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Full text of "La Revolucion de Guatemala"

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'^íWX^u.SAO 



^aifaacti CoIUge lílicars 



FROU THE FUND 

PROFESSORSHIP OF 

LATIN-AMERICAN HISTORY AND 

ECONOMICS 

ESTABLISHED I9I3 



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LA REVOLUCIÓN 

DE 

GUATEMALA 



'i&iüiifKii Sii.il' alji^ap 



EdicioD de La aNacton» 



MÉXICO 

Valle hermanos, impresores 

Calle de la Perpetua aúm. 10 
<9f3 



S A M- a 4 ^ . / o 



HARVARD COLLEGELIBRARY '^ 

■■ > Utín-american 

PtoFESSORSHIP FUNft 



.' -.. .'.• 



LÁ REVOLUCIÓN Í)É GUATEMALA. 



s.- 



I. 



La historia de la América latina llena «stá de vi- 
cifiitudes j eatástrófes* Prólogo de una obra de 
0angre í\xé para ella la tranquilidad de trescientos 
aftos que durtf el dominio espafiól. Entre laa re* 
voluciones que han cambiado la faz de los Estados, 
ninguna eomo la de au libertad apareció en su orí^ 
gen mÓJPLOS favorecida de las circunstancias para ob- 
tener éxúo conipleto y feliis. 

Obediente, cual pocos pueblosy á la toz de un 
monarca que regia á miles de^ legras ei^e vastísimo 
Continente^ veneraba una autoridad que no veia ni 
conociá^ recibiendo pasivamente el impulso déla 
pequefia oligarquía peninsular,, en la cual conser- 
vábase el espíritu de los conquistadores, qne habian 
dado á su organización política.^ él rumbo codve 
niente fiara , hacerlo depender todo de s^ por mane- 
ra que no pudiese fallar la acción de su poder sin 
la ruina del Estado. 



Tres siglos de existencia colonial, destituida de 
todos i^los medios de adquirir la necesaria aptitud 
para el gobierno propio, no eran la mejor prepara- 
ción para proclamar de súbito una independencia, 
que trastornandolasbases de la antigua Constitución,, 
no dejabs^ vei* uu ñcAp piin^de apc^yp €in qije hacer 
descansar las que en su lugar debian sustituirse. 

Cuan diferente fué la situación de los Estados-Uni- 
dos Los colonos ingleses, desde su voluntario es- 
tablecimiento en. América, hablan disfrutado los be- 
neficios de ;sabias instituciones que dejaban en sus 

j^iipsLei.w.a»«JQ:jfeilo.s:ijegQ(íio«, lo^.í0uale«;ci¡^.cu- 
-tá^ij; en, svüP: Coiígreso^; ^n sus tr^hmijftleí^ y en ; Ids 
ciidPiKW^ j^dipinísíií$tüy(ía, do^tJe jo , u^quiereíb las 
Jj4bi^s,,lft .cien ú% :e^perimOiirtftl^ ' y : la» : pricticas 4el 

^Liegósm^mbfiTgb^un vínom^titaén qoe io9 hia- 
-panotai|ierican6s;41ciminadós por bsi»ñllante« des- 
tellos de la revolución frknce.sfi' y ;^r las ídóctrinas 
.de JIoQSseau, Ko^tesqtii^u y ^^aynd, x^mprdüdie- 
^roQ que ^aqlael ^d{g)á> Msectilar era uni^ nombra' de 
i mnertev y trutkroa' disi^ reviudícár : suimtonpmílii El 
;¿éi!vio>4eli>p¿d^ residente? V 01) 1¿ 2£etr<(pQU^ que- 
brantado'porl la^ i^ivásion BÍnuil^t^nea'ide.flaifl^pto- 
^ideiaa j[)e]r: drahronámient a idee lar dinastía^ r einii nte, 
bríudabaída. mejor oportianidád dis. rpiapeír los lasos 
-idefla depeÁdencíái ^aunque' jlt» nudos/queídafúirma- 
s üaQ lecsiatiesenrenrdosL condtünitLíi'cnEi misn^os de. \^ so*- 
iedad, compuesta de elementos qu^' {yaíecia impó* 



sible tocar sía condenara^ á los estragos de indefi-. 
nible anarquía. P^ro dado el impulso, nada, era 
capaz de contenerlo, y tras de una lucha más d m^^ 
nos dilatada, más d m^iiO£í sangrienta, la América 
latina proclama su independencia, principiando sus , 
diversas comarcas ó pueblos á gobernarse por sí 

propios. 

Entre estos él de Centro-América fué el único 
quo no tuvo que luchar para hacers^ indepeAdien- 
te, alcanzando tamafio beneficio sin derramar, una 
sola gota de sangre. ^ , j •? . ' 

Si del mismo modo v con igual fortuna hubieran 
podido loa Centro-Americanos constituir el pj^is, 
cimentarla paz, afianzar el órdqn y ejstablecer el : 
absoluto imperio de la ley, aquella privilegiada spc-:^ 
cion de la América latina, no se viera fraccionada, 
débil y cá^i destruida, como ^ está hoy, á caupa ^e . 
las continuas revoluciones que en su sei^ospr prp- . 
mueven paía derrocar la tiranía, y cuyo triunfo, . 
por lo común, solo sii;ve para cambiar e¡l personal 
de los tiranos. 

< . ■ » ' • r ^ • > 

Pueblos jóvenes e ine;Kpertos, lanzáronse en el 
torbellino de una política azaroáa, siendo desde en- 
tonceá trabajada su vida por continúas querellas do- 
mésticas, sin que á pesar.de una tristísima esperign- 
cia y agobiados bajo el peso de la desventura, acier- 
ten aun á romper el círculo de acero dentro del > 
cual tan estérilmente se agitan* 

A poco, en efecto, de haberse proclamado la in- 



6 

dependencia, oomenzó el desacuerdo entre los di- 
versos Estados de Centro- América. La adhesión al 
Imperio mexicano, que unos sostenían y otros re* 
chazaban, íaé causa de la prioiera guerra entre ellos 
y origen de la rivalidad y espíritu de localismo que 
tanto dafio hubo después de causarles. Terminada 
esta cuestión con la caida de Iturbide, continúen agi- 
tándose otra no menos importante, que versaba so- 
bre la forma de gobierno que debia adoptarse. Al 
fin triunfaron %a partidarios del 'sistema federal, 
quienes alucinados con el buen (^xito que tuviera 
en los Estados-Unidos del Norte, creyeron que da- 
ría el mismo resultado en Centro- América, sin to- 
mar en cuenta la inmensa diferencia que Babia en- 
tre el carácter, costumbres y grado de civilizaciou 
de uno y otro pueblo. 

Dificultoso y complicado de por sí el gobierno 
federal, era el meaos i aprop(5sito para que lo apli- 
caran hombres nuevos, en un pais compuesto de 
masas ignorantes, diseminadas, por- decirlo así, en 
extenso y escabroso territorio. Resultó pues, lo que 
de semejante sistema tenia entonces que esperarse 
el desorden y la anarquía No teniendo el gobier- 
no general elementos ni recursos suficientes para 
hacer respetar su autoridad en los Estados, ni si- 
quiera para restablecer el drden y castigar á los 
ambiciosos que le turbaran , levantáronse varias 
facciones, lucharon los diferentes pueblos y parti- 
dos de un mismo Estado, lucharon los Estados en- 



7 

tre Biy y lucharon también con el gobierno de la Re- 
publica. ; : i ■;; ' . 

Las difererenteei ftices; de 4e • ^fis revueltas f nun- 
ca tuvieron enlace, porque tomaban su origen eji 
los diverspsjnl^repes dejas' piroyincias, ir^cUnadaa 
á la.3Bgrega<5Íon. .A.bogaíiaa. aquí, vplvian 4 reina- 
(jqr in©s allá te^naoee y amenazadoras. Semejan.te 
i un ediSoip que ae incendia y aparente agente se 
ap^g^j.P^í^o en, cuyo recinto se ocultan todavía raa 
erías inflamadas, se veía de cuando en cuando^ a|<f 
ínenor^3oplo d^ los intereses provinciales hferi(jQs,! 
jepcenderse. la luiría^ c^reoer y . deSjarroUarse, repi*^ 
tiéndose sin cesar el, mismo fe.n¿merlo dé qopflagra*. 
cion y extinoion alteir^ativas de los odios pQlütico^. 
. La guerra civil hubo de llegar así :á conyoaftir^ 

en situación normal, en hecho característico ú or- 
ganizado en todos los resortes, faces y costumbres 

de aquel país. Lo que en é\ se «exhibía con el 
nombre dé política/ no era en el fondo sino simples 
aCtoces-y. decoraciones de un teatro donde se re* 
presentaban comedias, melodramas y trajedias, sin 
que la sociedad conturbada portales espectácu- 
los gozara más paz que la de los entreactos. Los 
gobiernos se elevaban ó bajaban por. medio de lo- 
pronunciamientos, su nodriza y su verdugo, los 
cuales los mccian.en su cuna para decapitarlos dess 
pues, y escribir su epitafio con la sangre de las víc- 
timas : 

El ardor de ciertas ambiciones, 6 la veleidad ^^ 



8 

las masas^ eran la causa de tati profundos descarríos; 
pero muy particularmente la continua pugna entre 
l08 principales caudillos del pueblo, quienes arras- 
trábanlo por la senda peligrosa de las revueltas, 
0in que este eu realidad eóu la victoria de unos ú 
otros r^30jiera mas fruto que amargas decepciones. 
De eíe modo, éñ medio del desbordamiento de los^ 
peores instintos, acumulábanse inmensos infortu^ 
bíos, hacinando escombros por donde quiera, frag- 
mentos colosales del edificio social que se desplo* 
maba, herido por la ruda manó del despotismo ó el 
desencadenado huracán de la anarquía. Con ex* 
cepcíon, pues, de algunos casos, el pueblo Oentro- 
Americano ^eriraba de continup por un áspero de* 
0ierto^ ftin colu-mbríir, sino allá m y Mjós, los risue- 
fioft horiaontes' dé la esperanza. 



' ! ' • ' . . i 



r 



' • :.. .í 



II. 



Durante -las convulsiones que agitaron al paÍ9, 
hubo de surjir un hombre, que por su irítéligen<yia^ 
sus dotes para el mando y su fortuna en los comba- 
tes, domind la situación, concluyó de pronto con la 
anarquía, é inició una época relativamente^ pacífica 
en el afio de 1829. 

Fué ese hombre el general D; Francisco Mora- 

zan, que de simple oficinista, pasó á oficial del ejér* 

• * • • .• 

cito, y por una cadeiiá de trinnfos, debidos á gíu ca- 
pacidad y destreza, llegó á adquirir bien merecida 
nombradía militar y á elevarse' í presidente de la 
Eepúblíca federal 

Con el general Morazan vino al poder el ps^rtidó 
liberal exaltado. Desterró & los principales jefes de 
su antagonista el ultra-conservad<yr, qpe acababa de 
ser vencido, é impaciente por amoldarla todo á su 
deseo, poniendo en práctica las hermosas teorías de 
una perfecta república, se puso á legislar sin tino, 



10 

desatendiendo las costumbres, hábitos, educación é 
ignorancia del pueblo, á quien las leyes se dirijían. 
Funesto error que acarreará siempre tristísimas 
consecuencias. 

Querer qué de improviso se conviertan en ciuda- 
danos adornados con todas las virtudes republicanas 
hombres rudos y preocupados; que en corto ejspacio 
de tiempo cambie el país radicalmente su vida de 
muchos años; que instituciones adecuadas para pue- 
blos que van á la vanguardia de la civilización, lo 
sean también para los que están por civilizarse; tal 
ha sido siempre la fatal aberración que cometió el 
partido liberal, en- jCentro-Auí^rica, y aun puede 
decirse, en tjodas partas. D^^jándpi^e .arrasti;ar por 
el vértigo de ka innovacipn^s, ensaya las mas cue«ir 
tionables teoríae, lo cambia todo, todo lo trastorna,, 
y en medio del desconcierto general, que ciego no 
v4 ó que impriideinto desprecia, yg^i /despendiendo 
por extraviado .cíiminO' hasta .'caer ¡en, el precipicio 
que ¿1 mismo limahierto á sus piés> , . , ,; 

.M partida ;ultrarTCopiservadpr,í4ebQip^s; también 
decirlo, inside;eíi ,f I extremo opue^tq.-nrQuiereíAan- 
te nerlo todo en la inmovilidad, enead^pandó-ea iní- 
franqueable ;cír«úlo lais tendencias é. idea&» de los* 
pueblos; pero van<i)^g su empeño (í Jnótiles <us es- 
fuerzos, porqiie íva operándose oantra íel régimen 
que intenta hacer pxeyalecer un trábi^jo ;de disolu- 
ción^ que paulatinameinte lo. tmina^. hasta llegar <e| 
nstante en que se deprumba, no offeoiendQ enton- 



u 

ees i la vista sino vestigio^de- lo que fué, semejan- 
te i esas ciudades cubiertas con el polvo de los si^ 
glos,. cuyas solitarias ruinas solo sirven de objeto de 
contemplación al viajero que las visita., . ♦ ^ 

Conservar ol^stinadamente lo que el tiempo ha 
destruido^ paralizando la existencia de- un piieblo^ es 
querer embalsamarlo cual si fuera una momia y ar^ 
rojar sobre ^l la. losa de ur^a tumba. La parálisis 
solo existe donde hay enfermedad.; el corazón solo 
se hiela cuando la muerte le invade; pero mientras 
la vida no se extingue, la parálisis se combate y se 
cura, el corazón siente y palpita. ¿Qué diriamos si 
en la primavera, al despertar las plantas de, su 9ue- 
fio invernal, lanzando sus tallos hacia el astro bené- 
fico que las regenera, y al reverdecer los árboles 
coronándose de frescas ramas, procurase alguno 
suspender el desarrollo d5 Ids árboles, protestando 
contra la fecundidad de la naturaleza? « 

Si obcecado el poder, y esto es lo que sucede 
siempre alpartidó ultra-conservador, abandónala 
inióiativá de las reforman que hacen necesarias las 
exijénciab sociales, creyendo posible permanecer en 
el statuquó y' seguif tranquiló por una senda fija, 
en tanto que todo en su derredor cambia, varía, se 
mueve y óe ' trasfórma, tal poder corre peligro de 
caer feh caduquez y de que los pueblos, cuyo des- 
tinó debiera dirijir, tomen por sí la demanda y ve- 
rifiquen sin él lo que no supo, no quiso 6 no se 
atrevió á ejecutar. El gravísimo error de ese par- 



12 

tído es no comprender, ni convenceri^o nunca, de 
que llega un día éñ el cual las naciones mas sumi- 
sas sacuden airadas él yugo de ciertas in^trtjáciones, 
que si faer'olí 'adecuadas á'lás circunstancias que las 
motivaron, tíéneii^que ser modificadas para evitar 
las terribles crisis que de su vioíénta supresión pue- 
den resultar. N'ó hay que olvidarlo: Us revolucio- 
nés son por lo común el conjuntp de urgentes fe- 
formas deseadas por un pueblo, el cual cuando el 
poder les cierra el paso, abriendo para sepultarlas 
ancho foso en su camino, se indigna, se levanta, se 
subleva y con sus brazos de giga^nte ciega el foso 
con cuanto i la mano encuentra, y marcha adelan- 
te haáta llegar aí termino de sus áspíracíopes...... 

Si los liberales exaltados, moderando su impa- 
ciencia, procedieran en las innovaciones coi^ uíí^ypr. 
cautela, con el respetq debidq i^ las ^(fostjijO^brpsjr y 
sin perder nunca de vista el grado de ilustración y 
demás circunstancias del pu^bljO;,eU'UnA p^labTa,.m 
fueran menos ideales y^mus prácticos^^ cí si Ips, ul^píi 
conservadores, prescindiepdp del respeto ^jidípulo 
por todo lo existente, aiipque segt; un absurdo, sp,-: 
lieran de la rutina y aceptasen las ini^oyacJLQnes que 
urgentemente reclapaan el adelanto del siglo. y el 
progresivo desarrollo dei las naciones, clarp está qua 
liberales y conseryíidpres, fi^ptirándose de los extre- 
mos, vendrían ájrpunirae ep el ce^ntrp, pvitáiidps.e 
al pueblo los innumerables males*'^ infinitps sacri- 



1? 

fioiQ&.qujBle pcasiqnaQ .las faltas y exajeraciones de 
iinos^ y otros. - . 

jPei;o yoj[y^mQSi,rtra^,de esta digcesioD, á nuestro 
^sm^to, ,, , ., . 

A gup ips errores cometidos durante la época que 
se ipició el afiq de 182'9 no produjerau d^s.de luego 
u^ti formi^aWe reacción, contribuyeron sin duda el 
prestigio del general Moras^an, su ej(frcito vic torio '^ 
SQ, jCl desijatefesado patriotismo de varios jefes del 
pOTtido dominante,; qomo lp& Ba^^nundias, Gálv^z y 
Molina, el destierro de los caudillos del partido cai- 
do, el cansancio de los pueblos por las revueltas an- 
teriores, y el temor ciüe todos abrigaban de vei* re- 
producidas escenas tan terribles, cómo las que se 
vieron en aquel afíó, durante el sitió y ocupación 
de lai ciudad dé Guatemala. 

Aumentábanse, sin' embargó,' de día en dia las 
causas del descontentó, que'esplótadas hábilmente 
pot él j^&rtidó Corisé'rvádór, debiari producid la pó- 
'puláfVeroluciotí dé 1837. Bu este afib fué cuando 
por pWthei^a vez ápafecitS én el 'Estado de' Q-uaté- 
mala la'epidémia delcólera'. Creyeron lóS pueblos 
del Oriente que e/sp. multitud de muertes casi re- 
pentinas era obra^ de. los bombres: yijilarop las fueu' 
tes donde t9mabAa el agua> porque, suponían que 
ea,e^a se l^s iirdini^istraba veneno; mas,! como á pe' 
safr de sus ridíqulas precauciones, la epidemia pro-" 
seguía ha^iei^dp estragos^ los indios, ya sea ppr ma- 
licia propia, d ya porque pérfidamente se la sujirie- 



u 

sen, concibieron la idea de que el gobierno efá el 
que queüia destruirlos • por medio del veneno; ¡y 
obligaron entonces á los médicos* enviados para, 
combatir la enfermedad á que tomasen ellos todo 
lo que contenia su botiquín. Gomo necesáríánáen- 
te hubieron de envenenarse con las fuertes diísis de 
álcali y láudano, que eran los remedios inás^usados, 
los indígenas confirmaron con esto sus sosl^echas^, y 
convencidos ya de que el gobierno era el autor de 
tantas muertes, levantáronse contra él y sua auto* 
ridades. 

Llevó la iniciativa en el movimiento el pueblo de 
Mataqüescuintla. Entre los primeros atnotihados 
' se hallaba el indígena Rafael Carrera, que teniendo 
sobre los demás la ventaja de su raro ^alentó, y la 
circunstancia da hab^r sido sQÍdado en uno de los 
cuerpofi^e la capital,, desde lue^o.y sin. contradic- 
ción lo recoupcieron los su^eyados como á su jefe. 
En el estado;«n que se hí^Uabrap los ánimos. cpn el 
grave encono que contra 9I gobierno abríg£^l;)j^n, la 
insurrección. hizo rápidos, ^irresistibles pr^gre^pü. 

Concluida la epidemia, los Sublevados, que en 
realidad no tenian mira alguna política,- se presta- 
ron á entrar én arreglos con el gobiei*noj él cual, 
temiendo luchar contra el numeroso 'ejército con 
que contaban, se vio en lá necesidad de conceder 
les casi todo lo que j^edian. Conforme al tratado 
que hubp de celebrarse, <líóse él miando militar de 



15 

uno de los principales departamentos dCarrera, no- 
table ya por el inmenso prestigio que tenia entre 
la clase indígena, y por el valor, actividad d inte- 
ligencia de que habia da^o repetidas pruebas. 

Creyóse que con el convenio ajustado^ quedaria 
definitavaniente terminada la insurrección; pero no 
fué así, porque el bueíi éxito que obtuvo enorgu 
llécid á aquellas masas, y los halagos que se prodi 
garou á Carrera despertaron en su ¿nimo el deseo " 
primero de Conservar, y después de aumentar e 
mando y autoridad que ejercia. Movido, pues, por 
la ambición, reúne d^ nuevo á su getite, y empren- 
de su segunda cíimpafla, cüyó resultado fué el com- 
pleto triunfo que eii Mars^o <ie 1840 alcanzó sobro 
el ejército federal, mandado por el príésidetíte Mó- 
razan en persona. * 

Con' ía derrota de éste ilustré caudillo quedé de 
hecho dísüelta la federación de Guatemala, el Sal* 
vador, Nicaragua, Honduras y'Costarica.. Aunque 
M orazan pretendió restablecerla siendo jefe de este 
último Estado, sacrificó sii existencia en la tentati- 
va, privándolo de ella los misinos costarisienses^ 
levantados contra él por no marchar á la campaña 
qufe pensaba acometer para llevar a cabo su empre- 
sa. La nacionalidad centro-^americana vino, por 
tanto, á disolverse después de die*z y seis aflos de du- 
ración, constituyendo depde entonces los cinco Es- 
tados que la formaban otráji tantas repúblicas mde- 
pendientes. 



f. 



* • 



iii; 



Continuó apesar de e^sto Guatemala representan- 
do en la América-Central el papel político mas im* 
portante, porque era el Estado más extenso^ ePrnás 
poblado y el que contaba con hombres de más va- 
lía é intelijeneia. 

El General Carrera aunque sin luces ni otra 
guia que un instinto maravilloso, supo desempeñar 
en su país con singular" habilidad la difícil misión 
que le cupo en suerte» 

Rehusd por algún tiempo la presidencia, alegan* 
do lo inculto de su espíritu, lo torpe de su educa* 
cion y la incompatiblidad de sus costumbres con la 
altura del puesto; mas. sus amigos supieron vencer 
toda desistencia, y desde entonces resumió en sí el 
poder del país, imj^rimiéndole algo de su carácter 
y de su destino. 

La historia de este hombre extraordinario ofrece 
alguna analogía con la de Bosas, el antiguo dictit- 



117 

dor de Baenos Ayres. i Tiénicfndo ambos su origen 
en Jfe ú ltima clase de la sociedad, paSsarón los pri- 
ttieros afíoB de su ju Ven tuíd en condición ínfima j Oa- 
peciendo ée insttaccibt)^ estaban dotados de faéul- 
t&des en^i^gícás y eran actÍTOs, o^bstifaados, «de i tem- 
peramento riolentó y férrea Tolüntad. Supieron 
los dos aprov^harse de las oireunstaneiás en que 
se hallaba su piatria para engrandecerse^ Qonae^^ando 
su fortuna por la invasioii' de la capital, Carrera 
con sus indios, Kosas al ifirente de su gauchos. 

Pero si Resas fu^ un déspota implacable, Carrera, 
sin dejar de serlo, hizd grandes b&eheS á su patria. 
La marcha del cuerpo social en eliargo periodo de 
su gobierno; habilitó al pais p'afra: reparar sus [fuer- 
zas gastadas en las turbiilencias anteriores: abrié- 
ronse de nuevo los antiguos canales del oomeroió; 
se perfeccionaron en gradoi considerable^ los' siste- 
mas del cultivo; Introdujérónse varias :m'fej.oras ma- 
teriales de grande utilidad; y, la lri4ueza.púbUceL así 
conio la priváda^ikubiéron.dé acreicentaVse con sus 
asiduas compañeras de comodidad yt .de ventara. 
La nación 9 en áuiha,./ gozaba. bierto bienestar bajo 
una administraeion- :que manteoia la paz : y, hacia 
cumplir sus manjiatos, adquiriendo eV. pueblo hábi- 
tos, ya qué 030 pi^ihoipio». d0 .^r^^n, basta :manifes- 
,%s:f visible repugnancia en jíenOyar: los di^s de anar- 
.|[ii]^[oon im desórdenes y at&nta4c)s* . 
lYqídíid esviquodjespuwi: del triaría ;|o1)re Mora- 

[ztiñi ha mdiiñidinadas tropas de Carrera se e&tre- 

2 



,18 

garon á eometer todo linaje d^, excesos eu la ciu- 
dad de Cj-uatemala, sin que los esfueasQs del mismo 
Carrera pudiesen evitarlo. Tambieb e^ cierto que' 
al prÍQ0ipi6 y durante algu a tiempo la autoridad que 
ejercid fué absoluta, despdtioa y enteramente arbi- 
traria; qué se hizo instrumento de ks venganzas 
del partido ultraHSonservador con quien estaba li- 
gado; y que la insolencia de las tropas, la inmorali- 
dad de los oficiales, y él duro carácter del gefe, fue- 
ron otras tantas causas de; loa abusos, 4esmanes y 
basta crímenes que en acuella ¿poca llenaron de 
terror, á los habitantes de GuatenCtala. 

Pero r«gulari2ado|8l ejercito y neutralizados los 
malos instintos de Carrera por el i:oce co^ la sccie- 
dad culta,: y sobre todo por la benéfica influencia 
de personáis tan honradas y humanitarias como D. 
Vicente Crúa, D« Mariano Rivera Paz y D. Joaquin 
Duran, fuá restableeftdndose el drden, se calmóla 
efervescencia dé los ápiínos, y el gobierno abusó ca- 
da dia menos de: la ilimitada suma.de facultades de 
que dísponia. 

Como esa autoridad central y absoluta no es, sin 
emba rgo^ la mejor para satisfacer las legitimas as- 
piración etí de los pueblos, ni puede existir sino con 
perjuicio de las garantías individuales, trascurridos 
algunos afioS, iba haciéndose ya insoportable para 
las guatemaltecos el despotismo que sobre ellos pe- 
saba, á]tal grado, que en los departamentos/^ singu- 
larmente, ca4a gefe ({ corregidor era un reyezuelo^ 



19 

á quien ee disimulaban sus continuos atentados con 
lal que fuese ciego defensor de aquella administra- 
ción. 

Necesario es convencerse de que las modernas 
sociedades no pueden ezistir sino por la libertad; 
j un pueblo no puede ser libre mas que i condición 
de ser soberano y disponer de su suerte^ de sus ri- 
quezas, de la sangre de sus hijos, expresando su 
voluntad por la tribuna, la prensa y la elección es- 
pontánea de sus mandatarios, única manera de qne 
se desenvuelvan armoniosamente sns elementos mo- 
rales y materiales hasta alcanzar la cúspide de la 
civilización. Las instituciones en tales principios 
basadas, son entonces una garantía, no solo de la 
habilidad de los gobiernos, sino de su duración^ 
puestQ^que solo hay vida para los pueblos en el ejer- 
cicio de sus derechos, en la franca» manifestación 
de sus opiniones, en el desarrollo regular de sus 

m 

fuerzas é intereses. Por eso el despotismo yace 
desquiciado en el mundo, y al eclipsarse, asoma 
en la penumbra la libertad. 

Hoy que el humano linaje camina al cumpli* 
miento de sus altos destinos, afanándose por per- 
feccionarse en la política» en las artes y las ciencias, 
cuando irradian las modernas teorías de gobierno 
y loa recientes descubrimientos económicos, produ- 
ciendo fecundos manantiales de bienestar y de ven- 
tura, negarse á las reformas, deseadas por el pue-^ 
blo, querer que este permanezca sumerjido emle- 



20 

tárgicp abatimiento, ea esa ' prolongada atonía que 
conduce á la muerte, es un absurdo que produce 
siempre la caída de los gobiernos que en él incur- 
ren. , . 

Contra ese escolló vino á estrellarse la ádminis- 
trácion del general Carrera el afio de 1848. Deses- 
petados los pueblos^ acudieron al último recurso: el 
de la guerra civil. 'Levantároníie partidas que pe- 
quenas ^insignificantes en. el principio, pronto se 
convirtieroii en crecidas masas, porque las riguro- 
. sas é impcjliticas'médidás con que él gobierno quiso 
sofocar la fpvólucion, dieron' un resultado entera- 
mente Contrario. 
. Al ■iniciarse el movimiento él áfió de 1847, 



t.'> • 



tos liberales exaltados creyeron que habla llegado 
la op(y¿unTdad de recobrar el poder, comenzaron á 
trábájarcon el mayor empéíió contra el gobierno, 
excitaron á los descontentos, alentaron álos pronun- 
ciedo's y no omitieron ninguno de los* medios que 

' estaban á su alcance para ; que triunfaba la révo- 
lucion. 

El partido moderado', que condenaba los extre- 

• mos, que tenia por itíVariábl'é norma dé isu conduc- 
ta íá honradez y eí bien general del pais, y por 
principales'^ gefes al Vi6e-^residente Cruz y el ex- 
préis|idéiílé Rivera Pa¿, Se disforzó inútilmente por- 
que se combatiera la rervoluciori; quitando las cau- 

' das de descontento que la producían; Intransijentes 
ós que medraban ¿lia sombra del despotismo, n 



21 

gáronse jí seguir tan patrióticos consejo?, y aun vie-t . 
ron como enemigos á las-personas que se les dabanj 
porque estas, reconociendo que la .razón y la juati- 
cía es.taban de parte de los pueblos; no. .quisieron 
emplear loi influencia que en ellos tenían, para in-r 

ducirlos á que continuasen sufriendo los abuisos, ve-, 

■• * . • » 

jámenes y tropelías que los obligaron^ á levañta»rjfe|.- 
Y ciertamente, si ese partido, se hubiera presta- 
do Á traicionar la cp?afia])za que en éLdepositaban 
los pueblos, tal vez habría conseguido.quadepuesí- .. 
sen las armas y se sujetasen de nuevo al ytígo del 
despotismo; porqne habia la circunstancia de que, 
á principios de 1848, el gefe de las fuerzas que com- 
batían a! gobierno lo era D. Serapio Cruz, herma- 
no dej vice- presidente. No queriendo este opo- 
nerse á la causa de los pueblos, que era su cau- 
sa, y estaba sostenido por «us amigos y sus her- 
manos, ni queriendo tampoco luchar contra Car-' 
rera por la estrecha amistad que á el lo ligaba, dis- 
tinguiéndolo este desde muy antes hasta conferirle 
la segunda magistratura de la República, resolvió 
expatriarse^ y vino i México huyendo de una re- 
tulocion en qne le era imposible tomar parte. 

Con la ausencia del více-presidente Cruz, y el 
retraimiento del partido moderado, debilitóse ex- 
traordinariamente el gobierno, so alentaron sus con- 
trarios, y i mediados del mismo afio de 1848 vien- 
do Correrá como segura su caida presenté su demi- 
sión que en el acto le fué aceptada. El modo con 



22 

que procedid en tal coyuntura hace mucho honor 
á su habilidad y golpe de vista política. Durante 
la crisis, ctecía su vigor á medida de los obstáculos 
que se le presentaban, comprendiendo que la tor- 
menta que abate á los espíritus débiles, debe solo 
servir para afirmar más y más en sus propósitos á 
Ids caracteres enérgicos. Esquiva le fué empero 
la fortuna, viéndose al fin obligado i abandonar el 
campo á sus adversarios, dejando el país y aislán- 
dose en territorio mexicano. 



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IV. 



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AprpveqhaQdo las circujq^tancias y U sprpriesjEt é 

impresión q^ueproolujo Ip^.r^ibir^dad^ ]^ .^scens^ pú- 
blica del geueral . Carrera, , lp9- iibera|es , : exa^l^tados . 
dominarpu eu el Oppgresio^ kfs^ enoputrarpn clueílps 
de la situación en la capital, y iqü¡sjie.ro» aprppiar- 
se el triunfo, estal^leciendp ol.ab$oivitp y exqlnaiyp 
predominio de su oírwlo., \ El tMrí.r^^W^^te era^ . 
el limado por la ley .á ocijipaí la pjres ijj^ncia; mas 
conio no pejtpi^epiíi al nAmerp; de los Jibpraleja. egcal^ 
tados, prespinjdieron de él y^la, encajigaroi^ fí I). Juan . 
A. Martines, miembro notable. d.e.iSU partido. ... 

Pero cou^pi.lpa pu^b^o^ quft-eata^An: ,en arepas, y 
i cuyjQ3,e§fuerzo3 se d ebia Ja ca,ida.del gp.biernp de 
Carrera, po tenia^.la.xnenor cpafia^í^i^a en el nue- 
vo orden d^ coj^fiSy lejos de.apoyariá Jp3 que fie Jbia^ . 
bian enseñoreado del mando, resolvieron continuar 
la kidia hasta obtener a utoridadda que diesen al 



243 

país suficientes garantías de estabilidad, orden y 
respeto á la ley. 

Ofendido D. Vicente Cruz con el proceder del 
Congreso, y libre ya de los inconvenientes que an- 
tes le impidieron tomar parte en la revolución, pre- 
sentó su renuncia del cargo de vice-presideñte, y 
admitida que le fué, aceptó el de presidente provi- 
sorio que le confirieron los pueblos, poniéndose al 
frente de ellos. ^ ! 

Hallábase, pues, Guatemala con dos gobiernos: 
el de la capital y el constituido por la mayor par- 
te de los departamentos. El primero carecía de 
prieátigio y apérias contaba coti una débil gtíarni- 
cion,.principalilaehté^ córmpücfstA'ae los-giéfesy ofi- 
cialés qtte hábík dejado; Carrera;^ nMentraiB'qiié él 
segtíüdo estaba Sostenido por I» tí^nnióa dé las tres 
cuartas pártéií délíáíRep^bliba y vot el ejército" de 
voluttlariíjs toas ñütóerb'só' que éii ella pe há viátb. 
Impotente el gobierno dé la' tóíit)ítal para cotííbktír 
la révolücióia y ¿un* parkklaf seguridad á las poblá-^ 
clones' contifa las tmrt idas dé málhécHtíres qué la á 
sombra del géneilil déscíonéierfó sé habiaii levanta- 
do, fueron los trlísDÍío re voliiciónáribií 'y su gobierna 
provisorio, quienes h*úbi¿irÓií' dé ^eráe^uiflásj *cus- 

mercio, y j^rocüt'Érridóí qué éít toüás ' ;^arté8 fuesen 

r eid petadas las vidas y pr (Jj^iédádes^ 'dé los hablitárí- 

tes pacíficos. ' ' -i 

Nada habri%> sida entonces mas fácil páralos revo* 



26 

lucíonarios como compleUr su triuofo por mQdÍQ|cte 
laa urnas, pue3 q^a tenían en su poder. U3i(^iud0'dG9r 
principales, y habían derrotado en alguno© «nQueU-. 
tros i las fuer¿aa oo«i{trarías qJie. se. re^ijníer.an parfíj; 
ataoarjos. J^Lgohierní) d» Jíi eiipltal lo con^prendia . 
así, pero sabia tptnabíín qup. Jft# |)í^r«a.na« qy,e^ Asa- 
ban al frente dftl; ej¿roi]to. (Jp ^^lo* jiUQbjQs,; d^seftbftrii . ; 
á todo tranca I ^vítftr 9I abiu^dajat^ derra^amie^tc^ 
de sangre, y aunJlevabápsvi.íioblp paH^ismobas*. • 
ta no querer o^^iip^r la capital. á:VÍVA4u«.raft-,iPíft. te r.;' 
mor 4e que svt^ tropa& se e^^íe^gar^n 4-4o»tót^r lOííí 
desdrdenea y tíopelí^s que. s^. vier w .el larfla ide XBáiíu rj 
en medio 4© la^ eflíibrií^ueji . ^pr l^íyiptQPJ^n' iElftVi,d4^.- 
do con el mag?ií4piiB9 -profte^ír Jft iQ»/^fe8^de^Jft <r^^ )[ 
vplucien, «Qstii^yose eli.p^jTtidpift, tó,^pi^ftl;p/^ 
gunos naesc^s, , pero. en. piedip ::4eilii ; n^aaf fl<>rtipl'glfa,. , 
anarquía: Cítmbí^ponse yfttÍQfl(iprQ?:i^gnt.^|{bHV^tr^ffi3:. 
chos que mandilan, y, níngqnoíqw, fti^pli^pa g^bpí u : 
nar. L% libertad, entrej^anto, enfii, J%be?rt|4 gr^Díi^ 
justa, que es }a savia , dftl enteadíi^íe^^tQ: y ^ní^ií^Pr i 
to. del corazón; e^a ruedn motriz iq:^^^>d#. im^pul^Q;: *, 
¡as artes, las cieacias y l^.|jid4«^i[<tr) ea^^ibi^Oc^i^rT • 
apreciarble que cada. ^^jif|jpteKal}p04^i^(f>J^9/^i4>^ba 
para cpuyertirlo en irrwQPi x)p: e?cist%} W«? q,wj?.4í^i 
nombra, B^ladp el puf^ljfiojdp JUfc/^piJt^^P^ 
peranzas, e(ntreg^^>asQ^ al desaj[ieixto enf qn^ ^ei^. el, 
enCermo ouando.ao encuentra^ r^aoi^iq aoi;yfa;dol§]^-|j: 
cías, y nota qjijie en vez de disi»ínuír;$e se agraya.n. 
exacerban; . . ,^ | > 



26 

No pudiendo pnolongarse por mas tiempo seme- 
jante situación , convinieron los gobernantes de la 
capital en acceder á todo lo que exigian los revo- 
lucionarios. Bajo esa base comenzó i discutirse el 
célebre tratado de Zacapa de Enero de 1849.' Con- 
tra lo que'todos'esperaban, D. Vioeilte Cruz, no so- 
lo rehusó la presidencia á que estaba llamado por 
la ley, el roto de] los pueblos y el éxito de sus ai> 
mas, sino que nadtii estipuló en fe^vov de é\, ni de 
los individuos de su familia^ arruiüadoscoü'motivo 
de la revolución. Bello acto de desprendimiento, que 
hubo de confirmarse retirándose todos á la vida pri- 
vada, aunque con la reserva de empuftar nuevamente 
las armas si religiosamente no se cuttiplia lo pactado. 
En cada artículo de este con venió^se estipuló una ga- . 
rantía ó un beneficio para los pueblos que tantos sa- 
crificios -hablan ; hecho por la libertad; y cuando el 
convenio estuvo aprobado» entraron ordenadamente 
las fuerzas de la revolución en la capital^ depusieron 
las armas; y su jefe, D. Vicente Oí uz, entregó mas de^ 
diez mil pesos que. tenia sobrantes de lo que se ha- 
bia recaudado en los departatbeütos. ' 

Este rasgo basta por sí solo para caracterizará 
los caudillos de aqíiella revolución; ^ües los anales 
de las guerras civiles en América, no registran, en 
verdad, Qiuchos 'casos de jefes i^evolucionarios que 
al terminarse la cámpafitt tengan foédos sobríiütes y 
honradamente los entreguen: Esto, útíido al des*- 
interés con que obraron al no querer ocupar los 



27- . ^' 

primeros puestos de la República, constituirá siem- 
pre para los Cruces un tífulo^jimperecedero de ho- 
nor y de gloria. La historia debe ser justa grabando 
en sus páginas los hechos que enaltecen el nombre 
de sus mejores protagonistas^ 

Como el principal y único objeto de los artículos 
del tratado de Zacapa era, según queda dicho, me- 
jorar la situación de los pueblos y garantizarles el 
pacífico ejercicio de sus derechos, es indudable que 
si se hubiera cumplido exactatnente, G-uátemala ha- 
bría entrado len una era de bienestar, hacienda rá- 
pidos progresos políticos, morales y materiales; pe- 
ro desgraciadamente no sucedid así. 

Comenzd á ejecutarse el donvenio, y al efecto, 
para reemplazar á los tiranuelos que antes despoti* 
zaban los departamentos, se leligieron desde luego 
á las personas mas notables en el partido* céntrico 
6 radical, qus por fin estaba dominando la situación. 
El ex-pr^idente Rivera Faz, Orantes, Geryantes y 
otros, aceptaifon con laudable patriotismo el nom- 
bramiento, ^ ñúieroa á ocupar sus desfínos. Ha- 
bíanse, por deshacía, separado dos ó tres oficiales 
del ejército réYolucionario, de esos que únicamente 
se mezclan en la política por el halago del botín, y 
una de aquéllas partidas que por las móntaifias me- 
rodeaban, logr^ aprehender en su viajé á los bene« 
méritos ciudadanos Rivera Faz y Orantes^ fiísilán- 
dolos cobarde y bárbaramente. 

Indignado D. Vicente Cruz contra los autores 'de 



28| 
tau cruel asesinato, pidid que se le dierau fuei zas 
para ir á perseguir, aquellas partidas y acabar de 
paciflcar el paí^. §e le dieron las tropas que querria, 
marchó en s\k' seguimiento^ traW: contra elloj? rudo 
combate, y al ponerlas ea ftígfi. y adquirir el .triunfo 
mas coQipletOy Gnatemaia. tijivo sin embarga; que 
llorar Ja muerte ;d^ Wtevípclijto qaud¡Jlo,{piOrq^ ^hfr 
ri<io en la , r^ftí ega^ extinguióse wiaviqa í que' tau : 
útil habíiá ;aUu; sido á 'su patria. . . ^ . 

Con: el . 4e»anne i derlas. fuen^Wi . d^ J^s fsUj^il^íps y 
C6U: la, muerta de Bi viera Pa?, Qrajatepry Orua^ qu§"! 

dó el p(t?tí¥Í3;4? ^sto^i f^c^^alQ 4/ m^PM 4^ Qormj:- 
vár la situación de '«qy^e er;a due|h^^ pi^id^r^^ati^ ^ 
Carrera, !que cou ojo atento sQ^bfi^ m^t&pido. 4 la 
especMí^va.efr.Qoaiitíii', ; fwíKtw,^ ^eM4itÁ90t y q^up 
ap?oveoMu4o Jfyi(fipftíjtun.íd%4:^r!eí!teí^ae 4 Tg^cí- 
bral?; c^r Bíiainíd'O'íqif eí iint^a sb ' viera ;oWf gado á .ítbatí- 

CL0f2aff¿ " ' . • i , s » ' » ' ( r- < r M " < ■• ;•'''«■•".• " ; f ♦•.•)•.' / f ; i » < • ' '' ' , ' » »"' • 

El jgoW^y Po^#3MfteJeí e , ; ; ArmadiQl ípoc : IjíS .^^ftltftdofs 
y .sometido ;dj^p9ieii8f:^l pMtídíOinwi^eTOcto^fd^sáe qn» , 
Tió que «síií'l^,eEft .y^.el: mfcs . íil^J':te,> pre«}ur ó. ¿pon 
nepse bien OQU; Catreía,^ :llegaqjíp;;el<^síirvüiíinak^jdél 
pre8ifle.i;ijs^, .P%5tvsl%|, .basípi (¡e^nl^. .el f^atq < sin ; eoíi- 
dieipfi ft|giift%..f .sjíHiFeBirj en,¡ ítoi^^iiMfaR ,siryi<9p.Í9 á 
sus ócd(^e»5^piit gi^ad9rri(>UÍ4a>r.<iue teniia. ; .\, 

. y^lvijiJí pu^s^: ^Quatenaftla 4íPa#f ^^j^ ^1 .4<?oa"^o 
de. Cj^z}er>a^ 4 • • ^pfi<!lV ^^^^ v^^i^ .(i^b^tj^eulcf las . ríen* 
das del Estado, y á hacer/se; duefip absoluto de aus 

destinos^ 



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Ijos Jfiberales' 9xaita(ló's; que ' M'sé' ' atrevlieron á 
cómBatíFfráncaínenté ^íí'C 
^^1 podqr, táijí pronto "¿biiíó' Iv^^ 
^ ^'áejIíVon^ arrastrar dé'síi ¿áío'Íi5íci¥'^ 

-décriBf ó j)C r el 6uat ' sé le- decfáíSbí fíi'ertt " áe lá ley. 

Este aecréto/y lós'injürioijos cairaéátiTÓia ae qli^ se 

' hatóiau'óei^ido en sué^escHtóá y 'díscúfóo" ¿bñtra el 

ar^iguo Qictaqor,. niCierotí que' i su regréfeo vanos 

■ Ti'ásiáa-ár'ónáe' " -aígtín'ó^ Me 'élf 6s á las^v'ecihas re- 




estaba Tá^cohcelbá, y e! dé ^Honáüra^^ Jiréisidia 

el valiente geñéf al' CafeaíSas, se'*üüíefe*én '¿ón eV óh- 



feto dé cómbátii-' al de* OüáteÍDÉialá. ffétjhbs los ár* 
regios 'pr^vioá, misircharón vascó&éelbrV' Cábúíías 
al frente de numeroso ejercito, invadieron el ferr 



30 

torio guatemalteco, y libraron la célebre batalla de 
la Arada, en la cual Carrera hubo de derrotarlos 
coibpletamente el afio de 1851. De este triunfo se 
sirvió el partido dominante para enaltecer aun mas 
á Carrera, declarándolo presidente vitalicio, y para 
modificar la nada liberal constitución con que Labia 
dotado á Guatemala, ya como república entera* 
mente soberana é independiente. 

Incansables los exaltados en sus trabajos para do* 
minar la situaron de Centro-América, dirigieron 
sus esfuerzos después de algún tiempo contra el go- 
bierno de Nicaragua. Era jefe de la revolución el 
general Jerez, que contaba con las simpatías^ de to- 
dos los inscritos en aquel partido. Los reveses ^ue 
Butnó lo copidujeron á cometer el crimen impdrdo- 
nable de ligarse con la partida de fílibusfbrps capi'* 
tabeada por el célebre Walker. Triunfa de pron- 
to la revolución; pero los auxiliares quisieron ha- 
cerse duefios del país, obraron oomo conquistadores t 
y fué necesario qne Centro- América toda^ incluso 
el partido que habia llamado i los filibusteros, acu- 
diosesa defender con las armas la independencia de 
su territorio, que seriamente se veia amenazada. 

Esa.gaerra nacional, en la cual se cubrieron de 
gloria lo^ entonces coroneles D. José Víctor Závala 
y D. Serapio Cruz, como jefes primero y segundo 
de las fuerzas de Guatemala, sirvid mucho al go- 
bierno del general Carrera para evitar las conse - 
Quencias 4o la revolución interior. Con el presti- 






31 

gio del triunfo y con las fuerzas veteranas que lo 
habían alcanzado,, fácil le fué destruir en su princi" 
pió la sublevación de la montafia, que bastante te- 
mible se presentó el afto de 1857. 

Debido en gran parte á las influencias de anti- 
guos emigrados guatemaltecos, así como al carác- 
ter ambicioso é inquieto del general D. Gerardo 
Barrios, sucit(5se por el aflo de 1863 la guerra de* 
Salvador, cuya república contaba con auxilios efi- 
caces del.gobiernot de Honduras. En esta vez, co- 
mo casi siiempre, fiel y favorable anduvo la fortuna 
con Garre^. . Triunfó del general Barrios y ocupó 
el Salvador, colocando en la presidencia de ^sta re*" 
pública á D. Francisco Duefias, y en la de Hondu** 
ras ai general D. Josó María Medina. Con el apo- 
yode^eístos gobiernos que etan hechura suya, y con 
el de Nicaragua que seguia la misma política, el de 
Guatemala sé etico^traba mas fuerte que nunca 
ejei^cia irresistible preponderancia y casi manejaba 
los mas importantes negocios politicos.de Centro- 
América sin que sus adversarios pensarati siquiera 
en derrocarlo, considerando la revolución comd em« 
presa' csCsi imposible. 

Desde que Carrera empuffd por segunda vez las 
riendas del gobierno, se entregd, sin embargo^ i los 
ultra-conservadores, y dejándose conducir por las 
inspiraciones de ese paiftido^ vino á fundar el siste- 
ma mas tiránico y absoluto que sé haya visto en 
una república americana^ 



32 

Oomo loa ultra-coriservadóréé carecíesea de ese 
^nistiuto sagaz y dé ése tacto e^tqdísito, qiiejtan ne- 
cesarlos son éa' iél manejó délos negocios, aquel 



r- ; . 



para discernir, este para ejecutar, no dnpieróü;com- 

prénder qiíe él iñtferés páblíco es él- elemento mas 

" firme de' és^a1)ilídad ,én todo góbief^nb, y lá libertad 

.' eV'Aiejoi' preservativo coütra las revueltas!' Desco- 

.hociéíidó íás tendencias del siglo, Ó' aferrándose á 

'doclnñas meláquinas, todo lo velart bajo un prisma 

etígañóso, y fratarotí' tínicamente de encaminar al 
, país por él ^estrecho sendero dé uria rutina eíega, 

tibsurdá, dbsuná^d'a/' e vapor ífndófee'asf irn vida polf- 
"^ticá en émpresatí'éát^i^iles' é ínsigtítfiéante's. 

•0í¡í:Qtl4l'^w, 9ii;^£fj}tQ, Ip, «ituaiciQíj de .Guatemala? 
.:.iP€H\if^iíij^qi(Va^.?¡^ ja,^4J^^ es decir c^ad^nas en 

o¡)t(»4£^*¿MíPíltuflfviJíí i¡qo/|áafW, spbr^ todas .ks bocas. 
4:áS»?lASf:<íW»w^s yilaa;^rtgs, kjigpora^upia j. el estan- 
;.jbaimÍíBtq4^ ^ jntelig^o^ia. Oponíase el gobierno 
/ á<^> ipiíjprí). .^epí^pl^aftíio.lp. ifuer^p.. pfira lograrlo. 
. 'iV^n9,^p^í^a!,, pÓQg?inse. diques 4 múo y fiíe ten- 

..dr¿.wn'4i^sbQrd^;3a|®P!*Pi pdPgan3.e.^Tb^rf^Taf al prp-* 

greso y sobrevendrá uCa revoluoifOn. Ou^indoDioa 

^^q^i^e;destiruif ^ui^a^fipSfi^.^Jo.hac^ ppr .mediode la 

.íaíÉ^.mi^oiaci^biajp el ip,iy¿o, deja Qivjlizacion, lo que 

.delve,d«cün4r,,4wUpaj q^aato.(iebíJCaer, cae: poco 

. á.popo-laíminas^ prepara; apenas, visible^;, basta un 

p©jftflÉVmic(ijto grande, naa mano, pojderosa, jjará, qjie 

el edificio pierda su nivel, bambolep y w derumbe. . . 



33 

Así «0 qtié sujeta Goatemak por lo» prkdpiofii 
del absolutismo, uubeár tempestuosas ye a^nipábaü 
en mx horizoAte; sentía profundo malestar, 4 iban 
ya notándose mareados síntomas de descontento. 
En tales circunsfoncias, el genera! Carrera hubo de 
fallecer i conseouenoia de aguda enfermedad, pero 
rodeado de -todos los cuidados y de I^imas empeño- 
sa solicitud que, pudieran apetecerse. Fu^, pues; 
afortunado ¿asta en la muerte, porque vino á herir- 
lo Á tiempo, como para librarlo de las amargas d6- 
cépeSónes que quizá habría eJ:perimentado con el 
demnoronamiento de su poder absoluto. 

Cheñexal tristeía produjo, sin embargo, la^ piárdi- 
da de este hombre insigne. Las banderas de la pa- 
tria, flotando con melanciUica pompa al rededor de 
aquel sarcófago, proclamaban las gloríosas haBallas 
del guerrero que allí estaba depositado. Ante su 
tumba, preciso «s confesitír quo fu¿ admirable la su- 
furemaeÍA qué: Uegdáadqnirír sobre sus compatrio- 
tas^ así como eran notaUes las altas dotes de pru- 
dencia, de fría serenidad j dé constancia én los pro- 
pósitod, que tanto llegaron á distinguirlo. Nuooa tu- 
yo tanipoco aquel orgullo necio que se anrergüpnza 
de la humildad de la cunia: Diada en él de la pueril 
vapid&d que^M ñ)adft ieo.el rango, 1« ríqucva 4 lÍR^4k«- 
tegoría. Por «1 contrai ioj hablaba siempr* 4e su 
baji^ poHdon(«ftk>sprimereB«fioi de-Btt javcatud^ 
y ^ ^cift dafldo grtiiW' al «lela poi? I«i^íkv«rM ^e 
!• kilte coficedldiDi flutos rafgor, qu» brOh^tt i 

3 






": > 



34 

través de su natural rudeza de carácter^ como el 
relámpago que rasga una oscura nube, excitan aun 
mis la sensibilidad por lo extrafio del contraste. 

7erdadera calainidad íaé para Guatemala qne, á 
la sombra del béroe, un partido funesto se elevara 
i la dirección de los negocios, manteniendo á la 
República miserablemente encorbada bajo su yugo, 
é importándole poco que cayese envilecida con tal 
de que él se conservara poderoso. Compuesto de 
tres ó cuatro familias aristocráticas, á quienes el 
vit^torioso sable de Carrera sacó de la oscuridad en 
que yacian; aliadas con esa muchedumbre de adu-* 
ladorea que se agrupan bajo el pedestal del poder' 
hablase en su gobierno sustituido la política leal y 
franca de las repúblicas, con esa oligarquía que en 
algunas naciones europeas hubo de prevalecer en 
el peor período de su historia, viviendo con esos 
elementos bast&rdos que nd son ni el talento, ni el 
mérito, ni la verdad. Figuras fatídicas, Maquiave*^ 
los sin genio, semejante i los tiranuelos de Italia en 
tiempo de los Borgias, pero sin elevarse nunca i la 
grande talla de los pro-honibrés de aquella época; 
suponiéndose dueños por derecho do conquista de 
los destinos de su patria, pues fuera de esto nada 
habiá para ellos: el mundo les parecía incompren- 
eible. 

Declarado el país meaor de edad; s6 le tenía b\i* 
j^eto á horrible tutela. P.erseg^íase ooü encono á 
todo aqu^ qu^ no queria^vend^er su/eonciencia, pre« 



38 

• 

sintiendo uña rebelión en cada suspiro, un obs- 
táculo en cada idea, una venganza en cada movi- 
miento^ hasta pretender destruir los dogmas mo- 
dernoe^, para más cómodamente gobernar con los vi- 
cios del absolutismo. Por donde quiera viven los 
hombres contentos, respirando el aliento de la li- 
bertad^ solo en Guatemala vivian con las cadenas 
de la servidumbre, vegetando en la degradación, 
cual si llevaran un estigma de deshonra. 

£1 cuadro parecerá quizá ezajerado, pues apenas 
se concibe semejante situación para un pueblo en. 
pleno siglo XIX 7 en el centro del nuevo mundo; 
pero nada más exacto; antes bien los colores están 
pálidos y atenuados. . En la monarquía mas abso- 
luta, allá en las apartadas regiones del Asía, no se- 
vé un sistema ni más cruel, ni más opresor. Aque- 
llo venia á ser un oprobio para la civilización y una 

■ 

mancha para la America latina. 



VI. 



Mueí'tD Carrera, el fiíáirtido qt)e endeftoteado esia- 
t^ de la sstuacioQ, falseo asceüder al poder al genáral 
Oertia, no por em virtudes ni por sus talentos, sino 
que, siendo al contrario de escaso m^rite, quiso con- 
vertirlo en ddcil instrumento de sus designios, los 
cuales propendían ^ perpetuarse en; el mando con 
el que en cierta manera se habia xsotiiiaturaU^do 
después de veinte afips de gobernar el país 

Toda aurora es risuefia; Bl advenimiento delnue- 
vo presidente, produjo la idea de una mejoría ima— 
ginándose muchos que la política debia tomar dis- 
tinto rumbo por ser notoria la instabilidad de los ma- 
los principios. &.saz rsípido fué el desengaño: con- 
tinua todo en el mismo estado, hombres é institució- 
nes, I viáidose siempre proscritos de las regiones de' 
poder el saber, el patriotismo jla justicia. 

Nada hay que pueda dar idea del desconcierto de 
aquella administración. 



. 4 



'i 



' I 



. . 8V 

En él ramo de guerra^ subsístiau el desorden y 
los mas espantosos abusos, así en el reelutamieñto, 
disciplina^ instrucción de las tropas, como en el es* 
tado que guardaban, que no puede compararse ni 
aun con las tribus nómf^des délos guerreros^el 
África. 

En el ramo de justicia, tanto los tribunales como 
los , procedimientos, guardaban la misma situación 
en que los dejó el sistema colonial, causando á.los 
litigantes infinitas disputas ó escandaloso rete^rdo en 
los negocios. 

En el ramo de gobernación, no se cuidaba ni de 
la poli(Há, ni del buen régimen administratiTO en los 
departamentos, pi de promover el adelanto moral 
y material en las diversas localidades, caminando 
todo al ac^so y según las circunstancias del mo- 
mentó. 

En el ramo de hacienda, no [habia un plan ver- 
daderamente rentístico. Ei sistema tributario era 
en extremo vicioso. «La clase que puede llamarse 

• 

rica, en lo absoluto contribuía para los gastos, pe- 
sando sobre el puebld infeliz la mayor parte de los 
gravámenes. Los principales ingresos eran los de 
las aduanas marítimas y los que producía, el están- 
co del aguardiente, del tabaco, y del salitre. Ja- 
mas llegó ¿ establecerse ninguna contribueion se- 
gún las reglas de la ciencia económica y la prácti- 
ca universal en todos los pueblos cultos; de modo 
que,^ á pesar de los elementos de riqueza que la na- 



•■ • :i 



.1 

'i 



38 

cion posee^ sus rentas eran tan insignificantes que 
bastaban apenas para cubrir las más apremiantes 
necesidades. 

Y para colmo de m¡¿^¿y el despotismo y la arbi- 
trariedad desplegaban sobre la ruina general su ne- 
gra bandera. En yez de la prosperidad, venia así • 
enseñoreándose la miseria pública; eu vez de prote- 
gerse la agricultura, se le arrebataban sus jornale- 
ros convirti^ndolos en soldados; ec ves de buscar el 
bien^ se alentaba el mal; en vez de la unión y la con^ 
cordia, el esclusivismo; en vez de llamar álos pues* 
tos públicos personas de mérito, se ocupaban á las 
más ineptas para fácilmente dominarlas; en vez de 
la libertad del pensamiento, mordazj^ sobre la pren* 
sa; en vez de igualdad de derechos, odiosas distin^ 
clones; en vez del libro debate parlamentario, el si- 
lencio de la tribuna, á cuyo pié la muda represen- 
tacioa nacional solo venia á escuchar á los órganos 
del gobierno. Era aquello una terrible tiranía; pues 
tiranos son, no tanto los que cifien á despecho del 
pueblo una corona, sino los que la colocan de es- 
carnio ala razón y de ludibrio á la libertad, concen- 
trando el poder en unas cuantas manos, para hacer 
depender de su capricho las garantías, el bienestar, 
las gracias y hasta la vida de los ciudadanos, aun- 
que se cubran con- girones de ley 6 se oculten bajo 
el disfraz de la República. 

Cuando la moralidad de un gobierno se eclipsa á 
tal extremo, se proyecta sobre las naciones una som- 



39 

bra dentro de la cual desaparece el drdeu eoclal. ^o 
oljístaiitei debe decirse en honor de Guatemala que^ 
apeaar del letargo en que procuraba mantenerse á la 
sociedad, escuchábcuise allí de tiempo en tiempo, 
eso9 sordos murmullos que revelan el malestar, esos 
rumores de tormenta que anuncian siempre las re» 
voluciones. La gente sensata habria deseado que las 
reformas se hicieran pacíficamente, pero obstinados 
en conservar los abusos los que con ellos medraban 
iban irrefle^^ivos marchando al precipicio, sin com« 
prender siquiera cuan vano era su intento por so-^ 
focar esas tendencias legitimas qqe van creciendo 
sin cesar y que tan hondamente llegan i arraigarse 
en Iss almas. 

Siguen los pueblos una marcha precisa é ineyita- 
ble, yendo, lo rismo que los individuos en pos de 
la dicha, ya que es tendencia instintiva en el cora* 
zon del hombre, como en el corazón de la sociedad. 
Desde que esta se vigoriza, hay pechos que laten y 
aspiraciones que se agitan en busca de la perfecti- 
bilidad. La historia, el laboratorio inmenso donde 
el pasado deposita sus lecciones para eiisefiarnos á 
juzgar de los sucesos aote 1$^ inextinguible luz de la 
verdad^ nop sefiaia siempre i las naciones marchan- 
do por la senda de lo nuevo y de lo mejor. Eso in- 
cesante moyimientc es el que las guía i su éngrau- 
decimiento y poderío. Los hombres superiores, ce- 
rno observa un autor contemporáneo,/, estudian la 
dirección y fuerza de tan poderosa cqrriente, abriéni 



40 

dolo anchuroso cauce, y así es como han sabido dar 
lustre i su nomhre y á su siglo: los hombres vulga- 
res se sientan en la margen, lamentándose de la vio* 
lencia 6 rapideas de la corriente; los locos le ponen 
dique;Si viéndose en seguida airastrados por eUa, y 
dejando en pos de sí, como herencia, los desastrea 
de la inundación. 

No es, por lo mismo, de estrafiarse que aquellos 
gobiernos que dejan mali&carse las fuerzas vitales 
de un país, trabajando con tenaz obstinación é ini-^ 
cuo egoismo en petrificar á una sociedad ávida de 
porvenir, desdeñen primero esos sordos murmullos 
que preludian la tormenta, y se vean después so-^ 
brecogidos y arrollados por ella. 

Suoedid, pues, lo que no podia menos de suce-- 
der. Los hombres de corazón 4 inteligencia, en lu* 
gar de propender al sostenimiento de lo que existia, 
ayudaban á su caida formando una opinión contra- 
ria, débil si se quiere al principio, pero que cada 
dia se propagaba mas vigorosamente. Y harto sa- 
bido es que la opinión pública, conjunto de ideas 
independientes, constituye el mas pujante elemento 
social, la fuerza irresistible que, cuando apoya á los 
gobiernos, sabe comunicarles vida y movimiento, 
así como cuando los hostiliza, caen necesariamente 
eatreshados por una acción espontánea, hija de la 
comunidad de peiüsamiétitos, miras é intereses. 

Los gebiernos, por tanto, que se colocan en esta 
última condición, solo suelen sostenerse i virtud de 



41 

una tirantez continua de todos los resortes, y como 
es imposible que semejante drden de cosas forme 
una existencia normal, su duración tiene que ser 
efímera por necesidad. Con innumerables ejemplos 
nos ensefia la historia que los poderes que han sa- 
bido conserrarse mejor^ son los que con mayor do- 
cilidad se prestan i realizar las trasformaciones re- 
clamadas por la opinión. Hay, empero, hombres 
para quines es muda la historia y estéril la expe-* 
riencia; y el gobierno de C'erna, al pretender man- 
tenerlo tode en la inmovilidad-, yacía 3omo enerva" 
do por la apatía, soñando que nada era bastante 
para minar su fuerza que allá en su mente juzgaba 
inquebrantable. 

Hábiles obreros de la inteligencia, preparaban, sin 
embargo, los materiales destinados á destruir aquel 
edificio. El tiempo, los hombres y las cosas, venian 
también obrando de consuno i favor le una mudan- 
za radical. Ya el país rechazaba esa dictaduriei que 
embrutece i los pueblos y los convierte en rebaños, 
deseando ceñirse la aureola de la libertad, para obe- 
decer gustoso i sus grandes inspiraciones. Veíanse 
claramente las chispas que debian producir el in- 
cendio, y solo se aguardaba«una señal que sirviera 
como de principio al desarrollo de los acontecimien* 
tos. 



VII, 



Estimulado el general Cruz por el buen deseo de 
salvar i su patria, lamzóse á la lucha en Febrero de 
1867; pero impaciente é imprevisor hubo de hacer- 
lo sin ningún preparativo, dando el grito de liber-^ 
tad con unos cuantos hombres desarmados 7 sin re* 
parar en los tropiezos ú obstáculos que habia de en*» 
contrar en su camino. Su tentativa f\xé fácil y pron* 
tamente reprimida, habiendo al efecto desplegado 
el gobierno prodigiosa energía 7 actividad. No á 
su prestigio, sino á la precipitación en su adversa- 
rio, asf como i la escasez de sus recursos, debiese, 
pues, este resultado; pero de ahí tomaron argumen- 
to los hombres del poder para jactarse de que 0I 
país favorecía su política, 7 de que ese conato re- 
volucionario era por él fuertemente condenado. 

No í\ié cierto: la inmensa ma7oría de la nación 
estaba profundan^ente di^^ustada 7 deseos» de sa^ 



43 

cudir el yugo; mas encerrada en um círculo de fier- 
ro, sin armas ñi elementos de acción, el desaliento 
enervaba sus fuerzas, esperando favorables circuns- 
tancias para ob.rar y sublevarse. 
' Conviene hacer aquí una observación. En toda 
sopiedad hayxierto aúmero de personas que, como 
^os gladiadores en los circos romanos, ven caer y 
levantarse á los combatientes, ven revolcarse en la 
arena á los gladiadores, y apenas con u» aplauso ó 
una sonrisa animan á los que luchan, i los que se aa* 
orifican y i los qus mueren. Esos hombres, comer'^ 
ciaptes, al^Qgados, agricultores, industriales, que re- 
prcjsentan grandes intereses sociales, eran en Gua^ 
témala, casi en la generalidad, adversarios del go-^ 
bierno. Ellos apetecian la felicidad de su patria, 
el j^orvenir de la República; pero egoístas ó tímidos, 
sufridos ó inactivos, nada se atrevian i hacer para 
enfrenar los desmanes de la autoridad, mostrándo- 
se, por el contrario, neutrales en apariencia. Fal- 
tábales un Prometeo, que arrebatando el fuego del 
cielo viniera, cual el semi-dios de fa fábula, á dar 
animación i esta nueva estatua; y como el general 
Cruz no era un Prometeo, nulificd el aislamiento 
sus esfuerzos y su voz se perdid sin eco entre las 
masas. 

Ademas, en Guatemala la inacción era general, 
la misma conducta de esa clase de persenas egoís- 
tas que tienen todas los sociedades, observaba el 
resto de la República. El despotismo prolongada 



t 



44 

por tanto tiempo» había enervado el* ánimo, de Iqs 
gilatemaiteeos, y acobardados los pueblos casi se re- 
signaban á su suerte y no tenian ni é\ valor nece- 
sario para reclamar sus dereohos. . •. "* 

Los patriotas que tomaban á su cargo la exfapresa 
de derrocar el despotismo, tenian que'^comenzáf> 
pues, por levantar el abatido espíritu de lospuíe- 
blos y coniunicarles la energía que les faltaba, con 
ejemplos de her<$ica abnegación y patriotismo. Esto 
no era obra del momento, ni pedia esperarse que 
las primeras tentativas sirvl^esen para otra cosa; que 
para conmover el affejo edificio de la tira.nia/ y pa- 
ra despertar í los guatemaltecos de su- fonéstp le- 
targo. 

El movimiento revolucionario que acababa de fra- 
casar , aunque proporcionó un triunfo 4 Ios;d¿9po? 
tas, no habia sida infructuoso para la, causa de 'los 
pueblos: ag|it($ los ánimos, avivd el odio ,coiÍ.tra lá- 
irania y arrojó la simiente de la revolución . que,' 
regada con el destierro, prisiones, vejaciones y sá-r 

orificios de beneméritos guatemaltecos, debia proa- 

\' ' . . . • ■ • •• . 

o terminar y convertirse en árbol de profundas ihi^ 
es y de estensa ramiGcacion. 

Fué desterrado el general Cruz, y lo fueron tátn- 
ien ocho ó , diez individuos de su familia^.se persl- 

• • •» 

luió á todos los que consideraban pq^rtidúriós de la 

!volucion, y con el triunfo sobre esta, creyeron los 
andatarios que su poder estaba afianzado y que 



r\ 45 

en .macHo tiempo no tendrían enemigos que coni* 
batir. 

, : ^QrmedierOn)se eon la aparente calma que rei- 

xi^ba év laO^epdblkai no obstante que eon bart& 

• ■♦'•••■ ^ 

freciieneía eiSiele ser el ánuudo de profunda? iii^tA- 
cioneÉ^ comQ -^o es de tempestad^ en los fén^loaenod 
de la atib<}sfdra/ Lisonjeábanse de ella como de úü 
' bien precioso: Esto prueba que nunx^ los poderes 
.dtoptfticbcTqiireren confesar la pr^ion que sobre los 
pueblos ejercen, y, cuando mas fuertemente Ips tie» 
iie)gt asidor por.l^ garganta^ alegan :au júleneto en 
testiinopio^ de ^laquiescencia, jactándose de k paz 
foxzadá ooittcr d^ voluntaria adhesión. 

*• tsi.Xp'ft^^vDurante la dominacioB e«pft0ola tuvo 
\9¿ i:mápioa;^rolongadísimo péríodü 4e quíe^tu^^ ail 
Ciíalrnuestrofii antepasados diei^n reí nonkhre de paz, 
porquie eii la vasta iestenslon lie 8uts:A(toimÍ09}nd se 
eneoñtraba^ gente armada que al ;got>terQQ 'tcpmiba- 
tieta,. ;réprxi(püándose: no soló todo moívitniíeiito bos- 

^ ijlly u\ú6, flíofac^tfaidose iiasta ln intención de peomo- 
' .v^rlo.. 'Sétnejante tranquilidad '64ra| em'ppe^Ojf re^ul- 

/tadp .de la opresión, era la icarei»cíá ftbsolutia deíac* 
. tltid^d; el s^tvilisnio bumillante ^del esolttyp ^qi(e en- 

\eofva4e baj[().el látigo de su se&or^ arri^ütra udatVÍ* 

. da üiijferabla. 

* T^v¡^.í\3l4 la que reinalñt en ' G^uitoímiúa^ |)o^ue 
cuando triunfad tiranía, la pw abes mae^pid el 
matasmo de las conciencias Aherrojadas, el silencio 



46 

de las tumbas con sus sombras tenebrosas y sus oís- 
euros misterios. . « 

Según la acción ó la forma del gobierno/ la paz 
es aparente 6 real: es el resultado del.ierrOr ó de la 
confianza que este inspira; la consecuencia de la 
marcha arbitrario ó legal de una administración ti- 
tánica ó protectora; un estado, en fin^ de estupor ó 
de .seguridad, producido por una política violenta^ 
ó bien conciliadora y benéfica. 

Paz y despotismo son ideas que miStüamente se 
excluyen. 

No hay ni puede haber sólida paz sino cuando 
está fundada en la justicia y en el res{>eto del dar 
recho ageno; cuando no hay conflicto entre las me- 
didas del poder y la libertad de los asociados; cuan-* 
dolos derechos colectivos é indiridufi^les spn. reli- 
giosamente acatados; cuando el gohierno celoso por 
la prosperidad pública, sabe imprimir : moVipii^pto 
á todo con la esplotacion de lo que proporciona enr 
sanche^á la inteligencia y bienestar á^Ja sociedad* 

Entonces si hay paz, paz que inf uiiá^ áliéxito ^ 
los pueblos, que fomenta su riqueza y derrama* so* 
bre ellas gigantescas oleadas de civilización. Pero 
en Guatemala ni remotamente existia tati .benéfica 
I^z, ya que el gobierno nada ejecutaba, porque na- 
da sabia ó quería, ejecutar, excepto tnantt|nér suje* 
ta á la nación, que marchaba de ese modp.á uq« 
S ruina, evidente coa descrédito de su bue^ nombre 
entre los puebles cultos. Al cuerpo social deteni- 



47. 

do én su desarrollo l^rogresivOy no se le ofrecía mas 
perspectira que la muerte, semejante á un árbol 
donde no circulara ya la savia que le infunde vida^ 
vigor y lozanía» 



I \ 



k I 






VIH. 



Tocóle al general 0ru2 residir en la República del 
Salvador. Allí se le vigilaba de cerca por el gobier- 
no de Dueñas, que siendo una hechura del de Gua- 
temala estaba tan íntimamente ligado con 41 que de 
la existencia del uno dependíala existencia del otro* 
Mas, en cambio de esa viglancia, tuvo el general 
€ruz la simpatía de los bravos salvadoreños, que en 
Centro-Amtfrica se han distinguido siempre por su 
amor á la libertad, le prodigaron las mayores mués** 
tras de aprecio, y cuando les dejó entender su pro- 
yecto, se apresuraron i proporcionarle los auxilios 
necesarios para que lo llevase i cabo, con la convic- 
ción de que trabajando por la libertad de los guate'- 
maltecss, trabajaban por la suya propia> pues era in* 
dudable que derrocado el despotismo de Guatemu'- 
la, venia i tierra el del Salvador. 

Oom^Maron i hacerse los preparativos con la ina« 



■i. / ■ 

ir. 



y - 



yor reserva y actividad, el morimi^nto debia verifi- 
carse en combinación con el que proyectaban los 
otros emigrados guatemaltecos en la frontera mexi- 
cana; pero prdximo ya ^l dia de obrar, snpo 6 sos- 
pecha el gobierno salvadoreño lo que pasaba, y dio 
inmediatamente la orden de destierro central). Se^ 
rapio y D. Antonio Cruz, inutilizando así los traba-* 
jos que estos tenían ya bastante adelantados. - 

Mientras tanto, D. Francisco Cruz, hermano del 
general, había conseguido formalizar su expedición 
por el lado de la frontera mexicana; sirvidle mucho 
para ello la amistad de D. Josa Rufino Barrios, ve- 
cino del Departamento de San Marcos, que aunque 
ajeno hasta entonces ája política, tomó parte activa 
en la empresa de D. Francisco Cruz, auxiliándole 
con sus recursos, relaciones é influencias, y coAsa- 

* 

gvéiúáoBe enteramente desde aquella época, á traba- 
jar con laudable constancia en favor de la causa que 
habia abrazado, En el Malacate, hacienda del mis- 
mo Barrios, que se halla situada sobre la línea divi- 
soria de México y Guatemala, con terrenos de una 
t y otra República, faé donde se organiza la expedi- 
ción. Lograron reuír ciento y tantos hombres mal 
armados, y á la cabeza de isUos sorprendierbn la 
guarnición que habia en la ciudad de San Marcos, 
cabecera del departaniento , y marcharon sobre 
QuezaltenangOf Sabiendo onipero que ^n aquella cía* 
dad se tomaba.QptiQia del movimiento^; aun se pre- 
paraban tropas para atacarlos, contramareharon des- 



60 

pues de haber andado mas de medio camino^ y co- 
mo no hubiesen dejado fuerzas enemigas á la reta- 
guardia, regresaban llenos de confianza, cuando los 
indígenas de San Pedro Tacatepeques, población in- 
mediata i San Marcos, en número mayor que mil, 
y armados de palos se echaron sobre ellos, los dis- 
persaron, mataron á algunos y prendieron i otros, 
sin contar al mismo D. Francisco Cruz, que Heno de 
golpes y heridas, había caido bajo su caballo. 

El Comandante de Quezaltenango did parte de lo 
ocurrido al gobierno, y en contestación le ordend 
este que fusilara inmediatamente á Cruz; drden que 
fué cumplida llevando al patíbulo á un hombre que 
probablemente habria muerto á los pocos dias, á con- 
secuencia de los golpes y heridas qne recibió cuando 

• ' » * 

lo prendieron. 

La muerte de D. Francisco Cruz y sus compañe- 
ros, f\xé unode esos imperdonables asesinatos, á que , 
en su desesperación acuden los dáypotas cuando 
sienten que el poder se les va de las mano^. Si 
matar al enemigo vencido es crimen, hacerlo con el 
adversario de guerras civiles, sin juzgarlo ni oírle 
en defensa, es mas que crimen ^ es un hecho in- 
moral; bárbaro é inicuo. 

Comenzá entonces á derramarse la sangre de los 
patriotas, con la cual debia pronto reverdecer el 
marchito árbol de la libertad. Propusiéronse las 
personas del gobierno contener la revolución dífun-' 



4 



51 

diendo el terror; pero en vez de conseguirlo» enco- 
Biaron mas los ánimos y aumentaron los combusti- 
bles que lentamente iban preparándose para la con- 
flagración general. 

La impavidez j valor con que au&ió su suerte el 
valiente D. Francisco Cruz, fué estímulo poderoso 
para que muchos abrazasen la causa que daba á jsüs 
defensores el suficiente heroísmo para morir con el 
corazón tranquilo y la frente serena. 

* 

Los que ya estaban en las filas revolucionarias, 
sintieron como era natural, la perdida de uno de 
sus mejores gefes; pero en ninguno produjo desa- 
liento, sino que por el contrario los afirmó en el 
propósito que ya tenian de morir Ó devolver á Gua- 
temala su libertad. £1 mismo general Cruz, al sa- 
ber la muerte de su único hermano que le queda- 
ba, dingi^ndcísé á los déspotas, consignó en su ma- 
nifiesto de Setiembre del propio afio éstas hermo- 
sas palabras ''Torpes' os engañasteis miserablemente 
creyendo intimidarnos con ese acto de barbarie: mi 
hermano no es el primer Cruz y probablemente no 
será el último que se sacrifica combatiendo por la 
causa de los pueblos; otros le han precedido en el 
mismo camino, ¡quilín sabe cuantos le seguirán! hoy 
todavía somos muchos; moriremos todos si fuere ne- 
cesario, y cujBindo el sacrificio de nuestras vidas no 
sea bastante para hacer triunfar la sacrosanta causa 
de los pueblos, servirá al m^nos para darle un fuer* 
^e impulso." Que esa terrible amenaza y esa he- 



fi2 

róica oferta eran la fiel espresión de los sentimien- 
tos y convicciones dé quien las hacia, vinieron ¿ de- 
mostrarlo en breve loa sucesos posteriores. 

El Tnal éxito de la expedición de D. Francisco 
Cruz y el fusilamiento de este pródujeroá, es ver- 
dad, una instantánea impresión de desaliento en 
todos los guatemaltecos; que no tenian igual valor 
ni tanta íé como los que enarbolaran la bandera de 
la libertad. Bajo esa impresión, aun les masen- 
tendidos é ilustrados, calificadan de temeraria el 
proyecto de combatir contra el despotismo que lle- 
garon i creer invencible. 

Empero, el general Cruz y los suyos, con una 
perseverancia digna de la causa que sostenian, con- 
tinuaban trabajando incesantemente,; sin que los 
desengaños, sus reveses, las contrariedades, qi ann 
la pusilanimidad de los conqiuda<|^VQs al^^^M^ti 
á resfriar su ardiente celo y á separairlos un áj^lce 
de la senda que se hablan trazado^ 

La f^ que tenian en que mas tarde ó mas tem- 
prano deberían truinfar el d.erecho. y la justicia 
contra la usurpación y el abuso, J^ueron comunicán- 
dole poco á poco á los amedrentados, que ya du- 
daban de la exactitud de este axioma: ''A un pue- 
blo le basta querer ser libre para conseguirlo.'' 

Desvanecida la impresión de terror, cesó en par- 
te el desaliento; pero aun quedab^^ por cpmbatir la 
desconfianza que la generalidad tenia en el éxito de 
la revolución. Todos esperaban qoe se desarrolla* 



55 

ra 7 ofreciera grandes probabilidades de triunfo pa- 
ra tomar parte en ellas. Uecelaban los unos de los 
otros 7 por temor de ser deunciados^ ocultaban su 
pensamientos 7 abandonaban á los que se habian 
lanzado á la lucha sin prestarles otro auxilio que el 
de su reservada 7 estéril simpatía. 

Muchos, coDciliando sus patrióticos deseos con el 
ia vencible temor que tenían a los déspotas, quisie- 
ron derrocar á estos por las vias legales; como si tas 
cosa fuera posible contra los que esgrimen las ar- 
mas en la mano 7 están resueltos i conservar el po- 
der á toda costa, sin reparar en los medios por re- 
probados que sean! 

Aquella absurda pretensioú debia sin embargo 
prodtieir grandes ventajas á la causa de la libertad, 
porque los tímidos é irresolutos se animaron á ser 
opositores en el terreno legal, 7 descubiertos así an- 
te los déspotas que ninguna clase de opinión admi- 
tían ni perdonaban, se vieron no pocos obligados i 
tomar parte activa en la revolución; pero no nos an- 
tticipemos á los hechos, que ocuparán oportunamen* 
de el lugar que les corresponde. 



IX. 



En la República de Honduras estaba de presiden* 
te el general D. Joaé Marfa Medina, el mismo que 
colocó el general Carrera cuando la guerra con el 
Salvador. 

Simpático é insinuante, de regular talento, de ca-» 
rácter d^il y variable, con mediana educación, ca — 
prichoso y despótico en sus órdenes y disposiciones, 
el general Medina habia sido un pósimo gobernante 
para cualquier otro país que no fuese Honduras 
mas en el estado de atraso en que este se hallaba 
con un pueblo acostumbrado á las revoluciones, á 
que tanto se prestan la natural riqueza de la Repú- 
blica y la grande estension de sus de desiertas mon 
tafias, el general Medina si no habia hecho mayore 3 
ffienes, tampoco habia causado mayores males que 
los que le precedieron en el mando. 



56 

Aunq[ue por sus principios políticos, por tener el 
mismo origen j pw hallarse ambos bajo la inmedia* 
ta influencia del de Guatemala, debiáü los gobiernos 
del Salvador y Honduras marchar de acuerdo y con- 
servar buena amoní«» ftó era mL Disgustado el ge* 
npral Medina con el presidente Dueftas, porq[ue es- 
i;e tenía empleado al general Xatruch, rival de aquel 
ea la presidencia de Honduras, cultivaban escasas 
relaciones oSciales,'pero se detestaban mutuamente^ 
y cada uno de ellos hubiera hecho cualquier sacrifi- 
<jio por derrocar al otro. 

Al saber el presidente Medina que los Cruces ha- 
bían sido desterrados del Salvador, y que se halla- 
ban en territorio de Honduras, los instó para qiie vir 
nieran donde ^l estaba, los colmó de atenciones y 
viendo en ellos el auxiliar que necesitaba para lu- 
char contra Duelias, á quien temia por los auxilios 
que indudablemente le prestaría Guatemala, quiso 
tomar parte importante en la revolución contra el 
gobierno de esta República. Ofreció en efecto al 
general Cruz ayudarle en cuanto le fuera dable pa- 
ra que llevara adelante su proyecto hasta arreglar 
con él los puntos esenciales y aun los detalles de 
la empresa; empezando á cumplir sus compromisos 
con cambiar las autoridades, dar el mando de las ar- 
mas en |lo8 Departamentos limítrofes de Guatema- 
la á las personas elegidas por el misoio general Cruz, 
y situar en la frontera los rifles y elementos de guer- 
ra que á éste debían servirle. 



56 

Temiendo los reflultados de esa liga Cerna y sus 
ministros, trAtaron de separar al general Medina del 
general Cruz, y con tal objeto eswibieron al prime- 
ro did^adole que los emigrado* guatemalteoos eran 
hombres perjudiciales y muy peligrosos, á quienes 
debia vigilar y confien trar eo alguno de ios Depar* 
tamentos interipres, por su propia couiveniencia y 
para evitar que trastornasiea el (Srden de G^atema^^ 
h, que era u^a República amiga de la de Hondu- 
ras. Junto oon esta precaución, tomaron la de si- 
tuar una fuersia en ChiquimuU, ciudad inmediata á 
la frontera; pero ningún resultado prodqjeron 4e 
pronto las nptas y cartas particulares diríjidas al 
general Medina y la precaución de situar un ejer- 
cito en Chiquimula, aíqo el de aumentar los gastos 
y Qon ellos las <lificultades pecuniarias en que se en- 
contraba el gobierno de Guatemala. 

Hechos los preparativos aecesarios parft \^ espe- 
dicion, hubo sin embargo, que suspenderla^ pqr al^ 
gunos dias; pues el general Mediaa se veia aoo^ená* 
xado de una revolución interior qu9 tramaban los 
descontentos, excitados por los agentes de Dueftaa; 
pero asegurada la pas^ con auxilio 4cl;general Cius 
que tomó el mando de las fuerzas que de Granas 
marcharon á la capital, nada faltaba yapara dar 
principio al proyectado movimiento. 

Marohó el general Oruz i erganizar y armar su 
fuerza en la frontera, y ocupándose de ello estaba 
cu&ndo las autoridades le mostraron órdenes que 



.57 

acababan de recibir, por las cuales les pre venia el 
gobi erno que impidieran la espedicion y no entre- 
garan los rifles y. elementos que se habian puesto á . 
las órdenes de Cruz. El origen de esta c«ntra-dr- 
d^n debe buscarse en el inconstante y variable ca^ 
rácter del general Medina: sin duda los hondurefibs 
partidarioeí del gobierno de Guatemala lo rodearon, 
le exájeraron los peligro&á que se esponia, y arras- 
trado por su influencia se arrepintió óe lo que ha- 
bía hécho^ fu^ inconsecuente y aun cometld la in- 
gratitud de mandar que lo» emigrados guatemalte- 
eos, que acababan de ayudarle ^á asegurarla paz/ 
^uesen concentrados á la capital. 

Esta decepción obligaba al general Cruz y i sus 
compañeros á comenzar de nuevo una obra que 
creian tan adelantada: habian perdido su tiempo y 
sus trabajos: habiaü gastado gran parte de sus re- 
curiBps, ^ue d« |)ór sí iK> eran muy abundantes: no. 
debian coütar ya eon la amistad y protección del 
gobierno de Honduras^ con el 3aal no era posible 
entenderse después de la conducta observada por 
el general Medina: no podían llegar al Salvador, 
cuyo gobierno les era declaradamente hostil: del 
mismo Guatemaki no debian esperar grández auxi- 
lios, porque conociendo á sus paisanos sabian que 
era casi imposible «[ue' voluntariamente se compro- 
metiesen en una empresa segura en peligros y muy 
duddsa á sus inmediatos resultados. Sin la ardíen^^ 
te fé y extraordinaria energía que la Providencia 



58 

coloca en el corazón de los hombres á quienes des- 
tina para sostener la causa de un pueblo oprimido, 
el general Cruz y los que lo acompafiaban habrian 
cejado ante ese cúmulo de circunstancias adversas i 
habrian desesperado de conseguir su intento, y per- 
didos con esto los esfuerzos y sacrificios anteriores > 
Guatemala habria tenido que conformarse con su 
suerte y arrastrar aun por mucho tiempo las duras 
cadenas del despotismo; pero no fué así: desde el 
gefe hasta el último eoldado pasaron con impavidez 
por la nueva prueba i que se les sujetaba; todos á 
una voz dijeron: ya no contamos con estas armas ni 
con este territorio, busquemos otras armas y otro 
suelo, para poder acudir al llamaniiento de nues- 
tros hermanos. 

Partid el general Cruz á Nicaragua, y no encoa- 
trando allá lo que buscaba, resolvió trasladarse á la 
frontera mexicana, de doixde sus hijos, Barrios y 
los demás que habian aoompafiado á D. Francisco , 
no cesaban de llamarlo con la esperanza de que por 
aquel lado fuera mas fácil hacer la guerra al go- 
bierno de Gerna. Aun para esos viajes tuvo el ge- 
neral Cruz inmensas dificultades que vencer; mas ni 
la enfermedad, ni los contratiempos, ni los disgus- 
tos, ni el dolor de ver á sus hijos, parientes y ami- 
gos perseguidos ó desterrados, nada era capaz de 
disminuir su patriotismo, ni de quebrantar su indo- 
mable enefgía. 

Ko era menor la coQstancia ni mi'cho mejor la 



59 

situación de los guatemaltecos que estaban por el 
lado de la frontera mexicana, y que encontrándose 
sin gefe llamaban al general Cruz con instancia. 

Aunque por tener inmediatos los Departamentos de 
los Altos, donde mas hablan cundido las ideas revo- 
lucionarias, era hasta cierto punto, fácil organiza r 
una espedicion, carecían sin embargo aun de los re* 
cursos necesarios para atender á sus módicos gas- 
tos personales, y las .autoridades mexicanas Us mo - 
lestaban con frecuencia, retirándolos de la frontera > 
y algunos de ellos, como el infatigable Barrios, su 
frieron la vejación de que los llevasen de una á otra 
ciudad, presos, amarrados y á pié. Dejémosles ocu- 
tpados en su laboriosa tarea, y veamos lo que entre 

anto ocurr-a en Guatemala. 



• / 



X 






Con existepcía dura y penosa iba caminando la. 
República, cuando trascurrid el período presiden- 
cial del general Oerna y llegó la época de una nue- 
va elección. 

En todo presentaba aquel país excepcional as- 
pecto. Tenia una acta constitutiva, informe conjun- 
to de prescripciones que exprofeso venian apoyan- 
do la tiranía, pues parecen haber sido hechas para 
reglamentarla y sancionar la mas absoluta lenidad 
despótica, ó el desprecio mas completo de los dere- 
chos populares. Confeccionada bajo la autocráti-- 
ca ad ministi ación del general Carrera, hubieron na- 
turalmente de condenarse los dogmas libejrales por 
ella siempre menospreciados. Nada, por tanto de 
libertad ea el sufragio. Excluíase al pueblo del cen- 
so electoral, sembrando de espinas la senda que te- 
nia que andar para acercarse á las urnas. Los po- 
d eres públicos se nombraban por cuerpos privile^ 



91 

giados^ proolamátídde de este modo la supremacía 
de unos cuantos sobre la generalidad, con menosca- 
bo de las doetrinas mas elementales del sistema 
constitucional, ^rá única éa su g<¿nero esta famo- 
sa carta/cuyosprincipios díselve&tes obocabán al>iér- 
tamente con el espíritu dominante én las modernas 
sociedades. 

Entre los poderes públicos Bgúraba en segundo 
término, ya que el primero correspondia al gobier- 
no, una asamble legislativa. En ella solo se daba 
entrada á los miembros mismos del gal>inetev á sus 
seides y empleados^ para absorberse así las faculta^ 
des deia soberanía y hacerse superioi* ¿ todos los 
derechos del país. En lugar de ser siquiera, una 
asamblea electa por el voto espontáneo de las cor^ 
pioraéiones que la nombraban, coástitUiase de drdeii 
suprema; y^>C0Xlto !emaniíck)n dei ]gaíbi&etíe|iñéra sumi- 
sa en estremo, y mas cuidadosa de los intereses de 
los hombres del poder, que de las qué con relación 
al bien geíteral insf^iraba el patriotismo. 

Rotos p&recia que estaban los resortes del éspíri- 
tu de independencia en la mayoría dé los diputa- 
dos, sin qué nada bastara para templar en ellos las 
fibras de la dignidad personal. Sujetando sn vo- 
luntad á la voluntad del ministerio, recibían la con- 
signa^ arreglaban á ella sus resoluciones^ y por eso 
de continuo se les vela sují^rimii* todo débate, atro- 
pellat las leyes, tergiversar los fundámeiatós de un& 
buena política, desnaturalizar las bases que en cual- 



62 

quiera nación, monárquica * ó republicana, tiene el 
régimen representativo, y, en su consorcio con e * 
EjecutivO) aprobar todos sus actos, para que á mían- 
salva y con insultante impunidad ejerciera la mas 
iliínitada dictadura. Tenia aquel cuerpo á ser de 
este modo un simulacro de representación, una far- 
sa grosera, una cámara aprobativa, según la feliz idea 
de un ilustre orador, pudiendo quizá' haber habido 
congresos mas perniciosos, pero de seguro ninguno 
nías degradado. 

Al aproximarse la época de la elección presiden 
bial, reunióse la asamblea, y desde las primeras se- 
siones notdse con asombro que se formaba en su se 
no un núcleo enérgico de oposición como cons^cuen 
cia de los esfuerzos y sacrificios de los patriotas que 
comenzaban á producir sus frutos. Varios diputa- 
dos de nDüble. althrei y osatloi.caráoter^oá cuya cabe- 
za descollaban los Sres. D. Miguel García Granad- 
dos, D. Arcadio Estrada y D. José María Samayoa, 
trataron de combatir al absolutismo y de sostener 
los derechos del pueblo. Acostumbrado el gobier- 
no i que la cámara le rindiera humilde homenaje 
aun en sus antojos, al escuchar la elocuente voz «de 
oradores que anatematizaban sus bastardas usur- 
pacione, encendiese en ira, prorumpiendo en sor- 
das amenazas y en acentos de terrible enojo. 

Organizado así un partido hostil en el seno de la 
representación nacional, antes muda é inerte, abrían- 
se los debatea tempestusaomenle, tomando parte Itfl 



r 



83 
ilastracíones del país en discursos donde competíati 
á la par lujo de saber y TÍgorosos razonamientos 
Aunque pequeño en número aquel partido, era 
grande por el valor y el talento, y atacaba al go . 
lierno con esas fórmulas concisas, esas ímágene -- 
atrevidas, esas protestas de hombres independien-' 
*e» que se encaran i la tiranía. Convertíase enton- 
ces el salón en inmenso, tumulto dande relampa- 
gueaban de un modo siniestro el odio y la cólera 
apasionándose vivamente las galerías, henchidas por 
un público selecto que acudia presuroso ante la no- 
vedad del espectáculo. 

Era la oposición siempre derrotada por la mayo- 
ría ministerial; pero en cambio adquiría en el país 
grandes triunfos, ya que en asuntos políticos hay 
deacftlfí^o^ que son victorias, como hay victorias 
que son descalabros. Conmoyida la opinión públí-^ 
ca con el eco de aquellos combates de la tribuna, se 
incendiaba á los relámpagos de los oradores, desper- 
tándose en las masas sentimientos adormecidos, has- 
ta producir en ellas profunda ansiedad y esa exci- 
tación é inquietud que suelen ser presagio de gran- 
des acontecimientos. 

Entrando la nación por senda mas dilatada que 
la que antes iba recorriendo, marcábase bien la fi- 
sonomía de ambos partidos contendientes. 

Para el partido ministerial compuesto casi exclu- 
aivaDDiente de em picados en el gobierno, este era 
excelente, porque ellos estaban bien, teniaü abier 



64 



tas las puertas del erario, disfrutaban de-^onside*- 
raciones, y dcseabaü, por tanto, seguir esplotanao 
lamina. 

Al partido de oposición se le tacÜá'ba de aspiran- 
j;e, pero en realidad se le veia aniíiíado por un espí- 
ritu sincero, anhelando vívattiente un cambio para 
que no se conculcaran dia a dia los principios tute- 
lares de toda sociedad civilizada, pretendiendo tan 
solo el imperio de la ley, del (írden y del progreso, 

■ ¥ * , ' 

basados en la libertad, 

En los ministeriales, sus miras eran níezquinas, 
'personales sus intereses; en los de la oposición^ apa ^ 
reciaü nobles y elevadas sus aspiraciones. 

Cuadraban al gabinete los primeros, pueá Bienl- 
pre son gratas la sumisión y la lisonja; desagrada- 
banle prófundaoQ^tfte ' los otrod, ya qu6 'prodit^a*' 
biaítí sus errores 4 ineptitud, y la verdad siempre es 
amarga para el poderoso. 

Las plumas qttie sostenian al poder, así como sus. 

* 

oradores, eran empleadp» suyos de alta categoría; 
mientras que no se dejaba escribir á sus adversai^ios/ 
y apenas gOzabah de alguna libertad, en :1a tribuna, 
ahogada bajo el peso del námeró. 

El gobierno estaba i^olo, sin mas fu^^ü'á q&é sus 
soldados mercénai^íos; la oposición c^útábft Sótx la 
voluntad de las intéligteücias' esdáreoidas y de las 
almas independientes. 

De todo esto reiúltaba, qué de parte dolos mi*-' 
ñisteriales ño háSia conciencia sino 0eírtilismo> no 



M 

nAíS&.y'M sinceridad- puMtQ que solo los guiaba el 
4efteD ."d^ Ik regéneraqiocí de su país. 

Ba .eii páiádélo déiambos pai^tidos^ la nación en- 
te^^ eflty)£^ del lado de( la i>po3Í€don, viendo en ella 
▼inéulaídiía' Iftjastíeia^ amoralidad, y por conse. 
imesiaia^da gmndora deile Bé^i&blicía. 
I . Guando lo6 iiémorsr hallaban en mayor eferires- 
cencía i causa de las iiteipnés ' de la Asamblea, y 
ma&.¥ÍTámonte atizadai/iaB {rasiones bajo el soplo 
aédieikte da> las disputas ftolítío$s, comenfearon los 
tirabaiíes ptaparatofíós para la elecoiou presidencial. 
Dofi^eoaii los oondida/kos qu^ hablan descendido á la 
liza.: eligeiüertti; Oarba, cuya reeleeci<xn sostenía el 
partido «íiiititfteriál; y el gfenérál Zavala/cuyó nom- 
bre ficé propuesto f)Of el' partido de la oposición. 

Tt^en £ titeéés lor gobiertíos, lo tnlsnío qué los 
individuos^ Inspiryíciones que ha aconsejan ser cau- 
tos ¿át^istapdé^l^spreeipioicMi en que pueden hundir- 
Bfi^i V%vxíÍB¿kh péeseilitifbase la oportunidad para; una 
transacción entre ambos baádos beligerantes, a^ep- 
t4^Q49fÍ9^.P\9Í^jí¡males¡Ia candidatura del general 
^It^íf^hf^^l^'^^ypy f ^1 ^cual 'por sus antecedentefi 
^íSffe'I^IPI^ja^pU^íiilías ¡garantías^ Á ello se negaron, 
8Íg^m]j^r||^;rQQi^ tf^as&x>bstinft£áqn, guiádbs^por el 
iPcWkl^*: pji^ppí^^ita^ide).tsegui¿ diiig^ eKolnsiva- 

mj^í^ti^ JifiHifleii^ÍQíM delfMifs^ maá riesgo de pertur- 
lW¿4.Me»b>^l»t6aMt;^i:ídejk«lti6púMim^ . 

i^v^i^^eitfMcehM tttcldbdojrrá y 



66 

una tortuosa política^ prefirieudo correr bs azarea 
de la guerra civil que todos preveian^ á la eonser- 
vaciOQ do la pa£ y la concordia de los ácimos/ no 
flolo posibles eu: aquellas oiFcuostaneifcSy síiK> per- 
fectamente realissabMs^'.'Comod^biari siicedér entre 
partidarios de hn&údkfé; phet lo» nobl^sricorazOBes 
tienen siempre un terreao común donde ed fiicil en- 
contrarse: el amot de la patria. i 

Pero para aquellos hombriSB nada era; la patria, 
tratánd^e de sü p^petuidad en el poder, oo ob8>* 
tan te que palpaban' hasta la. evideücia su de9presti>- 
gio y Ips clamores deja nación entera por otras ins- 
tituciones y otro personal en el gobiierBO. Ccey^n- 
dose i todos superiores^ parecíalas huAiiUauti^: des* 
cender de sus altos ^puesjtQs é ir ¿ 'Confundirse entré 
el resto 4e. sus conciuda:4&npsy< habiendo llegado J 
ese estado supreq^o d:e af|ibicÍQii que hace desvatie- 
cer la |nteUgef|ciqr ante i^l sueifio vartiginoiso de fan - 
dar un^ espi^cie de .di^distJÍ.a it^ara »í y sus heceder<»i 
bajo la bandeja del .despe^i^müt ^ « 

T 

Con objeta' dé escasar sü'-CdndtKSta, ^'tachaban a- 
país eo!flU8 encrítos dé^ falta 4e pétsotrás iddneas, 
figurándose con necio orguUe-^ inaudita présuneion 
ser loS' únicos capaces de tornar parte én la ditec, 
(»oñ ele la sociedad»! Reapeeto de sus^ ad^ersiEtrios 
apcirentaban ver éuueUos ua^dt Ciianftós^ intrigantes 
movidos par iáirfiB;liastar4fl«^^4en' iie2<.d« ítüfaftrado^ 
ciuda<bno8¡qiiev^fli/iinhelabiii ttH'^ttbid, éNt p<^ e 
bieB díe la patvia/i^orque Ift nfttttalMtt y qu<ii^ eer- 



67 

virla noblemente. Y así, ante la obstinación de ta- 
les hombres, quienes juzgaron empresa fácil couti- 
Duat* subyugando á la República, vino á crearse una 
situación deplorable, la cual traia conturbados los 
espíritus^ que en vano buscaban el remedio de tan 
profundos males. 



e\ 



' « 



XL 



Bajo semejantes auspicios hubo de congregarse lá 
Asamblea en Colegio electoral, para proceder á la 
elección de Magistrado Supremo de la República. 

Pero antes que pasemos adelante, detengámonos 
un momento á fín de trazar algunos rasgos biográ« 
fieos de los candidatos que se disputaban la vic- 
toria. 

N'ada notable ofrecían Iqs antecedentes histéricos 
del general Cerua: debia su entrada en la escena 
política í los Cruces. No queriendo estos, el afio 4 8 
conservar ningún cargo de importancia para sí ó 
para los gafes que hablan servido i sus órdenes, y 
deseando al mismo tiempo que recayese el mando 
de las armas en una persona que ho pudiera aun 
aon ellas imponerla ley, ezijieron por uno de los 
artículos del tratado de Zacapa que ese mando M 



• 69 

dicfra & D. yicente Oernai pacífico hacendado Sel 
Departamento de Cbíquímula, que i la eircanstan- 
cia de pertenecer á una muy estendidá familia, reu- 
nia la de tener buenas relaciones con los ^efes de 
la revoltíoion, y principalmente la dé que laé armas 
no eran peligrosas en manos tAu poco aptas para au 
manejo. JNTombrado corregidor, de Obiquimula dúr 
rante el gobierno de Carrera, íflé allí emblema del 
tcfrror, y vaciado en el molde del absolutismo, era 
un bajá sin el traje orieóital. 
. A la muerte de a:}uel ilustre geí^, se apercibía - 
roa los ministeriales de las ideas despóticas fuerte- 
mente acentuadas de Ceruai no siendo menester 
mas para adoptarlo por su fayorito. Educado bajo 
la tiranía, natural es;.qu^. abrigara las mismas pro- 
pensiones que ella. De i^hí su elevación & la Presi- 

» 

dencia. En tan alto puesto^ pronto dej($ ver su fal- 
ta, de conocimiento del mundo y de los hombres, 
así como la carencia absoluta de ese recto juioio y 
sagacidad que requieren el gobierno de un Estado, 
ra^pn por la cual venia el p^is en sus tnanos de 
precipicio en precipicio hasta su ruina. 

Oreiase él una gran figura, pero eti realidad no 
era sino completa medianía. Gomo militar, no con« 
taba en su carrera sino hechos comunes^ ó derrotas 
cual la de Coatepeque en la guerra del Salvador 
puesto que á su impericia se debió la pérdida de 
aquella jornada. Como político, solo se distinguía 
por su limi^do horizonte intelectual» que lo hacia 



70 

aferrarse i doctrinas sin grandeza, rebeldes á lo pre- 
sente é inaccesibles á lo porvenir, y por sü sujeción 
á las inspiraciones de su ministerio. Los lamentos 
del pueblo llegaban hasta él tornándose en cantos 
de alabanza: las espinas que en el camino de éste 
punzaban, se le hacian aparecer como flores; y s^ 
alguna vez los ecos sordoB de la tempestad resona- 
ban con fuerza en sus oidos, la turba palaciega le 
insinuaba que era fácil apaciguarla con medidas ex- 
tremas ó con solo la fuerza de su prestigio. Era ade<p 
mas de carácter obcecado^ habiéndose atraído la an- 
tipatía general por sus numerosos defectos, aunque 
poco se cuidaba de eso, sobrándole desden parar de- 
safiar todas las opiniones. 

El general Zavala, oriundo de la capital y de una 
de las mas distinguidas familias, pasd sus afios ju- 
veniles e^ los Estados-Unidos, país escojído para 
su educación. De regreso en el suelo natal, una in- 
clinación irresistible le lanzó á I'bl carrera de las ar- 
Qias, en la cual ascendió rápidamente merced á la 
intrepidez que supo ostentar en repetidas hazañas. 
*^n el ejército se le citaba siempre como uno de los 
mejores oficiales que honrabaü suer filas. 

En la penosa y larga ¿ampafia contra Walter y 
sus filibusteros, el general Zavala, gefe de las fuer^ 
zas de Ouatemala, se distinguid por su caballerosi- 
dad con las prisíoieros, el buen trato á los subal- 
ternos y un valor qiié rayaba en temerario; esa 
campaña enalttecíd su nombre en todas partes, dan- 



71 

dolé inmensa popularidad en Centro Amárica. En la 
guerra contra el Salvador el presidente Carrera eli- 
jió para su segundo al general Zavala, conBri^ndoIe 
el alto puesta de naaypr general del ejército y el 
mando de la primara, ^ijVi^iopj el éxito acredita. el 
acierto del nombramiento, pues en aquella espedi- 
cion.no jie desmintiá el, v^lor, constancia y activi- 
dad de Zavala. Hacíase ^por otra parte notable á 
causa ,d6)9U integridaij^ de la nobldza^d hidalguía de 
sus sentimientos, de sus finos modales y otras cpa*« 
lidades que le adornaban. 

En el,.dia,de la elección prosidencial, Enero 17 
de 69, las galerías de la sala donde la Asamblea ce- 
leb^aba sng sesions, si)s avenidas, . y aun las calles 
cercabas al edificio, Uc^pas estaban de inmenso gen- 
tío, l{abífj9e despleg^^p estraordinario lujo de tro* 
pas, no tanto para m^nitf^ner.el reposo público, co« 
rao por ostentar f^ps^aáp^ xai^itar; pejro i pesar, de 
esto, conforme iban entrando los diputados de la 
oposición, eran calurosamente aclamados por la mu- 

chedumore» 

» •. • * • .. 

''-.'. *' ' . .'''•••■ ' " 

• Al principiarse el escrtftinÍ9 yeinaba profundo si- 

.■•'»•* ' * ' 

lenc«o, y al terminarse el acto con la proclamación 
del jgeneral' Cer ña' poV máydría'de votos, el pstupor 
etribai^gá utí ínotóentó Ibs ánimos, éétallandd des- 
pués' prolongados mnVmúllbs y gritois de muerte 
contra 'lod toíembros^^ftl gSbíerho y sUs partida- 
nos. 



T2* 

El tumulto era indeflcdplable. Todos i porfía pro- 
testaban' contra aqu!el&talrésüIta(ío, puesasf veian 
rotias éxté mas caras 7 patritfficas ilüsTonés/ ISI pMC* 
\Ao, que sé séntia impelido p6t el pró¿t^so,'aX>Vigs^^ 
b^ contra sus ííranos iídtoprbfundo, y iaraientémén- - 
te an&elába qtíé tomarán iái/ riendas del listado 
otros hombres, que no pospiisiéirah él intei^ei dé la 
géneriMdad á su interés privado, atiogán'do ton f^r« 
rea mano toda trasformacion en hénkñéió áe la 
patria. 

i' 

Cuando los miembros del gobierno y sus adictos 

> t ' • I 

se retiraron mudos y consternadas- en Gbédio de los 
insultos de la multitud, ^sta, poseída Aé léé^m^fór 
vehemencia, condujo eu triunfb al general Zavalá, 
y al ver ¿ su paso étt uh estáUl^pifQiédtó públfóo lá 
•tricolor bandera nieiticana, la iretáolo ^ú^sustna- 
nos, cómo 'buscÉfndo tfti «ím'bólo dé ' suíj éeítíeVa'nsias 
ó una enséffa qué lá gúiüts^lii cb&báte. 

Hallábanse los ánimos en ese estado de exitacion 
en que algunas inteligencias atrevidas, algunos bra^ 
zos activos, bastan quizá peira iipprimir á los suco- 

SOS un curso inesperado. 

' . • . ''- ■..■". • ' . .' 'í>.'. 
In vitdse al general ¡Zavala para que,^. poniendqsa 

al frente del movimiento, se.dir\iiera á ús frogas y 
procurase atraerlas á su> parjtic^^; pero ^1 ne^dse á 
ello, manifestando que jan^9>s ascpd^r^ al .po- 
der por otro medio que no fuese el de las vias le* 
gale i. 



73 

El pueblo, no obstante, corría por calles y plazas, 
apedreando las casas de sus enemigos y espresanSip! 
de todos modos su descontento, al grado de ir ^, 
insuíta^r al pi^ de sus balcones al mismo general. 
Oertia^ 

La guarnición, que constaba de mas de tres xniV 
hombrea, habíase hasta entonces mostrado ínofen- 
«iva; pero ante , ésta última demostración, deatM^- 
ronse fuertes columnas que maltrataron á aquella a. 
masas desarmadas 4 inermes, asedinando jinicu^ame9.T 
te .al jóv«n Bubio, y logrando disipar los grif{ioa y, 
restablecer otra vez la pavorosa tranquilidad de 
los sepulcros. 

Mucjipa c^^eyeron que sí el ptXebliQ hubierd t^nidicí 
aromas, )iabria alcanzado por él solo 4iit6 completo. 
Srror profundo. El pueblo isiii la dificipUna militad 
np es sino una fuerza conyul^iv^; p^eo &t^^ i^x^iet 
soldados organizados, gen^ q^l^^eot UQ éi2iá^ 
eatusiaaqi9 pt^ra dcffiapiured^ 4úbttMl^eMe «n Mmt 
hora de ttbatifl^ieato i¿ ínforttimo. 

SiínU^o era él aspecto qué f^l^ftii^lpi^^ 
después dé -tiióh sucesoe. Nüifi^d e! rW^iiúKiit' 
de la libeHad, ios espiritas étH^ám^fií^ís^c^V 
Murmuraba él comercio, protesdl{(skl& '¿'onéíSiit^tas 
in'déi^éndíentés, y todos sé alaridjriíl^¿' prWt^^^ 
mates para la Bepública. 

tfñ gobierno mas patriota ó mas previsor, se ha- 
h^^ apresurado & resignar pl ppaer en ótráeí ui^^Q 



pero q1 de Cerna decíase á si propio que reauneiar 
erft suicidarse. Esto, que habria sido verdad en 
otras circunstancias^ no tenia aplicación en aquelIaSi 
pues su salvación solo estribaba en retirarse, ó en 
hacer las concesiones que el país reclamaba, impe- 
riosamente. Iíslíq, de eso hizo. Decidid resistir i 
todo, apoyándose en el lenia de su partido que de- 
cía á la época y al país: ^^de aquí no pasardsí^ 

Crejreron ver algunos en tal actitud uñó de esos 
rasgos de valeütía con que los gobiernos se salvan 
en las crisis peligrosas, pero los mas' creyeron oir el 
ppstrér suspiro de agonía de aquel partido. No 
eqüivalia esto, en efecto, i lanzar á la generalidad 
de los guatemaltecos en la revolución. ¿Qué pe^ 
dikn todos sino la libertad que racionalmente no 
debia: negárseles? Dónde estaban en Guatemala 
aquéllas turbias feroces y sanguinarias, que saquean 
las ciudades, proclaman la anarquía^y entregando*^ 
80 i todo linaje de excesos son un peligra' extremo 
pa^á la sociedad? Legítima es üú dada Ta repré** 
sion contra la demagogia} pero injasCb 'itóbremane*^ 
ra sari slempri» sofocar pon kxf^o ^q ac^rx) las no- 
blefl astpiraciones de los pueblps pqr;, u|;ia ^ ituacj^ofi 
bonancible y hacia un porvenir mas lispojei^p. ,.; . 

Al xniedo, .m embargo, todo le infuu^e^ sQsp^ecJ^aa, 
y i las 80spec];ias todo le sirv^e 4^ ppeba. poA,g£?r. 
testo de consolidar el orden, adpptdflíe un^rjiíginiejd 
de terror, decretándose persecusiones y arrastrnn- 
do á multitud de ciudadanois,. No hay en Guate- 



I 
i * 



75 

ma,]a nadie qm no recuerde como se trataban á estas 
desgraciadas víctimas: se las encerraba en mazmor* 
ras oscuras, fétidas, horribles, se las cargaba de gri* 
líos y se las torturaba cruelmente. De repente de- 
saparecían sin que se supiera su suerte: á sufrir du-r 
ra prisión en mortíferos climas se epyiaba á las 
unas; i las otras se les conducia al cadalso silencio- 
samente para herir sin eco. Prontitud, secreto, mor- 
daza en la defensa, nada de publicidad, nada de 
garantías: tales eran los procedimientos de esos jnu 
CLQS. en los cuales se encuentra el sello del crimen 
político y una triste reminiscencia de los tribunales 
sombríos de Venecia. 

Y todo esto el gobierno lo ejecutaba en prd del 
¡drden! Qué orden era este que así asesinaba el 
buen nombre de la nación, que no proporcionaba 
una hora de reposo á los ciudadanos é intentaba su- 
mergir al país en las tinieblas del siglo de Atila? 
¿Era acaso preciso para su sostenimiento que na- 
die hablase, que nadie pensara, que la humanidad 
siguiera otro rumbo distinto del marcado por la 
mano de Dios? 

En ninguna parte puede decirse que reina el orden, 
si no se advierte mutua confianza (sntre el gobierno 
y los gobernantes, si no hay respeto á todos los de- 
rechos, libre manifestación de todas las ideas legiti- 
mas, holgada satisfacción de las necesidades públi- 
cas, inriolabilidad de las garantías individuales. 



76 

Mientras no existen semejantes condiciones^ no hay 
ni puede haber orden en una sociedad, porque tal 
no debe llamarse ese drdeo oficial, resistente, re- 
rdgado, especie de pirámide cuya base es la tira- 
nía y cuyo vértice es la mas absoluta iosensatez. 



Xlí. 



Durante la lucha «lecctoral, los emigrados iió há-> 
bian permanecido ociosos: mezcláronse en ella éüan- 
to les fué posible, A su ejemplo y esfuerzos, dfe- 
bíose en gran parte el admirable entusiasmo que el. 
día de Jas elecciones maniféstá el pueblo de ía capi- 
tal y á su propaganda, que el despotismo de'Güate- 
niala fuese ya odiado en todo Centro América y aun 
en los Estado mejicanos mas inmediato» á lafro&tera; 
sin descuidar por esto sus trabajos revolucionarios, 
pues no creyendo poBÍble el tiempo de las eleccionejSy 
solo veian en citas el medio de desengañar ¿lo&que 
aun abrigaban la esperanza de curar el nial sia re- 
currir á las armas. 

En Nicaragua cuando D. Serapio Crus proyect<$ 
du yiaje al Estado de Chiapas, el Lie. \D. Antonio 
Gruí emprendió el viaje para la ISépública dé Costar 
Bica, siempre con el objeto de trabajar en favor de 
la revolución, v^l poco tiempo dé kalláifsé ' eá hi 



^ ..^- 



Capital de agüella ptiv ilegiada sección de Centfo Amé- 
rica fundd un periddico para que circulara esclusi- 
vamente en Guatemala, donde se repartía gratis y 
con mucha reserra. Redactábanlo el mismo Lie, 
Cruz y D. í^rancisco Molina, emigrado guatemalteco 
también de notable capacidad é ilustración; y aun- 
que pequeño esa periódico, produjo grande efecto en 
el ánimo de los oprimidos guatemaltecos que, con- 
denados á ver únicamente las publicaciones del go - 
bierno, buscaban con ansia y no leian, sino que de- 
voraban aquel drgano de la oposición, contribu- 
yendo á darle mayor interés, la persecución de que 
era objeto por parte de los ajentes del gobierno. 

Por lo apropósito que es para dar i conocer los 
incideotes y ciertas circunstancias de la lucha electo- 
ta]| voy Á permitirme la reproducción de lo que 
sobre. ese asunto dijo entonces el indicado periódico: 

''La6 personas del gobierno, resueltas á defender 
su presa, como defenderla el hambriento tigre lo que 
cayera entre sus garras, se alistaron para la elección, 
llamando i la capital y haciendo levantar en las pro- 
vincias todas lasjtropas que les inspiraban menos des-* 
confianza, y ordenaron á los comandantes departa- 
mentales que en el caso de salir [electo para presi- 
dente el M. Zavala, reuniesen á las municipalidades, 
curas y vecinos notables y los obligaran con astucia^ 
ó con la fuerza si era necesario, á proclamar á Oer- 
na y á desconocer el voto de la asamblea. Qué des- 
caro! Qué impudencial ¡Cuánta perversidad de- 



19 

be haber ea el corazón de esos Hombres c^^ue pre- 
tenden conservar el mando de una República que 
los detesta, para que no reparen en los grandísimos 
males y en las ensangrentadas consecuencia de la 
lucha queptovócan! ¿Qué les importa á ellos la for* 
tuna; el bienestar ni la vida de lois ciudadanos? [Que- 
den algunos vivos y continúen siendo sus esclavos; 
este eef el deseo del gobierno; y para conseguirlo^ to- 
dos los medios son buenos ante la conciencia de 
esas depravadas gentes. 

'^Con esas tropas preparadas y cuyo gasto costea 
el pobre pueblo contra quien se dirijen, sostuvo el 
gobierno la ireeleccion de Cerna: lalo^ró, á infataü- 
do con el triunfo, aun en medio del teéror que le 
inspiraban' las amenazas del pueblo, se jacta con ci- 
nismo de haber conseguido, contra loá votos del 
pueblo; la reelección, y publica en su periódico ofi- 
cial: que el día dé las elecciones desde muy tem- 
prano el pueblo reunido victoreaba y próclam&ba 
presideiité ál M. Závála.' Semejante cinismo y to- 
dos los demás actos del gobierno, han tenido por 
objeto ptovocar al pueblo, para ver si logra que 
e:i£a8perado se lance, en un momento dé cólera, con- 
tra'el gobierno, que est^ prevenido y que anhelaba 
esa ocasión para tener el pre testo de asesinar á al- 
gunos y desterrar á muchos. Los Guatemaltecos 
h¿'¿lírá4o ¿u^íaamente negáudose bo^ á taá des- 
igual luchft, y íaó personáíi del gobierno que le pro*» 
TócAn no han de quedarse don el antojo, pofqué 






sobre eUe.«. , 



7 • • 



^*TnB viyo era el deseo (Je las geptes df 1 gp^brr 
ao^ de traei ^\ pueblo á una lucha dec^ua]^, 7 ^^ 
BU l^a^bsirie, <]U9 mandaron 4 las tropas Moer fc^ego 
sobro grupos desc^rm44os: tuuqbps fuerou beridoa y 
uixo de ellos, el iDÍortunadojiJven Lic.D. Luis Bu- 
bio,^0:j[í.udiendo por/sq. herida seguir á todos Iqs 
Qomps^f^erps que huian de aquel bárbaro ataque, 
íixé cojldo por la escolta que mandab^ el general 
Bolaííps y su ayudan^te Yaldes, y esos verdugos 
qiie.tonian al desgraciad*' Rubio, lo vejan y lo m, al- 
tratan, y 16 hieren y lo fusilan allí mismo. . He álií 
Ips.iyiftnejoSj del gobierno de Guatemala, e^ li^ ye^lec- 
tjipn de C^ri^a:,la pre^paró con pérfidas asechanzstf, 
la sostuvo Qo^ las bayonetas y la coronó pon prisio^ 
ftes y asesinatos, TrájLca. esc^n$K del saagrianto 
tJjt^^ma. que hace dias se está represei;^tando^ pero 
ai^Q no h% concluido y ¡ay de los asesinosl, en eL 
pronto V forzoso desenlace que ellos mismos prepfi* 
rein^ . : 

*%,QS Qufvtemaltpcps^ durante las eleccioiieSé h^n 
manifestado con energía, p.^ro sin exqesosju «rdJLeM- 
te, aesep de, sacudir el.ywgo y ^1 proftindp.odió q^? 
t^nisn á .sus tiranos. Pasó ya ej letar|¡9i ^[1^1^ les 
hacia aparecer como insensibles i la, pny;anÍQn d^ 
los.mas, sacrosantos derechos y sordos álosTrudjots 



81 

nuestros paisanos,, no, les hacemos hpj mas qi^e jus* 
ticia admiráao^olos báiq el nuevo aspectp q'uQ ofre- 
cen al reclamar su dereísbp, 6omo republicanos que 
lo conocen y saDen^ ló gue vale: llenos de orgulloso 
placer es tamps^ viendo i;e8ucitat. al pueblo guatem al* 
teco de su aparente muerte»* que persevere cpti em - 
pefio en su jobra y muy luesro la verá concluida : la 

i "" ',"''"1)'^ y*^ n ^>i^* ' » *^'i ' ' 

reelección .de Cerna poco ó nada siírnifiea, no es mas 
que lojica consecuencia de los. nuevos anteriores^ y 
08taba ifuera del orden comün de, las cosas, que ese 
inicuo é injusto. gobierno saliera por la puerta de 
la lev; se ha mantenido con la fuerza,' ha cometido 
grandes crímenes y por lo mismo, su natural salida 
es la puerta de la espiacion, 

^'Fatal síntoma es, para toda Kepáblica la reelec- 
cioi\ de su presidente: ella lé anuncia que los hom* 
ores que rijen su destino, dominados por malas pa 
sipnes, buscan k manera de establecer ó de conti- 
nuq^r. el despotismo: & la reelección sigue la presi- 
dencia .vitalicia y detras de esta asoma lascara la 
monarquía absoluta. Bara que, no llegue ,á con- 
cluirsa esa cadena que esclavizaría i les habitantes 
d^ la Eepública, iqdis^pen^able es queja corten con 
el único cincel posible, la revolución: advirtiendo 
que la revolución, fácil y ppco trascendental Cuan^ 
do lps.gobÍp.r|ios'coniiensa;i á avanat^ar enel camino 
del despotÍ8^io,r*e^^ ig^ífi^i^itos^, m,as ' sangrienta y 
mas difícil cada diax[ue ftrAPUQUrre desde los pri- 

meroli abusos. 

■ *i f- ' , . ■ ' ■ 

e. 



82 

Como se vd, el periódico da dba<}e se han toma- 
do los párrafos que preceden . estaba escrito en un 
lenguaje en érjico y yerdaderamenjte revolucioDario, 
impropio para tiempos nolrm^íes, pero indispensa- 
ble y muy adecuado para las circuustancias de Gua- 
temala en aquella época. 

En política cuando la: acción es' violenta, la reac- 
eion no se hace esperá,r demfiísiádo. En presencia 
de los ultrajes del despotismo^ toiáos süispiran por 
el beneficio de las instítücion.es librea. Imposible 
era* qué el pueblo guatemalteco abandonara su cau- 
sa, que hombres altivos consintieran énmahtenerse 
sujetos a uh gobierno que se jactaba de des(|efiar 
la opinioQ pública y dé contrariar abiertamente las 
tendencias del siglo/ pues entonces nadie habria te- 
nido derecho de quejarse, mereciendo su tristísima 



suerte. . 



No hay nación qu^ no haya prodigado la vida de 
sus hijos y derramado su' sangre por conquistar la 
libertad, ése siieño dorado mecido por las auras 
americanas, En. Guatemala la revolución moral es- 
taba heclia y ios que en peores circunstancias enar- 
bolaronlá bandera líe la libertad, h<> pddian ahora 
desperdiciar las qiue les eran tan favorables para 
sus proyectos. Los emigrados que se hallaban por 
el lado de la frontera ^iíiekicána, á íós cuales se ha- 
Ibia reunido él géiiér'^PtlMz,^ se hnífaroQ dé nuevo 
á la lucha. Yeáinoi^iíualelí huerca Í¿i peripecias y 
rMu]tado8 de esa campafia. 



»,/- 



1 1 



4 • • »• 



XIII. 



Careciendo de los elementoa necesarios para for- 
mar y equipar un ejercito, el general Oruz <}u& solo 
podía disponer al principio de fuerzas muy cortas 
en número, propúsose emprender una guerra de 
partidarios ó guerrillas. 

La Gonfiguracton geográfica de Guatemala, á ello, 
en efecto, se prestaba admirablemente. Aquella 
tierra entretejida y enlazada con bratos y camales 
de montafias, que como de principal trodcb se des- 
garran de la Sierra-Madre, ofrece mil abrigos y 
puntos estratégicos; pues interrumpida ^ ^vebes la 
agreste cordillera por espaciosas llanuras, inmensos 
valles y deliciosas vegas, acanalando el terreno en 
unas partes los rios y en dirás quebrándolo^^ abar- 
rancándolo los torrentes, se presentan á cada paso 
an^sturas y desfiladeros donde con reducido nú- 
mero deísolc&dos fácil es batir á fuerzas considera- 
blu^ Ko menos puede fomentar* tal género, li in- 



. • 84 

dolé de Iob naturales, su valor, la agilidad y soltura 
de los cuerpos, su sencillo arreo, su sobriedad y tem- 
planza en el vivir, que los hace por lo general tan 
sufridos para el hambre, la sed y los trabajos. 

Principióse la campaña en Marzo del mismo afio 
69. Según las publicaciones oficiales el general Cruz 
apenas tenia á sus órdenes veinte ó veinticinco hom- 
bres, y aunque esto era una exajeracion de la pe- 
quenez de su ejército^ ptvrece cierto que no excedia 
de cincuenta el número* de soldados con que sor- 
prendió el destacamento de ]N[ewton y se internó 
hasta las pobla,Qá^nAs; (^ Alf i^üatían, Ohalchítan y 
el Qujiché, que iamediataiíj^^áte se pronunciaron i 
&ufaypr. 

Bastante aup.entft4fi en hom,l»res, pero muy poco 
en armas, estaba la fuer2;a«con que al mea siguien- 
te se aproximó i la villa d^ Huéhuetenango^ cabe- 
cera de efe departajQ^ato* Afortunadamente no tu- 
vo, que 9om))atir pjira ocupar la- plasma, porque aine- 
dxeatckdo el comandainte al saber > que llegaba^ la 
abandopó llevándose las atuíds y gUaraioion que 
aUí había. Pocp después biep^ el general Qruz caer 
en' una emboscada, i Ia> pequefta fuerza que manda- 
ba el capitán Ayelaf . Con laa sarnas que este le pro- 
porcionó: y c(>n gi^afi nw^era de indígenas que se le 
habían unido, quiaq hacer frento ealas ültinras de 
Chibttl ¿las fuerzas del ooronel Baile; pero ptonto 
se convenció de que sus desarmadiUi mtaw eran 
iuútilea {Mura luchar qontsfi uq ejtfmlo^ lüúlnerciso y 



86 ^ 

bien equipado: la mayor parte de mi coiectíci'á gen- 
te fuá^ dispersa, y él tuvo que volver sobré iiió pa- 
sos con los ¡pocos verdaderos soldados que tenia. 

A pesíir de ese revé^habia conseguido en partee 
su objeto: varios pueblos estaban ya ligados jr wiií^ 
prometidos con la revolución, y en toáa la RépábU^ 
ca se trabajaba mas 6 n>enos activairtBnte ^or sé* 
cundárla. 

El gobierno declard suspensas las garantías, Hénd 
las |H?Í8Íones de róos politices^ í»'aíiid(5 íné'éndia^ Ibs 
pueblos que se habían prorHinciádo y contríbtrj^ó ííe 

este modo á aumentar él de^eontento y á favorecer 

« 

el desarrollo de la revolución. 

El general Cruz, en cuya tóélíca entibaba no pri»- 
septar cuerpo á las f cie^sías d^l gobierno^ sino^6Íqui«< 
var-sn enciíeritro y fatígattes" con • movimientos rtf- 
pid0s, conseif^^áñdo viva la chispa mientras adquiría 
mayores elementos con que emprender operaciones 
mas decisivas é importa^ntes, se^ limitd á inquietar á 
sus adversarios y ámi&nténeri^e siempre füét*á dé su 
aIcan'c^>protegido por los pueblos y por la eseabro* 
sidaddelas múntáfias. ^ . 

hOB que conocen las fatígaá y penalidades ¿^ esta 
clase de guerra comprenderán itféilmen te cttdl era 
el temple del general Oruz y de jiod > géfes que por 
mas de un afio la sostuvieron; sobrellevando con 
paeiéoaia toda elase de trabajos, de privaciones y 
de pd^^r^Sv :; « , 

OduJoi restos que le quedar Otf en Chibul abaji- 



«4 



96' 
donó el general Cruz los departamentos de los alto 
y se dirigió al' de Vérapas, todas las poblaciones ^ 
donde Jlega lo acojen con entusiasmo y se pronun- 
ciap contra el gobierne, proporcionando toda clcuie 
de i^u}(ilios á las tropas revolucionarias. 

En el mefif de Junio del mismo afto se recibió en 
Guatemala la primer remesa del empréstito de do3 
millones que habia contratado en Londres D. Enri* 
que Palacios. Esta circunstancia íaé muy adversa 
para 1^ revolución , porque salvó al gobierno de una 
de sus may<]ires dificultades, la escasez de fondos. 
Ya con ellos pudo aumentar el ejército y prolongar 
por algún tiempo su ominoso mando^ 

Queriendo el general Cruz dividir la atención de 
H\>B adversarjios, habia destacado a varios gefes y 
oficiales par^. que fuesen á diferentes pueblos ¿ exi - 
tar á. sus partidarios y á provocar movimientos par- 

, r 

ciales. 

Bebido, 4 estope pronunció Cuajiniquilapa en el 
m^a de JfiUo, y el pueblo de Cubulco en Agosto. 

.La peligrosa comisión de introducirse y trabajar 
en la capital, la habla dado á un individuo de su fa- 
milia, D. Yicente Mendaz Cruz, notable por au va- 
\ojp y por los conocitQÍen;tos militares que adquirie- 
ra sirviendo en el éjórcito liberal mexicano. Logró 
penetrar en la ciudad y entenderse con los princi- 
pales opositores, y aunque éstos se manifestaban 
todavía bastante remisos para auxiliar eficazm^ate 
la revolución, concertaron alün un plan dirigido á 



87 

sorprender simultáneamente las guarniciones de la 
Antigua Amatítlan y Puerto de San Jos^. El ea« 
cargado de hacer el movimiento sobre la Antigua 
era el general Villalobos, sobre Amatitlan el gene^ 
ral Solares y^ sobre el .pligrtg el mismo Mendos 
Cruz. 

Ya sea porque no pudieran reninic la gente peoe* 
Baria, 6 ya .porque la mezquindad de los que;pro- 
poreionaban los recursos no les^ permitiese organi* 
zar su espediciop^ lo .cierto es. que 4#. las ¡tres que 
86 kabian proyectado, solo se llevad, á dobi4o efecto 
la del Puerto.de Saa José. Méndez Qruz á la cabe^ 
za de diez hombres sorprende la guanaicion, la de* 
sarma, y arregla una fuerza como de cuarenta iur 
diy¡4uos; Se dirige eoñ^Iloa d Escitnit/la^ aprove^ 
chando la oscuridad d^ Ja noehe., se echa sobre el 
cuartel, encuentra resistencia y se emprende una 
luchac refiida. Reisib.e'.un balazo, «1 gefe de los asal- 
tantes, y:ji^tos al verlo herido se acol^ardan y lo 
abandaiM9i>HyQpdo fin Jk^^^s direcciones. 

Pudo MendefíiOruz^ ^in ^bargQ^ ^deien^r el bra- 
zo rotp,, librarse fíe qJWf \o] preMííOrap, poult4ndose 
en upia fijoíec^ in m^diíata, ;p$?9 <e 1 oQctal. Corado ^q ue 
hab^ft sid^üu: ««tgun^Q ejsi: k espe^ici^q,. y dps mas 
que con^ esta m dirigieron ¿ la. qapital, íufron allá 
captarádoii y deapues qjue, 90 »Jíes : atormenta pfkra 
qu« declarafsen todo lo qup;^bi{^nj,;;9e les {ixsíiá sia 
forma de. juicio, etíiel castillo 4?Pá« estaban presos, 
ceneünriéndo^ ¿ f résenj^ir • y/j4irjQÍjcs ^n persojia eafos 



88 

actos el presiden td Gema y el teáyor general Bo- 

lañofl. 

Ba las declaraciones de Corado y sus eompafieros 
rjesulUVon comprometidos los generales Solares y 
"V illalbbds, el gobierno los desterra pa¥a la Repú- 
blica del Salvador, y ademas puao en prisión al ge- 
neral AlvaresK y á. otfaé Wrías peasonas. 

En Octubre c|u¡8Íei»ofr pronuníciá^éa lals *i4i^dés •' 

r .... 

de Quesaltenabgo yiSakíTílí, pero^l gobie^A^-füto • ! 
oportuna noticia de Ins conspiraci^BeB y lás.preVm'é^ 
cap'turandó' á varios' vecinos notAfel^^iP délfticbus éík^ 
dades. Exaspei^ado eon el incr^itlebto qUé ca^ dl'a^ 
tomaba la re^^^lUtíiOn, mandó ponei^én lÉKÍá^col pú-' 
blica al anóiantv' padre dé D. ÉuBnó Barrio* yf'Kl 
hijo meiÉOP, Hodt^vía muy j(íveti, ni general OfÍM^, 
especie de v^ngatiza que ^tiisó aiíá mai^dlolo u) 
gobierno. "< '■• a;!-., .v»-''- . '--.•• 

El dia dos d« Noviembre el p^iéblo ' y guarniofOQ^ • 
de SóIolá se pronuncian i fáVor de Ck^uz, quidM eoii* 
8igui<5 con este p^oíiun^a^eííto ^ oM^^ráMe nú*^ 
mera de armas, parque, gente y t^xiíúik' ^ 

For ése mismo tiempo D. Bfámotí 6fttt^' óoOpiS i 
Toyapa, Meildez Oi'uz liCee :1o mismti: «óni Sák Mar « 
tin, población itimeáiata ^ k Antígoisi Guátebiitl^ y 
el general Qrui derrota ks fueráafi^ éjcmiafiA^dttgpe^ 
Pórtaníin, toma la plaza de^ (¡Solón y oeupaáa deSafi 
Pedro Carcha, una de la^spoblaeioned indígenas 'mw 
grandes y mas ricas ii^letíétxe la Hepúblioi. ' \ 

Todos esoi sttcébbs favbráU^ ha%i«n^ et^Uvdodft 



89 . 

situación de los revolucionarios. En menos de un 
afio aquel insignificante grupo que con pocas y ma- 
las armas sorprendió el destacamento de NewtoOi 
habíase convertid» en numeroso y respetable ejer- 
cito que contaba ramificaciones y adictos en todo el 
país. Ya no eran ellos los que esquivaban i las 
tropas del gobierno, sino estas las que, evitando su 
encuentro, encerraban en las plazas para suplir con 
trincheras la desventifja que tenian. Desde enton- 
ces el ejercito de la revolucjop 'abandona el plan dé 
defensa en que se habia* encerrado y toma la ofen 
siva. 



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Oon el objeto no de dejar fuerza alguaa enemiga á 
su espalda, resolvió el general Cruz atacar la qife i 
las órdenes del capitán Oalonge habia en Huehuete * 
nango, Creyó tal vez que no encontrarla formal re- 
sistencia 7 seguro del triunfo^ intimó i que se rindie^ 
ran, abandonaron la plaza, salieron i combatir en 
los afueras de la población para evitar i esta los 
perjuicios del combate; pero Cdlonge que estaba 
resuelto á resistir hasta el último trance y que no 
quería renunciar Is ventaja de las trincheras de que 
tanta necesidad tenia por ser sus fuerzas muy infe- 
riores en número, negóse á la intimación y se apron- 
tó al combate. Emprendióao este con ardor y se 
sostuvo con brío: terrible era el estruendo de las 
arm»V estrepitosa la altanera vocería de los com- 



n 

batientes, aumentándose la confusión con el ineon* 

dio de muchas casas. Las fuerzas de Cruz ocupa* 
rop las calles y las de Gatonge se concentraron á la 

plaza donde tenian sjus últimos atrincheramientos. 
Lánzance aquellos varias veces contra las trinche* 
ras, pero siempre son vanos sus esfuerzos, optre- 
liándose su ardimiento ante la inflezibilidad de sus 
defensores. . Manti^nese sin embargo la acción re? 
fiida 7 sangrienta por algunas horas, hasta que he- 
ridos los gefes rovolucionarios D. Ramón Cruz j D. 
üufino Barrios, dispijiso el ej^rqito asaltante suspen* 
der el ataque y retirarse á Patio de Bolas, lug^r in- 
mediato como una l^ua. 

Hi^blfindp de este combate, los del gobierno ha- 
cían cargosa] ejército de Cruz de baber incendiado sin 
objetp las g^sas d$ Huehaeten$ngo, y se atribu* 
yeron una completa victoria; mientras que los par- 
tidarios de la revolución deciaUf que las fuerzas del 
gpjbierno eran las que habian dado principio al in- 
cendio por deitener i su enemigo, y que Cruz habí a 
pbjbepido un verdadero triunfo, hecho prisioneros y 
tomado cañones y algunas armas, retirándose como 
el venpedor que perdona y no como el derrotado 
que huye. * r 

Cualquiera que haya sido el autor del incendio, 
la principal responsabilidad de las desgracias causa- 
das á Huehuetenango recae sin duda sobre el gobier- 
no¿ porque sus fuerzas dieron lugar á ellos, provo- 
cando uu combate eH la misma población, cuyos é s** 



92 

tragot.69ran fádlag de prever. Sí HuehuoteDao^, 
hubiera sido una verdadera fokrtaleza; ó hubiera en* 
cerrado én sus almacenes gran cantidad de elemen- 
tos de guerra, el gefe que allí mandaba habría ha* 
cho tftuy bien en defenderJa baéia el último' extre- 
mo, arriate añdb t^das las coiísecuenoiás íjtíe dér-ólfet 
... ■ ' 

pudieran reunir; pero- no teniendo que Áíalrat ma^ - 
que su fuers!^, debitf *ha<5'e]*Io y abandonar tk pobíá* 
cion, para evitarle los perjuietós'consigüiéntéar i un- 
ataque. • ; •' ^^ ' " - - '^ " : - • ; ^' . •-•*-• 

* * . 

Por lo tjue huoé al ^^rninfó, aiifnqufe ciertamente 
Cruz tomó prisíoaerod y algunas arnmS. y se retir (5 
en orden sin £er perseguido ni ctóoleslado; escinda-* 
dable que no tOgre $ú obgeto y que Itó^fiieráás del 
gobierno quedaron dueda^ del punto; /^ íia muéirte* 
de^D; Rramon Cruatí hijo del general, y }6« h^rforo* 
sos estragos de qUé' estaba siendo víctiiWc\1a pbbli^' 
cíod| iu^ probableñ^nte 1¿> qu9 hizo al ejér'eito re 
volucionario prescindiid del a^^ue y i'enúnclar á ub 
triunfo qUé era oasi seguro por el redcKndoÜúme- 
ro de los eneniig^ pero qué no ¿ompensab^'lás 
pe^rdidas^ que autí poditt C0stsír^ ni la completa irüf^ 
na de Haehuetenango, que se habria conirutñttáb 
prolongado por mas tiempo la acción. n 

Profunda JropreflipA debQ h,ab^ catU8adj[>:ftU.g0ne- 
ral Cruz lam^rt^^esu hij<í;.peri>.esejbptobr«[tq«tír 
estaba resuelto á saqri^citrlo, .todo en. ^aj?^^ d^ la ^a^. 
tria, eiijugd pronto, las; jiiatii^s.lágán^fts. de p^^re y 
ppraisíi^ en Ji^vflr íi(dílftnt« k «fafft^iíWft empr#fl%. 



9d 

' que tan profanaos pesares y tan eiiornies Bacrificiós 
lé ctistat)a, 

"ÍHmál reífultádó que tuviera el ataqué contra 
fiúeliueteDángo, se eoiñpensaba en parte con los 
progresos que en el fefetó'íe la RepñWica hacían la 
Involución:' En Guatemala ' se trabaja por coñse- 
güir que los cuáVteles se pronunciasen, y habiendo 
mucho adelantado llamaron i^us aiif^s al general 
Oruz para que! se hiciera el ^^onuüciamiié^to ¿uan- 
do ¿e hallaisé inmediato S lá capital. 

'^*Bñ lad filasr del gobierno' cundiá la -desmérálíza- 
Cfon, las deserciones éráñ nutóerbsás ^ Vepétídás y 
la mayor parte dé la tfó'pa' detestaba áí gofbierno 
y kimpatizáfba con 8ü« 'íídtfersarió^. Habii si^do 
necesario- desterrar i a%riños ¿ereá y' pfoc%!éfi¿r á 
^ orttos, de manera que 'cfeáéonfiabaii- casi <íe todos y 
jio les quedaba ya jÍ quíeh^teíídar oontt'a Gru^^on 
probaDilidades dé que lé írrérsi 6e\ y óbíáVfeSfe biiérv 

íh 'semejante, apuro acudieron al general D. An- 
tonio Sóí^res que sin émbargol3te eslai* muy ancia- 
no téñí^^ grati ínfluenéia* sobre d Batallón Santa 
' Bosa, en cuya población habí anacido y vÍTÍdo eietn 
pre. 

r 

Siguiendo lar iudicásibne^ de sus ettíigcfis aproli- 
m&é éf genéral¿Cur¿^lá eapkal;. estuvo d<^d dibi^^u 
él' lugar llamado San Jos¿ y-pcf^'l^ ééídfi«essH)U^'^fiíll( 
habla de vírefeé re'solVid trásHüdMí^é^'dé PaféíMia, 
qne dista cmco 6 séiéieguas dé'OülLSétsíiala.; W^6 



04 

ftl Último punto á las iiete da la mañana del día 10 
de Enero de 879: esa población era en su totalidad 
partidaria de Oruz j este confiado en ello y en el 
informe que le dieron de que no habla fuerzas ene- 
migas inmediatas^ permitid á pus tropas que se re- 
gasen en la población á buscar víveres, sin mandar 
siquiera que se colocaran las mas indispensables 
avanzadas. Exceso de confianza^ ó mejor dichp, gra« 
ve falta que le debia costar muy cara. 

El general Solares habia salido con el Batallón 
Santa Rosa para atacar i Cruz en San José^ pero 
supo el movimiento de este en el camino y lo siguió 
hasta pernoctar ambos ejércitos, sin saberlo el de 
los revolucionarios^ distantes poco mas de media 
legua el uno del otro. De Guatemala los amigos de 
Cruz, le mandaron aviso de que habia salido la fuer- 
za de Solaresi pero fueron los correos á San José 
f él estaba ya en las inmediaciones de Falencia. 

Descuidadas andaban las tropas de Cruz ea la 
población cuando llegaron i ella las de Solares, fué 
una verdadera sorpresa, apenas pudieron los gefes 
reunir un pequello número de hombres que oponer 
al enemigo, pelean cen el valor de la desesperación^ 
pero nada pueden en una lucha tan desiguaU Sin 
embargo, el general Cruz conserva la calma y tra* 
ta de aalvar su ejtfrqito, da drden de que se.^mpren* 
da la retirada y sc^ queda él prote^éndola con unos 
ppQoa. Logra^&tretener al enemigo lo aufideate 
(•im qw aof tropa» abandonen la pobladon y to** 



95 

men el camino que lea ha ifidiéádó. ^^Oüatifto calcu- 
ló que así se había hecho tHifa'dé'^réub^rséle^, y pa* 
ra abreviar estravfa por' tlíTa áen'íá'^ ^ilér íl conoce; 
buien ginete j bien montado,' pretende fealvfer un 
barranco de poca profundidad, no m SSWafgú'^, cae 
8U caballo, y al caer le rompe una pierna. Inútiles 
fueron los esfuerzos que sus herdicos ayudantes hi- 
cieron aun para salvarlo; el enemigo los persigue 
de cerca, llega y no queriendo rendirse el general 
Cruz, se defiende y pelea hasta el último momento 
de su vida. 

Así termind su carrera el valiente D. Serapio 
Cruz, que si no pudo ceñirse la corona del triunfo, 
alcanzó otra mas brillante, la del martirio; y ningu-^ 
no podrá disputarle el honor de haber dado el im- 
pulso y puesto la primera piedra> ni la gloria de 
haber cultivado á costa de ínmeiisos sacrificios el 
árbel de la revolución que dejó ya con el suficiente 
desarrollo para que cualquiera con poco trabajo pu^ 
diera recojer los frutos que á el no le fu^ dado co- 
sechar. 

Grave mal fué que la revolución se personalizase 
en el general Cruz, y si esto ne se hubiera compen-^ 
sado con los errores y barbaridades que el gobier- 
no comdtió después del triunfo, quién sabe cuantos 
afios hubieran trascurrido antes que Guatemala se 
viese libredel despotismo de Cerna. 

Después del suceso de Falencia, losgefei de Oras: 



96 



trolvi^nm i U fjrQpter^ d^ H^xíeo, y casi todos lo* 
^oldacjes torqfLroa á simi casas api^si^du'rabrados j^pr 
la ocurrida 7 coii,U 9sp9waia.de que llegara, fimii . 
to el ái^ de enypufiar de nuevo las ármeos contra 4u g 
tirapos aue les eran cada v^z mas aborrecidos/ 



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XV: 



Regocijáronse lóí partidarios del gobierno al anun- 
cio de ésos sucesos, mientras* el país entero^y la ca- 
pital especialmente se abismtí en el mas profundo 
desconsuelo. 

El partido paria^ que á tan triste condición se ha- 
llaba reducido el liberal, no solo se conseptuaba po- 
co segunro, sino que aun sus miembros mas pací- 
fieos veiáh" de continuo una espada de agudo filó 
suspensa sobre sus cabezas. 

T razón tenian para ello,, pues desde el principio 
de la insurrección se inaugura una pólitíca t^nible 
de persecuciones, que traia los ánimos en perpetuo 
sobresalto. Ijodos recuerdan en Guatemala el dia 
en 4ue C6;rona y sus com^^afiéros fueron conduci- 
dos al cantillo de San. Jóñé, interrogados secreta^ 
mente por el mismo Cérná^ y mandados por él eje- 
cutar en el acto. La ciudad entera oró e8Jbreméc> 



98 

da de horrof la detonación de las armas que arran- 
caban la vida i tres desgraciados; en tanto qqe los 
hombres del gobierno aparentaron tranquilidad, ol* 
vidándose que mas tarde debían ser juzgados por 
su conciencia, por la justicia humana y por Dios.». 

Al triunfo de Falencia siguió inmediatamente la 
ejecución de los oficiales de Cruz que habian caído 
prisioneros. 

En todo el mundo oxúfa prohiben las leyes que 
se mate á un hombre, como pueden matarse á los 
tigres y chacales, pero allí se decretaba la muerte 
m ^^g^r^SiiU: sagrad?. d,e¡l^ jui.cip,; iiegándose á los 
rj5ps polííipog el der^q^q^^in^ s^nto éjnvÍQlai)le, con- 
cedido al asesino y ad pari¡icida; . el derecho de la 
propia defensa. .f....\ ,. 

,^La jrefistenpia, 4 *V^^* ^^^ palabra^ se, i&n tiende la 
j(?QPservap|pp. jegítiipa^. l^y es de toc^o^gqbierqa; pe* 
-í^fCuau^o degenera y ^§ ^(^c^ede de sus copyenien- 
t$3 líup^iígSj.p-^uicipia ppr¿ d^^truir cuanto^al pai^o se 
le opone y concluye por.d^vofarse á sí propia. , 




do,á las pasionesí .Cuando se comprenderá que el 
varqügo 'decapitaba causa que siVve, y, exalta la caü-, 
sa que cree decapitar? ¿Uuanao se desanraicrará e 
funesto principio de quéil fin justifica .los medios, 
y. la. salud publica abrógalos seatinuetitos nobles 
del cor/izoa? . \ r • i ^ 

T eoría verdaderamente monstruoaa és aqueUa que 



99 



I • 



confunde el asesinato con el dereolio de combitip. 
Se aniquilan álg'iífíós hombroí3, m-is'ms ideas sobre- 
viven siempre:* absñrao es uitentar deátruirlas ooii 
cadalsos/pues renacen de sus cenizas como el F^* 
nix de la fábula, Abomifiable se* hace el revolucio- 
nario que cubí^Mtrdosá* dé'baldKiíi'tíiíiróh'\ eíri WetJrí- 
. meneé y vú\ntíé^;'ptr& }gual^»Cbsai^ltí'í>íi'éa áafi gobier- 
no al seg'uir esas tíiísfaiáí4Hifellá^,''{ia(pqne'lrfs' malas 
acciones ttó ckmbifein db íloAlbi"é'^l''Ca*mbíuvi'de •¿)'et- 

BOnas;' : •í'M'í-) . ' •.-. ;>v,V,,. -.1. ..• 

• ¡Tfísteí. destinó de la 1iüiHrtni(ía'd'/'^(yíi6 toda ídéa 
nueva, toda nueva sociedad, há dé ^ríacér eritrfe "do- 
lores y sollozos, bautizada coü arroyos de lígrirhás 
y en torrentes^ide sangiel '• •' <^ « •! > 
- Otro: hecho iocalificübie, •qu8?>pin.ta'00p*« negros 
ooloreS' aquella administnaoioii',! es-el^s>i^(a¿en1i6^mQer- 
tO'iCÍ gieueralíOruz.) se trajo riu^ íeixsaivgirentada; cabe- 
za i'lsL caípjítal,! y allí fcpé í)a«eabft>poíplas calles pvin* 
cipúeB^^fu'isnQálO' dé'lísii'e:]^ soldadeác^a 

desei^fl^lia^a i y ^ára - fí e^][)¿tua/r^ • «ii * pr^pí A • igno téi ^ 
nia mandaron li>Sód€Ígt4)iemo qu^^elotógt^afialie la, 
Cfibezpi ,y (fu^rwvkfir^Qj^íflBi.í^ %<fQSitíg«Ar ¿el giiíudo 
civilizado la barbaria-: dfl «qHftlte». g^flf^fl-,^; :>/:;... 
Lícito e3 á k^tucio,^^ íi^ v^^rl)uscí^r^ rt^¥^« 

ca.debe niapx?il|ar^e;C|íflt,:h^sUp^ 
salvajes, |Insu!tfi.r ^^cpbarde^ i i^^iipg^oan^^^^p Jos 
despojos de un epepíigQ,,Yejicíjl¡Q,^ es, §L^l;^^t.a^(^9 co¡nt^^^^ 
el que protesta la civiliz^cío^j^ y^a(^^^r,pa,,d9l.p^al tÍ9- 



100 

he la historia que fulminar tuA nx^s seyero9 anate- 
mas, para que se levante siempre* inmensa comp^*- 
sian ji favor de la víctima, implacable resentimiento 
sobre, los verdugos. 

El proQed^er l^fistardo det gobierbp, permitiendo 
tan inaudita crueldad^ no'sola ^ escandaloso por el 
tiempo y por el mpdo, sino tanto menos disculpal^le 
cuanto que era inneceerariai hoa partitlba en el v^r** 
tigo de su furor suelen cometer tales excesos, pero 
los hombres honrados nunca los pcrdouaír, y los pue- 
blos donde »e veríGcan eternamente se avergüenza i 
de ellos.' 

Ti ata en vano de defenderte el círoUlo ofiúial de 
las iuculpaciones que con esieimotivofelebiciétón, 
Losüra^sonamientos que repugnau á la epneieoxüa, 
nú son mas que paradojas del enteti)dimiento ^ra 
dorar l.as aberraciopes deil óottasson. Lo que dés^^qjia 
al hoímbr'e de paHa de sil sensibilidad le priva de 
parte de su grand^raa. Sojb» los sentimientotE^g^aero- 
dOs non infalibles €omo l«púbt;9raleza. 

Ciego ú obstínácíe^ árndubia él gabiéi'nó de G'Uáto^ 
mala en aquellas tírtiunfirfiíneiaB, 

una vez terminada la lucha armada, en lugar de 
crear ún^ situación i cuya sombra se reconciliarán 
los ánimos y fueran atendidos los intereses naciona- 
les, dejóse llevar por una política violenta é intole- 
rante lanzándose á vía de perdición con sus rigores, 
hasta producir en el aeno de la sociedad esos agrá* 



101 

* 

vios qué no se borran, esas sospechas desleales qu» 
van dividiendo a Jos pueblos profundamente. 

¡Por qu¿ siendo la épocA tan propicia, no decretar 
unA amplia amnistía, y apoyarse en U clemencia, 
santa virtud que jdebia tener Un altar -aun ealospe* 
cnos mas duroai ^.insensibles? 

Es r%ro qu^e el véncid'o soporte con resignación 
su, infoftunioy rae« ecído ¿ inmerecido; pero es mas 
raro todavía que el vencedor domine sus pasiones, 
abriendo los manantisiles del bien y no enorffuUe^ 
ciándóse con sus laureles. Llenos* entonces los Hom«» / 
bres de n«cia vanidad, qingun arranql^e noble los 
guía, ning\ina acción generosa loa impulsa, pensando 
solo en ejecutar actos de venganza, sin pehetrarsfe 
de que si es loable y valiente una actitud '^én^rgica 
en' presencia del poderoso, Uegai^aí ser cetisur&tl^ 
cuando se la tiene cópi el d^fiígríicíftcáój */;.»*. 

Anhelando Cerna y su gabinete 'Iík'<iM^|)!)elM^S&^ 
je9Í0P;<S el, ejttermyjjjo, ^elpactídii iiqíieiloftrQi* (id- 
v^i»<>» ca4a vez pe e^^aa^rkiíbklblaswttóia ide()ft|Eg^ 
egapteado conttaál. A wt^ fin¿>.«iíg«fi ^^viod^/^clw^ 
m sM»j^!^4i^ro& todas la^ g»i>ariilíii^,céimr}apc)<|d .^ 
y^híiiiHWFikl; cerrárotíse lfMl«96MB$ft'[49rla[ í^íhe»»! 
blw legislativa por imi gol|>Q <i^,dS9%táfk{iyrf9<N(fl<(9> 
4Qjoft} perores h$choB chelos M*irt¿M 5; Ifift^y^ 
sMqs siglos hubieran retrqced¿4o^ íe ftrní»]^ax| f ca^i^ 
dia nuevas listaa de proscripción) i^lnclvij^ndo «n 
ellas á culpables i inocentes, i toc^^'l^s cl^iaep<j'4 
todaa las edades. 



102 

Nadie se salvaba. Era bastante una simple sos- 
peclia, juzgándose innesa/las las [ pruebas; Fueron 
de esta suerte lanzados de su patria por drdeh. gu- 
bernativa los diputados Miguel García Granados, 
Jos¿ María Samayva y Mánuef Larra ve y otros íau- 
clids iáistiáguidos ciudadanos/ habiéndoseles antes 
tenido en rigurosa prisión y exigiéndoles que pres- 
tasen' fianzas más ó n^énos 'cuantiosas según las cir-» 
cunstkncias de dada uno, de que nadabarian en el 
destierro contra el gobierno que a el* los mandaba. 
Esta exijeúcia sí qué fu^ verdaderamente maquia-^ 
vélica; pues por medio de ella pretendian continuar 
ejerciendo el despotismo sobre los desterrados^ cual« 
quiera que fuera el país donde se encontrasen, 

^l^ afán :de, pro^tcribir; lUgá 02í9A á couyertirse en 
liákitA¿ basta oscuros itidividubs d^l pueblo erafi se? 
parados de suji familias y arrojados delpaís oon ^^ 

DaJba motiino, ¿ las autondadidí^ ^el mas lijero mur<f. 
mii^^'la OMiior «efialde^ deseóte te^nto, para desple*^ 
gaé tágwoSQB me&os'de represión.- Nada las á^t^- 
nía. ^09» dMde fuíera M veía por ellas viblaáa la 
fliuítiáad ddllxegan - ikiatoieníuse á Ids md4/^idli§s^ en 
íbi^o ái4lfiMti^to/^?^ué:^.d^ 1^ ^trik- 

tiabá'>odme^(msi«iradt(>res: los Ebidá debiafñ'estdi^ niü*- 
dil^/ lál* VdlUftia^ef eikbadenadas, las eoiidleadas 8Ú«¿ 
jetas, jBios isabe únioaáientei cuántos ciudadanos ge« 
^kiá éü las corceles, padecían eü él destierro^ Ira- 



103 

bajaban en los presidios y cruzaban los mares sin 

mas delito que- el amor de su patria! 

Es ley constante que las mismas causas produz- 
can siempre 1^ mismos efectos. La tiratifa^ fio es 
mas que una oOQsecueuciamec^ariadel'estado mo^ 
ral de los pueblos que esclaviza. £1 de Guatemala, 
lejos de haberse nutrido con. los sentimientos de Ifi 
libertad, no conocid por largo tiempo sino el predo- 
minio la fuerza brutsy y. sumiso con los que le trata* 
ban sin niiserioordia, no supo mas^ que inclinar 2 la 
cerviz ciando le arrojaban al rostro^ oon desprecio 

algunas cabezas destilando sangre todavía! • Ja^ 

mas el gobierno de.Cernahutbii^'*-^ PPin^^ídQ.lps es- 
cesos que ban ejscandaüzado^ s^l mundo,. si .eal^tra* 
díciones coloniales, en los e^ trivios de los partidos, 
en Jos, odios de^ faza ¿ in)stintos ferocef^, fde la parte 
inculta, en el prolongado déspqtismo d^ Carrera^ en 
los inter€;ses opui^stos de ca4aJocalidad^ y en la re* 
Iaja9i0n.de los vínculos socifil^Si no ; hubiese encon- 
trado ya, ardiendo y en estado de arrojarlos sobre 
el yunque, los fórreos eslabones, d^e/esa cadena con 

que, sujetó los miembros despedazados de> ^nación. 
Puede considerábase, por tanto, á Guateniala has- 
ta la época de esta narración, como un jdven lleno 
dé vida que y acia ¿n proñmdo éueffo, aletargado 
con los vapores de la orgfá y que ÍElbre perezosa- 
mente los ojos/ ávergonzáiidbke 'de su iiklseráble ¿i-^ 

tuaciony de ¿üf paliados eitravíok''^^'- "^ 

Y en éfeetó, iape«ilr éé9'sístetña''d<'férroí ^adop- 
tado, manteníase viva, fogosa y enérgica la guerra 



I 

I 



ia,4 

de la opinión contra Cei^na n }p^ Wft»;- ,.A);j?a^^ 
las pasiones por su inicua ftafaj^í^,. airraigábasj^ el 
odí0 en las almas, tranformando eo irreconciliables 
•nemigoa juun á lofa homibFds mas pacífieos,, y preci • 
pifiando de «ésa modo contra «Uos la hora del casti- 
go y de la espiacion. Cuando, tanto en las moxiar- 
quias comaenilaa Repúblicas, así sn los imperios 
coma eá' las arístocraciaa, seeabléara justaqie&ta la 
conciencia pública, la rebelión sacude airada su 
arrogante cabeza, y }ay! entonces del poder cuyos 
cibiienios se encuentran amba9.do8 con ligrima y 
sangre, . .». 

Aün<jue el Gobierna' fiugía desdeñar á sus coa- 
trarioi8, iú desasosiego y vigilancia venian ^p velan- 
do qué iemiá ver levantarse el espectro de la revo- 
lücioki, sieríd6 está la idea -fija de su mente, la som- 
bra de su ciíetpoy la pesadilla de sus noches, Y 
Bobr'ábandb én realidad' motivos para vivir eri tal 
inquietud, pues cómo resultado Mgico de su jfolí- 
licá, los pocos hombres ilustrados couque antes con- 
taba, se iban apartando de su lado, mientras en lá 
masa ^él pueblo, cada dia notábaire mas sordi^ indíg' 
nacjlon^ n^ayor encono y fnániBes)o desconieqto. 

, . ■ • , ' > . » ; ' k * . ' ■ \ • ' . 

tft^j[«i,Y,orp8í)^ Las letras, las ciencjií^y.,laa,9;i:t;eai,yfi9ÍW? 
cpi^© (QíiyÚiípMÍ^s, bajo aqueíla ftAja^sÍE)». di^r rpjjipp. 
La Agricultwa j el Qaw^ef cÍ9„ j^'i^lj^a^i», i^^^^- 






toi loü áaimos aadn mau firm« M mtaüle: 0I mé^ 
nor ruido pareóla seffal de alarma que pouia á lot 
pueblos en conmoción./ Sombrío estaba el horisoQ« 
te^ 7 i punto de desarrollarse los aconteclmientoe, 
cual nubes que atropelladamente ruedan en el es» 
pació anuncian la proximidad del huracán. 



•*■•■ * 



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XTI 



Desconociendo el gobierno de Gema la lógica 
de los sucesos, el encadenamiento de los hechos, é 
intrnsigente con las nobles aspiraciones de la hu- 
manidad, trataba sin duda de hacer revivir un pa* 
sado ya muerto, con sus inventerados abusos,- sus 
gérmenes de disolución, su programa de odio ha- 
cia toda reforma, i fin de corromper y desheredar 
al pueblo, imposibilitando el plantío, de la demo- 
cracia« 

Al pretender esos hombres disponer á su arbi- 
trio de la suerte del país y figurarse que con las 
máximas del despotismo podian romper los nudos 
que no acertaban á desatar, tal parecian cadáveres 
que, alzándose de m tumba, fueran errando cual 
sombras amenazadoras ante la nueva sociedad, ab- 
sorta al ver los sepulcros abrirse, levantarse á los 
muertos y arrastrar sus sudarios en medio de ella • 

Empresa superior i las fuerzas humanas, es eam 



1 



i et 

■ - • 

biar el espíritu, las costumbres 4 ideas de nüeitr# 
BiglOj ahogar elsentiaiieiito qi^e íds pueblos tienen 
de sus derechos, arrebatándoles Ibs bienes que en 
el mundo han conquistado con tantos afios de dolo- 
rosos sacrificios. 

Albergase en el cofason del hoi¿bre^ .dice ün 
eminehté publicista, un instinto de noble indepen- 
dencia que no le consiente sujetarse vá dominio de 
Otro, á no ser que se le* ¿lanifiesten títulos legítimos 
en que fundarse puedan las préteneio£@&t de mando. 
Si estos títulos andau' acompafiados de justicia, el 
corazón se ablanda y él hombre cede^ pero si por ei 
cóátrarío soto se apoyan en CapríchosaB voluntades 
bullen en- la mente los p^udamieutos elevados, tirda 
en el a:liña él amor de la libertad, la frente; se po« 
ne altanera y lá&^pt^ianes braihan. M& tratándose 
de .pflLi^encia estable, e;5 mengpter que en el que 
manda se vea el representante de un poder superior, 
el intérpijete d^ l<r rajiQu. el primer subdito de H 
ley, pues solo 2^ 8q hace la obediencia suave y lie- 
vadera. (1) . 

Por eso jbÍ ab^olwtiamo no es ya posible en nues- 
tra ^poca.. Las naQÍQnqs no pueden nacer, vivir y 
mprir en ui;ia dilatada noche de tinieblas. Oponer; 
se» pues, á las aspi;:aciones de la humanidad^ es co- 
mo eypadi^par la marea que sube; y entonces los 
luieblps, en pit) y armados, no modifican sino des* 



1)*»^?.:Í^.J»H»^^1»Í^ 



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¥Í7^> pueijto «ÍH« ja íippuUioñ que rao^Wa ^ájí 
proiduQe v^rti^ós, y al;operar la obra de mi regetre- 
r^eion van quizá ma^ alia de su objeto 4 travos dj9 
ruinas deplorables ¿ 

Abara )á^D'y como en iC^at^maln \o9 agravión qaé 
él pueblo E)édibiéca eránitnu^boi, lias quejas. ipnuqi^i- 
Mbles,^ cléeáoootefitq ém t^ri»ino>iel Qialesila^ QÍF^I^ 
fat fé én^iñ^rYesüit arifaíiga^^^ «ipi las aklm^j^i ua4ie 
diídaiqíue U ravoludií»! tfiüofdtría > de una ^neiptfoés 
Bq iránd Qra querbr "Cerrar los: ci^os ¿ U lú^r W "^P^ 
¿o pirphibir la entrada del gra^ ^Uei: fop^i^l Á loa 
Bt&qrba obreror. En la lucba de la íaer^ opatra 
iás'ideaa, ftfoíl m adimar por qul^a quQda Iji ?iotp^ 
ria; habría Mtadp, éw Guatemala por prvai^fL r^ 
ftHumjBunádad á sus deatiuoa aúeumbieñdp l^ft I4?a|4 

Ño hay hombre de generosos sentimíenticHf qtíé 
üp ábbrre^^ la guerra civil, furia terrible ^ne cbÉí 
lá cabellera suelta, los ojos encendidos tó ií^a, ihú!^ 
pufiando una espada tinta en' láangre, y blandeando 
la tea incendiaria, deja en pos de sí regado) él sutüo 
decadáveres y cubierto de escombros; Pérd si la 
querrá civU eiKíalaíñidad imñénsá páranlas- üitcioti^dí 
-puede ^fnibién asegurarse qtie sbii tnilYéfcer peores 
esos gobiernos qué éolo tratan dé envilecer&s, qtíe 
envenenan las ' fuentes de la prosperidad pública, 
que conducen á la sociedad entré infinitas torturáa. 
á esa especie de marasmo y desfallecimiento tras. d#' 
loa euales Mtá la muerte pólftitia fkotíil. 



, mooML té Mpas cía oacir pa^ar por but nó la qu 



[o, por justo lo Aue es lojuBto. por verdadero 
lo que pana con el c^pteudimientoT 

,La5inaurrecci<]trr.contra la tiranía np ftolo es per- 
mil^M. 0100 que v^ei^e ja jser impe^osa ley fiara to- 
do nomBi^é lípcTrádb^ deber de conciencia aplicar el 
femeaio db^bs males áfrudisimos que acumula so- 
ofe lá patná/ {ff0curándo crear una situación qué 
ÍKÍim|^ 8ú4 néce¿^^^ 

Los ' gobiernos despóticos la anatematizan^ pero 
la'Mblc^íii ÜEiMisagira. Si estos'lk condénate, los pile- 
nos'HPe^skliten/glorífidandó coéiió U^i^oetí i lorque 
Báú líétUcf rxibñt éú i¿OL patfbulb. Sdcrates por cum- 
plir esa léf beM<d la cidüta, y miUarer de mártires 
IlÉ^lfauS'ldíAiitcló eoQ süilí senté los calaboxoi y los 
wpifeio9¿" 

'^ Í^¿^ ^^ififó |)Uááe ri^^ de conservar 

les- bienes^ qéé les. petténccétit ¿i: ^é hombre no 
lé^é&Hréé^^nde-la ftcultad de oponer ala yiolenáa 

la-ía*P¿á ¿éríírt -te'ftiéfáíiV c^^^ vtf atacada su 
e&letk^;* íiu hótíi^, i\x dí^ídad,^ todo lo que mas 
Mtima sobreltf'UfetlW^fr'si tal derecho puede ejer- 
cerlo san íe^érifqlnbr respedtor de un asesino ó un^ la* 
4cD0f .ÍBi¿éga;ble es. que pusde i^filmenibe ejércérto 
iil puéUorrespeetfr.'dé loís asesmóis de la eoncia»ci|t 
pútíip»! do Xbá itttirpadbroB: políticos, j% que los 
clttdadanot tb^um la 'eatreAli^ obligación /de soste^ 
ncír^tus'detiedMMi cmoo eoMagraüot- por la jusU«ia 
mmirersal; 



lit 

fti ht perMoutfion 0a dirijo á u&ft •«fiM á á Umha^ 
do númerp de individuos, todavía cabe en elloft el 
destierro voluntario, recursodolotso maÉ no sin espe- 
ranzasy cual sucedió con aquellos puritanos itgléaes 
en tiempo de los Estuardos, que Vinieron á fundar l4 
prosperidad moral y material de los Estados tJnidoa 
de América; pero cuando pesa éobre el país entero, 
necesario se hace optar entre la deserción del de« 
ber, ó levantarse con las armas en la mano revindi- 
eando los vilipendiados fueros de la sociedad. 

Ko es entonces xüx duelo entre una clase ó algu- 
ñas personas y los*poderes protectores del cuerpp 
social, sino una guerra legítima entre una nación j 
los representantes infieles dé sus intereses. 

Los mas doctos publicistas, los escritom mas 
ilufirados, sostienen esforzadamente el derecho de 
insurrección: pues tanto PuffendorffGrocio y WfOtS, 
entre los antig^pi^ como Eayneval, Walker y el coa- 
de Garden entre los modernojí, no obstante perte- 
necer á ifl^ escuela áionarq^uico-conseryadora^ acon- 
sejan i los pueblos con varonil elCK^uenqia quebraa- 
ten siempre la cadenas det decippti^Q. 

Tiene ademas una fevoludon contra él, la. innien* 
sa ventaja de despertar en las masas grandes arran^ 
ques, ideas de justicia, sentimientos levantados: á 
la ves que destruye los vicios fidministratívos^ todo 
lo cambia d lo renueva favdrablemmxtei y con elaa*» 
cüdimiento fíáco tiene la reacwm i^órmli asentan* 



. 111 

que asegura el progreso de los pueblos, :;4 

Ahí está el ejemplo de las grandes reyak^^ff 
de íoglaterra, Francia, Italia y los Estados y fi^dom 
que han 6Ído el mas pujante elemeoto de sU;£od6r 
y el origen de su bienestar. 

Sin embargo, ninguna nación como . Quatemala 
necesitaba con mayor apremio de un saoudimieato 
semejante. Compelida á confiar á les artuM el diif 
dado de proteger sus intereses, harto justas^^u Jai 
causas que le imponían la necesidad de tal d^f^mi.» 
hacion. Si un Estado p udiera inmolar su bpfiar 
que es para él monumento de gloria y gari^iiUar de 
prosperidad, se baria traición á sí mismp, y faltaini# 
á sus deberes faltando Á sus derechos. . , 
. Pero derechos y deberes llegan todavía á ser jaff 
positivos cuando suceden á testimonios palpable» ^ 
las intenciones mas pacificas. Lo» costoflioa 8|bP9fl^ 
cios que Guatemala hubo constantements^de iiqpiK 
nerse con el fin de mantener la tranquUidf 4 #0 sh 
seno, son demasiado notorios y evidentes. ^ OuMOp 
sa de destronar al genio de las revokiiskmeSg fiifiíitf 
resignada el largo despotismo militar de^ ^QqBlt; 
pero tan alta moderación no sien,^^ cop^mulícla 
por su sucesor el general Cerna, que quis^ l)tYwr i 
mayor extremo la sujeción, tenia que apurar la.flir 
ciencia del país hasta sus últimos límites. . ; 

Los esfuerzos de hombres iliiatrados por coo|}U(i|r 
la tempestad ^ue rigiendo estaba flc^n^ft Mi|¿ Mh 






^^¡•^ 



Mi^fio, éé Arufttrai^ Ante lü rüdá objftiáaaioii. fb* 
líftido de cegiiédád fimeata^ idoptd un pláü desti'tííi^- 
«»í d0tféHK "^ ;optimMd 'pueblo, redóMáhdosé fán 
áMitfrtitesttfi«;.&e8de ^^e éáté comentó á cotnl^atu* 
|KÍr éfa'libfelrtáá á^ks ordénes del general Orúz. tai*" 
tos procederes hostiles no dejaban á los guatemalT 
WBortíifrtt'rééUÍ'sb *^\íe el áe los armas para vengar 
t6r ft^étittbs* vül#ajé1^ qué s;e I9 habían hecho, levan- 
MBnlé%% ikWrW dfe' é\i deóbfo y satisfacer el deseo 
^4 TiJi^ liimiibá ' dé coíícürrir diligentes ¿poner lÉM 
tiiáet^ d^ litla^cíbra de reparación que auguraba bu 

"^'Brí^&cotit'ésl^abié que el gobierno de Cérná estst* 
M'peír^íSo^idnteramente, llegando al colmó su- des- 
créditO|;:|K>r lo cdal nadie- dudaba que imposible lé 
Mita^séstehérsé. M aun siquiera dontaba en su 
•l^dyíjíéari'il^pi^éijtijrio de la legalidad, porque na- 
1&Í9 -sMbé dlsMohde lé venia bu mandato. Dos sisté* 
iftUfi^eP^ftbfe*^ qué se hayan disputado en ti ínua- 
lll>Ml^|^|MiiaHd;eI^ h^reditatío de derecho 

'dMft^,.^'4$^itífcii)ió«de la soberanía nacional; Co- 
^4k)i^gií?l^riib nó fetionociá en- sil origen niel uno 
at^i^jcH^hülbtí dé apoyarse tan sólo en la intriga 
^^'tOélfeáf^y' Búñ títulos érán la usurpación del mia- 
•'> l^Htt&dtf^quíé írus medios habían sido los de la tiráf- 






Hé a(}u( porque en las reglones de aquel poder, 
^%tii^<iéjBU aparente cónñanza, dominaba bsq si?, 

lifen^/ ésa peskdez s«m»;faiite i la 




liá 

ú% la atmósfera antes da la tormisntá^ 
podía all{ ocultArse que la Semilla de la 
^rlirf. Una vez arrojada en el corazón del pueblo 
ÉpiiWiUiay se desarrolla y echa hondas raices, aguar- 
PMdo ánicamente el tiempo oportuno paar frúcti- 




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XVII. 



Nada podía detener ya el torrente revolucionario 
én Guatemala. Hombres de ánimo resuelto, vícti- 
mas de desastrosas persecuciones^ teníanla iniciativa, 
y la sociedad entera deseaba con vehemencia sacudir 
él yugO) buscando i^ otro drden de cosas las sega* 
ridades y ventajas que todo ciudadano tiene dere- 
cho de encontrar en el comercio social. 

Los gefes revolucionarios que habían salvada ha* 
liábanse en la frontera mexicana y aunque sin re- 
Cursos para emprender una nueva espedícion, no ce- 
saban de trabajar por conseguirlos y por mantener 
siempre viva la esperanza de los pueblos. Distin- 
guiéronse en esa época D. Vicente Mendes Cruz y 
D. Rufino Barrios, cuyos patrióticos esfuerzos se- 
cundaban muchos emigrados desde el lugar donde 
cada cual recidia. 

Uno de estos, D. Miguel Ot. Granados, á quien el 
gobUrnodesterrd después del desgraciado suceso 



115 

de lí^w^fijk y^z de^parmauecer e.a la iudolenU 
apatía en guf «e abisman los hombres débiles cuan* 
do los hiere el infortunio^ fuera ya de sii patria, se 
resol vid i tomar una parte 0\as dir9cta en la revo-^ 



'ÍIA 



T^sl^dae.á la capital de México y poniéndose 
en contacto* con lae notabilidades de la democracia, 

^ * ^^ ■ _ 

^conferenciando vii^rias y^es con . Juar€|z, Lerdo de 
Tejada y otros ihjiatres piBCSpQiajes^ i9e templó mas 
Tivamenite su alma^anta^l espectáculo de esta no- 
ble nación, que después de haber restablecido {a re- 
forma hubo de vencer á la formidable Intervención 
francesa), restaurandp lá Kepública sobr^ lai^ ruinas 
del j^gundo 'imperio* hasta venir así á ocupar entre 
los pueblos d^l mun'do'un lug^ir que antes no tenia. 
En .seguida sre dirjgiÓ él Sr. G. Granados al Esta- 
do de..C|iia^as y se situaren lá' ciudad fronteriza de 
Comit^n, jppn el* fin dé desarrollar deáde allí siiS 
platies contra loVjioáéres. opresores de su patria; 
Mientras ^í hacia sus preparativos, ocurrieron en 
las otras repúblicas ^áe Centro América sucesos que 
ie allantaban perfe(5támente eT tamino y que aleja- 
ban cualquiera duda que aun pudiera tenerse sobre 
el resultado de la ém presan 

"Ojia revolución rtan audaz como felizj elevd i, la 
primera .magistratura de Costa, Rica á D. Tomas 
Guardia, gefe'militarque por su v^ílór é enteligen 
ica se habia distinguido en la canipafta de Nícara- 
fpjOL contra los mibusterpji/ contribuyendo no poco 



dé kfi fuerza» OeútH» kvaeñéaSíeM. 

Con el general Guardia fueron 9I poder, étt'ISá* 
cepto de tñiniBtrcÁr íu^cis, Iciá Bóitéi^ B^ fi^ei 
Álvai^i^ó y !>. Urente kimímiti MSti^OSadéy 
áataral de 0o^ Riela é( ^éeird^, 'éÉÜñMtífé é'tkSi^, 
Utímbre muy íluBtráÜ^ jf ^iiMéSíem^^átofim'ée 
kti patria hádá muciit^ áftók'poi^ él pü^iS^'qüé'aíín 
itipéraba eit éHk, éí áégündó. 

Interesado direcmenW el J)h Móatúíiur éa lá i^ 
da del gobierno de Cerna 4 indíreíctáiáétfte el&r. 
Álvarado por Haber vivido algunóÉ üLoñéú Chiáie* 
mala y por teneif rel^cioaeé^é müjr Üttéáá ánkislad 
icón los^^guatemaltecos reiaideiltes en CMt^ltióáy na« 
tural era que los ^dós trabajarán j^a ¿i^é'r iivíé el 
general Guardia protegiese a los ópositóNs' de áqtiel 
gobierno* Pero no tuvieron que esfoiraáirse mucho, 
porque el mismo general Chiardia, impresionado con 
las barbaridades i|u0 cometieran j^Ibs d^ispoiiás' de 
Guateiúala y convencido de que repúblicas táá fn* 
timamente ligados ftomo Íbé de Óentíró ijxí^rím no 
debe ninguna de ellas permanecer indiféréiite ante 
lá desgracia de cualquiera d6 ltíí\6it^ sá niayar 
deseo era contribuir á'que'se" reétát>IeeÍéÉb 
Gñíateniaía y á qué coíxctuyef^á lá ^érra^CÍvirk^^ 
anuamente prcNrocada' por ' el' dtíé^tiiitiédií^I 

Podian piíes; m gúáttmí^Ii^di^ M^ oáü el 



-.' 1 i 






ÍÍT 
a|>Qjt» plural ¿tí ^^e^^no d^ OqdfA ^^J ^ 

limrtd i eso el^geii^pral Guardia, fu^ aikiiin^if^ 
ro8Q. A ^1 80 dobld principa^ente ja caid^^eji^*.. 
bierab de Dueñas, porque sin sus trabajoi.y loí pe?/, 
cursos que praporcionó, ni Honduras hab;rÍ9 ^^th - 
liado Á los revolucionarios salvadorefio8« ni estos 
habrían podido salir de la forzada iqaepipjii ^en que 
se hallaban. 

Él presidente Duefias bajo cuja^ ^dmipistraclon 
es innegable que hizq^graudes progresos inatería^eí , 
el Salvador, fué víctima de i^oQnseQiienQia á los £0^ , 
bernantes de Guateábala, no quisó separar üu causa 
de la d^ ellos, aunque los veia casi perdidc^t^ J tu¿ . 
vo que sucumbir. Si obi;a 4q distintp pipdptt !• M •, 
volucion que le derrocdrdel ppdejr no se habría ve- . 
rificado, al menos por enton<;es4 puejsto que uüo de ,, 
los principales objetps que en ella se buscaba «ra. r , 
preparar la caida del gobieroQ de O^rna. ;|iSte^.liias4o 
egoísta V también mas torpe, no au2:iU^rjá.,Du^aa„ 
en los momentos en que lo necesitab^r^ sin 0óm|^r:enf . 
der que i la caida del gobierno del Sc^l^^djotr se f9^.^ 
guia inmediata i irremisiblemente la suja. propift* „ 

Terminaron su revolución los salVadoreÜM Qonfel, .. 
glorioso triunfo de Santana^ y Dueftas XuK^cjroeniplav^ 
zado en la precidencia por su venoe4<^r4tÍ g^^USiFal ;. 

***** » • ^^ 

Di Santiago Gonsalez. 

El italor y el pr«»tigio militai; 4« «sWifj^* ^ft ckK:. 
i» ^u» oadiA iúee^>QÍ pon» «a 4Q4at úlj^:.q«« JH» >\i 



116 

•nemigod le echaban en cara es lo que ellos llaman 
la Iraicioñ al general Barrios; pero juzgando con 
imparcialidad los hechos hay que absolverle de tan 
grave cargo^ Hé aquí C(5mo pasaron, según lo que 
présencid y los datos que en aquellos dias recogid 
sobrS el teatl*o mismo del suceso quien estos apun * 
tesescnbé. -- 

En guerra Guatemala con el Sal vadoi ^hallábase 
el general González con su Brigada en Santana á 
donde lo habia desterrado el presidente Barrios é 
inmediatas i esa ciiidad^ estaban las fuerzas guate- 
maltecas mandadas por el presidente Carrera. Un 
dia de tantos recibe el general González la carta en 
que su hermano D. Antonio le dice haber, salido 
furtivamente de la capital por el oportuno aviso 
que tuvo de que él general Barrios habia dado or- 
den de que lo capturaran y fusilaran erf seguida. 
Con tal noticia y creyendo que de un momento Á 
otro mandarla hacer lo mismo con él; se pronunció 
contra el gobierno á cuyas drdenes servia y mandó 
comisionados al general Carrera para negociar un 
arreglo que al fin no tuvo efecto. La exactitud de 
estas especies se justifican por sí misma, pues solo un 
loco habVia podido pronunciarse si no lo compelió 
á ello el peligro de su vida teniendo al frente un 
ejercito enemigo de mas de tres mil hombres con 
el cual no estaba de acuerdo y á su espalda las fuer- 
fias del gobierno que poco mas ó menos coñstariao 
del mts5&a número de plazas, y no contando para el 



119 

pionuaólamieoto uno oca un número d% tropan muj 

inferior. 

El general González por cuyo újtimo triunfo so* 

.bre Dueñas h^-bian trabajado los emigrados guate- 
maltecos en Costa Rica y en el Salvador, donde tan 
útil le fué el inteligente D. José María Samayoa, 
no podia menos que prestar un decidido apoyo á la 
revolución de Guatemala. Hízolo así, y con su to« 
lerancia y los elementos de ^erra que proporcionó, < 
pudo el mismo Sr. Samayoa costeando los gastos de 
su propio peculio hacer organizar la fuerza con que 
el general D. Gr|$gorl(^So)£ir<^a; entró ^V territorio 
guatemalteco. • . , . ^ . 

VeitniQa aliora lo que por el lado 4d M - frQntera 
biacian los demás emigradost 



XVIH. 



»? - 



Ya 9tt Gotiiilim ^. Hij^uel Q. (Jtrinaáói/ ub ' ot\ip^ 
mientras le llegaban las armas que habia* pedido á 
los Eatádis-Uñickis/de conteétaf por la préoííá^-ld 
que contra i\ y sito proyectos escribían los pferiádíi- 
cos de Guatemala, de enviar agentes á aquella Be* 
pública para exitar i los pueblos y de organizar su 
fuerza, tomando por base el grupo de emigrados 
que en esa frontera se hallaban. Al principio to- 
dos estuvieron de acuerdo; pero álos pocos dias ha* 
bo un serio disgusto entre G. Granados y Men* 
dez Cruz que, por fortuna para la revolución^ so« 
lo produjo como inmediata consecuencia el que am* 
bos continuasen trabajando por su lado, sin em- 
bargo que se dirijian contra un enemigo común y 
se proponía el mismo objeto. 

Tomd la iniciativa Méndez Cruz y en Marzo de 
71 se lanzd con veinticinco hombres á continuar la 
guerra dt partidarios ó guerrillas que durante algjjüt^ 



I2l : 

aMJnMilil^^#&4u(r&Miir habilidad j doalaríza j áuii^ 
que prnTí^^fitUadetelementofi nuncA Uegó &' formar^ 
un graaic^tfíotfe toii&tuvo en alarma á los del g^bidr- 
no ; pU6Q^9t[k niofriboáetito á trarios pueblos ansiodos 
de com^M^tr pdfttrar la tirania favoreciendo así la es* 
pedioi{>j^jq,ufór4K)a')aia70re9 recursos y mejores ele* 
mentof eoiprertdio en seguida O. Q-ránados* 

En Mayo del mismo dfio comenzó su caRvpafia 
con un ejárcito cpinpc^^to de tíias de doscientos hom* ' 
bres bien armados, "llevando como segundo :^f€íá'^ 
D. J. Kuficko Barrios. - • . » 

Antes de r|f<^FÍr los be^cbos de armas 6ue vínica ' 
ron áforonar laiobra de la revoluciona no eatárá 
por ^f^mfis q^ede nuevo bosqupjen:tas áqi»£ los ras** ; 
gos característicos de los dos partidos que coalas 
armasen la mano iban á sostener sus respectivas 
tendencias y opiniones* 

El de oposición lo forataban; ios liberales y, los 
moderados á quienes so. unieron gran parte de los 
conservadores, porque se veía como primer objeto^ 
de la revolución derrocar. a,L despotismo que con sus 
repetidos actos de crueldad y barbarie se habia ena-»; 
genado la voluntad de todos los hombres honrados. 
£1 del gobie^^no estaba reducido al pequeño círculo 
de las personas que medraban con los abusos^ no 
contando para sostenerse mas que con el ejército 
que ellos creián t&n fiel y sumiso como antes. 

El partido de la oposición, Heno de entusiasmtp 
proclamaba y prometía i los pueblos: prosperidad 



122 

para las localidadet, iavidlable raí peto i loa datr#* 
oho8 de la nación y ieyes fundarneutaiei que garran* 
tizasen la independencia y justo equilibrio délos po* 
deres públicos. En tanto que los del gobierno solo 
defendían y dejaban entrever á los pueblos la con- 
servación de los privilegios, la parálisis de la socie* 
dad y las instituciones coloniales con los Ticios y 
crímenes de la oligarquía. 

Oponían éstos obstáculos y vigorosa resistencia 
á todo cambio radical, á toda modificación por sen^ 
cilla que fuese; aunque el país anduviera lánguida^ * 
mente sin poder cumplir las miras providenciales 
Buscaban aquellos la vida, la actividad y el moVi- 
miento, pretendiendo marchar por camino* anchos 
y despejados. 

Era el uno en una palabra, el edificio derruido 
del pasado que debia desplomarse^ y el otro el tem^ 
pío del porvenir que se levantaba^ 

Entre ambos, Guatemala tenia hechía de antema- 
no su elección* Los rudos ataques del despotismo 
y el noble ejemplo de los que se sacrificaron com- 
batiendo contra él, habla despertado en todos los 
guatemaltecos amantes de su patria el deseo de 
combatir á libertarle de los tiranos que tan inicua- 
mente la ultrajaban. 

Lo noticia de haberse iniciado la campafia cun- 
dió en el país con la rapidez de un sacudimiento 
eMctrico, sonando en los oidos como anuncio de loi$ 
funerales del despotismo. Tan eztraOrdinatia fu^ 



/ 



12S 

fermentaciou que en los ánimos produjo, qut nui- 

os ciudadanos acudieron presurosos á tomar par^ 

en aquel movimiento verdaderamente nacional. 

a, pues, la revolución i precipitarse cual ímpe* 

oso torrente que, desprendido de las altas moata- 

as, corre arrostrando los obstáculos que á su giro 

e oponen. 

Deplorable em extremo era la situación del go* 
bierno al inaugurarse la campafia. 

Revelábase en esto, como en lo demás, sa falíA 
de toda previsión 4 inteligencidé Generalmente loa 
poderes absolutos procuran en todas partes manta- 
ner un ejercito listo y bien pertrechado para la 
eventualidad d^ una guerra civil ó extranjera; ya 
que siempre ei su mas ñrme apoyo y sosten. Así 
es que una dé las aberraciones menos comprensibles 
en el gobierno, era pi^eclsamente la completa' desor* 
ganizacion é indisciplina de lo que en Guatemala se 
llamaban milicias militares, conjunto de gente que 
•arecia de todo orden y regularidad. 

Constaban tales milicias de unos enantes cente- 
nares de hombres reclutados por leva, á quienes 
cada dos meses se retiraba del servicio, sustituyen*» 
doloB con otros, de manera que no permanecían en 
el cuartel ni el tiempo necesario para aprender el 
manejo de la arma. A exepcion de ciertos geíea 
superiores que por sí selos se babian formado en el 
estudio, era la oñcialidad profundamente ignorante^ 
pues no habiendo en el país colegio alguno flú&tftr, 



124 

&ltábak la oportimidad para ioiitruirsQ aua en las 
mas iriviales nociones de la táctica j la estrategia* 
Consistía por tanto, todo el arte que poseian en 
seguirlas practicas de una ciega rutina; pero de la 
gran ciencia do la guerra, la mayor parte, de ellos 
igQoraba hasta el nombre de las mas elementales 
operaciones^ 

Esta gente, sin embargo, presentábase serena eá 
los combates y se batia «on denuedo, pero el valor 
era en ella indiridual .como las opiniones. Carecia 
del espíritu dé cuerpo y en cambio se procuraba 
infundirle el espíritu de partido, que aunque éxoa- 
lenteja veces, en lugar d« ser la fuerza, es por lo 
común, el disolvente: de los ejércitos. Conviene 
tan sólo' sujetar al soldado ¿las leyes del honor 
y de la. ordenanza, pues en éi la fidelidad es deber 
sagrado y la abnegocion requisito indispensable. 

Con tropas desorganizadas y oficiales inexpertos 
casi es infalible la derrota. ¿De. que les sirve, en 
efecto,* el entusiasmo y el arrojo, si peleando #n 
desorden presentan á un hábil adversario mil arbi-^ 
trios para destruirlos, ya que en' ellos se llega con 
igual ímpetu al acometimiento que á la fuga? Las 
xnas decisivas victorias son resultado del saber y de 
las virtudes militares; y cúaudo á tan importante 
objeto no se presta la debida atención, tienen que 
palparse las mas funestas consecuencias. Allí está 
la historia de todos los paises y do todos las épocas 
que lo oonfirma plenamente. 




4 ».*'■" 

Tardad es que Ifti tropas do 0are{a Q^r anados no 
éltabán mejor diecipiioadas ni los oficiales eran mas 
instruidos que en el ejercitó delgobierno; pero tenían 
iobre este des grandes ventajas; la primera en las 
ariiías pues los revolucionarios llevaban rifles de la 
última invención, enteramente desconocidos por las 
tropas de Guatemala; y la segunda; que sus fuerzas 
éátaban compuestas de soldados voluntarios, mien* 
tras que las del gobierno y^^fs servían á la fuerza y 
iiiuohos simpatizaban con la revolución. 

Trasladémonos ahora al teatro de la lucha para 
contf^mplai: «I espectáculo .de Jas victorias que f\j4 
obteaieAc^a.eJ e^^r^to i-evojiífciffl^aíío hasta reducir 
á pc^v^aa^ue] poctftrjfjefipi^í^^cpr jg^ue s^ creia eterno/ 
haqifeincJQ v,olver 4 Jsv^pf da 4 lo^ Jiombres que lo per- 
fionificaban, entidades orguUosas^ gastadas y nulas, 
cuyo», larguí^i 13^7 pe ríq^p 4© man^^ ^s1i5 á su patria 
tantys dolore^.^, / .^ 






XIX. 



»i 



Después de algunas terrerías é insigniñcantesen- 
cuentros entre las fuerzas revolucionarias y las del 
gobierno, vino i tener lugar la primera refriega de 
importancia en la villa de Retalhulea el día 14 de 
Mayo. . 

El Corregidor y Comandante general Cárdenas no 
teniendo fuerzas suficientes que oponer i las de Qt. 
Granados y queriendo evitar los perjuicios que se 
seguirían i la población^ abandonó la plaza y auto- 
rizó á algunas personas para¡que yendo á encontrar 
el ejórcito¡revolucionario, dijesen á los gefes que po- 
drían ocuparla pacíficamente con la seguridad de 
no ser atacados; así lo hicieron en efecto; pero co- 
mo Cárdenas encontrase á poco andar el refuerzo 
que le traia Ruano^ sin atender á lo que habla ofre* 
cido> ni al peligro de los que fiados en la palabra 
garantizaron á G« Granados qne no se^ le atacarla, 
ni tampoco i los males que su conducta iba i traer 



' 127 

•obire la población, emprendió el ataque contra Ia9 
íúbtztM revolucionarias que ocupaban lá plaaca. 

Défiptévenidas 'estas se vieron en gran apuro y 
aun se dispersaron én parte, pues uno de sus gefes, 
D. HércUlano Afre, casi al oir los primeros tiro9 
abandona su tropa, se puso en precipitada fuga y 
no paró hasta la primer población mexicana, á don- 
de llegó contando despavorido la derrota del ejérci- 
to de la revolución; mientras este se cefiia la corona 
del triunfo. 

Afortunadamente nó todos los gefes eran por el 
estilo de Aire: compelidos por las palabras y por el 
ejemplo del general Barrios hicieron heroicos es- 
fuerzos para reunir á su tropa, neutralizar los efec* 
tos de la sorpresa y tomar luego la ofensiva, termi- 
nando con una victoria completa. 

En esta refriega quedaron fuera de combate 80 
hombres, se incendiaron 308 casas y los vencedores^ 
consiguieron ademas del aliento moral^ dejar ente- 
ramente destruida aquella fuerza del gobierno y 
aumentar con las que avanzaron, el número de sus 
armas. 

Dirigiéronse en seguida los gefes de la revolución 
á San Martin y de allí entraron á la Antigua, ciu • 
dad importante que les abrió las puertas con entüi- 
siasmo^ Ta en esta marcha hubo de acrecentarse 
el número de sus tropas pon la gente que volunta- 
riamente acudía á engrosarla», de todos los punten 
de la Bepública. 



128 

AtfguidaS; iia embargo, de eeron oon un» fuerte 
brigada por el general Calonge^ abandonáronla 
Antigua 7 contramarcharon rumbo al Chichi. En 

9 

este lugar víbrense obligados ^á detenerse, trabán- 
dose nuevo combate entre ambos belijerantés. Ani-, 
mados con el triunfo de Retalhulea los revoluciona- 
ríos lidian con ardimiento en tanto que los del go- 
bierno^ que van contra su voluntad y que solo es: 
pcran ocasión para desertar, lo hacen con ánimo 
decaído, cundiendo entre ellos bien pronto el desor- 
den, sin que nada baste para impedir su conpleta 
derrota. Pasaban de SOO hombres los de Calonge 
y casi todos se desbandaron; sufriendo considerables 
pérdidas entre muertos, heridos y prisioneros, asi 
como en pertrechos y arreos de campaña. 

Casi al mismo tiempo, que la acción del Chiche, 
ocupaba Mendez-Cruz á Queealtenaügo, la segunda 
ciudad de la República, donde el gobierno tenia un 
ejército de mas de mil hombres. Este suceso fué 
fruto, de un a rrojo verdaderamente temerario y que 
solo puede justificarse con el buen éxito que obtuvo 
Mendez-Cruz: teniendoa penas ciento y tantos hom- 
bres se aproxima con ellos i Quezaltenango é inti- 
ma al ejército que allí habia que se rinda 6 que des- 
ocupe el puesto; y era tal la desmoralización de 
las tropas del gobierno y tanta la cobardía é inuti- 
lidad de sus gefes, que se apresuraron á abandonar 
la |j>laza á un enemigo diez veces menor. Después 
de haberse provisto de los recursos que nesesitaba 



el ejercito roTolocionarió salió de lá óíuaady éTÍtan^ 
do qiie el del gobierno, pasada la tor^esa^ Tokiérft 
volnera sobre bú paáoa y lo coniprometiera i eos* 
cener un^desporporcionáda cotíibate. 

D. Miguel García Granados» que por respeto al / 
gran náinero de tropas que allí había, evitaba antes 
aproximarse á Quezalteningo al saber el buen su« 
ceso de Méndez Cauz y ya con el aumento de tro» 
pay armas que le proporciona el triunfo del Chiche/ 
marcbd para amella ciudad que de nuevo abando* 
naroñ las amedrentadas tropas del gobierno. ' 

Antes de esto habíase estendido una acts en Pa*. 
tricia firmada por el general 3iarrios V varios ofi-^ 
ciales del ejiárcitOi nombrando presi^eijte provisorio 
de la República i D. lí. G. Granados* ^ ^ 

Con los recursos qne pudie|*pn. proporcionaréis 
en la ciudad de Quezaltenango, se aumentó el ej^r« . 
cito y se mejord su mqdo de ser, proveyéndolo dtt . 
vestuarios y demás cosas índiapensables. 

El general Cernay^su ministro ^rog^uraban entrü¿ 
tanto, improvisar átodá prisa elementos de resis« 
tencia, reuniendo tropas y éjeoutaudó aprestos para 
la suprema lucha que tenian que sostener; óponien''. 
do al torrente de la bpiniol) que sobre ellos se des« 
bordaba la obcecada temeridad y el oapricha de la 
desesperación. . ^ 

tA^síson ciertos hombresl El principio real y , 
verdadero que los guia es defender ios honores qiié ' 






IjBO 

dÍ8frutáü: j I09 puestos que ocupan, aub cMando 

cueste á I09. pueblos Üanto y sangre^ aunque la so-r 

* 

ciedad sufra cruelmente. lucapaces de un acto de 
abuegacdon, dej^an mas. bien que todo «e arruine y 
desq^ilicie^ antes que resignarse á perder una poBÍ- 
cion, conquistada á menudo por medio de innobles 
manejos ó viles intrigas. 

Beunid.supesivamqnte el. presidente sus tropas 
en ScJaltí^ Y ^l^mismo en persona se p^so i su ca- 
beza, moviéndose con dirección á Totonicapau en 
busca ce sus enemigos. 

El ffeneral Barrios y Jos jsuyos ocupabaj^ con an- 
terioridad las alturas llamadas de Cochon, ¿ dos le- 
cuas de esa Ciudad/ en éí camiaó real de. Quezijte 
nango. 

AvUtarópse kmbas ílierzas; pero aíin citando las 
deCefna eran mas lucidas enapariehcia,. se.palpa- 
ba su falta de organización y de entusiasmo: moti- 
vos para couteiier efc ^^inoió de cualquier general, 
mucho mas de .Gerna, nombre prudente en la guer* 
ra, y & qu^enios riesgpsse representaban abultados. 
)etüvo el ataqué vanos dias, mostrando así des* 
aliento antes.de emprenderlo, é hizo que.permane* 
cieran frente a frente los dos ejércitos, cual si mi* 
diesen sus fuerzas 6 se preparasen al combate^ com- 
binando el uno su moyimijcnto ofensivo; aguardando 
el otro en suS posiciones. 

Ajumándose por fíu el general ( erna i acome«-' 



"isi 



%-u 



.. * » 



I 



tér i flUd adVersáriofl^ dividió stt geütó en íreé có^ 
lúrúYfáÉ ^ hacina dclafl avanzar de modo que obraran 
Bóhfé '¿líós^ihiuitánéamente; mad cometiemdo el 
grávísibio error de mantenerlas divididas sin eulfi* ' 
ce alguno. ' ^ 

'lia {ioáicion que las fuerzas liberales ocupaban era 
fdi-iíiidable: cbibjf^oníásé dé uñás alturas que des* 
cIBaían en declive gradual,' pfefenfárido; ¿on algu- 
'nasli^facToIbras dé defenáa que sé habian improvi- 
sadó, ihi't^jidyo perfectiameQte sdlido no soío para ' 
réAsl^t con ^^ito, sino para ejecutar^las maniobras 
necesarias, yar d^réfórza^ los puntos comprometidoSi 
ja de emprender ataques ofensivos. 

I!j*{íl3#d|fk8 allí esta blecidsts en actitud ¿o cojnba* 
té/'lrtító[¿^saisi esjíeVaba^ ' .^' ' ''^'^ 

f Presentáronse éstos/ comenzatidó desde luego í' 
idiífáf íi¿tiÍLÍñe\)té sus disposiciones" para dar üiía 
acbnJn erf ripglarfdrnaa ¡primero eí ¿éneral Cerna/un' 
coítoit de «rtf(íbrtr/íüar'Mce; se^u?!^ í)or''el '¿rtifeso- 
dé'i\k ii^piiíy MÍ aVanistírbn jhéáuéltamente; pero 
ante el fué^ de lós libérales^ £ol)ré ellas concentra- 
déé j^ad^nirstbléniente sostenido») se vieron fí5rzaga8 ' 
á 4teépl^g¿ri>e en líneas irregulares de batalla. 
£l ccímbaté' se etnprend« por todáH partes. 
Las liberales se matitienen en la noias absoluta ' 
deféiféiva, reflirÉando los puntos donde sufren má- 
ydFes destrozos ó donde eí enemigo car^acon mas 
biia, oyéhdd los gritos de éste y éufriéndo su fuego 

ain dar la mb I!ger« muestra tle temoh 



de Óeraia tratau de escala las a)taraí;..perpid^teBU i 
doB en BU march^ por una lluvia der^ptQjrectjilef, 
ondulan, vapi^n, ji^rpentean cpi»o unJiilp y.retro?í,. 
ceden, desprendiéndose al mismo tiempo sobre, elloa 
los liberales, que 48e adelantan cifi^ndolo9^,estir«« 
chindólos en un.efrculo de^ hierra J de fuego.' Bu . 
vano entra una l^juea da re^erva^pi^l^cpr^star. á los, 
fugitivo» un abpigo, reQrganizarBe y-YqlwrXUtt?Í!eíL . 
nada contiene el arrojpjjie los UberalM,.(B^ cvyo.cam- , 
pó brilla ya el reUmpago, de la ;yícioria, Ibgcandp^ 
consuiKiarla con la desord^of jijífug^^í^yii^^ ftdver-,.. 
sarios. • ,, 

EsU batallj» (Uisi vino á resal ver la con(^|í^^9^pof«' 

qué ademas de^epalljecer, Ij^jPíPfftjirdfi í:ÍW-Pr^^Wfi!*'^j 
des, quedó |hí vencido el dmpo ej^r^itQ del^^liitieritf i 

precipitadamente, ^ci^miqaiidp ála^veaJtufa.,, J^^?^ .: 

ci^J909j¡^.deiran4§.q «^r^ps,. g^ío.ei».jj^^atado:, 
es^án^oQO (le dosponelerlíp^.; Teip^i;9sq9,(iÚQ tfqibay*^ 
go, 4,c eier Quev^amente at^qadas, se difieran 4 Ja* 
Antigua^ y no consideri^tjb^e^j^guras^lUrtai^^C^ ;, 
projiguieron jm mar^hf con- 4aimo.4^Jricabrir.'ta 
ca.pital. . ... .•.,.,..,. .,,., . . .,.,..., • „ ■ 

Loa liberales iban en p08.^deen<» idfieosQa.d®^. 
consumas 8u^. ruina j perp^ pet«egui<i;^ de tercapor 
su» contrarijos sejyjjii Cer^a corop«U4p á !pr«a«n1(9f: 
i»¿éYaUtalía^j?j»pj^|lo4tj^ • < 



138 

A lariatarae ambos ejércitos, dMpK^gitn los libo» - 
rales una larga cadena de tiradores con sus respec 
tivos sostenes, para cubrir y abrazar el campo 
enemigo con sus fuegos; mientras los dó Oerna, 
abrigados por las casas,, los árboles y quiebras del 
terreno, se preparan*á la defensa con al ardimiento 
d^ la desesperación. En este drden trábase el com- 
bato casi cuerpo á cuerpo. 

Los liberales atacan con el brio^qiie les infunden 
las ventajas obtenidas y la certidumbre del triunfo, 
jr los del gobierno ¿ su vef^nfe sostienen con tezoú, 
comprendiendo que en tal láncese juega decisiva- 
mente la suerte de su causa; pero cejan éstos al fin, 
y en las filas del gobierno cunde el desorden. Eu 
vano varios oficiales hacen esfuerzos supremos por 

A^^^^l^¥.m^ ^S^Mfíh 8í>!?E1P<ai^f ^|ft*§rrpc¿a 
dominados por nna especie vértigo, tiran fusitfts;^^*) 

dispensioi^ l^é gei^er^^ \\% ejéf qito^ Ui^wf^iQ^^ f e^* • 
je muk59s^ \x^^9^yr^^Ví., número 4Síí prisioaciros y 

to^p^ei amkeriaí.d^l ^9J?fl^gf>» : i i^* • • - 

^Ebfa apcion: á quft concurrió el general i cSolftri»: 
coa lafuer^;^ que habla podido jpj^ga^niaajrín. faro? 
de iá révoluqipp, ^^í^m^ ji^^$ .^:%U^^\^ ádli? : 
n^k 4e la i3Mii»fia,, porqu^jel gabieriw m 
y% ^>»,ft<>14iM«>|V%MSJ;en«rla¿ 



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0e8iiueá^ éstetf Victorias, e)>j¿rciio UWtáilaf^,' 
lid eneínigaya ¿^ien comtmtir, inarcfid IbóíBiti '1¿ 

^La nothiá d^ la última derfota süfdda f or Óerna 
había candiáa íéfr ella cén la llegada de los primeros 
diáperaos. El miedo y la cenisteFnacíoa sé ^iñta* 
ban ed el semblaute de los partidarios déí gobierno. 
Kááiis oídos la hora suprema de la tiranía sonaba 
dé una manera siniestra, y solo pensaba isn apelar á 
la fuga para salvarse del. furor popular. 

Todo era por el oontra'rio goso y entüsiastnb ea 
la masa de la población. Ricos ' i pobres, sabibs' é 
ignorantes, mujeres y nifios^ la sociedad casi entera 

eípniaba de mil modos itu adhesión al movimiento 



■ I 

W V.» J. 



1 • • « 



i|tt() acsibaba de triunfar. La sueva re^a^ qiie 4 j>fftf it^ 
09 abria coa las ideas liberales^ en la imaginación 
pública engrandecidas, las ardientes aspiraciones 
káciá otro ó^aén' dé cosas del dual todófi esperaban 

ventura V prosperidad parala patria, venían obran* ' 
dó.de consuno pata inUamar los espíritius. abandd**. 
nandose ar seductor ehsuefio de radiante . ^(f^*;^^ 



Bajo tales auspicios babjlas^^^^p^paci.Q en.dias ante* . 
riores, por los mas influentes ciudadanos do la capí» 
tal)' una representación al góbietóo, que equivalía i 
Yérdadéra acta de ' protíunciatriieñtü; jiWéif en ellí' 

sé'lé exigió con tfnperio su iqmeaiata Retirada del po^^ 
der. Esta representación' pasó at ^Consejo* dé Sstaifo 
d^onioiaUi: liógair lá'^^aifadüiHB^bkf «i^ p%i»'éir«iet¿ 
po ne» IkgiiSfá itobnur ««¿Ifoi^^ ¿l£(^ 
áto^feoidi}«^8''ÍMaáatií ya pr^ífMndciise ^n b» W» 

lia vanguardia del ejercito libertador se preácfñtí!^ 
en e|é$)to 4 leus puetta» de la ciudadv;y'<;9 tan^prb* 
inÍ4Dt^,0froiini»tan^$iS) dominados por el teírer Im { 
xi|iie|»bros diel 'galnnete^ solo penaaron^ en etiviác ilí 

genarat Qarcíí^ Orabadós los répf ementantes de fóÍJ^ 
Esíadüs -Unidos, Francia é Italia, 6oh' su rentinc¥í¿^ 
volua^ría^ y el enólogo d$ eb^ntr oóudití&ciM^aiW^ 

Beuniiíse al propio tiexpo el ayutítamie&to y le^ 



136 

rtAió unaftcta de adhesión^ qu^ fií^ presentada por 
nWf'iitaféito'eítfftCiáíi • "" •'■•••■ '-' •' 

• • • • . . 1 

M JBr. García Gírc^nados recibi(j aa^basi comisioneii 

b . ■ . . • . -- - ■ - . ,vj . ' 1. 

con afable contiopate.; pari^todo^ <>freoi(5^^9eguri4a* 




concoraia. 

Al dia siguiente de eetos. sucesos hizo e^u entr^^ 
da'triüniral elefiírcifóiií^ertador. - 






/ 1. 



Preve^nidos. ^ataban. todorpja^aacojer^/Bpl^Bdídti* 
nma^e 4 fiU4%9)^99v9Q}4^^r <}ue traían «us gen^ooes 

llenofi 4e ^^^!^^^\7 %^^. ^^^ l'^ ^^U? l^^9^^Mp) ^^7r> 
biaü ddeadidx) la causa de la justicia,. . _, ^ -: 

-^»(^t]^t»^f<{ látbiaí despertado e2)g{dfflptt¡dá, 1^^ 
dM^JIíiff^rVf <Umtf;:de<.ikQgr^^ eiíalxT 

sM-lIftieaflltMhl^biii^tei^ ambienladdepipélraptcdoshfaud. 
que se respira en un dia hermoso y en medio del r^'¿ 

JQ€|sde.la garita de Bu^oía- Vista bástala pla^a ma^ 
yml ee^dedr, en un espacio de cerca de^iüédíia tegua 
Mft plazsfl 7 calles estaban sembradasde áopes*yio« 
ediftcps adornados coi^ emblemas d diverjas iJiego- 
ri^. Resonaban en su trápsito las aclamarCloae^ide i 

ia^BQ^ir^ble multítiid^* que portales y plftwi cifea« 
laba, al mismo tiempo que los balcon«r y timados li« 



I * • 



.{. ', ,"f* ,. < -•:»■.< .;*"j f 



haUa]^ CQfpTif^^<;f9^JlQ^^P]^Qi»doreB rebosando de 
***.HfSfi^^i.í*^te"i? 7,^Wíí^4o -era el gplpe^d|i yÍ8- 

^jabi^odQse puesto, en .aiarcbf. las diversas seccio* 
nes del ejercito, comeoKÓ el desfile, Uerando sus 
mú^jcas .ÍTangiijardia y su^. pabellones desplegando 
al^ieBtp sus hermoso» cpílores, 

,P#, todas tasy^ntapasy :0(>upada9 ppr las. familias 
mMjiK)table|i| caiao cojq prp^iuioa sobre los vence- 
áouñ QOTjcm^j r%m\h\Mi las. BeAorgs^ Ipf «ahi^a^ 
ban agitan «Ib éüÉ paftiKiloíi: . v .4 ; c^da tn^me^^ se 
oian por donde quiera viras entusiastas* 

Hagnífica Íví4 la omiu<m be^ha al oj^r^ijto, ^sno 
digno homftn^ :.d^{.«q gjieblo patrie^ 7 M^,f^i 

^(^é en «I a«tó {KHMsimí dé la prémdenc^ &4 
CHÓraiiádoM ton fas protaaisar y t^er^tnonias aoostuir* 
bfttiM én -tule» ^íteo». En su# manoa quadan ya las 
ri^dit de) gobierno y eotñpreinettdo'está i úkunt^ - 
jarlasí^é üiodoque se realice ef objeto que lospue^ 
bktt sé profMiaisrofi al haMC la. revolución. ^ 

Para ¿umplir su eompromiso y llevar á' termino 
la íirduá énípresa de reconsti^cion,' el nuevo go« 
biérnó debe adoptar uña política sablatáente refor- 
tnadorá qué satisfaga ep ló justo las exigencias de 
I«-eMf««la-iÍi«ril, sin t&oofar^oQüJoi btíemos príocii- 

pWfíeoiiKtTJldqMsi xmm4»¡ i^zM^^gimUki. 909. f^., 



138* 

error^ pero moslráadoisd intr-anslgéntíf* cóti^ él éfí-^ 
meii; feolévandó todas las ópínioheá, pérb féptlmuii- ' 
do con enterez i' los mas leVós^ conatos^ rffetrastoVnb^ 
respetando las garantías inüividuales, {le«'0 sin dijM 

que ¿ su sombra se organisen coíispiraciones; concey 
dieudo i la prensa amplísimas fránqüicras, pero siil 
permitir que degenerin'en deplorables ábusoé; y 't<j-''' 
mando por j^iiaL loS deberla en Ve^ dé los iiüteríesiáé, 
el patriotlsmo'enlugar dé las óotrvé'niénoitts eg^istaé^-* 
y la rdzoh eü vés de^ lo&éstravio's ^úeaíréteQ iw6a!!« 
pafiar ¿ loó lnoíntrés de partido.' "* ' - 

Esta es en efecto, la única mjinera de constitfuif ' 
udgiábiernó sabio por suSl&jreis, f^t^ pot «us ititeü- 
ci5n%é, -fueiíte^ por stS e)»éfg(a,' *éapaz '>4d 'MtoUeec^r ^ 
una orden de cosas que proporcione á los puehlm..' 

adulad tay;}gcáriíi4<0fi4 : ^rgal^ti^'4 w ÍQol<)^«4o ,qn 
e»fec»«upefior á^todos ^Qft^b^dcf ,^0^ íf##*»lA#iA>flBPO 
su^ Jep^atiáiiai{i, aíuoi<qi^:pc^r jcI <^t^tr(»|Í€í;mwtf)jpSMHd 
á/ayartaato abe6pírittij8l^l^ag($gi$Q'<Q0liio tU ¿e^rL-: . 
tu retrógrado, latóieaií^%ua4*tlk}>rirti^;lf©,af)%?^^ 

en positivo "bíeií y cotis^tOk^iW rénttda^: <uii»"gainer-i 
no .^n íia> qjjeofea.eglda. d^lbQijor, em Wp^ d^la jui* 
\A(Áf^ &el balauza de equilibrio eatre los ^^rechos 
particuUreiiy comuneSt astrQQQ el zenit, quedistri? . 
buya su luz en todos los ái^bitos de la naoion. 

'Bebé tambiea ^1 umwo fj^bíéroo ea&nárao^ iMrfdc^t)-^.^ 
ciirair qu« tw liiméhsos^ téfetof Oi^ da v aqilol ' Meio pt irí ^ 



vilegiado se eBpIóten y se defi.eadaQ, y en dictar' tcf- 



> f : < * .' ■ .t * f 



« '^ f • »« 



das las medidas que la cultura del siglo hacen uf' 
gentisimas y necesa^rás. ' ' . ^ 

Asf^.la unida4;de. pesos y m^did&s: $] «pB^blecb .-: 
mietkto deUp0a9 telegr^6caf8;«Ia oop«i£uccíoaf|lp.ca^j;: 
minos d^LS^rTQf la mejora de los oarreteirosexisten/? -, 
tentes y laíap^ertuira de qtrp/sf .paeywri la fQ5jnjaQÍ|Qn^ ,. .• 
de acad^miaft oiejitííqas; bis^no^a yi ,Jjjt^cíy:^as.f dj^^,,^ 
museos y bibliotecas públicas; la fabric^if^^^jiue^j^ 
▼08 édiñcios, y el ornato 6 embellecimiento de las 
ciudades: la redacción de códigos que arrojen bri- 
llante luz en ese informe cdos de la antigua legisla* 
cien y desenreden la confusa maraña de los proce- 
dimientos judiciales, dándoles unidad y armonía: la 

propagación de la ensefianza en grande escala, se ' 
gunda naturaleza de los pueblos cultos: la reorga* 
nizacion de la hacienda, basada en buenos principios 
ecduomicos, que restauren la confianza y el crédito, 
capital inagotable de las naciones: el perfecto ar- 
reglo del ejército, salvaguardia del orden, de la hon- 
ra é mdependencia de la patria: la promulgación de 
leyes fundamentales, donde se garanticen los dere- 
chos del ciudadano, se vigorizen los principios de^ 
respeto á la autoridad, y se consagren las fecundas 
doctrinas déla domocracia; tales son los objetos de 
altísima cuantía á que el gobierno de Guatemala 
debe consagrar sus trabajos para coronar la obra ini* 
ciada, por la revolucicm. 



ii6 

I 

(Ojalá. á ello 86 encaminen sus afanes y desvelos^ 
como suprema autoridad encargada de ampafar, 
protf jer é impulsar el progreso nacional! Bello strá 
el edificio si lleg^ á concluirse. Entonces, abríén^ 
dose para la República un camino anchuroso, so 
marcha por él se>á tranquila 7 sosegada, como la 
corriente de tin rio que derrama la fecundidad en 
las riberas que báfia, 6 como los astros en el espacio 
que rectyrren su drbita con admirable orden, armo* 
nia y magestad. , 



t '' ■-' I. V ., 



'^ ' '• «-t 



r • > ' 



KO 



5CXI. 



fiemos trazado á grandes pincéladaa el tstaclot^tn 
guardaba Guatemala, las causas, que produjeron la 
revolución^ su desarrollo y los bienes que puede pro^ 
ducir: réstanos solo esponer ahora algunas otras re«» 
flexiones que tienden á asegurar el bienestar de 
ese hermoso pais, tuliosa joya del continente amé* 
ricano! -^ ?a 

En la díficil empresa de su regeneración, debelí 
ante todo arrojarse en la fosa del olvida los pasados 
desaciertoSi así como procurar que en. ella tomen 
parte hombres superiores por la nobleza de sus íní- 
ras, el vigor de su raciocinio, el desinterés de supa*^ 
triotismo, la elevación de su cairácter f «1 fuego dd 
ra alma. Be eUte tnodo podrá o6n facilidad estaí» 

ii 



142 

blecerne uñ régimen legal y ordenado, en vez de los 
horrored del despotismo, sistemar el gobierno bajo 
bases de moralidad, y mejorar todos los ramos ad- 
ininistrativos de acuerdo con las necesidades de la 
época. 

Ko mas centralización del| poder en manos pri- 
vilegiadas; no mas esa sustitución del capricho de 
los gobernantes á la majestad de las leyes. 

Importa al propio tiempo emplear mucha teni- 
planza con los hombres del régimen derrocado, pxies 
efi gravísimo error suponer que la libertad|se conso- 
lida haciendo verter lagrimas ó derramando sangré. 
Ella, quejes la razón y la justicia, debejinspirarse poi^ 
medioidel amo^ y; del convencimieaio}^ nunca por 
médio: de iaa yengánfisas y hs crueldades. €ón loa 
primaros se Bujeta i las almas, eon las segundad éB 
tes^nadecea las pasiones. Y asi, apaciguada la tem« 
péstad, renacerá la calma dejKndo v«r en mag-^ 
nifica '^6peetiva;^el orden y [el progreso, repre* 
sentados por el genio de la libertad volando há- 

Qíia el pprvenir con^ sua grandes -alas esteadidas« 
ííDbre el espacio/ 

' Todos sabemos que nó hay bienes e«iterameute 
puros en la tierra. Los mejores principios llevados 
al exceso, de transibnnasion en funestos vicios: 1^ 
inagnanimidtd llega á convertirse en éstratit^ncia> 
la caridad suele conducir á la' ruinan * Lo misáo 



í;^' 



ni 

•er la autoridad; «u empefio eonatante defitruirlá; 
Mperattdo á% ette modo entregarte eobre mo&toneé 
doí ruinas á la loca algazara de groselrae or^fae. Bn 
todas las épocas de su historia fué siempre acomptt^ 
fiado su planteo con eterno semillero de disturbioí; 
atentados y escándalos que han sumergido i los 
pueblos en un mar de delirios y catástrofes. 

Debe^ pues, aceptarse la democracia^ como con» 
quista preciosa sobre el tiempo y adelanto positivo 
en la marcha de la humanidad^ rechazando enérgica- 
mente á la demagogia como el elemento de retroceso 
y causa dé desastres 4 infortunios. 

*^ Guando en tiempos apacibles la démograitfa im- 
peta/ marcha arreglada la máquina social, porque 
sé escucha la voz soletnné y augusta déla razón. 
Pero, si estraviados los hombféá ccfü el vértigo de- 
inagégicb, se lanzan i la tortuosa carrera de las re- 
vueltas, inútiles son cuantos esfuerzos^ hacen por 
eontrarestar el torrente. La esperanza de medrar 
pone en movimiento á los ambiciosos; gente abyec- 
ta sale de la oscuridad para obtener parte en el 
despojo, y todos se arrojan á cometer atrocidades 
desconociendo los escrúpulos que sirven de freno á 
los buenos. 

Esos movimientos desatentados pasan como un 
huracán sobre los pueblos» En sus crisis convulsi^ 
vias^ siempre la arbitrariedad ocupa el puesto de la 
ley, y las pasiones el del raciocinio. En lugar de 



pueblos. Lo8 hombres de progreto no solo traála* 
dan á la esfera de los hechos los plaaes de reforma - 
que nuestros antepasados nos legaron, sino prepa^» 
ran á su turno para nuestros pésteroi otro legado 
del mismo origen. 

La idea progresista no es únicamente el espejó 

que refleja la sociedad; es también el telesctípid 

que descubre mundos lejano^ y luminosos. Esa con-' 

catenacion de trabajos^ que las generaciones suoe-- 

sivamente se trasmiten, estarblece iá solidaridad 

que hay entre ellas en la tarea del perfeccionamietl-* 

to del humano linaje. Esto* confirma i la ves qué 

todo sigue un orden prescrito, y i^ue nunga debis^ 

mo3 anticiparnos á U verdad oon la ilusión;- ni al. 
tiempo coh la impaciencia, si queremos que nos 

acompañen el acierto y la sabiduria, 

Desgraciadamente;sín embargo, déjasejel alma se- 
ducir á menudo por utopías impracticables, buscan- 
do lo maravilloso en lugar de lo natural; y los par- 
tidos en el ardor de sus aspiraciones, procuran ade- 
lantarse con fatal precipitación mas allá de los lími* 
tes debidos, alejándose entonces de ellos, puesto que 
todo crecimiento ha de recorrer fases regulares^ y 
tiene sus condiciones rigurosas de armonía. 

Las teorías improvisadas en el vacío, fundadas en 
quiméricos principios, aplicadas sin Criterio ni filo* 
sofía, son el escolio de las ideas de positiva mejoia, 
ocasionando el desquiciamiento de la sociedad, Ün 



143 

iumoderado deseo de extirpar cuanto la esperiencia 
ha sancionado como bueno, por solo su anti guedad, 
es signo infalible de fbenesí revolucionario. Tratan 
por tales medios los energúmenos de la política de 
asaltar el gobieruo para hacer prevalecer la tiranía 
de sus pasiones^ edificando eñ el aire, porque efíme- 
ras tienen que ser las instituciones que no cuentan 
con robustas y sólidas bases. 

Eti vez entonces de asegurar el predominio de la 
democracia con sus grandes virtudes y conquistas 
reuniendo álos ciudadanos enlazo fraternal, á nom* 
bre de su reposo y bienestar, se abre la puerta á la 
demagogia, es decirj a la ausencia de todo gobierno 
y de todo orden, la cual desencadenando Lis mas 
ruines pasiones, se presenta como la bandera de 
cuanto abriga la sociedad de mas abyecto, brindan* 
do á sus secuace3,con el cebo del despojo de los 
vencidos • 



CONCLUSIÓN. 



Nunca debe confundirse la democracia con la de- 
magogia, ya que entre ellas existe un abismo incon- 
mensurable 

Es la democracia aquella forma de gobietno que 

tiene por base la soberanía de la nación. El pueblo 

se considera que gobierna por sí mismo 6 con dele- 

gados que elige por tiempo determinado« Debe^ 

puesi reputarse un progreso de la Irumanidadi una 

de las fórmulas de la civilización, teniendo que con- 
ducir, tarde ó temprano á los pueblos á su mayor 

perfeccionamiento, en medió dé los funerales del 

despotismo. 

La demagogia es la negación del progresO| la ne- 
gación de todo orden así en las ideas como en los 
hechos. Gobierno de turbas desenfrenadas, ni for« 
iñula ni acierta á constituir nada, porque es la anar- 
quía> el desorden, el crimen. Perversa en sus in* 
tenciones, arreb^itada en sus actos^ lejos de producir 
bienestar á la ¿ociedad, sold sirve para quitarle el 
que disfruta. Su dogma fundamental es e«ear&e« 



áóoatece en el muado polítioo: el sosiego del dea- 
potismo se asemeja á la iamobilidad del mar muerto, 
oomo la furia por ianovaciones i las tempestades 
del octano. 

£1 que pretende reformarlo todo de un golpe, so-* 
lo ejecuta obra de destrucción. El tiempo parece 
ser el mejor elemento de la verdad. Qxijir la ver 
dad definitiva en un dia, seria exigir & la naturales 
leza mas de lo que puede dar. Arrójase una semi* 
lia en la tierra, brota una planta, y vá creciendo has^ 
ta convertirse en árbol lleno de frondosidad^ carga* 
do de regalados frutos¿ Con pasos igualmente len*^ 
tos se erige el grande edificio social ^trascurriendo j 
afios dará que adquiera esa solidez que debe perpe-^ 
tuarlo. 

Es de creerse que esta ley constante en el modo 

de ser de las cosas, sepa infundir al pueblo guate^ 

malteco esperanzas,á la par que moderación. Es-' 
peranzas, porque incesantes son los progresos 

que hace la humanidad cuando 'camina por bue- 
na vía. Moderación, porque todo patentiza cuan 
nocivos é infructuosos son los pasos que tien- 
den Á violentar la marcha de los acontecimientos. 

No i^ecordamos qu^ escritor ha dicho que, basta 
percibir los vastos horizontes que la ciencia social 
ha abierto á la inteligencia^ para penetrarse de lo 
dilatado que es el campo donde rá desenvolviendo^ 
80 el pensamiento regenerador en el seno de los 



juzgar á los hombres, se les proscribej y en vez de 

desarrollar un plan lógico cualquiera, se entroniza 

el mas absoluto desconcierto. A un ■■ tiempo invo- 

cánse, en efecto, todos los principios, se ■ recurre A 

todas las teorías y se ensayan todos los sistenlas en ^ 

medio da la relajación de los vínculos sociales. En. 
su insensato frenesí tolo lo saeriíican lo3 partidos 

á sus bastardas aspiraciones por apoderarse del 
poder, vengan resentimientos, ó sacian <5dios en- 
conados; y perpetuando la confusión, perpetúan la 
tiranía que es el germen de ella, causan la muerte 
de los individuos, lá ruina de las familias, y el estu 
por sombrío de las conciencias. Y perver- 
tida de esta manera la sociedad por el desenfreno 
de los vicios, orillada á negros é inevitables preci- 
picios, se aleja do! hermoso camino de la virtud y 

de la civilización* .. . 

En estremo desgraciado sería el país, si al . arri- 
bar. á puerto de salud, en vez de consagrarse ala 
. obra de su reconstrucción^ tuerce su rumbo, y deja 

chocar unos contra (rtros, ciegos é impacientes, los 
interesen privados, los cálculos y personales ambi- 
ciones, ün cúmulo inmquso de males con su fúne* 
bre cortejo de pérdidas irreparables en sangre, in* 
teligencia, íé y confianza , será la consecuencia 
precisa ¿indispensable, naufragando sus legítimas 
esperanzas d( risueño porvenir* 

¡Dios proteja áese noble pueblo, é ilumine á sus 
¿plasmantes para guiarilo por la senda de su fe* 
idadl 



Hoy que la felicidad despunta por el hori¿ 
¿ontc de los pueblos, queremos que nuestro con- 
tinente «ba sol radiante de gloria. No lo olvide* 
tilos: la libertad es tranquila como la sabiduría » 
elevada como la razoñ, vigorosa como la fuerza: 
inteigencia que juzga> boca que hace resonar gran* 

des pensamientos, mano que ejecuta ' nobles accio- 
nes: las tablas de la ley h servin de egida, y se 

&poya en la prudencia^ la equidad jr la justicia: 
protectora de la agricultura^ del comercio, ^e la 
industria y de la prosperidad, difunde la riqueza y 
{>ropaga el bienestar: reguladora dé les pueblos, loa 

levanta de la servidumbre, les[dá derechos, enalte* 
ce su dignidad y los regenera con su benéfioas doc« 
trinas: su reinado es, en fín^ todo amor, protección 
y garantías. Tal es la libertad cual nosotros la con-» 
cebimos^ como deseamos que brille ei^«i4rica para 
Henar su misión providencia]^^! 

M ^zico^ Noviembre le 1872. 

FedSRIGO LABBAIKZAfi* 




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