No por eso hemos olvidado á las demás provincias 
argentinas, y hemos publicado noticitas históricas sobre 
la mayor parte de ellas, especialmente sobre Córdoba, San 
Juan, Mendoza, San Luis, Salta, Tucuman, Catamarec, la 
Rioja y Jujuy. 

El señor Hudson en sus nueritorios é interesantes recuer- 
dos de las provincias de Cuyo y el señor Llerena en sus cua- 
dros descráptivo-estadistícos sobre las mismas, han propen- 
dido á despertar el interés sobiie ellas haciéndolas conocer. 

El destierro de nuestro compañero y amigo el doctor Na- 
varro Viola en febrero de 1867, nos dejó solos al frente del 
periódico desde entonces hasta ahora (1), y apesar del recar- 
go de trabajo que esto nos imponía, la lícvista] no ha cesado 
ni ha interrumpido su aparición periódica. 

EJ cólera que ha visitado esta, capital dos veces, y la 
preocupación consiguiente de los espiritus por aquella situa- 
ción angustiosa, tampoco interrumpió la marcha normal de 
la Revista ni dejamos de publicar escritos inéditos. 

El doctor Navarro Viola nos escribia en 12 de febrero 
del corriente año desde Montevideo, esta^ palabras: **Esta pu- 
blicación vive esclusivamente por usted. Esta es la verdad. 
y yo que paso por hombre que no me acobardo, le aseg.i- 
ro que en lugar de vd. creo que me hubiera acoquinado.'* 
Los quince volúmenes publicados representan once mil 
cuatrocientas ochenta y dos pajinas impresas. La parte 
consagrada esclusivamente á la historia americana compren- 
de en 15 volúmienes, cinco mil trescientas cincuenta y siete 
pajinas, la mayor parte inéditas y de muchísimo interés pa- 
ra esta república y las demás del Rio de la Plata. Señalar 
estas cifras es demostrar sin necesidad d<e comentarios que 
este periódico es un repertorio importante para el historia- 
1. Ecta entrega se publica en Julio. • 



n 



112 LA REVISTA DE BUENOS AlBES 

dor, que puede wer consultado con provecho, y que por tan- 
to hemos servido á las miras que nos propusimos al fundarlo 

Reunir, clasificar y {)ublicar estos ant^?edentes histó- 
ricos es servir, en nuestra opinión, á la historia anuericana y 
á loH estudios serios. Para conseguir estíí resultado he- 
mos n't'cesitado ímproba paciencia^ la amástosa y desintere- 
sada coopieracion de los colaboradores y una constancia que 
nuestros lectores pueden apreciar. Mucha^s veces hemos sa- 
crificado nuestro tiempo en lu.s archivos y -en la lectura de 
manuscritos casi ijegibles, y esta tarea la hemos llenado solos, 
organizando, clasificando y publicando noticias y documentos 
cspuestos á desaparecer entre el polvo y la polilla. 

Al cumplir el ani\'K»rsario de la fundación del periódico 
<.r( temos haber probado á nuvstros suscriptore^' (pie las di- 
ficultades no nos desaniman, y esto nos induce á esporar que 
podremos realizar en adelante las mejoras (pie proyectamos. 

Debemos una demostración pública d;» agradecimiento 
al colaborador mas empeñoso, mas desinteresado y mas cons- 
tante, al doctor d(m Ángel J. Carranza, quien no se ha limitado 
H publicar important(*8 trabajos sino que ha puesto, con una 
geniírosidad di^na de todo encomio, sus manuscritos á nm»s- 
tra disposición. La cobn^cion notable (Uic ha reunido con in- 
fatigable constancia, ha sido i)ara nosotros una mina in- 
agotable, (.^onvencido que el escaso numero de suscripto- 
r<\s no ptTuiitia otras crogacicmes que \f\¿> de la imprenta, ha 
consagrado su tiempo y puesto sus manuscritos en nu(*stras 
manos, sin mas o])jeto que ayudarnos en una empresa quv 
tiene por mira publicar antecedentes históricos y servir al 
desarrollo de las letras en i^te país. 

El doctor don Juan María Gutiérrez fué un activo cola- 
borador durante los doce primeros tomos, y sus inv(\stig»cio- 
n(^ hist()ricas (tomo sus juicios literarios (enriquecen las pa- 
jinas de la Jicvista. 

VA señor Zinny, (^1 señor lludson, el st^lor TrcUes. el 
doctor Scrivenf^r, el coronel Espejo el señor dqn Carlos 



ANIVERSARIO DK LA REVISTA. 113 

Ouádo y Spano y otros muchos colaboradores en «esta capital, 
nos han obsequiado con sus trabajos. 

En el tiempo traníscurrido desde la fundación de La 
Kevista, algunos colaboradores importantes han fallecido, y 
entre otros, el distinguido brigadier gieneral don Tomás 
Ouido, que tantas veces se dignó honrar las columnas del 
periódico con sus recuerdos de la guerra de la independen- 
cia, enriqueciendo así los anales de la historia. 

El coronel Pueymedon, ej doctor don Mariano 6. de 
Pinedo, don Francisco Bilbao y otros, duermen también ese 
largo sueño del que no se despierta. Todos prestaron gene- 
rosos su eolaboracion á La Revista y a la memoria de todos, 
¡debemos gratitud, al contar un nuevo aniversario en la vida 
de este periódico. 

Entre los colaboradores del esterior, no podemos olvi- 
dar los notables y eruditos trabajos del doctor don Vicente 
Fidel López, que tan justamente han llamado la atención en- 
tre los aficionados á las indagaciones filológicas. 

La señora de Gorriti, los señores Palma y Camacho en el 
Peni, han colaborado activamsente y amenizado el periódico. 

Apesar que habríamos querido publicar trabajos de to- 
dos los colaboradores, hasta el presente no lo hemos conse- 
guido; porque las tareas de la mayor parte les ha impedido 
eumplir sus promesas. 

La colaboración se ha aumentado de la manera que 
nuestros lectores vieran tanto en el interior como en el este- 
rior, y pubdiearemos en adelante trabajos inéditos en todas 
Ido secciones. 

Como una prueba de los deseos que tenemos de mejorar 
nuestra publicación, ofrecemos á nuestros lectores como un 
obsequio, el plano de la ciudad de Buenos Aires en 1806, á 
que se refiere la memoría del señor Doblas, que empezamas 
á publicar en este número. 

Llamamos la atención de los suscriptores sobre la sec- 
ción histórica de La Bevista, que es ahora completamente 
inédita, de manera que solo en el periódico se encuentran 



114 LA HEVISTA DE BUENOS AIRES 

lesoA trabajos, salvo las ediciones que algunos autores han he- 
cho de los mismos, utilizando la composición de La Revista^ 

Podemos asegurar que durante el año que empieza con 
esta entrega, publiearemoe en la sección histórica, noticias 
importantes y manuscritos rarísimos : declaramos también 
qne, cuajesquiera que sean los sacrificios pecuniarios que la 
publicación diel periódico nos imponga, estamos resueltoa 
á continuarla, de manera que los suscriptories que nos acom- 
pañen pueden contar con tres volúmenes mas. Hacemos 
esta declaración porque se nos dine que algunos juzgan que 
La Revista sucumbe, para evitar que inocente ó maliciosa- 
mente se propaguen tales voces, contratemos «espontáneamien- 
te el compromiso de continuar la publicación por otro año^ 
hasta mayo próximo. Este compromiso lo contraemos con 
espresa autorización d» nuestro compañero y amigo id doctor 
Navarro-Viola. 

Tan pronto como termine la guerra y el país lentre en 
su estado normal, si la susciricion aumenta, pensamos intro- 
ducir mejoras en la tipografía y papel del pieriódico; pero no 
alcanzando muchas veces á cubrir los gastos de edición, cree- 
mos que no puetle exijírsenos mayores sacrificios por ahora. 

Al empezar un nuevo año de tareas y recordar el ani- 
versario de la fumíaeion de La Revista, agradecemos á la 
prensa toda de esta Capital los juicios benévolos que ha emi- 
tido sobre este periódico, juicios que nos estimulan á hacer 
todos los esfuerzos posibles, para aumentar su interés. 

La galantería de nuestros colegas nos anima á pedirles 
consagren al análisis y crítica de La Revista, algunos momen- 
tos a la aparición de la entrega mensual. 

No solo la prensa de Buenos Aires, ha tenido benevo- 
lencia para criticar el periódico, sino que ha sido juzgrado con 
la rnisn» indtiljencia, en el seno de algunas sociedades sabias 
de la Europa. 

En el informe anual del Comité' d'Archéologie Américai' 
ne de Paris, leemos estas palabras del distinguido amiericanis- 
ta señor Gastón de Tayac : "Las corporaciones sabias del Nue- 



ANIVERSABIO DE LA REVISTA. 



11& 



vo-Mundo, la Sociedad Etnológica de Nueva- York, la ** Ame- 
rican philosophical Society/' la. ''Smithsonian Institution, " 
la Sociedad de Geografía de Méjico, lel Instituto Brasilero, 
han proporcionado por su parte «este año, numierosos tra- 
bajos sobre la Améiúca antigua, y el señor Martin de Mou- 
ssy, os ha hecho conocer, en una noticia inserta en vuestra 
publicación, la revista de buenos aires, que, después de mu- 
chos años, inserta una serie de artículos sobre la etnografía, 
la lingüistica y la historia de la América del Sud." 

De manera que estos juicios animadores viemen á re- 
compensar nuestras tareas y las de nuestros colaboradores, 
y nos obligan á no desmayar en el camino en qme hemos en- 
trado y del que no noe separaremos. 

El regreso en agosto próximo, de nuestro amigo y com-. 
jipañero de redacción el doctor Navarro- Viola, nos ofrecerá 
un nuevo continjente de trabajos, puesto que él, como noso- 
tros, estamos resueltos á mantener este pieriódico. 

Agradecemos á los suscrítores, el apoyo que nos prestan 
y ]«s damos las gracias por su constancia. 

A los colaboradores de La Itevisia, les agradecemos tam- 
bién su desinteresada y asidua cooperación ; contando con ellos, 
es que empezamos un nuevo año de tareas, sin que sintamos 
desfallecer nuestras fuerzas. 

VICENTE G. QÜESAPA. 



fc » 



bibliografía 



Í.1 



A D I T A ^í E X T o 

KL Bií)^VE.10 DE LA REVOLIXIOX ABGENTIXV. 

(roncluslon.) (1) 

'^ Las bandas de música de los batallones cívicos núms. 
1 y 2 se situarán, la primera en la parte sur del jardín de 
la plaza y la segunda al norte, tocando allí alternativamente 
tlnsde las seis hasta las ocho de la ntx'he, hora en que todos se 
retirarán á kus cuarteles " — Sa^üiago dr Chile, 

Damos fin á la Monoh\h¡iograf¡a del Dean Funes con las 
breves observaciones que van á continuación: 

Ilablando de la Oración fúnebre de Carlos III, don Ma- 
nuel de Lavarden diw: **La oratMon fúnebre de Carlos III 
llenó toilas las ideas de mi giisto, cualquiera que sea. Yo 
no tenj^o voto para graduar su mérito ; pero tengo el derecho 
para manifestar mi agrado y aun para dar razón de él. No 
faltíS aquí quien quisiera parangonarla con la oración dei 
señor San All>erto: yo sostuve que habiendo elegido S. S. I. 
una proposición imposible, no podria confjcguir el fin de un 
orador que es el persuadir lo que propone. Por el con- 
trario, el orador de Córdoba probó todo la que propuso, y 
esto de un modo tan ma^'a vi lioso como que su proposición 
paree? ió á primera vista de muy difícil prueba, por estar «el 
auditorio prevenido contra la felicidad guerrera de Car- 
los ITT. Todos objetaban la pérdida de la Habana en su in- 

1. Véase la páj. ÓIS del tomo XV de esta "Revista 



»> 



BIBLIOGBAPIA. llü 

terior, pero; cuál fué bu admiración al ver refutada y dea- 
vanecida esta objeción! Nadie pudo resistirse á esta demos- 
tración del gran genio que habia ordenado tan admirable pieza. 

'* Desde entonces yo he cuidado de recoger todo lo que 
parece de la misma mano. ..." (1) 

Por ultimo, el capítulo ^e carta, que damos á continua- 
ción, escrita por el Dean Funes con fecha 15 de angosto de 
1802, tomada del tomo 12 de la colección de mss. del doc- 
tor Seguróla, existente en la Biblioteca pública de Buenos Ai- 
res, hará conocer el plan literario del autor que nos ocupa. (2) 

* ' Los planes literarios de que hablé á usted en mi ante ■ 
cedente se reducen á tres ensayos sobre diversas materias. 
El primero es una descripción general de todo este vasto 
obispado de Córdoba, en que deben recorrerse con ^espíritu 
filosófico, la ciencia económica y las demaa facultades que pue- 
dan contribuir así á la utilidad como al embellecimiento de 
este euadro. Conociendo mi iinsuficiencia jamás be em- 
prendido obra ó designio: siempre he dado principio por al- 
guna oasualidad: para esta anteoedió que habiendo trabaja- 
do á nombre de este obispo, y por su orden, un informe al 
Rey, tocante á lo material y formal de este obispado, espuse 
en cuarenta pliegos cuanto me pareció conducente ál asunto. 
La naturaleza de este escrito no permitía distraerse á otras 
materias que quedaron en silencio. De aquí provino que 
teniendo avanzado mucho trabajo, rae resolví al fin á formar 
la descripción general de que he hablado. La continúo con 
lentitud y mucho afán, así porque las ocupaciones de mis 
empleos son harto diarias y pesadas, como porque es nece- 
sario recoger conocimientos y noticias dte muy largas distan- 

1. Gutiérrez, "Estudios biográficos y críticos sobre algunos 
poetas sil d-ameri canos anteriores al siglo XIX,'' pág. 118. Nos per- 
oiíitimos llamar la atención sabré la "Correspondencia epistolar entre 
don Manuel de Lavarden en Buenoe Aires y el de don Gregorio Funes 
en Córdoba, co-piada de los autógrafos por Juan Maria Gutiérrez. '* 

2. El doictor don Juan Maria Gutiérrez tuvo la bondad de per- 
mitirnos sacar copia de ese capítulo de carta, sacióo por (ú 4 su 
Tez del autógrafo que existe, según creemos, en poder del doctor 
Olaguer Feliú. 



nS LA REVISTA DE BUENOS AIRES 

eiius. — El Otro enrayo tiene por título: ''HUtoria de la última 
conjuración del Perú, suscitado, por José Gabriel Tupao- Ama- 
rú y loB Cataris. " Para emprender este trabajo no me hpt 
retraído toda la delicadeza con que es preciao caminar por un 
campo tan erizado de abrojos. £1 deseo die la corte para 
mejorar nuestro gobierno permite oir verdades que en otro 
tiempo hubieran sido delito lel proferirlas : y mas si estas son 
sostenidas de todo el respeto que inspira la Magiestad. Lo 
que si me desalienta es no tezver unos orijinales sobre que 
pueda reposar toda mi confianza. Cierto amigo del Perú 
me regaló una colección de papeles de mucho mérito, pero 
algunos de ellos me pareoen sospechosos, examinados á la 
luz de una se\'era critioa. MU veoes he suspirado por dar 
unafl ojeadas á los autos y espedientes quie deben parar en 
esa. Este debe ser trabajo personal mió. La última de mis 
tareas es la historia de los obispos quie ha tenido esta igle- 
sia del Tucuman. Voy recojiendo materiales, y acaso alguna 
vez la veremos concluida. " 

El prospecto del Ensayo, para escitar á una suscripción 
para imprimirlo, apareció en la Oaceta Ministerial número 
124, del 5 de octubre de 1814 y el verdadero prospiecto firma- 
do por el autor se rejistra en la Oaceta número 14, diel 29 de 
julio de 1815. 

El tomo l.o, se puso á dispoBÍ<^ion de los suscriptores el 
11 de noviembre de 1816. 

En el número XVII de la Monobibliografia del Dean 
Funes, se ha deslizado un error notable, que no habiéndose 
pedido correjir á tiempo, lo hacemoa en este lugar. El 
lector debe haberse apercibido de él; tanto mas cuanto que 
mas adelante se hace referencia á un Ensayo, que no aparece 
mencionado. 

El verdadei"0 título de dicho número es, pues, como si- 
gue:— 

** Prólogo y 19 notas eruditas origínales al Ensayo sobre 
las garantías individuales que reclaman el estado actual de la 
sociedad." etc. 



BIBLIOOBAFIA. IV^ 

Al concluir, debemos manifestar que, en la coordina- 
ción del monógrafo del Dean Funes, habiamos omitido la 
cooperación que en ella ha tenido nuestro amiígo el doctor 
Carranza, poniendo á nuestra disposición la mayor parte de 
los materiales de que aquel se compone; y declaramos una 
vez por todas que hemos encontrado en dicho amigo una 
constante dilijencia en proporcionarnos y comunicarnos, sin 
procrastinacion, muchos de los datos y noticias que le he- 
mos pedido () que él ha juzgado de alguna utilidad para la 
consecución de nu»estro deseo. 

DOCUMENTOS 

deferentes al g¿fe de los Orientales, general don José Artigas, 
y otros de la época, á que hace referencia el autor (Ul 

BOSQUEJO. 

No hemos juzgado conveniente intercalar loa .impor 
tantes documentos que van á leerse á continuación, por no 
interrumpir la relación del señor Funes en su Bosquejo, cuya 
traducción acaba 'de verse. 

Tampoco fué posible ponerlas en forma de {nota, á 
causa de su demasiada «estension. Y como ellos se refieren a 
una época tratada por lel Dean, creemos quse, no habiendo po- 
dido consignarse >en el cuierpo de su obra, no estarán fuera 
de lugar aquí, tanto ma^ cuanto que hay contrariedad entre lo 
quie relata Funes y lo que se dice en ellos. Conviene, pues, 
á la historia imparcial se lea Jo de una y otra parte. 

SUMARIO 

De los documentos que se van á ver á continuación. 

1 Praclama circular del general ArtifOts, dada en Purificación 4 
11 de octubre de 1817 — ^H. Coinunieacio-n del gefe de los 
Orientales, al Supremo Director de Buenos Aires, sobro 
la neutralidad con los portugueses y negativa de la 
Union, datada en Purificación á 13 de noviembre de 
1817 — iTÍT. Proclama 6 aloicucion del seudóniíniK) "Los 
Orientales á los Bonaerenses'', datada en Paraguazú á 
1.0 de diciembre de 1817. Creemos que si no es de Ar- 
tigaSy es insT^iracion suy-a — IV. Anónimo que dá curiosos 
é interesantes datos sobre los sucesos de la época, coa 



^20 LA EEVISTA DE BUENOS AIRES 

alusión á los precedentes documentos— «V. Contestación 
de los habitantes de la Banda Oriental, con fecha 29 
enero de 1818, á l^t procJama del general Lecor de 29 de 
diciembre de 1817. 

I. 

El gefe Supremo Oriental á los Pueblos. 

Por una vulgaridad inesperada, he trascendido se deni> 
gra mi conduota por la desunión con Buenos Aires. 

Los Pueblos han sancionado por justos los? motivos^ 
que motivaron testa lid empteñosa, y que nunca mejor qxae 
ahora subsisten, según el manifiesto impreso en Norte Amé- 
rica, por los señores Moreno, Agnelo y Paso — ^y que he man- 
dado circular á loe Piueblos para su debido conocimiento. 

Becorda4 la historia de nuestras desgracias, la sangre 
derramada, los saerif icios de siete años, de penalidad y mi- 
seria, y todo convencerá mi ^empeño por no violar lo sagra- 
do de aquella voluntad, ni someterla a la m>enor degradadon^ 
que mancillase para siempre la gloria del Pueblo Oriental 
y sus mas sagrados derechos. 

He adelantado mis pasos con aquel gobierno, ansioso de 
sellarla sin estrépito, y en cada uno he hallado un nuevo im- 
pedimento á realizarla. 

Si esta idea, no «afrtá bien grabada en el corazón de los 
Pueblos^ ruégeles quieran aceptar estos mis votos. 

Los pueblos son libres á decidir de su suerte — y mi de- 
seo todo, diecidido á wespetar su suprema resolución. 

Si la autoridad con que me habéis condecorado, es un 
obstáculo a este remedio, está en vuestras manos depositar 
en otro, lo sagrado de la pública confianza qire ajuste vues- 
tras ideas a los du?beres que os impone la Patria, y el voto de 
vuestros conciudadanos. 

Yo m-e doy por satisfecho, con haberlos llenado hasta el 
pnesente con honor, y contribuir por mi parte á concurrir á 
sellar la felicidad del Paás. 

Espero, hará usted inteligible esta mi d<^ciesion á todo el 
Pueblo del Estado de la Provincia Oriental, y me responda 



bibliografía. 121 

abiertamente de su resultado, para adoptar las medidas con- 
vementes. 

Tengo el honor de saludar á usted con todo mi respeto. 

Purificación, 11 de octubre d)e 1817. 

José Artigas. 
II. 

Comunicación del gefe de los Orientales, al Supremo director 
de Buenos Aires, sobre la neutralidad con los Portugue- 
ses y negativa de la Union. 

Escelentísimo señor — ¿Hasta cuando pretende V. E. 
apurar mis sufrimientos? Ocho años de revolución, de afa- 
nes, de peligros, de contrastes y miserias debieron haber bas- 
tado á justificar mi decisión y rectiliicar el juicio de ese go- 
bierno — El ha reconocido en varias épocas la dignidad del pue- 
blo oriental — El debe reconocer mi delicadeza por la inaliena- 
bilidad de sus derechos sagrados. Y V. E. se atreve á profa- 
narlos? iV. E. «empeñado en provocar mi moderación? 
¡Tiemble V. E. solo al considerarlo. 

Por especiosos que sean los motivos á garantir esta 
conducta, ella es incompatible con los intereses generales — 
Promovida la agresión de los portugueses V. E. es criminoso 
en repetir los insultos con que los enemigos creen asegura- 
da su empresa. — En vano será, que V. E. quiera ostentar 
la generosidad de sus sentimientos — Ella es desmentida por 
el orden másmo de los sucesos, y estos convencen que V. E. 
és mas escrupuloso en complicar los momentos, que en pro- 
mover aquella santa energía, que reanima á los libres contra 
el poder de los tiranos. 

De otra suerte ¿como podia V. E. haber publicado en el 
último diciembre (1) el pi^etendido reconocimiento de la 
Banda Oriental? Crimen tan horrendo pudieron solamente 
cometerlo manos impuras — ¿Y V. E. se atreve á firmarlo? 
Ptero es perdonable. Era conforme á los misteriosos planes 
1. Gaceta estraordinaria de l.o de diciembre de 1816. 



122 LA REVISTA DE BUENOS AIEES 

de V. £. derribar al mejor coloso, contra la iniquidad de sus 
miras — Los pueblos entusiasmados por su libertad, debian 
de ser sorprendidos, los peligros se encaneciieron por ins- 
tantes y «el reconocimiento en euestiion era el mejor apoyo á las 
ideas de V. E. — V. E. apresuró este paso, y empezó a desr-u- 
briise el curso majestuoso de sus reservas, por nuestra eonum 
I>erdicion. 

Efeotivam-ente, conoeia usted mi dignidad y sabia que 
un justo reproche lera todo el resultado, debido a su perfi- 
dia — Sin embargo, este era el ped«estal en que debia V. E. 
asegurarse contra las invectivas de la neutralidad mas ver- 
gonzosa. Ella jamás podrá cohon<estar delitos t%n mani- 
fiestos; por ella ha permitido V. E. trillar ^ paso con la es- 
portaeion de trigos (1) á Montevideo, al tiempo mismo que 
nuestras armas afMgian con el asedio de aquella plaza. 

V. E. debe confesarlo; aunque pese á su decoro, es un 
hecho y lo es igualm'ente que solo con tasa y mengua ha per- 
mitido trasportarlos á los puertos orientalies. Por ella se 
autorizó, á V. E. á disponer la escuadrilla y a promover la 
insurrección de la Banda Oriental — Por ella formó V. E. el 
triste proyecto de repetir terebra espedicion sobre Santa Pé. 
y animar las intrigas del Paraná — Por ella, protejió V. E. á 
los portugineses pri«ionero8 que fugaron de Soriano — ^Se au- 
torizó para devolverlos al general Portugués, i y cómo no se 
acordó V. E. de practicar igual generosidad con el gefe de 
los orientales, devolviéndome las armas y útiles de guerra, 
que tenia á su bordo el buque en que fugaron? Por ella, en 
fin, logró V. E. mézclame á tiempo oportuno para avivar la 
chispa de la discordia, para compktarse con loe portuguesa*? 
y tramar la deserción del rejimiento de libertos á la plaza, 
franquíeándoie el paso, recibirlos V. E. en esa, como un 
triunfo — ^TTn hecho de esa trasoendencia, no puede indicarse 
sin escátídialo. Y V. E. es todavia el Director de Buenos 



1. Véase ^^Oaoota de Buenos Aires'* número 24 de 14 de junio 
de 1817. 



bibliografía. 123 

Aires ? Un gef e portugués no hubiera operado taa descarada 
mente. 

Cualquiter imparcial mirará con indignación unos es- 
pesos, que solo pueden merecer aprobación en el descalabro 
<ie V. E. ; ellos reconocen un origen ma» negro que la f ria 
Dfcutralidad. Continuarla, empero, es un crimen — ^Por mas 
^U'í? se quiera desfigurar el mérito de nuestras diferencias, la 
.sana razón dieta que su discusión es importuna á presencia 
del estranjero ambácioso. 

Yo mismo he dado á V. E. mas de una vez, el ejemplo. ¿ Y 
V. E. no se atreve á imitarlo f i Oh I ¡ qué dulce es el nombre 
de la patria, y qrne áspero el camino de la virtud ! 

Xo se ocult(') á la finura de V. E. aquel rasgo de filan- 
tropía sin trazcioiiar su propio convencimiento, no podáa 
V. E. ser indiCertnte á la detestable incursión del general 
I/ecor en nuestro territorio. Lo requirió por conducto del 
coronel Viedáa, y ¿como desconoce ahora V. E. la obra de 
«US manos? No son los portugueses d<e estie año, los mismos 
del pasado? ¿Ahora ty 'entonces no subsistían las mismas 
diferencias? ¿No a<!ababa V. E. de ultrajar la dignidad del 
pueblo de Santa Fé, y en ella la de las demás? Confiese V. E. 
-que solo por realizar sus intrigas puede representar ante el 
púhdieo el papel ridículo de un neutral. Por lo demás, 
el supremo director de Buenos Aires no debe, ni puede 
iserlo. Prefiero esta verdad, para que V. E. no haga va- 
na ostentación de su debilidad — ^V. £. mismo es su miejor 
acusador. ¿No reconvino V. E. al general portugués por la 
conminatoria proclama contra lo« orientales? ¿Por qué 
principió tal requirimiento, siendo V. E. un neutral un indife 
rente á nuestras desgracias? — Pero sea V. E. im neutral, un 
indiferente ó un enemigo, tema justamente la indignación 
ocasionada por sus desvarios: — tema, y tema con justicia el 
desenfreno de anos pueblos que, sacrificados por el amor de 
la libertad, nada les acobarda tanito, como pertllerla. Desis- 
ta V, E. de concebir tan pobre pensamiento, que sobre los 
fragmentos de sus ruinaa, podrá cimentarse algún dia, el 



124 LA REVISTA DE BUENOS A1RE8 

t 

m 

alto Capitolio que símbutlieie nu-estra degradación. 

La grandeza de los orientales, solo es comparable á si 
misma. Ellos sal>en desafiar los peligros, y superarlos: re- 
viven á la presencáa de sus opresores. Yo á su frente, mar- 
charé donde primero se presente el peligro — V. E. ya me 
conoce, y debe temer la justicia de la reconvención. 

V. E. no hace mas que repetir insultos, con que ofen- 
den nuestra dignidad: cada dia se renuievan, con descrédita 
de la común felioádad, y V. E. no debe creerme insensible. 
Yo en campaña, y repitiendo las sangrientas escenas de la 
guerra contra los injustos invasores y V. E. debilitando 
nuestra energía, con la mezcla de unos negocios que no de- 
jan de eseitar fundadas sospechas — Yo empeñado en el con- 
traresto de los Portugueses y V. E. en favorecerlos — En mi 
lugar ¿V. E. mismo hubdíera mirado con rostro sereno estas 
desgracias? Confieso á V. E. que haciendo alarde de toda 
mi moderación, hie tenido que violentarme por no compli- 
car los preciosos instantes en que la patria reclama la re- 
concentración de sus esfuerzos. Por lo mismo, brindé á V. 
E. con la paz, y V. E. provocóme á *la guerra. Abrí lo» 
puertos que d»ebia mantener cerrados por razones podero- 
sas; devolví á V. E. los oficialt« prisioneros que aun no ha- 
!)ian purgado el delito de sus agresiones y violencias sobre la 
inocencia de los pueblos. V. E. no puede negarlo ni deg^- 
mientir estos actos de mi generosidad, sin que V. E. haya po- 
dido igualarlos, después de sus continuadas promesas por la 
reconciliación. 

Es ver»dad que V. E. franqueó algún armamento al sitio» 
y Paraná, pero sin darme el menor conocimiento — Esa do- 
ble intención de V. E. diescubre el germen fecundo de sus* 
máqiiinaciones : — Convenia á las ideas de V. E. ponerse á 
cubierto de la nesponsabi........ lU» su inacción ante el tribu- 
nal 5?evero de los pue])los ¿y cree V. E. eludirla con remi- 
sión tan rastrera? ¡No acabamos de tocar sus resultados en 
las conspiraciones del sitio y Paraná? ¿Podrá ocultarse & 
los pueblos que siendo distribuidas las armas sin el cono- 



BIBLIOGBAFIA. 12« 

cimiento de su g»efe, esos debían ser los efectos? Deje V. K. 
de ser generoso, sá han de esperímentarse tan terribles conr 
secuencias. Deje V. E. de servir á la patria, si ha de oscu- 
recer su esplendor con tan feos borrones — No, Exmo. señor, 
no es V. E. quien ha de oponerse á la ambición del trono del 
Brasil; y de no ¿por que renueva á cada momento nuestras 
desgracias, debilitando los leafuierzos que debian escarmen- 
tarla 1f De suerte que V. E. puede gloriarse, no de haber 
servado á la patria, sino de haber apurajdo mi constancia, 
hasta hacerme tocar el estremo de la desesperación — lie su- 
frido i y V. E. ha tenido la osadía de acriminar mi compor- 
tamiento en público y en secreto? i»áoy yo por ventura, co- 
mo V. E., que necesita vindicarse con el público y asalariar 
apologistas en su favor? Hechos incontrastables son el me- 
jor garante de mi conducta; ¿y de la de V. E.? Los que re- 
fiere el cronista y otros tantos que deben esi>erar8e. 

A mí me toca esprejsar uno solo. V. E. no ha perdo 
naldo espresion por manifestar sus deseos hacia nuestra re- 
conciliación : yo, haciendo un paréntesis á nuestras diferen- 
cias invité á V. E. por el deber de sellarla, ó ai menos por la 
sanción de un ajuste preciso, para multiplicar nuestros es- 
fuerzos contra el poder de Portugal. Tal fué mi propuesta 
en junio de este año. Pedí al efecto diputados á V. E. ador- 
nados con plenos poderes, para «estrechar los vínculos de la 
unión. V. E. no pudo desconocer su importancia, y se com- 
pron^etió á remitir los diputados: Obra en mi poder la res- 
puesta de V. E. datada en 10 del mismo junio — En conse- 
cuencia, anuncié á los pueblos el feliz resultado de mi pro- 
puesta. Todos esperál>amos con ansia ese iris de paz y con- 
cordia, — i Ni como era posible esperarse que V. E. ^dejase des- 
airado el objeto de mis votos! Pero es un hecho, sin que has 
ta el presente otro haya sido el resultado, que un desmayo 
vergonzoso con que se cubre de ignominia el nombre de V. E 

Para eludirla debia escusarse V. E. contra las tentati- 
vas del pueblo mismo de Buenos Aires: de aquí la vulgaridad 
de que yo había ofertado á V. E. diputados quQ se esperaban 



i 26 JLA BE VISTA DE BUENOS AIRES 

con el propio fin. Eg may poca dignidad en V. E. negarse 
tan descaradamente a los intereses de la conciliación y acri- 
minar por ocultar sa perfidia: es el último insulto con que 
V. E. me provoca. ¿Y quiere V. E. que calle T Tal impos- 
tura es perjudicial a los intereses de una y otra banda. V» 
£. es un criminal é indigno de la menor consideración — ^Pe- 
siará á V. E. el oir estaa verdades; pero debe pesarle mucho 
mas haber dado los motivos bastantes á su esclarecimiento: 
Ellas van estampadas con los caracteres de la sinceridad y de 
la justicia. — ^V. E. no ha cesado de irritar mi moderación ; y 
mi honor reclama por su vindicación — Hablaré por esta vez^ 
y hablaré para siempre — ^V. E. es responsable ante las ara* 
de la patria de su inacción, ó de su malicia contra los inte- 
reses comunes, — Algún día se >evantará ese tribunal severo 
de la XacÁoui y en él debe administrarse justicia 

Entre tanto, desafio á V. E. al frente de los enemigos^ 
para combatir con energia, y ostentar todas las virtudes que- 
(Jeben hacer glorioso el nombre americano. 

Tengo el honor de saludar á V. E., y reiterarle con 
toda consideración mis mas cordiales afectos — Purifícacion 
y noviembre 13 de 1817 — José Artigas — Exmo. señor don 
Martin de Pueyrredon Supremo dineetor de Buenos Aires. 

Es copia del original — Ramírez. 

Se publicó en la Villa de Gualeguay á 23 de noviembre de 1817» 

Gervasio Correa, 

III. 
Los Orientales á sus compatriotas los Bonaerenses, 

Compatriotas : ¡ Es poaihle que entre los orientales y bo- 
naerenses, siendo todos de una misma familia, de un mismo* 
linaje, de un mismo origen, y de una misma causa, no ha de 
haber, ni se ha de encontrar un medio de reconciliación que 
dé ñn á nuestras domésticas disensiones, dimanadas sola- 
miente sobre la opinión de la forma de gobierno! ¡Es posi- 
ble que esta sola política cuestión sea tan trascendental en 
los ánimos de nuestros gefes que, postergando la felicidad 



BIBUOGRAFIA. 127 

general de nuestra justa independencia se procuren aniqui- 
lar unos á otros, destruyéndonos miserablemente por partes» 
para que á su vez, seamos todos presa de nuestros irrecon- 
ciliables enemigos! ¡Es posible que no hemos d<e saber la 
causa oculta de estas animosidades entre los gefes de unas y 
otras provincias ! ¡ Es posible qrte no hemos d)e saber cuál es 
la forma de gobierno, porque nos acriminan los bonaeren- 
ses, ni cuál es la que quieren las otras provincias, induso 
el gefe actual que dirige á los orientaks! — ^No, amados eom- 
patriotas bonaerenses, la indepiendencia y causa común qae 
defiienden loei orientales, santafeeinos, condobeses y paragoa- 
sanoe y otros, es una misma, y sn misión jamás ha sido di- 
suelta; ha sido si una mera descomposición de ánimos^ co- 
mo la que genrcral y naturalmente sucede en una casa de fa- 
milia, entre el padre y madre, sobre a cuál de los hijos se qul*s- 
re m«s — ^y como las disputas que entre padre y madre su 
aaelen originar, el uno por defender al mayor y la otra por 
defender al menor, porque sueede que, — dei^^iiea de dos ó 
tres dias de incomodidad se avienen y conviencen uno y otro 
de que aquella diaencion provino del demasiado amor y ca- 
riño de sus hijos — Asi pues, amados hermAUos y compatrio- 
tas» debemos considerar que las desazones y discordias de 
nuestros gefe», á quienes miramoa nosotros^ como padre 
y icUos como hijos de la patria, proviene del demasía- 
lo amor que nos tienen — y que cada nno de ellos 
piensa que su opinión es la mejor y la mas s^ura pa- 
ra aeabar de consolidar nuestra justa independencia y 
libértala. Si, queridos hermanos, esto es lo que piensa 
el Oriental Guaraní, y lo mismo que cree pensarán ustedes, 
i Y eómo, pues, podremos entre todos nosotros reconoiliar 
á nuestros padres, á que conozcan el evidente peligro á que 
por su demasiado amor, nos esponen y tienm ya espuestos 
y envueltos entre una serie de males y fatalidades que nues- 
tros enemigos, aprovechándose de esta oportunidad, nos es- 
tán ^devorando, robando y matando con la mayor inhumani- 
dad, que hasta ahora han conocido los hombres? Ya míe pa- 



a28 LA REVISTA DE BUENOS AIRES 

I ■' 

rece que oigo la respuesta que me dais; ¿cómo? de esta ma- 
nera, postrándonos todos á los pies de ese soberano Con- 
greso, pidiéndole enearecidam«ente mire por todos nosotros. 
Que como representantes de nuestra Patria Indiana, libre 
desde la creación del mundo, sobre la que jamás tuvo, ni 
pudo tener dominio alguno, el continente ultra-marino, 
avengan y convenzan á nu»estros gefes bonaerenses y orien- 
tales, de que su desazón y ddsgiistos provienen del demasiado 
amor que cada uno tiene á sus Provincianos, y que todos 
ellos y nosotros, por este demasiado amor, nos vamos per- 
diendo miserablemente, hasta nuestro total esterminio, 
nuestros hijos, nuestros biienes y nuestras vddas van todos, 
todos á perecer en las manos de nuestros «enemigos, si ese 
Soberano Congreso, no pone remedio é interpone su media- 
ción suplicatoria entre los Gefes Bonaerenses y Orientales y 
los demás Provincianos. Cuántas reflexiones pudiera ha- 
ceros sobre este particular; pero estoy persuadido que vo- 
sotros loa tenéis muy presentes y muy á la vista, pues ya 
tampoco estáis muy lejos de esperi mentar las nuievas cade- 
nas con que os van hostilizando, y cerrando la puerta de es- 
te hermoso Rio de la Plata, los huéspedes que á la muda y 
á la sordina, para que los entendáis mejor, los Portugu-eses, 
operan unidos y acordes con la nación española. Pues ya 
están apoderados de la isla de Lobos, con los productos de 
3U pesca y de la isla de Flores, delineada para formar un 
torreón de vigía, y no tardarán en apoderarse de la isla de 
San Gabriel, islas de Hornos y Martin García, y en seguida pa- 
sarán á los demás puntos de los Entre Rios y Paranases. 

Os he hablado siempre, queridos hermanos compatrio- 
tas, con el amor y la unión de nuestra alianza y federación. 
pero nalda bemos podido conseguir, y así os pronostica y 
pronostican los Orientales Giiaranies, que la suerte de los 
Bonaerenses será la misma que tuvieron en la conquista los 
mejicanos con los Tlazealtecíis — Dios no lo permita — ^Para- 
naguazú, dicdembre l.o de 1817. 



BIBLIOGBAPr.V. l2 



if 



Los Orienfales á los Bonaerenses. (1) 

IV. 

Señor Censor de la Ciudad de Buenos Aires — San Salvador. 

Mi estimado amigo y señor: Yo no sé porque no refie- 
re usted, en 'estracto las dif>erentes noticias que llegan á sus 
manos, las ciertas como ci'ertas, y las dudosas como dudosas. 

Aquí corre la noticia que el señor Director die Buenos 
Aires,ha cedido la Banda Oriental á los Portugueses, como 
áíolwrano del Poder Ejecutivo, Representante de las Provin- 
cias, que se dicen Unidas del Rio de la Plata, sin haberse vis- 
to hasta ahora los pactos y condiciones de iesta unión (pues 
toda unión tienie pactos y condiciones), ni las demarcacio- 
nes de esta Provincia. Dígame usttnl si es verdad, para liar 
todas mis cosa.s, y pasarme al Paraguay, como también, de si 
i^se santísimo Congreso, que paret^e se compone d-e curas, ca- 
nónigos y frailes, en su mayor número, que según dicen, juró 
la integridad de las Provincias Independientes del Rio de la 
Plata, ha discutido este infií^reaante punto — bi-en que como 
es asunto de sangre, no querrá meterse. 

Aquí lo tenemos casi por c^ierto, por cuanto los Portu- 
gueses se han apoderado de la isla de Lobos, y del producíto y 
fondo de su pesca, para su real Erario, según las últimas car- 
tas que se han recibido, y sabemos tam])ien, por una laneha 
que vino de la Colonia, que hablan pasado á la isla de Flores, 
y delineado un torreón en ella para sus vigias, y que por ins- 
tantes se esperaba en Montevideo una escuadra sutil de lan- 
chas cañoneras que deliia venir del Rio Janeiro, para engrosar 
la qu« había en aqu»el, en el cual también se armaban dos 
bombarderas que, reunidas entre chicas y mayores, llegarán 
á treinta buques. 

1. La felieidatl que ofrecía Artigas, no está en consonanc'a 
COTÍ la esoena que presentaba Entrojrios en aquel año, cuya pob!a 
cien renunciaba á ella ei'iiírando á Buenos Aires. Mas áe quinien- 
tas peraonaft entre hombres», mujeres y niños alojados por el 
ífobiemo y alimenta-dos de los fondos del Estado. 

(Véase la '* Gaceta" número 54 de fecha 17 de enero de 1818.) 



.rt LA REVISTA DE BUENOS AIRES 

También trajo la noticia de que las tropas portuguesas, 
que ocupan Montevideo, hasta lel Miguelete únicamente, ha* 
bian suspendido su salida á la campaña contra el General 
Artigas, por la noticia qu«e tuvieron de que las tropas d^el se- 
ñor Pueyrredon en Buenos Aires habian pasado a la BaiKla 
Oriental para batirse contra los Orientales, ó mejor diremos, 
contra el Gef« de ellos, el Q»eneral Artigas, que defiende loa 
derechos del Sur-América y su independencia, contra los Es- 
pañoles y Portugueses y que de consiguiente, escusaba el Ge- 
neral Portugués marchar con sus tropas contra la Banda 
Oriental, ilespecto á que, la generosidad del Gobierno de Bue- 
nos Aires, fe empeñaba en evitarles perder su gente en el po- 
sesionamáento de lesta Provincia Oriental, á nombre del Bey 
de Portugal y del Brasil. 

Pero, amigo, aqui entre Jos dos, ¿que habrá adelantados 
Buenos Aires, cuando baya generosamente destruido á lo» 
paisanos de la Banda Oriental, y cuando toda ella esté do 
minada por los Portugueses? Yo no alcanzo á ver otro re- 
sultado, sino su decadencia total; y á los pocos años hallarse 
reducida la opulenta Buenos Aires, á la situación de una 
triste aldea. Son muy obvias la multitud de razones que lo 
piersuaden, porque ¿de qué comercio disfrutará? ¿Qué de 
rechos percibirá, siendo la navegación del Rio de la Plata y 
de esta Banda Oriental y Entre Ráos, común de los Portu- 
gueses? ¿Qué corambres exportará? Es regular que la na- 
vegación de este Rio sea prerogativa esdusiva de los Portu- 
gueses y otros estrangeros, y en este caso ¿que competencia 
podrá tener Buenos Aires (que no tiene buques de navega- 
ción esterior), con los Portugueses, que cuentan sobre cuatro 
mil empleados en su comiereio? ¿Quién, pues, llegará á dis- 
frutar «esclusivamente del importante comercio del Paraguay 
en su importación? La cuestión no admite duda^ Después 
de todo ¡qué contrabando! j Qué manantial de continuas dis- 
cordias! ¡Qué desprecios y mortificaciones no tendrá que 
sufrir Buenos Aires ! ¡ Cuan menos mal hubiera sido, en lu- 
gar de aniquilarse mutuamente, reconocer la Banda Oriental 



BIBLIOGBAFIA. líf 

independiente y confederarse con ella, á imitación de las Pror 
yinciae de Norte-América ó adherir politicamente á todo lo 
que el General Artigas hubiese querido con respecto á su 
Provincia. Esto al fin hubiese sido un mal momentáneo, y 
no hubiera comenzado la existencia política y comeicial di 
Hmenos Aires, porque i á quien se le podrá oscurecer, que aun- 
que se le hubieso atribuido al general Artigas el atributo 
•le bárbaro y despótico su gobierno, (que aun est^i esto en ¡pro- 
blema, porque desde 1811, hasta el presente, ha «estado la pro- 
vincia con las armas «n la mano, y con la guerra mas feroz 
dientro de su territorio) y de ineptos sus satélites y delegados, 
y otras mil circun^ancias que hubieran precedido, hubieran 
conducido, por su propia virtud, esta provincia, bajo la in- 
ñuencia y mando del mejor orden y unión pacíficamente con 
rtuení 8 Aires y sus mas amables relaciones mercantiles, y ade- 
mas la hubiera siempre tenido como un antemural contra 
cualquiera Pot^^ncia estrangera, que hubiese intentado la in- 
vasión d)e la Banda Oriental y Occidental. En fin, yo espero 
que, como patriota y hombre de sobresalientes talentos, rec- 
tifique usted mis ideas, sin son erradas, porque talvez el amor 
que tengo á mi pais, y el cruel dolor que m-e atormenta al con- 
sidieriar, la preciosa sangre que se va á derramar (¡y para 
qué ! ¡ gran Dios !) me priva de \aa facultades de más sen- 
tidlos. 

Hemos visto, y usted ha visto, la copia del oficio que par 
só el general Artigas, al exmo. señor Pueyrredon, con fecha 
13 de noviembre último, qu-e me supongo no será muy públi- 
co en Buienos Aires, y al cual, dicho señor esoelentísimo, contes- 
to al instante, mandando tropas para batido, pareciendo, sin 
duda, que son pocos diez mil Portugueses que invaden esta 
Provincia, ó porque supo la acción gloriosa que acaba de te- 
ner Lavalleja sobre los Portugueses en las Fronteras — Este 
modo de argumjentar y de desengañar al público, acerca de 
las dudas que la lectura de aquel oficio ha infundido en el 
ánimo de la Provincia, y aun de estrangeros, con respecto á 
ha intenciones y virtudes patri^óticas del señor Director pue* 



1 9 LA EEVISTA DE BUENOS AIRES 

de ser muy bueno, pero no es siempre el mas conveniente ni 
el mas seguro. 

lie dicho á usted mis sentimientos, y quedo á recibir los 
suyos — Soy patriota liberal inkiependiente. 

San Salvador, Enero 15 de 1818. 

El Patricio se lo avisa. 

P. D. — Acabamos de saber qute las tropas de Buenos Ai- 
res, mandadas por el señor Pueyrredon, contra las tropas pa- 
triotas del general Artigas, se han batido unas contra otras, 
y que el general portugués Lecor las lestaba mirando desde 
Montevideo con todo su ejército — y luego que vio la destruc- 
ción de unos y otros americanos, dijo: — Qu«e no creia tener 
tan buenos amigos ; pues unos y otros á porfía se mataban pa- 
ra acabarle die entregar estos dominios, y qu»e ya tenia el paso 
franco, para pasar á los Entre Rios, tanto por mar como por 
tierra, }' que ya no necesitaba que viniese por la Frontera mas 
fuerza, pues mejor era conducir por mar todo sii ejército, con 
sus buques d«e guerra, al Arroyo de la China, y acampado en 
los Entre Rios, hasta la primavera, comenzaría á operar «en 
aquella provincia, para el mes de octu])re ó noviem])re — ^El 
general A^rtigas tendrá una fuerza de 6000 hombres, si yo lo 
ataco, para destruirlo necesito perder otro tanto número de 
gente, y queíclo yo muy débil; con que mas vale que me e^é 
quiíeto y que las tropas del amigo Pueyrredon lo ataquen, 
que. aunque no lo venza puede quitarle siqui«era 2(X)0 hombres, 
y otros tantos «;ue pierda el ejército de Pueyrredon que tes lo 
mas quie pueda oponerle, ya son cuatn) ó cinco mil ameri(*anos 
despedazados v destruidos, y la mayor ventaja mda es la des- 
tru(ícion de otras tantas familias, compuestas de mujeres y 
niños, que disminuirán la población de la Banda Oriental y 
Entre Rios y Buenos Aires; con qu'e así (les dijo á su Plana 
mayor) vamí^s en calma, que para entrar en Buenos Aires y 
Entre R«ios ya casi no necesitamos gente, mayormente si baja- 
mos por Santa Fé á quien Buenos Aires también destruye. 

Dijo bien el sreneral Artigas; y así, mi amigo, ya no píen- 



BIBLIOGRAFÍA; Ut 

80 irme aj Paraguay, me voy á embarcar para Guinea, quiero 
mas bien estar entre los negros qu-e entre mis paásanos loa 
americanos. 

V. 

Contestación que dan los habitantes de la Banda Oriental á la 
proclama que, con fecha 29 del próximo pasado diciem- 
bre, les dirigió el señor don Carlos Federico Le^cor^ gene- 
ral en ge fe del EjércHo Ltbcitaiw, á nombre de su sobe- 
rano, en que ofrece toda protección y amparo á los citOr 
dos habitantes. 

Nosotros estamos penetradas hasta la evidencia, de su 
prudencia, moderación y considieraciones que gieneralment-e 
ha dispensado ¿ todla clase de individuos que ha caido en sus 
manos, cuyas relevantes prendas mierecen todo nuiestro rea- 
peto — ^y seguramente no dudaríamos un momento de las ge- 
nerosas ofertas con que nos brinda, sino lestuviésemos palpan- 
do los escándalos hechos que diariamente se 'experimentan en 
toda la Frontera, internándose los habitantes diel continente, 
ausiliados d)e algunas tropas de milicias y veteranos mas de 
50 leguas en nuestro territorio, arrasando completamente todo 
cuanto encuentran, llevándose todas las haciendas, tanto va- 
cunas como caballares y lanares — cargando de las estancias 
cueros, selx^s, carretas, buteyes, muebles y hasta las ollas con 
indecencia inexplicable, quebrando y deshaciendo lo que no 
pu«eden llevar ; y lo qué es mas, asesinando impunemente á 
los indefensos y pacíficos mora'dbres \le esta campaña, lo qi>e 
han egecutado ^m diferentes puntos, d«e los que nombraré uno 
por mas públi(!0 — ciij'o hecho atroz ha horrorizado hasta lo 
infinito — el que fué eg^ecutado por una reunión de hombres 
al mando del oficial de milicias Estntxildo — cual es lo acae- 
cido en la estancia del pacífico vecino Romualdo de la Vega- 
asesinándolo y a su hermano Francisco y á Pedro el gordo, 
dejando á su h.jio con los balazos; pasada la cara de una á 
otra parto y roto un brazo; á que se siguió el saqueo de toda 



X H LA BEVISTA DE BUENOS AIBES 

'la casa, y después de todas skis haciendas, dejando «n el mayor 
desamparo á ana esposa con siete hijas, todas a su cargo, y re- 
ducida á la maj'or escasez, y otros pormeaor>?s que x>or decen- 
cia se reser\'an — En otros varios puntos han hecho otro tanto, 
añadiendo el vil y bajo procedimiento de llevarse una porción 
de niñas, arraneándolas de su casa á la f uensa, habiendo pre 
oedido el saqueo, con todo lo demás que queda dicho — ^Estos 
hechos tan abominables como públicos, han paralizado los 

efectos que podian causar las ofertas que en la citada procla- 
ma se nos anuncia, y deducen completamente el buen nombre 
de S. £. Pregunto ¿bajo estos principios podremos resolver- 
nos á fijar nuestras <esperanza3, confiados en esas promesas, 
máxime cuando testamos perfectamente orientados, que de to- 
dos estos hechos tiene conocimiento y da permiso para ellos el 
señor teniente general don Manuel Marques, gobernador de 
la frontera? Tanto es mas difícil contestar a estos hechos, 
cuanto se vé que esperimentan igual desolación, las haciendas 
que pertenecen á muchos de los mismos que están en la Plaza, 
sus estancias son igualmrente «aqut-adas, arrasadas, y destrui- 
das, y su suerte en -el particular no se diferencia de la de los 
demás en manera alguna. No hay medio: estos desórdenes, 
6 los ignora el general Lecor, ó no puede remediarlos; esto 
segundo parece imposible, si se considera que sus tropas son 
arregladas, que pertenecen á un gobierno establecido, á un 
gobierno que por lo mismo die ser monárquico i*eune en sí to- 
do lo preciso al mejor orden ^ en cuanto le concierne, y á un 
gobierno cuyo objeto sobre esta provincia jura ser protección, 
pacificación é impiedir á todo costo la progresión del desorden. 
¿ Acaso será preciso perpetuarlo por su parte para contener- 
lo por la nuestra? Todos convenimos y al fin bajo todo aspec- 
to, vendrán á cesar los robos, i)orque no habrá en qué ejer- 
cerlos. Las providencias del general Lecor, después de estos 
avisos, serán las únicas que harán conocer, si las cualidades 
que le hacen estimable, por su persona, le acompañan 6 no, al 
mirarlo como gefe, y si los fines proclamados para ocupar este 



BIBLIOaRAFIA. Ul 

territorio, no están en contradicción con las intenciones. 

Banda Oriental, 29 de enero de 1818. 

ANTONIO ZINNY. 



U REVISTA DE BUENOS AIRES. 



Riitorii Amerlcani. [literatura y DerBcho 



AÑO VI. BUENOS AIRES, JUNIO DE i868. No. 6t 



HISTORIA AMERICANA. 



REFLEXIONES 

Sobre las circunstancias criticxis en que se halla actualmente 
esta ciudad de Buenos Aires, bloqueada y amenazada de 
invasión por losi ingl^s^s, y se proponen algunos medios 
que pueden ser oportunos para su defensa, 

(Conclusión.) (1) 

Suplemento al Plan que formé paia la Defensa en esta ciudad, cuando 
estaba bloquea-da y amenazada de invasión por los injirieses nues- 
tros enemigos, y lo concluí en 20 de abril del presente año; pero 
por un acaso de aquellos que la prudencia banana no pudo pre- 
veer, no llegó oportunamente á manos del Señor C-apitan «general; 
y por consiguiente no se pudo hacer uso de él sino en una pequeña 
•parte. 'Pero como el riesgo no deja de amenazar, intento ahora 
con mejores conocimientos promover su plantificación, para que 
aun cuando no se to.onsidere útil en todas sus partes, se pueda ele- 
gir lo que convenga; á cuyo efecto podrá ser útil este s-nplemento; 
como fruto de las observaciones que hice en los dias del ataque y 
«meditaciones subsecuentes. 

Asi como la experiencia manifiesto len aquellos difus y con 
particularidad en el 5 de julio, la utilidad que pudo producir 
á esta ciudad y sus moradores, el hal)er plantificado y pu-esto 
en uso aquel plan; asi también, descubrió sus defeiítos y la 
neciesidad de aumentar otras medidas y precauciones que pue- 
den ser muy importantes por «i acaso intentan los enemigos 

1. Véase el tomo XVI. pág. 19. 



PLAN DE DOBLAS. ]37 

repetir sus tentatíva^}. Con e«te propósito, como fiel vasallo del 
Rey Nuestro Señor, buen patriota y verdadero Católico Ro- 
mano: soy y seré incansable len todo aquiello que considero 
puede propender (aunque sea débilmente) á tan heroicos mo- 
tivos, y con el mismo procuraré apuntar seneillamente aque 
lias correccion^es ó variaciones que en mi concepto necesita 
mi Plan; ^ también las providencias y precauciones de que 
carece: 

Habiéndose reconocido lo inútiles que hubieran sido las 
dos divisiones que propuse «en mi Plan, para colocarlas á los 
costados del recinto fortificado, porque se ha visto que la tro- 
pa dislocada ó prolongada con alguna separación del cuerpo 
prindpaj del ejército, la puede cortar el enemigo con facili- 
dad; soy de sentir que aquella idi^a se abandone entera mentt» ; 
y qu-e la tropa de infantería que habia de emplear»e en aque- 
llas divifiiones se incorpore al pecinto fortificado, con toda la 
artálleria gruesa y pertrechos de guerra sin dejar fuera de él 
cosa alguna de estos artículos; porque se ha visto que para 
cubrir aquieUos puntos, es menester debilitar considerable- 
mente el cuerpo de batalla, y nos esponemos á que el enemigo 
aumente sus fuerzas, si por desgracia se apodera áe ellos. En 
este concepto me parece mucho mejor destiaiiar las tres cuar- 
tas partes de nuiestra infantería disciplinada, para guarnec-»er 
•el recinto, dividiéndola en tres brigadas con sus respectivos 
gefes : estas se deberán «emplear una al Sur de la plaza mayor^ 
otra al Norte, para que guarnezcan el recinto jíot toda su es- 
t'Cnsion, y con la 3.a (que deberá componerse de la tropa de 
mus confianza) se formará el cuierpo ó cuerpos de reserva, y 
la guarnición de la real fortaleza. La 4.a parte se podrá for- 
mar de los cazadores Miñones y demás que parezcan á propó- 
sito, para operar fuera de la ciudad en los arrabales, quintas 
y campo raso ; á la que se deberán unir, no solam«ente los es- 
cuadróme de eaballeria que están al sueldo, y son de poca uti- 
lidad dentro de la ciudad, sino también el cuerpo de Quinte- 
ros, y todas las milicias de caballería de la campaña, armadas 
con chuzas, espadas, lazo y bolas; y aquellos que tuvieren tra- 



138 LA BEVIdTA D£ BUENOS AIBES 

bucos Ó pistolas podrán llevar también estas armas. 

La ocupación de estas tropas, deberá ser únicamente el 
molestar al enemigo en sus marchas, á cuyo efecto teiMirán 
un tren volante bien provisto de muías y de todo lo necesario ; 
mandado por un gef e de los que ya han acreditado su diesem- 
peño, y que pueda resistir las intemperies y demás incomo 
didades de campaña. Este cuerpo dfeberá estar dotado asi 
mismo de aquellos ofíeiales en quienes concurran semejantes 
circunstancias que las del gefe, para que cada uno en su clasi' 
pueda cumplir con sus deberes, y no deberá bajar su número 
de dos mil hombres de todas clases y profesiones. 

No se empeñará este cuerpo ni parte de él en ninguna ac- 
eion que no sea muy conocidia la ventaja de nuestra parte, ó 
en el caso de ser urgente la necesidad de d<efenderse, ó la de 
socorrer á otro cuerpo de los nuestros. Cada vez que los en^ 
migos intentaren atacarnos, se retirarán á la parte de cam[ o 
escaramuceando, pero sin desorden ni esponerse demasiado: 
euidarán de que no se introduzca ganado ni otra cosa part* los 
enemigos ; retirando ó haciendo retirar todo aquello que pae:la 
«erles útil, particularmente ganado vacuno ó caballar, 11?v:\t«- 
dolo á parage ó parages de la mayor seguridad, y donde la 
codicia de algunos de los nuestros no pueda intentar lievúr- 
«elo; pero si algunas partidas de caballeria ó infantería ene- 
miga lo intenta^sen, procurarán cortarle la retirada cansán- 
dolos primero con escaramuzas, para poder cargar w»bre ellos 
á rienda siielta oportunamente, pasándolos á cuehUlo ü obli- 
^r'ijidolos á entre^íTse prisioneros. 

Cuando sea necesario acometer á alguna partida del ene- 
migo que se halle distante de los nuestros, montará nuestra 
infantería á caballo en ancas de la caballeria, para evitar la 
fatiga y cansancio de las marchas y facilitar la presteza que se 
requiere en estas ocasionies: lo mismo deberán hacer cuando 
convenga retirarse aprewiradamente por que este cuerpo debe 
observar una Uíctica muy semejante á la de los Tártaros y 
otra.s tropas asiáticas. 

Es i)peciso que este dicho cuerpo, esté bien provisto de ca- 



PLAN DE DOBLAS 139 

))allada á la manera de la que siempre han acostumbrado las 
tropas campestres : esto es, á cuatro ó cinco caballos para cada 
soldado, manteniéndolos en el campo y remudándolos de con- 
línuo, por que á pesebre con alfalfa ó con otro pasto sin gra- 
no resisten muy poco la fatiga continua, y «as costosísimo man- 
tener asi mucho número de ellos. 

Igualmente es necesario ponerl<e8 en parage oportuno y 
resguardado de los enemigos aqutellos repuestos de viveres 
y municiones necesarias para algún tiempo, desde donde se 
Íes pueda conducir en pequeñas porciones lo que necesiten 
para el consumo diario. 

No es menester detallar aquellas pequeñas atenciones pro- 
pias de la ocupación de esta tropa, como son, correr el campo 
en pequeñas partidas para observar al enemigo á lo lejos, en 
su desembarco y marchas, d^ndo cuenta de todo á sus gefes 
oportunamente; molestarlo de continuo dia y noche por la 
retaguardia, si llega tel caso de que se apodere de las quintas 
6 arrabales, sin emplear en estos grandes partidas, ni 
acercarse demasiado, pues con haoer ruido, disparar algunos 
tiros de fusil y de pedrero en distintos parages y á diversas 
horas de la noche es suficiente para tenerlos en vela de con- 
tinuo sin dejarlos reposar. Pero si se intentare algún ataque 
verdadero por los de la ciudad, entonces es menester que la 
♦ropa de campaña y sus gefes, se porten con la mayor intre- 
pidez, por la retaguardia, según la combinación que haya he- 
cho el Capitán Jeneral y las órdenes que reciba el gftfe de 
campaña. 

Para precaver en lo posible á esta ciudad de los riesgos é 
incomodidades de un sitio ó bloquleo, es menester abasteoerla 
<á lo menos) con víveres para un mes; pues parece imposible 
que los enemigos puedan sostenerse mas tiempo en esta ope- 
ración. El número de individuos en que se calcula este ve- 
eindario es de 60 a 70 mil personas ; para cada una es bastan- 
te una arroba de galleta al mes; con que diremos, que 15 á 20 
mil quintales de esta especie es siificiente para el enunciado 
tiempo ; aun cuando á todos los hubiera de mantener la pro- 



140 LA BEViSTA 0E BUENOS AIRES 

visión. A proporción se deben acopiar carnes saladas, char- 
ques, y cecinas. Estos acopios deli-en encalarse á los estan- 
cieros, (piienes en poco» dias pueden beneficiar y poner en 
esta ciudad, aquellas porciones que á cada uno se les encargare, 
liO mismo debe hacerle en los d<emás artículos de menestras, 
etc. cargando la mano tn el maiz que «es el mejor manteni- 
miento de la gente pobre. 

Eistos artículos, el de ))ebidas, y demás que no están suge- 
tas á pronta corrupción es conveniente acopiarlos con aquella 
anticdpa^íion que exije la prudencia, porque inas vale padecer 
alguna quiebra en el expendio áe ellos si no fueren necesa- 
rios, que el esponerse á "csperi mentar su falta cuando se 
necesiten. 

Adlemás de esta provisión general anticipada, se debia 
mandar generalm»ente á todas las personas, que á proporción 
de siLs facultades se provean áe todo lo necesario ; no solo pa- 
ra sus familias, sino para socorrer á los indigentes en tan ur- 
gtente necesidad. 

Hay muchas personas en esta capital que dificultan, y 
aun tienen por imposible, el (introducir ganado vacuno para 
el consumo diario, si los enemigos forman el proyecto de cer- 
car esta ciudad ; y tenuen que por piste m<edio podrán rendirla, 
si nuestras tropas «^ encierran dentro de «ella en el recinta 
fortificado, pen) calculan muy mal <e\ número de tropas que* 
He necesitan para esta operación ; y no consideran lo débil que 
seria este cerco, metido entne el lal>erinto de las (juintas, en 
donde podiamofl romperlo, cortarlo y arrollarlo por cualquie- 
ra parte que lo intentaran nuiestras tropas. Y para que se 
desvanezcan estos temores, patentizaré lo infundado de ellos. 
Es menester asentar que para no debilitar el enemigo dema- 
siald'amente sus fuerzas, trataría de rcilucir su cordón al me- 
nor espacio posible; y que con esta idea, rcííolveria formar urt 
semi-círculo (jue apoyando su derecha en la R'»sidencta, jirase- 
por la Piedad basta colocar su izquierda en el Retiro. Esta 
es a mi ver la ma^s reducida distancia que podian elejir, y aun 
en ella, no estaban s<»guro8 de nuestra artilleria que por cuaU 



PLAN DE DOBLAS 141 

quiera parte que se quiera tomar nuestro recinto fortificado 
(según mi Plan) no puede distar de su cordón arriba de 6 
•cuadras; "este debia prolongarse por mas de 40 cuadras; es de- 
dr mas de una le^ua marítima : con que para llenar eerte «espa- 
<io, sin cortarlo ni interrumpirlo, necesitaban 18 rail hombres 
H lo menos, para formarlo á 2 de fondo, sin contar los cuerpos 
de reserva y otras atenciones de un ejército: ahora bien, que 
resistencia podia hacer un cordón tan débil, como este, para 
impiedir el abasto de un alimento que debe entrar por »u pié* 
fuera de que no podríamos nmiperlo cada vez que lo intenta 
semosf ó no habría algún arbitrio para introducir ganado 
vacuno son esta operación? Desde luego afirmo que lo hay, 
y que aun cuando no lo hubiera, es constante que las ciudades 
sitiadas se mantienen mucho;4 meses con víveres secos; pero 
en esta podíamos libertarnos de 'esa incomodidad ccm la ¡)ro- 
videncia siguiente: 

Fórmese un (íorral de estacada -en el ))ajo del lio, ai)oya- 
do á la real fortaleza capaz de contener cuatro ó seis mil cabe- 
zas de ganado. Armeasx^le dos mangas áe la mismü estacada, 
í; manera de embudo arrimando la parte estrecíha de otras 
mangas á los lados ó puertas del corraJ, que debe tenerlas una 
al Norte y otra al Sur, de forma que puedan recibir con faci- 
lidad las partidas de ganado que se intentaw*n introtlucir por 
la parte del Riachuelo 6 de la Recoleta. Esta operación de 
herá realizarse comunmente de noche, combinándola con anti- 
cipación los introductores c<m la guarnición de la plaza; dan- 
do esta una alarma falsa á los enemigos por aquel punto que 
convenga llamar su atención para que deí^amparen ó debiliten 
«1 paraje donde de])e verificarse la introducción del ganado ; 
ayudando ó favoreci-endo esta operación la tropa de la cam- 
paña: y como el eana<lo debe entrar embretado con la barran- 
ca y el rio, es cosa fácil el introducirlo por la manga en el co- 
rral. Esta maniobra se puede facilitar gratificando á la gen 
te de campo qu-^ la verifiqu'e, dándoles (además del pnM»¡o de 
las reses) un tanto por cabeza de las que intr(HÍuzcan; me pa 
rece que con esta providencia auxiliada de las demás que se 



142 LA EEVISTA DE BUENOS AIBES 

consideren oportunas, se podrá socorrer de continuo esta pía- 
za de carne fresca y aun die los demás artfeulos de como- 
didad. , 

Otros recelan un bombardeo ó cañoneo -ejecutado desde 
las quintas ó por el rio. En «el primer caso, no es imposible- 
su verificación; pero si muy difícil y de poco efecto; porqué- 
supongamos que traen para dicha operación mil bombas cou> 
sus correspondientes morteros, pólvora y municiones. En este- 
supuesto necesitan emplear, de 5 á 6 mil hombres para su con- 
duccion, desde el paraje del desembarco al de las baterias, eiL 
cuyo tránsito podrán esperimentar muchas pérdidr.s y áf»!*io-^ 
ras, si nuestra tropa de campaña cumple con sus deberes. Es- 
t.is mil bombas arrojadas á la plaza, es probable que solo apro- 
vecharían 300 ; porque los edificios, ocupan á lo mas la cuarta> 
parte del terneno en que están situados, aun en lo principal 
de la ciudad ; con que por la regla de las casualidades, seriar 
desgracia que cayeran en ellos las 300 que supongo; perdién- 
dose las restantes en loe huecos, calles, patios y corrales de las: 
casas. El cañoneo causaría poco efecto ; porque de cualquier 
ra paraje que lo intentaran, habia de ser por elevación, por- 
que no hay alturas donde colocar la artilleria dominando la 
ciudad, con que si ponen la puntería horizontal, emplearán 
los tiros en las primeras casas ó tapias que se presentarán de- 
lante, solo enfilando sus tiros por la dirección de las calles po- 
drian conseguir algún efecto, pero entonces, seria correspon- 
dida vigoroaamente por la nuestra; y si aun se pretendiese- 
evitar estos daños, se podrían escusar, haciendo nuestros sol- 
dados algunas salidas, amparados de las casas y cercos, abrien- 
do portillos por su interior, hasta conseguir el tomarles 6 cla- 
varles la artillería y morteros, cuya operación bien ejecuta- 
da no seria muy costosa. 

El bombardeo y cañoneo por la parte del rio, es meno» 
temible, porque el banco die la ciudad, es una barrera inespug- 
nable que impide á las embarcaciones grandes, acercarse, y sí 
se resuelven á entrar al fondeadero, no pueden hacerlo sina 
aquellas de mediano y pequeño buque ; y no las bombarderas^ 



PLAX DE DOBLAS. U» 

porque no hay agua para ellas y como la barranca es ekvada. 
iiecibirá esta, y no los edificios todos los tiros die cañón que 
las embarcaciones dirijan á la ciudad por la horizontal; con 
que pana que las balas causasen algún diaño á los «edificios in- 
teriores era menester que las dirijieran por elevación y en 
tonces es muy poco <el que pueden causar ; y se esponian á que 
nuestra artilleria del muelle y la demás de la misma clase, 
(que debe prepararse y estar pronta con sus avantrenes y 
homüloe portátiles, para conducirla con bueyes donde con- 
venga) incendie con bala roja todas sus embareaciomes como 
deben ejecutarlo; sin detenerse en formar parapetos ni trin- 
cheras, persuadidos die quie estos reparos solo sirven con uti 
lidad, para libertarse de las descargas die mosquetería ó me* 
tralla y d<e los asaltos de la tropa ; de cuyos riesgos, están li- 
bres «en aquel paraje entre tanto no tengan otros enemigos 
con quien combatir que los de las embarcaciones. 

Los parques de artilleria se deben colocar en lo Interior 
de la ciudad. El principal, «en la Beal fortaleza y sus alrede- 
dores ; y otros dos en la Ranchería y cuartel de Patricios ; en 
las boca calles de la plaza mayor deberán colocarse algunos 
cañones de grueso calibrie y en su interior los carros de muni- 
ciones, trenes volantes y demás que convenga, para reforzar 
los parages que lo necesiten, los días de aecion, y para practi- 
car los últimos esfuerzos de un obstinado combate de los ene* 
imgos. En el lado del Norte de la Beal fortaleza, se dispon- 
drá un tren de cañones de los de mayor calibre con sus co- 
rrespondientes avantrenes bien surtido de municiones y demás 
artículos útiles y necesarios, con el fin de conducirlos á la pía 
za, cuando convenga, para batir las embarcaciones que inten- 
taren cañonear ó bombardiear la ciudad como queda dicho. 
También pueden servir, asi estos cañones, como los demás de 
grueso calibre de la plaza, para conducirlos á los parages del 
recinto fortificado si el enemigo opone algunas baterías con- 
tra los parapetos ; bien es, que dicha oposieion no puede oca- 
sionarnos mucho cuidado; por que entre tanto hagan fuego 
con su artillería no pueden avanzar sus tropas por las mis- 



144 LA EEV19TA DE BUENOS AIRES 

mas calles y si lo veril'iean por otras, será sin aquel auxilio y 
encontraran la ox)OBÍcion vigorosa de nuestra parte para eual 
quiera de ellas qu>e intenten avanzar. 

No hay que ]>ensar en abrir zanjas ó fosos len ningnn 
parage; por que esta providencia es enteramente inútil y pu-e- 
de sernos muy perjudicial si se apod«eTan de algunas de es- 
tas cortaduras, por que les servirán de parapetos, desd-e 
dondie resguardados y cubiertos pueden causarnos muchi- 
simo dñño, y aunque éie diga que desde las azoteas se pueden 
defender aquellos fosos, venimos á parar en que dichas azo- 
teas son nuittítra verdadera defensa y que todo lo quse sea 
impedirnos las entradas, salidas y tránsito libre por todas 
las calles, minora considerablemente lel éxito de nuestra de- 
fouiÉ», causándonos ind^ecible incomodidad. 

Estas 8(m las reglas mas principal<(»s que me ha pan^cido 
añadir, como suplementoi á mi plan, dejando en su fuerza y 
vigor, todas las que prescribe y no se oponen á estas; de- 
duciéndosie como consecuencia de lan unas y de las otras las 
ventajas siguientes: 

La comodidad, descanso y unión (jue puede disfrutar la 
tropa que se destinare i)ara guarne(*er el recinto fortificado, 
si se coloca en cada parapeto media compañía de infantería 
con sus respectivos oficíales, y Ion artilleros necesarios para 
servir la artillería en los términos propmestos en el plan. 
Esta gente delíe estar acuartelada y fija en el paraje que se 
le di\stinare; allí del)e surtírsele de víveres, municiones y cu- 
bierto, de forma que no tenga motivo, ningún soldado ni 
oficial, para ampararse de dia ni de noche de aquel punto, y 
si lo abandona, se notará al instante su falta. 

La facilidad de quie los gefes pucnlan rcvonocer cada uno 
el dií«trito que ocupa su resi>ectiva división, para remefdiar 
las* faltas que notare y distribuir las órdenes á su consecuencia. 

También pu'cnle providenciarse, que haya en varios pa- 
rages del recinto fortificado, hospitales provisionales, surtidos 
de cirujanos y todo lo necesario para socorrer los heridos; 



» PLAN DE DOBLAS. ' 14Ó 

aUí podrá estar un sacerdote, para que auxilie en lo -espiri- 
tual á los soldados que lo necesiten. 

* Las azoteas de dos cuadras avanzadas fuera del recinto 
j todas las que se quieran ó se puedan en lo interior, pue- 
den guarnecerse con aquellas personas quie por su edad, 
achaques ú otras circunstancias no están alistadas en las 
compañías, y desde allí pueden contribuir útilmente a la De- 
fensa, baciiendo su deber, sin que se les cause mayor moles- 
tia, por que no es preciso quie velen, ni que estén en con- 
tinua fatiga y solo en las o<*asione4 de pelear se pondrán en 
acción. A lestas gentes deberán alistarlas y comandarlas 
los alcaldes der barrio, con arreglo á las órdenes que les dic- 
tare la Superioridad; su número podrá aumentarse consi- 
dterablem»ente empleando tamlrien en estos mismos parajes, á 
los jóvenes, por que todos pueden cómodamente ser utilisi 
mos en la ocasión teniendo cuidado, de que los repuestoe de 
víveres y municiones se distribuyan c*on oportunidad, y que 
sean tan abundantes, que no falte lo necesario á ninguno, y 
'que se destinen algunos oficiales y soldaldos de la tropa re- 
glada, para que maniobren con ellos en las azoteas, balcones, 
puertas y ventanas ; y principalmente para que hagan de no- 
che las centinelas necesarias en las cuadras avanzadas con el 
. in de evitar las sorpr&sas del enemigo. 

En esta conformidad, queda dividido en 2 cuerpos el 
ejército y en disposición de practicar la mas vigorosa defen- 
sa el que ocupa el centro de la ciudad y de molestar el de 
campaña continuamente por la espalda dia y noche al ene- 
migo ; y de impedir que se provean por si, ó por los nuestros 
de los víveres para su subsistencia poniéndolo en la estre- 
chez y necesidad de reUdirwe á discreción. 

Algunos notarán, que dejo en total abandano las quin- 
tas y arrabales de la ciudad, y por consiguiente espuestos al 
furor del enemigo; pero no encuentro arbitrio para evitar 
este sacrificio. No obstante, propondré un medio que pue- 
da minorarlo en mucha parte, y es, que se les haga entender 
por el superior gobierno á los moradores de aquellos para- 



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14^ ' LA REVISTA DE BUENOS aAbS 

gie6, ^qtie tolcboft los «ilhftaídoe «k iivoofrporen «n wtn respectivoNl 
cuerpos, y que los que no to lestefft y ptieton i^rvir de algo «6 
TmriKñ <)entro 'Ae Ift ciiidad, wl im azüitea» e<m lod no alista- 
dos, ó qtne «i son de á caballo y pueden residir la fatiga de 
oampo 'Se presenten txvn ks tínñüR que tuvíe^n al coman* 
áante de camp«ña para quia los «mpíeé en So que pneda ser- 
vir útiíni«rte cada tino. Las mnjeres y t?riaturas, con las 
demás personas inválidas, podrán tomar él partido que me* 
jor les aconKxJe, retirándose á la campaña 6 introduciéndo- 
se en la ciudad, tlonde se encorgafrá al Tiwáfndaario, que laii 
reciban y traten con linnitóidad ; ltev«ti4o 'MUfiíigo aquiellas 
aJhajas mas preciosas y de poco voWhnen =^e "teiríenefn para 
que así se lies minoren los perjmciOÉ, ya que 9e\ tod)o no 9é 
puedan evdtar. 

"El gefe de campaña, dK°(bcfrá vOeq^aoliar pequeñas parti- 
da» de gentie á caballo mandadas por oficiales 6 «argentos do 
confian^, para que ronden de contintio *eñ cufiOito 1«b í»a po- 
sible todos aquellos paragte<^ abandona)do0 paora evitar que 
los malvados los roben 6 saqneen, y á los ip»e wieotítrafsn loa 
arrestarán para proceder coiftra ellos según sean las «ospe* 
chas que resultárcíi. 

l&ÉtJBiB son Tas adicioises que lengo por oportunas aña- 
dir á mi plan de defensa d© eSta capital, en virtud de lo que 
manifeeftó la espeítdencia en los dias del comibate y gloriosa, 
victoria de esta citÉditd «en loa que «e reconoció patenteraetíte 
la utilidad que hubiera producido su anticipada plantifi- 
cación ; pero ya que no «e realizó entonces, he querido perfec- 
cionarlo, por tí acaso fuese necíesario en otra ocasión. Bue- 
nos Aires, 4 de noviembre de 1807— Gotieoío Se Doblas, 



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ANTECEDENTES HISTÓRICOS SOBRE BUENOS 

AIRES 



Seguridad de las fronteras — 'fimipedjado de las loaUes — íFormacion de 
«n muelle — (Proyecttw de 1778. 

Introducción, 

Vamos á publicar los tres proyectos presentados en II. 
de setiembre de 1778 al Viney de Buenos Aires, sobre fronte- 
ras, empiedrado y formación de mueüe. Estén anónimos, pe* 
ro el doctor Carranca cree qile pertenecen al señor Doblas. 

Como nos hemos propuesto publicar todos los antece- 
dentes históricos que obtengamos para apreciar las ideas y 
las miras del gobierno colonial, y comparar asi los progresos 
que haya realíeado la independencia, apesar de las amarguras 
de las <(!X>ntieiÉcDBS y de los desaciertos de los partidos, conti* 
nuamos la tarea empezada en el (tomo anterior, bajo «1 epí- 
grafe — la ciudad de Buenos Aires, 

En el cúmulo de documentos que hemos reunido sobre la 
historífli argentina, se nos ha testrariado, y c&si consideramoi 
perdÜD, un largo informe sobre, empedrado len el siglo pasa- 
do y <el dicftamen de lá autoridad municipal competente. Los 
curiosos daftos que contenia y los pormenores en qu*e entra- 
ba, merecian los honores de la publicación, pues era una 
fuente auténtica de consulta para la historia de lesta capital. 

Nuestro amigo el doctor Carranza, el mas empeñoso de 
los ecdaboradores de la Revista, nos facilitó los proyectos que 
ahora publicamos, y que forman parte de la coleocion de sus 
manuscritos. 



148 LA REVISTA DE BUENOS AIEES 

i 

Tres objetos importantísimos compranden estos pro- 
yectos: las fronteras, el empedrado y el mutelle; proyectos 
que, apesar del tiempo transcurrido tieneni un interés palpi- 
tante de actualidad, porque respecto de fronteras poco per- 
maníente y práctico hemos realizado; en cuanto á empedra- 
do, famoso es el «estado deplorable de ieste y lo grosero deí 
procedimiento empleado; y en cuanto á muelle, si es verdad 
que la ciudad cuenta con dos, estos ¡están muy dástantes de 
llenar las nctíesidades de un gran centro mercantil. 

Entonces como ahora se tropezaba con un escollo, la fal- 
ta de recursos; pero »entonciea como ahora, los que se intere- 
san «en el bienestar del pueblo no se arredran por los sacrifi- 
cios, contando con la buena voluntad de la población. Fe- 
lizmente el actual gobierno de la Provincia ha celebrado un 
contrato para el adoquinamiento de las calles y aguas co- 
rrientes, y creemos que, una vez aprobados los contratos por la 
legislatura, se dicten los reglamientos indispensables para la 
conservación d-e estas obras dispendiosas. 

La penuria del tesoro en 1778 no es comparable con la 
situación financiera de 1868 : ten noventa años esta ciudad ha 
tenido una transformación profunda, la población ha au- 
mentíido inmensamente (1) y las condiciones económicas del 
pais son muy distintas. Pero al mismo tiempo, habiéndose 
estendido muchísimo la población, las obras que nequiere la 
hijiene de una ciudad mas estensa que poblada, ó mas bien 
que ocupa iin radio lestensísimo en proporción dte sus habi- 
tantes, exijen disi)endios considerables que no están quizá en 
relaeion de su vecindario. Repetiremos las palabras del au- 
tor de los proyectos: *'Xo hay duda que en esta ciudad son 
ningunos los recursos que se encuentran para hermosearla, 
pero sus autoridades no deben repugnar el contribuir con 
los que son precisos para conseguir la seguridad de sus vidas, 
haciendas y comercio interno ; ni escasear los que se necesitan 
para precaver los daños que que lesperimentan en la salud. 

1. En 1778 la población de la ciudad ascendia á 24,754 habitan- 
tes, mientras hoy se calcula en 150,000 almas. 



LA CIUDAD DE BUENOS AIBES. 14i 

muebles, ropas y habitaciones; ni tampoco sentir los que se 
impiendan len facilitar las comodádades del comercio esterno, 
esto es brevedad y ahorro de trasporte." 

Naturalmente el autor pensó ante todo en los medios de 
asegurar las fronteras para dar estabilidad á las poblacionies 
rurales, tranquilizar á loé ganaderos y asegurar el trasporte 
díe los productos y ganados de los leetablecimientos fronte- 
rizos. 

Las espediciones contra los indios no aseguraban de 
una manera permanente la campaña, contribuian á irritar 
á los bárbaros, y calda revez que sufrían lo vengaban sobre 
las poblaciones aisladas é indefensas. Este sistema no podia 
aer aconsejado, ni lo es por el autor de los proyectos. 

Esperar que aquella seguridad resulte del aumento de 
población, no era sino alejar la hora del peligro, porque á 
medida que las poblaciones se fuesen condensando era natu- 
ral que se estendiesen fuera de fronteras, y estos nuevos po- 
bladores quedarían en la misma vida azarosa é insegura. Es- 
tablecer pueblos y rodear como con una cadena la campaña, 
no resolvía tampoco el problema, porque esas poblaciones le- 
janas sin tener donde espender los frutos de la agricultura 
por el crecido gasto de transportes, se verían obligadas á ser 
meramente pastoras y á vivir cuereando las hacieBídas, lo que 
él autor considera inconveniente. 

Bueno es no olvidar el sistema restrictivo para la agri- 
cultura, las trabas impuestas al comercio y la carencia abso- 
luta de industria en 1778. Sistema restrictivo concebido 
para mantener en perpetuo vasallaje la colonia, y móvil prin- 
cipal para buscar la independencia la solución de las ne- 
cesidades económicas — la riqueza. 

El autor no acepta tampoco como seguro el medio pro- 
puesto de poblar en la sierra, suponiendo que allí está el paso 
indispensable y único para las invasiones de los indios. 

El plan que propone es establecer fuertes de modo que 
puedan estos socorrerse mutuamente en caso de necesidad. 
El autor supone que la frontera abraza una estension de dos- 



150 LA SGViarTA DB BUKK09 AIB£S 

ci'eiitas oincuenta leguaa, comprendiéndose íaa juriadicoíones 
de Bueuoft Aines, Santa-Fé, Córdoba y laa provincias de Cu- 
yo. En esta vastísima ostensión propone ae construyan 
veinte y cinco fuertes. En el centro el fuerte principal y en 
aus costados cinco fuertes de segundo orden y siete fortines. 
En el fuierte principal propone: un comandante, un sainen- 
to mayor, dos ayudantes, un capellán, un cirujano, un san- 
grador, seis oficiales de compañia, seis sargentos, dos tam- 
borea, dfkiz y seis cabos y ciento treioata soldados. En los 
costados un fuerte de segundo órdien ligado con dos fortines, 
el primero con treinta y tres hombres y veinte y cuatro ^en los 
segundos. El teroer fuerte die segundo orden estaria aisla- 
do, pero bajo lel apoyo de los fuertes y fortines laterales de la 
línea. Este fuerte tetídria ochenta y cuatro hombres, inclu- 
so su comandante. El quinto de estos fuertes tendría cin- 
cuenta y siete hombres. 

La distancia que debia promediar entre ellos sería vein- 
te Leguas el principal de uno de segundo órdien, treinta de 
este otro, 4 veinte otro, otro á igual distancia y «el último á 
treinta leguas. Los fortines promediarian áe modo que estu- 
viesen á diez leguas cada uno. 

Este sistema qute solo consulta la distancia sin atender 
á lA topografía do los lugares, ni á la lestratejia de los puntos 
que deben guardarse, nos parece defectuoso é impracticable; 
pero asi fué propuesto. 

El plan de señales que indica íes el disparo áe un número 
fijo de cañonazos, para prestarse auxilio reciproco en esta 
vastísima frontera. Esta línea dehia recorrerse por peque- 
ñas partidas de fuerte á fuerte para comunicarse las noticias 
hasta trasmitirlas al comandante en gefe y quie este las avisa- 
se mensualmente al Virey. 

Los sueldos, gratificaciones y raciones importaban anual- 
mente, segiin los cálculos del autor, ciento seis mil cuatro- 
cientos setenta y un peso fuerte. Propone los impuestos pa- 
ra cubrir este gasto. 

Por este medio juzga el autor se atraería insensiblemen- 



LA CIUDAD D£ WEVOQ AIA^S. 15X 

te la pohlaoion, permitiaskio é^ to« cridados 'el teuer 9e«i1ura- 
dos y familias cerca de loa fuertes» es decir, hacerloa uBSk ea- 
p«cie de eodonoa militares. 

£1 autogí^ cf ee qme por este modo ae veriaA los ÍAdios p^e^ 
cisados á negociar la paz, y (eutonces debería desigoárselea» 
dice, lugajnes determásadoa deutvo de la fritara paxa que 
\ivau desftraiatdQs^ prohibiénd^ea el oootacto coa loa indios 
de gruevra. '*De lestoa iodigs se piíiede 'esperar %ue aeostum- 
brados á comereiar coa los leapañoles olvidarisja ainó del todo 
en porte su anliguo modo de vivir. T ouajB^ de los priiqie 
ros que se establieocau ao se eon«ga esto, se logriiria de los 
hijos, atrao^éiidaioa eoa arte y anayidfld al eoooeinuie&ta de 
la verdadera religión.'' 

£1 autov en esta coníclusioft ooÁneide eoa Ws ideas que 
emitimos len el tomo VI de esta misma Revisia. Ejutonoes 
dijiasos» páj. 53, tomo citado: '"Hemos establecido ya cual 
«s nuestra opiniotu respecto de nuestras relaciones con los in- 
dios : atraerlos á una vida sedentaria, moralizarlos por «1 tra- 
bajes asimilarlos 4 nuestra población por la justicia de nues- 
tros proceidimifentos/' Nu^estro propósito es atraer á los 
salvajes á la vida civilizada, repartiéndoles tíerraa y Kaásién- 
deles olvidar su vida errante : contibamos sc^e todo^ eoA las 
indias, madres qofij si bien son salvajes, son sivsc^tiblies de 
mejora. 

Xia Ceostitucion NaeioniU impone ademaÉ este deber. El 
art. 66, ine. 1& dice^— «es atribución del Congreso:— ^''censer- 
var el trato pacifco con loa indios, y pramofver la eonversion 
de ellos al catolicismo. ' ' De mAnera ^ue hja sido eensa^rado 
como una presevipeion eoi^titueiecial, lo que <era un deaeo y 
im propósito en >el autoor de la mea^ria que publicamos; 

Ha cuanto al empedrado de )a# callea, que es lel segundo 
proyecto, se proponía el autor la hijiene de los moradores de 
la ciudad, por el aseo de las callea^ la desaparicíoa de las 
agua» e^aneadas» del barro y kia pantanos. Nuestrosi tecto- 
rea han podido juagar cual era el deplorable estado de esta 
eiudad á mediados del siglo pasado, por los artíeule» quie W 



132 LA REVISTA DE BUENOS AIEES 

mos publkaldo en el tomo XIV y XV de La Revista, bajo el 
titulo La Ciudad de Buenos Aires, 

El autor indica el sistema que considera eonveniíente par 
ra el empedrado, calcula el costo y propone loe arbitrios para 
sufragar los gastos. 

£U (empedrado die las calles algunos creen que empezó, 
según la Guia de forasteros del Vire y nato d«e Buenos Airea 
para el año de 1803, durante el gobierno del Virey don Nico- 
lás d>e Arredondo, quien se recibió del mando en 1789 ; error 
en que incurre el señor Araujo, puies el empedrado se em- 
prendió "en tiempo del Virey don Juan José de Vertiz y Sal- 
cedo, como lo hemos probado en los artículos á q\m nos refe- 
limos. 

En el informe pasado por don Francisco de Paula Sanz 
al señor regente de la Audi«encda don Benito de la Mata Lina- 
res, len 28 de julio de 1788, leemos estas palabras, referente© 
á los proyectos que ahora publicamos: **En el año de 1778» 
con otros dos proyectos sobre erección de un muelle, y de- 
fensa ó conservación de las enemigas fronteras, se presen- 
'*' tó también unido en «el superior gobierno «el ded empedra- 
do de las calles, y aunque ignoro como fué recibido el pen- 
samiento, le tengo en «el dia á la vista, reproducido por su 
autor en la parte de dicho empedrado cuando dimos prin- 
cipio al arreglo general." 
En 1780 se formó un espediente para el empedrado de 
Jas calles ; pero se formalizó recien «dendo gobernador inten- 
dente don Francisco de Paula Sanz, mandándose «espropiar 
toda la piedra que hubiiese »en el distrito para empe'drar las 
bocas calles y facilitar el tránsito cuando menos. 

Laí primera cuadra que se empedró fué en la actual ca- 
lle de Bolívar, die la plaza hacia el Colegiio, obra que se veri- 
ficó en virtud de solicitud de sus vecinos en agosto de 1780 
y de la siguiente resolución: 

Buenos Aires 12 de idiciiembre de 1780 — ^Vástos estos au- 
tos, concédese el ausilio que por el escrito de fojas 7 se pre- 
tende li(H?aK»ia necesaria para empedrar, con tal quie los inte- 



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LA CIUDAD DE BUENOS AlEES. lo^ 

resados que 16 fírman hagan de marnera que se ]lev<e exacta 
razón y cuenta de las espensas que causare el empedrado de 
su calle, asi para el costo die la piedra y otros materiales, co- 
mo para salarios y jornales de los menestrales empleados á 
mas de los pnesidarios con que se les auxiliará. Y entre tan 
to para que se ganie el oportuno tiempo para el acopio de H 
piedra, principal mateiial áe la obra á que se propende que 
es el empedrado de todas laaí callies, se publique por carteles 
y progones el asunto de dicho acopio para que se remate en 
el miejor postor ó postores que con mayor beneficio del públi- 
co mas oportunamente y con mejor regla lo propongan, afian- 
zando sus condiciones como que han de quedar recíprocamen- 
te aseguraklos de la mercíed, y valor de sus obras con «el de las 
fincas respectivas á las eallee», cuyos pisos, ó pavimentos se 
han de construir, y cuyos du»eños han de satisfacer su impor- 
tancia. Y á consecuencia die esta providencia y lo que con- 
forme á ella proceda, los interesados ten.el .escrito de fojas pri- 
mera firmado de don Alonso Sotoca, propondrán lo qwi b»s 
convenga obrar desde luiego á beneficio d^e su correspondiente 
calle y terrenos; á cuyo fin se les haga saber en persona iel 
susodicho ; y len la intelijencia, quie el todo de la obra ha de 
sujetarse á la dirección del Brigadier don José Custodio de 
Saa y Paria principalmente encargado — Una rúbrica del 
Exmo. señor Virey — una rública del Asesor — Zenzano, «es- 
cribano de gobierno." 

En ese mismo año st mandó sacar á remate la provisión 
de piedra para emprender los empedrados. 

— El tercer proyecto es la formación de un muelle que 
sirviese, dice, de abrigo á las «embarcaciones, facilite la car- 
ga y descarga y economice tiempo y gastos. 

En áquiel tiempo las lanchas condueian los efectos euro- 
peos deadte Montevideo y llievaban el retorno, de manera que 
esta circunstancia esplica que buscase por nuedio del muelle 
un abrigo para las embarcaciones. 

Ya "en 1777 se habia tratado de lesta obra. 

**La obra del muelle, dice el señor Mitre, fué una de las 



154 LA BEVISTA PB BUENOS AIBfiS 

prizQ^raB en que peiisó el Coosulada Para Uevaria ¿ eabo 
mandó tevanftar un plano del pnerto á los matematicoa Cier- 
viña y QuiMlin, kaeiendo aQadear el rio; y coa aprebaeion del 
y>rey se hab¿a eoaieiizado ya su ejecución >e& 1799^ euando 
llegó la desaprobaeion de la corte, y kubo que interruBi- 

pdr.'' (1) 

De manera que la idea fundamental del proyecto de 1778 
se empezó a realizar ea 1799 ; pero el retrógrado §*obiemo de 
Madrid, temió sin duda que estas facilidades para la carga y 
descarga eontribuyeaeu al desarroHo laercantil, y formas^en 
un estado demasiado importante de la colonáa que por siste- 
ma querían conservar en la miaría y lel atrasa Este hecho 
solo> aislado y nimio en apariencia, muestra sin embargo la 
lucha en que se mantuvieron ios intereses económicos bajo 
el oppesivo gobierno colonial. 

^Porque privaba la Corte de que en Buenos Aiores ae 
construyese un muelle ? i Sn que se atacaban laa pi^erogati- 
vas de la eorona? Temian qiiie enriqueciéndose estos esta- 
dos 0e diesen un gobierno propio, y las medidas que tomaban 
para conservarlo en la pobreza, fueron las causas que produ- 
jeron la revolución. 

La corte de Maldrid na quería, como el autor dri pro- 
yecto, facilitar el convercio y ahorrar tiempe^ y gastos; por 
el contrario, toda idea de progreso material ó moral en las 
<?olonias, alarmaba al suspicaz gabinete de la metrópoli. 

El marques de Aviles, no pudo quedar complacido por 
aquella orden, y poco estimulo se le oireoia para propender al 
hienestar de los pueblos que mandaba. 

Algunos quieren disculpar i veces la opresión del go- 
bierno colonial tratando de hacer recaer la responsabilidad 
en los mandatarios de América; pero ¿como puede discul- 
parse la Corte; que prohibía hasta la simple construcción de 
un muelle en la capital del Yiiieinatot Lo menguado de la^ 
ideas de la Corte, lejos de eonquisitar la buena voluntad de 
los americanos, no les dejaba otro camino que la pevolucion 

1. ** Historia de Belífrano'', tomo I páj. 90. 



LA Cim)AD D£ BU£NOS AIBBS. 155 

y la ÍQdepeiidienoia para buaear, euando menos, loa medios 
de acrecentar •el comercio y de lenriquecer. Loa colonos vie- 
jón con ojeriea aquella injuatífloable prohibición del gabi- 
nete de Madrid, y el muelLe empesado á conitruir, qoe pro- 
páamenta no era sino una calaada de piedra toacamíente la- 
brada que avanaaba como media cuadra en >el rio, fué abando- 
nada y ae arruinó; sinembargo aaaa ruinas que diariamente 
mostraban la tirania del gobierno de la metrópoli, indicaba» 
mudas pero ákoouientes la necesidad de buscar en el gobierno 
propio, loa medios de proveer al bien estar del pueblo. 

El comercio libre quie fué el resultado de la revolución 
«ra el deakl<eTatum de todos los habitantes, y aun cuando el 
gobierno independiente no ha realizado las grandes esperan- 
zas de la emancipación, pero ¡cuanto hemos avanzado desde 
aquellos tiempos! 

Es verdad que todavía se discuten los medios de formar 
un puerto en esta capital, que es la gran abra que reclama el 
comercio. 

Se ha sancionald^ ya en la Cámara de Diputados de la 
provincia ^1 proyecto de prolongar la linea férrea del Oeste, 
liaste el puerto en el bajo de las monjas Catalinas, formán- 
dose allí un muelle de carga y d'escarga. 

Se dice que el ingeniero hidráulico señor Coglhan opi- 
na del modo siguiente : 

' ' Considero que uno de los motivos principales, á lo me- 
nos de la existencia de las Balizas interiones, es la formación 
particular 6 rumbo de la costa al N. O. de Buenc^ Aires, des 
de el punto donde la fábrica de Gas ha sido construida hasta 
la Punta Olivos. 

''Se observará al examinar el adjunto plano que las li- 
neas de aguas hondas están paralelas á esa dirección, que des 
viándose de ella la costa entre la fábrica del Qas y la Boca, 
la playa ha sido elevada por los depósitos del Rio, y ha for- 
mado el banco de la Residencia y que la agua honda de los po- 
sos y de Balizas interiores se estenderia hacia afuera sino fue- 



156 LA EEVISTA DE BUENOS AIRES 

se impedido su curso por el banco producido por los depósitos 
del Riachuelo. 

^'No debe permitirse el intervenir ó interrumpir en ma- 
nera alguna, esta línea de costa, como por ejemplo con la 

CREACIÓN DE UN MUELLE EN BL PUNTO MISMO DE LA FABRICA 

DEL G^vs, apesar de lo tentadora que parece por su proxi- 
midad con la canal honda, ni tampoco por la estension de los 
muelles exdstentes mas allá de esa dirección general. Tales 
construcciones tendrian inevitablemente por resultado, el de?:- 
viar la corriente de la costa de Buenos Aires y contribuir de 
ese modo á la rápida estension hacia 'el Este "del banco de la 
Resiidencia. El punto verdaderamente esencial que debe t'^- 
nerse en vista para miejorar «el puerto, es dirijir hacia la ori 
Ha del pueblo y concentrar en un canal relativamente aJigosto* 
la.s corrientes que hoy marchan en dirección N. O. y S. E., lafí 
que por su fuerza natural y la cooperación de operaciones. 
cientifie/18 con veír entórnente dirijida?, formarán un canal 
profundo entre los bascos de la Resadencia y de la ciudad/' 

Leemos sin embargo len la Revista del Plata, redactaHa 
pou el señor don Carlos E. Pellegrini, que existe en el lado 
norte de la ciudad y al costado del promotorio de tosca que la 
defiende contra los avances del rio y en frente del conv«en*í> 
de las monjas Catalinas, una canaleta donde se descaí^ la 
piedra para el empedrado, y agi^ega: 

"Pregúnteseles (á los prácticos del rio,) que diferencia 
puede haber respecto á la posibilidad de entrar en ella 6 oí 
el Riachiíelo : respondieran que si en un mes hay 15 dias útiles* 
para poder entrar ó salir de teste, habrá 25 para poder hacír 
lo mismo en aquieUa, resultando, pues, una ventaja de 30 p. o]o. 
á favor de la canaleta/' 

**He aquí, continúa, descubierta la base de una empivsa 
que tarde ó temprano ha de realizarse. Enciérrese ese vasta 
y hermoso placer de tosca con una muralla sólida, en la qae^ 
para fortalecerla, carguen los mismos edificios que quáera^ 
construir para depósitos." 

Se vé, pues, que ahora como en 1778 la preocupación e» 



LA CIUDAD DE BUENOS AIRES. 157 

facilitar la carga y descarga de las embarcacioDes, y ahora 
como entonces no pasamos de formular proyectos, mas ó me 
^os aceptabl<es. 

Pablicamos, pues, los tres proyectos como antecedentes 
históricos sobre la frontera, el empedrado y lel muelle. 

VICENTE G. QUESADA. 



TRES PROYECTOS. 

1.0 Seguridad de la Frontera — 2.o Empedrar las Calles — 

3.0 Fona;«a<!Íoii de Muelle. 

PROYECTO QUE INCLUYE LAS TRES PRINCIPALES OBRAS 

DE QUE CARECE ESTA CIUDAD. 

Introducción, 

Las grandes obras se han debido siempre á resolucioii»ís 
gandes; tres incluye el proyecto que voy á proponer, y sin 
duda las mayores que en beneficio de esta ciudad puedien soli- 
citarse. La empresa tes ardua, pero que proyecto hay qiK 
a1 disponerlo, y mas al (ejecutarlo, carezca de dificultades? 
Piero si estas hubieran detenido á los hombres no se verían 
len el mundo concluidas, ni aun comenzadas las fábricas ma- 
ravilosas qu»e se aldmiran. No hay duda que en esta ciudad 
«on ningunos los recursos que se encuentran para hermosear- 
la ; pero sus habitadores no deben repugnar el contribuir con 
los que son precdsos para consegudr la seguridad de sus vidas, 
haciendas, y comercio interno; ni escasear los que se necesi- 
tan para precaver los daños que esperimentan en la salud, 
inuebles, ropa, y habitaciones; ni tampoco sentir los que se 
impendan en facilitar las comodidades del comercio externo, 
íesto es brevedad y ahorro de transportes: Si cotejados los 
gastos die estas obras con sus utilidades, son estas mayores, 

ADVERTENCIA — En todo el discurso de este proyecto he tenido 
«por conveniente el aumentar algunas notas al fin para mayor inte- 
ligencia, las -que van señaladas con letras eñ los «ps^rajes que á- cada - 
una <5orTesponde. 



. >•> 



158 LA REVISTA DB BUENOS AIRES 

no tan solo no deben escusArse á la contribución, sino que de* 
bian solicitarla con empeño. Esto es lo que pretendo demos- 
trar con el favor de Dios; primero traeré á consideración los. 
daños que se experimentan por falta de cada una de e^tas 
obras, después propondré la obra, con km gastos y utilidadeft. 
que de lella se pueden esperar, y últimamente los medios de: 
facilitar fondos para construirla y mantenerla sin que se oca- 
sionren mayores incomodidades á los contribuyentes. 

Seguridad de lü Frontera. 

La primera y principal obra de las tres que dejo anun- 
ciadas, es la que se diiríje á libertar las fronteras y caminóte 
de las invaciones de los indios infieles; y tan necesaria que 
en ella consiste la seguridad de las vidas, haciendas^ y comer- 
cio interno de los habitadores de la jurisdicción de esta oiu- 
daid, y viajeros á las provincias de este continente. T por 
que de este asunto se ha tratado sitempre, y actualmente se 
trata; omito el expresar la naturaleaa del enemigo, y daños 
qué ocasiona, pues ten las varias repreeientaciones que se han 
hecho, y se hacen, estará bastantemente dibujado. Y sola- 
mente diré mi parecer, sobre el modo de coñlienerlo ; con !<► 
que siento sobre lo que otros han propuesto para el mismo fin. 

La esperiencia ha demostrado que las salidas que en va> 
rías ocasiones se han practicado para castigar á este enemigo, 
no han producido los efectos que se desean, que íes la seguri- 
dad, y descanso de los habitadores de la campaña ; pues si al- 
gunas veces se ha conseguido á costa de inevitables trabajos, el 
castigarlo ; este castigo, en vez de producir seguridad, ha traí- 
do mayores riesgos, siendo rara la vez que ha dejado de ven- 
garse, cometiendo estragos lamentables en los pobres estan- 
cieros y viajantes; y así se debe abandonar este método de 
contener al enemigo. 

El dictamen de poblar la campaña en varios parajes á 
corta distancia de las últimas estancias: ha tenido bastantes 
apaidonados, pareciéndoles quie solos los habitadonos de aque* 
líos pueblos serian con el tiempo suficientes para contener aT 



LA CIUDAD DE BUENOS AIEES. 15^ 

enemigo, concederé qne si llegase tiempo «n qne su población 
ae viese mediamimente aumeoitada, libertainan die gran parte 
de las hostilidades que se cometen en las estancias die esta ciu- 
dad: Pero quien habia de defeiKler entonces las de aque- 
llos piiiie4»los ? pncs ereciendio coono se supofve ae habÍAin áe es- 
tender sus estoucias á alguna distancia: Con que quedaba 
la misma dificultad que vencer. Mas, quienes habian de ser 
los pobladores f precisamente pobres $ porque lüngun acornó* 
dado habiA d<e^ querer dejar sn establecimiento : T que «de^ 
lantamiento se podía esperar en unos pueblos compuestos de 
miseraibles f se me dirá, qiie á estos se les fom^itaria los pri- 
meros años hasta que pudiesen mantenerse. Pues quiero con- 
ceder que con este fomento se hallen ya establecidas coi casa», 
con junados, y todos los útiles de labradores : Y que sobas- 
tenoias se les asegura en adelanlpef supongo que aquellos para- 
gies no tienen mas que la fertilidad "áe su sivelo ; i quien ha- 
biaaa de vender los frutos que les produjera? Mucho mas 
cerca de esta ciudad no se atreven, varios í sembrar por que 
los costos de conducir sus ^anos, es mayor quie su valer; me- 
nos podrán costearlos desde aquellas ddstancias ; con que solo 
le quedaba un recurso que era el ^ los cueros. Esto seria 
acabar con todo el ganado de la campaña pero no quedándo- 
les otro arbitrio se valdrían de este sin que vastase a impedir- 
lo, el celo de los mas vijilantes comandantes. Lo dicho basta 
para «que se conozca oon levidenciA lo itnútil, y aun piemiciaM» 
de semejantes establecimientos, aun cuando pudieran cómoda- 
mente verificare. 

Sil 'proyecto de poblar en la Sierra, ademas de tener to- 
dos los inconvenientes que el anterior, se le agrega la gran 
distancia de esta ciudad, y por consiguiente lo difícil de dar 
aviso de las novedctfdes que ocurran ; y el dejarles á los ene- 
migos todo el campo libre para que lo recorran sin recelo : pues 
aunq«i)e se diga que aquél paraje es paso preciso ; quien sabe 
sin con algún rodeo tienen otros? y si este es solo harían los 
mayores esfoereos para desalojar á los que lo ocuparan, hasta 
que lo consiguieran. 



160 LA REVISTA DE BUENOS AIBBS 

El pensamiento de testabkcer fuertes en la frontera A 
veinte ó veinte y eineo leguas de las últimas estancias de mo- 
do que puedan socorrerse mutuamente en caso de necesidad, 
y que los indios no pue«dan introducirse sin el ri/esgo de ser 
acometidos á lo menos en su retirada; es el que se presenta 
con menos inconvenientí^s, el quiQ tiene mas aprobación, y el 
que seguiré en mi proxiecto. Y omitiendo cuanto sobre esto 
se ha discurrido, diré solamente mi parecer sujetándome a la 
corrección de los mas práctieos é intelijentes. 

La estension de la frontera seria de doscientas cincuen- 
ta leguas poco mas ó menos, en que se comprenden las juris- 
dicciones de esta ciudad, Santa Pé, Córdoba, y toda la pro- 
vincia de Cuyo. Si ¿ cada una de estas se les señala el terre- 
ció que ha de guarnecer, pueden suseitarae controversias en- 
tre uno ú otro partido, retardando con ellas las providencias 
que del)en tomarse on algunas ocasiones con mucha prontitud. 
Y asi m»e parece lo mejor que toda la estension esté sujeta á 
un solo comandante, y que las espensajs se suministren de un 
fondo común ; pues de lo contrario es factible no se consiga el 
fin. 

Para esto es meoesario construir en la expresada esten- 
sion veinte y cinco Fuertes, en esta forma: En el centro 6 
paraje mas peligroso se colocará el Fuerte principal y á cada 
tostado (suponiendo que el principal, ocupe el centro^ cinco 
tuertos de segundo orden, y siteta fortines, en la dispoídcion 
siguiente, (a) A distancia de veinte leguas del principal uno 
de segundo orden; á treinta de este otro lo mismo, á vein- 
te otro á otras veinte oiro, y á treinta «el iiltimo que son los 
cinco Fuertes de segundo orden que corresponden á un costa- 
do. En los intervalos de estos se construirán los siete Forti- 
ne.s ; dos en cada distancia de á trednta lieguas, y uno en los de 
á veinte, de modo que todos queden á distancia de diez leguas 
unos de otros; disponiendo en la misma forma el otro costa- 
do, (b) 

La guarnición de todo el cordón, puede ser de doce com- 
pañííis, compuesta cada una de capitán, teniente, alférez, un 



LA CIUDAD DE BUENOS AIBES. 161 

sargento primero, dos segundos, un tambor, cuatro cabos pri- 
meros, cuatro segundos, y sesenta y cinco soldados, que el to- 
tal son ocbenta plazas. Estas compañías puieden ser levanta- 
das en todas las jurisdicciones quie comprende la frontera, de 
la jente de la campaña, que como acostumbrados al intemperie 
de aquellos paraj'es, y que en ellos tienten ó pueden tener sus 
familias é intereses, subsistirán con mas comodidad, y menos 
gastos que otra clase de guarnición (c). 

La plana mayor puede componerse del coronel (que será 
comandante de todo el cordón) sargento mayor, dos ayudan- 
tes, diez oficiales para comandantas de los fuertes de segunda 
orden (d) todos veteranos, tres capellanes (e) tres cirujanos 
y tres sangradores, que se destinarán en esta forma. En el 
fuerte principal, el coronel, sargento mayor, los ayudantes, 
capeUan, cirujano, sangrador, y dos compañias, qu» servirán 
de reserva para las urjencias de los costados. A cada fuerte 
Úe segundo orden, una compañia que el oficial comandante 
empleará len esta forma; los fuertes primiero, segundo, y cuar 
to tendrán á su orden los dos fortines inmiediatos á sus costa- 
dos, y á ellos destinará un oficial, un sargento, dos cabos, y 
veinte soldados á cada uno quedándose con un oficial, un sar- 
gento, un tambor, cuatro cabos, y veinte y canco soldados. El 
f u-erte quinto qu»e hade costado, tendrá que guarnecer solo un 
fortin, en el qué pondrá el mismo número de plazas que para 
los otras se ha señalado, quedándose con dos oficiales, dos 
sargentos, un tambor, seis cabos y cuarenta y cinco soldados, 
para que con esta guarnición esté mas segura de insulto, y 
pueda socorrer las urjencdas de aquel costado. En el fuerte 
tercero ^ colocará una compañia entera para el mismo fin en 
^1 que también asistirán capellán, cirujano y sangrador para 
atender á las necesidades que les compete. 

Disstribuida la tropa en lesta conformidad f^e puede socor- 
rer mutuamente en caso de necesidad, disponiendo para dar 
aviso prontamente de las que ocurran las señales por tiros de 
eañon quie se repetirán en todos los fuertes según el número 
asignado, para cada novedad. 



162 .^^ KEVISTA DE BUENOS AIRES 



Los maestres de campo y sargentos mayores de las juris- 
dicciones fronterizas mantendrán siempre en buen pié, y; 
prontas las milicias, para acudir siempre quie sean llamado* 
por alguno de los comandantes con el número de jente que la 
necesidad les obligue á pedirles. 

En iel servicio diario se emplearán pequeñas partidas á 
los costados de todos lo^ fuertes que se comunicarán unas á 
otras las novedaides ; de modo que en pocos dias tenga noticia 
el comandante de lo que haya ocurrido en todo lel cordón, las. 
que comunicará al señor Virey, mensualmente ó según se le- 
ordenare. Así mismo saldrán partidas de los fuertes princi- 
pales y segundos todos los dias algunas leguas al frente para 
observar si hay ó no novedaid de la campaña. 

Remitirá con anticipación el comandante á todos los fuer- 
tes de ííegundo orden el santo y seña de los dias del mes en bi- 
lletes cerrados para cada dia uno que se abrirá á la hora de 
dar la orden para que en ¡todo el cordón sea uno mismo, y que^ 
partidlas quie ronden de noche no padezcian equivocación. 

Sin embargo de que todos los meses hayan de dar los co- 
mandantes de los fuertes certificación de la fuerza efectiva 
de las <íompañias que tienen á su mando para acreditar el ha- 
ber; será conveniente que de tiempo en tiempo destine el co- 
mandante al sargento mayor, ó ayudantes, á reconocer todos- 
Ios puestos del cordón, revistar la jente, y ver si se practica 
el servicio tíegun el método que se haya establecido. 

Dispuesto el cordón, y su servicio en esta conformidad 
ó variando de método, según la práctica ó mayor experiencia 
enseñase, parece dificü que los infieles, cometan las hostili- 
dades que hasta ahora hemos esperimentado á pesar de to- 
das las precauciones que para quitarla se han tomado siempre. 

Para que esta guarnición subsista cómodamtente, y que en 
la campaña se fomente, seria conveniente que se les pagase 
todos los meses, cuyos sueldos pueden arreglarse en la forma 
^gjiente. Al oap'tim cada mes tre«nta y cinco pe«os, al te- 
niente veinte y cinco pesos, y al alférez veinte pesos con mas 
cincuenta pesos de gratificación de ración á cada uno al año. 



LA CIUDAD DE BUENOS AIRES. 163 

A los sargentos primeros á doce i>esos, á los ^gunUos á diez 
peso8, á los tambores á siete peso^, á los cabos primaros á ocho 
pesos, á los segundos á siete peHOs, á los soldados á seis pesos ; 
«ubministráindo'lies nación de carne, sai ají, y^erha y tabaco, con 
lo qme pueden subsistir cómodamente. 

A la plana mayor sobre los sueldos que deben tener por 
oficiales del ejército ae les puede añadir por via de sobre 
suelde ; al coronel cien pesos al mes, con mas trescientos pesos 
al año de gratificación de ración; al sargento mayor, sesenta 
pesos al mes con la gratifi^caeion de cien pesos al año, á los 
ayudantes á cuaüenta pesos al mes, y á los comandantes de 
fuertes á cincuenta pesos al mes, con las gratificaeiones unos 
y otros de ochenta pesos al año ; á los capellanes á veinte pesos 
al mes y á los cirujanos á veinte y cinco pesos al tales, con 
gratiif ioaeiooes de cincuienta «pesos lall año ; y á los sangradores 
de doce pesos al mes, con treinta y seis pesos de gratificación 
al año, cuya cuenta por mienor es la siguiente. 

Cuenta de los sueldos, gratificaciones y raciones reguladas á 
las doce compañías, y plana mayor según queda esplica- 
do anteriormente. 

Pesos. 



12 Capitanes á 35 pesos al mes importa al año. . 5040 

12 Tenientes á 25 „ 3600 

12 Alférez á 20 „ 2880 

12 Sarg. prim. á 12 „ 1828 

24 Sarg. segund. á 10 „ 2880 

12 Tambores á 7 „ 1008 

48 Cabos prim. á 8 „ 4608 

48 „ segund. á 7 „ 4032 

780 Soldados á 6 „ 56160 

i 
Plana mayor. 

Coronel á 100 pesos al mes 1200 



164 



LA EEVISTA DE BUENOS AIBBS 



Sarg. mayor á 60 

2 Ayudantes á 40 
10 Com. de fuert. á 50 

8 Capedlanea á 20 

3 Cirujanos á 25 
3 Sangradores á 12 






Gratificaciones, 



720 

960 
6000 
720 
900 
432 



Total de los sueldos. . . . ps. 92968 



Pesos. 



Al coronel 300 

Al sargento mayor 100 

A los aj^idantes y comand. de fuertes. . 960 

A los capellanes y cirujanos .... 307 

A los sangradores 109 

A los 36 oficiales Ide las compañías . . 1800 

Baciones. 

La ración de carne considerada á cada 
compañía á 8 reales al dia, su total al 
año 4380 

La ración de sal, ají, yerba y tabaco 
puede regularse cada plaza a 4 reales 
al mes que son al año 6 pesos y su total 5544 



1 ' .•• • 



3569 






9924 



Total de sueldos, gratificaciones y raciouíps . . .ps. 106,461 

De manera que arreglados los sueldos, gratificaciones 
y raedone« como se manifiesta, importa todo ciento seis mil 
cuatrocientos sesenta y un pesos, á que podemos aumentar 
lo que falta hasta la suma de ciento y diez mil pesos, sirviendo 



LA CIUDAD DE BUENOS AIRES. 165 

este aumento para repuesto de caballos, reparo de fuertes, y 
otros gastos extraordánarios que puedan ofrecerse, (f) 

A cada plaza inclusos los oficiales se les puede descontar 
un real cakla mee para establecer hospitales en loe fuertes 
señalados para los cirujanos, poniendo en ellos cajas de medi- 
cina, camas y demás utensilios necesarios á la comodidad de 
los enfermos. 

Ya llegamos al paso mas difícil de venoer; que es esta- 
blecer fondos suficientes para la subsistencia de esta grande 
obra. Siempre quie se trata de algún impuesto ó contribu- 
ción ae encuentran tantos opositores como debe haber con- 
tribuyentes : pues todos se creen con derecho para disfrutar 
los beneficios, y ninguno obligado á contribuir para ellos ; se 
quejan si padecen ó ven padeoer los daños ; y rehusan el contri- 
buir para remediarlos. Pero aunque esto es lo que comun- 
mente sucede, me parece que para una necesidad tan visible 
como es de la que voy tratando no habrá quien se queje de la 
contribución por pesada que se impusiera ; y así animado de 
esta esperanza me determino á proponer los medios mas sua- 
ves y menos costosos que he podido discurrir para atesorar 
un fondo capaz de mantener lo que llevo propuesto y se com- 
pondría de los ramos siguientes : 

l.o par. — Se ¡aumentará oin cincuenta poír ciento ai de- 
recho del ramo de guerra establecido para este mismo fin. 
Este aumento aunque parezca escesivo atendiendo á lo que 
actualmente se paga, no lo es, si consideramos que el efecto 
principal sobre que recae son los cueros que se embarcan 
para España ; estos han pagado siempre de flete dos pesos cada 
uno, y ahora con el libre comercio concedido á este puerto 
han de frecuentarlo gran número de epibarcaciones las que 
no teniendio suficiente retomo bajafpásn consideríaiblemente 
los fletes en beneficio de los cargadores, siendo este mayor 
que el gravamen del aumento del derecho. 

2.0 «par. — ^Un imjpuesto úe diez pesos sobfre cada carreta 
que salga cargada de efectos de las provincias de arriba y 
otro de cinco pesos sobre las que «entraren cargadas. Este 



166 LA BEVISTA DE BUENOS AIBES 

impuesto puede padecer algunos inconvenientes según Iob 
efectos de que se componga la carga, pero con esta considera- 
ción se piDcde formar aranoel para que unos paguen mas que 
otros según su valor, consumo ó necesidaíd de ellas. 

3.0 par. — Otro sobne ios \mos y agniaipdi-eoi't'es que vie- 
nen de Mendoza y San Juan; (verbigracia) dos reales 
sobre cada botija, barril y odre, ó variando el impuesto se- 
gún el efecto y basija. Aunque los vecinos de estas dos ciu- 
dades han rehusaldo siempre la imposición de dierechos sobre 
sus efectos, lo hacen sin fundamento pues todo lo paga el 
distrito que lo consume. 

4.0 par. — Otro sobre los caudales que en aiioneda 'entra- 
ren en esta ciudad de particulares, y puede ser el uno por 
ciento. El comercio en todas partes conoed-e con voluntad 
lo quie se invierte en su seguridad como 1q hace el de Cádiz 
pagando los guarda costas. 

Yo no puedo á punto fijo designar á lo que «ístos ra- 
mos podrán as(?ender porque me faltan .las noticias necesarias 
para extractarlo; pero siendo preciso que esta ciudad atesore 
och'cnta y cinco ó noventa mil pesos, me parece que no pue- 
den producirlos lestos ramos y así será necesario imponer en 
otro Jo que faltasie. 

Habiendo S. M. determinado el estancar en este virey- 
nato los polvillos, tabacos y barrajas á imitación de lo que 
se praetdca en todos sus rey nos lo que se vá á plantificar ; se pe- 
dia cargar á alguno de estos efectos un sobre precio que fue- 
se suficiente a completar la espresada cantidad de ochenta y 
cinco () noventa mil pesos, pues de este modo ahorrarían 
los costos que podrá tener la recaudación de otro cuales- 
quiera dmpu'eííto, y recaerla sobre un lefíeoto que no es nece- 
sario á la vida ni comcídidad de los hombres. 

Los veinte 6 veinte y cinco mil pesos que faltan para la 
suma de ciento y diez mil pesos, en que está calculado el 
gasto total ; se pueden repartir entre las ciudades de Santa Fé, 
Córdoba, Punta de San Luis, San Juan y Mendoza, que como 
fronterizas, y que participan del mismo beneficio buscarían 



LA CIUDAD DE BUENOS AIBE9. 167 

gustosas los arbitrios para aprontar lo que les tocase, (g). 

Para recaudar estos impuestos no es necesario gastar 
m un solo peso, pues los recaudadores ya están »establecidos ; 
y asi se liberta el común de este aumento que seria indispen- 
sable en otra clase de arbitrios. 

Las utilidades que pueden esperarse de guarnecer la 
frontera en la forma referida, ademas de la seguridad de las 
campañas, y caminos, dilatación de estancias, comodidad y 
descanso de estancieros, y logro de sus trabajos; son las si- 
guientes. Al cebo de los pagamentos miensuales necesaria- 
mente han de concurrir (como sucede en todos los paraje» 
en que circula dinero) multitud de vivanderos para abaste- 
cerlos: estos traen a otros que son necesarios para subsistir 
ellos, como son zapateros, sastres, barberos, y toda clase de 
jente dfe ofii»io, estos á otros; y asi lo quie no se conseguiria 
premedit anidólo se veria logrado insensiblemente; esto es el 
poblar aquellos parajes de modo que en breve tiempo pueda 
formarse un cuerpo de milicias que sirva para guarnacer los 
fiDertes en caso que su guarnición tenga necesidad de salir 
á otro paraje mas urjente. 

Los soldados podrán tener sus mujeres y familias inme- 
diatas á los fuertes como á si mismo establecer sembrados, 
criar ganado, y tener todo género de granjeria, con la certeza 
de que su trabajo no ha de malograrse habiendo (como habrá) 
quien consuma lo que se produzca. 

Los indios infieles que sacan las mas de sus subsistencias 
de las campañas de est^ ciudad, viéndose privados de ellas, 
se verán obligados á pedir la paz y á recibir las condiciones 
que se les quiera imponer. Se podrán admitir obligándolos 
á vivir en paraje determinado del cordón para adentro, de- 
sarmados y sin permitirles salir fuera de él. De estos indios 
se puede esperar que acostumbrados á comerciar con los es- 
pañoles olvidarán, sino del todo en parte su antiguo modo 
de vivir ; y cuando de los primeros que se establezcan no se 
consiga esto, se lograría de los hdjos, atrayéndolos con arte y 
suavidad al conocimiento de la verdadera religión; mira 



168 LA BEVISTA DE BUENOS AIBES 

principal que se debe tener en este continente en todo nuevo 
establecimiiento. 

Aunque la mayor parte de las contribuciones aeñala<las 
para la subsistencia de la guarnición de la frontera, recaen 
«obre el comercio, el fruto quje espera cojer es duplicado; 
pues logrará mas abundantes las subsistencias y socorros 
que le vienen de la campaña, y por consiguiente á menos 
precio : y ademas todo el dinero que se invierta en pagamen- 
tos que ahora no se hacen aunque salgan de eus manos preci- 
samiente ha de volver á ellas ; aumentando lel consumo de sus 
efectos, y por tanto sus utilidades que serán mayores que 
lo que le corresponda de contribución. 

Cuando el producto de los impuestos es para «emplearlo 
fuera del territorio en que se establecen, entonces es gravoeo 
á los contribuyentes; pero cuando se espende en el mismo 
paraje, ademas de disfrutar del beneficio de la obra en que 
se emplearon, se logra el de que circulando vuelvan á sus 
manos. 

(Concluirá.) 



i ••€ 



MEMORIAL 

Presentado por el Ayuntamiento de la ciudad de Méjico á la real 
majestad de Don. Carlos III, rey de España é Indias^ en 1771, 
refutando un informe que se habia dado sobre las malas apti- 
tudes de los Americanos. 

(Conclusión) (1) 

Si el provisto es, aun libre, contemplándose pasajero 
en la América, no se resuelve á contraer en ella matrimo- 
nio. Vuelve á España. Los viajes, la mudanza de varios 
temperamentos, los navegaciones, debilitan su robustez. Los 
afanes para la pretensión de otro empleo, ocupan teda su 
atención. Si logra otra vez ser colocado, entra otra vez 
en los mismos embarazos para tomar estado. Si no logra, 
en nada mas piensa que en adelantar y fomentar sus preten- 
siones, y en esto se le pasa la vida ó lo mas floreciente de ella 
y ya se halla bien con la libertad del celibato. 

Aun los que pasan á Indias con empleo estable y vitali- 
cio, ¿como se alentarán á tomar el estado de matrimonio, 
sabiendo que ni eV mérito que hagan ni la buena educación 
que den á sus hijos ha de aprovechar á estos, como quiera 
que sea su nacimáento en la América para lograr una colo- 
cación correspondiente al lustre de sus padres? Estos, en 
cualquier empleo público, si cumplen con su obligación y 
solo sacan de él las utilidades que dá Y. M. 6 permite des- 
pués de mantenerse con su familia, no le podrán dejar en 
muriendo otro caudal qxse sus servicios, y si estos no han de 

1. Véase la páj. 36 de este tamo. 



170 LA REVISTA DE BUENOS AIEES 

I 

aprovechar á los hijos nacidos en la América, qu« hombre 
de honor podrá pensar en tomar estado para dejar hijos sin 
caudal, sin abrigo, sin esperanza, y que solo sirvan para con- 
fundir la memoria de sus mayores? 

Desatendiéndose á las Indianos, se franqu-ea mas la puer- 
ta para el celibato á los Europeos: se lies proporciona mayor 
esfera para sus pretensiones en las piezas eclesiásticas de la 
América, sobre las que sin contradicción disfrutan en la 
Antigua España. Aun dentro de la aspereza de los claustros, 
se les convida con la esperanza de pasar á títulos de Misio- 
neros á la América á ocupar las prelacias de su orden, en 
üas que sie nos ciiermaii ilas puertíis á los Am<*'PÍCía'nos, admi- 
tiendo solamiente un muy corto número de ellos -en cada 
triienio, para poder siempre pintar necesidad de sujetos 6 
hacerlos venir de la Europa con gravísimos cuanto ociosos 
costos del Real Erario y con notable perjuicio del Estado en 
el considerable número de indi\iduos que con esta ind-ebida 
proporción a)>razan el celibato, y faltando para el honesto 
multiplico de la especie, influyen en el despueblo de la monar- 
quía. 

Ya querriamos que fuesen estas unas aprensiones á que 
solo diera bulto nuestro amor propio y la atención á nues- 
tro interés: son consideraciones s(')lida8, perjuicios efecti- 
vos que lamentan nuestros mejores políticos, y sirven de 
gUHtoso espectáculo á la malevolencia de los estranjeros. Ya 
há algunos años, que un español europeo (que tuvo la des- 
gracia de deslucir sus máximas políticas con cierta acerbi- 
dad de carácter), computaba en 10,000 almas las que sa- 
lian anualmente para las Indias de la antigua España, y que 
despoblando esta, no poblaban la Nueva: dcí^de que este 
computo s*» liizo, hasta el pn^sente, al meaaos se ha doblado 
el número de plazas ech^siástácas y aun seglares en la Améri- 
ca y á proporción, el niimero de los que pasan á ella, ya en 
los empleos, ya á título de criados de los provistos. 

V. M. y sus gloriosos projenitores, como verdaderos 
padres del Estado no han dejado de preveer su ruina en la 



MEMOBIAL. 171 

desolación de España con su tranismigracion á la América y 
han dictado santísimas leyes para impedirla. Ninguno pue- 
de pasar sin licencia y sin muchas calidades que se necesitah 
para otorgarla. Aun el empleado la ha de sacar para sus 
criados, desde luego para no dejarle traer sobre los preci- 
£0S. Las licencias mismas se han mandado estrechar, y que 
el Supremo Consejo de V. M. t'Cnga mucho la mano en con- 
sultarlas, y los Secretarios cuiden de advertirlo. Pero ¿có- 
mo podrá eso practicarse? Las Reales Ordenes son, las mas 
oportunas, todos lo saben, y saben igualmente su inobser- 
vancia. De los españoles que pasan á Indias, ya querria- 
mos que sacaran licencia para el diezmo. Los gefes á quie- 
nes toca, debian hacer volver y no permitir el desembarque 
á los pasajeros sin licencia. Así lo manda V. M. ; pero ¿có- 
mo ha de tener en Indias corazón para practicarlo un Goberna- 
dor con un compatriota, que ha navegado 2,000 leguas? Ja- 
más se hace : pasa todo el que quiere, y se despuebla España. 

El Consejo Supremo de Indias, con toda su autoridad 
é integridald, no puede resistir á la importunidad misma del 
pretendiente y á las astucias que inventa el propio interés 
para sorprender la vájilancia del Gobierno. No hay otro 
arbitrio que cerrar á los Europteos la puerta que se ha he- 
cho franca para los mas de los empleos en^ la América, si se 
quiere contener algo su .trasmignaeiom y la desolación con- 
«igruiente de la antigua España. 

Si los empleos de esta se dieran promiscuamente á los 
am<ericanos, acaso cesarian, ó por lo menos seria mucho me- 
nor el perjuicio. Así lo confesamos, y ya querríamos que 
euanto es útil la máxima, tanto tuviera de practicable. Ya 
dejaríamos de buena gana un empleo de primer orden en la 
América por eonseguár otro de mucho menor utilidad en la 
Europa, pues la satisfacción de servir con mas inmediación 
á V. M. importaría mas que cuantos otros atractivos pudie- 
ran lisonjearnos en nuestra patria; pero no puede ser, los 
Europeos sin salir de su casa, con la cercanía feliz que lo- 
gran de V. M., proporcionan el ser empleados, y hasta que 



172 LA EEVISTA DE BUEN03 AIRE^. 

lo son, no (emprenden el dilatado, y costoso viaje á la Amé- 
rica. Nosotros, por lel contrario, deberiamos pasar á la 
Europa, sin tener con que costear nuestro transporte antea 
de ser empleados y con el riesgo de no conseguirlo. Cuando 
sin empleo, pasa un español á la América, conducido de su 
necesidad, es porque viene á esta rejion con mas proporciones 
que \ñé que deja para su alivio, y la contraria consideración 
detiene pasar á la Europa al americano. El empleado en 
Indias, si diebe socorrer a su familia en la Europa, con poco 
que le envié, ha/ce cuenta de lo que en el transporte multi- 
plica y lo que el socorro multiplicado vale en España, donde 
tan cómodo es todo lo que entra <en la clase de los alimentos. 
No sucedería así con el americano empleado en Europa, por- 
que este para auxiliar como era preciso á su familia en la 
América, no podría hacerlo ni con toda su renta, pues sobre 
no cnecier en el tránsito, son úe mucho mías pr»e<?io todos los 
necesarios para la vdda en Indias; y así, no es practicable que 
los nacidos en ella podamos emplearnos en España. 

Esto se entiende hablando en lo general, pues entre la 
multitud de sujetos que componen estos vastísimos dominios 
de V. M. hay muchos hoy, y los ha habido siempre, con pro- 
porciones y desembarazo para poder servir á V. M. en cua- 
lesquier empleo de la Europa, y ojalá que de estos se coloca- 
ran algunos siquiera en puestos respectivos al gobierno de 
Indias ; pero ya nos contentaríamos con que los Europeos dis- 
frutaban el crecidísimo númiero de honores que tienen en la 
Europa, con que nos dejaran los pocos empleos que se sir- 
ven en la América: siempre nos hemos contemplado en ella 
tan hijos de V. M. como los naturalies de la Antigua- España. 
Esta y la Nueva como dos estados, son dos esposas de V. M. r 
cada una ttiene su dote en los lempleos honoríficos de su go- 
bierno y que se pagan con las rentas que ambas producen. 
Nunca nos quejáramos de que los hijos de la Antigua España 
disfruten la dote de su madre; x>ero parece correspondiente^ 
qu)e quede para nosotros la de la nuestra. 

Lo segundo persuade, que todos los empleos de la Amé- 



MEMOBIAL. 173 

rica, sin esoepcion de alguno, debían conferirse á solo los es- 
pañoles americanos con esclusion de los europeos; pero co- 
mo no hay cosa sin inconveniente, preciso es confesar, que 
los tendrá grandes .esta, entera separación de los ^europeos. 
Es necesario hacer justicia á muchos, principalmente á los 
proveídos en los mayores empleos, que se han dedicado á ser- 
vir á V. M. en .estas partes con el celo, amor y desinterés 
que corresponde, y no podemos desentendemos de que la 
nocesairia trabazón (jute debe teaijer led gobiicírno de España con 
el de Indias y la dependencáa qu»e se ha de mantener en la 
América respecto de la Europa, exije que no pensemos apar- 
tar de todo punto á los europeos. Seria «esto qu-erer man- 
tener dos cuerpos separakJos é independientes bajo de una 
cabeza, en lo que tes preciso confesar cierta monstruosidad 
política. No es el carácter de los americanos tan amantes 
de sus intereses sobre los del Estado, que no conozcan y den 
á estas consideraciones todo el peso que se merecen, bien sea 
que se sigan perjuicios del acomodo de los europeos en la 
América, unos por culpa de los empleaídos y otros sin ellos; 
pero mayores acaso podían temierse de no vienir jamás 
provistos algunos de la antigua España. Aunque se temie- 
ran, no se siguiria, que igualmente que en la de los euro- 
peos, tenia V. M. en la lealtad de los americanos seguro 
el gobierno de estas provincias; pero sin embargo de esto, 
la separación nuestra de aquellos naturales, enjendraria cier- 
tos recelos al estado; y estos recelos por si mismos son gra- 
vísimo mal en lo político muy digno de evitarse. 

Por esto, pues, se hace indispensable que nos vengan al- 
gunos ministros de la Europa; pero que lo hayan de ser to- 
dos los cjue se hulneren de ooloc*ar en emplw>s de primera 
orden? Que iiayan de ser como en el dia son todos los 
gobemajílores (jue V. ]\r. tiene en las proí\'in<pias y plazas de 
esta Aonériea septentrional, nacido y criado en la anligua 
España? Que no hayamos de tener, como al prest^ite no te- 
nemos en todo el continente de este reino, un Arzobispo ú 
Obispo que haya nacido en ellos? Que precisamente los 



174 LA BEVISTA DE BUENOS AIRES. 

jniniístros togados de estas partes, hayan de ser, como son 
hoy, la mayor parte de la Europa ? Que aain lias sill«as d^ los 
coros de nuestras cateíclrales apenan han de «estar ocupadas á 
medias por nu<ístros naturales? Que en el raan-ejo de rentas 
que produce á V. ^I. esta nueva España, solo para un caso 
rarísimo hayamos de ver entre tantos empleados uno de nues- 
tro pais? Que para los empleos militares se atiiendan tan 
poco nuestras instancias, que solo en lo que son milicias tie- 
nen lugar generalmente nuestros voluntarios ofrecimientos, 
por no ser 'de la mayor utilidad las plazas, y en la tropa 
arreglada con reserva de la« (jue beneficiamos? Para las de- 
mas, ó se nos desecha regularmente, ó si se nos coloca al- 
guna vez como en la guerrai pasada, en el Tejimiento que se 
levantó de dragones, aun después de haber servido á satis- 
facción de los gefes, raro ó ninguno ha sido promovido has- 
ta ahora á grailo superior en las vacantes ó provisiones que 
se ban ofrecido, para las cuñales se han atendido europeos 
aun de fuera del mismo cuerpo? No parece lo sufre la 
equidad ni la atención que debemos á V. M. sus vasallos de 
estas ])artes. 

Es especie de pena, ciertamente gravísima, la que de 
bocho sentimos en lo poco que se nos atiende en las provi- 
siones, y síubiria 'mucho de punto, si debiéramos quedar es- 
oluidos de los empleos de primer orden, como se trata dȒ 
persuadir en il informe que impugnamos. Ninigun parti- 
cular, mucho menos un Teino entero, y tantos reinos cuan- 
tos dignamente posee V. M. en esta América, sujetan a una 
pena que no la habian merecido sus delitos. Aun de lo- 
que exijen estos, se rebaja muclio para proporcionar la pe- 
na de un gobierno como el de V. M. que tiene por parti- 
cular carácter, como imájen de Dios, la clemencia, y con unos 
vasallos como los americanos, á quienes ha protestado V. M. 
y sus gloriosos projenitores el particular favor con que 
los mira. Luego, es menester suponemos reos de delitos 
tan 'gTBSves, que escediendo los límites de la piedad de V. M 
y venciendo su ajmor, nos sujetan á la pena de una eterna 



MEMOBIAL. 175 

i^ooiinm ejx la «a^bsoluta esolusion de los primeros ^empl^íos, 
y onuy «seasa atenicioii <eii la provisión d^ los otros. 

i Cuál, pu-es, -es €se d-elito, qne eontajiando tan vastas 
nejioníes, como tes de la Aimériea, ha de laitra-er tan enorme 
pena sobre todos sus individuos? Nunca dejaremos d« de- 
cir, que si íuera voluntad de V. M. el leselnimos de toda 
Sfuerte de honores, solo poí ser asi de su real agrado en que 
se hieiiera este, vincuJariíMnos con ventaja la satisfacción que 
se nos qnitaiba de servirle en los empleos, y á falta de sacri- 
ficar nuestros sudores y vidas á sus servicdos sacrificaríamos 
nuestro honor á eu beneplácito; pero, como estamos cier- 
tos de la voluntad con que V. M. ^sta de (atendemos, 
honramos y favorecernos, y que es sola la ma,levoLencia la 
que trabaja para arrancarnos del coreizon y aprecio de V. M. 
qneriiendo hacemos pasar por indignos; con el mdsmo he- 
cho de abandonamos, debemos levantar hasta el trono de V. 
M. nuestros clemores, no solo por el interés de nuestro ho- 
nor, sino por el público del estado. 

i «Qué dirá el resto del mundo de la Amériioa ? Que con- 
ceplos formarán las naciones de la atención que le debe á V. 
M. el cultivo de las Indias? Cómo no juzgarán, que estos 
vastísimos dominios los tiene V. M, llenos de «bultos inútiles 
á la sociedad, mas carga ique adorno del estado? No estra- 
ñe V. M. .que llegue la eonfíanza de Méj-ico á argüir á V. M. 
de este modo, que lo ha aprendido del que osó «alguna vez 
Moisés para pedir á Dios por el pueblo para quien represen- 
taba; no es ya interés muestro (diremos con tan canonizado 
ejemplar), es negocio de V. M. el que veaa las naciones que 
no somos indignos de que V. M. nos atienda: que somos, no 
bulrtos inútiles, sino hombres hábiileB para cualquier empileo, 
aun de la primera graduación, que en nada nos aventajan los 
del mundo antiguo, que no escede V. M. á los demás mo- 
narcas, solo en la vasta estensíon de tierras, ni en el núme- 
ro de individuos que las habitan, sino en la copia de vasallos 
tan fíeles, si no mas, ^tan generosos, tan hábiles, tan útiles co- 
mo los de quie puiede gloriarse el mas culto Estado del Orbe, 



176 LA BE VIST A DE BUENOS AIRES. 

ccmozca el mundo, que somos los Indianos aptos para «1 
consejo, útiles p-ara la guerra, diestros para el manejo de 
«rentas, apropósilo para el gobierno de la Iglefiáa, de las Pla- 
zas, de las Provineiías, y aun de l/oda la estension de reinos 
enteros; tengan de V. ^M. un auténtico testimonio de ello, 
'viendo que para ninguna clase de honor se nos desecha. 

Así será V. M., mas glorioso, que es gloria de los padres, 
la honra de los liijos. Así le será á V. M. aun mas seguro 
el dominio de estas re j iones, que no dudarán invadir los 
enemigos conceptuados, de que solo están llenas de figuras 
de hombres, y ya lo x>^n3arian mucho, si en la prodijiosa 
multitud de sujetos que tiene V. !M. en estas partes llegan á 
con'ceptuarse que hallarían otros tantos generosos vasallos 
capaces todos de resistir con su consejo, con su arbitrio, con 
su lealtaid, con su valor y con sus vidas á cualquiera prevención 
estranjera. 



e 



Atropellando tantas razones de equidad, de justicia, d 
utilidad y necesidad pública, y aun del honor y gloria de la 
ÜMonarquia, se intenta fundar en el Informe que impugnamos, 
al que debemos ser escluidos los Españoles Americanos de 
todos los empleos de primer orden; y cuando mas, por un 
efecto de humianidad, ser atendidos en la provisión de los 
.mcilianos. Para promover tamaña injusticia é introducirla 
en el justísimo ánimo de V. !M., era necesario pintamos de 
todo puuto indignos, y para esto, forjar las mas negras calum- 
nias <(iie pudo meditar la pasión. 

'Dicese desde luego que nuestro espíritu es sumiso y 
rendido; mas este, qu(* podia pasar ]X)r elojio de nuestra vir- 
tud, se agrio, figurando <iue declinamos al estremo de aba- 
timiento. Máxima es antiquísima de la malicia, malquistar 
las virtudes con el sóbrt^serito de los vicios. En la suma 
bondad del áioml>re — Dios, quiso la ceguedad judaica vestir 
su iuoí^encia con el traje de siuiplieidad, y asi no hay que «ad- 
mirarse de que la su^a^i'dad ol>sequiosa del jenio americano 
se pinte con los feos colorí ilos del abatimiento. Para hacer 



MEMOBIALi. 177 

ver al iiniiido toda la ceguedad con que en ol particular se 
nos infama^ no níeciesitamos sino que cada uno quiera dar oidos 
á su iiazon. 

Es <le suponer (jue hablamos, no de los indios conquis- 
tados "en sus personas ó en las de sus mayores por nuestras 
arm)a£), sino de los «españoles que Jiomos aiacido en estas par- 
tes, trayemdo nuestro origen puro por todas líneas de los que 
•h'an pasado de la antigua España, ó á conquistar ó j)oblar es- 
tas r-ejiou'es, ó á n^gociaír eA ellas ó á servir alguoi empleo de 
los de su goibiemo. Los indios, ó Irien por descender de 
alguna raza á quien quisiera dar Dios este castigo, ó por ser 
individuos de una naeion sojuzgada, ó acaso por la pooa cul- 
tura que tienen, aun después de dos siglos de conuquistados, 
¡nacen en la miseria, &3 crian en la rusticidad, se manejan 
con el castigo, se mantienen con el mas duro trabajo, viven 
sin vergüenza, sin lionor y sin esperanzas por lo que, envi- 
ileei'los y caldos de ánimo, tienen por carácter propio el 
abatimiento. De estos hablan todos los aaitores juiciosos, 
que después de «na larga obsem^aneia y mucho 'manejo, han 
dado á los indios en sus libros <al epíteto de abatí<ios, y acaso 
la mala intelijencia ó pre(úpitacion en la lectura de estos es- 
critos, 'ha heoho nial confiar sus espresiones para acomodar- 
las á los Españoles Americanos, con tanta injusticia, que es 
necesario, como ya decíamos, para cometerla negar de todo 
punto los oidos á los clamores «de la razón. 

No creemos delxer fatigar la soberana atención de V. M. 
ni consumir inútilmente el tiempo, difundiéndonos en hacer 
ver que la América se comx>ono de un icopioso número de 
Españoles, tan puros como lo son los de la antigua España. 
No faltan entre nosotros émulos que vivan en la preocupa- 
ción de fiue en la América todos somos indios, ó por lo me- 
nos, que no hay alguno, ó es muy raro, sin mez(*la de ellov^ 
en alguna rama de su ascendencia. No es hoy nuestro em- 
peño desvanecer uma preocupación tan grosera, pues quien 
no se convenciere así mismo con las innunioraibles reflexio- 
nes obvias que pueile hacer sobre el asunto, del>e estimarse 
incapaz de convencimiento. — ¿Qu.ién no sabe, que luego 



178 LA BEVISTA DE BUENOS AIEES i 

^iwe se icoDciiiistauxni «st06 doanindos, fué «uno úe los primeros 
"cuidados de imestros soberanos sa pobl^aeiou, á que eonsul* 
taron, liaoiemio para ello pasar los mares mucho número de 
familias nobdes y sacadas de ks Provincias mas limpias de 
la coroDia de Castilla? i<¿uiési ingoira io que se a^tendió á la 
pureza de esta población impidiendo oon tontas providencias 
el que pasaran á ellas, no solo estirsunjeros, simo españoles 
que estuvieran notados con alguana infamia en si, en sus p«i- 
dres, ó en sus albuelos? ¿Quién no ha «visto 'las muchas 
f ramiuicias concedidafi por nuestros Reyes á los pobladores 
de estas rej iones, para alentarlos á pasar á ellas en gran nú* 
añero í i Quién, por último, no (reñeja en la gran parte de 
España que ha pasado á la nueva, hasta hacer que aquella 
lamente su despueble? Ya decíamos, que por observación 
de un gran político de este siglo, asciende cada año el núme- 
ro de los españoles europeos que pasan á la América á 
nuis de 10,000, de suerte, que á este respecto, Kiesde la con- 
quista serán muy poco menos de 2,500,000 los españoles 
que han venido para estas poblaciones, y de ellos, aun que no 
Jiayan tomado estado ni tenido sucesión mas que una ses- 
ta parte, es todavia número bastante á (haber hecho una pro- 
dijiosa multiplicación de españoles. Cualquiera que pueda 
dar una ojeada á las \'aria8 edades del mundo y sus acaeci- 
mientos respectivos, advertirá cuanto número ha bastado pai«L 
en menos de dos siglos, formarse vastísimas poblaciones. 

A la de esta América ha convidado su opulencia incom- 
parablemente mayor que la de todo el resto del mundo an- 
tiguo. Esto lo saben todos, y tampoco ignoran la fuerza de 
«este atractiivo para haber hecho pasar á estes re j iones una 
eonsidenatble parte de la Europa; y «toda acaso estuviera de- 
sierta, si el gobierno no hu'biera des\'eládose en impedirlo. 
Háse poblado, pues, nray fácilmente, de un copiosísimo nú- 
«nero de familias orijinarias de la Antigua España — Pero 
¡qué familias ! i Aoaso de las de pueblos, ó de las que no tie- 
nen sobre la limpieza de su origen otra, distinción que las 
ilustres? Aun esto nos bastará, x)orque supuesta la x>ai«ja^ 



MEMOBIAL. 179 

qxke €8 caJidiad inatu-ral, la tprerogatáva civil de la noibleza la 
tendraisuQios como la tienen todos loe nobles del mundo, por 
merced de sus soberanos, y V. M. en sus leyes de este Reino^ 
se ha dignado h^acer hijodaiLgo y personas nobles de linaje y 
solar conocido, con todas las honmas de que deben gozar 
los ca»balleros bijoedalgos de los Reinos de Oastilla, á los 
españoles lamerioanos que somos hijos y deseendientes de 
los europeos pobladores de estas {provincias. Bástanos, 
pues, lia limpieza de nuesitros miayores; pero lia opnilenciía del 
Eeino ha traido á él la primera nobleza de España. De esta 
cliase es la del los Duques de Atrisco, Condes de Tenebron y 
otras con que liene enlace en nuestra América todas las ra- 
zas de la c^asa de Motezuma, \ki de los Duques de Granada, 
Condes de San Xavier y de Guara, de quien son ramas las ca- 
sas de los Valdiviesos, condes de San Pedro del Álamo y 
mao-queses de San ^liguéL de Agnayo. Las del cooitestabl^ 
de Castilla y marqueses de Salinas, de quienes descienden los 
Condes de Santiago, y otras innumeraíbles; — de suerte qné á 
juicio de su autor, no hay casa de la primera nobleza de la 
entiba España que no tenga ajl^na trasplantada y yk muy 
estendáda en da América. 

Tentemos en día muchas fiamilias que gozan sin contro- 
versia mayorazgos de la mayor antiigüedad y mas ilustre 
meanoiria en España, tenemos quienes disfruten señoríos y 
otros títulos del mayor honor, emtre los cuales es uno el de 
Mariscal de Castilla que posee don José Pedro de Luna y 
AreHano, señor de las villas de Soria y Vorobia en estos 
fiednos, como desoendiente lejítimo de don Carlos de Are- 
ílamo, señor de los Cameros. Tenemos quienes, si actual- 
oneoite no gozan, disputan derechos cuando menos muy proba- 
bles, con algunas casas de grandes de primer orden, como 
loe Paradas, íVwMPeea, Hemriquez, como descendiente de 
los condes de Alvadealiste, con las de los Duques de Bena- 
vente, de Hijar, de Frías, de Aríon, de Terra-Nova y de 
Monte-Leon, y de los marqueses del mismo titulo de Man- 
aera y Malpica. Y todo esto ? Qué es sino estar llena la Amé- 



380 LA REVISTA DE BUENOS AIBES 

rioa, no solo <le naturales españoles liimpios, sino muchísimos 
d€ -ellos nobles, ilustres die l'a miayor distiai«eioin y nobleza de 
Castilla? Asi es sin dud», adviortiendo, para quitar toda 
oqaiivocacion, y que se nos note de eontradiecion, que sin em- 
l)argo de que son muchos, muchísimos, los españoles puros y 
los caballeros muy ilustres que tenemos «n la Amérioa, toda- 
via lloramos la desploiriacion de esta, porque para poblar »a 
vastísima estension, sobre lo muchísimo que hay, es neoesario 
mucho mas que dará el tiempo y las justificadas paternales 
providencias de V. M. 

La mezcla que se concibe de los pobladores españoles para 
diesaereditar nuestra firmieaa, tiene también contra sí fortísi- 
mas consideraciones que no es fácil atropellar — Estas mezclas 
no se hachen sino por el atractivo de la hermosura ú otras pren- 
das naturales, o por la codicia de la riquieaa ó el deseo del ho- 
nor, y nada de esto ha podido arrastrar á los españoles pobla- 
donis á miezclarse con las indias. Estas, jeneralmente ha- 
blando y con solo la acteptaeion de un censo rarísimo, lejos de 
ser hennosias, son positivamente de un aspecto desagrad»l>le, 
malísimo color, toscas faieciones, notable desaliño, cuando no 
es desnudez, ningiuna limpieza, menos cultura y nacionalidad 
en su trato, gran aversión á dos Españoles y aun resistencia á 
contcKtar «(íon ellos. Son pobrísimas, \'iven en iina choza cu- 
yas paredKvs son de barro 6 de ramas de ár^bolc^, sus te(»]ios de 
paja y sus pavimentos no otros (¡ue el que naturalmente fran- 
quea el resj>e(4ivo terreno; comen con la mayor miseria y de- 
saliño: si vi.sten, en nada desdice á su comida su A^estido, ni 
camas tiimen para el dí^scanso y les( sobra con una esrtera de 
palma ó la piel de un animal, y lo poco que necesitan para tan 
pobre aparato, lo adquien-n á costa de un trabajo durísimo, 
cuyo detalle parecía tocar >lo« límites de la hipérl>olc. Sobne 
todo, el español que hubiera de mezclarse -con india, vería á 
su'sliijos canM'ii^wlo del honor d-c españoles y aun escl nidos -del 
{iroc(* do los 7)rinleiios concedidos á los Indios. Ix) mismo y 
con iirayor ra/on debe decinse im easo de que la mezcla se haga 
eorji neorros, nuil atas y otras castas orijinadas de ellos, y así. 



MEMORIAL. 181 

no hay por dond-e sean regulares, y mucho menos tan >comunes 
como piDta 1« mal^evoil^ncia, eetas m-ezcks. 

Algunas ha hftbklo de los españoles cQn indias >en los pri- 
meros tiemrpos de la conqnista, en qu« aun no se verificaban 
los poderosos retrayentes qne hemos referido; pero aquellas 
mezcla;» fueron con las reales de Nación. Mezcla de la que 
no se desdeña y con que altamente se áloistra muicha de la i>ri- 
mera grandeza de España. Mezcla que no ha infundido al- 
guna vileza en el espíritu »de sus deseondientes. Mezcla que 
ya en la euorta generación no se considera ni en lo natural ni 
en 'lo jyolítico, pues quien de sus 16 terceros abuelos solo nno 
tiene indio, es on lo natural, y se considera para todos los efec- 
tos civiles, español puro y limpio, sin mezcla de otra sangre. 
No ignoramos que muchas x>ersanas, ó «acaso cnierpos enteros 
y comunidades, interesadas en hacer pasar europeos a la Amé- 
rica, han aparatado necesidiad, y para hacerla creer á V. M. 
y sus ministroíi, se han valido del injurioso protesto de supo- 
ner que hay poca limpieza en estas partes ; pero lo que ha dic- 
tado la miailicia y el interés pai>a sorprender una providencia, 
no puede prejvaleeer contra las razones S(>lidias que desde lue- 
go se presentan en una lijera reflexión. 

Son, pues, muchísimos los españoles americanos nacidos 
en esta rejion de padres, abuelos, bisabuelos europeos todos, 
sin «mezcla de otra jeneracion, y que han hecho constar su pu- 
reza é hidalgui^a con los instrumentos mas autfti<tícos; son mu- 
ciios los que traen su crijen ilustre de la primera nobleza de 
España: son algunos do menos recomendables, por la do.viva- 
cion que tienen de la sangre real de esta América. Contra- 
yendo á todos '.^tos así limpios, nobles, ilustres, distinguidos 
y tan recoiiiiendabl^, lo que se hia informado a V. M., no se 
puede decir sjn una reprensible ceguedad, que se hermana bien 
el rendimiento y suavidad de su carácter con el abatimiento : 
no hay efecto naitural sin causa capaz de producirla, y en nues- 
tros españoles americanos nunca podrá aun el mayor esfuerzo 
de la malevolencia asignar el principio de ese abatimiento y 
videza de espíritu por mas que recorra de uno en otro cuantos 



182 LA BEVISTA DE BUENOS AIRES 

tíoneuTren á for:nar el earáíít^r y jénio de los hombres. Si eo 
orden á esto se le concede á la jeneracion é índole de lo8 
padres al^n influjo, siéndolo nii-Cístros españoles europeos, 
es fuerza qu-e por esta parte se nos conoedaai las mismas cali- 
dades, jénio é inclinaeion que á los nacidos en la antigua Es- 
paña. 

La educación es la que sin duda concurre mas que otro 
algún principio á la formación del espíritu. Examinada la 
de los españoles aniericjanos, es facdl reconocer los motivos que 
influyen paa*a qae no se haya en^vilecido, y <iue cuando menos, 
*se m-antenga en el mismo grado de elevación muestro espíritu 
que el de nuestros padres. Estos, en llegando á la América. 
6 con lo que les produce el empleo á que vienen destinados, ó 
con lo que adelantan en el comercio, ó con las faeultades (jue 
adquieren por los enlaces que contraen, ó con otro semejante 
arbitrio, se vén cuanto antes en estado de mantenerse con el 
esplendoíT de la opulencia. Si tienen hijos, ya nacen estos, se 
crian y educan con todo el mismo esp^londor: gozan de la de- 
ilieadeza de las viandas, del ornato de los vestidos, de la |>om- 
pa y «parato de criados y domésticos, de la suntuosidad de los 
edificios, «de lo ^squisito de sus miiebles, de lo rico de sus vaji- 
llas y de todo lo dem'ás que sobre las reglas de la necesidad n v- 
-tural, introdujo en el 7iwmdo la ostentación: ignoran lo que es 
trabajo corporal, »(» <ledican los mas á los estudios, de que al- 
gunos lia<»en profesión de por vida, y emprenden el estado 
ííK'lesiástico— Otros, que se inclinan al secular, (¡uedan culti- 
vados para él con aquellos primeros cimientos de las letra», y 
'luego se dedican á «alguna ocupación honrosa, viéndose en to- 
<las edtules apartados de los ejercicios que pudieran influir en 
su abatimiento; — s(*mejan«te educación, mas propia es para 
íelcvar (iu<» para abatir el espíritu de los americanos, por que 
4a mayor elevación de ánimo é ideas que se reconoce en los no- 
4)1 es y ricos respecto de los plebej'os» y pobres, no procede, á 
•juicio de "los grjn'di*s 'maestros de la ética, sino de la mas bri- 
llante educacií>n que logran los unos respecto de los 
btro8. 



MEMOBIAL. jlSS 

Si á los aliim'etDftois, por juzgarse menos salidos en Amé- 
jri<5a, se quieT«e atribuir 'el qu-e «diebilitan los espíritus oomo ios 
eujerpoSy seria preciso confesar, que tod<as l<as naciones cudtas 
/del Orbe ceden en generosidad á los bárbaros, pues estos en la 
carne cruda con qjue se sacian, tienen tal paso qrue mas grose- 
ro, sucio y aun m-as horrible, más í?()lido «alimento "que el Testo 
de las jeoites, que detestan esta ineultura. La miayor solidez 
del alimento influirá acaso en el aumento de las fuerzas del 
cuerpo, x>ero no en la eleviaeion 'del espíritu, á que, si bien se 
inira, perjudica la mayor pesantez corporal. A los europeos 
trasladados á ..«tas rejioneá, nutren los mismos 'alimentos que 
á los americanos, y no conf esari^an aquellos <iue "les debilitan el 
énimo hasta caer en el abatimiento. liiiego, paira este "efeicto 
no hay causa bastante en la poca sustamcia «de los alim,e*ntos, 
aun euamdo fuera cierta, (jue no lo es, sino preocupación vul- 
gar de ¡muy fácil y conveniente impugnación; pero digna de 
que la omitamos por inconducente «al asunto. 

El clima y temple rejional, influye sin duda en la com- 
plecsion de los hom-bres, y por la dependenciía con que obra 
el eí?píritu de los órganos del cuerpo, tiene tam'bien su ipart?- 
cipio, <:jue ya no en las oi>eraciones (que en todo caso son li- 
Jbres) , em las inclinaciones y jénios. Mas, por esta parte se nos 
ha de declarar la \^ntaja de los americanos : no solo ha salido 
ya el mundo del error en que tantos siglos lo tuvieron sus sa^ 
bios, de que eran inhabitables estos i)ai«es, por estar situados 
bajo la zona tí>rrida, sino que, ^^enerando la procidencia de un 
Píos, capaz de bacer infinitam^ente mas de lo que puede lUegar 
á pensar el mas sabio de los ho^^bres, admira como con una 
ligera mutación de estaciones, templando lo mas ardiente con 
tes lluvi^as, que en el resto del Orbe bacen m'as riguroso el in- 
vierno, perpetúa en las Indias ia primavera. Aquí, templa^ 
dos con esta divima física los wrdoi'cs del sol, ni nos abrasan 
cuando mas cercano este «astro, ni nos hiela su retiro por ser 
casi insensible, resi>ecto de nuestra situación. Por lo mmamo^ 
logramos con una proporciona'da igualdad, sin variedad enor- 
me, la armoniosa altetrnativa de luces y sombras y ia respec-i 



184 LA BBVISTA DE BUENOS AIRES 

Uva altercación del trabajo y d^esoanso. Por lo propio se haee 
envidiar la suavidad del temple de nuestro dima: él no abate 
el ánrmo, lo suaviza, y así, son mas suaves, pero no mas aba- 
tidos, los Españoles, Franceses é Italianos que los Dinamar- 
queses, Moscovitas y otras j-entes de rejiones mas ásperas y 
destempladas. Lo mismo d-ebe pespeetivamente decirse de 
Ja blanduína láe trato, suavidad die jénio y comedido m^anejo diel 
español am-erie-ano, sin malquistar estas dotes que lo adornan 
con el nombre de abatimiento, para el cual no halla la razón 
principio al^no examinando cuantos podiasi influir en la for- 
mación de tan despreciable oairáeter. 

•Sin emlbargo de que se qoiiere que pasemos por de un es- 
píriitu abatido, se añade en el informe que impugnamos, ser 
temible y de funestas consecuencias nuestra elm^acion, por que 
puestos en ella ó oon algún empleo ó con facultades, ^ dice 
<iue est'amos espuestos á dos mas grandes y perniciosos yerros. 
Esto solo puede asentarse como predicción profética ó como 
prenuncio político deducido de lo que se informa del oarác- 
ter de nuestro espíritu, ó como observación qaie ha hecho con el 
manejo la eaperiencia. Si es predicción profética, no necesita 
mas itiipu'gnacion, que la ninguna constancia del título con 
que se profetiza. Si es prenuncio político fundado en le que 
ee imputa de abatimiento de nuestro espíritu, demost/rfldo 
oomo lo está, el ningún fundamento de tan in juTiosa aserción, 
queda igualrajente destruido id prenxincio que se hace para 
nuestro perjuicio. 

Réstanos solo examinar esta parte del informe en cuanto 
puede ser observación fundada -en la esperiencia, y desde luego 
entramos en exám«en oon da confianza de que en nada se ha de 
ver mas clara la precipitación de quien asi lia informado Qué 
ejemplar se nos pondná á la vista, de algún español americano 
(ad menos de los de esta América Setentrional), que elevado 
con facultades 6 empleos se haya pre<»ipita>do á perniciosos 
yerros? Tenemos la incomxmí^ble satisfacción de aseguTar 4 
V. M., que no se ha de hallar uno solo que pueda ponerse "por 
ejemplo de lo que se pronostica. Desafiamos al informante. 



MEMOBIAL. 185 

á qvte úe cuantos hombres rióos ó «empleados ih^a producido esta 
Amérioa, se nos demu'eetpe un ipemicioso yerro público que ha- 
y^an cometido. No seria de ladmirar qaie huJbieran muchos, 
X'Ues en todo el mundo siempre la deviación mayor ha sido el 
mas eroisvente riesgo del precipicio. Solo la mas grosera igno- 
i^ncia de la historia puede estrañar orno muy eüorme yerro 
en la mías lailta fortuna. 'Los lerapljeos mas sagTados y qu<* pa- 
neoe nos estraen aun de la esfera de hombres, se han «visto mas 
de una vez manchados con los delitos mas feos y detestaibles. 
Generalmente hablando, x^'^nneoe que han quedado en todas 
las edades y las rejionies todas del orbe para la jente vulgar 

ios pecados comunes, reservándose los mas escandtalosos para 
proceder de los de mas elevado earácter. Sin recurrir é tiem- 
jK» mas remotos y ciñéfn«danos á solo los que llevan de conquis- 
l^idas las Américas, caiái es la nación del mundo anligno que 

no haya tenido que detestar la memoria de uno ú otro, acaso 
de sus mas distinguidos in-dividnos ? Solo á este nuevo mun- 
do parece que ha querido Dios conservarlo en sus patri- 
cios, como noble privilejiada esoexKíion de todo el resto del orbe. 

Se ha visto en él (razones que deben á nuestro respeto un 
obsequioso odvido jKxr los descuidos de ail(gunos Príncipes), vi- 
reyes faltando á lo mas sag>rado de la confianza, abusar del po- 
der puesto en sus manos, eontra la misma majestad que los dis- 
tingue, atentar á su soberamia, dispurtársela, y aun alguna vez 

arranearle parte de su corona. Se han visto grandes, distin- 
guidos con la inmediación á las personas de sus monarcas, ser- 
virse de este alto honor para intentar contra lo mas sagrado 
de sus vidas. Se han visto rebeliones autorizadas y f raguadaíj 
acaso por las personas del mayor carácter. Se han visto trai- 
ciones las mas feas, a^esinia>tos los mas indignos, sacrilejios los 
mas enormes, y en una palabra, toda suerte de delitos los mas 
atroces que haoi hedho descargar la espada de la justicia huma- 
na sobne las eabezas mas altas, sin esoeptuarse aquellas en que 
circulaiba la sangre misma de los soberanos. Y acaso hay 
ejemplar semejante en individuo albino de nuestro América? 



186 LA EBVISTA DE BUENOS AIRES 

Dos vÍTOyes hemos tenido, nacidos ambos en la América, con 
iempleo de rejidor y naturalizados en ella, que lo fueron don 
Luis de Velazco el segundo y el marqués de Oasa-Puerte. No 
•hemos logrado mas ; pero estos dos no se han distinguido, prin- 
cipalmente el íiltiino, que se hizo de tiue V. M. desee que sirva 
Áe eji-mplar para el arreglo de la eondueta de sus sueesores? 
De los Arzobisj)os imlianos que V. ^M. ha nombrado para esta 
santa igilesia uno solo Ueg*) á gobernar en su di(>eesis, preveni- 
dos los otros para la muerte ; pero este, <fue do fué el doctor 
ácm Alfonso Oue^'os y l>ávalos, ¿no ha merecido hacer venera- 
ble la -memoria de su siantidad ? No se hizo <iigno de (lue se es 
cribiera su vida para edificación de la posteridad? No ha 
preoisado al actual arzobispo, á que en el catálogo que formó 
<le los Prelados de esta inetróixi'li le confiese el ejercicio de kw 
virtudes en grado heróit^o? 

Entre los demás Obispos Amiericanos cuál ha tenido ^^. M. 
como alguna v-^z, en el centro mismo de la antigua España, tan 
poco atento á los deberes de su lealtad, íiiie haya obligado á 
desatender las reeomendaciones de su sagrada dignidad, para 
consultar á la quietud y seguridad del estado? ¿Ouál que se 
haya visto compelido á purgar, abjurando la» sospechas lega- 
les qu«a en juicio aparecieron contra la pureza de sus creen- 
cias? ¿No Iva habido (^ todo tiempo ameriiíanos, ricos mu- 
chos, elevados algunos otros en empleos? ¿De quién se ha 
dicho que haya abusado de ellos 6 de su candial, para turbar 
con gracias ó franquezas la traquilidad pública, para inquie- 
tar el «gobierno del reino, para comprar, no ya la vida de su 
soberano, ná aun la de los majistrados que la representan, pero 
ni aun las de sus particulares enemigos, — para resistir la an- 
«fcoridad de los jueces — para forzar la sagrada clausura de los 
TTionasterios — para profanar las iglesias — ^para maltratar 6 
«j*ar públicía mente sus ministros? — De lo contrario tenemos 
los mas aprcciables monumentos. Las facultades, el poder, 
la elevación, han servido á los americanos para liaoer brillar 
su beneficencia, paira acreditar su piedad, para desíahogo de 
su celo. Sirva por to^lo de ejemplar la casa de los Ifedina, f ?- 



MEMORIAL. 187 

Jiz en haber t-enido muchos de sus individuos elevados, oon fa- 
culí3ades y empleos, y ellia boIo ha derpamado á ben-efioio mas 
ide 1.500.000 pesos en reparación y dotatcioo de hospital^, en 
situar socorro fijo para las canéeles, en verifi'eaa' una dote anual 
d'e religiosa, en ampliar un «non'asterio, y en otras muehas 
íobras de sólida piedad y utilidad oomun del estado. Macho de 

esto pod riamos alegar, mas omitiéndolo nos gloriamos en gen«- 
sral, de que no habiendo en todo el mundo antiguo estado algu- 
no á quien no liayan costado llanto piiblico esoesos de muchos 
de sus principales, solo esta Améo-iea ouenta la felicidad de no 
tener memoria de -cfue algún nacido en ella y distinguido con 
mobleza, facultades ó empicaos, se hai>^a hecho digno de capital 
castigo en tres siglos qoie corren ya desde la conquista. 

Ha híibido, <íomo ^^a dijimos, Vireyes americanos, gober- 
nadores de provimiias y de plazas, presidentes de audiencias, 
oidores de ellas, y otros, colocados en toda suerte de empleos 
^el estado seglar. Tampoco han falljado arzobispos, obispos, 
inquisidores, abades, generales de relijiones, prelados inf erio- 
a^es, dignidadíes de iglesias catedrales, y otros distinguidos en 
el estado eeles^iástico. No «todos lian sido inculpables, pero 
-si los 'mas, y ninguno ha cometido error cuya graved'.i'^i !iaya 
flecho impresión en la .memoria de los hom'bres, á la que soio 
^an dejado monumentos j>eTpétuos y muchos de su piedad, 
«nagnificemeia, zelo, desinterés y tdemas dotes que admire y ele- 
ve y que deba imitar la posteridad. Digámoslo de una vez: 
cuantos compatriotas hemos vivsto empleados ó con facultades, 

sirven los «mas de gloria a la nación y no hay alguno que le sea 
úe ignominia. No podemos dejar de repetir, porque desde lue- 
go, carece de ejempdar en la historia. Hasta ahora no ha hal^ido 
Español nacido en la América y distinguido en ella con facul- 
tades ó em^pleos que por delito, no ya de estado, sino por cual- 
quier otro común, haya merecido que se ensangrenté en su ca- 
beza la espada de la justicia. Así, íes hecho constante, que no 
puede atreverse a irrapugnar la emuiacion ó la malevolencia, y 
siéndolo, no puede ser mayor ni mas reprensible la voluntarie^ 



188 LA BE VISTA DE BUENOS AlBES 

dtfwJ con que se asegura, qu-e •en ll-egando á vemos ©n eleviacion^ 
estamos espu^estoe á fuaiestos y»eppos. 

Sería gravísima ioijuria deeMo de ©uialquiera otra na- 
ción cultivadía d^l Orbe, sin iesnbaii^o, de los m'uchfaimos -ejetn- 
plíires qu-e cooitra cada una se podrían alegar de yerros come 
tidos por sus m;ijs distinguidos individuos. Seri-a sin embai^fo 
reprenaible injuria, por que los tales yerros, por muchos que 
sean, por «enormes, por detestables, como beolios particudares^ 
no debe un juieio bien arreglado inmputariles á -una nación en 
tera ni con ellos inf amarla. ¿Caiánto m^ayor será la injuria 
c]ue se liaoe á los Españoles «amerieanos, contra quienes no pue- 
de alegarse ni un caso particular que pruebe algo de la mala 
idea que se quiare hacer formar «de la nación en común ? 

Si hemos de estar á la razón, menos espuestos están á error 
elevados los ani^rieanos. Una elei'acion repentina, es como to- 
do otro gran trastorno, .estremadamente peligroso. Nada 
inas proporcionado á los ojos que la luz, y deslumbra sin em- 
bargo, y aun ciega, su nunea usado repentino goce, recreando 
por el contrario é ilustrando á quien la continuación de dis- 
frutarla le ha hecho su trato familiar. Los que se han oriado, 
como regularmente el Español americano, entre comouiiad-s. 
descanso y esplendor, no se deslunibrarán ni precipitarán cie- 
♦gos con la brillantez dd empleo á que los condujere su méri- 
to, ó alguna vez la fortuna. Así lo dicta la razón y el infor- 
marse lo contrario es eeguedad de un preocupado ca- 
pricho. 

Infórmase, no ol>stante, para con tan detestables medios 
abrÍTse paso á consultar á la injusticia, de qoie á los Españo- 
les americanos se nos tenga siempre sujetos en empleos me- 
dianos, por (i'Ue ni la humanidad ni el corazón del que infor- 
ma, le permite querer verlos desunidos enterauíejite de favor: 
pero si que estén perpetuamente pospuestos á los europeos ; — 
como si la humM-niílad, el derecho de las jentes y una razón re- 
l^'laíla, permitieran esta absoluta y perpetua preposteración de 
los naturales, esta entera esclusion de los primeros errores, y 
esta sujeción á los forasteros. Artificiosa ficción, por ciertos 



KEMOBIAL. 18» 

sentimiientos de humanidad y itemura de oorasson, cmando se 
uonmilta la méxima mas inhumana, perniciosa á la 'humanidad 
y íjontoiria á los intereses y honor d-e uoa nación que baKM? la 
mayor parte de la ^Vronarquia. Mañosa simulación para pa- 
liar al en'veii'enado <espíritu de que pn>oed.e tan pernicioso de- 
•arregl'ado intento. P^ro, por qive ya en refutarlo nos difun- 
dimos lo «bastante en la primera parte de esta representa-cion, 
pasemos á la clAiisula finaü del informe, en que se hizo el últi- 
mo esfuerzo para deprimir nutestro eone«pi"0. 

Díeese que es conveniente que los Españoles ameri(?anos 
I>erpétuiafmente quedemos pospuestos en los einpleos y honores 
públicos á los europeos, por (lu-^ estos eon muy noble espíritu 
consultan el beneficio del estado y quietud de nuestro amado 
soberano. Es así que lo haeen los europeos. Jamás avanaa- 
renios proporción que mahiuiste su buen fundiado <*ontvpto. 
I*ero <iué ! No haremos euando menos otro ^tanto también lo? 
Españoles americanos? Sup<mese en el informe (|iie no; pues 
se dá esta razón para que en nuestra misma patria nos prefie- 
nan los europeos. Nos haoen esitas ventajas (seg^m se intenta 
persuadir) en el lionrado zelo del bien del estado, en el amor á 
nuestro soberano, im la lea'ltad y veneración cjue le debemos, 
al qne paira nuestro gobierno tiene el lugar Kle Dios y por él 
reina. Pero para esta inferior graduación que se dá á nues- 
tra lealtad y demos virtudes «¡eolíticas, cual es el fundamento 
que Sv? espresa, 6 sin eapn^sarse se tiene ? Caiál es el Español 
americano, al menos de los nativos de esta parte siT^tentrvo- 
wal, que alguna vez baya maquinado eontra el bien <lel estallo, 
ó que no haya euidado de él eon la mayor "vijilancia en lo res- 
pectivo á los deberes -de su iGJmpkx)? Cuál que haya iníiu?(?- 
tado en manera alguna á nuestro ania.do solx^rano ? Qué 
ejemplar <de asto vse alega en el imforrue ni nos ]>re>*euta la bis 
tona, ni hay en la 'memoria de los hombres desde la con(iuista 
del Imperio de Méjit»o? Tenemos la gloria de decMP (jue nin- 
guno, y la satisfacción de que no se nos Iva de convene*^r en 
esta parte, lo cual bastaria pana fi-ue se calificara 'de criminal 
voluntariedad el graduamos iniferiores á los eurpeos m el 



i90 LA BEVI9TA DE BUENOS AIEES 

©do del bien público y mnor á nuestro soberano. 

Dos y aniedio siíg'los se oiientaai ya desde que g02^ ol Reí- 
no de Méjico la doaniameion de V. M., y en ellos, oh! qué 
die tur^baeiones no ha padecido la Euix>pa! Cuaoitas ocasio- 
mes se lia "visto coloear los mieíros intereses de los xxarticula- 
•res sobre ios del Estado f cuántas se ha inquietado el descan- 
so de los soberanos! Cutántos testámonios jio se han dado 
dé\ furioso odio com que los ham perseguido, hasta ensangren- 
tairse en sus sag:ra;das personas uno ó muchos de sus sujetos t 
Ciudades enteras, provincias y aun reinos, sacudir el yugo 
de «la débiida obediencia é sus •monarcas, entregarse á otra 
dominación, ó exijir la de su libertad, ó intentarlo sin llegar 
á punto de conseguirlo y verse hechos objeto de la indigna- 
ción del Re¡>', esperimentando su castigo? ¡Cuánto de esto 
iDO ha pasado en la EuTopa! Eai nuestros dias hemos tenido 
que detestar, cometidos en las mayores cortes de ella, io« 
mas enormes atentados contra el bien del Estado, el honor 
de la nación, la quietud y la vida de los Monarcas. Y acaso 
"l^or que en nada de esto hayan ¡tenido inclusión los españoles 
afmcricanos, ni hayan dejado á la historia ejemplar igual» 
es amerito para que se gradúe su celo del bien deíl Estado, de 
la quietud pública y su amor á nuestro soberano, en inferior 
él de los europeos? 

No ocurriremos á tiemx)os mas antiguos, en que i)or la 
corta edad de la poblacioai de esta América, se puede decir 
que aun no tenia estado para entitaír en asunlos de la mayor 
enormidad. Nos ceñiremos á s61o los acaecianientos de este si- 
glo, en que ya se oontaiban á millares los españoles americanos. 

Al principio, pues, de este siglo, lam críticamente cir- 
cunstanciado con la digna coronación del padre de V. M., 
disputaida con tanta obstinación por las armas Austríacas y 
Británicas, que bastaron á turbar la felicidad de algunos 
pueblos de la antigua España, á hacer titubear la de indivi- 
duos del primer carácter, y a dar en tierra con la de alguno 
6 algunos de quienes menos debería esperarse que volvieiwn 
la espalda á su so»berano, ¿qué hubo de inquietudies en nues^ 



MiEMOBIAL. 191 

tpa -Aimérioa? Cuál <le bus iiidividuos, no ya contrario en 
sus obras ó ptaltabras á los justos derechos d*e la Augusta 
Gasa kíc Borbon, pero ni dudoso ó desconfitado de ellos? ¿No 
se admiró por él <conta*arío en nosotros una eoustanciía en el 
debido reconoeimiento á nuestro lejítimo soberano, cual 
pudiéraMOs tener en el mas quieto pacífico gooe de su do- 
min<acion? No dejaran de ponerse en uso tpara batir ó ha- 
cer titubear nuestra felicidad, todias las malas «artes que 
adopta la f a;lsa política ded interés contra las máxiniias de l<a 
buena razan. Introducianse desde Juego por conducto de 
los Ingleses que clandestinamente se acercaban á «alguna do 
nuestras costas, noticias infautas de sucesos contra las ar- 
mas de nuestro Rey. Preftendíase i>errsuadimo6 á lo inevita- 
ble de la dominecion austríaca por la fuerza, ayudada de üa 
fortun^a; se intenta;ba abuíltaTnos 9U derecho á la corana con 
papeLetas sueltas, en que se suponían hechos y fundiamnentos 
para tufr^bar nuesljra creencia y trastornar nuestra fidelidad; 
pero dejos de ello, todos estos arbitrios, n^ada mas obraban, 
que irritaír los honrados sentimientos de nu'estra lealtad. Por 
efecto de ella, al mismo tiempo que en la Europa algunos 
desertaban del partido del soberano, auxiliábamos los Ameri- 
canos á distancia de 2,000 leguas sus intereses, con aprestarnos ; 
como do estábamos en cuanto lo permitía la situación del 
Reino, á resistir da entrada de los enemigos en él. 

En todas partes ha tenido da política por necesidad del 
estado, la canservaeion de fuerzas militares, no solo para 
hacerse un monarca respetar de sus 'vecinos, sino para man- 
tener su autoridad entre sus subditos y contenéoslos en su de- 
ber y dependencia. Solo esta América ha hecho faltar glo- 
riosamente tan bien fundadas reglas, pues sin tropas que 
hayan sido gravosas ad Real Erario, su fidelidad' por si mis- 
ma, sin otro freno, la ha 'mantenido en la debida dependen- 
cia á su soberano y ha estorbado á dos otros Estados pensar en 
invadirla. En todos estos dominios, cuya estension es bas- 
tante a abarcar muchos de los mayores reinos de la Europa 
no se iha <mantenido jamás, hasta siete años á esta parte, un 



192 LA BEVISTA PE BCEXOS AIRES. 

rejLmiento entero de soldados: á principios del ^^lo pasado» 
se formaron en tssta capital tres conipañias de infantería, y 
tan débil tuerzí. que no podrá servir de freno á un atentado 
publico, lastimó la delicadeza de nuestra lealtad, é hicimos 
instancia para que se reformase nquel tad cual aparato mi- 
litar, por que el conservarse era afrenta de los ciiidadiaínoSy 
siendo ocioso donde los vasallos éramos tales, <iue en todo 
caso sabríamos perder gL-ncraiinente nuestras vidas en ser- 
vicio de V. M. Así lo reprcssentamos á vuestro Virey ^Lárqués 
de Serra Allx), quien respondió con esta espresion: ** Co-n- 
fieso así la f Klelidad de muy buena -gana, por que la tengo iK>r 
cierta. " Y en los mismos téruiinos io informó á V. M., con- 
ílescendiendo á la instancia de la Ciudad, después que ya no 
necesitaba este resguardo para ** haeer oposición á los ene 
•migos de los puertos, '' <iue son las palabras con que se es 
presa en papt*! de 27 de mayo de 1639, añadiendo, que tan 
honraidos y fieles vasallos coano V. M. tiene en este reino 
son la verdaulera defí^nsa de sus vireyes y ministros. Y que- 
riendo hacerla notoria á todos y s<*r el testigo de mns segu- 
(Fo abono, había r(*ívUclto, que pues entonces no d'a<)>a cui- 
dado particular el rií*sgo <le los puertos, se formasen las tres 
comjmñias. 

Del miíímo vintn- tuvo est-a <*iudH<l <juejta j)or li'aberi»e es- 
parcido la voz de (lue liabia inforiiwMlo algo en perjui<'io d? 
su concepto, y satis fa.cií«iido á esta queja dí*smintien<lo la 
idea (*n (|U(» S4» formaba, 'csc/ribió á este AyuntAmiraito eartti 
d.» 12 «de -diciembre -de 1635, en ípie sobre negar haln^r in- 
formado, ni jKxler infonnar lo (|ue ^•e decia, espresa que 
tiene 'muy arraig'n'vio en el cora7x>n ** el amor á esta ciudad y 
reino, y á todos los naeldos eai él. *^ Y Im^ añade: 
('fortifico como c^a]>all(iro y como ^-in^y qu:» be sido de este 
Reino, íjue en once» irnos (\\w be go]>emado, no solo no he 
visto en él cosa <|ue tlí^sdiga de la olwvlieneia, respeto v 
'* aimor -(jue debemos al Rey nuestro señor sus vasallos; pe- 
** ro he hallado siemprn^ muclias finezas ^cn esto, y muy par- 
** ti-cularmente en V. S. que á todo eu-anto puedo entender 






MEMOBIAL. 19a 



4( 



< ( 



no d-ebe ©eder en lealtad y afecto amoroso á ninguna re- 
públiea de cuantas abmza la monarqjuia de S. M. "y pro- 
testa quiQ «así lo tien<3 kiiforniado muchas veces, y que se pi- 
da á V. M. inande da/r de ello ** testimonio, para que en to- 
do tiempo conste asi -en los libros de cabildo, como en las 
plazas del mundo, que tan fieles vasallos de V. M. fueron 
*' conocidos de un virrey que once años lo gobernó. " 

En otra carta escrita á su sucesor el Marqués de Cade- 
mta, fecha en 10 de diciembre de 1635, se le esplica en es- 
tos términos: ** Once años he gobernado este Reino, y en 
** todos ellos he esperimeoitado la fidelidad, obedieneiía y 
** amor que tienen al servicio de S. M. sus vasallos nacidos 
** en él, como se lo tengo represeintado en muchos despa- 
** chos, sin que haya uno que salga de esta conformidad. " 

Seria estender un volumen y pasar de los límites de un 
respetuoso informe, empeñarse en insertar los irrefragables 
testimonios que pudiéramos producir de lOs Ministros y Ge- 
íes del .primer órd«en, que sirviendo á V. M. en estas partes. 
hsm reconocido *éi muy sublime grado de nuestra lealtad, y 
lo han testificado. Pero, aun cuajido omitamos otros, no 
podremos pasar en silencio los que tenemos de aquel hombre 
tan grande, que él solo bastarla á confundir las imposturas 
de cualquier otro: este es, el exmo. señor don Juan de P^ 
iafox, quien satisfaciendo «ti eargo 8.o de los que se le ha- 
rían vagam»ente y pudieran acaso formalizarse sobre Ita con- 
ducta que habia tenido en su gobierno, hace é los america- 
nos toda la justicia que en el asunto de que vamos hjablan- 
do se nos debe. El ca;rgo era, que parece que no debida ha- 
ber llevado tan al cabo eomo llevó, los ruidosos ntegoeios 
que se le ofrecieron en la Puebla de los Anjeles, por hab^ir en 
esto aventurado la paz piiblica. Satisfaee diciendo: ** :iuo 
con el conocimiento que tiene de las indias, como quien 
las ha gobernado 22 años, y 12 en el consejo y 10 en ellas 
mismas en todos sus mayores empleos, desde el de Fiscal 
del Consejo basta virey, y aeer3ándase mas que otro mi- 
nistro alguno, — ^no hay provincias en el mundo mas sua- 



19i LA BEVISTA DE BUENOS AIBES 

* 

*' ves á das órdenes irealesy mas resignadas á sos diecretos, 
'' nuas duioes al obed>ecer, mas fervorosas al servir, mas 
** aimigasi de lo «bijieno; y que «un padeciendo muK^ísímo^ 
** (tolieraai y sufnea con mayor pa^jieinieia debajo de las iinju- 
'* rías y yugo del malo, sin hacer mas, quae mudamente 
** quíejarse y suspirar. " Y Ixbego eox el párrafo XXXVI, 
añade: ** Y la tslzojx es, jWTque sobre ser los natnirailes de^ 
*^ le^os reyínos de la Nueva España suaivi^imos, son inclina- 

* * dos á la ra2X>n ' * Y concluye el párrafo XXXVIII, 2on es- 
tas palabras. *' AfíTraando también allá por cosa elertísi- 
** lua, que ei hay «en ei mundo, provincia donde esté segura 
'' la paz, aunque obren lo malo los superiores (¿cuanto mas 

obrando lo bueoo. y santo, en qu« consiste la utilidad de 
los reinos), son los de la Nueva España; jwrque yo he vis- 
ito casi <todos los de Europa, Alemania, Italia, Flandes y 
Francia, y no h«ay naturales algunos lan resignados y hu- 
mildes como los de la Nueva España, fmaa aun que los del 
Perú : y así, todo su daño, y del jy&y, y de su hacienda en 

* * gestas Provincias, le viene de la cabeza y Ministros. ' ' Díg- 
nese V. M, de cotejar estas espiresiones con las del contra- 
rio informe. Este, puesto por un sujeto que no sabemos quien 
sea, ipero el que fuieire, por muclia que sea su elevación, no 
jKxlrá compararse ni en cuanto & sus luees naturales, ni á 
su crítica, ni á su conociipiento csperimentH-il del reino, ni á 
su heroica virtud, sinceridad, desinterés y demás ¡circuns- 
tancias que concurren en ^1 á formar la mayor autoridad,, 
con el venerable Paljafox. Este asegura, que no hay pro- 
vincia en el mundo donde esté tan segiura la paz pública co- 
1^0 entre nosotros; que no hay mayor suavid^, humildad,, 
obediencia y resignación, que la nuestra; que ninguno no 
•^eede en 'la prontitud y fervor por el Teal servicio, ni en la 
inclinación á lo «bueno. Y contra todo esto, se informa 
ahora sin fundamento, desde lu.<Qgo, con muy corta y aoas> 
ninguna esperiencia, y puede ser con preocupación é inte- 
rés, que no somos de lo mejor x>ara el Estado ni convenien- 
tes para la quietud de V. M. Acaso esta quietud y aqu^i 



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MEMOBIAL. 195 

bien, no cxmsisten en la ¡paz pública, que «entre ningunos es- 
tá mas segura que entre nosotros? Por ventura, no condu- 
<?e al bien del estado ni á la quiejtud de V. M., el que sonios 
los mas suiaves á las órdenes reales, mas resignados á sus de- 
cretos, "mas dulces al obedecer, mas fervorosos al servir, m.is 
am^aintes á lo bueno, m^as pacientes aun bajo el duro yugo de 
la sinrazón? Es mérito, el que los naturales d^ la Europa, 
entrando el de España, ^an menos rsignados y humildes 
que nosotros, para que aquellos stan mas útile-j para la tjuí'j- 
tud de V. M., como si esta se afianzara mas ea menos humJl- 
dad y Tesignacioin t De la que tenemos y reoomienda el 
anejor y mas grandie ministro, se abusa hoy, señor, i>ara mal- 
quistar nuestax) eonicepto, en la confianza de que la injuria, 
** sin haioer mas que nmdamtente qu^ejamos y suspirar. * ' Ya 
dijimos ad principólo que así lo hariamos, y he^mos hecho has- 
^ aquí, á no habérsenos inconsideradamente atacado x)or la 
parte mas noble de nuestra lealtad, contra la que hariamos ün 
enorme crimen anixxrízando acaso la impostura con nuestro 
fiileneio. 

Jamás lo hemos podido guardar en el asunto. Cuando 
visitaiha los mismos tribunales de ella el mismo venerable 
obispo Palafox á la mitad del siglo pasado, hubo quien infor- 
maos á V. M. que estajba alborotada esta ciudad y cBpuest*^ 
á tumultos y turbaciones. "^ 

No pudimos tolerar la injuria, y recurrimos por medio 
de Tina Diputación aÜ mismo Visitador á formalizar qneja, 
lo que no nos permitió, ponqué no nos embarazásemos en 
que se hiciese plei<to en materia tan clara, y en la cual S. M. 
nunoa habia dudado. Con estas palabras se nos espliea en 
carta de 30 de mayo de 1642, en la que así mismo refiere 
como ofreció á nuestros IHputados dar cuenta á V. M. ode 
todo y *' de la ^pureza y lealtad en tantas ocasiones aeredita- 
*' das y conocidas del Rey Nuiestro Señor " y nos aconpaña 
testimonio de un oapituilo de carta, que de ínesrultas escribió 
el Señor don Felipe tV en 28 de agosto de 1641 «1 mismo V?- 
eita«lor ; en estos términos : ' ' Diréis á la ciudad Ja gran sa- 



196 LA BEVISTA DE BUENOS AIBES 



** tisfaccion que tengo de tales y tan fiel« vasallos, y de la 
timiacion que bago de ellos, de manera que queden satis- 
fechos de todo jénero de desconsuelo que pued-an tener 
por esta razón, y que «estoy cierto de que sieinpre cumplen 
y han cuiniplido con sus obligaciones, con la fineza y leal- 



es 

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n 

** tal que deben. ''. Espresiones hijas de la piedad di* un rey 
y que han quedado y quedarán impresas indeleblemente en 
nuestros corazones, pues pueden ser (como .<e esplica el 
anismo venerable Palafox en su citada carta) '* digna aproha- 
*' cion de la mas relevante fineza en el real ser\'icio, '' y muy 
fundadas para confundir la impostura del contrario informe. 
De todos nuestros soberanos, cuya felicísima domina- 
ción ha logrado esta América desde su conquista, hemos re- 
cibido iguales eatisfaociones. Al señor don Carlos V. le 
tpedimos que se sirviese incorporar este reino en su corona 
i>eail de Castilla, y S. M. vino en ello, y así lo juró, ** aca- 
tando la fidelidad de la Nueva España, " que es como se es- 
presa en su Real Cédula de 22 de Octwbre de 1523. En otra 
de 25 de junio de 1530, la Reina Gobernadora se sirvió exe 
quar esta ciudad con la de Burgos, '* por la voluntad que 
** S. M. tiene de que sea mas honrada y ennoblecida." En 
otra de 8 de noviembre de 1539, el mismo señor don Carlos 
V, tuvo la 'bondad de avisar á esta ciudad el viaje que em • 
íprcndia á la Alemania, a fin de que obeHieeiese en el Ínterin al 
Príncipe á quiíeoí dejaba encargado el gobierno, en lo que uso 
esta ciiidad de su antigua lealtad y bondad. El príncipe, en 
oneal cédula de 24 de julio de 1548, concedió á esta ciudad el 
título de Muy Noble, Insigne y Muy Leal, en atención al ser- 
vicio que hicimos aun estamdo «en mantillas, en^'iando como 
enviamos, apcsar de tanta distancia, gentes, calmllos y ar- 
mas, para sosegar los movimientos que turbaron por aquel 
tiempo la paz en el Perú. Cuando el misano señor Carlos 
V, determinó la coronación de su hijo el señor Felipe II, 
al darnos la orden (correspondiente, en oódula de 16 de enero 
de 1556, nos honra con estas impresiones: ** Y siendo cierto 
*' que vosotros, siguiendo \'uestra lealtad y el amor que á Mi 



MEMORIAL. 197 



** y á El, habéis tenido, como lo h«>be.mos conocido por las 
*' obleas, le serviréis, como lo confio y d»ebeis á la volnintiUl 
" que rnn'bos os hemos tenido y temcimos. " El señor P«fHpe 
II, no nos honra menos «en mx real cédula d«l 17 de eiuera de 
1556, en la qu'e »e digna dtecirnos: '* No míe queda qu€ de- 
'* cir, 8Íno| certificaros de vuiestra fidelidad y lealtad, y del 
** amor y afición 'especial que enítire vos he conocido. " 

. Omitiendo (solo por no fatigaor mas ila atención de V. 
M.) iguales espresiones de honor con que se han dignado de 
acreditar nuestra leaVtad todos nuestros soberanos, solo in- 
sertaremos algunas del «gloriosísimo padre de V. M., aun en 
ias circunstanci'BS más criticas de la monarquía, en 23 de 
diciem'bre de 1707 nos dice: **Ha parecido avisaros de su 
recibo y daros las gracias por la leajltad y zelo con qu« 
obrasteis en esta fundación, de que me doy xx*r bien ser- 
vido de vosotros. En 20 de agosto de 1703: *'Ha pa- 
recido avisairos de su reKnbo y daros muchas gracias por 
ello, no esperando menos de tan buenos, fieles y leaies 
vasallos, según en itodas ocasiones lo tienen acreditado.'* 
En 27 de mayo de 1709: **Y correspondiendo mi amor á 
'' la constante fidelidad de los naturales de esos dominios.'^ 
Bn 7 de «enero de 1740 : ** Fio en vuestra fidelidad y amor á 
mi servicio, que daréis pruebas evidentes, como lo habéis 
practicado siempre, del zelo ardiente que os asiste paira la 
d^ensa de la religión, y de que mantenéis el mismo es- 
píritu y valor que en seraiejanítes ocasiomes han acreditado 



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mis subditos en esos dominios." 



Pero deȇpues de todo, nada nos satisface m:as que el 
concepto que debemos a V. M., espresado en su Real Cédu- 
la de 14 de agosto de 1768, icaí que, entre otros puntos d^ 
arreglo de los Seminarios de Misioneros, que se manda 
erijir en esta corte algunas de las casas vacantes por el es- 
trañamiento perpetuo de los regulares de la Compañia, or- 
dena V. M. que en dichos seminarios *' jairaás puedan entrar 
estranjeros, pero sí venir á ellos cualesquiera mis vasa- 
llos de mis Reinos de las Indias en quienes como españoles 






198 LA BEVISTA DE BUENOS AIBEd 

** originarios, 'reinan los mismos principios de fid-elidad 7 
** «mor á mi soberanía,'* 

Verd'adieramenté, que cuando todos los soberanos, á cuya 
dominación ha «hieeho feliz este América, reoomiendan nues- 
tra lealtad y la testifican, cuando la persona mismia de V. ]Vr. 
reconoce en estos sus 'v^asallos, aunque nacidos á tanta dis- 
tancia, los mismos bonindos primeipios die fideílidad y amor 
que en los nativos de la antigua España, — 00 puede menos 
que graduarse como cierta especie de saerilejio é infidelidad 
en lo político, el que, en el informe que impugnamos, 8¿ 
(rebaje de este concepto ; poniendo nuestro laonor, obediencia y 
fidelidad en grado inferior á la de otros vasallos de V. M., 
ausque tan observantes, tan fieles y tan amantes como los 
españoles europeos. 

¿Cuál es el caso en que ha faltado, debilitándose, fla- 
queando ó (titubeando la leailtad de los españoles amerioanos, 
desde que los hiay en esta parte septentrional t En ella ja- 
más ha habido u<na Tebelion que ofenda á la fidelidad debida 
á V. M. : verdad es, que alguna vez se ha notado algún mo- 
vimi^ito de la i>lebe, siempi^e muy reprensible por el modo 
y por ser contra ministros de V. M. : pero nunca ha llegado 
á términos de querer intentaT saoudiT el yugo de la obedien- 
cia al soberamo; — ^y después de todo, aun esos tales cuales 
movimientos popula^res, que en nin-guna (nación del mundo 
ban faltado y en esta América han sido (rarísimos, iiespect'^ 
de la Europa, ha sido solamente de la ínfima plebe, sin que 
haya ejemplar, de que hayian tenido jamás principio los es- 
pañoles de este reino, fidelidaiíi que no contará nación al- 
guna del mundo. Sti en alguna de las últimas conmociones 
que á fines del año de 1767 hu*bo en tal cual pueblo de esta 
provincia, aipareció culpado cierto eclesiástico natural de 
ella, y ya save V. M., íno lo ignora todo e^l reino, y así lo 
entendió el ministro encargado del reconoeimiento y castigo 
de didias turbulencias, que el eclesiástico comprendido te- 
nia descompuesto el cerebro, turbada la razón y se hallaba 
en estado de no ofender. 

No hablamos de ia inquietud dd año 1624, porque esta 



MEMOBIAL. 199 

ya se sabe qu-e ila causaron con la dureza «de su oondueta dos 
eufpojpeos, que lo «eran «el Virey y «el M. R. Arzobispo de "esta 
Jfetrópoli. Ijos proeedimientos del Virey estimó la Real 
Audienicia qne, á no contentarse, perderiian el reino, por lo 
que «fbocó así el gobierno. El Virey defendía su puesto 
apellidando el «real nombre de V. M. : con el mismo sagrado 
escudo, auítorizaba la Audiencia sus providencias, y en este 
eanflieto, no sabiendo «e^l poieWo que hacer, si laígunos sos 
tuvieron el partido de la Audiencia y otros el d-^1 Virey, uno? 
y otros lo hacian por veneraicion al real nombre de V. M. y 
á los ministros en quienes reside su inmediata representación 
y así, en Jia dhnsion que se 'esperimentó dicho año, aunque 
tuvieron inclnsion algunos españoles, en nadia quedó man- 
oha'da su lealtad, como se calificó después, y lo escribió al 
señor Pdipe IV el virey Marqués de Serra-Albo, qne envió 
á la ciudad c()pia del informe, «acompañada de aquella carta 
de 10 de diciem-bre de 1635, y la cláusula que habla óú 
asunto, dice: **Y" consideré lo primero el segnro diotáníen 
en que estoy, de que ninjgnno »de los caballeros de esta ciudad 
tuTO jamás intención de faltar ail servicio de V. M. y si 
algunos cuentos hicieron, nacieron de fe duda de ver ape- 
llidar el reaV nombre en las casas Reales por el Virey y 
en l«a ciu»dad por la Audiencia, sin saber á que parte debían 
acudir, y tengo i)or cierto, que si entonces pudiera Hegar S, 
cuakiniera dé ellos un^a declaración de cual era la voluntad 
de V. M., ninígarM) Mtara á su ejecución/* 

Lejos de haber en algün¡a ocasión nuestros españoles 
faltado formáliñente á la fidelidad ó flaqueado en ella, ó in- 
elnídose cuando hia habido algrim lijero movi-miento popu- 
lar, lian sido los que han semddo para sosegarlos. A mitad 
del siglo pasado, se conmovieron las provincias de Tehuan- 
tepec y Nexapan, y el Virey, Duque de Aiburquerque, confió 
la paciíficacion á la prudencia, santidad, celo y fidelidad dA 
obispo de Oajaica, qne entonces lo era el doctor don Alfonso 
Cuevas y Davales, americano, qnien con efecto j>aso á dichas 
Provincias y las puso en paz, sin que ni se erogase costo al 



200 ; LA BEVISTA DE BUENOS AIRES. 

Beail Eqiarío de Y. M. ni se derramase saiigT>e de sus ysssl' 
iics, babiendo obrado tan coníorme á sus obligaciones, quo 
lo hoibo d«e honrar la real piedad, dándole muy espresivas 
gracias en Cédula de 2 de octubre de 1662 — Eoi el de 1692 
faubo un furioso motin de Indios en esta ciudad por falta do 
wBBaz, y á los Bejidores de ella, y nmy especialmente al so- 
licito afán de su Aiferez Real en tumo, don Juan Manuel de 
Aguirre, aonericano, se debió el (restablecimiento de la quie- 
tud pública, ocurriemdo, como ocurrió, é remediar á costa 
de sus riesgos y fatigas, el daño que había ocasionado la 
turbeeion. Por los años de 1732 y 1734, se conmovieron 
taBibien los Indios en algunas x>artes de la x>rovÍ!ncia de 
Chiohimeeas, y fueron {refrenados por los vecinos de Sají Mi- 
gúsA el Grande y Qiiaaiajuwto, sin gasto alguno del Real Era- 
rio. 

En el de 1767 hubo un pedazo de conmoción en Pas- 
cimro, y se hubo de seresiar por el R. Obispo de aquella 
Diócesis; x>eTO llevó en su compañía para este efecto al Pe- 
nitenoiario de su Iglesia, doctor don José Vicente Grosabel 
y á su aibogado de Cámara, Licenciado don Joaquín de BeU 
train, amibos españolies americanos. En el mismo año ne 
conmovió la pl^cbe en Guanajuato, y se hizo xyreciso usar 
con ella el rigor de las armas, en que se distinguió el esf aerzo 
del eoroneil don Tomás Luyala, Español natural de la misma 
ciudad (Gnianajuato), que con un escasísimo número de 
hombres, hizo fneuflc á la multitud de millares de conmovidos, 
hasta que cubierto de piedras, inhábil con las muchas contu- 
siones que haibia recibido para manejarse, lo retiraron, y no 
bastando entóneos las armas para contener tanto pueblo, 
salieron los eclesiásticos seculares de aquel vecindario, y coa 
su respeto de 9ervir patrullando la ciudad de dia y de noche, 
por algumos dias, consiguieron el sosiego. En Saa^^Luis Po* 
tosí, también fué un español airaericano, el coronel don Fran- 
cisco de la ilora, á quien V. 11. honró con el título de conde 
de Peñazco, el que, con los criados de su hacienda, naturales 
todos de estos reinos, refrenó el prodijioso número de <tu- 
multua-rios. Pocos años antes se habia» verificado otra oon- 



MEMORIAL. 201 

moción en el real éé minas de Pachuca, «en qu« el gvnieso de 
la ^te vil empleadla en el trabajo de ellas, turbó la quietad 
pública para qniitar la vida á su amo y »! Justicia dd Real, y 
para contenerlos, pasó con órdenes del Virey el alcalde de 
corte don Firameisco Javier Giaimboa, mativo de esta América, 
pu«6 8i en ningún españo^l natural de ella se nos puede seña- 
lar ni oin único acto de infidencia, antes por el contrario, son 
á quienes se lia debido el recobrar la paz pública en los casos 
de alg:u3m conmoción — ^¿Con qué justicia se grecia nuestra 
fidelidad inferior á la de los leuropeos, que no pueden glo- 
riarse de la felicidad de no tener ejemplar de alguno ó 
muchos que hayan faltado á los deberes de vasallos ? 

Apenas se ha tomado providencia de magnitud que con- 
duzca para el gobierno público su felicidad, su quietud y la 
de la dominación de V. 5l. en estas partes, que no se deba i 
nuestro oelo y solicitud. Apenas es iiabia conquistado esta 
tierra, cuando comenzó á conmoverse por la ambición de al- 
gunos empleados en ella, queriendo arrogarse jmrte del go- 
bierno alguno, que no debia tenerlo, y esta ciudad fué la 
que, por ocurrir á tanto daño, solicitó y consiguió die V. M. 
la erección de Real Audiencia y nominación de Vireyes. Pa- 
ra restableoer la quietud despu'es del tumulto ya dioho del 
año de 1624, trabajó esta ciudad, dando cuenta á V. M. por 
medio de un diputado de su cuerpo que despachó á la corte, 
tomando otras providencias en los diez meses posteriores que 
duró el recelo. Para la maj'or seguridad del reino, f a- 
ciditaír su publicación y ocurrir á la cultuíra de Jos campos, 
uno de los principales nervios de la felicidad pública, pro- 
movió esta ciudad, y consiguió de V. 'M, el que de las Isla? 
se trajesen caballos, yeguas y demás ganados mayores y me- 
nores, que nos faltaban en este continente. Paira mas es- 
pediciooi del comercio y adelantar los reales haberes en esta 
casa de moneda. Para conser\^ar la pureza de la religión, 
tan necesaria para el fin «m-as importante del servicio de Dios, 
y en lo humano, para la felicidad y aun estabilidad del esta- 
do, la ciudad fué la que pidió por primera y secunda vez, y 
en am-bas consiguió, que no pasara á esta tierra, ni en ella 



?02 LA BBVISTA DE BUENOS AIBBS. 

&e pepmitiertan, j-udios, moros neci-en oonvertidos, ni otros 
capaces de inf-estarla. Para servicio d-e la iglesia y bu-ena 
adniiiiietraeion de todo lo espiTitual, -esta ciudad pidió y con- 
siguió, no solo que se fabricaTaíQ iglesias y omain>entos con 
la •pen'ta decimal, que ya x>ertenecia a la real corana, sino 
que esta renta se dividiera entre prelados y canónigas. Pa- 
ra el cultivo de las letras, la ciudad fomentó con el dinero 
de sus propios, la fundación de la célebre Universidad que 
hay en ella. Para la propagación de i<a fe, edificación del 
público y mayor abundancia del pasto espiritual, la ciuda*! 
ha pedido y fomentado y costeado ia fundación de tantas 
religiones de aimbos sexos que la engrandecen. Para lel bien 
público, que se interesa -en la pronta espedicion de los ne- 
gocios foT^enses, principalraeníte de los muchos que se ofre- 
cen en el comercio, la ciudad pidió y consiguió la escepcion 
del Consulado de mercaderes. Para asegurar la pacificación 
de esos .dominios, la ciudad fué la que aprestó jente con 
dineros, que hiciera la conquista de las provincias de Yalis- 
co y Ohichimecas, y consultó al Virejy los medios convenien- 
«tes para conservar lo conquistado, cx)n tal acierto y felicidad, 
que obligó al Vírerv^ á protestar que no quería hacer co^a sin 
acuerdo de la ciudad. Esta fué la que, viendo que se arries- 
gaba la conquista de Panuco, por las violencias que hacia el 
encargado en ella, envió nue\^os capitanes, que, con otra con- 
ducta, facilitaran Iíl empresa. La ciudad fué, como ya de- 
cíamos, la qaie, no limitando su celo por el bien público y 
gloria de V. M. á todo el ám'bi<to de esta América septen- 
trional, despachó á la IVIeridional jente, caballos y armas pa- 
ra pacificar los movimientos del Perú. En unía palabra, 
ajpenas se habia avanzado paso alguno interesante al bien 
público y gloria de V. M. en esta América, sin un muy es- 
pecial infl-ujo de testa ciudad, cuyos individuos son españoles 
americanos los mas, y los que no lo son, .están, por uua an- 
tigua Tadicada vecindad, naturalizados en este reino. 

Contra él, en todos tiempos se han hecho tentativas por 
los enemigos de V. M. pero en todos han hallado constante 
nuestra lealtad y pronta á rebatir los intentos. 



MCMOBIAU . 203 

Par -el taño de 1586, ya la Francia invadió lia isla Espa- 
ñola y Puerto-Rico, y por no habernos avisado d<e ello el 
Virey, le dimos queja de que nos habia privado de aquella 
ccasion de manifestar nuiestro celo al servicio de V. M. 
Pero ya lo «tcreditamos efectivamente en 1587, cuando al- 
:giino8 navios Ingleses se entraron en Gualulco; en el de 
1598, en que cinco navios corsarios infestaron nuestra cos- 
ta del mar del Sud, y en el de 1615, en que otras naves 
holandesas turbaron la seguridad pública en el mismo mar; 
en 1630, en que otra armada holandesa se hada temer ya 
dentro del seno amíeri-oano, a/prestaixm 400 homibres, que ves- 
timos, armamos y equipamos y mantuvimos sin costo alguno 
del real Erario, por todo el tiempo de la campaña. En 
1642 levantamos un batallón con cuatro capitanes de nue& 
tro cuerpo, que pasó á guarnecer los puertos de la costa 
del Norte. En la última guerra con los ingleses, nuestro 
-Ci^rntercio levantó un rejimiento de dragones, que susbsiste, y 
en la misma ocasión se aprontó por todas las provincias del 
peino, un numeroso cuerpo de trapas, compuestas de los na- 
turales, que hicieron una larga campaña para defender la 
ix)sta de Vera-Cruz, tolerando sin deserción la gran intem- 
perie de aquiel clima y el abandono de sus casas. La forta- 
leza de San Juan de TJUoa,' único apoyo de aquel puerto, se 
encomendó para su defensa al valor y conducta del coronel 
-de infantería, teniente de reales guarditas españolas, y bri- 
gadier de los ejércitos de V. M. don José Carlos de Agüero, 
español americano, nacido en Oajaca. 

Conoludda la guerra, tuvo V. M. á bien enviar alguna 
tropa á «este reino, y que, en él se formiaran milicias urba- 
nas y provinciales; plantóse el proyecto en esta ciudad, la 
que convocó á Cabildo abierto á todos sus patricios y asistie- 
ron en gran número, of reoierido. con la mayor generosidad 
sus •x>^r9ona)S y haciendas ^l real servicio; y con efecto, se 
formalizaron prontamente las milicias, a que daban sus nom- 
hres nuestros naturales, y los mas distinguidos entre ellos, 
se alistaban con ansia de tener algún grado en el servicio. 



204 LA EEVISTA DE BUENOS AIRES. 

tanto, que habiéndose dado el de coronel á un europeo, lo 
reclamamos vivamente, haeta que conseguimos de la justifi- 
cación del actual Virey, que recayese este honor en un patri- 
cio, como recayó en el conde de Pautiago. Este, pues, coh 
la primera nobleza de Méjico, sirven casi todos los empleos 
militares de un rejimiento de milicias españolas que levan- 
tamos, costeaoido eu vestu<ario, composición de «pmias, cuar- 
teles, vivaques para «ellos y para la tropa arreglada, y uten- 
silios. También levantamos, vvístimos y proveímos un reji- 
miento miliciano de mulatos. 

Estas milicias, apenas se crearon, ya comenzaron á ser- 
vir á V. M. pues con otro pretesto se hicieron armar cuando 
se trataba de la espaitriacion de los jesuitas, y esta providen- 
cia de tanto bulto y que pareeia que en la dictancia de estas 
rejioaes podia causar alguna funesta conmoción, se confió á 
la fidelidad de nuestras milicias, que la ausiliaron á toda sa- 
tisfacción del gobierno. Quedamos con las armas en la 
mano por tiempo de mas de dos años consecutivos, hacien- 
do todo el servicio mdlitar, alternando en las guardias y de- 
más con la tropa arreglada, sin tener muchas ocasiones ni 
el descanso que previene la ordenanza, ni el sueldo corres- 
pondieiKte para en tiempo de servicio, pues al capitán no se 
le daba mas que 25 pesos mensuales y á este respecto á los 
demás ofdciales, que, aunque debe ser inferior al de los vete- 
rano6|, parece no habia de ser con tanta diferencia y distan- 
cia como la que hay de 25 á 60 pesos que tiene asignados el 
capitán veterano, y con esta proporción los otros de ambo» 
cuerpos. 

Pero, como no era el sueldo el que nos hacia obrar, sí- 
no nuestra obligación y el amor de V. M. servimos sin re- 
clamar, con tanta puntualidad, que entre nuestra buena dis- 
ciplina é instrucción y la de la tropa arreglada, no se hallo 
en la inspección diferencia, y habiéndose mandado retirar 
posteriormente, dejamos las armas con el mayor dolor, sin 
embargo de que para servir eu ellas, habiamos abandonado 
nuestros interese^;, que muchos de nosotros tenemos á dis- 



taueia de lOU y 2<3Ü leguas de esta corte, en que mis tenia 
atados el servicio. Dejamos, pues, en fuerza de superior 
mandato, las armas; pero ahora las hemos vuelto á tomar 
con motivo de la guerra que amenaza con la nación Británi- 
ca, y cuando se temia que se presentarian muy pocos mili 
cianos listados, ocurrit^ron prontamente casi todos, á ivser- 
va de algunos cuyo númc»ro, tan corto, ^Tsuasle desde luego 
que han faltado por que habrán muerto en un año largo que 
ha que se nos mandó retirar. Aun en nuestros artesanos 
han manifestado, ocurriendo, como han ocurrido al pre- 
sente, pidiendo que se les permita formarse eo milicias ur- 
banas para hacer el servicáo de guarnición en esta ciudad, 
ahora que han de salir para la costa las tropas y milicias pro- 
vinciales; en cuyos hechos brilla la lealtad americana, aun 
en los individuos de quienes no debia esperarse tanto esmero. 

Los presidios que han refrenado siempre el Mrbaro or- 
gullo de los gentiles en las provincias del Nuevo Méjico, 
Nueva Vizcaya y demás, no han tenido otra guarndcion, que 
de naturales de nuestra América, y han bastado á mante- 
ner en quietud los paises conquistados, hasta que, habién- 
dose suprimido de pocos años á esta parte algunos presidios, 
por que ya no pareoian necesarios, las sangrientas incursiones 
de los bárbaros hasta las inmedisaK^ion-es de Chihuahua, han 
dado á conocer do mucho que senitm antes nuestros a-nierica- 
nofli en los presidios. 

Esto basta, para que entienda el mundo, que en los i^s- 
pañoHes amierioanos hay ila misiim nobleza d»e a^.píritu, hi 
misma lealtad, el mismo amor á V. M., eJ mismo celo por 
el bien público de que pueden gloriarse las mas nobles ; fieles, 
celosas y cultivadas naciones de la Europa, y que en graduar 
estas nuestras dotes len inferior lugar respecto de otros va- 
sarlilos de V. M., se nos htacje con la mas roprensible in Justina, 
la mas indisimulable injuria. 

Así lo conocen cuántos en cualquiera manera nos han 
gobernado en estas partes, y acaso los mismos que por mo- 
tivos particulares informan á V. M. contra lo que sienten. 



206 LA BE VIST A DE BUENÜ3 A IBES. 

No €8 necesario recurrir á otra prueba, que á la muy brillante 
que nos ofrece la ocurrencia del dia : en él se está celebrando 
en esta capital del reino el 4.o concilio provincial, á que han 
asistido por enis diputados^ los cabildos todos de la provincia. 
Estos, casi á medias se componen de europeos y lo son sua 
piielados, y con todo, para el serio encargo de su diputación^ 
se ha echado mano de los americanos, pues de todo el nú- 
mero de diputados, solo uno de los del cabildo de esta ciudad 
y otro de los de la Puebla, son europeos, y de ellos, el pri- 
mero, aunque nacido en la Europa, es naturalizado en este 
reino, por venido á él en muy tierna edad, estudiante y doctor 
de su Universidad. De once consultores nombrados por el 
M. R. Arzobispo para el concilio, solo dos son europeos y 
nueve amiericanos. Un Obispo, que es el de Máchoacan, no 
pudiendo por su avanzada edad asistir, nombró, sin embargo 
de ser europeo, por su apoderado aj doctoral de su iglesia^ 
que es americano; y con efecto, len virtud de sus poderes,, 
asiste al concilio, en el que se le dio voto de siervo, como 
también al Doctoral 'de Quadalajara, amjericano, por el ca- 
biildo de laqudla sauta iglesia, <iuíe se hailla en sede vacante. 
El M. R. Obispo de la Puebla, teniendo en su oabildo muchos; 
europeos, ha confiado la Adminástracion de Justicia en toda 
su diócesis á un Capitular Americano, á quien nombró des- 
de su ingreso y mantiene aun todavía de provisor. No se 
puede decir que estos prelados confían el gobierno, las delí» 
beraciones tan graves ó interesantes de un concilio y aún 
sus decisiones, á personas de un espíritu vil ó poco noble y 
k quienes no anime el celo de la reli^on y causa pública, el 
amor á V. M. y el deseo de su quietud y felicidad, haciéndose 
por esto preciso confesar, quie los mismos prelados europeos 
reconocen en nuestros americanos, todas las cualidades de 
espíritu que concurren á formar un hombre capaz de lo» 
rajayores enK5arg08 em ilo lecliesiástioo ; pfjro no cesan sin em- 
bargo de ti-abajar por el acomodo del escesivo número de 
familiares que trajeron, europeos, á los que logran colocar 
con increíbles y nunca vistos progresos, por sobre el ma« 



JllEMOBIAL. 207 

trillante mérito de nuestros compatriotas. 

i Qué mas podrá alegar en su favor la región mas feliz y 
mas cultivada de la Europa? i Qué otras pruebas podrá dar 
del juicio y literatura die sus individuos, que las que ha dado 
siempre y está continuamente dando esta América t Como 
podrán otros naturales calificar m.ejor su aptitud para 
oujalídsq'uiíena em^ptleos, su justáficaeion, su conducta, su ao* 
reglo, su desinterés! Cómo, y por último, podrá brillar mas 
su amor al Real Servicáo, su celo poí el bien público, su 
vijilancia por la quietud del estado, su prontitud para la de- 
fensa de la patria, su anhelo por la gloria y felicidad de V. M. t 
En todo nos hemos distinguido como la Nación que mas en 
el mundo. Aún esto es poco : permítanos V. M. que digamos, 
qute 0308 hiemos disrtáoiguidó sobr^ todos. Al mérito die otras 
gen/tes ha ayudado el atractivo del premio : á nosotros sin él 
nos ha movido solo el generoso impulso de nuestra obliga- 
ción, ¿isin premio? — Sí señor — Dígnese V. M. de oir por 
esta vez nuestra queja. Satisfechos estamos del amor con que 
V. M. nos atiende y desea hacernos partícipes de su benefi- 
cencia; pero los efectos de ella, apesar de las piadosísimas 
intenciones de V. M., se nos retardan y esctusean por la dis- 
tancia en que nos lloramos de su real piedad, y porque no 
siempre resplandece lo que alabamos en V. M. eu los que 
nos gobiernan — Concluiremos con un circunstanciado ejem- 
plar de esta verdad. 

Establecióse la renta del tabaco, de cuyo plan, fué sin 
duda de los principales promotores, el Oidor don Sebastian 
de Calvo, americano, y »en todo el abultado número de Mi- 
nistros empleados en «Itas oficinas del rnaaiejo de esta renta, 
100 creimoB sea ni la veintena parte de americanos. Lo mis- 
mo y con igual desproporción ó absoluta esclusion, se ha 
verificado y verifica en otros muchos destinos del i>eal ser- 
vicdo que consiguen en estas partes y en que se colocan los 
españoles europeos. 

Se ha de decir en lo porvenir de nosotros, lo que ya 
decía sinceramente un doctor de Alcajá, lamentando nuestra 



208 LA BEVISTA DE BUENOS AISKS. 

situaxL'ion: '' Pobres de ellos, que los mas vacilan de la nece- 
*' sidad, desmayan dt la falta de premios y de ocupaciones y 
** mueren de olvidados, que es el m^is mortal achaque del que 
** estudia." No será aáí que no lo quiere V. M., no lo sufre 
su piedad, no. lo tolera su justicia, no lo permite el amor que 
le debemos estos sus vasa;llos ; no será así, que no aiuerece este 
abandono nuestra fidelidad, nuestro amor á V. M., nuestra ve- 
neración á su real nombre, nuestro celo por el biien público, 
nuestro doterés á la conservación, quietud y felicidad d«el esta- 
do y nu'cst'ro bueoí porte geiieraíliiientie acreditado en cuant^is 
ocasiones iha lestado á la prmlm diel público len el mian-ejo d-e los 
empleos; — no será así, que no ha de dar crédito V. M. á un 
voluntario informe, dictado por la malevolencia ó prevención 
con tantos irrefragables documentos que lo acreditan. 

Con el fundamento de ellos, pero principalmente con 
el de la cofianza que tenemos en la benéfica proporción de 
V. AI., ocurrimos á su clemencia con nuestros cdamopes, 
prometiéndonos que se ha de dignar V. AI. de oirnos benigna- 
mente, y dándoles toda la atención que merecen, mandar que 
á la persona que hubiese inforin<ado contra nuestro honor 
en los términos (jue hemos espresa'do ó en otros equivalentes. 
Be le hiagia entender no iKKler ser del agrado de V. AL, el que 
tan voluntariamente se atropello el honor de toda una nación 
como la Americana., y para que los americanos de ella ten- 
gamos con la gloria de servir á V. AL, el consuelo de esperi- 
mentar los efe(í>tos de su beneficencia, y logren estos reinos 
los adjelantamientos que prometen, — ^se ha de servir V. AL 
de mandar, que los empleos honoríficos, eclesiásticos y 
seglares, que se sirven en estas partes, se provean en es- 
pañoles naturales de ellas, y que, aunque pe:* trabazón del 
golrierno, venga uno ú otro empleado de los naturales de la 
Europa, en general se i)rovean , con esclusion de estos, en 
nosotros los empleos de Indias, como se proveen los de la 
antigua España en sus naturales, con esclusion casi al)soluta 
de los americanos, y que para que esto se verifique (en que 
consiste hi igualdad con que el amor de V. AL atiende á todos 



MEMOBIAL. 209 

SUS vasallos de estos sus dominios, aún los mas remotos), 
se les recuerde á los Vireyes, Arzobispos, Obispos y demás 
¿ qiwí ks toca la obligación que les impone la ley del reáno, 
de informar en todas las ocasionen de flotas, armadas, galeo- 
nes, y hoy de correos miensuales, del mérito y circunstancias 
de los naturales, que en estas partes se distingan en la 
carrera que respectivamente han abrazado, y que la cámara 
de V. M. (á cuya justificación no podemos negar, que hemos 
debido atención en todos tiempos), cuide de hacer cumplir 
con esta obligación á los prelados ó jefes seculares, en quie- 
nes se notare alguna omisión. 

Todo tenemos lugar de píPometérnoeilo de un soberano, 
cuyo carácter lo hace el amor y piedad hacia sus vasallos; 
pero, porque no bastara mandar á nuestro favor, (si la 
inobservancia en estas rejiones tan distantes, frustra toda la 
santidad de los mandamientos, nos atrevemos todavía á pedir 
á V. M., que tenga la bondad de mandarnos que les ponga- 
mos, como estamos prontos, los arbitrios y providencias que 
creemos oportunas y dignas de tomar, para que tengan en 
esta América efectivo cumplimiento las leyes de V. M., para 
que logremos el justo alivio y honor los naturales de este 
reino, para que en ellas se adelante en todas líueas el cultivo, 
sea á V. ]\I. mas gloriosa k dominaicion de estas rejiones, y 
en ellas mas 8er\ddo Dios y V. M. 

Aún queríamos pedir y nos seria de la mayor satisfac- 
ción el cons^uir, que caso de ser cierto el haberse informado 
en los términos sobre que recae, se nos diera copia del informe 
y se Jios oyera en justicia en todas las formas sobre él y 
contra su autor, hasta que, ó este quedase confundido y eíis- 
tigado como corresponde, — ó convencidos nosotros. Así lo 
.pediríamos, á no contemplar que x>odíaimos desagradar á 
V. M. con este intento, en que acaiso se creería perjudicada 
la píaz de estos dominios; pero, si V. !M. lo tiene por conve- 
niente, lo pedimos, y de lo contrario, que solo con el hecho 
de atendemos en los términos que llevamos dicho, se repela 
y condene el contrario informe; y con ponemos en los em- 



210 LA BEVI8TA BE BUENOS AIRES 

p3oo0 en (fue pmd«n 4)rHter ituestras circunstancias, 
^a» por mmpre se faiMAqtie. 

Si poreoe qvbe p^imoe mucho, no lo ^, sinmk) como es 
jtwto, y pidiendo oomo jiedímos i (|akDi, como V. M. pmedie, 
qmete y otym oon Jtocüidnid cu«Ato es justo, eusaito os simo 
de sus TMBiLlosy cuanto «s Mickled de sus tristísimos dona* 
naos, euaoto es cooBuelo de sos ihijos» qtw solo podren en. 
{>arte enjugaír el llaavto que ies saca la dgstaowíci <en que se la-- 
úi^ntan de la peraooa de Y. M., con ver, que en la disferíbu^ 
cien de hoiiores Le deben su memoria y con la gloriosa satHh 
^a)OCÍoii de hisuter >el peal servicio en todos los emplieos. 

Dios gisarde la reail oaítólica persona de V. M. los muchos 
años que la erístiendad y sus dominios han menester. Mójioo 
y miayo de 1771. 



DON FEDERICO BRANDS EN. 

<.^apitan de <!aballeria del primer Imperio francés, 

OabaNero de la Real Orden italiana de la Corona de I^ierro^ 

Coodeeorado «on la Lejion de Honor, 

A^^dante del prin<cipe fkijenio; 

Coronel de caballería de la República Argentina, 

Capitán de la misma anorta en el ejéreito de Chile, 

Jéneral de Brigada del Perú, 

Benemérito de la Orden del Sol, 

etc. etc. etc. f 

M 
f 

(Continnaeion) (1) 

XXII. 

Oomo be podado oaotarae en la <xnTeapaadeiiioÍA tras 
crita, tí. 17 áe <K9ta4ifre de 1819, llegaba San Mm-tígEi á Men- 
doza de T^gt^eso de San LaÍB. 

Shi proyectada ^^«nida á Biieiios Aires, le hté impedida 
por te $nontonera que inlJeTceptaba te connuiácaeicMi j obs- 
traía loa eamiiios. 

Bl jeoeral hnbia nesivelHo eae viaje, á mérifto de las ina- 
iBÉKmm mteradaa del gobierno patriota gue teoooeoxNK) de 
ver Tealizada la graoi eapediekm qne se ap««ataba ccn Andahi- 
da — redamó mi presencia paia oooioertaír la defeiisa — á que 
se uaia, kn et^seratizaB que alinoentaba él primero de que 
á la soonbra beaéfíica de sa ÍEufilueaseJa, se veeonicnfláaraai los 
pariidos ajitodos por los discfpidos de Artigas — y eiiton- 
ees ammentasesi quizá Has probaibilidBdes de obtenw él smb- 
sidio pecuniario of neeido desde el año aoites jMira hacer fieu- 
te oon «ms liolgura é las injeotes etrogaeiones que demanda- 
ba la atrevida idea de espedieionar sobre liona. 

1. Véase la páj. 483 del tomo Xm. 



212 LA REVISTA DE BUENOS AIRES 

Plmstrado este plian por el lastimoeo estiaido de desór- 
den «en que •continuíaba envuelto el i>ais, su permanencia en 
Memdoza se hacia cada día mas angustiosa, puesto que ni po- 
día volver á Cbiie ni seguir ptaira Buenos Aires. 

El prestijio que rodeaba su nombre era la última tahlsL 
á que ansi^haoi 'asinse los quie alternados (par aun presente 'de 
'tumifltxxs y de sangre — desesperaban de*! porvenir ! 

Su íntimo amigo el ilustre O'Higgins y á la jmr de este 
mnelios comerciantes y patriotas distinguidos de Ohilie-, iir- 
jíanle para qoie fuese á dar forma sin perdeo:* mas tiemipo al 
gran pensamiento que embargaba ^entonces todos los áni- 
mos, decididos á no retroceder aote obstáculo alguno — (hasta 
conseguir la suspiTada libertad del Perú. (47). 

El gofbi'erno de Buenos Aires, exájiale á su vez, avanzasa 
con la división <de los Anides qtie se haLk'l>a en ^lendoza — no 
ya para rechazar la agresión española, disipada por los su- 
cesos ocurridos en el puerto de Santa alaria en el mes de 
julio de aquel año, sino para contener a los refraetarioa 
que con las armas emponzoñadas de la discordia, conduelan el 
pais á su ruina. 

Orítiaa i)or demás era la posición d«d íhéroe de Maipo. 

Marehando sobre la capital, corria el albur de ífue se di- 
solviesen sus fuerzas minadas por la corrupción y la amarquia. 
Debilitado Ohile y abandonia'das á su suerte das provincias del 
Alto Perú por el ejército de Belgrano que bajaba en cum- 
plimiento de las mismas órdenes — debia temerse que el virei 
Pezuela, dueño de inmensos recursos — ^retomara la ofensiva 
y entonces el peligro se hacia inminente. 

El dilema era pues de fierro. O San Martin obedecia 
y mezcliando sus fuerzas en la guerra civil que siempre detes- 
tó, se esponia a perderlas — ó repasando los Andes se ponia i 
da oalx^za de las lejione^ que se aprontaban para ir en busca 
del león español refujiado ya en sus últimas guaridas. 

Empero, si bien su resolución estaba lieciía, necesario 
era que este hombro estraordinario antes de tomar su éjil 

47. *M. Gareia del Rio'' — Bioprraíía d^ San Martin, Londres 
1823. — * * Arénalos ' * — ^^Biografia de Al varado— lya citada. 



DON FEDERICX) BBANDSEX. 213 

anula de cordillera— disfrazara auai los v^rdianleros propósitos 
que maduraiba su mente, en tanto se aseguraban los resulta- 
dos de la empresa que debia eondueirlo en breve al pináculo 
fudgUTante de lia g^loria! 

'^ Tengo la orden de marohao* á la capital (escribía á 
O'Higgins en 9 de noviembre) con toda mi cahallcria é in- 
fantería que pueda montar, pero me i)a(peoe imposible poder- 
lo iiealizar, tanto por la ñiacura de los aoiimal-es, como por la 
falta de nuonenarío, pues los auxilios que me han iremitido 
«n letras hau sido protestadas por este Comercio, siendo así 
que veaiiau de eomenciantes ingleses.'' 

Añadiendo en esta carta íntima con el rubro de ** Reser- 
vado para Vd. solo," 

— **No pierda Vd. uu solo momento en «visarme el Te- 
suiltado de Cochrane, para, sin perder un solo momento, mar- 
char con toda la división á esa, eseepto un escuadrón de gra- 
naderos que dejaré en San Inris, para resguardo de la pro- 
vincia; se vá á cargar sobre mí una responsabilidad terrible, 
pero si no se emprende la espedicion al Períi, todo se lo llem 
el diablo." 

** DígaAne vd. como lestá artáJieria de batalWía y mom- 
taña para la espedicion, puies si falta podremos llevar de la 
que tenemos en esta. 

** Los montoneros se reunian el 14 en el Rosario, y 
según comunioacionies de Buienos Aires, su plan era atacar 
las fuerzas nuestras establecidas en San Nicolás é invadir la 
campaña de Buenos Aires. "^ 

" Tengo (reunidos en esta dos mil caballos sobresalientes, 
los que marchtaran a esa con la división. 

** Si vienen noticias favorables de la Escuadra, haga 
usted estén píxmtas todas las muías de silla y carga del valle 
para que trasporten los cuerpos del pié de la Cordillera s 
esa capital. Adiós mi amigo, lo es y sorá siempre suyo^ 
San Martin. (48) 

48. Papeles del jeneral O'Higgins. El jeneral San Martin con- 
siderado segiin doK^umentos enteramente inéditos etc. — por B. V. Mac- 
kenna— '1863. 



214 LA BBVISTA DE BUENOS AIBES. 

Gamo 86 y«, el jeiteNil yaei>]iaba eivtoe el eumidiimeato 
de mi deber y el sacrificio de sus «spiracianeB — puesto qtte al 
propio tiempo que decia ofioiabnente al gobierno de Biienos 
Aires que no podia moverae en mi aierUo por eooonlrarae 
casi á pié — asegutraba á O'Higgins teiter dos mü caballas so- 
bresalientes con que pasar á OhiLe asi que hubiese llegado el 
momento oportuno. 

Tenia tboooi euaíndo esoribia al mismo desde Lima un 
año nvas tarde (31 dieiemfare 1821). 

** Veo lo que usted me dice de Buenos Aires. El parti- 
do actual no rae perdonará jamás mi negativa á sacrificar la 
división que estaba en Mendoza á sus m-iras particulares; pero 
usted ni yo, <mi buen aimigo, no esperemos recompensa de 
nuestras fatigas y desvelos, y si solo enemigos: cuando no 
existamos, nos harán justicia." (49) 

Colocado por la fuerza de las circunstancias en el plano 
inclinado de la duda, se resolvió á tomiar sobre sí el peso d^ 

49. Obra citada — Ea efecto, estos nuiMa le perdonaron ese paso 
y aunque convencidos de que mordían el brontce, trataban de depri- 
mir .su mérito por todos los medios á su alcance — <otno una prueba 
<de lo que decunos, léase el documento que ai-Rue, forjado cámo otros 
muchos para atraerle el ridiculo y el desprecio. 

—Orden Jeneral del 27 ed julio de 1819. 

Oomipañeros del ejército de los Andes: ya no queda duda d? 
que una fuerte expedición esipañola viene á atacarnos: sin duda al- 
guna los (srallegos creen que ya estamos cansados de pelear^ y que 
nuestros sables y bayonetas ya no cortan ni ensartan: vamos á 
desengañarlos. La guerra se la tenemos que hacer del imodo que 
podamos: sino tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos 
¡tiene de faltar: cuando se atcaben loe vestuarios, nos vestiremos con 
la bayetilla que nos trabajan nuestras mugeres, y sino andaremos 
en pelota como nuestros paisanos los indios; seamos libres, y lo 
demás no i'jr.porta nada. Yo y vuestros oficiales daremos el ejemplo 
en las privaciones y trabajos. La muerte ee mejor que ser esclavos 
de los maturrangos^ — -*' Compañeros" — fcTurex'os no dejar las armas 
de la mano, hasta ver el país enteramente libre, 6 morir con ellas 
como hombres de corage — «''San Martin." 

Es copia^**Boja8". 

'*E1 Impresor *'-^Para pelear de este modo no necesitamos auxi- 
lio de potencia alguna. 

**BI Compositor" — He ahi lo que no sabia ni podía hacer el 
jeneral Brayer. 

Buenos Aires. — -''toprenta de la Independencia." 



DON FEDEBICX) BBANDBEN. 215 

las oonsaouencias supervinientes. Tretnenda rasponaivbilíidfad» 
8i la fortuna no hubiese cortejando á su oaudíUo favorito has- 
ta ]«s tmárgenies del plácido Bimac, sóHo del alcázaor d;e lo6 
Yiapeyes, eoyfts puertas d«e8oerrajó -el oañon d« IVIaipo ! 

Entre tanto, inquieto djel porvenir y ansioso de abrir 
cuanto antes la -gran campaña sobre el Bajo Perú — ^lu^o de 
dictar flJgnnas medidas preventivas, partió para Chile en el 
uHimo tercio de diciembre de 1819 — y después de una lijiera 
estancia en Uspadiata, obligado por sus 'dolencias, continuó su 
viaje en angarillas hacia Santiago. 

XXIII. 

Apenas disipada la inmiiiencia de la espedieion que 
amagaba desde Cádiz — ^prineipió á cundir la oonmocion de 
qise leran presa algunas provincias, la que avanzando de la 
oincunfereaMia al centro, relajó luego los estrechos vínculo» 
de la iiinoín — eonsa^grados por la vktoria la solidaridad de 
causa y de sacrificios. 

Segim queda dicho en otra parte, el batallón núm. l.o 
de los Azules, fué á remontaa^se en San Juan. 

'Etsl un hermoso cuerpo que comríiaba de odio oompa* 
ñias, ou(a<tro de las cuales de prefereneia, pues habían sido 
intruidas bajo el sistema de cazadores drugones, que se en- 
sayaba por primera vez en nuestros ejércitos. Esta -re- 
forma introdxwíida por Alvarado, con acuerdo del general 
San Martin, debia probarse en la próxima eaanipaña del Bajo 
Perú, en que harian su servicio tanto á pié como á caba- 
llo. (50.)', 

Investido su coronel con el mando de las armas en Men- 
doza, recayó el de dicho cuerpo en el teniente coronel del 
misraio, D. Severo Garcia Grande de Sequeira, siendo su 
segundo el mayor D. Lucio Salvadores que hizo tan brillam- 
te figura en Chacabuoo. 

H&eia los últi'mos dias de 1819, el teniente gobernador 
de San Juan, Dr. D. José Ignacio de la Rosa — trasmitió aviso 

50. ''Arénale» — ^BiagraAa de Alvarado. '* 



216 LA BBVISTA DE BUENOS AIBBS 

al citado Sequ-eim, de que se fraguaba un motm por fi%uii06 
oficial>€S de dicho rejimienfto. 

Deggmciadiam^nte no 9e dio crédito á esas advertencids 
qiie hubieran conjurado el peligro en oportunidad y evitado 
mnelias desgracias. 

El capitán Miaoi^iano Mendizábal, el teniente l.o Pablo 
Morillo (porteños) y el de igual claae Francisco Solano del 
Corro (satlteño) eran los indicados como instigadores del so- 
borno, de acuerdo oon algunos sárjenlos y ciudadanos ene- 
migos personales del gobernador. 

En efecto, con las primeras luces del domingo 9 de 
Enero de 1820, se e9eucha»ron muchos tiros y una gritería 
de vivcbs á la federación y mueras al Uranio la Rosa. 

Era el batallón número IjO «que azotado i)or la ola re- 
volncdoniaria, oubria sus airmas inv^encibles con .un crespón 
amas fúnebre todavía que el de la derrota — el de sedición, que 
desde la poata de Arequito repercutia 48 horas después «d la 
plaza de San Juan ! 

El 10 de enero se supo en Mendoza tan execraible motin. 

En el acto, el gobernador Luzuriaga llamó sij liosamen- 
te al coronel Alva^rado y al general Arenales que se eneon 
traba de paso á fin de conoertar las providencias que reque- 
ría un caso tan especial como aflictivo. 

La primera medida que se tomó, fué la de establecer la 
mas estricta incomunicación entre el pueblo y la tropa del 2.o 
Cuerpo del ejército de los Andes acampado en la Villa de 
Lujan. (5 leguas al sud de la ciudad.) 

Desde luego, pretendió Alvarado marchar solo, confian- 
do en que su presencia bastarla para hacer volver á la carre- 
ra del honor á esos soldados estravdados quie condujera tan- 
tas veces á la victoria — opinión de que logró disuadirle el je- 
neral Luzuriaga, observando que roto el dique de la subordi- 
nación, nada favorable se baria sin el inmediato apoyo de 
la, fuerza. 

En efecto, convencido Alvarado de la lógica de eatas re- 
flexiones, el 11 por la tarde se puso en marcha sobre San Juan 



DON FEDEBICO BRAXDSEN. 217 

á la cabeza áe ana respetable escolta, compuesta de dos coni- 
[pañias de cazadores á caballo y dos piezas de campaña—Per- 
noctando en Jocolí continuó su movimiento al día sdguiente 
llegando al Pocito (5 Leguas de San Juan) al amanecer 
del 14. 

Habiendo avanzado tnes leguas, encontróse con una di- 
putación del Cabildo, que le suplicó suspendiera su marcha, 
en razón del. peligro que amenazaba al puebla no menos que 
al Teniente gobernador depuesto y á los gefes y oficiales del 
rejimiento que se hallaban presos. 

A lo que contestó Alvarado, que no siendo otro el objeto 
que lo llevaba que el de reducir á su deber á la fuerza insu- 
reociooada — se «ubsteadiria de opepar siempre qoie el desen- 
freno de aquella fuese capaz de traer un conflicto al vecánda- 
rio y esponer á una muerte estéril a los gefes y oficiales que 
retenia. (51) 

51. H<e aqui la nómina de ellos, presos con el gobernador la 
Bosa, en virtud de ese motin — Comandante Severo Oarcia Grande de 
Seqneira (s€ilt;eño)^-iMayoT graduado Lucio Salvadores (porteño, 
amigo particular de Mendizabal) Connendante de caballería^ Camilo 
Benavente (chUeno) capitán de la 4.a ¡compañía. Juan Bautista 
Bosso (distinguido oficial italiano del Imperio) — '** Capitanes " — iZo 
rrilla (salteño) — Nicolás Vega (español, herido) Zuloaga, (mendo- 
cino) — Zelaya (porteño)) — * 'Oficiales'' — ^teniente l.o Bernardo Na- 
varro (sanjuanino herido) — Joaquin Maria Ramiro (porteño) — vTor- 
je Velazco (español), Maure, Moyano, Echegaray, Blanco, Quiroga, 
comandante de nii>licia etc., etc. 

Pocos día» después de la sublevación j alejado ya Alvarado, 
fueron sacados del cuartel de San Clemente los cinco primeros, y so 
preteeto de que aecediéndose á su pedido ivan k ser remitidos á 
Chile para que continuaran prestando alli sus servicios — apuestos en 
eaimino, escoltados por una partida á las órdenes del sarjento espa- 
ñol "Biendicho" (de los del trasporte Trini-dad 1818)— nfueron sa- 
bdeados bárbaramente hasta morir en el solitario parage de Aguan go, 
arrojando luego ¿rus cadáveres en una acequia — 'Este villano atenti^o 
se perpetró por orden secreta de los sublevados. 

A cuatro de los principales cómplices se logró capturar algunos 
meses mitas tarde, los que entregados á OlHiggins, fueron enviados 
por este motivo al general San Martin que se hallaba en '^Huaura", 
donde se les jtizg<ó por un consejo de guerra y fueron pasados por las 
armas. A Mendizabal se le fustiló por la es>palda en la plaza mayor 
de Lima el 30 de enero 1822. (K.) 

,(k) (" Arenales '' — (Bosquejo biográfico, citado^" Ramiro" Be- 
cuerdos sobre la creación en Provincias independientes y soberanas 



218 LA BEVISTA DE BUENOS AIHE3. 

En consecuencia, á las 3 de la tarde del propio dia em- 
prendió su retirada i vista de los insurrectos que no se atre- 
vieron á abandonar sus posiciones — é pe9»r de la indisputa- 
ble superioridad d>e sus armas, qiie las pudieron medir con 
ventaja contra un puñado de jinetes mal montados. 

El 16 se le incorporo en Jocoli el resto de Cazadores á 
caballo deiapaehados al eficcto por el gobierno de M^eoidoza, y 
después de ordenar á Necochea fuese á campar en las goteras 
de dicha ciudad, se adelantó ¿ da^* cuenta de su comisión. 
**Yo entré aquí á las diez de la noche, (dice el coronel 
Alvarado) y tuve el sentimiento de ver la fermentación que 
habia en el pueblo y el alarma que se notaba en todos. El 
Gobernador habia invitado á la Municipalidad para que 
en la mañana del 17 se celebrase un Cabildo abierto, con 
él objí^to xle iiacar en mcunos del pueMo la divniskxn del man- 
do. Esta medida la exijia la fuerza de las circunstancias 
y i)(arecia el medio mas ppu'Aente para «<Nallar ia inquietud 
pública. El resultado acT«editó su oportunidad: al menos, 
se quitó con esto, uno de los grandes pretestos que podrían 
autorizar cualquiera innovación. 

** El. pueblo acordó, que «el Gobierno Político recayese 
en esta Ilustre Municipalidad y la Comandancia militar de 
la Provincia, en el Teniente Coronel don José Vararas. Yo 
hé reconocido las nuevas autoridades, y desde el momento de 
su instalacioQ, he procurado ponerme de acuerdo con ellas, 
influyendo en cuanto está de mi parte en con<?ervar la ma- 
yor armonía entre el pueblo y las tropas de mi mando. 
**Con respecto á los escuadrones de Cazadores,, he ordenado 
se mantengan acuartelados en esta, mientras llegan los de 
Granaderos & caballo, que salieron de San Luis el 17, según 
los avisos que tengo de su comandante, á quien di orden para 
este movimiento, con motivd de las ocurrencias de San Juan 
— Apenas lleguen, me propongo hacerlos situar fuera de la 

€ie Memioza. San Juan y San Luis, 1820. púb. en *'La Revista del 
ParanA*' tom. l.o páj. 183 ''01azá/bar\ Episodios, K'itados— •* ' Hud- 
eon^' — Recuerdos históricos — Biografia del ieneral D. Xieolas Veffa 
—1864.) 



DOIí PBDEBICO BRANDSEN. 219 

ciudad, con piezas de campaña, dejando en esta los Casado- 
res á caballo, que considero en algún modo eontajiadoS; y 
quiero, por lo mismo tenerlos i la vista y separados de los 
Granaderos á caballo, etc/' (52). 

En otro oficio del 24 de mismo, anadia : 

'*.... El 2.0 y 3.0 escuadrón del Tejimiento de Grana- 
deros a caballo, llegaron ayter á los Barriaks, donde han 
acampado por ahora, y espero que hoy se les reúna el l.o 
que había quedado en San Luis, de donde salió el 22, con 
orden die redoblar sus marchas. El 27 pienso mover el 
Parque con los escuadrones de Cazadores á caballo y situar- 
los en Lujan ó algún punto inmediato. Reunidos allí, creo 
conveniente que 1 .fanalderaa á caballo se acantonen á 
distancia de dos ó tres leguas de los Cazadop^^s, consultando 
por este medio la disciplina de la tropa, la quietud ¿le este 
pueblo y muy particularmente el preservar del contajio 
los restos de la División. Hasta aquí se conserva en ella 
el orden y cada dia tengo mas razones para recomendar 
á V. E. la conducta de los Jefes y oficiales. Me es en es- 
tremo satdsfactorio decir á, V. E. que los escuadrones que 
salieron de San Luis, han llegado á los Barriales sin tener 
un solo desertor. La disciplina se mantiene en su cam- 
po en todo su rigor, y su comandante me asegura que tiene 
In mayor confianza de él, etc." (53) 



4i 
4i 
4i 
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4t 
4i 
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41 
■« < 



Entofie (tanto ks chipas de ia anairquía gaunaban terreno (ri<9i- 
blemente y parecía ya inmin-ente la dislocación del Estado. 

tado. 

Los caudillos, cuyas absurdas opiniones encontraban eco 
en las masas, proclamaron ain rebozo, la federación, á su modo 
como el único sistema que convenía con su odio instintivo á 
la capital, cuanto por que él favorecía sus mezquinas aspira- 

52. Parte de Alvarado al jeneral San Martin, fecha 20 enero 
1820 (** papelea del Archivo JenerarO 

53. Legajos de id. 



220 LA REVISTA DE BUENOS AIKES. 

dones, permitiéndoles convertirse en Régulos de sus respec- 
tivas provincias. 

A esta reacción de la barbarie se prestaba admirable- 
mente la configuración topográfica de nuestro suelo, que aun 
mantiene sus centros de población separados por inmensas 
distanoiaS; condenados así al aislamiento por falta de cami- 
nos espeditos, circunstancia que contribuyó no poco al fracaso 
del réjiniíen centralista, cuyo nervio consiste en »el mayor con- 
tacto posible de la autorádad jeneral con sus gobernadores. 

Ante ese cuadro de desolación, no había tiempo que 
perder, si ®e quería conservar el resto de aquellos heroicos 
veteranos contra los quie avanzaba de un modo irresistible el 
fuego devastaldor de las pasiones sublevadas por los rencores 
de bandería. 

Felizmente, apercibido de tello Alvarado en oportunidad, 
se preparó á poner entre los búhenos patriotas que combatían 
por el afianzamiiento de la independencia amenicana, y los 
malos que lo hacían por el menguado espíritu de localismo, 
con descrédito de la causa común, la jigantesca mole de los 
Andes que divide á Chile de sus vecinos, cual sí fuese una 
cindadela que circundara fuerte muro. 

En consecuencia, aquel gefe activó sus preparativos de 
marcha sacando de la ciudad los artículos de guerra quie per- 
tenecían al ejército, los que se coDkiujeron al campamiento de 
Lujan, donde se esperaba con ansiedad la llegada del coman- 
dante Ramayo con los granaderos para iniciar el pasaje de 
la Cordillera. 

Ijas 80 leguas que separan á San Luis de Mendoza, las 
•anduvo dicho rejimi-ento á marchas forzadas, y el 25 de febre- 
ro se incorporó al resto de la divdsion que en el acto se pufi& 
en movimiento en demanda del paso del Portillo, 45 leguas 
al sud de Mendoza, después de sufrir una deserción de casi 
1.500 hombres, de los que con tantos afanes y desvelos habían 
sido reunidos, disciplinados y equipados. (54) 

.54. En este número se contaban por deshacía varloe oficiales 
mendoeiuos que ofuscados por la seducción renunciaron continuar su 



DON FEDERICO BRAXDSEN. 221 

Sin otro incidente notable, consiguió Alvarado traspo- 
ner los Andes ya medio cerrados, y fué á campar en una ha- 
cienda ó charqueada á una legua dr Rancagua con los 2.00O 
hombres que á fuerza de celo y prudencia pudo sustraer á la 
inñueneia perniciosa del contajio, presentándose luego al je- 
neral San Martin que se hallaba en los baños de Cauquenes. 

ÁNGEL J. CARRANZA. 
(Continuará). 



carrera en üa que iva k emprender el e.)éreito en que habian sido 
ediueadois. No asi los **Piintano8*' que después de haber doblado la 
fuerza del rejimiento de granaderos en los seis meses escasos que 
penmaneció en San Luis, según un testigo ocular, no alcanzaron & 
*'una docena*' loe que ¡faltaron al juramernto de fidelidad que ha- 
bian he«ho— '(**01azabal'* — folleto citado). Por un ** estado '' que 
rejistra la ** Gaceta '* de 15 setiembre 1819, se vé que los alistados 
en la jurisdicción de esa provincia, fueron 2185 hombres de 16 á 
50 años (en gran parte voluntarios); cifra excesiva relativamente 
á su población, Ojalá hubieran imitardo las demás tan patriótico 
ejemplo I 



MEMORIA MILITAR. (1) 

PBOYBCTOS DE OPERACIONES BÉLICAS PARA DEBBOCAH 

AL TIRANO ROSAS. 



Introducción, (2) 

Multiplicar los esfuerzos para debelar al tirano argenti- 
no, y propogar contra él la acción hostil nevándola á diversos 
puntos del territorio que domina, siempre que wan demo«ítra- 
«bles l<ais proba'bilidades de a;rribar x)or este lUfedio á laquel fin 
es una necesidad tan evidente que seria perder tiempo dete- 
nerse en probarla: — es verdaderamente un axioma. 

La esperienría adquirida en las dilatadas guierras intes- 
tinas que afligen desde mucho tiempo estos países, y muy sin- 
gualarmente la de la guerra social que actualmente los devo- 
ra, ha puesto al alcance hasta de los ^espíritus menos pensa- 
dores, pero muy particularmente de los gefes militares que en 
ella han sido actores, verdades que se han hecho del todo po- 
pulares, y que la sanción del tiempo ha consagrado consiga 

1. El señor general don Tomáa Iriarte nos ha enviado la Memo- 
ria que empezamos á publicar en este número. Ella se refiere á 
proyectos de operaciones bélicas para derrocar la tiranía de Roeas» 
Kftte colaborador de '*La Revista'* es muy conoicido y estimado de 
íTiuestros lectores, para que necesitemos recomendar la lectura de este 
trabajo, que conservaba inédito. 

2. La redacción de esta ''Memoria" fné especiflilmen.te encar» 
gada al autor, por el señor don Santiago Vaaquez, ministro de Rela- 
ciones Esteriores de la República Oriental del Uruguay, y preeen- 
tada al Barón Deffaudls, iministro Plenipotenciario de Luis Felipe 
rey de loe franceses, cerca de aquel gobierno. 



MBMOBIA MILITAB 223 

zk&ndolas al dominio de las cosas práctica 7 definitivamente 
jnzg«dfts. 

En América la observancia de los buenos principios eu> 
ropeoB no siempre produce, como en el viejo continente, re- 
suitaéos análogos á la aplicación gradual y sistemada de los 
resoiles sabiamente combinados para obtenerlos. Aquí, el 
Inodo 'de ser social, los hábitos que emanan del clima, de la 
educación ; los creados por un dilatado periodo de revolución 
y frecuentes guerras intestinas; las localidades, la estension 
del territorio escasamente poblado ; y en ñn, y por no fatigar 
haeiesfMlo menciotn óe otras nvuehas codoaUBas, las peculiaTidia- 
des de una sociedad naciente, y nueva todavía en la carrera 
de >)a civilizacioii, ndan um coloír especiad á lias persomias y á las 
cosas, una mezcla de tihtes tan fuertes }/) variados en brui^a 
transieion, qxte h. vi«ta imenos peirapioaz desde qne por pri^ 
mera vez se fija en el cuadro, percibe la necesidad de estudiar 
un conjunto sin analogías, sin orden ni hilacion, para el que 
ignore el origen de tan raros contrastes, de tan violentas y — 
al parecer — inesplicables incoherencias. Todos los ramos del 
orden social se resienten de la imperfección de las formas, do 
la originalidad de los caracteres: se creería encontrar un ti- 
po, sí, pero es un tipo aniomalo, deforme, que de ningún ano- 
do representa un estado normal bien pronunciado y en esta- 
ción, si nos es permitido emplear esta frase para hacer mas 
comprensible nuestra idea. En fin, el contraste és visible, 
fpñJbpaítñe, anrténtitco, se advierte á cada peso que se d'é en esta 
tierra nueva ; pero no es difícil observar diesde luego el ori- 
gen, la causa primordial. Es el resultado consiguiente de 
una copia dmperfeota por ser el modelo eximio y elevado y 
mny débiles todavía los medios de imitación. Son los resa- 
vioB infantiles, los vicios del sistema colonial bajo una metró- 
poli atrasada, que envueltos en las trabas de una enseñanza 
deficiente y descuidada, aspiran no obstante á elevarse pre- 
maturamente al nivel del original nmduro de inteligencia y 
virilidad, y encuentran en su mismo seno, en sus mismos an- 
tecedentes, un gratí poder de resistencia que retarda su pro- 



224 LA REVISTA DE BUENOS AiJiES. 

greso. La América, en una palabra, ha aceptado ¿ la Europa 
por modelo, y ansiosa de igualarla ha olvidado, sin duda, que 
para conseguirlo es preciso resignarse a la acción lenta é im- 
prescindible dei tiempo, porque eefte no permite que impu- 
nemente se viol-en sus leyes dnmutables. Y es testa, sin dispu 
ta, un{i de las causas mas efícientes de la deplorable situación 
social de ^ste hermoso continente. 

llenemos pues, medios propios, direcciones determinadas^ 
fijas, y en las qut- necesariamente y sin opción debemos mar- 
char, porque son úni-eas, .peduieidas <«! número y, por lo tanto, 
muy conocidas desde que no hay otros caminos que fre- 
cuentar. 

Este preámbulo no es fuera de propósito, por mas que 
á primera vista parezca del todo estraño al objeto que desde 
el principio hemos indicado — la guerra contra Rosas. He- 
mos creido conveniente bosquejar un diseño, aunque ligero é 
ineompleto de la nueva asociación americana, para que se 
comprenda porque la guerra que en estos momentos agovia 
á la república, argentina, tiene un sistema propio y análogo, 
una estrategia y una táctica peculiar, y un modo de combatir 
enteramente nuevo y distinto del sistema europeo; pues no 
sd'eaDdo este ajplioa'blte en todas sus piartes en 'este hemisferio,* por 
las peculiaridades característijeas que se han enunciado, es 
claro que por las mismas causas la base de la organización de 
los ejércitos americanos, los planes de campaña, y los elemen- 
tos todos que entran en su composición, difieren esencialmen- 
te de todo cuanto en Europa á este respecto, se ha consagrado 
oomo UTL dogma injaitoínable, eai tanto se continúe empleando 
el poderoso motor — ^la pólvora. 

Y una vez establecido que, en las guerras intestinas de 
estas rejiones está de antemano designado por la naturaleza 
díc las cosas, tel caTuino y los m^^dios que deben empileaírse paT» 
recorrerlo, con muy lijeras y accidentales variaciones que 
no alteran esencialmente la constante é inevitable monotonia 
de las escenas marciales, entraremos ya en la narración de los 
hioehos, y tomíulos estos como premisas de ellos d^edueiremos 



MEMORIA MILITAB 225 

las consecuencias, haciendo una aplicación práctica de la es- 
periencia adquirida en los campos de batalla y en el estudio 
durante una larga serie de años de ejercieio profesional; y 
concluiremos por reasumir cuanto vamos a «esponer en seis 
Y'eridades capitales, cuya evidencia nos proponemos demostrar 
valiéndonos de tales antecedentes. 



MEMORIA— OPERACIONES MILITARES. 

**Roma está en Cartago. '' 

I. 

El poder de Rosas fué fascinador aún «en la época en que 
sus ejércitos se componian de hombres, pero no da soldados; 
y hoy que los tiene, pero enclavados en la República Oriental 
sin medios de movilidad para transportarlos fu»era de «ella, el 
poder 'de Rosas es del todo fantásticx), no «existe sino en los 
ánimos impresionados de su inaudito sistema de terror: — es 
lun poder de imiaginiacion ; y lentiéndase que cuando así nos 
espresamos, pretendemos tan solo si^ificar la actual impo- 
tencia del tirano. Conoce él perfectamente lo apurado de su 
situación: ha tenido si-emprie exelente tacto y buen sentido 
para comprender cuanto le converiia alejar de la provincia 
de Buenos Aires el teatro de la guerra, convencido de que un 
solo golpe que en ella recibiese bastarla á anonaídarlo. Ha 
enviado siempre sus ejércitos á la distancia de un gran radio 
fuera de su territorio, a>si ha burlado á sus enemigos: estos 
«e han distraido del punto principal, y olvidado por defender 
intereses secundarios, que Roma está en Carfago, 

Muchas pruebas de esta vepAad nos suministra la his- 
toria de una guerra de siete años. Cuando la revolución del 
Sur en 1839, Rosas estuvo perdido: así lo consideró él mismo 
y se preparó a abandonar el pais. Sabia que si perdia una 
4>a4)aMa esta seria la primera y la últimia, porque la pordia eer- 



225 LA REVISTA DE BUENuS AIÜES. 

ca de la capital, y no tendría tiempo para producir la reac- 
ción, careciendo de medios para reorganizar el -ejército una 
vez vencido; porque entre nosotros todos los recursos que 
con grandes dificultades se reúnen, no alcanzan por su exi- 
güidad á alendcr á muchos puntos á la vez: pocos casos hay 
d»e tener prontas reservas, y es por esto que la mayor parte 
de las veces en una sola batalla se decide la suerte del pai& 
que es teatro y objeto de los ejércitos beligerantes. El de 
Koeas triunfó entonces por acaso, como generalmente son 
nuestros triunfos, y á un resultado de tan dudosos anteoetlen- 
tes — puesto que ya se habia pronunciado su derrota — debiá 
BU continuación en el poder. No corrió el mismo riesgo per- 
diendo la batalla de Cagancha, ni, por lo pronto, cuando su 
ejército fué completamente derrotado en Caaguazú, porque 
el campo de esos combates estaba muy distante de la capital 
que el tirano habita. 

11. 

Estuvo, pues, Rosas en riesgo inminente de caer violen- 
tamente cuando la revolución del Sur ; y si esta no se hubiera 
anticipado, si hubiera sido simultánea con la invasión del 
Norte por el ejército libertador, no se puede poner en duda 
que habria cesado, pero hasta sin resistencia, su ominosa do- 
minación; que habrían desaparecido el Dictador y la Dicta- 
dura. ¿Donde, pues, está ese poder tan decantado? 

Diez meses después, en agosto de 1840; atravesó el Pa- 
raná el ejército libertador y pisó en San Pedro el territorio 
de la Provincia de Buenos Aires con solo 2.800 hombres de 
Armas, que quince dias antes habian sido derrotados en el 
Entre-ríos en la batalla del Sauoe-grande ; y tan escasa fuerza 
reciente todavía el fuerte revés que habia sufrido — tengase 
esto bien presente — se internó sin oposición en la provincia, 
dispersó en su tránsito sin combatir á una fuerte división de 
Kosas mandada por el general Pacheco, que estaba apostada 
Bobre la costa para parar los primeros golpes de los invasores ; 
y veinte dias después encontrándose en la cañada de la Paja 



MEMOBIA MIlilTAB 2\ik 

eon mas de 2000 en/em'igm, bastó solo el amago de 300 liberta- 
vloreB para <iuie ia<iu>eillois hiiy^asea >d)e9|)i£rv0riidoe en todas diroe- 
CRoaiies, penst^^kk» cinoo legxuas por tan imen^^uisudiafi ¿uieraas; 
perseoiKiion que cesó por falta de objeto, pues los e&emigofii 
se desbandaron basta que no quedaron dos juntos. Fuimos 
testijpros presenciales de esta esoen» que puso el sello á la- iür 
significancia del poder de Rosas, y acabó de acreoentar y for- 
tificar el poder moral de sus adversarios. 

Entonoes se tuvo una ocasión práctica de ver y toear de 
cerca las simpatías de estos len la provincia de Buenos Aires, 
el odio (|ue los babitantes abrigaban contra Rosas; porque 
apeaar de la derrota que nuestras fuerzas sufrieron en Entre- 
rios, y que con bail«s y regocijos, ordenados por el Dictador, 
encontramos celebrando á nuestr» U«gada, y no obstante la 
csf^asez de nuestras fuerza», estas se engrosaron rápidamente 
á términos qii« siete dias d^espues del desembareo en San Pe* 
dro, ascendían á rqas de 1000 hombres — voluntarios y pasa-^ 
dos — armados Ion nuevamente incorporados; y esto sin que 
el ejército Libertador hubiera esplorado lel pais, puies mar- 
chaba siempre unido y sus marehaa forzadas se hacian duran- 
te la noche, dificultando asi la incorporación de los vecinos 
adictos que, bajo el sistema feroz de Rosas, temian con razón 
que iia sola 60S|)euha die su a'v^eiiturada defeoeion lea costase lia 
pérdida de sus cabezas. 

Los estancieros se presentaban con sus hijos, nos brinda* 
ban con sus cabatliljadias piara <d servi^do del ^ejércáto, con sus 
ganados para alimentarlo; jamás se ha visto un entusiamno 
mas manifiesto y tan fervientemente pronunciado. ¿Qué ha- 
cia Rosas entretanto? desplegaba por ventura ese gran poder 
májieo que hasta ahora no ha cesado de atribuírsele! Nada 
de eso : por el contrario, como se consideraba x)erdido adoptó 
desde luego la defensiva circunscribiéndose á un estrecho ra« 
dio delante de la capital ; abandonó toda la campaña al ejérci- 
to Libertador, y todos saibeti qu« Rostas se puso len franqoíia 
y tomó sus medidas para embarcarse, por creer inútil toda 
resistencia; todos saben que entonces habría descendido si el 



22S LA BBVISTA DE BUENOS AIRES*. 

ejército libertador, improvisadamente y sin causa conocicla 
liasta ahora, no se hubiera retirado de la provincia sin probar 
fortuna, . sin combatir en un encuentro decisivo. Sobre lo 
que no es esta la ocasión de detenernos en consideraeioDes que 
f»erian agenas del fin que nos hemos propuesto. ¿Dónde, 
pues, volveremos á repetir, está ese poder tan magnificado 
hasta por los mismos adversarios de Rosas f ¿No hemoe co- 
nocido ya su medida en dos ocasiones sucesivas en que se le 
ha puesto á prueba, aunque por desgracia incompleta! 

III. 

Esousado seria «detemiemos en deinostnar cuales debieron, 
ser los resultados de 1^ victoria de Caaguazú, a haber de ella 
sacado buen partido marchando el ejército rápidainente sobre 
el Paraná para atravesarlo. A Rosas no le habría quedado 
otro medio de salvación x>ersonail que la fuga. Tenia á ]a 
sazón dos ejércitos á 400 Leguas de Buenos Aires: — el uno en 
ikas pro\in<fiaB d-e Tuemnaoi y Salta; e^l otro en la de Mendoza: 
pero por forzadas que hubieran sido sus marchas habrían lle- 
gado tarde, no les era posible impedir, estando á tanta distan- 
cia, la caida del Dii-tador. Entonces el peligro de este fué 
inminente, y es universalmente reconocido quie si se salvó fué 
por la mala inteligencia entre sus adversarios. Y sin con- 
traernos á narrar y espliear las causas d^ la discordia, el he- 
cho "es que el ej*'rcito vencedor se retiró á Corrientes desorga- 
nizado, y que el auxiliar oriental á las órdenes del general Ri- 
vera, se quedó en Entre-rios esperando que Oribe viniera á 
ibatirlo diescle los confióles <le l<a República Argentina «n los 
campos del Arroyo Grande. 

La suma de los poderes parciales de los enemigos de Ro- 
sas, lia sido siempre <.»onsiderablem«ente superior al que este 
ha podido oponerles, apesar de sus ventajosos medios de ac- 
ción á favor do luia autoridad omnimoda, única y reconoen- 
trada por su sistema de terror. En 1840 todas las provincias 
arfrcaitinas, menos la de Santiago del Estero y la de Entre- 
rios. habían negado la obediencia a Rosas, se habian subleva- 



MEMOBIÁ MHJTAB 2;:. 

do y sacudido su yugo sin lencontrar resistencia: tal era el po- 
der de la opinión, el odio á los opresores. Levantaron ejérci- 
tos con heroica decisión, bien que conociesen el tamaño y las 
consecuencias del compromiso quie contraian declarándose á 
mano armada contra el tirano. Hicieron su revolución Salta» 
Tucuimsun, La Rioja, Oatorntairoa, Jujuy, Mendoza, Córdoba, y 
la díft Santa Fé fué la úndoa que — por su inmediación á Bue 
nos Aires — ^necesitó para practicarla la priesencia del ejército 
Libertador, del que una división se apoderó de su capital por 
«salto ; y cuando este mismo ejércdto estrechaba á Rosi^ sobre 
los arrabales d^ Bu«nos Aires, incluyendo las fuerzas de la 
República Oriental, se contaban cinco ejériátos libertadores 
dirijidos por antiguos generales acreditados en la guerra de 
la iiiídependencia ; los cuerpos eran genieralmente mandados 
por gef es de nom9>radía y los ofiíeia'lies y solidados aguerridos 

y de mediana instrucción miUtar. Un ejército en Corrientes 
mandado por el general Paz ; «el denominado Libertador á las 
órdenes del general LavaUe; el de Tucuman y Salta; al que 
después se incorporaron las fuerzas dte Córdoba, tenia á su 
cabeza al general Lamadrid; el ejército de la Rioja á las 
órdenes de Brizuela; el Oriental con el general Rivera á su 
frente ! Cinco ejércitos y doce pronuncias amigas y decididas 
ise podria racionalmente dudar de la facilidad del triunfo? 
Empero tan inmenso poder, si se compara con el del ad 
vcrsario desapareció como por encanto, y ¡cosa singular! 
Rosas entón/oes no teaiiía nuaei solidiaitlos fogoieíaidos que ios que 
habáan combatido en las provincias litorales y en esta Repú- 
blica. Pero f^Mó la acción uniforme y reconcentrada, la 
armonía de las partes; sus direcciones fueron divergentes, 

«ficéntricos sus impulsos, y mas forzoso es cubrir con 

un denso velo las causas que nos condujeron á un caai abso- 
luto aniquilamiento, bien que muy conveniente seria á nues- 
tro propósito que fuese esta la ocasión oportuna para ha- 
cer su análisis, para espliear de un modo el mas conspicuo 
que, si los efectos fueron consiguientes, no por eso podria 
hacerse una deducción que comprobase la preponderancia de 



230 LA BEVISTA DE BUENOS AIBG3. 

Rosas; 'los hitólos, «í, \^ fueron favonaibJ^s, pero ios Jiechos 
Ho^iempre oíreoen la exacta medida de sus «nteaedenteB. 

IV. 

fis decir que Basas triunfó siendo mas débil que sus 
advei^sarios, teniendo además contra si la opinión bien pro- 
nunciada die las nuisas; pero aun cuando no deaeenderemos 
á los detalles para «spiicar un suceso al parecer estraño, pues- 
to que obraban eontra él mayor número de probabilidades, ellos 
«on en el dia tan gen^raimiente conocidos, que esta es una ra- 
zón para que nos creamos relevados die la necesidad de comen- 
tarlos, y porque forzoso nos seria lastimar susceptibilidades, 
y no íes esta la oportunidad por cierto, de pulsar tan delicado 
reííorte. 

TOMAS IRIARTE. 

« 

(Continuará). 



LITERATURA 



RASGOS BIOGRÁFICOS 

DEL. CORONEL QUINTÍN QÜEVEDO. 

Enviado Extraordinario y Ministro Pleniímtenciario de Boli- 
via en el Imperix) del Brasil y Repúblicas del Plata. 



** ... .Vos, señor que bajando desde las faldas de 
los A Hilos por cristalinas ^.orrientes que juguetonas 
se pierd'-ii en las plücidas aefnas del Mamoré, y des- 
pués arrastrado por los torrentes impetuo&os del 
Madera hasta las playas del Amazonas, fuisteis el 
** primero" en iniciar la práctica de una comunií»a 
cion con el mando hasta entonces mirada con ho- 
rror. .. .Bolivia, hundida y desolada hoy por el azote 
de la guerra civil, añadirá á vuestra historia nuevos 
timbres de gloria y mayores títulos de gratitud, si 
interponiendo el carácter diplomático que -de ella in- 
vestís, y aun vuestra influencia personal, coní^iffuie- 
rais que el mundo industrioso tienda una imirada 
sobre nuestras vertientes Amazónicas v llevándonos 
por ellas el comercio y la felicidad, reciba también 
la justa remuneración de su beneficio....*' 

*Mgnacio Arauz" — Nueva Via 'Fliivial 
de Bolivia — Manáos, febrero 1868. (Tra- 
bajo dedicado al señor Que vedo.) 

I. 

El mérito dondo quiera que se encuentre, es siempre 
reeonocido por la sociedad, que justa y generosa en sus mani- 
festaciones, no mira la virtud y el patriotismo con indife- 
rencda, 8'ino que antes bien, los busca para laurearlos con su 
fallo imparcial. 

Los hombres ilustres de todas las épocas y naciones 
ban llamado mas ó menos la atención pública y á sii memo- 
ria se han consagrado preciosas pajinas. 

En nuestras jóvenes Repúblicas donde el mérito muchas 

veces pasa desapeipcibido, domtle los hombres patriotas y de 

, preclaro» antecedentes no lucen sino en el estrecho círculo 



232 LA BEYISTA D£ BUENOS AIHES. 

de fiu Patria, por que las distancias, la falta de comunicación 
de unos pueblos á otros y el miezquino cambio die sus produc- 
ciones literarias y periodísticas, impide que estos hec^ps se 
difundan — es donde conviene mas, que la pnensa Uiene esta 
elevada misión. 

La República de Bolivia que por su posicdon central y 
por lel.poco desarrollo de sus vias die comunicación, escuna, 
de las menos estudisbdas y conocidas, cuenta en su historia y 
en su seno, no obstante, hombres muy notables por «rus an- 
tecedentes, por su patriotismo y por la elevación die sus mi* 
ras. Dándolos á conocer, no solo se prestaria un servicia 
al pais á quien, consangran sus trabajos, sino á todos los que 
deseen estudiar la situación de la hija predilecta de Bolívar^ 
cuyos destinos en el porvenir tienen que ser muy elevados, 
pues colocada con un pié en el Pacífico y con el otro sobre 
las vertientes de los dos grandes rios que desembocan en el 
Atlánitíco, está llamada á influir en la política de las naciones 
de ambos mares. 

Al presente, vamos á limitar nuestro trabajo h bosque- 
jar, aunque á grandes rasgos, la biografía de uno de ew» 
distinguidos bolivianos, que con su modestia, su talento, su 
valor y patriotismo, ha conseguido atraerse el respeto y 
estimación de todos sus conciudadanos y elevarse á uno de 
lofl puestos mas encumbrados de la Patria. 

Hablamos del señor coronel don Quintín Quevedo, ac- 
tual Ministro Estraordinario de Bolivia en el Brasil y las 
Repúblicas del Plata, que ha pocos meses fué á México con 
un^ misión especial, llevando á esa nación heroica el abrazo 
de cordial felicitación que los bolivianos le dirijian por la 
T«econ<|uii?t)a de sus in'mu(nidiad«e8 y derechos como RepúfbHca 
democrática, alcanzada con la sangre, la constancia y la bra- 
vura de sus hijos. 

Tal vez, al relatar los hechos de su vida, lo hagamos algún 
dia, con todo el interés que inspira la estimación que nos me- 
rece : pero seguros de no faltar á la verdad. 



COBONEL (¿UEVEDO. 233 

II. 

El Da<;iinifento del coroniel don Quintín Quevedo corres- 
ponde á la última época de esa jigantesca lucha en quie la Amé- 
rica, levantándose con noble brío de su postración, hizo 
inauditos esfuerzos por conquistar su ansiada libertad, y en 
que desenoadenándose todos los elementos de orden y de 
estabilidad, sacudió los cimientos de la vieja sociedad colo- 
nial para fundar el nuevo sistema de la república democrática. 

El Alto Perú (hoy Bolivia), que fuera «el primero en 
alzar el grito de santa independencia, el año da 1809 contra 
la ominosa dominación x)emnsular y que tantos sacrificios hi- 
eiena piatra oooisiQguiírlia, fué por 15 años, «el teatro de la mas 
enoaimizada y tenaz x)eliea, /en que lia baorbaríe diefl opresor 
contraj?taba con el aliento varonil de los oprimidos. Allí, 
la resistencia española apoyaida en las fuerzas del Bajo Perú 
rtomó consistencia y se hizo mas sangrienta y terrible, á pe- 
sar de los generosos empeños de lá Bepública Argentina pa- 
ra salvar á los alto-peruanos. La persecución española con- 
tra los americanos fué cruel y bárbara. Los que escapaban 
de su cuchilla tenian que dr á engrosar las filas de los lla- 
mados insuTJíeDites, paim hiaoer ila guieinra de montonera^ 6 se 
veian obligados á emigrar á territorio arjentino, apoyados por 
los ejércitos patriotas. 

Entre estos últimos, ítuvo que salir desde Potosí el se- 
ñor don Bafael Quevedo, por su amor á la libertad. Poco 
tiempo d/espues, -contrajo matrimonio oom la señoriita doña 
Carmen Ferrari y Garcia, hija del Tucuman, de cuyo enlace 
en aquel asilo de los patriotas del Alto Perú, nació nuestro 
protagonista en Caminiaga, paraje entre el Chañar y Rio- 
Seco, 40 leguas al norte de la ciudad de Córdoba, el 31 de 
octubre de 1823. 

Trece meses después, el 9 de diciembre de 1824, la 
jornada de Ayacucho, alcanzada por la potente é invencible 
espada del gran mariscal Sucre, completó la obra de la eman- 



234 LA REVISTA DE BUEJMOS AI3Eí^. 

cipacion, y con tan felices auspicios se fundó el año 25 la 
República de Bolivia. 

El señor Quevedo, padre, que solo por la fuerza de los 
acontecimientos había abandonado su patria en una época 
de crisis, regresó á cUa tan luego como tuvo conocimiento 
de aquel triunfo, llevando toda su familia liasta la ciudad de 
la Paz, para trasladarle mas tarde á Cochabamba; habiendo 
por consiguiente abierto los ojos en Bolivia el hijo de la 
proscripción y de las desgracias. 

La viveza y talento precoz con que se distinguió desde 
su infancia el joven Quevedo, cuyas ocurrencias estraordi- 
narias en aquella edad, aun recuerdan en la Paz algunas 
personaje de esa época, hacia presentir el brillante porvenir 
qu«e !« aguardaba, si una esmerada educación fecundase tan 
preciosos jérmenes. 

Su padre lo comprendió así, y aproveelian?do las nume- 
rosas relaciointes qu^e tenia en Chile y las fateilidades que le 
projM>rcionaba su tráfico eomopcial con aquella República, 
Mevóle 'en 1836 ®1 Instituto N'acional de Santiago, qu-e go- 
zaba de gran reputación y dond^ bajo la dirección del auste- 
¡ro y sabio Rector señor IMontt, qae post-eriorra-ente fué Pre- 
sidente de la misma República, l>ebió los prineipios de la cien- 
cia, espoeia'l»me>nte de las rmat-emáítieas. 

III. 

En 1841 regresó á Ja Patria. 

La víL'toria 'de Ingavi (1) (18 de noviem^bre die -ese año) 
deil>ida á lia pericia militar y á la bravura d«el jeneral Balli\ian, 
quie salvó la Repívbliea ile las garras del invasor peruano, 

1. Annfirrania (le "Tunsrai/* V. Campaña (\o cuarenta d'a«? 
•lienha por el Kiéreito boliviano al mando de S. ¥1. el jeneral don 
Josf'^ Hallivian, contra el Ejército invasor del Perú á las órdenes del 
Jeneralísimo de sus armas don Asfiistin Gamarra. Ln Paz año d«* 
1841. Imprenta dol Coleírio de Artes, (54 p/ij. 4. o — Reimi>re«o en Val- 
paraíso en 1842 por la Imprenta di» M. Rivadeneyra 7ÍI páj. y tam- 
bién — el ** Homenaje á la iT.emoria del jeneral Manuel í'arrasco'*. 
Cochabamba, dicitM.bre 12 de IS.").*) — Tipografía de Quevedo y Com- 
pañía. 18 páj. 4.0 



CORONEL yUKVEDü. 235 

preíyentó al j6von Que vedo la oeai^ion de liaeer lucir su nú- 
imiin 'jíoétiix), puMiüado uin *'Cíunto á lusgavi", oamo primar 
(ensayo •íl'e anUi jéii'ero, quie fué jonepalanente a'plaaidido por su 
novedad de ideas y üentiuiieotos, valiéndole la estimación y 
favor del héroe dc^ «(lut'll'a jornada. 

('uando lel gcM^.:'ral iiallivian regresó del Perú y hizo su 
paseo triunfante por dais prinieipales eiudades de Bolivi-a ííxl 
1842, al paiáar por (Joehabamba invitó al joven Quevedo á 
«(^'tar lyliaza en <el Ejército en telase d^e teniente 2.o Este, 
que sen'tia todo el anlor y entusiasmo d-e la juventud hacia 
uma líarrera (jue en üolis'ia era por «esos tiempos, d-e gloria 
y de Jucha, lai^ejitó gustoso el esijwntáneo ofrecimiento que se 
l-e haei-a, elijiendo el arma de ¡artilleria por sus conocimientos 
onaternáticos y previo -eonsenti miento pat-emo. 

La conducta >ú? intachable moralidad del oficial Queve- 
«do, la exactitud t>n el viuiuplimiento de sus deln^reis y su consa- 
gración ad ser\'icio, 4e granjearon la ^estimación y respeto de 
sus compañeros de armas, entre los q-u-e bien pronto logró 
«listiuguií'we, sobre todo cuanido se le •eneomendó en Viaicha 
la dirección de una academita ciontífi'ca de 'matemáticas apli- 
cables á la artilleria que fué mailograda por la su]>siguiente 
{revolución de don Fructuoso Peña el año <le 1843. 

Sin emba'rgo, eoiisigudó rápidos a.^c/taLsoe di»bi' ios á sus 
propios merecimientos, no á influencias estrañas y de gran- 
j-erirt ; y esto hubiera halagado «u cspíritai 'poético y ávido de 
gloria para eontinuar la carrera que luabia emprendido, con 
tan feliz éxito, si eseuolrando los votos y deseos de su /familia, 
.no hubiese creido convieniente retirarse á la vida privada, 
oontimiando, no obstante, prestando sus servicios en clase de 
jefe de guardias naciottales. 

IV. 

En 1846, el Sr. Qu^evedo antes de cumplir 23 años de 

■ 

edad, contrajo «matrimonio eon la señorita Modesta Carras- 
co, hija íkiica del bravo jeneral cochaham^bino de este nombre 
y uno de los heroicos compañeros de Pringles en la Cañada de 



236 LA REVISTA DE BUENOS AIRE?. 

Pescadores. 

Sru niuevo >e3tado y lo6 comp'ramisos de faiiuilia, lo aleja- 
ron del pairtido á qae laoites había jvertenecido. 

Mas qu^ todo, el desprestijio en que cayó el Gobierno 
died g)en<eral Ballivian, 'por los esoesos á que se entregó en el 
último .periodo de su administr«jeion, contribuyó paira que el 
señor iQuevedo aibrazase con ardor la causa de la restaura- 
ción que encabeza/ba el modesto y virtaoso jenetal José Mi- 
guel de V^elaseo y para que tomara una parte activa en «¿1 mo- 
vimiento i)opular de Sa/tUo Domingo que estaíló len Cociía- 
.bamba el año 1847, secundando el levantaimiento de los De- 
parta'mientos de'l Su'd y Norte que proclamiaiban igual princi- 
pio. (2). 

José Ballivian que habia 'vencido en la Lava y Vitichi 
(1847) (3) con su brillante ejército, pero que veia el des- 
contento y la oposición por todas x>artes, dimitió el mando 
supremo en San Pedro de Macha x^r no perpetuar su po- 
der con lágrimas y sangre: acción de noble desprendimiento 
que le honra mucho, aun cuando hubiese encerrado el pensa- 
miento de creer se le llamaria despules como hombre necesario. 

InstaJlado el Gobierno del general Velasco, el señor Que- 
vedo que habia sido premiado con el grado de Teniente Co- 
ronel, Jo apoyó con sus publicaciones periodísticas, que le 
merecieron alaguna reputación como escritor, fundando en 
Coehabam«ba *^El Independiente/' que distribuía gratis y co- 
laborando directamente en **ia voz del pueblo.'* 

En aquella época de libertad y patriotismo, publicó 
también varias de sus composiciones poéticas, en que cam- 

2. V. Exposición y protesta que hace al mayoT jeneral .7o.v^ 
Mijíiiel (le Velasco, como presidente lejjal de Bolivia, contra la auto 
ridad usurpadora y el gobierno ilejítinio del jeneral José Ballivian 
Sucre, 1S48. Imprenta de Beo^lie y Compañía — 21 páj. fol. — -Velav 

co íJinri^ en Sfinta Cruz de Ja Sierra su pais, y Ballivian en Eio de 
Janeiro en ISÓo y sus restos descansan en el Cementerio de esta 
ciudad (Sepulcro de la familia Ramos Mexía.) 

3. Kn ambas funciones de arma« mandaba la artilleria el jene- 
ral Mitre actual Presidente de está Repiiblica — quien fundó la 
** Época '^ con Paunero, Oro y Chenaut. 



CORONEL MUÉVEDO. 237 

^pesm taaito io florido y 'bello d»e las ideas como la fluidez y 
grsLcm de la vensifioacioii. * ^ 

Bl año de 1848 fué nombrado Cónsul de Bolivia en 
Taona, ha^^ia donde se diriíg'ió con su familia. Pero el gol- 
pe «dado á Velasco por su Ministro de la Guerra, general 
Manuel Isidoro Beilmi, quien lo subrc^ d<espu<es de la san- 
grieiníte batailia de Yampanaiez (6 de diciembre de 1848), im- 
pidió se xx^^i'^)^^^^ de aqu>el destino, pues aun cuando el 
venoedor le of reeió ratif loar lel nombramiento, no quiso servir 
bajo sus órdenes por no traicionar los seQtimi>entos de hidal- 
guía y loai'tad que le presori'bian permanaeer ÍM á su bandeara 
y á sus compromisos, y prefirió antes quedar en Tacna engro- 
sando las filas de la emigración. 

V. 

Alejado de la política i)or esta razan, se vio precisado á 
emide'ar su jenio y su actividad en otro orden de trabajos 
msB positivos, formando con su padre y dos hermanos suyos 
una sociedad merea¡ntil. 

Pero es de notar que no abandonó sus antiguos com- 
promisos eon el partido legallista representado por el doctor 
Jos^ Maria Linairez, desde la caida del jeneral Velasco. sino 
cuamdo aquel desvirtuó la causa haciendo fusión eon Balli- 
vian é intentando ambos ol plan que abortó con el atentado 
deil 6 de setiembre del año 50. (4) 

En 1852 pudo el coronel Qu-evtodo regresar á Bolivia con 
motivo de los negocios mepcantiles á que se hallaba consagrado. 

La captura del gener^al ^Mariano ^leigiarejo. actual pre- 

4. V. **El seis de setiembre de 1850 en Sucre, Capital de Boli- 
via, por Agustin Morales, Valparaíso — Imprenta del Mercurio, calUi 
de la Adoiana, número 22 y 24. Marzo de 1S51 27 páj. 4. o menor; 
y (artas Agridulces, jwlítico locutorias y de Horca y cuchillo, qiie 
en celebridad del papel titutalo: Kl 6 de Setiembre de 1850 en Su- 
cre, Capital de Bolivia. Por Agustín Morales, ha escrito compuesta 
y compajinado su amantísimo to»eayo y a^nigo "Agustín el Trompeta ' 
quien las dedica ^sinceramente á la coti.tpañia de antropófagos qui 
«xiate en Valparaíso, Kepública de Chile. Año de 1851 — Imprenta 
Paceña Administra-da por Manuel Hurtado, 84 páj. en 4. o (S(>n l'í 
cartas) 



238 LA REVISTA DE BUENOS AIRES 

«idente <d«e a<iuell'a República, lentoncos corpcunel y opositor te- 
naz «del gobierno de lielzu, presentó al coponi*! Quevedo la 
ocasión de rprobar sus filantrópicos sentimientos, poniendo 
jen juego sus numerosas relaciones y toda su influencia para 
8a'lv\{ir dctl píatíb'Uilo -aq'Ucl'Jia nobLe víotiiBa que niias tairde d^bia 
aer eil lustne y gloria de su i>atria. 

El gen'eral Melgarejo, hombre aTix>jado y militar intré- 
pido, no liabia <3Si,^usado medio para derrotar á Belzu, cons- 
pirando eujantas veces pudo, pero siempre eon éxito adverso, 
por cuya 'razón se le porüjeguia como á la sombra fiatkiica <le 
este, hasta (jue pudo aprehendérsele en 1854. La siuerte que 
•le esperalía «no era idudosa — KÜctada t*st«ba su sentencia de 
muerte! Pero Dios ([ue vela por la vida de los predestina- 
<las, ino eou'ái'ntió qu:e «atiu'i'il vialiente fu'ese inmolado aote una 
venga^nza inútil. Kl paeblo de Cochabamba, que sin duda 
presentia el futuro glorioso que le aguardaba, pidió á una voz 
su perdón, y al señor Quev-edo tocóle la satisfacción de ser. 
tanto el promotor de este sentimiento hmmanitArio, como 
su mas fiel intérprete ante el general Belzu, que no pudo re- 
sistirse á tan generosa demanda. (5) 

ó. Lii comisión qne imploró por el coronal Melgarejo se eomo..- 
nia del ya ñiiado do<'tor K. Dorado, eura de la cumpañia en Coeha- 
bamba: del eaiiónigo Rü.¡a8, ambos comisionados por el clero; d»:¡ 
abogado Salamanca j)or la juventud; dol Sr. Qjevedo por la» "^oiu- 
ras y del jeneral Menibia por los arte^tanos. 

C¿iievedo regresó con la notlia del perdón y andubo en dos dia» 
y medio las SO leguas de áspero <»ai'iiino que media entre la Paz y 
(\)<ehabanibal! El indultado publicó entonces la siguiente hoja 
«uelta: 

''Gratitud, á los Enviados de Cochabamba." 
Doctor Pedro Reyes Dorado. 
" Marco? Rojas. 
" José Gregorio Salamanca. 
Don C^iutin (¿uevedo. 
^' Lucas Merubia. 

.Teñéronos emisarios del mas noble de los pueblos, no os he ol- 
vida<lo, nuestro pui'blo saluda hoy entusiasmado ^'a^estra virtud, y yo 
he querido annarme á él para hablaros ahora especialmente. Vues- 
tra gloria es mayor que la de aquellos que representan á los pueblos 
en sus intereses jM)lít¡cos, vosotros le habes representado en sus 
4leseos de humanida<l. Gloria á vosotros que habéis sido escojidos 
para tan santo objeto. 



CORONEL yUEVEDO. 239 

Aun hizo mas el ooronel Quevedo. Obtenido €>1 indul- 
to, no vaciló í»-!! aif íanzar »al gemerail M<^lgíarejo icon su persona 
y -bienes para qiit» (iiifodase en c*om.pleta dibertaxl, pu-es se habin 
impuesto lest-e rie<iui«ito <íorao seguridad <ie su condu-cta poste- 
rior. > 

La iraportiinoia de tal hecho y sus grandiosos resultados 
han pesado en nuejítro ánimo para consignarlo aiiuí, »?urao 
un acto óe noble <leHprendi'mi'ento en el «coroneJl Quevedo y de 
alta justicia en ed ilu*strado pueblo de Cochabamba. ¡ Cuanta 
grmxdewL y (jue íl(*(i*iion tan beJla ! VA lazo <iue un«e á ^la ik»- 
tre víctima con sus salvadores, es por lo tanto imperecedcTO. 

VI. 

« 

EJ, 6 die agosto de 1855 debia el jeneral Belzu entregar 
el niando suprimió en manos del <iue saliese electo presidente 
por los pueblos, (km este motivo preparábanse los partidos 
para luüliar con tod^is sus fiierzas ími la liza electoral. 

Dos teran ios eajwlidatos para la .i)residencia : Linarez, por 
la O|)osicion ó partido legalista y el general Jorge Córdova, 
hijo político de I3elzu, por los (lue ajpoyaban al gobierno. 

No se ocultaba á la p<Hnetracion de los hombres pensa- 
idoiTES las consecuencias fat¿iU« que se» seguirían si lleg'a'ba á 
triunfar el primero; porque el ejército t*n su mayor parte 
heohura de Belzu, antes que consentir en ponerse á las órd»^ 
nes de aquel, para sor inm«odiatainente disuelto, prefeririu 
f|uedair á tmereed die cualquier caudillo que lie asegurara su 
predominio. 

Me habéis salvado la vida, y desde hoy entre vosotro* y yo 
existe un lazo indisoluble; me habéis quitado la<s cadenas que me 
unian ya á la muerte.... '^ ¡Plegué á Dios darm« una ocasión de 
mostraros que el reconocimiento es para mi corazón una cadena qaie 
no se romperá jamás. 

No o» puetlo dwir más: vuestro nombre á la cabeza de este 
papel y el mió al pie, significan mas de lo que mi labio puede es* 
pre«ar. 

'* Mariano Melpirejo." 

Cochabam-ba, febrero 14 de 1854. 

' 'Imprenta de los Amigos." (en papel amarillo). 



240 LA REVISITA PE BUENOS AIBBS 

• 

Ante este peligro iaummeoite y la cousideracioii por otra 
parte, de ser Cópdova uai onilitar joven, 'vadiente, de nobles 
eentimi^ntos y que con su moderaeioai ofrecía gairantias á to- 
dos los partidos, se decidieron jn<ueho6 k 'traibajar x>or la oain> 
dddiatura ofíeial, que contaba á ia vez, con mas probabilidades 
de buen éxito. 

£1 eofromel Quevedo optó por teste ultimo partido, con tan* 
ta mas «razón cuanto que era amiígo personad del jeneral Córdo- 
va y tobia sido solicita'do por él. Tiiabajó, pues, con todo en- 
tusiasmo en apoyo de esta candidatUTa y de ia suya propia 
para diputado en las próximas Cémaras. 

El triimfo (no fué dudoso. Córdova obtuvo da mayoría 
en Ja elección popular y por primera "vez en Bolivia se vio el 
ejemplo de da trasmicion legal del poder ej«eoutivo, verificada 
en Sucre a presencia del Congreso, ante él cual tuvo asiento el 
señor -Quevedo como diputado por la provincia de Mizqne. 

E-n Í856 oodaboró nuestro protagonista en la redacción 
del periódico ''La Trasmicion Legal" fundado por el l®bo- 
(ríoso Dir. ^Mariano Donato Muñoz que como primer Ministro 
de estado del gobierno »de diciembre ba pro>bado después sil 
jenio y sobresaliente tino político. Ambos sostuvieron en 
ese periódico, la política y .principios fusionistas del nuevo 
gobierno de sus simpatias. (6). 

6. Hé aqui uno de los muchos tes t limo u i os de la honrada política 
de €sa administración: 
El Presidente Constitucional de la República, ^tc, etc., etc. — C-onside- 

ran-do — <Jue el l^robierno que debe su existencia ai voto solemne 

de los pueblos no reconoce enemigos — 

DECRETA: 

Aiiífnlo 1 o No hay delincuente político en la República, y los 
bolivianos y estrangeros que se hallaren en el exterior ó confinados 
en el interior, pueden volver librexente á sus hogares, bajo la pro- 
tección de Jas leyes. 

2.0 Las causas ó procesos políticos, estén ó no it-onc luidos, se 
tendrán como no existentes. 

3. El Ministro jeneral comunicará este decreto á quienes corres- 
ponde y cuidará su cumplimiento. 

Dado en la Ilustre v heroica capital Suero, á lo de agosto de 1855. 

.TOR.IE CT)RIX)VA. 
El Ministro Jeneral 
*'Juan de la Cruz Benavente. *' 






CORONEL QUEVEDO. 241 

Ese mÍ€^mo año fué nombrado el señor Qu-evedo adini- 
nistrador d-el tesoro «públko d-e Coohato.miba y desempeñó 
este destino con La mayor honradez y pureza, hasta que su 
cargo úe diputado Le obligó miarchiar á Sucre á las sesiones del 
ouierpo l'egi^lativo. ♦ 

Como miembro del congreso hizo oir su fáx>il y razonado- 
ra pakibra, en pro de la justicia y de los intereses bolivia- 
nos 'bi«en entendidos, y cúi)o4e la gdoriía de ser autor de 
un pToyecto de «Ley para la abolición de la pena de muerte y 
de otro, no «menos notable, sobre reformas económicas, que 
lo honran len alto grado. 

VII. 

Empero, las sesiones del congreso no duTaron -mueho 
tiempo. 'La revolución qne encabezó en Oruro el doctor 
Linarez el 8 de setiembre de 1857 apoyado en -los Tejimien- 
tos de artillería, exijió la pronta dausuira de aquel cuerpo 
soberano y la marcha precipitada del gobierno al frente de 
su lejéreito para sofocar el movimiento. 

El señor Quevedo.eomo empleado y adicto al gobierno 
de Cordova, cv&yó de su deber ofrecer sus servicios militares, 
que fueron aceptados y en consecu'cncia marchó engrosando 
Has filias del ejército 'legal. Los servicios que prestó en esta 
campaña le hicieron alcanzar el ^ado de coronel efectivo. 

Linares dirijióse sin perdida de tiempo á Coobabam- 
•ba, donde el entusiasmo popular y la admiración de la 
juventud <le brindaban 'los «mas poderosos elementos bélicos. 
Cordova si-guió sus huellas y 'lo sitió en dicha ciudad, aun- 
que débilmente. Piero, sea por falta de artilleria, que toda 
se habia pasado al 'enemigo, sea por la poca entereza y ma- 
los consejos de sus servidores, ó bien, como generalmente 
se dice, por temor de un desbordamiento en la cholada que 
á millares lo rodeaba «esperando un momento crítico para en- 
tregarse al saco y á las depredaciones; CórdoAia suspendió el 
sitio y emprendió la retirada hacia Oruro. 

En esta situación se le comisionó al coronel Quevedo 



2Ó8 LA EEVISTA DE BUENOS AIRES 

superior ooinfpetieníte píipa hajoer adveíPteiücias ai ProcoiTador 
Grenera'l, porque «así lo ha pretendido la Comisiooi que inifar- 
mó eobre «ste nogoeio on la lespitesaida Cámara. Es, puiee^ 
P'iieeiso exmomax si lesta ocupa, seg'uai las leyies, «en lia esoaüíaf 
djcd miínisterio público «ese pumto «elevado 'en que la Comisión, 
•quiere oalooB;rl«i. 

El lantíoulo 1.0 die lia 'ley die 30 de mayo d-e 1855 dice : 

**Aírt. 1.0 El mindstemo público se desempeñiará por el 
PíPOcuTiador Gienerai d»e la Nación, que es $u jefe etc. ' ' 

Es, pues, ovidcojíte quie d Procurador Gienenail íes, por la 
ley, -el jefe del ministerio públioo, y q-u-e en el •raimo de la «d- 
imindstiiacion q<ue 'le está 'eñcomiendiado no tiene superior ; por> 
que solaimente lo es aquiel á quien iba ley ha atribuido esj^resa- 
unenfte este caráctea*. 

Si en ciertos casos la Constitueion ha fiaoultado á la Cá- 
mara de Hepiresentanstes para que persiga los delitos que pue- 
dan cometer los altos funcionarios públicos, atribuyéndole- 
privati^Tamente esta función, esa disposición especial no le da 
leQ caráeter de je£e del ministerio púbdoico, ni esa categoria en 
la jerarquia administrallTa que 'la constituya en superior 
competente parít dar 6pd»en«es al PiroouTador General. 

Yo acoto con el mas profundo nespeto lias Cámaras legis- 
lativas dtí mi pais, y -tongo la convicción de que la Represen- 
tación nacional es el garante mas seguro de -las libertades pú- 
blicas y de los derechos de los ciudadanos. Pero, por la mis- 
ma razón, quiero que se contengan dentro de los límites qfue 
la Nación ha puesto al ejercicio de sus facultades. Es de esta 
manera que las rodearán las consideraciones de los granadi- 
nos, y que el Cuierpo lejislativo podrá llen-ar la alta imision 
que le ha dado id país, que «es la de lejislar no la de adminis- 
trar. Por esta razón, reforzada por el deber de conciencia 
de no .prestarme á hacer lo que no creo justo, he arrostrado 
las oensuras acres y apasionadas que han dejado oir en la 
Cámara de Representantes algunos miembros de cilla. Por 
esta razón, he preferido que se me traiga al ibanco de los acu- 
sados en. el Senado de m.i patria, antes que autorizar con mi 



DON FLORENTINO GONZÁLEZ. 259 

sumieioai un e^seso die f aemltaideSy detras úd cwsá podifloi ve- 
nir otfTOB €806606 ; porq^ie mm Y<ez rotos 'los diques que deben 
eanteoerlo6, no 'hay término dientro del euiail se pruedian die- 
tener. 

No es ein fundiainiento que la Constitución de la Nnieva 
Granada no dá á ilas Gáimaras atribucionies administrativas, 
y limita su poder á la faewltad de hacer l'^es. Pata admi- 
nistrar la cosa púbdiea se necesita entrar ten los pormenores 
de 'lo6 negocios, «tocar con das personas, ofender muchas ve- 
ces sus intereses y sus pasiones ; y es preciso que esa fundón 
esté encomen^dada ¿ empleados que tengan una pauta á qutí 
arregUanse y con forme á la cual deban proceder, a empleados 
responsaJbles, que, sino por 'él sentimitento de»l deber, sí por 
el del temor, respeten los derechos de los cindiadanos, y ana- 
Eejen con pureza los intereses puestos á su cargo. Pero atri- 
buir á nn cuerpo nn^meroso, compuesto de individuos irres- 
ponsaibles, facultades administrativas, seria abrir el camino 
para fundar el mas temible diespotismo, que es el de las asam- 
bleas deliberantes, cuando no solamente lejisHian, sino que 
administran los negocios de un pais. 

La historia nos jnresesita, ejemplo de estas verdades, que 
no debemos olvidar, y que yo tengo siempre en mi memeria. 
La Convención francesa, tomando é su cargo la administra- 
ción de los negocios del país, pasó sucesivamente desde las 
órdenes de confiscación de los bienes de los emigrados, ha&ia 
üa Üista de proscripción qne la comisión de salud pública pa- 
saba diari'amente al procurador Fonqnier Thinvi'lle para qn« 
MevajEte é efecto ese degü<elllo pavoroso qne duró hasta el 9 de 
thermidor. Asi tiene que suceder siempre ; porque en donde 
nmchos homibres están reunidos con^ un poder inmenso y sin 
responsabilidad, muchas pasiones se desencadenan, i>ue8 que 
no tienen diqnes qne Tespetar. 

Oeilebro que se haya preseotado testa ocasión de pensar 
nna vez mas en este importante negocio; porque nos encon- 
tramos en una época de reformas, en la cual conviene tener 
presentes los principios salvadores de las sociedades, y pre- 



260 LA BEVISTA DE BUENOS AIRES 

cavarse de los errares que taoxtta^ desgracias ban oausado á 
Uta. híumanklad. Por íe»ta irazoai, k^jos de sentir vel (lue se me 
haya traído á respoodar d<e mi -eondueta ante 'd Seaajado lo ce- 
lebro muy cordialmente ; «pues se llama la aten-cion á uaia 
(Cuestión de trascendeoftales conseouiencias «en el pon^euir : 'bue- 
oas, si queda oousagrado ^ princifpio ile «la no interveneiofu 
de las -asambleas deliberantes en negocios administrativos; 
pésinüas si se adopta el error contrario. 

No hay neeesidiad, en ningún caso, de que una asam-blea 
deliberaaite tenga la faeultad de m-ezelarse en promover la 
administración de justicia, y si hay gravísimos inconvenien- 
tes en que asi suceda. 

Des»d-e que se autorice el a'buso de que la Cámara dt» Re- 
pressentantes pueda dar órdenes á un agente del ministerio 
público para que promueva una aceión civil ame lo.s Tribu- 
nales, •manifestan'do que oree nulo ó perjudicial un contrato, 
el ánimo de los jueces quedairia prevenido piíra «decidir de 
aouíerdo con las indicacion-es de la Cámara; porcjue siendo 
ella ia que liabia de fiscalizar la conducta del juez, y habiendo 
prejuzgado te cuestión, diíieil seria (lue pRH)cupado de esta 
•manera pronunciase un juicio im»pareial. 

Yo sé que liay muchos hombivs idólatras de la omnipo- 
taneia de las asamibleas deliberantes para quienes estas ideas 
'pueciem no sit-r a<Leí>ta/lyles ; ipero (^sto no aine arredra para de- 
fenderlas -porque tengo en apoyo de ellas la historia de los go- 
biernos parla ni'enta'rios, y ila opinión de los mas sensatos pu- 
l>licistas. 

Las disposiciones práetieas q\U} rijen en nuestro país es- 
tán fel lamiente de ac'Uerdo con estas iideas; pues, como lo he 
demostrado al principio, ]<;i Cámara de Hepresentantes no 
tiene por la constitución, ni por da 'ley. atribución para re- 
«querirme para (fue entable un pleito civil, ni <*s superior mío 
competente, para que pueda hac<*>rme las advertencias :\ tyae 
wlude el Cí'ydigo pemil." 

liemos transeripto esta parte de la defensa del doct'>r 



DON FLORENTINO GONZÁLEZ. £Ü1 

tíoDzailes, ]>oni'a'e oonsiderainos -mu>y interesaoites las doctri- 
nas <iue «d-esiuToLla. 

Con motivo tle lia 'biognafiía qrne de él piiblioó cd señor To- 
rres Caioado, le dirijió «una laipgia oa«rta recti-fi-oaudo sus jui- 
cios sobre él y «sponieoido cu)ail<68 son Hos ■priii'eipios y doctri- 
nas políti'oas que profesa ; carta qu"e fué «publicada au el Co- 
rreo de Ultramar y qu«e Torres Caioedo clasí^ea de brilliante y 
lunninoso escrito. 

Eil Sr. Qon2ail*ez pertenece «ctu«ili»eaitie á la redacción del 
diario La Repúblicay de esta oapital. 

Cedemos complacidos la palabra al ilustrado biografc. 



DON FLORENTINO GONZÁLEZ. 

I. 

Escribir la biografía completa d-el eminente neo grana- 
dino cuyo nombre enca'l>eaa este trabajo, seria tra '*:'.? la hu- 
loria política de la Nueva (irianmla d>esd'e 1820; y no tene- 
mos 'los materi'ales suticixínteá, ni aífueLlo «entra en el plan ()ue 
nos hemos propuesto. 

Al habitar la prensa francesa, bolga y a)l«ema(na •!;» nues- 
tros pri'im^roa escritos biográficos y de "crítica literaria, uno 
de ios heohos que mas fn relie^^e ha poieato ^es la d¡v^>rjsid:Kl 
die «los lestudias á que se han d^edieailo los latino :imericanoa 
que han iliu-^trado al Nmn'o Mundo con sus esori't'^s 

Flonmtino GonzaLez (s una de <^^'as •robiiS'tas int'íligen- 
oias quie se han aplicado al exám-en y descubrimiento de la 
verdad, interrogando la filosofía moral y las cienjiaa natura- 
les, la jurispruík^ncia civil y la teología, la diploni loia -mi to- 
dos sus ramos y la literatura, la ciencia constituc'ion.ií y í«d- 
ministrativa y el arte de la política. Ese activo obrero de 
la civilización ha si:lo abogado, profesor, periodista, viajero, 
ministro de Estado, agente diplomático, legislador, orador, 



262 LA BEVI8TA DE BUENOS AIRES. 

I 

historiíador, empresario de obras de importancia gieii'eral pa- 
ra el comercio del mundo. 

M. de Lamartin'e, al hablar d«e Cieepon y de la naturaleza 
de estudios que hacían los antiguos romanos, dice: '*En esa 
época no «eíra la profesión, sino el ^énio lo que hacia el hom- 
ibre ; y el hombre entonces era 'tanto «mías hom'bre cuanto que 
era mas uíniversal. De ahí lia grandeza de esos hora-bres múl- 
tiples de la aintigüedad. Guando, mejor inspirados, querrá - 
mos engrandecemos como eUos, echairemos abajo esas celosas 
y arbitrarias barreras que am-estra civilización moderna le 
vanta 'entre las facultades de la njaturaleza y los servicios que 
un mismo ciudadano puede prestar, bajo diversas form-as, á 
la patria. Emtonees no estorbaremos que 'un filósofo sea po- 
lítico, un magistrado héroe, un orador soldado, un poeta 'esce- 
lente ciudadano. Haremos hombres y no ruedas humanas. 
Bl mundo moderno será mas fuerte y «mas hermoso como mas 
conforme a los planes de Dios, que no lia hecho del hombre 
un fragmento, sino un conjunto." 

Gonaa'lez ha sido todo aquello, y también triimno, de- 
anagogo, paTa pasar a lo que es hay : <»onservador liberal. Pe 
ro siempre ha manifestado una gran sinceridad de connccio- 
mes, buena fe cumplida, eminentes dotes de patblicista y or- 
ganizador. 

Vamos á trazar algunas líneas biográficas acerca de tan 
ilustrado ciudadano, y á poner de manifiesto p^r que apareció 
como el campeón de las ideas no radictales, sino desorganiza- 
doras, y como ha llegado á sor uno de los gefes del partido 
que quiíeTie fundar la libertad en el orden y la justicia. 

II. 

Florentino González no habia cumplido aiín cinco años 
cuando estalló en el lugar de su nacimiento, la Provinvia del 
Socorro, .en Nue\'a fíranada, el movimiento revolucionario 
de 1810. El padre de nuestro publicista fué uno de los que 
imiae aeti\Tamente tomaron pa<rte en la 're\x)lucion ; y fué en 
su casa donde se concertaron los pl.ines políticos y militares 
de los patriotas. 



DOX FLORENTINO GONZÁLEZ. 263 

■ 

El niño no oia liiablar sino áe libertad, se le x><^í'^^ ^fo, 
6US nurnoe los libros Ae hietoriía d^e las antiguas Tie<pú'blicas, las 
t.raduccion<es de los episodios de la guiema die la independen- 
cía de la América langlo sajona, como de los aoontecimi^entos 
de la r^evoineion francesa, sublimes unos, sangrientos otros. 
Se le enseñó á leer en unta obra española qme contenia la espo- 
sicion y el comen'tario die los dereolios diel hombre. 

En aquella époea se hablaba de derechos, pero no de de- 
beres. iSe enseñaiha que cuando un pueblo se halla oprimido, 
debe apelan* a la insurrección; pero no se inculcaba la idea 
de qxre al lado de cada derecho hay un deber correlativo; qne 
si la libertad es uoa derivaieion de la justicia, se debe respeto 
y obe«diencia á las autoridades legítimaraiente constituidas y 
que ejeroen sus funciones dentro de los dimites trazados por 
la ley. En esos tiiem>pos se trataba de techar a/bajo el orden 
existente, y se dejaba el cuidado de organizar á los qne en- 
traban en escena después de qué hubiera cesado la lucha 

Las ideas que se ad»(iui>eren en los primeros años y que 
forman la base de la edncacion qaie recibe el hombre, sirven 
de gnía en lo f utinro, .marean «la sienda que se ha de seguir mas 
tarde, y esto esplica el 'entusiasmo, casi diriannos el fanatismo 
con que GonzaJez defemdió siempre la libertad, aún en nn» 
época en que nadie pensa'ba en atacada. 

En 1816, los tercios repnjblicanos sufrieran un revés en 
Gadiiri, y el campo quedó aibierto al restablecimiento d? la 
dominación española en la Nueva Granada. 

Jinchas fueron las familias que se vieron obligadas 4 
^emigrar, y entre ellas la de González, que se dirigió á las de- 
siertas llanuras de Oasanare. El padre de don F. González 
se «reunió en ApuTe con los batallonies patriotas que ann con- 
tinualmn lidiando por la independencia, y mnrió poco tiem- 
po despees. El joven González quedó recomendado aíl cui- 
dado de un sacerdote, cura de uno de los pueblos de Oasanare, 
y allí permaneció hasta fines de 1817, época 'en que fué á reu- 
nirse con su familia, qne habia regresado é Bogotá, 'en donde 
permanecía oculta. 



264 LA REVISTA DE BUENOS AIRES 

De 1816 á 1819, los «diü'Cios >de los ookgioB fuetroai oon* 
vertidos en cuarteLes y prisioai'es. Por aqoíel lentonoes solo 
habia (im •estabLeeiiniento en que se «dabaai lee^iomes de gra- 
mática latina, de filosoíia peripatética y de diereelio. Gon- 
zalez era uno de loe atomnos de ese establecimiento. 

Guando Bojivaír, vencedor en Boyaeá, ^eotró en Bogotá el 
10 de aigosto de 1819, los estudiantes se aüldaion <bajo ks ban- 
deras 'del ejército patriota. González sentó plaza como cadete 
en el baitalilon que «estaba encsurgado de La custodia de los pri- 
sioneros (hechos en Boyacá, y entre los cuales se hallaba id g«- 
iieral BarreiTO. 

Ann cuando Bolívar deseaba con flinsia (regiu-kurizar la 
guerra, el virey Saratano no quiso admitir las proposi;!Íones 
que se le ihaeian para canjeaT los jxrisioneros, y como Jas cir- 
cunstancias eran erítieas y se temia que aquellos gefes se fu- 
gasen, el vice-presideníte Santander se vio obligado á maín' 
darlos fusiñar, lo «que asi se verificó á mediados de octuibre de 
1819. A tan tristísima ceremonia tuvo que asistir el joven 
González, que no pudo menos que admirar la serenidad con 
que sufrieron el último suplicio aquiellos valientes españo- 



Ei mismo dia de la ejecución, conmovido y horrorizado 
con 'la esoena qujt ac«>baba de presenciar , Gonsaalez pidió que 
se le diera de baja en el ejército, y el gen^eral Santander con- 
sintió en ello. El ex-eadete ingresó entondes ail colegio de 
San Bartolomé, y aillí continuó su carrera. 

Datado de una in'tetígencda superior y imuy idado al estu- 
dio, hizo rápi<k)s progresos, y habiendo obtenido permiso pa- 
T» seguir varios curaos á la vez, pudo ireeibír en 1825 los gra- 
dos de bachiller, licenciado y doctor en jurisprudencia. 

Poa- aquella época empezaron á ser mas mareadas las di- 
Yiciooes de los partidos que agitaron los iVltímos años de la 
existencia 'política de Colom-bia. Esos pairtidos tomaron las 
denominjaciones de los dos homibres mas proiminent?s de la 
República: se apellidó Boliviano el uno, Santanderista 
€!l otro. 



DON FLORKxNTINO GONZÁLEZ. 265 

Los 'bolivmnos, si no su ilustre jefe, queriaiu la neforiiiia de 
la Camstitu-ciooi letn -el sentido die robfusteoer la autoridad -eje- 
outdv» y djaír graoi'die asoendiente á Jos militapes. Las santan- 
deristas pediam que se mantuviese sin cambio la Constitución 
bajo 4a cuad hiabiía vivido Colomibiía durante seis años. 

En uvedio d*e todas tesas hinchas y de esos -bandos, se dies- 
tacaba lia íi^ra simpática y gloriosa d<e»l libertador BoHviar, 
Piepo dos pu^eblos, -movidos por trilmnos autiaoes, olvidan pron- 
to los granidos servicios quie se Les hian prestado con lealtad, 
constancia y desinterés; y los pueblos de Colombia empieza- 
ron á '\neir como tirano aJ gnand^? ho'mbre (lue híail:)ia sacri fincado 
todo por lel'los, y qoic, tras la'rgos años de una lucha titánica, 
habia obtenido Ja independencia y libertad die cinco 
naciones. 

Las municipalidadies se cspi^esaban en favor de las ideas 
die! Bolivaír, ya cjnie no «n pro d*e los principios del partido bo- 
liviano. Iios santandieristas, apoderados die Ja prensa, hacian 
una guíerra K?rudia aJ partiido contrario. 

Como suoede en todos Jos 'partidos, máxiane cuando Iwi 
lucha asume un cairácter per^onail y cuando se antepomen las 
pasionies á los didados de la razón y del patriotismo, la pren- 
sa santanderista IJegó al último grado de violencia, mientras 
que Jos 'bodiviamos, animador de un celo exagorado, contesta- 
ban é esas violencias con ataq^ues á mano aormada. 

Así , eil .r(í:lactor de un periódico que tenia por títuilo el 
Conductor, el emánente doctor Vicente Azuero, ftié atacado 
en oina calle pública por um oficiail. El csoritor se vio obli- 
gado á aJ'eiarse del teatro ¡de la Jucha, y el peonódico iba á mo- 
rir ouando Florentino Goumlez se presentó y dijo á Amiero : 
''El periódico no diebe suspenderse, succKla lo que sucediere 
• — ¿Quien se atreverá á redactario? oljservó Asmero — Yo, re- 
leso González — i Bien! replicó aquel, y mi imprentii» está á 
su di'sposicion, puesto que usted acepta tan dificil tarea. 

Oonzak'Z continuó en 1827 la redacción de el Conductor^ 
hasta que el señor Azuero dispu-so de su establecimi'enfto tipo- 



266 LA REVISTA DE BUENOS AIRES 

gré&GO, Aim cuiaudo no partieipamos de tod^as las ideas que 
González sostuvo ein aque^l «periódico, no podemos dejar de 
pecanoeer que los escritos d'el Conductor pe\'elaii unía inteli- 
gíenieia »de primer ónden y un estudio serio de las ful tas cuestio- 
mes políticas y ««conómioas. Esa publieaeion hizo conooer á 
Gonzalos y le señaló un puesto importante en el partido san 
tainderista. 

Ouaodo cesó la publicación die **E'l Cond'uctor", Gonzá- 
lez se 'retiró de la agreña periodfetica ; pero se le atrümian to 
días las puiblicaciones que se hacían contra los .!x>livitanos. En • 
tre esas publicaciones habia una que luabia escitado la cólera 
ác los partidarios de I^livar — -la titula»cla "El Zurriago." 
Un coronel resolvió contestar á esos e'íoritos laipelando á la 
fujeJTza. Un dia atacó publicam-enle á González y pretendió 
dtanle de foetazos. El joven escritor estaba preparado, y al 
ver al lenemig^y sai»*) una i>ií*tola, l<a amartilló y dijo al agre- 
sor, el coronel Ignacio Luque: — Si usted dá un «paso háci* 
a-delante, lo an-ato. El coronel, aun cuando valiente, se reti- 
ró. Mías tarde, lalgunos militares atacaron l-a imprenta del 
Zurriago, funesto preoedenite que hta iautoriaa<lo otros ataques 
á lia liljertiaid de imiprínita; como 8uce:Uó en 1851, en tiempo 
die López; en 1854 bajo la administración Obando, y en 1862 
y 63 'bajo la dictadura de ^losquena y los radácailes. Pero 
b1 menos en 1828, Luque y sus comx>añeros fueron juzgtados 
y diea*on píibli<*ia satiisifaccion á da socieda^d y á los agraviíados : 
mientras que en Itas épocas posteriores los lagresores han sido 
onvi'ados por los mismos que ejereian el poder ! 

En 1827, al mismo tiempo que González redactalia el 
Conductor, regental>a >en la uni\'^rsiclad de Bogotá la cátedra 
de legislación civil y pen-al. El gobierno de Bolivar h»bia 
suprimido los testos de enseñanza señalados por el plan de 
estudios de 1826, y haibia ordenado que los profesores diesen 
lecciones orales. González habia aprímdido la ciencia de le- 
jislacion en ks obras de Jeremías Bentham, que si bien ha 
diiscutitlo con talen-to las mas altas y e^ípinosas cuestioaies, dan- 



DON FLORENTINO GONZÁLEZ. 267 

doiles um órdieo y nasa clasifioacion fílosófíca que aoites no te- 
ni'aüi, hfa 'basado €nis obras len l<a failsa, triste y desooiiaoladora 
doctrinal del iitilitairismo. En Bogotá se h«i;bia«i difundido 
esas 'vá&as osplaBiaidias y «xiagieradias por los comientadores d-e 
Befnthtam, Ehi-mont y Sa)l<as. 

Tain deplorwbte 'teoriía, <50intiiiu«eion del sistema «goista 
cuyo iróeifldor fué Hobbes, aiio cuando «este era mías filosófico 
que «aq»u>el ; ese sistema que destruye la base moral de las aie • 
ciones huiiTuamas, lel «biiecn y 'di imiail, qane díesoonjocie rtas teyes pnee- 
xistentes, para reemplazarlas por la teoría de 'los resultados 
y la falsa antrnétida de días pirababiiHdiadieB; tese sistema que 
ahoga en el corazón todq sentimiento generoso, que 'mata en 
el alma toda id-ea (noble y elevada : ese fué el sistema que Gon- 
zález enseñó á sus discípuílos, así como él l»^ liaibia aprendido 
de sus maiestros. 

Justo es decir que desde entonoes Gonasaílez no pudo me- 
nos de entrever las terri'W'es consecuencias que apairejaba esa 
teoría fuanesta que taaitos iraales ha causado en la Nu'cva Gra- 
nada; y «en sus últimas teooiones enseñó que la utilidad que 
debe "oonsultarse 'es la que resulta á la comunidad y no aíl in- 
dii'id'uo que ejecuta el acto. 

Esto era dar nm gran «paso patra abjurar de tam fatal doc- 
trina, y hoy el señor Gonaalíez ha renegado comípletamente de 
ella ; pero todiavia queduaba muy disitante de la verdadera doc - 
tri'na moral, la eterna le>'' del deber, iinica norma de las accio- 
nes Im-manas ; ley qoiie ha producido los graindes patriotas, los 
héroes y los 'mártires; ley qaie engrandece al hombre y civi- 
liza las naciones. Esa ley faié admirablemiente comprendida 
por el virtuoso griego cuaindo en su flaconioa y sublime res- 
puestaf dijo: ''Es útil, pero no es jíusto." 

El ser iinteligente, libre y sensible debe teoier y tiene mi 
perfecto conoici'miento de lo que les el bi'eai, de lo que es el mal ; 
Oi'brem'ente obra, y sus verdaderos títu'los de ser racional y li- 
bre «consisten en que 'didiberadiaímente sigue testa ó aquella sen- 
da, y qne cuando obra á impulso ide*! deber lo hade si<n esperar 
utilidad, sino sabien'do de antemano que muclias veces él re- 



268 LA BEVISTA DE BUENOS AIRE5. 

suJtado mmedkto d^ su taxxíion le acarneam un «mal en vez 
de procurarle un ben-eficio. Nadie eamo el malogrado José 
Eusebia Varo, ni aún el célebre Jouffroy y el elocuente Mae- 
kintosch, ha combatido con mas brillo y solidez la impía y 
funesta doctrina del utilitarismo. 

La nueva espÜcacion de la doctrina de Bentham que 
González dio á sus discípulos no fué aceptada por los demáa 
profesores» que enseñaron el utilitarismo puro, siguiendo las 
fórmulas del legista inglés. 

En 1828, cada uno de los partidos en que Colombia se 
habia dividido había llegado al delirio de la pasión; cada 
cmal, iinpuil>ai:lo «por ki i<')gi>cia tle !<)« h^^ehos, habia ido hasta 

las consecuencias estremas de sus respectivas doctrinas filo- 
»(')fícas y políticas. Los bolivianos proclamaban la dictadura 
y algunos veian la salud de la República en una monarquía 
regida por Bolivar ó por un príncipe estranjero. Los san 
tanderistas predicaban la libertad absoluta, aun con detri- 
mento del orden público y del derecho ageno, como si la li- 
bertad, que es la justicia, pudiera asimilarse con la licencia y 
la anarquía. 

III. 

« 

En tal estado se hallaban los ánimos cuando Ikgó el ne- 
fasto 25 de setiembre de 1828. La juventud, exaltada con 
las ideas (jue. se le habían predicado y con los ejemplos quo 
Kiieiiipre Ri(» Ití presen talwin de dos Timoleom^ y Brutos, sodo 
d-eseaba derribar tiranos; y tal era su fanatismo, que sino hu- 
biera existido un bando que hasta cierto punto veia con enojo 
la libertad, hubiera inventado un tirano, aún en el hombre 
que menos inclinacion-es tuviera a serlo, para combatirlo. 
Al Jado de la juventud se hallaban ciertos ambiciosos quo 
soñaban con ejercer el poder supremo y que no podían 
ver realizadas sus esperanzas sino con la caida de ciertas 
ilustraciones patrias y en medio de las tormentas de guerra 
civil. 

El primer plan de los conjurados, ó al menos el que se 



DON FU)RK\TIN() GONZÁLEZ. 269 

comunicó á los mas jóvenes, que rechazaban con horror el 
asesinato, fué el de atacar el Palacio de (jfobierno y apoderar- 
se de la persona del Libertador, dizque para someterlo á 

jukii) antiií la Kepresi*nt:tc-ii>n na^'ioniul, por haber ««áuinklo 

el poder supremo que le confirieron los pueblos en las mas 
«rí'tii'iHa i'-riV'un^taiiL'ias para ('«otonhia. ¡ A^i sí* paga'batu los 

inmensos servicios que ese hombre estraordinario habia he- 
ofto á las mas bellas rejiones de América! 

Luiogo se caiiii'bió dio nívsctluicion, y fué icicnñdido por los 

promovedores de la conspiración que se asesinaría á Bolivar. 

En'ti"^ i^-íos WHijura-das, como hornos «dicho, figúrala n inuichos 

jóvenes estraviados por el fanatismo político, y que olvida- 
ban que nada faltaba ya á la gloria de Bolivar: que este 
héroe había declarado mil veces que su mejor y mas bello 
titulo era el de ciudadano; que con enerjia hal)ia combatido 
!a idea de establecer la monarquía en Colombia como la de 
darle un gobierno fuiulado sobre el sistema federativo. Pero 
al lado de esos jóvenes, á quienes s(» dominaba, se hallaban 
muchos ambiciosos, y ¡triste es decirlo! hombros pagados 
para anarquizar á Colombia; Zulaivar habia sido adicto á los 
españoles, Garujo habia figurado en las sangrientas escena.-; 
*(ie Ba\iuá, Arganiíl 'era un saíus-culottc de ^Ikirsclia, uno de 

los que tomaron part^ en el asesinato de la princesa de Lam- 
'Iwil'lie; Hornrcint, francés laiiii'hi'cn, ha])i'a á Bogotá con ed 

esclusivo objeto de atentar contra la vida de Bolivar. Fácil 
es comprender que ese miserable servia de instrumento.... 
Despue^s de vanos conatos de asesinato, se c(mviiio en 
que el golpe se daría el 28 de octubre de 1828, aniversario 
del natalicio de Bolivar; pero habiendo el oficial Salazar de- 
nunciado la consi)i ración el dia 25 de setiembre, los conjura- 
dos se resolvieron á anticipar la realización de sus ])astardos 
proyectos. P]n efecto, en alta noche, cuando los habitantes de 
la docta Bogotá estaban entrocrados al sueño., y cuando W 
Li])ertaalor úv ^'inco 'nncioiiiis d^]m\ confiar en ia justi.'ia, ya 

que no en el amor de aquellos á quienes había hecho nacer á 
la villa úii hoinl>res libres, — -unas do^s-nits íie fanátivos polí- 
ticos, capitaneados por unos tantos ambiciosos y criminales, 



270 LA BEVISTA DE BUENOS AlUES. 

ataoaoi la oasa qxue ha/Mtaiba Bolívar, Jiáiefiieíii ó umataii á ks 
pocos militares que custodiaban la persona del grande hom« 
bre; y que no estaban preparados á la lucha, — llegan hasta 
las puertas de la alcoba donde reposaba Bolivar, quien tiene 
el temerario proyecto de resistir; pero que, cambiando de 
repente d«e idea, se arroja por una ventana, evitando de este 
modo, que se perpetrara el mas horrendo crimen. 

(Concluirá.) 

J. M. TORRES CAICEDO. 



ík REVISTA DE BUENOS AIRES. 



Riitorii Ameríeiiii» Líteritura y Dercehí 



AÑO VI. BUENOS AIRES, JULIO DE 1868. No. 63 



HISTORIA AMERICANA. 



SISTEMA ASTRONÓMICO 

DE LOS ANTIGUOS PERUANOS. (1) 
A mi amigo querido el señor don Juan María Gutiérrez. 



No desconozco las graves dificultades que tengo que 
vencer para llegar á una exposición completa y sistemada 
de los conocimientos astronómicos que poseian las Bazas 
antiguas del Peni. Nadie ha tentado hasta ahora este asunto, 
y es opiíniíon gemeraü que se hian (pemdddo hiasta bus vestigíios 

con las tradiciones científicas de los Amantas. Lo único 
que nos queda se reduoe á una vaga denominación de pocas 
estrellas, conservada en seis renglones con que el Padre 
Acosta nos da cuenta de lo que él llama las preoeupaciones 
absurdas en que se hallaban hundidos los idólatras del Perú; 
y laumiqíue su vador es lesoasisiimo, creo que puedie ihastarme 

para desentrañar del abismo del olvido la forma completa 
del Zodiaco Peruano, con todos los anillos de una cronología 
perfectamente histórica, demostrando que sus constelaciones 
son idénticas, en su forma fónica y en su concepción mitol6« 

1. Este trabajo foPx« una de las partes de la obra sobre *Ma 
Lengua y la Civilización Antigua del Perú'\ que en breve tiempo 
«era publicada en Europa por t\ señor López (don Vicente Fidel). 



ií72 LA REVISTA DE BUENOS AIRES 

gica á Ía8 que componen el Zodiaco clásico que los pueblos 
modernos hemos heredado de las tribus Arias primitivas. 

Par. 1.0 Del Zodiaco. 

Para que la pariedad sea resaltante, es preciso tomar 
en cuenta la contraposición natural de los dos hemisferios; 
y caracterizar las constelaciones respectivas del Zodiaco Pe- 
ruaría, que vamos á trazar, invirti-endo las estaciones del 
zodiaco caldeo, y poniendo en acuerdo sus verdaderas rela- 
ciones, con el año austral. 

Tomemos por punto de partida los dos trópicos. En el 
zodiaco clásico hay dos signos que los caracterizan; el macho 
cabrío (Capricornio) y el cangrejo (Cáncer) ; el primero de- 
sagua iá tTK'ipico 6 di iaivi»e»nno, y el {segumlo •dH^igiia el trú- 
pixx) oa'liiemte 6 el verano. Eil tn'íipipo <iairent)e 6 cáncer 

abraza los tres meses que corren de Junio á Setiembre, el 
tpápico frk) á C'aprieormio a*bra;m los tras mK^nss di^l ánguilo 

invertido que corren de Diciembre á ^larzo. 

Cambiando los hemisferios, cambia la relatividad de las 
estaciones y los ángulos respectivos se invierten en el zodiaco. 
El verano clásico se trasporta al ángulo inverso para dar el 
verano sud-americano, y el invierno sufre por consiguiente 
la misma modificación; de modo que suponiendo que los 
Peruanos antiguos hubiesen traido del Asia Boreal el mismo 
Zodiaco que los griegos recibieron también de las tribus arias, 
líís evi'{l(<nt»e (fUic debioron trastornar lias d'e>^ign'a-i'ioiia\s "jwuiefndo 
ol veraaio en d macho cornudo ó raprii^ornio (de Di<'i(Mn']>re 
á Miar/jn) y A in-viorno e\ lícpfil ó C'antu^r, (de Junio á Se- 
tiembre.) 

Los hechos responden admirablemente á la presunción; 
y tenemos en el cielo Peruano al ciervo como desi^acion 
del trópico ardiente, y al reptil 6 culebra como designación 
del trópico frió. Y para no dejarnos duda, las razas primi- 
tivas de que ha])ian heclio eoneií^nzudaniente el cambio, ellas 
unieron al nombre del animal mítico, traido por la tradición, 
hi d( sig^u'acion do ardiente, y lo Ihiinaron Topa Tarucca; 



SISTEMA ASTROXOMICO DE LOS PERUANOS, 273 

{cor mulo ardoroso) y del 'indismo modo para 'Pestabieoer el mito 
del invierno le llamaron culebra borracha, es decir inerte^ 
dormida, enroscada, porque tal es el estado de los reptiles 
en la estación del enfriamiento de la tierra. 

Topa Tarucca: es lel norntorie del Ciervo en la l»eüfi^a 

qmchua, y es un vocablo que tiene por base dos raices evi- 
dentemente ariacas: tara, caballo, animal veloz, y hucc, cor- 
nudo, alto erguido (1). Sea porque los Peruanos no tuviesen 
la raza caprina, sea por que en los pueblos asiáticos primi- 
tivos la especie salvaje de esa raza se confundiese con el 
ciervo, nada era mas natural que sostituir un nombre al 
otro ai aípix^lí^jr esa deaigmacion die su zodójaco; pues entre 
iesas dos especies hay da imja>x>r ootnfopmidiad de form'ais y d*í 
hábitos; las diferencdas accidentales son tan poco importan- 
tes, que, tratándose de dominaciones astronómicas se puede 
decir que no existen, y que los dos nombres dejan idéntico 
el fondo mítico sobre que reposan. La importancia del mito 
consiste en el accidente de los cuernos (caper-corneus) en lo 
eual es igual Capricornio ó Tar-hucca, como es igual el chi- 
vato al ciervo. 

Este signo designaba como hemos visto el solsticio de 
Invierno en los pueblos civilizados del viejo mundo y presi- 
dia por consiguiente al mes de Diciembre-Enero en que tie- 
ne lugar ese acto de la revolución de la tierra. Trasladados 
los pueblos primitiv^os al suelo sud-americano, era natural 
que conservasen la forma plá-stica á que venían habituados; 
pero como esa forma no respondía á la verdad en el nuevo 
suelo que ocupabam, se vieron obligados á eariaeterizarla por 

un adjetivo adecuado, que, al modificar el sentido, reprodu- 
jese tam!)ien la modificación natural que habia sufrido el 
fenómeno: y de ahí la adición de topa. 

La paiz top, tap, tup, signifioa en Qieliua el esplendor 

del fuego llevado á su último grado, el calor quemante y por 
consiguic^nte el verano con la fuerza die su di«arpollo. Con es- 
te m^tiJo de luz y íle vrfacion -es (lu-e iima raiz contrilmye 

1. Vide el Dice, al fin verb, *' tarucca" y * ' IIucca-Rini. ' ' 



¿7 i LA REVISTA DE BUENOS AIRES 

á una serie característica de nombries regios y nacionales co- 
imo Tüt>ac-Aharu, TuPAc-YuPAN^tir, Itobas, Tapies, y 
muchos ofros que se dan como Hijús del Sol, ó Hijos dc^ 
Oriente las tribus y los Réyfes Americanos. En su forma de 
Tapa, la mdsma raiz designa el nido, el lecho, el foco abrigada 
en qine se hmse la incubacdoíi díe los serres animnados. De mx>do, 

.¿üe sí af)!icamos (jfetos accidentes al mito solar, tenemos el as- 
pecto lémitierite phálico con que los pueblos primitivos sim- 
bolizaron siemCpre la acción del sol sobre la matriz misteriosa 
díe 'tal «tieirm, imiajináildiose Kj-ue «ste astro, «en su carrepa bacía 

el solsticio de vertino, era cttmo un macho ardient-e é inago- 
table en los tratbajos y en los placeres de la generación: 
Topa Tarhucca. 

El epiteto ardiente, quemante, es aqui una añadidura 
evidentemente sobrepuesta al mito original y la necesidad 
(lue presidió á «esta adácion ilemniestna, que ia«n1)es de que 

ella ihu'biieae ¡sddo creada el mito priimitívo dieil dervo 6 diel 
Capricornio designaba una estación desprovista de calor; e* 
decir — el trópico frió, que es, en efecto, la que le corres- 
ponde en el zodiaco caldeo. 

Con tales datos se me hace difícil que las personas estu- 
diosas que los mediten puedan desconocer la verdad de esto» 
dos resultados: l.o que Ja designación de Capricornio que 
los Arios dabaoi al cielo Austral procede de la misma tradi 
cion, y as idéntica á la designación de Topa-Tarhucca con 
que los Quichuas designaban la misma rejion del oielo! 
2.0 que esa designación tuvo que cambiar de sentido y de^ 
esbacioin aíl pas.i¿r con las cdoniías ariatoas de um hemisferio 
al otro ; por lo cual, al conservarle su nombre primitivo, fué 
preciso agregarle la designación de la estación inversa con 
la palabra topa, fu"ego, luz, iciailoir. 

Veamos ahora si después de haber determinado la iden- 
tidad de nombre y de posición del solsticio austral ,tenemo« 
la misma felicidad para determinar la del solsticio boreal. 

Machak-Huay. Macha es una raíz quichua que significa 
borrachera, caida, vacilación, sopor, inercia, retrogradacion^ 



SISTEMA ASTRONÓMICO DE LOS PERUANOS. 275 

deijrepitud ; maóhu quiere decir viejo, y mackak hombre ebrio 
que Torniki de lado üSi. niiairicihiair. íLa lasnAdogia y piafriediad de 
lasta raíz «osi }«i ft>rinia Mad de ]ía ¿iesigiita sainserita es in- 
cuestionable. (1) Maehak-Huay significa reptil cangrejo por 
diaei flitiiailogi:a8 de te nvaní^ehia de leestos i^ptili^s con 3ia sitiYaicioni 
yw!^iii\e y «nastoiena de 9ob ^^oirraiohos. lüe'viada «sta raíz á Ia 
desif^nacion de los astros que ocupaban una parte r^ada del 
cielo equivale con toda etidencia ál mito clásico del cangrejo 
{Cáncer), animal que marcha tajibien con la incettidumbre y 
con la vacilación lateral de los ebrios. 

Lia forma quiícshua dieaigna puies u«na estrella ó un grupo 
de «estnedáas que 0e ciBaiaotertaan por kt inercia y por >A encogi 
miento de la nalnunaflieza : signo de muerte por que como pu*ede 
verse en la página 14 de Montesinos (nota) Machay significa 
también sepulcro. Así pues, el reptil en que la forma qui- 
chua pone su mito se halla inerte como los ebrios, se halla en 
una palabra como los reptiles en el invierno; y ese mito este- 
lar designa necesariamente la parte del cielo en que se realiza 
el sotetieio boreal que es el invierno sud-americano. La 
identidad del punto y de la designación legiiística con el 
trópico de cáncer^ es incontrovertible; y si bien existe la di- 
ferencia de las estaciones, ella es un resultado de la diferen- 
cia de loa hemisferios; que, por eso mismo viene á dar un 
fíXñsycfr r^iervie á esa idenitidad de los dos nombres y de los 

dos fenómenos. 

Los Antiguos decian que la parte boreal d^l oielo hftbia 
sido figurada con el nombre de cáncer, por que en ella es 
que ^1 sol después de haber ascendido hasta su piinto solsti- 
cial, se detiene y comienza á retrogradar como el cangrejo 
hacia el sud. Esta misma razón esplica también la denomi- 
nación de los peruanos, con un perfecto paralelismo en el 
mito y en sus formas. Realizándose para ellos en esas re 
giones del espacio el solsticio de iíivierno. Allí el reptil se 
encoje: la naturaleza se queda inanimada; y como concen- 
trada en sí misma duerme el sueño inerte de la embwaguez. 
En Ja mayor parte de los vocabularios se dá una sinóni- 
1. Vide Dice, verbo "Máchani: Machak: Machu." 



276 LA BEVISTA DE BUENOS AIBBS 

iniía laíparian'te á ¡lias 'dos voces Muchuk-Huay y Amaru ha-, 
ciénidoQiaB segiuir del sentíido de reptil y serpiente. Pero esta 
'es aiam diesd'gmacion 'v\sugsi é iiiiciieQ:^ quie se mecesita precisar. 
NíiDjgtuiiDO 'die esos ooOieeoiooiiadoines die vooes mos ha tnasimlMo 
«I (nomibre id^el eanKgrie jo ; peiro Jos quie ^hablan letl quicíhuja sa- 
ben sin embargo que los naturales le llaman marcha-ebria ó 
paso ebrio, dando el nombre de Amaru y Catari k las ver-, 
daderas serpientes ó culebras. Aun cuamdo se quisiere du-, 
d«a.r de «este htedio mos bagtairiía amiaüáaaír frlológi<saim€ínte el 

sentido de las raices para dejar sentada su verdadera acepv 
cion. La raiz Hahua ó Hahuay qiuiíere deeir tambiiein retro- 

gradación (1). Guardo los Quechuas querian hablar del sol 
en su fuerza esplendente del verano, decian Tupac- Amaru 
serpiente de fuego; cujain>do queriam hia-btliaír de la senpitente oo- 
mo reptil venenoso decian Catari. Los otros reptiles eran 
Mach {mad sanscrit) ; el cangrejo era Mach-Huay ó Maohak 
Hiiay; accidentes de sentido, que, percibidos por Tschudí, 
1-e hicieron preferir el sentido de culebra-boba si se hubiese 
fijado en la idea de retrogradacion y de vacilación que teniaa 
las raices hubiese agregado — ^^y cangr€Jo'\ 

Determinados asi los dos trópicos, y la pariedad de lo» 
dos signos, Capricornio y Cáncer y del zodiaco caldeo, con los 
de Topa-Tarlíucca y Ma-cltak-Huay del zodiaco peruano^ vea- 
mos si podemos fijar también los dos puntos ecuatoriales coa 
la misma precisión, para pasar después á los puntos in-, 
termedios y complementarios de cada estación. 

Mirku-Kcoyllur — quiíere decir literallimente '* Estrellaa 

juntas: astros de la reunión ó unidos". Entre este sentido y, 
el mito de los gemelos 6 de la pariedad con que -el zodiaco cal- 
deo simbolizó la estación de la primavera boreal, no hay la 
mas pequeña diferencia: ambos mitos contienen una misma 
ád»ea y ain -mismo sentido. Los lantiígiios y ios arqaiie()logos «s- 
plican K^e 8Ítm]x)lo de 'los geirneilos (mi'to del equinoxio d'el 

otoño boreal) diciéndonos que procede de dos ideas reunidas: 
la del nacimiento del -cailor vitiail figiiT«»do por üa niñ^z, y .la de 

1. Vide dice al fin: y Vocabul. de Tschudí, raíz ''macli." 



SISTEMA ASTRONÓMICO DE LOS PERUANOS. 277 

la igualdad de los dias y de las noches entre las horas del tiem« 
•po anterior^ y las del tiempo posterior puestas en el mo- 
mento equinoxial. 

''Las estrellas de la quinta división son aquellas donde 
" se encontraba el equinoxio d<e otoño y el principio del 
" año en la época de Thoth. Estas estrellas habian recibi- 
** do «entoaiitíies un nombre caipaicteristioo : lel nombre y ed em- 
blieuua d-e los Gemelos simibodo ¡análogo lail liano de dos cairas 
de los Romanos, á los Gemelos Aswins de los Indus. En 
la época de Thoth, bastaba un solo emblema para signiñ- 
^* car á la vez: l.o el equinoxio de otoño y el principia 
del año agrícola: 2.o el principio del año civil ó vago: 
3.0 y último — aquella parte del cielo donde se hallaba el 
oíiuinoxio. Estas tr^s dienomdínia'cion'es se 're»liaeiona»l>an -en- 
tonces. ^I»as «dielante cuamlo se hubieron seípanado, parece 
tgieguín los monumteai'tos, qoiie ios Egipcios \'\a'ri'a[ron algún 
tanto el emblema para cada uno de estos tres significados : 
dos jóvenes teniendo sus manos entrelazadas han continua- 
do «designaindo 'las estrellias uleteranintatric^es 'dd equinoxio de 

Thoth ; dos animales unidos por las espaldas, el uno muerto 
y el otro vivo parecen designar el principio del año eivil, 
un tercer emblema del mismo género marca probablemen- 
te el lugar del equinoxio de otoño de la época en la que 
•* fué oonstruido taH ó cuial monuiiiDeaifto ; por último se vi? qsue 

** los astrónomos del año 1411 en su clasificaeion de las 
* con»tit*líici'nai'es cooiservaTon su aii'ti<guo (nora'bre á -lias estroritas 
** qTiie Thoth habia lümmaido **ihos Gomfeilos. " (Mr. Rodier.) 

Este es exactamente el mismo sentido, el mismo simbo 
lismo que contiene el nombre de la constelación quichua 
MirkU'Kcoyllur; Las Estrellaos juntas ó las Estrellas de la 

reunión. 

Notemos aquí que aunque es cierto que este signo, en 
el zodiaco moderno, ha sido trasladado al mes de Mayo por 
mutaciones históricas que no son de nuestro asunto, no es 
«nanos cierto tamíbii-^n como lo obsie-rvia ^Ir. Bodier, qaie en 

el Zodiaco Egipto-Caldeo ese era el signo que presidia al mes 



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278 liA BEVláT A DB BüBüüüi AIBBa 

4e Setiembre-Ootuibre, es dieíár — «eq'VüiiQOxio axistraS. lia prueba 

que voy á dar de que igual posioiou tenia en el Zodiaco qui^ 
chita les die días nuais oasuaiies y iocmviiDicientes quie ipu'ediein Iva- 

liarse en los errores mismos de la historia. El único escritor 
que ha mostrado empeño en darnos algunas ddeas sobre la 
cronolo^a de los Peruanos es el Visitador Montesinos, que & 
últimos del siglo XVI visitó el Perú procurando estudiar y 
recojer con empeño en la boca de los Amantas las tradiciones 
antiguas del pais. Como lo hemos de ver mas adelante, 
siteimpre qiuíe sé 'tna/ta de lia ineíLaicioin de üiafi lestacíones con 'los 

astros, y del arregla del año civil, Montesinos se muestra 
de una ignorancia absoluta; y por lo mismo que no sabe lo 
que dice, ni lo que es solsticio ó equinoxio, sus relaciones 
adquieren un gran valor de sinceridad demostrando al aná- 
lisis científico que no pueden ser invenciones de un hombre 
ajeno á esos trabajos, sino genuina reproducción de Jas 
notas que tomó en los alertos de los sabios de la tierra en la 
materia. En la página 92 (1) hablando de un antiguo Mo- 
narca, Capac- Amanta, que vivió mil años á lo menos antes de 
levantarse la. Dinastía de los Incas (2) nos dice — *'Sac6 el 
*^ priuicipio d)d laño diel ¡eqíUiiinoxio de primavíeira y ordenó que 

**se pusiese en el solsticio de invierno^ es decir, en el 23 de 
** Setiembre.'^ No es esta la única vez en que Montesinos 
equivoca las designaciones capitales del año como lo hemos 
visto. Pero que sea un error suyo ó un error de copista que 
hubiese escrito solsticio de invierno por equinoxio austral (do 
primavera en el Perú) el resultado siempre seria que allí, 
(eo»mo <eiQ ¡el Egiipto, «eíl año prámitivo de la época de Thoth) 
comeoizaiba ^ídí efl equinoxio austral y teaim por signo tes Es- 
irellros pares ó MIrcu-Kcoyllur que evidentemente equivalen 
al signo Egiptocaldeo de los Gemelos, 

Chakcana: En el zodiaco Ario el equinoxio del ascen- 
so boreal se halla simbolizado con una belleza admirable, 
por la Balanza. Las horas se mantienen en igiial peso, en 
equilibrio' por un momento que pasa haciendo ascender uno 

1. Colect. de Mr. Ternaiix Como, Mem. sur l'anc. Perou. 

2. Vi de el cap. ''Dinastías." 



SISTEMA ASTRONÓMICO DE LOS PERUANOS. 279 

de loa platUloB, es decir levantado el sol hacia las zonas supe- 
riores de su movimiento visible. Si nos trasladamos al hemjj^ 
ferio austral que habitaban los Peruanos tendremos que lo 
<iue era ascemo para los Arios de Asia es descenso para los 
Arios del Perú; ppr que lo qu^ es priniAvera para los unos 
•es otoño para los otros. Al signo, de la balanza que sube 
<lebia so{»tituirse el signo de la bajada, la escalera, ó bien la 
baloj^a que bajcL. Y en¡ electo U^ es el sentido, de la voz 
Chakcana con que. los Quichuas dienoxninab^ las Estrellas 
«eqiuinoxi»a;!iei3 del ííáeilo Boreíai. Ol>^r\Tesje ta^mbien qfue «^ 

pajlabra Chakcoí^a reprp^^^ <^ox^ el sentido de descenso el 
santiido de hailianaa^ po^ qívue en au fwiui'a sitaxple <el^ deíai^a 
todo eruzaipgáent^ de líneas qu^ pineda servir pai^a pan^r en 
relación igual dos pactes, dos pesos, dos indÍTÍduo^ y de ahí 
el significado de escalera^ de puente, de cruz y de hálama 
con que esa vo^ viene á hacer tan sorprendente la pariedad 
de los lawtoft astronónvicos del A^a y del Perú. 

Hie aquí puies «(tetepin'iaadjos con lum pnecision incantro- 
vertibl^ los cuatro puntos cardinales ó climatéricos de la orla 
zodiacal. El padre Acosta de quien hemos tomado estos 
nombres, no nos dice, es verdad, cuales eran los puntos del 
cielo eoi que los Quichuas colocaban estos grupos capitales de 
su cronología. Pero en la naturaleza de su propio sentido 
Be hajMia esa «ctesigniaícdoín : «desdíe ffuie Topa «es el esipleai 
áo>v y eil ia¡r(lor die la 'luz y diell niego, fe pi08Í<>io(n <le la 
est'PoM'a que se ilLaimiaha Topa Tar hueca era evidíeaite- 
mlefn'tc «la óA »estío en la íínea soflstácdaíl ; idesde que Ma- 
cJiakhuaij era. una estrella que sámbolizajba la inercia y la 
vacilación de la embriague;^, su posición se hallaba necesa- 
riamente .sobre el otro extremo solsticial, punto de parada 
y momento de retrogradacion. En cuanto á los dos equi- 
noxios, ba.staríano8 reflexionasr que en el uno las estrellas 
son signos de ascensión, y de pariedad en el otro, para que 
poa iineontrovteirtibl'o te reciprocd^diad de los puntos en qi^e 
deben ser colocadas. 

Veamos ahora los puntos intermedios; y para Ii^ m^yor 



280 m LA REVISTA BE BUENOS AIRES 

claridad de los lectores europeos tomemos su examen so- 
bre Leo. 

Chukin-Chink-Chay — Esta voz, literalmente traducida, 
sigoodficia — Vuelta de la lanza del Lbon Oculto (del Leoa 
Rampante). La perífrasis es larga, pero ella nace de la na- 
turaleza concisa y aglutinante con que la lengua quichua 
concreta todo este sentido bajo aquella forma. Al exami- 
nar sus leyes gramaticalts, vimos que el seoitido capital de 
kifi frases T^poaaha en ilos vocaiblos f ianailíeB, y f jane ios laiateee- 

dentes tomaban el rol de adjetivos 6 genitivos agrupados al 
rededor de los primeros. Bajo esa ley orgánica de la frase 
tememos poies que *A 'priimier objeto de muestro -estudio diebe 

ser el de caracterizar la palabra Chay. Esta palabra, como 
puede verse en las páginas 240 — 242 del Diccionario Quichua 
Alemán de Mr. Tschudi calcado sobre el de (íonzalez Hol- 
guin que es el verdadero texto de la materia, significa llegada, 
límite, vuelta, parada; y por el último el acto de hacer pié 
en el último punto d-e un circuito, y en ese sentido constituye 
una serie entera de vocablos ligados á una sola raiz Chay ó 
Ch^aya. Est-e voeaiblo nos da pues idl seaitido de límite ó 

vuelta como sujeto capital de la frase. 

La pailabra Chinea significa tigre (ó lean) rainpianít«e ; 

por que si estudiamos las formas que esa raiz produce en el 
vocabulario, y sobre todo bajo la forma del verbo Chincani 
y del sustantivo Chiiicana, (1) veremos que el sentido técni- 
•co y fumdtamiental díc la raiz es esconderse, desaparecer, zam- 
bullirse. A este sentido es preciso también unir el de ale- 
jarse y auseniarse que traen González Holguin y el Padre 
Honorio Mossi. El Padre Acosta y Mr. Markhan establecen 
el seaiitido d*e tigne (yajgu'ar) ó l^eon amieriíciaino para .la voz 

Chinea ó ('hinka, es d-ecir el oculto, el rampante^ el que zam- 
bulle, antonomasia del Yaguar ; estos son los términos en que? 
se espresa el P. Acosta — '*Creian en la potencia de una es- 
trella que llamaban Chuquinchinchay, que vale á decir el 
tigre de los tigres, úe üos osos, ó d'e los lieonas ; y cneian quie de 

todos los animales que hay en la tierra (zoológica, zodiaco) 

1. Tschudi Vocab. pág. 249. 






SISTEMA ASTRONÓMICO DE LOS PERUANOS. 281 

V hay otro en el cielo encargado de su procreaciom y au- 
'' mentó. (1)." 

El vocablo Ch uki significa üiaaza ; y isa, lietra n qiie l<e sin'e 

de sufija es el artículo común de la lengua, es deoir — ^La 
lanza, (]iai pomta, fia dáfnefceion. 

Este análisis nos da pues una constelación situada en un 
extremo oculto ú oscuro (Chay) desde donde un León apunta 
6 dirige la punta de su lama. 

La primera, y por cierto, la mas sorprendente analogía, 
es que la astronomía d<e los Peruanos haya colocado en su 
cierlo cúniSteLario «eil sójgno <M Leoin, quie taanibiien hiaibian colo- 
cado los Arios asiáticos. Esta analogía se hará mas sor- 
XMranidieinte y m<as piaismosa sí observaonos que ^en ambos zo- 
diacos se distingue esa constelación con el mismo nombre y 
con la misma posiciooi sobre la órbita de la tierra. 

En efecto, al nombre de Chinka que el grupo estelarlo 
tiene en la lengua quichua, responde con una pariedad incon- 
ítaxyvteffütblie ed nombne de Sinha que te «msteílaioion de Leo 
tiene en la lengua saaiscrita (2) ; y en cuanto á la posición 
igual de uno y otro grupo fáoil nos será dejarla demos- 
trada. 

La looiisteíkicdoín dieíl León en ú 2X>di«<50 de los Arios pre- 
side Al ames de Julio, «es decir «il ones en qone «él Sol después de 
haber dado la vuelta á la línea solsticial, en Cáncer, toma 
su carrera dirigiendo sus rayos hacia el hemisferio austral: 
lo que los griegos figuraban en los dardos de Apolo, como 
los quichuas en la lanza del Lean. Si en vez de colocarnos 
en el punto de vista de los Arios de Asia, nos colocamos en 
el de los Arios del Peni, tendremos pues — que en el mes de 
Julio, el Sol se halla en la parte inferior del zodiaco, que se 
ha zambullido por decirlo asi en el abismo boreal del espacio 
y que de la oscuridad limítrofe del caos, en que hace pié, 
surge de nuevo, dirigiendo su carrera y sus rayos, (es deoir — 

1. Acosta. Hist. Nat. y Civ: Jib. V cap. TV Mark "Contr. tow. 
— á Grara and Vocab. of Quichua" Lond. 1864. 

2. Baurn. et. Leup. Dic. Sanaer. Franc. Paris 1860 verb. "Sin- 
ka:" vide al fin Dkt. Quichua coim«p. pág. 715. 



282 LA B^VISTA D£ BUENOS AIBE3 

la punta de su lanza) h¿cia «1 hemisferio del Sor, ocupado 
por los quichuas. Nada pues mas exacto, ni mas. aDÚmado 
al músmo tiempo^ (|ue ese mita de la vuelta de la lama del 
Tigre rqmpa^ite, aiplicia^o á ILaia !&9ti^las diel *miea die «háio: 
mito que como se vé contiene la misma palabra^ y la misma 
PfOSQtf^io^i e£ftaliaariia en io^ cddlos: Leo en Julio. Dar ^ acaso 

la espiU^aeioA de sein^jaut?» pariedades sería propio de una 
ciencia seria y concienzuda ? 

^am4-Hana.' El uombire de esta estrella ó grupo de 
estrellas significa en Quichua la M.vpi»£. divina ó si se qvi^J^ 
ma^ literalmente la madre celestial, por que hoMa ó Ana sigai 
fica cklo. (1). Gn la historia de la mitologia y del zodiaco 
egipto-caldeo, es cosa saUida de todoa, que después de la 
oc'jüüsteilacioia 'del Lcxm <iu^ ivpreiaeu^b^ la fuerza esplendente 

é indomable del Sol boreal en el mes de Julio, venia el mito 
de *lia virgen con la espiga de trigo, ó ía viiig^ ikibrodora 

La tierra después de haber producid<;> quedaba siempre virgen 
y pronta á concebir por el misterio celestial la fuerza con que 
desarrolla los gérmenes de su maternidad para dar aUn^^Ato 
4 los seres creados y sobre todo aJl hombre (2). Eutre. este 
mito, estelar de los Arios y el grupo que los Quichuas Uama- 
b.3in Mama- Ana {tnainana segmi, Aeoetta) uío \\»^' •diferencia 
^guma iaipra¿9Ííablíe ; y la prueüía ck pa/riedisid en los ovigeives y 
en las tradiciones que él produce es de aqu^lUa que no 
permiten insistir en los argumentos de la ciega rutina. 

La, posiciw qi.'^ Q^te grupo ocupaba en la esfera celeste 
con arreglo. á| la de la tierra en 1^ eclíptica, no poidia ser. sino 
la del mes de Ago¿>to-Setiembre del zodiaco boreal, ó la d^l 
(mes die f)eibi;i0ix>-M'ai*zo eix el zodiíaco ri^foruuaido die 'I03 ooikKnw 
del bemjfiífmo aiustnaíL En el «primier oaiso oanserN^airan 'la Grada- 
ción origina,ria del Asia, en el segundo la reformaron para 
lapropiarla á sa oiu-evia patrí^a. Sea do uno sea lo otro, la 

pariedad queda en su misma fuerza. 

Tenemos pues determinados los tres puntos intermedios 

1. Vide Dict. al fin. 

2. Rodier página 24)4. 



SISTEMA ASTRONÓMICO DE LOS PERUANOS, 283 

que ocupan la zona zodiacal desde el solsticio de Cáncer 
(Junio, Julio) hasta el equinoxio austral d<e Libra (Setiem- 
bre, Octubre) es decir — Julio-Agosto: Agosto-Setiembre: Se- 
tiembre-Octubre,, 

HuACRA Onkoy : En el P-erú, y puede decirse en toda 
la zona tropical de Sud-Amérioa, la entrada de la pí'imavera 
«e distingue por las fiebres intermitentes llamadas tercianas y 
chuchos. En esa misma época aparecen subiendo por la 
parte boreal las Pleiadas, que, entre varios otros nombres, 
tienen el de Onkoy-Kcoyllur. Como las Plciadas no ocupan 
ipuntx) in<iin®u(no sobre 'ia pienspeoti'V'» zodiíaoail, es «eviidan-te que 
el aieeidiemte coraaim de Onkcoy quíe iltas lun'e aíl gru'po zo- 
diacal Hnacra Onkcoy se refiere k una constelación cerca- 
na, y colocada por consiguiente al lado austrí^l de la línea 
equinoxial, es decir en el mes de Octubre-Noviembre 

En tal caso esta constelación quichua tendría -el mismo 
simbolismo que el signo del Scnrpion que preside al mes d3 
Octubre en el zodiaco Egipto-Caldeo. **4. la dixiéme partie 
*' de rí^cliptique (dice Mr. Rodier página 204) Tembleme 
"** du Scorpion semble rappeller la saison malsaine." Agre 
guemos también que en la lengua sánscrita esa constelación 
tiene por nombre un vocablo que se pronuncia Huacra y que 
significa también cuerno^ garras, aguijón, punta, y en gen-eral 
todo aquello que daña, que hiere y lastima: Urcc'ka ó mas 

l)ien Urcc. 

Ai querer pasar de este {punto tpopezamos «con un viacío: 

la tradición se ha perdido, y con ella se ha perdido también 
al nombre del grupo estelario de Noviembre-Diciembre mar- 
cado en el zodiaco Egipto-Caldeo con el signo del Sagitario. 
El de Diciembre-Enero que constituye el solsticio, es como 
ya vimos Topa-Tarhucca el Cornudo ardiente, esto es, el 
Capricornio. 

^Iiki-Kkiray : 'estáis palabras quienen doeir : pia'Pte. raima 

ó época (kkiray) de las aguas (mifci) (1) : tenemos pues á 
Enero-Febrero bajo el mismo signo de Acuario que en el 

1. Sobre la raíz ^^rniki*' vide Tsehudi, y en el aane. la tríz 



281 LA REVISTA DE BUENOS AIRES 

zodiaco clásico domina la posición del Sol en ese mismo pun* 
to. El ^emblema de Acuario ^ un anciano derramando ua 
rio sobre la tierra lo que equivale ¿ las nieves de la montaña 
que derretidas se desprenden sobre los valles. Mr. Rodier 
(página 202) nos dice que en la época de Thoth, el solsticio 
de verano se hallaba en oposición á la estrella S^gulus; y 
que en el espacio de 30 grados que el sol recorre al partir de 
la linea solsticial -el Nilo crece con rapidez: la Etiopia le 
d'crrama enormes masas de agua, de modo que el emblema 
\ad'3CTáto á -esta p«ipt<e die 'la -ecilíptdoa es un hombre diorreuman- 

do cántaras de agua. En el Perú también las lluvias del 
invierno congeladas en el centro d-e las cordilleras acaban de 
derretirse de Diviembre á Enero, y los rios bajan abundan* 
tes de las montañas. 

De Acuario á Pwis teiniemos otro va-cio íppe\''etti'i«it)e de 
•la pérdida 'de las tratli<nones indígenas. Sabemos es ver- 
daul que ol Pescado «era un objeto d'O cu'lto, y la prueba de su 
(adoración la tendemos -en los Pescados can opas qu-e ya en m«e- 
tail, ya en arcilla, nos conservan los 'iTm8tH>s (1) ; observiare- 
mos tara'bien q\m en algunas formíis liengüisti'C^as, el nom»bpe 
«d'rf peseaxlo «entra combinadlo -con «tribuftos divinos y lumino- 
eos quie pareeen nelacionjarlo con los A-sfcros; por ejemplo 'en 
Choquilla Caihua compuesto de Choque, imperiial, divino, 
inga, «>lar, y de iJlu (v h q) luminoso, cósmico. Pero •eíítos 
epítetos pueden significar tan solo los «tributos de un pez 
•especial y prieferido, y la ^'erdtad es qaie no «le oonsen^ai dtato 
ailgnno de que se haya diado el nombre de Pescado á ninigun 
grupo die "CstrelLis. 

KcATU- Chilla Y signifíi^a literalmente Constelación 6 
Astros del Cordero, y se com-pone de Chi emisión, ülay res- 
iplandor ^astral, y Catu 'cordero. Ninguno de los eopistas 
«modernas de Gonza'lez Holigiiin, íes dí^^ir Tschudi y Markhan 
hfl puesto el signifieado d-e cordero en <?1 voeablo Kcatu ó Ccatu^ 
Se han limitíido á d-ocir que signifiea Mercado de carne. Pe- 
ro el Padre Acosta, hablando 'en el lib. V. eap. IV. del astro 6 

1. Vjde sobro lo» **Canopas'* cap. pág. y DIjc. al fin. 



SISTEMA ASTKOXÜMICO DE LOS PERUANOS. 285 

astros agrupados bajo ■de este nombre dic»e que significa cor- 
dero y oveja ó oarnieiro (brevis). Por otra parte — hasta que 
el lueroaido ide darn'o ^e illaimase Kcaíu pairea quie ese fuese eJ 
mouíbre del cordero ó ile 'la ovieja, d«e lia heiuibra ó d-el lobaton. 
Los Peruiainos no oomraai nuas eam/e qu^e la del lliam-a ú oveja . 
de la tierra -corno d'oei<an Jos lespañoltes ; y ooino ^el iliaina padre 
produioe uma carne iaicoini'bl'e por su dureisa y su nual olor, 
eoino «es la 'de todos Jos machos de la raza o vi fia, es claiH) que 
la «a»me diel ini'erca'do era soJo la de oveja y del cordero. í>e 
modo que eil padre Aeosta mejor inifornia/do que otro alguno 
en -el nombre de los astros y en la lengua d-el -país, li'aee plena 
fé ai aiseverair esa aserción; y teinem-os lajsí len Rcain-Chillay 
Ja eonsteliacion -misma ú<d Aries que en el zodiaico Egipto 
Caildeo preside al 'mes de Marzo-Ahrü, 

Urku-Cuillay. a la conisttilaci'Cn Aries silgue en ol Zo- 
diaco clásico la de Taiiru^ (lue preside al mes de Abrid Mayo. , 
Ubku signifiica macho potente, potencia gieneratriz, y preci- 
«amiente esto imismo ^es lo que siígnifica el nombre ariaco de 
la constelacioai que hoy l'lamamos el toro por las 'mismas 'ra- 
zones, sin contar que a'm'bas tlen-en la «misma 'raiz y ila misma 
forma como lo ^'amos á ver. ÍLa consteilacion de*! Toro se 
llama en sánscrito Urh ó Urs forma que >pucde también 
ser urk. Urk significa en general el majoho (taurus) y tam- 
bien hom'lirte robusto, atdeta, (fue-raja viril, potencia su^tan- 
eiail. Como los ^Qiiichutas no teoiiían razas bovinas, Urk no 
podiía ser entre eJilos el Toro; pero etra -el macho, IJrku Chi- 
Hay el macho moteante y fogoso. En cuanto á su razón de 
eer creo que -el sinitoliismo -de esta const-Hlacion no lia sido 
\bien esplicada por el sabio f-r^incés que antes citamos, ni por 
Duipnis qoie 'CS filien le 'guia en estas interpretaciones de loe 
signos 'deil zodia<*o. Este em'blema no toma su sentido de 
que 'las tierras de?cul)iertas ya por el Nilo en e^^e mi»s permitan 
el pastoreo 'de los ganados, sino de que en ^layo comienza 
en el hemisferio 'boreal el sentimiento ó -el calor geaierador 
de las espcfies animales: el macho se pone ardiente y aco- 
mete el trabajo de la propa»gacion de las especies respecta- 



288 LA REVISTA DE BUENOS AIRES 

diel sol Gom. 'relación á 'la tiiopra. Poír qu>e «estaando á su cargo 
da. •dosignacion óe ]s3& fiestas y kt 'reglam'en'üae<ioii «de ios tria- 
bajos a<gríf(íolias, tenian qiue loalciuíliair de antemano <el año y la 
croaiodogia para que no se perturbaseoí dos laecidieiites d^ la 
vida social (po(niéndos»e en 'desacuerdo «con los íenómenoe de 
la naturaleza. Haeian en una palabra io qnje hoy baeen 
nu'est'ros eaLenidarios; y n-e^eesitaiban, ípor oonsiigTiiiente, la 
vasta aicoiiimiliaeioin die cien<eia. aí^troaióimáioa que se ¡ooncíentra 
eJi esos trabajtos. Pama coinippend'er toda ila importaneia de 
esos cádcuilos bástenos observaír que lélilos lenvueilvíein <el viasto 
sistema de l>a ciXMíoilogia ; y que 'entoe los Peruanos, lo mis- 
ano que en eJ Egipto y len los dnemás poi'eíblos 'Ijabi^ores d-el 
Asila, los trabajos de la tierna dep-endian 'entónoes de»! euilto 
público. Niadie podáa 'emiprenderlos á su antojo, sino «en el 
día ó épocas iinaraadas por la cieai'cia astronómi'ca de los sa- 
>0erdotes, poseedores esciusivos die los mdstierios con qn-e obr«ui 
las fuerzas vitales de lai aa'tuipadeza. M oalendario «era pu«e8 
ia verdadera baise -ooinstituieionail y «económdtca die aquellos im- 
pierios: era ila l*ey funidiaaniental ide 'los Estados. 

¿Oonoeian los A<iniaiu>ta8 el &umo90 fenómeno de la pre- 
cesión de dos equinoxios? Muohos eruditos sostienen hoy y 
con razan á nuestro s»entir, que los Egi'pcios poseían ese co- 
nocimieaito ; y creo que ipor las 'tíii®m«as frazones que se alegan, 
pueden dteducirse .que los Qu'ich'uajs también lo «conocian. Es- 
tos, com/6 lio va^mos á v-er mas afielante, tenian nn icoiioeimi«ai- 
fto pterfecto del a Fio ski eral, sabian difereniciairlo á^l año tro- 
pioaü, y deJl año anomalistico ; y ipor leoniságuiente tenían los 
datx>s que revelan »el movimie-nto d^ la línea leqoíinoxial. Se 
comprfoiide porsupuecsto, qne con la inopia de datos en que 
nos lia dejiado la barMrie española á «cercia de las altas tradi- 
ciones ci'OntífiCíis <lcl Perú antiguo, no puedo entrar en este 
■terrino con mas doommentos que siinpües conjetuiras. Pero, 
au«n así, creo qne 'eai su conjunto esas conjeturas ascienden á 
prucba-s. Aunque ignorante en materias de astronomía, en- 
'^ien-do que el feajóineno de la preoesion 'de los equinoxios 
com'cnzó á 'detc^rminarse por la desviación de'l punto <eqni- 



SISTEMA ASTRONÓMICO DE LOS PERUANOS. 289 

noxiiad qn^e dos legipeios haibi-an fijaick) en la Eáitrnilla Smio 
<x>aio punto inamovible, en la ópo^a remotísima de Thath. 
Ellos pusieroín an lesa estredla «el punto de apoyo del eje de los 
cielos, f i jando allí el punto del equinoxio austral ten que lía- 
bi^ nacido -el mundp, y lo seüaAaTxm «por oonsigniente como 
momento inici'd también del Año civil (1). Ahora bien — 
Los Quichnas llamaban á Sirio, 6'Rkku-K'KiLLAY qute quieire 
decir da Montaña de hierro, ó bien la Montaña inamovible. 
El pa'dre Adosta, ad •hablamois de esto, inouTPe 'en nn -error 
d)e orto^naífia (ixne trastoriiia todo -el valor de los vocablos. 
Segfiin él, liiabia dos con]StL4a<?i(mes con «el mismo nombre 
Urfcu-Cliilday ó Urku-K-hillay — oigámoele: '* atribuían diver- 
sos oficios k diversas «estrelláis: los postores adoraban y 
saerificaban «ante unía »estriel>lia que llamaban Urcuchillay 
quíe tenian por carnero de colores diuminosas . (idlay) y que 
98 cree es la misma qníe los Astrólogos ddaman Thyro. 
** Adoraban otras estrellas con lel nombre «de Catuchillay y 
** L i'cuchiílay (no de<be confundirse esta con ¡la otra) diciendo 
•* que era oveja v cordero (2). " 

Pero ion sus mismas piadad>ras aparece la confusión y el 
€TTor 'del «erudito Padre. Si iiam con-stelacion Urcu-Chülay 
^era el macho ó el carnero, el mismo nombre no podia de- 
signan á la Oveja; por que Urku en quichua quiere decir 
macho y jamás hembra. Así es qu'e si ha«bia dos constelacio- 
nes con <ese fonisrao, la una era la qn>e hemos examinado y 
compairado á Taurus, y la otra no podia ser sino la ÜRkkir 
K 'KiLiiAY la montaña inamovible, y «esta «es »egnn él dioe nn 
^ru>po presidiido por la ^estrella que 'los Astrólogos llaiman 
Syrio 6 Thyro, es idecir — Sirio que tamibdten era eje, apoyo, 5 
montaña inamoA'i'blp para los Egi^pcios como centro del 
«espacio y piedra fundam>enta'l de lofs cif^los. lia diipUcacion 
de-la K en el primier vocablo, y la substitución de K' Kh á chi 
en ol segundo, constituyen toda la diferencia leugüística y 

1. "Radior Ant. des Races, pág. 

2. L¡b. V cap. IV. \ 



n 



'¿00 LA BEVISTA BE BUENOS AIRES 

toda la importancia defl sentido (1). Uma vez estaibíecido así 
qu'e los Amaiutas PeruanHjs ponían im Sdrio, como los Egi<pcioa 
de la épooa d-e ThoÜi, el punto d-e apoyo de todo el movi- 
mieaito de 'los citílo®, es maturai quje ^l tiempo les huibi«eee 
d-emoetrado las diverjencias su<?e3iv\as de ese punto, y l«i <l«ey 
ó diipeocion de esas divorjenicias suministTándoles los diatos,. 
pana pT>0Sumir al ♦ra'enos, el fenóm-eno de la preoesion equi- 
noxial, lem la inmienisa serie d-e siglos, que, «como se vé, can- 
taba su cienciía y su cronología. He aqoíí cuanto sabemos, 
axserca del zodiaco peruano; pasemos ahora á esrtudiaT los. 
•métodos de observación que los Amautas empleaban pana fi- 
jar las fiestas de cada año y para ligar «en un paralelismo 
necesario las series cronológicas de la vi'da civil con ^1 mo- 
vimdento combinado de Ik» ciclos que constantemíente los. 
pone en divergencia. 

Par. 1 1 . 

Ciclos Astronómicos y Cronológicos. 

Los únicos autores españoles que se han ocupado de 
reeojer en 'la boca de los Amantas el testo de las tradicionjeB. 
pri'raiti'vas del Perú, son «el Padre Acosta y el lieenciado don 
Femando ]VIontesinos. Lástinna es que el primero haya evi- 
tado con una reserva csoesiATa el darnos cu'enta de todas las 
tradiciones astronómicas que oyí), mirándclas como asuntos 
fútiiles de idolatría, y limiitándose á ciertas indicacion«es lau- 
datorias sobre el arreglo exacto que los Quichuas habiían 
dado al año, y sobre el nombre de algunas estrellas. Su 
juicio recto y su honrad» laboriosidad nos habrían trasmiti- 
do, á no ser aqaiello, una »esíposiciotti completa y sistemada de 
todo lo que por desgracia tenemos hoy perdido. E»l segun- 
do, aunque menos dotado que el P. Acosta de los conoci- 
mientos necesarios para la tarea, obedeció felizmtente á. lo» 

1. Véase en Tschiidl y MankhaTi la rliferencia entre "Urcxi y 
Urccu;'' urku y ^*Urkku'\ chillay ó k'killay. 



SISTEMA ASTRONÓMICO DE LOS PERUANOS. 291 

instintofi d<e una curiosidiad Husaciaiblie^ y ese pued'e diecir qfue 
por 9u mama fialta de «crítica, «es hoy noijestna única fuente 
(fidedigma paiia (restauirar los anidüos de la cronólogo y de lisus 
evoiluciooas soci'alie3 de lias razas civilizadas del Perú A/nti^o. 
Basta pasar lia vista sobre la obra de Montesioias (1) piara 
eonivcnceirse de la iegleal^lidad y hoaradez con qu'e relata lo 
que ha oido á dos Amantas. En izmn'mterablies pasagcs se 
atestigua que no entáende io que narína y que ignora las bases 
d»e los ciclos astronómicos que onieoiciona. Pero, como en él 
foudo nos 'reYíela el sistemia científico á que se unen todos los ' 
imicm'bros de la tradi<eion, la revcliaeioiii de su ignorancia es 
é la vez un testimonio de su sincea?idad ; por que nadie puede 
inventar miembros lógicos y combinados sobre conocimientos 
científicos que ignora. Vamos á verlo. 

E»l testo de 'las tradicioneB indíjenas que él nos salvó de- 
muestra quie la tarea de calcular los tiempos por el movimien- 
to de los astros era practicada por los Amantas desde mucho 
(antes de Ynti-jGapac^ quinto monaroa de la Dinastía de los 
PiRHUAs que reinó 1488 años antes de J. C. ó bien 2548 antes 
del prioiiero de los Yngas (2). ** Ynti Capac («dice Monte- 
' * sinos) restableció eil cáicuilo de los tiempos que comnezaba á 
' * olvidarse, estableció el año de 365 dias con seis horas ; y 
** repartió los años 'en círculos de diez, de cien y de mil dan- 
** do a este último periodo el nomíbre de Capachesata 6 Intip- 
*' Huatan que quiere decir Grande año del Sol; para conser- 
* * var por medio de estos círculos la cronologia de los R^yes. 
'* (3). " 

El Perú contaba pues en esa época remota con una civi- 
'lizacion i)otente; jKxrque sem^e jante resolución sobre el año 

1. En esta parte nos referimos al estractx) hecho por Ternaux 
Cbmpans en su coleifcion de '* documentos americanos" qTie es lo 
único que se compnlsa en Europa, por no haberse iiniípreso el mantis- 
erito original; de que tengo alcanzada una copia por favor de mi 
distinguido amigo el señor general Lobo, gefe de E. M. O. de la 
«scuadra española; y literato erudito de grande mérito. 

2. Véase el cap. de las ' ' Dinaatias. " 

3. Mont, pág. 61--62. ' ' J 



292 LA REVISTA DE BUENOS AIRES 

cifvid y sobpe la Kíipoiiologija histórica no naoe ni »e injerta 
sino eu>aíndo los pueblos se luán hecho de iarg^a data, ]ai)o- 
rioáos, KiaitMitaTios, agrÍHíoks y urbanos. Cua'lquidna que 
sea lia >ex'aiotitud «eixmológ'iica que quei>a á oste reinaido ahora 
tres mil años, es emiente que el Pirhua Yuti Capac no pudo 
restablecer «el eál<niio d-e «los tiempos que comenzaba á olvidafrse 
en su tiempo, sin que este cálculo \Tíniese con observaciones 
batsadas en el estudio de los Asíbros, desde una amtigütdad mu- 
cho awas pernota, y 'respectiva ya en la época de «se monarca. 

Pana comprender la lestension conjetural de esa anti* 
gü^díad, analisemos los oicílos astranómioos que entonces se 
croaron. Yo entienido t^ue Montesinos efiuiv"oca acíiií el teno<r 
d«e 'la tradición que nos trascorrí)© si lo <iue se iba perdi-eroio 
ten t4 tiiMiijpo lie Inti Oapac hubiere si'do el cálcuilo de ios 
tiempos íes d-c-eir — •el método y las operaciom^ científicas que 
se lomiploalaain para >eMo, iki reforma rea:liaa«dia por aque»! Mo- 
aiiarca no liubiese sivlo im prog*rt»«o y una 'mejora <m exacti- 
tud de los ríx-íU'ltaidos; por ciU'e los Amantas en la decad-encia 
del sal>er no podian alcaoizar á ^sa «mayor ciencia y á «sa 
mayor exactitud. Tenemos pui*s <iue tomar e^'a tra'dicion ba- 
jío otro aspec^tx), y emnprender por eHa que el ario civil venia 
mal calculado: por (jaic los antiguos no ha})ian apreciado 
il>i:ni la diferencia pra^'m-entaria del iTiovimieiito diverjente 
de ilovs lastms en ilas órbitas d<e su re^^pei^-tiva rota-íMon. Olaro 
<3S que eaiailquier error que hubii^-íen cometido \m e-íte cálculo 
dificil que ni en nuestro misino calendario «e halla apr'^'^ia- 
do con perftvta 'exactitud, d(*l)ió aocravarsi(» m'as y mas con el 
anidar del tiempo í'Oino su(»edia en Egipto, hasta venir á 
perturban 'la perio(li(»id«d de las fii»stas y do todos» los actos 
del Estado y de la comunidad civil, hacieuLlo imposible el 
sistema regular de 'la cr(mología. 

A-sí es que por lo (|ue ^lontisinos nos di.^e, se vé que 
Inti-capac no lo iliinitó á r(sfabl(c(r d cálculo antiguo, sino 
que lo reformó fun:latinental mente sobre hascs nuevos, 

¿Cual era entonces el cálculo antiguo cuyas diverjoneias 
vinieron á imponer la "necesidad de la reforma? Clara nos 



SISTEMA ASTRONÓMICO DE LOS PERUANOS. 2'^a 

pareoe ila respuesta. La reformia de Inti-oapac tomó «por 'base 
Em<0va <€fl cuTBO del sol desde uno al otro solsticio puiesto qu-e le 
viemoB lasi'guaT 365 dias con seis horas <para lel año civil : lu<ego 
él método (anterior tomiaba por base el curso d<e la luom. 

Es tradición compirohadia qoi'e tanto ea Asia como eoi 
>AiWiéfri(3a, los puebios prí'mátivoe oom'enzaiiüía á contar él 
titernpo por lunús (1). Era natupad. y n»eoesario qu^e «isí fu^ee 
por que leil periodo lunar os visible miientras que <el del Sol es 
difícil y complioado para los pueblos que 9ailen reciben de tía 
baipbairdie. I'iero, aun así mismo no debieron «tatrdaír en re- 
oonooer los inconvieniontes die esa base : caída año lunar debió 
dejar ama desviación de 17 diías lentre la carrera del Sol y la 
die la iuoa omnit'estándose rápidamente la irnegulari'dfld fun- 
damental de las estacion'es con respecto al curso de nues- 
tro saitéli'te. Ante una dispariedad tan visibie féc»id debió 
j)aTeoerle8 el remedio. 

Los Astrónomos de esa época no se atreviteron á refor- 
imar las bases del culto de ia luna que era la Divitiidad del 
tiempo: ella revelaiba, y lo medía: lera. por consi^iden'te 
Eterna; era causa é inteliígencia del universo ; Neith Athena. 
Pero formulafTon «unía operación mateimétiíca que 'les dio un 
resul tardo que debió pareoerles exacto entonces. Formando 
nn ciclo de 60 años binares encerraron un periodo de 
20,880 dias (29X1 2=348 ;X 60=20880) que son exacta- 
mente 58 años vagos (2) (20880 : 360=58). Aunque la 
tradición nada nos dice sobre los días epagómenos de oada 
año, ni sobre las horas que forman los bisiestos, es induda- 
ble que entrá'ban como parte flotante, y suponiendo que hu- 
bifetsen contado ^s dias por oada año, (como ¡es natural que 
lo lii'íiieran tieniendo un m'es de 29 dias) tendríamos en 60 
años 360 dias que son otro año vago. Para completar el 
ciclo basta pues agregar un nuevo año lunar con un doble pe- 
riodo flotante de «epagómeinos destinados é las grandes fiestas 

1. A costa Hist. Xat. y Civ. lib. VI cap. III. 

«i 

2. L(i8 Astrónomos llaman **año vago' el espacio de 360 dias 6 
de 365 con la adición de los epagómenos. 



294 LA REVISTA DE BUENOS AIEES 

seculares como es constamte len la historia (348+12=360) : 
y así t^n-efuuos quie un ciclo die 60 taños ipestablocia laproxima- 
tiviaímKm'te h, periodicitdiaid morniail -de lias «staei-omes mante- 
niendo basta un ciierto punto la regruiariidiad «del laño civil y 
<eeanómi<3o. La cuenta quedaba lasí ^reducidla en el fondo á 
12 'm'eses d-^ 30 dá'as (360 por -año) con las adiieioncs flotíi/n- 
tes, sin -altenaír el culto ortodojo y ppimiti'vo de la Luna. 

Hé aquí popqiuie -es que en todos los pueblos pri-mitivos 
de la Antigüedad, de la Indi«a »al J-apon. el ciclo elemental de 
60 años, oomespon'de lal culto y al «año hiniaflp qa»e debió ser el 
único «ño posible en la primera civilización. Con respecto 
«1 Perú, el hecho se halla asevei^do pop uno de los historiía- 
dor(s mtas serios y fidedignos de las coscas armericanas; (1) y 
era natuTiai que lasí fuese partiendo del mismo ori^gen Etno- 
lógico y de las mismas traidieiones. 

Es claro que arreglado asi el paralelismo de los dos as- 
tros, su divnergencia fundam*«ital debió tenerse por mínima 
ó por nula ten las primeros siglos, como nos parece á nosotros 
la que existe en nuestro calendario hasta que los siglos acu- 
.i^mloHos nos la llagan visible. Pero ella idiebió axfcaxefsíír «il 
cabo de cierto tiempo, -porque juntándose al fin de los siglos 
ios momentos no apreciados y dimimi'tos, que separan el-mo- 
yinniento de la tierra y el de *la Luna, «la dispariedad «entre es- 
ta y la posición del sol debió hacerse sensible, poniendo en 
convulsión los Estados, suscitando partidos, opiniones y gue- 
rras, según se iba viendo qne la base del culto lunar ofrecía 
inconvend'entes y corap'licaciones insuperables paira corregir 
las divergencias, y 'j>ara miantener la exactituid del paralelismo 
normail de las Estaciomes, qne era el grande objeto de todos 
los problemas sociales. 

La esperiencia debió 'entonces enseñar que -era preciso 
someter el cálcuio del movimiento de la luna, al del sol, tras- 
portaaiido á eíste la regla ftinidara'ental ide la ecuación : caim'bio 
de ba-íe que hizo indiispeiisablie que se trazase el círeuAo zodia- 

]. Zamora: Historia del Nuevo Reino de Granada lib. II cap. 
XIV páj. 134. 



SISTEMA ASTRONÓMICO DE LOS PERUANOS. 295 

cal pai^a fijar sobre él los momentos climatéricos de cada es- 
tación, y de cada mes ; y la base del culto pas() de la Luna ai 

Sol. 

Hé aquí el -estado de las cosas en tiempo de Inti-Capac. 
La cpoffiología se iba perdi-endo como lo di-oe Montesinos ; pero 
no era «por que se hiíbiiese perdido la base del cáloulo astro - 
inómioo, sino por que -esa 'base era eprón-ea. De ahí la necesi- 
dad de ift rcfonna, y la introducción de una nueva foriiiíi — 
la dd año tropieal, con las dimiensiones proporcionadas al 
fiemómeno 8ol<ar de que depende la eTcactitud de Las Estacio- 
nieB. La cuafii perfección oon que fué resuedto ©1 proMema, 
indica que el Pirhua y sus Amantas poseían ya en aquellos 
remotísimos «tiemípos fórmulas científicas del mas ailto sentido 
en á. 'estudio de los Astros, lo que supone un desarrollo vigo- 
roso 'en «la civilización general de las tribus sujetas a ese go- 
bierno ; porque 'Cl cálculo de Jos tiempos en la 'base de toda la 
vid»a industrial, i>olítica y meroantrl de los pueblos civikzaa- 
dos. 

Bl examen de este trozo interesantísimo nos rau'estra que 
ahora mas de tres mil años las tribus Peruaoas habían senti- 
do ysL la necesidtad de una historia nacional y de una ^'lasta 
cronología que las pomia en relación con las primeras épocas 
del mundo perdido jk>t «medio de esos cielos de ci'en y de mil 
finos. Ellos se presentan en la tradición con dos nombres 
quichuas que pruebaoi tamibi'en la antigüedad relativia- de esa 
l'engua. Veamos aliona si son sinónimos como lo creia Mon- 
tesinos, porque si no lo son, la divergencia de su sentido vá a 
damos datos de la mayor trascendencia para hacer notar la 
competencia científica de los sabios que los crearon. 

La Lengua quáeluuia nos suministra todos los datos nece- 
sarios para 'demostrar que Montesinos se engañaba cuando 
crei'a que Cappachesata era sintrnimo de Tntip'Huatan y 
equivalentes amlx>s á 1,000 años. 

Cappach^zafa es uina form<a corrompida de Cap, Paeha, 
Caita. La raiz Cap (Kap) significa grande (Capac) (1) ; 

1. González Hol. Diet. 1604 pág. 70. 



^96 LA BKVISTA DE BUENOS AIRE3. 

pacha éi'gmñaíSi ciento, tiempo y revolución úe^o que gina (2). 
Catta es, haz, atado, envoltura, porción (3) ; de modo que 
Cappachazatta significa 'litemlmente cada un grupo grandt 
de cien años, es deieir mil. Bll siíglo Ési'mpl'e se lilaiiiaba Pacha 
«iien. 

Artfadizeitnos ahora -el otro p^eriodo. 

YnItp-Huatan quiere decir El Año del Sol. Acaba- 
imos die v»er que para los Pirfiuas «el año civü era una revolu- 
cioai del zodiaco m 3B5 dios 6 horas. Si €ws oonociniTentos se 
huMesen limitado a'l fenómeno visible como lo creyeron todos 
ios esorilores espiando con esccpcioai d»e Montesinos, habrían 
flilaiiüJaidó Yntip-Huatan círculo <\^\ Sod, aü año tropioail, es 
decir: al regreso dtel sol sobre su punto de partida. Pero la 
concepción de un Año del Sol como cicix) máximo hace ver 
que loMos -saihian que el año tropicí^il era un t*enóim?no produ- 
cido por la marcha de 'la tierra sobre su órbita ; y í[ue de la 
•misma mianiem e^l Sol tamibdíen tenia una órbita máxima y un 
eentipo á cuyo alriededor hacia su año. Si i)aTa comprobar 
ias ideas vamos al sentido de 'Itas pailabr«s encontraremos qu? 
la raíz Ynt (^verb. intu7ii) significa girar, circular: así c^ <iuc 
Yntip-Wüatan significa litcrülmente grande revolución deí 
SOL, CICLO MÁXIMO. Recordemos aqui lo <iue hace poco diji- 
mos del Astro Sirio que 'los Quichuas 'llamaban «la Montaña 
ini*on'mbvil)(Iie, y (fue es hasta hoy 'mismo ted punto •central sobre 
que los astrcnomxxs estudian y determinan la pi-ecision de los 
equinoxios. 

Arreglado el Año tropical sobre la basé de 365 norma- 
les y puesto el siglo en cien años, nada tan natural como el 
formar un periodo de 365 siglos, como Grande año del Sol, 
y no amo de mil como dice ^MonteMnos por que eMo habría 
sido heterogéneo y estraño á la base aceptada. Así como 
365 dias hacen un año, y 100 de estos grupos un siglo, que 
era un dia del Sol, así también 365 siglos ó días del Sol, 



2 


Id. 


id. 


id. 


pág. 267. 


3 


Id. 


id. 


id. 


pág. 71 verb. ''Caltini." 



I 



SISTEMA ASTRONÓMICO DE LOS PERUANOS. 297 

hacen un año del Sol, 36,500 años trópicos ; y es claro que los 
Quichuas pretendían dar con ese periodo el de la revolución 
del Sol al rededor del punto equinoxial que los astrónomos 
llaman hoy Precesión, y que en efecto contiene 25,868 años. 
La diferencia de 10,632 años no es tan grave como pudiera 
creerse á primera vista, desde que todos saben que la mas 
ligera falta de apreciación en este cálculo de momentos im- 
perceptibles produce miles de años en el resultado total; y 
esa fadta -era in-evitable, p'Uies que los puteMos anlág-uoci no te- 
niendo instrumentos ni datos de la precisión necesaria los 
suplían conjeturando en gran parte el valor de eso que ellos 
llaman el Grande Año ó el gran periodo, (!) exactamente lo 
mismo que los Quichuas que le llamaban Intip Huatan. 

Este punto y fta diferencia dial ciiolo cromdlógico óe mil 
año'á, cappachazata oon €il ciclo lastronómiteo de íntip Hua- 
tan debió necesariamente escapar á la ignorancia de Monte- 
sinos en esta materia% Pero el idioma mismo de que usaron 
los Amautas al informarlo prueba su error y su ingenuidad, 
porqu<e no se inventa lo que se ignora. 

El año se llamaba Buata (Hua-Ata: forma de la luna 
ó Ata;) el siglo Pacha, revolución, círeulo: (2) <ed eido de 

cien años, el mileinario clásico de los Antiguos — Cappacha- 
zata; y el grande año 6 revolución Astronómica del Sol al- 
rededor de la Montaña de Hierro (Urkku KKillay Sirio) 
Intip-tluatan. 

La raza de los Pirhuas, poseia pues en épocas coetá- 
neas lia famosa iK^oría de los Egipcios que h«iciia ginar «d sol 
acompañado del cortejo sublime de los Planetas sobre el cen- 
tro del sistema Universal de los Astros de que nos informa 
Pomponio Mela **Ypsi (AEgyptii) vetustissimi ut proedicant» 
hominum, trescentas et triginta reges ante Amasin et 
supra trerTt^'i'im •riTiilli'U'ni ««nnorura d^tatis, eertds aunaüibus 

1. Arago — Lee. de Astr. reeojidas por un discípulo — Paris 1845. 






n 



2. Gonz. Holg. citad, pág. 266 dice: **Ppachan' Vorrer el agua 
continiia'rri'ente'': *^Ppachani/' poner las cosas trastornadas **y 
'* volver boca abajo las cosas huecas: Ppachascapcum/' lo cóncavo 6 
convexo. 



298 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

* ' ref eruint : ummáaítúimqaie litteris servaut, dum .^jgiip'tii sunt^ 
'* quater cursvs suos vertisse sidera, ac solem bis jam ocoi- 
*' disse unde nunc oritur." Era natural pues que en la 
marcha del Sol al rededor del espacio, cambiase el signo 
equinoxial trasladándose hasta el signo opuesto, y que deja- 
se al occidente el signo que habia presidido a su oriente. 
Esto fué lo que no comprendió Heródoto tampoco cuando 
dijo — '*Yo no lo comprendo; i>ero repito que los Egipcios 
me dijeron que desde aquella época el sol ha salido dos ve- 
ces por Occidente y se ha ocultado por Oriente " — i que es- 
traño es que no lo hubiese comprendido Montesinos f 

Si como esta tradición lo dice, el mes tenia treinta dias 
uniformes, es perciso suponer que los cinco dias epagóm^e- 
nos se «adiicnoniaban como fiestas lal fin ó aíl principio de cada 

año ; pero como un año civil de 365 dias con 6 horas es bas- 
tante tmias iltargo que ol año tpop'i'Ciad, pesuiltaron dáverj encías 

que perturbaron necesariamente las estaciones, las fiestas y 
loda la cronología fundada sobre esa base. 

En efecíto, aunquie no pueda aípreciíairse d tiempo que 
trascurso porque los datos que ofrece son vagos é indeter- 
minados, la dinastia de los Pirhuas comienza a mostrarse 
en deoatdeai'ciía yen desoréddto. Su gobierno se htaJiLa desar- 
reglado; y alK Icomo en todos los gobiernos teocráticos, 
grandes prodijios en el cielo, y agüeros espantosos comien- 
zan á conmover los fundam«entos sociales — *'Dos «cometas 
aparecen en el cielo, el uno con figura de un león y el 
otro con la de una citlebra : el sol y la luna se oscurecen. 
*' Consultados los ídolos, el Espíritu responde que Ylla- 
** Ticsi quiíere desitraiir a)l imwiLio por sus pieea»dos' Los 

sacerdotes al trasmitir estos oráculos lloran: el león y la 
culfhra van á devorar al sol y á la luna: los niños, las muje- 
res, y los hombres gimen, la especie humana va á conver- 
tirse en animales feroces y reptiles perdiéndose la industria 
y la civilizaeion. 

ITna peste violenta se desata, y el hambre despuebla 
el Cuzco y las provincias; ciudades hubieron que quedaron 






SISTEMA ASTRONÓMICO DE LOS PERUANOS. 299 

sin un solo habitante. Una insurrección arrojó la dinastía 
que vivió muchos años desterrada en el aeno de los Andes. (1) 

Todo este-profundo desorden provenia de la perturba- 
ción del calendario, de la lucha de las opiniones sacerdotales 
sobre la manera ó la necesidad de reformarlo, como lo vamos 
á ver. 

BecopdieiiMW quie el solsti'cio de Invierno (austral) se ha- 
llaba simbolizado «en el zodiaco de los Pirhuas por un reptil 
6 culebra y por un león 6 ti^e : Cáncer y Leo ; machak-Huay, 
y Chinh'a. Era pues natural que hallando mal combinado 
el año civil con respecto al año tropical, el sol apareciese 
detenido en su carrera por los signos del solsticio austral y 
espuesto á hundirse en el caos de la noche eterna, como si 
estos animales lo estuviesen devorando. Este al menos de- 
bió ser el lenguaje de la poesía y de la leyenda al trasmitir en 
alas de la tradición los acontecimientos y los prodigios celes- 
tes que los ocasionaron. Perturbado el calendario sacer- 
diota^l que era .la norma ó la constituicion civid d-el Estado, se 

perturbaron también los trabajos agrícolas, como hoy mismo 
sucedería en igual caso: las fiestas climatéricas respondieron 
mal á las estaciones verdaderas: las semillas sembradas á 
destiempo se perdieron causando el hambre, el desorden, la 
emigración y la miseria por las campañas y por las ciudades, 
los pueblos temieron volverse salvajes como los reptiles y las 
fieras. 

La catástrofe provocó la insurrección, y la insurrección 
desató la guerra civil. Parece que esa insurrección hubiese 
sido eneahezada por ia oajsta sac^pdota/1 de los Amantas, opo- 
sitores quizás á la reforma de Inti-Capac; pues vemos á sus 
descendientes Pirhuas obligados á dejar la ciudad del Cuzco 
asilándose en el centro de las cordilleras con sus partidarios. 
La viietoriía quedó sin (am<bairgo por ellos; ipero no tan clara 

que no aparezca también las transaeiones que les impuso la 
pipopoteoieiía de los lamautas. (2). 

1. Mont. pág. 62 á 70. 

2. Mont. pág. 70—71. ' 



300 LA REVISTA DE BUENOS A1BE5*. 

Trascurrido un tiempo indefinido que el autor llama 
largo, la tranquilidad del imperio volvió á perturbarse : nue- 
vos prodigios en el cielo anunciaron grandes catástrofes: 
razas nuevas venidas en el nombre de Chinos, desde el medio 
de la ynar, dotule habían sido creadas por su Diois Pachamac 
(1), ®e esteoidie'noin por ia táiema ooaipámdolja y aterrando á 
loe qoie haibitaiiaín amt'cs. Rl desártien, «d diesquicio, la co- 
OTupeion die 'lias •costu'm'bres se thaxjiam ©entir poí todas partes 
con furia, y los Aman tas, **Klijeron á Mantcsi-nos quie por la 
'* tradición de sus mayores saibian (fue el sol cansado d-e pre- 
** senciíaír tontos críineaies y petm-clos se ocultó sin querer rea- 
*' pare<:er por mas de veinte horas.^^ 

Esta perturbación que prov-enia evi'dentiem'ento die una 
intvriga «acerdota'l ail fopmu'laT el oaleaidairio, ó de un «erroír 
•en log cá'k'uloa aistlxmómioos qire habia pu»esto -en 'di\'»erjcíneia 
'las bases del año eivM eon las del año tropi'Ciail, provocó {l-e nue- 
vo la giiie-rra y la iinsurretvion. Aunciue á primeria \ista pu- 
diera parecemos estraño estas <?onmoeioní3S profundas de la 
fiociedad provocadas por l«s perturbación^ actronóniicas, bas- 
ta que nos fijemos un t^anto para conA'^encí^mos qaie por el con- 
trario, era nia'tural que así suoedr(»í9e. Et. calendario er^ pa» 
ra las trílnus agrieultiaras de aquellos gobiernos teocráticos lo 
que 'las cx)NSTrnjcioNEs «son hoy j)taiim nosxjtros: el srsTR.vc- 
TUM de todos los intereses y de todas las gaTatitins: la l>a'sj 
anisma de 'la fami'lia y fdel lailiamento. Conecntraila 'la ci(*iicia 
de los misterios del año en miamos d'O'l sa<e(*r(locio, t^st(» ííe pue 
de dieciir fiujc ena tdueño 'de ila tranquiíli^daid póiblií-a, y como sus 
mínimos errónos, ó sus intrigas podian disloear el j)araielivS- 
•mo de las estaeiones del Año, la soeieJad «entera depen lia de 
ellos. 

A lia t3a;%)n de los niuevos flgüi(>ros y gérmenes de ivlWion 

í|ue se notairon, y golM^rniiiba ain nioiia'r<*vi -de la <linastía <le los 

Pirhuíi-:, llamado Titu-Yupauqui, que prefirió cortar el nudo 

aiíod'^yndose del derecho de señalar él mi«?mo 1 15 úsl'.i.'i^mís 

y las fi'cstas, asun^iendo la suma del poder piibli^i. Despu-^s 

1. Vido cap. Keligiones 



SISTEMA ASTRONüMICX) DE LOS PERUANOS. 301 

d€ iial)er castigftdo riguro^mente á los rehelies — '*or.icii5 
que no se cvlebrason fiestas ni f-estines sin q\ie él lo permi- 
tiese. ' ' 

Pero <íon movido el Imperio á ra'Oilidia qu<e <l'OCíaiia la raza 
<i«e los Pirhuais, se -avanzaba prepoU^nte la de los Amautas. 

VICENTE FIDEL LÓPEZ. 
(C'oncluirá.) , 



RECUERDOS HISTÓRICOS SOBRE LA PROVINCIA 

DE CUYO. 



CAPITULO 3.0 
De 1821 á 1825. 

(Continuación) (1) 

XII. 

TePiiiinada tíin gloriuvsament'e la campaña c^ontrn Carre- 
ra, -el "ejéreito d-e Mendoza reares*'» innK^diataiutnfce á esa oa- 
pital, -eoi lioiiíle, un niinuM»so pueblo W tsperaba alborozado 
para \ictoriarlo y rendirle una debida y t'^i>léndida ovacioai- 
La victoria ct>nsi£ruida por la bravura de nuestros milicia- 
nos, ix>r ti vlenuevU), pundonor y j>eriv'ia -de jefes y ofíc]iale& 
que las dirigían en aqui»l nioinento supremo, en que se juga- 
ba la suí^rte de í's*)^ eultotí y ricos puel>k^. la de dos repúMi- 
cas, en tin. anunazadas de esterniinio por la ^auilaz invasion 
de aquel Uv$ vándalas, (jue habían talado, in.NU diablo y ensazi- 
grenta-vlo el litoral y las demás de nuestras Provincias que 
ntravi*san>n — t\s;i victoria, decimos, a^.^guró por nuudio tifeon- 
po la libertíid, ti orden y la pi^z en amlH>s pais.^s, vecinos y 
aliados. — En e>e luvlio de aniias. grande y de inmortal memo- 
ria |H>r sus KnétivH^ resultadas, sucumbió completamente la 
ananiuia de los pueblos ai^rntinos, ativzmente trabajados 
per una hu-ha fratri.*: la, durante mas de t'uati"0 años, al im- 

1. Vaa*ie !a pái. 61. 



KECUERD09 HISTOHICOS. 303 

pu'lso die a/ui'bicioiiies bastairdas, de ini-cfuias «minas de alguiiocí 
míalos hijos ide la, patria. 

i Cómo no iicopdar pu>e8 á «los v»eineiedopes qu'e, ü(m ejem- 
plaiT abnegiacion, oom la oblación noble y jeneposa de sivs vi- 
das y haciendas, h^bk^ consei^ido tan grandioso triunfo, 
un premio digno de Tiecoanpensar tantos saeriñoios, digno d^ 
tan fruieítuoso oiesultadio, digno, «n fin, deil vador con que se 
compoiptaion ? 

El iHustiie OaibiMo de Mendoza, len lefecto, di0ei:%ftó solem- 
nies y lujosas fictas en celebración de aquddta victoriía ; pagó 
con larg>a<eaa al ejército sus sueldos, seguai sus clases, y acor- 
dó el premio de un escudo con esta insorix)cion en el centro — 
Aniquilé la anarquía — pava los jefes de oro, para dos oficiales 
de pLata, y á la tropa en pañio blanco, bordada da inscrip- 
ción. 

El gobierno de Chile, con acuerdo del Congreso, en leeo- 
nooimiento 'de la d>ostrueeion de da mon*tonera de Carpera, que 
mairchaba á encender la guerra civil de aquella república, en- 
vió al gobefrmador de Mendoza don Tomás Godoy Cruz y al 
comandante genieral en gefe del ejército de »Ia «misma, \'ence- 
dor en la PiMita del Médano, los despachos á uno y á otro de 
Generail de Brigada del ejército de dicho estado. 

Un aioto atroz, manchó ios lauTeLes reoogidos personal- 
mente en esa batalla 'mfemoraible por el generad Gutiérrez — 
Ad regresar á Mendoza con el ejército, después del triunfo 
encontró en Jooodí detenidos y custodiaídos ailgunos prisione- 
ros tomados á Carpera que se conduelan á 'La capital — ^Mandó 
separar como veinte de tdlos y ordenó su fusilacion, lo que 
fué ejeeuliaido ^en el acto — ^í^iera un Tapto de exadtacion en su 
capacter iracible, una ostentación de mando absoluto, tad vez 
las su jiestiones de algunos de dos que le rodieaban ; como quie- 
ra que ello sea, acto tan bárbaro miereeió la reprobación j'e- 
niepad. 

Cuéntase que el jenenal San Martín al pasar por Menudo 
za el año de 1823 en enero, petiirándose del Perú, oj'endo la 
na'PPacion que Guti-errez le hacia de la campaña contra Carpe- 



LA EEVISTA DE BUENOS AIKES. 

ra 'bajo sus órd^enes y de la, batalla de la Punta «del Médaaio 
(GQ que hiabia triunfado y d-einás heehoj h-asta termiirar aque- 
ill<a, al ^l'k^ar al sangrijmto episodio que pela taraos td triunfa- 
dor en San Lorenzo, Chacabueo y Maypú, el Libertador y 
Erotec-tor del Porií, el que en cien combaten respetó siempre 
!« villa dol iprisionero y lo trato eon benignid<ad; le interrum- 
pió, it^presándose líon severas palabras lo inlmiuiano y atroz 
ded hecho. 

Reápeeto del proceso y ejecución en «la plaiaa de M'cn-do- 
za, dc4 infortunado general don José Migu^el Carrera, se ha 
escrito t.anto por sus panejirisl^s, por sus detractores también 
y por lalguno que otro escritor iinparcial, qu-e nos creemos 
disp(^n>\i'dos de rt*P"t4ir 'esa última y desgraciada parte de su 
vida. Por 'lo diíuás, en e.sos alias, aún estáibamos en San Juan 
de donde no regresamos hast^i mediados del mes siguiente, 
octubre. 

Ahora toca volver nuestras miradas, sobre 'la provincia 
de San Jmín, por 'la part^» qu.^ tuvo en esta campaña. 

XIIL 

No olustante los repetidos avisos que le llegaban al go- 
biernjo d-e Siin Juan, de qU'C Carrera se dirijia pre.Mpitada- 
niontt* á vsu pueblo, no se puvlo conseguir que la división á lab 
órdines dv*l comandante gen era-l Crvüninea, saliera á su en 
cn.nK ntro, >ino ilel 28 al 29 ile agosto, ante vís¡>era de ki Iwta- 
11a de la Ihuita del Médano, entre el ejéri'ito iK* Mendoasa y la 
montonera de Carrera — FaltáhaL» aún que completar 'p^irte 
dv^ su equi[H>, y llegado el monunto eríti/o, tuvo en e>e esta- 
do que p<merse ttti mancha apresurad a mentv^ — Le bemos vis- 
to enton\-i« atravescir las vm11v"S de la ciudad en bus.\i del ene- 
migo, que iíi^ liabia apróxi!]iad^> á ella, á vii<tan/ia vle 7 le- 
guas. 

Kl ejér.'ito ^anjiiaiiino, ]>,>r tste r.^íar.lt>» no pulo llegar 

al v*aini>i> d.^ bat:r/.a, ha<ía ú!ti:na h»»ra — »^s d.^-ír — v*uan lo la 

numt;r.. la v n •: la y pu,'<ta ^n dtTíMta n tivl is l:r \n.Hies, 

orí^ perseguí la p-.>r la AiHail-rii m.-n lo/ina — Knton.*es la de 



BECUERDOS HISTÓRICOS 305 

Saín Ju>aü, ll^^giando en -eae instante, ayudó á la persecución, 
sabloaínido ó 'los f ujitivos y toraiando áe ellos «Igunos prisione- 
ros, pertrechos y bagajes. Entre los primeros ail capitán 
Urra, á Juiam Bemavidez, hernuamo d-td que fué después general 
don Nazario Benavides, y 168 iodividoios de tropa. 

El comiandaoite 'genepal Urdininea dio inünediíatain'ente 
piarte á su gobierno de este «resultado, atribuyendo la falta 
de no liiaber estado en oportumidiad «eoi el oaanpo de batalla, 
á la traioion de U'n soldiado de su división, que «avisó al ene- 
migo de la fueríaa que tenia San Juan y de su entusiasmo, li?- 
ciendo esto variar de plaai á Carrera y también á la iaiexíaeti- 
tud del jefe del ejército mendocino en ounniplir lo convenido» 
de batir en oom'biaaicion á da 'montonera. 

No conocemos hasta ahora la vendad de estos liechos. Los 
dielios de da una y de la otra parte de los colig'ados, son con- 
tradictorios ail respecto. ¿A quién creer? No ha llegado á 
á nuestra noticia que se liiihicse seguido, como debiera, y co- 
mo así (lo pidió en el fecspresaido 'parte á su gobierno el coronel 
I^rdininea, una sumaria imlagacion que justiíioaTa su conduc- 
ta sobre tan grave \' •trascendeoital ineideute. (1) 

1. Creemos indisipensable insertar aquí ese parte oficial. 

**A1 fin Cuyo, por su unión, entusiasmo y valor, ha sido destinada 
para sepulcro de los últimos re«^tof» de los anarquistas. He mereci- 
do el honor de que se me fíe su defensa. Estoy en el deber de 
sujetar mi conducta militar en esta r-éiebre campaña á la censura 
iiíiparcial de V. S. y de todos los sensatos. ^^ 

**Con not'cia de que el enemijío diri<íia sus marchas á esta ciu- 
dad por el naciente, acamivi las fuerzas en los suburvios y tomé to- 
das las medidas de ase^^nrar su cottijdeta destrucción — •iii'e puse en 
combinación con las de Mendoza y to(|né todos los resortes posibles. 
Un soldado nuestro (jiie traicionó su deber, le impuso de la fuerza y 
entusiasmo de estos habitantes, le hizo temer y variar de j)lan. 
Concibió de nuevo el de paralizarnos con sus contramarchas, pero 
se encañó. La tro))a que ten^o el honor de mandar se presentó 
siempre en el mejor órtlen. auiHjUf sin ale.jarse de la eiudad, por 
no esj>onerla A que Carrera, á beneficio de su gran movilidad, invadiese 
los hojeares sin que pudióseiios im})edirlo. La entera destrucción del 
«nemij^o, no habría bastado á rej>arar esta pérdida. Ksí>ero el 
lil avisos set^uros de la división mendocina. en virtud de la cou- 
binaeion que tenia formada con su gefe. ^le faltaron estos y dis- 
minuverou la iíloria del triunfo. Carrera en >^n c)ntramarcha dio 
<?on ella y la atacó. Cuando se me d'ó noticia secura, era tardo 



'06 LA EEVISTA DE BUENOS AIREá^. 

Pero d'escribajinos <es<5 liíeeho, tai 'üual lo olmos entcmcies 
de personas que fu-eron «actoras "eoi él y confofPine á 'los recuer- 
dos quie conservamos de muchos d-e sus detalles, que nosotros 
mismos presenoiíamos. 

Antes yia se Im dicho qu-e Carrera en su entrada el tem- 
torio de Mendoza, desvióse 'cn la maireha, con dirección al nor- 
te— luacia la provincia de San Juan. Había confiado «n de- 
macja que el gobierno de ella, no habría trepidado en ratifi- 
car el convenio celebrado en el Rio-Cuarto oon el coroniel Qui- 
roga, qoDe ya conoce el 'lector. Siri la 'menor notieia sobr^e el 
estado de ese pueblo, observando á sn aproximación á él, ate- 
niéndose á la relación que le hacían sus propios bonuberos, que 
todo permaoecia tjranquilo, sin notarse el menor movimiento 
de 'tropas, ni ninguna otra señal que le indicase la resolución 
de resistirLe — 'm'as se afi-rmó en su idea de que aqnel tratado 
tendría exacto cumplimiento. 

Entoneas determinó aproximarse á la ciudad para recibir 
los cabaiUos y muías que, á su tenor, estaba obligado á fiarle 
el gobierno de San Juan, de cuyo elemento se encontraba, por 
sus largas y penosas maTehas, casi enteramente destituido. 
Le era oiirjentísimo onontar su jente, esperando, como espera- 
ba, un iimnedíato tencuentro con la división mendooina quie le 

para poder llegar á tiempo de escarmentarlo. La traición de un 
soldado y la inexactitud del gefe de la fuerza de Mendoza en la 
combinación, nos han robado de las manos la victoria. Sin embar* 
go, una fuerte división que forzando sus marchas, llegó en tiempo d» 
hacer el servicio aquella noche en el campo de batalla, y las partidas 
haciendo prisioneros, canupletaron la obra principiada — ^hasta hoy 
persiguen los dispersos — iciento sesenta y ocho prisioneros y do» 
o:fí<:ia]e9, son el fruto de la actividad de los valientes sanjuaninos. 
Me asiste la satisfacción de que si el triunfo no ha sido nuestro^ 
en nada ha dependido de nosotros. El demasiado valor de mia 
tropas, le impuso al enemigo y nos mezquinó la victoria y la pro- 
porcionó á la división que creyó mas débil. Si he cumplido con mi 
deber, la aprobación de V. S. y de estos beneméritos, será mi mayor 
aspiración. ' ' 

'*Dios guarde á V. S. M. A.--San Juan, Setiembre 4 de 1821."' 

**José Maria Pérez de Urdininea/' 

"Señor Gobernador Intendente don José Antonio Sánchez." 

(A. a.) 



t 



RECUERDOS HISTÓRICOS 30r 

se^ia ide cerca. Penetró ipoies hBSba, üia doistafficia de diez le- 
gii<aB de lia ciai<lad y diestacó uom p^artida esplar^dora que praxi- 
tíoase iin reoonoeiiiiTeiito. Afianzándose «esta hasfúa, él río 
San Juan, por el diado Este die la «ciudad — eá»etie leguias áe dis- 
tancia — lenoontró uioa graía ^«urdóia de aeunjiuianinos en la mar- 
jen opuíesta-Td'erecha — qu^ ¡La recibió á bálsamos — guiaidaba 
el paso del rio y tenia órdenes áe hiaeer f-uiego sobre cualquier 
númiero de tememiígos que se pireseintase, daoido inniedáiatamente 
p«urte laü cuartel «generail, que se ihiaibia situiado en <lo6 subarvios 
de lia ciudad. 

RiegT^esiaaido la piairtida de Oarrena á su campo y dándole 
cuenta de lo ocurrido, ya no le quedó á este la menor duda 
que Siain Juan se encomliraiba fuertemente armiado y en actitud 
de resástiirle. Heeonoeió su gnave error y (resolvió retrog!ra- 
dar por el onismo caimino, en (La noche de ese dia. No 'encontró 
un solo cabaOilo, u<na sola (muía, len aqu-edlos caimpos. A pre- 
vención, el gobierno hiabia nimidado iretiTiaa* á largas distaoi- 
esas todos los elementos de movilidad y alimentación de que 
sabia estaba esoasisinm lia montoiDeira. Esta imia^rohó en efecto 
en iretirada iXKla aquella noche casi á pie, (atravesando ciéne- 
gos, logunias y un terreno medanoso, que acabó por destniír- 
ie la poca cabaGíltada que le quedaba. Al ecdaraír el dia, salió 
á un onejor campo — ^á la Piumta del Módamo— naJllí se detuvo 
paoia que desoansam su tropa y caibaUiada, después de tan fati • 
gosa joroada. Fué en ese lugar donde 'le encontró la división 
mendocána, diviaaaido, len íla (marcha de persecución que le ha- 
cia, sus fu»eg03, y allí, como lo recordaTá el üefttor, donde le 
atacó y venció. 

A propósito de la referencia que mas airríba hacemos so- 
bre las previsoras (medidas que tomó el gobierno de San Juan, 
al saber la aproximación de Carrera á su territorio, retirando 
á gran distancia, cuantos (recuírsos pudiera airrebatafr para su 
iovasion— queremos traer aquí un incidente de que hace men- 
ción, en esas oiroumstameiías precisamente, el coronel Puey- 
rredon, en su escrito publicado ibajo el título: "ün episod^'o 
de la guerra eivü, que ya hemos citado". Dice: que cuiamilo 



308 LA BEVISTA DE BUENOS AIRES 

Oappem Tkjsalvió retroeed-er, d-esd-e el -rio Sa7i Juan, á donde 
habia a.lL*^anzaílo á llegar, des.ta<?ó una fuerte partida, la 
mejor jente, la mus eorapleta-mente apinad«a y bi^n montadla, 
hacia (Juana oacive para que hiciese una requisición de caoallos 
y muías para el -ejépcito y cuya partida no volvió, ni se eT?- 
centró, por consiguiente, en »la Iwiüi'l'la de 'Iva Punta del Médar^, 
haciéndole notable falta eai esa tan desagraciada jornada pa- 
ra él. 

Gufinacache, á veinte Ivgvms de la ciudad de San Juan, 
aJ sud-oeste, en las pendientes del cordón esterior, oriíaial, 
de los Andes, f3S uim miserable posta^ caanino a ^Ieüdo/.a. lu- 
gar ^\stéril y d.s-poblavlo. El maestro tle e^i posta, no tenia 
mas caballos que aíju tallos indispeansíibles para dark* al corre is- 
la ([uc, solo, pasaba ])or aHí, en «í^^os tieiii]x>s con uuaa «cuan- 
tas cartas — 6, S, 10, á lo mas, i'iada 15 dias. Pasagorus, uüo 
qu'c otro, viaj:ibau en sus propias bestias. 

Las estíincias de crianza de gana. lo vacuuo y CíM)alg,ir — 
dos ó tres — (fuc San Juan tenia por ese lado, estabafi may en 
e^l interior de la sierra y para IK-gar á ellas, era ne(!«\^íirio se- 
guir un conmino excesivamente ásj>ero, (jue ningun.i cabalga- 
dura, que no fuese creada en esa clase <le suelo y :io -stub¡€- 
se herrada, podia transitar, (jarrera no tenia una sola <en 
esas 'Condiciones, y se encontraba, j>or lo demás. »*n víspA-ntS 
de una ])ataHa — 'lo que, claTO es, hacia inútil dl^^pr(^nder aque- 
lla i)arte de su división. ¿ Ix) ignoraba él? No po.lii ser, 
teni(*ndo á su lado sanjuaninos prácticos de i^sos "nn^pos, co- 
ano Jxi'Mi licnavid.s y otros. ¿Qm» j>rns'ar ent<mces? No lo 
.sabemos, en A^erdad. 

Veamos ahora la situación porípic pasaba San Juan, .lu- 
rante atiuoMos }K)cos dias tran>\*urnd.(>s desde (jiie Cancera 
se ac('rcaba, hasta su retirada. Esos -dias, fui^ron en ^'eivl.id, 
lo recordamos muy ]>ien, de afli v-i'jn y espanto j>ai'?^ las fami- 
lias. Se (^-p: raba p(^r instantis una l>atalla y se t-Mnia ror 
estas un mal éxito, pu.s tal es la condición dnl í^exo dé )'d. del 
padre «anciano en el peligro inminente; agrandar *A nipnero 
de las probabilidadi-s en contra djl bui'^n éxito de lo qii^ ha 



RECUERDOS HISTÓRICOS 3üU 

de »a!lv<a;rlais éé. imad q[xe h& (aimienaza. üomcTirrian á los tem- 
plos á orar, se oeupabain d^ tpl-egiaFiísus y novenias, die prevenií-se 
y tomar todias 'las nuedidas preeaAKcioiDiales pana guai iar sus 
perso(D)as, diniero, ailliajas, servicio de pLata, ropas, etc. que 
ema lel iiucenti/vo 'imas podaroso q<u>e moviía á esos «baudob *o.s ua 
canníinos, qoife capitadieíaiba Carrera. Lo sabiam, lo teniaii prén- 
sente en <todo6 los moiaen'tos, ouaoitos horrores, cuantas atro- 
cidades de todo géniero babiían comietido en Rojas y en otris 
pofadacidnies en que habian entrado. E»l terror, con fumda- 
dfeimo motivo, so habla apoderado de «todos 'los unimos en 
aque])la ciu'dad, sin deíensa, viendo que sus vidas y haciendas 
estaban únicamente fiadas á la caprichosa eventualidad de 
las ínrmas, puestas en mv'unos de milicianos, soldados ine-aper- 
tos, sin instruoeion y faltos dol espíritu y de los hábitos mili- 
tares, de bu'en ao^mamento, municioDes y de otros indispensa 
hd-es pertrechos. 

Empero, afortumadH)m«ente 'la retirada súbita de Carrera 
hécia otro rurabo, salivó á San Jniaoi. Podemos creer qoie esto 
fué providencial. 

Eil leotor tendrá presente, que inmediatamente después 
de la diispersion ddl ejército al mando del infortunado gene- 
ral MJoroní en el Rio Cuarto, á consecuencia de 'la muerte de 
este ihistre ^Tuerrero ; reuniendo algunos pocos de aquellos el 
jefe de «la división sanj-uanina, coronel don Viantura Quiroga, 
tomó el mando de las fuerzas com'bimaidas y que alcanzado por 
Oairrera, cam«bi¿udo en vencedor, iaivitó á aquel á a justar un 
tratado que él mismo dictó é impuso. 'Dejamos espresados 
los airtículoíi mas principalies en que se basaba. Ilabria paz 
y amistad con San Juan. Esta provincia permiitiria que Ca- 
rrera atravesase con su división «en dirección á Chile, por su 
terri'torio— aiuxiliaria á Carrera con el número de caballos y 
muías, que allí se designa, ganados, y otros recursos que este 
caudillo pagarla despules de ha<ber entrado á Chüe. 

Era imeá ese contrato leonino, el cumplimiento de él, el 
que Carrera, muy confiadamente buscaba al diri^giTi^e á San 



310 LA BEVISTA DE BUENOS AIBE3. 

Jinaoi, cpeyéndolo idiegapnnado, «ein paz, presuimi-endo qu«e sai Go- 
bienao hiahriía xiatificádolo. 

Pero se en^ñó. DesafprObada Ia condíucta d<el coroiiiel 
Quiiro^ por ea gobierno, por haber ajustado y fimbado un 
oQDívianíiio, tbajo todos respedxw, ideshoirroso lal paiis, perjudi- 
eiai á los intereses de la Proviincia, de la RepúHioa toda, li 
gámdose á un oaudiiüo de 'mointoi]ieax>s, sin imoral, sin fe, y al 
imicaio fin die Wervar á oabo la «empresa de «con^'ailsionar á Chile, 
nniestro vecino y laüiado, qn*eibrantan)do asi ios tratados exis- 
tientes con este Estado, y l'as mas terminantes presoripciones 
dial dteoieclio ile jen/tes — «I pu'oblo de San Juan, pmsidido por 
su gobieipno, se puso ^le pie eomo un solo hombre pa-ra 'haoer 
respetar eil sagnatdo de su territorio, Sisear mentando á cual- 
qui'er caudillo que osase pisai^lo. Asi 3o «efix^tuó aprestán- 
dose con activiilaid enérgit-a y doei'di'da, como lo hemos espues- 
to -antes. 

De ahí, la contranna/pcha que desde las pu»e«rtas die San 
Juan, á donde »e habia aoepcindo, 'hizo Carrera, en el acto de 
saber ila actitud imx>on»en'te y ¡remucüta que eise pu'eblo liabia asu- 
má^do en defensa -de su honor, de sus hogares, de sus derechos 
y li'bertaidies. "^ 

Entre tanto, íes de observarse la estraña conducta que 
eil Comandante generad de la división ide San Juan, coronel 
Uardininea, observó -en semiejante co^Tintura, la imas favor»bI¿ 
sin duda para haber batído y -triunfado de Carreras. 

El pairte oficial niis-mo del coronel Unü-ninea á su gobier- 
no y su proolama al pueblo después de la Irntalla de la Punta 
del Méd'ano, que dejamos registrado el imio y que mas ade- 
lante lo hatreanos con la otra, len los que silencia las primeras 
operaeionies oon qaie inició la campaña, guardando el paso ú&\ 
rio y ¡reduciéndose á la defensÍATa, lo pon-en de manifiesto, i Por 
qué no se aprovechó de esa marelia rotnSgrada de la montone 
ra, que casi á jAé; por falta de 'buenos oaibalios (como debió 
estar inCormiado por sus boml>ero8) atravesaiba pov l>añado9 
y ciéniagas, engañados por 'e^l guia para atacarla y derrotarla 1 
i Porque no la persiguió «1 menos, siguicu'do el Inicn camino 



KECUERDOS HISTÓRICOS. 311 

para al siguiíente día aaáirle ail frente, cu^aaDdo fati^dia y á 
I>ié, diehia ipendíriseie á disopecionf 

Tocóile «I eiieuenitpo sm esperarlo, á la dÍTÍsion m-endo- 
cina qoiíe, amas lejos del •eiDemi'go, buisoaba ia iPeunioii con la 
de Sam Jouam qu»e le tenia al afrente y üo dejaba escapar. Es 
esto verdadertarnieínte iaesplioable. Debia haber imsistido el 
«eopoax'el Urdinintea -en que se ie hubiese permitido dar cuenta 
de su conducta. Asi habria co(ni9eguido pooDer en evideucia la 
verdad de 'los heclios; dailvaír sa Tesponsabilidad de no haber 
batiido ail ieniemigo, .teniénidolo á Qia «niflino ; de no (Lleg^ar, como 
no llego, en üempo, val caimipo de batalla de los mendocdnos. 
Asi «tambiem ila grave acusaeioai que hiaoe en su paírte oficial 
y proclama citados, del 2 de setiemibre, al gefe de la división 
de Mendoza, de haber sido inexaieto en oumpílir con lo conve- 
nido con él (Uirdinin<ea), de atacar al eniemigo simulatánea- 
miente, 6 oneunidos, de no avisaTle, en oonsecaencia, que era 
(llegado »0l anom-en'to, todo en él propósito de arriebatarse él 
(Gutiérrez) la victoria — esa acusación, decimos, la habria 
probado el giefe de ila división ide San Juan, pefrsástiendo en 
que se «le (admitiese dar cuenta de su conducta miilitar en 
aqwelQa campaña, haciendo caer sobre iél de la de Mendoza 
toda la iresponsaibi'lidad, del no cumplimiento de do oonveaaido 
de a.tacar juntos é Oaírrera. 

Como quiera que ello sea, la verdad e^ que da historia, 
ail menos por hoy, ca/rece de datos ciertos sobre el hecho de 
qu)e nos ocupamos. Puede ser qaie algun^as persomas, 'colo- 
cadas entonces muy cerca del generad Urdinin»ea y del -go- 
fciemo de San Juan, que aún viven, estén en posesión de do 
ci rto que hubo en cuanto á da conducta de aquel en su cam- 
paña contra Carrera. Es s-ensible que tades aclaraciones se 
pierdan para nuestros anales, no revedá^ndolas leil que ad pre- 
B\?nte pudiera darlas. 

DAMIÁN HUDSON. 
(Oontinuará). 



MEMORIA MILITAR 



PROYECTOS DE OPERACIONES BÉLICAS PARA DERROCAR 

AL TIRANO ROSAS. 

(Continuación) (1) 

V. 

Nu«estpo intento len «esta esteoisa digresión no «es otro 
qae exibir laoiteciedienítes (ppáiotd»oo8 y posith'os de das épocas 
anteriopes d-esde ©1 priineipio de la actu«ul guierna, á fin de 
qu<} comparando los •elementos personales y 'mora'les d'e -en- 
tonces d'e entpeami'bos íbelá«g»0naíntíes, jy los qu^e «pespeotivm- 
miente ti*eníen dissponibl'es «en el p»eíriodo present^e, resuitie bien 
planteado «el proW'ema y con los datos n<eeesa<rios y d<eter- 
minados para resolvenlo. Esto «es, p«>bar qwe si Rosas debió 
su-ounibir á haberee aplicado con La mayor ventaja posiible 
la potencia que 'debía destruiíilo, ahora con -mas Tazón y con 
mayor grado de certidumbre, y siempre 'bajo la misma hi- 
pótesis de Tina hábil y oportuna aplicación, se debe esperaír 
como infaüible su derrota, desde qne se manifieste eon evi- 
dencia que en ed dia nuestros recu'rsos son infini«tajmente su- 
periores á aquellos con que contá>ba<mos en la época que suma- 
riamente hemos descripto; y que los irecuTSOS de Rosas, por 
el contTario, han menguado en todos sentidos. Y esto es lo 
que nos esforzaremos en demostrar. 

CaTeciendo de conocimientos exactos y ciTcunstancia- 
dos, de noticias detalladas, lyarecerá muy ardua testa lancea, 
ó por mejor decir no se creerá fácil el desempeño de nues- 

1. Véase la pág. 222. 



MEMORIA MILITAR. 313 

« 

tro compromiso. Tenemos, ski em'bargo, los diatos wsas esen- 
ciales y oreemos comocer perfectamente eil oonjunto pa/na 
pod'er «aseverar <i'Ufe, si die la resiponsabiliidiad qiie contraemos 
no nos desembarazamos con lextaiotitud geométrica, porque ni 
esto es posiUe euiando se trata de asinitos de este género, al 
menos nos hemos de apro^imair tanto á la verdad especuilati- 
va — se entitende— que <en último resultado nos lisonjeamos pre- 
8enta;rla cnl abrigo de todia objeción bien fundadla. 

En el cotejo de iias fuerzas Tecíprooas haremos «ulgunas 
veoes a/bstraecion de 'la exiatitud numérica, cu-ando se trate 
de valorar lu de los enemigos; y esto que aparentemente 
se desvia de las reglas de apreciación no ha de ofrecer obstá- 
culo al fin que nos jyroponemos, porque aun cuando el poder 
material de los íydversaTios de Rosas fuese inferior ai de este 
— y felizmente no es este el caso — es nuestra incuestionable 
superíoridad de poder moral Ha que nos ha de suministrar 
las mas claras y evidencies conclusiones, y en fin 'la prueba 
•mas palmaria de nu^estras aserciones— ^Después de todo, si 
estuviésemos en error respecto á nuestros datos sobre el per- 
sonal, las antoridadies que presiden los cuatro poderes coa- 
ligados tendrán mejores informes para hacer la debida apre- 
ciación; y no creemos aventuTar nuestro juicio asegurando 
que, á este respecto se ha de encontrar — si acaso — una dife- 
rencia de poca imi)ortancia. 

VI. 

Escusado es detenerse en manifestar que nuestro poder 
naval es incontrastaUe, desde que es de notoriedad que los 
enemigos no pueden oponemos la mas lave resistencia en 
las aguas; pero in/tencionalmente hacemos mención de esta 
circunstancia especiad, x)orque ella sola es suficiente para esta- 
blecer nuestra preponderancia moral, y por la ventaja inapre- 
ciable de la fácil y trascendente combinación de. nuestros me- 
dios bélicos en cualquier teatro de guerra que quiera elegirse. 

VII. 

Con frecuencia ios hombres mas pensadores, aquellos 



314 LA BEVISTA MI BUENOS AIEES. 

cuyos cálculos se hiam basaxlo sobre principios fijos dte inmii- 
taíblie vierdaid cmaudo se ap^licaoi ad orden común estaiblecido 
en las 6ociediad>0s modeomas, y pfnauei'paliinieiiite en aqaicüíLas 
quie se a-ijeai bajo «el sistema Tepreseoitativo, esos ¡hombres, 
diecimos, son íLos qnie mas se ihan leq'^iiA'Ocado en sus) paxxaósti- 
oos, en sus iespoofulacioncs políticas ; porque leiienido d régimen 
de Rosas unía esoepcion insodita idie Üos preoeptos mas comunes 
die ^la socitaibiildidad, es cdaro que todas las reglas fajldan, y ¡las 
oonsecuencias no corresponden, por do tanto, á dos medios 
quie se oonsdderan mas adiecuiados paira producirlas. Y el 
terror que el tirano bárbaramn^n^te imfoiode con actos aijro- 
oes de crueldad 'brutad, como ed medio mías eficaz para la 
asecucion de sus detestabl<es miras, esplica satis fiactoriamente 
porque, cuando ese pueblo enicorvado ibajo un yiugo die fierro 
empeora de condición por los medios viidlientos que empl'ean 
contra ed déspota que le oprime sus eniemigos, y que en las 
soci<0dajdes bien constituidas producen iniadiblemaente una es- 
•pdosion que terminia por aniquilar el .i)oder arbi'trario. por 
que repetiremos, las mfedidas calculad'as /para producir este 
efecto en la ciudad de Buenos Aires luán sido siempre sin 
resultado. 

Esto no obstante, «es níeoesario temer presen-te que Oa me- 
dida ded su'frimienix) está á punto de colmarse, porque diez 
y eeás años consecutivos de congoja y alarma, de san^i^ y es- 
poliacion ban agotaido la paciencia, han exacerbado los ánimos 
de dos mas sufri'dos. Y es. esto tan cierto, si lijemos de dar 
crédito á los acordados informes de cuantos individuos ban 
emigrado en esta última época, quie en el dda hasta dos mismos 
antiguos paoiciales de Rosas desean — suspiran — porque lle- 
gue él momento de su caida, los unos es verdad, por gozar de 
dos bienies miad adquiridos al vid precio de da ad'udacion y de 
los servicios x>ivstados é da Dictadura ; pero la gran mayoría 
de sus agientes, y en otro tiiempo apasionados coadjutores, 
por librarse de las calamidaídes cuyo término posible lo ven 
únicamente en el descenso del 'hombre que das ha concitado ; 
puieis que 'la hostilidad que se emplea para hacerlo desapare- 



i 



MEMORIA MILITAE. 315 

oer Ae la «eaoeaDa de sus atentados, refleja miecesaTÍiamente — 
ni «s posiUe evitarlo— toda su laoeion mortífera contra el 
p-ueblo que gírme 'bajo él feroz dominio del despiíadado oaudiMo. 
Tremen, pues, qu'e este exiasj^erado ipor tiam decidido em- 
ipeño len derribaiplo, y por lel peliígro mminente de eu desespe- 
rada poai'cion, peligro qfue ba de magoiifi'CJaT la miatupal timi- 
dez de qvie ladoleoe, suelte las rienda»— <jamo otras veoes Iva 
heoho — á su irritaMUdad «para volver á ioiu'nd'aír lai pueblo en 
saoígpe: <en una pak-bra, qu/e se Tepitain los asesioifatos penpe- 
tpaidos por su' orden «en octu'bre de 1840 y abrid d'C 1842. 

VIII. 

M ibloqfuieo framcés, qu'e empezó -en 1838 y termiaió en 
1840, (rea^vra'vaaido la miseria públioa prodoijo al fin el descon- 
teuto ¡eoi (Las 'masas, y lais penurias y ¡las pri^'acionies mas pun- 
zaoi'tes díe «los objetos onyo uso es del «todo necesario para 
subvíenir á las n'eceaidadíes de la vida, ftaieron dos agentes me- 
galávos mías lef icaoes pana ¡haeer siim^patizar al pueblo con sus 
iiberta^dones al ti>emipo de la invasiion: tam cierto es qvae 'los 
puebios Haffgo tiempo en»erv»dos 'bajo lel yuigo de 'la tiranía si 
han perdido da suoeptíbididad morad de los (nobles estímulos que 
ia opresión aniqud'la, conservan siempre eil instinto del bien 
estaiT malieriad y se sublevan f áeilmente á miedida que se le 
dificultan dos medios de aJlimentario. Fuimos testigos pre- 
seneitaflies de esta verdad ouantdo acompañamos al ejército li- 
bertador en 1840. Ya diemos indieado lo quie entonoes dejó d«e 
haeerse, y ahora nos reforzaremos «con otra prueba mas. 

En Buenos Ai'res se nos esperailja con los brazos abier- 
1x)s, como á Yerdaderos libertadores, y es de pública noto- 
ri«ed)ad qule existían addí muchos focos de insuirreioeion que 
eístuvicron á jyunto de «estadlar. Ni puede presumirse que 
sea aventuirado «stableoer «este hiecho, cuando se x>u)0de ape- 
lar «fl testimxxnio irrecusable de un númiero considerable de 
ciudadanos arg»en'tínos temigírados que existen actualnMente 
en la República Oriental, y que tuvieron una parte activa 
en los plan'es y conatos de sublevación al aproximarse el 



316 LA BE VISTA DE BUENOS AIRES 

ejército 'libertadoir. P»ero ¡quíe f atalddiad ! ese ejépcHo que 
llegó sin •emcooitraT "pesisteaiicia á la vista de lias torres die la 
ciudad, se retiro sin que se hubiera miandado un solo indi- 
viduo, un agiente «esperto que se ixusierá en (pelacioín oon los 
desconteoitos, y <aioailo(nase su bueina dierposieion eom promesas 
de ser iinimediía/taanenite seeuzvdados: (promesas que eraoi de 
fácil Tiealizaeiofn si se tiene en cuenta la gran estensiou del 
freoite de la eiudad hacia la oamipaña y abieirto este frente 
en tO'das direceiones. ¡Bosas estaba muerto y resucitó! 

IX. 

Pero tiempo es ya de ocupamos de la demostración que 
hemos ofrecido, y laü eifecto será muy aportuino advertir, que 
estando la acción -die las fuerzas (navales circuoiserita á los 
rios y á las márgenes de eetos, es de todo pumto ioidispensalbie. 
si es que se ha de hacer la guerra á Rosas de um modo eficaz 
y decidido paTa obtener um resultado defimtivo, comhinar las 
op>eiracio(Des de la mairíma de guierra oooi las de los ejércitos 
de tierra. Así pu»es, si tuviérannos dáspomible mas de un 
ejército la edeccion x)od<ria ser dudosa, cuestionable, pero 
desde que es uno solo el que poseemos — el de Corrientes — no 
seria bien fundado disconvenir que este nos ofrece el único 
airbitrio posible pama obrar un osftierzo poderoso y decisivo 
por miar y tierra. EKe modo que no puede ser asunto de con- 
troversia la base que establezca, á saber : que paira hacer la 
guerra con Ha mayor ventaja posible, es de obsaluta necesidad 
que los poderes taliados se pongan en perfecto aouierdo con el 
gobierno de la provincia de Corrientes y con el EHrector úe 
ia gueima; y que proporcionen lal ejército que este genera)! 
manida en gefe, todos aquellos auxiMos y elera'entos de que 
caireci'ese, y que no pudi^era obtener del gobierno de que de- 
pende por la escasez de sus reeurgois pecuniairios. V»erdiades 
hay tan evidentes que no necesitan demostración, y la que 
acabamos de emitír pertenece á esta cilasificacdon. 

X. 

Hemos inenrrido, taJ vez, en el defecto ¡de estendemos de- 



MEMORIA MILITAR. 317 

mo^siado híji uma inaTratíion que podría creerse inconexa con el 
eaunto prin<L'ii>ail ; peix) tail no la juzgamos : nuestro -propósito 
Jm sido probar con antevenientes 'luminosos y comprobados 
que, si hoy que se tieu'en mías niteddos disponibles que en la 
époea divíl prinuer bLoqueo, se híiee este efectivo tlel mOvlo mas 
riguroso, «el lefeijto nuateriail y morad de esta liostilidad será 
muíílio nías conjíiJera'ble que ¡entoneeá, y noá dará por resul- 
tado ánmediaito una extraordinaria prepon^deranera sobre el 
advorsario; que será, -en fin, un laiixiliar tan eficaz como la 
misma in\Tasion d'e s^u territorio, que si con -esta se conubina se 
obtendrá ie*l objv^to deseado. Y si no tuvieiramos plena con- 
vieeion -de la eapacrd-daid y saber profe^sional de los gefes de las 
fuerzas n^avales int-erA^entoraá, si no nos ^arredrase nuestra in- 
sufici'cnria comparativa en una materia idel todo estraña á 
nuestra profesión, nos atreveríamos á emitir nuestra humil- 
de opinión sobre «el modo die hacer efeetivo el í:<lo(iueo de la 
eosta ded Sur de da provinei-a de But nos Ai-res íiue es la que 
ofr?Lie mas difi(*iiÜades de cjeeueion, ya í:\\í por da viuleneia 
é irregularidad de sus corrientes, ya por su gran est-nsion y 
eseaso fondo en mnchos paragvs, como por la fr.'t'ueneia é im- 
petuosidad de los temporales que en olla se -esperimentan. 

XI. 

Réstanos tan solo" para completar el i>ragraina, enumerar 
nuetó'tras fuérzaos dis[K)nil;iles y coiii¡)ut:ir las de Ro.-as, situan- 
do entramlvais frente á frente vn los diferent js teatros en que, 
una eongetura razonable, ])'»-rinite pivvi -'r (¡ue pu.'d.n em*on- 
trarse. Debe prévia-nunte advertirle ([ue este melad j analí- 
tico, este 'raL'iocinio práetii-o, grauluad y sistemado, insensible- 
mente ha de eondue irnos iú punto en (jue 'la vist'a menos pers- 
pi\*iaz li-a de pereibir con perfeeta claridad, (lUe no nos lu^nos 
cmgO'lfado con ligereza y sin la guia dv»l buen eritrrio en el 
camino 'de nurstras prui-i>as, pu'esto (jUe nos proi)onemos 
rei^orrenlo paso á pa^so, y di^^spej ándalo len el trán-ito de los 
obstáculos ípie pudieran ÍTn])edir ol «arribo al término desea- 
do. Dei'imos esto, poniue eon la mejor intcneion sueieíl-e 



318 LA REVISTA DE BUENOS AITiES. 

á •míein'udo qoi^e el lainhelo -ooin ^'He im bdietn se 'desea «es causa d<e 
quie se iruagoiifiq'Uieai por te iiiifidjon los 'm<ediois de oibteaieTlo ; 
y de que se debi'liteoí las resistencias ^posibles qoiie pu«&dea 
opcxDfeirse á día adquásieáoii.. 

Si se nos ereyese idealistas, ano seriía é la verdiad popqiie 
•esste :eserito «ajppojte sospieeliias de tal ppapensioai ; pues si mu- 
cho mo nos lequiívooaimos, aaida se aKÍTÍ<erte len él quie d^e Ihigaír 
á que se nos taohte de ibaiber ¡edificado oastiMos len el -aire- 
Puede tail -vez notarse quie nuestnas opiniones son odiginiaies en. 
ail<gunas Oísasiones, ni testo seria ¡estiiaño; pero corriendo el 
riesgo — no importa — de qme se nos juzgu»e pretensioeos, diáf- 
anos con sincera camdidez qu>e nos comsid^epamos muy pwms- 
tos de ricos y copiosos antecedentes para fopmoíl'aT nuestro» 
juicios con conoeimiientos de causa. 

Durante esta gu'erra social hemos comeuimdo mujctaa 
wces ícomo actores á sus eseenas maTciailes : con nuiestros ejér 
citos hemos recorrido nmiehas de las provincias interio- 
res de Üa República Arg^entina, y estudiado con detenida me- 
ditacion 'las causas de nuestros reveses; dos elementos que- 
puestos en acción habrían aisegurado nuestros triuaifos. Co- 
nocemos, pues, las provincias, ed lespíritu ídominaaite d'e 
aversión á Rosas y su bárbaro sis-tema iradicaxio en los co- 
razones de 'todos sus habitanles, y todas das ventajas qne 
pueden -reportarse de tan favoraMie dii&posieion en nuestro 
sentido. Conocemos también ed verdadero alcance de los 
medios que hiaáta ahora se han empleado, y todo lo que ha 
podido, lo quje ha debido hacerse; ad finad de «este escrito,, 
por no aumentar adiora su difusión, hemos de dejar consig- 
nada una verdad que esfperamos nadie podrá contestar, y 
que ofrecerá la prueba 'mías evidente, la mías patente carro- 
boracion de nuestros ^asertos. 

XII. 

Inidecdble es Ha repugnancia que ísperimíentamos ad es- 
'presamos con tan ilimitada francjueza, porque á fuer dje 
midi tares siempre hemos preferido la acción á las padabras. 



MEMORL\ MILITAR. . 319 

7 pruebas prácticas y contioixuas hemos dado de esta teiid<eiiicia 
porof esioíDiail : pero júzgnesse de eMo como se quien», nos oiree- 
ZQOS ahora en el deber de saerifícar la moderaeioii á la ver- 
dad, cTuamdo la amlnirailesia del objeto que tenemos en vista 
es de .tad ma^^nítud, que se trata nada onienos de libertar á la 
humaiudiad doliieaite de 3a imsólita tirania de iin hombre co- 
mo Rosas; y (m crimien seria aibstenierse de espresar todo 
cúsanlo, á nuestro juicio, puede eondueir á la asecueion de 
tan noUe ñn. Al meiDOs de este modo, paig'aremos á nuestra 
patria el úmieo tributo que en la actualidad está en la esfera 
de nuestro poder. 

XIII. 



Fuerzas de tierra de los cuatro poderes Coligados. 

Hombres. 



Eepública Oriental del Uruguay, ioicluyeaido la inmi- 
graicion en La Prorvincia Brasübera de San Pedw) 

del SuT 6,000 

Eimigrados Argentitnos 1,500 

Ejército de la Provinicia de Corrientes .... 6,000 

Mairi<no6 fraíno'38es 500 

Marinos y sdkiados ingleses 1,000 



Total . . . 15,000 

Suponicoido que se destioaen 4000 honubres jmra la defen- 
sa de Montevideo, Tesuíltaran 11,000 disponibles para opera- 
ciones activas sobre la provincia de Buenos Aires. 

Fuerzas de Rosas. 

Hombres. 



Bn la República Oriental 10,000 



320 LA REVISTA DE BUENOS ACRES. 

En la iprovineia de Entre-Rios 3,000 

En la provincia de Buenos Aires — Infantería. 5,000 

Id. id. id. OaibajLlería. 5,000 



Total . . . 23,000 

La diferencia de l-a fuerza armada entre los beligerantes 
es notable, pues Tesulkm 8,000 hombres -en favor de Rosas, 
Esto no obstante, una senejlla espiioaicion liará pailpable que 
la ventajia nonmérioa de los enemigos es aparente. No podría 
eospetíhársicoios de patrei'adidad desde que en el coiníputo que 
aeiabamoQ de hacíer, isi se onefuentra iniexaetitud es por liaíber 
exiagioraido e^l poder málitar de Ro«sais y rebajado el (número de 
níuestros combatientes. En esta especie de cálcuílo, para no 
alucinarse con resultados d/emaisiados lisongeros, siem'pre es 
conveniente, ni rebajar üas fuerzas enemigas, ni ser pródigo 
de guarismos para panderar las p'ropias, porque bajo un tal 
sistema ilos mejores ^plaínes confoecionatdos eon profiin'da medi- 
tación en el gabinete, se encuentran ráiosos eoi campaña por 
la falsedad de los datos. 

XIV. 

Dos casos pueden ocurrir en la hipótiesis de tomar la 
ofensiva él ejército de Corrientes: 

l.o Que los enemigos contimian bloqueando por tierra 
ú ^lontevideo. 

2.0 Que los enemioros le^ianten el blociueo de ^lontevideo 
pa^ra imarchar á la provincia tde Entre-Rios ail encuentro de 
(nuestro ejército invasor. 

Esta alternativa es forzosa, y <lo es también espresar las 
circunstancian prol>a']>les en cada amo de los dos casos propues- 
tos. 

En (A. 1.0, todas las fuerzas ori-entailes que sirven bajo 
el mando d? Oril>e continuarán aswlian-do á ^lontevideo, y 
no al(\anzando su número á 5,000 hombres tle lii^s tres armas» 



MEMORIA MILITAR. 321 

quie íes id minimum que n-eoesita ipana liiacer tefectivo el Woquieo 
teirestre, -el g»0níerail .enieanigo teaud-rija que cubrir su déficit 
con cuíerpos «irgeditiiios. Es escoiaado, nos pareee, ianzaraíe 
en 'ei oaonpo d<e 'Las conjeturas ipara caiieniliaa: cuMcs podriem 
sefT las comseeuan'oi'as dje una tal 'niiedida, porque no Imy len el 
dia quien ignore la (rrvdliidíad que -existe >entre los Ajg'en'tinos 
y O'riienjtail'es qu^ m'aaidja Oribe ; y »es por otro üiado fácil prev^er 
ki sátoacdoai preoairiía y peligroisa en qnie csite quiedairia no 
(fcenicnído un ejército de observiacion qu-e cubriese ci 'bloquoo. 
I^as 'montoneras qai'e se levantaTÍ«an en La cíwnpaña -le imipedi- 
triían todia comfuni«a'(don ; intenoaptaTian ilos con\x>is del Rio 
GrTíaode, imi>€HÍiriian iLa in'trodu'ocion -de igian-ado piaxia -el «basto 
diairio d^e;! lejército bloque-ador, y él da^ieontento, id ictesaliiento 
y la deserción, que es su inimiediíata -consecoi'encia, lo amíena- 
zarian de inevitaible 'disolución. Montevideo entre tanto 
continuaíria su defensa bien g'a'Panti'da, como 'hasta ie?l p<resente, 
de toda tentatáva: su situación mejorairia sin duda ailguna, 
porque podrian dntrodu'cd'rse por agua «los frutos die da cam- 
paña — íli^bne ya — que alimiefntan su comiercio «de losportaieion : 
ftas rentas públioas se restíiuírarian, y el Gobierno temd'ria mie- 
dios de BU'bvenJT á dos gastos que demiandan sus atenciones 
administpati^vas : Tenaceria la abundiancia y el 'bien-estar. 

Hemos supuesto qme Rosas imanidaria retiraír de esta re 
pública la mitad de sus fuerzas, porque no es lazonable pre- 
sumir que qiuisáiera ducliar solo y con desventaja, con todas las 
pTobabilidmles de sucumbir, lidiando contra id ejército Cor- 
(rentino que üo invadiese — reforzado -como diremos m'as -ade- 
iQjniQ — y pefrder su resto en una sola partida: porqne su 
derrota len la provincia de Buenos Aires >es claro qme tendría 
por "resulta/do inmediato La sahiaeion de esta república y la 
di^tniceion dd ejército que la ocupa, por el influjo directo 
de aqiiel acontecimiento, cuyos efectos mat^riailcs y moráis 
son fáciles de calculair. 

Tambií^n es de proveer que los 5,000 airgcntinas que eva- 
cuasen \o3te pais p-am ir á fro forzar a Rosas, no podrían llegar 
á su -dastino por los grandes obstáculos que enicontrarían en 



I 

320 ' LA REVISTA DE BUENOS AERES. 



En la provincia de P^ntre-Rios 3,000 

En la provinek de Buenos Air-eá — Infantería. 5,000 
Id. id. id. Oaj]>aíllería. 5,000 



Total . . . 23,000 

La diferencia de la fuerza armada entre los beligerantes 
es notable, pues *pesult4in 8,000 hombría en favor de Rosas, 
Esto no olwtante, una soneilla esplie^cion liará pailpable que 
la vent-aja nuanériea 'de los i^nemigos es aparente. No podría 
sospeeliársenO'S de parei'aíliíl'ad de^de ([ue "en ol eóiwputo que 
aciaitoinos -de Iraeer, si se en eu entra iniexaetitud es pop ha^l^r 
extagerado €"1 poder iná'Utar á<* Rosas y n^bajado el «número de 
naitestpos i'iomba tientes. En esta e-specie de oáleu'lo, para no 
alueinar.'íe <:*on resultados demaisiados lison^ros, siempre es 
eonvenií^nte, ni ri-lwjar ^las fuerzas enemigas, ni ser pródigo 
de guarisínos para poaiderar las p-ropias, poríjue bajo un tal 
sisteimaílos mejores planes x^onfeeeionu'dos <'on profunda. m»edi 
taeiooi en el gabinete, se encuentran Anciosos en campaña por 
la falsedad de los idatos. 

XIV. 

lX>s casos pu'Cvlo-n ocnirrir en la lüpótesis de tomar la 
ot'iMniva ti ejército de Corrientes: 

l.o Que los ciíemigos continúen blo( lujando por tierra 
i' ^Fontevidi^o. 

2.0 Que los i neniitros Levanten el bhxiueo de ^Fontevideo 
l>ara -mar.^har á .la i>roviuL-ia 'ili» lMitre-Kii>s ail cneuontro de 
nuestix) ejéreito invasor. 

Esta alternativa c* forzosa, y lo es tainhivU esj>resíir ilas 
oircunstaih-ias probahKvs <n eada uno de Kis dos rasos propues- 
tos. 

En el 1.0, todas las fuerzas ori-ntaV^s (pie sirven bajo 
el niandt) d.^ (>ribe i*.>níinuarán asr^ lian lo á Montevideo, y 
no al -anziíiido su inVut ro á ó.ODO hombr. s de las tres armas» 



MEMORIA MILITAR. 321 

quie íes lel minimum qiue nwesita ipana luacer *eif^tivo ol bdoqueo 
temeetre, él ig«aii)eral (eniemigo temiclrk que cubrir su déficit 
ocm cfuíerpos íargentinos. Es eseuaado, nos ptaraee, kmzax&e 
«n ci CBtinpo de 'Las congietuinas ipama cadciuiLar cuiaü.-os podrían 
ser lais oaüseeuan'oiías de oaiaa tal 'intediila, porqu/e no liay ten el 
dia quien ignore te {rivalidad que -existe -entre los Argcn^tinos 
y Orien/tailes qnc m-amida Oribe ; y ms -por otro diado fácü prever 
hi si't'u/acáoai precairia y peJigroaa en qnie feste qniedaria no 
(teniendo <un ejército de observación qu-e cubriiese d «bloqueo. 
I^as míontanerias qaie se lev^antairiían .en La cíurapañía le impiedi- 
ritan toda oomíuni'C9a<'ion ; intenoeptao^ian dos convois del Rio 
Gínande, impediriían (La 'introdn'ccion de giamado paT»a el abasto 
diario dd lejéreito bloqueador, y el descontento, iei desaliiento 
y ia deserción, qiue tes su iním»ediiaita conseouienciia, do 'amiena- 
^ariían de 'inevitaibLe disolución, Montevideo entre tanto 
oontímuiafl^ia su defensa bien garantida, como hiasta lefl p<resente, 
de toda tentartávia: su situación mejoraria tsin duda ailguna, 
porque podriían introduci'rae por «aguia dos frustos de da ctam- 
pjaña — lli'bre ya — que adimientan su oonueireio íde lesportacion : 
í«as renitas publicáis se restau.ra'rian, y lel Gobierno ten-dria me- 
dios de su'bvieaiiT á dos gastos que demianidan sus latencionies 
admLnistpaiti'Vias : irenjaoerija da abundian'ciía y ed 'bicnieíatair. 

Hjemos supuesto que Rosas imanida-ria rieti'Pair de esta re 
publica la imáliaid de sus fu-erzas, iporque no es razonable pre- 
suToir que quisi'era duchar solo y con desventaja, con- todas das 
pro'ba'bíHdades de sucumbiT, didiamdo contra «ed ejército Cor- 
(Pentino que üo invadia^e — reforzado como diremos mas ade- 
lante — y pefrdcT su resto en una sola pa<rtida: porque su 
derrota len la provincia de Buenos Aires íes cla-ro que tendría 
por Tcsultaído iimnediato da salvación de «esta república y la 
destrucción ddl ejérci'to que la ocupa, por d influjo directo 
de aqu'cd aeontecimiiento, cuyos efectos materiades y morad-es 
son f'ácili^ de cadcula/r. 

Ta^mbien es de pT'Cf\'epr que los 5,000 a<rgpntinas que eva- 
cuasen leste pais iparn ir á reforzar a Ra^íis, no podrían llegar 
á su deistino por los grandes obstáculos que enicontrarian en 



324 LA REVISTA DE BUENOS AIBES 

la noohíe de ti'&mpos no irmiy pemotos, en fu'entes ignopaídas, 
que paran ya en poder d»e Goibi'emos teBtnangeoxxs, ya len ibi- 
iblioteaais die partácaulíaipes, ya en nouestros mismos airehivos, 
odlociados sin órd'en ni índice quie iitaiga canooer en 'existentcia. 
A ieílk)s, pues, «está eníoomjenídajda 'lia obaia. 

Edilos, algún día, da^nán á la juvtentud leitemenix)» ipara 
liaoer nn estudio, no ya de ia filosofía de tía liistxwiía, sino áe 
dos liombreís y los hechos: y, 'recien entoneles, con. lia guia de 
n)ta)estros leompateniíes, de peoosadores profumdos que hayaoi 
giastado su W'da ten di íestiiddo *espeeiiajl de noiiestra patria y los 
sucesos qoiie lia oonstituyeron len oania Naciion; iriociien 'OutoniceB 
dtecMnos, podrá la posteridad formar un juieio imparcial so- 
ibre il>os Ji'eohos quie nos dieixm nnia patria independiente, y so- 
bne dos hombres que nos Aegaron, con su nombre, lia heríenjcia 
de sus virtutdes y siis g^loritíis ; ó ila deshonra de sus ambieiooies 
y deflití». 

Esperemos, pues ; no precipitemos los ftiem'pos, y dejemos 
que, producdóndose lias cosas 'por la (natural (rotación de sus 
oaaisas, llegue ¡ese dia «en que, con los materiaLes -históriooB 
aún ignorados, podamos imprimir á cada «noeso ain sello qu^ 
4o espliqaie; á oada hombre un adjetivo qnie le oaüifiqne. 

Cindi'enta años len la rida de ama Nación, que 'está desti- 
nada á ver díísaparecer g^eneraicion tras generación, hasta Ia 
oansu'macion de los sig'los, son apenas nn igrano de la arena 
que en el reloj de los tiempos niaTca la existencia del mundo. 
'Cincuenta años qaie nos sepairan de los hom'bres y los hecihoe 
<iue produjeron esta patria, que tantos dolores y tanta sangre 
cu/esta á sus hijos, no íps un tiemipo bastante para que un 
historiíidor pueda serimparciall, separándose deil 'espíritu de 
la.s paisiones y los círculos. 

Aún no híí pasado la existenci'a de lesa generación que 
formia la teííe de la Historia propia del Rio de la Plata ; aliai 
no han bajíido al «epulcro O os hombres sobre quienes tiene 
que formarse un juicio histórico, y pu-ede, sin m-entira, die- 
cirse, (pie escribir lioy la historia de los hechos y los hom* 



BECUEEDOS HISTÓRICOS. 325 

bres que contirifbu<y'ero(ii á la iudiepend'eneiía de las colonias 
espiacDodas, es 'escaróibi'r la IniatorLa oantemporáiDsea. 

Los ihombres mas icoiiiipeteivtes y qoío obas se Imn oou* 
podo ide lestujdiiar (ntuestna historia, aam mo imn. podido «uveiá- 
guiaír á pxmtor fijo, eual fué da verdadera idea iieivoluicioDiaria 
de 'los ipatriotas ; y si se (busaam ren üia vi^dia pública de estos, 
las cianisas qaio preipaaiairon y prodiDg^roíu la revoiLiucáon, ce- 
coüiiinamos quoe ilia idea leconómitca, oías que la politiioa, fué la 
quie los 'ILevó á la iiid^epeoideaicia. 



Es fueirta d<e duda qu<e la iodepiaDdeaicia argieoitiaia era el 
pensaanienlx) fijo de ios autores ó instigadoipes de la pe^xfl'u- 
«áioín de ^Sayo de 1810: pero, como la ^revoluoion Francesa 
(puedte suponierse qiaie -existía desde la «reimiaii de 'los Estados 
Gcmcnales, y «en la Oonveoicioii de 1789, así, ImxáAen, po- 
áeiDios, y ccm foKDidafliiíeaifto, encontrafr los piinnieaYis trabaijos 
TiefvolíUcdoaDa'rios cm lestas cwanaipoas, desde qiue Bel-graaio «ai- 
itraiba á formaíT pairte diel Ckmsulado de Baienos Aines, y desde 
<|uc Vieytes, len el Semanario, trata'ba lias cueationies eeouómi- 
oas de Oas oolooiias; y buscar ailli lias oanisas *de esos tralba- 
jos. La idea qoie anas p^peocupó.á niuestros poxxhomibpes fué 
siieaupre, y espeoiíaíLmieinte lal principió, la de la libertad in- 
diustrial y comercial; y duirainte mucho tiempo, mirapoin la 
g«ipain<tía de sus dierechos civiles, con preferenoia á la de los 
^derechos políticos, que en el estado y régim<en del Vipreynato 
DO etran los mtas imiportantes. 

La libertad dtdl comercio, que tanto feívorecia á los na- 
<tivos, y que xno podían conseguir, era la principal franqoíícda 
qu»a aanbi'oionaban ; y aun después de preso Femando VII, en 
1810, en los .escriitos de Belgrano, len el Diario del Comercio, 
íen 'eso que él 'mismo 'llamó mas tairde en su Auto Biografía 
*' oina acusación oonitra el gobierno español, " Üs. idea qnie se 
populairizaba, eran los sanos principios de la economia polí- 
tica, tan atrozmente ultrajiados por «la marcha de los gobiieQr- 
nos del Viirreynato. 

Y la nevolucion se hacia jyor la propaganda de esas 



326 LA REVISTA DE BUENOS AlBES 

ádaais; por dta neoesÁdad que se demOi9trayba •práeticanueiti'tey «n 
la 'premsa y etn los correos, d<e fnainqiLLoiías «icoDJÓm'iciats. 

Es iiDdud<ajbl'e qu)e <lia idea polítikm se li^ó, luad /tard^e, 
oon día eoouómica ; porqojie toda revoliiucioai qqi/e aspina á müa ' 
dibeiptad, coQüluyie por laispiínaT á todas; pero, si los liástork- 
dones «urgaotíiDOS y «estnam^roe, •qoiie <hiaa lestudiíado üa revo- 
lueíoQ, oo testáin lanm oonformies leía <al punto primoidiail, en ^l 
jpiuiilx) ide (pa<rtiida de iimiestirai historiia isacioaail, len Itas causas 
die osa iiev'olujeion ; y esa drsooidaoi'em (uaioe de 'la Mta die ele- 
(men^tos «paina formiajr un oanvencimienito invariable é indu- 
dable ¿quíe podomos haoer nosotros, (á quienets 'Mta, fuera 
de osos lelenDentoiá, el criterio liistocri-co y 'lia intuición práe- 
tó'Cia, ) «al íeocjontrarnos -eoi nn-edio de «sa «revioíluicion, cuyas cau- 
sas, iná día tnaidiei'on ni 'lia historia, .pucdein lesplica/rnos claina y 
dástin ta'niíem'te ? 

Eistainios recríen len «el prim/er tercio de la A'ida, y no he- 
mos tenido a/ún lel tieiiiipo, 'indispenisaible, paira »0l estudio de los 
hechos y Jos hombres de 'esos tiempos, y no podemos, ni que- 
rermos qu'e nuestra inesperiencia, tras de laoarreafmos sinsa- 
.borles (person)a!les, pupia iinuprimijr un juicio oficial lequivooa- 
do a «eaa revx)ilucion gllorio?» ono m,n,s? ^\A imi^ -patria. 

Porque lesto es lo que significa di torneo á que se ha cita- 
do á lia juventud. 

El premio vá á decidir de la opinión of ici-a»! que el jura- 
do se liíaya formiaido sobre la 'revolución, y nosotros no nos sen- 
timos con la fuerza bastante para ser asesores de ese j'urado. 

Noiestro trabajo, pu»es, «es purairatente fiílosóf ico histórico. 

No «estudiíaimos üos heelios ni 'los hombres; solo medimos 
•la latLtuira de los (pensamientos de 'estos, y las cx>n«ecuiencias na- 
tuípallies de aquellos. 

No leseróbimos, puies, la historia ¡militaír de la República 
Argentina, aporque no somos capaces de 'hacerlo, y serían 
testiieoihos los límites de un trabajo de esta clase. El nombre 
solo d'el «gioneral «don José de San Ma>rtin, bastaría para He- 
nar de 'giloría los fastos militares de cualquier Nación. 

No esoríbimos, tampoco, la historia civil, económica y 



BECÜERDOS mSTOEICOS. 327 

d'\na dial Kio <de la Plata. E^te ^, preeisajinentey 
.^ puavto mías osoiüro úe (¡meairs, vidsa, d<eapU6s de ila índepen- 
dieneia, y (no (seri^aiinos *uoe30tras los ctii>e (pu'iikT^iimos lanzar 
jaohre él, lel rayo de 'luz <que lie iiluiniíiai^. 

Cuando se estudie á Bied^ano, no -el gení^raü, sino el 
piolítiíX), «d ecojionwsta y «ed oiaidadano ; cuando se pienso en 
Moreno, «1 autor inestim-abio d«e a^queil docu/iuituito célebre 
qiue lía pasado á día hiistoriía í*on lel nombro de lie presentación 
de los Hacendados, se en-eointrará en listos lioinbivs, y en los 
ftTchivos didl Coniguílajílio óq Ikvenos Aires, 'las priin/eras semi- 
lllas d'e vfim, revolnit'ion ciua», 'mías tarde, produjeron otras ca/usas. 

No haioenios, .puies, sino 'nit(*íHr los regu»ltatdo8 de »lo8 hechos, 
y 'lia ■iinportan'tn'a de tas idu^ius dt» 'los hombres qu'e descu-eílian 
en la inclia de nuieatra i'n'd<openK.lenj(ri«. 

Si mu'estro trabajo no «e ciñe estriictamente ad prograwna 
quede, «íl 'menos, constatado, que no «es voilimtad de haaeiilo 
lo qnje nos fiadíta ; sino "viailor y ¡eiliemiraitos para tratar un punto, 
sobre e-l qoie 'aún pasará laJlgim tiiempo sin que la historia ini- 
pajTciail pufL^dia pironuneiairse. 



RECUERDOS HISTÓRICOS 



Pa<ra lescribir ííobre la historiía d'e ila «eolosail epopeya 
que, conmoviendo tal contin'ente, legó á la posteridad nna 
patria propila de los amierieanos, cmiancipadia úeil taitelaje y 
!a dominíKÚon ouTopea, íes necíesairio, como triibuto de verdad 
y de -gratitud', bui9c«ir el origen de la idea revolucianíariB, en 
«•1 principio y la contininacion díe la época cristiíania. 

Tres grandes hechos, colocados á l^argae distan<rias, en 
el camino de los siglos, luán sido puede deeirsrp, la liaf&e, so- 
bre qiic íhian l¡e\ianftaído, lafs genieracionefi sucesivas, eíl templo 
ouigusto de la üibortiad liuimama ; esa liibertad queridia, qme solo 
se encuentra en las soeiedades constituidas bajo la teoría de 
la iguialllad. 



328 LA REVISTA DE BUENOS AlRE-^i. 

t 

i 

Ei906 tnes hecihos, son rtres irevohiiCQioaiies. 

La (Pef\x)il'ucii<m crifirtíianía j (la ineviol'iMrioiii irefowmiistei; la (re* 
voftanedon «imierioaiDa. 

lias imcioines de la tiiema babi^un «pesie^ixuado d/a<miLte 
cuiajueoita sigilos, len tuq oammoi jmcQiertx), diodUde el poidier mJMtair 
era id dieireícho : óomiáe \A asesiniatx) era (La lesoaiLa qiDe ililtev«i^ba á 
HoB empeoiaidores lal poder : dKxadie lél esoáondiaílo, hssba, él inees- 
vo, er<.vji los ¡mjedios d3e cooi'tá'a'uiar tem los puestos oisuirpa/dos. 

Unía gram reív<d'aiC30(ii era meciesaíria (pancea oaanlbkur lél arden 
poilitáeo de esas Na^eiooies, cuya (histOTia eiím hay •mJBm.o nos 
asomibra. 

Un ihombre 'apareeió en la Ju'deía, y ese homibre era el fa- 
moso trevoHuciooiJairio qoe 'habiían lannuneiado dos profetas. 

Jesfus pnedi'aa'bá iHua reli-gioii, cfuyo significado gr^ande 
han comprendido los ipnieblos qne hoy «la sigoiea. 

De los labios inspáirados de aqmel sá'bio broitairon las teo- 
ritas de nnia gran iwlítiea ; Oías teoriías de la República Univer- 
sail, encerrada en soOk) Itcs palLabras : Igual-dad, Libertad, Fra- 
ternidad, 

Y estes doctrimas, sail^vairon tal moindo que corriía «1 des- 
quicio, Á mayor desquicio que el existen/te era posdible. 

M fomoso re^^lucionjairio que estas ideas predicáa^a, piagó 
con su ^'iída iia otbra que legaba «H munido ; pero su sangre de 
mártir, "derramaba sobre Qja cumbre del Gólgota, iregó el ca- 
mino que ha conducido á los pueblos de la tíeira á la gran con- 
quista de su libertad. 

Itiez y nueve siglos va á ma-reaír ya e'l reloj del tiempo 
diesde ese día, y, dnirante «ellos, Qa hunianidad ha traibajiado in- 
cesantemente por (Ulegar á ia meta, Idevando en una miaño la 
enseña sagrada de la ciraz, y en la otra, el gorro f ri^o de la 
libertad de los pueblos. 

Hubo un tiempo, en que (las lamibiciones de un monarca, 
ifiomentando ias pfreteosiones de algunos hom'bres, ienoen)di6 
üos d¿stu'r*bios de Qta) Alemianga, y conmovió el sueüo de üa In- 
glaterra, tiñiendo con la samgie de ingleses é irlanaeses las 



EECUERDOS HISTÓRICOS. 329 

aguas d-al estrecho d-e Twite. Las dootiinias <iel Cristo, cons- 
títuidías por un faoiatisino fatal, «en un aro de fierro para ama- 
rrar Jas crctem'ci'as, levtaiatairon á Inrtoro y á Caüvino, produ- 
ciieDido iLa revoliieiooi iiefonmstia, qvte samciomó ]a libertad de 
>la oofDcieoeiía, desligando tal hanubre dd carro á que 'Le ha- 
bían uncido Qas preocupacioaues die aügimos siglos. 

Bl drama d-el (M^airio cooisiderado, hasta «ntonoes, solo 
como el baaili'smo sagrado de la tierra por la sangre del hijo 
de Dios; habia ahogaido las sublimes teorías poilíticas. que. 
feeutndwdas por da saTÍa del mártir, procilam!a<bain ¿ los pue- 
Mes Qa igualdad de deberes ootn igualdia^d de dereehos ; ia Be- 
fpúbliea. democrátioa en ila anas purisiima espresion. Lulero y 
Oad'vino, emancipando Oa caneáencia, con el apoyo de Enri- 
que VIII, rompieron esa «tradieion ; y «la Inglaterra, protestan- 
te ya, oon OromweU á ía caibeaa, fué 'la cuoia de la libertad 
moderna, en los oasmípos de ^lareton Moor y Nasseby. 

Uai cervecero de HumtLngdom, que deponía, en Londres, 
á un monarca como Carlos I, y quie p>re9en>ta<ba al mundo la 
oabeza de un rey, paia enseñar á ¡Las naciones, como debian 
traítarse los xx)denes abscOutos, era dar un gran paso en el sen- 
dero de la libertad humana y de üa igualdad de razas. 

Oromwelil haibia probado que la sangre d-ei cervecero, era 
tan pura y tan roja como la deH monarca. 

No pretendemos justificar el regicidio; porque odiamos 
la mmerte de todo hombre, megando «A derecho á 'la sociedad 
para cometerla; pero, ciudiadanos de una Bepublica demo- 
crática, con las ideas quie las madres argentinas legan á sus 
hijas con su «leche, y los pad<res á sus hijos con su espada, sos- 
t<-Bomo8, sí, que la «muerte de un monaroa es igual á la de ^\n 
«Bcla'vo. 

Cristo, pues, proolamo una gran teoría : Libertad, Igual- 

DAD, FRATERNn>AD. 

Lutero y Cad^vino, comenzaron á cumplir esa teoría, ha- 
cíenido pnnáetica íb libertad de la conciencia. 

OixwnwelH, aobre «él cadalao de Carlos I, procliamó la igual- 
dad de razas. 



;i M; la JtfSVÍHTA VK BUENOS AIRES. 

l*'iu\\n\m m*lo (j>iHMilaifU^r la frottcrnidad de los pueblos, 
*imm <|N«« 'f\ pvimin'iiiii jHjiKtiiM) lM ('ri.^tx>ííie cumpliera, y W<a6- 
Jii lidien, ii\ ) NI 1.1 1 'M <lif liM úimuH'.mckiH HimTioauas, f'ué el pri- 
«ii'iM'o m Aititrt'ir}!, qti^s i<(ti 1776, iinúló (sa 4o3 ciMnpos d-e bata- 
illii r'*i\ fralnniiiail, in>it(nu>d\nnm\o vni uim 4«o»Ia (n«iei'0'n<a<li<l<ad dos 
i|Mi<i*l4n.<n i|(iio r(MMM';ii).tn liH r(ylouk(s iug'KsavS <im 'La América d^el 
Nni \i\ ,\ i|ih«'l)u,v o.<vli*n>tan ai muiulo, 1*01110 sSui>1k>1o de&$u unión, 
%%\ ^Uvito^o piUk'lldu iwtn^hkU), i'^i iH>iD¡jU4'a<eioin qu'e sirve d« 

lixo^ tiVM luvluw, i^l Cristiaau'íim), 'la Reforma, y J.i líe- 
nmIuoiou Aíu.^i hvwi^i, liuMvlos |v>r vsa iMvk'JKi misteriosa que 
i\ U\ hu^íi w\w \mí ^iMuJivs i,ls js para ^i\ukIv^s projxVsitos, han 
\»^hiio i\ l\»ríiru* la )mv,» i,» la Kopú^liv^a viemvvrálivvi. mo- 

\ \» KuSui>Uv^N ^K' hakK'IkuUk aun hku>: si sianü.^ndo 
V\ is <' \ luvtr ui''!o vio !a t'ixÍAU vio «íiío *a^ :n;>aia< oausas pn>- 
lUuv n lvv> uuxiunVn o'VvU^v ap'iM^vMU^ las i.Iaís previa uiadiis 
|s\^- v^ww uoxío'» u^vX'i jísiía l.M. < ít la pri n.^r n.^w'.;K*íon suJ- 
H ^^ ' V'iM v><í -.'*'*!**.**"-* *'»x^ ^.i ^*v^.: 'V'\i ar'i:.*n.i.^ el hntzo 
^i • \\\ ■»•', VvVi ív'^'i, ^'»N .^v a V : .a. v v :^ ::..:> a. k>i ixv el va- 
i v^\",o V , v*v' V »\*'^i o' ' i<'*\* vi ^\^v: :í*e ^v \>< l:"í,t&5^ qu-* 

V '..-^v* .i <.x».vx .- s s¿»- f < i V* ::"-\:*.: .".t .'A-j.^*-^ 11 



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BECÜERDOS HISTOBICOS. 331 

partiría, anostnó quie el grito die ii'bertad tenia uia éoo sonoro odl 
él iXfrazaa iamie(r¡peiaiDio. 

Y 8i Ita Mta die cabeza, el ilidjiífeneatíaino cMilpabk de >los 
nativos, y qvAzk 4»a confíaiíaa mismia diel «oaudildo, hieieron pere- 
oei* €sa Tevoluciioai iCJitre ia daingne, «La nwma y la deva-sta-cnoii 
éfei Imperio de lU» locas; la i'dea ya habia voiado; en las 
wÁrgfemtñ del Pdafta «e reoooiocda corno nina gloria oKin^eriuaiDia, 
y qii<ed&ha 'atnruigiada -en lell snéb feeuoifdo *d>e la Aimórioa, re- 
gada por al 'baotisrao sagrado úe ila sa^ngre de im mártir ; de 
la saiDgre de Tupac-AraiaTO, cuyo nvaTtirio, fué a«in niuis bar- 
Itairo Cfuie el de l^mn-equilda, á peispar de da diferencia de loa 

Las ideas de üilíertad é inilopend-encia, se estiendieron 
por -01 annoKlo, y el recuierdo d«e los heclios gloriosos del siglo 
di^ez y eois en HoLa-ndia y dos Paitjes Riajos volvió ¿ la nuente 
odvidadijsa die los pueblos. 

Esas ideas, 'Huevadas á Prain«eia por Laffayete, qn«e (las 
€8tudi<) en la esoniela práetioa de «los suieesos de 1776, tenien • 
do á Washington por maio^tro, prodn.jiepo'n d«a revolmíion de 
1793, ia revohicfioin gigante quie d^^siluímbró al siglo «eon su fia 
niosa declaración d-e los derechos del hombre, y qu-t* murió 
whogiaidia en l<a :tóiiigpe <le reyes, de «imi jeres y patriota», derra- 
raadia sim con'CÍ*in«c'i'a, ni imetlidia, en medio del furor revolu- 
ciomario, torcido en su ol>,>eto, por am'ííi'cion'es encontradas. 

Esas ideas, admiradas d'esde lí'jos, ioiflamabain el corazón 
die 'los nativos de toda la Amérim, preparando el camino que 
labia conducir sus patrias á la imitación del ejemplo que 
Washington, ofreciera en los Estados-Uni'dos. 

La revolución; pues, qane dio por resuiltado Ja indepen- 
ckencia de il«s Provincias Uiúdias del Rio de «la Plata, no em- 
pezó, como se «upone, el 25 de mayo de 1810. La primera 
«lañaiía del Cristiamismo fué su cuma. El 4 de jiülio de 1776, 
fué ia aii'rora de 'la emaa>cipacfon americana, porque Was- 
iiinton rcpresental>a en esc mom'Bnto á la Aniériea toda, levan- 
tándoííe potente, para recobrar su íibcrtad querida; esa liber- 
tad ^le el derecho de la fuerza, habia encadenado con la con- 



332 LA REVISTA DE BUENOS AIBES 

quiísta, y «cuyias oadienas, tai corpea: ód tá»e«npo, fujepon troocha- 
días por üa fuerza del derecho. La Tievolaicioai de Tupiajc-Aima- 
pu, filé al priimer 'esfuerzo ele das Coíloniafi Eopiañolas potna con- 
quistarlas. 

El grito refV'odíU'cdoinario d<e 1810, mo lengendra/ba en leil al- 
nuia die ilois patriotas uam utopia quie redieoí (majcia, y é ia quie ki 
falta diel adipe, d«e «Lemientos y oabeza, pudiiera dar nraierte «n 
en cuna. No ; la oiiañaiía dHBÜ 25 d^e Mayo no era sino Üia obra 
d«ei tie-mpo j era 'el daitádo ÚA carazon de Washingtoiii Teperofa- 
láendo «eoi 'd oomzon de iMoneno y d-e BeHigrano, led alma y €»! 
ibrazo die la T»evolucio(ii apgiemtina, <?pa la ¡eapada d/e Laffiay'ete 
templando lel aoero <le San Miarían ; ese ^to inevokioioiMLrio 
era 'la eanseííni'eaiííia 'lógica dfei convenci'inietn'to qoie lél pueblo 
h'abia ad^iaiirido «en 1806 d»e su pujanza; «eo^a lel opimo fruto 
qu'e ofrecía ia semilla ®era»brBda ^en la R<e<?0(n)qu3Ísta y la De- 
fensa. 

Esse dia, -espinalm un óixlen político deispótioo quie esdluia 
deü Gobierno y ia cosa piibíliea á, ios qiiie habían mjawido «n 
América, y tomaba forma un peaisamitento que hacia táiempo 
callentaban en 3U meníte ios homibres únicos capaces did ülevwr 
¿ caibo la obra grand«e de consti'tuir nacionalidades importaai- 
tcs, con J'as colonias que, durante cerca die ^tres sigilos, habían 
KÍdo líos itias d'Uci'eai'tas floromies de 'la corona EspañoíLa. 

¡San ^lartin, Balgrano, Moreno, Saa\iedíra, Castolii, Passo, 
y tantos oti*os fuo-ron la herencia f[ue ail morir el virreynato 
l^ega-ba á la Rc^pública naciente; la libertad y la Independen- 
cia de las colonias, era la obra <fine «el porv^^^ir exigía de esos 
homibres. 

El pueblo tenia ya la conciencia ide su poder, y e*l con* 
vencimiento de sus diereohos. Los nati\xxs habiain ilnchaido 
en litas cailles d^e Has ciudades contra los invasores estrangeros ; 
los csclaívos testaban en las filas al lado de sus aimos ; las nua- 
•tronas y las vírgenes habían sentiido »en sus \^*enas él oaílor de 
da sangre que amiaba ¡el suielo «en qu-e se niieció en cuna, y to- 
dos, hombres y mujeres, ancianos y niños, habían pTonuncia- 



HECUERDÜS HISTÓRICOS. 333 

do la palltabra patria, y -eaa patria no la teniaiu, porque "eran 
Bstpamgieros -eiu l<a imajiim tk-trna quíe les vio nac^r. 

Pári<a8 (poLitieois, dos Bativois lam^ericauos eran oomleoia- 
dos á vivir leoí América sin d-eneolios ni guraaitiiafi piropiüs, coa 
goi>i«(nno8 y autoridíudes «eatraogieiias. Tamta opre&íioin debía 
ücxncluir por i-oinipor los vínomlos «qoie ili^gabiaín al niaÜTo y ail 
español, y así \Tem08 <&a 1809, que Saíav-eiira, Viaiuont; Chi- 
clanu, Balcsafnee, Koí.lrig'U'ez, y 'totlos los ofí-ekilies noítivois, eai la 
ípevoiui?ion die l.o d»e teoero iinoetraron, «al sostemor á Liniers, 
contna los eapañodies^ que lestabam resuieltos á sao «aceptar 'por 
iDias tiemipo -d. tuteilage fiminsto, de honi'bres que no teñirán de- 
recho ailgiiuo á iiiix>ODerIe. El estandarte de 'la eonqitista 
üíPPoMado en la primera luebal en-tre los eapañoLos y los nati- 
vos, fué "tíl heraldo (lue amunció á los pueblos la \aproxiiiLacion 
djel dia en que, roto el yugo de España, las eolomiais dieta'ra«u 
y soátu'vierain las leyes <i'ue debían rc^girlas. 

Tres veees los amieriiciainos habian 'lIjevTado h& armias, eu 
los mornientos di fiedles para lel «pads len cjue lies ntegaban los de- 
rechos xKJilíticos : en las iai\Tasioaies inglesáis y la revolución de 
1.0 de eniero de 1809 — Ein las idixs primeras, toda la gloria, 
todo el renombre de la vietoria fué para ellos ; en lii última, 
adquirieron 'la fuerza, desarmando á los cuerpos e^spañoles y 
moetranido con su vialor y su firmeza, su superioridaid. 

Estos hechos estaban destinados á producir grau'dies re- 
suiltaidos. 

Cuamido ios poieblos adíiuioren lia certeza de lo que pue- 
den y quiíoren ser lo que ileben, las antecu^dentes .tte sus armas 
vail'on mucho. lia e:'*euiela «de los eom-bates y 'l-as revohiciímes 
educa é las onasas beHc'Osas, y dá forma á la idi?a de los iiora- 
bres peaiísw'dopes. 

Biienos Airas dc^Svle 1806 hasta 1809 habia tenido por 
maiestros la inv^asion, la reconquista, la -dorensa, la revol-n- 
eion y te ki-e-lias entre k« i^pañolc^s y americanos. El cami 
ttio de ki emancipación esfeilm delineado; la ^^jluntaid de re- 
coiTerlo manifestada ; solo faltaba, como Saavedra decia, qoie 



334 LA BBVI9TA DE BUENOS AIRES 

MtegATtt ied mormiezito. 

Y ^eao momíeot» íil*egó. 

N^apodteon Boniapaipbey «d iafartuniaidD gnieroraro dpd sigio, 
(recorriieiDido su caoTera. die coiDqmtJtas, acatbaba Kfe leoftanr en 
Espaila ; sus Le^giiames venoedonGUB lan todas ptairtes, ¡do «eueontrvi- 
(ban obfiítáoulos en su paso. El jnoDiainm «spañcd, EeimaDdo 
YII, leira su {prisioneipo, y Días codoniias espiañolloB (hiabian perdi- 
do con él, su rey, d<el otro (lado die üos imaireB. 

Los (patriotas ureciesitabaai vsn pretesrto, y lo enoontnairoii. 

LUIS V. VAHELA. 

((.'om' luirá). 



LITERATURA 



RASGOS BIOGRÁFICOS 

DEL CORONEL QUINTÍN QURVEDO. 

Enviado ExtraordUumo y Ministro Pl-enipotenciario de Boli- 
Vía en el Imperio d^il Brasil y Repúblicas del Plata. 

(Continuación) (1) 

X. 

La TOffiUPoh'a «qoiie »el Giobiiennio <le dieiíembpe einip<rieiidió 
hácíta dos Departamieintjos «del Sud, iinini6d'Í!a;tiaim»ein'te idespuies 
de ia toma de ila Piaz, ddó ooaaian á Usa pme'bliadia del 25 ,de 
mayo -eai dicha ciudad, KAaraanidio venganza ipor üa miu'eirte de 
Belzu. Este movimi'enfto, mirado con desden por aqonel, á 
cansa dJe su in!Siignifi)can<ria y ■m-ezq'uinidiad, fué, sin embargo 
la chiigpa qn»e ennidió por toda Qa Riepnblica, pw)idn<ri»endo la 
rievollticion mas ooliosaíl y iproilongtaida que haya BU<fpi<lo Bolivia. 
Los pairtidos, largo ti>emipo compriimiiílos, aiproveohando "la 
ocasáon, se 'lanzaron frémetáeos á la Incha, annqixce sin gefe, 
sin ^ia y sin tim.on qii^e ios dirijiera. Cada depairtamtento, 
cada cíndad, prodnjo nn ciaAidi'l'lo, con pTet)enBÍoneB á la 
pnimiera majóstpatora, porque la pmxdaicion no contaba con 
una caibeza sola, sino oon mas de 'las que omenta la hidra de 
la mitoüojjía. El alto despiiecio »en tque tendan al ex-Pnesi- 
dente oonstítucional, derrocado el 28 de dicá-emibre, contras- 
taba ieon id menládo iprincipio qne invoeaiban, pni€s para ser 

1. Véase la pág. 



036 LA EEVISTA DE BUENOS AIRES 

eonsecuiGQi'teis con la Caüstát/ueion del 61 d<3)bd'dji haber acatado 
(La Titorádad de fliquiel leonnio su •lejítiimo irepreseoitaaite. Pero 
no íes lestraña «stia iii/coiisecai»eíncia. Ijos ptartidos, ípara smbiT 
ad poder, casi souempine se lacojofa á wa. primeipio sagrado para 
atrtaeatsíe td mira, popular y coinseguir su iateaito. Así, víose en 
esta ooatsion á la iiusauta juix'^ai'tud correr «antusiíasta á poner- 
se cámidiidiameute 'bajo las óríleaies de muchos qufe en mas d© 
unia vez habían pisoteado esa misma Constitución. 

En momentos tan aciagos, cuando la Bepúbliea se ha* 

Maba oonturbailía por todas ipairtes, arribó -el coroníd Queve- 

do á la ciudad de Cochabamba. ¿Que partido debia tornar! 
¿Se plegaria al bando hipócrita llamado ConstitucionaUsta, 
ó engrosaría las filas del j-eneral Melgarejo para sofrenar la 
anarquía que amenazaba hundir la Patria en su total ruina 7 
La situación era solemne y decisiva — no cabia término medio. 
Oigamos la confesión política que, como hombre de corazón, 
hace en las siguientes palabras que resumen el cuadro de 
aquel gran acontecimiento. , 

**De la atmósfera embolsada del Oriente, en el Depar- 
tamento del Bení, donde las pasiones políticas no tienen eco, 
he llegado á la bella Capital de Cochabamba, en circunstan- 
cias azarosas y en donde como nunca, he visto la fiebre revo- 
lucionaria abrasar la sociedad entera, derramando sus frutos 
de enconos y de desconfianzas. Triste situación que se cono- 
ce, se lamenta y no se sabe como pudiera mejor remediarse- 
No me compete ahora calificar los sucesos que se han atra- 
vesado en el pais, y que desde el Norte de la República han 
cundido hasta las estremidades de Taríja. El tiempo, pues, 
míis soogado é inexoT>al)ilie, i-es lia de iIíiít svl va.lor, y á los 

actores de los sucesos los ha de calificar con sus colores. 
Entre tanto, arrastrado yo en -el carro de la política por lo» 
compromisos de una condición pública, antes de desplegar mi 
acción directa en el drama que so representa, debo á mi 
propia dignidad, debo á mi conciencia y á mis principio», 
una declaración que en cualquiera desenlace me sirva de 
escudo ante la calumnia, ó de Juez ante la opinión. Puedo 



CORONKL QUKVRDO. Xi7 

muy bien equivocarme en mis apreciaciones, puedo andar 
errado en mÍ8 cálculos; mas de cualquiera manera debo ase- 
gurar y protesto, que el amor de la patria y el sentimiento 

de la (iigniílaul so'U las ^ixlos qiw» .tu'ix'Hxnidnc'vni. 

** El gobierno creado por los acontecimientos de dici-em- 
bre, en los cortos meses de vida que lleva y en fii>erza de la 
fiolne '{Malítica y íM '(^ii1u<í-:isiiik>, luí *^il»ii><tí lo sobre Twsistein- 

cias (icNaeordcs hasta nuestra actualidad de inconsecuencias 
y de decepciones. En el Norte, en el Sud y a(juí en Cocha- 
bamba, bajo l(»s aluc¡n}i7it«'s ])ret<\«t<>s d»* Jeptimidad y de 
(•onstitucion; se hrfn verificado ^revoluciones imprudeotieí 
que comprometen inminentemente Ja nacionalidad Bolivia- 
na.... Dejando á un lado y para mas sosesrado lugar, el 
desarrollo de otras razouí's ♦^n r*str» respecto, esta sola hace 
saltar el corazón con sentimiento y con zozobra. . . . Ella sola 
también me basta para mi resolución personal. 

** El Norte con sus dos coiorrs irreconciliables, el Sud 
con sus mismos color(\s y con otras ter(*eras entidades que 
todos conocemos, pretenden la caida del actual Gobierno 
Provisorii), que enaltecieron y acef)taron ántt»^». sin pensar 
bastante que el [o^vo de sus tiues baria hundir la Patria en 
la mas horrenda ananjuia, si es que no nos condujera á la 
dislocación social.... Mil veces antes la uuierte que con- 
currir á ace])tar imí)asible semejante alt-i^rnativa. ... y para 
rechazarla en mi esfera ó pn>t<»star de ella mas debidamen- 
te, me ci»n'ii'.l\«i*o en el ca«íO 'de ag^reg<ar mi nuiiu»ro 'Uno á la 
lista de los amantes dei orden. 

**Si la Constitución fuera posible y no estuviera mil v*o- 
ees es(*arnecidH por sus mismos ]>rocl amadores, habria dete- 
nido mi n'soluí i(m j)ara tomar mi partido y proclamar mi 
bandera..,. ]>ero, en la bipócrita actualidad y ante los 
f4U.cics<is y kis (l.v.i'i>cion'(N íIh»! 'di-a. Tía, la m-e fa'lt^a para re>íolv<»r- 

me y decir con íé, y c«>n coneiencÍH que — por mi amor á la 
Patria, por mi deber de boliviano y por mis principios, deb«» 
y voy á lucbar al lado del valiente y jeneroso soldado quc 
ciñó la banda -el dia mismo en (jue el poder era una merc*- 
deria á la puja; y en que los llamados constitucionales iban 



338 LA EEVI8TA DE BUENOS AIRE?. 

á quemar en sus cartuchos, los jirones de su código farsa» y 
que seguro como estoy de los sentimientos de mi caudillo el 
jesoeiTad Aleligiariejo, diespuíes die paieifíieedo d "pais, be de temer 

el placer de paaar como ciudadano á los comicios populares 
para la mas justa y libre resolución de los destinos de la 
Patria. . . Haga el cielo entre tanto, que para tan halagüeño 
resultado no tengamos muchas lágrimas que derra- 
mar...." (11) 

Tales fueron sus palabras y su resolución. 

En aquel caos y perversioin de ideas, en aquella amal- 
gama de partidos, cuyos intereses y pasiones eran diametral- 
mente opuestos, no podia ciertamente cobijarse con pureza 
el código sagrado de los pueblos. Al través de los pUeguea 
d)6 01^ ropaje de8ou>hrí'aBe oltaraoneinte el veordiadeipo móvil que 

los guiaba. Por eso, el coronel Quevedo y los que como él, 
conocian perfectamente á los principales actores de aquel 
gran drama, no podian dejar de plegarse cofn todo su entu- 
siasmo á las banderas del jeneral Melgarejo que tenia en su 
favor sus prestigios, su valor, su generosidad y la sanción 
tácita de los pueblos para el ejercicio de su autoridad. 

Mientras el jeneral Melgarejo, á la cabeza de la pri- 
mera División del ejército nacional, marchaba á pasos pre- 
cipitados, en pos de los sublevados de Cochabamba que iban 
á buscar refugio em Sucre y Potosí, el coronel se incorporó 
á la 2.a División que habia quedado en Oruro, jaqueando 
á los voluntarios de la Paz. 

En clase de ayudante jeneral del E. M. J. y á la cabeza 
de una ooduiim'a, prestó eer^^cios importamtes 'en esta com- 
paña, ya dispersando en Toledo al caudillejo doctor Tito 
Andrade (Gobernador de Carangas) como protejiendo con su 
vigiflianeiía y «etiviidiad la (retiriadia que eimprendió esta fueraa 

sobre Cochabamba, de cuya defección se temia. 

Cuando el general Melgarejo, después de pacificar el sud 
con la victoria de la Cantería, alcanzada el 7 de setiembre 



11. "Una Declaración'* — ipor Q. Quevedo — Cochabamba, agos- 
to 20 de 1865 — Tipografla de Ghítierrez. (hoja s^uelta.) 



CORONEL QÜEVEDO. 339 

de 1865, ordenó que la 2.a División se le incorporase en 
Potosí para emprender la compaña del Norte, el coronel 
Quevedo quedó encargado de la Prefectura y Comandancia 
giea3)6i«il áA Deptamtam^eotx) de Ooohiaibaimíba piaira eoiiBev-var 
el orden por ese lado. Con una pequeña columna que logró 
organizar en pocos dias, impuso sil-encio á los demagogos, 
sin necesidad de medidas represivas, hasta que, atacado en 
Mamata (29 de octubre de 1865) por fuerzas superiores que 
se destacaron á ese objeto desd<e La Paz, tuvo la mala suert*^ 
d-e perder la acción, entregándose prisionero bajo las garan- 
tías personal-es que le prestó el coronel Prudencio Barrientos, 
las cuales no habiendo sido aprobadas por el jeneral en jefe 
de las fuerzas espedicionarias, lo desligaron de sus compro- 
misos de honor, después de una intimación formal á dicha 
coronel. Esta ocurrencia, lo puso en aptitud de marchar 
ocultamente hasta el campamento 'del jeneral ÍMJelgarejo, 
quien le conñó el mando del batallón 2.o de infantería, á la 
cabeza del cual peleó con bravura en los campos de las ** Leta- 
nías'' último baluarte de los revoluciomarios, donde fueron 
completamente dispersados el 24 de enero de 1866. 

Sobre <d campo die ibatal'la, dd-ctó «el jenjcn^ MeílgaíPejo, 

en cumplimiento de sus promesas, el decreto de convocatc- 
ria para la elección de presidente y de los diputados que de- 
bian revisar el código fundamental de la República, dando 
al pípopáo tíeíDspo giaran^tía á Ijodios sus íeniemiígos x>o>lítáco8. Así 
tenraimó esta 'liuicíha fratriicida quie empapó len: fiíaaigirie iel swelo 
boliviano y paralizó por ocho meses la vida y el movimiento 
Comercial é industrial del pais, agotando sus rentas y rts- 
cursos. 

XI. 

Poco después de pacificada la República, el coronel Que- 
vedo fué nombrado prefecto y comandante general del De- 
partamento Litoral de Cobija, donde, por quince meses, ha 
ejercido su autoridad paternal y conciliadora, captándose 
la voluntad y respeto de los vecinos de aquel puerto. Su 
administración política no solo ha sido allí imparcial y jn»- 



340 LA REVISTA DE BUENOS AIRES 

tieiera, sino una de las mas lalioriosas, pues ha dejado me- 
joras positivas, eoiiio un pozo artesiano y la elegante escuela 
de niñas. Los Cobíjanos siempre lo recordarán con gratitud. 

Abandonó este destino en 3 de julio de 1867 para de- 
sempeñar una misión diplomática de primera clase en la 
<*órtt» "do Rio d^.^ Ja.m iro, Humos Aipi\s, Mont^»vidt'o y Asun- 
ción, con el carácter de Enviado Extraordinario y Ministro 
Plenipotenciario. 

Anudadas las relaciones de Holivia y el Brasil por el tra- 
tado de amistad, límites, navefjracion, comerífio y extradición 
de 27 de marzo del 67, el gobierno Boliviano creyó necesa- 
rio constituir en el Imperio y en las Repúblicas del IMata un 
Ministro que represente los intereses bolivianos ante estas 
naciones y estreclie los vínculos de amistad, comercio y na- 
vegacion (pie deben mantener entre sí. Cúpole al señor 
Quevedo la satisfacion ib' s»t elejido para tan elevado puesto 

Emptro, antes de llegar á su destino, estando en Lima 
de paso para (»1 Imperio, por la via l*aiiamA, recibió ór- 
d-encü de ir á México con una misión especial. 

El triunfo de los republicanos de a(piella nación herma- 
im v la •exa'ltaí'iím ÚA ínf.lito Juan*/, el eauliilh) de la demo- 
cracia, sobre los restos tlel destrozado Impelió; exijia del 
gobierno de Bolivia una maniH staci(m entusiasta y sincera do 
los sentimientos fraternales y patriótieos (pie los bolivianos 
abrigal)an por sus bermanos del suelo de Anabuac: — i^xijia 
una felicitación cordial á ese lieróico pueblo, descendiente 
de los Aztecas, por las inmarcesibli s glorias (|ue babia con- 
quistado [ideando con bravura y lu'roismo contra las hues- 
tes e.stranjeras y los ilusos monar(|uistas, basta alcanzar su 
Sí^gunda independem ¡a. probando cnii su noble ejemplo de 
cuanto es caj)az el patiioíisnio y el amor á la libertad 

Tan bonorííi<'a inisicui, (pie encierra el pensamiento al- 
tamente americano de la unión y confraternidad de las R(^- 
púbhcas latinas del nuindo de Colon, fué dignamente cuai- 
plida por el II. señor Queví'do, (piien supo interpretar íiei- 
intMiv*» 'los >'. ntimii utos ili' su gi.biiiMio y de <u compatrio- 
tas. En la franipu'za é hidalguía de los heroicos Mexicano» 



rORONKL (^UKVEDO. :JU 

encontró la nuus simpática y cordial acojida, quienes supie 
ron (ompn iidcr en todo su valor esta prueba de estiraaciou 
y fraternidad <le una nación hermana. El nombre de Bo- 
íl via y de su dijíiio Presidente ha quedado grabado con el re- 
cuerdo de tan bdla acción. Estos antecedentes, son la si 
miente (|Ue nuís tarde debe producir el árbol fecundante de 
la unión ajiiericana, bajo cuya som])ra se cobijen poderosas 
y filiéis las Repúblicas del (Continente. 

Despiu^s de un mes y ocho di as de residencia en el sue- 
lo mejicano (del l.o de 0(*tubre al 8 de noviembre de 1867) 
el coronel Qucvcdo tuvo el sentimiento do retirarse pam 
venir á limar la misión í|ue le está encomendada en el 
Brasil y lasj|Pepú])Ii(as del Plata, adonde lo llamaba el 
cu'm{vliiiiií»nt!() -d;"] d'(*])er y los uidtos iiití-nisK^s 'de lia 'p<a¡t»ri'a. 

Actualmente se halla en Rio de Janeiro negociando va- 
rios tratados c(mipIementarios del de 27 de marzo, para de- 
jar mas estn*chadas las relaeicmes del Brasil y de Bolivia. 
El st»ñor Qnevedo tiene en mira la canalización de las ca- 
chuflas (pequeñas cataratas) del Madera, para dejar espedí ta 
la navegación á vapor de t^ste rio y sus cabeceras bolivianao 
y brasileras, y no dudamos (jue en el gabinete Imperial ha de 
«neontrar la mas decidida cooperación. 

Terminados estos importantes negociados, pasará á las 
Repúblicas ya mencionadas, para trabajar en el sentido de 
'loií iiitr-r'<^<'('S 'cnnniiiirs ':le KiUas -con BfHliviía, ipie 'por su vecin- 
dad y los mu<*hos puntos de similitud, están llamadas á la 
unión y armonia social, (*omo también al desarrollo de su 
comercio y navegación prestándose recíprocas franquicias. 
Es de es])erar (jue la misión del señor Quevedo sea fecunda 
«n provech(»sos resultados y que c(m ella la República de Bo- 
livia asumiendo el rol qn-e le corr(*spond3 como nación rib»í- 
reña tcmie su asii^nto en todas las deliberaciones de los nego- 
cios del Plata. 

XII. 

En el descolorido boceto que acabamos de hacer de la 
vida pública del coronel Quevedo, descúbrese á primer golpe 
de vista el móvil que siempre le guió para tomar cartas en la 



343 LA BEVISTA DE BU£(^OS AIBGS. 

política. No el interés personal, ni el espíritu de bandería, 
sino el amor á la Patria y el deseo de verla sosegada y pn>- 

gresiisrtia marclüamidio «poir el eendero de Oía ley y de tlsa justicia^ 

fueron su única guia para sus resoluciones personales. Una 
vez tomado un partido, se le vio seguir firme y leal por to- 
dos los azares de la fortuna, sin Jamás manchar su conducta 
con inconsecuencias ni veleidades, tan frecuentes en nues- 
tros dias; por lo cual mereció la mas completa confianza de 
los gobiernos é quienes sirvió. Si á esta cualidad, muy re- 
comendable se agregan los conocimientos que posee en va- 
rios ramos del saber humano, su valor como militar, su 
hidalguia como caballero, su framco y noble proceder para 
con el amigo, la enerjía de su carácter y los principios li- 
berales que profesa; tendremos la clave que nos esplique su 
rápida carrera y los méritos que lo han elevAo á la alta ca- 
tegoría de ministro diplomático que hoy inviste. 

El señor Quevedo es todavía joven. Cuenta á la fecha 
44 Años Kie ledtad. Su pasado «s honiroso— «u porveaidr brilliaBOi- 
te. En mi Pa^tria ooaipan'á siiempre «un üugeir dJBtífmgtuido 
como hombre de talento, de noble corazón y como valiente 
militar. 

Antes de concluir, réstanos agregar dos palabras. 

Hemos dicho que el señor Quevedo posee también el 
privilejiado favor de la forma y en nuestro concepto con 
fortuna y distinción. Las composiciones que para adorno 
de esta biografia, publicamos á continuación y que hemos 
estíojido de la colección que el autor tuvo la bondad de fran- 
c)utei2vmo8, Jvairáín fommiar su jaidieio aü lector. En éSoA cam- 
pea la belleza y elegancia de las ideas, con la mas correcta 
y ñiiiáfi versifi<?«odoin, é íla jpaa* de una Aimajimaeian lanlieoite. 

Son notables» las tituladas: El lUimani y el lUampu, El 
Peregrino y A Ja Ciudad de Belén, por la grandeza y melanco- 
lía con que están escritas y los Recuerdos de la Patria por 
eleN'aeian de klesB y piaitriotismo. Bll^ creemos, ie mere- 
cerán justamente el título de poeta. 

Rio «ie Janeiro, abril 7 de 1868. 

JUAN FRANCISCO VELARDE. 



EL ILLIMANI Y EL ILLAMPU. (1) 
(Fragmento) 



Contemplación. 

Dos crestas 8on, que el e&minante mira 
Como jigantes dominando altivos, 

Y que erguidos levaoitan hasta el cielo 
Sus albos cuellos, sobre blanca sierra: 
Son dos iQiasas lenoTimieB, que natora 
Baireoe hia lOoHooado en dos leststeanios 

Y cuyo espacio, de apiñadas nieves, 
Anuda un eslabón largo y estenso. 
La vista, tadlí (oaoitemipilia Bidiaociosp 

Sus blancas moles, que en eternas nieves 
Dibujan la montaña sobre el cielo. 
Alli, se ven las liquidas columnas, 
Que jugueteando en el espacio corren. 
Se ven venir y recostarse humildes 
Para alzarse, después, ennegrecidas: 
De alli sale benéfica la lluvia 
Que fertiliza el valle y las colinas; 
De alli la densa nube que se estiende 

Y en terrible tormenta se desata. 
Allí nacen los ríos qi ye esparoen 
En millares de leguas y que llegan 
Por el grande Amazonas al Atlántico. 
lUampu! Illimanil entre el silencio, 

1. Son las dos montañas mntas elevadas de la América, situada» 
en el Bepartamento de La Paz, Re^yúblka de Bolivia y anudan 1% 
rama de los Andes á cuyo pié está situada. la ciudad de ese nombre. 



344 



LA REVISTA DE BUENOS AlUES. 



Ku vuestra inmóvil y eternal postura, 
Doniiiiíiis á la tierra y al owauo 
¿Y DO sabéis sentir? Vuestro tloniinio 
Ks una ley tan solo de natura V 
Km* t'ut^o que dais á la tormenta 

Y (|uv pnjdn.M» el niyo nit.ilant«\ 

Esparciendo A t(M*ror por donvh» pasa. 

No es vuestro enojo, que revienta fiero? 
.La frc^.-a hnsa, qiii» al arli.«nt,' vailh» 

Prodijfíds, el arroyo eristalino, 
QuK» enviiii vuiistn) seno y tí-rtiliz/iu 

¿Son también leyes de la tierra sola? 
Vuestras liondas entrañas, donde ereoe 
El oro y los metales, sin nunlida, 

Y (juenlan -al avaí^) su ritiu» /aí 

Y al nnindo su funesto desvarío; 

; Son s(f1() i] as .susla'Ui'iatS «pie vrj.-tnn 

Por la ley natural, en tí, materia? 
Sí, (pie vuestro rejK)so lo ])r<'<rona, 
Que así lo esplioa vuestio eterno hielo. 



La Pnz— ls."»l. 



KL PKKKíiHINO. 



*• 



Navegando 
En mi canoa, 
(\m la proa, 

A'l setciilriori, 

Voi sipruiendo 
Del Madera 
La carrera 

Sin timón. 



I CORONEL QUEVEDO. 345 

Y SUS turbias 
A^as corren 

Y recorren, 
Sin <esnr. 
Montes vírjenes 
Que ])<*san 

Y atraviesan 
Hasta í'l mar. 

> En su orijen 

Sus raudaKs 
Son eauílaliis 

Qu'p ílcjé. 
Donde t'n suaves 
Frescas brisas 
^iil sonrisns 
Disíruté. 

• 
A^uas son 
De CaJa-Caía: (1) 
Lujo V ífala 
De verdor. 
Do emhriafrado 
Tantas A'eecs, 
Vi las heees 
Del amor. 

Aífuas son 
De Mifff urina 
De Puiiua. 
Que yo vi 
Ser pintean do 
Por los prados 
Matizados 
De alelí. 

(1) Paseo rodeado do preciosas quintas y mui frecuentado á 
las inmediaciones de Cochabamba. 



346 LA BBYI8TA DE BUENOS AIBES. 

¡Cuantas gotas 
De este seno. 
Que hoi ajeno 
Siento ondear, 
Han rozado 
Las riberas 
T praderas 
De mi hogar I 

¡iOimnítas die éisas 
Han mojado 
Rostro amado 
Al corazón, 

Y han bebido 
De su llanto! 
Caudal santo 
De aflicción. 

Ellas corren 
Escondidas 
Confundidas 
En un mar, 
Donde amargo 
Mi destino 
Cruel camino 
Me hace hollar. 

Yo las busco 

Y no las veo, 
Mi dieseo 
Muere así, 
En recuerdos 

Y memorias 
De las glorias 

Quep«Tidí. 

Y pues nada 



COBONHai QUEVBDO. 347 

■ 

YsL me queda 
Que ahora pueda 
Darme amor, 
Calle y siga 
El Peregrino 
Su camino 
De dolor. 

En las cachuelas del Madera — 1861. 



A LA CIUDAD DE BELÉN". 



Tierra de aromas y flores, 
Bella Belén encantada, 
Don juegan los amores 
Con halagos seductores 
Y con brisa regalada. 

Dama jentil, voluptuosa, 
Qallarda, elegante y pura, 
Que con tu matiz de rosa, 
Sobre la playa graciosa 
Ostentas tu donosura. 

Virgen y casta doncella 
De exubetante riqueza, 
Tierra predilecta y bella, 
Que como luciente estrella 
Te lall'Uimibró niatu<railies3a. 

Hada que en suave corriente 
El rei Amazonas toca: 
Moja tu púdit-a frente 



348 LA EEVISTA DE BUENOi¿ AIRES 

y fecunda, dilijeiite, 
Los corales de tu boca. 

Yo, pros. a-i t o y «trrido, 
Marchito y a^^onizaute, 
De luengas tierras vrnido, 
He Ih^í^ado estreuicrido 
A tu orilla íVcundaiitf. 

Y al contemplar tus «Tistales, 

Y al mirar tu playa Ih^rinosa, 
Olvido los duros niab's 

Y los recuerdos Tatíil^'s 
De nú vida l)orras(M)sa. 

Víctima de nn <leslino, 
l^or mann adversa ;irr<\iado 
Sobre un iiruóto cumino, 
1I(» lle«j:ad() ])('!•« irrino 
A tu suelo ri'irabulo. 

Y l'ati<j:ado de mal«w. 
Por la conjrnja alȒiiiilo, 
lie llegado á tus umbrales, 
Donde encuentro bis señales 
De un descanso apetecido. 

Belén del Parú— 1^<U. 



KKd'KHDos 1)f: la PXTKIA. 

■( Fr.itrilUMltlK) 



I 



Lujoso suelo de azahar, 
Verde alfondira de mis sueños, 



CORONKL C^ÜRVKDO. 349 

Donde con locos empeños 
Un tiempo supe gozar. . . 

Tierra bella 
De mi amor, 
¿Domh* c.íiíH tu puro aroma? 
Donde tu suave frescura? 
Donde esa helleza pura 
De la i)intada paloma 

Que se eleva 
Sin rubor? 

Yo te dejé refuljente 
De brillo y di* lozania. 
Como el alba cada dia 
Mira el devoto ferviente 

Con tranquilo 
Corazón. 

Y ahora, mustia, abatida, 
Tornan á verte mis ojos. 
Ahora enciu'ntro los enojos 
En tu faz ennegrecida 

Que revela 
La pasión .... 

Pobre tierra, tan. querida. 
De mi amor y de mi anhelo, 
¿Donde está tu hermoso cielo? 
Donde tu tranquila vida 

De inocencia, 
De placer? 

I Que Se him hvAio tuis -(laiitíires. 
Tus alegres serenatas? 
Donde las horas tan gratas 

Qu'e yo goz^iil^q. -r^n m'^ [tires 

En continuo 
Suceder ? 



350 LA BBVISTA DE BUENOS AIBES 

i Será que el soplo del mal 
La eorrupcion ha estampado 
En tu rostro delicado 
Su (traapsurente semA, 

Con infamia, 
Con doblez. . . ? 

i Será que un jénio enemigo 
Te ha arrojado su veneno 
En él bañando tu seño, 
CoQi finjimiento de amigo, 

Y esplotó 

Tu sencillez? 
Pobre tierra ! Patria amada ! 
No ocultes tu faz querida, 
Que no es tu alma corrompida 
Aunque se encuentre fie nada 

Por la mano 

De un traidor. 
En medio de tu delito, 
Junto á tu falta postrera, 
Hai una verdad severa 
Que los hechos han escrito 

Señalando 

Al corruptor. 
Yo te miro, silenciosa. 
De tu falta avergonzada, 
Como la flor azotada 
Por la tormenta rabiosa 

Que deshoja 

Su matiz; 
Pero en tu mal sim ventura 
Se revela tu inocencia, 
Como la sola escelencia 
Que Dios dio á la desventura, 

Consuelo 

Del infeliz. . . 
Tacna— 1S49. 



EL DOCTOR DON FLORENTINO GONZÁLEZ. 

(Conclusión.) (1) 

No cumple á nuestro propósito continuar en la relación 
die (lo quie eígruáó á leae lacto ¡de ímcoiQíCiebiMe dmiquiiidBid ; 7 lo 

que hemos dicho se hacia necesario porque, de^raciadamen* 
te, Moirentiino Gonzatez /tuvo parte «aotivia en «sa conjumaciion. 

Pero él era muy joven, se hallaba imbuido en las falsas 
ideas que desd<e niño se le habian inculcado : el fanatismo lo 
arrastraba. Mas tarde, obrando sien^)re franca y lealmen- 
(te, hia aiefprobaxio laquiel ¡atenljado, oaldíioátnidoilo cuati ee (mere- 
ce; bien al contrario de lo que han hecho los principales 
hombres del partido á que pertenecía, quienes no solo reivin- 
dican como blasón esa infamia, sino que profesan la detes- 
table doctrina de que el puñal y las emboscadas son lícitos 
sóiempiie qiee se trtate de d>efiem)harazar9e d)e nun taidvieraario 
políticio, por miuy d/histite quie sea, y á canisa die «esa mjam« 
ilustración: siguiendo tan infernal sistema han asesinado ¿ 
Sucre, a Juan N. Neira, a Jumo Arboleda, etc, etc. 

Lo repetimos: González figuró en esa conspiración; pero 
dice muy en alto que reniega de ese hecho de su juventud, 
que lo condena con todo el lleno de sus fuerzas, i Puede exigir- 
se mas de un hombre ? Esta manera de obrar está de acuerdo 
con 'todios los ax;tos die eu vidia, pues n<eánxyro hia marchado 

desplegando una bandera conocida, combatiendo á cara d^es- 
cubierta, luchando con valor, perdonando á sus enemigos y 

1. Véase la pág. 252. 



3ü2 LA BE VISTA DE BUENOS AI BES 

no dando lii^ar en su corazón á la ruin pasión de la ven- 
ganza. 

En esa misma noche del 25 de setiembre, González im- 
pidió que sus compañeros ultrajasen á una señora á quien 
Bolívar cortejaba. P^sta conducta, así como su juventud, 
hicieron (jue se le tratase c(m menos rigor q\ie á otros, y 
fué condenado á la detención solitaria en los castillos de 
l^ocachica, donde permaneció diez y ocho meses, hasta que 
el mismo Bolívar le hizo poner en libertad. 

A la sazón, Venezuela habia roto el lazo (jue 1(» unia á 
Colombia. Para esa tierra liospitalaria se dirigió González. 
Al llegar á (.arácas, el gobierno le confió la redacción de la 
Gaceta oficial. Durante su permanencia en Venezuela, Gon- 
zález luchó contra h»s que, acaudillados por Monagas, que 
rian 'cchar abajo el orden e*<tabK( ido. 

IV. 

Cuando el hcroe latino-americaní) nnirió solo y aban- 
donadlo en las ardientes playas de Santa ^larta; cuando cayó 
en Bogotá la dii-taduní cfíjiic^ra ilrl jí.'iumm'I Haf;i(^l l'rdineta 
(y corria el año IS'^O), ^lonzalez regresó á su patria, y llegó 
á Bogotá iii nioiiuntos lU i[\w s.» reuniu la ('(mvoneion <»<>ns- 
tituyente. Nombrado secretario de esa aucrusta corporación, 
(ronzaili'z dotado de una iniMiioria prodigiosa, (i)o:lia reda/tar 
to'dos los diseiirvos promineiados, al {¡'vantar-e rada ^-^sion 

Kn seguida fué redador de la (¡anta de la Nueva Grana- 
(Ja, tarea (|iie dtseinpeñó durante un año (1832). 

Ka 1S:{:J fué e'lrixilo >1i'i>iit:i lo ail Congn so, no hi!vbi<^ndo 
sido enviado como re])resentanle á la Convención, por no 
tener la edad (juc entonees se necesitaba para entrar en los 
cuerpos legisladores. De 1833 á 1S40 sirvió en la universidad 
de Bogotá las i-la-es il.« d>re'lu> -.Mín-tiln.'ional, ciencia admi- 
nistrativa y derecho internacional. 

Poco después fué nombrado oMcial mayor de la scoreta- 
ri'.i d.» Tía -inida. En isr)!) p.t-.'» ccn il misino caráetiT á la 

secretaria del ínteiior y I\ela«ion(s csteriores, á petición del 
ministro don Lino de Pondjo. 



DON FU)RKNTINO GONZALKZ. a.-).-? 

En 1836 las Cámaras inii)robaron el fuD^^sto tratado de 
la división de la deuda colombiana (que mas tarde fué apro- 
bado). El niinistorio hizo de ello una cuestión de §rabinete. 
y preseníó su duíúsion que fué aceptada. Entonces Florenti- 
no González fué llamado por el presidente Santander como 
gcfe del dej)artamento del Interior y Relaciones esteriores. 

Ti es mtses mas tarde, el señor Pombo volvió á ser lla- 
mado á ese ministerio, y González se encargó de la cartera de 
Hacienda, en reemplazo tld señor St)to. 

Poco tiempo después fué nombrado go])eruador de Bo- 
got:u y í'U m\ m'^Ov-io en (|uv '(ist:ib:iji •mcA-'hüvlos los Hcnti- 

niientos religiosos de la población, y que llej^ó á tomar un 
eíiirá(4,(»r lalariivante, Vuyn/Ahk'Z ohn') con tal tino y «i'i'lix'i'dad 

que evitó un sangriento conflicto. 

Luego figuró como diputado provincial de Bogotá y per- 
sonen) de la provincia. Por aquella época redactó El Coné^ 
iifiuJonaí en colaboración con los sefiores Rufino Cuervo y 
Alejandro Velez. 

Elevado á la i)rcsidenciai un personaje; que representaba 
una política contraria á la del general Santander, quien ha- 
bía pretendido darse un siicesor en el funesto guerrillero 
Obrin. h), (íon/.il;'Z Iliaco -una oj)(>--i<*¡<>n vií,'ltMita al gobierno 
civil del doctor José T. de Már(|uez. Por esa énoca redactó El 
Cachavo, in unión con el doctor Lorenzo M. Lleras, y la 
Bandfra XariffuaK en colaboración con el mismo señor Tjle- 
ras y el general Santander. 

En IH.'ií), el go])i;rno había ereido político y necesario 
suprinn'r ci(»rtos conventos menores en la provincia de Pas- 
to. Los partidarios de Obando, escitados por ese fatítMeo cau- 
dillo, alzaron la bandera de la insurrección, en nombre 
del fanatismo reliuioso. A González tocó ocupar nn puesto 
en la Cámara de diputados, y j)reseníó un proyecto d*» ley 
de amnistia, juzganílo (jue ese seria el medio mas eficaz part% 
poner término á la lucha. 

En IS'U) y 1840 redactó El Corren. E.se periódico, escri- 
to c(.n ^'UMi.i. li;ibi.'i ]:il, yr^-:! >aiía los sniios ])riní'ini;>-< {^*onó- 
mieos y algunas euesticmes di» interés gi-neral ; x>í*r^ también 



354 LA REVISTA DE BUENOS AIEES 

haeia una violeinta y apasionada opoáidoin «aJ gotriierino del 
Beñor Márquez, cuya política podia ser un tanto retrógrada^ 
á pesar del talento de ese ciudadano; pero que nunca s& 
desvió de la Ccmstitueion ni de las prescripciones legales. Eji 
innegable que esa publicación, á pesar de las rectas intencio- 
nes de su redactor principal, atizó el fuego de la discordia 
y contribuyó á ese dilatada guerra civil que de 1839 á 1845 
asoló las ricas provincias de la Nueva Granada. 

El señor González fué uno de los que, por primera vez, 
sostuvieron en esa república, y esto en las columnas de El 
Correo, la justa y racional idea de separar completamente la 
Iglesia del Estado ; idea que mas tarde defendimos y que al 
fin triunfó, en fuerza de las circunstancias, á pesar de la opo- 
sición de conservadores y liberales. Toda idea justa, útil y 
f^í?un»da, se abre paso y ta<oatba ipor triam-far «con e)l «apoyo de ÍIjos 

mismos que la combatieron. Desgraciadamente, bajo la ti- 
ranía del dictador Mosquera, en 1862, desapareció en Nueva 
Granada la libertad religiosa y la tolerancia de cultos. 

En 1839, González rfiué iele^do neotor de üia uoiávemdiad ; 

pero el señor presidente Márquez declaró que ese emp'ier» 
era incompatible cor el de diputado, á pesar de quie en e^^ 
época no existía en la Nueva Granada la sabia ley sobre in- 
compatibilidades parlamentarias. 

Poco después se acusó á González de complicidad en }% 
¡povolucion. Ci'erto >eina quie com sus vehemeaites pufblicamh 

nes habia hecho nacer la agitación en el pais ; pero él no ha- 
bia tomado parte alguna, ni aconsejado las vias de h-echo 
Por el contrario, al censurar los actos del gobierno, desapro- 
baba la insurrección. En medio de las pasiones que nacen y 
se desarrollam en épocas de guerra civil, González fué reduci- 
do á prisión como conspirador. Dos meses estuvo en. la cár- 
loeil, y no emcontránidose prueba lalgumia conftwi él, fué piQiesto- 

en libertad. ^ | 

Pocas horas mas tarde, se le quiso reducir de nuevo á 
prisión ; pero él estaba asilado en la legación norte-americana, 
y en febrero de 1841 salió de Bogotá con dirección al viejo 
mundo^ ^ 



DOX FLORENTINO GONZÁLEZ. 355 

V. 

González permaneció en Europa hasta el año de 1846, 
recorriendo las principales ciudades y dándose al estudio de 

das eíjeinicáias poflítiioa y lecornómiea. 

Al regresar á Bogotá en 1846, Gh)nzalez halló en el pod«r 
á su antiguo adversario el general Tomás C. Mosquera, quien 
■eotonoes dbnBiba bvecn y mo hiaibiía d^ido <ni iligeros íiDddcios dte 

que un dia llegaría á ser lo que ha sido desde 1857 — el azotd 
de la Nueva Granada y el tirano llamado á eclipsar la triste 
celebridad de Rosas. 

Mosci'uera noirtbro á Floneoftiiio Gonaailez como geífe del 

departamento de la hacienda, y ayudado de sugetos tan enten- 
didos como José E. Caro, Ignacio Gutiérrez y José M. Franco 
Pinzón organizó un nuevo sistema de Hacienda, &mortiz«> 
la miailia imotneda quie serviía die lagenite die caan'bio, fundó <ed 
sistema decimal, mejoró la renta de tabacos, reformó la tari- 
fa haciendo desaparecer todo derecho diferencial, estableció 
la navegación por vapor en el rio Magdalena, hizo que se 
echasen abajo laa principales trabas que se oponian á la 
producción, como la remta de diezmos, las primicias, etc. 
pilaníteó u(n ies^ceiliente sdstemia dte <X)intaibilidiad y 'basó ¡La forma- 
ción die (Los pirie9ii(pu)esto6 eobre ¡Los anjodedos f ramoeiseB. 

En 1848, el ministro del Interior sostuvo en las Cáma- 
ras ideas contrarias á las del gobierno, en materias religio- 
sas. González juzgó necesario dar su dimisión, puesto que 
se cambiaba el programa del gabinete, puesto que se defen- 
dia la existencia de ciertas corporaciones religiosas con ca> 
rácter público. La dimisión fué aceptada. 

El presidente nombró entonces á González como repre-« 
sentante del gobierno neo-granadino cerca de la República 
francesa, y en calidad de encargado de negocios permaneció 
en París hasta 1850, época en que López le envió sus letras 
de retiro. 

González se encaminó á Panamá, y alli ejerció algim 
tiempo la abogaicia. En 1851 fué á Bogotá á soüieitar un 

privilegio para la apertura de un canal que pusiera en comu- 



ííi'í LA BBVIHTA DE BUENOS AIRES 

nu'M/'ion loM (líiH marcM por la provincia del Choco, privile- 
1(10 i\\iv |i* t'iK' otorgado. 

VéU IH.M, Mo^'olá, corno Iuh provincias del Sur, estaban 
i'iitrcK'idiiH olli'iiiliiii'iiti' H loH desórdenes mas espantosos, que 
Mil lUMniJ, i4 \H\ MíuhimI IX)1oi>w Cmnaclio, ha pintado con 
riiw^fiiH i'liM'iiriitcM en un e('l(4)re folleto, González promovi'3 
imiiiu n.««.iH intttiiH/s en <la eapilail, á fin de toimiT «las níec^ 
NMín H MI 'IhlMuS pa<pa ^Uiv p.ix>tKV''ion á te •pe-i'son'as y á las 
priipii'dadeM; y desili» esa feeha. sus ideas políticas empc- 
/.aiMíH a niodiliear^íe profinulanuMite, al contemplar los estra- 
iroN que luie'a la tÍiMua^;oiíia. la "ual anulaba la secruridad y 
la liherlail, ui\t>ean«lo la licencia. 

tlal»i(*ndo revrn^sailo á Kuropa. se Jisoció en Londres con 
Hir Ch.iiK's l'ox. \ juntos onrani/aron la iomisiim esplorado- 
ra Ipil* In o h^s pi micros estudios di'l />(p/< a. 

l'n |s^.»".* fue i It'^ido VI u.idor. al n\isnu> tiempo que uni 
compiíuia de l.oudies le niHubraba eo!uo aírente en Xue^'a 
iJ^auada para hacer la adquisición ile alirunas minas de oro 
*^n Au:.*spna IV >. **.pv m.IvÍ » ota rv^u; >ion á contentamiento 
de !v\N uUxíwidvw^ ^;ii:»rNv» a! SvV.a.i»^ cu Iv'^'k y fué uno de 
\^>» V ;,' í.kíx v\^ ;:^\'».;\ . on a ^^;v^ n.-; «r.ar.i \i 1* ■:i-::t.i -ion 
^l,^ ax;.;.'» a'o ^í le .x^v.!v. a c! c 'r**> :\ i»- las r-t'^rií^as que 

k \ k k « • 

> • ^ ' V V ,v, * ' . •* ** ^* ^ • ■ .^ • r* 'kr. r-^ el 

• v' V .. V V X --^ , *'i a 

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« ... 



V >. V >. X. * X. •♦ ^ X. « -. . 



♦ ■* 



DON FLORENTINO GONZÁLEZ. 3Ó7 

habla hecho una revolución para proclamarse dictador; I*u- 
b¡:i si vio vt'iiv'iiJo; s;» ile hnhm mnisíniio ante 'A Congreso, y las 
Cáiivaras k» liabian dapiuesto so'lanKmte ile sus funciones. A 
Giynxiúvz touó a'.'^u*irlo lau'te üa Kuipneina co<i*<te ile Justit^a. 

Ejerció las funciones de Procurador general hasta 1858, 

y t-opriiQinnílt) su ptirioilo ik^all fué n'Oin'brado Procuirador ecspc- 

cial para defend'or el pleito que sostenia el Pisco contra la 
compañía del ferrocarril de Panamá, el cual ganó en todas 
las instancias. 

Estando de Procurador general dj la nación, González 
tuvo la desventurada idea de proponer la anexión de la Re- 
pública á los Estados Unidos de la America anglosajona. Co- 
mo digimos entonces, el proyecto seria bueno si solo se tra- 
tara del progreso material de la tierra, del impulso que se 
diera a la esplotacion de sus riquezas, sin tener en cuenta 
esas grandes ideas que son la gloria y el patrimonio de todo 
pueblo — la. existencia de la raza, la conservación de la so- 
beranía absoluta, las tradiciones, la aspiración hacia uu 
porvenir mejor bajo el espíritu de la propia nacionalidad y 
de las antiguas costumbres. 

En 1859, González fué nombrado ministro plenipoten- 
ciario cerca del gobierno del Perú para mediar en las dife- 
rencias que existían entre aquel y el del Ecuador y para some- 
ter al juicio arbitral del gobierno de Chile las reclamaciones 
que hacia la Nueva Granada al Ecuador. 

Habiendo pasado á Chile, González ejerció sus funcionefl 
diplomáticas ha.sta 1861, y 5»e ha radicado en Valparaíso, 
donde ejerce con brillo y fruto la abogacía. 

Vil. 

'* Entre los dos medios que hay, segum Sainte-Beuve, 
de empezar la vida, y sobre todo la vida pública, el prime- 
ro •( s 'pívr la csnvncia, ia pasión, ifl a^íoeso, por eil asalto que 
se da á las «cosas como lo hacen -los aniiantí^, los poetas, los 

entusiastas y sistemáticos de todo género." Asi se estreno 
González. La pasión, el entusiasmo, ma.s que el entusias- 
mo — el fanatismo ¡o guiaba. Para él no había mas Dios que 



358 LA EEVISTA DE BUENOS AIBBS 

la libertaJd, y todo an'eKÜo le piarecda l>a«aio y aioeptatole se 
tendía á la defensa y conservación de esa libertad absoluta y 
sin restricción, aun contrariando el derecho ageno, que vie- 
n€ á parar en la grandísima inconsecuencia de destruir la 
libertad, pues no hay derecho contra derecho. 

Siguiendo tal sistema, escribió diarios, redactó obras, 
dio lecciomes en la universidad, tomó parte en la administra- 
ción de la cosa pública. 

La esperiencia, las decepciones, la edad fueron poco a 
poco imodiifiícaindo lias dd-eas dte lese 'espíritu tan constante en el 

estudio como tenaz en la lucha. El partidario de la liber- 
tad absoluta y del principio utilitarista empezó á predicar el 
deber como base de la moral y móvil de las acciones huma- 
nas, y á -enseñar que la libertad no puede andar reñida con la 
autoridad. Como liossi empezó á reconocer *'que el Estado 
no es una pura abstracción, sino una persona moral, cuya 
vida, aun cuando comunicada por los individuos, no es 
por eso menos distinta de la de cada uno de ellos. Que «el 
Estado es, hasta cierto punto, un ser organizado, cuya mis;on 
consiste en ayudar al desenvolvimiento de las fuerzas so- 
ciales, a pon'er la fT.i'er2ia coteeti'Ana al ®erv-i<?io de los leisfuerzos 

individuales en el caso de que fueran impotentes esos esfuer- 
zos entregados á ellos solos." 

Como Rossi, citado por Baudrillart, González admitía 
la distimcion entre ^'Estados compactos, 6 que suprimen y 
absorben toda la actividad, sin admitir espontaneidad ni va- 
rieidad. Estados activos, ó s&b. los que ayuídian al desen- 
volvimiento individual. Estados defensivos, 6 sea los qub 
Be dimitan, 'poco mas ó menos, á dar seguridad. '* Hasta 
1840, González prefería flos Estados defensivos. En 1846 ya 
era partidapio de los Estados Activos. En 1857, viendo ios 
males que la demagogia habia acarreado á la sociedad, por 
un cambio rápido, se decidió, si no por los Estados comvactos, 
si por una organización política que escluya la soberanía po- 
pular y dé mucho tono al principio de autoridad. 

Es Condorcet que se cambia en Maistre. Pero no; de- 



DOX FliOREXTIXO GONZÁLEZ. 359 

cimos mal: si González ha modiñcado tan sensi})lemente sus 
principios políticos, siempre es partidario de los mas bellos 
principios de la ciencia oconómica, pues es un admirable 
economista, y quien conserva la fé en esta ciencia, conserva 
la fé en la libertad. 

No fuimos partidarios de las teorias políticas y filosó- 
ficas que González profesó hasta 1840. No k) somos de sus 
nuevas teorias de conservantismo oligárquico. Pero siempre 
reconoceremos en él sinceridad, buena fé, un espíritu eleva- 
do, un corazón ageno al odio y á la venganza, suma ilustra- 
ción y santo ardor en el descubrimiento de la verdad. 

González, hombre cuyo distintivo es la franqueza, dice 
•muy •€© ailíto que el estu'ilio y ila, espeírien'ciíi han «modificado pro- 

fundamente sus ideas. También obraron asi Royer-Collard, 
Ghateauíbriand, Rossi, etc. 

**Lo que mas se usa en nosotros es la voluntad." Pero 
•en Gonzakz no se usa: liberal exagerado, — ^tribuno demagó- 
gico, — liberal de orden, — conservador, — siempre es el mis- 
mo : amigo de la discusión, razonador, pronto á entrar en liza, 
desdeñando en todas ocasiones los ataques personales y yendo 
a1 fondo de las cuestiones; a veces dogmático, pero siempre 
luminoso y culto hasta en sus arranqu-es de pasión. 

El estudio y la esperiencia le han hecho modificar sus 
ideas, y en esta cla^e de cambios, cualquiera que sea la nue- 
va bandera que se siga, siempre es de respetarse la sinceri- 
dad de convicciones, la lealtad y la buena fé, asi como e:> 
despreciable el que por medros personales toma alternativa- 
mente todas las cucardas, viste todos los trajes y entona el 
hosana á todos los partidos, — ó el que pasa de un campo á 
otro estimulado por la venganza ó el interés. 

M. de Girardin ha dicho con suma razón y alto sentido 
político: ^^VÁ hombre <|uic* por aniedo abamd'ona su opinión. 

es un cobarde; el que la reniega por interés, es un bellaco; 
el que no admite como exacta otra opinión que la suya, en 
un idiota. El hombre que contesta que la opinión sea va- 
riable por esencia, es un ciego que no vé lo que pasa delante 
de sus ojos. La prueba de que la opinión del hombre es 



1 

I 



360 LA BBVISTA DE BUENOS AlBES 

esencialmente variable, está en que ella no varia únicamen- 
te según el grado de estudio que se hace, sino que varia se- 
gún el grado de claridad que pueden suministrar los estudios 
que se hagan. '* 

A González se le puede aplicar la última parte de la lu- 
aninoíja i^spociiciom de .^I de Girar. lin. 

Hemos dicho que el eminente Rossi también cambió de 
ideas filosóficas y políticas. Ya hemos hablado de sus modi- 
ficaciones en la apreciación de las tcorias gubernamentales, 
y todos saben que cuando residia en Ginebra era ardiente 
partidario del principio utilitarista, que después combatió 
con suma eloiuencia. En esto la analogía es grande entre 
Rossi y González. 

Puesto (|ue González es neo-granadino, y que su cambio 
de creencias ha venido al ver los malos inmensos que á su 
patria ha acarreado la demagojria, de que un tiempo él fué el 
supremo director, es preciso decir, que no es á la libertad 
á la que se debe acusar, sino á sus falsos apóstoles. Que la 
libertad sea bastarda, anulada por los demagogos ó lofi abso- 
lutistas, su esencia siempre es la misma y es la única deidad 
á que el hombre debe tri))utar culto desf)ues de Dios, porque 
siejido la Justicia, es la hgitiina emana «ion d» la liviniJad. 
En Nue\m Granaula las ins^titucioni^s lian si. lo li Inórales pero 
los hombrías no las haai practi/ad\>, ó las lian íJoiu.ti.lo á la« 

inspiraciímes de sus intereses particulares y de sus pasione». 
En aqU"t41a Ri»públi:*a, como -lo <1 •'mostró A ilustre Caro, lo 

que debe defendcrsi* ante todo es la cuestión moral, íQu4 
importa á los neo-«?ranadinos tener una ley que garantiza la 
libertad absoluta de la prensa, de reunión, de petición, la 
separación de la T<r]«'sia y del Estado, etc., etc., si el primer 
caudillo (|ue st» prochnua dietador, ó (pie ejerce la dictadura 
sin asumir ese título, da un decreto suspendiendo el ejercicio 
•de las garantías iuKliviidnal.'s, si fucila á los ;mu liulinos ino- 
centes, si confisca las propiedades? Xo es la libertad la que 
ha hecho atravesar á la Nueva Granada por bus mas ruda» 
pruebas, sion que es al contrario la carencia de toda libertad. 



DON FLORENTINO GONZÁLEZ. 361 

Hoy González dice como -en otro tiempo decia Cicerón: 
**La virtud y la elocuencia se han dado al hombre como dos 
armas divinas para entrar en la gran lucha que está abierta 
entre los hombres de bien y los malvados, entre la república 
y la tiranía, entre la anarquía de los demagogos y la libertad 
de los buenos ciudadanos." 

González es hoy espiritualista en cuanto á su escuela 
filosófica, tolerante en política y en religión; y en cuanto á 
formas de gobierno creemos que ha empezado a reñirse con 
la forma republicana. Pero el economista guiará al político. 
La ciencia de la P^conomia política será para él la antorcha 
que le dirigirá siempre en el camino de los liberales sinceros, 
y ^en coia^nto á da ideQnocíra:í''ia, cuando ed auiismo vi";*jo mundo 

camina mpiJaiineiite hacia ella, Gon^Milez no du^jará de ácrvir- 
l>a y d»e propender .por sus legítimos desairroHos. Hablaanos 
de la democracia que eleva al nivel social, que abre el campo 
á todas las inteligencias y á todas las virtudes: no de ese 
sistema inventado por las nulidades envidiosas que se es- 
fuerzan por hacer descender el nivel social, dando tan mons- 
truosa idea como la última forma del progreso. 

Como Stuart Mili, González sabrá sostener la alianza de 
una gran libertad con una autoridad fuerte, aunque bien 
simplificada y definida. Este será el credo político del por- 
venir, 

VIIT. 

Los escritos de F. González llevan el sello de un método 
científico: en ellos siempro se hallan un plan, orden lógico 
en la ilación de las ideas, estilo preciso y vigoroso. Ese escri- 
tor siempre va á los hechos y trata las cuestiones bajo todos 
los puntos de vista. La deducciím y la observación le sirveu 
de guia. Es á la vez especulativo y esperimental. Es de sen- 
tirse que el jurisconsulto, el político y el economista no sea 
un poco mas literato. Sus producciones ganarían á veces si 
tuvieren un barniz mas literario. 

González ha escrito mucho, y si reuniera sus esrcitos po- 
dría formar varios volúmenes. Ademas de los diarios que en 
otra parte hemos citado como redactados por él es preciso 



362 LA REVISTA DE BUENOS AIKES 

mencionar que en 1859 colaboró en el Porvenir de Bogotá, 
que en 1862 se hizo cargo de la redacción del Tiempo üc 
Valparaiso. "^ ; . ? 

En 1840 dio á la estampa dos tomos que comprendían 
un curso completo de ciencia administrativa. 

En Chile ha dado á luz algunos trabajos de alto interés, 
tatles «como uma disar-taeion isobne te «man-era como se debe 

entender el uii possidctis de 1810, al aplicarlo á las cuestiones 
de límites territoriales que surjan entre los diversos Estados 
de la América latina. Este escrito, tan apreciado en América 
y elogiado en Europa, es de una notable originalidad y revela 
en -el* autor vastos conocimientos como jurisconsulto y como 
diplomático. A propósito de esa cuestión, González haco 
una sabia y oportuna diferencia entre lo que se debe conside- 
rar como disposiciones de derecho civil y para usos civiles, 
y lo que pertenece esclusivamente á las relaciones entre Esta- 
dos independientes. 

Ohi'Le tema ya am e^eelentie código ci\^il,' obra del saUo 
venezdlano señor Bello El neo-granadino señor González 
ha querido pagar ia hospitínlidad que le dispensa la Repúbli- 
ca «oli'il-ena liaeiéndole «el preseote die U'U Código de Enjuicia- 
miento civiii, pa-pte adjetiva de la jairisprudtencia qoie debia 
comipletar ol trabajo dd miigo cdvil sustaoitiivo. 

Esa obra es, eomo decia el Araucano de Santiago, 'M-a 
esppeision de la <?0P:lupa del juriseon'sulto y de kt esperi-eneia 
diel jaiez.'* Aun cuaindo conti<eaie útiles iln'no^^-aleionle8, es «n 
ir-e«ú'nien d^e las mejores disposi'oiones de ila «l-ejislacdoin fran- 
cesa, ingilesa, española, etc. 

El (mismo diario citanJo de^ia : **EI señor Gonzaliez há are- 
corrido todo el vasto campo que comprende la jurispruden- 
cia civil é internacional. Al estudio añadió las funciones 
quie leoprigen las ideas «abstraictas y que dan «1 espíritu las 

nociones positivas, el tino de la aplicación, la oportunidad 
y la utilidad. El profesor ha tenido la esperiencia del abo- 
gado, del juez, del ministro, en la lejislacion civil; y la espe- 



DOX FLOREXTINO GONZÁLEZ. 363 

Tiencia todavía mas preciosa del diplomático en la lejislacion 
internacionaL" 

El señor Slontt, qu-e a la sazón estaba de presidente de 
Chile, dirigió una carta al señor González, en que lo felicita- 
ba calurosamente por su hermoso y sabio trabajo. 

Vina obra de este género no se analiza en pocas linean, 
sino que merece un estudio detenido; y esto se saldría del 
cuadro qu-e conviene á este pequeño trabajo biográñco y bi- 
bliográfico. 

Y no satisfecho con tal obra, el señor González ha ob- 
sequiado á Chile con otra que no es menos importante: Un 
Diccionario del derecho civil chileno, 

Bl Instituto 'hií?tóri<»o dio Praorioia ha peí'i'lvido con aprecio 
«n ípstuiclio muy iuminoto y (li^ieoiido qu«e ri símar Oo-nzalez ha 
hecho del código civil de Chile. 

Las obras de González no son de las que pueden estrac- 
tarse, para dar muestra de su estilo y de su ciencia. Se 
estudian para instruirse y para aprovecharse del estudio y 
de la esperiencia agena. No hay cuestión alguna de organi- 
zación ipolítioa, fiooi-al ó económica que Gxynaalez 'haya dejado 

de diiscutiir, y esto con swrao acierto, estido preráso, lógica 
implacable. La argumentación de González es irrefutable, 
y cuando entra en polémica, ya sea en una cámara, ora en un 
diario, hace girar ^n todo sentido al adversario, se apodera 
uno por uno de los argumentos aducidos, los analiza, los 
(refuta, Ixmía caierpo é cai«erpo lall üdiador, lo unge, «lo estre- 
cha, le cierra todas las salidas; y cuando lo ha vencido en el 
campo de la discusión, le lanza alguna picante ironia y luego 
le mira con una sonrisa de compasión, para dejarle libre en 
su derrota. 

En los últimos meses cuando redactaba el Tiempo de 
Valparaíso, escribió sólidos artículos que han sido muy aplau- 
diidos por los economistas de Paris, co(mbati*pndo los proyectos 

sobre Bancos nacionales, el sistema protector, el del papel- 
moneada, el de m-arina nacional, etc, cuestiones todas de un 



364 LA BE VISTA DE. BUENOS AIRES 

interés práctico, pu-esto que andaban discutiéndose en los 
diarios y en las Cámaras. 

Pero uno de los trabajos mas serios y útiles que Gonzá- 
lez ha publicado en estos últimos tiempos es el que lleva por 
título **Lajs Reipúblicas his'pano-aiueriiíanító y «bl uti possidttis 
ale 1810", de^janroHo y <íOinplemento d-e las Notas (jue sobre 
«1 íiuismo aisuauto dirigió tal gobierno neo-graniadáno. El au- 
tor rompe con las iileas sostenidas por oin conveneionali-amo 

rutinero; pone de manifiesto la inmensa diferencia que exis- 
te -entre un acto de derecho administrativo y civil interno 
icomo es iüI interdicto idiil uti poasiihtír y un a'cto intem-aeional 

com)o t4 que debe reglar ilos )límiti\s «entre dos Estados inde- 
pendí i'cntes. lios 'límiftt^s no «o fijan j.amás 'por intercli-ctos, y en 

los tratados so tienen en cuenta la voluntad de las poblacio- 
nes, la homogeneidad de intereses, las necesidades apremian- 
Íes, »en el presente y <m «el ipor venir, d'e ira'dia Estado. 'Rae 

trabajo, que revela nuicho estudio y profunda meditación, 
deben tenerlo si(»mpre presente los estadistas y diplomáticos 
latino-aimoricanas. T-enenios ejitendido (}\w una .revista acre- 
ditada de Paris se ocupará en el examen de tan lumino- 
so escrito. 

El señor González pertenece á varias sociedades cien- 
tíficas de Europa, y entre ellas á la Economía política ds 
Paris y el Instituto histórico de Francia. 

(lonzíilez está «en la fuerza de 'la edad, y como nunc*a deja 
de mano los libros y sigue con solícita diligencia el desarro- 
llo de las ideas y las conquistas que hace el espíritu humano 
en todos los ramos de las ciencias, está llamado aun á pres- 
tar grandes servicios á la causa de la civilización en los pue- 
blos del Nuevo ^lundo. 

Rico de luces y de esperieneia, con un espíritu elevado y 
una alma que ha lh»gado á las ri^giones serenas de la obser- 
vación científica y de la meditación provechosa, después de 
haber atravesaido ilas lK>rra>se(>sos mareas de la i>olítii^a mili- 

tant'C y de las ardientes poléimcas de los partidos, el señor 



TK)X FEDKRÍCO BRANÜSEIí. 305 

González puede dejar tras de sí huellas luminosas á la juven- 
tud amerieana. Ya lo ha dicho el poeta Lucrecio: 

Ei quasi rursorcSf vifai, lampada iradunt. 
Paris 1803. 

J. M. TORRES CAICEDO. 



-•■^^-•- 



EL (JEN 10 DEL MAL 



(ARTA INTRODUCCIOX 

Mi osiinuiilo amiiiro: 

t'oii motivo do haberle ol>se<|iuado alirunas producciones 
literarias ilel eubano don Pedro Santaeilia^ ha querido usted 
\o ev^MUini jue ih»tKM.is de él, y aun<|iie no las poseo detaUaJtts^ 

le Mnninistn> las siiruieiites. 

K¡ s^ñor Santietlia iiaoi,K> ^ni la Ilalvuia en 18«Í0 — des- 
de su temprana e^iad fué atieionailo á las Musas, y i los 14 
anos, díS'H^so de **enMir el srusto por las cosas puramente 
et»'<j'«i>\ ensiuando un j enero de escritos, casi desconocido, 
entoiu t s rn la isla, á ]>esar de sus hernK>sas tradiciones bis- 
tvTuas"— tsrribit» una leveiula en prosa iH>n el título de **La 
01.1 va ^i.v In i:o*\ o:i\\> pro^vi^> « inrery^uite. 

La otn<:;ra de Ouba pn^hibió se imprimiese en lS4t, k 
t;\\\sA de v'itrtas alusiones politi^'as. 

Mas Tar.u\ tn:m^s.« las filas de h^ llVrales Tlabaiieros 
<^r.e ai.>ialan la r'r.,«:u pao'on de la Kla. y tanto p*>r estov 
t^v'A^ -jV\r ^.i'^^r .v.trj :o en ar^r.oni.is^u; ^Ktn.f.ts la siUiacioD 

dfV'.x«r,r:\e d- su diSirra.iada t^orra, sf le candujo á Iss eá^- 

t 1: s *lt ".,; F- '* r.<';'a vivn.ír vvmru?^^ uro de sus mejores tía* 

, ,^ >v : Ms^ >ir la n^r.^oríví^'^n Ot\ wr^^ y 2o prvfuiido de 

í s \:» :.?v Fs.; i.^v-x\s:, \*n e^ni cv: vju .;; rv:.is de 



. E LGENIO DEL MAL. . '¿ii7 

I\>r «lia eo!nmÍ9eír£ücion dfe Isaibel II, (£aé poueato en dibertaid, 
pero eandemado ail estrañamiento perpetuo úel imtimy 9uelo. 

Em su >vmje perdió (Los banrtaKloiies idie umsi ^umgmíikía. Le- 
yeaiidid', aailviaiiido úntioainieiite lia óintixxlTiioeioii que corne impueBa. 

Comió Hjordílita, caoitó ÍLéjos ide su ptatrdta, (Ujevanido ikt idtaa 

descondoiladopa die no vierla (mtas Eiiüupero, Ins iii<evie6 d-el 

Norte no <enírd'aron «1 fu'ego die su inspApaeion y desde su d-es- 
tóienix) mialLdigo tk {Diaeion q^ie su'byu^ a/un ¿ su tenoantadora 
Coiba. 

Ein leü mies de tenfetro die 1855 se •enoontiiTaba en Nnievia Or- 
'leíans. AlMí /tottadugó y anotó ¡el ^aimoso /f oLkfto die José Mazzini 
— **E1 Plaipa en lel Siígllo diez y niuefvte'' — del auad se hiei«ePon 
dos letüfcionofs. 

En la icm«daid de Nne^ia York, dio á luz la colección d»e sus 
poesi-as, <?on lel epígrafe d^ ''El Arpa del Proscripto/' notables 
por su flnidez y elevajcion de pensamientos. 

EstaibíLeitíido en Méjico, oonitrajo miatrimonio oon la «hija 
iniayor del iloistrie Ju'a)r«ez, Presidiente d»e esA Repúb&a (dje 
quien íes hoy seoretaiitio priiviaido,) y en 1861 — 62 oscribió el 
fantástiicío * ajenio del Í^Iiar' y Has ^'observa^cioneB al disouirso 
deil temibajador español don Joaquín F. Paxjbeoo." 

Du'i^anste mi residienieia en aqai'clla "cáaiidaJ, tu've la satiis- 
faocdon do oonocter personalanjemte lad señor Santacilia y en- 
contré en él, no solo ail trovador de al^ta inspáinaoion, sino tam- 
bién al RepuJblicano de sinceras oonfvicieion»& 

Es lastimoso oiortanDente contemplaT á la sedutora Ma de 
CuJba, perla oodi<ñada del arohipiélago de las Antillas y cama 
do jénios oorao Qa Avielilanieidia, Mendivie, Milano, Yoyes, Be- 
tancou^rt, Briñas, ToOon, Alfonso, LarateeS; íV>rnaT»is, Renté y 
otros infinjitos toloraír »el dieRpotismo de ia doraónaieion ostran- 
jera. 
^ Pero no oh'dd'emos para honor de la misma, que aqu-efllos 

die sus 'hijos qiio han pnertJendddo Qibortairla, mmeren como ol 
inmortal oantor dieil Niág»a(ra len id ostracismo, como ol dul- 
eisñmo Mulato de Matanzas en él patíbulo, 6 cual Santacilia 
j tantos mas, mtendiígan ani^ustiaxios <el pen «amaírgo del pros- 



:»68 LA REVISTA DE BUENOS AIRES 

ori])to, '(U^snvaya»fla (|uizá la ('spi ranza ele volver á ver un dia -A 
aníHeiite >ol del tri'üpieo (¡ue alu'iiihn) su eiina y entibia e\ se- 
•pulcro 'iK» >nis innyons. . . . C^invlo iK* ustml «ete. 



Secrotaria do la Legación de HoliviaJ 
Jiuenas Aires, 4 de julio de 1S()S. ^ 



JULIO QUKVEDO. 



E L (J É X 1 o ü E L M A L . 

1. 

Era un ilia lúgubre y triste. 

C'iinKnas nubes euliria^n ol liorizonte; til sol habia voLido 
«u lux lesph luloicsí, y unii .iensíi niebla Lli^naba por tí.i:iás 
]K,rtestla inniensivlai.l iLl < -'v^ •• ^ 

El |?ónio (le 'LikS tinieblas liabia estemlivlo sus negras alas 
N<;bie t4 universo, y 'las sombras ib» la noelie t^nlu tabau ila su- 
•|>i^rriiiie ale la tiorra. 

(Xsinin» y sin rt^splaanlort^s el eielo, ipe<"a'ba e^jino una btWtí- 
<(la lie 'plomo >x)bre 'la <^ivaeion. 

Vn 4iire t'rio y gla.*ia'l eoiuD ol balito de la muerte, mi^a 
•ilóbi'hui'Qitie lias ydtíis in>pas ilv K>s ái'bjKs, ri/aiuK) apiiKus \x 
<|uieta planieii* ile las a^fiias. 

EnmudenKkis 'las aves, pleg'alian sus torna silladas plumas, 
y huian á oeulta^rse on la espesura del bosque. 

Stílo el pájaro a^oKro batia sus parJas alas, lan/^indo al 
oru/Mir su t'atídi.o trni/uivlo, pré^a^> ile .b)lor. 

Las t'lures (lik]»l;íl>an niú>»tias sus eon>l:is e:u balsa: na vLis. 
y Uis .pinta los in-v -Iik no ^usuria'\m a' \irrt^s .uti«' .'^UÑ ¡>«'taios 
temMa.JM-es. 

l>t» Ve/ ^-n euuKÍo, e<vUe!iá'M-e á lo 1 \j x <] e-¡>ant05io 
rug; lt> del tig'iv en la iw/uri.h; I iK* las cavernas. 

El m;r muiria M>rJ;mhutv\ '-airaban los r lá'npaatH el* 
lirurriíH-nti^; y v'l e-íía'upi.lo )i-»!**Ímmv» A A tru-no, ha -i'^n lo n^- 
t "ubl 'r el rr. -1 v> 'uiin-h). pir. ''.a '.>íKn«n- 'i'.» ru sus •i'ui nt.>:<. 

K\ \ un lia i! ^ lu.\v». 



£L GENIO DEL MAL. 3G9 

La xmtU'nuil'e^aa antiera gieiuia bajo «al influjo maléfico <lel 

<ÍÉN]!0 DhOL MAL. 

l\)k]io ae'uucdtaiba qai<e lallgo idie lespaíiitodo iba á suoeder á La 
iiU'Ui}ainid>aid. 

IVxlo 'pra^a<g-i}»ba que mi suceso terráfaie i'ba á temer lugair 
•en lod AualLes deil orbe. 

¿ Cjiíé sm^eKÜa icm «aquiél i<ust]aai1)e i 

¿Ouáil laeontiecmid^eiito prodiiicia esa trasf ormacion ? 

OM, lodid, j 

II. 

Sobne 'uai trono úe hienro sailpiciido de sangre y (rod-eado 
<l>e un inar de lágrimas, en ios oscuros «uitros dd. Averno, se 
encontraba senüidio *A genio del mal. 

Su frente pianecia abrunuadia bajo él peso de un'penaa- 
tmi-ento diesgaorrador. 

Tenia los ojos 'bajos, fdja en «el suelo Qia f-eroz mÍTiadia, y 
•utna lesprBsioai indiefi'Diiblte de «D^stíia y diesesperaoion m ipdn- 
tai})a len su isemblan^e, baici'endo laoim mías territble él BBpecto de 
íni rostro infeírníail. 

Todo -se halia'ba eai si'lieneio. 

Kl GÉNK) DEL MAL p«recia «abstraído "eomptetaíniente en 
la iiifedibaieioin. 

Üe vez «en 'cufáindo sus faoeiones se Kíontraíam, temblaban 
sus labios, eri59ali«!ni9e sus oa-beillos. 

El GENIO DEL MAL sufim y ludiaba por «noontrar una 
idea. 

Así permauíeeió largo «tiempo. 

Duramitie me ti*eirnpo, la •erea^íion entema •p»rKH.*ia laguiairdar 
su.spen'sa <A r(«nltado de aqaRil'la mMíditaeion. 

De <r(^ptinte, icomo suiefl/e iLa irojdza üaíz del oiélámpiaigo 
«ilaim!l>naír iniomentáneainDcoite la lobneguiez del leapacio eoi la 
Oíw*u ri'díid de la itoniüenüi, nim Inz sináiestra panieció diaiipar 
■díe íproiito la narl>e tétriíoa <Iq ansiiediaKl qaic osoinreem la frente 
maildita deil aÉNio infemiail. 

Una sonfrisa fatídica agito sus laibios icomiprimádos lisasta 



370 LA BJfiViaXA D£ BUBKOfiS AJBm 

^íkíamom (por la uoaeditaieúocí ; qhii^pcttirogí sus ojoB «ajihikado& 
por *uai& ai];()giria sailvaje, y vbosl >(;l)a<riid«Kl ííosíóx^k» M'iMmiró rá- 
pkiauQoíeiKte eos áitíháíioB kM Advéralo. 

El oÉNK) DEL MAL eBt»/ba satififecho. 

lliftbiía tm<oon'tjr«ick> su idem. 

AqiiéíkL klca hiniiliít en su ee>rebro, ooopiaba su pensaink*!!- 
t», 'IfleDiaibái su i'nmgiiD'aekm. 

fiottonaeB «1 nmindD ae leaninaviió len sus <3Jied, y 'la hu- 

iiiaaikktd liamzt) tioi giriitx^ de xkilor. 

Porqoíe ^é. genio del mal >l>aibita •emíontraido su idea. 

¿ Y cuál era lesa icha f 

Oíd, aid. 

III. 

W QÉNio i'>KL MAL •etft^^odk) SU Qiaiy), y tle tloi» profundos 
antros del Aveipno se IcvaíDíteroai rnnúnigro» iJantasraas, ijue 
<«>nK> soniiynaa aéR'sis ae pipoyec^tarooi en >>aA ^Fnúeb^Las, y ere- 
ciieroai; y onei^iieiFOiD h4«ta tofíiyanr proporcioDes -ccdosHíles y di- 
an4f<nsáoaaie8 gágiarntesons laíl aioeroan^ á su señor. 

íipan '1«S M ALAS PASIONES. 

Las MALAS PASIONES, maicáidias y ooB»eff"v«)das ^^n ol Inñer- 
oo, farmaiKiai l-a corte 'dkA genio del mal. 

Tioclas cs»e a«proxiimi«ro(n <ail tromo y esperaron 

Así (pc'/rniianfeci'eTon ind^uiíios iaD»ta<n1)eB. 

Bl GENIO DEL MAL paseó í3u luáraidia trifunf«ai>t»e sobre aque- 
•)1« 'leJMMQ torrífioa (tel orimen, y sus ojos <íhisp«mm nueva- 
miieai'tJe, y otra vez sus 'labios í50ínírk"pon y t'ombló de nuevo la 
Círeaxrioai, y volvió á geiiuir t«pantflKla 4a ImirajaniKlad. 

Pcvrcfise 'd genio del mal !aioa»nk?ií)^ha -en d peíisaimi'eai.to Ijí 
Adiquásicáon (U su idea. 

Por Mtímo, (tesp^neb <le «im raoraienlx) de p(au<9a, «el g^ic^ 
dsl MAL haW). 

SanDeiflAte >aíl (€«!bruiffliick> «t«rrador q\w pncxluce «•! «r- 
dienlie erétor d»e(l 'mkoasi «i 'vooürtiar ocxd Ímpetu la <ef»e>endHÉt 
ftavA qnie bulüie y feranenta «a ed fofnob eoloíaiaido die uta masía- 
ña ; asi fué ikomlAe y «ilponadiar «ei eslruieodo que <re0(M]¿ en 



EL GENIO DEL MAL. 37 1 

el Averno si ahrdir ai boca «d fwtkfóco genio para ilasi^ar las 
ptil^ibnafi <]Fue bncptatran en su peeho. 

— **Aií«ix3iaas" — íHjo ookii hoifriHoaia voz — y ka Sapirtia» 

— * * ílsc«ue]i«id ' ' — agFegó — y im Esfpmánxé esouehitran. 
¿Qué les dijo <el qénk) del mal? 
Ok}, oíd. 

IV. 

Habló -ni GENIO DEL MAL y así «se eapli-có : 

— **IIay iwi Dios — <tíjo — foroió m1 -manido die la nad'a y 
SJWN) ddl Kíaos la ereíaeroin. 

**E»ese Dios, pod'enoQo y grande, dirije «los djestínos del 
'^i*%c. 'ilÍK])Oiie Ja ína.rcha úe las estainoiD'eá y preskl'e la wla 
dei généi'o himiano. 

**Eíl arregJó el orden d>e los ti-einpos, inRainó con ím^i nii- 
padia tí! benéfico fwigo <lé. solí, y eubrió de fl»iníg»epa8 =e»tpe- 
Uas 'la lesplííndorosa <bó\'íeda del ciedlo. 

Eií "dirigie Ja 'nuarclm de ilos astros que vagan en el espa- 
cio; aüriiventa 1o*í insaeftos qivve se <iiia*ltíiipl>kiaai e«n la tierra y fe- 
cúndela his plajitas q'U'e creceai en ila campiña. 

**Sn a'li-ento pierfaima la enettvi'dkla <íorola <le 'lia fla^ r 
maxlura é\ gireuno «en la, doradla espií^'a <iuip nieee el viien^to. 

**Por EL n«eiieron kis a^ves qnie viven eji e>l airíe, loe pe- 
ees qvfe haibitan la profimídsdaxl d^el octano y los reiptiles qvte 
«e aflbergían ^vitre 'las hirmediats maíliewis. 

**E(1 ít^-wntó lias montañas qaie se pierdien entre la» mi- 
bes y eBteoidtió (kis llaflra«rafi epue se rKlifttiR<n ha»l)a el) horizonte. 

*E1 encainina «aa loe earoipofl left mia.jest«iW9o curso «de Um 
rio» ; «u jel!a «en las pAayae «A impetiu de Qos mAi^ y gOKirda en 
el seno de la nu'be las sotsts papí?mniaK «deil roció. 

' * E«3e DIOS justo, potrleroso y ^nm-ie, es el Padre de Id 

*'Corao paidiTie amoroso, qoiaene solo y ain»lwila ia felieidad 
4e sus hijos, í quienes cneó para que ftwscín diichooos y rÍTie- 
coint3entos <en Ja poser^oo piaciiiiíea kM inundo. 



3í 2 LA BBVISTA DE BUENOS AIBES 



n 



Por -eso )íi»o el iikumdo tan bello; porque el «inumio <1¿ 
bia ser lia morada <le su mi'merooa prole: -el lalbergxte de la 
gríui familia que compone la humanidad, 

*Pi?T üso iiizo dd hombre un ser ¡yriviligiado á ¿m ima- 
gen y semejanza, proelaimándole rey die día ore^ixsioai y tentr-- 
gÁiDdiolie por «entepo <-! 'dominio de 'lo creado. 

'^Queri-endo que fiíesen felices sus hijo$ y diohosos, qui- 
so también naturailinuente, que amos á otros se audtpaseoí y quisie- 
sen como hermanos, 

**Por eá90 ereó e*l amor; para que viv"ie^^n siem'pre uni- 
dos, y se aatóiiliason en sus iiieoosidailes, y w «yudíUsren mútuci- 
mente («j sus tratwjos, eomio miemibros de una familia única 
y niU'niferooa. 

Por e-^o Qos hizo iguales, y los hizo libr(S, y no dde^ó en 
ninguno él derecho de iimindar. 

**Por dáo ore(3 también La inlelig'-ncio ; p»ra que ei^t'udia- 
sen eünsUiínteinen«te y S(; ilusfraiicn con el estudio, y apren- 
di'(*san á Wv'ir y á gobernarse sin amos, ptvilizaTido 'iwi Ja xiávL 
práetioa ditil an-undo, eü dog^ma s¡agrai(lo de k fmternitULíl. 

**POr eso les coinv;eJió el libre albedrio y :k«$ dejó «el dere- 
cho, de obraiT, y (no les inupuso debeax*s <iue coartasen en na- 
da su li}>ertad. 

*'Hiao nvas: paira etótT»L<chia.r en lo posible e»e liuflo de 
unión, d'isiiniiáo con sábila previsión, <iue «los houibpes depen- 
diesen los unos de 'las otros y tuviesen neck^iLlvud de Iniéicaínáe 
mutuamente pura vivir, 

*'Por eso )á-^ó á 'los paisas de 'la zona templada los frutos 
qme erec«en en x^asta «profu-jon en la tórrida jooma; y eoloe;'* 

en las inip'tHvimeion'i's di*l ^{Wtlo, productos valiosos que no con- 

« 

sintitj j'amás en das cen'anias d^l Eeua-dor. 

**E?ia separación de put-blos, e.s.a diferencia de elirmis, esa 
vaanedad d<e prod^vc'/iont^s, qu-e forman el carácter aspecial 
<te eada üooaili'dad ; fueron Jíáblanicinte í^niaídas por el Eterno, 
paTa que 'los hombres necesita ndosc» míitua/mente, se bufiK»aséii 
unos á otras á travez de la distancia y cambia^íen mis produe- 



EL GENIO DEL MAL. 373 

tos, «estrKHíJua-üdf) oadci vi?z luias y mas, él vídkíuíIo del parentes- 
co qüíe ««ta«bl<ece eotre dios el origen común. 

* * Todo ftié dóisrpaiesto asi oon a^oierto piaira que los honubres 
f uieseoí fdfees ; para qxue \nfuinica los dividiese la discordia y vi- 
viesen eteniía'miíiilie e-n coammidad. 

**Paie8 bien — añadió con ajctento ciada \^z imas sonibrio 
al maléfico genio— +es preciso qu<e eso no sucedía: es necesario 
que 'los hombres «no sean felii^es; y que airrastreai por el con- 
trairjo uma vida núseriable abruiinsados por la opresión. 

**Es preciso desfunóirlos y separairios creando entre cilios 
rivailidades, y cnráliaí^, y aboprecdira-ientos, y recelas, lias-ta 
cooívertirlos «en enemigos itínwaimdaaíclos 'lo6 unos de los otiros. 

**Es necieaipio. sustituir al amor el odio, á Ja confianza 
le duda y da alarma á La tranquilidüd. 

**Es ippeci.-x) qne ctfi»:la pueblo ir-iré con ^leseonfianza al 
pneMo vecino ; que cada familia neceáe de ^lias otras; quie cada 
individuo sospexibe de líos dennas, y que deaafparezoa de una 
vez paira siempre, aihogado en un mar iie sangire, el senti- 
mienito de unión, «ega ley de aiuor que sirve de baoe á la /ra- 
ternif'Od. 

** Vosotros — a^Tíegó eíl génk) dirigiéndose á üos ílspíritus 
que il)e lesouohaban — ^vosotros seréis el instru-mento de que m** 
vaAga para satisfiaoer mis deseos : el arma ide que ine sirva pa- 
ra destruir eompflí0ba»miente ó inailea«r por 'lo in«einos e^l pensa- 
miento de Dios. ' ' 

Qniardó silencio por aílgnnos in-stantes y luego continuó. 

Oid, oid. 

V. • • •• • ^ 



i i 1^. 



lis neeesa.rio — diijo-^ue ilos hom/bres no sean Mi- 
ces: ahora voy á 'manifasta.ros como póK.lremoB contrariar la 
vohi'nítad del Señor: escuiobad. 

** Descendiereis sobre ed mundo, recorreréis das naciou'es, 
entnwreis en los pue^blos, os inlirodaiciireis en el ííienio mismo 
de las familias, penolTareis en el corazón y (hasta en da oon- 
cienraa de los hombres, y dueños ide su voílainitad, y dominan- 



374 LA REVISTA DE BUENOS AIRES 

> 

«ki mm {>ai9iciiie;^ üoh guiérneis xK>r ^ camisDO úé. una*! l^asta oon- 
dutjiíilos á su ]>ewlidLoin. 

* ' Todías iréis, ttxycbus ; porque todas ttiiítti® ima niiskm que 
«m'Uipiir en «efl lírabajo ^jut» \Taai09 á lemprender €01 contra <Je 
día JuiTuiani^Jiaicl. 

**La Ambición, el Odio, 4a Arar/ría, \^ Inioixrancia, Ia 
Envidia, 'lia Intemperancia, ila Soberbia, da Venganza, toám 
en fm, penetnareis mniidas -efli t4 maMMio, y tomareis diversos 
disfwuiíeií, y oaimbita'Peis de forrabas, y vaarórieLs de «Kwnhr^es, y 
os preaentaneis «n tocias piairteis Inapta diammaír etti'toparttent^ 
la sociedad, Kioimni'iiiándolia <3on «istufiia y e-ng-año por 'la sen- 
<Ib dcd Atraiso hasta ilein»a«rla mn piedaid «n el abisuio <te la 

*^¿Y salneiií eonio ^íonstigiiifremos oim^stro ppojKicjrto? Es- 

**P(5nsniiaídirtdjs a ioR .hoindmes qu^e aívcíi i^ino homijanoe» 
ide ifivo es njcie?«WTo par» loonsorvar eíl orden y «a^^npaír la 
traimi'uriilkliad, oírt.abfeieier y ne^^ix-tar lUia twsa (fue í»e Iteirta Oo- 
Memo. 

** Despulas iIob oonveiuffiMvLs de (fu'e U 'inejor forma de go- 
Memo es ]» <fiie tiene jwr objeto 'la »u)l»daid eompJeta del cuer- 
po «ociíai, irn^v>eaitareÍ8 ila Monarquía, 

**Y (-pflÉWVMíi Beyes, y Emperadores, y Príncipes, <rnie se 
rán em lh> »w«wi\X) los anios y 'los opr<í3oiies tlíe los paeMos. 

'* Y vi^?.tii\n« (le púrpura, y ouibpi'rei« «con oro á esos «mos 
eorívwHidtOis, y íIos 'a>B,iaireÍH «del trato de 'km hombres, y los >ais- 
Inn^is im sus pail'aciios, y los rtxl'ea'reis de g»uardi«8 TMiinwosac? 
pmu ifükt aulqiuieram <?aii la dintamcdia «el prestigio dieil anisteírio 
y íni4m%§ji*Mi ^uwis taieílnneuito á lias imasais qT»e viw^u i«n la ig- 
ü^opaíiMfin y no tirvieron jertMB flia» «inroeipemieTa de su "vrfer. 

'*IIiwr(iis íjrtie los Reife.<i, y ám Emperadores, y «loe Prínci- 
f>/'.s\ tcingii.n eoinlo esatinre; faimál»c*08, ejércitos permanentfjt, eaa 
-el pn^eííto íV graraíitir 1« integridad nacional y pe^nimir la 
anarquía. 

* * üittiformwneis SRia oiienpoe con la librea del deapotismo 
V sus sentí nri>e!Tt08 -ei^n 9 a mlhesiotn sÁ potfer; y íílanwKwés al 



«Go^víliflinK) fidelidad, y iBípelilkiliaaien disciplina á 4a opvdbiotí, 
V uombamneÍB honor á lia d/egmadaoioti. 

" Fraic*ADrar\3ÍB akkuüafi> sambrar la divi^oai en/ta^e lo« hom^ 
broH, H íi'U (Iv (¡.ine üo «oan fmertiea por ía lütiioii y por la iidhenti- 

4 

* ' Pkama xdlo creaireis c^^t^t^A.- pfivikgiaiias die liomhtHis qtie 
se tl'l'amon X obles, y itieii-gam tíitivlos y distiaieiattes^ y tnanopo- 
die»eu len ppoveclio propio y dt»l lirono ílos diestiiiaB úA gobier- 
no y líos ipiikiüf^i'os .pw^tos die la 'smeian, 

** Y hainBÍ« ifi»e Jo» uletmas hotiiihneB «e íl'Lniuion Plebeyos y 
ios i.'04ikl«e»iiiarieÍ8 «im in'i>\ riieorulm á l^as daifras íatenas del tra- 
bajo c-oino á :hi5sti<as tk* oairgía, m>n. diereclios y sin dd'gni<tad. 

* * ImA^cartiaireis lia Propic^lad para <iiie 8e sulbdi'vidan auoi 
VLm% k« <*1q«<b8 y «e afU'nDeaitiB (Ici; «epiaii^ai3ÍnaL 

**Ha'brA por <"OhJ»<^iieiitie, Eico^ y Pobres, Propietarios 
y Jornaleros, y Pililos tmbajorán erin cltíst^misio para tfU'e vivan 
<yt.nKs, y ilos <iiití tnalia;>ain teoidráai apeoiffius d«e qaie vivir. 

* * E(nitüai>(»iBS el poderoso dotninará y •e^íla'viaaipá al debiL 
I>ariiiie el débil njecifsibaírá para suK^stir la oaja <M poderosa 
<[\ve pomlrá precio a Ja vida úel trabajador. 

'*Y los pobres pei-^ck-ráii mx imletpiniíderic'm y «e degrafda- 
ráin iiewjjttUMaíii'Pii'tc Imijo <4 (látigo di^-l señor, 

'*Y ].alMrá «m»i®eme, y hainiil>ix«, y partee, y dosgraína^, y 
iodo pt^Aírá miype la mi<*rte aM ipobn^j ^iVe no tiotrwlirá defiew- 
sorps, nd dePi^^eilios, ni libwrtaíd. 

' ' Evd«tairv»is q^»e dos hombrtHS «e voítti, y «e oomliuaiikiuen, 3'* 
«e traton, a t*i»n ule qiw^ jamás, ínuai««h piiieitk foniuatTse ^Hutre 
leflilos ima alianza c«iupa<5ta qxxe dje»tniiya, Ha prepondenaneia 
-H^A poder. 

'*Pa.ra iriHo ílKíVTamtaíPtíis ^^n Has fitMjrtjeraa cantillos y forta- 
lezas erimúm 'dio <ctano(ne<s <ii«e yiiTpddiafti ^ .tnato y 'la oomniini* 
ORH'ion d<ü los pni(<))ioH irnos con otros, dicitsntdo que «sas má« 
qu'ina'S de g^uorra aae^umaoi la imdnpamiaiKáa óe da tnaekm. 

**rwiaíneis Aduanas qfute 'eunbairaiaRai la ciiraiiilaí(9im d^e la 
spifjiH^aa ; «e»talbl<y!«prri« odinoos monop^io^ y eBCiribireifl ademas 
^f*a7irr?/rír y Tarifas que rechacen las mnau/ocfurit^ y lo« 



376 LA REVISTA Dí: BUENOS Allí ES. 

frutos, «segiimaDido qiie esas nuadiHlos sou iimliespeoisaMes pora 
protejer da ioKlustria ded país. 

Estableceréis ce^isuras, y tribunales, y reglamentos, y 
iíeyes qxae pt^rsigan la Imprenta, y ninAnm «ll na<!K)r \» vida del 

pensamiento, evitando asi la libre emisión de las ideas, qu& 
forman el derecho de la inteligencia y son el patrimonio sa- 
grado de la razón. 

^'Aun podemos hacer mas: escuchad:" 

Y EL GENIO DEL MAL COntinUÓ. 

T los Espíritus malignos siguieron escuchando. 
Oíd, oid. 

VI. 

— **Hay una cosa sagrada — dijo — que respetan los hom* 
bres, que los pueblos veneran y que es la base sólida en que- 
descansa la moralidad en todo cuerpo sociaL 

**EeMi í?()5ía «5 la Religión. 

**R8 profMso, pw*s, qaip vosotros (w aiiK>dk>Teis de ia BcU' 
gion y la utili(H*is como u-n arma pc^KM^OJía en contra de la 
humanidad. 

*'¿Y sabéis como! — Escuchad: 

'^Exist-e un libro venerando que lleva consigo el prestí 
gio de la aiitigüeKltad, que **md<ea^ra la birttoria pr¿»ini'tiva del 
género humano y contiene en sus páginas divinas el gérmeií 
de la civilización. 

**Etf*cí ili'}>ro siiigníwlo, mirado <*<0'mo tMivrtnai(»ion ÚA cielo y 
escrito por el dedo mismo d-e Dios, es el faro de luz que- 
aliHnbra en el desierto de la vida la marcha de la hwma,' 
nidad. 

*'Lo8 preceptos de la moral, las teorías de la legislación^ 
el derecho de los pueblos, las tradiciones de los siglos, todí^ 
se encu-entra en ese libro valioso que respetan y acatan las^ 
na<»'ioniffi ouíltas del g^ioho em toda la eneaoion. 

**Ese libro se llama. ... la biblia. 

**Es necesario, pues, que os apoderéis de la biblia y os? 
encarguéis de traducirla, y adulteréis su testo, y lo comentei» 



EL GENIO DEL MAL. '¿77 

como mas convenga al ñn. que no« proponemos, tergiver- 
sando el sentido de las palabras y omitiendo cuantas senten- 
cias tiemkm á favorecer «el desarroHo djed pensaimiiento y el 
bienestar general. 

* * Es verdad -que para e-lflo neoesitaiMíis títolos qu«e os au- 
toricen, ó que justifiquen cuando menos á los ojos del pue- 
blo, (ka anisioin qufc os arrogáis die esplioar <el siígnifi-cado ^áa 
las escrituras santas, pero esto es muy sencillo y lo conse- 
guiréis fácilmente. 

** Estableceréis un cuerpo, una, clase especial de hombres 
con diversas categorías y atribuciones distintas, que unidos 
estrechamente unos con otros, impongan á las masas sus 
creencias y se erijan -en mediadores entre el cielo y la so- 
ríí0d«d. 

**Para eonsegnirlo no «eiucontrareis olíStá-cnlos die nimgu- 
n<a eepíeeíe, porqoífe d pueMo 'es !noítiuraH«meaKte •crédoiilo y can- 
<M»(}0' y acepta como el niño, sin examen, cuanto se le dic<* 
si te hiaiblím die modo quie no ptuedia corapi^endíer. 

' * Hiaireis quie '(!^oé hoiñibries, organizados lasí en cruzada 
fairsáflioa, «dopten coirió 'base ind'ispenssaible die su prepondc- 
ranjcia, y como -míedio seguro die annuenitar su influienoia 
inonaíl, lel emíbinii1)ecimiie(iitó y la degratclaícáon áe Jos puieblos 
á dos «ouQUies fflajmíairán Rebaños, eneargáadoae de ser «elilos es- 
elnjsi'vamien'tie sus Pastores y sos guardáiamies. 

* ' Escogeixíls d«eapu»es entre el'los, vno qiDe será »el jefe de 
los ot.ros, y le lll»m«ffieds papa, y ilie rodeaireis oomo é ios reyes, 
d)e iraáfiterio y de «príestágio, poina aibrumaír con ^el «aipairalo de 
ias fónmnllias y ílias cenemonáas diel serváflásmo te creduJidiad 
popuíl«fr. 

**EstJableo3refe d^espuies giejies subafttíernos, siubordionaído» 
cora»ptet«aimienfbe al jefe o tanitarídiad ípritntedpaíl, pama qu?e se 
^sspairaan /por todos üos üngiaDies prediioando ilta ajbyieocion, y 
exTgífendo fé ciega «en sos {padiabras, <!Omo nieoeíaariía para ob- 
ten<0r «n él eiieüo (la salvación. 

m 

* * Y le 3i«imí3iiieis á lesos j«íf es ó tiraniHeloB secaindarios, Ar- 
zobispos, y Obispos, y Patriarcas, y Cardenales, y serán otras 



378 LA BRVIBTA DE BUENOS AIRES 



fuadw «mccvrgiadM de funcionar en te ffrsui máquina 
tMMitétwi que tnaihigflrá «n nksrMwo par engAñar, y aeáiivir 
y maieM* 4a oonciencia de Ib imiHittid. 

''Y faaretfii qiiv e-w^s tiraouiilos Tt^^ini^nklen (1a Aumi/- 
4Í«r/, y preí!it|ii«n, y ex-ijmi, y «.pltiinVaTi la de^radaeion que 
«avikwe «fl iwpírihi y «iN'jbfM'.k t»l ámitio, miinitma «Uos ro- 
dt^adoK ik> grcimlK'za y ha4)itaaido niBgiiffk*os ptdficios, se dis- 
putarAia «ti f4 reino hw íli-MlmciCHK^s, *?rigiéiKlose •an diefecno- 
re« di* l'H tiran iu y <»n eorLsí'jeros de los tiramos. 

**IItírv¡s quie escjw hombres sancioiK n oon su aprobación 
ii iUrccho (l< mandar i\\w retonozca'n tm 'los Príncipes, y los 
71 n jan <fOino vícgiíUtH dr Dios, bu^sfaniílo i^n Ja Divii>id»d miisiua 
el oriijcn '(kí mi podíV. 

^*l)Kspui>i t»rHí«wi"<, jKH-ra que pt^w^tum en »tíl hogar do- 
lí i«*t'Lí;<j iti» l«ii* fa/ii)iili'a«, y tv ititrodiizcaai bHsta en el sagravl> 
ríi(iintü iIh» i«iii i'oncienviaSf amci fftlaíije n'U>imiití»íía de íit:i\»i> 
vendido» ul }iaJer <mtí ^' Uaimaráti cícrigos, y euiílamn de 
gí^m'^t^rmr m la« wnsmw y difundir <cíi la í*(K-k\i«d «las máxi- 
irwiM 'lw»rít'kw« de sua «(k'tsMihaadicw H4no^ 

**lla}yrá caUnt» ívíiís el (figos tailgwnoH, unuehos tal vez, de 
veriladem iihistraeion, que donniiadaí por 4?l ardíante (?ele 
<1(» "<a«r¡'ii«td y justieiía, pirwUquen siu teuior ila AXMvlad, y sean 
dÍKiHH )aip()Kit()ík\s dd ei(Mo y misionierofi dignos de Dios. Cuan- 
do (HSíto «UKiiida y iuvya sm^erdotc^ (luie «aflí eonipretídaEi sus 
Na^'iviukM i(k4M>>THv« y 'd>e tail uiaine^rH honaH'oi y onialteaean la 
virl'U'd; 'prominn^s iimli«|K>nor iconina ol'Jos l<a >autoridiad y 
lHii4!*<H/iv'á)4 tm l^aa jvallailu^tis de lasos niinÍ5itix)íi, y liiaiatia en su 
tiiíkimh vkkv (i>ri'Va»dia y -en ki n>enor tW sus <a»c<!don'es, un piHi- 
Iwto «"uwkiuiH^íiM (paira ntHku*inlofi á la impotí^U'Cía y candfínar- 
■los A iki ianHkH^on. 

**^^a'In^m'n .linlirá fikworo» pwwadora», y ieescritoiieii inte- 

HffímtHiü. y jóvww» íppnoroeíoB, qw caino lenoK digw» moepAo- 

t4*s, ifuetnrán iki^trar á las masas, y reformar, y oorregari y 

Imrrar las fas faltaa di» la «oeledad. Para <^sos invontareis destie^ 

rroíf, y pnsuHos, y cadalsos, y proscripciones. 



EL OEKIO DEL MA.L. 379 

'*E1 clérigo que del>e«8 formwr, chil» perteoeoeroB por 
<H>nipd>6fto, y trabajar «eon moeotroB aiii dtesmiBo, á (tock» hon» 

T en toiks parteas, por lljevwr é oal» 1« obwi de ideBtru<ooioii 
qiui ^mi>iieiiicÍ!enioi8 en ooantra íie ia humanidad. 

* ' EntrBgtRitlo cusí á miit^ijtinRfi niirauB y cotivortido en ínstni- 
«m^to VJ<egD il'e mivestros 'Üíhsbob, haréis qa»e se anouientre en 
tocios Joá »l«giarieR, <p.\tí txydjo io "viea, i\\ve iodo «lo i^Hpa» qtie 
toílo lio otxgervie y -íiu^ ntunoa se aieje Klain^smck) d-e «u rebaño 
á fin lie (lue lestte no 1111)611)1)6 jtarniás emeinicifi>»nse d^e su jKxler. 

* ' ( "orno «el tigre sobre *a presa, ^\ oUrigo debe caer sobre 
til honiline y apo<l«emír8e de ^ iteede il<i cmtia, y «uwiui|p<añarie 
<ion»1i:i<nt«iuik>si'tie tasintiéndoiie si se ccusa; v<6Íáai'ilioi)e si se 
fHfMun, y aio «alwoidoná/ml'Oil'e «iiq fío, «no i>íw^a dtojtfiirte «en 
nos die»! 8epu44ure«) ó en poikir ded vei^ikigro, segim qiie el 
hoínbw? 'ílft^sc^iK'míia '^íl sepukrro lannastrado jKir iks dol(?n<3¡ias.. 
ó suba a:l <*a<iÍ!a.lí40 (tin'Jv^níKlo por das l-eyes bárbaros dfe lii SD- 
oioikid. 

* * Hw-reis qivií «es'os 'iniíserabfc» icUstinaimdos de clérigos s^ 
re/xíjan <foino representantes y delegados *iel Beñor, ofríaeieBido 
perdonar las culpas, (xm sodo lel 'mág^ico poder de sus pfBl<abras, 
pi-oiH'eti'eaido hendiciones y proiMigttiindo indulgencias «qu-e csíu- 
trw^n 'l-a «tejioion de il« amuílKedainiiíbpe y xtífuaulan «eil fanatismo 
en l'fus datsc« toiks desprovástas die eíkicaoion. 

**Por «mpu^wto fin jileéis milagros estupendos y revda" 
^'ioms sorprmntfent^^, y suríi(m inistieriosas, y apariciones nxm- 
ravi'llofias, qiie <»oint>arpifi ípon énfiasis 'pora sorprenltlw «nwi mas 
3\ ilos iaif-aantos; rrine aK^^eptaai sin comíbwtáir y oreeoa «m mecMiar. 
**ronden/ajnei« í^hko 1be«néti<«o ^\ razonamiento, y exiji- 
rm% '(11 nonn-bípe de^l cieílo iioa /^ ciega paím «err(í(n* todo a^iu-eino 
ffinp mo s«a posible mi «mví^náieaitp esplicar. 

'* Hipeas tam'birtí que ¡osos instim'miwi'tos de 'te opriesion 
«?a niiüiieiía e^pirituall etmcifltrg'aidB, de m'atíw nm Wl mtMido te v¡- 
<te dp»! pOTisaimiento, se mibclávida m- clases y »ctep1eti disfcrate» 
<dpiioTDÍinffteiones ptara 'ationadnir <miis y mus ¿ ite miiíltiitnid. 

*'ü<n;os se ddsfnaaajrán díe Monjes y dte Frailes, y vtvMh 



380 LA EEVISTA DE BUENOS AIEES 

retnadda» del trsiAx> so>ci<aíl, y maidiie pieanetrará jamxás en <el in~ 
terior ide sos celdas, y nioiguiio haibrá qvoe 9ep«i loe misterios 
<|ae {pasan ten su6 osoi]ax)s y cíemeudoe convenios, 

''Otros se «corteupán ei oabeflUo y dejairén creoer sus bar- 
bas, y edg^unos ha/bná que aiDjdeai d'escuailzos y deseulbiefrta la 
cabezia, /ptaom 'etagtañao' nvejocr á dos /pueblos eo>n esa apariancia 
íaüsa de hipócrita beaititud. 

' ' TajinJbiieai (estobliecepeis asocianíioii^ís de anugeiPes con el 
nombre de religiosas, proeuraaido que «etae tom^n á su -cui- 
dsadia la educación de las niTuis, á fin de que, domima-dias por 
el faonatismo, no puedan mas tairde dar hijos útiles >afl país. 

''H'aíPeis que los el trigos, ííoh •el carácter de confesores y 
peip»et.ren €ai el santuario de las víi^enes, y praouTen for- 
omiairies ei ieocnazon, jyara que sean mías tarde, em el seno de la 
familia, in^trunuentos serviles del despotismo, cuyo poder se- 
ria iiuposible sin la degradación de la sociedad. 

' * Si esto liaceis y eu'iiíplis f idl y puntuiadmieinte lo que os 
^dáígo, eíl triunfo nos pertenece, y taT»de ó temiprano, hoy (> 
iralañsaDa, aihora ó luego, lograremos al fin destrudir la felici- 
dad diel hoiabre, eontrariando así -d pensamiento de Dios : id» 
puies." — 

Dijo — y las Míalas Pasionies desaipareeieron. 

VII. 

DesaiparecTcinan del] Averno diais ipaaiones mallignas, y 
cayeron so*bre ^\ mundo, y se estendieaxxn por (las naeiones, y 
entraron en los puíeblos, y pienetraron en las famiüas y se 
anidación en »e!l corazón de los Jiombres para conspirar contra 
ia Micidsad de los mortales. 

Y hu'bo desde entonees Papas, y Beyes, y Príncipes, y 
Obispos, y Frailes, y Soldados, y Monjes, y Ricos, y Pobres^ 
y Amos, y Esclavos, y miseria, y degradiueion, 

Y huibo t8,rabien Guerras, y Conquistas, y Proscripciones^ 
y Cadalsos, y Asesinos, y Espias, y Propie<lad> y Pauperismo^ 
y «lágrimas, y doftor. 



EL GENIO DEL MAL. 381 

Y Imlvo Fronteras, y Aduanas, y Cárceles, y Presidios, y 
Verdugos, y Autoridades, y hambre, y degradación. 

Y TODO fué obra »d)e las Malas Poqíohcs que trabajaron 
sin <fe9paii«o por contnaíriftr el pen«araiein<to de Dios. 

Por(iu»c ta»! ñié la idea del genio del mal. 

■ 

PEDRO SANTACILTA. 



IMPRESIONES DEL 2 DE MAYO 



liiijo (il iíhnk) A^xw tnu'whK^zai 4*^*ítas ilím^'as, lia señora doña 
fliHiitiH M'^imiHilifi (torriti ikw ivniiU* í\í*'í:\í^ Liiiva .k pu'h!Tf«K*iaa 
(fUi» hi/o A7 Xarional de a-íiudla K-aípital. y uo8 «JCíril^e la si- 

Lima, 21 de mayo de ISG^í. 

** lUu\* dos iiKWtvs qm» iliKno hi vkla de oii1VriiKM\i y (jm^ 
luvbi'to ontiiv iiniorU>s y morilnniídos, víctimas di» ki hoiTihle- 
rii^htx' anwiri'l'Ui i\\\v i'istá a.^olaiido Lima, doink» no se oye iiia^ 
que «liaiiito y lújrtibniís plátii-ais, iiiterru impidas i5i>lo por el 
p;ií«> «íle Uks eaprU'.i^T'-s trui\»>l>iv^ <iue á tx^i-a hon\ í*ruzau Isis 
^•»fll<s. Muiltitikl de U^las jóvein^s y de lítmibrt* útiles al 
]>inH, han dtwaparivido, l>arriiK>s ¡km* tv-^ta i^^Kiiitocía eiifenu'e- 
HKnd. 1/a eiu latí» ;witi\s tan aloiriv, tioih' el ;M]»A-to dv* iiu v-e- 
imeut>i«n4), ee.<u sus ■(VilK's piutavla^ dtíl lilan:M> y neirn> de «la i-al 
y A iú\\\út\\tí\. \A^ onvrá iistivl, amijro mió? Este diK'»lo que 
Ke <4oiiie solir-* ti^Kis U>s oUjeti)ts, era la atmóst\»r:i que ikv^'- 
sttalw mi íikiuh*. TeiisTi) rtMiordiinix»nto }H*r la f^stnma Siii\»- 
«nfcíivl qm* í**» ha a^HvItMvii U> dv ella, en t^uito <|Uv» A vK^lor Jo 
<invm*lve Hnlo en torno miv>. íf^iu eniSariro, airuja. lápi^HW. 
^lunui. t*Klo yact' aÍ>aihlonado jxira iw^istir á l«v< ezií\'rim«. 

Hl ojúlo^> lie Trt «íw#* fíi ('»ri7'*r/íi«i. no eini 'luiU^ Uxl»- 
via, me impide envía rK* á ustt^^ tv4t-<> n»!aío. que ir¿ ooq Ir 
si>ruH^nN* \virt;L por <ü pn»\iuK> vai^^r. 

HaKki t**TÍt^> ]V4ni Ln Rtri<ta tU BntHos Ains ee2i8 tn- 
l^nvKUKis qu^ le iKljunt3i>. y í^4o nio faltalvii oopiarlaa del 



1MPB£^10N£S D£L 2 BE MAYO. 38^ 

boiumtdior. Piuro, >hé aquí, onis «nuágo^i «jue \i'aiMjai en ttnvto 
qine yo «dta«ba fuera ouiíJaimlo «iDsferinoa; abren mi tmi^ta» 
ooiiM) ti*en«in die eostu'tnbne para (div^ertinvie con ims bonvodo- 
i«H, iwtirainbótíofiíoneiyie «Südrátos isa toda fimert^iie trocálio^ 
«le pap^l ; ae iaa(5UK9itraii oon «iniia impresianes, y oonno «ae dm 
«•ra el l.o diA <30iriiea3ít^, liaa y iMcucuauaeostie se (UievaTaii iil 
borranka: dsejooido ó perdiieudo «iJ^iiaaoii ifrogmentos. 

£1 2 die mayo e»taba en GboiiriMoB; donde se hadiltHiban 
•11^ «efpdKl&iiiiía^dos, cmiHoido veo *i Eh Nacional — Impresione:^ 
del 2 de Ma\^. Todo lo taclávinís y pi^iitloné su Hjvrie»i á es- 
toa «QihalUiesx»; peono no q<ue iiue hu'bkinan hedió volar <al9UffU)A 
pienaainiáeaKtos (fue no ike podáilo ooknraor ipoar no haberlos «n- 
o(N»li«doy ná «n te oanptfta m «n aiú ineiuioria. 

Espiono leil pevmiso de iiBted pora en^wrlo par parias la 
)iáogir»fÍA d«e Helsa. 

El Naciofial pxtblhsó kioh f?ra<nKÍe aplaudo la htiniiofi» bio- 
gnafia kM arti^tia Aíoii-t«ero. Qiié ínuad/ros itan ^áñi-os y be- 
ílos 'ttontiíeiue ! Rl irijo die ie»te «effcor hia inaoiado TOffa.pinje (|ue 
<^jfpr0#e á ust^l \i\e su .pafrte -e»! miaa profuiudo iigrade-eiiniento 
-jHír lose i'iiiportiaínte trabajo destmado á baívr <íoiKKn^r y hon- 
v:w k esii panlirí». 

El tnasitorao qiiie te epMérmíia ba ooaftioDaido teoí Has faimi- 
lim 'Tne ha í-mpodido hasta .ahora reiiirar las piibHciaeiion'es que 
iiKted nito pidte. Sus aiitoros atnfdiaaa dispersos harvendo dd 
Jiorri'bl'O tejeilo ; otros ee huJllan postrados en <5amiía y á riesgo 
df^ luoriT. Vtfíirios tirabajos h-e reiinii^lo ya; peiro míe failta 
oomiplietairlos : lo luaré hmgo que «esto paíío, qaie se pip(n^ sea 
•(in «el «íisitk'no 'de diívieTOo/' 

« 

JUANA MANUELA GOBBITI. 



IMPRESIONES DEL 2 DE MAYO. 



Ena ^ 27 de aibrü, «no de loa «Qtiiaaoa ide ia temporada 



ysi LA BEVISTA DE BUENOS AIRES 

d-e ChorriJilos. Niumtoa, ilia villa de los palacios hsUm, teoiido 
tanto Iméspetdes; íttiiitte'a su dedicioso ])año estuvo tan concu- 
rrido. 

Felic^es y dtesgrajC'kidoSy todos gozan en ese hugsar bendi- 
to, doDjdie nos lileva sii^iuipre uma esperanza: .e^eranza de 
diclua; es'peraTiza d^e ailivio; pero róempre la 'esperanza, esa 
única felicid«d verdad-era. 

La vida í^ae eje tiene -en dliorrillos es fantástica oamo 
un cuento de hadas. El individuo se centuplica, porque se 
está á la vez en todas partes: en el malecón, en el baño, en 
la plaza, en el hotel, en el templo. Se caza, se pesca, se or- 
g^anizan bri)M<ant<M3 partidas de caimjpo en los oasis del con- 
torno. Las niñas cantan, bailan, rien, triscan; las madrea 
se estasian con esos cantos, con esas danzas, esos juegos, 
esas risas; mientras que sentadas en cuarto al rededor de 
unía 'mesa, se entregan á las variadas comibinaciones del ro- 

cambor. 

Yo 'mdsina, <!on una mortal aimeimza suspendida sobre el 
corazón, y agonizando en el alma la esperanza, tenia ese dia 
las eartas en la mano y decía — Juego ! 

—Mas ! 

— Bien. 

— Solo de espadas; esplendente, imperdible! 

— ^Un momento — dijo de pronto el cesante asentando la 
baceta — que esta mano sea un oráculo. La escuadra espa- 
ñola se íiproxima; vá é ataieaimos. De qaiien será 'la victo- 
ria! España! Chile! Perú!— dijo señalándonos, al jugador, 
á mi compañera y á mí. 

— Roba tú — me dijo este, en vez del van sacramental — 
yo tengo miedo á las espadas. 

— Yo las amo. Son las armas de mi familia... Peiv 
ay! aquitllos que las lleviab^an han cíaido todos, unos por la 
mano de Dios, otros por la de los hombres ! 

Y robé. Robé la espada, dos chicos y tres caballos; con 
los que di al esplendente solo, un esplendente codillo. 

— ^Viva Perú! clamamos á una voz los tres ganan«io- 



IMPRESIONES DEL 2 DE MAYO. ÍS3 

«íKw. El »dd 8olo, •a'UUíi'iie pern¿mo y ardieiile imtriata g^uaiKlá 
«il'HiK-io. Tau L'i'erto es (|ai<e el aiiHor ppcvpio se sienta sobrv tollos 
los amores. 

Eu ese momento sonó á lo lejos la detonación de un 
icañoina^x), rt^pi^tiJo ívm vt^ms ¡K>r «el étío de los carros. 

— E.S»» oañoii no •(« ni del í-astilHo ni die la bahía: es de 
íaf'ii(*ra dijo v\ d'^rrotado jiig-aidor, qaie como viejo luairino, 
wit't^iiHlia óe i*\\o. Y aña»d'ió «levaintáindose y toamiido sn ^m- 
ihrcix): señoias, ópíltL''m\s jíam el rallao. Tja tisiciiiaidpá -es- 
pañola ha llegado. 

En efecto, pocos instantes después, dos, diez, veinte 
personas vinieron á darnos el mismo aviso que acababa de 
traer un tren extraordinario. 

Imposible seria describir el mágico efecto que produjo 
^sta noticia, cayendo de repente sobre aquel nido de molicie. 
Dos horas después, los hombres, jóvenes, viejos y mños ha- 
))ian desaparecido, y se hallaban en el Callao, pidiendo sitio 
en las baterías. Las madres desoladas, corrían en pos de 
sus hijos, para abrazarlos todavia una vez antes del 'combate ; 
' las niñas, palpitantes á la vez de zozobra y de entusiasm*) 
se ai)resuraban á llegar á Lima ansiosas de ver á sus novit).s 
^n el brillante uniforme de }>omberos. 

En fin, al anochecer' do ese dia, Chorrillos estaba so- 
litario, y por sus calles desiertas vagaban solo cuadrillas do 
perros, disputándose los restos de los interrumpidos festi- 
nes. 

Líina <^ra ahora A tVwH) de una inmensa «ajitainon. En ios 

colegios y en los conventos se limpiaban y forjaban armas;' 
los salones se habian convertido en boticas, donde las ma- 
nos más bellas ])reparaban hilas y remedios, mientrjus tras- 
foT'íirabnn <Mi'.-a'r.'ijis pam «los conubatieutpis. 

El ministerio de la guerra estaba sitiado por una multi-* 
tnd de individuos que solicitaban Imletos de pasaje para la? 
baterías del (^«llao; y los trenes que partían cada UK^dia 
hora, no bastubnn a la muehedumbre de voluntarios, que s<i 
preeipitaban apiñándose -en los wagones. 
• ' Eritre ellos primen t(Kse un an(*iano llevando consigo -Uina 



'^ 3Hl> LA REVISTA DE BUENOS AIKBS 

hoja de servieios que aoreditaba una edad de 108 años y svt 
preseneia y cooperación en las principales batallas de la inde* 
pendencia. 

El coronel Espinosa escribió de su puño esa boleta, re- 
comendando en ella al benemérito soldado, con espresioneS' 
propias de aquel entusiasta y noble corazón. 

Entre ft«intJO, el pk») tsí^ñ^ailado tm .la 'intiiiwiL'iom ile Mt^n- 

dez Nuñez, tocó á su término; y el anhelado l.o de ma^'^o^ 
envió flfii hiz. 

El alba encontró á Lima entero de pié y rebulliéndose 
en todos sentidos. Unos se dirijian á laa alturas, otros á los^ 
templos ; los mas á la estación del Callao. 

Yo seguía el impulso de este mar de vivientes, protejidü 
por la sMn die mi -tniñanlo que venidlo ion ic'ainisi-Oín, rt^-gresjaílía 

á su batería. Una oleada de pueblo nos separó. Por dicha 
divisé el grupo de sombreros blancos de las hermanas de ca- 

ridad, «on qui'e»ne« djebia ir ail Cailiao ; iiiíe reuiní á elilsas, y oiru- 

pamos solas un wagón, entre los bomberos franceses y los 
italianos. * Las brillantes cimeras de los unos repordaban Ios- 
compañeros de Oodofredo; el perfil académcio de los otros á 
los de César. 

En d. lufonieriíto d)e ipaíntór, uea bella joven se eaió á la 

portezt»ela de nuestro wagón, suplicando con voz angustiosa 
que le dieran un asiento. Las hermanas se compadecieron de 
«eW» y lia hicjáieron enftraír. Era ia essposa <Ih1 eapitaoi Salcedo, 
que mandaba un cañón en la torre de la Merced. 

La pobre niña iba cargada de dulces y fiambres, para re- 
galar á su marido; y su gracioso rostro brilló de contento a% 
tomar asiento á nuestro lado. 

En fin, la campana tocó los seis tañidos de march». 
TTna aclamación inmensa ahogó el silbido del pito; y el peca- 
do equipaje se deslizó magestuoso entre dos muros compac- 
tos de los que nos saludaban con gozo y envidia. 

Y el camino huía detras de nosotros, con las casas y li * 
huertos; y Baquijano con su cementerio pasaron como una 
visión ; y el Callao con m bahía, y mas allá la escuadra eae- 
»íga, nos aparecieron acercándose eon pasmosa rapidez; j 



1MPBESIONB8 DEL 2 DE MAYO. 387 

á su vi(»t«a una prolongiaKia aoliamuciiocí panrtíó ulel «U-rgo coQiv(vr. 

De súbito el tren queda irimóvil eufrMte de BellavisnM 
— ¿Qué sucede 9 

— Báijémios — ireipandnó úctn voz bneivie, lia mi»peiriom <ie 
Santa Ana. 

— l^iies qué, ¿no vamos á servir al hospital de sangre efi 
el Callao f 

— Él hospital de sangre está aquí. Seria peligroso para 
los heridos ser asistidos en un lugar barrido por la metralla 
y amenazado de incendio. 

Y la buena religiosa que debia ser entendida en el asun- 
to, pues se encontró en la toma de Sebastopol, atravesó con 
las otras hermanas el polvoroso médano que nos separaba 
de las primeras casas del pueblo. 

Ir yo las seguí silenciosa y triste. ¿Por qué, no iba & 
asistir á los heridos? ¿Qué importaba que fuera en el Callao 
6 aJlí ! i Ah ! quizá en el fondo del alma, donde se ocultan los 
sentimientos que no queremos confesar ni á nosotros mis- 
mos, esperaba que una bala benéfica me librara de la horri- 
ble desgracia que veia en lontananza. 

Perdóneseme, en gracia de que escribo mis impresio- 
nes, esta ddlorosa TemáoMíJeienoiía ú^l leonazon ni-ez^l-ada á 4os 

gloriosos hechos de ese gran dia. 

íomada posesión del hospital, la superiora me destinó á 
ayudar á la hermama boticaria en la confección de vendas y 
apositos. Arreglamos para ello un gran salón pavimentado 
con madera, y nos entregamos á esa triste ocupación, no sin 
dolorosas reflexiones, que la una ocultaba, obedeciendo & la 
regla; k Oítra «1 laaigo hábito de sufrir. 

No de eMí á jmoiciho, lüiegó aira; gran refaierix) de eolabona- 

doras. Las señoritas B y Hortensia, la linda hija del ma- 
logrado artista D se presentaron en nuestra improvisa- 
da encina, y apoderándose de telas y ungüentos, en uu mí»- 
mentó dieron cima á la obra, dejando alineados tendales dt 
emplastos, de vendas y de compresas. 

Pf^paraáo^ los socorros de la ciencia» la keriaaaa boti- 



;^^S LA REVISTA DE BUENOS AI5Eá. 

caria pensó en los del cielo. Fué á buscar una caja de me- 
dallas de la Vir^em, y me ordenó enlazarlas, para ser rapar* 
tidas entre los combatientes. 

Entregada estaba a esa ocupación, cuando los bomberos 
d-e Lima, (lut* <\m .los otros dos ou-enpos habían tístado en 

ejercicio, invadieron «el salón señalado por error para alo- 

r 

jarlos. 

Aunque admirados de encontrar en su vivac aquella 
mezcla de i)ócima8, de monjas y seglares, no se desconcerta- 
ron por ello. Echaron abajo sus sacos de noche, de donde en 
vez de sábanas comenzaron á salir pollos, jamones y toda 
suerte de fiambres, acompañados de ricos frascos de Bohemia 
llenos tic un Italia mas rico todavía. Y aquellos apuestos 
jóv«cncs, la flor de Lima, se dieron á contentar su apetito, do 
veinte años, sazonando aciuel almuerzo con entusiastas brin- 
<l¡s, en los (jiic revelaban el propósito, llevado á cabo por 
muclios, (le tomar doble acción en el combate: como bom- 

beros y .soldados. 

Acabado '(^1 desayuno, vinrcn>n á i)c.lir kA saí^mdo talis- 
mán, que recibieron doblada la rodilla, y {guardando un re- 
cogimiento qu'c contrastaba, singularmente con su bulliciosa 

alegría. 

LX(>sput\s d'C «ellos lU'gaixm muchos otros, artilvciros y pal- 
sainos, al servicio de las baterias. que de paso á sus puestos, 
recordando las tradiciones de la (*una. (|ucrian llevar consigo 

esa ¡) renda de su l'c. 
■ Entre taiíto el dia d'e;din{íba y h\ (^i'uaíira es]>auola yacia 

inmóvil y silenciosa, con gran impaci(*ncia de nuestros de- 
fensons (jue an.>ia]>an 1=1 inoiuento de enviar mortales aiwla- 

nadas á los inccndiadores de Valj)araiso. 

Sin embargo la jornada pasó en la enojosa inacción d<í 
la espcctativa. 

En fin, al aca))ar una noclie (pie á todos pareció eterna, 
uYi rumor cstraño, semejante al (jue haría el mar saliendo* 
de su profunda cuenca, se dejó oír. priinero lejano, eon^^uso, 
zund)ante, atronador. - ' > 

- Era un pueblo inmenso que afluía de todas partas y se 



IMPBESIONKS DEL 2 DE MAYO. 

piecipitalm eu oleadas, llenan^lo el espacio que media entre 
Bellavista y el Callao ; que se apoderal)a de. las alturas, >? 
eBanbaloindo ^Tsftiamdiarteíi aitTOiwíiha. d aire aom h(?lieo»fis . a^^la • 

maciones. 

lia fbriisa -íM a-Mía, disipando las vaporea dií> 'la iiOH.*h<» d(*s- 

cubrió -la bahía, que presentaba un espectáculo > imponente; 

hsLS naves españolas, oon, sii9 flámulas y ^gallardetes al 
fiiri^.y arriba su gente^ habían tomado, posición delante del 
pu-erto, impasible á los movipiíentos provocativos de nuestro^ 
atrevidos buquesillos. . 

Los buques estrangeros, abandonando su fond-eadero y 
agrupados á distancia, guardaban la actitud de testigos ea 
aquel for>miícliaibl>e doi-elo. 

Nubes blancas interceptaban á treclios -el aaul del cielo, 
y sus,s(mibras nióviles ,dal)an á aquel cufidro un aspecto fan- 
tástico. . . 

Era ya la mitaca del dia, y la ansiedad habia llegado /i su 
colimK). Teolio^, paredor^fes, ']nia<^ais, totlo estaba H-eno úc. esr 

pect^dpres, que, en diversa3 actitudes, tenían todo$ la vista 
fija en un mismQ pujato. El campanario del pueblo era el 
mejor sitio de observación. A favor de un larga vista color 
caído a'ltlí, se vt^ía perf^cta'ini(*nt<^ (manto paí^alm á bordo de 

los buque? españoles. . . 

De repente, el flanco de la Numancia arrojó una llama- 
rada segnida de un trueno. La batería de Santa Rosa envió 
al momento igual respuesta; y una tromba d-e hierro, razan- 
do el agua, fué á hundirse en su seno rompiendo , la coraza 
de acero que la cubria. 

El combate se empeñó entonces, crudo, terrible. La3 
grajeadas se elevaron, en todas direcciones, describiendo hu- 
meantes parábolas venian á caer sobre la muchedumbre, que^ 
lejos d.e huir se arrojaba sobre ellas y las desarmaba. 

— En nombre del cielo, señoras, bajen ustedes de es» 
torre.— -esclamaba el gobernadoi;. 

, — Los enemigos tienen cañones d'C mucho alcance, y 
puede llegarles una bala. 

T^Evíenos usted mas bien la bandera de la gobernación, 



:í9 ) LA BEVISTA I>E BUENOS AIBES. 

para hacerla flamear en esta altura^ y que nos miren los gu^ 
dos — respondió la señorita Juana B. 

lima salva de aclamaciones estallo en ese momento, aho- 
gando el ruido del combate, ^ué la motivaba? 

Una de las naves españolas yacia de costado y mojaba 
sus mástiles en el agua. Vino otra á ocupar su lugar; y el 
f u-ego conÉKBuyó áe, iwtA y otna piawte, matrióo y 'mortífero. 

En lo mas encarnizado del combate, viose de repente 
surgir un hombre pegado al asta de una bandera de las 
baterías, arrollada por el viento, elevarse can la ajilidad d»^ 
un acróbata, llegar á lo alto, dar al aire el pabellón nacio- 
nal, y dieftc»Hn)(li*r k^^tia'iniwit'e, cleí^afiaindo Jíís halas í\m<' Movian 

sobre él. 

Habríamos dado un mundo por reconocerlo; pero ei 
alean(*e del largavista no llegaba á tanto. Sin embargo, per- 
«litíaímiOB ver los <^optihs bo<iu>etia; abiiertos por nu/crátras ha 

las en las naves enemigas, y el estrago y la consternación 
<leirrafiii«a<lo8 en mi gef«f». Oaufe «nKlanadia d-p miw^tras batcarós 

rebotando en la superficie del agua, les llevaba la muerte, 
envuelta en de» elementos. Ah! sin el funesto acontecimiento 
<iue arrebató al ilustre Galvez, y con él á tantos valientes, 
])rivándonos de la única bateria que podia llevar este nombre, 
ninguno de esos fanfarrones i ncondi adores de ciudades iner- 
mes habría vuelto á su península, para aumentar el oprobio 
de su derrota con los honores del triunfo. 

— Señoras, los heridos llegan: es hora de ir al hospital 
— gritaron de aliajo, muelios (pre anhela'lwui nqn^] puesto. 

Al llegar á Ja primera sala, donde estaban ya acostando 
á los heridos, para hai^erles la primera cura, sentimos una 
estraña denotaí*ion (pie hizo temblar la tierra, y rompió los 
vidrios de algunas ventanas. 

FA luiumo íám«»tro ¿pejisaim vento at.rav(*j?() la miente de 

todos: pero nadit* tuvo valor de comunicarlo. 

♦Sin embargo, muy luego, palpamos la fatal evidencia. 
Aíiuella hermosa bateria de donde Oalvez dirijia el combate, 
habia volado sembrando en torno los mutilados cuerpos de 
sus defensores. Vímoslos llegar conducidos por el pueblo que 



IMPRESIONE» DEIi 2 DE MAYO. 391 

en €«ta ocasión se excedió á si nusmo, en valor y abnega- 
ción. 

Cada uno de nosotros ternia encontrar á los suyos en 
<aquellas formas desfiguradas, por el polvo, el fuego y la 
sangre. A vista de esos mutilados restos, pensé, con dolor, 
en aquella hermosa joven ta^n gozosa que vino con nosotros 
la víspera para reunirse á su marido, y que á esa hora era 
ya una viuda llorosa y desolada. 

Ijaia aailiHfi ded hospital, KMMii]>a»ikiiS jxjir los ^m fíennos traí- 
dos el dia anterior del Callao, no bastaron para recibir .i 
•Jos heriklos; y se resolvió orgiaiilaar otro eai el -c+^inienterio «¿«e 

Baqiiijano. 

Allí nos enviaron con tres hermanas, que instalaron ft 
los heridos en el pórtico y las viviendas de la capellania 

A'pe5*a»p di', miie-*t»r«o anili'eaitH» diaseo de haíHorlo todo para 

aquellos desdichados, la actividad de las hermanas do caridad 
nos uáuirj^a/^xa la anayor p«>rt'e «te nuiestna tanea con gra«n peaar 

nuestro. La bella Jacinta B., los ojos llenos de lágrimas y sus 
blancaáí manos manchadas de sangre, corría á recibir á los 
nioinlmndos, los ípí^lioialía en su seno, imojaifia í?ih tó'bios con 

bebidas refrigerantes y les dirijía palabras de consu-elo. 

Vn giiuete .montíaKlo en un «alMiillo hTiaínco, i?*e aibrió pa- 

jio entre la multitud. Traia consigo dos heridos: uno en 
brazos, otro á la grupa. Recostado sobre su espalda, el 
-3noribain)do liabia em'papado »eoi sangre, los hom'bros, los ves- 
tidos y hasta hxs bigotes canos de su conductor. 

Este, dejó al uno en los muchos brazos que se alargaron 
para recibirlo; se inclinó hasta el suelo para que tomaran el 
otro sin causarle daño, y partió a carrera tendida, volvien- 
<lo nmchas veces con la misma carga. Sin embargo, en cada 
amo ide orios 'viajícts, a'tra'vesafba ú^ sut á norte la üínjea de ba- 

terias, con los espacios desabrigábalos que los separaban, bar- 
rillos á «csaida minuto por liuracaoi'ws die irwítrall'a. Pero'iqué 

mucho, si ese hombre se llamaba Alvarado-Ortiz! 

Entre tanto las detonaeiones del cañón empezaban i 
«er menos frecuentes, sucediendo á ellas una tempestad de 
aclamaciones, que se elevaba, estendiéndose desde el Callan 



3»2 LA BBVJSTA DE BUENOS AlTiE-S. 

h^sta lias torres *áe JAnm, á vistia ide la ^lerrot^.tia *:v<9eii'ad«itt^ 
que, mohína, maltrecha y acosada por los brutales adioae» 
del Monitor y del Tumbes^ se retiraba al fondeadero que na 
debia abandonar, si no para ir á ocultar su vergüenza en las- 
lejanas, aguas de Filipinas. 

La noclie había oscurecido, y al gozo del triunfo eo- 
jnen^aban á mezclarse mortales inquietudes. Los gemidos- 
de los moribundos nos recordaron con terror los deudos y 
amigos que hablan ido al combate, y que á esa hora se ha 
Harían quizá tendidos en tierra, muertos ó «espirando sin so- 
corro alguno. 

— Al Callao! al Callao! — clamaron muchas voces Y 
ijina larga carabana de mujeres partió de Baquijano'. 

Caminábamos, costeando la banda derecha áei ^smino^ 
para «evitar el choque de los grupos de gente quí lo llena- 
ban yendo y viniendo, envueltos en la sombra- e)rriendo^ 
deteniéndose, llamando, interrogando y prorfrnipien«lo en 
gritos de alegría ó de dolor. 

— Guillermo f — clamaba una voz. 

— Mamá! , 

— Hijo <le\ allana ! l^^ndito íí{^h Dios mío i\\w lo dovuí^lvi'sr 

Y besos mezclados de sollozos, resonaron en las tinie- 

t)la8.. 

—Cómo! este niño, que no tendrá aun doce años, estaba 
en las baterías — ¿quién ti^vo la crueldad de enviarlo allí? 

— Soy i)or dicha, alumno del colejio militar: es decir 
que, aunque escalando los muros del ostabl<H»imiento, me- 
pm^i^nté <iú conilwitc en corporaK^iím. Mas lu-^go nos -dise- 
minamos en diferentes ])ateria8. Yo elejí la de Chacabuco. 

—Entonces conoció usted al joven A]>^\ Galindez? 

— Murió en la esplosion de la torre de la MeríMKl. 

— Abel! hermano mioü! — Vn grito terminó -esta dolo- 
Tosa es(*lamacion. 

lia n^gra silu-etia dv un gi.n<4'e í|Ute paV) á miu-stix) lailo^ 

fué, por todas nosotras reconocida. 
— Felipe! 
— P^^Iipe! 



IMI^ÍÍKSIONKS DKL 2 DE MAX©. 39.7 

, 1 ■ ' ■ 

— Felipe! 

— rVBsente! Qiie 'iine quiepe Bsta proof^siooi do fantia^- 

mas? é , Ah ! señoras mias, cómo imaginar que 

eso? delicados pies transitaríin "por estos andurriales ¥ 
* — Notáiciais! noticias! notajcias! 

— <iu?e «es de ipi hájo? »lo \m visto oísted Ftelipe? 

— Ha combí^tido como un diablo en, la,. batería de.Cha- 
eabi^co. Acabo de hablar con él. ' . 

T— Y mi hermano? Entre los muertos oí un nombre qu» 
es el suyo. , 

—Está con el general La Gotera. Esto importa decir 
<|ue ha ganado mucha gloría. 

— Y mi padre, Ffelipe, mi padre? 

—Valiente como en Ayacucho, como en Junin y como 
siempre. 

—Y mi marido? por Dios! hábleme usted de mi marido! 

— Ay ! compadézcalo usted ! . . . 

—Dios mió ! ha muerto ! ' 

— Peor que eso amigd querida. ... No le ftíé dado tomar 
parte en el combate !Ah! no pueden ustedes calcular cuanto 
dolor encerraría para siempre esta frase ; no pude asistir al 
combate del 2 de Mayo. 

Sí! porque desde el priüiero al último, todos los quo 
han tenido acción en esta jornada han conquistado una glo- 
ria inmortal. Van ustedes al Callao ? Pues ahora verán qu^ 
fortificaciones defendían á los que Hoy han reportado tan es- 
tpléndido triimfo. 

Algunos sacos de tierra fueron el úni^o material emplea- 
do eoa ia constniíoeioai de <»as baitierías, qm^e hoy híin dip-stro- 

zado y hecho huir á una escuadra entera. 

— ^Y usted, Felipe, ¿ qué rol l>a tenido usted en los episo- 
dios de este hermoso dia? 

-r-El mejor que podiá desear: he estado en todas partes^ 
como ayudante, •llev^ando <>rd'en«es á his baterd'as. En la de 

Ayacucho, vi al anciano coronel Barrenechea, subido sobre 

• . ' ' ■ 

un canon, descubierto el cuerpo, y hecho blanco de las balas 



394 LA BBVI8TA DE BUENOS A IBES. 

enemigas, ppeciá'aaii'do las pimtftrias, ocm <la la^Iidad y él ar 
rojo de los veinte años. 

AI pa&ar delante de la puerta del Castillo, una bombH 
pasó por encima de raí, y colándose dentro, estalló, sobre lá 
cabeza del centinela, que impasible, echó el arma al hombro, 
esclamando con voz vibrante — '*Viva el Perú." 

En esíB momento' una detonación espantosa estremeció 
la tierra y una columna de humo mezclada de eetraSo obje* 
to se elevó en los aires. Era la torre de la Merced que de«- 
aparecia, arrebatando á los héroes que la defendían. 

Ouiaid<)o llegué al oitáo de la oatiftiftirof'e, encontré en él 

al coronel Espinosa. El viejo soldado de los Andes, inclina- 
do sobre los esco(mil>roB, ooiupAbase en roeoj'er los carboni- 

za'ílos iM^tm úe¡ itos YÍfti'iuHS, eátt cuivlaime de 'las ibalas que 
<^aian en torno. Su alta estatura, su ceño adusto^ su^ pobla- 
rlas cejas, sus bigotes humeantes, y aquellos ojos de á^^ilu, 
le daban un aspecto sobre m^erft imponente. Halló «al 
4imigo que buscaba f Lo i^^noro. h^ vorágine de fuego que 
vi elevAiviB en el aire fué horrible, y debió devorarlo todo. 

^in embargo, vi la m^uo fraternal de un compatriotn 
desenterrar á dos vftlitintes colombianos sepultados en aque 
lias abrasadas ruinas. 

Hecordé entonces que aquella niañana vi llegar dos he- 
ridos saludado» ^on entusiasmo por los espectadores, que re- 
pptian los nond>ro8 de lacros y Suviria. Recordé también 
i[\\e al lado de la camilla que conducia a uno de ellos, mar- 
vJiaim im joven qin' no quería separairse d-e éíl. 

Pensando, y platicando asi, habiamos llegado á las pri- 
meras casas del Callao. Felipe nos dejó para tornar á Lima 
y nosotras nos empeñamos en aquellas calles que conservaban 
todavia el olor de la pólvora. 

Llenábalas un ruido tumultuoso, que nos atemorizó. Era 
el gozo del triunfo, que tanto se parece al furor. 

Quien noa vio aqi^el dia tan valientes, desafiando las 
bonn'lws rc^Monas de rntet^ralla, ino habría podido rtv,onocieT«nos 
á esa hora, silenciosas, palpitantes, asidas de las pianos, tem- 
blando como la hoja en el árbol. 



1MPRF:810XES DRL 3 DE MAVO. m* 

Una de nosotras tropezó de repente con un objeto blan- 
do, pero resistente. Era un muerto. 

A esa vista, la banda toda volvió caras y echó á correr. 
Vun «ola prosá^udó mi oannmo, y se interiK) en ia ciudad cru- 

2ada solo por patrullas ó pandillas de ebrios. Era aquella 
•qu«e il)a en busca de su hijo. ¡Amor de madre! ¡amor de 
iirailn» ! ttí 'h«fi d-e íK>br»evivir é las n^uas itlei iininklo ¡ 

Uegamios á I)iaiq|i>ij«2io, muy perenediiclns d<e q>ue sedo 
servíamos para barchilonas, y para comadrear nimiedades 
en los divanes de un salón. 

Dividimonos en dos partes, una se quedó en Baquijano, 
é »en'ir «a los Jim'ci'os <ltiie win (fu-Bdehein «raí Bc^Ut^vista, la otra 
regresó á Jjima. 

siempre, como el dia anterior, llenas de pueblo, qu'e victo- 
reaba, ebrio de toda suerte de embriaguez. Pero entre em 
piuie*blo ie»t»]>an m-e^'íl'aidafl las anas dáetánguivlias señoras dte Li- 
ana, lU'WinKio f^nsrigo íhi.io»H8 caíuá'lltas .pam üevaroe 4 íQB he- 
ridos cuyo cuidado se disputaban con celo fraternal y santo. 
Presencié uuí^ de esas escenas que tuvo lugar en li^ Estacioii. 

— Señora, voy 4 llevar coninigo este herido. 

— Señorita, eso no puede ser, pues lo he traslt^dado $ 
esta cama. 

— Si usted lo penuite en ella me lo llevaré. 

— Com qué derecho? 

— Soy su hermana. 

— Oh ! qué lántiina ! Vamos á buscar otro que sea solo en 
•el mundo. 

Pero ah! vosotros que habéis visto esas bellas manifes- 
taciones del patriotismo que anima el alma de estas hermo- 
sas hijas de la benevoleucia, guardad vuestra admiración pa- 
ra otras mas meritorias. Id á verlas ahora, en la mortal 
e¡)idemia qi^e está diezmando al pueblo, id á verlas, desafian- 
<lo el oontajio, arrodill0,das á la cabecera de los enfermos, 
<Milaimisej<a<ble miiwaKla kW ipobre, donde su tafbn'Ogacian ha de 
•tlW'íílar 'ignoradla ; fonteiiiípl-actlas alllí, y postnaos y adoradlas 

JTTAXA MANt'ELA GOBRITI. 



DERECHO 



^A^iSTENCIA DEL SUPERIOR TRIBUNAL DE JUSTICIA 

Dictada (H un vonfHvio (h atribución cntn el Pcxler admi- 
jmtrativo y el Podrr judicial con motivo de la mensura 
de una pro¡ñeda4l privada que incluía sobrantis dcf 
í.:.i2ao. 



Entre nosotros qae marchamos desori-entados y á tien- 
tíus en materias (k* I>(-re(-lio wdnnmwtratixx) y que nos toman 

de nuevo y aun nos son desconocidas muchas de las cuestio- 
II (*3 á (\\w paiicíle <la.r hi^iir eil alK-amie n^x^etivo d<í las juris- 

(iieciones de los poderes públicos constituidos, conviene que 
sean recojidas con interés, para salvarlas d«l silencio y del 
olvklo á que aerian relef?adas entre el polvo de los autos en 
que fueron dictadas, las decisiones de nuestros Tribunal*» 
entre la auitori .hwl adiuiniíitrativa y -el poKW juKÜi'ial, siquie- 
ra para tener en ellas una guia que indique el camino «a 
adelante en los casos análogos que ocurran. 

En nuestra desautorizada opinión, la sentencia que va- 
mos a trascribir, merece cumplidamente la calificación de^ 
notable, atento lo delicado y difícil de la cuestión resuelta. 

La (^on'stítu(*ion í\v!q nos rige, al dcsliiwlar la esfera de 

acción de cada poder publico, los hace libres 6 independientes 
y íjuLítrc <i'Uie, coiiio .los atjtros en «us órbitas, girem siempre er» 
mi órduní arnimi':*o (fuc Ici* prt''«'\»'ri'bo, sin (íliotfuts ni pcrtur- 
bíW'iom^s jaanás. 



TRIBUNAL DE JüSTRlA; 3i)r 

' Pero, este 'deslinde constitucional que se diseña en sus 
rasgos mas prominentes, suele aparecer en la práctica con- 
fuso y no bastante explícito, principalmerlte en aqu-ellos asuii%- 
tos que, como el de que trata la sentencia que forma el tena 
de nuestro escrito, su naturaleza hace aproximar tanto 1& 
jurisdicción civil y la administrativa que parece borrada por 
completo la línea constitucional de separación. 

En tales casos la armonia se interrumpe, el choque 
tiene lugar y la lucha que se provoca, adquiere un carácter 
esencialmente político, porque se trata en ellas del círculo 
á que se estiende la acción de los poderes públicos y de la 
independencia mutua que deben tener en el ejercicio de sus 
funciones. 

Esta sola consideración hace ver la importancia social 
de la decisión y cuan ardua y delicada es la tarea de discernir 
en tales casos la competencia, sin lesión de las atribuciones 
del poder á quien se le deniega. 

Aun sin e'-to, ])aístari'a J-a noveda-d del oaí», pu'es es el* 

primero que se ha presentado ante nuestros Tribunales so- 
bre competencias en mensuras en que aparecen reunidas la 
propiedad privida y la fiscal, para que despertase una legí 
tima curiosidad, cuando no interés. 

II. 

Difícilmente podrá apreciarse á la simple lectura de la 
Sí^uitt^iic-ra, l-a ouestion (iine resuelve tal cinail es en sí máünuí, 
sin iH^eordar <;iertois íintpooílentcs que la preserntaoi ^i toda 

su fuerza, en toda su importancia. 

Vamos á acometer esta tarea que se nos facilita, por 
haber escrito otra vez sobre la misma cuestión; {Véase ''La 
Tribuna*' del 28 de mKirzo de 1866) así nos liiirítaremos á 

trascribir lo conducente en los lugares oportunos. 

Las mensuras de las propiedades privadas son del resor- 
te de la justicia ordinaria, así como las de los terrenos pú- 
blicos (1) son de la competencia del poder administrativo. 

7. Al 'ílo'ir terreno** ** públicos'' en vez de terrenos **ílel E.-i- 
tado, '' como oorresponderia en rigor, no hacemos mas que confor- 



*t 



98 LA KEVISTA DE BUENOS AiKES. 



Pero, cuando se mide, formando un solo cuerpo, una pro- 
piedad particular con inclusión de los sobrantes del Estado 
que existan dentro de los limites que tenga «stablecidos ií 
quien compete su conocimiento? ¿quien debe decidir las 
cuiestionres quie los profpiietiarios lindoros suscitam súhre 690& 

mismos limites? 

III. 

Los terrenos que se llaman sobrantes, deben su existen- 
cia a los defectuosos instrumentos con que se ejecutaban en 
otro tiempo las mensuras y al poco esmero y escrupulosidad 
que ponian de su parte los agrimensores. Así es que, al 
Tííifítif.iiiíiansie hoy esjis nw^nsuras, se (^(•'ueaitra por regla gre 

neral que abarcaron mas estension de la que ellos se pro- 
]>onian. 

La propiedad de estos exedentes respecto de la estension 
que espresa cada título de propiedad, fué de práctica al prin- 
cipio de atribuirla al Estado y mas tarde por una ley es- 
presa. 

'* Cuando el Poder Ejecutivo que es el encargado de la 
distribución y enagenacion de las tierras públicas,^ conce- 
de la venta de un sobrante, lo que le importa saber, para la 
liquidación del precio, es su estension superficial y á ese fia 
ordena la mensura. La ubicación especial dentro de \o& 
límites de la propiedad que los contiene, le es indiferente, 

s 

siendo esto um negocio que concierne al denunciante. Ei 
conocimiento de la superficie puede obtenerse, midiendo el 
todo amojonado y comparando el área que encierra con la 
(|ue indican los títulos y si aquella es mayor, la diferencia 
será el sobrante; ó bien se puede, ademas del conocimiento 
de su superficie, desligarlo materialmente de la propiedad* 
ubicándolo y amojonándolo con designación de sus distancias 
lineales, sus rumbos, sus linderos y su figura geométrica^ 
todo lo que queda desconocido en el procedimiento pri- 
Miero." 

viarnns al uso establecido entre nosotras que confvndo ambas deao- 
aiiBaciüBe«. 



TRIBUNAL DE JUSTiaA. , Sr? 

'* Cuando el propietario del terreiu) principal es el oon- 
eeislDaiíairio, la primera aI>effíae¡¡on ílema el objeto tan bi^en 

i 

para él, como para el gobierno ; porque no necesita la linea de 
separación entre dos terrenos de los cuales el uno le pertenece 
y el otro vá á pertenecerle y que seguirán formando un todo 
como hasta entonces." 

He aquí la esplicacion de esas mensuras de terrenos que 
en parte son del instado y en parte de los particulares. 

'^Por una uniformidad de ideas muy significativas, en 
los innumerables caaos ocurridos, y que han llegado á su 
térmosio ipacifioaonlente y eim ninguinia ooortíeinda de joiirísdic- 
-fdooQ, se hti itiarehado si^npre par el 'jndsmo oafmizK), co- 

menzando por la via administrativa hasta obtener la conce^ 
sinjo de vK?iiita de los íjobramites con la órdein de prooeder á sii 
mie^iBUira; dieteniéndose pttra ttnnar la vita jardúcjiail, preoisa- 
mente para cumplir esa orden de mensura.'* 

En esto por lo pronto, descubriremos una razón de 
conveniencia. **Si el conceiMonario tramitase el eiipedient^ 
^e meD;9ura ipcT affit^e el Oobiemo, y siiendD iiDdiapeosable pam 
^veri^i»r Tos sobrantes, inedir el 'terretio total, habriA sopor- 
tado el costo de mía operación sin ocmseguir la mensura 
judicial de sni propiedad, lo %ue es nniy importante entre 
nosotros, por regir sin eseepcion el principio de que los 
mojones se ponen por autoridad de la justáeia y el agrimen- 
sor autorizado por el gobierno carece de f€tcultad para esta- 
blecerlos con valor judicial en aquellos limites de la pro- 
piedad particular que deslinde con otros terrenos de igual 
naturaleza c su comisión se concretaria a amojonar solo la» 
lineas del sobrante." 

'*Por el contrario, siguiendo la via ordinaria, al pro- 
pio tiempo de llegarse al conocimiento de la estension de 
los sobrantes, con lo que queda cumplida la exigencia del 
gobierno, se opera la mensura judicial de la propiedad. " 

El gobiienno aioató siempre este prociediimi'ento y aim lo- 

sancionó espresamente, cuando aprobó las instrucciones par% 
}fm ogrímieaisores á quiemes se les faoulta, (piara que mdviymit 
ÍM fiobraoftes qfue existan dentro de los limites reconocido» 



4UÜ LA REVISTA' DE BUENOS AIRES 

de la ])i'0]>ie(lad que midan, si el propietario les manifiesta 
su resolución de solifitarlas del Superior Gobierno con arreglo 
á la ley. 

A llora bi<en, no obstante esas razones de conveniencia 
t^ara el jtropietario (*oneesionario de los sobrantes, esa prác- 
tica generalmente seguida, ese acatamiento y esa sanción 
l)(>r parte del poder administrativo al procedimiento de que 
venimos tratando uno vé distintamente que, en la venta do 
iin sobrante, no hay mas que un negocio esencialmente gu- 
benvativo y qm^ mío <k' los tráiniitcs i-ndispi^n-saíbles á qaue se 

llega ])ara verificarlo, es la mensura y entonces renace con 
igual fuerza la duda de, ¿quién es el Juez de esa mensura, 
^•uando los sobrant-(\s se dejan indivisos con la propiedad 
que los contiene? 

S(»gun la sentencia es el Ju<iz Civil: hela aquí — 

IV. 

** Vistos nuevamente: — Considerando que X .... solicitó 
•^* ^••ii »t»tii(Mii'bre de 186IÍ A ún^ealkuk* ú^* su« tt^mnios aiitt* irno 
*' 'de los Juecí^ d(» 1.a liistíuxcia «i lo <4^'i'l, qxve verificado esto 
** el De])artanH»nto Topográfico en su informe, propuso mu- 
** dificaciones á los limites entre la propiedad de X. . y sus 
'* limletxw los hert^doros <le Z..» y los cu-aUv fu^eron roásti- 

dos por el primero: — que mientras aquello ocurría, J. . 
como interesado* en la testamentaria de Z... habia pedido 
en oetubre S de USiV,^ al gobierno la compra de un sobrante 
existente entre el terreno de la mencionada testamentaria 
y A de X.. : — qxu^ otorgada se píxHvJió pnra su averíjgiia- 
eion á la mensura de ambas propiedades, la cual fué pro- 
te-itnd.i |)or X.. |M!iv|ue alteraím su-í Hniitt^. liabitniHli) itlo 
mas allá de las nioditicaciones propuestas por el Departa- 
mento en los autos di» In mensura; que este en su informe 
" [i\ la nuMWura vle Z..."^ insiste en i^as im^inas modáfi<*acio- 
'* nos de (iiie mas arriba se ha hecho referencia: — (pie como 
*• s,» dt'-pi%Mul.» de lo ri']:i<-i<uia.lo. ha jíurgi.lo entn^ X.. y 
*• los heredtM-os de Z. . una c\iestion sobre establecimiento 
"** de sus límites: (pie tratándose de propiedavlos privadas, su 



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TRIBUNAL DE JUSTICIA. _ 401 

I 

conocimiento corresponde iprivativamente á ^la jiistifia< 
civil, debiendo ademas notarse que ante ella nació con 
anterioridad y que eí mismo J. . ha ocurrido allí á gestio- 
nar su derecho; que la circunstancia de haberse encontra- 
do un sol)rante, que no se desconoce y cuya vhioacion no se 
ha rcO'Hza<lo, 7io confiere al Poder Ejecutivo jurisdicción 
para entender en la cuestión de Itmiies y en la que nece- 
sariamente tendria que entrar á pronunciarse — sobre la 
mensura he(*ha para su descubrimiento, que en semejante 
situación, dohe esperarse á la terminación del juicio prin- 
cipal ante la justicia civil para que fijados los verdaderos 
deslindes hoy controvertidos y conocida la estension de 
tierra perteneciente á cada uno de los contendientes, que- 
k\\^. ]i"al>ilitai(lo -el Gobiio-mo para la doc-i^sion <lel aicces»rio 

que es el relativo al sobrante, lo cual es de su competen- 
cia y por último que como consecuencia de lo espuesto es 
arreglado á los principios legales la declinatoria de juris- 
dicción deducida por X Por esto se reforma el auto 

'* rppíurrido ote. *ptc*. — 8 éi^ ju»lio de 1867.'^ 

Como se vé en el caso particular á que se refiere esta 
sentencia, un propietario se dirijió al Juez civil, como cor- 
respondia, podiéndole la mensura de su propiedad, y el otro, 
que era concesionario de los sobrantes que existian dentro 
de los límites de la suya, para dar cumplimiento al mandato 
de mensura que le impuso el Poder Ejecutivo y separándose 
de la práctica uniformemente seguida, pidió ante el mismo 
poder la autorización para proceder á ella. 

Verificadas sucesivamente ambas operaciones, estuvie- 
ron desacordes en el establecimiento de la línea común divi- 
soria entre ambos terrenos y fueron recíprocamente pro- 
testadas. 

De aquí resultó que la misma cuestión fué llevada ante 
dos Jueces distintos — Declinada la jurisdicción de uno de 
ellos, del gobierno, éste no hizo lugar á la declinatoria y 
d'CfslHtrándo.'íe <H)inpcitente, fué ntecesario apt^laír ante el Supe- 
rior Tribunal. 



4(»2 LA BEVISTA DE BUENOS AIBE». 

LoB principales fundamento» de la sentencia trascrita^ 
los descubrimos en los considerandos si^^uientes : 

1.0 Que no habiéndose ubicado el sobrante encontrado 
dentro de los límites del terreno de los herederos de Z.,.. 
el límite contestado debe considerarse divisorio entre la* 
propiedades ])rivadas de egtos y de X.. En efecto, solo la 
ubicación de los sobrantes, si se hubiera hecho v corres- 
jKmdido colocar los linderos al terreno de X.., como lo in* 
<li<'«.lí« el (kMMincimite J. ., ha-hria ¡H>irulo di^nustrar «i la 
límea im <niwtion, diAniilin ■(•tiw.tiAiaüueoite la propiesvlad ilt* X.. 
úA sobramt^» <lc iK^nt-tnitemcia píiWi<.«. 

2.0 Que deben fijarse primero los verdaderos d^sl in- 
citas de la ])ropied«d privada, que es lo í>rincipal, para cono- 
cer la estension tic tierra (jue perten<M*e á c^da uno de lo« 
<HmteiiJ'cnti*s y lo (jue (pn^la do sobrant*^ ^fue es lo acceso- 
rio. Si4»ndo ItKs sobrantes lo (fiie qu'CKla d-espu-es tle integra- 
da la propiedad privada, es necesario comenzar por esta- 
bhMt*r lo« líinitcR <te ésta y rt»«oilver las <'íu«estion<« que se 

promuevan, i)ues sin esa seguridad la estension de los so- 
brantes no puede determinarse y aun su existencia pued«? 
ser incierta. 

V. 

Vamos á permitirnos consignar aquí algunos de lo& 
fundaníentas con que en 1866, defendiamos en tesis general 
la t»ompetcncia del Juez civil en las mensuras de propiedades 
privadas que incluían st>brantes del Estado; cuando no s? 
l<s ubicaba. 

— ** Los niojone^í establ«»i'idos de una pn^pieilad que 
contenga sobrantes son llamados y tH>nsidcrados como limitü 
tivos tHHi hus pra}>it\ladi^ que la nxltMji y coniserva como 

lindenxs legales, aquellos que señala el título y en quienes 
fMilaiiKaito pucvle rei»oiKKvrse la personería ni\>'saria para g»*s- 

tionar K^ derechos que crean las relaciones de vecindad." 

"Tómese, sino, un límite cualquiera de esa propiedad 
y prt^giintese á quien pertenece y siempre se c<ui testará qu? 
d*» luvho y de denM^ho es divisorio y común iH)n la propiv^a»! 



TRIBUNAL DE JUSTICIA. 40$ 

lindeína que seríalja el tí-tonto y eí aimojo'na'miienjtx) exÍ3t€ín.t<». 
Dése vuelta al rededor de la propiedad, investigando lo m¡s> 
UK) en cada uno de sus límites y siempre se hallaráTi Hucas 
3imi(t«itivas entre piroipiodadies priviatilaB, de cuyas contesta- 
ciones €8 el Juez Civil el único competente." 

"'Mientras los sobrantes no se desligan materialmente 
de la propiedad que los contiene, no adquieren una existen- 
cia determinada, andan como flotantes porque no se les puede 
esignar lugaa* y los miejores -die la propdíedwd con <íue apare- 
cen confunididos, contiinújain an La eterzua misión de fproclaimiar 
para con los linderos : hic <iger meus, iUe tuiLs. 

— '*La competencia administrativa en esta clase de men- 
suras parecería aceptable y con algún fundamento, si la ezÍA« 
tencia de los sobrantes de que es dueño el Estado y que no 
son mas, permítasenos la palabra, que los recortes de la 
propierflad, Jo ¡lieiena condomiinio del teri^eno total que los. 
cnioieraa; pero, no <es así: — Cuiaindo dos i>eraooiaj3 i^oan^ran 

conjuntamente una cosa, el todo es de ambos y de cada una 
de ellas ; esto es el condominio ; mas en el caso de los sobran 
tes, no puede decirse que el dominio total es del Estado y del 
particular: — El Estado no es mas que el dueño de los so- 
brantes, que están sin dividirse de la propiedad privada. 
Mientras permanecen incorporados, produciéndose puede de- 
cirse, una especie particular de accesión artificial, no hay 
otro dueño del todo, que el de lo principal, que es la pro- 
(poiediad privaidia, liasta tamto quie lio accesorio quíe es -el sobraai- 

te no sea separado — En todas las cuestiones con los linderos 
del todo, su personería es la única admisible y legal^ y no 
podrám eomaidiaiiarae samo como ¡mieras duestioin'es entre imite- 

reses privados, en cuya decisión nada tiene que hacer el 
Poder administrativo. 

** Cuando el Juez civil aprueba y resuelve las cuestiones 
de límiijeB que puiede hjaioer sui^ir la memsura de urna prorpie- 

dad particular que contiene sobrantes, no aprueba por e] 
hecho lia menjsuira especial de estos, que incumbe hajcerlo al 

Qobierno y por lo tanto no hay intromisión de un Poder ea 
las atribuciones propias del otro — ^En efecto, la mensura dd 



404 LA REVISTA DE BÜEXOS A1RE3. 

un terreno es •ejercicio práctico de la acción finium regun- 
dorupn, es la averiguación y arreglo de sus liúiites, fijaáos 
materialmente por ciertos signos que se llaman mojones — 
Ahora bien, la averiguación de la superficie de los sobrantes, 
que es lo í(iie verificía la opeauuíion de qvae venimos tra- 
tando, no determina ni la ubicación, ni las distancias, ni los 
limites qu<e le corresponden á la superficie hallada; por con- 
sigiente no hay mensura de sobrantes. 

Si por una mensura en las condiciones espuestas, resul- 
ta que no se opera la meoisura ■especia»! de 'los sobrantes, 

entonces aunque se practicase aquella operación por el man- 
dato del Poder administrativo; le faltarla la base, el hecho 
definido y judiciable eapa^z de ejercitar su jurisdicción. Desde 
que no existe la mensura de los sobrantes, falta la cosa que 
se ha de juzgar. 

— Para sostt'iKy* la comjx^tH^ncna adiniimst nativa en el caso 
di* (iu(* trata la sonti^m'ia inserta mas arriba, eil (ioW'emo 
ha(4H Piftií* úniíH) argiim'ento : — 'M>t*«:i(» q\w se confin^sa que. 

*'ya sea una línea ú otra la que subsista, (habla de las do3 
'*iíii'Kis 'pn ojpíHii'ifm (\\w traza'lwn aanlwis nw-nsuras.) ha>bri 

'* siempre sobrantes en el terreno medido, el Gobierno se de- 
** clara competente.*' 

Sin la ubicación particular de los sobrantes, se tratará 
f?í)lo sobre uiia líiiiia divi.s(>m<a t^'tre -doK ]vropi(\lml'0!S. seirá 

una lucha entre dos intereses privados, sin que sea capaz a^j 
desnaturalizarlo la aparición como en lontananza de un so- 
brante del Kstado, que se sal)e que existe, pero que no se Ve 
puede asignar lugar. 

— '*No basta avlvMíwus, que <m un negot'io iaitervcoiga uu 
interés fiscal mas 6 menos remoto, presunto ó efectivo, pan^ 
que le competa decidirlo al Poder administrativo, como pre- 
t»im'(kí <^1 aTgiimientx) niinist.eri'ail, ]X)r(|Uit* eaitonoas su juris- 

diccion- al>arcaria casi la universalidad de todos los asuntu». 
Y sin embargo no es así. 

''¿Se quiere encontrar un caso en que el fisco esté mas' 
directamente interesado que, cuando en una sucesión inteír 



TRIBUNAL DE JUSTICIA. 4ür 

■ 

tada lel sclo que se 'preseoite wmo hereílero, es. un parieoite 
colateral en quinto ó sexto guadot 

''Sabidas son las disposiciones encontradas .de .nuestras 
leyes al determinar el derecho á^ la herencia de esto ^elase dd 

(pariienties, Tioiia lo haioe Hogar hiasta el cuíarto graido y otra 

hasta el décimo, y np obstante su interés, el gobierno no se 
abroga su conocimiento, sino que espera pasivo, el fallo de lo*í 
Tpibim'ales, con la partáou'laíriidad anuy dágna d*e notarse qane, 
la» espefpanzas fisoailes ot casos análogos, deben sfu<frir el mías 
ptanoeio sobresailto, pues unía /v^ez h^n . reeibido el lualago do 
oir proclamar en última instancia el cuarto grado y otra 
vez el desencanto de la acepción del décimo. # 

**Si bastase su interés para hacerlo competente, lo seri^ 
en toda herencia fwr testamento en que el Pisco tuviera 
parte como legatario por ejemplo, porque interviene en- 
tonces un interés real y efectivo a su favor. 

— Eist^s cai'estioDes díe límites en qu»e se pone al fin ©n 

trasparencia un juicio de propiedad, son por su índole de 
la competencia del poder judicial. El Estado, los pueblos, 
las corporaciones cuando son propietarios, tienen la consi- 
deración de personas jurídicas que están subordinadas al 
imperio de la ley civil, en cuanto concierne á la estension del 
derecho de prpopdediad, á sns efectos y á l»as acciones que las 

leyes otorgan á ilos qoie siemlo doieños '\'en á otros ííipoderarse 
de Jo que les pertenece. 

Delante de esta vendaid de prineipios ineontestaiWe en la 
juirisprudeneia universaíl ¿sobre qoie ba'Se itívanitaria el Po- 
der admíiinisti?ati\'o su ju.ri>3Llfi'íieáon para proclama pse juez dá 
estas menisiiras, de estas cueí5tionies ? 

— **Eí3tá rwonooido en «todas p^artes que, las contesta- 
CTon)es íiue ti'onen por objeto la propiedad ó dos derechos pea- 
las sobTHí la propiedad raiz, perteniecen exíílusivamente á los 
tribuffiaJes ordiwaráos — ^Y esta regla se apliea á todos los ca- 
sos; sea i\\ve 'temgan lugar entre piartiíuiilaj^es ó entre partieu 
lares y 0I Estado 6 las corporaciones. 

Como consenniieneiías de este principio, Qos tawtoiies niegan 



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406 LA BEVÍSTA DE BUENOS AIEBS 

•la •eoinpeteaKim <d>el Podsar administraftávo en ieñ meskBfurss de 
tei'^renos del Eat^aido qu>e liiiíd»aíii enm propi-ed-ades prifv«üdas. 

'^ La acscion ide taimoj<niaai]tkTito tes aiplioablie, fm^Lnieaite 
** á las íh'eT!ed«íd'tí8 ru'r«ad«es qae ¡perterneo&a «•! Estado, á las 
<50iu?uiiiias y á los ipartiioiillares — Se esceptóan loe objetx» de- 
iptJDicMieiuttís did itoiiiimo publioo, eonio íjalles, oamiiuos, p^ki- 
■/üiH de guerra, lete. Es á da Adftndnistracioai á qud-eoa, corres- 
ipoDiden fijar «el ilímTt»e de estos objetos '' Cinraasoiii — ^Ti>ai 
té d«e8 «actions posse-ísoires — «páj, 433) — Mt. Jiaá di<5^ i^asLnieu- 
jii^eote i}Wi por regüa gieii*e«r<ail, .el taino jonarniento entre propie- 
<l»dee del Estado y d^e los partá^eulares, deibe ser operado por 
los tpiibii!oa(l'es' ordinarios, con <^xepcion <le l-as dcpendoneia;^. 
<lel »(lo>nimio pnlíJico, <i'iie aw) ipiieíl-en sea* deliinitadias sino por 
hi a«ut(>nidad adininiatrativa. (Traite du !bopna»g»e — ^páj. 77.) 
Si, pu'es, esta «es fia vierdadera doetriioa, tratándose de 
dividir ternenos deQ Estado óe ios de pertemen-ciia pairticular, 
<*on ma^xiir razoo iserá ¿noonipetientte el Poder administnativo 
paira c-onoíser (m iweinmiraB de propiod'ad'es privadas qaie in- 
<*lirye'n cobrantes, cuya ubioaoion ap(areoe deBeonocidia. 

Julio de 1868. 

JUAN SEGUNDO FERNANDEZ. 



ADVERTENCIA. 



La a'}>ii!iiitlia'níc?i«a <!« m'at»m«l'es nos obliga á retirar de i*s- 
t.e núiiwiro kxs trabajos «de la radacicáan y "varios otros de oola- 
bormiores. Damos, ipu-es, naieva/iiüente las Raicitas á los lalíO- 
tíosos ííast(^n/edor(»s <lie La Rei%sta de Buenos Aires, qu-e ten 
■eapontánieamente nos fiavoreoeai con siis es^ritOB. 

LOS DIRECTORES. 



LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 



Rlitorla Americini. Literatura y Derecho 



AftO VI. BUENOS AIRES. AGOiTO DE ,868. No. 



HISTORIA AMERICANA. 



S 1 S T E :yi A A S T R O N ó M ICO 

DE Los ANTIGUOS PERUANOS 
(Conclusión.) (1) 

Dos gtnicracwMK^ Imbiaii pjusanlo ajx^Kas iclf?3de que Titii- 
YuipaiKiui se hai]>wi «hroga^k) ol •clonv.ho de los Aniaulas» 
cuíuikIo veimxs, (iiie a»! iiuií^iiio th^upo (]iie I\ui'l(ki-l<»ar-Pirlui.i 
8e «p«agu mvlanvonte en lel tpo«iio, Je siietxle por fin LJoqHc- 
Ticsi'Amanta, 

^FontH^sinos -dejó i>afi4a»r iína;percibido este i^iiubio furnia- 
niekntwd de íla Dinavstía <le los Pirhuas »por Ia -dinastía t«í(»ei\lo- 
tal úi' lo« Alina utas; y liasta en la nuuiera de ecícrihir el nom- 
bre tM «n-utn-o nKWia«r<**a mostinS que ignora <*<>inpl<»ta mente su 
5>rofumlo «mti'do, pui« eseril>e Lloqur i i Sag amanta en vez 
de LUHjHC-Ticsi'Anwufa. 

Lix>c, Llok, ^*s mwi raiz (jue (luiere d»vir a^sattchr 
(2) : TicsT qnu^i^ tK-i^ir fundador (3). Así es que el nouíbre 
úvi oaievo ^Fonan^H era AscKxrroN del p^'N-dador Amauta. 

1. Véase la páj. 271. 

L'. Verbo *'Lloeani/'-^«;al)ir: \u\o Tschiuli. <'VcKab, quichua/' 

3. **Ticsi", fundamento: vUle **Ticsi:'' id. 



: SISTEMA ASTROXOMICO DE LOS PERUANOS. '09 

Par. III. 

Del CaUn4<irio, 

Ai'OPduíii'Jo <!oinO *eá justo miielio valor histórico á la 
•ipaidkion q»uie ineiiéñana los g^ramles heclios dol Pirliua Inti- 
Capac, idebo sin <eiii!bargo ob¿)iírviaT que su imiportaaieia reca-e 
sobre da histx>ria d-e la raza y «de sus .ad'dantos mas qu-e sobre 
la /peraofna iniíjuia de 'e¿?e famoso 'mon>ar<5a. ln<ti-üapa<í es en 
la dinastía prriuithTa de dos Pirhoias, do quie Niuíima para los 
tiempos <lie da l-c^yieínda romana, y do c[ue Charlo- Mwgno -en la le- 
yeaidía etatxUiea ; grandes persooialidacles qirizás, en las (jai^e da 
faaitasiia popular ha contoenlirado poco á poioo, al pasar de las 
genera'Cion'es, toda la acti-vidad, todos dos adtelantx» de muchos 
siglos, aüiiteriores y posteriiopes á osas peoisoai'ifi'caicionjes, falsas 
en sus d^etaíldses al mismo titemipo (íu>e emínentemtent-e verdade- 
ras como tipos ideales de oi-na «grande ópoea. 

Esto sodo es ^1 pamto d<e vista «en qu-e del>emos tomar Ja 
leyenda die Infti-Capac ; y así, «es casi probable qute «se arreglo 
del año eivid con 365 dias y seis horas no fuese obra de si 
tieni'po, sino efecto die otra tentotiva muy posterior, com'^ 
vamos a v<^r, qaie oino ide los ireyes Ama;u»tias (h'iao 'fijar 
las bases deil oademdario en «el año sideral «aleándolas del a^ro 
irapicaly porqrue 'en efecto -el iprimepo tiene 365 dias seis 
horas con q'uiná.xm'tos y 10 seguodos, mientras que el segundo 
tiene salo 365 dias, 5 horas, 48 •mdn'utos y 74 segiuaidos. 

Si la tpe forana que se atribuye á Intí-Capac hubiese dado 
el año de 365 dias y seis horas, las peirturbaeiones del ealen- 
daTio OJO se hai]>riaji hecho sentir ta-n pTonto como a'parece 
de das relaciianes de los Amiaoi/tes; porque una diferencia de 
11 mdmiítos, 13 segundos solo idaria un dia de divergencia en 
cada 144 años. Montesiiios mismo haJblándonos de la refor- 
ma hecha en táomipo de Ayay-Manoo, qiue según su cronolo- 
gía cae como 1,200 años después de Inti-Cax>ac, nos dice 
que entonces fué que se agregó un dia para los años bisiestos, 
y qu)e se les dio el nombre Alla-Cauquiz, litterafl'mente escep- 



410 LA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

dáñales. Se deduoe enrtomoes quie la «reforanía de Inti-Capac 
no tomó eu«fntia d«e la fracrion d-e seis horas; (porqfu«e toman- 
áoha, 'híHhria visto ^qae seis boinas Imoen un dda cada cruutro 
:iños, y lrabi«ra h«eiolio «ntrar ios bisiestos en sa cálcnto. Si 
no ios lid»o «entraT es «evidente que tanmipoco :ppenotü la f raoeion 
d>e horas; y qoi-e «esa refoiima se redujo á \Tari»r el año vago 
de 360 dáíis aj«iista>do í?abpe id ourao de la luoMi, para tnas- 
portafrJo al d^el Sol con 365. Naturai era que diese^[>efpados 
los (primei9X)s astrónomos con ia imposibülddiad de ajuatar el 
año trópit'O aJ civil-lunar, creyesen que ibastaba trasportar 
el cáilcuilo al curso óé scA para obtener u«n caileind«rio per- 
ft'dto, mn ¡poder ver entonces que siendo desigual el año tro- 
piL^al y lel año sidefral qiwdaíba siempre el germen de las per- 
turt*b»cáon'es ; poa' que, -eoono ddce Mr. A«rago — ^^'esta diver- 
gencia ha compláca.do miuy singulaTmente «el caleoídario y la 
cronología. " 

Da 'dioastía de los Pirbuas sujonambió pues «bajo el peso 
de las imperfecciones del calendario, desacreditada por las 
desórdenes y por las calamidades públicas que ellas ocasio- 
naban esterilizando las sementeras y arruinando las cosechas 
por la indecisión de las fechas; y los Amantas que le sucedie- 
ron entraron en la tarea de remediar esos males haciendo 
estudios prolijos sobre el cielo. 

Bastará una critica vulgar para comprender que esos 
7>rodigios del cielo no son invenciones de Montesinos sino 
fragmentos verdaderos de las leyendas nacionales. Monte- 
sions no conoeia ni menciona jamás el nombre de las Es- 
trellas y constelaciones del cielo peruano : hemos tomado esos 
nombres del Padre Acosta. De modo que esa pariedad sor- 
prendente de las dos constelaciones del solsticio boreal 
(invierno sud -americano) con los signos del León y la Ser- 
piente que devoraban al sol, y que le oscurecieron por fiuw 
de veinte hora^, es una conformidad de contesto que pone en 
evidencia la exactitud de ambos cronistas. La poesía de la 
leyenda ha sostituido, por dos cometas, los dos signos del zo- 
diaco que mostraban la irregularidad del calendario y el 



SISTEMA ASTRONOMKX) DE LOS PERUANOS. 411 

dcsjórden anÓ7nalo que el cielo, amenazador y destructor, 
arrojaba sobre la fertilidad de la tierra y sobre la vida de 
las tribus. 

Para las multitudes que no eran astrónomos y que íffno- 
ral^an los misterios del cielo, que tenían profundas y ciegas 
ipreomiipíajcioMes oouiio tieínieín hoy «miiismo, <?1 solo miraor dfol 

retardo de las estaciones era un signo de que el castigo del 
ci-elo estaba sobre ellos: la luz del sol se alejaba, su curso 
«e retardaba manifestando su voluntad de oscurecerse para 
siempre. - ¡ \ 

Elevada al poder la casta Amanta con una dinastia pro- 
pia como lo demuestra el rasgo distintivo con que termina- 
ban todos sus nombres, debió contraer sus esmeros al calen 
dario. Ignoramos sin embargo los primeros trabajos quí> 
realizó, pues la tradición solo nos ha conservado noticia de 
los del cuarto monarca llamado Manco-Capac Amanta. Como 
íistrólogo que era reunió á todos sus ' correligionarios del 
Perú con el objeto de estudiar comparativamente las diver- 
gencias del curso del sol y de la luna: sus respectivas dis- 
tancias y sus respectivos volúmenes (1). Tjos quichuas tra- 
bajaban ya entonces sobre los problemas de la Mecánirxi de 
los ciehs que para nosotros eran nuevos ayer cuando nos lo 
enseñaba el genio de Laplace ! 

Los Amantas romprendierón ya entonces que cualquieni. 
de los puntos solsticiales era mal punto de partida para cal- 
cular el año tropical, por la diferencia de distancias que 
resultan del perigeo al apogeo; hecho que debió comprobar 
esta Asamblea fspreítamente reunida para calcular las dis- 
iancias. Así (S que en vez kW año soílstpcita!! se ííonstituyó 

un año aquinoxial ñjándose sii principio en el equinoxio de 
primavera, que es el 31 de marzo dice Montesinos; Montesi- 
nos quiso decir el 21 de setiembre (equinoxio austral) : su 
error procede de que era tan poco versado en estos conoci- 
mientos que lo equivoca todo ingenuamente: llega hasta de- 

I. Montesinos páj. 



412 I,A REVISTA DE BUENOS AIRES 

cir tamT)ien que él 31 de setiembre es el solsticio dm invier- 
no! (1) 

El resultado científico que diera esta grande Asamblea 
no debió ser satisfactorio para el arreglo de estas singulares 
complicaciones del calendario, que caracterizan la vida civil 
de todas las tribus ariaeas en cualquier pajina primitiva de 
la historia clásica qu« las tomemos. Porque al separarse sus 
miembros declararon que según los astros, grandes trastor- 
nos amenazaban al Perú; y aunque la tradición no se esplica 
esplícitament-e sobre ellos, se siente en efecto debajo de la 
niebla del olvido el sordo rumor de des(3rdenes reales aun- 
que vagos y sin nombre en la bistoria. Entre estos límites 
parece hial>(M>:»e ro'pra'íeutaido el a<*to fiixa<l die la Diiiastia de los 
Ainiautias, porqmt» liaihlamlo ái} iin nuevo uionarca dice Mon- 
tesinos — **E1 reino de Cao-^Manco, que ascendió al trono fué 
m uy borrascoso, ' ' 

La nueva época se inicia por un rey cuyo nombre es 
característico. Montesinos le llama ^farasco Pacliacuti; e3 
idexár — ^Fara-Acha Pacha CrrcE: (] gran matador qm re- 
formó el caleudano (2). E.iiijpie?5a con él unía serie de ivy(»s 
«rdiientí^ «i re«taura.r las aoitiguas c»ret''ni»i¿i8 y tradi-eiones. 

Manco Avie Topa Achca Cutec: (Espíritu ungido d^l fuego 
muy reformador) derogó el calendario de los Amantas ^i/<5 
liñcia comenzar el año ni el rquhwxio de primavera (Uasc 
otoño) y ordenó que en adrlante empezase por el solsticio de, 
invierno, ó hien el 23 de setiembre (3) (iléast» el 23 de íli'(*iíe.m 

bre que es el solsticio boreal.) 

V\im vñ'/iñ coni/piiesta die tri'lnLS eniin^itcineiito agricultorias 

toras como las del Perú antiguo, debió comprender que el 
verdadero momento inicial y, religioso para la vida de la 
ti»efrr«, «era i"! solsticio d<e InviK^pno: ]X)r(|ut^ riHíupK^raida en esta 

1. Id. páj. Q2. 

2. ^^Mara'^ matador, rapaz v. jj. ^*.-\lloa Mari''. 
"A^hca. achea, '' asea: muy, mucho — ■ 
Pacha: tiempo, époioa, calendario 

Cutini, reformar, rehacer. 

3. Id, pAj. 92. 



¿SISTEMA ASTRONÓMICO DE LOS PERUANOS. 413 

tvstai'iun la virjinklia'cl d-e mi injatriz, di^spuea d'e Levíinitadias las 
eoseehas, la tierra vuelve á recibir y á haoer germinar en su 
seno la semilla — Ese es pues, el verdadero principio del añ^) 
i*n c^til.i rii^oai m^íiitiva. (1) 

El sui^^or de aste Mooiapca, Mamado Sinrhi Apusqui 
viene con sus actos a revelarnos mejor aun que pertenecia í 
una dinastía Pishua, que reaccionaba contra las novedades 
úk» la ciaiííta sa/*er>(h)tatl ; Monítesános diiv: — * ' Queriiendo «ství 

**rcy re«t¡able(í(*r la aiiitiíguta pctligiom, ordenó, deíipues <ie con- 
^*sultar los mas antiguos (consejeros, que el gran Dios Pirhim 
** fuese adorado sobr« todos los otros; y como la palabra Pir- 
**/nía habia ya cambiado de significación, mandó que se le 
^''1 lámase Illatici ITriRAOOciiA, lo cual quiere decir la luimbre- 

^*ra, el abismo y fundamento de todas las cosas; porque 
^'clla significa lumbrera: fici, fundamento: huirá (corrup- 
*N*ion d'c La palabra piruo) ciuierc d(>:*ir reunión de todas lias 

^' cosaos, y cocha significa abismo.'* 

Su nieto reunió de nuevo en el Cuzco un consistorio de 
A'iuaaita'S que proba'blcmiente portc'n'pcia'n á la fni'ertic d-e la 
nu^va Dinastia, '*para trabajar en la reforma del Calendario. 
**iyor que <\stiaba olvid;ado; y •ontontc^^ «diicip eil cronista p«?pañol 
que SE RESTABLECIÓ el método de calcular el tiempo poíi el 
MOVIMIENTO DE ix>s AsTROS ; y dic*spu'cs dH3 haibcT disciitido 
nni'clio, aealx') por d'eMdir que no fa^^ cont'aria d'^ a'llí en a»d«c- 
lante por lumus, sino ipor mesi^s de trínnta ¡días y semaifías 



n 

'* de á diez dias. Lla'iiinpon semana chira á los cinco dáas 
** que quedaban ail fin de calda año; y agregairon un dia ;i 



41 

< t 






loH años bisiestos y los llamaron Alhicauguis. Taiubien 
contaban por 'di^oa'^las de años, y dec^adas d? d-.^caid-as que 
ha'cian am «o-l ó <'itcn años; A 'Ospa<*io do quinientos años so 
lla«i)itaba pavhncuti. Esta manera de i-^aílciilar duró ha-sta 
** «la Nogada d»^ los Españoles «1 Peni. 

El aisoüto qu'p tenemos en •este trozo es form'al. Para lai? 
(pcrsmias ^witOTudidas en «la miat'eri'.a tenenios ítíjuí la restaura- 
ción (1(1 año sideral y e»! abandono del año tropical, las diver- 

1. páj. 92. , -7:—^-^ 



4H LA BE VISTA DE BUENOS AlBES 

gencicLs que complicaron singularmente el calendario de los 
antiguos, <%ymo (íon tanta viorulad ilo dájo Mr. Arago. Eiapií- 

ña^ílos len obbuiiw im año ■ex^ajcto para "de-iaostrar t4 favor y la 

« 

pani'üilaid Jel C'ietlo v;ou la tierna, taíqutalios ipuabdos vivian «es- 
tuidiaaidio siieniprie los -¿Vatros, laaisiosos (por rejíodveír te«je grau. 
prohltíina icie íLa vida de <lia ti-dra^a y de lia fortuina idie l-a& >raza:y 
<(^viili¿9a)d)afi qaiie la poblahan. M año tropi'oal era corto para 
trabar dientro d>e siis Jimit® un año civil pert'edo: ^el año Si- 
*kíTWJl lera lamgo. Esn la esiperaínza de resolver <4 pix)i})l'íMiui 

oan inn año a'nomalistico tonüaibam la base -die la elíptica -entre 
'los «ilíxs isolstiseios ; /la abamidoinabaai por las liiv^erg'oneias dt» di«- 
taneia >eí*tre el poritg»eo y i^l apog^x). Reeurrian «entom^es al 
'Hnmvo uie grandes '(áiclos, á cuyo término querían oneontraj- 

nn piir:i!k*HsriK> pertW:to ¡íiie <ícmjunjdon'p*s asti-onsomieas ; y da- 
ban i^n igiwn!-es ick^T'^pt^ones. La luna r-ejia «los niíesíes, pvn> 
no tr(*jia el año. El sol nejia ed año, /i)ero no rejia los iiiiiesetü. 
lia tierra testaba i^i una irt'íla'íflon con lel ¡sol ; p-ero -el sod o^tail)» 

<^n ottra relaiíii(?n con los astros. E/1 cielo no estaba jajimae eir 
rí«lacion (íon <^1 hoiiiibre ni con la titerra. . 

Hé áíjuí el germen «de todas l'as cxitaeionító de aquk^llos. 
tiempos, y <le todas Las peripédas de atiuella historia aiu 
historia. 

Ijos a«str()k>g(xs ale ki restaairaciooi Pirhfiia ee conjv-enK'iirtron 
<i»e uai'evo (iive .íI año fiiidie<ral lera una base inmanejaíble para 
4i'rreglar d cadeondario : y una nu*eva serie de Amautas apareóte 
♦ n (d trono. Ama Uro Amauta (la Senpiente taeitiwwi 
Amauta) irestabloí^e len otro ooncailio «1 año tropicail tomawdo 
por base los solstiioios, y no tíos lequinoxios como sus preidwee- 
»<)«Ris de la ími.-íina (^^asíta. Pero ouat/ro genjeracionas 'iniaB "tar- 
"^ otro >r(^y v-kme <ju«e tdávide «el año -en cuatro porcionca con 
«un d'ia ú?, fiestas públicas en cada una, dos Bolsticiofl y dos 
^«l'uánoxios. Con «se método logiaiba intercalar cuatro dios/ 
y flirvs endose de un cielo de 12 años, qitte dÍATidia «en tres tpar* 

1. Páj. 92. 



SISTEMA ASTRONÓMICO DE LOS PEEUANOS. 41Ó 

i-eSy in^beroailaba ci<n<x) dins «ipagómenos <l<e fiestaiü .<;axla <niMio 

AjI d«amos t5ueiita die asta pefonma, Maüteri-no» no* 
muestpa «coiiix) siempipe su .propia iivgenuddsad por los «erro- 
res .miiSiinos que oomiete -en los d'etaüiles. **Estie rey áesda- 
brió (dice) los equimoxios'' ' sin 'COiappend'or qu-e «ese d^eaofu- 
brimáeQ<to estaba beoho desde algunos miles de años anta^^ 
se^m 'los iiuiísmos bechos qoie ba peliafeado: ''llamó al m<5a 
de ixmyo Quiray-T oca-Corea ó tniuinoxdo de priinuavera" — 
sin salber siquiera quie <m Mayo no puade <3aer uingum equi- 
noxio, 'ningún salstieio, y jnuieho menos ed de prirajaviisra 
(austral) ; ** y al da Sestiembre Camay -topa-corea equinoxio 
de otoño. " Se conoce en todo esto que repetía mal lo que 
en efecto hahia oido y no habiía oomppenfdido. Si él hubiese 
invseDQ/taido, «i bubiíere for jaldo ¡los diatos de sus Meraoritas, la* 
dienominíaciones qíuiwbuas corresponderian á sus id'eaá ; ail pa- 
»() <iue, como están pujestas, tienen su sentido verdadero, ¡f 
ese sentido ejí sinembargo el contrario del que ¡es dá el histo- 
riador! 

hAi efK3crtx), Monteadnos pone en Mayo digiaonos auiao^zo, el 
equinoxio de primavera cuiando la paütaíbra quichua di<oe de 
otoño icoano legitímente ilo es: Quiray signiñoa ramfíol, oosrt»- 
do: toca soartbi», oscuoTjdad: Corta sección; dfe modo <|ue 
¡temennos secxian del costado oscuro, que «os ed otoño y no la 
prómia/vera ; kt verdadena estaicdon die m<air23o piaira eil «iDemis- 
ferio auBtraü. Camay-toca Corea es pirionavem y no otoño, 
por que Coñnay es oreadior ; topa oakw ; corea sección, es decrr 
seodan del calor creador. La verd'ad de la relaeion al «lado (V 
3a ignorancia deil reteítor "OS día nüayor prueiha que pufeíde dar- 
se de da imgéniua exiaiotí'tud de este. 

£ki]tonoes fué también (|uje da Astroloigia Peruainia, fíjó^ 
casi eon él miismo nomibrie ique nosotros, (h> que ddiamatmos 
ios ouia/tro puntos cardinales de la edíptioa ded año. Capac- 



4J6 LA BKVISTA DE BUENOS AIKES. 

Hay mi (soM. aucitml) Intip-Raymi (&o»Lst. boroal) Sitúa equki. 
*u>st.} A-Situa (1) (eíjuin. boreal) (2). 

Algimos crítitxxs lian ppoterulklo enoaatrar una contra- 
ilá'fLnon evidente y m^va^AÚoríí entre -el sentido de estas :páji-n<is 
d»e !Man'ti*siiM)t5 que hemos trascrito, y las (pie tk\liv*a á «la re- 
forma »(ie lotó-üaipae. Aquí (3) nos dice que la expresión 
quichua un sol 'oquiA'íilia á cien artas: eai las otra«, (4) pre- 
tencicn esos críticos que diee que la misma csh nsion eífuivale 
á mil años. % 

La an-usacion es gratuita: no se jii4>tifi<'>a i-on ese testo; y 
eiS fiu-il ver que en una y otra parte repi\>ducc una trailici<ín 
idé4iti«ca en -el fomlo. 

En la pkg. 62 establec«e que un sol es diverso término y 
SLJitiilo "(lue grandí año <kl sol; los lii'diiw lílict» — 'acostum- 
l)nan (Un'ir twl i'osa sucedió aJiora í//>.v sohs; y .]K>r eso e^s <iue 
Onid(»gardo y otros han confundido i I vicio di cien años con 
i i de mil al rihu yendo una anligindad di 450 años á lo que Uh 
Jndios dan 4500. Diw^yues de ama asen.* ion tan Hvsplíc.ita, (jik\ 
por otra parte, está de ai*uerdo i*on su t-cMiria de ha-eer <ia'tar 
las Tribus ]>erua'nas, «tle 'la Arnuiiia y de Noé, no piuxie 
prv4t-iKkm*4e <pie suls palabras ijnieden «tener -el sí^ntido á nue 
se k-s fnrrm. Íntip-Huatan era A grande año, d gran pcrio^ 
do de la antigüedavl clásica: Cap-Pach-Cata era el eielo de 
mil afios: el ule quinientos — Pacha-Cutti : el de ciento — Pacha^ 
ó Intip-Pilluy ruit"ida, auréola, pi*riodo del sel, y así ni exi.ste 
ni ha jKKHdo existir la pret^^idida e<mtra'ili(vion — ^lontt^inos, 
a pesar ile la ignoraoicia de l-a lengua «de los Amantas, no pi>- 
dia inc-uirrir <on el error que t^m dirt Hitamente re^pro(*haba él 
uii-^mo á Ondejrardo. 

Después de h-aber noticiado <esta reforma, Montesinos se 
contenta eon darnos los nombras de algunos !Monaírcas sen- 
tados en el p<'>lio di4 Cuzco, á quiem^ atrilmye un pocíer *- 

1. T.'»s Quicliiiaís tenían la 'Mi" privativa ({i-^ lo« Griegos. , 

2. Vónse la figura litografiada on la pAj. (>r>7. 

4. Pág. 62. 



SISTEMA ASTRONÓMICO DE LOS PEBÜANOS. 417 

tenso y g>enerail sobre las eoimarKías civiliaaldas del Perú, sin 
iufonniairnos de idetaliLe ailguno <iu«e interese á lia Historia de 
ia Astronomía in'díj'íaua. Todo ese (periodo abraza una época 
indetenminaida, y «aun los nombres miamos de esos monar- 
cas der<.ÍMj cHvepsidad de familias, smociones sil traba;'.on; 
revoloiicionieía y oaonibios quizás, por qu»e no poeaa w «es se les 
hace sej^iiir de Ja denomina\iion Viaga d*i '[trimcr'» c»'i.' iiomhrey 
cuyo st.-ntido verdadoro es difícil definir en da boca á^ los 
A'mmitas, desde qaie tambi^en signdfioa -en quiobuia primero de 
la familia y de la raza. 

Sobre uno de ellos Ayar-Manco (eil 'médiioo, ol sanador, 
ó é] Salvador) nos dice Montesinos — **No se sabe ni lia dura- 
*' <rion de sa reino ni la odiad en <ine murió" — ^y pasa inime 
diaítaimeníte á ha.M«amos de Y«gua«r-IIuquáz, otro primero del 
"nombre que fué el que ejeautó la última reforma del ealen- 
dario de que tenemos notieia. 

Ija época en que ^lontesinos coloca á este Rey es la d^ 
e_Tíc?a de tres mil años después del diluvio, «mas 6 menos co- 
mo 250 años después de J. C. Yahuar-Huquiz en efecto de- 
bió ser primero de fa/milia ; porque su nom«bre lo dice: Yahuar 
se compone de Ya — ipad»re y hua descendencia, es decir — fa- 
milia: y por eso significa también sangre; huquiz se compo- 
ne de Huk uno y de iz unidad ; quiere decir ^por consecuencia 
primero de la sangre ó de ia familia. 

Este vey era hábii astrólogo, y á él se debe una reforma 
del ealendairio ditgna de atención por sus sinigulaTes eombi- 
naciones y por otras circunstancias que se desprenden de ella. 

No habiendo «encontrado la solución satisfactoria del 
pro'blenim del paralledismo de los movrmien/tos astrales **des- 
cxtbrió (dice ^lontesinos) la neeesiidad d«e intercalar un dia 
cada cua/tro años ipara formíair los ^bisiestos; pero en vez 
de esto imag^inó el intercalar t"N año en cada cuatro siglos 
(en cátela 400 años) : cákHiilo que los Astnniomos y los 
'* Amauítas deelara'ron ser irreprochable. " 

Empecemos por obseiivar que es imposible que nadie, 






^H8 LA BE VISTA DJS BUENOS ALBES 

y iii'uolw) im-enos los Ajmiaaitas lioübiesieii creado ó «dacílarado que 
«eiriiejante cálcoilo -era iriHjpraclmble. En 400 lañots -coixicarreii 
cien'to y seis dd'as bisiestjos ; ile auodo q-ue l-a adiidooi de un año 
(aun cuiaodo hiiígaiuos el oóiiupiuto de los 48 lainuitos flotantes) 
dariía ípor do inienos 250 dias úe esieeso en «(jada periodo. El 
error es tan monstruoso qfue, a-severado el h eolio, debemos 
temerilo por verdadero en -el fondo, pu'es 'es iuiiposibk suiponer- 
-lo pradu'cádo par una superoheria tan crasa; y buscar la 
et|uávoci¿ieion «en 'los núm<ei*os, ^n lia ineompeteneia de Monte- 
sinos piara 'r»eeordtailos 'Con exactitud y aun para tradueir bien 
'las foniiiais lengüisti-cias «tle 'la aritmótiea de los Quichuas. 

En efecto, lo (fu-e es^tos >le dijeron fué (jue se agregaba un 
año ai fin die ctida mü cuatrocientos sesenta años. 

SU la superoh-eria no procedie de ^iuñoz, su priuie-r co- 
pista, como c3 probable segiin Jo que veremos unas aiLklante, 
v& «evidente que do que los Araaiitas 'le dijeron á Montesinos 
fue MIL CUATROCIENTOS SESENTA ANOS, y no cuatTOcicntos ; es 
Klecir que Yahuar-Huk^iz ordenó que en iugaT del bisi<esto 
cuvaternario se formiase un gran ciólo de 1460 años y que al 
cabo de ctaidia ciiolo se interciadase un año para atrapar á 
todos ¡Los astros y la ti'erra en la misuna conjunción inicial 
<iiel .primar año. Si Monteisinos no ha sido failsif iwado en es- 
te testo, 'como es probaible, tendemos que suponer que al oír 
á dos quiciiuas Pacha t 'tahua Socta chunca huaranga yoo 
líuata, comprendiera soio «el Pacha t 'tahua, cuatro siglos^ 
cuatrocientos, y que se olvidare, y no pudiere pei"cibir «el soct.i 
chu/nca (sesenta), y 'ed huaranga yoc (mil). 

El fon/do de da tleyenda d'el>e ser csti icta ui>ente ei^erto ; por 
que esa es una reforma, que tiienie precedentes de una identi- 
diad sorprendiente -en Egi^pto. Paira sad\Tar las divergencias 
váKÍbil<íS died año tropical con el año vago (el año ¡eomipuesto 
de dias y 'luuas uniformes) los Amautas si'guieron el imismo 
eispe^ldente que halbian adoptando dos Egipcios: form«tron un 
«año civid reservándose <la facud'tad de señad-ar das testaciones v 
das fiestas, á medida que las variaciones se fueren demios- 



SISTEMA ASTRONÓMICO DE LOS PEBUANOS. 419 

•tranido y pam neonudiar ¿ la cronología saxí»endotal, poniendo 
al cielo de acuerdo con la tierra org«UDÍzaroin un grande ano 
de 1460 años, y a)coraod«ron así la «nenowaeion died año civil 
dentro de -ese cklo ajooinodiaindo ia» dflvergeoaKáias aatnonómi- 
cas :pairia qn^ pasasen intatpeiviibkias. La cueotta q\xe servia 
de base á esa operación -es dará, y sencilla; basta dividir 

1460 por 4 pana obtener 365, 6 bien u«n «iño, qu-e agreg-ado 
al fin del periodo debin darl-es la renovaicion de todas il-as -eon- 
jun-eioneá •estelaines. 

El método iastax>nómi'CO que se 'basalm en este ciólo de 

1461 años diaita en la nden^iia clásica dí^e los irnas remotos 
«tiainiiKJS, y s»e haiia tpaserito y laoalizado, como muy ant-iguo, 
(por Aristóteles mismo. Censorino nos idice — ** Eil año civil 
** d»e dos Egiiipeios no tiene sino 365 dias sin ninigun^a interoa- 
** liaeion; de modo — que en cakla 4 años cu'entan nn dia «me- 
*' n«os (fue nosotros; y las coincidencl\s no se restablecen 

SINO á loe 1461 años. Este es el «ño qm Aristóteles llama 
perfecto m«s bien «que grande; jpues grande se M«nm el que 
forman la Tevohicdon ée\ sod, de la flnma y de Jas caneo es- 
•treflas errantes, cuando vuelven todas juntas al punto ce- 
** leste de que ha/n partido juntas tamhi4?n, (1) 

Acfuí se vé paiips que üos númieros, "ks idjeas, Jos (métodos, 
as aiplitoacionies, todo e'l m»i/terital cdenitífico en fín, es perfeu- 
«tamfenfte idéntico en (I<a traddeion de los peruanos y en la tra- 
dición die los Egipcios. 

^r»r. Rodier, tuno de los sabios franceses qne mejor ha 
eírtudiado y «resuelt» Jos problemas dimiatéricos de üa anti- 
fe'üedad egil>cia, nos revela este ^an pumto de identidad en- 
tre las tribus dásicas dd Nilo y Jjas tribus nd tmienos cslásAcas 
de los Andes. ''El año 4286 principíia -uno de los grandes 
*' ciclos egipcios meneionado por ailigunos .aaitores griegos 
*' qme /lo tomaron de los «misterios de la, iniciacdon. lia dn- 
** ración es de 1460 años. Estos anitores griegos conforme 
*' á Itfi creencia de su tiempo establecieron que 365 di»as y 

1. CensoTini liber '*de Die Natali'^, ad Q. Ccrenium número X 
«dit. de Mr. Nisard. 



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420 LA REVISTA DE BUENOrf AlKli:^. 



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wa. louiarto por 'año ihaíciaai qoite 1460 años trópicos fuiesen 
igoiales á 1461 años viagos (2) "; es dieoir, iii'tepoailiaiban un 
año <m caída 1 460 años, lo mismio que .los quiícliuas para encon- 
trar -el papalííliájmo prá^raitivo <áe las lestaríooi'es. 

El sabio francés, prosigiiienido sus «profanídas ioviestiga- 
eiomes sobre la oouifpa/racioai relativa úd lestado que ofrecía 
el 'ci'elo "en aqu'eflla ápooa y de 'los doeoraentos, djeduoe que ed 
estableiei'im'e«nto del gran ci<jilo de 1460 años, databa en Egipto 
del a Tío cU 14,611 antes de J. C, y sin quie estos problemas 
sean de iiuá resoirbe, diré sin embargo que (lo -(juie es ev'idente, 
y pueidie demostrarse, «es que ese ei«do ^ imnieho mas antiguo 
que lo <i'Uie apareee en el cstracto y acomodamiento que Mu- 
ñoz 'Jiizo id'el inilanaiscrito de ^Monítesinos que es la ¡forma «adul- 
terada en que nos lo da ia -coleeoion : Teman x-Oom^pan. 

En efecto, debe haberse notado que en ese trozo tras- 
crito, ^Montesinos dice que este monarca Yahuar-Huk-iz fué 
el que descubrió la necesidad de intercalar el dia bisiesto, 
adulteración visible del testo origina!, pues que en la fo¿a 9i> 
consta que ese descubrimiento estaba ya hecho desde el tiem- 
po de Inti-Capae, conviniendo en que los dias intercalados se 
llamaban ya entonces Alc^-alca y Alca-huk^. Ademas, allí 
nos asegura el autor de un modo terminante — ^**que ese 
arreglo del calendario hecho en tiempo del Pirhua Ayay- 
Manco fué el que duró y se mantuvo hasta que los españoles 
conquistaron el Perúy Este aserto no es el eco de una tradi- 
ción antigua ó vaga, que haya venido a Montesinos en alas de 
las leyendas primitivas: ese es un hecho contemporáneo, que 
por otra parte se halla corroborado por Acosta y Garcilaso 
que dan al año de los Ingas como análogo en las bases e 
an'tereíaia'cion'GS con el año europeo (moderno. Por consiguien- 
te debemos convenir, en que si tal fué el arreglo del año 
que duró desde el Monarca Ayay-Manco es decir desde 700 
años antes de J. C, no pudo haber sido el último el otro 
arreglo que se atribuye á Yahuar-Huk-iz, sino que siendo 
cierto, como lo prueba su forma misma, tiene que ser tras- 

2. Ant'iqiiité des Races Humaines páj. 23, 



SISTE^tA ASTRONÓMICO DE LOS PERUANOS. 421 

ladado por una crítica irreprochable, á una época muy ante* 
rior á la de Ayay-Manco y entrando asi entonces en el océano 
sin fechas de las Leyendas y de las tradiciones orales, solo 
Dios sabe hoy quizás á cual data corresponde esa forma sin- 
gular y sorprandientie del grande año «de los Pirhuas. 

Aun cuando nos faltaran estos datos, nos bastaría él 

estudio de esa fórmula en sí misma, para comprender que 
esa reforma es primitiva y mucho mas antigua que las otras 
que Montesinos nos detalla, después de la que se atribuía á 
Inti-Capac. Ella coloca el principio del año en el equinóxio 
de oiaño enteramente conforme con el primer año de la crea- 
ciotí (>de la cronología egipcia : el año de Thoth ; porque los 
Egipcios profesaban como hemos visto <in Censorino que el 
mundo había sido creado en -el momento del equinóxio de 
OTOÑO, cuando la línea ecuatorial tocó en la estrella Syrio, 
que ellos W-arnalbain Thothis ó Tozis ()1. El nomibne mismo 
diefl Mooflroa .pirhai«aino y eil qai'e este dio ail puinto tle arranque 
de la época inicial — es decir al m^ de Marzo-Abril, pruebaa 
que se trata de una tradición primitiva, y no de un aconteci- 
miento casi ooatem'porámeo. Yahi:ar-Huk-iz quiefre decir, 

el Antiguo, el Primitivo, el Primero de las series, literal- 
mente traducido, porque Yahuar, es familia, raza, sangre (2) 
(líquidía de padre : h war-f ya, pad-re) . A este nom'l)re del mo- 
narca se agrega el nombre del año bisiesto, y el del mes de 
Marzo- Abril con que empezaba; ambas vienen á corroborar 
las mismas deducciones. 

En vez de ser adicional el año bisiesto fué Huk-iz el 
Primitivo; y su mes inicial fué Huar-Huk-iz: el primero de 
la serie, el primero de bs tiempus, el primero de la crea- 
ción. 

Veamos pues si no es sorprendente una analogía taii 
purfcjííta con 'l<a constitución astron()MICo-politica, y oon las 
formas íntimas de la vida social de los Egipcios! 

1. Censorino, loco cit. y Mr. Rodier páj. 199. 

2. De la acepción sangre viene la de ** tigre'', yagnar: el nom- 
bre directo del tigre es **chinca" y **Utturunicn: " vide Markhaa 
verb, **Yah'uar, chinea, atturunna.'^ 



422 LA BSVISTA DE BUENOS AIBE6 

Cuaado menos, tenemos pues que llevar esta reforma 4 
dos siglos antes que la que efectuó Ayay-Manco (£1 salva- 
dor) (1) que equivaldría según los datos de Montesinos para 
la eronologiía oomiparaidia á uina data de 4 á 5 siglos antes ái 

J. C. ; por que esa reforma de Ayay-Manco fué la que duró 
hasta el tiempo de la conquista de los Españoles. 

Pero notemos que entre las dinastías de los Incas, y las 
d(* Pirhuas y Amautas que encabezaron la civilización primi- 
tiva y general del Perú dándole también el nombre á la tierra 
que habitaron, intervino una época en la que esa civiliza- 
clon fué ahogada por las tribus bárbaras del vasto continent»^ 
f|ue «la rodeíaiban : f?us rwes -emigraron, -el impí^nio se f raci^ionó 
•en peíiU'eñas paríí'iailiilaiíles, las letras se perdieron, y como 
so verá mas adelante (2) un fenómeno de trasformacion 
que podría llomarse con toda propiedad Edad Media, se rea- 
lizó en el Perú al mismo tiempo en que Europa; ¡cosa singu 
lar! V d-estruvendo las bases teocráticas del Imperio Piriiua- 
>ío aTmiaiia'l>a por Ja 'anarquía y 'la gU'orra lia prepotenci'a poli- 
ti<-a id el SfaKvrdoeío, re^diraK^do a los Am<a<utas ó no ser otra 
eo5;a iii laddante qu'e los servidores doctos d'eil Inga, como la 
Iglesia í friega á los 'piés del AuínVenatia áe Ru»«iia. 

Si len Eiiropa ¡k Edaid Moilia ha dejado mi st cirios im- 
■]>em'«t rebles sobiv su .propia liistori'a y la de los siglos que la 
f)i'<e(*e:Íi'(T(Mi, Jo 'ini'*?ino debi'ó suc'oder en el Peni, hasta que 
fl:i ínjiKjiii'i't.a eí^pañola vino á 'destruir sin 'caspera n»as iMstA 
dos iiK^clios d.e rpstaiuíratr la V'cpdad de Jos aic^nttH'iiiiieíntos; y 
i'iVAU) fué al trawz de •t'staís tinitelílaíS (pi'e Montesinos «recogió 
el ('\*o Adíí-o íiue haí^ta hoy hayamos salvaido «die esa granKle 
historia, la f-rítdda debe eom^prc^nder y 'aieepta»r -(íomo base 
una 11 otra <»(>n fusión de éiyoca'S y eoíías que era imdispensa- 
ble, TTay que admirar c|ue por t^ eoiitrariol — «a simetría intrln 
Sí'.-a ([uv contÍK>ine*n sus iiarraieionos, la verídica é injénua co- 
rrí* *ipímuleiiei a de SUS partes y de mi t-eenieismo revela-do hasta 
7)or siH e-rror??; de (k^taille y por mis olvidos. 

1. Páfy. 94—95. 

2. Véase el cap. ** Dinastías. '* 



SISTEMA ASTRONÓMICO DE LOS PERUANOS. 423 

Bn -el tiempo de ^lontesiiw» y sobre tod-Q eo Espilla na- 
die saliia las tnistierios sin^'laTOT d<«l año «egipek): eso estaba 
olvkliaJo «en «1 «xiivto de los iniaaiispo)l'€os ; y él lo inoraba 
anas <\\ve nadie. De ruis nii-símos relatos aiparecíe qoie tampoco 
<'onipn?iidi<a una palabra di» las ■eoirbimacion'eLS aimauias <iai«e 
r:*í)it(*.; y sin eiiíbargo ¿no iw nn 'milagro q«uie prueba su "hon 
m lísiinja in!ír''niiiil'anl esa parieclaid del año egipcio, estuldiado 
por .Mr. lioiior, «aihoi'a 'rew(*n, con el año pirhua oiiyos d»atos 
nos traniSL'rihe A oronista sobre la fé de los Amiaaiítas? 

K.s»ví año, por su nombre y ipor sus acjeiJ'en'U^ debía re- 
niontar ^m <A IVni á las prim-eros «iglos «de la Jiistoria, y 
<|uizás íes t^l inKsmo (lUi* se atribuye al gran mionairea «mítico 
de os otríg(»«n(*s á Inti-(\vpac: (1) el Predilecto del Sol. Ob- 
Kcrvt^íiios <(iine Mon'tí\sinos nos -(iHíe que *'oste ^lomarea instituyó 
el año de 1^65 lüats <ron 6 hopas: luego hatbia desmibierto los 
lri-i.\'4tos, -porq-ue era iiijíposábl-e •cjiue -(hmi tanta ciencia como 
la <iue se riHiuiiria para estudiar el curso id»el sol y ¡para 'Pe- 
lón itar l'a cronología, no vie.-íe que seis horas de mas en oada 
.'^65 dias, h'aívn iin alia en cada cuatro años. Él fué pues el 
i-RiMEKO en c-v dcs'.-ubriiiii'(»nto; y siendo cil primero, era Iliri^- 
iz neri^sarianH'nt'e en lK>;*a de Ja tradicnan; y como era Monar- 
ca tHinbien ei-a Padre: <*s decir — Yahuar-Huk-iz. La época 
<|U'.* así inií'ti^') era tmiíbiim primera y el prim'OT mes equino- 
xinl íle esa éi>(>:ia fué mx"t\'^aria«nente Huar-Huk-iz: el príiue 
iro de la serie : el principia di» los tiemjj)os ó idje ila c.\)nologaa. 

Ra^^opdaimas ademas que él fué quien instituyó un 
GRANDE ANO DEL SOL: y aunque ^lontesinos dice — **de mil 
«ños'' no hay razón ningunja para rechazar que fuere de 
1460 años, como cielo e'leuwnlia!! del de la precesión de lo^ 
cfjuinoxios. R(H^uérdese, como allí demostramos, fjue el ci- 

1. Alíjunos han traducido el '*Sol Grande/' Si fuera cierto Tnti- 
rf<i>ai' seria una 'personificación religiosa de la mitolo^ia y no un mo- 
narca verdadero. Sin negarlo, por que la historia de las razas arias 
evtsi llena de estas crea'Mones, observaré que en la lengua quichua 
todo atributo preside al sujeto. <'Así** — para decir *'^ol Orando" 
seria preciso decir '^Capac-lnti." 



424 LA REVISTA DE BUENOS AlEES 

cío máximo d-el «tieinípo ide Inti-Capac era el «de 36,500 años ; 
y véase ©oino baoian la opei>acÍK>n. 

El año debia ser -el resml-tado die la m'U/lti.pli'tía<íion de 
las eemaiDias d^el mes por sus dias: 3 semanas d<e diez días 
moiilláipliícados por 30, áam. 90; y oamo el año ti'ene cuatro 
«stacioDíes, nüul'tiipMoaaido 90 ipor 4, se obtienen 360 dáas que 
son l08 dáas óel año vaigo; 360 divididos por 30, ó bi^en el 
año dividido por el mies da 12 mteses. I>e modo que la as- 
tronomía vienia á peposar sobre tres feotones que eran tr«íi 
números santos: el 3, id 10 y id 4 : el elemien1:o d»e la semana 
(30: 3) y (el elemieato del año (4) qaie eanstiítuye el número 
de sus estaciones. Esta eeuax^ion debia ser iignall á la raiu'lti- 
pilieacion diegos días de la semana por los meses del año 
(10 X 12=120) mniMplioado todo por el nñm<ero elemen- 
tal de la senHana que es 3 (120 X 3=360). Es.ta es la base 
quie ha dado origen á «todas das oorabinaeiones y misterios 
de da eronologva sacerdotal de los pueblos A'rios de Asia y de 
Amériea. C^kxnstituido así el año vago de 360 días con sus 
divisionies sacramentales, quedan las agregaciones "de los 5 
días y horas epagómenos qoie es preciso añadir para hallar 
las conjuneioaes de la Luna; este resultado debia alcanzarse 
miulftiiplieando los números sagrados, es decir Jos doce meses 
I)or los cinco dias epagómenos; y como 12 por ^=60, era 
preciso que el ciclo lumar tu^viese 60 años, como en efecto 
tenia según ya lo demostramos. 

Pero como la sem«na era de diez dias, miuiltiplicada por 
si «misma dá otro siglo de 100 años y decian <jue para encon- 
trar la cmijunci&n primitiva de los astros era preciso multipli- 
ear los dias del año por el periodo de ila semana «mnJtiplicada 
por si misma (10 X 10 = 100; 100 X 365 = 36,500) ob- 
teniendo así el grande año del sol: Intip-Huatan. 

Llegados á esta fórmula veamos ahora cuan admirable- 
meu'te se ligan y se confunden ex una sola, estas dos tradi- 
ciones qne se atribuyen á Inti-Oapak y á lalimiar-Huk-iz como 



SISTEMA ASTRONÓMICO DE LOS PERUANOS. 425 

si fuesen dácsüntas; <miaiDKlo -en verdiacl uo som mías que dios 
trozos ó dos fonuias de una undisnua le^^^eudia pri<initi'y«i. 

Así como el «ño 'tif me 4 e«artja.*ioiiieí; «el si^ d)el>e tam'bien 
tener 4 pairtes, y <le ahí -el £actor 25 q'ue también entraba 
oomo elomento de «los c(Mnjp'utoeá egip^íios (1), y quichuas. Si 
con «esta base, Jívidimos (los 36,500 años del gnandie Año del 
Sol (Intip-huatan) por el münvero elemental de»! Sigilo (25) 
(como dividimos los diías del año por los d'el mes (360:30= 
60) para enoontuar el oido elemental <le 60 años) tendremos 
quie (Intip-Huatan) dividido por el elemento del siglo dwíi- 
T»al úe wa. •cielo de mil cun4 rocié nt os sesenta años (36,500; 
25 == ]460) es decir, uoi siglo de cuatro partes ó estaciones 
oomo el año, que es el que «e atribuye á Yahuar-HuK-iz ; y si 
como ilii¡ee Montesinos se agregaba un año binesto en oada 
.periodo de 1460, tememos una cuenta exaxíta; porque 1460 
años vagos, -de 365 días ca/da uoo, contienen 365 dias bisies- 
tos, que son un año completo; de modo que reuniéndolos al 
fin, como suma de las 6 horas flotan-tes de cada »año, se cre- 
yó haber 'encontrado am onétodo para resolver el problema; 
y se dijo este periodo miiiltiplioado por 25, produce 36,500 
años, (]iuie «os lo másmo que imiiltipliioaT ell siglo por el año; 
es decir — es 'lo mdsmo que hacer un Año de Siglos: Intip- 
HíTATAN <) Ano del Sol. 

Así es que la reforma que Monít«esinos atribuye al Pri- 
mitivo de LAS SERIES (laguar-Huk^iz) oomo si fuese moder- 
na, (2) es }a ?niismla evidemitemíenrtje que 'bajo el noiübre del 
IMonairca Inti-Capac iia/bia pn»esto como la primera de la or- 
ganázacion del año y de 'los ciclos de qtue dam noticia ¿las tra- 
di (¿ornes. (3) Si las demostraciomes de los minueros son ine- 
xorables paTa probar uai error, son por do .mismio ÍTrepro- 
cha'bles |>a.ra esteibleeer una verdad. Uai año agregado como 
dice Momitesiinos al eailx) de cada 400 años para completar la 

1. Rodier pág. 24. 

2. Pág. 101. 
3 P. 62--63. 



426 h\ REVISTA DE BUENOS AIRES 

diitepejail!ai^\i'cm de los bisiestas es un cáhiilo absurdo, Eá 
pTeei'SO restablecer aquel venliiclero cálculo q\w segri'n él fué 
declaraido irnprochahJv ipor ^os Ain'iutas, y este cálculo no 
pudo ser otro 'lye -el d^e 'aigregar tn año en oaida 1460 como 
»e hatcia en Rgiptx) y en otras partes del .rmiiido civilizado 
al mismo tiempo. Esto prueba que el hecho tradicional es 
cierto; y que el error procede solo de un olvido d-e los nú- 
meros que constituian el cómputo en cuestión. 

El conjunto d-e todos estos «eos aislados que han ven- 
cido por sai propia A^rtud la noeh-e profunda de la aaitig^ü<ediad 

y la barbarie de la conquista y del exterminio estrangero 
nos habla elocuentemente de la sabiduría original de aque- 
lla noble raza, que, como un mártir paciente sufre hace cua^ 
tro siglos el silencio y el terror qu-e le impusiera la España 
bárbara y fanática de la casa de Austria. Todos esos eco» 
de una civilización completa que nos vienen d-esde los hori- 
zontes mas lejanos de la historia, forman una prueba conclu- 
yente de que esa raza habia venido al Perú con una tradición 
completa de \ida política, de hábitos civiles y aptitudes 
agrícolas ; su desarrollo moral debió ser una consecuencia at? 
laá ií^yes sedieaitairitas y fiuiaiisias que aqiiefUas causáis pnodiKíeu 
en las-n^dacionies dd individ-uo con la fa.milia y con el Estado ; y 
en efecto los Quichuas son hasta hoy un modelo de amor do- 
méstico, un dechado de obediencia y de orden para con el 
gobierno. Admirablemente industriosos, astutos como los 
hebreos para comerciar y manejar las mas difíciles complica 
clones de monedas, buenos y malos, viageros, naturalistas v 
médicos por excelencia, tan taciturnos y activos como las 
hormigas, cruzan en hileras las calles del Plata, como si no 
viesen ni quisiesen ver el mundo moderno, y recorren hoy 
ni-isflno en peífueñas caravanas tocias las regiones de Sud- 

Amériea vendiendo drogas y específicos con que surten nues- 
tras farmacias: resto de su antiguo saber en las ciencias 
naturales v exactas. 



SISTEMA ASTRONÓMICO DE LOS PERUANOS. 427 

IV. 

Orden y arreglo de las Grandes Fiestas Solares. 

Era natural que el orden de las grandes fiestas solares 
VHi'i.i-'V -(ik* aiinii'ixlo c<m la kn- i\\w disfjwne úA prin;»iipio y di* 

las dimensiones del círculo solar; ley que, como acabamos de 
ver tuvo siempre diversas formas de combinación, y cambios 
no pí)(o frecuentes. Esta circunstancia ha instigado singu- 
larmente á los historiadore*^ españoles siempre que han queri- 
<lo pomerse de ac«u»erdo para clasi'fk5aT y c^aloe-a/r líis fiestas. 

Tomaban ellos el imperio de los Incas por una obra sin va- 
riaciones y sin formación gradual que saliera en un dia con 

honi'bnes, ciaiiilía'di(»s, kn'í.»», c<)L<^tuiinO>reis, iai'ilu.stri'as. y con eaiiaai 

tos otros accidentes constituyen la civilización de una fa- 
milia de tribus, de las manos de un mito llamado Manco Cá- 
PAc; y nunca refleccionaron que si ese milagro hubiese te- 
nido lugar en el Perú, y mereciese ser tomado por base de 
la historia, signo de Dios habría sido poner á esa raza sobre 
todas las otras del Globo, pues que la historia sagrada con 
todos sus prodijios no cuenta uno igual. Montesinos fué la 
úni;«a ese^pcioffi ; con "un jiiidio críti^co quie 'l«e honrará elíeraiia- 

mente tomó las cosas peruanas como cosas de hombres, y 
(jue al través de los relámpagos de la tradición y de la leyen- 
da, el lector encuentra en sus pajinas las peripecias, la ins- 
tabilidad y la lógica propias de los acontecimientos his- 
tórieos. 

En el Perú se solemnizaban, (en los iiltimos tiempos al 
menos) cuatro fiestas principales. La mas pomposa, según 
Montesinos y Ondegardo, tomados como testo por Mr. Pres- 
í*ott. <»ra la de Vm\ Raymi. ''el santo Misterio del sol," 
que otros llaman Urna Baymi *'la frente 6 la cabeza del sol'*, 
se celebraba en el Equinoxio de primavera, es decir en el 
mes de Srfifmbrr-Octuhre. Mr. Prescott la ha descripto en 
su pre(»ioso libro sobre la historia del Perú con tal esplendor 
de C'^tilo y con tal colorido local, que hacen imposible que yo 
pu(vla prt^t'cni:! er reliacc^r ó tooar -en ese iPU<ad'PO mágico del 
escritor norte-americano. El es mas sublime aun que por 



428 LA REVISTA DE RUEÑOS AIRES 

los prestigios del lujo y de la grandeza imperial, por el se- 
creto y el sentido en que todas sus formas y sus ceremonias 
demue.stran las costumbres y las creencias de un puebla 
•emi-nteinteiu»eaite tniviiMioaido sedentario, tnahajadoír y rico; <:fue 

hacia reposar la base de todo su desarrollo intelectual, co- 
mo Pytagoras y Thales, en las ciencias exactas y naturales, 
y la base de toda su vida civil y política en la paternidad 
divina del poder, y v.\ la justicia paternal de las relaciones 
morales; sin que otro ninguno halle en la historia antigua 
que haya llegado como él á la práctica perfecta de los proble 
mas polítii'os rt^u'eltos í-n esí» sentrdo. Al Ic^er lo que Acos- 

ta escribe sobre la sociabilidad peruana el ideal del comunis- 
mo, Owen y Fourier mismos, tendrían mucho que envidiar á 
los pueblos peruanos antes de la conquista (1). Ese cuadro 
no es nuevo y sin embargo la Europa entera, ha persistido 
en tener por Bárbara la civilización y la lengua general del 
Perú. ^Ir. Muller mismo, ese gran genio que forma una de 
l^as gloráíis de nw^s■t.^o siíglo, atrainlo u'ma vez como por la 

mano de Dios á mirar del lado de la América, ha sentido 
débil su vista para tantas tinieblas ; y no ha querido convenir 
en que un pueblo que sabia solemnizar las fiestas que descri- 
be Prescott, y vivir como esas fiestas lo revelan, era un pue- 
blo que necesariamente poseía todos los elementos de una civi 
Uzacion completa en el espíritu antiguo y muy distante ya de 
la barbarie de las Tribus Turónicas de cuyo estudio tanto y 
con tanta justicia, se preocupa aquel sabio. Si alguna de 
nuestras Repúblicas , comprendiendo al fin sus deberes, levan- 
tase la enseñanza del Quichua á la altura de la de las len- 
guas clásicas, encontraría quizás en los labios del grande 
profesor la sonrisa del fino desden que le mereció la de Gua- 
temala «por hiail>er ifiimlaido la cátelra de Kakdiiquid. (2) No 

importa! no está lejos el dia en que la Europa habrá de con- 
venir en qwe tiene q<iie rozairso i^m nu^estra historia en los 

lejanos horizontes del pasado. Volvamos á nuestro asunto, 

1. Arosta Hist. Nat. y Civ. Lib. 6.o cap. XT, XTT, XTTT y si- 
guientes. 

2. ** Science dii Langagc, par Müller" Lacón Ter. páj. 30. 



SISTEMA ASTRONÓMICO DE LOS TERUAXOS. 4:11) 

La importancia y el sentido de la fiesta de Primavera 
era evidente para 'los súbcHtos á^ Inesa. La niatuipaileza en- 
tera mostraba la restauración de sus fuerzas, la madre comiu*. 
la tierra, sentia sus senos turgentes de abundancia para der- 
ramar «el alimento y la alegría entre sus hijos agradecidos; 
el sol venia á vivificar la sangre de las tribus y á iluminar esa 
tierra del Perú, bendita por él en el clima y en el suelo. 

Entoncí^ em cuando se «cx^l'e'bpaba la famosa fiesta del 

Huaraka, que tenia una admirable semejanza con la que cele- 
braban los Romanos para distribuir entre la juventud la toga 
viril. Los alumnos de todas las Escuelas que habian llenado 
sus cursos prestaban sus exámenes de ciencia, de gramática, 
de guerra, de táctica y de gimnasia: ayunaban, luchaban y 
competían en la carrera, con mil otros egercicios propios de 
una educación fuerte y espartanaj diremos asi, antes de poder 
recibir el guaraca que eran las insignias de la virilidad, y las 
armas de honor de los guerreros. El nombre astronómico ql 
la estación era sitúa literalmente Estación, Sitio, situación, 
porque las raices arias y quichuas son idénticas: S'ta en 
Sánscrito, Sitúa en quichua. 

En la fiesta del Raymi que era la del Solsticio austral, 
las ceremonias eran puramente religiosas y pastoriles. Se 
trasquilaban los ganados : y como el Padre Sol lanzaba á plo- 
mo sus rayos sobre las cabezas de sus hijos, sentado á su cer- 
cania en lo alto de los ciclos, (1) y rodeado de todos los es- 
plendores de su gloria, se le ofrecian las primicias d-e las co 
sechas y de los ganados. El sumo Sacerdote recojia sus rayos 
en un espejo de reflexión : encendia un algodón consagrado ; y 
tomiafndo en él ol fuego divino, lo tnasmiitia á los fcemiplos de 

las Vestales por todo el imperio, donde, como en Roma, era 
preciso conservarlo, so pena de la vida, porque si se apagaba 
era signo de algún crimen que habia provocado la ira del 
cielo, y que reclamaba un castigo tremendo para el Imperio 
La estación de otoño se llamaba A — sitúa, que quiere 

1. El *' aporreo'*: el punto mas cercano en que la tierra se pono 
del Sol, que concurre precisamente con el Solsticio del verano stid 
americano. 



430 LA REVISTA DE BUENOS AIRES 

«tecir frente á Htiia, ó al lado opuesto áe Situta, por que anfi, 
isonvo «en grit^go 6 on latin cis lo qive tecJtá delante á opuesto (i-o- 
rao los Andes ó Antis) y y por que la a es también en quií'hud 
una prefija privativa como en todas las lenguas Ariacas. Esta 
€ra, diremos así, la fiesta administrativa: los empleados pú- 
blicos que en todo el imperio habian recogido ya los tributos, 
repartían conforme a las leyes, y á los derechos de cada uno, 
las seuiilld^, los alimentos, las lanas, los tegidos y todo cuanto 
era necesario en fin para la vida y para las necesidades deL 
año. Todo «ote muncniso tralmjo aiciministrativo, que ilurant:» 
todo vi vem.no lua'biía. OíMipado á los ofi^cnia'lias públicos, t termi- 
naba con las fiestas y las solemnidades de Asitua; el Equi- 
noxio de Otoño. 

El solsticio de invierno, Intip-Raymi, compl-etaba los 
cuatro puntos cardinales del circulo solar; y constituia una 
fiesta esclusivamente religiosa, ó mas bien esclusivamente sa- 
cerdotal. Se celebraba -en ella la parada del sol y su re- 
greso hacia el hemisferio del sur, por dramas y cantares líri- 
cos en que los Amautas reproduoian las leyendas y las tradi- 
ciones de su estensa y vasta historia. Y era entonces también 
cuando proclamaban las grandes divisiones ó épocas climaté- 
ricas, civiles y religiosas del año astronómico que comenzaba, 
Ija. familia real visitaba sus Huacas que eran el adoratorio 
particular de sus antepasados. Y cada particular celebraba 
en el interior de su hogar los ritos particulares del Canopa, 6 
dios pénate, bajo cuyo patronato se habia puesto (1). 

El vulgo no tomaba grande parte en esta ceremonia que 
tanto por ser casta y de antepasados, cuanto por ser de 
oratorios, quedaba a cierta distancia relativa de sus recursos. 
El solsticio de invierno era para él la promesa y el principio 
idie (Las «adegriías dieil -año coimio Qo iMliia múo en las viejas tradi- 
ciones de la raza, y le llamaban Cisqui-RayM! : el solsticio 
á&\ oanítonto, que á su vez celebrabaoi con fogones, oon bailes 

y con cantares. 

1. Vid. * 'Arreglo" do los *' meses'' eontinnacion. 



SISTKMA AOTRüNOMICO DE LOS PERUANOS. 431 

Par. V. 
Arreglo y sucesión de los meses. 

Eu la denominación de los meses sucedió lo mismo que 
en el orden de las fechas. Cada arreglo nuevo, ó reforma, 
del año, produjo necesariamente una denominación distinta 
apropiada á la naturaleza de la serie reformada. De aquí 
vienen la confusión que los autores han hecho en esta mate-, 
ria; «en la que lois nuais de ellos, olvidándose que lim estacio- 
nes pertenecen á ángulos invertidos en cada hemisferio equi- 
vocan siempre la primavera y el verano del uno, con el oto- 
ño y el invierno del otro. 

El método en que hoy presento el orden y sucesión do 
lo3 miesos turne por base las indieaxíionies/ de íiutopes -como M. 

Markhan, que, por ser naturalistas de profesión se presume 
que hayan puesto mayor esmero en estas investigaciones, 
comparándoks oon la forma 'lengüistiea d<e e^i'ck nombre para 

comprobar su exactitud. Los meses se dividían en cuatro 
grupos comprendiéndose tres en cada estación cardinal. 

ESTACIÓN DE PRIMAVERA. 

Siiua (lat. stare: sanscrit s'ta,) 

Esta situación y su mes inicial comenzaba en el dia mis- 
mo del equinoxio austral, de modo que su mes primero era: 

1.0 Setiembre-Octubre (30 dias) su nombre era Umu- 
Raymi qxve ijaiieire decir mistfrio divino del fuego (1). En 
-efecto, en ese dia el. sol, por ese fenóiineno ssignado (iiiie lo ata á 
ia 'líniea •eqfuiinox'itaíl, ascendía en su carrera há»eía el sur, y 
venia á desenvolver en la tierra peruana como un marido 
potente los gérmenes de la producción. 

2,0 Octubre-Noviembre-, Panchin-Toctu : apertura, ex- 
pamsion de Las oolmeanas (véaiísi^ panchini y toctu en el dfcc. 

del fin.) 

3.0 Noviembre-Diciembre : J.ya-Marca: literalmente las 

1. Vide "ümu:*' y **Raymi'' en el Dicción, del fin: y vide 
Markh verb. **UmTi." 



432 LA REVISTA DE BUENOS AIBES 

torres, ó la pirámide de los muertos. Es bastante singular 
que esta denominación fúnebre sea idéntica á la que celebra 
la Iglesia Católica en este mismo mes con el nombre de con- 
memoración de los difuntos. Una coincidencia tan sorpren- 
dente haría creer quizás que es efecto de la introducción del 
catolicismo y posterior á la conquista española. No es esta 
sin embargo, la opinión de los autores; ni aun de aquellos 
que se han mostrado mas tímidos para caracterizar los rasgos 
clásicos de la civilización peruana. 

Los señores Rivero y Tschudi, dicen — **No se sabe & 
'* puaito fijo la e«tiiimologia úe esta \'oz (aya-marca). La raa- 

** yor parte de los historiadores la escriben ayar-mürca, pero 
** nosotros entendemos que debe escribirse aya-marca, de 
** aya, muerto, y marca levantar en los brazos, porque cele 
** braban en este mes la fiesta solemne de la conmemoración 
** de los difuntos, con lamentos, con cantos y músicas íúgu- 
*' bnes. Tenian tam'bien durante 'esa fit»ta la obldgweion de 

'* visitar los sepulcros de los antepasados, parientes y amigos 
*' de la familia, poniendo en ellos alimentos y bebidas. Y 
** es muy notable que esta fiesta tuviera lugar entre los an- 
*^ TiGUos PERI7AN0S en la misma época y en los mismos dias 
*' en que la solemnizan los cristianos." 

Debemos sin embargo recordar á los eruditos que Ib 
íit'áta d>e los difuntos, datíaila eoi Roiuia ík^ una antigüodiad pe- 
motísima cuando la aceptó la Iglesia Católica. 

SOLSTICIO DE VKRANO. 

Capac'fíayyyii (grande Solsticio). 

1.0 Dicicmhrc-Eiuro: fíiik-chuy-Poccoy: primera apa- 
rición ó in'(»hazon do hxs brotas (del inaiz) : huk-oí5 pr'- 
mer acto; chuy, expulsión ó apariencia: poccoy, broto. 

2.0 Enr^ro-Fcbnro: Hafiim-Poccoy: grandes brotos, ma- 
duración del maiz. 

3.0 »hr(*ro-Marzo: Parcnri-huatay: nudo Je l:i luz: 

es <lKvár centra del sol, por qut» en of<Hc»to la ilíní*>a eíiuinoxial 
puede considerarse como un centro en el que el sol tieüe 



SISTEMA ASTRONÓMICO DE LOS PEEUANOS. 433 

atados los dos estremos de su movimiento aparente, ella es el 
centro de los dos solsticios. 

"^ EQUINOXIO DE OTOÑO. 

A-situa: puinto óputesto á sitúa. Dijiíaos - \iq el üciud- 

noxio de Primavera se llamaba sitiia, situación ó estación 
(stá, slare.) Su pumo opuiesto en el zadiacío, es el Ltjumoxio 

de otoño, y de ahí el nombre de A-situa por que en quieíuia, 
como en griego y -eli samserit, la a .pref ija es privativa como en 

á-normal. 

l.o ^larzo- Abril: Paccary huamty; dsperecimiento (Ima- 

ñu) de la luz solar, por que en efecto al pasar la línea 
equinoxial, boreal, el sol se aleja, y desciende há,cia las som- 
bras del invierno para los pueblos australes. 

2x) Abril-Mayo: Ayrihua ó Ari-hua. Ija primer for 
ma la dá Mr. Tschudi, la segunda Mr. Markhan. Ayri sig" 
nifíca hacha, azada y todo otro instrumento cortante — ^No 
nos parece clara la aplicación de este sentido por que no co- 

nooenDos ninguna clase de tnaibajos análogos á él ej-ecutafáos 

en ese mes. 

La denominación de Mr. Markhan Ari-hua nos parece 
mas clara: Ari signiñca holgar^ y huay, moverse, andar: las 
dos voces reunidas significan dama, fiestas de descanso, etc. 
En este mes se terminaba la repartición que los empleados 
imperiales hacían entre todas las tribus de los frutos de las 
cos-echas y ganados; y era un mes consagrado naturalmente 
al descanso y á la alegría. 

3.0 Mayo-Junio: Hayma-Muray: litieralmente quiero 
decir — iks pareiles del in-viemo ó bi^cm los depósitos del tw- 
vierno (sanscr. Hcema y múr). En este mes se hacían las 
troxes, ó reservas — cubiertas con cañas y pajas en que en- 
cerraban los granos para comer en invierno, garantiéndolas 
así diel invi-emo y de la hurnteílad, es dwir emparedaban las 
provisiones, que en el sentiido áA nombre indicsado: muray mu- 
ro; Hírma, invierno. 



434 LA BEVISTA DE BUENOS AIRES 

SOLSTICIO DE INVIERNO. 

InHp-Raymi (alumbramiento del* Sol). 

1.0 Jondo- Ju'lio : Titu: -el hijo, ó di prínoiipe d«el So!. 
De aquí viene que un gran numero de los príncipes Pirhuaa 
se llamaban siempre Titu, hijo de la lu2; nombre que tam- 
'báen ladniptaibain los ¡prinicipes Incas. La paiLabra «es griega, y 
tiene «el mismo senitdfdio por que sigmfioa dia, (1) y es homogé- 
nea en sus raíces con la palabra Kitu, ecuador, bóveda del 
cielo en griego y en quichua. (2) 

2.0 JuiLio-Agosto : ('hiran-Pacha: revodueion, regreso, 

círculo de la claridiad; ipor que en efecto los dias comienzan 
á alargarse visiblemente, y el sol comienza á calentar sobre 
la tierra. 

3.0 Agosto^SfetSembre : Anta-Situa: el Predecesor ó 
el Anunciador del Equinoxio de Primavera (Sitúa) para el 
hemisferio austral. Anta en quichua, como en todas las len- 
gonas airiíaicias significa él qive se halla delante, el qíce precede, 

y de ahí el nombre de los Andes (anta antis) . 

VICENTE FIDEL LÓPEZ. 



1. TITAB, aurora, dice el Dice, de Mr. C. Alexandre, y. con él 
todos los demás Lexiicos. 

2. KUTOS (Kytos) firmament, are du ciel, id. 






ANTECEDENTES HISTÓRICOS SOBRE 

BUENOS AIRES 

(Conclusión) (1) 

Empedrado de calles 

Lia segunde obra de las que d<ejo propuestas y (le (juie oa- 
reoe esta -ciu'djad laoinquíe los perjoiíieios qiie ooasioina su f«lta, 
no son tsuQ 8ensibl<es como los die Sia prómiera, con todo no ¡es 
inieuos meoesaria. Esta íes tel euípeáraóo die oaiUes, y «n el que 
cañaste «el (precaver á sus »hiaibiftaiD.tes d)e Jos daños qu«e 
esperiimienítaai en la salvd, muebles, ropas y habitaciones. 

Si lescuehamios á «todos /Jos moradores y á cada uno ea 
partdmiliar, l«s oiremos quejarse ; que «ki &;l<tia deil empedrado 
ks pcri'va la «mayor parte del dawiomo die mük* de sus oasas, 
separámdolos de üa soeiodad, y aam die los aetos n^recósos de 
relígioin, qu^eidiáináose miuohos diías áñ precepto y&a pia;rti<^lar 
'las imíiigtefres) sin oí<r mdsa, y que si se doteiriiniDaoi a salir, es 
pisaoido baoTO y tendiendo qule dar Tirios rodieos para atrave- 
sar !'as oaüAes; quie vuelven á sos casas con Qos cadzados y ves- 
tidos perdidos con el lodo del piso, y del que hacen salpicar 
•los caibaüos y carretas que transitan; que el piso y pairedes 
<(e Jas 'habitaciones, parecen estar á cieJo descubierto s^gun 
la buimiediad que coantienén; qtne sus muebles, adhajas y vesti- 
dos se ven de uoi dia á otro enfmojecddos á pesar de ^9R mayó- 
les precaniciones; que los ooeihies (que á los qxie Sos tienen) 
debian servirles en tiempo ide Duvias, se ven privados de ellos 

• 

1. Véase la pág. 147. 



4 Í6 LA REVISTA DE BUENOS AIBES 

por q'ue ilos granides pam-tanos y 'desi^uialdaicles l-es impide «I 
transitar: que continua jíifente i-es <es\£i eaiisscxkáo «rastos el 
i^?uiaW «el piso y numm permoiin'ece couiípu'esto. Qiie «en el ve- 
•rHínio ^i ptílvo imooinoda, oomo «en el inviomo ^el lodo ; que sien- 
do estie tüLpina tan molieistado úe vi^entos, lei'los leviantafi taks 
pollv«ped'as d»t» lo <fii'e r^mu-efle lad continaio piso de los caballos, 
qxhe pírt^H-^n 'las mas espesas .oi^^nilas ; qxne este intpoduciéndoee 
en kits (oasas no deja iiada limpio ; quie ten las tiendas y alralace- 
mes díp ropas os donde caiisa niiayanes dietriimientos, dteakustraktído 
los efec'tos con la precisa comtimiacíon de saciidÍTlos, siendo 
'también caaisa de <iu>e la polilla se introduzca, y haga daiíos 
oonsiilera'bles. 

Todos estas perjuicios, (ef'OOtivaanientH? se padeeen, á que 
yo añadiré otros mas gravosos por encaminarse derechamen- 
te contra da salud, y qu«e solo conocían 'los qu^e lo reflexionan. 

Ttmiendo las calles die esta ciudad muy pooa pemli«ente, y 
nioidias d'esigirdídad, se qiiedta detenida en eililas cantidad de 
agua cuamdo .l;lu'e'\'5e ; o»! piso dio los oaba'Wos, y Innellas die las ea- 
irnetas, k conríprten «en graiudes loda^^iles ; y contimiaiKlo fas 
lluíT-as í^e d-etiene ima\'or porción ; d<e moilo, que nmclios años 
no se V'en lenjaitas -en todo el inviímio. 

Esta agua d'et tenida tainto tiemij[x>. »e corrompe con las 
in'mun'(li'(»ia« kIc Iíis ca*Mes, y que arrojan de las casas, ocasio 
(naffwlo u<na tVrmicmt^wñoii llanosa á la sadud : •d'cspues con el 
caihxr dol sai] »se va el evadido en sutilísimos vaipopos <fue se in- 
troducen en tolas las ha bit-aciones, tm tanta caintidad qu»e so- 
lo 'la Kfonoceria ifl que haga la observación siguiente. Si des 
puiíxs d'e \vn dia ttemplado sobivvriinc una nocli'e fria se \'x» que 
las vidrieras de te casa« se <nibren de a^ua por 'la parte inte- 
rior eu tanta .«opia que i'^viv por ellas haista el sudo. Tios 
qur ig'iioran la caarsa de íi>t<<^ fen<'>m»tmo •diseiMTen que la Im- 
mednd les A'ino xle af'ii<epa, sin aiUxirtir que auti cuando el vi- 
drio tuvii^se poros eapíiccs paira qtie el a-gua los penetrase, sí 
tsto vinio!?>e d»^ afuera como suponen, era prei'iso que estos 
qui liasen también mojados por la parte esterior lo que no 



LA CIUDAD DE BUENOS AIRES. 437 

suí-'íl^', hieu'. líi }iu.ra?e«Jíid se l-es 'Coniiiim<?('> d; ndentro: lo ¡lue 
espili'CO ien esta forma. 

En^K'rxrado ^*ii un aposento, aiubJifttite ir^as cálid-o que de 
la pairte 'estorior prooura ipouerse en i^^uaLdiad con lei ODias friio, 
y «(Dfoomtivknick) en los víkItíos poros suficieivteB paira suilir «el ca- 
lor, los vá 'poncttpafndo, y escapan doá^e ipoco á poco ; pero «como 
las partiouilias oálidias, cn\'n]}etl'v<ein en si otras bumedsud^es no ha- 
bidudo para estas salidas, íporqu«e los poros son «streolios para 
eUas, co(DífoTii»e ven >]il}eg<ando, las eáliidtas passan deteniéndose 
las huaníedádes «n ia pairle interior del vidrio, hasta qu* la 
rauJlftitud, forma cinenpo l>a8tíintc para currer en gotas abul- 
taKlas, como lo v^mos maichias invañíanas d<e ánvi»erno. Esta 
ohaervaieion nos m-aorifiesta cla-raralente ila anuchia agaia raidiñ- 
cadia qiiíe nadia en el ambiente de nai^esítras iiaibiftaicion'es, pues 
si im ipooo d»e calor que salle «por ios poros d-e los vidrios d»e.ia 
tanta det-enád^a ^n tallos, ¡cnaaita seria, la contienid«a en eJ ain- 
Wenite del aposenlo! La «myor pa«rte die los vapores se le- 
vanta die las ea.Wes, con que ademas d»e ser nocivos por su Ini- 
medad, do son m«8 por la fetidez y corrupción que envuelven : 
ttcunq'U'e el diaño que estos ocasioonaoi á la «aiud, preciosamente 
ha de ser ^raítude, ]>ue8 viW'mos siempre en<tre elkis aun en los 
on-as retiirados dormiitorios. 

A el detrimento crue ooasionau estos vapores introdfueién- 
dose por ilos poros «de niuestros cuerpos, se «igrega otro no me- 
nos considieraMe. Séempre qoite llueve «irrchata fe eoirriente 
enantas inraaiindicias 'h*ay en las cad'les llex'ándialas «J rio ilo 
donde la ciudiad se surte para todo ; si las caillos se haiUan co- 
mo las he phiftado, ¡ cuanto sieno corro^mpiído initrodatciremos 
en niTestros cuerpos en el ague qne bebemos, y cu«antos da- 
ños ifse^uiran por esto á la sa!ki«d ! IjO cierto es quíe por raías 
X»rccaaDcioni0S que tomen los que paieden, dejando asentar el 
Hgxm en tinajas, nnnca se logra con fe transparemioiía que le es 
natuírail, piies si<empre qu^d«a «tintuírada de las particuilas le- 
ves que nunca se precipiitan. 

En el verano el suitMisimo polvo i^m* levantaoi los vien- 



43S LA REVISTA DE BUENOS AIBES 

itos introduciéndose ipor la. i^spiraicion, do puede menos que 
ocasiotnaT daño ««n nuestros .peclhos, iivayonnueoite si-endo tan 
continuos Kfihe apeáis hay di<a que nos \x^mo6 libros de e^ta 
molestia. 

Piaom iiibentad á esta ciudad de tan visibte i)er¿uicio, no 
híuy otro i^uDodáo qim él de emípednar sus caiUes; pues de 
ei»t(>' iiuokk) no deteniéndose a^iia en elllias, se 'minorañaoi oon- 
6kterablem«en!t)e 'las .humedades en in'S'iepno, y no se 'levantaría 
pohx) en el ^'e^aino ; (pa-na euyo efwto diré La idea qúfe time ocu- 
rre iwas conven ienite, menos costosa y que el piso quecte có- 
<moKÍo pora •tratnsitatr. 

lias oail'les tienen de ancho oaK'e varas y su empedrado 
podía dispooierse en >esta forma, las dos 'v^ras inmediatas á 
cada ar.\?m em'pedradías de predna grande, lalyrada la suiper- 
ficie, de inodo cfiue tfl ipíso q.uie»clía9e igaial pero si<n cortairias por 
ias oriWas, por que esto sena «nifuy costoso: sí no dejámioila« 
en \a. figanra irregular que 'tuviesen, colocarlas de modo que 
Jas iHvas aJTistein en ilas desigaiaikiades de ilas otras. 

Inmediatas á estas dos fajas, otras dos de vara y ra«edkL 
de anirho cada una de piedra iredonda pef^iieña ; y las cuatro 
varas res^tantes del centro, de piíedra graiuie bruta : dejánido- 
Qas solaimíente con la caida suficiente paira que no se «meguen 
líís casas cuand'o l'kieva. (j) 

Cada cuadra tiene de largo ciento y cincuenta varas in- 
clusas las calles de atraatecda, ikus que miiltipli cadas por once 
de ancho convponen mil seiscien^tas y cincuenta vairas cuadra- 
das de iH-so : con una carretada «de piedra, se empiedran aI<go 
mas de cuatro varas cuadra d'as; con que, paa*a toda la cuadra 
se pu'eden «regular cuatrocientas cairretadas. Oada carreta- 
da ten'drá de costo puesta en esta ciudad dos peíws, y toda la 
que ncí^esita ¡la eiiaidra ochoeientos pesos. 

TJn picador de piedra podrá en un dia allanar la que 
corresponda á una vara de Ja faja de una acera de a dos vaoraa 
de ancho. Y siendo dos tías fajas de á cíeii'to y cincuenta va- 
ras cada nna, se necesitan trescientos jómalos que á ocJio Tea- 



LA CIUDAD DE BUENOS AIRES. 43Í 

tles, importan tre»ei«eait08 pesos. 

tln empedrador con xm peón podrá empedrar cada dta 
HÜez varas cuadradlas, «esto íes, diez varas d>e largo y una de 
ianclio : oon que, p»ra toda la euiadra se n^esitan ciento sesesi- 
ta y <^^in<io jornal^ee tde empedrador y peón, qu© wao á oeho pea- 
O'as y lel otro á tres, «npartian doaí»iientoB veinte y eeita pesos 
siete readis : y todo el liosto, como se mamiíiesta en la oiionta 
sigoBente. 

(■osto (Je empedrar mía cuadra de 150 tmra^ de largo y 

11 d^ ancho. 

Pesos 



400 oarretadas i-e piedra á 2 pesos 800 

300 joma^l-es de adlanar '>as piedras de tl«is fajas de 

•las apoeras á 8 reales . »300 

165 joraailes de un «emipedratior y u«n pean, amibos 

en 11 varas importan 226 7 



Su^ua total. ... $ 1.326 7 

Según el cálculo die esta ouenta, importa el costo de em* 
pedrar una cuadra, aml .trescientos veinte y seis pesos y siete 
«reailes, sin inclaiir los costos <|nie puiede tener el conduei'r tieaMTi 
para igu-aíiaT las cia^Hes q[i<e 'lo níecesiten, lo q-uie omite por lo 
que diré diespu^es. 

Siendo fe iFtilidad de esta obra tan gr«n\le, deben com- 
preli*eni(l)err»e «n la constníocion, á «toda díase de person-as. Si 
«em^n tramos iin wr'bitrio -cfue sujete á ricos, pobres, glandes 
y peíiuieños sin esehiir á ningmno, y qn<e niadie sienta la con- 
tribuieion, será el mlejor; miayormiemte ^i la Te>eaaid<acion es tan 
simple ffue no noee^ite de recaudadores, celadores, ni guar- 
das. Kste lio tenemos con itod«s 'estas cirounstancias eii el 
ramo de la sal ; y con «mas ía de qne si á «d año se atesoran 
treinta imil pesos, no se grava al público ni aun en la -mitad, 
como ílo demostrare brevemente. 



440 LA B£VISTA D£ BU£NOS MBBS. 

Está entablado no íse ai por co^tiunbre ó :por gracia pia^- 
tiouW teonoe>dÍKÍa á ^&3ii^ ciudoiid, <el qiue aus vecinos cada dos 
4iño6 ó seg^un lo pidie la nieoesidad vay«ui á Sadinas que están 
en (las tárenlas en -qoie habátaoi (los Indios loifíalea, á traer io que 
»eoe»itaii 'para surtirse» convocándose, y Ikv^indo la eseolt» 
corpe8poUídi»ente para luacier su cspediciooi, y abast>eoer k ciu- 
dad. 

Todo ¡raicioínall ayudia á consumir -este »ef exíto ; con que, m 
BÓbrú él se imponye la oantribucíon, nadie se exeptúa de ella ; 
ni pueden «eotirVa, pues ¿que pu^ede tocar en un año á la cor- 
ta fporeion que coiisume un iíndá^vídnio t 

Ija pwaudtóon es tíi-n simple que no necesita sino un ad- 
anmistrador, y um «hnacenero (j-ue \''ei]ida «por mayor á los pul- 
peros, y & ftodo el que quiena cam5)rar, con ila seguritkd de qaie 
nadie podrá introdaicir cowtraihftindo, pwes no habiendo sali- 
nas «üo t^n el paira je insmoiado, y á e»te «nadie puede ir sino 
esoofl tanto, se ve ckraimeffiíte no ser necesarios guardas ni ce- 
«tadores. 

No se grava all público, ^éno en la mitad de Jo que se ate- 
sore si se tom» la providencia que diré. Imiiuediato aJ puerto 
<le S«n Jnri'ian situado en la. costa oriental de este eontinentt^ 
y aJgunas leguéis ail s»r de te deseanbocadura .(iel Rio de la 
Pinta, ihay liiagunas tan ahuadiMntes y de tan buena sal como 
la de donde se trae. Flétese nna eraflwrcsieion de huífue re- 
gular y -máín'de'íe á i^te paraje á traerla. Esta puetle llcA'wr 
peones, eairretilias, bueyes, y iodos los útiles y bastimentos 
nei'eaardos pana estaiblec^erse algunos meses, esooltnda de al- 
gunos poeos soddados, p»na que fonnando a.lgu<n fortin. estén 
libres de algunos TikIíos que pudieran infinitarlos; la embar- 
cación pn!e(ie hacvr varios viajes, hasta que acopie en esta ciu- 
Hla<l sal pjina seis ó mas años, de modo qiie eiiaiKlo ila embaiva- 
cion l'k'gne a a^fuel puerto, yn la carga esté pronta á la oriHa 
de él. Con esta .provKlencia se puede asegurar que no tendrá 
de costo la fanega tpun't^a en esta cíiu^kI nú aun dos pit^^os : con 
que. á se le señííla para su venta el preeio -ile diez pesos sien- 



LA CIUDAD DE BUENOS AIRES. 441 

do lo pegidar á que se vieiwie á seis petaos, solo •es d «scjeso de 
cuAtro 'pesos mi fanega, y lia qiitEidiaKi ocho pesos, duplicada 
ail gravaoiiiea qu« se impoDie *ad púhUco. (1) 

£1 coxisuimo d« «esta •eíuiíktd y sos agregados, se puede 
KX>mp*iitar >0Q ouatro mil fanegas al año; con que, utilizándose 
ocho pesos >cin t^aicla una, ^ a>tei9oriaai 1;rieiinta y dos mil pesos 
cada año. (m) 

Por segomdo paiino se /puiede imponer á los propi^etarios 
áe casas y sitóos dos «pesos de cootribucioin so^re c«da varo 
fpent-e de las cjaMjes qa« se ^^yaai e^apetirando, cada cuadra 
tiene cien^to y cuajieaita vsjcím xie edififC«ado «ó qa»e debe eidifi- 
caii^se; (xm qxxe, pa/gando dos pesos por cadia vaira de las do» 
axx?ras sibm<an qud<ni'ein1)os y sesenta pesos, dos que servirán de 
prámíer fondo para haorer las ou«enta8 de das ouadras que po- 
ndrán emipedrarse en un año. 

Bate rairak) podrá tfianer \la obj-eoion d«e q^^e muchos pro- 
'pietorios de casas ó sitios, son pdbres y que l'es será pesada 
esta contriibu'oion ; (pero si aitendemos á que con esta provideoi- 
cia se 'li^bertaai de construir ó reparar calzadas, poiiJer .postes 
y pagar composición de calU»ee, se v«rá que salcm beneficiados, 
y con >6stx) solo costean, todo cuanto habian d'e gastar en ade- 
lamte. 

Los que tuviesiein pied^ras en sus calzadas ó rpertenencias, 
i?e l>es podrán recibir abonándoseles su vaJor, á cuenta de lo 
<[ue deban pa^ar. 

Siendo beneficio para los earretíUeros de plaza, y para 
<!os que coedueiea materias pana las obras, se les podrá pensio- 
9»aT á que cada laes un día tralbajen de vaüde, conducdendo tie- 
rra para las caiUes que la mecesiten ; otro dia si íuiere preciso, 
déndolf^» vm pes» para eosteairse ooo lo que se «ihorwiín esrtos 
costos, quié por esto los (he onvvtido en la. cuieofta qae dejo for- 
mada. 

Esto tno es muy giravoso á dichos f^rretilleros, pues pue- 
den euniiplir ooai el dia que Jes tof^ue en cada mes, en el que 
no tengan en que ocuparse. 



442 LA REVISTA DE BUENOS AIBES 

Para peonía, ípu^en «iniplearse presidarios ó en su de^ 
fect» indios tapes de las ímisioo'es • que trail)iajon por cuieaota 
de los puteblos, por jornales mas lequitativos qu-e los qu« regu- 
darmente se pa,gñn ; áo estos ó dt? los presidarios pu'eden apli- 
carse ailgiimos H ennppftlpadores, y podriros, dándales alguna 
■gratificia-eion sivbre sus jómales, qu»^ servará do, aliorro. Y 
con euyas prev^enedomes se piK^d^ fornmr l«a oueoita sigui-ent*? 

Los glastos á qu>e podrá asee(nd>er el ^tmpedrado de P«e90:k 

ama "CUiíKlra según l«a <ni«n(tia que dejo ostiaimpada • 

son 1326-7 

La suflíia que di?l>e produeir ei impuesto Pesos 

sobre ea^da vara de frente de lo que se J 

(tnnipedrame es • . 560 ' 1326.7 

Lo que kíí^Imí sacarse de el fondo d-el I 

•raduo de sal pa:ra caída cuadra . . 766-7 

En esta cuont-a no incluyo ios gastos (lue pu^eden ocasio- 
narse i\e la con'huieion de alguna nms tierra (fue para igua- 
lar los calles sea mnenestcr, de ía que las carretillas podrán 
acarrear «en los di<as quv les toque trabajar de \"ald'e; pero 
tambi'fín pongo por «entero todos los jornales que deben lle- 
var, oficiíalcs y peon^es; estos iKiJH.rán nim^ho oteervando 
el método prevenidlo ; y así el aumento que por esto puede re- 
snJitar s(* <»oanp(^nsa ecn aquelík l)aja, «m cuya advertencia se 
pucícle d<^4r que am la gratificación que se del>erá dar ál 
maestro director, y iiilgiin otro ga.sto extraordinario, será su- 
ficiente (|ue extraigan del fondo de J-a sal ochocientos pesos, 
para cada cuadra, y aseendv(^nido «este á trein'ta y dos mil pe- 
sos, eomo se supone, pn»e<len empedrarse cad^a año cuarenta 
cuadras, y en siete años doscii(mtas y ochenta que aleanasaria 
el empedrado h-^sta cérea de los arrabales de esta ic^iudad. 

El dinero que se consume en 'esta obra ha de circular en 
la ciiidnd, y por consigirien'te es fomiento para ella, y habrá 
en que se cfluplivn muchos que i>or no tcoicr en que trabajar 
cometen varios excesos. 



LA CIUDAD DE BUENOS AIEES. ií3 

Nota — Teníéiiídiose «por conveiniie(n.tie, se podi-a imiXMíer 
im p<?eo imas sobre •el ^pü&do BemÚ!&áo á il<a fiam^ega de sal, aipUi- 
cánrdolo & la iluminación de las callees, cseusaoido de >este áno- 
do, los obotáculas y quie jas qiue cada día se ofrecen ; haciendo 
(públi<K) reaniLte en aqu*el qne se obligase á «mainteoerla por «me- 
nos precno, y «plioainKlo él nemanentie para «el atunefnto y con- 
sen'aríon die to-fe tel'ta. 

El Muelle. 

La tercera y últí.mia olyna qne inoluyie este mi prnoyecto, 
y de que neoesita esta ciiidjaid, «es la construeeion die un moiíelle 
que sirvi-endo de abrigo á ías -emba-pcacdones qu>e navegan «este 
rio, les faeilitie ^«rgar y djecicairgwr con fencilidad, y poder sa- 
iir del poierto sin esperar raiifi q<ue aíl viento favorable, consi- 
guiendo de este smiodo lel oomencio ^raiarítímo las comotlidadis 
de la brevedad y ahorro en el trasporte en todos sus viajes r 
reraipsas de efectos. 

Los atrasos que se espenvmemtan ipoír ¡eausa de esta obra 
son tan visibles, que oraitina el ^referirlos á no haberlo prac 
ticado con los de las amteoedentes, pero <por esta razón los to- 
caré en esta muy lijeramente. 

Sieoido esta ciudad el centro del coraiercio que se lia<*e 
efñ este vinreinato, á alia se ham de enoanrinar todos Jos efec- 
tos tanto vmarítimos, como terrestres; por lo que se hace pre- 
cisa 'la f reeuencia de viajes de las ilainchas paira traer de Mon- 
tevideo los efectos europeos, y llevar los aimerioamos ; y no te- 
niendo donde cargar m diesoargar sino en el Riaobuelo, se vé 
daíramente eoiantas demioras y iperjuiícios se orijinarán por 
esto, pues re^ilarraenite euaíndo llegan cargaídas, tienen que 
e9p»erar arnuc^hos días en Balláaas sin poder entna.r ipoír falta de 
Tna^rea ; y paira Sciilir su-cede lo mismo, -pues euando «él vieorto es 
favora'ble Tw falta marea, y teniíendo esta, les faWa aquel ; de 
miodo que en e»tis demoras fpi«erd'en la mitad del tiempo, atra- 
fiándooe los interesados, y muiehas voecs el Reail servicio en que 
son de toiicIio precio ios instantes. 

En la conducción de 'los efectos desde Barracas (que es 



444 LA REVISTA DE BUENOS AIRES 

donde t?stá eJ emlxa<r6adieTO y hay xuna \'&gu¡a. é esta, ciudad) y 
•el llevar los que se d»eben ^jnibaireaT, oeatíionan niqichos gajstcs 
á los interesados. 

No suoederia leato ad se verifieara la oonstTPuection de un 
^lueMe, en cual'essíiudiom pariaj.e diel quie Itomaraos bajo; pu-es 
oeup-andio el centax) áe «lia cioidad ; seriaa muy pocos los eostos 
d<esdie él á oasa de ios ioitei 'e.i^do8 ; no se demora riaoi las lanchas 
•bn la «entrada y sallili ipor faitea de miapea; dapli<?ari'an los 
viajes, y por consiguiente bajaría él precio de dos fletes, esta- 
ria La ciaxlad mas provista de todo lo :fu>e produce la otra 
blinda del rio, y se lozana todo mías acomodado y a'^und^an- 
le. 

A t-sta obna no «e le puede detiermioiair painaje, oaii^a^íi J*MÍ, 
ni dc.pas circunstai c-ias qtue debe leníH:: pues para tratar esU» 
pu3>to. se necesita haber ifesuelto primero da «eBnipoiesa, par4 
deepujes trataa: práoticamen«te donde y como lia de ser. Por 
«esta ináama razón no se pxieden tainx)oco oaicuiar los costos 
que podrá temer; pero esto no imip-ide ed señaliaor da fuente á 
que se puede acaidir, por todos los que sean necesarios. 

Toda contribución ipara que no sea senjsible, debe exijirse 
de aqnellos en cuyo beneficio ha de invertirse ; no hay duda 
que Cíl que se lograría en esta ciu'J'wd, eon eil anoselle, seria ge- 
nerad; pero en comerciantes y lanjcliei'os se harían mas visi 
hles las utilidades; y por lo mismo, me parece que debe ta-m 
bi<en hacerse mas 'visible 'la contriibiicion ; pnes 'eidos tendrán 
cuidado de sacar insensibd^mente djel públiioo la .parte que les 
toque, por nuédio de sus 'venftas y fletes. En esta s\iiposdcíon 
voy á proponer los arbitrios que me parecen Tnas arr«^ados 
y que soan snfíci'entes para omlprendier la obra con aquettos 
costos que se quiera. 

l.o par. Ilalri endose juntaido los, vieciuios, y comerciantes 
de esta dutdad en e'l año pasaido de setenta y si-ete en das casas 
del A>Tintaímiento pa»ra tratar de 'esta misma obra, resolvie- 
ron ; que -para dar prindpio á la condaiocion de da piedra, ha- 
cían nn donativo según los i)osrbles y estímulos de cada uno : 



LA CIUDAD DE BUENOS AlBES. 44 j 

lo que se aiiotf') en los Libros «de AüiRinlo. Pei\) no habién- 
dose •efoL*tu(aido basta íihora la peeauídaicion, (podía ponerse eax 
prÁcti^a su .roeobpo y qua sirviese -Je príiu«er fondo para dar 
principio ; teniemdo presente, que d»e artfuel tiempo á el eji (¿ue 
eetíiín<)¿j, hay e'U la ciudad m'uehos qu)e puetlen ííon tribuir y 
no está.n coiiKprelutaiídidos; á estos m Jos poiíOtle solicitar -por 
medio de d'ipnta.dos ó del modo quie S(í tímga por conv^ínieiite, 
paia qiic imitia'ndo á los ■demás, eontribuyain con do qu>e íA «elo 
por el bien (públioo les «estinmle. 

2.0 par. Un impuesto de veinte ó veinte y cineo pesos por 
eadiH lifoeiicáa de ida y vuelta d»e cada tancua de ilas m!ayopes 
y.'á propooneion la d-e *l*as aiw^nopes, pudáe^o -esta Tedimdr la 
coattíT!bu«e»ion, tnaj'Kíndo de retorno la piedra qu^e se les regule 
por el valor de lo quie dobiain pagiar. Esta contribución en 

nada a^^raba á los laoueheros, paíos 'aidemás díe poderla redimir 
dell modo dicho, se le sig^U'e "el l>encfíeio d«e que no teniemio 
carga para el retorno de ^lontevidieo ó ila colonia, podrán 
caipgar de pLodra <iue ^ les abonará según se'cstablcic'ie- 
Te. (n) 

3.0 par. A los vinos y aguardientes que vienen de Europa 
se te pueíde imponcir cuatro reailes de coníri'lmcion á <*a-da ba- 
rril, y á proporción a dos demás licores »emlx>tcl lados, y en 
frasquieras. Este d<erecho íes muy conveniente, 'pues con el se 
leWta el perjuicio que los viecrinos de Me(n<do»a y San Juan .po- 
dían esperiinientar con el qiue se les señada solxre sus bebidas. 

4.0 par. Otro sobre todos los diemas efectos teairopeos, el que 
se puK^dc «enliaíblar en esta forma. Habiémdose de cstfa>>k'w»r 
en -esta ciudad da Real Aduana meiliante el libre coiniercio, 
y -en eHa han de arreglajrse dos derechos de S. M., á i^lxw 
se podiía ajumentar -medio por ciento en beneficio de 
esta obra. 

5.Ó par. No sieoiido bastiantc lo que produísejan estos ramos 
para seguir la obra con \iveza, se podrán toimir á réditos los 
caudales que vayan faltando, satisfaciendo anualmente de low 



44t) LA REVISTA DE BUENOS AIRES 

miemos rasuos, los réditos que se vayan <ie\'<engaiMÍo, con lo 
qu'e podrá seguirse con andor 'hcista 3U conclxiaioii, qiie verifi- 
eadía se «plietairTxD asi testos raímos tcamo el <de (la sal, á la satis- 
íacüioa del prindípal. 

l'iaflia quie «el gasto de ipeoones ído sea t?»eesi\X) puede tx)map9e 
Ja provid^eioeia de traer dtndios tapes, de das elisiones, que tra- 
Uajen á beneficio de los pm>blos; repartiéndolos en la Colonia, 
Montevideo, Caleras y <n esta Ciisdad. para qu.e faciliten con 
uK'oios costos, todos los Dvedios de ad>él<atnta:nifiento á la 
obra. 

No hay diid* qu-e á los prrncipdos se esperimieíntará tá 
grav-íiinen d^ «estas íiontribuciones, sin el logro de disfrutar loe 
beneficios. Pero debemos seguir él ejemplo del tebrador que 
arroja el grano á íia tierra sim sen-táraáem/tx) de que se pierda, 
solo con la esperanza de coj-er é su tienipo el f n^to imíulltipli- 
oado ; esto <« lo que debemos htaeer todos. Sembrar para co- 
jer "es 'la inayor ventajia. 



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448 LA REVISTA DE BUENOS AIRES 

NOTAS. 

(b) Siendo dificultoso que todos los parajes en que 
corresponde colocarse Fuerte sean á projpósito para ellos, y 
qipe los sit.ios d^e miaATor riiesgo correspo>n(dja(n á «d-Lstánta situa- 
ción de los que va señalada con esta consideración, podrá 
variarse el método según convenga, 

(c) Para levantar estas compañias se pueden comisio- 
nar á los maestros de campo, y sargentos Mayores para que 
después de admitir los voluntarios que se presenten, saquen 
de los partidos sorteados ó como sea mas conveniente, los 
qute 'Itís toque seg^un el múni'oro úe fre«n.te 6 Vi^niwitario en ca- 
da uno. Asi mismo podran informar para el nombramiento 
de oficiales, y sargentos y en ocurriendo baja de soldados, ae 
reemplazarán en esta misma forma señalándoles el tiempo 
que deben servir. 

(d) Para comandante de los Fuertes, podian señalarse 
oficiales de las Asambleas, mudándolos de tiempo en tí-empo 
según se tuviera por conveniente; y para que tuviesen ma- 
yor autoridad y veneración, se les podia solicitar el grado 
de capitanes con el mismo sueldo que gozan; que con este, y 
el sobre-sueldo, lo podían pasar bien. También seria con- 
veniente el destinar sargentos veteranos, para primeros de 
las compañías y algunos artilleros; á lo menos hasta que in- 
trodujesi^n la debida enseñanza. 

(e) Los tres capellanes es corto número para atender, 
á todas las necesidades espirituales en el distrito que les 
corresponde, no pudiendo lograr aquella guarnición del be- 
neficio de la misa los dias de precepto; por lo que conven- 
dría que todas las religiones que tengan conventos mas in- 
mediatos á la frontera destinaran religiosos á los Fuertes 
<1p floguaiúlo orden para ([uie no carí^fitesen aípiellos saklatlos 

del socorro espiritual. 

(f) Tjos mías de l(xs paraj-as en que í'orpesjxiin'íia estable- 
cer Faierh«, <*5 natural que -cjaireatían d«e leña y sneindo ren- 
glón tan preciso este, se tond'rá presente, para que los gastos 
que pueda ocasionar el proveerlos, se aumenten á la suma 
total. 



LA CIUDAD DE BUENOS AIRES. . 449 

(g) Los gobernadores de esta ciudad han acostumbra- 
do el Ikvar por la firma de las licencias que conceden á loa 
que viajan, un peso ; el Exmo señor Virrey actual por un efec- 
to de su benignidad las ha concedido graciosamente en todo 
el tiempo que ha gobernado ; pero si se hubiera de plantificar 
estA obra pudiera su excelencia establecer el mismo método, 
aplicando su producto á la construcción de los fuertes que 
necesariamente han de ocasionar gastos estraordinarias «n 
su primera formación. 

(h) En todo tiempo se ha procurado que las calles de lo 
principal de la ciudad se mantengan transitables; pero á pe- 
sar de tanta*» composiciones que ocasionan bastantes gastos; 
irapa vez ipennMan«oiien coniíputostias mas que hastia el próximo 

invierno como »e esperimenta en todas las que se compusie- 
ron el verano pasado. 

(i) Este presente año no se han enjugado las calles dea- 
de m«d'i'adK>s de abril y hal'lájnidomtos ya -en seftie-míhne, pK^rmia- 

neeen con tanta humedad que aunque no lloviera en dos me- 
ses no se verian enjutas del todo. 

(j) Las aguas pueden repartirse de modo que desa- 
güen por varias partes al rio, disponiendo al fin de las calles 
conductos subterráneos para que no descompongan las baja- 
das, también se podrán (aunque esto seria mas costoso) dis- 
poner en las líalles en que agolpa la mayor parte de laa aguas, 
subterráneos de tres á cuatro varas de profundidad, y tres 
cuartas de ancho con losas cribadas de trecho en trecho para 
que por ellas se introdujese el agua y no perjudicase á las 
casas de aquellas calles; ó de otros modos que se i pueden 
discurrir. 

(1) Aunque cuando llegan de salinas se vende la sal 
á menos de a seis pesos la fanega, á poco tiempo después sube 
á los seis, aumentándose el precio conforme vá escaseando, 
en el dia vale de siete á oolio posos, y en eíl año de setenta y 
seis Ueg<) á valer á vein>te pesos la famega. 

(m) Los vecinos de Montevideo, los de toda la otra 
beunidta, y los que no están esta'bleícidos denftpo de esta ciudad 

podrán quejarse de que contribuyen sin disfrutar del bene- 



4.^0 



LA EEVISTA DE BUENOS A IBES 



fkno; pero qué oafpital no go2ia ^gnn prívilegío? fa^ni de 

que, en concluyendo esta obra, pueden destinarse algonos 

íoimIos, empl^eámlos^e en benefício de los (|iie han ooortri- 

buido. 

(n) En la misma conformidad que dejo insinuado en 
la nota (g) podia el Exmo. señor virrey practicar con las li- 
cencias de los que se embarquen, aplicando su producto á 
la obra del muelle. 



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MEMORIA MILITAR. 



PB0YECT08 DE OPERACIONES BÉLICAS PABA DERROCAR 

AL TIRANO ROSAS. 

(Contiamacion) (1) 

Desde luego es esta la ocasión de indicar que el ejército 
de Oribe cooiupuiesto die Argientimos y Oniíentalies, veria di<aarí»- 

mente disminuir su número al emprender una marcha que 
tuviese por objeto retirarse de este pais: los naturales no es 
racional creer que se decidiesen á abandonar sus hogares sin 
espieraaiza biieoí fumidiada die pa^ootx) y segmix) regreso. Ellos 

han sido víctimas de crueles y repetidos desengaños: se les 
ha esteido diesde muieiho tiemipo aniistifieatndo con la qaiimiera 

del triunfo definitivo; pero el alucinamiento ha cesado, eí 
tiempo y los sucesos han quitado la venda áe los ojos á los 
mas crédulos y fanatizados; y á esto se agrega el número 
considerable de los que sirven forzados — obligados por el 
terror; el resto por la esperanza de la recompensa, y entre- 
tanto esta llega por el aliciente del piUage, pocos son los 
que se mantienen firmes por el fervor de la política; así 
es que se ha hecho umversalmente proverbial que si Oribe 
se retira del pais no lo han de seguir la mayor parte de los 
oiñeB3ftailtes quie tieniie & sus óiidleiDies, porquie esto está len ia 

naturaleza de las cosas ; y que su marcha al Uruguay tendría 
toda la apariencia y los efectos positivos de un verdadero 
descalabro. En fin, se puede en vista de tan fundadas pre 

1. Yéaae Ja pág. 312. 



4r/2 LA REVISTA DE BUENOS AíRES. 

visiones, asegurar que los 10.000 hombres que actualmente 
tiene disponibles el caudillo oriental, quedarían reducidos ¿ 
la mas simple espresion, si eonseguia atravesar el Uruguay^ 
operación esta que le ofrecería todas las dificultades y peli- 
gros que ya hemos manifestado en el l.er. caso supuesto, y que 
por lo tanto escusamos reproducir. 



Pero aun suponiendo que el ejército de Oribe logr 
transportarse al Entre-Rios, vamOB á examinar cuales serian 
itoü i^on^cuencias y efectos inmediatos mas verosimiles de il 
tal movimiento, y los sucesivos que racionalmente debería- 
mos prometernos. 

Ijh mpii/líli-ea Orieiitail stíría ocmnpl-etianiettte e\'5a<^u«da, 
é inmensas las ventajas que emanarían para continuar la 
guerra contra Rosas con todas las probabilidades de un re- 
sultado de(íisivo y final, por un tal cambio de situación— Por 
esto es que nos limitaremos á la consideración de una sola 
de sus consecuencias, que es bajo el aspecto militar la mas 
capital: la República Oriental organizaría un ejército que 
concurriendo á la causa común y como auxiliar en la Pro- 
vincia de Entre-Rios, decidiría en nuestro favor la suerte 
de la campaña de que iba á ser teatro. Y sino nos detenemos 
en hacer evidentemente palpables las razones que militan 
«en a/poyo -de .scwiiejaíntn» (prospwtx), -os ponpw» alias son tan 

obvias y perceptibles, que temeríamos ofender el buen sen- 
tido si entrásemos en mas detalladas esplica<»iones; y porque 
pa^ra 'ppoíilucinkus no es nu*c.esario ]KW(vr — ^no di remos un gran 

caudal de conocimientos y esperienoia militar — pero ni la 
mas leve noción del arte de la guerra. Agregando que, la 
provincia de Corrientes como el beligerante mas inmedia- 
tamente interesado en la victoria por su mayor proximidad 
al teatro de las operaciones beJicas, redoblaría sus esfuer- 
zos y sacrificios para obtenerla, esto es: pondría en acción 
todas sus fuerzas y recursos. Y de esto no es permitido 
dudar, dc^de que mas de una vez hemos visto y admirado á 
esa provincia heroica marchar por el mismo camino, y esto 
en circunstancias difíciles y dudosas que no ofrecían, como 



MEMORIA MILITAR. 453 

en la hipótesis propuesta, un tan alto grado de seguridad de 
un prospero suceso. 

XVI. 

Es aquí la ocasión de observar, que vamos gradual y su- 
cesivamente satisfaciendo nuestro compromiso probando que, 
no obstante el mayor poder numérico de nuestros enemigos 
— sumadas todas las fuerzas de que Rosas dispone en la ao- 
tualidad — cualquiera que sea el teatro en que los busquemos 
l>emos die m*r sieiiilpíre sutperdones en níimiero: al Tiiieinos no se 
ipinenl/e dmiar de esta verdiad respecto ail Entre-Rios vista la 
precedente demostración ; y esto, sin hacer mención del ascen- 
diente moral que la hilacion de los acontecimientos, ha do 
darnos con aumento progresivo, y en razón inversa del de- 
saliento de los adversarios. También se observará que han 
de concurrir á tan probable resultado las bajas que los ene- 
migos deben sufrir antes de llegar al Entre-Rios, y las altas 
consiguientes que han de aumentar nuestras filas cuando 
haya llegado el momento de combatir. He ahí la razón 
porque dijimos que la superioridad de la suma total de las 
fuierzais die*l Dietaidor — ([ine según oi'uiestpo córaípaito abultado 

en el sentido de los enemigos, ofrecía la diferencia en su 
favor de 8,000 hombres — no era un motivo para creer que 
habiamos de pelear con desventaja numérica; y si mucho no 
nos equivocamos nos lisongeamos que, una vez puestos en 
acción, hemos demostrado -todo lo contrario. 

Pero ni podia ser de otro modo desde que, no es solo 

el influjo de las causas morales al que se deberían tan al pa* 
recer inesperados efectos: — existe y está en positiva y conti- 
nua acción un agente primero y material — nuestras fuerzas 
navales, las que dominando los rios impiden que los enemi- 
gos se aproximen entre sí, se pongan en contacto, se recon- 
oentren ; que los obliga á permanecer fraccionados y aislados, 
separados por grandes distancias y con interposición de obs- 
táculos que todo el poder humano no puede hacer accesible» 
sin ser superior en marina. Tres caudalosos rios — el Uru- 
guay, el Paraná y sobre todos ¡el Plata! De ese agente 



454 _^ KEVISTA DE BUENOS AIRES 

poderoso nosotros disponemos, y es por esto que tenemos la 
facilidad de trasportar nuestras masas al punto conveniente, 
para obrar un esfuerzo simultaneo y decisivo sobre las par- 
tes débiles y aifi^das del enemigo. T este fué siempre el 
poderoso resorte — al pare<^er misterioso — de las victorias 
que obtuvieron los mas célebres capitanes : — ^la ciencia del 
Gran Federico, del inmortal Napoleón I, á la que debieron 
sus mas espléndidos y sorprendentes triunfos. Es un prin- 
cipio fundamental y dogmático consagrado por tan encum- 
bradas capacidades, y por el testimonio irrecusable de los 
«uítores anili'tapes mas la'OPedi'taidos y reconocidos como ma«s* 

tros del arte, ya sea que se aplique á las maniobras de la gran 
iácñca en las batallas campales, ó, como en nuestro caso, á 
ilos movimieai[tx)s lesfcpatégioos ¿se ipodrá ere<er que «desatenda- 
mos ese principio salvador? ¿que no saquemos todo el par- 
tido posible de tan ine-stimable ventaja, cuando tenemos en 
nuestro favor la facilidad de practicar un proyecto que nos* 
aseguraría la victoria? 

Persuadidos como estamos de tan evidentes verdades, 
no desdeñaremos para hacer mas perceptible nuestra con- 
vicción á este respecto, de emplear una frase vulgar, — ^los 
enemigos están encerrados en ratoneras^ cercados en un co- 
rral síji salida, cuyo acceso es practicable á sus adversarios. 

XVII. 

Continuemos paso á paso y analizando todas las hipóte- 
sis posibles — Si Rosas se obstinase en conservar en esta re- 
pública todas las fuerzas que en estos momentos la ocupan, 
ta»to 'pí^r /para él ; emlxMíioas el ejército de Corriíeiwbefl no 

tendría opción, su dirección quedaba bien marcada — ^atra- 
vesar el Paraná sin pérdida de tiempo y reforzarse de todas 
la-s fuerzas de la coalición, exeptuando únicamente las nece- 
sarias para garantir la defensa de Montevidieo ¿podría Rosas 
oponer una acción bastante eficaz contra sus agresores? no-. 
sotros creemos que su caida seria infalible y pronta, y para 
fundar este pronóstico haremos la apreciación de sus me- 
'dios de resistencia. 



MEMOEIA MILITAR. 455 

El ha llamado á las armas a todos los hombres capaces 
ó no de tomarlas, y sin otra exepcion que la de los estrange- 
TOS que tieiien un agente oficial que los represente. Actual- 
mente tiene en asamblea permanente aprendiendo los pri- 
meros rudimentos del soldado 5,000 individuos, niños, adul- 
tos, a'nciaouos, cojos y mámeos — no imíporta — él oree gue le 

t5onviene aparentar gran poder presentando bultos la mayor 
parte de hombres impedidos, ineptos, los que no lo están, 
para el servicio militar: hombres que él sabe son en su to- 
talidad sus mortales enemigos, y que aun cuando le fuesen 
©dictos, la fuierza quie ix^presentan no equivale á la imtad de 
la qiDB resultariía si las cifras que diesigimn su númiero se 

dividi<esen por dos. Apelamos al testimonio de los hombVes 
eomn'eaxzuKlQS que conooen di pueblo die Bu«enos Aires, y muy 
especiailraento á los que di»riiaimeníte aquí afluyan inmigrados 
con procfidipn'ri'a <le aquellía capitel. 

Rosas tiene por toda fuerza de caballería 5,000 hom- 
bres, de los que 3,000 están acantonados en las márjenes 
del Paraná á las órdenes del general Mancilla, y los 2000 
restantes en la provincia de Santa-Fé á las del coronel Valk ; 
tiieoe «n J-a ciudad 5,000 infanítes d-e liniea urbanos: he ahí 

todo el poder militar, grande en cuanto al número, son 
¡15,000 hombres! 

Hemos justipreciado ya la calidad y valor de los 5,000 
guerreros de su ejército de reserva: continuaremos la cla- 
srfi'ísaciooi <le los 10,000 restantes. Comotódia esta apre- 
ciación se encontrará en resumen lo que con alguna propie- 
dad pueden llamarse, soldados disponibles para operacion^^ 
activas en campaña. 

XVIII. 

De los 5,000 de f^ailjallteriía deilxín pe»baj«írse 2,000, que 
no solamente sirven forzados, sino que siendo de hábitos 
enteramente opuestos á los de la carrera militar cuyas funcio- 
nos repugnan, no son, ni es fácil que sean en lo sucesivo, 

búlenos soldados: vecinos de Buenos Aiivs y d^ los ipii^bloei 

de la campaña, hijos de familia halagados de un mas ó m-enoft 



456 LA REVISTA DE BUENOS AIBES 

lísongero prospecto de fortuna ó mediano bien estar^ siem- 
pre mas halagüeño que el que puede ofrecerles la ingrata 
profesión marcial, y aun mucho mas ingrata en una guerra 
como la que hace Rosas, fácil es concebir lo que este puede 
prometerse de tan menguados agimtes como hombres áe 
guerra; y que por el contrario, él debe recelar que sus sol- 
dados—propiamente tales — se contaminen por el contacto 
de sus visónos y descontentos compañeros. En una función 
de armas, por ejemplo, tiene mucho que temer del conato 
á Jta fuga (le .soklados de use calibixs ijue por priiuera vez 

son actores en una escena de sangre. 

Este cuadro no es exagerado, ni calculado para abun- 
dar en nuestro sentido á fin de arribar fácilmente al resul- 
tado que dcv^^de el princi|)io nos hemos propuesto: no son 
discrecionales y gratuitas informaciones, ni desfiguradas por 
afecciones de partido que pudieran preocuparnos, para que 
lo« o»l>j'et(>s s^í nos pn^^cnticu al tnivtis dA ¡>r.isnia dt*slunn- 

l)rador y engañoso que fas(Mna los sentidos con poder tanto 
mas irresistible, cuanto mayor es la convicción de que el 
porvenir de nuestra patria y la dicha individual, eslcusiva- 
üente dependen de que se realice la ilusión. Sería hasta 
ridículo tratar de convencer con (|uimeras y agradables 
ficciones; sería un arbitrio vulgar que á nada conduciría 
cuando no se necesita emplearlo para persuadir, ni hay que 
hacer grandes esfuerzos para poner en evidencia la verdad. 
Sabemos lo que todo el mundo saín», — cual es en la actua- 
liúml «1 sist'oma d»e (mrolaiiiÍHíuto (*stabl crido por Rosas, obli' 
gado por lia 'l(\v iniporiosa dto la m^cívíádaid ; jmk^s nadi^e ignora 
que no tiene otro posible, por cuanto en siete años de una 
guerra incesante ha apurado la cosecha de hombres, obli- 
gando al principio á servir a los que tenían mas aptitudes 
para tomar las armas; y que ahora, en el último periodo de 
su arbitraria conscripción, no ten¡f»ndo ya donde escoger, 
está apurando las hec(*s. Y para que los colores del cuadro 
resalten aun mas, y se hagan mas patentes las dificultades en 
que se encuentra para organizar un ejército sobre bases re- 
gulares, agregaremos una circunstancia especial que también 



MEMORIA MILITAR. 4Ó7 

pertenece al dominio de las verdades comprobadas, á saber: 
que en la lista de sus fielfs subditos no se registran muchos 
gefes organizadores y estratégicos, bajo cuya dirección se 
atreviese Rosas á poner fuerzas considerables. El general 
Pacliet-o os «el que mas «obre^íaile, y en el quie dieposita mas ili- 
mitada eonñanza. La generalidad de los gefes y oñciales de 
Hosas «m sus luechauras — id-íí ¡m oreaícion — <?on imi^" oonljajdas 

exepciones; los menos idóneos de cuantos cuenta en sus 
cuadros la República Argentina. Para emplearlos, Rosas 
atiende mas á su fidelidad que á su saber profesional, por- 
que su sistema trae aparejada la desconfianza. Tampoco 
tiene otros de quienes valerse, porque cuando se creyó se- 
guro en sai /provimíi» — y sin rraiaginiar qxm algim «dia podía 

ser teatro de guerra — mandó á sus ejércitos de las provin- 
cias interiores, lo que tenia de mas selecto en clase de gefes 
y oficiales subalternos. 

Si ha 'd>e jnagaree .por los resuJtaítlos em la a<ítual con- 
tunda, se puede aseverar que la superioridad profesional 
está del lado de los enemigos de Rosas ; y como garantía de 
esta asercdom tx>do cujanto pod«emos ofrecer son los hechos. 

**E1 Yema'', ^'Cagancha'', '^Caagnazú" **Don Cristo- 
val'', fueron victorias obtenidas por los libertadores con fue/ • 
zas nrmy infeonoreB en !n!am«e«ro ^ ...s d»e sus adfversarios. En 

Santa Fé la ciudad atrincherada y defendida por 500 hom- 
bres bien armados y siete piezas de artillería, fué tomada por 
asalto por 700 hombres, de los que los dos tercios eran sol- 
dados de caballería, y de estos la mitad vecinos de la cam- 
paña ; echaron pié á tierra y llenaron su deber como los me- 
jores infantes. 

Es porque la bondad de la causa, el incesante anhelo por 
reconquistar su libertad y el hogar perdido, son poderosos 
estímulos que inspiran un nobk y ardoroso entusiasmo coxi 
el que jamás pueden preisentarse nuestros adversarios en la 
palestra de los combates para defender un poder inicuo — ^la 
tiranía. Ellos no pueden citar una sola aecion de armas en 
la que hayan entonado la victoria peleando contra fuerzas 
superiores; no hay un solo caso. Los triunfos que han ob- 



458 LA BEVÍ9TA DE BUENOS AIBES 

tenido en diferentes encuentros, los han debido principal- 
niiente ¿ su superioridad numérica, y ¿ la gran ventaja de 
un armamento mejor que el de sus contrarios. 

XIX. 

En cuanto al ejército de la Provincia de Corrientes, es 
infinitamente superior en calidad á las tropas que Bosas pn^ 
de oponerle en la de Buenos Aires; y sin hacer mención de 
una mas hábil dirección, todos sus gefes y el mayor número 
de los oficiales subalternos no han cesado de combatir desde 
el principio de la guerra, y como verdaderos •voluntarios — 
cuando han perdido un teatro han ido muy lejos á buscar 
otro, sin que las mares borrascosos, los bosques intransita- 
bles, los áridos desiertos de la zona tórrida, ni los hielos eter- 
nos de 1h mas elevada cordillera del mundo hayan sido obs- 
tiuMilo « la n^iJizacion xie «iis part-rióti-cos y 'beli^'OQos estí 

uuilos. ^luchos de ^Uos tenían establecida su reputación 
militar desde la jruerra con el Brasil (182?) ; no pocos la 
sellan)n con su sangre durante la guerra de la indepen- 
dencia. 

Los ¿toldados Cx»rrentino6 son naturalmente belicosoa. 
todos, piHHÍe asegurarse, han pasado por el bautismo de 
liuiza y pólvora, un gran número por el de sangre; y par>i 
que á este respecto no se pueda abrigar la mínima duda, 
basta decir que el ejército Correntino se titula 4.o Liberta 
í/or. y esta denominación significa que tres mas lo han pre- 
iHHÜdo dt«de 18.'^9. Y sin que temamos incurrir en error 
aijregareuuxs <iue. desde la edad de diez y ocho años las sie- 
te octavas part*^ «lo los hombres correntinos han asistido 
á diferentt*s campí^ de batalla dentro y fuera de su terri- 
torio, To<li^ los naturalt»s t^ las otras provincias arg^aiti- 
nas alistadla hi>y bajo las banderas de Corrientes, se ba- 
ilan en iguales condiciones, porque si están allí refugiados 
es por haber peleado contra la tiranía. 

XX. 

Los r>.(>^) infantes de la guarnición de Buenos Aires 
sí^n de la nrsnia t^í^tofa que los ó,l>V"^ de eaballeria, j les 



MEMOBIA MILITAR. 450 

es igualmente aplicable cuanto de estos hemos dicho al cía- 
sifícarlos; advirtiendo que en aquellos están comprendidos 
1000 gíaiLliegH» llegados recientemiente d-e E«p«aña, en virtud 

4 

de contrata celebrada por Bosas con una casa de comercio 
de Buenos Aires. Esos hombres forzados al servicio militar 
se sabe que no están contentos: todos ellos son reclutas que 
aun no se han fogueado en campaña. Computamos en conse- 
cuencia de todo lo espuesto, que los soldados de infanteria á 
«fuieildo nM Dictador no esííedíen el numíepo de 3000 oaipacJM 

de desempeñar sus funciones; y este cómputo lo considera- 
mos bastante aproximado si se considera, qu-e no es creible 
que Rosas se resuelva á quedar solo en Buenos Aires^-pues 
que el nunca sale á campaña — sin tener á sus inmediaciones 
hombres armados que custodien su persona., porque no es á 
los vecinos pacíficos que ahora están en asamblea parodiada y 
que mucho lo det-estnn, á quienes él ha de confiar tan in- 
teresante depósito. 

XXI. 

Ija proviflieia úe CVSrdoba tien»e taíraibietti un (pe(íu»eño 
ejépcSto, con caiyo aoixilio es natiira)! qu«e Bosas <3u«einte sí Me- 
ga á verse invadido; pero él no está muy seguro de la coo- 
peración de esas tropas, porque no puede ocultársele que el 
ejército Oorrentino eflioontriando eco en las provimciiafl inte- 
riores — como todo induce á creer que sucederá — la provin- 
cia de Córdoba se ha de contraer con preferencia á impedir 
con sus medios propios que el incendio la devore, antes que 
acudir á apagar el de su vecino aun cuando lo vea entregado 
á las llamas. La provincia de Córdoba no es presumible 
que se desentienda de la máirima umversalmente observada: 
la caridad hien ordenada empieza por si mismo. Esto no 
obstante, queremos suponer que á todo evento, en el caso 
indicado reforzase á Rosas en su agonia: este auxilio apenas 
asoenderia á 2000 hombres. El ejército de Córdoba se com- 
pone, según las noticias que hemos podido obtener de 3,500 
hombres pésimamente organizados y aun peor armados. No 
es creible que en ningún caso se desprenda de toda su fuer- 



460 LA REVISTA DE BUENOS AMES 

za, corriendo el riesgo no solo de provocar la insurrección 
de las provincias limítrofes, sino de proporcionar á los ciu- 
dadanos descontentos la oportunidad de alzar el grito de li- 
bertad, por la esperanza bien fundada de obtener sus fines 
iniípuii'ftni'enite, no exisiti-erido tropjas ppw$c^n.tes |>ara opoai'er in- 
oi3|(?tliaitia'iriiont« ressiiS't'eniriía á ama SH/hlevatciom popu'lar. 

En cuanto á las provincias interiores Rosas no puede 
equivocarse, y sin coi: tur con qu-e la guerra civil las ha arra- 
sado, ba¿9ta saber que el sanguinario Oribe se ha paseado por 
ellas con hordas esterminadoras, que ha di-ezmado sus ha- 
bitantes y entregado al pillage sus fortunas, para saber cual 
es hoy tlia eil Ci^píritu domdma'n't'e tl^e los qu'C liam sobrevivido 

á tan bárbara agresión. Esas provincias, por otro lado, 
están escasas de hombres por que Oribe aumentó su ejército 
arrastrándolos 'maniatados hasta -el acampamento del Ce 
rrito. 

XXII. 

Nos parece haber suministrado las noticias, los datos y 
autcfpiptd'entes mas esenciales para (lue, sino cíon perfe(*ta exac- 
titud, con aproximación al menos, se conozca el monto áe 
las fuerzas y recursos de Rosas de una parte, y de la otra la 
de sus adversarios coligados. Creemos también haber pro- 
ha<to qiiie en la provindíi de Emtre-Rios seri'ajn <^os superio- 
nes en nAinero y calidad. Resii'lt-aindo <le cuanto hermos ex- 
puesto, contrayéndonos ahora á la provincia de Buenos Aires 
— tomada como teatro de guerra — que Rosas podrá oponer tan 
solo 8,000 hombres útiles á las fuerzas libertadoras que la 
invíidaTi, y que eírtias operarán deistiTua-ndo 4,000 hombres á 
ía defensa de ^^onte video, eon 11,000 ni»as ag^ierridos y bajo 
más hábil dirección que aquellas. De modo que, entendemos 
haber demostrado lo que ofrecimos, á saber: que en cualquier 
teatro que los cuatro poderes coligados hayan de combatir 
tendrán — si se emplean con actividad y saber los medios 
disponibles — superioridad numérica. Por lo que, hasta pa- 
receria supérfluo repetir que Rosas no ha de poder impedir 
que la lucha sea para él tan desventajosa, puesto que hemos 



MEMORIA MILITAR, 461 

abundado en la demostración de las causas de tal imposi- 
bilidad. 

XXUI. 

Se deduce de todo lo que antecede la urgente necesi- 
-dacl di» (j'Uíe sin pér»d'i<(la <te ti-eiinlpo el ejérícilo die Comentéis 

dé principio á sus operaciones abriendo la Campaña sobre 
Entrerios ; y que iniciando la ofensiva, la conducta de los 
>e»eniigos ha ele avisar tivMle luego á Jo qiu*e d«bemos ate- 
nernos: si ellos levantan el bloqueo de Montevideo y mar- 
chan al Entrerios, en esta provincia se dará la primera 
batalla; y si, lo que no es de esperar, continuasen inactivos 
al frente de nuestras trincheras, ba^ta que estas se d-efien- 
dan como hasta aquí. 

Todo debe estar preparado para trasportar el ejér- 
crt» d»e Coppi«8n?teiS á la margen d«epe<»h'a del Píananá. Si se 

obtiene un solo triunfo en la provincia de Buenos Aires, la 
cuestión está definitivamente resuelta, porque la caida de 
Rosas seria infalible (1) : todo lo demás es de un orden se- 
cundario. Y ha de entenderse cuando hemos dicho que debe 
trasportarse el ejército de Corrientes á la provincia de Bue- 
nos Aires, (lue taru'bieai se liam de Hevar todias ilas tropas alia- 
das que unidas á las de aquel ejército, compondrán seguii 
nuestro cómputo el número de 11,000 hombres sin distraer ni 
debilitar la defensa de Montevideo. 

XXIV. 

Los puntos de desembarco serán objeto de previo acuer- 
do, y este dependiente de una combinación especial de la que 
por aliora no nos ocuparemos: porque no pertenece al plan 
que nos hemos propuesto trazar. 

\o es nuestro ánimo pretender que en la enumeración 
de las fuerzas respectivas no estemos equivocados, pero si 
la asignación no es exacta^ las autoridades constituidas están 

1. El triunfo de Monte de Caseros vino siete años de«pue8 á 

confip.Tiar este pronóstico. 



462 LA EEVISTA DE BÍNENOS AIRES. 

en el deber de tener mejores y mas apropiados conocimien- 
tos : ellos, por lo tanto^ podían fácilmente hacer las alteracio* 
nes correspondientes. No seria este un motivo para que temié- 
semos haber incurrido en error al hacer las deducciones y al 
establecer las consecuencias: no podrían estas atenuarse pues 
que unas y otras parten del conocimiento práctico y ppsitivo 
de nuestros medios propios, y de informaciones bien garan- 
tidas de los recursos del enemigo ; y en fin^ de causas, morar 
les que ejerciendo una acción constante y. en progresión cre- 
ciente en nuestro favor, y afectando por consiguiente eu 
invieriso seoitáido los iaiitereaes óel eaemigo oomun, han de 

tener con exceso una parte mas eficaz en el desenlace final de 
este drama sangriento, que los mismos agentes materíales. 
Y sobre estos — nos atrevemos á asegurar — que sino hemos 
sido geométricamente exactos en el cómputo comparativo, 
tenemos al menos la certidumbre de no diferir de la verdad 
tanto que, el error pudáera oondiuieiraos á Msos y opuieartjos 

sHjSuO'tiados. 

Lo quie der«Jie lu«ego ha die notairse -es (jue, si nos litemos 
desviado ailgun tsaosto áe 'la reailidiari en los guarismos, es por ha- 
•berios exagerado al hajeer uma neseña die las fuerzas diepooi- 
bdes die dos adversarios : <aJ paso quie, lad idetatUaír ku» propias 
no solo hornos ^mipdeado «lia onlas «eslnncta «ecooKnnia en los (aú* 
meros, <peiro haata tías hemos anren^^uado ; y bajo un tad c&stoiAi; 
á la viendad, si los resujltados tno iuesen exactaioentte iguaihes 
á ios quie se han oadcudfaido, se ha d*e conceder qu<e la difereneia 
quie se eneontrase «sstando «eu razan dineeta con la d» 0)os dia^ 
resspiectrvos, ha áe eer toda «aa coaj4;ra diel «poder raBjgiiáfi<?fiiclo, 
en favor úe\ poá&r prapáo qxae «heraos (neibajado. No aeria 
ipuies justo tachamos de ^aroiélidiaKl en provjeoho ipropio. 

Asi que, tal diferenjcia-^-ai eWa existóese — conspimrsa á 
robueteoer ios aaigiwn«e[nit08 que Ihíemos empüieado paira pfppibftr, 
reajÉmmiáendo, la téads que propusimos al oanfeccionar eato 
''Memjoria", es^to -es: Que Rosas está 'vencádo si sus adYersa* 
ríos connfhinafli efiícaz y iproin'taimeiKte ^Sfl»8 (mfedios de aceito^, es*- 
talleciendo como ^base y puinto de partid-a impreseindíbíle^ que 



MEMORIA MILITAK. 463 

él ToaviwáeofU} hoetiil diebe envpezaa* por la af>e(Ftiuira de da cam- 
paña áel «jéixnto die ücnrientes sobne ia pravincia d<e Entre- 
tíos. 

XXV. 

i Podria, por ^veaítura de. otro modo haceree levajitíir el 
asedio áe Montevideo 7 Trataremos de examinarlo; pero 
antes y «con teste motivo declararemios qiue ila •ev)acuia<;ioai ^le 
esta i^púMioa por ed lejército aírge-ntino, «es «1 objeoo im^^:- 
diato quie feemios tenido -en vista, y que ^ste a<x>nte<;iiiM'enlo .«ílí- 
ria el oorakrio de la oaida de Rosas. La libertad de e^^-r. rt- 
p.ib>*ca es en el di<a el punto capital, por ser ia exig«n<na \yr^- 
íV.is^iite de los poderes interventones, y la resistencid, ile lio- 
sas ¿ satisfaeeria, ia q«ive ha condoieido á esos dos ahos ¿yjde- 
rrs — la Fraaieia y la Ingilaterra — k ocurrir á las via^ .le he- 
cho. No se nos habría oomprendido si quedase inapierciibido 

este bien marcado conato, esplicitamente indicado hasta en 
el tensa (fat encabeza esta '* Memoria " Al<^n68 paiUubras 
mas acaibaráoi de ponerio en efvidencia, bien que «tengamos la 
eonndieiucia de iiabemos suficienlemente esplicado. 

Ocupada cooíúo está «toda la república y una parte de la 
flnargen izquaierda dieil Uruguay, -por éí ejército invasor; ha- 
biendo desaparecido en los campos de la *'Indda Muerta'' ed 
ejéoroito nacional que hasta esa desgraciada jomadia tu^vo. en 
jaqoe aá enemigo de obeerviacjon á las óidenes deíl General 
UfrqfuáiKi, se Mzo ded todo impracticable una combinación en 
giratúdie esosda con los poderes injterven4x)ires, y en la necesidad 
de ÉTustraeree á una actitud estacionaria, y por lo mismo mor- 
tífera p«(m leste paSs que la ocupaóon por los entemjigos ani- 
quila dia á dia, forzoso era fijarse en el único elemento capaz 
de epierar um g^n esfuerzo por tierra, y este elemento no po- 
día ser otro que el ejército de Corrientes, puesto qu3 toda In 
atención de (miestras fuerzas deboa esclusivamente contraerse 
á la defenea de esto capital. Por esto es que elegimiQs por 
tema 9a antigua sentencia: **Boraa está en Cartago" — pu^es 



464 LA REVISTA DE BUENOS AlBES 

aiu'estra sitiiaeion actual as simih» jante, -aain-iiue en raas redu- 
<,'ifila oiL-ala, á la dt-l senatlo Koiuauo en »la «í^gun-da ^n(*rra 
2)Uhica. 

Inviiditlo el territorio del pueblo ny por ol ejéreito de Car- 
lago mandudo por Aníbal, liaeia diez y seis años (lue etít-e de- 
vastaba 'las ciudad (»s y las cain/piñas d«e la Repúí)liea Romana, 
<.'uy.a indepenríionoia e3tu^•x) en peligro inminente «de zozobrar 
desde el principio -de la invasiun ; y como no se vit\>e el termi- 
«no de aqujc^lLa guerra de esteriitinio, se dieeretx) llevarla ai te- 
rritorio de Oartago donde Seipion deseni'baireó <*0'n un podt^^ro- 
eo ejérífito. El seaiado Cartaginés llamó á Ani'bal; esío eva- 
cuó la ItiaÜA con sus tropas, y Roma ise 9sA\ó en Cartago. 
MonteA'ideo tíi.mbien ha de salvarse en Buenos Air(^. 

TOMAS TRIARTE. 
(Continuará). 



RECUERDOS HISTÓRICOS. 

(OontÍDuacion) (1) 

IL 

Era el año de 1808 — B^l<gT»ano, de tieTnipo atrás, tenia 
en sil mente trazado un plan de cmancipaciirfx de las coloniñs 
del Gobierno d^ la Metrópoli; — Pefm ya hn'Wal.T entonces de 
hi ereíM-ion úe algim gobierno ó establecimiento bajo un siste- 
rm» libre; y Sanv«idra (p»n8»ba len la fonnarion de una Espa- 
ña Americana; en tanto <iiie él Cabildo hada jaii^r á íVman 
<to Vil <fiie ^estabia cautivo, y decia all puieblo en tuna proelaima, 

que no se reconocerían relaciones distintas de las que le unian 
á la persona de aquel monarca. 

Todos lestos «peinsaniientOB teiwli'ajn á *u«n ík>1o fin, aunque 
ean distintos obj-etos y por oaanas diveiraas. P-atriotas y es- 
pañoles veifln riuie ta EspañA pasaiba á mimeintaír los <1oin.iiiio4 
<le;! nwícierno C^r, y no querían correr 1« euert<; de la m-etffó-» 
poli, uncidos a'l caiTTO de *la fortuaMi de Femando VII. 

Belgrano, dio forn^i á su idea. El queria un 6obierin# 
Nacional, pero con absoluta y eterna separación de la Coro- 
na Española ; ;|u^rd« un gobierno propio, un goíbierno sin su- 
jeción talgun.a, quieria, en una paikíbna, la indiepenidenciía de la 
ipat.ri'a. Vieytií^s, Caistelld, l^ieyrroíion, 'los lierinfinos Passo. 
Peña y nniehos otros patriotas, acseptaron siu peaasaraiifeinto,. 

pero necesitaban hacer esta revolución sin que costase sangre, 
sin que exig^i-a-íe sacri'fieio lailgamo. B»clgrano iles espÜKíó su 
progivuniia. I^a infanta doña Carlota Joatinina dte Borl>on. her- 

1. Véase la pág. 323. { 



466 LA BEVISTA DE BUENOS AIKBS. 

mmvA de 'F<e>mfl<nido Vil, •estaba en «1 Brasil; se pensó, pues, 
€tQ «elila. 

Belgrano trazaba su plan coronando á la princesa Car- 
dota y forimiaaido uma momarquia >Gonstita<GQO(ii!al, TnKÍiepe»di«n- 
<te de ^ momarqaira «absolu/ta «spañoilia. 

Sus coiTiipañierois p-ensaron can él. 

Belgromo sosbeinia ya came^pondencia iattnxa. oofn lia prin- 
cesa, y üia isu^iba por que »e trasladiase al Plata ; pero, sea por 
<(!!« -elíla no (fuiísieipa romper con ¡la tradición icfce tres ai^lotí, du- 
rante los cuales las Colonias habian pasado de monarca á mo- 
81'arcia,^ ii^g-a^íltais á la luer'Oneia de da luonsairquia «spañoJa ; sea 

por que no (laiiaiese taoeptaír kus coiidácionbá que ios iaim«rioa- 
«DIOS le Tmipani'£UD,ooDdioion!es qfuie, como dáoe FeñA, ''siexido 

compatibles con la dignidad de la princesa y la libertad de los 

" " am<eri)cainos, teaiian relación ooai la feliz indiependeiiH^ia die ía 

'' patria;'' sea, en fin, por la oposición de su esposo, que am< 

biic>ion«)ba ila montarcjaiia ta^bsolu^ta y no oonstitniíciontail, doña 

Carlota Joaquina de Borbon se resistió á hacer el viaje. 
Los españoiles ieunopeos no desoansa^baoi en taovto. Der- 
rotados, de%apmiados yi i-edaieidos á la *imipotemni'a «en la irovo- 
hiieioai del l.o úe enero de 1809, eliev^aron 9U^ Kfuejas á lia Juoca 
üeratnail die España, obteniendo por medio de dos tnabajoa de 
sus «unisairíos la destitución de Liniers y ■e'l nomiMnaradonto dts 

don Baltazar Hidalgo de Cisneros para Virrey d'6 estas 
í^oionaias. 

Los patriotas poclehron ¿ don Santitago Lániers, y le ofre- 
cieron la fuerza para sostenerle, pero este hombre irresoluto, 
(«baindoruafndo á sus amigos, huyó unía noche disfuazado, y fué 
á «flioOaiítraír á Cisnoros, quie ee hallaba, ad frente die una fetoer- 
za en la Colonia, smponienido qu»e Buesnos Aires, con di Vi<nney 
á la cabeza, resistiese su ascensión al poder. 

CianiOTOs se necibió ó&\ Virneyínato ; pero lias eoitrañas de 
da Aímériioa ya iemjpeaall>aai ¿ oonimov^frae oorntra «la diomjina- 
•ckm española. El 30 die juniio dte 1809 «entró en la Capital, 
en ciTyo seno Beil<^rano y los patriotas templaban <las amnas 



RECUERDOS HISTÓRICOS. 467 

quie un año despuies debian Mhvc 'lia mdepeoijdiraieiA de la pa< 
•tria. 

Por ese ti-empo, Chuq>u<i(9aca, la Paz y Quito, se subleva- 
ron contra las autoridades españolas con pequeños intervalos, 
y la noticita d*e estas revolwsioDios, lliegada sueesáviaiineinte á 
Boitezios Aiires, á la vez que retem^biaba el esfpíritu de los patrio- 
'^, «intrrnádaba ¿ los eusropeos, que tonnabaai toda clase de me- 
dM.a8 para eviitar su Topepcusiooi en el Rio de 'lia Füíato. 

Sin embargo, ya no era posible conseguir detener el tó- 
rrenle (Hie se desboptiaiba. 

B¡1 somjetimi'ento tk los revohicnomsiTios de Ih I-^z y Ohai- 
qui^aca; las atrociiclades de Gk>yeinie0he, y lias deportaiciones 
ordena)das por Nieto, aaio bastairon á Klestruir las eombinaieiones 
que los píitriotas a-rmonizabam para producir su emiafliieipiajeion 
de la 'mletropoli. 

La fortuna les sonreía; Dios y el derecho estaban de su 

paíTte. 

Cdaneros no era el hombre apropósito para reemplazar % 
Lilliers, en la difioil situación de Buenos Airies. 

Rodeado de diíiciiiltadies polítóeas, con poderosos eleraíeffi- 
tas en contrario, con apuoios financieros y deudas aipremianAes, 

tenia que empezar su gobierno por concesiones & los nativos, 
paira poderse sost-ener. E(l monopolio del eamiespoio era la rui- 

iDia de las colonias ; haK^iendo da riqueza de ^la mietropoli. Gis- 

neros lo comprendió, y pensó en la libertad del comercio, que 
Bdlgrano había propuesto á su aoiiteciesor. 

Abiertas las puertas del Rio de la Pfcuta a Has Tii-eipaade- 
•rias de ios puertos estran jeros, oon la ÍTi\naKÍon del progreso. 
Tenia el aumento de la renta ; y la civilización se hacia por el 
eoncurso de elementos heterogéneos, que congregados al ob]c«- 
To die ¡esplotar la watoraleza virgen de estas eomaroas, tenían 
u»nl interés vittal y direoto en el adelanto úe las colanáas. Loa 
patriotas do coraprendiieroin y apoyairoe el coraiencio libre: los 
(españoles euinopeos, veiam con él cerrarse una de >as arteiríois 
que alimentaba el tráüex) de Qa «tódre patria, y se oposieroo. 



4fi8 LA BBVISTA VE BUENOS AIBBS 

Bl Caíbikio y el Caii«n/k<tk) íle Buenos Aires, se insanifes- 
taron en contra de la idea. 

(JooneiDíZÓ «*! combate. 

I>e un ilack) el 43leiu)euto ^pañal, «el elein^ento que pro- 
cuiPBhH tiyuísa» las ve-nt^ajas fpsaysi la Eis^paña, «eon perjuicio di; 
las coilaiw«« : -d^A otro 'lado -el leleiiteaito omaieionia'l, -el eiLemonto 
nativo, ifü^ vu*ki "Bn el mw^o que le «rvió áe ou«na ed 'patrvmonio 
letemo nk* sum hijos. 

I\>r tífn tnrumí^iron los patriotafi. 

La e<locn»enci«a «de Moreno, la coiLst-auiria de l^elgrano, y 
fi 'imiterés úa C-isn^nos, laibrieron los ipu/ertos del l^lata 4sü co- 
jnercH) iiigil^, y eete triunfo q-Uíe 'Wejnaba de oro las arcas ofi- 
eiftk^s, da'ha á loa patriotas ]«a padaibra d»e ailiwito en su oibra 
«de •euvHimiparwe de 'la K?í|>aña. 

El eoiiwMTio indtpi ndunte, <*ra e*l p.r:vimsor del Oohier- 
BO independiente. 

Tna^s 'iwta iiri^ilÍLla "de Ciiáiieros, ([u<» abria \*ii >el eorazon 
patriota 'los liorizonitK.^ nuats ritsueiios, y l^as e^^peraoiuus 'tnas 

fundadas, vino otra no menos importante y trascedental, 
Ij«s gramlí« rie\'olu'(*ion'e3 n-ivesitan de grandes «eleinen-. 

toe, y e«as rtk^iiK^tJOs piiod'en solo oon.gregairvSe tniaiKlo la iíK>a 

i^rrt*, A'uelta y s.e diila.ta «hi ■!«« niiajsafi. 

Pana eon«i»í*nir 't*sto, ia prwiiHa as hs pala.nea que todo 
ooaanvueve; es el rayo <tuie vibra; la luz que iuuinina. 

1/H Í'Ik'ji s<* con<*i*be, -ol labio le da formci, y la preaisa es 
eil m'{*n'.s»ai(^ro (|U(» la lk-v<a i'inpn^a á proilv-rir sus ef'ietos lóji- 
eoK ein tod-as partK«. 

lios patriotas U(vt*sital>an esta arma, y Ohneros se las 
•dio. 

El Virrey no pensó jamás en su importancia. 
Para hn'blar del eoíiveníio, de la imlustria y, en una p»- 
lahrw. úv la eituíiieion de las <tilonias, tenia qu^e inostrar$ie i 

los pueblos, á la España monopolizándolo todo, ahogando en 
su <niii!a el progn^so de estáis eoin<a«iv^is, y desix>tizamlo á los 
nativos. Hol^i^rano, (p»e fué lUii^argailo de la reilaoeion d'C iin 
diario» pro el mismo Virrey, esgrimió el arma, que su enemigro 



REtUERDOS HISTÓRICOS. . .4W 

le (VDtregabii, eoii taoi doeo^tado timo, que, siía das du^r á aos- 
ptxíha, pnepviró loe elementos que ea el icl¿a nec^íesiario, eofocM- 
rrdjeraoi á la gran obra de la revoiloieúm. Pana idustraa* al 
ipuieblo, escríbia sobre el eooDjdmo y las aiibes, y eaa sum hábi- 
les artieuiloB) siemipre se vio tal lado de la tj^opagiBiDfda ipro^re- 
flósta die la iciailizsaeioBi, la diispa políti>oa que iba dirljida á m- 
fiLaanar los cora^oaues patráotaa 

Belgrano había adquirido entre sus amigos, no precisa- 
mente una prefionderaniciia, pero si un oierto pirestiifio, q>ii<e la 
cambinmcdooi de los 9uc«sos y su po^ioion poditida le habvotí 

dado. Belgrano y Moreno, eran los hombres que podían con- 
Skdi8na(rse dos gefes moralieB die l<os patriotas, como Baavedm 
4?ra el ■eílem'aníto míaíteriad iaidíispeiisaible para «1 buen éxito del 
movimiiento revoliDeiiomario, puesto que éd disponía de la hwr- 

za y las voluntades del Regimiento de Patricios que mandaba. 
San embarrgo, aiqul podria hacerse unía preguinta ¿cual fue 

«d ani<tor de «la revoihuoion «de «mayo? 

— Totlos los paitriotas, todos, todos, sin noírtbre propio algu- 
no ; y («to íes lo grande, lo suiblimie de «ese estremecí mSiento po- 
lítico, (fU»e agiitánídose en las márgenes deil Píala, trasmontó 
los Anides y fué á eonmm^er li^asta los americanos del tibio . 
Eeufidor. 

lia revolución que él 25 de imayo de 1810 'estalló en Bue- 
nos Aires, era un acontecimiento que debia producirse lógica- 
mente por ed órdíen natural de flos sucesos oomWnaidos die dar- 
go ti-emipo atrás. 

Esa imamifestaieion espontánea de IxkIo un pueblo, de to- 
do uin Tn'umdo, estalba en la conciencia die todos, y »la matn 
aproxÍTiiarse con el lento cutso que la faicrza de los «conteei- 
•míienitos de imiprwnda. 

La situación difícil de la España ; la desaparicioi^ de Fer^ 
nando VII de la leaeena (polítiea ; la n«eg»tiva de la Princesa 
doña Oadoíta a '\ienir ad Plata ; el reinado die José Bonaparte, 
y, por fin, das noticias quie Ifliegaron en mayo <lie 1810 dse estar 
toda la España ocwpada por 'los Craniwíees, con esekision de 



470 LA REVISTA DE BUENOS AI2Ed. 

Cádiz y la i-sla de León, nmiduraron el peoiisainiiento que ha- 
bía ^raimado on (l<a calveza y lel oorazcm «de los patriotias. 

JjH hora liabia aonaxio, y wota, nxBevta ocxDBtelaeioii ifbfl á 
aparecer en <el zodiaco de las naciones independientes! 

El 18 de mayo «el Virrey don Baltazar Hidalgo de Cis- 
neros, contrariado con la posición en que le colocaban los úl- 
timos sucesos de la metrópoíLi, aidcudo eai medio áe l>a oreciente 
ef wveceaieift popuiur, y querdanrio retwridíaír ^l estalüido de la 

bomba que, con la mecha encendida, tenia bajo sus pies, pu- 
bMcó un» proit»laíina que envoivia 4n promesa 4e isu «bdioaeioo, 
euaiKk) .hui>i»Pfiiñai oaido, en poder d«i lafortuíniado iinvasoir esh 
tnamgiepo, (^^áriiz y Ijeosij últimos liaftaijaírt^ dto la imonarquia es 
peñolia ! I 

Poro 'h\ «(lastriu-jcdoin d-e -las aoitoridmles twpaño'tes en las 
leolonias, estab.i Kie^eretada lia-ína amicho itLempo, por los pa- 
triotas. Las proclamas del Virrey y sus promesas no bastarau 
á eonítem'erla. Heilgipa.no y Saiav^edipa pnocuiratoain abrir las 

puertas de la patria á los hijos del suelo, arrojando de low 
puestos públicos á los -españoles. Los trabajos comenzaron h, 

iIia»t?Hrse á la luz dd dia, porquie 'las obras santas, como la eman- 
cipación «de mi piie^hlo, no se oeulitain, eu«aíndo se tmne la con- 
ciettiieiía dd dercvlio y de la fuerza. 

Ca«telli y Rodrig-u-ez, intini«airon al Virrey su c^ese en el 
írnando del VimeTOato, oomo diputados cuA^ad-t» por el pue- 
blo, y Cism-pos, sin ejército, sin ^poder para resistir, y per- 
suadido d«e su impotencia, cedi/i, aiutorizaiudo la oonvoeacion 
•de mn (\mgreso popailar qu»e expresase da voluntad y la opi- 
nión públiíías. 

El 22 de mayo se reunió este en la Casa Consistorial, y 
da historia <pi*e Iva •(^oii'serA'ado inimaciiijlados ¡los reoinerdos de 
•e«c dia, mw dif«e qu«e aqu^eHa pri/niiera aeaimblea popirlar del 
Rio d»e Ja Rla^ta, .fué la cuna dondje se niíeoió 'la iimlependoncia 
de las R^epíibli^^as qu'e hoy se a^tan <en lo que 'e<n*onc«s era — 
la Aimiériea Esoañdla. 

R] Congreso popular destituyó al Virspey ; y piiso la suma 



BECUEBDOS HI8TOBICOS. 471 

del poder público en manos del Cabildo para que eete constí* 
^y^na Aa junta i^berfiativa quie diebia neferapdtazaark. 

El C/«»há»lido se reunió «II 23, y reajocdoiió ; .lasl fuierzaB que 
d pu«ebilo l»e entnegaba lias volvió eomtm d pu-eblo -11)091110, y 
<iuiso úv nue\'o •levwoítaT «ul Virrey Oiían'oros. 

Ijos comaín',l«intíe8 patriotas rie opusi-ercm, y pidieron qui; 
se hiíwra la píiMica proclannacion d«el i^ese del Virrey, qu>e «era 

lo que pedia el pueblo reunido en la Plaza Mayor y sus aveni- 
das. 

• El ('abJMo 110 píxHa simó Kx^áer, y ¡por -la tiardie del ruis- 
ano 23, un pregomero amunciaiba qme don Baltazar Ilklalgo díe 
Oisii'KPOs bahiía oadíuicflí-'o «n su poder die Visrrey de d'as Pro- 
vincias del Rio de la Plata, asumiendo el Cabildo el mando 
dipl Virpeymartx). 

Sin <^mb.Hrgo, este <nvenpo volvió de maievo á hacer traición 
íl *l>as p®p»erafnz:ís y la «confijanza púibláioas. 

Reunddx) el 24, norabró una Junta d«e Gobierno, cuya 
pneíiidfenioia entriegó a»l mierao Oisneroe. Sajaviedra y Oas- 
iteíli forfiuabam parte de esa nueva Jumta, y el pírimiero creyendo 
de buiena fé los Tnamejos d-el Oaibíldo, «loeptó su nomibnaimtten- 
•to, rH»í*nTioció á Cisn<»ixw como Presideryte y se conformó con 
que »e ilá-ese á aquel -eil inwinido dje las armas. 

Eli pueMo no sa'bia lo que (pasaíba. 

Chiclana se encargó de hacérselo saber, concitando las 
imrltitudfis á 'fl<ísco(noc.er la Junta. 

Cuando un arroyo se despeña, es imposible detener su 
eorriente en meilio de la cascada. Ijo mismo siDoede cuando se 
desborda un puebllo. 

Bu»anos Aires haíbjia fHmreido ya, al dávisar, en (lontananza, 
su imliependieneia ; sus pnlmomes se habiasi dülataido al aspirar 

la brisa pura de una libertad que se daba por su propia volun- 
tad y su propio -esfuerzo : no era, jyues, posible retroceder 

Rerutti, Frenidh, Meüiaai, Las HeMus y ijoda la juventud, 
que oonf undida con las miasas ded poieMo, se a^ítarba len la pin- 
za y en las calles, hicieron oir el ^ito de su protesta contra 
el i)U€*vo nom'bratmii'enito del Virrey y «sa agitaieion benéfica. 



472 LA BBVIOTA DE BUENOS AIRES 

^ itiurtuU'Uu M>vdá} qiK' i«i precuriior de \<m ternunnatos, se <lej¿ 
Mniiir, luontramlo iiwe i^M á «efiítaillar ki revohwkm. Los euer- 
' ¡pon dtí «nativiM 4XM1 3»u« ofkriadai á k cubesui tw confnndian en 
ttbra;MM íratc^raiiaiis cxm ^1 puielilo, (iu€ invadía sus cuarteles, y 
hiúw ii'ii nioiiK'uto tm ([tbe bi revolución iba á resolverse á ba- 
La;fi(Ks, ni d tino 'po'lkioo ile Mjoix'no, Iri^ioyen y C/lviolam! no 
con ti («K' i4 nu>viiim'>ntOy lia jo la proiiitítia d*e <fuie »1 día sigaieii- 
Ije 0e )piH5A5ivüairia una petición ikd pui4>lo en q\\^. se iitanifesrta- 
8e mi voduntaKl. 

Toiiía iiia nooliKJ se reeogienm ñriuas. 
Bl ViriMíy V los dieina« iniemibros ele la junta renuneiaron 
instigittiiioN por Sai<v>t^lm y (/lik'^lami (]ue ««ompreodiiían su paso 
fakw. 

Por fin lució el 25 de Mayo de 1810, y á la luz de su au- 
iTora, iloB i^oinazoiMv |Mitri<>la«i üe siiitierou int'lainaidos por la 
aml)iiei<Mi di» su lilx^rt'id y *^\\ iiidopeuvIejK'ia. 

Kra un nida nle i^oiiypii^ta revolución. 

I41 Uu'VÍh i\HÍa á tOii'n«iitt(« sí^hre v\ pu-eblo, que l^ ík?«- 
f>mitÍHibR. Ijub KMiKlaKbuK» arnumlos de pistolas, («toques y 

eseopetas, estaban aKrupados en la plaza y en las calles, ae« 
iiveJMivdo <ni í«u Jietiliml, 011 sus tivijtvs y sus ^rihws, los n^vohi- 

n'iodiairptw fraau'rs<*s *le 179IÍ, <Miyo iv-nií-nlo -(lAiizá eni//* m<»8 

de una vez por su memoria. 

Sin e-nMlw.riro, ali?o ¡U* t'alt;iba * h*s falt,»>liiH la divi-^a que 
^ilU^)^íJiw^iSt» su ÍKÍt\*i, y — 

**Ail eitMo ari^>l);itan>n nuvstpvs ariif>inti»s patlrt^s 
Kl blaneo y celeste de nuestro paltellon! (1) 



<i V*] 



Kn Uu\to A (\iUildo st» Iwbkrt reunkk>: H jm^^Mo invailió 
«u reewito, y por Hn k>^n> iiuiHUíer á a4^u\*l eufT|io su vohm- 
tml, «wuiKmnd >5e i>ua nue\'ía •luma (tiiluMnií^tiva eoiitpifesta 
tHilt> de fwíríotns i*aiM¥*i«ikw. 

\m fi^nuahan S^nw^lra, B^dírrjwio, O^astolli. A»«né«Mga, 
Al^»rti, liarn^a, Ah^th^ni, y i^inuo íiw*ix'tarioe Moreno y Paa»o, 

1. Jl'AN M, C.rTlKRRF*Z,— La ban«ier» de Mavo. 



RECUERDOS HISTÓRICOS. 473 

La pevolueion Jiarbia trimifaido, poies; -efl grito ile la ind-j- 
pien4eucia y lia !il)ertMd de la patria haí>iia eneontpajdo un eco 
sonoro. 

LUIS V. VÁRELA. 
(Continuará). 



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DIARIO MILITAR 

DE LAS OPKRACIOXES DEL E.IERC1T0 LIBERTADOR, DESDE 

EL 18 DE AGOSTO DE 1820. (1) 



El rliclu) <Ha se 'envlwreapoii los regrimi-entoe iii>m. 7, 
níini. 11, nvim. 4 y <?azaiclon« á catliaJlJo. 

Diaí 19. Se embaivó la «artilleria <ie Cliile y <le los An- 
das, oi nmn. 8 y giraananl-enos á oalxaiWo. 

Y>m 20. A •!«« «eaatTX) dte la «tardo <^mpn») á iraov^eríie la 

escuadra y -el comboy, pero solo pndieron salir las fragataa 
Santa Roaa y Empedradora. 

T>ia 21. Al pou«erso A sol, <^1 resto d<» Mi esoinadra em- 
pezó á ^alir d-el pirerto, ipero r6ío<)É*téndo?o nwwho tfobre lüi cos- 
ta, lo qine Oíta'sidTM) qiie al poco tiempo se ipanditese de ráta. 

Dia 22. Al aiTn<aai'e(i(ir (nos «urontraimoe sin nin^n bii- 
€\\w, m«« á .poí»o «titeriipo «e avistflíTon «la Independen<:%a y eí 
AguiJn, y liifígo d-oí^piios eil navio San Martin , el qine nos aoer- 
•eamas para sa'l>er «al niníbo qiw* debiíamos se^iir; nos ordenó 
que nos paii5íi^<»<*inos «en fa<*ha, pero haibiieniflo ílue^ado á poico 
tiiftiufpo «l'a Independencia, se nos 'Itíto te señiail d<e seguir el oom- 
boi>% lo <|u«e veriffewimos, •eneootrwndonos á »l«s trws de te ta-PÍte 
con ^1 resto die los bi?qu»os. En seijpiiiidja llegó «el San Martin^ 
y después de habernos mantenido en facha como media hora, 

1. Este dÍArio fu^ remitido A finos de 1820 pon recamendacioB, 
por don Bernardo Vera, autor del himno nacional de Chile, & uno do 
RUS pariente* en la Provincia Arjfentina de Santa Fé, entre cuyos 
papelea se ha encontrado el orig^inal, cnyo autor e« nn oficial del 
Ejército Libertador. 



DIARIO MILITAR 4Í5 

hizo eeñal que siguáéseraos leS conilboy : 'así se -ef e(?taió, babiemido 
al anochecer acortado de vela para esperar el Águila, la 
O'Higgiiis^ el Lautaro y la Motezuma que se habían quedado. 

Dia 23. Scguiínios con lia •nuamia vela, porquie los buques 
quic mite^ c»e h^ubiaaa saparado aoioi (no ILeegiaibain ; p^ro á las 8 de 
ia mííñana «e kwíorpomron la O'Higgtns, eL Lautaro y ía Mo- 
leznmHf y ku*go se puso la señall ide echar toda vola : así sejrud- 
inos Jia«t«a pom^e'^^ie el sol^ á louyo tiempo nos ¡eraioontparaoe ¡on- 
fpeoit'e áiA «ierro q>ive ilfljnnain Ijengaia d«e VaK», en donide se 
pii9í() «^^1 (íomlx)y en fa-eha, y Lord Coch-rane x>aíSü á bordo J«ei 
San Martin doin«lie í*e Jiíallaba el jen-eral <en g^efo: despules dio 
la v^i^la con dos buqiiies unías eobne C<>qiui¡fln!bo, con «H objeto die 
sacar 'de laíiuk^l ipinerto á la Mhierva con el regi'iniemrtx) mmx, 2, 
y íü Araxuano íjue se liallaba en aqiuid pamto. 

r>irt 24. AimaTiiecijniOs frente ad 'puerto de Coquimbo, en 
domle estálnaimos en labna; y ia O'Higgins qoie había inar- 
cluiilo á aqu<íl puerto, se inajitenia afuera haiciettido señades 
para <liue «^ies^^n los de aülí; lo qut» no efeetuiaron ipor fadi» 
die viento y tTivi/niiois que inaintenernos al frente del puerto eon 
'la faíl'ta deil Lauiaro. A las tres de la tarde se a\'istó nn bu- 
que y aJ ponerse d soil hizo señal la Argentina de que habian 
eneinágoci á üia vista, por leuyo nioti'VTO el naivio San Martin poi 
«so señad ipara que los buques dispiersos deü comboy se iieumie- 
sen, fonio se efectuó, y «nos juainlu víanos en faeha. 

Día 25. La O'ííiggins y la Motezuma entraron en el 
f.aierto de nopilie ; y ni «estas ni dos ideirtas buques ¡pudieron salir 
(ji-or haberííe íl]ia.m«ado el viíento haeia ^ed Norte. A las naieve de 
la 'Uiiañan'a se aviistó un bwiuie qne no era del eomiboy, el cual 
híftcia ñierssa de vela pana tonniaír el 'puerto, á donde se •raetáó 
por fin, jain saberse que buque era. A'l ponerse el sol se pre- 
sentó a la vista en bergantín que tampoco era del comboy. La 
O 'Iliggins y 'los denuas buques se íraianteniian ann en el pwerto 
por falta de viento. 

Dia 26. Amíaneció ^on el ;rníis?nio viento Norte pero de- 
mas-iíado fuerte, por cuya razón se diíípersó algo el cómboy, y 
los buques que (ístaban en lel puerto perrnanecian en él. A 



Um ilif/ (le In iiiaiMiiNt m* i|M>ii<«tMbtó el iK'ri^Mitiii Potrillo eon oL 
Ju'Mlirl'i» ílo IriiKiuol^» r^Mo, y á l«i uiui íh» ^^ambh) i^J vit?iito al 
HuhI y iNwhwíU» rih'HH* |M'Ix> Iih» piwiii) 'iKwivrwe en tacha para 
iMMMiir i«l «'oiiiilxiy. A »l»m t.iv< tlt» 1h ta«i^io «aJk'ixxn «tlol puerto 
Ion liuquoN v|uo i^Ntiibaii oti iH y dimos todos la vela, pero el 
V tonto imlinó iiltfo, por ouyo motivo avanEainos poco. 

IMh l!i\ St'iron ol vionto del Sud aunque casi en calma» 
♦\ h\m '<livv ^MiviMs-H) a . .,s»'iv\Hr, tjM»n) vsiaiKK) muy ctistant^^ el 
.t.t|»M/«i» *»o nunnluvo ol ^hhiiU\v ih>u it>rt^ vt*l« hassta c|iie «1 fin 
lu ÍMi/f ^M «•/♦ M 1(1 Ui tomó a iNMuolnm\ y halm^vlo!^^ reunido 
f^ la oíNiouMi» Ni» luA» >íinwiJ \W t\>r^tr voJa, 

l>)A 'JS l«^vs InulUt'ti del ihmuíh\v <*«taban algo dispersos. 
y\\\ Mi^vo íUvOivo *^t\^ JM\\ ;>i^> volw" a ^^^rtar iH^ voia y >• ¿ui?» 

la Hooa \K^ ísuu'.oo. \out^>VM* ^sta; y habiendo arreciado mu- 
ebo \\ \w\\\\\ haSíau \oollo Uvs buv|:ie« á s<^|v*rarse, pero antt^ 
\le |H*oeí^" el s>^í Nv h rv^ otra »M^al jvim ijue U>s buques se aeer» 
x,w^^ ,^ ;í \\^ 'w.íu^"**rv\ \ ^; r.\r\\ 'a !v»i \r '¿:ir;vt**íi sus r...^- 

'«X>i. 'Xl ^•'»,t. -N^iX' ' -* N>S'^V * ■ • \i. 'r'*\»>. 'IS^ '*'» '>* if 

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DIABLO MILITAB 



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falta 'd-e los dos biwf-iirti ócl tlia asttteriotr y acteíaas la Indepen- 
deueia qivc iba ftiempiv en se^kmento d^l AguUa, A laü 
«kw ite ki tarde se -avistó i«a Ind^pcudincia, y ^al pon-erste el 
eol, li!a>)>i'e»n'clo refres(*a»ílo el ^ní^iito, se hizo »eñal die navegar. 

■ 

Dia 2. Amaneció con garúa y calma, faltando siemprn 
los buques del dia anterior : á las nueve aclaró pero sin vien- 
to, y así continuó. 

Diia 8. E-s^t^ulm nublado y len oalima, cion la falta d-e los 
biMfUíes diicíhos. A \?h onc^* y in'í^ia ai'-law sin vi-eoto ; y á las 
fii-et-e y tres cuartas de la noch-e eaitn') ujna ventolina muy cor- 
ta, <^n ki <íu« .piKlo coimoiasar A navegar -e»! tK)milK>y. Los 
bu([U(« que f-altaban «aun no ba^biían paneeido. 

Dia 4. Am«fliiw.ió «on vi«e»nto bastaai'tí» fresco y el <?on- 
voy reunido, mimos siemippí* ios buques qu4? ant«s faJtabeun. 

A las once se hizo señal para que el comboy navagase sin se- 
guir los iii^viffiíientoH óe «los biKiives de guerra, ios qu«e se 
(reunieron, y desjyu'íis forzó l-a veLa la lude penitencia separán- 
dose de la Enmadra. Al ponerse el sol volvió á i«noorporai»e. 

Dia 5. El viento siguió siempre bueno, pero con la 
tfailta «de los bu«(iue.s que luemos dicho. La Independeficia 
voílvió á separarse, y á reiumirse á lia iTLiama hora qu)e el dia 
«a/nterior. 

I>iia. 6. El típimipo ai«guió lo mismo, pero á ¡las ocho de 
ia iniañíana se lioviantó unía niebla que no dejal>a pt^x^ibir los 
buqai'as . A las 'diez y nüexláa se vio el ea'bo que llia«m«n de 
Sbwi Nicolás (^xmocido por e*! inon^ ^ Saímia). A «las doí\* 
«» aoFTieó la ¡ndcpvndcnciay y dijo qme «debiamias dirigir el Pivm- 
ibo á Piísco, que era el lugar donde ihaibiaimios de tonuar pu»e^o. 

Ddia 7. El tiempo era el mismo, pero -bastante nul>la* 
do háei'a la costa. A las ocho de la mañtfltna se avistó la pun- 
ta de Lobos. En este punto se hizo señal para qu^e el «m- 
AW' navegare al rumbo que illevaba, y reanniéndose la Isabel 
al San Martin, paisó el Ijord Cochíname á bordo d«e aqoíwíW'a 
A las tres y cuarto llegamos á la boca de la entrada de P^»- 
co. donde se puso todo el convoy en facha, y la Motezuma 
entre') en el puerto con bandera a/merioaíoa. A tías tres y 



478 LA REVISTA DE BUENOS AIRES, 

imeddía se hizo aeña de praparairse para on^lar : á kus tres y tres 
cuartos se hizo otra para forzar de vela : á dos cinco y cuarto 
se vierooi en ei puerto tres huquies, á 'loe cuales se dirijió la 
Indopendencia. A lias seis y medda dio fondo -el oooiToy in- 
jiiteídiLaito á una playa quie dista wano dos l^U'as del puerto de 
Pasco. 

Ddia. 8. Al ajmaniaoeír eil General San Martin con el 
A lTTiiipan1>e y «el Gíeíf«e d«l Esteudo mayor se dárigienon á ila costa, 
y desp<u«ea de haberla peeonocido eaibtapon á tierra : en segui- 
da lo verifiearon el ném. 11, d 2, y -el 7, con 50 gnanaderos 
á eaiballo, son sufrir la mas pequeña oposiciion, pn^es cinco 
hombres que estaban á la orilla huyeron. A las diez se pre- 
sentó una partida enemiga de caballería compuesto de 80 
homibres y se puso en oibeerviajcdion d^e las tropas quíC esta- 
ban en tdiarra; x>aro luego que nniestra di visión >eini{)<r)endi!: 
su maa%ha, qu<e fué á Las órdíenies dd. Gefe die Estado mayor, 
se rupl-egó ail pueíhlo. A te» loinco se perdió die vista la divi- 
sión y á «esta anÁsmla hora dáeron la veia -la 0'HiggÍ7is y Lau 
taro; poco después enítró eil Araíicano quie Mtfflba. La Inde- 
pendeiicia tomó en el puierto dos bergiantánes y un gaianíero. 

A las diez y media de la noche entró en el pueblo nu^estra di* 
visión, habiéndose retiTado dos 300 homibres -enemigos qiue 
haMan á dóstanda de seas lieguas, después de Jiaber saqiijeado 
el poseiblo. 

Dáa 9. A las seis de la mañana se avistó por la boca 

del puerto el Águila, y fué preciso enviar todas laá lanchaa 
á qfuie üa enitmasen á remioilqute, iporque no había viiento. A 
Jas diez de Qa mañana se ddó orden para qne desemtbarcase el 
vesto del E jénciito : á las dooe 'lo hablan verdfiíeado el núm. 8 
y la compañia de cazadores del 5; pero el mar comen^ á 
pjjcaaise d'e M modo, qne fué pxcudso suspender el diesemJbar- 
eo. A las caneo de la -taírde enuppenddo su nwamciha el regi- 
mi^enfto núm. 8 y tuvo qnie eaimipar á das siete de la nocihe 
pott* la oscaiTidiad. Una partida del mí-mero 7 compnesta do 
un of iKnal y siete soldados que hiaibian saüido del p>nieiblo fué 
eortada por los enemigos, i>ero saliendo el Teniente Corond 



DIARIO MILITA& 47lJ 

Garrea con uva compañía, logiró ri(^>ogier M of kial y cuatro 
eoMadoB. 

IMft 10. Al aaufametíef coutiinió «1 número 8, y entró 
en Piaoo á Ibis aietie <de la miajoaíDa. Ed i^esto died ejército de* 
BbmbsanA, (pero fu<eroin deüeiDMos los regiimiemtos de groava* 

deros y cazadores á caballo, Al ponerse el sol llegaron I09 
ziegiLmíijentos 4, 5, y curtóMeriia de Cliátbe. £>! Oapi^bam AiLdao 

qnie cou 50 granaderos mooitados ha/bian salido á Tieconoioer 

el kigiar dcmde se haÜLabam dos eniemd^pos, regresó á Ita noche 

itrayesido la notóóa quie se ouianiteDiiían en su. posición, y con 

dujo cooiisigo 50 aaiiiiiiailies entre caba^ldos y mullías, 800 caíme- 

ros y 30 viaoais. Ailgunos negros y paisanos se presentaron 

dando notidia quie el h^oeodado ^lazo se babia retirado eon 

la tmffiuyor piarte de sus esciLavos, y que el Conde de Monite Blian- 

eo haibita dado libertad á 150 entregándolos al ejércdi» ene 

migo. Al ponerse el sol llegaron los granaderos y cazadores 
qxue iiabijan quediado /en el desemibaroadero. 

Diía 11. Sailió del ipuierto el Araucano en busoa de la 
fragata Rosa que aoin M'taiba, y la Motezuma tomó tres mis 
tiioos quip 'veni^un de Limia. , 

Diía .12. Dos partidlas de gramaderos á caballo de 50 
Jioimibres cada una sailieron eon diferentes destinos piaira saber 
la situiaekm del enemigo; unía regresó eon la notieiía que yu 
se (hiabinn miaircbado á lea, y la otra se msunituvo en La hacien* 
da de Cameaito. En este diía 'huibieron muchos negros pasa- 
dos y aligónos paisaoios. 

Día 13. El (regimiento número 5 eon treinta granade- 
ros á caballo á las órdenes del Coronel mayor Arenales, sali:"! 
á iLas mueve de lia mañaaia paira Oaucato: tuvimos este dia 

algunos negros y familias pasadas. 

Dia 14. Saliiepon las psrtidias de granaderos, y regre- 
saron trayendo consigo un ofiiciai que eondneia pliiegos defl 
Vdtrrey paira el Genier»il Sian MaHin, y «demias 800 reses, 50 
osíbaOos y 1,000 eameonos. A lia oiraícion entró el Araucano, 
con un mastekro roto de resultas de un combate que tuvo coa 
una corbeta, que se oree sea 'la Zéfiro. 



4SÜ LA BEVI8TA DE BUENOS AIRES 

Día 15. A las diez de la aiMikata &e despachó el parla- 
'in«eíat'ario, y las partidas de gnamaideixís que saíLeii todos los 
diiafi. A has dooe aívista-raos dos bu'qiies enemigos; en el íno- 
aniemto salió la EseJiuajdra y á las tres die la tande estaban fue- 
ra d-e la vi«tia : á 'las di-ez de la noeh« dio pairte un oenrtámela de 
liaber oído eioieo eañonazoB. Hubieron n<egTO» y algooios otros 
ipaisados. 

Dm 16. A las 11 die la. ini)añiaín'a se layistó la fraguta 
Basa quie fa/ltaba djei oonvoy, y poo) despu«e8 la Esouiadi» que 
notició que los buíqujes quie se Tiemon e\ día aautenñor or» la 
friftgajta Ve'tiganza y ia oarbeta Sebastian, Jas qu«e á lia nieroed 
\áe 'la oecrurvdiaid áe la nodh^ ipmdáíeaxm esoaipar. Las x>artiídas 
se anta vieron en sus destinos, y por un vecino de lea se su- 
po que l«ifi trapas luabitan aibandoiiíado laquel pufnto, y que solo 
quedabam l-as miliici»as. 

Dia 17. Las fpajgwtas ArgetUina y Santa Rosa se airma- 
aron len guerra, y se puso a muas umja ba'tería para nesgu-ar- 
dar el convoy, porquíe lia Escuiadra díebiía salir. lias dos 
eompañias deil núimero 8, y las de artMleria quie venitan en la 
Santa Rosa desembarcaron en el másnio lugiar quje lo hi»bi<an 
veri'fiic4íido lais demias trapas, y se les dio orden de pormane- 
eer allí. 

Dia 18. Hubieron 150 n)egTOS pasa»do8, y muchos ve- 
cinos í se «reci'biió laviso de luaber sailido de LAmia una diviwon 
de 350 homlbreci con dirección á Chincha, lo que dio motiro 
á que á las dos de la mañana se despachase un escuadrón de 
gramaideíTOS á ponjerse k las órdcmes del Coronel mayor Are- 
nales que aun pefpm«ntecia en Cíanicaíto 

Dia 19. El regimiento núrtn'ero 11 miaTchó á OaiToato 
á relevar el 5, y el resto de granaderos lo verificó el mismo 
dia. A 'lias doce salieron paira LAma en clase de Diputados 
para trataír con eíl Virrey, efl primier ayudante do c«wnpo del 
General, Coronel Ouido, y el Secretario de gobierno, G-airci-a, 
<i(m una partida, de cazaidores á caiballo. Al ponerse el sol 
illegó d regimiento número 5, que haWa «i'do riflevado por el 
11 ' ^ 



DIARIO MILITAR 481 

Dia 20. Se «lecibiió de Chiu'cli'a uiia í'omuiiicaicion dt»l 
(Joroüel Guido, -en qu-e Mioincáabia haber litigado á aiiU'el 
punto un afk-ml oo»n ÓRlien ded Vinpey Pieauela para íjjne sus 
pendiesen sus tropas las hostilidades; avisaba también que 
U'nia "divitfiioin de 2,üO0 hooijlbres ad iiMndo del onarqaiés de VaHe 
Uinbixxío debiía neforzar á l<5a. A ¿«aa mmtro d»e i . i;: nde todos 
los líiKiues de guerra diieron la vel"a con lel objeto a* (*neo(n- 
'tra»r á ios 'enieinigos que según notiiii'ais eot-aibain sobre la v -:tia : 
ó das diez y tres í(?ua-rtos de 'la noche entraran en Pjskxí las 
eoniipañras del núan>ero 8, que imibian qu<eidadio en ed d^esem- 
barcadero. 

Dita 21. A las onoe de la nnia.ilia<na, entró el 'bergmitin 
Heloia María, Hubieran en este diía noven<tia megros /pasa- 
dos; y á las ciinoo die <la tarde lel Gefe de estado oma/yor ptasó 

revista á la artillería de Chile, número 5, número 3 y número 
8. 

Dia 22. El General San JMartia sadió para üliin<eha eon 

el objeto «.Le arneg^lar aqned punto y poner en iiuoviiinli>ento las 

tropas que estaibam lallí. Un ofioiíail de Ksazadores quie se ha- 

iblaba en las inm}ediiaieion>0s tomó al •eneindgo uinia cantidad de 

ganado lanar y vacuno, algunos caballos y dos prisioneros. 
Dia 28. Hubo un posado del eruemigo, quien tiijo que 

1)odas las tropas que tenia Valle U«ni<broso eran miliieias y pa- 
triotas, pero (fue tenían ajlgun i-ecelo de pasarse porqii«e un 
cíazador miestro (i-ue se habia ido al enemigo aspiró que no- 
sotros fusilábamos á los que se nos querían unir. 

IMa 24. Regresó el Generai: los granaderos á oabadlo 
paf^a^ixín d'e CVucaito á situarse ten Chineiha. 

Dia 25. Se repibiesron iplitegos del Virrey. Al anoclie- 
e-píT foniilparon una ianeha K?añoníora y la Hercules que eondu- 
oia ■c-a']>a'llo« de Valparaiso. 

Dia 26. A la oración fou'diw) el paylebot Aranzazu que 
venía dv» Tiinua cKmdu'ciendo á un oficial que lia*bia sido remi- 
tido por el GcTu^ral San ^fartin. 

Dia 27. En te noche regresó el paylebot Aranzazu. 



< ' ' íM fc/. ' ;>, : Ji i,jc. Bt Lj» :^a a.¿¿^. 

(f thí i^,n\foy. l'i) r«i(wiii«'i)Ui iiúfií. 11 tuvo 6i\kai de retionaive 

OmIuUi'h i, o Hi( liivo nolÍNrÍH (¡xie «^n Arequipa hahim 
lhtlM'4 ii'iMi ri'voi'iii'toii, |M«ri> <fitM«U)Mi Hofocade y pneao su au- 
l<M' (|ii«' >N> 'ilti«'>ÍH i^^a (<l i^jjYm^il liiiVMi. FoDkloó un bepgiaaxtíii 
ijiini i'JMiiil'Mii'ivi. vlvi4«t'('4i -(liit VtfulQiamiMü. llu4>iiBrü(n «ilgunaa fiami 

iHm 'J Kl tfiMUMNiil Han Muiirtiiu iiiiareüh) A Vmxixuto y i^- 
^rr«i Mil |iii iMii("hii«. \Uu\ jmrtiKIvi (Im* Ijím kIk* «ifiu^ra tivijo ana 

Itnhi jiuní ihiiroltiir A no^diuíh órdou: fué nombrado gete de 

üuh^iUw M\U\\. \\^ uum, 2« UK) «ciHUundinxu y 20 uaaMiliu^s 
A «^lUUIo Ku <v«tv dm y \A «luU'rior iuiWuMxm alfi^mas f^iui- 

l^Ki I I «ti \H\)vñ»n *i\io tM^ia uKirv'har jvira loa^ á las 

*Ni\>^ucM \\A ^sMH^uol uirtNor Ar^MunU^ ** formó en la Plan^ 
d\v^>vW i\x»íVí\x \UM K-MuK^wi^ l'u<^ j^i>vVi»:iwivi« |H^ tini f^^í, y 

x.^*u> vi íNvstv^ vu^ x.!*-.*uK\\>>íi s^ vmKhI^v A las 7 de la 



DIARIO MILITAK 4S3 

« 

señe ¡ba órdjesi. A lias dios <]ie «la tarde se recibió 'noti<eia -de 

que el señor coronel mayor Arenales habia entrado en lea 
en miedáo de las laeiainj&eiofnies ilel piueMo; qiue los enemdjgoíi 
h^hiim saiLklo imiy poco tainteis, y eram pan&iegiid^dots por el coro- 
nel Nocwiabea. 

DwL 8. Salió la fraig^ta Independencia. 

Ddia 9. Se peioiibió aviso iM señor coronel mayor Apé- 
nales de qu*e los cazadores á caballo habían r^resado, y que 
SQgioin lots informes tomaidos, los >eniami<gos se hahiain disper- 
sado en djstdmtas ddireKxriones, que no los iperse^iaini •mías por 
temer qxwe antorar «n un 'despobloklo de veioilie y eimoo teguas: 
que ^e lesicontro en loa giram caaiüdaid die ñisiltes y mundek)- 
mes, y que los vecino» imiaoiif databan la mejor di^posieioin. El 
coixmel Alvaraik) <da «parte de quie 'habiendo maooidaido un o£i- 
cíiad oom sens hombi>e8 á reconocer los enemáigoB, llegó hasta 
el Rio de Cañete, en cuyas inmediaciones encontró una par- 
tilda de catnroe hombres, qiue puso en fuga, tomnándoles dos 
ñusdtes, algiinas casmioBS y xnnichos : que en seguidai se refor- 
zaoon oQoi -veinte horabnes, pero hajbleindo cargado loe nues- 
tros volviepon á disponaarse. 



LITERATURA 



L A S (' O R D I L LERAS. 



r.N VIA.IK AL TltAVKS 1)K LOS ANDES 

I. 

fuaiulo \in liijo lU» lo» Andes ha pasado largo tiempo en 
h\ Pampa Arjeutiiia, dilatando su mirada on aquellos horizon- 
tes lejanos, N4)l)re his aguas clol Plata ó si>l)re la grama de 
la eampaña, viendo salir el sol de las ondas del rio, para 
verlo perderst» entre eelaji\s terrosos y opaeos, allá en los 
e(»ntiues do la planirie» se eansa de a(piella inmensidad del 
H."4píhMo y HV'ha iK» ménois sus inontiifuiK. 

Los miuitaneses estamos en una relaeion mas íntima 
eon la mailre tierra, que U\s pan\pen>s. Aeá en los Andes 
vstíuuos iH>deaiUvs por el ahna de nuestra madre, que nos en- 
vía los suspinis de >u eora/ou envueltos en el fuego d? sus 
voU*aiu\s t|ue nos rejenera e<m la savia de sus entrañas, 
vrrtitla en bis l'uoutes do vida que manan en sus montes» y 
q'ío nos idioma oon ol espíritu de sus selvas. 

Kl moni año/ vive la vida de sus moutañjvs. es orgulloso 
e\»!'ío ollas, tune su i:»"aYevl;id s<'ria y risueña, aína su luz > 
sus so'uIthí^ V por eso es ufaíio de su lioiríir. 

Ku las paí^ipas esta la iniíu-nsutad, la soI^\lad. el silen- 
o'v\ !a a*»ri;'''.uíne 'v:ua\uíd vio luirar y de tierr.ix»: en las moa- 
t.i'' is o* •:o»»t*»»>^ V.i'la l*or\*o!i:os liiv.iUivKxs, qv.e hav.v snyos» 
q,;.^ Ws^ xV.v» s- í u^rau <u prv:^\\ía.:; s^^ s::rt.* a.\^:n|\&üado 



LAS CORDILLERAS 4S5 

por las colinas graciosas, de pendientes circulares y suaves, . 
por los 'piíC!Os rocíaJloeos y sal^viajies, por lois bosciajies aislados 
y las míe-íebas de vondura; efaouieDoitpa 'la amáraiaioiian bixl'licio«i 
de la naturaleza en todas partes, en las voces del torrente 
que se desata furioso entre las rocas de las quebradas, en los 
ruidos de las auras que juguetean en las selvas, en los zumbi- 
dos del viento que se choca en las cumbres sinuosas. Todo 
es variedad, lo bello al costado de lo sublime, lo apacible en 
seguida de lo adusto y sañudo, las sombras en medio de la 
luz torrenoial reflejada por las cimas nevadas, el silencio del 
bosque encima del bramido del torrente y debajo del hura- 
can que silva en los alterosos picos. 

¿Qué hay de comparable en la naturaleza con un valle 
perdido entre las cadenas andinas? Allá, en una ensenada 
que las sierras estrechan entre sus brazos rocallosos, hay un 
pequeño panaiso qane solo ven el sdl y la kima y ailiguoios «stros 

que han tenido la felicidad de colocarse en su zenit. Un 
arroyuelo de plata serpentea en un lecho de arenas doradas y 
de piedrecillas de todos colores, entre boscajes apacibles y 
al pié de colinas graciosas que apenas se elevan, figurando 
en sus formas redondeadas los senos de la madre Ceres. 
Prados de verdura se ocultan entre ellas y los bosquecillos. 
El torrente brama al pié de la sierra, perdidc» entre las bre- 
ñas y los boldos jigantescos. El zéfiro remeda sonidos iu 
definibles, entibiando la pradera con un álito cargado del 
aroma de los árboles, entre cuyas hojas juguetea. El soi 
inunda todo el valle, avivando los cambiantes colores de la 
víerdiira, y pen^eltpa(ndo ten las soraihpaís dé. 'bosqíue, cuyas ho- 
jas movibles quiebran en mil prismas los rayos de la luz, y 
les dan la apariencia de una lluvia de agujas quebradizas Ob 
plata y oro, de rubíes y esmeraldas, de ópalos y brillantes, 
que ciegan y estravian la vista. ¡Oh encantos de la luz! | co- 
mo alternáis con los ruidos armoniosos de la naturaleza, y 
con loa embriagantes olores (le la vejetacion en esos valles 
encantados que guardan los Andes en sus senos! 

Ninguna de esas bellezas se encuentra en la Pampa, que 
atravesaba yo en la primavera de 1866, en dirección á loa 



48i LA REVISTA DE BUENOS AlHE-S. 

Andea, y biiscándoIoB con ávida vista en el horizonte, 
en Achiras d<ejábamo8 al sur las estensaa sábanas, pues el 
camino recorría un territorio accidentado y la vista descan- 
saba en los cerros del Morro, en los bosques de Rio Quinto 
y en la Punta de Kan Luis, al norte de la cual se destacan á 
larcas distancias, como centinelas seculares, algunos empi- 
nados címos, qlie se» ven aislados y solitarios en medio de las 
Pampas. Pero aun los Andes no aparecían. 

Una tarde, á la (*aida del sol, bajábamos en la posta 
del Desaguadero, d(»sdc donde yo esperaba divisar las cor- 
dilleras. A medida que el astro descendía en un horizonte 
brumoso, se diliujaba allá 4»n los cielos un domo inmenso, 
ain liHinisferio, (iiie pan vía mas «liicoi uuia iflnsion ife iVptácH. 

Era el Tupungato (|ue estaba velado por la bruma de la tar- 
de, y (lue empinaba su cabezp sobre el horizonte opaco, co- 
mo si estuviera pendiente del tirmamerito y separado del 
numdo. Con el crepúsculo se <»levaron nuevos vaiwres que 
ocultaron aquel portento, dejándome una anhelante y rell- 
jiosa impresión. jYa habia entrevisto n mis queridos An- 
des ! 

Al otro día hicje d <*aanin<) ím xnm <M>n.st«nte a'usiedftd, 

divisando por momentos algiina,s <'imas nevadas, cuando los 
árliolKis ó el polvo .lo .permitÍMn. IVpo *^n la itvamsn<a si- 
gudmite, <h*íJ(ie e*! li-aiiíhUm á San Martin, ol ospectáeiik) em 
impom*nt(». pues la vista abarraba una dilatadísima estén- 
siou de la cadena de los Andes. 

fQué (^ la vista de los Alpes desde (Marcus, en eompa- 
<rfln'.Í4m <U* »la di» los AuííIk^s h1^vs»i1j(» la •desjx^ja'da icatuipañiH dj 

Mendoza ? Allá ha podido Byrou lanzar esta eselaraacion. 
<iuya re]iji<HÍ'J:ul adimira ^lix'h'íOct: **Ijo <iue a<juí se eáíente 

está mas alto que una ])asion individual, mas que todo amor 
de este mundo. Kl el sentimiento do lo frrande, de lo sublime, 
del Amor universal.'' A la vista de los Andes, el alma en- 
•muüiN'is la palahna no asoiii«a á l<ís labios, porí|ue la impresión 
<iue íí(» siente tío tien<» leiiígnaje. 

T'na inmensa cadena de brillantes colosales cruza <r' ho- 
rizonte, á la altura de los cielos, hasta donde puede alcanzar 



LAS CORDILLERAS 487 

la vista del austro al sotontrion. Las líneas t»ireulares y stiíí- 
vee del cerro del Tupnnfato contrastan con los angulosos 
picos de la sierra de las Vacas, y con la caprichosa pühtji 
del Aooncftft^ia, <iue mas atrevido que todos, se remonta á 
la región del éter, mostl^attdo el último esfuierzo que la tier- 
ra ha h'ccho para alcanzar 4 los dominios del sol. Por el 
sud se prolongan hasta perderse de vista, los esbeltos cet^ros, 
los grupos de apilados picos, figurando el conjunto de las 
torres de una ciudad aérea, las curvas sinuosas que ora se 
remontan, ora descienden, dibujando de pista el azul de la 
atmosfera. 

i Salve portentosos Andes! Al fin vuelvo á vuestros bra- 
zos, á sentir el halago de vuestras brisas! Salve jeneradores 
de la vida, que distribuis los climas y los vientos, el ealoi* y 
el HgiiA, qaie fonwaas «los •\'«!lli3s terorplndios «die '>aa mifeseR, y las 

ardientes hoyas del café, del ananá y la chirimoya! Sois la 
imágiíti del infinito, ceitro de poesia y de verdad, qlie ha- 
béis afrontado los siglos de una eteriiidad, siempre jóvenes 

V bellos! 

Ix) f^nanRlioiSPo dásniinaiia á in^ediidia qiw avanzAlwimos. No 
hay grandeza que no disminuya cuando se toca. Los mon- 
tañeses viven en íntima familiaridad con stís empinadas 
cumbres. 

El panorama portentoso habia cambiado en las inme- 
diaciones de la ciudad. Las ásperas coliñas dfel Challado y 
los adustos cerros del rio ocultaban la cordillera, y solo se 
veian «cletras tlie 'eíWos las íomipimiaídwm y nevwdiis t'wl>ezaii -de la 
sierra de 'las Vaoas. El pci[vo quitaím a'l "oajmino su aíti^ac^tiro, 

V la noticia de una revolución ocurrida dos días antes en 
Mendoza, quitaba al espíritu su tranquilidad. 

IL 

•Michelet dice de los Pirineos — **Su muro formidable, 
austero, no interrumpido, es una barrera entré Europa y ei 
África, esa África qU'C se llama España. Divorcio absoluto, 
tajo que ninguna gradación prepara. Los Alpes en su espe 
sor hacen pasar íácilmente de Italia á Provenza, á Lioli. 



488 LA REVISTA DE BUENOS AIEES 

Pero si partis de Tolosa por encima de los Pirineos á su rá 
pidta viertditín/te dtA mialioJíia, ijaieis en Zaragoaa, liabeis sal- 
vado un mundo. " . 

¿Se puede decir lo mismo de los Andes? Sus cuarenta 
leguas de espesor no son una barrera entre Chile 3' la^ 
#ppo\TÍ'nicd«as de Cit>'o? Mendoaa es Chik»: su poblaK-ion, su ve- 
getación, BUS cultivos, sus montañas, su suelo, su naturaleza 
en fin, todo «s igual en iamlx» kidos. ^leindoza 9e parieee mas 
á Cftiiüe quie á su metropoili. 

Buenos Aires se parece muy poco a las poblaciones del 
Pacífico y mucho menos á sus provincias. Estas tienen co- 
mo aquellas el sello de decrepitud en la niñez. Se ha dicho 
con suma verdad que nada simboliza mas fijamente la deca- 
dencia de un pueblo que la esterilidad. Por eso domina 
Buenos Aires á sus provincias, por su vigor de joven, tan 
mal dirijido y tan mal emi)leado hasta ahora, por su prndl- 
jiosa actividad, por su iniciativa. Las provincias nada pro- 
ducen: su pueblo es un yermo que solo se ajita con las tem- 
pestades. Las insurrecciones son allí, como en el Perú, lo^ 
síntomas de actividad social, pero de una actividad, estéril, 
infecunda, que agota como la de la fiebre. 

La causa de este fenómeno está en los elementos viejos 
<|Ue ooiníStií7U'\'X?in "cistíis socnenlad-es. Buienos Airt^s Im «««novado 

su civilización, está muy lejos del siglo XVI, á mucha dis 
tancia de la época colonial, qiie vive todavía en sus provin- 
cias, como á ese lado de los Andes, con mas 6 menos vi- 
gor. ¡El áfrica que se llama España se asila en los Andes, 
para vergüenza de la jeneracion presente I 

Mendoza apenas principia á renacer de sus cenizas. La 
antigua ciudad yai^e como un esqueleto destrozado en la es- 
tension que antes ocupaba, de diez y nueve cuadras de nor- 
te á sur y de siete d(í anr^ho. Los edificios demolidos en 
átomos, sus grandes templos convertidos en moles informes 
de ladrillos dispersados y .sembrados donde antes .se eJi*va- 
ba la bóveda que retumbaba con los cánticos sagrados; sus 
largas calles apenas delineadas por dos filas paralelas de es- 
combros; todo ese conjunto de ruinas, entre las cuales Man 



LAS CORDILLERAS 489 

quean á trechos las calaueras, sobrecojen el corazón y ahis- 
man el espíritu en la contemplación de la gran tribuiaei» u 

del terremoto del 20 de marzo de 1861 

De siete á ocho mil víctimas agonizantes quedaron alLt 
sepultadas en pocos momentos; y los sobrevivientes ater- 
rados por el estruendo de la ruina, y envueltos en 'il polvo, 
caían de rodillas pidiendo misericordia y abandonando h sus 
ideudos qaue perecAan sofooaxios. 

Hoy mismo se siente el corazón anonadado, al esparcir 
la vitsta sobre aquellos trisfces die^pojos, que miuiestpaín ei for- 
midable y ciego poder de la naturaleza, puesto en acci'»p por 
las leyes físicas, y no por una voluntad, del Jehová terrible 
y vengador de los judios. Si hay algo en aquella espantosa 
conmoción de las entrañas de la tierra que rc.i»le una vo- 
luntad suprema, no es lo que ha caido al suelo, sino lo que 
se ha mantenido en pié: en medio de todos aquello?, itji^- 
mentos menudos de los edificios de tapiales y de adobes y de 
lias molies d-e las cooistraccQjoaiies aólMias die laidridüos, hay al 

costado oriental d<e la plaza una tapia de tr«8 cuerpos en pié, 
sim apoyo algumo qvMe la sostenga, despíreaaidida por uno y 

otro costado, en su estension de doce metros, de los ediñ- 
cios que la flanqueaban y que han sido derribados. ¿Cómtr, 
por qué se mantiene en pié ese trozo de pared tan débil, 
tan inconsistente ? es la pregunta que uno hace, lleno de ad- 
miraíiion. . . . Alguien responde sencillamente — ''¡Contra esa 

tapia fueron fusilados los tres hermanos Carreras! " 

La nueva ciudad se construye en tres barrios estensos, 
que oomfloiyeai -en um pumito, pero que diejian separados ipor 

largas distancias á los pobladores, en lugar de concentrarlos 
en un paraje dofnde didbiía remiacer ^MJemdoza. Es verdad que 

la autoridad ha delineado la nueva población en una área, al 
sudoeste de la ciudad arruinada; pero los vecinos se resis- 
ten á abandonar sus antiguos lares y reconstruyen los barrios 
(be Loreto y de la Alameda, estenddéndose ail centro de la vie 

ja iMendoza. 

Esta provincia es una de las mas vastas y ricas de la Re- 
pública Argentina y la mías «"bundante de ajgiias de riego y de 



490 LA BEVISTA DE BUENOS AIBBS 

minerales. Su área no baja de 11,250 legttas cuadradas, t 
según los padrones del censo de 1864, tiene cultivadas 
58,599 cuadras, de las cuales hay destinadas á la vifia 2,237 
y á los cereales 3,866. 

La población total es, según el mismo censo, de 57,476 
habitantes, entre los cuales habia 3.456 chilenos. 

Hu comercio de importación se calculaba en 1864 en 
600,000 pesos, de los cuales se importaron de Chile por la 
cordillera 4000,(K)0. El de esportacion de la provincia la fué 
<l'e 830,000 i>e»as, valor de los gtaiMuloR, jalwn, frutas sei^s, 
»3iv^re:í, imítales, latnias y inin^ros esportadi» para Chile. FXe 
inoilo <|iie <m el coiiierLiio jeneirail de Chile <•<« la RepúMic« 
Argentina, que es de millón y medio de pesos, la Provincia 
do Mendoza concurre con la cantidad de 1.230,000 pesos, 
pues do sus esportacion os, muy pocas son las que se hacen 
por el litoral argentino. 

El territorio de la Provincia de ^Mendoza se estiende 
•ai orriMito de lia^ faildois úe 'los Andes, -on fronto «de Ifls pro- 
vim-iíjls (Miil-cTTas ihy Aeontiagira, Santiago, (\>l(»h<ngua y Talt*a, 
en una ostensión de 225 leguas do largo; y tiene una sensi- 
ble pendiente hacia el oriento. Esta inclinación se altera 
en el valle ilo los ■a.fhK^ait^'í? del TVin'uyatti, cuyas a^i<as corren 

al norte, y on las inmediaciones de la ciudad, donde á con- 
.sn^mencia dv l<as altuniis ilv Lu'nhTnt«a, A'lto Verde y A'lto de 

las ]\íulas, ol rio Mendoza so dirijo también al norte, hasta 
voorflnir <»<m el Han Jua'n, quxí í-orro al sur, y ocharse jamtos 
on las lagunas do tluantioacho, Silvorio, etc., on ol centro de 
la gran hoya de Cuyo, por dondo corre el Desaguadero, que 
salo de aquellas lagunas. Al nordeste de éstas, hay esten- 
sos llanos sin inclinación y cubiertos de sal, y todos los 
ibijios <M ñor tío fíon generaluiientie áridos y <ni'bi-ertti8 de 

matorrales. 

Como á doce leguas del núcleo de la cordillera de los 
Andes, en frente de la ciudad, se prolonga paralelamente 
do norte á sur, on una estension de cincuenta leguas, desde 
los altos do Lunlunta hasta el Diamante, una cadena de cer- 
ros que so llama el cordón de Capis, y que tiene una anehu- 



LAS COHDTLLERAS 491 

tñ media de cinco leguas. El valle de la ciudad está cerrado 
«1 nortíe por lo« /prifíiieros teontmftiprtra die la corddiWt^a de 

Villavicencio, en la cual hay que penetrar para emprender el 
viaje de los And^s. 

El terreno de ese valle es caliso y en la proximidad de 
aquellas sierras está cubierto de matorrales que crecen en- 
tre el cascajo y la arena. 

III. 

En una bella tarde de noviembre, me hallaba cómoda- 
mente repantigado en un coche que corria sin tropiezo por 
el llano de los Hornos de cal, al norte de Mendoza, el cual 
estaba sombreado en esos momentos por los cerros del oeste, 
tras de cuyas cumbres se ponia el sol. ITabia pasado vo- 
lando por la ciudad, desde los suburvios del sur, para no 
"íOíiiun ir^ar c oai irAÚ:. , ;: Drríju!? a^tiamido triinnf aaite uoifa rebdion 

üra necesario que el reprsentante de Chile no diera siquiera 
pretestos á las acusaciones que la prensa oficial lanzaba con- 
tra nosotros. Así como así, con solo haber pasado corrien- 
do, uno de los diarios de Buenos Aires aseguraba después 
que yo habia estado en un banquete de los revolucionarios, 
brindando por la caida del Gobierno Nacional. Si hubiera 
<'crii:i':lo p/nn á inaoit^el^s diemitro úe Is. (niaí(¿»enftie Mendossa, me 

habrían supuesto, arma al bracio, enrolado en las filas su- 
blevadas. 

Mas el coche terminó su carrera en las sombras del cre- 
púsculo y á inmediaciones del portezuelo, porque la natura- 
leza no habia continuado mas allá el camino carril: los ar- 
gentinos no hacen carreteras, y dejan á la próvida natura que 
les arregle sus vias, de modo que si ésta las formara de 
fierro, ellos no se habrian molestado en construir las que 
tienen en el litoral. Era necesario que el representante Ots 
la República de los líuazos, montara á caballo para repre- 
sentar nifjor a sus paisanos. 

Con efecto, al tranco de la l>estia, por altos y bajos, 
sobre rocas y guijarros, seguimos durante largas horas de la 
noche una senda estrecha, que serpenteaba en un bosque 



492 LA REVISTA DE BUENOS AlKE?. 

espinoso y bajo, entre dos altas montañas, llevando la luz en 
el cielo y la oscuridad en la tierra. Penetrábamos en la an- 
gostura de Villavieencio : la luna creciente, ocultándose de- 
tras de la cadena del poniente, esparcía su luz tenue en la 
t)ov<^iiia awuilaidn tachooiiadia d»e hiii»eros, y no p<?netra'ha en 

aquella estrecha garganta, que daba á las sombras aparien- 
cias •colosaílu^.s y ilúgaibrí-s. Los pt>»rfi'l»es sinu-OKCS d»? las sié- 
mais d'p ann'lx» liados • iiilni.>al>a¡n em el í*ielo mientras que 
los recodos de la quebrada estrechaban nuestro horizonte casi 
al sitio que recorríamos, entre el bosque, subiendo barrancos 
y 'bajiaiiido hondos <lie(4ives. No se s^^ntía \nm ruido que el d^?- 

nuestras cabalgaduras, y cada uno de los que formábamos 
nuestra caravana parecía abismado de terror. El seño, el 
han libre, caí can^aaioio 'm>s arnanií'íilíaín d-e canajido len miando un 

suspiro, una esdaraacion, que eran seguidos de un profunau 
silencio. 

Enan ya las omv de la nocíw», la, hvna se lua'lyiía sepivltádo, 

el frío de la quebrada nos tenia ateridos, cuando de repen- 
te 'los «agudos k'dri<l'0s <lie uíiia jauriíi de jx'^i^'^ iw^s re^^la 

que estábamos en las casas de Villavieencio. ¡Suprema Ic- 
ii<nd'a)d! Todos Imblanios y naiu^tras jyalabnLs revcílam -el con- 
tento. 

— ;Ah de ca.sa! gritamos á la italiana. ¿Se puedo 
alojar ? 

Una voz ronca nos contestó: — No, el patrón no está 

«quí la c«»a está oeírnaidia. 

— ¿ Y el corredor ? preguntamos. 
— Está ocupado: p-ero put^dit^i aviarsie i>or ahí no mas! 

Realmente todo el corredor estaba ocupado por ugü 
famúília entt^pa ; peix) im eil •e>?trK^m)0 haibita una ehowi aibierta. 

Penetré en ella y advertí que los pasageros la habían dese- 
<*hiatdo porfjue no tenia tei^ho; pero como .sais parínles podían 

reparar el vi^^nto, aunque dejaban d^cubierto el cielo, tomó 
posesión de ella, y alumbrando sus antros con un fosforo, vi 
que en uno de sus costados habia un rimero de ceniza, y que 
su ífii-olo senna <le cocioita. Hice á um laido los chismes v ti 



LAS CORDILLERAS 49J 

zones, me envolví en mi poncho, y poniendo de cabecera la 
silla de mi montura, me eché como en un mullido lecho. 
Nuestras cargas venian muy atrás y no habia esperanzas de 
víveres ni de cama. 

Por lo demás; así debe dormir un ministro plenipoten- 
ciario americano, viajando en las repúblicas hermanas. Las 
atenciones se quedan para los estraños, y que los de casa se 
acomoden como puedan. Yo habia visto en Buenos Aires 
que se recibía poco menos que debajo de palio á los repre- 
sentantes d« Don PodíTO H, y que á ia d'p.sipK.xiida «cIp los mini« 

tros europeos, se hacia una fiesta oficial: Mr. Thormpton, 
ministro inglés fué conducido por los secretarlos de Estado, 
en A cocine de go'l>iii»mo, Iwista el iiuielU*, dond«e le esperaíba 

una embarcación de honor; un ministro español fué despe- 
dido mas ó menos lo mismo; el norte americano, Mr. Kirck, 
fué (conducido al muelle en procesión, con músicas militares. 
Entre tanto el ministro de Chile, como el del Perú, habian 
llegado y 'salido varias veces revueltos con bachichas y etk 
balleneras mugrientas y llenas de inmundicias y de beodos, 
i Qué im[)orta 1 Los hermanos no están obligados á hacer mas 
que los padres. Dos años antes habia yo salido de mi patria, 
tomando el tren de las siete en Santiago, para lUaillai, y como 
en él no habia mas que caríos de tercera clase, el conductor, 
por atención, me dio lugar en el carro de la Bodega, que 
llaman, entre sartales de gallinas y pavos, entre canastos 
de verdura y de frutas y en una atmósfera mefítica. ; Digna 
salida de un representante de Chile! (1) 

La Rí^pú'bli«ca no so .p'ixMwuijm de lia í*omOvlit(laúl n-l dx^ la 

dignidad de sus funcionarios: eso sería parecerse á las mo- 
naríjuías. El gobierno tampoco quiere parecerse á los mo- 
narcas, se entiende solo en esto: y cree que la República es 
una entidad moral, una persona jurídica, que no tiene sen-* 
tiniicntos, que no está obligada á prestar atenciones, ni 
tan siquiera á demostrar gratitud, como un Rey. i No acá- 
])ani()s de ver morir allá en Francia, en servicio ax»tivo, á 

1. Da^pues be sabido que el conductor hubo de ser destituido, 
por haber ii>a(lo de cortesía con el repre*«eutante de Chile. 



494 LA REVISTA DE BUENOS AIRES 

Carvallo, diplomático de mas de treinta años de carrera T 
Noit^stro gübi'erno reei'bió lu noítáciía, emno qiá«n ase UoT^r, 

y ha hecho como si el muerto fuera un servidor del rey 
de Sia'iu. Su políti'ca á este neapeeto penpecie teai<er por 'base 

aquel refrán que dice que cada uno 9e rasca con sus uñas. 

Yo estaba acostumbrado á esto, cuando temblaba de 
frió en A duro suelo de la cocina de VillavicencÍQ, sirviendo 
á la patria. Acababa de atravesar la Pampa del mismo 
modo, acampando á la garibaldina, como dicen los italianos, 
ó á la americana, como diría un soldado de nuestra inde- 
pendencia. Ahí lo habia hecho dos años antes, y ya sabia 
lo que era el dormir á las estrellas, con el revólver á La ma 
no, esperando a los indios, y medio sofocado para salvarse 
de Ips bichos ó de la tormenta. La única diferencia estaba 
en que ahora no nos presentaba el cielo un espectáculo, como 
en los primeros dias del año 65. 

Etónces se veia cruzar en la bóveda celeste aquel he^ 
iHOso íXJralHtia blaiKíJO, quie segaiai los g'aiujohos «anunciaba piestes 

en Chile, porque se encaminaba á este paraíso, flajelado á la 
sazón por el tifus y la viruela. Es un espectáculo indesoríp- 
tible el del firmamento apoyado sobre la tierra en todo el con- 
torno del horizonte, y alumbrado por la incierta lus? de las 
estrellas, que tililan en un fondo de ópalo y azul. Así se vé 
el cielo en medio de las pampas, en una noche serena, y 
■tm-tonítííes lu .preswiit'Ja de a<iu»eil 'bliaanco com'eta entre los lastros 
le «dt^ba un enoaoito nu0vo, que ia/traá<a lias md radas, hiasta de 
los mas indolentes campesinos. La vaporosa cauda abraza- 
ba un arco de 20 á 30 grados, pues no tepía menos aeguit las 
observaciones de Moesta, que cincuenta y dos millones de 
millas, dimensión enorme, si se compara á las dimensiones 
de todo nuestro globo; y su núcleo era pequeño, pues solo 
media de diámetro 2,703 millas. Aquel observador nota 
que estas dimensiones no son tan admirables, si se comparan 
co(n las deJ co»metia de 1843, ouiya oaaidia «Icamaó á 159 «mi- 
Uones de millas, y cuyo núcleo tuvo de diámetro 5,231 ; pero 
su esplendor desde la Pampa no era menos bello y atractivo. 
Yo lo miraba y seguía su curso, durante largas horas, en el 



LAS COBDILLSBAS 49o 

sitebicio die anjueliLaB nouliieB óe fotátgia y die soLediaid ; y nie sen- 
tía consolado con su compañía y con la idea de que se rea- 
niam coa días mi'aiB iDtU!chia8 iniia:ttdia8 que 'me eraun sámlpátijcfls, en 
«8e YÍajetro erraoite die los espacios. 

Peno en ia coeima de VdOikifvíceiiioio mo tema mías hori- 
zonte que la ceniza, y en lugar de la atmósfera templada de 
la Pampa, tenia el vientecillo sutil y frijido de la cordillera, 
que me hacia dar diente con diente y sentir sueño y ham* 
bre, Hun podiecr donmsr m oomer. 

Al fin ef>areciió lia lou éél dia, quie tanto habia desoa^lo, 
y saMé de entre dos tiaomes, antes que les ddfusoais tclesp^ntiaT^aía 
á aoltar al aine sus tnncs emumiosos y «licamipasados. 

J. V. LASTARRIA. 
(Oontinuará). 



VARIEDADES 



RKVISTA DEL ARCHIVO GENERAL 

I)K BUENOS AIRES. 



liíijo el títmlo <|iite em'aíl>tv.a -estas líneas el señar dan 
Alairwi'dl Rkianlo Tin^lKs, g>efe úrA Arehi\'« (General, vá á pu 
lili'rar un \x>lúmii^ vaimiial qmi ^-ontemlrá d<Knuiientos histó- 
rica w, <H)n olKS4M*\TaK»¡0!iK<s y notas. El (íolrierno de la pra- 
vi.ndiía A <tuikni píxjtpiísa v^tss, iám, cóniíppoTwlwí'nKio el int-erés y 
la ini'jmrtaoK'i'a de <íst»íi(s leompilsicdontes, lo h>a autorizado p'l'e- 
auiin-íMit*» ij^tm qute iiontraU* luis ^HmKikMon-es <le la imprn^sion 

El seilor TMh's, ilal)orioí5K) imla<gwdor ú<c nuestra his- 
toria aiitiífun y eniilito muy tlistinguitlo, <« muy <*oinpetente 
jKM'a niviJizar el l-auda'ble proixjsito de ipropop(*ioniar «1 histo- 
rwuloi» (^^w ipnvioe*>s doni^'intoí piíra un ■estudio ooni-i'imzudo. 
No 4»s jHv^ihlo ex'ijir á kis jkxxís afieiowados á tastos estudios 
sénior é iiupn>íkirtiv<vs liastíi ahora. q\ve voins^a^refn su ti-eui 
]>o en 1h (Nvniip\ilsi:í del riiiuísinio AMiivo (rent^-al, donxlv exis- 
ten haeina.h« y en desorden iinix^rtantísiinos docirni-eoitos ; 
1^ prestar un servioio .]Hxsitivo y rejiJ ¡nmer al aK^a'ne«e del 
mayor númoi» <*stxs doeunient<^ twpiu^tos á jxM^dei'se eaitre el 
]M>lvo y la ]H>lilla, ó ((ue perinanozv*an <pii/A dt'-^H.moeiilos ii 
olvivladiw. 

Reunir y puhliear esos anteet\ientt?s et>mo fuente antén- 
tii'U para el estuilio de la historia, es no solo una idea lauda 
Me sino íaiuhien una obra meritoria. 

IV'houtos á este inoansaMe investiirailor, preri-'^sos ante* 
e»'dentes hÍNt/'riiOs t[Ue ha puMivado ya en FJ /iNí/Ín/to Esta- 



REVISTA DEL ARCHIVO GENERAL. 49? 

dístico de Buenos Aires; pero como él lo reeonoce. esa pu- 
hli'wicioii diastánmla á otiw Oibjetx», do podia il-enor esta 
necesidad. 

La colección de obras y documentos relativos á la historia 
antigua y moderna del Uio de la Plata publicada por don 
Pedro de Angelis, edición agotada, muestra prácticamente la 
utilidad de esas compilaciones, puesto que es consultada con 
proveclio por todos los que se dedican á estos estudios. 

El plan propuesto por el señor Trelles lo consideramos 
acertado y el único posible por ahora, pues no puede pre- 
tenderse que se publiquen cronolójicamente los documentos, 
sino que los que se den á luz merezcan por su importancia los 
honores de la impresión. Dividirlos por materias y clasifi- 
carlos cronolójica y ordenadamente exijiria el previo estudio 
de todo lo que existe en el Archivo General, y este trabaja 
de ííinproba k'lx)(riosi»íiiad no puede emeoiiiieaidiarse á urna sola 
persona, sino a una comisión espresamente consagrada á ese 
exámiftn. ¿Es eisto posible por lahora? ConsLderaimos que 
eso demanda un gasto crecido. 

El señor Trelles tiene ya bastantes materiales reunidos, 
y esos son precisamente con los que cuenta para emprender 
la publicación de La Bevista del Archivo General de Buenofí 
Aires, Ignoramos si esos materiales se refieren únicamente 
á la historia antigua, ó si se relacionan con la historia de 
la independencia; pero como no se trata de publicar una 
historia, sino documentos que sirvan para edcribirl^l, no 
vemos ningún inconveniente en que se adopte el plan pro- 
puesto, prescindiendo de la cronología y de la clasificación 
de materias, y sin pretender la unidad que exije un libro 
de historia. 

Es evidente por otra parte, que el señor Trelles tratará 
de organizar en cada volumen materias análogas, consultan- 
do el facilitar el estudio de los documentos publicados; y 
sobre tolo, los ínidioes razonados y ibiein cílasifícados, ob\ia- 
rían todo inconveniente. 

Publicaciones de esta clase no pueden tener la unidad y 
el orden que exijen los libros; ni es esa tampoco su misión. 



íí*»^ LA KEVÍ8TA DE BUENOS AIRES 

Hi* ha <olo(!H(Jo, i)iu's, (*ü el vcrda ItTo terreno y segiu 
la naturaie/.a (Ut la publicación f)r()y<»ctada. 

Kl h'cfior T re 11 es lia tenidí» i a heiievnj encía de elogiar 
ofl<;ialinente nuestra /i'< vista, ileclarando al jrobierno que eu 
ella se encuentra una |)recií)sa <*(>!cccion de monografias, 

liflK h'f ristas consa^rradas á la historia, como la nues- 
tra, no pueden tener la unidad cjue exi.je un libro: 'su natu- 
raleza cH diver>»a, y no es de la ín lole de estas publica? '.míos 
eonHcrvar el plan y unidad de los libros, sino hacer e*^t^i(ilo3 
Kol)n* épocas, sobre sucest>s ó sobre individuos, sin (n^ • sea 
fMmíble establecer en esos esludios el orden cronolójieo, ui la 
correlación. 

Masta la división por nuiterias en (general, dejando á los 
escritores completa libertad para tratar en cada sección el 
l)unto (pu« (piieran ilustrar, para dar á la Iif vista el interés 
í|U(» reípiiere, sin di»snatural¡zarla ; puesto que no se preten- 
•dí» |Hil.<l¡'car un libro por eaitnigas, sino 'astudios y trabajos 

diversos y por distintos escritores. 

Nuestra liC vista, pues, publicando esas monografias, ma« 
ó menos im])ortantes, ha llenado su o])jeto; y el voto de 
un erudito tan competente como el señor Trelles, nos con- 
fírnuí nuis y mas en lo acertado de nuestro plan. Si preten- 
diésemos escribir una historia con la unidad de plan que 
vlla ex ¡je, es evidente que escribiriamos, si fuésemos capa- 
ces, libros; ])ero los libroí^ no son las Revistas, término 
medio, como alguno ha reconocido, entre el diario y el libro. 
Kntrauios en estas apreciaciones para justificar nuestro plan^ 
ya (pie /.a i^rvistn ha merecido los honores de un elogio 
tíficial. 

Las compilaciones de documentos tampoco exijen la uni- 
dad de plan de un libro, si bit»n es cierto que del>en es- 
tar son\etidas á clasitit*acionos generales convenientes. El 
Ni»uor Tre!l(»s, si» («oloea por lo tanto en el terreno práctico, 
y el plan tpie pn^]>one es el único posible. 

lia constancia de t*ste escritor, su infatigíible <vlo por la 
historia del país, ñas garanten qiu^ la **<'(>/'('(•♦<>>* (fr r/oeiiMif «/f/s* 
/Kira sirvir á la hifítoria y á la administración drl líio dé <• 



REVISTA DKL. ARCHIVO GENERAíL. 49» 

Plata' * tendrá lar^a vida, y sobre todo, estas pubUcaeionea 
necesitau st^r dirijidas con lot» sanos propósitos y las vistas 
«érías del señor Trelles: e\ tiempo y el interés de los docu- 
mentos mismos, harán lo demás. 

Ks sabido que loa documentos inéditos, como diee Pre»- 
cott en su prefacio á la Historia de Felipe II, son las mejores 
fuentes para el historiador, y es oscurecer la historia pre- 
tender cerrar las puertas de los archivos públicos, ó limitar 
su compulsa al favor ó á los empeños. Generoso es por ^ 
contrario no solo permitir que el público visite y estudie en 
esos archivos, sino propender á publicar aquellos documen- 
tos que merezcan por su importancia el generalizarlos por 
mieiíUo dte su impirosíon. 

Los gobiernos europeos, dice el autor citado, inspira- 
dos hoy poiT oina pollí<ti)cia inias idustrad'a, hain ahiierto «al histo- 

riador sus archivos nacionales y entre otros el de Simancas, 
que durante siglos ha tenido sellados los secretos de la mo- 
narquía española.*' 

Noíwtros «iuíquijos, «un K-utando no hemos temido cerra'das 
las puertas del Archivo General, hemos sido muy parcos en 
hacer revelaciones sobre los preciosos documentos allí re- 
unidos. 

Las Memorias de los.Vireyes merecen sin duda los ho- 
nores de la publicidad, y ya el Gobierno del Perú nos dio el 
ejemplo haciendo una edición, aunque incompleta, de las de 
los Vireyes de aquel Virreynato. El señor Trelles, que es 
competente pa<ra elejir entre esos inmensos estantes, en esas 
pilas de papeles y documentos, prestará un servicio a la his- 
toria 'publiioando, ¡ciliaHifi'Oiaínido y «motaindo lo q^ue eneiieaitre 
ddigioo íkí fig!ura¡r en le colleíjcáoii iproyu^ctaJclia. 

No hace mucho tiempo que el señor Trelles daba una 
prueba de su capacidad y contracción con la publieaoion de — 
Cuestión de límites entre la RepúbUca Argentina y el Para 
guay — ^publicación oficial — ^hecha por la impi^ta del ** Co- 
mercio del Plata *'. Esta memoria de 96 páf. en 4.o vé 
ecompaáada de un vol. de 310 páj. en el mismo formato, 



500 LA REVISTA DE BUENOS AIRES 

bajo el título — Anexos á la memoria sobre cuestión de límites 
entre la República Argentina y el Parc^uay. 

Los lectores de la Revista de Buenos Aires han podido 
juzgar muchas veces los méritos de este escritor «n los varios 
estudios suyos qu^e hemos publicado, por esto creemos inoe- 
cesario insistir sobre la tjompetencia del gefe del Archivo Qtt- 
neral para la publicación qu-e vá á emprender. 

Estamos ciertos que puede contar con una suscricioH 
particular que ayude á costear los gastos de «dicion, y es de 
evidencia que -esa colección será siempre vendible ; por cuya 
razón creemos que la edición debe hacerse cuando menos de 
ipil ejemplares. Las colecciones quie no se vendan en el 
momento pueden conservarse en el mismo Archivo, y su ven- 
ta paulatina servirá como de fondo permanente para la 
misma edición. 

Reproducimos en seguida la nota del señor Trelles y el 

decreto gubernativo. 

VICENTE G. QUESADA. 

IL 

NOTA. 

Del'Archivero Generaly relativa á la publicación de docu- 
mentos bajo el título de ''Revista del Archivo General de 
Buenos Aires'^ decreto recaído autorizándolo para ha- 
cerla. 

Archivo G*eneral. 

Buenos Aires, Diciembre 10 de 1867. 

Al señor Ministro de Gobierno doctor don Nicolás Avellaneda^ 
El que firma, desde que se lencuentra al frente de esta 
repartición, ha procurado llevar al dominio público todos 
aquellos documentos que, ocupando un lugar en nuestros 
archivos, hasta ahora sin utilidad, son, sin embargo, de un 
interés indisputable para nuestra historia ó para nuestra ad- 
ministración, que, mas tarde 6 mas temprano, son llama- 
dos á resolver porción de problemas que permanecen jBnvuel- 
tos en la oscuridad por falta de antecedentes que los ilustren, 
permitiendo hacer justicia á las épocas como á los hombz'e8. 



REVISTA DEL ARCHIVO GENERA!.. oCl 

La neoesidad urgente del estudio de nuestra historia, 
cuando no fuese reconocida por todos los hombres ilustra- 
dos, bastaría para justifícarla las infundadas ó falsas apre- 
ciaciones que se han hecho y se hacen sobre los sucesos, lle- 
gando las observaciones hasta el estremo dé anatematizti^ 
nuestra propia raza y la civilización que nos dio existencia, 
atribuyéndoles esclusivannente ser la causa de males que pro- 
vienen de muy diferentes y variadas circunstancias. 

Ese medio tan fácil como injusto de esplicar efectos por 
causas que no han podido producirlas, no es ciertamente el 
resultado del estudio áe una historia, sino la espresion de- 
sesperada de quienes no han podido estudiarla 6 no han teni- 
do el valor de dedicarse á hacerlos en sus verdaderas pajinas. 

Es, por otra parte, muy notorio que, por falta de ante- 
cedentes que han debido estar haoe mucho tiempo por el do- 
minio público, no se hace en muchos casos justicia, é se 
alargan sin término cuestiones que habrian sido resueltas 
ajustadamiente ó sin perjudiciales demoras, si los datos nece- 
sarios no permaneciesen fuera del alcance de los interesados, 
cubiertos por el polvo y ocultos en el mÍ8t»erio de nuestros 
archivos. 

Los esfuerzos del que firma han tenido siempre la doble 
mira de la historia y de la administración. 

Pero, muy lejos de estar satisfecho con los resultados en 
general, sin dejar por eso dé estarlo respecto de muchas cosas 
particulares, cree, — por el contrario, que ha hecho muy poco 
en comparación de lo que falta realizar para aproximarnos 
siquiera á la verdad de nuestra historia y proporcionar ele- 
mentos indispensables k nuestra administración. 

Así como un distinguido historiador contemporámeo ha 
diíeho, qaiie *4os d*e9Cíu»bri'imieintos y oonquiistais ffiie en el Nui- 
vo Mundo continiuflíTOiu luaciéndoee despules de Cristóbal Co- 
lon, exijen pan ser 'iebidamexite coaioeidos y tipreríiaJos, no 
ojoa sino mii'ohas lii^tori'as ipantútííanliaíres " — úá miííiTic mod^» 
podemos decir nosotros que, la historia del Rio de la Plata, 
exijo, sino mTiclia^ Instorias particularas, al menos rauehas 
modiografías, y, sobre toilo, raiíchísiinos doeunientos, sin ol 



TitiJ LA BEVLSTA DE BIENOS» AIRES. 

au.\>íiu <lp ItM cjaM.H si*ria iiuposihlt* Ik^ar a la >vnHi;l le lo» 
«II "r-íOí*, (IrvvMiü/i.fca |H>r taita tk» v*^r<lad4»ros anttvt'JentPá 

hu la ** invista r/í Bnnws A%ns*\ qxw t-on tanto ap!au- 
j«». |>t'ro i-í/U tan t^^'a-^a protí.vv-ion r^^-al. se pirblii*a d«*tle hai-o 
irigun tií^irijm tn <Mta . iu.ia:!, vamos a.lquirii-n.Io una preeioísa 
(íoli"j-ion ílu- iii<>nuiriatí.is. l*iro, H iífji.^fro KstmUstiro dv 
Buenos Aires, en algunas (1<* tniyas scvciom-s v\ (pu* firína in 
KtTta do^Miiiirtiitos rni'slit<M, ni por su plan, ni ¡)or !i>s iíiuittw A 
<pit» íl»«h»' huj<-lar>í% pu. iv Aar <'al>i.la á to.i^js los (pu* vs ntHH*- 
sario foij./.'< r j)íira I(.s tiih s < vj)íi'*a los. 

Si* ha •*', pii -s, in.li-j)t U'í'iilílt* una ])ul»ii.-a -ion aparta, pa- 
ra reunir rn illa to-los aí|Ut'!ios nioiuniK^ntos que st^ guania^, 
jKit-l.» <1.'. ii-.'. .sin ol)j'»t;) in Im.s ari-liivos púKlivos, y sin <|ue 
hi* .Sí'pa siquiírra i[\u* on t*Ilo.s si* const'TVíin. 

Ivsto ifs lo (pie vi'i^n»* á pro])oner al (johi *rno A (pn» íirnia, 
¡li lirii l:>i»* -SU proK.'i'H.n jKira lU-var a.lola-nir c\ pon^allli^•ntu 
y realizar hasta ilon<le U* ?yi*a posil)'l<' la obra. 

Fácilmente ¡>ereil>irá V. S. (pie, ttnit'UiIo otras atenciones, 
1-1 infra^TÍij)to no po.lria (h.Hv'ar >inó una p/ípK'ña part.» ie 
su tií .u|K> á est* nu»*vo trabajo. l\'io, contanjo cí:n l>astjin- 
tcs iii'.it. riali s }i unilcis J.e aiitiiuano con e-a i- lea, no >\»rH un 
in.•on•v^•nicn1e •.*l manife-tailo para (pie la ol)ra vaya aik'la'nte 
í'oii la re^ularLIa I jm^ibl*». 

Les me. 1 ios para liaícr t'init'* á los gastos se t-ncu(MiT.ran 
•(lí "lliKin' 1.) unMi pailciii' la suma votada para mejoras do to- 
<la clasf» del Ar'hivo (íem*rail, e-ntre las (jU'c Harura un rol muy 
'fH'in.'iíMl 'la pnbli'a'.'ion propuesta. 

Klla jMwlría intitu'la.rse "Revista del An-hivo (íenenal 
de liu'v'iKW Airrs (') colección 'dk» doMiiniutos para servir íi la 
liistoria v á la .idiirini'JtraeiHni d-.^l líio de la Plata/* 

Kl ipl'in í|Ui adoptará el (|Ue firma, — ^será (ti mas sencillo 
y el único po^ble. Publicara (m tííinos anuali»s un núm^í^rq 
de (lorUMiicutos eoüiiplvtos, a.-omípañadí) de notas ú ob'-^erva- 
•ci:'!!'. s, á !.'- ípie lis exijan, .-orranlí^ «'ala tomo (*.>n su íníH'íH» 
f()rie-])(.ii li. ut\-. Pr.'ttndvr m."t(vlizar d ' a^gun mirlo la pu- 
lí] i. 'ación seria hacerla iiii]>(>sil)]e, dí'vde (pie m» están reuní- 



RFA'IísTA DKL ARÍíIITVO GKXERAL. 503 

<l<)s tojos tíos materkikM, y cuauído nuiehos d-e los ilocwnentos 
<iue (lebt^ formarla, i>or la diverai'davl de apuntos d-e (\\xe se 
Oí-iiiixui, «iK) po»lri\aii .soimítersí* á uiva ^JaiJíifioacion por mate- 
rias — IVink^ria, i>or otra 'parte, el interés (jiiie di'c^ptírtará la 
iiii.-'ma variediad de asuntos (lue eoiiiteüdrá cada volumen. 

Teriiii'n'aTá'n iparte -íie la piíblk-aeion los ínvli/tvs <jue va 
\'an eom'¡)!etáirdo»'» ik* di}'oreu«tit*s sw^üiones de iloinvmentos, 
como uno de los medio-s .para ijue los archivos públicos vayan 
saliendo de la OM'uriilad que los envu'(4\\*n y poiler saear de 
<Ilos todia la utilid:^d á (|Uie ^^tám dastmaidos. 

Si la idea que el i n Transe ripto propone es aceptada, eomo 
lo i'-pt-ra del du^ítrado gobierno lU» la Pronnóa, ol primar 
t<nii() podrá ipublinaiv^H' .n d año próxiino de 1868. 

Diixs gi^'^r^t^lt* á V. S. muelios años. 

Mannd Bicnrdo TrdJcs 



Si^ticmbrc l.o do ISOS. 

Con'tést'-v al (í-efe dv^l Arehivo (itmeral, (jue el (íobierno, 
t'omprendicn'do la gra-n inuportaneia p'a>ni ía Historia y para 
la Adiministraí'ion de la pul^lieaeion qxve .propon-e, le ofrece. 
ii\ efecto, todo el concurso nvateriatl que para llevar A cabo la 
idea ncií'-sit't^: que <Miando lo considere oportuno, piuede pa- 
sar el (prc'tU)i)uesto respis* ti vo, fiueidando pl-eiia'm'ímte aijtori- 
zado i>ara a justar las conilii clones de la iuu{)res.ion ; y, por úl- 
timo, (|ue d Gobierno l(» felicita, tm nombre dt^l país, por la 
idea feliz rpre na concí^udo de reunir. paiblÍ!*ar y anotar bajo 
•el título modesto du^ fírvisfa del Archivo General de Bucno^i 
^líív.s', los documentos (jue tanto fser^'irán a>l^in dia para la 
bi*itona y pnr?! la A díiiinist ración del Rio d-e ¡la Plata. Pu- 
'blítiucsf» i^-ítti re*^oluicion eon la noto de su referencia, iní»er- 
tándo^c en el "Rejistro Oficial. 

ALSTNA 

.TOSR MTOrKÍ. NrÑF.Z 



COPIA DEL TESTAMENTO 

DÉLA 
rimdadora de la Oasa de BjerciciOB de la Ciudad de Buenos Aires, 

Precedida de un breve resumen de su vida. (1) 



Dotla Maria Antonia de la Paz, nn^nó en la <Mmlad de 
Saintdügo del Estero, el año de 1780, die 'paalrm Wen aiHímo- 
dados. ¥\\é adoiviíida de -ima hiermosuíra é iiig'enio mas (jiie 
pe^ikr y óe un singiiil«.r don paira el traito <ie gentes. Dewie 
náña ftié imiy Jada á *la pirtiiad y ya i<m«n, vistió por d-evo- 
cion iMi Iválbi'bo hnnriWe y ppoíosó vid-a virtaiosa bajo k kivo- 
•cacion d»e San Tgn-ajeio de lioyoLa, y se ll-aíinó Maria Antoaiía 
de Sam José. 

A iínnitaieion de aciuel Santo PatriaíPCíi, se dediw á la sal- 
vación d>e las ailmas, á cuyo efecto, eehó allí los fuiídaiiven'tos 
de una casa de ejeroicios. 

Ex(oit6 «el eelo de varios sacerdotes en Silipiva. Soeon- 
cho y Sailahina donide fíié grande el niiimepo d»e personas que 
por nuedio de los e^Vreiieios om/prendieron una vida virtuosa. 
Pasada ia sierra de Anaicaste, bajó al valle de Oatamarca, pa- 
so á la Rioja, volvió á su patria, recorrió algainas parroquias 
de Salta y Jujuí y en todas jyairtes reamdó gran imuehodu'm- 
bre de person-as á praetáeair los santos ej'orei'ííios. 

VueJlta á an patria y dejiadas las cosím de su pri'inera fun- 

1. Se nos ha pedido con empeño la reproducción de este escrito, 
referente á la Casa de Ejercicios de esta Capital, que viene á con- 
tinuar los estudios que hemos publicado sobre la fundación y edifi- 
cación de conventos é iglesiaA. 



COPIA DEL TESTAMENTO. 505 

ciiaGiom -en buen óxd^n, se dirigió, á Córdoba dd Tueunuin, 
donde lialló •emeiuiígos poderosos, á pesar de los cuales, procu- 
ró los ejercicios «I dearo, á las personias distinguidas de uno y 
otro sexo y á los pobres de la nuayor p<arte de las parroquifis 
de la cannrpaña. 

En Córdoba acabó de compnender, que en Las ciudades 
populosas se patde baoer anias fruto y este redunda <imi(l>tipli- 
cad<aíraenite, por 'lo qaie resolvió venir á Buenos Aifes. 

Bfnionrces se vio en esta ciudad aquel nuevo y tierno es- 
pectáouilo, de una nvuigeir de sus prendas, deseaiaa, con mna 
cruz de palo en las iniaoios, llena de atigrado y modestia. Vi- 
sitó al piasaír, la Parroquia de ila Piedad y adií tuvo um secre- 
to presentimiento de que sus trabajos semiam fructuosísimos 
en esta ciudad. Se presentó aü Obiapo y después al Virrey, 
los cuatíes esperionenítaaxxn um gjnaoide impulso de veneración y 
•le dieron 'la lieemcia que soliici'ta^ba de proou'Par los ejercicios 
al pueblo, auuque hüego se suscitafroin obstáculos ^e retaxda- 
«m la ejecución nueve meses. En este «tiempo allquiló una 
casa capaz, l«a proveyó de todo lo necesario y al fin se dio 
prin'cipio por una data de solas 20 persomas que siuraíadas con 
las que á estas siguieron en los 16 años que estuvo en Buenoíf 
Aires, componen l(a cantidad de sesenta onil. 

De la .primera pasó á la segunda y tercera casa y de allí 
»l hi<rar que hoy ocupan los Ejerciodos, de donde pa.só á la 
Colonia con eil mSsmo in/ternto de convocar el pueblo al santo 
retiro. En Montevideo echó los fundannentos de esta santa 
obrtí que ha durado hsfirta estos años de Bbertad y tolerancia, 
siendo tres los que aillí penpaneció. 

Restituida á Buenos Aires, continuó su tarea, hasta lo 
liltimo y por su industria, se retiraron á ejercicios varias oca- 
siones, los señores mas dist¡n>gu4dos de la ciudad, el clero^ los 
señores p-rinicipa'les y con espeeiailidad los pobres de la cam- 
paña. Negoció con los jaieees que se diesen los ejercicios h 
los preaos de las cárceles, cuya práctica quedó establecida pa- 
ra todos los años y se ftwi'dó un legado al efecto. 

En fin, llena de merecimi-entos faldieció el dra 7 de -mar- 



506 LA REVISTA DE BUENOS AIRES 

zo de 17í)í) y ^\ 12 de ju'lio 5íe oelebraron siLs exe(iuias con asis- 
t-eincda d'e toda la ciiidiad, en las cuales iprominció un-a oraotóo 
fúnehro, A R. P. Prior de Santo Dominio, F. Julián 

PetlrÍ4*l. 

Fué humilde, pobre, niocle^í.u afnV'li' y no {•(.nf>(i<'> f»l 
niduxlo. IjHs per>MMi«8 (fue la trataron Je eerca, tuvieron de 
<4Ia uíia f^r;vnd(» opinión y a^^eguran hwh(»rse multiplieado ma- 
ra»v¡l'lo-'amenÍJ* l(>s provisiones (\n^ ilc otra uKUKTa no hu-bi-e- 
ran al^^anzado al ^ra^n número (1k* (^ji^reitantes. Otros eon- 
sorvaroffi l«a uiiomoria de >us pn 1Í(\m(;u. s (pu» al i-abo Je nra- 
ehos años viemn eu«m(pliJas. 

I 'mi vez íve pr(*^ent'(') en horís intt^inpestivas atl Virrey y 
lie a<í:'ífnró la in')e-eneia ile un pn>eeÑaJ;>, (K» don le n^sultó a^'v- 
rioruar-e la vrr.lad y salvar la vi'ila. 

Muehas di» <us virtn I w se nuivlen col *irir del tt^-'ta-mento 
fpie otorj?.') la víspera le su muerte. Su (*aláver fué sepu) 
talo á la entra. la del ti^nuplo de la l^iedad y por seña»! se en- 
terró un ffra'U fro/o d(* ñandubay sobre mu ^•*'}>ultura. 



JHS. 

KX KL XOMIUíK DK DIOS TODO l»()DKHOSO. AMKX. 

St-[>an euaiit<Ks é>ta earta ile mi li^ataiiuMito y última vo 
iuntaul vieren, eomo yo María Antonia de San lí^sé, beata 
pr(>!t\^'»a, natural de Sanlia^) del Kstero, obispado de Córdc 
ba d':*l Tu(-U'man; luvllándiHue enferma en eaura, pero en mi 
sano juieio. nvemioria y (»iit'« ndriiH-ento n:rtiiral, eny»endo y 
pmfe-:nido eomo firmemente en-o y eonñ^^iso (m -el inefable 
misterio de la tantísima Trinidad. Padre. Hijo y Es*píritu 
Sinto. tríN per-Jonas realmente di>'tintvis, y un sm)1o Dios ver- 
dailero: v t(.\los los d'Muas ^Hsterios. Saerami^nt<vs y dosrniPJl 
<pie reenai-(U'e. 'Ter y eonfie^^a nu ^^tra Snuta Midre ísrlí'sia (\v 
tí')li -a Apostoliza Romana, (n euya verdadera t'é y ere«*nvia 
he vivido, y vivo y prot.**to vivir y morir eomo eatóliee. liel 



COPIA T>RL TE8TAMKNTÜ. 507 

crislúuia, iiivo/airiio poi* priiKn.pal i-ntercnvíorM. y proloiíforn 
a la S, n*iií>m'M Knna tk» los Angi'ts M'.Jría Síiiiiísiim:, ?) sn 
S.intí'-iiirio El^'p»'/ -í), -vñor San Jost'», a] Santo Ang^el ilo im 
guarda, al de íiii nomKn?, al erran PitnvU*í:a San Ignacio, k 
!()•< lijfpavt^nturailos San FraUoisfO Xavier, San Fraíicisco 
li.' i^or.M, S.in ijuis <ion/ví»r.}, San Ksjt.'ini-í'hio. v San Oayetano, 
á ñn •?•' (\nv Mopoti'en tlj NiMstio Señor J'p.>iK*n''to, ipie por 
los nu'ritos de su i)riH*iosísiuia vida, pasión y muerte, me per- 
•don»* tMja< mis cutpaíS, y ini.M'riinMrdiosaini^nte eoiKluzea mi 
pv-br* Ai i ahnia á la hii^nave-ntuí auza eterna, para la cual fui- 
nR»s tOvN'S i'ria.líxs; t-t'^nirndo á la vista la muert-e tan n-eee^a- 
ria á í id;: eri'aitura, oonw) incit^rta su hora, eo-n maduro acnier- 
-d.), t'íi d. .-cargo lU^ mi eonci^^ncdia, y para evitar erialífuier trap- 
ío rn ). y coinfu^ion (pie* pudiera originarse, vlH?pu¿s de mi-s 
di:is or.''t no 'mi tí «itannoiito v última A'^oluntad <^n la maniera 
sigui'^de 

Prini'.naun-nte cn:'()»Mi'i''n'do mi a^lina á Dios (fu-e la eri') 
d';» la 'líi'cki, y la lu'.lrmiú .n.ii su pieL'ios^a «c^iigre, y 'uii cuerpo 
á la tic'rr.i Av qn.^ \'u'' fji-iri'a'do, el eua-l a/mortajado iH>n el pro 
pió traje (\\w ptihlicanu'^nte vi*to de Heata profesa, iiiando sea 
til í, MT.it lo tu el Campo Santo de la Ig^lesra Pairrcxiui^ail d-e 
Xuestia Señora de la Piulad de 6sta cfiutdad, -eon entierro 
'Ui/nnr, rezarlo y «in el iiíeiu)r aparaito de .«aí^leinróílad. Saipli- 
eo. ni:'g(> y piíio eíiK*air!\*i'dta'nn(^nt'(* por amor :\v Dios, á los «e- 
ñorr-í ('U'r:is re^|> Motivos ejend'tím (>>'ta obm lie t^arid-ad eon el 
e'/láviM' ■:['* u<na indigna p""-atdora : en atewion á mi notoria. 
ij'''>bp! 7.a. A cif'n-cMiC'ncia pilo (pie desiie ésta ea«a d^e ejercí 
eios, ilonrlie me bailo enferma, y dondíe es regul'ar fa'll'^TXfa, ííe 
leonihizi'ía umi <^adáver en uma liona «id-ene io^^a. por eu'aitro peo- 
T>e«i de los que a»etualmentte instan tra^bajando en la obra. 

ít-i*m df^ela-ro, qwp' eond-uei'da de UfU ardi-e-n'te d'^^eo d-e la 
mrayor bonra y gloria de Dií>s, puerta en laf? 'manos de la Pro 
vil«nria. avi^->nn'lo mi eonfianaa, y eonsu'lta/rpdo eon d m-ojor 
merlio de e-vitar los prepdos q-u-p «^e eonvetrn eontra la ]\íag(».f- 
tad Soberana, de--! » un^ pu«e «H pié en éí^ta eiudad, me he 
df'dii'ilo eon'*tantrm(*>nte a sostener uno oava de pendtenoia. 



5ü8 LA BBVISTA DE BUENOS AIRES. 

eu doiiKle se Ima diartlo al ipúl>li>oo, y á las persoiias de ambo8 
sexos los Ej^roiíjiois E(9pi'ri«tuiad«es ixu^e fonmi'lizó &\ glorioso Pa- 
triaroa San lg»na^o de Loyola, y a»ppolx) aoiténtiíoaniente la 
Igileaita ; que coa lia idea de il<evfl>r aidelaiu'tie éste piador esfta- 
bleaeiioiettiíto, cuya ventajosa u1:iilidad \m he^eho consteinte líi 
lexperientíiía ; me pmpuíJe faibrioar la oa«3a qu)e actualmente 
«rve para é^te fim, y ciuo A Dios pido sea du^ra/dníro, (fiie ésto 
se h-a -conseguido, aui. >.e no con l«a ponfeocion (lue oorresápon- 
de, por luiedio de las limoánias <íiie k piedad de los lióles, 6 
anatí bien los desigmios de mi gvmi Dios, íje ha dignado «poner 
4m mis inaoios ; (fue Jne eonrstia (fue la intencíion seria de los 
oo»tribuyeiit'es no ha sido otra q\w la qwd se Üen ejepcicioa 
•todo ed año, sim -mías iait^mailos que los que ditetare la pniden- 
oia, y i«j n^etítesidaid como -auxiliada de Dios do lia praiftitado 
qsÁ deíbilidiHíd. A eonseKj'uenciia en'i>»rgo «por la samgpe de mi 
Re<dien.tor, sean »ilmitidos eomo io di»etan las leyes de ka eari- 
daíd, y pnoféridos si <« poéíi])le los pobrwitos tlel eamipo. eiEi 
•«[U'i'eníes he ad\iefl^ ixlo la <mas urgen^te iK^^dad de és- 
te a>uxil.io. 

Ítem iledlaíro, qu^e con conoeípto á la intención de los bien 
!beí^hore8, d^e quiencís tad vez f?e podrán prest^ntao* Kiocaimentoí 
*0n forma eon (H)nwpto igiiailtmentie radieal, y prá'C»t¡'(*o cono- 
leimd'en'to cfue ein tan dilatado tiempo he adquirido y final- 
monte en atención á las serias combinaciontt^s, y particular 
•fjstudáo qu'e .he hi(^eho en una materia tan delicaíla, en la que 
Dios, poír sus altos fines se dignó degir mi peqneñez pa»ra ins- 
•tru'iii'ento, jamás podia dejar oon tramqnilidad mi eoncie-ncia, 
sino decilarána eom.o d^ofílaíro en la partie que puexlo y d»ebo, 
por nuia, su'bersiA-a, é in1;nisa eualíiuier maidanssa, ó d«estíaio 
•estraño, y qine tail vez alguoias i<n.ten<**ion<« haimianas, 6 de «pá- 
rente uitilidad in(tt«mtaso(n seguir en lo siieesívo sobre éste esta- 
hlccímneínto, quo eon Ims licencias neí^esariías. cuyos instru- 
«lentos del>en existir -eqi los respe(>ti<\'OS ofi^^^ios públicos donde 
se areíhdvarein, sin ipoder 'ha<í»er por ahora mención de euailes 
Bcm, be fabri«ido para casa d«e Ejercicios, d<ebicndose ésta 
mirar con el recmnendable aspeeto de un recurso de la virtud, 



COPIA DEL TESTAMENTO. 5ti> 

y de uoi *aisik> seguro en dorude se represen/tien á la considera- 
cian del oriistóamo los deden^anos d>e ésta vida mortaA, por u<na 
(prá/oti'Ctt eonstwKnite de Jos refé^pidiots -ejencátdos espirituftdíes. 
HiallAndoiuie próxinia á ir ú dar -e-ueíntia á l>ios, recomiendo 
su 9uk«3tencia, i-on UxIsl la tjerouna áv. nú corazosn, á todos lOvS 
señoi^^s Juebeá y M«agÍ9lri¿iiíios, die quÍKjn'es esporo la íp-rotej«an 
oon su aaitori'd'.id; á da pdedad d«l púiblico .l«a sostenga con las 
efuáiiones de su oairidaid, y á diiiis albajoeas ord'eno l«a conserven 
y auin-euten oon ocídüi-a iaiti^g^ri'diad, ooiiiio tan condu-Cíente al 
servi'L'io de Dios, y á los intopastís eternos diel ipeeador. 

Ítem -declaro^ ({ue del gobierno oconóuiúco se li« de h*i- 
cer iiargo uma muger (preelísanuentH?. Eu iclAusuila distinta se 
liará «u noiU'braiim»t jnto^S-u iprin'oipal objeto se dirigitrá á la 
vigilíjinciía -exac-'ta de los sanios Ejerei'cios en lo -ec^onónriieo al 
intenés e¿«piri'tua'l y temponal 'de las demás moigienes (lue estén 
lá su eargo, á eaiyo fin, y con ¡respecto á la necesidad del ser- 
vicáo, he fa^ri'oado con distinción lüabitaeion-es separadas de 
la princiipail qaie ha ile servir para los Ejereioios. Ija expe 
ritenifna, y -el oonoeimiento rae han su^gerido esta detenmina- 
cíion, cuya observameia pido -no se altare, y .en la pairte que 
ipn'eda lo nuando oomo fumdadora, é inistitAitriz, de ésta obna 
de piedad. 

ítem (mando.) en-eai^, ^ imantengan en la ca'sa, y sean 
tratadas con eapiño, ^benignidad y a»raor todas las que aiotualr 
•nifente se hal'lan «en ella, ppincipal'nuenfte las que -con conocida 
juiciosidaid han deseiiupeñado sus deberes respectivos en el 
ser^'ieio: en estas, su misma utilidad y en oti\as, niiotivos Ar 
oaíridiaíd m<e ombligan á esta piadosa peeoitiíenidajcion, como me 
han obligaid ) si'emtpre á tratarlas oomo á hdjas de ^md corazón, 
•en -el que ilas conseipvo Jiasta los últimos momentos de mi vi- 
da; esperando de su generosa gratitud, míe encomienden k 
Dios inea^an'temen.te, y nieguen (por mi ailmla : yo lo haré por 
ellas, si como espero de lia infinita piedad mierezoo lograr la 
Rienavenituranza eterna. 

ítem declaro, que el finado limo, y Exmo. señor don 
Fray Sebastian Malbar y Pinto, Caballero gran Cruz de Car- 



.010 LA BEVISTA DK BÜKNOS AIKES 

los tercero, dignísimo Obispo de «esta Dióocsis, y Arzobispo 
de Galicia, tuvo á bien en ejercicio de su liberalidad, hacer 
una donación en forma, cuyo instrumento existe en autos, 
de la cantidad de diez y ocho mil pesos, que á beneficio de 
esta casa, de la cual solo tengo recibidos un mil ciento trein- 
ta pesos, cuya distribución consta de los cuadernos de las 
cuentas; y creyendo deberlas dar de lo restante el Canónigo 
Magistral de esta Santa Iglesia Catedral Dr. D. Carlos José 
Montero, encargado para la reintc^raci(m de esta piadosa do- 
nación, de cuyo puntual cuiupliiniento no he separado mi 
atención, aplicando puntuales diligencias, ya judiciales ya 
extrajudiciales sin efecto verdaderamente, prevengo no 8* 
<v:iLÍtt;:iin tui lo sui.''("i¡vo iais qxn} <*ori'ii'í|K>nd'ain. 

I'tein ttecl'aro, que Imy «(Mn la <i¿isa tres escl'nwvs viejos, é 
inútiles llamados Simón, Domingo y Maria, quienes se man- 
tendrán en ella; igualmente existe un negro mozo llamaílo 
Pascual, á (piien por su fidelidad, su buen servicio, y lo mu- 
cho que me ha ayudado, debo concederle la libertad sin re- 
imtX), como se l'a iconcreído r(»í^peeto á (pie dclw presunnir (pie 

la voluntad de los donantes qued() resignada á la mía en una 
ú otra circunstancia d'C eípiidad, y de prudencia ; pero esu.i 
deberá entenderse con la precisa condición, y calidad de qu? 
durante sus dias venga á servir en las datas de Ejercicios», en 
aquellos ministerios que a(*ostumbra: siendo esta condición 
tan e8tre(»ha, y solemne; (pie sin su cuplimiento no tendrá 
efecto la libertad. 

ítem declaro, cpie de todos los bienes así muebles, como 
rai(M s, papeles, y de cuanto hay en casa se tome un prolijo 
inventario judicinl, bajo el cual se d(»b(»rá hacer cargo la 
persona nombrada con responsabilidad formal para ant-í 
quien corresponda, no siendo de mi ins¡x^cciou determi 

narlo. 

ítem declaro, que hab¡end(^ vivido de la Providencia 
meramente, no tengo bienes sobre que recaiga instituciou 
de heredero, sin embargo, por un efecto de solemni«l;ul legal, 
nombro por tales á las benditas ánimas del purgatorio; en 
cuyo sufragio y beneficio deberá invertirse cualquier dere- 



COPIA DEL TESTAMENTO. 511 

cho qu-e pudiera corresponderriM? como de algunas limosnas, 
se darán á las Mandas forzosas, y acostumbradas á real cada 
una. 

Ítem declaro, que la casa se halla grabada en algunas 
dependencias pasivas, cuyos acreedores, y cantidades cons- 
tan de mis apunt-es : declarólo para que conste. 

Itt^n deciltaro, y noimbro por mi miiLVc5or¿i á doña Mar- 
garita Melgarejo, qui«n cuidará principalmente de solicitar 
un director, y capellanes que corran con el gobierno y di- 
rección espiritual de los ejercitantes ; y en la parte que pue- 
do prevengo, que en lo sucesivo se trasmita esta elección 
en los mismos términos, rogando á todas las que quedan, 
por la paz, tranquilidad, y religiosa unión, y principalmente 
por el celo en «el servicio de Dios, y cumplimiento exacto de 
los santos ñnies que las condujeron á esta casa, cuyas puertas 
debe sellar el recato, la moderación y el silencio. Dios 
derrame sobre todas ella3 sus bendiciones; y yo como buena 
madre, y con mi mayor ternura les dispenso la mia, y me 
despido de todas hasta la eternidad. 

ítem, para cumplir lo que contiene este testamento, 
nombro por mis testamentarios y albaceas á las señoras do- 
ña María Cabreba, doña Florentina Gómez, doña Merei^diís 
CTiUota, y dioñía Mairíia Josefa Peipez, á ciaidía uma vusolidum, y 
h^ confiero amplio poder para todos los efectos de este 
nombramiento, dándoles el año legal, ó el mas tiempo que 
necesitasen, y les prorrogo; y por el presente revoco y anu- 
lo todos los testamentos que antes de ahora hubiere forma- 
lizado, disposiciones, ó codieilos de palabra, ó escrito, 6 ea 
otra forma, y solo quiero se estime y tenga este por mi úl- 
tima voluntad en la vía y forma que mas haya lugar en dere- 
cho. Así lo otorgo y ruego firme por mí el señor doctor 
don Felipe Antonio Iriarte, que se halla presente, en esta 
muy noble y leal ciudad de la Santísima Trinidad Puerto de 
Santa María de Buenos Aires, en seis dias del mes de marzo 
del año de mil setecientos noventa y nueve. 

A ru^o de la otorgante, y por ^ 
•iiiiiposibilidiad. 

, Dr, Felipe Antonio Iriarte. 



bibliografía 



EFEMERIDOGRAFIA ARGIREPARQUIÓTICA 



O SEA DE LAS 



PROVINCIAS ARGENTINAS. 



ADVERTENCIA. 

Terminada la Efemeridografia de Buenos Aires y su Su- 
plementOf vamos á entrar en la de las Provincias, que hemos 
dividido en Litoral, Centro, Cuyo y Norte. La primera com- 
prende Santa-Pé, Entre-Rios y Corrientes; la segunda, Cór- 
doba, Rioja y Catamarea; la tercera, San Luis, San Juan y 
Mendoza, y la cuarta, Santiago del Estero, Tucuman, Salta y 
Jujuí. 

El resumen que según nuestros datos, presenta estft 
Efemeridografia es como sigue : 

Santia F^ -desílt' 1819 .hasta febivro 8 d'o 1852, 14 p^niki. 



Entre Rios, 


>> 


1821 


Corrientes, 


w 


1829 


Córdoba, 


>> 


1823 


Rioja, 


>> 


1826 


Catamarea, 






San Luis, 






San Juan, 


99 


1825 


Mendoza, 


99 


1820 



Santiago del Estero, 



99 



>> 



»> 



>> 



I y 



>> 



99 



>> 



99 



>9 


11 


>> 


12 


>> 


35 


>> 


1 


»> 





99 





py 


10 


99 


23 


99 












SANTA 


FE. 








Tueuman, 


>> 


1817 


>> 


>> 


i9 


8 


>» 


Salta, 


M 


1824 


}f 


99 


>> 


4 


>> 


Jujuí, 






9 7 


ff 







>> 



ola 



Total (le periódicos publicados " *' 118 *' 

Si para nuestro trabajo sobre Buenos Aires liomos an* 
dAdo coia ItantüHte feHiüidíaid, mo ipod«(yiij06 vanglori^/iuos de 

que haya sido lo mismo con respecto á este, sobre las de- 
mas provincias. Sin ^mbargo no debemos desanimar al 
lector con la fundada suposición de que el presente sea muy 
imperfecto; no, tal cual es, nos atrevemos á asegurar quí^ 

no son muc'lios los f^un* 'lo iKíOinri^'.^riain, pnn'C.i}j>al'nren.tK» si íííí 

tiene en cuenta las numerosas dificultades que nos fué preci- 
so vemoer, (paní qiue Hegapa, em lo <p(xsi'líl{% á la modi-^iki d«p 

nuestro deseo. Empero, con todo eso, no creemos haberlo 
conseguido. 

Tanto mas sensible nos es confesar esta verdad, cuanu> 
que, á la vez que agradecemos sinceramente á los verdade- 
ros bibliófilos el habernos abierto las puertas de sus bibliotecas 
de par en par, y sin reserva (1) se nos ha atrevesado en 
nuestro camino uno que otro hihliótafo que vos ha cerrado 
las de la suya como con candado. 

Para hacer una distinción de nuestros favorecedores de 
Bos que no 'lo 590(n, vamos á eoitrar en uma ib revé digre«iion á 

fin de colocar á cada uno de ellos en su verdadero lugar. 
Por íUQi gnave error eil bihl-iorinainíaico su^e^le eo«fu(n'dir»e fre- 
4eai!pinitie!niieaiite con e-l 'biMóófíHo y el ibi*h1ií(>gra?fo. Hay sin 
embargo una notable diferencia entre el primero y los dos 
últimos. El bibliófilo colecciona para llegar á ser biblió- 
grafo, cuya habilidad consiste en tener un conocimiento ma« 
ó mínnos perf'e'»*to de la hi'-"itorita 'de Iok libros y dn* la lifter«- 

tura, 6 en hacer una compilación histórica de las produccio- 
nes literarias, es decir, es un verdadero literato. En tal 
categoría entran los señores general don Bartolomé Mitre, 
actual presidente de la República ; don Andrés Lamas, venta- 

1. Los Señores Mitre, Lamas, Gutiérrez y Carranza. 



514 LA REVISTA DE BUENOS AIRES 

josamente conocido en el mundo diplomático al mismo tiem- 
po; doctor don Juan Maria Gutiérrez, actual digno rector 
de la Universidad de Buenos Aires; doctor don Ángel J. Car- 
ranza, actual juez de primera instancia, y algún otro cuyo 
nombre no se nos viene á la memoria en este momento. 
Mientras que el bibliomaniaco es un ser tan estravagante 
como avaro, hasta cierto punto. No se sirve de sus libros 
ni quiere dejar que otros los vean y esploten. Teme á los 
demás bibliomaniacos, poco escrupulosos por lo general, en 
cuanto á los medios de acrecentar su colección. A veces ni 
sabe lo que posee; de modo que está espuesto á ser robado, 
sin poder decir siquiera lo que ha perdido. 

D'Alembert cita á uno que tenia la mania de coleccio- 
nar cuanto libro de astronomía encontraba: sin entender 
jota de esta ciencia. Luego que los conseguia, de cualquier 
modo, los encajonaba sin mirarlos, y por nada en el mundo 
quería prestarlos á los astrónomos contemporáneos, que de- 
seaban utilizarlos en bien de la comunidad. 

El hibliótafo, como el bibliomaniaco, no solo deja de 
producir algún fruto en beneficio de la sociedad, sino que 
tampoco podría hacerlo, aun saliendo de su esfera; no: por 
que sus colecciones están sin clasificar, 6 lo que es lo mismo, 
en un completo desorden. Nunca tienen tiempo para orde- 
narlas, pero siempre lo tienen para aumentar el desorden 
en eilJias, com el aepeíc^ía'ttfurmenlx) de los volii]n<?in»i\s. 

Si se trata de dar ensanche á los conocimientos bibliográ- 
ficos con los elementos del hibliótafo, preciso es renunciar á 
la empresa; puesto que él piensa presentar un trabajo que 
el público jamás llega á ver, por la sencillísima razón de 
<|ue nainioa se ha oido id«eciir que el olmo ditese peras. Mas, 
feiláam»rai'te el nurniiepo de los nepresemitantes de estía «alego- 

ria, entre nosotros, es muy reducido. 

En cuanto á la Eferaeridografia de la República Orien- 
tal del Uruguay, abrigamos la esperanza de que ella no irá 
en zaga á la de Buenos Aires, gracias á la amabilidad dol 
señor don Andrés Lamas, verdadero protector de las letras, 
y por cuyo intermedio podremos contar con la importante 



SANTA FE. 515 

cooperación — ^á la par de la propia — de la del distinguido 
escritor oriental, señor De María. 

La Bibliografía de la Imprenta de niños Espositos, por 
el doctor don Juan María Gutiérrez y nuestra Epemeridogra- 
FiA Abgibometropolitana han operado una verdadera revo- 
lhi<3Íioai 1601 1» juveaituid porteñía. Amites qoie lestas apareciieriaaa. 
«D feona «osa vasm ver eoil»0cieiion*ei3 itl«e periMic^os «aitiguos, 

interesantes folletos y otras publicaciones del pais en las pul- 
perías y otros parajes menos nobles aun ; actualmente no so- 
lo se ha aumentado de un modo admirable el núnvero de co- 
leccionistas, sino también se ha dado importancia á toda pu- 
Miioaicion amiericaam. I>e oniaímera que y^a es dif iioil eaic^ontjpar 

papeles antiguos, y los pocos que aun se pueden conse- 
guir, no sin trabajo, obtienen precios asaz subidos. Nues- 
tro libro, pues, viene además á prestar el servicio de una 
guia imdiflipeinsaible piaña ell oolieoedomista, á ].n tpaír que al bi- 
bliógrafo, al biógrafo y al historiador. 

Al dar fin ¿ esta Advertencia, debemos manifestar nues- 
tro mas cordial agradecimiento al citado caballero Lamas, 
por el patrocinio que se digna dispensar á nuestro trabajo, 
ya con sus ricas cuanto valiosas colecciones, ó sea de otro 
modo. 






PROVINCIAS DEL LITORAL. 



SANTA FE. 



Efemerúhgrafin de Santa Fé. 
Nüm. Año. Título. 



I 1819 Gaceta Federal. 

II 1828 Argentino. 

III 1828 Domingo 4 de mayo en Buenos Aires. 

IV ' ' Vete, portugués, que aquí no es. 

V '' Espíritu de la Fed^^racion Republicana, 

VI " Ven acá, portugués, que aquí es. 

VII '' Satélite. 

VIII 1829 Buenos Aires cautiva etc. 

IX '' Federal. 

X 1830 Federal. 

XI 1840 Ijihertador. 

XII 1848 Voto Santafesino. 
XIII 1849 Sud- Americano. 
XIV 1850 Álbum Santafesino. 



SANTA FÉ. 

A. 

1. EL ARGENTINO— 1828— in 4.o Imprenta de la 



SANTA FE. 517 

Convención. Su nediaotor fué el doctor tioai Baldomero Gar- 
cía, <ti»taai<dio die •diipuftaidio ¿ la i;oiii<vieDi(5Íon ipor la BaJiida OnÍ€(a- 
tad. 

La colección consta de 9 núiiiero» y un suplemento al 
número 7. Eiupeasó el 25 d*e amayo y oon>C5kiyió cd 10 d¡e Agosto. 

Al diardo Liberal de limeoios Aires, El Argentino, «clssifioa 
<ie ' 'mas perjudiciad á la Heipúbliica, qvie los ^^jércitoe y -el poder 
todo del emperador (del Brasil) '\ Deplora que *'el gobierno" 
en fUj90 áe su» msts ur^eoiiiteB a^tribucioDiess, no (rdpriuua á ase 
licencioso «eíjciritür. Para confirmar la justicia de »u queja. 
El Argentino cita un párrafo de carta datada en eil Jaoieiix) á 
13 díe «mayo, (xwwcebido en los términos aiguionteá; *'Aquí 
todo6 dieseajinos «ki «paz : eil in.iniist>erio obra con m<uciha re^iarva 
9)ero no tainta ifue no .podaii]»s conocer qu'c hay algo. Srn- 
eim/barrgo lo ij-ue íperjiKlica á ese país son sus ynismos papeles; 
vemos qu€ el inicuo Liberal pinta á ustedes como en el últi- 
mo aonflicto cuando babomos 'por otros condnictos qaie es fial- 
eo. Yo r^uerdo qu<e «era la úditima ^eraia de los Estados 
Unidos por haber un periódico de Baltimore hablado en fa- 
vor de los iin«g>ljeseB con quienes ledtalwwi -en guierm, -el pueblo 
•en miaí*a atacó la Iiraprenlia 'wh-aoido alwijo la casa, sin (jue la 
fpoHicia pintli«ese contenenlo, y hulx) imi-ertos y h-e.ridoe, que- 
tdando Í7nípíii<ntp*} los <{\w íiri'pudsaicloB dol honor d^ su país diri- 
jiéíTon tal siucé.so. ' * 

El Argentino ^k^STiMiernte «1 heclio aseverado por -el referido 
díacrdo de haiber dos imijKírdiail'es celebrado como un triunfo el 
dewKmso d'í'il sx»ñor RivaKlHvia por ser el único hombre que 
podia infunddrles temores. Y sawa por <ioniedai»io!n que si ese 
het'ího efl <'ÍK^rto, El Liberal íVebe oonfefiíar fara)(»araent.e q\ia 
rf ^^ señor don Manuel Borrego ha in fundido mas te^mores a los 
enemigos de la República, que el señor don Bernardino Riva- 
datóla; (presidente de burlas, por que solo le obedecían dos 
provifiKí.i«s, la OTÍie{nit.al y TuoiviiKan)." 

Estte tópi'oo fué sobre el «cuia/l se 0(Miip<) uvas El Argentino. 

Lo mías notaWe que «encoaitraffnos <m -este perimlico es lo 
«igiri-eaite :• 



518 LA REVISTA DE BUEXüS AiJiES. 

Nota idel gobierno provisom <le Entre Káos al generad 
ManHÜIa, á la que se adjunta una resolución del congreso 
•del Pa^namá, clt^rog^nKlo «I d«?peto d«e 28 <le judio de 1826, re- 
ia/tivo H 'Jta peraoma ilel referído ^en-erad — Oxoíteertacioa del 
gieuera/1, oon<^bi'da i»n \vn leoiigaiiaje iiíuy calwill'hresco. {Suple- 
mento ai núim^ro 7.) 

Inti*rttsant**8 do(*unientos de la es|>edieion del norte, de! 
A'izeomle «díe ii« La^inna y del g^»erall lür-ena — Pfni»mera se«on 
•pn-^píinatorm íI-íí !« leonvítfMHoai Na-ídooMl, en Santa Fé. {Sn- 
nuero 9 y rultiino.) 

K«t(* 'pei'WKti'f» tii^ttne uma 'lindia itapresion y <kK?t?nte re- 

(O. Carranza, Zinnj)^ 

2 ALHTN SANTAFESIXO— 1850— en 4.o mayor 
Suis n^^l'al(ítí>^í^s fiw*ix>n al iloetor dxHi Severo Gaazia']«z y 

don INnlro Hcília^üe. Empezó en setiembre. El número 4. 

único i[\u* »e '\m teiw'ik) á Jh viistia •eonn^sipaüde «1 l.o die oi?tuí)re. 

E«te 'íM-rióiiic^ sijpii'ó «d Sud' America no, 

(Muy raro) 

B. 

3. HUENOS AIKES CAUTIVA Y LA NACIÓN AR- 
(SENTINA DEC^VPITADA A NOMBRE Y POR ORDEN 
DEL NUEVO (^ATILINA JUAN LA VALLE— /AZ arma/ 
— /rt/ arma! ciudmianos — 1829 — -iii folio — Imprenta de la Con- 
Vfnvion. Su n'iilwetor fué Fnay Frau'c-iíííH) úe Pauln C^astañe- 
•da. 

St» pu'bli'iíalwi «1*1 imércolt* y HHlwdo úc iiadta semana, y la 
«UHcrijHwn lie 16 i>Ji>(»<rois leoista'litfi <U>s pe^sos eai Santa Fé y 3 en 

1Í11«WK)8 Aiix». 

lia <M>l]Hwi<m •(•onsta ih" 11 númion>s. Empc»») el 21 de 
onow y <»oiiol"uyó ed 27 de mayo. 

Da prineiípió (número l,o^ <»on una **Hiogpafía del m- 
ÍJTt^uioNO hi';la.lí?io Jusm lia vadle, y otras unas que lee«ra el que 
quiera liH^r borrones." Sigrue un artículo crítico sobre el 
póri4'i*l'i«eo El Tiempo de Bu^^noR Aiws. Otro, bajo el epl* 



SANTA FE. 61Ü 

gnaife **Su'oño del Vete, portugués/' que es una capeeie de 
biografía «(le doai Kainon F-elix B^eaftidot, rediaKítor de El De- 
fensor* de la Patria y de La Verdad sin roihos. Otro, tín<x>- 
oMitóstieo sobre Buenos Aires. 

Todo do publiwDdo en este 'periódüC'O tenidía á «.ta^oar la 
«idiui<ná»t'paiC5Ít(m tk^l señor Rivadaiviía, á leílogi^ar !« <i)el señor 
DoiTogo y á i)initar i-Oín negros eolores tell paao dado por eíl 
general Lavalle en i?l fusilamiento de este último.. 

Comteiítaín'do á La verdad sin rodeos de Corrientes, aoer- 
ea, de algimos asertos qiVQ hizo «dielio .periádieo Pel<atrva;mente 
á liaiienos Aines y iLas provTOoiías, lel redajotor del qu«e nos 0011- 
fpa íliv"e, (lite Biu^noa Aires sienupríe exialltó á los pro\Í2iícd«a(nos 
Jiaatia -el eeitremo de hr.ber sido estos los iiiie joras; (jii'e el 
priniíor director ('piK^iílente de l»a 1.a Jmnita), don CoimeJio 
Saavedra, «era natural de Potosí ; el gefe de to (prd'iniena divi- 
sión que aiiliió pana -el Pierú, ovüz Oeampos, «era natural 
•de te Rio ja ; h1 ipriníer tgiemeral de 'la Bamíla Orieaital, don 
Ja^é Artigas, natural de Mon<te\id(^, los gienerales San M-ar- 
«tin y Alveair eran d»e Misiones ; Aí-edinía, "entreriíano ; el dootor 
Dia^s V»elez, tu-cnuriiiano ; el general Viíannant, provin<?iaíno; el 
gem'eral Lavalil'e, lohiieno; el gen»erall Baz, oondobes etc. y qu!e 
teoí estos ííiltirnos, fué tanta lU generosidad de Buenos Aires 
nn <?onfÍBr á los piDviinioiainos los im'ejor^j d-estinos, que por' 
©3a generosidad se '\^a cautiva, Agrrega que, del <es1)ado «eele- 
siásti'io, Tío tlvay qu»e ba/blar, puesto que, entre los poquísHrm>s 
canónigos de que se ooinponia el coro, el doctor Zavaleta era 
tucnnuano, el doetor Vidal, ^lontevikleano, él doctor Figuere- 
do, tamMen ^loai/tevideano y doai B<artolomé Dorcyteo Muñoz, 
í^ii/ropeo. *; 

E»ete peráódieo registra los documentos siguiientes — ^Tn 
vitaicd'oai del brigadier general de tas fuerzas de 'l^a provineia 
de La Rioj»a don Juan F^ioundo QuáiPOga, á los eiudad»a(nos de 
ilas providifcAas de Cuyo, feolm l.o de enero de 1829. (Núme- 
TO 9.) 

Oarta del gobernador de Corrientes, don Ped'ro Perr? 
<í^% tremosí «simia m-^n te eneomiásti<*a del Reverendo Padre Pray 



520 LA EEVISTA DE BUENOS AIRES. 



4 



Ppamci.rrf'jo Ciustañi^cla, <le ftN^lm 15 lU- junio dr» 1826, en Ja 
ciia] dkje ([^le \e adjuntn iwm ('¡arta dirijiííla á Córdoba prefi 
PÍ<5wdo vaya por conducto íM Paídre (^ajítafKHla, iHm\o ina.s 
sogavro. Ijo iimduye al im-íino tiiMiipo los i»rimeros impresos 
áe Ita Impreaitifi -de ('orntentes, y diM)]!íra no luiya pt*r<(;ni 
ca,paz 'de dar algunos •periódk'Oá, para lo í-ual y pnrR la d¡- 
re(9oion ¡de una <?t9cnie<k de <iibujo, (pie twtaba fundanvlo, L> 
invita, lajunq'U^í no direet^míeTite, por <x>nvsid(^par nía?? nt*(ie.sa- 
ria lia pirwooi'cnia d(4 Padre Ca.staueda (^n Santíi Pé. 

En efecto, oreemos que su presencia en Santa Fé era no 
solo n'rti'«('«ari«. sino indáspen-ijailjile para el partido 0]>ositor 
<le lia revolución de l.o (k» diciembre, miuy (prínciiTahmmt^ 
para Rosas, que, no dudamos, babrá becbo valer su anustad 
con Oastiawda, á fin dse íneitiairle á fundar (^tte p(*riiwlÍK'0. 
»eomo 'lo bÍ7X), y salo k) suerpemdió ouanKlo <*rey() (fue ^1 srenfTial 
Tjavailjl»e foitrase en -aíiiiK^llia provincia. 

Si 'd Paklre Oastañeda no -cístiuAX) á lia saaon en una per- 
f(vta hiteligíinciía <M>n Rosas, tienie el mérito <le biaiber aKÜ-vi 
mi'do sus infreneion'es. á juzgar por los b-endios, qai«e ^después se 
diesarrculkiron ta<nfco im Bu'enos Aiiies iiomo 'eai las dtenias pro- 
vincias. 

En e! número 91 (Doña Maria Jictazos) de la Efcmeri 
dografia de Buenos Aires, nos bemos limitado, con respecto 
á los periódicos del Padre Castañeda, á la pevolü<.'ion de l.j 
de diciembre de 1828. Desde esta ftM'lia. su contacto mas 
inmediato con Rosas, le bizo variar completamente; pues 
ya no era aquel que tanto temia (*1 veise rn federado, como 
el decía antes; ni aquel que biografió á Blasito, Artigas, Ra- 
mírez, etc. Advertimos sin embargo que no es nuestra men- 
te elogiar ni vitupear, sino simplemente lia(*er constar la 
divergencia de opinión en un mismo individuo, aunque no 
el íini(*o desgraciadamente, como conse<»uencia de la guer- 
ra civil. 

De todos modos, el Padre Castañeda forma por sí solo 
una época en la literatura periodística del Rio de la Plata, y 
por consiguiente muy digno de ser conocido. 



SAXTA FE. 521 

m 

Vamos pues á agrregar algunas palabras respecto de este 
personagí*, las que servirán de complemento á lo que digi- 
raos en el número 91, ya citado. 

El Padre Castañeda nació en Buenos Aires, en donde, 
concluidos sus estudios, tomó el hábito en la recolección, y 
siendo aun corista fué enviado, por sus prelados, de proit^• 
sor á la Universidad de Córdoba, dispensando para eso un 
estatuto. En Córdoba se ordenó, y sin dejar el cargo de 
la Cátedra^ se dedicó al ministerio de la predicación. En 
Buenos Aires predicó no solo ante los ayuntamientos, consu- 
lados y otros magistrados inferiores, sino también ant-e los 
obispos, vireyes y audiencias. A él se le encomendó el ser- 
món de la reconquista, que predicó ante el gen-eral Liniers, 
pontificando el obispo. A él se le encomendó también el 
del triunfo contra el general Whitelocke, que lo predicó en 
la iglesia de las Capuchinas con asistencia del obispo, del Vi- 
Ti^y y de todos los tribunales generales del vireinato. Pre- 
dicó también en la bendición de banderas d-e los vizcaínos, 
en la Recoleta, cuyo acto fué solemnizado con la presencia 
de los referidos altos personages. 

Por evitar repeticiones fastidiosas, omitimos aquí lo que 
antes digimos; por consiguiente, no debe estrañarse que 
saltemos á 1815. En este año, ningún canónigo, ningún 
cura, ni ningún fraile de los patriotas quiso predicar el 25 
de mayo, alegando por razón d« que ya estaba en el trono 
Fernando VII ; el cabildo acudió entonces al Padre Castañeda 
y este contestó que sobre una lanza haria l^a púbUca profesión 
de su fe política. Este sermón corre impreso con una dedica- 
toria á Fernando VII. 

Varias provincias habian solicitado su presencia para 
la fundación y redacción de un periódico. Entre ellas, la 
de San Juan, en tiempo del señor Carril, y la de Corrientes, 
en tiempo del ücñor Ferré (1826), como lo prueba el .P 
Castañeda con la publicación de la carta d-el gobernador de 
la última provincia., en el periódico que nos ocupa y de que 
mas arriba hicimos mención. 

A fines de 1822, y con motivo de la acusación de su po- 



522 LA REVISTA DE BUENOS AIRES 

riódico La Verdad desnuda, el P. Castañeda de8aparecit> 
fugando para Slonte video, en donde publicó el número 6 de 
dicho periódico. Poco después pasó á Santa Pé, en cuya 
provincia obtuvo permiso del gobernador López para crear 
fondos, con que fundó una iglesia, pueblo y escuela en el 
rincón de Antón Martin, en el Chaco, que es el conocido 
aliora por Rincón de San José, en el departamento del mismo 
noiu])rc. 

En mayo de 1825, se propuso fundar allí una imprenta, 
con los restos de la del general don José Miguel Carrera, #a 
(jue tuvo la proligidad de ir recogiendo en los distintos para- 
ges en donde aquel gran caminador la iba dejando. Para 
el efecto pasó al gobierno el documento que á continuación 
trascribimos, por su importancia y por ser poco conocido. 

** Representación del R. P. Lector Jubilado Fray Fran- 
cisco de Paula Castañeda al Sr. Gobernador de Santa Fé. 
** Señor Gobernador. 

*'En mis cuentas de los años 23 y 24 aprobadas ya poi 
V. S., hice una prolija relación de los fondos creados por 
mí para aumentar los del Estado, que seguramente no alcan- 
zaban para la fundación de Iglesia, pueblo y escuela en un 
desierto, cual es el rincón de Antón Martin, que ahora se 
llama Rincón de San José. 

**Yo me lleno de complacencia al ver (jue, en tan breve 
tieuijx), todo esté ya hecho y allanado A satisfacción de V. S 
y de toda la provincia; pero la posición geográfica en que 
me hallo, me convida á nuevas empresas, porque al Norte 
tengo limítrofe al gran Chaco, cuyas lagunas llenas de esqui- 
sitas conchas y perlas finísimas, me provocan á un viaje 
científico, y creación consiguiente de un nuevo fondo. 

*'E1 Entre-Rios me está tan unido por el Sud, que solo 
nos divide el Paraná patrio; de aquí es que, por interés de 
Ja escuela, me vienen á cada paso flotas llenas de ángeles 
para ejercitarse en los primeros rudimentos de las letras y 
de la religión; pero no solo vienen niños pequeños á educar* 
se, sino también jóvenes educados ya importunándome & 
que los instruya en facultades mayores. 



SANTA FÉ. 523 

**Don Salvador Espekta fué el primero que entabló 
esta solicitud con empeño, al que no pude negarme por ser 
tan justa su demanda. Este caballero ha costeado a sus 
espensas una aula de gramática, que ya está concluida, y 
prontos sus tres preciosos hijos para ser fundadores di^ na 
•establecimiento, donde junto con la gramática latina, se 
enseñará la geografía, el dibujo, la música científicamente y 
ademas el ejercitarla en el instrumento de una harpa, que se 
hará común no solo á los estudiantes, sino también á losi 
escolares, pu<^ estoy convencido, que en el tiempo de la 
primera educación se pueden aprender con facilidad muchas 
cosas, que después jamás se aprenden. 

**Las artes mecánicas también se enseñan en mi escuela, 
para cuyo efecto tengo ya en ejercicio una carpintería, una 
herr^n'ía, una relojería y escuela de pintura. A largas dis- 
tancias creerán, q\:c miento, pero V. S. y toda la provin- 
cia sabe que me quedo corto en la relación, que voy haciendo. 
**Los indios del Chaco no me dejan, principalmente los 
guaicurú-es, ó mocobíes y abipones, y no hay conferencia, 
que tenga con ellos, en la que no consiga un triunfo. Le^ 
he persuadido que voy á lk*nar el Chaco de grandes (Hinven- 
tos:, y que -el irse acabando los religiosos españoles es señal 
que Dios quiere trasladar el ministerio apostólico á los in- 
dios; (jue yo les he de educar para que sean donados, lesros, 
novicios, coristas y sacerdotes, que prediquen la fé y la ley 
de Dios por todas partes. No hay como explicar la alegría^ 
jíibilí) y exaltación en el Espíritu Santo, de que s(» llenan 
transeunttnnente estos miserables, cuando se lo doy hech:) 
todo, que parecí» que ya lo están viendo. 

** Entre millares de pasages, que podría relatar para 
confirmación de esta verdad, solo referiré uno, que por su 
notoriedad es incontestable. Hablando yo con los indios 
sobre estas cosas, noté que una guaicurú se enternecía, y 
jsuspendiendo la conversación la miré, y ella levantándose y 
arrancando de sus pechos un robusto y agraciado garzón 
me lo entregó para que lo despechase y educase para cura. 
No me admiré di»l arresto de la india, sino de la quietud y 



52Í I A REVISTA DE BUENOS AIRES 

.vosugo, i'on que e] inditfito permaneció, y (lueJó dorniivlLi 
en mh brazos. Vn año ha qiu^ lo tengo eonmigo y tendrá 
dos de edad, y el es el que reeluta indieeitos sin que yo los 
bnsfiiie ni los solicite. 

**Es el easo, quo como no .se despopja de mi el ehinito, 
ni aun en mis repetidos viag:es, han ereido los demás de su 
^dad, que á ellos les asiste el mismo deret'ho, y que á Felipe 
<*n órdí'U á mi pers(^' ■. y así es, que importunan á sus m»* 
dres para que vendan á la capilla, y con la satisfacción del 
mundo sin la menor urañez hacen coumifífo los mismos es- 
tremos que Felipe; de modo que. para no incomodarlos, 
carffo dos en cada brazo un rato, después tomo otros dos, 
y ya se me han rpiedado cuatro para siempre, dos mo(íO- 
bíes y dos abipones, con fundadas esperanzas de verme con 
muchos mas dentro de poco. 

** Escribir al ?5ant() Padre dánvíolc parte de estas cosas, 
concibo yo que es de prim-era necesidad, pero por ahorca 
otro proyecto es el que aflije, y para el que pido toda la 
atención áe V. S. 

*'La imprenta famosa del finado nren.>ral Carrera estaba 
repartida en distintos parajes, d(mde la iba dejando aquel 
bomT)re tan eaminador. Yo he tenido la prolijidad de irU 
recoíjiendo por v-cr si acaso podia j)onerla en ejercicio, aun- 
que lo que pertenece á la prensa estaba ya en mi poder, per? 
me faltaban letras é innum-erables otros utensilios. Entre 
tanto la Providencia, cuando yo menos lo pensaba, me deparo 
un -estranírero artista el mas cabal ({ue he conocido. Es un 
hombre i nsijrn emente servicial, y que, además!, ha hecáio 
pleno homenafre de ser mi esclavo, y sc^jruir mi suerte. Na- 
da quiere recibir, y anda descalzo (»omo yo. Se llama don 
Carlos de F>. Félix, y es Suizo de nación, capitán mayor que 
fué del ejército de insrenieros de Bonaparte. Este señor, 
no solo me ha arreglado la pren.^a supliendo los instrumen- 
tos que faltaban, sino que también me ha hecho moldes y 
armarios de madera, fundido letras, y ha provisto cuanta) 
basta para una imprenta lujosa. 

*'Mi ánimo es redactar por aho