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Full text of "La Sagrada Biblia : nuevamente traducida al español, é ilustrada con notas"

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Date IS3(o 

Accensión No. f ^ 1 7 

Acce55ion L) Site N ó\J . / f ^^ 3 Zt^tt^^.. 
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LA 

SAGRADA BIBLIA 

NUEVAMENTE TRADUCIDA AL ESPAÑOL, 

É ILUSTRADA CON NOTAS 

POR 

DON FÉLIX TORRES AMAT. 

EDICIÓN REIMPRESA DE LA SEGUNDA DE MADRID. 

TOMO III. 

DEUTERONOMIO, JOSUÉ, JUECES Y RUTH. 




parís, 

LIBRERÍA DE LOS SS. D. VICENTE SALVA É HIJO, 
CALLE DE LILLE, N''. 4. 

1836. 



Imprcuta de J.Smith, calle de Montmoreucy, u. 16. 



ADVERTENCIA 

SOBRE EL LIBRO DEL DEUTEROrSOMlO. 



Este libro sagrado, que es el último de los 
cinco que escribió Moysés, contiene la histo- 
ria del pueblo de Dios desde el prÍ7icipio del 
mes undécimo del año AO de la salida de 
Egypto, que es donde acabó el libro de los 
Números, hasta el séptimo dia del m.es duo- 
décimo del mismo año. Se llama entre los 
Hebreos D"''^2"in n?N (Estas las palabras) , 
por comenzar asi el te¿vto original hebreo. 
Los griegos le llaman AevTípóvofAiov Deutero- 
nomio, nofubre adoptado por los latinos, que 
significa segunda Ley, ó repetición de la Ley; 
aludiendo á la segunda promulgación de la ley 
que hizo Moysés antes de entrar los israelitas 
en la tierra de promisión^ en gracia de aque- 
llos que., ó no habian aun nacido, ó no tenian 
To:\?. lll. ^ 1 



2 ADVERTENíTA. 

USO de razón la primera vez que fue prontul- 
gaduj y también para imprimirla profunda- 
mente en el corazón de los hijos de Israel, 
antes de separarse de ellos por la muerte que 
veía cercana. Quiso, pues, que renovaran la 
alianza hecha con Dios , y se obligasen de 
nuevo á observar los preceptos que les habia 
dado en el monte Sinai : observancia que ha- 
bia de ser el principio de su felicidad. A cu- 
yo fin dispuso que luego de haber pasado las 
tribus el Jordán, seis de ellas suMesen al 
monte Hebal, y las otras al de Garizim , y 
que los levitas pronunciasen terribles maldi- 
ciones contra los que violasen los Divinos 
mandamientos, y las mayores bendiciones d 
favor de los que los observasen. Escribió tam- 
bién esta Ley que publicaba nuevamente ; 
ilustrándola y explicándola , según Dios le 
inspiraba, y mandando a los sacerdotes que 
la leyeran al pueblo cada siete años. Compu- 
so por orden de Dios un cántico, que debian 
aprender de memoria los hijos de Israel en 
testimonio eterno de la infinita bondad del 
Señor, y de la infidelidad ó mala correspon- 
dencia de su pueblo. Nombra á Josué por 



AD^ERTEN(.IA. 3 

succesor suyo en el gobierno : da la bendición 
(i todas las tribus : sube al monte Nebo, don- 
de muere después de haber echado una ojeada 
sobre la tierra prometida; y enterrado su cuer- 
po por ministerio de ííngeles, le llora todo Is- 
rael amargam e^nte. Esto es, en compendio y 
lo que contiene el libro del Deuteronomio , 
figura profética, dice San Gerónimo , de la 
Ley evangélica. 

Eti efecto, en muchos lugares de este libro 
se ve profetizada la tiueva alianza, ó la Ley 
de gracia, pero mas señaladamente en el cap. 
XVII J. V. \h : lugar que toda la antigua sy- 
na goga entendió siempre del Mesías; en lo 
que convienen aun hoy dia los mas sabios 
judíos. Moysés, por cuya boca hablaba el Es- 
píritu Santo, dirigía también sus palabras al 
nuevo pueblo que habia deformar Jesu- Chris- 
to ; pues, como enseña el Apóstol, lo que su- 
cedía en la Ley antigua era figura de la Ley 
nueva. Y asi con nosotros hablan también 
las amenazas y maldiciones de Moysés, siem- 
pre que fuéremos rebeldes á la bondad y mise- 
ricordia de nuestro Divino Legislador; y se- 
remos tanto 7nas culpables, cuanto son sin 



1 ADVERTENCIA. 

comparación mayores y mas copiosas las gra- 
cias que hemos recibido, Heb. X. v. 1.28. 
r=z\. Cor. X. V. 11. 



LIBRO DEL DEUTERONOMIO. 



CAPÍTULO PRIMERO. 



Recapitulación de los principales siwesos que aconlecieroii d 
Israel en el Desierto por espacio de cuarenta años '. 

1 Estas son las palabras que liabló Moysés á 
todo Israel antes de pasar el Jordán "*, en la cam- 
piña desierta , frente del mar Rojo entre Pliaran 
y Thophel y Laban y Hazeroth, donde hay ruinas 
de oro^ en abundancia : 

2 á once jornadas de Horeb por el camino del 
monte Seir hasta Cadesbarne. 

3 En el año cuadragésimo de la salida de Egi/pto, 
en el mes undécimo , el primer dia del mes anun- 
ció Moysés á los hijos de Israel todo lo que le 
mandó el Señor que les dijera. 

4 Después que derrotó á Sehon rey de los 
amorrheos , que tenia su corte en Hesebon , y á 

1 Año del Mundo 2553 : antes de Jesu-Christo 1451. 

2 La palabra hebrea "lÜDl^D ^'^ el paso, que en laVulga- 
ta se traduce trans , es ambigua; y puede traducirse cis : 
pero como Moysés cuenta aquello que dijo junto al Jordán, 
y jamas pasó este rio, debe traducirse aquí antes de j)a- 
saVf ele. 

3 La voz hebrea ^^1 ^"1 > que la Vulgata traduce ubi 
auri, etc., la creen muciios nombre i)ropio. 



Ü LIBRO DEL IWiüTEROKüMlO. 

Og rey de Basan , que moró en Astaroth y en 
Edrai ' , ♦ 

5 á la otra parte del Jordán , en el pais de 
Moab , Moysés comenzó á explicarles la Ley del 
Señor, y á decirles : 

6 Dios nuestro Señor nos habló en Horeb , di- 
ciendo : Bastante tiempo habéis permanecido jun- 
to á este monte : 

7 dad la vuelta , y marchad á las montañas de 
los amorrheos y demás lugares vecinos , exten- 
diéndoos por los llanos, y por los montes y valles 
que yacen al Mediodia, y á la costa del mar Me- 
dilerráneo , por la tierra mas septentrional de los 
chánaneos y del Líbano , hasta el gran rio Eu- 
phrates. 

8 Mirad , dijo , que os la tengo dada : entrad 
y tomad posesión de la tierra , acerca de la cual 
juró el Señor á vuestros padres Abraham , Isaac , 
y Jacob , que se la daria á ellos , y después de 
ellos á su descendencia. 

9 En aquel mismo tiempo os dije : 

10 No puedo yo solo gobernaros ; porque el 
Señor Dios vuestro os ha multiplicado , y en el 
dia de hoy sois en grandísimo número como las 
estrellas del cielo ^. 

11 (El Señor, Dios de vuestros padres , añada 



1 Nim. XXL V. 24. 

2 Evod. XVm, V. 18. 



CAPÍTULO I. 7 

aun á este número muchos millares , y os llene ele 
bendiciones como lo tiene dicho.) 

12 Yo no puedo solo llevar el peso de vuestros 
negocios y pleitos. 

13 Escoged de entrtí vosotros varones sabios y 
experimentados, de una conducta bien acreditada 
en vuestras tribus, para que os los ponga por 
caudillos y jueces. 

14 Entonces me respondisteis : Acertada cosa 
es la que quieres hacer. 

15 Y asi tomé de vuestras tribus varones inte- 
ligentes y esclarecidos, y los constituí por prínci- 
pes vuestros , por tribunos y centuriones, y cabos 
de cincuenta y de diez hombres, que os instruye- 
sen en cada cosa. 

16 Y mándeles diciendo : Oídlos y haced jus- 
ticia : ora sean ciudadanos, ora extranjeros. 

17 Ninguna distinción haréis de personas : del 
mismo modo oiréis al pequeño que al grande : ni 
guardareis miramiento á nadie ; pues que vosotros 
sois jueces en lugar de Dios '. Mas si alguna co- 
sa difícil os ocurriere, dadme parte á mí , yo de- 
terminaré. 

18 En suma os ordené todo cuanto debíais 
hacer. 

19 Al fin habiendo partido de Horeb, pasamos 



1 Joann. Vil v. 24 — Levit. XIX. v. 15. — Cap. XV í. 
V. 19. — Prov. XXIV. V. 23. — Ecdi. XLII. v.l. — 1. 
Jac. V. 31 



8 LIBRO DEL DEUTEROiNOMIO. 

por aquel grande y espantoso desierto que visteis 
camino de la montaña del amorrheo , como Dios 
nuestro Señor nos habia mandado : y estando ya 
en Cadesbarne , 

20 os dije : Habéis llegado á la montaña del 
amorrheo , de la cual nos ha de dar Dios nuestro 
Señor la posesión. 

21 Mira, oh Israel^ la tierra que te da tu Señor 
Dios : sube y ocúpala como Dios nuestro Señor lo 
prometió á tus padres : no tienes que temer , ni 
alarmarte por nada. 

22 Y acudisteis á mí todos , y dijisteis : Envie- 
mos personas que reconozcan la tierra, y nos in- 
formen por qué camino debemos subir ', y á cua- 
les ciudades encaminarnos. 

23 Habiéndome parecido bien el pensamiento, 
despaché doce hombres de entre vosotros , uno de 
cada tribu. 

• 24 Los cuales puestos en camino , habiendo 
atravesado las montañas llegaron hasta el valle del 
Racimo ; y reconocida la tierra , 

25 cogiendo de sus frutos para muestra de la 
fertiUdad , nos los trajeron , y dijeron : Buena es 
la tierra que el Señor Dios nuestro nos ha de dar. 

26 Mas vosotros no quisisteis subir ; antes bien 
incrédulos á la palabra de Dios nuestro Señor, 

27 murmurasteis en vuestras tiendas y dijisteis: 
El Señor nos aborrece , y por eso nos sacó de la 

1 Num. XIll. í 3. — XXXII. v. 8, 



CAPÍTULO I. 9 

tierra de Egypto , para entregarnos en manos del 
amorrheo, y acabar con nosotros. 

28 ; A dónde iremos? Los mensageros nos han 
aterrado , diciendo : Es mucho el gentío que hay 
en el pais, y de mas alta estatura que nosotros : 
las ciudades son grandes_, y fortificadas con muros 
que llegan hasta el cielo : y allí hemos visto á los 
hijos de los Enaceos, ó gigantes. 

29 Entonces os dije yo : No temáis, ni tengáis 
miedo de ellos. 

30 El Señor Dios , el cual es vuestro conduc- 
tor, él mismo peleará por vosotros, como lo hizo 
en Egypto á vista de todos. 

31 Y en el Desierto (tú mismo ¡oh Israel! lo 
has visto) el Señor tu Dios te ha traido en brazos 
por todo el camino que habéis andado hasta llegar 
á este lugar , á la manera que suele un hombre 
traer á su hijo chiquito. 

32 Pero ni aun asi creísteis al Señor vuestro 
Dios, 

33 el cual ha ido él mismo delante de vosotros to- 
do el viage, y ha demarcado los sitios en que de- 
bíais plantar las tiendas , enseñándoos el camino , 
de noche con la columna de fuego , y de dia con 
la de nube '. 

34 Y cuando el Señor oyó el rumor de vuestras 
quejas , indignado juró y dijo : 

35 Ninguno de los hombres de esta pésima ge- 



1 Exod. XI r I r. 21. —Num. XIV. 



10 LIBRO DEL Dfc;DTERONO:\lIO. 

neracion verá la excelente tierra que tengo pro- 
metida con juramento á sus padres ' ; 

36 excepto Caleb hijo de Jephone : ese la verá, 
y á ese le daré la tierra que pisó , y á sus hijos ; 
porque ha seguido al Señor. 

37 Ni es de maravillar esta su indignación con- 
tra el pueblo ; visto que aun contra raí , enojado 
el Señor por causa vuestra , dijo : Ni tampoco tú 
entrarás en esa tierra. 

38 Mas Josué, hijo de Nun, ministro tuyo, ese 
entrará por tí : y asi exhórtale y aliéntale , pues 
él es el que ha de repartir por suertes la tierra de 
Israel. 

39 Vuestros pequeñuelos, de quienes dijisteis 
que serian llevados cautivos , vuestros niños que 
hoy no saben discernir el bien del mal , esos son 
los que entrarán ; y á ellos daré yo la tierra , y la 
poseerán. 

40 Mas vosotros volveos atrás , y marchad al 
Desierto por el camino que conduce acia el mar 
Rojo. 

41 Entonces me respondisteis : Hemos pecado 
contra el Señor : subiremos d esa tierra , y pelea- 
remos conforme ha ordenado el Señor Dios nues- 
tro. Y como armados os encaminaseis acia el 
monte , 

42 me dijo el Señor : Adviérteles que no va- 
yan , ni peleen ; porque yo no estoy con ellos : no 

1 Num. XIV. D.-23. — P*. XCIV. t. 11. 



CAPÍTULO II. lí 

sea que queden postrados á los pies de sus ene- 



migos. 



43 Os lo dije y no lilcísteis caso ; sino que opo- 
niéndoos al mandamiento del Señor , é hinchados 
de soberbia subisteis al monte. 

44 Entonces habiendo salido á vuestro encuen- 
tro el amorrheo , que habitaba en las montañas , 
os persiguió , como suelen perseguir las abejas al 
que las inquieta ; y os fue acuchillando desde Seir 
hasta Horma. 

45 Y por mas que llorasteis á la vuelta en pre- 
sencia del Señor, no quiso escucharos, ni con- 
descender con vuestros ruegos. 

46 Por eso estuvisteis de asiento por mucho 
tiempo en Cadesbarne. 

CAPITULO II. 

Continúa Moysés su plática refiriendo los beneficios hechos 
por Dios al pueblo de Israel, hasta la conquista del reino 
de Sehon. 

1 Partidos de aquí, fuimos al desierto que guia 
al mar Rojo , como el Señor me habia dicho ; y 
anduvimos largo tirapo ' rodeando las montañas de 
Seir. 

2 Y me dijo el Señor : 

I Tal vez el Rey de Edom, movido de los prodigios que 
obraba el Señor á favor del pueblo de Israel, le concedió 
el paso por los confines de su reino, que antes le negara. 

(Num. XX. r. 21.) 



12 . LIBRO DEL UEUTERONOMIO. 

3 Bastante habéis ¡do rodeaiulo por estos mon- 
tes : id ahora ácia el Sejotcntrlon : 

4 y tú dá esta orden al pueblo , dicléndole : 
Vosotros pasareis por los confines de vuestros her- 
manos los hijos de Esaú , que habitan en Seir , y 
os temerán. 

5 ]\Ias guardaos bien de moverles guerra ' , 
porque no os daré de su tierra ni siquiera la hue- 
lla de un pie ; por cuanto di á Esaú en posesión 
las montañas de Seir. 

6 Comprareis de ellos á dinero contante las vi- 
tuallas que hubiereis de comer ; y también el agua 
que sacareis de sus pozos para beber. 

7 El Señor Dios tuyo ha echado su bendición 
en todo cuanto has puesto tus manos : ha dirigi- 
do ' tu viage, de manera que has andallo cuarenta 
años por este vasto desierto , acompañándote el 
Señor Dios tuyo , y nada te ha faltado. 

8 Pasado que hubimos los conjines de nuestros 
hermanos los hijos de Esaú , que habitaban en 
Seir , por el camino llano desde Elath , y desde 
Asiongaber , llegamos al camino que conduce al 
desierto de Moab. 

9 Aquí me dijo el Señor : No obres hostilmente 

contra los moabitas , ni trabes batalla con ellos : 

I 

1 El hebreo 1~|^nri'"?K ^^^ guerreéis, p¡~|;| sigaifica 
guerra. 

2 Ha tenido cuidado de tu viage : este seutido tiene el 
verbo 720SCO en varios textos de la Sagrada Escritura. Ps.l, 
r. 6. — Véase Conocer. 



CAl»ÍTULO It. 13 

que no te daré ni un palmo de su tierra , puesto 
que la posesión de Ar se la he dado á los hijos de 
Loth. 

10 Los Emiraéos , ó IWribles , fueron sus pri- 
meros pobladores , pueblo numeroso y valiente , 
y de talla tan alta, que eran tenidos como gigantes 
de la raza de Enacim ; 

11 y en realidad eran semejantes álos enaceos. 
Finalmente los raoabitas los llaman Emim. 

12 En Seir asimismo habitaron antes los hor- 
rheos ; y arrojados estos y destruidos , entraron 
en su lugar los hijos de Esaú , como lo hizo Israel 
en la tierra cuva posesión le dio el Señor. 

13 Poniéndonos pues en camino para pasar el 
torrente Zared , arribamos á él. 

14 El tiempo que gastamos desde Cadesbarne 
hasta el paso del torrente Zared , fue de treinta 
y ochos años ; á fin de que toda aquella genera- 
ción de hombres aptos para la guerra , alistados 
al salir de Egppto ^ feneciese en los campamentos , 
como lo tenia jurado el Señor : 

15 cuya mano descargó contra ellos, haciendo 
que muriesen en los campamentos. 

16 Muertos finalmente todos aquellos guerre- 
ros, 

17 me habló el Señor diciendo : 

18 Tú vas á pasar hoy por las fronteras de 
Moab , y de una ciudad que tiene por nombre Ar c 

19 mas en llegando á las cercanías de los hijos 
de Ammon , guárdale de moverles guerra , ni pc- 

ToM. III. 2 



14 LIBRO DEL DEUTERONOMIO. 

iear contra ellos : que nada te daré de la tierra de 
los hijos de Ammon , por cuanto la di en posesión 
á los hijos de Loth. 

20 Tierra que fue considerada como pais de 
gigantes ; pues en ella moraron antiguamente 
unos gigantes que los ammonitas llaman Zomzom- 
mim ' , 

21 pueblo grande y numeroso , y de altura des- 
comunal , á semejanza de los enaceos. El señor 
los exterminó por mano de los ammonitas , é hizo 
que estos poblasen la tierra en su lugar ; 

22 como lo habia hecho con ios hijos de Esaú 
que habitan en Seir , destruyendo á los horrheos 
y entregándoles su tierra , la cual poseen hasta el 
dia de hoy. 

23 Del mismo modo á los he veos , que habita- 
ban en Haserim hasta Gaza , los expeüeron los 
cappadocios , que salidos de la Cappadocia acaba- 
ron con ellos , y habitaron en su lugar. 

24 Ka pues prevenios ^, os dijo entonces el Señor ^ 
y pasad el torrente de Arnon : Sábete, oh Israel, 
que yo he puesto en tu mano á Sehon rey de He- 
sebon , el amorrheo : empieza desde luego á ocu- 
par su tierra y hacerle la guerra. 

25 Hoy comerzaré yo á infundir tu terror y 

1 CD^CtCí es lo mismo que a6o?/ímai/e5, ó malvados: 
también significa muy altos, famosos, etc. Créese que son 
los mismos que se llaman Ziisim, Gen, XIV. v. 5. 

2 Surgiie, según la frase hebrea «V- «"Ip ^s lo mismo que 
prevenios^ estad á punto, etc. 



CAPÍTULO III. 15 

espanto sobre los pueblos que habitan debajo de 
cualquier parte del cielo : de suerte que al oir tu 
nombre tiemblen ^ y como las mugeres que están 
de parto se estremezcan , y queden penetrados 
de dolor. 

— 26 Envié pues raensageros desde el desierto de 
Cademoth á Selion , rey de Hesebon, con propo- 
siciones pacíficas . diciendo ' : 

27 Pasaremos por tu tierra yendo por el cami- 
no real, sin torcer ni á la derecha ni á la izquier- 
da. 

28 Véndenos por su valor los víveres para 
nuestro sustento , y danos por nuestro dinero el 
agna que bebamos. Permítenos solamente el pa- 
so , 

29 como lo hicieron los hijos de Esaú que ha- 
bitan en Seir , y los raoabitas que moran en Ar ; 
hasta que arribemos al Jordán , y entremos en la 
tierra que nos ha de dar el Señor Dios nuestro. 

30 Mas no quiso Sehon, rey de Hesobon , con- 
cedernos el paso , por haber el Señor tu Dios 
permitido que luviese endurecido su ánimo , y obs- 
tinado su corazón , á fin de entregarle en tus ma- 
nos , como ahora ves. 

31 Entonces me dijo el Señor : He aquí que he 
comenzado á entregarte á Sehon y su tierra : em- 
pieza tú á poseerla ^. 

1 Num. XXI. r2\. 

2 Amos II V. 9. 



16 LIBRO DEL DEUTKRüiSOMIO. 

32 Salló pues Sehon con toda su gente á pre- 
sentarnos batalla en Jasa. 

33 Y el Señor Dios nuestro nos le entregó ; y 
le matamos á él, á sus hijos, y ú toda su gente. 

34 Al mismo tiempo tomamos todas las ciuda- 
des , quitando la vida á sus habitantes , hombres , 
mugeres y niños , sin perdonar cosa alguna , 

35 salvo las bestias^ que fueron parte del bo- 
tin , como los despojos de las ciudades que ocupa- 
mos , 

36 desde Aroer , ciudad situada en un valle 
sobre la ribera del torrente Arnon , hasta Galaad. 
No hubo aldea ni ciudad que escapara de ser presa 
nuestra : todas nos las entregró el Señor Dios 
nuestro , 

37 menos la tierra de los hijos de Ammon , á 
que no tocamos , y todo el pais de la orilla del 
torrente Jeboc, y las ciudades de las montañas, 
y todos los demás lugares que nos vedó el Señor 
Dios nuestro. 



CAPÍTULO lll. 



Sigue la relación anterior : derrota del rey Og : repartición 
de tierra á tas tribus de Rubén y Gad y media de Manas- 
íié.s; y de como negó el Señor á Moyse's el entrar en la tier- 
ra de Promisión. 

1 Tomando pues otro camino , nos dirigimos 
acia Basan , donde nos salió al encuentro Og , rey 



CAPITULO III. 17 

tie Basan , con toda su gente para darnos la ba- 
talla en Edrai \ 

2 Y me dijo el Señor : No le temas , porque asi 
él como todo su pueblo y pais están entregados en 
tus manos : y harás con este lo mismo que hiciste 
con Sebón , rey de los araorrheos , que habitaba 
en Hesebon ^. 

3 Asi pues entregó también Dios nuestro Se- 
ñor en nuestras manos á Og , rey de Basan , y á 
todo su pueblo ; y á todos los pasamos á cuchillo , 
sin dejar uno , 

4 devastando á un tnismo tiempo todas sus ciu- 
dades : no hubo población que se nos escapara : 
nos apoderamos de sesenta ciudades , y de toda la 
comarca de Argob del reino de Og en Basan. 

5 Las ciudades todas estaban guarnecidas de 
muros altísimos , y con puertas , y trancas ó 
rastrillos ; sin contar los innumerables pueblos 
que no tenian murallas. 

6 Y exterminamos aquella gente , como había- 
mos hecho con Sebón , rey de Hesebon , acabando 
con todas las ciudades , con hombres , mugeres y 
niños ; 

7 y cogimos los ganados , y los despojos de las 
ciudades. 

8 Con lo que nos hicimos entonces dueños de 
la tierra ocupada por los dos reyes amorrheos que 

1 Num. XXI V. 33. ~ Ckip. XXIX. v. 7. 

2 Num. XXT. v. 34. 



18 LIBRO DEL DEUTERONOMIO. 

habitaban de este lado del Jordán, desde el tor- 
rente de Arnon , basta el monte Hermon , 

9 que los sidonios llaman Sarion , y los amor- 
rlieos Sanir ; 

10 y tomamos todas las ciudades de la llanura, 
y la tierra toda de Galaad y de Basan basta Sel- 
cha y Edraí , ciudades del reino de Og en Basan. 

11 Es de saber que Og , rey de Basan , era el 
único que babia quedado en esta tienda de la casta 
de los g'iffantes. Se muestra su cama de hierro en 
Rabbath , ciudad de los hijos de Ammon , la cual 
tiene nueve codos de largo y cuatro de ancho , 
seg-un la medida del codo ordinario de un hombre. 

12 Tomamos pues entonces posesión de la 
tierra desde Aroer , situada sobre la ribera del 
torrente Arnon , hasta la mitad de la montaña de 
Oalaad ' ; y di sus ciudades íx las tribus de Rubén 
y de Gad. 

13 La otra mitad del pais de Galaad , y todo el 
de Basan , del reino de Og-, con toda la comarca 
de Argob , lo entregué á la media tribu de Ma- 
nassés. Todo este pais de Basan es llamado tierra 
de los ffio-antes -. 

14 Jair , hijo ó descendiente de Manassés , en- 
tró en posesión de todo el territorio de Argob 
hasta los términos de Gessuri y de Machati. Y puso 



1 Niim. XXXIÍI. V. 29, 

2 Num. XXI. V. 34. 



m 



CAlMTüLO III. 19 

SU nombre á Basan, llamándole Havoth Jair, es 
decir , Aldeas de Jair , hasta el día de hoy. 

15 Di también d la familia de Machír parte de 
Galaad. 

16 y á las tribus de Rubén y de Gad les di del 
país de Galaad hasta el torrente Arnon , con la 
mitad del torrente , y sus tierras hasta el arroyo 
Jeboc , que parte términos con los hijos de Am- 
mon ; 

17 y la llanura del desierto, y ribera del Jor- 
dán , y los conOnes de Cenereth ó Genesareth has- 
ta el mar del desierto , llamado mar Salado ó muer- 
to , hasta la raiz del monte Phasgaácia el Oriente. 

18 Entonces os di esta orden , diciendo d los de 
estas tres tribus : El Señor Dios vuestro os da esta 
tierra por heredad : todos los hombres robustos 
habéis de ir armados á la lionera á la frente de 
vuestros hermanos los hijos de Israel, 

19 dejando las mugeres , y los niños , y las 
bestias : que ya sé que tenéis muchos ganados , y 
deberán quedar en las ciudades que os he dado , 

20 hasta tanto que conceda el Señor á vuesh*os 
hermanos descanso , como os le ha concedido á 
vosotros ; y posean ellos también la tierra que les 
ha de dar á la otra parte del Jordán : entonces se 
volverá cada uno de vosotros á la posesión propia 
que os he dado. 

21 A Josué también le previne en aquel tiem- 
po , diciendo : Bien han visto tus ojos lo que ha 
hecho el Señor Dios vuestro con estos dos reyes ; 



20 LIBRO DEL DEUTERONOMIO. 

pues asi lo liará con todos los reinos á que has de 
pasar '. 

22 No los temas : porque el Señor Dios vues- 
tro peleará por vosotros. 

23 Al mismo tiempo supliqué al Señor , di- 
ciejido : 

24 Señor Dios , tu has empezado á mostrar á 
tu siervo tu grandeza , y el poder excelso de tu 
brazo : como que no hay otro Dios en el cielo ni 
en la tierra que pueda hacer lo que tu haces , ni 
compararse contigo en fortaleza, 

25 Permíteme pues ^ pasar adelante , y ver esa 
bellísima tierra de la otra parte del Jordán , y 
aquel incomparable monte de Sion , y el Líbano. 

26 Mas el Señor enojado contra mí por causa 
de vosotros , no quiso oírme ; antes me dijo : Bas- 
ta ya de eso : no me bables mas de tal cosa. 

27 Sube á la cumbre del Phasga , y tiende la 
vista á la redonda , al Poniente y al Norte , al 

\ Num. XX y II. V. 18. 

2 SegUD la frase hebrea dijo Moysés "^"rnZyíí P^^' 
mileme pasar, etc. Creerla tal vez que la sentencia dada 
por Dios contra él, era solamente conminatoria, y no deci- 
siva; y asile suplica qne le deje ver aquella tierra dichosa 
que habían habitado los Santos Patriarcas sus ascendientes, 
por la cual habia suspirado y padecido tantas fatigas duran- 
te la peregrinación : sobre todo el monte Moria , célebre 
por el sacrificio ^de Isaac; y por el templo que habia de edi- 
ficar allí Salomón. El monte Sion se llama á veces Líba- 
no. — IIl Reg. VIL v. 2. — Zach. XL v. \.— S. Hier. 
¿« Ezech. e. Xyill 



CAPÍTULO IV, 21 

Mediodía y al Oriente , y mira de lejos la tierra 
prometida; porque no has de pasar ese Jordán '. 

28 Dá tus órdenes á Josué , y fortalécele y 
aliéntale , pues él es quien ha de conducir á ese 
pueblo y distribuirle la tierra que tu verás. 

29 Con eso nos quedamos en este valle , en 
frente del templo del ¿dolo Phogor. 

CAPÍTULO IV. 

Concluye Moyses Ja plática con amonestaciones saludables y 
muy afectuosas. Predice su muerte, y señala tres ciudades 
de refugio. 

1 Ahora bien , oh Israel, escucha los ritos y las 
leyes que yo te enseño, para que con su obser- 
vancia tengas vida , y entres en posesión de la 
tierra que el Señor Dios de vuestros padres os ha 
de dar. 

2 No añadáis á las palabras que yo os hablo , 
ni quitéis nada de ellas ^ : guardad los mandamien- 
tos del Señor Dios vuestro, que os intimo. 

1 Cap. XXXI. t. 2 — xxxiy. V. 4. 

2 No haréis lo contrario de lo que Dios os ha mandado, 
ni omitiréis lo que debéis hacer. Este' es el sentido de la 
frase hebrea, que traduce la Vulgata, diciendo : Non ad- 
detis ; non auferetis, etc. la misma que en el verso 32 del 
capítulo siguiente se traduce : Non declinabitis ñeque ad 
dexteram, ñeque ad sinistram. Y con ambas expresiones 
quiere Moysés precaver la propensión de los Judíos á la su- 
perstición é idolatría, impidiendo todo rito ó práctica délas 
naciones idólatras entre quienes vivían, que pudiese adul- 



22 LIBRO DEL DEUTERONOMIO. 

3 Bien han visto vuestros ojos lo que hizo el 
Señor contra el ídolo Beelphegor, como exterminó 
de en medio de vosotros á todos sus adoradores'. 

4 Mas vosotros que os mantenéis fieles al Se- 
ñor Dios vuestro , vivis todos hasta el día pre- 
sente. 

5 Bien sabéis que os he enseñado los preceptos 
y las leyes judiciales que me ordenó el Señor mi 
Dios : asi pues los practicareis en la tierra que 
habéis de poseer, 

6 y los observareis y pondréis en ejecución. 
Pues tal debe ser vuestra sabiduría y cordura de- 
lante de las g-entes , que oyendo referir todos 
aquellos preceptos, digan : Ved aquí un pueblo 
sabio y entendido , una gente esclarecida. 

7 Ni hay otra nación por grande que sea, que 
tenffa tan cercanos a sí los dioses, como está cerca 



terar ó corromper el culto del verdadero Dios. No proiiibió 
aquí el Señor que^ según lo pidiesen las circunstancias , se 
añadiese alguna fiesta ó ceremonia , ó alguna disposición 
particular por la suprema autoridad , como hizo después 
Josué , y últimamente Jesu-Christo y sus Apóstoles. Por 
eso Moysés mismo mandó después que se obedeciesen las 
órdenes del Sumo sacerdote , bajo pena de muerte. Cap. 
Xyil. V. 10, 12. No se opone pues este precepto ni á la 
tradición, que interpreta y aclara y sostiene los dogmas y 
preceptos de la Religión, ni á los preceptos humanos y de la 
Iglesia , que tiran á impedir la violación de la Ley santa 
de Dios. 
1 Num. XXV. i\ 4. 



CAPÍTULO IV. 2'.Í 

de vosotros el Dios nuestro , y presente á todas 
nuestras súplicas y oraciones '. 

8 Porque ¿ qué otra nación hay tan ilustre , que 
tenga las ceremonias y preceptos judiciales, y toda 
una Ley como la que he de exponer hoy ante 
vuestros ojos ? 

9 Consérvate pues á tí mismo, oh Israel^ , y 
guarda tu alma con mucha vigilancia. No te ol- 
vides de las c/randes cosas que han visto tus ojos, 
ni se borren de tu corazón en todos los dias de tu 
vida. Las has de contar á tus hijos y nietos , 

10 comenzando de aquel dia que te presentaste 
delante del Señor Dios tuyo en Horeb , cuando 
el Señor me habló diciendo : Junta el pueblo de- 
lante de mí , para que oigan mis palabras, y apren- 
dan á temerme todo el tiempo que vivan en la 
tierra, y asi lo enseñen á sus hijos. 

11 Entonces os acercasteis á la falda del monte, 
el cual arrojaba llamas que subian hasta el cielo , 
y estaba cercado de una oscura y tenebrosa nube. 

12 Y el Señor os habló de en medio del fuego. 
Oísteis la voz de sus palabras , mas no visteis fi- 
gura alguna. 

13 El os mostró su pacto , y os mandó que le 



1 Con razón estas palabras se aplican á celebrar la di- 
cha incomparable del pueblo Christiano, que tiene siempre 
consigo al verdadero Dios en el adorable Sacramento del 
altar. 

2 Con la observancia de esta Lev santa. 



^ 



24 LIBRO DEL ÜEÜTER0N03II0. 

guardarais , y los diez Mandamientos que escri- 
bió en dos tablas de piedra '. 

14 y al misnao tiempo me mandó á mí que os 
enseñase las ceremonias , y las leyes que debíais 
observar en la tierra que poseeréis. 

15 Guardad pues con todo cuidado vuestras al- 
mas. No visteis ninguna imagen el dia que os ha- 
bló el Señor desde en medio del fuego en Horeb ; 

16 para que no fuera que engañados os forma- 
seis alguna estatua esculpida , ó imagen de hom- 
bre ó de muger, 

17 ó la figura de alguno de los animales que 
andan sobre la tierra , ó de aves que vuelan de- 
bajo del cielo , 

18 y de reptiles que arrastran por el suelo , ó 
de peces que tienen su manida en las aguas de- 
bajo de la tierra. 

19 Ni suceda tampoco que alzando los ojos al 
cielo , mirando el sol y la luna, y todos los astros 
del cielo , cayendo en error, adores, oh Israel , y 
reverencies las criaturas que el Señor Dios tuyo 
crió para el servicio de todas las gentes que viven 
debajo del cielo ^. 

20 Pues á vosotros el Señor os escogió, y os 
sacó de Egypto , como de una fragua en que se 
derrite el hierre , para tener un pueblo que sea 



1 Exod. XXX V. 21. — XXXI. -XXXII. 

2 Véase aqní bien descrita la necedad de los idólatras. 
y como &e habia va apoderado del mundo la idolatría. 



CAPÍTULO IV. 25 

SU posesión hereditaria, conforme lo sois vosotros 
al presente. 

21 Mas el Señor se irritó contra mí á causa de 
la falta que me hicieron cometer vuestras murmu- 
raciones, y juró que no pasaria yo el Jordán , ni 
entraria en esa fértilísima tierra que os ha de 
dar '. 

22 Ved pues que voy á morir en este lug^ar en 
que estoy : yo no pasaré el Jordán : vosotros si 
le pasareis , y poseeréis aquella excelente tierra. 

23 Guárdate, oh Israel, de olvidarte jamas del 
pacto que hizo contigo el Señor Dios tuyo - ni te 
formes imagen esculpida de las cosas que ha pro- 
hibido hacer el Señor ; 

24 pues el Señor Dios tuyo es un fuego devo- 
rador, un Dios zeloso ^. 

25 Si después de haber tenido hijos y nietos, y 
morado de asiento en aquella tierra , engañados os 
fabricareis algún ídolo , cometiendo esta maldad 
á los ojos del Señor Dios vuestro, para provo- 
carle á saña : 

26 invoco desde hoy por testigos al cielo y á la 
tierra , que bien presto seréis exterminados de 
este pais que habéis de poseer al otro lado del 
Jordán : no habitareis en él largo tiempo ^ ; sino 
que os destruirá el Señor, 



1 Cap. I. V. 37. 

2 Hebr. XII. V. 29. 

3 Los Hebreos observan que aquí se señala 'el tiempo; 

ToM. IIT, 3 



'¿tí LIBRO DEL DEüTERONOMlO. 

27 y esparcirá por todas las naciones, y que- 
dareis reducidos á. pocos entre las gentes á donde 
el Señor os ha de llevar. 

28 Y allí serviréis á dioses fabricados por mano 
de hombres , al leño y á la piedra , que no ven , 
ni oyen , ni comen, ni huelen. 

29 Cuando empero buscares allí al Señor Dios 
tuyo , oh Israel , le hallar<ás , con tal que le bus- 
ques de todo corazón, y con alma plenamente 
contrita. 

30 Y después que te hayan alcanzado todas las 
cosas ó males predichos en los últimos tiempos , te 
convertirás al Señor Dios tuyo ', y oirás su voz. 

31 Porque el Señor Dios tuyo es un Dios lleno 
de misericordia : no te abandonará , ni te aniqui- 
lará totalmente , ni se olvidará del pacto que con- 
firmó á tus padres con juramento. 

32 Infórmate de lo que ha pasado de un polo 
del cielo al otro , desde los tiempos mas remotos 
que te han precedido , desde que Dios crió al 



que discurrió desde Moysés hasta la cautividad de Babylo- 
uia, cuando el pueblo de Israel fue conducido cautivo á o- 
tras regiones. El hebreo dice : ¡D^n^T)"?^ / V "o envejece- 
réis en la iierra : ó no habitaréis mucho tiempo en ella. 

1 Parece que este texto debe entenderse de cuando, con- 
vertidas las demás naciones, Israel finalmente se converti- 
rá también al Señor, y entrará en la Iglesia de Jesu-Christo, 
como dice San Pablo ad Rom. XI. v. '2o. Algunos lo en- 
tienden de los Judíos después de la cautividad de Babylo- 
nia; pues no volvieron a caer ya en idolatría. 



lArÍTULO I\ . 2? 

lioiubic sobre la tierra , y veas si alguna vez ha 
siicediilo una cosa como esta ; ó si jamas se lia 
(lidio 

33 (]ue un pueblo oyese la voz de Dios que 
le hablaba de en medio del luego, como tú la oíste, 
f-iii haber perdido la vida ; 

S4 si vino Dios de propósito para entresacar 
para sí un pueblo de en medio de las naciones , 
con pruebas , señales y portentos , peleando con 
mano fuerte , y brazo extendido , y con visiones 
espantosas ' , como son todas las cosas que hizo 
por vosotros el Señor Dios vuestro en Egypto á 
vista de tus ojos ; 

35 para que supieras que el Señor es el verda- 
dero Dios, y que no hay otro Dios sino el. 

36 El te hizo oir su voz desde el alio cielo para 
enseñarte, y en la tierra te mostró su terrible 
fuego , y oiste sus palabras que salían de en me- 
dio del fuego : 

37 por cuanto amó á tus padres, y eligió para 
sí su descendencia después de ellos. Y te sacó del 
Egypto , yendo delante de tí con su gran poder 

38 para exterminar á tu entrada naciones po- 
pulosísimas y mas valientes que tú, y par.» intro- 
ducirte y darte la posesión de su tierra, como lo 
estás viendo al presente. 



1 En los tres dias de tinieblas, antes de la salida de los 
Hebreos vieron los Ejívpcios espectros horribles. Sapient . 
XVII. y. 8, 9. 



28 LIBRO DEL DEÜTERONOJMIO. 

39 Reconoce pues en este día , y quede graba- 
do en tu corazón , que el Señor es el único Dios 
desde lo mas alto del cielo hasta lo mas profundo 
de la tierra , y que no hay otro sino él. 

40 Guarda sus preceptos y mandamientos que 
yo te intimo, para que seas feliz tú, y tus hijos 
después de tí , y permanezcas mucho tiempo sobre 
1 a tierra que te ha de dar el Señor Dios tuyo. 

— 41 Entonces designó y destinó Moysés tres ciu- 
dades á esta parte del Jordán , acia el Oriente , 

42 b, donde se refugiase aquel que sin querer 
matase á su prójimo , no siendo su enemigo uno 
ó dos dias antes , ó de tiempo atrás , y pudiese re- 
tirarse seguro á una de dichas ciudades. 

43 Estas fueron Bosor , en la tribu de Rubén , 
situada en el Desierto en una llanura ; y Ramotb 
en Galaad , perteneciente á la tribu de Gad ; y 
Golan en Basan , la cual está en la tribu de Ma- 
nassés. 

— 44 Esta, que signe, es la ley que propuso 
RIoysés á los hijos de Israel ; 

45 y estos los preceptos y ceremonias , y leyes 
judiciales que intimó álos hijos de Israel , después 
que salieron de Egypto . 

46 en esta parte del Jordán en el valle fronte- 
rizo al templo del idolo Phogor , en la tierra de 
Sehon , rey araorrheo , que habitó en Hesebon , á 
quien destruyó Moysés. Pues los hijos de Israel 
que salieron de Egypto y 

47 poseyeron su tierra, y la de Og rey deBa- 



CAPÍTULO V. 29 

san , dos reyes amorrheos que reinaban en esta 
parte del Jordán acia el Oriente : 

48 desde Aroer situada en la orilla del torrente 
Arnon , hasta el monte Sion ' , llamado también 
Hermon ; 

49 es decir , toda la llanura de esta parte del 
Jordán al Oriente hasta el mar del Desierto ó mar 
Muerto, y las faldas del monte Phasga. 

CAPÍTULO y. 

Repite Moysés los preceptos del Decálogo , haciendo memo- 
ria de lo sucedido en el monte Sinai. 

1 Moysés , pues , habiendo convocado á todo 
Israel, le dijo : Oye , oh Israel, las ceremonias y 
leyes que yo os propongo á vuestros oidos en el 
día de hoy : aprendedlas y ponedlas en ejecución. 

2 Dios nuestro Señor hizo ahanza con nosotros 
en Horeb. 

o Alianza que no la hizo solamente con nuestros 
padres , sino con nosotros también ^ que al pre- 
sente somos y vivimos. 

1 El monte este es diferente del otro mas célebre del 
mismo nombre , en que está Jerusalem : aquel se escribe 
con la letra \¿ : este con ]U' . Llámase también Hermon, 
y por razón de sus varias cimas Sarion, y Sanir. 

2 Hebraismo que hace este sentido : Hizo Dios alianza no 
solo con nuestros padres^ sino también con nosotros. Asi en 
el Gen. cap. XXXII. v. 28. No será llamado tu nojnbre 
Jacob, sino Israel : esto es,, no solo te llamarás Jacob, si- 



30 LIBRO DEL DEUTERONO:MIO. 

4 Cara á cara nos habló en el monte ' , desde 
en medio del fueg-o. 

5 Yo fui en aquel tiempo intérprete y media- 
nero entre el Señor y vosotros , para anunciaros 
sus palabras; porque temisteis aquel í/j-a» fuego , 
y no subisteis al monte. Y dijo : 

6 Yo soy el Señor Dios tuyo que te saqué de la 
tierra de Egypto , de la casa de la esclavitud ^. 

7 No tendrás otros Dioses fuera de mi ^. 

8 No te esculpirás estatua ni figura ninguna de 
las cosas que hay arriba en el cielo , ó acá abajo 
en la tierra , ó se mantienen en las aguas mas abajo 
de la tierra ^. 

9 No las adorarás , ni les darás culto : porque 
yo soy el Señor Dios tuyo , Dios zeloso ^ que cas- 
no Israel: porque después fue llamado de uno y otro modo. 
Mariana, Eúio, etc. Puede también interpretarse : El cum- 
plimiento de la alianza entre Dios y nuestros padres ( Gen. 
XY. ] se ve ahora en nosotros que estamos para entrar en 
la tierra prometida. Alianza que aunque hecha propiamente 
con nuestros padres, pero en la realidad se verifica con los 
que al presente somos y vivimos. 

1 Esto es, de una manera tan clara y sensible, que no pu 
diese caber duda de su presencia Divina ; ó de que habla- 
ba el mismo Dios , cuya voz se oia , aunque no se veía su 
forma, ó figura. 

2 Exod. XX. V. 2. — Lev. XXVI. v.\.— Pudmo 

Lxxx. v.n. 

3 Exod. XX. V. 3. — Psahn. LXXX. v. 10. 

4 Exod. XX. V. 4. — Lev. XXVI. v. 1. — P-salm. 
XCVLv. 7. 

5 Exod. XXXIV. V. 14. Se entiende con penas tempo- 



CAPÍTULO V. 31 

úgo en los hijos la maldad de los padi es hasta la 
tercera y cuarta generación de los que me aborre- 
cen ' j 

10 y que uso de misericordia por millares de 
generaciones con los que me aman y guardan mis 
mandamientos. 

11 No tomarás en vano el nombre del Señor 
Dios tuyo ; porque no quedará sin castigo el que 
por una cosa vana tomare su nombre en boca ^. 

12 Cuida de santificar el dia de sábado , como 
tiene mandado tu Señor Dios. 

13 Seis dias trabajarás , y harás todos tus que- 
haceres. 

14 El dia séptimo es dia de Sábado , esto es , 
del descanso del Señor Dios tuyo. No harás en él 
ningún género de trabajo ni tú , ni tu hijo , ni la 
hija, ni el esclavo, ni la esclava, ni el buey, ni 
el asno , ni alguno de tus jumentos , ni el extran- 
jero que se alberga dentro de tus puertas; para 
que como tú , descansen también tu siervo y tu 
sierva ^. 

15 Acuérdate que tú también fuiste siervo en 
Egypto , y que de allí te sacó el Señor Dios tuyo 

rales: las cuales sirvan en un saludable escarmiento á los 
otros, y de gran mérito á los pacientes, si se hallan libres 
de culpa; asi como de castigOj si imitan la impiedad de sus 
padres. Exod. XXXIV. v.7. 

1 Exod. XXXI V. V 14. 

2 Exod XX. V. 7. — Lev. XIX. v. 12. — MuHh. V. 
V. 33. 

3 Gen. U. v. 2. — Exod. XX. v. 10.— Hebr. IV, 
'■ 4. 



S2 L'íBRO DEL DEUTERONOMIO. 

con mano poderosa y brazo levantado. Por eso te 
ha mandado qne guardases el dia de sábado. 

16 Honra á tu padre y á tu madre , como el 
Señor Dios tuyo te tiene mandado , para que vivas 
largo tiempo , y seas feliz en la tierra que te ha de 
dar el Señor Dios tuyo ' . 

17 No matarás, 

18 No fornicarás, 

19 Na hurtarás. 

20 No dirás contra tu prójimo falso testimonio. 

21 No desearás la muger de tu prójimo : No 
codiciarás la casa , ni la heredad , ni el esclavo , ni 
la esclava , ni el buey , ni el asno , ni cosa alguna 
de las que son suyas ^. 

22 Estas palabras y no mas , son las que habló 
en alta voz el Señor á toda vuestra multitud en el 
monte, desde en medio del fuego y de la tenebrosa 
nube ; y las escribió en las dos tablas de piedra, las 
cuales me entregó, 

23 Mas vosotros después que oísteis aquella voz 
de en medio de las tinieblas, y visteis arder el 
monte , acudisteis á mí todos los gefes de las tri- 
bus y los Ancianos, y dijisteis : 

24 Ya ves que Dios nuestro Señor nos ha mos- 
trado su magestad y grandeza : oido hemos su voz 
de en medio del fuego , y hemos experimentado 



1 Exod. XX. V. 12. — Eccli. III. r. 9. — Malth, XV. 
j,. 4. — Marc. VIL v. 10. — Ad Ephes. VI. v. 2. 
•2 Matth. V,i\2S.— Rom. VII. v. 7. 



CAPÍTULO V. 33 

hoy que Dios ha hablado al hombre , sin que el 
hombre haya perdido la vida. 

25 Ahora pues ; ¿ por qué nos hemos de expo- 
ner d morir, y á que nos devore este terrible fue- 
go ? Puesto que si proseguimos mas oyendo la voz 
de Dios nuestro Señor, nos costará la vida. 

26 ¿Qué es el hombre, sea el que fuere, para 
poder escuchar la voz de Dios viviente hablando 
de en medio del fuego , como la hemos oido nos- 
otros, y poder conservar la vida? 

27 Mejor es que tú te acerques, y oigas todas 
las cosas que te dijere el Señor Dios nuestro. Tú 
nos las dirás después á nosotros , y nosotros ha- 
biéndolas oído, las cumpliremos. 

28 I-o cual cuando oyó el Señor me dijo : 
He oido las palabras que te ha dicho ese pueblo : 
en todo han hablado bien. 

29 Ojalá ' que siempre tengan tal espíritu y 
corazón, que me teman y guarden todos mis man- 
damientos en todo tiempo, para que sean felices 
ellos y sus hijos eternamente. 

l^Habla el Señor acomodándose al estilo y expresiones 
de los hooibres. Pero Dios, qne manifiesta aqaí cuánto de- 
sea qae el pueblo de Israel viva lleno de su santo temor , 
tiene en su poder el convertir á sí el espíritu del hombre ' 
para lo cual quiere que coopere el libre albedrío : coope- 
ración que es también efecto de la gracia de Dios; el cual 
da el querer y el hacer , como dice el Apóstol. Si niega á 
alguno esta gracia, es siempre por culpa del hombre : asi 
como el concederla es efecto de su Divina misericordia: esi 
mUereniis Dei¡ como dice San Agustín, — Véase Gracia. 



34 LIBRO DEL DEUTERONOMIO. 

30 Anda, y diles : Retiraos á vuestras tiendas. 

31 Tú entretanto quédate aquí conmigo; y yo 
te declararé todos mis mandamientos, y las cere- 
monias y leyes que les has de enseñar , para que 
las pongan por obra en la tierra cuya posesión les 
daré. 

32 Guardad pues y cumplid las cosas que os tie- 
ne ordenadas el Señor Dios : no torceréis á la dies- 
tra, ni á la siniestra : 

33 sino que andaréis por el camino que Dios 
vuestro Señor os ha mandado , para que viváis y 
seáis dichosos , y se prolonguen vuestros dias en 
ia tierra que vais á poseer. 

CAPÍTULO VI. 

Exhorta Moysés á la observancia del primero y máximo 
mandamiento, que es amar á Dios de todo corazón •. 

1 Estos son los preceptos ^ y ceremonias , y 
ordenamientos que me mandó el Señor Dios vues- 
tro enseñaros, para que las observéis en la tierra 
que vais á poseer, 

2 á fin de que temas , oh Israel , al Señor Dios 
tuyo, y guardes todos los dias de tu vida todos sus 
mandamientos y preceptos , que yo te ordeno á 
tí , y á tus hijos y nietos , para que tus dias sean 
prolongados. 

1 Año 2514 del Mundo. 

2 Los preceptos miran á las costumbres : las ceromonias 
á los ritos de la religión; y \os juicios al gobierno civil. 



CAPÍTULO VI. 35 

3 Escufiía, ol) Israéi , y pon cuidado en liacer 
lo que el Señor te lia mandado , y te irá bien , y 
serás multiplicado mas y mas , según la promesa 
que te ha hecho el Señor Dios de tus padres de 
darte una tierra que mana leche y miel. 

4 Escucha , oh Israel : El Señor Dios nuestro 
es el solo ' y único Dios^ y Señor. 

5 Amarás pues al Señor Dios tuvo con todo tu 
corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuer- 
zas '. 

6 Y estos mandamientos , que yo te doy en 
este dia , estarán estampados en tu corazón , 

7 y los enseñarás á tus hijos , y en ellos medi- 
tarás sentado en tu casa , y andando de viage, y 
al acostarte , y al levantarte ; 

8 y los has de traer para memoria ligados en 
tu mano , y pendientes en la frente ante tus ojos '\ 



1 La palabra latina unus contiene estas dos solo y úni- 
co. 

2 El amor con que amamos al prójimo como á nosotros 
mismos, todo él debe referirse al amor de Dios ; el cual no 
quiere que por ningún otro amor se disminuya el que le de- 
bemos. San Agustín, D<? doclrind Christ. lib. 1. c.22. Véase 
después cap. XI. v. 13. — Matíh. XXII. v. 37. —Marc. 
XII V. 10.— Lhc. X. V.27. 

3 Que es decir : Siempre te acordarás de ellos como isi 
los tuvieses delante de los ojos ó en las manos. Los hebreos 
tomaban materialmente á la letra estas palabras, y lleva- 
ban los mandamientos escritos en pergaminos atados en los 
brazos yeu la frente : lo que después pasó á ser casi un 
mero adorno, y recibió el nombre griego de $yXítXT«fl/«. 



36 LIBRO DEL DEUTERONOMIO. 

9 y escribirlos has en el dintel y puertas de tu 
casa. 

10 Y cuando el Señor Dios tuyo te introdujere 
en la tierra que prometió conjuramento á tus pa- 
dres Abraham , Isaac y Jacob ; y te diere ciudades 
grandes y suntuosas , que tú no edificaste , 

11 casas llenas de toda suerte de bienes que tú 
no acumulaste , pozos que tú no cavaste , viñedos 
y olivares que no plantaste ; 

12 y comieres y te saciares : 

13 cuida con gran diligencia de que no te olvi- 
des del Señor que te sacó de la tierra de Egypto, 
de la casa de la esclavitud. Al Señor Dios tuyo te- 
merás , y á el solo servirás ' ; y cuando hayas de 
jurar lo has de hacer por su nombre solamente ^. 

14 No habéis de iros en pos de dioses extran- 
jeros de ninguna nación de las que os rodean. 

15 Porque Dios es zeloso : el Señor tu Dios es- 
tá en medio de tí : no sea que se irrite el furor 

Véase lo que dijo Jesu-Christo á los Judíos Maith. XXII. 
V.5, — Véase Phylacterias. 

1 Jesu-Christo citando {Maith. IV. r. 10. ) este lugar 
no dijo temerás, sino adorarás, traduciendo sin ceñirse á la 
paladra ^"^^in qu^ significa temerás ; pues temer á Dios 
denota en frase hebrea adorarle y reverenciarle. Asi lo ob- 
serva el limo. Scio ; y es una prueba bien convincente de 
la justa y racional libertad con que deben traducirse las 
palabras de la Vulgata latina^ cuando las mismas del Origi- 
nal hebreo las traducía Jesu-Christo mirando mas al senti- 
do que tenían que á su material significación, 

2 Cap. X V. 20. — Matth. IV. v. 10. — Ltic. IV. v. 8. 



CAPITULO VI. 37 

del Señor Dios tuyo contra tí , y te extermine de 
sobre la faz de la tierra. 

16 No tentarás al Señor Dios tuyo , como le 
tentaste en el Desierto en el lugar de la Tenta- 
ción \ 

17 Observa los preceptos del Señor Dios tuyo, 
y los estatutos y ceremonias que te ha mandado , 

18 y haz lo que es agradable y bueno á los ojos 
del Señor , para que seas feliz, y entres en pose- 
sión de la fértilísima tierra que el Señor prometió 
con juramento á tus padres , 

19 asegurándoles que destruirá delante de tí á 
todos tus enem.ififos. 

20 Y cuando el dia de mañana te preguntare 
tu hijo , diciendo : ¿ Qué significan estos estatutos 
con ceremonias , y leyes que Dios nuestro Señor 
nos ha mandado? 

21 le responderás : Nosotros éramos esclavos 
de Pharaon en Egypto , y el Señor nos sacó de 
allí con mano poderosa , 

22 haciendo á nuestra vista maravillas y prodi- 
gios grandes y terribles contra Pharaon y contra 
toda su corte , 

23 y nos sacó de allí para introducirnos y dar- 
nos la posesión de la tierra , que prometió con ju- 
ramento á nuestros padres. 

24 Por lo cual nos mandó el Señor practicar to- 
das estas leyes , y temer al Señor Dios nuestro , 

i Cuando dudaste de sus nromesas. — Maíih. IV. v. 7. 
— Luc. JV. V. 12. — Exod. XVH. v. 7. 

4 



38 LIBRO DEL DEUTERONOMIO. 

para que seamos felices todos los dias de nuestra 
vida , como lo somos hov. 

25 Y el Señor Dios nuestro tendrá misericor- 
dia de nosotros , y nos llenará de bienes si guardá- 
remos y cumpliéremos delante de él todos sus pre- 
ceptos , como nos ha mandado. 

CAPITULO VIL 

Prohibe Dios á los israelitas todo trato con los idólatras : 
les manda exterminar á los chánaneos ; y protneíe toda 
suerte de felicidades á los que guardaren sus Mandamien- 
tos. 

1 Cuando el Señor Dios tuyo te introdujere en 
la tierra que vas á poseer , y destruyere á tu vista 
muchas naciones , al Hetheo , y al Gerg-ezeo , y 
al Amorrheo , al Chánaneo , y al Pherezeo , y al 
Heveo , y al Jebuseo , siete naciones mucho mas 
numerosas y robustas que tú ' , 

2 y te las entregare el Señor Dios tuyo ; has 
de acabar con ellas sin dejar alma viviente ^. No 
contraerás amistad con ellas , ni las tendrás lás- 
tima : 

3 no emparentarás con las tales , dando tus hi- 



1 Exod. XXIII. V. 23etXXXni. v. 2. 

2 Porque Yo soy el que castigo su impiedad, valiéndome 
de vosotros. Colmada ya la medida de las maldades de estas 
naciones, quiso Dios destruirlas enteramente en castigo de 
sus pecados; y también para quitar á los Hebreos la oca- 
sión de contraer sos vicios y abominables supersticiones. 



CAPÍTULO VII. 39 

jiis á sus hijos , ni tomando sus hijas para tus hi- 
jos '; 

4 porque seducirán á tus hijos para que me aban- 
donen , y adoren á dioses extranjeros : con lo 
que se irritará el furor del Señor , y bien presto 
acabará contio-o. 

5 Por el contrario , esto es lo que debéis ha- 
cer con ellos : derribad sus altares y haced peda- 
zos las estatuas , talad sus bosques profanos , y 
quemad los ídolos ^. 

G Porque tú eres un pueblo consagrado al Se- 
ñor Dios tuyo. Tu Señor Dios te ha escogido para 
que seas pueblo peculiar suyo , entre los pueblos 
todos que hay sobre la tierra ^. 

7 rSo porque excedieseis en número á las de- 
mas naciones se unió el Señor á vosotros , y os 
escogió ; puesto que al contrario sois en menor 
número que todos los otros pueblos : 

8 sino porque el Señor os amó , y ha cum- 
plido el juramento que hizo á vuestros padres. Por 
eso con mano fuerte os sacó y redimió de la casa 
de la esclavitud, del poder de Pharaon , rey de 
Eg-ypto. 

9 Por donde conocerás que el Señor Dios tu- 
yo , él mismo es el Dios fuerte y fiel que guarda 

1 Excepto en el caso de convertirse á la religión judaica, 
como se ve en el libro de Ruth. 

2 Exoci. XXIII. V. 24. — Cap. XII. v.3,€f XVI. 
V. 21. 

3 Cap. XIV. i. 2. - XXVI. v. i« 



40 LIBRO DEL DEUTERONOMIO. 

el pacto y conserva su misericordia por mil gene- 
raciones para con aquellos que le aman , y obser- 
van sus mandamientos ; 

10 y da luego el pago á los que le aborrecen , 
perdiéndolos sin mas dilación, y dándoles al pun- 
to su merecido '. 

11 Guarda pues los preceptos y las ceremonias 
y leyes que yo te mando hoy observar. 

12 SI después de oídas estas leyes las guardares 
y cumplieres, también el Señor Dios tuyo te guar- 
dará el pacto y la misericordia que juró á tus pa- 
dres ; 

1 3 y te amará , y multiplicará , y bendecirá 
el fruto de tu vientre , y el fruto de tu labranza, 
tus granos, y vendimia , el aceite y las vacadas, y 
los rebaños de tus ovejas en la tierra que juró á 
tus padres que te darla. 

14 Bendito serás entre todos los pueblos : no 
se verá entre vosotros estéril en ningún sexo, asi 
en los hombres como en los ganados ^. 

15 Desterrará de tí el Señor toda dolencia; y 
aquellas enfermedades oj^Za^as pésimas de Egypto, 



1 Asi lo había ejecutado Dios con su pueblo, Exod. 
XXXII. — Num. XI. — Xri. etc. Y aunque á veces usa 
el Señor de grande paciencia y parece que tarda en casti- 
gar á los malos ; como la vida del hombre es un momento 
en comparación de la eternidad, puede decirse que daluego 
el pago. 

2 Exod. XXIII V. 26. 



CAPÍTULO VIÍ. 41 

que til sabes, no te las enviará á tí, sino á todos 
tus enemigos. 

16 Exterminarás todos los pueblos que tu Señor 
Dios pondrá en tus manos. No se apiaden de ellos 
tus ojos , ni sirvas á sus dioses ; para que no sean 
ellos causa de tu ruina. 

17 Tal vez dirás en tu corazón : Estas naciones 
son mas numerosas que yo, ¿ cómo be de poder 
destruirlas? 

18 Mas no las temas; acuérdate de lo que bizo 
el Señor Dios tuyo con Pharaon y con todos los 
egypcios , 

19 de aquellas terribles plagas que vieron tus 
ojos , y de los prodigios y portentos ;, y de la ma- 
no fuerte , y del brazo extendido con que te li- 
bertó el Señor Dios tuyo. Lo mismo liará con 
todos los pueblos á quienes temes. 

20 Ademas de esto el Señor Dios tuyo enviará 
tábanos ' contra ellos hasta consumir y [perder á 
todos los que de tí escaparen y hubieren podido 
esconderse ^. 

21 No tienes que temerlos ; porque tu Señor 
Dios está en medio de tí , Dios grande y terrible. 
' 22 El mismo irá consumiendo á tu vista estas 
naciones poco á poco y por partes. No podrás 

1 Esto es, moscardones, abispones, y otros insectos se- 
mejantes, romo sucedió en Egypto ; de los cuales el Señor 
se ha servido algunas veces después para abatir el orgullo 
de ejércitos enemigos. 

2 Exod, XXXUL V. 28. - Joaué XXIV. v. 12. 



42 LIBRO DEL DEUTERONOMIO. 

acabar con ellas de un golpe ; á fin de que no se 
multipliquen contra tí las bestias fieras del pais. 

23 El Señor Dios tuyo pondrá á estos pueblos 
en tu poder, y los irá destruyendo hasta que del 
todo desaparezcan. 

24 A sus reyes los entregará en tus manos , y 
borrarás sus nombres de debajo del cielo : nadie 
te podrá resistir hasta que los aniquiles. 

25 Quemarás en el fuego sus ídolos : no codi- 
ciarás la plata y el oro de que fueron fraguados', 
ni tomarás poco ni mucho de estas cosas^ no sea 
que te sirvan de ocasión de ruina, siendo como 
son abominables al Señor Dios tuyo ^. 

26 Ni meterás cosa alguna de ídolo en tu casa , 
porque no vengas á ser anathema , como él lo 
es ^ La detestarás como inmundicia , y la abomi- 
narás como suciedad y horruras ; por cuanto es 
un anathema. 

CAPITULO VIIL 

Exhorta Moysés al pueblo á que se acuerde de los beneficios 
recibidos en el Desierto^ y de los castigos contra los ma- 
los. 

1 Haz todo lo posible por cumplir exactamente 
los mandamientos que hoy te ordeno , para que 

1 Hebreo QrT'^y ^^ que fueron cubiertos. 

2 II. Mach. XII. V. 40. 

3 Véase un ejemplo de estoen la persona de Acan. Josué 
VIL V. 1 ef, n, Mach. XII v. 40. 



CAPITULO VIH. 43 

podáis vivir y multiplicaros , y entrar en posesión 
de la tierra que prometió el Señor conjuramento 
á vuestros padres. 

2 Y acuérdate de todos los caminos por donde 
te ha conducido el Señor Dios tuyo en el Desierto 
por espacio de cuarenta años , con el fin de atri- 
bularte y probarte , para que se descubriesen las 
intenciones de tu ánimo , si estabas ó no en guar- 
dar sus mandamientos. 

3 Afligióte con hambre , y te dio el maná, man- 
jar que no conocias tú ni tus padres , para mos- 
trarte que el hombre no vive de solo pan ' , sino 
de cualquier cosa que Dios dispusiere. 

4 Hace ya cuarenta años que vas de viage , y 
con todo , ni el vestido con que te cubres se ha 
gastado por viejo , ni tu pie se ha lastimado ^ , ni 
roto iu calzado: 

5 para que recapacites en tu corazón , que del 
mismo modo que un padre corrige é instruye á su 
hijo , asi te ha corregido é instruido á tí el Señor 
Dios tuyo , 

6 con el fin de que guardes sus mandamientos , 
y andes por sus caminos, y le temas. 

7 Porque el Señor tu Dios va á introducirte en 
esa tierra buena, tierra llena de arroyos , y de 

1 Matlh. IV. V. 4. — Luc. IV. v. 4. 
' 2 Moysésse explica mas claramente Deut. Cap. XXIX. 
También se da á entender con esta expresión que ni los 
pies en tan largo camino recibieron daño ninguno^ contra- 
yendo ampollas^ llagas , etc. 



44 LIBRO DEL DEUTER0N031I0. 

estanques, y de fuentes ; en cuyos campos y mon- 
tes brotan manantiales perennes de aguas : 

8 tierra de trigo y cebada, y de viñas; en la 
que nacen higueras, y granados, y olivos : tierra 
de aceite y de miel : 

9 donde sin escasez ninguna comerás el pan y 
gozarás en abundancia de todos los bienes : en 
cuyas piedras ó peñas hallarás el hierro ' ; y mucho 
cobre y metal en sus montes : 

10 á fin de que cuando hubieres comido y te 
hubieres saciado , bendigas al Señor Dios tuyo por 
la bonísima tierra que te dio ^. 

11 Está alerta, y guárdate de no olvidarte ja- 
mas del Señor Dios tuyo , ni dejar de observar 
sus mandamientos y leyes, y ceremonias que boy 
te prescribo : 

12 no sea que después de haber comido, y 
haberte saciado , y de haber fabricado bellas ca- 
sas , y morado en ellas , 

13 y adquirido vacadas y rebaños de ovejas , y 



1 Esto es, tierra abundante de metales. Del monte Lí- 
bano se dice qne abunda especialmente en hierro y co- 
bre. 

2 Los hebreos tienen por gran falta el comer siu dar 
gracias á Dios. Véase I. Thessal. V. v. 18. — 1. Timolh. 
IV. V. 4. Véase también el ejemplo que nos dio Jesu-Chris- 
to. Luc. XXn. V. 19. — 31alih. XXVI. v. 30. — I. Car. 
X. V. 31. Ejemplo que imitan todos sus verdaderos discípu- 
los; y que tira á desterrar la impía y \ana libertad de algu- 
nos que se llaman falsamente con el nombre dejilósofos. ^ 



CAPÍTULO VIII. 45 

gran caudal de plata y de oro , y de todas las 
cosas _, 

14 se engría tu corazón, y eches en olvido á 
tu Señor Dios que te sacó de la tierra de Egypto, 
de la casa de la esclavitud , 

15 y que ha sido tu conductor por el vasto y 
espantoso Desierto , donde habia serpientes que 
abrasaban con su aliento , y escorpiones y díp- 
sades ' , sin que tuvieses una gota de agua : la 
cual te la hizo salir á chorros de una piedra du- 



rísima ^ 



16 y te alimentó en el Desierto con el maná , 
manjar desconocido de tus padres j y después de 
haberte afligido y probado , al fin se compadeció 
de tí ; 

17 pero no antes ^ , para que no dijeras en tu 
corazón : Mi fuerza y la robustez de mi brazo me 
grangearon todas estas cosas : 

18 sino para que te acuerdes del Señor Dios 
tuyo por haberte él mismo dado fuerzas , á fin de 
cumplir asi su pacto que juró con tus padres , 
como se ve en el presente dia. 

19 Mas si olvidado de tu Dios y Señor, te»- 
fueres en pos de dioses ágenos , y les rindieres 

1 Especie de \ íhoras, llamadas asi en griego por la sed 
insaciable que cansan con su mordedura. 
. 2 Num. XX. V. 9 et XXI. v. 6. — Exod. XVII. v. 6. 

3 El Señor jamas abandona á los que confian en él ; pero 
abate y humilla á los que se confian en su propia virtud y 
fuerzas. Véase Judith VI. 



46 LIBRO DEL DEUTERONOMIO. 

culto y adoración, mira que desde ahora te pro- 
testo que perecerás sin remedio. 

20 Como las naciones que deshizo ' el Señor á 
tu entrada : del mismo modo pereceréis vosotros 
si fuereis desobedientes á la voz del Señor Dios 
vuestro. 



CAPÍTULO IX. 



Acuérdales Moysés que son obra del Señor todas sus victo- 
rias:, y para que se humillen les potie delante sus continuas 
prevaricaciones. 

1 Escucha , Israel : Tú estás hoy dia á punto 
de pasar el Jordán para conquistar naciones gran- 
dísimas , y mas fuertes que tú , ciudades magní- 
ficas , y cuyos muros llegan hasta el cielo , 

2 un pueblo de grande y alta estatura , los hi- 
jos de los enaceos , que tú mismo has visto, y cuya 
fama has oido , y á quienes nadie puede contra- 
restar. 

3 Pues has de saber hoy que irá delante de tí 
el mismo Señor Dios tuyo , fuego devorador y 
consumidor, que los hade desmenuzar y consumir, 
y disipar delante tus ojos rápidamente , como te 
lo ha prometido. 

4 No digas en tu corazón cuando el Señor Dios 
tuyo los haya deshecho en tu presencia : Por razón 

1 Pónesse el pretérito por el futuro ; pues Moysés mira 
con espíritu profético como acaecidas aquellas derrotas. 



CAPITULO IX. 47 

de la justicia ' que ha visto en mí, me lia introdu- 
cido el Señor en la posesión de esta tierra ; siendo 
cierto que por sus impiedades son asoladas estas 
naciones. 

5 Porque no por tus virtudes , ni por la rec- 
titud de corazón entrarás á poseer sus tierras; 
sino porque aquellas obraron impíamente , por 
eso al entrar tú han sido destruidas; y á fin de 
cumplir Dios su palabra, que confirmó con jura- 
mento á tus padres Abraham , Isaac y Jacob. 

6 Ten pues entendido que no por tus virtudes 
te ha dado el Señor Dios tuyo en posesión esta 
excelente tierra ; pues eres un pueblo de durísi- 



ma cerviz ^, 



7 Acuérdate y no te olvides que provocaste á 
ira al Señor Dios tuyo en el Desierto. Desde el 
dia que saliste de Egipto hasta este lug-ar , siem- 
pre has sido rebelde al Señor ^. 

8 Pues ya en Horeb le provocaste , y airado te 
quiso destruir , 

9 cuando yo subí al monte para recibir las ta- 
blas de piedra, las tablas de la alianza que hizo el 
Señor con vosotros, y me mantuve en el monte 
cuarenta dias y cuarenta noches , sin comer ni 
beber ^. 

f ■ ' " ' I ■■—■■-■-■■- - ' ■ ■ ■ ■ ■— ■■ i^i.._ — - — 

: 

1 Véase Jusiicia. 

2 O rebelde, y esto significa la palabra hebrea CD''1DD* 
Los Setenta tradujeron dTTíi^évTíSy incrédulos. 

3 Exod. XVII. V.6.: XIX. v. 3. 

4 E.Tod. XXIV. r, 18. 



48 LIBRO DEL DEüTERONOMIO. 

10 Eíitonces me dio el Señor destablas de pie- 
dra escritas con el dedo de Dios , y f|üe contenían 
todas las palabras que os habló en el monte, desde 
el medio del fuego , estando junto todo el pue- 
blo '. 

1 1 Pasados , como digo , los cuarenta días y 
cuarenta noches , me dio el Señor las dos tablas 
de piedra , las tablas de la Alianza , 

12 y díjome : Vete, y desciende de aquí luego ; 
pues ese tu pueblo , que sacaste de Egypto , ha 
abandonado bien presto el camino que le enseñas- 
te , y se ha fundido un ídolo ^. 

13 Díjome también el Señor : Veo que ese pue- 
blo es de dura cerviz : 

14 déjame que le reduzca á polvo, y borre su 
nombre de debajo del cielo , y te haga caudillo de 
otra nación que sea mas grande y poderosa que no 
esta. 

15 Bajando pues del monte, el cual estaba ar- 
diendo , y teniendo en las manos las dos tablas de 
la alianza, 

16 visto que habíais pecado contra el Señor 
Dios vuestro , y que os habíais hecho un becerro 
fundido , y abandonado tan presto el camino que 
él os habia enseñado , 

17 arrojé las tablas de mis manos, y las hice 
pedazos á vuestra vista. 



1 Exod. XXXI. V. 15. : XXXH. v. 15. 

2 Exod XXXII. V. 7. 



CAPÍTULO IX. 49 

18 Póstreme después en el acatamiento del Se- 
ñor , como antes , por espacio de cuarenta dias y 
cuarenta noches, sin comer ni beber, por causa 
de todos aquellos pecados que cometisteis contra 
el Señor , y con que le provocasteis á ira. 

19 Porque temí la indignación y saña que había 
concebido contra vosotros, y que le estimulaban á 
exterminaros. Y el Señor me oyó aun por esta 
vez. 

— 20 Irritado asimismo en gran manera contra 
Aaron ' , quiso aniquilarle , é intercedí por él del 
mismo modo. 

21 Y arrebatando vuestro pecado , es á saber,' 
el becerro que habíais hecho , le eché al fuego , y 
desmenuzándole , y reduciéndole todo á polvo , le 
arrojé al arroyo que desciende del monte. 

22 También en el lugar que por eso se llamó 
del Incendio ^ , en el otro de la Tentación ' , y en 
el llamado Sepulcros de la Concupiscencia ó an- 
tojo ^ provocasteis al Señor "*, 

23 y cuando os encaminó desde Cadesbarne , 
diciendo : Subid á tomar posesión de la tierra que 
os he dado , también despreciasteis el mandato del 

1 Esto no se expresa en el Éxodo; y se ha de tener pre- 
sente que hay muchas cosas que la Escritura no siempre di- 
ce el tiempo ni lugar en que sucedieron. Véase también lo 
que de Moysés dice San Pablo Hebr. XII. v. 21. 

2 Num. XI. V. 1 — XVI. V. 2. — XXI. v. 5. 

3 Véase Num. XI. v. I, 4. — Exod. XVII. v. \, 7. 

4 Num. XI.v.lZ, 

5 



50 LIBRO DEL DEUTERONOMIO. 

Señor. Dios vuestro ^ y no le creísteis, y ni qui- 
sisteis escuchar su voz ; 

24 sino que siempre habéis sido rebeldes desdo 
el dia que comencé á tratar con vosotros. 

25 Estuve pues postrado delante del Señor cua- 
renta diasy cuarenta noches , en que rendidamente 
le suplicaba que no acabase con vosotros^ como lo 
tenia conminado. 

26 Y orando , dije : ¡ Ah ! Señor Dios , no des- 
truyas á tu pueblo , y á la herencia tuya, que res- 
cataste con tu poderío ; á los que sacaste de 
Egypto con mano esforzada. 

27 Acuérdate de tus siervos Abraham , Isaac y 
Jacob : no mires la dureza de este pueblo , ni su 
impiedad y pecado : 

28 no sea que digan los moradores de la tierra 
de donde nos has sacado : No podia el Señor intro- 
ducirlos en la tierra que les prometió, y los abor- 
recia; por eso los sacó para matarlos en el De- 
sierto, 

29 Ellos son tu pueblo y la herencia tuya que 
sacaste de Egypto con tu gran poder y á fuerza 
de tu brazo. 

CAPÍTULO X. 

Refiere Moysés como disjniso unas nuevas tablas de la Ley, 
y esiimiila de nuevo á los israelitas á servir y amar á 
Dios. 

1 En aquel tiempo me dijo el Señor : Lábrate 
dos tablas de piedra semejantes á las primeras, y 



CAPÍTULO X. 51 

sube ú mí al monte ; y harás una arca de made- 
ra '. 

2 y yo Ciícribiré en las tablas las palabras que 
hubo en las que anteís quebrantaste, y las pondrás 
en el arca. 

3 Hice pues una arca de madera de seúm ó in- 
íorricptible ; y labradas dos tablas de piedra como 
las prhneras , subí al monte con ellas en las ma- 
nos. 

4 Y escribió el Señor en estas tablas , como ha- 
bia hecho sobre las primeras., los diez Mandamien- 
tos, que os intimó en el monte desde en medio del 
fuego, cuando fue congregado el pueblo ; y me las 
dio. 

5 Y á la vuelta bajando del monte, puse las ta- 
blas en el Arca que habia hecho, donde están toda- 
vía , como me mandó el Señor. 

C Después " los hijos de Israel alzaron el campo 
de Beroth, distrito de los hijos de Jacam, cami- 
nando á Mesera al pie del monte Hor, donde Aaron 
murió y fue sepultado : al cual succedió en las 
funciones del sacerdocio su hijo Eleazar ^. 

7 Desde allí pasaron á Galgad , de donde ha- 



1 Aunque Moysés no h¡?o construir el arca sino después 
(le recibidas las tablas de la Ley [Exod. XXXVI. v. 33). 
el Señor se lo habia mandudo ya antes. Exod, XXIV. 
V. 10. XXXIV. V. 1. 

2 Lo que se dice hasta el verso 10 , puede considerarse 
como una digresión ó paréntesis. 

3 Y«m. XXXIII. V. 38. el XX v. 28. 



52 LllJRO DEL DEUTERONOMIO, 

biendo partido acamparon en Jetebatha, tierra de 
aguas y arroyos. 

8 Por aquel tiempo separo el Señor la tribu de 
Leví para que llevara el Arca del Testamento del 
Señor, y le sirviese ante sus ojos en el ministerio, 
y para que diese al pwe&Zo la bendición en su nom- 
bre, como lo hace hasta el presente. 

9 Por lo cual Leví no tuvo porción, ni eniró á 
la parte en ¿«posesión con sus hermanos; por cuan- 
to el mismo Señor es su herencia, según se lo pro- 
metió el Señor Dios tuyo. 

10 Yo pues estuve en el monte , como la vez 
primera , cuarenta dias y cuarenta noches; y tam- 
bién esta vez el Señor oyó mi súplica, y no pasó 
á exterminarte. 

11 Antes me dijo : Anda, vé y capitanea el pue- 
blo para que entre en posesión de la tierra que 
juré yo á sus padres que les daria. 

12 Ahora bien , Israel, ¿ qué pide de tí el Se- 
ñor Dios tuyo, sino que temas á tu Señor Dios, y 
sigas sus caminos, y le ames, y que sirvas al Señor 
Dios tuyo con todo tu corazón , y con toda tu al- 
ma; 

13 y guardes sus mandamientos y ceremonias, 
que hoy te prescribo, para que seas feliz ? 

14 Mira como siendo del Señor Dios tuyo el 
cielo y el cielo de los cielos, la tierra y todo cuan- 
to hay en ella; 

15 esto no obstante, el Señor Dios se unió 
estrechísimamente con entrañable amor con tus 



CAPÍTULO X. 53 

padres, y después de ellos escogió á sulinage, es- 
to es, á vosotros de entre todas las naciones, como 
se ve hoy por experiencia. 

16 Circuncidad pues las pasiones de vuestro 
corazón ' , y no seáis mas de dura cerviz : 

17 porque el Señor Dios vuestro es el Dios de 
los dioses, y el Señor de los señores ; Dios gran- 
de y poderoso y terrible ^ , que no es aceptador 
de personas, ni se gana con dones : 

18 hace justicia al huérfano y á la viuda : ama 
al extranjero, y le da sustento y vestido. 

19 Y asi vosotros amad también á los extranje- 
ros, pues lo fuisteis igualmente en la tierra de 
Egypto. 

20 Temerás ^ oh Israel, al Señor Dios tuyo , y 
á él solo servirás : con él te unirás, y únicamente 
en su nombre harás tus juramentos. 

21 Porque él es tu gloria , y el Dios tuyo : el 
que ha hecho por tí las cosas grandiosas y terribles 
que han visto tus ojos. 

22 En número de setenta almas bajaron tus pa- 
dres á Egypto ^ : y estás viendo que el Señor Dios 

1 Los Setenta traducen tm'v ay,\>ifioy.Af:S'íciv vfxmv : la du- 
reza de vuestro corazón. En este sentido espiritual toma San 
Pablo la voz circuncisión. Roín. II. v. 26. 

2 Cap. XVI. V. 19. — II. Par. XIX. v. 7. — Job 
XXXIV. V. 19. —Eccli. XXXV. v. 15. — Act. X. v. 34. 
~ Rom. II. V. 11.— Gal. II. V. 6. 

3 Cap. Vi. V. 13. — Maíih. IV. v 10. — Iaíc. l^. v. 8. 

4 Gen. XLVI. v.27. — Excd. I v. 5. 



54 LIBRO DEL DEUTERONOMIO, 

tuyo te lia multiplicado como las estrellas del 
cielo. 

CAPÍTULO XI. 

Bienes xirometidos á los que guarden los mandamientos , y 
calamidades que sobrevendrán á los iransgresores. 

1 Ama pues á tu Señor Dios, y observa en to- 
do tiempo sus preceptos y ceremonias , sus leyes 
y mandamientos. 

2 Considerad hoy las cosas que ignoran vuestros 
hijos ; los cuales no vieron los castigos del Señor 
Dios vuestro , ni su grandeza , ni el poder de su 
robusta mano, ni la fuerza de su brazo , 

3 ni las maravillas y prodigios que hizo en medio 
de Egypto contra el rey Pharaon y todo su reino, 

4 y todo el ejercito de los egypcios y sus caba- 
llos y carros : como los anegaron las olas del mar 
Rojo cuando iban en vuestro alcance , dejándolos 
el Señor destruidos y aniquilados hasta el día de 
hoy. 

5 Acordaos asimismo de cuanto ha hecho por 
vosotro.s en el Desierto, hasta que habéis llegado 
á este lugar : 

6 y lo sucedido con Dathan y Abiron , hijos de 
Eliab, hijo que fue de Rubén; á los cuales la tierra 
abriendo su boca, se los tragó con sus famiUas y 
tiendas y todo cuanto poseían en medio de Is- 
rael '. 



1 Nam. XyLv.h32. 



tAPÍTULO XI. 55 

7 Vuestros ojos han visto todas estas grandes 
maravillas que hizo el Señor, 

8 á fin de que guardéis todos sus mandamientos, 
que yo os intimo eu el día de hoy , y podáis po- 
neros en posesión de la tierra donde vais á en- 
trar , 

9 y viváis en ella largo tiempo : lierra que ma- 
na leche y miel, y que el Señor prometió con ju- 
ramento á vuestros pudres y á su descendencia. 

10 Porque la tierra que vais á poseer, no es co- 
mo la tierra de Egypto ' de donde salisteis , en la 
cual después de haber sembrado , se conducen d 
fuerza de trabajo aguas de regadío, como en las 
huertas : 

11 sino que es tierra de montes y de vegas, 
que aguarda las lluvias del cielo : 

12 la cual Dios vuestro Señor siempre visita 
ron oportunos temporales^ teniendo puestos sus ojos 
en ella desde el principio del año hasta su fin. 

13 Si obedeciereis pues á los mandatos que yo 
os intimo hoy , amando á Dios vuestro Señor , y 
sirviéndole con todo vuestro corazón y toda vues- 
tra alma ^ , 

1 La comparación entre la tierra de Egypto y la de Chá- 
naan no tanto mira á la fecundidad, como á que aquella se 
regaba á costa de mucho trabajo por medio de acequias y 
máquinas, y esta con las lluvias que enviaba Dios á su tiem- 
po : las cuales liarian que Israel se acordase á menudo de 
la amorosa Providencia de Dios ; ó de su justa indignacioD. 
cuando faltase el agua. 
. 2 Cap. X. V. 12. 



56 LIBRO DEL DEUTERONOMIO. 

14 dará él á vuestra tierra la lluvia temprana 
y la tardía % para que cojáis granos, y vino, y a- 
ceite , 

15 y dará heno en los prados para pasto de los 
ganados, á fin de que vosotros tengáis que comer 
y quedéis saciados. 

16 Guardaos que no se deje seducir vuestro co- 
razón , y os apartéis del Señor, y sirváis á dioses 
extraños, y los adoréis : 

17 no sea que irritado el Señor, cierre el cielo, 
y no caigan lluvias, ni la tierra produzca su fruto, 
y seáis luego exterminados del fértilísimo pais que 
os ha de dar el Señor. 

18 Grabad estas palabras mias en vuestros co- 
razones, y en vuestras almas, y traadlas atadas 
para memoria en vuestras manos , y pendientes 
sobre la frente entre vuestros ojos ^. 

19 Enseñad á vuestros hijos á meditarlas ; ora 
estés , oh Israel , sentado en casa , ó andando de 
camino , y al acostarte y al levantarte. 

20 Las escribirás sobre los postes , y las puer- 
tas de tu casa ^ ; 

21 á fin de que se multipliquen tus dias, y los 
de tus hijos en la tierra que el Señor juró á tus 

l¿Coraenzando los Hebreos el año civil por el Otoño , la 
lluvia temprana sería la que caia en esta estación, sembra- 
das ya las semillas; y la tardía la de la Primavera, y otros 
tiempos convementes. 
^ 2 Cap. VI V. 8. 

3 Véase cap. VL v. 9. 



CAPITULO XI. 57 

padres que les daría para mientras que el mundo 
fuere mundo '. 

22 Porque si guardareis los mandamientos que 
os intimo , y los cumpliereis , amando al Señor 
Dios vuestro , y siguiendo todos sus caminos, es- 
trechándoos con él; 

23 El Señor destruirá todas esas naciones de- 
lante de vosotros , y las sojuzgareis, aunque sean 
mayores y mas fuertes que vosotros. 

24 Todo lugar en que pusiereis el pie, será 
vuestro. Extenderánse vuestros términos desde el 
Desierto , y desde el Líbano , desde el gran rio 
Euphrates hasta el mar Occidental ó Mediterráneo'^ . 

25 Nadie podrá resistiros. El Señor Dios 
vuestro esparcirá el terror y espanto de vuestro 
nombre por cualquier pais donde entrareis , se- 
gún os ha prometido. 

26 Ya veis que hoy os pongo delante la ben- 
dición y la maldición : 

27 la bendición , si obedeciereis á los manda- 
damientos de Dios vuestro Señor , que yo os in- 
timo hoy : 

28 la maldición, si desobedeciereis dichos man- 
damientos del Señor Dios vuestro, desviándoos del 
camino que yo ahora os muestro , y siguiendo á 
dioses ágenos que no tenéis conocidos. 

.29 Asi cuando el Señor Dios tuvo te hubiere 



1 Como fuesen fieles á la alianza. 

2 Josué I. V. 4. 



58 LIBRO DEL DEUTERONOMIO. 

introducido en la tierra que vas á habitar, publi- 
carás la bendición sobre el monte Garizim , y la 
maldición sobre el monte Hebal : ' 

30 montes que están á la otra parte del Jordán, 
siguiendo el camino que tira acia Poniente en 
tierra del chánaneo, que habita en las campiñas en 
frente de Gálgala ; la cual está junto á una vega 
que se dilata y extiende por largo trecho ^. 

31 Porque vosotros pasareis el Jordán para 
ocupar la tierra de que Dios vuestro Señor os ha 
de dar el dominio y la posesión. 

32 Por tanto mirad que cumpláis con las cere- 
monias y leyes que yo voy á proponer ahora de- 
lante de vosotros. 

CAPÍTULO XII. 

Prohibe Dios á los israelitas el ofrecer sacrifidos fuera de 
aquel lugar que él señalare \ y manda que se abstengan de 
comer sangre, y otros manjares inmundos. 

1 Estos son los preceptos y ordenanzas que de- 
béis observar en la tierra que os ha de dar el 
Señor Dios de vuestros padres, para que la poseáis 
todos los dias de vuestra vida. 

1 Seis tribns respoderán desde el monte Garizim á las 
bendiciones que pronunciarán los sacerdotes para los que 
guarden la Ley; y las otras seis desde el monte Hebal á las 
maldiciones contra los transgresores de ell;i. Véanse los 
cap. XXVII y XXXVIII , y Josué VIH v. 30 La res- 
puesta de las tribus era ?P}< , esto es ^ Asi sea. 

2 Gen. XII. v.6. 



CAPÍTULO XíT. 59 

2 Asolad todos los lugares en donde las gentes, 
que habéis de conquistar , adoraron á sus dioses 
sobre los altos montes y collados , y á la sombra 
de todo árbol frondoso '- 

3 Destruid sus altares , y quebrad sus estatuas: 
entregad al fuego sus bosques profanos ; desme- 
nuzad los ídolos, y borrad sus nombres de aque- 
llos lugcares ^. 

4 No lo habéis de hacer asi con el Señor Dios 
vuestro ; 

5 sino que iréis al lugar que Dios vuestro Señor 
escogiere de todas vuestras tribus para colocar 
allí su nombre ó Tabeimdculo , y poner en él su 
morada ; 

6 y en aquel lugar ofreceréis vuestros holo- 
caustos y víctimas , los diezmos y las primicias de 
las obras de vuestras manos , y los votos y dona- 
tivos , y los primerizos de las vacas y ovejas : 

7 allí comeréis de ellos e7i el atrio á vista de 
Dios vuestro Señor, y os regocijareis junto con 
vuestras, familias , disfrutando de todos los pro- 
ductos del trabajo de vuestras manos , sobre los 
cuales el Señor Dios vuestro haya echado su ben- 
dición. 

1 Los paganos acostumbraban ofrecer sacrificios á sns 
ídolos en lugares ele\-ados, ó debajo de árboles frondosos ; 
consagrando ciertos árboles á determinados dioses, como 
el laurel á Apolo, el olivo á Minerva, el mirto á Venus, la 
encina á Júpiter, etc. — Véase Lugares altos. 

2 Cap. VIL V. 25. - Mach. XIII i. 40. 



Oo LIBRO DEL DEUTERONOMIO. 

8 No liareis allí ' lo que aquí hacemos hoy nos- 
otros , cada cual lo que bien le parece. 

9 Porque todavía no habéis llegado al lugar del 
reposo , ni á la posesión que os ha de dar el Señor 
Dios vuestro. 

10 Pasareis el Jordán , y habitareis en la tierra 
que os ha de dar el Señor Dios vuestro, donde 
libres de todos los enemigos del contorno tengáis 
descanso , y habitéis sin temor alguno 

11 en el lugar que Dios vuestro Señor eligiere 
para que allí esté su nombre, ó Tabernáculo ; allá 
habéis de llevar todas las cosas que os prescribo , 
los holocaustos , y los sacrificios , y los diezmos y 
las primicias del trabajo de vuestras manos, y todo 
lo precioso de los dones que prometisteis con voto 
al Señor. 

12 Allí celebrareis vuestros banquetes delante 
del Señor Dios vuestro, vosotros y vuestros hijos 
é hijas , vuestros criados y criadas ; y también los 
levitas que moran en vuestras ciudades , ya que no 
tienen otra parte ni posesión entre vosotros , sino 
las ofrendas, 

13 Guárdate de ofrecer tus holocaustos en todo 
lugar que se te antoje ; 

14 sino en aquel que Dios habrá escogido en 

1 Muchas de las leyes ceremoniales^ principalmente to- 
cantes á los sacrificios y oblaciones, no se observaban en 
el Desierto ; y ni aun la de la circuncisión, y celebración 
de la Pascua. Porque el pueblo estaba casi en continuo 
movimiento. 



CAPÍTULO XII. Ül 

«na de tus tribus, allí ofrecerás los sacrificios , y 
liarás todo lo que te ordeno. 

15 Que si quieres comer, y te gusta la comida 
de carne , mata y come de la bendición que el 
Señor Dios tuyo te habrá dado en tus ciudades , 
ora sea cosa inmunda, esto es, defectuosa; ora 
limpia, esto es, entera y sin defecto, como las que 
pueden ser ofrecidas d Dios. De todas puedes 
comer, ni mas, ni menos, que del corzo y del 
ciervo ' ; 

16 salvo la sangre , la cual derramarás como 
agua sobre la tierra. 

17 No podrás comer en tus pueblos el diezmo ^ 
de los granos , del vino y aceite , ni los prime- 



1 Aunque la Vulgata traduce caprea, corza hembra, de- 
be entenderse corzo macho ; lo mismo cuando se habla de 
ofrecer la tórtola. Y asi en la versión de Ferrara se tradu- 
ce el tortol, el corzo, etc. 

2 Habia una especie de diezmo, dice S. Gregorio, que 
cada uno del pueblo de Israel ponia á parte en sus trojes, 
para comérsele con su familia cuando fuese á adorar en el 
templo, en la ciudad de Jerusalem, allí en el atrio del tem- 
plo, y convidar á los sacerdotes. \éaseDeuter. XIF. i\ 22. 
— Lev. XXVII. i'. 30. Y como, según se lee Ntitn. XVIII. 
V. 15., los primerizos de los animales pertenecían á los sa- 
cerdotes; ó se ha de entender aquí de aquellos primerizos 
que eran defectuosos y se rescataban, ó de los que no eran 
machos : ó tal vez por primogénitos se significan aqui los 
mejores y mas gordos. Véase Exod. XII v. 11, 12. Véase 
Primogénito. Igualmente \üs ijrimicias deque se habla en 
este lugar, eran las voluntarias ; no las señaladas por la 
Ley, las cuales eran de los sacerdotes. Cap. XVI. v. 22. 

TOM. 111. 6 



62 LIBRO DEL DEUTERONüMIO. 

rizos de las vacas y ovejas , ni tampoco todas 
aquellas cosas que por voto y espontáneamente 
quisieres ofrecer , ni las primicias de tus pro- 
ductos : 

18 sino que las has de comer delante del Se- 
ñor Dios tuyo , en el lugar por él escogido * , tú 
y tus hijos é hijas , y tus siervos y siervas, y los 
levitas que moran en tus ciudades ; y tomarás 
asi alimento con alegría delante del Señor tu 
Dios , usando de todo aquel bien que está en tu 
mano. 

19 Mira que no desampares al levita mientras 
vivas sobre la tierra. 

20 Cuando el Señor Dios tuyo hubiere dilatado 
tus términos , como te tiene prometido ^ , y qui- 
sieres comer las carnes que apetece tu alma : 

21 si el lugar que tu Señor Dios escogiere para 
poner allí su nombre ó Tabernáculo está muy dis- 
tante , matarás reses de las vacadas y rebaños que 
tuvieres , como te lo he prevenido , y las comerás 
en tus pueblos á tu placer. 

22 Como comes el corzo y el ciervo , asi po- 
drás comer de ellas : el limpio y el no limpio 
igualmente pueden comerlas. 

23 Guárdate solamente de comer sangre : por- 
que la sangre en los animales hace las veces de 



1 Esto es , eu el atrio del templo. 

2 Gen. XXVIIL v. 14. — Exod. XXXiy. v. 24. 
- Cap. XIX. V. 8. 



CAPITULO XII. 63 

alma ; y por esto no debes comer con la carne lo 
que es la vida ó alma de ella : 

24 sino que la verterás como agua sobre la 
tierra ; 

25 para que te vaya bien á tí , y á tus hijos 
después de tí , con hacer lo que es grato á los ojos 
del Señor. 

26 Mas las cosas que hubieres consagrado y 
ofrecido por voto al Señor , las tomarás contigo , 
y vendrás al lugar que habrá escogido el Señor, 

27 y presentarás tus ofrendas de la carne y de 
la sangre sobre el altar del Señor Dios tuyo : la 
sangre de las víctimas la derramarás en torno del 
altar; pero sus carnes te las comerás. 

28 Observa y escucha bien todo lo que yo te 
mando , para que tú y tus hijos después de tí 
seáis para siempre dichosos , ejecutando lo que es 
bueno y agradable á los ojos del Señor tu Dios. 

29 Cuando el Señor Dios tuyo hubiere exter- 
minado delante de tus ojos las naciones que vas á 
conquistar, y las sojuzgares, y ocupares su tier- 
ra ' , 

30 mira que no las imites después que á tu en- 
trada fueren destruidas , ni andes averiguando sus 
ceremonias , diciendo : A manera del culto que 
dieron estas naciones á sus dioses , asi le daré 

yo- 

31 Nohas de dar tú un culto semejante al Señor 
1 Cap. XIX v.l. 



fí4 LIBRO DEL DEUTERONOMIO. 

Dios tuyo ; porque ellas han hecho para honrar á 
sus dioses todas las abominaciones que detesta el 
Señor, ofreciéndoles los hijos é hijas, y quemán- 
dolos en el fuego ' . 

32 Lo que yo te prescribo , eso solo es lo que 
has de hacer en honor del Señor, sin añadir ni 
quitar nada. 

CAPITULO XIIL 

Sea apedreado el que induce á ¿a idolalña , y desoladas las 
ciudades donde se adoren dioses extranjeros. 

1 Si en medio de tu pueblo se presentare un 
profeta ^ , ó quien diga haber tenido alguna visión 
en sueños , y pronosticase alguna señal ó prodi- 
gio , 

2 y sucediendo lo que predijo , te dijere : Va- 
mos y sigamos á los dioses ágenos que no cono- 
ces , V sirvámosles : 

3 no escucharás ' las palabras de aquel profe- 

1 Véase Moloc. '' 

2 Véase Profeta. 

3 Nunca se ha de dar oídos á ninguno cuya doctrina se di- 
rija á retraer á ios hombres del culto del verdadero DioSj 
y de la observancia de sus preceptos; aun cuando por jus - 
ta permisión y ocultos juicios de Dios hiciese cosas prodi- 
Eíiosas, acertase los soc; sos venideros, etc. Los judíos que 
alegan estas palabras contra Jesu-Christo , deberían pri- 
mero hacernos ver que el Señor retraia á los hombres del 
culto de Dios, y de la observancia de la ley: cuando por 
el contrario en cada página del Evangelio se ve qne Jesu- 



CAPÍTULO XIII. 65 

ta ó forjador de sueños ; porque el Señor Dios 
vuestro os prueba para que se liaga patente si le 
amáis ó no con todo vuestro corazón y con toda 
vuestra alma. 

4 Seofuid al Señor Dios vuestro , v tentedle , v 
guardad sus mandamientos, y oid su voz : á él ha- 
béis de servir, v con él debéis estrecharos. 

5 Pero aquel profeta ó fingidor de sueños será 
castigado de muerte; porque trató de apartaros 
del Señor Dios vuestro que os sacó de la tierra de 
Egypto , y redimió del estado de servidumbre , 
para desviaros del camino que tu Señor Dios te ha 
enseñado ; y asi arrancarás el mal de en medio 
de tí. 

6 Si un hermano tuyo , un hijo de tu madre , 
si tu hijo ó tu hija , ó tu muger que es la prenda 
de tu corazón , ó el amigo á quien mas amas como 
á tu misma alma , quisiere persuadirte , y te dijere 
en secreto : Vamos y sirvamos á los dioses ágenos , 
no conocidos de tí, ni de tus padres, 

7 dioses de las naciones que te rodean vecinas 
ó lejanas, de un cabo del mundo al otro, 

8 no condesciendas con él , ni le oigas , ni la 
compasión te mueva á tenerle lástima , y á encu- 
brirle ; 

9 sino que al punto le matarás ' : tú serás el 

Christo predicaba el mito mas perfecto de Dios, y el cnm- 
plimiento de la Ley, según la significación mas pura y per- 
í'ecta que conocían los mas sabios hebreos. 

I En la \ crsion de los Setenta se traduce ¿vetyyiWoíy 



CG LIBRO DEL DEUTERONOMIü. 

primero en alzar la mano contra él , y después 
hará lo mismo todo el pueblo. 

10 Muera cubierto de piedras; por cuanto in- 
tentó apartarte del culto del Señor Dios tuyo , que 
te sacó de la tierra de Egypto , de la casa de la 
esclavitud : 

11 para que asi oyéndolo todo Israel tema, y 
jamas ningún otro ose hacer cosa semejante. 

12 Si en alguna de las ciudades que tu Señor 
Dios te dará para habitar , oyeres á algunos que 
dicen : 

13 De tu seno han salido unos hijos deBelial ', 
y han pervertido á los vecinos de su ciudad , di- 
ciendo : Vamos y sirvamos á dioses ágenos, que 
vosotros no conocéis : 

14 infórmate con cuidado , y averiguada bien la 
verdad del hecho , si hallares ser cierto lo que se 
dice , y que efectivamente se ha cometido una tal 
abominación , 

15 inmediatamente pasarás á cuchillo álos mo- 
radores de aquella ciudad, y la arrasarás con to- 
das las cosas que en ella haya , matando hasta las 
bestias. 

16 Y todas las alhajas y muebles que hubiere , 
los juntarás en medio de sus plazas , y los entre- 

eívctyysXÍÍs TCif'í avtoú denunciando denunciarás de él : esto 
es, le denunciarás sin falta a las autoridades , para que el 
juez le condeoe. Le matarás previa I» denuncia y senten- 
cia. 

1 Véase Bclial 



CAPÍTULO XIV. 6T 

garas á las llamas á una con la misma ciudad , de 
manera que todo se consuma en honor del Señor 
Dios tuyo ; y quede la ciudad como un sepulcro 
y monumento sempiterno. No será jamas reedifi- 
cada ; 

17 ni reservarás en tu poder cosa chica ni 
grande de este anathema ' : á fin de que deponga 
el Señor su enojo , y se compadezca de tí , y te 
multiplique , como tiene jurado á tus padres que 
lo hará , 

18 siempre que oyeres la voz del Señor Dios 
tuyo , guardando todos sus mandamientos , que 
yo te repito el dia de hoy , para que hagas lo que 
es agradable á los ojos de tu Señor Dios. 

CAp/tULO XIV. 

Prohibense los ritos gentílicos en los funerales : se renuevan 
las leyes sobre los animales limeños e inmundos^ y sobre 
diezmos. 

1 Portaos como hijos del Señor Dios vuestro. 
rSa hagáis en vuestra carne sajaduras, ni os cortéis 
el cabello por razón de un muerto ^. 

2 Porque tú eres , oh Israel, un pueblo consa- 
grado al Señor Dios tuyo % y él te ha escogido 
para que seas su pueblo peculiar entre las naciones 
todas que hay sobre la tierra. 

1 Véase Anathema. 

2 Vóasc Sepulcro. — Cadáver. 

3 Cap. VIH v.C). 



68 LIBRO DEL DEUTERONOMIO. 

3 No comáis manjares que son inmundos '. 

4 Estos son los animales que debéis comer : el 
buey , y la oveja , y la cabra , 

5 el ciervo , y el corzo , el búfalo , el caprlcier- 
vo , el pygíirgo ^ , el orig'e ' , el camello par- 
dal. 

6 Todo animal que tiene la uña bendida en dos 
partes y rumia , le podéis comer. 

7 Mas no debéis comer de los que rumian y no 
tienen la uña bendida, como el camello , la liebre, 
el querogrilo : k estos los tendréis por inmun- 
dos , porque aunque rumian , no tienen hendida la 
uña : 

8 asimismo tendréis por inmundo el cerdo ; 
porque si bien tiene la uña bendida, no rumia. No 
comeréis de la carne de estos animales, ni tocareis 
sus cuerpos muertos. 

9 De todos los animales que moran en las a- 
guas comeréis aquellos que tienen aletas y esca- 
mas : 

10 los que están sin aletas y escamas no los co- 
máis porque son inmundos. 

11 Comed de todas las aves limpias. 

12 No comáis de las inmundas : es á saber, el 
águila y el grifo ^ : el esmerejón , 

1 Cap. XXVI. V. 18. — Levil. XI. v. 4. 

2 'TTuyctpyos voz griega que significa de ancas blancas; 
animal semejante al gamo. 

3 El aniconú') ó especie de cabra montes. 

4 O quebranta-huesos. 



CAPÍTULO XIV. 6í) 

13 el ¡xíoii ' , y el buitre , y el milano con su 



casta , 



14 y toda raza de cuervos , 

15 y el avestruz , y la lechuza , y el laro , y el 
alcotán con su casta : 

Ifi el herodion '^ , el cisne , y el ibis ^ , 

17 y el somormujo, el calamón y el buho "^ , 

18 el onocrótalo, y el caradrion con sus espe- 
cies, como también la abuvilla y el murciélago '. 

19 Todo lo que va arrastrando y tiene alas, se- 
rá inmundo y no se comerá. 

20 Comed todo aquello que es limpio. 

21 Pero de carne mortecina no comáis nada : 
la darás al extranjero que se halla dentro de tus 
muros'' para que la coma, ó se la venderás : por 
cuanto tú eres un pueblo consagrado al Señor Dios 
tuyo. No cocerás el cabrito en la leche de su ma- 
dre 7. 



1 Especie de buitre de vista muy aguda. 

2 O garza 

3 O cigüeña. 

4 O cuervo nocturno. 

5 Véase Leyes. 

6 Y no profesa tu religión. 

7 O cuando aun maiua, porque parece una especie de 
crueldad. Véase Éxodo XXIII. ik 19. El texto hebreo 
Ij/TO P'iede también exponerse de la grosura ó sebo de 
la madre. Según Calraet debe entenderse esto de la víctima 
l)ascual; porque la ley permitía ofrecer animales al cabo de 
ocho dins de nacidos. Exod. XXII v. 30 — Lev. XXII 
r. '27. — Véase Leyea. 



70 LIBRO DEL DEUTERONOMlu. 

22 Cada año separarás el diezmo de todos los 
frutos que nacen en tus tierras : 

23 y comerás en la presencia del Señor Dios 
tuyo, en el lugar que escogiere para que sea in- 
vocado en él su nombre, el diezmo de tu trigo, y 
vino, y aceite, y los primerizos de tus vacas y ove- 
jas; áfin de que aprendas á temer á tu Señor Dios 
en todo tiempo. 

24 Mas cuando tuvieres que andar un largo ca- 
mino , por estar lejos el lugar que tu Señor Dios 
hubiere escocido, v hubiese echado Dios sobre tí 
Ó iu casa su bendición, de tal suerte que no pu- 
dieses llevar allá todas estas cosas , 

25 las venderás, y reducidas á dinero, le lleva- 
rás contigo, é irás al lugar que tu Señor Dios haya 
escogido : 

26 donde comprarás con aquel mismo dinero 
todo lo que te gustare, sea de vacas, ó sea de ove- 
jas, asi como también vino y sidra, y cuanto ape- 
tece tu alma ; y lo comerás delante del Señor 
Dios tuyo , y celebrarás un convite con tu fami- 
lia, 

27 y al levita que habita dentro de tus muros, 
mira no le abandones, porque no tiene otra parte 
en tu posesión. 

28 De tres en tres años separarás otro diezmo 
de todas las cosas que te han nacido en aquel tiem- 
po; y le depositarás en tu casa. 

29 Y vendrá el levita, que no tiene otra parte 
ni otra herencia entre vosotros, y el extranjero , y 



CAPÍTULO XV. 71 

el huérfano ', y la viuda, que habitan contigo den- 
tro de unos mismos muros , y comerán hasta sa- 
ciarse : para que tu Señor Dios te bendiga en todas 
las obras de tus manos. 

CAPITULO XV. 

Repite la ley de remisión imra el año séptimo , y otras de 
indulgencia y misericordia ¡Jara con eliirójimo. 

1 Al séptimo año ^ perdonarás las deudas ^; 

2 el cual perdón se hará de esta manera : Aquel 
á quien su amigo, ó prójimo y hermano suyo debe 
algo, no podrá demandárselo, porque es este el 
año de la remisión del Señor, 

3 Del forastero y advenedizo podrás exigir la 
deuda; pero no tienes facultad de obligar al veci- 
no y hermano tuyo á la paga ; 

4 y absolutamente no debe haber entre vosotros 
ningún menesteroso ni mendigo : para que tu Se- 
ñor Dios te bendiga en la tierra cuya posesión te 
ha de dar ^. 



1 Tob. I. V. 7. 

2 Al comenzar el año sabático, llamado asi por venir ca- 
da siete años , á semejanza del día de sábado cada siete 
dias, quedaban extinguidas las deudas cuando el deudor no 
podia pagarlas, aun los empréstitos, como se ve en el ver- 
so 9. Y era este un privilegio peculiar de la nación hebrea 
de que gozaban los convertidos al judaismo ; pero eran 
excluidos los extranjeros que moraban ó trataban con e- 
llos. 

3 A los que no pudieren pagar. 

4 Haced de manera que sean socorridos los que por cual- 



72 LIBRO DEL DEUTERONOMIO. 

5 Como escuches la voz del Señor Dios tujo, 
y observes todas las cosas que te he mandado, y 
las que yo te intimo ahora, él te bendecirá como 
lo tiene prometido '. 

6 Prestarás á muchas gentes, y tú no necesita- 
rás emjDréstito de nadie. Serás señor de muchísimas 
naciones ; y nadie tendrá sobre tí dominio. 

7 Si viniere á quedar pobre alguno de tus her- 
manos , que moran dentro de tus ciudades, en la 
tierra que tu Señor Dios te ha de dar, no endu- 
rezcas tu corazón , ni cierres para con él tu ma- 
no , 

8 sino ábrela , y préstale lo que vieres que él 
necesita. 

9 Cuidado que no te sorprenda el desapiadado 
pensamiento de decir en tu corazón : Se acerca 
el año séptimo de la remisión ; y apartes con eso 
los ojos de tu pobre hermano , rehusando darle 
prestado lo que pide : no sea que clame contra tí 
al Señor, y se te impute á pecado. 



quier incidente vinieren á padecer miseria. Toda la legisla- 
ción de Moyséstira á impedir que el pueblo sea devorado 
por los ricos; á quienes manda que con la abundancia de 
su caridad impidan que nadie se vea reducido á la men- 
diguez. 

1 Esto es, si eres fiel á Dios, y condonas las deudas al lle- 
gar el año séptimo, el cielo aumentará tus bienes, y no ne- 
cesitarás que nadie te preste; antes bien podrás tú ayudar 
cou préstamos graciosos aun al extranjero menesteroso. 
Algunos hebreos, entendiendo mal este texto , creian que 
la usura les era permitida con todos los extranjeros. 



CAPÍTULO XV. H'¿ 

10 Sino que le Jarás lo que pide : ni usarás de 
superchería, 7ii tnalicia alguna al aliviar sus nece- 
sidades : para que te bendiga el Señor Dios tuyo 
en todo tiempo , y en todas las cosas en que pu- 
sieres la mano. 

1 1 iS'o faltarán pobres en la tierra de tu rao- 
rada ; por tanto te mando que alargues la mano á 
tu hermano menesteroso, y pobre, que mora con- 
tigo en tu tierra. 

12 Cuando alguno de tus hermanos hebreo ó 
hebrea te fuere vendido, solo te servirá seis años, 
y al séptimo le dejarás ir libre ; 

13 y al que dieres libertad no le dejarás ir va- 
cío ; 

14 sino que le darás para pasar el camino algo 
de tus rebaños, de tu panera y de tu bodega , de 
los bienes con que el Señor Dios tuyo te ha ben- 
decido. 

15 Acuérdate que tú también fuiste esclavo en 
la tierra de Egypto , y que el Señor Dios tuyo te 
puso en libertad ; y por esto te doy yo ahora este 
mandamiento. 

16 Mas si tu siervo dijere : No quiero irme : 
por cuanto te ama á tí y á tu casa , y reconoce 
que le va bien contigo ; 

17 tomarás una lesna , y le horadarás la oreja 
en la puerta de tu casa , y te servirá para siem- 
pre '. Lo mismo harás con tu sierva ^. 

1 Hasta el año del jubileo. Exod. XXI. v. 6. 

2 Eu órdejí ú la provisión para el viage. 

1 



74 LIBRO DEL DEUTERONOMIO. 

18 No apártesele ellos tus ojos después de ha- 
berlos puesto en libertad '; pues que te han ser- 
vido seis años , como hubiera hecho un jornalero 
que gana su salario : atiéndelos pues para que tu 
Señor Dios te bendiga en todas las cosas que ha- 
gas. 

19 Consagrarás al Señor Dios tuyo todos los 
primerizos machos , que nacieren de tus vacas y 
ovejas. No pondrás al trabajo al primerizo de la 
vaca , ni esquilarás los primerizos de las ovejas ^. 

20 Todos los años los comerás en presencia del 
Señor Dios tuyo en compañía de tu famiha ^ , en 
el lugar que habrá escogido el Señor. 

21 Pero si el primerizo tuviere alguna tacha ó 
defecto legal,, si fuere cojo , ó ciego , ó disforme en 
alguna parte del cuerpo , ó estropeado , no será 
sacrificado al Señor Dios tuyo ; 

22 sino que le comerás dentro de tu ciudad : 
tanto el hombre limpio como el inmundo podrán 
comer igualmente de él , ni mas ni menos que de 
un corzo ó de un ciervo. 

23 Solo te guardarás de comer su sangre ; la 
cual has de derramar en el suelo como agua. 

1 Atiende á sus necesidades. 

2 Estando consagrados á Dios los primerizos de sus gana- 
dos, se les prohibe aquí, como cosa injusta, el sacar antes 
de ellos los provechos y ventajas posibles. 

3 Habla Moysés á los que tenian derecho de comerlos 
'Num. XVIII. V. 17. O tal vez esta ley se entiende única- 
mente de los animales primerizos destinados á los convites 
sagrados. Véase antes cap. XII. v, 17. 



75 



CAPÍTULO XVI. 



De las Ires fiestas solemnísimas de Pascua, de Pentecostés, 
y de los Tabernáculos. Sobre poner jueces rectos, y huir 
las ocasiones de idolatría ' . 

1 Ten cuidado con el mes de los nuevos frutos, 
que es al principio de la primavera, para celebrar 
en él la Pascua del Señor Dios tuyo : por cuanto 
en este mes te sacó de Egypto tu Señor Dios du- 
rante la noche ^. 

2 Y sacrificarás en la Pascua ' ovejas y bueyes 
al Señor Dios tuyo en el lugar que hubiere esco- 
gido el mismo Señor para establecer allí el culto 
de su Nombre. 

3 No comerás durante esta fiesta pan con leva- 

1 Año del Mundo 2553 : antes de Jesü-Christo 1451. 

2 Esto es, antes de amanecer. Puede decirse que hicie- 
ron su salida por la tarde, pues en ella se prepararon para 
la marcha, y comieron el corderro pascual : por la noche 
pues antes de amanecer ya les obligaban á salir los Egyp- 
cios en vista de la muerte de sus primogénitos; y última- 
mente, reunidos en Rameses, se pusieron en camino al salir 
el sol. Todas son partes de una misma acción. 

3 Por pascua entiende aqní Moysés todas las victimas 
pascuales; y en primer lugar el cordero, que era el sacri- 
ficio esencial, después las otras víctimas mandadas por 
Dios {Num. XXVIII. v. 19, 23.); y finalmente las vícti- 
mas pacíficas que en acción de gracias ofi-eciau muchos por 
devoción, durante los siete dias de la fiesta. De estas vic- 
timas pacíficas creen algunos que hablaban los judíos 
Joann. XV 1 11 v. 28. 



76 LIBRO DEL DEUTERONOMtO. 

dura : durante siete dias comerás pan ázymo, pan 
de aflicción ' ; porque con azoramiento saliste de 
Egypto : á fin de que te acuerdes del dia de tu sa- 
lida de Egypto todo el tiempo de tu vida. 

4 No aparecerá levadura en todos los términos 
de tu pais durante los siete dias , ni quedará nada 
de la carne de la victima inmolada en la tarde del 
primer dia , hasta otro dia por la mañana. 

5 No podrás sacrificar el cordero pascual en 
cualquiera de tus ciudades que te dará el Señor 
Dios tuyo ; 

6 sino solamente en el lugar que tu Señor Dios 
escogiere para establecer allí el culto de su Nom- 
bre : é inmolarás la Pascua por la tarde al ponerse 
el sol , y en el tiempo en que saliste de Egypto ^. 

7 Asi que aderezarás , y comerás el cordero 
pascual en el lugar que tu Señor Dios eligiere; y á 
la mañana, levantándote, podrás volverte á tu casa. 

8 Seis dias comerás panes sin levadura , y el 
dia se'ptimo por ser la solemne reunión ' en honor 
del Señor Dios tuyo , no trabajarás. 

9 Contarás siete semanas , comenzando desde 
el dia en que metieres la hoz en las mieses ^ ; 

10 y celebrarás la fiesta de las Siete Semanas 

1 Como que es menos sabroso. 

2 Esto es, en el mismo dia y mes del año. 

3 Colectas se llamaban al principio de la Iglesia las jun- 
tas solemnes de los fieles: y aun se llaman colectas las ora- 
ciones que se dicen en la misa, congregado el pueblo, 

4 Que será al otro dia de la Pascua. 



CAPITULO XVI. 77 

O de Pentecostés , al Señor Dios tujo, con la obla- 
ción voluntaria (\e\ fruto de tus manos, que ofrecerás 
conforme á la bendición recibida de Dios tu Señor. 

1 1 Y en su presencia celebrarás banquetes tú , 
tu hijo , y tu hija , tu siervo , y tu sierva , y el 
levita que reside en tu ciudad , el extranjero y el 
huérfano y la viuda que moran entre vosotros : 
todo en el lugar que tu Señor Dios señalare para 
establecer allí su culto ó Tabernáculo. 

12 Y acordándote que fuiste esclavo en Egypto, 
observarás y harás lo que queda ordenado. 

13 Celebrarás también la solemnlcbd de los Ta- 
bernáculos por siete dias , después de recogidos 
los frutos de la era y del lagar ; 

14 y en esta festividad celebrarás banquetes tú, 
tu hijo é hija, tu esclavo y esclava , como tam- 
bién el levita y el extranjero , el huérfano , y la 
viuda que viven dentro de tus ciudades. 

15 Siete dias celebrarás fiesta al Señor Dios 
tuyo en el lugar que hnbiere escogido ; y con eso 
tu Señor Dios echará la bendición sobre todas tus 
cosechas, y sobre todas las obras de tus manos , 
y estarás alegre. 

16 Tres veces al año se presentarán todos tus 
varones ante el Señor Dios t\r¡jo , en el lugar que 
señalare : en la fiesta de los Azyraos, en la fiesta de 
las Semanas ó Pentecostés , y en la fiesta de los 
Tabernáculos. Nadie comparecerá con las manos 
vacías delante del Señor : 

17 sino que cada uno ofrecerá á proporción de 



•JS LIBRO DEL DEUTERONOMIO. 

lo que tuviere , á medida de la bendición que su 
Señor Dios le habrá dado. 

18 Constituirás jueces y magistrados en todas 
las ciudades , que el Señor Dios tuyo te diere en 
cada una de tus tribus : para que juzguen al pue- 
blo con juicio recto ; 

19 sin inclinarse mas á una parte que á otra. 
No serás aceptador de personas , ni de dádivas ; 
porque las dádivas ciegan los ojos de los sabios , 
y pervierten los dictámenes de los justos. 

20 Administrarás la justicia con rectitud , para 
que vivas y poseas la tierra que te dará el Señor 
Dios tuyo. 

21 No plantarás bosquetes ni árbol ninguno 
cerca del altar del Señor Dios tuyo '. 

22 No te fabricarás ni erigirás estatua ; porque 
tu Señor Dios aborrece todas estas cosas. 



CAPÍTULO XVII. 



Subre el castigo de la idolatría : consultar á los sacerdotes ; 
y elección y condiciones de un rey. 

1 No sacrificarás á tu Señor Dios oveja ó buey 
que tenga tacha ó algún vicio : por ser esto abo- 
minable delante del Señor Dios tuyo. 

2 En el caso que se hallaren en tu pais dentro 
de alguna de tus ciudades que Dios tu Señor té 
dará , hombre ó muger que cometan la maldad 

1 Seguu estilo de los idólatras. 



CAPÍTULO XVII. 79 

en presencia del Señor Dios tuyo , de quebrantar 
su pacto , 

3 yéndose á servir y adorar á dioses ágenos , 
al sol^ y á la luna, y á todas las estrellas del 
cielo , contraviniendo al mandamiento mió ; 

4 y eso te fuere denunciado ; si después de 
haber tenido el aviso hicieres diligentes pesqui- 
sas , y hallares ser cierto que tal abominación se 
ha cometido en Israel , 

5 sacarás al hombre y á la muger , que come- 
tieren tan enorme pecado , á la puerta de tu ciu- 
dad ' , y serán muertos á pedradas. 

6 Por deposición de dos ó tres testigos perde- 
rá la vida el que es digno de muerte. Ninguno 
será condenado á muerte por el dicho de un solo 
testigo contra él. 

7 La mano de los testigos será la primera en 
tirar piedras para matarle , y después todo el 
pueblo acabará de apedrearle : á fin de expeler 
al malo de en medio de tí. 

8 Si estando pendiente ante tí una causa , ha- 



1 Donde está el tribunal. Habia en cada ciudad uu sij- 
nedrio ó consejo de veinte y tres jueces, y de tres en las 
pequeñas poblaciones, compuesto de sacerdotes, levitas, 
y hebreos nobles, ricos y sabios, libres de toda mancha de 
cuerpo y espíritu. Para las sentencias de muerte debían 
juntarse todos; pero bastaban tres paralas causas pecunia- 
ras y negocios de menos consecuencia. Fleuri, Costum- 
bres^ etc. n. 26. Las sentencias de muerte se ejecutaban 
fuera de la ciudad. — Véase Juicio . 



80 LIBRO DEL DEUTERONOMIO. 

llares ser difícil y dudoso el discernimiento entre 
sangre y sangre, entre pleito y pleito, entre 
lepra y lepra ' , y vieres que son varios los pare- 
ceres de los jueces que tienes en tu ciudad, mar- 
cha y acude al lugar que habrá escogido el Señor 
Dios tuyo , 

9 donde recurrirás á los sacerdotes del linage 
íevítico , V al que como Sumo sacerdote fuere en 
aquel tiempo juez supremo del pueblo ^ ; y los 
consultarás , y te manifestarán como has de juz- 
gar según verdad. 

10 Y harás todo lo que te dijeren los que pre- 
siden en el lugar escogido por el Señor, y lo que 
te enseñaren 

1 1 conforme á su ley , y seguirás la declara- 
ción de ellos , sin desviarte á la diestra ni á la 
siniestra. 

12 Mas quien se ensoberbeciere , y no qui- 
siere obedecer la determinación del Sacerdote 
que por aquel tiempo es ministro del Señor Dios 
tuyo, ni al decreto del juez , ese tal será muerto: 
con lo que arrancarás el mal de en medio de 
Israel : 

13 y todo el pueblo al oírlo temerá ^ para que 
en adelante ninguno se hinche de soberbia. 



1 Esto es, en materias criminales, ó civiles, ó del cul- 
to. 

2 Y presidente del sanedrín. — Véase Concilio. 



CAPÍTULO XVIÍ. 81 

14 Cuantío hubieres entrado en la tierra que te 
dará el Señor Dios tuyo , y poseídola y habitado 
en ella, y dijeres' : Yo quiero poner sobre mí 
un Rey , ^ como le tienen todas las naciones co- 
marcanas : 

15 pondrás á aquel que tu Señor Dios señalare 
de entre tus hermanos. JNo podrás alzar por rey 
á hombre de otra nación , y que no sea hermano 
tuyo. 

16 Una vez que fuere establecido , no ha de 
reunir muchos cp.ballos ^ , ni engreido con su nu- 
merosa caballería , hará volver el pueblo á Egyp- 

1 Como yo sé que dirás. 

2 Moysés predice que llegaría tiempo en qne querrían 
tener un rey que los gobernara, como tenían otrars na- 
ciones. Así se verificó con ofensa del Señor : quien no obs- 
tante condescendió con las instancias del pueblo, como se 
lee I. Reg. F//. r. 7. Supuesta la mudanza de gobierno, se 
establecen condiciones que ha de observar el futuro 
Rey. 

3 En la tierra de Chánaan y países vecinos eran raros los 
caballos, y acostumbraban valerse de asnos, que se cria- 
ban allí muy corpulentos y robustos; y por esto es tan fre- 
cuente, aun hablando de hombres ricos, como los Patriar- 
cas, etc., la expresión aparejó su asno^ etc. No quiso el 
Señor que los Reyes enviasen á buscar caballos á Egyp- 
to , para que no viniesen de allí los desarreglos y supers- 
ticiones idolátricas. En esto faltó Salomón : asi como 
en el excesivo número de mugeres que tomó, cuando la 
poligamia era permitida en términos justos y moderados. 
III. Reg. X. r. 29. Otros traducen : no sea que engreido 
con su numerosa caballería haga volver , efe. 



^2 LIBRO DEL DEUTERONOMIO. 

to , mayormente teniéndoos mandado el Señor 
no v^olver jamas por aquel camino. 

17 No tendrá número excesivo de mugeres , 
que con halagos se enseñoreen de su corazón , 
ni tesoros inmensos de oro y plata. 

18 Luego que se hubiere sentado en su Real 
solio , escribirá para su uso en un volumen este 
Deuteronomio ó recopilación de la Ley , copiándole 
del ejemplar original que le darán los sacerdotes 
de la tribu de Leví ; 

19 y le tendrá consigo , leyendo en él todos los 
días de su vida, para que aprenda el temor del 
Señor su Dios , y á guardar sus mandamientos y 
ceremonias prescritas en la Ley ; 

20 y para que su corazón no se ensoberbezca 
sobre sus hermanos , ni decline á la diestra , ni á 
la siniestra de la Ley del Señor ; á fin de que reine 
largo tiempo , asi él como sus hijos , sobre Israel. 



* 



CAPÍTULO XVllI. 



>v. 



Derechos de los sacerdotes y levitas. Prohibición de toda 
suerte de supersticiones . Promesa del Mesías : y como 
se ha de discernir el profeta verdadero del falso. 

1 Los sacerdotes y levitas , y cuantos son de 
esta tribu , no tendrán parte ni herencia entre los 
demás hijos de Israel ; porque se han de susten- 
tar de los sacrificios del Señor y de sus ofrendas ; 

2 y asi ninguna otra cosa recibirán de lo que 



CAPITULO XVIIÍ. 83 

poseen sus hermanos ; por cuanto el Señor mismo 
es su herencia , como se lo tiene dicho. 

3 He aquí lo que los sacerdotes tendrán derecho 
de tomar del pueblo , y de los que ofrecen vícti- 
mas : Ya sacrifiquen buey , ya oveja , darán al 
sacerdote la espalda y el vientre : 

4 también le darán las primicias del grano, del 
vino y del aceite , y parte de las lanas en el es- 
quileo de sus ovejas. 

5 Porque el Señor Dios tuyo le escogió á él de 
todas tus tribus , para que asista y sirva al culto 
Divino perpetuamente , asi él como sus hijos. 

6 Si saliere un levita de una de tus ciudades 
esparcidas por todo Israel, donde mora, y sm estar 
de turno quisiere venir por devoción al lugar esco- 
gido por el Señor , 

7 ejercerá su ministerio en nombre del Señor 
Dios tuyo , como todos los levitas sus hermanos , 
que en aquella sazón estarán de servicio en la pre- 
sencia del Señor. 

8 Recibirá la misma porción de alimentos que 
los otros, ademas de lo que le es debido en su pa- 
tria por razón de su patrimonio. 

9 Cuando hubieres entrado en la tierra que tu 
Señor Dios te dará , guárdate de querer imitar 
las abominaciones de aquellas gentes. 

10 No se vea en tu pais quien purifique á su 
hijo ó hija , pasándolos por el fuego ' ; ni quien 

1 Esta especie de purificación ó expiación era muy co- 



84 LIBRO DEL DEUTERONOMIO. 

consulte adivinos, y haga caso de sueños y de 
agüeros : no haya hechicero , 

11 ni encantador, ni quien pida consejo á los 
que tienen espíritu pythónico , y á los astrólogos , 
ni quien intente averiguar por medio de los di- 
funtos la verdad. 

12 Porque todas estas cosas las abomina el Se- 
ñor : y por haber cometido semejantes malda- 
des aquellos pueblos, acabará con ellos á tu entra- 
da. 

13 Tú has de ser perfecto y sin mácula para 
con el Señor Dios tuyo '. 

1 4 Esas gentes , cuya tierra tú has de poseer , 
dan crédito á los agoreros y adivinos ; pero tú 
has sido educado diversamente por el Señor Dios 
tuyo. 

15 Tu Señor Dios te suscitará un Profeta ^ 
de tu nación y de entre tus hermanos como yo. A 
él oirás, 



raiin entre los chánaneos, phenicios y otros pueblos : los 
cuales solían algunas veces quemar vivos á sus hijos en ho- 
nor de sus ídolos. Véase Lev. XX. v. 2. y siguientes. — Je- 
rem. XIX. v. 5, 6. — Ezech. XXIII. v. 37 , 38. — Ps, 
CV. V. 37, 38. 

1 Huyendo de toda superstición. 

2 Desde este verso 15 al 20 se habla literalmente del 
Christo ó Mesías ; y este era el común sentir de la Syna- 
goga en tiempo de JesuChristo ; como se ve en los discur- 
sos del apóstol San Pedro y San Esteban, Act.III. v. 22, 
y VIL V. 37. y Joann. I. v. 45. — 17. v. 14. 



CAPÍTULO XVIII. 85 

16 conforme se lo pediste al Señor Dios tuyo 
en Horeb , cuando se juntó todo el pueblo , dicien- 
do : No oiga yo otra vez la voz del Señor Dios 
mió, ni vea mas este fuego espantoso , porque no 
muera ' . 

17 A lo que me contestó el Señor : En todo 
lo que ha dicho ha hablado bien ese pueblo. 

18 Yo le suscitaré un profeta de en medio do 
sus hermanos semejante á tí ^ , y pondio mis pala- 
bras en su boca, y les hablará todo lo que yo le 
mandare. 

19 Mas el que no quisiere escuchar las pala- 
bras que hablará en mi nombre , experimentará 
mi venganza. 

20 Pero si un profeta , corrompido por la so- 
berbia , emprendiere hablar en mi nombre lo que 
yo no le mandé decir , ó hablare en nombre de 
dioses ajenos , será castiírado de muerte. 

21 Y si tú allá en tu interior replicares : ¿Cómo 
puedo yo discernir cuál es la palabra que no ha 
hablado DlosíZe la que realmenic me ha dicho'? 

22 tendrás esto por señal : Silo que aquel pro- 
feta hubiere vaticinado en el nombre del Señor , 

1 Exod. XX. V. 21. 

2 Será como Yo, ó semejante á mí. A el. III. i\ 22. Es- 
to es, .será Legislador como yo, aunque de niia ley niiichu 
nías perfecta. Caudillo de un nuevo pueblo. Mediador entre 
Dios y los hombres, y obrador de prodigios, etc. A él has 
(leoir. A este lup;ar alude lo que se dice Matih. XVII ,;. 
5, y Jva>i7i. VI V. 14, 

8 



86 LIBRO DEL DEÜTERONOMIO. 

lio se verificare ; esto no lo habló el Señor , sino 
que se lo forjó el profeta por la soberbia de su 
espíritu , y por lo mismo no le temas , ni res- 
petes. 

CAPITULO XIX. 

Ciudades de refugio. Leyes sobre el homicidio involuntario 
y voluntaño., y de la pena del Talion. 

1 Cuando el Señor Dios tuvo hubiere destruido 
las naciones , cuya tierra te ha de dar , y tú la 
poseyeres, y habitares en sus ciudades y casas, 

2 separarás tres ciudades ' en medio del pais , 
cuya posesión te dará el Señor tu Dios ; 

3 allanando con cuidado el camino , y dividien- 
do en tres partes iguales toda la extensión de tu 
tierra , á fin de que asi ^ tenga lugar cercano á 
donde poder refugiarse quien anda huido por ra- 
zón de homicidio involuntario. 

4 Esta será la ley ó calidad del homicida fugi- 
tivo , cuya vida debe salvarse : El que hiriere á 
su prójimo , sin advertirlo , y de quien no consta 
que tuviese el dia antes ó el otro mas allá ningún 
rencor contra él ; 

5 sino que de buena fe salló , por ejemplo , con 
él al bosque á cortar leña , y al tiempo de cor- 

1 Ya Moysés había señalado tres ciudades de refugio en 
los países conquistados. Cap. IV, v. 43. — Ntmi. XXXV. 
V. 11. 

2 Puesta una ciudad en níedio de cada parte. 



capítulo XIX. 87 

tuna, se le fue el hacha de la mano , y saltando 
el hierro del manoro hirió v mató á su amio^o : este 
tal se refugiará en una de las sobredichas ciudades, 
Y salvará la vida : 

6 no sea que arrebatado de dolor algún parien- 
te de aquel, cuya sangre fue derramada, le per- 
siga y prenda si el camino es muy largo , y le 
quite la vida , no siendo reo de muerte ; puesto 
que no se prueba que hubiese antes tenido odio 
alguno contra el muerto. 

7 Por eso te mando yo que repartas las tres 
ciudades á ¡guales distancias entre sí. 

8 Pero en ensanchando el Señor Dios tuyo tus 
términos, como lo tiene jurado á tus padres, y en 
dándote toda la tierra que les prometió , 

9 (con la condición de que guardes sus manda- 
mientos , y hagas lo que hoy te intimo , esto es , 
que ames á tu Señor üios, y sigas sus caminos 
en todo tiempo) añadirás otras tres ciudades ' á 
las sobrediclias , dupUcando asi el número de ciu- 
dades de refugio : 

10 á fin de que no se derrame sangre inocente 
en medio de la tierra , cuya posesión te dará el 



1 No se verificó el señalar estas otras tres ciudades ; 
porque los Judíos no cumplieron la condición. Asi es que, 
aunque en tiempo de Daxid y Salomón se extendió su do- 
minio hasta el Euphrafes, quedaron siempre en los países 
conquistados los mismos moradores; y el derecho del asiln 
era solamente para los Hebreos. 



88 LIBRO DEL DEUTERONOMIO. 

Señor Dios tuyo ; ni tú seas reo de este derrama- 
miento. 

1 1 Mas si alguno por el odio que tiene á su pró- 
jimo armare asechanzas á su vida, y arremetiendo 
contraté} le hiriere y matare, huyéndose después 
á una de las ciudades sobredichas : 

12 los Ancianos de la ciudad de él enviarán á 
sacarle del lugar del asilo , y prendiéndole le en- 
tregarán en mano del pariente del muerto ' , y se 
le quitará la vida. 

13 No tendrás lástima de él; y con eso quita- 
rás de en medio de Israel el crimen cometido por 
la efusión de sangre inocente; á fin de que te vaya 
prósperam^ente. 

14 No te apropiarás, ni traspasarás los lindes 
de tu prójimo , que fijaron los mayores en tu he- 
redad , que te dará el Señor tu Dios en la tierra 
de que has de tomar posesión =*. 

15 No bastará para condenar á nadie un solo 
testigo , cualquiera que sea el pecado y el crimen; 
sino que todo se decidirá por deposición de dos ó 
tres testigos. 

16 Si un testigo falso depone contra un hom- 
bre , acusándole de prevaricación , 

IV comparecerán los dos, cuya causa se trata, 
ante el Señor en presencia de los sacerdotes y 
jueces que fueren en aquellos dias. 

1 Después de juzgado reo. 

2 Entiéndese de los términos que dividían una tribu de 
otra y también los de las posesiones de cada familia. 



CAPITULO XX. 89 

18 Y si después de una exacta pesquisa, halla- 
ren que el testigo falso lia dicho mentira contra 
su hermano , 

19 le impondrán la pena que él intentó hacer 
caer sobre su hermano , y asi arrancarás el mal 
de en medio del pueblo : 

20 para que oyéndolo los demás entren en te- 
mor, y de ningún modo osen hacer tales cosas. 

21 No te compadecerás de él; sino que le ha- 
rás pagar vida por vida , ojo por ojo , diente por 
diente , mano por mano , pie por pie '. 

CAPÍTULO XX. 

Leyes de la guerra. Orden de exíenninar á los Cháñameos. 

1 Cuando saUeres á la guerra contra tus ene- 
migos , y vieres su caballería y carros , y hallares 
que su ejército es mas numeroso que el tuyo , no 
los temas ; pues el Señor tu Dios , que te sacó de 
la tierra de Egypto , está contigo. 

2 Al acercarse ya la hora del combate se pon- 
drá el sacerdote ó pontijicek la cabeza del ejército, 
y hablará al pueblo de esta manera : 

'- 3 Escucha, oh Israel: vosotros entráis hoy en 
batalla contra vuestros enemigos ; no desmaye 
vuestro corazón , no os intimidéis , no volváis pies 
atrás , no los temáis : 

4 porque el Señor Dios vuestro está en medio 



1 O luia pena proporcionada siempre al delito. 



90 LIBRO DEL DEUTERONOMIÜ. 

de vosotros , y peleará por vosotros ' contra los 
enemigos para libraros del peligro. 

5 Los capitanes asimismo á la frente de sus res- 
pectivos escuadrones gritarán, de modo que todos 
los oigan : ¿ Hay alguno que ha edificado casa 
nueva, y no la haya estrenado todavía ? Vayase, y 
vuélvase á su casa; no sea que muera en la ba- 
talla , y otro la estrene. 

6 ¿ Hay alguno que haya plantado una viña , y 
todavía no ha podido disfrutar de ella " ? Vayase , 
y vuélvase á su casa ; no sea que muera en la 
guerra , y la disfrute otro. 

7 ¿ Hay alguno que tenga muger apalabrada , 
y aun no la ha tomado ? Vayase , y vuélvase á su 
éasa ; no sea que muera en el combate ^ y la tome 
otro. 



1 Los Setenta Intérpretes traducen 2üVfX'7ro\É/>t»tVei u'yuív 
peleará con vosotros; dando á entender que ellos habían de 
hacer por su parte lo que debían : lo que se ha de tener 
presente en nuestros combates espirituales^ cuando implo- 
ramos el auxilio de Dios. ■S'. Aug. Qaast. XXX. iii Deu- 
ter. 

2 Et necdum fecil cam esse communem. Asi traduce la 
Viilgata. Los Setenta Kaí ««ücp/)ítv3"« í'| ¿vt?; y no se ha 
alegrarlo de ella, ó comido alegremente de sus frutos ; por 
cuya razón traducimos nosotros : no ha podido disfrutar 
de ella. Véase Levil. XIX. v- 25, y XXV. v. 3, donde se 
lee que en los tres primeros años no se recogía ningún fruto-" 
en el cuarto se consagraban al Señor como primicias, y en 
el quinto era ya para su dueño y usos comunes cuanto pro- 
ducía la viña. 



CAPÍTULO XX. 91 

8 Dicho esto, añadirán aun , y dirán al pueblo : 
¿ Qué hoiübrc hay aquí medroso y de corazón 
apocado? Vayase, y vuélvase á su casa, porque 
no comunique á sus hermanos el miedo de que él 
está poseido. 

9 En callando los capitanes del ejército, con- 
cluida su amonestación , cada cual ordenará sus 
escuadrones para la batalla. 

10 En el caso de acercarte á sitiar una ciudad , 
ante todas cosas le ofrecerás la paz : 

11 si la aceptare y te abriere las puertas , todo 
el pueblo , que hubiere en ella , será salvo y te 
quedará sujeto , y será tributario tuyo. 

12 Mas si no quiere rendirse , y empieza con- 
tra tí las hostilidades, la batirás ; 

13 y cuando el Señor Dios tuyo la hubiere en- 
tregado en tus manos , pasarás á cuchillo á todos 
los varones de armas tomar que hay en ella : 

14 mas no harás daño á las mugeres , ni á los 
niños , bestias y demás cosas que hubiere en la 
ciudad. Repartirás entre la tropa todo el botín , 
y comerás de los despojos de tus enemigos , que 
tu Señor Dios te habrá dado. 

15 Asi harás con todas las ciudades , que están 
muy distantes de tí , y no son de aquellas de que 
has de tomar posesión. 

16 Porque en las ciudades , que se te darán en 
la tic^^'a prometida , no dejarás alma viviente ; 

17 sino que á todos sin distinción los pasarás 



92 LIliRO DEL DEUTERONOMIO. 

á cuchillo ' : es á saber, al Hetheo y al Amorrheo, 
y al Chánaneo y al Plierezeo , y al Heveo y al 
Jebuseo , como el Señor tu Dios te tiene man- 
dado : 

18 para que no os enseñen á cometer todas las 
abominaciones que han usado ellos con sus dioses, 
y ofendáis á Dios vuestro Señor. 

19 Cuando sitiares una ciudad por mucho tiem- 
po , y la cercares con trincheras para tomarla, no 
has de cortar los árboles frutales , ni talar á gol- 
pes de hacha las arboledas del contorno ; pues 
leños son , y no hombres que puedan aumentar 
contra tí el número de combatientes. 

20 Si hay árboles que no dan fruta, sino que 
son silvestres y propios para otros usos , córtalos 
y forma de ellos máquinas , hasta tomar la ciudad 
que se resiste contra tí. 

CAPITULO XXI. 

Leyes sobre el homicidio ociillo : sobre la muger cautiva . 
sobre el primogénito, y el hijo incorregible; y sóbrelos 
cadáveres de los ajusticiados. 

I Cuando en la tierra , que tu Señor Dios te 



1 Sin duda es justo, dice S. Agustín ( Quísst. X. vi 
Josué ), este género de guerra que manda el Señor, eu 
quien no cabe iniquidad, y que sabe lo que á cada uno se 
ha de guardar. Eu seuiejaute ocasión el ejército solamente 
era ministro y ejecutor de Dios,que quería castigar las mal* 
dades y abominable idolatría de aquellas naciones. 



CAPÍTULO XXI. 93 

ha de dar , se hallare un cadáver de un hombre 
asesinado , sin que se sepa quien le mató , 

2 saldrán los Ancianos , y Jueces , y medirán 
las distancias de todas las ciudades comarcanas 
desde el lugar del cadáver ; 

3 y los Ancianos de aquella ciudad que se hu- 
biere averiguado estar mas cercana que las otras, 
tomarán de la vacada una ternera que no haya 
traido yugo , ni arado la tierra ; 

4 y la conducirán á un valle erial y peñascoso , 
que nunca haya sido labrado ni sembrado , y le 
cortarán allí el pescuezo '. 

5 Entonces se acercarán los sacerdotes hijos de 
Le vi , elegidos por el Señor tu Dios para que sean 
ministros suyos , y den la bendición en su nombre, 
y por sentencia de ellos se decida todo negocio , 
y lo que es limpio ó inmundo : 

6 y los Ancianos de dicha ciudad irán donde 
está el cuerpo muerto, y lavarán sus manos sobre 
la ternera que fue degollada en el valle , 

7 y dirán ^ : Nuestras manos no han derra- 
mado esta sangre -. ni nuestros ojos lo han visto : 

8 Sé propicio , oh Señor, á tu pueblo de Is- 
rael , á quien rescataste , y no le imputes la san- 
gre inocente derramada en medio de él ^. Con lo 

1 Ens<»ñal del castigo del homicida. — Toda esta cere- 
monia era para inspirar horror al homicidio, y servia mu- 
chas veces para descubrir el reo. 

2 En testimonio de su inocencia, — V^éase Manos. 

3 Léase lo que dijo Jesu-Christo en la cruz : Padre, 



§4 LIBRO DEL DEUTERONOMIO. 

que no recaerá sobre ellos el reato del homicidio. 

9 Y tú no quedarás responsable de esta efusión 
de sangre inocente , habiendo hecho lo mandado 
por el Señor. 

10 Si saliendo á pelear contra tus enemigos, el 
Señor Dios tuyo los entregare en tus manos , y 
los cautivares, 

11 y vieres entre los cautivos una muger her- 
mosa ' , y enamorado de ella deseares tenerla por 
muger, 

12 la introducirás en tu casa ; y se raerá el 
cabello , y cortará las uñas ^ ; 

13 y dejará el vestido con que fue hecha pri- 
sionera , y quedándose de asiento en tu casa , 
llorará un mes á su padre y á su madre : después 
de esto te juntarás con ella, y tú serás su marido, 
y ella será muger tuya. 

14 Si andando el tiempo te desagradare , la 
despacharás libre ' : no podrás venderla por di- 



perdónalos, ao les imputes mi mueíte porque no saben lo 
giie hacen ; y las palabras de San Esteban Act. I. 

1 Esta permisión concedida á los Judíos , era una ex- 
cepción de la ley que les prohibía tomar mugeres extranje- 
ras; pero debe entenderse en el caso preciso de que abra- 
zasen la religión judaica. 

2 Como en tiempo de luto. En algunos parages de Amé- 
rica, China y otros países usan aun las mugeres el dejarse 
crecer las uñas como adorno ; y á veces las tifien de color 
de jiúrpura, etc. 

3 Era una especie de repudio, que se permitía á un pue- 



CAPÍTULO XXI. 95 

ñero , ni oprimirla con tiranía , ya que la desflo- 
raste. 

15 Si un lionfibre tuviere dos mug-eres , una 
amada y otra desamada , y le parieren hijos ; y 
el hijo de la desamada fuere el prlmog-énito : 

16 al tratar de repartir su hacienda entre los 
hijos , no podrá hacer mayorazgo al hijo de la 
querida , prefiriéndole al hijo de la malquista , ó 
menos amada ; 

17 sino que ha de reconocer por primogénito 
al hijo de la malquista, y le dará de todos sus ha- 
beres porción doble ' : porque siendo el pri- 
mero de sus hijos , á él le toca el mayorazgo ^. 

18 Si un hombre tuviere un hijo rebelde y 
desvergonzado , que no atiende á lo que mandan 
el padre y la madre , y castigado se resiste con 
desprecio á obedecer, 

19 préndanle , y llévenle ante los Ancianos de 
su ciudad , y á la puerta donde está el juzgado , 

20 y les dirán ^ : Este hijo nuestro es proter- 
vo y rebelde : hace befa de nuestras reprensiones: 



blo de dura cerviz, para impedir mayores males; especial- 
mente tratándose de una muger extranjera. 

1 La porción doble era uuo de los derechos del primo- 
génito. — Véase Primogénito. 

2 Gen. XLIX.v. 3— I. Par. V. v. 1. 

3 Debian convenir en la acusación y llevar al hijo á los 
jueces el padre y la madre; pues no parece posible que 
ambos conviniesen en usar de tanto rigor contra el hijo, sin 
que él hubiese llegado al colmo de la maldad. 



96 LIBRO DEL DEUTERONOMIO, 

pasa la vida en merendonas y en disoluciones y 
convites. 

21 Entonces 5 dada la seyítcncia , morirá ape- 
dreado por el pueblo de la ciudad : para que ar- 
ranquéis el escándalo de en medio de vosotros , 
y todo Israel oyéndolo , tiemble. 

22 Cuando un hombre cometiere delito de 
muerte , y sentenciado á morir fuere colgado en 
un patíbulo , 

23 no permanecerá colgado su cadáver en el 
madero ' ; sino que dentro del mismo dia será se- 
pultado : porque es maldito de Dios el que está 
colgado del madero ; y tú por ningún aconteci- 
miento has de manchar tu tierra , cuya posesión el 
Señor tu Dios te hubiere dado. 

CAPITULO XXII. 

Varias leyes sobre la caridad con eljjrójimo, y buen gobier- 
no en las familias. 

1 Cuando veas que un buey , ó una oveja de 
tu prójimo andan perdidos, no te pasarás de lar- 
go , sino que los conducirás á tu hermano ^. 

1 Quería Dios qne á los mayores delincuentes y tiial va- 
dos se les negase la tierra aun para morir ; como pai-a que 
no la contaminasen ; y por la misma razón después se man- 
daba quitar sus cadáveres de la vista de los hombres. iWa/- 
í/i7o í/e /)í05 significa en este lugar odioso, execrable, ele. 
Jesu-Christo ( como dice el Apóstol Gal, III. v. 13. } 
nos libró de la maldición de la ley, cargándose él mismo 
sobre si la maldicihn del pecado. 

2 Exod. XXIII. V. 4. 



CAPÍTULO XXII, 97 

2 Si dicho tu hermano ' no es vecino tuyo, ni 
le conoces , los recogerás en tu casa , y detendrás 
contigo mientras tu hermano los busca y los re- 
cobra. 

3 Lo mismo harás con un asno , y con la ropa , 
y cualquiera otra cosa que hubiere perdido tu 
hermano : si la hallares , no la dejes abandonada 
por ser cosa agena. 

4 Si vieres un asno ó un buey de tu prójimo 
caidos en el camino , no pasarás sin hacer caso : 
sino que le ayudarás á levantarlos. 

5 La muger no se vista de hombre , ni el hom- 
bre se vista de muger ^ ; por ser abominable de- 
lante de Dios quien tal hace. 

6 Si yendo por un camino encontrares algún 
nido de pájaros en un árbol ó en el suelo , y á la 
madre cobijando los pollitos ó los huevos , no la 
cogerás con los hijos , 

7 sino que la dejarás que se vaya , contentán- 
dote con llevar los hijos ; para que ' te vaya bien 
á tí y vivas largo tiempo. 

8 Cuando edificares casa nueva , harás al re- 



1 Véase Hermano. 

2 Son evidentes los desórdenes que nacen de tales dis- 
fraces ; y parece que se dirige también esta prohibición á 
precayer los abominables pecados de que se habla Lev. 
XVII. v.^.— XX. r. 10. 

3 Acostumbrándote á la piedad, la uses con tus hermanos 
— Véase Leyes. 

ToM. m. 9 



98 LTBKO DEL DEÜTERONOMIO. 

dedor del terrado ' un pretil , para que no se der- 
rame sangre en tu casa, y no seas culpable de la 
caída ó precipicio de otro. 

9 No sembrarás en tu viña diversas simientes : 
porque asi la simiente que sembraste , como los 
frutos que nacen de la viña , no quede todo in- 
mundo con la mezcla ^ 

10 No ararás con yunta de buey, y asno. 

11 No te vestirás ropa entretejida de lana y 
lino ' 

12 Pondrás á los cuatro cabos del manto o ca- 



1 Los tejados de las casas en la Judéa solían ser como 
nnos terrados. Véase Matth. X. v. 27, — Véase Tejado. 

2 Los frutos de las viñas nuevas se consideraban in- 
mundos en los tres primeros años , como se ha dicho 
c. XX. v. 6. Otros frutos se ofrecían el primer año que se 
sembraban ; y asi esta mezcla los hacia á todos como in- 
mundos. Véase Bendición. Algunos ci'een que el Señor en 
este lugar atendió á poner freno á la codicia de los hom- 
bres. — Véase Leijes. 

3 En todo amarás la sencillez Lecciones esta muy sig- 
nificativa del cuidado que debe poner el magistrado y 
todo superior en repartir proporcionalmente las cargas del 
Estado. Ya por la desigualdad de fuerzas, ya por ser mas 
baja la estatura del asno, sobre este recaería todo el peso 
del arado. Véase II. Cor. VI. ü. 14. — Véase Levit. Cap. 
XIX. V. 19. Todo esto parece ordenado por Dios para que 
aborreciesen toda mezcla adulterina, como dice Theodoreto, 
ya de la carne, ya del espíritu , y fuese como símbolo de la 
sencillez y simplicidad en el vestido y en las demás cosas, 
— Véase Leyes. 



CAPÍTULO XXII. 99 

pa , con que te cubres , unos coriluncillos ó Jiecoa 
en las franjas ' 

13 Si ün hombre se casare con una muger , y 
ílespues disgustado de ella 

14 buscare pretextos para repudiarla , infamán- 
dola , y diciendo : Yo tomé á esta por muger, y 
juntándome con ella , no la he hallado virgen : 

15 el padre y la madre de ella la tomarán , y 
presentarán las señales de la virginidad de su hi- 
ja ^ en el tribunal de los Ancianos á la puerta de la 
ciudad ; 

16 y dirá el padre : Yo entregue á este hom- 
bre mi hija por muger; y porque la tiene oje- 
riza , 

17 le imputa un delito muy feo , diciendo j ISo 
he hallado>írgen á tu hija. Pues ved aquí las se- 
ñales de la virginidad de mi hija ; y desplegarán 
la ropa delante de los Ancianos de la ciudad. 

18 Y prenderán estos al marido , si es culpable, 
y le azotarán ' , 

19 multándole ademas en cien sidos de plata, 
que dará al padre de la muchacha, por haber infa- 
mado gravísimamente á una virgen de Israel : y la 



1 Num. XV. V. 38. 

2 Las señales de la virginidad que dio su hija cuando el 
marido la conoció, y que ella ó sus padres tuvieron cuidado 
de guardar para uu caso semejante. 

3 Érala pona mayor dcsi)uc,s de la de muerte. Se da- 
ban trienta y nueve azotes , como se ve II. Cor. XI. 
V. 24, 



100 LIBRO DEL DEüTERONOMIO. 

retendrá por muger ; ni podrá repudiarla en to- 
dos los dias de su vida. 

20 Mas si es verdad lo que le iníiputa , y la 
muchacha no fue hallada vírg-en , 

21 la echarán fuera de la casa de su padre , y 
morirá apedreada por los vecinos de aquella ciu- 
dad , por haber hecho tan detestable cosa en Is- 
rael , pecando ó prostituyéndose en casa de su mis- 
mo padre ; y con esto quitarás el escándalo de en 
medio de tu pueblo. 

22 Si un hombre pecare con la muger de otro, 
ambos á dos morirán , adúltero y adídtera , y 
quitaras el escándalo de Israel '. 

23 Si un hombre se desposó con una doncella, 
virgen ^ , y otro solicitándola dentro de la ciudad 
durmiere con ella , 

24 sacarás á entrambos á la puerta de la ciu- 
dad , y morirán apedreados : la doncella, poique 
no gritó , estando como estaba en la ciudad ; y el 
hombre porque deshonró á la muger de su pró- 
jimo : con lo que quitarás el escándalo de en me- 
dio de tí. 

25 Pero si el hombre halla en el campo á la 



1 Levit. XX. V. 10. 

2 Entre los Hebreos la doncella que habia coutiaido 
esponsales , permanecía largo tiempo en casa de sus padres^ 
antes de pasar ala de su esposOjylas faltas que cometia 
este tiempo eran castigadas como adulterio. — Véase Ma- 
trimonio, 



CAPÍTULO XXIII. 101 

doncella desposada , y la fuerza , él solo ha de 
morir : 

26 la doncella ninguna pena sufrirá , ni es cul- 
pada de muerte , porque asi como un salteador se 
arroja sobre su hermano y le quita la vida , de la 
misma manera fue asaltada la doncella : 

27 estaba sola en el campo, dio voces, y no 
pareció ninguno que la valiese. 

28 Si un hombre hallare á una doncella virgen 
que no está desposada, y forzándola la desflora, 
y se pone la cosa en tela de juicio , 

29 dará el agresor al padre de la doncella cin- 
cuenta sidos de plata ' , y la tomará por muger , 
porque la desfloró : ni podrá repudiarla en todos 
los dias de su vida. 

30 Ningún hombre tomará por muger á la de 
su padre , ni le hará este desacato. 

CAPITULO XXIII. 

Varias leyes de policía sobre exclusión de la syiiagoga : pro- 
hibición de la usura, y sobre cumplimiento de votos. 

1 El eunuco ^ , cuyas partes han sido majadas, 
cercenadas ó cortadas , no entrará en la iglesia ó 
pueblo del Señor '. 

1 Esto es, anos cuatrocientos reales vellón, — Véase 
Sido. Exod. XXII. V. 16. 

2 Ley hecha en odio de tan bárbara costumbre. 

3 No será reputado como israelita, ni podrá gozar de to- 
dos los derechos y privilegios de ciudadano. Estos eunucos 



102 LIBRO DEL DEUTEROISOMIO. 

2 Tampoco el bastardo , esto es , el nacido de 
muger prostituta ' , podrá entrar en la iglesia del 
Señor, hasta la décima generación. 

3 Los ammonitas y los moabitas no entrarán 
jamas en la iglesia del Señor , ni aun después de 
la decima generación ^ : 

4 porque no quisieron socorreros en el viage , 
negándoos el pan y el agua cuando salisteis de 
Egypto, y porque sobornaron contra tí á Balaam, 
hijo de Beor , de la Mesopotaraia de Syria , para 
que te maldijese : 

5 aunque no quiso el Señor Dios tuyo oir á Ba- 
laam ; antes porque te amaba, convirtió su maldi- 
ción en bendición tuya *, 

G Con estos pueblos no harás paz ; ni les pro- 
curarás bienes jamas , en todos los dias de tu vi- 
da «. 

no se excluyen de la religión hebrea , á la cual podían con- 
vertirse, como los mismos ammonitas, moabitas, los bastar- 
dos, etc. , sino del goce de los privilegios exteriores de los 
ciudadanos israelitas descendientes de los Patriarcas. 

1 El traductor de la Vulgata añadió la explicación de 
la voz hebrea mamzer, esjmreo, para denotar que solamen- 
te se habla de los bastardos extranjeros. 

2 Nehem. XIII. v.l. No comprendía esta ley á las mu- 
geres; las cuales no ejercían los oficios públicos, ni asistían 
á las juntas del pueblo, etc. 

3 Num. XXII. V. 5. -- Josué XXIV. v. 9. 

4 Este precepto se dirige al pueblo hebreo en general ; 
y asidlos Setenta traducen '^ou TtpO'jeiyopíJrctS í/pv£X<t' 
</üToif, Xítí cuvcpipovTc/L AVTits ; no harás ti alados de j^az, 
7ii de comercio con ellos, 



CAPÍTULO XXIII. 103 

7 No tendrás en abominación al idumeo , pues 
que es hermano tuyo '; ni al egypcio, pues fuiste 
peregrino en su tierra ^. 

8 Los descendientes de estos entrarán á la ter- 
cera generación en la iglesia ó pueblo del Señor. 

9 Cuando salieres á campaña contra tus enemi- 
gos , te guardarás de toda acción mala. 

10 Si hubiere alguno entre vosotros que se ha- 
ya hecho inmundo á causa de algún sueño noctur- 
no , saldrá fuera del campamento , 

11 y no volverá hasta que por la tarde se haya 
lavado con agua , y puesto el sol regresará á los 
reales. 

12 Señalarás un lugar fuera del campamen- 
to , á donde vayas á hacer tus necesidades natu- 
rales , 

13 llevando un palo puntiagudo en el cinto , con 
el cual harás un hoyo , cubriendo después con la 
tierra sacada el excremento ^ 

14 Porque el Señor Dios tuyo anda en medio 
del campamento para librarte, y entregar en tus 
manos á los enemigos ; y asi tus reales deben es- 



1 Descendientes de Esaú. 

2 Y Jacob y sus hijos fueron bien acogidos. 

3 Véase Leyes. Esta ley de policía era necesaria^ en paí- 
ses cálidos , para el ejército cuando estaba acampado : la 
vemos en varios pueblos del Mediodía, Solamente una refi- 
nada malicia ó estolidez podrá creer que se habla de todo 
el pueblo de Israel, 



104 LIBRO DEL DEUTERONOMIO. 

tar limpios , y no se debe ver en ellos cosa sucia , 
porque el Señor no te abandone. 

15 No entregarás á su dueño el esclavo que á 
tí se acogiere '. 

16 Habitará contigo en el lugar que gustare, y 
vivirá tranquilo en una de tus ciudades ; sin que le 
inquietes. 

17 No haya entre las hijas de Israel ninguna 
ramera ; ni hombre fornicador ^ entre los hijos de 
Israel. 

18 No ofrecerás en la casa de tu Señor Dios 
para cumplir cualquier voto que hayas hecho , la 
paga de la prostitución , ni el precio del perro ' , 
por ser uno y otro abominable en la presencia del 
Señor Dios tuyo. 

19 No prestarás á usura á tu hermano ni dine- 
ro , ni granos _, ni otra cualquier cosa ; 

20 sino solamente á los extranjeros '*. Mas á tu 

1 Por hallarse maltratado de su amo, ó por querer abra- 
zar tu religión. 

2 Aquí se ve una expresa prohibición de la simple forni- 
cación : Ecce , dice San Agustiu, ubi manifesté prohibuit 
fornicari et viros etfeminas. — Véase Fornicación. 

3 Los gentiles vecinos á los hebreos, solian consagrar á 
sus ídolos una parte de sus abominables ganancias. Por 
perro entienden aquí algunos doctos intérpretes al que se 
prostituía públicamente á un infame comercio , como los 
perros. 

4 Permitió Dios que el pueblo hebreo prestara con usura 
á aquellos pueblos que debía exterminar por orden del 
Señor. Asi S. Ambrosio ( Lib. de Tobid c. XV), dice : 2'o- 



CAPÍTULO XXIII. 105 

hermano le has de prestar sin usura lo que nece- 
sita : para que te bendiga el Señor Dios tuyo en 
todo cuanto pusieres mano en la tierra que vas á 
poseer. 

21 Cuando hicieres algún voto al Señor Dios 
tuyo, no retardarás el cumplirle ; porque tu Señor 
Dios te lo demandará : y si lo retardares , te será 
imputado á pecado. 

22 Si no llegares á prometer ó hacer el voto, no 
habrá en tí culpa. 

23 Pero lo que una vez salió de tus labios , lo 
has de cumplir y ejecutar como lo prometiste al 
Señor Dios tuyo ; puesto que de tu propia volun- 
tad lo has hecho , y con tu misma boca lo has pro- 
nunciado. 

24 Si entrares en la viña de tu prójimo, come 
cuantas uvas quisieres ; mas no te lleves ningunas. 

25 Si entras en el sembrado de tu amigo ó pró- 
jimo , podrás cortar espigas y desgranarlas con la 
mano ; mas no echar en ellas la hoz. 



ma pues la usura únicamente de aquel á quien te sea licito 
matar sin cometer pecado. De un modo semejante permi- 
tió antes á su pueblo, cuando salla de Egypto, el apoderarse 
de los bienes de los egypcios : permitió dar libelo de re- 
pudio, tener muchas raugeres, etc. Todo lo cual es ahora 
ilícito. 



106 LIBRO DEL DEUTí;RONOMIO. 



CAPITULO XXIV. 

Leyes acerca del repudio, y oirás de humanidad con los 
deudores pobres, los extranjeros, los huérfanos y las viu- 
das. 

1 Si un hombre toma una muger, y después de 
haber cohabitado con ella , viniere á ser mal vista 
de él por algún vicio notable \ hará una escritura 
de repudio ^, y la pondrá en mano de la mug-er, y 
la despedirá de su casa '. 

2 Si después de haber salido toma otro ma- 
rido , 

3 y este también concibiere aversión á ella, y la 



1 De alma ó de cuerpo. 

2 De estas palabras infieren algunos expositores que 
Moysés toleró el divorcio únicamente por razón de adulte- 
rio, ú otras causas de que pudiese provenir daño á los hijos 
ó infamia al marido : como por ejemplo si la muger se ca- 
bria de lepra, ó padecia otro mal pegadizo, si se dejaba to- 
mar del vino, etc. Y aunque la adúltera tenia la pena de 
morir apedreada, si constaba el delito {Levit. XX. v. 10.), 
y si era solamente sospechado, se averiguaba con las aguas 
de los zelos {Nu7n. V. v. 27.) ; tal vez podía el marido ó 
por compasión ú otros motivos apartarse de su rauger , 
sin acusarla en juicio : como sucedió en los zelos de San 
Joseph , cuando el misterio de la Encarnación del Hijo de 
Dios : No queriendo infamarla, ó delatarla ( como traducen 
otros), pensó dejarla ocultamente, Malih. I. v. 19. — Véase 
Mat7'imo7iio. 

3 Mailh. V. V. 32. - XIX. v.6.— Maro. X. v. 4. 



CAPÍTULO XXIV. 107 

diere escritura de repudio , y la despidiere de su 
casa , ó bien si él viene á morir ; 

4 no podrá el primer marido volverla á tomar 
por muger ' ; pues quedó amancillada , y hecha 
abominable delante del Señor ^ : no sufras que con 
un tal pecado sea contaminada la tierra , cuya po- 
sesión te ha de dar el Señor Dios tuyo. 

5 Cuando un hombre acaba de casarse , no ha 
de ir á la guerra , ni se le impondrá cargo pú- 
blico ; sino que se le permitirá emplearse entera- 
mente en atender á su casa, y pasar un año en 
imz y alegría con su esposa. 

6 No tomarás en prenda muela de molino^, sea 
la de arriba ó la de abajo ; porque el que eso te 
ofrece, te empeña lo necesario para su propria vida*. 

ft. — __ ^ . — ... — ... ■ ... . . — ■ — ■ . ..-■ ■ 

1 En estas palabras parece insinuarse que la tolerancia 
del repudio, y aun el nuevo matrimonio después del repu- 
dio, es un mal que se permite para impedir otros mayores, 
atendida la dureza del pueblo hebreo. Añádase á esto que 
Dios prohibió á sus sacerdotes el casarse con muger repu- 
diada^ ( Lev. XXI. V. 7. ), con lo que resplandece mas la 
santidad y justicia de la Ley Evangélica, en la cual el ma- 
trimonio se considera , como al principio del mundo , un 
vínculo indisoluble formado por Dios , independiente de la 
veleidad y capricho del hombre. 

2 Por haber tomado otro marido viviendo el primero. 

3 No habiendo entonces molinos de agua ni de viento , 
se servían dentro de casa de un molino de mano; á cuyo 
trabajo destinaban á los esclavos ó mas bajos criados. Moy- 
sés prohibe aquí que se tomen en prenda las cosas necesa- 
rías para los usos de la vida. Menoch. 

4 O el medio que tiene para_susteütarla. 



108 LIBRO DEL DEUTERONOMIO. 

7 Si fuere cogido un hombre que sonsacando á 
su hermano de entre los hijos de Israel , le haja 
vendido como esclavo y recibido el precio , será 
castigado de muerte , y con eso desterrarás la 
maldad de en medio de tu pueblo. 

8 Guárdate bien de incurrir ó de tnerecer la 
plaga ó azote de la lepra ; á cuyo fin has de hacer 
todo lo que te enseñaren los sacerdotes del linage 
de Leví , conforme á lo que les tengo mandado , y 
ejecútalo puntualmente. 

9 Acordaos de lo que hizo el Señor Dios vuestro 
con María en el viage , después que salisteis de 
Egypto'. 

10 Cuando vayas á cobrar de tu prójimo alguna 
deuda, no entres en su casa para tomarle prenda ; 

11 sino que te quedarás afuera., y él te sacará 
lo que tuviere ^. 

12 Mas si es pobre, no pernoctará la prenda en 
tu casa^ : 

13 sino que se la restituirás antes que se ponga 
el sol , para que durmiendo en su ropa , te ben- 
diga , y tengas mérito delante del Señor Dios 
tuyo. 

1 Num. XII. V. 10. 

2 Exod. XXII. V. 26. 

3 Supuesto que sea una cosa de que necesite mucho, co- 
mo ropa para defenderse del frió , ó algún instrumento 
del oficio conque se gana la vida. Asi el acreedor ejercitaba 
la misericordia, y el deudor tenia un continuo recuerdo de 
la deuda que debia pagar. 8. Aug. Qiicest. XLI. in Deut. 



CAPITULO XXIV. 109 

14 No negarás el jornal á tu hermano meneste- 
roso y pobre , ó al forastero que mora contigo en 
la tierra y dentro de tus ciudades ; 

15 sino que le pagarás en el mismo dia antes de 
ponerse el sol el salario de su trabajo ' ; porque es 
un pobre y con eso sustenta su vida : no sea que 
clame contra tí al Señor, y se te impute á pe- 
cado. 

16 No se hará morir á los padres por los hijos, 
ni á los hijos por sus padres , sino que cada uno 
morirá por su pecado ^. 

17 No harás injusticia al extranjero, ni al huér- 
fano , ni tomarás á la viuda su ropa en prendas. 

18 Acuérdate que fuiste esclavo en Egypto, y 
que el Señor Dios tuyo te libertó de allí. Por cuya 
razón te mando que hagas esto : 

19 Cuando segares las mieses en tu campo , y 
por descuido dejares una gavilla , no vuelvas atrás 
á cogerla : sino que la dejarás para que se la lleve 
el forastero , el huérfano y la viuda : para que el 
Señor tu Dios te bendiga en todas las obras de tus 
manos. 

20 Cuando cojas las aceitunas , no vuelvas á re- 

• 1 Lev. XIX V. 13.— Tobice. IV. v. 15. 

2 IV. Reg. XIV. v. 6.— II. Paral. XXV. v. 4.— Ezech, 
XVIII. v. 20. — Habla esta ley con los jaeces. Pero Dios, 
arbitro supremo de la vida y de la muerte, cuyos juicios son 
para nosotros incomprensibles, castiga á veces en los hijos 
los delitos de sus padres, como se ve en la descendencia de 
Saúl. Véase Exod. XX. v. 5. Véase Justicia. 

10 



HO LIBRO DEL DEUTERüNOMIO. 

coger las que quedaren en los árboles , sino que 
las has de dejar para el forastero , el huérfano y la 
viuda. 

21 Cuando vendliiilares tu viña, no has de re- 
buscar los racimos que quedan ; sino que cederán 
en utilidad del forastero , del huérfano y de la 
viuda. 

22 Acuérdate que tú también fuiste esclavo en 
tierra de Eg3^pto , y por lo mismo te mando yo 
que hagas esto. 

CAPÍTULO XXV. 

Leyes para la recta administración de justicia : para que 
el hermano se case con la viuda de su hermano : para 
que las medidas sean justas; y para que sean exterminados 
los amalecitas. 

1 Si hubiere pleito entre algunos, y recurrieren 
á los jueces , adjudicarán estos la palma de la jus- 
ticia al que conocieren claramente que la merece ; 
y al que vieren que es impío ó injusto , le conde- 
narán por la impiedad ó injusticia, 

2 Que si juzgaren ser el delincuente merecedor 
de azotes , le mandarán tender en el suelo , y le 
harán azotar en su presencia. A medida del delito 
será también el número de azotes ; 

3 con tal que no pasen de cuarenta ' : á fin de 
que tu hermano no salga á tu vista ignominiosa- 
mente llagado. 

1 II. Cor. XI. V. 24. 



CAPITULO XXV. 111 

4 No pondrás bozal al buey que trilla tus mieses 
en la era '. 

5 Si vivieren juntos dos hermanos^, y uno de 
ellos muriere sin hijos , la muger del difunto no 
se casará con ningún otro que con el hermano de 
su marido', el cual la tomará por muger, y dará 
succesion á su hermano ; 

6 y al primogénito que de ella tuviere , le pon- 
drá el nombre del otro hermano "• ó será reputado 



1 I. Cor. I Y. V. 9. —I. Thnolh. V. v. 18. — Quiere 
Dios que los mismos animales que ayudan al hombre en sus 
fatigas, tengan alguna parte en el fruto de ellas; pero en es- 
ta lección de humanidad, el principal objeto que tuvo Dios 
fueron los hombres que sirven á otros, y singularmente los 
destinados á anunciarles la Divina palabra, como observa 
San Pablo I. Cor. IX. v. 7, 8, 9. — Véase Leyes. 

2 En una misma ciudad ó pais. 

3 Esta ley es una excepción de la que prohibe los matri- 
nionios entre cuñados Lev. XVIIL v. 16. Y aunque al 
principio se entendía solamente de aquellos hermanos que 
vivian dentro de una misma casa; el uso la extendió des- 
pués á todos los parientes, en falta de hermanos, como ha- 
bitasen en la Judéa. Véase el libro de Ruth cap. TV. Al- 
gunos opinan que después de la cautividad de Babylonia, 
confundidas ya las posesiones y heredades de las familias, 
cesó esta ley; cuyo objeto era la conservación y distinción 
de las familias, de las tribus, y de las posesiones que per- 
teneciau á cada una. 

4 Esto es , será conocido y reputado por hijo legal del 
difunto, y heredero de sus bienes y derechos; no que preci- 
samente haya de llevar el mismo nombre. Asi el hijo pri- 
mogénito de Booz y de líuth fue llamado Obcd ; mas fue 



112 LIBRO DEL DEUTERONOMIO. 

poi' hijo de él ^ k fin de que no se borre su nombre 
en Israel '. 

7 Mas si no quisiere recibir por muger á la de 
su hermano, que por ley debe ser suya , irá dicha 
muger á la puerta de la ciudad, donde está el juz- 
gado ^ y querellándose á los Ancianos, dirá: El 
hermano de mi marido no quiere resucitar el 
nombre de su hermano en Israel , ni tomarme 
por muger "". 

8 Al punto le harán citar y le examinarán. Si 
respondiere : No quiero tomarla por muger; 

9 entonces se llegará á él la muger en presencia 
de los Ancianos , y le quitará del pie el calzado ', 
y le escupirá en el rostro , diciendo : Asi se ha de 
tratar á un hombre que no hace revivir el nombre 
de su hermano. 

10 Y su casa será llamada en Israel ^ casa del 
Descalzado. 



conocido y tenido por hijo y heredero de Mahalon primer 
marido de Ruth. 

1 Matth. XXII. V, 24.— Marc. XII. v. 19.— Luc. XX. 
V.28. 

2 Ruth IV. V. 5. 

3 Parece que este era un acto de desprecio ; y como el 
andar descalzos era propio de los esclavos, quitar á uno 
el calzado era como declararle indigno de tener lugar en- 
tre los hombres libres. Lo que se conñrma con la otra cere- 
monia de escupirle en la cara. Nutn. XII. v. 14. — Isai. 
L. V. 6 — Matth. XXVI v. 67, el XXVIL v. 30. 

4 Por apodo ignominioso , ó en memoria de acción tan 
fea. 



CAPÍTULO XXV. 113 

1 1 Si riñeren entre sí dos hombres , y el uno 
empezare á luchar con el otro , y queriendo la 
muger del uno librar á su marido de las manos 
del mas fuerte , metiere la mano , y le agarrare 
por sus vergüenzas ' , 

12 liarás cortar la mano de la muger , sin mo- 
verte á compasión alguna por ella. 

13 No tendrás en tu bolsa diferentes pesas , 
unas mayores , y otras menores ó defectuosas : 

14 ni habrá en tu casa modio ^ mayor y menor , 

15 tu peso será justo y fiel ^ y el modio cabal y 
entero ; para que vivas largo tiempo en la tierra, 
que el Señor Dios tuyo te dará : 

16 pues tu Señor Dios abomina de aquel que 
hace tales cosas ; y aborrece toda injusticia. 

17 Acuérdate de lo que hizo contigo Amalee en 
el viage , cuando saliste de Egypto ' ; 

18 como te asaltó , acuchillando á los últimos 
de tu ejército , que cansados se quedaban atrás : 
estando tú muerto de hambre y de trabajos , y no 
tuvo temor de Dios. 

19 Luego pues que el Señor Dios tuyo te diere 
reposo , y te sujetare todas las naciones del con- 
torno en la tierra que te ha prometido , raerás el 
nombre de Amalee de debajo del cielo. Mira que 
no lo olvides. 



1 En países cálidos la gente pobre va casi desnuda. 

2 Véase Modio. 

3 Exod.XVU.v.h. 



114 LIBRO DEL DLUTERONOMIO. 

CAPITULO XXVI. 

A quienes y cómo debe hacerse la ofrenda de los diezmos y 
primicias de los frutos : y que' diezmos se han de reservar 
para los pobres. 

1 Cuando hubieres entrado en la tierra, cuya 
posesión te ha de dar el Señor Dios tuyo , y ob- 
tenídola , y habitares ya en ella , 

2 separarás las primicias de todas tus cosechas, 
y las meterás en una banasta ' , é irás al lugar que 
el Señor Dios tuyo hubiere escogido para esta- 
blecer allí su culto , 

3 y te presentarás al sacerdote que fuere por 
entonces , y le dirás : Yo confieso en este dia de- 
lante del Señor Dios tuyo , que he entrado en la 
tierra que juró á nuestros padres que nos daria. 

4 Entonces el sacerdote recibiendo la banasta 
de tu mano , la pondrá delante del altar del Señor 
Dios tuyo , 

5 y tú dirás en presencia del Señor tu Dios ; 
Laban el syro procuraba destruir ^ á mi padre 
Jacob ; el cual descendió después á Egypto , y es- 
tuvo allí como extranjero con poquísimas perso- 
nas ; mas luego creció hasta formar una nación 
grande y robusta , y de infinita gente. 

1 San Gerónimo conservó la voz griega K<t/)TaX\of que 
usaron los Setenta intérpretes, para denotar la figura par- 
ticular del canasto angosto por abajo. 

2 Laban es llamado syro, porque era de Mesopotauíia 
de Syria. Gen. XVIIL XXX. XXKI. 



CAPÍTULO XXVI. 115 

6 Pero los egypclos ' nos oprimieron y persi- 
guieron , imponiéndonos cargas pesadísimas : 

7 por lo que clamamos al Señor Dios de nues- 
tros padres ; el cual nos oyó , y volvió los ojos 
para mirar nuestro abatimiento , y nuestros traba- 
jos y angustias ; 

8 y nos sacó de Egypto con mano fuerte , y 
brazo poderoso , con gran terror , y con señales 
y portentos , 

9 y nos introdujo en este país , entregándonos 
esta, fértilísima tierra que mana leche y miel. 

10 Y por eso ofrezco ahora - las primicias de 
los frutos de la tierra que me dio el Señor. Dicho 
esto las dejarás en la presencia del Señor Dios 
^"yo ; y después de haber adorado á tu Señor 
Dios, 

1 1 celebrarás un banquete comiendo de todos 
los bienes que te hubiere dado el Señor Dios tuyo 
á tí y á tu familia , tú y el levita , y el forastero 
que está contigo. 

12 Cuando hubieres completado, ó acabado de 
dar el diezmo de todos tus frutos, darás, cada tres 
años , el diezmo peculiar al levita y al forastero , y 
al hue'rfano y ala viuda, para que coman y se sa- 
cien dentro de tus ciudades ' : 

13 y dirás en presencia del Señor Dios tuyo : 

1 Recelosos de nuestra prosperidad. 

2 Eu señal de reconocimiento. 

3 Véase cap. XIV, v. 28. 



116 LIBRO DEL DEUTERONOMIO." 

Yo he tomado de mi casa lo que fue consagrado ' 
al Señor , y dádolo al levita y al forastero , y al 
huérfano y á la viuda , como me tienes mandado : 
no he traspasado tus mandamientos , ni olvidádo- 
me de tus preceptos : 

14 nada he comido de estas cosas ^ en mis lu- 
tos, ni las separé en ocasión de alguna inmundi- 
cia ^, ni he empleado nada de ellas en funerales'^. 
He obedecido á la voz del Señor Dios mió, y lo 
he ejecutado todo como me mandaste. 

15 Vuelve los ojos desde tu Santuario, y desde 
la excelsa morada de los cielos ^, y echa la bendi- 
ción sobre tu pueblo de Israel , y sobre la tierra 
que nos has dado, conforme juraste á nuestros pa- 
dres , tierra que mana leche y miel. 

16 Hoy te ha mandado el Señor tu Dios que 
observes estos mandamientos y leyes ; y que los 
guardes y cumplas con todo tu corazón y toda tu 
alma. 

17 Tú, renovando la alianza, has elegido hoy 
al Señor para que sea tu Dios , y tú sigas sus ca- 

1 Nótese la energía con que se llama consagrada, á Dios 
la parte de los diezmos destinada á los pobres : cuya re- 
tención seria ya una especie de sacrilegio. 

2 Cap. XIV. V. 29. Todas estas décimas las he dadoá 
los pobres según la orden de Dios. Los idólatras al tiempo 
de la siega celebraban fiestas, y pompas fúnebres en ho- 
nor de Osiris, Isis, Adonis, etc. 

3 O para usos profanos, ni estando yo inmundo. 

4 Como hacen los idólatras 

5 i.v. LXm. V. 15.— Barudu U. v. 16. 



CAPÍTULO XXVI 1, 117 

minos, y practiques sus ceremonias y preceptos y 
leyes, y obedezcas á su imperio. 

IS Y asimismo el Señor te ha escogido hoy nue- 
vamente para que seas un pueblo peculiar suyo 
(como te lo tiene dicho), y guardes todos sus man- 
damientos ; 

19 y él, para loor y nombradla^ y gloria suya, 
te haga la nación mas ilustre de cuantas naciones 
ha criado , y seas el pueblo santo del Señor Dios 
tuyo ' , conforme lo tiene prometido. 

CAPÍTULO XX Vil. 

Ordena Moysén alpueblo que pasado el Jordán erija un aliar 
de piedra; y que en las piedras se escriban los mandamien- 
tos de la ley. Rito para bendecir a los que los observen, y 
para maldecir á los íransgresores . 

1 Y Moysés con los Ancianos de Israel, ordenó 
al pueblo , diciendo : Guarda todos los manda- 
mientos que te intimo hoy. 

2 Y pasado que hubieres el Jordán , y entrado 
en la tierra que te dará tu Señor Dios , erigirás 
unas grandes piedras que alisarás , ó encosirards 
con cal, 

3 á fin de poder escribir en ellas todas las pa- 
labras de esta ley ' , pasado que hayas el Jordán 

1 Todas estas palabras eran principalmente una profe- 
ría que hablaba del pueblo Cristiano. Rom. IX. v. 24. 

2 El Deuteronomio : esto es , un compendio de la ley; ó 



118 LIBRO DEL DEUTERONOMIO. 

para entrar en la tierra que te dará el Señor Dios 
tuyo , tierra que mana leche y miel , conforme lo 
tiene jurado á tus padres. 

4 Cuando pues hubiereis pasado elJordan, eri- 
gid las piedras que hoy os mando en el monte 
Hebal, alisándolas con ima capa de cal. 

5 Y levantarás también allí un ahar al Señor tu 
Dios, de piedras que no haya tocado el hierro , 

6 de piedras toscas y sin labrar, y ofrecerás 
encima de ellas holocaustos al Señor Dios tuyo, 

7 y sacrificarás hostias pacíficas , de que come- 
rás allí, celebrando un banquete en presencia del 
Señor tu Dios. 

8 Y escribirás en dichas piedras todas las pala- 
bras de esta Ley, con distinción y claridad. 

9 Dijeron ademas Moysés y los sacerdotes del 
linage de Le vi á todo Israel : Atiende y escucha, 
oh Israel : Hoy has sido constituido pueblo del 
Señor Dios tuyo : 

10 escucharás pues su voz , y ejecutarás sus 
mandamientos , y leyes que yo te intimo. 

11 En aquel dia Moysés dio esta orden al pue- 
blo , diciendo : 

12 Pasado que hayáis el Jordán, se pondrán 
Simeón, Leví, Judá, íssachár, Joseph, y Benja- 



los preceptos del Decálogo, como opinan algunos Exposi- 
tores ; ó quiza las bendiciones y maldiciones pronunciadas 
desde sobre los montes Hebal y (jariziiu. Yéasc Juaué l^III. 
V. 30, 32. — Josepho Aniiq. IV. c, 8 



CAPÍTULO XXVII. llí) 

mili ', sobre el monte Garizim ', para bendecir al 
pueblo ; 

13 y en frente de ellos, en el monte Hebal , 
estarán para pronunciar las maldiciones Rubén ' , 
Gad, Aser '^, Zabulón % Dan, y Nepblbalí. 

14 Y entonarán los levitas, y dirán en altavoz 
á todos los varones de Israel : 

15 Maldito sea el bombre que bace imagen , n 
Ídolo de talla , ó de fundición , obra de mano de 
artífices, abominada del Señor, y la coloca en lu- 
gar oculto ^ ; y todo el pueblo responderá dicien- 
do : Amen. 

16 Maldito sea el que no bonra á su padre y á 
su madre ; y responderá todo el pueblo : Amen. 

17 Maldito el que traspasa los linderos de la 
heredad de su prójimo ; y responderá todo el pue- 
blo : Amen. 



1 Hijos todos de Lia y de Rachél. 

2 Garizim y Hebal eran dos puntas de un mismo monte. 
Los sacerdotes con el Arca y muchos levitas estaban en el 
valle intermedio ; y volviéndose á las seis primeras tribus, 
pronunciaban una bendición : v. g. Bendito sea el que no se 
hace ningún ídolo, etc. , y las seis tribus que estaban en 
Garizim respondían Amen. Las otras seis tribus respondían 
á las maldiciones. 

3 El cual por su feo delito había perdido sus derechos 
de primogénito. 

4 Hijos de las esclavas. 

5 Ultimo hijo de Lia. 

6 Para darle culto privadamente. 



120 LIBRO ÜEL DEUTERONOMIO. 

18 iMaklito el que hace errar al ciego en el ca- 
mino ' ; y responderá todo el pueblo : Amen. 

19 Maldito el que tuerce la justicia ó el derecho 
del extranjero , del huérfano, Y de la viuda; y 
responderá todo el pueblo : Amen. 

20 Maldito el que duerme con la muger de su 
padre , y deshonra asi su tálamo ; y responderá 
todo el pueblo : Amen. 

21 Maldito el que peca con cualquier bestia que 
sea; y responderá todo el pueblo : Amen. 

22 Maldito el que duerme con su hermana, hija 
de su padre, ó de su madre ; y dirá todo el pue- 
blo : Amen. 

23 Maldito el que duerme con su suegra; y 
dirá todo el pueblo : Amen. 

24 Maldito el que matare, ó dañare gravemente 
á traición á su prójimo ; y dirá todo el pueblo : 
Amen. 

25 Maldito el que recibe regalos para derra- 
mar la sangre inocente ; y dirá todo el pueblo : 
Amen. 

26 Maldito el que no persevera en la fiel obser- 
vancia de todas las palabras de esta Ley , ni las 
pone por obra; y dirá todo el pueblo : Amen. 

1 Ademas del sentido natural mas obvio, se entiende de 
aquellos que dan malos consejos á otros, les enseñan malas 
doctrinas, ó escandalizan con malos ejemplos. 



Vil 



CAPÍTULO XXVÜI. 

B?ndicio7ies prometidas á los que observen fielmente la Ley; 
y malíliciones fulminadas contra sus transcjresores. 

1 Pero si oyeres la voz del Señor tu Dios , 
practicando y guardando todos sus mandamientos, 
que yo te intimo boy, el Señor Dios tuyo te en- 
salzará sobre todas las naciones que pueblan la 
tierra. 

2 Y vendrán sobre tí y te alcanzarán todas es- 
tas bendiciones , con tal que obedezcas sus pre- 
ceptos '. 

3 Bendito serás en la ciudad , y bendito en el 
campo. 

4 Bendito el fruto de tu vientre ^ , y benditos 
los frutos de tu tierra , y benditas las crias de tus 
jumentos , las majadas de tus vacas , y los apris- 
cos de tus ovejas. 

5 Benditos tus graneros , y benditos los re- 
puestos de tus frutos. 

G Bendito serás en todas tus acciones desde el 
principio hasta el fin. 

7 El Señor pondrá derribados á tus pies los 

1 Lev. XXVI. 

2 Esto es, los que de tí nacerán. A este lugar parece 
que aludió santa Isabel cuando dijo ú la virgen María : Ben- 
dito el fruto de tu vientre. Liic. I. v, 42., y entonces tuvo el 
lleno de su cumplimiento. 

U 



1"2'2 LIBRO DEL DEUTERONO.MIO. 

enemigos que se levantaren contra lí : por un ca- 
mino vendrán á acometerte , y por siete huirán 
•le tu vista '. 

8 Echará el Señor su bendición sobre tus firra- 
ñeros , y sobre todo aquello en que pongas tu 
mano ; y te bendecirá en la tierra que de él ha- 
brás recibido. 

9 El Señor te constituirá por pueblo santo suyo, 
conforme te lo ha jurado ; con tal que observes 
los mandamientos de tu Señor Dios , y sigas sus 
caminos : 

10 y verán todos los pueblos de la tierra que 
eres llamado con verdad Pueblo de Dios : y te 
respetarán. 

11 El Señor te colmará de todos los bienes, 
multiplicando el fruto de tu vientre, el fruto de 
tus ganados , y el fruto de tu tierra ; la cual pro- 
metió el Señor con juramento á tus padres que 
te Li daría. 

12 Abrirá el Señor su tesoro riquísimo , á sa- 
ber, el cielo , para dar las lluvias á tu tierra en 
sus tiempos , y echará la bendición sobre todas las 
obras de tus manos. De suerte que tu prestarás á 
muchas gentes , y de nadie tomarás prestado. 

13 El Señor te pondrá siempre á la cabeza de 
os pueblos , y no detras de ellos, y estarás siempre 
encima , y no debajo ; con tal empero que obe- 



1 No habrá caminos bastantes para huir de tu vista. 
— Véase Siete. 



CAPITULO XXVllI. 123 

dezcas los mandamientos del Señor Dios tuyo, que 
te prescribo yo en este dia , y los guardes y 
cumplas , 

14 sin desviarte de ellos ni á la diestra ni á la 
siniestra , y no sigas ni adores dioses ágenos. 

15 Pero si no quisieres escuchar la voz de tu 
Señor Dios , observando y practicando todos sus 
mandamientos y las ceremonias que hoy te pres- 
cribo, vendrán sobre tí, y te alcanzarán todas 
estas maldiciones. 

16 Maldito serás en la ciudad , y maldito en el 
campo. 

17 Maldito tu granero , y malditos tus repues- 
tos de frutos. 

18 Maldito el fruto de tu vientre, y los frutos 
de tu tierra , tus vacadas , y los rebaños de tus 
ovejas. 

19 Maldito serás en todas tus acciones desde 
el principio hasta el fin de ellas. 

20 Enviará el Señor sobre tí hambre y nece- 
sidad , y echará la maldición sobre cuanto obrares 
y pusieres tus manos ; hasta desmenuzarte , y 
acabar contigo en poco tiempo , por causa de tus 
perversísimas acciones , por las cuales le habrás 
abandonado. 

21 Hará el Señor que se te pegue la peste , 
hasta que acabe contigo , en la tierra en cuya po- 
sesión entrarás. 

22 El Señor te castigará con la carestía , con 
la calentura y el frió , con el ardor y la sequedad, 



124 LIBRO DEL DBUTEROiNOMIO, 

con la corrupción del aire , y el añublo , y te 
perseguirá hasta que perezcas. 

23 Volveráse de bronce el cielo que te cubre, 
y de hierro la tierra que pisas. 

24 El Señor dará á tu tierra poU^o en vez de 
lluvia, y descenderá del cielo ceniza sobre tí, 
hasta que quedes reducido á la nada» 

25 El Señor te hará caer postrado á los pies 
de tus enemigos. Por un camino irás á pelear 
contra ellos , y no hallarás bastantes sendas por 
donde huir ; y serás dispersado por todos los 
reinos de la tierra. 

26 Tus cadáveres servirán de pasto á todas las 
aves del cielo y bestias de la tierra sin que nadie 
cuide de ahuyentarlas. 

27 Te herirá el Señor con las úlceras y playas 
de Egypto, y en el sieso , y también con sarna y 
comezón ' ; de tal manera que no tengas cura. 

28 Te castigará el Señor con la locura ó delirio^ 
con la ceguedad y con frenesí : 

29 de suerte que andarás á tientas en medio del 
día, como suele andar un ciego rodeado de tinie- 
blas ; y asi no acertarás en ninguna cosa que em- 
prendas. Y en todo tiempo tendrás que sufrir ca- 
lumnias, y serás oprimido por la fuerza, sin tener 
quien te libre -. 



1 A costa traduce : con almorranas. 

"2 Terrible maldición , cuyos efectos se ven aun hoy dia 
en los judíos ; los cuales en medio do tanta luz como desdi- 



CAPÍTÜÍiO XXVIII. 125 

30 Tomarás muger, y otro la gozará. Edificarás 
casa, y no la podrás liabitar. Plantarás viña;, y no 
la vendimiarás. 

31 Será degollado tu buey delante de tí, y no 
comerás de él. A tus ojos será robado tu asno , y 
no te le restituirán : tus ovejas serán dadas á tus 
enemigos, sin que haya quien te valga. 

32 Tus hijos y tus hijas serán entregados á pue- 
blo extraño, viéndolo tus ojos, y consumiéndose 
con la continua vista de su miseria^ sin haber fuer- 
za en tu mano para librarlos, 

33 Los frutos de tu tierra y de todas tus fatigas 
se los comerá un pueblo desconocido para tí ; y 
estarás sufriendo continuamente calumnias, y abru- 
mado todos los dias , 

34 y quedarás despavorido por el terror de las 
cosas que verán tus ojos, 

35 Te herirá el Señor con úlceras malignísimas 
en las rodillas y en las pantorrillas, y de un mal 
incurable desde la planta del pie hasta la coronilla. 

36 El Señor te trasportará con tu rey, que ha- 
brás establecido sobre tí, á una nación que ni co- 



deo ios mismos libros del Antiguo Testamento , que ellos 
veneran, después de tantas pruebas de la Divinidad de Je- 
su-Christo, no le reconocen por Mesías , y esperan á este, 
cuando, según las épocas evidentemente prefijadas en los 
libros santos, debe haber venido mucho tiempo hace. ^4* 
es que hasta el día présenle, como dice el Apóstol ( II. Cor, 
III,) á pesar de que se lee entre ellos á Moijsés, tienen el ve^ 
lo delante de los ojos. 



126 LIBRO DEL DEUTERONOMIO. 

noces tú, ni tus padres; en donde servirás á dioses 
extraños ', al leño y á la piedra; 

37 y andarás perdido, siendo , el juguete y la 
fábula de todos los pueblos á donde te llevará el 
Señor. 

38 Echarás mucha simiente en la tierra, y coge- 
rás poco; porque las langostas lo devorarán todo *. 

39 Plantarás una viña, y la cavarás; mas no be- 
berás vino, ni cogerás nada de ella; porque los gu- 
sanos la roerán. 

40 Tendrás olivares en todos tus términos, v no 
te darán ni aun aceite con que ungirte, porque se 
caerán las aceitunas, y se pudrirán. 

41 Tendrás hijos é hijas, y no gozarás el placer 
de poseerlos, porque serán llevados cautivos. 

42 El añublo ' consumirá todos tus árboles y 
los frutos de tu tierra. 

43 El extranjero que vive contigo en la tierra 
te sobrepujará, y se alzará sobre tí ; y tu caerás y 
estarás debajo de él. 

44 El te prestará, y tú no podrás prestarle : él 



1 Cumplióse esta profecía en el rey Joaquin (IV. Reg 
XXIV. V. 15.), y en Sedecias [Ib. XXV. v. 7.). que fueron 
llevados cautivos á Babyjonia. Servirás á dioses extraños, 
ó seducido, ó forzado por tus conquistadores. Aunque las 
diez tribus fueron desparramadas y confundidas con los idó- 
latras, no permitió la Divina Providencia que sucediese 
esto á la tribu de Judá, de la cual debia nacer el Mesías. 

*i Mich. VI. y. 15. — Aggeo L v. 6. 

3 Enhfcbreo ^^J^S^n» IcDigosia, y también grillo. 



CAPÍTULO XXVllI. 1-27 

estará siempre á la cabeza, y tú ocuparás el Ínfimo 
In^ar '. 

45 Todas estavS maldiciones caerán sobre tí , y 
te oprimirán basta que del todo perezcas : porque 
no escuchaste la voz del Señor tu Dios, ni obser- 
vaste sus mandamientos y las ceremonias que te ba 
ordenado ; 

46 y asi en tí como en tu descendencia estarán 
viéndose siempre ' señales y prodigios de la colera 
de Dios, 

47 por no baber servido al Señor Dios tuyo con 
gozo y alegría de corazón, habiéndote colmado de 
toda suerte de bienes. 

48 Serás hecho esclavo de un enemigo que con- 
ducirá el Señor contra tí , le servirás con hambre, 
y sed, y desnudez, y todo género de miserias; 
y pondrá un yugo de hierro sobre tu cerviz, hasta 
que te aniquile. 

49 Desde un pais remoto, del cabo del mundo 
hará venir el Señor contra tí, con la rapidez que 
vuela el águila, y se echa impetuosamente sobre la 

1 Eihebro23i^ (TnnnPiSi •i^'Nnt» r^rc ^ys^El 

vendrá á ser cabeza, y tú cola. 

2 Asi como en el verso 43 entienden los Padres la vo- 
cación de los gentiles á !a fe ; asi en este reconocen los de- 
sastres del pueblo hebreo, bajo el yugo de los cháldeos y 
romanos ; y el presente estado de la infeliz nación judaica 
es el otro prodigio que durará hasta que, cuando llegue el 
tif mpo señalado por Dios , reconozcan al Mesias. Rom. XI. 
V. 23,26,27. 



128 LIBRO DEL DEUTEROJNOMIO. 

presa, una nación cuya lengua no podrás enten- 
der : 

50 gente sumamente ^era y procaz , que no 
tendrá respeto al anciano , ni compasión del niño \ 

51 y que devorará las crias de tus ganados , y 
los frutos de tus cosechas , de suerte que perez- 
cas j pues no te dejará trigo , ni vino , ni aceite, n» 
manadas de vacas , ni rebaños de ovejas ; hasta 
que te destruya , 

52 y aniquile enteramente en todas tus ciudades, 
y queden arruinados en toda tu tierra esos altos y 
fuertes muros en que ponías tu confianza. Queda- 
rás sitiado dentro de tus ciudades en todo el pais 
que te dará el Señor Dios tuyo ; 

53 y llegarás al extremo de comer el fruto de tu 
vientre , la carne de tus hijos y de tus hijas que te 
hubiere dado el Señor Dios , por la estrechura y 
desolación á que te reducirá tu enemigo*. 

54 El hombre mas delicado y mas regalón de tu 
pueblo , se recatará de su hermano , y de su es- 
posa misma que duerme en su seno , 

55 para no darles de la carne de sus hijos, que 
comerá por no hallar otra cosa durante el sitio , y 
en la necesidad extrema con que te aniquilarán tus 
enemigos dentro de todas tus ciudades- 

1 Profecía literal y evidente de lo que acaeció en el sitio 
de Jerusalem por Nabuchódonosor , y mas aun después en 
la desolación de la misma ciudad por los romanos. Baruch' 
II. V. 3 — Thren. IV. v. 10.— iF Reg. VI. v. 28. — Jose- 
sephus. De bello jud. Hb, VII, cap. S. 



CAPÍTULO XXVIII. 129 

56 La muger tierna y delicada , que no sabia 
dar un paso, ni asentar la planta del pie sobre la 
tierra por su demasiada delicadeza y sensibilidad , 
no querrá dar á su mismo amado esposo parte de 
las carnes del hijo y de la hija , 

57 ni de las secundinas , ó masa inmunda que 
sale de su vientre , ni del niño que ha nacido en 
aquel mismo punto : porque se comerán todo esto 
á escondidas , por falta de toda otra cosa con que 
resistir á una liambre tan cruel , durante el cerco 
y devastación con que te apurará tu enemigo den- 
tro de tus ciudades. 

58 Si no guardares y cumplieres todas las pala- 
bras de esta Ley, que van escritas en este volu- 
men , y si no temieres aquel nombre glorioso y 
terrible , quiero decir, al Señor Dios tuyo , 

59 el Señor acrecentará tus plagas y las de tu 
descendencia, plagas grandes y permanentes, en- 
fermedades malignas é incurables ; 

60 y arrojará sobre tí todas las plagas de Egyp- 
to, que tanto te horrorizaron, las cuales se ape- 
garán á tí estrechamente, 

61 Ademas de esto enviará el Señor sobre tí to- 
das las dolencias y llagas , que no están escritas en 
el libro de esta Ley, hasta aniquilarte : 

62 y quedareis en corto número los que antes 
igualabais en multitud á las estrellas del cielo ; 
porque no has obedecido , oh Israel , á la voz del 
Señor Dios tuyo. 

63 Y asi como en otros tiempos se complació el 



130 LIBRO DEL DEUTERONO:M10. 

Señor en haceros bien y multiplicaros , asi se go- 
zará ' en abatiros y arrastraros ; para que seáis 
exterminados de la tierra en cuya posesión vais á 
entrar. 

64 El Señor te desparramará, oh Israel, por to-. 
dos los pueblos desde un cabo del mundo al otro ; 
y allí servirás á dioses ágenos que ni tú , ni tus 
padres conocisteis , ci dioses de palo y de piedra. 

65 Aun allí entre aquellas gentes no lograrás 
descanso, ni podrás asentar el pie; porque el Se- 
ñor te dará allí un corazón espantadizo , y ojos 
desfallecidos , y una alma consumida de tristeza. 

66 Y estará tu vida como pendiente delante de 
tí ^ : temerás de noche y de dia , y no confiarás de 
tu vida. 

67 Por la mañana dirás : ¿Quién me diera lle- 
gar á la tarde ? Y por la tarde : ¿ Quién me diera 
llegar á mañana ? Tan aterrado y despavorido es- 
tará vuestro corazón, y tan horribles serán las co- 
sas que sucederán á vuestros ojos. 

68 El Señor te volverá á llevar en navios á E- 
gypto , después que te dijo que no volvieras mas á 
ver aquel camino. Allí seréis vendidos á vuestros 
enemigos por esclavos , y por esclavas vuestras 
mugeres, y aun no habrá quien quiera compraros \ 

1 Se complace Diosen su justicia; y esta exige el cas- 
tigo del pecador obstinado. 

2 Esto es. tendrás tu vida como colgada de un hilo ; te- 
niiendo perderla á cada instante. 

3 Cuando los cháldeos asolaron la Judéa , gran número 



131 



CAPÍTULO XXIX. 



Renuevan los israelitas el juramento de su alianza con Dios. 
Terribles amenazas contra tos que la quebranten. 

1 Estas son las palabras de la alianza que mandó 
el Señor á Moysés ratificar con los hijos de Israel 
en tierra de IMoab , renovando la que liizo con 
ellos en Horeb '. 

2 Convocó entonces Moysés á todo Israel , y les 
dijo : Vosotros habéis visto todas las cosas que hizo 
el Señor en vuestra presencia en la tierra de Egyp- 
to contra Pharaon , y todos sus ministros , y todo 
su reino. 

3 Visteis con vuestros ojos las grandes plagas 
con que los probó , aquellos prodigios y maravi- 
llas estupendas ^. 

4 Y el Señor por su justo juicio no os ha dado 
hasta el presente im corazón que sienta , ni ojos 
que miren , ni oidos que quieran escuchar '. 

de judíos pasaron á Egypto. Después, arruinada Jerusa- 
lem por los romanos , fueron conducidos allí en naves los 
que pasaban de 17 años, y vendidos los que no tenían aun 
esta edad. Jos.de bello jud. lib. VI. c. 9, — Hegesippo lib. 
V. Excidii c. i7. 

1 En el texto hebreo se junta este verso con el capítulo 
anterior. 

2 Que contra ellos hizo eu favor vuestro. 

3 Para aprovecharos de tan grandes maravillas. El Se- 
ñor les negó la gracia de entender y aprovecharse de los 



132 LIBRO DEL DEUTERONOMIO. 

5 El Señor os ha tonilucido hasta aquí por el 
Desierto, durante cuarenta años ; sin que se hayan 
gastado vuestros vestidos , ni se lia roto de puro 
viejo el calzado de vuestros pies'. 

No habéis comido pan , ni bebido vino , ó si- 
dra, á fin de que por el man-í conocierais que yo 
soy el Señor Dios vustro ^. 

7 y llegasteis á este sitio , donde nos salieron al 
encuentro Sehon rey de Hesebon , y Og rey de 
Basan , para pelear contra nosotros ; y los hemos 
derrotado , 

8 y apoderádonos de su tierra , y la hemos 
dado en posesión á Rubén , y á Gad , y á la me- 
dia tribu de ]\Ianassés. 

9 Ahora , pues , guardad las palabras ó condi- 
eio7ies de esta alianza y cumplidlas , á fin de que 
os salga bien cuanto emprendáis. 

10 Vosotros estáis hoy todos juntos en la pre- 
sencia del Señor Dios vuestro , vuestros príncipes 

prodigios que hizo; pero se la negó en castigo de sus pe- 
cados, Los juicios de Dios, aunque ocultos, son justísimos , 
dice San Agustiu, explicando este lugar. Al que cierra la 
ventana, dice Alapide, no le puede el sol alumbrar. Cerra- 
ban los judíos sus ojos á la luz de la gracia ; y asi se porta- 
ban como si no los tuvieran. — Véase Gracia. 

1 Cap. VIH. V. 4. 

2 Esto es , vuestro alimento ordinario ha sido el maná, 
que os he enviado del cielo. No significa esto que alguna 
vez no comprasen vino y harina de las nacionss circunve- 
cinas, como se ve en la historia del becerro de oro, en la 
dedicación del Tabernáculo, etc. 



CAPITULO XXIX. 133 

y tribus, los Ancianos y los doctores : todo el 
pueblo (le Israel , 

1 1 vuestros hijos y mugeres , y los extranjeros 
que moran entre vosotros en el campamento , sin 
excluir ' de este número los leñadores y aguado- 
res , todos estáis aqiii ,* 

12 á fin de que , oh Israel, renueves la alianza 
del Señor Dios tuyo , alianza jurada que hoy ra- 
tifica el Señor Dios tuyo contigo , 

13 para elevarte áser pueblo suyo, y para ser él 
tu Dios, como te lo tiene dicho , y como lo juró á 
tus padres Abrahara, Isaac y Jacob. 

14 INi yo concierto esta alianza, y confirmo es- 
tos juramentos con solos vosotros , 

15 sino con todos , con los presentes , y con los 
venideros. 

16 Pues bien sabéis de que manera hemos vivi- 
do en la tierra de Egypto, y cómo hemos atrave- 
sado por medio de las naciones , donde al pasar 

17 habéis visto las abominaciones y suciedades , 
esto es , sus ídolos , ó el leño y la piedra , la plata 
y el oro que adoraban. 

18 No sea que por desgracia se halle entre vos- 



l La Vulgata dice exceptis , exceptuados , ó sin contar. 
Pero también el limo. Scio opina en la nota á este verso 
que debe preferirse el primer sentido , que es del texto 
hebreo y de los Setenta. Es uno de los pasages que sin faltar 
al respeto que debemos á la versión Vidgata , declarada 
como autentica en lo perteneciente á la fe y costumbres , 
pueden corregirse por el texto original. 

TOM. III. 12 



134 LIBRO DEL DKUTERONOMIO. 

Otros hombre ó muger, familia , ó tribu , cuyo co« 
razón esté hoy desviado del Señor Dios nuestro , 
y resuelto á servir á los dioses de aquellas gentes, 
y que brote entre vosotros raiz que produzca hiél 
y amargura*. 

19 y que cuando el tal oyere las palabras de 
este juramento, se lisonjee á sí mismo, diciendo : 
Yo tendré paz , aunque me abandone al desorden 
de mi corazón ; con lo que embriagado ^ con este 
error arrastre tras síá los inocentes^. 

20 Mas el Señor no le perdonará, antes se en- 
cenderá entonces mas su furor y zelo contra el 
tal hombre, y caerán sobre él de asiento todas las 
maldiciones que están escritas en este libro; y bor- 
rará el Señor su nombre de debajo del cielo , 

21 y le exterminará para siempre de todas las 
tribus de Israel; cumpliéndose las maldiciones que 
se contienen en este libro de la ley y de la alianza. 

22 Y preguntarán la generación venidera y los 
hijos que nacerán en adelante , y los extranjeros 
que vinieren de lejos , al ver las plagas de aquella 
tierra, y las enfermedades con que la afligiere el 
Señor ; 

1 Esto es, que os accariee la indignación Divina. 

2 Y el borracho conduzca á la ruina al que sufre la sed. 
Era un adagio de los^hebreos, los cuales por borrachos en- 
íendian los que estaban llenos ó hartos de malicia,, y priu- 
cipalmente de idolatría, de la cual ha hablado Moysés 
antes v. 17^ 18; y ^or sedientos á los inocentes y sencillos, 

3 Y los envuelva en la ruina. 



CAPÍTULO XXIX. 135 

23 (el cual la abrasará con azufre y salitre ar- 
diente , de suerte que ya no se siembre mas , ni 
brote yerba^ ni verde alguno; representando el aso- 
lamiento de Sodoma y de Gomorrha , de Adama 
y de Seboim, que arrasó el Señor, encendido el 
furor de su ira) 

24 preguntarán , digo , todas las gentes : ¿ Por 
qué causa trató asi el Señor á esta tierra? ¿ Qué 
saña é inmenso furor es este ? 

25 Y responderán : Porque quebrantaron el 
pacto del Señor, que concertó con sus padres cuan- 
do los sacó de la tierra de Egypto , 

26 y sirvieron y adoraron á dioses ágenos , d 
dioses que no conocian , y á quienes no pertene- 
cían '. 

27 Por esto se encendió el furor del Señor 
contra esta tierra , descaro-ando sobre ella todas 
las maldiciones que están escritas en este libro, 

28 y con ira y furor y con indignación grandí- 
sima, arrojó de este pais á sus habitantes, dester- 
rándolos á reglones extrañas, como se ve hoy por 
experiencia. 

29 Arcanos del Señor Dios nuestro, manifestados 
á nosotros y á nuestros hijos hasta el fin de los si- 
glos, para que temerosos y obedientes observemos 
todas las disposiciones de esta Ley. 

1 Porque era nn pueblo que Dios habla destinado y es- 
cogido para sí : á diferencia de las otras naciones abando- 
nadas al culto de los ídolos, á quienes miraban como á sus 
dioses y señores. 



136 LIBRO DEL DEUTERONOMIO. 



CAPÍTULO XXX. 



El Señor se reconciliará algún dia con su pueblo. Protesta 
final de Moyse's. 

1 Según esto, cuando se cumpliere lo que tea- 
nuncio acerca de la bendición ó maldición, que aca- 
bo de proponer ante tus ojos; y movido á penitencia 
tu corazón en medio de todas las naciones, entre 
las cuales te habrá esparcido el Señor tu Dios , 

2 te volvieres á él con tus hijos , y obedecieres 
á sus mandamientos, de todo tu corazón, y con to- 
da tu alma, como te lo prescribo en este dia , 

3 el Señor Dios tuyo te hará volver de tu cau- 
tiverio, y tendrá misericordia de tí, y otra vez te 
congregará, sacándote de todos los pueblos por 
donde antes te desparramó '. 

4 Aunque hayas sido dispersado hasta las extre- 
midades del mundo, de allí te sacará el Señor Dios 
tuyo, 

1 Esta profecía tuvo su cumplimiento cuando volvían de 
la esclavitud de Babylonia. (II. Esd. I. v. 8 ) Fundados 
en esta profecía esperan aun los judíos un Mesías que los 
ponga en posesión de la tierra de Chánaan. Realmente aquí 
se indica una segunda libertad de los hijos de Israel ; pero 
será la que el Señor les tiene preparada para el fin de los 
siglos, cuando concediéndoles la verdadera circuncisión del 
corazón [v. 6.) que no tuvieron entonces, reconocerán y 
adorarán por su Mesías á Jesús, y volverán todos á ser el 
pueblo y herencia del Señor. Rom. XI. v. 25. — Véanse las 
Reglas para entender la Escritura. 



CAPÍTULO XXX. 137 

5 y te tomará , e introducirá en la tierra que 
poseyeron tns padres , y tú la volverás á ocupar, 
y bendiciéndote, te multiplicará mucho mas que á 
tus padres. 

6 Entonces el Señor Dios tuyo circuncidará tu 
corazón, y el corazón de tus descendientes, para 
que ames al Señor Dios tuyo de todo tu corazón, 
y con toda tu alma, á fin de que asz consigas la vi- 
da. 

7 Y todas estas maldiciones las convertirá con- 
tra tus enemigos , y contra los que te aborrecen y 
persiguen. 

8 Tú empero te convertirás , y escucharás la 
voz del Señor Dios tuyo , y cumplirás todos los 
mandamientos que hoy te intimo yo. 

9 Y el Señor Dios tuyo manifestará su bendi- 
ción en todas las obras de tus manos , en los hi- 
jos que saldrán de tu seno , y en la cria de tus 
ganados , en la fecundidad de tu tierra y en la 
abundancia de todas las cosas. Porque volverá el 
Señor á complacerse en colmarte de bienes,, como 
se complació en orden á tus padres ; 

10 con tal que oigas la voz de tu Señor Dios , 
y guardes sus preceptos y ceremonias prescritas 
en esta Ley ; y te conviertas al Señor Dios tuyo 
de todo tu corazón , y con toda tu alma. 

11 Este mandamiento que yo te intimo hoy no 
está sobre tí , ni puesto lejos de tí , 

12 ni situado en el cielo , de suerte que puedas 
decir : ¿ Quién de nosotros podrá subir al cielo 



138 LIBRO DEL DEUTERÜNOMIO, 

para que nos traiga ese mandamiento , y le oiga 
mos y pongamos por obra ? 

13 Ni está situado á la otra parte del mar , 
para que te excuses y digas ; ¿ Quién de nosotros 
podrá atravesar los mares , y traérnosle de allá , 
para que podamos oir y hacer lo que se nos 
manda ? 

14 Sino que el dicho mandamiento ' está muy 
cerca de tí : en tu boca está y en tu corazón , y 
en tu mano , para que le cumplas. 

15 Considera que hoy he puestea tu vista la 
vida y el bien de una parte , y de otra la muerte 
y el mal ^ : 

16 con el fin de que ames al Señor tu Dios , y 
sigas sus cáramos , y guardes sus mandamientos y 
ceremonias y ordenanzas , para que vivas , y el 

1 San Pablo explica el sentido mas profundo de estos 
versos Rom. X. v.Q , 7 , 8 ; y los mas doctos hebreos 
refieren al tiempo del Mesías todo lo qae se dice en este 
capítulo. El sentido literal es que los mandamientos de 
Dios son fáciles de entender y guardar , asistido el hom- 
bre del socorro de la gracia. Véase S. Agustín Quast. 
Lili. — Véase Gracia. 

2 Aquí se ve el libre albedrío del hombre. El hombre es 
el que elige el camino de la vida ó de la muerte , por 
medio de una acción muy libre de su voluntad. Esta por el 
pecado original tiene una notable propensión al mal, y por 
eso, abandonada á sí misma, hará una mala elección. Pero 
Dios, por un puro efecto de su misericordia, mueve el co- 
razón del hombre al bien, y no solo hace que el hombre le 
ame, sino que le ame libre y espontáneamente, 1, Cor. XV. 
V. 10.— 6'o«f. Trid. Sess. VI. c.F. —Véase Grada, 



CAPÍTULO XXXI. 139 

Señor te multiplique y bendiga en la tierra , en 
cuya posesión entrarás. 

17 Mas si tu corazón se apartare del Señor , y 
no quisieres obedecer , y seducido del error ado- 
rares dioses ágenos , y les sirvieres; 

18 desde hoy te profetizo q^ue vas á perecer, y 
que morarás poco tiempo en la tierra , en cuya 
posesión , pasado el Jordán , entrarás. 

19 Yo invoco hoy por testigos al cielo y á la 
tierra, de que te he propuesto la vida y la muerte, 
la bendición y la maldición. Escoge desde ahora 
la vida , para que vivas tú y tu posteridad : 

20 y ames al Señor Dios tuyo , y obedezcas á 
su voz , y te unas intimamente á él ( siendo él mis- 
mo , como es , vida tuya ' , y el que ha de darte 
larga vida), á fin de que habites en la tierra que 
juró el Señor á tus padres Abraham, Isaac y Ja- 
cob que les habia de dar. 



CAPÍTULO XXXI. 



Moysés, viendo cercana su muerte, se descarga de su oficio, 
y entrega el mando á Josué : manda que je escriba el 
Deuíeronomiu ; y compone un maravilloso cántico. 

1 Habló pues Moysés todas estas cosas á todo 
Israel, 

1 Esta unión estrecha con Dios nos haoe felices ya en 
este mundo ; y lodo cnanto nos manda ó prohibe Dios es 
para nuestra felicidad. 



140 LlJiRO ÜEL DEUTERO.NOMIO. 

2 y díjoles después : Yo me hallo hoy (lia en la 
edad de ciento veinte años : no puedo ya conti- 
nuar en ser vuestro caudillo , mayormente ha- 
biéndome dicho el Señor : Tú no has de pasar 
ese rio Jordán. 

3 Mas el Señor Dios tuyo , oh Israel , irá de- 
lante de tí : él deshará á tu vista todas esas na- 
ciones, y las conquistarás; y este Josué pasará 
delante de tí , como lo tiene dicho el Señor ; 

4 y hará Dios con ellas lo mismo que hizo con 
Sehon y con Og , reyes de los amorrheos , y con 
sus reinos , y las exterminará. 

5 Asi pues , cuando también os hubiere entre- 
gado estas naciones , haréis con ellas otro tanto , 
según os tengo mandado. 

6 Portaos varonilmente , y con firmeza : no 
temáis , ni os amedrentéis á su vista : porque el 
Señor Dios tuyo él mismo es , oh Israel , tu cau- 
dillo , y no te dejará ni te desamparará. 

7 Después de esto llamó Moysés á Josué , y dí- 
jole delante de todo Israel : Ten buen ánimo, y cobra 
aliento ; porque tú has de introducir á este pueblo 
en la tierra que el Señor prometió conjuramento 
á sus padres , y tú se la repartirás por suertes. 

8 Y el Señor que es vuestro caudillo , él mismo 
será contigo : no te dejará , ni te desamparará : 
no temas, ni te amedrentes. 

9 Escribió pues Moysés esta Ley ' , y entregó- 
sela á los sacerdotes , hijos de Leví , que llevaban 

1 Esto es, el Deuleronomio, y el cántico que se lee en el 



CAPÍTULO XXXI. 141 

el Arca del Testamento del Señor, y á todos los 
Ancianos de Israel. 

10 Y les mandó , diciendo : Al cabo de siete 
años , en el año de la remisión , en la fiesta de 
los Tabernáculos , 

11 cuando se juntan todos los israelitas para 
presentarse ante el Señor tu Dios, en el lugar esco- 
gido por el Señor, leerás las palabras de esta Ley ' 
en presencia de todo Israel, que las oirá atentamente; 

12 haciendo tú congregar á todo el pueblo, asi 
hombres como mugeres , y niños , y los extran- 
jeros que moran en tus ciudades : para que es- 
cuchándolas aprendan , y teman al Señor Dios 
vuestro , y guarden y cumplan todas las palabras 
de esta Ley ; 

13 y á fin también de que sus hijos , que ahora 
están ignorantes de ella , puedan aprenderla , y 
reverencien al Señor Dios suyo todos los dias que 
vivan en la tierra de que vais á tomar posesión 
pasado el Jordán ^ 

14 Dijo entonces el Señor á 3Ioysés : JMira, ha 

capitulo siguiente ; como parece inferirse del v. 22. V atablo 
opina que escribió equivale á habia escrito ; como sucede en 
otros lugares de la Escritura. Cuando el Arca se llevaba 
con solemnidad, ya entonces iba en hombros de los sacer- 
dotes. Véase Josué III. v. 3. —VI. v. 12, 13. 

1 Por boca de los sacerdotes y levitas. Este precepto 
de leer la ley se dirigía á los sacerdotes, II. Esd. FUI. 
V. 2. Alguna vez hicieron esta función los reyes de Judá. 
\\.Reg.XXIIIv.2. 

2 Cuando el corazón de los niños se halla aun vacíode 



142 " LIBRO DEL ÜEUTEROiNOMIO. 

llegado ya el día de tu muerte : llama á Josué , 
y presentaos los dos en el Tabernáculo del Testi- 
monio , para que le dé mis órdenes. Fueron pues 
Moysés y Josué , y se presentaron en el Taberná- 
culo del Testimonio : 

15 donde se apareció el Señor en la columna de 
nube, la cual se fijo en la entrada del Tabernáculo. 

16 Y dijo el Señor á Moysés : He aquí que tú 
vas á descansar con tus padres ; y ese pueblo se 
rebelará y prostituirá á dioses ágenos en la tierra, 
en que va á entrar para morar en ella : allí me 
abandonará , y quebrantará el pacto que tengo 
con él concertado : 

17 con lo cual se encenderá mi furor contra él 
en aquel dia ; y le abandonaré y esconderé de él 
mi rostro , y será consumido : todos los males y 
aflicciones caerán sobre él en tanto grado , que 
dirá en aquel dia : Verdaderamente que por no es- 
tar Dios conmigo , me han acontecido estos males. 

18 Pero yo entonces esconderé de él y le ocul- 
taré mi rostro , á causa de todas las maldades que 
habrá hecho , por haber seguido á dioses ágenos. 

19 Por tanto escribios ahora este cántico , v 
enseñádselo á los hijos de Israel para que le tomen 
de memoria , y le canten ; y este cántico me sirva 
de testimonio entre los hijos de Israel '. 

otras ideas mundanas , entonces es cuando se graban pro- 
fundamente en él las máximas de virtud y de sólida 
piedad. 

1 De la verdad de mis palabras, y de su ingratitud. 



CAPÍTULO XXXI. 143 

20 Poique yo los introduciré en una tierra que 
mana leche y miel, la que prometí con juramento 
á sus padres. Mas ellos cuando habrán comido , y 
se hayan hartado y engrosado , se pasarán á los 
dioses ágenos , y los servirán , y blasfemarán de 
mí ' , y quebrantarán mi pacto. 

21 Y cuando habrán sobrevenido d Israel mu- 
chos males y desastres,, entonces este cántico 
dará contra él testimonio ; cántico que estará en 
la boca de sus hijos , de suerte que jamas será ol- 
vidado. Porque bien sé yo sus pensamientos , y 
hoy sé lo que ha de hacer antes que le introduzca 
en la tierra que le tengo prometida. 

22 Escribió pues Moysés el cántico siguiente , y 
le enseñó á los hijos de Israel. 

23 Al mismo tiempo dio el Señor sus órdenes á 
Josué , hijo de Nun , y le dijo : Ten buen ánimo , 
y cobra aliento , porque tú has de introducir á los 
hijos de Israel en la tierra que les prometí , y yo 
seré contigo. 

24 Cuando Moysés hubo acabado de escribir las 
palabras de esta Ley en un volumen , 

25 mandó á los levitas, portadores del Arca del 
Testamento del Señor diciendo : 

26 Tomad este libro , y ponedle al lado del 
Arca del Testamento del Señor Dios vuestro, para 



1 El hebreo ^jl255«í^% me despreciaj'án ; y los Setenta 
•nttfict^vvova-i fAs me irritarán. Por eso se traduce blasfema- 
rán; qne compréndelas dos dichas significaciones. 



144 LIBRO DEL DEUTERONOMIO. 

que allí quede por testimonio contra tí , oh Israel : 

27 porque yo conozco tu ostinacion , y tu indó- 
mita cerviz. Aun viviendo yo , y conversando con 
vosotros , siempre os habéis portado con rebeldía 
contra el Señor : ¿ cuánto mas en habiendo yo 
muerto ? 

28 Juntadme á todos los Ancianos de vuestras 
tribus , y á los Doctores ; y oirán las palabras que 
les voy á hablar, é invocaré contra ellos al cielo y 
á la tierra. 

29 Que bien sé yo que después de mi muerte os 
portareis perversamente , y os desviareis presto 
del camino que os he enseñado ; y que os sobre- 
vendrán desdichas en los últimos tiempos , cuando 
habréis pecado delante del Señor, irritándole con 
las obras de vuestras manos. 

30 Pronunció pues Moysés, escuchando toda la 
synagoga junta de Israel , las palabras de este 
cántico , hasta acabarle. 



CAPÍTULO XXXIl. 



Cántico pro/ético de Moysés antes de morir , que es como 
un compendio de la Ley, y de los motivos de su obser- 
vancia. 

1 Oid cielos, loque voy á proferir : escuche la 
tierra las palabras de mi boca '. 

1 Este cántico, que es un compendio de la Ley, mira á 



CAPÍTULO XXXII. 145 

2 Destilen y empápense como lluvia los docu- 
mentos mios : desciendan como el rocío mis pala- 
braSj como sobre la yerba \:i 7ne7m(Ia' lluvia, como 
llovizna sobre las dehesas. 

3 Porque yo invocaré el nombre del Señor : 
ensalzad vosotros la grandeza de nuestro Dios. 

4 Perfectas son todas las obras de Dios y rectos 
todos sus caminos. Dios es fiel y sin sombra de 
iniquidad , íntegro y justo. 

5 Sus hijos , indignos ya de este nombre ^, pe- 
caron contra él con sus inmundos ¿dolos : genera- 
ción depravada y perversa. 

6 ¿Asi correspondes al Señor, pueblo necio é 
insensato? ¿Por ventura no es él tu padre, que 
te rescató , que te hizo , y te crió ? 

7 Acuérdate de los tiempos antiguos , recorre 
de una en una las generaciones : pregúntalo á tu 
padre , y él te informará ; á tus antepasados, y te 
lo dirán. 

8 Cuando el Altísimo dividia ^ las naciones ; 
cuando separaba los hijos de Adara , fijó i/a en- 



los siglos venideros , y tiene su cumplimiento en todos los 
tiempos ; y es una sentencia ó testimonio decisivo contra 
ios judíos. 

1 Ut imbres temiissimi in herbas. Asi traduce también 
Roberto Lowth en sus lecciones sobre la poesía de los 
hebreos. 

2 Con el inmundo culto de los ídolos se hicieron indig- 
nos del glorioso titulo de hijos de Dios. 

3 En la torre de Babel, ó después del diluvio. 

13 



146 LIBRO DEL UEUTERONOMIO. 

iónces los límites de los pueblos de Chánaan^ según 
el número de los hijos de Israel'. 

9 Porque el Señor escogió á estos como por- 
ción suya : tomó á Jacob por herencia propia. 

10 Hallóle después en una tierra desierta, en un 
lugar de horror, en una vasta soledad ; condújole 
por diferentes rodeos durante cuarenta años ^ y le 
adoctrinó , y guardóle como la niña de sus ojos. 

11 Como el águila incita á volar á sus poUuelos 
extendiendo las alas y revoloteando sobre ellos : asi 
el Señor extendió sus alas sobre su pueblo^ y le to- 
mó y trasportó sobre sus hombros ^. 

12 El Señor fue su único caudillo ; y no había 
con él Dios ageno. 

13 Hízole dueño de una tierra superior y exce^ 
lente , para que comiera de los frutos de los cam- 
pos, para que chupara la miel que se hace en las ca- 
vidades de las peñas, y gustara el í'/co aceite délos 
olivos que se crian entre las mas duras rocas , 

14 la manteca de vacas , y la leche de ovejas, 
gordos corderos y carneros del pais de Basan ^ , 
machos de cabrío , la flor del trigo : y para que 
bebiera la sangre de las uvas en purísimo vino. 

15 Engrosóse ese pueblo tan amado de Dios^ y 



1 Para los cuales destinaba aquella tierra. 

2 Como el águila trasporta sus pollitos. 

3 La voz W'^l ^^ hebreo significa gordura : como notó ya 
S. Gerónimo in Imi. XXXIII. Asi los Setenta, donde ei 
hebreo dice un toro de Basan, ellos traducen nn toro gordo. 



CAPÍTULO XXXII. 147 

viéndose opulento se rebeló contra él. Ya engrosa- 
do, engordado, y abundante de todo, abandonó á 
Dios su Hacedor , y se alejó de Dios Salvador 
suyo. 

16 Provocaron al Señor con adorar dioses age- 
nos, é incitaron su cólera con sus abominaciones ó 
idolatrías, 

17 Porque en lugar de ofrecer sus sacrificios á 
Dios, los ofrecieron á los demonios : á dioses no 
conocidos , á dioses nuevos y recien venidos que 
jamas habian adorado sus padres. 

18 ¡ Pueblo insensato f has abandonado al Dios 
que te engendró, y te olvidaste del Señor criador 
tuyo. 

19 Violo el Señor, y encendióse en cólera, por 
ser sus mismos hijos é hijas los que asi le provoca- 
ban. 

20 Y dijo : Yo esconderé de ellos mi rostro , y 
estaré mirando su fin desgraciado : porque raza 
perversa es, son unos hijos infieles. 

21 Ellos han querido como picarme de zelos , 
con adorar lo que no era Dios , y me han irritado 
con sus vanidades : yo también los provocaré á 
zelos , con amar á aquellos que no eran pueblo 
mió ' , y los irritaré sustituyendo en su lugar una 
gente necia j/ despreciable. 

22 Mi furor se ha encendido como un fuego í^raw- 



1 En estas palabras se anuncia la vocación del pueblo 
íeutil á la Iglesia. Rom. X. v. 19. 



148 LIBRO DEL DEUTERONOMIO. 

de que los abrasará hasta el abismo del infierno : 
arrasará la tierra y todas sus plantas , y arderán 
hasta los cimientos de los montes *. 

23 Amontonaré males y males sobre ellos, hasta 
apurar todas las flechas de mi aljaba. 

24 Serán consumidos de hambre y devorados 
por las aves caimiceras con mordiscos cruelísimos : 
armaré contra ellos los dientes de las fieras , y la 
venenosa rabia de las que van arrastrando y ser- 
peando sobre la tierra. 

25 Por defuera los desolará la espada, y dentro 
de sus casas el pavor y espanto : el joven , y la 
doncella, el niño que aun mama y el anciano, 
todos serán exterminados. 

26 Y diré entonces : ¿ Dónde están esos rebeldesl 
Yo borraré de entre los hombres su memoria. 

27 Pero lo difiero, porque veo tanta arrogancia 
en sus enemigos : no sea que estos se engrían y 
digan : Nuestra mano robusta , y no el Señor , 
es la que ha hecho todo esto contra Israel, 

28 Gente es esta sin consejo ni prudencia. 

29 ¡ Ojalá que tuviesen sabiduría é inteligencia, 
y previesen sus postrimerías! 

30 ¿Cómo podría jamas suceder lo que ahora, 
que un solo enemigo persiguiera á mil hebreos^ y 

1 Parece una profecía de las calamidades de los judíos 
por medio de los cháldeos, y después de los romanos : y al 
mismo tiempo una figura de los castigos de todos los re- 
probos antes y después del juicio final. II. Pelri ult. 
V. 10, 12. 



CAPITULO XXXII, 149 

que tíos hiciesen huir á tliez inil? ¿ NvO es esto por- 
que su Dios los lia vendido , y los ha entregado el 
Señor ' ? 

31 Porque no es nuestro Dios como los dioses 
de ellos : júzguenlo los mismos enemigos. 

32 La viña del Señar es ya como viña de Sodoma, 
y de los extramuros de Gomorrha ^ ; sus uvas , son 
uvas de hiél ; y llenos están de amargura sus ra- 
cimos : 

33 hiél de dragones es su vino , y veneno de 
áspides para el cual no hay remedio ^. 

34 ¿Y acaso no tengo yo reservado todo esto, 
dice el Señor , acá en mis adentros , y sellado en 
mis tesoros para el debido casliyo ? 

35 Si : mia es la venganza , y yo les daré el 
pago á su tiempo, para derrocar su pie : cerca está 
ya el dia de su perdición , y ese plazo viene vo- 
lando. 

36 El Señor juzgará á su pueblo, y será mise- 
ricordioso con sus siervos , cuando verá debilitada 
su fortaleza, y que aun los encastillados desmaya- 
ron, y que fueron consumidos los que queda- 
ron ^ . 

1 JudiÜi V. V. 18. 

2 Esto es, como si mi pueblo uo descendiera de los san- 
tos patiarcas Abraham , Isaac y Jacob; y como si debiera 
su origen á los liijos de Sodoma y de CJoiiiorrha, asi ha stgni 
do las costumbres corrompidas de estos pueblos. Imias I. 
V. 10. 

3 El pueblo de Dios no da sino frutos de initpiidad. 

4 Moysés representa esta^ calamidad que Dios enviará;, 



150 LIBRO ÜEL DEUTERONOMIO. 

37 Y dirá entonces : ¿Dónde están sus dioses, 
en los cuales tenian puesta la confianza , 

38 d quienes invocaban al comer la grosura de 
las víctimas ofrecidas , y al beber el vino de sus 
profanas libaciones ? : levántense ahora y vengan 
á socorreros, y á ampararos en la necesidad. 

39 Ved como yo soy el solo y único Dios, y co- 
mo no hay otro fuera de mí. Yo mato, y yo doy 
la vida : yo hiero, y yo curo ; y no hay quien pue- 
da librar á nadie de mi poder. 

40 Alzaré mi mano al cielo, y diré: Vivo yo ' 
para siempre , 

41 que si aguzare mi espada y la hiciere como 
el rayo , y empuñare mi mano la justicia, tomaré 
venganza de mis enemigos , y daré el pago á los 
q.ue me aborrecen. 

42 Embriagaré de sangre suya mis saetas, de 
la sangre de los muertos y de los prisioneros, que 
d manera de esclavos van con la cabeza rapada; en 
sus carnes cebarse ha mi espada ^. 

bajo la figura de una ciudad sitiada, donde los que se defien- 
den con las armas en la mano, fatigados, son por último 
pasados á cuchillo : los que creen estar seguros dentro de 
los baluartes y castillos, finalmente se entregan y sufren 
la misma fatal suerte : y últimamente los restos del mise- 
rable vulgo, ó perecen del mismo modo^ ó quedan en una 
triste y dura esclavitud. 

1 Jura el Señor por sí mismo , pues no hay otro mayor 
por quien pueda jurar. Hebr. VI. v, 13. 

2 Solian los vencedores hacer rapar la cabeza á los pri- 
sioneros . en señal de esclavitud ; y asi al poner á alguno 



CAPÍTULO XXXIl. 151 

43 Ensalzad, oh naciones, á su pueblo, poique 
el Señor vengará la sangre de sus siervos, y to- 
mará vengaza de sus enemigos , y derramará su 
misericordia sobre la tierra del pueblo suyo '. 
— 44 Pronunció pues Moysés, con Josué hijo de 
Nun , todas las palabras de este cántico en presen- 
cia del pueblo. 

43 Y después que concluyó su razonamiento á 
todo Israel, 

46 les dijo : Grabad en vuestro corazón todas 
las cosas que yo os he intimado en este día ; para 
que recomendéis á vuestros hijos que guarden, eje- 
cuten y cumplan todo cuanto está escrito en esta 
Ley: 

47 porque no en vano se os han dado estos pre- 



en libertad le daban un sombrero para que se cubriese , y 
no anduviese ya con la cabeza descubierta, al cual llama- 
ban por eso jyil^us libertaíis. Algunos creen que aquí se sig- 
nifica la barbara crueldad con que los escitas al invadir 
¡a Palestina hicieron quitar la piel de la cabeza á muchos 
hebreos : castigo que ejecutó el cruel Antíoco contra do^ 
de los hermanos Machábeos. Véase Herodoio lib I. c. 103. 
— HabacuG. c. III. v. 13, 

1 Llenándola de bendiciones. — El Apóstol San Pablo 
cita este lugar, según la versión de los Setenta , en la cual 
se lee : Naciones, alegraos con el pueblo del Señor ; lo que 
es una clara profecía de la vocación de los gentiles á la 
fe , mediante la cual se hallan reunidos con el pueblo de 
Dios. Rom. Xy. V, 10. Los Setenta añaden al fin de este 
\ erso ; y escribió Moysés este cántico en aquel día, y le en- 
señó á los hijos de Israel. 



152 LIBRO DEL DEUTERONOMIO. 

ceptos; sino á fin de que cada uno halle la vida en 
ellos , y ejecutándolos permanezcáis largo tiempo 
en la tierra, en cuya posesión vais á entrar, pa- 
sado el Jordán. 

48 En este mismo dia habló el Señor á Moysés, 
diciendo : 

49 Sube á esa montaña de Abarim , esto es, de 
los pasages, al monte ó colina de Nebo, que está 
en el pais de Moab, en frente de Jerichó ; y con- 
templarás la tierra de Chánaan, cuya posesión yo 
entregaré á los hijos de Israel. Y después morirás 
en el monte, 

50 al cual habrás subido, y serás incorporado 
con tu pueblo ' ; al modo que Aaron tu hermano 
murió en el monte Hor , y fue reunido con sus 
gentes : 

51 por cuanto prevaricasteis contra mí en medio 
de los hijos de Israel ", alia en las aguas de Con- 
tradicción, en Cades del desierto de Tsin : por no 
haberme honrado como debíais, entre los hijos de 
Israel. 

52 Verás delante de tí la tierra que yo daré á 
los hijos de Israel, pero no entrarás en ella. 

1 Num. XY. V. 26— XXFII. v. 12. 

2 Num. XX. V. 12— XXFII. v. l4 



153 



CAPÍTULO XXXllI. 



Bendice Moijsés , antes de subir al monte , á las tribus de 
Israel , p les profetiza lo qite les ha de suceder. 

1 Esta es la bendición que Moysés, varón de 
Dios , dio antes ' de su muerte á los hijos de Is- 
rael. 

2 Dijo así : De Sinai vino el Señor, y de Seir 
nos esclareció ; resplandeció desde el monte Pila- 
ran, y con él millares de santos ^. En su mano de- 
recha traía la Ley que nos dio desde en medio del 
fuego ^. 

3 El Señor amó á los pueblos "* : bajo su mano 
protectora están todos los santos ^ ; y aquellos que 

1 Habla aquí Moysés de sí mismo en tercera persona, 
como hacen también algunos de los otros profetas. Es este 
capítulo como el testamento de Moysés. No nombra entre 
las otras tribus á la de Simeón : algunos dicen que es por 
estar comprendida en la de Judá ; pero parece mas vero- 
símil que fue porque esta tribu habia caido poco tiempo 
antes en abominables idolatrías y disoluciones. — Num. 
XXVI. V. 12. — Es de notar que también en la versión de 
los Setenta se bendice igualmente á Simeón de esta manera : 
Simeón mullas numero. 

2 De santos ángeles que le servían. 

3 Heb. XII. V. 18. 

4 O tribus descendientes de Jacob. Gen. XLVIII 
V. 19.— ^cí. IF. V. 17. 

5 Esto es, todos los hijos de Israel como santos que son, 
ó consagrados al servicio suyo. 



154 LIBRO DEL DEUTERONOMIO. 

se sientan á sus pies ' , recibirán sus instrucciones 
y doctrinas. 

4 Moysés nos dio la Ley, la cual será la heren- 
cia de la numerosa posteridad de Jacob ^. 

5 Ella será el rey que mandará en su recto ó 
amado pueblo ; estando los príncipes del pueblo 
unidos con las tribus de Israel. 

6 Viva Rubén, y no muera , mas sea pequeño 
en número *. 

7 He aquí la bendición de Judá : Escucha, oh 
Señor, la voz de Judá, y dale entre su pueblo la 
parte que le has destinado : sus manos pelearán 
por Israel, y serás su protector contra los enemi- 
gos'*. 

8 Dijo después á Leví : Tu perfección, Señor, 
y tu doctrina ^ fue concedida á tu varón santo ^, 
á quien probaste en la tentación y juzgaste en las 
aguas de la Contradicción. 

i Acostumbraban los discípulos sentarse en gradas á los 
pies de su maestro. Véase Act. XXII. v. 3. 

2 Moysés pone estas palabras en boca del pueblo, 

3 Según la imprecación de su padre. Gen. XLIX. 

4 En las palabras de esta profecía se denota que Judá 
será algún dia la tribu que conducirá las otras ; y designan 
el reinado de David, figura del reino espiritual del Mesías 
que había de salir de su linage^ y de la tribu de Judá. 

5 Alude á las dos palabras hebreas Urim y Thummim 
que llevaba el Sumo sacerdote sobre el racional. Exod. 
XXV III V. 30. 

6 Estoes, al sacerdote A^ron. Heb. II. v. 18. — IV. 
V. 15. 



CAPITULO XXXTII. ' 155 

9 Aquellos ' que dijeron á su padre y á su ma- 
dre : No os conozco ; y á sus hermanos : No sé 
quien sois ; y ni á sus propios hijos perdonaron ', 
estos cumplieron tus mandamientos, y guardaron 
inviolable tu pacto. 

10 Estos enseñarán tus derechos á Jacob, y tu 
ley á Israel ^; y cuando estés irritado, te ofrece- 
rán incienso y holocaustos sobre tu altar. 

11 Bendice, oh Señor, su fortaleza, y acepta las 
obras de sus manos. Hiere las espaldas de sus ene- 
migos ; y no levanten cabeza los que le aborre- 
cen. 

12 Y de Benjamín dijo . Beyíjamin, el muy ama- 
do del Señor, estará cerca de él con confianza : allí 
morará siempre ^ como en cámara nupcial, y re- 
posará en sus brazos. 

13 Dijo también á Joseph : Sea la tierra de Jo- 
seph bendita del Señor, colmada de frutos y bendi- 
ciones del cielo , del rocío ', v de los manantiales 
que brotan de debajo la tierra : 



1 Alude al zelo de los hijos de la tribu de Leví, al cas- 
tigar la idolatría del becerro, cuando no perdonaron á nadie 
de los que habían cometido tan grande maldad. 

2 Exod. XXXII. V. 27, 28.— Lev. X. v. 5. 

3 Véase Num. XVI. v. 46, 47. 

4 Esto es , en su templo. Estaba situado este en territo- 
rio de Benjamin. Josué XVIIJ. v. 28. 

5 l^as porciones de tierra que tocaron en suerte á las 
tribus de Ephraim y Manassés fueron singularmente férti- 
les. La de Manassés estaba en las faldas de los montes 



156 LIBRO DEL DEUTERONOMIO. 

14 délos frutos que son producciones del sol y 
de la luna ' : 

15 de los que crecen en la cumbre de los montes 
antiguos, y sobre los antiquísimos collados ^ : 

16 de todos los frutos de la tierra, y de toda la 
riqueza de ella. La bendición de aquel que se a- 
pareció en la zarza, venga sóbrela cabeza de Jo- 
seph , sobre la coronilla de la cabeza del naza- 
reo ' , ó consagrado al Señor entre sus herma- 
nos. 

17 Es cual la del toro primerizo su gallardía : 
como las del rinoceronte son sus astas ; con ellas 
volteará las gentes hasta los fines de la tierra : Tal 
será la gloria de la numerosa tribu de Ephraim: y 
tal la de los millares de hijos de la de Manassés. 

18 A Zabulón le dijo: Regocíjate, oh Zabulón, 
en tu tráfico por el mar; como tú Issachár en la quie- 
tud de tu casa ^ : 

19 tus hijos exhortarán los pueblos á ir al monte 
santo del Señor , donde le Inmolarán víctimas de 

Hermon, Galaad y Sanir, que son los montes antiguos, y an- 
tiquísimos collados, de que se habla en el verso 15. 

1 Anuales como vino , trigo , cebada , etc. ó mensuales 
como verduras, etc. — Véase Hebraísmos, . 

2 Gen. XLIX. v. 26. 

3 Tertuliano, San Gerónimo y otros Padres aplican todo 
esto á Jesu-Christo, á quien figuraba el nazareo Joseph. Y 
en San Matheo c. II. v. 23, se dice que Jesu-Christo habitó 
en Nazareth, en cumplimiento de lo anunciado por los Pro- 
fetas de que se llamaría Nazareo. Véase Act. III. v. Q. 

4 Gen. XLIX. v.\Z y siguientes. 



CAPÍTULO XXXHI. 157 

justicia. Chuparán como leche las riquezas de h 
mar, y los tesoros que esconden sus arenas. 

20 Dijo también á Gad : bendito sea Gad en su 
expansión ' ó ancho territorio : se echó á descansar 
como un león, arrebató de una vez brazo y cabeza. 

21 Y reconoció sn prero^tiva en que Moysés 
el doctor de Israel debia ser depositado ^ en su 
porción ó herencia '. El fue con los príncipes del 
pueblo d la conquista de Chánaan , y cumplió los 
mandatos del Señor y su obligación con Israel. 

22 Asimismo dijo á Dan : Dan como un joven 
león correrá en busca de presa desde Basan, y se 
extenderá mucho. 

23 y á Nephthalí le dijo : Nephthalí gozará de 
todo en abundancia : será colmado de las bendi- 
ciones del Señor ; poseerá el mar de Genesareth y 
y el Tpais acia el Mediodia. 

24 Dijo también á Aser : Bendito sea en su 
prole. Será agradable á sus hermanos : y bañará 
en aceite sus pies ^. 

25 De hierro y cobre será su calzado^. Como en 

1 Jephté, que era de esta tribu, extendió los términos de 
sus posesiones. Judie. XI. v. 32. — Véase Josué XIII. 
V. 24. 

2 Después de muerto. 

3 Murió Moysés en el monte Nebo, territorio de Gad. 

4 Frase que denota la grande abundancia de aceite t-u 
Sil territorio. 

5 Los autiguo.'j guerreros soban usar calzados ó botas de 

estos metales ; y aquí .se denota el genio belicoso de est-i 

tribu. 

14 



158 LIBRO DEL DEUTERONOMIO. 

los días lie tu juventud , asi serás fuerte en los de 
tu vejez. 

26 No hay otro Dios como el Dios del rectísimo 
ó mvy amado Israel. El que está sentado sobre los 
cielos es tu protector. Su gran poder es el que 
hace correr las nubes de una parte á otra. 

27 Arriba en lo mas alto de los cielos está su 
morada y llegan acá abajó sus brazos ó poder 
eterno. Arrojará de tu presencia al enemigo, y le 
dirá : Quédate reducido á polvo '. 

28 Con esto Israel estará en su pais seguro y 
separado. Tiende, oh Jacob, la vista por tu tierra 
abundante de trigo y de vino : el rocío caerá con 
tanta abundancia, que se oscurecerá el cielo. 

29 Bienaventurado eres, oh Israel : ¿Quién hay 
semejante á tí, oh pueblo afortunado , que hallas 
tu salud en el Señor ? Él es el escudo que te cubre 
y defiende, y la espada que te llena de gloria. 
Tus enemigos rehusarán reconocerte ; pero tú 
los sojuzgarás ^ y pondrás el pie sobre su cue- 
llo. 

CAPÍTULO XXXIV. 

Muerte, sepultura y elogio de Moysés. 

1 Subió pues Moysés de la llanura de Moab al 
monte Nebo, sóbrela cumbre de Phasga en frente 

X Nótese aquí la idea sumamente grandiosa que da 
Moysés de Dios, 



CAPÍTULO XXXIV. 159 

de Jericlió, y mostróle el Señor toda la tierra de 
Galaad hasta Dan , 

2 y toda la de Neplithalí, y la comarca de E- 
phralm y de Manassés, y todo el país de Judá 
hasta el mar occidental ó Mediterráneo , 

3 y la parte meridional , y la espaciosa vega de 
Jerichó, ciudad de las palmas, hasta Segor. 

4 Y el Señor le dijo : He ahí la tierra de la 
cual juré á Abraham, á Isaac, y Jacob, diciendo : 
A tu descendencia se la daré. Tú la has visto con 
tus ojos ; mas no entrarás en ella. 

5 Y murió allí Moysés ' , siervo del Señor , en 
tierra de Moab , habiéndolo dispuesto asi el Se- 
ñor ; 

6 quien ^ le hizo sepultar en un valle del dis- 
trito de Moab , en frente de Phogor : y ningún 
hombre hasta hoy ha sabido su sepulcro. 

7 Era Moysés de ciento y veinte años cuando 
murió : no se ofuscó su vista , ni los dientes se le 
movieron. 

8 Y lloráronle los hijos de Israel por espacio de 
treinta dias en las llanuras de Moab : después de 
los cuales concluyeron el luto los que le llora- 
ban. 

9 Y Josué, hijo de Nun, estaba lleno del espí- 



1 San Gerónimo opina que Esdras añadió todo lo que 
sigue del capítulo : otros creen que Josué ; pero todos lo 
reconocen como dictado por el Espíritu santo. 

2 Por ministerio de sus ángeles. 



160 LIBRO DEL DEüTKRONüIVlíO. 

ritu de sabiduría; porque Moysés le había impues- 
to las manos. Y los hijos de Israel le prestaron 
obediencia, y ejecutaron lo que mandó el Señor á 
Moysés, 

10 Ni después se vio jamas en Israel un profe- 
ta ' como Moysés, con quien conversase el Señor 
cara á cara ; 

1 1 ni que hiciese todos aquellos milagros y 
portentos que obró cuando le envió el Señor á 
tierra de Egypto contra Pharaon y todos sus sier- 
vos, y su reino todo ; 

12 ni que tuviese aquel universal poderío, y 
obrase las grandes maravillas que hizo Moysés á 
vista de todo Israel. 

1 Esta comparación se ha de entender solamente res- 
pecto de los demás hombres , mas no de nuestro Señor 
Jestt-Christo, Dios y hombre. 



FIN DEL DEUTERONOMIO. 



ADVERTENCIA 

SOBRE EL LIBRO DE JOSIÉ. 



Josué, y'¿.'iri% llamado antes Oseas s?g7itjica 
Salvador dado por Dios, ó Dios Salvador: 
nombre que le puso Moysés seguramente con 
espíritu pr of ético. Era hijo de Nun , voz que 
después los griegos pronunciaron Nave . 

Lleva este libro el nombre de Josué , no 
solainente porque contiene la historia del 
pueblo de Israel mientras Josué le gobernó; 
sino también porque , según lacomzm opinión 
de los judíos , seguida generalmente por los 
sagrados eoepositores, fue él quien le escribió. 
En efecto^ en el cap. XXIV. v. 26 se dice : 
todas estas cosas fueron escritas por Josué. 
No obstante , es verosimil que después por 
Samuel, ó Esdras, úotro profeta , se anadie- 
ron varios nombres de lugares , y algunas 
noticias que pertenecen á los tiempos poste- 
riores á Josué : pequeñas adiciones que con- 
sagradas y aprobadas por la ?nisma Synagoga 



162 ADVERTENCIA. 

y después por la Iglesia cristiana , no per- 
judican ni d la verdad ni á la autenticidad 
de este libro. 

Josué después de la muerte de Moysés tomó 
el gobierno del pueblo de Israel ^ como se ve 
en el cap- XXFII de los iN limeros v.\Q, 19 : 
gobierno que duró Q.^ años según el cálculo 
deJosepho, historiador hebreo, 6 37 como 
dicen otros ; y durante el cual obró Dios 
tantos y tan estupendos prodigios á favord e 
su pueblo escogido. Véase el magnifico elo- 
gio que de Josué formó el Espíritu Sa nto 
por boca del autor del libro del Eclesiástico , 
en el cap. XLVI desde el verso 1 hasta el i o. 
A este admirable y digno succesor de Moysés 
estaba reservado el introducir al pueblo de 
Israel en la tierra de promisión : viva y 
animada imagen del otro Divino Josué , esto 
es, de Jesús Ungido ó Jesc-Christo, que vino 
para dar cumplimiento en favor de los verda- 
daderos creyentes á lo que Moysés predijo y 
prefiguró con la Ley, y con los aiitigiios sa- 
crificios. Jesús, hijo de Nave, dice San Ge- 
rónimo , es figura de nuestro Señor Jesu- 
Chrislo, y no solamente en sus hechos, sino 



ADVERTENCTA. 163 

también en su mismo nombre. Josué pasó 
el Jordán , destruyó á los reyes enemigos , 
repartió la tierra entre el pueblo vencedor ; 
y todas aquellas ciudades, lugares, montes^ 
rios, torrentes y confines son imagen de la 
Iglesia y de la celestial Jerusaiem. 



LIBRO DE JOSUÉ. 



CAPITULO PRIMERO. 

Alienta el Señor á Josué á la conquista de la tierra de Pro- 
misión : y Josué avisa al pueblo que se prevenga para pa- 
sar el Jordan¡ precedido de las tribus de Rubén y de Gad, 
y la media tribu de Manassés. 

1 Y sucedió que después de la muerte de Moy- 
sés, siervo del Señor , habló el Señor á Josué hijo 
de Nun, ministro de Moysés % y le dijo : 

2 Mi siervo Moysés ha muerto : anda y pasa 
ese Jordán tú y todo el pueblo contigo , para en- 
trar en la tierra que yo daré á los hijos de Is- 
rael, 

3 Todo el lugar de ella que pisare la planta de 
vuestro pie , os le entregaré, como lo dije á Moy- 
sés. 

4 Vuestros términos ^ serán desde el Desierto, 
y desde el Líbano hasta el grande rio Euphrates : 

1 Annqne era ya el supremo gefe del pueblo, se llama 
auD á si mismo ministro de Moysés , por haber sido educado 
é instruido por este, y asistidole ; al modo que Eliséo es lla- 
mado también ministro de Elias su maestroj etc. 

2 Se designan los límites de la tierra santa; á saber , el 
Desierto de la Arabia Pétrea por la parte del Mediodía : 
el monte Líbano por la del Norte ; y el rio Euphrates por 
el Oriente, 



CAPÍTULO I. 165 

toda la tierra de los Hetheos , hasta el mar gran- 
de ' que cae al Poniente será vuestra. 

5 rsinguno de esos pueblos podrá resistiros en 
todo el tiempo de tu vida : como estuve con Moy- 
sés, asi estaré contigo, no te dejaré, ni te desam- 
pararé. 

6 Esfuérzate y ten buen ánimo : porque tú has 
de repartir por suerte á este pueblo la tierra que 
juré á sus padres que les daria. 

7 Anímate pues , y ármate de gran fortaleza 
para guardar y cumplir toda la Ley que te pres- 
cribió mi siervo Moysés : no te desvies de ella ni 
á la diestra ni á la siniestra; asi obrarás pruden- 
temente. 

8 Tu boca hable de continuo del libro de esta 
Ley , y medita de dia y de noche lo que en él se 
contiene, á fin de guardar y cumplir todas las co- 
sas en él escritas ; con lo cual irás por el recto 
camino , y procederás sabiamente. 

9 Mira que yo soy el que te lo mando : buen 
ánimo , y sé constante : no temas ni desmayes ; 
porque contigo está el Señor Dios tuyo á cualquier 
parte que vayas. 

10 Poco después mandó Josué á los príncipes del 
pueblo, diciendo : Recorred el campamento, é in- 
timad esta orden al pueblo, y decidle : 

11 Haced provisión de víveres , porque ^ des- 

1 Véase Mar. 

2 Porque hemos de marchar en breve. 



106 LIBRO DE JOSUK. 

pues de tres dias de levanlatlo el campo, habéis de 
pasar el Jordán y entrar en posesión de la tierra 
que os ha de dar el Señor Dios vuestro ' . 

12 Dijo asimismo á los hijos de las tribus de 
Rubén y de Gad y á los de la media tribu de Ma- 
nassés : 

13 Acordaos del mandato que os dio Moysés, 
siervo del Señor ^ , cuando os dijo : Dios vuestro 
Señor os ha concedido reposo, y os ha dado toda 
esta tierra. 

14 Vuestras mugeres é hijos y vuestros gana- 
dos se quedarán en este territorio que os entregó 
Moyses del Jordán acá ^ ; pero todos los mas es- 
forzados y aguerridos pasad armados á la frente 
de vuestros hermanos , y pelead á favor de ellos , 

15 hasta tanto que el Señor de reposo á vues- 
tros hermanos , como os le ha dado á vosotros , y 
posean también ellos la tierra que el Señor Dios 

1 Y entonces cesará ya el maná. Aun Dios enviaba el 
maná, como se ve en el cap. V. v. 12.; pero habiendo ha- 
llado ya los hebreos harina y otros comestibles en el país 
conquistado de los araorrheos, podian alimentarse también 
de todos los víveres que habia en el pais. Esta orden de 
aprontar víveres está puesta aquí por anticipación ; de ma- 
nera que los versos 10 y 11 corresponden, según el orden 
chronológico , después del verso 1 del cap. III. Tal vez se 
pone aquí para denotar la pronta obediencia de Josué en 
ejecutar la orden de Dios sobre el paso del Jordán. 

2 Después de repartiros esas tierras que po.^eeis. Num. 
XXXII. V. 17, 20. 

•^ 3 Y también los mas de vosotros para su defensa. 



CAPÍTULO II. 167 

vuestro les ha de dar : y entonces os volvereis al 
territorio cuya posesión se os ha dado, y habitareis 
en el lugar que os señaló Moysés siervo del Señor, 
á esta parte del Jordán acia el Oriente. 

16 Ellos respondieron á Josué, y dijeron : Ha- 
remos todo cuanto nos has mandado, é iremos á do 
quiera que nos enviares : 

17 asi como hemos obedecido á Moysés en to- 
do , del mismo modo te obedeceremos también ó. 
tí : solamente deseamos que el Señor tu Dios sea 
contigo , como fue con Moysés. 

18 El que contradijere tus palabras, y no qui- 
siere obedecer tus órdenes , muera. Tú por tu 
parte anímate , y obra varonilmente , que nosotros 
te seguiremos por todo. 

CAPÍTULO II. 

Enría Josué dos exploradores para reconocer á Jerichó y su 
íerritorio; los cuales escondidos por Rahab, vuelven salvos 
al campamento. 

1 Entretanto Josué, hijo de Nun, habia enviado 
secretamente desde Setim dos hombres por ex- 
ploradores , diciéndoles : Id y reconoced bien el 
terreno y la ciudad de Jerichó. Los cuales partiendo 
del campamento llegaron ü Jerichó , y entraron en 
casa de una muger pública, llamada Rahab, y se 
hospedaron en ella •'. 

1 Los hebreos entrando en Jerichó irian á parar en la 
primera casa que se les puso delante , pegada á la misma 



168 LIBRO DE JOSUÉ. 

2 Y dióse aviso al rey de Jerichó , y fuéle dicho : 
Mira que unos hombres israelitas han entrado aquí 
de noche para reconocer el terreno. 

3 Con esta noticia el rey de Jerichó mandó de- 
cir á Rahab : Saca fuera esos hombres que han 
venido á tí , y están metidos en tu casa j porque 
son espías que han venido á reconocer todo el 
pais. 

4 Pero la muger , habiéndolos escondido, res- 
pondió ' : Es verdad que vinieron á mi casa ; mas 
yo no sabia de donde eran , 

5 y se salieron, siendo ya de noche, cuando se 
iban á cerrar las puertas, sin que yo sepa á donde 
marcharon : corred á priesa en su seguimiento , 
que los alcanzareis. 

6 Empero la muger habia hecho subir á los 
huéspedes al terrado de su casa, y cubiértolos con 
haces de lino que allí habia. 

7 Los pesquisidores enviados fueron tras ellos 
poí' el camino que lleva al vado del Jordán, y Ine- 

muralla de la ciudad. San Gregorio Naziauceno y otros cre- 
en que la voz hebrea rijlT» QU^ la Vulgata traduce mere- 
trix , y los Setenta TTopvyt, puede aquí significar posadera ó 
mesonera, ó muger que albergaba. Se habla de esta muger 
Heb.XI V. 31.— Jacobi II. V. 25. 

1 Mintió Rahab^ y en esto faltó; pero es dignada ala- 
banza por la fe que manifestó tener en el Dios de los he- 
breos, cuyos prodigios habia oído [v. 11. 24.), y por el buen 
corazón con que salvó á los dos exploradores, exponiendo 
su propia vida por salvar la de los dos hebreos. Esta fe y 
generosidad .suya son las que alaba el Apóstol, 



CAPITULO H. 109 

go que salieron, al punto se cerraron las puertas 
de la ciudad. 

8 Aun no dormían los que estaban escondidos , 
cuando he aquí que la muger sube á ellos , y les 
dice : 

9 Yo sé que el Señor vuestro Dios os ha entrega- 
do el dominio de esta tierra ; porque el terror de 
vuestro nombre se ha apoderado de nosotros , y 
todos los habitantes del pais están amilanados. 

10 Hemos oído que el Señor secó las aguas 
del mar Rojo para daros paso , cuando salisteis 
de Egypto ; y la manera con que tratasteis á los 
dos reyes de los amorrheos, que habitaban al otro 
lado del Jordán, Sehon y Og , á los cuales habéis 
muerto. 

11 Estas nuevas nos han consternado j ha des- 
mayado nuestro corazón , y asi que habéis llegado 
hemos quedado sin aliento á vuestra entrada : 
porque el Señor Dios vuestro es el mismo Dios 
que reina arriba en los cielos , y acá bajo en la 
tierra. 

12 Esto supuesto juradme ahora por el Señor 
que asi como yo he usado de misericordia con 
vosotros , asi también la usaréis vosotros con la 
casa de mi padre , y rae daréis una contraseña de 
seguridad , 

13 con que salvéis á mi padre y madre ^ á mis 
hermanos y hermanas, y todos sus bienes, y nos 
libréis de la muerte. 

14 Ellos le respondieron : A costa de nuestra 

Toi\T. III. 15 



170 LIBRO DE JOSUÉ. 

vida salvaremos la vuestra , con tal que tú no nos 
hagas alguna traición ; y cuando el Señor nos ha- 
brá entregado esta tierra , usaremos contigo de 
misericordia, y cumpliremos fielmente nuestra 
promesa. 

15 Con esto los descolgó con una cuerda desde 
la ventana , pues estaba su casa pegada al muro. 

16 Pero antes les dijo : Marchaos acia el monte ; 
no sea que á la vuelta den con vosotros ; y estad 
allí escondidos por tres dias , hasta que hayan 
vuelto vuestros perseguidores, y entonces toma- 
reis vuestro camino. 

17 Dijéronle ellos : Nosotros cumpliremos fiel- 
mente el juramento que nos has exigido, 

IS si cuando entráremos en la tierra estuviere 
por contraseña esta cinta de color de grana * , 
atada á la ventana por donde nos has descolgado ; 
y hubieres tenido cuidado de reunir en tu casa á 



I Orígenes, San Gerónimo, San Ambrosio , y especial- 
mente San Agustín, miran figurada en esta cinta de color 
de escarlata la sangre de Christo. Yo me acordaré de 
Rahab. Ps. LXXXFI. Sobre cuyas palabras dice S. A- 
gustin ; Esta es aquella meretriz de Jerichú que tuvo fe en 
las promesas del Señor, á la cual se dijo " que colgase la 
" cinta de color rojo; esto es, que tuviese en la fi-ente la se- 
" nal de la sangre de Christo. En verdad os digo que los 
" publícanos y meretrices os precederán en el reino de los 
" cielos^ decia el Señor á los soberbios phariseos : os pre- 
" ceden, porque hacen fuerza, forcejan con la fe, y los que 
" forcejan son los que roban el reino de los cielos. " 



CAPITULO ÍI. J 7 1 

tu padre y madre, y hermanos , y toda tu pa- 
rentela. 

19 Mas si alffuno se saliere ó estuviere fuera de 
la puerta de tu casa , á él y no á nosotros deberá 
imputarse su muerte : pero respecto de todos los 
que contigo estuvieren dentro de tu casa, recaerá 
su sangre sobre nuestras cabezas , si alguno los 
tocare. 

20 Pero si t,ú nos hicieres traición , y propa- 
lares este convenio , quedaremos desobligados del 
juramento que has exigido de nosotros. 

21 A lo que respondió ella : Como lo habéis 
dicho , asi sea. Y luego que los despidió , y se 
fueron , colgó la cinta de color de grana en la 
ventana. 

22 Ellos caminaron hasta llegar al monte, don- 
de se detuvieron tres dias , hasta que hubieron 
vuelto*los que hablan ido en su seguimiento ; los 
cuales después de haberlos buscado por todo el 
camino , no los hallaron. 

23 Luego que estos entraron en la ciudad , 
descendieron del monte los exploradores , y se 
volvieron; y repasando el Jordán, llegaron á 
Josué , hijo de Nun , y le contaron todo cuanto 
les habia sucedido . 

24 y dijéronle : El Señor ha puesto en nues- 
tras manos toda esta tierra , y todos sus mora- 
dores están amilanados con el terror de nuestro 
nombre. 



17'2 LIBRO DE JOSUÉ. 

CAPÍTULO III. 

El pueblo de Israel, precedido del Arca, pasa el Jordán, 

1 Josué pues levantándose antes del dia, mo- 
vió el campo , y saliendo de Setim llegaron al 
Jordán él y todos los hijos de Israel , y se detu- 
vieron allí tres dias '. 

2 Pasados los cuales dieron los heraldos ^ una 
vuelta por medio del campamento , 

3 y comenzaron á publicar en alta voz : Luego 
que viereis moverse el Arca del testamento del 
Señor Dios vuestro , y que marchan los sacerdo- 
tes del linage de Leví que la llevan , levantad 
también vosotros el campo , y marchad en pos de 
ellos : 

4 mas ^ haya entre vosotros y el Arca el espa- 
cio de dos mil codos , á fin de que la podáis ver 
de lejos y saber el camino por donde habéis de 
pasar ; pues no habéis andado antes por él : pero 
mirad que no os acerquéis al Arca. 

5 Y dijo Josué al pueblo : Santifícaos'^; porque 



1 Esto es, aquella noche, todo el dia después, y la noche 
siguiente. 

2 La voz hebrea □1"1l21Í^' Q^e aquí traduce la Vulgata 
pr acones, la traduce príncipes en el cap. I. v. 10. Tal vez 
en ambas partes es lo mismo que prefectos ó cajñíanes. 

3 En señal de respeto al Señor. 

4 La santificación aquí es lo mismo que purificación ó 
preparación . la cual solía hacerse lavando los vestidos, y 



! 



CAPÍTULO IIT. 173 

mañana lia ile obrar el Señor maravillas entre vos- 
otros. 

6 Y á los sacerdotes les dijo : Tomad el Arca 
del testamento , é id delante del pueblo ; los cua- 
les haciendo lo que se les mandaba, la tomaron , 
y se pusieron en marcha delante de ellos. 

7 Entonces el Señor dijo á Josué: Hoy co- 
menzaré á ensalzarte á vista de todo Israel , para 
que vean que asi como fui con Moysés , asi tam- 
bién soy contigo. 

8 Tú pues manda á los sacerdotes que llevan el 
Arca del testamento , y diles : Luego que hubie- 
reis puesto el pie en una parte de las aguas del 
Jordán, parad allí '. 

9 Y á los hijos de Israel díjoles Josué : Llegaos 
acá , y oid las palabras del Señor Dios vuestro. 

10 Y añadió : En esto conoceréis que el Señor 
Dios vivo está en medio de vosotros , y que ex- 
terminará á vuestra vista al chánaneo , y al he- 



sepaiándose los maridos del trato con sus mugeres. Exod. 
XIS.. V. 15. — Josué Vil. V. 13. Y con esta purificación 
exterior se denotaba la del espíritu, sin la cual uo puede el 
hombre considerar atentamente las grandes obras del Se- 
ñor. — Véase Expiación. Leyes. 

I Para dejar que las aguas dé la parte de abajo vayaa 
corriendo acia el mar Muerto, y las de la parte de arribase 
retiren acia su manantial, de suerte que quede enjuto el 
fondo del rio; después de lo cual avancen los sacerdotes cou 
cI Arca hasta el medio del rio, donde se estén mientras 
tanto que dure el paso del pueblo. 



174 LIBRO DE JOSUÉ. 

tyieo , y al heveo, al pherezeo , al gergeseo tam- 
bién , al jebuseo y al amorrheo. 

11 Mirad , el Arca del testamento del Señor de 
toda la tierra irá delante de vosotros por medio 
del Jordán para abriros el paso, 

12 Tened prevenidos doce varones de las tri- 
bus de Israel , uno de cada tribu '. 

13 Y luego que los sacerdotes , que llevan el 
Arca del Señor Dios de toda la tierra , hubieren 
puesto las plantas de sus pies en las aguas del 
Jordán, las aguas de la parte de abajo proseguirán 
corriendo ; mas las que vienen de arriba se para- 
rán , amontonándose. 

I 14 Salió pues el pueblo de sus tiendas para 

pasar el Jordán ; y los sacerdotes que llevaban el 
Arca del testamento marchaban delante de él. 

15 y luego que estos entraron en el Jordán, 
y comenzaron sus pies á mojarse en parte del agua 
(es de advertir que siendo el tiempo de la siega ', 
el Jordán habia salido de madre ) 

16 las aguas que venian de arriba se pararon 
en un mismo lugar , y elevándose á manera de 

\ un monte, se descubrían á lo lejos desde la ciu- 
dad llamada Adom hasta el lugar de Sarthan : mas 

1 Para lo que os prescribiré en memoria de esebeneficio 
qne vais á recibir de Dios. 

2 De las cebadas. Pasaron los hebreos el Jordán á diez 
del mes de nisan, tiempo de la siega de las cebadas, en que 
el Jordán, por derretirse entonces las nieves del Líbano, 
se hincha y suele salir de madre. Eccli. XXIF. v. 36. 



CAPÍTULO IV. 175 

las que iban corriendo acia abajo , íaeron á de- 
sembocar en el mar del Desierto ( que ahora se 
llama Rluerto) hasta desaparecer enteramente. 

17 Rlientras tanto el pueblo iba marchando 
acia Jerichó , y los sacerdotes que llevaban el 
Arca de la alianza del Señor, estaban a pie quieto 
y á la orden clel Señor, sobre el suelo enjuto , en 
medio del Jordán , y todo el pueblo iba pasando 
por el álveo del rio , que habia quedado en seco. 

CAPÍTULO IV. 

Monumento erigido por Josué' después del paso del Jor- 
dán. 

1 Luego que acabaron de pasar, dijo el Señor 
á Josué : 

2 Escoge doce varones , uno de cada tribu ; 

3 y mándales que tomen de en medio del ál- 
veo del Jordán , donde estuvieron parados los sa- 
cerdotes , doce piedras solidísimas , que coloca- 
reis en el lugar del campamento , en que planta- 
reis esta noche las tiendas. 

4 Llamó pues Josué á los doce varones que 
habia elegido de entre los hijos de Israel , uno de 
cada tribu , 

5 y díjoles : Id delante del Arca del Señor 
Dios vuestro al medio del Jordán , y traed de allí 
una piedra cada uno sobre vuestros hombros , 
conforme al número de las tribus de los hijos de 
Israel , 



ItB libró de Josué. 

6 para que sirvan de monumento entre vos- 
otros ; y cuando el día de mañana os preguntaren 
vuestros hijos , diciendo : ¿ Qué significan esas 
piedras? 

7 les habéis de responder : Desaparecieron las 
aguas del Jordán á vista del Arca del testamento 
del Señor, cuando iba ella pasándole : por esto se 
pusieron esas piedras para eterno monumento de 
los hijos de Israel. 

8 Hicieron pues los hijos de Israe'l lo que les 
ordenó Josué , trayendo de en medio de la madre 
del Jordán doce piedras , como el Señor lo habia 
mandado a Josué , conforme al número de las 
tribus de los hijos de Israel, hasta el sitio en que 
acamparon , y colocáronlas allí. 

9 Levantó también Josué otras doce piedras en 
medio de la madre del Jordán , donde estuvieron 
parados los sacerdotes que llevábanle! Arca del tes- 
tamento ; y allí permanecen hasta el dia de hoy. 

10 Entretanto los sacerdotes, que llevaban el 
Arca, estaban quedos en medio del Jordán, mien- 
tras que se ejecutaban todas las cosas que el Se- 
ñor habia mandado á Josué que intimara al pue- 
blo, y que le habia dicho Moysés. Y el pueblo ' 
dióse priesa á pasar el rio. 

11 Pasado que hubieron todos, pasó también el 
Arca del Señor, y los sacerdotes marchaban con 
ella delante del pueblo. 

1-, Espantado al ver las aguas suspendidas. 



CAPÍTULO IV. 177 

12 Asimismo los hijos de Rubén y de Gad, y la 
media tribu de Maiiassés iban armados á la frente 
de los hijos de Israel , como les habla mandado 
Moysés*. 

13 Y estos combatientes, en número de cuaren- 
ta mil, iban delante, ordenados en filas y columnas, 
por las llanuras y campos de la ciudad de Jeri- 
chó. 

14 En aquel dia engrandeció el Señor á Josué 
delante de todo Israel, para que le temiesen ó res- 
petasen , como hablan temido á Moysés mientras 



VlVlO ^. 



15 Y habíale dicho el Señor : 

16 Manda á los sacerdotes , que llevan el Arca 
del testamento, que salgan del Jordán. 

17 Josué se lo mandó, diciendo : Salid del Jor- 
dán, 

18 Y luego que salieron llevando el Arca del 
testamento, y comenzaron á pisar la ribera , vol- 
vieron las aguas á su madre , y corrieron como 
solían antes. 

19 Salló el pueblo del Jordán el dia diez del mes 
primero ^, y sentó el campamento en Gálgala, que 
cae al Oriente de la ciudad de Jerlchó. 

1 Num. XXXII. V. 28. 

2 Estos cuatro versos deberían estar, según el orden chro- 
nológico. antes del verso 11. Semejantes trasposiciones son 
frecuentes en este libro. — Véase Reglas. 

3 Cuarenta años menos cinco dias, después que saliero» 
de Egypto los israelitas. — Véase Mes. 



ilS LIBRO DE JOSUÉ. 

20 Colocó asimismo Josué en Gálgala las doce 
piedras que hablan tomado del fondo del Jor- 
dán ' ; 

21 y dijo á los hijos deisrae'l : Cuando pregun- 
taren el dia de mañana vuestros liijos á sus pa- 
dres y les dijeren : ¿ Qué significan estas pie- 
dras ? 

22 los instruiréis y diréis que á pie enjuto pasó 
Israel ese Jordán , 

23 secando el Señor Dios vuestro sus a^uas á 
vuestra vista, hasta que hubisteis pasado : 

24 á la manera que primero lo habia hecho en 
el mar Rojo, al cual secó hasta que nosotros pa- 
samos ^ : 

25 para que reconozcan todos los pueblos de 
la tierra la mano /oí/o-poderosa del Señor, y vo- 
sotros asimismo temáis en todo tiempo al Señor 
Dios vuestro. 



CAPITULO V. 

Circuncisión del pueblo. Celebración de la Pascua. Cesa el 
maná. Aparécese á Josué el Ángel del Señor. 

1 Luego que todos los reyes de los amorrheos 

1 San Gerónimo dice que este moutimento se vela aun 
eu su tiempo; y algunos opinan que hablaba de él San Juan 
Bautista ( Mallh. III. v. 9. ) ; pues Bethabara donde bao- 
tizaba el Precursor tuvo este nombre por haber pasado allí 
el Jordán el pueblo de Israel. 

2 Exod. XlF.v %\. . .. 



CAPÍTULO V. 179 

que habitaban á la otra parte del Jordán acia el 
Poniente, y todos los reyes de los chánaneos que 
poseían los paises vecinos al mar grande, o Medi- 
terráneo^ oyeron que el Señor liabia secado las a- 
guas del Jordán al presentarse los lujos de Israel 
hasta que hubieron pasado ; desmayó su corazón, 
y no quedó aliento en ellos ^ temiendo la entrada 
de los hijos de Israel. 

2 En este tiempo pues dijo el Señor á Josué' : 
Hazte unos cuchillos de pedernal , y restablece 
otra vez la circuncisión entre los hijos de Is- 
rael. 

3 Hizo Josué lo que el Señor le habia mandado, 
y circuncidó á los hijos de Israel en el collado lla- 
mado por eso de la Circuncisión. 

4 He aquí la causa de la segunda circuncisión : 
todos los varones del pueblo sahdos de Egypto , 
los hombres todos de guerra murieron en el De- 
sierto , durante aquel larguísimo viage de tantos 
rodeos : 

5 y todos ellos estaban circuncidados. Mas no 
lo estaban los que hablan nacido en el Desierto ; 

6 los cuales anduvieron cuarenta años por aque- 
lla vastísima soledad , disponiéndolo asi Dios hasta 
que hubieron muerto todos los que no hablan obe- 
decido á la voz del Señor, á quienes juró de ante- 
mano que no les dejarla ver la tierra que mana 
leche y miel. 

7 Los hijos de estos succedieron en el lugar y 
derechos de sus padres , y fueron circuncidados por 



1^0 LIBRO DE JOSUÉ. 

Josué; pues estaban incircuncisos, asi conio habían 
nacido , no habiéndolos circuncidado ninguno du- 
rante el camino ' . 

8 Después que todos fueron circuncidados , se 
mantuvieron acampados en el mismo sitio , hasta 
quedar curados. 

9 Dijo entonces el Señor á Josué : Hoy os he 
quitado de encima el oprobio de el Egypto ^. Y 
se llamó el nombre de aquel sitio Gálgala% hasta 
el presente dia. 

10 Detuviéronse pues los hijos de Israel en 
Gálgala : y celebraron la Pascua el dia catorce del 
mes á la tarde en la llanura de Jerichó ; 

11 y al otro dia comieron panes ázymos hechos 
de trigo del pais, y harina ó polenta del mismo 
año. 

12 Y luego que ya comieron de los frutos de 
la tierra, faltó el maná ^; ni usaron mas los hijos 
de Israel de tal manjar , sino que se alimentaron 
de los frutos que habia producido aquel año la 
tierra de Chánaan. 

13 Mientras Josué se hallaba en los alrededores 
de la ciudad de Jerichó , alzó los ojos , y viendo 



1 Por temor de ocasionarles la muerte : pues necesitaban 
algunos dias de quietud para su curación , y no tenian dia 
fijo para mudar de campamento. Nutn. IX. v. 22. 

2 Separándoos de aquel pueblo por la circuncisión. 

3 ^73^^ significa en hebreo separación, apartamiento. 

4 Con esto pudieron todos conocer que habia sido un don 
gratuito de la bondadde Dios. 



CAPÍTULO VI. 181 

delante de sí un varón que estaba en pie con la 
espada desenvainada , encaminóse á él y díjole : 
¿ Eres tú de los nuestros, ó de los enemigos ? 

14 El cual respondió : No soy lo que piensas; 
sino que soy el príncipe ó caudillo del ejército del 
Señor, que acabo de llegar '. 

15 Postróse Josué en tierra sobre su rostro, y 
adorando d Dios dijo : ¿Qué es lo que ordena mi 
señor á su siervo ? 

16 Quítate, le dijo, el calzado de tus pies; pues 
el lugar que pisas es santo. É hízolo Josué como 
se le habia mandado '^. 



CAPÍTULO VI, 



A la presencia del Arca caen por sí mismos los muros deje- 
richó,y la ciudades entrada á sangre íj fuego; salvándose 
solamente Rahab y los suyos. Imprecaciones contra los 
que vuelvan á edijicar la ciudad. 

1 Entretanto Jerichó estaba cerrada y bien per- 
trechada por temor de los hijos de Israel, y nadie 
osaba salir ni entrar. 

2 Mas el Señor dijo á Josué : Mira; yo he 
puesto en tu mano á Jerichó y á su rey y á todos 
sus valientes. 

3 Dad la vuelta á la ciudad una vez al dia todos 



1 A vuestro socorro. 

2 Fxoít. III. V. 5 — Act. VIII. V. 33. 

10 



1S2 LIJíRO DE JOSÜí':. 

los hombres de armas'. Y haréis esto por espado 
(le seis illas. 

4 Y al séptimo tomen los sacerdotes siete trom- 
petas de las que sirven para el jubileo , y vayan 
delante del Arca del Testamento, y en esta forma 
daréis siete vueltas á la ciudad, tocando los sacer- 
dotes sus trompetas ; 

5 y cuando se oiga su sonido mas continuado y 
después mas cortado, é hiriere vuestros oidos, to- 
do el pueblo gritarcá á una con grandísima algaza- 
ra , y caerán hasta los cimientos los muros de la 
ciudad por todas partes^ y cada uno entrará por 
la que tuviere delante. 

6 Con esto Josué, hijo de Nun, convocó á los 
sacerdotes y les dijo : Tomad el Arca del Testa- 
mento, y otros siete sacerdotes tomen siete trom- 
petas de las del jubileo, y vayan delante del Arca 
del Señor, 

7 Dijo asimismo al pueblo : Id y dad vuelta á 
la ciudad armados, yendo delante del Arca del 
Señor. 

8 Luego que Josué acabó de dar sus órdenes, 
comenzaron los sacerdotes á tocar las siete trom- 
petas delante del Arca del Testamento del Se- 
ñor, 

9 y todo el ejército armado marchaba en la van- 
guardia : el resto de la gente seguia detras del 



1 Yendo los sacerdotes detras con el Arca tocando las 
trompetas, seguidos del resto del pueblo. 



CAl'lTLLO VI. xoo 

Arca, y ias trompetas resonaban por tonas par- 
tes. 

10 Blas Josué liabia mandado al pueblo , di- 
ciendo: No gritaréis, ni se oirá vuestra voz, ni 
saldrá palabra de vuestra bota, hasta tanto que 
llegue el di;i en que os diga ; Gritad , y dad vo- 
ces. 

11 De esta manera eí Arca del Señor rodeó la 
ciudad una vez el primer dia , y volviéndose al 
campamento, se mantuvo allí. 

12 Al dia siguiente levantándose Josué muy 
temprano, tomaron los sacerdotes el Arca del Se- 
ñor , 

13 y siete de ellos siete trompetas , de que 
se sirven en el jubileo, é iban delante del Arca del 
Señor, andando y torando las trom.petas , prece- 
didos de la gente armada; mas el resto del pue- 
blo seguía detras del Arca, y resonaban las trom- 
petas. 

14 De esta suerte rodearon la ciudad una vez 
el segundo dia, y se retiraron á los reales. Asi lo 
hicieron seis días. 

15 Pero al dia séptimo, levantándose muy de 
mañana, dieron siete vueltas ala ciudad, según es- 
taba ordenado. 

16 Y cuando los sacerdotes , á la séptima vuel- 
ta , tocaron las trompetas , dijo Josué á todo Is- 
rael : Alzad el grito ; porque el Señor os ha en- 
tregado la ciudad ; 

17 y sea esta ciudad y todo lo que liay en ella, 



ÍS4 LIBRO DE JOSü¿. 

anathema' sacrificado al Señor. Sola llaliab la 
ramera quede viva con todos los que están en su 
casa ; por cuanto ocultó los exploradores que 



enviamos ^. 



^ 18 Ahora vosotros guardaos de tocar cosa chica 
ni grande , contraviniendo á las órdenes dadas ; 
para no haceros reos de prevaricación , y no en- 
volver á todo el campamento de Israel en la culpa, 
y llenarle de turbación. 

19 Mas todo lo que se hallare de oro y plata 
y de utensilios de cobre y hierro, sea consagrado 
á Dios, y guardado en sus tesoros. 

20 Levantando pues el grito todo el pueblo , y 
resonando las trompetas , luego que la voz y el 
estruendo de ellas penetró los oídos del gentío, 
de repente cayeron las murallas , y subió cada 
cual por la parte que tenia delante de sí ' ; y se 
apoderaron de la ciudad , 

21 y pasaron acuchillo á todos cuantos habla en 
ella hombres y mugeres, niños y viejos : ma- 
tando hasta los bueyes y las ovejas , y los asnos. 

22 Y dijo Josué á los dos horñbres que fueron 



1 Esto es , destruido. La voz hebrea' □"IH V^^ ^^ 
griego se traduce anathema, se aplica tanto á una cosa que 
se consagra á Dios perpetuamente, de suerte que no puede 
ya destinarse á usos privados ó profanos ; como á aquello 
que se quema en holocausto consumiéndose ó aníquilándosq 
en honor de Dios. — Véase Anathema. 

2 Cap. II V. 4. — Heb. XI. v. 31. 

3 Hebr. XI. V. 30. — II. Mmh. XII v. 15. 



CAPÍTULO \í. 183 

enviados por exploradores ' : Entrad en la casa de 
aquella miiger pública, y sacadla con todas las 
cosas que son suyas , como se lo prometisteis con 
juramento. 

23 Y habiendo ellos entrado , sacaron fuera á 
Rahab , y á sus padres , hermanos , y á todos sus 
muebles y alhajas , y d toda la parentela , y los 
aposentaron fuera del campamento de Israel % 

24 Después abrasaron la ciudad, y cuanto en 
ella habia , menos el oro y la plata , y los muebles 
de cobre y de hierro , que fueron consagrados 
para el erario del Seiior '. 

25 Mas Josué salvó la vida a Rahab la ramera, 
y átoda lafamiliade su padre, y á todos los suyos, y 
se avecindaron en medio de Israel, como se ve en el 
dia de hoy; por haber ella escondido álos explora- 
dores enviados á reconocer á Jerichó '*• En aquel 
tiempo fulminó Josué esta imprecación, diciendo: 



1 Cali. II V. 1, 14. 

2 Hasta que fuesen purificados y dignos de ser agregados 
al pueblo del Señor. Por el respeto y veneración debida al 
Arca de Dios no se permitía que los incircuncisos ó idóla- 
tras morasen en los campamentos de Israel; y asi solamen- 
te después que Rahab y sus parientes fueron instruidos en 
la Ley, y abrazaron el judaismo, y los hombres fueron cir- 
cuncidados y las mugeres purificadas por medio de algún 
bautismo, quedaron incorporados en el pueblo de Dios. Ra- 
hab casó después con Salmón, de la tribu de Judá, de quien 
descendió David, y de este el Mesías. Malih. I. v. 5. 

3 Cap. VIII V. 2. 
4 Matlh. 1. V. 5. 



18G LIBRO DE JOSUÉ. 

26 IVIaldito sea del Señor quien levantare y re- 
edificare la ciudad de Jerichó : muera su primo- 
génito cuando eche sus cimientos , y perezca el 
postrero de sus hijos asi que asiente las puertas '. 

27 El Señor pues estuvo con Josué, y su nom- 
bradla se divulgó por toda la tierra. 

CAPITULO VIL 

Castiga Dios á las israelitas por el hurto sacrilego de Achdn: 
el cual muere apedreado por orden del Señor. 

1 Pero los hijos de Israel quebrantaron el man- 
damiento ^ , y se apropiaron algo del anathema. 

1 Véase el cumplimiento de esta profecía en la persona 
de Hiél que quiso reedificarla ( III. Reg. XVI. v. 34.). 
Hállase después otra ciudad de Jericlió, fabricada sin duda 
en las inmediaciones de la antigua. II. Reg. X. v. 4. 
Luc¿e XIX. 

2 Aunque solamente de Achán se expresa que pecó, ef 
de creer que tuvo varios cómplices. Sobre todo debemos 
adorar los juicios de Dios, y venerarlos como justos y san- 
tos, aunque con la d Jbil luz de nuestro entendimiento no po- 
damos comprenderlos. Muchas veces castiga Dios á todo 
un cuerpo por el pecado de uno de sus individuos, ó para 
imprimir en todos grande horror al pecado y un saludable 
temor de la justicia Divina, ó para que cada uno vele, no 
solamente sobre si mismo, sino también sobre sus prójimos. 
Asi San Pablo I. Cor. V. v. 2, 6, imputa á toda la Iglesia 
de Corintho el escándalo de un solo incestuoso. II. Cor.^ 
VILv. IL Tal vez la codicia de Achán solo fue ocasión 
de la muerte de los demás, que la merecerían por sus pro- 
pios pecados, Y el Señor, como observa San Agustin 



CAPÍTULO VII. 187 

Porque Ailián, hijo tle Chárml, hijo de Zabdi, hijo 
de Zaré, de la tribu de Judá, tomó alguna cosa de 
lo destinado al anathema ' : por lo cualse enojó 
el Señor contra los hijos de Israel -. 

2 Despachó Josué desde Jerichó algunos hom- 
bres acia Hai, que está junto á Bethaven , al O- 
riente de la villa de Bethel, diciéndoles : Andad y 
reconoced la tierra. Los cuales ^ en cumplimiento 
de la orden, reconocieron « Hai; 

3 y á la vuelta le dijeron : No es menester que 
se mueva todo el ejército : basta que dos ó tres 
mil hombres marchen y arrasen la ciudad : ¿ para 
qué se hade fatigar inútilmente lodo el pueblo con- 
tra poquísimos enemigos ? 

4 Marcharon pues tres mil combatientes : los 
que , volviendo al punto las espaldas , 

5 fueron batidos por los de la ciudad de Hai , 
quedando muertos treinta y seis hombres, y siendo 
perseguidos de los contrarios desde la puerta de 
Hai hasta Sabarim , y acuchillados al huir cuesta 
abajo : con lo que se intimidó el corazón del pue« 
blo, y se disolvía como agua. 

6 Entonces Josué ^ rasgó sus vestidos, y estuvo 

i^ ■ I ■ - ■! ■ ■■ .1 ■■ — I ■ 

{QiiíBst. VIL in Josué) , obra justamente cuando castiga á 
unos con penas temporales por los pecados y faltas de los 
otros. llI.jReíj.XF/.r. 34. 

1 Xé^se Anaihema. ' 

2 Castigándolos del modo siguiente. Cap. XXII. v. 16, 
20 — I. Par. II. V. 7. 

3 Recurriendo a la penitencia. 



188 LIBRO DE JOSUÉ. 

postrado pecho por tierra delante del Arca del 
Señor hasta la tarde , asi él como todos los An- 
cianos de Israel , y cubrieron de cenizas sus ca- 
bezas. 

7 Y exclamó Josué : ¡ Ah Señor Dios ! ¿ por qué 
has querido hacer pasar á este pueblo el rio Jor- 
dán para entregarnos en manos del amorrheo y 
exterminarnos? ¡Ojalá nos hubiésemos quedado 
como estábamos al otro lado del Jordán ! 

8 Señor Dios mió, ¿qué diré viendo á Israel vol- 
ver las espaldas delante de sus enemigos? 

9 Oiránlo los chánaneos y todos los moradores 
de esta tierra , y coligados entre sí nos cercarán , 
y borrarán nuestro nombre de la tierra ; y enton- 
ces ¿ qué será de la gloria de tu excelso nombre ? 

10 Y dijo el Señor á Josué : Levántate , ¿ por 
qué yaces postrado en tierra ? 

11 Israel ha pecado, y violado mi pacto : han 
tomado de lo destinado al anathema : han robado y 
faltado á la fidelidad , y lo han escondido entre su 
equipage. 

12 Y'^a no podrá Israel hacer frente á sus ene- 
migos, sino que huirá de ellos ; por haberse con- 
taminado reservándose algo del anathema : no es- 
taré mas con vosotros hasta que exterminéis al que 
es reo de esta maldad. 

13 Levántate pues^ santifica al pueblo, y diles : 
Santificaos para mañana. Porque esto dice el Se- 
ñor Dios de Israel : Oh Israel, el anathema ó huv^ 
to sacrilego está en medio de tí ; no podrás contri- 



CAPÍTULO VII. 189 

restar á tus enemigos, hasta que sea exterminado 
(le en medio de tí el que se ha contaminado con 
este sacrilegio ' ; 

' 14 y asi mañana os presentareis delante del Se- 
ñnn' cada uno en vuestras tribus ; y la tribu que 
saliere por suerte ^, se presentará por sus paren- 
telas, y la parentela por casas, y cada casa por sus 
individuos, iodo por suerte, 

1 5 Y quien quiera que fuere hallado culpado 
de esta maldad, será quemado en el fuego con to- 
dos sus haberes : por cuanto ha violado el pacto 
del Señor, y cometido un crimen detestable en 
Israel. 

16 Levantándose pues Josué muy de mañana, 
hizo que se presentara Israel por sus tribus , y 
cayó la suerte sobre la tribu de Judá : 

17 sorteadas las familias ó parentelas de esta, 
salió la famiUa de Zaré : sorteada esta por casas , 
salió la casa de Zabdi ; 

18 y sorteados los individuos varones de esta 
casa , uno por uno , se descubrió ser Achán , hija 
de Chármi , hijo de Zabdi , hijo de Zaré , de la 
tribu de Judá. 

19 Dijo pues Josué á Achán : Hijo mió, dá 

1 Lev. XX. V. 7. — Num. XI. v. 18. — Cap. III. 
v.5. — lReg. XVI. v. 5. 

2 Mandando Dios semejante escrutinio, es infalible el a- 
cierto. Fuera de este caso, tanto las leyes eclesiásticas 
como las civiles prohiben las snertcs para descubrir los 
delitos. 



190 LIBRO DE JOSUb. 

gloria al íSeñor Dios de Israel, y conQesa y ue- 
ciárame que has hecho : no me lo encubraF. 

20 Respondió Achán a Josué , y le dijo : Ver- 
daderamente yo he pecado contra el Señor Dios 
de Israel ; y he aquí lo que he hecho : 
- 21 Vi entre los despojos una capa de g^rana muy 
buena , y doscientos sidos de plata , y una barra ' 
de oro de cincuenta sidos; y llevado de codicia, 
lo tomé y escondí debajo de tierra en medio de 
mi tienda, y enterré el dinero en un hoyo. 

22 Con esto Josué envió pesquisidores ó minis- 
tros , los cuales corriendo á la tienda de Achán , 
halláronlo todo escondido en aquel mismo sitio , 
juntamente con el dinero. 

23 Y sacando fuera de la tienda todas estas co- 
sas , las presentaron á Josué y á todos los hijos de 
Israel , y las arrojaron delante del Señor. 

24 Tomando pues Josué y los hijos de Israel á 
Achán , hijo de Zaré , y con él el dinero y el man- 
to y la barra de oro , con sus hijos también y sus 
hijas j bueyes , y asnos , y ovejas , y la misma 
tienda y todo cuanto tenia , lo llevaron al valle 
llamado por eso de Achór, 

25 donde dijo Josué : Ya que tú nos has llenado 
de turbación , extermínete - el Señor en este dia. 



1 No había entonces moneda de oro ni plata; y ambos 
metales tenían el valor por su peso. — Véase Monechis. 

2 Achór, en hebreo '^l^.y del verbo nD^ Q"^ significa 
turbar ó llenar de covfusion , y á esto alude la expresión de 



CAPÍTULO VI ir. 191 

Y apedreóle todo Israel , y fue consumiilo de las 
llamas *jí cuerpo y todo cuanto poseía. 

•2G Y arrojaron sobre él un gran montón de pie- 
dras , que permanecen hasta el día de hoy. Con 
eso la ira del Señor se npartó de ellos : y hasta 
hoy dia se llama aquel lugar Valle de Achór '. 

CAPÍTULO Vllí. 

Conqiihla de la ciudad de Hai. Bendiciones y maldiciones 
pronunciadas en los montes Hehaly Garizim. 

1 Dijo después el Señor á Josué : No temas, ni 
te acobardes : toma contigo toda la gente de guer- 
ra , y puesto en marcha sube á la ciudad de Hai : 
sábete que tengo entregado en tus manos su rey 
y el pueblo , y la ciudad y su territorio, 

2 Y tratarías á la ciudad de Hai y á su rey , 
como trataste á Jeríchó y al rey de ella : bien que 
os repartiréis entre vosotros el botín y todos los 
animales. Para el intento pondrás una emboscada ^ 
detras de la ciudad. 



Josué V. 25, hablando con Achán, ó Achár , como leen los 
griegos. 

1 II. Reg. XVIII. v. 17. 

2 Advierte San Agustin {Queest. X. in Josué) que en nin- 
gún caso es licito usar de mentiras , ni de falsas promesas 
para vencer al enemigo. Pero son lícitas en guerra justa 
las emboscadas^ y otros ardides con que se le oculta la ver- 
dad. Aquí nos hace ver Dios que la coafianza en su omni- 
potencia no debe impedirnos que tomemos los medios ordi- 



192 LIBRO DE JOSUÉ. 

3 Partió pues Josué y con él todo el ejército 
de los combatientes , y se diriorieron contra Hai ; 
y destacó de noche treinta mil soldados escogidos 
de los mas valientes ; 

4 y dióles orden , diciendo : Poned una embos- 
cada á espaldas de la ciudad : vosotros no os alejéis 
mucho de ella , y manteneos todos sobre las ar- 
mas : 

5 que yo y la demás gente que tengo conmigo, 
nos acercaremos por la parte opuesta contra la 
ciudad , y en saliendo ellos contra nosotros, echa- 
remos á huir, como antes hicimos , volviendo las 
espaldas ' : 

6 hasta que persiguiéndonos se alejen mucho 
de la ciudad , creyendo , como creerán , que hui- 
mos al modo que la vez primera. 

7 Entonces mientras nosotros vamos huyendo 
y ellos siguiéndonos el alcance , saldréis de la em- 
boscada , y saqueareis la ciudad , la cual el Señor 
Dios vuestro pondrá en vuestras manos. 

8 Y apoderados de ella , le pegareis fuego ^ , 
ejecutándolo todo puntualmente como lo he man- 
dado. 

9 Asi los despachó ; y marcharon al sitio de la 
emboscada , y se apostaron entre Bethel y Hai , á 

narios y legítimos para el logro de una empresa. Cap. VI, 
V. 24. 

1 Cap. VII. V. 4. 

2 Ea una parte , para seña de que ya sois dueños de 
ella. 



• CAPITULO VIII. 193 

la parte occidental ile la ciudatl de líai, Josué pasó 
arpadla noche en medio del ejército; 

10 y levantándose al romper del dia, pasó re- 
vista á su g'onte , y se puso en marcha con los 
Ancianos del pueblo á la frente del ejército , soste- 
nido del grueso de sus valientes tropas. 

11 Llegados que fueron , y subiendo por fren- 
te de la ciudad , hicieron alto á la parte del Norte, 
mediando un valle entre ellos y la ciudad. 

12 Habia Josué escogido cinco mil hombres, y 
puéstolos en emboscada entre Beíhel y Ha¡ , al 
Poniente de esta ciudad. 

13 Todo el resto del ejército marchaba forma- 
do en batalla con dirección al Norte , de tal ma- 
nera que sus últimas fdas tocaban al lado occiden- 
tal de la ciudad. Habiendo pues marchado Josué 
alJÍ7i de aquella noche , se apostó en medio del 
valle. 

14 Lo cual como viese el rey de Hai , salió de 
mañana, á toda priesa, déla ciudad con todo su 
ejército , y encaminó sus tropas acia el Desierto , 
sin saber que dejaba una emboscada á las espaldas, 

15 Josué y todo Israel fueron cediendo el ter- 
reno , fingiendo miedo, y echando á huir por el 
camino del Desierto : 

16 con lo cual los de Hai alzando á una el grito, 
y animándose mutuamente los fueron persiguien- 
do. Y cuando estuvieron lejos de la ciudad , 

17 sin que hubiese quedado ni siquiera un 
hombre en Hai y en Bethel que ho fuera al al- 

17 



194 LIBRO DE JOSUÉ. 

canee de los Israelitas (dejando abiertas las puer- 
tas por donde salieron de tropel), 

18 dijo el Señor k Josué : Levanta el broquel 
que tienes en tu mano , contra la ciudad de Hai : 
porque voy á entregártela. 

19 Alzado que hubo el broquel contra la ciu- 
dad , de repente salieron al ver esta señal los que 
estaban ocultos en la emboscada , y encaminándo- 
se acia la ciudad , la tomaron y pegaron fuego d 
varios edificios, 

20 Entonces los de Hai que iban persiguiendo á 
Josué , volviendo la cabeza , y viendo el humo de 
la ciudad que subia hasta el cielo , no tuvieron ar- 
bitrio para escapar por ningún lado ; sobre todo 
cuando los que aparentaron huir y encaminarse 
acia el Desierto , atacaron con el mayor denuedo 
á los que los iban persiguiendo. 

21 Viendo pues Josué y todo Israel con esta 
seña que la ciudad había sido tomada , y como iba 
subiendo el humo de ella , volviendo atrás hicieron 
cara á los de Hai , y los pasaron á cuchillo. 

22 Porque al mismo tiempo los que habian to- 
mado é incendiado la ciudad , saliendo también de 
ella para unirse con los suyos , comenzaron á acu- 
chillar á los enemigos , los cuales cogidos en me- 
dio fueron de tal suerte destrozados por ambas 
partes , que de tanta muchedumbre ninguno pudo 
salvarse : 

23 también prendieron vivo al mismo rey de la 
ciudad de Hai, y le presentaron á Josué. 



tAPÍTULO VIH. 195 

24 Muertos asi todos los que fueron persi- 
guiendo á Israel camino del Desierto , y pasados 
á cuchillo en el mismo sitio , volvieron los hijos de 
Israel j y asolaron la ciudad. 

25 Los que perecieron en esta jornada entre 
hombres y mugeres fueron doce mil, vecinos to- 
dos de la ciudad de Hai. 

26 Josué empero no bajó la mano con que ha- 
bia levantado en alto el broquel, hasta que fueron 
pasados á cuchillo todos los moradores de Hai. 

27 Mas las bestias y demás botin de la ciudad 
se lo repartieron entre sí los hijos de Israel, como 
el Señor habia ordenado á Josué : 

28 el cual puso fuego al resto de la ciudad , y 
la redujo para siempre á un montón de escombros. 

29 Colgó también de un patíbulo á su rey has- 
ta la tarde al ponerse el sol , en que por manda- 
do de Josué descolgaron el cadáver de la cruz , y 
le arrojaron en la misma entrada de la ciudad , le- 
vantando sobre él un gran montón de piedras, que 
permanece hasta el dia de hoy. 

30 Entonces edificó Josué un altar al Señor 
Dios de Israel en el monte Hebal , 

31 según lo habia mandado Moysés siervo del 
Señor á los hijos de Israel , y está escrito en el 
libro de la ley de Moysés : el altar se hizo de 
piedras sin labrar, á que no habia tocado hierro 
alguno ; y ofreció sobre él holocaustos al Señor , 
y sacrificó víctimas pacíficas ', 

1 Exod. XX. V. 25. — Deut. XXVII. v. 5. 



106 LIBRO DE JOSUÉ. 

32 Asimismo escribió sobre piedras el Dcute- 
i'oiiomio ' ó recopilación de la ley de Moysés , que 
Moyse's habia explicado delante de los hijos de 
Israel. 

33 Y todo el pueblo , tanto los extranjeros co- 
mo los naturales , y los Ancianos, y los caudillos, 
y jueces estaban en pie al uno y al otro lado del 
Arca en frente de los sacerdotes que llevaban en 
hombros el Arca del Testamento del Señor. La 
mitad de ellos junto al monte Garizira , y la otra 
mitad junto al monte Hebal , como lo habia orde- 
nado ñlovsés siervo del Señor. Y ante todas cosas 
Josué bendijo al pueblo de Israel. 

34 Después de esto , leyó todas las palabras de 
bendición y de maldición , y todas las cosis escri- 
tas en el libro de la Ley. 

35 Ninguna cosa omitió de las que Moysés lia~ 
bia mandado ; sino que una por una las repitió to- 
das delante de toda la muchedumbre dé Israel, dé 
las mug-eres , y de los niños , y de los extranjeros 
que moraban entre ellos. 

CAPÍTULO IX. 

Los gahoanitas engañan á los hebreos, y salvan sus vidas; 
mas qtiedan después cblijados á ijerpélua servidumbre. 

1 Divulgados estos sucesos , todos los reyes de 



1 Algunos opinan que seria el Decálogo ; ó tal vez las 
bendiciones y maldiciones de que se habla cap. XX\II. del 
D.euteronatnio; y son couio un coiüpeudio de la ley. 



CAPÍTULO IX. 197 

la otra parte del Jordán d donde había pasado Is- 
rael , que vivían en las montañas ^ y en los llanos, 
y en la costa del mar grande i) Mediterráneo ; como 
también los que habitaban jnnto al Líbano , el lie- 
theo , y el amorrheo , el chánaneo , y el pherezeo, 
y el beveo y el jebuseo , 

2 se reunieron todos de común acuerdo y con- 
sejo para pelear contra Josué y contra Israel. 

3 Pero los habitantes de Gabaon , oyendo todo 
lo que Josué habia hecho en Jerichó y en Hai , 

4 discurriendo un ardid se proveyeron de vi- 
tuallas , cargaron sobre sus jumentos unos costales 
viejos, y pellejos de vino rotos y recosidos ; 

5 pusiéronse un calzado muy usado y lleno de 
remiendos en prueba de que era viejo, y vistié- 
ronse de ropas también muy usadas : llevando asi- 
mismo unos panes consigo , como para el camino, 
duros y hechos pedazos. 

6 De este modo vinieron á presentarse á Jo- 
sué , que á la sazón se hallaba en el campamento 
de Gcálgala , y le dijeron á él y á todo Israel jun- 
tamente : Venimos de luengas tierras con el de- 
seo de hacer paz con vosotros. A lo que los de 
Israel les respondieron y dijeron : 

7 Cuidado que no seáis tal vez moradores de la 
tierra que nos pertenece como herencia nuestra , 
y nos esté prohibido hacer alianza con vosotros. 

8 Mas ellos respondieron á Josué : Siervos 
tuyos somos. Preguntóles Josué : ¿ Quiénes sois 
vosotros, y de dónde habéis venido ? 



198 LIBRO DE JOSUÉ.. 

9 Respondieron : De un país remotísimo liai> 
venido tus siervos en nombre del Señor Dios 
tuyo ' : por cuanto hemos oido la fama de su po- 
der, todo lo que hizo en Egypto , 

10 y con los dos reyes de los amorrheos que 
reinaron á la otra parte del Jordán , Sehon rey 
de Hesebon , y Og rey de Basan ¡ que estaba en 
Astaroth. 

11 Por lo cual nos dijeron nuestros Ancianos, 
todos los moradores de nuestra tierra : Tomad 
provisiones para un larguísimo viage , é id á en- 
contrarlos , y decidles : Siervos vuestros somos : 
haced alianza' con nosotros. 

12 Observad los panes que tomamos calientes 
de nuestras casas para venir acia vosotros , como 
se han secado ya, y desmenuzado de puro añe- 
jos. 

13 Estos pellejos que llenamos de vino eran 
nuevos , y ahora están ya rotos y descosidos : la 
ropa que vestimos , y el calzado que traemos en 
los pies se han gastado , y casi se han consumido 
á causa de lo prolijo de tan largo viage. 

14 Tomaron pues de sus vituallas ; y no consul- 
taron el oráculo del Señor. 

15 y Josué , tratándolos como amigos, hizo con 
ellos alianza , y les prometió que no les quitada 

1 En el hebreo se lee "l^n'^i^ rOil^ Q]2;^ Al nombre del 
Señor Dios tuyo , esto es, movidos de la fama de iin Dios 
que tantos prodigios ha hecho á favor de su pueblo. 



CAPÍTULO IX. lÜÜ 

la villa , y lo mismo les juraron los príncipes del 
pueblo '. 

IG Mas tres dias después de hecha la alianza, 
supieron que habitaban en la vecindad , y que 
iban á entrar en sus tierras. 

17 Con efecto movieron el campo los hijos de 
Israel , y al tercer dia llegaron á sus ciudades , 
cuyos nombres son estos : Gabaon , Caphira , Be- 
roth , y Cariathiarim. 

18 Y no les hicieron ningún daño , por cuanto 
se lo habian jurado los príncipes del puebk» en el 
nombre del Señor Dios de Israel. Por lo que todo 
el pueblo , viéndose privado del pillaye , murmuró 
contra los príncipes. 

19 Los cuales respondieron : Se lo hemos ju- 
rado en el nombre del Señor Dios de Israel, y por 
tanto no podemos hacerles ningún daño. 

20 Pero haremos esto con ellos : Queden en- 
horabuena salvos y con vida ; para que no venga 
sobre nosotros la ira del Señor , si perjuráremos : 

21 pero vivan con la condición de haber de 
cortar la leña , y acarrear el agua para el servicio 
de todo el pueblo. Mientras los caudillos decian 
esto , 

22 Josué convocó á los Gabaonitas , y les dijo : 
¿Por qué nos habéis querido engañar con fraude, 
diciendo : Nosotros somos de muy lejos ; siendo 
asi que habitáis en medio de nosotros ? 

1 U. Rc(j. XXI. V. 2. 



200 LIBRO DE JOSUÉ. 

23 Por esta causa estarcís snjetos á la uiaUH- 
cion ' , y no faltará de vuestro linage quien corte 
leña y acarree agua á la casa de mi Dios. 

24 Respondieron ellos : Llegó á noticia de nos- 
otros tus siervos que el Señor Dios tuj-o tenia 
prometido á Moysés , su siervo , que os había de 
entregar toda la tierra , y que destruiría todos 
sus habitantes : entramos pues en gran temor , y 
mirando por nuestras vidas tomamos este partido^ 
compelidos del terror que nos inspirabais. 

25 Mas ahora en tu mano estamos : haz de nos- 
otros lo que te parezca bueno y justo. 

26 En consecuencia Josué cumplió lo que les 
habla prometido , y los libró de las manos de los 
hijos de Israel , para que no los matasen ; 

27 y determinó en aquel mismo dia que fue- 
sen empleados en el servicio de todo el pueblo y 
del altar del Señor, cortando leña , y conduciendo 
agua al lugar que el Señor escogiese , como lo 
hacen hasta el presente. 

CAPITULO X. 

Victorias prodigiosas de Josué , el cual hace j)arar el Sol: 
manda quitar la vida á cinco reyes; y toma varias ciuda- 
des. 

1 Mas como Adonisedec , rey de Jerusalem , 
hubiese oído que Josué habla conquistado á Hai , 



1 Dada á vuestro padre Cháoaan. 



CAPlTUL.'i X. 201 

y arrasádola (pues lo que liabia hecho con Jeiidió 
y su rey , lo mismo hizo con Hai y el rey de esta 
ciudad) , y que los g-abaonitas se habian pasado al 
partido de Israel , y se habian aliado con ellos , 

2 entró en grandísimo temor : por cuanto la 
ciudad de Gabaon era una ciudad grande . y una 
de las ciudades reales , y mayor que la de Hai , y 
muv valientes todos sus o-nerreros. 

3 Por lo cual Adonisedec, rey de Jerusalem , 
envió embajadores á Oham , rey de Hebron , y á 
Pharam , rey de Jerimoth , y también áJaphia , 
rey de Lachís , y á Dabir , rey de Eglon , di- 
ciendo : 

4 Venid á mí , y traedme socorro para con- 
quistar á Gabaon ; por haberse pasado á Josué y 
á los hijos de Israel. 

5 Juntáronse pues y marcharon estos cinco 
reyes de los amorrheos , el rey de Jerusalem , el 
rey de Hebron , el rey de Jerimoth , el rey de 
Lacliís, el rey de Eglon juntamente con sus res- 
pectivos ejércitos, y acampando cerca de Ga- 
baon , la sitiaron. 

6 Mas los vecinos de la sitiada ciudad de Ga- 
baon despacharon mensageros á Josué , que á la 
sazón se hallaba acampado en Gálgala , para de- 
cirle : No rehuses socorrer á tus siervos : Acude 
presto á librarnos con tu auxilio ; porque se han 
unido contra nosotros todos los reyes de los 
amorrheos , que habitan en las montañas. 

7 Al punto Josué subió de Gálgala , y con él 



20'^ LIBRO DEL JOSUÉ? 

los guerreros mas valientes de todo su ejército '7 

8 Y dijo el Señor á Josué : No los temas, j3ues 
yo los tengo entregados en tus manos ; ninguno 
de ellos podrá resistirte. 

9 Josué, pues, caminando desde Gálgala toda 
la noche, echóse sobre ellos de repente : 

10 y el Señor los desbarató á la vista de Is- 
rael , que hizo en ellos grande estrago en Ga- 
baon ^, y los fue persiguiendo camino de la cuesta 
de Beth-horon , y acuchillándolos hasta Azeca y 
Maceda. 

1 1 Y mientras iban huyendo de los hijos de 
Israel , estando en la bajada de Beth-horon , el 
Señor llovió del cielo grandes piedras sobre ellos 
hasta Azeca ; y fueron muchos mas los que mu- 
rieron de las piedras del granizo , que los que 
pasaron á cuchillo los hijos de Israel. 

12 Entonces habló Josué al Señor en aquel dia 
en que entregó al amorrheo á merced de los hijos 
de Israel , y dijo en presencia de ellos ' : Sol, no 
te muevas de encima de Gabaon ; ni tú , Luna , de 
encima del valle de Ayalon. 

13 Y paráronse el sol y la luna hasta que el 
pueblo del Señor se hubo vengado de sus enemi- 
gos. ¿ Y no es esto mismo lo que está escrito en el 



1 Quedándose los demás custodiando el campamento. 

2 Reg. VII. V. 10. — Is. XXVIII.iv. 21. 

3 Animado de vivísima fe, y deseoso de exterminar en- 
teramente antes de la noche á los enemigos. 



CAPÍTULO \'. 203 

Libro ile los Justos ' ? Paróse pues el sol en me- 
dio del cielo , y detuvo su carrera sin ponerse por 
espacio de un dia ^. 

14 No hubo antes ni después dia tan largo , obe- 
deciendo ^ el Señor, por decirlo asi y á la voz de 
un hombre , y peleando por Israel. 

15 Volvíase Josué con todo Israel al campa- 
mento de Gálgala ^. 

16 Habian escapado los cinco reyes, y escon- 
dídose en una cueva de la ciudad de Maceda ; 

17 y dieron aviso á Josué de haber hallado los 
cinco reyes metidos en una cueva de la ciudad de 
Maceda. 

18 Y mandó á los soldados que le acompañaban, 
diciéndoles : Haced rodar unas grandes piedras á 



1 No consta qué libro es este que se cita aquí, y también 
II. Reg. 1. V. 18. j el cual sin duda se perdió. Tal vez seria 
una Historia de los hombres mas ilustres del pueblo de Is- 
rael, y quizá el mismo que en ei cap. XXI. v. 14. de los 
Números se llama Libro de las guerras del Señor. Véase 
Josepho Antiq. lib. V. c. 2. 

2 Esto es, de doce horas , según el modo de contar en- 
tonces, en que se señalaban doce horas al dia y doce á la 
noche; horas que eran mas ó menos largas según la esta- 
ción del tiempo. Véase Dia. — Eccli. XLVI. v. 5. — Isai. 
XXVIII. V. 21. 

3 Lo cual es un milagro aun mas grande que el detener al 
sol. En este mismo sentido dice David, Ps. CXLIV. v. 
19., que Dios hará la voluntad de los que le temen. Tal es 
la eficacia de la oración. 

4 Esto quizá se dice por anticipación. — Véa.se Reglan. 



•204 LIBRO DE JOSUÉ. 

la boca de la cueva , y ilejatl hombres cuidadosos 
para guardar á los que estarán ericerrados ; 

19 vosotros entretanto no paréis de perseguir á 
los enemigos , hiriendo siempre la retaguardia de 
los fugitivos , ni dejéis entrar á guarecerse en sus 
ciudades á los que el Señor Dios ha entregado en 
vuestras manos. 

20 Habiendo pues hecho gran mortandad en los 
enemigos hasta el puMto de no dejar casi uno con 
vida , los que pudieron escapar de las manos de 
los israelitas se metieron en las ciudades fuertes : 

21 y se volvió todo el ejército á Josué , junto á 
Maceda , donde estaba entonces el campo , salvo 
y sin haber perdido un solo hombre ; y ni siquiera 
uno de los enemigos se atrevió á chistar contra los 
hijos de Israel. 

22 Entonces mandó Josué , diciendo : Abrid la 
boca de la cueva, y traedme acá los cinco reyes 
que están allí encerrados. 

23 Hicieron los ministros lo que se les habia 
mandado , y sacaron de la cueva á los cinco reyes , 
al rey de Jerusalem , al rey de Hebron , al rey 
de Jerimoth , al rey de Lachis , y al rey de Eglon. 

24 Luego que le fueron presentados , llamó á 
toda la gente de Israel, y dijo á los príncipes ó 
gefes del ejército que tenia consigo : Id y poned 
el pie sobre los cuellos de esos reyes % Y ha- 



1 Moysés habia ya predicho este suceso [Deut. XXXIII. 
V, 29,) que sin duda ejecutó Josué por inspiración de Dios^ 



CAPÍTULO X. 205 

Viendo ellos ido y puesto los pies sobre los cuellos 
de los reyes sojuzgados , 

25 díjoles Josué : No temáis ni os acobardéis : 
esforzaos y mantened vuestro brio ; que asi tra- 
tará el Señor á todos vuestros enemigos contra 
quienes peleáis. 

26 Después de esto Josué los hizo herir y qui- 
tar la vida ' ; y los mandó colgar en cinco made- 
ros , en los cuales estuvieron hasta la tarde. 

27 Al ponerse el sol mandó á los que le acom 
pañaban que los quitaran de los patíbulos, y des- 
colírados los echaron en la cueva donde se habian 
escondido , y pusieron sobre su boca grandes pie- 
dras , que permanecen hasta el presente ^. 

28 En este mismo dia se apoderó Josué de Ma- 
ceda , y la pasó á cuchillo , matando á su rey y á 
todos sus habitantes , sin dejar siquiera uno : ha- 
ciendo con el rey de Maceda lo mismo que habia 
liecho con el rey de Jerichó. ' 

29 Desde Maceda marchó con todo Israel á 
Lebna , y comenzó á batirla : 

30 y el Señor la entregó con su rey en poder 
de Israel ; y pasaron á cuchillo á todos los mora- 

que quiso asi castigar la impiedad é infames vicios de aque- 
llos reyes, apartar á los hebreos del trato y unión con los 
chananeos con la vista del desprecio con que se trataba á 
sus príncipes, y animarlos á proseguir con valor la guerra 
contra ellos. 

1 Según la orden de Dios, 

2 Deut. XXI V. 23. 

ToM. III. 18 



206 LIBRO DE JOSUÉ.' 

(lores , sin dejar alma viviente. Con el rey de 
Lebna hicieron lo mismo que liabian hecho con el 
rey de Jerichó '. 

31 De Lebna pasó á Lachis con todo Israel, y 
cercándola con todo el ejército , la combatió ; 

32 y el Señor entregó á Lachis en manos de 
Israel , que la tomó al segundo dia , y la pasó á 
cuchillo con toda la gente que habia dentro , asi 
como lo habia hecho en Lebna. 

33 En este tiempo Horam , rey de Gazer, vino 
á socorrer á Lachis ; mas Josué le destrozó con 
todas sus tropas , sin dejar hombre á vida. 

34 De Lachis pasó contra Eglon , y cercóla , 

35 V la conquistó el mismo dia , y pasó á cu- 
chillo toda la gente que habia en ella, ni mas ni 
menos que lo habia hecho en Lachis. 

36 Marchó asimismo con todo Israel desde 
Eglon á Hebron , y combatió contra ella : 

37 tomóla y la pasó á cuchillo con su rey ; y lo 
mismo hizo en todos los lugares de aquella comar- 
ca , y con todos sus moradores , sin perdonar á 
nadie : como habia hecho en Eglon , asi hizo en 
Hebron , acabando á fdo de espada con cuanto 
habia. 

38 Desde aquí dio la vuelta á Dabir, 

39 la tomó y desoló , é hizo pasar también á 
cuchillo á su rey y á todos los lugares circunve- 
cinos : no dejó dentro alma viviente : lo que habia 

I Cap. VL V. 2. 



CAPÍTULO XI. 207 

he«ho á Ilebroíi y Lebna y á sus reyes, eso mismo 
hizo á Dabir y á su rey. 

40 De esta suerte arrasó Josué todo el pais 
montuoso , el meridional, y el llano , y también á 
Ascdoth ó los lugares mas bajas , con sus reyes : 
no dejó allí cosa con vida , sino que mató á todo 
viviente (como se lo tenia mandado el Señor Dios 
de Israel), 

41 desde Cadesbarne basta Gaza. Tomó , y sin 
dejar la espada de la mano asoló todo el pais de 
íJosen basta Gabaon, 

42 y todos sus reyes y territorios : porque el 
Señor Dios de Israel peleó por él. 

43 Y volvióse con todo Israel á Gálgala , donde 
estaba el campamento. 



CAPITULO Xí. 



Alcanza Josué nuevas victorias, y siljela casi toda la tierra 

de Chdnaaii. 

1 Al oir esto Jabin, rey de Asor, envió mensa- 
geros á Jobab rey de Madon, y al rey de Seme- 
ron, y al rey de Acbsapb ; 

2 y á los reyes del Norte, que habitaban en las 
montañas, y en las llanuras al Mediodía de Cene- 
rolh : asimismo á los de las campiñas y de las re- 
giones de Dor en la costa del mar, 

3 y á los chánaneos del Oriente y del Occiden- 
te, y á los amorrheos, y hethcos, y pherezeos, y 



208 LIBRO DE JOSUÉ. 

jebuseos de las montañas , é igualmente á los he- 
veos que habitaban en las faldas del monte Her- 
mon en el territorio de Maspha. 

4 Pusiéronse todos en marcha con sus tropas, 
habiéndose juntado un gentío innumerable como la~ 
arena de las orillas del mar ' , y una multitud in- 
mensa de caballos y carros. 

5 Todos estos reyes se reunieron cerca de las 
aguas de Merom para pelear contra Israel. 

6 Dijo entonces el Señor á Josué : No los te- 
mas ; porque mañana á esta misma hora yo te en- 
tregaré todos esos para que sean pasados á cuchillo 
á vista de Israel ; harás desjarretar sus caballos , 
y quemar sus carros. 

7 Vino pues Josué de repente con todo su ejér- 
cito contra ellos hasta las aguas de Merom, y aco- 
metiólos ; 

8 y el Señor los entregó en manos de los israe- 
litas j que los acuchillaron , y fueron persiguiendo 
hast|i la gran Sidon, y las aguas de Maserephoth, 
y la campiña de Masphe , que yace á su Oriente. 
De tal suerte los destrozó , que no dejó alma vi- 
dente de ellos ; 

9 y ejecutó lo que le había mandado el Señor 
de desjarretar los caballos y quemar los carros. 

10 Dio luego la vuelta, y tomó á Asor, y degolló 

1 Expresión hyperbólica de que se usa muchas veces eu 
la Escritura. Josepho {Anliq. ¿ib. V. cap. 1.) dice que 
constaba de treinta mil hombres de á pie, diez mil de á ea- 
hjUo, y veiute mil carros armados de hoces. 



CAPITULO XI. 209 

á su rey. Pues Asor de tiempo antiguo tenia el 
principado entre todos estos reinos. 

11 Y pasó á cuchillo toda la gente que allí mo- 
raba, sin dejar persona viviente ; sino que todo lo 
devastó enteramente, y á la ciudad misma la redu- 
jo á cenizas. 

12 Y se apoderó de todas las ciudades comar- 
canas y de sus reyes ; y las pasó á cuchillo y ar- 
rasó , como se lo habia mandado el siervo de Dios 
Moysés '. 

13 Quemó Israel todas las ciudades, menos las 
situadas en los collados y alturas : de estas sola- 
mente Asor, ciudad muy fuerte , fue abrasada del 
todo. 

14 Y los hijos de Israel repartieron entre sí to- 
dos los despojos y los ganados de estas ciudades , 
después de haber quitado la vida á todos los ha- 
bitantes. 

15 Según el Señor lo tenia mandado á su siervo 
Moyse's, asi también Moysés se lo mandó á Josué, 
y éste lo cumplió todo : no omitió ni un ápice de 
todos los mandamientos que habia dado el Señor 
á Moysés ^. 

16 Conquistó pues Josué todo el pais montuosa 
meridional, y la tierra de Gossen, y la llanura y 
la parte occidental, y el monte de Israel , y suSí 
campiñas j 



1 Deul. VIL v.\. 

2 Ex, XXXIV. V. 11. — Deuí. VIL v.\. 



•>10 LIBRO DE JOSUÉ. 

17 y parte de la corcUUera que se levanta acia 
Seir hasta Baalgad, sobre la llanura del Líbano, á 
la falda del monte Hernion ; habiendo cogido, he- 
rido, y quitado la vida á todos sus reyes. 

18 Duró mucho tiempo la guerra de Josué con- 
tra estos reyes : 

19 pues no hubo ciudad que de suyo se rindiese 
á los hijos de Israel , fuera de los heveos que ha- 
bitaban en Gabaon : todas las conquistó á la fuer- 
za. 

20 Porque habia decretado Dios el dejar que el 
corazón de los ciudadanos se endureciese , y que 
peleasen contra Israel , y asi fuesen destruidos, y 
no mereciesen clemencia alguna, sino que perecie- 
ran, como el Señor tenia mandado á Moysés '. 

21 Por aquel tiempo acometió Josué, y mató á 
los enaceos ó gigantes de las montañas , y los de- 
sarraigó de Hebron y Dabir y Anab , y de todos 
los montes de Judá y de Israel , asolando sus ciu- 
dades. 

22 Ni uno siquiera dejó de la raza de los ena- 
ceos en la tierra de los hijos de Israel ; sino los que 
quedaron en las ciudades de Gaza y de Geth y de 
Azoto. 

23 Conquistó pues Josué toda la tierra, como 
el Señor lo dijo á Moysés, y entregósela en pose- 



1 Explicase y se ilustra el seutido de esíe \erso en ti 
eap. XII, del libro de la Sabiduría.— Véase Caima. 



CAPÍTULO xir. 211 

sion á los hijos de Israel , repartiéndola por sus 
tribus. Y cesó la guerra en el país. 



CAPÍTULO XII. 

Recapitulación de las conquistas que hizo el pueblo de Israci. 
Cuéntanse treinla y un reyes destruidos por ñloysés y Jo- 
sué. 

1 Estos son los reyes álos cuales derrotaron los 
hijos de Israel , y cuya tierra poseyeron á la otra 
parte del Jordán , acia el Oriente , desde el tor- 
rente de Arnon hasta el monte Hermon , toda la 
región oriental que mira al Desierto. 

2 Sehon, rey de los amorrheos , que habitó en 
Hesebon, reinó desde Aroer, ciudad situada sobre 
la ribera del torrente Arnon, y desde el medio del 
valle y mitad de Galaad hasta el torrente Jaboc , 
que parte términos con el pais de los hijos de 
Ammon ; 

3 y desde el Desierto hasta el. mar de Cenerolh, 
ó Genezareth , acia el Oriente , y hasta el mar del 
Desierto , que es el mar Salado ó Muerto , á la 
parte oriental, por el camino que va á Bethsimoth, 
y por la parte austral hasta Asedoth, ó los lugares 
bajos en las vertientes del Phasga. 

4 El reino de Og, rey de Basan,, residuo de los 
rapheos ó gigantes, que habitaba en Astaroth y en 
Edrai , se extendia desde el monte Hermon y Sa- 
lechá , y el distrito de Basan , hasta los térmi- 
nos 



212 LIBRO DE JOSUÉ. 

5 de Gessuri y de Macliáti , y de la mitad de 
Galaad , y hasta confinar con Sehon rey de He- 
sebón. 

6 Moysés , siervo del Señor, y los hijos de Is- 
rael, derrotaron á los dos; y Moysés entregó el 
dominio de sus tierras á las tribus de Rubén y de 
Gad, y á la media tribu de Manassés. 

7 Mas estos son los reyes del pais , á quienes 
derrotó Josué, con los hijos de Israel, de esta otra 
parte del Jordán al Poniente , desde Baalgad en 
la campiña del Líbano hasta la montaña , de la 
cual remata una parte en Seir : pais que Josué 
repartió á las tribus de Israel por herencia, á ca- 
da una su porción, 

8 tanto en los montes como en los valles y cam- 
piñas. Porque los hetheos, los amorrheos, los cha- 
nanees, los pherezeos, los heveos, y los jebuseos 
habitaban en Asedoth % y en el Desierto , y acia 
el Mediodía. 

9 Un rey de Jerichó, ua rey de Hai, la cual 
está á un lado de Bethel : 

10 un rey de Jerusalem : un rey de Hebron : 

1 1 un rey de Jerimoth : un rey de Lachís : 
í. 12 un rey de Eglon : un rey de Gazer : 

13 un rey de Dabir : un rey de Gader : 

14 un rey de Herma : un rey de Hered : 

15 un rey de Lebna : un rey de OduUam : 

1 No solamente en las montañas , sino en las tierras ba- 
jas : en Asedoth, esto es, en lugares bajos. 



CAPÍTULO XIII. 213 

16 un rey de Maceda : u» rey de Betliel : 

17 un rey de Tapliua : un rey de Opber : 

18 un rey de Aphec : un rey de Saron : 

19 un rey de Madon : un rey de Asor : 

20 un rey de Semeron : un rey de Aclisaplí : 

21 un rey de Thenac : un rey de Mageddo : 

22 un rey de Cades : un rey de Jachánan del 
Carmelo : 

23 un rey de Dor, y de la provincia de Dor 
un rey de las gentes de Galgal ' : 

24 un rey de Thersa : en todos treinta y un 
reyes ^, 



CAPITULO XIII. 



Manda el Señor a Josué que reparta la tierra de Chánaan 
entre las otras nueve tribus y media; y descríbese la que 
antes cupo á las de Rubén y de Gad, y media de Ma- 
nassés. 

1 Era Josué anciano, y de edad avanzada, 
cuando el Señor le dijo : Tú estás viejo , y tienes 
ya muchos años ; y queda por conquistar y dividir 
en suertes una tierra dilatadísima , 



1 Algnnos Intérpretes entienden por Galgal la Galilea 
superior, frecuentada por las naciones, á causada sus mu- 
chos puertos, y llamada por eso Galilea Genlium. 

% Deshechos por Josué y los hijos de Israel. Aquí rey sig- 
nifica un príncipe ó señor soberano de una ciudad ó pe- 
queño distrito. — Véase Rey. 



214 LIBRO DE JOSUÉ. 

2 es á saber, toda la Galilea , el territorio de 
los philistheos , y toda Gessuri : 

3 desde el rio turbio ' , que baña el Eo'vpto , 
hasta los términos de Accaron acia el Norte : la 
tierra de Cbánaan dividida entre cinco reyezuelos 
de los philistheos , á saber, el de Gaza , el de Azo- 
to , el^de Ascalon , el de Geth y el de Accaron : 

4 ( al IMediodia de los cuales están los heveos), 
todo el pais propiamente dicho de Cbánaan ó la 
Phenicia , y JMaara de los sidonios hasta Apheca , 
y los términos de los amorrheos , 

5 y sus confines : al Oriente asimismo el terri- 
torio del Líbano , desde Baalgad al pie del monte 
Hermon hasta entrar en Emath ; 

6 como el pais de todos los que habitan en las 
montañas desde el Líbano hasta las aguas de Ma~ 
serephoth, con los sidonios todos. Yo soy el que 
los he de exterminar delante de los hijos de Is- 
rael. Entre pues todo este pais á ser parte de la 
herencia de Israel, como te lo tengo mandado. 

7 Y reparte ahora la tierra que deben poseer 
las nueve tribus , y la media tribu de Manassés : 

8 ya que la otra mitad, y las tribus de Rubén 
y Gad han ocupado la tierra que les entregó 



1 Esto es, el Nilo. Los hebreos en pena de sus pecados 
solamente tuvieron por poco tiempo el dominio de todo este 
pais, habiendo faltado por su parte á las promesas hechas 
al Señor. 



CAPÍTULO XIII. 215 

Moyses , siervo del Señor, á la otra parte del rio 
Jordán , acia el Oriente ' , 

9 desde Aroer situada sobre la ribera del tor- 
rente Arnon , y en medio del valle : y la canípiña 
toda de Medaba hasta Dibon , 

10 y todas las ciudades de Sebón rey de los 
amorrheos , que reinó en Hesebon , hasta los 
términos de los hijos de Ammon : 

11 ademas Galaad , y las comarcas de Gessuri , 
y de Macháti , y todo el monte Hermon , y todo 
el territorio de Basan hasta Salechá : 

12 todo el reino de Og en el país de Basan , 
el cual reinó en Astaroth y en Edrai, y descendía 
de los Rapbeos ó gigantes que quedaron. Porque 
Moysés derrotó esos pueblos , y los destruyó. 

13 Verdad es que los hijos de Israel no quisie- 
ron exterminar cá los de Gessuri y Rlacháti ; y asi 
han proseguido habitando en medio de Israel hasta 
el dia presente. 

14 A la tribu de Leví no le dio Moysés posesión 
alguna ; pues los sacrificios y las víctimas del Se- 
ñor Dios de Israel son su propia herencia , como 
el mismo Señor se lo habia dicho ~. 

15 Moysés , pues , dio su porción correspon- 
diente á la tribu de los hijos de Rubén , según sus 
familias. 

16 Y fuéle señalado el territorio desde Aroer 



1 Nhw. XXXII. V. 33. 

2 Ntnn. XVITI v. '20. 



216 LIBRO DE JOSUÉ. 

(situada sobre la ribera del torrente Arnon , y en 
medio del valle en que está el mismo torrente), 
toda la llanura que llega hasta Medaba ; 

17 y Hesebon con todas sus aldeas esparcidas 
por la campiña : é igualmente Dibon ' , y Bamoth 
-baal , y la ciudad de Baalmaon , 

18 y Jassa y Cedimoth y Mephaath , 

19 y Cariathaim , y Sabama y Sarathasar en el 
monte del valle , 

20 Betbphogor, y Asedoth, Pliasga, y Bethie- 
simoth , 

21 y todas las ciudades de la campiña, y los 
dominios todos de Sebón rey de los amorrheos , 
que reinó en Hesebon , á quien destrozó Moysés, 
como también á los príncipes de Madian , Hevi , 
y Recem , y Sur , y Hur, y Rebe capitanes del 
ejército de Sebón , y moradores de aquella tierra^. 

22 ( Los hijos de Israel pasaron también á cu- 
chillo, como á todos los demás , al adivino Balaam, 
hijo de Beor). 

23 En fin , el rio Jordán vino á ser el término 
de los hijos de Rubén : esta es la tierra , y las 
ciudades , y aldeas que se distribuyeron álos Ru- 
benitas, según sus familias. 

24 Asimismo á la tribu de Judá , y á sus hijos 

1 En el cap. XXXII de los Números, v. 34 , se cuenta 
Dibon como de la tribu de Gad, Puede ser que pertene- 
ciese á las dos, asi como Jerusalem pertenecía parte á 
Benjamín, y parte á Judá. 

2 Ntim. XXXI. V. 3. 



CAPÍTULO XIII. 217 

diviclididos en sus familias, dio Moysés la tierra que 
debian poseer ; cuya partición es esta : 

25 el distrito de Jaser y todas las ciudades de 
Galaad , y la mitad del pais de los hijos de Am- 
mon ' hasta Aroer , ciudad fronteriza de Rabba ; 

26 y desde Hesebon hasta Ramoth , Masphe , 
y Betonim : y desde Manaim hasta los confines de 
Dabir. 

27 En el valle de Betharan y Bethnemra y So- 
coth y Saphon , resto del reino de Sehon , rey de 
Hesebon : el Jordán es también el límite de esta 
partición , hasta el cabo del mar de Cenereth , ó 
Genezareth que está á la otra parte del Jordán , 
acia el Oriente : 

28 esta es la tierra de los hijos de Gad , sus 
ciudades y aldeas ;, repartido todo entre sus fami- 
lias. 

29 Dio también Moysés á la media tribu de 
Manassés y á sus hijos la tierra que debia poseer , 
repartida entre sus familias : 

30 la cual principiando en Manaim abraza todo 
Basan , y todos los dominios de Og rey de Basan , 
y todas las aldeas de Jair que pertenecen á Ba- 
san en número de sesenta poblaciones : 

31 y la mitad de Galaad , y Astaroth , y Edrai , 

1 Lo que Sehon, rey de los amorrheoS; haibia quitado á 
los ammonitas, vencido éste, se lo apropiaron los israelitas: 
los cuales no parece que faltaron á la orden de Dios de no 
tocar á los ammonitas {Deuter.II. i\ 37.) ; pues el pais era 
ya de Sehon Judie. XI. v. 13. 

19 



218 LIBRO DE JOSUÉ. 

ciudades del reino de Og en Basan : todo esto fue 
dado á los hijos de Machír, hijo de Manassés, esto 
es , á la mitad de los hijos de Machír , según sus 
faraihas. 

32 Estas son las posesiones que repartió Moysés 
en las campiñas de Moab á la otra parte del Jor- 
dán , en frente de Jerichó , acia el Oriente. 

33 Mas á la tribu de Leví no le dio porción 
ninguna de tierra ; porque el Señor Dios de Is- 
rael él mismo es su herencia, como se lo tiene 
dicho '. 

CAPÍTULO XIV. 

Ephraim y 3Ianasses, hijos de Joseph, forman dos tribus 
separadas. Justa petición de Caleb otorgada por Josué. 

1 Esto es lo que poseyeron los hijos de Israel 
en la tierra de Chánaan , según la repartición que 
hicieron el Swmo sacerdote Eleazar, y Josué hijo 
de Nun , y los príncipes de las familias en cada 
una de las tribus de Israel : 

2 distribuyéndolo todo por suerte ^ entre las 

1 Num, XXIII. r. 20. i 

2 Quiso Dios que el repartimiento Me la tierra de Pro- 
misión se hiciera por suerte, no solamente para quitar to- 
do motivo de quejas y resentimientos, sino principalmente 
para que se acreditara la verdad de las predicciones de Ja- 
cob. Gen. XLIX, y de Moysés Deuter. X XXII I. ; y por 
consiguiente la infalible providencia con que el Soberano 
dueño del Orbe cumplia á su pueblo lo que le había prome- 
tido. 



CAPÍTULO XIV. 219 

nueve tribus y media , como el Señor lo habia or- 
denado á Moyses ; 

3 pues que á las otras dos tribus y media les 
tenia dada ya Moyses su porción á la otra parte 
del Jordán : sin contar con los levitas , quienes no 
recibieron porción alguna de tierra entre sus her- 
manos ; 

4 sino que entraron en su lugar los hijos de 
Joseph , Manassés y Ephraim , divididos en dos 
tribus : ni tuvieron los levitas en la tierra otra 
porción que ciudades para habitar, y sus ejidos ó 
campos vecinos , para mantener sus bestias y ga- 
nados. 

5 Como el Señor lo habia mandado á Moyses , 
asi lo ejecutaron los hijos de Israel , y repartié- 
ronse la tierra de Cháaaan ' . 

6 Con esta ocasión presentáronse á Josué , en 
Gálgala , los hijos de Judá ; y Caleb , hijo de 
Jephone Cenezeo , le habló de esta manera ^ : 
Tú sabes lo que acerca de mí y de tí dijo el Se- 
ñor en Cadesbarne á Moyses , varón de Dios. 

7 Cuarenta años tenia yo cuando me envió 
Moyses , siervo del Señor , desde Cadesbarne á 
reconocer la tierra , y le referí lo que me parecía 
verdad. 

8 Pero mis hermanos, los que fueron conmigo. 



1 Dividida en doce suertes. 

2 Véase lo que se dice en los Números cap. XIV. v. 24, 
y Deuter. I. v. 36. 



220 LIBRO DE JOSUÉ. 

desanimaron al pueblo. Eso no obstante, yo seguí 
el partido del Señor mi Dios ; 

9 por lo que Moysés juró en aquel dia dicien- 
do : La tierra que pisaron tus pies, será posesión 
tuja , y de tus hijos perpetuamente : por cuanto 
has seguido al Señor Dios mío. 

10 Asi el Señor me ha conservado la vida, co- 
mo lo prometió , hasta el dia presente. Cuarenta 
y cinco años ha que dio el Señor esta orden á 
Moysés , cuando Israel andaba por el Desierto : 
hoy tengo ochenta y cinco años , 

11 con tan robusta salud como la que tenía en 
aquel tiempo en qne fui enviado al reconocimien- 
to : el vigor de entonces dura en mí hasta hoy , 
tanto para hacer la guerra como para caminar '. 

12 Dame , pues , esa montaña ó territorio mon- 
tuoso , que oyéndolo tú mismo , me prometió el 
Señor , donde hay aun enaceos ó gigantes , y ciu- 
dades grandes y fuertes , por ver si el Señor me 
ayuda , como espero , y puedo dar cabo de ellos , 
como me lo tiene prometido. 

13 Bendíjole entonces Josué ^ , y le entregó 
la posesión de Hebron ', 

14 y desde aquel tiempo Hebron fue de Caleb, 
hijo de Jephone Cenezeo , hasta el dia de hoy ; 
por haber seguido al Señor Dios de Israel. 

1 EcclLXLVI.v. 11. 

2 Anunciándole un feliz suceso. — Véase Bendicir. 

3 Esto es, sus tierras y posesiones. Cap. XXI. v. 12, 
— I. Paral. VI. v. 56. 



CAPÍTULO XV. 221 

15 Hebron se llamaba antiguamente Cariath 
Arbe : allí está enterrado Arbe , el hombre mayor 
entre los enaceos ó gigantes. Y cesaron por entonces 
las guerras en la tierra de Chánaan. 

CAPÍTULO XV. 

Territorios que tocaron por suerte á la tribu de Judá, y sus 

ciudades. 

1 Ahora, pues, la porción que tocó por suerte á 
los hijos de Judá , según sus familias , fue esta : 
desde donde termina la Iduraea , el desierto de 
Tsin , acia el Mediodía , y hasta la extremidad del 
lado meridional : 

2 su principio es desde la punta del mar Sala- 
do , y desde la lengua de este que mira al Me- 
díodia , 

- 3 y se extiende acia la subida del Escorpión , y 
pasa hasta el Sina ó Tsin : de allí sube á Cades- 
barne , y llega á Esron , avanzándose acia Addar, 
y dando vuelta á Carcaa ; 

4 y de allí pasando acia Asemona , llega hasta 
el torrente de Egypto ' , y termina en el mar 
grande ^. Estos son los límites del territorio de 
Judá por el lado del Mediodía. 

5 Por la parte oriental el principio será el mar 
Salado ó Muerto, hasta la embocadura del Jordán : 

1 O brazo mas oriental del Nilo. 

2 El Mediterráneo es llamado el Mar grande. 



k 



222 LIBRO DE JOSUÉ. 

por la del Norte desde la lengua que forma el 
mismo mar hasta las corrientes del dicho rio, 

6 y tocan sus confines en Beth Hagla, y pasan- 
do por el Norte á Beth Araba, suben bástala pie- 
dra de Boen, hijo de Rubén j 

7 y siguen caminando hasta los confines de De- 
berá en el valle de Achór , mirando acia el Norte 
contra Gálgala , la cual está en frente de la subida 
de Adommim por la parte austral del torrente , y 
pasan dichos limites de Jiidd las aguas llamadas 
Fuente del Sol , y vienen á salir á la Fuente de 
Rogel. 

8 De aquí suben por el valle del hijo de En- 
nom ', arrimándose al lado meridional de los Je- 
buseos , donde está la ciudad de Jerusalem , y 
subiendo de allí hasta la cumbre del monte Moría, 
que está en frente de Geennom, al Occidente, en 
la extremidad del valle de Raphaim, ó de los gigan- 
tes, acia el Norte, 

9 bajando de la cima del monte hasta la fuente 
de Nephtoa , y llegan hasta las aldeas del monte 
Ephron ; y descienden acia Baala , que es Caria- 
thiarim, esto es. Ciudad de los bosques; 

10 y desde Baala van rodeando acia el Occi- 

1 La parte alta de Jerusalem, acia el Mediodía donde 
estaba el monte Sioo pertenecía á la tribu de Judá; la baja, 
acia el Norte , con el monte Moria que estaba en medio, 
donde fue edificado el templo por Salomón, pertenecía á la 
de Benjamín. II. Endras XI. v. 36.— »S*, Aug. Qvuest. Vil. 
in Judie. 



capítulo XV. ááS 

dente hasta el monte Seir, y por el Norte se ar- 
riman al lado del monte Jarim acia Cliéslon , de 
donde descienden á Bethsames , y pasan hasta 
Tamna ; 

11 llegan hasta el lado septentrional de Acca- 
ron , inclínanse acia Sechrona, y pasan el monte 
Baala, y arribando a Jebneel , quedan cerrados 
por el Occidente en el mar MedUerráneo. 

12 Estos son por todos lados los términos de 
los hijos de Jndá, según sus familias. 

13 Mas á Caleb , hijo de Jephone , dio Josué 
en posesión particular en medio de los hijos de 
Judá, como le habia mandado el Señor, la chalad 
de Cariath Arbe , padre de Enac , la misma que 
Hebron. 

14 Y Caleb ' exterminó de ella á tres hijos de 
Enac, Sesai , Ahiiran, y Tholmai, que habían que- 
dado de la raza de Enac '^; 

15 y avanzando desde allí, llegó á los habitan- 
tes de Dabir', que antes se llamaba Cariath Se- 
pher, esto es, Ciudad de las letras. 

16 Aquí dijo Caleb : A quien asaltare á Cariath 
Sepher, y se apoderare de ella , yo le daré por 
muger á mi hija Axa. 



1 Algunos años después, muerto ya Josué. 

2 Nnm. XIIL v. 23. —Judie, l.v. 20. 

3 Parece que seria una especie de academia á donde los 
cliánaneos enviarían sus hijos á estudiar; ó tal vez donde 
habííariau muchos sabios del pai-s. 



224 LIBRO DE JOSUÉ. 

17 Y tomóla Othoniel , hijo de Cenéz, hermana 
menor de Caleb ; y dióle este por muger á su 
hija Axa : 

18 á la cual , caminando juntos, aconsejó el ma- 
rido que pidiera á su padre una heredad. Axa pues, 
yendo sentada en su asno, dio un suspiro, y Caleb 
la dijo : ¿Qué tienes ? 

19 A lo que respondió ella : Dame tu bendi- 
ción , y concédeme una gracia : Me has dado una 
tierra de secano acia el Mediodía ; agrégame otra 
de regadío. Y Caleb le dio otra heredad , colina y 
vega, todo regadío. 

20 Esta es la posesión de la tribu de Judá, se- 
gún sus familias. 

21 Las ciudades de los hijos de Judá en las 
extremidades meridionales por las fronteras de 
Idumea, eran : Cabseél , y Eder, y Jagur, 

22 y Ciña, y Dimona, y Adada, 

23 y Cades, y Asor, y Jethnam, 

24 Ziph, y Telem , y Baloth, 

25 Asor la nueva, y Carioth, Hesron , la misma 
que Asor, 

26 Aman, Sama, y Molada , 

27 Asergadda, y Hassemon , y¡Bethphelet ^ 

28 y Hasersual , y Bersabée , y Baziothia, 

29 y Baala , y Jim , y Esem , 

30 y Eltholad , y Cesil , y Harma, 

31 y Siceleg, y Medemena, y Sensenna , 

32 Lebaoth , y Selim, y Aen , y Remon : entre 
todas veinte y nueve ciudades y sus aldeas : 



capítulo XV. 225 

33 en las llanuras Estaol , y Sarea , y Asena , 

34 y Zanoé, y Engannim, y Taphúa,y Enaim, 

35 y Jerimoth , y Adullam , Sochó , y Azeca : 

36 y Saralna , y Aditlialm, y Gedera, y Gede- 
rothaim : catorce ciudades y sus aldeas. 

37 Sanan y Hadasa, y Magdalgad, 

38 Delean, y Masepha, y Jecthel, 

39 Lachís, y Bascháth, y Eglon, 

40 Chébbon, y Leheman, y Cethlis, 

41 y Glderoth, y Bethdagon, y Naaraa, y Ma- 
ceda : diez y seis ciudades y sus aldeas. 

42 Labana, y Ether, y Asan, 

43 Jephtha, y Esna, y Nesib, 

44 y Ceila, y Acbzib, y Mareza : nueve ciudades 
y sus aldeas, 

45 Accaron con sus aldeas y lugarcillos. 

46 Desde Accaron basta el mar todo el pais que 
mira acia Azoto , con sus dependencias. 

47 Azoto con sus villas y cortijos. Gaza con sus 
villas y alquerías basta el torrente de Egypto , y 
el mar grande ó Mediterráneo^ es su término. 

48 Y en los montes : Samir, y Jetber, y Socotb, 

49 y Danna , y Cariatbsenna , que es Dabir , 

50 Anab, é Istemo, y Anim, 

51 Gosen, y Olon, y Gilo : once ciudades y sus 
' aldeas. 

52 Arab, y Ruma, y Esaan , 

53 y Janum , y Betbthapbúa , y Apbeca. 

54 Atbmatba, y Cariath-Arbe, que es Hebron, 
y Sior : nueve ciudades y sus aldeas. 



•226 LIBRO DE JOSUÉ. 

55 Maon , y Carmel , y Ziph , y Jota, 

56 Jezrael , y Jucadara, y Zanoe, 

57 Accain , Gabaa , Thamna : diez ciudades y 
sus aldeas. 

58 Halhul , y Bessur , y Gedor, 

59 Mareth , y Bethanoth , y Eltecon : seis 
ciudades y sus aldeas : 

60 Cariathbaal , la misma que Cariathiarlm , ó 
ciudad de las selvas , y Arebba : dos ciudades y 
sus aldeas. 

61 En el Desierto, Betharaba , Meddin , y 
Sac hacha, 

62 y Nebsan, y ciudad de la Sal, y Engaddi : 
seis ciudades y sus aldeas. 

63 Pero á los Jebuseos que habitaban en Jeru- 
salem , no pudieron exterminarlos los hijos de 
Judá ; y asi el Jebuseo prosiguió habitando en 
Jerusalem con los hijos de Judá hasta el presente *. 

CAPÍTULO XVI. 

Territorio que cayó por suerte a la tribu de Ephraim. 

1 A los hijos de Joseph tocó por suerte el terri- 
torio desde el Jordán en frente de Jerichó y 
desde sus ^ aguas, acia el Oriente, hasta el De- 
sierto que sube de Jerichó al monte de Bethel : 

1 Aunque la tribu de Judá tomó é incendió á Jerusalem 
(Judie. I. V. 8.) , los jebuseos volvieron á poblarla, y la po- 
seyeron hasta'que David tomó la fortaleza de Sion, y los su- 
jetó. (II. Reg. V. V. 8.) 

2 Esto es, de la fuente de Jerichó, cuyas aguas endul- 
zó Eliséo. IV. Reg. II. v. 19 s. 



CAPITULO XVI. 22? 

2 y SU línea tira de Bethel á Luza, y atraviesa 
la comarca de Archí acia Atharoth, 

3 y baja por el Occidente tocando los términos 
de Jephleti liasta entrar en la comarca de Beth- 
horon de abajo, y de Gazer, y sus límites ter- 
minan en el mar grande ó Mediterráneo. 

4 Estas son en general las regiones que poseye- 
ron los liijos de Joseph, Manasses y Ephraim. 

5 El distrito de los hijos de Ephraim repartido 
entre sus familias y la posesión de estos , vino á 
ser acia el Oriente desde Atharoth Addar hasta 
Bethhoron de arriba ; 

6 y sus confines se extienden hasta el mar. La 
línea por Machmethath mira al Norte y da vuelta 
por el Oriente acia Thanathselo, y pasa desde el 
Oriente hasta Janoé. 

7 Desde Janoé baja hasta Atharoth y Naara- 
tha, y toca en Jerichó, y termina en el Jordán, 

8 De Thaphúa pasa la línea en frente del mar 
Mediterráneo al yalle del Cañaveral , y remata en 
el mar Salado '. Esta es la posesión de la tribu 



1 Es aquí lo mismo que el Mediterráneo. — La palabra 
salsissimmn de la Vulgata parece añadida al texto : pues el 
territorio que tocó por suerte á la tribu de Manasses dista- 
ba mucho del mar Muerto, que es el que en la Escritura se 
llama mar Salado, y asi es que en el verso 9 del capítulo 
siguiente se lee mare, sin el tal epíteto, y se ve que la tri- 
bu de Manasses confinaba con el Mediterráneo. Ademas la 
palabra Salado, ni está en el original hebreo, ni en la ver- 
sión cháldea, ni en la de los Setenta. 



228 LIBRO DE JOSUÉ. 

de los hijos de Ephralm, distribuida en sus fami- 
lias. 

9 También fueron separadas ciudades con sus 
aldeas ó dependencias para los hijos de Ephraim, 
dentro de la posesión de los hijos de Manassés. 

10 Mas los hijos de Ephraim no exterminaron 
al chánaneo que habitaba en Gazer , en medio de 
Ephraim, y siguió viviendo entre ellos, siéndoles 
tributario hasta el dia de hoy. 

CAPÍTULO XVll. 

Territorio que tocó á la otra media tribu de Manassés. Con- 
firmase la herencia dada á las hijas de Salphaad. Se au- 
menta la porción de los hijos de Joseph. 

1 Esta es la porción que tocó por suerte á la 
tribu de Manassés ( primogénito que fue de Jo- 
seph) ó á Machir ' primogénito de Manassés y 
padre de Galaad, que fue hombre belicoso, y po- 
seyó el pais de Galaad y de Basan», 

2 y también á los demás hijos de Manassés, á 
proporción de sus familias, á los hijos de Abiezer, 
y á los hijos de Helec , y á los hijos de Esriel ^, 

1 Machir fue primogénito, y unigénito al mismo tiempo 
de Manassés. — Véase Primoge'nito. 

2 Es el mismo que se llama Azriel en el libro de los Nú- 
meros cap. XXVI. V. 31 : y el que se llama aquí Abiezer , 
allí se nombra en la Vulgata Jezer, y en el hebreo Aiezelí 
diversidad que puede provenir de la varia pronunciación de 
los nombres, como entre nosotros sucede. 



CAPITULO xvir. 229 

y á los hijos Se Sechém, y á los hijos de Hepher, 
V á los de Semlda : estos son los seis hijos ó nietos 
varones de ManasséS;, hijo de Joseph, cabezas de 
familias. 

3 Mas como Salphaad , hijo de Hepher , hijo 
de Galaad, hijo de Machir, hijo de Manassés, no 
tenia hijos, sino solamente hijas (cuyos nombres 
son : Maala , y Noa , y Hegla , y Melchá , y 
Thersa), 

4 vinieron estas á presentarse á Eleazar Sumo 
sacerdote, á Josué, hijo de Nun , y á los prínci- 
pes , diciendo : El Señor ordenó por medio de 
Moysés que se nos diese posesión en medio de 
nuestros hermanos. Dióles pues Josué tierras en 
herencia conforme á la orden del Señor, en me- 
dio de los hermanos de su padre. 

5 Asi tocaron á Manassés diez porciones en la 
tierra de Chánaan , sin contar la tierra de Galaad 
y de Basan , tras el Jordán : 

6 Porque las cinco hijas de Manassés poseyeron 
su herencia en medio de los hijos de esta tribu. Y 
la tierra de Galaad ' cupo en suerte á los otros 
hijos de Manassés '. 

7 Y fueron los términos de Manassés desde 
Aser á Machmethath, que mira á Sichém , exten- 
diéndose á mano derecha al lado de los que habi- 
tan en Fuente de Taphúa ^. 

1 La parte que tuvo de la« dos tribus. 

2 O desceudientes de Manassés. — Véase Hijo. 

3 La cual pertenece á los hijos de Ephraim. 

20 



'230 LIBRO DE JOSUÉ. 

8 Porque la tierra de Taphúa liabia caído en 
suerte á Manasses, mas la ciudad de Taphúa, que 
está en los confines de Manasses , fue dada á los 
hijos de Ephraim. 

9 Dichos confines van descendiendo por el valle 
del Cañaveral acia el Mediodía del torrente de las 
ciudades de Ephraim , que están en medio de las 
de Manasses : de suerte que la frontera de Manas- 
ses pasa al Norte del torrente y va á terminar en 
el mar. 

10 Asi que la posesión de Ephraim está al Me- 
diodía , y al Norte la de Manasses , terminando 
arabas en el mar ; y se encuentran con la tribu de 
Aser por el Norte, y con la tribu de Issachár por 
el Oriente. 

H Con efecto Manasses tuvo por herencia en 
los confines de Issachár y de Aser á Bethsan con 
sus aldeas , á Jeblaam con las suyas, á los habi- 
tantes de Dor con sus villas , y á los de Endor 
con sus aldeas ; asimismo á los habitantes de The- 
nac con sus aldeas , y á los de Mageddo con las 
suyas, y la tercera parte de la ciudad de Nopheth. 

12 Mas no pudieron los hijos de Manasses 
destruir enteramente los moradores de estas ciuda- 
dades ; sino que los chánaneos comenzaron á 
repoblar su tierra junto con ellos, 

13 Bien que después que los hijos de Israel 
cobraron fuerzas, subyugaron á los chánaneos, y 
se los hicieron tributarios : mas no los mataron \ 

1 Desobedeciendo la orden del Señor. 



capítulo XVII. 231 

14 Y los hijos de Joseph ' se dirigieron á Jo- 
sué, y le dijeron, hablando Manassés : ¿Porqué 
me has dado una sola suerte ó parte de posesión ', 
siendo asi que soy un pueblo tan numeroso á 
quien el Señor ha colmado de bendiciones ? 

15 Josué íes respondió t.Si^eres un pueblo nu- 
meroso sube á los bosques , y extiéndete, hacien- 
do desmontes en el pais de los pherezeos , y de 
los raphaimitas , ya que la posesión del monte de 
Epliraim es para tí estrecha. 

16 Replicáronle los hijos de Joseph : No po- 
dremos ganar el pais de las montañas ; porque los 
chánaneos que habitan en la llanura donde está 
Bethsan y sus aldeas, y Jezrael que ocupa el me- 
dio del valle , usan de carros armados de hoces ó 
hierros ajilados, 

17 Dijo entonces Josué á la casa de Joseph, 
Ephraim y Manassés : Pueblo crecido eres y de 
gran valentía : no tendrás una herencia sola ; 

18 sino que subirás á las montañas, y desmon- 
tarás, y hmpiarás trechos de tierra para tu habi- 
tación ; y podrás alargarte mas y mas extermi- 
nando á los chánaneos , que dices tienen carros 
armados de hoces ó hierros ajilados , y que son 
muy fuertes. 

1 Esto es, las tribus de Ej>hraÍ!n y Manassés. 

2 Pues las dos recibidas apenas bastan para una de las 
dos tribus. , 



232 LIBRO DE JOSUÉ. 



CAPITULO XVllí. 

Se Jija el Tabernáculo en Silo, territorio de Benjamín , y 
demárcase el territorio que se ha de dar a las otras siete 
tribus. 

1 Y se congregaron en Silo' todos los hijosde 
Israel , y fijaron allí eí Tabernáculo del Testimo- 
nio : y tenian sojuzgada la tierra. 

2 Mas quedaban siete tribus de los hijos de 
Israel , las cuales no hablan recibido todavía sus 
posesiones. 

3 Díjoles pues Josué : ¿ Hasta cuándo os con- 
sumiréis en la ociosidad , y os estaréis sin entrar 
á poseer la tierra , que os ha dado el Señor Dios 
de vuestros padres ? 

4 Elegid tres personas de cada tribu para que 
yo las envié y vayan á dar una vuelta por el pais, 
y hagan de él una demarcación conforme al nú- 
mero de cada gente, y me traigan el plan ó esta- 
do que hayan formado. 

5 Dividid entre vosotros todo el pais en siete 
partes : Judá se quedará dentro de sus límites en 
la región del Blediodia , y la casa de Joseph al 
Norte. 

6 La tierra intermedia ^ demarcadla en siete 



1 Véase Templo. Arca. 

"2 La palabra mediam de la Vulgata no se halla ni en el 
hebreo ni en los Setenta : y muchos creen qne debe decir 



CAPÍTULO XVUI. 233 

partes, y vendréis á mí en este lugar, para que 
os las sortee aquí en presencia del Señor Dios 
vuestro : 

7 porque los levitas no tienen parte alguna 
entre vosotros, sino que su heredad es el sacer- 
docio del Señor ; y Gad y Rubén y la media tribu 
de Manassés ya recibieron sus posesiones al otro 
lado del Jordán , acia el Oriente ; las cuales les 
dio Moysés , siervo del Señor. 

8 Como pues estuviesen ya á punto de marchar 
los sugetos elegidos para demarcar la tierra, dió- 
les Josué esta orden , diciéndoles : Rodead la 
tierra , y demarcadla , y volved á raí para que yo 
aquí en Silo , delante del Señor , eche las suertes. 

9 Con esto partieron , y habiéndola reconocido 
la dividieron en siete partes , que las describieron 
en un libro ó ciiademoj y volviéronse á Josué en 
el campamento de Silo : 

10 el cual echó las suertes delante del Señor 
allí en Silo , y dividió la tierra en siete partes entre 
los hijos de Israel. 

11 Y salió la primera suerte á los hijos de Ben- 
jamin, distribuidos por familias, para que poseye- 
ran su porción de terreno entre los hijos de Judá 
y los hijos de Joseph. 

12 Asi que sus términos fueron por la parte del 
Norte desde el Jordán , tirando al lado scpten- 

ciliam : haciendo este sentido : Todo el reato de la tierra, 
(juitadas las posesiones de Jiidá , Ephraiíti , y de la media 
tribu de Manassés. 



234 LIBRO DE JOSUÉ. 

trienal de Jerichó , y subiendo desde allí por el 
Occidente á las montañas llegan hasta el desierto 
de Bethaven ; 

13 y pasando por el lado meridional cerca de 
Luza, por otro nombre Bethel , de allí bajan á 
la ciudad de Atharothaddar , cerca del monte que 
cae al Mediodia de Bethhoron de abajo : 

14 aquí tuercen los términos ó frontera^ y dan 
vuelta acia el mar por el Mediodia del monte que 
mira á Bethhoron de la parte del Mediodia, y vie- 
nen á parar en Cariath-baal llamada también Ca- 
riathiarim, ciudad de los hijos de Judá. Este es el 
lado del territorio acia el mar por el Poniente. 

15 Por el Mediodia comienzan los términos 
desde Cariathiarim acia el mar , y llegan hasta la 
Fuente de las aguas de Nephtoa ; 

16 después se dejan caer hasta el cabo del 
monte , que mira al valle de los hijos de Ennom, 
y yace al Norte en la extremidad del valle de 
Raphaim, ó de los gigantes : de aquí bajan á Geen- 
nom (esto es , al valle de Ennom) , tocando en el 
lado austral del Jebuseo, y llegan hasta la Fuente 
de Rogel , • 

17 avanzando áoia el Norte , y saliendo á En- 
semes , esto es , la Fuente del Sol : 

18 corren después hasta los cerros que están en 
frente de la subida de Adommim , de donde des- 
cienden á Abenboen, esto es , á la Piedra de Boen, 
hijo de Rubén : y pasan por la parte del Norte á 
la campiña , y descienden á una llanura : 



CAPÍTULO XIX, 235 

19 acia el Norte se extienden mas allá de Beth- 
hagla ; y rematan en la punta septentrional del 
mar Salado ó Muerto , en la embocadura del Jor- 
dán que mira al Mediodía , 

20 el cual es su límite por el Oriente. Esta es 
la posesión de los hijos de Benjamín según sus fa- 
milias , demarcados sus lindes por todo su al- 
rededor. 

21 Y sus ciudades fueron Jerichó y Beth-hagla, 
y el valle de Casis , 

22 Beth-Araba , y Samaraim , y Bethel , 

23 y Avim, y Aphara , y Ophera , 

24 la ciudad de Emona , y Ophni , y Gabe'e : 
doce ciudades con sus aldeas. 

25 Gabaon , y Rama , y Berotli , 

26 y Mesphe , y Caphara , y Araosa , 

27 y Recem, Jarephel , y Tharela^ 

28 y Sela j Eleph , y Jebus , la misma que Je- 
rusalem , Gabaath y Cariath : catorce ciudades 
con sus aldeas. Esta es la posesión de los hijos de 
Benjamín , según sus familias, 

CAPITULO XIX. 

Terñtorio de las otras sen tHbtis, y porción dada á Jo- 

siié. 

1 La segunda suerte tocó á los hijos de Simeón, 
según sus faaúlias : y su herencia 

2 vino á caer en medio de la posesión de los 



236 LIBRO DE JOSUÉ. 

hijos (le Judá; d saber , en Bersabée , llamada 
también Sabée ' , y Molada_, 

3 y Haser-sual , Bala , y Asem , 

4 y Eltholad , Betliul , y Harma , 

5 y Siceleg-, y Betbmarcháboth , y Hasersusa , 

6 y Bethlebaoth , y Sarohen : trece ciudades 
con sus aldeas. 

7 Ain , y Remraon , y Athar , y Asam , cuatro 
ciudades con sus aldeas ; 

8 todos los lugarcillos al rededor de estas ciu- 
dades basta Baalath , y Beer-Ramath á la parte 
del Mediodía. Esta es la herencia de los hijos de 
Simeón , á proporción de sus familias , 

9 en la posesión y territorio de los hijos de Judá ; 
porque era este territorio demasiado grande , y 
por eso los hijos de Simeón recibieron su posesión 
en medio de la de aquellos. 

10 La tercera suerte tocó á los hijos de Zabu- 
lón por sus familias : los límites de su posesión 
se extienden por el Occidente hasta Sarid : 

11 suben del mar Mediterráneo ^ y de Merala , 
y llegan á Debbaseth , hasta el torrente que está 
en frente de Jcconara : 

12 vuelven de Sared por el Oriente hasta los 
confines de Ceseleth-thabor . salen á Dabereth , y 
suben acia Japhie , 



1 Dos üombres que significan una misma ciudad. A Ber- 
sabée llamaríanla también Sabée. Véase I. Paral IV. 
v. 28. 



CAPÍTULO XIX. 237 

13 de donde corren hasta la región oriental de 
Gethliepher y Thacasin, y prosiguen con dirección 
á Remmon , Amthar , y Noa : 

14 después dan la vuelta por el Norte de Ha- 
nathon, y terminan en el valle de Jeplithael, 

15 é incluyen también á Catelli , y Naalol , y Se- 
meron , y Jedela , y Bethleliem : doce ciudades 
con sus aldeas. 

16 Esta es la herencia de la tribu de los hijos 
de Zubulon , distribuida entre sus familias, con las 
ciudades y aldeas. 

17 La cuarta suerte salió á Issachár para sus 
familias , 

18 y comprehende á Jezrael , Casalotli , y 
Sunem , 

19 y Hapharaim , y Seon , y Anaharath , 

20 y Rabboth , y Cesión , y Abes , 

21 y Rameth, y Engannim, y Enhadda, y Beth- 
pheses ; 

22 y sus términos se extienden hasta el Thabor, 
y Sehesima, y Betsames, y acaban en el Jordán : 
diez y seis ciudades con sus aldeas. 

23 Esta es la posesión de los hijos deissáchar , 
y las ciudades y aldeas para sus familias. 

24 La quinta suerte salió á la tribu de los hijos 
de Aser según sus familias; 

25 y fueron sus términos Halcath , y Chali , y 
Beten , y Axaph , 

26 y Elmelech , y Amaad , y Messal : y llegan 



238 LIBRO DE JOSUÉ. 

hasta el Carmelo del mar ', y árSihor , y á Laba- 
nath ; 

27 desde donde vuelven por el Oriente acia 
Bethdagon ; y pasan por Zabulón , y el valle de 
Jephthael al Norte , hasta Bethemec , y Nehiel ; y 
se extienden por la izquierda cácia Cabul , 

28 y Abran, y Rohob, y Hamon, y Canna, has- 
ta Sidon la grande ; 

29 y dan vuelta acia Horma, hasta la ciudad for- 
tísima de Tyro, y hasta Hosa; y acaban en el mar 
junto al territorio de Achziba , 

30 é incluyen á Amma , y Aphec , y Rohob : 
veinte y dos ciudades con sus aldeas ^. 

31 Esta es la posesión de los hijos de Aser, y 
las ciudades y sus aldeas según sus familias. 

32 La sexta suerte tocó á los hijos de Nephtha- 
lí, divididos en sus familias : 

33 y comienzan sus términos desde Heleph y 
Elon en Saananim y Adami_, por otro nombre Ne- 
ceb, y desde Jebnael hasta Lecum, y acaban en el 
Jordán ; 

34 y vuelven ios lindes por la parte del Occi- 
dente acia Azanotthabor, y de allí salen á Hucuca, 
y pasan á Zabulón por el lado del Mediodia , y á 



1 Había otro Carmelo en la tribu de Judá, 

2 Algunas de las ciudades aquí nombradas solo se po- 
nen para denotar los límites de la tribu de Aser en cuya 
frontera estaban ; mas no porque perteneciesen á dicha tri- 
bu. 



CAPITULO XIX. 239 

Aser por el Poniente, y acia Judá por el lado del 
Jordán al Oriente. 

35 Sus ciudades muy fuertes , son Assedim, y 
Ser, y Emath, y Raccath, y Cenereth , 

36 y Edema, y Arama, y Asor, 

37 y Cedes, y Edrai, y Enhasor, 

38 y Jeron, y Magrdalel, Horem, y Bethanatb, 
y Bethsames : diez y nueve ciudades ' con sus al- 
deas. 

39 Esta es la posesión de la tribu de Nephthalí, 
sus ciudades y aldeas para sus familias. 

40 A la tribu de Dan salió la séptima suerte para 
sus familias : 

41 y los lindes de su posesión fueron Sara 
y Esthaol , é Hirsemes, esto es , Ciudad del Sol , 

42 Selebin, y Ayalon, y Jethela , 

43 Elon, y Themna, y Acron , 

44 Elthece, Gebbethon , y Balaatb , 

45 y Jud, y Bañe, y Barach, y Gethremmon , 

46 y Mejarcon, y Arecon con la frontera que 
mira á Joppe ; 

47 y aquí rematan sus términos. Pero los hijos 
de Dan avanzaron, y batieron áLesem, y la toma- 
ron; pasáronla después á cuchillo , y la ocuparon, 
y habitaron en ella , llamándola Lesem-Dan, del 
nombre de Dan su padre. 

48 Esta es la posesión de la tribu de los hijos de 
Dan^ y las ciudades y aldeas para sus familias. 

1 No se nombran todas. 



240 LIBRO DE JOSUÉ. 

49 Luego que Josué hijo de Nun hubo acabado 
de repartir la tierra por suerte á cada una de las 
tribus , diéronle los hijos de Israel á él su porción 
en medio de ellos, 

50 conforme al precepto del Señor : a saber , 
la ciudad de Thamnath Saraa en el monte de E- 
phraim, que habia pedido; la cual ciudad reedificó, 
y habitó en ella '. 

51 Estas son las posesiones que Eleazar Sinno 
sacerdote, y Josué hijo de Nun, y los príncipes de 
las familias y de las tribus de los hijos de Israel 
distribuyeron por suerte en Silo , delante del Se- 
ñor, á la puerta del Tabernáculo del testimonio; y 
asi repartieron la tierra de Chanaan. 

CAPITULO XX. 

Señálanse las ciudades de asilo; y se declaran los privilegios 
de los refugiados. 

1 Habló el Señor á Josué, y le dijo : Habla á 
los hijos de Israel, y diles : 

2 Separad las ciudades para los que hayan de 
refugiarse, de que os hablé por medio de Moysés : 

3 para que sirvan de asilo á todo el que matare 

1 Se ve aquí la admirable modestia y desinterés de Jo- 
sué, que solamente después de haber repartido á todos su 
suerte, recibe el último la suya ; y tal , que parece que el 
mismo nombre de H'^D niDfl denota la esterilidad del 
terreno montuoso que escogió. 



CAPÍTULO XX. 241 

á un hombre sin querer ; y pueda asi evadir la có- 
lera del que es pariente cercano del rmierto, y quie- 



re veníjar su saneare. 



4 Luego que se refuo^íare auna de estas ciuda- 
des , se presentará en las puertas ó Juzgado de la 
ciudad, y expondrá á los Ancianos de ella todo lo 
que pueda comprobar su inocencia; y después de 
esto le darán acogida y lugar donde habite. 

5 Y si el que quiere vengar la muerte viniere 
persiguiéndole, no le entregarán en sus manos : 

tpor cuanto no mató su prójimo á sabiendas, ni se 
prueba que hubiese sido dos ó tres dias atrás su e- 



nemigo. 



6 Asi estará retirado en aquella ciudad hasta que 
comparezca en juicio para dar razón de su hecho, 
y después hasta que muera el Sumo sacerdote que 
á la sazón fuere. Entonces podrá volver el homi- 
cida, y entrar en su patria y casa de donde habia 
huido. 

7 Señalaron pues á Cedes en la Galilea sobre 
el monte deNephthalí , y á Sichém en el monte 
de Ephraim, y en el monte de Judá á Cariath-Arbe, 
por otro nombre Hebron. 

8 y de la otra parte del Jordán acia el Oriente 
de Jerichó, destinaron á Bosor situada en la llanu- 
ra del Desierto, déla tribu de Rubén, y á Ramoth 
en Galaad, de la tribu de Gad, y á Gaulon en Ba- 
san, de la tribu de Manasse's. 

9 Estas ciudades fueron señaladas para todos los 
hijos de Israel, y para los forasteros que habitaban 

ToM. 111. 21 



242 LIBRO DE JOSUÉ. 

entre ellos, á fin de que se retirase á ellas el que 
sin querer hubiese muerto á un hombre, y asi no 
muriese á manos del pariente ansioso de vendar la 
í:angre derramada, antes de presentarse aquel de- 
lante del juzgado del pueblo para defender su cau- 
sa. 

CAPITULO XXI. 

Ciudades separadas para los levitas. Los israelitas viven 

en reposo. 

1 Recurrieron los príncipes de las familias de 
Leví ' á Eleazar Sumo sacerdote, y á Josué hijo 
de Nun, y á los caudillos de las familias de cada 
tribu de los hijos de Israel; 

2 y habláronles en Silo en la tierra de Chánaan, 
y dijeron : El Señor mandó por medio de Moysés 
que se nos diesen ciudades para habitar, y sus alre- 
dedores para alimentar nuestras bestias. 

3 Diéronles pues los hijos de Israel de sus po- 



1 Componiase la tribu de Leví de tres grandes familias, 
qne tomaban el nombre de los tres hijos de Leví, Caath, 
Gerson, y Merari. Mas Aaron, aunque descendía de Caath. 
formaba como una cuarta familia, que tenia mayores prero- 
gativas por razón df-1 sacerdocio que le habia sido adjudi- 
cado, y asi vemos que el Señor dirigió las suertes de modo 
que ala familia de Aaron le tocara habitar en las tribus de 
Judá y de Benjamín, para que estuviesen mas cerca del 
templo que habia de edificarse alffun día en Jerusalem. 



CAPÍTULO XXI. 24.» 

sesiones, conforme al mandamiento ilel Señor, 
ciudades y sus alrededores. 

4 Y salieron por suerte á la familia de Caath pa- 
ra los hijos del sacerdote Aaron, trece ciudades ' 
en las tribus de Judá , de Simeón, y de Benja 
min ; 

5 y á los demás hijos de Caath, que restaban, 
esto es, á los levitas , tocaron diez ciudades de las 
tribus de Ephraim, de Dan , y de la media tribu 
de Manasses. 

6 A los hijos de Gerson les salió la suerte de 
recibir trece ciudades de las tribus de Issachár, de 
Aser, y de Nephíhalí, y de la otra media tribu de 
Manasses en Basan. 

7 Y á los hijos de IMerari para sus familias doce 
ciudades de las tribus de Rubén , de Gad , y de 
Zabulón. 

8 Dieron pues los hijos de Israel á los levitas es- 
tas ciudades con sus alrededores, como lo mandó 
el Señor por medio de Moysés , distribuyéndolas 
á cada wno por suerte. 

1 Habitaban también en las ciudades que se señalaron 
a los levitas muchas familias de las tribus en cuyo terrilo- 
rio estaban dichas ciudades, y que tenían el dominio de las 
tierras vecinas, como se ve en varios lugares de la Escri- 
tura, en que se manda á los hebreos que hagan participar á 
los levitas del pan que cuecen, de los animales que n-.atan, 
etc. Véase Num. XV. v. 19. — Detif. XII. v. 12 , 19. 
— XIV. V. 27. — XVI. V. 11. — XXVI. V. 12. Los levi- 
tas solamente tenían los alrededores de la ciudad por es- 
pacio de dos mil codos, y para jiastos y crias de sus ganado.s 
y bestias, Num. XXXV. v. 4j u¡ se les quitaba la libertad 
de vivir en otra parte. 



2-14 LIBRO DE JOSUÉ. 

9 Estos son los nombres de las ciudades de las 
tribus de Judá, y de Simeón que dio Josué 

10 á los hijos de Aaron délas familias de Caath, 
descendientes del tronco de Leví, que lograron la 
primera suerte : 

11 Canath-Arbe, ciudad áel padre de Enae, lla- 
mada Hebron, en el monte de Judá, y sus ejidos 
al contorno. 

12 Sus heredades y aldeas las tenia dadas en 
posesión á Caleb hijo de Jephone. 

13 Dio pues Josué á los hijos de Aaron Sumo 
sacerdote la ciudad de refug-io Hebron ' y sus al- 
rededores, y Lobna con los suyos, 

14 y Jether, yEsterao, 

15 y Holon, y Dabir, 

16 y Ain, y Jeta, y Bethsames con sus contor- 
nos : nueve ciudades en las dos tribus, como queda 
dicho. 

17 Y de la tribu de los hijos de Benjamín , á 
Gabaon y Gabae, 

18 y Anathoth^ y Almon con sus contornos : cua- 
tro ciudades, 

19 Todas las ciudades juntas de los hijos del 
Sumo sacerdote Aaron vinieron á ser trece con sus 
alrededores. 

1 La ciudad de Hebron habia sido dada á Caleb por or- 
den del Señor; pero ó Caleb generosamente la cedió; ó, lo 
que es mas probable, dio habitación dentro de ella á los 
hijos de Aaron, y se quedó con el dominio de sus cam- 
pos. 



CAPITULO XXI. 245 

20 A los demás hijos de Caath, de la estirpe de 
Leví, repartidos en sus familias se les dieron : 

21 de la tribu de Ephraim la ciudad de refugio 
Sichém con todos sus alrededores, en el monte de 
Ephraim , y Gazer , 

22 y Cibsaim, y Beth-horon con sus alrede- 
dores : cuatro ciudades. 

23 Y de la tribu de Dan, á Eltheco, y Gaba- 
thon, 

24 y Ajalon, y Gethreramon con sus alrededo- 
res : cuatro ciudades. 

25 Y de la media tribu deManassés á Thanach, 
y Gethremmon con sus contornos : dos ciuda- 
des. 

26 En todo se dieron diez ciudades y sus alre- 
dedores á los levitas hijos de Caath que eran de 
inferior grado al sacerdotal. 

27 También á los hijos de Gerson de la estir- 
pe de Leví dio de la media tribu de Manassés dos 
ciudades con sus alrededores, á saber , Gaulon en 
Basan, y Bosra, que eran ciudades de refugio. 

28 Y de la tribu de Issachár, á Cesión y Dabe- 
reth, 

29 y Jaramoth, y Engannin con sus alrededores : 
cuatro ciudades. 

30 De la tribu de Aser, á Masal, y Abdon , 

31 y Helcath , y Rohob con sus alrededores: 
cuatro ciudades. 

32 De la tribu de Nephthalí la ciudad de refu- 
gio Cedes en Galilea, y Hammoth-Dor, y Cartlian 
con sus alrededores : tres ciudades. 



246 LIBRO DE JOSüli. 

33 Todas las ciudades dadas á las l'amllias de 
Gerson fueron trece con sus contornos. 

34 Asimismo á los hijos de Merari , levitas de 
inferior grado, se les dieron, según sus familias, 
Jecnan, y Cartba , 

35 y Damna, y Naalol : cuatro ciudades de la 
tribu de Zabulón, con sus alrededores. 

36 De la tribu de Rubén , á la otra parte del 
Jordán en frente de Jericbó, á Bosor en el desier- 
to llamado Misor, y á Jaser, y Jethson y 3Iepha- 
ath : cuatro ciudades de refugio con sus alrededo- 
res. 

37 De la tribu de Gad, las ciudades de asilo Ra- 
moth en Galaad, y Manaim, y Hesebon, y Jaser : 
cuatro ciudades con sus alrededores. 

38 Todas las ciudades de los hijos de Merari 
para sus familias y casa fueron doce. 

39 Asi las ciudades de los levitas en medio de 
la posesión de los hijos de Israel fueron en todas 
cuarenta y ocho, 

40 con sus alrededores, distribuidas á propor- 
ción de las familias. 

41 De este modo dio el Señor Dios á Israel to- 
da la tierra que habia prometido con juramento á 
sus padres que se la daria ; y en efecto los israeli- 
tas la poseyeron y habitaron '. 

42 Y dióles paz con todas las naciones del con- 



i A («roporcion de lo que aban multiplicándübe. 



Vafítulo XXII. -247 

torno; y {_'iii<Tuno de los enemigos osó resistirles , 
sino que todos se sujetaron á su dominio. 

43 Ni una sola palabra de todo lo que prome- 
tió darles , quedó sin efecto ; sino que todo so 
verificó puntualmente. 



CAPÍTULO XXII. 



Retiratise á sus casas y posesiones lúa tribus auxiliares de 
Rubén y de Gad, y la media de Manassés; y levantan un 
altar cerca del Jordán. 

1 Por este tiempo convocó Josué á los Rube- 
nitas , y Gaditas , y á la media tribu de Ma- 
nassés, 

2 y díjoles : Habéis cumplido todo lo que os 
mandó Moysés siervo del Señor : y á mí también 
me habéis obedecido en todo ; 

3 ni en tan largo tiempo hasta el dia de hoy 
habéis desamparado á vuestros hermanos, obser- 
vando el mandamiento del Señor Dios vuestro. 

4 Ahora pues que ya el Señor Dios vuestro ha 
dado sosiego y paz á vuestros hermanos , como 
lo prometió , volveos é id á vuestras casas , y á la 
tierra de vuestra posesión que os entregó Moysés 
siervo del Señor, á la otra parte del Jordán ; 

5 Solamente os encargo que guardéis atenta- 
mente y pongáis por obra el mandamiento de la 
ley que os intimó Moysés , siervo del Señor , que 
es de amar al Señor Dios vuestro , y seguir todos 



248 LlbRO DE JOSUÉ. 

sus caminos, observar todos sus mandamientos, y 
estar con él unidos , y servirle con todo el cora- 
zón , y con toda vuestra alma. 

6 Con esto les dio Josué su bendición *, y des- 
pachólos ; y se volvieron á sus casas. 

7 Moysés habia dado á la media tribu de Ma- 
iiassés su posesión en Basan : por eso á la otra mi- 
tad restante le dio Josué la herencia entre los de- 
mas hermanos suvosen este lado del Jordán, alPo- 
iiiente. En fin al remitirlos á sus casas , después 
de bendecirlos , 

8 les dijo : Vosotros volvéis á vuestras casas 
con mucho caudal y riquezas, cargados de plata y 
oro , de cobre y de hierro , y de toda suerte de 
vestidos : repartid con vuestros hermanos ^ el bo- 
tin de los eneraio-os '. 

9 Con esto los hijos de Rubén y los hijos de 
Gad, y la media tribu de Manassés se separaron 
de los hijos de Israel que estaban en Silo , en el 
pais de Chánaan , y se pusieron en camino para 
volver á Galaad , pais que poseían , y que les ha- 
bia señalado Moysés , conforme al mandamiento 
del Señor. 

10 Llegados que fueron á las cercanías '* del 
Jordán , en tierra de Chánaan , edificaron á la 



1 Véase Bendición. 

3 Que quedaron en Galaad. 

3 Segim mandó el Señor. 

4 Hebreo ¡11*? "''7^ comarcas. 



CAPÍTULO XXII. 249 

orilla de dicho rio un altar de grandísima mag- 
nitud. 

11 Lo que oído por los hijos de Israel , y reci- 
bidas noticias ciertas de que los hijos de Rubén y 
de Gad , y la media tribu de Manassés habian 
edificado un altar en la tierra de Chánaan en las 
cercanías del Jordán , en frente de los demás 
hijos de Israel ; 

12 congregáronse todos en Silo para Ir á ha- 
cerles la guerra. 

13 Entretanto enviaron acia ellos á tierra de 
Galaad á Phinées hijo de Eleazar Sumo sacerdote, 

14 y con él á diez de los principales gefes, uno 
de cada tribu : 

15 los cuales fueron á los hijos de Rubén y de 
Gad y de la media tribu de Manassés en la tierra 
de Galaad^, y les dijeron : 

16 Esto nos manda deciros todo el pueblo del 
Señor : ¿Qué prevaricación es la vuestra? ¿Cómo 
habéis abandonado al Señor Dios de Israel , eri- 
giendo un altar sacrilego , y apostatando de su 
culto ? 

17 ¿Os parece aun poco el haber pecado con 
adorar á Beelphegor ' y el que permanezca hasta 
hoy día entre nosotros la mancha de este delito , 
después de haber costado la vida á tantos de nues- 
tro pueblo ? 

1 Num. cap. XXV. 



250 LIBRO DE JOSUÉ. 

18 Hoy habéis vosotros abandonado al Señor , 
y mañana se ensañará su ira contra todo Israel. 

19 Que si creéis que es inmunda la tierra de 
vuestra posesión , mudaos á la nuestra en que 
está el Tabernáculo del Señor, y -venid á morar 
entre nosotros : mas no desertéis del Señor y 
de nuestra comunión , alzando un altar contra el 
altar del Señor Dios vuestro. 

20 ¿No es asi que por haber i^chán hijo de 
Zaré traspasado el mandato del Señor, descargó 
su ira sobre todo el pueblo de Israel ? Y él era un 
solo hombre, y ojalá hubiese perecido él solo por 
su atentado. 

21 Respondieron los hijos de Rubén y de Gad 
y de la media tribu de Manassés á los principales 
de Israel enviados á ellos : 

22 El muy fuerte Señor Dios , Dios el Señor 
íortísimo sabe bien nuestra intención ; y también 
Israel podrá conocerla : si es que con ánimo de 
apostatar hemos levantado este altar, no nos am- 
pare el Señor, antes nos castigue al momento : 

23 y silo hemos hecho con el designio de ofre- 
cer sobre él holocaustos , sacrificios y víctimas 
pacíficas , el mismo Señor nos lo demande y lo 
juzgue. 

24 Muy al contrario : el pensamiento y desig- 
nio que hemos tenido ha sido porque podrá su- 
ceder que algún dia digan vuestros hijos á los 
nuestros : ¿ Qué tenéis vosotros que hacer con el 
Señor Dios de Israel ? 



CAPITULO XXII, 251 

25 El Señor puso por lindes entre nosotros y 
vosotros^ oh hijos ile Rubén y de Gad , el rio 
Jordán ; y por tanto vosotros no tenéis parte en 
el Señor. Y con esta ocasión podrian vuestros hi- 
jos retraer á los nuestros del temor del Señor. 
Asi que habiendo meditado sobre eso , 

26 dijimos : levantemos un altar, no para ofre- 
cer holocaustos , ni víctimas , 

27 sino para testimonio entre nosotros y vos- 
otros , entre nuestra posteridad y la vuestra , de 
que también somos nosotros siervos del Señor , y 
tenemos derecho á ofrecer holocaustos , víctimas y 
hostias pacíficas ; á fin de que por ningún caso 
digan mañana vuestros hijos á los nuestros : No 
tenéis vosotros parte en el Señor. 

28 Que si se les antojare decirlo , podrán res- 
ponderles : Mirad aquí el altar del Señor que le- 
vantaron nuestros padres , no para holocaustos, ni 
sacrificios , sino para testimonio entre vosotros y 
nosotros. 

29 Guárdenos el cíelo de tal maldad que nos 
apartemos del Señor, y dejemos de seguir sus 
pasos, erigiendo un altar para ofrecer holocaustos, 
sacrificios y víctimas , fuera del altar del Señor 
Dios nuestro que está erigido delante de su Ta- 
bernáculo. 

30 Oidas estas razones, el sacerdote Phinees, 
y los principales del pueblo que los israelitas ha- 
blan enviado con el , se apaciguaron y admitieron 
con suma satisfacción la respuesta de los liijos de 



252 LIBRO DE JOSU¿. 

Rubén y de Gad , y de la media tribu de Ma- 
iiasses ; 

31 y díjoles el sacerdote Phine'es , hijodeElea- 
zar : Ahora conocemos que el Señor está con nos- 
otros , y no nos abandonará ; puesto que estáis 
tan ag-enos de semejante prevaricación , y que 
habéis librado á los hijos de Israel del temor de la 
justa venganza del Señor. 

32 Después dejando Phinées á los hijos de Ru- 
bén y de Gad , se volvió con los principales del 
pueblo desde la tierra de Galaad , que confina con 
Chánaan , á los hijos de Israel , y dióles cuenta de 
todo ; 

33 y habiéndolo oido , quedaron satisfechos : y 
alabaron á Dios' los hijos de Israel, y ya no ha- 
blaron mas de salir contra ellos á hacerles crueria 
y asolar la tierra de su posesión. 

34 Y los hijos de Rubén y de Gad pusieron 
por título al altar que habian edificado : Testimo- 
nio nuestro de que el Señor mismo es el Dios 
nuestro y suyo, 

CAPITULO XXIII. 

Plática en que Josué', siendo ya de edad avanzada, exhorta 
al pueblo al cidlo del verdadero Dios, y á la observancia 
de su Ley. 

1 Pasado ya mucho tiempo , después que ha- 
bla el Señor dado paz á Israel , sojuzgadas todas 
las naciones circunvecinas ; siendo ya Josué an- 
ciano , V de edad muv avanzada , 



CAPÍTULO XXIII. 253 

•2 convocó á todo Israel con los Ancianos , prín- 
cipes , capitanes y magistrados , y les dijo : Yo 
estoy viejo , y muy entrado en dias ; 

3 y vosotros veis todo lo que ha hecho Dios 
vuestro Señor á todas las naciones del contorno , 
y como él mismo ha peleado por vosotros. 

4 Considerad que os ha repartido por suerte 
toda la tierra desde la parte oriental del Jordán 
hasta el mar grande ó Mediterráneo ; y que toda- 
vía quedan en ella muchas naciones ' : 

5 El Señor Dios vuestro las exterminará , y di- 
sipará de vuestra presencia, y poseeréis el pais, 
según que os lo tiene prometido : 

6 solo con que vosotros os esforzeis y andéis 
solícitos en guardar todas las cosas escritas en el 
Libro de la I^ey de IMoysés, sin desviaros de ellas, 
ni á la diestra ni á la siniestra : 

7 no sea que tratando con esas gentes que han 
de quedar entre vosotros ^, vengáis á jurar por el 
nombre de sus dioses, les sirváis y deis culto : 

8 sino antes bien perseverad adheridos al Se- 
ñor Dios vuestro , como lo habéis estado hasta 
este dia. 

9 Entonces sí que exterminará el Señor Dios á 
vuestra vista naciones grandes y robustísimas ; y 
nadie podrá resistiros. 

10 Uno solo de vosotros hará huir á mil de los 



1 Por conquistar en esa vuestra tierra. 

2 Y contrayendo alianzas que el Señor prohibe. 

22 



254 LIBRO DE JOSUÉ. 

enemigos ; porque Dios vuestro Señor peleará él 
mismo por vosotros, como lo tiene prometido. 

11 Una sola cosa habéis de procurar con todo 
esfuerzo , que es amar al Señor Dios vuestro. 

12 Mas si queréis adherir álos errores de estas 
gentes que habitan entre vosotros, y celebrar con 
ellas matrimonios, y contraer amistades, 

13 tened entendido desde ahora para entonces 
que el Señor Dios vuestro no las exterminará de 
vuestra presencia ; sino que serán para vosotros 
como una trampa, como un lazo, y una piedra de 
tropiezo junto á vosotros % y como una espina en 
vuestros ojos , hasta que os disipe y arranque de 
esta excelente tierra que os ha dado. 

14 Ved aquí que estoy yo para concluir la car- 
rera de todos los mortales , y vosotros quedareis 
bien convencidos que de todas las promesas que 
os hizo Dios, ni urna sola ha quedado sin efecto. 

15 Pues asi como de hecho ha cumplido lo que 
prometió, y todo os ha sucedido prósperamente : 
asi también descargará sobre vosotros todos los 
males con que os ha amenazado , hasta arrancaros 
y exterminaros de esta fértilísima tierra que os 
ha dado. 

IG Por haber faltado al pacto del Señor Dios 
vuestro, que estableció con vosotros, y servido á 



1 Puede traducirse : Un punzón , ó puñal para vuestro 

costado. Y según el hebreo Qr^HU ÍOt^L^ 3'« 
azote. 



CAPÍTULO XXIV. 255 

tlioses ágenos , y adorádolos ; el furor del Señor 
se levantará pronta y velozmente contra vosotros, 
y seréis arrojados de esta tierra excelente que os 
ba dado ' . 

CAPÍTULO XXIV. 

LHíima exhortación, y protesta de Josué': su muerte y la de 

Eleazar. 

1 Finalmente congregó Josué por última vez 
todas las tribus de Israel en Sicbém ; y llamó á 
los Ancianos, y Príncipes, y Jueces, y Magis- 
trados, y se presentaron delante del Señor: 

2 y babló asi al pueblo ^ : Esto dice el Señor 
Dios de Israel : Vuestros padres , Tbaré padre 
de Abraham y de Nachor , habitaron al principio 
á la otra parte del rio , y sirvieron á dioses age- 
nos. 



1 No es esto tanto una amenaza como una profecía de lo 
que habla de suceder después en el cautiverio de Babylo- 
nia; y sobre todo después de la muerte del Mesías, y funda- 
ción de la Iglesia. 

2 Quiso Josué antes de morir que el pueblo renovase la 
alianza hecha con el Señor en el monte Sina. A cuyo fin 
le reunió junto á Sichém, donde Abraham, el padre de to- 
dos los israelitas, habia erigido el primer altar en honor de 
Dios, que se le apareció por primera vez, asegurándole que 
daria á su posteridad la tierra de Chánaan; y á la vista de 
los montes de Ilebal y Garizím, donde luego de pasado el 
Jordán, fueron publicadas las bendiciones. 



256 LIBRO DE JOSUÉ. 

3 Mas yo saqué á vuestro padre Abraham de 
los confines de la Mesopotamla , y le conduje á 
la tierra de Chánaan ; y multipliqué su linage, 

4 y dile á Isaac : y á este le di también á Ja- 
cob y Esaú ; de los cuales á Esaú le entregué la 
montaña de Seir en posesión : mas Jacob y sus 
hijos bajaron á Egypto. 

5 Allí enyié á Moysés y Aaron ; y castigué á 
Egypto con muchas señales y portentos ; 

6 y os saqué de él á vosotros y á vuestros pa- 
dres, y venísteis al mar Rojo, y los Egypcios per- 
siguieron á vuestros padres con grande aparato 
de carros de guerra y caballos hasta el mar Rojo. 

7 Entonces clamaron los hijos de Israel al Se- 
ñor : el cual puso tinieblas muí/ densas entre vos- 
otros y los egypcios , é hizo volver sobre estos el 
mar , y los anegó en él. Vuestros ojos ' vieron 
todas las cosas que hice en Egypto, dice el Señor; 
y habitasteis mucho tiempo en el Desierto ^. 

8 Al fin os introduje en la tierra del amorrheo, 
'que habitaba á la otra parte del Jordán ; y cuando 



1 Es regular que viviesen aun muchos de los que , cin- 
cuenta y siete años antes, al salir de Egypto, no habian aun 
cumplido los veinte años de edad , y habian sido testigos 
de las maravillas del Señor contra Pharaon. Es de adver- 
tir que Dios quitó la vida en el Desierto, y no permitió que 
entraran en la tierra de promisión á los que murmuraron en 
Cadesbarue, y pasando de veinte años estaban ya alistados ; 
mas no á los que no llegaban á esta edad, ni á las mugeres. 

2 Sin que nada os faltase. 



CAPÍTULO XXIV. 257 

combatían contra vosotros los entregué en vues- 
tras manos, y os apoderasteis de su tierra, y los 
pasasteis á cuchillo. 

9 Levantóse Balac , hijo de Sephor , rey de 
Moab, y movió guerra contra Israel. Y envió á 
llamar á Balaam, hijo de Beor, para que os mal- 
dijese : 

10 mas yo no quise escucharle ; antes al con- 
trario por boca de él os bendije , y os libré de su 
mano. 

11 Pasasteis después elJordan y venísteis á Je- 
richó, donde se armaron contra vosotros los veci- 
nos de aquella ciudad , los araorrheos , los phere- 
zeos, los chánaneos, los hetheos , los gergeseos, 
los heveos y jebuseos^ y los entregué en vues- 
tras manos. 

12 Yo envié delante de vosotros enjambres de 
abispones , con que lancé de sus tierras á los dos 
reyes amorrheos , y no por medio de vuestra 
espada y arco ; 

13 y os di tierras que vosotros no habíais la- 
brado , y ciudades que no habíais edificado , para 
que habitaseis en ellas, y os di viñas y olivares 
que no habíais plantado. 

14 Ahora pues yo os digo : Temed al Señor , y 
servidle con un corazón bien perfecto y sincero, 
y quitad de en medio de vosotros ' los dioses á 

1 No se conocía en este tiempo culto público idolátrico 
en Israel, según opina S. Agustín Quasí. XXXIX. inJo- 



258 LIBRO DE JOSUÉ. 

quienes sirvieron vuestros padres en Mesopota- 
mia y en Egypto ' , y servid á solo el Señor. 

15 Pero si os parece malo el servir al Señor, 
libres sois : escoged hoy , según lo que mas os 
agrade , á quien debéis antes servir , si á los dio- 
ses á quienes sirvieron vuestros padres en Meso- 
potamia, ó á los dioses de los amorrheos en cuya 
tierra habitáis j que yo y mi casa serviremos al 
Señor. 

16 Respondió el pueblo y dijo : Lejos de nos- 
otros el abandonar al Señor y servir á dioses 



ágenos. 



17 El Señor Dios nuestro es quien nos sacó á 
nosotros y á nuestros padres de la tierra de Egyp- 
to, de la casa de la esclavitud, y obró á nuestros 
ojos milagros grandiosos , y nos guardó en todo 
el camino por donde anduvimos , y en todos los 
pueblos por donde pasamos ; 

18 y echó á todas las naciones , álos amorrheos 
habitantes del pais en que nosotros hemos entra- 
do. Asi que serviremos al Señor; pues él es 
nuestro Dios. 

19 Dijo Josué al pueblo : No podréis servir al 

sué ; pero se cree que algunos secretamente en sus casas 
conservaban ciertos ídolos de los venerados en Egypto, y 
en las mismas naciones que habian sojuzgado, á quienes 
daban un culto privado; lo que parece insinuarse en el ver- 
so 23, en Amos cap. VI. v. 26; en los Hechos Apostólicos 
cap. V^II. V. 43 ; y en otros lugares de la Escritura. 
1 Esto es, los ídulos de oro y plata cogido.s en la guerra. 



CAPÍTULO XXIV. 259 

Señor : porque es un Dios santo, i(7i Dios íuerte 
y zeloso , que no sufrirá vuestras maldades y pe- 
cados. 

20 Pues en caso de que abandonéis al Señor , y 
sirváis á dioses ágenos , se volverá contra vos- 
otros , y os afligirá y os arruinará , por mas bene- 
ficios que os haya hecho. 

21 Rephcó el pueblo á Josué : No : no será asi 
como tú dices , sino que serviremos al Señor. 

22 Y Josué al pueblo : Testigos sois vosotros 
mismos de que habéis escogido al Señor para ser- 
virle. A lo que respondieron , testigos somos. 

23 Ahora bien, añadió, arrojad de en medio 
de vosotros los dioses ágenos : y rendid vuestros 
corazones al Señor Dios de Israel. 

24 Respondió el pueblo á Josué ; Al Señor 
Dios nuestro serviremos , y seremos obedientes á 
sus mandatos. 

25 Con esto Josué ratificó en aquel dia la alian- 
za ; y propuso al pueblo en Sichém los preceptos 
y las leyes. 

26 Escribió también todas las palabras dichas 
en el libro de la Ley del Señor ' , y cogió una 

1 Esto es, en el fin del Deuteronomio; el cual se giiarda- 
hd dentro del Arca. Deulcvon. XV 11. v. 18.— XXXI. v. 
23d. Se cree que el Arca se habia llevado á Sichém, y colo- 
cado en un pabellón erigido cerca de una grande encina, 
que algunos opinan era la misma junto á la cual se apareció 
Dios á Abrahaní Gen, XII. v. 6., y donde Jacob enterró 
los ídolos de Laban, Gen. XXXV. v. 4. 



260 LIBRO DE JOSUÉ. 

piedra muy grande, y la colocó debajo de una en- 
cina , que estaba junto al Tabernáculo del Señor ; 

27 y dijo á todo el pueblo : Ved aquí esta pie- 
dra, que os dará testimonio de que oyó todas las 
palabras que os habló el Señor : no sea que des- 
pués queráis negarlo , y mentir al Señor Dios 
vuestro. 

28 Despidió en seguida al pueblo , para que 
cada uno se fuera á su tierra. 

29 Concluidas estas cosas , murió Josué hijo de 
Nun , siervo del Señor , siendo de ciento y diez 
años * ; 

30 y le sepultaron en los términos de su pose- 
sión en Tamnath-Sare , ciudad situada en la mon- 
taña de Ephraim al Norte del monte Gaas. 

31 Israel sirvió al Señor todos los dias de la 
vida de Josué y de los Ancianos que vivieron largo 
tiempo después de Josué , y tenían presentes to- 
das las maravillas que el Señor habia obrado á fa- 
vor de Israel. 

32 Asimismo los huesos de Joseplí , que los 
hijos de Israel habían traido de Egypto , los se- 
pultaron en Sichém en una parte de la heredad 
que compró Jacob á los hijos de Hemor, padre 



1 Año del Mundo 2570 : antes de Jesu-Christo J434. 
No se habla de sus hijos ; porque según opinión de San 
Ignacio mártir, San Juan Chrysóstomo, San Gerónimo y o- 
tros, se conservó virgen. Véase sueIo¿io hecho por el Es- 
píritu Santo EcclL XL VI. 



CAPÍTULO XXIV. 261 

de Sichém , por cien corderas ' , y tocó en pose- 
sión á ios hijos de Josepií. 

33 Murió también Eieazar hijo de Aaron , y le 
sepultaron en Gabaath , posesión dada á su hijo 
Phinées en el monte de Ephraini. 

1 Véase Monedas. As, 



FIN DEL LlIiUO DE JOSUÉ, 



ADVERTENCIA 



SOBRE EL LIBRO DE LOS JUECES. 



Los hebreos dieron d este libro el nombre 
de ü^l2D^ÍÍ'j esto es, de los Jueces, porque con- 
tiene la historia del pueblo de Israel desde la 
muerte de Josué hasta la de Satnson. Créese 
comunmente que fue escrito por el profeta 
Sainuel, el cual refiere los principales sucesos 
ocurridos en el tiempo de unos 5 1 7 años, esto 
es, desde el año 2670 hasta el 2887 del Mun- 
do. En esta época se llamó Juez el que ejer- 
cia en nombre de Dios la autoridad soberana 
en todo Israel , ó á veces solamente en alguna 
tribu , ó parte de la nación que se hallaita 
oprimida , ó afligida por los enemigos, Ve^ 
nian d ser los Jueces en Israel casi como los 
Dictadores en Roma; con la diferencia de 
que aquellos eran perpetuos. Algunos fueron 
elegidos inmediatamente por Dios ; otros por 
medio del pueblo. Tenian toda la autoridad 



ADVERTENCIA. 263 

ReaU sin lapompay magnificenciapropiadc 
tan alta dignidad. El primer Juez, muer- 
to Josué) fue Othoniel : siguieron después 
doce hasta Heli, el último de los cuales fue 
Sansón. Del tiempo de la judicatura de He- 
li, y del profeta Samuel, se habla al principio 
del libro de los Beyes. En el libro del Ecle- 
siástico cap. XLVI se hace mención de los 
Jueces, como de varones de singular virtitd; 
y también honra su memoria el apóstol San 
Pablo en su carta d los Hebreos cap. XI. 

V. 32. 

Después de la historia de los trece Jueces, 
se refieren en los tíltimos cinco capítulos de 
este libro algunos sucesos que, según inuchos 
expositores, pertenecen al tiempo que discur- 
rió entre la muerte de Josué, y la elección de 
Othoniel. En muchos de los hechos de los 
Jueces se ve figurado el Hijo de Dios, que 
hahia de venir á libertar al género hwnano de 
otros enemigos infinitamente peores , y mas 
crueles ; y en todo este libro, aun en las mis- 
mas faltas y errores de los mas respetables va- 
7'ones que en él se refieren, hallará el cristia- 
no que le lea con viva fe , y deseo de apro- 



264 ADVERTENCIA. 

vecharse^ útilísimos documentos^ y ejemplos 
admirables para aprender el saludable y santo 
temor con que debe trabajar á fin de consc" 
guir su felicidad eterna. 



LIBRO DE LOS JUECES. 



CAPITULO PRIMERO. 

Ficiorias de los Israelitas, los cuales se contentan con ha- 
cer tributarios á los Chañamos , en lugar de exterminar- 
los. 

1 Muerto Josué, los hijos de Israel consultaron 
al Señor ', diciendo : ¿Quién marchará ^ delante 
de nosotros contra el chánaneo , y será nuestro 
caudillo juaí'tt continuar la guerra? 

2 Y respondió el Señor : La tribu de Judá mar- 
chará delante de vosotros : Yo le he entregado en 
sus manos aquel país. 

3 Dijo entonces Judá d la tribu de Simeón su 
hermano : Ven conmigo á la tierra que me ha ca- 
bido en suerte, y pelea contra el chánaneo ', que 

1 Por medio de Phinées Sumo sacerdote, hijo y succesoí 
de Eleaaar. 

2 Muerto Josué, se gobernaba cada tribu por medio de 
sus propios príncipes ó cabezas, acudiendo para la resolu- 
ción de los casos mas difíciles ai Supremo consejo ó Sane- 
drín de los setenta Ancianos ó Senadores. Niimer. XI. 
V. 16. Mas aquí Dios, sin designarles ningún caudillo par- 
ticular para salir contra los chánaneos, solamente dispone 
que la tribu de Judá comienze la guerra. Era la mas fuerte 
y numerosa. 

3 Que aun tiene parte de ella. 

23 



266 LIBRO DE LOS JUECES. 

yo iré también después contigo á la conquista de la 
tuya : y Simeón le acompañó. 

4 Púsose pues Judá en marcha ; y el Señor en- 
tregó en sus manos al chánaneo y al pherezeo , y 
mataron de ellos en Bezec diez mil hombres. 

5 Encontraron en Besec á Adonibezec, y pelea- 
ron contra él , y derrotaron al chánaneo y al 
pherezeo. 

6 Entretanto huyó Adonibezec : mas yéndole 
al alcance le prendieron , y le cortaron las extre- 
midades de las manos y de los pies. 

7 Entonces dijo Adonibezec : Sesenta ' re^-es, 
á quienes fueron cortadas las extremidades de las 
manos y de los pies, recogían debajo de mi mesa 
las sobras de la comida : como yo hice , asi me ha 
pagado Dios. Y lleváronle á Jerusalem, donde 
murió. 

8 Pues los hijos de Judá habiendo atacado á 
JerHsalem , la tomaron , é hicieron en ella gran 
mortandad ; y entregaron toda la ciudad á las 
llamas ^. 



1 En aquellos tiempos casi cada ciudad tenia su señor ó 
príncipe; y tal vez los reyes de una misma ciudad fueron 
succesivamente vencidos por Adonibezec, y tratados de a- 
quel modo. El cortar los dedos pulgares de manos y pies, 
se hacia á fin de inutilizar al hombre para la guerra. 

2 Josué hizo prisionero y mató á Adonisedec ( Josué c. 
X.) , y entonces ocuparían los israelitas la parte llamada 
Jerusalem; pero posteriormente los jebuseos que eran due- 
ños de la cindadela de Sion la volvieron a tomar. 



CAPÍTULO I. 2 6 7 

9 Saliendo de aquí fueron á pelear contra el 
chánaneo , que habitaba en las montañas , acia el 
Mediodía, y en los llanos. 

10 Prosiguiendo Judá la marcha contra el cha - 
naneo que moraba en Hebron ', llamada antigua- 
mente Cariath-Arbe , derrotó á Sesai , y Ahiman, 
y Tholmai. 

11 Habiendo asimismo partido de allí, encami- 
nóse contra los habitantes de Dabir, cuyo nombre 
antiguo era Cariath-Sepher, esto es, ciudad de las 
Letras ^. 

12 Aquí dijo Caleb : Al que asaltare á Cariath- 
Sepher, y la destruyere , le daré por muger á mi 
hija Axa. 

13 Y habiéndola conquistado Othoniel hijo de 
Cenez, hermano menor de Caleb , dióle á su hija 
Axa por muger : 

14 á la cual, estando de camino , sugirió su 
esposo que pidiese á su padre una heredad. Y co- 
mo ella, yendo sentada sobre su asno , comenzase 
á suspirar ', díjola Caleb : ¿Qué tienes? 

15 A lo que respondió ella : Dame tu bendición, 

1 Josné habia también tomado y pasado á cuchillo la ciu- 
dad de Hebron; pero varios enaceos ó gigantes se apodera- 
ron después de ella ; y á estos derrotó Caleb con el auxilio 
de la tribu de Judá. 

2 En el cap. XV de Josué se cuenta todo esto por pro- 
lepsis ó anticipación. 

3 En el hebreo se indica que se apeó y se postró ante su 
padre. 



•268 LIBRO DE LOS JUECES. 

concediéndome una gracia : Ya que me has dado 
terreno secano , dámele también de regadío. Con 
eso Caleb le dio una heredad de tierra de regadío 
alta y baja. 

16 Los hijos empero deJethroy Cineo , deudo 
o suegro de Moysés ' , trasmigraron de la ciudad 
de las Palmas con los hijos de Judá, al desierto de 
la pertenencia de esta iribú , acia el Mediodia de 
la ciudad de Arad , y habitaron en su compañía. 

17 Prosiguió adelante Judá con su hermano Si- 
meón, y juntas las dos tribus derrotaron al chána- 
neo, que habitaba en Sephaath, y le pasaron á cu- 
chillo. Y púsose por nombre á esta ciudad, Horma, 
que quiere decir Anathema. 

18 Ademas Judá se apoderó de Gaza con todos 
sus te'rminos, y de Ascalon y Accaron con los su- 
yos. 

19 Y el Señor estuvo á favor de Judá, quien 
se hizo dueño de las montañas , pero no pudo ^ 
exterminar á los moradores del valle , porque te- 
nian muchos carros falcados. 

20 Y dieron , como lo habia dispuesto Moyses, 
la ciudad de Hebron á Caleb , el cual extirpó de 
ella á los tres hijos de Enac. 

1 Que habia seguido á los israelitas. 

2 Los judíos para cubrir su poca fe y pusilanimidad, y 
excusarse de no haber exterminado sus enemigos, solían 
decir siempre : No hewos podido : tienen estas gentes car- 
ros con hoces, ó falcados, etc.: palabras que con ironía les 
echaba enrostro Josué. Cap. XVII. v. 18. 



CAPITULO I. 269 

21 Mas los hijos de Benjamín no destruyeron á 
los jebuseos que moraban en Jerusalem ; y asi 
quedaron habitando en dicha ciudad con los hijos 
de Benjamin hasta el dia de hoy. 

22 La casa de Joseph ' marchó también contra 
Bethel, y estuvo el Señor con ellos. 

23 Pues cuando estaban sitiando esta ciudad, 
que antes se llamaba Luza, 

24 vieron sahr de ella un hombre, y dijéronle : 
Muéstranos por donde se podrá entrar en la ciu- 
dad, y usaremos contigo de misericordia. 

25 El se lo mostró, y pasaron la ciudad acu- 
chillo ; pero libraron á aquel hombre y á toda 
su familia : 

26 el cual , puesto en libertad , retiróse á la 
tierra de Hetthim, donde fundó una ciudad y lla- 
móla Luza , nombre que hasta ahora conserva. 

27 Asimismo Manassés no destruyó á Bethsan ni 
á Thanac con sus aldeas , ni á los moradores de 
Dor y Jeblaam, y Mageddo con sus aldeas : por 
lo cual los chánaneos comenzaron á vivir junto con 
ellos. 

28 Pero después que Israe'l cobró fuerzas , 
los hizo tributarios , si bien no quiso exterminar- 
los =. 

29 Tampoco Ephraim exterminó al chánaneo 
que ocupaba á Gazer, sino que habitó con él. 

1 Esto es, la tribu de Ephraim y la media tribu de Ma- 
nassés. 

2 Pospouiendo la orden del Señor al vil interés. 

• * 



270 LIBRO DE LOS JUECES. 

30 Zabulón no destruyó á los habitantes de 
Cetron y Naalol, sino que pernaaneció el chánaneo 
en medio de su pais , pagándole tributo. 

31 Ni menos Aser extirpó á los moradores de 
Aechó y de Sidon , y de Ahalab , y de Achazib, y 
de Helba, y de Aphec, y de Rohob : 

32 antes bien moró en medio de los chañan eos 
que habitaban aquella tierra , y no los extermi- 
nó. 

33 Del mismo modo Nephthalí no quiso acabar 
con los habitantes de Bethsames y de Bethanath , 
sino que vivió entre los chánaneos naturales de la 
tierra, haciendo tributarios á los bethsamitas y be- 
thanitas. 

34 Mas el amorrheo estrechó en la montaña á los 
hijos de Dan, y no les permitió extenderse bajan- 
do á los llanos : 

35 antes bien habitó en el monte Hares , que 
quiere decir, Monte de Tiestos ' , y en Ayalon y 
en Salebim. Pero la casa de Joseph prevaleció 
contra él, y le hizo su tributario. 

36 Los lindes del amorrheo fueron la subida 
del Escorpión, Petra, y los lugares mas altos. 

1 O de vasijas de tierra ; ó bien de pedazos de barro co- 
cido. Estas palabras las añadió el traductor latino. 



271 



CAPITULO II. 



Un Ángel reprende á los israelitas su injidelidad é ingrali- 
tud: se arrepienten; pero luego caen otra vez en la idola- 
tría. 

1 Después de esto ' , subió el Ángel del Se- 
ñor ^ desde Gálg^ala al lugar que se llamó de los 
Lloradores , y en nombre de Dios , dijo : Yo soy 
el que os saqué de Egypto y os he introducido 
en la tierra que prometí con juramento á vues- 
tros padres : y os aseguré que nunca jamas inva- 
lidarla mi pacto con vosotros ; 

2 con sola la condición de que no hicierais 
alianza con los naturales de esta tierra , sino que 
derribarais sus altares. Mas vosotros no habéis 
querido escuchar mi voz. ¿ Por qué habéis hecho 
esto ? 

3 Por lo mismo yo tampoco he querido exter- 
minarlos de vuestra presencia , á fin de que ten- 
gáis enemigos , y sus dioses sean para vuestra 
ruina. 

4 Al decir el Ángel del Señor estas palabras á 



1 Oprimidos con el tiempo los israelitas á causa de su 
condescendencia criminal con los chánaneos. Este suceso 
es posterior á la muerte de Josué, que se cuenta en los ver- 
sos 8 y 9, y todo este capitulo , y los siete primeros versos 
del siguiente son como la suma ó argumento de todo lo 
contenido en este libro, 

2 Algunos opinan que por ángel del Seriar se entiende 
aquí uu profeta. — Véase Anyel. 



272 LIBRO DE LOS JUECES. 

todos los Ilijos de Israel , alzaron estos el grito , 
y se pusieron á llorar : 

5 de donde aquel lugar se llamó el lugar de los 
Lloradores, ó de las lágrimas ' ; y ofrecieron allí 
sacrificios al Señor. 

— 6 Despedido que fue el pueblo ó ejército por 
Josué, y vueltos los hijos de Israel á disfrutar cada 
cual la posesión que le habia tocado en suerte , 

7 sirvieron al Señor todos los dias de la vida de 
Josué', y de los Ancianos que vivieron después de 
él por largo tiempo , y habian visto todas las obras 
maravillosas que habia hecho el Señor por Israel. 

8 Pero muerto Josué hijo de Nun , siervo del 
Señor , de ciento y diez años , 

9 y sepultado en el término de su posesión en 
Thamnathsare en la montaña de Ephraim , al 
Norte del monte Gaas , 

10 y toda la dicha generación pasando de este 
mundo á unirse con sus padres , succedieron otros 
que no conocían al Señor, ni habian visto los pro- 
digios que habia hecho á favor de Israel. 

11 Entonces los hijos de Israel pecaron á vista 
del Señor, y sirvieron á los ídolos ; 

12 y apostataron del Señor Dios de sus padres 
que los habia sacado de la tierra de Egypto , y se 
fueron tras los dioses ágenos , dioses de los pue- 

1 En lances extraordinarios, mayormente cuando no es- 
taba aun edificado el Templo , se ofrecían sacrificios aun 
fuera del Tabernáculo. Véase cap. VI. v. 19. — XIII. v. 
19.—, II Reg. idt. v. 25. — I. Reg. XIII v. 9. 



CAPÍTULO II. 273 

blos circunvecinos , y los adoraron ; y provo- 
caron á saña al Señor , 

13 abandonándole á él por servirá Baal ' y á 
Astaroth. 

14 De lo cual irritado el Señor contra los is- 
raelitas , los entregó en manos de los saqueadores, 
que los cautivaron y vendieron á los enemigos 
comarcanos : ni pudieron ya contrarestar á sus 
adversarios ; 

15 antes bien do quiera que quisiesen volverse, 
la mano del Señor descargaba sobre ellos , como 
se lo tenia dicho y jurado : con lo que se vieron 
en extremo afligidos. 

16 Suscitó el Señor jueces que los librasen de 
las manos de sus opresores ; pero ni aun á los 
jueces quisieron escuchar ^ ; 

17 prostituyéndosele nuevo á dioses ágenos, 
y adorándolos. Dejaron presto el camino por 
donde anduvieron sus padres , y por mas que 
oyeron de su boca los mandamientos del Señor , 
hicieron todo lo contrario. 

18 Cuando el Señor les suscitaba jueces', 



1 Por '^V'2> q"6 significa Señor, se entienden todos los 
falsos dioses, y asi Baales es lo mismo que ídolos ; y por 
ninnti'y» que significa Reynas,\?íS falsas diosas. De aquí 
los nombres de Beelphegor, Beelzebub, Beelzephon, etc. 
— Véase Adras, 

2 O duraba poco la enmienda. 

3 Que los conducían otra vez al buen camino. — Véase 
Jueces. 



274 LIBRO DE LOS JUECES. 

mientras estos vivían , se apiadaba de ellos, y oía 
los gemidos de los atribulados, y los libraba de 
la crueldad de sus verdugos : 

19 mas luego qite moria el juez , reincidían , y 
hacian cosas mucho peores que las que habian 
hecho sus padres , siguiendo á los dioses ágenos , 
sirviéndolos y adorándolos. No dejaron sus deva- 
neos, ni el obstinado tenor de vida á que se habian 
acostumbrado. 

20 Asi el furor del Señor se inflamó contra Is- 
rael, y dijo : Por cuanto esta gente ha invalidado 
el pacto que yo habia hecho con sus padres , y se 
ha desdeñado de escuchar mi voz , 

21 Yo no exterminaré las naciones que dejó 
Josué cuando murió ; 

22 porque quiero experimentar si viviendo los 
hijos de Israel entre ellas, siguen ó no el camino 
del Señor , y andan por él , asi como le siguieron 
y anduvieron por él sus padres. 

23 Por esto dejó el Señor todas estas naciones , 
y no quiso acabarlas luego, ni los entregó en ma- 
nos de Josué. 



CAPITULO III. 

De los ires jueces Olhoníel, Aody Samgar, los cuales libran 
á los israelitas de la opresión. 

1 Estas son las naciones que dejó subsistir el 



CAPÍTULO iir. 275 

Señor' , con el fin de instruir por medio de ellas 
á Israel , y á todos los que no tenían experiencia 
de las guerras de los cliánaneos ; 

2 para que andando el tiempo aprendieran sus 
hijos á pelear contra sus enemigos , y se acostum- 
brasen á semejantes combates. 

3 Cinco sátrapas ó príncipes de los philistheos , 
y todos los cbánaneos , y sidonios , y Iieveos ha- 
bitantes del monte Líbano desde la cordillera de 
Baal-Hermon hasta la entrada de Emath. 

4 Y dejólos para probar también con ellos á Is- 
rael si obedecería ó no los mandamientos del Se- 
ñor , que había intimado á sus padres por medio 
de Moysés. 

5 Asi pues los hijos de Israel habitaron en me- 
dio del chánaneo , y del hetheo , y del amorrheo, 
y del pherezeo , y del heveo y del jebuseo : 

6 y se casaron con sus hijas , y dieron las suyas 
á los hijos de ellos , y sirvieron á sus dioses : 

7 con lo que pecaron los hijos de Israel en la 
presencia del Señor , y se olvidaron de su Dios , 
por servir á Baal y á Astaroth. 

8 y airado el Señor contra los hijos de Israel , 
entrególos en manos de Chusan Rasathaím rey de 
Mesopotamía ; y le estuvieron sujetos ocho años. 



1 El pueblo de Israel, después de algunos años de la 
muerte de Josué, se iba olvidando ya de los beneficios de 
Dios; y por eso el Señor le llama otra vez á sí por medio 
de los trabajos y aflicciones. 



276 LIBRO DE LOS JUECES. 

9 Y clamaron los israelitas al Señor , el cual 
les suscitó un salvador que los libertó , á saber , 
Othoniel, hijo de Cenez , hermano menor de 
Caleb. 

10 El espíritu del Señor estuvo en él, y juzgó 
ó gobernó á Israel : y saliendo á campaña , puso el 
Señor en sus manos á Chusan Rasathaim , rey de 
Syria, ó Mesopotamia , y le sojuzgó. 

11 De resultas quedó en paz el pais por cua- 
renta años' ; y murió Othoniel , hijo de Cenez. 

12 Pero los hijos de Israel volvieron de nuevo 
á pecar á vista del Señor : el cual fortaleció con- 
tra ellos á Eglon , rey de Moab ; por haber Israel 
pecado en la presencia del Señor. 

13 Y unió los hijos de Ammon y de Amalee á 
Eglon , quien se puso en marcha con ellos , y der- 
rotó á Israel , y se apoderó de la ciudad de las 
Palmas. 

14 Y los hijos de Israel estuvieron sujetos á 
Eglon , rey de Moah , diez y ocho años. 

15 Clamaron después al Señor , quien les sus- 
citó un salvador llamado Aod , hijo de Gera , hijo 
de la tribu de Benjamín ; el cual era ambidextro. 
Sucedió que enviaron los hijos de Israel los pre- 



1 Esto es, desde la muerte de Josué hasta la de Othoniel. 
El texto hebreo puede traducirse el año cuadragésimo; esto 
es, cuarenta años después de la primera paz que Josué pro- 
curó á Israel. Parece que se cuentan por años de paz los 
ocho que sirvieron al Rey de Mesopotamia. 



CAPITULO IIÍ. 277 

sentes d tributo á Eglon , rey tle Moab por mano 
de Aod. 

16 Aod ' proveyóse de una daga de dos cortes, 
con su guarnición , larga como la palma de la 
mano ^ , y ciñósela debajo del sayo en el muslo 
derecho. 

17 Presentó pues los regalos á Eglon , rey de 
Moab, el cual era en extremo grueso. 

18 Luego que le hubo presentado los regalos, 
se marchó Aod con los compañeros con quienes 
había venido. 

19 Pero volviéndose desde Gálgala , donde es- 
taban los ídolos, dijo al Rey : Tengo que decirte, 
oh Rey , en secreto una palabra. Mandóle al Rey 
que no prosiguiese ; y habiendo salido todos los 
que estaban con él , 

20 acercóse Aod al Rey , que estaba solo , sen- 
tado en su habitación de verano , y díjole : Tengo 
que decirte una palabra de parte de Dios. Al punto 
se levantó el Rey de su silla , 

21 y Aod tirando con su mano izquierda de la 
daga que llevaba al lado derecho , se la envasó en 
el vientre , 

22 con tanta fuerza que la guarnición ó puño 
entró tras la hoja en la herida, y quedóse cubierta 
y encajada en la mucha grosura : ni sacó del vien- 

1 Aprovechando esta ocasión para cumplir el decreto de 
Dios contra Eglon. 

2 Hebreo : de un codo de largo. 

ToM. III. 24 



278 LIBRO DE LOS JUECES. 

tre la daga, sino que como se la metió, asi la dejó 
en él ; y al instante los excrementos salieron del 
cuerpo por sus conductos naturales'. 

23 Después de lo cual Aod , habiendo cerrado 
muy bien las puertas del cuarto , y asegura dolas 
con llave , 

24 se salió por una puerta excusada. Y en- 
trando los criados del rey , y viendo cerradas las 
puertas del aposento , dijeron : Tal vez está sa- 
tisfaciendo alguna necesidad corporal en la habi- 
tación de verano ; 

25 y después de haber aguardado mucho tiem- 
po, hasta avergonzarse de tanto esperar, y vien- 
do que ninguno les abria, echaron mano de la 
llave, abrieron el cuarto , y hallaron el cadáver 
de su señor tendido en el suelo. 

1 Anuque Eglon fuese un opresor ó tirano, y procurase 
apartar á los israelitas del verdadero culto de Dios, no se- 
ria licito el hecho de Aod , si Dios no se lo hubiese man- 
dado con señales ciertas, según lo acostumbraba en aquellos 
tiempos, en que hacia conocer su voluntad de una manera 
sensible. Mas al presente ja no habla á los hombres sino 
por su santa Ley, en que se manda respetar como sagradas 
las personas de los Soberanos. El error de que cualquiera 
puede matar al tirano está condenado en el concilio de Cons- 
tanza. El ejemplo de David con Saúl (I. Reg. XXIF. y 
XXVI.), y el de todos los fieles en los primeros siglos de 
la Iglesia , aun con respecto á los emperadores idólatras y 
perseguidores de la Religión, no deja duda en que cuando 
el príncipe abusa de la potestad que le ha dado Dios, las ar- 
mas de los discípulos de Jesu-Chrlstoson la oración, la hu- 
mildad, y la paciencia 



CAPÍTULO III. 279 

26 Pero mientras ellos andaban alborotados , 
Aod se escapó , y pasando por el lugar de los ído- 
los , desde donde habla vuelto atrás , llegó á Sei- 
ratli. 

21 TocJ luego la trompeta , ó al arma, en el 
monte de Ephraim ; y los hijos de Israel descen- 
dieron con él , llevándole á su frente. 

28 Aod les dijo : Seguidme : porque el Señor 
ha entregado en nuestras manos á los moabitas 
nuestros enemigos. Siguiéronle pues , y se apo- 
deraron de los vados del Jordán , que son paso 
para Moab ; y no dejaron pasar á ningún moabita, 

29 sino que mataron en aquella sazón cerca de 
diez mil de ellos , todos hombres robustos y es- 
forzados ; de suerte que ninguno de ellos pudo 
escapar. 

30 Quedó pues Moab humillado en aquel dia , 
bajo la mano de Israel ; y el pais estuvo en paz 
ochenta años '. 

31 Después de Aod floreció Samgar^ hijo de 
Anath , que mató á seiscientos philistheos con una 
reja de arado ^ ; y éste fue también defensor i/ 
libertador de Israel. 



1 Véase antes v. 11. 

2 No teniendo otras armas, se serviría de una reja de 
arado. El texto hebreo puede entenderse de una lanza, se- 
mejante á un aguijón de bueyes. Pero de cualquier modo, 
esta acción extraordinaria ó milagrosa atemorizó tanto álos 
enemigos, que mientras vivjó Samgar nada emprendieron 
contra el pueblo de Israel. 



á80 LIBRO DE LOS JUECES. 

CAPITULO IV. 

Barac alentado por DSora¡ la profetisa, derrota á Sisara, 
general del eje'rcito del rey Jabín. Sisara es muerto j^or 
JaJiel, muger de Haber. 

1 Pero los hijos de Israel volvieron á pecar de- 
lante del Señor, después de la muerte de Aod ', 

2 y entrególos el Señor en manos de Jabín , 
rey de Chánaan , que reinó en Asor , y tuvo por 
general de su ejército á uno llamado Sisara , el 
cual habitaba en Haroseth de las Naciones. 

3 Clamaron pues los hijos de Israel al Señor : 
porque teniendo Jabín novecientos carros falcados, 
los había oprimido en extremo por espacio de 
veinte años. 

4 Vivía en aquel tiempo Débora, profetisa, 
muger de Lapídoth , la cual regía al pueblo ; 

5 y tenia su asiento debajo de una palma , que 
se llamó por eso de su mismo nombre , entre Ra- 
ma y Bethel , en el monte de Ephraim : y los 
hijos de Israel acudían á Débora en todos sus liti- 
gios. 

6 Ella pues envió á llamar á Barac ^ , hijo de 

1 No se habla de Samgar, ya porque su gobierno parece 
que solamente fue de tres tribus, ya también porque duró 
poco tiempo. 

2 Barac fue juez de Israel junto con Débora; mas la prin- 
cipal autoridad residía en esta valerosa matrona, por medio 
de la cual el espíritu de Dios dirigía á su pueblo. San Aug. 
De Civ. Dei XVIIl c. 25. 



CAPÍTULO IV. 281 

Ablnoem , natural de Cedes de Nephthalí , y le 
dijo : El Señor Dios de Israel te da esta orden : 
Anda y conduce el ejército al monte Thabor , lle- 
vando contigo diez mil combatientes de la tribu 
de Nephthalí y de la de Zabulón : 

T que yo llevaré á un sitio del torrente Cison , 
á Sisara g-eneral del ejército de Jabin , con todos 
sus carros y su gente , y los entregaré en tus ma- 
nos. 

8 Y díjola Barac : Si vienes conmigo , iré ; mas 
si no quieres venir conmigo , tampoco iré yo. 

9 A lo que respondió Débora : Bien está , iré 
contigo : mas por esta vez no se te atribuirá á 
tí la victoria : pues Sisara será entregado por me- 
dio de una muger. Partió pues luego Débora , y 
se fue á Cedes con Barac ; 

10 el cual , convocados los de Zabulón y Neph- 
thalí , marchó con diez mil combatientes , te- 
niendo á Débora en su compañía. 

11 Es de advertir que Haber, cineo, se habia 
separado mucho tiempo antes de los otros cíñeos 
sus hermanos , hijos de Hobab, pariente de Moy- 
sés , y habia establecido su morada extendiéndose 
hasta el valle llamado Sennim , no lejos de Cedes. 

12 En esto tuvo Sisara aviso de que Barac , 
hijo de Abinoem , habia subido al monte Thabor : 

13 por lo que juntó los novecientos carros fal- 
cados , é hizo mover todo su ejército desde Ha- 
roseth de las Naciones , hasta el torrente Cison. 

14 Entonces dijo Débora á Barac : Ea , vamos; 



282 LIBRO DE LOS JUECES. 

porque este es el día en que el Señor lia puesto 
en tus manos á Sisara : mira que el mismo Señor 
es tu caudillo. Bajó al punto Barac del monte Tlia- 
bor, y con él los diez mil soldados ; 

1 5 y el Señor aterró á Sisara , y á todos sus 
carros de guerra , y su gente , la cual fue pasada 
á cuchillo al presentarse Barac : en tanto grado , 
que Sisara , saltando de su carro , echó á huir á 
pie. 

16 Y Barac fue persiguiendo álos "carros fugi- 
tivos , y al ejército hasta la ciudad de Haroseth de 
las Naciones ; y toda la muchedumbre de los ene- 
migos pereció , sin quedar ni uno. 

17 Entretanto Sisara , huyendo , vino á parar 
en la tienda de Jahel , muger de Haber, cineo : 
por cuanto habia paz entre Jabin rey de Asor , y 
la casa de Haber, cineo. 

18 Y habiendo salido Jahel á recibir á Sisara, 
le dijo : Entrad , señor mió , entrad en mi casa , 
y no temáis. Entró pues en la tienda , y después 
que ella le cubrió con un manto , 

19 la dijo Sisara: Dame por tu vida un poco 
de agua, que me muero de sed. Abrió ella un 
odre de leche , y dióle de beber, y volvió á cu- 
brirle con la ropa, 

20 Y díjola Sisara : Ponte á la puerta del 
pabellón , y si viene alguno preguntándote , y di- 
ciendo : ¿Hay aquí alguno ? Responde que no hay 
nadie. 



CAPÍTULO IV. 283 

21 Jaliel , pues , muger de Haber ' , tomó un 
clavo ó estaca de la tienda , y asimismo un mar- 
tillo ; y entrando sin ser vista ni sentida , aplicó 
el clavo sobre una de las sienes de Sisara, y dan- 
do un golpe con el martillo , traspasóle el celebro 
hasta la tierra: y Sisara desfalleció y murió, jun- 
tando el sueño con la muerte ^. 

22 Cuando he aquí que Barac venia en segui- 
miento de Sisara , y Jahel saliéndole al encuentro, 
le dijo : Ven , y te mostraré al hombre que bus- 
cas. Entrado que hubo en su estancia , vio á Si- 
sara que yacia muerto , y el clavo atravesado por 
sus sienes. 

23 Asi humilló Dios en aquel dia á Jabin, rey 
de Chánaan , ante los hijos de Israel : 

24 los cuales cobraron cada dia mas bríos con- 
tra Jabin rey de Chanáan , á quien oprimieron con 
mano poderosa, hasta que le destruyeron entera- 
mente. 



1 Creyendo agradar á Dios , matando al enemigo de su 
pueblo. 

2 No podría excusarse de hiorrorosa perfidia la acción 
de Jahel, si las alabanzas que después le da Débora inspi- 
rada de Dios, no nos aseguraran que lo hizo por un movi- 
miento extraordinario del espíritu del Señor; y ai en sus pa- 
labras aparece alguna ficción ó mentira, esta fue de Ja- 
hel, aunque el designio ii obra viniese de Dios, como ve- 
mos en el suceso de Rahab y otros. 



284 LIBRO DE LOS JUECES. 

CAPÍTULO V. 

Cántico en acción de gracias, de Débora y de Barao jjor la 
victoria contra Jabín. 

1 En aquel día Débora , y Barac hijo de Abl- 
noem , cantaron este himno ' diciendo : 

2 Oh varones de Israel , vosotros que volunta- 
riamente habéis expuesto vuestras vidas , bende- 
cid al Señor. 

3 Escuchad , Reyes , estadme atentos, oh Prín- 
cipes : Yo soy, yo soy la que celebraré al Señor, 
y entonaré himnos al Señor Dios de Israel. 

4 Oh Señor , cuando saliste de Seir , y pasaste 
por las regiones de Edom , se extremeció la tierra, 
y los cielos y las nubes se disolvieron en aguas. 

5 Los montes se liquidaron á la vista del Señor, 
como el monte Sinai delante del Señor Dios de 
Israel. 

6 En los dias de Samgar hijo de Anath , en los 
dias de Jahel estaban desiertos los caminos : los 
que tenian que viajar , andaban por veredas tor- 
tuosas ó extraviadas '. 

7 Se habían acabado en Israel los valientes , 
hablan desaparecido, hasta que Débora levantó su 
cabeza y se dej 3 ver como una madre para IsraéP. 

1 Este sublime cántico que compuso Débora y cantó con 
las hebreas, le cantó Barac con sus soldados. 

2 Por temor de los chánaneos. 

3 Llámase á sí misma madre de Israel por el afecto y 
autoridad que se habla grangeado con sus profecías. 



CAPÍTULO V. 285 

8 Nuevo y maravilloso modo de guerrear es- 
cogió el Señor ' , y el mismo , por medio de una 
muger , destruyó las fuerzas de los enemigos : no 
se veía lanza ni escudo entre cuarenta mil solda- 
dos de Israel. 

9 Mi corazón os ama , oh príncipes de Israel : 
vosotros que con buena voluntad os expusisteis al 
peligro , bendecid al Señor. 

10 Los que cabalgáis en lucidas caballerías , 
los que estáis sentados en los tribunales , los que 
andáis ya libremente por los caminos públicos , 
hablad vosotros, y bendecid al Señor. 

11 Donde se estrellaron los carros de guerra , 
donde las huestes enemigas se anegaron , allí sean 
publicadas las venganzas del Señor, y su clemen- 
cia para con los valientes de Israel. El pueblo se 
congregó entonces libremente en las puertas de las 
ciudades , y recobro su superioridad. 

12 Ea , vamos , Débora , vamos , ea , prepárate 
para entonar im cántico al Seíior. Animo , oh 
Barac , vamos, toma hijo de Abinoem los prisio- 
neros que has hecho. 

13 Se han salvado las rehquias del pueblo de 
Dios : el Señor ha combatido al frente de los va- 
lientes. 

14 Sirvióse- de uno de la íW¿>MdeEphraimpara 
derrotar d los chanancos en la persona de los ama- 



1 Poniendo por general de su pueblo á una muger. 

2 De Josué. 



286 LIBRO DE LOS JUECES. 

lecitas : después se sirvió ' de uno de la tribu de 
Benjamin contra tus pueblos , oh Amalee : De 
Machír primogénito de Manassés , descendieron los 
príncipes ^ , y de Zabulón los que han capitaneado 
hoy el ejército para combatir. 

15 También los caudillos de Issachár han ido 
con Débora y seguido las pisadas de Barac ; el cual 
se ha arrojado á los peligros, dejándose caer sobre 
el enemigo ^ como quien se despeña á una sima. 
Mas dividido entonces Rubén en partidos contra 
sí mismo , se suscitaron discordias entre sus va- 
lientes. 

16 ¿Por qué te estas ahí quieto, oh Rubén, 
entre los dos términos de Israel y de sus eneynigos , 
oyendo los balidos de tus rebaños ^ ? Pero divi- 
dido Rubén en partidos contra sí mismo , sus va- 
lientes solo se ocuparon en disputar entre sí 
sobre lo hacedero. 

17 Los de Galaad estaban en reposo á la otra 
parte del Jordán ^ ; y Dan atendia á sus navios y 
comercio : lo mismo que Aser que habitaba en la 
costa del mar , y se mantenía en sus puertos. 



1 De Aod. 

2 Esforzados que conquistaron el país de Galaad, 

3 Desde la cima del Thabor sobre un ejército inmen- 
so. 

4 En vez de ayudará tus hermanos? 

5 Se habla de la parte de las tribus de Manasscs y de 
Gad que habitaban en Galaad. 



CAPÍTULO V. 287 

18 Empero Zabulón y INephthalí fueron á ex- 
poner sus vidas en el pais de Mcrome. 

19 Vinieron los reyes encmñ/os y pelearon co7i- 
tra ellos : los reyes de Cliánaan pelearon contra 
Israel en Tanach , junto á las aguas de Mageddo : 
mas no pudieron llevar presa ninguna. 

20 Desde el cielo se hizo guerra contra ellos : 
las estrellas , permaneciendo en su orden y curso , 
pelearon contra Sisara. 

21 El torrente de Cison arrastró sus cadáveres , 
el torrente de Cadumin , el torrente de Cison. 
Huella , oh alma mia , á los oryídlosos campeones. 

22 Saltáronseles a. sus caballos las uñas de los 
pies con la impetuosidad de la huida , cayendo por 
los precipicios los mas valientes de los enemigos. 

23 Maldecid á la tierra de jMeroz , dijo el Ángel 
del Señor : maldecid á sus habitantes , pues no 
quisieron venir al socorro del pueblo del Señor . á 
ayudar á sus mas esforzados guerreros. 

24 Bendita entre todas las mug-eres Jahel . es- 
posa de Haber , cineo , bendita sea en su pabellón. 

25 Pidióle Sisara agua , y le dio leche , y en 
taza de príncipes le ofreció la nata. 

26 Con la izquierda cogió un clavo , y con la 
diestra un martillo de obreros , y mirando donde 
heriría á Sisara en la cabeza , dióle el golpe y ta- 
ladróle con ^ran fuerza las sienes. 

27 Cayó Sisara entre los pies de Jahel , perdió 
los fuerzas , y expiró después de haberse revol- 



288 LIBRO DE LOS JUECES. 

cado por el suelo delante de Jahel, quedando 
tendido en tierra , exánime y miserable. 

28 Mientras esto pasaba estaba mirando la madre 
de Sisara desde la ventana , y daba voces , di- 
ciendo desde su cuarto : ¿Cómo tarda tanto en 
volver su carro ? ¿cómo son tan pesados los pies 
de sus cuatro caballos ? 

29 La mas discreta entre las mugeres de Sisara, 
respondió asi á la suegra : 

SO Quizá está ahora repartiendo los despojos , 
y se está escogiendo para él la mas hermosa de 
las cautivas ; se separan de entre todo el botin 
ropas de diversos colores para Sisara , y variedad 
de joyas para adorno de los cuellos '. 

31 Perezcan, Señor, como Sisara todos tus 
enemigos : y brillen como el Sol en^ su oriente 
los que te aman. 

32 Estuvo después todo el país en paz cuarenta 
años ^. 

CAPITULO VL 

Vuelve Israel áidolalrar,y en castigo cae en poder de los 
madianitas. Dios elige á Gedeonpara librarle. 

1 Pero , muerto Barac. pecaron nuevamente los 
hijos de Israel en la presencia del Señor , el cual 
los entregó, en manos ^de los madianitas por siete 
años : 

1 Véase cap. VIII. v. 2L ■ "^'^^ 

2 Esto es', desde la muerte [de Aod bástala de, Barac, 



CAPÍTULO vr. 289 

2 quienes los oprimieron en tanto grado , que 
se vieron oblig^ados á abrir grutas y cuevas en los 
montes para guarecerse , y á fabricar lugares muy 
fuertes para defenderse. 

3 Pues cuando los israelitas habían hecho la 
sementera, se presentábanlos madianitas, los ama- 
lecitas , y los otros pueblos orientales , 

4 y plantando en medio de ellos sus tiendas , 
d cabanas , estando aun en yerba los sembrados^, 
lo talaban todo desde el Jordán hasta las puertas 
de Gaza : y no dejaban á los israelitas nada de lo 
que es necesario para la vida ; ni ovejas , ni bue- 
yes , ni asnos. 

5 Porque venían ellos con todos sus ganados y 
tiendas , y á manera de langostas cubría todos los 
campos una multitud innumerable de hombres y 
de camellos, desolándolo todo por donde pasaban. 

6 Con lo que los israelitas fueron en extremo 
humillados bajo la dominación de los madianitas. 

7 Al fin clamaron al Señor pidiendo auxilio con- 
tra ellos ; 

8 y el Señor les envió un profeta, el cual les 
habló de esta manera : Esto dice el Señor Dios 
de Israel : Yo soy el que os hice salir de Egypto , 
y os saqué de la casa de la esclavitud , 

9 y os libré de las manos de los egypcios, y de 
todos los enemigos que os maltrataban, y á vues- 
tra entrada los eché de su tierra, y os la entregué 
á vosotros. 

10 Y dije : Yo soy el Señor Dios vuestro; no 

25 



290 LIBRO DE LOS JUECES. 

temáis á los dioses de los amorrheos, en cuya tierra 
habitáis : pero vosotros no habéis querido escuchar 
mi voz. 

1 1 Después de oslas reconvenciones vino el ángel 
del Señor, y sentóse debajo de una encina que 
había en Ephra, y era pertenencia de Joas, cabeza 
de la familia de Ezri. Y como Gedeon, su hijo, 
estuviese sacudiendo y limpiando el grano en un 
lagar ' para esconderle de los madianitas , 

12 apareciósele el ángel del Señor, y le dijo : 
El Señor es contigo, oh tú el mas valeroso de los 
hombres. 

13 A lo que respondió Gedeon : Suplicóte, Se- 
ñor mió, me digas : Si el Señor está con nosotros, 
¿ cómo es que nos han sobrevenido todos estos 
males? ¿Dónde están aquellas maravillas suyas 
que nos han contado nuestros padres, refiriéndo- 
nos como el Señor los sacó de Egypto ? Lo cierto 
es que ahora el Señor nos ha desamparado y en- 
tregado en manos de Madian. 

14 Entonces e\ ángel que representaba al Señor 
echó una mirada sobre él, y díjole : Anda, vé con 
ese tu valor y libertarás á Israel del poder de 
Madian : sábete que soy Yo el que te envió. 

15 Respondió Gedeon y dijo : Ah Señor mió , 



1 Gedeon habla conducido á su casa cnanto pudo segar, 
y trillaba las miases donde se exprimía la uva, para escon- 
der luego el grano y librarle de la rapacidad de los ma- 
dianitas. 



CAPÍTULO VI. 291 

ruégoteque mo digas ¿cómo he de poder yo liber- 
tar á Israel ? Tú ves que mi familia es la ínfima en 
la tribu de ñlanassés , y yo el menor en la casa de 
mi padre. 

IG Díjole e\ cimbel del Señor : Yo seré contigo, y 
derrotarás á Madian como si fuese un solo hom- 
bre. 

17 Replicó él : Si es que yo he hallado gracia 
delante de tí , dame una señal de que eres tú 
quien rae hablas ', 

18 ni te retires de este sitio, hasta que yo 
vuelva á tí , y te traiga un presente ^ como para un 
sacrificio , y te le ofrezca. Respondió el dnijcl : 
Aguardaré hasta que vuelvas. 

19 Con esto Gedeon fue á su casa , y coció un 
cabrito , y panes ázymos , que hizo de un raodio 
de harina ; y poniendo la carne en un canasto , y 
echando en una olla el caldo de la carne , llevólo 
todo debajo la encina , y se lo presentó. 

20 Díjole el ángel del Señor : Toma la carne y 
los panes ázymos , y ponió sobre aquella peña , y 
derrama encima el caldo. \ habiéndolo hecho 
asi , 

21 extendió el ángel del Señor la punta delbá-' 

I Esto es, que me hablas de parte de Dios, 

2 El hebreo dice ■'nn:r.i \nnjO"nx ^nx^áini 

*]^3D / V ^^ ofrezca mi présenle, poniéndole á tu presencia. 
Mas los Setenta K¿í oiVí» tí»v ^vala.vfA.ii xsu'^v^ocsvoó'^uv 
íTS y traerá mi victima, y la sacrificare' en tu presencia. 
Vide cap. IV. r. 18. 



293 LIBRO DE LOS JUECES. 

culo que tenia en la mano , y tocó la carne y los 
panes ázyuíos ; y salió fuego de la piedra , y con- 
sumió la carne y los panes ázymos , y el ángel del 
Señor desapareció de sus ojos. 

22 Viendo Gedeon que era un ángel del Señor, 
dijo : ; Ay de mí , Señor Dios mió , que he visto 
al ángel del Señor cara á cara ' ! 

23 Respondióle el Señor : La paz sea contigo : 
no temas, que no morirás. 

24 Edificó pues allí Gedeon un altar al Señor, 
y llamóle Paz del Señor : nombre que dura hasta 
hoy dia. Y estando él todavía en Ephra, que per- 
tenece á la familia de Ezri, 

25 díjole el Señor aquella noche s Toma un 
toro de tu padre , y otro de siete años ; y des- 
truye el altar de Baal , que es de tu padre ; y 
corta el bosquete que está junto al altar. 

26 Y erigirás un altar al Señor Dios tuyo en- 
cima de esta peña sobre que pusiste antes el sa- 
crificio, y tomando el segundo toro le ofrecerás 
en holocausto sobre el montón de leña que habrás 
cortado del bosquete. 

27 Gedeon pues habiendo tomado consigo diez 
de sus criados , hizo lo que el Señor le habia 
mandado : si bien temiendo á la familia de su 



1 Aquí y en otros lugares de la Escritura se ve la opi- 
nión que tenían comunmente de que el hombre no podía ver 
im espíritu celestial, sin que esta visión le quitase la vida ; 
opinión que reinaba también entre los gentiles. 



CAPÍTULO VI. 293 

padre y á los vecinos de aquella ciudad, no lo qui- 
so hacer de día , sino que todo lo ejecutó de 
noche. 

28 A la mañana, levantándose los vecinos del 
pueblo , vieron destruido el altar de Baal , y cor- 
tado el bosquete , y colocado el segundo toro 
sobre un altar recientemente erio^ido. 

29 Y dijéronse unos á otros : ¿ Quien ha hecho 
esto? Y haciendo pesquisa del autor de ello, se les 
dijo : Gedeon hijo de Joas ha hecho todas estas 
cosas. 

30 Por lo que dijeron á Joas : Sácanos aquí tu 
hijo para que muera , pues ha destruido el altar 
de Baal , y cortado el bosquete. 

31 Respondióles Joas: Pues qué ¿sois vosotros 
los vengadores de Baal para combatir por él? 
Haga Baal que quien es su adversario, muera 
antes que amanezca el dia de mañana : si Baal es 
Dios ' , vengúese él mismo del que ha derribado su 
altar. 

32 Desde aquel dia Gedeon fue llamado Jero- 
baal % por haber dicho Joas : Vengúese Baal del 
que le derribó su altar. 

1 JoavS adoraba á Baal, como los otros ciudadanos de E- 
phra; y era de Joas el altar de Baal de que se ha hablado 
V. 25; mas Gedeon su hijo le habría ya referido la visión del 
Señor y convertido. 

2 Como quien dice: El que litiga con Baal: nombre 
que le daría su padre mismo ; y que después en execración 
fiel nonbre de Baal vemos convertido en Jerubeset, II. Rer/ 



29 í LIDRO DE LOS JUECES. 

33 Entretanto todos los de Madian y de Ama- 
lee , y los pueblos orientales se juntaron á una, y 
pasando el Jordán acamparon en el valle de Jez- 
rael para robar y talar, 

34 Mas el espíritu del Señor se apoderó de 
Gedeon , el cual ' tocando la trompeta convocó á 
la familia de Abiezer ^, para que le siguiese. 

35 Envió asimismo mensag-eros á toda la tribu 
de Manassés , que también le siguió ; é igualmente 
á las otras de Aser, y de Zabulón , y de Neph- 
thalí , que asimismo salieron á juntarse con él. 

36 Gedeon dijo entonces al Señor : Si has de 
salvar á Israel por mi mano , como lo has di- 
c]io% 

37 ^e aquí que yo extenderé este vellocino de 
lana en la era : si el rocío solamente cayere en el 
vellocino , quedando todo el terreno enjuto , re- 
conoceré en esto que por mi mano has de libertar 
á Israel , según tienes dicho ^, 

XI. V. 21., sustituyendo Beset, que significa confusión. En 
el texto hebreo de Oseas [cap. X. v. 14.) Gedeon es tam- 
bien llamado Arbel. 

1 Revestido de la dignidad de Enviado de Dios, 

2 Esto es, de su padre Essri. 

3 Ruégote lo manifiestes con una señal á estos mis her- 
manos. 

4 Gedeon pediría esta señal á Dios para reanimar con ia 
vista de un prodigio á su pueblo envilecido y abatido por 
causa de su infidelidad. El mismo Dios movería el corazón 
de Gedeon á que lo pidiera; pues la Iglesia reconoce en es- 
te vellón mojado de rocío una figura de JcsuChristo concc- 



CAPÍTULO VII. 29¿> 

38 Hízose asi ; y levantándose antes de amanecer, 
exprimió el vellocino , y llenó una taza del rocío 
fjue salió de él. 

39 Dijo de nuevo á Dios : No se irrite contra 
raí tu furor, si aun hago una prueba mas bus- 
cando otra señal por medio del vellocino. Supli- 
cóte ahora lo contrario , que solo el vellocino esté 
seco , y se vea mojada del rocío toda la tierra ; 

40 y Dios lo hizo aquella noche como se lo ha- 
bia pedido ; y solo el vellocino quedó enjuto , y 
todo el terreno se hallo cubierto de rocío. 

CAPITULO Vil. 

y icloria prodigiosa de Gedeon, el cual con trescientos hotri' 
bres asalta de un modo extraordinario y derrota al ejér- 
cito enemigo. 

1 Jerobaal pues (el mismo que Gedeon) , le- 
vantándose antes del día , vino con toda su gente 
á la fuente llamada Harad , estando el campa- 
mento de los madianitas en el valle, al Norte de 
un cerro muy alto. 

! 2 Dijo entonces el Señor á Gedeon : Mucha 
gente tienes contigo : no será Madian entregado 
en manos de ella , porque no se gloríe contra mí 
Israel , y diga : Mi valor me ha libertado. 

3 Habla al pueblo , y haz pregonar de manera 



bido en el seno de María : y aludiendo a esto dijo David, 
que el Mesías bajarla del cielo como lluvia sobre el vellón ; 
^J como rocío que destila sobre la tierra. Ps. LXXI. v, 6. 



296 LIBRO DE LOS JUECES. 

que lo oigan todos : El que sea medroso y co- 
barde , que se vuelva. Y se volvieron del monte 
de Galaad y retiráronse veinte y dos rail hombres 
de la tropa , quedándose solamente diez mil. 

4 Mas el Señor dijo á Gedeon : Aun hay mu- 
cha gente : guíalos al agua, que allí los experi- 
mentaré; y el que yo te dijere que vayacontigo, 
vaya; y á quien yo prohibiere ir, vuélvase. 

5 Pues como las tropas bajasen al agua » dijo el 
Señor á Gedeon : Los que bebieren el agua lle- 
vada á su boca con la aiano , como la cogen los 
perros con la lengua , los separarás á un lado : mas 
los que hubieren puesto las rodillas en tierra para 
beber con mas comodidad , quedarán en otra 
parte. 

6 Fueron pues los que bebieron el agua lle- 
vándola á su boca con la mano , trescientos hom- 
bres : todo el resto de la tropa habia doblado sus 
rodillas para beber mas cómodamente, 

7 En seguida dijo el Señor á Gedeon : Con 
estos trescientos hombres que han tomado con la 
mano el agua para llevarla á su lengua , os liber- 
taré, y haré caer á Madian en vuestro poder. Re-^ 
tírese á su estancia toda la demás tropa. 

8 Y tomando víveres á proporción del numera 
de la gente , y las trompetas , mandó volver todo 
el resto de la tropa á sus tiendas , y él con solos 
los trescientos hombres se dispuso para el com- 
bate. El campamento de Madian estaba abajo en 
el valle. 



CAPÍTULO Vil. 207 

O Aquella misma noche le dijo el Señor : Le- 
vántate y desciende al campamento de los enemi- 
(jos ; porque los he entregado en tus manos : 

10 pero si temes ir solo , baje contigo Phara tu 
criado. 

11 Y cuando oyeres lo que hablan los madia- 
nitas , quedarás mas animoso , y asaltarás después 
con mas confianza su campamento. Partió pues 
Gedeon , con su criado Phara , acia aquel pa- 
rage del campamento donde estaban las centi- 
nelas del ejército enemiyo. 

12 Es de advertir que los madianitas y amnle- 
citas , y todos los pueblos orientales yacían ten- 
didos en el valle , como una muchedumbre de 
langostas ; y sus camellos eran sin número , como 
las arenas de la orilla del mar. 

13 Asi que se acercó Gedeon, oyó que uno 
contaba á su camarada cierto sueño , y referia en 
esta forma lo que habia visto : Acabo de tener un 
sueño , en que veía venir rodando un pan de ce- 
bada cocido en el rescoldo , y bajar acia el cam- 
pamento de Madlan , y que chocando contra un 
pabellón le trastornó con el golpe, y le echó por 
tierra. 

14 Respondió aquel á quien se lo contaba : Lo 
que esto significa es la espada de Gedeon , hijo de 
Joas , israelita ' ; porque Dios ha entregado en 

1 A quien pensábamos devorar como un pedazo de pan, 
y sucederíí al revés. 



298 LIBRO DE LOS JUECES. 

SUS manos á Madlan y á todo su campamento '. 

15 Gedeon , oido el sueño y su interpretación, 
adoró al Seíior ; y vuelto al campo de Israel, dijo 
á los suyos : Ea, vamos al instante ; porque el Se- 
ñor lia entregado en nuestras manos el campa- 
mento de Madian. 

IG Dividió luego los trescientos hombres en 
tres cuerpos : y puso on manos de cada uno una 
trompeta, y una vasija de barro vacía , y dentro 
de esta una tea encendida , 

17 y díjoles : Lo que rae viereis hacer, hacedlo 
vosotros : yo entraré por un lado de los reales ; 
imitad lo que yo hiciere. 

18 Cuando sonare la trompeta que tengo en mi 
mano , sonad también vosotros las vuestras al re- 
dedor del campamento , y gritad todos auna : Al 
Señor, y á Gedeon , victoria. 

19 Entrando, pues, Gedeon por un lado del 
campo , seguido de sus trescientos hombres , al 
comenzar la vela de la media noche , y desperta- 
das las centinelas , comenzaron Gedeon y los sityos 
á tocar las trompetas, y á quebrar unas vasijas 
con otras ; 

20 y haciendo resonar el ruido al rededor del 



1 La voz hebrea ^H*? > ^"c significa conií/rt, alimento 
ó pan, viene de la raiz Qr"i7 comer, la cnal significa tam- 
bién hacer guerra; y tal vez de esto sacaba aquel madia- 
íiita la interpretación del sueno. 



CAPÍTULO Vil. 299 

campamento, por tres puntos diferentes ^ rotas 
las vasijas, tomaron las luces en la mano izquierda, 
y prosiguiendo en tocar las trompetas que tenian 
en la derecha , gritaron todos : La espada del Se- 
ñor y de Gedeon ; 

91 manteniéndose cada uno quieto en su puesto 
al rededor de los reales enemigos '. Con esto to- 
das las tropas de Madian se alborotaron , y dando 
gritos y ahullidos echaron á huir : 

22 y sin embargo los trescientos hombres se- 
guían tocando sin cesar las trompetas. Y el Señor 
hizo que los enemigos tirasen de sus espadas unos 
contra otros sin conocerse ; de suerte que se dego- 
llaban entre sí : 

23 huyendo los que escaparon hasta Bethsetta , 
y hasta los confines de Abelmehula en Thebbath. 
Al mismo tiempo los israelitas de las tribus de 
Nephthalí , y de Aser, y todos los de la de Ma- 
nassés al saber la victoria , gritando todos á una , 
fueron persiguiendo á los madianitas. 

24 Y Gedeon despachó raensageros á toda la 
montaña de Ephraim , para que dijesen á sus mo- 
radores : Bajad al encuentro de los madianitas, y 
ocupad el vado de las aguas hasta Bethbera , y lo 
largo del Jordán. Asi pues todo Ephraim tocó al 
arma , y se adelantó á tomar los vados de las 
aguas y la orilla del Jordán hasta Bethbera. 



] Para que no conociesen el engaño, 



;íOO libro de los jueces. 

25 Y habiendo heclio prisioneros dos principes 
de los madianitas , Oreb y Zeb ' , mataron á Oreb 
en la peña de Oreb , y á Zeb en el lugar de Zeb. 
Y persiguieron á los madianitas : y llevaron las 
cabezas de Oreb y de Zeb á Gedeon , al otro lado 
del rio Jordán. 



CAPÍTULO VIH. 

Sosiega Gedeon la tribu de Ephraim : vence á Zeb y SaU 
mana : manda hacer un Epliod ; y después de haber gober- 
nado cuarenta años, muere\ y el pueblo vuelve á idolatrar. 

1 Entonces dijéronle ^ los ephraimitas : ¿ Qué 
es esto que has hecho con nosotros de no llamar- 
nos cuando saliste á combatir contra Rladian ? Y 
se querellaron agriamente , faltando poco para lle- 
gar á atropellarle. 

2 Respondióles Gedeon : Pues ¿ qué hazaña 
podia yo hacer que igualara á la que vosotros 
habéis hecho? ¿Por ventura no vale mas un raci- 
mo de Ephraim que tocias las vendimias de Abie- 
zer ^ ? 

1 La muerte de estos dos capitanes dio nombre á dichos 
lugares. 

2 Estas quejas fueron al volver Gedeon de perseguir los 
enemigos; y se cuentan aquí con motivo de haberse referido 
la valentía de los ephraimitas en matar á Oreb y Zeb j y 
otros muchos madianitas. 

3 Es una especie de proverbio para denotar que la menor 
empresa de los ephraimitas sobrepuja cuanto jamas pueda 



CAPÍTULO VIII. 301 

3 El Señor puso en vuestras manos los prínci- 
pes de Matlian , Oreb , y Zeb : ¿ que cosa pude 
yo hacer igual á la que vosotros habéis hecho ? 
Con esta respuesta calmó la cólera , en que ardían 
contra él. 

4 Cuando Gcdeon , después de la derrota de 
Madian , llegó al Jordán , le vadeó con los tres- 
cientos hombres que tenia consigo ; los cuales por 
el cansancio no podían perseguir á los fugitivos. 

5 Por lo que dijo á los vecinos de Soccoth : 
Dadme , os ruego , pan para la tropa que viene 
conmigo , pues esta muy desfallecida , á fin de que 
podamos perseguir á Zebée y á Salmana , reyes 
de Madian. 

6 Respondieron los principales de Soccoth : 
Pues qué, ¿ tienes ya en tu poder maniatados á 
Zebée y á Salmana , para pedirnos ' que demos 
pan é ese tu ejercito ^ i* 

7 Replicóles él : Cuando el Señor habrá entre- 
gado en mis manos á Zebée y á Salmana , yo des- 
trozaré vuestros cuerpos con las espinas y abrojos 
del Desierto. 

8 Moviendo de allí vino á Phanuel , y propuso 
lo mismo á los habitantes de aquel lugar, que tam- 
bién le respondieron como los de Soccoth. 

hacer la familia de Abiezer, y aun toda la tribu de Manas- 
sés entera. Eu el hebreo: el rehusa de Epkiaim, que la< 
vendimias, ele. 

1 Como si fueses un veoceílor á quien debamos temer. 

2 O á ese puñado de gente. 

26 



n 



02 LIBRO DE LOS JUECES. 



9 Y díjoles asimismo : Cuando vuelva feliz- 
mente vencedor, destruiré esa torre. 

10 Entretanto Zebée y Salmana estaban des- 
cansando con todo su ejército ; porque de todas 
las tropas de los pueblos orientales hablan que- 
dado quince rail hombres , habiendo sido muertos 
ciento y veinte mil soldados , que manejaban la 
espada. 

11 Gedeon , pues, tomando el camino acia los 
árabes Scenitas , ó que habitaban en tiendas de 
campaña, á la parte oriental de Nobe y Jegbaa , 
derrotó el campamento de los enemig-os ; los cua- 
les estaban descuidados , imaginando que ya no 
tenían que temer nada. 

12 Zebée y Salmana echaron á huir mas persi- 
guiéndolos Gedeon , los prendió , después de ha- 
ber desbaratado todo su ejército. 

13 Y volviendo de la batalla al otro dia antes 
de salir el sol, 

14 cogió á un muchacho de los habitantes de 
Soccoth , y le preguntó por los nombres de los 
principales y Ancianos o senadores de Soccoth , y 
señaló setenta y siete sugetos. 

15 Con esto, entró en Soccoth, y les dijo: 
Aquí tenéis á Zebée y á Salmana, sobre los cuales 
me zaheristeis diciendo : ¿ Acaso tienes ya en tu 
poder maniatados á Zebée y á Salmana para que 
nos pidas que demos de comer á tus soldados des- 
fallecidos de hambre y cansancio ? 

16 Cogió pues á los Ancianos de la ciudad , y 



CAPITULO VIII. 303 

destrozó y desmenuzó sus cuerpos con espinas y 
abrojos del desierto. 

1 7 Arrasó también la torre de Phanuel , pasan- 
do á cuchillo á los moradores de la ciudad. 

18 Dijo después á Zebée y á Salmana : ¿Qué 
traza tenian aquellos hombres que matasteis en el 
Thabor ' ? Respondiéronle : Eran parecidos á tí, 
y uno de ellos asi como hijo de rey. 

19 Replicóles Gedeon : Hermanos mios eran, 
hijos de mi madre. Vive Dios que si les hubieseis 
conservado la vida , yo tampoco os la quitaría á 
vosotros. 

20 Dijo entonces á Jether su primogénito : An- 
da , vé y mátalos : mas Jether no sacó la daga, 
porque tenia miedo siendo como era mucliacho. 

21 Y Zebée y Salmana dijeron : Ven tú y da- 
nos el golpe j pues á proporción de la edad es la 
fuerza del hombre. Acercóse Gedeon y mató á 
Zebée y á Salmana : y tomó después todos los 
adornos y Umitas ^ de ovo , con que suelen enga- 
lanarse los cuellos'de los camellos de los reyes. 

22 Después de esto , todos los israelitas dijeron 
á Gedeon : Sé tú nuestro príncipe , y después de 
tí tu hijo y tu nieto , ya que nos has librado del 
poder de Madian. 

1 Escoodidos entre sus rocas y cuevas. Cap. VI, ü. 2, 

2 Los árabes c ismaelitas tuvieron siempre gran venera- 
ción á la luna : costumbre que de ellos ha pasado á los tur- 
cos ; y estas Umitas que'ponian en el cuello ó antepecho de 
sus camellos manifestaban dicha veneración. 



304 LIBRO DE LOS JUECES. 

23 A los cuales él respondió : No seré yo prín-' 
(ipe vuestro, ni tampoco lo será mi hijo ; sino que 
el Señor será quien domine y reine sobre vos- 
otros. 

24 Y añadióles : Una sola cosa os pido : Dad- 
me los zarcillos ó pendientes que habéis hallado en 
el botín. Porque los ismaelitas acostumbraban 
traer zarcillos de oro. 

25 Respondiéronle : Los daremos con grandí- 
simo gusto ; y extendiendo en tierra una capa , 
echaron en ella los zarcillos cogidos en el botin. 

26 Y estos zarcillos que pidió Gedeon , pesaron 
mil y setecientos sidos de oro , sin contar los 
dijes y joyeles y vestidos de púrpura que solian 
usar los reyes de Madian , y ademas de los colla- 
res ó sartales de oro de los camellos. 

27 De todo esto hizo Gedeon un Ephod' , que 
puso en su patria la ciudad de Ephra^. Pero todo 
Israel idolatró por causa de este Ephod , después 
de la muerte de dicho caudillo; y el tal Ephod vino 
á ser la ruina de Gedeon y de toda su casa. 



1 Creen San Agustín, Theodoreto y otros Intérpretes 
que se híibla del Epbod ornamento del Sumo Pontífice, y 
dicen que pecó Gedeon en hacerle, aunque no gravemente» 
según da á entender San Agustín. Qucesi. XLI. in Judie. 
Pero después los descendientes de Gedeon tomaron ocasión 
del Epliod para caer en la superstición, y finalmente en la 
idolatría. 

2 No para que fuese venerado, sino como nn trofeo de sus 
victorias. 



CAPITULO VIII. 30j 

28 Quedaron pues los madianltas humillados de- 
lante de los hijos de Israel , y no pudieron después 
levantar cabeza ; sino que todo el país estuvo en 
paz durante los cuarenta años que g-obernó Ge- 
deon. 

29 Partió después Jerobaal ó Gcdeon hijo do 
Joas, y habitó en su casa ; 

30 y tuvo setenta hijos propios ; porque tenia 
muchas mug-eres ' . 

31 Y una de sus mugeres secundarias , que es- 
taba en Sichém , le parió un hijo que se llamó 
Abimelech. 

32 Al fin murió Gedeon, hijo de Joas, en prós- 
pera vejez y y fue colocado en el sepulcro de Joas 
su padre , en Ephra , chalad de la familia de Ezri. 

33 Mas después que murió Gedeon , apostata- 
ron olravez los hijos de Israel , y se prostituyeron 
á los ídolos , V pactaron alianza con Baal , para 
que fuese su Dios : 

34 no acordándose del Señor Dios suyo que los 
libertó de las manos de todos sus enemigos , que 
tenian al rededor : 

35 ni usaron de piedad ^ con la casa de Jero- 
baal, esto es, de Gedeon , por todos los beneficios 
que habia hecho á IsraéL 



1 Véase Concubina. 

2. O no tuvicrou iniraüiiento iilguüo 



306 LIBRO DE LQS JUECES.' 



/ 



CAPITULO IX. 

Mala Abitnelech a todos sus hermanos, y usurpa Uránica' 
mente el mando por medio de los Sichimilas. Su fin 
desastrado. 

1 Por este tiempo Abimelech , hijo de Jerobaal, 
se fue á Sicliéra á los hermanos de su madre , y 
trató con ellos y con toda la parentela de la casa 
del padre de su madre , diciendo : 

2 Proponed á todos los ciudadanos de Sichém : 
¿ Qué es lo que os parece mejor : que os dominen 
setenta hombres hijos todos de Jerobaal , ó que 
uno solo sea el Señor? Y considerad al mismo 
tiempo que yo soy carne y sangre vuestra. 

3 Propusieron pues los hermanos de su madre 
todas estas razones á todos los ciudadanos de Si- 
chém , é inclinaron su corazón á favor de Abime- 
lech , diciendo : El es nuestro hermano. 

4 Y diéronle setenta sidos de plata del templo 
de Baalberith ' , con los cuales tomó á su sueldo 
gente necesitada y vagamunda , que le siguió. 

5 Y pasando á la casa de su padre , en Ephra , 
degolló á todos sus setenta hermanos ^ , hijos de 
Jerobaal , sobre una misma piedra ; escapando 

1 O del dios de las alianzas, 

2 Fuerou sesenta y nueve los muertos, pues uno se salvó. 
Pero aquí, como en varios lugares, usa la Escritura del nú- 
mero redondo. — Véase Número. 



CAPÍTULO IX. 307 

solamente Joatham , el hijo mas pequeño de Jeio- 
baal , que se queiló escondido. 

6, Y congregáronse todos los vecinos de Si- 
chém , y los de la ciudad de IMelIo ; y fueron y 
alzaron por rey á Ablmelech, junto á la encina que 
estaba en Sichém. 

7 Lo cual entendido por Joatliam , subió al 
monte Garizim , y puesto sobre la cumbre , clamó 
á voz en grito , y dijo : Ciudadanos de Sichém , 
oidme ' ; asi os oiga Dios : 

8 Juntáronse los árboles para ungir un rey so- 
bre ellos , y dijeron al olivo : Reina sobre nos- 
otros : 

■9 el cual respondió : ¿Cómo puedo yo desam- 
parar mi pingüe licor de que se sirven los dioses 
y los hombres , por ir á ser superior entre los 
árboles ? 

10 Dijeron pues los árboles á la higuera : Ven 
y reina sobre nosotros : 

11 la cual les respondió : ¿ Debo yo abandonar 



1 Joathain, para demostrar á los sichimitas la injusticia 
que habían cometido eligiendo por rey al tirano Abimelech, 
se sirve de un elegante apólogo ó metáfora. — Por la hi- 
guera, el olivo, y la vid, que rehusan el principado, entien- 
deu algunos á Othoniel, Déboraj y Gedeon, que fueron ex- 
celentes Jueces, y solo aceptaron el mando por obedecer 
á Dios, y no por voluntad suya, subiendo que el que tiene 
cargo público debe consagrarse al bien del pueblo, y que 
sucede muchas veces que pierde su propio bien estar y 
tranqnilidad, por tener qiie. procurar el de los demás. 



308 LIBRO DE LOS JUECES. 

ta dulzura y suavidad de mi fruto , por ir á ser su- 
f»erior entre los otros árboles 7 

12 Se dirigieron después los árboles á la vid , 
diciendo : Ven y reina sobre nosotros : 

13 La cual les respondió : Pues qué , ¿puedo yo 
abandonar mi vino , que alegra ' á Dios en los sa- 
crificios , y á los hombres en los convites , á trueque 
de ser reina de los árboles ? 

14 Finalmente los árboles todos dijeron á la 
zarza ^ : Ven y reina sobre nosotros : 

15 La cual respondió : Si es que con verdad ?/ 
buena fe me constituís por reina vuestra , venid y 
reposad á mi sombra : y si no , salga fuego de la 
zarza, y abráselos cedros del Líbano. 

IG Ahora, pues, considerad si habéis hecho 
una acción justa é inocente , en constituir por rey 
vuestro á Abiraelech : si os habéis portado bien con. 
Jerobaaly su casa , correspondiendo á los benefi- 
cios de aquel que combatió por vosotros , 

17 y expuso su vida á los peligros por Hberta- 
ros del poder de los madianitas , 

18 vosotros que ahora os habéis alzado contra 
la casa de mi padre , y degollado á sus hijos , 



1 Lostificat tiene el mismo sentido que lúacet ; y asi es 
que en otras partes se dice también que la victima es de 
suave olor para Dios. 

2 La zarza, ó cambrón, nada produce sino espinas; y es 
á propósito para significar un hombro cruel, un impíOj ó 
tirano. 



CAPÍTULO IX. 309 

setenta personas sobre una misma piedra , y cons- 
tituido por rey sobre los habitantes de Sichém á 
Abimelech , hijo de una esclava suya , porque es 
vuestro hermano ; 

19 si os habéis pues portado con justicia y sin 
pecado con Jerobaal y su casa, regocijaos hoy con 
Abimelech , y regocíjese Abimelech con vosotros. 

20 Mas si habéis obrado perversamente, salga 
fuego de Abimelech , y devore á los vecinos de 
Sichém y la ciudad de Mello : salga igualmente 
fuego de los vecinos de Sichém y de la ciudad 
de Mello , que devore á Abimelech. 

21 Dicho esto , huyó , y se fue á Bera , donde 
habitó por temor de su hermano Abimelech. 

22 Reinó pues Abimelech sobre Israel tres 
años. 

23 Pero envió el Señor ' un espíritu pésimo ^ 
entre Abimelech y los habitantes de Sichém ; los 
cuales comenzaron á detestarle , 

24 echando la culpa de la muerte atroz de los 
setenta hijos de Jerobaal , y de la efusión de su 
sangre n dicho Abimelech su hermano y demás 
principales de Sichém que le habian ayudado. 

25 Y asi armaron asechanzas contra el en lo alto 
de los montes, y mientras aguardaban que viniera, 
ó pasara , cometian latrocinios , saqueando á los 
pasageros ; de lo cual fue avisado Abimelech. 



1 O permitió que se metiera. 

2 O de odio y aversión. 



310 LIBRO DE LOS JUECES. 

26 Entretanto llegó Gaal hijo de Obed con sus 
hermanos , y entró en Sichém ; con cuya venida 
cobrando ánimo los vecinos de Sichém , 

27 salieron por los campos, talaron las viñas 
de Abimelech y de los suyos , y pisaron las uvas ; y 
formando danzas de cantores entraron en el tem- 
plo de su dios , y mientras comian y bebian mal- 
decían á Abimelech ; 

28 gritando Gaal , hijo de Obed : ¿Quién es 
Abimelech , y qué ciudad es Sichém para que nos 
sujetemos á él? Por ventura ¿no es este el hijo de 
Jerobaal , el que ha destinado á un Zebul , cria- 
do suyo, para mandar á los descendientes de 
Emor^ padre de Sichém ? Pues ¿ por qué nosotros 
hemos de estarle sujetos ? 

29 ¡ Ojalá me diese alguno el mando de este 
pueblo para quitar de en medio á Abimelech ! 
Entretanto se aviso á Abimelech para que juntase 
un ejército numeroso y viniese. 

30 Porque Zebul, gobernador de la ciudad, oi- 
das las palabras de Gaal , hijo de Obed , montó 
en gran cólera , 

31 y envió secretamente mensageros á Abime- 
lech diciendo : Mira que Gaal, hijo de Obed , ha 
venido á Sichém con todos los de su parentela ' , y 
anda levantando la ciudad contra tí. 

32 Sal pues de noche con la tropa que tienes 
contigo , y estáte escondido en los campos : 

1 Véase Hermanos. 



CAPITULO IX. 311 

33 y muy de mañana cuando esté para salir el 
sol , déjate caer sobre la ciudad ; y cuando Gaal 
salga contra tí con su gente , haz contra él lo que 
pudieres. 

34 Abimelech pues marchó de noche con todo 
su ejército , y puso emboscadas en cuatro partes 
junto á Sichém. 

35 SaHendo Gaal, hijo de Obed , púsose á la 
entrada de la puerta de la ciudad. Entonces salió 
Abimelech de la emboscada con todo su ejér- 
cito. 

36 En viendo Gaal aquella gente , dijo á Ze- 
bul ' : ¿No ves qué gentío desciende de los 
montes ? Zebul le respondió : Las sombras de los 
montes se te representan como cabezas de hom- 
bres , y en eso está tu engaño. 

37 RepUcó Gaal : Mira como se descuelga la 
gente del cerro intermedio , y un escuadrón tira 
por el camino que va acia la encina. 

38 Díjole Zebul : ¿Dónde está ahora aquel tu 
orgullo con que decías : Quién es Abimelech para 
que hayamos de estarle sujetos ? ¿ No es esa la 
gente que despreciabas? Sal, y pelea contra él. 

39 Salió pues Gaal , celante de todo el pueblo 
de Sichém , y vino á las manos con Abimelech , 

40 el cual le hizo huir, y persiguiéndole le 
obligó á meterse en la ciudad , y perecieron mu- 
chísimos de los suyos hasta la puerta de Sichém. 



1 El cual fingía que estaba de acuerdo con él. 



312 LIBRO DE LOS JUECES. 

41 Abiinelech se detuvo en Ruma ; pero Ze- 
bul , juntando los de su partido , echó de la ciudad 
á Gaal y á sus compañeros, no permitiendo ¿que 
permaneciesen dentro. 

42 Sin embargo al dia siguiente el pueblo de 
Sichém del partido de Gaal salió á campaña : de lo 
cual avisado Abimelech , 

43 movió su ejército , y le dividió en tres es- 
cuadrones, armando emboscadas en el campo. Y 
viendo que el pueblo salía de la ciudad, se levantó 
y se echó sobre ellos 

44 con su escuadrón , cercando y batiendo la 
ciudad : entretanto los otros dos escuadrones iban 
persiguiendo á los contrarios desparramados por 
el campo. 

4 5 Estuvo pues Abimelech batiendo todo aquel 
dia la ciudad , hasta que la tom > ; y pasando á 
cuchillo á todos sus habitantes, la arrasó y aun 
la sembró de sal \ 

46 Como hubiesen oído esto los que moraban 
en la torre de Sichém, se retiraron al templo de su 
dios Berith , en donde habian hecho alianza con 
Abimelech , y de lo cual le venia al lugar aquel 
nombre de Berith : lugar que estaba muy mortifi- 
cado. 

47 Abimelech por su parte oyendo que los re 
fugiados en la torre de Sichém estaban allí todos 
hacinados , 

1 En señal de que uo debía ser jamas reedificada. 



CAPÍTULO IX. ti 13 

48 subió al monte de Selmon con toda su gente, 
y tomando una segur cortó la rama de un árbol, y 
echándosela al hombro dijo á sus compañeros : 
Haced presto lo que me veis hacer. 

49 Ellos luego cortando á porGa ramas de ár- 
boles seguian á su caudillo ; y cercando con ellas 
la fortaleza , pusie'ronla fuego ; por manera que 
con el humo y las llamas perecieron mil personas 
entre hombres y mugeres de los que se habían 
acoffido en la torre de Sichém. 

50 Partido de aquí Abimelech , fue á la ciu- 
dad de Thebes ; la que bloqueó , y sitió con su 
ejército. 

51 Habia en medio de la ciudad una torre muy 
alta , donde se habia refugiado toda la gente asi 
hombres como mugeres, y todos los principales 
de la ciudad : y habiendo cerrado y asegurado 
bien la puerta , se colocaron sobre el techo de la 
torre para defenderse por entre sus almenas. 

52 Y llegando Abimelech al pie de la torre , la 
combatia valerosam.ente, y acercándose á la puerta 
procuraba incendiarla ; 

53 cuando he aquí que una muger, arrojando 
desde arriba un pedazo de una piedra de molino 
dio con ella en la cabeza de Abimelech , y le rom- 
pió el celebro. 

54 Entonces Abimelech , llamando á toda priesa 
á su escudero , le dijo : Saca tu espada , y má- 
tame ; porque no se diga que fui muerto por una 

ToivT. III. 27 



314 LIBRO DE LOS JUECES. 

muger '. El escudero , ejecutando el mandato , le 
acabó de matar. 

55 Y muerto que fue , todos los israelitas que 
le seguían se volvieron á sus casas. 

56 Asi dio Dios á Abimelech el pago del mal 
que habia hecho contra su padre , matando á sus 
setenta hermanos ^. 

57 y asi también pagaron los sichimitas la pena 
de cuanto habian hecho , y les alcanzó la maldi- 
ción de Joatham hijo de Jerobaal. 



CAPITULO X. 



Thola y Jair jueces de Israel : vuelve este pueblo á idola- 
trar, y queda esclavo de los philistheos y ammonitas\ pero 
arrepintiéndose le soccore el Señor, 

1 Después de Abimelech fue caudillo de Israel 
Thola , hijo de Phúa * , y tio "^ de Abimelech , de 

1 Semejantes ejemplos leemos en la historia profana ; 
pero la Religión condena igualmente al qne recurre á este 
medio, y al qne le proporciona. 

2 Véase Número. 

3 Hermano uterino de Gedeon. 

4 Patria Abimelech no se traduce tio paterno : pues asi se 
denotaría que era hermano de Gedeon por parte de padre, y 
por tanto de la tribu de Manassés; y aquí dice la Escritura 
que era de la tribu de, Issachár. El texto hebreo dice 
^-j^-]~n nNlS''|!3 hijo de Phúa, hijo de Dodó. ha \oz 
la Vulgata tradujo patrui ( tio paterno ) es aquí nombre 
propio. 



CAPÍTULO X. 315 

la tribu de Issachár, que habitó en Samir de la 
montaña de Ephraim , 

2 y gobernó á Israel veinte y tres años y mu- 
rió , y fue sepultado en Samir. 

3 A este succedió Jair, galaadita , que fue juez 
de Israel veinte y dos años ; 

4 y tenia treinta hijos que cabalgaban en treinta 
pollinos', y eran señores de treinta poblaciones 
en el pais de Galaad ; las cuales de su nombre se 
llamaron Havoth Jair, esto es , Villas de Jair, 
hasta el dia presente. 

5 Murió Jair, y fue sepultado en un lugar lla- 
mado Camón. 

6 Pero los hijos de Israel , añadiendo nuevos 
pecados á los antiguos , cometieron la maldad de- 
lante del Señor, adorando á los ídolos , á Baal y á 
Astaroth , y á los dioses de Syria y de Sidon , y 
de Moab, y de los hijos de Ammon , y de los phi- 
listheos ; y abandonaron al Señor, y dejaron de 
adorarle. 

7 Airado el Señor contra ellos , los entregó en 
manos de los pbilistheos y de los hijos de Ammon, 

8 Con lo cual fueron afligidos y oprimidos 
cruelmente , por espacio de diez y ocho años , to- 
dos los habitantes de la otra parte del Jordán en 
el pais de los amorrheos que pertenece á Galaad • 

9 tanto que los hijos de Ammon, atravesando 
el Jordán , devastaban las tribus de Judá y de 

1 Pulli asinanun puede traducirse machos ó mulos. 



316 LIBRO DE LOS JUECES. 

Benjamín y de Ephraim ; y asi se vio Israel en 
una extrema aflicción. 

10 Clamaron pues los israelitas al Señor , di- 
ciendo : Pecado hemos contra tí ; porque deja- 
mos al Señor Dios nuestro , y hemos servido á 
los ídolos. 

11 Mas el Señor les dijo : Pues qué ¿no fuis- 
teis oprimidos por los egypcios y los amorrheos , 
y por los hijos de Ammon y los pbilistheos , 

12 y también por los sidonios , amalecitas y 
chánaneos , y clamasteis á mí, y os libré de sus 
manos ? 

13 Y con todo eso, ahora me habéis abando- 
nado , y dado culto á dioses extraños : por tanto 
no os libraré ya mas en adelante. 

14 Id , y clamad á los dioses que os habéis es- 
cogido : que os libren ellos en el tiempo de la 
tribulación. 

15 Dijeron entonces al Señor los hijos de Is- 
rael : Hemos pecado : haz tú de nosotros lo que 
te agradare : líbranos solamente ahora de nuestros 
opresores, 

16 Dicho esto , arrojaron fuera de sus confines 
todos los ídolos de los dioses ágenos , y sirvieron 
al Señor Dios ; el cual se compadeció de sus mi- 
serias. 

17 Entretanto los hijos de Ammon con gran al- 
gazara fijaron los reales en Galaad ; y juntándose 
contra ellos los hijos de Israel acamparon en 
Maspha. 



CAPÍTULO Xí. 317 

18 Entonces los príncipes de Galaad convinieron 
entre sí , diciéndose unos á otros : El primero de 
nosotros que comenzare á pelear contra los hijos 
de Ammon , será caudillo del pueblo de Galaad. 

CAPITULO XI. 

Victoria de Jephté elegido juez ó caudillo de Israel. Voto 
que hace al Señor antes de la batalla. 

1 Habia en aquel tiempo un hombre de Galaad 
llamado Jephté, varón muy esforzado y guerrero, 
que tuvo por padre á Galaad y por madre á una 
meretriz '. 

2 Este Galaad tuvo también de su esposa legiti- 
ma hijos ; los cuales asi que fueron grandes echa- 
ron á Jephté de casa, diciendo: No puedes tú 
ser heredero en casa de nuestro padre ; porque 
has nacido de otra madre ^. 

3 Jephté pues huyendo y guardándose de ellos, 
se fue á vivir en la tierra de Tob : donde se le a- 
llegaron hombres menesterosos y aventureros % 
que le seguian como ásu príncipe. 



1 Generalmente creen los Expositores que por meretriz 
se entiende aquí, una concubina ó rauger ilegítima , tomada 
sin las formalidades del matrimonio. — Véase Matrimonio. 

2 Que no era su muger legítima. 

3 Que vivían de las presas que hacían a los enemigos. 
Es de notar que la voz latro y laírocinari no tenían anti- 
guamente la odiosa significación que les damos ahora. En 



318 LIBRO DE LOS JUECES. 

4 Por aquellos días los hijos de Ammon hacían 
guerra contra Israel ; 

5 y como le estrechasen fuertemente , resol- 
vieron los Ancianos ó senadores de Galaad ir á 
traer de la tierra de Tob á Jephté en su auxilio. 

6 Y dijéronle : Ven , y serás nuestro príncipe , 
y pelearás contra los hijos de Ammon. 

7 Respondióles Jephté : ¿ Pues no sois vos- 
otros los que me aborrecisteis , y echasteis de la 
casa de mi padre ' ? Ahora venis á mí compelidos 
de la necesidad, 

8 A esto dijeron los príncipes de Galaad á 
Jephté : Por eso mismo venimos ahora á buscarte, 
para que vengas con nosotros y pelees contra los 
hijos de Ammon , y seas el caudillo de todos los 
habitantes del país de Galaad ^. 

9 Replicóles Jephté : Si verdaderamente habéis 
venido á buscarme para pelear por vosotros con- 
tra los hijos de Ammon , ¿ cuándo el Señor los 
haya entregado en mis manos , he de ser yo 
vuestro príncipe ? 



los Escritores latinos y griegos vemos llamarse asi los sol- 
dados que iban á servir á los príncipes sin paga fija , y se 
mantenian con el botín qoe pillaban á los enemigos. Y asi 
lo hacían Jephté y sus soldados , haciendo la guerra á los 
ammonítas y philístheos, enemigos de Israel. 

1 Aunque quienes echaron de casa á Jephté fueron sus 
hermanos; pero á estos Ancianos ó Senadores del país to- 
caba impedir una tal injusticia, 

2 Asi repararemos la injuria que se te hizo. 



CAPÍTULO XI. 319 

10 Respondiéronle : El Señor que oye estas 
cosas , sea él mismo mediador y testigo de que 
cumpliremos nuestras promesas. 

11 Con eso Jephté se puso en camino con los 
principales ó senadores de Galaad , y todo el pue- 
blo le eligió por príncipe suyo , y Jephté confirmó 
todos sus tratados delante del Señor en Maspha '. 

12 Envió luego Jephté embajadores al rey de 
los hijos de Ammon , que le dijesen en su nombre: 
¿Qué tienes tú conmigo , que has venido contra 
mí para talar mi pais '! 

13 Respondióles el rey de los ammonitas : Es 
porque Israel al venir de Egypto se apoderó de 
mi pais desde los términos de Arnon hasta Jaboc 
y el Jordán : ahora pues , restituyemele pacífi- 
camente \ 

14 Volvió Jephté á enviar los mismos embaja- 



1 En Maspha, donde se habla reunido la asamblea de 
los israelitas (Cap. X. v. 17.), allí Jephté conferenció con 
el pueblo, y trató de todo lo concerniente á la guerra, para 
la cual le nombraban general. Las palabras delante del Se- 
ñor pueden significar el juramento hecho por una y otra 
parte con la invocación del nombre de Dios, el cual se 
hallaba presente de un modo especial en las reuniones ó 
asambleas de su pueblo. — Véase Deuter. VI. v. 25 , y 
en otros lugares. 

2 Algunos creen que el rey de los ammonitas lo era tara- 
bien de los moabitas , y por eso pedia como suya la tierra 
de los moabitas que los israelitas ocupaban. Estos dos 
pueblos de moabitas y ammonitas , descendientes de dos 
hijos de Loth, solian ser siempre muy amigos. 



320 LIURO DE LOS JUECES. 

dores, mandándoles que dijesen al rey de Ammon: 

15 Esto dice Jephté : INunca Israel se apoderó 
del país de Moab , ni del pais de los hijos de Am- 
mon : 

16 sino que cuando salió de Egypto , anduvo 
por el Desierto , costeando el mar Rojo hasta que 
llegó á Cades ; 

17 desde donde despachó embajadores al rey de 
Idumea , diciendo : Permíteme atravesar por tu 
tierra; el cual no quiso condescender con sus rue- 
gos. Envió asimismo embajadores al rey de Moab, 
que también se desdeño de dar el paso. Quedóse 
pues Israel en Cades ; 

18 y fue rodeando por un lado la Idumea y la 
tierra de Moab ; y viniendo á la parte oriental de 
la tierra de Moab , acampó de esta otra parte de 
Arnon ; ni quiso entrar en los términos de Moab , 
pues Arnon es el confín de la tierra de Moab. 

19 Envió después Israel embajadores á Sehon 
rey de los amorrheos que habitaba en Hesebon , 
y dijéronle : Permíteme pasar por tu tierra basta 
el rio : 

20 pero despreciando también éste la petición 
de Israel , no le dejó pasar por su distrito , sino 
que juntando infinita geste , salió contra él en Ja- 
sa, y se le opuso fuertemente. 

21 Mas el Señor le entregó con todo su ejér- 
cito en manos de Israel ; el cual le derrotó , y se 
apoderó de todo el pais de los amorrheos mora- 
dores de aquella tierra . 



CAPÍTULO xr. 321 

•22 y de toda su comarca desde Arnon hasta 
Jaboc , y desde el Desierto hasta el Jordán ' . 

23 De esta manera el Señor Dios de Israel des- 
hizo á los amorrheos , combatiendo contra ellos su 
pueblo de Israel ; ¿ y tú ahora quieres ser dueño 
de su tierra? 

24 Pues qué ¿ no crees tú que se te deben á tí 
de derecho los paises que posee tu dios ó ídolo 
Chámos? Es pues muy justo que ceda en posesión 
nuestra lo que Dios nuestro Señor se ha adquiri- 
do con la victoria : 

25 á no ser que tu seas de mejor condición que 
Balac hijo de Sephor rey de Moab : ó puedas ha- 
cer constar que movió semejante querella contra 
Israel , y le hizo guerra , 

26 mientras poseyó e'ste á Hesebon y sus al- 
deas , á Aroer y sus lugarcillos , y á todas las ciu- 
dades vecinas al Jordán , por espacio de trescien- 
tos años. ¿ Cómo en tanto tiempo nada habéis in- 
tentado sobre tal restitución ? 

27 Y asi yo no falto contra tí , sino que tú eres 

1 Obsérvese que Jephté alega tres razones en su dis- 
curso. Primera : El derecho de conquista (f. 21.). Segun- 
da : La disposion de Dios , Señor supremo de la tierra ; 
y como el rey de Amraon podia decir : Yo no reconozco 
ese Dios vuestro; por eso Jephté añade : Yo no conozco 
al dios Chámos ; y asi como tú tienes por bien adquirido lo 
que crees haberte dado ese tu dios , yo también debo tener 
por mió lo que me ha dado el Señor Dios mió. En tercer 
lugar : Jephté hace valer la prescripción de 300 años. 



322 LIBRO DE LOS JUECES. 

el que me haces agravio , declarándome una guer- 
ra injusta. El Señor arbitro de lo tratado en este 
dia , sea juez entre Israel y los hijos de Amraon. 

28 Mas el rey de los ammonitas no quiso dar 
oidos á las razones de Jephté propuestas por me- 
dio de sus embajadores. 

29 Asi pues el espíritu del Señor se derramó 
sobre Jephté, quien recorriendo el pais de Galaad 
y de Manassés, y jasando por Maspha de Galaad, 
y avanzando de allí acia los ammonitas , 

30 hizo un voto al Señor diciendo : Si entre- 
gares en mis manos á los hijos de Ammon , 

31 El primero, sea el que fuere, que saliere 
de los umbrales de mi casa , y se encontrare con- 
migo cuando yo vuelva victorioso de los ammoni- 
tas, le ofreceré al Señor en holocausto '. 



1 Este voto, considerado en sí, fue muy temerario é in- 
justo. Tal es la común sentencia de los Padres. San Geró- 
nimo dice : Que fue necio en hacer el voto, e' impío en cum- 
plirle. Hizo, dice San Agustin, una cosa prohibida por la 
Ley, y que no se le mandaba por ninguna especial intima- 
ción de Dios. Y cree el Santo que Dios permitió que fuese 
la hija de Jephté la primera que se presentase delante de 
éste, para castigar la temeridad de su voto. Verdad es que 
si se considera la recta intención conque hizo el voto, y las 
circunstancias que hacen mas excusable su imprudencia , 
no admiraremos que los mismos santos Padres, que reprue- 
ban el voto de Jephté , alaben el fin y ánimo con que le 
hizo. Si Jephté ofreció ¿Dios su hija virgen, no agradó al 
Señor el sacrificio, sino el ánimo del oferente, dice San Ge- 
rónimo, incap. VIL Jerem, Véase Santo Thomas 2. 2. q. 
88. oit. 2; y San Agustín Qucest. XLIX. in Jud. Muchos 



CAPÍTULO XI. 323 

32 Marchó después Jepbté contra los hijos de 
Ammoii para presentarles la batalla, y el Señor se 
los entregó en sus manos. 

33 Y destruyó veinte ciudades, desde Aroer 
hasta entrar en Mennith, y hasta Abel, circuida de 
viñas, causando grandísimo estrago : con lo que 
los hijos de Ammon fueron humillados por los 
hijos de Israel, 

34 Pero al volver Jephté á su casa en Maspha, 
su hija única, pues no tenia otros hijos, salió á 
recibirle con panderos y danzas. 

35 A cuya vista rasgó sus vestidos, y dijo : 
¡ Ay de mi, hija mia ! tú me has engañado ' , y tú 
misma has sido engañada ; porque yo he hecho un 
voto al Señor ^, y no podré dejar de cumplirle. 

36 Al cual respondió ella : Padre mió, si has 
dado al Señor tu palabra, haz de mi lo que pro- 
metiste, ya que te ha concedido la gracia de ven- 
garte de tus enemigos y vencerlos. 

37 Dijo después á su padre : Otórgame esto 
solo, que te suplico ; y es , que me dejes ir dos 
meses por los montes á llorar mi virginidad con 
mis compañeras. 

38 Respondióle Jephté : Vete enhorabuena ; y 

creen que el voto solamente fue de consagrar su hija al ser- 
vicio del Tabernáculo, á lo cual era consiguiente el no po- 
derse casar. — Véase Holocausto. 

1 O burlado mi esperanza. 

2 De ofrecer lo primero de mi casa que se me presenta- 
re. 



324 LIBRO DE LOS JUECES, 

déjela ir por dos meses. Habiéndose pues ido con 
sus compañeras y amigas, lloraba en los montes 
su virginidad. 

39 Acabados los dos meses volvióse á su padre, 
que cumplió en su hija lo que habia votado : la 
cual era, y se quedó virgen '. De allí vino la cos- 
tumbre en Israel, que después se ha conservado 
siempre , 

40 de juntarse las hijas de Israel una vez al año, 
á llorar á la hija de Jephté Galaadita por espacio 
de cuatro dias. 



CAPITULO XII. 



Sedición de los de Ephraim castigada por Jephté. Muere 
éste, y le succeden Abesan, Ahialon , y Abdon. 

1 Y sucedió que se amotinaron los de Ephraim ; 
los cuales pasando acia el Norte, fueron á decir á 
Jephté : ¿ Cómo yendo tú á pelear contra los am- 
monitas, no quisiste convocarnos para que fué- 
ramos contigo ? Por este desaire vamos á quemar 
tu casa^. 

2 Respondióles él : Mi pueblo y yo teníamos 

1 El texto hebreo \i;^'^ ny!''"í<^ N*Tl^ P"ede tra- 
ducirse : Por tanto ella no conoció varón. 

2 Una semejante queja délos ephraimitas contra Gedeon 
se ha visto en el cap. VIIT. v. 1. Sentían aquellos que la 
tribu de Manassés, de que era Jephté, aumentase tanto su 
reputación. 



CAPÍTULO XII. 325 

una gran contienda con los hijos de Ammon : os 
llamé para que me dieseis socorro, y no quisisteis 
liacerlo. 

3 Viendo eso me expuse" al peligro, y salí con 
poquísima gente contra los hijos de Ammon, y el 
Señor los entregó en mis manos : ¿ por dónde pues 
he merecido yo que os levantéis contra mí para 
hacerme la guerra? 

¡ 4 Por lo cual Jephté reunió á sí á todos los 
varones de Galaad, y peleó ó se defendió contra 
Ephraim. Y derrotaron los galaaditas á los de 
Ephraim, que decian' : Galaad es un fugitivo de 
Ephraim, que no puede escapar, pues habita en 
medio de Ephraim y de Manassés. 

5 Ocuparon también los galaaditas los vados del 
Jordán, por donde habian de pasar á la vuelta los 
de Ephraim. Y cuando llegaba allí alguno de los 
fugitivos de Ephraim y les decia : Os ruego que 
me dejéis pasar ; le preguntaban los galaaditas : 
¿No eres tú Ephratheo? Y respondiendo él: No 
lo soy ; 

6 replicábanle : Pues di Schibboleth ( que sig- 
nifica espiga^). Mas él pronunciaba Sibboleth ; 
porque no podia expresar el nombre de la espiga 

1 Mofándose de Jephté y de su pueblo. 

2 Se ve que los de Ephraim pronunciaban esta palabra 
como si la primera letra fuese un simple ]^, ó s; y no un ]¿,' 
ó sch, como pronunciaban los galaaditas. La misma dificul- 
tad tiene un catalán en pronunciar Zaragoza, pues dice 
üaragosa, como los valencianos^ etc. 

28 



326 LIBRO DE LOS JUECES. 

con las mismas letras. Y al punto asiendo de él, le 
degollaban en el mismo paso del Jordán. De suerte 
que perecieron en la guerra de aquel tiempo cua- 
renta y dos mil hombres de Ephraim. 
— 7 Murió Jephté, galaadita, después de haber 
juzgado ó gobernado á Israel seis años, y fue se- 
pultado en su ciudad de Galaad. 

8 Después de esto fue Juez de Israel, Abesan, 
natural de Bethlehera ; 

9 el cual tuvo treinta hijos, y otras tantas hijas, 
las que casó enviándolas fuera de su casa ófamiliaf 
y trajo á ella igual número de mugeres que tomó 
para sus hijos. Este juzgó á Israel siete años ; 

10 y murió y fue sepultado en Bethlehem. 

11 Le succedió Ahialon, zabulonila, que gobernó 
á Israel diez años; 

12 y murió y fue sepultado en ' Zabulón. ' 

13 Después de éste fue Juez de Israel Abdon; 
hijo de Hiél de Pharathon , 

14 que tuvo cuarenta hijos, y de estos treinta 
nietos, que montaban sobre setenta pollinos ^ , y 
juzgó á Israel ocho años. 

15 Y murió y fue sepultado en Pharathon en la 
tierra de Ephraim, en el monte Amalee. 



1 En Ahialon, ciudad de su tribu. 

2 Puede traducirse : machos ó mulos. Véase antes c. 
X. V. 4., y téngase presente la diversidad de tiempos y de 
costumbres. 



•¿'¿1 



CAPÍTULO XIII. 



Los üraelilas recaen en la idolatría, y son dominados i)or 
los philistheos. Nacimiento de Samson, anunciado por un 
ángel: circunstancias muy notables. 

1 Mas los hijos de Israel cometieron nueva- 
mente la maldad ante los ojos del Señor ; el cual 
los entregó en manos de los philistheos por cua- 
renta años. 

2 En esta sazón habia un hombre natural de 
Saraa y de la tribu de Dan, llamado Manué, cuya 
muger era estéril. 

3 A la cual se apareció el ángel del Señor, y le 
dijo : Tú eres estéril, y sin hijos : pero concebirás, 
y parirás un hijo. 

4 Mira, pues, que no bebas vino, ni sidra, ni 
comas cosa alguna inmunda : 

5 porque has de concebir y parir un hijo, á 
cuya cabeza no tocará navaja ; pues ha de ser 
nazareo ó consagrado á Dios, desde su infancia, y 
desde el vientre de su madre ; y él ha de comen- 
zar á libertar á Israel del poder de los philistheos. 

6 Ella fue á contárselo á su marido, diciendo : 
Un varón de Dios ha venido á mí, el cual tenia 
rostro de ángel, sumamente respetable, á quien 
preguntando yo quién era, de dónde venia, y 
cómo se llamaba, no ha querido decírmelo : 

7 solamente me ha respondido : Sábete que 
concebirás , y parirás un hijo : mira que no bebas 



328 LIBRO DE LOS JUECES. 

vino ni sidra, ni comas cosa alguna inmunda : por 
cuanto el niño ha de ser nazareo ó consagrado á 
Dios desde su infancia, desde el vientre de su 
madre basta el dia de su muerte. 

8 Oró pues Manué al Señor, y dijo : Ruégote, 
Señor, que aquel varón de Dios que enviaste, 
vuelva otra vez, y nos enseñe qué debemos hacer 
con el niño que nacerá. 

9 Y otorgó el Señor la súplica de Manué, y se 
apareció segunda vez el ángel del Señor á su es- 
posa^ estando sentada en el campo. Pero no estaba 
con ella su marido Manué. Y al ver ella al ángel, 

10 corrió apresurada á avisar á su marido, y le 
dijo : Mira que se me ha aparecido aquel persona- 
ge que habia visto antes. 

1 1 Levantóse Manué , y siguió á su muger : y 
llegándose á dicho personage, díjole : ¿Eres tú el 
el que hablaste á mi muger? Respondió él : Yo 

soy. 

12 Díjole Manué : Cuando se verifique tu pro- 
mesa , ¿ qué quieres que haga el niño ? ¿ ó de qué 
deberá abstenerse ? 

13 Respondió el ángel del Señor á Manué : 
Absténgase de todo cuanto dije á tu muger : 

14 esto es, no coma nada de lo que nace de la 
vid : no beba vino ni sidra ' ni coma cosa inmunda : 
en suma , que cumpla y guarde lo que le tengo 
mandado. 

1 O licor que pueda embriagar. 



CAPÍTULO Xlll. 329 

i 5 Dijo entonces Manué ' al ángel del Señor : 
Ruégote condesciendas con mis súplicas, y que te 
aderezemos un cabrito. 

16 Respondióle el ángel : Por mas que me 
instes, no probaré tu comida : pero si quieres ha- 
cer un holocausto , ofrécesele al Señor. Y es que 
no sabia Manué que fuese un ángel del Señor. 

17 Y asi le dijo : ¿Cuál es tu nombre , para 
que , cumplida que sea tu promesa , te demos las 



gracias ? 



18 Al cual respondió él : ¿Por qué me pre- 
guntas mi nombre , siendo como es admirable ó 

. misterioso ? 

19 Tomó pues Manué un cabrito y las libaciones 
V correspondientes , y le puso sobre una piedra , 

ofreciéndosele al Señor, que obra maravillas. En- 
tretanto él y su muger estaban ala mira; 

20 y al subir la llama del altar acia el cielo, su- 
bióse también con ella el án^el del Señor. Lo 
cual visto por Manué y su muger, se postraron en 
tierra sobre su rostro ; 

21 y no vieron mas al ángel del Señor : con lo 
que al instante conoció Manué ser aquel un ángel 
del Señor, 

22 y dijo á su muger : Moriremos luego , pues 
que hemos visto á Dios -. 

23 Respondióle la muger : Si el Señor quisiera 



1 Manué no conocía .jue fuese un Ángel, 
á Véase Cap. VI. v. 22. 



330 LIBRO DEL LOS JUECES. 

matarnos, no hubiera recibido de nuestras manos 
el holocausto y las -libaciones, ni mostrádonos to- 
das estas cosas, ni predíchonos lo venidero. 

24 Parió pues ella un hijo, y púsole por nom- 
bre Samson ; y el niño creció, y el Señor le ben- 
dijo. 

25 Y el espíritu del Señor empezó á manifes- 
tarse en él, cuando estaba en los campamentos de 
Dan ' , entre Saraa y Esthaol. 



CAPÍTULO XIV. 



Cásase Samson con una phüisthea : enigma que propuso á 
sus compañeros á quienes le descifró su esposa. 

1 Con el tiempo Samson bajó á Thamnatha ; y 
viendo allí una muger de las hijas de los philis- 
theos , 

2 volvióse y habló á su padre y á su madre, di- 
ciendo : He visto en Thamnatha una muger entre 
las hijas de los philistheos ^ ; la que os ruego que 
me la toméis por esposa. 

3 Dijéronle su padre y su madre : Pues qué 
¿no hay muger es entre las hijas de tus hermanos,^ 



1 Véase Jud, XVIII. r. 11. 

2 Samson busca para esposa á una phüisthea contra la 
expresa prohibición de Dios. {Deul. Vil. r. 3 ) Pero casi 
todos los Expositores creen que no pecó en eso, suponien- 
do que lo hizo por especial instinto del cielo, como parece 
se indica en el verso 4. 



( 



CAPÍTULO XIV. 331 

y en todo nuestro pueblo, que quieres tomar es- 
posa de la nación philisthea , gente incircuncisa ? 
Dijo Samson á su padre : Pide á esta para esposa 
mia : pues me ha caido en gracia. 

4 Mas sus padres no sabian ser cosa dispuesta 
por el Señor ; y que Samson buscaba ocasión de 
dar contra los philistheos : por cuanto en aquel 
tiempo los philistheos dominaban sobre Israel. 

5 Bajó pues Samson con su padre y madre á 
Thamnatha ; y al llegar á las viñas de la ciudad , 
se dejó ver un león cachorro, feroz y rugiendo, el 
cual arremetió contra él. 

6 Mas el espíritu del Señor entró en Samson, y 
despedazó éste al león haciéndole trizas , como si 
hubiese sido un cabrito ; y eso que no tenia arma 
alguna en la mano ' : mas no quiso manifestar nada 
de esto al padre, ni á la madre. 

7 Bajó pues con ellos d Thamnatha^ y habló con 
la muger que le habia caido tan en gracia. 

8 Pasado algún tiempo volviendo para casarse 
con ella "^^ apartóse del camino para ver el cuer- 
po muerto del león , y he aquí que encontró en 



i De estas palabras se infiere que la extraordinaria fuer- 
za de Samson era milagrosa, y sobrenatural : no obstante 
que Dios la hacia depender del cabello, y del nazareato. 
— V^éase Dios. 

2 Solían los hebreos hacer mediar bastante tiempo entre 
la promesa del matrimomo , y el dia de la boda. — Véase 
Malrimonio. 



332 LIBRO DE LOS JUECES. 

SU boca un enjambre de abejas, y un panal de 
miel ' ; 

9 el que habiendo cogido con las manos, se le 
iba comiendo por el camino; y volviendo á unirse 
con su padre y su madre les dio parte de él , y 
comieron ellos también ; mas no quiso descubrirles 
que habia tomado la miel de la boca del león. 

10 En fin fue su padre á casa de la muger , y 
dispuso un convite para su hijo Samson : que tal 
era la costumbre de los jóvenes novios. 

11 Habiéndole visitado los vecinos del lugar, 
diéronle treinta compañeros ^ para que le obse- 
quiasen ^ ; 

12 á los cuales dijo Samson : Voy á proponeros 
un enigma '^ , que si me le descifráis dentro de 
estos siete dias del convite , os daré treinta vesti- 
dos ^, y otras tantas túnicas : 

13 pero si no pudiereis acertar, me daréis vos- 
otros á mí los treinta vestidos , y las treinta tú- 

1 Ed Herodoto se cuenta también que las abejas habían 
hecho miel en el cráneo vacío de Onesillo rey de Chipre. 
Lib. V. 114, 145. — Véase Plinto Lib. XI. v. 20. — X. 
ü. 18. 

2 En el Evangelio estos compañeros son llamados amigos 
del esposo : también á la novia se le daban algunas jóvenes 
peira compañía durante los dias de la boda. — Véase Ma- 
triinonio. 

3 Durante los siete dias de la boda. 

4 El uso de los enigmas era muy común entre los egyp- 
cios y otros pueblos antiguos. 

5 Véase Sábanas. 



CAPÍTULO XIV. 333 

nicas. Respondiéronle ellos : Propon el enigma, 
para que nos enteremos. 

14 Díjoles pues : Del devorador salió manjar; 
y del fuerte salió dulzura '. En tres dias no pu- 
dieron desatar el enigma ^. 

15 Mas cuando instaba ya el dia séptimo, dije- 
ron á la muger de Samson : Acaricia á tu esposo 
y persuádele que te descubra la significación del 
enigma : que si no lo haces , te quemaremos á tí 
y la casa de tu padre : por ventura ¿ nos habéis 
convidado á las bodas , para dejarnos en cue- 
ros ? 

16 Ella pues no cesaba de llorar delante de 
Samson , y se le quejaba diciendo : Tú me has 
aborrecido : no me amas ; y por eso no quieres 
declararme el enigma que propusiste á los jóvenes 
de mi pueblo. A lo que respondió : No quise de- 
círselo á mi padre, ni á mi madre, y quieres que 
te lo diga á tí ? 

17 Ella, no obstante, proseguía llorando delante 
de su esposo los siete dias del convite ; y al fin el 
séptimo dia, importunándole mas y mas, le declaró 
Samson el enigma ; y ella inmediatamente le des- 
cubrió á sus paisanos. 

1 San Agustia {Serm. CVII. de temp.) dice que con 
esta expresión se denota misteriosamente á Jesu-Christo 
salido del devorador, esto es, de la muerte, siendo el Señor 
el manjar, ó pan bajado del cielo. 

2 Y comenzaron 3 "ogar á la novia que procurase ave- 
riguarlo. 



334 LIBRO DE LOS JUECES. 

18 Estos pues el mismo dia séptimo , antes de 
ponerse el sol, le dijeron : ¿Qué cosa mas dulce 
que la miel ; ni quién mas fuerte que el león ? 
Respondióles Samson : Si no hubieseis arado con 
mi novilla % no descifrarais mi enigma. 

19 Apoderóse de él después el espíritu del Se- 
ñor , y fuese á Ascalon , donde mató treinta hom- 
bres ; y quitándoles los vestidos , se los dio á los 
que descifraron el enigma. Y enojado sobrema- 
nera ^, volvióse á la casa de su padre. 

20 Entretanto su muger , creyéndose abandona- 
da, tomó por marido á uno de los amigos y com- 
pañeros de Samson en las bodas. 

CAPÍTULO XV. 

Quema Samson los trigos de los philistheos ; mata mil de 
ellos con la quijada de im Jumento, 

1 Pasado algún tiempo, acercándose ya la siega 
de los trigos, fue Samson con deseo de visitar á su 
muger , y llevóle un cabrito de leche. Pero al 
querer entrar en su aposento , como acostumbra- 
ba, el padre de ella se lo impidió , diciendo : 

2 Yo creí que la habíais aborrecido, y por eso 
la di á un amigo tuyo ; pero tiene una hermana 

1 Esto es 5 á DO haberos valido de mi débil y tímida 
esposa. 

2 Por la deslealtad de su esposa , y mala fe de los jóve- 
nes. 



CAPÍTULO XV. 335 

mas joven y mas hermosa -. tómala por muger en 
lugar de la otra. 

3 Respondióle Samson : De hoy mas no tendrán 
motivo de quejarse de mi los philistlieos , si les 
pago todo el daño que me han hecho '. 

4 Marchóse pues y cogió trescientas raposas ^, 
y atólas apareadas cola con cola , ligando teas en 
medio ; 

5 Las cuales encendidas, soltó las raposas á fin 
de que corriesen por todas partes. Metiéronse 
luego por entre las mieses de los philistheos ; é 
incendiadas estas , se quemaron asi las mieses ya 
hacinadas como las que estaban por segar ; exten- 
diéndose tanto la llama, que abrasó hasta las viñas 
y los olivares. 

6 Y dijeron los philistheos : ¿Quién ha hecho 
esto? Respondióseles : Samson, yerno del Tham- 
natheo, es el que lo ha hecho, porque su suegro le 
quitó su muger y se la dio á otro. Oido esto, vi- 
nieron los philistheos y quemaron á la muger y á 
su padre. 

7 Díjoles Samson : Aunque habéis ejecutado 
esto % no obstante he de tomar yo otra venganza 
de vosotros , después de la cual me daré por sa- 
tisfecho. 



1 Quitándome mi mnger. 
i[ 2 De que abunda muchísimo la Palestina ; y para lo cual 
le ayudarían otros. Thren. V. r. 18, — Ezech. XIII. 
V. 4. 
' 3 Como para darme satisfacción. 



336 LIBRO DE LOS JUFXES. 

8 Hizo, pues, gran destrozo en ellos : de mane- 
ra que atónitos se quedaban sentados puesta una 
pierna sobre otra si7i saber qué hacerse. Después 
de lo cual, retirándose Samson, habitó en la cueva 
de la peña de Etara. 

9 Entretanto los phillstheos entrando por la 
tierra de Judá, acamparon en un lugar, que des- 
pués se llamó Leclii , esto es, Quijada, donde fue 
derrotado su ejército. 

10 Y los de la tribu de Judá les preguntaron : 
¿Por qué motivo venis contra nosotros? Respon- 
dieron ellos : Venimos para llevarnos atado á 
Samson, y retornarle el mal que nos ha hecho. 

11 Bajaron pues tres mil hombres de Judá á la 
cueva de la peña de Etam ; y dijeron á Samson : 
¿No sabes que estamos sujetos á los philistheos? 
¿ Cómo has osado cometer tal desafuero para nues- 
tra ruina ? A los cuales respondió : Como ellos 
hicieron conmigo, asi he hecho yo con ellos. 

12 Pues sábete, le dicen, que venimos á pren- 
derte y á entregarte atado en manos de los philis- 
theos '. Díjoles Samson : Juradme y prometedme 
que no me matareis. 

13 No te mataremos, respondieron : solamente 
te entregaremos atado. Atáronle pues con dos 
cuerdas nuevas , y le sacaron de la peña de E- 
tam. 

14 Llegado que hubo al lugar que después se 

1 Los cuales exigen de nosotros esta satisfacción. 



tAPÍTULO XV. 337 

llamó Quijada, saliéndole á recibir los jjhilistheos 
con grande algazara, se apoderó de él el espíritu 
del Señor ; y como se consume el lino al sentir el 
íuego, asi en un mutnento rompió y deshizo Sarason 
las ligaduras con que estaba atado. 

15 Y hallando á mano en el suelo una quijada 
ó mandíbula de asno , agarróla , y niató después 
con ella mil hombres ' . 

16 Con cuyo motivo dijo : Con una quijada de 
asno los enemigos destrocé : con la mandíbula de 
un asno á mil hombres maté. 

17 Y acabando de cantar estas palabras, arrojó 
de su mano la quijada y llamó aquel sitio Ramath 
-lechi, que quiere decir : Elevación de la qui- 
jada. 

18 Y acosado en extremo de la sed , clamó al 
Señor, y dijo : Tú eres el que has salvado y con- 
cedido por medio de tu siervo tan gran victoria; 
pero he aquí que me muero de sed , y asi vendré 
á caer en manos de los incircuncisos. 

19 El Señor entonces abrió una fuente por entre 
una muela de' la quijada del asno , y brotaron 
aguas de ella ^ : de las que habiendo bebido, re- 

1 Ayudado de sus gentes, esto es.entre él y sus soldados. 
— Véase Hebraísmos, 

2 La fuente salía de tierra; pero brotaba por en medio 
de la quijada, junto al diente molar. Según el hebreo puede 
también traducirse : Y el Señor hizo brotar en Lechí una 
fuente etc. V. 9. — Joseph. Antiq. lib. F. cap. W. Puede 
también muela significar aqyú peña. — Véa.se Diente, 

29 



838 LIBRO DE LOS JUECES. 

fociló SU espíritu , y recobró las fuerzas. Por eso 
es llamado aquel lugar basta boy, Fuente del que 
invocó d Dios en Lecbí. 

20 Y Samson , elegido juez , gobernó á Israel 
veinte años en tiempo de las guerras de los pbilis- 
tbeos. 

CAPITULO XVI. 

Safe Samson de Gaza, arrcencando y llevándose las puertas 
de la ciudad. Descubre Dálila el secreto de las fuerzas de 
Samson ; los ¡^hilistheos le sacan los ojos, destituido yn de 
sus fuerzas ; pero las recobra, y muere matando millares 
de enemigos. 

1 Fue después Samson á Gaza donde vio una 
muger ' pública , y entró en su casa : 

2 lo que sabiendo los pbilistbeos , y propalán- 
dose entre ellos que Samson babla entrado en la 
ciudad , cercaron la casa , y pusieron centinelas á 
la puerta de la ciudad,, y estuvieron en acecbo to- 
da la noche , con el fin de matarle por la mañana 
al tiempo de salir. 

3 Samson durmió basta la media nocbe ; y en- 
tonces levantándose fue y arrancó las dosbojas de 
la puerta de la ciudad con sus pilares y cerrojos ó 



1 La palabra hebrea ¡^3"^^ , que corresponde á la latina 
meretri.x: eu la Vulgata, puede venir de la voz zun, alimen- 
var, y significar una mesotiera, ó posadera. Véase Cor. XI. 
.l,y Josué II. V. 1. 



CAPlTUtO XVI. 339 

barras , y ecliándoselas á cuestas, llevulus á la ci- 
ma del Jiionte que mira acia Hebron ', 

4 Después de esto enamoróse de una mu^er 
que habitaba en el valle Sorec , llamada Dá- 
lila ^ 

5 Vinieron luego á ella los príncipes de los phi- 
listheos , y le dijeron : Engáñale con caricias, y 
averigua de él de dónde le viene tan gran fuerza , 
y cómo le podremos sojuzgar para castigarle des- 
pués de atado : que si lo consiguieres, te daremos 
cada uno rail y cien sidos de plata'. 

6 En vista de esto Dálila hai)ló asi á Samsoii : 
Dime por tu vida : ¿ en qué consiste tu grandísima 
fuerza, y cuál es la cosa con que atado no podrías 
escaparte ? 

7 Respondióle Samson : Si me ataren con siete 
cuerdas de nervios recientes y todavía húmedos , 
quedaré sin fuerzas como los deraajs hombres. 

8 Lleváronla pues los príncipes de los phihs- 
theos siete cordeles , como habia dicho , con los 
cuales ella le ató : 

1 A unas dos leguas de distaucia. — Samson, abriendo á 
media noche las puertas de la ciudad, y librándose de las 
manos de sus enemigos, y déla muerte, fue en esto una bella 
figura de Christo en suTesurreccion gloriosa. Véase -S. Hier. 
iíi cap. I. Ephes. — S. Aiigust. serm. CVll. de (einp.— S. 
Greg. hom. XXI. in Evamj. 

2 Del modo con que habla de esta muger ta Escritura, se 
infiere que era ima muger de mala vida, y que Samaou ja- 
mas se desposó con ella. 

3 Véase Monedas. 



340 LIBRO DE LOS JUECES. 

9 quedándose aquellos en acecho , escondidos 
en la casa , aguardando en una pieza retirada el 
fin de este suceso. Luego Dálila le gritó : Samson, 
los philistheos se echan sobre tí. Mas él rompió 
las ataduras , como cualquiera romperia un hilo 
torcido de borra de estopa , asi que le hiciera 
sentir el fuego. Con esto no se supo en qué con- 
sistia su fuerza. 

10 Entonces le dijo Dálila : Tú te has burlado 
de mí, y rae has mentido : por lo menos ahora des- 
cúbreme con qué debieras ser atado. 

11 Respondióle : Si me ataren con cuerdas 
nuevas , que nunca hayan servido , quedaré débil 
y semejante á los demás hombres. 

12 Atóle por consiguiente Dálila con ellas; y 
preparadas en el aposento las asechanzas , gritó : 
Samson , los philistheos se echan sobre tí. Mas él 
rompió las ligaduras como hilachas de tela. 

13 Díjole Dálila otra vez : ¿Hasta cuándo me 
has de engañar y mentir? Declárame ya con qué 
debes ser atado. Respondióle Samson : Si entre- 
tejes mis siete trenzas de cabellos con los lizos de 
la tela, y revueltas á un clavo, hincas este en tier- 
ra', quedaré sin fuerzas ^. 

1 Puede traducirse : Si las siete trenzas de mis cabellos 
las tejieres con los lizos ó trama de la tela, y rodeándolas a- 
tadas á %in clítvo, hincares este en tierra. 

2 Es necesario suponer que Samson estaba sentado en 
tierra, y Dálila tejiendo su tela : antiguamente se tejía es- 
tando en pie, tendida la urdimbre de arriba á bajo: asi se 



CAPITULO XVI. 341 

14 Lo cual después que ejecutó Dálila, gritóle : 
Samson , los phiiistheos se echan sobre tí. Mas él 
dispertando del sueño arrancó el clavo junta- 
mente con las trenzas de cabellos y los lizos de la 
tela. 

15 Díjole entonces Dálila : ¿Cómo puedes de- 
cir que me amas; cuando tu corazón no está uni- 
do conmigo ? Por tres veces me has mentido , no 
queriendo decirme en qué consiste tu grandísima 
fuerza. 

16 Como pues le importunase, y estuviese con- 
tinuamente al rededor de él por muchos dias sin 
dejarle respirar un punto , desmayó el ánimo de 
Samson, y cayó en un mortal abatimiento '. 

17 Entonces descubriéndole la verdad, la dijo : 
Nunca jamas ha pasado la navaja por mi cabeza ; 
porque yo soy nazareo , esto es , consagrado á 
Dios desde el vientre de mi madre : si fuere ra- 
pada mi cabeza, se retirará de mí la fortaleza mia, 
y perderé las fuerzas , y seré como los demás 
hombres. 

18 Viendo Dálila que le habia manifestado todo 

^^— .1 ■ .. .-■■ — — ■- -- - ■ - — ■ - ■■ — « 

entenderá como ella pudo entretejer ó enlazar en su tela 
los cabellos de Samson. 

1 Por un lado no quería Samson dejar la amistad con la 
utuger, aunque por otro conocía que no debía fiarse de ella. 
Asi, combatido de contrarías ideas, cedió por fin á la ten- 
tación, dejándonos un terrible ejemplo de cuánto importa 
uo familiarizarnos con esta especie de enemigos ; sino huir 
de ellos con tiempo. 



342 LIBRO DE LOS JUECES. 

SU corazón , envió á decir á los príncipes de los 
pbilistheos : Venid aun por esta vez , porque ya 
me ha descubierto su corazón : los cuales fueron, 
llevando consigo el dinero que prometieron. 

19 Y ella habiéndole hecho dormir ' sobre sus 
rodillas, y reclinar la cabeza en su regazo, llamó 
á un barbero que le cortó á Samson las siete gue- 
dejas de su cabello. Y después comenzó Dálüa 
á rempujarle y echarle de sí ; pues al punto le 
desamparó la fuerza : 

20 y díjole en seguida : Samson , los pbilis- 
theos se echaíí sobre tí. El cual dispertando del 
sueño, dijo en su interior : Saldré como hice an- 
tes, y me desembarazaré de ellos ; no conociendo 
ó advirliendo que el Señor se habia retirado de él. 

21 Asi pues habiéndole prendido los pbilistheos 
le sacaron luego los ojos ^, y amarrado con ca- 
denas le condujeron á Gaza, donde encerrado en 
una cárcel , le hicieron que moliese , moviendo la 
rueda de una tahona '. 

22 Ya hablan comenzado á crecerle los cabellos, 

23 cuando los príncipes de los phiUstheos se 



1 Algunos creen que le dio algún dormitivo : otros que 
ie hizo beber vino, contra el voto que hacían los nazarees. 

2 A los condenados á semejante trabajo , el mas vil y 
humillante entre aquellas naciones, se les sacaban los ojos, 
para que los vértigos no les impidiesen el ti abajo. 

3 En la prisión es de creer que Samson lloró sus pecados, 
y que reconciliado con Dios habia merecido recobrar los 
dones y privilegios que tenia antes. 



CArÍTULo XVI. . 343 

juntaron todos para ofrecer sacrificios solemnes á 
su dios Dagon , y celebrar banquetes, diciendo : 
nuestro dios nos ba puesío en las manos á Samsou 
nuestro enemigo. 

24 Lo c|ue viendo el pueblo , alababa también 
á su dios y repetia lo mismo : Nuestro dios nos 
lia puesto en las manos á nuestro enemigo , que 
ha asolado nuestra tierra y matado muchísimos de 
gus habitantes. 

25 Y dtándose mutuamente alegres parabienes^ 
después de bien comidos y bebidos dieron orden 
de que fuese conducido allí Samson para diver- 
tirse burlándose de él. El cual sacado de la cár- 
cel , fue para ellos objeto de diversión : y le hi- 
cieron quedar en pie entre dos columnas. 

26 Entonces dijo al muchacho que le guiaba : 
Déjame tocar las columnas que sostienen todo 
este edificio, para recostarme sobre ellas, á fin de 
descansar un poquito. 

27 Es de advertir que el edificio estaba lleno 
de hombres y mugeres ; y se hallaban allí todos 
los príncipes de los philistheos, y cercado tres mil 
persoMas de ambos sexos , mirando desde las azo- 
teas y techos del edificio las burbs que se hacian 
á Samson. 

28 Pero él invocando al Señor , dijo ' : ; Oh 



1 El honor de Dios , vilipendiado en la persoua de Sam- 
son , Juez del pueblo de Israel , parece que exigía uu cas- 
íigo severo en los philistheos^ que se gloriarían ya del poder 



344 LIBRO DE LOS JUECES. 

Señor Dios ! acuérdate de mí : y restitúverae 
ahora, oh Dios mió, mi anterior fuerza j3ara ven- 
garme de mis enemigos , y hacerles pagar de una 
sola vez el haberme privado de mis dos ojos. 

29 Y agarrando las dos columnas en que estri- 
baba el edificio , una con la derecha y otra con la 
izquierda , 

30 dijo : Muera aquí Samson con los philis- 
theos. Sacudidas fuertemente las columnas , cay^ 
el edificio sobre todos los príncipes , y la demás 
gente que allí había. De esta manera Samson 
mató muchos mas en su muerte que antes habia 
matado en vida. 

de su Ídolo Dagon sobre el Dios de los judíos. El sacrificio 
que, inspirado seguramente el Cielo, hizo Samson de su 
propia vida , es celebrado con grandes elogios por los san- 
tos Padres. Véase S. Agustio de Civ. Dei c. XXI. — 
XXVI. , y contra Gaudent. lib. XI. Fae Samson en mu- 
chas cosas de su vida figura de nuestro Salvador Jesu- 
Christo. El nacimiento de Samson fue predicho por un 
ángel, y primeramente á su madre, como sucedió con el 
de Jesu-Christo : Samson quiere decir Pequeño Sol, y 
Jesu-Christo se llama Sol de Justicia : Samson fue Na- 
zareo , Salvador , y Juez ó Gobernador del pueblo de Is- 
rael , títulos que convienen á Jesu-Christo , y fueron pre- 
dichos por los profetas. Samson se desposó con una ex- 
tranjera; y Jesu-Christo unió á si la Iglesia de las nacio- 
nes. Las victorias de Samson sobre los philistheos anuncia- 
ban el triunfo del Mesías sobre el infierno; y los trabajos 
y vilipendios que después sufrió Samson , los que padeció 
Jesús. Se cree que los prodigios da Samson, divulgados en- 
tre los gentiles , dieron ocasión á que después se formara 
entre estoa la fábula de Hércules. 



CAPÍTULO XVII. 345 

31 Después acudiendo sus hennanos con toda 
la parentela , tomaron su cuerpo , y le colocaron 
entre Saraa y fclsthaol en el sepulcro de su padre 
Manué. Fue juez de Israel veinte años. 



CAPITULO XVII. 



Ido b de Michas, que poco después de muerto Josué' , fne 
ocasión de la idolatría de Israel en ta tierra de Chíinaan. 

1 Hubo en aquel tiempo ' un hombre de la 
montaña de Ephraim , llamado Michas ; 

2 el cual dijo á su madre : Los mil y cien si- 
dos de plata que habias apartado para tí, y acerca 
de los cuales jurabas, estando yo presente , que te 
los había hurtado , sábete que yo los tengo , y que 
están en mi poder. Respondióle ella : Colme el 
Señor á mi hijo de bendiciones. 

3 Volvió pues Michas á su madre los sidos de 
plata. Y ella le dijo : Consag-ré y ofrecí con voto 
al Señor esta plata, para que recibiéndola mi hijo 

1 Esto es , en el de que se habla en el cap. L v. 34 y 
35. Los hechos que se refieren en los capítulos siguientes , 
es muy probable que sucedieron después de la muerte de 
Josué , y de los ancianos , poco antes de ser elegido Juez 
de Israel Othouiel. El sagrado Escritor los puso al fin del 
libro, para iK) interrumpir con este largo razonamiento la 
historia de los Jueces. De este lugar aparece que después 
de la muerte de Josué se habia introducido la idolatría en 
el pueblo de Israel. 



346 LIBRO DE LOS JUECES. 

de mi mano , haga una imagen de talla y de fun- 
dición ; y por lo mismo ahora tela entrego. 

4 Luego que Michas restituyo á su madre la 
plata , separó ella doscientas monedas de plata , 
y dióselas á un platero para que hiciera de ellas 
una imagen de talla y fundición , que se colocó 
en la casa de Duchas : 

5 el cual asimismo dedicó en ella una capillita 
á Dios % é hizo Ephod y Theraphim ^, esto es, un 
vestido ó aparato sacerdotal , é ídolos ; y consa- 
gro las manos de uno de sus hijos ; el cual quedó 
hecho sacerdote suyo. 

6 En aquellos dias no habia rey o mayinlrado 
supremo en Israel ; sino que cada cual practicaba 
lo que le parecia mejor. 

7 Hubo también en este tiempo otro joven ^ , 
natural de Bethlehem de Judá , de esta misma 
estirpe de Judá por parte de madre : el cual era de 
la tribu de Levi , y tenia allí su habitación. 

8 Pero dejando la ciudad de Bethlehem , quiso 
mudarse á otra parte donde hallase mejor su con- 
veniencia. Y como siguiendo su camino hubiese 



1 Para dios y los ídolos que adoraban él y su madre. 
Erigir un pequeño templo, hacer vestiduras sacerdotaleSj 
y constituir en sacerdote á un lego , todo esto era contra- 
venir ala Ley, é incompatible con el culto del verdadero 
Dios. 

2 Véase Ephod. 

3 Llamado Jonatham. 



CAPÍTULO xviir. 347 

llegado á la montaña de Ephraim , y desviádose 
nn poco acia la casa de Michas > 

9 le preguntó éste de donde venia. A lo que 
respondió : Yo soy un levita de Bethlehem de Ju- 
dá , y voy á establecerme en donde pudiere , y 
viere que me tiene mas cuenta. 

10 Díjole Michas : Quédate en mi casa, y me 
servirías de padre ' y sacerdote , y te daré todos 
los años diez sidos de plata , dos vestidos , y el 
sustento necesario. 

11 Condescendió y quedóse en casa de Du- 
chas ^ , quien le trató como á uno de sus hijos. 

12 Y Michas le consagró las manos ; y tuvo en 
su casa á este joven en calidad de sacerdote , 

13 diciendo : Ahora estoy cierto que Dios me 
hará bien, pues tengo conmigo un sacerdote del 
linage de Leví '. 

CAPÍTULO XVUI. 

Seiscientos hombres de la tribu de Dan, que iban á buscar 
terreno para establecerse, roban á Michas el ídolo y el sa- 
cerdote. Se apoderan de la ciudad de Lais, y colocan allí 
elídalo. 

1 En aquellos dias no habia rey , ó supremo 

1 Véase Padre. 

2 El levita, pobre y necesitado, aceptó la oferta de 
Michas, y siendo un simple levita se puso á hacer de sa- 
cerdote. 

3 Se ve que Michas juntaba ciertas prácticas de idolatría 
con éPcnlto del Dios verdadero. 



348 LIBRO DE LOS JUECES. 

magistrado en Israel , y la tribu de Dan andaba 
buscando mas tierra donde liabitar ; porque hasta 
entonces no habia podido ponerse en posesión de 
toda la que le habia tocado por suerte conno á las 
demás tribus. 

2 Con esta mira los hijos de Dan despacharon 
desde Saraa y Esthaoi cinco varones muy esfor- 
zados de su linage y familia , para que recono- 
ciesen y registrasen bien el t^ú& de su suerte ^ y á\- 
jéronles : Id y reconoced la tierra. Los cuales 
puestos en camino , en llegando á la montaña de 
Ephraim , entraron en casa de Michas , y descan- 
saron allí. 

3 Y conociendo por el habla , ó acento al joven 
levita , en la casa en que estaban hospedados , 
preguntáronle: ¿Quién te ha traido acá? ¿qué 
es lo que aquí haces ? ¿ cómo es que hayas venido 
á esta tierra? 

4 El cual les respondió : Esto y esto hizo con- 
migo Michas ; y me tiene asalariado para que sea 
su sacerdote. 

5 Rogáronle entonces que consultara al Señor 
para que pudieran saber si su viage seria feliz , y 
llegaría á efectuarse su empresa. 

6 Respondióles; Id en paz; que Dios mira con bue- 
nos ojos vuestro designio, y el camhio que lleváis. 

7 Partiendo de allí los cinco exploradores , lle- 
garon á la ciudad de Lais ; y vieron que aquel 
pueblo habitaba en ella sin sombra de recelo , co- 
mo acostumbran vivir los sidonios , traquilo y so- 



tÁPÍTULO XVIÍt. :í40 

secado , sin que nadie le molestara , rico en ex- 
tremo , y distante de Sidon , y apartado de todos 
los demás hombres. 

8 Con lo que habiendo vuelto á sus hermanos 
de Saraa y Esthaol ; y preguntados sobre el re- 
sultado de su comisión , respondieron : 

9 Vamos y marchemos contra ellos ; porque 
hemos visto que es un pais muy opulento y fér- 
til : no os descuidéis ni perdáis tiempo ; vamos á 
ocuparle ; que no nos costará trabajo alguno. 

10 Entraremos en un pueblo que vive en una 
total confianza , en un pais espaciosísimo , 3' el Se- 
ñor nos entregará un territorio donde ninguna 
cosa falta de cuantas produce la tierra. 

11 Partieron pues de la tribu de Dan , esto es, 
de Saraa y Esthaol, seiscientos hombres armados 
y á punto de pelear; 

12 y caminando hicieron alto en Cariathiarim 
de la tribu de Judá : el cual lugar desde aquel 
tiempo fue llamado Campamentos de Dan , y está 
á las espaldas de Cariathiarim. 

13 Desde allí pasaron á la montaña de Ephralm; 
y llegados á la casa de Michas , 

14 aquellos cinco hombres, enviados antes á 
examinar el territorio de Lais , dijeron á los de- 
mas compañeros suyos : Ya sabéis que en esta 
casa hay Ephod y Teraphim ' y un simulacro de 
talla y de fundición : ved sobre esto lo que 
queréis hacer. 

' 1 Véase Genes. XXXI v. 19. ~ 

ToM. III. 30 



350 LIBRO DE LOS JUECES. 

15 Y apartándose un poco , entraron en la ha- 
bitación del joven levita , que vivia en casa de 
Michas, y saludáronle con palabras amistosas. 

16 Entretanto los seiscientos hombres , arma- 
dos como estaban , se pusieron ante la puerta. 

17 Pero los que habian entrado en la vivienda 
del joven se empeñaron en llevarse la estatua de 
talla , el Ephod , y los Teraphim , y la imagen 
hecha de fundición ' , mientras el sacerdote esta- 
ba en la puerta con algunos que le entretenían , y 
los seiscientos varones esforzados, aguardando no 
lejos de allí. 

18 En fin los que habian entrado se llevaron la 
estatua de talla , el Ephod , los ídolos , y la ima- 
gen de fundición , á los cuales les dijo el sacer- 
dote : ¿ Qué es lo que hacéis ? 

19 Respondiéronle : Chiten , y pon el dedo en 
tu boca ; y ven con nosotros , que te tendremos 
por padre y sacerdote. ¿ Qué es mejor para tí, 
ser sacerdote en casa de un particular , ó en toda 
una tribu y familia de Israel ? 

20 Oido lo cual , cedió á estas razones , y to- 
mando el Ephod , y los ídolos , y la estatua de 
talla , fuese con ellos. 

21 Iban ya caminando , llevando delante de sí 
los niños , y los ganados , y todo el bagage mas 
precioso , 

1 Creyendo que conduciría esto al buen éxito de la ex- 
pedición. 



CAPÍTULO XVIIÍ. 351 

22 y hallábanse ya lejos de la casa de Michas, 
cuando los hombres que moraban en casa de éste, 
alborotándose fueron tras de ellos , 

23 y comenzaron á dar gritos á sus espaldas : 
mas algunos de ellos volviéndose á mirar lo que 
era, dijeron á Michas : ¿Qué es lo que quieres? 
¿Por qué gritas ? 

24 ¿ Es bueno , respondió él , que me habéis 
robado los dioses que yo hice para mí, y al sacer- 
dote y todo cuanto tengo , y decis : ¿ Qué es lo 
que tienes ? 

25 Rephcarónle los hijos de Dan : Guárdate de 
hablarnos mas palabra sobre esto ; no sea que se 
echen sobre tí hombres llenos de indignación , y 
vengas á perecer con toda tu casa. 

26 Dicho esto, prosiguieron su caminoj y Michas 
viendo que podian mas que él , volvióse á su casa. 

27 Mas los seiscientos hombres se llevaron el 
sacerdote , y todo lo que arriba dijimos ; y lle- 
gando á Lais , hallaron aquel pueblo tranquilo y 
descuidado : y le pasaron á cuchillo * , é incen- 
diaron la ciudad , 

28 sin que nadie acudiese á socorrerla _, por 
estar lejos de Sldon , y no tener trato ni comer- 
cio con ninguna gente. Estaba situada esta ciudad 
en la comarca deRohob^ : v reedificándola, ha- 
bitaron en ella ; 

1 Véase antes cap. V^II. lo que hizo Jephtc. Véase Jo- 
sué VIL V. 2. 

2 AI pie del monte Líbrino. 



352 LIBRO DE LOS JUECES. 

•29 llamándola ciudad de Dan , del nombre de 
su padre , que fue hijo de Israel , en lugar de que 
antes se llamaba Lais. 

30 1 en ella colocaron la imagen' , y astable- 
cieron á Jonatham , hijo de Gersam , hijo de Moy- 
se's, y á sus descendientes por sacerdotes en toda 
la tribu de Dan hasta el dia de su cautiverio ^. 

31 Y permaneció entre ellos el ídolo de Michas 
todo el tiempo que estuvo en Silo la Casa ó Ta- 
bernáculo de Dios. No habia en aquel tiempo rey 
o gefe supretno en Israel*. 

CAPÍTULO XIX. 

Horrendo é inaudito insulto de bs vecinos de Gabáa contra 
un levita y su muger', y cómo excitó éste las demás tribus 
á la venganza. 

1 Hubo un cierto levita que habitaba al lado de 
la montaña de Ephraim , el cual se habia casado 
con una muger de Bethlehem de Judá. 

2 Esta muger le dejó , y volvióse á Bethlehem 
á la casa de su padre , con quien estuvo cuatro 
meses. 

• 3 Su marido , queriendo reconciliarse con ella, 
fue ú buscarla y acariciarla , para traérsela otra 
vez consigo ; y llevóse por compañía un criado con 

1 O el ídolo que habían robado á Michas. 

2 Cuando fueron vencidos por los philistheos, y toma- 
da el Arca del Testamento. 

3 Para remediar estos desúrdcues. 



, (JAFÍTULÜ XIX. 358 

(los jumentos. La muger le recibió bien , y con- 
(iújole á casa de su padre. Luego que su suegro 
tuvo noticia y llegó á divisarle , fue a su encuen- 
tro lleno de gozo , 

4 y le abrazó. El yerno permaneció en casa del 
suegro tres dias , comiendo y bebiendo con él fa- 
miliarmente. 

5 Mas al cuarto dia, levantándose antes de ama- 
necer , quiso partirse ; pero detúvole el suegro y 
le dijo : Toma primero un bocado de pan para 
adquirir fuerzas , y después partirás. 

6 Con eso se sentaron juntos , y comieron y 
bebieron. Dijo entonces el suegro á su yerno : 
Ruégote que te quedes hoy todavía aquí, y pase- 
mos el dia juntos alegremente. 

7 Pero él levantándose , se puso en acción de 
querer marcharse. Con todo , el suegro á fuerza 
de instancias le detuvo, y le hizo quedar consigo. 

8 Venida la mañana disponía el levita su viage ; 
mas el suegro le dijo otra vez : Ruégote que to- 
mes un bocado para que cobres fuerzas , y en en- 
trando mas el dia podrás emprender tu viage. 
Comieron pues juntos , 

9 y levantándose el joven para marcharse con 
su muger y el criado , el suegro le habló nueva- 
mente diciendo : Mira que el sol está ya muy in- 
clinado al ocaso , y que se acerca la noche : 
quédate también hoy conmigo , y pasa el di.i 
alegremente, que mañana partirás para volver á 
tu casa. 



354 LIBRO DE LOS JUECES. 

10 No quiso el yerno condescender á sus rue- 
gos , sino que al punto se puso en camino , y llegó 
hasta en frente de Jebus , que por otro nombre se 
llama Jerusalem , llevando consigo los dos jumen- 
tos cargados y á su muger ' . 

1 1 Ya estaba cerca de Jebus , y se acababa el 
dia : por lo que le dijo su criado : Ven por tu 
vida , torzamos el camino acia la ciudad de los 
jebuseos , y paremos en ella. 

12 Respondióle el amo : No entraré yo en po- 
blación de gente extraña , que no es de los hijos 
de Israel ^ , sino que tiraré hasta Gabáa , 

13 y en llegando allá posaremos en ella, ó á 
lo menos en la ciudad de Rama. 

14 Pasaron pues de largo la ciudad de Jebus , 
continuando su viage , y el Sol se les puso cerca 
de Gabáa, la cual está en la tribu de Benjamín; 

15 y se acogieron á ella para quedarse allí. 
Luego que entraron dirigiéronse á la plaza de la 
ciudad, donde se sentaron; y no hubo uño si- 
quiera que quisiera hospedarlos en su casa. 

16 Cuando he aquí que al anochecer apareció un 



1 La voz concubina, de que se usa en este lugar, y en o- 
tros muchos, significaba entre los hebreos una verdadera 
esposa, aunque tomada sin las solemnidades acostumbradas , 
sin señalarle dote, etc., y asi es que en el verso, 1 se lla- 
ma itxor. — Véase Matrimonio. 

2 Habíanse apoderado nuevamente de esta ciudad los je- 
buseos, que la retuvieron hasta el tiempo de David. Jad, I. 
V. 6, 7, 21. 



CAPÍTULO XIX. 355 

hombre anciano que volvía del campo y de su la- 
branza , el cual era también de la montaña de 
Ephraim , y habitaba como forastero en Gabáa j 
pues los hombres de aquel territorio eran hijos de 
Jemlni , ó benjamitas ; 

17 y levantando el anciano sus ojos vio á aquel 
hombre sentado en la plaza de la ciudad con su 
pequeño bag-age , y le preguntó : ¿De dónde vie- 
nes , y á dónde te diriges ? 

18 El cual le respondió : Venimos de Bethle- 
hem de Judá , y vamos á nuestra casa , que está 
al lado de la montaña de Ephraim , de donde ha- 
bíamos ido á Bethlehem. Y ahora pasamos á la 
Casa de Dios ' , y nadie nos quiere dar hospedage , 

19 aunque tenemos paja y heno para las bestias, 
y pan y vino para el gasto mió y de mi mugcr tu 
sierva, y del criado que viene con nosotros : 
nada nos falta sino posada. 

20 El anciano le respondió : La paz sea contigo ; 
yo te daré todo lo necesario : ruégete únicamente 
que no té detengas mas en la plaza, 

21 Con esto llevóle á su casa, y dio de comer á 
las caballerías , y después que se lavaron los pies , 
los convidó á su mesa. 

22 Estando cenando , y mientras con los man- 
jares y bebida refocilaban sus cuerpos fatigados 
del viage , vinieron unos vecinas de aquella ciudad, 



1 A Silo, doude estaba el Tabernúculo , y la Arca del 
Señor. 



356 LIBRO DE LÜS JUECES. 

hijos de Belial (esto es , sin freno ni temor de Dios)^ 
y cercando la casa del anciano , comenzaron á dar 
golpes en la puerta , gritando al dueño de la casa , 
y diciéndole : Sácanos fuera ese hombre que entró 
en tu casa , que queremos abusar de él. 

23 Y salió á ellos el anciano , y les dijo : No 
queráis , hermanos , no queráis cometer semejante 
maldad : ya que se ha hospedado este hombre en 
mi casa , desistid de semejante locura. 

24 y, como fuera de s¿ ^ añadió : Yo tengo una 
hija doncella , y este hombre tiene su muger ; os 
las sacaré fuera para que abuséis de ellas , y sa- 
ciéis vuestra pasión : solamente os ruego que no 
cometáis con un hombre ese crimen nefando y 
contra la naturaleza '. 

25 No querian ceder á sus razones : lo que visto 
por el levita , sacóles su muger y la abandonó á 
sus ultrages ; y habiendo abusado de ella toda la 
noche , la dejaron libre al venir la mañana. 

26 Entonces la muger vino al rayar el dia á la 
puerta de la casa donde estaba su señor , y allí 
se cayó muerta. 



1 Debe decirse lo mismo de esta oferta, que de la que hi- 
zo Loth. Gen. XIX. Del hebreo, y de la versión de los Se- 
tenta se infiere que el marido obligó con la fuerza á su mu- 
ger á que saliera fuera, lo que es mas reprensible aun. En 
tal apuro debia resistir cuanto pudiese á la infame pasión 
»le aquellos malvados; y en todo evento hubiera quedado 
puro, y sido mártir de la castidad. Véase í. Reg. XI. v. 7, 
y siguientes. 



CAPÍTULO XX. 357 

27 Asi que fue ya de dia, levantóse su marido y 
abrió la puerta con ánimo de buscar á su miiger , 
y proseguir su viage ; y he aquí que su muger ya- 
cia postrada delante de la puerta con las manos 
extendidas sobre el umbral. 

28 Creyéndola él dormida, le decia : Levántate 
y vamonos. Mas como no respondiese , y viendo 
después que estaba muerta, tomóla y púsola so- 
bre su asno , y regresó á su casa. 

29 Apenas hubo entrado , cogió una cuchilla, 
y dividiendo el cadáver de su muger junto con los 
huesos en doce partes ó trozos , los envió á todas 
las tribus de Israel '. 

30 A tal espectáculo todos á una clamaban : No 
se ha visto cosa semejante en Israel desde el dia 
en que salieron de Egypto nuestros padres hasta 
ahora : decid vuestro parecer , y decretad de co- 
mún acuerdo lo que se ha de hacer en este 
caso. 

CAPÍTULO XX. 

Las once tribus toman venganza de la de Benjamín por el 
insulto hecho al levita , 

1 En consecuencia salieron todos los hijos de 
Israel , mancomunados como si fuesen un solo 
hombre, desde Dan hasta Bersabée , y aun desde 



I Menos á la de Benjauíiu. Véase I. Reg. XI. v. 7 , y 
siguientes. 



358 LIBRO DE LOS JUECES. 

la tierra de Galaad \ y se reunieron en la presen- 
cia del Señor en Maspha ^ : 

2 todos los caudillos de los pueblos , y las tri- 
bus todas de Israel concurrieron á la reunión del 
pueblo de Dios , en número de cuatrocientos mil 
guerreros de á pie. 

3 (No se ocultó á los hijos de Benjamin que 
los hijos de Israel hablan subido á Maspha). 
Preguntado pues el levita, marido de la muger 
muerta , en qué forma se habla cometido tan 
atroz atentado , 

4 respondió : Llegué á Gabáa de Benjamin con 
mi muger^ y allí me aposenté : 

5 cuando he aquí que unos hombres de aquella 
ciudad cercaron de noche la casa, donde posaba, y 
quisieron matarme ; y abusaron de mi muger * 
con tan furiosa é increíble lujuria^ que por último 
vino á morir. 

6 Tomándola luego yo, dividí en trozos el ca- 
dáver , y envíelos á todos los términos de vuestro 
territorio : atento que nunca jamas se cometió en 
Israel una maldad tan grande , ni exceso tan abo- 
minable. 

7 Presentes estáis todos aquí, oh hijos de Is- 
rael : resolved pues qué debéis hacer. 

8 A lo que todo el pueblo que allí estaba , le 



1 De la otra parte del Jordán. 

2 Junto á Silo. 

3 Viendo que yo no consentía á su nefanda pasión. 



CAPITULO XX. 359 

respondió d una i'oz , como si hablase por boca 
<le un solo hombre. No volveremos á nuestras 
tiendas, ni nadie se retirará á su casa, 

9 hasta que de común acuerdo hagamos esto 
contra Gabáa : 

10 Escójanse de todas las tribus de Israel diez 
hombres por cada ciento , y ciento por cada mil , 
y mil por cada diez mil para que conduzcan víve- 
res al ejercito , y podamos nosotros pelear contra 
Gabáa de Benjamin, y darle el pago que merece 
su maldad. 

11 De este modo se juntó todo Israel, como si 
fuera un solo hombre , contra esta ciudad ; con el 
mismo designio y la misma resolución. 

12 En seguida enviaron mensageros á toda la 
tribu de Benjamín , que les dijesen : ¿Cómo se 
ha cometido entre vosotros una maldad tan detes- 
table ? 

13 Entregad los hombres de Gabáa que perpe- 
traron tan gran crimen , para que mueran y se 
quite de en medio de Israel ese escándalo. Mas 
los benjamitas no quisieron dar oidos á la propo- 
sición de sus hermanos los hijos de Israel : 

14 sino que de todas las ciudades pertenecientes 
á su tribu acudieron á Gabáa para socorrerlos , y 
pelear contra todo el pueblo de Israel ; 

15 y se alistaron veinte y cinco mil benjamitas, 
toda gente de guerra : sin contar los moradores 
de Gabáa , 

16 que eran setecientos hombres muy esforza- 



360 LIBRO DE LOS JUECES. 

dos, y que peleaban igualmente con la izquierda 
que con la derecha, y tan diestros en tirar con la 
honda, que podian herir un cabello con una piedra 
sin errar jamas el tiro. 

17 Por la parte de Israel , excluidos los hijos 
de Benjamin , se hallaron cuatrocientos mil hom- 
bres que sabían manejar las armas, y que estaban 
preparados para la g-uerra : 

18 los cuales saliendo á campaña, vinieron á la 
casa de Dios, esto es, á Silo, donde consultaron al 
Señor, y dijeron : ¿Quién será en nuestro ejér- 
cito el caudillo para pelear contra los hijos de 
Benjamín ? Respondióles el Señor : Sea la tribu de 
Judá vuestro caudillo. 

19 Con esto los hijos de Israel sin perder 
tiempo, marchando de mañana, plantaron sus 
reales junto á Gabáa ; 

20 y avanzando en orden de batalla contra Ben- 
jamin, empezaron á batir la ciudad. 

21 Mas los hijos de Benjamin haciendo Una sa- 
lida de Gabáa, mataron aquel dia veinte y dos mil 
hombres de los lujos de Israel '. 

22 Confiados estos en su valor y muchedumbre, 
volvieron luego á presentar batalla en el mismo 
lugar en que hablan antes peleado. 

1 Permitió Dios que fuesen vencidos, para humillarlos; 
y porque, como observa San Gregorio: /¿rtw á castigar los 
pecados ágenos, y no pensaban en los propios. Movíales la 
injuria hecha al levita, y miraban con frialdad que hubiese 
ídolos en Israel. / 



CAPÍTULO XX. 361 

23 Pero acudieron primero humildes al Señor, 
y lloraron delante de él basta la noche, y le con- 
sultaron, diciendo : ¿Debemos salir otra vez á pe- 
lear contra los bijos de Benjamin , nuestros her- 
manos , ó no? Respondióles el Señor : Marchad 
contra ellos, y dad la batalla. 

24 Partiendo pues los bijos de Israel el dia 
siguiente á pelear contra los bijos de Benjamin , 

25 salieron estos de las puertas de Gabáa , y 
acometiéndoles, hicieron en los hijos de Israel una 
mortandad tan grande , que dejaron tendidos por 
tierra diez y ocho mil combatientes. 

26 Por cuyo desastre todos los bijos de Israel 
vinieron á la Casa de Dios , y pusiéronse a llorar 
en presencia del Señor , y ayunaron aquel dia 
hasta la tarde , y le ofrecieron holocaustos y vícti- 
mas pacíficas, 

27 y le consultaron sobre su estado. En este 
tiempo residia allí el Arca de la alianza de Dios ; 

28 y Phinées, hijo de Eleazar, hijo de Aaron, 
presidia en el Santuario. Consultaron pues al Se- 
ñor , y le dijeron : ¿Debemos todavía proseguir 
la guerra contra los hijos de Benjamin , nuestros 
hermanos , ó cesar de ella? Respondióles el Se- 
ñor : Salid ; que mañana los entregaré en vuestras 
manos. 

29 Con esto los hijos de Israel pusieron embos- 
cadas al rededor de la ciudad de Gabáa : 

30 y por tercera vez marcharon con su ejército 

31 



302 LIBRO DE ,LOS JUECES. 

en batalla contra Benjamín , como la primera y 
la secunda. 

31 Pero los hijos de Benjamín salieron de re- 
bato y osadamente de la plaza, y fueron persiguien- 
do por largo trecho á los contrarios , que de 
¡jropósito huían : de manera que los iban hiriendo 
y acuchillando como el primero y segundo dia , 
y dejaron tendidos en el suelo unos treinta hom- 
bres de los que iban huyendo por dos veredas , 
de las cuales la una conducia á Bethel y la otra á 
Gabáa ; 

32 y creyeron derrotarlos ni mas ni menos 
que antes. Mas los hijos de Israel fingiendo de 
industria la huida , pusieron la mira en apartarlos 
de la ciudad , y como en retirada atraerlos á las 
dos veredas sobredichas '. 

33 Entonces saliendo todos los hijos de Israel 
de sus puestos , se ordenaron en batalla en un 
sitio llamado Baalthamar. Al mismo tiempo los 
que estaban emboscados al rededor de la ciudad 
comenzaron también á dejarse ver poco á po- 
co , 

34 avanzando por la parte occidental de la 
ciudad. Entretanto otros diez mil hombres desta- 
cados del grueso del ejército de Israel, volviendo 
de frente , provocaban á los habitantes de la ciu- 
dad á que saliesen al combate. Con esto se empe- 

1 Donde estaba emboscado todo el grueso del ejérci- 
to. 



CAPÍTULO XX. 363 

ñó la acción contra los hijos de Benjarain ; los 
cuales no advirtieron que por todos lados les es- 
taba aguardando la muerte, 
i 35 Con efecto el Señor los castigó á la vista 
de los liijos de Israel , que mataron de ellos en 
aquel dia veinte y cinco mil y cien hombres , toda 
gente guerrera y valiente. 

36 Pues los hijos de Benlamin , viéndose que 
iban de vencida, habian echado á huir : lo que ad- 
vertido por los hijos de Israel , les abrieron paso 
para que huyesen y viniesen á caer en la embos- 
cada que tenian preparada de antemano junto á la 
ciudad. 

3T Saliendo entonces de repente los hijos de 
Israel de donde estaban escondidos , acuchillaron 
á los benjamitas que huían delante de ellos ; y en- 
traron en la ciudad y la pasaron á cuchillo. 

38 Es de advertir que los hijos de Israel se ha- 
bian convenido antes , en que luego que los de la 
emboscada se apoderasen de la ciudad, encendie- 
sen un gra7i fuego, para que con la humareda que 
subirla á lo alto diesen á entender que eran ya 
dueños de la plaza. 

39 Lo cual observado por los hijos de Israel 
en el mismo ardor del combate (cuando los hijos 
de Benjamín, creyendo que huían, los aguijaban 
con mas empeño por haberles muerto ya treinta 
hombres), 

40 y viendo sublí de la ciudad una columna de 
humo ; y asimismo mirando Benjamín acia atras; 



364 LIBRO DE LOS JUECES. 

y reconocientlo la ciudad perdida , y que las lla- 
mas subian á lo alto : 

41 al punto los que habian fingido huir , vuelta 
la cara, los rebatían con el major esfuerzo. Visto 
esto , los hijos de Benjamín echaron á huir, 

42 tomando el camino del Desierto, persiguién- 
dolos aun hasta allí los enemigos. Demás de esto, 
los que habian incendiado la ciudad los acometie- 
ron por frente, 

43 Asi sucedió que por ambos lados eran acu- 
chillados por los enemigos , y morian sin reme- 
dio. Los que cayeron muertos y quedaron tendi- 
dos por el suelo al Oriente de la ciudad de Gabáa 
en aquel mismo lugar, 

44 fueron diez y ocho mil hombres, guerreros 
todos muy vahentes. 

45 Los otros que habian quedado de Benjamín 
al ver esto , huyeron acia el Desierto , tirando á 
refugiarse en la Peña llamada Remmon. Pero co- 
mo estaban desordenados y huían dispersos, en la 
misma fuga fueron muertos cinco mil hombres, 
A los que tiraron adelante los fueron también per- 
siguiendo, y mataron aun otros dos mil. 

46 Por donde los que perecieron de Benjamín 
en diversos sitios vinieron á ser en todos veinte 
y cinco mil combatientes, gente toda muy guer- 
rera. 

47 Con lo que solo quedaron de toda la gente 
de Benjamín seiscientos varones que pudieron 
escapar y guarecerse en el Desierto , y estuvie- 



CAPÍTULO XXI. 365 

ron de asiento en la Peña de Remmon cuatro 
meses. 

48 Pero los hijos de Israel, vueltos del combate 
pasaron á cuchillo todo el resto de la ciudad, des- 
de los hombres hasta las bestias. Y todas las de- 
mas ciudades y lugarcillos de Benjamín fueron 
consumidos por las voraces llamas. 

CAPITULO XXI. 

Es arruinada Jabes-Galaad. Restauración de la tribu de 

Benjamin. 

1 Habían hecho los hijos de kraél un juramento 
en Maspha, diciendo : Ninguno de nosotros dará 
sus hijas por mujeres á los hijos de Benjamin. 

2 Después, pesarosos, vinieron todos á la Casa 
de Dios en Silo, y permaneciendo delante de ella 
hasta el anochecer, levantaron el grito, y con 
grandes alaridos comenzaron á llorar , diciendo : 

3 ¿Por qué, oh Señor Dios de Israel , ha suce- 
dido esta calamidad en tu pueblo , que se haya 
acabado hoy una de nuestras tribus ? 

4 Y levantándose el dia siguiente al rayar el 
alba , erigieron un altar en que ofrecieron holo- 
caustos y víctimas pacíficas, y dijeron : 

5 ¿Quién es en todas las tribus de Israel el que 
no se unió al ejército del Señor ? Porque estando 
en Maspha se hablan obligado con un solemne 
juramento á matar á los que faltasen. 



366 LIBRO DE LOS JUECES. 

6 Mas ahora arrepentidos los israelitas de lo 
hecho contra Benjaniin su hermano , comenzaron 
á decir : Acabóse una tribu de Israel : 

7 ¿ de dónde tomarán mugeres los pocos que 
han quedado de ella, habiendo jurado todos nos- 
otros á una no darles nuestras hijas ? 

8 Dijeron pues : ¿ Quién hay de las tribus to- 
das de Israel que no haya comparecido ante el Se- 
ñor en Maspha? Y hallóse que los moradores de 
Jabes-Galaad no estuvieron en el ejército ; 

9 y que ni aun mientras los israelitas estaban 
en Silo, no pareció allí ninguno de ellos. 

10 Con esto destacaron diez rail hombres muy 
valientes, dándoles esta orden : Id , y pasad á^cu- 
chillo á los moradores de Jabes-Galaad , sin per- 
donar á sus mug-eres y niños '. 

11 Y habéis de ejecutarlo de modo, que ma- 
tando á todos los varones y á las mugeres casa- 
das, dejéis empero con vida á las doncellas. 

12 Halláronse en Jabes-Galaad cuatrocientas 
doncellas por casar , y condujéronlas al campa- 
mento de Silo en tierra de Chánaan. 

13 Luego despacharon mensageros á los hijos 
de Benjamin , que se manteaian en la Peña Rem- 
mon, con la comisión de concederles la paz. 

14 Vinieron pues entonces los hijos de Benja- 



■ 1 El uo querer concurrir á una guerra en que toda la na- 
ción estaba empeñada, habia sido una especie de rebelión 
de los vecinos de Galaad. — Véase Jasticia. 



CAPITULO XXI. 367 

min, y se les dieron por mugeres las doncellas de 
Jabes-Galaad : mas no hallaron otras que poderles 
dar á este modo. 

15 Todo Israel tuvo gran pesar, y se arrepin- 
tió en extremo de la destrucción de una de las 
tribus de Israel. 

16 Y dijeron los Ancianos : ¿ Qué haremos con 
los demás que han quedado sin mugeres ? Tedas 
las mugeres de Benjamín han perecido ; 

17 y debemos precaver con gran solicitud y el 
mayor empeño que no se acabe una tribu en 
Israel. 

18 No obstante , no podemos darles nuestras 
hijas , ligados como estamos con el juramento, y 
con la maldición que nos echamos, diciendo : Mal- 
dito sea el que diere alguna hija suya en matri- 
monio á los hijos de Benjamín. 

19 Tomaron pues este partido, y dijeron : He 
aquí que viene la solemnidad del Señor que se ce- 
lebra todos los años en Silo, en la llanura situada 
al Norte de la ciudad de Bethel , y al Oriente del 
camino que desde Bethel va á Sichéra, y al Medio- 
día de la ciudad de Lebona. 

20 Y dieron orden á los hijos de Benjamín, di- 
ciéndoles : Id, y escondeos en las viñas. 

21 Y cuando viereis venir á las doncellas de 
Silo , según costumbre , á formar sus danzas en 
esta llanura , salid de repente de las viñas , y co- 
ged cada cual una para muger , y marchaos á la 
tierra de Benjamín : 



368 LIBRO DE LOS JUECES. 

'¿2 porque cuando vengan sus padres y herma- 
nos j y comenzaren á querellarse contra vosotros 
y acusaros de esta violencia, nosotros les diremos : 
Tened lástima de ellos ; pues no las han tomado 
como los vencedores toman las cautivas por dere- 
cho de guerra, sino como esposos que después de 
haberlas pretendido con ruegos no se las disteis ; 
y asi la culpa de la violencia es vuestra. 

23 Hiciéronlo asi los hijos de Benjamin como 
se les habia mandado ; y cogieron de las doncellas 
que danzaban cada cual una para esposa suya , y 
fuéronse á su tierra , y reedificaron las ciudades y 
las poblaron. 

24 Asimismo los hijos de Israel regresaron á 
sus moradas , tribu por tribu y familia por fami- 
lia. En aquellos dias no habia Rey ó magistrado 
supremo en Israel : sino que cada cual hacia lo que 
le parecía mejor. 



FIN DEL LIBRO DE LOS JUECES. 



ADVERTENCIA 



SOBRE EL LIBRO DE RUTH. 



Este libro puede considerarse como un apén- 
dice del libro de los Jueces , con el cual le 
unian antiguamente varios Padres de la 
Iglesia, siguiendo el uso de la Synagoga. Por 
eso entre los hebreos fio tiene título, ni nom- 
bre particular , como que está comprendido 
en el libro de los Jueces. Solamente después 
de separado se le puso el titulo de libro de 
Ruth. Realmente la historia de Ruth perte- 
nece al tiempo de los Jueces de Israel ; aun- 
que no se sabe de cierto á que años, ha opi- 
nión mas verisimil Jija la hambre que oca- 
sionó la salida de Elimelech de su patria en 
tiempo de los Jueces Samgar y Débora ; esto 
es, unos cielito y veinte años después de muerto 
Josué. 

También es incierto quien sea el autor de 
este libro; aunque el mayor número de expo- 



370 ADVERTENLU. 

sitares le atribuye á Samuel. No comprende 
sino cuatro capítulos: pero nos presenta en 
tan breve espacio no solamente un ejemplo 
sumamente admirable de la providencia Di- 
vina ; sino un modelo de singular piedad y 
religión, tanto en Rutli como en su suegra 
Noemi, y la continuación de la genealogía 
de nuestro Señor Jesu-Chrisio , según la 
carne, por sus progenitoresBooz yObed, abue- 
los de David. 



LIBRO DE RUTH. 



CAPITULO PRIMERO. 

Elimelevh beíhlehemita huye alpais de Moah con Noemí su 
ntiiger, y sus dos hijos. Muerto aquel y estos , se vuelve 
Noemí á Bethlehem con Ruth, moabila, nuera suya, que 
por seguirla abandona su 'patria. 

1 En tiempo que Israel era gobernado por 
Jueces , sucedió bajo el gobierno de uno de es- 
tos que liubo una gratule hambre en aquella tierra. 
Por lo que un hombre , natural de Bethlehem de 
Judá ' , se fue á morar en el pais extranjero de 
la tierra de Moab con su muger y dos hijos. 

2 Llamábase Elimelech , y su muger Noemí ; 
y los dos hijos uno Mahalon , y el otro ChéUon , 
ephratheos , ó de Bethlehem de Judá. Y habien- 
do entrado en el pais de Moab , habitaban allí. 

3 Sucedió pues que murió Elimelech , marido 
de Noemí , quedando esta sola con sus dos hijos : 

4 quienes se casaron con mugeres moabitas, de 
las cuales llamábase la una Orpha y la otra Ruth. 
Vivieron allí diez años j 

5 y al cabo murieron ambos á dos , á saber, 



1 Bethlehem fue llamada Epkratha; y asi bethlehemila y 
ephratheo era lo mismo. 



372 LIBRO DE RUTH. 

Malialon y Chéllon : con lo que Noemí quedó pri- 
vada de los dos hijos y del marido. 

6 Resolvió pues volverse del pais de Moab con 
sus dos nueras á su patria ; por haber oido que el 
Señor habia vuelto sus ojos acia su pueblo , y dá- 
dole alimentos. 

7 Luego que salió del lugar de su peregrina- 
ción con ambas nueras , puesta ya en camino para 
volver á la tierra de Judá , 

8 les dijo : Volveos á casa de vuestras madres. 
El Señor use de misericordia con vosotras , como 
la habéis usado vosotras con los difuntos y con- 



migo. 



9 Concédaos el hallar descanso en las casas de 
los maridos que la buena suerte os deparare. Be- 
sólas en seguida ; y ellas á voz en grito empezaron 
á llorar, 

10 y decir : Contigo iremos á tu pueblo. 

11 A las cuales replicó Noemí : Volveos, hijas 
mias ; ¿ para qué venir conmigo? ¿ Tengo yo por 
ventura mas hijos en mi seno , para que de mí 
podáis esperar otros maridos? 

12 Idos, hijas mias, volveos ; porque yo estoy 
ya consumida de la vejez , é incapaz de nuevo ma- 
trimonio ; y aun dado caso que pudiera esta no- 
che concebir y parir hijos , 

13 Si quisieseis esperarlos á que creciesen , y 
llegasen á los años de la pubertad , seríais antes 
viejas que esposas. Os suplico ,^ hijas mias , que 
no prosigiis : mirad que vuestra aflicción no hace 



CAPITULO I. 373 

mas que acrecentar la m¡a ; porque la mano del 
Señor está levantada contra raí. 

14 Entonces á voz en grito echaron de nuevo á 
llorar. Orpha besó á su suegra , y volvióse : mas 
Ruth se quedó con ella. 

15 Y díjola Noemí : Ya ves que tu cuñada se 
ha vuelto á su pueblo , y á sus dioses : anda^ vete 
con ella. 

16 Respondió Ruth : No me instes mas sobre 
que te deje y me vaya; porque á do quiera que 
tú fueres , he de ir yo , y donde tú morares , he 
de morar yo igualmente. Tu pueblo es mi pueblo, 
y tu Dios es mí Dios. 

17 En la tierra en que murieres tú, allí mo- 
riré yo; y donde fueres sepultada, allí lo seré yo 
igualmente. No me haga Dios bien , si otra cosa 
que la muerte sola me separare de tí. 

18 Viendo pues Noemí que Ruth con ánimo 
resuelto estaba determinada á seguirla , no quiso 
contradecirla mas , ni persuadirla que se volviese 
á los suyos. 

19 Asi caminaron juntas , y llegaron á Beth- 
lehem. Apenas entraron en la ciudad, voló luego 
la noticia ; y las mugeres decian : Esta es aquella 
Noemí '. 

20 A las cuales dijo : No me llaméis Noemí, 
(esto es graciosa) ; sino llamadme Mará (que sig- 



l ¿ Aquella señora tan principal entre nosotros? 

32 



374 LIBRO DE RUTH. 

nifica amarga) , porque el Todo- poderoso me liít 
llenado de grande amargura. 

21 Salí de aquí colmada ' ; y el Señor me ha 
hecho volver vacía : ¿ por qué pues me llamáis 
Noemí , habiéndome humillado el Señor^ j afligí- 
dome el Todo-poderoso? 

22 Volvió pues INoemí con Ruth , moabita , su 
nuera , de la tierra de su peregrinación ; regre- 
sando a Bethlehem cuando comenzaban á segarse 
las cebadas. 

CAPITULO 11. 

Ridh, obligada de la necesidad, va á respigaren la heredad 
de Booz, pariente de su suegro; y es recibida con agrado. 
Vuelve alegre á su suegra, por la cual sabe que Booz espa. 
riente suyo. 

1 Tenia Ehmelech , marido de Noemí , un pa- 
riente consanguíneo , hombre poderoso y de gran 
caudal , llamado Booz. 

2 Y Ruth la moabita dijo á su suegra : Si me 
das tu licencia iré al campo , y recogeré las es- 
pigas ^ que se escapen de las manos de los sega- 
dores , donde quiera que hallare buena acogida en 
algún padre de familias que se muestre compasivo 

1 O rica, y con el consuelo de mi marido, y de mis dos 
hijos. 

2 Era este un derecho concedido por la Ley á las viudas, 
á los extranjeros , y á los pobres. Deut. XXIV. v. 19. 
— Lev. XIX. V. 9. XXIJI. v. 22. 



CAPÍTULO II. 375 

para conmigo. Respoiulíole Noemí ; Anda, hija 
mia. 

3 Fue , pues , y empezó á recoger espigas de- 
tras de unos segradores. Por fortuna el dueño de 
aquel campo era el mencionado Booz, de la paren- 
tela de Elimelech. 

4 y he aquí que el mismo Booz llegó de Beth- 
lehem ; y saludó á los segadores , diciendo : El 
Señor sea con vosotros : los cuales le respondie- 
ron : Bendíofate el Señor. 

5 Pregunto Booz al mancebo , mayoral de los 
segadores : ¿De quién es esta muchacha? 

G Respondióle : Esta es la moabita que vino 
con INoemí del pais de Moab , 

7 y ha pedido permiso para ir tras de los se- 
gadores cogiendo las espigas que quedan ; y des- 
de la mañana liasta ahora se está en el campo , 
sin haberse retirado ni por un momento á su 
casa. 

8 Dijo entonces Booz á Ruth : Oye , hija , no 
vayas á otra heredad á respigar , ni te apartes de 
este sitio ; sino júntate con mis muchachas ' , 

9 y sigúelas donde estuviere la siega : porque 
he dado orden á mis criados para que nadie se 
meta contigo ; antes bien , si tuvieres sed , vete 



1 Estas muchachas eran las criadas de Booz, que esta- 
ñan destinadas á recoger las mieses segadas por los hom- 
bres. Seguía Ruth detras de ellas recogiendo las espigas 
sueltas. 



376 LIBRO DE RUTH. 

al hato, y bebe agua, de la misma que beben 
también mis criados. 

10 Ella entonces , inclinando su rostro hasta 
la tierra , le hizo una profunda reverencia, y dijo : 
¿ De dónde á mí tanta dicha que haya encontrado 
gracia en tus ojos , y te dignes tratarme con tanta 
bondad , siendo yo una muger extranjera ? 

11 A la cual respondió Booz : Me han contado 
lo que has hecho con tu suegra , después de la. 
muerte de tu marido , y como has abandonado á 
tus padres y el pais nativo , por venir á un pue- 
blo que te era antes desconocido. 

12 El Señor te premie por tu acción , y reci- 
bas un cumplido galardón del Señor Dios de Israel, 
á quien has recurrido , y debajo de cuyas alas te 
has amparado. 

13 Respondióle Ruth : He hallado gracia en 
tus ojos , oh Señor mió , pues que asi has conso- 
lado y hablado al corazón de esta esclava tuya, 
que ni merece contarse en el número de tus 
criados, 

14 Y díjola Booz : A la hora de comer , vente 
aquí , y come el pan * , y moja tu bocado en el 
vinagre , con mis gentes. Sentóse pues á un lado 
de los segadores , y Booz le dio una porción de 
polenta ^ de la que comió hasta saciarse , y guar- 
dó las sobras. 

1 Véase Pan. 

2 Xiíipo/eíí/rt probablemente era el grano tostado. Seguu 



CAPITULO II. 377 

15 Levantóse luego de allí, para respigar como 
antes. Y Booz dio esta orden á sus criados dicien- 
do : Aunque quisiera ella segar con vosotros para 
sí', no se lo estorbéis : 

16 antes de propósito dejad caer de vuestros 
manojos algunas espigas , para que estando en el 
suelo las pueda coger sin rubor ; y mientras las 
recoja nadie la reprenda. 

17 Estuvo pues respigando en el campo hasta 
la tarde; y vareando y sacudiendo las espigas re- 
cogidas , se halló con cerca de un ephi de cebada, 
esto es , tres modios ; 

18 y cargando con ellos volvióse á la ciudad , y 
mostróselos á su suegra : tras esto sacó y dióle 
de las sobras de la comida , de que ella se habia 
saciado. 

19 Preguntóla su suegra : ¿Dónde has espigado 
hoy, y dónde has empleado tu trabajo? Ben- 
dito sea el que se ha apiadado de tí. Declaróle 
Ruth en qué campo habia espigado , y dijo que el 
amo de él se llamaba Booz. 

20 A la cual contestó Noemí : Bendito sea del 



Varron (De re rusíicd cap. CVIII), se h'scia poniendo a 
secar por la noche el grano que habia estado eu agua : tos- 
tábanle al dia siguiente ; después molíanlej y asi le guarda- 
ban para muchos dias. 

1 En el hebreo dice N71 Z^tb On^yH P DI 
r~l^D^7Dn Aunque coja espigan de los manojos que habéis 
segado, no la sonrojéis. 



378 LIBRO DE RUTH. 

Señor ; pues la misma buena voluntad que tuvo á 
los vivos , la conserva todavía á los difuntos ; y 
añadió : Ese hombre es pariente nuestro. 

21 Díjola Ruth : Pues también me ha mandado 
que me Incorpore con sus seg-adores hasta tanto 
que se acabe la sieg^a de todas las mieses. 

22 Respondióle la suegra : Mas vale , hija mía, 
que vayas á espigar entre sus criadas ; no sea que 
en el rastrojo de otro se te opusiese alguno á que 
respigases. 

23 Juntóse pues con las criadas de Booz , y res- 
pigó entre ellas todo el tiempo restante , hasta 
que las cebadas y los trigos se recogieron en las 
trojes. 

CAPÍTULO m. 

Noemi procura casar á Ruth con Booz. 

1 Y después que volvió á su suegra , la dijo 
esta : Hija mia , yo voy á procurarte descanso , y 
á disponer que lo pases bien. 

2 Ese Booz , con cuyas criadas andas junta en 
el campo , es nuestro pariente , y esta noche avien- 
ta la cebada en su era. 

3 Lávate pues , y úngete con los perfumes , y 
ponte los mejores vestidos , y encamínate ala era: 
procura que no te vea hasta que haya acabado de 
comer y beber. 

4 Entonces cuando se fuere á dormir, nota bien 
el sitio donde duerme , é irás y alzarás la capa 



CAPÍTULO III. 379 

por la parte con que se cubre los pies, y echa- 
ráste allí , y te pondrás á dormir. El mismo ' te 
dirá , como pariente mas cercano ¡ lo que debes 
hacer ^. 

5 Respondióle Ruth : Yo haré cuanto tú me 
mandares. 

6 Fuese pues á la era , é hizo todo lo que la 
suegra le habla ordenado. 

7 Y cuando Booz hubo comido y bebido y ale- 

1 Viendo que te acojes á su amparo. 

2 Si este hecho se mira con ojos carnales, tiene cierta- 
mente un aspecto poco decente, como notó San Ambrosio ; 
mas no sucede asi si se considera el íio, el motivo, y el sen- 
tido misterioso que encierra. Noemí^ sabia y prudente, co- 
nocía la sólida virtud de su nuera, y la probidad y honradez 
de Booz. Creía que éste era el pariente mas inmediato, á 
quien por lo mismo tocaba el desposarse con la viuda de su 
hijo. Y recelando que un hombre como Booz , rico, y de 
edad ya avanzada, no condescendería fácilmente en reci- 
bir por esposa á una viuda pobre, y extranjera de origen , 
excogitó un cierto modo de sorprenderle. Cuanto hizo Booz 
antes de efectuar el matrimonio, demuestra que solamente 
por amor á la justicia, y para obedecer la Ley, se desposó 
con Ruth, y asi que todo fue obra de Dios. Mas pasando 
de la figura á la profecía , acordémonos que nosotros en 
otro tiempo éramos gentiles en cuanto al origen, como dice 
el Apóstol {Ephes. II. v. 11.), "estábamos en aquel tiem- 
" po sin Chrlsto , extraños de la .sociedad de Israel , sin 
" tener parte en el Testamento, sin esperanza de la prome- 
" sa, y sin Dios eo este mundo. " A nosotros pues nos re 
presentaba aquella muger extranjera , y gentil de origen , e- 
rhada á los pies de Booz, y ¡udiéndole con ei hecho mis- 
mo que la reciba por esposa. 



380' LIBRO DE RÜTÍÍ. 

gradóse , e ido á dormir junto á un monten de 
gabillas, se llegó Ruth calladamente , y alzando la 
capa por los pies , echóse allí. 

8 Cuando he aquí que á media noche despertó 
el hombre, despavorido y turbado al ver una mu- 
ger echada á sus pies ; 

9 y díjola : ¿ Quién eres ? Y ella respondió : 
Soy Ruth , esclava tuya : estiende tu manto sobre 
tu sierva ; por cuanto eres el pariente mas cer- 
cano de mi marido ', 

10 A lo que dijo Booz : Bendita seas del Señor, 
liija mia, que has sobrepujado tu primera bondad 
1/ cordura , con la que manifiestas ahora , pues 
siendo joven comoeres^ no has ido á buscar jóvenes, 
ni pobres, ni rlcos^ sino á los que la Ley dispone, 

1 1 Por tanto no temas , que yo haré , contigo 
cuanto me has dicho ; puesto que todas las gentes 
de mi ciudad saben que tú eres muger de virtud. 

12 No niego yo ser pariente ; pero hay otro 
mas cercano que yo : 

13 descansa esta noche, que venida la mañana, 
si él quiere quedarse contigo por el derecho de 
proximidad , sea enhorabuena : mas si no quiere, 
vive el Señor que yo sin falta te tomaré : y asi 
duerme hasta mañana. 

14 Durmió pues á sus pies hasta el fin de la 
noche. Y levantándose antes que los hombres pu- 

1 Y por haber muerto él siu hijos'_debes tomarme'por es- 
l)Osa, para que uo se acabe su familia en Israel. ^ 



APÍTÜLO IV. 381 

diesen conocerse unos á otros, díjola liooz : Pro- 
cura que nadie sepa que has venido acá ; 

15 y añadió : Estiende el manto' con que te 
cubres , y tenle bien asido con entrambas manos. 
Extendiéndole ella, y teniéndole, le midió seis 
medios de cebada , y cargóselos á cuestas. Asi 
cargada entró en la ciudad , 

16 y fue á su suegra, la cual le preguntó : 
¿Qué lias hecho , hija mia , sobre lo que íe encar- 
(/ué? Contóla Ruth todo lo que habia hecho Booz 
por ella ; 

17 y añadió : He aquí seis medios de cebada 
que me ha dado , diciéndome : No quiero que 
vuelvas á tu suegra con las manos vacías. 

18 D¡jo entonces Noemí : Espera, hija mia, 
hasta que veamos en qué para la cosa. Porque 
Booz es hombre honrado , que no parará hasta que 
cumpla lo que te ha prometido. 



CAPÍTULO IV. 



Cásase Booz con Ruth, la cualle pare un hijo llamado Obcd, 
jmdre de Lai y abuelo de David. 

1 Fue pues Booz á las puertas ó juzgado de la 
ciudad ^ , y sentóse aUí ; y viendo pasar aquel pa- 

1 O el velo grande con que las mugeres orientales se 
cubrían desde la cabeza hasta los pies. 

2 Véase Puertas. 



382 LIBRO DE RUTH. 

riente de quien se habló arriba , llamóle por su 
nombre , y le dijo : Llégate por un momento , y 
siéntate aquí. Llegóse él , y sentóse. 

2 Entonces Booz convocando á diez varones de 
los Ancianos de la ciudad , díjoles : Sentaos aquí. 

3 Luego que se sentaron, habló asi al pariente : 
Noemí , que ha vuelto del país de Moab , está 
para vender una parte de la heredad de nuestro 
hermano Elimelech : 

4 lo cual he querido que tú sepas , y decírtelo 
en presencia de todos los circunstantes , y de los 
Ancianos de mi pueblo. Si tú quieres poseerla por 
el derecho de parentesco , cómprala y poséela. 
Y si no gustas de eso, decláralo para que yo sepa 
lo que debo hacer ; puesto que no hay otro pa- 
riente sino tú , que eres el primero , y yo que 
soy el segundo. A lo que respondió él : Pues yo 
compraré la heredad. 

5 Replicóle Booz : Luego que compres esa po- 
sesión debes también casarte con Ruth, la moabita, 
que fue consorte del difunto , para hacer revivir 
el nombre de tu pariente en su herencia ', 

6 El respondió : Renuncio el derecho de pa- 
rentesco ; porque no es razón que yo arruine la 
posteridad de mi familia ^ : usa tú del derecho 

1 Cuando el que debia desposarse con la viuda no era 
hermano del difunto sino pariente, y aun remoto, tenia obliga^ 
clon de casarse con ella, pero menos rigorosa que el hermano. 

2 Aumentándola división de mis bienes con los muchos 
hijos que puede d^r Ruth después del primogénito. 



CAPÍTULO IV. 383 

nño, el que protesto renunciar espontáneamente. 

7 Era costumbre antigua en Israel entre los 
parientes , que cuando uno cedía su derecho al 
otro , para que la cesión fuese válida , se quitaba 
aquel su calzado y dábaselo á su pariente '. Esta 
era la. fórmula y testimonio de cesión en Israel. 

8 Por lo cual dijo Booz á su pariente : Quítate 
el calzado, y él al punto se lo quitó del pie. 

9 Entonces Booz dijo á los Ancianos y á todo 
el pueblo : Vosotros sois testigos en este día de 
que yo entro en posesión de todas las cosas que 
poseía Ellmelech , y Chélion, y Mahalon_, por en- 
trega que me hace Noemí ; 

10 y recibo en matrimonio á Ruth la moabiía ^, 
muger que fue de Mahalon , para resucitar el 
nombre del difunto en su herencia , á fin de que 
no se borre su nombre de entre su familia , de 
entre sus hermanos y de su pueblo. Vosotros, 
repito, sois testigos de este acto. 

11 Entonces todo el pueblo que estaba en la 
puerta, respondió con los Ancianos : Nosotros so- 
mos testigos. El Señor haga que esa muger que 
entras en tu casa, sea como llachél y Lia, las cua- 
les fundaron la casa de Israel ; para que sea como 
aquellas dechado de virtud en Ephrata , y tenga 
un nombre célebre en Bethlehem ; 

1 San Agustiu cree que la orden de Dios de no casarse 
con raoabitas hasta la décima generación no se extendía ú 
las que se convertían a la Religión. 

2 Véase Poligamia. 



384 LIBRO DE RUTH. 

12 y sea tu casa como la casa de Phares (hijo 
de Tliamar y de Judá)^ por la posteridad que el 
Señor te diere de esta joven. 

13 Tomó pues Booz á Ruth , y desposóse con 
ella , y en su matrimonio el Señor le hizo la gra - 
cia de que Ruth concibiera y pariese un hijo. 

14 Con cuyo motivo las raugeres dijeron á Noe- 
mí : Bendito sea el Señor que no ha permitido 
que faltase heredero en tu familia , y ha querido 
conservar el nombre de ella en Israel ; 

15 para que tengas tú también quien consuele 
tu alma, y sea el sosten de tu vejez. Pues que te 
ha nacido un niño de tu nuera, la cual te ama, y 
es para tí mucho mejor que si tuvieses siete hijos. 

16 Noemí, recihido e\ mño ó recie7i nacido , le 
puso en su regazo , haciendo con él oficio de ama 
y de niñera. 

17 Y las mugeres vecinas suyas, congratulán- 
dose con ella, decian ; Ha nacido un hijo á Noe- 
mí ; y pusiéronle por nombre Obed. Este fue 
padre de Isaí, que lo fue de David. 

18 He aquí las generaciones ó la posteridad de 
Phares. Phares fue padre de Esron, 

19 Esron de Aram, Aram de Aminadab, 

20 Aminadab de Nahasson, Nahasson de Salmón, 

21 Salmón fue padre de Booz, Booz lo fue de 
Obed, 

22 Obed de Isaí, Isaí fue padre de David. 

FIN DEL LIBRO DE RUTH. 



LA 

SAGRADA BIBLIA 

NUEVAMENTE TRADUCIDA AL ESPAÑOL , 

i ILUSTRADA CON NOTAS 

POR 

DON FÉLIX TORRES AMAT, 

EDICIÓN REIMPRESA DE LA SEGUNDA DE MADRID. 

TOMO IV. 



LOS TRES LIBROS PRIMEROS DE LOS REYES. 




parís, 

LIBRERÍA DE LOS SS. D. VICENTE SALVA ¿ HIJO, 



CALLE DE LILLE, N". 4. 

1836. 



Ini] renta de J. Smith, calle de ¡Vlcnlmcrency, n. 16. 



ADVERTENCIA 

SOBRE LOS CUATRO LIBROS DE LOS REYES. 



Los libros primero y segundo de los Reyes 
se llammi entre los hebreos libros de Samuel, 
por creerse escritos por este profeta ; ó tam- 
bién porque justifican sus profecías sobre el 
reinado de Saúl, objeto del primer libro , y 
el de David, que lo es del segundo. Mas los 
Padres griegos y algunos latinos los llama- 
ron Libros de los Reyes, igualmente que ce 
los dos siguientes, por contener la historia 
del reino de los hebreos , dividido después de 
la muerte de Salomón en dos, es á saber, 
Judá é Israel. 

Comienza el libro I por la historia de Sa- 
muel, cvfin de dar á conocer el origen y el 
establecimiento del gobierno mancirquico en- 
tre los hebreos. Contiene el espacio í/e 101 
años ; esto es , desde el principio del go- 
bierno de Heli hasta la muerte de Saúl , en la 
forma siguiente : AO años del sacerdocio de 



2 ADVERTENCIA. 

Helí {c. IF. V. 18.) , 21 años del gobierno 
de Samuel {c. VIL v. 2.), y 4O del reinado 
de Saúl [Act. XIII. v. 21.): 

El libro II de los Reyes contiene lo suce- 
dido en el espacio de 4O años del reinado de 
David ; esto es , desde el año 50 «^70 de su 
edadf ó desde después de la muerte de Saúl 
hasta cerca del fin del reinado de David. 

El III , llamado por los hebreos primero 
de los Reyes (¡VIelachim), contiene la his- 
toria de lo que sucedió poco antes del rei- 
nado de Salomón, los 40 años de dicho rei- 
nado, y la división de su reino , después que 
murió : las acciones de los cuatro reyes de 
Judd, Roboaní, Abiam, Asa, y Josaphath, 
y las de los ocho reyes de Israel^ Jeroboam , 
Nadab, Baasa, Ela, Zambri, Amri, Achdb, 
y Ochózias j y algunos hechos particulares 
del profeta Elias en tiempo de Achdh. Y asi 
comprende el espacio de unos 126 años. Este 
libro le han atribuido algunos á Jeremías : 
yTheodoreto cree que es un compendio sacado 
de otros escritos , y formado por algún histo- 
riador después que el pueblo de Israel fue 
llevado cautivo por Nahuchódonosor, 



ADVERTliNCIA. 3 

El libro que nosotros llamamos IF dt; los 
Reyes , es llamado por los hebreos «egunilo 
íle los Reyes. Contiene los principales suce- 
sos de diez y seis reyes de Judd, es á saber , 
Joramy Ochózias , Athalia, Joas, Amasias, 
izarías ú Ozias , Joatham , Achdz, Eze- 
chías, Manassés, Amon, Josías, Joachdz ó 
Sellum^ Joachim, Jechónías, y Sedecias. E 
igualmente la historia de doce reyes de Israel^ 
es á saber, Ochózias, Joram, Jehá, Joachdz, 
Joas, Jeroboam , Zachdrías, Sellum, Mana- 
hem, Phaceía, Phacéey Osee ; y también la 
relación de lutichos milagros que Dios hizo 
por medio de Elias y Eliséo. De suerte que 
este libro comprende la historia del pueblo 
de Dios durante unos 5o8 años ; esto es, hasfa 
Osee último rey de Israel j y Sedecias rey de 
Jiidá, que fue llevado cautivo.por JVabticho- 
donosor : y todos los cuatro libros de los Reye» 
la de 575 aiíos. Algujios hacen esta épo^'i 
algo inayor , y la eootienden desde el año 
2848 del mundo, ó el primero del gobierno 
del sumo Sacerdote Heli, hasta el año 344^. 
Acerca del autor de este libro puede decirse 
lo que del libro II I, Y e.vaminadas las va- 



4 ADVERTENCIA. 

rias opiniones que hay sobre este punto, pa- 
rece mas verosímil que los cuatro libros de 
los Reyes Jueron arreglados por Esdras sobre 
memorias ó documentos originales, que de- 
jaron otros sugetos exactos y coetáneos dios 
hechos que se refieren. Mas cualquiera opi- 
nión que se abrace, siempre debemos creer 
como de fe que su primer Autor es el mismo 
Dios ; y que, como dice un elocuente y vene- 
rable Prelado ; « brilla en estas historias y 
« diferencia hermosísima de sucesos la santa 
(( é inefable verdad del Espíritu Santo : á la 
(( luz de la cual puedan caminar losprínci- 
«pes y los siíbditos por esta vida atribulada y 
« congojosa á la patria celestial. Aquí se ven 
« reyes felices y desgraciados, ministros sá- 
« bios y prudentes , y perversos y codicio^ 
« sos, vasallos leales y desleales, aciertos 
<( del gobierno prudentísimos , y desaciertos 
<c dañosísimos , calamidades públicas y pú- 
« blicas felicidades ; profetas verdaderos , y 
(( otros inicuos y falsos, y finalmente se ve 
K no solamente lo que pasó en aquel pais li- 
« mitado de Palestina y Siria , sino lo que 
li pasó y pasa en las demás monarquías; 



ADVERTENCIA. 5 

n porque mudando los nombres y el campo d 
« lo? sucesos en la voluble rueda de losacaeci- 
« mientos humanos , aunque sean diversos en 
<{ una ú otra circunstancia, todos son en la 
« sustancia los mismos. » 



LIBRO PRIMERO 

DE LOS REYES, 



CAPÍTULO PRIMERO. 

Nace SiUniiel de Anua, que era este'ril ; y después de deste- 
lado, es consagrado ai Señor por medio del sacerdote 
Helí. 

1 Hubo un hombre en la chirlad de Ramathaím- 
sopliim en las montanas de Epbraim, cuyo nombre 
era Elcana, hijo de Jerobam, hijo de Eliii,h¡jo de 
Tholiú, liijo (le Snph,í/e la tribu de Leii, domiciliado 
en la de Ephraim. 

2 Y tenia dos mugeres ' , una llamada Anna, 
y la otra Phenenna. Vhenennatenia hijos, mas An- 
ua carecía de ellos. 

3 Subia este hombre desde su ciudad á Silo en 
los dias señalados , á adorar y ofrecer sacrificios 
al Señor de los ejércitos ^. Allí residían entonces 
los dos hijos de Helí , Ophni y Phinees , sacer- 
dotes del Señor. 

4 Venido uno de dichos dias solemnes , ofreció 

£ Véase Poligamia. 

2 Por ejércitos del SeTior se entieuden en la Sagrada Es- 
critura los ángeles , y también las estrellas y planetas ; y 
ejércilo del SeFior se^Uama igualmente su pueblo de Israel, 
yue tiene á Dios por Rey y Caudillo. — Véase Astros. 



8 LIBUO PRI31ER0 DE LOS REYES. 

Elcana su sacrificio % y distribuyó después lo que 
le correspondía de la víctima entre su muger Phe- 
nenna y todos sus hijos é hijas ; dándoles las por- 
ciones de ella. 

5 Pero á Anna, que no tenia hijos ^ dióle su sola 
porción , entristecido , porque la amaba ; aunque 
el Señor la había hecho estéril. 

6 Ademas Phenenna , su rival, la mortificaba 
también y angustiaba e» gran manera ; en tanta 
grado , que la echaba en rostro el que el Señor 
la había hecho estéril. 

7 Y así lo hacia todos los años cuando llegado 
el tiempo subían al templo del Señor ; y de este 
modo la zahería. Con esto Anna se ponía á llorar , 
y no probaba la comida. 

8 Díjole pues Elcana su marido : Anna, ¿por 
qué lloras? ¿cómo es que no comes? ¿y por qué 
se aflige así tu corazón ? ¿ Acaso no soy yo para 
tí mejor que diez hijos que tuvieses? 

9 Y después de haber comido y bebido en Si- 
lo , levantóse Anna ; y estando el Sumo sacerdote 
Helí sentado en su silla, ó audiencia, delante de 
la puerta del templo ó Tabeimáculo del Señor, 

10 vino Anna con un corazón lleno de amar- 
gura , y oró al Señor derramando copiosas lá • 
grimas, 

lié hizo un voto diciendo : Señor Dios de los 
ejércitos, si te dignares volver los ojos para mirar 

1 Dando al Sacerdote lo que debía. 



CAPITULO 1. 9 

la aflicción de tu sierva , y te acordares de mí , y 
lio olvidándote de tu esclava , dieres á tu sierva 
un hijo varón , le consagraré al Señor por todos 
los dias de su vida , y no pasará jamas navaja por 
su cabeza \ 

12 Como repitiese muchas veces sus ruegos 
delante del Señor, Helí estuvo observando el mo- 
vimiento de sus labios : 

13 porque Anna hablaba solo en su corazón ; 
por manera que únicamente movia los labios, pe- 
ro no se le oía ni siquiera una palabra. 1 asi Helí 
la tuvo por ebria, 

14 y le dijo : ¿Hasta cuándo durará tu embria- 
guez? Vete á digerir un poco el vino de que estás 
llena. 

15 Respondióle Anna : No es, mi señor, lo que 
decís : la verdad es que yo soy una muger afligi- 
dísima ; y no es que haya bebido vino , ni cosa 
que pueda embriagar, sino que estaba derramando 
mi corazón en la presencia del Señor : 

16 no tengas á tu sierva por alguna de las hi- 
jas licenciosas de Belial; porque sola la vehemen- 



1 Su hijo deberia conio levita servir en el TaberoaculOj 
cuando le tocase el turno, desde veinte y cinco ó treinta 
años hasta cincuenta. Véase JSmn. IV. v. 2. — VIII, v. 24. 
Anna, empero^ moralmente cierta de que su marido, que 
era religioso y la amaba, no se opondría á la promesa, ofre- 
ció el hijo á Dios , para que le siiviese en el templo desde 
los primeros aaus hasta la muerte ; y ademas el que le 
haría Nazareo perpetué. 

2 



lo LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

cia de mi dolor y aflicción es la que me ha hecho 
hablar así hasta ahora. 

17 Entonces Helí la dijo : Vete en paz, v el 
Dios de Israel te conceda la petición que le has 
hecho. 

18 Respondióle Anna : ¡Ojalá tu sierva halle 
gracia en tus ojos ' ! Fuese después la muger d 
su posada, y tomó alimento , y desde entonces ya 
no se vio melancóHco su semblante. 

19 Por la mañana se levantaron todos ^ adora- 
ron al Señor y poniéndose en camino, regresaron 
á su casa en Raraatha. Elcana conoció á Anna su 
muger, y el Señor se acordó de ella ^ i/ de su ora- 
ción, 

20 Luego concibió Anna , y á su tiempo parió 
un hijo , á quien puso por nombre Samuel ^, por 
haberle pedido fervorosamente al Señor. 

21 Subió pues Elcana su marido con toda su 
familia á ofrecer al Señor una hostia solemne , y 
cumplir su voto. ' 

22 Pero Anna no fue , habiendo dicho á su ma- 
rido : No iré hasta que el niño esté destetado ^ , y 



1 Y te dignes orar por ella. 

2 Véase Dios. 

3 Que quiere decir: El otorgado de Dios ^ ó Deodalo. 

4 Es cierto que los hebreos tardaban en destetar á los 
niños mucho mas que nosotros : algunos quieren que Anna le 
dio de mamar bástalos cinco años. En el libro de los Ma- 
chábeos vemos una madre que dice al hijo haberle dado e! 
pecho tres años. Lib, II, c. VII. v. 27. 



CAPITULO I. 11 

le lleve yo para presentarle al Señor, y se quede 
allí para siempre. 

23 Díjola Elcana su marido : Haz lo que me- 
jor te parezca , y quédate hasta destetarle : yo 
suplico al Señor que se digne perfeccionar su 
obra. Quedóse pues Anna en su casa, y dio de 
mamar al hijo, hasta que le destetó ; 

24 y destetado , llevóle consigo , con tres be- 
cerros, y tres modios de harina , y un cántaro de 
vino a la Casa del Señor en Silo. El niño era to- 
davía pequeñito. 

25 Y sacrificaron un becerro ; y presentaron e! 
niño á Helí , 

26 diciendo Anna : Óyeme , señor mió , por 
vida tuya : Yo soy, mi señor, aquella muger que 
estuve aquí orando al Señor delante de tí. 

27 Por este niño oré, y el Señor otorgóme la 
súplica que le hice : 

28 por tanto, se lo tengo ofrecido, á fin de que 
le sirva mientras viva. Con esto , adoraron allí al 
Señor ; y Anna , estando orando , prorumpió en 
este cántico ' : 

1 Este bellísimo cántico de Anna, que probablemente fue 
recitado por ella al hacer la oferta de su hijo, es en parte 
acción de gracias, y en parte profecía. Véase lo que de él 
dice San Agustín lib. XV TI de Civil. Dei, c. 4., y especial^ 
mente San Juan Chrysóstomo sobre este lugar. 



12 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

CAPITULO II. 

Cántico de Anna. Impiedad de los hijos de Heli , á quien se 
vaticina la mina de su casa y familia. 

1 Saltó de gozo en el Señor mi corazón , y mi 
Dios me ha ensalzado ' : ya puedo responder á 
boca llena á mis enemlg-os ^ : pues toda la causa 
de mi alegría es , oh Stñor, la salud que he reci- 
bido de tí ^. 

2 Nadie es santo, como lo es el Señor : no hay 
otro Dios fuera de tí : ninguno es fuerte como 
nuestro Dios. 

3 Cesad pues de hablar con soberbia y jactan- 
cia : no uséis ya de aquel vuestro antiguo lengua- 
ge : porque Dios , que todo lo sabe , el solo es el 
Señor , y él lleva á efecto sus altísimos desig- 
nios ^. 



1 O llenado de poder y de gloria. 

2 A los que me daban en rostro con la esterilidad. 

3 Otros traducen : Porque jmse, oh Dios mió, toda mi 
alegría en tu Salvador. 

4 Puede traducirse : Porque el Señor es Dios que sabe 
todas las cosas que hacemos, y aun los mismos pensamientos 
están patentes á sus ojos, y castiga á los orgullosos, etc. — 
Aunque Anna hablaba por lo que habia sufrido de Phenen- 
na, obsérvese la moderación y circunspección con que ella 
habla ; tomando ocasión de dar, no tantoaPlienenna. como 
á todos los hombres en general, un gran documento de la 
humildad, con que debemos portarnos en tiempos de pros- 
peridad. Porque (dice ella) el dueño de todas las cosas es 



(APÍTULO II. 13 

4 Quebróse el arco ó la fortaleza de ios fuertes, 
j los flacos han sido revestidos de vigor. 

5 Los que estaban antes colmados de bienes , 
se lian alquilado por un pedazo de pan ; y los que 
se hallaban acosados de la hambre han sido plena- 
mente saciados. Laque era estéril, ha venido á ser 
madre de muchos hijos ' : y la que estaba rodea- 
da de ellos , perdió todos sus brios. 

6 Porque el Señor es el que da la muerte y 
da la vida : el que conduce al sepulcro ^ y libra 
de él. 

7 El Señor el que empobrece y enriquece : el 
que abate y ensalza '. 

8 Levanta del polvo al mendigo , y del estiér- 
col ensalza al pobre , para que se siente entre los 
príncipes , y ocupe un trono de gloria. Porque 
del Señor son los polos ó cimientos de la tierra, y 
él asentó sobre ellos el mundo ; 

Dios , que lo sabe todo, y todo lo ve , y sabe bien llevar á 
efecto sus designios. I Y qué designios ? Los que declara 
en los versos 4 y 5, esto es, ensalzará los humildes, y aba- 
tir á los fuertes y presuntuosos. Nadie, pues, se envanezca 
ni jacte por los bienes que goza, y puede perder de un 
instante á otro. Para traducir la última parte de este verso, 
se lia tomado luz de la versión de los Setenta que dice 
iX.tii o0fof iToifÁít^av íttitdS'sÓ/j.olta ¿iJT»^ pues el sentido 

de la Vulgata es bastante oscuro. Es fácil observar que va- 
rias cosas de este cántico las adoptó María Santísima en 
su célebre cántico del Magníficat. Luc. I. 

1 Véanse San Agustín y Orígenes sobre este pasage. 

2 Véase Infierno. 

.3 El que abate hasta los abismos, y saca de ellos. 



14 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

9 él dirigirá todos los pasos de sus santos : mas 
los impíos serán por él reducidos á silencio en me- 
dio de tinieblas ; porque no estará firme el hom- 
bre por su propia fuerza ' . 

10 Temblarán delante del Señor sus adversa- 
rios : Tronará desde el cielo y lanzará rayos so- 
bre ellos. El Señor juzgará á toda la tierra ^ , y 
dará el imperio de ella á su rey , y ensalzará la 
gloria y el poder de su Christo. 

— 11 Después de esto volvióse Elcana á su casa 
en Ramatba; y el niño servia en el Tabeimdculo ^, 
en la presencia del Señor , bajo la dirección del 
Sumo sacerdote Helí. 



1 Puede traducirse : Porque el hombre con toda su forta- 
leza no será mas que flaqueza delante del Señor : ó bien : No 
podrá con sus fuerzas conservarse á si mismo. 

2 El Señor juzgará , esto es, reinará. El hacer Justicia, 
ó juzgar, siendo oficio del que rige la república, denota mu- 
chas veces en la Escritura la suprema potestad del Gobier- 
no. Véase Juicio. Estas palabras contienen una doble pro- 
fecía. Primeramente pueden entenderse de Samuel, que 
fue juez de toda la Tierra Santa , gobernando en nombre 
de Dios á todo Israel : de Saúl , á quien después dio el 
Señor el imperio de su pueblo ; y finaluiente de David á 
quien ungió el Señor por rey de Israel. Mas el segundo sen- 
tido profético, y el principal de estas palabras, se refiere al 
Mesías, y á su reino espiritual en toda la tierra ; siendo 
digno de notarse que este verso es en donde por primera 
vez se lee el nombre de Christo ó Mesías. 

3 Servia en el templo en todo aquello que permitía su 
edad ; y bajo la dirección del Sumo sacerdote Heli , se dis- 
ponía para las funciones de su ministerio. 



CAPÍTULO II. 15 

12 Mas los hijos de Helí ' eran hijos de Be- 
lial ^ , que no conocian ó respetaban al Señor, 

13 ni la obligación de los sacerdotes para con 
el pueblo : sino que cuando alguno , fuese el que 
fuese , habia inmolado una víctima , venia el cria- 
do del sacerdote , mientras se cocian las carnes , 
y trayendo en su mano un garfio ú horquilla de 
tres dientes , 

14 le metia en el perol , ó en el caldero , ó 
en la olla , ó en la marmita , y todo lo que pren- 
dia con él, lo tomaba para sí el sacerdote '. Esto 
hacian con todos los de Israel que venian á Silo. 

15 Y aun antes que quemasen la grosura de 
la víctima , venia el criado del sacerdote , y de- 
cia al que inmolaba : Dame de la carne para gui- 
sársela yo al sacerdote , segiin su gusto ; pues no 
he de tomar de tí la carne cocida sino cruda ^. 

16 Decíale el que inmolaba : Quémese ahora 
primero la grosura , según el rito, y llévate des- 

1 Eran de aquellos , de quienes dice San Pablo , que 
profesan conocer á Dios; pero le niegan con sus hechos. Ad 
TU. I V. 16. 

2 Esto es, impíos y malvados. — Véase Belial. 

3 Sin contentarse con la parte que le correspondía. 

4 La Ley no daba al sacerdote sino la espalda y el pecho 
de la víctima pacífica; mas estos criados de los hijos de 
Helí tomaban en nombre de él cuanto podian sacar fuera 
con los tridentes ó garfios. Era también expresamente con- 
tra la Ley el exigir la porción sacerdotal, antes que se hu- 
biese hecho quemar sobre el altar la grosura de la victima 
pacífica. Levü. VIL v. 31, 33. 



16 LIURO PRmERO DE LOS REYES. 

pues todo lo que quisieres. Mas él respondía di- 
ciendo : No ; ahora me la has de dar : de lo con- 
trario te la quitaré yo por fuerza. 

17 Era pues el pecado de estos hijos de HeJi 
enormísimo á los ojos del Señor : por cuanto re- 
traían á la gente de sacrificar al Señor. 

18 Entretanto el niño Samuel, revestido de 
un Ephod ó sobrepelliz ' de lino , ejercia su minis- 
terio en la presencia del Señor. 

19 Y hacíale su madre una túnica pequeña; y 
se la llevaba los dias solemnes , cuando subia con 
su marido á ofrecer el anual sacrificio solemne. 

20 Y ^ bendijo Helí á Elcana y á su muger, 
diciéndole á él : El Señor te conceda succesion de 
esta muger en pago de la prenda que has consa- 
grado y depositado en manos del Señor. Después 
de lo cual se volvieron á su casa. 

21 En efecto , el Señor visitó á Anna ; la cual 
concibió y parió tres hijos y dos hijas. Entretanto 
el niño Samuel iba haciéndose grande en la pre- 
sencia del Señor. 

22 Helí empero era muy viejo : y llegó á sa- 
ber el modo de portarse de sus hijos con todo el 

1 No debe couíundirse este Ephod con el que usaba el 
Surao Pontífice, que era muy diferente. Exod. XXVIII. 
V. 6. Algunos creen que este Ephod era un largo ceñidor de 
lino á manera de una estola, que bajaba del cuello á afian- 
zar sobre la cintura la vestidura de lino que usaban los le- 
vitas. 

2 El dia que ofrecieron a Samuel. 



CAPITULO II. 17 

pueblo ; y que dormían con las mugeres, que ve- 
nían á velar ' y orar en la puerta del Tabernáculo ; 

23 y ^ les dijo úm'camente : ¿Por qué hacéis to- 
das estas cosas que me dicen de vosotros ? ¿ esos 
crímenes detestables de que habla todo el pue- 
blo ? 

24 No mas , hijos míos ; que es muy desa- 
gradable lo que ha llegado á mis oídos de que 
hacéis prevaricar al pueblo del Señor, 

25 Si un hombre peca contra otro hombre , 
puédesele alcanzar de Dios el perdón : mas si 
aquel hombre que ha de ser el mediador^ peca con- 
tra el Señor, ¿quién rogará por él? No escucharon 
los hijos de Helí la voz de su padre ; porque el 
Señor había resuelto quitarles la vida 



el • 



1 En el hebreo se dice ^~í< piflD H'lNDHn 4"^ milila' 
han ó servían : lo cual denota que se ocupaban en todas las 
labores de su sexo con que podían servir al templo, perma- 
neciendo en ala^n edificio vecino al mismo, y pasando sus 
días trabajando en cosas de uso sagrado, y en la lectura de 
la Ley, y oración que hacían ante la puerta de la casa del 
Señor. — Véase Diaconisa. 

2 En higar de castigarlos severamente. 

3 Y én castigo de sus crímenes les negó la gracia de la 
conversión. — Palabras son estas que denotan bien la grave- 
dad de los pecados de los sacerdotes ; y de aquellos que 
abusan en ofensa de Dios de las cosas destinadas para ha- 
cérnosle propicio , y para alcanzar el perdón de nuestros 
pecados. No quiere decir que la misericordia no los per- 
done ; sino que es muy difícil el alcanzarla, cuando se peca 
con los mismos medios que nos da el Señor para obtener su 



18 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

26 Entretanto el niño Samuel iba adelantando 
y creciendo , y era grato no menos al Señor que 
á los hombres. 

27 Vino á la sazón un varón do Dios á Helí , v 
díjole : Esto dice el Señor : ¿ No es así que yo me 
manifesté visiblemente á la familia de Aaron tu 
padre j cuando estaba en Egypto en la casa y bajo 
el yugo de Pharaon ; 

28 y que le escogí entre todas las tribus de 
Israel por sacerdote mió, para que subiese á ofre- 
cer sobre mi altar, y me quemase perfumes, y an- 
duviese vestido del Ephod en mi presencia; y di 
á la casa de tu padre una parte en todos los sacri- 
ficios de los hijos de Israel? 

29 Pues ¿ cómo habéis hollado ó envilecido mis 
víctimas y mis dones , que 3^0 mande' ofrecer en 
el templo ; y has tenido tú mas respeto á tus hi- 
jos , que no á mí , comiendo con ellos lo principal 
ó mejor de todos los sacrificios de mi pueblo de 
Israel ? 

30 Por tanto el Señor Dios de Israel dice : Yo 
habia declarado y prometido que tu familia, v la 
familia de tu padre , servirla el ministerio del 
Sitmo sacerdocio delante de mí perpetuamente. 
Mas ahora dice el Señor : Lejos de mí tal cosa : 
porque yo honraré á todo el que me g-lorificáre ; 



gracia. Endurecidos y obstinados en el pecado los hijos de 
Helí, merecieron que Dios los abandonase á los perversox 
(legeos dii su corazón, como dice el Apóstol, Rtm. I. v. 24, 



CAPÍTULO II. 19 

pero los que me menospreciaren , serán deshon- 
rados. 

31 He aquí que lle^a el tiempo en que cortaré 
tu brazo ó tu poder, y el brazo de la casa de tu 
padre ' ; de suerte que no baya anciano ^ en 
vuestra familia. 

32 Y cuando todo Israel estará en medio de la 
prosperidad , verás á tu rival en el Templo ; 
mientras en tu casa no habrá jamas anciano. 

33 Con todo no apartaré absolutamente á tus 
descendientes de mi altar; pero será para que 
viéndolo llores continuamente de envidia , y se 
consuma de dolor tu alma '; y una gran parte de 
tu casa morirá al llegar á la edad varonil. 

34 Y serviráte de señal esto que ha de aconte- 
cer á tus dos hijos Ophni y Phinées : d saber que 
en un dia morirán ambos. 

35 Y yo me proveeré de un sacerdote ^ fiel , 
que obre según mi corazón y mi alma ; y le fun- 



1 Privándola del Pontificado, origen de vuestro poder. — 
Por el brazo de Heli entienden algunos sus dos hijos Ophni 
y Phinées. Achitob , Achia y Aciiimelech , siiccesores de 
Helí, vivieron muy poco tiempo ; y Abiathar, que fue el 
último Pontífice descendiente de Helí , fue privado del 
Sumo sacerdocio. 

2 O según otros Sumo sacerdote. 

3 En persona de tus hijos y descendientes. 

4 Este sacerdote fue Sadoc , el cual fue Sumo Pontífice 
despue.s de Abiathar. 



20 LIBRO PRIiMERO DE LOS REYES. 

daré una casa sólida y duradera , y caminará 
siempre delante de mi Ungido '. 

36 Entonces sucederá que todo aquel que hu- 
biere quedado de tu casa y familia , vendrá ^ para 
que se interceda por él con el Sumo sacerdote , á fin 
de que se le dé una pequeña moneda de plata y 
una torta de pan ; y dirá : Suplicóte que me ad- 
mitas á algún ministerio sacerdotal , para tener 
que comer un bocado de pan. 



capítulo III. 

Llama Dios a Samuel y le revela el castigo de HeU\ á quien 
el joven lo declara sencillamente. 

1 Entretanto el joven Samuel proseguia sir- 
viendo al Señor bajo la dirección de Helí ; y la 
palabra del Señor ó revelación era rara, y por con- 
siguiente de mucha estima : no era común en aque- 
llos dias ' la profecía. 

1 O del rey que yo eligiese. 

2 El hebreo dice : 

Dn^"")2D'' p)DD nii^i<^ t> D^nr\]vrb nd^ ven- 
drá a postrarse delante de él (del sacerdote fiel de que había 
el versículo precedente) con una monedilla de plata, y una 
torta de pan, y dirá, etc. Y los Setenta "H^íí -^rfOTXüVJi'srstf 
«yTK «'v oQo\(6 ciDyvplis^ x*t iv a.fiTCi> iv) Xs'yav, vendrá á 
adorarle con un óbolo de piala, y un pan , diciendo : destí- 
name te ruego, etc. 

3 Eran raros en aquella época los profetas. Dos solos se 
notan en todo el libro de los Jueces [cap. IV. y VI J ; y eí 



CAPITULO III. 21 

2 Sucedió pues un dia que estando Helí, cuyos 
ojos habían perdido ya la facultad de ver, acosta- 
do en su aposento, 

3 y Samuel durmiendo junto d él en el Templo 
del Señor donde estaba el Arca de Dios; he aquí 
que el Señor, antes que fuese apagada la lámpara 
de Dios ' , o candelera de oro, 

4 llamó á Samuel ; y respondiendo éste : Aquí 
estoy ; 

5 corrió al punto á Helí, y díjole : Heme aquí, 
pues que me has llamado. Helí le dijo : No te 
he llamado, vuélvete adormir. Fuese Samuel, y 
acostóse de nuevo. 

6 Volvió el Señor por segunda vez á llamar á 
Samuel, y levantándose éste fue á Helí, y le dijo : 
Heme aquí, ya que me has llamado. Helí le res- 
pondió : Hijo mió, yo no te he llamado : vuélvete 
á dormir. 

7 Y es que Samuel no conocia todavía la voz 
del Señor ^ ; pues hasta entonces no le habia sido 
revelada la palabra del Señor. 

apóstol S. Pedro caracteriza los tiempos de Samuel y de 
Saúl , etc., suponiendo que eran la época de los profetas. 
Act. III. V. 24:. Samuel, profeta del Señor, apareció en 
medio de las tinieblas de la ignorancia, y de la depravación 
de costumbres. 

i Al amanecer se apagaban las lámparas del candelero 
de oro , {Ex. XXVII. v. 21.) de lo que se infiere que Dios 
hÍ20 sentir su voz á Samuel, siendo aun de noche. 

2 Las señales ó el modo con que el Señor hablaba á los 
profetas. 

3 



2'2 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

8 Repitió el Señor y llamó por tercera vez á 
Samuel ; el cual levantándose volvió á Helí, 

9 diciendo : Heme aquí , pues que me has lla- 
mado. Con esto reconoció Helí que era el Señor 
quien llamaba al joven ; y dijo á Samuel : Vete á 
dormir ; y si te llamare otra vez , responderás : 
Hablad, oh Señor, que vuestro siervo os escucha. 
Volvióse pues Samuel á su aposento , y se puso 
otra vez á dormir. 

10 Vino entonces el Señor, y llegándose d Sa- 
muel^ le llamó como las otras veces : Samuel, Sa- 
muel. A lo que respondió Samuel : Hablad Señor, 
que vuestro siervo os escucha. 

1 1 Y dijo el Señor á Samuel : r>íira , yo voy á 
hacer una cosa en Israel ; que á todo aquel que la 
oyere, le retiñirán de /eíTor ambos oidos '. 

12 En aquel dia yo verificaré cuanto tengo 
dicho contra Helí y su casa : daré principio á ello, 
y lo concluiré. 

13 Porque ya le predije que habia de castigar 
perpetuamente su casa por causa de su iniquidad : 
puesto que sabiendo lo indignamente que se por- 
tan sus hijos, no lus lia corregido como debía, 

14 Por lo cual he jurado á la casa de Helí, que 
su iniquidad ^ no se expiará jamas ni con vícti- 
mas ni con ofrendas. 

1 La metáfora está tomada de lo que sncedej por ejem- 
\Áo , á quien siente el repentino estallido de un gran tme- 
iio , que le deja aturdido, y con el ruido en los oidos. 

2 La palabra iniquidad ó pecado , aquí como en otros lu- 



CAPITULO 111. 23 

15 Durmió después Samuel hasta la mañana, y 
á su tiempo abrió las puertas de la Casa del Se- 
ñor : pero temía descubrir á Helí la visión. 

16 Llamóle pues Helí, y le dijo : ¿Samuel, 
hijo mió ? El cual respondió : Aquí estoy. 

17 Y le preguntó Helí : ¿Que es lo que te ha 
dicho el Señor ? Ruéo-ote no me encubnis nada 
el Señor te castigue severamente si me ocultares 
alo-una cosa de cuanto se le ha dicho. 

18 Manifestóle pues Samuel una por una todas 
las palabras , sin ocultarle nada ; y Helí respon- 
dió : El es el Señor ' : haga lo que sea agradable 
á sus ojos. 

19 Samuel empero iba creciendo, y el Señor 
estaba con cl : y de todas sus predicciones ni una 
siquiera dejó de verificarse. 

20 Con lo que conoció iodo Israel, desde Dan 
liasta Bersabée , que Samuel era un verdadero 
pi'ofeta del Señor. 

21 Y el Señor prosiguió apareciéndoseíe en 
Silo, porque en Silo fue en donde se manifestó 
á Samuel la primera vez, conforme á la palabra 
del Señor. Y cumplióse cuanto dijo Samuel á 
todo el pueblo de Israel. 

saies, se toma por el castigo ó pena del pecado ; y quiere 
<Iecir que ya la familia de Helí no podrá evitar los castigos 
decretados por Dios. — Véase Pecado, 

I Respuesta digna de un Sacerdote penitente , liumiürt- 
do, conipunj>ido de sus faltas, y resignado á todas las dis- 
posiciones de la Divina Justicia. Y a?í creen co/nunraente 



24 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

CAPITULO IV. 

Derrotan los philistheos á los israelitas : se apoderan del Ar- 
ca del Testamento, y quedan muertos los dos hijos de 
Helí. 

\ Sucedió por aquellos días que los philistheos 
se juntaron para hacer la guerra á los israelitas. 
Israel se puso también en campaña para comba- 
tir á los philistheos , y acampó junto á la piedra 
llamada después Piedra del Socorro. Los philis- 
theos por su parte avanzaron hasta Aphec, 

2 y presentaron á Israel la batalla. Comenzada 
esta , Israel volvió las espaldas á los philistheos : 
quienes mataron en aquel choque, y dejaron ten- 
didos por los campos , al pie de cuatro mil hom- 
bres. 

3 Vuelto el grueso del ejército al campamento, 
dijeron los Ancianos de Israel : ¿Cómo es que el 
Señor nos ha derrotado hoy delante de los phi- 
listheos ? Traigamos aquí de Silo el Arca de la 
Alianza del Señor, y venga en medio de nosotros, 
para que nos salve de la mano de nuestros ene- 
migos ^ 

los Santos Padres é Intérpretes que Helí alcanzó la salva- 
ción eterna, aunque el Señor no dejase de castigarle á él y 
á sus hijos, como habia predicho. S. Juan Ckrysost. Contra 
vitup. vit. tnonasf. lib. III. 

I Acordábanse de cuanto íes habia valido la presencia 
del Arca en el paso del Jordán, en la toma de Jerichó, etc. 
Era considerada el Arca como el trono de Dios , que habi- 
taba en medio de su pueblo. 



CAPITULO IV. 25 

4 Envió pues el pueblo á Silo , y trajeron de 
allí el Arca de la Alianza del Señor de los ejérci- 
tos, que está sentado sobre los querubines : y los 
dos hijos de Helí, Ophni y Phinées acompañaban 
el Arca de la Alianza de Dios. 

5 Luego que el Arca de la Alianza del Señor 
llegó al campamento , dio voces todo Israel con 
grande algazara, que resonaron por todo el país. 

6 Y oyéndolas los philistheos , dijeron : ¿Qué 
gritería es esta que se oye en el campamento de 
los hebreos ? Y supieron que era por haber lle- 
gado al campamento el Arca del Señor. 

7 Con esto se atemorizaron los philistheos , y 
dijeron : El Dios de ellos ha venido á sus reales ; 
y anadian gimiendo : 

8 ¡Ay de nosotros ! No estaban , no , ayer ni 
antes de ayer con tanta alegría, j Tristes de nos- 
otros ! ¿ Quién nos librará de la mano de ese Dios 
excelso ? Ese es aquel Dios que castigó al Egypto 
con toda suerte de plagas , y que condujo d Israel 
por el Desierto. 

9 Pero ánimo , philistheos : tened valor : no 
seáis esclavos de los hebreos , como ellos lo han 
sido de vosotros tantos años. Esforzaos y pelead 
C071 denuedo. 

10 Dieron pues los philistheos la batalla , y 
quedó derrotado Israel ; y todos los que pudieron 
huyeron á sus casas. El destrozo de los israelitas 
fue tan grande, que quedaron muertos treinta mil 
infantes. 



26 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

11 Fue tomada el Arca de Dios ' , y miieitos 
los dos hijos de Helí, Ophnl y Plilnées. 

12 Aquel mismo día «n soldado de la tribu de 
Benjamin, escapado de la batalla , vino corriendo 
á Silo , rasgado el vestido y cubierta de polvo la 
cabeza ai senil de dolor. 

13 Al tiempo que llegó , estaba Helí sentado 
en su silla de audiencia , ci la entrada del templo, 
mirando acia el camino : porque su corazón se 
hallaba en un continuo sobresalto por el Arca del 
Señor, Habiendo entrado pues aquel soldado, 
publicó luego la noticia por la ciudad, y toda la 
gente prorumpió en grandes alaridos. 

14 Helí, oido el clamor general, dijo : ¿Qué 
ruido tumultuoso es ese ? Llegó entonces aquel 
hombre á toda priesa á Helí, y dióle la noticia. 

15 Helí tenia á la sazón noventa y ocho años, 
y sus ojos habian cegado, de suerte que no podia 
ver. 

16 Dijo pues el soldado á Helí : Yo soy el que 
acabo de venir de la batalla, y yo el que hoy esca- 
pé del combate. Díjole Helí : ¿ Qué ha sucedido, 
hijo mió ? 

17 A lo que respondió el hombre que habia 
traido la nueva, diciendo : Huyó Israel delante 
de los philistheos , y ha sido grande el destrozo 



1 Observa San Agiistiti que A Arca del Señor no podia 
servir de defensa á los transí^resores de la Ley, á los cuales 
condena la misma Ley que está dentro del Arca. 



CAPÍTULO IV. 27 

«leí ejército; y ademas lian quedado muertos (us 
dos hijos Ophui y Pliinées , y el Arta de Dios lia 
sido coo'ida. 

18 Apenas el hombre hubo nombrado el Arca 
de Dios, cayó Helí de espaldas de la silla junto 
á la puerta , y quebrándose la cerviz , murió : 
siendo como era ya hombre anciano y de una 
edad decrépita. Fue Heli juez de Israel cuarenta 
años. 

19 Estaba preñada una nuera suya, mut^er de 
Phinées , y cercana al parto ; la cual al oír la no- 
ticia del cautiverio del Arca de Dios , y de la 
muerte de su suegro , y de su marido , sorpren- 
dida repentinamente de los dolores , inclinóse y 
parió. 

20 Cuando estaba ya espirando , dijéronle las 
que la asistian : Buen ánimo : que has parido un 
hijo. Mas ella penetrada de dolor no les contestó, 
ni se dio pm^ entendida : 

21 llamó sí al niño , Ichábod ' ; diciendo : Aca- 
bóse la gloria de Israel : á causa de haber sido 
cogida el Arca de Dios , y muertos su suegro y 
su marido» 

22 y dijo : Acabóse la gloria de Israel , porque 
el Arca de Dios habia sido cocida. 



I Qne significa I Dónde ealá la yloria 



28 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 



CAPÍTULO V. 

Los philistheos ponen el Arca del Señor en el Templo de su 
ídolo Dagon, el cual cae por tierra hecho pedazos á los 
pies del Arca. Envianla á los israetitas para librarse de 
los males que les causaba. 

1 Tomaron pues los philistheos el Arca de Dios 
y la trasportaron de la Piedra del Socorro á la 
ciudad de Azoto. 

2 Llevada que fue allá, metiéronla en el templo 
de Dagon ' , colocándola junto aZ ¿dolo Dag-on. 

3 Mas al otro dia , habiéndose levantado muy 
temprano los azoclos , hallaron que Dagon yacía 
boca abajo en el suelo delante del Arca del Señor ; 
y alzaron á Dagon y le repusieron en su lugar. 

4 Al dia siguiente , levantándose también de 
madrugada , encontraron á Dagon tendido en 
tierra sobre su pecho delante del Arca del Señor : 
mas la cabeza de Dagon y las dos manos cortadas 
del tronco, estaban sobre el umbral de la puerta : 

5 de suerte que solo el tronco de Dagon habia 
quedado allí donde cayó. Por esta razón , aun en 
el dia de hoy , los sacerdotes de Dagon , y todos 

1 O para honrar á su dios con tan bella oferta, como dice 
San Agustín , De Civ. Dei, XVII. c. 4. -, ó para presentarle 
esta mas preciosa parte del botin qne habían cogido^ como 
dice Josepho, Antiq. lib. VI. c. L ^Créese que este ídolo 
Dagon era la Venus de Ascalon, adorada en la figura de 
una miiger que terminaba en pez. 



CAPÍTULO V. 29 

los que entraii en su templo , no ponen el pie 
sobre el umbral del templo de Dagon en Azoto '. 

6 Tras esto la mano del Señor descargó terri- 
blemente sobre los azocios, y los asoló ; é hirió á 
los de Azoto y su comarca en la parte mas secreta 
de las nalg-as. Al mismo tiempo las aldeas y cam- 
pos de aquel pais comenzaron á bullir , y apareció 
una gran multitud de ratones ; con lo que toda la 
ciudad quedó consternada por la gran mortandad 
que causaban. 

7 Viendo pues tal plaga los vecinos de Azoto , 
dijeron : No quede mas entre nosotros el Arca del 
Dios de Israel : porque es muy pesada su mano 
sobre nosotros y sobre nuestro dios Dagon. 

8 Y habiendo enviado á buscar todos los sátrapas 
ó principes de los philistheos , les dijeron : ¿Qué 
haremos del Arca del Dios de Israel? A lo que 
respondieron los getheoS : Llévese por los con- 
tornos ^. Llevaron , pues , el Arca del Dios de Is- 
rael de un lusrar á otro. 

9 Y conforme la iban'asi conduciendo de ciudad 
en ciudad , el Señor descaro^aba su mano sobre 
ellas , causando una mortandad grandísima ; v 
heria á los moradores de cada pueblo desde el 
menor hasta el mayor ; de modo que sus hemor- 

1 Con esta ceremonia atestiguaban los mismos philis- 
theos á las generaciones venideras lo que había sucedido 
á su dios, 

2 Esto es, de pueblo en pueblo ; para ver así sí es ella la 
causa de los males. 



30 LltíllO rUDlERO Dfc LOS RtYES. 

roldas hiiicliatlas y caldas se corrompían : por lo 
fjue los getheos , dlscnrriendo entre sí, se hicie- 
ron unos asientos de pieles. 

10 Y enviaron el Arca de Dios á Accaron. Rías 
llegada que fue allí , exclamaron los accaronltas , 
diciendo : Nos lian traído el Arca del Dios de Is- 
rael para que nos mate á nosotros y á nuestro 
{)ueblo. 

11 Por lo cual hicieron que se juntasen todos 
los sátrapas de los philistheos , los cuales dijeron : 
Devolved el Arca del Dios de Israel , y restituyase 
á su lugar ; á fin de que no acabe con nosotros y 
con nuestro pueblo. 

12 Porque se difundía por todas las ciudades el 
terror de la muerte ; y la mano de Dios descar- 
gaba terriblemente sobre ellas : pues aun los que 
no morían estaban llagados en las partes mas se- 
cretas de las nalgas ; y los alaridos de cada ciudad 
subían hasta el cielo. 

CAPITULO VI. 

Es reslituida el Arca del Señor. 

1 Estuvo pues el Arca del Señor en el país de 
los philistheos por espacio de siete meses. 

2 Y convocando los philistheos á los sacerdotes 
y adivinos , les dijeron : ¿ Qué liaremos del Arca 
del Señor? Instruidnos en qué forma debamos 
remitirla á su lugar. A lo que les respondieron : 



CAPÍTULO VI. 31 

3 Si remltis el Arca del Dios de Israel, no habéis 
de remitirla vacía ; sino pagadle con alyun presente 
lo que debéis por el pecado, y entonces sanareis : 
y conoceréis ' por que la mano de Dios no cesa 
de castigaros. 

4 Dijeron ellos : ¿ Qué es lo que debemos pa- 
garle en expiación por el pecado ? A lo que les 
contestaron : 

5 Haréis de oro cinco figuras de b.emorroidas , 
y otras tantas^^iíras de ratones, también de oro, 
conforme al número de las provincias - de los plii- 
listheos ; pues que todos vosotros y vuestros 
sátrapas habéis padecido una misma plaga. Por 
tanto haréis unas figuras de hemorroidas , y otras 
de los ratones que han talado la tierra , y daréis 
gloria al Dios de Israel : á ver si con esto levanta 
su mano de vosotros y de vuestros dioses y de 
vuestro pais. 

6 ¿Por qué endurecéis vuestros corazones , como 
endureció el stiyo el Egypto y Pharaon ? ¿ No es 
asi que después de haber sido castigado con varias 
plagas , entonces soltó á los israelitas , para que 
se fuesen ? 

7 Ahora , pues , manos á la obra , haced un 

1 Sabréis entonces que vuestros males son efectos de la 
ira del Dios de los hebreos, ofendido con las irreverencias 
que habéis cometido contra el Arca santa en que reside. 

1 Eran las cinco satrapías cinco partidos del pais de los 
philistbeos. gobernados cada uno por un sátrapa . que for- 
maban juntos un pequeño reino ó estado. 



32 LIBRO PRIMERO DE LOS REVÉS. 

carro nuevo , y uncid al carro dos vacas recien 
paridas ; que no hayan traido yugo ; y encerrad 
en la boyera sus ternerillos. 

S Tomareis después el Arca del Señor , y la 
pondréis en el carro ; colocando á su lado en un 
cofrecito las figuras de oro que le consagrasteis 
por el pecado y dejadla ir. 

9 Y estaréis en observación , y si vie'reis que 
toma el camino que va á su pais, acia Bethsames, 
sabed que el Dios de Israel es quien nos ha cau- 
sado tan grande mal : pero si no , no ha sido él ; 
y sabremos que no es su mano la que nos ha azo- 
tado , sino que ha sido un efecto casual. 

10 Hiciéronlo pues asi puntualmente, y tomando 
dos vacas que daban de mamar á sus becerrillos, 
las uncieron al carro , y encerraron los terneri- 
llos en la boyera. 

1 1 Y pusieron sobre el carro el Arca de Dios , 
y el coírecito que contenía los ratones de oro , y 
las figuras de las hemorroidas. 

12 Mas las vacas habiendo comenzado á marchar 
se dirigieron via recta por el camino que va á 
Bethsames , y seguian como de acuerdo el mismo 
camino , tirando adelante , y mugiendo , sin des- 
viarse á la diestra ni ala siniestra'. Los sátrapas 
de los philistheos fueron siguiendo detras en ob- 
servación hasta llegar al territorio de Bethsames. 



1 Una mano invisible, mas fuerte que la naturaleza, las 
hacia apartar de sus ternerillos, 



CAPÍTULO VI. *J3 

13 Estaban los bethsamitas segando el trigo en 
un valle , y alzando los ojos vieron el Arca , cuya 
vista los llenó de gozo. 

14 El carro llegó al campo del bethsamita Jo- 
sué , y se paró en él. Habia allí una gran piedra , 
y haciendo pedazos la madera del carro , pusieron 
encima las vacas y las ofrecieron en holocausto al 
vSeñor '. 

15 Mas los levitas bajaron el Arca de Dios^ y 
el cofrecito que estaba á su lado, donde venían los 
votos de oro , y colocáronla sobre aquella gran 
piedra. Entonces los bethsamitas ofrecieron holo- 
caustos delante del Arca , é inmolaron en aquel 
día víctimas al Señor ; 

16 lo cual vieron los cinco sátrapas de los 
phiHstheos , y el mismo día se volvieron á Ac- 
caron. 

17 Y estas son las ciudades que ofrecieron las he- 
morroidas hechas de oro , que los philistheos tri- 
butaron al Seiior para expiar el pecado : Azoto , 
Gaza , Ascalon , Geth , Accaron , una cada ciu- 
dad. 

18 Y los ratones de oro que ofrecieron, fueron 
tantos cuantas eran las poblaciones de los philis- 
theos en las cinco provincias , comenzando desde 

1 Eu un caso tan extraordinario pudo ser lícito á los 
bethsamitas el ofrecer allí en holocausto las misraas vacas 
que llevaban el^ Arca ; aunque la Ley no permitía seme- 
jante holocausto, ni ofrecer sacrificios fuera del Taberná- 
culo. 

To3i. IV, 4 



34 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

las ciudades muradas, hasta las aldeas que no tie- 
nen muros ; todo el país hasta la piedra grande 
llamada después Abel, sobre la cual habian colo- 
cado el Arca del Señor , piedra que hasta hoy dia 
está en la heredad de Josué bethsamita '. 



1 H2>í signiíica luto ó llanto'/, nombre que se cree dado 
á aquel Ingar por causa de la gran mortandad de los beth- 
samitas, eu castigo de la irreligiosa curiosidad con que mi- 
raron ó registraron el Arca santa , abriéndola tal vez con 
el pretexto de ver si los philisteos hablan quitado las tablas 
de la Ley. Ya se ha dicho ( Num. IV. v. 15, 20.) que*" aun 
á los levitas les era prohibido bajo pena de muerte el mirar 
descubierta el Arca, y los vasos sagrados, que ellos lleva- 
ban durante la peregrinación por el Desierto. Véase Escri- 
tura. Que los hombres que gobiernan los imperios^ sacrifi- 
quen nñllares de soldados para mantener las leyes ó cons- 
titución del Estadíj , y su esplendor y gloria, se tiene por 
cosa justa y digna de elogio; pero que Dios inmolase cin- 
cuenta mil culpables para vengar sus leyes violadas y su 
Magestad ultrajada, es cosa inconcebible á los incrédulos. 
Dios, dueño absoluto de nuestra vida, dice Grocio, puede 
sin ningún motivo, y en cualquier tiempo quitar á cada 
uno, siempre y cuando quiera, este don de su liberalidad. \ 
por mas rigoroso que parezca el castigo de los bethsamitas, 
¿ será jamas comparable con esos terribles azotes de 1^ 
hambre, peste, grerra, etc. con que de tiempo en tiempo 
castiga todos los pueblos ? El historiador Josephono cuenta 
sino setenta bethsamitas muertos [Antiq. VI. v. 2.). Mr. 
Kennicot asegura haber visto dos códices antiguos que 
traen el mismo número de setenta. Las versiones árabe y 
syriaca tienen en sus manuscritos el número Ae cinco mil 
hombres del pueblo. Esta variación hace sospechar alguna 
alteración en el texto. Véase Escritura^ Chronologia. 



CAPÍTULO Vil. 35 



19 Mas el Señor castig-ó á los moradores de 
Betbsames, y ciudades vecinas, porque se -pusieron 
á mirar con curiosidad lo interior del Arca del Se- 
ñor contra lo mandado ; y mató setenta hombres 
de los Ancianos del pueblo , y cincuenta mil del 
vulgo. Y prorumpleron todos en llanto, al ver que 
el Señor habla herido al pueblo con tan grande 
mortandad. 

20 Por lo que dijeron los ciudadanos de Beth- 
sames : ¿Quien podrá estar en la presencia de 
este Señor , de este Dios tan santo? ¿y á qué lu-' 
gar podrá trasladarse ? 

21 Enviaron pues mensageros á los habitantes 
de Cariathiarim , diciendo : Los philistheos han 
restituido el Arca del Señor : bajad , y lleváosla 
otra vez. 

CAPÍTULO VIL 

El Arca es llevada á Cariathiarim. Se convierten los israeli- 
tas al Señor , y triunfan de los philistAeos. 

1 Vinieron pues los de Cariathiarim y traspor- 
taron el Arca del Señor ' , y colocáronla en casa 
de Abinadab que habitaba en Gabáa ; consagrando 
a su hijo Eleazar ^ , para que cuidase del Arca 
del Señor. 

1 Parece verosímil que esto se hacia por dirección de 
Samuel , que ya era juez del pueblo , como se ve mas 
adelante. 

3 CoDvieaen los intérpretes con Josepho , en que Abi- 



36 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

2 Y sucedió que desde el día en que el Arca 
del Señor llegó á Cariathiarim, pasó mucljo tiem- 
po (pues 3 a era el año vigésimo) , y toda la casa 
de Israel gozó de paz, siguiendo al Señor '. 

3 Porque Samuel ^ habló á toda la casa de Is- 
rael , diciéndole : Si de todo corazón os convertís 
al Señor, arrojad de en medio de vosotros los 
dioses ágenos , los Baaíes y los Astaroth ; y pre- 
parad vuestros corazones para el Señor, y servid- 
le á él solo , y os libertará del poder de los phi- 
listheos. 

4 Entonces los hijos de Israel arrojaron de si 
los Baales y los Astaroth , y sirvieron á solo el 
Señor. ' 

5 Dijo también Samuel : Convocad en Mas- 
phath á todo Israel , para que yo haga oración 
por vosotros al Señor. 

6 Congregáronse pues en Masphath, y sacaron 
agua y la derramaron en presencia del Seííor , 
ayunando aquel dia , y diciendo : Hemos pecado 
contra el Señor '. Y Samuel ejerció allí en Mas- 
phath las funciones de juez de Israel. 

7 Mas oyendo los philistbeos que los israelitas 

nadab era Je la estirpe de Leví; y asi seria consagrado 
con las ceremonias prescritas para los levitas. — Num. 
VIII. V. 7. 

1 Y bien arrepentida de su idolatría. ' 

2 Succesor de Helí. 

3 Observan aquí los expositores las tres partes esencia- 
les de la penitencia : eoniricion , confesión , y satisfacción. 



CAPÍTULO VII. 37 

se habían congregado en Masphath , salieron sus 
sátrapas ó principes contvAlsrciél : lo cual sabiendo 
los hijos de Israel, temieron el encuentro de los 
philistheos , 

8 y dijeron á Samuel : No ceses de claníar por 
nosotros al Señor Dios nuestro , para que nos 
salve de las manos de los philistheos. 

9 Tomó Samuel un cordero de leche , y ofre- 
cióle entero en holocausto al Señor ; y clamó Sa- 
muel al Señor por Israel, y oyó el Señor sus rue- 



gos. 



10 En efecto , mientras Samuel ofrecia el ho- 
locausto ' , comenzaron los philistheos el combate 
contra Israel : mas el Señor tronó en aquel dia 
con espantoso estruendo contra los philistheos, 
y los aterró de tal suerte , que fueron derrotados 
por Israel. 

11 Y los israelitas, habiendo salido de Mas- 
phath , persiguieron á los philistheos , y los fue- 
ron acuchillando hasta un lugar que cae debajo 
de Bethcar. 

12 Tomó pues Samuel una piedra , y púsola 
entre Masphath y Sen, y llamó aquel lugar : Pie- 



1 Por medio de algún sacerdote. Dícese muchas veces 
que hnce uno lo que de orden suya hace otro. Nótese que 
el cordero pascual dehia ser grandecito ; y'que 'ya no ma- 
mase ; pero en cuanto á las demás víctimas , pcdian ofre- 
cerse al cabo de siete dias de nacidas. Exod, XXII. v, 
m.—Lev. XXIL í'. 27. 

AP 



38 Limio PRi:«ERO de los reyes. 

dra del Socorro ; diciendo : Hasta este lagar nos 
ha socorrido el Señor '. 

13 Quedaron entonces humillados los phllistlíe- 
os , y ya no se atrevieron á venir mas á las tierras 
de Israel, Así pues la mano del Señor se hizo sen- 
tir de los philistheos mientras vivió Samuel. 

14 Y fueron restituidas á Israel las ciudades 
que los philistheos le tenian usurpadas , desde Ac- 
caron hasta Geth con sus términos ; y libró Sa- 
muel á los israelitas de mano de los philistheos , y 
hubo paz entre Israel y el amorrheo. 

15 Continuó pues Samuel ^ , siendo juez de 
Israel, durante su vida ; 

16 é iba todos los años á Bethel ', y de allí á 

1 Esta fue la inscripción que se grabó en aquella piedra 

2 Aun después de elegido rey Saúl , continuó Samuel 
gozando de grande autoridad, Y parece que siguió ad- 
ministrando justicia al pueblo , y siendo el consejero de 
la nación , y del mismo rey , en los negocios concernientes 
á la Religión y al Estado. Samuel vivió cerca de ciet> 
años, y era de cuarenta cuando fue hecho juez ó gober- 
nador de Israel. 

3 Aquí se da la idea de un excelente pastor del pueblo , 
que va visitando el pais , y ofreciéndose á todos , para que 
sin gastos ni viages pudiesen terminar sus disputas y plei- 
tos. Aunque Samuel fue ofrecido por su madre al servicio 
del Tabernáculo, aquí se ve como el voto prrticular debe 
ceder siempre al bien público, y á la voluntad de Dios. 
Samuel edificó en Ramatha un altar al Señor : el cual para 
consuelo del profeta , ó para avivar la piedad del pueblo 
que concurría allí para tratar con Samuel , dispensó [en 
esta ocdision la Ley que lo prohibía, Dtuler, Xllt v- 
3,4,5. 



CAPÍTULO VIH. 39 

Gálgala , y después á Maspliath , juzgando ó ad- 
ministrando justicia á Israel en estos lugares. 

17 Volvíase despaes á Ramatha, por tener allí 
su casa, donde juzgaba también á Israel; y donde 
asimismo edificó un altar al Señor ' . 



CAPITULO VIII. 

Los israelitas piden á Samuel que les dé un rey , como tienen 
las otras naciones ; sin querer atender á las reflexiones 
que tes hace el profeta. 

1 Mas como Samuel fuese ya viejo , sustituyó 
á sus hijos por jueces de Israel, , modo de tenien- 
tes suyos, 

2. Llamábase su hijo primogénito Joel , y el 
segundo Abia ; los cuales daban audiencia en Ber- 
sabée. 

3 Mas no siguieron las pisadas de su padre Sa- 
muel, sino que se dejaron arrastrar de la avaricia, 
recibiendo regalos y torciendo la justicia. 

4 Por lo que juntándose todos los Ancianos de 
Israel , vinieron á Samuel que estaba en Rama- 
tha, 

5 y dijéronle : Ya ves que tú has envejecido , y 
que tus hijos no siguen tus pasos : constituyenos 
un rey ' que nos gobierne , como le tienen todas 
las naciones, 

\ Véase Altar. 

2 Dios se habla declarado rey de su pueblo escogido 



40 LlJjKO PRIMERO DE LOS REYES. 

6 Este lenguage desagradó á Samuel , al oír 
que le decían ; Constituyenos un rey que nos go- 
bierne. Con todo, hizo orsiciou i/ consulló al Señor; 

7 y el Señor le dijo : Escucha la voz de ese pue- 
blo , 2/ condesciende á todo lo que te pide ' : porque 
no te han desechado á tí , sino á mí para que no 
reine sobre ellos. 

8 Hacen lo que han hecho siempre desde el dia 
en que los saqué de Egypto hasta hoy : como me 
abandonaron á mí por servir á dioses ágenos, así 
hacen contigo. 

9 Ahora pues otórgales su petición ; pero pri- 
mero hazles presente y anuncíales el poder del rey 
que reinará sobre ellos ^. 

10 Refirió, pues, Samuel al pueblo que le 
habia pedido rey, todas las palabras del Señor, 

11 y dijo : Esta será la potestad del rey que os 
ha de mandar : tomará vuestros hijos , y los des- 

y le habia gobernado de un modo diferente que á las otras 
naciones. Mas deslumhrados los israelitas con el esplendor 
de los reyes de las naciones vecinas, quisieron también te- 
nerle. Samuel consultó luego á Dios lo que habia de ha- 
cer ; y Dios quiso que antes de condescenderj explicara 
á los judíos la manera con que trataban los reyes vecinos á 
sus pueblos. Era muy común el despotismo en los sobe- 
ranos de Oriente. Pero el Señor previendo todo esto', 
habia prescrito ya otras reglas a los futuros reyes de Is- 
rael. Deuier. XVII v. 14. 

1 Sin pararte en la injuria particular que te hacen. 

2 Que creerá tener el rey que reinará. — No fue por de- 
recho, dicen Mariana y Sá, sino por costumbre. 



CAPÍTULO VIIT. 41 

íinará para guiar sus carros , y para ser sus guar- 
dias de á caballo , y para que corran delante de 
sus tiros de cuatro caballos. 

12 De ellos sacará sus tribunos y centuriones , 
los cultivadores de sus tierras , los segadores de 
sus mieses , y los artífices de sus armas y de sus 
carros. 

13 Hará asimismo que vuestras hijas sean sus 
perfumeras , sus cocineras y sus panaderas. 

14 y, loque es mas, os quitará también lo 
mejor de vuestros campos , viñas y olivares , y lo 
dará á sus criados. 

15 Ademas diezmará vuestras mieses, y los 
productos de las viñas para darlos á sus eunucos 
ó ?ninisiros , y á otros de sus criados. 

16 Tomará también vuestros siervos y siervas , 
y vuestros robustos jóvenes , y vuestros asnos, y 
los liará trabajar para él. 

17 Diezmará asimismo vuestros ganados , y 
iodos vosotros vendréis á ser esclavos suyos. 

18 Por lo que alzareis el grito en aquel día á 
causa del rey que os elegisteis : y entonces el 
Señor no querrá oír vuestros clamores ; porque 
vosotros mismos pedísteis tener un rey. 

19 Pero el pueblo no quiso dar oídos á las ra- , 
zones de Samuel, sino que dijeron íoíZos: No, 
no : ba de baber rey sobre nosotros , 

. 30 y nosotros hemos de ser como todas las na- 
ciones ; nuestro rey nos administrará la justicia , y 



42 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

saldrá á nuestra frente y combatirá por nosotros 
en todas las guerras. 

21 Oyó Samuel todas las palabras del pueblo, 
y las hizo presentes al Señor. 

22 Pero el Señor dijo á Samuel : Haz lo que te 
piden , y nómbrales un rey. Dijo pues Samuel á 
los Ancianos de Israel : Vayase cada cual á su 
ciudad '. 

CAPITULO IX. 

Buscando Saúl unas j^oUinas de su padre , llega donde en- 
iaba Samuel ; el cual le declara que ha de ser rey de Is- 
rael. 

1 Vivia en esta sazón un hombre de la tribu 
de Benjamin , llamado Cis , hijo de Abiel, hijo de 
Seror , hijo de Bechórath , hijo de Aphia, hijo de 
Jemini , varón fuerte y valeroso. 

2 Tenia este un hijo llamado Saul^ joven ga- 
llardo y de tan bella presencia , que no le habia 
mas bien dispuesto entre todos los israelitas ; so- 
brepujando lo que va de hombros arriba á todos 
ellos. 

3 Habíanse perdido unas pollinas de Cis, padre 
de Saúl; por lo que dijo Cis á Saúl su hijo : Toma 
contigo un criado , y anda á ver si encuentras las 
pollinas. Ellos habiendo atravesado la montaña de 
Ephraim , 

1 Seguro de que tendrá rey. 



CAPÍTULO IX, 43 

4 y el territorio de Salisa , sin haberlas halla- 
do , pasaron asimismo á tierra de Salira, y no 
j3arecian ; y también á tierra de Jemini , y en 
ninguna parte dieron con ellas. 

5 Venidos finalmente al territorio de Suph ' , 
dijo Saúl al criado que le acompañaba : Ven y 
volvámonos ; no sea que mi padre , dejado ya el 
cuidado de las pollinas , esté en pena por nos- 
otros. 

6 Respondióle el criado : Mira que en esta ciu- 
dad habita un varón de Dios , varón insig-ne : to- 
do cuanto^ anuncia , se verifica sin falta : vamos 
pues allá , por si nos da luz acerca del objeto de 
nuestro viag-e. 

7 Dijo entonces Saúl á su criado : Bien está , 
iremos; pero ¿qué presente llevaremos al varón 
de Dios ? No hay ya pan en nuestras alforjas , ni 
tenemos dinero , ni cosa alguna que darle. 

8 Replicó de nuevo el criado á Saúl, y dijo : 
He aquí la cuarta parte de un siclo de plata , con 
que me encuentro por casualidad : se la daremos 
al varón de Dios , cuando vayamos á saber de él 
lo que debemos hacer ^. 

1 Cerca de Ramatha, patria de Samuel. 

2 Muchas veces se nota en la Sagrada Escritura el uso 
conuun entre los antiguos de no presentarse nunca á un pro- 
feta, á un rey, ó á un gran señor sin llevarle algún presen- 
te en señal de veneración, y á manera de tributo. Así lo hi- 
cieron los Magos al ir ú adorar á Jesús. — Véa^se aquí mis- 
mo r'f/j. X. V. 27. 



44 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

9 ( Antiguamente en Israel todos los que iban 
á consultar a Dios , solían hablar así : Venid , y 
varaos al Veyente. Pues el que hoy se llama Pro- 
feta, se llamaba entonces Veyente. ) 

10 Respondió Saúl á su criado: Dices muy 
bien : vamos allá. Y fueron á la ciudad donde vi- 
via el varón de Dios. 

11 Al subir la cuesta que conduce á ella, en- 
contraron unas doncellas que salían por agua, y 
las preguntaron ; ¿ Está aquí el Veyente ? 

12 Respondieron diciendo : Aquí está : no le 
tienes muy lejos de tí : date priesa ; porque ha 
venido hoy á la ciudad , por ser dia en que el 
pueblo hade ofrecer sacrificio en el lugar excelso. 

13 Entrando en la ciudad, luego le hallareis, 
pues no habrá subido todavía al lugar excelso á 
comer. Porque el pueblo no comerá hasta que él 
llegue : por cuanto él es quien bendice el sacri- 
ficio , y después se ponen á comer los convida- 
dos '. Así pues subid presto , que ahora le ha- 
llareis. 

14 Con esto subieron á la ciudad ; y andando 
por ella , vieron á 3arauel que venia acia ellos 
para subir al lugar excelso. 

1 Después del sacrificio pacífico se celebraba un convite. 
Samuel, corao se ha dicho mas arriba (cap. VII ), habia 
erigido un altar en una cumbre del monte. Muchas veces 
se hace mención en la Escritura de los lugares excelsos, que 
comunmente, en otros lugares de la Escritura, se entienden 
en mala parte ; pues se solía adorar allí á los ídolo.s. 
Véase Lugares alfós. 



tAFÍTüLO IX. 45 

15 Es de saber que un dia antes de la llegada 
de Saúl , el Señor la habia revelado á Samuel se- 
cretamente , dicléndole : 

16 Mañana á esta misma hora te enviaré un 
hombre de la tierra de Benjamín , y le ungirás por 
caudillo de mi pueblo de Israel , y él salvará á mi 
pueblo de las manos de los philistheos ' : porque 
yo he vuelto mis ojos acia el pueblo mió, por cuan- 
to sus clamores han llegado hasta mí. 

17 Y así fue, que luego que Samuel vio á 
Saulj díjole el Señor : Ese es el hombre de 
quien te hablé : ese reinará sobre mi pueblo. 

18 Acercóse pues Saúl á Samuel estando en 
medio de la puerta , y díjole : Suplicóte me in- 
formes donde está la casa del Veyente ^. 

19 Y Samuel le respondió, diciendo : Yo soy 
el Veyente : Sube delante de mí al lugar excelso, 
porque hoy comerás conmigo , y mañana te des- 
pacharé , después de haberte manifestado todo lo 
que tienes en tu corazón. 

20 Y acerca de las pollinas que perdiste tres 
dias hace , no estés con cuidado , porque ya pa- 
recieron. Mas ¿y de quién será todo lo mejor de 
Israel ? por ventura ¿ no será para tí , y para toda 
la casa de tu padre ? 

21 A lo que replicando Saúl , dijo: ¿Pues no 
soy yo hijo de Jemini , de la tribu mas pequeña 



1 Que ja comienzan otra vesc á oprimirle. 

2 Véase Profela. 

5 



4(3 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

lie Israel ? ¿ Y no es mi familia la última entre 
todas las de la tribu de Benjamin ? ¿ Por qué me 
hablas de esa manera ? 

22 Empero Samuel tomando consigo á Sanl y 
al criado ^ introdújolos en la sala del convite , y 
los colocó á la cabecera de la mesa , distinguién- 
dolos sobre todos los convidados ; que eran como 
unas treinta personas. 

23 Y dijo Samuel al cocinero : Saca la porción 
que te di , mandándote que la guardases á parte. 

24 Sacó entonces el cocinero una espaldilla , y 
púsola delante de Saúl. Y dijo Samuel : Mira, eso 
quedó reservado : tómalo y come ; puesto que de 
propósito lo he hecho reservar para tí, cuando he 
convidado al pueblo. Y comió Saúl con Samuel 
aquel dia. 

25 Y habiendo bajado del lugar excelso á la 
ciudad, Samuel conversó con Saúl en el terrado. 
Allí se echó Saúl y durmió. 

26 Por la mañana, levantándose al rayar el 
dia , Samuel llamó á Saúl que estaba en el ter- 
rado , diciendo : Ven , y te despacharé. Fue 
Saúl , y marcharon los dos , á saber , él y Samuel. 

27 Y cuando descendían á la parte mas baja de 
la ciudad , dijo Samuel á Saúl : Di al criado que 
pase y vaya delante de nosotros : mas tú párate 
un poco j que quiero comunicarte lo que ha dicho 
y dispuesto sobre ti el Señor, 



47 



CAPÍTULO X. 

Saul^ ungido rey por Samuel , es elegido ij proclamado en 

Maspha. 

1 Entonces sacó Samuel una redomita de óleo 
ó bálsamo , y derramóla sobre la cabeza de Saiil, 
y besóle, diciendo : He aquí que el Señor te ba 
ung-ldo para Príncipe sobre su berencia , y tú 
librarás á su pueblo de las manos de sus enemigos 
que lo rodean '. Esta señal tendrás de que Dios te 
ha ungido para Príncipe. 

2 Cuando hoy te hayas separado de mí, encon- 
trarás dos hombres junto al sepulcro de Rachél , 
en la frontera de Benjamin , acia la parte meri- 
dional, que te dirán : Se han hallado ya las po- 
llinas que fuiste á buscar ; y no pensando ya tu 
padre en ellas, está inquieto por causa de vos- 
otros , y dice : ¿ Qué le habrá sucedido á mi hijo? 

3 Y luego que partas de allí , y pases mas ade- 
lante , en llegando á la encina de Thabor , encon- 
trarás tres hombres , que irán á adorar á Dios en 
Bethel^, uno que llevará tres cabritos , otro tres 



1 El uso de ungir á los reyes fne en e! pueblo hebreo 
como una predicción del Mesías ; el cual debja ser junta- 
mente Rey, Sacerdote, y Profeta. S. Aucj. Ps. 44. — Mu- 
chos Santos Padres creen que se hacia la unción de los reyes 
con el mismo óleo que la de los sacerdotes de que se habla 
Ex. XXX. V. 23. Véase Unción. 

2 Tenían los hebreos gran veneración áeste lugar por la 
aparición de la misteriosa escala. Gen. XX VIH. 



48 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

hogazas de pan , y el tercero una bota de víno ; 

4 y habiéndote saludado te darán dos panes , 
que tú recibirás de su mano. 

5 Después que llegues al collado de Dios , 
donde está el presidio de los philistheos , y entres 
en la ciudad , encontrarás una compañía ó coro de 
profetas , que bajan del lugar excelso , precedidos 
de salterio , tambor y flauta , y cítara , y ellos 
profetizando '. 

6 Y te arrebatará el espíritu del Señor , y pro- 
fetizarás con ellos , y quedarás mudado en otro 
hombre. 

7 Cuando vieres pues cumplidas todas estas se- 
ñales , haz osadamente cuanto te ocurra deber ha- 
cer ; porque contigo está el Señor, 

8 Después descenderás antes que yo á Gálgala 
(donde iré á encontrarte) , para ofrecer holocaus- 
tos , y sacrificar víctimas pacíficas al Señar. Me 
aguardarás siete dias , hasta tanto que yo llegue , 
y te declare lo que debes hacer. 

9 Así que Saúl volvió las espaldas , y se separó 
de Samuel , mudóle Dios el corazón en otro , y 
le sucedieron aquel día todas estas señales. 

10 En efecto , llegados al collado arriba dicho, 
he aquí que se encuentra con un coro de profetas ; 
y arrebatado del espíritu del Señor se puso á 
profetizar, ó cantar en medio de ellos : 



1 O cantando las alabanzas de Dios. Véase Projeía. 
Lugar excelso. 



CAPÍTULO X. 49 

'' 11 y viendo los que le habían conocido poco 
antes , como estaba con los profetas y profetizan- 
do , dijéronse unos á otros : ¿ Qué es esto que ha 
sucedido al hijo de Cis? Pues qué ¿ también Saúl 
es uno de los profetas ? 

12 Sobre lo cual respondieron algunos : ¿ Y 
quién es el padre de estos otros profetas ' ? Por 
donde pasó á proverbio : Pues qué ¿también Saúl 
es uno de los profetas ? 

13 Y cesó Saúl de profetizar , y fuese al lugar 
alto, d Gaháa¡ su patria. 

14 Y un tio suyo le dijo á él y á su criado : ¿A 
dónde habéis ido? Respondiéronle : A buscar las 
pollinas; y no habiéndolas encontrado, nos di- 
rigimos á Samuel. 

15 Díjole su tio : Cuéntame lo que te ha dicho 
Samuel. 

16 Respondióle Saúl : Nos hizo saber que ha- 
blan parecido las pollinas. Mas no le descubrió 
nada de lo que Samuel le habia dicho acerca del 
reino. 

17 Después de esto convocó Samuel al pueblo 
delante del Señor , en Masphá ; 

18 y dijo^ á los hijos de Israel : Esto dice el 



1 ¿Pnes quién es el padre de los demás profetas? ¿ Por 
ventura no es Dios quien los inspira? O bien : ¿El padre 
de estos profetas no es Dios ? ¿ Y no puede communioar á 
Saúl el misnao espíritu de sabiduría que á los profetas ? 
¿ Nocommunica Dios su espíritu al que quiere ? 



50 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

Señor Dios de Israel : Yo saqué á Israel de Egyp- 
to , y os libré de las manos de los egypcios y de 
las manos de todos los reyes que os oprimían : 

19 mas vosotros ' en el dia habéis desechado á 
vuestro Dios , solo el cual os ha salvado de todos 
los males y tribulaciones , y habéis dicho : No mas 
así : establécenos un rey que nos gobierne. Ahora 
pues presentaos delante del Señor por el orden 
de vuestras tribus y familias. 

20 Y sorteó Samuel todas las tribus de Israel , 
y cayó la suerte sobre la tribu de Beujarain. 

21 Sorteó después las familias de la tribu de 
Benjamín , y tocó la suerte á la familia de Metri, 
y finalmente á Saúl , hijo de Cis. Buscáronle 
luego , mas no pudieron encontrarle. 

22 Con esto consultaron al Señor para saber si 
comparecería allí Saúl. A lo que respondió el Se- 
ñor : A estas horas está escondido en su casa. 

23 Fueron pues corriendo , y trajéronle de 
allí ; y así que estuvo en medio del pueblo , se 
vio que era mas alto que todos los demás todo lo 
que va de hombros arriba. 

24 Dijo entonces Samuel á todo el ptieblo : Ya, 
veis á quien ha elegido el Señor ; y q\M no hay 
en todo el pueblo uno semejante á él. Y gritó todo 
el pueblo , diciendo : Viva al rey. 

25 En seguida expuso Samuel al pueblo la Ley 



1 En lagát de recooocer estos beüefieios. 



CAPÍTULO Xí. 51 

de la monarquía , y escribióla en un libro , que 
depositó en el Tabernáculo delante del Señor : 
después de lo cual despidió Samuel á todo el pue- 
blo , cada cual á su casa. 

26 También Saúl se fue á su casa , en Gabáa ; 
siguiéndole parte del ejército , aquellos cuyos co- 
razones habia movido el Señor. 

27 Al contrario los bijos de Belial , o los inobe- 
dientes al Señor, dijeron : ¿Por ventura podrá 
este salvarnos ? Y le despreciaron , y no le ofre- 
cieron los donativos acostumbrados : mas él disi- 
muló, haciendo como que no lo entendía. 

CAPITULO XI. 

Querrá de los ammonilas contra la ciudad de Jahes de Ga~ 
laad. Saúl la socorre, y vence á aquellos ; y es confirmado 
rey en Gályala. 

1 Pasado casi un mes , Naas , ammonita , se pu- 
so en movimiento v comenzó á batir á Jabes de 
Galaad. Y toáoslos habitantes de Jabes dijeron á 
Naas : Haz alianza con nosotros , y seremos sier- 
vos ó tributarios tuyos. 

2 Respondióles Naas, ammonita : Haré alianza 
con vosotros en sacándoos á todos el ojo derecho . 
y poniéndoos por oprobio de todo Israel. 

3 Dijéronle los ancianos de Jabes : Concédenos 
siete dias , á fin de enviar mensageros por todos 
los términos de Israel, y si no hubiere quien nos 
defienda , nos rendiremos á tí. 



52 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

4 Llegaron pues los mensageros á Gabáa , pa- 
tHa de Saúl , y refirieron lo dicho , escuchándolo 
el pueblo : todo el cual á voz en grito echó á 
llorar. 

5 Venia á la sazón Saúl del campo en pos de 
sus bueyes ', y preguntó : ¿Qué llanto es ese del 
pueblo ? Y contáronle lo que habian enviado á de- 
cir los habitantes de Jabes. 

6 Al oírlo quedó arrebatado del espíritu del 
Señor. E irritado sobremanera , 

7 tomó los dos bueyes , y los hizo trozos; los 
que envió por todos los términos de Israel por 
medio de unos mensageros que dijesen : Así se- 
rán tratados los bueyes de todo aquel que no sa- 
liere á campaña , y no siguiere á Saúl y á Sa- 
muel. Con esto se apoderó del pueblo el temor 
del Señor, y salieron todos á una , como si fue- 
ran un hombre solo. 

^^ 8 Pasó Saúl revista de ellos en Bezech , y ha- 
lláronse trescientos mil hombres de los hijos de 
Israel, y treinta mil de sola la tribu de Judá. 

1 Ahora nos parece una cosa muy extraña ver á un rey 
que iba á arar su tierra; mas no lo era entonces. David, 
elegido rey, volvió á apacentar sus rebaños. Aun entre los 
romanos se vio llamar para cónsul á quien estaba arando ; 
y el mismo concepto tenian los griegos de las labores del 
campo. Por manos de grandes capitanes era cultivada la 
tierra ; la cual se gozaba al verse trabajada con reja lau- 
rfada , y por un arador ilustre por sus triunfos. Ptin, 
XVIII. C.3. 



CAPITULO XI. 53 

9 Y respondieron á los mensageros que habían 
venido de Jabes *. Diréis á los habitantes de Ja- 
bes de Galaad : Mañana en calentando el sol se- 
réis socorridos. Partiecon pues los mensageros , y 
llevaron esta nueva a los habitantes de Jabes , 
que la recibieron con grande alegría. 

10 Los cuales dijeron á los enemigos : Mañana 
saldremos á vosotros , y nos tratareis como os 
pluguiere. 

11 Venido, pues, el dia siguiente, dividió 
Saúl el ejército en tres cuerpos , y al rayar el al- 
ba entró por medio de los reales de los ammoni- 
tas , y los estuvo acuchillando hasta que el sol 
comenzó á calentar : desparramándose de tal suer- 
te los que escaparon , que no quedaron dos de 
ellos juntos. 

12 Entonces dijo el pueblo á Samuel, ¿Quié- 
nes son los que decian : ¿Saúl ha de ser acaso 
nuestro rey ? Entréganos esos hombres , y los 
mat aremos. 

13 Mas Saúl les dijo : Ninguno ha de morir en 
este dia , ya que hoy el Señor ha salvado á Is- 
rael. 

14 Después dijo Samuel al pueblo : Venid y 
vamos á Gálgala , y confirmemos allí d Said en el 
reino '. 

15 Encaminóse pues todo el pueblo á Gálgala , 

1 O la elección de Saúl, con el conscntiiuiento de todo el 
pueblo. 



51 LIBRO PRniERO DE LOS REYES. 

y allí reconocieron nuevamente por rey á Saúl en 
presencia del Señor, é inmolaron al Señor vícti- 
mas pacíficas ; regocijtándose mucho en aquel sitio 
así Saúl como todos los hijos de Israel. 



capítulo XII. 

Justificación de la buena conducta de Samuel testificada 
por el pueblo, á quien convence de ingrato para con Dios : 
k exhorta ¿ser fiel al Señor; y le promete gue continuará 
rogando por él. 

1 Entonces dijo Samuel á todo el pueblo de 
Israel : Ya veis que he condescendido con voso- 
tros en todo lo que me habéis propuesto ; y que 
os he dado un rey : 

2 y este rey se halla ya al frente de vosotros. 
Yo ya soy viejo y lleno de canas, y mis hijos con 
vosotros están '. Entre vosotros he vivido desde 
mí juventud hasta hoy dia ^ : aquí me tenéis pre- 
sente. 

3 Declarad contra mí delante del Señor y de 
su Ungido , si acaso yo he usurpado el buey ó el 
asno ú otra cosa de ninguna persona : si he calum- 
niado á nadie , si le he oprimido : si he aceptado 
cohecho ni regalo alguno de quienquiera que sea : 
que hoy os satisfaré , y lo restituiré. 

1 En la clase de simples particulares. 

2 Y tenido las riendas del gobierno. 



capítulo xíi. 55 

4 A lo que dijeron : No nos has calumniado ni 
oprimido , ni has tomado de nadie cosa chica ni 
grande. 

5 Repúsoles Samuel : Testigo es el Señor 
contra vosotros , y testigo su Ungido en este día 
de que no habéis hallado nada que decir contra 
mí conducta. Respondieron : Testigo. 

6 Y dijo Samuel al pueblo : Sí : testigo me es 
aquel Señor que crió á Moysés y Aaron , y sacó íí 
nuestros padres de la tierra de Egypto. 

7 Ahora bien , compareced vosotros para que 
yo delante del Señor os haga cargo en juicio de 
todas las misericordias que os hizo á vosotros y á 
vuestros padres : 

8 acordaos de cómo Jacob entró en Egypto , y 
de qué manera clamaron vuestros padres al Se- 
ñor , el cual envió á Moysés y Aaron , y sacó á 
vuestros padres de Egypto , y los estableció en 
este país. 

9 Mas ellos se olvidaron del Señor Dios suyo : 
por lo que los entregó en poder de Sisara , capitán 
general del ejército de Hasor , y en poder de los 
phillstheos, y en poder también del rey de Moab, 
que les hicieron guerra. 

10 Pero después clamaron al Señor, diciendo ; 
Hemos pecado ; pues abandonamos al Señor, y he- 
mos servido á Baal y á Astaroth : ahora pues lí- 
branos de las manos de nuestros enemigos , y te 
serviremos. 

11 Con efecto , el Señor os envió á Jerobaal, 



56 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

y á Badán , y á Jeplité y á Samuel , y os libró 
del poder de vuestros enemigos que os rodeaban, 
y vivisteis en seguridad, 

12 Pero viendo que Naas , rey de los arnmo- 
nitas , marchaba contra vosotros, me dijisteis : No 
lia de ser como hasta aquí , sino que nos ha de 
mandar un rey : siendo así que era entonces el 
7msmo Señor Dios vuestro el que reinaba en me- 
dio de vosotros. 

13 Ahora bien , aquí tenéis á vuestro rey; y^ 
que vosotros escogisteis y pedísteis tenerle : ya 
veis como el Señor os ha dado rey '. 

14 Contodo si temiereis al Señor, y le sirvie- 
reis j y eseucháreis su voz , y no fue'reis rebeldes 
á sus palabras , entonces , así vosotros como el 
rey que os gobierna , seréis dichosos siguiendo al 
Señor Dios vuestro. 

15 Mas si no escuchareis la voz del Señor, y 
fuereis rebeldes á sus mandatos , descargará so- 
bre vosotros la mano del Señor, como hizo sobre 
vuestros padres. 

16 Pero aguardad ahora un poco , y veréis este 
prodigio que va el Señor á hacer delante de vues- 
tros ojos. 

17 ¿No estamos ahora en la siega de los tri- 
gos ^ ? Pues yo voy á invocar al Señor, y enviará 

1 A pesar de la injuria que le habéis hecho. 

2 Tiempo en que allí jamas hueve ni truena. La siega se 
hacia á fines de junio y principios de jubo ; y*en este tiempo 
jamas hablan visto llover en aquel pais , particidarmente 



CAPÍTULO XII. 57 

repentinamente truenos, y lluvias j á fin de que en- 
tendáis y veáis cuan grande es delante del Sefior 
el mal que habéis hecho pidiendo un rey. 

18 Clamó pues Samuel al Señor, y el Señor 
envió truenos y lluvias en aquel mismo día : 

19 con lo que todo el pueblo temió en gran 
manera al Señor y á Samuel , y dijeron todos 
juntos á Samuel : Ruega por tus siervos al Señor 
Dios tuyo , para que no muramos ; porque á to- 
dos los demás pecados nuestros hemos añadido 
aun la maldad de pedir un rey que nos gober- 
nase '. 

20 Dijo entonces Samuel al pueblo : No temáis: 
vosotros es verdad habéis cometido todos esos pe- 
cados : sin embargo , no os apartéis del camino 
del Señor , sino servidle de todo vuestro co- 
razón ; 

21 ni queráis descarriaros en pos de cosas va- 
nas ^ , que no os aprovecharán de nada , ni os li- 
brarán; puesto que no son mas que vanidad y 
mentira, 

22 Porque el Señor, por amor de su nombre 
grande y santo , no desamparará á su pueblo : ha- 
biendo jurado tomaros por propio pueblo suyo. 

23 Por lo demás , lejos de mí cometer tal pe- 



en Jiidea, según dice San Gerónimo In Amos cap. 
IF. V. 7. 

1 Haciéndolo hasta ahora el Señor mismo. 

2 Como son los dioses falsos. Véase ídolos. 

6 



58 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

cado contra el Señor, que yo cese nunca de rogar 
por vosotros : yo os ensenaré siempre el recto y 
buen camino. 

24 Así pues temed al Señor y servidle de veras 
y de todo vuestro corazón , ya que habéis visto 
las maravillas que ha obrado entre vosotros. 

25 Mas si os obstinareis en la malicia, pere- 
ceréis juntamente vosotros y vuestro rey. 

CAPITULO XIII. 

Guerra entre los philistheos ¿ israelitas: edos temen y se es- 
conden : Saúl es desobediente á Dios, por quien es repro- 
bado . Medio de que se valen los i)hilisíheos para tener des- 
armado á Israel. 

1 Era Saúl cuando comenzó á reinar , inocente 
como un niño de un año ' , y reinó asi dos años 
sobre Israel. 

2 Y escogióse tres mil hombres de Israel ; de 
ios cuales dos mil estaban con Saúl en frente de 
Blachmas , y en el monte de Bethel \ y los otros 
mil con Jonathás enfrente de Gabáa de Bénjamin : 
y despidió todo el resto del pueblo , cada uno á 
su casa. 

3 Y Jonathás pasó á cuchillo la guarnición de 
los philistheos , puesta en Gabáa : lo que supie- 
ron ¿uc^fo los philistheos. Y Saúl mandó publicarlo á 



I Puede traducirse : Un año llevaba Saul^ desde que 
habia comenzado á reinar , é iba corriendo el segundo de su 
reinado en Israe'l, etc. 



CAPITULO xiir. 59 

sonde trompeta por todo el pais, diciendo ; Se- 
pan esto los hebreos '. 

4 Y corrió por todo Israel la noticia de que 
Saúl habia destrozado la guarnición de los phi- 
listlieos : con ío que cobró Israel aliento contra 
ellos ; y acudió con algazara á Saúl en Gálgala. 

5 También los pbilistbeos se congregaron para 
pelear contra Israel , con treinta mil "^ carros de 
guerra, seis mil caballos , y gente de á pie , en 
tanto número como las arenas de la orilla del 
mar ; y avanzando , se acamparon en Macbmas , 
al Oriente de Betbaven ó Bethel. 

6 Viéndose los israelitas estrecbados ó en apuro 
(estando ya desalentado todo el pueblo) , ocultá- 
ronse en cuevas y subterráneos , y entre peñas- 
cos , y en las grutas y cisternas, 

7 Parte de los hebreos pasaron el Jordán , re- 

l Estos israelitas habitaban á la otra parte del Jordán, y 
por eso son llamados hebreos , esto es, hombres de la oirá 
parle. 

á En vez de treinta mil, el texto syriaco y el árabe dicen 
Ires mil. La mayor parte de los críticos observan con razón 
que en lugar de schelosch, tres, se puso por equivocación 
de algun amanuense scheloschim, treinta. Aunque la Es- 
critura nos dice que los magistrados, las mugeres, etc. se 
servían de asnos (como de mas comodidad), seria muy ridi- 
culo inferir de aquí que los chánaneos y philistheos no usa- 
ban de caballos para la guerra ; como el inferir lo mismo 
respecto de Italia ^ Francia, etc., porque el Papa, los 
Cardenales, los Magistrados, los Médicos, etc., usan de mu- 
ías por lo regular. 



$0 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

tirándose á la tierra de Gad y de Galaad. En suma, 
estando todavía Saúl en Gálgala, cdiyó todo el pue- 
blo que le seguia en un terror grande. 

8, Estuvo Saúl esperando siete dias , según el 
plazo señalado por Samuel ' ; mas Samuel no com- 
pareció en Gálgala ; y poco á poco se le iba mar- 
cliando toda la gente. 

9 Dijo pues Saúl : Traedme el holocausto y 
las hostias pacíficas. Y el mismo ofreció el holo- 
causto ^. 

10 Acabado que hubo de ofrecer el holocausto, 
he aquí que llegaba Samuel : y Saúl le salió al 
encuentro para saludarle. 

1 Ksperó Saúl siete dlas^ pero no'enteros ; pues al sép- 
timo ya ofreció el sacrificio ; yapenas este acababa de ser 
ofrecido, cuando llegó Samuel. A los ojos de los hombres 
pudo parecer excusable esta acción de Saúl; pero no se- 
gún los juicios de Dios siempre rectos é]infalibles. Las ex- 
cusas que dio Saúl , no eran para alcanzar el perdón , sino 
para disculpar su inobediencia al precepto de Dios, y na- 
cían de su soberbia , como notó San Gregorio. — También 
es de notar que antiguamente todo hombre apto para las 
armas estaba obligado á salir contra el enemigo ; de suerte 
que el ejército era la nación entera, como sucede'aun hoy 
dia entre los raaronitas, drusos, etc. Un filósofo incrédulo, 
hablando de la Syria, observa que una pequeña jestension 
de tierra puede contener allí una población muchísimo raayoif 
que eo otras partes-; y concluye haciendo ver que no debe 
admirarse que un pequeño reino como el de los judíos jun- 
tase doscientos ó trescientos mil hombres contra el enemigo. 
Así discurre un autor favorito de los incrédulos de nuestro 
siglo, en su Viage á Syria y Egypto^ púg. 338. 

2 No siendo ni sacerdote ni levita. 



CAPÍTULO Xlll. 61 

11 Y üíjole Samuel : ¿ Qué has hecho ? Res- 
pondió Saúl : Como vi que rae iba abandonando 
la gente , y que tú no venias en el plazo señalado, 
y los philistheos por una parte se habían juntado 
en Machmas , 

12 dije para mí : Ahora los philistheos bajarán 
contra mí á Gálgala , y yo aun no he aplacado al 
Señor. Forzado pues de la necesidad , he ofrecido 
el holocausto. 

13 Dijo Samuel á Saúl : Has obrado necia- 
mente , no cumpliendo los mandatos que te intimó 
el Señor Dios tuyo. Que si eso no hicieras , desde 
ahora hubiera al Señor a-segurado para siempre ' 
tu reino sobre Israel, 

14 Mas ya tu reino no durará por mucho 
tiempo. El Señor se ha buscado un varón , según 
su corazón ; al cual ha llamado á ser caudillo de 
su pueblo ; por cuanto tú no guardaste lo mandado 
por el Señor. 

15 Con esto se retiró Samuel , y subió de Gál- 
gala á Gabáa de Benjamin. Lo restante de la gente 
avanzó siguiendo á Saúl contra unos e'iiemigos que 
asaltaban en el cerro de Benjamin á los que 
iban de Gálgala á Gabáa. Saúl , hecha la revista 
de la gente que tenia, se halló con unos seiscien- 
tos hombres. 

16 Estaban pues Saúl y Jonathás su hijo , y su 



1 Véase Eterno, 



62 LII3R0 PRIMERO DE LOS REYES. 

tropa en Gabáa de Benjamín : los pliilistheos 
empero liabían puesto su campo en Machmas. 

17 Y saliendo tres bandas de pbilistheos al pi- 
llaje , una tomó el camino de Ephra cácia la tierra 
de Sual : 

18 otra marchó por el camino que va á Beth- 
lioron : y la tercera se dirigió acia el camino del 
collado que domina al valle de Seboim , en frente 
del Desierto. 

19 En toda la tierra de Israel no se hallaba un 
herrero : porque los philistheos habian tomado 
esta precaución , para que los hebreos no forjasen 
espadas ni lanzas. 

20 Por manera que todo Israel tenia que acudir 
á los philistheos para aguzar la reja, el azadón, 
la segur , y el escardillo : 

21 por esto estaban embotados los filos de las 
rejas, y azadones, y horquillas , y segures ; y 
hasta para componer una aguijada habia que re- 
currir á ellos. 

22 y así fue que venido el dia de la batalla , no 
se halló entre toda la gente que tenia consigo Saúl 
y Jonathás , quien tuviese en su mano espada ó 
lanza , á excepción de Saúl y de su hijo Jonathás. '. 



1 Esta falta de artífices pertenece á una época anterior , 
esto es, á los tiempos de Helí, ó de Samson. Continuó esta 
privación en tiempo de Samuel ; y tal vez por esto se adies- 
traron los hebreos en el manejo de la honda y del arco. 
Como los philistheos tenían varias guarniciones en diferen- 
tes puf blos de la Judea , hallaban en ellos los judios artífi- 



CAPÍTULO XIV. 63 

23 ¥ salió un cuerpo de phHlstheos , y avíiuzó 
hasta mas allá de Machmas. 



CAPÍTULO XIV. 



Joiialhás , lleno de confianza en Dios , desharaló , acompa- 
ñado de su escudero , el ejército de los philislheos ; ¡/ por 
causa de un juramento de su padre estuvo ¿pique de per- 
der la vida. 

1 Sucedió un dia que Jonatlias , hijo de Saúl , 
tVijo al joven su escudero : Ven , y lleguemos 
hasta donde están apostados los pbilistheos , que 
es mas allá de aquel lugar'. Pero no dio parte 
de esto á su padre. 

2 Y estaba Saúl acampado en la extremidad del 
territorio de Gabáa, debajo de un granado que 

ees pliilistheos para los instrumentos de labranza, y demás 
ybras la herrería. La misma prohibición hubo cuando los 
cháldeos en el reinado de Nabuchódonosor, se apoderaron 
de la Tierra Santa. Y en Plinio vemos' que entre las 
condiciones con que Porsena dio la paz á los romanos, una 
fue que no pudiesen hacer uso del hierro sino para labrar 
la tierra. Plin. lib. XXXIV. c. 14. 

I La emoresa de Jonathás, considerada con la sola luz 
de la prudencia humana, parece temeraria ; pero no si se 
considera la fe y esperanza que tuvo eu Dios , fundada en 
las solemnes promesas que el Señor de todo lo criado había 
hecho al pueblo de ísraél , y especialmente en la que aca- 
baba de hacer {cap. IX. v. 16) de la completa victoria <jue 
Saúl conseguiría de los philistheos. 



64 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

habla en Magron'. Y tenia consigo un tercio de 
srente como de unos seiscientos hombres. 

3 Achias ^, hijo de Achitob , hermano de Ichá- 
bod , hijo de Phinées , y nieto de Heh' , sumo sa- 
cerdote del Señor en Silo , estaba revestido del 
Ephod \ Asimismo el pueblo no sabia á donde 
habia ido Jorhathás. 

4 Entre los repechos por donde intentaba Jo- 
nathás atravesar hasta el apostadero de los phi- 
listheos , descollaban por entrambos lados altos 
peñascos y dos picos cortados por uno y otro lado 
á manera de dientes ; de los euales uno se llamaba 
Boses , y el otro Sene : 

5 el uno se levantaba en frente á Machmas por 
la parte del Norte , y el otro al Mediodía acia 
Gabáa. 

6 Dijo pues Jonathás al joven su escudero . 
Ven , y pasemos al apostadero de estos incircun- 
cisos : quizá el Señor combatirá por nosotros * , y 

i Eu Magron habla una peña llamada Remmon que si- 
gnifica granado ; tal vea por los muchos granados que por 
allí cerca habia ; situación fuerte donde se refugiaron los 
seiscientos benjamitas después de su derrota. Judie. XX. 

V.A7. 
2 Achias se llamaba también Achimelec. — Cap. XXII, 

V.9. 

3 O del Supremo pontificado. 

4 Estas palabras no significan desconfianza en Jonathás : 

son, en estilo de la lengua hebrea , como una deprecación 

á Dios'; y así es que luego fija por inspiración divina las 

señales según las cuales embestirá al enemigo ^ ó estará 

quieto. 



CAPÍTULO XIV. 65 

venceremos : porque le es Igualmente fácil á Dios 
el dar la victoria con mucha que con poca gente. 

7 Respondióle su escudero : Haz cuanto te pa- 
reciere : ve á donde gustares , que yo te seguiré 
á todas partes. 

8 Añadió Jonathás : Mira : nosotros nos vamos 
acercando á esos hombres : si luego que nos hayan 
descubierto, 

9 nos dijeren : Esperad ahí hasta que vayamos 
á vosotros ; quedémonos quietos , y no avancemos 
acia ellos. 

10 Pero si dijeren : Llegaos acá; avancemos, 
porque los ha puesto el Señor en nuestras manos. 
Esto nos servirá de señal. 

11 Luego pues que los dos fueron descubiertos 
por la guardia de los philistheos , dijeron estos ; 
He allí los hebreos que van saliendo de las caver- 
nas, donde se habian escondido. 

12 Y algunos soldados de la guardia avanzada j 
dirigiéndose á Jonathás y á su escudero , les 
dijeron : Acercaos á nosotros ; que tenemos que 
deciros una cosa '. Con esto dijo Jonathás á su 
escudero : Subamos ; sigúeme : porque el Señor 
los ha entregado en manos de Israel. 

13 Subió pues Jonathás , trepando con manos 
y pies, y en pos de él su escudero ; y arremetiendo 
d los enemigos , unos caían á los pies de Jonathás , 

1 Es una ironiaj que equivale á decir: y probareis el filo 
de nuestra espada. 



66 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

y á Otros mataba su escudero que le iba si- 
guiendo. 

14 Y este fue el primer destrozo en que Jo- 
nathás y su escudero mataron como unos veinte 
bombres , en el espacio de tierra que suele arar 
una yunta de bueyes en medio dia. 

15 Esparcióse luego un terror pánico por to- 
dos los reales de los pbllistbeos y demás tropa que 
estaba en la campaña ; pues aun toda la tropa de 
aquellas bandas que hablan salido al pillage , se 
llenó de pavor, y conmovióse el pais : y el suceso 
fue como un milas'ro de Dios. 

16 Entretanto las avanzadas de Saul^ apostadas 
en Gabáa de Benjamín , repararon , y vieron una 
multitud de gente tendida en el suelo, y otros que 
huían y escapaban por todos lados. 

17 Dijo entonces Sanl á los que con el estaban : 
Inquirid y averiguad quien se ha salido de nuestro 
campamento. Habiéndolo averiguado hallaron que 
faltaban Jonathás y su escudero. 

18 Dijo Saúl á Achias : Ace'rcate al Arca de 
Dios % (porque en aquel dia el Arca de Dios se 
hallaba allí con los hijos de Israel). 

19 Mientras que Saúl estaba hablando con el 
sacerdote , se oyó un ruido confuso , como de un 
grande alboroto , que viniendo de los reales de los 
philistbeos, iba creciendo poco k poco, y se per- 



i Y consulta al Señor si hemos de atacar- 



CAPÍTULO xn. G7 

cibia cada vez mas. Entonces dijo Saúl al sacer- 
dote : Baja tus manos , deja de conmltar. 

20 Al jDunto Saúl y toda su gente alzaron el 
grito , y fueron hasta el lugar del alboroto , y 
hallaron que los phllistheos hablan tirado de las 
espadas unos contra otros ; siendo grandísima la 
mortandad : 

21 Ademas los hebreos que en los dias ante- 
riores se habian pasado á los phllistheos, y estaban 
con estos en el campamento, volviéronse á incor- 
porar con los israelitas que estaban con Saúl y 
Jonathás, 

22 Asimismo todos los israelitas escondidos en 
la montaña de Ephraim , habiendo sabido que los 
philistheos huían , se juntaron con los suyos para 
pelear : por lo que se hallaba ya Saúl con cerca 
de unos diez mjl hombres. 

23 En aquel dia salvó el Señor á Israel ; y el 
combate prosiguió hasta Bethaven. 

24 Reuniéronse entonces los israelitas; y Saúl 
juramentó al pueblo , diciendo : Maldito sea el 
hombre que probare bocado antes de la noche , 
hasta que yo me haya vengado de mis enemigos. 
Y toda la or-ente se abstuvo de comer '. 

25 Llegó pues toda aquella turba de gentes á 



1 Quiso Saúl con este ayuno dar gracias á Dios por la 
vicforia conseguida; y aunque fuese indiscreto , nacía de 
un buen fin. como notan San Gerónimo y otros. 



68 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

un bosque , donde se hallaba miel en la superficie 
del campo '. 

26 Entrado que hubo el pueblo en el bosque , 
vio destilar la miel ^ : mas nadie osó tomarla y 
acercársela á la boca; porque temian todos violar 
el juramento del rey. 

27 Pero Jonathás que no habia oído la protesta 
que su padre habia hecho al pueblo conjuramen- 
to , alargó la punta del bastón que tenia en la 
mano , y mojóla en un panal de miel , y aplicóla 
á su boca; con lo que recobró el vigor de sus 
ojos ^. 

28 Entonces le advirtió uno del pueblo, dicién- 
dole : Tu padre ha obligado al pueblo con jura- 
m,ento, diciendo : Maldito sea el hombre que 
probare hoy bocado. (Estaban ya todos desfalle- 
cidos). 

29 A lo que respondió Jonathás : Mi padre lo 
ha echado á perder todo con ese juramento. Voso- 
tros mismos habéis visto como mis ojos han reco- 



1 Aun en nuestros días se ve mucha abundancia de miel 
en la Palestina ; doade, como también en nuestra España, 
las abejas silvestres hacen sus panales en las cavidades de 
los árboles y peñascos, y aun en las aberturas de la tierra. 
Véase Miel 

2 De los huecos de los árboles y peñas. 

3 Que no veían ya por causa de la hambre y de la fatiga. 

El excesivo cansancio y afán suele debilitar muchísimo 

la vista ; y la miel silvestre , por lo mismo que tiene bas- 
tante de subácido, es uü gran refrigerante. 



CAPITULO XIV. Ü9 

brado un nuevo vigor por haber gustado un po- 
quito de esa miel. 

30 ¿ Pues cuánto mas se habria repuesto la 
gente , si hubiese comido de lo que encontró en 
el despojo de sus enemigas? ¿por ventura no^se 
hubiera hecho mayor estrago en los phllistheos ? 

31 Sin embargo fueron acuchillando á los phi- 
listheos en este dia, desde Machmas hasta Ayalon; 
Mas el pueblo quedó sumamente fatigado ; 

32 y entregándose al saqueo, cogió carneros, y 
bueyes, y becerros, y los degollaron en tierra, y 
comió el pueblo la carne con sangre '. 

33 De lo que avisaron á Saúl, diciéndole que el 
pueblo habia pecado contra el Señor comiendo car- 
ne con sangre. Y Saúl dijo : Habéis prevaricado : 
traed presto rodando aquí una gran piedra. 

34 Y añadió Saúl : Esparcios entre la gente , y 
decidles que traiga acá cada uno su buey, su car- 
nero, y demás animales : degolladlos sobre esa 
piedra, y después comed ; así no pecareis contra el 
Señor, comiendo la carne con sangre. Trajo luego 
todo el pueblo cada uno por su mano hasta que 
fue de noche , la res que habia de matar , y allí 
las degollaron todas. 



1 La priesa con que mataban las reses , y la necesidad 
que sentían de tomar alimento, fueron la causa de que no 
esperaron á que saliese toda la sangre, hasta la úUima gota, 
como se practicaba según la Ley. 

ToM. IV. 7 



70 LIBRO PRI3IER0 DE LOS REYES. 

35 Saúl edificó en aquel sitio un altar al Señor; 
siendo este el primero que erigió '. 

36 Dijo después Saúl : Echémonos esta noche 
sobre los philistheos, y acabemos con ellos antes 
que amanezca , sin dejar hombre á vida. Respon- 
dió el pueblo : Haz todo lo que bien te parezca. 
Mas el sacerdote dijo : Acerquémonos antes aquí 
á consultar á Dios. 

- 37 Y consultó Saúl al Señor, diciendo : ¿Seguiré 
el alcance de los philistheos? ¿Los entregarás en 
las manos de Israel? Y no le dio el Señor respuesta 
en aquel dia. 

38 Por lo que dijo Saúl : Haced venir aquí 
todos los principales del pueblo, y averiguad y ved 
por culpa de quien sucede hoy esto. 

39 Vive el Señor^ que es el Salvador de Israel, 
que si la causa de esto es mi hijo Jonathás, morirá 
sin remisión : á lo cual ninguno de todo el pueblo 
le contradijo. 

40 Y dijo á todo Israel : Separaos vosotros á un 
lado , y yo con mi hijo Jonathás estaremos al otro. 
Y contestó el pueblo á Saúl : Haz lo que bien te 
pareciere. 

41 Dijo entonces Saúl al Señor Dios de Israel : 
Oh Señor Dios de Israel : danos á entender , ¿ por 
qué causa no has hoy respondido á tu siervo ? Si 



1 Aunque había recibido tantos beneficios : este altar 
era para monumento del beneficio recibido. Véase lo que 
hizo también Samuel, antes cap. Vil. v. 12. 



CAPÍTULO XIV. 71 

Ja culpa está en raí ó en Jonathás , mi hijo , declá- 
ralo : pero si tu pueblo es el culpado , manifiesta 
tu santidad '. Y cayó la suerte sobre Jonathás y 
Saúl , quedando libre el pueblo. 

42 Dijo entonces Saúl : Echad suertes entre mí 
y Jonathás mi hijo; y salió Jonathás. 

43 Dijo pues Saúl á Jonathás : Declárame qué 
es lo que has hecho. Jonathás lo confesó todo di- 
ciendo : Gusté ansiosamente con la punta del bas- 
tón que traía en la mano , \m poquito de miel ^ : 
y he aquí que voy á morir jaoí' eso : aquí rae tienesj 
yo moriré. 

44 Díjole Saúl : Tráteme Dios con íüdo el ri- 
gor de su justicia , si tú , oh Jonathás , no mueres 
sin remedio. 

45 El pueblo empero dijo á Saúl : ¡ Con que ha 
de morir Jonathás , que acaba de salvar de un 
modo maravilloso á Israel ! Ni hablarse debe de tal 
cosa. Vive el Señor que no ha de caer en tierra 
ni un solo cabello de su cabeza ; porque él ha 
obrado en este dia con beneplácito y asistencia de 
Dios. En efecto el pueblo libertó á Jonathás de la 
muerte. 

46 Y retiróse Saúl, dejando de perseguir á los 
philistheos : los cuales se volvieron á sus tierras. 

47 Saúl luego que vio afirmado su trono en Is- 
rael, peleaba contra todos los enemigos de la co- 
marca , contra Moab , y contra los hijos de Am- 

1 El hebreo D'^CP nDu • declara quien es el inocente. 
2 Sin saber I» prohibición. ¿ Y moriré por eso ? 



72 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

mon , y de Edom, y los reyes de Soba , y tos phi- 
llstheos; y á donde quiera que llevaba sus armas, 
volvia vencedor. 

48 En fin , reunido su ejército , deshizo á los 
araalecitas ; y libertó á Israel de las naanos de los 
que le asolaban. 

49 Los hijos de Saúl fueron Jonathás , Jessui*, 
y Melchísua : y de dos hijas que tuvo , la primo- 
génita se llamaba Merob , y \á menor Michól. 

50 La muger de Saúl se llamaba Achínoam , hi- 
ja de Achímaas. El capitán general de sus ejérci- 
tos se llamaba Abner, hijo de Ner, primo herma- 
no de Saúl : 

51 porque Cis, padre de Saúl, y Ner padre de 
Abner, eran hijos de Abiel. 

52 Por lo demás en todo el tiempo de Saúl 
hubo guerra muy viva contra los philistheos. Por 
cuya razón luego que Saúl tenia noticia de algún 
varón esforzado y hábil para la guerra, le to- 
maba consigo. 

CAPÍTULO XV. 

Nueva desobediencia de Saúl en dejar con vida al rey Agag : 
es lepi'obado de Dios segunda vez. 

1 Después de esto dijo Samuel á Saúl : El 
Señor me envió á ungirte rey sobre su pueblo de 

1 Jessui se llamaba también Abinadab. 1. Par. VIII. 
r. 33. 



CAPÍTULO XV. 73 

israél : Escucha pues ahora lo que te manda el 
Señor : 

2 Esto dice el Señor de los ejércitos : Tengo 
bien presente todo cuanto Amalee hizo contra Is- 
raél ; y como se le opuso en el camino , cuando 
subia de Egypto '. 

3 Ve pues ahora y destroza á Amalee , y arrasa 
cuanto tiene : no le perdones , ni codicies nada de 
sus bienes ; sino mátalo todo , hombres y muge- 
res , muchachos y niños de pecho ^^ bueyes y 
ovejas , camellos y asnos. 



1 No solamente los amalecitas habían rehusado el paso 
á los israelitas al venir de Egypto , sino que habian asesi- 
nado á los que medio muertos de hambre y cansancio se 
habian quedado detras del ejercito. Deuter. XXV. v. 18. 
— Atacaron segunda vez á los israelitas en el Desierto 
[Num. XIV. V. 45.) : tercera, en tiempo de los Jueces 
[Judie. III. V. 13.); sin cesar de renovar después los ata- 
ques (VI. V. 3, e/33.). Eran, pues, enemigos irreconciliables 
del pueblo de Dios. Y el Señor habia predicho ya su des- 
trucción. Exod. XVII. V. 14. — Num. XXIV. v. 20. — 
Deut. XXV. V, 17. Asi vemos que á los descendientes de 
Esaú, que no hicieron mas que rehusar el paso por su pais 
á los israelitas, los trató Dios de un modo muy diferente. 
Num. XX. V. 14. s. Deut. II. v. 5, s. 

2 No ignoraba Saúl que Dios le habia mandado por me- 
dio del profeta Samuel destruir enteramente á los amale- 
citas. Dejó de hacerlo por querer aprovecharse del botin ; 
porque cuando pronunciaba Dios el anathema contra uu 
pueblo , todo habia de ser destruido , ó llevado á sangre y 
fuego. Y atendiendo á que Dios es el Soberano dueño de 
la vida ; y que los niños, reos que eran de muerte por el 



74 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

4 Conforme á esto Saúl convocó al pueblo , y 
pasándole revista , como cuenta el pastor sus cor- 
deros , se halló con doscientos rail hombres de á 
pie de todas las tribus de Israel , y diez mil de la 
de Judá. 

5 Lleo^ado Saúl con ellos cerca de ¿a ciudad de 
Amalee , puso emboscadas en el torrente. 

6 Y dijo á los cineos ' : Marchad , retiraos , y 
separaos de los amalecitas : no sea qne os des- 
truya juntamente con ellos : por cuanto vosotros 
ejercisteis la misericordia con los hijos de Israel, 
cuando venian de Egypto. Retiráronse pues los 
cineos de entre los amalecitas. 

7 Y Saúl fue destrozando á los amalecitas des- 
de Hevila hasta Sur en la frontera de Egypto ^. 

8 Tomó vivo á Agag , rey de Amalee ; y pasó 
á cuchillo á todo el pueblo. 

9 Pero Saúl y el ejército perdonaron á Agag , 
y reservaron los mejores rebaños de ovejas y de 
vacas , y los carneros , y las mejores ropas , y en 
general todo lo bueno , y no lo quisieron destruir. 
Todo lo vil y despreciable , eso fue lo qne des- 
truyeron. 



pecado original, hubieran seguido los crímenes de sus pa- 
dres; no queramos guiarnos por las apariencias de una falsa 
compasión humana, ni juzgar temerariamente de los justos 
decretos de la Divina Justicia. Véase Justicia. 

1 Descendientes de Jethro, suegro de Moysés, 

2 Acia la parte del Mediodia. 



CAPÍTULO XV. 7^ 

10 Entonces habló el Señor á Samuel ' , y le 
dijo : 

11 Pésame ^ de liaber hecho rey á Saúl; por- 
que me ha abandonado y no ha ejecutado mis ór- 
denes. De lo que contristado Samuel, estuvo to- 
da la noche clamando al Señor ; 

12 y habiéndose levantado antes del dia para 
marchar por la mañana en busca de Saúl , tuvo 
aviso de que este habia ido al Carmelo , y erigido 
alli un arco triunfal , y que de vuelta habia ba- 
jado á Gálgala. Llegó en fin Samuel áSaul, cuan- 
do estaba este ofreciendo al Señor un holocausto 
de las primicias del botin que habia traído de los 
amalecitas. 

13 Así que llegó , le dijo Saúl : Bendito seas 
tú del Señor ; yo he cumplido con su orden. 

14 Rephcóle Samuel : ¿Pues qué balido es este 
de rebaños j que resuena en mis oidos, y el mu- 
jido de bueyes que oigo ? 

15 Respondió Saúl : Los han traido del país de 
Amalee ; pues el pueblo ha conservado las mejo- 
res ovejas y vacas para inmolarlas al Señor Dios 
tuyo : mas el resto lo matamos. 

16 Samuel entonces dijo á Saúl : Permíteme 

1 Acomodándose al lenguage humano. 

2 Cuando Dios^ ofendido de los pecados de un hombre, 
le priva de sus beneficios, se dice en la Escritura que se 
arrepiente de lo que ha hecho primero á favor suyo : no 
que le venga nada de nuevo, ni mude de parecer. S, Agusi. 
Coyif. I. c. 4. Véase Dios. 



76 LIBKO PRIMERO DE LOS REYES. 

hablar, y te declararé lo que me ha dicho el Se- 
ñor en la noche : Habla : respondió Saúl. 

17 Dijo pues Samuel : ¿INo es verdad que sien- 
do tú tan pequeño á tus ojos, fuiste hecho cabeza 
de las tribus de Israel , y que te ungió el Señor 
para rey sobre Israel? 

18 El Señor te envió á esta empresa, diciendo : 
Anda, y pasa á cuchillo á los perversos araaleci- 
tas , y pelea contra ellos hasta su total extermi- 
nio. 

19 Pues ¿ por qué no has obedecido la voz del 
Señor; y te has enamorado del botin , pecando á 
los ojos del Señor ? 

20 Respondió Saúl á Samuel : Antes bien he 
obedecido la voz del S eñor , siguiendo el camino 
que me ordenó , y he traido á Agag rey de Ama- 
lee, y pasado á cuchillo á los amalecitas. 

21 Verdad es que el pueblo ha separado del 
despojo ovejas y vacas , como primicias de lo que 
se debia destruir, para inmolarlas al Señor su Dios 
en Gálgala. 

22 Dijo entonces Samuel : Por ventura ¿ el Se- 
ñor no estima mas que los holocaustos y las vícti- 
mas, el que se obedezca á su voz? La obediencia 
vale mas que los sacrificios ; y el ser dócil impor- 
ta mas que el ofrecer la grosura de los car- 
neros. 

23 Porque el desobedecer al Se/lor , es como 
un pecado de magia, y como crimen de idolatría 
el no querer sujetársele. Por tanto ya que tú has 



CAPÍTULO XV. 77 

desechado la palabra del Señor , el Señor te lia 
desechado á tí , y no quiere ya que seas rey. 

24 Dijo Saúl á Samuel : Pecado he , por haber 
quebrantado el mandato del Señor , y despreciado 
tus dictámenes , temiendo al pueblo , y condes- 
cendiendo con él. 

25 Mas ahora ruégote que sobrelleves mi pe- 
cado , 1/ me obtengas el perdón , y vuélvete conmi- 
go á fin de que contigo adore yo al Señor. 

26 Respondióle Samuel : No volveré contigo j 
porque tú has desechado la palabra del Señor , y 
el Señor te ha desechado á tí para que no seas 
rey de Israel. 

27 Y volviendo Samuel la espalda para mar- 
charse , asióle Saúl de la extremidad de la capa , 
la cual se rasffó. 

28 Díjole entonces Samuel : Asi el Señor ha 
rasgado hoy y arrancado de tí el reino de Israel, 
y dádoselo á otro mejor que tú. 

29 Y aquel Seíior á quien se debe el triunfo en 
Israel, no te perdonará, ni se arrepentirá íZeesío/ 
porque no es él un hombre , para que tenga que 
arrepentirse '. 

30 A lo que dijo Saúl : Yo he pecado ; mas 
niégote que me honres ahora delante de los An- 
cianos de mi pueblo , y en presencia de Israel , y 
te vuelvas conmigo, á fin de que d tu lado adore 
al Señor Dios tuvo. 

1 Siuo que es Dios inmutable. 



78 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

31 Volvióse pues Samuel, y siguió á Saúl, y 
adoró Saúl al Señor. 

32 Dijo entonces Samuel : Traedme aqid á Agag, 
rey de Amalee; y fuéle presentado Agag, que es- 
taba gordísimo , y temblando. 

33 Y dijo Agag ' : ¿ Con qué así me ha de se- 
parar de todo la amarga muerte ? 

34 Y Samrel respondió : Así como tu espada 
ha dejado sin hijos á tantas madres, así tu madre 
será otra de las mugeres que quedarán sin hijos. 
Y le hizo pedazos delante del Señor , en Gálgala. 

35 Y retiróse Samuel á Ramatha , y Saúl á su 
casa en Gabáa ; 

36 y no volvió jamas Samuel á visitar á Saúl en 
toda su vida. Sin embargo lloraba por Saúl, por- 
que el Señor se habia arrepentido de haberle cons- 
tituido rey de Israel. 



1 Era Agag- no solamente el geie de un pueblo proscrito 
por Dios, sino un tirano muy cruel y sanguinario. Fue trata- 
do del modo que él habia tratado á los otros. La edad de 
Samuel, las expresiones del texto, y el genio de la lengua 
hebrea, todo indica que no fue el mismo Samuel el que eje- 
cutó la sentencia, sino el que dio la orden : siendo muy co- 
mún no solamente entre los autores griegos y hebreos, sino 
aun entre latinos , el decir que uno hace una cosa cuando 
la manda hacer por un criado. La palabra hebrea r|DI¿''l 
que la Vulgata traduce in frusta concidit, los Sententa la 
traducen porío-cpit|s aoristo 1. de 5-(pa^a>, yo corto el cuello, 
yo mato, etc. Así lo entendió Josepho Ant. lib. IV. c. 7. 
Esta muerte habia sido predicha 400 años antes. Num. 
XXIV. V. 7. 



79 



CAPITULO XVI. 

Samuel ¡Jasa por orden de Dios á Beihlehem , y unge d Da- 
vid por rey de Israel. Es Saúl agitado de un espíritu 
maligno ; y llama á David para que le divierta tañendo 
el harpa. 

1 Entonces dijo el Señor á Samuel : ¿Hasta 
cuándo has tú de llorar áSaul, habiéndole yodes- 
echado para que no rehíe sobre Israel? Llena tu 
cuerna^ '/ botijo^ de óleo, y ven ; que quiero en- 
viarte á Isaí, natural de Bethlehem ; porque de 
entre sus hijos me he provisto de un rey. 

2 A lo que respondió Samuel: ¿Como tengo 
de ir ? Lo sabrá luego Saúl, y me quitará la vida. 
Dijo el Señor : Tomarás contigo un becerro de 
la vacada , y dirás que has ido allí á ofrecer sacri- 
ficios al Señor. 

3 Y convidarás á Isaí á comer de la víctima , y 
yo te revelaré lo que has de hacer, y ungirás al 
que yo te señale. 

4 Hízolo pues Samuel como el Señor le habia 
mandado. Fue á Bethlehem , y extrañáronlo los 
Ancianos de la ciudad ; y saliéndole á recibir , le 
dijeron : ¿Es de paz tu venida? 

5 De paz, respondió Samuel : Vengó á ofrecer 
sacrificio al Señor : purificaos, y venid conmigo al 

J Los antiguos se servían comunmente de la asta de) 
buey para beb^r y tener algunos licoreSj como vino^ acei- 
te, etc. 



80 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

sacrificio. Purificó pues á Isaí y á sus liijos ', y 
convidólos al sacrificio. 

6 Así que hubieron entrado después en la sala 
del convite^ viendo Samuel á Eliab, dijo en su inte- 
rior : i Si será este el que el Señor ha escogido 
para Ungido suyo ? 

7 Respondió el Señor á Samuel : No mires á su 
buena presencia, ni á su grande estatura ; porque 
no es ese el que he escogido : y yo no juzgo por 
lo que aparece á la vista (íel hombre ; pues el 
hombre no ve mas que lo exterior ; pero el Señor 
ve el fondo del corazón. 

8 Llamó después Isaí á Abinadab , y presentóle 
á Samuel; el cual dijo : No es este el escogido 
del Señor. 

9 Trájole también á Samma; del cual dijo Sa- 
muel : Tampoco es este el escogido del Señor. 

10 Así le fue presentando Isaí sus siete hijos ; y 
díjole Samuel : A ninguno de estos ha elegido el 
Señor. 

11 Y añadió Samuel á Isaí : ¿ No tienes ya mas 
hijos ? A lo que contestó : Aun tengo otro peque- 
ño, que está apacentando las ovejas. Dijo Samuel 
á Isaí : Envia por el, y tráele aquí ; que no nos 
pondremos á la mesa, hasta que él venga. 

12 Envió por él Isaí , y se lo presentó. Era 

1 Esto es, mandó que se purificasen con lavar sus 
vestidos, y con la continencia, según prescribía el rito de 
los judíos. 



tlAPÍTULO XVI. 81 

David un joven rubio , de gallarda presencia y 
herraoso rostro. Dijo entonces el Señor : Ea , 
úngele ; porque ese es. 

13 Tomó pues Samuel la cuerna del óleo que 
había traído, y ungióle á presencia de sus herma- 
nos ', y desde aquel dia en adelante el espíritu 
del Señor quedó difundido en David ; y Samuel 
volvióse á Ramatha ^. 

14 Al contrario, el espíritu del Señor se retiró 
de Saúl ; y atormentábale un espíritu maligno ^ 
por permisión del Señor. 



1 Sin declarar el significado de la unción. 

2 Es mny verosímil que Samuel no declaró entonces por 
qué motivo ó fin ungia al joven David , sino que solamente 
dio á entender en general que Dios le destinaba para una 
cosa grande ; y desde aquella época se echó de ver en él 
el espíritu de fortaleza , de prudencia, de consejo, etc. que 
Dios le infundió. Cuando Saúl hubo muerto . entonces fue 
ungido David expresamente para succederle. 

3 El maligno espíritu se servia del humor melancólico de 
Saúl para llenarle de temores, de sospechas y funestas ideas. 
Y su misma conciencia, agitada con la memoria de sus de- 
litos, y de la'sentencia que Dios habia pronunciado contra 
é], aumentaba aquel mal humor que le trasportaba algu- 
nas veces á un verdadero delirio ó furor. Son bien conoci- 
dos los maravillosos efectos de la música para calmar ó en- 
cender las pasiones, y lo que nos cuentan aun los historia- 
dores mas antiguos : pero del modo con que se refiere aquí 
este suceso, puede creerse que Dios daba particular vir- 
tud á la música de David ; el cual al son de su harpa 
cantaba también salmos á Dios , según dice Josepho he- 
breo. 

S 



82 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

15 Por lo que dijeron á Saúl sus cortesanos : 
Ya ves cómo te atormenta un espíritu malísimo '. 

16 Si tú, señor nuestro, lo mandas, tus siervos 
que tienes aquí delante, buscarán un hombre hábil 
en tocar el harpa, para que cuando el Señor per- 
mita que te agite el mal espíritu, la toque y sientas 
algún alivio. 

17 Respondió Saúl á sus criados : Enhorabue- 
na , buscadrae alguno que sea hábil en tañer y 
cantar, y traédmele. 

18 A lo que contestando uno de los criados , 
dijo : Poco ha vía un hijo de Isaí, natural de Beth- 
lehem, muy diestro en tañer el haiya , mozo muy 
valiente y hábil para la guerra , prudente en el 
hablar, y de gallarda presencia^ y muy favoreci- 
do del Señor. 

19 Con esto Saúl hizo decir á Isaí : Envíame tu 
hijo David, que está con tus ganados. 

20 En vista de lo cual tomó Isaí un asno , que 
cargó de panes , de un cántaro de vino, y de un 
cabrito recental, y envióselo á Saúl por mano de 
su hijo David ^. 

21 Y fue David y se presentó á Saúl ; el cual le 
cobró mucho cariño, é hízole su escudero '. 

22 Y envió Saúl á decir á Isaí : Quédese David 



1 Véase Dios. 

2 Según la costumbre de no visitar á los príncipes siri 
llevarles algún presente. 

3 O paga fie armas. 



CAPÍTULO XVll. 83 

terca de mi persona ; porque ha hallado gracia en 
mis ojos. 

23 Con esto siempre que asaltaba el mal espí- 
ritu á Saúl , cogia David el harpa y tañíala ; con 
lo que Saúl se recreaba y sentia mucho alivio , 
pues se retiraba de él el espíritu malo. 



CAPÍTULO XVII. 



Guerra de los philisiheos contra Israel. Sale David á pe- 
lear contra el gigante Gulialh, le derriba, y te corta la 
cabeza. 

1 Sucedió después de algún tiempo que los philis- 
theos , juntando sus escuadrones para pelear , se 
reunieron en Sochó de Judá, y acamparon entre 
Sochó y Azeca , en los confines de Dommira. 

2 También se reunieron Saúl y los hijos de Is- 
rael, y viniendo al valle del Terebintho, ordena- 
ron allí sus escuadrones para pelear contra los 
philistheos. 

3 Estaban estos acampados en un lado del 
monte , y los israelitas en el lado opuesto , me- 
diando el valle entre ellos. 

4 Y sahó de los reales de los philistheos un hom- 
bre bastardo , llamado Goliath , natural de Geth , 
cuya estatura era de seis codos y un palmo '. 

5 Traía en su cabeza un morrión de bronce , é 

1 Al doble de los demás hombrea. 



84 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

iba vestido de una coraza escamada , del mismo 
metal, que pesaba cinco mil sidos ' : 

6 botas de bronce cubrian sus piernas, y defen- 
dia sus hombros ^ un escudo de dicho metal. 

7 El astil de su lanza era grueso como el en- 
jullo de un telar ^ , y el hierro ó punta de la mis- 
ma pesaba seiscientos sidos, é iba delante de él su 
escudero. 

8 Este hombre vino á presentarse delante de 
los escuadrones de Israel , dando voces y dicién- 
doles : ¿ Por qué habéis venido para dar batalla ? 
¿ No soy yo un philistheo , y vosotros siervos de 
Saúl? Escoged de entre vosotros alguno que salga 
á combatir cuerpo á cuerpo. 

9 Si tuviere valor para pelear conmigo y me 
matare, seremos esclavos vuestros ; mas si yo pre- 
valeciere y le matare á él, vosotros seréis los es- 
clavos, y nos serviréis. 

1 Según el Padre Mariana los sidos menores eran tal 
vez medias onzas. Véase Sido. — Plinio cuenta haber visto 
con sus propios ojos á un tal Atanato. que se presentaba coa 
una coraza y coturnos de plomo de quinientas libras de 
peso. Véase libro VI. c. 16., donde refi^e otros ejem- 
piares. 

2 Llevaban los antiguos sobre sus hombros ó tras de 
sus espaldas el escudo, y se le ponian delante al ir al com- 
bate. 

3 Puede traducirse : Como el cilindro de que usan tos 
tejedores para coger sus telas. — La manera con que tejian 
los antiguos era muy diferente de la de hoy dia ; y así la 
grandeza de la lanza de Goliath se ha de concebir por el 
peso del hierro, que era de 25 libras. 



CAPÍTULO xvir. 85 

10 Y áec'iA después jactándose : Yo lie desafiado 
hoy á los batallones de Israel , diciéndoles : Dad- 
me acá un campeón , y mida sus fuerzas conmigo 
cuerpo á cuerpo. 

1 1 Saúl empero y todos los israelitas , oyendo 
tal desafio del philistheo , quedaron asombrados 
y llenos de miedo '. 

12 David, según queda dicho , era hijo de un 
varón ephratheo de la ciudad de Bethlehem en 
Judá , llamado Isaí, el cual tenia ocho hijos , y 
era hombre anciano , y de los mas avanzados en 
edad en el tiempo de Saúl. 

13 Sus tres hijos mayores siguieron á Saúl en 
la guerra : de los cuales el'primogénito se llama- 
ba Eliab , el segundo Abinadab , y el tercero 
Samma. 

14 David era el menor de todos. Habiendo pues 
los tres mayores seguido á Saúl , 

15 David se había ido de la corte de Saúl ^ , y 
vuelto á apacentar la grey de su padre en Beth- 
lehem. 

16 Entretanto se presentaba el phiUstheo ma- 
ñana y tarde , y continuó haciéndolo por espacio 
de cuarenta dias. 

)1 A vista de tan enorme estatura. 
2 Es necesario suponer que habia ya mucho tiempo que 
David habia dejado la corte y vuelto á la casa de su padre 
á apacentar sus rebaños. Así no es de admirar que con la 
mudanza en el cuerpo que se hace en los años de la juven- 
tud, y el trage de pastor con que sepresentó^ no le conociesír 
Saúl, V. 55, 56. 



86 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

17 En este intermedio dijo Isai á su hijo David: 
Toma para tus hermanos un ephi de harina de 
cebada ' y estos diez panes , y corre al campa- 
mento á llevárselo. 

18 Y estos diez quesos ^ , los llevarás al tribuna 
ó coronel ; y verás si tus hermanos están buenos , 
informándote en qué compañía están. 

19 Mas así ellos como los demás hijos de Israel 
estaban con Saúl , para pelear contra los philis- 
theos , en el valle del Terebintho. 

20 Madrugó pues David , y encargando á uno 
el cuidado del ganado , se puso con su carga en 
camino , como se lo habia mandado Isaí. Y llegó 
al lugar de Magala , junto al ejército , al tiempo 
que este , habiendo salido á dar la batalla , levan- 
taba el grito en señal de combate. 

21 Porque ya Israel habia formado en batalla 
sus escuadrones, é igualmente los philistheos es- 
taban dispuestos para la acción. 

22 A vista de esto David, dejando cuanto habia 
traido al cuidado de quien se lo guardase entre 
los bagages, fue corriendo al lugar de la batalla , 
y se informaba de la salud y bienestar de sus her- 
manos. 

23 Aun no habia acabado de hablar , cuando 
compareció aquel hombre bastardo llamado Go- 

1 Véase Monedas, Otros traduceu : Un ephi de grano 
tostado, ó de tontones. 

2 Según el hebreo 27nn ^HIH Quesos de leche, ó re- 
qxiesones. 



CAPÍTULO XVIT. 87 

liath , pliilistheo , natural de Getli , que salla del 
campamento de los pliilistheos repitiendo los mis- 
mos insultos que siempre : los cuales oyó David. 

24 Todos los israelitas , así que vieron aquel 
hombre, huyeron de su presencia temblando de 
miedo. 

25 Y decía uno de los soldados de Israel : ¿No 
habéis visto ese hombre que se presenta al com- 
bate ? pues á insultar á Israel viene. Al que le ma- 
tare, le dará el rey grandes riquezas , y á su hija 
por esposa , y eximirá de tributos en Israel la casa 
de su padre. 

26 Preguntó David á los que tenia cerca de sí : 
¿ Qué es lo que darán al que matare á ese philis- 
theo , y quitare el oprobio de Israel ? Porque á 
la verdad , ¿quién es ese phillstheo incircunciso 
para que insulte así impunemente á los escuadrones 
del Dioá vivo ? 

27 Referíale la gente las mismas palabras, 
diciendo : E&to y esto se dará al que le matare. 

28 Y habiéndole oido hablar así con la gente 
Eliab su hermano mayor , indignóse contra él , y 
le dijo : ¿ Por qué has venido aquí , dejando aban- 
donadas en el desierto aquellas poquitas ovejas 
que tenemos"^ Bien conocida tengo yo tu altanería ^ 
y la malicia de tu corazón. A ver la batalla es á 
lo que has venido ' . 



1 Para hacer mérito de haberte hallado en ella. 



88 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

29 Respondió David : ¿Qué mal he hecho yo? 
¿He hecho mas que hablar ? 

30 Desvióse luego de él, y fuese áotroparage, 
y entabló la misma conversación , repitiéndole la 
gente la misma respuesta de antes, 

31 Oidas de varios las palabras que habló Da- 
vid , fueron referidas delante de Saúl : 

32 á cuya presencia conducido , le habló David 
de esta tnanera : Nadie desmaye á causa de los in- 
sultos de ese philistheo : yo , siervo tuyo , iré y 
pelearé contra él. 

33 Mas Saúl dijo á David : No tienes tú fuerza 
para resistir á ese philistheo , ni para pelear con- 
tra él ; pues tú eres muchacho todavía , y él es un 
varón aguerrido desde su mocedad. 

34 Replicó David cá Saúl : Apacentaba tu siervo 
el rebaño de su padre , y venia un león ó un oso, 
y apresaba un carnero de en medio de la manada ; 

35 y corria yo tras ellos y los mataba , y les 
quitaba la presa de entre los dientes , y al volverse 
ellos contra mí, los agarraba yo de las quijadas, 
y los ahogaba y mataba. 

36 Así es como yo , siervo tuyo , maté tanto al 
león como al oso , y lo propio haré con ese phi- 
listheo incircunciso. Iré pues contra él ahora mis- 
mo , y quitaré el oprobio de nuestro pueblo : por- 
que , ¿quién es ese philistheo incircunciso , que ha 
tenido la osadía de maldecir al ejército del Dios 
vivo ? 

37 Y añadió David : El Señor que me libró de 



CAPITULO XVII. 89 

las garras del león y del oso , él mismo me li- 
brará también de las manos de ese pbilistheo. Dijo 
Saúl á David : Anda pues , y el Señor sea contigo. 
38 Y vistióle Saúl con sus ropas ó con armadura 
de su palacio , y púsole en la cabeza un yelmo de 
acero, y armóle de coraza. 

^. 39 Ciñéndose luego David la espada de Saúl 
sobre su vestido de guerra , comenzó á probar si 
podia andar así armado ; porque no estaba hecho 
á ello. Y dijo á Saúl : Yo no puedo caminar con 
esta armadura; pues no estoy acostumbrado á, 
ella. Por tanto se desarmó ; 

40 y cogiendo el cayado , que llevaba siempre 
en la mano , escogió del torrente cinco guijarros 
bien lisos , metióselos en el zurrón de pastor que 
traía consigo , tomó la honda en su mano , y fuese 
en busca del pbilistheo. 

41 Venia este caminando con paso grave y 
acercándose acia David , llevando delante su es- 
cudero. 

42 Mas así que el pbilistheo vio y miró á Da- 
vid , le menospreció , por ser este un joven , ru- 
bio y de linda presencia ; 

43 y le dijo : ¿ Soy yo acaso algún perro para 
que vengas contra mí con un palo? Por lo que 
maldijo el pbilistheo á David , jurando por sus 
dioses. 

44 Y añadió : Ven acá , y echaré tus carnes á 
las aves del cielo y á las bestias de la tierra. 

45 Mas David respondió al pbilistheo : Tú vie- 



90 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

nes contra mí con espada , lanza , y escudo ; pero 
yo salgo contra tí en el nombre del Señor de los 
ejércitos , del Dios de las legiones de Israel , á 
las cuales tú has insultado en este dia : 

4G y el Señor te entregará en mis manos : y 
yo te mataré y cortaré tu cabeza ; y daré hoy los 
cadáveres del campo de los philistheos á las aves 
del cielo y á las bestias de la tierra : para que 
sepa todo el mundo que hay Dios en Israel ; 

47 y conozca todo este concurso de gente , que 
el Señor salva sin espada ni lanza ; porque él es 
el arbitro de la guerra, y él os entregará en nues- 
tras manos. 

48 Como se moviese pues el philistheo , y vi- 
niese acercándose á David , apresuróse este y cor- 
rió al combate contra el philistheo ; 

49 y metiendo su mano en el zurrón , sacó una 
piedra que disparó con la honda , é hirió al phi- 
listheo en la frente , en la cual quedó clavada' : 
y cayó el philistheo en tierra sobre su rostro. 

50 Así venció David al philistheo con una honda 
y una piedra ; y herido que le hubo , le mató. Y 
no teniendo David á mano ninguna espada, 

51 fue corriendo y echóse encima del philistheo, 
le quitó la espada , desenvainóla , y acabándole 
de matar, le cortó la cabeza. Viendo pues los 

I No se sabe si las celadas mas antiguas cubrían entera- 
mente la cara ; pero aunque fuese así. ni escudo ni celada 
resistían al golpe de la piedra tirada con la honda , según 
añrma Diodoro Sículo lib. V. c. 2 



CAPÍTULO XV IT. 91 

philistheos muerto al mas valiente de los suyos , 
echaron á huir. 

52 Pero los hijos de Israel y de Judá los acome- 
tieron con grande gritería , y fueron acuchillándo- 
los hasta llegar al valle y hasta las puertas de Ac- 
caron ; y cayeron heridos muchos philistheos por 
el camino de Saraim y hasta Geth y Accaron. 

53 Vueltos los hijos de Israel de perseguir á los 
philistheos , saquearon su campamento. 

54 Y tomando David la cabeza del philistlieo , 
la llevó á Jerusalem ' ; pero sus armas las colocó 
en su casa. 

55 Es de advenir que al ver Saúl que David se 
dirigia contra el philistheo, preguntó á Abner ge- 
neral de las tropas : Abner, ¿de qué familia es 
ese joven ? Y Abner respondió : Juro por tu vida, 
oh rey , que no lo sé. 

56 Díjole el rey : Infórmate de quien es hijo ^. 

57 Y cuando David volvió después de muerto 
el philistheo , tomóle Abner y presentóle á Saúl, 
llevando David la cabeza del philistheo en la mano. 

58 Y díjole Saúl : Oh joven , de qué familia 

1 Aunque la ciudadela de Jerusalem estaba en poder de 
los jebuseos, la ciudad era de los hebreos. Muchos opinan 
que se dice esto aquí por anticipación ; y que la cabeza de 
GoUath la llevó David á Jerusalem cuando trasportó allí el 
Arca del Señor. Asimismo envió la espada de Goliath al 
Tabernáculo del Señor , que estaba eu Nobe, en señal de 
su reconocimiento. 

2 Puesto que si vence se ha de casar con mi liij;!. 



í)2 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

eres? Y respondió David : Soy el hijo de vuestro 
siervo Isaí , natural de Bethleliem. 



CAPITULO XVIII. 

X 

Amistad íntima de Jonathás con David , y envidia furiosa 
de Saúl : quien finalmente le da por esposa á su hija me- 
nor MichóL 

1 Al punto que David acabó de hablar con Saúl, 
el alma de Jonathás se unió estrechamente con el 
alma de David ; y amóle Jonathás como á su pro- 
pia vida. 

2 Desde aquel dia quiso Saúl tenerle siempre 
consigo , y no le permitió volverse á casa de su 
padre. 

3 Y contrajeron entonces David y Jonathás una 
grande amistad ; pues que amaba este á David 
como á sí mismo. 

4 De aquí es que se quitó Jonathás la túnica que 
vestia, y diósela á David con otras ropas suyas , 
hasta su espada y arco, y aun el tahalí. 

5 Salia David á todas las expediciones á que le 
enviaba Saúl , y conducíase con mucha prudencia. 
Dióle después Saúl mando sobre alguna gente de 
guerra , y se ganó la afición de todo el pueblo , y 
particularmente de los criados de Saúl. 

6 Asimismo cuando volvió David, después de 
haber muerto al philistheo, salieron las mugeresde 
todas las eiudades de Israel á recibir al rey Saúl, 



CAPÍTULO XVIH. <)3 

cantando y danzando , y mostrando su recocijo con 
panderos y sonajas. 

7 Las mng-eres en sus danzas cantaban y repe- 
tían este estribillo : Saúl ha muerto á mil : y David 
ha muerto á diez mil ' . 

8 Semejante expresión irritó á Saúl en gran 
manera , y le dejó sumamente digustado ; y dijo ; 
A David le lian dado diez mil, y á mí me han dado 
mil , ¿ qué le falta ya sino ser rey ? 

9 Por este motivo desde entonces en adelante 
ya no miraba con buenos ojos á David. 

10 Otro dia sucedió que el espíritu malo , per- 
mitiéndolo Dios, volvió á apoderarse de Saúl, que 
andaba por su palacio hablajido como un frenético ^. 
David tañia el harpa delante de él , como los demás 
dias. Y teniendo Saúl d mano una lanza ^ 

11 arrojóla contra David, pensando poderle 
clavar en la pared : mas David huyó el cuerpo 
por dos veces, y evitó el golpe. 

12 Comenzó pues Saúl á temer á David , viendo 
que el Señor estaba con este , y que á él le habia 
dejado. 

13 Por lo cual le alejó de su persona , y- le hizo 



1 Aunque la alabanza era justa, pues el haber muerto á 
Goliath equivalía á la derrota de un ejército ;]'cou todo, la 
comparación era indiscreta. Véase Sun Juan Chnjsósfomo, 
Hom. I. de David, ^tc. 

2 Puede traducirse, que estaba en su palacio hablando 
enfáticamente al estilo de los profetas, Véase Profeta. 

9 



94 LIBRO PRL^IERO DE LOS REYES. 

tribuno de mil hombres ; con los cuales hacia Da- 
vid sus expediciones á vista del pueblo. 

14 Manejábase David en todo con mucha cor- 
dura , y el Señor le asistia. 

15 Pues como observase Saúl su extremada pru- 
dencia, comenzó á recelarse de él. 

16 Al contrario todo Israel y Judá amaban á Da- 
vid , como á quien iba á la frente de ellos en las 
expediciones que se hacian. 

17 Por lo que dijo Saúl á David : He aquí á Me- 
rob mi hija mayor : Voy á dártela por esposa '. 
Tú sobre todo séasme valiente , y pelea en serví- 
eio del Señor. Al mismo tiempo decia Saúl para 
consigo : No sea yo el que le mate ; sino sean los 
philistheos los que lo hagan. 

18 David empero respondió á Saúl : ¿Quien soy 
yo , ó cuál ha sido mi vida, ni de qué considera- 
ción goza en Israe'l la familia de mi padre para lle- 
gar á ser yo yerno del rey? 

19 Mas sucedió después que llegado el tiempo 
en que Merob, hija de Saúl, debia desposarse con 
David , fue dada por muger á Hadriel Molatliita. 

20 Pero Michól , la otra hija de Saúl , se habia 
aficionado á David ; de lo que se alegró Saúl luego 
que se lo dijeron. 

21 Porque dijo Saúl inieríoimiente : Se la daré, 
para que sea ella la causa de su ruina , y muera á 
manos de los philistheos. Y así dijo Saúl á David ; 

1 En cumplimiento^de lo ofrecido cuando mataste á Go- 
liath. 



CAPÍTULO XVTir. 05 

Por tíos títulos ó servicios vas á ser luego mi 
yerno. ^ 

22 Y dio esta orden á sus cortesanos : Hablad 
á David como que sale de vosotros , diclendole : Ya 
ves que estás en gracia del rey , y que todos sus 
criados te aman : procura pues ahora llegar áser 
yerno del rey. 

23 Hicieron los cortesanos que llegase esto á 
oídos de David ; el cual respondió : ¿Por ventura 
os parece cosa fácil el ser yerno del rey , mayor- 
mente siendo yo pobre y de humilde condición? 

24 Diéronle parte á Saúl sus cortesanos , di- 
ciendo : David ha respondido esto y esto. 

25 Dijo entonces Saúl : Hablad así á David : 
El rey no necesita de dote para su hija ' : úni- 
camente exiofe de tí las cabezas de cien incircun- 
cisos philistheos ; para vengarse así de sus enemi- 
gos, Pero el designio de Saúl era hacer caer á 
David en manos de los philistheos. 

26 Luego pues que los criados de Saúl refirie- 
ron á David lo que les habia dicho Saúl , acepto 
gustoso David el partido que le proponían para 
llegar á ser yerno del rey ; 

27 y de allí á pocos dias marchó con la gente 
que comandaba , y mató á doscientos philistheos ; 



I Entre los hebreos , como eu varias otras naciones , el 
esposo compraba en cierto modo , y pagaba el dote de la 
muger que tomaba por esposa ; y este dote se le quedaba 
para sí el padre de la novia. 



96 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

entregando al rey este número de incircuncisos, 
á fin de llegar á ser yerno suyo. Con esto dióle 
Saúl á su hija Miehól por esposa , 

28 y conoció claramente que el Seiior estaba 
con David. Y Miehól , hija de Saúl , amaba mucho 
á David. 

29 Comenzó pues Saúl á recelar mas y mas de 
David ; por manera que su aversión acia él fue 
siempre en aumento. 

•JO En esta sazón salieron á campaña los cau- , 
dillos de los philistheos : y desde el punto que se 
dejaron ver , se manejaba David con mas arte y 
prudencia que todos los demás oficiales de Saúl ; 
por donde se hizo mas y mas célebre su nombre. 

CAPÍTULO XIX. 

Smd resuelve quitar ¡a vida á David ; peligros en que este 
se vio ; y~cómo le libran de ellos Jonatliás y Miehól. 

1 Saúl empero habló á Jonathás suhijoy átodos 
sus criados ó cortesanos^ á fin de que matasen á Da- 
vid. Mas Jonathás , hijo de Saúl , amaba cordial- 
mente á David ; 

2 y así le avisó, diciendo : Saúl, mi padre, busca 
como matarte : ruégete pues que mires por tí , y 
te vayas mañana á un lugar oculto , en el cual te 
estés escondido , 

3 en el campo, donde quieras ; mientras yo pro- 
curaré estar con mi padre, y le hablaré de tí , y te . 
haré saber cuanto hubiere observado. 



CAPITULO XIX. 91 

4 Habló pues Jonatliás á Saúl su padre á favor 
de David , y le dijo : No hagas daño , oh rey , á 
David siervo tuyo; puesto que nada malo ha 
obrado contra tí , antes bien te ha hecho servicios 
importantísimos. 

5 El puso su vida en el mayor riesgo , y mató 
al philistheo : con lo cual dio el Señor una gran 
victoria á todo Israel. Tú lo viste y te llenaste de 
gozo. Pues ¿ por qué quieres ahora pecar, derra- 
mando sangre inocente , matando á David que no 
es culpable de nada ? 

6 Oyendo esto Saúl , y aplacado con las razones 
de Jonathás , hizo este juramento : Vive el Señor, 
que no se le quitará la vida. 

7 Llamó luego Jonathás á David ; y contóle to - 
das estas cosas, y le presentó nuevamente á Saúl, 
y se quedó David en la corte de Saúl, como antes. 

8 Suscitóse de nuevo la guerra : y saliendo 
David á campaña peleó contra los philistheos , y 
destrozando gran número de ellos , ahuyentó los 
demás. 

9 Mas el espíritu malo, permitiéndolo el Señor, 
asaltó otra vez á Saúl. Estaba este sentado en su 
palacio , y tenia una lanza en la mano; y mientras 
David tañia el harpa delante de e/, 

10 tiró Saúl á traspasarle con la lanza y clavarle 
en la pared. Mas David declinó el golpe; y la 
lanza, sin haberle herido, íue á dar en la pared : 
y escapó David al instante, y se libertó aquella 
noche. 



98 LIBRO PRIMÜllO DE LOS RLYES. 

11 Saúl envió en seguida sus a-uardias á la casa 
de Dvivid para que asegurasen su persona , y le 
matasen al otro día por la mañana. Pero avisó- 
selo á David su esposa Michól, diciendo : Si esta 
noche no te pones en salvo , mañana morirás. 
^ 12 Y descolgóle Michól poruña ventana ; y de 
esta suerte escapó David , y huyendo se puso en 
salvo. 

13 En seguida tomó Michól una estatua ó bullo , 
y púsola sobre la cama de David , y le envolvió 
la cabeza con una piel peluda de cabra, y cubrió 
la estatua con la ropa de la cama. 

14 Envió pues Saúl guardias á prender á David ; 
y se les repondió que estaba enfermo. 

1 5 Despachó segunda vez otras gentes con orden 
de ver á David , diciéndoles : Traédmele acá en 
su cama , para que sea muerto. 

16 Llegados que fueron allí los enviados de 
Saúl, hallaron que en la cama solo habla una es- 
tatua ó bulto que tenia envuelta la cabeza con una 
piel de cabra. 

17 Por lo que dijo Saúl á Michól : ¿ Cómo me 
has burlado de esta manera , y dejado escapar á 
mi enemigo ? Y respondió Michól á Saúl : Porque 
él me dijo- : Déjame ir, sino te mataré. 

18 Así huyó David , y puso en salvo su vida, y 
fue á encontrar á Samuel en Ramatha , y contóle 
todo cuanto Saúl habla hecho con él : y después 
fuéronse ambos á Nayoth, donde moraron al</un 
iieinpo. 



CAPÍTULO XIX. 99 

19 Dióse aviso á Saúl, diciciidültí ; Mira que 
David está en Nayoth de Kamatha. 

20 Envió pues Saúl soldados para prender á 
David : ios cuales habiendo visto un coro de pro- 
fetas que profetizaban ó cantaban alabanzas d Dios, 
y á Sanuiel que presidia entre ellos, fueron tam- 
bién arrebatados del espíritu del Señor, y comen- 
zaron á alabar á Dios, como los otros '. 

21 Habiéndose referido esto áSaul, envió otros 
soldados ; los cuales asimismo se pusieron á ala- 
bar á Dios. Despachó otros por tercera vez, que 
igualmente se pusieron á cantar las alabanzas de 
Dios, Entonces Saúl, lleno de cólera , 

22 marchó él mismo en persona á Ramatha, y 
habiendo llegado hasta la gran cisterna de Sochó, 
preguntó , diciendo : ¿ Dónde se hallan Samuel y 
David ? y le respondieron : Están allá en Nayoth 
junto á Ramatha. 

23 Con esto encammóse á dicho lugar , y apo- 
deróse también de Saúl el espíritu del Señor , é 
iba cantando por el camino las alabanzas de Dios 
hasta llegar á Nayoth de Ramatha. 

24 Y despojado de sus vestiduras reales ^ , 
púsose á cantar con los demás delante de Sa- 
muel, y todo lo restante del dia y de aquella no- 
che estuvo postrado por tierra ^, desnudo t/e toda 

1 Véase Profeta. 

2 Quedó Saúl cou la sola túnica iuterior. En este scutido 
stí usa la palabra uuclivi. Joami. XXI. í'. 7, etc. 

3 Quedó Saúl como si fuera otro hombre. 



loo LIBRO PRIMI RO DE LOS REYESo 

insignia. De donde af|uel proverbio ' : ¿ Pues que, 
también Saúl entre los Profetas ? 



CAPITULO XX. 



Admirable lealtad de Jonathás para con David desgra- 
ciado. 

1 Entretanto huyó David de Nayotb, que está 
cerca de Raníiatha , v viniendo á verse con Joña- 
thás, prorumpió en estas palabras : ¿Qué he hecho 
yo? ¿ En que he pecado, y cuál es mi delito con- 
tra tu padre , que anda así buscándome para ma- 
tarme ? 

2 Respondióle Jonathás : No temas, no morirás ; 
porque no hará mi padre cosa chica ni grande, sin 
cumunicármela primero. Cómo , ¿ esta sola reso- 
lución me habria acaso ocultado mi padre ? No, de 
ninguna manera. 

3 E hizo sobre ello nuevo juramento á David , 
asegurándole su amistad. Mas David replicó : Tu 
padre sabe muy bien que yo he hallado gracia en 
tus ojos , y habrá dicho : No conviene que sepa 
esto Jonathás , á fin de que no reciba pesar. Por- 
que yo te juro por el Señor y por tu vida que 
está tan resuelto fu padre d tjiatarme , que solo hay 
un punto, por decirlo así, desde raí á la muerte. , 



1 Para significar una cosa fuera de la opinión ó común 
mentir de las gentes. 



CA.PÍTÜLO XX. lOi 

4 Respondió Jonatliás á David : Haré por tí 
todo cuanto me insinuares. 

5 Díjole David : Mira , mañana son las calen- 
das', en que yo, según costumbre, suelo sentar- 
me á la mesa con el rey : ahora pues permíteme 
que vaya á esconderme en el campo hasta la tarde 
del dia tercero. 

6 Si tu padre preguntare por mí , le responde- 
rás : David me pidió licencia para ir prontamente 
á Bethlehem su patria ^ ; por cuanto todos los de 
su tribu ó familia celebran allí un sacrificio so- 
lemne. 

7 Si dijere : Bien está ; no tendré que temer ; 
pero si se enojare , ten por cierto que su mala 
voluntad acia mí ha llegado al colmo. 

8 Haz pues esta merced á tu siervo, ya que quisiste 

que yo, ápesar de ser tu criado hiciese contigo y te 

j urase la mas estrecha aUanza. Y si tú adviertes en 

raí alguna culpa ó delito, dame tú mismo la muerte, 

y no me hagas comparecer delante de tu padre. 

9 A lo que respondió Jonathás : Libre estás de 
que te suceda esto : porque no es posible que yo 
conozca de cierto que el odio de mi padre contra 
tí ha llegado á lo sumo, sin que yo te lo avise. 

10 Replicó David á Jonathás : Y si tu padre 

1 Esto es, la fiesta del Novilunio , ó del primer dia del 
mes. 

2 David pudo efectivamente ir al convite de Bethlehem, 
y hallarse al tercer dia escondido en el parage donde convi- 
nieron ambos. 



102 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

por desgracia te diere una respuesta áspera ítl 
hablarle de mí , ¿ por quién lo sabré ? 

11 Respondióle Jonathás : Ven, y salgamos al 
campo. Habiendo salido ambos al campo, 

12 dijo Jonathás á David : Señor Dios de 
Israel , si yo mañana ó esotro dia averiguare el 
designio de mi padre , y resultare algo de bueno 
á favor de David , y no enviare luego á decírselo, 
y hacérselo saber , 

13 no hagáis , oh Señor, bien á Jonathás, sino 
mucho mal. Pero si continuare la mala voluntad 
de mi padre contra tí, te lo avisaré también, y te 
daré licencia á fin de que te vayas en paz ; y el Se- 
ñor sea contigo, como estuvo con mi padre. 

14 Y tú, si yo viviere, me tratarás con toda la 
bondad posible ; mas si yo muriere, 

15 tendrás siempre compasión y tratarás con 
bondad á mi familia, cuando el Señor desarrai- 
gare uno por uno de la faz de la tierra á todos los 
enemiofos de David. De otra matiera '. arrebate 
también el Señor á Jonathás de su casa, y tome 
Dios venganza da los enemio-os de David. 

16 De esta suerte hizo Jonathás alianza con la 
casa de David; el Señor tomó en efecto venganza 
de los enemigos de David ^. 

1 Si yo faltare á mi palabra. 

2 Quiso el Señor castigar á Saúl, aun en sus descendien- 
tes, por lo que habia perseguido á David; y así no pudo 
tener cumplido efecto ía alianza de este con la casa de Jo- 
caí has. 



CAPITULO XX. 103 

11 Jonathás repitió á David sus juramentos por 
ío mucho que le queria; pues que le amaba como 
á su misma alma. 

18 Díjole mas : I\íañana son las calendas, y 
serás echado de menos j 

19 porque se verá tu asiento vacío aun al dia 
siguiente. Por tanto marcharás luego de aquí, y 
te dirigirás el primer dia después de la fiesta al 
sitio en que debes esconderte, y te sentarás junto 
á la peña llamada Ezel. 

20 Cerca de ella dispararé yo tres saetas , co- 
mo que me ejercito en tirar al blanco. 

21 Enviaré también un muchacho tras ellas , 
diciéndole : Anda y tráeme las saetas. 

22 Si yo dijere al muchacho : Mira que las 
saetas están mas acá de tí, cógelas : tú entonces 
ven á mí , pues es señal de que estás seguro , y 
vive el Señor , que no hay que temer. Mas si di- 
jere yo al criado : Mira , las saetas están mas allá 
de tí : vete en paz ; pues el Señor quiere que te 
retires. 

23 En cuanto á lo que tú y yo hemos trata- 
do , sea el Señor para siempre tcsiigo entre los 
dos. 

24 Con esto David fue á esconderse en el cam- 
po ; y llegaron las calendas , y sentóse el rey á 
comer. 

25 Y estando el rey sentado en su silla, que 
estaba junto á la pared, según costumbre , levan- 



104 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

tose Jonatbás', y sentóse Abner á un lado de 
Saúl, y echóse de ver vacío el puesto de David. 

26 No dijo Saúl nada aquel día; porque pensó 
que tal vez le había sucedido á David el no ha- 
llarse limpio ni purificado. 

2 7 Venido el segundo dia de la fiesta, vióse 
también desocupado el asiento de David. Entonces 
dijo Saúl á su hijo Jonathás : ¿ Por qué no ha ve- 
nido á comer ni ayer ni hoy el hijo de Isaí ? 

28 Y respondió Jonathás : Rogóme con mucha 
instancia que le dejara ir á Bethlehem , 

"íQ diciéndome : Dame licencia ; por cuanto se 
celebra un sacrificio solemne en nuestra ciudad , 
y me ha convidado con muchas instancias uno de 
mis hermanos : si he hallado pues gracia en tus 
ojos , permíteme dar una vuelta por allí, y ver á 
mis hermanos. Por este motivo no ha venido á la 
mesa del rey. 

30 Saúl empero indignado contra Jonathás , le 
dijo : ¡ Hijo de prostituta^, hijo desamorado y per- 
verso \ i piensas que yo ignoro el amor que tienes 
al hijo de Isaí , para confusión tuya, é ignominia 
de tu envilecida madre ? 

31 Sábete que mientras viva el hijo de Isaí so- 

1 Jonathás se levantó para saladar á Abner. que era ge- 
neralisimo de las tropas ; después del cual debia sentarse 
David, y en seguida los demás capitanes. 

2 Hebreo: Hijo de perversa y rebelde: expresión de có- 
lera. Semejante modismo se usó en nuestra lengua^ y otras . 
y nada significa relativamente a la madre. 



CAPÍTULO XX. 105 

bre la tierra , ni tú estarás seguro, ni lo estará tu 
derecho al reino. Así pues envía ahora mismo por 
él, y tráemele acá; porque ha de morir. 

32 Mas Jonathás respondió á su padre Saúl , 
diciendo : Pero ¿ por qué ha de morir ? ¿ qué es lo 
que ha hecho ? 

33 Y al oir Saúl esto, agarró la lanza para atra- 
vesarle. Entonces conoció Jonathás que su padre 
tenia resuelto matar á David. 

34 Y levantóse Jonathás de la mesa lleno de 
indignación y de furor, y no comió bocado aquel 
dia segundo de las calendas , apesadumbrado por 
causa de David, y por la afrenta recibida de su 
padre. 

35 Y al rayar el dia siguiente fue Jonathás al 
campo , conforme á lo acordado con David , lle- 
vándose consigo un muchacho ; 

36 al cual dijo : Anda y tráeme las saetas que 
iré tirando. Estando corriendo el muchacho , dis- 
paró otra saeta mas lejos. 

37 Llegado el muchacho al lugar de la primera 
saeta que habia tirado Jonathás, dio este voces y 
le gritó : Mira , allí mas adelante de tí está la 
saeta. 

38 Gritóle otra vez Jonathás al muchacho , di- 
ciéndole : Date priesa , no te detengas. En fin , 
el muchacho recogió las saetas , y trájoselas á su 
amo ; 

39 sin entender el motivo de lo que se hacia, 
porque solamente Jonathás y David lo sabian. 

ToM. IV. 10 



106 LIlíRO PRIMERO DE LOS REYES. 

40 Dio después Jonathás sus armas al mucha- 
cho, dicléntlole : Anda y llévalas á la ciudad. 

41 Y así que este hubo marchado, salló David 
del sitio en que estaba , que miraba al Mediodía, 
e hizo por tres veces una profunda reverencia á 
Jonathás, postrándose hasta el suelo : y besándose 
el uno al otro, lloraron juntos : pero David mucho 
mas. 

42 En conclusión Jonathás dijo á David : Vete 
en paz ' : todo aquello que los dos hemos jurado 
en el nombre del Señor , diciendo : El Señor sea 
testigo entre mí y entre tí, entre mi descendencia 
y la tuya para siempre ^ 

43 Y levantóse David y se fue : mas Jonathás 
volvióse á la ciudad. 

CAPITULO XXI. 

David fugüivo pide de comer á Aclúmelech, quien leda los 
■panes sanios de la x>'>'oposicion : toma la espada de Go- 
liaih ; y pasa á la corte de Achís, donde se finge loco. 

1 Partió después David á Nobe* á encontrar 
al Sumo sacerdote Achímelech. El cual ^ quedó 

1 Puede traducirse: Anda^ y sea Dios contigo. 

2 Parece que Jonathás, no acabando la cláusula comen- 
zada, manifiesta con esta reticencia el vivo dolor que le 
causa el separarse de su tierno amigo. Semejante reticen- 
cia usó el Señor al entrar en Jerusalem. Véase Luc. XIX. 
V. 42. 

3 Donde estaba el Arca. 

4 Llamado también Abiathar. — Marc. IJ. v. 26, — 1 



CAPÍTULO XXÍ. 107 

sorprendido de ver llegar á David, y díjole : ¿Có- 
mo es que vienes solo, sin que nadie te acompañe? 

2 Respondióle David ; El rey rae ha encargado 
una comisión , diciendo : Nadie sepa el negocio á 
que te envió, ni las órdenes que te lie dado. Por 
cuyo motivo aun á mis gentes les he mandado que 
me esperen en tal y tal lugar. 

3 Ahora pues si tienes á mano aunque no sean 
mas que cinco panes , dámelos ; ó cualquier cosa 
que hallares , pues tenemos grande necesidad '. 

4 A lo que respondió el sacerdote, diciéndole : 
No tengo á mano panes de legos ó comunes, sino 
solamente el pan santo. Con iodo, ie lo daré, si es 
que tus criados están limpios , mayormente en 
cuanto á mugreres. 

5 Respondió David al Sumo sacerdote, dicién- 
dole : Por lo que toca á mugeres, nos hemos con- 
tenido desde ayer y antes de ayer , después que 
partimos ; y los cuerpos de mi gente se han con- 
servado puros ^. A la verdad el camino profano es ^ , 

Par. XV. V. II. — XVIH. v. 16. — Tal vez iotervendria en 
todo esto el hijo de Achimelech llamado Abiathar, por estar 
enfermo sii padre, ó por otro motivo. Cap. XIF. v. 3. 

1 David pudo errar creyendo licito el decir nna mentira 
para salvar su vida, y solamente servirla este error para dis- 
minuir su culpa. 

2 O sin mancha legal que obligue á lavarlos, 

3 O expuesto á contraer manchas legales. — Puede tradu- 
cirse : Verdad es que durante el viage podemos haber con- 
iraido alguna mancha legal, ele. O también : Verdadera- 
mente el uso de estos jianes, profano es; pero este mismo 



108 LIBRO PRIIVIERO DE LOS REYES. 

pero aun ' se purificará mi gente lavando sus 
cuerpos y vestidos '. 

6 Dióle pues el Sumo sacerdote el pan santifi- 
cado ; por no haber allí otro pan que los de la pro- 
posición^, que se hablan quitado de ante la pre- 
sencia del Señor para poner otros calientes. 

7 Hallábase aquel día alií dentro del Taberná- 
culo del Señor uno de los criados de Saúl, llamado 
Doe^, idumeo , el mas poderoso de los pastores 
de Saúl. 

8 Dijo todavía David á Achimelech: ¿Tienes 
aquí á mano alguna lanza ó espada ? pues no he 
traído conmigo mi espada ni mis armas ; porque 
urgia la orden del rey. 

9 Díjole el Sumo sacerdote : Aquí tienes la 
espada del phillstheo Goliath á quien tú mataste 



«.yo se santificará hoy en los cuerpos puros de mi gente, 
como en unoa vasos sa7iíos. 

1 Antes de comer los panes. 

2 Aunque San Pablo, 11. Cor. IF. v. 7. y T. Thesal.IV. v. 4, 
usa la palabra vas para significar el cuerpo ; no hallándose 
igual uso en el Viejo Testamento, parece mas probable en- 
tenderla del vestido. La ultima cláusula de este verso es 
tan oscura, que se ha interpretado de machas maneras. Pe- 
ro nos parece mas verosímil la traducción que hemos pues- 
to. Añadida la purificación de los vestidos á la continencia 
que todos habian observado, creyó David, y también Achi- 
melech, que no desagradaria á Dios el comer de aquellos 
panes en tanta necesidad. Véase Ex. XXX. v. 29. Num.' 
XIX. r. 21. 

3 O los panes presentados en el templo. 



CAPÍTULO XXI. 100 

en el valle del Terebintho : envuelta está en un 
paño detras del Ephod : si quieres llevaí la, tóma- 
la ; pues aquí no hay sino esta. Díjole David : No 
hay otra comparable con ella, dámela. 

10 Con esto se puso David en camino, huyendo 
por temor de Saúl , y fuese á Achís, rey de Geth. 

1 1 Mas los cortesanos de Achis , luego que 
vieron á David, dijeron al rey : ¿No es este aquel 
David, respetado como rey en su pais? ¿No es 
este aquel en cuya alabanza cantaban en medio de 
sus danzas : Mató Saúl á mil , y David mató á 
diez mil ? 

12 Paró David la consideración en esto que 
decian de él , y concibió grandísimo temor de 
Achis, rey de Geth. 

13 Y así comenzó á demudar su semblante de- 
lante de ellos, y dejábase caer entre los brazos de 
la gente, dando de cabezadas contraías puertas', 
y haciendo correr la saliva por su barba. 

14 Dijo pues Achis á sus criados : ¿Habéis vis- 
to un tal mentecato? ¿Por qué me le habéis traí- 
do aquí ? 

15 ¿Nos faltan acaso dementes, que habéis 
traido también á este para que hiciese locuras en 
mi presencia ? ¿ Un hombre semejante ha de ha- 
llar entrada en mi casa ? 



1 En hebreo "ifl^V ¡/ escribía, ó hacia layas eu las 
puertas , fingiéndose loco. 



lio LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 



CAPITULO XXII. 

Alléganse muchos a David refugiado en la cueva de Odollam : 
desde donde va á encontrar al rey de Moab ; y por con- 
sejo del profeta Gad vuélvese al pais de Judá. Saúl man- 
da matar á los sacerdotes del Señor ; pero Abiathar se 
acoge á David. 

1 Con esto salió de allí David , y refugióse en 
la cueva de Odollam ' : lo que habiendo sabido sus 
hermanos y toda la familia de su padre, bajaron 
allí á encontrarle. 

2 Allegáronsele también todos aquellos que se 
hallaban angustiados , y oprimidos de deudas , y 
en amargura de corazón ^ : de los cuales se hizo 

1 En los montes de la Palestina son muchas las cuevas 
de gran capacidad, en donde se refugian las gentes en tiem- 
pos de guerra, etc. De esta se habla II Reg. XXIII. v. 13, 
— 1. Paral. XI. v. 15. Strabon dice que acia la Arabia é 
Iturea habia ana que podia contener cuatro mil hombres. 
Lib. XVI. 

2 Era ya conocida de todos la caridad de David para con 
los pobres y afligidos. Muchos de estos tal vez no hubieran 
tenido reparo en empuñar la espada contra Saúl, Pero Da- 
vid, que era como rey de esta muchedumbre de desgracia- 
dosj manifiesta bien con su conducta cuan lejos estuvo de 
toda idea de rebelión contra su soberano ; contra el cual ja- 
mas peleó sino con las armas de la paciencia, y con las 
mayores demonstraciones de sublime generosidad y respeto 
á la persona de su rey. Conduciendo su gente á hacer la 
guerra en pais enemigo, les proporciona el sustento ,. y me- 
dios también para poder satisfacer con el tiempo á sus 



CAPÍTULO XXIf. 111 

caudillo, y juntó como unos cuatrocientos hombres 
bajo su mando. 

3 Partióse de aquí David para Maspha, que es 
del país de Moab, y ¿V]X> al rey de Moab : Rué- 
gote permitas que mi padre y mi madre se que- 
den con vosotros , hasta tanto que yo sepa lo 
que Dios dispone de mí. 

4 Y dejólos encomendados al rey de Moab ; 
con quien estuvieron todo el tiempo que David 
permaneció en aquella fortaleza de Maspha, 

5 Pero el profeta Gad dijo á David : No te es- 
tes mas en esa fortaleza ; marcha y vete á tierra 
de Judá. Partió pues David , y vino al bosque de 
Haret. 

6 Y supo Saúl que David y la gente que tenia, 
se hablan dejado ver. Estando pues Saúl en Ga- 
báa , y hallándose un día en un bosque cerca de 
Rama, teniendo en su mano la lanza, y rodeado 
de todos sus criados , 

7 dijo á los que se hallaban con él : Oídme 
ahora, hijos de Benjamín , vosotros que sois de mi 
tribu : ¿El hijo de Isaí os dará acaso á todos vos- 
otros campos y viñas, y os hará á todos tribunos 
y centuriones , 

8 para que os hayáis todos conjurado contra 
mi, sin haber una persona que me informe t/e ¿o 

acreedores. — Aun en esto fue figura de Jesu-Cliristo, el 
cual con extrema beniguidadj acogía y atraía ú sí álos pe- 
cadores: era el amparo de los pobres, y el refugio y consuelo 
de los miserables y aflgidos. 



112 LIBRO PRÍMERO DE LOS REYES. 

que hace David', mayormente después que aun el 
hijo mío se ha cohgado con el hijo de Isaí ' ? No 
hay uno siquiera de vosotros que se duela de mi 
suerte, ni que me dé un consejo ; viendo que mi 
hijo ha sublevado contra mí á un criado mió, que 
no cesa hasta hoy dia de armarme asechanzas. 

9 Doeg- , idumeo , que se hallaba presente , y 
era el mas acreditado entre los criados de Saúl , 
respondiendo, dijo : Yo vi al hijo de Isaí en Nobe, 
en casa del Sumo sacerdote Achimelech , hijo de 
Achitob : 

10 el cual consultó al Señor por e'l ; y le dio 
víveres, y lo que es mas , la espada de Goliath el 
philistheo. 

1 1 Envió luego el rey á llamar al Sumo sacer- 
dote Achimelech, hijo de Achitob, y á todos los 
sacerdotes de la casa de su padre, que se hallaban 
en Nobe : los cuales vinieron todos á presentarse 
al rey. 

12 Dijo entonces Saúl á Achimelech : Oye , 
hijo de Achitob. El cual respondió : ¿Qué es lo 
que mandas, señor ? 

13 Díjole Saúl: ¿Por qué os habéis conjurado 
contra mí, tú y el hijo de Isaí, y le diste los panes 
y la espada, y consultaste por él á Dios, para que 
siguiera sublevándose contra mí , y poniéndome 
asechanzas hasta el dia de hoy ? 

1 Se puede inferir de aquí que Jonathás , después de lo 
que se ha referido en el cap. XX. v. 33^ jio se dejaba ver 
de SauL 



CAPÍTULO XXII. 113 

14 A lo que respondió Athímelech : ¿Y quien 
hay entre todos tus criados tan leal como David , 
yerno del rey, pronto á tus órdenes y respetado 
en toda tu casa ? 

15 ¿Es por ventura hoy la primera vez que yo 
he consultado por el á Dios ? Lejos de mí otra 
idea : no sospeche el rey tal cosa ni de mí , su 
siervo, ni de toda la casa de mi padre ; porque tu 
siervo no sabe nada de ese negocio de conjuración. 

16 Dijo el rey: Morirás sin falta, Achimelech, 
tú y toda la casa de tu padre. 

17 Y en seguida dijo el rey á los de su guar- 
dia , que le rodeaban : Embestid y matad á los 
sacerdotes del Señor; porque están coligados con 
David , y sabiendo que iba huido , no me lo de- 
nunciaron. Pero los criados del rey no quisieron 
poner sus manos en los sacerdotes del Señor '. 

18 Entonces dijo el rey á Doeg : Embiste tú, y 
arrójate sobre los sacerdotes; y embistiendo Doeg, 
idumeo, se arrojó sobre los sacerdotes, matando 
en aquel dia ochenta y cinco varones que vestían 
el Ephod de lino ^. 

19 Después de esto pasó á cuchillo á Nobe , 
ciudad de los sacerdotes , matando á hombres y 
mugeres, muchachos, y niños de pecho, hasta los 
bueyes, los asnos y las ovejas. 

1 Loable inobedieuciaj siendo tan evidente la injusticia, 
y la impiedad de semejante orden. Lo mismo puede suce- 
der en lo que un padre mande hacer á sus hijos. 

2 Este Ephod era el distintivo de los sacerdotes. Véase 
antes c. II. v. 18. 



114 LIBRO PRI3IER0 DL LOS REYES. 

20 Con todo pudo escap-ar un hijo de Achi- 
raelecli, hijo de Achítob, que se llamaba Abiaíhar, 
y se fue huyendo a David. 

21 Y le contó como Saúl habia hecho matar á 
los sacerdotes del Señor. 

22 Respondióle David á Abiathar : Bien conocí 
yo aquel dia que estando allí Doeg, idumeo, se lo 
noticiaria á Saúl : yo soy el culpado en la muerte 
de toda la casa de tu padre. 

23 Quédate conmigo, no temas : si alguno aten- 
tare contra mi vida , atentará también contra la 
tuya ; y estando en mi compañia , salvándome yo 
serás tu igualmente salvo. 

CAPITULO XXIII. 

David defiende de los liliiUdheos á Ceila : huye al desierto 
de Ziph : renuévase la alianza entre David y Jonalhás , 
y perseguido de Saúl, en ninguna jyarte halla seguridad 
sino en el pecho de Jonaíhás. 

1 Después de esto avisaron á David, diciendo : 
Mira que los philistheos están sitiando á Ceila % y 
saquean las eras, ó mieses del país. 

2 Consultó pues David al Señor, diciendo : ¿Iré, 
y podré yo vencer á los philistheos? Respondióle 
el Señor : Anda , que derrotarás á los philistheos, 
y librarás á Ceila. 

3 Pero las gentes que tenia David consigo , le 

1 Ciudad de la tribu de Judá. 



CAPÍTULO XXIII. 115 

dijeron : Ya ves que nosotros , aun aquí en medio 
de la Judea no estamos sin miedo : ¿ cuánto mas 
si fuéremos á Ceila contra los batallones de los 
pliilistbeos ? 

4 Consultó nuevamente David al Señor '. El 
cual le respondió, diciendo : Marcha y ve á Ceila, 
que yo entregaré en tus manos á los philistheos. 

5 Partió pues David con sus gentes á Ceila : 
peleó contra los philistheos, y haciendo en ellos 
gran destrozo, llevóse sus ganados, y salvó á los 
habitantes de Ceila. 

6 Es de saber que cuando Abiathar , hijo de 
Achimelech, se refugió á David en Ceila, se llevó 
consigo el Ephod del Sumo sacerdote. 

7 Luego que tuvo Saúl aviso de la llegada de 
David á Ceila , dijo : Dios me le ha puesto en las 
manos : cogido está , habiéndose metido en una 
ciudad que tiene puertas y cerraduras. 

8 Con eso Saúl mandó á toda su tropa que sa- 
liese disimuladamente á campaña contra Ceila para 
cercar á David, y á su gente. 

9 Y advertido David de que Saúl trazaba secre- 
tamente su ruina , dijo al sacerdote Abiathar : 
Ponte el Ephod ^ para consultar al Señor. 

10 Y en seguida dijo David : Señor Dios de Is- 
rael , tu siervo ha oido decir que Saúl se pre- 

1 Para satisfacción de sus gentes. 

2 Al Sacerdote revestido del Ephod para consultar al 
Señor sugiérele David la petición que debe hacer á Dios, 
y el Sacerdote responde después en nombre del Señor, 



116 LIBRO PRDIERO DE LOS REYES. 

para para venir á Celia , y destruirla por mi 
causa. 

11 ¿ Me entregarán los ciudadanos de Ceila en 
manos de Saúl ? ¿ Vendrá en efecto vSaul, como ha 
oído decir tu siervo ? Señor Dios de Israel ma- 
nifiéstaselo á este siervo tuyo. Y respondió el Se- 
ñor : Sí; vendrá. 

12 Dijo todavía David t ¿ Los de Ceila rae entre- 
garán á mí y á toda mi gente en manos de Saúl? 
Y respondió el Señor : Os entregarán. 

13 Por lo que dispuso David marcharse de allí 
con toda su gente, que eran como unos seiscientos 
hombres ; y saliendo de Ceila, andaban de una á 
otra parte sin asiento fijo. Tuvo Saúl aviso de ha- 
ber huido David de Ceilaypuéstose en salvo : por 
lo cual aparentó no querer moverse. 

14 Entretanto se estaba David en el desierto en 
lugares muy fuertes, y se fijó en el monte del de- 
sierto de Ziph , monte muy espeso. Saúl entre- 
tanto no cesaba de buscarle : mas el Señor siem- 
pre le libertó de sus manos. 

15 Y supo David que Saúl había salido para 
quitarle la vida : por lo que se mantuvo en el de- 
sierto de Ziph , escondido en el bosque. 

IG En este tiempo Jonathás , hijo de Saúl, se 
puso en camino, y fue allí á encontrarle ; y le con- 
fortó acordándole las promesas de Dios , y dicie'n- 
dole : 

17 No temas : porque Saúl mi padre, por mas 
que haga, no podrá cogerte. Tú serás rey de Is- 



capítulo XXIII. 117 

raél, y yo seré el segundo en tu reino j y aun mi 
mismo padre está persuadido de esto. 

18 Renovaron entonces los dos su alianza en 
presencia del Señor : y David quedóse en el bos- 
que, pero Jonathás se volvió á su casa. 

19 Mas los zipheos fueron á encontrar á Saúl en 
Oabáa, y dijéronle : ¿ No sabes que David está 
escondido entre nosotros en los parages mas fuer- 
tes del bosque , acia el cerro de Hacbila , que cae 
á mano derecba del desierto ? 

20 Abora pues , si deseas dar con él , no tienes 
mas que venir ; que corre de nuestra cuenta el 
entregarle en tus manos. 

21 A lo que respondió Saúl : Benditos seáis vos- 
otros del Señor , pues os babeis condolido de mi 
suerte. 

22 Id pues y practicad todas las diligencias 
posibles, informándoos mañosamente basta asegu- 
raros bien del sitio donde tiene su asiento ordina- 
rio, ó quien le haya visto allí ; porque él se recela 
de mí, y sabe que ando armándole asechanzas. 

23 Registrad y ved todos los escondrijos donde 
se oculta, y volved á mí, bien averiguada la cosa , 
para ir con vosotros d golpe seguro. Pues aunque 
se meta en las entrañas de la tierra, yo iré allí con 
todos los batallones de Judá ', y le sacaré. 



1 Las tribus estaban distribuidas en porciones de mil 
hombres, de los cuales cada ciento tenian su capitán par- 
ñcular. 

11 



118 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

24 Con esto se despidieron , y se volvieron á 
Ziph delante de Saúl. Estaban entonces David y su 
gente en el desierto de Maon , en la llanura que 
está ala derecha de Jesimon. 

25 Salió pues Saúl con su tropa en busca de 
David ; lo que sabiendo este, se retiró luego á una 
roca dentro del desierto de Maon, y se quedó 
allí. Noticioso de ello Saúl , fue al alcance de Da- 
vid, en el desierto de Maon. 

26 Iba Saúl por un lado del monte , y David 
con los suyos por el otro : y ya no tenia espe- 
ranza de poder escapar de las manos de Saúl ; 
pues este con su gente tenia encerrado á David y 
á los suyos, como en un círculo, para cogerlos en 
medio. 

27 Cuando he aquí que llegó un raensagero á 
Saúl diciendo : Ven á toda priesa, que los phi- 
listheos han hecho una irrupción en el pais. 

28 Con esta nueva, desistiendo Saúl de perse- 
guir á David , volvióse y marchó contra los philiS' 
theos. Por donde llamaron á aquel sitio : La Peña 
de separación. 

CAPÍTULO XXIV. 

David, puesto en ocasión de matar á Saúl, no lo hace, y pro- 
hibe á los suyos el hacerlo: por cuyo motivo reconoce 
Saúl la inocencia de David. 

1 No obstante retiróse David de allí , y fue 4 
vivir en los lugares mas fuertes de Engaddi. 



CAPÍTULO XXIV. 119 

2 Y como Saúl volviese después de haber per- 
seguido á los philistheos , le avisaron , diciendo : 
Mira que David está en el desierto de Engaddi. 

3 Tomando pues Saúl tres mil hombres esco- 
gidos en todo Israel, salió en busca de David y de 
su gente ; yendo hasta por las rocas mas escarpa- 
das, accesibles á solas las cabras monteses. 

4 Y llegó á unas majadas de ovejas, que en- 
contró en el camino. Habia allí una cueva % 
donde entró Saúl á desocupar el vientre ; y David 
estaba con los suyos escondido en lo mas interior 
de ella. 

5 Dícenle pues á David sus criados : He aquí 
el día. feliz del cual te dijo el Señor : Yo pondré 
en tus manos á tu enemigo , para que hagas de él 
lo que gustares. Entonces David se levantó , y 
cortó sin ser sentido la orla del manto de Saúl. 

6 E inmediatamente le remordió á David su 
conciencia de haber cortado la orla del manto de 
Saúl % 



1 V^éase la nota al verso 1. cap. XXII. 

2 Pensaba David muy de otra manera ; y contento de 
hacer lo posible para salvar su propia vida, estuvo siempre 
muy distante de obrar contra su legítimo soberano , mani- 
festando constantemente unos sentimientos muy conformes 
á las máximas divinas del Evangelio. Véase R'nn. XIII, v. 
1, 5, eíc.Y así hasta de haber cortado un pedacito del manto 
real de Saúl para darle con esto uno prueba de fidelidad y 
respeto, tuvo después algún remordimiento, porque á pri- 
mera vista parecía injuriosa a la magestad real aquella ac- 
ción. 



120 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

7 y dijo á sus compañeros : No permita el Se- 
ñor que jamas haga yo una tal cosa contra mi 
señor, contra el Ungido del Señor, de extender 
mi mano contra él, siendo como es el Ungido del 
Señor : 

8 y contuvo David con sus palabras á los suyos ; 
no permitiéndoles que se echasen sobre Saúl. 
Saliendo pues este de la cuev'a proseguia el camino 
comenzado ; 

9 cuando se fue también David en pos de Saúl, 
y salido ya afuera , dio voces á espaldas de Saúl , 
diciendo : Mi rey y Señor. Volvió Saúl la cabeza, 
y postrándose David hasta el suelo , le hizo una 
profunda reverencia ; 

10 y dijo á Saúl : ¿ Por qué das oídos á las pa- 
labras de aquellos que te dicen : David anda ma- 
quinando tu ruina ? 

11 Hoy ves con tus mismos ojos que el Señor 
te ha puesto en mis manos en la cueva : me asal- 
tó, ó me propusieron, el pensamiento de matarte ' ; 
pero me he abstenido de hacerlo , porque dije 
entre mí : No levantaré yo mi mano contra mi 
señor ; por cuanto es el Ungido del Señor. 

12 Observa pues, oh padre mió, y reconoce si 
es la orla de tu clámide ó manto la que tengo en 



1 Confiesa David que le vino ai pensamiento la idea de 
quitar la vida á San) ; pero asegura que la rechazó hiego : 
en cuya confesión brilla no menos la humildad de David, 
que su piedad y generosidad. 



CAPITULO XXIV. l'il 

mi mano , y como al cortar la extremidad de tu 
vestido no be querido extender mi mano contra tí. 
Considera ahora tú mismo , y persuádete de que 
no soy culpable en nada , ni de injusticia , ni de 
pecado contra tí : tú , por el contrario , andas 
poniendo asechanzas á mi vida para quitármela. 

13 Juzgue el Señor entre mí y entre tí, y hága- 
me él justicia respecto de tí ; pero yo jamas pon- 
dré la mano en tu persona. 

14 De impíos es hacer acciones impías , según 
dice el antiguo proverbio ' ; y así Dios me Ubre 
de extender mi mano contra tí. 

15 Pero ¿á quién persigues, oh rey de Israel? 
¿quién es al que tú persigues? Persigues aun 
perro muerto, á una pulga. 

16 Sea juez el Señor , y sentencie entre mí y 
entre tí ; examine y juzgue mi causa, y me libre 
de tus manos. 

17 Luego que David acabó de hablar tales pa- 
labras á Saúl, dijo este : ¿ No es esta voz la tuya, 
hijo mió David ? Y al mismo tiempo lanzó Saúl un 
grito, y comenzó á llorar. 

18 Y dijo á David : Mas justo eres tú que yo : 
porque tú no me has hecho sino bienes , y yo te 
he pagado con males. 

19 Tú has mostrado hoy el bien que me has 
hecho : puesto que rae ha entregado el Señor en 
tus manos, y no me has quitado la vida. 
^ . 

1 No soy yo de este uúmeío. 



122 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

20 Porque ¿ quién es el que hallando á su ene- 
migo desprevenido j le deja ir sin hacerle daño ? El 
Señor te dé la recompensa por lo que hoy has he- 
cho conmigo. 

21 Y ahora, sabiendo de cierto, como sé, que tú 
has de reinar y poseer el reino de Israel , 

22 júrame por el Señor que no extinguirás mi 
descendencia después de mi muerte , ni borrarás 
mi nombre de la casa de mi padre. 

23 Y juróselo David. Con lo cual se retiró Saúl 
á su casa : pero David y los suyos se subieron á 
lugares mas seguros. 

capítulo XXV. 

Muere Samuel. Nabal traía con dureza á David ; pero Abi- 
gail aplaca á este con su prudencia ; y muerto Nabal, la 
toma David por esposa. 

1 Habiendo muerto Samuel ' , congregóse todo 

1 La opinión mas probable fija la muerte de Samuel dos 
años antes que la de Saúl. De lo que se cuenta de Samuel 
en este libro, se deduce la santidad y grandeza de este va- 
ron incomparable , de este sabio Profeta y rectísimo juez 
de Israel , que entre otras cosas memorables instituyó los 
colegios, ó academias de Profetas ; donde floreció tanta 
el estadio de la Religión unido con la oración y piedad : 
institución que duró hasta la cautividad de Babylonia. San 
Agustín y otros Doctores observan que asi como Anna de 
estéril pasó milagrosamente a ser fecunda, y parió á Samuel; 
así la Synagoga en el tiempo de su mayor abatimiento, y 



CAPITULO XXV. 1*23 

Israel á celebrar con lágrimas sus exequias , y se- 
pultáronle en el sepulcro de su casa en Ramatha. 
David entonces pasó al desierto de Pharán. 

2 A la sazón vivia un hombre en el desierto de 
Maon , que tenia su hacienda en el Carmelo : el 
cual era sumamente rico, y tenia tres rail ovejas y 
mil cabras. Cabalmente hacia entonces esquilar 
sus rebaños en el Carmelo. 

Llamábase este hombre Nabal , y su esposa 
Abigail, muger de gran prudencia y hermosura : 
al contrario su marido era duro , y muy perverso 
y malicioso, el cual descendía del linage do 
Caleb. 

4 Pues como David oyese en el desierto que 
Nabal estaba esquilando sus ovejas , 

5 envió diez jóvenes, dlcléndoles ; Subid al 
Carmelo , é id á casa de Nabal ; saludadle de mi 
parte cortesmente, 

6 y decidle : La paz ó felicidad sea con mis her- 



en medio, de la general corrupción de costumbres ; cuando 
á manera de mnger estéril, parecía incapaz de dar ningún 
fruto de vida, produjo á Jesu-Christo. El mismo Samuel 
fue figura de que la Synagoga debia ceder el lugar a la 
Iglesia de Christo, como el mismo Samuel le cedió á otro 
personage mas grande y de mayor dignlnidad, esto es, á 
David, figura del Mesías, fundador de una nueva Iglesia y 
de un nuevo pueblo, compuesto de todas las tribus de la 
tierra reunidas en la común fe del Mesías. San Agustiu, De 
Civ. Dei XVII. c. I, 4. 



124 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

manos y contigo, y paz á tu casa , y paz á todas 
cuantas cosas tienes. 

7 He sabido que tus pastores que moraban con 
nosotros en el desierto, hacen el esquileo : jamas 
les hemos molestado, ni nunca les ha faltado nin- 
guna res del rebaño durante el tiempo que han 
andado con nosotros por el Carmelo. 

8 Infórmate de tus criados, y te lo dirán. Por 
tanto hallen ahora gracia en tus ojos estos siervos 
tuyos, ya que venimos en tan alegre dia ; y danos 
á tus siervos y á David tu hijo lo que cómodamen- 
te pudieres. 

9 Llegados pues los mozos de David, dijeron á 
Nabal todas estas cosas de parte de David, y 
aguardaron en silencio la respuesta. 

10 Pero Nabal les respondió : ¿ Quién e-s David? 
¿ Y quién es el hijo de Isaí para que yo le ofrezca 
presentes ? Cada dia se ven mas esclavos que an- 
dan fugitivos de sus amos. 

11 ¿ Con que tomaré yo mis panes y mi agua, 
y la carne de las reses que he hecho matar para 
mis esquiladores, y lo daré á unos hombres que 
no sé de donde son? 

12 Con esto volvieron los mozos de David á to- 
mar su camino , y habiendo llegado , contáronle 
todo lo que Nabal les habia respondido. 

13 Entonces David dijo á sus gentes : Tome 
cada cual su espada. Tomaron todos sus espadas , 
y David también la suya , y siguieron á David 



CAPiTULO XXV. 125 

como unos cuatrocientos hombres, quedándose 
doscientos con el bagage. 

14 Entretanto uno de los criados de Nabal 
avisó á su muger Abigail, diciendo : Mira que 
David acaba de enviar del desierto unos mensa- 
geros para cumplimentar á nuestro amo ; y él los 
ha desechado con desprecio. 

15 Estos hombreshan sido muy buenos para nos- 
otros : ni nos han inquietado, ni jamas nos ha faltado 
nada, mientras hemos estado juntos en el desierto. 

16 A?if€s bien nos servian como de muro tanto 
de dia como de noche, todo el tiempo que andu- 
vimos entre ellos apacentando los rebaños. 

17 Por tanto considera y reflexiona lo que de- 
bes hacer : porque está para caer sobre tu ma- 
rido y sobre tu casa una gran desgracia ; ese amo 
nuestro es un hijo de Belial , tan violento que na- 
die se atreve á hablarle. 

18 Cogió pues Abigail á toda priesa doscientos 
panes , y dos pellejos de vino , y cinco carneros 
cocidos , y cinco medidas de grano tostado, y cien 
atadijos de pasas , y doscientos panes de higos 
secos, y cargólo todo sobre asnos. 

19 Y dijo á sus criados : Id delante de mí, que 
yo iré siguiendo detras de vosotros : mas no dijo 
nada á Nabal su marido. 

20 Habiendo pues montado en un asno , y ba- 
jando á la falda del monte, encontró á David y á 
su gente que venian acia ella ; la cual fue luego á 
su encuentro. 



126 LIBRO DE LOS REYES. 

2 1 Había dicho D.wid por el camino : A la ver- 
dad que ha sido bien en vano guardar todo lo que 
este tenia en el desierto, sin que se le haya per- 
dido nada de cuanto poseia, pues que me ha vuel- 
to mal por bien. 

22 Trate el Señor con toda su severidad á los 
enemig-os de David , como juro yo que no dejaré 
de aquí á mañana cosa con vida de todo lo perte- 
neciente á Nabal, ni un perro siquiera '. 

23 Abigail empero , así que vio á David, bajó 
al instante del asno, é hízole una profunda reve- 
rencia, postrándose en tierra sobre su rostro. 

24 Y echóse á sus píes, y díjole : Recaiga sobre 
mí , señor mío, el castigo de la iniquidad cíe mi ma- 
rido : ruégete solamente que permitas á tu esclava 
el que te hable , y te dignes escuchar lo que va á 
decirte tu sierva. 



1 En hebreo se lee la palabra '¡'i^lll/'ú Q"^ corresponde á 
la frase mingentem ad parietem : son los perros los que sue- 
len mear así. Es una locución hyperbólica que equivale a 
esta : no dejaré vivo piante ni mamante. David tenia moti- 
vo de quejarse de Nabal ; pero no puede justificarse tan 
inmoderada venganza, ó la sangrienta resolución que la có- 
lera le hizo tomar, ni el juramento con que la acompaño. 
Esto es lo que Abigail le hizo entender con una manera 
llena de respeto y prudencia, y lo confiesa después el 
mismo David. No hay exceso de que no sea capaz el 
hombre, por santo que sea, cuando se deja arrebatar de 
alguna pasión, ó es dejado en manos de sn consejo. Véase 
después como David reconoce la misericordia del Señor en 
haberle detenido por medio de Abigail. 



CAPITULO XXV. 12 1 

25 No hagas, te rueg-o , mi señor y mi rey ', 
ningún caso de la injusticia de Nabal ; porque es 
un insensato, y su mismo nombre denota su ne- 
cedad ^. Mas yo, sierva tuya, no vi á los criados 
que tú, señor mió, enviaste. 

26 Ahora pues, mi señor : vive Dios, y vive tu 
alma , qne el Señor es quien te ha estorbado , 
haciéndome salir d mí ^ el derramar sangre, y te 
ha detenido la mano. Que sean desde luego tan 
débiles como Nabal tus enemigos , y cuantos ma- 
quinan contra mi señor, 

27 Mas ahora recibe, señor mió , este presente 
que te ofrece tu esclava, y repártele, oh mi señor, 
entre la gente que traes contigo. 

28 Perdónale, mi señor, á tu sierva ese pecado 
de Nabal; porque seguramente edificará el Señor 
para tí una casa estable , por cuanto tú , dueño 
mió, peleas por el Señor : no se halle pues culpa 
ninguna en tí, en todos los dias de tu vida. 

29 Y si alguna vez se levantare algún hombre 
que te persiga y quisiere atentar á tu vida , será 
guardada el alma de mi señor y conservada como 
€n un ramillete ^ de vivientes en el seno del Señor 
Dios tuyo : y al contrario el alma de tus enemigos 

i En el hebreo no se lee la palabra rey, ni tampoco en 
la versión de los Setenta, y otras. 

2 '^2'2 quiere decir necio. 

3 Que Uios hace de las almas buenas, y que son de gran 
precio delante de sus ojos. Tal vez la metáfora está toma- 
da de las varitas de oro y plata, quc se ataban juntas, antes 
■que se usase la moneda batida y acuñada. 



128 LIBRO PRL-WERO DE LOS REYES. 

será agitada y expelida de la vida como la piedra 
tirada con la honda. 

30 Pues cuando el Señor te hubiere dado , oh 
dueño mió , todos los bienes que ha predicho en 
orden á tí, y te haya constituido caudillo sobre 
Israel , 

31 no tendrás tú, señor mió , este pesar y re- 
mordimiento de corazón de haber derramado san- 
gre inocente, y vengádote por tí mismo : y cuando 
Dios te habrá colmado de bienes , te acordarás, oh 
mi señor, de tu esclava. 

32 Respondió David á Abigail : Bendito sea el 
Señor Dios de Israel por haberte hoy enviado á 
mi encuentro, y bendito sea el consejo que me 
has dado : 

33 bendita seas tú que me has estorbado hoy el 
ir á derramar sangre, y á tomarme la venganza 
por mi mano. 

34 Que sino , juro por el Señor Dios de Israel, 
el cual me ha prohibido hacerte daño , que á no 
venir tú tan presto á encontrarme , no hubiera 
quedado en casa de Nabal de hoy á mañana cosa 
con vida , ni siquiera un perro. 

35 En fin recibió David de su mano todo lo que 
habia traido , y díjole : Vuélvete en paz á tu casa : 
ya ves que he hecho lo que me has pedido, y que 
lo he hecho por consideración á tu persona. 

36 Con esto volvióse Abigail á Nabal, y hallóle 
celebrando en su casa un convite como banquete 
de rey : y el corazón de Nabal rebosaba de alegría, 



CAPÍTULO XXV. 129 

pues estaba atestado de vino : y así no le habló 
palabra chica ni grande hasta la mañana. 

37 Pero al amanecer, cuando ya Nabal habia 
dig'crido el vino , contóle su muger lo que habia 
pasado , y al oírlo se le heló interiormente el co- 
razón , y se quedó inmoble como ujia piedra, 

38 Al cabo de diez dias el Señor hirió de muerte 
á Nabal, el cual en seguida murió. 

39 1 habiendo sabido David la muerte de Nabal, 
dijo : Bendito sea el Señor que me ha vengado de 
la afrenta que me hizo Nabal, y que preservó á 
su siervo del mal que iba d hacer % y que ha hecho 
recaer la iniquidad de Nabal sobre su propia ca- 
beza ^. Envió después David á tratar con Abigall 
sobre casarse con ella. 

40 En consecuencia los mensageros de David 
fueron á verse con Abigail en el Carmelo , y la di- 
jeron : David nos envia á ti para tomarte por es- 
posa suya. 

41 Y levantándose ella , se inclinó hasta la tierra, 
y dijo, como si hablase con David : Tu sierva se 
tendria por dichosa de ser empleada en lavar los 
pies de los criados de mi señor. 

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1 Vengándose por sí mismo. 

2 Alaban á Dios los justos al ver cómo triunfa la justicia: 
así también por amor á ella piden los mártyres la vengan- 
za de su sangre derramada, Apocal c. VI. v. 10, como la 
pedia la sangre de Abel ; y en este mismo sentido se dice 
en el Salmo LVII. v. 11. que el justo se alegrará, cuando 
verá que toma Dios venganza de los malos. 

12 



130 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

42 En seguida Abigail se dispuso luego, y montó 
en su asno , accompañándola cinco doncellas cria- 
das suyas, y siguió a los enviados de David, con él 
cual se desposó. 

43 Ademas de ella . tomó David á Achinoam , 
natural de Jezrael , y ambas fueron esposas suyas, 

44 Pero ya antes Saúl habia dado su hija Mi- 
chól ', muger de David, á Phalti , hijo de Lais, que 
era de Gallim. 

CAPÍTULO XXVI. 

Vuelve Saúl á lierseguir á David en el desierto de ZipJi ; y 
estando durmiendo en su tienda , le quita David de la 
cabecera de la cama la lanza: con lo que reconoce nueva- 
mente Saúl su iniquidad. 

1 Y otra vez vinieron los zipheos á Gabáa, y di- 
jeron á Saúl : Mira que David está escondido en 
el cerro de Hachila, en frente del desierto. 

2 Con eso Saúl se puso en camino, y acompa- 
ñado de tres mil hombres escogidos de todo Israel, 
bajó al desierto de Ziph para ir en busca de David. 

3 Acampó Saúl en Gabáa , ó cerro de Hachila , 
frente por frente del desierto , sobre el camino ; 

1 Se ve la obcecación é imprudencia de Saúl en el he- 
cho de quitar á David su muger Michól y darla á otro, des- 
pués que habia confesado que sabia que David le succede- 
ria en el reino, y pedido á este que tuviera compasión de su 
familia ; y cuando Michól debia ser como una prenda para 
asegurarse de la amistad y fidelidad del yerno. 



CAPÍTULO XXVI. 131 

y estaba DaviJ en dicho desierto. Mas oyendo que 
Saúl habla venido allí en su seguimiento , 

4 envió espías , y supo con toda certeza que 
realmente habia venido. 

5 Y partiendo en secreto , fue al lugar donde 
estaba Saúl ; y observado el sitio en que dormian 
Sauly Abner, hijo de Ner, general de sus tropas, 
y que Saúl dormia en su tienda , y al rededor de 
él toda la demás gente , 

6 dijo David al hetheo Achímelech , y á Abisai, 
hijo de Sarvia , hermano de Joab : ¿Quién quiere 
venir conmigo al campamento de Saúl ? Respon- 
dió Abisai : Yo iré contigo. 

7 Fueron pues David y Abisai de noche al cam- 
pamento , y hallaron á Saúl echado y durmiendo 
en su tienda , y la lanza hincada en tierra á su 
cabecera; y á Abner con la tropa , que dormian al 
rededor de Saúl. 

8 Dijo entonces Abisai á David : Dios ha puesto 
hoy en tus manos á tu enemigo : ahora pues voy 
á clavarle en tierra de una sola lanzada, y no será 
menester repetir el golpe. 

9 Mas David dijo á Abisai : De ningún modo le 
mates: porque / quién podrá alzar , sin pecado, 
su mano contra el Ungido del Señor? 

10 Y añadió : Vive Dios que á no ser que el 
Señor le mate , ó llegue el dia de su muerte na- 
tural, ó perezca en alguna batalla , yio morirá : 

11 líbreme Dios de levantar mi mano contra el 
Ungido del Señor. Ahora pues, toma la lanza que 



132 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

tiene á su cabecera, y el jarro del algua , y va- 
monos. 

12 Llevóse pues David la lanza y el jarro del 
agua que tenia Saúl junto á su cabeza % y se fue- 
ron , sin que hubiese persona que los viese , ni sin- 
tiese j ó que despertase , sino que todos dormian 
poseídos de un sueño profundo que el Señor les 
liabia enviado. 

13 David pues , cuando hubo pasado á la parte 
opuesta , paróse á lo lejos en lo alto del cerro , 
habiendo entre él y el campamento enemigo un 
gran trecho : 

14 y llamó desde allí en alta voz á la gente de 
Saúl, y á Abner, hijo de Ner , diciéndole : Qué , 
¿ no me respondes , oh Abner ? Y respondiendo 
este . dijo : ¿ Quién eres tú , que tanto gritas é in- 
comodas al rey ? 

15 Replicóle David: ¿No eres tú un hombre 
de valor? ¿Y hay otro ninguno en Israel que te 
iguale ? Pues ¿cómo no has guardado al rey tu se- 
ñor? puesto que ha entrado uno de la plebe con 
intento de matar á tu señor el rey. 

16 No es esto cumplir bien tu obligación. Vive 
Dios , que sois reos de muerte vosotros que no ha- 
béis guardado á vuestro dueño , el Ungido del 
Señor : y si no ved ahora donde está la lanza del 
rey, y el jarro del agua que tenia á su cabecera. 

1 En un pais muy cálido, ya uo parece extraño que Saal 
tuviese agua junto á su earaa para refrescarse alguna vez 
al despertar. 



CAPÍTULO XXVI. 133 

17 Reconoció Saúl la voz de David, y le dijo : 
¿ No es esta tu voz , hijo mió David? Y David res- 
pondió : Mi voz es , señor y rey mió ; 

18 aiíadiendo : ¿Porqué motivo persigue mi 
señor á este su siervo? ¿ Qué le he hecho yo , ó 
qué delito he cometido ? 

19 Oye pues ahora, te ruego , mi rey y señor, 
las palabras de tu siervo : si es el Señor el que te 
incita contra mí , acepte el olor de este sacrificio ' : 
mas si son los hombres , malditos sean en la pre- 
sencia del Señor , ellos que me han hoy desterra- 
do para que no habite en la heredad del Señor , 
como quien dice ^ : Anda y sirve á dioses ágenos. 

20 Ahora pues , no sea derramada en tierra mi 
sangre en presencia del Señor. ¿ Y era necesario 
que el rey de Israel saliese á campaña para perse- 
guir á una pulga , ó así como se va tras de una 
perdiz en los montes? 

21 Y dijo Saúl : He pecado ; vuelve, hijo mío 
David , que no te haré mal ninguno de este dia 
en adelante ; visto que has mirado hoy con tanto 
aprecio mi vida : que bien se ve cuan neciamente 
he procedido , y que he sido mal informado en 
muchísimas cosas. 

22 A lo que respondiendo David , dijo : Aquí 



1 Con que me someto á su voluntad. 

2 Su intento es echarme del pueblo de Israel ; y obteni- 
do su designio, poco les importa que para hallar yo acogi- 
da entre los extrangeros, abrace el culto de sus ídolos. 



134 LIBRO PRIIMERO DE LOS REYES. 

está la lanza del rey : pase acá uno de sus criados, 
y llévela. 

23 Por lo demás el Señor remunerará á cada 
cual conforme á su justicia y fidelidad : él te habia 
entregado hoy en mi poder , y no he querido le- 
vantar mi mano contra el Ungido del Señor. 

24 Pues así como tu vida ha sido hoy tan esti- 
mada en mis ojos , así lo sea también la mia en los 
ojos del Señor, y me libre él de cualquiera tribu- 
lación. 

25 Por último dijo Saúl á David : Bendito seas, 
hijo mió David : sin duda ejecuturás tú grandes 
empresas, y será grande tu poder. Después David 
se fue por su camino , y Saúl volvióse á su casa. 

CAPÍTULO XXVII. 

David, temiendo la inconstancia de Saúl, se refugia en la 
ciudad de Siceleg, que le concede el rey Achis desde donde 
hace varias correrías contra los enemigos. 

1 Mas David dijo en su corazón : Al fin algún 
dia vendré á caer en manos de Saúl. ¿No me vale 
mas huir y ponerme en salvo en tierra de philis- 
theos, para que Saúl pierda las esperanzas, y cese 
de andarme buscando por todo el pais de Israel ? 
Huiré pues de sus dominios. 

2 Y así David ' partió con sus seiscientos hom- 
bres, y fuese á Achis , rey de Geth , hijo de Maoch. 

1 Habiéndose asegurado antes que seria bien recibido. 



CAPÍTULO XXVI I. 135 

3 Y habitó David en Geth con Achís , él y los 
suyos , cada cual con su familia , y David con sus 
dos esposas Achínoam jezraelita , y Abigail viuda 
de Nabal del Carmelo. 

4 Dieron noticia á Saúl de que David se habia 
huido á Geth ; con lo que no cuidó mas de buscarle. 

5 David empero dijo á Achis : Si he hallado gra- 
cia en tus ojos , déseme habitación en una de las 
ciudades de este pais para morar allí, pues ¿á qué 
fin hade residir tu siervo en la corte del rey? 

6 Con esto , le dio Achís en aquel día la ciudad 
de Siceleg : por cuya causa vino á ser Siceleg de 
los reyes de Judá, los cuales la poseen hasta el 
dia presente. 

7 El tiempo que vivió David en tierra de philis- 
theos ' , fue de cuatro meses : 

8 durante los cuales salia David con su gente á 
hacer correrías sobre Gessuri y Gerzi , y sobre 
los amalecitas : porque antiguamente estaban habi- 
tadas aquellas aldeas por estos pueblos ^ desde el 
camino de Sur hasta la tierra de Egypto. 

9 Y asolaba David todo el pais, sin dejar á vida 
hombre ni muger ' ; y llevándose ovejas y bueyes, 



1 Antes de establecerse en Siceleg. 

2 Estos pueblos eran de los anathematizados por Dios. 

3 Los pueblos de Gessuri y de Gerzi eran un resto de 
chánaneos, y por lo mismo estaban comprendidos en la sen- 
tencia que pronunció Dios contra ellos y los amalecitas : 
por tanto era justa 1? p^uerja que David les hHC¡c\. 



136 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

y asnos , y camellos , y ropas , daba la vuelta y se 
presentaba á Achís. 

10 Y decíale Acbis: ¿Acia qué lado te bas dejado 
caer boy ? David le respondia: Acia la parte meri- 
dional de Judá; ó bien acia el Mediodiodia de Je- 
rameel ; ó acia el Mediodía de Ceni '. 

11 INo dejaba David bombre ni muger con vida; 
ni conducía prisionero ninguno á Geth: no sea 
caso , decía , que bablen contra nosotros. Esta 
era la conducta de David , y este era su proceder 
todo el tiempo que babitó en el país de los pbi- 
listeos. 

12 Por donde Acbis vino á fiarse de David, di- 
ciendo entre si: Mucbos son los daños que ha be- 
cbo contra su pueblo de Israel j por lo mismo se 
quedará ya para siempre adicto á mi servicio. 

CAPITULO XXVIll. 

Guerra de los philistkeos contra los israelitas: consulta Saúl 
á una pythonixa\ y le aparece Samuel, el cual le anuncia 
su próxima ruina. 

1 Acaeció en aquellos dias que los pbilistbeos 
reunieron sus fuezas para prepararse á la guerra 
contra Israel ; y dijo Acbis á David : Ten enten- 
dido que bas de salir conmigo á campaña tú y los 
tuyos. 

1 La respuesta de David es una restricción mental, que 
con dificultad puede defenderse. 



CAPÍTULO XXVIIl. 137 

2 llespondió David: Ahora has de ver io que 
hará tu siervo '. Y yo, dijole Achis, te confiaré para 
siempre la guarda de mi persona. 

3 Habia ya muerto Samuel, y Horadóle todo Is- 
rael amargamente , habiéndole sepultado en Rama- 
tha, su patria. Saúl, por consejo suyo ^ habia limpiado 
el reino de magos y adivinos ^. 

4 Reunidos pues los pliilistheos , fueron y plan- 
taron sus reales en Sunam. Asimismo Saúl , jun- 
tando todas las tropas de Israel , fue á Gelboe. 

5 Y visto el grande ejército de los philistheos, 
temió y desmayó su corazón sobremanera. 

6 Consultó pues al señor j mas no le respondió, 
ni por sueños, ni por los sacerdotes, ni por los 
profetas. 

7 Dijo entonces Saúl á sus criados : Buscadme 
una muger que tenga espíritu de Pylhon ^ , é iré 



1 Tampoco puede aprobarse aquí la ficción de David. 
Son estas faltas en las vidas de los santos, dice San Agustín, 
como lunares pequeños en un bellísimo y candidísimo cuer- 
po : los cuales desaparacen á la brillante luz de la caridad, 
y de las grandes acciones á que les mueve la gloria de 
Dios. Algunos expositores excusan aquí á David, por ser, 
dicen, muy vagos y generales los términos de la respuesta 
que dio, y admitir varios sentidos. 

2 Se cree que Saúl, por consejo-de Samuel, hizo esto al 
principio de su reinado , en cumplimiento de lo mandado 
por Dios.— Ler. XIX. v. m.—Deid. XVIII. r. 11. 

3 El espíritu de Python quiere decir el espíritu de Apo- 
lo, divinidad famosa entre los gentiles por razón de sus orá- 
culos. Véase Act. XVI, v. Ifi. 



138 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

á encontrarla , y á consultar al espíritu por medio 
de ella. Respondiéronle sus criados : En Endor hay 
una muger que tiene espíritu pythónico. 

8 Disfrazóse lue^o y mudado el trage se puso 
en camino , acompañado de dos hombres. Fue de 
noche á casa de la muger , y díjola : Adivíname 
por el espirihi de Python ; y hazme aparecer quien 
yo te dijere. 

9 Respondióle la muger : Sabes bien cuanto ha 
hecho Saúl por extirpar de todo el pais los magos 
y adivinos: ¿por qué pues vienes á armarme un 
lazo para hacerme perder la vida? 

10 Mas Saúl le juró por el Señor , diciendo: 
Vive Dios que ne te vendrá por esto mal ninguno. 

11 Díjole entonces la muger: ¿Quién es el que 
debo hacerte aparecer ? Respondióle : Haz que se 
me aparezca Samuel '. 

12 Mas luego que la muger vio á Samuel ^ , ex- 
clamó á grandes gritos diciendo á Saúl: ¿Por qué 
me has engañado? Tú eres Saúl. 



1 La nigromancia, ó el vanísimo arte de adivinar apa • 
rentando hacer comparecer los muertos, se ve usado en 
los siglos mas remotos ; y es una prueba de la común per- 
suasión de la inmortalidad de nuestra alma. Antes que la 
rauger pudiese ejecutar sus encantamientos, ó ridiculas ma- 
niobras. Dios hizo aparecer á Samuel, cuya vista asombró 
á la muger, y le hizo sospechar que era el rey el que la ha- 
bía preguntado. 

2 Tal vez quedó asombrada de una aparición tan supe- 
rior á los falsos prestigios de su magia. 



CAPITULO XXVIII. 139 

13 Y díjola el rey : No temas : ¿qué es lo que has 
visto? He visto , respondió la muger, como un dios 
que salia de dentro la tierra '. 

14 Replicóle Saúl : ¿Qué figura tiene ? La de un 
varón anciano , dijo ella , cubierto con un manto. 
Reconoció pues Saúl que era Samuel , y ^ le hizo 
una profunda reverencia, postrándose en tierra 
sobre su rostro. 

15 Pero Samuel dijo á Saúl : ¿Por qué has tur- 
bado mi reposo, haciéndome levantar? Respondió 
Saúl : Me veo en un estrechísimo apuro : los phi- 
listheos me han movido guerra , y Dios se ha re- 
tirado de mí , y no ha querido responderme , ni 
por medio de los profetas, ni por sueños : por esta 
razón te he llamado , á fin de que me declares lo 
que debo hacer. 

16 Respondióle Samuel : ¿A qué viene el con- 
sultar conmigo , cuando el Señor te ha desampa- 
rado, y pasádose á tu rival ? 

17 Porque el Señor te tratará como te predije 
yo de su parte. Arrancará de tus manos el reino, 
y le dará á tu prójimo , á David, iu yerno : 

18 por cuanto no obedeciste á la voz del Señor, 
ni quisiste hacer lo que la indignación de su ira 
exigia contra los amalecitas : por esto el Señor ha 

1 Lleno de magestad, y que causa terror. — La palabra 
CD^rivX {Dii) se usa aquí, como en otras partes, tomando 
el plural por el singular. A veces se toma para significar 
los ángeles, jueces, magistrados, etc. Véase Elohim. 

2 Aunque no le veía. 



140 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

hecho contigo lo que estás padeciendo hoy dia. 

19 Y ademas el Señor te entregará á tí, y a Is- 
rael en mano de les philistheos. IMañana tú y tus 
hijos estaréis conmigo ' ; y también el campa- 
mento de Israel le abandonará el Señor en poder 
de los philistheos. 

20 Cayó Saúl al instante tendido en tierra, des- 
pavorido al oír las palabras de Samuel , y esta- 
ba ademas falto de fuerzas, á causa de no haber 
comido en todo el dia, 

21 JMas aquella muger entró donde estaba Saúl, 
que se hallaba sumamente conturbado, dlciéndole : 
Bien ves que tu esclava te ha obedecido , y que he 
expuesto mi vida, y dado crédito á lo que me has 
dicho : 

22 ahora pues escucha tú también la voz de tu 
sierva, y permite que te ponga delante un bo- 
cado de pan, para que comiendo recobres las fuer- 
zas y puedas hacer tu viage. 

23 Pero Saúl lo rehusó y le dijo : No comeré. 
Con todo , sus criados y la muger le instaron á 
ello , y al cabo , rendido á sus ruegos , se levantó 
del suelo , y sentóse sobre una cama ó tarima. 

24 Tenia la muger en casa un ternero cebado , 
y fue corriendo y le mató ; y tomando harina , la 
amasó , y coció unos panes sin levadura : 

25 y lo presentó todo delante de Saúl y sus 
criados. Así que hubieron comido , partieron , y 
anduvieron toda aquella noche. 

1 O entre 'os muertos. 



!41 



CAPITULO XXIX. 

Ackis despide á David del ejercito, por ñafiarse de ellos 
caudillos de los philistheos. 

1 Entretanto se reunieron en ApLec todas las 
tropas de los philistheos ; é Israel por su parte 
acampó junto á la fuente que habia en Jezrael. 

2 Los sátrapas de los philistheos marchaban al 
frente de sus tropas , divididas en compañías de á 
ciento , V reg-imientos de á mil hombres : mas 
David y su gente iban en la retaguardia con Achís. 

3 Y dijeron los príncipes de los philistheos á 
Achis : ¿ Qué hacen aquí esos hebreos? Respon- 
dióles Achís : Pues qué ¿no conocéis á David que 
sirvió á Saúl , rey de Israel , y está en mi com- 
pañía dias hace , ó ya años ' , sin que haya yo 
tenido queja de él desde el dia en que se pasó á 
mí hasta el presente ? 

4 Mas los príncipes de los philistheos se irri- 
taron contra él, y le dijeron : Retírese ese hom- 
bre , y estése quedo allá en el lugar que le seña- 
laste, y no venga con nosotros á la guerra, no sea 
que comenzado el combate se revuelva contra 



1 Dias hace, o ya íiño* : expresión hebrea que equivale 
á tanto tiempo hace. En los Setenta se lee of ytyoví (xít 
É//S «(Tu SiVTifov íTof crylfisov , V yaes el segundo ano que 
está coniiigo; pues realmente habia pasado allí parte del año 
anterior, y parte del corriente. 

13 



142 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

nosotros : porque ¿de qué otro modo podrá apla- 
car á su Señor , sino á costa de nuestras cabezas ' ? 

5 ¿No es este aquel David, de quien cantaban 
á coros en las danzas : Saúl mató á mil , y David 
mató á diez mil ? 

6 Llamó , pues, Achis á David , y díjole : Vive 
el Señor que tú eres justo y bueno en mis ojos ; 
y que es tal la conducta que has observado en el 
ejército, que no he hallado en tí falta ninguna, 
desde el dia en que te pasaste á mí hasta el pre- 
sente : pero no eres del gusto de los sátrapas. 

7 Vuélvete , pues, y vete en paz, por no in- 
comodar con tu vista á los sátrapas philistheos. 

8 Dijo DavM á Achís : Pues ¿ qué he hecho yo, 
y qué has visto en mí , siervo tuyo , desde el dia 
en que rae presenté á tí hasta hoy, para que no 
pueda yo ir á pelear contra los enemigos del rey 
mi Señor? 

9 Respondió Achis , y le dijo : En cuanto á mí, 
bien sé que me eres fiel , y téngote por un ángel 
de Dios ^ ; pero los príncipes de los philistheos 
han dicho resueltamente : No ha de ir con nos- 
otros al combate. 

1 Dios se vale de los enemigos de David para librarle 
de la alternativa de pelear contra Israel, ó ser infiel á Achis 
su protector y amigo. David después se muestra resentido 
de la desconfianza que tenian de él los sátrapas , para no 
justificar las sospechas con su gustosa aquiescencia. 

2 O como un hombre de bien que Dios ha enviado á mi 
lado. 



tAFÍiüLü XXX. i4;i 

10 Por tanto, disponte para mañana por la ma- 
ñana con todos los siervos de tu Señor , que con- 
tigo vinieron ; y levantándoos antes de amanecer , 
al romper el alba poneos en camino. 

11 Levantóse, pues, David con su gente siendo 
aun de noclie , para partir por la mañana , y 
volverse al pais de los phiÜstheos. Mas los phi- 
listheos subieron á Jezrael. 



CAPÍTULO XXX. 



David derrota á los amaleciías , que saquearon y quemaron 
á Siceleg en su ausencia, y les quita la presa. 

1 David y los suyos llegaron á los tres días á 
Siceleg, cuando ja los amalecitas habian hecho 
una incursión por la parte del Mediodía hasta 
Siceleg , y tomado esta ciudad, y pegádola fuego; 

2 llevándose cautivas las mugeres , sin dejar 
persona chica ni grande. No mataron á nadie , 
sino que se los llevaron á todos consigo , y se 
marcharon. 

3 Pues como David y su gente Ikgasen á la 
ciudad, y la encontrasen abrasada, y que sus mu- 
geres , sus hijos é hijas habian sido llevadas cau- 
tivas , 

4 levantaron el grito David y 1a tropa que le 
acompañaba, deshechos en lágrimas hasta ma;s no 
poder. 

5 También las dos esposas de David, Achipoa.m 



144 LIBRO PRIMEUü DE LOS REYE.S. 

la jezraelita, y Ablgail, la vlutla de Nabal del Car- 
melo, habían sido liechas cautivas. 

6 \ hallóse David en extremo ang-ustiado : por- 
que el pueblo trataba de apedrearle , estando to- 
dos poseídos de la mayor amargura por la per- 
dida de sus hijos é lijas. Pero David puso su con- 
Jianzaj y se confortó en el Señor Dios suyo. 

7 Y dijo á Abiathar Sumo sacerdote , hijo de 
Achimelech : Tráeme el Ephod. Y Abiathar trajo 
á David el Ephod. 

8 Y , revestido de él Abiathar , consultó David 
al Señor , diciendo: ¿Perseguiré á estos salteado- 
res, y los alcanzaré , ó no ? Respondió el Señor : 
Persigúelos ; porque sin duda los alcanzarás , y 
les quitarás la presa. 

9 Partió pues David con los seiscientos hom- 
bres que le seguían, y anduvieron hasta el torrente 
Besor ; donde algunos de puro cansados se de- 
tuvieron. 

10 Mas David tiró adelante con cuatrocientos 
hombres , quedándose atrás doscientos que por el 
cansancio no pudieron pasar el torrente Besor. 

11 Y' hallaron en el campo un hombre egypcio, 
el cual llevaron á David : y diéronle pan para que 
comiese y agiia para que aliviase su sed , 

12 y ademas un pedazo de pan de higos secos, 
y dos cuelgas de pasas. Comido que hubo , se le 
volvió el alma al cuerpo , y recobró el aliento ; 
pues no habia probado pan ni bebido agua en tres' 
dias y tres noches. 



CAPÍTULO XXX. 14b 

13 Díjole entonces David : ¿De quién eres tú? 
¿(le dónde vienes , y á dónde vas ? El cual res- 
pondió : Yo soy un esclavo egypcio , que sirvo ú 
un amalecita. Mi amo me ha dejado abandonado, 
porque caí enfermo antes de ayer. 

14 Pues nosotros hicimos una incursión acia la 
parte meridional de Ceretlii y acia Judá , y al 
Mediodía de Caleb , y hemos quemado á Sice- 

15 Díjole David : ¿ Y podrás tú guiarme á donde 
está esa gente ? Respondió el egypcio : Júrame 
por el nombre de Dios que no me matarás , ni me 
entregarás en manos de mi amo, y yo te llevaré á 
donde está aquella tropa. Juróselo David. 

16 Guiados pues por el egypcio , he aquí que 
hallan á los amalecitas tendidos en tierra por todo 
el campo , comiendo y bebiendo , y como cele- 
brando un dia de fiesta por todo el botin y des- 
pojos que hablan tomado en el pais de los philis- 
theos y en el de Judá. 

17 Cargó David sobre ellos, y los siguió acu- 
chillando desde aquella tarde hasta la tarde del dia 
siguiente : y no escapó nadie , excepto cuatro- 
cientos jóvenes , que montando en sus camellos 
echaron á huir. 

18 De esta manera recobró David todo cuanto 
hablan pillado los amalecitas , y libertó á sus dos 
esposas. 

19 Ninguna cósase perdió : de,sde el mas chica 
hasta el mas grande , tanto hijos como hijas , los 



146 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

despojos , y enfin cuanto habían quitado , otro 
tanto recu|3eró David. 

20 Y ademas se llevó todos los rebaños y gana- 
dor mayores , é hizo que fuesen delante de él ; 
por lo que decian sus gentes : Esta es la presa 
que ha hecho David. 

21 Llegado David á donde estaban los doscien- 
tos hombres , que de puro cansados se habian 
quedado y no habian podido seguirle , y á los 
cuales dejó mandado que descansaran en la orilla 
del torrente Besor , salieron estos á recibirle á él 
y á la tropa que le acompañaba. Luego que Da- 
vid estuvo cerca de ellos , los saludó con agrado. 

22 Mas todos los malignos y perversos de en- 
tre los hombres que liabian ido con David , co- 
menzaron á decir : Ya que no vinieron con noso- 
tros , no les daremos cosa alguna de la presa que 
hemos recobrado : conténtese cada uno con que 
se le vuelva su muger é hijos ; y recibido esto , 
vayase. 

23 David empero dijo : No habéis de disponer 
así, hermanos mios, de las cosas que nos ha dado 
el Señor : ya que él nos ha protegido y entregado 
en nuestras manos á los salteadores que se arro- 
jaron contra nosotros, y nos saquearon, 

24 Nadie habrá que apruebe vuestra proposi- 
ción : porque igual parte deberá caber al que se 
halló en el combate , y al que se quedó guardando 
el bagage ; y así la partición deberá ser igual. 

25 Y desde aquel dia en adelaJite fue este un 



CAPÍTULO XXXI. 147 

puuto ya decklklo y establecido , y ui,ia le) en Is- 
rael hasta el presente '. 

26 Llegó en fia David á Siceleg , y envió dones 
de la presa á los Ancianos de Judá, parientes 
suyos , diciendo : Recibid esa expresión de lo que 
hemos tomado k los enemigos del Señor. 

27 Y envió también á los que vivian en Bethel 
y en Ramoth acia el Mediodía, á los de Jether, 

28 Aroer, y Sephamoth , y Estliamo , 

29 á los de Rachál, y de las ciudades de Jera- 
meel, y de las de Ceni , 

30 y á los de Arasna , y del lago de Asan , y á 
los de Atach , 

31 de Hebron , y finalmente á los demás que 
habitaban en aquellos lugares, en los cuales David 
y su gente hablan estado algún tiempo alojados. 

CAPÍTULO XXXL 

Israel es derrotado : Saúl y sm hijos quedan muertos j á 
cuyos cuerpos dan sepultura los de Jabes Galaad. 

1 Entretanto se dio la batalla entre los philis- 
theos é israelitas : y volvieron estos las espaldas 
á los philistheos , y quedaron muchos de Israel 
muertos en el monte Gelboe. 

2 Y los philistheos arrojáronse sobre Saúl y sus 



I David renovó la antigua costumbre. Nuin. XXXI v. 
'27.—J(jsue XXII i\ 8, 



148 LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 

Lijos, y mataron á Jonathás , y Abinadab , y Mel- 
chisua , hijos de Saúl ; 

3 Y toda la fuerza del combate vino á descargar 
sobre Saúl , á quien alcanzaron los flecheros é hi- 
rieron g-ravemente. 

4 Dijo entonces Saúl á su escudero : Desen- 
vaina tu espada , y quítame la vida ; porque no 
lleguen estos incircuncisos y me maten , mofán- 
dose de mí. Mas su escudero no quiso hacerlo, 
sobrecogido de un sumo terror. Con esto Saúl des- 
envainó su espada , y arrojóse sobre ella '. 

5 Al ver el escudero muerto á Saúl , echóse él 
mismo también sobre su espada , y murió junto 
con él. 

6 Así murió Saúl en aquel dia y con él tres de 
sus hijos, su escudero, y cuantos se hallaban cerca 
de su persona. 

7 Y viendo los israelitas que vivian en la otra 
parte del valle y pasado el Jordán , que habian 
huido los soldados de Israel , y muerto Saúl y sus 
hijos , abandonaron sus ciudades y escaparon ; y 
vinieron los philistheos y se alojaron en ellas. 

8 Amanecido el dia siguiente fueron los philis- 
theos á despojar los muertos, entre los cuales ha- 



1 La Religión coudena el suicidio ; y cou sola la luz ua- 
tiual le condenaron Platón, Aristóteles, Cicerón, y muchos 
otros filósofos : pues lejos de ser una prueba de valor y 
grandeza de alma, lo es de debilidad y poco sufrirnituto. 



CArÍTULO XXXI» 149 

liaron á Saúl y á sus tres hijos tendidos sobre el 
monte Gelboe. 

9 Cortáronle á Saúl la cabeza , y le despojaron 
de sus armas ; y enviaron la noticia por todo el 
país de ios pbilistheos, para que se publicara la vic- 
toria en el templo de los ídolos, y en los pueblos. 

10 Colocaron las armas de Saúl en el templo 
de Astaroth , y colgaron su cuerpo en el muro de 
líethsan . 

11 Pero los moradores de Jiibes Galaad , oído 
lo que los pbilistheos habian hecho con Saúl , 

12 salieron todos los mas esforzados , andu- 
vieron toda la noche , y quitaron el cadáver de 
Saúl , y los cadáveres de sus hijos del muro de 
Bethsan ; y volviéndose á Jabes Galaad , allí los 
quemaron ; 

13 y recogidos sus huesos, los sepultaron en el 
bosque de Jabes , ayunando siete dias '. 

1 Que duró el duelo. Véase Sepulcro. 



FIN DEL LIBRO PRIMERO DE LOS REYES. 



LIBRO SEGUNDO 



DE LOS REYES. 



CAPITULO PRIMERO. 

David hace quitar la vida al que dijo haber muerto á Saúl 
y le traia la corona : muestra su dolor por la muerte de 
Saúl, de Jonathás, y demás israelitas ; y forma un cán- 
tico lúgubre á este intento ' . 

1 Muerto Saúl , liabia ya dos días que David se 
hallaba en Siceleg , de vuelta de la derrota de los 
amaleciías ; 

2 cuando al tercer día compareció un hombre 
que venia del campamento de Saúl , rasgados sus 
vestidos y cubierta de polvo la cabeza : y llegán- 
dose á David , postróse sobre su rostro , hacién- 
dole una profunda reverencia. 

3 Preguntóle David : ¿ De dónde vienes ? He 
podido escapar , respondió él , de los reales de 
Israel. 

4 Díjole David : ¿ Pues qué ha sucedido ? de- 
cláramelo. Se trabó la batalla , respondió él , ha 
echado á huir la tropa , han quedado tendidos 

1 Año del Mundo 2949: antes de Jesu - Christo 1055 



CAPÍTULO I. 151 

muchos en el campo, y hasta Saúl y su hijo Jona- 
thás han perecido. 

5 Dijo David al joven que le daba esta nueva : 
¿Cómo sabes tú que han muerto Saúl y Jonathás 
su hijo? 

6 Respondióle aquel mozo : Llegué 3-0 casual- 
mente al monte Gelboe ' , al tiempo que Saúl se 
habia arrojado sobre la punta de su lanza : y 
cuando ya los carros de guerra y la caballería del 
enemigo se le acercaban, 

7 volviéndose entonces á mirar atrás, y viéndo- 
me, rae llamó. Y habiéndole respondido yo -.Es- 
toy átu mandar ; 

8 preguntóme : ¿Quién eres tú? Díjele : Soy 
un araalecita. 

9 Ponte sobre mí , dijo él , y mátame ; porque 
estoy ya en la agonía , y no acaba de salir mi alma : 

10 por lo que poniéndome sobre él le acabé de 
matar ; bien cierto de que no podía sobrevivir 
después de tal desastre. Tomé la diadema ^ de su 
cabeza , y el brazalete de su brazo , y te lo traigo 
á tí , que eres mi señor. 

11 Al punto David asió sus vestidos, y los ras- 
gó ' ; haciendo lo mismo cuantos le acompañaban : 

1^ y plañeron y lloraron , y ayunaron hasta la 



1 No es menester tener por verdadero todo lo que dijo 
este amalecita á David. 

2 Véase Corona. 

3 Véase Vestido. 



152 LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES. 

tarde por amor de Saúl y de Jonathás su liljo y 
del pueblo del Señor, y de la casa de Israel , por- 
que habian sido pasados á cuchillo. 

13 Dijo después David al joven que habia traido 
la noticia: ¿De dónde eres tú? Soy bijo, le res- 
pondió , de un bonnbre extrangero , amalecita. 

14 Replicóle David : Pues ¿cómobas osado le- 
vantar tu mano para matar al Ung-ido del Señor ? 

15 Y llamando á uno de sus soldados , le dijo : 
Arrójate sobre ese hombre , y mátale. En efecto , 
se echó sobre él ^ y \e¡ hirió , y mató ; 

J6 diciendo David al mismo tiempo : A nadie 

sino á tí mismo se impute tu muerte , porque tu 

propia boca ha dado testimonio contra tí, con 

haber dicho : Yo maté al Ungido del Señor. 

' 17 Entonces fue cuando David compuso el si- 

:guiente cántico fúnebre sobre la muerte de Saúl, 

ty de su hijo Jonathás : 

18 cántico llamado del Arco , que mandó que se 
■ enseñase á los hijos de Judá , como está escrito 

en el libro de los Justos '. Dijo pues así : Con- 
sidera, oh Israel , quiénes son los que fueron he- 
ridos y perdieron la vida sobre tus colinas. 

19 La flor de Israel ha perecido sobre tus mon- 
tañas. ¡ Cómo han sido muertos esos campeones ! 

20 ¡ Ah ! No sea contada en Geth esta nueva : 
no sea contada en las plazas de Ascalcn : para 
que no hagan fiesta por ella las hijas de los philis- 

1 No tenemos ya noticia de este libro. 



CAPÍTULO I. 1 o3 

tlieos, para que no salten de gozo las hijas de los 
incircuncisos. 

21 jMontes de Gelboe, ni el rocío ni la lluvia 
caigan ya jamas sobre vosotros ; ni campos haya 
de donde sacar la ofrenda de las primicias ' : 
puesto que allí es donde fue arrojado por el suelo 
el escudo de los fuertes , el escudo de Saúl, como 
si no hubiese sido ungido rey con el óleo sanio. 

22 Nunca disparó flecha Jonathás que no se 
tiñera en sangre de los heridos ; que no se clavara 
en las entrañas de los valientes. Jamas dio golpe 
en vano la espada de Saúl. 

23 Saúl y Jonathás amables y gloriosos durante 
su vida , mas ligeros que las águilas , mas fuertes 
que los leones , han sido hiseparables hasta la 
muerte. 

24 Llorad , pues, oh hijas de Israel , Zíoj'rttZ sobre 
Saúl , que os adornaba con delicados ropages de 
grana ; y os daba joyeles de oro para engala- 



naros ^. 



25 Mas ¿ cómo es , que así hayan los valientes 
perecido en el combate? ¿Cómo es, oh montes de 
Gelboe , que Jonathás ha sido muerto en vuestras 
alturas ? 



1 Expresiones figuradas, hijas de un vehemente dolor. 

2 David, apartando la vista de los vicios ó defectos de 
Saúl, alaba las virtudes civiles y militares de este rey. Por 
lo demás los Padres y Expositores sagrados dicen que 
Saúl reprobado por Dios fue figura de la Synagoga, y que 
David perseguido lo fue de la Iglesia. 

14 



154 LIBRO SEGÜJSDü DE LOS REYES. 

26 ¡ Oh , hermano mió Jonalhás ! g-allardo so- 
bremanera , y digno de ser amado mas que la 
-mas amable doncella , yo lloro por tí. Del modo 
que una madre ama un hijo único que tiene, así 
te amaba yo. 

27 i Cómo han caido esos valientes , y se han 
perdido las armas con que peleaban ! 

CAPITULO II. 

David es proclamado en Hehron rexj de Judá: mas Abner 
levanta Tpor rey sobre las demás tribus á Isboselh : guerra 
entre los dos reyes. 

1 Después de todo esto, consultó David al Señor, 
diciendo : ¿Iré á alguna de las ciudades de Judá? 
Respondióle el Señor : Ve. Preguntó mas David : 
¿ A cuál? Dijo el Señor : A Hebron. 

2 En consecuencia David se puso en camino con 
sus dos esposas Achtnoam de Jezrael , y Abigail , 
viuda de Nabal del Carmelo. 

3 Asimismo se llevó allá toda la gente que tenia 
consigo cada uno con su familia, y se avecindaron 
en los lugares comarcanos de Hebron : 

4 á donde acudieron les varones ó Ancianos de 
Judá , y allí le ungieron por rey de la casa de 
Judá. Supo entonces David que los de Jabes de 
Galaad habian dado sepultura á Saúl : 

5 y les envió comisionados para que les dijesen 
de su parte ; Benditos seáis del Señor, pues habéis 



CAPITULO II. 155 

hecho tal obra de misericordia con Saui , vuestro 
señor , y le habéis dado sepultura. 

G El Señor desde ahora se os mostrará sin duda 
alguna misericordioso y fiel ; mas yo también me 
mostraré agradecido por esa acción que habéis 
hecho. 

7 Buen ánimo , y cobrad aliento ; porque aunque 
ha muerto Saúl vuestro señor , la casa de Judá me 
ha ungido á mí por su rey '. 

8 Entretanto Abner , hijo de Ner , capitán ge- 
neral del ejército de Saúl, tomó á Isboseth, hijo 
de Saúl , y le paseó por todo el campamento ; 

9 y le hizo declarar rey de Galaad , de Gessuri , 
de Jezrael , de Ephraira , de Benjarain y de todo 
Israel. 

10 Cuarenta años tenia Isboseth hijo de Saúl, 
cuando comenzó á reinar, y dos años reinó tran- 
quilamente sobre Israel. No habia mas que la tribu 
de Judá que siguiese á David. 

1 1 El tiempo que habitó David en Hebron , rei- 
nando sobre la casa de Judá , fue de siete años 
y seis meses. 

12 Entonces Abner , hijo de Ner , levantó el 
campo , y con el ejército de Isboseth , hijo de 
Saúl, se fue á Gabaon. 

13 Pero Joab, hijo de Sarvia, por su parte, y los 
soldados de David salieron á su alcance , y los 



1 Y como Saúl sabré también defenderos de vuestros 
enemigos. 



156 LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES. 

encontraron cerca del estanque de Gabaon ; donde 
acamparon los unos frente de los otros , dejando 
en medio el estanque. 

14 Dijo entonces Abner á Joab : Salgan al campo 
algunos jóvenes , y escaramucen delante de noso- 
tros. Respondió Joab : Salgan en hora buena. 

15 Salieron pues y se presentaron doce jóvenes 
de la tribu de Benjarain por parte de Isboseth , 
hijo de Saúl, y doce de los jóvenes de David. 

16 Y asiendo cada uno por los cabellos la cabeza 
de su contrario, se atravesaron mutuamente el 
costado con las dagas , y murieron todos á un mis" 
mo tiempo: de donde fue llamado aquel sitio, 
Campo de los valientes de Gabaon. 

17 Y trabóse aquel diauna batalla muy reñida ; 
mas las tropas de David hicieron volver la espalda 
á Abner y á los soldados de Israel. 

18 Estaban allí á la sazón tres hijos de Sarvia, 
Joab , Abisal , y Asael. Era Asael extremadamente 
ligero de pies , como un corzo de los que andan 
por las selvas. 

19 Iba pues Asael al alcance de Abner sin des- 
viarse á la derecha ni á la izquierda , corriendo 
tras él incesantemente. 

20 Y volvió Abner la vista atrás , y dijo : ¿ No 
eres tú Asael? Asael soy , respondió él. 

21 Pues tuerce, le dijo Abner , á la derecha ó 
á la izquierda , y acomete í\. cualquiera de esos 
jóvenes , y apodérate de sus despojos : mas Asael 
no quiso dejar de irle á los alcances. 



CAPITULO II. 157 

22 Segunda vez repitió Abner á Asael : Retírate, 
deja de seguirme : no me pongas en te'rminos de 
que me vea forzado á coserte en tierra conla lanza, 
y después no tenga valor para miríir la cara de tu 
hermano Joab. 

23 Mas él no hizo caso , ni quiso desviarse. En- 
tonces Abner le hirió con la parte inferior de la 
lanza en una ingle , y atravesóle de parte á parte , 
dejándole muerto en el mismo sitio ; y todos cuan- 
tos pasaban por el lugar en que Asael cayó muer- 
to , se detenian. 

24 Mas Joab y Abisai continuaron hasta po- 
nerse el sol en el alcance de Abner que iba hu- 
yendo, y llegaron hasta el collado del Acueducto, 
que está en frente del valle, camino del desierto 
de Gabaon. 

25 Reuniéronse entonces los hijos de Benjamín 
al rededor de Abner, y formando en columna , se 
apostaron en la cima de un cerro , 

26 desde donde Abner gritó á Joab , diciendo : 
¿No se saciará de sangre tu espada , sino hasta el 
total exterminio? ¿No sabes que es cosa peligrosa 
reducir á desesperación al enemigo? ¿ No será ya 
tiempo de decir al pueblo que deje de perseguir á 
sus hermanos? 

27 Vive el Señor , respondió Joab, que si hu- 
bieses hablado antes , desde la mañana habria 
cesado la tropa de seguir el alcance á sus herma- 
nos. 

28 Al punto Joab mandó sonar la bocina, y de~ 



15S LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES. 

túvose é hizo alto todo el ejército , Oejando de 
perseguir á Israel, y de pelear contra él. 

29 Y Abner con los suyos caminó toda aquella 
noche por la campiña , y pasaron el Jordán, y 
atravesado todo el pais de Beth-horon , volvieron 
á su acampamento en Manahhn, 

30 Joab por su parte , cesando de perseguir á 
Abner volvió atrás , juntó toda su gente , y falta- 
ron de los soldados de David diez y nueve hom- 
bres , sin contar á x4sael. 

31 Pero las gentes de David mataron á tres- 
cientos y sesenta de los benjamitas, y demás gente 
de Abner. 

32 A Asael le llevaron consigo , y enterráronle 
en Bethlehem , en el sepulcro de su padre. Joab 
empero y su gente caminaron toda la noche, y al 
rayar el dia llegaron á Hebron. 

CAPÍTULO III. 

Abner. resentido de la reprensión que le dio Isboseíh, traía 
con David de reducir todo Israel á su obediencia, y es 
muerto alevosamente por Joab, sobrino de David, quien le 
llora amargamente * . 

1 Duró , pues , largo tiempo la lucha entre la 
casa de Saúl y la casa de David. Pero David iba 
siempre adelantando , y haciéndose mas fuerte, 
mientras que la casa de Saúl iba decayendo de 
cada dia. 

1 Año 2951 del Mundo, hasta 2956. 



CAPITULO III. 159 

2 Naciéronle á Daviil varios hijos en Hebron • 
el primero fue Aiiwion , que le parió Acliinoam de 
Jezrael : 

3 el segundo Chéleab ', nacido de Ablgail, viu- 
da de Nabal del Carnaelo : el tercero fue Absalon, 
líijo deMaacbá, lahijade Tholmai, rey de Gessur : 

4 el cuarto Adonias,bijode Haggltb, y el quinto 
Saphatbia, hijo de Abital : 

5 el sexto, finalmente, Jethraam, hijo de Egla, 
muger también de David. Estos hijos le nacieron á 
David en Hebron. 

6 Continuando , pues , la guerra entre la casa 
de Saúl y la de David, gobernaba Abner hija de 
Ner la casa de Saúl. 

7 Habia tenido Saúl una muger secundaria ^ 
llamada Respha , hija de Aya. ; sobre la cual dijo 
Isboseth á Abner : 

8 ¿Cómo te has acercado á la muger secundaria, 
viuda de mi padre ? Mas él sumamente indignado 
por estas palabras de Isboseth , respondió : Acaso 
valgo yo tan poco como un vil perro contra la tribu 
de Judá : yo que he sostenido la casa de Saúl tu 
padre , y á sus hermanos y allegados , y no he 
querido entregarte en manos de David? Y en pago 
de esto, ¿vas buscando ahora como hacerme car- 
gos por razón de una muger? 

9 Que Dios trate con todo su rigor á Abner, si 



1 Lldmado también Daniel: 1. Par. III. v. 1. 

2 Véase Concubina, 



160 LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES. 

no procurare á favor de David lo que le tiene el 
Señor prometido con juramento , 

10 esto es, el trasladar el reino de la casa de Saúl 
d la suya , y alzar el trono de David sobre Israel 
y sobre Judá , desde Dan hasta Bersabée. 

11 No se atrevió Isboseth á replicarle , porque 
le temia. 

12 Pero Abner envió mensajeros que de su 
parte dijesen á David : ¿A quién pertenece todo 
este pais sino á ti? y ademas le añadiesen : Haz 
conmigo las amistades, que yo te ofrezco todas mis 
fuerzas , y reducir á tu obediencia todo Israel. 

13 Respondióle David : Bien está; yo haré 
contigo las amistades ; pero una cosa exijo de tí, 
y te prevengo ; yes_, que no verás mi cara, sin que 
primero me hayas traido á Michól , hija de Saúl : 
bajo esta condición podrás venir, y verme. 

14 En seguida envió David embajadores á Is- 
boseth , hijo de Saúl, diciendo : Restituyeme mi 
muger Michól ; la cual se me dio por esposa por 
haber muerto yo cien philistheos. 

15 Inmediatamente envió Isboseth á buscarla, 
quitándosela á su segundo marido Phaltiel , hijo de 
de Lais * ; 

16 el cual la fue siguiendo y llorando, hasta 
Bahurim , donde le dijo Abner : Anda y vuélvete. 
Y volvióse ^. 

1 Para volvérsela á David. 

2 Y habieiido llegado Abner á David, presentóle á Mi- 
chól. 



CAPÍTULO III. 161 

17 Comenzó después Abner á tratar con los An- 
cianos de Israel , y les dijo : Hace ya tiempo que 
vosotros deseabais tener á David por rey. 

18 Reconocedle pues ahora por tal; ya que el 
Señor ha hablado y ha dicho de David : Por mano 
de mi siervo David salvaré á mi pueblo de Israel 
del poder de los philistheos y de todos sus ene- 
migos. 

19 Del mismo modo habló Abner á los de Ben- 
jamin '. Y fuese á Hebron para comunicar á Da- 
vid lo acordado con los de Israel , y con todos los 
de Benjamin. 

20 Llegó pues allí acompañado de veinte per- 
sonas. Y David dio un banquete á Abner y á los 
que le acompañaban. 

21 Dijo después Abner á David : Voyme á 
marchar para reunir á tí , mi rey y señor , todo 
Israel , y concertar contigo , á Gn de que seas re- 
conocido y reines sobre todos como deseas. Luego 
que David hubo despedido á Abner y marchádose 
este contento , 

22 llegó Joab con las tropas de David ; las cua- 
les habiendo muerto á una partida de ladrones ^, 
venian con un botin grandísimo. No estaba ya 
Abner en Hebron con David j pues cuando llegó 



1 De cuya tribu era Isboseth. 

2 Laírones. Se llamaron así antiguamente las tropas li- 
geras, ó guerrillas ; y esto significa el texto hebreo. Judie. 
Xí. V. 3. 



1G3 LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES. 

Joab con toda la tropa ' , ya David había despe- 
dido á Abner , é ídose este contento. 

23 Mas no faltó quien diese la nueva á Joab, 
diciendole : Vino Abner, hijo de Ner , á hablar al 
rey , y este ha salido a despedirle , y Abner se ha 
vuelto contento. 

24 Oido que hubo esto Joab , entró al rey, di- 
ciendo : Señor, ; qué es lo que has hecho ! Sé que 
Abner acaba de venir á tí : ¿por qué le has dejado 
ir, y que se marchase libremente! 

25- ¿No conoces quien es Abner , hijo de Ner, 
y que no ha venido á tí sino para engañarte, y es- 
piar el estado de tus cosas , y enterarse de todo 
cuanto estás haciendo ? 

26 Y luego que Joab salió de con David , des- 
pachó correos tras de Abner, y le hizo volver, sin 
saber nada David, desde la cisterna de Sira. 

27 Vuelto Abner á Hebron, llamóle Joab á par- 
te, llevándole al medio de la puerta, ó jusgado de 
la ciudad, con pretexto de hablarle , urdida ya la 
traición ; y allí le hirió en una ingle , y le mató 
para vengar la sangre de Asael su hermano ^. 

28 Al oír David lo que habia sucedido , dijo : 
Séame Dios testigo para siempre de que yo y todo 
mi reino somos inocentes en la muerte de Ab- 
ner, hijo de Ner. 



1 Estas palabras en la Vulgata se hallan al principio del 
rso siguiente. 

2 Muerto por Abner. Cap. II. v. 3. 



CAPITULO III. 103 

29 Caiga su sangre sobre la cabeza de Joab y 
sobre toda la casa de su padre : no falte jamas de 
la casa de Joab un flujo vergonzoso que los vuelva 
estériles , como ni tampoco leprosos , y hombres 
que lleven rueca en vez de espada^ y haya siempre 
quienes mueran á cuchillo , y gentes que vayan 
mendigando el pan. 

30 Joab pues y Abisai su hermano mataron á 
Abner por haberles este muerto á su hermano 
Asael en la batalla de Gabaon. 

31 David, empero , dijo á Joab , y á todo el 
pueblo que estaba con él : Rasgad vuestros ves- 
tidos, y vestios de sacos ' , y haced duelo en 
los funerales de Abner. El mismo rey David iba 
siguiendo el féretro. 

32 Sepultado que fue Abner en Hebron, levantó 
el grito el rey David, y lloró sobre el sepulcro de 
Abner acompañándole asimismo en el llanto todo 
el pueblo. 

33 Y el rey plañendo y deshaciéndose en Lágri- 
mas por Abner, dijo : No has muerto, oh Abner, 
como mueren los cobardes : 

34 jamas tus manos se vieron atadas ni cargados 
de grillos tus pies ; sino que tú caiste, como suelen 
los buenos , á manos de los malvados. Y todo el 
pueblo , repitiendo lo mismo , siguió llorando 
por él. 

35 Levantándose pues David y toda la gente 

1 Véase Saco. 



104 LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES. 

para ir á comer, siendo aun día claro, juró David 
diciendo : No me haga Dios bien , y l)ágame sí 
mucho mal, si antes de ponerse el sol probare yo 
pan, ni cosa ninguna. 

36 Lo que oyó todo el pueblo, quedando muy 
prendado de lo que habia hecho el rey á vista de 
toda la muchedumbre. 

37 Con lo cual conoció toda la plebe y todo 
Israel en aquel dia que el rey no habia tenido 
parte alguna en el asesinato de Abner , hijo de 
Ner. 

38 Dijo también el rey á sus criados : ¿ Acaso 
ignoráis que hoy ha perdido Israel un príncipe, y 
un príncipe grande ? 

39 Yo me hallo todavía sin fuerzas, aunque un- 
gido rey , y esos hijos de Sarvia son demasiado 
violentos para mí '.Dé el Señor la pena al mal- 
hechor, conforme á su maldad. 



CAPITULO IV. 



Baana y Rechdb asesinan alevosamente á Isboseih ; y Da- 
vid les manda quitar la vida en pago de su delito. 

1 Cuando Isboseth , hijo de Saúl, oyó que Ab- 
ner habia perecido en Hebron , desmayó su co- 
razón, y todo Israel quedó consternado. 

2 Tenia este hijo de Saúl dos caudillos de tro- 

1 Y me son insufribles. 



CAPÍTULiO IV. 135 

pas ligeras o guerrillas ' , de ios cuales uno se 
llamaba Baana, y el otro Reciiád, hijos de Remmou 
de Beroth de la tribu de Benjamitij pues Berotli 
era contada entre las ciudades de Benjamín ; 

3 aunque los berotliitas se habían refugiado en 
Gethaím , y morado allí como forasteros hasta en- 
tonces. 

4 Quedábale á Jonathás hijo de Saúl , un hijo 
tuUido de los píes : porque siendo de cinco años 
cuando llegó de Jezrael la funesta noticia de Saúl 
y de JonatháS; tomóle su ama de leche en brazos 
y echó á huir ; y con la precipitación de la fuga 
cayó, y el niño quedó cojo. Llamábase Mlphi- 
boseth. 

5 Rlarcharon pues los hijos de Remmon bero- 
thita j Uechád y Baana , y entraron en la mayor 
fuerza del sol en casa de Isboseth^ el cual estaba 
sobre su cama durmiendo la siesta. La portera de 
la casa, limpiando trigo , se había quedado dormi- 
da \ 

6 Con eso Recháb y Baana ^ su hermano , en- 
traron sin ser vistos en la casa, tomando en la mano 
unas espigas del trigo ^ > é hirieron á Isboseth en 
la ingle , y escapáronse. 



1 Véase Judie. XI. v. 3. 

2 i Bello ejemplo de la antigua sencillez di* ccstunibres ! 
En el Evangelio se habla también de una portera de la casa 
ó palacio del príncipe de los sacerdotes. 

3 Como aparentando ser ese el objeto de sn venida. 

15 



166 LIURO SEGUNDO DE LOS REYES. 

7 Pues al entrar ellos dormía Isboseth sobre su 
lecho en la cánnara , donde le mataron , y cor- 
tándole la cabeza, anduvieron toda la noche cami- 
no del desierto , 

8 y la presentaron á David en Hebron, dicie'n- 
dole : He aquí la cabeza de Isboseth, hijo de Saúl 
tu enemigo, que atentaba á tu vida. Dios ha ven- 
gado hoy al rey mi señor de Saúl y de su li- 
nage. 

9 Pero David respondió á Recháb y Baana su 
hermano, hijos de Remmon berothita, diciéndo- 
les : Vive el Señor que ha librado mi alma de to- 
dos los apuros, 

10 que si al que me trajo la nueva diciendo : 
Saúl es muerto ; y pensaba darme buena noticia , 
le hice prender y matar en Siceleg, cuando pare- 
cía se le debían dar albricias por la noticia : 

11 ¿ cuánto mas , oh hombres malvados , que 
habéis asesinado á un inocente dentro de su misma 
casa, sobre su cama , he de vengar ahora su san- 
gre en vosotros que la habéis derramado con vues- 
tras manos , y extirparos de la tierra ?. 

12 Dio pues David la orden á su gente , y los 
mataron ; y cortándoles las manos y los pies, los 
colgaron junto al estanque de Hebron : pero la 
cabeza de Isboseth la pusieron en el sepulcro de 
Ahner en Hebron. 



10 7 



CAPITULO V. 

Reconocido David por rey de todo Israel, traslada su corte 
d Jerusalem , de donde arroja los jebuseos , y vence des- 
pués á los philistheos ' . 

1 Después de esto se presentaron todas las 
tribus de Israel á David en Hebron , diciendo : 
Aquí nos tienes : hueso tuyo y carne tuya so- 
mos ^. 

2 A mas de que tiempo atrás , cuando Saúl era 
nuestro rey , tú eras el que capitaneabas á Israel ; 
y á tí te ha dicho el Señor : Tú apacentarás á mi 
pueblo de Israel, y tú serás su caudillo. 

3 Vinieron también los Ancianos de Israel á 
tratar con el rey en Hebron , y capituló allí con 
ellos el rey David delante del Señor ^ : después 
de lo cual le ungieron por rey de todo Israel. 

4 Treinta años tenía David cuando comenzó á 
reinar , y reinó cuarenta. 

5 En Hebron reinó sobre Judá siete años y 
seis meses ; y en Jerusalem reinó treinta y tres 
años sobre todo Israel y Judá. 



1 Año 2956 del Mundo : antes de Jesu-Curisto , 1043. 

2 Todos somos hijos de Jacob. 

3 Jiiró David observar la Ley del Señor^ Deiit. XV 11. 
V. 14; y el pueblo le juró obedieíicid, I. Par. XII. v. 33. 



i68 JilURÜ SL;GUND0 de los RtVES. 

6 Porque d pocos dias el rey con toda ia gente 
que tenia consigo, se drlgió acia Jerusalem contra 
los jebuseos , moradores de aquel territorio , y di- 
jéronle á David los sitiados : No entrarás acá den- 
tro de esta plaza , si no echas primero de ella á los 
ciegos y cojos ' , los cuales están diciendo : No 
entrará David acá. 

7 Sin embargo David se poderó del alcázar de 
Slon , que se llama hoj/ día Ciudad de David. 

8 Para lo cual babia ofrecido en aquel dia del 
asalto un premio al que batiese á los jebuseos , y 
ganando lo alto de los muros , arrojase de allí á 
los ciegos y á los cojos enemigos enconados de 
David : de donde se dice por refrán ^ : ni ciego 
ni cojo no entrarán en el templo. 

9 Habitó pues David el alcázar, y llamóle Ciu- 
dad de David : é hizo construir varios edificios al 
rededor, é interiormente, comenzando desde Mello. 

10 De esta suerte iba fortificándose y engran- 
deciéndose mas y mas ; y el Señor Dios de los ejér- 
citos estaba con él. 

11 Ademas Hiran, rey de Tyro, envió embaja- 
dores á David y le remitió maderas de cedro , y 
carpinteros y canteros para levantar edificios ; y 
fabricaron la casa de David. 



1 Para burlarse de David, tal vez le presentaron sobre 
el muro cojos y ciegos, á modo de centinelas ; dándole á 
entender que no le temiart. 

2 Para denotar una cosa difícil. 



CAPÍTULO V. l&g 

12 Y David en todo esto reconoció que el Seiíor 
le liabia confirmado en el reino sobre Israel , y 
elevado para siempre al gobierno de su pueblo de 
Israel. 

13 Tomó también David en Jerusalem, después 
que vino de Hebron , otras mugeres de segundo 
y de primer orden ', de que le nacieron otros hi- 
jos é hijas. 

14 He aquí los nombres de los hijos que le na- 
cieron en Jerusalem : Samua , Sobab , Nathan , y 
Salomón , 

15 Jebahar, Elisua, Nepheg, 

16 Japhia, Elisama, Elioda y Eliphaleth. 

17 Luego que oyeron los philistheos que David 
habia sido ungido rey sobre Israel , se pusieron 
todos en movimiento para ir contra David : lo que 
sabiendo este , se atrincheró en una posición muy 
fuerte ^. 

. 18 Entretanto los philistheos habiendo avan- 
zado se extendieron por el valle de Raphaim ; 

19 y David consultó al Señor, diciendo : ¿ Será 
bien que yo acometa á los philistheos? ¿Los en- 
tregarás en mis manos? Vé, respondió el Señor, 
que en tus manos los pondré infaliblemente. 

20 Bajó pues David á Baal Pharasira , y allí los 
derrotó. Por lo que dijo : El Señor ha dispersado 
delante de mí á mis enemigos , como agua que se 
derrama. Por eso se llamó aquel sitio Baal Pharasira. 

1 Véase Poligamia. 

2 En la caverna de Odollam. 



170 LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES. 

21 Y los philistlieos dejaron allí sus ídolos, los 
cuales recogieron David y su gente '. 

22 Todavía los philistheos porfiaron en salir á 
campaña, y se desparramaron por el valle de Ra- 
phaim. 

23 Consultó David al Señor, diciendo: ¿Acome- 
teré á los philistheos, y los entregarás tú en mis 
manos? Respondióle el Señor : No los acometas de 
frente , sino da la vuelta por sus espaldas, y en- 
vístelos por en frente de los perales ; 

24 y cuando sintieres el ruido de uno que anda 
por entre las copas de los perales, entonces darás 
el combate , porque entonces saldrá el Señor á tu 
frente para atacar el campamento de los philis- 
theos. 

25 Hízolo así David, como el Señor se lo habia 
mandado, y fue batiendo á los philistheos desde 
Gabáa hasta la entrada de Gezer. 

CAPÍTULO VI. 

David traslada el Arca desde Cariathiarim d Jerusalem ; 
dejándola primer o en la casa de Obededom,por el terrible 
suceso de Oza. Castiga Dios á Michól, por haberse mojado 
déla santa a leg ría de Dav id ^ . 

1 Reunió después David nuevamente todos los 
soldados mas escogidos de Israel en número de 
treinta mil ; 

2 y se puso en marcha con toda la gente prin- 

1 Par3 quemarlos ó destruirlos. 

2 Año del Mundo 2959 : antes de Jesu-Christo 1045. 



CAPÍTULO VI. 171 

cipal de la tribu de Judá que con él estaba, para 
traerse de Cariathiarim el Arca de Dios, en pre- 
sencia de la cual es invocado el nombre del Señor 
de los ejércitos, que está sentado encima de ella ' 
sobre los querubines. 

3 Y pusieron el Arca de Dios en un carro nue- 
vo ^, sacándola de casa de Abinadab , que habita- 
ba en Gabáa ; siendo Oza y Ahio, hijos de Abina- 
dab , los que iban guiando el carro nuevo. 

4 Luego que sacaron el Arca do Dios de la casa 
de Abinadab , en cuya custodia estaba en Gabáa , 
Ahio iba delante del Arca. 

5 David y todo Israel festejaban al Señor coa 
toda suerte de instrumentos de madera, con cítaras, 
y liras, y tambores, y sistros, y címbalos. 

6 Mas así que llegaron á la era de Nachón, es- 
tendió Oza la mano acia el Arca de Dios, y la sos- 
tuvo, porque los bueyes coceaban y la habian he- 
cho inclinar. 

7 Y el Señor indignado en gran manera contra 
Oza, castigóle por su temeridad ', y quedó allí 
muerto junto al Arca de Dios. 

1 Y desde allí da sus oráculos. 
• 2 El Arca debia ser llevada en hombros por los sacerdo- 
tes. Num. IV. V, 5. Tal vez por eso solo castigó Dios á los 
que guiaban el carro, que no eran sino simples levitas,, y no 
descendientes de Caath. ISum. IF. v. I^.—XVIII. v. 3.— 
XXXT. V. 9. El castigo de Oza debe inspirar un santo te- 
mor á los sacerdotes y ministros del Señor. 

3 Por tocar el Arca uo siendo sacerdote,, ni levita de la 
familia de Caath. 



íl'2 LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES. 

8 Contristóse David por haber castigado Dios 
á Oza : y llamóse aquel lugar , Castigo de Oza , 
nombre que conserva hasta hoy día. 

9 Por lo que David concibió en aquel dia un 
gran temor al Señor, y dijo : ¿Cómo hade ir ámi 
casa él Arca del Señor ? 

10 Y así no quiso que se llevase el Afea del 
Señor á su casa en la ciudad de David, sino que la 
trasladó á casa del levita Obededom getheo'. 

11 Estuvo pues el Arca del Señor en casa de 
Obededom de Geth tres meses, y bendijo el Se- 
ñor á Obededom y á toda su casa ^. 

12 Dieron luego aviso al rey David de que el 
Señor habia echado la bendición sobre Obededom 
y sobre todas sus cosas, por causa del Arca de 
Dios. Fue pues David y trasladó el Arca de Dios 
de la casa de Obededom á la ciudad de David con 
grandes regocijos ; é iban junto á David siete co- 
ros de músicos ^ y un becerro para el sacrificio : 

13 y á cada seis pasos que andaban los que lle- 
vaban el Arca del Señor, inmolaba ua buey y un 
carnero. 

14 Y ceñido David de un ephod de lino"^ danzaba 
con todas sus fuerzas delante del Arca del Señor ^ : 



1 La cual estaba junto á Jerusalem. 

2 Llenándola de felicidades. 

3 I. Par. XV. 

4 Este ephod era como nn ceñidor para sostener algo 
levantada la túnica interior, y dejar mas ágiles los pies, 

5 Depuestas sus vestiduras reales. 



CAPÍTULO VI. 173 

15 y (le este modo acompañado de toda la casa 
de Israel; conducía el Arca del Testamento del Se- 
ñor con júbilo y al son de las trompetas ó clarines. 

16 Mas al entrar el Arca del Señor en la ciudad 
de David , Michól, hija de Saúl , mirando desde 
una ventana, vio al rey David bailando y saltando 
delante del Señor , y desprecióle en su corazón, 

17 Introdujeron pues Zos levitas e\ Arca del Se- 
ñor , y colocáronla en su sitio, en medio del Ta- 
bernáculo que le babia mandado levantar David : 
el cual ofreció holocaustos y víctimas pacíficas, 
ai acción de gracias delante del Señor. 

18 Así que acabó de ofrecer los holocaustos y 
las víctimas pacíficas, bendijo al pueblo en el nom- 
bre del Señor Dios de los ejércitos '. 

19 Y distribuyó á toda la muchedumbre de 
israelitas que le habían acompañado, tanto á hom- 
bres como ámugeres, á cada persona una torta de 
pan, un pedazo de carne de buey asada, y flor de 
harina frita en aceite. Con esto se retiró toda la 
gente, cada cual á su casa. 

20 David también entró en la suya para ben- 
decirla ^; y Michól, hija de Saúl, saliendo á reci- 
birle, le dijo : ¡Qué bella figura ha hecho hoy el 
rey de Israel, despojándose f/e sus insignias delante 
de las criadas de sus siervos, y desnudándose , ni 
mas ni menos de lo que baria si fuese un bufón ! 



1 Véase Bendecir. 
2 Esto es, para celebrar con su familia vtn convite. 



174 LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES. 

21 Pero David respondió á Michól : Delante del 
Señor, que me eligió en lugar de tu padre y de 
toda su descendencia, y queme mandó ser el cau- 
dillo del pueblo del Señor en Israel, 

22 bailaré yo, y me abatiré todavía mas de lo 
que he hecho ; y seré despreciable á los ojos mios ; 
y á los de las criadas, de que has hablado , pare- 
ceré mas glorioso '. 

23 Por lo que Michól, hija de Saúl ^, no tuvo 
hijos todo el tiempo que vivió. 

CAPITULO Vil. 

David intenta edificar un templo al Señor: apruébale Na- 
ihan este pensamiento ; pero le declara por orden de 
Dios, que estaba reservada la ejecución á un hijo suyo. 
David da gracias á Dios por los beneficios recibidos *. 

1 Estando ya el rey David de asiento en su 
casa, y habiéndole concedido el Señor paz por to- 
das partes con todos sus enemigos , 

2 dijo al profeta Nathan : ¿No reparas que yo 
habito en una casa de cedro, mientras el Arca de 
Dios está debajo de pieles ^ ? 

3 No te detengas, respondió el profeta Nathan 
al rey : haz lo que te dicta tu corazón , pues el 
Señor está contigo. 

1 Y aun haré de ello gloria. 

2 Fne castigada por Dios con la esterilidad, 

3 Año 2960 del Mundo: antes de Jesu-Christo 1044. 

4 O en un tabernáculo ó pabellón de campaña. 



CAPÍTULO VIÍ. 175 

4 Mas aquella misma noche he aquí que el Se- 
ñor habló á Nathaii, diciéndole : 

5 Anda y dile á mi siervo David : Esto dice el 
Señor : ¿Conque tú piensas en edificarme casa para 
mi habitación ? 

6 Pues yo no he habitado en ninguna casa , 
desde el dia que saqué á los hijos de Israel de la 
tierra de Eg-ypto hasta el presente , sino que he 
habitado en pabellones y tiendas. 

7 Por ventura en todos los lugares por donde 
pasé con todos los hijos de Israel, he hablado nunca 
á alguna de las tribus , á quien hubiese yo en- 
cargado el gobierno de mi pueblo Israel , ni le 
he dicho jamas : ¿ Por qué no me edificáis una casa 
de cedro ? 

8 Ahora bien , tu dirás á mi siervo David : Es- 
to dice el Señor de los ejércitos : Yo te saqué de 
las dehesas donde apacentabas el ganado , á fin de 
que fueses el caudillo de mi pueblo de Israel. 

9 Por todas partes donde has andado he estado 
contigo : he exterminado delante de tí á todos tus 
enemigos, y hecho tu nombre tan célebre como el 
de los grandes de la tierra. 

10 También colocaré en un lugar estable á mí 
pueblo de Israel , le estableceré en él , y en él ha- 
bitará , sin ser inquietado mas ^ : ni los hijos de 



1 O al varón escogido de ella. 

2 Si permaneciere fiel y observare mis preceptos. 



173 LIBRO SEGüNuO L»E L»)S REYES. 

«iif]ui(iad volverán á humillarle como lo hacían 
antes, 

11 desde el tiempo en que constituí Jueces 
sobre mi pueblo de Israel : y yo te daré la paz 
con todos tus enemigos. Ademas el Señor es el 
que te promete desde ahora que el mismo dará un 
firme estar á tu casa'. 

12 Y cuando hayas terminado tus dias, é ido á 
descansar con tus padres, yo levantaré después de 
tí á un hijo tuyo , que nacerá de tí, y consoUdaré 
su reino. 

13 Este edificará un templo en que será adora- 
do mi nombre, y yo afirmaré su regio trono para 
siempre. 

14 Y seré su padre, y él ser i mi hijo ^ ; que si 
en algo obrare mal, yo le corregiré paternalmente 
con vara de hombres^ y con castigos de hijos de 
hombres. 

15 Mas no apartaré de él mi misericordia , co- 
^mo la aparta de Saúl, á quien arrojé de mi presencia. 

16 Antes tu casa será estable , y verás perma- 
necer eternamente tu reino' , y tu trono será 
firme para siempre. 



1 O una gloriosa descendencia. 

2 Estas palabras deben entenderse de Christo , hijo de 
Dios por naturaleza. Heb. I. v. 5. En segundo lugar de Sa- 
lomón, hijo por la adopción de la gracia. 

3 Los Setenta tradujeron ívaVíov ¡Áv. , ante mi ; y tal 
vez deberíamos leer en la VulgataíWííe me , en vez de ante 
faciem tuam. 



CAPÍTULO Vil. 177 

17 Conforme á todas estas palabras de Dios , v 
conforme á toda esta revelación, así habló Nathan 
á David. 

18 Entonces David fue á presentarse delante 
del Señor en el Tabernáculo ^ y permaneciendo allí 
en oración^ dijo : ¿ Quién soy yo , Señor Dios mío, 
y cuál es mi casa, para haberme elevado hasta 
este punto ? 

19 Y pareciendote aun, oh Señor Dios , que 
esto era poco á tus ojos , has querido asegurar á 
tu siervo la permanencia de su casa para los siglos 
venideros : que tal es la ley ó el deseo de los hijos 
de Adam, oh Señor Dios. 

20 ¿ Qué mas podrá decir ahora David hablan- 
do contigo? puesto que tú, Señor Dios mió, co- 
noces bien á tu siervo i/ su gratiiiid. 

21 Por amor de tu palabra y según tu corazón 
has hecho estas grandes maravillas, y aun las has 
manifestado á tu siervo. 

22 En lo cual, oh Señor Dios mió, has ostenta- 
do tu grandeza: que nadie hay semejante á tí, 
ni hay Dios fuera de tí, según todas las cosas que 
hemos oido con nuestros mismos oidos. 

23 Y ¿qué nación hay sobre la tierra compa- 
rable á tu pueblo de Israel , al cual tú has ido á 
rescatar para hacer de él un pueblo tuyo , en el 
cual has engrandecido tu nombre con las maravi- 
llas obradas á favor suyo , y á cuya presencia has 
hecho tan espantosos prodigios para sacarle de la 

ToM. IV. 16 



178 L!liRO SEGUNDO DE LOS REYES. 

esclavitud de Egypto, y castigar á aquella tierra, 
su gente y su dios ó rey'l 

24 Pues tú escogiste ú Israel para que fuese 
para siempre tu pueblo ; y íii, oh Señor Dios, 
quisiste hacerte su Dios. 

25 Ahora pues, oh Señor Dios, manten siempre 
viva la promesa que has hecho á tu siervo para él 
y para su casa, y hazlo como lo has dicho ; 

26 para que tu nombre sea eternamente engran- 
decido, y se diga : El Señor de los ejércitos es el 
Dios de Israel. Sí : la casa de tu siervo David será 
estable delante del Señor ; 

27 porque tú, oh Señor de los ejércitos, Dios 
de Israel, revelaste y dijiste á tu siervo : Yo te 
fundaré una casa estable: de aquí es que tu siervo 
se ha animado para dirigirte esta plegaria. 

^ 28 Ahora pues, Señor y Dios mió, tú eres Dios, 
y se cumplirán tus palabras. Ya que has prometido 
á tu siervo tales bienes , 

29 empieza desde luego, y echa la bendición 
sobre la casa de tu siervo, para que siempre sub- 
sista en tu acatamiento ; puesto que tú , oh Señor 
Dios, has hablado y dicho que la casa de tu siervo 
será bendita con tu bendición eternamente. 

CAPÍTULO VIII. 

Conquif^tas gloriosas del rey David : conjcuyo motivo le fe- 
licita el rey de Emath. 

1 Después de esto derrotó David á los philis- 



CAPITULO VIH. 179 

tlieos, y los humilló, y les arrancó de la mano el 
treno del tributo '. 

2 También destrozó á los moabitas ; j/ cí los pri- 
sioneros^ haciéndolos tender en ei suelo, los midió 
á cordel ^ *. dos fueron las cuerdas con que los mi- 
dió , 1/ sorteó una para dar muerte , y otra para 
salvarles la vida. Con esto quedaron los moabitas 
sujetos á David y tributarios suyos. 

3 Destrozó igualmente David á Adarezer , hi- 
jo de Rohob, rey de Soba, cuando salió á cam- 
paña para extender sus dominios hasta el rio Eu- 
phrates; 

4 é hízole mil y setecientos prisioneros de á 
caballo, y veinte mil de á pie, desjarretando asi- 
mismo todos los caballos de los carros de guerra, 
sin dejar mas que los necesarios para cien de estos. 

5 Acudieron los syros de Damasco á socorrer 
á Adarezer , rey de Soba, y David pasó á cuchillo 
;'( veinte y dos mil de ellos. 

6 Con lo que puso David guarniciones en la 
Syria de Damasco , la cual le quedó sujeta y tri- 
butaria ; y guardóle el Señor en todas las expe- 
diciones que hizo. 

7 Y llevóse las armas de oro que tenian los 
cortesanos de Adarezer, y trájolas á Jerusalem. 

8 Asimismo sacó de Bete y de Beroth, ciudades 
de Adarezer, inmensa cantidad de cobre. 



1 Libertando de él á Israel con la conquista de (jeth. 

2 O dividiólos en dos partes ó filas., 



180 LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES. 

9 Entonces oyendo Thou , rey de Emath, que 
David habia destrozado todas las fuerzas de Ada- 
rezer , 

10 envió á Joram su hijo á cumplimentar á 
David , á fin de congratularse con él , y darle 
gracias por haber vencido y deshecho á Ada- 
rezer ; pues Thou era enemigo de Adarezer. 
Joram trajo consigo alhajas de oro , de plata y 
de cobre ; 

11 las que David consagró también al Se- 
ñor, ademas de la plata y oro que le habia ya 
consagrado , de todas las naciones que habia so- 
juzgado : 

12 de la Syria, de Moab , de los aramonitas, 
de los philistheos, de los amalecitas y de los des- 
pojos de Adarezer, hijo de Rohob, rey de Soba, 

13 Adquirió también David gran nombradía 
cuando en el valle de las Salinas , al volver de la 
conquista de Syria, mató á diez y ocho mil hom- 
bres. 

14 Puso gobernadores y guarniciones en la Idu- 
mea, quedándole toda ella sujeta; y guardóle el 
Señor en todas las expediciones que hizo. 

15 Reinó pues David sobre todo Israel y daba 
audiencia, y administraba justicia á todo su pueblo. 
^ 16 Joab , hijo de Sarvia , era el general de sus 
tropas : Josaphat, hijo de Ahilud , era su secreta- 
rio ó coronista : 

17 Sadoc, hijo de Achítob , y Achimelech, hijo 



CAPÍTULO IX. 181 

de Abiathar , eran los Sumos sacerdotes ' ; y Sa- 
raías le servia de escribano ^. 

18 Banaias , hijo de Joiada , era capitán de los 
ceretheos y pheletheos '. Pero los hijos de David 
eran los primeros ^ después del rey. 

CAPITULO 

Trata David con suma humanidad á Miphiboselh , hijo de 
Jonathás ; rj le concede su mesa. 

1 Dijo también David : ¿ Si habrá quedado al- 
guno de la casa de Saúl , á quien pueda yo hacer 
bien por amor de Jonathás? 

2 Habia á la sazón un criado ^ de Saúl, llamado 
Siba. Hízole venir el rey, y díjole : ¿Eres tu Siba? 
Sí Señor , respondió él , Siba soy , para lo que- 
ráis mandarme. 

3 Preguntóle el rey : ¿Vive por ventura alguno 



1 Cuando Abiathar se refugió al lado de David (I. Reg. 
XXII. V. 20.), creó entonces Saúl por Pontífice á Sadcc, 
y después conservaron ambos el Sumo sacerdocio , ejer- 
ciéndole por turno. 

2 De letrado ó intérprete. Véase Escriba. 

3 Que eran la guardia real. 

4 La voz hebrea *)P|3 significa sacerdote, y también j^rín- 
cipe : y en este último sentido la entienden aquí los Expo- 
sitores, y asi la traduce Martim, 

5 Seria el criado principal ó mayordomo ; como Joseph 
en casa de Putiphar , ó como aquel de que se habla Luc. 
XII. V. 42. 



182 LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES. 

de la casa de Saúl , para que pueda yo hacerle 
grandes mercedes? Respondióle Siba : Sí señor : 
vive todavía un hijo de Jonathás , estropeado de 
los pies. 

4 ¿Dónde está? replicó David. Está, dijo Siba, 
en Lodabar en casa de IMachir , hijo de Ammiel. 

5 Envió pues David por él , y le hizo venir de 
Lodabar de la casa de Machír, hijo de Ammiel. 

6 Llegado que fueMiphiboseth, hijo de Jonathás, 
hijo de Saúl, á la presencia de David , postróse 
sobre su rostro, haciéndole una profunda reveren- 
cia. Díjole entonces David : ¿ Miphiboseth? Aquí 
tienes, señor, respondió él , á tu siervo. 

7 Y David : No tienes que temer, le dijo, pues 
yo pienso colmarte de mercedes por amor de Jo- 
nathás, tu padre, y restituirte todas las heredades 
de tu abuelo Saúl ; y tú comerás siempre á mi mesa, 

8 Miphiboseth , haciéndole profunda reveren- 
cia, dijo : ¿Quién soy yo , siervo tuyo , para que te 
hayas dignado poner los ojos en un perro muerto 
cual soy yo ? 

9 Llamó pues el rey á Siba, criado de Saúl , y 
díjole : He dado al hijo de tu amo todo cuanto 
poseía Saúl , y todos los bienes de su casa : 

10 por tanto cuida tú con tus hijos y criados de 
labrarle las tierras , y de proveer á Micha el hijo 
de tu amo Miphiboseth lo necesario para sus ali- 
mentos. En cuanto á Miphiboseth , hijo de tu di- 
funto señor, comerá siempre á mi mesa. Es de sa- 
ber que Siba tenia quince hijos , y veinte siervos. 



capítulo X. 183 

1 1 Y dijo Siba al rey : Como tú se lo lias manda- 
do, así lo hará, mi señor y rey , este tu siervo. Eti. 
cuanto á IMiphiboseth, repitij David , comerá á mi 
mesa como uno de los hijos del rey. 

12 Tenia Miphiboseth un hijo chiquito, llamado 
Micha, y toda la familia de Siba estaba al servicio 
de Miphiboseth : 

13 mas este vivia en Jerusalem, porque todos 
ios dias comia á la mesa del rey. Era Miphiboseth 
cojo de ambos pies, 

CAPÍTULO X. 

Envía David embajadores al rey de los ammoniias para 
darle el pésame por la muerte de su padre : son ultrajados; 
y David declarándole la guerra , destroza su ejército y el 
de los aliados. 

1 Aconteció después de esto , que murió el rey 
de los hijos de Ammon , y succedióle en el trono 
su hijo Hanon. 

2 Dijo entonces David : Quiero demostrar mi 
afecto y compasión á Hanon, hijo de INaas , seo^un 
hizo su padre conmigo '. Envióle pues embaja- 
dores para consolarle de la muerte de su padre. 
Mas luego que llegaron estos al pais de los hijos 
de Ammon, 

3 dijeron los magnates de los Ammonitas á 
Hanon su señor : ¿Crees tú que David te ha en- 
viado estos para consolarte , y honrar así la me- 
moria de tu padre ; y no mas bien que te ha eii- 

1 Cuando me refíigié en su casa. 



184 LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES. 

viado sus criados para espiar y reconocer el estado 
de la ciudad, y destruirla algún día? 

4 Con esto Hanon hizo prender á los criados de 
David, y raerles la naitad de la barba % y cortarles 
los vestidos hasta cerca de la cintura ^y los despachó. 

5 Lo que sabido por David , envió luego á en- 
contrarlos , porque se hallaban sumamente aver- 
gonzados, y á decirles : Deteneos en Jerichó, hasta 
que os crezca la barba , y entonces volvereis. 

6 I\Ias los ammonitas reflexionando en la inju- 
ria hecha á David , tomaron á su sueldo veinte 
mil infantes de la Syria de Rohob y de la Syria de 
Soba, mil hombres del rey de Maachá, y doce mil 
de Istob. 

7 De lo que informado David despachó contra 
ellos á Joab con todas las tropas. 

8 SaUeron pues los ammonitas , y formáronse 
en batalla frente la entrada de la puerta de la 
ciudad ^ ; pero los syros de Soba y de Rohob, de 
Istob y de Maachá estaban á parte en el campo. 

9 Viendo pues Joab que iban á acometerle de 
frente y por retaguardia, escogió entre todos los 
soldatos de Israel á los mas vahentes , y se puso 
en orden de batalla contra los syros : 

10 y el resto del ejército entregósele á su 
hermano Abisal, el cual marchó de frente contra 
los hijos de Ammon. 

11 Y díjole Joab : Si los syros prevalecieren 

1 Levit.lXIX. v. 27. 

2 De Medaba. 



CAPÍTULO X. 185 

contra mí, tú vendrás á socorreriae ; y si los am- 
monitas prevalecieren contra tí, iré yo á auxiliarte. 

12 Pórtate como hombre de valor, y peleemos 
por nuestro pueblo y por la ciudad de nuestro 
Dios : por lo demás el Señor dispondrá lo que sea 
de su mayor agrado. 

13 Con esto Joab atacó con sus tropas á los 
syros : los cuales huyeron al instante volviéndole 
las espaldas. 

14 Y cuando los hijos de Ammon vieron que 
los syros hablan huido , echaron también ellos á 
huir de delante de Abisal , retirándose á la plaza. 
Y Joab dejó el pais de los hijos de Ammon , 
y volvióse á Jerusalem, 

15 Entretanto los syros viéndose derrotados 
por Israel , volvieron á rehacerse. 

16 Adarezer hizo venir á los syros que habita- 
ban á la otra parte del rio , y juntó de ellos un 
ejército al mando de Sobach , general de las 
armas de Adarezer. 

17 Avisado de esto David, reunió todas las 
tropas de Israel , pasó el Jordán , y fue á He- 
lam : y los syros presentando la batalla á David , 
pelearon contra él. 

18 Pero Israel los puso en fug-a , y destrozó 
David setecientos carros de los syros ' , y cua- 
renta mil caballos ; é hirió al capitán general So- 
bach que murió al instante. 

I Que llevaban encima siete mil combatientes. I Par. 
XIK. V. 18. 



186 LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES. 

19 Pues como lodos aquellos reyes que se- 
guían el partido de Adarezer se viesen vencidos 
por Israel , se llenaron de pavor , y volvieron las 
espaldas á presencia de Israel , cincuenta y ocho 
mil hombres. Al fin hicieron paces con los israe- 
litas, y se les sujetaron ; y no se atrevieron mas 
los syros á prestar socorro á los ammonitas. 

CAPÍTULO XI. 

Adulterio de David con Bethsaie'e , á cuyo tnarido lirias 
hace David morir alevosamente. Pasados los dias del 
duelo, se casa David con Belhsabée '. 

1 y acaeció á la vuelta de un año , al tiempo 
que suelen los reyes salir á campaña , que David 
envió á Joab y con él á sus oficiales , y á todo el 
ejército de Israel, á talar el pais de los ammonitas, 
y sitiaron á Rabba su capital. David empero se 
quedó en Jerusalem. 

2 Entretanto sucedió que un dia levantándose 
David de su cama después de la siesta , se puso 
á pasear por el terrado del palacio , y vio en otra 
casa de en frente una muger que se estaba lavan- 
do en su baño ; y era de extremada hermosura. 

3 Envió pues el rey á saber quién era aquella 
muger, y le dijeron que era Bethsabée, bija de 
EÜam, muger de Urias, hetheo. 

4 David la hizo venir á su palacio , habiendo 
enviado primero á algunos que la hablasen de su 

1 Año 2959 del Mundo : aotes de Jesü-Christo 1035. 



CAPÍTULO XI. 187 

parte ; y entrada que fue á su presencia , dur- 
mió con ella : la cual se purificó luego de su 
inmundicia ' ; 

5 y volvió preñada k su casa. De lo que dio 
aviso á David , diciendo : He concebido. 

6 En seguida despachó David un correo á Joab, 
diciendole : Envíame á Urias ;, hetheo. Enviósele 
Joab : 

T y llegado Urias, preguntóle David en qué es- 
tado estaban Joab y sus tropas , y cómo iban las 
cosas de la guerra. 

•'S Dijo después David á Urias : Vete á tu casa 
lava tus pies , y descansa. Salido que fue Urias de 
palacio , le envió el rey en seguida comida de su 
real mesa. 

9' Mas Urias durmió delante de la puerta de 
palacio con otros criados , ü oficiales^ de su señor, 
y no fue á su casa. 

10 Contáronselo luego á David , diciendole -. 
Urias no ba ido á su casa. Por lo que dijo David á 
Urias : *¿ No has llegado de un viage ? pues ¿ cómo 
no has bajado á descansar en tu casa? 

11 Respondió Urias á David : El Arca de Dios, 
é Israel y Judá están en tiendas de campaña , y 
mi señor Joab, y los siervos de mi señor duermen 
en el duro suelo ; ¿ é iria yo á mi casa á comer 



1 Tal vez alude á lo que prescribe la Ley Levit. XV. v. 
18. ; }3ero el pecado no se perdonaba con eso solo. Otros 
entienden que se purificó, porque cesó luego la menstrua- 
ción. 



188 LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES. 

y beber , y dormir con mi muger ? Por la vida , y 
por la salud de mi rey, juro que no haré una tal cosa. 

12 Díjole entonces David : Quédate también 
aquí hoy, que mañana te despacharé. Quedóse pues 
Urias en Jerusalera aquel dia y el sicruiente. 

13 Convidóle David á comer y beber en su mesa, 
y procuró embriárgarle : mas él saliendo al ano- 
checer , se fue á dormir en su tarima del cuerpo 
de guardia con los oficiales de su señor^ y no bajó 
á su casa. 

14 Llegada que fue la mañana, escribió David 
una carta á Joab , y remitiósela por mano de Urias. 

13 Decia e» ella : Pon á Urias á la frente de 
donde esté lo mas recio del combate ; y desam- 
paradle para que sea herido y muera % 

16 Estando pues Joab en el sitio de la ciudad, 
puso á Urias frente el puesto donde sabia que es- 
taban los mas valientes de los enemigos : 

17 los cuales habiendo hecho una salida de la 
ciudad, cargaron sobre Joab , y murieron algunos 
del ejército de David, y entre estos tambi-en Urias 
hetheo. 

18 Inmediatamente Joab despachó aviso á Da- 
vid de todo lo ocurrido en el choque, 

19 dando esta orden al correo : Luego que hu- 
bieres acabado de referir al rey cuanto ha pasado 
en el ejército , 

1 Véase como una pasión vehemente, por no haberse 
reprimido al nacer , trasforma en cruel al mansísimo rey 
David, hacienrlo de él una fiera, ó un cruel tirano. 



CAPÍTULO XI. ' 189 

20 si ves que el se irrita, y dice : ¿Por qué os 
fuisteis á pelear tan cerca del muro? ¿No sabíais 
que de lo alto de él se arrojan con furia muchos 
dardos ? 

21 ¿Quién mató áAbimelech, hijo de Jerobaal? 
¿No fue una mu^er la que en Thebes desde la 
muralla arrojó sobre él un pedazo de una piedra 
de molino , y le mató ' ? ¿Cómo , pues , os arri- 
masteis [al muro ? Tú entonces dirás : También 
quedó muerto tu siervo Urias hetheo. 

22 Partió pues el correo; y llegando refirió á 
David todo lo que Joab le habia mandado, 

23 y le habló de esta manera : Los sitiados han 
tenido una pequeña ventaja sobre nosotros : hicie- 
ron una salida contra nuestro campamento ; mas 
echándonos sobre ellos , los rechazamos hasta las 
puertas de la ciudad. 

, 24 Pero los ballesteros desde lo alto del muro 
arrojaron sus tiros sobre tus siervos : de que mu- 
rieron algunos de tus soldados, y entre ellos tam- 
bién Urias hetheo tu siervo. 

25 Respondió David al mensagero : Dirásle á 
Joab : No desmayes por ese fracaso ; porque los 
acaecimientos de la guerra son varios , y una vez 
este , otra vez aquel , perecen algunos al filo de la 
espada. Reanima á tus guerreros contra la ciudad, 
y esfuérzalos hasta destruirla. 

26 Supo la muger de Urias que habia muerto 
su marido , y le hizo el duelo. 

1 Judie, IX. r. 53. 

17 



190 LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES. 

27 Acabados los siete días del luto, David la hizo 
venir á palacio , y la tomó por esposa ; y ella le 
parió después un hijo. Mas esto que hizo David, 
fue sumamente desagradable á los ojos del Señor. 

CAPÍTULO XII. 

Daoid arrepentido, y perdonado en cuanto á la culpa, mas 
no en cuanto á la pena. Muere el hijo nacido de Bethsabée. 
Nace después Salomón. Victoria contra los ammonitas. 

1 El Señor pues envió Nathan á David , al cual 
dijo Nathan luego de llegado : Habia dos hombres 
en una ciudad de tu reino , el uno rico, y el otro 
pobre. 

2 Tenia el rico ovejas y bueyes en grandísimo 
número : 

3 el pobre no tenia nada mas que una ovejita 
que habia comprado y criado, y que habia crecido 
en su casa entre sus hijos , comiendo de su pan, y 
bebiendo en su vaso , y durmiendo en su seno , y 
la queria como si fuera una hija suya. 

4 Mas habiendo llegado un huésped á casa del 
rico , no quiso este tocSr á sus ovejas , ni á sus 
bueyes para dar el convite al forastero que le ha- 
bia llegado ; sino que quitó la ovejita al pobre, y 
aderezóla para dar de comer al huésped que te- 
nia en casa. 

5 Oido esto David , altamente indignado contra 
aquel hombre , dijo á Nathan : Vive Dios , que 
hombre que tal hizo , es reo de muerte. 



CAPITULO XII. 191 

6 Pagará cuatro veces la oveja ' , por haber 
hecho ese atentado', y no haber tenido considera- 
ción al pobre. 

7 Dijo entonces Nathan á David : Ese hombre 
eres tú. Esto dice el Señor Dios de Israel : Yo 
te ungí rey de Israel , y te libré de la mano de 
Saúl : 

8 te di la casa de tu Señor, y puse á tu arbitrio 
sus mugeres : te hice dueño también de la casa 
de Israel y de Judá ; y si esto es poco , te añadiré 
aun cosas mucho mayores. 

9 ¿Cómo pues has vilipendiado mi palabra, ha- 
ciendo el mal delante de mis ojos? A Urias hetheo 
le hiciste perder la vida , y te has tomado su mu- 
ger para muger tuya, matándole á él con la espa- 
da de los hijos de Ammon. 

10 Por lo cual no se apartará jamas de tu casa 
la espada de la muerte ; porque me has despreciado, 
y has quitado la muger á Urias hetheo para que 
fuese muger tuya. 

11 He aquí pues lo que dice el Señor : Yo haré 
salir de tu propia casa los desastres contra tí , y 
te quitaré tus mugeres delante de tus ojos, y dár- 
selas he á otro, el cual dormirá con ellas á la luz 
de este sol : 

12 porque tú has cometido el pecado oculta- 
mente ; pero yo haré esto que digo, á vista de todo 
Israel, y á la luz misma del sol. 

1 Dando otras cuatro, según manda la Ley. 



192 LIURO SEGUNDO DE LOS REYES. 

13 Dijo David á Nathau : Pequé contra el Se- 
ñor '. Respondióle Nathan : También el Señor que 
ve tu dolor^te ha perdonado el pecado : no morirás. 

14 Pero como tú has sido causa de que los enemi- 
gos del Señor han blasfemado contra él, el hijo que 
te ha nacido del adulterio, morirá irremisiblemente. 

15 Dicho esto se retiró Nathan á su casa. Con 
efecto el Señor hirió al niño que la muger de Urias 
habia parido á David , y fue desahuciado. 

16 No obstante David rogó al Señor por el ni- 
ño, y ayunó con rigor extremado , y retirándose 
á parte, se estuvo postrado en tierra. 

17 Fueron á él los mas ancianos, ó principales 
de sus domésticos , para obligarle d fuerza de rue- 
gos á que se levantase del suelo ; mas él no quiso 
hacerlo , ni tomar con ellos alimento. 

18 Murió el dia séptimo el infante, y los criados 
de David temían darle la noticiado la muerte, 
porque decían : Si cuando aun el niño vivia , le 
hablábamos, y no quería escucharnos , ¿ cuánto 
mas se afligirá ahora si le decimos que el niño 
ha muerto ? 

19 David empero observando que sus criados an- 
daban en murmullos, conoció ser muerto el niño ; 
y así les dijo : ¿ Es que ha muerto ya el niño ? Y res- 
pondieron : Ha muerto. 

1 Y me pesa de todo corazón. Las mismas palabras 
pronunció Saúl : pero el corazón era diferente (dice S, Agus- 
tín cont. Faust. XXII. c. Q?.), y la vista de Dios percibía 
esta diferencia. 



CAPÍTULO XIT. 193 

' 20 Entonces David se levantó del suelo ; lavóse 
y ungióse ' , y mudando de ropa entró en la Casa 
del Señor, y le adoró ^. Pasando después á su pa- 
lacio, pidió que le pusiesen la mesa , y comió. 

21 Y dijéronle sus criados : ¿De qué proven- 
drá eso? Tú ayunabas y llorabas por el niño cuan- 
do aun vivía, y ahora que ha muerto^ te has levan- 
tado y has comido. 

22 Respondióles David : He ayunado y llorado 
por el niño , mientras vivia ; porque decia yo : 
¿Quién sabe si el Señor me le dejará, y si quedará 
con vida el iiiño ? 

23 Mas ahora que ya ha muerto, ¿á qué fin he de 
ayunar ? Por ventura ¿ podré restituirle á la vida ? 
Antes bien iré yo á él ; pero él no volverá á mí. 

24 Consoló después David á Bethsabée su es- 
posa ; y estuvo , y durmió con ella : la cual le 
parió un hijo , á quien David puso por nombre 
Salomón, y á quien amó el Señor. 

25 Y por medio del profeta Nathan le puso 
también el nombre de Amado del seÑor', en aten- 
ción al amor que el Señor le tenia. 

26 Entretanto prosiguió Joab el asedio de 
Rabbath de los ammonitas ; estando para dar el 
asalto á esta ciudad regia, 

27 remitió correos á David, diciendo : He com- 



1 Seguula costumbre. Véase Unción. 

2 Con perfecta resignación. 

3 Puede traducirse : Amable al Señor. 



194 LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES. 

batido 6 Rabbatb, y está para ser tomada la ciudad 
de las aguas '. 

28 Junta pues abora el resto del ejército , y 
ven á batir la ciudad y tomarla ; á fin de que , 
conquistándola yo, no se me atribuya á mí el bonor 
de la victoria. 

29 Juntó pues David todas las tropas, y marchó 
contra Rabbatb , y la tomó por asalto. 

30 Y quitó de la cabeza de su rey la corona ^ , 
que pesaba un talento de oro , y tenia piedras 
preciosísimas ; la cual fue puesta sobre la cabeza 
ó trono de David. Demás de esto llevó de la ciudad 
muchísimos despojos. 

31 A los habitantes los sacó fuera, y ' mandó 
que unos fuesen aserrados , haciendo pasar sobre 
otros narrias ^ ó carros con ruedas de hierro, y des- 
pedazarlos con cuchillos, y arrojarlos en los hor- 
nos de ladrillos. Así trató á todas las ciudades de 
los ammonitas ^ . En seofuida volvióse David con 
todo su ejército áJerusalem. 

1 Esta ciudad ó fortaleza rodeada de aguas, 

2 Por esta corona tal vez se entieade el dosel qae en 
figura de corona cubría el trono ó silla del rey. Es muy 
probable que se habla aquí del ídolo de los ammonitas lla- 
mado Melcom. Véase Baal. Monedas. Algunos creen que 
por peso se entiende el valor. 

3 En castigo de sus grandes delitos. 

4 O trillos forrados con puntas de hierro. 

5 Véase Justicia. Algunos Expositores no hallan como 
excusar de pecado e:.ta acción de David. 



195 



CAPÍTULO XIII. 

Comienzan los desastres de la casa de David : incesto de Am- 
non, á quien asesina su hermano Absalom '. 

1 Sucedió después que Amnon , hijo de David, 
se enamoró de una hermana de Absalom , también 
hijo de David ^, llamada Thamar, la cual era en 
extremo hermosa ; 

2 y creció tanto en él esta pasión , que de amor 
suyo vino á enfermar; pues como Thamar era 
virgen , parecíale muy dificultoso poder hacer con 
ella cosa alguna deshonesta. 

3 Tenia Amnon un amigo que se llamaba Jo- 
nadadj hijo de Semmaa hermano de David, su- 
mamente astuto. 

4 Díjole pues este á Amnon : ¿En qué consiste, 
príncipe mió , que de cada dia te vas poniendo 
mas flaco? ¿Por qué no te descubres conmigo? 
Respondióle Amnoü : Estoy enamorado deThamar, 
hermana de Absalom mi hermano. 

5 Replicó Jonadad : Quédate en cama , como 
que estás malo , y cuando venga tu padre á visi- 
tarte, dile : Suplicóte que venga mi hermana Tha- 
mar á darme la comida ; y me componga ella misma 
algún plato con que me alimente. 

6 Púsose pues Amnon en cama, y empezó á fin- 



1 Año 2972 del Mundo : antes de Jesu-Christo 1032. 

2 Aunque de diferente madre. 



196 LIBRO 6EGUND0 DE LOS REYES. 

girse enfermo : y habiendo venido el rey á visitarle, 
díjole Amnon : Ruégote que venga á verme mi 
hermana Thamar , y que cá presencia mía me haga 
un par de hojuelas ', que coma yo de su mano. 

7 Con esto David envió un recado á casa de 
Thamar , y la hizo decir : Anda , ve á casa de tu 
hermano Amnon , y hazle alguna cosa de comer. 

8 Pasó Thamar á casa de su hermano Amnon , 
que estaba en cama ; y tomando harina , la amasó , 
y batiéndola hizo á vista de él unos pastelillos ; 

9 y después de cocidos , los puso en un plato , 
y se los presentó. Mas Amnon no quiso comer ; y 
dijo : Salgan todos fuera de aquí. Salido que hu- 
bieron todos , 

10 dijo Amnon á Thamar : Entra la comida en 
mi aposento , para que la reciba yo de tu mano. 
Cogió pues Thamar los pastelillos que habia ade- 
rezado , y entróselos á su hermano Amnon en el 
aposento. 

11 Y así que le presentó el plato , asió de ella , 
diciéndole: Ven, hermana mia, duerme conmigo. 

12 La cual le respondió : No quieras hacerme 
violencia , hermano mió, no , pues no es esto per- 
mitido en Israel : no hagfas tal villanía. 

13 Porque yo no podré sufrir mi oprobio ^, y 
tú serás tenido por un insensato en Israel. Mejor 

1 Eq hebreo m2Ii7- En los Setenta xoWv/sUítf . 
pastelillos, hojuelas, etc. 

2 Me Qioriré de pesadumbre. 



CAPÍTULO XIII. 197 

será que hables al rey para casarte conmigo , que 
no rehusará entregarme á tí '. 

14 Mas Arañen no quiso aquietarse con estos 
ruegos, sino que prevaleciendo en fuerzas, la vio- 
lentó y durmió con ella. 

15 Y en seguida la tomó tan extraordinaria 
aversión, que era mas intenso el odio que concibió 
contra ella , que el amor con que antes la amaba ; 
y así la dijo Amnon : Levántate, y vete de aquí. 

16 Replicóle Thamar : Elultrage que ahora me 
haces , echándome de esta manera , es mayor que 
el que me has hecho antes. Pero Amnon no quiso 
escucharla : 

17 antes llamando á uno de sus criados, le dijo : 
Hazla salir de aquí, y cierra tras ella la puerta. 

18 Estaba Thamar vestida de una ropa talar de 
varios colores f trage que acostumbraban usar las 
doncellas hijas del rey. El criado pues de Amnon 
la hizo salir fuera del aposento , v cerró tras ella la 
puerta. 

19 Entonces Thamar esparciendo ceniza sobre 
su cabeza, y rasgando su ropa talar, se fue dando 
gritos y cubriéndose con ambas manos la cabeza. 

20 Díjola Absalom su hermano : ¿Es acaso que 
tu hermano ha abusado de tí? Mas por ahora, 
hermana mza, calla ; que al fin es hermano tuyo^ : 

1 Aunque esté prohibido por la Ley ; viendo que de lo 
contrario pereces. 

2 Pues se interesa el honor de la familia real en que no 



198 LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES. 

ijo te desesperes por esa desgracia. Con eso Tha- 
mar se quedó en casa de su hermano Absalom con- 
sumiéndose interiormente de tristeza y dolor. 

21 Habiendo David oido este suceso, se afligió 
sobremanera : mas no quiso contristar el ánimo 
de su hijo Amnon ; porque le amaba ' muy parti- 
cularmente por ser su primogénito. 

22 Absalom no habló de esto con Amnon ni en 
bien ni en mal ; á pesar de que le tomó grande 
odio, por haber violado á su hermana Thamar. 

23 Al cabo de dos años acaeció que Absalom 
hacia el esquileo de sus ovejas en Baalhasor que 
está cerca de la ciudad de Ephraim ó Ephrem , y 
convidó Absalom á todos los hijos del rey. 

24 A este fin fue á ver al rey y le dijo : Te 
liago presente que se esquilan las ovejas de tu 
siervo : venga pues , te suplico , el rey con sus 
criados á la casa de su siervo. 

25 Respondió el rey á Absalom : No quieras , 
hijo mió , no quieras pretender que vayamos to- 
dos, pues te seria muy costoso. Y como le hiciese 

se sepa esta infamia ; y porque en los males domésticos el 
silencio es parte del remedio. 

1 Estas palabras : mas no quiso contristar, etc* no se 
leen en el hebreo, ni en el cháldeo, ni en la mayor parte de 
los códices de la traducción griega de los Setenta : tampoco 
las halló en los códices San Gerónimo. La Ley imponia 
pena de muerte á Amnon; y David creyó que podria per- 
turbarse la tranquilidad del reino , publicando el delito , y 
ejecutando el castigo. 



CAPÍTULO Xlll. 199 

nuevas ^instancias , David rehusó siempre ir , y 
echóle su bendición. 

26 jMas Absalom replicó : Ya que tú no quieras 
venir, venga, te suplicó^ con nosotros á lo menos 
mi hermano Amnon. Díjoíe el rey : No hay ne- 
cesidad de que vaya contigo. 

27 Al fin le importunó tanto Absalom, que dejó 
ir con él á Amnon con todos sus hermanos. El 
convite que Absalom tenia dispuesto , era como 
banquete de un rey. 

28 Y habia ordenado y dicho á sus criados : 
Estad alerta ; y cuando Amnon estuviere tomado 
del vino , y os diere yo la señal , heridle entonces 
y matadle : no tenéis que temer ; que yo soy el 
que os lo mando. Corage, y portaos como valientes. 

29 Hicieron pues los criados de Absalom lo que 
este les habia mandado contra Amnon. Con lo que 
levantándose de la mesa todos los hijos del rey, 
montaron cada uno en su muía, y echaron á huir. 

30 Estando todavía en el camino , llegó á oidos 
de David el rumor de queAbsalom habia asesinado 
á todos los hijos del rey , sin quedar ni siquiera 
uno solo. 

31 Levantóse al instante el rey , y rasgó sus 
vestidos , y postróse sobre la tierra : y se rasga- 
ron asimismo los vestidos todos los criados que le 
asistian. 

32 Entonces Jonadab, hijo de Semmaa hermano 
de David , dijo al rey : No se imagine el rey mi 
señor que havan sido asesinados todos los hijos del 



200 LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES. 

rey : solo Amnon es el que ha perecido ; porque 
Absalom tenia jurado perderle desde el dia en que 
violó á Thamar , hermana suya. 

33 No piense pues , ni dé crédito el rey mi se- 
ñor á esa voz que corre de que todos los hijos del 
rey han sido asesinados ; porque solo Aranon es el 
que ha muerto. 

34 Entre tanto se escapó Absalom. Un criado 
que estaba de atalaya , tendiendo la vista vio ve- 
nir mucha gente por un camino extraviado al lado 
del monte. 

35 Dijo entonces Jonadab al rey : Mira allí los 
hijos del rey : conforme lo ha dicho tu siervo, 
así ha sucedido. 

36 Apenas acabó de hablar , cuando se dejaron 
ver también los hijos del rey ; y luego que llega- 
ron , alzaron el grito y echaron á llorar. Desha- 
cíanse asimismo en lágrimas el rey y todos sus 
criados. 

37 Absalom empero huyó y fue á refugiarse 
en casa de Tholomai , hijo de Ammiud , rey de 
Gessur ' . Y David lloraba continuamente á su hijo, 

38 Permaneció Absalom tres años en Gessur, 
después que huyó y se retiró allí. 

39 Al cabo el rey David dejó de perseguir á Ab- 
salom ; por habérsele templado la pena de la muerte 
de Amnon. 

1 Su abuelo materno, ó padre de Maacbá su madre. 



•201 



CAPÍTULO XIV. 

David por la industria de Joab se reconcilia con Absalom. 
Hermosura de esie : sus hijos ; y como alfm logra volver 
á la presencia de su padre David ', 

1 Advirílendo pues Joab, liijo de Sarvia ^, que 
el corazón del rey se inclinaba ya á Absalom, 

2 envió á Thecua , é hizo venir de allí una mu- 
ger sagaz, á la cual dijo : Finge que estás de 
duelo, y ponte un vestido de luto , y no te unjas *, 
á fin de que parezcas ser una mu^er que hace 
muchísimo tiempo que está de duelo por un di- 
funto. 

3 Y te presentarás al rey y le dirás esto y esto. 
y la instruyó Joab en todo lo que habia de decir. 

4 Así pues , presentándose la muger de The- 
cua al rey , postróse en tierra delante deel , y ha- 
ciéndole profunda reverencia , le dijo : Oh rey , 
sálvame. 

5 Díjola el rey : ¿Qué es lo que tienes? ¡ Ay de 
mí ! respondió ella , soy una muger viuda , pues 
se me ha muerto mi marido. 

6 Tenia tu sierva dos hijos , que riñeron entre 
sí en el campo , donde no habla nadie que pudiese 
despartirlos, y el uno hirió al otro, y le mató. 



1 Año 2977 del Mundo : antes de Jesu-Christo 1027. 

2 Hermana de David. 

3 Con óleo ó perfumes. Véase Unción, 

18 



202 LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES. 

7 Y he aquí que ahora toda la parentela conju- 
rándose contra tu sierva, dice : Entréganos el que 
mató á su hermano , para hacerle morir en ven- 
ganza de la sangre de su hermano á quien quitó 
la vida; y acabemos con ese heredero. De esta 
suerte pretenden extinguir la sola centella que me 
habia quedado , para que no reste de mi marido 
nombre ni reliquia sobre la tierra. 

8 Respondió el rey á la muger : Vete á tu casa, 
que yo daré providencia en favor tuyo. 

9 Replicó la muger thecuita al rey : Recaiga 
sobre mí la culpa, oh rey y señor mió, y sobre la 
casa de mi padre ' ; y queden sin ella el rey y su 
trono. 

10 Dijo el rey ; Si alguno se metiere contigo , 
hazle venir delante de mí ; que no se atreverá á 
incomodarte mas. 

1 1 Añadió ella : Por el Señor Dios suyo pido 
al rey que reprima con su autoridad la multitud de 
parientes que quieren vengar con la muerte de 
mi hijo la sangre del difunto , y haga que no le 
maten de manera alguna. Díjola el rey : Vive Dios 
que no caerá en tierra ni un cabello de tu hijo. 

12 Dijo entonces la muger : Permita mi rey y 
señor que esta sierva suya le hable una palabra. 
Habla , respondió el rey. 

13 Dijo pues la muger: ¿Cómo, señor, has 



t En caso de que haya culpa en otorgar el perdón de un 
fratricidio. 



CAPITULO XIV. 203 

pensado tú hacer lo mismo en daño del pueblo de 
Dios? y ¿por qué ha resuelto e! rey hacer ese 
mal , en lugar de hacer volver á su hijo del des- 
tierro ? 

14 Todos nos vamos muriendo , y deslizando 
como el agua derramada por tierra, la cual nunca 
vuelve atrás ' : ni Dios quiere que perezca ningún 
hombre ; antes bien está propenso siempre á re- 
vocar la sentencia , á íin de que no perezca ente- 
ramente el que está abatido. 

15 Por esto pues he venido yo ahora á propo- 
ner á mi rey y señor esta súplica , en presencia 
del pueblo. Porque dijo tu sierva : Hablaré al rey, 
á ver si de algún modo puedo obtener la gracia 
que le pediré. 

16 En efecto el rey me la ha otorgado , libran- 
do á su sierva de las manos de todos aquellos que 
intentaban exterminarnos á mí y á mi hijo de la 
heredad ó pueblo de Dios. 

17 Conque bien podrá suplicar tu esclava que 
la palabra del rey mi señor d favor de mi hijo, se 
cumpla á favor de Absalom^ como un sacrificio acep- 
to cí Dios; porque mi señor el rey es como un án- 
gel de Dios , que no se mueve ni por bendicio- 
nes ó aplausos, ni por maldiciones. De aquí es que 
el señor Dios tuyo está contigo. 



I Ni puede ya recogerse otra vez. Puede también tradu- 
cirse : Todos somos moríales, y desaparecemos de encima 
la tierra, á semejanza de las aguai que, cayendo sobre ella, 
110 vuelven jamas aparecer. 



204 LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES. 

18 A lo que respondiendo el rey, dijo á la mu- 
ger : No me ocultes nada de lo que voy á pre- 
guntarte. Y ella : Hablad, mi rey y señor, 

19 ¿No es verdad , prosiguió el rey, que todo 
lo que me has dicho es cosa dispuesta por Joab ? 
Respondió la muger y dijo : Por vida tuya ( que 
Dios conserve ), oh mi rey y señor, que has dado 
directamente en el blanco ; pues realmente tu 
siervo Joab es el mismo que me lo ha mandado, y 
el que ha puesto en boca de tu sierva todas las pa- 
labras que te ha dicho. 

20 La parábola de que me he valido , quien la 
ha dispuesto, ha sido tu siervo Joab. Mas tú, oh 
rey mi señor , eres sabio como lo es un ángel de 
Dios, para entender todas las cosas del mundo. 

21 Dijo entonces el rey á Joab : Concedo la 
gracia que pides : anda pues y haz volver á mi hi- 
jo Absalom. 

22 Aquí Joab , postrándose en tierra sobre su 
rostro, hizo una profunda reverencia al rey, dióle 
las gracias , y añadió : Oh rey y señor mió , hoy 
ha reconocido tu siervo que ha hallado gracia en 
tus ojos ; pues que has otorgado la súplica que te 
he hecho. 

23 En seguida levantóse Joab, y pasó á Ges&ur, 
de donde se trajo á Absalom á Jerusalem. 

24 Pero el rey habia dicho : Vuelva á su casa; 
mas no comparezca en mi presencia. Volvió pues 
Absalom á su casa ; mas no vio la cara del rey. 

25 No habia en todo Israel hombre tan hermo- 



CAPÍTULO XIV. 205 

SO , ni de tan gallarda presencia como Absalom : 
desde la planta del pie hasta la coronilla de la ca- 
beza , no habia en él el menor defecto. 

26 Cuando se cortaba el cabello ( lo que eje- 
cutaba una vez al año , pues le incomodaba la ca- 
bellera ), pesaban los cabellos de su cabeza , ó se 
apreciaban, en doscientos sidos del peso común '. 

27 Tuvo Absalom tres hijos, y una hija llamada 
Thamar , de extremada hermosura. 

28 Dos años hacia que estaba Absalom en Je- 
rusalem, y no habia visto la cara del rey. 

29 Mandó pues llamar á Joab para enviarle al 
rey, y no quiso venir. Despachándole segundo re- 
cado , y no queriendo venir tampoco , 

30 dijo á sus criados : Ya sabéis el campo de 
Joab , que linda con el mió , donde la cebada está 
para segarse : id y pegadle fuego. Al punto los 
criados de Absalom pusieron fuego á las mieses. Y 
viniendo las criados de Joab , rasgados sus vesti- 
dos, le dijeron: Los criados de Absalom han puesto 
fuego á una parte de tu campo. 

31 Fue pues Joab á casa de Absalom , y le dijo: 
¿ Por qué motivo tus criados han puesto fuego á 
mis mieses? 

32 Respondióle Absalom : Es que yo envié á 
llamarte , rogándote que vinieras , para que di- 
jeses de mi parte al rey : ¿A qué fin he vuelto de 

1 Si se reduce este peso al nuestro viene á ser de unas 

treinta onzas. Véase Sido. Libra. 

* 



206 LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES. 

Gessur? para esto mejor me era estarme allí. 
Alcánzame pues la gracia de que pueda ver la 
cara del rey : que si aun se acuerda de mi delito, 
quíteme la vida. 

33 Entonces Joab presentándose al rey le dio 
cuenta de todo esto : después de lo cual fue lla- 
mado Absalom , qne entró donde el rey estaba , 
y arrojándose á sus pies le adoró ; y el rey besó 
á Absalom. 



CAPITULO XV. 

Absalom, ganado el favor del pueblo, se conjura contra su 
padre David, y se hace proclamar rey en Hebron. Huye 
David de Jerusalem, y hace volver á esta ciudad el Arca 
y los sacerdotes , y á Chüsai para que desbarate con su 
sabiduría los consejos de AchítopheP. 

1 Después de esto Absalom se equipó de carro- 
zas , tomó gentes de á caballo , y cincuenta guar- 
dias que fuesen corriendo delante de él. 

2 Y levantándose de madrugada , se ponia á 
la entrada de la puerta ; y á todos los que tenian 
negocios que tratar , y venian á pedir justicia al 
rey , llamábalos Absalom , y decíales : ¿ De dónde 
eres tú ? Respondíale el hombre : Yo, siervo tuyo, 
soy de tal tribu de Israel. 

3 Y "" Absalom le hablaba así : Tus pretensio- 



1 Año 2980 del Mundo : antes de Jesü-Christo 1024. 

2 Después de haberle hecho explicar el asunto que traía. 



CAPÍTULO XV. 207 

nes me parecen razonables y justas : la lástima es 
que no hay persona puesta por el rey para oírte, 
Y añadía Absalom : 

4 ¡Oh , quién me constituyese juez o gober- 
nador de esta tierra , para que viniesen á mí todos 
los que tienen negocios , y yo les hiciese justi- 
cia ! 

5 Ademas, cuando alguno se acercaba para 
hacerle reverencia , le alargaba la mano , y dán- 
dole un abrazo le besaba. 

6 Esto hacia con todos los de Israel que venían 
á que el rey los oyese y juzgase ; con lo cual ro- 
baba al rey los corazones de los israelitas. 

7 Pero cumplido el año cuadragésimo % dijo 
Absalom al rey David : Permíteme que vaya á 
cumplir en Hebron unos votos que tengo hechos 
al Señor. 

8 Pues cuando tu siervo estaba en Gessur , en 
la Syria , hizo muy de veras este voto á Dios : 
Si el Señor me restituyere á Jerusalem , le ofre- 
ceré un sacrificio ^. 

9 Respondióle el rey David ;Anda enhorabuena. 

I De haber sido ungido David. En machos antiguos ma- 
nuscritos de nuestra Vulgata, y eu Josepho hebreo, Tiieo- 
doreto, y en las versiones syriaca y arábiga en vez de cua- 
renta se lee tuatro : esto es, cuatro años después de haber 
vuelto Absalom á la casa de su padre. 

'2 En Hebron, sepultura de los antiguos Patriarcas, lu- 
gar de mi nacimiento, y en donde rai padre fue ungido y 
proclanjado rey. 



'209 LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES. 

Con esto se puso en camino, y marchó áHebron, 

10 Y despachó Absalom emisarios por todas 
las tribus de Israel , diciendo ; Luego que oigáis 
el sonido de la trompeta , decid : Absalom ha sido 
alzado rey en Hebron. 

11 Fueron también con Absalom doscientos 
hombres de Jerusalem , que habia convidado : los 
cuales le siguieron con sencillez de corazón , sin 
saber nada de sus designios. 

12 Hizo venir asimismo á Achítophel , gilonita, 
consejero de David , de su ciudad de Gilo. Al 
tiempo pues que estaban inmolando las víctimas 
formábase una recia conjuración / e' iba cre- 
ciendo el número de la gente que corria de tropel 
al partido de Absalom. 

13 Llególe pues á David un mensagero , di- 
ciendo : Todo Israel se va con plena voluntad en 
pos de Absalom. 

14 Entonces David dijo á sus criados , que te- 
nia consigo en Jerusalem : Daos priesa , huya- 
mos : de lo contrario vamos á caer en manos de 
Absalom : apresurémonos á salir ; no sea que nos 
sorprenda , y se arroje sobre nosotros , y pase á 
cuchillo la ciudad. 

■ 15 Respondiéronle al rey sus criados : Todo 
cuanto nos ordenare el rey nuestro señor, lo eje- 
cutaremos gustosos tus siervos. 

16 Salió pues el rey con toda su familia á pie j 
y dejó á diez de sus mugeres secundarias , para 
custodia del palacio. 



CAPÍTULO XV. 209 

17 Salido que hubo á pie con todos los israeli- 
tas que le acompañaban, se paró al estar ya lejos 
de su casa : 

18 y todos sus criados iban á su lado. E iban 
delante del rey las legiones de Cerethi y de Phe- 
lethi , y todos los g-etheos, guerreros valientes, que 
en número de seiscientos hombres de á pie le ha- 
blan seguido desde Geth. 

19 Dijo entonces el rey á Ethai , getheo : Para 
¿qué vienes con nosotros? Vuélvete y quédate 
con el mievo rey ; pues tú eres un extrangero, que 
estás fuera de tu patria. 

20 Ayer llegaste á Jerusalem : ¿ y hoy has de 
verte obligado á salir con nosotros ? Yo por mí iré 
á donde hubiere de ir : pero tu vuélvete y llévate 
á tus hermanos los seiscientos getheos. El Señor, que 
es fiel y misericordioso, recompensará el zelo y la 
lealtad con que me has servido. 

21 Pero Ethai le respondió : Vive Dios, y vive 
el rey mi señor que do quiera que tú , oh rey y 
señor mió, estuvieres , ó para morir ó para vivir, 
allí estará tu siervo. 

22 Con esto dijo David á Ethai : Ven pues , y 
pasa el torrente Cedrón. Y pasó Ethai , getheo, con 
todos los que le acompañaban , y la demás gente. 

23 Lloraban todos con grandes sollozos ; y fue 
pasando toda la muchedumbre. Pasó también el 
rey el torrente Cedrón , y encaminóse toda la 
gente por el camino que tira al desierto. 

24 Vino asimismo el Sumo sacerdote Sadoc, 



*210 LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES. 

acompañado de todos los levitas , que llevaban el 
Arca del Testamento de Dios , y la colocaron allí. 
Abiathar se mantuvo jwito á ella , basta que acabó 
de pasar todo el pueblo que salla de U ciudad. 

25 Dijo entonces el rey á Sadoc : Vuelve á 
llevar á la ciudad el Arca de Dios : que si yo ha- 
llare gracia en los ojos del Señor , él me volverá 
aquí, y me dejará ver otra vez su Arca y su Taber- 
náculo. 

26 Que si me dijere : No eres acepto á mis 
ojos ; á su disposición estoy , baga de mí lo que 
fuere de su mayor agrado. 

27 Y añadió el rey al Sumo sacerdote Sadoc : 
Oh veyente % vuélvete en paz á la ciudad con tu 
hijo Acbímaas , y con Jonathás hijo de Abiathar ; 
estén con vosotros esos dos hijos vuestros. 

28 Yo voy á ocultarme en los campos del de- 
sierto , hasta tanto que me enviéis otras noticias 
del estado de las cosas. 

29 Sadoc pues y Abiathar volvieron el Arca 
de Dios á Jerusalem , donde se quedaron. 

30 Entretanto subia David la cuesta de las Oli- 
vas ' , y la subia llorando , caminando á pie des- 
calzo y tapada la cabeza ' : é igualmente subia 
llorando con la cabeza tapada todo el pueblo que 
le acompañaba. 



1 Esto es, ó Profeta, ó Sumo Sacerdote. Véase Profeta. 

2 O el monte Olívete. 

3 Véase Cabeza. 



CAPÍTULO XV. 211 

31 Y recibió aviso David de que Achítophel en- 
traba también en la conjuración de Absalom. Olí 
Señor , exclamó entonces , desconcierta ' , te rue- 
go, los consejos de Achitophel. 

32 Estando ya para llegar David á la cumbre 
del monte desde donde había de adorar al Señor, 
he aquí que se le presentó Chusai , arachita , con 
el vestido rasgado, y la cabeza cubierta de polvo. 

33 Díjole David : Si quieres venir conmigo, me 
servirás de carga ; 

34 pero si te volvieres á la ciudad y dijeres á 
Absalom : Siervo tuyo soy , oh rey : como serví á 
tu padre, así te serviré á tí; entonces podrás des- 
concertar los consejos de Achitophel. 

35 Allí tienes contigo á Sadoc y Abiathar Sii~ 
mos sacerdotes : todo cuanto oyeres decir en la 
casa del rey, se lo comunicarás á ellos. 

36 En su compañía están dos hijos suyos, Achí- 
maas hijo de Sadoc , y Jonathás hijo de Abiathar, 
y por ellos me enviareis á decir todo lo que su- 
piereis. 

37 Chúsai , pues , amigo de David , se volvió á 
Jerusalem : á donde llegó al mismo tiempo que en- 
traba también Absalom. 

1 Entontece. 



212 LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES. 

CAPÍTULO XVI. 

Siba calumnia á su amo Miphiboseth ; y consigue los bienes 
de este. Maldiciones de Semei contra David: y paciencia 
de este jiríncipe. Consejo diabólico que Achílophel da á 
Absalom. 

1 AjDenas hubo David bajado un poco de la 
cima del monte, se dejó ver Siba , criado de Mi- 
phiboseth, que venia á su encuentro con dos asnos 
cargados de doscientos panes y cien hilos de pa- 
sas, y cien panes de higos secos , y un pellejo de 
vino. 

2 Díjole el rey : ¿Para qué todo eso? Los ju- 
mentos, respondió Siba, son para que monte la fa- 
milia del rey : los panes y la fruta para que co- 
man tus criados ; y el vino para que pueda beber 
por el desierto el que desfalleciere. 

3 Preguntó mas el rey : ¿ Dónde está el hijo 
de tu señor? Y Siba respondió : Se ha quedado en 
Jerusalem, diciendo : Hoy me restituirá la casa de 
Israel el reino de mi padre. 

4 Dijo el rey á Siba : Sean tuyas todas las co- 
sas que poseía Miphiboseth. A lo que contestó Si- 
ba : Lo que yo pido, oh mi rey y señor, es el ha- 
llar gracia en tus ojos. 

5 Llegó pues el rey David hasta Bahurim ; y 
he aquí que salía de esta ciudad un hombre de la 
parentela de Saúl , llamado Semei, hijo de Gera ; 
lel cual le seguía de cerca, echándole maldiciones. 



CAPITULO XVI. 213 

6 Y arrojaba piedras contra David y todos sus 
criados , mientras todo el pueblo y todos los guer- 
reros iban en filas al lado derecho y al izquierdo 
del rey. 

7 Estas eran las palabras que decía Semei , 
maldiciendo al rey : Anda, anda, hombre sangui- 
nario, hombre de Belial : 

8 ahora te ha dado el Señor el pago de toda la 
sangre derramada de la casa de Saúl : por cuanto 
tú le usurpaste el reino, el Señor le ha traspasado 
á manos de tu hijo Absalom : mira como te ves 
oprimido de males , por haber sido tú un hombre 
sanguinario. 

9 Entonces Abisai, hijo de Sarvia, dijo al rey : 
¿Y por qué ese perro muerto ha de estar maldi- 
ciendo al rey mi señor ? Iré, y le cortaré la cabeza. 

10 Mas el rey le replicó : ¿Qué tengo yo con 
vosotros, oh hijos de Sarvia? Dejadle maldecir; 
pues el Señor ha dispuesto el permitirle que mal- 
diga á David : ¿y quién osará pedirle razón del por 
qué lo ha dispuesto así ' ? 

11 Dijo también el rey á Abisai y á todos sus 
criados : Vosotros estáis viendo que un hijo mió, 
nacido de mis entrañas , busca cómo quitarme la 

1 Sobre estas palabriís dice San Ambrosio {Lib. I. de 
David c. VI): Oh altísima prudencia, oh pacAencia altísima, 
oh invención grande para devorar las injurias ! Atiende Da- 
vid á la primera causa de sus infortunios, adorando las dis- 
posiciones de la justicia de Dios, y aceptando con huinit» 
dad el castigo. 

ToM. IV. lü 



214 LIBRO SEGUNDO ÜE LOS REYES. 

vida ; ¿ pues qué mucho que me trate así ahora un 
hijo de Jemini ' ? Dejadle que me maldiga , con- 
forme á la permisión del Señor : 

12 quizá el Señor se apiadará de mí, y me vol- 
verá bienes por las maldiciones que en este dia 
recibo. 

13 Así pues David proseguia su camino acom- 
pañado de sus gentes ; pero Semei iba al lado por 
fa loma del monte , maldiciendo y arrojando pie- 
dras contra DavidJ, y esparciendo polvo ^, 

14 En fin el rey y toda su gente llegaron fati- 
gados d Bahurim , donde descansaron. 

15 Entretanto Absalom con los de su partido 
entró en Jerusalem, acompañado también de Achi- 
tophel. 

16 Chúsai , arachíta, amigo de David, fue á pre- 
sentarse á Absalom , diciéndole : Dios te guarde, 
oh rey : oh rey, Dios te guarde. 

17 Respondióle Absalom : ¿ Y esta es la grati- 
tud tuya para con tu amigo? ¿Cómo no has ido á 
acompañar á tu amigo ? 

18 De ningún modo , respondió Chusai : por- 
que yo he de ser de aquel á quien ha elegido el 
Señor , y todo este pueblo , y todo Israel ; y con 
él estaré. 

19 A mas de que, ¿á quién debo servir yo? 



1 Esto es, uno de la farniíia de Saiil. 

2 Tirando puñados de polvo por el aire para denotarle su 
odio y furor. 



CAPITULO XVII. 215 

es al hijo del rey ? Como he obedecido á tu padre, 
de la misma manera te obedeceré también á tí. 

20 Dijo entonces Absalom á Achitophel : Tratad 
entre los dos qué es lo que debemos hacer. 

21 Y dijo Achitophel á Absalom: Abusa de las 
raugeres de tu padre , las cuales dejó para guar- 
dar su palacio : á fin de que sabiendo todo Is- 
rael que has hecho esta afrenta á tu padre , se 
comprometan mas en tu partido '. 

22 Levantaron pues un pabellón para Absa- 
lom en el terrado del palacio ; y á vista de todo Is- 
rael fue á estar con las mug-eres secundarias de 
su padre. 

23 Los consejos que daba Achitophel , eran 
mirados entonces como oráculos del mismo Dios : 
tan estimados eran los consejos de Architophel , 
así cuando estaba al lado de David, como cuando 
estaba con Absalom. 

CAPÍTULO XVII. 

Adiilophel se ahorca, porque Absalom no sigue su consejo 
de perseguir á David sin perder tiempo. 

1 Dijo pues Achitophel á Absalom : Me escogeré 
doce mil hombres , y partiré esta noche á perse- 
guir á David ; 

2 y echándome sobre él mientras estarán todos 

I Viendo que uo te lias de reconciliar ya con él. 



216 LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES. 

cansados y desmayados , le derotaré : y lueg^o 
que huyere toda la gente que tiene consigo , que- 
dará el rey desamparado , y acabaré con él. 

3 Con lo cual conduciré otra vez á toda aquella 
gente , como se hace volver á un hombre solo : 
por cuanto tú no buscas sino una sola persona ; y 
muerta esta , todo el pueblo quedará en paz. 

4 Pareció bien á Absalom y á los Ancianos to- 
dos de Israel este pensamiento <le Achitophel. 

5 No obstante dijo Absalom : Llamad á Chúsai 
de Arachí , y oigamos también su dictamen. 

6" Venido que fue Chúsai á la pi-esencia de Ab- 
salom , díjole este : Tal es el parecer que ha dado 
Achitophel : ¿ debemos seguirle , ó no? ¿ qué con- 
sejo das tú? 

7 Respondió Chúsai á Absalom : Por esta vez 
no me parece bueno el consejo de Achitophel. 

8 Y añadió Chúsai : No ignoras que tu padre y 
la gente que le sigue, son varones muy esforzados, 
y en la actualidad de ánimo exasperado , como una 
osa embravecida en un bosque, cuando le han ro- 
bado sus cachorrillos. Sobre todo , tu padre es un 
hombre aguerrido , y asi no se detendrá con su 
gente. 

9 A estas horas estará tal vez escondido en ca- 
vernas , ú otro lugar que habrá escogido ; y si al 
primer choque cayere alguno de los nuestros^ se 
publicará luego por todas partes que el ejército 
que sigue el partido de Absalom , ha sido derro- 
tado : 



CAPiTLLO XVII. 217 

10 y id oir esto , los mas valientes de tu ejércUo^ 
cuyo corazón es como de leones, desmayarán de 
temor : pues sabe todo el pueblo de Israel que tu 
padre es un varón esforzado, y que es gente vale- 
rosa la que le sigue. 

11 Por donde me parece que será mejor con- 
sejo este : Reúnase contigo todo el pueblo de 
Israel , desde Dan hasta Bersabée , innumerable 
que es como las arenas del mar ; y tú te pondrás 
en medio de todos. 

12 Y nos echaremos sobre David en cualquier 
lugar en que se hallare ; y siendo nosotros tantos , 
le cubriremos ' como el rocío que suele cubrir la 
tierra , no dejando con vida ni uno siquiera de los 
que le siguen. 

13 y si se metiere dentro de alguna ciudad , 
ceñirá todo Israel con maromas aquella ciudad , 
y la arrastraremos hasta el torrente ; de suerte 
que no quede de ella ni una piedrecita ^ . 

14 Dijo entonces Absalom con iodos los Ancia- 
nos de Israel : Mejor es el consejo de Chúsai, ara- 
chita , que el de Achitophel. Así por disposición 
del Señor fue disipado el consejo de Achitophel, 
que era para ellos el mas acertado ; porque el 
Señor queria descargar todo el mal sobre Absalom, 

[ Le abrumaremos con tanto número de gente^ echando- 
nos de golpe sobre todo su ejército. 

2 Hypérbole es esta de un militar orgulloso, y propia dtl 
estilo oriental. Véase Torrente. Semejante figura se lee /í. 

yn.i.4.-xxxviv. 6. 



218 LIBRO SEGUNDO DE LOS RETES. 

15 En seguida dijo Chúsai á los Síimos sacer- 
dotes Sadoc y Abiathar : Esto y esto ha acon- 
sejado Acliitophel á Absalom y á los Ancianos 
de Israel ; y yo le he aconsejado esto otro. 

16 Ahora pues enviad cuanto antes á decir á 
David : No pares esta noche en las campiñas del 
desierto; antes bien pasa sin dilación á la otra 
parte del Jordán, No suceda que sea arrollado el 
rey con toda su gente. 

17 Entretanto Jonathás y Achimaas estaban d la 
?«/ríi junto á la fuente de Rogel. Fue allí una cria- 
da , y dlóles el aviso , y marcharon á llevar al rey 
la noticia; pues ellos no podian entrar en la ciu- 
dad, por no ser vistos. 

18 Con todo, los vio un muchacho, y los delató 
á Absalom : mas ellos á toda priesa se metieron 
en casa de cierto vecino de Bahurim , el cual te- 
nia un pozo en su patio , y se escondieron en él. 

19 La muger de la casa tomó una cubierta, y la 
extendió sobre la boca del pozo , como para secar 
cebada mondada ; y así quedó oculta la cosa. 

20 Y habiendo llegado los criados de Absalom 
ala casa, preguntaron ala muger : ¿Dónde están 
Achimaas y Jonathás ? Respondióles : Pasaron de 
corrida sin hacer mas que beber un poco de agua. 
Con eso los que los buscaban, no encontrándolos, 
se volvieron á Jerusalem. 

21 Así que se fueron , subieron los otros del 
pozo , y prosiguiendo su camino dieron el aviso al 
rey David, diciendo : Levantad el campo, y pasad 



CAPÍTULO xvir. 21^ 

[prontamente el rio ; pues esto y esto ha aconsejado 
Achítophel contra vosotros. 

22 Marchó pues David con toda su gente , y 
pasó el Jordán antes de ancianecer, sin que quedase 
á la otra parte ni siquiera uno. 

23 Mientras tanto Acbitophel , viendo que no se 
habia seguido su consejo , aparejó su asno, montó, 
y se fue á su casa de Gilo , su patria ; y dispuestos 
los negocios de su familia , se ahorcó : y fue se- 
pultado en el sepulcro de su padre. 

24 David llegó á los campamentos * ; y Absa- 
lom pasó desipiies el Jordán seguido de todo Israel. 

25 Dio Absalom el mando de su ejército á Ama- 
sa, en lugar de Joab, que seyuia el partido de David. 
Era Amasa hijo de un varón natural de Jezrael, 
llamado Jetra , el cual habia casado con Abigail, 
hija de Naas, padre de David ', y hermana de Sar- 
via, madre de Joab. 

26 Acampó Israel con Absalom en tierra de Ga- 
la ad. 

27 Luego que David llegó á los Campamentos, 
Sobi, hijo de Naas, de Rabbath, ciudad de los am- 
monitas. y Machir hijo de Ammihel, de la ciudad 
de Lodabar, y Berzellai de Rogelim en Galaad, 

28 le ofrecieron camas , y alfombras , y vasijas 
de barro, y trigo, y cebada, y harina, y polenta, y 
habas, y lentejas , y garbanzos tostados, 

1 Fsto es, á la fortaleza de Mahanaim. 

2 jSaas y Isaí parece que son una misma persona, 1. 
Par. II. V. 13. 



220 LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES. 

29 y miel , y manteca de vacas ; ovejas y ter- 
neros gordos ; y lo dieron todo á David y á la gente 
que le acompañaba , para que comiesen ; persua- 
didos de que estañan todos acosados de la hambre 
y de la sed, hallándose en un desierto. 

CAPITULO XVIII. 

Derrota del ejército de Absalom : muerte desgraciada de 
estej y llanto que 'por ella hace David ' . 

1 David pues habiendo pasado revista á su gen- 
te, eligió tribunos y centuriones que la mandasen. 

2 y dio á Joab el mando de un tercio del ejér- 
cito : el del segundo tercio á Abisai , hijo de 
Sarvia y hermano de Joab ; y el del otro tercio á 
Ethai, natural de Geth. Dijo después el rey ásus 
tropas : Yo quiero salir también con vosotros al 
combate, 

3 Respondiéronle : No debes venir de ningún 
modo ; pues aun cuando los enemigos nos hagan 
huir , no habrán logrado gran cosa ; ni aunque 
muera la mitad de nosotros , no quedarán muy 
satisfechos; porque tú solo vales por diez mil. 
Así, mejor es que te quedes en la ciudad para po- 
der socorrernos. 

4 Díjoles el rey : Haré lo que bien os pareciere. 
Y púsose en la puerta de la ciudad ^, mientras iba 

1 Año 2985 del Mundo: antes de Jesu-Christo 1019, 

2 O fortaleza de Mahanaim. 



CAPITULO XVITI. 221 

desfilando el ejército en cuerpos de á ciento , y de 
á mil hombres. 

5 Entonces dio á Joab , á Abisai, y á Ethai esta 
orden : Conservadme á mi hijo Absalora. Y oyó 
todo el ejército que el rey recomendaba á todos 
los caudillos que conservasen á Absalom. 

6 Salió en fin el ejército á pelear contra Israel, 
y dióse la batalla en el bosque de Ephraim i 

7 donde fue derrotado el ejército de Israel por 
las tropas de David. La mortandad fue grande : 
quedaron allí tendidos veinte mil hombres ; 

8 y los restantes se dispersaron por todo aquel 
pais : y fueron muchos mas los que perecieron 
huyendo por el bosque, que los que murieron á íilo 
de espada en aquel dia. 

9 Y sucedió que hwjendo Absalom montado en 
Un mulo , se encontró con la gente de David ; y 
como se metiese el mulo debajo de una frondosa 
y grande encina, se le enredó á Absalom la cabeza 
en dicho árbol, y pasando adelante el mulo en que 
iba montado, quedó él colgado en el aire entre el 
cielo y la tierra. 

10 Violo uno y avisó á Joab , diciendo : He 
visto á Absalom colofado de una encina '. 

11 Respondió Joab al hombre que le dábala 
noticia : Si le viste , ¿ por qué no le has cosido 
con la tierra á puñaladas, y te habria yo dado diez 



1 Contribuiria tal vez su misma gran cabellera á que no 
pudiese desenredarse fácilmente. Cap. XIV. v. 26. 



222 LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES. 

sidos de plata, y honrddote con un tahalí ' ? 

12 Pero él replicó á Joab : Aunque pusieras en 
mis manos mil monedas de plata, no extenderla 
yo mi mano contra el hijo del rey ; pues que , 
oyéndolo nosotros, te mandó el rey á tí , y á Abi - 
sai , y á Ethai , diciendo : Conservadme á mi hijo 
Absalom. 

13 Y aun cuando me hubiera arrojado á hacer 
una acción tan temeraraia , no se hubiera podido 
ocultar esto al rey j ¿ y me habrías tú entonces de- 
fendido ? 

14 Dijo Joab : No será lo que dices : yo mismo 
le he de atravesar á tu vista. Cog-ió pues tres dar- 
dos, ó rejones^ en su mano, y clavólos en el corazón 
de Absalom ; y como todavía palpitase colgado de 
la encina, 

15 acudieron corriendo diez jóvenes escuderos 
de Joab, y le acabaron de matar á cuchilladas. 

16 Al punto Joab hizo tocar la trompeta, y con- 
tuvo al ejército para que no persiguiese á Israel 
que iba huyendo ; queriendo perdonar á la muche- 
dumbre. 

17 A Absalom le descolgaron , y echáronle en 
una grande hoya en el bosque, formando sobre él 
un elevadísimo montón de piedras : mientras tanto 
todo Israel huyo cada uno á su casa. 

18 Absalom , cuando aun vivia ' , se habia eri- 



1 O cíügulo militar. 

2 Habieado perdido todos sus hijos. 



CAPÍTULO XVIII. 223 

gido un monumento que se conserva en el Valle 
del rey. Porque decía : Ya que no tengo hijos, 
esto servirá para memoria de mi nombre. Dio pues 
su nombre á este monumento, el cual se llama aun 
hasta hoy dia : La mano de Absalom '. 

19 Dijo en seguida Achímaas , hijo de Sadoc : 
Iré corriendo á dar la nueva al rey de que el Se- 
ñor le ha veiigado y le ha hecho justicia contra sus 
enemigos. 

20 Respondióle Joab : No serás tú el mensagero 
en esta ocasión , sino en otra : hoy no quiero que 
vayas tú á llevar las noticias ; pues ha muerto el 
hijo del rey. 

21 Y así dijo Joab á Chusi : Ve tú y refiere al 
rey lo que has visto. Chúsi hizo una profunda re- 
verencia á Joab, y echó á correr. 

22 Instó Achimaas, hijo de Sadoc, nuevamente á 
Joab, diciendo : ¿ Qué inconveniente hay en que 
yo vaya corriendo tras de Chúsi? Respondióle 
Joab : ¿ Para qué quieres ir á correr , hijo mió ? 
Serás el portador de una mala noticia. 

23 ¿ Qué importa, replicó, que yo corra? Anda 
pues, dijo Joab. Con esto Achimaas, corriendo por 
un atajo , se adelantó á Chúsi. 

24 Estaba á la sazón David sentado éntrelas dos 
puertas de la ciudad, Y el centinela apostado en- 
cima de la puerta sobre la muralla , tendiendo la 
vista , vio un hombre solo que venia corriendo : 



1 Esto es : La obra que hi^o Absalom, 



224 LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES. 

25 y dio voces j se lo avisó al rey ; el cual 
tlijo : Si viene solo, trae buenas nuevas. Y mien- 
tras él apretaba el paso, y se acercaba mas, 

26 vio el centinela otro hombre que venia cor- 
riendo ; y gritando desde lo alto, dijo : Me parece 
divisar á otro hombre que viene corriendo solo. 
Dijo el rey : También ese trae buenas nuevas. 

27 Añadió el atalaya : El modo de correr del 
primero me hace pensar que es Achímaas , hijo 
de Sadoc. E.se es un buen sugeto, dijo el rey : sm 
duda que trae buenas noticias. 

28 En esto Achimaas gritando de lejos , dijo al 
rey : Señor , Dios te guarde. Y postrándose en 
tierra delante del rey, haciéndole profundo acata- 
miento , dijo : Bendito sea el Señor Dios tuyo 
que ha entregado en tus manos á los que se habían 
sublevado contra el rey mi señor. 

29 Y dijo el rey : ¿Está vivo y sano mi hijo 
Absalom ? Respondióle Achimaas : Cuando Joab tu 
siervo me envió á tí , oh rey , vi que se habia le- 
vantado un gran tumulto : no sé otra cosa. 

30 Díjole el rey : Pasa y ponte aquí ; y apenas 
se apartó, y se puso en su sitio , 

31 compareció Chúsi , y al llegar dijo : Albri- 
cias , rey y señor mió : porque el Señor ha sen- 
tenciado hoy á tu favor contra el poder de todos 
los que se rebelaron contra tí. 

32 Mas el rey preguntó á Chúsi : ¿Está vivo y 
sano mi hijo Absalom? Respondióle Chúsi : Ten- 
gan la suerte de ese joven los enemigos del rey 



CAPÍTULO X!\'. 225 

mi señor , y cuantos se levantaren contra él para 
dañarle. 

33 Entonces el rey lleno de tristeza , subióse á 
la torre ó cuarto que estaba sobre la puerta, y echó 
á llorar, diciendo mientras subia : ¡ Hijo mió Ab- 
salom ! ¡ Absalom , hijo mió! ¡Quién me diera, 
Absalom hijo mió, que yo muriera por tí ! ¡Oh 
hijo mió Absalom ! 



CAPÍTULO XIX. 



Varios sucesos después de la victoria. Cesa David de llorar 
á Absalom: reconciliase con los conjurados , y vuelve á 
Jenisalem : perdona á Semei: restituye la mitad de los 
bienes á Miphiboseth : despide á Berzellai , reteniendo 
consigo á Chdmaam : contienda de Israel con Jada en 
favor de David. 

1 Y avisaron á Joab que el rey estaba llorando, 
y que hacia duelo por su hijo : 

2 con lo que la victoria en aquel dia convirtióse 
en luto para todo el ejército ; pues la gente oyó 
decir aquel dia : El rey está traspasado de dolor 
por causa de su hijo. 

3 Y así las tropas se abstuvieron de hacer su 
entrada en la ciudad ; como suele abstenerse un 
ejército derrotado que viene huyendo de una ba- 
talla, 

4 El rey cubrió su cabeza ', y exclamaba en alta 

1 Seguí) se usaba en los h.tos. Vcase Caheza. 

20 



226 LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES. 

VOZ : j Hijo mío Absalom ! ¡ Absalom hijo mío ! 
¡ Hijo mío ! 

5 Mas Joab entrando en la casa donde el rey 
estaba, díjole ' : Tú has cubierto hoy de confusión 
los rostros de todos tus siervos , que han salvado 
tu vida y la vida de tus hijos é hijas , y la vida de 
tus esposas ó reinas , y la de tus demás mugeres 
secundarias. 

6 Amas á los que te aborrecen , y aborreces á 
los que te aman ; y hoy has mostrado que nada se 
te da de tus capitanes , ni de tus soldados : y ver- 
daderamente acabo de conocer ahora que si Absa- 
lom viviese y todos nosotros hubiésemos perecido, 
entonces estarlas contento. 

7 Ahora pues ven y sal á fuera, habla á tus sol- 
dados y manifiéstales que estás satisfecho de ellos : 
porque yo te juro por el Señor, que si tú no sales, 
ni un hombre solo ha de quedar contigo esta no- 
che ; y te hallarás en un peligro el mayor de cuan- 
tos has tenido desde tu juventud hasta el dia de hoy. 
* 8 Con esto salló el rey y se sentó á la puerta 

de la ciudad; y sabiendo el pueblo que el rey es- 
taba allí , vino toda la gente á presentarse delante 
de él. Entretanto los de Israel huyeron á sus tiendas. 
9 Ademas todo el pueblo esparcido por todas 
las tribus de Israel , á competencia decía : El rey 
nos libró del poder de nuestros enemigos , él nos 
salvó de las manos de los philistheos ; y ahora ha 

— ■■ - ' ' ■ — ' ' ■ ' ■ ■■■- ■ — .....-.■■.■■ ... I. I . I. ■ — .^ 

1 Con su acostumbrada altanería. 



CAPÍTULO XIX. 227 

tenido que huir de esta tierra por causa de Absa- 
lom. 

10 Y pues que Absalom, á quien ungimos por 
nuestro rey, ha muerto en la batalla : ¿qué es lo 
que esperáis ? ¿por qué no hacéis volver al rey ? 

11 Advertido el rey David de esta buena dis- 
posición de todo Israel á su favor, envió á decir á 
los sacerdotes Sadoc y Abiathar : Hablad á los An- 
cianos de Judá y decidles : ¿Cómo sois los últimos 
en procurar que el rey vuelva á su casa ? 

12 Vosotros sois hermanos mios : sois carne y 
sangre mia : ¿por qué pues sois los postreros en 
hacer volver al rey ? 

13 Decid también de mi parte á Amasa : Por 
ventura ¿no eres tú carne y sangre mia ' ? No me 
haga el Señor ningún bien , y sí mucho mal, si no 
te hiciere general perpetuo de mis tropas, en vez 
de Joab ^. 

14 De esta suerte ganó el corazón de todos los 
varones de Judá , como si fuesen un solo hombre, 
y unárdmemente enviaron á decir al rey : Vuelve 
con todos los tuyos. 

15 Volvió pues el rey, y vino hasta el Jordán ; 
y todo Judá fue hasta Gálgala para recibir al rey, 
y hacer que pasase el Jordán. 

16 También Semei , hijo de Gera , de la tribu 

1 Amasa era hijo de su hermana Abigail. 

2 Quiso David humillar la arrogancia de Joab, y casti- 
garle por la muerte de Absalom. Amasa había sido general 
de las tropas de Absalom, cap. XVII v. 25. 



228 LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES. 

de Benjamín , natural de Bahurim , acudió á toda 
priesa , y vino con los de la tribu de Judá á en- 
contrar al rey David, 

17 con mil hombres de Benjamín , é iba con 
ellos Siba , criado de la casa de Saúl , con sus 
quince hijos y veinte siervos. Y rompiendo por el 
Jordán jjarct ponerse delante del rey , 

18 atravesaron el vado , á fin de hacer pasar la 
familia del rey , y ponerse á sus órdenes. Luego 
que el rey hubo pasado el Jordán, Semei, hijo de 
Gera , postrándose á sus pies , 

19 le dijo : No quieras castigar, señor, mi 
maldad, ni te acuerdes de las injurias recibidas de 
tu siervo en el dia que saliste, oh rey y señor mío, 
de Jerusalera , y no las conserves , oh rey , en tu 
corazón ; 

20 porque reconozco yo, tu siervo , el crimen 
que cometí, y por eso he venido hoy el primero 
de toda la casa de Joseph ' á recibir al rey mi 
señor. 

21 A lo que respondiendo Abisai , hijo de Sar- 
via, dijo : ¿Cómo? ¿y por estas palabras se ha 
de escapar de la muerte Semei , habiendo mal- 
decido al Ungido del Señor ? 

22 Mas David dijo : ¿Qué tengo yo que hacer 
con vosotros , oh hijos de Sarvia ~1 ¿Por qué ha- 
céis hoy conmigo el oficio de diablos ó tentadores'^ 

1 O de las diez tribus de Israel. 

2 ¿Qué tenéis vosotros que mezclaros en estos asuntos? 



CAPITULO XIX. 229 

¿Es hoy día de hacer morir á un hijo de Israel? 
,; Puedo acaso olvidar que en este dia he sido he- 
cho nuevamente rey de Israel ? 

23 Y así dijo á Semei : No morirás : y se lo 
juró. 

24 También Miphiboseth, hijo de Saúl, descen- 
dió al encuentro del rey , y en señal de dolor no 
se habia lavado los pies , ni hecho la barba ' , ni 
mudado sus vestidos , desde el dia que salió el 
rey de Jerusalem, hasta que regresó felizmente. 

25 Presentóse pues al rey en Jerusalem ; y 
díjole el rey : ¿Por qué no fuiste conmigo Mi- 
phiboseth? 

26 El cual respondió : ¡Ah! mi criado, oh rey 
y señor mió, se burló de mí : pues estando como 
estoy impedido de las piernas, le habia dicho que 
me aparejase un asno para montar y seguirte ; 

27 y sobre no hacerlo, fue á calumniarme á mí, 
siervo tuyo , delante de tí que eres mi rey y se- 
ñor : mas tú, oh señor y rey mió , tú eres como 
un ángel de Dios ^ : haz lo que fuere de tu a- 
ffrado. 

28 Porque la casa de mi padre no ha merecido 
del rey mi señor , sino la muerte ; y con todo me 
colocaste á mí, siervo tuyo, entre los que comen 



1 Los hebreos, y otros orieutales, se raíanla barba sobre 
el labio superior, y en las mejillas, dejando crecer el pelo 
en el mentó, y bástalas orejas. Véase Cabello. 

2 Lleno de luz y justicia. 



230 LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES. 

en tu mesa : ¿ de qué pues puedo yo quejarme 
justamente? O ¿cómo podré todavía reclamar na- 
da del rey? 

29 Mas el rey le dijo : ¿Para qué te cansas en 
hablar mas? Ya te tengo dicho que tú y Siba os 
repartáis las posesiones '. 

30 Sobre lo cual respondió Miphiboseth al rey : 
Tómelo todo si quiere, puesto que el rey mi se- 
ñor ha vuelto felizmente á su nasa, 

31 Asimismo Berzellai de Galaad , saliendo de 
Rogelim, acompañó al rey en el paso del Jordán, 
dispuesto á seguirle aun á la otra parte del rio. 

32 Era este Berzellai, galaadita, muy anciano, 
es á saber de ochenta años ; y el mismo que pro- 
veyó de víveres al rey mientras moraba en los 
Campamentos, ó en Blanahaim^ porque era hombre 
riquísimo. 

33 Díjole pues el rey : Vente conmigo para 
que descauses y vivas felizmente en mi compañía 
en Jerusalem. 

34 A lo que respondió Berzellai al rey : ¿Y 
estoy yo en edad ahora de ir con el rey á Jeru- 
salem ? 

35 Ochenta años tengo en el día : ¿acaso tienen 

1 Da\id lio quiso entrar en mas examen sobre la ca- 
lumnia contra Miphiboseth que quizá habia creído ligero; 
y así partió la diferencia. Según el texto hebreo puede en- 
tenderse que la propiedad de los bienes quedó por entero 
para Miphiboseth , y que soiameníe se partió el usufructo. 
Vcase San Gregorio Magno, Dialog. lib. 1. c. 41. 



CAPÍTULO XIX. 231 

vigor mis sentidos para discernir entre lo dulce 
y lo amargo? ¿O puede deleitar á tu siervo la 
comida y bebida? ¿ O está ya para oir la voz de 
los cantores y cantoras? ¿A qué fin tu siervo 
lia de servir de carga al rey mi señor ? 

36 Te acompañará tu siervo un poco mas allá 
del Jordán. Por lo demás, no necesito de esa re- 
compensa ó mudanza de vida : 

37 y suplicóte que dejes volver á este tu siervo 
á morir en su patria, y á que sea sepultado junto 
á su padre y su madre. Aquí tienes á mi hijo Chá- 
maam tu siervo : este puede ir contigo , mi rey y 
señor ; y baz con él lo que bien te parezca. 

38 Respondióle el rey : Venga pues conmigo 
Chámaara : yo baré por él todo lo que quisieres ; 
y cuanto tú me pidieres, te será concedido. 

39 Finalmente babiendo pasado el rey el Jor- 
dán con toda la gente , besó á Berzellai , le llenó 
de bendiciones ; y volvióse Berzellai á su casa. 

40 El rey marcbó á Gálgala , llevando á Chá- 
maam en su compañía. Cuando pasó el rey el 
Jordán le acompañaba toda la tribu de Judá , y 
solamente se babia bailado allí la mitad del pue- 
blo de Israel ' ; 

41 y así todos los de Israel acudiendo juntos 
al rey, le dijeron : ¿Por qué razón nuestros ber- 
manos los de Judá se lian apoderado de tí , ba- 



1 O de las tropas de las diez tribus. 



2*32 LIBRO SEGUIDO DE LOS REYES. 

ciendo pasar el Jordán á nuestro rey > y íi su fa- 
milia , y á toda su comitiva ? 

42 Es, respondieron todos los de Judá á los de 
Israel, porque el rey nos pertenece mas de cerca 
que á vosotros. Pero ¿y por qué os habéis de 
enojar por eso? Por ventura ¿hemos comido <á 
expensas del rey , ó recibido de él algunos re- 
galos ? 

43 Replicaron los de Israel á los de Judá , 
diciendo : Diez veces valemos mas que vosotros 
para con el rey, y David, como rey^ mas nos per- 
tenece k nosotros, que á vosotros. ¿Por qué nos 
habéis hecho este agravio , y no se nos avisó á 
nosotros primero, para que fuésemos y trajésemos 
nuestro rey ? Pero los de Judá respondieron con 
mucha aspereza y tesón á los de Israel. 

CAPÍTULO XX. 

Sedición de Seba contra el rey David, apaciguada con la 
muerte del rebelde ; en cuyo intermedio Joab asesina ale- 
vosamente á Amasa. 

1 Aconteció que se hallaba allí un hombre mal^ 
vado , un hijo de Belial , llamado Seba , hijo de 
Bochri , de la tribu de Benjamin , el cual tocó la 
la trompeta, diciendo: Nada tenemos quehacer 
con David , ni que esperar cosa alguna del hijo de 
Isaí : vuélvete , Israel , á tu casa, 

2 Y separóse todo Israel de David , siguiendo 
á Seba hijo de Bochri. Mas los de la tribu de Judá 



CAPÍTULO XX. 233 

fueron acompañando á. su rey desde el Jordán hasta 
Jerusalem; 

3 y así que hubo llegado el rey á su casa en 
Jerusalem , tomó las diez raugeres secundarias 
que habia dejado para guardar el palacio , y pú- 
solas en clausura , dándoles alimentos ; pero no se 
llegó mas á ellas, sino que estuvieron encerradas 
hasta el dia que murieron , viviendo como viudas. 

4 Dijo después el rey á Amasa : Convócame á 
todos los soldados de Judá para dentro de tres dias, 
y te presentarás tú con ellos. 

5 Fue pues Amasa á convocar á la gente de 
Judá, y detúvose mas del plazo que el rey le habia 
señalado. 

6 Por lo que dijo David á Abisai : Ahora nos ha 
de dar mas que hacer Seba, hijo de Bochri, que 
Absalom: toma los soldados de tu señor, y corre 
tras él: no sea que se apodere de alguna de las 
ciudades fuertes , y se nos escnpe de las manos. 

7 Salieron pues con él las tropas de Joab , y 
los ceretheos y los pheletheos ; y todos los va- 
lientes partieron de Jerusalem en persecución de 
Seba , hijo de Bochri. 

8 Y estando ya junto á la gran peña de Ga- 
baon , salió Amasa á encontrarlos. Estaba Joab 
vestido de una túnica estrecha , ajustada á la me- 
dida de su talle , llevando sobre ella ceñida su 
daga pendiente con su vaina hasta la ingle , fa- 
bricada con tal arte , que á un ligero movimiento 
podia sahrse fuera , y darse el golpe. 



234 LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES. 

9 Dijo pues Joab á Amasa : Dios te guarde, 
hermano mió : ^y con la mano derecha asió la bar- 
billa de Amasa en ademan de besarle. 

10 Y no habiendo hecho Amasa ningún reparo 
en la daga ó cuchillo que tenia Joab , le hirió este 
en el costado , y derramó por tierra sus entrañas, 
y sin repetir el golpe le dejó allí muerto. Luego 
Joab y Abisal su hermano continuaron en segui- 
miento de Seba^ hijo de Bochri. 

11 Algunos soldados de las tropas de Joab , pa- 
rándose junto al cadáver de Amasa , dijeron : 
Mirad el que quiso ser compañero o general de 
David en lugar de Joab. 

12 Entretanto Amasa revolcado en su sangre 
yacia tendido en medio del camino. Advirtió uno 
que toda la gente se paraba á verle ; y apartó el 
cadáver de Amasa del camino á un campo , y cu- 
brióle con una ropa, para que los que pasasen, no 
se detuviesen por su causa. 

13 Retirado ya del camino , pasaba adelante to- 
da la tropa que iba con Joab, para seguir el al- 
cance de Seba hijo de Bochri. 

14 Entretanto este habia atrevesado por todas 
las tribus de Israel hasta Abela y Bethmaachá ; 
Y habia reunido á su lado lo mas escondido del 
ejército de Israel, 

15 Llegaron pues y pusieron sitio á Abela y 
Bethmaachá , cercando la ciudad con trincheras, 
y quedó la plaza sitiada , y toda la gente de Joab 
se esforzaba para batir el muro. 



CAPÍTULO XX. 235 

16 Entonces una muger muy sabia de aquella 
ciudad dio voces , diciendo : Oid , escuchad : de- 
cid á Joab que se acerque , para que pueda yo 
hablarle. 

17 Acercóse Joab, y la muger le dijo : ¿Eres 
tú Joab ? Yo soy, le respondió. Oye , le dijo ella, 
las palabras de tu sierva. Ya te escucho , con- 
testó Joab. 

18 Antiguamente , prosiguió la muger, se decia 
por proverbio : Los que buscan consejo , bús- 
quenle en Abela : y de este modo lograban su 
designio '. 

19 ¿No soy yo la que doy respuestas verda- 
deras y justas á Israel ? ¿ Y tú ^ quieres arruinar 
una ciudad , y asolar una metrópoli en Israel ? 
¿ Por qué destruyes la herencia del Señor ? 

20 Respondiendo Joab, dijo : No j lejos de mí 
una tal cosa : no vengo yo para arruinar ni aso- 
lar. 

21 No es esa mi intención, sino que busco á na 
hombre del monte de Ephraim , llamado Seba , 
hijo de Bochri , que se ha rebelado contra el rey 
David : entregadnos ese hombre solo , y nos reti- 
raremos al instante de la ciudad. Dijo entonces la 
muffer á Joab : Pues ahora mismo te echarán su 
cabeza por el muro. 

1 Ld ciudad de Abela seria célebre por la instrucción ó 
natural talento y buena índole de sus moradores, entre los 
cuales se distinguiría esta muger. 

2 Sin hacernos antes ninguna proposición. 



•236 LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES. 

22 Con efecto se presentó la muger donde es- 
taba todo el pueblo ; y les habló con tanta cordu- 
ra , que cortando ellos la cabeza á Seba, hijo de 
Bociiri , se la arrojaron á Joab : el cual tocó la 
retirada , y regresaron las tropas cada cual á su 
casa. Joab volvióse á Jerusalem, cerca del rey. 

23 De este modo quedó Joab con el mando en 
gefeáe todo el ejército de Israel : siendo Banaias , 
hijo de Joia(ia , capitán de los ceretheos y phe- 
letheos ; 

24 y Aduram , superintendente de las rentas : 
Josaphat , hijo de Ahilud , secretario ó coro- 
nista» 

25 Siva escribano ; y Sadoc y Abiathar Sumos 
sacerdotes. 

26 É Ira de Jair era sacerdote de David ', 

CAPITULO XXI. 

Causa y remedio de una grande hambre que sufrió Israel 
en tiempo de David. Guerras de este contra los philistheos. 

1 Hubo también hambre en tiempo de David 
por tres años continuos ; sobre lo cual consultó 
David el oráculo del Señor ^. Y respondióle el 
Señor : Esto sucede por causa de Saúl y de su 
casa sanguinaria; porque mató él á los gabao- 
nitas. 

1 O quizá su privado y confidente. Véase Sacerdote. 
. 2 Por medio del sacerdote Abiathar. 



CAPITULO XXI. 237 

2 Llamando pues el rey á los gabaonitas, habló 
con ellos. Es de saber que los gabaonitas no eran 
de los hijos de Israel, sino un resto de los amor- 
rheos; y los israelitas les habían jurado que no les 
quitarían la vida ' : mas Saúl quiso acabar con 
ellos so color de zelo por el bien de los hijos de 
Israel y de Judá. 

3 Dijo pues David á los g-abaonltas : ¿Qué que- 
réis que yo haga por vosotros? ¿y qué satisfacción 
puede dárseos , á fin de que rogueis por la he- 
rencia del Señor ? 

4 Respondiéronle los gabaonitas : No es nues- 
tra querella sobre plata ni oro, sino contra Saúl y 
su casa : ni pretendemos que muera ningún hom- 
bre de Israel. A los cuales replicó el rey : Pues 
¿qué queréis que haga por vosotros? 

5 Respondieron ellos : Al hombre que nos opri- 
mió y asoló tan inicuamente, debemos aniquilarle 
de tal suerte que ni uno siquiera quede de su li- 
nage en todos los términos de Israel. 

6 Dénsenos al menos siete de sus hijos, para que 
los crucifiquemos á honra del Señor , en Gabáa , 
patria de Saúl, que fue en otro tiempo el escogido 
del Señor. Dijo el rey : Yo os los daré. 

7 Bien que perdonó el rey á Miphiboseth, hijo 
de Jonathás, y nieto de Saúl, en atención á la sa- 
grada alianza que se hablan jurado mutuamente 
David y Jonathás, hijo de Saúl. 



1 Jos. IX. V. 15. 

23 



áSS LIBRO SEGUNDO DE LOS UEYES. 

8 Cogió pues el rey dos hijos de Uespha, hija 
de Aya , que los habia tenido de Saúl , llamados 
Armoniy Miphiboseth, y cinco hijos de Michol ', 
hija de Saúl, habidos de Hadriel, hijo de Berzellai, 
natural de Molathi ^ ; 

9 y entrególos en manos de los gabaonitas % que 

1 Es muy probable, y parece cierto , que la voz Michól 
está escrita por Merob ; atendido que los cinco hijos que 
aquí se dicen de Hadriel , este los hubo, no en Michól, 
(que ni estuvo casada con él, ni tuvo hijos en su vida, como 
se dice en el v. 23. c. VI. de este libro) , sino en Merob , 
sil esposa, hija mayor de Saúl; y por esta razón fiierou 
entregados á los gabaonitas. Ni se puede sostener, ennue.s- 
tra opinión , la que dice que estos cinco hijos fueron adop- 
tados por Michól : porque , de una parte no se halla razón 
plausible, motivo, ni aun indicio en la Escritura, y Tradi- 
ción , para probar que Michól adoptó los cinco hijos de 
Hadriel : y por otra, aun cuando los hubiera adoptado, no 
concluiría la prueba del pasage, ni la razón que tuvo David 
para entregarlos á los gabaonitas; á saber, porque eran 
del linage de Saúl ; pues que ni lo era su padre Hadriel , 
ni la adopción de Michól podia hacer que los adoptados por 
ella fuesen de la estirpe de su padre. Finalmente, es de 
observar que el verbo femenino Hl 7^> de que usa el he- 
breo , correspondiente , al verbo genuerat de la Vulgata, 
sigTiifica propiamente parir ; materialmente , cuando se 
hablada mugeres , y engendrar, cuando se habla de varo- 
nes. Observación que demuestra que el principio de la ac- 
ción del verbo genuerat de la Vulgata, es Merob, y de nm- 
gun modo Michól. Véase Anión, de Neb. Quinq. c. 30. 

2 Por Merob, muger de Hadriel. y hermana de Michól. 
/ Reg. XVIil. V. 19. 

8 Los crucificaron como víctimas de expiación para apla- 
car la imiignacion divina. La expresión coram Domino sig- 



CAPÍTULO XXI. 239 

los crucificaron en un monte delante tlel Señor : 
así perecieron juntos estos siete varones, mnertos 
en los primeros dias de la siega, cuando comen- 
zaban á segar las cebadas. 

10 Pero Respha, bija de Aya, tomando un naco 
f/e cilicio ', extendióle ásus pies sobre una piedra, 
y se estuvo allí desde el principio de la siega basta 
que cayó sobre los cadáveres lluvia del cielo, im- 
pidiendo (|ue los devorasen de dia las aves del cie- 
lo, y de nocbe las fieras. 

11 Refirieron á David lo que babiíi becbo Res- 
pba, bija de Aya, muger secundaria de Saúl. 

12 Entonces David íue y tomó los buesos de 
de Saúl y de Jonatbás, su bljo, recibihidolos de lo 
ciudadanos de Jabes de Galaad , que los bablan 
burtado de la plaza de Betbsan, donde los colga- 
ron los pbilistbeus , cuando mataron á Saúl en 
Gelboe % 

13 y trasportó de allí los buesos de Saúl y de 
su bijo Jonatliás, y recogiendo los buesos de los 
crucificados , 

14 los blzo sepultar con los de Saúl y de Jona- 
thás su bijo , en la tierra de Benjamín á un lado 



niñea varias veces en honor ó por maudato del Señor. 
Puede también entenderse que los sacrificaron sobre el 
monte vecino á Gabáa, y á la vista del altar que estaba eu 
la cima del monte. 

i Véase Saco. 

2 I. Reg. XXXI. V. 12. 



240 LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES. 

f\e\ sepulcro de C¡s su padre. Ejecutado así todo 
lo ordenado por el rey , se mostró después Dios 
propicio con la tierra. 

15 Entretanto los philistheos renovaron la 
guerra contra Israel ; y salió David con sus tropas 
á. pelear contra ellos. Y sucedió que hallándose 
David cansado, 

16 Jesbibenob del linage de Arapha ', que lle- 
vaba una lanza , cuyo hierro pesaba trescientas 
onzas, y cenia una espada flamante, intentó herir 
á David : 

17 pero le defendió Abisal, hijo de Sarvia, el 
cual hirió y mató al philislheo. Con este motivo 
los soldados de David juraron diciendo : No sal- 
drás ya mas con nosotros á la guerra , á fin de 
que no se apague la antorcha de Israel ^. 

18 Otra guerra hubo también en Gob contra 
los phillstheos : en la cual Sobochál , natural de 
Husati, mató á Saph del linage de Arapha, de la 
raza de los gigantes. 

19 Hubo después en Gob una tercera guerra 
contra los phillstheos, en la cual Adeodato ^, hijo 
de Saltus, que tejía telas de colores en Bethlehem, 
raató á Goliath de Geth '*, que llevaba una lanza, 
cuyo astil era como un enjullo de telar. 

1 Célebre gigante. 

2 Véase Lámpara. 

3 En hebreo el nombre de Adeodato es Elcanan, y el de 
Sal fus es Jare. 

4 Hermano del otro Goliath. 1. Paral. XX. v.b. 



CAPÍTULO XXII. 241 

20 La cuarta guerra fue en Geth , donde se 
presentó un hombre de estatura descomunal, que 
tenia seis dedos en cada mano y en cada pie, esto 
es, veinte y cuatro dedos, y era de la XAZdL gigan- 
tesca de Arapha. 

21 Vino á insultar á Israel ; pero matóle Jona- 
than, hijo de Samaa, hermano de David. 

22 Eran estos cuatro hombres naturales de 
Geth , del linage del gigante Arapha _, y fueron 
muertos por David y su gente. 

CAPITULO XXIL 

Cántico de David en acción de gracias a Dios -por haberle 
librado de todos sus enemigos ; en el cual vaticina la con- 
versión de los gentiles. 

1 Cantó David asimismo al Señor las palabras 
de este cántico el dia en que le hubo librado el Se- 
ñor de las manos de todos sas enemigos, y de la 
persecución de Saúl '. 

2 Y dijo : El Señor es el baluarte mió y mi 
fortaleza, y él es mi Salvador. 

3 Dios es mi defensa , en él esperaré : es mi 
escudo y el apoyo de mi salvación : él es el que 
me ensalza sobre mis enemigos, y él es mi amparo. 

1 Este cántico es el Salmo 17. Por error de los copistas 
se halla una pequeña trasposición de palabras en el verso 
45 de este capítulo ; de modo q-ie debe leerse : Un pueblo 
desconocido de mí me servirá ; en oyéndome, me obedecerá. 
V. 46. Los hijos extraños etc. 



242 LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES. 

S¿, Salvador mió, tú me librarás de toda violencia 
ó iniquidad. 

4 Invocare al Señor, á quien se debe toda ala- 
banza, y seré salvo de mis enemigos. 

5 Porque yo me vi rodeado de mortales congo- 
jas : y acometido de una furiosa multitud de gente 
inicua , que me llenó de espanto. 

6 Con las fajas mortuorias estuve ya atado, y há- 
lleme cogido en los lazos de la muerte '. 

7 En mi tribulación invocaré al Señor y clamaré 
á mi Dios : y él desde su Templo oirá mi voz , y 
llegarán á sus oídos mis clamores. 

8 Se conmovió y se estremeció la tierra : agi- 
táronse los cimientos de los montes, y se hicie- 
ron pedazos ; porque el Señor se mostró con ellos 
enojado. 

9 El humo de sus narices, ó su enojo, se levantó 
en alto ; y despedía de su boca fuego devorador, 
que convirtió en brasas los carbones. 

10 Abajó, ó hizo inclinar ^ los cielos , y descen- 
dió , teniendo una densa niebla debajo de sus pies. 

11 Subió después sobre los querubines, y voló; 
voló sobre las alas de los vientos. 

12 Puso las tinieblas al rededor de sí para ocul- 
tarse : zarandeó las aguas de las nubes del cielo. 

13 Los rayos refulgentes de su presencia en- 
cendieron cual fueffo ascuas ardientes. 



1 Y de todo me ha Dios librado. 



CAPÍTULO XXII. 243 

14 Tronará el señor desde lo alto del cielo : e! 
Altísimo hará resonar su voz. 

15 Arrojó centellas coníra mis enemigos^ y los 
disipó : rayos, y los destruyó. 

16 Quedaron entonces patentes los abismos del 
mar , y descubiertos los cimientos de la tierra á 
las amenazas del Señor , y al resuello impetuoso 
de su furor. 

17 Extendió su mano desde el cielo , y me co- 
gió : y de entre olas inmensas me sacó á salvo. 

18 Libróme de mi poderosísimo enemigo, y de 
los que me aborrecian ; los cuales eran mas fuertes 
que yo. 

19 Y me anticipó su socorro en el diade la tribu- 
lación ; y ha sido siempre el Señor mi firme apoyo. 

20 Sacóme fuera aun sitio espacioso, y púsome 
en plena libertad, porque fui grato ásus ojos. 

21 El Señor me recompensará según mi justi- 
cia ; y me tratará según la pureza de mis manos. 

22 Pues yo seguí atentamente las sendas del Se- 
ñor ; ni me separé de mi Dios con hechos impíos : 

23 como que siempre tengo delante de mis ojos 
todas sus leyes, y no soy rebelde á sus preceptos. 

24 Con seguir á Dios seré un varón perfecto , y 
me guardaré de ir en pos de mi iniquidad. 

25 El Señor me dará la recompensa conforme á 
mi justicia ' , y según la pureza de mis manos de- 
lante de sus ojos. 

1 Véase Justicia. 



244 LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES. 

26 Con los santos , tú , oh Dios , te mostrarás 
santo ; y perfecto con los perfectos ' : 

27 serás fuerte con los fuertes ; y al perverso le 
tratarás como á tal ^. 

28 Tú salvarás al pueblo humilde ; y con una 
mirada abatirás á los erguidos. 

29 Tú eres, Señor , mi antorcha : y tú alumbra- 
rás, oh Señor, mis tinieblas. 

30 Contigo correré armado d destrozar al ene- 
migo : yendo con mi Dios no habrá muro que yo 
no salte. 

31 La senda de Dios es inmaculada , y como 
acrisolada al fuego la palabra del Señor : escudo 
es de todos los que en él esperan. 

32 ¿ Quién es Dios fuera del Señor ? ¿ Y quién 
es fuerte sino nuestro Dios? 

33 Dios es el que me revistió de fortaleza : y 
allanó perfectamente mi camino. 

34 Hizo mis pies tan ligeros como los de los 
ciervos : y al fin me colocó en el lugar elevado en 
que me hallo. 

35 El es el que adiestra mis manos para la ba- 
talla , y hace mis brazos firmes como un arco de 
bronce. 

36 Tú me has cubierto , Señor , con el escudo 



1 Puede traducirse : Con el santo te mostrarás sanio : 
con el hombre constante muy cumplido. 

2 Véanse Orígenes in Ps. XVII. S. Hilario PictaV' 
Tract. in Ps. CXX,—S. August. Enarr. in Ps. XVII. 



CAPITULO XXII. 245 

de tu protección , y tu benignidad me ha engran- 
decido. 

37 Tú ensanchaste el camino debajo de mis pies, 
y no desfallecerán jamas mis plantas, 

38 Perseguiré á mis enemigos , y los extermi- 
naré : no volveré atrás hasta acabar con ellos. 

39 Los consumiré y haré añicos , de suerte que 
no puedan ya reponerse. Caerán iodos bajo mis 
pies. 

40 Porque ceñísteme , Señor , de fortaleza para 
la batalla , y derribaste á mis plantas á cuantos se 
alzaron contra mí '. 

41 Hiciste que volvieran las espaldas mis ene- 
migos y aborrecedores : yo daré cabo de ellos. 

42 Por mas que griten, nadie acudirá á su so- 
corro : clamarán al Señor, mas no los escucliará. 

43 Disiparélos como polvo de la tierra : los 
aplastaré y desmenuzaré como lodo de las calles. 

44 Tú me libertarás, Señor, de las contradic- 
ciones de mi pueblo : rae conservarás para que sea 
yo la cabeza de las naciones : un pueblo á quien 
no conozco , me servirá ^. 

45 Los hijos extraños me harán resistencia : mas 
en oyéndome, rae obedecerán. 

46 Estos hijos extraños se desmayarán así que 



1 O también : A los que alzaron bandera contra mi. 

2 Véase la nota al v. \., y lo mismo puede decirse de los 
vers. 45 y 46. 



246 LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES. 

yo los mire ' , y se encojerán de miedo en sus es- 
condrijos. 

47 Viva para siempre el Señor , y bendito sea 
mi Dios. Sea engrandecido el Dios fuerte que me 
ha salvado. 

48 Tú , oh Dios , que me has vengado , y has 
derribado naciones á mis pies : 

49 tú eres el que me has sacado de las manos 
de mis enemigos, y me has ensalzado sobre los que 
me resistían ; y tú el que me librarás del hombre 
inicuo. 

50 Por todo lo cual cantare, oh Señor, tus ala- 
banzas en medio de las naciones , y entonaré cán- 
ticos en honor de tu satito nombre. 

51 A tí que has salvado milagrosamente al rey 
que has escogido , y usas de tantas misericordias 
con David tu Christo ó Ungido^ y las usarás con su 
descendencia para siempre. 



CAPÍTULO XXUL 



Cántico último de David. Catálogo de sus mas ilustres cam- 
peones. 

1 Estas son las últimas palabras pro/éticas de 
David ^. Dijo David , hijo de Isaí j dijo el varón á 

1 Puede traducirse : Se derretirán como cera delante de 
in i. 

2 Suele mirarse este cáatico coqio el testamento de üa- 
\'n\. Algunos creeu que fue la última composición suya. 



CAPÍTULO XXlIt. 247 

quien fue dada palabra ó promesa del Christo ó Un- 
t^ido del Dios de Jacob; dijo el egregio cantor de 
Israel : 

2 El espíritu del Señor habló por mí, su palabra 
ha estado sobre mi lengua. 

3 Es el Dios de Israel quien me ha hablado : el 
fuerte de Israel es quien habla : el dominador de 
los hombres, el justo dominador de los que temen 
á Dios '. 

4 Ellos serán como la luz de la aurora que brilla 
por la mañana cuando sale el sol sin nube alguna; 
y como yerba que brota de la tierra después de la 
lluvia. 

5 No mereció ciertamente mi casa á los ojos de 
Dios , que el Señor hiciese conmigo una alianza 
eterna , una alianza firme y del todo inmutable. 
Porque él me ha salvado de todos los pehgros : ha 
cumplido todos mis deseos , no dejándome nada 
que apetecer ^. 

6 Mas los transgresores de la Ley serán desar- 
raigados todos como espinas : á las cuales nadie 
toca con la mano : 

7 sino que se arma ó cubre de hierro , ó toma 

1 Puede traducirse : Sea justo el que domina sobre los 
hombres; y reine con el temor de Dios. v. 4. El será como la 
luz, etc. 

2 Otros traducen: Porque el es toda 7ni salud y ledo mi 
consuelo ; no hay cosa buena en mi, que no provenga de eso. 
ü también, pues mi salud y voluntad, y cuanto humo hay en 
mi, todo proviene graciosamente de el. 



248 LIBRO AEGÜNDO DE LOS REYES. 

una asta de lanza, y mete fuego en ellas para abra- 
sarlas y reducirlas á la nada. 

8 Estos son los nombres de los valientes del 
remado de David : Jesbaam , el que está sentado 
en cátedra \ sapientísimo príncipe entre los tres 
mas distinguidos ; aunque parece débil y delicoxlo 
como el tierno gusanillo que roe el madero, él 
fue el que mató en un solo choque á ochocientos 
hombres. 

9 Después de este fue Eleazar Ahohlta, hijo de - 
su tio paterno , uno de los tres valientes que es- 
taban con David , cuando le insultaban los philis- 
theos, reunidos allí en Jesdomin para dar la batalla. 

10 Y huyendo los israelitas, Eleazar se mantuvo 
firme , y estuvo hiriendo á los philistheos hasta 
que , cansado su brazo, se quedó yerto con la es- 
pada en la mano. El Señor concedió en aquel día 
una gran victoria. Y la tropa que habia huido, 
volvió para recoger los despojos de los muertos. 

11 El tercero fue Semma, hijo de Age de Ara- 
ri. Juntáronse im dia los philistheos en un aposta- 
dero donde habia un campo sembrado de lentejas ; 
W!^ 

1 Algunos creen que la Vulgata tomó por apelativo el 
nombre propio de Jesbaam , y le tradujo ^ el que está sen- 
tado en cátedra ó trono ; y lo mismo Adino Hesnita , que la 
Vulgata tradujo, el delicado gusanillo del leño. 

2 Los Setenta tradujeron hijo de Dodi. En la Vulgata se 
traduce tio paterno, porque esto significa la palabra hebrea 
"("Sil- Véase Judie. X. v. 1. 



CAPÍTULO XXIII. 249 

y habiendo huido el ejército por miedo de los 
philistheos , 

12 él se plantó en medio del campo y le de- 
fendió , derrotando á los philistheos ; é hfzole 
Dios conseguir una gran victoria. 

13 Ya tiempo antes estos tres que eran los 
principales entre los treinta ' , habian salido á re- 
unirse con David al tiempo de la siega en la cueva 
de Odollam ; estando los philistheos acampados 
en el valle de los Gigantes. 

14 David estaba en un puesto fuerte ^ , y por 
entonces los philistheos tenian guarnición en Beth- 
lehem. 

15 Dijo pues David con mucho anhelo : ; Ah ! 
¡si alguno me diera á beber agua de aquella cis- 
terna que hay en Bethlehem junto á la puerta! 

16 Al punto estos tres valientes atravesaron el 
campamento de los philistheos , fueron á sacar 
agua de la cisterna que hay en Bethlehem junto á 
la puerta , y se la trajeron á David ; pero David» 
no quiso bebería , sino que hizo libación de ella, 
ó la derramó^ en obsequio del Señor, 

17 diciendo : Dios me libre de una tal cosa. 
i Y yo beberia la sangre de estos hombres que 
han ¡do á exponer su vida ! No quiso pues bebería. 
Tal acción hicieron esos tres valientes. 

18 Asimismo Abisai , hermano de Joab , é hijo 

1 O entre los valientes de David, 

2 En. las rocas de Odollam, 

ToM, IV. 22 



250 LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES. 

de Sarvia , era el principal entre los tres valientes 
del segundo temario. Este es el que enristró su 
lanza contra trescientos, y los mató ; él era famoso 
entre los tres , 

19 y entre los tres el de mayor reputación y el 
principal de ellos : mas no igualó á los tres pri- 
meros. 

20 El segundo fue Banaias, hijo de Joiada, va- 
ron fortísimo, de grandes hazañas, natural de Cab- 
seel : este destrozó á los dos terribles leones de 
Moab ' ; y en tiempo de una nevada bajó á una 
cisterna « y allí mató á nn fuerte león. 

21 Este mismo quitó la vida á un egypcio , va- 
ron de prodigiosa estatura, que tenia una lanza en 

Ma mano. Yendo pues contra él con un palo, le ar- 
rancó á viva fuerza la lanza de la mano y le mató 
con ella. 

22 Esto hizo Banaias hijo de Joiada , 

23 famoso entre los tres campeones , que eran 
los mas ilustres de los treinta. Sin embargo no 
igualaba á los tres primeros ; y David le hizo su 
consejero y secretario. 

24 Entre los treinta se contaban Asael, herma- 
no de Joab : Elehanan de Bethlehem , hijo de un 
tio paterno de Asael : 

25 Semma de Harodi : Elica de Harodi : 

26 Heles de Phalti : Hira de Thecua , hijo de 
Acces : 

1 Dos leones: heb. A)'iel. En\ Is. XXIX. 1, son dos 
fortalezas. 



tArÍTULo XXIV. 251 

27 Abiezer de Anathoth : Mobonnai de Husati : 

28 Selmon de Ahoth : Maharai de Netophath : 

29 Heled hijo de Baana , que también era de 
Netophath : Ithai, hijo de Ribai, de Gabaath délos 
hijos de Beijjarain ; 

30 Banaia de Pharathon : Heddai del Torrente 
de Gaas : 

31 Abialbon de Arbath : Azmaveth de Beromi : 

32 Eliaba de Salaboni : Jonathan délos hijos de 
Jassen : 

33 Semma de Orori : Ayam de Aror hijo de 
Sarar : 

34 Eliplielet hijo de Aasbai, hijo de Macháti : 
Eliam de Gelon , hijo de Achitophel : 

35 Hesrai del Carmelo : Pharai de Arbi : 

36 Igaal de Soba, hijo de Nathan : Bonni de 
tíadi : 

37 Selec de Aramoni : Naharai de Beroth , es- 
cudero de Joab hijo de Sarvia : 

38 Ira de Jethrit : Gareb , también jethrita : 

39 Urias hetheo : en todos treinta y siete. 

CAPÍTULO XXIV. 

Enojado el SeTior contra David por haber hecho el censo del 
Tpueblo , le da á escoger uno de tres castigos, y en conse- 
cuencia mueren de peste setenta mil hombres ' . 

1 Encendióse de nuevo el furor del Señor con- 
1 Año 2987 del Mundo : antes de Jesu Christo 1020. 



2b2 LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES. 

tra Israel; y así permitió para su daño que David 
mandase ' hacer el censo de toda la srente de 
Israel y de Judá ^. 

2 Dijo pues este rey á Joab , general de sus 
ejércitos : Recorre todas las tribus de Israel desde 
Dan hasta Bersabée, y forma un censo del pueblo, 
á fin de que sepa yo el número de la gente. 

3 Respondió Joab al rey : Así multiplique el 
Señor Dios tuyo á tu pueblo sobre lo que ahora 
es , de suerte que venga á ser cien veces mas nu- 
meroso , y lo vea el rey mi señor : pero ¿ y qué 
es lo que pretende mi señor el rey con hacer 
eso '? 

4 Sin embargo la voluntad del rey pudo mas 
que las representaciones de Joab , y de los capi- 
tanes del ejército : y así salió Joab con los capi- 
tanes de la presencia del rey para hacer el em- 
padronamie/ito del pueblo de Israel. 

5 Y habiendo pasado el Jordán , llegaron á 



1 Lleno de vanidad. 

2 I. Par. XXI. v. 1. El pueblo pagó la pena del pecado 
de David. El proceder de los pa.stores ó gobernadores tie- 
ne estrechísima relación con el de los pueblos gobernados. 
Por culpa de aquellos se hacen peores estos ; y á veces por 
las culpas de estos se empeora la conducta de aquellos. 
Mas teniendo los que gobiernan quien los ha de juzgar, de- 
ben por lo mismo guardarse los subditos de juzgar á sus 
propios pastores. S. Greg. Mor. XXIX. v. 14. In Job, 
XXV, V. 16. 

3 Cosa que tal vez irritará la ira del Señor. 



capItulo xxiv; 253 

Aroer , al lado derecho de la ciudad , que está en 
el valle de Gad ; 

6 y pasando por Jazer , entraron en Galaad, 
y en la tierra baja de Hodsi , y llegaron hasta 
los bosques de Dan : y dando la vuelta por los 
contornos de Sidon, 

7 pasaron junto á los muros de Tyro , y atra- 
vesando toda la tierra de los heveos y chánaneos 
llegaron hasta Bersabée al Mediodía de Judá. 

8 Así recorridas todas las provincias , regresa- 
ron á Jerusalem después de nueve meses y veinte 
dias* 

9 Y presentó Joab al rey la suma del encabeza- 
miento del pueblo , y halláronse de Israel ocho- 
cientos mil hombres fuertes y aptos para la guerra: 
de Judá se contaron quinientos mil combatien- 
tes '. 

10 Pero á David le remordió su conciencia des- 
pués que se formó el censo del pueblo , y dijo al 
Señor : Pecado he gravísimamente en este nego- 
cio : mas ruégote , Señor , que perdones este pe- 
cado de tu siervo, porque reconozco que he obrado 
muy neciamente. 

11 Por la mañana , así que David se hubo le- 



1 Joab, ó por error ó por adulación, auiuentaria la siiiiia 
de los varones de la tribu de Judá , que era la tribu regia ; 
incluyeodo tal vez parte de las tribus de Dau y de Simeón 
que confinaban cou la de Judá , y habitaban una parte del 
antiguo territorio de ella. 



254 LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES. 

yantado, habló el Señor áGad, profeta y veyente 
de David ' , diciendo : 

12 Anda y dile á David : He aquí lo que dice 
el Señor : Tres cosas se te dan á escoger en cas- 
tigo: elige de ellas la que quisieres que yo te en- 
vié. 

13 Presentándose pues Gad á David , se lo in- 
timó diciendo : O por siete años será tu pais afli- 
gido de la hambre: ó por tres meses andarás 
huyendo de tus enemigos que te irán persiguien- 
do; ó á lo menos por tres dias habrá peste en tu 
reino. Delibera pues ahora , y mira qué respuesta 
he de dar al que me ha enviado, 

14 Respondió David á Gad : En un estrechísimo 
apuro me veo : pero mas quiero yo caer en las 
manos del Señor (cuya misericordia es tan gran- 
de) que no en manos de hombres. 

15 Envió pues el Señor la peste á Israel desde 
aquella mañana hasta el tiempo señalado ^, y mu- 
rieron del pueblo , desde Dan hasta Bersabée , se- 
tenta mil hombres. 

16 Y habiendo extendido el ángel del Señor su 
mano sobre Jerusalera para desolarla , el Señor 
se apiadó de su angustia , y dijo al ángel exter- 
minador del pueblo : Basta, deten ya tu mano. 



1 Véase Profeta. 

2 Parece que duró la mortandad dos dias enteros y parte 
de otro. 



CAPÍTULO XXIV. 255 

Estaba entonces el ángel de Señor junto la era 
de Areíma jebuseo '. 

17 Y dijo David al Señor , así que vio que el 
ángel castigaba al pueblo : Yo soy el que he pe- 
cado ; yo el que tengo la culpa. ¿Qué han hecho 
estos , que son unas ovejas ? ¡Oh Señor ! ruégote 
que descargues tu mano sobre mí , y sobre la casa 
de mi padre. 

18 Y aquel mismo dia vino Gad á David y le 
dijo : Sube á la era de Areúna jebuseo, y levanta 
en ella un altar al Señor. 

19 Fue pues David allá , en cumplimiento del 
mandato que le intimó Gad en nombre del Señor. 

20 Areúna alzando los ojos advirtió que el rey 
y sus criados se encaminaban acia él ; 

21 y saliendo al encuentro , hizo al rey pro- 
funda reverencia pegado el rostro en tierra , y di- 
jo : ¿Qué motivo hay para que el rey mi señor 
venga á casa de su siervo ? Al cual respondió Da- 
vid : Para comprarte esa era , y edificar en ella un 
altar al Señor ; á fin de que cese la mortandad que 
se extiende por el pueblo. 

22 Mas Areúna replicó á David : Tómela el 
rey mi señor, y conságrela como bien le parezca : 
ahí tienes los bueyes para el holocausto , y el car- 
ro y los yugos de los bueyes para que sirvan de 
leña. 



I En el monte Moría ^ donde se edificó dtspues el Tem- 
plo. 



256 LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES. 

23 Todas estas'cosas dio el rey Areúna al rey 
David ' , y añadióle : El Señor Dios tuyo acepte 
tu sacrificio. 

24 Respondió el rey y le dijo : No ha de ser 
como tú quieres , sino que te pagaré lo que vale : 
que no quiero ofrecer yo al Señor mi Dios holo- 
caustos que no me cuesten nada. Y así compró 
David la era y los bueyes ^ por cincuenta sidos 
de plata; 

25 y edificó allí David un altar al Señor , ofre- 
ciendo en él holocaustos y hostias pacíficas : con 
lo que se mostró el Señor propicio á la tierra , y 
cesó la mortandad en Israel. 



l^Otros traducen: Todo lo da Areúna, oh rey, al rey 
David. En los Setenta no se da á Areúna el titulo de rey , 
ni se lee en muchas ediciones de la Vulgata. Calmet juzga 
que esta voz se introdujo por inadvertencia del copiante. 

2 Esto es, los bueyes, y el lugar que ocupaba el altar. 
Pero por todo el monte ó suelo en que debia edificarse el 
Templo, dio seiscientos sidos de oro. I Par. XXI. t'. 25, 



FIN DEL LIBRO SEGUNDO DE LOS RE VES. 



LIBRO TERCERO 



DE LOS REYES. 



CAPITULO PRIMERO. 

David, imsmado de jrio en su vejez , recibe por muger á la 
joven Abisag para que le abrigue ; la cual se conserva pura 
y casta. Salomón es ungido rey, á pesar de Adornas. 

1 El rey David era ya viejo y de edad muy 
avanzada ; y por mas que le cubrian con ropa, no 
podía entrar en calor '. 

2 Por lo que dljéionle sus criados : Buscaremos 
para el rey nuestro señor una virgen jovencita, 
que , siendo su esposa ^, viva con el rey y le abri- 
gue , y duerma á su lado para que le comunique 
alg-un calor. 



1 Los muchos y grandes afanes en un reinado de cua- 
renta años lleno de guerras exteriores, de rebeliones domés- 
ticas, y de tantas otras aflicciones y enfermedades como él 
mismo describe en los Psalmos, hablan abatido y enervado 
su cuerpo, antes robusto y fuerte , y privádole casi de todo 
su calor natural, 

2 Esta esposa de David, y virgen, es mirada como figura 
de la Iglesia. S. Hier. Ep. IJ. ad Nepot. 



258 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

3 Buscaron pues por todas las tierras de Israel 
una jovencita hermosa , y hallaron á Abisag- de 
Sunam % y trajéronsela al rey. 

4 Era esta doncella de extremada hermosura, 
y dormia con el rey , y le servia; pero el rey la 
dejó virgen. 

5 Entretanto engreído Adonías , hijo de Hag- 
gith ^ , dijo: Yo reinaré \ Con esta mira se hizo 
carrozas y tomó guardias de á caballo , y cincuen- 
ta hombres que le escoltasen. 

6 Ni por eso su padre le reprendió nunca , ni 
le dijo : ¿ Por qué haces eso ? Era Adonías de her- 
mosísima presencia , y el segundogénito después 
de Absalom. 

7 Y estaba de inteligencia con Joab , hijo de 
Sarvia , y con Abiathar Sumo sacerdote , los cua- 
les favorecían su partido. 

8 Mas el otro Sumo sacerdote Sadoc , Banaias 
hijo de Joiada , el profeta Nathan , y Semei , y 
Rei , y la principal fuerza del ejército de David, 
no estaban por Adonías. 

9 Adonías pues habiendo hecho degollar carne- 
ros y becerros , y todo género de reses gordas *, 
junto á la peña de Zoheleth , que está cerca de la 
Fuente de Rogel , convidó á todos sus hermanos 



1 Cindad de la tribu de fssachár. 

2 Reina y esposa de David. 

3 O también : Yo soy el que he de reinar. 

4 Para obsequiar á los de su partido. 



CAPITULO I. 259 

hijos dei rey , y á todos los varones de Judá cria- 
dos del rey : 

10 mas no convidó al profeta Nathan , ni á Bá- 
ñalas , ni á los militares mas valientes , ni á Salo- 
món su hermano. 

11 Por lo que dijo Nathan á Bethsabée , madre 
de Salomón : ¿No has oido que Adonías hijo de 
Haggith se ha hecho rey , sin que David nuestro 
señor lo sepa? 

12 Ahora pues ven y toma mi consejo , y salva 
tu vida , y la de tu hijo Salomón : 

13 anda, ve, y preséntate al rey David, y dile : 
¿ No es verdad , oh rey y señor mió , que tú me 
juraste á mí, esclava tuya, diciendo : Tu hijo Salo- 
món reinará después de mí ; y él se sentará en 
mi trono? pues ¿cómo es que reina Adonías? 

14 Y antes que tú acabes de hablar al rey , lle- 
garé yo después de tí, y apoyaré tus razones. 

15 Entró pues Bethsabée al cuarto del rey : el 
cual era ya muy muy viejo ; y Abisag, sunamite , 
le asistia. 

16 Bethsabée se inclinó , haciéndole una pro- 
funda reverencia. Y el rey le dijo : ¿ Qué es lo 
que quieres ? 

17 Respondió ella, diciendo : Tú juraste, mi 
señor , á tu esclava por el Señor Dios tuyo , que 
Salomón mi hijo reinaría después de tí y se senta- 
rla en tu trono. 

18 Y he aquí que á estas horas está ya reinando 
Adonías sin saberlo tú, oh rey y señor mió. 



260 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

19 Ha hecho degollar bueyes, y toda suerte de 
víctimas ó reses cebadas, y muchísimos carneros, 
y ha convidado á todos los hijos del rey, y también 
al Sumo sacerdote Abiathar , y á Joab general del 
ejército; pero no ha convidado á tu siervo Salomón. 

20 Sin embargo, oh rey y señor mío , todo Is- 
rael tiene vueltos sus ojos acia tí, esperando que 
declares quién debe sentarse después de tí en tu 
solio , oh rey y señor mió. 

21 Pues sucederá que luego que el rey mi 
señor hubiere ido á descansar con sus padres, 
yo y Salomón mi hijo seremos tratados cotno cri- 
minales '. 

22 Estaba todavía hablando Bethsabée con el 
rey , cuando he aquí que llega el profeta Nathan. 

23 Y entraron recado al rey, diciendo : Aquí está 
el profeta Nathan. El cual se presentó al rey , 
y postrándose hasta el suelo , le hizo profunda 
reverencia , 

24 y le dijo : Oh rey y señor mió : ¿has dicho 
tú acaso : Reine después de mí Adonías , y sea él 
el que ocupe mi trono? 

25 Porque hoy ha salido , y ha hecho degollar 
bueyes y reses gordas, y muchísimos carneros , y 
ha convidado á todos los hijos del rey y á los cau- 
dillos del ejército , y también á Abiathar Su?no 
sacerdote ; los cuales han comido y bebido á su 

1 Se me mirará como se mira á una adúltera, y á mi 
hijo como si fuera un bastardo. 



CAPÍTULO I. 261 

lado, diciendo : Viva el rey Adonías. 

26 Mas á mí tu siervo , ni al Sumo sacerdote 
Sadoc , ni á Báñalas hijo de Joiada , como ni á tu 
siervo Salomón, no nos ha convidado. 

27 ¿Es posible que mi señor el rey haya dado 
realmente tal orden ? ¿ Y que no me hayas comu- 
nicado á mí , siervo tuyo , quién debe sentarse en 
el trono del rey mi señor después de él ? 

28 Mas el rey David respondió , y dijo : Lla- 
madme á Bethsabée. Así que hubo esta entrado 
y estuvo delante del rey, 

29 juró el rey, y dijo : Vive Dios , que ha li- 
brado mi alma de todo peligro, 

30 que así como te juré por el Señor Dios de 
Israel, diciendo : Tu hijo Salomón reinará después 
de mí, y él se sentará sobre mi trono en mi lugar; 
así lo ejecutaré hoy. 

31 Y Bethsabée , inclinando el rostro hasta la 
tierra , hizo reverencia al rey y dijo : Viva para 
siempre David mi señor. 

32 Dijo después el rey David : Llamadme al 
Sumo sacerdote Sadoc , y al profeta Nathan , y á 
Banaias hijo de Joiada. Y así que estuvieron estos 
en su presencia, 

33 les dijo : Juntad mis criados ó guardias: ha- 
ced montar á mi hijo Salomón en mi muía, y con- 
ducidle á Gihon • , 

34 y allí le ungirán por rey de Israel el Sumo 

1 Fuente, ó sitio muy concurrido. 

23 



262 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

sacerdote Sadoc , y el profeta Nathan ; y tocareis 
la trompeta , y diréis : Viva el rey Salomón. 

35 Volvereis después acompañándole, y vendrá 
él á sentarse sobre mi trono , y reinará en mi lu- 
gar ; y á él entregaré el gobierno de Israel y de 
Judá. 

36 Banaias hijo de Joiada respondió al rey , di- 
ciendo : Así sea : así lo confirme el Señor y Dios 
del rey mi amo. 

37 Como el Señor ha protegido al rey mi amo, 
así guarde á Salomón , y ensalce su trono , aun 
mas que el trono de mi amo el rey David. 

38 Con esto salieron el Sumo sacerdote Sadoc, 
y el profeta Nathan , y Banaias hijo de Joiada, 
con las guardias de ceretheos y pheletheos , y ha- 
ciendo montar á Salomón, en la muía del rey Da- 
vid , le condujeron á Gihon. 

39 El Swno sacerdote Sadoc tomó del Taber- 
náculo la vasija del óleo sagrado , y ungió á Salo- 
món , y tocaron las trompetas , y gritó todo el 
pueblo : Viva el rey Salomón. 

40 Todo el mundo se fue tras de él ; y una 
tropa de gentes tocaban flautas y se alegraban con 
grande júbilo, resonando la tierra con sus aclama- 
ciones. 

41 Oyéronlas Adonías y sus convidados, cuando 
ya estaba el banquete acabado. Pero Joab así que 
oyó el sonido de la trompeta, dijo ; ¿ Qué es esta 
algazara y alboroto de la ciudad ? 

42 Aun estaba hablando, cuando llegó Jonathás 



CAPITULO I. 263 

hijo de Ablathar el Sumo sacerdote ; y díjole Ado- 
nías : Entra , que tú eres un hombre valeroso , y 
y portador de buenas nuevas. 

43 No por cierto, respondió Jonathás á Adonías : 
porque David , el rey nuestro señor, ha declarado 
por rey á Salonaon. 

44 Y ha enviado con él al Sumo sacerdote Sa- 
doc y al profeta Nathan, y á Banaias hijo de Joia- 
da, con los ceretheos y pheletheos ; y le han he- 
cho montar en la muía del rey '. 

45 Y Sadoc Sumo sacerdote y el profeta Na- 
than le han ungido por rey en Gihon , y han re- 
gresado de allí en medio de aclamaciones de jú- 
bilo, que resuenan por toda la ciudad : estas son 
las voces de alborozo que habéis oído. 

46 En suma , Salomón está ya sentado en el 
trono real ; 

47 y los criados del rey han entrado ya á feli- 
citar á David nuestro rey y señor, diciendo : Haga 
Dios el nombre de Salomón mas glorioso todavía 
que tu mismo nombre, y engrandezca su trono aun 
mas que el tuyo. Y el rey, desde su cama, ha ado- 
rado al Señor , 

48 y ha dicho : Bendito sea el Señor Dios de 
Israel que me ha concedido el ver hoy con mis 
ojos al hijo m2o sentado en mi solio. 

49 Con esto quedaron atónitos todos los convi- 



1 Como á snccesor en el trono. 



264 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

dados de Adonías ; y levantándose , se fueron cada 
uno por su lado. 

50 Mas Adonías, temiendo á Salomón, marchóse 
y fue á refugiarse á un lado del altar. 

51 De lo cual avisaron á Salomón, diciendo : Sá- 
bete que Adonías , temiendo al rey Salomón , 
marchóse y fue á refugiarse á un lado del altar, y 
dice : Júreme hoy el rey Salomón que no hará 
morir al filo de la espada á su siervo. 

52 A lo que respondió Salomón : Si fuere hom- 
bre de bien, no caerá en tierra ni uno siquiera de 
sus cabellos ; pero si se portare malamente, morirá. 

53 Envió pues Salomón quien le sacase del al- 
tar ; y presentándose Adonías , hizo al rey Salo- 
món profunda reverencia, y Salomón le dijo : Vete 
á tu casa. 

CAPÍTULO II. 

Ultimas inslrucciones del rey David a su hijo Salomón. 
Muerte de Adornas ^ por haber aspirado al trono. Abia- 
ihar es privado del pontificado : Joab muerto dentro del 
Tabernáculo. Muere Semeipor haber desobedecido al rey. 

1 Estando ya David cercano al día de su 
muerte, dio estas instrucciones á su hijo Salomón 
diciendo : 

2 Yo voy al lugar á donde van á parar todos 
los mortales. Ten tú buen ánimo y pecho va- 
ronil ; 

3 y observa los mandamientos del Señor Dios 



CAPITULO 11. 265 

tuyo, siguiendo sus caminos, guardando sus cere- 
monias, sus preceptos, sus leyes y sus estatutos , 
como está escrito en la Ley de Moysés : para 
que aciertes en todo cuanto hagas , y en cuanto 
pongas la mira. 

4 De esta manera el Señor confirmará la pala- 
bra que me dio, diciendo : Si tus hijos procedie- 
ren bien, y anduvieren en mi presencia, siguiendo 
la verdad con todo su corazón y con toda su alma, 
ocupará siempre alguno de tu Hnage el trono de 
Israel. 

5 Tú sabes ya cómo se ha portado conmigo 
Joab, hijo de Sarvia : y lo que hizo con los dos 
caudillos del ejército de Israel, Abner hijo de Ner, 
y Amasa hijo de Jether ; á los cuales asesinó, der- 
ramando su sangre en tiempo de paz , como se 
hace en la guerra, y ensangrentando el talabarte 
de que estaba ceñido, y el calzado que cubría sus 
pies. 

6 Tú pues obrarás conforme á tu sabiduría ; y 
no aguardarás á que su vejez le conduzca tran- 
quilamente al sepulcro. 

7 Al contrario á los hijos de Berzellai, gala- 
adita, les mostrarás tu reconocimiento, y les ha- 
rás comer á tu mesa ; pues salieron á recibirme 
y socorrerme^ cuando iba yo huyendo de Absalom 
tu hermano. 

8 Ahí te queda también Semei, hijo de Gcra, 
hijo de Jemini, natural de Bahurlm, el cual vomi- 
tó contra mí horrendas maldiciones cuando yo me 



266 LIBRO TERCERO DE LOS REYES, 

retiraba á los Campamentos. Mas porque salió á 
recibirme al repasar yo el Jordán, le jure por el 
Señor, diciendo : No te quitaré la vida. 

9 Pero tú no permitas que quede impune su 
delito : sabio eres para conocer cómo le has de 
tratar ; y harás que acabe su vejez con muerte 
violenta '. 

10 Fue pues David á descansar con sus padres, 
y le sepultaron en la ciudad de David ^. 

11 El tiempo que reinó David sobre Israel fue 
de cuarenta años. En Hebron reinó siete años, y 
treinta y tres en Jerusalem. 

12 Y succedió Salomen en el trono á su padre 
David, y quedó su reino firmísimamente estable- 
cido. 

13 Mas Adonías, hijo de Haggith, fue á encon- 
trar á Bethsabée, madre de Salomón ; la cual le 
dijo : ¿ Es de paz tu venida ? De paz , respondió 

e'l; 

14 y añadió : Tengo que hablar contigo. Ha- 
bla, respondió ella. Y Adonías : 

1 En desagravio de la magestad real que ultrajó, — David 
habia perdonado las iajarias hechas á su persoua; pero 
creyó que no podia defraudar á la vindicta pública del cas- 
tigo de los delitos de Estado ; y por eso advirtió á su hijo 
que cumpliese con su deber. 

2 Que era una parte de la de Jerusalem que conquistó 
David á los jebuseos. Veíase su sepulcro en tiempo de 
los Apóstoles, Act. II. v. 29, y en el de San Gerónimo. 
Epist. ad Marcell. Léese el elogio de David en el cap. 
XLVII. del Eclesiástico. 



CAPÍTULO II. '26? 

15 Ya sabes, dijo, que la corona me tocaba á 
mí, y que todo Israel me habla preferido para que 
fuese su rey : pero el reino ha sido transferido, y 
puesto en poder de mi hermano ; porque le tenia 
destinado el Señor para él. 

16 Ahora pues una sola cosa te pido , no me 
hagas el desaire de negármela. Explícate , dijo 
ella. 

17 Adonías entonces dijo : Suplicóte que di- 
gas al rey Salomón (ya que no puede negarte 
cosa alguna) que me dé por esposa á la sunamite 
Abisag. 

18 Bien está, contestó Bethsabée , yo hablaré 
por tí al rey, 

19 Pasó pues Bethsabée á ver al rey Salomón 
para hablarle á favor de Adonías , y levantóse el 
rey á recibirla, y la saludó con profunda reve- 
rencia : sentóse después en su trono ; y pusieron 
un trono ó asiento real para la madre del rey , la 
cual se sentó á sü derecha ; 

20 y le dijo : Una gracia bien pequeña vengo 
á pedirte ; no me hagas el desaire de negármela. 
Respondióle el rey : Pide, madre mia, que no es 
razón que yo te disguste '. 

21 Dijo entonces ella : Pues dése Abisag de 
Sunam por esposa á Adonías tu hermano. 

22 Respondió el rey Salomón , y dijo á su 
madre : ¿Porqué me pides la sunamite Abisag 



1 Note dejaré desairada. 



5Í68 Libro tercero de los reyes. 

para Adonías ? Pide también para él mi reino : 
pues él es mi hermano mayor, y tiene de su parte 
al Sumo sacerdote Abiathar, y á Joab hijo de 
Sarvia. 

23 Por lo cual juró el rey Salomón por el Se- 
ñor , diciendo : Tráteme Dios con todo el rigor 
de su justicia , si no es verdad que en daño de su 
propia vida ha entablado Adonías esta preten- 
sión. 

24 Ahora pues^ vive Dios, que me ha estable- 
cido y colocado sobre el solio de mi padre David 
y que me ha fundado casa, como lo tenia prome- 
tido, que hoy ha de morir Adonías. 

25 En seguida dio sus órdenes á Banaias , hijo 
de Joiada, el cual le quitó la vida. Así murió A- 
donías. 

26 Dijo asimismo el rey á Abiathar Sumo sa- 
cerdote : Retírate á la posesión que tienes en A- 
natoth. Tú, á la verdad , mereces la muerte : pero 
yo no te quito hoy la vida, por cuanto llevaste el 
Arca del Señor Dios delante de mi padre David, 
y acompañaste á dicho mi padre en todos los tra- 
bajos que padeció. 

27 Con esto Salomón desterró á Abiathar, para 
que no ejerciese mas las funciones de -Sumo sa- 
cerdote del Señor : con lo cual se cumplió la pa- 
labra pronunciada por el Señor en Silo, contra la 
casa de Helí ' . 



1 \ Reg.n 1.31. -//i. i-. U. 



CAPÍTULO II. 269 

28 Llegó esto á oulos de Joab; quien habia se- 
guido el partido de Adonías, y no el de Salomón. 
Refugióse pues Joab al Tabernáculo del Señor, 
y asióse de la punta del altar. , 

29 DIéronle cuenta al rey Salomón de que Jo- 
ab se habia refugiado al Tabernáculo del Señor, 
y de que estaba al lado del altar ; y envió Salo- 
món á Báñalas hijo de Joiada , diciendo : Anda, 
vé, y mátale. 

30 Fue, pues, Báñalas al Tabernáculo del Se- 
ñor, y dijo á Joab : El rey te manda que saigas 
fuera. No saldré , respondió Joab ; sino que mo- 
riré aquí. Dio Báñalas parte al rey , diciendo : 
Esto me ha dicho Joab , y esto me ha respon- 
dido. 

31 Y el rey le contestó : Hazlo como él ha di- 
cho : mátale , y dale sepultura ; y con eso me 
lavarás á mí y á la casa de mi padre de la sangre 
inocente que derramó Joab '. 

32 Y el Señor hará recaer su sang-re sobre su 
cabeza; puesto que él asesinó á dos varones justos, 
y mejores que él, atravesando con su espada, sin 
que mi padre David lo supiese , á Abner hijo de 
Ner , general del ejército de Israel, y á Amasa 
hijo de Jether, general del ejército de Judá. 



1 Era Joab reo de dos homicidios voiimtarios, y traidor 
y rebelde contra su soberano ; y por eso creyó Saiomou, 
que no habiendo otro medio, podía hacerle matar en el mis- 
mo asilo del altar. 



270 LIBRO TERCERO DE LOS REVÉS. 

33 Recaiga pues la sangre de estos sobre la 
cabeza de Joab , y sobre la cabeza de sus des- 
cendientes para siempre. Mas á David y á su des- 
cendencia , á su casa y á su trono , dé el Señor 
paz sempiterna. 

34 Subió pues Banaias, hijo de Joiada ; y aco- 
metiéndole , le quitó la vida , y fue sepultado en 
una casa suya en el desierto. 

35 Después de esto el rey dio á Banaias hijo 
de Joiada el mando del ejército en lugar del di- 
funto ; y nombró ó confirmó Sumo sacerdote á 
Sadoc, en vez de Abiathar. 

36 Envió también el rey á llamar á Semei , y 
le dijo : Hazte una casa en Jerusalera y habita 
en ella , de donde nunca saldrás para ir á esta ó 
á la otra parte : 

37 porque ten entendido que en cualquier dia 
que salieres y pasares el torrente de Cedrón, 
perderás la vida ; y tu sangre recaerá sobre tu 
cabeza. 

38 Respondió Semei al rey ; Está muy bien : 
como lo manda el rey mi señor , así lo hará tu 
siervo. Habitó pues Semei largo tiempo en Jeru- 
salem. 

39 Mas al cabo de tres años acaeció que unos 
esclavos de Semei se le huyeron á la jurisdicción 
de Achis hijo de Maachá , rey de Geth ; y fue 
Semei avisado de que sus esclavos se hallaban en 
Geth. 

40 Con lo que Semei fue y aparejó su jumento, 



CAPITULO III. 271 

» 

y marchó á verse con Achis en Geth para reco- 
brar sus esclavos , de donde en efecto se los trajo 
consigo. 

41 Dieron luego parte á Salomón de que Semei 
habia ido de Jerusalem á Geth , y vuelto. 

42 Y enviando el rey á llamarle , le dijo : ¿ No 
te juré yo por el Señor, y te previne que en cual- 
quier dia que salieses para ir acá ó acullá , se te 
quitaria la vida ? Y tú me respondiste : Justa es la 
orden que acabo de oir. 

43 ¿Cómo es pues que has traspasado el jura- 
mento del Señor , y el precepto que yo te puse? 

44 Y añadió el rey á Semei : Tú bien sabes, y 
tu misma conciencia es testigo de todo el mal que 
hiciste á mi padre David. El Señor ha hecho caer 
sobre tu cabeza el castigo de tu maldad. 

45 Mas el rey Salomón será bendito, y el trono 
de David será estable para siempre delante del 
Señor. 

46 En seguida dio el Rey sus órdenes á Ba- 
naias hijo de Joiada, el cual saliendo á fuera le hi- 
rió y le dejó muerto. 

CAPÍTULO III. 

Salomón toma Tpor esposa á una hija de Pharaon. Pide al 
üeñor la sabiduría. Sentencia entre dos mugeres sobre un 
niño. 

1 Salomón pues , afianzado que hubo su trono, 
emparentó con Pharaon , rey de Egypto , despo- 



272 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

sándose con su hija ; hi que condujo á la ciudad de 
David, mientras que acababa de edificar su casa y 
el Templo del Señor ', y los muros al rededor de 
Jerusalem. 

2 Mientras tanto el pueblo ofrecia sacrificios en 
los lugares altos; porque no estaba todavia edifi- 
cado el Templo del Señor. 

3 Y Salomón amó al Señor , y siguió los pre- 
ceptos de David su padre : solamente que ofrecia 
sacrificios y quemaba incienso en los lugares altos *. 

4 Partió pues paraGabaon, áfin de ofrecer allí 
sacrificios : por cuanto era este el mas grande en- 
tre los lugares excelsos ; mil víctimas ofreció Salo- 
món en holocausto sobre aquel altar en Gabaon. 

5 Y aparecióse el Señor por la noche en sue- 
ños ' á Salomón , diciendo : Pide lo que quieres 
que yo te otorgue. 

6 Respondió Salomón : Tú usaste de gran mise- 
ricordia con tu siervo David , mi padre : así como 
él anduvo en tu presencia con verdad , y justicia, 

1 Créese que la bija de Pharaon abrazó la religión de 
los hebreos. Ps. XLIf^. v. 11, 12. No obstante algunos 
opinan qne volvió después á idolatrar ^ y fue causa de la 
caída de Salomón. 

2 Esto es, en ciertos lagares como Beíhel, Sichém, He- 
bron_, Galgal, Gabaon, etc., que los hebreos veneraban por 
haber estado allí el Arca del Señor. Pero después de eri- 
gido el Tabernáculo , no podian ofrecerse sacrificios fuera 
de él, aunque el Señor toleraba alguna vez la costumbre 
antigua. S. Aug. Qucest. XXXVI. in JiuL 

3 Esto es^ en un éxtasi, ó visión profética. Véase Sueño, 



CAPITULO ur. 273 

y rectitud de corazón para contigo : tú le conser- 
vaste tu gran misericordia, y le diste un hijo que 
se sentase sobre su trono, según que hoy se verifica. 

7 Ahora pues , Señor Dios , tú nae has hecho 
reinar á mí , siervo tuyo , en lugar de mi padre 
David; mas yo soy aun como un niño chiquito, 
que no sabe la manera de conducirse. 

8 Por otra parte se halla tu siervo en medio del 
pueblo que tú escogiste , pueblo infinito que no 
puede contarse ni reducirse á número por su mu- 
chedumbre. 

9 Da pues á tu siervo un corazón dócil para que 
sepa hacer justicia , y discernir entre lo bueno y 
lo malo ; porque si no ¿quién será capaz de go- 
bernar este pueblo, este pueblo tuyo tan numeroso ? 

10 Agradó esta oración al Señor, por haber 
pedido Salomón semejante gracia. 

11 Y díjole el Señor : Por cuanto has hecho 
esa petición , y no has pedido para tí larga vida, 
ni riquezas , ni la muerte de tus enemigos ; sino 
que has pedido sabiduría para discernir lo justo : 

12 sábete que yo he otorgado tu súplica, y dá- 
dote un corazón sabio, y de tanta inteligencia que 
no le ha habido semejante antes de tí, ni le habrá 
después \ 

13 Pero aun esto que no has pedido, te lo daré, 
es á saber , riquezas y gloria : por manera que 



1 Sap. XIL V. \7.—Eccli. XLVII. v. 14. 

24 



274 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

no habrá habido en todos los tiempos pasados 
ningún rey que te iguale : 

14 y si tú siguieres mis caminos , y observares 
mis preceptos y mis leyes , conforme lo hizo tu 
padre , te concederé larga vida. 

15 Luego que despertó Salomón, conoció la 
cualidad ó verdad de aquel sueño ; y llegado á 
Jerusalem, presentóse ante el Arca del Testamento 
del Señor, y ofreció holocaustos y víctimas pacífi- 
cas, y dio un gran banquete á todos sus cortesanos. 

16 En aquella sazón acudieron al rey dos mu- 
geres públicas * , y presentándose á su tribunal, 

17 dijo una de ellas : Dígnate escucharme , oh 
señor mió : yo y esta rauger vivíamos en una 
misma casa , y yo parí en el mismo aposento en 
que ella estaba. 

18 Tres dias después de mi parto , parió tam- 
bién ella : nos hallábamos las dos juntas , y no 
habia en la casa nadie sino nosotras dos. 

19 Mas el hijo de esta muger murió una no- 
che ; porque estando ella durmiendo le sofocó. 

20 Y levantándose en silencio á una hora in- 
tempestiva de la noche j cogió á mi niño del lado 
de esta sierva tuya, que estaba dormida, y se le 
puso en su seno, y á su hijo muerto le puso en el 
mió. 

21 Cuando me incorporé por la mañana para 
dar de mamar á mi hijo , le hallé muerto; pero 

1 Véase Jos. II. v. I.— VI. v. 22. 



CAPÍTULO III. 275 

mirándole con mayor atención así que fue dia claro, 
reconocí no ser el mió , que yo habia parido. 

22 A esto respondió la otra muger : Es falso : 
tu hijo es el que murió , y el que vive es el mió. 
La otra por el contrario decia : Mientes ; [pues 
mi hijo es el vivo , y el tuyo es el muerto : y de 
esta manera altercaban en presencia del rey. 

23 Dijo entonces el rey : La una dice : Mi 
hijo es el vivo , el muerto es el tuyo. La otra 
responde : No, que tu hijo es el muerto, y el vivo 
es el mió. 

24 Ahora bien, dijo el rey, traedme una espada. 
y así que se la hubieron traido : 

25 Partid , dijo por medio al niño vivo , y dad 
la una mitad á la una, y la otra mitad á la otra, 

26 Mas entonces la muger que era madre del 
hijo vivo, clamó al rey (porque se le conmovieron 
sus entrañas por amor á su hijo) : Dale , te rue- 
go , oh señor, á ella vivo el niño, y no le mates. 
Al contrario decia la otra : Ni sea mió ni tuyo, 
sino divídase. 

27 Entonces el rey pronunció esta sentencia : 
Dad á la primera el niño vivo , y ya no hay que 
matarle, pues ella es su madre. 

28 Divulgóse por todo Israel la sentencia dada 
por el rey, y se llenaron todos de iin respetuoso te- 
mor acia él, viendo que le asistía la sabiduría de 
Dios para administrar justicia. 



276 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

CAPÍTULO IV. 

De los principales oficiales y gobernadores que tenia Salo- 
món ; idea de la magesiad y gloria de este rey. 

1 Reinaba pues Salomón sobre todo Israel ; 

2 y estos eran sus principales ministros : Aza- 
rías , hijo del Sumo sacerdote Sadoc : 

3 Elihoreph y Ahias , hijos de Sisa, secretarios : 
Josaphat , hijo de Ahilud, canciller : 

4 Banaias , hijo de Joiada , general de los ejér- 
citos : Sadoc y Abiathar, Sumos sacerdotes : 

5 Azarías, hijo de Nathan , superintendente de 
los que asistian al rey ' : Zabud , hijo de Nathan, 
sacerdote , privado ó confidente del rey : 

6 y Ahisar , mayordomo mayor : y Adoniram, 
hijo de Ada , superintendente de las rentas. 

7 Tenia también Salomón doce intendentes re- 
partidos en todo Israel , los cuales proveían de 
víveres al rey y á su palacio. Cada uno de estos 
suministraba durante un mes al añoi;odo lo nece- 
sario. 

8 Y he aquí sus nombres : Benhur , intendente 
en toda la montaña de Ephraira : 

9 Bendecar , en Macees , y en Salebim , y en 
Bethsames , y en Elon, y en Bethanan : 



1 Sumiller ó camarero mayor. Es muy difícil interpretar 
bien estos empleos. 



CAPÍTULO IV. 277 

10 Benhesed, en Aruboth ; y á este le perte- 
necía tambienSochó , y todo el territorio deEpher. 

11 Benabinadab, que tenia toda la provincia de 
Nephathdor : estuvo este casado con Tapheth, 
hija de Salomón : 

12 Baña , hijo de Ahilad , tenia la intenden- 
cia de Thanac y de Mageddo, y de todo el pais de 
Bethsan , que está cerca de Sarthana , debajo de 
Jezrael, desde Bethsan hasta Abelmehula en frente 
de Jecmaam : 

13 Bengaber en Ramoth de Galaad , tenia las 
villas de Avoth-Jair hijo de Manassés en Galaad, y 
gobernaba todo el pais de Argob, que está en Ba- 
san , á sesenta poblaciones grandes y muradas 
cuyas puertas se cerraban con barras de bronce. 

14 Ahinadab, hijo de Addo, presidia en Manaim : 

15 Achímaas en Nephtali , quien estuvo asimis- 
mo casado con Basemath, hija de Salomón : 

16 Baana, hijo de Husi, en Aser, y en Baloth : 

17 Josaphat , hijo de Pharué, en Issacbár : 

18 Semei, hijo de Ela, en Benjamin : 

19 Gaber hijo de Huri en la tierra de Galaad, 
en la tierra que fue de Sehon rey de losamorrheos, 
y de Og rey de Basan ; y cuidaba de todo lo de 
aquel pais. 

20 Judá é Israel formaban un pueblo innumera- 
ble como las arenas del mar ; y comian y bebían 
con alegría. 

21 Extendíase el dominio de Salomón sobre to- 
dos los reinos del pais de los philistheos , desde el 



278 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

rio Euphrates hasta las fronteras de Egypto ' : los 
cuales le traían presentes y le estuvieron sujetos 
todo el tiempo que vivió. 

22 Las provisiones para la mesa de Salomón ó 
gasto de su palacio^ eran cada d¡a]treinta coros ^ de 
flor de harina , y sesenta de harina común : 

23 diez bueyes cebados y veinte de pasto, y cien 
carneros , sin contar la caza de ciervos, corzos , y 
búfalos, y aves cebadas , ó volatería; 

24 porque era el señor de todo el pais de la 
otra parte del rio , desde Thapsa hasta Gaza, y de 
todos los reyes de aquellas regiones ; y estaba en 
paz con todos los confinantes de las fronteras. 

25 Así es que Judá é Israel vivian sin zozobra 
ninguna , cada cual á ia sombra de su parra , ó de 
su higuera , desde Dan hasta Bersabée , todo el 
tiempo que reinó Salomón. 

26 Demás de esto tenia Salomón en sus caba- 
llerizas ^ cuarenta mil caballos para carros de guer- 
ra, y doce mil de montar : 

27 á los cuales mantenían los sobredichos doce 
proveedores del rey : los mismos que con gran 
esmero proveían á su debido tiempo la mesa del 
rey Salomón de todo lo necesario. 

1 Así el texto hebreo ; y asi leía San Agustín , Quoest. 
XXI. in Jos.— 1 1. Par. IX. i\ 26. 

2 Véase Coro. 

3 Estas eran cuatro mi!, de á diez caballos cada una, II. 
Paral. IX. v. 25. La mayor parte de los expositores re- 
prneban esto á Salomen. Véase Deut. XVII. v. Id. 



CAPÍTULO IV. 279 

28 Y asimismo conducían al lugar donde se ha- 
llaba el rey, cebada y paja para los caballos y bes- 
tias de carga, según la orden que se les tenia dada. 

29 Dio ademas Dios á Salomón una sabiduría 
y prudencia incomparable , y una magnanimidad 
inmensa , como la arena que está en las playas 
del mar. 

30 Aventajaba la sabiduría de Salomón á la sa- 
biduría de todos los orientales y de los egypcios. 

31 Era mas sabio que todos los hombres : mas 
sabio que Ethan ' el ezrahita , y que Heman , y 
Chálcol, y Dorda hijos de Mahol ; y era muy cele- 
brado en todas las naciones comarcanas. 

32 Pronunció también tres mil parábolas ^ ; y 
sus cánticos fueron mil y cinco. 

33 Trató asimismo de todas las plantas, desde 
el cedro que se cria en el Líbano, hasta el hysopo 
que brota de las paredes ; y discurrió acerca de 
todos los animales y de las aves , de los reptiles, y 
de los peces. 

34 Por loquevenian de todos los paises á escu- 
char la sabiduría de Salomón ,y enviados de todos 
los reyes de la tierra , entre los cuales se habia 
esparcido la fama de su sabiduría. 



1 Este nombre se lee Ps. LXXXVIII. 1. Par. XK v. 
19. 

2 Una parte de ellas se halla en el libro de los Prover- 
bios, desde el rap. X. al fin de ellos. 



280 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

CAPITULO V. 

Preparativos para la fábrica del Templo. Hiram se ofrece 
á suministrarle los materiales. 

1 Ademas de eso Hiram , rey de Tyro , envió 
sus embajadores á Salomón % habiendo sabido que 
le habian ungido rey en lugar de su padre ; por- 
que Hiram habia sido siempre amigo de David. 

2 Salomón despachó también una embajada á 
Hiram , diciéndole : 

3 Bien sabes el deseo que tuvo mi padre David, 
y que no pudo edificar el Templo al Nombre del 
Señor su Dios , á causa de las guerras que tenia 
con sus vecinos, .hasta que el Señor se los puso 
bajo las plantas de sus pies. 

4 Mas ahora el Señor mi Dios me ha dado re- 
poso por todas partes, y no tengo enemigo ni obs- 
táculo alguno : 

5 por lo cual pienso edificar un Templo al Nom- 
bre del Señor Dios mió, como lo dejó el Señor 
ordenado á mi padre David , diciendo : Tu hijo 
á quien pondré en tu lugar sobre tu solio , ese ha 
de edificar el Templo al Nombre mió. 

6 Da pues orden á tus gentes que me corten 
cedros del Líbano , y mis gentes se juntarán con 

°,„ 1 Esto sacedlo luego que Salomón fue ungido rey ; pero 
se habla ahora de ello, por razón de la fábrica del Templo, 
de que se va á tratar. 



CAPÍTULO V. 281 

las tuyas, y por el salario de estas te daré todo lo 
que pidieres ; porque bien sabes que no hay en 
mi pueblo quien sepa labrar la madera como los 
sidonios. 

7 Así que oyó Hiram la embajada de Salomón , 
alegróse sobremanera , y exclamó : Bendito sea 
hoy el Señor Dios ' que dio á David un hijo sa- 
pientísimo para gobernar un pueblo tan numeroso. 

8 Inmediatamente Hiram envió á decir á Salo- 
món : He oido todo lo qwe me pides : cumpliré 
todos tus deseos en orden á las maderas de cedro 
y de abeto. 

9 Mis siervos las trasportarán desde el Líbano al 
mar, y haré acomodarlas en almadías ó balsas , di- 
rigiéndolas al lugar que me señalares, y las haré ar- 
rimar allí , y tú las mandarás recoger. Entretanto 
rae suministrarás lo que necesite para el manteni- 
miento de mi casa ^. 

10 Daba pues Hiram á Salomón maderas de 
cedro y de abeto , cuantas este queria ; 

11 y Salomón por su parte daba á Hiram para 
sustento de su palacio ^ veinte mil coros de trigo, 



1 En muchos pueblos gentiles se respetaba el Dios de 
los hebreos como un Dios particular de dicho pueblo. I 
Reg. IV.— 'Dan. VI. v. 16. — 11. Mach. III. — lU. Reg. 
XX. V. 23. 

2 Esto eSj de los que trabajen para tí en mi casa. 

3 Esto es , de la gente que mantenía el rey, ó de dichos 
operarios. 



í>82 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

y veinte mü de aceite purísimo. Todo esto daba 
anualmente Salomón tá Hiram. 

12 Dio también el Señor á Salomón la sabidu- 
ría como se lo habia prometido. Y tenían paz en- 
tre sí Hiram y Salomón , é hicieron alianza recí- 
proca. 

13 Tras esto escogió el rey Salomón obreros 
de todo Israel , y fueron los pedidos treinta mil 
hombres : 

14 los cuales enviaba al Líbano por su turno^ 
diez mil cada mes ; de modo que estaban dos me- 
ses en sus casas. Adonirám era el que cuidaba del 
cumplimiento de esta disposición. 

15 Tuvo también Salomón setenta mil hombres 
para la conducción de los materiales , y ochenta 
mil canteros en el monte : 

16 sin contar los sobrestantes de cada una de las 
obras en número de tres mil y trescientos, los cua- 
les dirigian la gente y los obreros. 

17 Mandó también el rey que sacasen piedras 
grandes , piedras de gran precio para los funda- 
mentos del Templo, y las cuadrasen : 

18 lo cual ejecutaron los canteros de Salomón 
con los de Hiram ; particularmente los Giblios, 
que fueron los que pulieron las maderas y las 
piedras para la fábrica del Templo. 



283 



CAPITULO VI. 

Descríbese la fábrica del Templo. 

1 Comenzóse á edificar la Casa del Señor en 
el año cuatrocientos y ochenta después de la 
salida de los hijos de Israel de la tierra de 
Egypto , el año cuarto del reinado de Salomón 
sobre Israel , en el mes de Zio , esto es , el mes 
segundo. 

2 Y la Casa que el rey Salomón edificaba al 
Señor ', tenia sesenta codos de largo , veinte de 
ancho, y treinta de alto. 

3 Delante del Templo habia un pórtico de 
veinte codos de largo , según la medida de lo 
ancho del Templo : y tenia diez codos de ancho 
delante de la fachada del Templo. 

4 En el Templo ^ hizo ventanas trasversales 
ó claraboyas; 

5 y junto al muro que cercaba el Templo, fa- 
bricó estancias éntrelas paredes del edificio, alre- 
dedor del Templo y del oráculo o Santa-Santomm ; 
é hizo lados ó para-peíos en todo el contorno. 

6 El piso bajo ó suelo tenia cinco codos de 
ancho, el de en medio seis codos, el tercero siete; 

1 Esto es, la parte llamada Sanio, y la otra interior 
llamada Santa- Sautoi-um. 

2 Esto es, en la parte llamada SanH; pues el Sanla- 
Santorum no recibía mas luz que la que entraba por la 
puerta. 



284 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

y en todo el edificio por defuera asentó las vi- 
gas de tal modo que no estuviesen metidas en 
las paredes del Templo. 

7 La fábrica de la Casa del Señor se hizo de 
piedras labradas de antemano ' ; sin que , durante 
la obra de la Casa del Señor , se oyese en ella 
ruido de martillo , ni de hacha ó azuela , ni de 
ninguna otra herramienta. 

8 La puerta del piso de en medio estaba al 
lado derecho del edificio, y por un caracol se su- 
bía á la estancia de en medio , y de esta al ter- 
cer alto. 

9 Así edificó la Casa y la perfeccionó , y cu- 
brióla con artesonados de cedro. 

10 Y edificó habitaciones con tablas al rededor 
de todo el edificio , de cinco codos de altura , y 
cubrió la Casa con maderas de cedro. 

11 Después de lo cual habló el Señor á Salo- 
món , diciendo : 

12 En esta Casa que has edificado (si tú si- 
guieres mis preceptos , y practicares mis deter- 
minaciones , y guardares todos mis mandamien- 
tos sin desviarte de ellos), verificaré en tu persona 
la promesa que hice á David tu padre ; 

13 y habitaré en medio de los hijos de Israel, 
y no desampararé nunca al pueblo mió de Israel. 

14 Edificó pues Salomón el Templo, y conclu- 
yóle. 

1 Ea las mismas canteras. 



CAPITULO VI. 285 

15 Las paredes del edificio las revistió por den- 
tro de tablas de cedro desde el suelo hasta el re- 
mate de las paredes , y hasta el techo , cubrién- 
dolo todo por dentro con madera de cedro : cu- 
brió asimismo el pavimento del Templo con tablas 
de abeto. 

16 En la parte posterior del Templo formó 
de tablas de cedro un edificio ó división de vein- 
te codos desde el pavimento hasta lo mas alto; 
y le destinó para lugar interior del oráculo ó San- 
ta-Santorum. 

17 El Templo desde la puerta del oráculo 
husía abajo tenia cuarenta codos. 

18 Y todo el edificio por adentro estaba re- 
vestido de cedro , con sus ensambladuras y jun- 
turas hechas con mucho primor, y artificiosamente 
esculpidas : todo estaba cubierto de tablas de ce- 
dro, de tal forma que no se podia ver ni una sola 
piedra de la pared, 

19 El oráculo le habia edificado en el fondo 
del Templo , en la parte mas interior , para colo- 
car allí el Arca del Testamento del Señor. 

20 Tenia este oráculo, ó Santa- Santorwn, 
veinte codos de largo , veinte codos de ancho, 
y veinte codos de alto ; y le cubrió y revistió 
de oro purísimo. Cubrió también de oro el altar 
o mesa de cedro '. 

21 Aun la parte del Templo que estaba de 

1 Sobre el cual habia de colocarse el Arca. 
ToM. IV. 25 



286 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

lante del oráculo, la cubrió con oro acendraJo, 
clavando las planchas de oro con clavos de lo 
mismo. 

22 No habla parte alguna dentro del Templo 
que no estuviese cubierta de oro ; y de oro cu- 
brió también todo el altar de los perjiímes, que está 
delante de la puerta del oráculo. 

23 Dentro del oráculo puso dos querubines lie- 
cbos de madera de olivo , de diez codos de alto ' . 

24 Cinco codos tenia cada una de las dos alas 
del querubín ; y así habia diez codos desde la 
punta de una ala hasta la punta de la otra. 

25 Igualmente el segundo querubin era de diez 
codos con la misma dimensión ; pues los dos que- 
rubines eran de una misma hechura. 

26 Esto es , el un querubin tenia de altura diez 
codos , y otros tantos el otro. 

27 Estos querubines los colocó en medio del 
templo interior , ú oráculo , y tenian extendidas 
sus alas , y el ala de un querubin tocaba á la pa- 
red , y la ala del segundo tocaba á la otra pa- 
red ; y las otras dos alas se tocaban entre sí 
en el punto de en medio del templo ú ordcido. 

28 Cubrió también de oro los querubines. 



1 Estos dos querubines, con la longitud de sus ajas ex- 
tendidas, ocupaban todo lo ancho del Sania- Santorum , y 
la mitad de su altura, sirviendo como de sombra ó dosel al 
Arca. 



CAPÍtuliO VI. -287 

20 E hizo adornar todas las paredes del Tem- 
plo ai rededor con varias molduras y relieves, íigii- 
rándo en ellas querubines y palmas , y diversas 
figuras , que parecían saltar y salirse de la pared. 

30 El mismo pavimento del Templo , tanto en 
la parte interior ú oráculo , como en la exterior , 
le cubrió de oro. 

31 Y á la entrada del orácttlo hizo dos puer- 
tecitas de madera de olivo , y sus postes ó cc- 
himnas eran de cinco caras. 

32 En estas dos puertas de madera de olivo 
entalló figuras de querubines , y de palmas , y 
bajos relieves de mucho realce , y los cubrió de 
oro ; cubriendo también de oro, tanto los queru- 
bines como las palmas y todas las demás mol- 
tkiras. 

33 E hizo á la entrada del Templo postes de 
madera de olivo cundrangulares , 

34 y dos puertas de madei^a de abeto , una á 
uii lado , y otra á otro ; y ambas puertas eran de 
dos hojas , que se abrian sin desunirse. 

35 En ellas esculpió querubines y palmas , y 
varias molduras de mucho relieve , cubriendo ó 
adornando i:an\tn cosa con láminas de wo . ti'abajado 
todo á escuadra y regla. 

36 Y edificó el atrio interior con tres órdenes 
de piedras labradas , y un orden de maderas de 
cedro. 

37 Echáronse los cimientos de la Casa del Se- 
ñor el año cuarto en el mes de Zio ; 



288 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

38 y al año undécimo en el mes de Bul , esto 
es , el mes octavo , se concluyó la Casa del Señor 
en todas sus partes , y con todos sus utensilios. 
Y edificóla Salomón en siete años '. 

CAPITULO VIL 

Salomón edifica su palacio. Forma dos columnas de bronce 
para el Templo, y el mar de bronce. 

1 Fabricó después Salomón , y acabó entera- 
mente en trece años , su propia casa. 

2 Contruyó asimismo la casa ó palacio del 
bosque del Libano ^ que tenia cien codos de largo 
y cincuenta de ancho , y treinta de alto ; y habia 
cuatro galerías entre columnas de cedro ; pues 
de los maderos de cedro habia formado columnas: 

3 y revistió de tablas de cedro toda la bóveda, 
la cual estribaba sobre cuarenta y cinco columnas 
ó pilares. Cada hilera tenia quince columnas , 

4 asentadas una en frente de otra 

5 y paralelas, con igual espacio entre columna 
y columna : y sobre las columnas habia travesanos 
cuadrangulares , todos iguales. 

6 Hizo también un pórtico de columnas , que 
tenia cincuenta codos de largo y treinta de an- 



1 Y seis meses. Véase Número. 

2 Así llamada, ó por las columnas de cedro traídas del 
IJbano, ó por tener cerca una frondosa arboleda, semejante 
ala del Líbano, como se deduce del cháldeo. 



CAPITULO VII. 289 

cho.' Ademas un segundo pórtico delante del pór- 
tico grande , con columnas y arquitrabes sobre 
las columnas. 

7 De la misma forma hizo el pórtico del trono, 
donde estaba el tribunal del rey, y cubrióle de ma- 
dera de cedro desde el pavimento hasta la te- 
chumbre : 

8 y el estrado ó solio , donde se sentaba para 
hacer justicia , estaba en medio de este pórtico, y 
era de igual labor. Fabricó asimismo Salomón para 
la hija de Pharaon ( que habia tomado por esposa ) 
una casa ó habitación de la misma arquitectura, que 
la casa del pórtico. 

9 Todos estos edificios desde los cimientos hasta 
lo mas alto de las paredes , y por afuera hasta el 
atrio principal , eran de piedras de gran valor, 
aserradas por todas partes con la misma regla y 
medida. 

10 Los cimientos eran también de piedras de 
mucho precio , piedras grandes de diez ó de ocho 
codos : 

1 1 y de allí arriba piedras igualmente aprecia- 
bles, cortadas á una misma medida , y revestidas 
también de cedro. 

12 El atrio grande tenia á la redonda tres ór- 
denes de piedras de sillería, y uno de vigas de ce- 
dro labrado ; y lo mismo tenia el atrio interior del 
Templo del Señor, y su pórtico. 

13 Demás de esto el rey Salomón hizo venir de 
Tyro á Hiram, 



290 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

14 hijo de una muger viuda de la tribu de 
Nephthali, y de padre tyrio; artífice dotado de 
gran saber , inteligencia, y maestría para ejecutar 
todo género de obras de bronce. El cual habiéndose 
presentado al rey Salomón, le hizo todas sus obras, 

15 Primeramente fundió dos columnas de bron- 
ce ' , cada una de diez y ocho codos de alto : daba 
vuelta á cada columna un cordón , ó moldura^ de 
doce codos ^. 

16 Fundió asimisnao dos chapiteles de bronce^ 
para ponerlos sobre los remates de las columnas r 
el un chapitel tenia cinco codos de alto , y otros 
tantos el otro : 

17 y estaban rodeados como de una red de ca- 
denas entrelazadas entre sí coa maravilloso artifi- 
cio. Los dos chapiteles de las columnas eran de 
fundición ; en cada uno de los cuales habia siete 
hileras de mallas ó trenzas, 

18 Y para complemento de las columnas hizo 
dos órdenes de mallas ó redes , que circuían y cu- 
brían los chapiteles asentados sobre pezones de graz- 
nadas : lo mismo hizo con el segundo chapitel que 
con el primero. 

19 Los chapiteles puestos sobre los remates de 
las columnas en el pórtico estaban labrados en 
forma de azucena, y eran de cuatro codos. 

20 Y ademas sobresalían otros dos chapiteles en- 

1 Para la puerta del atrio del Templo. 

2 Que era la circunfereccia de cada colarana. 



CAJ^ITULO Vil. 291 

tima de las columnas entre las mallas, proporciona- 
dos á la medida de cada columna ; y así en el segun- 
do chapitel, comoen el primero , se veían doscientas 
granadas colocadas al rededor con simetría. 

21 Y asentó las dos columnas en el pórtico del 
Templo, y alzado que hubo la de la derecha, lla- 
móla Jachin ' : levantada igualmente la segunda^ 
le puso por nombre Booz. 

22 Sobre las cabezas de las columnas puso re- 
mates , que tenían la figura de azucena ; y con 
esto quedó concluida la obra de las columnas. 

23 Hizo también de fundición una gran concha -, 
toda redonda , de diez codos de diámetro , de un 
borde al otro : tenki cinco codos de profundidad, 
y un cordón ó moldura de unos treinta codos ceñía 
toda su circunferencia. 

24 Mas abajo del borde corría una obra de talla 
por cada diez codos , la cual rodeaba la concha : 
los dos órdenes de estas molduras acanaladas eran 
también de fundición. 

25 El mar, ó concha, estaba sobre doce bueyes ^y 
de los cuales tres miraban al Septentrión , tres al 
Occidente , tres al Mediodía , y tres al Oriente, y 
'a concha se apoyaba sobre ellos , quedando las 

1 Esto es, ^rme^rt. p^i significa Dios afianzará. Y 
ly^ En él está la fortaleza. 

2 Llamada Mar por su gran cantidad de agua. 

3 Algunos Expositores opinan que el agua salia^de la bo- 
ca de evstos bueyes por medio de las canillas puestas eu 
ella. 



292 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

partes posteriores del cuerpo de los bueyes ente- 
ramente ocultas acia la parte de adentro. 

26 Tenia este baño un palmo de grueso : subor- 
de era semejante al borde de una copa, y á la boja 
de una azucena abierta : cabian en él dos mil batos '. 

27 Fundió también diez basas de bronce ^ : cada 
una tenia cuatro codos de largo , cuatro de ancho 
y tres de alto. 

28 Todas las labores de las basas eran obra en- 
tretallada con molduras entre las junturas ; 

29 y entre guirnarldas y festones se veían leo- 
nes y bueyes, y querubines, y asimismo sobre las 
junturas : debajo de los leones y bueyes colga- 
ban unas como coyundas de bronce. 

30 Cada basa se sostenia sobre cuatro ruedas 
con ejes de bronce y á las cuatro esquinas debajo 
del baño babia como cuatro espaldillas ó zocalillos 
de fundición, uno en frente de otro. 

31 En el remate de la basa habia por adentro 
una concavidad donde encajaba la pila del baño ; 



1 Cabían cómodamente , ó llenándole del modo regular, 
nnas tres mil setecientas cincuenta arrobas de agua ; pero 
cabla mucha mayor cantidad llenado enteramente. 1. Par. 
IV. V. 5. Véase Ba¿o. 

2 Para otras tantas conchas menores. Estas conchas 
parece que eran para uso del Templo, y se raovian sobre 
ruedas de bronce. II. Par. IV. v. 6. La grande era inmo- 
vible , y con su agua se lavaban los sacerdotes. Las pe- 
queñas servían para lavar la carne de las víctimas antes de 
ponerla sobre el altar, etc. 



CAPITULO VII. 293 

y lo que se descubría por fuera en espacio de un 
codo , era perfectamente redondo , y la boca en- 
tera tenia codo y medio : en las esquinas sosteni- 
das de los zócalos había varias esculturas ; y los 
intermedios de los zócalos eran cuadrados , no re- 
dondos. 

32 Las cuatro ruedas puestas en los cuatro 
ángulos de la basa estaban ' debajo de la basa, 
correspondiéndose una á otra : cada rueda tenía 
codo y medio de alto. 

33 Las ruedas eran como las que suelen hacerse 
para un carro ; con sus ejes y rayos , y llantas , y 
cubos, todo de fundición j 

34 porque aun aquellos cuatro hombrillos ó zo- 
caUllos á las cuatro esquinas de cada basa estaban 
fundidos con la misma basa en un molde, y unidos 
con ella. 

35 En lo alto de la basa habia un cerco redondo ^ 
de medio codo , hecho de tal manera que pudiese 
asentar encima la concha ; y tenia sus molduras 
y varias labores de relieve, todo de una pieza ; 

36 y en los costados que también eran de bronce, 
y en las esquinas esculpió querubines , y leones, y 
palmas, con tal arte , que no parecían esculpidos, 
sino sobrepuestos al rededor , y tan al vivo como 
un hombre que está en pie '. 

1 Unidas por medio de dos ejes. 

2 Como el pezón de ella. 

3 Alude á la figura de los querubines, la cual se parecía 
á la de un hombre que está en pie. 



á"d4 LIBRO TERCliRO DE LOS REYES. 

37 A este tenor fabricó las diez basas , fandidas 
de un mismo modo, y de una misma medida y eti- 
talladura. 

3S Fundió tambiei) diez conchas é balús de 
bronce : en cada concha cabian cuarenta batos , 
y era de cuatro codos , y asentó una concha sobre 
cada una de las diez basas. 

39 Y colocó las diez basas , cinco á la mano de- 
recha del Templo, y cinco á la izquierda ; y la gran 
concha ó mar á la derecha del Templo entre Orien- 
te y Mediodía. 

40 Hizo también Hiram calderos y cuencos y 
calderillas, y concluyó todo cuanto le ordenó hacer 
ei rey Salomón para el Templo del Señor; 

41 esa saber , las dos columnas , y los dos cor- 
dones de los chapiteles de las columnas , y las dos 
mallas que cubrían los dos cordones que estaban 
sobre las cabezas de las columnas : 

42 cuatrocientas granadas en las desmallas : dos 
órdenes de granadas en cada malla, que cubria los 
cordoriCs de los chapiteles, asentados sobre las ca- 
bezas de las columnas : 

43 las diez basas y las diez conchas sobre las 
basas : 

44 el mar y los doce bueyes de debajo del mar, 

45 y los calderos , cuencos y calderillos. Todos 
ios vasos que hizo Hiram al rey Salomón para el 
servicio de la Casa del Señor, eran de bronce fino. 

46 Hízolos fundir el rey en las llanuras del Jor- 
dán en una tierra gredosa, entre Sochóth y Sarthan. 



CAPÍTULO VIII. 2{>5 

47 Y puso Sxiloraon todos estos vasos en el Tem- 
plo; y por su excesivo número no se tuvo cuent.i 
con el peso del metal. 

48 Mandó hacer también Salomón todo aquello 
fjue debia servir para la Casa del Señor : el altar 
de oro, y la mesa de oro , sobre la cual se habían 
«le poner los panes de la proposición : 

49 y los candeleros de oro , cinco á la derecha 
y cinco á la izquierda delante del oráculo , todos 
de oro acendrado , con unas como flores de lis, 
y encima fZe los candeieros las lámparas ó mecheros, 
y despaviladeras de lo mismo , 

5Q y tenajuelas , y arrejaques, y tazas^ y mor- 
íerillos é incensarios de finísimo oro. Los quicios 
de las puertas de la Casa interior del Santo de ¡os 
Santos y de las puerta del Templo eran asimis- 
mo de oro. 

51 Así completó Salomón toda la obra que te- 
nia trazada para la Casa del Señor , y metió en 
ella el oro , la plata y todos los vasos que su 
padre David habia consagrado d Dios , y lo man- 
dó guardar todo en los tesoros de la Casa del 
Señor. 

r 
CAPITULO VIIL 

Dedicación solemnísima del Templo , al cual se traslada el 
Arca: oración de Salomón: número de víctimas inmola- 
das. 

1 Entonces se congregaron en Jerusalcm todos 



296 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

los Ancianos de Israel con los príncipes de las 
tribus y las cabezas de las familias de los hijos 
de Israel , al llamamiento del rey Salomón para 
trasladar el Arca del Testamento del Señor desde 
la ciudad de David , esto es , desde Sion. 

2 Juntóse pues todo Israel ante el rey Salomón 
en el dia solemne del mes Ethanira , que es el 
mes séptimo. 

3 Y acudieron todos los Ancianos de Israel : y 
los sacerdotes tomaron el Arca del Señor, 

4 y el Tabernáculo de la Alianza en que estaba^ 
y todos los vasos del Santuario que habia en el 
Tabernáculo ; y llevábanlos los sacerdotes y le- 
vitas. 

5 Mas el rey Salomón y toda la multitud de 
Israel reunida á él , iban delante del Arca , é in- 
molaban ovejas y bueyes sin tasa ni número. 

6 Por fin los sacerdotes colocaron el Arca del 
Señor en el lugar destinado del oráculo del Tem- 
plo, en el Santa-Santorum , debajo de las alas de 
los querubines. 

7 Pues estos querubines tenían extendidas sus 
alas sobre el sitio del Arca , y cubrían por arriba 
el Arca y sus varas ; 

8 y las varas que antes ' salían algún tanto á 
fuera , dejándose ver sus cabos fuera del Santua- 
rio delante del oráculo , ya no se descubrían mas 



1 En el antiguo Tabernáculo. 



CAPÍTULO VIII. 297 

por fuera ; y de esta manera han quedado allí 
hasta el dia de hoy. 

9 Dentro del Arca no había otra cosa sino las 
dos tablas de piedra' que habia puesto en ella 
Rloysés en Horeb, cuando el Señor hizo la alianza 
con los hijos de Israel , luego que salieron de la 
tierra de Eg-ypto. 

10 Y sucedió que al sahr los sacerdotes del 
Santuario , una niebla llenó la casa del Señor; 

11 de manera que los sacerdotes no podian 
estar allí para ejercer su ministerio por causa de 
la niebla ; porque la gloria del Señor tenia ocu- 
pada de lleno la Casa del Señor. 

12 Entonces dijo Salomón : El Señor tiene di- 
cho que habia de morar en una niebla. 

13 No he descansado , oh Dios, hasta ver con- 
cluida una casa para tu habitación , para trono 
tuyo firmísimo para siempre. 

14 Y volviéndose el rey acia toda la congre- 
gación de Israel ^, le deseó y pidió para ella toda 
suerte de felicidades : pues todo Israel se hallaba 
allí reunido. 

15 Y añadió Salomón : Bendito sea el Señor 
Dios de Israel , el cual por su propia boca predijo 
á David mi padre lo que con su poder ha ejecu- 
tado , diciendo : 



1 Véase Arca. 

2 En medio del atrio habia uoa especie de tribuna ó tro- 
no para el rey. II. Par. VI. v. 13. 

26 



2í)S LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

16 Desde el día que saque de Eg-ypto á mi 
pueblo de Israel , yo no rae escogí ninguna ciu- 
dad eütre todas las tribus de Israel , para edificar 
en ella casa donde se invocase mi Nombre : escogí 
sí á Oavid para que fuese el ge fe de rai pueblo de 
Israel. 

17 Quiso pues David rai padre edificar una 
Casa al Nombre del Señor Dios de Israel. 

18 Pero el Señor dijo á mi padre David: Bien 
has hecho en haber ideado en tu corazón el fa- 
bricar Casa á mi Nombre , formando en tu mente 
tal designio. 

19 Con todo, no me edificarás tú la Casa , sino 
un hijo tuyo , que descenderá de tí , ese ha de 
edificar la Casa á rai Nombre. 

20 El Señor puso en ejecución la palabra que 
pronunció ; y yo ocupé el lugar de mi padre , y 
me senté sobre el trono de Israel , como el Señor 
lo había dicho, y he edificado la Casa al Nombre 
del Señor Dios de Israel ; 

21 y en ella he escogidolugar para el Arca, den- 
tro de la cual estcá la Ley, que es la alianza del Señor, 
hecha con nuestros padres cuando salieron de 
!a tierra de Egypto. 

22 Púsose después Salomón eje rodillas * ante 
el Altar del Señor , á vista de la asamblea de Is- 
rael , y levantando las manos acia el cielo , 



1 Verso 54. Mostrando con esta postura no usada su fer- 
vorosa humildad. 



CAPÍTULO VIH. 299 

23 dijo : Oh S«ñor Dios de Israéi , no hay 
Dios semejante á tí ni aniba en el cielo , ni acá 
abajo en la tierra : tú guardas el pacto y lisas de 
misericordia con tus siervos , «que andan en tu 
presencia cotí todo su corazón : 

24 tú has cumplido á tu siervo David mi padre 
la palabra que le diste : pronuncióla tu boca , y 
la ejecutaron tus manos , como lo acredita este 
dia. 

25 Ahora pues , Señor Dios de Israel , confirma 
á tu siervo David mi padre lo que le prometiste, 
diciendo : No faltará jamas d-e tu linage quien se 
siente ante mí sobre el trono de Israel; con tal 
empero que tus hijos invigilen sobre sus pasos, 
y anden delante de mí como tú has andado en mi 
presencia. 

26 Sí , oh Señor Dios de Israéi , confírmense 
iioi/ tus promesas hechas á tu siervo David mi 
padre. 

27 Mas en efecto , ¿es creible que verdadera- 
mente Dios ha de habitar sobre la tierra ? Porque 
si los cielos , oh Seíior, si ni los altísimos cielos no 
pueden abarcarte , ¿ cuánto menos esta Casa que 
yo he fabricado ? 

28 Como quiera, oh Señor Dios mío, atiende 
Á la oración de tu siervo , y á sus súplicas : escu- 
cha los hymnos y las plegarias que tu siervo pro- 
nuncia hoy en tu presencia : 

29 estén tus ojos abiertos de dia y de noche 
sobre esta Casa, sobre la Casa de la cual dijiste : Mi 



300 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

Nombre será en ella invocado ; de modo que oigas 
la oración que tu siervo te hace en este sitio , 

30 y escuches las súplicas de tu siervo y de 
Israel pueblo tuyo , sobre cuanto te pidan en este 
lugar : sí, tú los oirás , oh Señor ^ desde el lugar 
de tu mansión en el cielo , y en oyéndolos te 
mostrarás con ellos propicio. 

31 Si un hombre pecare contra su prójimo , y 
tuviere que hacer algún juramento con que quede 
obligado , y viniere á tu Casa ó Templo , ante tu 
altar para prestar ó confirmar el juramento , 

32 tú estarás escuchándole desde el cielo : y 
harás justicia á tus siervos , condenando al impío, 
y haciendo caer sobre su cabeza el castigo de su 
mal proceder; y absolviendo al justo, y recom- 
pensándole según su justicia. 

33 Si tu pueblo de Israel huyere á la presencia 
de sus enemigos (porque vendrá dia en que pe- 
cará contra tí) y haciendo penitencia , y dando 
gloria á tu nombre , vinieren sus hijos á orar y 
á implorar tu misericordia en esta tu Casa , 

34 óyelos tú desde el cielo , perdona el pecado 
de tu pueblo de Israel , y restituyelos á la tierra 
que diste á sus padres. 

35 Si el cielo se cerrare , y no lloviere por causa 
de sus pecados , y orando en este lugar hicieren 
penitencia , dando gloria á tu Santo Nombre , y en 
su aflicción se convirtieren de sus culpas, 

36 atiéndelos , Señor, desde el cielo , y perdona 
los pecados de tus siervos , y de Israel pueblo 



CAPÍTULO VIII. 301 

tu3'^0 ; y enséñales el buen camino por donde 
deben andar, y envía lluvias á esla tu tierra , cuya 
posesión diste á tu pueblo. 

37 Si viniere hambre al pais, ó peste, ó infec- 
ción de aire, ó tizón, ó langosta, ó añublo ; si los 
enemigos le devastaren sitiando sus ciudades : en 
toda plaga , en toda suerte de calamidad que vi- 
niere ; 

38 siempre que cualquier particular de tu 
pueblo de Israel recurriere á tí con votos y ple- 
garias, y reconociendo la llaga que ha hecho el peca- 
do en su corazón, levantare á tí sus manos en esta 
Casa, 

39 tú le escucharás benigno desde el cielo, des- 
de aquel lugar de tu morada, y te le mostrarás 
propicio ; y darás á cada uno según sus obras , 
conforme vieres su corazón (porque solo tú cono- 
ces el corazón de todos los hijos de los hom- 
bres) ; 

40 á fin de que te teman, mientras viven sobre 
la tierra que diste á nuestros padres. 

41 Asimismo cuando el extrangero , que no 
pertenece á tu pueblo de Israel , viniere de lejas 
tierras por amor de tu Nombre ' (puesto que se 
esparcirá por todas partes la fama de tu grande 
Nombre, y de tu poderosa mano, 

42 y de tu fuerte brazo) cuando viniere, digo, 
y orare en este lugar, 

I Véase Nombre. 



302 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

43 tú le oirás desde el cielo, desde aquel firma- 
mento en que tienes tu habitación, y otorgarás todo 
cuanto te suplicare el extrangero ; para que así 
todos los pueblos del mundo aprendan á temer tu 
Nombre, como tu pueblo de Israel, y sepan por 
experiencia que tu Nombre es invocado en esta 
Casa, que yo he edificado. 

44 Si tu pueblo saliere á campaña contra sus 
enemigos, do quiera que tú le enviares, hará ora- 
ción á tí mirando acia la ciudad de Jerusalem ' 
que tú elegiste, y acia la Casa que yo he fabricado 
á tu Nombre, 

45 y íú oirás desde el cielo sus oraciones y 
súplicas , y les harás justicia : 

46 que si pecaren contra tí (pues no hay hom- 
bre que no peque) y airado los abandonares en 
poder de sus enemigos, y fueren llevados cautivos 
atierra enemiga, lejos ó cerca de aquí, 

47 y ellos en el lugar de su cautiverio se arre- 
pintieren de corazón , y convertidos te pidieren 
perdón en medio de su esclavitud, diciendo : He- 
mos pecado , hemos procedido inicuamente , he- 
mos hecho acciones impías ; 

48 y se volviefen á tí de todo su corazón , y 
con toda su alma , en la tierra enemiga á donde 
fueren conducidos esclavos , é hicieren oración íl 
tí, mirando acia su tierra, que diste á sus padres. 
y acia la ciudad que tú elegiste, y acia el Templo 
que he edificado á tu Nombre : 

1 Véase /)c??. VI. v. 10. 



CAPÍTULO VIH, 303 

49 tú, S(ñor, oirás desde el cielo, desde esa 
firmísima morada en que tienes puesto tu solio , 
sus oraciones y sus plegarias, y saldrás á su de- 
fensa ; 

50 y propicio á tu pueblo que pecó contra tí , 
perdonarás todas las iniquidades con que contra tí 
liubieren prevaricado, é infundirás misericordia en 
aquellos que los tuvieren cautivos , para que los 
traten con compasión. 

51 Porque ellos son el pueblo tuyo y la here- 
dad tuya, y los sacaste de la tierra de Egypto de 
en medio del horno ó crisol del hierro. 

52 Este'n pues atentos tus ojos á las súplicas de 
tu siervo , y de israél tu pueblo , y óyelos en 
cualquiera ocasión que te invocaren ; 

53 ya que tú, oh Señor Dios, los escogiste de 
todos los pueblos de la tierra para posesión tuya, 
como lo declaraste por boca de tu siervo Moysés, 
cuando sacaste de Egypto á nuestros padres. 

— 54 Luego que Salomón hubo acabado de pro- 
ferir toda esta oración y plegaria al Señor, levan- 
tóse de ante el Altar del Señor : porque habia 
liincado ambas rodillas en tierra, teniendo levan- 
tadas las manos acia el cielo. 

55 Y puesto en pie, bendijo á toda la congre- 
jracion de Israél, diciendo en alta voz : 

56 Bendito sea el Señor que ha dado reposo á 
su pueblo de Israél, conforme á todas las prome^ 
sas que hizo : no ha faltado ni una sola palabra en 



304 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

orden á todos los bienes que él prometió por boca 
de Moysés siervo suyo. 

57 El Señor Dios nuestro sea con nosotros , 
como estuvo con nuestros padres, y no nos des- 
ampare ni nos deseche ; 

58 antes bien incline acia sí nuestros corazones, 
para que andemos por todos sus caminos guardantlo 
sus mandamientos y ceremonias, y todos los pre- 
ceptos judiciales que prescribió á nuestros padres. 

59 Y estas mis palabras, con que acabo de^orar 
al Señor, estén presentes dia y noche ante el Se- 
ñor Dios nuestro , para que en todo tiempo am- 
pare á su siervo , y á su pueblo de Israel : 

60 á fin de que todas las naciones de la tierra 
reconozcan que el Señor es el verdadero Dios, y 
que fuera de él no hay otro. 

61 Sea también nuestro corazón recto para con 
Dios nuestro Señor ; de suerte que obedezcamos 
sus preceptos , y observemos sus mandamientos , 
como hacemos hoy. 

62 Después de esto el rey, y con él todo Is- 
rael, sacrificaban víctimas delante del Señor. 

63 Y las víctimas que Salomón degolló y sa- 
crificó al Señor como hostias pacíficas , fueron 
veinte y dos mil bueyes , y ciento y veinte mil 
ovejas ; y de esta matiera dedicaron el Templo 
del Señor el rey y los hijos de Israel. 

64 En este mismo dia hizo el rey consagrar 
aquella parte del atrio que estaba delante de la 
Casa del Señor , ofreciendo allí holocaustos v 



CAPÍTULO IX. 305 

víctimas, y la grosura de las hostias pacíficas; 
atento que el Altar de bronce erigido al Señor , 
no era tan grande que pudiesen caber en él los 
holocaustos y los sacrificios , y las grosuras de 
las hostias pacíficas. 

65 Celebró pues entonces Salomón una fiesta 
solemnísima, y con él todo Israel, congregado en 
grandísimo número desde la entrada de Emath 
hasta el rio de Egypto, en la presencia del Señor 
Dios nuestro, por espacio de siete dias, y des- 
pués otros siete ', esto es, catorce dias. 

66 Y el dia octavo de esta ultima Jiesta, despi- 
dió las gentes : las cuales llenando de bendicio- 
nes al rey, se volvieron á sus casas, alegres, y 
con el corazón lleno de gozo por todos los bene- 
ficios que habia hecho el Señor á David su siervo, 
y á Israel su pueblo. 

CAPITULO IX. 

E I Señor se aparece otra vez á Salomón, y confirma sus pro- 
mesas. Manda este rey edificar varias ciudades ; y envía 
su armada á Ophir, la cual le trae gran cantidad de oro. 

1 Habiendo acabado Solomon de construir la 
Casa ó Templo del Señor, y el palacio real, y todas 
las obras que habia ideado y querido hacer, 

2 apareciósele el Señor por segunda vez en 
sueños , como se le habia aparecido en Gabaon, 

f I De la fiesta de los Tabernáculos. 



306 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

3 y le dijo : He oido tu oración y la súplica 
que me has hecho : he santificado esta Casa que 
me has edificado , á fin de que permanezca en ella 
mi Nombre para siempre ; y en todo tiempo 
mis ojos y mi corazón estarán fijos sobre este lu- 
gar. 

4 Por lo que á tí toca , si tú anduvieres en mi 
presencia, como anduvo tu padre, con un corazón 
recto y sencillo , é hicieres todo lo que te tengo 
mandado , y guardares mis leyes y mandamien- 
tos ; 

5 yo aseguraré para siempre el trono de tu 
reino sobre Israel, como se lo prometí á tu padre 
David, diciendo : Será siempre de tu linage el que 
ocupe el trono de Israel. 

6 Mas si vosotros y vuestros hijos obstinada- 
mente os apartareis de mí, dejando de seguirme , 
y no guardando mis mandamientos y ceremonias 
que os he prescrito ; antes bien os fuereis en 
pos de los dioses extrangeros , dándoles culto y 
adoración , 

7 yo arrancaré á Israel de la tierra que le di, 
y arrojaré lejos de mí ese Templo que he con- 
sagrado á mi Nombre : é Israel vendrá á ser el 
escarnio y la fábula de todas las gentes '. 

8 Y esta Casa , hecha cenizas , se mirará como 
un ejemplo ele mi justicia : cualquiera que pasare 



I Jerem. VIL v. 4. 



capítulo IX. 30 7 

por delante de ella, quedará pasmado, y prorum- 
pirá en exclamaciones, y dirá : ¿Por qué ha tra- 
tado así el Señora este país , y á esta Casa? 

9 Y le responderán : Porque abandonaron al 
Señor Dios suyo , que sacó á sus padres de la 
tierra de Egypto , y se fueron tras los dioses age- 
nos , y los adoraron y dieron culto : por eso el 
Señor ha descargado sobre ellos todos esto males. 

10 Pasados pues los veinte años que Salomón 
empleó en edificar las dos casas , estos es , el 
Templo del Señor , y la casa del rey , 

10 (suministrándole Hiram , rey de Tyro , las 
maderas de cedro y abeto , y el oro , todo cuan- 
to habia necesitado) entonces Salomón dio á Hi- 
r^m veinte poblaciones en tierra de Galilea \ 

12 E Hiram salió de Tyro para ver las pobla- 
ciones que Salomón le habia dado , y no le agra- 
daron : 

Idi y ad dijo ; ¿Conque estas son , hermano 
mió , las ciudades que me has dado ? Y llamólas 
tierras de Cabul '', nombre que conservan hasta el 
dia de hoy. 



1 Hasta el cubrimiento de los gastos. Parece que estas 
poblaciones estaban fuera de los límites de la tierra de Pro- 
misión. Josué. XIX. V. 27.— U. Par. FUI. v. 2. Estas 
poblaciones se las volvió Hiram á Salomón^ ó le dio otras 
suyas. 

2 Esto es, tierra arenosa y ?eca, ó también llena de es- 
pinas. 



308 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

14 También liabia enviado Hiram al rey Salo- 
món ciento y veinte talentos de oro '. 

15 Tan grandes fueron las expensas del rey 
Salomón en la fábrica de la Casa del Señor , y de 
los edificios de Mello , y en los muros de Jerusa- 
lem , de Heser , de Mageddo y de Gazer. 

16 (£Js de saber que Pharaon , rey de Egypto, 
liabia ido d sitia}' a Gazer , y después de haberla 
tomado , é incendiado , y pasado á cuchillo á los 
chánaneos sus moradores , se la dio en dote á su 
hija , muger de Salomón.) 

17 Salomón , pues, reedificó áGazer, y á Betho- 
ron la de abajo , 

18 y á Baalath , y á Palmira en el desierto ; 

19 y todos los lugares^ que le pertenecían , y 
estaban sin muros , los fortificó , como también 
las ciudades en que tenia sus carros de guerra , y 
las ciudades en que estaba la tropa de á caballo : 
en suma acabó cuanto quiso fabricar en Jerusa- 
lem , y en el Líbano , y en todas las tierras de sus 
dominios. 

20 A toda la gente que habia quedado de los 
amorrheos , y hetheos , y pherezeos , y heveos, 
y jebuseos , los cuales no eran del número de los 
hijos de Israel : 

21 áUos hijos , digo y de estos pueblos , que se 
mantenian en el pais por no haberlos podido ex- 



l Véase Talento. 



CAPÍTULO IX. 309 

terminar los hyos de Israel , los hizo Salomón tri- 
butarios , como lo son hasta hoy dia. 

22 Mas de los hijos de Israel dispuso Salomón 
que ninguno estuviese sujeto á servidumbre % 
sino que estos eran destinados á las armas , y 
eran ministros suyos, y príncipes , y capitanes , y 
comandantes de los carros de guerra , y de la 
caballería. 

23 Había puesto también Salomón por inspec- 
tores de todas las obras quinientos y cincuenta 
gefes , que tenían á sus órdenes la gente , y diri- 
gían las tareas que les habian señalado. 

24 La hija de Pharaon pasó de la ciudad de 
David al palacio que le habia fabricado Salomón : 
el cual edificó entonces á Mello. 

25 Ofrecía asimismo Salomón tres veces al 
año ^ holocaustos y víctimas pacíficas sobre el Al- 
tar que habla erigido al Señor : ante el cual hacia 
quemar los perfumes , después que quedó el 
Templo del todo acabado. 

26 Hizo también equipar Salomón una flota en 
Asiongaber , que cae junto á Ailath , sobre la costa 
del mar Rojo , en la Idumea : 

27 y envió Hiram en esta flota algunas de sus 
gentes , hombres inteligentes en la náutica , y 



1 O que sirviese en las faenas mas penosas y propias de 
esclavos. 

2 Esío es ,. en las dos Pascuas , y en la fiesta de los Ta- 
bernáculos. 

■ 27 



310 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

prácticos de la mar , con las gentes de Salomón '. 
28 Y habiendo navegado ú Ophir , tomarow 
de allí cuatrocientos y veinte talentos de orí> ^, 
y trajéronlos al rey Salomón, 

CAPÍTULO X. 

La reina de Sabá, oida la fama de Salomón , viene á visi- 
tarle, y le hace grandes presentes . Magnificencia y rique- 
zas de este principe. 

1 También la reina de Sabá , oida la fama de 
Salomón , vino en el nombre del Señor ' á hacer 
prueba de él con varias cuestiones oscuras : 

2 y entrando en Jerusalem con gran pompa de 
acompañamiento', y de riquezas, con camellos 
cargados de aromas , y de oro sin cuento , y de 
piedras preciosas , fue á ver al rey Salomón , y 
propúsole todas las cuestiones que traía medita- 
das en su corazón. 

3 Y satisfizo Salomón á todas sus preguntas : 
no hubo cosa que fuese oscura para el rey , y á 
la cual no le respondiese. 

4 Viendo pues la reina de Sabá toda la sabi- 

V 1 Las cuales eran menos instruidas. 

2 Véase Talento. 

3 Inspirada del cielo , y deseosa de adorar al Dios de 
Israel , del cual había oido tantos prodigios . y particular- 
mente los que obraba por medio de Salomón. Otros tradu- 
cen : Oida la fama de todo lo que Salomón habia hecho en 
nombre del Señor, vino , etc. 



capítulo X. 311 

duria de Salomón , y la Casa ó Templo que habla 
edificado , 

5 y la manera con que era servida su mesa , y 
las habitaciones de sus criados , y las varias clases 
de los ministros , y sus vestidos, y los coperos , y 
los holocaustos que ofrecía en el Templo del Se- 
ñor , se quedó atónita. 

6 Y dijo al rey : Verdadera es la fama de lo 
que oí en mi tierra , 

7 sobre tus cosas , y sobre tu sabiduría : y uo 
he dado crédito á los que rae lo contaban , hasta 
tanto que yo misma he venido , y lo he visto por 
mis ojos , y he experimentado que no me hablan 
dicho la mitad de lo que es en realidad. Tu sabi- 
duría y tus hechos son mucho mas grandes de lo 
que me hablan contado. 

8 ¡ Dichosos los que están contigo ! ¡ dichosos 
tus criados , los cuales gozan siempre de tu pre- 
sencia , y escuchan tu sabiduría ! 

9 Bendito sea el Señor Dios tuyo , que te lia 
amado y puesto sobre el trono de Israel , por el 
amor que siempre ha tenido á este pueblo : y te 
ha constituido rey para que ejerzas la equidad y 
la justicia. 

10 Dio después ella al rey ciento y veinte ta- 
lentos de oro , y grandísima cantidad de aromas 
y piedras preciosas : nunca jamas en adelante se 
trajo á JerusaUní tanta cantidad de aromas , como 
ia que regaló la reina de Sabá al rey Salomón. 

11 (Es de saber , que también la flota de Hi- 



312 LIBRO TERCERO DE ,LOS REYES. 

ram , que conducía oro de Ophir , trajo asimismo 
de allí muchísima madera de tyno ' , y piedras 
preciosas; 

i2 y el rey hizo de este tyno los balaustres del 
Templo del Señor , y del palacio real , las cítaras 
y las liras para los cantores : nunca se volvió á 
traer ni se ha visto jamas semejante míidera de 
tyno hasta el día de hoy.) 

13 El rey Salomón por su parte dio á la reina 
de Sabá todo cuanto e!Ia quiso y le pidió ; sin 
contar los presentes que de su grado le hizo con 
regia magnificencia. Ella se volvió y partió para 
su tierra con sus criados ^, 

14 Era la cantidad de oro que cada año perci- 
bia Salomón, de seiscientos sesenta y seis talentos 
de oro : 

15 sin contar lo que le traían los recaudadores 
de los tributos , y los negociantes , y todos los 
tenderos ó especieros , y todos los reyes de Arabia, 
y los gobernadores de los paises de sus dominios. 

16 Hizo también el rey Salomón doscientos 
escudos ó adargas de oro finísimo , empleando 
seiscientos sidos de oro en las planchas de cada 
uno de estos escudos. 

17 Ademas trescientas rodelas ó escudos meno- 
res de oro de ley. Cubrían cada rodela trescien- 
tas minas de oro ; y colocólas el rey en la casa 
del Bosque del Líbano. 

1 O ébatío oloroso. 

2 Lleoa de satisfacción , y de esquisitos regalo^.* 



CAPÍTULO X. 313 

18 Hizo asimismo el rey Salomón un trono 
grande de marfil , y le guarneció de oro ■pinisimo 
muy amarillo. 

19 Tenia el trono seis gradas , y lo alto del 
trono por el respaldo era redondo , y por uno y 
otro lado salían dos brazos ó apoyos que sostenían 
el asiento , y junto á cada uno de estos brazos ha- 
bla dos leones : 

20 sobre las seis gradas estaban de uno y otro 
lado doce leoncillos : en ningún otro reino del 
mundo se fabricó jamas obra semejante. 

21 Fuera de esto, todos los vasos en que bebia 
el rey Salomón , eran también de oro ; é igual- 
mente toda la vajilla de la casa ó palacio del Bos- 
que del Líbano era de oro finísimo : no se usaba 
la plata para dichos vasos , ni casi se hacia aprecio 
de ella en tiempo del rey Salomón '. 

22 Pues la flota del rey se hacia á la vela, é iba 
coh la flota de Hiram una vez cada tres años á 
Tharsis ^ á traer de allí oro y plata , y colmillos 
de elefantes y monas , y pavos reales. 

23 Así el rey Salomón sobrepujó á todos los 
reyes de la tierra en riquezas y sabiduría ; 



1 Por causa de su gran abundancia. 

2 Parece que se habla de la misma navegación que aníes 
en el verso 11; y así Tharsis significará aquí el mar de la 
India, ó algún puerto principal vecino á Ophir. Algunos 
opinan que era un puerto de España acia la enjbocadura 
del rio Guadalquivir, país de la antigua Tarteso. 



314 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

24 y todo el mundo deseaba ver el rostro de 
Salomón , para oir la sabiduría que liabia infundldo 
Dios en su corazón ; 

25 y todos le enviaban presentes cada año', va- 
sos de plata y de oro , ropas , armas 6 arnescs de 
guerra , y también aromas , caballos y mulos. 

26 Y juntó Salomón muchos carros de guerra , 
y tropa de caballería ; y tuvo á su disposición mil 
y cuatrocientos carros y doce mil hombres de ca- 
ballería que distribuyó por las ciudades fortificadas, 
y en Jerusalem cerca de su persona. 

27 E hizo que fuese tan abundante en Jerusa- 
lem la plata como las piedras, y tan común el ce- 
dro como los cabrahigos que nacen en las campiñas. 

28 De Egypto y de Coa se hacia saca de caba- 
llos para Salomón; pues los comisarios del rey los 
compraban en Coa y los conducian al precio con- 
certado. 

29 Un tiro de cuatro caballos sacado de Egypto 
costaba seiscientos sidos de plata, y cada caballo 
ciento y cincuenta ; y á este tenor le vendían los 
caballos todos los reyes de los hetheos y de la 
Syria. 



CAPÍTULO Xí. 

Salomón , pervertido 'por las mugeres exiíangeras , advra 
sus Ídolos ; es castigado por el Señor ; y muere dejando 
. malcontentos á sus vasallos. 

1 Pero el rey Salomón amo apabionadamente 



tAPÍTULO XI. 315 

iiiucbas miigeres extraiigeras ; y especialmente á 
la hija de Pharaon, á las mugeres moabitas j am- 
monitas, idumeas, sidonias y hetheas : 

2 naciones de las cuales mandó el Señor á los 
hijos de Israel : No tomareis de ellas, mugeres para 
vosotros , ni ellos se casarán con las vuestras : 
porque infaliblemente pervertirán vuestros cora- 
zones, para que sigáis á sus dioses. A tales muge- 
res, pues , se unió Salomón con un amor ardentí- 
simo : 

S tanto que tuvo setecientas mugeres en cali- 
dad de reinas, y trescientas mugeres secundaria.s : 
y las mugeres pervirtieron su corazón, 

4 Y siendo ya viejo, vino á depravarse su cora,- 
zon por causa de las mugeres ; hasta hacerle se- 
guir los dioses ágenos : de suerte que su corazón 
ya no era puro y sincero para con el Señor Dios 
suyo , como lo fue el corazón de David su padre. 

5 Antes bien daba culto Salomón á Astarthe, 
diosa de los sidonios , y á Molocir, ídolo de los 
am mónitas ', 

6 Con lo que desagradó Salomón al Señor, y 
no perseveró en servirle , como le sirvió David 
su padre. 

7 Entonces fue cuando erigió Salomón un tem- 

1 Todo por el desordenado amor á las mugeres , á las 
cuales no quería disgustar . Se duda mucho de la salvación 
eterna de este príncipe , que hahia sido en su juventud taa 
aiaadode Dios; y tan favorecido en toda suerte de bieues 
temporales: 



316 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

pío á Chames , ídolo de Moab, sobre el monte que 
está en frente de Jerusalem, y á Moloch, ídolo de 
los hijos de Ammon. 

8 Y á este tenor complació á todas sus mugeres 
extranjeras ; las cuales quemaban inciensos y ofre- 
aan sacrificios á sus dioses. 

9 Por lo que se irritó el Señor contra Salomón, 
porque habia enajenado su corazón del Señor Dios 
de Israel que por dos veces se le habia aparecido % 

10 y amonestado particularmente sobre no se- 
g'uir á dioses ágenos : mas él no guardó el rñan- 
dato del Señor. 

1 1 Dijo pues el Señor á Salomón : Porque te 
has portado así , y no has guardado mi pacto y los 
preceptos que te di , rasgaré y dividiré tu reino, 
y se le daré á un siervo tuyo. 

12 Mas no lo ejecutaré en tus dias por amor 
de David tu padre : le desmembraré cuando se 
halle en poder de tu hijo ; 

13 aunque no se le quitaré todo entero , sino 
que dejaré á tu hijo una tribu ^, por amor de Da- 
vid mi siervo, y de Jerusalem mi ciudad escogida. 

14 Suscitó pues el Señor por enemigo de Salo- 
món á Adad , idumeo , de sangre real , que habi- 
taba en Edom. 



1 La primera en Gabaju {caj}. III. v. 5.) : la segunda en 
Jerusalem. {cap. IX. v. 2.) 

2 La pequeña tribu de Benjamín se eotisideraba como' 
imida con la de Jiidá. 



CAPÍTULO XI. 317 

16 Porque sucedió que habiendo estado David 
en la Idumea , é ido allí Joab g-eneral del ejército 
á dar sepultura á los qu« babian sido muertos, y 
pasar á cuchillo á todos los idumeos del sexo mas- 
culino, 

16 ( pues seis meses se detuvo allí Joab con 
todo Israel , hasta acabar con todos los varones de 
la Idumea ) 

17 este Adad escapó , acompañado de algunos 
idumeos , criados de su padre , y fue á refugiarse 
en Egypto. Era entonces Adad todavía niño de 
pocos años. 

18 Y habiendo salido de Madian pasaron á Pha- 
ran, y tomando consigo gentes de Pharan , entra- 
ron en Egypto, y se presentaron á Pharaon rey de 
Egypto , quien dio á Adad casa, y s^eñalóle alimen- 
tos, y le adjudicó tierras. 

19 Y Adad cayó tanto engracia á Pharaon , que 
le casó con una hermana carnal de la reina Taph- 
nes, su esposa. 

20 De esta hermana de Taphnes tuvo un hijo 
llamado Genubath , al cual crió Taphnes en el pa- 
lacio de Pharaon ; de suerte que Genubath vivia 
en el palacio de Pharaon con los hijos del rey. 

21 Y cuando supo Adad que David habia ido á 
descansar en el sepulcro con sus padres , y que 
habia también muerto Joab general de sus tropas , 
dijo á Pharaon : Déjame volver á mi patria. 

22 Respondióle Pharaon :Pues ¿ qué te falta en 
mi casa , para que quieras irte á tu país ? A lo que 



318 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

contestó Adad : Nada ; pero sin embargo te ruego 
que me des Ucencia para ir allá. 

23 También le suscitó Dios á Salomón otro ene- 
migo que fue Razón , hijo de Eliada , el cual se 
habia huido de Adarezer , rey de Soba , su señor. 

24 Y juntó gente contra él , y se hizo capitán 
de ladrones ó de gnerülas ; á los cuales hacia Da- 
vid cruda guerra. Retiráronse después á Damas- 
co , y habitaron allí, é hicieron rey de Damasco á 
Razón. 

25 Y fue Razón enemigo de Israel todo el rei- 
nado de Salomón ' ; y este fue otro azote con el de 
Adad, por el odio contra Israel , después que reinó 
en la Syria. 

26 Asimismo Jeroboam , hijcj de Nabath,ephra- 
theo , de Sareda , criado de Salomón, cuya madre 
era una muger viuda llamada Sarva , se sublevó 
contra el rey. 

27 La causa de esta rebelión fue porque Salo- 
món edificó á Mello , y terraplenó " la hondonada 
é valle de la ciudad de David su padre \ 

28 Era Jeroboam hombre valiente y poderoso ; 
y Salomón viéndole mozo de buena índole, y activo, 



1 Es á. saber, después que desmereció la gracia y pro- 
tección del Señor. 

2 Para lo cual impuso graves tributos. 

3 Esto es, la hondonada que habia entre la parte de la 
ciudad llamada Jebus , y la otra en que vivia David, que 
era la altura 6 colina llamada Sion. 



J 



CAPÍTULO XI. 31í? 

le habia dado la superintendencia de ios tributos 
de toda la casa de Joseph '. 

29 Sucedió pues en aquel tiempo , que saliendo 
Jeroboam de Jerusalem , se encontró con él en el 
camino Ahias , silonita , profeta que llevaba una 
capa nueva : y estaban los dos solos en el campo. 

30 Cogiendo pues Ahia la capa nueva , que 
traia puesta , la rasgó en doce partes ^ , 

31 y dijo á Jeroboam : Toma para tí diez peda- 
zos ; porque esto dice el Señor Dios de Israel : He 
aquí que voy á dividir el reino que tiene Salomón , 
y te daré á tí diez tribus : 

32 si bien le dejaré á él para su hijo una tribus 
por amor de mi siervo David y de Jerusalem , ciu- 
dad que yo tengo escogida entre todas las tribu 
de Israel : 

33 porque me ha abandonado á mí, y ha adorado 
á AstarthOj diosa de los sidonios, y á Chames, dios 
de Moab, y á Moloch, dios de los hijos de Ammon: 
y no ha seguido mis caminos practicando la justicia 
en mi presencia, y mis mandamientos, y mis leyes, 
como su padre David. 

34 No por eso quitaré de sus manos parte 
alguna dal reino; sino que le dejaré gobernar todo 
el tiempo de su vida por amor á David mi siervo, 
á quien elegí j el cual observó mis mandamientos 
y preceptos. 



1 O de las tribus de Ephraim y Manassés. 

2 \a.se Figura. Hehraxsmon, 



320 LIBRO TERCERO DE jLOS REYES. 

35 Quitaré sí el reino de las manos de su hijo, 
y te daré á tí diez tribus : 

36 y á su hijo le dejaré una tribu, á fin de que 
le quede para siempre á mi siervo David un des- 
cendiente que, como una lámpara, brille en rai pre- 
sencia, en Jerusalem, ciudad que yo escogí para 
que en ella sea venerado mi Nombre. 

37 Pero á tí yo te levantaré, y reinarás á me- 
dida de tus deseos, y serás rey de Israel. 

38 Ahora bien , si tú obedecieres todo cuanto 
yo te mandare, y siguieres mis caminos, é hicieres 
lo que es recto á mis ojos, guardando mis m.lnda- 
raientos y mis preceptos, como lo hizo David mi 
siervo ; yo seré contigo, y te fundaré una casa es- 
table, como la edifiqué á David , y te haré señor 
de Israel. 

39 Y con esto humillaré el linage de David , 
bien que no para siempre. 

40 De aquí fue que Salomón tentó hacer matar 
á Jeroboam ; mas este se escapó, y fue á refugiarse, 
en Egypto cerca de Sesac, rey de Egypto, y allí 
estuvo hasta la muerte de Salomón. 

41 En orden á las demás cosas de Salomón , y 
todos sus hechos y sabiduría, todo está escrito en 
el libro de los anales del reinado de Salomón. 

42 El tiempo que reinó Salomón en Jerusalem 
sobre todo Israel , fue de cuarenta años. 

43 Y pasó Salomón á descansar con sus padres, 
y le sepultaron en la cuidad de David su padre, 
succediéndole en el reino su hijo Roboara. 



321 



CAPITULO Xll. 

Roboam , mal aconsejado , es causa de la separación de las 
diez tribus de Israel'^ las cuales alzan por rey á Jeroboam\ 
y este las hace idolatrar para apartarlas de ir á Jerusa- 
km. 

i Fue pues Roboam á Sichém, por haberse 
congregado allí todo el pueblo de Israel para pro- 
clamarle rey. 

2 Entretanto Jeroboam, hijo deNabath, estan- 
do aun en Egypto, fugitivo de la presencia del rey 
Salomón, oida su muerte, volvió de Egypto ; 

3 pues enviaron á llamarle. Con lo cual se pre- 
sentó Jeroboam con toda la multitud de Israel, y 
hablaron á Roboam en estos términos : 

4 Tu padre nos impuso un yugo muy pesado ; 
y así ahora tú suaviza algún tanto la extrema du- 
reza del gobierno de tu padre , y el pesadísimo 
yugo que nos puso encima , y te rendiremos va- 
sallaje. 

5 Respondióles Roboam : Retiraos por ahora , 
y volved á mí dentro de tres dias. Retirado el 
pueblo, 

6 el rey Roboam llamó á consejo á los Ancianos 
que tenia cerca de sí Salomón su padre , cuando 
vivía, y les dijo : ¿Qué me aconsejáis vosotros que 
yo responda á este pueblo ? 

7 Dijéronle ellos : Si tú en el dia condesciendes 
con este pueblo, y te acomodas á él, y otorgas su 

ToM. IV. 28 



329 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

petición, y le liablas con dulzura, serán para siempre 
vasallos tuyos. 

8 Mas Roboam desatendió el consejo de los 
Ancianos , y consultó á los jóvenes que se hablan 
criado con él y le hacían la corte, 

9 y les dijo : ¿Qué rae aconsejáis vosotros que 
responda á este pueblo, que me ha dicho : Aligé- 
ranos un poco el yugo que tu padre nos impuso ? 

10 Respondiéronle los jóvenes que se hablan 
criado con él : A esta gente que te ha dicho : Tu 
padre puso un yugo pesado sobre nosotros, alivía- 
nosle tú ; le has de responder así : Es mas grueso 
mi dedo meñique, que lo que era mi padre por el 
medio de su cuerpo '. 

11 Ahora bien, si mi padre os impuso un yugo 
pesado, yo aumentaré aun el peso de vuestro yu- 
go : mi padre os azotó con correas ; mas yo he de 
azotaros con escorpiones ^. 

12 Compareció pues Jeroboam con todo el pue- 
blo delantede Roboam al tercer día, en conformi- 
dad de lo que el rey habla mandado , diciendo : 
Volved á mí dentro de tres días. 

13 Y el rey respondió al pueblo con dureza, 
desechando el consejo que le hablan dado los An- 
cianos ; / 

14 y hablóles según el consejo de los jóvenes, 



1 Esto es, sóbrame fuerza para sujetaros. 

2 Unos azotes con puntas de hierro , llamados por su 
figura escorpiones. 



CAPÍTULO XII. 323 

dicieiulo : Mi padre os impuso un yugo pesado ; 
pues yo añadiré aun mas peso á vuestro yugo : 
mi padre os azotó con correas , mas yo os azotaré 
con escorpiones. 

15 Y no quiso el rey condescender con el 
pueblo ; por cuanto el Señor le habia dejado de 
su mano , en cumplimiento de su palabra que 
por boca de Alúas , silonita , dirigió á Jeroboam , 
hijo de Nabath. 

16 Viendo pues el pueblo que el rey no babia 
querido atenderle , replicóle diciendo : ¿Qué tene- 
mos nosotros que ver con la familia de David ? 
¿Ni qué herencia ó provecho esperamos del hijo 
de Isai ? Vete á tus estancias , oh Israel j y tú, 
oh hijo de David , gobierna ahora tu casa '. Con 
eso Israel se retiró á sus estancias ^. 

17 Mas todos los hijos de Israel ^ que habita- 
ban en las ciudades de Judcí , reconocieron por 
rey á Roboam. 

18 Despachó luego Roboam á Aduram , su- 
perintendente de los tributos ' ; pero todo el 
pueblo de Israel le mató á pedradas. Entonces 
Roboam , á toda prisa tomó su coche , y huyó á 
Jerusalem. 

19 Y separóse Israel de la casa de David , conío 
lo está aun en el día de hoy. 



1 Y la tribu de Judá. 

2 Y sacudió el yugo de Roboam. 

3 Para que apaciguara los ániuios. 



324 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

20 Y sucedió que luego que supo todo Israel 
que Jeroboam habia vuelto , congregados en cor- 
tes le enviaron á llamar , y aclamáronle rey sobre 
todo Israel , sin que nadie siguiera el partido de 
la casa de David , fuera de la sola tribu de Juda '. 

21 Llegado pues Roboam á Jerusalem , jun- 
tó toda la casa de Judá , y la tribu de Benja- 
min , escogiendo ciento y ochenta mil hombres 
aguerridos para que peleasen contra la casa de 
Israel , y redujesen el reino á la obediencia de 
Roboam, hijo de Salomón. 

22 Pero el Señor dirigió su palabra áSemeias ^, 
varón de Dios , diciendo : 

23 Habla á Roboam , hijo de Salomón , rey de 
Judá , y á toda la casa de Judá y de Benjamín, 
y á los demás del pueblo , y diles : 

24 Esto dice el Señor : No salgáis á campaña, 
ni peleéis contra vuestros hermanos los hijos de 
Israel : vuélvase cada cual á su casa : porque yo 
soy el que he dispuesto lo sucedido. Obedecieron 
ellos las palabras del Señor , y volviéronse según 
el Señor se lo habia mandado. - 

25 Jeroboam empero reedificó áSichém en los 
montes de Ephraim , y fijó allí su residencia : 
desde la cual fue después y edificó á Phanuel '. 

26 Al mismo tiempo discurría Jeroboam en su 

1 Y los restos de la de Benjamín reunidos con ella. 

2 Véase 11. Paralip. XI] . v. 15. 

3 A la otra parte del Jordán. 



CAPÍTULO Xlí. 325 

interior, y decia : Presto volverá este reino á ser^ 
de la casa de David : 

27 porque si este pueblo lia de subir á Jeru- 
salem á ofrecer sacrificios en el Templo del Se- 
ñor , se convertirá el corazón de este pueblo acia 
Roboam , rey de Judá , que fue su señor , y me 
quitarán á raí la vida , y se reconciliarán con el. 

28 Y después de discurrirlo mucho , mandó 
hacer dos becerros de oro , y dijo al pueblo : No 
subáis ya mas á Jerusalem. He aquí , oh Israel, 
tus dioses , los que te sacaron de la tierra de 
Egypto '. 

29 Y colocó el uno en Bethel , y el otro en 
Dan ^. 

30 Fue este suceso ocasión del pecado ^ ; pues 
todo el pueblo iba hasta Dan á adorar el becerro. 

31 Hizo también adoratorios en lug-ares eleva- 
dos '', y puso por sacerdotes ^ á gentes del vulgo, 
y que no eran del Unage de Leví : 

32 y estableció un dia de fiesta solemne en el 
mes octavo, á los quince del mes á semejanza de la 
solemnidad que se celebraba en Judá : y subiendo 
él mismo al altar que había erigido en Bethel , 

1 Con esto pensaba poner un obstáculo invencible á la 
reunión de las diez tribus con la de Judá. 

2 Dos extremos del reino. 

3 O de la pública idolatría de Israel. 

4 Véase Lugares altos. 

5 Véase 11. Par. XI. v. 13, 15—111, Reg. XIII. v. 
3S.—Ezech. XLIV. v. 10. 



326 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

ofreció por su mano sacrificios á los becerros de oro 
que habia fabricado : y estableció en Bethel sa- 
cerdotes en los adoraiorios de los lugares elevados 
que habia erigido. 

33 El dia quince del mes octavo , dia que él por 
su capricho hizo solemne para los hijos de Israel , 
fue cuando subió al altar , que habia erigido en 
Bethelj y quemó el incienso, arrogándose el sacer- 
docio. 

CAPITULO XIII. 

A Jeroboam le predice un projeta la deüruccion del aliar 
de Bethel, y el nacimiento de Josías. Manda que prendan 
al profeta, y se le seca la mano. El altar se destruye; y 
el profeta , al volverse , es muerto por un lean , por no 
haber obedecido á Dios. 

1 Mas he aquí que mientras Jeroboam estaba 
en el altar y echaba el incienso ^ llegó de Judá á 
Bethel por orden del Señor un varón de Dios ', 

2 y exclamó contra el altar , diciendo de parte 
del Señor : Altar, altar , oye lo que dice el Señor : 
Tiempo vendrá en que ha de nacer en la familia 
de David un hijo que se llamará Josías ^ ; el cual 
hará degollar sobre tí los sacerdotes de los lugares 

1 Véase IF. Reg. XXIII. v. 16.— II. Paralip. IX v. 
•29. 

'2 Josías nació cerca de 340 años después de esta profe- 
cía. Esta profecía es una de las pruebas de la verdadera 
Ileligioa. 



1 



CAPITULO XIII, 32 T 

altos , que iihora queman sobre tí inciensos , y él 
quemará sobre tí huesos de hombres. 

3 Y al mismo tiempo , en prueba de la verdad 
de su predicción , añadió : Esta será la señal que 
os hará conocer que Dios es quien os habla : He 
aqui que va á partirse el altar , y se derramará la 
ceniza que hay en él. 

c 4 Así que oyó el rey las palabras que el varón 
de Dios pronunció en alta voz contra el altar de 
Bethel, extendió su mano desde el altar, diciendo : 
Prended á ese. Mas al punto secósele la mano que 
habia extendido contra el profeta, ni pudo retirarla 
acia sí. 

5 Al mismo tiempo se hizo pedazos el altar , y 
se derramó la ceniza que habia en él , conforme á 
la señal que habia predicho el varón de Dios en 
nombre del Señor. 

tí Dijo entonces el rey al varón de Dios : Ruega 
al Señor Dios tuyo , y ora por mí , para que me 
sea restituida mi mano. Hizo el varón de Dios ora- 
ción al Señor, y el rey recobró su mano, y quedó 
como antes estaba. 

7 Por lo que dijo el rey al varón de Dios : Ven 
commigo á casa á comer, y te llenaré de regalos. 

8 Mas el varón de Dios respondió al rey : Aun- 
que me dieras la mitad de tu casa, no iría yo con- 
tigo , ni comerla pan , ni bebería agua en este 
lugar; 

9 porque así me lo tiene mandado expresamente 
el Señor con este precepto : No comerás alU pan. 



328 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

ni beberás agua , ni te volverás por el mismo ca- 
mino que fuiste. 

10 y con efecto , se fue por otro camino , y no 
volvió por el mismo que había tomado viniendo á 
Bethel. 

11 Moraba á la sazón en Bethel cierto profeta 
anciano : á quien fueron sus hijos y le contaron 
todo lo que aquel día habia hecho en Bethel el va- 
ron de Dios , refiriendo ásu padre las palabras que 
habia hablado al rey. 

12 Díjoles su padre : ¿Qué camino tomó? 
Mostráronle sus hijos el camino por donde se ha- 
bia vuelto el varón de Dios , que habia venido de 
Judá. 

13 Y dijo á sus hijos : Aparejadme el asno"; y 
habiéndole ellos aparejado, montó en él, 

14 y fue en busca del siervo de Dios ; y hallóle 
sentado á la sombra de un terebintho , y díjole : 
¿Eres tú el varón de Dios, que vino de Judá ? Yo 
soy, le respondió. 

15 Pues ven conmigo, dijo , á casa á tomar un 
bocado, 

16 Mas él le respondió : Yo no puedo volver 
atrás , ni ir contigo , ni comeré pan , ni beberé 
agua en este lugar ; 

17 por cuanto el Señor me habló de su propia 
boca, diciendo : No comas allí pan, ni bebas agua, 
ni vuelvas por el camino por donde fueres. 

18 Díjole el otro : Yo también soy profeta como 
tú ; y un ángel me ha venido á decir en nombre 



CAPÍTULO XIII. 329 

del Señor : Hazle volver contigo á tu casa , para 
que coma pan y beba agua. Engañóle , 

19 y le hizo volver consigo. Comió pues el pan 
en su casa, y bebió el agua, 

20 Y cuando estaban sentados á la mesa, el Señor 
habló al profeta que habia hecho volver atrás al 
otro; 

21 y exclamó dicho profeta y dijo al varón de 
Dios venido de Judá : Esto dice el Señor : Porque 
has sido desobediente á la orden expresa del Se- 
ñor , y no has guardado el mandamiento que te 
intimó el Señor Dios tuyo , 

22 sino que has vuelto atrás, y comido el pan, 
y bebido el agua en este lugar , en el que Dios te 
mandó no comer pan ni beber agua, no será lle- 
vado tu cadáver al sepulcro de tus padres. 

23 Después que el varón de Dios , á quien hizo 
volver atrás , hubo comido y bebido , el profeta 
anciano le aparejó el asno : 

24 y luego que partió, encontróle un león por 
el camino y le mató , y quedó su cadáver tendido 
en medio del camino '. Estaba el asno parado junto 
á él , y el león se estaba también cerca del cadá- 
ver. 

25 En esto sucedió que unos pasageros vieron 
el cadáver tendido en el camino , y al león parado 



1 La muerte temporal, recibida con espíritu de peniten- 
cia y resignación, proporcionó al profeta la vida eterna. S. 
Aiig. De cura pro mor t. c. VII. 



330 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

junto al cadáver ; y fueron y divulgaron esto en 
la ciudad donde habitaba aquel anciano profeta. 

26 Oyéndolo pues el profeta que le habia he- 
cho volver atrás, dijo : El varón de Dios es, que fue 
desobediente á la orden del Señor ; y el Señor le 
entregó á un león que le ha despedazado y muerto, 
según se lo habia ya anunciado el Señor. 

27 En seguida dijo á sus hijos : Aparejadme el 
asno. Aparejáronsele ; 

28 y marchando, halló el cadáver tendido en el 
camino, y al asno y al león parados juntó al cadá- 
ver; sin que el león se le hubiese comido , ni he- 
cho daño al asno. 

29 Tomó pues el profeta el cadáver del varón 
de Dios , y cargóle sobre el asno , y volviéndose 
se le llevó consigo á su ciudad para hacerle el duelo; 

30 y puso el cadáver en su sepulcro , y llorá- 
ronle, y endecháronle , diciendo : ¡ Ay ! ay ! \ her- 



mano mió ! 



31 Y después de concluidas las exequias , dijo 
á sus hijos : Cuando yo muera , enterradme en el 
sepulcro en que yace el varón de Dios : poned 
mis huesos junto á los suyos; 

32 porque infaliblemente se verificará lo que 
anunció de parte del Señor contra el altar que está 
eií Bethel , y contra todos los adoratorios de las 
alturas que hay en las ciudades de Samaría. 

33 Después de todos estos sucesos , no se con- 
virtió Jeroboam de su vida perversa ; antes al 
contrario creó sacerdotes de los lugares altos , 



CAPITULO XIV. 331 

hombres del común del pueblo ; todo el que quería, 
se consagraba, y quedaba lieclio sacerdote de 
los lugares altos. 

34 Este fue el pecado de la casa de Jeroboam, 
y por eso fue destruida y arrancada de la superfi- 
cie de la tierra '. 

CAPITULO XIV. 

La muger de Jeroboam constdla al profeta Ahias ; quien le 
intima la muerte del hijo, y el exterminio de toda la fa- 
milia. Irrupción de Ses^c en Jerusalem; y muerte de 
Roboam. 

1 Por aquel tiempo enfermó ^ Abia , hijo de 
Jeroboam. 

2 Y dijo Jeroboam á su muger : Anda y disfrá- 
zate , para que no seas conocida por muger de 
Jeroboam ; y vé á Silo , donde está el profeta 
Ahias, el que me predijo habia de reinar yo sobre 
este pueblo. 

3 Toma también contigo diez panes , una torta 
y una orza de miel ; y vé á visitarle , que él te 
dirá lo que ha de acontecer á este chico. 

4 Hizo la muger de Jeroboam lo que este le 
habia dicho ; y partiendo para Silo, llegó á casa 
de Ahias ; el cual ya no veia , porque se le habia 
ofuscado la vista á causa de su mucha edad. 



1 Unos veinte y dos aiíos después de su lebelion, 

2 Véase Chronulogía. 



33*á LIBRO TERCErvO DE LOS REYES. 

5 Pero el Señor dijo á Aliias : Mira que aquí 
entra la muger de Jeroboam á consultarte sobre 
su hijo' que está enfermo : esto y esto es lo que 
le has de responder. Pues como ella entrase disi- 
mulando ser quien era, 

6 oyó Ahias el ruido de sus pisadas al entrar 
por la puerta, y dijo : Entra, esposa de Jero- 
boam : ¿para qué finges ser otra? Ello es que yo 
tengo comisión de darte una mala nueva. 

7 Vé, y di á Jeroboam : Esto dice el Señor 
Dios de Israel : Yo te ensalcé de en medio del 
pueblo , y te hice caudillo de mi pueblo de Is- 
rael : 

8 yo dividí el reino de la casa de David, y te 
le di á tí : mas tú no has sido como mi siervo Da- 
vid , que guardó mis mandamientos , y me siguió 
con todo su corazón , haciendo lo que era agra- 
dable á mis ojos ; ' 

9 sino que has obrado peor que todos cuantos 
te han precedido, y te forjaste dioses ágenos y de 
fundición para provocarme á ira, y á mí me has 
desechado y vuelto las espaldas. 

10 Por tanto yo voy á llover desastres sobre 
la casa de. Jeroboam, y destruiré de la casa de 
Jeroboam hasta los perros, y así lo precioso, co- 
mo lo vil y desechado ' en Israel ; y barreré los 
rezagos de la familia de Jeroboam , como suele 
barrerse la basura, hasta que no quede rastro. 

1 Deut. XXXII. V. 36. 



CAPÍTULO XIV. 333 

11 Los (le la casa de Jeroboam que murieren 
en poblado, serán comidos de los perros, y los 
que murieren en el campo , serán devorados por 
las aves del cielo ; porque el Señor es el que lo 
ha dicho. 

12 Anda tú pues ahora, y vete á tu casa ; y en 
el punto mismo que pondrás tus pies en la ciudad, 
morirá el hijo. 

13 Y le llorará todo Israel, y le dará sepultu- 
ra; siendo este el único de la familia de Jerobo- 
am que recibirá sepultura j por cuanto es el úni- 
co de dicha familia á quien el Señor Dios de Israel 
ha mirado con agrado. 

14 Entretanto el Señor se ha escogido ya un 
rey para Israel, que exterminará la casa de Jero- 
boam , en nuestros días , y en este tiempo en que 
vivimos '.. 

15 Y el Señor Dios batirá á Israel, al modo 
que una caña suele ser batida de las aguas ; y 
arrancará á Israel de esta buena tierra que dio á 
sus padres , y le arrojará cautivo mas allá del rio 
Euphrates , en castigo de haber consagrado bos- 
ques d los Ídolos para irritar al Señor. 

16 Y abandonará el Señor á Israel por los pe- 
cados de Jeroboam, el cual no solamente pecó él, 
sino que hizo pecar á Israel. 

17 Marchó, pues, la muger de Jeroboam, y si- 
guiendo su camino llegó á Thersa, y al tiempo de po- 

1 Esto es, en breve, ó dentro de poco. 

29 



334 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

ner el pie sobre el umbral de su casa, murió el hijo : 

18 y le sepultaron, y lloróle todo Israel, con- 
forme lo había predicho el Señor por boca de su 
siervo el profeta Ahias. 

19 En cuanto á los demás hechos de Jeroboam, 
las guerras que tuvo, y su modo de reinar , todo 
se halla escrito en el libro de los anales de los 
reyes de Israel. 

20 Reinó Jeroboam veinte y dos años , bajó al 
sepulcro como sus padres ; y succedióle en el tro- 
no su hijo Nadab. 

21 Al mismo tiempo Roboam, hijo de Salomón, 
reinó en Judá. Cuarenta y un años tenia Roboam 
cuando empezó á reinar ; y reinó diez y siete 
años en Jerusalem, ciudad escogida por el Señor 
entre todas las tribus de Israel , para establecer 
en ella su culto. Su madre era ammonita , y lla- 
mábase Naama. 

22 Y la tribu de Judá ofendió al Señor , irri- 
tándole con pecados mucho mayores que los que 
cometieron sus padres en medio de sus maldades, 

23 Porque erigió altares y simulacros , y bos- 
ques sobre todos los collados altos , y debajo de 
todo árbol frondoso. 

24 Y aun hubo también en el país hombres afe- 
minados , que renovaron todas las abominaciones 
de aquellos pueblos que el Señor habia destruido 
al presentarse los hijos de Israel '. 

1 No solo las mugeves se consagraban al infame culto de 



CAPÍTULO XlV. 333 

25 Mas el año quinto del reinado de Roboam, 
vino Sesac , rey de Egypto , á Jerusalem , 

26 y se apoderó de los tesoros del templo del 
Señor , y de los tesoros del rey , y robó todas las 
alhajas , hasta los escudos de oro que habia hecho 
Salomón ; 

27 en lugar de los cuales puso Roboam escudos 
de cobre , entregándolos al cuidado de los capita- 
nes de guardias , y de los que hacian centinela á la 
puerta del palacio del rey : 

28 y cuando entraba el rey en el Templo del 
Señor , llevaban estos escudos los que tenían el 
cargo de ir delante , y después volvíanlos á la 
armería de las guardias.. 

29 Las demás cosas de Roboam , y todo cuanto 
hizo , está escrito en el libro de los anales de los 
reyes de Judá. 

30 Y hubo siempre guerra entre Roboam y 
Jeroboam. 

31 Durmió Roboam con sus padres, y fue se- 
pultado con ellos en la ciudad de David. Su ma- 
dre se llamó Naama, la cual era de nación ammo- 
tlna. Succedióle en el reino su hijo Abiam. 



PriapoJ, de Venus, etc., sino también los hombres. Véase 
Rom. I. V. 27. 



336 LIBRO TERCERO DE LOS REYES, 

CAPÍTULO XV. 

Al impío Abiam, rey de Juclá, succede Asa, su hijo, qiie hace 
guerra á Baasa , rey de Israel. A Asa succede su hijo 
Josaphat. Nadab y Baasa reyes de Israel. 

1 En el año décimo octavo del reinado de Je- 
roboam, hijo de Nabath, eyi Israel , comenzó á rei- 
nar Abiam en Judá. 

2 Tres años reinó este en Jerusalem. Llamá- 
base su madre Maachá ', hija de Abessalom ó Ab- 
salom. 

3 Imitó Abiam todos los pecados cometidos por 
su padre antes de él : ni fue su corazón sincero 
para con el Señor Dios suyo , como lo habia sido 
el corazón de su abuelo David. 

4 Mas por amor de David le concedió el Señor 
su Dios una antorcha ^ en Jerusalem , dándole por 
succesor un hijo suyo , para conservar la gloria de 
Jerusalem : 

5 por cuanto David habla procedido rectamente 
en los ojos del Señor, y en nada se desvió notable- 
mente de cuanto le tenia naandado todo el tiempo 
de su vida, salvo el suceso de Urias hetheo. 

6 Sin embargo durante la vida de Roboam 
continuó la guerra entre este y Jeroboam. 

7 Los demás sucesos de Abiam , y todos sus 

1 Y también Thamar. H. Reg. XIV. v. 27. 

2 Véase Lámpara. 



CAPÍTULO XV. 33? 

hechos, ¿no es así que están escritos en los anales 
de los reyes de Judá? Hubo también una tei-rible 
batalla entre Abiam y Jeroboam. 

8 Y fue Abiana á dormir con sus padres , y se- 
pultáronle en la ciudad de David ; succediéndole 
en el trono su hijo iVsa. 

9 El año vigésimo pues de Jeroboam , rey de 
Israel , entró á reinar Asa , rey de Judá, 

10 y reinó cuarenta y un años en Jerusalem. 
Llamábase su madre Maachá hija de Abessalom. 

11 E hizo Asa lo que era justo delante del Se- 
ñor, como su padre David ; 

12 y extirpó del país á los afeminados ; y le lim- 
pió de todas las inmundicias de los ídolos fabrica- 
dos por sus padres '. 

13 Y ademas echó de su lado á su madre Maa- 
chá , para que no presidiese en las ceremonias de 
Priapo , en el bosque que le habia consagrado ; y 
arruinó su caverna, é hizo pedazos el obscenísimo 
simulacro , y le quemó en el torrente Cedrón. 

14 No quitó empero los lugares altos ^. Por lo 
demás el corazón de Asa fue sincero para con Dios 
todo el tiempo que vivió. 



1 Aunque después pecó en otras materias. II. Par, 
XVI. V. 7, 10, 12. Ea los Paralipómenos se habla de los 
lugares excelsos dedicados á los ídolos. En el libro de los 
Reyes se habla de los lugares excelsos dedicados al 
verdadero Dios. 

2 Esto es, los adoratorios en donde el pueblo sacrificaba 
ilícitamente al verdadero Dios. 11. Paralip. XIV. v. 2. 



338 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

15 Trasladó asimismo al Templo del Señor la 
plata y el oro y las alhajas que su padre habiat 
consagrado , y ofrecido con voto. 

16 Continuó la guerra entre Asa y Baasa rey 
de Israel, mientras que vivieron ambos. 

17 Y avanzó Baasa, rey de Israel , por las tier- 
ras de Judá , y edificó á Rama , á fin de impedir 
con esta fortaleza que no pudiese salir ni entrar 
ninguno del partido de Asa, rey de Judá. 

18 Entonces Asa, cogiendo toda la plata y el 
oro que habia quedado en los tesoros del templo 
del Señor, y en los del palacio real, entrególo todo 
á sus criados y enviólos á Benadad , hijo de Ta- 
bremon , y nieto de Hezion , rey de Syria , que 
habitaba en Damasco , con orden de decirle : 

19 Ya sabes que hay alianza entre los dos , 
confio la hubo entre mi padre y el tuyo : por tanto, 
te remito esos presentes de plata y oro^, y te pido 
qtítí vengas y rompas la alianza que tienes con 
Baasa , rey de Israel , para que este se f etire de 
mis dominios. 

20 Condescendiendo Benadad con el rey Asa , 
despachó los capitanes de su ejército contra las 
ciudades de Israel , y se apoderaron de Ahion, y 
de Dan , y de Abelcasa de Maachá , y de todo el 
pais de Cenneroth , es á saber, de toda la tierra 
de Nephtali. 

•21 Lo cual sabido por Baasa, suspendió las obras 
de Rama, y volvióse á Thersa. 

2'¿ Entretanto el rey Asa publicó un bando por 



CAPÍTULO XV. 339 

toda la tierra de Jiidá , que decia : Nadie queda 
exento de acudir á Rama. Con esto recoirleron la 
piedra y madera empleada por Baasa en la cons- 
trucción de Rama , y con ellas edificó el rey Asa 
á Gabáa de Benjamin y á Maspha. 

23 El resto de las acciones de Asa , y todas sus 
proezas, y cuanto hizo , y las ciudades que fundó, 
¿ no es así que está todo escrito en el libro de los 
anales de los reyes de Judá? Asa, pues, siendo 
viejo adoleció de los pies , 

24 y pasó á descansar con sus padres , y fue, 
sepultado con ellos en la ciudad de su padre Da- 
vid ' ; succediéndole en el reino su hijo Josaphat. 

25 Al segundo año de Asa, rey de Judá , em- 
pezó á reinar en Israel Nadab , hijo de Jeroboam, 
y tuvo dos años la corona. 

26 y se portó mal en la presencia del Señor, 
siguiendo las pisadas de su padre, y los pecados 
con que este hizo pecar á Israel. 

27 Mas Baasa, hijo de Ahia de la tribu de Issa- 
chár, le armó asechanzas , y matóle en Gebbethon, 
ciudad de los philistheos , al tiempo que Nadab y 
todo Israel estaban sitiando esta ciudad. 

28 Matóle pues Baasa el año tercero de Asa, 
rey de Judá, y reinó en su lugar. 

29 Así que fue rey , exterminó toda la familia 
de Jeroboam : no dejó con vida ni una sola per- 
sona de su linage ; sino que le extirpó enteramente, 

i. II. ParaUp. XVI. v. Il-XVIIL v. 1. 



340 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

según lo habla predicho el Señor por boca de su 
siervo Ahias , silonita , 

30 en pena de los pecados cometidos por Jero- 
boam, y de los que habla hecho cometer á Israel, 
y por el delito ó idolatria con que habia irritado 
al Señor Dios de Israel. 

31 Las demás cosas de Nadab , y todas sus ac- 
ciones , ¿no es así que están escritas en el libro de 
los anales de los reyes de Israel ? 

32 Hubo guerra entre Asa, rey de Judd , y Baa- 
sa , rey de Israel , mientras vivieron. 

33 El año tercero de Asa , rey de Judá , co- 
menzó á reinar en todo Israel Baasa, hijo de Ahias, 
y reinó en Thersa veinte y cuatro años. 

34 Procedió Baasa mal delante del Señor , si- 
guiendo las pisadas de Jeroboam , y los pecados 
con que este habia hecho pecar á Israel. 

CAPÍTULO XVI. 

El profeta Jehú predice á Baasa el exterminio de su linage. 
Reinados de Ela , de Zambri, de Amri, y de Achdh, el 
mas impío de todos los reyes de Israe'L 

1 Después de esto habló el Señor á Jehú , hijo 
de Hanani, contra Baasa, diciendo : 

2 Dirás á Baasa : Puesto que yo te levanté del 
polvo haciéndote caudillo de mi pueblo de Israel , 
y tú has seguido el camino de Jeroboam , indu- 
ciendo al pecado á mi pueblo de Israel, provocán- 
dome á ira con sus excesos : 



CAPÍTULO XVI. 341 

3 he aquí que yo arrancaré de la faz de la tier- 
ra tu descendencia, y la de tu familia ; 'y haré de tu 
casa lo que he hecho de la de Jeroboam hijo, de 
INabath. 

4 El que del linage de Baasa muriere en la ciu- 
dad, será comido de los perros; y el que muriere 
en el campo, será pasto de las aves del cielo. 

5 Las demás cosas de Baasa, y todo cuanto hizo, 
y sus combates, ¿no está todo escrito en el libro de 
los diarios de los reyes de Israel? 

6 Pasó pues Baasa á descansar con sus padres , 
y fue sepultado en Thersa, y succedióle en el trono 
su hijo Ela. 

7 Mas como el profeta Jehú, hijo de Hanani, 
habia pronunciado la sentencia del Señor contra 
Baasa , y contra su casa , en castigo de todos los 
pecados que habia hecho en presencia del Señor, 
irritándole con las obras de sus manos , por cuyo 
motivo mereceria ser tratado como la casa de Je- 
roboam ; por esta razón le quitó él la vida , es á 
saber, al profeta Jehú, hijo de Hanani. 

8 A los veinte y seis años del remado de Asa , 
rey de Judá, reinó Ela, hijo de Baasa, sobre Israel, 
en Thersa, por espacio de dos años. 

9 Porque se rebeló contra él su siervo Zambri, 
comandante de la mitad de la caballería. Estaba 
pues Ela en Thersa bebiendo y banqueteando , y 
hallábase ya beodo , en casa de Arsa , gobernador 
de Thersa ; 

10 cuando arrojándose Zambri de golpe sobre 



342 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

él con gran furia , hirióle y le mató en el año 
veinte y siete de Asa, rey de Judá, y entró á reinar 
en su lugar. 

11 Luego que llegó á ser rey, y se hubo sen- 
tado en el trono, exterminó toda la casa de Baasa, 
y todos sus deudos y amigos, no dejando vivo ni 
siquiera un perro. 

12 De esta suerte acabó Zambri con toda la 
casa de Baasa , conforme á la sentencia del Señor 
intimada á Baasa por boca del profeta Jehú, 

13 en castigo de todos los pecados de Baasa, y 
de los de Ela, su hijo ; quienes pecaron é hicieron 
pecar á Israel, provocando á ira al Señor Dios de 
Israel con sus vanidades ó vanos dioses» 

14 Las demás cosas de Ela, y todas sus acciones 
¿no están escritas en el libro de los anales de los 
reyes de Israe'l? 

15 El año veinte y siete de Asa, rey de Judá, 
reinó Zambri por siete dias en Thersa, estando el 
ejército de Israel sitiando á Gebbethon, ciudad de 
los philistheos. 

16 Pero habiéndose sabido que Zambri se ha- 
bía rebelado, y muerto al rey, todo Israel alzó por 
rey suyo á Amri , que á la sazón se hallaba en el 
campamento mandando el ejército de Israel. 

17 Marchó pues Amri y con él todo Israel de 
Gebbethon^ y pusieron sitio á Thersa. 

18 Y viendo Zambri que la ciudad iba á ser to- 
mada, entró en el palacio , y se abrasó junto con 
la casa real, y murió 



CAPITULO XVI, 343 

19 en sus pecados , e&to es , por los que habla 
cometido, viviendo mal en la presencia del Señor, 
y siguiendo las pisadas de Jeroboam, y el pecado 
(le idolatría con que hizo pecar á Israel. 

20 Las demás acciones de Zambri, y su conju- 
ración y tiranía , ¿ no está todo escrito en el libro 
de los diarios de los reyes de Israel ? 

21 Entonces se dividió el pueblo de Israel en 
dos facciones: la mitad del pueblo seguia á Thebni 
hijo de Gineth , con ánimo de alzarle rey ; y la 
otra mitad á Amri. 

22 Mas la gente que estaba á favor de Amri, 
pudo mas que el partido de Thebni hijo de Gineth ; 
y murió Thebni, y reinó Amri. 

23 El año treinta y uno de Asa , rey de Judá , 
reinó Amri solo y pacificamente sobre Israel por 
espacio de doce años: seis de ellos en Thersa. 

24 Y compró el monte de Samarla á Semer 
por dos talentos de plata '; y á la cuidad que en 
él fundó , dio el nombre de Samarla , del nombre 
de Semer, dueño del monte. 

25 E hizo Amri el mal delante del Señor , y 
sobrepujó en la maldad á todos cuantos le habian 
precedido ; 

26 y en todo imitó el proceder de Jeroboam , 
hijo de Nabath, y sus pecados con que hizo pecar 
á Israel , provocando la ira del Señor Dios de 
Israel con sus vanidades ó idolatrías, 

1 Véase Monedas. 



344 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

27 El resto de las acciones de Amri, y las guer- 
ras que tuvo , ¿no está todo escrito en el libro de 
los anales de los reyes de Israel ? 

28 Y pasó Amri á descansar con sus padres, y 
fue sepultado en Samaria ; succediéndole en el rei- 
no su hijo Acháb.. 

29 El año treinta y ocho del reinado de Asa, rey 
de Judá , comenzó á reinar en Israel Acháb hijo 
de Amri. Reinó este Acháb, hijo de Amri, sobre 
Israel, en Samaria, veinte y dos años. 

30 E hizo Acháb , hijo de Amri, mas males en 
la presencia del Señor que todos sus predecesores. 

31 Pues no se contentó con imitar los pecados de 
Jeroboam , hijo de Nabath, sino que ademas tomó 
por muger á Jezabel, hija de Ethbaal, rey de los 
sidonios: por donde vino á servir á Baal y adorarle. 

32 Y erigió un altar á Baal en el templo que le 
habia edificado en Samaria, 

33 y le plantó y consagró un bosque. Y prosi- 
guió Acháb en su mal obrar , irritando al Señor 
Dios de Israel , mas que todos los reyes de Israel 
sus predecesores. 

34 En su tiempo Hiél natural de Bethel, reedi- 
ficó á Jerichó : cuando echó los cimientos , perdió 
á Abiram su primoge'nito ; y cuando colocó las 
puertas, murió Segub, el último de sus hijos; con- 
forme á lo que habia predicho el Señor por boca 
de Josué, hijo de Nun '. 

1 Jos. VI. V. 26. 



345 



CAPITULO XVII. 

Elias cierra el cielo durante tres años para que no llueva. 
Retirado en el desierto, provéenle los cuervos de aliinento : 
se hospeda después en casa de la viuda de Sarephta , á 
cuyo hijo resucita. 

1 Mas Elias de Tiiesbe , habitante de Galaad , 
dijo á Acháb : Vive el Señor Dios de Israel , de 
quien yo soy siervo ', que no ha de caer rocío ni 
lluvia en estos años , sino hasta que yo lo dijere. 

2 Y le habló el Señor, diciéndole : 

3 Sal de aquí, y encamínate acia el Oriente, y 
escóndete en el arroyo de Carith , que está en 
frente del Jordán. 

4 Allí beberás del arroyo ; y ^a he mandado 
yo á los cuervos que te lleven allí de comer. 

5 Fuese pues, y ejecutó las órdenes del Señor; 
y retiróse junto al arroyo de Carith, que corre en 
frente del Jordán ; 

6 á donde los cuervos le llevaban pan y carne 
por la mañana, y asimismo pan y carne por la tar- 
de ; y bebia del arroyo. 

7 Mas pasados algunos dias , secóse el arroyo ; 
porque faltaron las lluvias sobre la tierra. 

8 Por tanto, hablóle el Señor y le dijo : 



1 Tal es el sentido de la frase hebrea VJD7 Tn'OV 

nt£^N ':)Nnir^ Tb^ n^n^'^n véase Nim. m v. e. 

Deut. XVII. V. n.—Jerem. XV. v. 19, etc. 

30 



346 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

9 Anda y vete á Sarephta , cuidad de los sido- 
nios , y fija en ella tu morada ; porque ya tengo 
allí dispuesto que una muger viuda te sustente. 

10 Partió pues, y se fueá Sarephta, y al llegar 
á la puerta de la cuidad, encontróse con una mu- 
ger viuda que andaba recogiendo leña ; y llamán- 
dola la dijo : Dame en un vaso un poco de agua 
para beber. 

11 Yendo ella á traérsele, gritó tras de la mu- 
ger, diciéndola : Tráeme también , te ruego , un 
bocado de pan en tu mano. 

12 Vive el Señor Dios tuyo , respondió ella , 
que pan yo no le tengo ; no tengo mas que un 
puñado de harina en la orza, y un poco de aceite 
en la alcuza : he aquí que estoy cogiendo dos pa- 
litos de leña para ir á cocerla para mí y para mi 
hijo y comérnosla ; y después de consumidos estos 
residuos morirnos de hambre, 

13 Díjole Elias : No temas : anda , ve y haz 
lo que has dicho : mas primero haz para mí de 
ese poquito de harina un panecillo, cocido debajo 
del rescoldo , y traémele : que después le harás 
para tí y para tu hijo. 

14 Porque esto dice el Señor Dios de Israel : 
No vendrá á menos la harina de la orza, ni men- 
guará el aceite de la alcuza, hasta el dia en que el 
Señor enviará lluvia sobre la tierra. 

15 Fuese pues la muger, é hizo lo que Elias le 
habia dicho ; y comió Elias, ella, y toda su casa. 
Desde aquel dia 



CAPÍTULO XVII. 347 

16 no faltó nunca harina en la orza, ni se dis- 
minuyó el aceite de la alcuza ; seg-un lo que 
babia prometido el Señor por boca de Elias. 

17 Sucedió después que enfermó el hijo de 
aquella muger dueña de la casa, y la enfermedad 
era mortal ; de suerte que quedó sin respiración 



ninguna. 



18 Por lo cual dijo á Elias ; ¿Qué te he hecho 
yo, oh varón de Dios? ¿Has entrado en mi casa 
para renovar la memoria de mis pecados , y en 
castigo de ellos hacer morir á mi hijo ? 

19 Respondióla Elias : Dame tu hijo; y to- 
mándole de su regazo, llevóle al aposento de arri- 
ba ^¡ donde estaba hospedado , y púsole sobre su 
cama ; 

20 y clamó al Señor diciendo : ¡ Oh Señor Dios 
mió ! ¿ aun á esta viuda, que me sustenta del modo 
que puede , la has afligido , quitando la vida á su 
hijo ? 

21 Después de esto se tendió, y encogióse so- 
bre el niño por tres veces ^, y clamó al Señor di- 
ciendo: ¡Señor Dios mió! ruégete que vuelva 
el alma de este niño á sus entrañas. 

22 Oyó el Señor la súplica de Elias , y volvió 
el alma del niño á entrar en él ^, y resucitó. 

1 Véase Cenáculo. 

2 Midiéndose con su pequeño cuerpo. San Agustín, Serm. 
201, De íemp., explica el misterioso sentido que encierra 
este pasage. 

3 En esto se ve la fe de la inmortalidad del alma. 



348 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

23 Entonces Elias tomó el niño , y bajóle de 
su aposento al cuarto bajo de la casa, y entregó- 
sele á su madre diciéndole : Aquí tienes viro á tu 
hijo. 

24 Y dijo la muger á Elias : Ahora acabo de 
reconocer en esto que tú eres un varón de Dios, 
y que verdaderamente la palabra de Dios está en 
tu boca. 

CAPITULO XVIII. 

Elias se presenta á Acháb. Prueba con un evidente testimo- 
nio del cielo que el Dios de Israel es el verdadero, y Baa^ 
un dios falso : mata á todos los sacerdotes de este Ídolo ; 
y hace llover con abundancia, 

1 Mucho tiempo después habló el Señor á Elias 
en el tercer año de la hambre , diciendo : Anda y 
preséntate á Acháb ; porque quiero enviar lluvias 
á la tierra. 

2 Partió pues Elias á presentarse á Acháb. En- 
tretanto la hambre era extrema en Samarla *. 

3 Y Acháb llamó á Abdias , mayordomo de su 
palacio. (Era Abdias muy temeroso de Dios : 

4 pues cuando Jezabel hacia matar á los pro- 
fetas del Señor , recogió él cien profetas ^, y es- 
condiólos en cuevas , cincuenta en una cueva , y 

1 Con este nombre se entendía entonces todo el reino de 
las diez tribus^ cuya corte ó capital era Samaría. 

2 Esto es, hombres religiosos. 1. Reg. XIX. v. 20. 

Véase Profetas. 



CAPÍTULO XVIII. 340 

cincuenta en otra ; y proveyólos de pan y de 
agua.) 

5 Dijo pues Acháb á Abdias : Da una vuelta 
por el pais acia todas las fuentes y por todos los 
valles , para ver si podemos hallar yerba, y con- 
servar la vida á los caballos y mulos, á fin de que 
no mueran todas las bestias. 

6 y se repartieron entre sí las provincias para 
recorrerlas. Acháb iba por un camino , y Abdias 
separadamente por otro. 

7 Estando Abdias de camino, salióle al encuen- 
tro Elias ; ante el cual , luego que le conoció , pos- 
tróse sobre sa rostro^ diciendo : Mi señor, ¿ eres 
tú, Elias? 

8 Y respondió este : Yo soy. Anda y di á tu amo : 
Aquí está Elias. 

9 Replicó Abdias : ¿En qué he pecado yo, que 
me entregas á mí, siervo tuyo, en manos de Acháb, 
para que me haga morir? 

10 Vive el Señor Dios tuyo, que no hay gente 
ni reino, á donde no haya enviado mi amo á bus- 
carte ; y habiendo respondido todos : No está aquí: 
él, visto que no parecias , ha conjurado uno por 
uno á los reinos y naciones para que te prendan. 

11 Ahora bien tú me dices á mí : Anda, y di á 
tu amo : Aquí está Elias. 

12 Y sucederá que apenas me habré apartado 
de tí, el espíritu del Señor te trasportará á donde 
yo no sepa ; y después que habré dado la noticia 
á Acháb, no hallándote él. me quitará á mí la vi-. 



350 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

da '. Y en verdad que tu siervo teme al Señor desde 
su infancia ^. 

13 ¿Por ventura, señor mío, no ha Ueg-ado á tu 
noticia, lo que hice yo cuando Jezabel mataba á 
las profetas del Señor ; cómo escondí á cien de 
estos profetas, cincuenta en una cueva, y cincuen- 
ta en otra, proveyéndoles de pan y de agua ? 

14 ¿Y después de eso rae encargas ahora que 
vaya á decir á mi amo : Aquí está Elias ; para que 
me haga matar? 

15 Respondió Elias : Vive el Señor de los eje'r- 
citos, á quien yo sirvo, que hoy mismo me he de 
presentar á Acháb. 

16 Partió pues Abdias á encontrar á Acháb ; y 
dióle el recado. Salió Acháb al encuentro de Elias, 

17 y así que le vio, le dijo : ¿ Eres acaso tú el 
que traes alborotado á Israel ? 

18 A lo que respondió Elias : No he alborotado 
yo á Israel ; sino tú y la casa de tu padre, que ha- 
béis despreciado los mandamientos del Señor , y 
seguido á los Baales ó falsos dioses. 

19 No obstante, manda ahora mismo juntar de- 
lante de mí á todo Israel en el monte Carmelo , y 
á los cuatrocientos y cincuenta profetas de Baal , 
y á los cuatrocientos profetas de los bosquetes ', 
á quienes sustenta Jezabel. 

1 Creyendo que he querido burlarle. 

2 Y no merece que así le trates. 

3 Dedicados á los ídolos, especialmente á la diosa As - 
tarthe. 



CAPÍTULO XVIII. 351 

20 Envió pues Acháb á llamar á todos los hijos 
de Israel, y congregó á todos los profetas de Baal 
en el monte Carmelo. 

21 Entonces Elias acercándose á todo el pueblo, 
dijo : ¿Hasta cuándo habéis de ser como los que co- 
jean acia dos lados '? Si el Señor es Dios, seguidle ; 
y si lo es Baal, seguid á Baal. Mas el pueblo no le 
respondió palabra. 

22 De nuevo dijo EUas al pueblo : He quedado 
yo solo de los profetas del Señor ; cuando los pro- 
fetas de Baal son en número de cuatrocientas y 
cincuenta personas. 

23 Con todoj dénsenos dos bueyes ; de los cuales 
escojan ellos uno^ y haciéndole pedazos, póngan- 
le sobre la leña , sin aplicarle fuego : que yo sa- 
crificaré el otro buey, le pondré sobre la leña , y 
tampoco le aplicaré fuego. 

24 Invocad vosotros el nombre de vuestros dio- 
ses, y yo invocaré el nombre de mi Señor ; y aquel 
Dios que mostrare oir enviando el fuego , ese sea 
tenido por el verdadero Dios. Respondió todo el 
pueblo diciendo á una voz : Excelente proposi- 
ción. 

25 Dijo pues Elias á los profetas de Baal : Es- 
coged para vosotros el buey, y comenzad los pri- 
meros, ya que sois en mayor número , é invocad 
los nombres de vuestros dioses, sin poner fuego d 
la leña. 

\ 1 luclináadoos ahora al Señor, aliora á Baal? 



352 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

26 Ellos, tomando el buey que les fue dado, le 
inmolaron, y no cesaban de invocar el nombre de 
Baal desde la mañana hasta el mediodía, dicien- 
do : Baal, escúchanos. Pero no se oía voz, nihabia 
quien respondiese : y saltando sobre el ara que 
habian hecho, pasaban de una parte á otra. 

27 Siendo ya el medio dia, burlábase Elias de 
ellos , diciendo : Gritad mas recio ; porque ese 
dios quizá está en conversación con alguno , ó en 
alguna posada, ó de viage : tal vez está durmiendo^ 
y así es menester despertarle. 

28 Gritaban, pues, ellos á grandes voces; y se 
sajaban , según su rito , con cuchillos y lancetas , 
hasta llenarse de sangre. 

29 Mas pasado ya el medio día , y mientras 
proseguían en sus invocaciones % llegó el tiempo 
en que suele ofrecerse el sacrificio , sin que se 
oyese ninguna voz, ni hubiese quien respondiera, 
ni atendiera á los que oraban. 

30 Dijo entonces Elias á todo el pueblo : Acer- 
caos á mí j y acercándose á él el pueblo , reparó 
el altar del Señor que habia sido arruinado. 

31 Tomó doce piedras , según el número de 
las tribus de los hijos de Jacob , á quien habló el 
Señor , diciendo : Israel será tu nombre. 

32 Y con dichas piedras edificó el ara ó aliar 
en el nombre del Señor ; é hizo al rededor del 
altar una reguera , como dos pequeños surcos, 

á Yé^st Profeia. Baal, etc. 



CAPÍTULO XVllI. 353 

33 y acomodó la leña ; y dividiendo el buey 
en trozos , púsolos sobre la leña , 

34 y dijo : Llenad cuatro cántaros de agua , y 
vertedla sobre el holocausto y sobre la leña. Y 
dijo después : Hacedlo segunda vez; y habién- 
dolo hecho por segunda vez , añadió : Repetidlo 
aun por tercera. E hicieron lo mismo por terce- 
ra vez ; 

35 de suerte que corría el agua al rededor del 
altar , y quedó la reguera llena de agua. 

36 Siendo ya el tiempo de ofrecer el holo- 
causto , acercóse el profeta Elias , y dijo : Oh 
Señor Dios de Abraham , y de Isaac , y de Israel, 
muestra hoy que tú eres el Dios de Israel , y que 
yo soy tu siervo , y que por tu mandado he hecho 
todas estas cosas. 

37 Óyeme , oh Señor ; escúchame : á fin de 
que sepa este pueblo que tú eres el Señor Dios, 
y que tú has convertido de nuevo sus corazones. 

38 De repente bajó fuego del cielo , y devoró 
el holocansto , y la leña , y las piedras , y aun el 
polvo , consumiendo el agua que habia en la re- 
guera. ! 

39 Visto lo cual por todo el pueblo , postrá- 
ronse todos sobre sus rostros , diciendo : El Señor 
es el Dios , el Señor es el Dios verdadero, 

40 Entonces les dijo Elias : Prended á los pro- 
fetas de Baal, y que no se escape ninguno de ellos. 
Presos que fueron , los mandó llevar Elias al ar- 
royo de Cison : y allí les hizo quitar la vida. 



3b4 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

41 Dijo entonces Elias á Acháb : Anda , come 
y bebe ; porque ya oigo el ruido de una gran llu- 
via que viene. 

42 Fue Acháb á comer y beber , mas Elias se 
subió á la cima del Carmelo , donde arrodillado en 
tierra , y puesto su rostro entre las rodillas , 

43 dijo á su criado : Anda , ve , y observa acia 
el mar. Habiendo ido el criado y mirado, volvió 
diciendo : No hay nada. Replicóle Elias : Vuelve , 
hasta siete veces. 

44 Y á la séptima vez he aquí que subía del 
mar una nubecilla pequeña como la huella de un 
hombre. Y dijo Elias : Anda , y di á Acháb : En- 
gancha el tiro á tu carruage , y marcha luego, 
para que no te ataje la lluvia. 

45 Y mientras se hacia esto , é iba de una parte 
á otra , se oscureció el cielo en un momento , y 
vinieron nubes y viento , y empezó á caer una 
gran lluvia. Asi pues montando Acháb en su coche, 
se fue á Jezrael. 

46 Al punto la mano ó virtud del Señor se hizo 
sentir sobre Elias , el cual recogiendo las faldas 
del vestido en su cintura , iba corriendo delante 
de Acháb hasta que llegó á Jezrael '. 

1 Villa de Acháb. 



355 



CAPITULO XIX. 



Elias perseguido de muerte por Jezahel, se retira al monte, 
donde es confortado y favorecido del Señor, que le manda 
ungir dos reyes. Vocación de Elise'o. 

1 Contó Acháb á Jezabel cuanto habia hecho 
Elias , y cómo habia pasado á cuchillo todos los 
profetas de Baal^ sin dejar uno. 

2 Y envió Jezabel á decir á Elias : Trátenme 
los dioses con todo su rigor , si mañana á estas ho- 
ras no te hiciere pagar con tu vida la que quitaste 
á cada uno de aquellos profetas. 

3 Oído esto , se atemorizó Elias ' , y se fue 
huyendo por donde le llevaba su imaginación. Al 
llegar á Bersabée de Judá , dejó allí su criado. 

4 Y prosiguió su camino una jornada por el 
desierto; y habiendo llegado allá, y sentádose de- 
bajo de un enebro ^, pidió para su alma la separa- 
ción del cuerpo , diciendo : Bástame ya, Señor , de 
vivir ' •• llévate mi alma ; pues no soy yo de mejor 
condición que mis padres ^. 

1 Dejándole por eutónces Dios en manos de sus propias 
fuerzas. 

2 Penetrado de dolor al ver tan abandonada la Religión, 
y que triunfaba la impiedad. 

3 Puede traducirse: Bastante he vivido ya, oh Señor. 
Véase Eccli. XXX. v. 17. 

4 Los cuales murieroü en la edad en que me hallo, i 



356 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

5 Y tendiéndose en el suelo , quedóse dormido 
á la sombra del enebro : cuando he aquí que el 
Ángel del Señor le tocó y dijo : Levántate, y come, 

G Miró atras^ y vio á su cabecera un pan cocido 
al rescoldo , y un vaso de agua : comió , pues , y 
bebió , y se volvió á dormir. 

7 Mas el Ángel del Señor volvió segunda vez á 
tocarle, y le dijo : Levántate y come ; porque te 
queda que andar un largo camino '. 

8 Levantándose Elias , comió y bebió : y con- 
fortado con aquella comida , caminó cuarenta dias 
y cuarenta noches ^ hasta llegar á Horeb , monte 
de Dios. 

9 Llegado allá hizo asiento en una cueva , y di- 
rigiéndole el Señor la palabra, le dijo : ¿ Qué haces 
ahí, Elias? 

10 A lo que respondió él : Me abraso de zelo 
por tí, oh Señor Dios de los ejércitos; porque los 
hijos de Israel han abandonado tu alianza, Iban des- 
truido tus altares , han pasado á cuchillo tus pro- 
fetas : he quedado yo solo, y rae buscan para qui- 
tarme la vida. 

11 Díjole el Señor : Sal fuera, y ponte sobre 
el monte en presencia del Señor; y he aquí que 
pasará el Señor, y delante de él correrá un viento 
fuerte é impetuoso, capaz de trastornarlos montes 
y quebrantar las peñas : no está el Señor en el 



1 Muy superior á tus fuerzas. 

2 Por sendas extraviadas. 



CAPITULO XIX. 357 

viento. Después del viento vendrá un temblor de 
tierra : tampoco está el Señor en el terremoto. 

12 Tras el terremoto un fne^o : no está el 
Señor en el fuego. Y tras el Juego el soplo de un 
aura apacible y suave. 

13 Habiendo oído esto Elias , cubrió su rostro 
con el manto , y saliendo fuera, paróse á la puerta 
de la cueva, y de repente oye una voz que le dice : 
¿Qué haces aquí Elias? 

14 Abrasarme de zelo , respondió él, por el 
Señor Dios de los ejércitos ; porque los hijos de 
Israel han abandonado tu alianza , han derribado 
tus altares, y pasado á cuchillo á tus profetas : 
he quedado solamente yo , y rae buscan para qui- 
tarme la vida. 

15 Díjole el Señor : Anda, y vuélvete por el 
mismo camino del desierto acia Damasco , y lle- 
gado allá, ungirás á Hazael por rey de Syria ; 

16 y á Jehii hijo de Namsi le ungirás rey de 
Israel, y ungirás tarabien^á Elíseo, hijo de Saphat, 
natural de Abelmeula, por profeta succesor tuyo. 

17 Y sucederá que el que escapare de la espada 
de Hazael, sera muerto por Jehú ; y el que se li- 
brare de la espada de Jehú, le hará morir EUséo '. 

18 Mas yo me reservaré ^ en Israel siete mil 
varones que nunca doblaron su rodilla ante Baal, 



1 Armado de zelo contra mis enemigos. 

2 El Apóstol cita este Ingar diciendo ; [Rom. XI. v. 4.) 
Ale he reservado , etc. 

ToM. IV. 31 



358 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

ninguno de los cuales ha besado su propia mano, 
y extendidola después en señal de adorarle. 

19 Partido que hubo de allí Elias , halló á Elí- 
seo , hijo de Saphat , arando con doce yuntas de 
bueyes ; y él era uno de los que araban con una 
de las doce yuntas ; y Elias, así que llegó á él, le 
echó su manto encima. 

20 Eliséo dejando al instante los bueyes, fuese 
corriendo en pos de Elias, á quien dijo : Permíteme 
que vaya á dar el ósculo de despedida á mi padre 
y á mi madre , y luego te seguiré. Respondióle : 
Anda , y vuelve , que lo que á mí me tocaba hacer 
contigo, yo ya lo he hecho. 

21 Apenas se hubo separado de él , í/ despedido 
de sus padres, tomó el par de bueyes , y degolló- 
los , y con la madera del arado coció sus carnes, 
y dióselas á la gente para que comiese ; después 
de lo cual púsose en camino , y fue siguiendo á 
Elias, y le servia. 

CAPÍTULO XX. 

Guerra contra Benadad rey de Syria, y victorias milagro- 
sas de Israel. Achdb es gravemente reprendido por haber 
perdonado á Benadad, y hecho con él alianza. 

1 Después Benadad , rey de Syria , reunido to- 
do su ejército , toda su caballería , y carros arma- 
dos , y teniendo consigo treinta y dos reyes , o 
pequeños principes , salió á campaña contra Sama- 
ria , y la puso sitio. 



CAPITULO XX. 359 

2 Y envió mensag-eros á la ciudad , que dijesen 
á Acliáb , rey de Israel ; 

3 Esto dice Benadad : Tu plata y tu oro es 
mío 3 y tus mugeres y tus gallardos hijos mios 
son. 

4 A lo que contestó el rey de Israel : Tuyo soy, 
mi rey y señor , como tú dices , y tuyas son todas 
tuis cosas. 

5 Volviendo de nuevo los mensagercs dijeron : 
Esto dice Benadad , que nos vuelve á enviar á tí : 
Me has de dar tu plata y tu oro , y tus mugeres, 
y tus hijos. 

6 Mañana , pues , á esta misma hora enviaré á 
tí mis siervos , los cuales registrarán tu palacio y 
las casas de tus criados ó cortesanos , y tomarán con 
sus propias manos cuanto les agradare , y se lo 
llevarán. 

7 Entonces el rey de Israel convocó á todos 
los Ancianos de su pueblo, y dijo : Advertid y 
notad cómo nos está armando asechanzas ' ; puesto 
que envió á pedirme mis mugeres , y mis hijos, 
y el oro, y la plata , y no le he dicho que no. 

8 Respondiéronle todos los Ancianos , y el 
pueblo todo : No le des oídos , ni condesciendas 
con él. 

9 Y así contestó á los enviados de Benadad : 
Decid á mi señor el rey : Todo cuanto me pe- 



1 O buscando pretextos para la guerra. 



360 LIBRÓ TERCERO DE LOS REYES. 

lUste al principio ú mí , siervo tuyo, lo haré : mas 
esto que aliora pides, no puedo hacerlo. 

10 Volviéndose los mensageros , llevaron á 
Benadad e^ta respuesta: el cual despachólos nue- 
vamente , diciendo por medio de ellos á Acháb : 
Háganme los dioses no bien , sino mucho mal , si 
todo el polvo ó tierra de Samaria ha de ser bas- 
tante para que repartido entre mis soldados le 
quepa á cada uno un puñado '. 

1 1 Mas el rey de Israel les respondió : De- 
cidle d i'iiestra amo que no cante la victoria antes 
de la batalla. 

12 Cuando recibió Benadad esta respuesta esta- 
ba bebiendo con los reyes en sus pabellones , y 
dijo á sus tropas : Cercad la ciudad ^. Y la cer- 
caron. 

13 Cuando he aquí que un profeta presentán- 
dose á Acháb , rey de Israel , le dijo : Esto dice 
el Señor : ¿Has visto bien toda esa multitud innu- 
merable ? Pues mira, hoy la pondré yo en tus 
manos , para que sepas que yo soy el Señor. 

14 Respondió Acliab : ¿Por medio de quién? 
Y díjole el profeta : Por medio , dice el Señor, 
de los mozos de á pie de los príncipes de las pro- 
vincias. ¿ Y quién , replicó Acháb , comenzará la 
batalla ? Tú , respondió profeta. 



1 Tan numeroso es el ejérciío con que voy á arrasar á 
Samaria. 

2 O arrimad las máquinas para batirla. 



CAPÍTULO XX. 361 

15 Contó puesAchab los mozos de á pie de los 
príncipes , y halló ser doscientos treinta y dos : 
pasó después revista del pueblo , y lialló aptos 
para pelear siete mil entre todos los hijos de Is- 
rael. 

16 Y á eso del medio dia hicieron una salida. 
Mas Benadad estaba bebiendo en su tienda , ya 
embriagado , y con él los treinta y dos reyes ó 
señores que habian venido á su socorro. 

17 Salieron pues los mozos de los príncipes 
de las provincias á la frente de la tropa. Envió 
Benadad batidores , los cuales volvieron diciendo: 
Son unos hombres que han salido de Samaria. 

18 Y dijo Benadad : Ora vengan para tratar de 
paz y (janar treguas , ora para pelear , cogedlos 
vivos. 

19 Avanzaron pues los criados de los príncipes 
de las provincias , seguidos del resto del ejército ; 

20 y cada uno de ellos mató al que se le puso 
delante ; con lo que huyeron los syros , y fue 
Israel persiguiéndolos. Huyó también Benadad, 
rey de Syria, á uña de caballo, con los de su ca- 
ballería. 

2 1 Y saliendo asimismo el rey de Israel , der- 
rotó caballos y carros , haciendo un grande estra- 
go en los syros, 

22 Entonces acercándose un profeta al rey de 
Israel , díjole: Anda y esfuérzate, y reflexiona y 
mira lo que has de hacer j porque el año que vie- 
ae, volverá contra tí el rey de Syria. 



362 LÍBRO TERCERO DE LOS REYES. 

23 En efecto los criados ó cortesanos del rey 
deSyria le dijeron : Los dioses de los montes son 
sus dioses ; por eso nos han vencido ' : así es me- 
jor que peleemos contra ellos en los llanos, y los 
venceremos. 

24 Tú empero toma estas disposiciones : separa 
de tu ejercito á todos esos reyes, y pon en su lu- 
gar los primeros y mas valientes capitanes. 

25 Reemplaza el número de los soldados que 
han muerto , y la caballería, y los carros de guerra 
como tuviste antes , y pelearemos contra ellos en 
campo llano , y verás cómo los venceremos. 
Abrazó Benadad su dictamen , é hízolo así. 

26 Pasado pues un año , hizo Benadad revista 
(le los syros, y salió á campaña y fue á Aphec para 
pelear contra Israel. 

27 Pasóse también revista de los hijos de Is- 
rael , los cuales prevenidos de víveres marcharon 
al encuentro de sus enemigos , y acamparon en 
frente de ellos , á manera de dos pequeños hatos 
de cabras ; al paso que los syros inundaron todo 
el pais. 

28 Entonces un varón de Dios vino á encontrar 
al rey de Israel , y le dijo : Esto dice el Señor : 
Por cuanto han dicho los syros : El Señor es 
Dios de los montes y no es Dios de los valles, 
por lo mismo yo entregaré en tu mano toda esa 



1 Nótese aquí un ejemplo de la mas refinada adulación. 



CAPÍTULO XX. 3G3 

gran muchedumbre : con loque acabaréis de co- 
nocer que yo soy el Señor. 

29 Entretanto los dos ejércitos por espacio de 
siete dias estuvieron formados en batalla uno en 
frente de otro , y al séptimo dia se dio la acción ; 
en la cual los hijos de Israel mataron de los syros 
en un dia cien mil hombres de infantería. 

30 Los que pudieron salvarse , huyeron á la 
ciudad de Aphec , y cayó el muro sobre veinte y 
siete rail hombres que habian quedado '. Huyendo 
también Benadad , entró en la ciudad ; y escon- 
dióse en lo mas retirado de su palacio. 

31 Y dijéronle sus criados : Nosotros hemos 
oido decir que los reyes de la casa de Israel son 
clementes y piadosos : vistámonos pues de sacos ^, 
con sogas al cuello , y presentémonos así al rey 
de Israel ; que tal vez nos salvará las vidas. 

32 Vistiéronse pues los sacos , ciñéndoselos en 
la cintura , y pusiéronse las sogas al cuello , y se 
presentaron al rey de Israel , diciéndole : Bena- 
dad, tu siervo , dice : Sálvame , te ruego , la vi- 
da. A lo que respondió el rey : Si vive todavía, 
él es mi hermano. 

33 Lo cual tuvieron ellos por feliz presagio ; 
y al instante le tomaron la palabra de la boca , y 
dijeron : Sí , Benadad tu hermano aun vive. Y éi 



1 F^sto es, murieron al pie de las murallas arruinad.is . y 
á lus tiros de las máquinas de los hebreos. 

2 V'éase Suco. 



364 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

les dijo : 1(1 y traédmele acá. Presentósele luego 
Benadad , y Aclicáb le hizo subir en su carroza. 

34 Díjole Benadad : Las ciudades que mi padre 
quitó al tuyo , yo las restituiré : y tú te harás 
plazas y calles en Damasco mi capital , como las 
hizo mi padre en Samarla " , y hecho este conve- 
nio contigo , me marcharé. Hizo pues Acháb 
alianza con él, y dejóle ir libre. 

35 Entonces uno de los hijos ó discípulos de 
los profetas dijo de parte del Señor á un compa- 
ñero suyo : Hiéreme. Mas el otro no quiso he- 
rirle. 

36 Y él le dijo : Por cuanto no has querido 
obedecer la voz del Señor , lo mismo será apar- 
tarte de mí, que te matará un león. En efecto, 
á pocos pasos distante de él , encontróle un león 
V le mató. 

37 Habiendo después hallado á otro hombre, 
le dijo : Hiéreme ; y este le hirió , é hizo una 
llaffa. 

38 Fuese así el profeta , y salió al encuentro 
del rey en el camino ; habiendo desfigurado su 
fisonomía, llenándose de polvo la cara y los ojos. 

39 Y así que hubo pasado el rey, dio voces tras 
de él, diciendo : Habíase avanzado tu siervo para 



1 Es señal de sujeciou en un rey el tener que señalar 
en sn propia capital sitio para habitar los vasallos de otro 
rey , los cuales no le estén sujetos , y paguen tributo á su 
propio príncipe. 



CAPÍTULO XXI. 365 

batir mas de cerca al enemigo ; y como hubiese 
huido un hombre de los prisionei^os , otro rae le 
trajo, y díjome : Guarda á ese hombre ; que si le 
dejas escapar , tu vida responderá por la suya, ó 
me pagarás un talento de plata : 

40 mas como yo agitado ó turbado me volviese 
á un lado y á otro , el hombre desapareció de 
repente. Respondióle el rey de Israel : Tú mis- 
mo te has pronunciado la sentencia. 

41 Entonces él Urapióse de repente el polvo de 
la cara, y conoció el rey de Israel ser uno de los 
profetas. 

42 El cual dijo al rey : Esto dice el Señor : 
Por cuanto has dejado escapar de tus manos un 
hombre digno de muerte , tu vida pagará por la 
suya, y tu pueblo por el pueblo suyo. 

43 Mas el rey de Israel se volvió á su casa, no 
haciendo caso de lo que le decia el profeta, y entró 
lleno de furor en Samaria, 



CAPITULO XXÍ. 

Nahoth rehusa vender su viña al rey Achdb. Jezahel hace 
malar á Nabolh , y usurpa su viña. Predicción de Elias 
contra la casa de Achdb. 

1 Después de estas cosas sucedió en aquel tiem- 
po que Naboth , jezrahclita , tenia en Jezrahel 
una viña cerca del palacio de Acháb, rey de Sa- 
maría. 



366 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

2 Habló pues Acháb á Naboth, diciendo : Dame 
tu viña para hacerme una huerta , estando como 
está vecina y contigua á mijpalacio, y en cambio de 
ella te daré otra viña mejor, ó si te tiene mas cuen- 
ta, su justo precio en dinero, 

3 Respondióle Nahoth : Dios me libre de darte 
yo la heredad de mis padres \ 

4 Fuese Acháb á su casa indignado y bramando 
de cólera por la respuesta que le habia dado Na- 
hoth , jezrahelita, diciendo : No te doy yo la he- 
redad de mis padres. Y echándose sobre su cama, 
volvió su rostro acia la pared , y no quiso comer 
nada. 

5 Entró á verle Jezabel sumuger, y díjole : ¿Qué 
es esto ? ¿ Qué motivo tienes para estar triste ? 
¿ Y por qué no quieres comer ? 

6 Respondióle : He hablado á Naboth , jezra- 
helita, y le he dicho : Dame tu viña á dinero con- 
tante,, ó si quieres, yo te daré en cambio de ella 
otra viña mejor. A lo que me ha contestado : No 
te doy yo mi viña. 

7 Entonces le dijo Jezabel su muger : Vaya 
que es grande tu autoridad , y sí que gobiernas 
bien el reino de Israel. Levántate y toma alimen- 
to, y sosiega tu ánimo, que yo te daré la viña de 
Naboth, jezrahelita. 



1 Y de violar cod esto la Ley que lo prohibe. Lev. XV. 
r. 23. La Ley prohibia la venta perpetua de Itts posesiones. 
Véase Jubileo. 



CAPÍTULO XXI. 367 

8 A este fin escribió ella una carta en nombre 
de Achab , sellándola con el sello real ; y envióla 
á los Ancianos y á los principales de aquella ciu- 
dad, convecinos de Naboth. 

9 La sustancia de la carta era esta : Proraulsrad 
un ayuno ' , y haced sentar á Naboth entre los 
principales del pueblo, 

10 y sobornad á dos hombres , hijos de Belial 
que digan contra él este falso testimonio : Ha blas- 
femado contra Dios y contra el rey. Después sacad- 
le fuera , y apedreadle hasta que muera. 

1 1 Los Ancianos y principales de la ciudad , 
conciudadanos de Naboth y que vivían con él^ hi- 
ciéronlo puntualmente conforme habia mandado 
Jezabel, y según el contenido de la carta que les 
habia enviado. 

12 Promulgaron el ayuno, y á Naboth le hicie- 
ron sentar entre los primeros del pueblo. 

13 Y habiendo introducido á dos hombres, hijos 
del diablo , los hicierom sentar en frente de Na- 
both : los cuales, al fin como hombres diabólicos , 
atestiguaron contra él en presencia del pueblo , 
diciendo : Naboth ha blasfemado contra Dios y 
contra el rey. En vista de este testimonio sacá- 
ronle fuera de la ciudad, y le mataron á pedradas. 

14 Enviaron luego á decir á Jezabel : Naboth ha 
sido apedreado y muerto. 

1 En señal de qne hay que tratar un asunto de mucha 
gravedad, y de que necesitáis el auxilio de Dios. l'Esd. 
FUL V. 21— U Par. XX, v. 3. 



368 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

15 Luego que supo Jezabel que Naboth habia 
sido apedreado y muerto , dijo á Acháb : Anda y 
toma posesión de la viña de INabotb, jezrahelita , 
que no quiso complacerte ¡ y dártela por dinero 
contante ; puesto que ya no vive Naboth, sino que 
ha muerto '. 

16 Así que oyó Acháb la muerte de Naboth, se 
puso en camino , y bajaba á la viña de Naboth 
jezrahelita para tomar posesión de ella. 

17 Mas el Señor habló á Elias thesbita diciendo : 

18 Marcha, y sal al encuentro de Acháb, rey 
de Israel , que está en Samaria : sábete que va á 
la viña de Naboth para tomar posesión de ella, 

19 Pero tú le has de hablar en estos términos : 
Esto dice el Señor : Cometiste un homicidio , y 
tras esto vas á usurpar la viña del muerto, A lo que 
añadirás después : He aquí lo que dice el Señor : 
En este lugar en que los perros lamieron la san- 
gre de Naboth , en el mismo lamerán también tu 



sang-re ^. 



20 Díjole Acháb : ¿Por ventura me tienes por 
enemigo tuyo, para que asi vaticines contra mi 'i Sí 
que te tengo por tal , respondió Elias ; porque te 
has prostituido á hacer la maldad delante del Señor. 



1 Como reo de lesa Magestad. 

2 Acháb se arrepintió ; y la predicción se cninplió en su 
hijo Joraní por sus pecados. Cap. XXII. v. 38. — IV. Iteg. 
IX. V. 25. Pero no duró niucho la enmiendaj y al fin murió 
infelizmente, <S'. Greg. Hom, XIX. in Ezech. 



CAPÍTULO xxr. 369 

'xl He aquí que yo lloveré sobre tí desastres , y 
extirparé tu posteridad, y no dejaré de la casa de 
Acháb alma viviente , matando hasta los perros, y 
á todos los tuyos en Israel desde el mayor hasta 
el menor. 

22 Yo asolaré tu casa como la de Jeroboam hijo 
de Nabath, y como la de Baasa hijo de Ahia , por- 
que tú no has hecho sino provocarme á ira, y has 
hecho pecar á Israel. 

23 É igualmente ha hablado el Sefior contra 
Jezabel, diciendo: Los perros se comerán á Jeza- 
bel en el campo de Jezrahel. 

24 Si muriere Acháb en la ciudad, se le comerán 
ios perros : si muriere en el campo , le devorarán 
las aves del cielo. 

25 Lo cierto es que no hubo jamas ' otro tal 
€omo Acháb ; el cual se prostituyó, ó se vendió, para 
obrar lo malo delante del Señor : porque le insti- 
gó su muger Jezabel, 

26 é hízose abominable en tanto grado , que se 
iba tras los ídolos fabricados por los amorrheos, á 
los cuales habia el Señor destruido al llegar los 
hijos de Israel. 

27 Mas así que Acháb oyó estas palabras, rasgó 
sus vestidos, cubrió su carne con un cilicio, ayunó, 
y durmió envuelto en el saco de penitencia , y an- 
daba cabizbajo ó humillado. 



1 Entre los reyes de Isrrxtl. 

32 



310 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

28 Por io que habló el Señor á Elias thesbita 
diciendo : 

29 ¿No has visto cómo Acbáb se ha humillado 
delante de mí ? Pues ya que por mi respeto se ha 
humillado, no enviaré aquellos castigos durante su 
vida ; pero sí los enviaré sobre su casa en los días 
de su hijo. 

CAPÍTULO XXII. 

Guerra desgraciada de Israel y Judá contra la Syria. Achdb, 
que habia hecho x>oner preso al profeta Michéas , muere 
atravesado de una saeta ; y le siiccede el impío Ochózia». 
A Josaphat , su hijo Joram. 

1 Tres años se pasaron sin guerra entre la Syria 
é Israel ; 

2 pero al tercer año fue Josaphat, rey de Judá, 
á visitar al rey de Israel. 

3 (Habia dicho el rey de Israel á sus criados ó 
cortesanos : ¿ No sabéis que Ramoth de Galaad es 
plaza nuestra, y con todo no cuidamos de recobrarla 
del poder del rey de Syria?) 

4 Y dijo á Josaphat : ¿ Vendrás conmigo á ia 
ffuerra contra Ramoth de Galaad? 

5 Respondió Josaphat al rey de Israel : Somos 
los dos una misma cosa , y una misma cosa son ta 
pueblo y el mió , y tuya es mi caballería. Y aña- 
dió Josaphat al rey de Israel : Consulta, te ruego, 
al Señor en este día, para que sepamos su volun- 
tad. 



CAPITULO XXII. 371 

6 Juntó pues el rey de Israel á sus profetas en 
número de cerca de cuatrocientos, y díjoles : ¿De- 
bo emprender la guerra contra Ramoth de Gala- 
ad, ó estarme quieto ? Empréndela, respondieron 
ellos ; que el Señor entregará la plaza en poder 
del rey. 

7 Mas Josapliat dijo : ¿ No hay aquí algún pro- 
feta del Señor, á fin de consultar por medio de él ? 

8 Respondióle el rey de Israel : Uno ha que- 
dado , por cuyo medio podemos consultar al Se- 
ñor : mas yo le aborrezco , porque nunca me pro- 
fetiza cosa buena, sino mala : ese es Michéas, hijo 
de Jemla. Replicó Josaphat : Oh rey , no hables 
de esa manera. 

9 Llamó pues el rey de Israel á un eunuco ó 
camarero ', y dijoie : Anda, vé , y trae luego acá 
á Michéas, hijo de Jemla. 

10 Estaban el rey de Israel, y Josaphat, rey de 
Judá, sentados cada uno en su trono , vestidos de 
trage real, en la era ó plaza contigua á la puerta 
de Samarla ; y todos los profetas ^ falsos profeti- 
zando delante de los dos. 

11 Y Sedecías, hijo de Chánaana, se habia hecho 
fabricar unos cuernos de hierro ', y dijo : Esto 
dice el Señor : Con estos aventarás la Syria, hasta 
que no dejes rastro de ella. 

) Véase Eunuco. 

2 Véase Profeta. 

3 Véase Figuras. Hebraísmos. Con esta alegoría quería 
aumiciar este profeta falso el gran poder de Achab. 



372 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

12 A este tenor los demás profetas profetizaban, 
diciendo : Sal á tarapaña contra Ramoth de Galaad, 
vé en hora buena ; que el Señor la entregará en 
manos dei rey. 

13 Al mismo tiempo el mensagero que habia 
ido á llamar á Michéas, le previno, diciendo : Mira 
que todos los profetas están acordes en anunciar 
prósperos sucesos al rey : sea pues tu lenguage 
semejante al suyo , y anuncia buenas nuevas. 

14 Respondióle Michéas : Vive el Señor , 
que no hablaré otra cosa que lo que el Señor me 
dijere. 

15 Llegó pues delante del rey, el cual le pre- 
guntó : Michéas , ¿debemos ir á hacer la guerra 
contra Ramoth de Galaad, ó estarnos quietos ? 
Respondióle Michéas * : Anda, y vé en hora bue- 
na; que el Señor la entregará en manos del rey. 

16 Replicóle el rey : Te conjuro una y mil 
veces en el nombre del Señor , que no me digas 
sino la verdad. 

17 Entonces dijo él : Yo vi á todo Israel disper- 
sado por los montes^ á semejanza de ovejas sin pas- 
tor : y dijo el Señor : Estos no tienen caudillo : 
vuélvase cada uno en paz á su casa. 

18 Al oir esto el rey de Israel dijo á Josaphat : 
¿Por ventura no te lo dije , que este jamás me 
profetiza cosa buena, sino siempre mala ? 

1 Irónicamente : aludieDdo á la respuesta ó unció del 
falso profeta. 



CAPÍTULO xxir. 3t3 

19 Pero Micbéas , ratificándose, añadió : Por 
tanto , oye la palabra del Señor : He visto al Se- 
ñor sentado sobre su solio, y á toda la milicia ce- 
lestial que estaba á su rededor á la derecha y á la 
izquierda. 

20 Y dijo el Señor : ¿Quie'n engañará á Acháb, 
rey de Israel, para que vaya y perezca en Ramoth 
de Galaad ? Sobre lo cual uno dijo una cosa , y 
otro otra. 

21 Mas salió del abismo el espíritu maligno , y 
presentóse al Señor, diciendo : Yo le engañaré, si 
me lo permites ' . Preguntóle el Señor : ¿ De qué 
manera? 

22 Y él respondió : Saldré y seré un espíritu 
mentiroso en la boca de todos sus profetas. Y dijo 
el Señor : Le engañarás , y lograrás tu intento : 
vete , y haz lo que dices ^. 

23 Mira pues, concluí/ó Michéas , mira que el 



1 Dios es representado aquí como un rey entre sus mi- 
nistros y consejeros, y en esta especie de parábola es digno 
de observarse: primero, que no solamente Dios, pero ni 
tampoco sus ministros, ó espíritus celestiales, pueden servir 
para la falsedad ó engaño, sino solamente el espíritu malo : 
segundo , que Dios conocía el engaño de que se serviría el 
demonio ; pero lo permitía para castigo de Acliáb , y sin la 
permisión divina nada puede hacer el demonio {S. Aug. 
Quocsí. XLIV. in Jud.): tercero, que Dios queriendo cas- 
tigar á aquel impío rey, peruiitió que consultase á los ma- 
gos, y les diese crédito. 
2 Yo te lo |»ennito. 



374 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 

Señor lia puesto ó dejado entrar ' el espíritu de 
mentira en la boca de todos tus profetas que es- 
tán aquí ; mientras que el mismo Señor tiene de- 
cretados contra tí desastres. 

24 Acercóse entonces Sedecías hijo de Chánaana, 
y dio un bofetón á Michéas , diciendo : ¿ Con que 
á mí me ha desamparado el espíritu del Señor, y 
te ha hablado á tí ? 

25 Respondió Michéas : Tú lo verás en aquel 
día, cuando irás huyendo de escondrijo en escon- 
drijo para ocultarte y salvarte» 

26 Pero el rey de Israel dijo : Prended á Mi- 
chéas , y esté bajó la custodia de Amon, goberna- 
dor de la ciudad , y de Joas hijo de Amelech ; 

27 á quienes diréis : Esto manda el rey : Me- 
ted á ese hombre en la cárcel , y alimentadle con 
pan de dolor , y agua de aflicción , hasta que yo 
vuelva victorioso ^. 

28 A lo que dijo Michéas. Si tú vuelves victo- 
rioso , el Señor no habló por mi boca. Y añadió : 
Pueblos todos, estad alerta y sedme testigos, 

29 Salió pues el rey de Israel á campaña con 
Josaphat rey de Judá, contra Ramothde Galaad. 

30 Y dijo el rey de Israel á Josaphat : Toma 
tus armas, y entra en batalla, vestido de tus ro- 



1 Véase Causa. 

2 Dadle poco pan y poca agua. Así traduce San Geróni- 
mo II. Paralip. XVIII. v. 26. Dadle el pan por onzas, y 
el agua por gotas. 



CAPÍTULO XXII. 375 

pas. Mas el rey de Israel mudó de trage, y entro 
disfrazado en la pelea. 

31 Había mandado el rey de Syria á los treinta 
y dos comandantes de sus carros de guerra ' , di- 
ciendo : No pelearéis contra ninguno chico ni 
grande, sino contra solo el rey de Israel. 

32 Como viesen pues los capitanes de los carros 
á Josaphat, se figuraron que era el rey de Israel , 
y arrojándose encima peleaban contra él. Josaphat 
entonces dio voces al Señor ^ ; 

33 por donde conocieron los capitanes de los 
carros que no era el rey de Israel, y le dejarono 

34 Mas un soldado flechó su arco, y disparando 
al aire , casualmente hirió al rey de Israel entre 
el pulmón y el estómago. Por lo que dijo el rey á 
su cochero : Toma la vuelta , y sácame del com- 
bate ; porque estoy gravemente herido. 

35 Dióse pues la batalla en aquel dia; y el rey 
de Israel , aunque herido , estaba en su carroza , 
vuelto de cara á los syros '. Pero murió por la 
tarde , habiendo corrido la sangre de la herida 
hasta el fondo de la carroza. 

36 Y antes de ponerse el sol , un rey de armas 
tocó la trompeta por todo el ejército , avisando 
que cada uno se volviese á su ciudad y á su pais '*, 

1 De los que entraron en lugar de los treinta y dos reyes. 

2 I!. Paralip. XVIII. v. 31. 

3 Animando á sus tropas. 

4 Diciendo: El rey ha muerto : vuélvase cada cual á sn 
pais y ciudad. 



376 LIBRO TERCERO DE LOS. REYES, 

37 Muerto pues el rey, fue conducido á Sama- 
rla , donde le sepultaron. 

38 Y lavaron su carroza , y las riendas de los 
caballos en el estanque de Samaria ; y los perros 
lamieron su sangre , conforme á la palabra que 
Viabia el Señor pronunciado. 

39 Las demás acciones de Acháb, y todo cuanto 
hizo , y la casa de marfil que edificó , y todas las 
ciudades que fundó , todas estas cosas ¿no están 
escritas en el libro de los anales de los reyes de 
Israel ? 

40 Pasó finalmente Acháb á descansar con sus 
padres , y succedióle en el reino su hijo Ochózías. 

41 Josaphat empero, hijo de Asá , habia co- 
menzado á reinar sobre Judá el año cuarto de 
Acháb , rey de Israel. 

42 Treinta y cinco años tenia cuando comenzó 
á reinar , y reinó veinte y cinco en Jerusalem. 
Llamábase su madre Azuba , hija de Salai. 

43 Josaphat siguió en todo los pasos de su pa- 
dre Asá , sin desviarse jamás ; haciendo lo que era 
recto delante del Señor. 

44 Mas no quitó los lugares altos ; pues toda- 
vía el pueblo sacrificaba y ofrecia incienso d Dios 
en las alturas ^. 

45 Y el rey Josaphat mantuvo la paz con el 
rey de Israel. 

46 Las demás cosas de Josaphat y sus hechos y 



1 Aunque ya solo tkbia haceilo en Jerusaleio 



CAPÍTULO XXII. 377 

batallas , ¿ no está todo esto escrito en el libro de 
los anales de los reyes de Judá? 

47 Ademas exterminó del pais las reliquias de 
los afeminados , que habian quedado del tiempo 
de su padre Asá. 

48 No habia por entonces rey establecido en 
Idumea '. 

49 El rey Josaphat habia formado una flota 
para hacerla navegar á Ophir , y traer de allí oro : 
pero no pudo efectuarse , porque naufragaron las 
naves en Asiongaber. 

50 Entonces Ochózías , hijo de Acháb , dijo á 
Josaphat : Vaya mi gente á navegar con la tuya; 
pero Josaphat no- quiso convenir en ello. 

51 Al fin pasó á descansar Josaphat con sus pa- 
dres], y fue sepultado con ellos en la ciudad de su 
padre David ; y succedióle en el reino su hijo 
Joram. 

52 Ochózías, hijo de Acháb, habia comenzado á 
reinar sobre Israel en Samaria el año décimo sép- 
timo de Josaphat , rey de Judá ; y reinó sobre 
Israel dos años. 

53 E hizo lo malo delante del Señor , y siguió 
el camino de su padre y de su madre, y las huellas 
de Jeroboam , hijo de Nabath , el cual indujo á 
pecar á Israel. 



1 La Idunieaj sujetada por David, se sustrajo del domi- 
nio de sus succesores en tiempo de Jorara, liijo de Josaphat, 
IV. Reg, VIH v. '20. 



r 

378 LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 



\ 



54 Sirvió también a Baal , y le adoró , é irritó 
al Señor Dios de Israel , haciendo todo lo malo 
que habia hecho su padre. 



FIN DEL LIBRO TERCERO DE LOS REYES. 



X