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Full text of "Las calles de Barcelona: Origen de sus nombres, sus recuerdos, sus ..."

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LAS CALLES DE BARCELONA 




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SALVADOR "AÑERO, EDITOR. 

LAS CALLES 

BARCELONA 

Origen de sus nombres. 

Sus recuerdos, sus tradiciones y leyendas. 

Biografías d.e loe personajes ilustres que ban dado nombre 

alg-unHs.— Historia de los sucesos y heclioe célebres ocurridos en elln 

y do los edlflctos man notables, asi públicos como partli^iilares, que 

existen en cada una, con la reseifa y noticln lie tndo 

lu nías imjiortanle relativos la oapltil 

del Principado. 

POI 

Edición de gtuí Ivjft adornada con precious láminas. 

TOMO I. 



RARCELOMA: 

ESTABIEGIHIEITO TIPOfiRinCO EDITOBUL DI SáLViDOR HtHBKO, 

KamMB da Sania HAnlca. número 't. frenle á Correo.. 



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ES PROPIEDAD DE SILVIDOR MAÑERO. 



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4-0 ¿^ 
VI 



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8 2> \ a 55-\'^o 



INTRODUCCIÓN. 



NOTICIA HISTÓRICA DE BARCELONA. 



Antes de comenzar la historia de las calles, monumentos, perso- 
najes y hechos notables de Barcelona, convendrá que el lector ten- 
ga ana noticia histórica de esta ciudad insigne y famosa en anti- 
guas y modernas edades: pero, será esta noticia breve y suscinfa, 
poes en el cuerpo de esta obra se han de relatar con estension y 
pormenores varios de sos mas principales hechos. 

Existen varias opiniones relativamente al origen de Barcelona, 
algunas de las cuales no pneden admitirse sino como fábulas, ni 
deben inspirar otro sentimiento que el de la compasión hacia los 
autores que candidamente las han propagado. La opinión ma.s fun- 
dada y cierta es la que se apoya como base en el dicho del poeta 
Ausonio, quien liablando de Barcelona la llama púnica Barcino. 

Efectivamente, esta ciudad debe su origen á aquellas grandes 
guerras púnicas entre cartagineses y romanos de las cuates se ha- 
blará mientras haya mundo. El cartaginés Amilcar, lleno de su he- 
roico proyecto de llevar la guerra á Italia, cayó con su ejército so- 
bre Espafia, y siguiendo la costa desde Cádiz hasta los Pirineos, 

TOMOl. i 

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fi l.\S C\I.1.BS l)F. RARCBI.0N4. 

fué estableciendo én sus conquistas puntos de apoyo, que además 
de asegurarlas en su obediencia, pudieran servirle de escalas para 
la ejecución de su grandioso proyecto. Entonces fué cuando fundó 
Barcelona en la costa Laletana, dándole suitombre de Tamilia Bar- 
chino. H¿ aqui por que el poe(a Ausodío en la epístola ad PauUmm 
la llama, según queda dicho, púnica Barcino. 

Pero, queda una duda'para esclarecer. En el sitio ocupado ho" 
por esta ciudad, ^jxistia anles de la llegada de Amilcar un puebl_^ 
un grupo de casas, unas cuantas barracas de pescadores al menos? 
Lo uno no se opone á lo otro. Nuestra costa estaba ocupada por los 
laletanos, descendienles de los celtas, que se consideran como una 
de las razas primitivas, y bien pudiera ser que cabe el' monte Tá- 
bcr (1) morase algún pueblo cuyas viviendas hubiesen servido á 
Amilcar para comienzo de su nueva Fundación. 

No lardó en llegar para estos paises la época de la dominación 
romana. Entonces Barcino se vio muy favorecida por sus nuevos 
dominadores, quienes la colmaron de privilegios y honores, hacién- 
dola una de las doce colonias de la España citerior, pero colonia 
romana, no latina, con goce de derecho de inmunidad ó sea exeji- 
cion de tributos, llamado de otra manera derecho itálico. Quisieron 
los romanos mudarle el nombre dándole los de Augusta, Julia, Pía, 
Favencia, y es fama que alguna vez se llegó á llamar á los barce- 
loneses favenlinos, pero no se pudo jamas borrar su primer nombre 
de Barcino. 

Cuando la decadencia del imperio, y muy particularmente cuan- 
do la dominación goda, muchos nombres de ciudades lomaron la 
tnrminucion offfl, asi de Tárraco.sG formó Tarracona, de Bétuh 
Relulona, de Ausa-Attsona y de Barcino Barcinona. 

A los romanos sucedieron los godos ó visigodos, que asi se lla- 
maron los que vinieron á establecerse en los paises conocidos hoy 
por Cataluña. Ataúlfo fué el primer caudillo visigodo que pasó los 
Pirineos, viniendo á lijar su residencia en Barcelona, la cual hizo 
su corte y capital de su imperio. 

Murió Ataúlfo asesinado en esta ciudad, sucediéndoleSigerico y ¿ 
este Walia, el cual no tardó en ir á Gjar su residencia en Tolosa, 
que por largo tiempo vino á ser capital de los godos en las Galías, 



Erauna colinaeapccieiloralrlboilelUanjuich, sobre Ja cual bca 
>ilD«9l»ci>tlna era el sillo qnc boy ocupa tn callfdpliviradít rtrtel Pi 



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LAS CALLES DE BABCELONA. 7 

hasta que elevado al troDO Teudls, volvió & Espafia el solio de Ataúlfo. 

Destruida la monarquía goda eo don Rodrigo, cayó Barcelona en 
poder de los árabes, siguiendo la suerte de las demás ciudades, y 
la hallamos con el nombre de Barchaluna, y como parle de la provin- 
cia llamada de Arkorta, en las estadislicas arábigas que ofrecen el 
empadronamiento ó división de ios pueblos de España en cinco pro- 
viacias ó nuevasjiirisdicciones. 

Ochenta y ocbo anos después de haber dominado los sarracenos 
esta ciudad, vino á arrojarles de ella Ludovíco Pío, cuyo ausilio 
babian impetrado los naturales del país refugiados basta entonces 
en varios puntos de las montanas y en algunos castillos que, como 
el de Egara ó Tarrasa, no babiau'sido invadidos por tos moros. El 
sitio de Barcelona por Ludovíco Pío tuvo lugar en 801, y después 
de un sitio heroico que ha sido cantado en un poema inmortal, cayó 
esta ciudad en poder del hijo de Garlo-Magno. 

Conquistada Barcelona, volvióse Ludovíco á Aquitania, dejando 
aquí como gobernador, caudillo de la frontera ó conde, á un jefe 
llamado Bera ó Bara, que era natura! de este país. De este punto 
arranca el condado de Barcelona, que á tanta altura de gloria, de 
ilustración y de heroísmo había de rayar eu los siglos posteriores. 
Entonces se fundó aquella Marca franco-espafíola, que solía apelli- 
darse la Marca de España y también de Goda; siendo erigida des- 
pués en ducado particular que se llamó de Sepíimania, ¿ causa 
de siete ciudades principales que lo componían, con Barcelona por 
capital. 

También por entonces comenzó á llamarse este país Gataluüa. Eq 
uD privilegio de Garlo-Magno, del ano 192, concediendo la baronía 
de Centellas á Grotardo de Grahon , se tropieza por vez primera 
con el nombre de Cataluña en estas palabras que dirige el empera- 
dor franco al citado Grahon, diciendo que leda la mencionada baro- 
nía propíer gravissima el imporlabilia pericula el onora guw nobis- 
cum in obsidione et guerra térra Goí/wrum sive Cathahnm sasíi- 
nutí. La tierra de los godos ó sea Cataluña, dice Garlo-Magno. Hay 
que partir de este documento para hallar el origen del nombre de 
nuestro país, y es fácil bailarlo. Llamábase este Marca hispánica 
es decir titmíe de España, y también Marca Gotice es decir límite ó 
(ierra de godos, y de esto provino GotholamÍa(\\iV: la pronunciación 
vulgar no tardó en convertir en Catkalonia, según ya se usa en el 
privilegio de Garlo-Magno, y luego en Cataluña. 



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8 LAS galles' DE BARCELONA. 

Hao dicho y sostenido algunos autores que al apoderarse Lu- 
dovico Pío de Barcelona y su comarca, quedaron los catalanes, á 
quienes continuaremos llamando as(, sujetos al dominio del con- 
quistador. Es una crasa equivocación. En los preceptos dados á los 
catalanes por Ludovico Pío y Carlos ?/ ca/po (1), después del que 
dio anteriormente el mismo Carlo-Magno, consta de una manera 
evidente, clara, inconcusa, primero: que los moradores de este 
país llamaron k los reyes de Francia en su ayuda pidiéndoles ausi- 
lios para arrojar k los árabes, no porque dependiesen de ellos sino 
con el carácter de una nación libre que solicita el apoyo de otra 
para UD caso dado; y segundo: que, agradecidos los catalanes á 
ios servicios que les prestó Ludovico Pió, se sujetaron generosa- 
mente á su obediencia, pero Ludovico y sus sucesores les dejaron 
en libertad reconociendo sus leyes, declarándose protectores y de- 
fensores suyos, de manera que los reyes de Francia no fueron sino 
reconocidos como seUores ó por mejor decir protectores de un pais 
abre, que tenia leyes propias y gozaba de grandes franquicias y 
privilegios. 

Mientras estuvo Barcelona y la Marca hispánica bajo la protec- 
ción de los reyes franceses, los condes gobernadores fueron: Bera 
ó Sara desde 801 hasta 820; Bernardo desde 820 hasta 832; Be- 
renguer desde 832 hasta 836; Bernardo, segunda vez, desde 836 
hasta 844; Seniofredo desde 8ii basta 848; Alearan desde 848 á 
849; Guillermo ú^sAt 849 hasta 850; Alearan, segunda vez, desde 
850 hasta 852; Alarico desde 852 hasta 857; Humfrido ó Yifredo 
de Riá desde 857 hasta 8()4; Salomón desde 864 hasta 873; y en 
873 Vifredo llamado el velloso que fué proclamado conde indepen- 
diente. 

Con Vifredo comienza la linea de los condes soberanos de Barce- 
lona, quienes fueron poco á poco estendiendo sus dominios y sus 
conquistas y ensanchando su territorio. A Yifredo, que gobernó des- 
de 873 á 898, sucedió en este último aDo su hijo Vifredo Jí ó Bor- 
rell, que murió en 91'2, {)asaDdo á cefiir la garíanda condal,— que 
así se llamaba la diadema de los condes barceloneses, — Sttnyer, k 
quien reemplazó en 954 Borrell 1. 

Durante el reinado de este conde á quien los árabes llamaban rey 
de Elfranch, vino Almanzor con poderoso ejército y se apoderó de 

(1) Cunatan en uJ arclli^c> a<: I« ualuilnil du UHicdmia. 



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LAS CALLES DE BAHCBLONA. V 

BarceloDa, después de haber destruido las huestes del conde en la 
llanura deMatabous. Ya tendremos ocasión de contar en el cuerpo 
de esta obra como Borreit se refugió en Mauresa y como salió de 
allí al frente de sus hombres ádparadfe para reconquistar Barcelo- 
na, de la cual se apoderó en breve y heroica campaña. 

Muerto Borrell en 992, sucedióle su hijo Ramón Borrclt. Coa 
mano fuerte rechazó este á los musulmanes que incendiaron sus do- 
minios, y llevó á cabo con notable acierto y sobresaliente talento 
militar una espedicíon á Córdoba, interviniendo en las guerras ci- 
viles de los árabes. Murió este conde en 1018, dejando de su espo- 
sa Ermesinda, de la alcurnia de los condes de Carcasona, un bijode 
menor edad llamado fierenguer Ramón el curvo, el cual reinó hasta 
1035, siendo este conde quien confirmó sus franquicias á los barce- 
loneses por los aOos de 1025. 

Era un niQo Ramón Bereoguer 1, á quien por su prudencia y 
sensatez la posteridad llamó el viejo, cuando ocupó por muerte de 
su padre el solio condal. Bajo el gobierno de este conde fué esten- 
dido y ordenado el famoso código consuetudinario conocido por tos 
Usages de Barcelona, el mas antiguo que se conoce, y fué también 
Ramoo Berenguer el primero que pasó á poseer el condado de Car- 
casona por derechos que arrancaban de su abuela Ermesinda. 

En 1076, aBo de su muerte, le sucedieron con derecho igual sus 
dos hijos Ramón Berenguer II y Berenguer Ramón II. Al primero 
le llamaron Cap de estopa por la espesura y color de su cabello, se- 
gún parece. Al segundo le conoce la posteridad por el fratricida^ 
pues asesinó á su hermano en 1082, quedándose solo en el trono 
hasta 1096, en cuya época le sucedió su sobrino, hijo del asesina- 
do Cap de estopa, Ramón Berenguer III. 

Muy justamente se ha llamado á este conde el grande. Estuvo en 
la conquista de Valencia con el Cid, emprendió la de Tortosa, llevó 
á cabo la de Balaguer, recobró los dominios de Carcasona que le 
tenía usurpados Bernardo Aton, derrotó á tos musulmanes que in- 
vadieron sus estados, pasó á ser conde de Provenza por su enlace 
coD la heredera de aquel país, arrancó del poder de los moros las 
Baleares coo ausilio de los písanos, realizó varios gloriosos hechos 
de guerra y firmó coo naciones eslranjeras tratados de comercio y 
de alianza ventajosísimos para su pais. 

En julio de 1131 pasó la garlanda á ceDir las sienes de Ramón 
Berenguer IV, hijo del anterior. Fué gloriosa su época. Sin embar- 



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10 LAS CALLES 1»E BABCKLUNA, 

go de DO babcr heredado Ramón Berenguer mas que uoa parte de 
los estados de su padre, pues los de Proveoza pasaron al hijo se- 
gundo, le sobrepujó por la dignidad y grande eslension que logró 
dar á sus domlujos. Por su enlace con doQa Petronila hija de Ra- 
miro el Monje, tuvo tugar la unión de los reinos de CalatuQa y Ara- 
gón, comenzando entonces aquel estado que debia llamarse la Co- 
rona de Aragón, aquella unión fraternal de dos naciones que enla- 
zadas por un vínculo federal hablan de llegar á ser durante cierta 
época el reino mas fuerte y glorioso de la tierra. Ya desde enlonces 
el condado de Barcelona y el reino de Aragón no presentan mas 
que un solo monarca. Ramón Berenguer, empero, solo se tituló 
principe de Aragón, y ambos estados conservaron sus principios de 
nacionalidad distintos, sin confundir ni ceder el mas peqaeDo desús 
privilegios. Llenóse de gloria esle conde en sus empresas contra 
moros, ganándoles muchas plazas que incorporó con su condado, 
entre ellas las ciudades y villas de Tortosa, Lérida, Fraga y Me- 
quinenza. Para hacer mas activa guerra á ios moros instituyó una 
orden militar, contribuyó á la conquista de Almería, sostuvo guer- 
ras en Provenza en apoyo de su pupilo y sobrino el conde de aquel 
pais, celebró tratados de paz y de comercio con varias naciones, y 
fomentó las artes, el comercio y la marina, haciendo de Barcelona 
una ciudad de primer orden. 

Comenzó entonces para esta capital la grande época de su pros- 
peridad. Durante el reinado de los monarcas de la corona de Ara- 
gón, Barcelona Fué creciendo cada dia mas en importancia, en gran- 
deza, en esplendor, y tiene páginas inmortales de gloria en sus 
fastos marilímos, en sus anales mercantiles, en sus recuerdos In- 
dustriales, en su historia política y literaria y militar. 

Verdadero emporio del comercio esta población, en su puerto se 
balanceaban naves llegadas de todas las parles del mundo y tenia 
cónsules en todas las plazas de conocida importancia marítima ó 
comercial. El rey don Jaime 1 se espresaba así en un privilegio de 
1390: «SI las demás ciudades y pueblos de nuestros dominios nos 
hicieron loables servicios á nosy á nuestros antecesores, Barcelona 
fué la principal y digna de ser ensalzada con especial loor: y como 
creciendo ella, vemos también crecer nuestra alteza y nuestro poder 
hacerse mas poderoso, debemos con liberalidad esmerarnos en los 
felices aumentos de tal ciudad.» Decia también don Alfonso V en 
otro privilegio de 143¿: «No olvidemos el cuidado y vigilancia que 

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l.AS CA1.LBS 1>K BARCELONA. 11 

mereceD la defensa, conservación y aumento del arte mercantil', . 
sobre el cual descansa toda cosa pública, no soto de esta ciudad 
sino de nuestros reinos y tierras.» Y finalmente, sin citar mayor 
numero de documentos, que bien se pudiera, Carlos II, en otro 
privilegio de 1683 se espresaba así: «Por causa del comercio ejer- 
cido por los barceloneses, adquirió su ciudad tanto poder de ri- 
quezas, que por eslas consiguió el nombre de rica, y así en las con- - 
quistas poderosamente alcanzadas por nuestros serenísimos antece- 
sores en todos los países, con el apresto de sus naves, caudales y 
mercaderías, dieron medio con que se estendiese el nombre, las ar- 
mas y la dominación de nuestros predecesores.» Barcelona sigue 
hoy aun sus tradiciones comerciales, y si bien no alcanza en este 
punto, como iremos viendo en el decurso de esta obra, el grado de 
esplendor que en otros tiempos á causa de las guerras interiores y 
esleríores y de la emancipación de nuestras Américas, sin embargo 
debe confesarse que es la primera plaza comercial de España. 

No menores timbres de gloria tiene Barcelona industrial. Ningu- 
na ciudad de España, ba dicho Madoz que es autoridad en esle pun- 
to, puede gloriarse de haber admilido la iodustria dentro de sus 
muros antes que la de Barcelona. De padres á hijos se conserva en 
Barcelona y en lodo el Principado la nolicía de que hace muchos si- 
glos el gobierno municipal de esta ciudad, coo el objeto de dar el 
mayor impulso á la riqueza pública, habia procurado la reunión en 
gremios de los diferentes oficios, los cuales penetrados de la utilidad 
de Ja medida, la abrazaron con entusiasmó y aun la dieron mayor 
Iftiitud, esteodicndo su hermandad no solo en lo relativo al oficio, 
sino también á los socorros mutuos en caso de enfermedad ó de al- 
guna desgracia en su familia, y procurando vivir en una misma ca- 
lle. De estos gremios en particular y de la industria en general se 
ocuparán mas de una vez las pajinas de esta obra. 

También hemos de dar cuenta detallada de la grandeza de su ma- 
rina mercante y militar, de las numerosas armadas que salieron de 
este puerto, de la importancia y esplendor de las tetras catalanas, 
de sus celebridades literarias y artislicas, y así mismo de su admi- 
rable sistema político, de su Diputación, su Consejo de cíenlo, sus 
fueros y tiberlades, tan amplías que hubo de confesar un embajador 
de Yeoecia que mas libertad había en Calalufia con ser monarquía 
que en los estados de Italia con ser repúblicas. 

El período brillante y floreciente de Barcelona fué durante la épo- 

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1S LAS CALLES DE BABCELONA. 

ca gloriosa de los moDarcas de la CoroDa de AragoD, y si bieo aso- 
ma ya la decadeocía cuaado esla corona se uoió con la de Castilla, 
la capital del Priocipado catatan, la aotigaa cuna y corte de los 
condes, conservó aun gran parte de su esplendidez y poderío mien- 
tras le fueron conservadas sus insignes libertades. El dia que estas 
cayeron rotas y destrozadas por la mano del verdugo, cayó con ellas 
Barcelona, como si esta ciudad no pudiera vivir mas que respiran- 
do aires de libertad . 

He aquí la lista de los monarcas de la Corona de Aragón, que 
fueron condes de Barcelona. 

Alfonso llamado el casto (II de Aragón I de CataluDa). Fué hijo 
de don Ramón Berenguer y doña Petronila y el primero que se titu- 
ló rey de Aragón y conde de Barcelona. Gobernó basta 1196. 

Pedro (II de Aragón y I de CataluSa) el católico: Murió en la cé- 
lebre batalla de Huret el aGo 1213. 

Jaime I el conquistador, el monarca que mas gloriosos recuerdos 
ha dejado, el que conquistó las Baleares, Valencia y Murcia. Con- 
cluyó su gobierno en 1276. 

Pedro (III de Aragón, II de Cataluña) el grande. Fué proclama- 
do rej de Sicilia y arrojó á los franceses de Catatu&a. Murió en 
1285. 

Alfonso el liberal (III de su nombre en Aragón, II en Catalufía). 
(iobernó hasta 1291. 

Jaime II el justo que gobernó hasta 1321. 

Alfonso {Vi en Aragón, III en Calaluíla) el benigno. Murió en 

Pedro (IV de Aragón, III de Catalufía) el ceremonioso. Los cata- 
lanes le han llamado vulgarmente Pere del pmyalet por la daga ó 
puñal que colgaba siempre de su cinto y con el cual destrozó los 
privilegios de la Union. lüs este un monarca de fatal memoria. Ter- 
minó su reinado en 138']. 

Juan 1 el amador de la gentileza. Murió en 1 396 . 

Martin I el humano. Murió en 1410. 

Habiendo muerto este rey sin sucesión tuvo lugar un interregno, 
celebrándose et famoso parlamento de Caspe, de que daremos en 
estas pajinas detallada cuenta. Por voto de los jueces ó compromi- 
sarios reunidos en Caspe entró á gobernar en Aragón la linea femei- 
nina de Castilla, subiendo al trono: 

Femando I el de Antequera que murió en 1416. 

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US CALLES DE BARCELONA. 13 

Alfonso (V en Aragón, IV ea CataluBa) elsatio. Conquistó el rei- 
no de Ñapóles, y murió en 1458. 

Jtum II, de quien larga ocasión tendremos de ocuparnos. Con- 
cluyó su reinado en 1479. 

Femando II el caíóUco. Murió en 1516. 

Por el enlace de este monarca con doQa Isabel I de Castilla se 
onieroD las coronas de Aragón y Castilla. No habifmdo quedado de 
este matrimonie sucesión varonil, vino á sentarse en el trono su 
nieto Carlos, entrando á gobernar la línea femenina de Austria. 

Carlos I el máximo, conocido mas vulgarmente por Carlos V el 
emperador. Murió en 1556. 

Felipe (II de Castilla, I de Catalufia) elprttdeníe, muerto en 1 598. 

FeUpe (UI de Castilla, 11 de Catalufia) cuyo gobierno finalizó en 
1«£1. 

Fel^e (IV de Castilla, IH de Catalatla),.que moríó en 1665. 

Carlos II, que murió en 1100. 

Por muerte sin sucesión de. este monarca entró k gobernar la li- 
nea femenina de Francia, teniendo lugar la guerra que se ha llama- 
do tilí rac^mn, durante la cual los catalanes reconocieron, proclama- 
ron y jararon por rey k Carlos el archiduque d? Aaslri a. La suerte 
no favoreció las armas y los derechos de este, y quedó en el trono 
de EspaDa: 

Felipe de Borbon (V en Castilla, IV en Catalufia), que gobernó 
hasta 1746. 

Femando III h&sln 1759. 

Cario* /// hasta 1788. 

Corfoí/F hasta 1808. 

Femando lY (VII de Castilla), hasta 1833. 

Isabel (II de Castilla, I de CataluBa) que boy reina. 

Tres grandes, heroicas épocas bay en la historia de Barcelona 
anteriores á los acontecimientos de este siglo, y siquier sea muy 
en resumen, pues que de ellas nos hemos de ocupar mas detenida- 
mente, es fuerza hacer una rápida mención. Son los tres alzamien- 
tos de los catalanes en favor de sus libertades, durante los reinados 
de Juan II, y de los Felipes IV y V de Castilla. 

En tiempo de Juan II los barceloneses sostuvieron el derecho y 
la JDsticia de Carlos príncipe de Viana, primogénito de aquel rey, 
& quien este queria desheredar por consejos de su segunda esposa 
dofia Juana Enríquez para beneficiar al nuevo hijo que en esta ha- 

Toao I. 3 

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t 4 LAS CAUGS DE BARCELONA. 

bia teaido y que luego reinó con el nombre de Fernando elcatóüeo. 
El principe de Viana murió envenenado. íoterín duraban ios aconte- 
cimientos que habían puesto en alarma á lodo el Principado; pero no 
por esto desistieron de su empeQo tos catalanes. Juan II había fal- 
tado al pacto, y en uso de su derecho de soberanía nacional, las 
Cortes catalanas, reunidas en Barcelona, le espulsaroo del trono, de- 
clarándole conculcador de las leyes y traidor á la patria. Juan II se 
dispuso 6 someter ¿ los catalanes por tas armas, y estos nombraron 
por su rey ó, mejor dicho, su coode de Barcelona, pues este era el 
titulo que se le daba, primero á don Enrique de Castilla, después, 
por renuncia de este, L don Pedro condestable de Portugal que mu- 
rió k poco, y luego ¿ Renato de Anjou, quieu envió aqui como su 
li^arteníente á su hijo el duque de Lorena que falleció también al 
breve tiempo. Después de largos aOos de lucha, heroicamente soste- 
nida por los catalanes, Juan 11 puso sitio á Barcelona, y solo se 
avino esta noble ciudad á abrirle sus puertas, cuando de nuevo le 
hubo jurado sus libertades forales, coocediendo un perdón general. 
Por esto la Historia ha consignado que Juan It, siendo vencedor, 
hubo de entrar en Barcelona como vencido. 

La segunda épocafuéen tiempo de Felipe IV. Este monarca, ó 
por mejoF decir su privado el conde duque de Olivares, oprimió 
bajo todos conceptos k los catalanes. Con motivo de la guerra que 
á la sazón se sostenía contra Francia, entró en CataluSa un ejército 
castellano que se entregó k los mas punibles escesos. Para él na 
habia ley, orden oi autoridad que bastase k poner freno k sus des- 
afueros, que lodo lo alropellaba y lo conculcaba todo, siendo des- 
oídas y despreciadas las quejas y protestas del Concejo de ciento y 
de la Diputación, centinelas vigilantes y celosos defensores délas 
libertades patrias. Harta ya de atropellos y cansada de vejaciones, 
Barcelona se alzó soberbia de ira y amenazadora de venganza el dia 
del Corpus de 16i0, rompiéndose el dique ¿la enfrenada cólera po- 
polar. Reunidas en esta ciudad las Cortes catalanas, que fueron pre- 
sididas por el insigne Pablo Claris, decidieron en uombre del pue- 
blo catalán destituir á Felipe IV por haber conculcado las libertades 
y fallado al pacto, proclamando en su lugar k Luis ^III rey de 
Francia. Largos aOos duró también aquella lucha, durante la cual 
rayó á. gran altura el heroísmo de los catalanes, quienes, por 0n, 
abandonados por la Francia, hubieron de ir cediendo terreno & las 
armas de Felipe, que solo por entre lagos de sangre pródigamente 

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LAS CALLBS DE BABCELO.VA. 15 

derramada pudieron abrirse paso hasta Barcelona. Esta resistió bas- 
ta el último momeoto: sitiada estrechamente, falta de recursos, apu- 
rados todos lot medios, muertos ó ausentes sus defensores esforzados, 
decidióse últimamente á reconocer otra vez por su rey á Felipe IV, 
pero fué, aun en este caso estremo, con la condición de ser reinte- 
grados los catalanes en sus fueros y privilegios y con la de conce- 
derles no perdón y olvido general de lo pasado. 

Por fin, la tercera época heroica fué á principios del siglo pasa-' 
do. Sin consultar el voto del pais, y eo uso solo de plena aaloridad, 
como si dispusiera de hacienda suya propia, Carlos II al morir legó 
sus estados á Felipe de Borbon, nieto de Luis XIV de Francia. Vino 
Felipe V á tomar posesión del trono de EspaBa, manifestando sus 
consejeros mucho desprecio hacia las constituciones y libertades de 
CatatuQa. No lardó entonces esta en alzarse contra Felipe V procla- 
mando á Carlos el archiduque de Austria, que tenia mas legítimos 
derechos al solio espaDo), el cual vino á ponerse al frente de los ca- 
talanes, celebrando Corles en Barcelona y confirmándoles todos sus 
fueros, privilegios, coastituciones y libertades. Larga y porfiada fué 
también aquella lucha, heroica entre tas mas heroicas por parle de 
los catalanes, pero también hubieron estos de verse por fin abando- 
nados de sus ausiliares, y acabaron por tener que sostener ellos so- 
los toda el peso de la guerra con t^asUlla y Francia. Lo propio que 
babia sucedido otras veces, Barcelona fué el último baluarte en que 
se agruparon al rededor de la bandera de libertad tos defensores de 
aquella causa. Las tropas de Felipe V se adelantaron y vinieron á 
poner sitio á la capital del Principado, no lardando en ponerse el 
duque de Bervich al frente de los sitiadores, tdientras baya mundo, 
y en el mundo sentimiento de lo que es heroísmo, se recordará con 
admiración y asombro aquel sitio célebre de Barcelona, que pasma 
basta á los que están mas versados en la lectura de los grandes he- 
chos de la antigüedad homérica. Un puSado de catalanes dispuestos 
k perecer entre las ruinas de la capital, sostuvo por mucho tiempo 
esta ciudad contra lodo el poder de Castilla y Francia, y con tal va- 
lor lo sostuvo, que desde entonces los escritores de todos los paises, 
de todos tiempos y de todos los colores políticos han consignado un 
homenaje de admiración ala fortaleza y bravura indomable de aque* 
Uos héroes defensores de la ciudad condal . Hubo por fin de caer Barce- 
lonadespues de un asalto general, después de dos dias horribles de 
luto, sangre y esterminio; pero aun los barceloneses, en medio de las 



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16 Lis CALLKS DE BARCBLOnA. 

humeantes ruioas de su ciudad querida y con la voz del estertor y de 
la agoDÍa, querían ifflpooer al vencedor Berwich la conservación de 
sus libertades forales. Tuvo a! principio Felipe V la idea de arrasar 
esta ciudad, alzando una columna en el lugar donde había estado, 
pero desechó este pensamiento y se avino & conservar Barcelona, 
igualándola á las demás ciudades de EspaQa, quitándola hasta la 
mas ligera sombra de su pasada libertad, y destruyendo uno de sus 
- mas hermosos y ricos barrios para levantar la cindadela que hoy 
existe, monumento odioso para todo corazón verdaderamente catalán. 

Esta es, aunque muy en resumen, pues mas adelante ha de venir 
la esplanacion, la historia de esas que los historiadores cortesanos, 
los cronistas zurcidores de historias falsas han llamado las rebeüo- 
nes de Cataluña, y todo porque los catalanes no han querido nunca 
ser los realistas del rey sino siempre los realistas de la libertad. 
Llámesenos en buen hora rebeldes, que en los diccionaríos de todas 
las lenguas, los rebeldes al rey, en este sentido, son los leales á la 
ley. 

Durante el periodo que se siguió desde 1714 hasta comienzos de 
este siglo, Barcelona no tiene historia. Todo un siglo de de^tis- 
mo ha pesado sobre ella como una capa de plomo. 

Ningún hecho notable ofrecen los anales de esta ciudad hasta que 
en 1808 los franceses entraron en ella engaDosamente, como ten- 
dremos ocasión de ver, apoderándose de sus fortalezas bajo capa de 
amigos. No tardó en comenzar la güera célebre que se ha titulado 
de la Independencia, y por vez primera entonces CataiuDa hizo cau- 
sa común con todo el resto de EspaQa. Durante esta guerra memo- 
rable en que los catalanes prestaron grandes servicios á la causa 
nacional y en que tantos ilustres caudillos militares brotaron como 
por encanto de entre las ignoradas ñlas del pueblo, tuvieron lugar 
varias conspiraciones en el seno de Barcelona para arrancarla del 
poder de los franceses y entregarla á las tropas leales que militaban 
eo el Principado. Desgraciadamente, todas estas conspiraciones abor- 
taron una tras otra, y no pocos patriotas barceloneses, victimas he- 
roicas de su celo, fueron enviados al suplicio por los franceses. 

Acabó aquella guerrv memorable en que fueron vencidas las in- 
vencibles legiones de Napoleón el grande, y Barcelona pudo creer 
queun rayode Ia.brítlante luz estínguidaen 171 i por las tropas 
de Felipe V, iba de nuevo á dejar caer sobre ella su fulgurante es- 
tela. Por mala ventura de esta nación desventurada, la Historia con- 



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US CALLBS DE BARCELONA. 11 

signa la horrible jugratitad de Feroaado Vil con los hombres qoe 
en 1812 habían salvado desde Cádiz su trono y le habian hecho 
rey de BspaQa. Goo el mal acoDsejado Fernando volvieron los dias 
negros del absolutismo, y los hombres que se habian sacrificado por 
él y por la causa liberal, hallaron solo miserias, proscripciones, lá- 
grimas y cadalsos en premio de la sangre generosamente derrama- 
da en el -campo de batalla y de sus esfuerzos para salvar el tro- 
no de aquel rey que, sin ellos, hubiera quedado hundido para 
siempre. 

Éo ^teroativas constaoles de libertad y de absolutismo, en lu- 
chas siempre heroicas, pero las mas veces ineficaces para sostener 
la causa santa de los pueblos, ha pasado Barcelona lo restante del 
siglo basta el momento en que estas lineas se escribea. 

En marzo de 1S20, Barcelona proclamó la Constitución del afio 
12. Desde aquel aDo hasta el de 1823 esta ciudad, entusiasta siem- 
pre por las ideas liberales, hizo toda clase de sacrificios para sos- 
tena' el gobierno constitucional, sin que el temor de la pérdida 
de las instituciones liberales, como ha dicho recientemente un autor, 
dejara de producir ya entonces algunos alborotos de mas ó menos 
ünportancia, en que hubo de intervenir la fuerza armada para res- 
tablecer el orden. 

Guando los acontecimientos de 1823, las tropas francesas, que 
vinieron á restablecer el despotismo de Femando VII, entraron casi 
sin obstáculo en Barcelona, de la cual emigraron los Uberales mas 
eompronnetídos, y donde por el pronto reinaron la tolerancia y cier- 
to respeto á las opiniones. Pero no tardó en venir á encargarse del 
maodo de la capitanía general de CataluDa el funestamente célebre 
conde de EspaOa, y con él se inauguró una época de terror y de 
horrores. Los liberales fueron perseguidos con odio de muerte y los 
calabozos de aquella ciudadela levantada por Felipe V, y que, con 
escándalo de todos, aun permanece en pié, se llenaron de victimas 
ÍBocentes, machas de las cuales solo volvieron á ver la luz del sol 
el dia de su suplicio. 

\ la muerte de Fernando VII, Barcelona respiró, y en la regente 
del reino do&a María Cristina se creyó vislumbrar un iris de paz y 
de dicha; pero vinieron los primeros chispazos de la guerra civil. 
El partido absolutista se lanzó al campo para sostener los derechos 
del infante don Carlos hermano de Fernando Vil contra los de doDa ' 
Isabel II bija deesle monarca. El partido liberal en masa se puso 

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18 LAS fALLCS M BABCOONA. 

eD favor de esta tieroa príacesa, y por seguoda Tez GataluDa hizo 
causa comua cod la oacion espaDola. 

Graves desórdenes estallaron en Baroelooa el día 15 de jalio de 
1835. Se sabia qne los frailes apoyaban al partido absolutista á 
carlista, y fueron incendiados varios conventos en aquella noche de 
borrasca popular. 

No estaba aun Barcelona recobrada de la fiebre por que habia 
pasado, caaado entró en ella el segundo cabo general Bassa, & 
quien se presentó como sospechoso. Estalló un movimiento popu- 
lar, y Bassa fué asesinado, siendo inicuamente arrastrado su cadii- 
ver por las calles. 

Varios otros desórdenes tuvieron lugar eo aquella época de 
triste recordación, á los cuales se ha llamado las buUmgagde Bar- 
ceiona. Mientras la guerra civil convertía en teatro de horrores y 
miserias las comarcas mas ricas de CataluQa, en el seno de la ca- 
pital sosteoian los liberales una lucha enérgica y viva contra los 
reaccionarios, y mas de una vez hubo de ensangrentar esta lacha 
las calles de Barceltma. Durante la guerra civil, esta ciudad apuró 
hasta las heces el cáliz de la amargura. 

Gracias al abrazo de Vergara, debido á un caudillo ilustre , y i 
la proclamación de la Constitución de 1837, el pais podo creer que 
iba á brillar por fio la aurora de la paz; pero pronto vinieron nue- 
vas nubes á oscurecer el horizonte. Cada día se hacia sentir con 
mas fuerza la lucha entre moderados y progresistas, y en 1840, 
C0D ocasión de hallarse en Barcelona la reina gobernadora y sus 
augustas hijas, que k tomar baños de mar habían venido, estalló 
uo movimiento contra el mlBislerío, siendo entusiastamente acla- 
mado por e! pueblo el duque de la Victoria, que acababa de dar 
término feliz á una guerra desastrosa y que se había presentado en 
Barcelona con la envidiable auréola del vencedor de los carlistas y 
del pacificador de EspaDa. Claramente significó el pueblo barcelo- 
nés por medio de este movimiento, que se deseaba ver al general 
Espartero al frente de los negocios públicos. 

Las reinas abandonaron entonces Barcelona, yéndose por mar á 
Valencia, y no tardó en verificarse en Madrid el pronunciamiento, 
que ha sido llamado de setiembre, contra la reaccionaria ley de Ayun- 
tamientos que la regente quería plantear, siendo inmediatamente 
secundado por Barcelona. 

Conocidos son los acontecimientos posteriores. La reina Cristina 



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LAS CALLES DB BARGBLOFfA. 19 

abandonó la aacioD desde Valencia, y las Corles nombraron regeo- 
le del reÍDO al general Espartero. 

Ed 1841, al saberse la noticia del pronuDciamíeoto de O'douDell 
en Pamplona contra la regencia del duque de la Victoria, se creó 
en Barcelona una Junta de vigilancia y seguridad públi( 
dalo de la cual, intérprete en esto de la opinión públíci 
zó á derribar la Cindadela. Amarguisímos disgustos co! 
cesivo esta determinación á todos los que en ella ii 
Cuando las consecuencias del pronunciamiento de O'dc 
sufocadas y hubo tomado nueva fuerza el gobierno, se mandó le- 
vantar nuevamente á costa de la ciudad ta parle que de la Cinda- 
dela se había derribado. 

Por mas terrible crisis y mas serio conflicto hubo de pasar Bar- 
celona en 1812. Causas que en esta obra se esplicarán produjeron 
UD terrible choque entre las tropas del gobierno y los vecinos de 
Barcelona. Abandonaron aquellas la ciudad, y los sublevados se 
apoderaron de todos los fuertes escepto el deMonjuich. Esto hizo que 
en fin de diciembre de aquel mismo aSo la hermosa capital del 
Principado fuese bombardeada, entrando en ella el día siguiente las 
tropas de la reina. 

En 1843 fué una de las primeras capitales en alzar bandera con- 
tra el regente del reino. Cayó este, pero Barcelona reclamó enton- 
ces la palabra que por el ministro Serrano se le diera de formar una 
Joota central. Fué desatendida, y, como en sus heroicos tiempos, 
acudió á las armas y se puso en locha con el gobierno de Madrid. 
Vinieron las tropas del gobierno á poner sitio á esta ciudad, y con 
valor heroico la defendieron por largo tiempo tos centralistas cata- 
lanes. También de esta memorable defensa se ha de hablar con al- 
gunos detalles en esta obra. 

Ya otra cosa notable no cuentan sus anales hasta el aSo 1854, 
en cuya época fué de las primeras en levantarse indignada contra 
el inmoral gobierno del conde de'Sao Luis. Pero en 1856 fué der- 
rocado en Madrid por un violento golpe de estado el orden de 
cosas que con su pronunciamiento inaguraran los pueblos en 1851. 
Volvieron & ensangrentarse entonces las calles de Barcelona, quedó 
vencida la revolución, y el capitán general de CalaluOa seDor Zapa- 
tero hubo de recordar por medio de algunos actos la época ominosa 
j fatal de Carlos de España. 

Barcelona est& llamada á figurar en los grandes acontecimientos 

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so LAS CALLES DE BAACBLONA. 

que se acercan y que do pueden tardar eo conmover á la nación 
COD estrépito, ya que con tiempo no se ha sabido ó no se ha queri- 
do poner remedio á los males que todos lamentan. Él espirítu alta- 
mente liberal que reina en esta ciudad es una garautia de que, 
sucesos, hoy de todos previstos, sabrá mantenerse 
u heroico pasado. 

úmen de la historia cuya esplanaciou y detalles se 

lo en las páginas de esta obra, escrita por el autor 

lea y el mismo sentimiento de amor á las glorías 

patrias que le han impelido & escribir las otras que ha dado á luz. 

t de abril de 1865. 



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ABAIXAIHMIS ( ealle «el« ). 

Esta calle, caya entrada es por la de tas Capuíxas, y so salida por 
la del Pom d' or, se llamaba antiguameDte den Dufort ó del Forn 
den Duforí. 

Conserva el Dombre del oficio que tenían los que la habitaban, es 
decirrlos tundidores, cuya palabra se deriva del latín tonsore$ pan- 
m. Se hallaba en esta calle el gremio del citado oficio, acerca del 
cual dice Capman y en sus Memorm: «Aunque, como un ramo ausí- 
liar entre otros del arte de la lana, se le debe suponer de igual an- 
tigüedad á los demás, no se han encontrado estatutos particulares 
para su gobierno hasta el aDo 1 i56 según la Rúbñca de ordinado- 
nes, fol. 236 , en que el \yualamienlo publicó unas ordenanzas 
para que ningún tundidor pudiese poner banco público basta que 
hubiese presUido juramento ea poder de los examinadores destina- 
dos y los cónsules de los pelaires : pagando los derechos, siendo na- 
cioBal, de diez sueldos ; y siendo estraojero, de veinte : y seguida- 
mente se prescriben varías regios sobre algunos puntos eo la ense- 
llanza de aquel oficio.» . 

Ocasión tendremos mas adelante, con motivo de los nombres de 
otras calles, de hablar algo relativamente á aquellos famosos gre- 
mios que á tanta altura pusieron desde remotos siglos el nombre de 
nuestra industriosa capital. 

Se halla hoy establecido en esta calle el Circulo artístico indw- 
triai, asociación creada por varios representantes de artes é indus- 
trias con objeto de dar protección y realce á sus respectivos ofi- 
cios. ' 

Tomf 4 

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SS ABAIXADORS. 

Cuando en 1861 viooá esta capital el Escmo. sefíordoo Pascual 
Madoz, el Circulo artístico industrial le obsequió con ud bhllaDte 
baDquete. Hé aquí la descripcioD que bizo de este baoquete El Te- 
ves 17 de octubre, la cual copiamos por los detalles 
ella relativos á este Círculo : 
stuvo por cierto el banquete que ayer dio al Escmo. se- 
i\ Madoz el Círculo arlísUco industrial, ea los salones 
fué Ateneo catalán. La espaciosa escalera de aquella 
ornada con follaje y banderas, y se babia dispuesto 
la mesa capaz para doscientos cubiertos en el gran saloo de sesio- 
nes de la sociedad y otros accesorios. El golpe de vista que la mesa 
del banquete presentaba era digoo de verse. En el testero de la me- 
sa se sentó el seQor Madoz acorapafiads de cu amable seCora y an- 
gelical bija, y vimos también en el banquetea los seOoresTorrents, 
Balagoer y el diputado por Tremp, setlor de Maluquer. Frente de 
te presidencia se hallaba colocado un precioso ramillete, obra del 
-seDor Sola, que mereció los mas imparciales elogios del se&or Ma- 
doz y de cuantas personas tuvieron ocasiotí de verle. Representaba 
las cuatro provincias catalanas , y se leia en él una dedicatoria á 
dM Pascual Madoz. El banquete ñié perfectamente servido por el 
d«eBo de la fonda de Italia, no muy conocido en esta ciudad por 
hacer muy poco que en ella reside, pero al que aseguramos nume- 
rosa parroquia si sirve siempre con la perfeccim y conciencia de 
ayer. En el banquete se tuvo la feliz idea de que solo figuraran vi- 
nos espaOoles, idea que fué, como no podia menos de serlo, suma- 
mente aplaudida por todos los concurrentes. 

»JV los postres levantóse el seQor Torrents y Ramalló, presidente 
del Circulo artístico industrial, é, intérprete del mismo, brindó por la 
grata satisfacción que esperimentaban todos sus socios al ver entre 
eHos al seDor Madoz y á su simpática familia, y dijo que brindaba 
también para que de hoy mas no se jimilara la protección & una 
sola clase, sino que se estendiera 4 las que 25 aOos atrás formaron 
los aatiguos gremios ; para que el se&or Madoz demandara al go- 
bierno es favor de estas una protección racional y justa ; brindó 
también para que todos los esfuerzos parciales se au&aran,^y ter- 
níBÓ diciendo que en los esfuerzos que el socio honorario del casino 
^n Pascual Madoz en pro de sus consocios, quitaba á su familia 
ratos de grato solaz, dispensara esta con la bondad que todos ad- 
miran al Casino árctico industrial. La peroración ílel probo presi- 

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deate del casioe fué estrepitosameote aplaudida. Levantóse el seDor 
Hadoz, y eu ud britlaute discurso lleao de fuego, y durante el cual 
sa voz temblaba de entusiasmo, alabó la idea de haberse dispuesto 
el banquete con alimentos y vinos espafioles, y robusteció ^ idea 
vertida por el seDor Torrents acerca de la unioo que i 
el casino ; dijo que los industriales se unieran, que 
diéraole iostraccioaes, que su medlacioD jamás les h 
porque él tenia una gran ambición , la del cariOo de i 
mo le desea ardientemente, buscaba todos los medíoí 
siooes de alcanzarlo ; que los esfuerzos, dijo, que se bao hecho en 
pro de GataluQa no se han debido k él soto sino á todas las diputa- 
ciones catalanas unánimes y compactas siempre en el bien de Ca- 
taluQa; que debia maoifestarlo otra vez, que su sangre, su vida y 
su fortuna pertenecían al puebtocaIalan,yque si peligraba este gran 
pueblo, sabría venir aquí á morír en defensa de su prospeñdad. 
Eotosiastas aplausos cuturieron la voz del orador. Recibióse «o el 
acté'>iiaa comunicación de don Rafael Degollada, en el que se encar- 
gaba al secretado del Circulo que brindara en su nombre por don 
Pascual Madoz y por la prosperidad de todas las clases que compo- 
nen el Círculo, base de la asociación inteligente de los laboriosos y 
honrados industríales. El seflor Clausolles leyó ud interesante escri- 
to que sentimos no tener á la vista, y que fué estrepitosamente 
aplaudido. 

»EI sefior Balaguer hizo á grandes rasgos la historia de las artes, 
oficios ¿ indoiMrias de Barceloaa. Principió diciendo que bahia ya 
memoria de ellas en el siglo xn ; que babian ido creciendo y desar- 
rollándose, gracias á las gloríosas espedieiones uttramaríoas lleva- 
das á cabo por los aragsaoses y catatafi^a ; que hablan formado un 
centro de vida, de industria y de comercio en Barcelona ; que gra- 
cias á ellas, en épocas en que aun eu otros paises no había mas que 
soldados, aquí habla ya ejércitos pacíficos de artesanos, Itts cuales 
conocían que á mas de las armas b&bia otros medios también para 
labrar la felicidad del país ; y que en aquella reunión S9 debía tri- 
butar un recuerdo de gratitud y de justicia á los antiguos menes^ 
trales barceloneses, cuya clase habia sido constantemente un tipo de 
moralidad yde honradez. 

«Prosiguió luego haciendo, á grandes rasgos también, la historia 
de estos menestrales, como antes habia hecho la de las artes ; refi- 
rió que muy á menudo tenían que abandonar el rincón de' su taller 

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Si ACEQOU. 

para trobarlo por la silla senatorial de aquel famoso Concho de dm- 
ío, dijo, el cual iofuadía respeto y veueraciOD á los mismos monar- 
cas ; que después de haber ocupado su asiento en el Senado, se vol- 
vían al taburete de su mostrador sin otra recompensa que la grati- 
idadaaos ; que como habían hecho notar Gaprnany 
or, presentándolo como un ejemplo sin iguálenlas 
i países , la misma nobleza catalana aspiró á ser 
los menestrales en el municipio para Io§ empleos y 
is del gobierno político ; y que en fín k estos me- 
nestrales y á sus sucesores hasta hoy debia Barcelona el haber con- 
servado pura la memoria de las artes y oficios, y el amor tradicional 
al trabajo. 

bAI llegar 6 este punto de su discurso el seDor Balaguer, pro- 
nunció las siguientes palabras que testualmenfe copiamos, porque 
fueron quizá las que mas impresión hicieron -. 

«Yo me complazco en recordar ¿ los individuos del Círculo artis- 
víico industrial la historia de sus antecesores, porque es para ellos 
»un título de nobleza, porque es un timbre de buena y legítima 
«gloría que les da derecho k la gratitud del pais. Continúen, pues, 
»los menestrales de hoy la buena obra de sus padres por lo tocante 
»á la tradición de las artes y al amor al trabajo, que este es fuente 
»del amor ál deber, del amor á la familia, del amor k la propiedad 
ny del amor k la patria, y quien tiene verdadero amor al trabajo, 
«señores, tiene conciencia del trabajo mismo, y la conciencia del 
«trabajo es la conciencia de la virtud.» 



ACEQV» [ cmUv <• 1»). 

La entrada es por la de San Pedro bt^a, y la salida por las Balr- 
sas de San Pedro. 

Dio nombre á esta calle la llamada oc^^ruta condal y real, sobre 
cuyo origen existen dos opiniones. Dicen unos que la primitiva cons- 
trucción de esta acequia se debe á los romanos ó por lo menos á los 
condes de Barcelona ; pero otros afirman que- varios propietarios y 
terrat^ientes, observando en época mas cercana k nosotros que las 
escasas aguas superficiales del rio Besos no eran suficientes para el 
riego, siendo en mucha mayor copia las que corrian subterráneas 
con motivo de la flojedad de las arenas de dicho rio, decidieron 



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ÁCEQtnA. Vi 

abrir ana mina que las recogiera y desde lá cual pudieraa luego 
distribuirse ¿ sus diferentes propiedades. 

Estas sOD las dos opiaioues. Los mas autorizados escritores creeu 
que esla acequia es aulerior al aSo 1237, ea que la ciudad de Bar- 
celona se socorría de las solas aguas superficiales del Besos, cuyo 
caudal, no siendo seguro, obligó en n78,-reÍDando Garlos III, y 
siendo intendente de esta provincia el barón de la Linde, -& cons- 
truir una mina dentro del cauce del rio que atraviesa su mayor 
parte, mina que crecientes necesidades han hecho prolongar en 1 822 , 
1838 y 1839. 

La acequia condal toma, pues, su caudal del Ho BesÓs dentro del 
término de Moneada, y surte por lo comuu de mas de dos muelas 
de agua subterránea á la mencionada mina, mina que está por lo 
demás coo^ruida con toda la solidez y primor del arte. 

Por lo que toca á la acequia descubierta, sigue formando varias 
tortuosidades, según á ello le obligan la disposición de los terre- 
óos, corriendo una estension de mas de 12,000 varas y fertilizando 
con su riego sobre 113,400 varas cuadradas de tierra. Entra des- 
pués eu Barcelona, discurre por debajo del pavimento de variasca- 
lles como la del Jtech conáal, qu9 tiene su nombre. Balsas de San 
Pedro, plazar de San Agustín el viejo, calles de Taníaraníma, Blan- 
quería, y Beck, y después de habiér atravesado esta parte de la ciu- 
dad; se divide luego en dos ramales, uno que desagua en el anden 
del muelle y. otro en la playa de levante entre la Barceloneta y el 
fuerte de do»>€arlos. 

Volviendo ahora á la historia de esta acequia, conviene decir que 
si DO es tan antigua que remonte á la época romana como algunos 
suponen, cueuta por lo menos mas antigüedad de la que quieren 
darle otfos. Gerónimo Pujadas nos habla en su crónica de una gra- 
ve contienda por causa de esta acequia, ocasionada entre el conde 
de Barcelona Ramón fierenguer IV y Guillen Ramón de Moneada 
por losaDosde 1134. 

Según parece de un usage de Barcelona que comíenEa Ccequiam 
aqucB etc., los molinos de la casa condal, que estaban en el terri- 
torio y dentro del término de Barcelona, recibían el agua del rio Be- 
sÓs por conducto de la acequia de que hablamos , desde tiempo muy 
remoto. Por los aDos de 1134 el senescal de CalaluDa Guillen Ra- 
món de Moneada, bajo cuyo castillo y allende de la villa de Monea- 
da, según dice la crónica, tenia principio el conducto ó acequia, se 

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M ÁGBQUU. 

quejó de que (omaDdo el coode de Barcelona el agua para sus im>- 
lÍDOs, le causaba daOo notable á los suyos que él tenia eo aquel 
su territorio, porque le venía á fallar en las balsas donde la había 
de tener rebalsada : así es que un día mandó á sus vasallos, asis- 
I senescal, que rompiesen la acequia y conducto 
sa ó remanso, y quitó el agua á los molinos del 

provino de esto. El conde dictó senteucía contra 
1 atrevimiento, y Moneada recurrió ¿ las armas 
ue creiasu derecho, subiéndose al monte de San 
Lorenzo que está cerca de Tarrasa, y construyendo allí un fuerte y 
bieu pertrechado castillo, en el cual se encerró con algunos que le 
siguieron y en cuya torre levantó orgu liosamente bandera contra el 
conde de Barcelona, empezando á correr las tierras de los seQores 
adictos k este. 

Origináronse de esto coolieodas y guerras civiles, que hubieron 
de traer sio duda malos resultados para el de Moneada, pues se sa- 
be de él i el Principado refugiándose en Aragón. Sofe 
hasta ui e no volvió á entrar en gracia de su seBor el 
conde, q ¡ó todos los bieues que confiscado le babia, 
k coadíc íl agua para sus molinos de Barcelona desde 
donde q y cuando fuese de su servicio y gusto. 

¥ puesto que de esta acequia acabamos de hablar, dejando con 
este último dato probada su antigüedad, digamos algo de otra ace- 
quia que habían proyectado también nuestros antepasados, que es 
dato á fe pooosabido, muy curioso y muy importante para los ana- 
les en que se marcan los pasos dados por el pueblo eu el camíao de 
la civilizacioii y del progreso. 

Ed tiempo de Felipe 11, y siendo .virey del Principado el mar- 
qués de Tarifa, se concibió por las corporaciones populares de esta 
ciudad la idea de construir una acequia ó canal que, tomaodo en 
Hartorell el agua del rio Llobrégat, la condujese al llano de Barce- 
lona para el riego, y también á la ciudad para las fuentes y limpia 
de los albafiates ó cloacas que corren por sus calles. Aunque se 
convino por parte del gobierno del rey ea las muchas utilidades que 
ofrecía este proyecto, no pudo al pronto efectuarse por haberse 
creído ser entonces de mas urgencia é importancia la obra de la mu- 
ralla de mar, que había ya comenzado á levantarse. 

Pasaron aDos, y en los primeros del reinado de Felipe IV volvió- 



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roo á instar lo» consistorios de Barceloaa para llevar adelante su 
idea. Sf desastrosamente para este pais do hubiese comenzado ya 
entonces k echar raices el monopolio centrallzador de M«drid, la 
obra se habiera llevado á cabo. Vwdad es que el gobierno de Feli- 
pe IV se declaró protector de esta empresa, que consideró como 
átíl y grande ; pero se comenzó con consultas, con informes, con di- 
laciones, y la única obra que se hizo por el pronto fué la denn vo- 
laminoso espediente. 

En 1633 volvió á instar Barcelona ^ra qve el proyecto se lleva- 
se á ejecución, y tornó á abrirse el espediente, evacuándose nue- 
vas citas, nuevos informes, nuevas consultas hasta que llegó la guer- 
ra con Francia y los memorables acontecimientos de 1640 qué sii- 
«edieron h esta guerra y de los cuales por espacio de algunos aOos 
fué teatro Cataluña. Hubo de quedar pues abandonado el proyecto ; 
pero debe consignarse el recuerdo para honra y gloria de nuestros 
antepasados y para argumento contra la ceotralízacioo absurda que, 
para malaventura muestra, todavía impera en estos tiempos. 



ADVANA [|»1»B» de Ir). 

La que hay frente al edificio de la Aduana, del cual toma el 
nombre. 

Es este edificio un coadrílongo aislado de unas S5 varas de lar- 
go por 52 d«-»ocho, formado de dos cuerpos de arquitectura, uno 
toscano, que es el bajo, y otro dórico, que es el superior ó prin- 
oipal. Llama mucho la atención del vulgo por sus relucientes j»- 
nüdes. por la profusión de sus adornos, y por el aire que tiene de 
majestad y grandeza ; pero los profesores é intetlgentes le tachan de 
poco caracterizado. Y en realidad, mas parece, como se ha dicho, 
el plació de un magnate que una aduana marítima. 

Es suntuoso, tiene buenos'detalles, y en su interior hay espacio- 
sos salones con pinturas al fresco que representan varios pasajes 
de la historia de GspaQa, pero mas principalmente de la época de 
Carlos IV, bajo cuyo reinado se comenzó y terminó. Efectívamen- 
te, el conde Roncali emprendió en n90 la obra, trazándola y dirí- 
giéodota personalmente hasta darle cima, lo cual fué en 1792. Su 
coste ascendió á i. 856, 963 reales de vellón. 

£n el mismo sitio ocupado hoy por este edificio se elev^ an- 



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28 ÁonixBBS. 

teñormente otro, destinado al mismo objeto, y qao an inceodio re- 
dujo & ceoizas. 

Está ocupado el piso bajo por las ofidnas de la Aduana y los al- 
macenes. En el piso alto están la habitación del gobernador civil, 
las oficinas del mismo, y las de rentas, bienes nacionales, deposi- 
taría, etc. 



AdVIAKBS («Mdle <•!■). 

Se penetra en ella por la calle de Cambioi fñejos y se sale por la 
Ancha. 

Conserva esta calle so primitivo nombre, derivado del oficio qne 
ejerciaD sos habitantes, que erao los agujeros ó fabricantes de agujas. 

¥ aqui es preciso hacer una observación. Huchas calles de Bar- 
celona tomaron desde muy antiguo, y algunas de ellas conservan 
aun, sa denominación de las varias profesiones arlfstícas, industria- 
les ó iradores, de lo cual se desprenden dbs 
cosft! estado fioreciente en que aquellas debie- 
ron 1 >s, y en segundo lugar la costumbre ob- 
serva os que las ejercían de habitar en un sitio 
determinado de la ciudad. 

Gomo algunos nombres de calles, que todavía se conservan, nos 
han de dar forzosamente materia para ocuparnos de los gremios, 
artes y oficios que pusieron á grao altura la fama intjpstrial de Dar- 
celona, bueno será aprovechar esta ocasión para dar algunas noti- 
cias generales, relativamente á este punto importante. 

Capniany, que ha hecho en esto estudios y trabajos de gran valía, 
nos dice en sus Memorias históricas que en Barcelona desde tiem- 
pos muy remotos fueron distribuidos los oficios mecánicos en cor- 
poraciones ó colegios de artifices, costumbre que venia ya del tiem- 
po de los romanos, quienes dejaron en esta capital varios vestigios 
de su policía, los cuales ano la voracidad de los siglos no ha podido 
destruir para perpetua y honorífica memoria de las artes de los 
barceloneses. 

Cuando en el reinado de don Jaime el conquistador comenzaron á 
reanimarse el comercio y la navegación con las espediciooes ultra- 
marinas de las armas unidas de catalanes y aragoneses, resucitó 
también la industria y se restablecieron las asociaciones gremiales. 



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AQDIXBES. fi9 

Desde entonces comenzó á gozar el manicipio barcelonés la autori- 
dad de crear, reformar, nnir y dividir todos los cuerpos de menes- 
trales, y darles ordenanzas con facultad para corregirlas, mudarlas 
y anularlas si fuese menester. 

No obstante estas regaifas comunicadas á la ciudad para mayor 
fomento de sus manufacturas y comercio, el rey podia también de 
su propia autoridad crear y erigir colegios y gremios, darles nae- 
vas ordenanzas y l^acer adiciones á las dictadas anteriormente por 
el Magistrado. Pero.era facultativo de este revocar no solo las dis- 
puestas por su Ayuntamiento, sino basta las que llevaban cédula de 
aprobación y confirmación real. 

Cada gremio tenia ordenanzas peculiares y esclusivas, pero se 
prestan (odas á un estudio en conjunto, que, sin descender k par- 
tictllaridadcs, suministra una idea del sistema general que en ellaa 
se observaba. 

Hé aquí cómo en este punto se espresa Pi y Arimon, quien ha 
cosechado los datos de Capmany añadiéndole otros de cosecha propia: 

«El régimen y presidencia de cada asociación estaban encarga- 
dos aciertos individuos déla clase de maestros, con el titulo de 
prohombres y de cónsules; asi como el cumplimiento de las restantes 
atenciones tncuratría á los veedores ó examinadores, clavarios, sítuH- 
eos, oidores de cuentas etc.; cuyo número, adem&s de ser diverso en 
distintas comunidades, sufrió alteraciones en el discurso de tos tiem- 
pos, pues aquí leemos que eran dos, allí tres, cuatro etc. Los pro- 
hombres y los cónsules se estraian por sorteo de unas bolsas en que 
se insaculaban las cédulas con los nombres de los candidatos : este 
acto se verificaba en la casa de la ciudad. 

»Las ordenanzas de los gremios comprendían las leyes politicaf 
locantes á las diferentes clases de aprendices, mancebos, maestros 
y examinadores ; á la elección de veedores, clavarios y otros ofi- 
cios ; á las derramas de las cofradías y administración de los fon- 
dos pios ; á la naturaleza, exacción y aplicación de las multas; á las 
contravenciones de los estatutos ; al orden y formalidad de las jun- 
tas ; y finalmente á la parte técnica de los oficios i^pectivos. Fijá- 
base la duración del aprendizaje, según la mayor ó menor dificul- 
tad de ensayar y aprenderé! oficio, aunque nanea subía mas all& 
de seis aOos ni bajaba de tres. Concluido este plazo, el aprendiz 
debía hacer constar por certificación de maestro, que en nada habia 
faltado é la escritura de contrata ajustada eos sus padres ó tutores. 

Tomo I. . B 

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30 AGVLLERS. 

A DÍDgan maestro le era permitido recibir un aprendiz ú oficial de 
otro taller, sia coDsenttmieDto del dueQo de este; oj admitir k un 
mancebo qae tuviese empezada obra en otra tieoda. NIoguD oficial 
podía trabajar de su cuenta ui púbtica ni clandestinamente, sino en 
casa de maestro aprobado con obrador público; ni á gremial algu- 
no era licito trabajar de su oficio sino en su propia casa. SeBalá- 
base también la forma, tiempo y regularidad de bacer los ex&menes 
para evitar toda colusión, prestando los Examinadores ó Veedores 
previo juramento de hacerlos bien y fielmente, sin dejarse llevar de 
odio, amor ó pasión^ A aquel acto no podían asistir los maestros y 
parientes del examinado. Para abrir y mantener una tienda ú obra- 
dor de un oficio era indispensable haber salido aprobado en el exa- 
men. Los Prohombres gozaban la facultad de impooer derramas 
entre los gremiales en casos urgentes y de necesidad pública; 
así como la de aplicar multas h los contraventores de las dis- 
posiciones establecidas ; siendo ellos mismos los exactores, auxi- 
liados de la potestad ordinaria. Podían igualmente, en unión con 
los Veedores, visitar de dia y de noche las tiendas de sus oficios par- 
ticulares, para examinar la bondad de los artefactos y materiales 
que se empleaban; y mandarlos quemar públicamente sí se juzga- 
ban folsificados, ó no satisfacian las condiciones marcadas en la sec- 
ción artislica de los correspondientes reglamentos. De lo cual se 
infiere que los talleres de los artesanos eran públicos y manifiestos 
k todas horas. Semejante costumbre, dice Capmany, de tos obrado- 
res públicos, que aun se sigue en nuestros tiempos, ha contribuido 
á dar de Barcelona la idea de un pueblo laborioso y activo, cuyos 
barrios y calles presentan al viajero el aspecto hermoso, alegre y 
Tívo de la industria, al paso que las tiendas abiertas del menestral 
le manifiestan las costumbres domésticas del pueblo artesano que 
no temen la luz pública. En algunos oficios, como Cuchilleros, Pe- 
laires, Alfareros, Curtidores, Manteros y otros, debían los fabri- 
cantes poner su seflal ó marca particular en todos los artefactos ó 
piezas que concluían, la cual les era dada por los Cónsules corres- 
pondientes el día de su aprobación y carta de examen . Los hijos y 
viudas podían heredar y continuar la marca de sus padres y mari- 
dos. Las mujeres eran también admitidas al ejercicio de varias pro- 
fesiones principalmente de las flojas, fáciles y sedentarias, como de 
tejidos de lienzo, sastrería y bordados, sujetándose siempre al tenor 
de las ordenanzas, en la parte que podían comprenderlas. Los Gre- 

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AGLÁ. 31 

mios convocaban y celebraban en días determinados sus juntas ca- 
nónicas. Por punto general tenian el instituto de su cofradía ó sea 
Monte Pío para el alivio de los enfermos, huérfanos, viudas y des- 
validos. Su fondo se maoteoia con tos derechos de examen, las mul- 
tas y los repartos mensuales eotre los individuos del cuerpo. Final- 
mente eran también incorporados en eslas asociaciones los maestros 
estranjeros, con la condición de que pagasen derechos mas crecidos 
en su entrada; pero en algunas artes debiao trabajar por cierto pe- 
ríodo como oficiales para probar mas su suficiencia.» 

Tal era el espíritu general de las ordenanzas gremiales á cuya 
observancia debieron gran parte de sus progresos y esplendor las 
antiguas artes de Barcelona. 

En cuanto á los gremios que había en esta cíndad, ó á lo menos 
aquellos de cuyos estatutos se tiene noticia, eran los siguientes : 

Albaliiles, alfareros, algodoneros, alpargateros, batihojas, broque- 
leros, calafates, caldereros, candeleras de sebo, canteros, canteros, 
carpinteros, cereros, colchonero», coraceros, coríúeros, corderos de 
vihuela, cordoneros, cuchilleros, curtidores, cbapineros, detantale- 
ros, espaderos, estaQeros, freneros, fuslaoeros de algodón, galone- 
ros, guadamacileros, guanteros, herreros, jubeteros, manteros, la- 
toneros, libreros encuadernadores, loseros, pavonadores, pelaires, 
pellejeros, pintores, plateros, roperos, sognerosdecáSamo, sombre^ 
reres, tejedores de lana, tejedores de tino y algodón, tejedores de 
mantas ó manteros, tejedores de vetos ó loqu&ros, terciopeleros, 
tintoreros de lana, toneleros, torneros, tundidores, vaioeros, vidrie- 
ros, zapateros, zurradores. 

-Todos estos gremios estaban bien reglamentados, asistían en cot- 
poraiáon á los actos públicos, y cuando eran llamados por el Con- 
cejo prestaban servicios militares, en forma de tercios ó compaDias 
de milicia ciudadana. Y por cierto que en épocas criticas fueron de 
grande utilidad h la patria y á las libertades de la tierra. 

De algunos de ellos encontraremos ocasión de ocuparnos parü- 
colarmente eo esta obra, siendo este el principal moUvo porque nos 
hemos adelantado á dar estas noticias generales. 

Afilii. (Mil* <•»). 

Su entrada es por la calle de Escudillers y su salida por la plan 
de San Fruicisco. 



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se AGUSTÍN. 

Como agía en catalán sigoiGca lo que bellota eo caslellaoo, se cree 
que esla calle es como si dijéramos de la belloía. Sio embargo, la 
cÍDCUDstancia de llamarse den Áglá, y do del aglá, bace sospecbar 
que pudiera ser el nombre derivado del de alguua familia ó iDdivíduo, 
Efectivamente, den Aglá es como de En Aglá, del seQor Aglá. 



A«1K7HT1K (plUM «« fltatn]. 

Plaza de San AgwÜ vell (de San Agustín el vie^o) la llama el 
vulgo por bailarse junio á los restos del antiguo convento de San 
Agustín, demolido en grao parte en ni8 para la formación del 
glacis de la Cindadela, y á On de diferenciar el convento antiguo del 
Duívo, erigido á la otra parte de la ciudad. 

Parten de esta plaza tas calles de la Puerta Jfueva, Balsas de Sm 
^edro, Serra Xich, Carders, Tanlarantana y Tiradors. 

Antiguamente se denominaba este sitio Pont den Capdetá, por 
existir en él un puente construido sobre la acequia condal que por 
allf pasa hoy todayfa, aunque por conducto subterráneo. En aque- 
lla época se alzaba junto á este puente la casa común del peso qae 
la municipalidad habia destinado para el reconocimiento y sello de' 
las estibas de lana, á cuya casa todo tejedor tenia obligación de pre- 
sentar los paños acabados de coocluir, para recooocerles y ponerles 
el sello de cera cuando salían aprobados. Si dichos paQos eran repro- 
bados, sujetábanse á una antigua ley barcelonesa, la cual prescribía 
que los géneros falsos de lana fuesen quemados por mano del ver- 
dugoen cuatro puestos públicos de la ciudad, á saber d pont den 
Capáerá, la plaza de San Jaime, la de la Lonja y la del Blaí, hoy 
denominada del Ángel. 

Entre los muchos oficios que contaba Barcelona, según ya se ha 
dicho, el mas activo, el mas constante y como privativo suyo fué 
el del arte de la lana. Los ingleses carecían de toda industria, ha 
dicho don Pascual Madoz, cuando esta ciudad tenia ya renombre 
por tejidos de lana. Todas las disposiciones gubernativas respiran la 
mas decidida protección alas artes, y muy particularmente á este ra- 
mo de industria; pero la mas patriótica y eficaz, fué seguramente la 
espedida en 1 443 mandando que nadie pudiese batir panos ni estofas 
de lana, fabricadas en otros países, imponiendo severas penas á los 
patrones de las embarcaciones que los trajesen y no los denuncía- 



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DiBiiizcdb, Google 



AGusTin, 8S 

seo, y & los Iraperos, sastres, calceteros y tundidores que compra- 
sen ó veodieseo, cosiesen ó tundíescD paDos de los países estraoje- 
ros^ Para aumento del crédito nacíoDal y utilidad común, los paDos 
debiao fabricarse según la clase de la lana, con determiDado núme- 
ro dé púas y urdiduras , y en los superúoos se marcaba la letra B 
para que siendo conocidos por barceloneses, mereciesen el precio 
que les correspondía en todos ios mercados. 



Todavía existe en esta plaza gran parte del edificio que fué mo- 
rada de los religiosos aguslinos, y que era uno de los conventos 
mas famosos de Barcelona por sus grandiosas proporciones y belle- 
za arquitectónica. Lo que de él queda sirve boy de almacenes y 
cuartel de los cuerpos de artillería é ingenieros. 

Acababa apenas de rematarse la obra de este edificio en los pri- 
meros aDos del siglo xviii, en HIS, después de haberse comen- 
zado en 1349 y haber tardado mas de tres siglos en terminarse, 
coando para el glaci&de la Cindadela, que se estaba levantando, fué 
preciso derribar gran parte de aquella . monumental fábrica. En vano 
interpuso la comunidad poderosas ífifluencias para detener el gol- 
pe. La obra de la Ciudadela era privilegiada para Felipe Y, que^lo 
asi dejó de hacer arrasar Barcelona, como había sido su primera in- 
tención, en castigo del crimen cometido por los catalanes en defen- 
der heroicamente sus libertades y su ciudad querida hasta el último 
estremo. Pero, k lo menos, mas felices que otros propietarios de 
edificios inicuamente derribados, pudieron conseguir los agustinos 
calzados -que se les designase un vasto terreno entre las calles del 
Hospital y de San Pablo, y se les diese una considerable suma para 
comprarlo y levantar el nuevo edificio. 

Queda dicho que este convento era uno de los mejores de Barce- 
lona por su arquitectura y labores : su iglesia era muy notable, de 
una sota nave, airosa y desahogada, como las del Pino, San Justo 
y otras de aquellos tiempos, y encerraba algunas preciosidades artís- 
ticas de gran mérito, entre otras una Virgen de la Esperanza, de 
mármol blanco, traída de Italia, una tabla bizantina en que estaba 
pintada otra Virgen y cuya obra se atribuía á San Lucas, y uu 
bulto alabastrino de Jesús en el sepulcro. 



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3i AGUSTÍN, (san) 

Eq el antiguo convento de que estamos hablando se aposentó un 
día á su paso por Barcelona el cardenal Egidio, religioso de los 
ermilaOos de San Agustio, natural de Yiterbo, y uno de- los hom- 
bres mas sabios que tuvo á su lado el papa León X. 
' Con fecha 7 de junio de 1518 escribió desde Zaragoza el empe- 
rador Carlos I una carta á la ciudad de Barcelona participáudole que 
el santo padre, por cosas que cumplían al estado de la fé católica, 
le enviaba dicho cardenal como legado suyo, encargando que á su 
entrada en Barcelona se le hiciesen todos tos honores de un honro- 
so recibimiento, semejante á los que en otras ocasíoues se habian 
hecho á tos legados apostólicos. También decia que para visitar- 
le, acompasarle y proveerle de las cosas que hubiese menester 
en todos sus seDoríos, enviaba al venerable Juan de Albanell, chan- 
tre de la catedral, á su capellán, y á Galcerao de Atbanell, gentil- 
hombre de su guarda. 

Esta credeacial, rubricada del rey y refrendada de su secretario 
Albornoz, fué presentada por dichos enviados en 12 del mismo ju- 
nio ¿ los concelleres de Barcelona, los cuales no queriendo faltar al 
honor y reverencia que fué costumbre observar en dichos recibi- 
mientos, hicieron al punto registrar los libros antiguos de ceremo- 
nias; pero como desde el aDo 1373 no habla pasado por esta ciudad 
legado alguno cardenal, y no se hallaban otras memorias que ha- 
bérseles hecho algunos regatos de dulces y otras cosas de comer y 
beber, determinaron, por respetos naturales al emperador, recibirle 
con todo el ceremonial debido á su Majestad Cesárea, escepto el 
palio,' que le negaron, sin embargo de que lo pretendía el maestro 
de ceremonias de su Eminencia. 

Entró, pues, el cai^denaí en Barcelona, siendo recibido con gran 
pompa y ceremonia, el lunes 13 de junio del aQo citado, y aquel 
mismo dia, después de comer, precediendo recado, fueron todos los 
del Concejo de la ciudad, con sus prohombres, á visitar al legado 
apostólico, que se alojó según queda ya dicho, en el convento de los 
agustinos ; y después de ejecutado, se volvieron á tas casas consis- 
toriales para preparar el presente, que se le envió en esta forma. 
Iban delante seis trompetas de la ciudad con sus sobrevestas ; una 
percha con dos pares de pavos y cuatro de capones ; otra de galli- 
nas; otra de pollos; otra de carneros ya desollados; otra de cabri- 
tos; dos hombres con doce hachas y veinte y cuatro velas; otro con 
un canasto de azúcar esponjado; una muía con un serón lleno de 

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AGUSTÍN, (san) — ALBA. 35 

gansos y ánades; dos caballerías con dos terneras muertas; una car- 
ga de vino tinto, otra de vino clarete, otra de vino griego, naedia 
cai^ de malvasía, y otra media de otro vino generoso que condu- 
ciftn cinco caballerías; y además, cuatro cargas de cebada y avena 
que componían veinte y cuatro cuarteras. 

Llegado que hubo este presente á la puerta del convento, subió 
el sindico de la ciudad que lo conducía en su nombre, á ofrecerlo 
al cardenal legado, quien lo admitió con mucha arabilidad, quedán- 
dose con todo á escepcion de las caballerías. 

AC9CSTI1V («nUe de Sftn). 

Hace muy poco tiempo se llamaba esta calle del arco de Sm 
Aguslin por el que tenía ásu entrada y ha desaparecido reciente- 
temente al reedificarse una de tas casas d& la esquina. 

Se entra en ella por la del Hospital y ge sale por la de San Pa^lo. 

Da ¿ esta calle una de las puertas de la iglesia de San Agustín, y 
daba á ella también una de las del convento que se levantó cuando 
los agustinos bubieroD de abandonar el edíGcío antiguo del cual se 
acaba de hablar. 

Después de haber tropezado con grandes obstáculos y dificulta- 
des, consiguieron por fin los agustinos que á 12 de diciembre de 
IISS se pusiera la primera piedra del 'nuevo convento, el cual no 
quedó terminado hasta nSO, durante el reinado de Fernando VI. 
Era una obra grandiosa, de la que hoy no queda sino la iglesia. 

En 1835 fué este otro de los conventos^ los que prendió Tuego 
la turba que paseaba por las calles de Barcelona su antorcha incen- 
diaria. Gran quebraato produjo asi en la iglesia como en el conven- 
to aquel voraz incendio; pero habiéndose destinado el templo de 
Sao Agustín para parroquia por real orden de 25 de febrero de 
1839, fueron hechas en él las reparaciones necesarias y se abrió 
nuevamente al culto en Zl de agosto del mismo aOo. 

Por lo que toca al edificio del convento, hechas en él también las 
debidas reparaciones, fué convertido en fundición y fábrica de hier- 
ro, habiendo sido demolido recientemente para dar lugar á la edi- 
ficación de casas. 

JUAA (MiU« del). 

La entrada es por la del conde del Aíolto y so salida por la de 
Tre^aclaus. 

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3S ALDANA.--*ALÍ-BBT. 

Es uDa calle moderna, que se abrió hace pocos afios cod el pño- 
cipal objeto de eslablecer comuDicaciOD fácil en aquellos barrios, 
ya que la falla de una calle eo lodo lo largo de la acera izquierda 
de la del conde del Asalto hacia que los vecinos hubiesen de dar un 
grao rodeo. Con la abertura de esta calle se favoreció mucho & 
aquellos barrios, y fué para ellos motivo de embellecimienio y m\- 
macion. 

AU>AHA («»Ue de). 

Será una de las calles del ensanche ó de la nueva ciudad, y se le 
ha dado esle nombre en memoria del catalán Juan de Aldana, oOcial 
del ejército del emperador Garlos V, que se halló en la famosa ba- 
talla de Pavía, teniendo en ella la suerte de coger prisionero al rey 
de Francia FraDciscó I. 

De que fué Aldana quien hizo prisionero al monarca francés, no 
cabe duda alguna. Consta asi eo los privilegios, el uno de Carlos V 
concedido al mismo Aldana, dado eo el campo de Túnez á 20 de ju- 
lio de 153S, y el otro de Felipe II, concedido á Marco Antonio de 
Aldana, hijo, en 1.* de julio de 1589. Ambos privilegios son tras- 
ladados por Marcillo en su Crisi de Cataluña pág. 230. 

Se supone que este Aldana fué el mismo á quien otros llamaD 
Francisco ó Juan Francisco de Aldana, militar muy valiente y es- 
forzado, que después de haber servido muchos afios con honor á 
Felipe II, acompaQó por orden de este monarca al rey de Portugal 
doD Sebastian en la desgraciada espedicíoo de África, donde fué 
muerlo en la batalla de' Alcázar á 2 de agosto de 15'78. Si eran es- 
tas dos personas una sola, como todo induce á creer, fué nuestro 
Aldana, á mas de militar bizarro y célebre, famoso literato. En 1 S93 
se publicaron sus obras en Madrid conel titulo á^Las obras que se 
han podido hallar del capitán Francisco de Aldana. Quedaron mu- 
chas otras inéditas y algunas se perdieron, particularmente una 
variada y numerosa colección de poesfas. Era natural de Tortosa, y 
tuvo un hermano, llamado Cosme de Aldana, que pasó casi toda su 
vida en Florencia al servicio del grao duque Francisco de Médicis, 
escelente literato también, del cual quedan algunas obras escritas 
en italiano. 

Será ana de las calles de la nueva Barcelona en el ensanche de 



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iLÍ-BET. 37 

esta ciudad. Partiendo de la calle de Ronda irá á finir eo la de la 
Marina. El Escmo. AyuDlamiento coostitucional ba accedido á. dar 
& esta y & otras calles del ensatíche los nombres que ba indica- 
do el autor de estas líneas eo memoria de hombres ilustres por sns 
TÍrtodes, saber ó valor, ó de becbos célebres de la historia de G^a- 
laSa. 

Se ha puesto el nombre de Alí-Bey á esta calle para recnerdo per- 
petuo y eterna memoria del catalán Badfa, que bajo aquel nombre 
ocolló el suyo verdadero en sus importantes y peligrosos viajes por 
Oriento. 

Don Domingo Badía y Leblícb, hijo de don Pedro Badfa y de do^ 
fia Catalina Leblicb, nació en Barcelona á 1.* de abril de HBI, dedi- 
cándose con ardor al estudio desde sus primeros aDos. No es verdad 
que estudiara en la universidad de Valencia, según se hadicbo, pues 
que su genio libre y fogoso jamás se avino bien con los reglamentos 
escolares. Efectivamente, parece que Badía no conoció mas aulas 
que su propia habitación, donde se encerraba horas y días enteros 
eoQ los libros que creía mas propíos á su gusto y mas se conforma- 
bao con sus inclinaciones. Primero se dedicó con ardor al estudio de 
las matemáticas, á la delíneaoion y al dibujo; siguió la geografía, 
astroDomia, física y música; pero su atención se fijó particularmente 
en el estudio de las lenguas orientales, especialmente el árabe moder- 
no, el cual llegó á serle tan familiar, que parecía su propio idioma. 

Con estos conocimientos, asombrosos para su edad, llamó la aten- 
cioo del gobierno de Carlos lil, que le confirió, cuando aun no con- 
taba mas q^ae catorce aSos, el destino de administrador de utensilios 
de la costa de Granada ; á los diez y nueve era ya contador de 
guerra con honores de comisario, y á los veinte y seis Garlos IV le 
nombraba administrador de tabacos en Córdoba. 

Pero estos empleos, aunque eran ciertamente vivos testimonios 
de su mérito en razón de la corta edad eo que los obtuvo, no esta- 
ban en armonía con tos estudios que habia hecho, ni podían darle 
ocasión para desplegar su genio estraordinarío, limitando sobrada- 
mente la esfera de su existencia. Con el objeto, pues, de ensanchar- 
la, y sintiéndose llamado por su vocación y por sus alientos á mas 
altas empresas, presentó al gobierno de Garlos IV en 1801 un pro- 
yecto de viaje científico al interior de África, y examinado por or- 
den del rey y reconocida su utilidad, fué nombrado para realizarle 
d mismo Badfa. 

Toma 1. S 



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SS ' Ali-BÍT. 

Había este eontraido estrecha amistad coo el sabio nataralisla 
dÓD Simón de Rojas Ciemeote, queálasazMi se hallaba regeDlaodo 
ttoa cátedra de ¿rabe, el cual, luego que supo el proyecto de fiadía, 
quiso asociarse á la espedicion. 

Eu su consecaeocia, ambos amigos salieroD de Madrid para Pa- 
rís y Loudres, eo 12 de mayo de ISOS, eu cuyas capitales eolabla- 
roD relaciones con los sabios mas distinguidos y cod los mas im- 
portantes establecimientos científicos , proveyéndose allí de los ins- 
trumentos mas necesarios para las observaciones y adquiriendo 
también una magnífica colección de historia natural, que envianuí 
al real gabinete. 

Kutonces Tué cuando el príncipe de la Paz, valido de Carlos IV, 
y d hombre omnipotente por aquel tiempo eo Espafia, conociendo 
i Badia, con quien había tenido algunas confereacias, decidió cam- 
biar su viaje de científico en político. Concibió la idea de que Ba- 
dia pasase al imperio de Marruecos, no como espafiol sino como 
árabe, como un ilustre peregrino y un grao príncipe descendiente 
del profeta, que habría viajado por Europa y volvería á su patria 
dando la vuelta al Arríca y siguiendo á la Arabía & visitar la Meca. 

Dos objetos hfA»ia de tener el viaje de Badla, aegun las ideas del 
principe de la Paz, uno científico y político el otro. Tocante al pri- 
mer punto, debía ser objeto principal del viaje el íoquirir los medios 
de estender nuestro comercio en las escalas de Levante desde Mar- 
ruecos al Egipto, y hacer la misma índagaeion sobre los planes y 
medidas que couvendria adoptar para montar nuestro comercio en 
te región del Asia con entera iodepeudencia de la Europa, para for- 
oar alianzas comerciales y políticas coo el imperio chino, y orga- 
nizar allí el tráfico .directo de los pesos fuertes españoles sin que en 
él iotervioiesen otras manos que las nuestras. A estos encargos se 
delÑao aDadír otros, relativos todos al desarrollo de nuestras rela- 
ciooes comerciales, y en particular el de adquirir cuidadosamente 
eoanlos artículos exóticos de cultivo ganancioso le fuese dable reco- 
ger ó sorprender eo las islas de Asia para aclimatarlos eu América. 

Por lo que toca á la mira política, debia el viajero espafiol, con 
elcaiicter y fausto de príncipe árabe, ganar la confianza del empe- 
rador Huley-Soliman, que á la sazón reinaba eo Marruecos, y, pre- 
sentada la ocasión, inspirarle la idea de pedir la alianza de Espafia 
cofitra el principe rebelde Abhmet que habia invadido las provincias 
del Adas levantando el estandarte de la rebelión, y amenazando 



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desde aquel panto hacerse doeOo del imperio marroqui. Kesta tdeft 
era acogida por el emperador, debia ofrecerse el mlstBo Badia para 
veoir & negociar eo EspaDa acerca de etla cod poderes amplios. Si 
DO alcanzaba k persuadirlo, debía e.«plorar el reino con el achaqoe 
de viajero, receoocer sus fuerzas, enterarse de la o^nion de aqae- 
Uos paeblos y procurarse iuteligracias con los enemigos de Huley, 
por manera que entrando en guerra pudiese contar la EspaOa coa 
la asistencia de los Rebeldes y obrar de un mismo acuerdo su inte- 
rés recíprocos bajo las condiciones apuntadas, pero en mayor escata 
para que EspaQa pudiese hacerse dueDa de una parte del imperío 
marroquí, la que mejor le conviniese. 

«Badia eth el hombre para el caso, dice el mismo príncipe de la 
Paz en sus memorias. Valiente y arrojado como pocos, disimulado, 
sstnio, de carácter emprendedor, amigo de aventuras, bombre de 
fuilasía, y verdadero original de donde la poesía pudiera haber sa- 
cado muchos rasgos para sus héroes fabulosos, basta sus mismas 
Utas, la violenciade sus pasiones, y la genial intemperancia de su 
espíritu, le bauan apto para aquel designio.» 

Atrevido era y oscuro el plan del principe de la Paz, peKgroso y 
difícil; pero no se arredró Badia por ello y se eaoargó de llevarlo h 
cabo. Talas fueron las veras con que aceptó esta misión, que, sia 
consultar con nadie y de su solo acuerdo, osó circuncidarse, única 
cosa qoe le altaba para el difícil y arriesgado papel que debía ha- 
cer eatre los mahometaaos. Badia llamó en Londres ¿un écaltatira 
aoreditado, y confió á su destreza esta peligrosa operación que, se- 
gún parece, fué terriblemente dolorosa para nuestro paisaao, ha- 
ciéndole padecer mocho y ocasionándole una grave eofermodad, de 
que solo convaleció muy lentamente. 

En seguida, con el fin de que pudiera fascinar por completo al 
monarca y validos de aquella corte semibárbara, halló medio de for- 
jarse él mismo una genealogía completa árabe, como hijo de Otfa- 
man-Bey, príncipe abbassida y descendiente del profeta, y así qoe 
estuvo restablecido del todo, apareció un día en Loodres con traje 
musulmán para comenzar á represealar su papel. 

Algún tiempo después, revestido Badia con todas las setales es- 
tenores y con sus iomen»>3 conocimientos en las ciencias físicos y 
matemáticas, y en las costumbres y literatura oriental, regresó á 
EspaQa donde recibió las instrucciones que delnan sosteoerle en aa 
peligrosa empresa, y que con los demás medios materiales le fiwililó 

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^ poderoso valido jwíodpe de la Paz, el cual también, segan pa- 
rece, aseguró la subusteocia de su mujer é bija coa uoa peasioa 
de 12,000 reales. 

Eb cuanto á Rojas Clemeote nosecreyócoaveDientequeleacoiu- 
pafiara. 

Marcbóse, pues, solo Badía, desedibarcaudo en Tánger y corlando 
desde entonces toda correspondencia hasta con su familia, paradejar 
a\ gobierno espallol en completa libertad de hablar de él, según me- 
jor conviniera al objeto de sus viajes. El secreto por el pronto no fué 
gomuDÍcado á nadie por el principe de la Paz. Desapareció ya eo- 
tonces por completo la personalidad de Badia, ostentáadose eo sa 
lugar la grandiosa figura de Ali-Bey el Abbassi. El gobierno espa- 
Dol le recomendó eficazmente k todos sus cónsules y agentes en 
Álfica, como si fuese un ár^ que había permaneddo largo tiempo 
en Europa, que en ella habia hecho sus estudios y que se había 
adquirido en ella generales simpatías. 

Comenzó desde entonces para nuestro catalán viajero una cadena 
de singulares aventuras que hacen de él un verdadero personaje de 
novela. Su elegante y simpática figura, su porte majestuoso, el lujo 
que ostenta, sus títulos escritos en árabe antiguo y admirable- 
mente confeccionados' de sellos y signaturas, la minuciosidad de sus 
prácticas religiosas, su completo conocimiento del idioma árabe, y 
mas que todo aun, sus inmensos conocimientos ¿n astronomia, qoi* 
mica, historia natural, geografía, dibujo y medicina, llamaron d^e 
luego hacia tan eminente personaje el respeto y la admiración de 
aquellos pueblos incivilizados, sin que ni por asomo se suscitara la 
Boas peqneAaduda acerca su origen y descendencia. Por lo demás, 
bnen cuidado tuvo él de hacer circular la idea de que durante su 
larga permanencia en Europa habia adoptado en parte sus usos, y 
que, al resHíuirse á África, esperimentaba la sensación de un euro- 
peo que se hallara en semejante caso y jamás hubiese salido de su 
pus. 

El 29 de junio de 1803 habia entrado Badía en Tánger, empe- 
zando su tejido de dramáticas aventuras y su novelesca vida, para 
enya reladon se necesitaría un grueso volumen. 

Eb Tánger conoció al sultán Huley-Solíman, emperador de Mar- 
ruecos, que acertó á hallarse allí en aquella ocasión, y se conquistó 
su simpatía. El saltan le invitó á pasar con él á Mequinez y á Fez, 
y á estas ciudades se dirí^ Ali-Bey, siendo objeto de las mayores 



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■Aendones y de los mas eipresivoe obsequios por parte de la corte 
7 de los subditos del emperador marroquí. ^ todas partes se le 
miraba como ¿ un verdadero creyeate, como & uq hombre superior, 
eomo á ao prÍDc^ desoeudieule del profeta, y contribuía & darle 
mayor realce la noticia de haber hecho voto de ^eetuar una pere- 
grinaciOD á la Meca, cosa que entre los musulmanes es mirada como 
la soma de las perfecciones. 

Ro cuitaremos todas las aTeotaras que sudieron al intrépido 
viajero, porque sería hacer esta relacáou intennÍDable. Bastará de- 
ár que fué ganando poco á poco el favor del soberano de Marrue- 
cos, adqoiríendo con él tal concepto por sos conocimientos astronó- 
micos y por su profunda inteligencia de los textos y de la ciencia 
arcana del Koran, que formó empeño en conservarle á sn lado. Para 
atraerse al que era ya su favorito y para retenerle en su corte , el 
sultán le hizo donación de una casa de recreo llamada Semelalia en 
las cercanfas de Marruecos, verdadera posesión regia , con bienes 
raices que consiatian en tierras, palmeras, olivares, huertas, ^., y 
una casa grande en la dudad. También le envió dos mujeres de su 
propio harem. 

Ali-Bey había llegado á lo sumo de la privanza, y llegó á sertel 
el ascMidiente que tomó sobre el emperador, que do solo le trataba 
este como amigo y como hermaao, no solo le consultaba en los ne- 
gocios mas arduos y en todas ocasiones, no solo te permiüansar el 
quitasol, signo de dignidad soberana en Marruecos, no solo por fio 
le Gomaba de regalos verdaderamente regios, sino que descapsaba 
ab6(dotamente en él todo el peso de ta corona. 

AI [ffopio tiempo, el pueblo y los magnates del impera», que 
odiaban en general al despótico y estúpido Maley-Soliman, favore- 
cian coo sos simpatías y con sn obediencia casi idol&tríca al príncipe 
Ali-Bey, hasta el estremo de llegaré formarse un partido numeroso 
y poderoso para exalterle al trono y deshacerse del aborrecido Hu- 
íey. Por poco que Badía hubiese querído y se hubiese prestado & 
^, sos partidarios le hulÑeran hecho emperador de Marrueoes. 

Nuestro héroe catalán , lejos de alimentar las esperanzas de sus par- 
tidarios y de aceptar el trono con que se le brindaba, consecuente á 
loque entre él y el príncipe de la Paz se había conreoido, procoró 
esplMiv la voluntad del sultán reinante sobre la reaKiaeion de la 
alhuua con EspaDa y la eslensíon de sus relaciones mercantiles ; 
pero ni todo el (avw ni el gran asowdirate que Ali-Bty se había 

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If Ali-BIT. 

gaosdo sobre el crédale y devoto emp^ador, bastaroa á pereaadir 
le que bascase la amistad de los espafioles. El austero fonatismode 
Muley te bacía mü'ar como grave pecado toda especie de liga cod 
los iafieJes, y su ojeriza era todavía mas fuerte por lo tocante & los 
espalóles, pues los anlígaos odios oaciooales se juntaban al senti- 
miento religioso. 

—Lejos de buscar amigos y socorros en Espafia, dijo un día el 
sultana Alf-Bey, nada llenaría mi alma de contento como ver cum- 
plida en nuestros días la divina promesa que á este imperio le está 
becha de recobrar la Espafia. 

Y acabó por hacerle una singular proposición, la de praerse al 
frente de un ejército de creyentes, cuyo mando eu jefe le sería con- 
fiado, para invadir )a Espafia y recobrar los hermosos reíaos de 
Sevilla, Córdoba y Granula. Peregrina siluacioa la de Badia en 
onanto oyó semejante propuesta de los labios del saltan! 

Viendo que nada podía alcanzar de este, Ali-Bey se ealendió en- 
tonces con Hescban, pretendiente á la corona de Marruecos, ysiem- 
¡He sosteniendo su papel de principe abbassida, te propaso una 
alianza con el gobierno espa&ol para que este pudiese darle ayuda 
y seotarle en el solio marroquí. Hescbaa aceptó y se comprometió, 
«aso de salir en luen de su empresa, i ceder á Espafia toda lapro- 
ráoa de Fez. Nuestra oacioD debía, pues, adquirir por medio de 
este tratado Tetuan, Tánger, Larache, los dos Salé, nuevo y viejo, 
y todo el rico temtorío de aquella provincia. 

Elpríaeipede la Paz recibió las noticias é insteucciones de Badia, 
hizo actívar los trabajos, diéroose órdenes al capitao general de An- 
Macía para preparar armas y gente para laespedícion, y todo es- 
taba dispuesto al objeto de iovadir el territorio africano y secundar 
los planes de Badfa, cuando un candido é inocente escrúpulo de 
Carlos IV, según dice el mismo Godoy en sus memorias, hizo qne 
el proyecto fracasara y fuese abandonado. 

Debido el objeto político, sabedor de que no podía ya con- 
tar oon el gobierno espafiol , abandonado en mitad del camino 
por quien á emprenderle le había comprometido, Badia ó Alí-Bey 
se vio en amarga y apuradísima situación. De este trance crttíco le 
salvaron ss admirable sagacidad, su presencia de espiñln y los 
grandes recursos <te su ingenio. Contentó con promesas á unos, 
oon esperaoias á otros, y manteniendo á los conjurados con buenas 
raCows para que no le v^dieran, se dispuso á abandonar la corte 



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ui-wx. It 

murroquf, aDHaciando qaciba á partir para sn anoDciada peregrí- 
nacioD á la Heca, cooforoie á los preceptos del Korao. Tal vez bizo 
pasar este viaje como uo pretesto & 1os ojos de sus partidarios para 
qae guardaran el secreto de la coDSpiraoioa. 

El sultán, que aada sabia de la coDspiracioo y que eratiBOftbt 
miraudo á Ali-Bey coa predilecto caríDo, hizo eoa&to podo para. 
disuadirle de su viaje ; pero hubo de ceder aate el empeSo y finne 
propósito del fiogido principe abbassida. 

Partió este de la corte de Marruecos lleao de honores y distiociO' 
oes, siendo recibido con estrepitoso triunfo por todos les paebloa 
qae halló á su paso. En este viaje fué cuando aU-avesó el desierto, 
donde él y su comitiva toda estuvieron k punto de perecer. Fqoob 
salvados milagrosamente de las garras de la muerte por la carava- 
na de un morabito, que acertó á cruzar el desierto al propio tiempo 
que ellos. Ali-Bey habia caído al suelo, sin conocimiento, rendido 
por la sed y por el calor, y sufría ya todos los síntomas de la ago- 
flia, cuando la Providencia le deparó la llegada del morabito. 

Llegado á Laraehe, donde estuvo algunos dias enfermo á coue- 
cuenda de los surrímientos pasados en el desierto, Badfa se embar- 
có el 13 de octubre de 1805 para Trípoli, drade permaneció dos 
meses, considerado y querido del bajá, respetado de todos y solici- 
tado por el soberano, que le hizo brillantes ofertas pan que fijara 
allí su residencia. El principe abbassida insistió sin embu-go en su 
partida, diciendo que debía cumplir su peregrínacion k la Meca, y 
el 26 de enero de 1806 se embarcó para Alejandría en un buque 
torco, despidiéodose del bajá, que te colmó de ateoaones y regalos, 
y que hasta el último momento le estuvo haciendo seductoras ofer- 
tas para retenerle á su lado. 

Después de haber hecho escala ea vm-ios pantos y de habu* visi- 
tado la isla de Chipre, Ali-Bey llego & Alejaadría, donde fué recibi- 
do según el rango que representaba, y con el respeto y veoeraoioK 
que demuestran los musulmanes por el que hace ob viaje á la Meca. 
Hasta el 30 de octubre permaneció en Alejandría, embarcáodoM 
en dicho dia para el Cairo, en cuyo punto le recibió el bajá Hebe- 
met-Ali con grandes muestras de deferencia y distinción. Mes y mfr- 
dio prolongó su esl&ncia en el Cairo, y el 15 de diciembre, pooiéB- 
dose al frente de una caravana de cinco mil camellos y dos ó tres- 
óeolos caballos, compuesta de gentes de todas las naoiMes mnsul- 
maoas que iban á hacer la peregrinación á la Meca, pnwigoié d« 

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14 Éii-vkr. 

Duevo su yw^, «travesó el desierto y llegó 6 Suez, en cuyo pinto 
se embarcó emprendiendo la travesía del mar Rojo. 

k punto estuvo de perderse en esta travesía, y por fin, despves 
de corridos muchos peligros, llegó 6 Djeda, prosiguiendo á los 
pocos días su rala y eatrando eo la Meca el 23 de enero de 1801. 

K medida que se acercaba á la Meca, el corazón de Badfa debía 
latir por fuerza con desusada violencia. Iba á penetrar él, cristiano, 
en ta comarca y en el templo de que había dicho el profeta: Jamás 
el pié de im inj^l profanará el territorio prohibido. Y sin embargo, 
él, QQ cristiano, un catalán, iba á pisar la tierra prohibida con fir- 
me plaata y con heroica impostora. Jamás cristiano alguno había 
penetrado «D aquel lugar terrible, y gracias á él se tiene hoy una 
noti(»a exacta de la Meca, el plano de aquella ciudad, y los [danos, 
elevadoaes, cortes y perfiles de su famoso, y para los crístiaoos 
misterioso templo. 

Eq niogon punto como alli corría tanto peligro Ali-Bey, y en 
ninguno por lo mismo fué tan pródigo en sus ceremonias religiosas 
y ea actos esteríores de fervor y de celo. Ntngon creyente mostró 
fiUDca mas ardor religioso, y esto le valió ser proclamailo Hhaddem 
Beit-Allah el Haram, es decir, servidor de la casado Dios la prohi- 
bida, lítalo que le dio cierta reputación de santo, conquistándole 
fiuevos y mayores méritos á la admiración del vulgo. 

El li de junio de aquel mismo aDo, después de no pocas aven- 
turas, terribles algunas de ellas, entraba Alf-Bey de receso en el 
Cairo, habiendo salido & recibirle ceremoniosamente los personajes 
de mas distinción» noticiosos de la llegada y ávidos de ser los pri- 
meros eo tributar muestras de respeto al hombre que venia de vi- 
sitar la Meca. 

Poco descansó ea el Cairo. Para aqael hombre infatigable^ para 
aquel íotréfHdo y osado viajero que acaba de llegar á donde, aptes 
que él, nadie de los suyos había penetrado jamás, el verdadero des- 
ouso estaba en el viaje mismo. El 3 de junio de 1801 se puso en 
eamioo para Jerusalen, y el peregrino de la Meca entró, siempre 
bqo el carácter de musulmán, en los lugares en que babia muerto 
Jesús, sin que le fuese dado decir : «También yo soy cristiano.» 

A AIí-Bey debe la historia una descripción detallada del templo 
musulmán de Jerusalen, descripción que antes no se tenia porque 
les muiulmaaes no se hallaban eo estado de darla, y ¿ loscristíuios 
BO les ha sido dable penetrar jamás. TamlHen vintó nuestro víaje- 



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ALÍ-BEY. 48 

ro los tugares venerados por el crísttaDÍsmo. Obtuvo permiso para 
visitar el sepulcro de Cristo, pero do pudo bacer en él oración, aten- 
dida la clase que^ representaba, porque, según él mismo dice, los 
musulmanes hacen oración en lodos los santos lugares consagrados k 
la memoria de Jesucristo y de la Virgen, escepto en el sepulcro, 
que no reconocen, pues creen que Cristo no murió, sino que subió 
al cielo, dejando la imágeode su rostro á Judas coadeuado á morir 
en su lugar, y eo consecuencia, que habiendo sido sacrificado Ju- 
das, aquel sepulcro podia muy bien encerrar el cuerpo de este, mas 
DO el de Cristo. Por esta razón no ejercen acto ^guno de devoción 
eoeste monumento. 

De Jerusaleo pasó Alí-fiey k Jaffa, embarcándose allí para San 
Joan de Acre, visitó el monte Carmelo, estuvo en Nazaretb, luego 
en Damasco, y en seguida fué á Alepo, visitfmdo entonces por vez 
primera el pais de que en todos sus viajes habia dicho ser hijo. 

A últimos de 1807 llegaba k Conslantinopla pasando á aJojarse 
en el palacio del embajador de EspaDa, que lo era el marqués de 
Almenara, único que le conocía, pero que guardó naturalmente el 
mas profundo secreto, llevando el misterio basta destinarle una ha- 
bitación mandada espresamenle alhajar á la oriental para recibirle 
y tratándole con el respeto y consideraciones debidas á un príncipe 
estranjero. 

Sin embargo, ya en'^ casa del embajador español el secreto no 
pudo ser tan guardado que no se levantase una punta del velo. Ali- 
Bey corrió entonces grave riesgo por la traición de un criado que 
le denunció al Diván como cristiano. El bajá kaimacan del gran se- 
Oor, & quien había tratado en Alejandría, le avisó qne tenia un ser- 
vidor infiel, y aunque parece que el Divau despreció la delación, 
con todo, Badía creyó prudente abandonar al momento Conslanti- 
nopla. Estando en esta ciudad tuvo también aviso de las ocurren- 
das pc^ticas acaecidas eo Espada y de la entrada de los ejércitos 
de Napoleón en nuestro pais, lo cnal contribuyó para qne acelerase 
su regreso. 

Atravesando la Turquía europea, penetró en Alemania obligán- 
dole una larga y penosa enfesmedad á detenerse en Munich. No 
túen restablecido todavía, se trasladó k Bayona, donde, según pa- 
rece, llegó, por cierto bien escaso de recursos, eo 9 de mayo de 
1808 en los momeotos mismos eo que la familia real de EspaDa y 
Napoleón se hallaban en aquella ciudad. 

Tono I. 7 



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J6 alí-bev. 

Preseotóse al rey Carlos IV, y habiéndole eoseOado algunos pa- 
peles y plaQOs relativos á su viaje, aquel monarca, después de exa- 
miDaríos, dijo : 

— Tú sabrás que la EspaBa ha pasado al dominio de la Francia 
por un tratado que verás. Vé de nuestra parle al emperador, y di- 
le que lu persona, tu espedicion y cuanto tiene relación con ella 
queda á las órdenes esclusivas de S. M. 1. y R. y que deseamos 
produzca algún bien al servicio del Estado. 

Insistió Badía en seguir la suerte de ]& familia destronada; pero 
contestóle Carlos IV : 

— No, no ; á todos conviene que sirvas á Napoleón. 

A -coDsecaencia de esta orden, Badía se presentó al emperador 
que tuvo con él repetidas sesiones relativas á los negocios de Áfri- 
ca, acabando por recomendarlo á su hermano el rey José, á quien 
siguió á Madrid. Quince meses estuvo en la corte de Espafiacon su 
familia, reducido á la mayor estrechez, basta que al cabo de este 
tiempo, necesitándose un intendente para Segovia le envió alli el. 
gobierno de José, sin que él lo hubiese solicitado. Mas tarde fué 
nombrado prefecto de Córdoba, y últimameDleintendentede Valen- 
cia, de cuyo destino ni siquiera llegó á encargarse. 

Aun parece que se conservan en dichas dos ciudades de Se- 
govia y Córdoba recuerdos del intendente moro, que asi llamaban 
á Badia por lo que chocaban á sus habitantes su ademan y mane- 
ras orientales. 

Comprometido por este modo con el partido afrancesado, no cre- 
yó prudente Badla quedarse en EspaOa á la retirada de los france- 
ses. Emigró pues á París en 1814, y como su proceder habia sido 
recto y patriótico, enfió á los pocos dias una reverente exposición 
al rey Fernando Vil haciéndole una breve reseDa de sus importan- 
tes servicios y ofreciéndose á continuarlos en favor de S. M. á quien 
tributaba fidelidad y homenaje. Esta exposición no fué contestada 
y ningún resultado produjo. Tuvo Badia el dolor de ver desprecia- 
dos sus servicios y no le quedó otro recurso que admitir la hospi- 
talidad que le ofrecía la Francia, renunciando para siempre á la 
patria, que, ingrata é indolente, repelía en él á una de sus mas le- 
gítimas glorias. 

Fijóse pues deGoílivamente en París donde en aquel mismo afio 
de 1814 publicó su interesante viaje, que dieron á luz las prensas 
de Didot. Escribió esta obra en francés, traduciéndola del árabe en 



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ALÍ-BEY, 41 

que primitivatneate la había escrito, con el titulo de Vta/es de ÁH- 
Bey por África y Asia durante los años 1803, 1^04, 1805, 1806^ 
1801. Fué dedicada esta obra á Luis XVIII , bajo cuyo protecciou 
se publicó, y el editor Arma la dedicatoria con una B... (Badía), di- 
ciendo eo el prólogo que posee muchos maDuscrítosdeAli-Bey. Ed 
esta obra se dan noticias importantes y curiosas para la historia y 
para las ciencias, muchas de ellas totalmente desconocidas antes. 

Quedaron sorprendidos los mas sabios orientalistas á la publica- 
ción de estos viajes por la variedad y abundancia de conocimientos 
desplegados en ellos por un autor á quien se suponía musulmán y 
que á otra creencia no podía pertenecer cuando descubría los mas 
íntimos secretos en que los sectarios de Maboma envuelven la tum- 
ba de su profeta. Las relaciones de los europeos que recorrieron 
aquellas regiones se ven ilustradas en su obra y materializadas 
por las esceteotes láminas de su grande Atlas : la descripción de 
los países á que aquellos no pudieron penetrar forma un suplemen- 
to precioso y único de los misterios de Oriente. ¿Ouién será, se pre- 
guntaban todos, ese hombre estraordíoarío, cuya aparición es tan 
maravillosa como su saber, y que nacido entre las tinieblas del 
islamismo derrama luces superiores á las que pudieran todos los 
sabios, que provistos de un caudal inmenso de noticias se han arro- 
jado en el seno de los desiertos, y han ido á meditar sobre las 
reinas? 

El asombro creció de punto cuando se supo que aquel hombre 
era un cristiano, cuando se vio que nada era su sabiduría en com- 
paración de su heroico' valor. No se encontraban frases ni palabras 
suGcientes á loar á aquel hombre, que, nacido en Cataluña, lleno 
de la grandeza de un proyecto que había de cambiar la faz del 
mundo mercantil é introducir la civilización en bárbaras regiones, 
adquirió con una perfección de que no hay ejemplo, los conocimientos 
qne debían inlluir para el éxito de su empresa, se sujetó á una cruel 
circuncisión, se forjó una genealogía seductora, se encargó de llevar 
á cabo un plan político que podía promover una revolucioo en el 
equilibrio de las naciones, partió con sublime descaro á estender 
su impostura, esplícó el Koran en el sentido mas útil á sus miras, 
privó en la corte de Marruecos llegando á ser el amigo y consejero 
iatimo del sultán, estuvo á punto si hubiese querido de ser procla- 
mado emperador marroquí, apareció misteriosamente en los puertos 
de África, atravesó el desierto, recibió eu Egipto adoraciones que 



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4S ALI-BEt. 

solo se tríbutao á ud profeta, navegó por el mar Rojo, visitó la Meca 
donde DO se habia impreso jamás la planta de un enstiano, recorrió 
la Siria, y ftié honrado y festejado en Constantinopla. 

Prosiguiendo Badia en París, casó en 1815 su hija con Mr. Delis- 
le de Sales miembro del Instituto, y este enlace junto con el apre- 
cio eu que le teula el gobierno de Luis XVIII le proporcionaban los 
medios de pasar tranquilo el resto de sus dias, pero su arrojo y osa- 
día invencibles, el deseo de recobrar parte de los objetos cieuUficos 
que habia reunido en sus viajes, y, sobre todo, según parece, una 
misión política que le coafirió el gobierno francés, le obligaron á 
pasar de nuevo á Oriente, á donde regresó coa el sueldo, grado y 
consideraciones de general de división (marísrat de campo) que le 
habia concedido el gobierno francés, siempre con el nombre y re- 
presentación de A.lí-Olbman, príncipe orieotal. 

Ya DO debía regresar á Europa. Aquella vida laboriosa, pasada 
en prestar eminentes servicios, debía extinguirse lejos del pais que 
la habia visto nacer y tomar su vuelo. 

Se supone, pues no ha llegado aun á esclarecerse esta verdad, que 
la mísíoD importante que Badía llevaba del gobierno francés era para 
la India, y se dijo que el gobieruo inglés, celoso de esta misioD, se 
entendió con el bajá de Damasco, el cual envenenó á nuestro Alí- 
Bey ó All-Othman por medio de una taza de café. Empero, se ha 
asegurado también, con referencia á una carta del guardián del 
convento de San Francisco en Damasco, que no murió Badfa enve- 
nenado, sino de resultas de una grave disenteria en el pueblo de 
Hazaríb, cerca de Damasco, el afio 1822. 

Todos sus papeles y efectos se perdieron, quedando en poder del 
bajá, según los que suponen la primera versión. 

Su esposa, que le sobrevivió algunos afJos, residió siempre en 
París disfrutando su viudedad de geoeral, y creemos que su hija, 
casada con Mr. Delisle de Sales, vive auD en dicha ciudad. 

Tal fué el hombre eminente del que, muy á la ligera por cier- 
to, hemos reseSado la novelesca vida y los eminentes servicios. 
Por consejo de una comisión, de la que se honró en formar parte el 
autor de estas líneas, el Excmo. Ayuntamiento constitucional de 
Barcelona tiene acordado poner el retrato de este ilustre patrícío en 
la sala de su nuevo consistorío. Esto coulríbuirá á la fama merecida 
de quien tan acreedor supo hacerse á ella. También se acordó po- 
ner su nombre á una de las calles del ensanche, que por este mo- 
tivo se llamará de Alf-Bey. 

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ALFONSO IV. 19 

Ta qae le fué iograto su país eo vida, que le sea fiel al menos 
eo muerte. 



jULFOirSO IT («»11« de). 

Su entrada es por la calle Ferhndina y su salida por la del Peu 
de la Creu. 

Dice Pi y Arímoo eo su Barcelona antigua y moderna que eu se- 
sión de 19 de enero de 18i9 decidió el Excmo. Ayunlamiento coas* 
titucional dar á esta calle el nombre de don Alfonso IV, para recor- 
dar á la posteridad la honrosa parle que cupo & este rey en la fun- 
dación de la universidad lileraria de Barcelona. 

Si efectivamente fué esta la idea, y parece realmente que esta fué, 
es preciso faacer observar que cl monarca cuyo nombre se dio á esta 
calle es el Alfonso Y de Aragón, IV de CataluQa, llamado el sabio, 
y no el Alfonso IV de Aragón, solo 111 en CataluDa, llamado «/ be~ 
riigno, como algunos han creído. Es aquí de oportunidad esta ob- 
servación para desvanecer el error de aquellos que por llamarse 
esta calle de Alfonso IV, creen que se le dio este nombre en recuer- 
do del Alfonso IV de Aragón el benigno hijo de Jaime II, cuyo rei- 
nado duró desde 1327 ¿ 1335. No fué asi, sino en recuerdo del 
Alfonso V de Aragón, IV de CalaluQa, el sabio, hijo de Fernando el 
de Aníequera, cuyo reinado duró desde 1 jl6 á 1158. Este fué á lo 
menos, y do el otro, el monarca que tomó muy honrosa parle en la 
fundación de la universidad de Barcelona, ya que suyo es el privi- 
legio fechado á 3 de setiembre de USO concediendo al Consejo de 
Barcelona la libre y amplia facnltad de fundar é instituir una uni- 
versidad ó estudio general de (odas las artes y facultades asi de gra- 
mática, retórica, artes, derecho canónico y civil, medicina y teolo- 
gía, como de otras cualesquiera ciencias. De semejante privilegio 
tendremos ocasión de hablar mas adelante al tratar de la universi- 
dad, de la cual bien puede decirse que debe su fundación á este ac- 
to de Alfonso el sabio (I). 

Casi todos los autores que han hablado de este monarca lo ponen 
á las nubes, y algunos lo ensalzan y encomian hasta el punto de 



(1) Elle nombra, el de lAUbneo el tibio» C 
lorladorps debiera, haberte dado á esta calle. 
Alronio IT el «beDlgooi bu ai 



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50 ALFONSO IT. 

preseotarle como modelo de reyes y dechado de glorias y de virlu- 
des. Hay bastante que decir antes de aceptar & ciegas este fallo. 

YeíDle y dos afios poco mas ó menos tenia Alfonso, cuando por 
muerte de su padre pasó á sentarse en el trono de la Corona de 
Aragón. Al ceDirse la diadema estaba ya casado con doQa María, 
hermana del rey de Castilla don Juan II. 

Los primeros actos de su reinado disgustaron k los catalanes-, 
quienes no pudieron menos de manifestar su descontento al verle 
seguir en todo la errónea política de su padre y al saberse que habia 
dispuesto el orden y oGcios de su casa, conflando todos los cargos 
y empleos á castellanos. A este efcclo hizo CataluQa vivas instan- 
cias y enérgicas reclamaciones, manifestándose sobre todos defensor 
de los derechos y de las libertades del pais el diputado por Barce- 
lonft Ramón Dezplá, varón insigne y el mismo que ya anteriormen- 
te, en unas Cortes celebradas en Montbiaoeh, se levantó á protestar 
contra ciertas palabras del rey don Fernando, injuriosas para los 
catalanes. 

Acabó el monarca por ceder, y, con acuerdo de las Cortes, dis- 
puso una espedicion á CerdeQa, para donde pATtió personalmente 
en USO. La isla de Cerdefia, que estaba bajo el dominio de la Co- 
rona de Aragón, pugnaba siempre pv levantarse y escapar á aquel 
dominio, incansable en sus conatos de sublevación, y creyó Alfonso 
que era conveniente pasar á ella, siguiendo el noble ejemplo de sus 
predecesores, para asegurar de una vez su paciflcacion y conquista. 
Efectuó con gloria su empresa y estaba próximo á terminarla, cuan- 
do la reina luana de Ñipóles le hizo proponer por medio de un 
mensaje que si acudía á ayudarla contra et duque de Anjou, le 
adoptaría por bija nombrándole heredero de sus estados. 

Aceptó Alfonso y pasó á Ñapóles, donde fué recibido con regia 
pompa, ausiliando victoriosamente á la reina Juana en sus'guerras 
con el de Aojou; pero no tardó en romper con aquella versátil 
mujer que revocó cuanto babia otorgado en favor del monarca ara- 
gonés aliándose con su anteriormente mortal enemigo el duque de 
Anjou. Alfonso entonces prosiguió la guerra contra el duque y la - 
reina Juana; pero reclamado para venir á Cataluña, dejó de lugar- 
teniente en Ñapóles á su hermano el infante don Pedro, y se vino 
para estos países llevando á cabo, á su paso, la toma y saqueo de 
Marsella, lo cual fué una de las memorables empresas de su rei- 
nado. 



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ALFONSO IV. 51 

De 1424 k 1431 los pasó el rey ea sus estados, mezclándose 
lal vez mas de lo que debía eo las cosas de Castilla, rompieDdo la 
guerra COD esta nación, Bodando luego en tratos y negociaciones, 
activando la guerra de Italia y sofocando una conspiración que con- 
tra él se fraguó en Zaragoza, para lo cual hizo dar muerte á varias 
personas principales, entre ellas el arzobispo de aquella ciudad. 

En 1431 se embarcó en el puerto de Barcelona para Sicilia, y 
pronto se le vio reaparecer en los estados deNíipoles, habiendo re^ 
cobrado momentáneamente las simpatías déla reina Juana. Las vi- 
cisitudes de la guerra hicieron caer á Alfonso prisionero del duque 
de Milán, á cuya capital fué llevado y en donde entró como prisio- 
nero para salir luego como amigo y aliado de aquel duque. 

Devuelto á la libertad, regresó otra vez á los estados de Ñapóles 
donde consiguió memorables victorias sobre las armas de Renato de 
Anjou, acabando aquella campafia por apoderarse de Ñapóles, en 
cuya ciudad hizo su entrada triunfal el H de febrero de 1443. 

La belleza de aquel clima y de aquel suelo y los dulces lazos del 
amor con que le brindaba su dama doDa Lucrecia deAlanyó, hiele- 
roo que Alfonso no pensase ya mas en regresar á este país, al frente 
de cuyos destinos se hallaba como l'ugaríeniente la olvidada esposa 
del monarca. En vaio fué que las Cortes instasen al rey. No'quiso 
abandonar el reino que habia cmquistado, y allí pasó los aQos que 
lequedaban de vida en guerras con Genova, Florencíay Milán, yen 
tratados de paz y alianza con otros estados. Sin embargo, en sus 
apuros enviaba á pedir refuerzos de gente, de buques, de armas y 
de dineroá CataluQayá Aragón. Sucedió.en 145lque no cumplien- 
do los florentinos con el tratado que habían hecho, el monarca ara- 
gonés rompió de nuevo con ellos y les declaró lagurera. Para abrir 
la campaDa, envió á pedir recursos á CalaluDa, pero ya estos pue- 
blos comenzaban á pensar, con justa indignación, que don Alfonso 
solo se acordaba de ellos cuando tenia necesidad de gente 4 de di- 
nero ; que esa gente y ese dinero servían para conquistar países 
que lejos de ser agregados á la Corona de Aragón, eran converti- 
dos en dominio parlicular de un baslardo, pues era ya pública la 
resolución de don Alfonso en ceder el reino de Ñapóles á uno de sus 
hijos naturales ; que hacía ya cerca de veinte afios quo don Alfonso 
no habia visitado. estos pueblos ; que hora era ya de que CalaluQa 
dejase de ser mirada solo como un arsenal ; y por fin, que era muy 
cruel derramar lauta sangre y gastar bmlo oro para que el rey se 



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52 ALSINA. — ALVAREZ. 

regalase en brazos de una dama, teoiendo abaudonada á sa virtuo- 
sa cODsorte, y para conquistar países destioados á do formar parte 
de la Corona. Todas estas razones hubo de tener en cuenta el par- 
lamento de GalaluDa para lomar la grave resolución de negarse á 
ofrecer al rey ninguna suma, como antes no regresaraá este Prin- 
cipado. El ejemplo de GataluQa fué seguido por Aragón. 

El rey no vino sin embargo. Prosiguió en Ñapóles, en cuya ciu- 
dad murió el 27 de junio de 1158, pasando el trono de la Corona de 
Aragón k su hermano don Juan por falta de hijos legítimos, y el de 
Ñapóles á su hijo natural don Fernando. 

AliSlNA [«Mille den]. 

Se penetra eo ella por la de la Boqmria y se sale por la plaza 
del Pino. 

Puede haber acerca del nombre de esta calle la duda que se ha 
ocurrido relativamente á otra y se ocurrirá aun respecto á varias. 
La circunstancia de llamarse den Alsina, es decir, de En Alma, 
hace creer fundadamente que tomó el nombre de alguna persona ó 
familia que asi se llamaba y que pudo habitar esta calle ó tener 
propiedades en su terreno cuando se abrió. El En equivale en cata- 
lán al (ion ó señor en castellano, como el Na equivale al doña 6 se^ 
Hora. Y se hace de paso esta observación á. fin de que la tengan 
presente los lectores para lo sucesivo. 

Existen aun hoy dia en este Principado muchas familias que lie- 
oen el apellido de Alsina. 

Si la calle de que se trata se titulase de la enema, que es lo que 
significa la palabra catalana lüsiaa, la llamaríamos de la alsina y 
no den JUsina. 



Al.VAmEK («ftlle de]. 

Tiene su entrada por la de S<m Pedro baja y su salida por la de 
GiraU PeÜicer. 

Lleva esta calle el nombre del heroico defensor de Gerona don 
Mariano Alvarez de Castro. El recuerdo de este jefe ilustre vivirá 
mientras en el mundo no sean palabras vanas y faltas de sentido 



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ALVABGZ. 53 

las de patria, iodepeodencia, liberlad, gloría, Valor y heroisitía, 
TaD eterna como estas palabras y su significado será la memoria 
de Gerona y de su bizarro defeosor. 

Página de oro de la historia del pats es aquella eo que se refiere 
ei valor coa que Gerona supo mauleaerse y la fortaleza de ánimo 
coD que dirígió su defensa su gobernador Alvai-ez. Para tbanifestar lt> 
que hizo este desde que se encargó de su gobierno, fuera preciso 
copiar letra por letra la relación de la defensa dé Gerona en 1809, 
hecha por los que fueron sus compaSeros de gloría y de peligros. 

Solo haciendo una pintura del estado del país en aquella época; 
solo siguiendo los pasos de los ejércitos ffanceses que sitiaron aque- 
lla plaza y dando cuenta de los terríhles, repetidos y satigrienlos 
asaltos con que en vano procuraron apoderarse de ella; solo sin 
perder de vista á los generales y mariscales franceses que por es- 
pacio de ocho meses hicieron desesperados esfuerzos para conseguir 
SQ objeto ; solo presentando á la vista de nuestros lectores el cua- 
dro sombrío y desgarrador que presentó Gerona deáde loa princi- 
pios del sitio en mayo de 1809, hasta diciembre del mismo aDo, éh 
que el mariscal Augereau entró á ocupar aquella ciudad convertida 
en UD vasto cementerío ; solo asi es como podría darse una idea de 
la grandeza de alma, de la serenidad imperturbable, del valor ver- 
daderamente heroico que manifestó durante aquel famoso sitio su hoy 
célebre gobernador, aquel Alvarez que al ver aproximarse los ej^- 
citos franceses contra una plaza que no tenia sino esCasamebte la 
mitad de la guarnición necesaria' para su defensa, comenzó por dar 
ona orden imponiendo pena de muerte é toda persona de cualquiera 
condición que fuese que hablase de capitular ó de rendirse ; aquel 
Alvarez que al mandar á un baluarte á cierto capitán y Ol pregun-^ 
tarle este cuál habia de ser el punto de retirada, le contestaba áé^ 
camente : la eternidad ; aquel Alvarez que al principio manifestaba 
deseos de sostener su plaza doble tiempo que Zaragoza, y que des- 
pués de cumplido este plazo quería qtie sti defensa durase cuatro 
veces mas ; aquel Alvarez, por fin, que apurados ya todos los re- 
CBiwKde defensa y sin esperanzas de ser socorrido pot los de fuera, 
cuando ya la muerte era en todos inevitable, cuando en \oé ewth- 
pos de guardia y por las calles se veía oaer mnerteá de hambre á 
k» soldados estando de centinela, eufuido ya en los hospitales que 
Bo bastaban á contener los heridos y e^rmos no habia ni alimen>- 
toa DÍ medíeinw, solo daba por respuesta á Iob que la hacían pre- 

TOMO I. « 

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$i ALLADÁ. 

seote la urgentísima necesidad de las subsisteocias: — «Lo mismo 
es morir de hambre que ea las brechas : ó pereceremos todos eotre 
estas ruinas, ó se levantará el sitio.» 

Postrado se hallaba en cama y poco menos que moribundo el 
gobernador Alvarez, cuando entraron los franceses en Gerona, ren- 
didos sus tenaces defensores por el hambre, la enfermedad y la 
muerte. Prisionera de guerra la guarnición, fué conducida á Fran- 
cia, lo propio que su noble gobernador, aunque gravemente enfer- 
mo. Llevado este de cárcel en cárcel, llegó hasta Narbona, pero de 
allí fué conducido otra vez á Catalufia y encerrado en el castílo de 
San Fernando de Figueras, donde le dieron por toda habitación un 
reducido y miserable cuartito en una de las cuadras de caballos. 
En aquel sitio murió, do faltando quien asegura que le fué dado un 
veneno por no oficial francés compadecido de sus sufrimientos, de 
su miseria y de su quebranto. Los historiadores dicen, y dicen con 
verdad, que la posteridad nunca llegará á concebir cómo la nación 
francesa pudo en el siglo XIX tratar tan inhumanamente al hombre 
que por sus grandes y especiales virtudes fijaba entonces y exci- 
tará siempre el respeto y veneración de Europa. 

£1 capitán general don Francisco Javier de CastaDos, al pasar por 
Figueras en 1816 mwdó buscar los huesos del héroe de Gerona y 
los hizo enterrar con tos honores debidos, mandando colocar en el 
calabozo donde murió una lápida para memoria eterna de don Ma- 
riano Mvarez. 

Hoy los restos de este héroe de la independencia, encerrados en 
una modesta urna, se hallan en Gerona, en la capilla de San Nar- 
ciso, que es objeto de veneración especial por parte de los gerun- 
denses como patrón de su ciudad. £1 mártir de la independenqia y 
de la patria está al pie del ara del mártir de la religión y de la fe. 



AIJÜA.DA («nUe de ím). 

Se llega & ella por la dek Cardert y se sale por la deis Ástaho- 
nadors. 

Es el de esta^calle un nombre frivolo y hasta ridiculo, que debió 
serle aplicado sin duda por el vulgo ignorante. Corresponde en cas- 
tellano á ajada ó á ajiaceyíe. 

Nombres como este lau mezquinos y mas ridiculos aun hemos 



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AMALIA. — AHAEGÓS. 55 

de eaeontrar al citar otras calles, debiendo advertir, siquiera sea de 
paso, que no sucede solo esto en nuestra ciudad. En Valencia hay 
UDft calle que se llama de Cagalabraga y por el vulgo de la Cagona, 
eu Salamanca otra que se titula de Baspagaios, y cq Madrid han 
existido hasta hace poco las de Arrastra-culos, del Cuerno y de En- 
horamala vayas. 

Debe tenerse presente que la imposición de nombres, en parti- 
cular con referencia h las calles antiguas, ha sido las mas de las 
reces debida á uo hecho privado é insignificante, á la para casua- 
lidad Ó al mero capricho, y k veces también á pasiones mezquinas 
y raines. 

jUEAIiU. [calle 4e Im). 

Tiene sn entrada por la de San P(Ah y su salida por la de la 
Cera. 

Púsose á esta calle cuando se abrió el nombre de la reina dona 
Josefa Amalia, otra de las esposas que tuvo Fernando YIII, en re- 
cuerdo de la venida de dichos regios coasortes á Barcelona, donde 
efectuaron su entrada el 1 de diciembre de 18S7 y donde fueron 
recibidos con entusiastas y ostentosos festejos. 

Existe otra calle á la cual se entra por la de San Ántomo Abady 
se sale por la misma de la Cera, que lleva el mismo nombre que 
esta de que nos ocupamos. Para distinguirlas, se llama á esta otra 
calle pequeña de Amalia. 



AHAKCI09 (cMIe d«N]. 

Principia en la calle de Condal y termina en la de Monlesion. 

Primeramente se babia llamado den Salaverl en memoria de una 
distinguida fomilia de este apellido, y luego tomó el nombre deis 
Frares del sach porque en ella ó en sus inmediaciones vivieron unos 
frailes agustinos reformados, de la orden de la Penitencia de Jesu- 
cristo, instituto muy austero, quienes por la pobreza de su sayal á 
nodo de saco, fueron llamados por el vulgo frares del sach ó sea 
frailes del saco. 

Ed tiempos mas modernos ha pasado á llamarse den Amargos, 



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R8 ANA. 

sin que sefMiiM)» á qué debe atribuirse el origen de este Bombre, 
como DO sea referente k uoa familia de este apellido. 



Comienza es la rambla de los Estudios y desemboca eo la plaxa 
de Santa Ana. 

Tom^ su Dombre de la colegiata de este título que se erigió en 
ella. La fábrica de este edí6cio comeuzóá levantarse en 11 Jl, sien- 
do terminada en 1146, lo cual le da la respetable anligiiedad de 
mas de siete siglos. Levantóse este edificio para los canónigos de san 
Agustín, quienes hubieron de abandonar su monasterio de Sao Pa- 
blo del Campo á causa del peligro que corrian morando eo él, por 
las guerras de que era entonces teatro CalaluQa. 

NiDgvoa paiticularidad notable otrece el templo, que hoy es ana 
de las parroquias de Barcelona. En la capilla llamada del Sacramen- 
to se ven algunas pinturasdebidasá Juncosa, pintor catalán de bas- 
tante fama, y al entrar en la iglesia, ¿ mano izquierda, detrás de 
la pila de agua bendita, hállase el sepulcro del ilustre catalán doa 
Miguel de Boera que asistió como jefe superior á las conquistas de 
Trípoli, Bujia, Oran y Masalchebir, y que fué nombrado general de 
las galeras de EspaQa por Carlos Y, habiendo tomado parte ya an- 
teriormente conu) general en la batalla de Ravena en la época deFer- 
nando el católico. 

Junto á est^ iglesia, pero mas moderno que ella, se ve un her- 
moso claustro de pintoresca y poética perspectiva. Al otro lado del 
claustro se alzaba el edificio de la antigua colegiata, en uno de su- 
yos salones celebró el rey Fernando eleatóüco las Cortes de 1493. 
Hoy solo quedan algunas ruinas en aquel sitio. . 



AKA (eaUe *m mh«»}. 

i} fin de la calle aaterior se halla la plaza de Santa Ana, en la 
onfü desejnhscan, á mas de la indicada, las deis Archs, Capellanes, 
Gobernad, Moniesion, Cotidal, puerta del Ángel, Tripó, Canuda y 
Cucüfulla. 

^vsü%n. «9 esta, plaza, no bace aun muclios aDos, grandes é in- 



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AISA. 57 

mensas casas, verdaderos palacios, pertenecientes á familias de la 
nobleza catalana. Todavía quedan algunas, pero van desaparecien- 
do como ba sucedido con las otras, para bacer lugar k edificios mo- 
dernos. 

Antes habia en este panto la iglesia de clérigos regulares teali- 
nos, vulgarmente conocida por San Cayetano. Todavía existe hoy, 
pero no está abierta al culto. Guando la estincion de los conventos, 
este templo y el edificio contiguo fueron destinados por el cuerpo 
municipal á. universidad. Abriéronse en este convento á fines del 
1837 cátedras de jurisprudencia y otras para que los estudiantes 
no hubiesen de pasar á Cervera arrostrando los peligros á que les 
esponia entonces la guerra civil. Mas tarde se destinó para vivien- 
da de militares pobres. 

En este edificio, que ha servido para varios usos, y entre otros 
para teatro de aficionados, tienen faoy sus escuelas y cátedras los 
sordo-mudos, los ciegos de ambos sexos y el Orfeón barcelonés, es- 
tablecimientos sostenidos todos por la corporación municipal. 

La escuela de sordo-mudos se abrió en 1816 : se suspendió en 
1823, volvió á abrirse en 1843, uniéndose á la de ciegos en 1838. 
— La de ciegos fué inaugurada en 1820 : cesó también en 1823, 
se restableció en 1831, y se unió á la de sordo-mudos en 1838. 
Los educandos de las escuelas de Barcelona son todos estemos y 
pueden calcularse del modo siguiente : Sordo-mudos, 30. — Sordo- 
mudas, 12.— Ciegos, 60.— Ciegas, 16.— Total, 118.— Un regla- 
mento que se formó en 1861 establece las enseñanzas religiosa, 
moral, intelectual é industrial ; así como los sistemas y elementos 
precisos y conducentes para la marcha regular y progresiva del es- 
tablecimiento. 

En cuanto al Orfeón barcelonés está dirigido por el inteligente 
profesor D. Juan Tolosa, que es el propagador de los coros orfeó- 
nicos en CataluQa. 

S^on dice D. Antonio de Bofarull en su Gma Cicerone, la cúpu- 
la de esta iglesia y el lienzo de claro oscuro que habia en el pres- 
biterio eran obra de Tramultasbijo; la estatua de san Cayetano que 
habia sobre la puerta, del escultor Sala; y la de mármol ({el altar 
de piedra del crucero era de Serra. La iglesia y el convento databan 
solo de 1666. 



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58 ANCHA. 

Se hallan también en esta plaza la iglesia y convento de Nues- 
tra SeDora de Hobtesion, que ocupan las religiosas de la orden de 
santo Domingo. Datan estos edificios de principios del siglo XV. 
Nada de particular tiene el templo, pero el claustro es una de las 
mas bellas y preciosas obras de aquella época. 

A consecuencia de los sucesos de 1835 las religiosas de santo 
Domingo salieron de su monasterio, pero once aQos mas tarde fue- 
ron devueltas ¿ su retiro. En este intervalo el convento sirvió de 
Liceo de música y declamación, y se arregló un teatro bastante ca- 
paz, que, á mas de ser punto de cita de la buena sodedad barcelo- 
nesa, fué plantel de jóvenes y mas tarde distinguidos artistas. En 
aquella escena nacieron k la vida de la gloria algunos de nuestros 
hoy primeros poetas y no pocos de los artistas que asf en el canto 
como en la declamación han figurado en primera línea. 



AHCHA [Mlte). 

Es una de las calles mas principales y mas estensas ^e Barcelo- 
na, muy distiguida y nombrada en tíeñfpos antiguos por los mu- 
chos edificios que en ella se levantaban pertenecientes á nobles fa- 
milias. 

Se estieode desde la plaza del duque de Medmaeeli hasta la calle 
de Águllers. 

Ed antiguos tiempos tenían lugar en esta calle las carreras de 
caballos, por lo cual en 15S2, para evitar desgracias, se mandó 
quitar su enlosado, dejando soto dos aceras de él, de seis palmos de 
ancho, desde la calle de los Cambios viejos hasla la casa del duque 
de Soma, reedificada después por el duque de Sessa, y conocida hoy 
por casa de Larrad. 

Las memorias y dietarios de la ciudad hacen frecuente referencia 
á grandes casas-palacios que existían en esta calle. Una de ellas la 
citada del duque de Sessa y Soma, donde en 1551 se aposentaron 
los reyes de Bohemia y Hungría á su paso por esta ciudad ; otra 
que se llamaba casa del infante, donde en 1538 murió don Fadñ- 
que de Portugal ; otra titulada del arzobispo por pertenecer al de 
Tarragona, la del marqués de Villafranca, la del conde de Santa 
Cotoma, y muchas y muchas otras que debiao ser notables por su 
grandeza y majestad. Hoy la mayor parte de estas casas ha des- 



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ÁNCEL. 59 

aparecido para hacer logar k edificios de coostruccíoo moderoa, y 
otras bao sido recovadas, después de haber pasado casi todas á ser 
propiedad de coDOcidos banqueros ú opulentos comerciantes. 

En esta calle tiene su casa la familia de Amat, que ha contado 
entre sus individuos varios hombres célebres, entre ellos don Félix 
Amat abad de Sao Ildefonso y arzobispo de Palmira, y don Félix 
Torres Amat obispo de Astorga y autor de muchas obras impor- 
tantes, una de ellas el Dtedonario de escritores catalanes. 



ÁnrCEIi (pl«Bft del). 

Vanos nombres ha tenido esta plaza, á la cual confluyen las 
calles de la Platería, Princesa, MU, Boria, Tapineria, bajada de la 
Cárcel, Jaime I y Batea. 

Se llamó primerameilte deh Corretjers, cuya denominación se 
debe á los correjeros que debieron exsistir en bastante número en 
este punto, y que se dedicaban en otros tiempos á trabajar en lo 
que actualmente los guarnicioneros, sobre todo después de la in- 
troducción de los coches. Los coches se introdujeron en EspaQa en 
el reinado de Garlos I, pero en 157'7 fueron prohibidos por ser el 
oso de los carruajes vido infernal, según las memorias y escritores 
del tiempo. A mediados del siglo XYI estaban ya introducidos los 
coches eo las capitales de la Corona de Aragón, y entonces debie- 
ron tomar mayor importancia los correjeros, que á la vez traba- 
jaban también las sillas de montar. 

Se cree que el primer coche que se vio en Barcelona fué eo 1559. 
Efectuaron su entrada en dicho aQo el virey y lugarteniente don 
García de Toledo y su esposa doDa Victoria Coionna, quienes traían 
un carro tot daurat de dins y de fora á la italiana, tirado por cuatro 
caballos con guarniciones de terciopelo. 

DeDominóse asimismo esta plaza del Blaí 6 sea del Trigo, por 
ler en ella principalmente donde se vendia este cereal ; y deis Ca- 
hrits, porque era el sitio de venta de los cabritos y corderos eo las 
vísperas de Pascua. 

Su nombre actual del Ángel hace referencia á un milagro que el 
votgo, siempre crédulo y dado á lo maravilloso, supone acaecido «i 
este punto. 



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60 A^(iEL. 

Refiérese que por los anos de 8*78, en tiempo del obispo Froo- 
doioo, fueron hallados los despojos mortales de la vírgeo prolo-már- 
tlr santa Eulalia debajo del altar mayor de la primitiva Iglesia de 
SaDta María del Mar. Acordóse su traslacioo, lo cual se hizo coa 
gran fiesta y devota pompa, pero' al pasar la comitiva por el sitio 
que es hoy plaza del Ángel y entonces era campo, hizose inmóvil 
la urna y tan firme, que los que la llevaban no la pudieron mover. 
£q tal lugar hubieron dedejarla hasta el día siguiente, y cuando de 
nuevo acudieron los magnates, los prelados y el pueblo al sitio de la 
ocurrencia para decidir si se harían nuevos esfuerzos para llevarse el 
cuerpo santo ó se le alzaría en a(¡uel punto una capilla, vióse apa^ 
recer en los aires el santo Ángel de la Guarda que cruzó rápida- 
mente el espacio seQalando con el dedo la vecina puerta de Barce- 
lona, como indicando que ya podia ser llevada la urna i su des- 
tino. 

En memoria de este prodigio se colocó una imagen de la proto- 
mártir patrona de Barcelona sobre el arco de la puerta de la ciudad 
quese hallaba entonces allí, ocupando el punto donde hoy termina 
la bajada de la Cárcel, y que fué llamada mas tarde por esta cir- 
cunstancia Puerta de Santa Eulalia . 

Siglos mas tarde, en 1618, cuando ya la ciudad se hubo ensan- 
chado por aquel punto y aquel sitio habia dejada) de ser campo 
para ser plaza deis Corretjers ó del Btat, mandóse erigir en el cen- 
tro de la misma, como recuerdo de la tradición, un obelisco de 
mármoles azules y blancos, en cuya cúspide se puso una figura .de 
bronce sobredorado representando á un ángel en actitud de seQa- 
lar con la mano i: ; Barcelona sobre la cual apa- 

recía la estatua d< n la derecha el suelo ó sea el 

lagar donde Dios lagro. Circuía el monumento 

un enverjado de b 'o lados del pedestal se leían 

otras tantas inscripciones latinas que referían el hecho. 

La puerta de Santa Eulalia se abría entre dos torres, la una que 
ha existido hasta hace muy poco tiempo en que ha sido derribada 
como lo restante de todo el edificio para construir las casas que 
hoy se alzan allí, y la otra que formaba parte del castillo llamado 
Cattnm vetus y ocupaba la parte derecha del portal. Esta tor- 
re, de cuya secular antigüedad nos hablan los cronistas, algunos 
de los cuales dicen que cootaba 3,000 ados, se desplomó á últimos 
delaDo ni4 quebrantada, mas que por su respetable vejez, por 

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ÁNGEL. 61 

los estragos que en ella ocasionó el bombardeo de las tropas de Feli- 
pe V daniDte el sitio memorable de aqael aQo. Cod su caída aplastó 
esta torre vanas casas de sus alrededores y destruyó en gran parte el 
obelisco citado, que se reparó eu lli7, pero fué completamente de- 
molido eu 1823, como también el arco de la pijería que servia k la 
sazón de cárcel y su colosal imágoD . Se reediBcó luego el arco, y en- 
tonces se puso otra estatua pequeQa de Santa Eulalia en un ángulo, 
pero todo ha desaparecido en estos últimos a&os, quedando solo sub- 
sistente la Ogura del ángel, la cual se colocó en la esquina que forma 
la plaza con la binada de la Cárcel, á mitad de la altura del edi0cio. 

Esplicado ya el origen de so nombre, vamos á otro recuerdo de 
esta plaza. 

Cuando lucia para CataluDa el sol de sus libertades Torales, en 
este sitio se acostumbraba á convocar el somaten, siempre que es- 
taban la patria ó sus instituciones venerandas en peligro. Todos los 
hombres de la ciudad, aptos para el servicio de las armas, debian 
reunirse en la plaza del Blat ó del Ángel, inmediatamente después 
de la proclamación del somaten. 

La palabra somaten procede de so metení, somm mittendo, me- 
tiendo ruido. 

El Consejo de Ciento, cuando lo creia necesario, convocaba á so- 
maten, y esto se hacia saliendo el Veguer á recorrer las plazas pú- 
blicas mas príneipales, acompaOado de sus dependientes que iban 
agitando por el aire manojos de yerbas ó matas encendidas. Parán- 
dose el Veguer en cada plaza, mandaba leer el usaje conocido por 
Princeps namque, que era el llamamiento á todos los subditos para 
acudir en ausilio de su príncipe, y terminada la lectura, daba el 
grito de iViaforal es decir: ¡afuera, al campo, á la calle! contes- 
tando á este grito la muchedumbre con el de \Somaíenl Al mismo 
tifinpo sonaban las campanas tocando á rebato, se encendiao ho- 
gueras en torno de la ciudad, todos los gremios sacaban sus tande- 
as, 'y el Consejo mandaba enarbolar la célebre de Santa Eulalia, 
lo cual se hacia con vistosa ceremonia, conforme en otro lugar ten- 
dremos ocasioir^ deojr. 

Efectuada esta ceremonia y reunida la gente en la plaza del kn- 
gel^jÜist^bufanse armas á los que no las tenian, agregábanse ásQS 
gre^lt los que <)e ellos eran, dividíanse en compaDias y cada uno 
mardiaba al puesto qse le era designado. 

Tomo I. 9 

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62 ANGELES. — ANTONIO ABAD. 

Salen á ella las calles de ios Ángeles, Elisab^ y MorUakgre, y 
se deDomina así por levantarse en este punto el convento de reli- 
giosas de la orden de penitencia de Siutto Domingo llamado de 
Nuestra SeQora de los Ángeles. 

En 119*? se trasladaron estas religiosas, desde Caldas de Mont- 
buy, en donde se hallaban establecidas, á esta ciudad, pasando á 
habitar una capilla extra-muros conocida por Ntra. Sra. de los Án- 
geles ; pero en 1561 se les dio permiso para edificar el actual con- 
vento en el sitio ocupado por una ermita titulada del Pm de la Creu. 
Desapareció esta y en su lugar se alzó la fábrica del edificio actual, 
que quedó concluido antes de finalizar el aOo 1562, y que fué poco 
á poco engrandeciéndose. 

Durante el periodo de 1835 & 18i6 en que la revolución sacó i 
las monjas de su retiro, este convento sirvió de casa de corrección 
para personas de ambos sexos. 

Hoy vuelven & habitarle las religiosas. 

ijVCEIiEfl (caUedelu). 

Esta calle que va de la del Carmen k la plaza de que se acaba de 
hablar, llamóse en tiempos antiguos den Company, pero perdió su 
nombre para tomar el que boy tiene cuando en 1562 se trasladó el 
convento de Ntra. Si á la plaza así por lo mismo 

denominada. 



Comienza en la plaza del Padró y termina en la puerta llamada 
de San Antonio que da salida al campo. 

Existe al estremo de esta calle, contiguo á la puerta, el que un 
dia fué convento de canónigos regulares de San Antonio Abad, fun- 
dado en 1151 por don Bereoguer de Biancha, comendador de Cer- 
vera. Estaba destioada principalmente esta casa á hospital para la 
curación del mal que se llamaba vulgarmente de San Antonio, y 



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AIVTONIO ABAD. 63 

qaedó estinguida dtcha corporacioo eo el reinado de Carlos III por 
la escasez de individuos. 

A.aa residiao dos en la casa cuando en 1 8 1 5 se bizo real donación 
de la misma k los padres escolapios, con la obligación de pagar una 
pensioD á dícbos dos individuos. Desde entonces este local fué des- 
tinado para las Escuelas Pias, donde aun subsisten, quedando esta- 
bleada desde aquella fecha la enseQanza gratuita que dan estos pa- 
dres. 

La iglesia de este ediScio, que nada ofrece de particular y nota- 
ble, se llama como aotigtamente de San Antonio por estar dedica- 
da k este santo. 

Hay en Barcelona nna costumbre singular, de la cual debe darse 
cnenta tratándose de la iglesia de San Antonio Abad. El día de este 
noto concurren h esta iglesia para la bendición de las bestias los 
gremios ó cofradías de arrieros y cocheros, vestidos con la mayor 
ostentación y precedidos de sus banderas y músicas, para dar tres 
vueltas por la calle al rededor de la iglesia del santo, á lo que lla- 
man vnlgarmeote Lot tres (oms. Antes llevaban colgadas del brazo 
ó del arzón de la silla de sus caballos , enormes roscas llamadas 
torklls, de ana esquísita pasta. Hoy se ha perdido esta costumbre, 
pero en cambio los jóvenes que pasean la calle de San Antonio y 
también las demás de Barcelona, jinetes en lujosos y enjaezados 
caballos, acostumbran á llevar atadas al brazo derecho cintas de 
colores, regalo y don de sus novias. 

La puerta, de la cual se ha halla al fin de esta 

calle y que no tardará en desa r la ciudad antigua á 

la moderna, no es boy sombra Is hoy una sencilla 

puerta provisional que se alzó de la derribada al 

ow las.fpurallas en 1854 para dar ensanche á Barcelona. En tiem- 
pos antiguos, por el siglo XIV, llamósela pnerl 
pnes, al ser reedificada y convertida en una es] 
tituló de San Anionio. 

Varias veces fué enarb(Ma en esta puerta li 
Santa Eulalia, pendón de guerra de la milicia ci 
iil.'S&jliarbolaba, después de haberlo sido en : 
iHimmkttA por la cual debia salir la hueste pi 
migoá'de la Cerra ó pva vengar algún agravio 

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6 i ANTONIO ABAD. 

na. Vamos k dar una idea de las ceremonias que coo este motivo 
teniaD lugar, estraclando de los libros y dietarios de ouestro archi- 
vo muDicipal la relación de lo que se hizo una de las veces que du- 
rante el siglo XVi fué llevada ¿ esta puerta la citada famosa ban- 
dera. 

A principios del aDo 1S88 hubo de pasar k Madrid para cierta 
misión el conceller en cap de Barcelona, que lo era entonces Galce- 
rao de Navel. Según costumbre y antiguos privilegios, en cuantas- 
poblaciones halló á su paso entró con safemnidad, vestido con su 
gramaila, llevando delante los maceres con sus mazas levantadas. 
En todas las ciudades se le recibió como á quien representaba, tan- 
to á la ida como á la vuelta, menos en la de Tortosa. Los procu- 
radores y Consejo de dicha ciudad hicieron intimar de su parte al 
conceller cuando se disponia á entrar en ella, que no se atreviese 
en manera alguna á hacerlo con insignias consulares y con mazas 

n y Qo lo permili- 

rmanecer en aquel 
lacerlo con los ho- 
ajador de Barcelo- 
pado con noticiado 
laciudad,y ooovo- 
te alzar la buidera 
100 hombres pasase 
} y hacerle tributar 

acostumbrado, de- 
ciudad. Se encargó 
Jidas grandes foga- 
perm aneció durn- 
iceller segundo Fe- 
iller en cap por la 

iudad los cónsules, 
estamentos, oficios 
; la deliberación de 
) qae enviaría cada 
Lquel mismo dia se 



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ANTONIO ABAD. 65 

decidió oonaisionar i Sebastian Masselleres para pasar á Tortosa coq 
orden de requerir á los de esta ciudad qae se diese paso y se tributa- 
sen l(s bODores debidos á Galcerao de Ñevtl, so pena de ser respon- 
sables de las desastrosas consecueDClas que iban 6 ocasionarse. Gd 
seguida procedieron los concelleres á nombrar los jefes y oflciales de 
la bueste ciudadana que debía salir á campana con la bandera, y 
quedaron elegidos coronel y capitán de toda la hueste cl conceller 
segundo Federico Roig Soler, alférez gonfalonero ó abanderado don 
Miguel Agüitó, sargento mayor don Galceran Armengol, y asilos 
demás capitanes de caballería, de infantería, de artillería etc. 

El 8 se pregonó por calles y plazas á son de trompetas que al día 
signlenle seria trasladada la bandera de Santa Eulalia con todo el 
cerenMoial correspondiente á la puerta de San Antonio, puesto que 
de ella había de salir á campafia con la hueste muy próximamente. 

El sábado día 9, reunidos á primera hora de su lardeen la pla- 
za y casa de la ciudad todos los que habían sido previamente con- 
TOtÁdos, diputados y oidores, cónsules de la mar, caballeros y no- 
bles, personas distinguidas, procuradores y prohombres délos gre- 
mios etc. etc., después de una estrepitosa salva de arcabucería con 
que fué saludada la bandera, comenzó á desfilar la comitiva par- 
tiendo de la plaza de San Jaime y pasando por las calles de la Bo- 
caría y Hospital en linea recta á la puerta de San Antonio, pues 
segiD en los libros y ceremoniales antiguo consta, siempre que se 
sacaba la bandera de la ciudad debía llevarse por el camino mas 
corto y recto al punto destinado. 

Rompía fe marcha la compafifa de los calceteiM, libreros y otros 
cuyo. capitán era José de fiellafila, con su bandera de campo, «eo 
forma de soldados y gente de guerra,» según dicen los dietario?. 

Seguían después los tres timbaleros de la ciudad con sus sobre- 
vestas de damasco y el escudo con las armas de Barcelona eu el 
pedb, y w pos de ellos dos trompetas con el mismo traje. 

A eontíüoacion iban las cofradías ó gremios con sus respectivos 
penéones de guerra, marchando por el orden siguiente : los caroi- 
oeros, los carpinteros, los blanqueros, los hortelanos jóvenes, la 
cofradía de Sania Eulalia, los trajiaeros de mar, los albaniles, los 
iaitaixos (mozos de cordel), losdagueros, los marineros, los barque- 
iMtM&ifcecadores, los vidneros y alpargateros, los revendedores, 
los' U Mp tfb s, los manteros, los toneleros, los colchoneros, los taber- 
neros y hostaleros, los pellejeros, los bortelaoos, los vayneros, los 

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66 ANTONIO ABAD. 

espaderos ylanceros, los coraceros, los tejedores de lana, los pasa- 
rnaaeros, los sombrereros, los roperos, los calceteros, losalgodooe- 
ros, los zurradores de píeles, los jóvenes tejedores, los canteros, los 
ladrilleros, los herreros de la Puerta Nueva, los horneros y panade- 
ros, los jóvenes sastres, los tapineros, los herreros del Regomir, los 
zapateros, los curtidores, los plateros y los sastres. 

Detrás de los gremios iban seis trompetas con sobrevestas y ban- 
deras de damasco con las armas de la ciudad ; luego dos atebales 
de guerra con dos pífanos ; y en seguida el gonfalonero ó alférez, 
i caballo, llevando la bandera de Santa Eulalia. Iba D. Miguel de 
Agulló armado en blanco, con plumas en el morrión y jinete en un 
caballo encubertado con gualdrapas de tafetán carmesí y ribeteadas 
de flecos de oro. 

Seguía después el caballo de guerra del conceller-coroDel, el cual 
estaba encubertado de terciopelo carmesí con flecos de oro y seda, 
ostentando en el pecho y en las nalgas los escudos de la ciudad 
bordados de oro y seda. Cabalgaba en él un paje de dicho conce- 
ller, vesüdo también de terciopelo carmesí, cubierta la cabeza c«a 
un morrión dorado de muy gentil forma y llevando en la mano nn 
bastón de cuatro palmos redondo y dorado con las armas de la ciu- 
dad , que era el bastón de la capí tañía . Rodeaban al caballo y al paje 
varios lacayos del conceller, muy apuestos y ataviados. 

Marchaban luego los dos verguerosó porteros de los cónsules de 
la Lonja, los dos de los diputados con sus mazas y los de la ciu- 
dad. 

En seguida el ¡potación y los dos vergae- 

ros de los concell con sus mazas altas. 

Iba después el oig Soler, coBceller, vestido 

con su gramalla montado en una muía que 

llevaba guaidrap lo á su derecha el conceller 

tercero Francisco Guomis y á su izquierda el diputado militar Fran- 
cisco Grímau. Seguían á estos, todos á caballo y con lujosos trajes 
de gala, los demás concelleres, el dtputado real, los oidores, el 
prior de GataluDa, los cónsules de la Lonja y muchos nobles, ca- 
balleros, mercaderes, artistas y menestrales. 

Cerraba por üa la marcha el seQor don Bernardo de PÍdós con su 
compaQía de los pelaires, todos armados en guerra con su bandera 
de campo. 

Llegada con este orden y concierto la comitiva á la puerta de Saa 

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AKAGdN. 61 

Antonio, descabalgó el conceller Roig Soler, .y tomando la bandera 
de manos de don Miguel de Agulló, la sacó 6 una veolanitaque es- 
taba entre las dos torres de la puerta, {Moiéadola sobre ud dosel 
de seda allf preparado, siendo saludada con una gran salva de ar- 
eabucerfa por los gremios que babiao ido á formarse en linea de 
batalla fuera de la puerta, eo el glacis. 

Quedó daudo guardia á la bandera la compaDía de los pelaires, 
a] mando de don Bernardo de Pinos, que contaba quinieotos arca- 
buceros, y también se acordó que allí debia quedarse el concelter- 
Goronel, para quien se mandaron habilitar las estancias de la for- 
taleza lo mejor que se supo y pudo. Alli en efecto permaneció Roig 
Soler mientras estuvo la bandera. 

Pocos días estuvo, pues no tardó en saberse que la ciudad de 
Tortosa babia cedido en sus pretensiones á consecuencia del reque- 
rimiento que le biciera la de Barcelona. En su vista, y abierto paso 
lü conceller Navel conforme se deseaba y era de razón y derecho, 
se acordó volver la bandola á la casa de la ciudad suspendiendo la 
«•mpaQa, lo cual se efectuó con el mismo ceremonial, pasando á bus- 
<9da los gremios y autoridades populares á la puerta de San Anto- 
nio con idéntica gala y pomposa fiesta. 

Existen k mas otras tres calles del mismo nombre que la de que 
aquí se firata : la de San Antonio de Padua que atraviesa desde la 
de la Cadena á la de San Gerónimo ; la vulgarmente llamada de 
San Antonio deis Sombrerers, cuya entrada es por la calle de los 
Sombrerers teniendo su salida en la de Baños viejos; y la de San 
Antonio k secas que partiendo de la nueva de San Fronmco no tie- 
ne salida, viniendo á ser un azucach que es como en la antigua Ien< 
gua catalana se llamaban las calles sin salida. 



Es el nombre que se ha dado á otra de las que formarán parte 
del ensanche A sea de la nueva Barcelona. Debe atravesar desde la 
de Marina k la de Liobregat: 

Ftetl es de comprender hi idea que se ha tenido en cuenta para 
denomioarla así. Es uo recuerdo prestado á la antigua Corona de 
iragott, de la cual formaba parte Caialuaa. Se ha querido dar el 



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68 AKiGON. 

nombre de Aragoo ¿ nna de las Duevas calles para perpetua r«cor- 
daaza de aquella naciOD aguerrida, hermaDa nuestra ud día, junto 
con la cual tao altos y gloriosos hechos llevaron á cabo nuestros an- 



Duranle algún tiempo hau podido tenerse olvidadas las memorias 
de aquellos heroicos tiempos, debido esto al absolutismo que desde 
'1114 habia hecho pesar su atmósfera de plomo sobre estas tierras, 
pero ya boy, afortunanameote, puede evocarse la santidad de los an- 
tiguos recuerdos con la confianza de despertar las fibras que solo 
estaban dormidas en los corazones patriotas. 

Creemos que puede ser aquí de oportunidad, pues se trata de 
este punto, trasladar las odas con que oficialmente se saludaron las' 
ciudades de Barcelona y Zaragoza, el dia que se inauguró la via fér- 
rea entre ambas capitales. Son composiciones poéticas poco conoci- 
das, y no estará de mas concederles un lugar en estas páginas, 
pues en ellas se ve espresado el sentimiento que ha inducido hoy 
á bautizar con este nombre la calle de que nos ocupamos. 

BARCELONA Á ZARAGOZA. 



ODA 

CON QüE SALUDA A LA CIUDAD SIEMPRE HEROICA 

EL HUNTtMIENTO CONSTITUCIONAL DE BlRCELONi 

- CON HOTIYO 

DE U yii FÉRREA EjüS DESDE HOÍ EffllíA Á AMBAS CAPITALI3. 



Tu hermana soy, ciudad augusta. Un dia 
las naciones eatrañts nos miraban 
UDÍdas combatir: nuestras legiones 
triuoCtntes siempre por doquier pasaban, 
y era polvo de gloria el que aventaban 
los aires al rasgar nuestros pendones. 
Corte las dos de reyes inmortales 
que eran héroes al par, un mismo cetro 
is robustas manos sostenian : 
is sienes murales 
nísma corona se ceáiaii : 
acioD que unidas levantamos, 
nÍ(Ml pendón, tuyo era el nombre, 
nosotras fué, para memoria, 
ernal renombre, 
si común la virtud, común la gloria. 



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ARAGÓN. 69 

¡CatalvSal ¡Aragm! Aoto estas Toces, 
grito de guerra de una hueate brava, 
tembló un día el poder del sarraceno, 
la mar un día despertóse eeclaTa. 

/CafoJuña.' ¡Aragón! Con estos nombres, 
siempre gemelos en honor y en gloría, 
nuestros hijos peleaban, 
y coD ellos yencian, 
y por ellos su sangre derramaban. 
Nombres santos de amor para ellos ftieron 
en los tiempos gloriosos, 
oíando en Sicilia, Córcega y Calabria, 
de Ñapóles la bella 
en la campiua eternamente hermosa, 
de la rica Stambul en las almenas 
y en las vencidas cúpulas de Atenas 
clavaron altanera, 

del mundo envidia y de lámar señora 
la de las Bamu federal bandera. 

Hermosos tiempos \ ayl los tiempos naestrost 
Entonces cada dia, 
en brazos uoa de otra, 
sus mismas sombras un laurel nos daba: 
cantos amilladores 
que nuestras glorias bélicas loaban 
alegres nos dormían, 
sonorosos rumores 
que ecos cien de victoria oos traían 
dulces nos despertaban. 
Has, si pasaron ya tan nobles tiempos, 
por vínculos de bierro hoy enlazadas, 
radiante á nuestros ojos se presenta 
un nuevo porvenir. En apartadas, 
en lejanas comarcas algún dia 
de la conqui sta en nombre y de la guerra 
pudieron acampar nuestras legiones, 
y absortas nos mir; ron las naciones 
y á nuestro paso retembló la tierra. 
Hoy de la paz y la razan en nombre, 
hoy de la libertad ; del pr<^resa, 
fraternalmente unidas ante el ara, 
como ayer nuestras vidas enlacemos, 
y, viviendo en la vida de la historia, 
en la afina luz del siglo encontraremos 
con que vivir la vida de la gloria. 
Unidas como ayer, hermanas siempre, 
aun pueden nuestros nombres por la tierra, 
como nombres de gloria resonando, 
hacerte respetar por todas partes, 
y lo que un día (tiiroos por la guerra, 
hoy, á la ciencia altares elevando, 
seremos por la industria y por las artes. 
TmoL (* 



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79 .AR\Gon. 

Si no día separadas 
nos Timos con dolor, si roto el lato 
que Trateroal aU nuestra eiisteocia, 
nos fimos per el hado condenadas, 
¿Dgnsta, hof vuelvo á ti. Iji ProTidencia 
abre á mii pasos venturosa via, 
7 luce hermoso el día 
de un porvenir espléndido j sereno 
que de santa hermandad une los latos, 
para que tú me acojas en tu seno 
de nuevo al arrojarme entre tus braws. 



A esta poesía que per recargo del Ayuntamienlo escribió el autor 
de la presente obra, se contestó con la siguiente bríllaote oda: 



ZARAGOZA A BARCELONA. 



OSA 

CO» QOB IBSPOISDE i U CAPITAL DEL PBINCIPADU 

EL AYUNTAMIENTO DE LA CIUDAD 8. H., 

con mollvo de )• IniDgaraoian 

DEL FifiBO-CARRIL QUE EEA2A i áMEAB mm. 



Monstruo indomable, sierpe gigantea 
Que silbas por los llanos y montañas, 

Y vives con la sangre 

Del fuego que circula en tus entraliasl 
Reptil inmenso que, asombrando al mundo. 
Cruzas honda canal y^Sreo puente, 

Y te pierdes del monte en los abismos, 

Y en la torcida senda te recoges, 

Y asomas en la margen del torrentel 
Asombro pavoroso que dolieale 
Ayes al viento lanzas. 

El humo al respirar de tus voleaneel 
Bey del espacio y Arbitro del tiempo, 
Vestiglo que, fantástico j sin nombre, 
A polvo redujeras los Titanes, 
T humilde doblas tu cerviz al hombre! 
;Quién eresT ¿qué delito contra el cielo 
Vas á vengar ea la asombrada tierra? 
iQuién abrió del Averno el ancha boca 
Para que tú, rugiendo en son de guerra. 
La cárcel quebrantaras en que Tires, 



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ABA.GON. 

Y la mnert« lleraras en tu aljeato, 
De las irss de Dios nido ipstrameDto? 

Has do: no ya del orbe estremecido 
DÍBCurren por los ámbitos sañudaa 
Fieras ÍDfbnues que abortara un dia 
La indastria de un tirano 

Y de un pueblo infeliz la hntasla. 
Esa que de los campos aolitarioa 
Devora la estension, atrás teodíendo 
De humo 3 llamas su densa cabellera, 
Es del hombre la amiga, 

De la paz y del amor es measajera. 
Esa que Tuentes creará al desierto, 
Esa que surcos abrirá á sus plantas, 
T unirá do los mundos los confines, 

Y brotará en los páramos jardines, 

Y hará 4 los hombres abrazarse hermanos. 
Esa es aparición consoladora : 

jSaludl vengas con bien, locomoteral 
Cual serpiente del piélago marino. 
Surge de las espunias, despedida 
De ftierza ignota : cruza en «a camino 
Del Llobregat j Segre y Cinca airados, 
YdelGáUegoyFItümen 
Las campiñas y rértíies collados ; 
T, cual guiada de inspirado Numen, 
A la maleen del Ebro se reposa ; 
Que en alas del vapor á Augusta llega, 
Listado el regio manto i gules barras, 
Con la luz del saber sobre su (tente 
T en su diestra el tridente, 
La insigne reina, la sin par matrona, 
La mas bizarra entre las mas bizarras, 
La noble, la potente Barcelona. 

No se abrieron de Sálduba las puertaa 
Nunca á tal huésped : ni ella de su pecho 
Subió júbilo tanto hasta sus labios, 
Ella que á Augusto emperador del mundo 

Y al rey Batallador vié' en su recinto. 
Cual hoy que abraza con amor profundo, 
Con ese amor que es fuente de la vida. 
Cual hoy que^ en pos de su común lamento, 
Besa en dulce contento 

La boca de su hermana mas querida. 
Tú, que domaste de la mar la espalda 
Al peso de tus naves vencedoras ; 
Tú que el pendón de púrpura y de gualda 
(lavaste airosa en tas almenas moras ; 
Tú que del moate Tauro ea la honda &lda 
Temblar hiciste á Grecia y á Turquía ; 
Tú que de Italia en el pensil risueño 
T allá en la Libia ardiente 
Qanaste tantos lauros á tu frente ; 
TÚ cuya sangre aun fluye, 



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12 ARAGÓN. 

Cara al tnacé» y cara al africano, 
Ayer del Bruch vertida en la jornada, 
Hoy de Tetuan en el absorto llano ; 
Bien es que ciñas el laurel divino 
Con que premia á los héroes el poeta : 
T, si el canto del bardo no compile 
Al dulce de tus dulces trovadores, 
Toma el amor que á todos alboroza, 
Que quien hoy te corona con bus flores. 
En nombre de Aragob, es Zaragoza. 

Dlcbosaa hoy las dos, que el firme lazo 
Que en bronces ya grabaron los anales 
«Anudan para siempre : feliz día 
Que acuerda las hazañas inmortales 
De aquella sacra via 
Que en el Pirene rompe 

Y corre, harta do sangre, hasta el Oriente, 
T lleva del martirio á la corona 

Entre el hierro y el humo que vomitan 
Los cañones de Silduba y Gerona. 

Ya nunca mas se romperá este nudo : 
Ya Dunca mas se secará la fuente 
De paz y amor y fraternal veotara : 
Que si en diss nefandos alguien pudo, 
Asaz con mano dura, 
A ti en tus muros mantenerte eslava, 

Y aquí romper el código sagrado 
Que vida y dignidad á Augusta daba ; 
Hoy de España en los ámbitos diAinde 
Su aliento perfumado 

Lavfi^en libertad, á cuyo inflt^o 
Bevive á nuevo ser cuanto hay creado. 
Hay trono á la verdad, trono á la ciencia, 
Respeto al hombre, de su Dios imagen ; 
Y, sin que haya barreras que le atajen. 
Ni nada sea fuerte en su presencia, 
Puede volar del líquido elemento 
A la etérea mansión el pensamiento. 
El rey es hora de su pueblo amigo, 
El hombre al hombre hermano : 
Laa naciones se funden, la paz llega; 
No foija ya corazas el villano ; - 
El noble obrero su metal despliega, 
T tiéndelo paciente en larga vía. 
Para que, en brazos del vapor, un dia 
Común á todos sea 
Una nación, un pueblo y una idea ; 
Para que himnos levante de su pecho 
La que fué de Aragón rica corona, 
Al ver que, en lazo estrecho, 
A nueva vida y porvenir renacen. 
Su mano uniendo, Augusta y Barcelona. 



El autor de esta magaifíca oda fué el poeta aragonés D. Jeró- 

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ARAT. — ABCHS. — ARENAS* 18 

oimo Borao, que es oDa de las glorias literañas mas legitimas y 
mas altas del reino de Aragón. 



ARAT[c»Ue<leB). 

Es una travesía que une la plaza de la Verónica con la calle de 
Eicuáillers. 

No hemos hallado otra cosa de particular relativa á esta calle [si- 
no que anteriormente se llamaba dm Burgués, apellido de familia 
catalana muy común. También el nombre que hoy lleva parece ser 
de alguna familia conocida. 



ABCHS [M»Ue ««■•). 

Por medio de ella se comunican directamente la plaza Nae- 
ra y la de Sania Ana. 

Dícese que la primera conducción de aguas á Barcelona se verí- 
fieé por conducto de un puente que se denominó de la Moranía, cu- 
yo puente pasaba por el sitio que hoy ocupa esta calle. Por esto se 
ü titnia en memorias antiguas del Poní de la Moranía. Junto & los 
arcos correspondientes k este puente dice Piy Arímon que se levan- 
taron los primeros edificios de esta calle, comenzando -entonces á 
darle el vulgo el nombre por el cual es conocida en la actualidad. 

Bofarull (Antonio) hace observar en su Guia Cioerone que en la 
casa n.* 7 de esta calle hay una entrada llena de adornos de escol- 
tara, en cuyo centro se descubre una clave por la que cruzan dos 
delicados arcos, lo cual, k juicio del autor citado, proviene sin duda 
de alguna capilla que allí existiría en el siglo XIV. 



ARrarAS («)»U« de IM). 

Hay en Barodona tres calles de este nombre ; la primera parte 
de la de San Pedro baja para concluir en la de San Pedro mejana ; 
la segunda cruza de la de Agullers k la de Cambios nuevos; la ter- 
cera est& en los Escudillers donde empieza, para terminar en la de 
Aratf- 



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7 i AaGENTBBS.— ÁHIBÁU. 

Se dice qne las tres llevan el mismo Dombre porque sns prími- 
tivas casas se fundaron sobre las arenas de la playa que dejaban las 
aguas del mar, & medida que iban retirándose ; pero esta versión 
ofrece alguna duda relativamente á la primera y á la tercerade es- 
tas calles. 



De los Plateros, en castellano. Dan & ella las calles de Burgués, 
Fetma, Malla yAymerich. 

El gremio ó cofradía de los plateros era ano de los mas antigaos 
en Barcelona, tanto que Capmaoy dice ser antiquísimo y de erec- 
ción inmemorial. Las primeras noticias que de él se tienen alcan- 
zan al ano 1301. 

Hay también una calle que se llama de Argmter ó del ArgetUer 
que comienza en la de San Pedro mediana y termina en la de San 
Pedroalía. 

Por lo que toca k la , muy conocida , fa- 

mosa y nombrada en iblaremos de ella mas 

adelante, ya que es ha t>re castellano de Pla- 

tería. 



MMMMAXJ (eMile de). 

Se ha puesto 6 esta calle, que será otra de las que formarím la 
naeva Barcelona, el nombre de don Buenaventura Carlos Aríbaa, 
economista distinguido, poeta selecto, literato consumado, uno de 
los mas ilustres varones con que cuentan las letras catalanas eo este 
siglo. Es autor de varias obras, y está considerado como nnade tos 
primeros, si no el primer regenerador de la moderna poesía catalana. 
Eq 1S63, poco después de su muerte, el consistorio de los Juegos 
florales, del cual aquel ano formaba parte el autor de estas lineas, 
acordó coronar su oda A la patria, magnífica composición que será 
siempre un monumento de gloria y de orgullo para las letras catar- 
lanas, lo cual se bizo en sesión publica y solemne, celebrada en el 
histórico salou de las Gasas consistoriales, por mano de la reíoajde 
la fiesta. 



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ABIBAO. 75 

Hé aqoi los datos biográficos que de este autor hemos po- 
dido reuDÍr, estractándolos del Diccionario de Torres Amaí, de an 
artículo que pocos dias después de su muerte publicó el erudito li- 
terato don José Goll y Yebf, y de hdos apuntes necrológicos que dio 
á luz el periódico La España: 

DoD Buenaveolura Garlos Aribau nació en Barcelona el aDo 
n99. 

Desde niOo comenzó á dar muestras de no vulgar ingenio, y en 
1811 publicó UD tomito de poesías con el modesto titulo de Ensa- 
yos, que merecieron la honra de ser traducidas al italiano. . 

La situación de su Tamilia le obligó á trabajar para vivir, y entró 
en nna casado comercio. 

En 1820, cuando la revolución de aquel afio, publicó un himno 
que comenzaba Libertad, libertad sacrosanta, el cual se hizo muy 
popular. 

De 182S á 18S3 fué secretario de la Diputación provincial de Lé- 
rida, pero luego, á causa de los acontecimientos políticos que surgie- 
ron, hubo de venir á refugiarse en Barcelona, donde ondeaba toda- 
vía el estandarte de la libertad y donde entró á formar parte de la 
redacción del Europeo. 

Pasó luego á ocupar un destino en la secretaría de la Junta de 
comercio, y en 18S6 el marqués de Remisa lo puso al frente de los 
negocios de su casa en Madrid. A ooces su 

célebre oda catalana A la patria, q o al prin- 

cipio indicamos, ha merecido los h 

Fué en Madrid ano de los funda Español y 

también de Eí Corresponsal. 

Has adelante tuvo & su cargo 'la parte rentística ó de hacienda 
del periódico La Nadon, en cuyas columnas sostuvo la teoría pro- 
teccionista, y durante los años de 1SÍ8, i9 y 50 escribió notables 
artioslos en La España. 

Durante sus últimos aDos se faabia dedicado AribaU á estudiar 
casi esclusivamente las cuestiones económicas, y ha dejado inédita 
una obra de hacienda que se dice ser muy importante. 

Murió en Barcelona, & donde habia venido para ver si el aire del 
país natal restablecía su quebrantada salud, el 17 de setiembre de 
1862. 



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76 



AWaXT (eikUede). 

Ya desde la calle de la Librelería k (la de Bércuks. 

Existe UD moDumeDto notable eo este sitio, que merece llamar 
la alencion de los aoticuarios é historiadores. Es una lápida de mar- 
mol negro, cuadrltooga, empotrada en la esquina derecha de esta 
calle entrando por la de Hércules, en cuyas dos caras descubiertas 
hay una inscripcloD que apenas es hoy legible. 

DoD Antonio de BofaruU copia esta inscripción en su Guia Cice- 
rone, y dice lo siguiente; 

«Se halla este mármol que hace dos caras ó un ángulo, en la es- 
quina de la casa que fué de don Bernardo de Requesens y Monta- 
fians y hoy de don Miguel de Gruilles, hacia la parle de San Justo. 
Dicho mármol, que está sujeto ahora con planchas de hierro, á fin 
de evitar que el roce de los carros lo deteriore, es una curiosa me- 
moria romana de Lucio Cecilio Optato, de la tribu Papia ó Papiría 
(descendiente acaso de Quinto Cecilio ó de Granio Optato), centu- 
rión Ó capita ' nombrada Gemine felice y de 
la 15.' Ilami servir en el ejército fué en su 
patria Edil ) le los dioses y de los empera- . 
dores. Al or< a, dispuso de sus bienes con 
liberalidad o \s que se entregasen á la Re- 
pública de B ó talentos, con el objeto de 
fundar con c os de espectáculo y fiestas co- 
munes, que ha ciudad el dia i de los idus 
de junio, qut tismo. llamábanse tales juegos 
PuguHum ó Pugilum que es como si se dijese de las puñadas. Man- 
dó asimismo Lucio en su testamento, que el dia de la fiesta ó es- 
pectáculo, se diese posada fraoca á los que viniesen á verlo, y acei- 
te para untarse á todos los que quisiesen baQarse y lavarse ea'ba- 
ños públicos, cuyos baQos seriao seguramente los llamados banys 
veils de que hablaré al tratar de la calle de su nombre. 

»Lqcío Cecilio hizo el legado, con condición de que si sus liber- 
tos, ó los hijos de ellos, ó los hijos de sus libertas llegasen á tener 
honra de Sevirato, gozasen la honra sin el trabajo del oficio^ y que 
haciendo lo contrario el legado fuese perdido y pasado á la ciudad 
de Tarragona con las mismas condicionas. 



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AROLáS. 17 

»Vese, pues, síd dificultad que ta íDscrípciOD del mármol indica- 
do es la cláusula del testamento de Lucio Cecilio, pareciendo, según 
la figura de la piedra, que serviría de pedestal á la estatua de 
aquel.» 

Antiguamente se llamó esta calle den Magarola, que es el apelli- 
do de ana noble familia catalana. 



ABOIJlS (eaUe ««■). 

Tomó el nombre del apellido Arólas, que es de familia catalana. 
Atraviesa de la calle de la Boqueria á la de Fernando Vil, y anti- 
gaamente se llamó primero den Spereneu y después den Mayms. 

Es una calle hoy muy solitaria y triste, que en otros tiempos de- 
bía serlo mucbo mas todavía. 

En 1 520 tenia salida á esta calle por medio de una reja el jardín 
de la casa en que habitaba el ciudadano Juw de Gualbea, conce- 
ller segundo que fué durante el aOo consular de 1519 á 1520, y 
esta circunstancia nos trae á ta memoria un hecho que hemos leído 
en manuscritos de nuestro archivo municipal y merece ser refe- 
rido. 

Tenia Juan de Gualbes, cuando e bermosa y ar- 

rogante hija de diez y ocho aDos, ( >n los papeles 

antiguos, pero de cuya belleza se d i. Debía ser la 

nina algo coqueta, cuafidad que ha nujeres de lo- 

dos los tiempos, pues es fama que _ a reja , tenía 

frecuentes y nocturnas entrevistas con un gallardo doncel , de cuyo 
nombre y dase no estaría sin duda la niDa bien informada. 

Cierti^iWRiede julio de 1520, á hora ya bastante adelantada. 
penetraban en la calle, que entonces no se denominaba den Arólas, 
tres hombres encubiertos, los cuales acercándose á la reja del jar- 
dín, comenzaron á forzarla con tos instrumentos que al efecto tra- 
jeran prevenidos. Su intento era abrir paso á- !a hija del conceller, 
que debía fugarse aquella noche con su amante. Hubieron sin duda 
de hacer mas ruido del que deseaban para forzar la reja, y esto hi- 
zo que fuesen descubiertos, alarmándose la vecindad, y comenzan- 
do á resonar eitlos aires el terrible grito de / Via [ora lladres! Con- 
siguieron fibner pies en polvorosa sin lograr su objeto, pero no se 
le ocultó ciert^ente á Juan de Gualbes, por noticias ya aoterior- 

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18 ARBPENTIDAS. 

mente adquiridas, que mas apariencia teoiaD aquellos desconocidos 
de ladrones de honra que de ladrones de dinero ; por lo cual deci- 
dió hacer variar de domicilio á su hija, llevándosela á una casa mu- 
rada que poseia en el vecino pueblo de Sarria. 

Menos segura aun estuvo aun alli la oiDa , que no hay nunca 
cerrojos bástanle fuertes ni muros bastante altos para guardar á la 
mujer que no sabe ser con su honestidad candado de so virtud, -y 
coD su recato, muro de su honra. Ingenióse la cautiva hermosura 
para hacer saber á su amante el sitio donde la tenían en cautiverio, 
y el 4 de agosto de 1S20, en mitad del día y á la luz del sol, pe- 
netraba el gallardo doncel eo la casa murada del conceller, al fren- 
te de una partida armada, llevándose consigo á la hermosa y des- 
apareciendo con ella. 

Fuera de si el ¡rilado padre, al tener noticia del hecho, acudió al 
sabio Consejo de cí edirle justicia y venganza, manifes- 

tándole como á su ( ) podía ser otro el raptor de su hija 

que un doncel de n llamado Gaspar Burgués de Sant CU- 

ment, mozo de lívii a que, sin embargo de estar tonsu- 

rado y ser clérigo, vestía como caballero y era generalmente cono- 
cido por sus lances de guerra y sus travesuras de amores. Por re- 
celo de este joven se habia visto obligado Gnalbes á guardar su hija. 

El Consejo de ciento lomó á pecho la venganza del enojado pa- 
dre. Mandó pregonar la cabeza del raptor , ofreciendo 300 florines 
á quien se apoderase de él , y dispuso que saliese el veguer en sa 
busca con doscientos hombres. No tardó en dar el somaten con la 
suelta pareja. La hija de Gualbes fué devuelta á su familia , siendo 
enviada á un convento donde pasó el resto de sus días ■' eo cuanto 
al de Saot Climent reclamó el privilegio de ser clérigo y hubo de 
entregársele al tribunal eclesiástico. 

No nos ha sido dado averiguar lo que fué del Sant Climent, pero 
vista la enérgica actitud lomada por el Consejo , es de creer que 
hubieron de quedar satisfechas la moral y la vindiota públicas. 

ABHEPEirrtDAS [««Ue de Im). 

Es un callejón que cruza de la calle de San Pabh á la de la 
Union , y luego , pasando á la otra acera de esta calle ', sigue an 
trecho sin salida. 



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AUUEROS. 19 

\DtigaameDle se deDomiDÓ travesía de las Huertas primero , y 
luego de las Tapias , por las grandes huertas rodeadas de tapias 
que formaban el que boy es uno de los barrios mas populosos y 
habitados de nuestra ciudad. El nombre que actualmente conserva 
lo adquirió por los aQos de 1699, cuando en la calle de Sao Pablo, 
y lindando con este callejón, se edificó un convento para las Hijas 
arrepentidas de Santa Magdalena , religiosas de la orden de San 
AgusÜQ, donde eran recogidas las mujeres de malas costumbres que 
se apartaban de su mala vida para dedicar el resto de ella á la'Ora- 
cion y á la penitencia. 

Hoy no existe ya este convento, que fué demolido después de los 
acontecimientos de 1835, habiendo sido vendido el terreno y edifi- 
c&dose en él las varias casas que dan á la calle de la Union y San 
P<á>b, pero la calle contigua prosigue llevando su nombre. 



ARHIEBOB (plMtk de !•■]. 

Dan entrada & esta plaza las calles del Hostal del Sol , Pom d'or 
y Jupí, y tomó su nombre de los arrieros que moraban en ella. 

Esta plaza tiene para nosotros un recuerdo doloroso. Eoella está 
la casa donde nació y vivió el sedor don José Sol y Padrfs , dislio- 
gnido poeta catalán , literato muy entendido^ selecto economista, y 
diputado á Cortes que fué en varías legislaturas por el distrito de 
Granollers y Sabadell. En uno de esos dias de fiebre por que ha te- 
nido que pasar á veces nuestro pais, et dia 2 de julio de 1855, — 
fecha también por otra parte de amarga recordación para el autor 
de estas líneas, — Sol y Padrís dejó de existir á manos de un oscuro 
¿ignorado asesino, siendo blanco de un arma homicida, impulsada 
tal vez por iras muy ajenas al interés del brazo que la esgrímia. 
Asi habo de sucumbir, victima de un incalificable motio de obreros, 
aquel hombre que tanto se había desvelado por la industria y por 
los obreros catuanes, aquel que decift en una de sus composiciones 
poéticas escritas en la lengua del país: 



Lo temp* d'beróicas empresas 
per Catalunya ba passat, 
y s'ha mustigat la gloria 
^e sas annas en la mar. 



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No escull los luroDs mes Torta 
per aisar castells feudals ; 
SIDO en los valls per sas fabricas 
busca de l'aigua 'Is saltante. 

Si squeixa industria que adora 
atacar algún osas, 
del atmugavar las armas 
tornarían á brillar, 
y 'I crit de deiperta ferro! 
per cent mil bocas lian sat, 
las mea fortas y altas torres 
faria bambolejar. 

(Ha pasado para CalaluDa el tiempo de las heroicas empresas, y 
se ba marchitado la gloria alcanzada por sus armas ea los mares. 
No esfeoge hoy los picos mas fuertes para levantar castillos feudales, 
sino que busca los saltos de agua eu los valles para sus fábricas. 
— Si atacar osare alguno esa industria qne adora, volverían k lucir 
las armas del almogávar, y el grito de Despiértate, hierrol lan- 
zado por cien mil bocas baria bambolear las torres mas altas y 
mas fuerles.) 

Sol y Padrís nació en Barcelona el 3 de junio de 1816, hijo de 
honrados menestrales, y supo con sus estudios, su laboriosidad y 
su talento adquirirse un puesto sefialado en la sociedad. En 1S39 
se graduó de abogado, y, sin abandonar los asuntos de su bufete, 
se dedicó á escribir algunos artículos literarios y varias poesías que 
fueron viendo sucesivamente la luz en las columnas de la Corona, 
de la Verdad y del Diario de Barcelona. 

Protegido por. el ilustre escritor don- Garlos Buenaventuro Ari- 
bau, su pariente y amigo, pasó á Madrid por los anos de 1843, y 
en las columnas del Corresponsal, del C</rreo y del Español halló 
mas vasto campo eu que poder desplegar su numen literario y sus 
observaciones políticas y económicas, á cuyos estudios había siem- 
pre tenido inclioacion. 

Alternando con sus tareas periodísticas y con las' ligeras poesías, 
que sin pretensión alguna solia dedicar á sus amigos, desempeOó 
Sol, en el año de 1846, un trabajo que revela al erudito y al hom- 
bre celoso por las glorias de su país natal : anotó los Orígenes del 
Teatro español Qscñlos por don Leandro Fernandez de Moratin, y 
publicado en el tomo segundo de la Biblioteca de Autores españoles. 
Su objeto fué demostrar, contra la opioioQ del padre de la comedia 



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ÁBHIIBOS. 81 

moderoa, qae los trovadores proveozales ó temosines, no solo col- 
livaroQ el arle dramático, sioo que tal vez fueron ios introductores 
de él eu Castilla ; y cita las aotiqufsimas tensons ó. cootrorersías 
dialogadas ; la parábola de las Vírgeoes prudentes y las Vírgenes 
locas, mixta de latió y provenzal, escrita en el siglo XI; recuerda 
los Misterios representados en la catedral de Gerona ; el Mascaron 
de letra del siglo XIII ó priacipios del XIV; las Representaciones 
que mucho antes de este siglo se efectuaban en las procesiones del 
Corpus, y otras fiestas dramáticas celebradas posteriormente y con 
aparato escénico en la corte de los reyes de Aragón. 

Por aquel mismo aOo de 1 846 volvió á Barcelona, y víósele en- 
tonces abandonar casi por completo las letras para consagrarse es- 
pecialmente á los estudios económicos y á la defensa de los intere- 
ses industriales de Catalufia. DesempeDó aquí varios cargos bono- 
rificos, en que dio pruebas relevantes de su activo celo y de su 
buen talento, y su nombre figuraba siempre el primero entre los 
comisionados que los industríales enviaban á Madrid cuando se tra- 
taba de cuestiones arancelarías. Sus escrítos, sus gestiones, sus de* 
bates dieron muy fuerte apoyo á la justa causa de la producción 
nacional, y á sus acertados esfuerzos fueron muy principalmente 
debidas las reales órdenes de 1847 y de 18S1 por las cuales bien 
pue4s decirse que se salvó la industria lanera. 

Elegido diputado á Cortes por los esfuerzos que hicieron los fa- 
bricantes de Sabadell en este distrito, fué á sentarse en los escasos 
del Congreso, y se dio á conocer en la legislatura de 1851 como 
orador político con un brillante discurso en que, celoso defensor de 
los fueros y prerogaUvas de las Cortes , manifestó y probó que el 
Concordato, aunque celebrado en virtud de autorización condicio- 
nal otorgada al gobierno, debia ser examinado por las Cortes antes 
de pasar á ser ley deSniliva. 

Otros discursos notables pronunció también Sol y Padrís, y cer- 
radas aquellas Cortes fué reelegido en 1853, pero apenas le per- 
mitió tomar posesión de su cargo la instabilidad parlamentaria. 

Tino la revolución del 54 y fué nombrado vocal de la Junta de 
gobierno establecida en esta ciudad durante los acontecimientos me- 
morables de aquel aDo. 

No volvió á ser elegido diputado, pues sus ideas políticas se 
apartaban algo de las en aquella revolución triunfantes, pero en 
fd)rU de 1855 presidia la comisión que fué á Madrid á gestionar so- 



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82 ASES.-^iSSAHONADOfiS. 

bre aranceles, y poco después ocapaba también la presideDcia de 
la Junta de fábricas de CatalaQa. En esta época Sol, queriendo 
identificar sqs intereses con los de la industria, por él siempre tan 
calurosamente defendida, ingresó en la Junta de gobierno de una 
sociedad anónima fabril aceptando el cargo de presidente de la mis- 
ma y el carácter de director de la grandiosa fábrica de panas que 
tenia el seDor don Juan Güell en el inmediato pueblo de Saos. 

En este puesto le sorprendió la muerte. El 8 de julio de aqnel 
mismo afio de 1855 tuvo lagar una conmoción de trabajadores. En 
distintos puntos y en todas las fábricas á un tiempo dejaron aquel 
día sus trabajos los obreros, obedeciendo á una consigna dada de 
antemano, bajo el pretesto de que se querían prohibir sus asocia- 
ciones y también con el de pretender que se nombrase un jurado 
para intervenir eu las cuestiones de obreros y fabricantes. Luego 
se vio que aquel movimiento de trabajadores había coincidido con 
la entrada en GatatuBa de algunos antignos jefes del carlismo, los 
cuales sonaban aan en el triunfo de sus ideas. En aquella ocasión 
los obreros catalanes fueron sin saberlo instrumento de los abso- 
lutistas. 

Sol y Padrfs fué víctima de este movimiento. Se hallaba en el 
despacho de la fábrica de Güell en Sans cuando se amotinaron los 
obreros de esta fábrica, entrando un grupo de ellos tumultuosaijMote 
en el despachado y disparando nn pistoletazo que dejó cadáver al 
desdichado Sol en el instante de levantarse para ver lo que sucedía 
y tratar de poner orden. 

Murió Sol y Padrís á la edad de treinta y nueve afios. 



(ealle deis). 

Tiene su entrada por la de la Espasería y su salida por la de 
las Damas. 

Ignoramos porqué motivo tomó esta calle el nombre ridículo que 
hoy lleva, abajidonando el de Esíanyers que llevaba antes á causa 
de los artesanos estañeros domiciliados en ella. 



AaWAHOlirADQlM (MtUe «ela]. 

Esta calle que comienza eu la plazuela de Marcús para ir á ter- 



idéy Google 



minar eo la de Tanlaraníana, conserva el nombre del oficio que te- 
DÍan sos habilftDtes, los assahonadors ó sean los zurradores de pie- 
¡es. 

Era QD gremio antiquísimo que teoia recopilados eo su libro con- 
snlar todos los estatutos cODCeroientesaHomento y régimeo del ar- 
te desde el aDo 1311, en que se halla noticia de su primera orde- 
nanza. 

El oOcío de zurradores corrió parejas con el de los curtidores, 
asi en la antigüedad como en las providencias de los reglamentos é 
importancia del arte, pues venia á ser una profesión ausiliar del 
ejercicio de la tenerla y come el complemento del arte de curtidor. 
Uno de los oOcios principales de la industria comerciable en nues- 
tro pais fué el adobo y preparación de los cueros en que trabajaban 
los curtidores, zurradores, guanteros, pergaminerosyahderos, de 
qmenes muy bien dice Capmany que fomentaron por muchos si- 
glos an ramo muy activo de tráfico, probando la importancia de 
aquellas manufeicturas la vigilancia y ft-ecuencia de las providencias 
municipales. 

ATAUr>« (MUe de). 

Arranca esta calle de la de Templarios para ir & morir en la de 
(Hgnás. 

El nombre que lleva es moderno. Se lo dio el Ayuntamiento de 
1835 en conmemoración del primer rey visigodo que ocupó & Bar- 
celona y estableció su corte eo esta ciudad. 

Hé aqui las noticias que de Ataúlfo se tienen: 

Cuando murió Alarico, después de haberse apoderado de Roma, 
sucedióle en la jefatura ó solio de los godos su pariente Ataúlfo, que 
«taba perdidamente enamorado dePlacidia, hermana del emperador 
romano Honorio, & la cual habia hecho prisionera en Roma. Pronto la 
esclava debia hacer esclavo á su vencedor. Por amor h&cia ella con- 
cluyó Ataúlfo un tratado de alianza con Honorio, segna el cual es- 
te, con la mano de Ptacldia, le hacia cesión de una parte de la Galia 
narhonense allende el Pirineo y de la Tarraconense & esta parte. De 
todo hubiera podido el godo vencedor apoderarse por derecho de 
conquista, pero estimó mas adquirirlo como prenda de amor con la 
mano de su amada. 



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Si ATAÚLFO. 

Concluido este tratado, Ataúlfo evacuó la Italia, trasmontólos Al- 
pes y condujo h los godos k la Galia oarbooeDse, en cuya capital, 
Narboua, se desposó con Piacidía, celebrando sus bodas á la usan- 
za romana. Terminadas estas, pasó tos Pirineos y se vino á Barce- 
lona, á la cual convirtió en corte y capital de sus estados, comen- 
zando entonces á adquirir esta ciudad la importancia de que ya no- 
se despoja y que fué por el contrario aumentando de dia ea día. 

Poco después de haber establecido Ataúlfo la sede de su imperio 
en Barcelona, las legiones de Constancio, general de Honorio, se 
adelantaron contra la Galia narbonense. Constancio, según de anti- 
guas historias se desprende, habia sido amante correspondido de 
Placidia y aspiraba ¿ su mano. Rival de Ataúlfo, no pudo ver con 
calma que la mujer á quien tanto habia amado, de la cual estaba 
aun locamente apasionado, pasase á los brazos de otro esposo, que 
se la robaba á su amor y también á su ambición. Por esto, encar- 
gado del mando de las tropas de la Galia, se negó á acatar la vo- 
luntad de Ataúlfo, según Honorio se lo impusiera, y en vez de ren- 
dir homenaje á.su nuevo sefior, levantó pendones contra él y le de- 
claró la guerra. Apetecíala Constancio por dos motivos, no solo por- 
que.veia con disgusto la alianza de Honorio con los aseladores de 
Roma, sino también porque esperanzaba con la victoria sacar á 
Placidia del poder del caudillo godo. 

Los deseos de Constancio quedaron en parte cumplidos. Los vi- 
sigodos, que así fueron llamados los que en estos nuestros países se 
establecieron, después de diversas batallas en que la suerte de las 
armas les fué contraria, tuvieron que abandonar la Galia narbonen- 
sa y retirarse á GataluOa, donde se agruparon junto al solio de 
Ataúlfo. 

Este, según ya en otra obra hemos dicho, prendido en tos lazos 
del amor que había sabido inspirarle Placidia, ni de su reino se cui- 
daba apenas ni de sns propios asuntos. Un dia habia podido vivir 
para la guerra : entonces solo vivia para el amor. Barcelona había 
sido convertida por él en un lugar de encantos y delicias, y en esta 
ciudad dio & luz Placidia un qíQo, á quien Ataúlfo puso nombre ro- 
mano, llamándole Teodosio en memoria del padre de su esposa. 

Mientras tanto, si el rey ó caudillo vivía del amor, el pueblo, que 
no sabia y no podía vivir mas que de la guerra, comenzó á mur- 
murar contra la indolencia y la molicie que de su jefe se habia apo- 
derado. Los godos, gente indómita y turbulenta por naturaleza, 



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AUCEILS. 86 

amaban macho las armas, cod las caales en tiempos pasados se ha- 
bían hecho respetar y temer. Ksi es que viéndose espelidos de Ro- 
ma por nn tratado, y de la Galía narboneose por una derrota; 
viéndose reducidos á vivir en un fídcod de Cataluña, pues real- 
mente parece que do eran dueQos mas que de Barcelona hasta el 
Pirineo, por la parte de la costa» internándose poco su dominio ; 
teniendo fresca aun la memoria de las*ÍDJurías yviva la llaga del 
dolor, dieron en criticar á su rey que habia abandonado la Italia y 
perdido la Galia, sacriñcando dos reinos al amor de una mujer. 

De estas murmuraciones vino á formarse un partido coQtra Ataúl- 
fo, al frente del cual, según parece, se puso Sigeríco, caudillo godo, 
hombre audaz, resuelto, violento, gran partidario de la guerra y 
enemigo declarado de los romanos. Tratóse de quitar la vida al in- 
dolente Ataúlfo, y se valieron, como instrumento, de un enano 6 
bafon de qpien solía hacer el caudillo godo gran donaire y burla 
por su menguada estatura. Yemulfo, que asi se llamaba el enano, 
entró en el plan de los conjurados, se avino á desempeñar el papel 
de asesino, yun dia, aprovechando cierta oportuna ocasión, le co- 
»ó k puDaladas. Otros refieren el hecho de varias maneras. Supo- 
nen unos que quien mandó matar á Ataúlfo fué el general Constan- 
cio por celos de Placidia y ambición de mando ; algunos dicen que 
su matador fué el mismo Sigeríco, otros, finalmente, afirman que 
marió á manos de no criado llamado Dubbio ó Dobbio, cuyo pñ- 
mer amo habia hecho ajusticiar el caudillo godo en tiempos an- 
teriores. 

De todos modos lo cierto es que Ataúlfo murió asesinado en Bar* 
celona, sucedíéndole en el poder Sigeríco, el cual no tardó mucho 
en caer victima también de un puQal asesino como su antecesor. 



ACdSUJS (emUe déla). 

Calle de los pájaros en castellano. Su entrada está en la del fíech 
condal y su salida en la de Cortinas. 

Parece existir la tradición de que en tiempos antiguos habia al 
fin de esta calle un huerto delicioso, lleno de frondosos árboles, cuyo 
espeso ramaje servia de asilo á verdaderas nubes de pájaros, los 
cuales alegraban con sus cantos á los transeúntes y á los que iban 
á solazarse paseando por aquel ameno sitio. Eran en tal número 

Tono I. « 

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86 AUSUS MiBCH. 

los pájaros qae allí se recogían, que eivuígo dio en llamar i aque- 
lla huerta la horla deis aucelis. 
De esto provino sío duda el nombre de la calle. 



AVSIAS ]IIA1l€H~(fl«Ue «e). 

Será otra de las calles de la nneva Barcelona. 

Se le ba dado esle nombre en memoria del célebre poeta catalán 
Ausias March, del cual vamos á dar aquí las pocas noticias que he- 
mos podido recoger. 

Mucho se ha escrito y registrado para averiguar la verdadera 
patria de esle famoso poeta , citándole unos como hijo de Valencia, 
y otros de Catalafia, pero ya no cabe la menor duda que fuévaleo- 
eiaoo de nacimiento , aunque de familia catalana. Se le llama, sin 
embargo , poeta catalán , y se faace bien en llamarle así y así debe 
llamársele porque escribió en lengua catalana sus obras, y vio la tus 
del día en tierras que formaban parle de la nación catalana. Poetas 
espaaoles son llamados hoy lodos los que escriben en castellano, 
sean andaluces, aragoneses, vascos, navarros, gallegos ó catalanes. 
En catalán compuso íusias Harch sus admirables cantos , y gloria 
es de Cataluña la suya. 

Fué hijo nuestro poeta de mossen Pedro March, noble caballero, 
señor de Beniarjó.y Fardines , tesorero que fué del duque de Gan- 
día , y de dooa Leonor RipoU. Ignórase el aDo de su nacimiento, 
pero es muy fácil deducirlo. 

En primer lugar existe el testamento de su padre hecho en Játi- 
va á 28 de diciembre de til 3 , en cuyo testamento Pedro March 
nombra por hijo á Ausias, de lo cual resulta que este había ya na- 
cido en aquella época. En segundo lugar consta que murió á fines 
de 1Í6Í. En tercer lugar se desprende de una estrofa que hay en 
su canto VIII de la Afuerle, que lescribia aquellos versos en edad 
avanzada. Debió morir siendo de mas de sesenta aBos , y por con- 
siguiente hubo de nacer en los últimos del siglo XIV ó en el prime- 
ro y segundo del XV. 

Ausias March fué , como so padre , seDor de Beniarjó, cerca de 
Gandía , y se sabe que fué casado dos veces , la primera con doSa 
Isabel Martorell y la segunda con dofia Juana Escoma , pero es 
ninguna de ellas hubo de tener sin duda sucesión , pues por el les- 



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AC»US HARCH. 87 

lameato que otorgó fc 4 de Doviembre de U58 se le ve nombrar 
por SQ heredero á don infre de Blaoes , seQor de Albalat. 

La mujer para qaiea escribió sus tiemísioiog é inspirados canias 
de amor , y h cuya memoria cousagró luego sus sentidos cantos de 
muerte, era, segua parece, una hermosa dama de Yatencia llamada 
Teresa Bou. 

Se tiene noticia que Ansias Marcb lomó asiento como diputado 
eo las Cortes celebradas el aDo li46 en Valencia. 

Diego de Faeotes y Escolano le llaman poeta laureado , pero se 
ignora en qué Juegos florales ó en qué certamen poético de Valen- 
cia ó Barcelona pudo alcanzar el premio que le dio derecho á ser 
llamado asi. 

Fué amigo y valido del desventurado Carlos de Viana , por el 
trlanTo de cuya causa tantos esfuerzos y sacrificios hicieron los ca- 
talanes , y , según parece , siguió á aquel príncipe de castillo en 
castillo , cuando fué reducido á prisión por su padre el rey don 
Juan n, convirtiéndose voluntariamente en su companero de cauti- 
verio y áb infortunio. 

Tales son los pocos datos biográficos que nos ha sido fácil reco- 
ger de este poeta , á quien su contemporáneo el marqués de Santi- 
Hana llama gran trovador y varón de elevado espíritu , y á quien 
por antiguos y modernos escritores se bao tributado grandes y me- 
recidos elogios, apellidándosele may acertadamente el Petrarca 
catalán. 

fué en efecto un poeta de primer orden. Todos sus cantos rebo- 
san sentimiento y genio, y están esmaltados de grandes bellezas de 
detalle, con valentía en el pensamiento , con armonía y espresioa 
sintética en la frase. 

Qui no es trist de mos dictáis no cur'. 

(Quien no esté triste, no me lea). Con este verso, que vale lanío 
como el Lasaate ognisperanza del Dante , comienza Ansias Harch 
sos tÍOTuísimos cantos de amor , mostrándose profundamente apa- 
sionado de ana dama , á la que s(do nombra una vez llamándola 
Teresa, pues casi siempre se dirige á ella dándole el titulo de lirio 
entre cardos. Ansias vio por vez primera á su amada , lo mismo 
que el Petrarca, un dia de viernes santo. Así lo dice en estos caá- 
tro verws : 



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88 ACSIAS MABCH. 

Amor, amor, lojomgue V Innocent 
per be de lois fon posaí en lo pal, 
vos me feris, car jo 'm guardava mal 
pensant que 7 jorn me [ora defenent. 

(Amor, amor, el día que el Inocente para bien de todos fué cla- 
vado eQ cruz vos me birislei^, que mal me guardaba yo pensando 
que la santidad del día me dereodería.) 

Una vez dice eo un arranque de sablime melancolia: 

Jo som malalt íeniní lo eos tot sa. 

(Enfermo estoy teniendo el cuerpo sano.) 

Y á poco aOade, con una fuerza de espresion y sentimiento que 
no desdeQaria el mismo Dante: 

Jo som agueli que en lo temps de tempesta, 
euaní las mes genis festejen prop los fochs 
y puch haver ab ells hs propis jochs, 
vaig sobre neu, descah, ab nua testa. 

(Yo soy aquel que en tiempo de tempestad, cuando los demás se 
abrigan junto al fuego, pudieudo solazarme con ellos, voy por la 
nieve, descalzo, ) con la cabeza desnuda.) 

Expresando el profundo sentimiento de su dolor por medio de una 
sintética frase, esclama: 

¡Plugués á Den que mon pensar fos mortl 

(¡Pluguiese á Dios que hubiese muerto mi facultad de pensar!) 

Y aDade mas abajo, con la misma terrible y sombría energía que 
tiene la maldición de Job: 

\Malehit lo jorn quem fou donada vida\ 

(¡Maldecido sea el dia en que nacít) 
Tan pronto, dirigiéndose á la mujer á quien ama, le dice con 
admirable originalidad de pensamiento: 

Verge no son perqué 'J)eu ne vol casta. 

(Virgen no sois porque Dios ha querido que quedase raza vuestra.) 

Y tan pronto apostrofa al amor con estos versos admirables, que 



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kJSms HARCH. 89 

al pié déla letra bao sido traducidos por Garcilaso de la Vega eo 
nao de sus deliciosos sonetos: 

Amor, amor, un hahií m' he íailat 
■ de vostre drcsp, vestitUme t esperií. 
En ¡o vestir molí ampie t he senHt 
éfortstret cuant sobre mí es eslat (1). 

Pero donde la pasión de Ansias Harch raya en lo sublime, es en 
sos cantos de muerte. Cnenla en ellos como folleció su amada, co- 
mo mnríó abrazada con ¿1, y en seguida habla con su espíritu: 

Tu, esperit, si res no ten defen, 
romp lo costum que deis morts es comú; 
tom' en lo mon é mostram que es de tu. 
Lo teu sguart nota donará spavent. 

(O tú, espíritu, si nada te lo prohibe, rompe el sudario que es 
la resudara de los muertos, vuelve al mundo y mnéstrame lo i]ue 
es de tí. No me ha de espantar por cierto tu mirada.) 

Ansias March gozó de grande popularidad, como lo demuestran 
las varías ediciones de sus obras hechas en tiempo en que se leía 
poco y eran aves raras los lectores. Cuatro veces se imprimieron 
SQS poesías en el siglo XYI, y es fama qne, traducidas en caste- 
llano, eran leídas k Felipe II, cuando mozo, por su tutor y maes- 
tro el obispo de Osma. 

Hiciéronse estas ediciones el ^o 1643 en Barcelona, el 1545 en 
la misma ciudad, el 15S5 en Valladolid, y otra vez en Barcelona 
el 1560. 

Becienlemente, en el aOo de 186 i, se ha dado & la estampa una 
nueva edición completa de las obras de este autor por el aplicado 
escritor catalán don Francisco Pelayo firíz, quim ha prestado con 
ello un gran servicio á las letras patrias. 

La calle del ensanche, que ha de llevar el nombre de esto céle- 
bre poeta, comenzará en la de Mmina é irá & terminar en la de 
¡tonda. 

(1) Amor, anor, u hábito ha Twlldo 

del-paBo deíatiends bien coitadn 
al veMr lo bailé ancho T bolado; 
paro daspuM eairocho y dsubrido. 

(Soneto Xrrn do GuonaKi.) 



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96 ADROKA, — AVBLLÁ.— AfELLAHJI. — AV8 HARÍA. — AYIÑÓ. 



AITIKOBA (MUe de I»}. 

Es una caUe moderna, situada en el barrio iaduslrial de Barce- 
loaa, rodeada de fricas, cuya entrada es por la de Carretat y sa 
salida por la de AmaUa. 



AVEIiIiji (mUo d«B). 

Ya de la de Mercaders i la del Tragi, y aotiguamente se lla- 
maba de las Ancoras. 
El Dombre qoe hoy lleva es de familia catalaDa. 



AVEIJ^JÜWA (eslíe «e te). 

Este es su quinto nombre, pues primero tuvo los de la Aliada, 
den Avellá, den Berrán Saket y de la Font de Sant Joan. Parte 
de la calle de Mercaders para ir á terminar en la de Grackmat. 

Hay en esta calle una fuente que data de mediados del siglo XV. 



AVB ■AniA, (««Ito «• !•). 

Es ui ca1l<7on que crwa^ la calle de Baños nuetm k la plaza 
del Beak) José Oriol. 

Conforme veremos mas adelante, en la plaza que se acaba de 
citar exuüa antes el cesMolerío de la parroquia det Piw>, y era 
atravesado este cementerio por un pasadizo que iba de la calle que 
nos ocupa á la puerta del lado dú Evwgelio de Muestra SeQora del 
Pino, denominada del Ave Maria. De aq«í tomd nombre la calle 
qu»D08 ocupa. 



ATlA* Ó ATIKTd [««Ue de). 

Lleva también nombre de ftimilía caflalam esta calle que, arran- 
cando del punto vulgaEmeQt& llamado las cuatro esgmas del Cali, 



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AYHERICH. 91 

al final de la calle de la Soguería, atraviesa la de Fernando VI/, 
craza luego la plaza de la Verónica, y va & (ermíDar eo los Egeu- 
mers. 

En otro tiempo llevó los nombres de las Calderas vellos y del 
Pmden Alda. En nuestros tiempos, durante un corto periodo, fué 
llamada del 48 de JuHo, para recordación de un hecho patriótico, 
pero no lardó en recobrar su nombre anterior. 

Hay un poeta catalán antiguo que se llama Amnyó. De él se 
gaardan algunas poesías en el Cancionero de París, muestra de las 
cuales publica el seOor Torres Amat en su Dtañonario de Autores 
csíd/fineícon referencia á los manuscritos de Tasfú. 

NÍDgun dato biográfico se tiene de este poeta, y ni siquiera se 
sabe á punto fijo la época en que floreció. 

En el mismo Diccionario se cita k otro AvinyÓ llamado Luis, que 
se dice vivió en liOO y fué autor de una Historia de Cataluña. 



ATHEBICH («Hile dea). 

Otro nombre de familia catalana. Comienza esta calle en la Pía-' 
feria y va á desembocar en la plaza deis Argenlers. 

Ed Uempos anteriores se llamó de Sm FrancescA. 

Se conocen varios escritores catalanes de este apellido, pero los 
do3 principales son Fray Nicolás Aymerich que muríó en 1399, 
habiendo sido inquisidor general de todos los reinos de Aragón, au- 
tor de muchas obras sobre puntos de filosoHa y religión que for- 
mando once grandes volúmenes existian en el convento de Predica- 
dores de Gerona ; y Fray Mateo Aymerich, jesuíta, que murió en 
Ferrara el atio 1Í99, dejando también escritas muchas é im- 
portantes obras. 



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Es un hermoso pasaje que enlaza la ñambla con I» Plaza íteal. 
Tiene elegantes tiendas, es punto de mucho tránsito y concurrencia, 
y de noche se cierra por medio de las dos esbeltas rejas de hierro 
que hay á sus estremos. 

Por ser toda aquella manzana de casas de propiedad del seDor 
fiacardí y haber este mandado abrir el pasaje cuando recientemente 
se reconstruyeron aquellas casas para completar la Plaza Real, se 
le di6 el nombre de su opulento propietario. 



BARUGSr [«•II* <•). 

Otra de las del ensanche, que comenzando en la calle de Bmda 
irá k parar hasta los limites de la nuera ciudad, lateral al paseo de 
SanJum. 

Se le ha dado este nombre en memoria de la célebre batalla de 
Bailen en tiempo de la guerra de la Independencia. 

Sabido es como los franceses á principios de este siglo se apo- 
deraron por engaDo de muchas plazas de Espada, entrando en ellas 
como amigos para luego hacerse sus dueDos. A los gritos de inde- 
pendencia y Fernando VII, el pueblo tomó las armas, brotaron hé- 
roes en todas partes, se improvisaron ejércitos, y comenzó aquella 
memorable guerra en que las tropas de Napoleón hablan de ser 
vencidas. 

Uno de los hechos memorables de esta guerra fué la batalla de 

Tomo I. 13 



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Baileo eo julio de 1808, que produjo la libertad de la corte obli- 
gaudo á salir de ella al rey intruso, descoocertando al francés y 
humillando su orgullo. 

Es Bailen una población situada en el camino real que conduce 
de Madrid á Sevilla, y eran ya famosos sus campos porque en ellos 
el 16 de julio de 1212 había tenido lugar la famosa batalla de las 
Navas de Tolosa en la que los reyes de Aragón , Castilla y Navarra 
destruyeron el grao ejército sarraceno del miramamolin Jacob Aben- 
Jucet. El mismo día 16 de julio en 1808, y en los campos donde 
habia tenido lugar aquella célebre jornada, empeCÓ el general es- 
pahol Redíng la acción con las tropas francesas que estaban bajo 
las órdenes de Dupont. La victoria coronó los esfuerzos de las tro- 
pas espaholas, y la acción siguió en los siguientes dias, pues no 
fué una sola , sino varias las batallas que sucesivamente tuvieron 
tugar, habiendo empezado ya el li tas escaramuzas. 

A.ntes de romperse el fuego habían celebrado consejo de guerra 
los generales espaQoles en Porcuna el 11 de julio, acordando el 
plan de ataqne conforme al cual Reding debía dirigirse sobre Bai- 
len, sostenido por el marqués de Compigoy, y al mismo tiempo el 
general en jefe del ejército de Andalucía don Francisco Javier Cas- 
talios quedarse encargado de avanzar con la tercera división y la 
reserva, y atacar de frente al enemigo, cuyo flanco derecho debía 
ser molestado por don Juan de la Cruz con las tropas ligeras y 
cuerpos francos. 

Todo el ejército que CastaDos había podido organizar consistia 
en veinte y cinco mil infantes y dos mil soldados, casi todos fmda- 
luces, bísoDos, alistados voluntariamente. El ejército francés pasaba 
de veinte y un mil hombres. 

Se puede decir que quien ganó la jornada de Bailen fué el gene- 
ral RÑling por su arrojo y bravura. Sa división fué la que entró 
toda en combate y la que sostuvo todo el peso de la lucha. 

Viéndose perdido el general francés Dupont, entró en parlamento 
y firmó una capitulación con CastaDos, -general en jefe de las fuerzas 
espafiolas, según la cual las tropas francesas quedaban considera- 
das como prisioneras de guerra, debiendo rendir las armas y suje- 
tarse á la condición de tales. La capitulación se firmó en Andújar 
el 22 de junio por don Francisco Javier CastaDos y el conde de 
Tllly por los espaholes, y por parte de los franceses los generales 
Marescot y Chavert. Llevóse á efecto la capitulación en el modo y 

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BAJO HtJftAlLA. 9S 

forma acordados, riadiendo sos armas una divisioD francesa i caa- 
trocieotas toesas del campo y entregando la otra en Bailen sos fu- 
siles, águilas, caballos y artillería. 

El general GastaDos obtuvo el titulo de duque de Bailen , y dos 
regimientos del ejército espaüol, uno de infantería y otro de caba- 
llería, tomaron este nombre. (Y. calle de Castaños). 

»A Jra maJWLJkWJiA. (««lle de). 

Es una larga calle qae, costeando la muralla de mar, comienza 
en h plaza de San Sebosean y ya á desembocar en la BambUt 
frente á Atarazanas. Por ella casi no pasan mas que los carros car* 
gados de carbón, lana y otros géneros que van y vienen del puerto. 

En un tercer piso de una casa antigua que se alza en esta calle, 
se ye sobre un pequeOo balcón que tiene adornos góticos un busto 
de relieve. Pasando por la muralla se puede observar perfectamente 
este basto, que se ha dicho y supuesto ser el del inmortal Miguel 
de Cervantes Saavedra, autor del D. Quijote. Se dice por tradición, 
y con visos de verosimilitud, que Cervantes habitó en esta casa 
todas ó alguna de las varías veces que estuvo en Barcelona, de 
cuya capital estaba prendado, á juzgar por los elogios que le trí- 
bata en el Quijote y en otras obras suyas. Pero, si parece ser fun- 
dada la tradición de haber habitado Cervantes en la casa de qne 
hablamos, no lo es tanto la que supone ser el suyo el busto de que 
se trata, comparando la época en que hubo de construirse dicho 
balcón con la en que comenzaron á levantarse memorias al mny 
acertadamente apellidado «príncipe de los ingenios castellanos.» 

Otro recuerdo existe en esta calle, del cual no podemos escu- 
samos de hacer mención. Es una lápida que hay en la fachada de 
la antigua casa de la familia Gloria, entre el prímer y segundo pi- 
so, y así dice la inscripción que está grabada en ella con caracte- 
res gótico-lemosines: 

Disapie áXXde setembre de lany MCCCCLXXVII {ó principiaí 
k Port de la Ciuíat de Barcelona, restuant é present lo tnoU alt é 
noü exceÜent senyor D. /oan, per la gracia de Deu, rey d'Aragó. 
Stant ConceÜers J^ossen Luis Seíanti, Baltasar de Gualbes, Bernat 
Pigem, Joan Fogassot, notany é Francesch Cocáy hortolá. 

Gomo se ve, hace referencia esta l&pida al acto solemne de la co- 



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99 BALHBS. 

locación de la primera piedra para la fábñca del muelle ó puerto 
de Barcelona, del cual hablaremos mas adelante. (V. calle ¿Va- 
cional.) 



(caUe «e). 

Seié otra de las del ensanche. Lateral & la rambla de Iiabel II, 
y en la misma dirección, irá desde la calle de Ronda hasta Grana, 
cruzada por las calles de Cdrce^a, Rosellon, Provenía, MaUorpa, 
Valencia, Aragón, Coniejo de denlo, Dipntaáon y Corlee. 

El nombre que llevará es ya ilustre en la historia de las letras 
catalanas. 

El catalán Dr. don Jaime fialmes, hijo de Vich, eclesiástico, es 
conocido como filósofo eminente en todo el orbe literario. Es una 
de las mas altas y legitimas glorias literarias de Catalula. Huriá 
hace pocos aSos, y por suscricion nacional se le levantó un monu- 
mento en Vich. La estatua de mármol del difunto que se alza so- 
bre su panteón, es obra del artista seOor Bover. 

Son de todos bien conocidos los datos biográficos del ilustre Bal- 
mes y por lo mismo no los repetiremos; pero bueno será dar una 
bgera idea de la solemne fiesta cívico-religiosa con que el dia 4 de 
julio de este aDo de 1S65 se celebró en la ciudad de Yich la tras- 
lación de sus cenizas. El panteón de Balmes, levantado en el ce- 
menterio de aquella ciudad, amenazaba ruina, y se decidió por lo 
mismo derribarlo para de nuevo volverlo á levantar con mas soli- 
dez en el claustro de la catedral. Para la ceremonia de la trasla- 
ción de las cenizas fueron invitadas las principales corporaciones 
populares y literarias de GataluSa, y daremos una reseha de aque- 
lla fiesta, bajo machos conceptos notable, copiando los principales 
párrafos de la que en su número del jueves 6 de julio de 1865 pu- 
blicó el periódico de Vich titulado El eco de la moiilaña. 

Dicen asi: 

«Hoy tomamos la pluma con placer, con entusiasmo, con orgu- 
llo al resellar un acontecimiento que formará época en los fastos de 
nuestra historia patria. El dia i de julio ha sido el verdadero dia 
del triunfo para nuestro querido Balmes , ha sido el dia de gloria 
para b ciudad que tuvo b> inmensa dicha de verle nacer y morir 
en su seno. 



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BILHU. 91 

«Debemos empezar por resefiar la academia que en la ooofae 
del 3 celebró el Circulo-Literario dedicada exdusivameDto &lacon- 
memoraciOD de su protector Balmes. El saloD de sesioues severa- 
mente decorado ooQ el retrato del gran filósofo del siglo y con los 
bustos de los mas célebres escritores españoles , presentaba un as- 
pecto imponente , lleno como estaba de personas de todas catego- 
rías en la administración y en las ciencias. Las autoridades locales, 
la Diputación provincial representada por una numerosa Comisión 
qae presidía el dipotado por Barcelona don Yictor Balaguer ; el 
Ayuntamiento constitucional de Barcelona, presidiendo la Comisión 
el teniente de alcalde don Baltasar Fiol ; el Ayuntamiento de la in- 
mortal Gerona con su alcalde constitucional al íraiie.hSosiedad eco- 
nómica de Amigos del Pm, representada por su presidente y vice- 
presidente el Excmo. Sr. D. Martin de Foronda y Viedma y Dr. don 
Felipe Vergas ; la Aeademia de ciencias naturales y arles , repre- 
sentada por el seSor Echevarría, catedritico del Instituto provinciai; 
una representación de la prensa periódica de la capital; en fin, mu- 
chas otras personas notables de Barcelona y otros puntos del Prin- 
cipado, ocupaban con los seDoies socios los salones del Círcitto-ÍÁte- 
rario. El sillón de la Presidencia se encontraba vacío por estar des- 
tinado al Comisario regio, que no pudo asistir al acto , ocnpando á 
la izquierda de aquel otro sillón el presidente del Círcuh seBor Ca- 
ladles. Empezó la Academia con un bello discurso de este , en que 
trazó á grandes rasgos la vida de Balmes. Siguió á él un erudito 
discurso de don Joaquín Roca y Cornet , especie de análisis critico 
de las obras de Balmes, especialmente de su Fitoiofía fatdamental, 
que considera como la gran obra metafísica de aquel genio ilustre. 
Leyóse á continuación por los sefiores secretarios una poesía del 
padre Juan Viñador, de la Compafiía de Jesús ; otra de don Ignacio 
Camp& , joven abogado de Madrid , paisano del ilustre escñtor í 
quien canta en sus versos ; otra poesía del Eicmo. Sr. Marqués de 
Heredia ; una de don Francisco de A. Aguilar ; finalmente otra de 
don F. H. Melgar, y una de don Carlos M. Perier ; todas ellas ins- 
piradas por esa imaginación fecunda que arde con el fnego del 
amor á la patria, á las ciencias y al genio noble y malogrado que, 
eaaltecido hoy por sos contemporáneos , se había creado ya mucho 
antes de acaecer su temprana muerte una fama verdaderamente 
laiverial. Esta academia dejará un inolvidable recuerdo en cuantos 
lavierOD la satisbecion de «sislir á ella, y mas á los qae conlriba- 

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98 BALHBS. 

yeroQ á elevar ese obsequio Terdaderamente literano á la memona 
del autor del Criíerio. 

oEI día i por la mafiana reuaidas en las Casas consistoriales las 
persooas invitadas, emprendió la marcha el cortejo hacia la Cate- 
dral, sigaieodo las calles previamente señaladas en los programas. 
Iba delante no pelotón de la Guardia civil de toda gata, sególa una 
música, y luego los niDos de la Casa de Caridad, los del colegio de 
S. Miguel de los Santos, los representantes de varios gremios y co- 
legios, las juntas de Instrucción pública y de beneSceocia, emplea- 
dos municipales con la música del Ayuntamiento, profesores del Se> 
minario, varios párrocos de los pueblos de este obispado, la noUe- 
za, facultativos, varias personas invitadas & esta ceremonia, entre 
las cuales vimos al Sr. Arquitecto provincial y del partido que diri- 
gió la construcción del nuevo panteón , la oficialidad del batallón 
provincial que da nombre k esta ciudad, los jefes y oficíales del es- 
cuadrón de artillería de remonta, las comisiones de las academias 
y corporaciones y de la prensa periódica de la capital, las comisio- 
nes de los Ayuntamientos de este partido, la comisión mixta de los 
Cabildos eclesiástico y muieipal de esta ciudad que entendió en la 
restauración del monumento, el Ayuntamiento de la inmortal Gero- 
na precedido de sus municipales y presidido por el señor alcalde 
constitucional seBor de Bassols, el Ayuntamiento de Barcelona, que 
lo era por el teniente de alcalde seDor Fiol, el Ayuntamiento consti- 
tucional de esta ciudad, los Diputados provinciales, presidiendo la 
comitiva el Comisario regio, que tenia á sus lados las primeras au- 
toridades municipal, eclesiástica y militar, el Presidente de la Co- 
misión de la Diputación provincial, y otras personas de alta cate- 
goría. Cerraba la marcha una compaOfa del regimiento de Zaragoza 
con su música. 

«Llegado ya á la Catedral, se unió al cortejo el clero catedral con 
cruz alta, pasando á la capilla RoUmda, en donde recogieron las 
cenizas ailf depositadas previamente, siendo conducidas al centro de 
la nave mayor: colocados todos los convidados en su sitio, conforme 
disponen los Rituales y las reglas de etiqueta, se cantó un solemne 
Oficio, concluido el cual subió al pulpito el Dr. don Felipe Vergés 
para pronnndar la oración fúnebre que le había sido encomen- 
dada. 

»No nos es posible en el breve espacio que comprende esta rese- 
lla, hacer un análisis completo de ese bello discurso que fué verda- 

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BALSJLS D8 SAN FEDBO. — BALCÁItTE DEL MEDIODÍA. 99 

denmente uDa hermosa y completa explaoacioD filosófica de las 
obras del grao sabio. 

»GoDdacidos otra vez los restos al claustro, fueron solemoerneule 
depositados y encerrados en la cripta del moDnmenlo, cantándo- 
se un solemne responso, y levantándose acta de esta ceremonia, 
eoncloida la cual regresó el cortejo á las Casas consistoriales si- 
guiendo el mismo Orden que había observado ea la venida. Alli el 
d sefior Comisario regio y Alcalde constitucional de esta despidieron 
á los convidados dando las gracias á las Comisiones forasteras, en 
nombre de las coales contestaron en breves pero sentidas ñ'ases los 
KBores Balaguer y Fiol.» 

El Eco de la montaña termina dando cuenta de la reunión que 
celebraron aquella misma noche en >el salón de las Casas consisto- 
riales las autoridades, corpMFaciones y particulares, y del discurso 
qae en aquel acto solemne tuvo la honra de pronunciar el autor de 
estas lineas en nombre de la Diputación provincial de Barcelona. 



BALSAS DE SAV PEDBUI (««lie «e iM). 

Hene su entrada por la de la Acequia y su salida en la plaza de 
San Águttin elMeyo. 

Antiguamente era llamada, y aun se la llama vulgarmente, de lot 
mimog de San Pedro, h causa de unos molinos que en ella había 
y cuya balsas han dejado su nombre actual á esta calle. 



BAMJABTE BKIi HBBIOBIA {•mUt, «•!). 

Era una calle á la que se entraba por el lado derecho de la 
Aduana, yendo ¿ terminar en el citado baluarte, que fué levantado 
eo 1527. Fneron luego construyéndose varios edificios á sus espal- 
das, y el caoiino construido parata conducción de artillería á aquel 
fuerte, quedó convertido en calle, recibiendo el nombre del ba- 
luarte. 

En la época de la Junta central era este fuerte uno de los que 
con mas tesón y heroísmo sostuvieron los centralistas, de cuyo al- 
zamiento DOS ocupfu^mos luego, adelantando solo ahora estas no- 
ticias. Dnnute el tiempo en que Barcelona se muituvo firme en 



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190 BUUABTI DRL UIDIODU. 

sosteoer la bandera de Junta ceotral (aQo de 18i3), dando áJos 
pueblos una gran prueba de patriotismo y una gran lección de he- 
roísmo, el baluarte del Mediodía tuvo constantemente enarbolada la 
bandera negra, como en señal de que no se quería tranúgir y de 
guerra á muerte. 

Sitiada se hallaba la capital del hincipado por fuerzas numero- 
sas del ejército, y en poder de este los fuertes de la Cindadela, de 
don Carlos y de Moojnich ; llovían sobre la ciudad de los condes el 
hierro y el fuego ; pero los patriotas que en día se albergaban se 
mantenían firmes y resueltos, revelando cada día á sus adversarios 
de cuántos esfuerzos, sacrificios y heroísmo es capaz un pueblo que 
rebosa de fe en un principio político y empufia las armas por su 



Descubierto por completo el baluarte del Mediodía á los c 
de la Cíudadeta, del fuerte de don Carlos y también á la artillería 
de Moojuicb, fué desde los primeros dias del pronunciamento el 
blanco que para sus tiros escogieron aquellas fortalezas. Sin embar* 
go, cnanto mas empeQo mostraban en derruirlo, mayor en soste- 
nerlo ponían los centrriMas. Para poder comunicarse con él sin es- 
tar espuestos h atravesar la plaza de Palacio, que constantemente 
barrían los callones de MoDJuich y de la Ciudadela, construyeron 
los pronunciados un camiao subterráneo que les permitía atravesar 
la plaza sin peligro, pudiéndose dirigir por él á dicho baluarte. 

Bien pronto no Ilegé á ser este mas que un montón de ruinas y 
de escombrosj y de tal modo llovían incesantemente sobre él las ba- 
las, granadas y bombas de los fuertes mencionados, que bastaban 
pocos minutos para hacer alli un acopio considerable de cascos y 
proyectiles. Cada noche con sacos de arena y de lana, con colchas, 
con escombros y otros objetos los centralistas levantaban improvi- 
sados parapetos sobre aquellas ruinas, que osf eran derribadas co- 
mo vueltas á levantar en seguida, no cesando ni un instante solo de 
flotar al viento, sirviéndole de pedestal aquellos escombros en san- 
gre amasados, una bandera de paHo negro y colorado, como signo 
terrible de muerte y esterminio. 

Mli perecieron los mas valíeotes defensores de Barcelona, y su 
guarnición, que cada díase relevaba, salía completamente diezma- 
da de aquel punto, el cual los cuerpos de la i^aza se disputaban el 
honor de Ir i cubrir, sin embargo de ser llamado el baluarie de la 
muerte. Segura la tenia casi el que pisaba aquel recinto, verdadera 
tumba de los centnUistas. 

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BALUARTE. 101 

La janta de gobierno de Barcelona, cayo presidente era el distin- 
guido letrado don Rafael Degollada, que vive aun, llamaba en sus 
patrióticas aloeuciones á este baluarte el Fu^te de la Ubertad. 

Hoy ha desaparecido ya y se elevan varias casas en el sitio que 
ocupaba. 



BAAiCABTB (eallc del}. 

Esta calle es de la Barceloneta. Sa entrada es por la de Ginebra 
y va á desembocar en la playa. 

La Barceloaeta se halla situada al S. E. de Barcelona entre el si- 
tio donde se alzó la puerta de Mar y es boy prolongación de la pla- 
za de Palacio, y la estremidad del muelle. Ocupa un vasto terreno, 
que antes era completamente inútil, pues solo se veían en él algu- 
nas barcas de pescadores, y forma una poblaciou de unas mil ca- 
sas con un vecindario de mas de doce mil habitantes. 

Con este barrio vino á sustituirse en algo el célebre y hermoso 
barrio de la Ribera, derribado por Felipe Y para la construcción de 
la Cindadela. 

Fué la Barceloneta comenzada ¿ mediados del siglo XVIII por el 
marqués de la Hioa, entonces capitán general de Gatalufia, hombre 
celoso por promover obras útiles y por hermosear la capital del 
PrÍDcipado. CoD increíble velocidad se concluyó aquella obra impor- 
tante, pues ya eo 1155 se hallaban sustituidas las informes barra- 
cas de pescadores por una linda población uniforme, con vistas por 
una parte á la bella costa de Levante y por otra al puerto de la ca- 
piUd, realizando un cuadrado perfecto, formado por quince calles, 
cruzadas por otras nueve, dos plazas y una parroquia, siendo to- 
das las casas de ladrillo, de ud solo piso, y perfectamente iguales, 
de diez varas en cuadro. Sin embargo, el aumento progresivo que 
fué r&pidamente experimentando Barcelona en su población haciendo 
escasear las viviendas, contribuyó á que la Barceloneta tomara in- 
cremento, en términos de ser ahora un tríüingulo rectángulo, cuyo 
lado mayor, que viene frente al anden del puerto, tjpne mas de mil 
cuatrocientos pies de largo ; el lado menor, que hace frente & la 
Cindadela, es de unos ochocientos pies ; y la hipotenusa parte des- 
de el estremo de aquel por la orilla del mar h&cia el fuerte de don 
Carlos. Sus calles son todas iguales, tiradas k cordel, como ser&n 

Tomo I. 44 



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1 Oí BANOütTAS. — BAÑOS TIEJOS. — BAÑOS HDKYOS. 

las de la oueva Barcelona, pero ea algunas se han ido levantando 
en esta época segundos pisos, gracias á la concesión obtenida en 
tiempo del capitán general de Cataluña seEíor barón de Meer. 

BASftVETAS (e«lle de ■••). 

Cruza de la calle Ancha k la de Gignás. Se llaoiaba antiguamen- 
te den Boades y después de las Barguelas (barquillas ó lancbitas 
en castellano), á causa de eslar situada en un espacio de la antigua 
playa donde solian bararse las embarcaciones menores. Su nombre 
actual de Banguefas puede muy bien ser una corrupción del primi- 
tivo Barqüeías. 

Aa:SOS viejos [calle de ■••.) 

Su entrada está en la de Sombrerers, y su salida eü]&áelaBar' 
ra de ferro. Antes se llamaba den Sitjar, y dlcese que tomó su ac- 
tual denominación de Banys vells, baDos viejos, á consecuencia de 
unos en ella existentes, y que fueron llamados viefos al establecerse 
los que sirvieron para dar uombre k la calle que sigue k estas lí- 
neas. 

DoD Antonio de BoraruU en su Guia Cicerone cree que en este pun- 
to, es decir en esta calle ó en sus inmediaciones existió el estableci- 
miento de baBos romanos k que se alude en la lápida que se ha de* 
jado mencionada al tratar de la calle de Arlet. Pi y Arimoo en su 
Barcelona antigua y moderna cree que este establecimiento de ba- 
ños existió en dicha calle, pero en época posterior á la de los ro- 
manos. Fijándose un poco en las razones alegadas por ambos auto- 
res en sus respectivas obras, la opinión de Boforull parece ser la 
mas fundada. 



BAlEOS NUEVOS (cMle delM.) 

Comienza en el sitio llamado las cuatro esquinas del Cali y ter- 
mina en la calle de la Paja. 
Denominóse primitivamente calle deis Bmys frets (de los BaDos 



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BAÑOS NVfcVOe. 1^8 

fríos) por lo que laego 4iremos, pero el vulgo dio ea llamarla deis 
Bmyi nota (de los Bafios Queros), por lo que se ha indicado en la 
nolícia anterior, y este nombre ha conservado hasta nuestros tiem- 
pos. 

Ed la casa de esta calle que forma esquina con la de la Soguería, 
eustian autiguamente unos baQosde coustruccioo árabe, aunque no 
de aquella época, seguu parece, sino de la de los condes de Barce- 
lona, construidos por artífices árabes, á usauza de los que esta na- 
ción tenia en Granada, Córdoba y Sevilla. A últimos del siglo pa- 
sado, aunque muy deteriorados, existían todavía estos baQos, y los 
vio y visitó, dejándonos de ellos noa descripción, el autor don Isi- 
doro Bosarte. 

Según )a relación que de ellos nos hace este escritor, podíanse 
VOT aiiB en 1786 los antiguos baDos en la caballeriza y en el cor- 
ral de la diada casa. Entrábase á la caballeriza por una pendiente 
del portal, pues el piso de los bafios estaba muy inferior al de la 
caUe, y tan profundo, que habiéndose dado luz á la caballeriza á 
raíz del mismo empedrado de la calle, quedaba muy alia todavía 
sobre los pesebres. El piso de la caballeriza se había ido elevando 
con el estiércol de los caballos y tierra ó cascajo que echarían antes 
de hacer los pesebres, hasta el tercio á lo menos de la altura de la 
puerta que daba paso á aquella parte del edificio, pues era menes- 
ter encorvar el cuerpo y bajar la cabeza para entrar por ella. De 
la puerta se iba bajando por otea pendiente, y, dejando á la iz- 
quierda un pasaje que iba al pequeQo corral hecho dentro del cir- 
coilo del edificio antiguo, se veía al frente un sudadero en figura de 
templo, sostenida su cúpula, que era cortada por la parle interior 
en triángulos, por doce columnas de mármol blanco, cuyos capiteles 
no estaban labrados y mostraban la figura como sí estuvieran afor- 
rados de una teta. La cúpula se cerraba con un agujero de figura 
de una estrila y por él entraba la luz. El mármol de las columnas 
mas parecía de Genova que de CataluOa por su estrema blancura. 
A mano izquierda, yendo hacía el corral , se veía contra la pared un 
caoalon seguido por donde iba el agua al baDo. Algunas columnas 
que sostenían arcos antes de entrar al lacónico, parecían restauradas 
de tiempo posterior, y sobre el capitel de una se veía un aguje- 
ro donde cabia la mano, hecho en regla para algún fio. Por lo to- 
cante al resto del edificio, conocíase que este era un claustro, y uno 
de sus cuatro lados, lo que entonces servia de caballeriza. Por otra 



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101 BABBAEÁ. — BABBABÁ, — BABCBLÓ. 

de las paredes se veía salir un bneo trozo de piedra, y practicado 
en ella ud agujero redondo. Las bóvedas y paredes estaban vestidas 
de estuco, como asimisoto la cúpula del lacónico. El pavimento era 
todo de mármoles, de los que se sacaron muchos que fueron lleva- 
dos á la iglesia de los Jesuítas ó de Beiem en la Rambla. 

Hoy ya no queda vestigio alguno de este resto notable de anü- 
güedad, habiéndole sucedido lo queátantas otras admirables ruinas 
de la antigua Barcelona, que todas han desaparecido para abrir pa- 
so á las modernas construcciones de edificios. 



BABBABÁ (cnUcí «M Blarqaéa de]. 

Tiene su entrada por Ja de la Union y su salida en la de Sm Ola- 
guer ú Olegario. 

El vulgo conoce esta calle por la do'la Fmt seca, pues no Ince 
mucho tiempo aun, frente de esta calle y en el sitio dtode hoy se - 
abre la de la Union, existia una fuente que algunas veces dejaba de 
manar, particularmente en verano, de lo cual provino el llamársela 
Fuente seca. Guando se puso en comunicación directa á esta calle 
eon la Rambla, por medio de la abertura de la de la Union, la 
fuente pasó á formar parte de esta última y en «Ha existe todavía. 

Lleva el nombre del marqués de Rarberá, en atención á haber 
sido este quien, durante su gobierno en Barcelona á principios del 
reinado de Femuido Vil, removió con loable celo cuantos obstácu- 
los se presentaban para abrir esta calle que había de dar mas vida 
y animación á aquellos barrios, muy poblados aun entonces de 
huertas y muy desprovistos de vecindario. 



Está en la Barceloneta. Tiene su entrada por la caite JI%or y su 
salida por la del Bakarte. 

tBAMCBMjé (MOle de). 

Otra de las calles de la Barceloneta, que cruza desde la del Ctf- 

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BABCELÓ. 105 

matíerio basta el mar, y cnyo nombre recuerda el de nno de nues- 
tros mas célebres marinos. 

Don Antonio Barceló nació el aDo 1118 en Palma de Mallorca, y 
desde muy jóveo manifestó so decidida iaclinacion á la carrera de 
marino, en la cual debia cooquislar merecidas glorías, como dlgni- 
simo sucesor de aquellos grandes héroes marínos de la antigua Co- 
rona de Aragón. A pocos ha sucedido lo que á Barceló. Sin mas pa- 
trimonio ni mas influencia que su espada y su valor, supo hacerse 
lugar y subió grada agrada la escala de la milicia, en lucha siem- 
pre no solo con los enemigos de su patria, sino con los émulos y los 
envidiosos que son los enemigos del grande hombre. 

A los diez y ocho años era capitán de un jabeque-correo entre las 
Baleares y la Península, c«d el cual comenzó su encarnizada p«^e- 
eocion contra los moros piratas que infestaban las costas mallorquí- 
nas. Su nombradla llegó ¿ adquirir cierta celebridad á consecuencia 
de 00 glorioso combate que sostuvo con dos galeotas argelinas, ac- 
don que le «lió el nombramiento de alférez de ñ^gala. 

Bien pronto su nombre llegó á serio de terror y espanto para los 
piratas berberiscos, i los cuales perseguía con tenacidad y con va- 
lor verdaderamoite temerario. En infinitos combates marítimos supo 
elevar su &ma á una altura considerable, siendo siempre vencedor, 
jam&s vencido, y asi fué como por medio de hechos de armas aUa- 
mente glaríoBOS, por medio de proezas sin cuento, por medio de esa 
vida azaroMi y terrible del marino, llegó á ser promovido ateniente 
general en 1183. Pocos son los hombres que, alejados de la corte, 
sin influencias, sin intrigas, sin mas méritos qve los personales, lle- 
gan á ocupar el puesto á que son acreedores. Barceló á fuerza de 
relevantes é indisputables servicios consiguió que se reconociese su 
mérito, y no obstante, sus^lanreles, alcanzados en buenas lides, no 
le salvaron de las envidias y bajas acusaciones |de sus detractores. 
Asf es que abandonó el servicio, y se retiró h. Mallorca donde murió 
á los ochenta aDos de edad en 1191. 

Se dice que era un hombre tosco eu sus modales, pero que tenia 
WLentendimiento claro, un alma'noble y generosa, un criterio elevado 
y propio, y sobre todo un^valor indomable y un arrojo á toda prue- 
ba. Es uno de los mas célebres marinos de la nación espaDola, dig- 
no descendiente de los Roger de Lauria y Vilamari, y sin embargo, 
como sucede en este pais á tantos hombres ilustres, sus restos des- 
oaosaa ignorados en el oscuro nicho de oa oementerío de palma, 

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1 06 BIBCÜLÓ. 

síD que la Dación que tanto le debe se haya acordado aun, para bu 
propia gloría, de elevarle ud moDumeoto. 

El nombre de esle célebre maríao llegó k adquiñr gran popola- 
rídad. Aun hoy día se canta por la gente del pueblo una copla, por 
cierto muy iatencionada y significativa, que es sobre todo muy co- 
mún en Valencia, la cual dice asi: 

Si el rey de EspaQa tuviera 

cuatro como Barceló, 

Gibraltar fuera de EspaQa, 

que de los ingleses no. 

Existe otro Barceló, también de nuestro país, también marino, y 
acaso de la misma familia que el perseof^e deloual se ac^de ha- 
blar, cuyo nombre va unido á un brillante becbo de armas de Ja 
taluDa. 

I pocas líneas. 

iceses de.fiarcelooa y también I» eran de Ha- 
de junio de 1808 salió de ella para la de 
bI general Chabraa, soltó aquella ciudad los 
i patriótica en favor de la causa nacional, 
te de la iodepeodeocía, y la prímera dispo- 
a nombrada al intento, fué la de fortificar el 
QDgat, enviando á. él á este fin cuantos alba- 
-eros y cerrajeros babiaenla ciudad, loscua- 
efia atarazana al cargo de don Juan Vilarde- 
bó y Morera, sieado el comandante elegido por la junta don Maria- 
no Pou. A mas de dos callones de á 24 que se trajeron de Mataré y 
se colocaron en la altura de la derecha, á fuerza de brazos, á pesar 
de ser la subida muy rápida y escabrosa, se dispusieron dos caho- 
nesde á S de bronce, sin los que había en el castillo. Abrieron por 
fio zanjas y parapetos para la artillería, aunque solo tenían cuatro 
artilleros, supliendo los marineros lo perteneciente ¿dicha arma. 
En aquella época el patriotismo hacia milagros. 
Los franceses, duuQos de Barcelona, no podían ver con calma qae 
así se fortifícase Mongat, interrumpiéndoles la comunicación con 
Francia por la carretera. Decidieron, pnes, apoderarse á leda costa 
de aquel punto, eligiendo para ello el 16 de junio, dia del Corpus. 
£1 10 habían comenzado los nuestros á trabajar eo el fuerte, de 
modo que apenas eo cinco dias habiaa podido adelaatar las obras. 



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BARCELÓ. 101 

A las cuatro de la madrugada del 16 salió de Barcelona uoa cre- 
cida dÍTision francesa al mando del general Lechi. El total de la 
fuerza pasaba de cinco mil hombres de todas armas con ocho pie- 
zas de artillería de grueso calibre, [^varios carros de muDiciones y 
dos puentes, k las ocho de la maüaDa'eslaba ya en Mongat y se 
había trabado la cootíeoda. Un^pnOado de hombres defendía el 
fiaerto, y cúpole la gloria 'de detener por largo espacio á la dívisioa 
enemiga, que lavo que sitiar aquel improvisado reducto de cuatro 
dias, emprendiendo el asalto y cost¿odole tanta sangre como hubie- 
ra podido una fortaleza de mayor orden. 

Los heroicos defensores de Mongat resistieron cnanto humana- 
mente les fué posible, y por fin, do pudiendo ya otra cosa, se de- 
jaron pasar á cuchillo por los franceses. Verdaderos héroes de unas 
nnevas Termopilas, sostuviéronse en el puesto que les habia asig- 
Dado la patria y murieron en él. 

No permitieron sin embargo nuestros valientes que el francés 
disfrutase por mucho tiempo el fruto de su victoria. Don Francisco 
Barceló, teniente de navio de la real armada, oficial de distinguido 
mérito y tenido en gran concepto 'en el Valles, formó de acuerdo 
con los capitanes de los cruceros ingleses que ocupaban las aguas 
del Masnou, el proyecto de apoderarse de Mongat, ayudado de los 
somatenes de Alella, Tiana, Tayá, Masnou, Vilasar y Premia. 

Et 29 de julio al anochecer empezaron & maniobrar los ingleses 
con su multitud de botes y lanchas, disparando algunos cohetes, k 
coyas seQas Barceló hizo corresponder desde su campo con otros y 
algunas fogatas en las alturas, de manera que los franceses con- 
taron con que Barceló había recibido un grao refuerzo. 

El 30 la calma y corrientes contrarias impidieron que las fraga- 
las se aproximasen, y por lo mismo quedó suspendido el plan de 
ataque. 

El dia 31 permitió el viento que la fragata commáMle Imperiosa 
fuise á colocarse bajo el tiro del castillo, y esta fué la sefial del com- 
bate, pues inmediatamente la altura de Codina, que estaba atrioche- 
nét y coronada de mosquetes y esmeriles, fué asaltada por el capitán 
don Juan Barber, que se apodera de ella y de diez y nueve prisio* 
ñeros. En el mismo instante, con igual ardimiento, despreciando el 
vivo fuego de fusilería y metralla del enemigo, pasaron las com- 
paOfas de don Juan Solench, don Pablo Belloch y don Remigio Cal- 
dero, á alojarse sobre el camino cubierto, impidiendo & los del 



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1 08 BARBA DE FERRO. — BARTROlf . 

fuerte todo uso de artillería y obligáadoles k eDcerrarse en los cuar- 
teles, desde doude opusieron alguaa resistCDcia hasta la llegada de 
UD destacamento de tropa inglesa que desembarcó de la fragata, y 
al cual rindió las armas la guarnicíoD francesa. 

Se componía esta guarnición de^sesenta y tres hombres, inclusos 
un capitán y dos subalternos. La pérdida¡del enemigo fué de al- 
racion. Tuvo algunos muertos, nueve heridos, y deja- 
de nuestros valientes, á mas de los prisioneros de 
caDones de varios calibres, incluso uno de diez y seis, 
is y gran cantidad de municiones de guerra y boca. 
i Mongat, llevada k cabo con gran intrepidez por Bar- 
celó, fué de muchísima importancia para las operaciones de la 
guerra, pues se cortó k los franceses la comunicacioQ por medio de 
la carretera de Francia, y, quitándoles la proporción de hacer cor- 
rerlas por aquella parte, cootribuyóá que se estrechara mas el blo- 
queo de Barcelona. 

BAAbA de ferro («wUe 4e I»]. 

Barra de hierro en castellano. Comienza en la calle de Moneada 
para ir á terminar en la del Pou de la cadena. ' 

En la llamada Rúbrica de Bruniquer , importante y curioso ma- 
nuscrito que se conserva en el archivo municipal de esta ciudad, 
se lee, queáS2 de setiembre de 166S se mandaron pagar 32 libras 
12 sueldos por las barras de hierro que se pusieron en la boca de 
la cloaca de esta calle , entonces descubierta por lo visto. De esta 
barra ó barras de hierro provendrá sin duda el nombre actual. 

También pqede provenir de la costumbre antiguamente observa- 
da de fijar en ciertos puntos estremos de la ciudad unas barras de 
hierro , á manera de barreras , junto & las cuales estaba la casilla 
del encargado de cobrar al que entraba géneros ó comestibles los 
derechos impuestos por la ciudad para atender á sus cargas. 



BARVROUt (caito 'ea). 

Parece que antiguamente se llamaba den Félix Jutge , y cruza 
de la calle deis Miraliers k la de Baños viejos. 
Lleva un apellido de Emilia catalana. 



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109 



BAIEA (eidl« de). 

Es on callejOD que comienza eo la plaza del Ángel y que dando 
varías vueltas va á salir á la calle de la Platería , habiéndose ido 
eosanchaiido en alguoos puntos k medida que se han ¡do reedifi- 
cando ciertas casas y dejando mas espacio h la via pública. 

Era una de las calles mas distinguidas antiguamente por morar 
en ella muchos comerciantes , conforme lo testifican aQejas memo- 
rías y lo prueban con su forma algunos de los edificios mas próxi- 
mos á la Platería. 

Hay quien cree que el nombre de esta calle, que algunos llaman 
Besea , dimana de cierta antigua familia catfüana llamada de Bes- 
seya que habitaba en este punto ; pero la opinión mas generalizada 
y mas fundada es otra. Según esta , su nombre antiguo era Bas~ 
selja (ballesta), cuya palabra, corrompida en la de Basseya, ha ve- 
DÍdo andando el tiempo á transformarse en la de Basea que lleva 
boy dia. Esta opinión es tanto mas verosímil y lógica, cuanto que, 
como veremos al hablar de la plaza del mismo nombre ¿ continua- 
dofi de estas líneas, todo induce á creer que se hallaba en estos al- 
rededores el campo , el patio ó la escuela donde se practicaban los 
ballesteros en el ejercicio de su arma. 

Existe relativamente á esta calle ana tradición, cuya falsedad pa- 
tentizael estudio de la historia, pero que no por esto debe dejar de 
contarse. Se supone que después de reconquistada Barcelona por el 
conde Borrell, conforme veremos al hablar de la calle de este nom- 
bre, hubo una segunda invasión de moros en CataluDa por los años 
de 993 , y se dice que el conde salió al encuentro del ejército in- 
vasor basta los llanos del Valles con solos quinientos caballeros. 
Trabóse el combate , pero aquella cohorte de guerreros cristianos 
fué rota y destrozada, y el conde con los pocos que quedaron vivos 
hubo de refngiarse en el castillo de Ganta cerca de Caldas de Mont- 
bny. Cercáronles allí los moros , y después de una resistencia des- 
esperada, fueron viotimas todos, sio escapar uno solo , de la cólera 
de los muslimes. Añádese que entonces, ufanos estos con la victo- 
ria, corlaron las cabezas de los quinientos cadáveres, y acercándo- 
se á Barcelona, que no queria rendirse, las arrojaron una tras otra 
dentro de la ciudad á favor de una ballesta , por encima del muro 

Tomo I. 46 

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110 BASBA. 

lindante entonces con el sitio ocupado boy por la calle de que se ha- 
bla. La tradición localiza basta el sitio en que cayeron aquellos san- 
' grientos restos de los quinientos decapitados, asegurando que aquel 
sitio desde entonces se llamó el llock de la Bassetja (el lugar de la 
ballesta), originándose de aquf el nombre de la calle. 

Pero esta tradición resulta ser falsa anle la critica irrefutable de 
la historia , y el nombre de esta calle debe provenir indisputable- 
mente de lo que va á referirse. 



BAIEA (pliwft 4t>), 

Se llama asi el espacio situado entre las calles de íuf^ y Pom 
d' or. 

Todo induce á creer que en este sitio se hallaba la escuela pú- 
blica del tiro de ballesta. Durante la época en que era esta arma la 
mas común , todos los que querían entrar á formar parte de las com- 
paQías de ballesteros se ejercitaban en su manejo. La ciudad de 
Barcelona, para proteger loque hoy se llamarla Uro nacional, ofre- 
cía de vez en cuando hermosas joyas que se daban á los mejores 
tiradores de ballesta en juegos públicos, & los cuales asistían los con- 
celleres y personas mas distinguidas de la ciudad con el objeto de 
estimular y avivar el espíritu público. 

En los primeros tiempos del Consejo de ciento, según parece, el 
tiro nacional de ballesta se bailaba establecido en el punto indicado, 
y de aquf el nombre de plaza de la bassetja d Uoch de la bassetja que 
se dio al campo en que tenían lugar estos ejercicios. Entonces los 
juegos públicos teniao lugar cada aQo, y se regalaba al mas diestro 
en acertar el blanco una copa de plata, que parece teniao obliga- 
ción de trabajar los que aspiraban al título de maestros en el oQcio 
de plateros. La ciudad tenia en aquellos tiempos una cojnpanía de 
ballesteros para su guarda, á imitación de la cual creó el rey don 
Jaime el conquistador, después de tomada Valeocla, lacompaBÍa allí 
llamada del Centenar, cuya compaQfa, según disposiciones de dicho 
monarca, la debían formar cien individuos, todo» paisaúos, menes- 
trales y de buena conducta. Con la creación de esta compaDia en 
Valencia, se estableció allí tambles, & usanza de Barcelona, el tiro 
nacional de ballesta. Los ballesteros vistieron con arreglo á los tra- 
jes de los tiempos diferentes, y los de Valencia se distinguían de los 



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BEATAS. 111 

demás tercios por la sobrevesta blanca de laoa ó tafetaa con la cruz 
de San lorge en el pecho y espalda. Una sobrevesta parecida osa- 
riao los de Barcelona. 

Bd li45 el tiro oacional había ya pasado á establecerse en Ata- 
razanas, seguD se deduce de un edicto ó pregón mandado publicar' 
por los magistrados municipales de Barcelona el H de octubre del 
referido aOo. Este pregón, muy curioso é importante para el punto 
de que aquí se trata, decia así , fielmente traducido de) catalán al 
castellano: 

«Aboba oíd todos generalmeote lo que os aotificau los honorables 
coocelleres de la ciudad de Barcelona, y es : Que ellos eu nombre 
de dicha ciudad, y por nobleza de la misma , han mandado hacer 
caatro joyas para premios del tiro de la ballesta, invirtiendo en ellas 
la misma cantidad de otras joyas pasadas, las cuales consisten en 
ooa copa, una taza, cuatro cucharas, todo de plata dorada , y dos 
ballestas, para los mozos, con tal que se ejerciten en el tiro y á fio 
deque dicha ciudad tenga mas abundancia de ballesteros y pueda 
utilizarlos en el caso de ser asi necesario: Que se ha dejado á cargo 
del greaiio de los herreros de dlcba ciudad la adjudicación de dichas 
joyas, con ciertos capítulos : Que lodos cuantos quieran tomar par- 
te en el tiro de ballesta vayan el próximo domingo venidero, que 
será el 2 i del presente mes de octubre, á la Atarazana, donde es- 
tarán dichas joyas para premiar al mas diestro; y Que quien quie- 
ra tomar parte en dicho tiro de ballesta haya de estar sujeto k la 
reglameolacíon y ordenanzas de aquellos que tienen á su cargo la 
adjudicación de dichas joyas, y haya de observar los dichos capi- 
IdIos, bajo las penas en ellos contenidas. 

nEl lunes á 11 de octubre del alio 1445, fué pregonado el pre- 
sente edicto por En Bernat Cadireta con dos trompetas por los lu- 
gares acostumbrados.» 



BEATAS (««Ue de Un). 



La entrada de esta calle es por la de San Pedro baja, yendo á 
parar & la plaza de que se va k dar cuenta, de la cual recibe el 

nombre. 



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112 BBATAS. — BEATO ORIOL. 



BEATAS (vina» de Im.) 



• Desembocan en ella las calles de Mercaders y Beatas. 

Recibió este nombre cuaodo erigieroo en ella su convento las 
beatas de Santo Domingo, fundación de sor Juana Morell en 1532. 
Su actual iglesia, erigida bajo la advocación de Nuestra SeDora del 
Rosario, fué emprendida en 1800 y terminada en 1803. 

Se dediccu) estas religiosas k la enseOanza gratuita de niQas, y 
por esta causa no faeroa suprimidas cuando los sucesos de 1835. 



BEATA OBIOI. [••Il« «el). 

Arnuica de la calle den Robador para ir á terminar en la de la 
Cadena. 

Diósele este nómbrelo memoria de! beato doctor José Oriol, ua- 
cido en Barcelona el 23 de noviembre de 1650, piadoso varón de 
quien se dice que era hombre de ejemplares virtudes y de quien 
se refieren algunos milagros, suponiéndose que poseía el don de 
sanar á los enfermos santiguándoles con agua bendita. Con este 
motivo, y siendo el Beato beneficiado de la iglesia de Nuestra Se- 
fiora del Pino , cada dia se veia la puerta principal de este templo 
invadida por multitud de cojos, mancos, tullidos y toda clase de 
personas dolientes que iban á pedirle la restitución de su salud. 
Oriol era humilde, caritativo, virtuoso, y de inmensa popularidad. 
Daba á los pobres todo cuanto tenia, morando él en una miserable 
habitación de lo alto de una casa de gente humilde , donde no se 
veian mas alhajas que una mesa con el crucifijo, la Biblia, el Bre- 
viario y algunos libros espirituales, una silla y unas tablas que le 
servían de cama con una piedra por almohadón. 

Murió el S3 de marzo de nOS, y fué innumerable el concurso de 
personas de todos estados'que concurrieron á visitar su cadáver, so- 
¡idtando muchos llevarse algunas reliquias de su vestido. Su en- 
tierro fué en la iglesia del Pino, y las calles por donde se llevó su 
cadáver estaban cuajadas de gente que á su paso se postraba de ro- 
dillas. 
Fué beatificado'por Pió VII. Torres Amat lo coloca entre los es- 



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BEATO ORIOL. 113 

crítores catalanes como autor de una Vida de la venerable María 
Magdalena Rialp y de otras obras, que no UegaroD á imprimirse y 
que hoy ignoramos dónde parao. Al hablar de la calle del Cuch y 
de la casa donde nació este varón, daremos sobre él algunos mas 
curiosos detalles. 



BEATO OBIOIi [plmmm <l«l}. 

Está situada entre la plaza y la plazuela del Pino, desembocando 
& mas en ella las calles del Pino, Paja, Ave María y Ciegos. Todo 
nn costado de esta plaza lo ocupa la iglesia del Pino, que sobre ella 
abre su puerta del Ave María, según ya asi se ha consignado ante- 
riormente. 

Ya hemos dicho también que era cementerio de la citada parro- 
quia en la época en que los cementerios estaban dentro de la ciudad. 
Su piso entonces estaba algunos palmos mas alto que el de las ca- 
lles circunvecinas, y subíase k él por dos escalinatas, una que es- 
iaba pegada á la pared del ángulo derecho del templo, y otra situa- 
da delante de la calle del Ave María. K principios del siglo actual 
se mandó quitar este cementerio como todos los demás existentes en 
el interior de la ciudad, y nivelóse su piso con el de las calles veci- 
nas, quedan<fo formada esta plaza que se llamó del Beato Oriol por 
venerarse sus reliquias en el contiguo templo. 

En una casa de esta plaza murió el aDo 1843 el poeta catalán 
don Jaime Tió, al cual es justo que consagremos uu recuerdo apro- 
vechando esta ocasión. 

Habia nacido en Tortosa, pequeQa y antigua ciudad de CataluDa, 
á orillas dd Ebro. Sus primeros aQos corrieron tranquilos ala som- 
bra de sus padres, comerciantes eu aquelía ciudad. Estuvo de cole- 
gial en Valencia, y dedicándose á la carrera del foro vino de alü á 
Barcelona, donde acabó de cursar los aOos que le faltaban para 
completar sus estudios. 

Era joven de fogosa imaginación y de exaltadas pasiones , y fué 
uno de los adalides del romanticismo, cuando se inició en Barcelona 
esta revolución literaria. Publicó entonces en tos folletines de varios 
periódicos políticos algunas poesfas, pertenecientes al género román- 
tico, que aun recordaJ)a con placer antes de su muerte porqueellas 



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114 BEáTO OBIOL. 

erao la expresión de las ioquietadesde su alma, frecueoteseD aqaet 
primer y agitado período de su vida de poeta. 

Seoüa qae en Barcelosa no se levantara una tríbuna literaria pa- 
ra conquistar el puesto que á esta ciudad correspondía eo la repú- 
blica de las letras, y ausitiado por los escritores Collar y Buerens, 
Fors de Casamayor y otros, realizó el pensamiento de crear un pe- 
riódico de literatura , que publicó con el titulo de El Heraldo 
en 1810. 

Poco antes se habia representado en el teatro Principal ó de San- 
ta Crnz UQ drama original suyo, titulado : El castellano de Mora, 
que fué muy aplaudido. Los aplausos del público le animaron á se- 
guir por este camino, y en poco tiempo escribió otros cuatro dra- 
mas. El rey por fuerza, Alfonso III el liberal. Generosos á cual 
mas y El espejo de las venganzas, obteniendo todos muy buen éxi- 
to, especialmente el último, que es sin disputa su mejor producción 
dramática. Por desgracia todas las demás obras de Tió están publi- 
cadas, menos esta última. Una terquedad inconcebible de su fami- 
lia ha impedido que viera la luz pública El espejo de las venganzas, 
pues cuantas veces ban intentado dar esta obraá la prensa tos ami- 
gos de Tió para gloría de su nombre, otras tantas se ba opueslo la 
familia del poeta. 

Escribió también un drama lineo en un acto. El grito de los co- 
muneros, que puso en música el maestro Rachelle. 

No se limitó nuestro poeta á escríbir para el teatro. La historia 
presentó vasto campo á sus meditaciones, y ensayó continuar la 
Guerra de Calduña de don Francisco Manuel Meló, lo cual hizo con 
loable acierto, siendo esta de seguro la obra mas importante de 
Tió. . 

Fué director de la serie de obras que con el título de Tesoro de 
autores ilusíree comenzó á publicar el editor Oliveros, y tradujo há- 
bilmente para esta colección varías novelas. 

Su nombre figura asimismo con gloría al pié de infinidad de ar- 
tículos sueltos sobre teatros, costumbres, historia, poesía y cien- 
cias, que vieron la luz pública en los periódicos de esta y de otras 
capitales. 

Tió muríó joven, cuando la patría y la literatura tenían derecbo 
t^ esperar mejores obras de su genio y de su talento. 



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BEATO SIMÓN DE ROJAS. — B&ITRAN. 115 



BEATO iinOIV DE ROJAS (calle 4el). 

Es una calle qae va de la de Raurich k \xn& de las puertas de la 
iglesia de San Jaime. 

Parece que en autiguos tiempos tuvo esta calle sucesivamente tres 
nombres, pues se llamó den Sagarra, deis Calderers y den M6- 
nech. 



BIXTRAW [««Ue «c «•■ ). 

Se dirige esta calle desde la del Olmo al campo, en dirección á las 
que se llaman Huertas de San Bellran, las cuales están al pié de la 
moDtaüa de Monjuich. 

Eq el sitio que ocupan hoy estas huertas, y cercano al edificio de 
Atarazanas, por lo regular se acostumbraba á levantar antiguamen- 
te el palenque en que tenían lugar los desafios y batallas que eran 
conocidos por juicios de Dios. Muchas veces se celebraban estos en 
el Bom, como veremos; ^ero hallamos haberse efectuado varios en 
el campo de San Beltran. Citaremos algunos de los mas famosos. 

Eq la Rúbrica de Bruniquer, precioso manuscrito que se custo- 
dia en el archivo de nuestras Gasas consistoriales, hallamos que á 
7 de mayo de 1319, por cuanto dos caballeros de Valencia habían 
de presentarse en batalla k consecuencia de haber retado el uno al 
otro, y haber el rey asigoádoles campo entre Monjuich y la Ataraza- 
na, el Consejo de ciento autorizó k los concelleres para mandar ha- 
cer las estacadas, poner barras y colocar guardias para seguridad 
del campo y de la ciudad, ya que k la ciudad tocaba todo esto. 

En el mismo manuscrito se halla, después de esta noticia, que el 
daeh) se efectuó el 22 de junio del mismo aDo, siendo el retador 
Berenguer de Vilaregut y el retado Jimen Peris de Arenosio. Ba- 
tallaron entrambos solo con lanza, y, según parece, no hubo nin- 
gún incidente desagradable, pues se ve que el sábado 25 volvieron 
á salir desafiados presentándose de nuevo en el campo, aun cuando 
de él se salieron en seguida. Y guasi de coníinení neixiren , dice la 
citada Rúbrica. 



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116 BBLTBAN. 

De otro daelo, efectuado en el mismo sitio, tres aDos mas tarde, 
se tiene también noticia. Tuvo lugar el 23 de abril de 1382. El re- 
tador fué mosen Guillermo Aymar de Guix y et retado mosen Juan 
de Vilatenim, ambos caballeros catalanes. Se ignora la causa del 
duelo. Habiéndoles concedido campo el rey entre Monjuicb y la Ala- 
razana, entraron en él á las tres de la tarde del dia seDalado, y com- 
batieron bravamente uno contra otro, á pié, con espada y daga, 
causando Aymar una herida leve k Vilatenim en el brazo derecho, 
por lo cual se suspendió la batalla. £1 gobernador, que presidia el 
campo, dictó sentencia, dándoles k entrambos por buenos y valero- 
sos caballeros; pero DO hubieron de darse por satisfechos, pues 
consta que el de Aymar volvió k provocar al de Vilatenim, y la ba- 
talla suspendida el 23 de abril volvió á comenzar el 18 de mayo 
siguiente. Largo rato pelearon, y heridos hubo de retirárseles á en- 
trambos del campo, haciéndolo Aymar por su pié y el otro en bra- 
zos de sus gentes. Los dos murieron á los pocos días de resultas de 
sus heridas. 

En 1472, hallándose Barcelona pronunciada contra Juan H, y 
siendo rey por voto de los catalanes Renato de Anjou , y virey y lu- 
garteniente su hijo el duque de Lorena, presentóse á este el caba- 
llero Jaime de Hijar, aragonés, pidiéndole que le diese y asegurase 
campo en el cual se presentaría para manteoer y sostener que nin- 
gún subdito del rey Renato tenia una enamorada mas hermosa y vir- 
tuosa que él, ni que mas amada fuese por su galán. Estaba muy en 
las costumbres del tiempo la petición, y el duque de Loreoa asignó 
por campo al mantenedor un terreno entre Atarazanas y Moa- 
juich. 

Habiéndose presentado el caballero mosen Rafael de San Jorge 
dispuesto á sostener que era su dama la mas hermosa, la mas vir- 
tuosa y la mas amada, se trató de realizar la batalla, y comenzaron 
á levantarse las vallas con una empalizada, al rededor de la cnal se 
construyeron varios tablados para el inmenso gentío que concurrió, 
dejando uno con separación y lujosamente adornado para el seQor 
duque de Loreoa que habia asegurado la plaza. En la pane de fue- 
ra, y en cada estremo del palenque, se pusieron dos tiendas, una 
para el de Hijar, que tenia la de la parte de levante, y otra para el 
de San Jorge. 

Llegado el dia del combate, que fué el 1 5 de marzo del aSo ci- 

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BGLTRÁN. 117 

tado 1472, estando todos ea sus puestos é iovadidos de gente los 
alrededores del palenque, dio el gran condestable el conde de Pallas 
la órdeo de empezar. 

Ed seguida aparecieron en la liza los heraldos y los jueces del 
combate, que eran los doce seDores siguientes : Garlos de Chacón y 
Juan de L^üarra, navarros, Juan Doscá, francés, Luiseto, italiano, 
Randoleto, napolitano, Beltran de Magarola, Ramón Zavall, Juan de 
Papiol y Miguel de Canet, caballeros catalanes, y Francisco de Vall- 
seca, Juan Desvalí y Baltasar de Gualbes, ciudaílanos de Barcelona. 

Casi al mismo tiempo llegó don Jaime de Hijar con su acompa- 
líamiento, coa seis trompetas, una bandera con sus armas, un es- 
tandarte con su divisa, el caballo con cubiertas de búfalo y para- 
mento de seda , y vestido el jinete con cota de pellejo blanco, 
forrada de pieles blancas, k&í dio la vuelta en tomo del palenque 
por la parte esterior, y después se entró en su tienda. Inmediata- 
mente despn^ llegó mosen Rafael de San Jorge, con granacompa- 
fiamiento asimismo de caballeros : iba vestido de terciopelo negro, 
forrado de pieles negras, llevaba el caballo con gualdrapas de seda, 
y, con la misma ceremonia, precedido de los trompetas, déla ban- 
dera y el estandarte con sus armas y divisa, dio una vuelta en tor- 
no del palenque y se entró en sa tienda que se alzaba por la parte 
de poniente. 

Después de esto, presentóse Jaime de Hfjar en el palenque, k pié, 
y acercándose al lugarteniente, juró en manos del condestable con- 
de de Pallas tener buena querella y mantener buen derecho, vol- 
viéndose en segaida á su tienda. Lo propio hizo el de S&n Jorge. 
Luego se trajeron las armas asi ofensivas como defensivas de en- 
trambos, y habiendo sido reconocidas é inspeccionadas por los dpce 
jaeces, dándolas por buenas, cada uno de los combatientes comen- 
zó á armarse en su tienda. En el ínterin k son de trompetas se pu- 
blicó un bando de parte del Ingartemente para que nadie fuese osado 
á toser, escupir, hablar, señalar m hacer ninguna suerte de señas, 
bajo pena de la vida, y comenzaron & rodar en tomo del campo, co- 
mo para guardarle, una cómpaüía de cien caballeros. 

Luego que, armados de todas armas, se presentaron en el pa- 
lenque los dos.paladines, sonaron las trompetas, gritaron por tres 
veces los heraldos : Leixelos aller, y comenzó el combate. Rafael de 
Sao Jorge, retado, y Jaime de Bíjar, retador, partieron casi á un 
mismo tiempo, lanza en ristre, nno contra otro. Rompiósele al pii- 

TOMO I. w 

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118 BBLTRAN. 

mero la I&Dza al dar contra el arzón de la sitia de su conlrarío, y el 
segundo clavó la poota de su lanza en los pechos del caballo de sn 
competidor, hiriéndole malamente. San Jorge entonces echó manoi 
la maza y con ella dio dos 6 tres golpes al de Hijar, haciéndole caer 
la lanza de las manos, pero al punto tiró este de la espada. Asf pro- 
siguieron batiéndose uno contra otro con grande empello, hasta que 
el duque de Lorena arrojó la vara desde el tablado donde estaba, y 
los jueces se interpusieron entre ambos separándoles. 

No nos ha sido posible averiguar & cuál de los dos se proclamó 
vencedor, si bien parece que entrambos Tueron dados por baeoos, 
pues consta en el dietario en que estas noticias se consígoan, qneal 
dia siguiente, primer domingo de cuaresma, el duque de Loreoa los 
convidó á su mesa, haciéndoles comer á entrambos en un mismo 
plato. Terminado el banquete, al cual asistieron muchos caballeros, 
asi de los que hablan venido con el de Hijar, como de los parciales 
del de San Jorge, siguióse un gran baile en palacio, terminando lo- 
do con regalar el lugarteniente k don Jaime de Hijar un trofeo de 
armas guarnecido de oro, en el cual habia mas de tres marcos de 
oro, y á mosen RaTael de San Jorge un caballo castaBo en sustitu- 
ción del que su contrario le habia muerto. 

También en tiempos modernos se ha celebrado en estos mismos 
sitios un torneo, el cual tuvo lugar el ti de junio de 1833, con mo- 
tivo de la jura de la princesa de Asturias, hoy reina de EspaDa, doQa 
Isabel 11. 

Entre los muchos y espléndidos festejos qoe la ciudad de Barce- 
lona dispuso para aumentar la pompa y brillo de la jura, fué uno . 
de los principales la celebración de un torneo, á la usanza antigua, 
y á imitación del que se snponia haber mandado celebrar en 1137 
el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV para perpetuar la me- 
moria del nacimiento de su hijo. El recuerdo quizá do estaba bien 
escogido, pues hay fundadísimos motivos para sospechar que se 
apoyaba en un documento apócrifo ; pero de todos modos, y dejan- 
do k un lado la validez del cartel de torneo que se ofreció como au- 
téntico, debe confesarse que fué una magnifica fiesta y que llamó 
estraordioariamenle la atención de los barceloneses y de toda Espa- 
Da, pues vino gente de todas partes para presenciar aquel espectá- 
culo, completamente desconocido y estraOo á las costumbres mo- 
dernas. 



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BBÍXAPILA. 119 

Levantóse un paleoque ea las huertas de San Beltran, y h pre- 
geam de millares de espectadores se efectuó el torneo, siguiendo 
en un todo las costumbres del siglo XII. Era una verdadera fiesta 
de la edad media á la cual asistían los bijos del »glo XIX. La ila- 
sion era completa. El palenque tenia carácter gótico en sus puer- 
tas, tablados, palcos y adoróos ; los justadores vestían recias y fer- 
radas armaduras ; los heraldos, los jueces de campo, los pajes, los 
escuderos, todos, en una palabra, vestían el traje de la época que se 
trataba de resucitar. 

Fué el director del torneo el hoy general doo Juan de la Pezne- 
la, que entonces era capitán del regimiento caballería de Borbon, de 
guarnición en esta plaza, y tomaron, á mas de él, parte principal 
como héroes de la fiesta los seDores marqués de Monístrol, ba- 
rón de Foixá, don Pedro Garlos de Seumanat, don Domingo Coll, 
don José CastaDer, doo José Manuel Planas y Gompte, don Joa- 
quín de Gí^rt, el marqués de Villapalma, doo Manuel Olci- 
netlas, don Mariano Salcedo, don José de Freixas y Llaosa, don Jo- 
sé de Rocha, don Enrique de Dea, don Joaquín de Montero, don 
Hanoel de Seneltosa, D. Joaquín Yilaregut, don Antonio de CasU- 
lieda y otros. 

Fué proclamada reina de los amores y del torneo la seOorita do- 
Oa María de la Goncepcion llaoder, hija del captlaa general del 
Principado don Manuel Llauder y, con todos los detalles y todas 
las circunstancias, se representó un torneo del siglo XII, lacíen- 
do so habilidad y destreza en la equitación, en el juego de la sorti- 
ja, en el de la quintana, en el de las damas y en el del combate 
personal con lanza y espada, los caballeros atados pa el párrafo 
anterior. 

Espléndida y magnífica fiesta fué, y de ella cons^'VfuráD proba- 
blemente grato recuerdo Eos que asistieron á ella. 

BEIil^AFIIiA (••llcdc). 

Va de la calle de la Ciudad i la de la Palma de tan Juiío. 

Saponeo algunos que fué denominada así esta calle en memoria 
de la infanta Bella-fila, hija del conde de Barcelona Suayer ó Su- 
Díarío. Es 00 grave error. Sunlario no tuvo ninguna bija de este 
AMBbre, y sí solo una que se .llamó Adalíz ó Adelaziba, á la cual 



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1 20 BEaKNGCER M ALLOL. 

parece que se daba el sobrenombre de BonafiUa, y do de Bellafila. 
Fué abadesa de Sau Pedro de las Fuellas, y se ocupan eslensameD- 
te de esta seDora Pujades en su libro XIY, cap. Lll, y Bofarull (doo 
Próspero eu sus Condes de Barcelona lom. I, pág. 131 y siguien- 
les). 

Lo probable es que esta calle recibiese su nombre del de la ilus- 
tre familia de Bellafila ó Bellafilla, por ser propietaria de sus casas 
ó del terreno en que estas se construyeron, según se hacia antigua- 
mente y está comprobado por varias otras calles de esta ciudad. 



BEREKCVEB HAXXOIj («aUe <!•). 

Está en la Barceloneta, y cruza desde la del Cementerio hasta la 
orilla del mar. 

Recuerda el nombre de un marino célebre en los íuiales de Ca- 
taluQa. 

Berenguer Hallol ó Mayol, como mas comunmente se le llama, 
vivía en la época del gran Roger de Lauria y de don Pedro el gran- 
de, y su nombre va unido á algunas de esas brillantes victorias 
mvitimas que son orgullo y timbre de la antigüedad catalana. 
. En 1S82, siendo ya marino famoso, fué vice-almirantede la es- 
cuadra que salió de Port-Fangós con el rey don Pedro para pasará 
Berbería, desde cuyas playas debia luego pasar á las de Sicilia donde 
esperaba al monarca aragonés la corona de aquel reino. 

Brillantemente figuró Mallol en los acontecimientos que se si- 
guieron á la proclamación de don Pedro como rey de Sicilia, y en 
1S85 le hallamos en Barcelona con el título de almirante, encar- 
gado de guardar la playa y costa de Barcelona, al frente de una pe- 
queña escuadra, contra las naves francesas que surcaban nuestras 
aguas. Hallábase entonces don Pedro en la capital del Principado 
disponiendo sus preparativos para resistir á los franceses, que ha- 
' bian ya invadido Cataluña, y un dia, ^en julio del citado 1285, se 
presentó á él Berenguer Hallol, acompahado de Ramón Harquet, 
otro almirante catalán, pidiéndole permiso para salir contra la ar- 
mada francesa que cruzaba por delante de Rosas y San Felíu de 
Guixols. 

Hlzoles observar don Pedro que ellos no tenían mas que once ga- 
leras, mientras que los enemigos coolaban con mas de ciento cin- 



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BEBEMGUER HALLOL. 121 

caeota buques; que bastaba que ellos defeodieseu la playa y costa 
de Barcelona, hacieudo ya lo suficiente cod ello; y que mejor sería es- 
perar i que TÍDÍese la armada de Sicilia k la cual había enviado ya 
varios avisos al efecto. Ninguna de estas razones convenció á los 
almirantes catalanes, y al ver su porfía, dióles don Pedro el permi- 
so que reclamaban. 

Hasta dos veces se hicieron al mar Hallol y Harquet, pero hu- 
bieron de regresar los dos á Barcelona sin , haber encontrado á los 
enemigos, ó sin haberlos embestido en razón de su número infini- 
tamente mayor, redundando esto para el vulgo en cierto descrédito 
de entrambos almirantes, de quienes se murmuraba que estaban á 
sueldo del rey de Francia para no atacarle. Sintiéronse mucho Be- 
renguer Hallol y Ramón Marquet de estas calumnias contra ellos 
propaladas, y acordaron salir por tercera vez al mar, decididos & 
obtener una ruidosa victoria ó á morir en la demanda. 

Formada esta resolución, hiciéronse á la vela un viernes por la 
noche con sus once galeras, bien guarnecidas de marineros y ba- 
llesteros, y fueron i situarse delante de San Feliu de Guixols. Des- 
pacharon entonces una barca armada para averiguar si la escuadra 
del rey de Francia estaba reunida como antes, y con grande alegría 
supieron que se habían separado veinte y cuatro galeras de dicha 
escuadra con ániúio de hacer an reconocimiento sobre Barcelona. 
Inmediatamente Mallol y Marquet partieron á furia de remos para 
darles combate, sin contar que eran veinte y cuatro aquellas, y solo 
once las suyas. 

No tardaron en encontrarse, y desde las galeras de Berengaer 
Hallol se comemó á gritar á los franceses que se aparejasen para 
el combate. Guillermo de Lodeva, almirante de la escuadra enemiga, 
al ver que solo once naves pedían batalla y que mas no se pre- 
sitaban, hubo gran gozo considerando como suya la victoria, y 
mandó poner eo linea de batalla sus galeras. Las once catalanas, en- 
tonces, se agruparon y embistieron á un tiempo & las enemigas, allí 
donde vieron el estandarte del almirante, y esta maniobra foé hecha 
con tanta fortuna, que la escuadra enemiga se dividió mal su grado 
en tres grupos, quedando encerrados en medio de las galeras cata- 
lanas siete prínc^les de la armada francesa. Aprovechándoselos 
catalanes de esta circunstancia, revolvieron con celeridad y preste- 
za sobre las siete naves, antes que las otras pudiesen ordenarse, 
y se trabó un combate horrible. Ía marinería catalana saltó, cuchi- 

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12S BIRENGUER HaLLOL. 

lio ea nuiQO, á bordo de los tmques Traacesas, hacieodo una verdade- 
ra malanza. Conseguida esta primera victoria, arrojárODse nuestras 
gateras coatra el grupo de naves eoemigas que estaban de la parte 
de mediodía, las cuales iban tripuladas por hombres de Narboaa, 
trabandi) un serio combate con ellas y venciéodolas asimismo, mien- 
tras que el otro grupo que estaba de la parte de levante, tripulado 
por gente de Marsella, al ver esto, batia remos y se dírigia hacia 
Palamós, donde se hallaba recogido el grueso de la atinada (rao- 
cesa. 

El resultado de este combate fué quedar en poder de Mallol y 
Marquet siete galeras francesas, muchos prisioneros entre ellos, 
Guillermo de Loveda, y grao acopio de botín. Fué aquella una de 
las mas nombradas victorias que hubo por mar en aquellos tiem- 
pos. En la imposibilidad en que se vieron Mallol y Marquet de lle- 
varse consigo todas las presas, mandaron echar á fondo dos de las 
galeras enemigas con su tripulacioD de marioeros, y tomaron rum- 
bo hacia Barcelona trayéndose las cinco restantes. 

Pero, bí estas pudieron salvar siquiera. La armada francesa, al 
tener aviso por los fugitivos de lo que habia pasado, bfzose k la vela 
desde Palamós en busca de los cataiaoes, y entonces estos hicieron 
pasar á su bordo á Guillermo de Lodeva y á todos cuantos mas pri- 
sioneros les fué posible recoger co él, echando k pique las cinco ga- 
leras, con muchos prisioneros, y quedando asi libres para retirarse, 
tomando la via de Mallorca & fio de desorientar k sus perseguidores. 
Hubieron estos de abandonar la c-aza, y al dia siguiente á la hora 
de tercia, Berenguer Mallol y Ramón Marquet entraban triunfontes 
en el puerto de Barcelona con grande estrépito de trompetas y de 
caernos mariaos que con alegres y simpáticos sones anunóaban i 
los barceloneses la victoria de su armada. 

Nos faltan datos para poder trazar una biograHa de Berenguer 
Mallol ; solo sabemos que figuró en varias de las grandes victoñas 
de aquella ^)oca heroica, llegando á ser uno de los marinos mas 
célebres y de mas justa foma. En algunas empresas compartió sus 
laureles coa Roger de Lauria , el gigante de los mares , seguo ha 
sido llamado. 

Era Berenguer Mallol ciudadano barcelonés, y su nombre es por 
sí solo una de las glorias marítimas de esta tierra fecunda en hé- 
roes del mar. 



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BUIENOIIGR EL VIBIO.— BEBNAItMW». It3 



BEHEHCIVEB UL TIEJO (cnUede). 

Sa entrada es por la calle de Santa Madrona y su salida por la 
del Cid. 

. Dlósele e«te nombre en memoria del conde de Barcelona RamoD 
Bereoguer 1 el viejo, que gobernó desde 1035 hasla 10*76. Este 
coode íué llamado el viejo, do por haber llegado á una edad avan- 
zada, pues solo vivió eÍDcuenla y dos aDos, sino poret tino, naadu- 
rez y prudencia de que dio notorias pruebas en sa vida. 

Prosiguió la tarea de la reconquista que le había sido legada por 
SDS gloriosos antecesores, y paseó sus armas triunrantes por varias 
comarcas, que libró de los moros, erectuando una guerrera espedi- 
cíoD basta las paertas de Murcia en apoyo de su aliado el emir de 
Sevilla, que estaba en guerra coa el de Toledo^ al cual favorecían 
los cristianos de Galicia y de Castilla. 

Pero su mayor gloria la tiene Ramón Berenguer en haber sido el 
primer legislador de España, después de la^invasion de los árabes, 
por haber mandado compilar y sancionar el código consuetudina- 
rio de los Usatges en las Corles que se celebraron en Barcelona en 
1070. En conmemoración de esta legitima é indisputable gloria se 
paso su nombre & la calle de que se habla. 



BI:BIlIAnDlI!lO{pMl^|• «•]. 



Otros le llaman arco de Beroardino porque tiene un arco & su 
entrada y otro & su salida. 

Enlaza este pasaje la calle del Sospilal con la de San Rafael. En 
época DO muy lejana era ocupado este sitio por eslensas huertas, en 
las cuates levantó su fábrica don Bernardino Martorell, quien mas 
adelante adquirió los terrenos inmediatos y edificó la manzana de ca- 
SM que boy forman el pasaje, el cual se denominó de Bernardino 
por el nombre de pila de su propietario. 



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1 li BLANQDEILÍA. — BOLTBES. — BOMBA . — BONAIBE. 



BliABrvVEBIA [mU« «e 1»). 

Existen dos calles de este mismo nombre. La llamada propia- 
meote así, que comienza al terminar la de Tantaranlana y finaliza 
al principiar la del Rech condal, y la que se denomina mediana de 
la Slanqueria, que cruza de la de Carders hasta la de Assahona- 
dors. 

La Blanquería, en castellano curtiduría ó tenería, era el sitio 
donde los curtidores ó zurradores (assahonadors en catalán) proce- 
dian al adobo de sus pieles. De aqui-su nombre. 



BOIiTREí» (calle den). 

Comunica la calle de la Merced con la de Bajo muralla. 
Según parece, su nombre recuerda el de alguna familia que ten- 
dría casas ó propiedad en su terreno. 



BOBIBA (ealle de l«). 

Cruza' de la calle Ancha á la de Gignás. 

Se llama mas propiamente calle de la Taberna de la Bomba k 
causa de cierta taberna, muy concurrida en otros tiempos y de bas- 
tante celebridad entre ciertas gentes. 



BOUTAIBE (e«lle de). 

Su entrada está en \&pUza de las Ollas y su salida en el paseo de 
San Juan. 

Hállase junto k esta calle la fonda llamada del Sable, donde se 
guardó por mucho tiempo ud cuadrilongo de mármol blanco de 
once palmos de longitud y tres de elevación, con tres grupos de fi- 
gliras de relieve, que, según dicen los inteligentes, es un sepulcro 
del siglo IV ó V de la Era cristiana. Actualmente se halla en el mu- 



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BON-DED. — BOQÜKB. — BOQDERÍA. 125 

Mo qae (ieDe la Academia de Buenas letras en los bajos de Sao JuaD , 
&lacu^fué regalado por su dueQo. 

BON-DIiV (e»lle d«l). 

M Buen Dios en castellano. Comienza en la calle de la Tapine- 
ria y finaliza en la de Gradamaí. 

AntigaaakeQte se llamaba calle de la Figaera, y ¿ella alude tal 
vez DD cuitar que comienza : 

Al carré de la Fíguera 
bi hados ooyas, 
si l'una n'es moreneta, 
l'altra es roBsa. 

(En la calle de la Higuera Tiveu dos muchachas, que si la una 
^ moreaita, la otra es rubia.) 



BOQUEB [caUe ñ»m). 

Arranca de la calle de Moneada para terminar en la plaza de la 
Lana. 

Existen aun en CalaluOa varias familias del apellido Boquer, y 
SQ nombre recordará el de alguna que tendría propiedad en el ter- 
reno que hoy ocupa la calle. 



B09VEKÍ A (caUe «c I»}. 

Comienza en las cuatro esquinas del Cali y desemboca eu la pla- 
ta de la Boqueria. 

Antiguamente se llamaba de Santa Eulalia. Al finalizar esta calle, 
en el átio ocupado boy por el llano ó plaza de la Boqueria, existía 
una de las puertas de Barcelona, pues lo que es hoy Rambla, siendo 
ahora casi el centro de la ciudad, entonces se bailaba extramuros. 
Apellidábase de Santa Eulalia el portal ó puerta citada, y de este 
oodiIhv se originó el de la calle. 

Tomo I. <7 

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1S6 boquebÍa. 

El cómo perdió su nombre trocándolo en el de Boqueria nos lo 
cuenta el cronista Pujades en su Crónica unwertai de Cataluña. 
Después de referíroos la conquista de Almería, en la que lomó tanta 
parte el conde de Barcelona Ramoo Berenguer IV, nos dice qae este 
se quedó para él las puertas de uno de los portales de aquella ciu- 
dad, con las cuales entró triunraote en Barcelona, y mandó poner 
como trofeo en el portal ó puerta de Sania Eulalia. Desde aquella 
ocasión la calle llamada asi mudó su nombre en el de Bocaria, pues 
fué el caso que como los barceloneses y otras gentes de su territo- 
rio, á la fama de la victoria y vuelta de su príncipe á Barcelona, 
Acudiesen en gran número aglomerados k ver los trofeos que ha- 
bían alcanzado en Almería, al mirar aquellas puertas quedaban co- 
mo espantados todos y casi con las bocas abiertas, lo cual en Ca- 
taluDa se llamaba badar ó bocar, y al que asi asombrado ó admi- 
rado con la boca abierta está mirando alguna cosa, le suelen decir: 
igué miras, boc, ó badoá De ahí vino, aQade Pujades, que aquella 
puerta y calle que antes se llamaba de Santa Eulalia, por haber 
estado presa y sido martirizada la santa en una de las casas de ella 
(que aun hoy se conserva y está eo pié la torre de su prisión y lu- 
gar de su martirio), se vino á decir y ano se llama hoy puerta y 
calle de la ¿ocaWa. 

En 1364, por ser aquella puerta la mas frecuentada y de mayor 
coocurso, como lo fué mas tarde la de Sao Antonio, fué mejorada 
y puesta hacia fuera con mayor fortaleza de la que antes tenia, pero 
allí quedaron, según el cronista citado, los grandes y antiguos ma- 
deros délas citadas puertas de Almería, y allí las eosefiaban los pa- 
dres á sus hijos y los abuelos á sus nietos. Estaban dichas puertas 
aforradas de cuero de buey por fuera y tachonadas con clavos de bron- 
ce colado sobredorados, y estuvieron en aquel puesto y lugar hasla 
el aQo 1588 co que se hicieron nuevas puertas á todos los portales 
déla Rambla. Entonces quitaron del portal de Santa Eulalia, ó ya de 
la fioquería, aquellas antiguas puertas de Almería, trofeos del con- 
de Ramoo Berenguer y gloria de la nación catalana, «y como si no 
hubieran costado nada á aquellos héroes que las ganaron,— son pa- 
labras de Pujades, — ó fueran la sola materia del leQo y no precio 
de mucha sangre derramada por nuestros antepasados, las hooraroD 
tan bien, que las redujeron á una no muy grande puerta que está 
hoy al pié de la escalera del general, ó aula de la capilla vieja de la 
Universidad de las escuelas generales de esta ciudad. ¡Perdóneselo 

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boqubbU. Itl 

Dios & quiea lo ordenó, que cierto fué cosa mal pensada y peor eje- 
cutada! (t).» 

Otros dicen que las puertas que de la conquista de Almería se 
trajo el conde de Barcelona, fueron colocadas en el portal llamado 
por esta causa Porta ferrissa, pero los que tal dicen no recuerdan 
quizá lo escrito por Pujados. 

Hay también quien do le da esta etimología & la calle de que es- 
tamos hablando, suponiendo que primero se llamó Ú^Xd^^Boberia, 
nombre que fué corrompiéndose en el de Socaría, para ser hoy Bo- 
queria. 

Famosa calle es hoy esta y una de las mas concurridas y de mas 
tr&nsito de Barcelona, no obstante su demasiada estrechez. En ella 
existen ricas y vistosas tiendas de géneros, y apenas bay una puer- 
ta que no sea de tienda. 

BO«VEHÍA (ptaM de I»). 

Está situada casi en el centro de la BamUa y une las dos ramblas 
de San José y la de los Capuchinos ó de los Teatros. Desembocan 
en ella á mas de las citadas, las calles de la Boquería, del Hospital, 
de la Riera del Pino y de San Pablo. 

El vulgo la llama pía de la Boquería, y antes se llamaba tam- 
bien plaza de Cap de Creus, porque basta ella se estendia la serie 
de cruces que los terciarios de la orden de San Francisco de Asís ba-. 
biao colocado en el trozo de la Rambla comprendido entre el con- 
vento de dicho santo y aquel punto, sin duda para la devoción del 
Via crucis. 

En celebridad de la venida del rey á Barcelona en 1802 y de las 
bodas de los infantes de EspaDa y los de Ñapóles, el Ayuntamiento 
de aquella época acordó levantar un obelisco en la plaza de la Bo- 
quería. Abiertos los cimientos, puso en ellos la primera piedra, á 
nombre de los monarcas, el célebre¡don Manuel Godoy príncipe de 
la Paz ; pero con los sucesos políticos que sobrevinieron se echó en 
olvido la idea, y ni siquiera fué empezado el monumento. 

El autor de esta obra posee un cuadro de Plaugé, famoso pintor 
catalán, que representa la Boquería de Barcelona y el obelisco tal 
como estaba concebido en proyecto. 



11) pvJwlMiCrMeadt GaWl«<hUJ>.XTni,cap. XVI. 



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1S8 BOQDBRfA. 

EsqniDa k la calle de Sfui Pablo, y cod su hcbada & la Rambla 
y k dicha plaza, se levanta el Gran Teatro del Liceo. 

En el mismo lugar que este ocupa, exislia aotes el coDTCDto de 
religiosos de la órdeD de triDitarios descalzos, redeocioo de cautivos, 
bajo la advocacioo de Nuestra SeQora de la Bueoa Nueva. Databaa 
este coDveoto é iglesia del 1639. Durante la domiaacioD francesa 
de 180S á 1814 sirvió este edificio de almacén de víveres, y eo el 
período del sistema coDstttucioaal de 1820 á 1823 convlrllóse ta 
iglesia en salón de la Tefíulia pairióíieáí Volvieron después á él los 
frailes, y en la conmoción popular del 25 de julio de 1835 foé uno 
délos conventos á que se prendió fuego, quedando muy maltratado 
h cODsecuencia del incendio. 

Sirvió entonces para varios usos y fué sufriendo :yuias ntodifiéa- 
ciooes á medida que se destinó sucesivamenteV entre otraá cosas, 
para principal de milicia nacional, para escueta y academia de Qo- 
rete y otras armas, ó para circo ecuestre, hasta que en 1 845 obtuvo 
la propiedad de aquel solar la Sociedad de amigos que desde el 
aOo 1838 tenia establecido el Liceo ^larmómco é-qmáím barcelmés 
de S. M. la reina doña Isabel II en el local que babia sido cedido 
al efecto por el gobierno en la plaza de Santa Ana y había sido con- 
vento de MoDtesion. 

' £1 23 de abríl de 1845, derribado el antiguo convento de trini- 
tarios, se puso la primera piedra del tealrb,.yeD menas de dos afios 
se levantó aquella endiosa obra, k la cual se dio el nombré de 
Gran Teaíro del Liceo de doña Isabel II. 

El dia 4 de abril de 184*7 se verificó la apertura, y de se- 
guro que, el recuerdo de aquella noche agradable no se ha borrado 
de la memoria de cuantos asistieron á la función. Asistieron aquella 
noche al espectáculo mas de cuatro mil quinientas personas: en el 
vasto recinto del edificio ardían mil ciento veinte mecheros ^e gas, 
y la sala de teatro, la mas capaz de cuantas exisleo eo Europa, 
ofrecía un golpe de vista mágico y desluajbrador. 

En el liaomento de alzarse el telón, entre el armonioso ^s^ueodo 
de la marcha real ejecutada por cien-profesores, descorrióse el velo 
que ocultaba el palco de S. H., y en él apareció el busto de doDa 
Isabel II, descansando en un pedestal en que estaban agrupadas 
tres nicas representando las Gracias. Rodeaba el busto una blanca 
y dorada nube, y en el fondo se descubrían entre celajes tas armas 
reales. La función de aquella noche fué la siguiente: 

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BOQDEUÍA. 129 

üran siofonfa del malogrado maestro espaDol seDor Gemís. 

B. Femando de Antequera, drama que espresamente para la 
íoauguracíoD de este teatro escribió doD Yeotura de la Vega. 

La roadeña, compuesta por el director de bailes espaDoles sefior 
Gamprubi y música del profesor sefior Jurcb. 

11 regio himene, cantata escrita en verso italiano por el literato 
cülalao doD Juan Cortada, puesta en música por el maestro barce- 
looésdon Uaríano Obiols, desempeñada por jóvenes alumnos de] 
Liceo. 

Durante los entreactos se repartieron, impresas eo seda y en pa- 
pel charolado, poesías dedicadas á celebrar la inauguración, ,escri- 
tas por el autor de estas líneas, que habia sido nombrado poeta del 
teatro. 

Pocos aDos babrá tenido el Liceo tan admirables como el de su 
inauguración, durante el cual se pusieron en escena producciones 
dramáticas, óperas y bailes de grande espectáculo con una propie- 
dad, magnificencia y esplendor cual nunca hasta entones se habia 
Tisloea Barcelona. Las compafiías eran numerosas y figuraban en 
ellas distinguidos artistas. En la de verso las seDoras Lamadrid (do- 
Da Bárbara) y YaDez, y los seDores don Carlos Latorre el gran ac- 
lor, don Joaquín Arjooa, don Antonio Pizarroso y don Antonio Va- 
lero: en la de canto las seíioras Rossí-Gaccia, Salvini Donateíli y 
Maironi, y los seBores Verger, Caslellan, Ferri, Bouché y Róvere: 
en la de baile las seDoras Garda y Albert. y los seQoces Albert y 
Gamprubi. £1 pintor para las decoraciones de las obras dramáticas 
faé Araoda, el de las de ópera Philastre, el de las de baile Pourcbet. 

En la nocbe del 9 de abril de 1861 un horroroso incendio, que 
comenzó por la sastrería, redujo á cenizas este teatro, del cual solo 
quedó intacta la fachada; pero al aDo siguiente, día por día, volvía 
i estar en pié, construido con mas grandiosidad aun y mas magni- 
ficencia, bajo la dirección inteligente del reputado arquitecto don 
losé Oriol Mestres, inaugurándose el 20 de abril de 1862. 

Para que se pueda formar una idea de lo que es boy este gran- 
dioso teatro, copiamos á continuación los principales párrafos de la 
memoria leída por la Comisión encargada de la reedificación de este 
coliseo en la junta general de seDores propietarios, colebrada el dia 
28 de marzo de 1863. 

Diceasi: 

«La Comisión que dio principio á las obras á las pocas horas de 



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180 boqoebía. 

hallarse coosliMiida, 6 seael día 20 de abril de 1861 , ha tenido la 
satisfaccioD de verlas terminadas el día 20 de abril de 1862. cod- 
siguieodo de este modo que en solo ud aDo volviera k teaer Barce- 
lana en so recinto el Gran Teatro del Liceo completamente acabado 
y con todas las mejoras que la ciencia considera necesarias en cons- 
trucciones de esta clase. 

»No bastaba construir pronto, era indispensable construir bien, 
y para construir bien era preciso que la obra fuese sólida y elegan- 
te, y que reuniera todas las condiciones. que la csperlencia aconseja 
para evitar conflictos como el que se trataba de remediar. 

»EI proyecto presentado por el arquitecto don José 0. Mestres sa- ' 
tisfacia por completo estas exigencias , y la Comisión lo aprobó de 
acuerdo con la Junta de gobierno que también le prestó su asenti- 
miento. A pesar de esta circunstancia, como la Comisión deseaba 
llevar á cabo una obra perfecta, en cuanto esto es posible en lo ha- 
mano, decidió de acuerdo con la Junta de gobierno, que el arqui- 
tecto director visitara los principales teatros de Europa, tanto para 
estudiar sobre el terreno la verdadera utilidad de las innovacio- 
nes introducidas en los mismos, como para dar fácil solución á un 
gran número de cuestiones que parecen secundarias y que sin em- 
bargo son de grandísima importancia en este género de construc- 
ciones. Convenia sobre todo examinar detenidamente el teatro de 
Covent-Garden de Londres y el Real de Bruselas. Los dos habían 
sido destruidos por las llamas algunos aQos antes. Los dos habían 
sido reedificados teniendo en cuenta los adelantos modernos y pro- 
curando con solicito cuidado reunir todas las circunstancias necesa- 
rias para evitar accidentes como los que habían ocasionado su des- 
trucción, y en ellos era donde convenia estudiar lo que debía adop~ 
tarse, perfeccionarse ó desecharse para el nuestro. La Comisioo en- 
tiende que este trabajo se ha llevado k cabo con inteligencia por los 
encargados de su ejecución; y es tal el número de precauciones que 
se ha tomadOf que si desgraciadamente volviera á declararse un in- 
cendio en el Gran Teatro del Liceo, casi puede asegurarse desde 
ahora que quedaría inmediatamente sofocado, 

«Paraconseguir este objeto se han tenido en cuenta tres bases 
principales. La primera, no emplear en la construcción materiales 
combustibles sino en los casos de absoluta necesidad. La seguoda, 
aislar del resto del edificio las dependencias que por,eI uso á que se 
Ifts destina esl&n mas espueslas 4 la acción del fuego; y la tercdra, 



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BOQOUtiA. 131 

focililar el empleo de recursos poderosos para que paedan utilizarse 
con oportunidad y proQtitad, donde quiera que las circuostaDcias 
puedu hacerlos necesarios. 

»De acuerdo con la primera de estas bases, se han hecho de bó- 
veda lodos los palcos del prosceoio y la mayor parte de los techos 
de los cuartos vestaaríos y de los almacenes, y se han empleado vigas 
de hierro en aquellos que por su capacidad no permitiaDseguiresle 
sistema. También se han adoptado las vigas de hierro por los sale- 
dizos de los palcos, y se han coustruido con yeso los antepechos de 
los mismos, los de las galerías y anfiteatro, y el cielo-raso de la 
platea, el del proscenio, el de tos palcos y el de todos los corredo- 
res. I>e este modo, aun en aquellos puotos en que se ha empleado 
la ntadera, se ha conseguido dejarla aislada, lejos de los puntos es- 
puestos ít ser invadidos por el fuego, y cubierta además con sus- 
(aacias que como el yeso y el ladrillo la preserven por largo tiempo 
de so acción. 

i>Al tratar de la armadura para la cubierta del edificio las dificul- 
tades eran algo mayores. Silaarmadurasehaciade hierro, ¿perde- 
rla el teatro las admirabjes condiciones de sonoridad que tenia an- 
teriormente? ¿Podría contribuir en el oaso de un incendio, á que no 
permitiendo el paso de las llamas por la parte superior det edificio, 
se dirigieran á las laterales, con grave riesgo de las casas y cons- 
tnicciones inmediatas? La Comisión no quería resolver de ligero 
estos problemas, y si deseaba por una parle que el teatro reedifica- 
do no encerrara tantos materiales de combustión como los que tenia 
el anterior y como los que lleva consigo una armadura de madera, 
sentía ^or otra verse espuesla á cualquiera de las contingen- 
cias que se acaban de espresar. En esta duda consultó con las per- 
sonas cuyos conocimientos la inspiraban una confianza mas com- 
pleta, y después de haber oido su opinión y de haber estudiado 
detenidamente lo que en circunstancias análogas se ha hecho en el 
estraojero, se decidió por adoptar la armadura de hierro. Confiaba 
entonces, y la espeñencia ha venido k demostrar después, que no 
se hablan de perjudicar por esto en lo mas mínimo las condiciones 
acústicas del local, yreocido este inconveniente, era yamas f&cil 
dar una solución satisfactoria á la segunda de las objeciones. 

«Corno para dominar un incendio es necesario emplear diferen- 
tes recursos según sea su mayor ó menor grado de intensidad, aun* 
que es cierto que conTÍene en un principio evitar las corrientes de 



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132 BOQUERÍA.. 

aire para domioarlo ood mayor facilidad, también es cierto qoe 
cuando ha adquirido mayores proporcioDes es iodispeasable dar 
salida al hamo y á las llamas, porque solo de este modo es posible 
que los operarios trabajeo con probabilidades de buen éxito. Par- 
tiendo de esta base, no hay duda en que la cobierta de hierro podía 
ser un mal. Pero si esta cubierta está en parte formada por grandes 
claraboyas cubiertas de cristales, desaparecen todos los ÍDConveníen- 
tas. Si el fuego es poco iotenso, se intenta dominarlo, lo que será 
tanto mas fácil cuanto menor sea la cantidad de sustancias combus- 
tibles. Si el fuego adquiere mayores proporciones, el calor ronape 
los cristales, y las llamas y e! humo encuentran fácil paso, sin te- 
mor de que los grandes cuchillos y las voluminosas piezas que se 
necesitan para una armadura de madera den nuevo pábulo al in- 
cendio y hagan con su desplome mas inminentes los peligros. 

nPara completar su pensamiento la Comisión deséala que no 
hubiera quedado un solo palmo de madera, ni una sola snstanda 
combustible de las que á pesar de su propósito ha sido preciso em- 
plear, sobre todo en el escenario, sin haberla preparado de ante- 
mano con alguno de esos líquidos de que tanto se ha hablado en 
otras ocasiones y con los que se suponía que era fíicil hacerlas re- 
fractarias á la acción del fuego. No se ha hecho asi, sin embargo, 
porque además de exigir un procedimiento costoso y mas tiempo 
del que se podía disponer, los ensayos que con este motivo se han 
practicado en Inglaterra, Bélgica y Francia han sido poco satisfac- 
torios, DO teniendo tampoco mayor confianza en los que últimamen- 
te han tenido lugar en presencia del Emperador de los franceses, 
porque á pesar de los elogios prodigados por una parte de1a pren- 
sa, no sabemos que se hayan empleado en ningún punto. Por otra 
parte, los pintores escenógrafos están de acuerdo en que la aplica- 
ción de los líquidos conocidos hasta el dia con el objeto á que ha- 
cemos referencia, alteran el tono de los colores y destruyen mas 
pronto la pintura, y no era prudente sacrificar estas condiciones á 
las probabilidades de uo éxito dudoso. Además, y esta es la última 
consideración que se ha tenido presente, como las telas de las de~ 
coraciones se preparan con yeso y cola y encima dos ó mas capas 
de color, su combustión es muy lenta aun en el caso de que estén 
en contacto con las llamas. 

»De todos modos, puesto que existen sustancias combustiblesry 
puesto que estas sustancias pueden incendiarse sobre todo en la 

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bOQOEBÍA.. 133 

parte correspoodieDte al esceDarío, veamos las precancioDes que se 
bao temado para aislar el fuego en su origen, y de esta manera 
dominarlo. 

»Por de pronto ya bemos dicho que los palcos de proscenio y los 
TMtnarios y almacenes, entre los que se halla el gran depósito de 
decoraciones, están abovedados, aislados entre sí, y de conaigoien- 
te sin facilidad de que el fuego se comunique de los unos á los 
otros. Se ha cerrado adouás con una gran plancha de hierro la abep 
tura que queda encima del proscenio, y se ha construido un telón 
de tela metálica que cierra enteramente ta boca del escenario. Y co- 
mo es un hecho demostrado por la ciencia que tas telas metálicas 
convenientemente construidas no permiten pasar por entre sus ma- 
llas, ni la llama ni el calórico necesario para ta combustión, es ló- 
gico suponer que el faego no podrá comuDÍcarse á la platea á no 
ser que esta tela metálica quede antes fundida y destrozada. 

»Para que este caso tuviera lugar seria preciso un fuego estraor- 
dioario, y no es probable que se le permita tomar tan grandes pro- 
porciones sise tienen en cuéntalos recursos de que para atajarlo se 
■ poede todavía disponer. 

»En primer lugar, el sistema de distribución de aguas no deja 
nada que desear. Se han construido nueve depósitos de plancha de 
hierro, que pueden contener setenta y tres metros cúbicos de agua 
aliioealados por las lluvias, ó cuando esto no es bastante, por dos 
bombas fijas de gran potencia que pueden renovarla con estraor- 
diñaría hcüidad. Estos depósitos están colocados en los puntos mas 
convenientes para que la distribución pueda hacerse con regulari- 
dad y prontitud. Las caQerias son de hierro fundido, provistas de 
una llave de válvula en cada uno de los pisos y con sus mangueras 
correspondientes. Las cuatro caQerias que hay en la platea pueden 
arrojar el agua por veinte y tres mangueras diferentes. Las cuatro 
cañerías que corresponden al escenario no tienen mas que doce 
mangueras, pero hay además en el mismo escenario dos bombas 
portátiles para incendios con alimentación independiente de la que 
corresponde á los depósitos, y existe en el telar un sistema de tu- 
bería horizontal que.' puede producir en un momento dado una ver- 
dadera lluvia coB el objeto de remojar los lienzos y decoraciones, 
las cuerdas y el maderamen de la parte superior del escenaria. 

»Para que estos medios de acdon puedan ser eficaces, y para 
que baya en todo tiempo la segundad coapleta de que las válvulas, 



TOHO I. 



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llaves y aparatos se hallan' en estado de fuDcionar en el iostante en 
que convenga, se ha nombrado un capataz inteligente, encargado 
de su inspección, que instruye y dirige ademéis á los dependientes 
de la casa. Y como lodo esto seria insuficiente sino hubiera coma- 
nicaciones numerosas, fáciles y espeditas, para acudir con ra{Hdez 
al panto del peligro, se ha abierto aoa comanicacion directa desde 
la calle de San Pablo al almacén de decoraciones ; se ha construido 
la escalera del corredor del piso bajo que tiene también salida h la 
calle de san Pablo, se han hecho tres escaleras sólidas y espaciosas 
para poder bajar al foso por tres pantos diferentes, y se han estable- 
cido comunicaciones que tampoco antes existían entre los terrados 
y el escenario, y entre los terrados, el escenario y la pute esterior 
del edificio. 

oSatisfechas de esto modo todas las condiciones necesarias para 
evitar que el fuego se presente, ó para evitar que lome incremento 
y se propague, había llegado el caso de realizar otras reformas que, 
aunque de distinta índole, eran también de indispensable necesidad. 

»La Comisión citará entre otras de menor importancia la restan- 
ración del vestíbulo, la de la escalera principal y la del salón de 
descanso ; la adquisición en favor de la Sociedad de algunas porcio- 
nes de terreno que antes no le pertenecian y que le eran indispensa- 
bles ; el aumento de palcos, la supresión del anfiteatro del segundo 
piso y el nuevo arreglo introducido en la distribución de algunas 
localidades. 

»Gn cuanto á la escalera, objeto constante de censura por snes- 
cesiva pendiente y por la poca elevación de su techo, ha mejorado 
todo cuanto ha sido posible, adquiriendo mejor aspecto, mayor co- 
modidad y mas regulares proporciones. Verdad es que ha sido ne- 
cesario sacrificar para esto la pequeDa porción de terreno ocupada 
por el templete del salón de descianso, pero en cambio han mejora- 
do las condiciones de ornato de este salón, y ha quedadocon mayor 
ventilación y mejores luces y con nna anchura de noventa centíme- 
tros mayor de la que tenía anteriormente.» 

A lo dicho por la Comisión en tos párrafos anteriores de su me- 
moria, los cuales hemos transcrito para que los lectores pudieran 
tener una idea de lo que es este teatro, solo falta decir que en él se 
dan, dgrante la época del carnaval, magníficos y sorprendentes 
bailes de máscara. El salón, unida la platea al escenario, coa su 
vistoso decorado, con su profusión de luces, con su fontástico golpe 

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mi GffiUAL W, CUDEtElOS M LA GlUI llt ESTS IDIBSE. 



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BOtU. ISB 

de vista, ofrece un aspnito deslumbrador, y de ello dará uaa 
idea, aunque imperfecta, la lámina que acompaDa á esta página. 



Esta calle va de la plaza del Ángel k la plaza de la Lam. 

Según un autor (Bofarull en su Guia-Cicerone), el nombre de 
Boria debe su etimología á una antiquísima denominación. Tenian 
los romanos ciertos cercos ó corrales, á los que llamaban forumbo- 
vamm por estar destÍDad(» á guardar los bueyes y demás ganado, 
y créese que en el sitio que ocupa boy esta calle, babia uno de di- 
chos corrales durante la dominación romana. Algunos siglos des- 
pees se levantó en aquel mismo lugar una torre que, corrompiendo 
aquel vocablo, fué llamada torre de la boyería, cuyo nombre se 
cambió mas adelante en Boería y por último en Boria, al aplicarlo 
á la calle que alli se abrió. 

Otro autor (Pujades en su Crónica de Cataluña lib. IX, cap. XXI), 
va á buscar el origen de este nombre en mas cercanos tiempos. 
Dice que cuando Ludo^co Pió fundó el monasterio de San Pedro de 
las Poellas, cedióle todo el terreno de la parte meridional basta el 
principio de esta calle, para que, labrándolo ó edificándose en él, 
trqese algún provecho al monasterio. Entretanto que esto tenia 
cumplido afecto, las monjas lo destinaron al pasto de los ganados, 
particnlarmente vacas de cria y bueyes. £1 número de unas y otras 
llegó á aer bastante grande para escitar la codicia de los moros cir- 
canvecÍDOS y de los corsarios de Mallorca, quienes asalta-ban á los 
pastores y labradores y les robaban sus reses. Para remediar ta- 
mizo m&l, construyéronse en esta parte unas fuertes torres que de- 
fendían loa caseríos, chozas, corrales y cortijos que se habían le- 
vantado, en las que las gentes corrían á guarecerse, sin necesidad 
de entrar &a la ciudad, la que por otra parte, siendo plaza fuerte, 
cerraba de noche las puertas de sus muros. De ahí vino el llamaral 
espacio que despuce ocupó esta calle Forsa de la Boeria ó Boyería, 
vocablo que se sincopó mas tarde quitando la £ y pronuociándose 
ramo lAora &>ria. 

En esta calle viven desde muy antiguo tiempo los caldereros, y 
n día tieiMD la antigua casa de su gremio. Los primeros estatutos 

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136 BOBN. 

qne se leen sobre la policía de este oficio, según cita Capmany, son 
del ano 1395. Ed ellos se trata de la ley del cobre, y boodad de la 
obra eo los cántaros, calderos, cubos y ciertos artefactos, que 
debían ser reconocidos por cierta persona diputada por el municipio 
para ponerles la marca. Después, en 1416, se promulgó un edicto 
municipal seDalando los barrios y parajes donde únicamente se po- 
día ejercer dicho oficio para la quietud pública. 

Cuando la cárcel estaba en la plaza del Ángel al arranque de la que 
aun hoy se llama bq/ada de la cárcel, y cuando aun existia la tim- 
bara costumbre de azotar públicamente á ciertos presos, la Soria 
era el lugar destinado para este acto repugnante. Kl reo era mon- 
tado en un burro, y el verdugo le iba dando azotes en sus espaldas 
desnudas mientras cruzaban esta calle hasta llegar al fin. Á esto se 
llamaba passar Soria avall. 



Desembocan en ella las calles del Seeh, Flassaders, MotKoda, 
Som, Tamborea, Vidriería, Pusay, Sufmalla, Postar de las More- 
ras y paseo de San Juan. 

Ú una de las tres príucipales plazas de mercado, y antiguam^i- 
te fué la Plaza mayor de Barcelona, tomando su nombre actual 
Som, de bornear ó sea tornear, k causa de celebrarse en ella, á 
mas de las fiestas populares, los festejos públicos de armas^ como 
justas, torneos, desaños y batallas. 

En aquella época el Born era mas ancho que ahora y se prolon- 
gaba hasta mas allá del que es hoy paseo de San Juan, de modo 
que venia á formar una eslensa y vastísima plaza, la cual, cuando 
en ella teoian lugar fiestas de armas, se cerraba por medio de una 
empalizada colocada á cierta distancia de las casas, para asi dejar 
un callejón esterior al objeto de que pudiera transitar la gente y 
pudieran dar los caballeros, antes de comenzar el torneo, las vuel- 
tas que eran de costumbre. 

Rica es en recuerdos esta plaza, y vamos á consignar aquí los 
mas principales. 

La memoria mas antigua que hallamos se remonta al 137S. 

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BOBN. 137 

Consta que el 9 de setiembre de dicho aDo hubo en esta plaza un 
desafío ó batalla ó juicio de Dios entre Ferrer Albilia, doméstico del 
conde de Urgel, y un caballero inglés ; pero la Rúbrica de Bruní- 
quer, donde bailamos consignada esta noticia, no trae ningún de- 
talle. Solo advierte que ninguno de los dos combatientes quedó 
herido. {Nengá resta na f raí). 

Mas pormenores tenemos de la fiesta militar ó sea de las justas 
reales que taro el rey don Alfonso V en el Born el dia 6 de agosto de 
Mil para solemnizar el armamento que acababa de aprestarse 
para la segunda espedicion á Ñápeles. 

SaotDOsa fiesta fué aquella y memoria eterna habia de dejar. 
Desde por la maOana apareció la plaza vestida de arriba h bajo con 
graides tiras de paDos amarillos y encarnados, que eran los colo- 
res nacionales, y cubierto estaba el palenque con una ancha tela 
para librar del sol á los justadores. En cada estremo del palenque 
se levantó un tablado, cada uno con su gran bandera, divisada de 
tafetán arntuillo y encarnado, y de trecho en trecho se fijaron ban- 
derolas con los mismos colores. Todo al rededor de la plaza se cons- 
trayeron andamios, y en los frentes de ambos centros dos tablados 
vestidos de telas de raso para las damas principales de la ciudad y 
de b corte, altos dignatarios, etc., etc. En uno de estos tablados se 
v»a, bajo un dosel de tisú de oro, una silla cubierta dé brocado de 
w6 para sentarse el se&or rey cuando huluese libertado algún aven- 
tara). 

A las dos de la tarde el monarca, teniendo por compañeros al 
noble mosen Bernardo de Centellas y á mosen Ramón de Mur, par- 
b'ó del real palacio con dirección al palenque, con gran comitiva de 
barones, caballeros, gentil-hombres, oiadadanos honrados y otra 
gente de distinción. Los tres, el rey y sos compaDeros, iban arma- 
dos con corazas y sobrevestas de seda, divisadas con listas blancas 
y rojas de altoá bajo, jinetes en caballos con guarniciones de seda 
de ambos colores. 

Marchaba en primer lugar el de Hur, ddante del cual iban mesen 
Corellay mosen Francisco de Eril, llevándole el primero el yelow y 
el segundo el escudo: seguia el de Centellas, cuyo yelmo y escudo 
eran llevados por moseo Beniardo de Broca y el honorable Dalmau de 
San Just; y venia por fin el rey Alfonso, llevándole su yelmo el conde 
de Cardón y su escodo el vizconde de Rocabertf. Treinta aventure- 

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138 BOBH. 

ros, perteoecieotes á nobles y distioguidas fomilias del reino, tea 
conduciao delante igual DÚmero de lanzas ó astas de justar pintadas 
de blanco y rojo. 

Por este orden llegaron al Bofn, después de haber pasado por la 
plaza del Blat ó del Ángel, por la ¿orü y calle de MotuMda, y die- 
ron las vueltas de costumbre al rededor del palenque, saludados por 
los vítores de la multitud y por los paSuelos y bandas de las damas. 

Inmediatamente entró el rey en el palenque, preparándose para 
justar y librar algunos aventureros, con los mas de los cuales tuvo 
varios encuentros y rompió lanzas, haciendo muy bell^ carreras. 
Dábanle la tanza el conde de Cardona y muchos caballeros de ia 
corte que le servían á pié y á caballo. Estaba cubierto el escudo de 
don Alfonso de raso liso azul, con una banda de oro que lo partía, 
remedando las armas de Trístan de Lahonis. 

Después de haber librado el rey á varios aventureros, haciendo 
lo mismo con los otros sus dos compatieros mantenedores Centellas 
y Mar, como ya era hora baja, fué roto el palenque, y volvióse don 
Alfonso á palacio, en donde dio una espléndida cena, después de la 
cual siguió una solemne tertulia y luego un suntuoso baile. 

Ya no hallamos mas uoticias de torneos hasta el li60, en cuyo 
aDo vemos que se celebraron dos, con intervalo de solos tres días. 

Efectuóse el primero el 20 de noviembre. El dietario que nos da 
esta noticia dice que fueron justas de cinco contra cmco, y que el 
jefe de la una cuadrilla fué el conde de Foix, y el de la oira don Al- 
fonso de Aragón, que fué primeramente maestre de Calatreva, des- 
pués conde de Ribagorza y por fin duque de Villahermosa, el cual 
&m un hijo bastardo del rey don Juan 11 de Aragón, quien lo había 
tenido en su manceba doDa Leonor de Escobar. 

El otro torneo tuvo lugar el 23 del mismo noviembre. Diólo por 
aa cuenta el conde de Foix, el coal o^ció un diamante al qw jus- 
tara mejor que él. Dio cuatro, y además regaló un rubí al aventa- 
rero Juan Bu, que fué el héroe de la jornada. 

Pero algunas veces sucedía que no erw s(rfo fiestas de público 
regocijo las que alli tenían lugar, sino sangrientos combales y mor- 
tales batallas. Las cañas entonces se volvían lanzas. 

En li69 hacia ya cerca de nueve afios que Barcelona permane- 
cía pronunciada contra el rey de Aragón don Juan II , al cual las 
Cortes catalanas, en uso de su indisputable soberanía, habían arro* 

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BOBN. 139 

jado del trono por violador de los pactos y eoemigo de las liberta- 
des patrias. Ea uso de sus mismas faoultúies y soberaofa , las Cor- 
les habiao procedido á proclamar otro rey, que lo fué primero desde 
1463 á 1463 finriquelV de Castilla; por renuocia de este, desde 
1463 á 1466, Pedro condestable de Portugal; y por muerte de este 
venia siéndolo desde U66 Renato de Anjou, el cual cedió sus derechos 
á su hijo Juan duque de Calabria y de Lorena, quien vino á Cata- 
lana k ponerse al frente del gobierno, pero solo como lugarteniente 
y gobernador de su padre Renato el bueno, Ínterin este viviese. 

Lejos de darse por espulsado del trono don Juan II, trató de redu- 
cir á la fuerza á los catalanes, y en una guerra cruel estaban empe- 
ñados uno y otros, cuando tuvo lugar el lance que á relatar vamos, 
ball&ndose en esta ciudad como lugarteniente el duque deLorena. 

Gomo siempre en ocasiones parecidas sucede, el espíritu público 
estaba sobrescitado y la pasión política dominaba por completo eo 
algunos ánimos. Hallábase á la sazón en esta ciudad un caballero 
llamado Sancho bravia , al parecer de linaje castellano , quien en 
una conversación particular se declaró partidario del rey don Juan II, 
y con este motivo hubo de acusar de traición y alevosía al duque de 
Lorena. Salió á la defensa de este y del derecho que teoian los ca- 
talanes para darse el rey que mejor les acomodase, el caballero ca- 
talan PÓlro de Sant Esteve, y llegaron á trabarse ambos conten- 
dientes de palabras, resultando quedar desafiados. Pidióse campo al 
mismo duque de Lorena para efectuar el duelo, según las costum- 
bres del tiempo, y el lugarteniente lo concedió setialando para cam- 
po el palenque del Born, y para día del combate el domingo 2S de 
julio de aquel aDo de 1469. 

Por el documento que vamos á citar se deduce que el desafío se 
efectuó el dia señalado, asistiendo el lugarteniente y presidiendo el 
acto ; que los combatientes pelearon como buenos y valerosos ca- 
balleros ; qne el duque de Loreqa bajó al campo é intervino para 
terminar el duelo antes que tuviese un resultado fatal ; y que alga- 
nos días mas tarde, á consecuencia de varías reclamaciones, el mis- 
mo personaje mandó publicar una declaración dando á «ntrambos 
combatientes por buenos y valientes, y encargando que no se habla- 
se mas del asunto, quedando los dos buenos amigos como babifui 
sido antes. 

El documento en que esto consta lo halló el autor de estas líneas 
en el Cancionero que existe en la biblioteca de Zaragoza , transcrito 

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liO BOBN. 

dD las Últimas p&gÍDas de dicbo precioso libro y entre Tanas poesías 
de autores de aquel tiempo, circuoslaDcia que iadujo á error á los 
anotadores del Tikoor cuaodo estudiaron aquel CancioDero, yaque, 
poco versados eo el catalán, creyeron ser esta una sentencia dada 
en un certamen poético. 

Dice así : 

Declarado dada per duch Johan sobre lo c<wip de mosen Pedro 
de Sant Esteve é Sanxo de Saravia, éfou publicada diüms á 3i del 
mes dejuliol de H69 per mosen Johan Peiró, secrelari é protmota- 
ri de sa senyoría. 

Vosaltres mosen Pedro de Sant Steve é Smwo Saravia, soben : 
Que lo diumenge que conttKem S2 de juliol del present any 1469 lo 
iUttslrisimo senyor lo senyor infant primogenit del serenísinm senyor 
lo senyor rey rf' Aragó é de las Dos Sicihas, duch de Calabria, de 
Lorena é prtncep de Oerona,vist que lo cas per que combaHen loca- 
ba prindpalmení al dÜ senyor primogenit, se para la batalla, perqué 
déla fi d' aquélla la hu ne /' altre no reportas cárrech ne vergonya, 
la cual cosa moli Mtguera desplagut al dtt senyor considerantguecas- 
cíí de vosaltres avie axi valentment, virtuosa, é ab gran coratge com- 
baíüt, que mes no podie. Apres campo per parí de casca de vosaltres 
son estadas presentadas suplicactons sobre aquesta materia, les quais 
legidesé be entesas, é considerant axi mateix, é be entes tol so que en 
la dita materia es estatfetpus, lo dii senyor primogenit, á qui loprin- 
cipal interés troba, nos cura é se passa daquestas cosas é se té per 
content ab lio que cascuna de las parts ka fet, sembla al dU senyor que 
axi ho debeu vosaltres fer. E per tal vol lo dtt senyor que rf' aquesta 
hora avant pus, nos parle de la dita materia , awi principabnení com 
si ja mes fos estada, mas que d" aqui avant resteu bons amichs axi 
com ereu devans é millors si millors poreu. E aquesta es la determi- 
nada opinió de dit illustrísimo senyor primogenit. 

Á pesar de esta terminante declaración, de darse por satisfecho 
el duque de Lorena, de dar por buenos á los combatientes y de 
mandar que eo aquel estado quedaran las cosas do hablándose mas 
del asunto, las dos personas interesadas no se hubieron de avenir 
á ello ; pues consta que renovaron* el 15 del siguiente agosto su 
combate, siendo este aquella vez á ultranza. 

Las noticias que tenemos de esta segunda batalla dos dicen que 
W ejecutó en el mismo palenque del Born, con toda especie de ar- 
mas ofensivas en la larde del citado dia, siendo el combale tan re- 

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BORN. lil 

Dtdo y faerte qae do había memoria de haber visto otro igaal. Los 
padrinos de Peidro de Saot Steve fueron Arnaldo de Pineda y Ra- 
món de Senmanat, y los de Sancho de Saravia, Beltran de Armen- 
dáríz y García de Guerra, entrambos caballeros navarros. Presidió 
el campo, en nombre del duque de Lorena, el varvasor Arnaldo de 
Vilademany y Blanes. 

Aquella vez el duelo tuvo las fotales consecuencias que la pri- 
mera había sabido evitar el príncipe primogénito con su oportu- 
na presentación. Ambos caballeros fueron retirados del campo mor- 
talmente heridos, sucumbiendo el uno á las pocas horas y el otro& 
los dos dias. 



Ta en el siglo XV no hallamos noticia mas qae de otros dos tor- 
neos celebrados en el Born. Uoo el 5 de agosto de li'77, de cuatro 
contra cuatro, todos italianos, en celebración del matrimonio de una 
hija del rey don Juan II con el padre del duque de Calabria, ha- 
biendo sido este último el mantenedor; y otro el 12 de setiembre de 
1179 en celebridad de la jura del rey don Fernando el etílico, del 
cual fueron jueces los ciudadanos barceloneses Juan Roig, Baltasar 
de Gualbes y Galceran Dusay. 

Los recuerdos de fiestas militares celebradas en el Born abundan 
mas durante el siglo XYl. 

Debe advertirse que la juventud barcelonesa se distinguió nota- 
blemente eu aquellas épocas por sus militares ejercicios, en los cua- 
les sobresalía, gracias principalmente k la cofradía ú orden de San 
Jorge en esta ciudad establecida desde el tiempo de don Pedro el ce- 
remottioso 6 el del pmyalet, quien dictó las primeras ordenanzas, 
reformadas después á últimos del siglo XVtl. 

La Diputación acostumbraba celebrar todos los aQos unas solem- 
nes justas en la plaza de que hablamos el dia de San Jorge, para 
mantener vivo el espíritu militar y sostener el ardor caballeresco de 
los catalanes. 

La ceremonia para estas fiestas era por lo replar la siguiente. 
Primeramente se cubría el palenque con una ancha tela, que osten- 
taba los colores naciouales, para librar de los rayos del sol k los 
justadores, y se arreglaba la plaza con sus correspondientes empa- 
lizadas y andamios, debiendo haber un tablado ó catafalco para los 

Tomo I. 



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ílt MHN. 

jaeces, eo el que leDÍa an lugar privilegiado el rey, ó en d^eeto de 
este su lugarteaieDte en CalalaOa. 

Ed la capilla de San Jorge del palacio de la Diputación se cele- 
brabaa por la maDaca udos solemnes oficios, con sermoo, en el cual 
tenia el predicador el encargo de recordar las glorias del santo y 
las proezas de la caballería catalana : concluida dicha ceremonia, 
los paladines destinados para tomar parte en el torneo de la tarde, 
recibian de manos de sus damas, eo otro de los salones del palacio, 
las empresas, divisas ó motes que debían ostentar, 

A la hora designada salia la comitiva del palacio de la Diputa^ 
cion ó general de Cataluña. Iba delante una música de mÍDÍstríles 
tocando cajas, pífanos y trompetas, seguían los maestres de campo 
con los padrinos, luego el andador llevando los premios en una 
bandeja de piala, luego el estandarte real ó de San Jorge, luego los 
mantenedores, después los cabos de cuadrilla, y cerraban la mar- 
cha los diputados y oidores con sus maceros y sus criados con la 
librea de la Diputación. 

Llegada la comitiva al campo ó Born, daba la vuelta de ordenan- 
za en torno de la plaza, hacía en seguida el lancero entrega del 
bastón al maestre de campo y de las lanzas de justar & los mante- 
nedores, partía luego el maestro de campo el suelo trazando una 
linea en la arena de parle á parle con una deforme y pesada espa- 
da que llevaban á manera de arado ; leíase k continuación la prag- 
mática y leyes del torneo por el sindico, y entraban en el palenque 
los justadores á dar, antes de comenzar la fiesta, tres carreras por 
la plaza, como para lucir su gallardía y saludar á las damas y á los 
jueces, en cada una de cuyas carreras era gala cambiar de ca- 
ballo, 

- Sin fijarnos, pues, en las justas que todos los aDos celebraba la 
Diputación el citado día de San Jorge, daremos noticia de los tor- 
neos ó fiestas militares que han llegado k nuestra noticia coon efec- 
tuadas en el Born durante el siglo XVI. 

El SS de mayo de 1S32 hubo justas, por cuenta del marqués de 
Astorga, en obsequio de la emperatriz esposa de Carlos Y y de una 
dama á quien servia. 

El 20 de mayo de 1 533 y el S6 de marzo de 1 5S6 las hubo tam- 
bién, sin que de ellas hayamos podido recoger detalles. 

El 24 de febrero de 1560 el lugarteniente general don García de 
Toledo celebró con fiesta de loros y caDas en esta plaza el malrí- 

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BOUN. lis 

nKHüo del rey don Felipe II con la iofanta de Francia Isabel de Va- 
léis. 

Otro torneo el 9 de mayo de 1563. 

Dos CD 1566. £1 primero fué el 1*7 de febrero, alcaozaDdo pre- 
mios doD Juan de Gualbes y don Federico de Cabrera ; el segundo 
el 3 de mayo, ganando premios por invenciOD don. Miguel de Hitja' 
Tila, por golpe de pica don Alfonso de Erit , y por golpe de espada 
don Joaqnin Centellas. 

El 5 de febrero de 1567 hubo un torneo, del cual no sabemos 
otra noticia sino la de que don Juan Lázaro de Costarellas ganó la 
prez de mas galán. 

En 1568 se celebró otro para festejar á la duquesa de Medinace- 
li y á sus hijas, que estaban en Barcelona. 

Eo 1571 hay noticia de otro, y por fin en 1599 hubo justas rea- 
les, con motivo de haber venido el rey Felipe ¡II k jurar tas liber- 
tades de Catalutla. Fueron en ellas el mantenedor don Federico de 
Meca y los justadores don Juan de Eril, don Antonio Despaiau, don 
Alejo Albert, don Bernardo de Pinos, don José de Bellafila, don 
Francisco y don Dalmao de Rocaberti, don Bautista Falcó, don Pe- 
dro Vila y otros. El rey asistió á la función desde una de las ven- 
tanas de la casa del mantenedor don Federico de Meca, que la lenia 
en el Born. 

Los aoales del siglo XVII nos dan también noticia |de algunas so- 
lemnes fiestas celebradas en este sitio durante el mismo. 

Será la primera de que demos una leve idéala que tuvo lugar en 
celebridad de la canonización de san Ramón de Penyafort el aDo 1601 . 
Grandes, solemnes y suntuosas fiestas de todas clases se efectuaron 
con este motivo aquel aDo en Barcelona, pero ninguna escedió qui- 
zá, en lo brillante y espléndida, á la llamada de la defensa del paso 
ventwím y de los caballeros que llegaron á probar esta aventura, de 
la cual fué teatro la plaza del Born. 

La idea que se tuvo para esta fiesta fué suponer que habiéndose 
eslendido por todo el mundo la nueva de la canonización de Ramón 
de Penyafort, algunos principes y caballeros de distintos países lle- 
gaban á Barcelona para adorar las reliquias del santo, pero que se 
oponían ¿ su paso tres caballeros catalanes temerosos de que su 
objeto no fuese robar aquellas venerandas reliquias. 

£1 dia designado para la función fué el 3 de junio. El Boro apa- 



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114 BOIN. 

recio ncameote adornado, y con tanta gente en los aodamios, tabla- 
dos, Tentanas, balcones y azoteas, que jamás se babia visto en esta 
ciudad ni reunión mas numerosa, ni taota gala y riqueza unidas. 
En un lado de la plaza, allí donde estaba el virey, se levan- 
taba una tienda de campo en la cual se habían de recoger los 
caballeros que defendían el paso venturoso, y junto k esta tienda 
veíase un grande y vistoso castillo y encima de él una peQa, sobre 
la cual estaba en su nido, como para renovarse en sus cenizas, un 
ave Fénix de agigantado tamaDo ostentando en los pechos una tetra 
que 'decía : 

ñenovamur lupra montem scatuerieníem igrtem, 

aplicada á los justos que se abrasan en amor divino y el dia que 
mueren renacen en sus mismas obras. 

A las tres de la larde, estando la plaza del modo dicho, entraron 
en el palenque con gran pompa y gala los tres caballeros mateoe- 
dores, que debían defender el paso. Iban armados de armas de tor- 
neo ; las calzas y toneletes eran de tela de oro, piala y morado, por 
ser sus colores amarillo, morado y blanco ; traían las cimeras de 
plumas de los propíos colores ; y acompasados de sus padrinos, al 
son de nueve cajas y pífanos yeslidos de damasco con hábito tudes- 
co, dieron vuelta por la plaza y se fueron á recoger á su tienda. 
Eran estos tres caballeros don Luis de Boixadors, don Alejandro 
Claramunt y el capitán don Juan de Encontra. 

A la entnida de la plaza babia nna columna, de la cual manda- 
ron colgar los mantenedores un cartel en verso, donde se decía que 
la ciudad había confiado la defensa de aquel paso á tres caballeros, 
quienes estaban dispuestos á no dejar pasar á nadie como antes do 
dejase sus armas y declarase su nombre y nación, por el temor de 
que. viniesen estrafios i robar los restos del santo. El cartel prose- 
guía dicdendo : 

LoB que naestras condiciones 
Por agraviados rehusareo, 
Armadoj, como guerreros, 
Coa los tres han de probarse.- 

Si nos vencieren, podr&n 
Ir armados por las calles, 
Visitar los sacros templos, 
Entretenerse y pasearse. 

Porque serán, si nos vencen, 
liaj conocidas señales 
. Que el divo cuerpo no quieren 



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BOUf. 115 

Boballe, bÍdo adoralle. 

U>8 sí los tres les Tencamof, 
Después del reñido alarde, 
De las armas prohibidas 
Será fuma se desarmen. 

Somos nobles en las obras, 
Humildes en el lenguaje, 
Porque una valiente lengua 
Supone manos cobardes. 

Retirados los mantenedores á su tienda, oyóse por el otro estre- 
me de la plaza graode estruendo de atabales, trompetas y minis- 
triles, y comenzaron á desfilar las lujosas comparsas que figurabui 
los reden llegados estranjeros. 

Iban delante los músicos é instromentos, segnian los maestres de 
campo, y luego cuatro airosas cuadrillas de jinetes, soberbiamente 
moDtados : de la primera, que figuraba ser de caballeros mejicanos, 
vestidos á la usanza de aquel país, era cabo don Joan de Boixadors; 
de la segunda, en que iban todos vestidos al oso de Francia, lo era 
don Rafael Agullana ; de la tercera, figurando seDores persas, lo 
era don Luis de Sayol ; y de la cuarta, en que iban vestidos k la 
usanza del Japón, don Alejandro de Alentoni. 

&i pos de estas cuadrillas, entraron con grande acompaDamien- 
to de lacayos, pajes y escuderos, tres embajadores de diversos prín- 
cipes. Rafael Cerera que representaba d embajador de Portugal, 
Francisco Costa que figuraba el de Moscovia, y Gerónimo LoseUas 
^ hacia el papel del de Persia, todos vestidos con riquísimos tra- 
jes á la usanza del pais que represeotaban. 

Apueeieron luego cuatro reyes de armas, seguidos de cuatro 
maeeros, á continuación muchos caballeros y seDores de la corte, y 
detrás de todos, soberbiamente vestidos, los dos reyes de Méjico y 
del JapoQ, en pos de los cuales marchaban infinidad de personajes 
representando los gentil-hombres, los consejeros, tos mayordomos, 
los altos dignatarios de la corte, etc. etc. 

Venia después una banda de ocho músicos ministriles, y en se- 
guida en primorosas y magníficas literas las dos reinas de Méjico y 
delJapm, cuyos trajes deslumhraban por lo suntuosos y ricos. Iban 
acompasándolas muchas damas á caballo, y como servidores de 
estas muchos caballeros, cada uno de los cuales ostentaba los colo- 
res de la dama á quien acompaDaba. 

A seguida marchaban dos munerosas cuadrillas, que figuraban 
como dos compafiias de á caballo que traían los reyes para sa gaar- 



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146 BOBN. 

da y seguridad, cada uno la suya y de su naciOQ. Eran cabos de la 
primera Cristóbal de Guimerá y juao Depares y de la segunda 
Luis de Masdovellas y Honofre de Poos. 

Otras cuatro cuadrillas ibaa eo pos de estas, precedidas de ocho 
trompetas vestidos de damasco encarnado y blanco. Los cabos eran 
don Juan Icart setter de la torre de Embarra, don Miguel de Caldas 
seDor dé Segur, don Luis Querall seQor de Arólas, y don Beroardo 
Galoeran de Pinos. 

Finalmente, cerraban la marcha los que figuraban aer cazadores 
de los reyes, que eran los caballeros don Miguel de Mitjavila, don 
Epifanio Torres y don Francisco Gaver. Iban estos cazadores con 
venablos en las manos y bocinas colgadas & la espalda, soberbiamen- 
te vestidos, y traían una compaDia de veinte monteros á pié y otra 
á caballo, con muchos criados que llevaban hurones, monas, Inihos 
y otros animales, conduciendo de trailla muchos galgOs, sabuesos 
y podencos, y en unas redes infinidad de aves y animales que de- 
bían echar por la plaza, como liebres, conejos, palomos, perdices, 
tórtolas, gorriones etc. 

Por este orden entró aquella inmensa comitiva en la plaza por la 
parle del pía den Lull, y después de haber dado una vuelta, todos 
los que no hablan de jugar alcancías ó correr lanzas al estafermo, 
se pusieron en compaQia de los reyes tras de una estacada ; y mien- 
tras los cabfüleros andantes y el puesto de los jinetes y bridones se 
repartieron por sus puestos al rededor de la ];daza, los cazadores co- 
menzaron su caza echando los conejos y liebres, y soltando las per- 
dices y palomas con las dem&s aves. Soltaron asimismo los perros, 
y con grande grito y estruendo de bocinas los de á caballo y los de 
k pié atravesaron la plaza, dando el espectáculo de una vistosa 
cacería. 

Tenninada esta se hicieron varios juegos de armas, entre otros 
el de las alcancías y el del estafermo, luciendo su destreza y su ha^ 
bilidad los caballeros catalanes. Acabado de correr el estafermo, el 
puesto de los bridones rompió lanzas en el suelo por muy buen ra- 
to y con muy buena gracia, y finalmente, llegó el momento de la 
defensa del Poío. 

Los tres caballeros mantenedores salieron de su 'tienda, y {uwm 
acometidos por los que figuraban ser forasteros. Tornearon á pié to- 
dos con los Bianteoedores á tres botes de pica y cinco golpes de es- 
pada, dándose ricos premios á los que mejor lo hicieron. El último 

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BOBN. 141 

de los aveatoreros, que fué don Batista Falcoa, torneó con tanta ga- 
llardía y apretó tanto á su contrario, que fué forzoso á los otrw dos 
mantenedores acudir á valerle. Entonces Falcon acometió k todos 
tres, y passndo & la otra parte de la valla les acuchilló de manera 
qae hubieron de retroceder hasta la tienda. 

Con esto, vencidos sus contrarios, y dejando libre el Paso, Fal- 
con, seguido de todos los caballeros, arremetió acuchilladas alcas- 
tillo qae, según se ha dicho, estaba al lado de la tienda, y á los pri- 
mos golpes comenzó el ave fénix & batir reciamente sus alas. A 
poco rato de estarlas batiendo, comenzó á salir humo del nido y 
encenderse en fuego hasta abrasarse la misma ave, con tuitos co- 
hetes y fuegos arliñciales que tenia dentro ]áe sí, que por espacio 
de mas de un cuarto de hora no se oyó ni vio otra cosa sino true- 
nos y llamaradas de fuego. En acabándose de abrasar se abrió lue- 
go la pe&a en dos partes, y apareció en medio una figura de San 
Baoion coo las insignias de penitencia y contemplación, y mientras 
estaba toda la plaza mirando este espectácnlo, levantó ^ mano el 
santo y echó la bendición á todos tos circunstantes, terminándose 
así aquella fiesta que no babia tenido igual. 

Tres días después de esta fiesta, el 6 de junio, turo lugar otra 
en la misma plaza, por el mismo objeto y en bonor del santo. 

Fué un torneo, del cual se declararon mantenedores don Miguel 
de Seomanat y don Luis de Sayol, que figuraban ser dos caballe- 
ros forasteros llamados Rodolfo y Arquelidoro. Hasta doce caballe- 
ras preseolároose á lidiar con ellos, llevando todos motes, tetras y 
divisas en honor del santo, y estuvo lucidísimo el torneo, del cual 
dice una relación contemporánea: «En esto, tomando arma los 
alambores, se combatieron hasta la noche cuerpo & cuerpo, de lan- 
u y espada, procurando cada ano señalarse por esforzado caba- 
llero. En acabando este combate, se repartieron mantenedores y 
aveotnreros en dos cuadrillas, para combatir en la folla, y con mu- 
cho estruendo de alambores que tocaban arma, caladas las lancas 
se fueron los unos contra los otros. Era mucho de ver el romper de- 
llas, el herir de las espadas á diestro y siniestro, y el acometer de 
tos unos á los otros con grande ánimo, destreza y esfuerzo.» 

Diéroose en este torneo ríeos premios que los pagó la Diputación, 
y ganó dos don Fadrique ó Federico de Heca, uno pw mejor pica y 
otro por mejor lucha cuerpo á cuerpo, consisteDte d (nimero eQ 



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Ii8 BOIIN. 

na ceDlaaro de oro armado coa sq maza, con una esmemlda en el 
escudo y otra eo el pecho, y el segando en uo lagarto del mismo 
metal cod seis rubíes y muchas perlas. 

El premio de espada lo ganó don Luis de Sayol. Consistía en una 
pluma de oro muy bieu labrada ¡con muy gruesas perlas. 

El de la folla don Luis de Hasdovelles, i quién se dio un caballo 
marino de oro, engastadas en él una esmeralda, un rubi y dos 
perlas. 

El capitán don Juan de Encentra ganó también una joya igual 
como segundo premio de la folla, pero sin la esmeralda. 

El de mas galán lo ganó don Francisco Camós. Consistía en una 
peOa de oro. 

El de invención don Juan de Paguera, el cual recibió por ello un 
ave fénix de oro con muchas perlas. 

Concluido el torneo, los vencedores fueron ó visitar el sepulcro 
del santo, que estaba en Santa Catalina, yleofreeien>n los premios 
que babiao ganado, dejándolos allí depositados. 

Hé aqui ahora los otros torneos de que tenemos noticia como ce- 
lebrados en esta plaza: 

El lunes 96 de noviembre de 1618 hubo uno, á consecuencia de 
haber llegado la bala de Gregorio XV prohibiendo se disputase mas 
la opinión eontraría de la Concepción. 

El 8 de febrero de 1630 otro para festejar á la infanta dola Ha- 
ría de Austria que acababa de llegar á Barcelona. 

El 3 de marzo de 1632 otro, en el que lomó parle Felipe IV, en 
honor del cual se celebraba la ñesta. 

En 6 de mayo del mismo aDo otro en que también lomó parte el 
infante don Carlos. 

Y por último el 6 de noviembrede 1661 justas reales, de lasqae 
fué mantenedor don José Galcerin de Pinos, en celebridad del na- 
cimiento de Carlos II. 

El !6 de febrero de 16i7 tuvo lagar una fiesta que por su gran- 
diosidad y magnificencia recordó la muy famosa hecha en honor de 
San Ramón de Penyaforl. 

A consecuencia de la revolución del 1640, de qne aun tendremos 
ocasión de hablar mas adelante, CataluBa, se habla levantado con- 
tra Felipe IV arrojándolo del trono por traidor á la libertad y pro- 
clamando en su lugar al rey de Francia. En 16i7 era virey del 



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BOKN. 119 

Prindpado el coode de Harcoort (á quien algoDos llaman con error 
AlÍDcoarl), y habiéndole & este nacido na hijo dorante sn estancia 
en Barcelona, nombró padñoo á la ciudad, y en su representaron 
il conceller en cap, que lo era aquel aQo el doctor Onofre Vila. La 
madrina fué doDa^María de Rocaberti. 

Hubo con este motivo grandes fiestas, que la ciudad dio por su 
enenta, y detalladamente refiere una relación en verso castellano, 
manuscrita, que se halla en el dietario de 1617 en el archivo mu- 
nicipal. 

El bautizo se celebró con grande pompa y solemnidad el Si da 
febrero, y hablando de la madrina, que era muy hermosa dama, 
diee la relación citada, con aquel bip^bólico lenguaje que debieron 
las letras de este pais á la funrata influencia de la literatura casta- 



La Doble doña Haría 
de Rocaberti, saliendo 
de casa, dio envidia al sol, 
espanto, yergflenza y miedo. 
Llegó 6 la Diputación 
6 donde la recibieron 
todas las damas, estrellas 
de su sol que estaba en medio, 
y al palacio de Su Alteza 
ñieron juntas, despidiendo 
raT08,'*que abrasando hielan 
nieye conTertida «a Aiego. 

Y después de referir la ceremonia del bautizo, aOade que se can- 
taron por la capilla de la catedral unos villancicos del poeta don 
Fraacisco Fontanella, uno de tos que parle mas activa tomaron du- 
rante aquellas circunstancias en favor de las libertades del pais. 

Las tres capillas cantaron 
villancicos á este tiempo 
que Francisco Fontanella 
hizo como de su Ingenio, 
el cual por grave j sublime 
coa palabra* no pretendo 
alabw, porque ciüisndo 
digo mas j yerro menos. 

Enlre las fiestas que dispuso la ciudad en celebraeioo de aquel 

acontecí miento fué una en el Born, donde se había de figurar la 

tradicional fábula de la ida de un conde de Barcelooa k Alemania 

Tmo i. m 



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1B8 BOÍN. 

para salvar á la emperalríz acasada de adulterio, y la Tenida laego 
de esta emperatriz á Barcetooa para dar gracias al coade. Fué es- 
pléndida y magnifica fiesta, en la caal tomaron parte los caballeros 
mas nombrados y las familias mas distinguidas de la ciudad. Tuvo 
lugar el martes S6 de febrero, y no el 9 como eqolvocadamente ha 
dicbo un autor, y sa descripción detallada ocuparía p&^nas en-» 
taras. 

Primeramente se figuró el palenque en que debía celebrarse el 
juicio de Dios. AHÍ estaban los acusadores de la emperatriz, y alli 
ésta pronta á ser condenada á morir en una boguera, si no se pre- 
sentaba un campeón que lidiase por ella y venciese á sus detracto- 
res que de adulterio la culpaban. La fábula dice que el campeón de 
la inocencia fué el conde de Barcelona Ramón Bereogner 111, llegado 
de lejanas tierras solamente para esto. Llegó en efecto el conde á 
tiempo, venció en campal batalla k los caballeros que sostenían la 
desbonrade la emperatriz, y esta quedó libre en medio de losaplaa* 
sos y de la gríteria del concurso. 

Después se figuraba la entrada de la emperatriz en Barcelona vi- 
niendo &dar personalmeote gracias al conde, y fué tanta la comiti- 
va que acompañaba á la emperatriz, tanta la gala, lujo, riqueza y 
esplendor de los trajes, tanta la pompa que figuraba haber desple- . 
gado el (;pQde don Bamon para recibirla, que, esceptuando la gran 
fiesta de San Ramón, no había memoria de otra igual en los anales 
de Barcelona. 

SegQD la relación en verso ya citada, representaba ¿ la empera- 
triz el joven don Bernardo Compte de Albericb, y al conde de Bar- 
celona el caballero don Miguel de Lluría. Figuraban también en la 
fiesta representando disliotos personajes, los seflores don Jaime de 
Magarola, don Francisco de Suríá, don Francisco de Ayguaviva, 
don Lorenzo Sinisterra, doo Feliciano Sayo!, don Galceran Dusay, 
don Juan Carreras, don Ramón Pastor y el poeta d<m Francisco 
Fontanella, que parece fué el director de la misma. 

Concluido el paseo de la emperatriz, hicieron los cabuleros va- 
nos juegos de armas, corriendo un estafermo y una mona. A pro- 
pósito de esta última parte de la función dice el relato en verso & 
que hemos aludido: 



n>an los caballeros Un lucidos 
en veloces caballos enjaezados, 
ta* ricamente puestos y vestidos 



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BOWf. 1S1 

de diversos colores adornados, 
, que aclamados del vulgo y aplaudidos 

COD plata, OD, perlas j brocados, 
galas, oetentacioD 7 bizarría, 
dieron envidia al sol, vergüenza al dia. 

En lauro, palma, honor, gloria y trofeo 
quedaron todos ellos tan iguales, 
, que no puede pedir mas el deseo, 

ni se alcanza con fuerzas naturales, 
7 haciendo prevención para el torneo 
rompieron con valor y fuerzas tales - 
BUS lanzas uno i uno, que ostentaban 
otros nuevos Jordanes que peleaban. 

SíD dada á estas y & otras fiestas parecidas, pues qveson íddu- 
merables las que citar podríamos de torneos, cafias, corridas de fo- 
ros, eocamisadas, bailes, sortijas, Tuegos artificíales, ele. etc., de- 
be su origen aquel refraa catalfui antiguo que dice: Boda 7 itMm y 
t&mUm al Bom, como supoDÍendo que en Diogun puuto de la tier- 
ra podían verse funciones ni mejores ni mas espléndidas que las 
del Boro. 

De otros actos, que distan mucho por cierto de ser tan agrada- 
bles, ba sido también algunas veces triste teatro esta plaza. 

Eb ella se han celebnulo algunos autos de fé, después que la In- 
quisición , á pesar de la-tenaz resistencia que le opuso Barcelona, 
consiguió arraigarse en este suelo. • 

Entre estos autos de fé hallamos memoria de uno ea 1568 , dd 
otro en 1569 , y de uno, rodeado de fúnebre y atemidora pompa, 
que tuvo lagar el 7 de noviembre de 1647, al cual asistió el pría- 
lape de Conde , virey entonces del Principado , desde casa don Fe- 
derico Meca , una de cuyas ventanas se transformó aquel dia eo 
baleoD, para que mas cómodamente pudiera el virey presenciar el 
espectáculo. Fuert«n en este auto de fé quince los condenados , ano 
& pena de muerte en la hoguera para lo cual se, le llevó al Canyet 
donde se ejecutó la sentencia, y á diferentes p«)as los otros catorce, 
eotre los cuales babia cinco mujeres acusadas de brujería y hechi- 
cería. 

Has adelante habremos de ocuparnos de la loquiaciou , pero 
séanos permitido decir por el pronto, y como de paso, que este trí- 
buoal odioso , establecido á díespecbo de los catalanes , jamás logró 
tener aquí la fuerza y el poder que ea otros puntos. En Barcelona 
hubo may pocos antos de fé , y es cortísimo d número de los cou- 
denados á muerte. 



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15t KM». 

Otro Fecserdo de esta plaza. En 1370, caando la dudad padecía 
una horrorosa hambre y estaba acosada por la peste , predicó en 
ella san Vicente Ferrer , de edad de reinticioco alos , que se ha- 
llaba & la sazón haciendo sus estudios en Barcelona. Dicese que era 
inmenso el concurso que escuchaba á aquel joven , cuya elocuencia 
era verdaderamente asombrosa, y que aquel día anunció la próxi- 
ma llegada de cinco buques cargados de trigo, los cuales en efecto 
arribaron á la playa luego de terminado el sermón. 

El vulgo achacó aquello á milagro , y desde aquel día comenzó 
& crecerla reputación de Vicente Ferrer, que mas tarde debia figu- 
rar notablemente en nuestra historia , como tendremos oeasion de 
observar cuando se hable del Parlamento de Caspe. 

Se conoce que, aun cuando fuese este el logar destinado para los 
torneos y fiestas, no por eso dejaba de servir para plaza de verdu- 
ra y mercado, como hoy mismo sucede. En U16 tuvo principioen 
esta plaza el alboroto de los carniceros, & consecuencia del cual tan 
grande y brillante papel había de desempeíSar el conceller luán 
Flvaller ; pero no es este el momento oportuno de hablar de aquel 
acontecimiento, ya que reservado debe quedar para cuando se ha- 
ble de la calle que conserva el nombre de aquel ciudadano ilustre. 

Has de una vez tendremos que ocupamos en estas páginas de la 
famosa y terrible guerra de sucesión con que se inauguró el si- 
glo XVIII, y cuyo resultado fuó sentar á una rama de los Borbones 
en el trono de Espa&a. CataloDa, ya lo sabemos, proclamó & Garlos 
el archiduque de Austria , y 'hallábase este en Barcelona , cuando 
la capital del Principado fué sitiada por Us tropas de Felipe V, con 
este monarca al frente de ellas. - No fué largo aquel primer sitio. 
Socorrida Barcelona por la escuadra de los aliados , Felipe V hubo 
' de levantar el sitio , siendo por aquella vez completa la victoria de 
las armas de Carlos III. 

En memoria de este hecho, y como acción de gracias á la Boina 
de los cielos , por cuya divina intercesión se creyó que el Todopo- 
deroso hatáa coocedido la victoria , se acordó entonces elevar un 
monumento en el centro de la plaza del Bom , dedicándolo á Nnes- 
tm Sellora de la Concepción. Ya fuese por la premura con que se 
trató de realizar la idea, ya por la falta de numerario á consecuen- 
cia de los gastos de la guerra , es lo cierto que al obelisco se oona- 

Digiliícd by LjOOQ IC 



BOM. 1S8 

trojó íDterÍDafflente de madera , quedando erigido en el pasto que 
boy es é estremo del Boru y entonces renia k ser el centro. El SO 
de junio de 1106 fué colocada en él una imagen de Nuestra SeQora 
llevándola desde la catedl'al en procesión , á la cual concurrieron el 
rey Carlos III, el cuerpo municipal, la Diputación, el obispo de Sol- 
sona, el cabildo eclesiástico, las parroquias, los gremios, la noble- 
a y gran número de personas. Se habia levantado al pié del mo- 
onmenlo un altar provisional, donde se cantó el Te-Deum y celebré 
d obispo , ' y eo el ofertorio Carlos HI orrecié el obelisco & Nuestra 
SeOora é hizo voto de celebrar anualmente una ceremonia anüloga 
para confirmar so dedicación. 
Al pié del monumento se puso la inscripción siguiente : 

Caroius tertius, HispaDiatum Hooarcha, cüm Virgioem iminacu- 
lalé conceptam Bui Regnorumque suorum Patronam delegerít, 
Eiqíie Sacrum ex tere et tapide UoDumeiitum in hac Urbe Gotho- 
Iodíb primata gpoponderit, quam Deiparce patrocinlum, ipsomet 
inlus obsesso defendit Duce Audegavense, ejusqiie eiercitu pro- 
fligato, ne promissus ClementísBÍmic Hatrí cultus retardaretur, 
suppositium faoc Altare et Simulacrum in futuri opería sigDum, 
et pigaua. Se, Clero, Senatu, Populoque prEBsentibus, aoleniDitér 
consecnri jussit. Adro salutis MDCCVI die XX mensís junJi. 

El dia 30 de diciembre del propio aHo se comenzó la obra ^ 
piedra, sin destruir por el pronto la de madera. Debía ser aquella 
de mármol, jaspe y bronce, y en solemne ceremonia, presidiendo 
el acto las autoridades populares, puso la primera piedra et obispo 
de Sobona. 

El fatal resultado que tuvo la guerra de sucesión para las liber- 
tades catalanas , no permitió que subsistiese en pié aquel moDO- 
oeolo. Cuando después del segundo famosísimo sitio de Barcelona, 
habieron entrado eo esta ciudad las tropas de Felipe V , derribóse 
el obelisco por órdeu del capitán general, y fué recogida la imágm 
de Nuestra SeOora. El monumento que se levantó entonces fué la 
dodadela. 

En edos últimos aDos el Born ha sido teatro de bullicio y alga- 
zara. Gracias á un vecino de buen humor que en él habita, durante 
el carnaval se han celebrado cada aOo en aquel sitio vistosas fiestas 
de náscaras y escenas burlescas , levantándose un palacio en el 
caal se ha figurado un personaje ridiculo recibiendo embiy'adas, 
dando audiencias, ieniendo corte, presidiendo bailes, etc. 



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154 



Estará en el eosanche, y debe comenzar, segUD el proyecto 
adoptado, eo la calle del marqués de Canpo Sagrado, para termi- 
nar en el-estremo de Barcelona por la parte de Gracia. Se verá cru- 
zada por las calles del Parlamento, Etna, Tamarit, Floridabianea, 
Sepálveda, Corles, Diputación, Cornejo de dentó, Aragón, Valen~ 
da, Mallorca, Provenía, Roseüon, y Córcega. 

El Ayuntamiento, aceptando el dictamen del autor de estas lí- 
neas, acudió á dar áesta calle el nombre de /forr^// en memoria del 
conde de Barcelona de este, nombre que gobernó desde 95i has- 
ta 992. 

Algunos, con poco fundamento á nuestro parecer, creen que del 
conde fiorrell datan la soberanía é independencia de Catalutia. En 
nuestra Misíoria de Cataluña creemos haber demostrado que esto 
es un error, por ser aquellas anteriores, datando de la época de 
Vifredo el velloso. 

Pero, aun cuando no tenga esta gloria el conde Borrell, es una 
de las nobilísimas figuras de nuestra historia. Fué gran protector 
de las ciencias y las letras, que recibieron notable impulso durante 
su gobierno, y amigo muy íntimo del sabio Gerberto, que después 
había de ser papa. 

Durante su reinado, en 986, se perdió Barcelona, de la cual 
se apoderó Almaozor , después de haber ganado una sangrienta 
victoria sobre el conde en la llanura de Matabons, al pié del cas- 
tillo de Moneada. Borrell fué k refugiarse en Maoresa, y allí reunió 
un ejército de vatíenles, datendo de entonces los famosos horhes de 
paralge tan nombrados en nuestras crónicas é historias. Estos hom- 
bres de paraje, es decir, hidalgos, hombres de paraje ó casa sola- 
riega, recibieran este título de Borrell con privilegio miHtar ó de 
nobleza hereditario, por haber acudido á un llamamiento con ar- 
mas y caballo á fio de ayudarle en la reconquista de Barcelona. 
Con su ausilio el conde recobró bien pronto la capital del Prin- 
cipado. 

Hay una tradición, de la cual hemos dado cuenta al hablar de la 
calle de Basea, suponiendo que Borrell murió en 993 k consecuen- 
cia de una nueva invasión de moros en Calalufia, siendo arrojada 



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BOT. — BOTELLA. — BOTERS. — BOU. 155 

8D cabeza dentro de Barcelona por medio de nna ballesta. Es tina 
f&bala, como tantas otras de que los antiguos cronistas poblaron la 
historia de CataluQa. La crítica histórica con documentos irrefuta- 
bles ha venido á probar la falsedad de esta tradición. Borrell mu- 
ríé en edad avanzada, de muerte natural, á fines de) 992, y ya los 
moros no volvieron k apoderarse de Barcelona. 



BOT {c»ll«4en). 

Une la calle de la Canuda con la de la Puertaferrisa. 

Es otra de aquellas cuyo nombre parece recordar el apellido de 
alguna tamilia que sin duda tendría terrenos y propiedades en aque- 
llos sitios al abrirse la calle. 



BeTEIiIíA (c»1Ié den]. 

Y no de la botella, como equivocadamente diceo algnoos, pues 
que también recuerda un nombre propio, el de la familia Boatella, 
cayo apellido ha sido corrompido por el vulsoen botella. 

Va de la plaza del Padró k la calle de la Cera. 



BOTERS (c»lle del*]. 

Esta calleT que va desde la plaza Nueva k )a de la Cucurulla, se 
llamaba antiguamente del Fom deis Árchs, ¿ cansa de algún horno 
pe existia sin duda en la esquina que forma esta calle con la deis 
hchs, pero cambió su nombre en el de boters (toneleros), á cod- 
secnencia de estar habitada principalmente por los de este oficio. 

La corporación gremial de los toneleros tiene memorias que re- 
mnitan al 1257. 



BOr [e«lle del]. 

Bay dos calles de esta denominación, ana que comenzando en la 
de ^oU va k desembocar en la plaza Nueva, y otra que une la 
8tía de San Pedro con la mediana. 



.yGoo^Ie 



1 56 MM>C4TBIS. — OOSOÜ. — BBDCH. 

La primera se llamaba aotiguameate del Eostal del Bo» ptm]ae 
eo ella había ona posada qae tenia piolado un buey en su muestra, 
tituláadose asi. 



mmmCJk^rEm» (eaUe deis}. 

Va desde la Frenería á la plaza del Bey. 
Tom6 su nombre délos muchos fabricantes de brocados que mo- 
raban en ella. 



Está en la calle de la PktíeHa, teniendo su salida en la de JfÜra- 
llers. 
Recuerda probablemente el nombre de una familia catalana. 



BRCCH (calle del). 

Otra de las áb\ ensanche. Ha de ir, según el plano, desde la 
c&We áe Ronda basta la de Córcega, cruzada por las ée Ausia» 
March, Cagpe, Cortes, Diputación, Consejo de ciento, Aragón, Va- 
lencia, Mallorca, Provenxa y ñosellon. 

Se le ha dado este nombre en conmemoración de las cétebres 
jornadas del Bruch, al comenzar la guerra de la Imlependencia. 
Los franceses hablan entrado en BspaDa como amigos para que- 
darse como sefiores, y ya se ha dicho como el pueblo se lanzó Alas 
armas, dando el grito de guerra contra los invasores del pais. La 
primera victoria ganada en Espa&a contra los invencibles, la pri- 
mera jornada eo que hubieron de humillarse y besar el polvo de 
la derrota las ¿güilas triunfantes del imperio, fué en los riscos del 
Bruch, al pié del histórico Montserrat. 

Manresa acababa de lanzar el grito de íodependencia, y con 
este motivo, k primeros de junio de 1808, salió de Barcelona una 
división francesa compuesta de unos cuatro mil hombres, al mando 
del general Schwartz. El jefe superior de las fuerzas ñ^ncesas en 
CataluDa habla dispuesto que Schwartz pasase ¿ ocupar la ciudad de 
Haoresa con su columna, y la castígase imponiéndola la coolñba- 



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fiBCCH. 157 

doD de una crecida cantidad, pagadera á tas cuarenta y ocho ho- 
ras. Algunos somatenes, compuestos de hombres mejor armados de 
patriotismo que de verdaderas armas, decidieron esperar k Schwartz 
en el Bruch. No tenian otras armas que los instrumentos de la- 
branza y algunas escopetas de caza, y sus balas consíslian en tro- 
zos de varillas de hierro que se babian apresurado á corlar. No te- 
nían tampoco mas jere que los cabos que de entre ellos se nombra- 
roD, sin esperiencia y sin conocimientos militares; pero en aquella 
guerra babian de improvisarse los generales. 

Llegaron los franceses al Bruch, y sin vacilación y sin miedo se 
dispusieron á atacar aquellas alturas, que solo velan coronadas por 
turbas de paisanos mal organizados y peor armados. Fácil creian 
el triunfo, y hubieran efectivamente acabado por obtenerle, aun 
cuando los somateoes con ejemplar valor disputaban palmo á pal- 
mo el terreno, si quizá en un momento supremo no se le hubiese 
ocurrido á un paisano apoderarse de un tambor, que por acaso ha- 
bían traído, y colocarse con él detrás de una pefia á batir paso de 
carga. A tos sones de esta guerrera caja, repetidos por los ecos de 
Mofltserrat, Introdújose el terror entre los franceses, creyendo que 
iba á echarse sobre ellos un ejército disciplinado, y desde aquel 
momeoto la mas completa y sefialada victoria coronó los esfuerzos 
de los héroes del Bruch. 

Fué esta jornada el 6 de junio, y desde aquel día quedó roto y 
destruido el prestigio que acompaDaba á las tropas francesas, á 
quienes se juzgaba invencibles. 

Se ba discurrido mucho, y se bao sacado á plaza muchos docu- 
mentos y certificaciones, para probar que los somatenes catalanes 
tuvieron un caudillo en la acción del Bruch; pero la verdad es que, 
aparte los cabos naturales de cada grupo ó somaten, si hubo allf 
alguD jefe, como yaba dicho Cabanes, fué sin dispala el joven 
tambor. 

Pocos días después el mismo sitio volvió á ser teatro de otra vic- 
toria. £1 general en jefe Dubesme confió al general Chabran el en- 
cargo de vengar la derrota de Scbwarlz , y le dio órdenes para 
caer sobre Manresa. Chabran partió al frente de nna buena colum- 
na, pero tropezó en el Bruch con los vencedores de Schwartz , re- 
forzados aquella vez con mas gente de Manresa y de otros puntos y 
entonces con un jefe , que lo fué el comandante de los somatenes 
del cordón del Llobregat, don Juan Baget y Pamies. 

Tomo I. « 

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158 BÜENAVENTUBA. — BUEN SUCESO. 

Por seganda vez qaedaroD allí derrotados los franceses el 1 4 de 
junio después de un combate empeOado, por segunda vez apelaron 
á la faga, y Chabran, de quien se afirmaba que jamás había Tuelto 
las espaldas al enemigo, hubo de Tolvérsetas aquel día k los aguei^ 
ridos paisanos de GataluOa, dejando en su poder y en el campo 
quinientos bombres entre muertos y heridos y alguna artillería. 

En memoria de estas dos célebres^ jornadas, cuyo éxito desbarató 
los progresos de Duhesme haciendo que pueblos y ciudades se le- 
vantaran en masa contra tos invasores, hablase determinado mas 
ladelante levantar un monumento en el Bruch, con la siguiente ins- 
caipcion : 

Caminante, para aquí, 

que el francés aquí paró, 

y el que por todo pasó 

DO pudo pasar de aquí. 

Víctores JMarengo, Austerlílz et Jense bic victi fnerunt 

Diebus VI et XiV juníi anno MDCGGVIII. 

Como ya en otro obra hemos dicho, en lugar de esta inscrip- 
ción hubiera podido idearse otra mas en consonancia con la grave- 
dad del carácter catalán; pero de todos modos, con esta ú otra le- 
yenda, el monumento debiera haberse levantado. 

BIIEIVA.TE]tfTVBA (c»lle de «an). 

Es una calle que está en la de Santa Ana y que no tiene salida. 
Anliguamenle habia en ella una capillita con la imagen del santo, 
cuyo nombre lleva. 



BVBH 8CJCE80 (plu* «el). 

Desembocan en ella las calles del Buen Suceso, Süjat, RameUe- 
ras, Elisabeía y Xuclá. 

Ha dado este nombre á esta plaza la iglesia que se halla en ella 
de Nuestra SeRora del Buen Suceso, antes de los religiosos servitas 
ó siervos de María. 

Estos religiosos babian venido á establecerse en Barcelona el aDo 
1516, ocupando el convento de Santa Madrona de la montafia de 



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BDFANALLA. 169 

HoDJuicfa, qne después pasó á ser de los capuchioos; pero eo 1618 
fuenm eslraQados de este terrítorío por órdeo del CoDsejo de ciento. 
Se ignora el motivo que podo teeer el manicipio barcelonés para 
tan grave resolución. 

Sin embargo, el destierro hubo de ser corto, pues en 1626 vol- 
vían á aparecer en Barcelona, y comenzaban la edificación de un 
convento é iglesia, quedando terminadas ambas obras en 1635. 

Después de los sucesos de 1S35 el convento fué destinado pri- 
mero á cuartel de inválidos, luego á hospital militar y por fin á 
cuartel de infantería, que es actualmente su destino. 

La iglesia está abierta al culto, y sí bien poco ofrece de particu- 
lar bajo el punto artístico, hay que notar en ella los dos ángeles de 
piedra que están sobre la puerta, obra del artista mallorquio don 
Miguel Perelló, el remate del retablo mayor y el cuadro que ocupa 
el nicho principal, los cuales son de Tramulles hijo ; y los dos gran- 
des cuadros que se hallan en la capilla de Nuestra SeDora de los 
Dolores, representando el uoo'el descanso de la sacra Familia en su 
faga de Egipto, y el otro la presentación del Sefior en el templo, 
debidos al pintor catalán don Pedro Pablo Montaba. 

Hállase además en esta misma plaza el convento de Santa Isabel, 
de religiosas de la tercera orden de san Francisco de Asis, yulgar- 
mente llamadas EHsabets. Fué fundado en 15SÍ por la beata madre 
Juana Fomés de Arbeca. 

La iglesia tiene una portadita adornada con dos columnas corin- 
tias de bastante mérito. 

El convento, después de la supresión de las monjas en 1835, fué 
cedido por real orden para Instituto barcelonés, pero en 18i9 las 
religiosas rolvieroa á tomar posesión de la mayor parte del edificio. 



mWAXAWAUk (»re* den). 

Es una calle que va de la Etparíeria á la plaza del Bom. 

Antíguamente se llamaba este arco áeMossen Bahell, y es de 
creer que el nombre que hoy lleva recuerda el de alguna familia ca- 
talana, lo propio que sucedía con el anterior. 



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190 vanáis. 



BVBGEB (ciUl« den.) 



Sa entrada eslá en la Plc^eria y su salida ea la plaza deUArgen- 
ters. 

El verdadero nombre de esta calle es de Guillem Surges, que se- 
ria sin duda algún propietario de terreóos de la misma. 



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G 



CABKAS {««Ue de Im). 

Va desdu la calle del BospUal & la de la Petxina, y es otra de 
taDlas acerca tas cuales oada hallamos qae referir. 



CASESTA {e»U« de la). 

Enlaza la calle del Sospüal coa la de San Pablo y se halla en el 
mismo caso qae la anterior. 



CAIAE9 (e«Ue «en). 

Ya del B<>m k la Pescadería. 

Parece qae antiguamente se llamaba den Caules. Su nombre ac- 
foal recaerda el de la distinguida familia de Calders ó Caldés como 
vulgarmente se apellida. 

Los de Calders eran seSores denlas baronías de Segur yPieroIa y 
(enian por escodo tres calderos sobre campo de gules con la divisa 
Ma bona fe conserva ma esperanza. Es Emilia ilustre y su nombre 
figura gloriosamente en las páginas de la historia de nuestro país. 

Se sabe que en 1 19i uo Berenguer de Calders, á qoien las guer- 
ras habían ocasionado grandes quebrantos, hubo de vender á Ra- 
món Folch de Cardona diferentes lugares y una hacienda que po- 
seía en la Vaü dek horts entre Cardona y Manresa. 

Se hallanH) los de esta fomilia en la conquista de Mallorca, para 
cnya empresa mandaron armar á sn costa una embarcación y pa- 



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162 CAL4BR1A. 

saron á servir coa etla, Tendiendo, al efecto de acudir ¿ estos ga»- 
tos, un pedazo considerable de hacienda eo Cataluña que poseían 
en la sierra de Calders, y el castillo de Calders, que era el solar de 
su casa junto á Maoresa. 

Juan Francisco de Calders,, seQor de la baronía de Segur, pasó 
también á su costa á servir en la armada con motivo de la jomada 
que hizo el emperador Carlos V cuando fué á Argel, para cayo efecto 
vendió la carllaoia de Anglesolá y otras propiedades. 

Se distinguió notablemente un Calders en la memorable bata- 
lla de Lepanto, y figurao con gloria otros miembros de esta fa- 
milia ea las campaQas de Sicilia, Ñapóles, CerdeDa ySalses. 

Ea 1616 el duque de Alburquerque virey y capitán general que 
era entonces de Cataluña, mandó arrasar el castillo de Segur, según 
parece por haber tomado don Miguel de Calders y Gilabert parte muy 
activa en las contiendas de Narros y Cadells, protegiendo á los pri- 
meros en su castillo donde una vez se hicieron fuertes. 

En el aQo 1639, cuando comenzaron los disturbios de Cataluña 
que habían de producir la terrible guerra llamada de los segadores, 
era gobernador de Cataluña un Ramón de Calders ; un sobrino de 
este, Felipe de Calders, muñó el año 16i4 en la retirada de la 
campaña de Lérida, sirviendo en el ejército de Felipe IV; y un hijo 
de este, Ramón -Felipe de Calders Ferran Yillafranca y de Marímon, 
se hallaba de general de la arülleria del reino de Granada por los 
años de 1679. 

El heredero y sucesor de esta familia es el actual barou de Se- 
gur. 

CAI.A.BHA (••«• de.) 

Otra de las que formarán el ensanche. Comenzará en la calle Ba- 
ña para ir k terminar en la de Córcega, y se verá cruzada por las de 
Tmant, Floridablanca, Sep^veda, Cortes, Dipvíadon, Consejo de 
denío, Aragón, Yakada, üallorca, Provenza y Rosellon. 

Calabria es uno de los países que se vieron sujetos h las armas 
de la Corona de Aragón, teatro de antipas y gloriosas hazañas 
para catalanes y aragoneses, uno de aquellos en que ondeó triun- 
fante el pendón de las goles barras. Por esto se ha querido recordar 
la antigua gloria de nuestras armas y de nuestras conquistas, dán- 
dose semejante nombre á esta calle. 



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163 



CAUL(e«Ue4el]. 

Esta calle, cu^a antigua tortuosidad va desaparecieodo gracias 
k la rectiGcacíoo de los edificios, á medida que estos se reconstru- 
yeo, es una de las mas concurridas de Barcelona, ya porque co- 
mienza en las llamadas cuaíro esquinas del Cali y va á desembocar 
en la plaza de la Constitución, puntos de grande afluencia, ya tam- 
bién por existir en ella, desde tiempo iumemorial, quizá las mejo- 
res tiendas y almacenes de sederías y trajes de seDora que cuenta 
Barcelona. La moda tiene en esta calle alguno de sus mejores tem- 
plos, y hay en ella modernas tiendas que asi llaman la atención del 
transeúnte por su lujo y elegancia, como convidan al comprador 
por la riqueza y la bondad de los géneros que espenden. 

Babia antiguamente en esta calle una de las principales entradas 
á la aljama, sinagoga, gelbo ó barrio de los judíos, quienes ocupa- 
ban todo el espacio que se encierra entre las calles de Sania Eula- 
Sa, Baños, San Honorato y Calí. Esta ultima, que es la que nos 
ocupa, se llamaba entonces caUjuick ó caüjudaich, calle de tos ju- 
díos, porque era donde acostumbraban á levantar sus tiendas y & 
hacer sos ferias y paradas de géneros, bajo los muros del castillo 
vizcoDdal que estaba frente la judería y ocupaba la parte derecha 
de esta caite, es decir el terreno donde boy se levanta la manzana 
de casas que esUtn entre el Cali y la calle de Femando VIL 

Algunos aSos atrás existia aun algún ligero resto mural de este 
soberbio edificio, muy á menudo citado en nuestra historia. 

Honfar en su crónica de los condes de Urgel, cap. XLVI, dice 
qne cuando el conde Borrell reconquistó Barcelona del poder de los 
moros, mandó reedíGcar este castillo, encomendándole á un caba- 
ll»-o de su casa llamado Ittigo BoQll, que cuidó de su fortificación, 
y qne por esto el conde, después, á SI de octubre de 989, le dio 
muchas heredades y posesiones de diversas personas que habían 
muerto eo las guerras pasadas sin dejar hijos ni descendientes. ADa- 
de Monfar que en su tiempo duraba aun este castillo «en la calle 
que llaman la Cali, dice, aunque muy derribado.» El cronista Hon* 
fiír murió en 1692. 

Pnjades da mas detalles en su Crónica de Cataluña, cap. XXXIV 
dellibro XIV, donde hablando délos vizcondes dice lo siguiente: 



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164 ULL. 

«Solian residir y leoer casa ó palacio eo la calle mayor del Cali en 
el castillo que llamamos de Hércules, el cual por algunos edificios 
aatiguos que tuvo se tído á decir el Castillo Viejo. Solían estar eo 
él las c&rceles reales. A.st lo he oído decir & mis padres que casaron 
en el aQo 1569, y moraron en aquellos días yalgua tiempo bajo de 
este castillo viejo en las casas de Gualbes de la Boquería, enfrente 
de las paredes nuevas del monasterio de la Trinidad: y que desde 
aquella casa, por ana senda subterránea ó bóveda, pasaban á este 
castillo, y que se bailaban en él algunas estancias ó aposentos que 
todavía duraban, con machas seDales de cárceles que había habido 
en aquel lugar. El doctor en derechos Jaime Dalmau, ciudadano 
honrado de Barcelona en el aDo 1 559, celebrando Cortes en esta 
ciudad el rey Felipe ü de Aragón, alcanzó de Su Majestad, que por 
estar este castillo arruinado y no ser de provecho á su real patri- 
monio, se le diese á censo; pero fué con espresa cláusula y condi- 
ción, qoeni él ni los que le sucedieren se pudiesen llamar en algún 
tiempo por este dominio vizcondes de Barcelona. Por donde clara y 
evideutemente parece, y con mucha razón se poede decir, que este 
castillo era el vicecomital y de posesión de los vizcondes. Qoiso 
después este doctor en el aQo 1614 abrir la pared de una gran tor- 
re para ensanchar su casa dentro de este castillo y hacer de dos 
una, y hallaron dentro enterrados gran multitud de cuerpos de hom- 
bres muertos envueltos entre la tierra y el polvo. No sé si estos 
cadáveres eran de gentiles, moros ó cristianos, mas si que se juzga- 
ba y conjeturaba que se habría derribado la bóveda de arriba por 
desgracia, y que les habría cogido debajo, muerto y enterrado á on 
mismo tiempo. El cuándo esto aconteciese, solo Dios lo sabe.» 

Hasta aqui Pujados. \ sus datos puede aDadírse que mientras es- 
tuvieron en aquel castillo las cárceles reales , las cuates después 
pasaron al arco que había en la bajada de la cárcel y hoy se hallan 
en el que fué convento del seminario , estuvieron presos en ellas 
varios personajes ilustres , entre otros el principe de Salerno don 
Garlos, hijo de Carlos de Anjou ó Garlos de Sicilia, el cual, babien- 
do caido prisionero del ejército de Pedro el grande en Sicilia , fué 
trasladado á esta capital , después de haberle salvado generosa- 
mente la vida la esposa de don Pedro. 

Otro de los presos en este castillo fué don Jaime, hijo de don 
Jaime 111 el desdichado , rey de Mallorca. Perdió este la vida y la 
corona en la batalla de Llucmayor , y su vencedor don Pedro IV 

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c&u. 165 

darmomoto ó el del puñal se trajo prísioaero al hijo de so vícti- 
ma, sepulláadole eo ios calabozos del castillo que nos ocupa. 

Varias teotalivas se hicieroo para que aquel desgraciado principe 
recobrase la libertad , pero no se consiguió otra cosa con esto sino 
que el cruel don Pedro redoblase para su prisionero los rigores del 
oaativerío. Teniau cargo de la guarda del infaale diversas persoaas 
de confianza que se renovaban cada semana ; los guardas no se 
apartaban de él un solo instante durante el dia , y por la noche se 
le encerraba en una jaula de hierro donde tenia su cama, durmien- 
do el alcaide en el mismo aposento en que estaba la jaula. Mas de 
doce afios gimió en tan iriste encierro el hijo infeliz de la victima' 
de Llucmayor, hasta que por fin los amigos de la casa de Mallorca 
tramaron una conspiración para procurarle la fuga, lo cual consi- 
guieroD el 1.° de mayo de 1362 , libertándose milagrosamente el 
príncipe y consiguiendo llegar á Ñapóles , donde fué acogido por la 
reioa Juana I, que no tardó en darle su mano. 

fioeno será advertir ahora que este castillo al cual ya hemos 
visto que Pujados llama el Vie/o, no es sino, por lo contrario, el 
ijae nuestras crónicas llaman el Nuevo. El castillo Viejo era el 
Caiírum vetas, en el cual estuvo la corte ó el tribunal del ^ve- 
guer, situado en la plaza del Trigo y boy del Ángel, al comenzar 
la llamada bajada de la cárcel. Ya de él no existe vestigio alguno, 
como tampoco del Nuevo, según dejamos dicho. 

Creen algunos, con fundamento, que este castillo era romano, 
habiendo sido renovado en tiempo del conde Borrel!, según -la jio- 
tÍ4Ha de Moofar, y también tal vez en épocas posteriores, viniendo 
de aquí el llamársele Nu&}0. En sus primeros tiempos debió ocupar 
gran ostensión y bubo.de ser una gran fábrica, pues una de sus tor- 
res estaba en la calle de la Bogueria, y en ella asegura la tradición 
que estovo presa la taumaturga barcelonesa sania Eulalia. Entre 
los anticuarios historiadores, dice Bofarull, se ha denominado siem- 
pre este castillo torre de Catón, por creerse que, después de la guer- 
ra de los lacetanos, durante la cual estuvo Marco Porcio Calón en 
Barcelona, quiso este, aprovechando la paz, ilustrar la ciudad con 
edificios que recordaran su nombre , siendo uno de ellos, y acaso el 
údíco, el gran castillo. 

En ta Rúbrica de firaniquer se lee el siguiente dato : 

«El 6 de junio de 15a3 se cayó el castillo nuevo, cerca el Cali, 
y derribó una casa que tenia enfrente.» 

Tomo L SS . 

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166 ULL. 

Otro de tos recuerdos que inspira el Cali es el de qd hecho fti- 
nestameDle célebre. Oleremos aludir & la matanza de los judfos en 
1391. 

El 9 de agosto de dicho aOo movióse gran tumulto eo Barcelona, 
y el pueblo invadió la aljama, cegado por un biso celo rdigíoso, 
entregándose k toda clase de escesos. Las casas de los judfos fueron 
pasadas á saco, y muchos de ellos miserablemente asesinados. Re- 
fugiáronse los infelices hebreos en el castillo Nuevo, abandonando 
sus moradas al furor y codicia de las turbas, pero ni aun allí tuvie* 
ron seguro asilo. El populacho, espoleado por el ^atismo religio- 
so que es el mas ciego de los fanatismos, asaltó el castillo, y soloá 
duras penas los judíos allí refugiados pudieron salvar su vida en 
cambio del bautismo que se apresuraron á recibir. 

Cuando las autoridades populares pudieron dominar el tumulto y 
restablecer el orden, trescientos cadáveres atestiguaban en la alja^ 
ma y en el castillo Nuevo la ferocidad y rabia del populacho. 

Mochos de los perturbadores fueron presos y rigurosamente cas- 
tigados, y por orden del rey don Juan se mandó devolver k los is- 
raelitas todas las franquezas, libertades y privilegios de que ante- 
riormente gozaban, eximiéndoles de tributos ptfr tres aDos, y «itre ■ 
ellos del de proveer á la manutención de la casa de fieras de Barce- 
lona que cofría por cuenta de la aljama. Sin embargo, desde 1392, 
que fué cuando se dictaron estas medidas, la aljama ó barrio de los 
judíos quedó abierta con comunicación para los cristianos. 

La aljama de Barcelona, que ocupaba todo el espacio que se ha 
dicho, venia á formar un burlo aislado, no obstante tener conti- 
guas las propiedades de los cristianos, las paredes de cuyas mismas 
casas les servían de muros. Tenia dos puertas ó entradas principa^ 
les, una de ellas por el arco que habla enfrente del Castillo Naevo, 
llamado posteriormente de San Ramón, y cuyo derribo ha tenido lu* 
gar en estos últimos aDos. Otra de sus entradas estaba en la ciJIe 
de los Baños, donde boy existe la bajada de Sania Eulalia. Era dd 
barrio muy poblado y su interior se veía cruzado por varias calles, 
algunas de las cuales han ya del todo desaparecido, quedando sub- 
sistentes otras como la que hoy se llama de SatUo Domingo, y en- 
tonces de la Sinagoga mayor ó délas carmcerias porque en ella es- 
taba et templo principal de la religión judaica» y á su extremo, se 
alzaba la casa ó tienda en donde se vendía la carne. La aljama 
barcelonesa teoia otros edificios públicos, como eran ana segunda 



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nmu 1 nios. 



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CALLABI.— CAMBIOS. 1 67 

sinagoga menor que la príDcipa), una escuela, uoa albóndiga, y 
un edificio destinado para lonja en donde durante ciertos días de fe- 
ría se hacia esposicion de géneros permitiéndose la entrada á los 
cristianos para los efectos del comercio. 

Los judíos que en este barrio habitaban eran ricos, pues ya un 
autor hace observar que cuando en 5 demarzodelSid, por dispo- 
«oon del rey don Jaime 1 de Aragón, el Consejo general de esta 
ciodad nombró comisionados para pasar á Sicilia á Marimon dei 
Plegamans y á Bernardo Aymericb, aquellos prestaron á estos tres 
mil sueldos para los gastos de su empresa, suma de consideración en 
aquella época. 



Est& en la calle de Junquera», enfrente la iglesia de este nom- 
bre. Antiguamente se llamo dek escorscadors vetls, y también den 
Crmnyes, y el nombre que boy lleva parece ser de familia cata- 



CASf BIOS (Mdle d« ImJ. 

Dos calles hay con este nombre. La de Cambios viejos que vades- 
de la de Capuiíms & la plaza de Palacio, y la ,de Cambü>s nuevos, 
coya entnuk está en la de Cambios viejos yendo á parar á la de 
Giffnás. 

Desde el siglo XUI eran tantas las monedas que corrían en Catalu* 
Sa, y tantas las especies de ella, que había muchos mercaderes, lla- 
mados cambiadores, los cuales no entendían en otra cosa sino en cam- 
biar unas monedas con otras para facilitar los negocios del comercio. 
Tenían sus bancos en oficinas públicas, y tantos había en Barcelona, 
que dieron el nombre k las calles donde vivíim, las cuales por eslo se 
llamaron de los Cambios, á causa de lo mucho que se cambiaba en 
ellas. Por abusos que sobre esto había, se erígió en esta ciudad, en 
elaOo 1401, la tabla cuyo nombre propio es Tabla del cambio y de- 
j>ósito,y aun cuando en ella se cambial» mucho y depositaba, no 
baslóesto para remediarlas grandes confusiones que habia con tantas 
monedas de oro y plata, traídas de diversos reinos del mundo, por 



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168 CAMBIOS. 

razón del gran comercio y negociaciOD qae existiA entonces en Bwr- 
celona ydemás tierras de la Corona db Aragón. Por esfo cansa los 
Reyes católicos, recogieodo toda esta moneda, batieron los doblones 
de á dos sencillos que se llamaron vulgarmente trenlines, y cob es> 
to quedó el pueblo libre de los cambios é intereses que padecía con 
el trueque de las monedas, y de la confusión y necesidad de conocer 
tanta diversidad de ellas y hacer las reglas de reducción de las unas 
& las otras, en lo cual sufrían gran daDo y pérdida los Ignorantes ó 
poco diestros. 

Para que los lectores se formen una idea de cuáu necesarios ers^ 
los cambistas y de cuánta importancia pudo ser la TaMa de cam- 
bio, bastará dar una ligera nota de tas monedas que estaban en 
circulación en aquellos tiempos, sirviendo por su diversidad de cla- 
ses de grande en torpeeimíento y dificultad pdra el com«'cio. Eran 
estas: 

Manemos. Dio principio ¿ esta moneda el cMde [Ramón R^ren- 
guer IV, y la babia de dos clases, una que valia doce dineros bar- 
celoneses y otra siete sueldos. 

Bussanas. De la época de don Alfooso I de CataluQa. 

Brunas, llamadas asi por ser negras en el color y de baja ley. 

Quarts, á la cual dio principio eu 1212 el rey don Pedro. 

Doblevas ó dobles ó duphs, de la época de don Jaime el congm- 
. tador. 

Jaguesas, de la misma época, llamadas así de la ciudad de Ibca 
donde se batió primeramente esta moneda. 

Dineros ó denarios comlates, es fkdr dineros condales, moneda 
de los condes de Urgel y de mucho uso en aquel condado. 

Croab y medios avak que eran una especie de ^reales y medios 
reales catalanes, enya moaeda era la mas usada en los contratos, 
ventas y compras. 

Esto en cuanto & las monedas de vellón y [^ata de uso y circula- 
don en este Principado; pero á mas había las de cobre y las de oro, 
siendo las de esta última clase de mas de cincuenta maneras y es- 
pecies. Las de oro que mas ordinariamente circulaban eran: 

Florines, llamados así por la flor de lis que ostentaban en uoade 
sos caras; Nobles de nave porque en la una cara tenían un caballe- 
ro ó noble con espada y escudo dentro de una olive; Cursadas do- 
bles, que era iioneda de Castilla; Doble morisca, Doble baladma y 
Doble farda, que eran monedas árabes; Esmdos, que los babia de 

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UHTO siaaim.-wuionus. Itt 

distíDto valor y-de disüotos puDtos como Aragón, Tolosa, Toroay 
y Niza; Ducados de Yeoecia; Ducados romanos; Ducados turcos y 
Dacaáos de Roda; Fterines, también de distinto valor y forma, de 
Florencia, de Génou, de Sena, deXambray, del Rin, de Rnlonia, 
de Pisa, de Luca, de Bohemia, y otros que lomaban el nombre de la 
efigie ó bysto que Hevaban, llamándose de santa Elena, del papa 
Harüo, del papa Alejandit), de Madama; Francos, que eran mone- 
das francesas; Beat6s deonit Mallorca; Blanquillas moriscas; Mol' 
imes de Montpeller; Timbres de Perpifian y Valencia; Gastaras de 
Sicilia; Sálpis ó Salves, qne eran unos escudos de oro llamados asi 
por haber en una de sus oens una ttlntacion & la Virgen; Mora- 
iotings aragoneies, una elasa de les cuales 'se llamaban tambicn 
tífotmnos; Besantes de Alejandría, y Pací/icos, que era la m<«eda 
de oro que acostumbraba! k batir en Catalnia los reyes de Ara- 
gas. 

De todas estas y de mwhas masque corriaa, se guardaban e> 
la Tabla de Baadona los pesos propios y particulares de cada nna 
de ellas, pues como en los tiempos en que dicha Tabla se instituyó 
enm tan usuales, porieceaidad debían los empleados tener muy á 
nano el peso y cosociniento de «lias para el buen regimiento del 
cargo qoe les estaba encomendado. 



Será otra de las del ensanclie. Comenzará en la de Bottda y se 
verá cruzada por las de Urgel, Borrell y Viladomat. 

Se le ha dado este nombre en memoria del marqués de Campo 
Sagrado, capitán general que era de CataloSa por los asos de 1 8i6, 
yá coya iniciatiTa debió Barcelona algunas notables uqoras mate- 



Sg entrada está en la Soria y su salida en ia del Pou ikhea- 
iena. 

El nombre migar de candelas (velas) que lleva esta caite, no 
Uene ningua recuerdo que evocar, ni nada notable kay en ella so- 
bre qie llamar laateiRíoo. 

DiBiiizcdb, Google 



170 CANfflUA.— GMItlDA. 



CJUrOIMA (bi4>*» déte]. 



Tiene sa entrada en la plaza de la Catedrai ¡y descúnde á la 
ealle de la Tapmería. 

Ed las paredes de an vasto edificio que forman las esquinas su- 
perior é inferior de la bajada, se leen en caracteres antiguos gra- 
bados en reliere cuatro inscripciones que dicen Casa de la almoyna 
(casa de la limosna). ^ •> 

Este edificio es de la Calorga ó Canptifa, como se llama general- 
mente, es decir la casa de los canónig«s, el cual ha dado nombre á 
la calle. 

Antiguamente los canónigos de la catedral de Barcelona eran re- 
gulares ; t«iiaD abad, claustro, refectorio y dormitorio, guardando 
r^la propia y singular llamada de SatOa Cruz y de Santa Enlaha, 
y vivieron en este ediüdo que se llamó Canonja htfta que dejaron 
su vida reglar. 

También fué llamada esta casa de la Umoma porque en ella se 
sustentaban diariarneute cien pobnes, sin contar tos peregrinos, cie- 
gos y otros impedidos, con el caudal que un rico comerciante llama- 
do Roberto dejó á su muerte en 1009 para obras pias, á dísposicioQ 
del canónigo Bonusio. Con dicho caudal fundó este lo que se llama^ 
ba Piaaknoymy que era el sustento indicado para los cien pobres. 



CAmiDA_(MtUe.4e la) 

Croza desde la Rambla de los Estudios i la plaza de Santa Ana. 

Hay en esto calle el convento de religiosas carmelitas descalzas, 
bajo la advocación de la purísima Concepción de Nuestra SeDora y 
santa Teresa de Jesús, el cual fué fundado pordoDa Catalina de Ro- 
caberü, hija de los condes de Perelada, la cual recibió el hábito de 
manos mismas de santa Teresa, viniendo luego á Barcelona para 
fundar este convento. "^ 

El 25 de noviembre de 1 588 quedó levantada la ttbríca, pasan- 
do ¿ habitwla las religiosas, con su priora la madre EstefEuiía de la 
Concepción, que se habia llamado Gxtalina de Rocaberti en el siglo. 
La iglesia sin embargo no quedó teruinada hasta 1£08, peroln^o 



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CANUDA. 171 

se derribó para edificar otra mayor que se abrió eo 1671 y es la 
que hoy existe. La Virgen del Carmen que hay en el retablo mayor 
es obra de uno de los Tramullas. 

Vive en esta calle el ilustrado médico don Juan Ramón Campa- 
ner que posee una escelen te biblioteca y un rico museo de pinturas 
y de historia natural. £d la colección de pinturas es de admirar una 
de la escuela sienesa del siglo XIV y otras varias del mismo siglo 
y del XV. La escuela espaDOla está representada por obras de Ber- 
mejo, Morales, Ribera, Goya, Juncosa, Viladomat, Tramullas, Moa- 
laOa y otros. Posee también una importante colección de grabados. 

Casi enfrente de la casa en la que el seOor Campaner conserva 
el rico museo artístico y selecta librería de que acabamos de hacer 
mención, existe otro tan notable así por la riqueza de sa contenido, 
como por el pensamiento, á nuestro ver, ñhsóñco que ha presidido 
á SQ formación. El museo qne sin ausilio ajeno hace algunos aDos y 
á costa de muchos desvelos, perseverancia y estudio está formando 
el ilustrado escritor don Santiago Ángel Saura, del cual vamos á 
hablar, rennecÍDCo grandes colecciones, que sí bien heterogéneas á 
primera ^ta, tienen no obstante un íntimo enlace. Estas coleccio- 
aes qne llamaremos de Historí natural, autográfica, sigiláfica, nu- 
mismática y arqueológica, representan: 1.* elcomíenzode la vitali- 
dad, la primera manifestación de la existencia latente,.tanto en el 
seno de las aguas, como en la superficie de la tierra (zoófitos , mo- 
Itiscos é intectos), en los primeros eslabones de la inmensa cadena 
de la vida animal que termina en el hombre ; 2.* la huella mas no- 
ble y menos estinguible que este deja á sa paso por la tierra, y la 
impresión de su mano y la imagen de lu pensamiento, (escritos y 
firmas) ; 3.* y 4.* la representación de loa signos fehacientes de su 
trato y comercio social en sus diversas manifestaciones de testimo- 
nio, existencia y valor (sellos, billetes medallas y monedas), y 5.* 
y Último, los instrumentos de necesidad, utilidad y ornamento de su 
vida física y decoAunidad (trajes, muebles, armas, etc.). Asi como 
en las tres primeras secciones abraza este museo la universalidad de 
los objetos que las constituyen, no así en la 4.' sección que contie- 
ne únicamente las ntedallas y monedas españolas, ha^o el impeño 
de los diferentes dominadores de la pwiínsula ibérica ; y todavía es 
mas concreta I» &.* y última, para se refiere únicamente á la gnut 



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179 CANTOi. 

bmilia caUJuia. Si bellas y ricas son todas eslas seooioDead^ no- 
seo que oos ocapa, oayos ejemplares son escogidos y dañicados 
denlifícameiite ó sas documentos ilustrados con notas históricas in- 
teresantes, merece particular mención la que abraza la arqueología . 
catalana, ya por ser la primera en su clase de que tenemos noticia 
se haya fomada en CataluDa, ya por la suma dificultad de reonlr en 
nuestros días lo que el tiempo y los hombres han ido destruyendo 
sin reproducirse ya mas. Comprende esta señe numerosas muestras 
de todo cuanto el arte catalán [Corona de Aragón , y posterior- 
mente CataluQa y Baleares) ha producido en ^jetos manuables de 
utilidad y ornato, pues no caben en un museo particular de esta ■ 
clase objetos de gran volumen , y si bien quedan todavía numero- 
sos huecos para llenar, es de esperar que al seBor Saura, no desis- 
tiendo de su laudable proposito, le cafará la satisfacción de verlos 
desaparecer mas ó menos tarde, pudiéndolo legar á su muerte, se- 
gún parece ser este su propósito, á su provincia para que lo enri- 
quezca y mejore tal vez con mas suerte é indudablemente con ma- 
yores recursos. 

En la imposibilidad de enumerar los variados, coriosístmos é in- 
teresantes objetos que reúne esta colección, tan apreciabl^para todo 
buen catalán, séanos dado hacer mención únicamente y co«o maes- 
tra de dos joyas entre otras que atesora y que en nuestro concepto 
son de gran precio y eslima. Son los dos grandes sellos 4e bronce 
mab'ices de la ciudad condal que sirvieron para sellar y testimo- 
niar los documentos mas importantes de los últimossiglos (Sigiütm 
h seeretis dviíaíts Bamnone) y uoa bada de bellísimoa laborea y 
grabado gótico en metal corintio, en la que se ven las armas de 
Aragón, CatiüuOa, Sicilia y la cruz de san Jorge en su fondo, lu- 
chando en torneo con armas corteses un coude ottalan y un sobe- 
rano francés, y en su orU la siguiente leyenda : Inamans er<a : üt- 
toma barba, rudet mpilli. Fae. eí ded. Arckmb. ad ttstm Com. 
Bex. Ambas joyas fueron arrancadas del borde del erisol ile fun- 
dición por su actu^ duefio. 

Estas peliquias de la madre patria, estos testimonios de la histo- 
ria del arte, serán siempre contemplados con interés y respeto por 
el que sienta correr por sus venas la swagre catalana. Felicitamos 
cordlaloaeota al seDor Saura por haber desenteriado del polvo del 
olvido y üdvado tal vez de 1& destrucción tantos importantes restos 
que pertwederoa á nuestros mayores, y le consagcamos este re^ 

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CAPBLU>S. — CAPILLA 01 «ABCÓS. — CAPHAJÍT. Hl 

«Brde ée grattiad por su pfttfiétic& id» y por haberse constitaids 
folntuio eostodío de los mismos. 



Es tíeeir, calle de los capellanes, la cusí esU^ en la pla;ía(}eiS'aflr 
taAna. 

KaU^n&mni^ 36 llamó den CogoU y tambieo del tno/cunyoíósea 
del mal cufiado, si bien este úllimo nombre se encuentra escrito ó 
veces mal-cuinat, lo cual querria decir en este ca^o mal guisado 



CAPIIAA DB IH&Rf^S [plaza 4« I»). 

Terminan en ello las calles de Moneada, Assakortadon, Carden, 
y Carden. 

Comunicóle su nombre la capilla del antiguo hospital de Bernar- 
do Marcús, único resto de este edificio que subsiste en el dia. 

Es esta pequeSa iglesia ana de las mas antiguas de Barcelona, 
y sin embargo de estar dedicada á Nuestra SeQora de la Guia, é. 
roigo la ffiíma capilla de Marcús en memoria de su fundador que, 
según Pi y Arimon, fué un ciudadano y rico comerciante barcelo- 
nés que falleció en 1166. Decidió este piadoso varón, algunos afios 
aotes de su muerte, fundar y dotar un hospicio en un terreno de 
su propiedad, y emprendió, terminada la obra, la de bna capilla, 
pero murió «in verla acabada, encargando por testamento á sus hi- 
jos qué la terminaran cuanto antes, lo cual asi se hizo. 



Anltgdamente se llanaba de Árné. Es la calle que crusa de los 
Kneantee al paseo de Itabel 2/ por entre U» grasdes edificios de la 
Lonja y San Sebastian. 

El Ayuntamiento de 1849 fué el que aoordó sustituir el nombre 
de Arné qué llevaba esta caHe por el que hoy tiene, en glorioso re- 
eoeidodel enioent» literato y filólogo don Antonio de 6apmany y 
da Hoótfutau. 

Esta ÚastM catdaa nació en Barcelona el aOo 1742, y fué dedi- 

ToHO I. i3 

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ni CAPHANT. 

cado por sus padres á la carrera de las armas. Estavo como subte- 
niente eo la campana de Portugal eo 1162, pero como su tococíod 
DO le llt^aba por este camino, bien pronto se reüró del servicio 
militar, consagrándose al de las letras, en el que le esperaban in- 
marcesibles laureles. Su nombre fígura boy con gloria entre los de 
aquellos mas insíenes varones del renacimiento IHerarío moderno, 
y sus obras serán siempre consultadas con placer y provecho por 
los eruditos. 

Cuando la guerra de la Independencia y en la gloriosa época del 
renacimiento político, la provincia de Barcelona le nombró uno de 
sus diputados, y desde el día Si de setiembre de 1810 en que se 
instalaron las Cortes en la isla de León hasta que su állima enfer- 
medad le postró en cama, jamás faltó de su puesto. Aquellas pa- 
trióticas y memorables Cortes, conociendo el mérito singular del es- 
critor catalán , le nombraron de la comisión que babia de dar 
dictamen para la libertad de imprenta, de la que debía examinar 
las proposiciones sobre el diario de las Cortes, de la de reglamento 
interior de las mismas y de la de corrección de estilo. 

Muchos, variados é importantes fueron los trabajos que Capmany 
presentó á la Asamblea nacional, y leyó ante la misna notables 
discursos sobre materias ecooómitas, históricas y políticas. Bastará 
decir que Capmany fué el primero que en la sesión del 29 de se- 
tiembre de 1810 propuso á las Cortes que prohibieran á los dipu- 
tados aceptar empleos ni honores de la nación, y el primero que en 
la sesión del 9 de diciembre del mismo aDo propuso que los reyes 
no pudiesen contraer matrimonio sin previo y espreso-, permiso de 
las Cortes. Muchas otras fueron las grandes cuestiones que inició, y 
es verdaderamente notable el estenso discurso que hizo contra la 
Inquisición. 

Murió Capmany el 14 de noviembre de 1813 en Cádiz á la edad 
de 11 aDos, y en un oscuro rincón del cementerio de aquella ciu- 
dad ilustre han descansado sus restos basta 1857, en cuya época 
fueron trasladados á Barcelona por iniciativa del municipio bñce- 
lonés. 

Imponente, majestuosa y soberbia fué la función cívico-religiosa 
que se celebró en esta ciudad el 15 de julio de 1857 con motivo 
de la traslación de las cenizas de este varón omínente. Con gran- 
de aparftto y solemne pompa salieron las autoridades y las corpo- 
raciones políticas, científicas y literarias á hacerse cargo de la urna 

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CAPMAHT. 175 

que conteoia los restos de Gapmasy, sobre la cual el sindico del 
Ayitttamieato puso una corooa de laurel. Ed seguida, deposita- 
da esta urna eo una magaffica carroza fúnebre, fué conducida con 
brillante cortejo á la iglesia catedral, donde se celebraron unos so- 
lemnes funerales, trasladándose luego & la Gasa de la ciudad, en 
cuyo bistóríco salón de Ciento, cubierto y tapizado de negras col- 
gaduras, se babia congregado una numerosa y selecta concurren- 
da. Allí se hizo cargo de la urna el Excmo. Ayuntamiento, y el au- 
tor de esta obra pronunció, como vocal secretario de la comisión, 
el discurso que al pié de estas lineas se copia por darse en él cier- 
tos detalles interesantes relativos & la traslación. 

Dice asi este discurso: 
«Et— ^- 

»E1 dia de 1 cetona^ Cumpliendo con el 

saoto deber qo la inmortalidad de los hom - 

bresilustres, fi o á rendir un público y so- 

lemne bometfaj os que con mas prez y fóma 

han inscrito su nombre eo la pirámide de las glorias catalanas. 

»Los hombres grandes ^enen de grande que viven para vivir 
siempre, y su nombre, que perpetúa la historia, la tradición y la 
crónica, queda como un monumento imperecedero de gloria para 
la ciudad que cuenta luego entre sus tímbres e| de haber alumbra- 
do 88 cuna con la luz de su sol y el de haber refrescado su frente 
con las brisas suaves de sus noches. Deja su nombre de pertenecer 
á una familia para ser posesión del pueblo, del país, del siglo, de la 
historia. Transmitense las generaciones aquel nombre glorioso de 
una en otra, de uno en otro siglo como un legado de valia. La fa- 
milia de un grande hombre es la posteridad, y la posteridad tiene 
BDS panleones de familia para guardar los restos de sus grandes 
hombres. 

nBarcelona, hoy. honrando la memoria de Capmany se honra á 
si misma, y al hacer que estén unidas la cuna y la tumba de tan 
buen patricio, prueba no solo en cuánta estima tiene á sus varones 
de prez, sino en cuanta estima se tiene & sí misma ; que If^ ciudad 
qae bien se precia, guarda y conserva las tuntbas de sus varones 
insignes, qae son su genealogía nobiliaria, como una nobleza de 
nza guarda sus timbres y heráldicos blasones. 

«Antes de despedirnos de los restos del sabio esclarecido, cuya 
memoria boy evocamos, antes de depositarlos en el sitio que sin 

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ni CAPUANT. 

dada DO tardarán eo abandonar para ser castodíados eo el mona- 
mentó que relama su gloría, es un deber en la Comisión nomlvada 
para el intento, dar pública ouenta de su cometido y hacer una lige:- 
ra reseDa de cuanto ha ocurrído eo la traslación de estas oenizaB» 
Esta es, Bxcmo. Sr., la reseDa que va á hacer la GomisioQ por 
boca del mas humilde de sus individuos. 

»EI 8i de mayo de 1853 el Sr. D. José Bertrán y Hos, en aquel 
entonces alcalde corregidor de esta ciudad, decía en una espofticioo 
al Excmo. Ayuntamiento : 

«El entusiasta vindicador de nuestraA olvidadas glorias, & las qte 
«devolvió su inmarcesible brillo con la publieaoion.de les hbhobub 
«HISTÓRICAS soBBE LA HABinA, COMERCIO y ARTES de la autígua daded 
»de Barcelona ; Ds-mos grandes mo- 

BDumeatM de li % libro del consDu- 

»D0 DEL HAB ; el ol habla castellana 

«modelos en to i los que deben ma* 

«nejarla en su filosofía db la ELOccBnciA^, ejemplos de nuestrol 
«clásicos escrítores en su tb&tro históbico-cbítico ; el buen patrióO 
«que después de haber recordado en su práctica de celebbab cor- 

«TES EN ARAGÓN, CATALUÑA ¥ VALENCIA loS autígUOS fuePOS y príví^ 

«legios de los estados de la Corona de Aragón , supo sostener, como 
«diputado, en las Cortes generales del reino, los derechos por lofi 
«cuates la nación luchaba contra el coloso del siglo, do tieae sti 
«tumba junto á la de sus deudos y amigos, la tieae lejos de la ciu'* 
«dad para la cual fué el preconizador de sus glorías. « 

Esta amarga y sentith queja del Sr. Bertrán y Ros, que hoy ha 
ido ya á reunirse con Capmany en la maosioo de los muertos, halló 
eco generoso y cordial acogida en aquel cuerpo monicipeJ. Eo se^ 
ñon del mismo S4 de mayo acordó solícita y patríóticameale el Ex-^ 
celentfsímo Ayuntamiento trasladarlos restos del autor de las i[biio>- 
BiAs HiATi^cAs á Baro^oaa, á Barcelona la ciudad que él tan alto 
habia levantado en sus obras, la ciudad en la que su prímer vagi- 
do, al sentirse herido su cuerpo por la impresioo de la luz, ha^ 
sido ahogado por el primer amoroso santo beso mateniaL 

«La espesicion del Sr. Bertrán y Aos coincidió con un oficio que 
por aquellos mismos días paai la H. 1. Junta de comercio trasla- 
dando una carta de un catalán avecindado en Cádiz, D. Fraocieoo 
Pujol, el cual, con ese buen odo que caracteríza á los catalanes 
lodos por su país y por las glorías de este, daba aviso á la Junta 

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CAPIÍANT. íll 

de Comercio áe hallarse rainosos en el cemeoteño de Cádiz los dí- 
<Jh98 eotre los que había los restos de CapmaDy, maDifeslando que 
quizfis sería coaveoiente y justo trasladarlos á Barcelona. 

»La coDOcida Sociedad de comercio de los Sres. Martorell y Bo- 
fill, en cnanto tuvo ooticia de la resolncíon del Ayuntamiento, se 
apresnró á pooor é, su disposición uno dejos vapores de dicha casa, 
qne hacen el tráfico de Barcelona k Cádiz, para la gratuita trasla" 
don de los restos. 

sNombróse inmediatamente una Comisión especial compuesta de 
individuos del Cuerpo municipal, de la Junta de Comercio, de la 
Academia de Buenas letras, de la Junta de fábricas y de la comi- 
siOQ de colegí a, el c(h- 

meroio, la ind Capmany 

talentos y vig s. 

»En esta C venido á 

remplazar la i quienes 

la imf^acabie saOade la muerte ha arrancado ya de entre nosotros. 
Eran D. Ramón Muns y SeriDá, D. José Bertrán y Ros, D. Ramoo 
Harti de fiixEÜá y D. José Sol y Padrfs. Permítasele á la Comisión, 
siquier sea de paso, tributar un r^uerdo á la memoria de las cua- 
tro personas citadas, cuatro nombres de valia, cuatro emioencias 
literarias también, que con tan buen celo trabajaron para que lle- 
gase el día de hoy, dia que, desgraciadamente para nosotros, no 
ha llegado para ellos. Del primero conservará siempre un recuerdo 
muy grato la Real Academia de Buenas Letras, de la que fué por 
laiigo tíeyípo secretario ; al segundo y al tercero no olvidará nunca 
de la que el uno era rector y A otro sabio, 
edrático ; y en cuanto á Sol y Padrís, Ex- 
a tendía siempre presente su muerte, pues 
uto y sangre, sucumbiendo él, el enUisias- 
dustria, bajo el cobarde y quizás compra" 
do pafial de un ignorado asesino. 

loHabia apenas empezado á trabajar esta comisión, cuando se 
supo que laauDicipalidad gaditana, saliendo al encuentro de los 
deseos de Barcelona, hf^ia acordado exhumarlos restos de Ci^)- 
dáDV, hallándose ruinoso el nicho qte los «ootenia, |y, por cuenta 
de As ^dos de pn^ios, trasladarlos á uno nuevo donie quedaran 
«D depÓ8Ít»p0r si algún dia disponían de ellos el gobierno de S. M^, 
los pañenles del difunto ó la ciudad de Bvoelona. 



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178 ■ CA7HANT. 

»Ya entonces tuvo la comisioo la idea de deslioar la histórica 
capilla de Santa Águeda para paoteoo de hombres célebres, según 
se desprende de un acuerdo Srmado por el presidente don Antonio 
Hommany y que obra en las fojas 33 y 34 del espediente. 

«Acordó ei Ayuntamiento nombrar & los seSores don Pablo Valls 
y don Cayetano Casamiljana, teniente de alcalde el ftrímero 'y con- 
cejal el segundo, para que pasasen k Cádiz en busca de los restos 
de Capmany, y acordóse también en sesión del 12 de ^agosto abrir 
un curso público para proceder á la construcción de un panteón y 
un monumento, seQalando el premio de 3 & 6.OO0 reales y una 
medalla de plata respectivamente al autor del mejor proyecto, & fin 
de que el mérito de la obra correspondiese á los timbres de gloria 
que honran á . vez un testimonio 

de nuestros a 

»Par(ieron fueron brillante y 

espjéndidame unicipio gaditanos, 

siendo de notar particularmente los obsequios que merecieron al ve- 
nerable obispo de aquella diócesis don Juan José Arbolí, persona 
dignísima, que había conocido á Capmany, y que tuvo á honra el 
ausiliar á la comisión en su objeto con todo |lo que podía depender 
de su persona ó de su sagrado ministerio. Con dolor se despidió Cá- 
diz de aquellas cenizas que por espacio de cuarenta aDos guardara 
en su seno; pero buscando un connielo & su dolor, quiso solemni- 
zar el día de la despedida eos un bello y cristiano rasgo de caridad, 
y, en memoria de Capmany, dióse media hogaza de pan á los po- 
bres. ¡Santa y poética idea, Excmo. seQor, la de los hjios de* la 
nobilísima £ades! Teniendo que separara 
quisieron al menos verlos partir acomp 
que son mas gratas á Dios, las benAcion( 

»AI entregar aquellos despojos mortali 
cía noblemente el gobernador civil de Cí 

«El Ayuntamiento de Barcelona, reclamando como una propie- 
vdad de aquella ciudad ilustrada, y como una propiedad querida, 
bIos restos mortales de un hijo suyo que le ha [dado gloria, dándo- 
asela al país en general, y reclamándolos para hacer que sean de- 
spositados en un monumento que transmita á las edadeis venideras 
»elnombñ ilustre de Capmany, el Ayuntamiento áe Barcelonat di- 
»go, y el pueblo que representa, y los dignos indíviduM en quie- 
»nes ha depositado su confianza, pueden y deben enorgullecerse de 



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CAPMiNT, 179 

«haber tomado una honrosa ÍDÍciatíva qae les coloca á grande altu- 
sraenlac iblos civilizados.» 

sEsto de la provincia, y aqui es de adver- 

tir, Excmo. fio que Cádiz se despidiese con do- 

lordeuna i mbien tan cara, pues sí EspaDa toda 

debe á Capí joo de los primeros que hicieron re- 

nacer el gu , lal vez el único que ha analizado 

nuestro idioma bajo el punto de vista filosófi 
veoieDcia de estudiar los principios de una g 
daincfa en particular no olvidaii nunca que I 
do á Sierra Morena una coI«DÍa de arti&ces 
que egtableció en sus nuevas poblaciones ba, 
Pablo Olavide. 

oAl encargarse de los restos los comisionados barceloneses, el 
seOor don Pablo Valls contestó al discurso del gobernador civil, con 
otro en qoe, entre otras cosas, decía lo siguiente: 

sBotrcelona llevándose de Cádiz los restos mortales de su hijo, se 
«lleva el grato recuerdo de las simpatías que ha merecido á esta ciu- 
»da^, emporio det comercio y cuna de la civilización [moderna y de 
»las venerandas instituciones que nos rigen, y ya 'que el sepulcro 
«confunde cuanto existe sin que le escape mas que la verdad y la 
«virtud, sea, seDores, ese sepulcro que acabamos de cerrar el 
«digno emblema de la unión de dos grandes pueblos, cuyos verda- 
«deros y bien entendidos intereses materiales, muertas las pasiones 
«que les dividen , puedan aliarse fácilmente , si de buena íé se busca 
»sa fomqito, ysea laestatua de Gapmany la que nos agrupe para 
idad.» 

e todo este párrafo det discursa de! sefior 

impreñonar á cuantos le oyeron, pues que 

dea cnlmiofuite, Excmo. SeOor, que vuelve , 

ámoslo asi, del sarcófago de Capmany, al 

ver, como vemos, unidos tos escudos de dos pueblos, el uno indos- 

tríal y el otro agrícola, pero ambos á dos mercantiles; al ver, como 

vemos, enlazados fraternalmente los dos blasones que sobre esta 

tumba DOS aparecen como emblema de' la onion del comercio, de la 

agricultura y de la industria. 

rEI pueblo de Cádiz, despidiendo los restos de Capmany con 
fU)uQdantes limosnas á los pobres, unia, generoso y noble, auno de 
.os actos mas gratos al corazón «¡el cristiano, fc uno de los precep^ 

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tos mas sublimes de la religión del Cruoifioado, i ud acto de fila»* 
tropia y de caridad, los nombres, simpáticos hoy páralos pobresdo 
CMiz, de Barcelona y de Capmaay; y no i uuoi- 

cipio gaditano, enardecido por su propio e i ma- 

no sobre la urna eo la que, para mayor ti m los 

escudos unidos de la antigua Favenoia y d a, .di- 

jera coD entusiasmo al Ayuntamiento de E junio 

d« 1S54: 

«Escritos est¿D con caracteres indelebles en las páginas de oues- 
atra historia los heroicos hechos que eo todos los siglos han eusal- 
»zado al pueblo barcelonés, y el gaditano aprovecha gustoso esta 
Bocasíon que se le ha presentado de unir para siempre, y S4rt>re la 
»tumba de un benemérito espaOo!, los laureles y blasones de am-^ 
obas ciudades en honra y prez de sus Ayuntamieeto^.» 

«•Llegadas tas cenizas á Barcelona el 11 de julio de lS5i, pasó 
á buscarlas á bordo del vapor Pbuyo una comisión del Excmo. 
Ayootanjieuto, en osa falúa lujosamente enlutada, dejándolas depo- 
sitadas en la iglesia de San José, vecina á la puerta de la Pas, ín- 
terin se disponía trasladarlas con toda solemnidad, como cumpjia á 
la ilustre ciudad que honraba yé la memoria ilustre del que se tra- 
taba de honrar, al sitio designado para aguardar .los honores del 
panteón. 

»Go aquel eatoncea la Real Academia de Buenas Letras, de la 
que en tiempos había sido miembro académico Capmauy, tuvo la 
buena idea de aprovechar la oportunidad de la traslación de estos 
restos para pron^over y anunciar con arreglo á sus estatuáis el con- 
curso de aquel ano, consagrándolo á la gloria del insigne esiiitor 
que tan dignamente perteneció á su seno y ofreciendo un pupmio al 
autor del mejor juicio crítico sobr^ sus obras. 

«Este fué el eertámep en el cual mas tarde salia vencedor el se- 
tter don Guillermo Forteza, joven lao modesto como apreciaUe, en 
aquel entonces poco conocido aun, pero que en semejante lid con- 
quistó dé pronto una plaza entre nuestros buenos escritores al par 
que UQ sillón de acaidémico, como lo conquistara un día, en pare- 
ada lid. Rubio, el inspirado y melancólico trovador del Llobregal. 

«üfflo estaba dispuesto parEbefectuar en julio de 1854 laceremo* 
jüa que hor.&Quf nos reúne, cuando viuo k impedinlo la revolución 
gloriosa do aquel mismo mes. El ínvísibla viajero asiátíoo, presentán- 
dose inonnadamORlA ¿ sembrar el terror, el luto y la muerte en la 

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CAPMANt. 18! 

gdana ciudad de los condes, y los acootecimieotos políticos que en- 
tonces se sucedieron, encadenándose unos á otros, y hasta escogien- 
do algunos de ellos por teatro de lamentíU>les esoenss á la misma 
Baroelona, impidieron á la Municipalidad pensar ni siquiera en la 
traslación de estos restos. 

»5iD embargo, la Excma. Diputación provincial en 18S5, con un 
celo digno de todo encomio, inauguró, promovió y anunoió una 
suscrícion para elevar un momento á Capmany, debiéndose á sqs. 
BoUes esfuerzos el que esta suscrícion se abriese al mismo tiempo 
en k( isla de Cuba donde parece que dio en el acto un brillante re- 
sultado. Esta gloria nadie puede disputársela h h digna Diputación 
de aquella época, 

»Los restos continuaban no obstante en la iglesia de San José, y 
la prensa barcelonesa, que siempre se ha distinguido por au amor 
al pais, insté varias veces al Cuerpo municipal para que los arran- 
eara al olvido on que yacian. Las reclamaciones de la prensa coin- 
cidian con los oficios dirigidos al primer alcalde constitucional por 
el vicepresidente de la Academia de Buenas Letras don José Antonio 
Llobet y Vallllosera y por las calurosas instancias del académico 
don Antonio de Bofarull, uno de los escritores mas entusiastas por 
Capmany y por las glorias inmortales de nuestro pais. 

»íba ya entonces á verificar el Ayuntamiento la ceremonia, y se 
habia ya redactado yesteñdidoelprogramay ceremonial, que obran 
en el e^>edíeDte, cuando la Díputaeim pidió al Cabildo municipal 
qoe suspendiera la realización de su proyecto, pues esperaba de un 
momentoá otro saber el resultado de la suscrícion abierta en la isla 
de Cuba, á fin de que pudiera coincidir la traslación de los cestos 
am abrirse «1 certamen para premiar el mejor proyecto de raonur 
meato que se presentase. 

«Nuevos acontecimientos políticos vinieron & ahogar todas estas 
esperanzas, poniendo nuevos y por el pronto insuperables obstácu- 
los á los deseos de la Municipalidad. 

sRecíMtemente volvió á instar la Academia, volvió á iaslar la 
prensa, y entonces el M. L Sr. alcalde corregidor don Ramón Fi- 
gueras tomó á su cargo la iniciativa en nombre de V. E. , eooperao- 
do coD sobra de inteligencia y de actividad al logro de sus deseos 
d ilustre seftor teniente de alcalde don Miguel Biada, el caballero 
siodioo don Pablo Pélacbs, y los seDores concejales don Pedro Bobi- 
gas, don Jaime Jover Amó , don Manuel Llorens y Altet y don 

Tomo I. Si 



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161 CA7HANT. 

Severo Modolell, Dombrades para entender particalarmeDte en este 
asuDto. 

»La comisión, al consipar estos nombres para entregarlw & la 
pública gratitad, no puede meDOS de hacer constar también el buen 
celo de que ha visto animados al señor presidente y seQores codc^ 
jales de la sección tercera, así como la espontánea y completa coo- 
peración que ha enconb'ado en tedos y en cada ano de los seSores 
que dignamente componeD la administración actual. 

»A V. E. debe Barcelona el dia dp boy, que será inolvidable 
para ella y para todos sus hijos, como debe k los municiiHOs de 
18S3 y 1854 la gloría de poseerlos restos de uno de sus mas ilus- 
tres ciudadanos y beDemérítos patrícios. Todos los que hoy compo- 
nen el Cuerpo municipal, recordarán siempre con orgullo, muy le- 
gítimo por cterte, que á ellos es deudora Barcelona de una de las 
páginas mas bellas de sus anales literarios. 

»Tal es, Excmo. Sr., la historia de la traslación de los mortales 
despojos que aquí estamos contemplando. 

»La comisión por su parte, apresurándose á secundar los deseos 
de V. E. y de las corporaciones á quienes sus individuos pertene- 
cen, ha hecho, desde el día que quedó nombrada, cuantos esfuer- 
zos eran necesarios para corresponder dignamente á la misión ho- 
Dorf&ca de que era deudora á V. E. , y cree haber llenado su come- 
tido con la mayor fidelidad y con el celo y actividad posibles. 

»La comisión no ha terminado empero sus tereas. Por el contra- 
rio, puede decirse que ahora las empieza. K su cargo queda el pro- 
mover, por cuantos medios estén ásu alcance, la suscrícion ioioia- 
da ya por la Excma. Diputación, á fin de elevar áCapmany un mo- 
numento, ínterin quedan sus respetables restos depositólos en estas 
Gasas consistoriales que son para Catalufla un libro, á todos abier- 
to, donde á cada página se tropieza con una de las grandes glorías 
de nuestro pais. 

«Todo esto deben la posteridad y la patria agradecidas á Cap- 
many, cuya vida fué un laboriosísimo ejemplo de abnegación y de 
sacrificios, y que do contento con dedicar á su patria su brazo co- 
^0 militar y su talento y pluma como pensador y publicista, acabó 
por consagrarie su vida, muriendo en Cádiz, victima de la peste, 
para no apartarse del santuario de las leyes á donde le habia en- 
viado el voto de sus compatricios. También los hombres de letras, 
también los diputados tienen, como los guerreros, sus campos de 



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CAPH&NT, 183 

batalla eo donde morir luchando como buenos y haciendo frente k 
SDS adversarios. Gapmany, maríendo en Cádiz víctima de su patrio- 
tismo, mnrió en el campo del honor. ¿Quién puede negarle el laurel 
de los que mueren por su patria?... 

»D(»causas grandes tomói su cargo Capmany, yambas, por lo 
grandes, debieron pesar sobre sus hombros como el mundo sobre 
los del Atlas. 

i>La vida de Capmany fué solo un -prolongado martirio, y entro- 
g&ttdose en cuerpo y alma & un gran pensamiento, emprendió, bajo 
derto ponto de vista como el vizconde de Chateaubriand en Fran- 
cia, la tarea, por demás ardua y difícil , de dos restauraciones á un 
tiempo mismo. La vida de los hombres ilustres tiene de particular á 
veces que no es toda ella sino el cumplimiento de una gran misión. 
Chateaubriand, por ejemplo, dedicó su vida á la restauración del 
cristianismo y de la monarquía constitucional. Capmany la consa- 
gró por completo á la restauración de las glorias de su país y de las 
letodesu nación. 

ftYoy á espticarme. 

»Gapmany nació en 1742,'es decir, pocos anos después de ha- 
ber caido Barcelona con el heroísmo que todos saben y con el es- 
trépito cuyo rnido no se apagará nunca, pues que la historia se ha 
encargado de transmitirlo de eco en eco hasta la mas remota pos- 
teridad. Capmany nació, pues, — y es preciso tener muy en cuenta 
esta| circunstancia para poderle juzgar, — cuando aun el corazón de 
las madres y de los consortes llevaba luto por la muerte de sus hi- 
jos y maridos, sepultados entre los escombros de las últimas trin- 
cheras alzadas por el patriotismo catalán. Capmany nació, repito, 
cnando acababa de morir, ó por mejor decir, cuando acababa de 
ocaltarse, que no había muerto, el espíritu catalán, y, siendo toda- 
vía níQo, sus ojos pudieron fijarse mas de una vez en las paredes 
acribilMas por la melralla.del duque de Wervik, caudillo de las tro- 
pas que se apoderaron, si, de Barcelona, pero después de una délas 
\w¡áas mas sangrientas y de una de las mas tenaces resistencias de 
qnenos da cuenta la historia. 

»Ante la desgracia, que en aquella época de triste recordación 
pesaba sobre Gataluda, su corazón de niDo debió de brotar sangre, 
y entonces, viendo que nuestras antiguas glorias, como vírgenes 
púdicas que temen el contacto guerrero, se ocultaban ¿ la vista de 

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184 CAPHAUT. 

CataluOa convertida ea una vasta plaza de armas, fué casado sia 
duda coficibid ya la idea de volver á atraer las memorias pofmlares 
que poco á p«co iban retiráadose al soplo de aviesas preteasiones, 
y trató de exhumar, prestando ud servicio inmenso fx su país, no ei 
genio, pero sí la práctica y et ceremonial de las aatigoas ventran- 
das instituciones de la Corona de Aragón. 

»£sla fué su primera restauración, y & esta época literaria de su 
vida pertenecen las hehosias históricas, la príctica di celbbbab 
CORTES, y las traducciones del consdudo del hí&, de las orsbnan- 

ZAS CE LAS ARMADAS REALES DE UCOBONA DE ARAGO», de lOS ARTIGÓOS 

TRATADOS DE PACES T ALIANZAS, etc, etc., obfas quo son, digámoslo 
así, el JOYERO de las glorias catalanas. 

«Cuando l^apmany nació, las letras espaOolas, lo mismo que las 
glorías catalanas, acababan de recilñr un rudo golpe. El bello y dá- 
sico idioma castellano, tan rotundo en sus giros, tan magnifico en 
sus frases, tan musical en sus periodos y tan majestuoso en sa sín- 
tesis, parecía que iba á morir, como abogado et los bnzos de ana 
cortesana, por la invasión de una lengua estraojera que viciaba sus 
p^odos destruyendo su robustez y galttúura. 

oEsta fué la segunda restauración emprendida por Capmany, y 
á esta otra época literaria de su vida pertenecen la filosofía dx la 

ELOCUENCIA, el TEATRO IIISTÓRICO-CRÍTICO, el ARTE DE TRADOGIR y SOS 

demás obras de esta clase, que son como el gorpds iv«& de las le- 
tras españolas. 

»Fué, pues, Capmany el hombre, el geniode dos restauracioDes, 
y de qué modo cumpKó la gran misión para la cual parece le desti- 
nó la Providencia, dfgato CataluOa, dígalo EspaOa toda. 

»Capmany no es solo el [H-econizador, mo el henddo de la ge- 
neración literaria que boy se agita y que cuenta ya con do pocos 
nombres llenos de gloria, á algunos de los cuales no hay duda que 
reserva el porvenir el baotismo de la inmortalidad. El fué quien 
inició, ó al menos uno de los que mas contribuyó á iniciar esta nae-^ 
va era, siendo muy de notar, Bxcmo. Sr., que asi como el cronista 
Feliu de la PeOa consagró un día toda su hacienda al renacimiento 
del comercio y de la indostHa, Capmany dedicó todo su talento ¿ 
la gteríficacíon de esas dos mismas fuentes de riqueza que son, her- 
manadas con las letras, la vida de Catalufia. 

nAun hay mas, Excmo. Sr. ; Capmany fué fiel á su patria y 4 

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CAPMANT. 185 

sa peosamieolo hasta el áltimo suspiro, y eo su vejez, repito, quH 
so UDÍr el ejemplo á la palabra, la prktica al consejo, tomando una 
parle muy activa en la guerra de la lo dependencia, y pasando á. 
Cádiz á reunirse con aquellos varones insignes que en nombre de la 
civilización y de la libertad arrancaban el velo con que estaban en- 
vueltas las antiguas tradiciones y glorias constitucionales del pueblo 
espaDoI. Ed el seno de aquellas Cortes memorables es donde reso- 
nó la primera la voz de Capmany para proponer que ningún dipu- 
lado pudiera solicitar ni admitir empleo, gracia ni condecoración 
algona, consecuencia muy lógica y conducta muy propia en el hom- 
fH% que, Heno de abnegación y desinterés, dedicó vigilias, estudios 
y trabajos al engrandecimiento de so patria, acabando su carrera 
literaria con la publicación del centihbla coNTitA franceses, obra 
que parece hija de una imaginación calenturienta de veinte afios, y 
obra que casi llega & hacer dafio por lo muy impregnada que est& 
de patriotismo, como tt veces llega á marear un ramo de flores por 
lo muy fuerte délos aromas que despide. 

«Voy á concluir, Excmo. Sr. La comisión al encargarse «hora 
de terminar su cometido, no solo se fijará, en el monumento que ha 
de elevarse á Capmany, sino que meditará muy detenidamente y 
te(idr& muy ea cuenta la idea, inidada ya por la comisión que pre- 
cedió ¿ esta, y por la prensa barcelonesa en 1S50 y en 1855, de 
levantar un panleon á nuestras grandes celebridades antiguas y mo- 
dernas. 

»Nada diee tanlo en favor de un pueblo, como el respeto que se 
le ve profesar á la memoria de sus hombres ilustres. 

nUn estranjero preguntaba un dia en la metrópoli de los Césares 
& un ciudadano romano:^Pues qué, ¿tan grande es vuestro pue- 
bj»?» Y el ciudadano le daba por única contestación el estender su 
brazo y el seDalarle con el dedo la vía aptia diciéndole : — «Id &leer 
nuestra historia en los nombres de las lápidas sepulcrales.» 

oCataluIHi tiene también «n gran pasado, una gran historia, pe- 
ro en vano preguntamos los que boy vivimos -. ¿dónde está la tam- 
ba de Pablo Clarfs, el gran defensor de nuestros fueros y privile- 
gios? 

»k las puertas de estas Gasas cwsisloriales se eleva, es verdad, 
la estatua de Juan Fivaller, ejemplo vivo de patriotismo y de aboe- 

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18t cinuNT. 

gacioQ, boDra del manicipio catalán ; pero ¿sabe algano ea dónde 
reposan sus venerandas cenizas? 

»¿Nos hemos acordado de recoger de la profanada lamba de San- 
tas Creus los restos por largo tiempo insepultos de Roger de Lauria, 
nuestro gran rey de los mares, y es posible que no conservemos ni 
siquiera convertido en polvo al que le bastaba con su presencia 
para convertir en polvo & las mas pujantes armadas? 

»¿Se ha tratado de elevar un monumento sobre los despojos mor- 
tales de D. Ramón Berenguer el gbandb, que están en el archivo 
déla Corona de Aragón, y que un ilustre catalán, D. Próspero de 
Bobrull, pudo afortunadamente salvar del incendio que devoró el 
histórico monasterio de Ripoll? 

<>¿No es vergonzoso que seamos tan ingratos con la memoria de 
Ausias March, nuestro Petrarca, que ni siquiera hayamos dedicado 
una lápida de justo homenaje al que era á un tiempo poeta, priva- 
do y consejero de ese noble y famoso principe de Viana por el cual 
sostuvo tan cruda guerra (klaluDa? 

»Y Montaner. ¿Qué les contestamos á los estranjeros que nos 
preguntan por el sepulcro de Montaner, el defensor de GalipoU, el 
historiador-soldado? 

«¿Es justo que tengamos olvidados en un rincón de la parroquia 
de Vallfogooa los restos del Qoevedo catalán, del vencedor de las 
justas poéticas del Buen Retiro? 

»Y sin remontarnos á la antigüedad. ¿Dónde están los despojos 
de los que han sido recientemente, en este siglo mismo, lustre y 
esplendor de su madre patria? Algunos descansan lejos de las bri- 
sas de su pais natal, como Altes y Gurena cuyo modestísimo se- 
pulcro yace oscurecido cutre los suntuosos mausoleos que se elevan 
en el cementerio de Marsella, como Puigblanc á quien guardan ol- 
vidado las nebulosas orillas del Támesis bajo el lúgobre ciprés que 
plantó cabe su fosa una mano amiga. 

»De otros como Salva, el introductor de la vacuna en Calaluna, 
como Cibat, el que introdujo la física esperímental, como Carbonell, 
el sabio químico, como Ferrer y Subirana, el gran pensador, como 
Vicente Cuyas, el gran artista, apenas se sabe el sitio dónde están 
sus restos, y las tumbas de Cabanyes el poeta-filósofo y de Piferrer 
el filósofo-poeta, yacen confundidas con otras tumbas, si para el 
corazón crisUano igualmente sagradas, para el corazón entusiasta 
desnudas completamente de recnerdos, 

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CAP«ANT. 187 

«Honremos la memoria de esos hombres. Demasiado se confan- 
dea coD el valgo de los vivos cuando viven. Separadles del vulgo 
de los muertos cuando mueren. 

»¿No se ve á una familia levantar suntuosos mausoleos, magní- 
ficos pao leones k ta memoria de los que les dejan grandes caudales 
por herencia? ¿Por qné la posteridad, porqué la patria que son las 
herederas, la familia de los hombres eminentes, no ha de levantar- 
los también k ta memoria de los que les dejan grandes caudales de 
riqueza con sus obras y su gloria? 

»Es tanto mas grande un país, cuanto mas honra la memoria de 
sos grandes hombres. Que el ejemplode boy sea fecundo; y ya que 
estamos en un lugar histórico y tradicional, ya que nos hallamos 
reunidos en este Salón de Ciento donde' todo nos recuerda nuestras 
pasadas glorías y grandezas, donde se puede decir que se respira el 
aire de nuestros buenos tiempos antiguos, donde fácilmente pode- 
mos evocar la memoria de aquellos ilustres concelleres que bajo sus 
rojas honradas gramallas sentian latir sus patrióticos corazones, ya 
que estamos delante de esta urna fúnebre donde yacen los despojos 
mortales del que fué para Cataluña el Pablo Claris de la guerra de 
la Independencia, ya que en este recinto memorable reunida está por 
medio de sus corporaciones mas ilustres Barcelona toda, toda Cata- 
loDa, para prestar en nombre de una posteridad agradecida un ho- 
menaje k Capmany, honremos mejor so memoria, y que esta tum- 
ba, gloriosa porqne sobre ella han unido sus laureles dos pueblos 
grandes, y porque ella guarda lo que queda del primer restaurador 
de nuestras glorías, que esta tumba nos inspire la realización de 
nuestro pensamiento. 

«Acabemos de hacer este dia mas grande aun y mas memorable, 
y si debimos á Capmany vivo la preconización de nuestras glorias, 
debámosle á Capmany maerto la íácíl realización de elevar las cua- 
tro provincias catalanas un panteón k sus grandes hombres anti- 
guos y modffluos. 

Dimitamos los bellos ejemplos ; contemplémonos en el espejo de 
los hechos notables ; y si existe un país que ha elevado soberbio un 
monumento, admiración del arte, grabando orgullosamenle sobre 
sa friso : k los grani>is hombres la patbia. kbconocii>a, alcemos 
nosotros también nuestro panteón ínscriliHendo con el mismo orgu- 
llo, que bien podemos, sobre su portada : 

DA LAS GLORIAS CATALANAS LA OBATITOD DBL PAÍS.» 



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188 CiPDTXAS.^CAB&BASSA. 

La urna conteDíeDdo los restos de CapmaDy quedó depositada ea 
las Casas consisloriales, doode hoy se baila todavía y de doade ya 
probablemente ao saldrá basla que pueda ir k ocupar el puesto de 
bouor que merece eu el panteón de hombres célebres catalanes que 
la Excma. Diputación provincial traía de elevar en el antiguo é his- 
tórico mouasterio de Montserrat. 



CAPtJTXAS [ealle de IM). 

Esta calle que va de la de Ahaixa^rs á la de Cambios viejos, se 
apellidaba antiguamente de Caputxers porque en ella servían y* te- 
nían sus tiendas y talleres los trabajadores de capuchas. 

Los cafülwers Irabajaban aquella prenda de ropa que servia de 
abrigo en ioviemo á la clase baja del pueblo, y se llamaba gambeto, 
y también los marselteses de los marineros. A una y & otra de am- 
bas prendas acostumbraba ir anexo un capuz ó capucha. 

Esto por lo relativo & tiempos ya mas modernos, pues en la edad 
media babia una prenda de vestir que se llamaba capaz 6 capslxa 
en catalán, y era muy semejante á las mucelas de los clérigos, sir- 
viendo únicamente para abrigar la cabeza y los hombros y espalda 
hasta cerca de la cintura. Usábanla indistintamente nobles y ple- 
beyos, distinguiéndose solo en ser de mejor ó peor calidad de tela. 
Los que Irabajaban ó vendían esla prenda se llamaban capulteers, 
y de ellos tomé nombre la calle. 



CAKABAMA (wlle «• I»). 

Es una calle bastante larga que cruza de la Ancha & la de Esai- 
diUers. 

Existe duda de si esta calle es den Carabassa, lo eoal indicarla 
recuerdo de apellido de alguna ramilla é de «podo de algou indivi- 
duo, ií áela earabassa, es decir, de la ealat»iza. Se ignora lo que 
ha podido darle nombre. 

En VaJeacia hay una calle que se llana lo propio que esta, y 
según el ilustrado cronista de aquella ciudad D. Vicente Boix, tomé 
tal nombre por hallarse eslableeidos en ella varios individuos que 
se dedicaban á trabajar ciertos tubos toroeados á naao, afecteodo 



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CARASSA. — CÁBCEL. 189 

Ift figura de noas calabacillas, cerrados con una tapadera agujerea- 
da. Servían de caja para el tabaco rapé, absorbiéndose por los agu- 
jeros de la cubierta. Se hizo luí general el uso del rapé y IadIo el 
consamo de estas cajas, que se llegó á. formar gremio, ó propio ó 
agregado al de torneros. 

CABAMA (cftlle de la]. 

Va de La de Vigatans á la de la Barra de ferro. 

Debe su nombre esta calle & una monstruosa cabeza de caza ó 
cara de piedra que se veia empotrada en la esquina de la casa qie 
da á la calle de Baños vitaos y & la de Vigattm. Se ignora lo que 
pudo ser ó significar dicba cara. 

CÁBCEIi (birlada de la). 

De la cfdle de la LibreleHa va & desembocar en la plaza del 
Ángel. 

Ha sido conocido en lo antiguo por varios nombres. Primera- 
mente se llamó del Portal de mar porque al pié de la bajada estaba 
nna de las puertas de Barcelona, la llamada del mar, siendo enton- 
ces pla^a y campo todo el terreno que ocupan hoy los poblados 
barrios que se alzan -por aquella parle. Defendían esta puerta dos 
torrea octógonas, que han ya desaparecido. Ya hemos dicho, al ha- 
blar de la plaza del Ángela que la de la derecha, después de haber 
estado apuntalada durante nn largo período amenazando ruina, se 
desplomó en 1115. En el lugar ocnpado por esta torre se hizo des- 
pués la obra que ha existido hasta nuestros tiempos, con la cual se 
nsanchó el edificio de la cárcel, de qae luego se hablará. La de la 
izquierda fué demolida en 1818 para levantar la casa que forma 
esquina con la calle de la Tapineria. 

Cuando Barcelona fué ensanchándose, el portal de mar pasó & 
ser el de Santa EvMa á causa de la estatua de esta santa que allí 
se poso, y de lo cual hemos también hablado al referirnos & la 
plaza del Ángel. Entonces se llamó esta calle bajada del portal de 
Santa Eulalia. 

Tomó mas tarde el nombre de devallada de la Cort (bajada de la 
Corie), por haberse ealableetdo allí la corte ó tñbuMl del Veguer. 

Toiol. ss 

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190 CASDUIS. 

Funcionaba este tribanal en el Castrum eelus 6 casliUo Tiejo, que 
allí se elevaba, y que parece fué el verdadero castillo vicecomilal 
ó de los vizcondes, aun cuando indique el cronista Pujados que en 
este el castillo Nuevo. (Y. Cali.) 

El veguer era un magistrado del que se halla ya noticia eo la 
primera época de los condes gobernadores, en tiempo de Lndovico 
Pío y Carlos el calvo. Juzgaba las causas civiles relativas á objetos 
del fisco, pero su poder se circanscribia & las que no interesaban á 
la propiedad ni al estado civil de las personas. 

En tiempo de los condes soberanos, estos creaban un vizconde 
al cual enfeudaban el castillo viejo, Castrum velus, y en dicbo cas- 
tillo, que venia á ser el palacio del antiguo pretorio romano, insli- 
tuia el vizconde un teniente ó vicario que era el primer juez- civil, 
siendo llamado vulgarmente el Veguer^ apellidándose á su tribunal 
Curia vicaris, corte del Veguer. 

La importancia de este magistrado fué creciendo con el tiempo. 
En época ya mas cercana á nosotros, eran el veguer, Vtcarius, y el 
baile, Bajulus, dos jueces reales ordinarios de CalaluM, con muy 
idéntica jurisdicción, aunque algo inferior la del segundo, pues que 
solamente tenia poder sobre ciertas personas é intervenía solo en cier- 
tos asuntes esceptuados de las atribuciones del primero. Cada cual 
tenia un distrito particular, denominado respectivamente Vegueria) 
Baitla, á la manera misma que de la creación de los oficios de ^- 
veguer y subbaile tomaron origen la subdivisión de subveguerias y 
mUaiUas. El veguer, como representante del rey, administraba jus- 
ticia en lo civil y criminal k los moradores de su distrito jurisdio- 
cional, y gozaba de mncbos privilegios creados espresamente para 
realzar su dignidad. 

Al palacio ó corle del veguer, y por consiguiente al castillo viejo 
fueron trasladados con el tiempo las c¿iceles reales de que bemos 
hablado en el castillo nuevo, y entonces temó la calle el nombre de 
bmxada de la presó (bajada de la cárcel), que ha conservado hasta 
hoy y conserva aun, sin embargo de no estar allí la cárcel pública 
que fué trasladada en 1839 á otro sitio. (V. calle de la Lealtad.) 

«ABDEK8 («lile 4d«). 

Va de la plaza de Maraít á la do San Agmtm el viejo. 

Tomó su doMminaáon de los «infera (canteros) ó fabricantes de 

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CARDONA . 191 

ttrdas para trabajar la lana, quienes vivían allí. La palabra carda 
se deriva de cardenchas ó eardacbos de qae se forroao las cardas, 
ó especie de cepillo con mango, que sirve para cardar la lana. Los 
earderos ó cardedores cooslitulaa ya gremio desde antes de 1372, 
pnes se baila que en este aDo se estipuló por reglamento munici- 
pal qae, todos los alios se nombrasen para su gobierno é inspección 
dos o^sales, el uno de ellos del gremio de los pelaires, quienes, 
juntos con el almotacén de la ciudad, debian conocer de todas las 
cosas concernientes á dicho oficio. No en v^no dice Capmany que 
este oficio seria en otros tiempos de los mas Oorecientes, cuando 
llegó & dar nombre á una calle. 

Se baila en esta calle la iglesia de San Gucarale, vulgarmente 

llamada San Cugat del Fom, ó sea San Cucurale del borno, porque 
se dice que en este sitio se encendió la hoguera & la cual se mandó 
arrojar y de la cual salió ileso el mártir Cucurate. En memoria de 
este milagro y en honor de este santo se levantó en este lugar un 
templo el aHo 10S3-, siendo su fundador el canónigo de la catedral 
Uuislaberto, bijo de Udalardo vizconde de Barcelona. 

El templo primitivo fué reedíñeado en 1287, y luego demolido 
por los años de 1626, sufriéndola nueva fábrica otras reedifica- 
ciones y mejoras con el tiempo, basta quedar como se halla boy día. 

La sacra Familia que se ve pintada en el retablo de esta iglesia 
es obra de Tramollas hijo. 



CABD^BTA {e«U« de). 

Tiene su entrada por la calle de San Vicente y su salida por la 
del Lem. 

Paede denominarse asi esta calle por referencia á la villa de Car- 
dona, célebre en nuestros fastos históricos, pero es mas probable 
que recuerde el nombre de la familia de Cardona, bajo tantos títu- 
los memorable en la historia de Cataluña. 

Es una de las casas mas antiguas y mas ilustres del Principado, 
estaba enlazada con las familias mas principales, y apenas bay al- 
gún hecho notable en nuestra historia antigua donde no sobresalga 
la figura de algún miembro de esta verdadera raza de héroes. 

El duque de Cardona tenia en las Cortes la presidencia del Brazo 



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19S CARLOS. — CARMEN. 

militar ó noble , como el arzobispo de Tairagona tenia la del Bra- 
zo eclesiástico , y Barcelona la del Brazo real ó popular. El duque 
de Cardona tenia en CataluSa una ciudad (Solsona) , treinta Tillas, 
veinticinco castillos , doscientos setenta y dos lugares , nías de 
dos mil trescientas casas y cuatro puertos de mar. 

Eo el sepulcro de uno de los mas célebres miembros de esta fa- 
milia, se leiao los siguientes versos : 

Aquel que esta tumba esconde, 
por ser \aron de su ley , 
entre los reyes fué conde 
y entre los condes fué rey. 



CARIAS [calle de mn). 

Está en la Barceloneta , y parte de la calle Nacional para ir á 
terminar en la playa. 

cAsnBlV (ealle del). 

Va desde la Jiattéia á la plaza del Padre. 

Dio nombre á esta calle el convento llamado del G&rmen , d<uide 
estaban establecidos los religiosos de la orden de la Virgen del 
Monte Carmelo , ó de carmelitas calzados , una de las cuatro men- 
dicantes. Ni el edificio ní la iglesia ofrecían nada notable. , 

Quedó casi completamente inutilizado este convento con el incen- 
dio qne sufrió el S5 de julio de 1835 , y luego se reconstruyó y 
reformó á ña de que pudiese servir para la Universidad literaria, 
que en él se batía aun esperando la terminación del magnifico edi- 
ficio que para ella se está hoy levantando en el ensanche. 

Propio será de este momento trazar, siquiera sea á grandes ras- 
gos solo, la historia de la Universidad de Barcelona, que muy anti- 
gua la tiene por cierto y muy ilustre. 

Consta que en 1310 los concelleres , constantes protectores de 
las ciencias y las letras, tenian ya establecidas unas cátedras de le- 
yes regentadas por sabios doctores, entre los cuales se nombraba 
el rector que los dirigiera y velara para el buen orden y régimen 
de los estudios y de la instrucción. 



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cimEN. ItS 

En H(MÍ el rey D. Marttn el humano ái6 á estos estvdios forma 
de Uoiversidtid, eslablecieodo lambien en ella el colegio de medicina 
; después el de arles. 

Por los aDos de 1430 se sabe qne la Universidad poseía un edi- 
ficio propio en el sitio-donde boy se levanta la casa del marqués de 
Ayerve en la calle de BipoU, frente al arco llamado de Micer Fer- 
rer. El municipio barcelonés costeaba todos los gastos, y sostenía 
los estudios con dotación de sus propios fondos ; pero no adquirió 
este establecimiento su última forma y esteneion basta 1450. En 
este alo los concelleres elevaron una slíplica al rey D. Alfonso V, 
el cual se bailaba á la sason en Sicilia , pidiéndole que les conce- 
diera permiso y autorización para fundar dicha Universidad , ofre- 
ciendo por su parte y con sus propios fondos contribuir con todo lo 
qse fuese necesario pwa la creación y estabilidad de aquel estable- 
cimiento. 

Accedió á ello D. Alfonso V , libró los reales privilegios , otorgó 
eJ papa su aprobación , y comenzó la Universidad de Barcelona su 
período de esplendor, do tardando en tocarse la necesidad de levan- 
tar para ella un gran edificio con todas las comodidades y capaci- 
dad posibles. Ocupóse de ello sin alzar mano el monicipio , y & 
IS de octubre de 1636 se puso la primera piedra del Estudio gene- 
ral en la parte superior de la Rambla, inmedida á la puerta llama- 
da de San Severo, donde estaba el peso de la paja. 

Asi subsistió la Universidad ó Estudio general de Barceloaa , sin 
qne en nada cediese á los mejores de EspaDa, Francia é Italia, flo- 
reciente siempre por los distinguidos profesores que tuvo, los cuales 
desde SQ cátedra salieron & ooupar las principales dignidades de la 
monarquía , y por los hombres doctos que produjo en todo género 
de ciencias, hasta setiembre de 1114 , en que , sometida la capital 
del Principado al rey Felipe V , se acordó la traslación de la Uni- 
versidad & fervora. 

El edificio se destinó para cuartel de tropa, y en los liltimos 
tiempos lo ocupaba el cuerpo de artilleria basta que en 1S43 fué 
derribado con el objeto de abrirse la puerta llamada de Isabel lí, 
que á su ves desapareció en 1854 coo las murallas, para dar lugar 
al «nsancbe de la oindad. 

Por lo que i la Universidad toca, permaneció en Cervera hash 
que durante el corto periodo de la revolución nacional del 18S0 al 
1813 acordaron las Cortes qne fuese trasladada i Barcelona. Al $u- 



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1 94 GARBETAS. 

cumlHr las ideas liberales volvió á reiostalarse en Cervera ; pero en 
183Q se mandó que Duevamente se fijase en Barcelona , donde de- 
cididamente se estableció , habilitándose al efecto el espacioso loca) 
del estinguido convento del Carmen, según queda dicho. 

Hay en esta calle varias iglesias y conventos de religiosas : la de 
Nuestra Sefiora de Belén , que hace esquina á la Rambla , y de la 
cual se hablará en su lagar correspondiente ; el convento de Jesús 
y Maria de religiosas mínimas , que data del 1653 ; y el de Sania 
Margarita la real de religiosas capuchinas, llamadas h^as de la Pa- 
non, que fundó en 1399 la venerable madre sor Angela Margarita 
Serafina. 

Fíenle al convento del Carmen se halla el colegio de medicina, 
el cual se eleva dentro del recinto del Hospital general de Santa 
Cruz, donde tiene sus salas clínicas , mirando su portada & la casa 
de Convalecencia. Nada ofrece el colegio de medicina que llame la 
atención en su parte arquitectónica. En su portada se lee una ins- 
crípcioD latina recordando que fué el fundador de este edificio d rey 
Carlos in en 1162. 

El interior es por demás reducido y está falto de muchas piezas 
necesarias, siendo las mas dignas de atención el anfiteatro anató- 
mico y la sala de disección en el piso bajo, y la sala de exámenes 
y la biblioteca en el superior. En el anfiteatro hay el busto en már- 
mol del célet»% profesor catalán don Pedro Yirgili, muertoen 1176, 
y al pié del busto nna inscripción latina en su honor. Este distin- 
guido varón, cirujano de cámara de Carlos III, fué quien instó al 
monarca para la creación de este colegio que se erigió por de pron- 
to con el título de Colegio de drtigla, ymas adelante tomó el de 
drugia mé^ca. 



CAmBETAS [••lie d»). 

Cruza de la calle de la Cera á la de San Pabh. 

Ignórase lo que pudo hacerle dar el nombre que lleva. En Ma- 
drid existe también una calle llamada de Carretas, y es fama que 
tomó su nombre de la calle ó parapeto de cairetas que formaron en 
aqael campo los comuneros llegados de Se^ovía, 



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CASANOVAS. — CASA FOBT. — CASPK. 19IS 



CASANAVAS (cnlle 4e). 

Otra de las que formaráD parle del ensanche. Comenzará en la 
calle de Bonda para ir á termioar en la de Córcega, viéndose cru- 
zada por las de Fiorídabktnca, SeptUveda, Cortes, Diputación, Cón- 
ico de Ciento, Aragón , Valencia , Mallorca, Provenga y Rosellon. 

Llevará este oombre en memoria del último coDoeller en cap de 
Barcelona don Rafael de Casanovas ó Casanova. Elegido este ilustre 
cindadano en 1*713, cuando Barcelona estaba sitiada por las tro- 
pas de Felipe V* dio grandes pruebas de valor, de abnegación y de 
heroísmo. Por duras pruebas y aflictivas circunstancias hubo de pa- 
sar entonces la capilaJ del Principado, pero durante el prolongado 
sido que suMó, no se desmintieron un solo instante el celo y laso- 
licitud de este patriota ciudadano. 

Después de una lucha heroica, sostenida con *baza008O empefio 
en favor de sus libertades, Barcelona cayó el U de setiembre de 
nii legando un memorable ejemplo & las generaciones venideras.- 
El conceller Casuiovas estuvo en su puesto de honor y de peligro 
hasta el último momento. Acudió con la milicia ciudadana & defender 
la brecha de la Puerta Nueva, y allí cayó gravemente herido, siendo 
retirado exánime del sitio del combate. Pocas horas después, las tro- 
pas del duque de Berwick entraban m Barcelona, convertida en 
ana ciudad de muertos, para rasgar con sos ensangrentadas bayo- 
netas el código inmortal de nuestras seculares libertades. 



CASA JF«IIT (plm*M de] . 

Está situada al principio de la bajada de Yiladecols y al íin de la 
calle de Liado. 

Tomó el nombre de una gran casa que edificó en ella la familia 
Fort, muy conocida en Barcelona en otra época por ser la de unos 
ricos comerciantes. 



€ ASPE (culi* d«]. 

Se halla situada en el ensanche y ocupa desde el paseo de Grá- 

üignzcdbv'GoOglc 



\H CÁStE, 

da hasta la calle de la Marina, cruzada por las de Cerdeña, Sid- 
¿ú, Ñapóles, Roger de Flor, pateo de San Juan, Bailen, Gerona, 
Bruch, Launa y Claris. 

Llevará esle oombre eo memoria y loa del célebre parkuxeiUo de 
Caspe. 

Ed til o murió ea BarceloDa el rey don Martin el humano, aca- 
bando con él la heroica y marcial casa de los condes de BarceloDa, 
qae con once reyes ocupó el trono de Aragón en el decurso de dos- 
cieotos setenta y (res aDos, esteodiendo sus glorías y dilatando sa 
dominio por las tres partes del muodo entonces conocidas. No que- 
dando hijos legítimos de don Marlin, viéronse en grave ,aporo los 
reinos de la Corona de Aragón, pues se preseotaroa varios preten- 
dientes á la corona, dispuestos todos k apoyar con la fuerza de las 
armas el que cada uno creia su derecho. 

Urande ejemplo de cordura y de patríolismo dJó entonces el pais. ~ 
Las tres naciones confederadas, GatalnDa, Aragón y Valencia, se 
reunieron cada uS^-en parlamento y supieron mantener i raya i 
' los pretendientes, evitando los funestos horrores de una guerra <á- 
- vil y obligando á todos á respetar la voluntad nacional. 

Después de maduras deliberaciones se convino, de común acuer- 
do, en nombrar tres diputados ó compromisarios por cada nación, 
los cuales, reunidos en Caspe, debían elegir de entre los prelen- 
diuites al que tuviese mejor derecho y mayores méritos á la coro- 
na. Los elegidos para formar el parlamento de Caspe fueron, por 
parte de CataluOa don Pedro de Zagarríga arzobispo de Tarragona, 
Guillermo de Yailsecay Bemu'do Gualbes, jurisconsultos célebres; 
por parte de Aragón don Domingo Ram, obispo de Huesca y Jaca, 
Francés de^randa que había sido caballero det consto del rey y en- 
tonces se hallaba retirado del mundo en la Cartuja, y Berengner de 
Bardajf, distinguido jurisconsulto; y por parte de Valencia Bonilá- 
cio Ferrer, general de la.Cartuja, sií hermano el maestro y famoso 
predicador Fray Viceoie Ferrer, que boy es venerado como santo 
en los altares, y el letrado Ginés de Rabossa. 

Víóse entonces, y es ejemplo único en la historia del mundo, ¿los 
poderosos pretendieotes al trono deponer sus armas y presentarse 
por medio de sus abogados á hacer valer sus derechos ante los nue- 
ve elegidos del pueblo, ante los nuevos jueces reunidos en Caspe, & 
quienes las naciones confederadas acababan de dar el poder de 
otorgar en nombre del pueblo una corona. 

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Clan. 197 

Eran los priocipales pretendientes don Jaime de Aragón conde de 
Urgel, don Alfonso de Aragón duque de Gandia, don Fadriqne 
de Aragón hijo natural del rey don Martin de Sicilia que en 
hijo del rey don Harün el kimam), don Femando de Castilla 
comnnmente llamado el infante de Antequera, y don Luis conde de 
Anjon. 

Aquel que de entre estos tenia mas faodados derechos al trono 
tacante era sin disputa el conde de Urgel, que descendía por linea 
Dascnlina de los reyes de Aragón, y h este apoyaba la opinión pú- 
blica de Cataluña, en su favor unánimemente pronunciada. Sin em- 
bargo, no fué á él á quien se dié la corona. Los manejos y las in- 
trigas del papa Benedicto de Lona que pasó personalmente & Caspe 
para inclinar el ánimo de los jueces en favor de don Fernando de 
Casliihi, y la política tortuosa y autoridad reconocida de Fray Vi- 
cente Ferrol' á quien se tenia por sanio y de quien se creía que 
recibía inspiraciones celestes , hicieron que la justicia se torciera 
ec aqoel memorable juicio, quedando sin premio el de mas dere- 
cho y haciendo á la Corma de Aragón el funesto legado de la polí- 
tica castellana con su elección de don Fernando. 

Enterados por flo los jueces de las razones de los pretendientes, 
resolvieron llegar al arduísimo trance de la sentencia, y aunque, 
lí por su facoltad de teólogo ni por el puesto que ocupaba, Sao Vi- 
ceqte Ferrer debía hablar el primero, era tanto el respeto que to- 
dos tenían á su ciencia, elocuencia y santidad, que, cediendo su 
derecho ios siete que le precedían, precisáronle á votar el primero, 
lo cual hizo dando su voto razonado en &vor del intente don Fer- 
nando de Castilla. Otros cinco jueces, que fueron los tres de Ara- 
gón, nno de CalaluOa y otro de Valencia, le siguieron, conformán- 
dose con él sin alegar mas razones. El voto del arzobispo de Tarra- 
gona fué que el conde de Urgel y el duque de Gandía tenían mas 
derecho á la corona, y que, como los dos se bailaban en igual gra- 
do, podría elegirse el mas conveniente. Guillen de Vallseca dijo que 
tenia por mas útil entre los pretendientes al conde de Urgel, y fi- 
nalmente , el doctor Pedro Beltran, que bahía sustituido á Ginés 
de Rabassa enfermo, se abstuvo de votar diciendo que, por haber 
entrado tarde en el congreso, no había tenido tiempo para en tararse 
de tantos alegatos y escrituras como eran los que formaban aquel 
voluminoso espediente. 

En esta forma fné dada por unos hombres de letras aquella gran 
Toio I. » 

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198 C&SSADOK. 

corona, formada, sostenida y acreceoladft por el belicoso estrueodo 
de las armas, siendo quizás esle, como dice Braulio Fox, el único 
ejemplar que de igual caso en el vasto teatro del mando nos pre- 
sentan las historias en las repetidas escenas de los siglos. Bjecn- 
tose esta grande y admirable obra en el castillo de Gaspe, presi- 
diado para la seguridad de los jueces por gente de armas de las 
tres naciones, siendo sus capitanes Alberto Zatrilia catean, Martin 
Hartinez de Marcilla aragonés y Pedro Zapata Talenciano, y estando 
encomendada la guardia y defensa del castillo á los alcaides Gailteo 
Zaera, Domingo Lanaja y Ramón Fívaller, catalán el primero, ara- 
gonés el segundo, y valenciano el último. Pronancióse la sentencia 
en el día de San Joan el aQo lil2, pero se mantuvo secreta hasta 
hacer su publicación con la debida formalidad, lo cual tuvo lugar 
el día S8 del mismo mes, con aparatosa solemnidad, k la puerta de 
la iglesia de Gaspe, ante una inmensa multitud. Fué leída la sen- 
tencia por Fray Vicente Ferrer, quien pronunció al mismo tiempo 
un notable sermón encaminado á hacer resaltar las prendas y vir- 
tudes del nuevo rey, elegido en nombre del pueblo de la Corona de 
Aragón. 

Murmuróse mocho de la sentracia, pues eran en gran número 
los partidarios del conde de Urgel para quienes era indudable el 
triunfo de su «andidato, y murmuróse mas todavía, con jnstisima 
razoD, por haberse permitido que fuese Fray Vicente el primero en 
dar su voto, cuando por ningún concepto le correspondía. Sin em- 
bargo, á algunos de nuestros mayores y generalmente á todos los 
historiadores antiguos les pareció que esto fué disposicioo del cielo 
para declarar que en aquel juicio intervenía mas la disposición de lo 
alio, que la razón, ley ni costumbre de las gentes, y que no se fun- 
daba aquella declaración solamente en letras ni sabiduría humana. 

Tal fué el parlamento de Gaspe, y así fué como se dio la cortwa 
de estos reinos á Fernando de Castilla llamado el de Anteguera. 



CAS9A»«S (lH^|»d« Ae). 

Tiene su entrada en la calle de Liado y so salida ea la de 



La casa, bajada, escalas y plazuela así llamadas, recibieron su 
nombre de la noble familia de Gassador, y es un error el que han 

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CASSAHtt. 199 

eometido iJgQDOS escritores y lambieQ alguDos documentos oficiales 
llamando & esta binada del Caxador. 

Según refieren autores moderaos, perdióse ana memoria que de 
esta familia se conservaba, cuando á principios del siglo pasado se 
verificó el derribo de una parte de Barcelona para la fábrica de la 
dndadela. £d el presbiterio de la capilla de San Juan Bautista del 
convento de'San Agustín, allí existente, veíanse cuatro láminas 
grandes de bronce, en las cuales estaban esculpidos cuatro retratos 
de otros tantos obispos que contó la casa barcelonesa de Cassador. 
Habla también debajo de los retratos una inscripción ó epitafio que 
decia como tres de dichos obispos estaban allí depositados, habiendo 
sido electo cardenal uno de ellos. 

Las noticias que de estos ilustres personajes hemos podido reco- 
ger son las siguientes : 

Guillermo Cassador. Fué auditor de Rota en Roma y obispo de 
Alguer en Cerdefia. Sirvió de secretu'io al papa León X. Habiasido 
canónigo de Vich, y, siendo obispo de Alguer, vino dos veces de 
legado ó embajada estraordinario de Julio II al rey católico don 
Feraando. Escribió varías obras sobre puntos de religión, y falleció 
en Roma el aDo 1527, siendo enterrado en la iglesia de Montserrat 
de aquella ciudad, 

/ame Cassador, hermauo del anterior, que fué también canó- 
B%o de Vich y obispo luego de Barcelona. 

Gailiermo Cassador, sobrino de los anteriores. Fué asimismo 
obispo de Barcelona, y asistió al concilio de Trente llevando como 
teólogo al sabio canónigo de esta iglesia Juan Vileta. En 1569 fué 
presidente, en nombre del arzobispo de Tarragona cardenal don 
Gaspar de Cervantes, del concillo que se celebró en la capital del 
Principado. 

Juan Cassador. Se sabe que también fué obispo, aun cuando no 
hemos sabido eocontru' de qué punto. Era primo del anterior, y 
dejó escritas varias obras. 

Ea el patio de la antigua casa de Cassador habla nn pozo, cuyo 
historiado brocal el arquitecto don Domingo Vidal, movido de una 
loable curiosidad, lo trasladó á su propia casa en la calle del Tpr~ 
rmíe de /ungueras. Sa figura es la de un pedestal octágono suelto, 
compuesto de diez y siete piezas de mármol blanco, á saber ocho 
el zócalo, ocho el dado ó fuste y una la cornisa, que está adornada 

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100 CiSTiÜOS. 

de sencillas ; graciosas molduras. Cuatro de las piezas del fnsle 
tieoeo esculpidos uuos escudos de armas perfectamente iguales, que 
consisten en un óvalo atravesado por tres barras inclinadas bacía 
la izquierda. Las cuatro restantes presentan en relieves cuadros mi- 
tológicos. En la primera ana Venus en pié sobre una concha leve- 
mente cubierta por el agua, tiene en la mano derecha un espejo en 
actitud de mirarse á él, y con la izquierda coge la orilla de un ro- 
paje que Tiene á terminar sobre la cintura. En la segunda una 
matrona sostiene una criatura que está nadando : le pone la mano 
izquierda sobre la espalda ; con la derecha le aguanta la cabeza, 
que la criatura alza sobre la superficie del liquido. En la tercera 
un Neptuno pedestre, con un delfín que retoza á sus plantas, em- 
puQa con la diestra el tridente, y -coge con la izquierda una ropa 
que partiendo del brazo derecho, flota en ángulo sobre su cabeza. 
En la cuarta un Genio de las aguas está sentado sobre un jarro qne 
arroja un grueso chorro : apoya la mano izquierda entre la cadera 
y un ropaje, y muestra en la derecha un manojo de yerba, estieode 
la pierna izquierda y dobla la derecha. Todas estas figuras son, á 
juicio de los inteligentes, de bellas y elegantes proporciones: Venus 
con la llanura y delicadeza de sus formas y la admirable flexibili- 
dad de su cuerpo trae i la memoria los clásicos modelos de la es- 
cultura antigua : la musculatura de Neptuno, báhilmenle vaciada, 
rivaliza con los abultados y suaves tegumentos del Genio, que son 
de una fuerza sin igual- Con lodo eso, se ignora la época á que 



CjaSTAiíOS [««lie de). 

Tiene SU entrada por la plaza de Pahdo y termina en la de íe»- 
cala. 

El Excmo. Sr. D. Francisco Javier Castalios, capitán general de 
este ejército y Principado, fué quien promovió, durante su mando, 
el ensanche de la plaza de Palado, y en manifestación de su agra- 
decimiento á tan importante mejora, Barcelona le dedicó esta calle. 

En otro logar de esta obra, y á propósito de la calle de Bailen, 
se ha dicho ya que por esta inmortal jornada, en la cual mandaba 
Casta&os en jefe, recibió el titulo de duque de Bailen. Hé aquí aho- 
ra algunos otros apuntes biográficos relativos á este distinguido 
caudillo; 

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asTAKOS. 201 

El rey Carlos III, para recompensar los esclarecidos méritos de 
sn padre» concedió á CaslaDos el empleo de capitán de infantería. 
Este despacho lleva la fecha de 31 de julio de 1768. El joven ca- 
pitán hizo sus primeros estudios en el Real Seminario de nobles de 
la corte. 

Guando en 1181, unidas la Francia y la EspaQa por el Pacto de 
bmitia, pugnaban por arrancar ¿ la Inglaterra el cetro de los ma- 
res, poco tiempo después de rendirse el castillo de Sao Felipe, en la 
isla de Menorca, que defendieron los ingleses, obtuvo CastaOos uoa 
prueba honrosa de la confianza que inspiraba al duque de Gríllon, 
general en jefe. Fué, pues, comisionado para arreglar con et gabi- 
nete de Saint-James et cange de los espaOoles prisioneros. Embar- 
cóse al efecto con dirección k Inglaterra ; pero en la travesía acae- 
eió UD suceso que puso su vida al borde del sepulcro. Una pierna 
de camero que se sirvió en la mesa del buque se bailaba en estado 
de putrefacción, y habiendo comido de ella inadvertidamente Casta- 
Oos, sintió ai poco rato sfolomas de envenenamiento. Aplícáronsele 
con prontitud los remedios oportunos para combatir el influjo de 
aquel pernicioso manjar, pero aunque se logró salvarle la vida, no 
podo detenerse el vuelo de una enfermedad dolorosa que le impo- 
sibilitó durante mochos meses de continuar en su noble carrera. 

EmpeQada la guerra en la República francesa k consecuencia de 
los sucesos revolucionarios de 1 792 en Francia, pasó Casianos k 
Pamplona ya de coronel del regimiento de África, y el dia 23 de 
janio de 1793, en uoa de las diferentes acciones que tuvieron lu- 
gar en Ordafia, dio una prueba estraordioaria de valor. CastaSos 
se vio de repente en el calor de la refriega abandonado y soto en 
medio de los enemigos : un soldado de la República le habia herido 
de UD sablazo, y como si este golpe fuera la seQal de la arremeti- 
da, preparáronse y estaban á punto de descargarse sobre él cente- 
nares de armas mortíferas. — \Deteneos\ esclamó CaslaDos en fran- 
cés cpn voz de trueno, adelantando el brazo y presentando sus ga- 
lones : \Respetadá un coronell Esto bastó ; las ideas de subordina- 
ción y de respeto aglomeráronse en tropel á la mente de aquellas 
cien cabezas, que no se daban cuenta de si era un jefe ó un ene- 
migo el que con tal fuerza les hablaba. Algunos instantes de re- 
flexión hubieran bastado sin duda para destruir el encanto ; pero 
los granaderos de África, que habían visto desaparecer & su coro- 
nel, corren sobre los franceses, at&canlos ferozmente ala bayooelat 

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202 CASTAÍ^OS. 

trábase de parte aparte ud combate al arma blanca, y cejando a! 
fíD los enemigos ante el desesperado arrojo de nuestros bravos, hu- 
yen despavoridos y CastaQos queda salvad.o milagrosamente. 

Pero no fué esta la única prueba de cariQo que mereció á sus 
granaderos. Brigadier ya, fué nombrado para mandar los reducios 
de Vera, y hallándose eo la altura de San Marcial, defendiendo el re- 
ducto número 8, atacado por numerosas fuerzas enemigas, fué 
morlalmenle herido de una bala de fusil que le atravesó la cabeza, 
entrando bajo la parte inferior de la .oreja derecha y porlapartesu- 
perior de la izquierda. Aquella catástrofe desalentó á las tropas, 
que por atender al cuidado de su jefe, abandonaron el reduelo, y 
entonces tuvo lugar un hecho que tanto ennoblece á los granade- 
ros de África como prueba los estrechos vínculos de afecto que 
siempre ligaron á aquel regimiento con su coronel CastaDos. Yacia 
este casi sin vida entre los brazos de los soldados y anhelaban po- 
nerle en salvo. 

El descenso por el reducto era impracticable, pues no había ve- 
reda capaz de contener apenas el equilibrio de un hombre sin ayu- 
da de las manos, cuando para bajar al herido desde la cúspide eu 
una camilla, eran necesarios dos por lo menos. Todo lo allanó, sin 
embargo, el amor de los granaderos ; tendidos de espaldas sobre la 
áspera y terrible pendiente, y formando de alto á bajo, desde la al- 
tura á la falda del reduelo, una fuerte columna sostenida por el 
mutuo apoyo de los plés, afirmados sucesivamente en los hombros,^ 
alzáronlas manos para recibir y despedir sucesiva y cuidadosameD- 
(e al herido, que entregado á los robustos brazos de tos primeros 
granaderos colocados en la pendiente, fué deslizándose paso á paso 
por aquel prolongado lecho humano. 

Era aquel un acto que arrancaba lágrimas ¡ la vida de CastaDos 
pendia del mas ligero descuido de los granaderos; una mera sacu- 
dida, una tenue oscilación hubiese bastado para estioguirla ; sin 
embargo, los últimos hombres de la columna entregaron al ilustre 
jefe salvo, cual lo habían recibido de los primeros. Colocado enton- 
ces en una camilla, fué trasportado á Hernani. CastaDos no pudo 
olvidar nunca que debía la vida á los denodados granaderos de 
África, y queriendo recompensar tan inapreciable servicio, por no 
acto público tan duradero como su vida, vistió en todos tiempos 
desde entonces el uniforme de África, luciendo sobre él sus honro- 
sas condecoraciones, 

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CASTAÑOS. 203 

Larga fuá la cura de Gástanos, pero al fio Iriunfó de la muerte. 
SÍd embargo, las seSales de aquella catástrofe permanecieroii siem- 
pre indelebles en el daque de Bailen, cuyo cuello aparecía vencido 
bjicia el lado Izquierdo, lisiado por la inllueocia de órganos tan vio- 
ten lamen te' heridos. 

Promovido á mariscal de campo en n95, regresó á Madrid, don- 
de le esperaba una vida feliz y regalada en medio de la abundancia 
y de los placeres. Gastafios era sobrino del marqués de Irlanda, 
hombre poderoso y bienquisto en la alta sociedad madríleDa. Le 
alojó en su casa, puso á su disposición los tesoros de sus arcas y 
le presentó en las altas reuniones. Estaba k la sazón separada la 
Bobleza de la influencia de la corte, en razón á que la primera no 
llevaba su respeto como quería la última al esceso de considerar á 
so favorito como á sus reyes. El centro principal de que partían 
los tiros de la nobleza, era la casa de la condesa de Benaveote, que 
Tiria á la sazón en la cuesta de la Vega ; llamábase por antonoma- 
m la Puerta Otomana, porque en sus salones se reunia la sociedad 
mas distinguida, y se comentaba y ponia en ridículo la política del 
fiívorito. Allí Doereció Gastafios un puesto especial por la oportuni- 
dad íDcisiva al par que delicada con que sabia dar calor á los epi- 
gramas que estaban á lo orden del día en aquella reunión. El cré- 
dito de Gastafios en este punto le valió un momentáneo é injusto 
destierro á Badajoz por el afio de 1799. 

Teniente general en 1812 y comandante del campo de Gibraltar, 
se captó Gastafios la consideración de las autoridades inglesas. El 
gobernador de la plaza, duque de Kent, padre de la actual sobera- 
Bade Inglaterra, tuvo la galantería de invitar á Gastafios á que co- 
mo general revistase las tropas de la guarnición. Gastafios aceptó el 
convite, y concurríendo á caballo vestido de galaá la plaza de Gi- 
braltar, revistó aquellos regimientos, uso de los cuales estaba manda- 
do por el príncipe como simple coronel. «General, le dijo el duque, 
^u{ mandáis como si estuvierais en medio de vuestro ejército. » aEs- 
^ bien, contestó Gastafios con gravedad fingida; podrían desfilar to- 
dos por la pnerla de tierra para que mis soldados entrasen á tomar 
posesión de la plaza. » Aquella inesperada y oportuna respuesta pro- 
yet& la hilaridad del príncipe y de los jefes, y trascendiendo á la po- 
blación fué justamente aplaudida. 

La escasez de recursos que tan altamente proclamó siempre 
la honradez innata del general Gastafios, se acreció por tos aQos 

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SOi CASTAÑOS. 

próximos á 18S0, caando sobre los pasados atrasos sufrió la reduc- 
cioD de su sueldo á cuarenta mil reales. Yióse entonces redaddo á 
hablar una casa harto modesta en Madrid, sin despedir á niogono 
de sus domésticos, y la infanta dofia María Luéa Carlota, apreciado- 
ra de sus virtudes, envió al general de un modo secreto y delicado 
la suma de treinta mil reales. 

Se cuenta de él que coando entró en Sevilla después déla inmor- 
tal batalla do Bailen, salió á recibirle una inmensa multitud que le 
aclamaba con entusiasmo meridional. En aquellos momentos de jú- 
bilo universal, notando uno de los amigos del general, que este, le- 
jos de participar de aquel ardiente r^ocijo, se hallaba triste y me- 
ditabundo, se acercó á él y le dijo : «Mi general, ¿cómo está asled 
tan pensativo, cuando todo el mundo se exhala en vítores y acla- 
maciones hacía su libertador?» A lo que contestó Castalios con tan- 
ta gracia como verdad : «Estoy en el Domingo de Ranos, y me 
acuerdo de mi Viernes Santo.» Én efecto, su Viernes Santo llegó 
con la funesta batalla de lúdela. 

El duque de Bailen habia nacido accidentalmente en Madrid, pe- 
ro su patria adoptiva era Barcelona, en donde fué educado dñde 
su Dihez. Su padre, cuyo retrato existe en el salón de juntas de la 
antigua escuela de nobles artes, era intendnite general del ejército 
y marina, y al propio tiempo administrador del real patrimonio. El 
fué el primer presidente de la real Junta de comercio de Barcelona, 
y durante su administración se edificóla casa Lonja y se establecie- 
ron las escuetas gratuitas, que aun existen en el dia, y que hw 
producido desde entonces tan distinguido número de alumnos. 

Barcelona recuerda con gusto la época de su mando como ca- 
pitán general. CestaDos ba sido el general que aqui ha dejado mas 
gratos recuerdos. ¿Quién ha olvidado en Barcelona aquellos tiem- 
pos en que el general CastaGos fomentaba toda clase de empre- 
sas que pudiesen ser beneficiosas pata sus habitantes, cuando, 
asi las encumbradas estancias de las mas ilustres familias, como el 
Hias modesto taller de nuestros menestrales, eran objeto de su par- 
ticular predilección, y penetraba con la misma bondad, asi en la 
casa de un grande de EspaDa, como en la tienda de un honrado za- 
patero con el cual departía, y á quien no se avergonzaba de Ilunar 
su amigo? 

Así es que, cuando se trató de abrir la calle de la Princesa, con- 
forme en su lugar veremos, el Ayuntamiento constitucional de Ba^ 

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ñlMti CMMibió el 't<royecte de leTaotar en «Da m muumento que 
legara 4 la posteridad d recuerdo del oariOa que los barcelooese» 
])re<Mak«i á sa aatiguo eapitaii general. Can este «t^ «1 muñi- 
dlo Inroelmés le dirigió, por otuduclo de sa presidente, el si- 
gtiieileoScio, {adiado i 16 de jalio de 18SS: 

«Exona. Sr. — Los indeleMes recurdos que la ciudad de Bar«e- 
loia conserva bicie su ioslmdo y antigua Capitán general, por la 
bcaéSoa iafliienoia que ejeroió durante su uaada patenial, y por 
las mejoras urbanas que pronovió y llevó á cabo, na podían que- 
dar encerrados en los pechos de los barceloneses sin que se les die- 
ra un car&úter de póblica gratitud. 

■>A este Sa, paes, el Ayunlamiaalo, fiel intérprete de los senti- 
mienlos de sus representados, acordó por unanimidad á propuesta 
de su Presidente en la sesión del 13, que se erija un monumento 
dedicado i perpetuar la grata memoria del Excmo. Sr. Duque de 
Bailen en Barcelona. 

»Lo qañ tiene el honor de participar á Y. E., esperando que esta 
resohicioii merecerá la aceptación de V. £., participándole al mis- 
mo tiempo que se han mandado hacer los diselos y planos para la 
«iecncion de la obm. — Dios etc. — El Alcalde corregidor, Saatiago 
Uis Dupuy.» 

El ilustre Duque con fecha de 31 del propio mea, contestó al Ex- 
celentísimo Ayuntamiento que aceptaba con viva emoción «la es- 
pontánea muestra de gratitud que quería tributársele,» manifestan- 
do, son sus mismas palabras, que en los pocosanos que le queda- 
ban de vida, no omiliria medio compatible con sus deseos para em- 
plearlos en objetos de gloria y utilidad para Barcelona. 

En sa escrito, el anciano general se complacía en enumerar loa 
cargos que ejerciera su seDor padre en la capital del Principado; y 
próximo á descender al sepulcro, se oomplacia también en enumerar 
les primeros pasos de su juventud. Recordaba con júbilo que había 
sido uno de los primeros disc^ubs de la academia de náutica de don 
SiaibaMo Mas, y que aoaqie ya militar en aquella época — empezó 
sa carrera nombrado espitan en 31 de julio de 1768, — bacía siu 
eslodiee en la Academia militar de ingenieros qoe estaba establecida 
« San Agaatin el víqjo y .por la ju)che en las escaelas públicas de 
dibujo abiertas recientemente en la easa Loqja. 

Recardaba tamhien quecaandoenl816 se le concedió la opita- 
aia general <te Catalob, teniendo presentes loa proyectos concehi- 
ToMo I. n 

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. tOI CATALVffi. 

dos por sn adorado padre, logró llevarácabo la grandioM olnmde 
la GODstruccíoD de nuestro muelle, y elogiaba «1 celo de los coiuer- 
ciantes catalanes que le secundaroa en tan colosal empresa, mvir- 
tiéodose, dice, muchos milloues de reales en la realbcaoJOD de una 
obra que será objeto constante de admiración, patentizando & loa 
tiempos venideros los esfuerzos de que son ornees hs catalanes. 

CastaDos bajó el sepulcro ea Madrid el S4 de setiembre de 1852, 
y en Barcdona, por orden y cuenta del muniupio, se le hicíeroD 
unos solemnes y magni&cos funerales. 



CATAUrftA (pton 4»). 

K la salida de la Rambla^ antes que esta enlace con su prolon- 
gación, y antes de penetrar en el paseo de Gracia, eüste hoy ana 
vasta estension de terreno que el público ha dado en llamar pkaa 
y que las gacetillas de los periódicos y el vulgo han bautizado con 
el nombre de pUaa de Cataluña. 

En el plano aprobado del ingeniero don Ildefonso Cerda no existe 
semejante plaza, pero una y otra vez, con insistencia y tenacidad, 
ha pedido la prensa periódica que se establezca ana plaza en aquel 
sitio, que era doade el plano del arquitecto don Ildefonso Rovira 
colocaba el llamado Foro de Isabel ¡I, \a gran necesidad de esta 
plaza, han dicho los periódicos, la reconocen el buen sentido de )a 
población y cuantos informes se han emitido en el espediente que 
se ha formado acerca del particular, sin por esto querer prejuzgar 
la cuestión de la propiedad del terreno, pues que para esto existen 
las leyes de espropiacion y de ensanche, y á las autoridades corres- 
ponde dar á cada uno lo que es suyo. 

Según parece, el Ayuntamiento constitucional atendió á los cla- 
mores de la prensa y de los particulares que abogaban para que no 
se privara á Barcelona de los tan necesarios sitios de espar«miento 
y comunicación que necesita, y al efecto acordó establecer una 
plaza en el sitio de que hablamos pasando á plantar árboles en ella 
y á trazar el dibujo de un Jardin en sucoitro, pero inmediatamente 
se tropezó con obstáculos que debían haber sido previstos. La pro* 
piedad y posesión del terreno de aquel sitio pertenece á vu'ios par- 
ticulares, que hablan sido puestos en posesión por los tribunales de 
esta capital, confirtnada en juicio contradictorio por sentencia 



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CATEDRAL. SOI 

de S. E. el Tríbaoal Supremo de Jostieía, inserta en la Gaceta de 1 .* 
do diderobre de 186i. Habiendo el Excmo. AyuDlamiento, según 
se diee, sin la debida aotoñzacioa quitado los mojones qae halnaa 
ado colocados por órdeo del jaez de prímera Instancia y plantado 
alH árboles, se acudió al seDor gobernador civil, quien ha dis- 
puesto que se restablezcan los mojones, y que sí el Ayantamiento 
quiere hacer una plaza, forme el oportuno espediente de utilidad, 
proponiendo los medios de espropiacioo. 

En tal estado se halla este asunto al ver la luz pública esta obra. 
Todo induce & creer que acabará este sitio por ser la phm de 
Caíakña que se reclama, y eo este caso será una grande , vasta y 
espaciosísima plaza, á la cual irán á desembocar con el tiempo las 
calles de FoaUmella, Pelayo, Vergara, Boada, Rfmbk y pmeo d» 
Gracia. 



Es llamada vulgarmente píaxa de ¡a <Sni, y se halla situada de- 
kmtede la puerta mayor de la santa iglesia catedral, desembo- 
eudo eo ella las calles de Sania Lucía, C<irribia, condes de 3arce~ 
¡8iia y la bajada de la Cononja. 

La catedral es uno de los monumentos mas notables que existen 
a Barcelona, y se han hedió de ella njauciosaa é importantes des- 
cripcioDes que nos relevao de hacerla nosotros con estension. 

Parece que existia ya en los primeros siglos de la Iglena, tal 
vez también con el nombre de Sania Cruz que ha conservado, aun- 
que después de trasladadas á ella las reliquias de santa Eulalia 
desde el sitio en que se encontraron y que en el día ocupa la igle- 
sia de Santa Haria del Mar, se llamó de Santa Cruz y Sania Eula- 
Ua. Fué reedificada por don Ramón, Berenguer I llamado el víqo y 
BQ esposa la condesa doDa Átmodis, cayos restos se conservan eo 
dos urnas al lado de la puerta de la sacristía. Fué consagrada 
eo 1058, y h fines del siglo XIII hubo de ensancharse por no cor- 
responder su capacidad á la grandeza y número de habitantes á quo 
k ctadad había llegado con los progresos del comercio y residencia 
de los reyes de Aragón y de los magnates y nobles de la proviooia. 

Empezó so f&bríoa en 1298 según el estilo gótico que k princi- 
pioB de aquel siglo se introdujo: la parte del testero hasta el cora 

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109 CUIDBU» 

y «Ig» aw füM evieliiida ea 13!9, y e& 13SS U aqtilla sahtei- 
!Dera ú cuerpo de aaote Eulalia, ))&- 
Al aDD agnieole 1329 se coloearoB 
] la santa mfirtir, cuya tiaslacioa se 
ue acaso no se haya visto mayor sn 
or la coocurreneia de tantos y tan ele- 
B se contaban dos reyes (el de Aragón 
y el de Mallorca don Jaime), 1res rei- 
nas, (dofia Elisenda viuda del rey don Jaime U, doBa María esposa 
del do Aragón y doAa Constanza esposa del de Mallorca), cuatro 
prÍMÍpes, dos princesas, un cardenal, siete obispos, doce afodes 
ttitrados é íofiñidad de magnates, nobles, ' ciudadanos, eoíesiásti- 
ese, ele. 

(kimpónese el templo de tres naves, coya armaion sostieMn 
ocho pilares y los diez del ábside. En mitad del santuario se ve el 
eoro ; frente de este el presbiterio, y debajo del presbiterio la ca- 
pilla de Santa Eulali*, todo A enal nao lieit» y delicado. 

El conjunto de la capilla de Santa Eulalia, que está debajo del 
presbiterio y A la onal se asciende por una escalinata, es muy pa- 
recido al del sepnkro de los santos ap<istoles San Pedro y Sao Pa- 
blo de Roma. El coro, gae se halla en el centro de la nave mayor, 
es digno do admirarse por la incalculable profusión de filigranas, 
tguras y otros adornos que cubren sos paredes, llamando parlicu- 
larmenle la atención el primor de la sillería. En los respaldos de 
los silloMs estAn delicadaaMote pintados los escudos de aims de 
las caballeros que asistieron al primer y único capitulo general ce- 
lebrado en EspaBa de U orden del Toisón de oro, el caal presidid 
«IH el emperador Carlos V el S de marzo de 1519. 

U majestad del interior de nuestra catedral está realzada por la 
belleza artística de algunas capillas, por las delicadas labores del 
pulpito y por los primorosos detalles qae fijan en todas partes la 
atención del curioso. Entre las mochas capillas que se encuentran 
ea las tres naves, son dignas de observarse, la fachada de mármol 
de la del tnsooro, y la de San Olaguer ó Olegario, grande y espa- 
eiosa, donde se ve el sepulcro del santo, que es obra notable. 

Es también bellfsifflo el claustro de este célebre templo. Lo ro- 
dean una serie de esbeltas columnitas que cootieoeD ojivas precio- 
sas , las cuales vienen á rematar en bien labrados capiteles , ador- 
■ados de oeoteoares d« Igurilas que forman diversos y variados 

DiBiiizcdb, Google 



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iN:';;ranH de iJi catehiai, con su ducoiímíon fj. m iis ios 

PDMSLBS DE MARTINÍ7, DE LA BQSA 



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UTirau. 109 

oudnn hñtórícos del Antiguo y Nuevo Teslamenlo. Al rededor del 
claisiro hay Tanas capillas , algunas de las cuales oslentan anti- 
qnisimos retablos y cnadros de mérito. 

La catedral es rica en sepulcros , distribuidos entre su claustro 
y eapUlas. A mas de los de Santa Eulalia y San Olaguer y los del 
conde de Barcelona D. Ramón Berengner y su esposa Aliüdis , ya 
diados , hay otros maobM de peraoiajes célebres. 

En la capilla de San Higue) el del obispo Berengner de Falou, 
hoake activo y resucito , caritativo prelado y esforzado, caballero, 
fie asi empalUba el bitculo oomo rnaaejalsa la espada, y c^uS' toioi 
parte en varias eampalas de D. ¡m»e ti cmfuitlaétr, & quien sirT 
vio con sus consejos , con su pluma y con su brazo. Berengner de 
Palou se distinguió particularmente en el sitio de PeBiscola, k don- 
de acudió con sesenta cabalkns y nneba gente de á pié, en la 
conquista de Hallorea , en la cual tomé parle al frente de ciento 
tKiata caMIaroa , y «n la d» Bnrritaa y Valencia , donde cs|nva 
«n» «^lilw> de esoogidaa «Hnpaliias. . 

En la capilla del Patrocinio el del obispo Fons i Fonce de Gnal- 
ta, qae muríóen 133i. < 

E( la capilü de los Inocentes el del obispo Bamon Escalas, et 
otra capiUa el 4e doU Sancha Jiménez de Cabrera , setom de Ro- 
wllca , y M al claRstro el del «wénigo FranoiMO Deiplá y el del 
bmom bnfon liosw Bon*. 

Esparcidos por las capillas biiy lieuos , A'escos y pintaras 4« 
Viladonat , Juncosa , TiamuUas , hermanos , y oln« artistas cé- 
lebres. 

Guarda tambicD esto templo machas joyas de gran valor y di«ei>' 
■as precioaidades, entre otras la imagen de Cristo que don Juan d« 
Austria llevaba en h proa de su ^era capitana el dia de la bolaJIa 
de Lepaste, y la tilla i Inwo de plata de D. Martin el kmaiK (t). 

Un «pulento banquero de nuestra ciudad, autorizado por el go- 
bierno , ha costeado los estudies que para la completa termioacioa 
de nuestra catedral ha hecho coa maestría suma el conocido arqui- 
Jecto D. José Oriol Hestres. 

U) La llmlu qa« dmoi repi«MiiUiHlDelliitaHoTdeUieaMdnleiUMc*d*daaiMftiWgrana 
qu Bl«Ddd bacer el Bicmo. Ayunumlenlo conatiluclonal con la víala d«l lAmalo que m levaold e) 
dk qna con loda aii k iiiiildad y pampa, y poi oaenta del manlolplo. ae eelebraroD oaaa qraitdee 
fOnantlee paia aufraglodel alma del célebre pobllclata y bombre de ealado D. Fraaclaco HaHInez de 
la boaa. Uwae aala ruaclon Kllgloaa por haJMr maario al Sr. Haniaei de la Koaa ateoda prealdeaia 
dala. Cene*. SaudrooBe muy pecaa coplas de la laiesrafla altada, y de oaa de ellas se be lomado l« 
M i lal qae aeo m yana edlaa Itdeaa. 



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219 CBHENTBBIO. — CBHDU. 



Está 60 la Barcelooela, y ha tomado este nombre del cementerio 
general en cuya dirección está trazada. 

Este cementerio, que sirve boy para Barcelona, la Barcelooeta y 
Gracia, dala de 1819 , y á mas de un seocillo monumento qne se 
eleva en el centro, dedicado á las victimas que en 1821 arrebató la 
fiebre amarilla, contiene bellísimos panteones, notables algunos pw 
su ríqaeza y »us primores artísticos. 



CEflrBBA [«MtUti «• 1»). 

Antiguamente se llamaba deis Cans , y tiene su entrada por la 
calle de ^0» Aniomo Abad^ y su salida por la Riera aita den 
Prim. 

En esta calle ó en sus inmediaciones poseia en 1594 od grande 
huerto y una casita de recreo, el opulento banquero barcelonés 
Joan Antonio Morell, y en dicha posesión dio á luz su esposa el 16 
de febrero del citado aDo una oifla robusta y agraciada , á la caal 
se puso por nombre Juliana. Esta niDa estaba destinada & ser con 
el tiempo el orgullo de sus padres, la gloria de su patria y el asom- 
bro de su siglo. 

Guando Juliana Horell no tenia mas que ocho aDos, su padre 
sofrió grandes quebrantos en sus intereses , y se vio obligado á 
emigrar por habérsele sospechado cómplice en cierto- crimen. A 
aquella «Jad Juliana manifestaba ya su precoz talento, pues poseía 
con rara perfección las lenguas latina ; griega y hebrea que le ha- 
bian ensecado los profesores de la Universidad de Barcelona. Es- 
críbia y hablaba correctamente en estas lenguas como en la suya 
propia. 

Juan Antonio Morell fijó su domicilio en Lion, y alli se vio á I» 
niOa Juliana, á la edad de doce alios, defender en pública palestra 
conclusiones ó tesis de dialéctica y ética, con admiración y aplauso 
universal. Fué esto en 1602 , y las conclusiones fueron dedicadas 
por la joven doctora á la reina de EspaDa, Haría de Austria. 

Este acto literarío y sorprendente por todas sus circunstíuiciBs 



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CBNDBA. SU 

IlaBiJ poderosamente la ateDcion é inaoguró eo Juliana una era 
deslumbrante de gloria , hadendo so fama europea. Era en efecto 
para sorprender el portento de una níDa de doce aDos , defendiendo 
conclasiones de filosofíb en público y sosteniendo en latín y en grie- 
go animada disensión con los doctores y los sabios de su tiempo. 
Jamás ó náuy pocas veces al menos se había visto uda niña enri- 
qnecida de tanto saber. Juliana se perfeccionó en las lenguas lati- 
na, hebrea, gríega y siriaca, se dedicó ¿ la dialéctica y la filosofía, 
cursó la física y la metafísica , estudió el derecho dvil y el canóni- 
co, y llegó á dominar la ciencia tal como se bailaba en su época. 
Al mismo tiempo era una consumada profesora de música, y pulsa- 
ba con diestra y delicada mano el órgano y «I arpa. 

De Lion Juliana Horell , siguiendo á su padre, pasó presidir en 
AviDon, y allí, m agosto de 1608, dio otra prueba evidente de su 
estraordinario talento y erudición maravillosa en el palacio pontifi- 
co del vicelegado, recibiendo el grado doctoral á presencia de la 
primera condesa de Provenza, del vicelegado y de los doctos y es- 
clarecidos varones alli para el caso congregados, respondiendo á to- 
dos cuantos le preguntaron con gran satisfacción y aplauso de aquel 
sabio y numeroso concurso universitario. . 

Aquel mismo aDo, el 15 de setiembre de 1608, pocos días des- 
pués de su espléndido triunfo en el palacio de los papas, Julianase 
despedía del mundo entrando en el monasterio de monjas dominica- 
nas de santa Práxedes de AvíDon, donde estuvo un aDo eu clase de 
probanda, vistiendo el hábito á8 de junio de 1609 y pronunciando 
sus votos á SO de junio de 1610. Pasados tres aSos fué elegida 
priora, y volvió á serlo dos veces mas. Treinta aDos permaneció en- 
cerrada en aquel claustro obteniendo este y otros cargos, y murió 
llorada de todos el 26 de junio de 1653. 

Tales son los datos que de esta mujer singular nos ha sido fácil 
recoger. Lástima grande de que no se posean mas, y lástima tam- 
bién que Juliana Horell fuese á sepultar su juventud, su talento y 
su belleza en la soledad ascética de un claustro, abandonando el 
aiglo en donde sin dispota hubiera brillado y prestado mayores ser- 
vicios á las cienciasj á las leU'as. 

Dejó escritas varias obras, entre ellas la oración reatada de- 
lante Paulo V y un tintado de la vida espiritual de sfm Vicente 
Ferrer. 

Gnedes elogios se han tributado por eruditos autores á -Juliana 

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tlt CER&..''-CfllU>EÑÁ. 

Mor^l á quiea Hama Jq«& Claudio mtkgro 4e tu moo^ f 4 qúefl 
Lope de Vega dedica «o sa Latirel ^ Apolo ka siguieates versos: 

}0 JatiaM Mordí, ó grao constanoa!... 
Las gracias y las masas diez pudiera 
qM por Gafo Ántípatro, 
decir aqvdla hipérbole que fuera 
mas ajustada & un áigel, pues lo ^a sido 
la qie tedas ks ciencias ha leído 
públioanente en c&ledras y escuelas 
o«D que ya las Cuateras y Marcelas 
pierdan h faina, y á la fresfe bermosa 
rittdan ra paz la rama victoriosa , 
qne ea tus sieaes beroicas y divinas 
las del laarel sod hc^ civifotas, 
bacténdolas «Q toda competeDcia 
ventaja tas virtudes y ta deacia. 



CE)áA(Mlle'del*). 

Una calle sin historia nioguDa, que baya llegado al menos 4 
nuestra noticia, la cual sale al campo, comunicando con el ensan- 
che, teniendo su entrada en la del Hospital. 



Est4 en el ensanche. Ir4 'desde la calle 4e VtUena, atravesando 
lo que hoy es cindadela, hasta la de Córcega, cruzada por las de 
RoseUon, Provenza, Mallorca, Valencia, Aragón, Conato de Cien-' 
to. Diputación, Cortes, Caspe, Ausias March, AU-Bey, VOsnova, 
Pallas, Pujades, LuÜ, Manso y Gualdrás. 

Dióse semejan tenombre 4 esta calle <en recuerdo de babef partos 
necido la GerdeDa 4 la Corona de Aragón. Galalofia coenta en sos 
anales no pocas jornadas de gloria y no pocos hechos de armas lie* 
vados á cabo en dicha iria por sus hijos. 

El papa hizo donación de la isla de GerdeDa y dio la investidnA 
6 Jaime el justo, y decidida luego 1« conquista de este reino en Cor- 



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CBR VELLO. 213 

tes celebradas en Gerooa, salió para él al frente de crecida hueste y 
coQ grande armada el príncipe doo Alfonso. Después de muchas ba- 
tallas se podo asegurar la conquista , pwo ¿ cada paso había en 
CerdeOa disturbios y revueltas, y muchos príncipes y reyes de la 
Corona de Aragón hubieron de pasar en persona á la i^a para sofo- 
car los movimientos revoincionaríos á que sin cesar se entregaban 
SDS turbulentos habitantes, deseosos de sacudir el yugo. CataluDa, 
y muy principalmente Barcelona , hicieron grandes sacrificios y 
glandes esfuerzos para sostener fa posesión de Cerdelia en poder de 
sos condes-reyes, derramando para ello mucho oro y mucha 
sangre. 



CKWVBMjO (eulto «en). 

Cruza desde la del Bospüal á la del Carmen, y tomó su nombre 
de la célebre famiha de Gervelló, que figura mucho y es citada á 
cada paso en nuestras antiguas crónicas. 

Citaremos, como recuerdo de las glorías de esta casa, algunosde 
sos mas ilustres personajes. 

Garan, Garau ó Gtdceran de Cervelló fué el fundador de esta casa 
y uno de los nueve varones de la fama que comenzaron bríllante- 
mMite la reconquista de CatiduDa. 

Gnillermo de Cervelló acompasó al conde de Barcelona Ramón 
BereDguer IV á la conquista de Almería, y tomó gloriosamente parte 
en aquellas jornadas, distinguiéndose entre los primeros. 

En 1331 otro Guillermo de Cervelló, esforzado capitán y famoso 
marino, mandaba una armada qne taló las costas de Genova, pre- 
sentándose osadamente ante la misma ciudad j bloqueando su puer- 
to. Triunfante Guillermo de Cervelló, después de su afortunada ex- 
pedición, se dirigió con su armada llena de despojos hacia las islas 
de Córcega y CerdeDa , desde donde interceptó la navegación y su 
principal tráfico al genovés. Por los alios de 1347 era este capitán 
virey y gobernador de Cerdefia en ocasión én que efectuaron un le- 
vantamiento aquellos habitantes presentándole batalla. Perdióla des- 
graciadamente Guillermo de Cervelló, teniendo á mas el desconsue- 
lo de ver como perecían en el campo sus dos hijos, y hasta él mis- 
nw murió al efectuar su retirada, sucumbiendo á las fatigas y & la 
sed. 

Tomo I. * 48 

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2ti CRBVANTBS. 

Gabriel de Cervelló fué en 1571 otro de los héroes de la renom- 
brada batalla de Lepaoto. Era geoeral de artilleria, y distíogaidse 
bravameDle eo aquella joniada; pero su grande gloría y su faon 
iumortal debía adquirirlas en elaDo 1574. Se hallaba de goberna- 
dor ea la ciudad de Túnez, de la cual se había apodemdo don Joan 
de Austria el aDo anterior, cuando, á la vista )je los graddes fuerzas 
que preparaban los turcos para reconquistar la ciudad , recibió la 
orden de abandonar la plaza y retirarse k la ciudadela de ia Goleta. 
Al bravo general le pareció la orden extemporénea y se negó á cum- 
plirla, diciendo que jamás se había retirado teniendo al enemigo de- 
lante. Dispúsose pues á mantener la ciudad de Túnez, lo cual hizo 
con grande heroísmo y con admirable esfuerzo, hasta quedar redu- 
cida toda la fuerza que mandaba á solos treinta liombres. El héroe 
de Túnez y sus treinta bravos compafieros fueron reducidos al cau- 
tiverio por los turcos, y se cree que el bizarro general Cervelló ma- 
nó arrastrando cadenas eo una mazmorra de Coostaotinopla. 

Otros muchos héroes y capitanes famosos cuenta esta familia, y 
apenas se hallará una grande gloria de Catalufia á la qne no vaya 
unido el nombre de algún Cervelló. ' . 

Cuenta también entre sus celebridades á una saeta. Haría de Cer^ 
vello nació en Barcelona el aOo 1S30 y se distinguió desde niOa por 
su inmensa carídad. Entró en la religión de la Merced y murió el 
afio 1290 en olor de santidad. Fué canonizada en 1693, celebrán- 
dose con este motivo grandes festejos en Barcelona, y desde enton- 
ces es venerada en los altares como santa Mwria del Socos ó del So- 
corro de Cervelló. 

Existe una genealogía de esta familia, escrita y publicada en 1733 
por el podre Fr. Mariano Ribera, cronista de la órdendelaHoreed. 



CWMLTAXTE» (««lie «e). 

Es moderna y data de muy pocos afios. Cruza desde la calle de 
los Gigantes á la plaza de la Verónica. 

Diósele este nombre como un tributo prestado al |HÍncípe de los 
ingenios españoles, al inmortal autor del Quiote, quien hablando de 
nuestra ciudad en su célebre obra, dice que Barcelona es «archivode 
la cortesía, albergue de los extranjeros, hospital de los pobres, pa- 
tria de los valientes, venganza de \9& ofendidos y correspondenma 



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GIO. — CUGOS. 215 

grata de firmes amistades, y en sitio y en belleza óDica.» 

Vive ea esta calle don Alvaro Campaner y Fuertes, quien posee 
00 rico monetario compuesto de las series que tieoeD relación cod 
la historia de Espa&a, siendo notable entre ellas la colección de los 
reyes de Mallorca. Posee además este seDor una abundante serie si- 
gUográfiea. 



CIB (MkUe «el). 

Comienza en la del Mediodía y sale al campo. 

No bay quedecir porqué se le puso este nombre. El Gid Rodrigo 
IMai de Vivar es uno de los nombres que gozan de mas populari- 
dad. Es la gran figura caballeresca de la liistoria de EspaSa. Se in- 
voca aun su nombre y se invocaríi siempre por los caudillos mili- 
iares en los campos de batalla para *alentar las huestes, y su re- 
cuerdo ha inspirado á los poetas y á los literatos de todos los países 
grandes obras destinMas éi vivir eternamente. 

A mas, hay para nitros los catalanes una circunstancia espe- 
did que nos obliga á prestarle este recuerdo. El Cid estuvo en Bar- 
celona durante una época de su vida, y si circunstancias especiales 
le obligaron á sostener una luctia porfiada con uno de nuestros con- 
des barceloneses, del cual fué vencedor, su hija se casó con otro de 
nuestros condes, don Ramón Berenguerlil, y este le ayudó á llevar 
á cabo su famosa conquista de Valencia. 



CIB««S («ttUe j pteBoftla «e 1m). 

Va de la calle de la Boqueria á la plaza del BeaU> Oriol y no ofre- 
ce nada de particular. 

Otra calle existe también con el nombre de hs ciegos de San Cu- 
etifaíe, llamada así por estar junto á dicha iglesia, la cual tiene su 
entrada en la de Carders y su salida en la de Assahonadors. Antes 
se llamaba esta calle deis Pergaminers por habitar en ella los que 
adobaban y arreglaban el pergamino, del cual es sabido que en 
otros tiempos se hacia mucho mas uso que ahora. 

Jerónimo Pojados cuenta en su Crónica (lib. IV, cap. LXXXV) 
que el aüo 160S vio en esta calle, delante del cementerio de San 



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216 OBESA- —asm . — ciddad . 

Gucurate, «udos grandes subterráneos y cuevas debajo de bóveda 
gorda donde era fama que había estado preso sao Cuoufete,» cuan- 
do por orden de Maximiano fué sepultado en un calabozo del cual 
salió solo para sufrir el martirio. Esto indicaría que en el sitio á que 
se refiere Pujades existió sin duda en tiempo de los romanos alguna 
fortaleza, de la cual serian restos las bóvedas visitadas por nuestro 
cronista. 



CIBE RA (oíaie de ■•) . 

Es la que une la de Flassaderg con la de la Ceca. 

Antiguamente se llamaba de la Clasquerusa, es decir de la cas- 
cara ó de la cascarita. Tan to este nombre como údekt Cereza, que 
hoy lleva, tendrán sin duda su origen en esas denominaciones vul- 
gares que, sin saber cómo ni por qué, se dan generalmente á cier- 
tas calles. 

También podría ser que fuese una corrupela del apellido Zaci- 
rera que es el de una familia, citada mu^^ veces por sos nobles 
varooesen nuestros anales. Quizá para peqfetuar el nombre detesta 
ilustre imilla se le poso el de calle de Zmrera, y el vulgo lo cor- 
rompió y convirtió en el de h ctrera. 



VWSN1& (MOle del). 

Tiene su entrada por la calle del Tigre y sale al campo, sin que 
de su nombre se pueda decir otra cosa sino que se le puso del Citne 
como se puso el del Ciervo y el del Tigre á las dos inmediatas. 



CIUDAD (MkUe del»). 

Es la que enlaza la plaza de la Coneíüudon 6 de San Jaime con 
la del Regomir. 

Al entrar en esta calle por la plaza de la Constitución, á la iz- 
quierda, se baila la Cma de los comunes depósitos. 

La Tabla ó Banco de cambio y depósitos comunes fué insUtaidopor 
el municipio barcelonés en el aDo 1401, siendo el prímer estableei- 



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CWDAD. til 

miente de esta nataraleza que se fundó en Europa. Llam&basele tuI- 
garmeote Tauh de cambi, y levantóse espresameote paura él un edifi- 
cio, enfrente de M Casa de la ciudad, en el sitio mismo que ocupa 
hoy el actual, reconstruido hace pocos aOos. Fué instituido este 
Banco pura que los particulares colocasen en él las sumas que qui- 
siesen á beneficio del tanto por ciento, estando asegurado con el 
crédito y las rentas públicas de la ciudad. Dividíase en dos ramos 
distiatofi relativos á sos dos objetos principales: el Banco mercantil 
y el Depósito de caudales de los particulares. 

Las expediciones del Banco fueron en otro tiempo de mucha con- 
sideración. Era regido por comerciantes, y sus oficios de admíois- 
tradores, tenedores de libros y otros, los elegia y tenia dotados la 
dudad de su erario propio. 

Por privilegio de don Juan H de \ragon, fechado en Pedralbes 
á 16 de octubre de 1472, la Tabla se llamaba per este prindpe, 
«insigne, célebre y útilísima.» En las nuevas ordenanzas de li de 
enero de 1723, hechas por la Audiencia, así esta, como el capitán 
general, la calificaron con las espresiones de «buena fé, crédito, 
seguridad y utilidad.» Pero la mayor apología de ella y de sus ad- 
miradores, como dice el Excmo. seDor don Pascual Madoz, es el 
suceso del aQe 1757 en que se abrió la visita publicando un bando 
piu^que cualquiera pudiese dar quejado los administradores que lo 
habían sido desde el aOo de 17iS, y que se tendría secreta la acu- 
sación, poniéndola en usa cajita que á este fin se había colocado 
detr&s de la puerta de la casa de la misma Tabla, Sin embargo de 
haber empezado la visita en 21 de enero de 1757, y de haber du- 
rado hasta 31 de mayo de dicho aQo, abriéndose todos los dias di- 
cha caja, cuya llave tenia el sefior ministro visitador, consta por 
formal diligencia diana que se practicaba, que ningún día se en- 
contró papel, memoría ni nota contra la administración de la Tabla 
ni sos oficíales. 

Es de advertir que después de la guerra de sucesión y caída de 
las fibertades catalanas, á principios del siglo pasado, cesó el giro 
del cambio y la circulación mercantil que tenían sos Tondos, que- 
dando como pura Tabla de comunes depósitos. 

Esta Tabla recibe hoy depósitos de caudales de comunidades par- 
ticulares, los custodia y asegura sin premio alguno, en cualquiera 
especie de moneda corneóte, abonándola con las debidas circuns- 
taacias de su valor intrínseco. Por los medios dimanados de sus for- 



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218 OTDAD. 

malidades quedan aBanzadas la verdad y legitimidad de los créditos 
y la confiaan de los particulares. El depósito hecho en rila tiene 
ea Gatalu&a fuerza de legal paga ; y no puede ser secuestrado, em- 
bargado ni detenido pw autoridad alguna, sea cual fuere la perso- 
na á que pertenezca, por ningún moUvo, ni aun por fuoflado pro- 
testo de crimen cometido por su dueQo, y hasta de delito de lesa 
majestad. 

En una pared del patio del actual edificio se empotró la lápida 
que existia en el antiguo ; y enfrente de ella se colocó una nueva 
en castellano, traduclon de la primera, que dice asi : 

aEl Senado de Barcelona en el afio del Nacimiento de Cristo MCCCCl 
estableció con autoridad pública uua Tabla de depósito, en la cual 
se pudiese depositar el dinero de interés asi particular como público, 
y recogerse cómodamente cuando fuere necesario -. en la cual se 
gaarda tanta escrupulosidad, que en la restitución del depósito no es 
Hcito interponer dilamnes ni excusas, sino que se paga prontamen- 
te al que reclama lo suyo ; y á aquel que quiere sacar el depósito, 
como se halla ea mayor apuro, se le restituye primero que se reci- 
iHt el de otro : y lo que parece singular, ni aun el príncipe puede 
confiscar el caudal depositado aqui, aunque sea de un traidor, por 
conservar tan grande <»^ito en utilidad del pueblo y de los extra- 
Dos. El mismo Senado hizo construir á expensas públicas este edi- 
ficio, eofroite de la Coria, en el afio MDLXXIVÍl, y dedicarlo en 
MDLXXXVIU.» 

En este mismo edificio est& la Caja de ahorros, que fué abierta, 
al público el 17 de marzo de 184i. Su objeto es recibir y hacer 
productivas tas economías que las personas laboriosas depositan en 
ella, pasándolas al Monte de piedad á fio de que en su poder pue- 
dan hacerse productivas, abonaudo dicho Monte á la caja anticipa- 
damente el interés del i por 100 y devolviéndola los capitales siem- 
bre que esta lo exija. 

Frente la Casa de los comunes depósitos se halla la finchada an- 
tigua de la Casa de la ciudad ó del Concejo, que es uno de los po- 
cos restos que se cooservan del antiguo edificio. 

Ábrese en esta fachada, que hoy no es mas que uno de los costa- 
dos del edificio, la puerta que era entonces la principal, pues en 
este sitio existia la antigua plaza de la Ciudad. Sobre la puerta, co- 
bijado por un hermoso dosel, se ve un ángel con las alas tendidas 

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C1VÁD8E. 219 

como protegiendo la entrada. Entre el follaje y la abertura de la 
puerta veose diversos adornos, y en el centro el conocido casco de 
D. Jaime el Conquistador. Se abren en la pared misma unas bellas 
ventanas de forma ojival, coa airosas coluwiitas, y en el ángulo 
que forma esquina con la calle se ve una iotágeo de santa Eulalia, 
la cual guardaba armonía con obti que existia enfrente en el otro 
iogulo, antes de ser derribados parte del edificio y la capilla de San 
Jaime para levantar el actual. (Véase lo que se dice al hablar de 
la plaza de la ComíUudon). 

Para salvar en lo posible los preciosos restos de esta fachada, li- 
brándola de una destrucción segura, se mandó construir una verja, k 
la linea de la calle, cerrando con ella el espacio que media hasta 
el antígoo frontis y convirtieodo este espacio en un pequeDo 
jardin. 

Se hallan establecidas en esta calle las escuelas de !a /mía de 
Damas. Esta Junta, considerada como una semw especial de la 
Sociedad económica, tiene por principal objeto fomentar ea las cla- 
ses menestrales el amor á la virtud y al trabajo; para jomarlo ha 
establecido escuelas gratuitas de niSas, en donde se les enseQa las 
labores propias de su sexo, doctrina cristiana, lectura, escritura, 
aritmética y gramática castellana. 

A. anos dos tercios de la altura de la antigua fachada de las Ca- 
sas consistoriales, de que hemos hablado, mirando á la izquierda, 
se ve el resto de un robusto madero carcomido que asoma su ca- 
beza como unos dos palmos. Supónese por el vulgo y por tradición 
que sirvió, un dia de motio popular, para ahorcar á cierto médico 
bglés que durante la guerra llamada del inglés (1805) asistía ea 
los hospitales de esta ciudad, y como llevasen á ellos enfermos de 
ambos países, le pareció advertir al vulgo que apenas curaba nin- 
guno de los espaDoIes, mientras que todos ios ingleses se salva- 
ban. 

CIVADBR («kllv tf »n). 

Enlaza la calle de la Boria con la de Cototurs. 
Dariasele probablemente este nombre en recuerdo de alguna h~ 
milia de este apellido dueBa de terrenos en este sitio. 

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SiO CUBA.— GLAftíS. — OAVEOtlERA. 



CINARA, [ralle «e rauta). 



Hay dos calles de este mismo nombre. La una está en Barcelo- 
na, y es la qae va de lade la Pieéad á la plaza del Rey. La otra se 
halla en la Barceloneta, y es la que eomenzando en la de Sania 
Bárbara va á salir al mar. 



CXABÍS (raUe de) 

Se halla en el ensanche, y empezando en la de Sonda ir¿ & ter- 
minar en la de Córcega, cruzada por las de Caspe, Cortes, Diputa- 
don, ConsffO de Ciento, Aragón, Valencia, Mallorca, Provenxa, y 



El nombre de Pablo Claris ó Glítris, pues unos lo pronuncian 
breve y otros largo, es célebre en nuestra historia, y afortunada- 
mente comienza á ser popular. Hallándose de presidente de la Dipu- 
tación ó General de CalalaQa en 16iO, por ser diputado del Brazo 
eclesiástico, pues era canónigo, se puso al frente de la revolución 
de Cataluña en aqnelta época, siendo uno de los mas entusiastas 
oamptones que tuvo la cansa de las libertades catalanas y el mas 
celoso sostenedor del derecho de la soberanía nacional. 

En otras obras nuestras hemos hablado estensamente de este 
ilustre personaje, y á instancia nuestra puso el excelentísimo Ayun- 
tamiento su nombre á esta calle. 



CIj&VEerEKA. {e»Ue«le I»]. 

Tiene su entrada por la baja de San Pedro y su salida por la de 
FomUar. 

Equivaliendo el nombre catalán de claveguera al castellano cloa- 
ca, se comprende por qué se dio semejante denominación á esta 
calle. Las cloacas son'conocidas de muy antiguo en Barcelona, y bé 
aquí lo que á este propósito dice Pujades en su Crónica ( lib. III, 
cap. XXi), hablando de la época romana y principalmente de los 
Escipiones: 



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CLSnETtTB. iil 

«Resolvieron hermosear (los Escipiones) aquesta ciudad de Bar- 
celona con algo que fuese magnifico y celebrado, á cuyo fio empe- 
zaron por lo mas útil, que fué hacer muchas cloacas, que por en- 
tonces era lo que mas necesitaba. Y dice Garíbay que se hicieron 
en el aSo 210 antes del nacimiento de Cristo nuestro SeQor. Y aun- 
que es cosa sabida lo que pueden ser estas obras, y que son luga- 
FK cóncavos por donde corren las aguas pluviales y las puercas 
hasta fuera de la ciudad, para qne purgada de aquella corrupción 
corra el aire paro y sano, como lo dijo el jurisconsulto Ulpiano, 
debe advertir» que las cloacas son de dos maneras: unas públicas, 
cuyo cuidado corresponde é. la república, y va ¿ ellas toda la in- 
mundicia de las particulares; y otras particulares, que de la casa 
de cada cual corre la inmundicia á las públicas, como lo dice el mis- 
mo Ulpiano. Sabido esto, se entiende que diciendo Beuter y Garibay 
qae los Escipiones hicieron las cloacas de Barcelona, aunque ellos 
n<rdigan cuáles fueron, se ha de entender de las públicas ó clave- 
guerag maestras, cuya reparación costea la república. De aqui se 
deduce la mucha antigüedad que tiene esta policía y limpieza en 
Barcelona, que particularmente en esto excede é. todas las ciudades 
del mundo, lo, cual ha sido continuado en tanta serie de siglos, con 
tanto cuidado, que apenas hay calle que no tenga claveguera óéloa- 
ca, que todo es uno. Yo me persuado que las principales cloacas pú- 
blicas fueron las que se hallan desde la Bocada y Rambla hasta el 
mar; y desde Junqueras á la Biera de San Juan y á laBoria, pudien- 
do ir en cada una de ellas un hombre á caballo, y recogen las aguas 
que bajau de las montanas de Collcerola.» 



Cruza de la calle de San Asiíonw Abad á la de la Cera, y tomó 
el nombre de una capilla consagrada & san Clemente que existia en 
la fachada de una de la primeras casas que allí se edificaron. 

Antiguamente se llamaba del foggar den Amau por estar en ella 
el cementerio de aquella demarcación ó parroquia. 



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tftt 



€*B*I<8 («Ole «•!■). 



Se entra en ella por la calle ÁneAa y va & salir & la de Eicudi- 
llm. 

Códot en calalan es piedra, ó mejor aun, cuito. Por consignien- 
te, esta calle es la de las piedras ó de los cactos. Mqjor bubiera sido 
llamarla de Santa Pau, ya que en ella tenia solares y sn casa prin- 
cipal la familia de Santa Pau, muy conocida en la antigua historia 
de nuestro país por los preclaros varones que la han ilustrado. 

Figura principalmente entre ellos un Pons ó Pooce de Santa Pau, 
de quien es aquí oportuno decir ajgo, recogiendo cuantas noticias 
suyas existen. 

La primera ?ez que con él se tropieza en la historia es en 1345, 
reinando en la Corona de Aragón Pedro el ceremonioso. La Francia 
estaba entonces en lucha abierta con la Inglaterra, y servia al rey 
de este állímo pais el calalan Ponce de Santa Pau bajo las banderas 
inglesas, y tan terriUe azote fué de los franceses, que el rey de 
Francia envió ana embajada i Pedro de Aragón eiceremomoto ma- 
nifestándose dispuesto á. romper con él sus relaciones de paz si con- 
tinuaba Santa F^u sirviendo la causa del monarca inglés. Don Pe- 
dro, con cuyo asentimiento es de presumir que obraba Santa Pan, 
envió entonces á buscar ¿ este, y el aventurero catalán se avino á 
regresar & su patria con su gente, desapareciendo así la causa que 
motivara la demanda del rey de Francia. 

Cuando la famosa guerra de la Union y cuando aquellas terribles 
luchas civiles, que ensaogreataron los campos de Aragón y de Va- 
lencia, Ponce de Santa Pau se puso de parte del rey, y este le con- 
fió el mandóle una hueste para que se opusiera en 1345 á las cor- 
rerlas de Berenguer de Yilaregut y Pedro Zapata, caudillos de la 
Unhn, los cuales, secundados por el infante don Fernando y la rei- 
na viuda doDa Leonor, tenian desde Requena en continua alarma k 
los pueblos inmediatos i Valencia. Pooce de Santa Pau sirvió enton- 
ces con grande lealtad y grande esfuerzo los intereses del rey. 

Agradecido este á sus servicios, le nombró en 1351 general de 
la hueste y armada que se decidió enviar contra los genoveses. El 
rey don Pedro acababa de hacer alianza con los venecianos y grie- 



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CODOLS. 119 

gofl para declararar la guerra á Genova, y, declarada esta, no pen- 
iándose ya sino en los preparativos de llevarla pronta y enérgica- 
mente & cabo, mandóse armar desde luego en los puertos de la 
Corona una escuadra de treinta 6 mas galeras, para cayo apresta 
ofreció la nación catalana cien mil libras, á mas de los buques. 
Este armamento, cuyo general era Fonce de Santa Pan y cuyo con- 
sejo componían cinco prácticos marinos barceloneses, Francisco Fi- 
seslres, Ferrer de Hanresa, Guillermo Horell, Andrés Olivella y 
Andrés Boscá, se biza á la vela desde Barcelona por el mes de s»- 
tiembre de 1351, llevando para el mando de las tres divisioues de 
que constaba á los tres vice-admirantes Bonanat Deecoll, de Cala- 
IgSa, Bernardo Ripoll, de Valencia, y Rodrigo Sant-Marti, de Ma- 
llorca. 

Estas fuerzas navales se juntaron en Sicilia con la escuadra de 
Venecia compuesta de treinta y cuatro galeras y la imperial griega, 
que la componían solo nueve, y desde Mesina se dirigieron k Ne- 
groponto en demanda de la armada genovesa, que constaba de 
sesenta y seis galeras. La batalla se trabó en el mar de Mármara, 
á la vista de Constantinopla, entrando en linea de combate por 
Dueslia parte veinte y cuatro galeras catalanas, las treinta y cuatro 
venecianas y las nueve griegas, que al parecer prestaron mnypoca 
servicio. 

Comenzó la batalla por la tarde del 13 de febrero de 135!, du- 
rando basta el amanecer del dia siguiente, y fué una de las mas 
sefialadas que ba babido en la mar. Aunque los aliados bicieron 
beroicos esfuerzas y lograron desbaratar repetidas veces la escua- 
dra enemiga, el viento y el temporal, que se les declararon contra- 
rios, en un mar estrecbo que nO se esteodia mas allá de tres millas 
de costa á costa, fueron causa de que mucbas de sus galeras fuesen 
á dar al través y de que no pudiesen alcanzar la victoria. Gomo 
suya quisieron contarla los genoveses por babor quedado daefios 
del mar retirándose los aliados; pero en tal caso bubieron de com- 
prarla muy cara, pues murieron siete & ocbo de los suyos por cada 
persona de cuenta que perdieron los catalanes y valencianos; y por 
esto, si bien se bonraroa siempre y gloriaron de haber peleado so- 
los contra tan poderosas fuerzas, el dolor que les causaron tan gra- 
ves pérdidas no les permitió nunca celebrar como solian el triunfo. 
Jorge Stella, bistoriador genovés de aquella época, dice que la no- 
ticia de aquella victoria se recibió como la de una derrota y que 

DiBiiizcdb, Google 



K2Si COLON. 

causó en su patria grao tristeza, no babiéadose visto jamás, 
como era costumbre en otras victorias, celebrarse aniversario por 
semejante triunfo, nipresentar la ofrenda al templo. 

Peleando como bueno murió en la refriega el vicealmirante va- 
lenciano Bernardo Ripoll, y & coDsecuencia de las heridas que reci- 
bieron, tardaron poco en fallecer el almirante veneciano Giustiniani 
y el catalán Ponce de Santa Pau, este último en Gonstantinopla á 
primeros del mes de marzo. Santa Pau se portó auimosamente en la 
batalla, y hasta el último momeuto no abandonó su puesto. Quedóse 
en Constantinopla á restablecer de sus heridas, pero eran tan graves 
^ne murió de sus resallas. Una galera, al mando de Ramón de Sant 
Vicens, se encargó de traer su cadiver & CalalnOa, pero cayó en 
poder de genoveses cuando lacia rumbo para nuestras costas. 

Tales son las noticias que de Ponce ie Santa Pau nos quedan. 



C»I«Iir|(««Ila <e¡. 



Es la que pone en comunicación la plaza Beal con la Rambla de 
Capuchinos ó del Centro. 

Diósele este nombre en memoria de Cristóbal Colon, el descubri- 
dor de América, cuya historia y vicisitudes son bien conocidas para 
que nos detengamos á contarlas. Solo haremos mención de su lle- 
gada k esta capital y de su recibimiento en ella. ' 

Los Reyes católicos se bailaban en Barcelona cuando regresó Co- 
lon de su triunfante y aventurada travesía. El descubridor del nue- 
vo mundo, desembarcado en Palos, si bien hay quien|pretende qae 
desembarcó en la misma Barcelona, se vino por tierra á la capital 
del Principado, siendo recibido entusiastamente por todos los pue- 
blos del tránsito. 

Hé aquí cómo refiere un autor su llegada á nuestra ciudad: 

«Amaneció el.H de abril de 1493, y las calles de Barcelona pre- 
sentaban el animado cuadro de un pueblo que lleno de alborozo 
corría en tropel & ver al famoso personaje que con arrojo singalar 
se había lanzado á mares desconocidos en busca de un país desco- 
nocido también. Mandósele hacer un solemne recibimiento al cual 
salió la corle, y para honrarle mas los monarcas ordenaron poner 
en público su estrado y solio real, donde estaban sentados, y con 



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RECieilEIITO O»! BAGEIi i COUII El BABCÍLONA LOS im 

cAmns 



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coLon. SS5 

ellos el principe prímogéDito don Juan, sd heredero. Entró Gnstó- 
bal Colon acompañado de. multitud de caballeros, y llegado, levan- 
tóse don Fernando, y él hincando la rodilla pidió las manos á los 
reyes, quienes con gran complacencia se las dieron, y mandároole 
levantar y sentarse en una silla á su presencia, distinción muy no- 
toria por ser cosa inusitada en EspaQa. Atentos escacharon la re- 
lación de su viaje y la esperanza qne tenia de descubrir mayores 
tierras, y pasmáronse de oir que los moradores de los paises recien 
descubiertos no tuviesen vestidos, ni hierro, ni vino, ni animal al- 
guno mayorqae un perro, ni naves grandes sino canoas como ar- 
tesas de una sola pieza, ni conociesen las letras ni la moneda; y 
horrorizáronse de que se devorasen unos á otros y fuesen idólatras. 
Por esto hicieron propósito de desarraigar tan fü>omínable inhuma- 
nidad, y convertiiies á la religión cristiana. Colon les puso de ma- 
nifiesto el oro y lo demás que traia consigo, á cuya vista quedaron 
maravillados ellos y los asistentes, porque todo, excepto el oro, era 
nuevo como la tierra de que procedia. Loaron los papagayos por la 
hermosura y brillantez de su plumaje, unos muy verdes, otros 
moy colorados, otros amarillos con treinta pintas de diverso color, 
y pocos de ellos parecidos á los que de otras partes se traian; gus- 
taron de las butias ó conejos por su pequenez, su color gris, orejas 
y cola de ratón; cataron el ari, especia de los indios, que creyeron 
les quemaba la lengua, las batatas, los gallipavos; y extraQaron 
qne en aquellas regiones no se conociera el trigo. Pero lo que mas 
llamó su atención fueron seis indios, quienes, segnn expresa López 
de Gomara, llevaban zarcillos en las orejas y narices, y no eran 
likocos, ni negros, ni loros, sino como tiricia(b>s ó membrillos 
cochos. 

«Grandemente honraron á Cristóbal Colon los monarcas colmán- 
dole de señaladas mercedes. Confirmáronle el privilegio de la duo- 
décima parte de los derechos reales; expidiéronle otro en esta ciu- 
dad el 28 de mayo de 1Í93, creándole noUe y dándole el título de 
Almirante perpetuo de las Indias para si y sus descendientes por vía 
de mayorazgo; otorgaron el Don á sus hermanos Bartolomé y Die- 
go, aunque entonces no se hallaban en la corte, y al f»imero nom- 
braron Adelantado. Concedieron á Colon las mismas armas de Cas- 
tilla y de León, acuarteladas con otras que nuevamente le seña- 
laron para que significasen sus trabajos y admirable descubri- 
miento, aprobando y confimando de su autoridad real las antiguas 

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ílí COMETA. — COMBBCIO. 

de sa lÍD8je, y formando de todas juntas un hermoso escudo con sa 
timbre y divisa orlado con este mote: 

Por GastUla y por León 
nnevo mando bailó Colon (1). 

C0HETA («rU» «i» i»). 

Es una calle que desde la de la Palma de San Justo va á desem- 
barcar en la plaza del Regomir. 

OOHSBCIO (cilUe del]. 

Formará parte del ensancbe y debe ocupar parte del terreno en 
que hoy se levanta la ciudadda. 

Como esta calle será una de las principales vías que irán á des- 
embocar en la fiarcelooela, se le ha puesto por lo mismo el nombre 
de Comercio. 

Barcelona ha biillado en todos tiempos y se ha hecho célebre por 
su comercio. Remontándonos á la época romana bastará decir que 
los escritores latinos, al hablardel comercio coa EsptUia, citan prio- 
cipalmeote los muchos barcos que salían de Barcelona y Rosas con 
abundantes cargamentos de varios géneros y comestibles , pero en 
especial, por lo qu'e toca á productos catalanes, de trigo, vino, fru- 
tos, aceite, lienzos, lino y otras materias. 

Áofl coando tengamos pocas noticias, es positivo sin embai^qoe 
prosiguió floreciendo el comercio durante las dominaciones goda y 
árabe, y fiabido es que los historiadores de esta última nación, ha- 
blando de la épofia feliz de A.bderramao, dicen que los judíos hacian 
gran comercio con Barcelona, y que á esta ciudad y á la de Cádiz 
acudían los comerciantes á bascar los mas ricos productos. 

Destruido el poder de los árabes, constituyóse Barcelona en un 
cmtro de gobierno propio, y no tardaron entonces en comenzar pa- 
ra ella los dias de su esplendor comercial. Ya en tiempo de los pri- 
meros condes existieron aduanas en Barcelona, y sus réditos debie- 
ron ser cuantiosos, como se deduce de varias aplicaciones que se 
hicieron de una parte de los productos á obras piadosas. En la mis- 

(1) n y AilBoai «IumIoh tniigu y iaodenu.> 



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O0HBBC1O. 90,1 

ma época faé ¡raerto atñ«-to á todas las oacírntes , constando qne 
antes de sn reonion & la Corma de Aragón, era frecuentado por los 
primeros paeblos mercantiles, genoveses y písanos. Por el tratado 
de definición y pacificación conclnido entre los dos hermanos Ramón 
Bereogaer y Bereoguer Ramón condes de Bu-oelona, á 10 de di- 
díembre de 1080, se ve que por aquella época surcaban el mar de 
Barcelona diversas naves qne eran propiedad de mercaderes y per- 
sonas que se entregaban al comercio, y la protección que á estas 
naves se dispensaba, consta en el nsaje Omneg quippe naves, donde 
se ordena que cuantos buques vengan á Barcelona ó marchen de 
ella, estén en paz y tregoa todos los dias y todas las noches , bajo 
la protección del principe de Barcelona, desde el cabo de Creus has- 
ta el puerto de Salou. 

Cuando Benjamín de Tudela visitó nuestraciudad en 1150, diri- 
giéndose á Jernsalen desde Toledo^ escribió en su itinerario estas 
palabras : «Barcelona es ciudad marítima, aunque reducida, muy 
bella y muy hermosa. Es muy frecuentada de negociantes, y aonden 
k ella mercaderes de todos los países, de Grecia, de Pisa, de Geno- 
va, de Sicilia, de Alejandría, de Egipto, de todas partes.» 

En el glorioso reinado de Jaime el congmíador había llegado ya 
Barcelona ¿ tan alto grado de esplendor por su comercio é industria, 
que la ciudad ofreció á dicho príncipe todo el armamento para la 
segunda conquista de Mallorca. Desde 1S66 comenzaron á estable- 
cerse cónsules en las escalas ultramarinas, y para dar una idea de 
la rapidez con que se estendíó su comercio desde el siglo IIV al XVI 
baste decir que los tuvo, con la primitiva de jurisdicción, sobre to- 
dos los súlHlitos del rey de Aragón en los puntos siguientes : Galler, 
Arles, Oristan, Ñapóles, Agrígento, Troppea, Alejandría, Savona, 
Galanía, Berra, Martígues, Famagusta, Palermo, Saoer, Modon, 
Genova, Alguer, Seguí, Marsella, Candía, Mesina, Pisa, Malta, Sae- 
co, Constantinopla , Leucata, Niza, Castellamare, Trápaoi, Sant 
Moxet, Fontcalda, Siracusa, Roma, Ancona, Aigues Hurtes. Mála- 
ga, Gaeta, Almería, Valencia, Frípolí, Alessio, Scio, Liorna, Cep- 
defia, Montpeller, Chipre, Armenia, Florencia, Isola, Sacer, Tosca- 
na, Ragusa, Calabria, Manfredonia, Otranto, Túnez, Sevilla, Bu- 
jía, Aix, AviOon, Damasco, Pera, Venecía, etc. Los cónsules de 
algunos de estos lugares estaban autorizados para elegir sus res- 
pectivos vicecónsules en otras plazas. 
Las calles de Moneada, fiasea, Gign&s, Mercaders, Anohayotras 

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SS8 CONCELLCSES. 

eo qae viTian los comerciantes barcelODeses, presentao aua en e . 
día casas de caatro y cioco siglos de antigüedad, que además de la 
solidez de sns fábricas de sillería, coman en aquellos tiempos , de- 
muestran en la forma y grandiosidad de su construcción, en sns 
portales y ventanas de gusto y adorno gótico, en sus almacenes, 
sótanos, azoteas y miradores almenados, las disposiciones que exi- 
gian el comercio y la opulencia de tos que lo cultivaban . Otros mo- 
numentos todavía existentes nos suministran nuevas pruebas de la 
gnu prosperidad y riqueza que la navegación babia acarreado á 
los barceloneses, principalmente en el siglo XIV, que fué el mas 
floreciente que vieron sus armas y su navegación. El actual templo 
de Santa María del Mar fué empezado en 13S9 á expensas de sus 
feligreses. Las Casas consistoriales se comenzaron en 1369 y se 
concluyeron el propio siglo. El grandioso templo de Santa Haría del 
Pino es obra del mismo, y en fin los mas soberbios edificios públi- 
cos, así civiles como sagrados, son obras de aquella época , lo que 
debe mirarse como otros tantos testimonios de la riqueza y poder 
que correspondía á la empresa de tan suntuosas fábricas, á coya ri- 
queza contribuyó eficazmente la consideración y particular protec- 
ción que le dispensaron los soberanos en todos tiempos , según se 
desprende de innumerables é interesantes privilegios. 

Para completar estos ligerisimos apuntes que se dan aquí sobre 
el comercio de Barcelona , á propósito del cual podrían fácilmente 
escribirse volúmenes, véase lo que se dice al hablar de la calle del 
Consulado. 

COirCB&IARBR {mmUt, <■• Im]. 

Croza desde la de Cambios Nuevos á la Ancha, y diósele este nom- 
bre en memoria y loor de los antiguos concelleres barceloneses. 

Para dar una idea de lo que foeron los concelleres, preferimos 
ceder aquí la palabra k un autor, que por cierto no podrá ser tilda- 
do de sospechoso, el seOor don Pascual Madoz. Hé aquí lo que dice 
este distinguido publicista y eminente hombre de Estado en un ar- 
tículo qve escribió en 1861 para las páginas de un almanaque : 

«LOS CONCEUiERES.— Una pregunta : ¿es libre para mi el te- 
ma de este articuló? Ho : me ha sido impuesto por mi escelente ami- 
go, el señor don Francisco Hontemar. ¿Porjqué? No se me ha dicho; 
pero tal vez lo presuma, tal vez lo adivine. Mi apreciable correli- 

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CONCBILEBBS. 219 

gíouano eoDOce el cariSo qae á GalaloDa teDgó, y ha querido por 
ello, sin dada, que yo escriba en od artfcolo de AÍmanague, eo es- 
te sistema de popalarízar la historia , los esfuerzos de los habitui- 
les de aquel país para aclimatar y sostener de muy antiguo institu- 
ciones verdaderamente constitucionales. Agradezco que este escrito 
haya de referirse, huyendo de la edad contemporánea, & una époea 
lejana, y que precisamente deba escribir sobre noa institución, que 
ya puede merecer hoy sin compromiso alguno el fallo de la his- 
toria. 

oAI hablar de la aotigua CalaluQa, sobre todo en cuanto referirse 
pueda á su administración interior y á la defensa de sus sagrados 
derechos, deben fígurar forzosamente los célebres Conceller», cuya 
institución descuella entre las que mas han acreditado desde un prin- 
cipio, en sos varias vicisitudes, hasta su fin, en todos tiempos yen 
lodos sus actos también, la grandeza de su origen y de su objeto ; 
sis que jamás mezquinos intereses falsearan y meaos desacreditaran 
su noble y generoso pensamiento. 

«Sabido es que CataluDa, á medida que se emaueipaba del yugo 
agareno, iba ella por si misma creando un gobierno basado en sus 
usos (usajes) ya propios, ya importados por los antiguos domina- 
dores, y aceptados sin grande repugnancia , porque no campeaba 
contra ellos la pasión violenta, si bien legftíma, que figuró eo la 
(ílüma, terrible y prolongada lucha, hasta lanzar de la Península á 
los enemigos de nuestra fé, nuestra religión y nuestra independen- 
cia. Es verdad, que el poder ultrapirenaico, á titulo de protector en 
aquella guerra, quiso erigirse dueOo de las conquistas realizadas ; 
pero también lo es que hubo de respetar los usos admitidos y con- 
sagrados, como hubieron de hacerlo mas tarde los condes natura- 
les. Asf se vio desde luego, que para administrar justícia, se junta- 
ba uo número de prohombres (promens ó prohomeas) ante los 
cuales se proponían, con toda sencillez, los casos, y después de dis- 
cutidos y manifestada su opinión, y dado su consejo, y espuesto la 
interpretación del uso, si era necesaria, el conde ó en su aombre el 
jaez de corte pronanciaba las senteocias. La eusteocia de estos Con- 
tejos consta ya por ua juido celebrado en Barcelona en 88 de mar- 
zo del aOo 990 por Borrell, conde de Urgel, y por otro en Tarrasa 
tf o de ion en tiempo de Rtümundo Borrell I ; pudiendo asegurar- 
se, que duró basta esta época, cuando menos, aquella forma de ad- 
ministrar justicia. 

Tomo I. 3» 

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230 CONCBUERBS. 

»De estos Consejos, de estos verdaderos jurados , institaciOD tan 
justamente estimada, pero tan moderna, dig&moslo cod orgullo, eo 
otros pueblos, si grandes y poderosos hoy, atrasados y pequeDos 
ante GatatuDa en la historia política y civil lo mismo que en la de 
las letras, la marina y las armas, vinieron á tomar los corc^^« su 
existencia, mejor dicho, su restablecimiento. ¿Qué eran estas cor- 
poraciones mas que el renacimiento de los Senados de las poblacio- 
nes hispano-romanas, con cuya audiencia admínistratHin justicia 
los cónsules y pretores de la República , los gobernadores ó prefec- 
tos del Imperio, en sus visitas provinciales? ¿Qué eran aquellos mis- 
mos senados sino los primitivos gobiernos espaDoIes, aquellos mu- 
nicipios que no querían perder su condición y carácter de tales^ y 
mucho menos sns usos para su gobierno interior, en cambio de ad- 
quirir el título de colonias romanas, deblaraciou que solo admitían 
para sus relaciones con la metrópoli y tos demás pueblos? ¡Tan im- 
portante, tan esclarecido, tan venerando es sin duda el origen de los 
concellers] 

»La esteusion del territorio, debida al progreso de la conquista, 
fué haciendo necesaria la creación de nuevos magistrados, dignida- 
des y oficios para la administración civil y criminal; nombrándose 
los Condores, los Valvasores y los Bailes. Oespaea de incorporados 
Aragón y GatatuOa, por el aDo 103*7 se crearon también los Vegue- 
res. Pero no hay que desconocer que en el jaego de todas estas nue- 
vas instituciones tenían una parte muy importante los ConceUer»; 
porque los que por derecho ilustrabau k los condes en el ejeroicio 
de su autoridad, participando en cierto modo de ella, debían estar 
forzosamente con el mismo carácter y con el mismo objeto, al lado 
de los funcionarios que se creaban para el propio ejercicio. Asi ve- 
mos que en las Cortes de Barcelona celebradas en el afio de 1283, 
el rey don Pedro III confirmó la existencia de los Cmeellers, donde 
era costumbre que los hubiese (1). 

»Ya por aquel tiempo había recibido esta institución EÜgnnas mo- 
dificaciones, y entre ellas como muy importantes y sin poder fijar 
el aDo el nombramiento de los Concellers por la Corona. Creo nata- 
ral, por mas que no fuera legítimo, que se pretendiera desconocer 
y hasta neutralizar la procedencia eminentemente popular de estos 
magistrados, que con los nombres primero de Prohomens, después de 



(1) GoiuUMUoiuTaIirMdrets.daC«UMloiil«,lU9.LUI.SB, pág.lSL 



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CQNGBLLERBS. 231 

Paerg y de Cenceüers mas tarde, Tenían figurando en los destinos 
de GataluDa y con especialidad al frente del gran municipio de Bar- 
celona. No puntualiza la historia hecho marcado, hecho concreto 
para conocer la resistencia que pudo oponerse al nombramiento por 
la Corona; pero debieron hfüerse reclamaciones, y hubo de presen- 
tarse pronunciada oposición, cuando ya consta que en el afio de 
1249 la Corona dejó de elegir los Concelkrs. En este aDo su nú- 
mero era de cuatro, y perteoecian, como habían pertenecido siem- 
pre, á la clase acomodada que podia vivir sin necesidad de ocupar- 
se en trabajos mecánicos. Aumentóse el número ¿ seis en el aQo 
1S60: volvió á reducirse á cuatro en 1265, y en 1214 se dispuso 
que fueran cinco. 

«Era lógico que una institución de esta clase inspirara celos y 
desconfiwza, y^ que el encono mal disimulado de los enemigos de es- 
ta magistratura espiara el momento, sí no de suprimirla, de modi- 
ficaría en determinado sentido. La lectura del privilegio concedido 
por Jaime 11 á Barcelona en 10 de las calendas defebrerode 1319, 
dice, que no podia tolerarse el atmpUmiento de las ordinacimeg de 
los Concelleres '^prohotrAres, sin perjuicio de la jurisdicción real, á 
m ser que se manifestasen doeumenfás legítimos. Los concelleres y 
prohombres probaron que pudieron formar las ordenanzas, y des- 
pués de examinarse plenamente todos los antecedentes y datos en 
en el Consejo del Rey, se declaró que los concelleres que eran ó en 
lo sucesivo fuesen, y los prohombres de Barcelona, pudieran 
hacer perpetuamente y ordenar en la dicha dudad y dentro de 
tos Umiíes sobre noa^radosy bandos y ordenaciones, con penas 
peeaniaria* y corporales, con mutilación de miembros y muer- 
te ó úUimo suplicio. Históricamente considerado este documento, 
00 se concede por él un prívilegio. Fué mayor el triunfo 4e e»- 
ta ya combatida magistratura, porque después de detenida infor- 
mación y de oído el Consejo, se declaró el derecho que para ad- 
ministrar eu lo civil y en lo criminal, y hasta para imponer la 
pena de maerfe, tenían tos concelleres ; aOadiéndose las notables 
palabras siguientes : «que se establecía y mandaba que los Vegue- 
res y Saiíes de Barcelona, y sus tenientes presentes y que por tiem- 
po hereo, hagan pregonar y observar por cualesquiera, inconcosa- 
menle y sin contradicción alguna, todas y cada una de las ordena- 
cioQes que habéis hecho y otras cualesquiera que vosotros y tos 
sucesivos concelleres y prohombres de BÜreelona en lo sucesivo hi- 

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Í$t awcELLEue. 

eieren, inmediatamente que vos y los sucesiva concelleres y pro- 
hombres de Barcelona las habieren promulgado y ordenado (I).» 

»Ed el aOo de U55 esta institución, revestida de tanta autori- 
dad, de tfuito prestigio, de tanta fuerza, recibió una reforma que 
puede llamarse radical, importantísima. Venia desde que aparece 
en la historia hasta mediados del siglo XV vinculada la institución 
en la clase media ; ofreciendo asi GataluDa desde un principio, el 
mas alto y elocuente ejemplo de la importancia que daba á esta 
clase que tanta parte ha tenido, andando los tiempos, en la gober- 
nación de los Estados. Pero en el referido a&o U55 la clase que 
vivia del trabajo mecánico, vino k tener participación enlaaltains- 
titucioQ política y civil de los Concellers ; estableciéndose, que los 
dos primeros pertenecieran á la misma jerarquía civil primitiva ; 
que el tercero fuese mercader, el cuarto artista y menestral el quin- 
to. ¡Gu&oto dice esta disposición al hombre pensador, al hombre 
previsor, al hombre políticol ¡Cuan alto habla esta Importantísima 
reforma en fovor de GataluDa, que por aquel tiempo presentaba ya 
ideas hoy tan populares y que ofrecía combinaciones tras de las que 
en el día se agita el progreso moderno, bascando, como medios de 
gobierno, en su órganízacioa política y civil, los elementos de la 
inteligencia, el capital y el trabajo! Preciso es confesar, que aunque 
tos hombres del siglo XIX tengan mas de una vez la pretensión de 
creer eu determinados adelantos, en determinados progresos, la 
historia antigua nos demuestra, que hoy vamos conquistando dere- 
chos y mejoras que tuvimos y perdimos. La humanidad llega por el 
progreso k su perfección, avanzando y retrocediendo. Esta es la 
verdad, aunque triste sea, que consigna la historia. Tal era la insr 
titucion de los Concellers que encabezaba, como hemos dicho, el grao 
Municipio de la ciudad de Barcelona, óel Consejo llamado de CmUo. 

»Y á propósito de esta cita, considero conveniente para apreciar 
con mas exactilud la institución de los ConceÜers, hablar del Cm~ 
9éjo de Cienío ; puesto que mas de una vez la historia se ocupa de 
él, sin hacerse distinción de los Concellers, como comprendidos eo 
el mismo. Tampoco me permito Gjar la época del estobíecimientode 
este Consejo ; aunque sí considero que fué erigido como auxiliar de 
tos Conceller» para la resolución de los negocios mas graves. En un 
caso sin embargo do obraba el Consejo como ausiliar, sino en vír- 



(1) UM. Ub. 1, HL tt. oap. l.>, pie. I*. 



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COKCELLEBBS. 288 

ttid de autoridad propia, y era cuando debia conocer judicialmente 
de los fraudes y escesos qoe en el ejercicio de su cargo y céntralos 
intereses de la ciudad pudieran cometer los Concellers mismos. Por 
este hecho se reconoce la importuicia del Consejo, de este cuerpo 
eminentemente popular, que podia residenciar, si faltaban, i los 
mismos que se eocontrabaa á su frente. 

B^unqne el Consejo se llamaba de CietUo 6 de los Cien Jurados, 
ao fué Gjo el número de sus individuos. El rey don Jaime el Con- 
quistador, en el aDo 12i5, confió & la volunl»! de los Ccticellers la 
íjaclOD de su núoiero que unas veces fué de ciento, otras de ciento 
veinte y ocho y algunas hasta de doscientos. £stos jurados se ele- 
gían todos los aüos ; no teniendo en un principio y por largo tiem- 
po cabida entre ellos los individaos de la nobleza. Para tratar los 
asuntos ordinarios solo se reunía la cuarta parte, que constituía lo 
que se llamaba Consefo ordinario, renovable por trimestres ; pero 
debiendo quedar la octava parte para enterar i los entrantes en los 
asuntos corrientes. El Consejo pleno podia revisar y anular los 
acuerdos del Consejo ordinario. Los Conceliers proponían general- 
mente los asuntos que debían tratarse, y solo votaban cuando re- 
sollaba empate. Si en el Consejo ordinario votaban, en uso de su 
derecho, por la importancia del asunto, habían de efectuarlo los 
állimos para que en la resolución su influencia moral no intervi- 
niera. Los Conceikrs eran los ejecutores de los acuerdos tomados. 

»La misma organización del Consejo acredita y justifica cómo 
esta institución compuesta de estos dos elementos, tan preclara y 
de tanta autoridad, venia ejerciendo prerogativas de verdadera so- 
beranía, velando por las libertades del país en observancia de sus 
leyes. Asi se vio que cuando el rey don Juan It infringió en la per- 
sona de su malogrado hijo el principe de Viana el usaje que empie- 
za Quoniam per iniquam, el que comienza Aucíorilate et rogatu, y 
el de SkUuerunt etiam, los Conceliers y el Consejo tomaron ana vi- 
visiina parte en la resistencia combinada que opuso la representa- 
don catalana. ¡Cuánta gloria no conquistó en aquella ocasión Cata- 
lufia, pero especialmente Barcelona, dirí^^da por la sabiduría, por 
el patriotismo, por la circunspección, por la actividad, por el valor 
de sus Concellersl Ni la mano de extraDos poderosos, ni la adula- 
don, ni la maledicencia combinadas para falsificar la historia, han 
conseguido siquiera en este punto oscurecerla, rebajando en lo mas 
9 á un pueblo, qae supo presentarse grande y justo en l»ea 

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tSi CONCELIBKBS. 

difíciles ciroaostancias. Larga sería mi tarea y estrafía por otra 
parte á mi propósito, si hubiera de entrar eo la relación de hechos 
que sin grave nesgo do pueden ser compendiados, y que presen- 
tan una norma de conducta para los pueblos mas cultos, y una es- 
cuela para los mas distinguidos hombres de Estado. Los ilustrados 
y los laboriosos escritores, mis qaerídos amigos don Luis Cuchet y 
don Víctor fialaguer, á quienes yo pago un tributo de admiración y 
reconocimiento por sus constantes esfuerzos en defensa del pais 
que les vio nacer, han fijado hechos importantes de la época á que 
me refiero, justificándolos completa y detalladamente en su may 
estimable obra Cataluña vindicada. A mi objeto únicamente cumple 
decir, que solo una ciudad, á cuya cabeza se encontraba una ma- 
gistratura tan armoniosamente combinada; que había sabido darse 
una organizacioD civil y política tan admirable, pudo, cuando acor- 
dó eo 7 de febrero de 1461 las medidas convenientes á la defensa 
de sus libertades amenazadas,'resolverse á aumentar su marina con 
veinte y cuatro galeras de nueva construcción, sentando las quillas 
al siguiente dia ; disponiendo al mismo tiempo, que por lo pronto, 
saliesen 1,500 hombre de armas en dirección á Lérida, con las 
banderas de san Jorge y Real del Principado, que tantas y tantas 
glorias simbolizaban. Solo un Cotisejo tan prudente pudo dar á es- 
tos y otros muchos actos de verdadera soberaaia espticaciones y 
formas que alejaran toda idea del menor desacato á la autoridad 
real de don Juan II. Así y solo así pudo salir ilesa una institución 
tan sabía, tan justa, tan poderosa, de una lucha tan terrible y san- 
gríeata de cerca de doce aSos ; haciendo que el encono del Monar- 
ca cediera y cejara ante los esfuerzos de aquella corporación emi- 
nentemente popular, y, TesipeÚaátihcomotíma del Principado, sím- 
bolo de un gran pueblo, declarase que todos sus hechos habían si- 
do de buenos y leales. 

»E1 siglo XV, particularmente en su segunda mitad, vio mo- 
dificaciones importantes en la institución de los Concellers; obser- 
vándose desde luego en las disposiciones reales, masó menos disi- 
mulada, la tendencia á disminuir su fuerza y su prestigio. Nombra- 
dos el canciller y el regente, absorbiendo la autoridad del antiguo 
juez de corle ; creado el oficio de abogado fiscal , descubríase el de- 
seo, si ya DO era patéete el designio, de formar ana Audiencia que 
había de luchar naturalmente con las exigencias de la opinioD pú- 
blica. Grande fué la prepotencia de Femando el Católico, y oatural 

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CONCBUSBBS. £35 

em qae CatalaOa safñese las coDsecueDcias del iameoso poderío y 
sagaz política de aquel Moaarca, en quien por otra parte do dejó de 
ver el país al hijo de la reina doDa Juana, esposa de don Joan 11, y 
el émulo por taoto del desgraciado príncipe de Viana. Así no debe 
estrafiarse que ya las Cortes generales en U93 acordaran que el rey 
nombrase ocho doctores ó liceDciados en derecho, que con los tres 
existentes íormasen el Meal Consejo de audiencia para examinar y 
decidir las causas civiles y criminales ; número que fué mas adelan- 
te aumentado en las Cortes de HoDzon, aDo lS6i. Conviene sin 
embargo, siquiera nos separemos por un momento del orden crono- 
lógico, hablar de una modiOcacíon notable que al concluir el siglo 
XV, estoes, en elaOo 1498, recibió la institución de los Concellers, 
admitiendo en su seno la representación de la clase de caballeros. 
Esta importante variación debia producir y produjo otra no manos 
notable al cabo de poco tiempo; puesto que en el aBo 1510 seesta- 
Ueció, que de los ciento cuarenta y cuatro jurados que en aquella 
época tenia el Consejo de Ciento , treinta y dos pertenecieran á la 
c]ase medih ó ciudadanos honrados, como se les llamaba, diez y 
seis k la de caballeros que no formaban estamento por si, y se ba- 
ilaban confundidos con los anteriores sin privilegio alguno, y trein- 
ta y dos á cada una de las de mercaderes, artistas y menestrales. 

«Otra época de prueba vino sobre CalaluQa en e) aDo 1640, en 
que volvieron á ser directamente atacadas las libertades del pais 
por el mal aconsejado rey Felipe lY; pero recobrando su antigua 
actitud estas corporaciones populares, se emprendió otra no menos 
heroiea y mas prolongada lucha que la sostenida en tiempo de don 
Joan II, y nuevas inmarcesibles glorias cubrieron el Principado. 
Has llegaron ya por último los acontecimientos de principios del 
siglo XVIII, acontecimientos que no queremos por graves conside- 
raciones recordar, y en ellos hubo de sucumbir la institución de los 
Conceüers, y desaparecer el Consejo. Si esta magistratura contri- 
buyó & la importancia de CataluSa, á la defensa de sus derechos, 
evitando grandes desafueros de que fueron teatro otros territorios, 
oins provincias de EspaQa, no he de decirlo yo en este momento. 
La historia lo dice y lo proclama. 

«Tras vicisitudes varias, después de una lucha terrible, en que 
nadie negará al catalán su constancia y su arrojo, se publicó la Real 
Cédate dada en Balsain k 13 de octubre de 1718, quitando toda 
su importancia á los antiguos Municipios. No entraré & examinar 

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£84 CONCELLBBES. 

difíciles circunstancias. Larga seria mi tarea y estraüa por otra 
parle á mi propósito, si hubiera de entrar en la relación de hechos 
que sin grave riesgo do pueden ser compendiados, y que presen- 
tul una norma de conducta páralos pueblos mas cultos, y una es- 
cueta páralos mas distinguidos hombres de Estado. Los ilustrados 
y los laboriosos escritores, mis queridos amigos don Luis Cuchet y 
don Víctor fiataguer, á quienes yo pago un tributo de admiración y 
reconocimiento por sus constantes esfuerzos en defensa del pm 
que les vio nacer, han fijado hechos importantes de la época 6 que 
me refiero, justificándolos completa y detalladamente en su muy 
estimable obra Cataluña vindicada. A mi objeto únicamente cumple 
decir, que solo una ciudad, á cuya cabeza se encontraba ana ma- 
gistratura tan armoniosamente combinada; que había sabido darse 
una organizaciou civil y política tan admirable, pudo, cuando acor- 
dó en 1 de febrero de 1461 tas medidas convenientes á la defensa 
de sus libertades amenazadas.'resolverse & aumentar su marina con 
veinte y cnatro galeras de oueva constraccíoo, sentando las quillas 
al siguieute día ; disponiendo al mismo tiempo, que por lo pronto, 
saliesen 1,500 hombre de armas en dirección k Lérida, con las 
banderas de san Jorge y Real del Principado, que tantas y tantas 
glorias simbolizaban. Solo un Cofue/b tan prudente pudo dar á es- 
tos y otros muchos actos de verdadera soberanía esplicaciooes y 
formas que alejaran toda idea del menor desacato ¿ la autoridad 
real de don Juan II. Así y solo así pudo salir ilesa una institución 
tan sabia, tan justa, tan poderosa, de una Incha tan terrible ysao- 
grienla de cerca de doce aOos ; haciendo que el encono del Monar- 
ca cediera y cejara ante los esfuerzos de aquella corporación emi- 
nentemente popular, y, respetándola como o/matíe/i'rtn^/íatjo, sím- 
bolo de un gran pueblo, declarase que todos sus hechos habían si- 
do de buenos y leales. 

dEI siglo XV, particularmente en su segunda mitad, vio mo- 
dificaciones importantes en la institución de los Conceüers ; obser- 
vándose desde luego eu las disposiciones reales, masó menos disi- 
mulada, la tendencia á disminuir su fuerza y su prestigio. Nombra- 
dos el canciller y el regente, absorbiendo la autoridad del antiguo 
juez de cwte ; creado el oficio de abogado fiscal, descubríase el de- 
seo, si ya no era pateóte el designio, de formar una Audiencia que 
había de luchar naturalmente con las exigencias de la opinión pú- 
blica. Grande fué la prepotencia de Femando el Católico, y natural 

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CONCBLLBBBS. S36 

«a que CataloSa sofriese las coDsecaencías del inmeDSo poderío j 
sagaz política de aquel Mooarca, en quien por otra parte no dejó de 
Ter el país al hijo de la retDadoOa Juana, esposa de don Juan II, y 
el émulo por tanto del desgraciado priocipe de Viana. Asi no debe 
estraSarse que ya las Corles generales en 1193 acordaran que el rey 
nombrase ocho doctores ó lieenciados en derecho, que con los tres 
existentes formasen el Beal Contejo de audiencia para examinar y 
decidir las causas civiles y criminales ; número que fué mas adelan- 
te aumentado en las Cortes de Monzón, aOo 1S64. Conviene sin 
embargo, siquiera nos separemos por un momento del orden crono- 
lógico, hablar de una modificación notable que al concluir el siglo 
XV, esto es, en el aDo 1 í 98, recibió la inslitu<»on de los Concellers, 
admitiendo en su seno la representación de la clase de caballeros. 
Esta importante variación debía producir y produjo otra no menos 
notable al cabo de poco tiempo; puesto que en el aQolSlOseesta- 
Ueció, que de los ciento cuarenta y cuatro jurados que en aquella 
época tenia el Cornejo de Ciento , treinta y dos pertenecieran á la 
clase media ó ciudadanos honrados, como se les llamaba, diez y 
seis ¿ la de caballeros que do formaban estamento por sí, y se ha- 
llaban confundidos con los anteriores sin privilegio alguno, y trein- 
ta y dos á cada una de las de mercaderes, artistas y menestrales. 

»Otra época de prueba vino sobre CataluDa en e) aDo 16iO, eo 
que volvieron k ser directamente atacadas las libertades del país 
por el mal aconsejado rey Felipe lY; pero recobrando su antigua 
actitud estas corporaciones populares, se emprendió otra no menos 
heroica y mas prolongada lucha que la sostenida en tiempo de don 
Joan II, y nuevas inmarcesibles glorias cubrieron el Principado. 
Has llegaron ya por último los acontecimientos de principios del 
siglo XVIII, acontecimientos que no queremos por graves consíde- 
raciones recordar, y en ellos hubo de sucumbir la institución de los 
ConceUers, y desaparecer el Consejo. Si esta magistratura contri- 
buyó h la imporlaacia de CataluDa, & la defensa de sus derechos, 
evitando grandes desafueros de que fueron teatro otros territorios, 
otras provincias de EspaDa, no he de decirlo yo en esto momento. 
La historia lo dice y lo proclama. 

«Tras vicisitudes varias, después de una locha terrible, en que 
nadie negará al catalán su constancia y su arrojo, se publicó la Real 
Cédala dada en Balsain k 13 de octubre de ni8, quitando toda 
su importancia á los antiguos Municipios. No entraré k examioar 



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236 CONCBPCION, — CONCOBSIA. — CONDAL. 

esta R«al cédnit ; p«n> séame permitido decir que en ella se obser- 
m el aboso de la Tictoria. Desaparece la antigua representación, y 
con ella la inSoencia popular. Un siglo de esfuerzos, un siglo node 
lucha material, sino de inteligencia, abre al fio camino, aunque en 
distinta forma, i las antiguas ideas ; y Catalufia y Espalla ven re- 
nacer, sino la antigua prepotencia, la mayor intervención, el ma- 
yor prestigio del Honicipie. Que no sea perdida esta lección de la 
historia. Los pueblos sufren con repugnancia la privación de sos 
derechos, para la administración de sus intereses. La centralización 
mata el espíritu de localidad, y erea la indiferencia por la cosa 
pública. No tiene Cataluña hoy la institución de los Ctmeeüerí; pero 
mira satisfecha su legitima representación, en el municipio, en la 
provincia y en los cuerpos colegisladores. De este modo se conci- 
lian los intereses; se aunan las voluntades, y se robustece la na- 
cionalidad, que es la aspiración noble y generosa de todos los es- 
pa&oles. Para venir á este resultado, no se me niegue que alguna 
parte han tenido los antiguos catalanes, que tanto trabajaros siem- 
pre á fin de dar participación en el gobierno del país 6 los hom- 
bres de todas clases y condiciones ', no desdeDando el apoyo del 
mercader, del artesano, del menestral, y combinando y conciliando 
siempre el capital y el trabajo.» 



Esti en la Baicelonela. Tiene su entrada en la calle de 5iin Fer- 
namh y va á salir al mar. 



«WSCOBBI* (••■■• «• tal. 

De la Barceloneta también. Va de la calle de Sin Curia al mar. 



Enlaza entra si las plazas de Saiaa Ana y de Junqueret. 
Inmediato al sitio ocupado hoy por esta calle existía antiguamen- 
te un palacio de recreo de los condes de Barcelona, del cual tendre- 



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COmX 6BL ASJkLTO. £31 

DU» oeasioD de haUar al bacilo de la Biera de San Juan. Era aaa 
casa solar extramaros, y cuando faeroa poblándose sns alrededores, 
la primera calle que se formó fué esta, recibiendo el nombre de 
Cmdal por haberse abierto junto á los maros de dicbo palacio. 

COSDB DBI< ASAUrO («dle «el] . 

Es ana hermosa y recta calle que desde el campo y desde el en- 
sanche viene á desembocar en la Rambla. 

Diósele este nombre en obsequio al capitán general del ejército y 
príndpado de GataJuDa seDor conde del Asalto, bajo cayo gobierno 
se abrió proporcionando una gran mejora á la ciudad. 

El vulgo la conoce por el nombre de calle nueva de la Rambla ó 
mejor calle Nueva. 

Se halla establecido en ella el Instituto industrial, á cargo de la 
Janta de fábricas. Esta Junta, sí bien representa á ja industria en 
general, está constituida solo por representación de las clases de 
hilados, tejidos, tintura y estampados, seda, lana, lino y algodón. 
Los socios del Instituto industrial tienen á su disposición una biblio- 
teca y dd salón de lectura de periódicos. 

Durante uHicbo tiempo vivió en ella el erudito don José Antonio 
Llobet y Vallllosera, sogeto muy entendido en artes, en ciencias y 
letras, que con su muerte ha dejado un vacío difícil de llenar entre los 
literatos catalanes. Llobet poseía una biblioteca compuesta de tres 
mil volúmenes, entre los que figuraban obras históricas y científi- 
cas de gran valor, algunas ediciones sumamente raras y varios ma- 
onscrítos. También poseía un abundante monetario y un peqoeDo 
moseo de historia natural. 

También vivió por espacio de muchos aDos en esta calle el inte- 
ligente literato y profundo historiador don Fernando Patxot, mas 
conocido en la república de las letras con el seudónimo de Ortiz de 
¡a Vega. 

Don Femando Patxot nació en Mahon de padres catalanes el dia 
Si de setiembre de 1812, y desde níKo mostró tal afición al estu- 
dio, que bieo puede decirse que los libros fueroa los amigos de m 
infancia. Estudió jurisprudencia en la uníversjkiad de Gervera en 

Tomo I. 11 

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138 auna mi lauTO. 

losafiosde 1829 á 18SS, pero previeado ya desde entonces que no 
era la abogacía la carrera á <p¡e Oíos |e destinaba, dióse alli en 
medio de sus esludios al cultivo de las leti«s , en las que debía un 
día colocarse á tan grande altor». De este modo empezó desde su 
primera mocedad una vida de nna actividad asombrosa que prosi- 
gnid llevando hasta sns últimos momentos. 

Las muchas traduccioues que llevó & cabo en el segundo tercio 
de su vida y las obras originales que salieron de su ploma dorante 
el último, iKistarian por si solas para formar una biblioteca. Una 
modestia soma realzaba en él todas las dotes de su ingenio. Varios 
fueron los seudónimos bajo los cuales ocultó su nombre en sus pri- 
meros trabajos hasta que en 18i7 adoptó el de OrUi déla Yega, 
que conservó en todos sus escritos posteriores, escepto en las Rw-' 
nos de mi convento, Mi claustro y SeUcias de mi claustro 'qw publi- 
có sin nombre de autor alguno. De las Ruinas de mi convenfá se han 
kecbo tradueciones eu alemán, francés, italiano y portugués, y al- 
gunas revistas estranjeras publicaron á propósito de esta obra ar- 
tículos notables, en los cuáles sus autores se entregabaa k di- 
versas presunciones y raciocinios para adivinar el oombr« verdade- 
ro del autor. 

JMicóse especialmeote á estudios históricos, escribió y publicó, 
entre otras obras importantes, la continuación de Mariana y Hilta- 
na, la de Anquetil, en la parte que respecta á EspaHa, las vidas 
de viajeros espaOoles insertas en la 'obra El Universo, las Glorias 
nacionales, los Ser oes y las grandezas déla tierra, y por fin unos 
Anales de España, desde sns orígenes hasta el tiempo presente, en 
cuya obra, particularmente en sus primeros volúmenes, reveló 
grandes dotes de historiador. 

Fué también el fundador del periódico político el Telégrafo, que 
todavía vive, en el cual publicó una serie de notabilísimos articulos 
sobre diversos asuntos, que es grande lástima no se hayan impreso 
coleccionados en un volumen. 

Patxot tenia un estilo especial, que al de ningún otro autor cono- 
cido se parecía, y escribía en un castellano tan correcto y tan cas- 
tizo, qne un poeta catalán, muy conocido en los |circulos literarios 
por sus agudezas y¡escentricidades, solía decir de él: «Ortiz de la 
Vega tiene un castellano de bota de charol y guante blanco.» 

En junio de 1859 Patxot sufrió un terrible golpe. Perdió á En- 
rique, el segundo db sus hijos, y bé aquí la admirable carta con qne 

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«non vm. asalto. Í3i 

comanicó esta sensible pérdida al autor de estas líneas, que se ha- 
llaba á la sazón viajando por Italia: . 
«Sr. D. Viotor Balagner, 
¿Genova. 

«Barcelona !3 junio de 1S89. 

•Aaigo del alma: apenas be podido pasar los ojos por vuestras 
dos cartas de Marsella. Enrique era también un amigo mió y se ha 
iDsentado para mucho tiempo. Ya le conocisteis. Jamás me habla 
dado ningún sentimiento, ni yo k él; y ahora me ha dado uno par- 
tiendo. No lloremos, porque dirían que lloramos por egoísmo, pues 
el ausente está sin la menor duda mejor que nosotros. Dos minu- 
tes antes de ausentarse estaba sentado á su lado y se sonreía con- 
migo, y me decía que ya se iba aliviando. Y sonríéndose me dijo 
qne deseaba descansar un rato. Tendióse en la cama sobre el coa- 
lado derecho, y dijo que no le iba bien. Volvióse sobre el izquier- 
do, y este fué su postrer movimiisnto. Para el alma, attigo mío, no 
hay agonía mas que en la vida. Solo el cuerpo la halla en esto que 
llamamos muerte. No sé sí voy errado en mis conceptos ó si con- 
vierto eo realidades los deseos; pero yo temblaba por si descubría 
en la agonía una espresion de dolor, y no he visto en ella mas que 
00 efecto orgánico. Enrique se ausentó durmiendo. Decidme, si lo 
sabéis, en dónde habrá despertado. Le voy buscando y le tengo me- 
tido en el pecho. Me dicen y aconsejan que haga un viaje, y voy 
á hacerle porcia alta CataluDa. Mientras vos recorreréis la Lombar- 
dia, vuestro amigo andará errante no sé por dónde, buscando lo 
que está segunnle no hallar en ninguna parte. Os doy cita para el 
15 de agosto eo Pnigcerdá, en donde meditaremos otro viaje y me 
contareis lo que os baya pasado es el vuestro, pues según serí mi 
correría dudo que hasta entonces sepa de vos. Amigo mío, dispen- 
sadme el teño de esta carta, y qucredme como entraSablemente -os 
qoiere vtfestro Femando.n 

Al autor de esta obra no le'fué ya posible cnm]tlir la cita que 
Fttxot le daba. OrA> de la Vega era arrebatado al caríDo de su fa- 
milia y amigos el día 3 d; agosto de 1S59 á la temprana edad de 
i1 anos. 



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cío . CONDKd DE BABCELOHA. 



COnBSDE KMMCKIMSA (eaU* «• 1m). 

Es la que va desde la Freneria á la plaza Caledral. 

Antes llevaba el nombre de calle de la Inqwsuüm porqne ob ella 
se hallaba situado este terrible Iríbanal; pero cuando por fortuna 
desapareció esta instilucion, diósele oportunamente el que Ueva 
ahora. 

Tenia en ella una de sus entradas principales el palacio real uh 
tiguo de los condes de Barcelona, del cual hablaremos estensamen- 
te al tratar de la Plaxa del Rey. Fué cedido este palacio á lalnqui- 
siciOD, conforme veremos, y de ahi el nombre anterior de esta 
calle. 

A mitad de la misma, frente & una de las puertas déla Gatedrad, 
tiene una de sos entradas la iglesia de las monjas de Santa Clara, 
de cuyo convento y templo nos ocuparemos tunbíen al llegar á la 
plaza del Bey. 

Un poco mas al]& estfi el archivo de la Corona de Aragón, ú coai 
ocupa parte del antiguo palacio. 

Es sin dispala alguna este archivo uno de los mas antiguos» 
completos y ordenados de Europa. Puede decirse que debe su ser 
al rey don Pedro IV el eeremomoso, quien esjñdió una pragmática 
mandando que todos los diplomas, registros, papeles de canoüe- 
rfa etc. , se guardasen en el ardiivo real -custodiados por an escri- 
bió de su cancillería, al cual todos los afios el protoDotarío y se- 
cretarios debiesen entregar los registros concluidos, quedando á car- 
go del susodicho escribano hacer los eslractos y formaF los índices 
para el pronto hallazgo de cualquier noticia que se le [Mdiese. Los 
BMDarcas sucesores de don Pedro prosigoieron dispensando su pro- 
tección ¿este archivo, que ha llegado á ser con el tiempo un riquísi- 
mo y abundaste depósito diplomático. 

AnliguameBle' denominábase Archwus regm, archivo real, por 
cwtar con la protección de ios monareasy estar situado en «o par- 
lacio; pero comenzó á ser conocido por el nombre que hoy Ueva i 
mediados del siglo XYI, cuando Felipe II mandó erigir el archivo 
de Simancas. En H'ÍO fué trasladado este archivo desde el pala- 
cio reala la casa de la antigua Diputación, señalándosele el lugar 
que hoy ocupa la secretaría de la Audiencia, pero en 1853 se vol- 



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COTtDBS DE BASCSLONA. til 

vio á trasladar el aotigao palacio de los condes de Barcelona, don- 
de hasta el presente coDlinúa. 

Daremos ana ligera idea de lo que encierra el real y general ar- 
cbÍTo de la Corom dé Aragón. 

La sala del piso principal contiene todos los regislros desde el- 
tienpo de Jaime I en adelante, cuyo conjunto forma el número de 
6,411 volúmenes. En unos grandes armarios se custodian, entre 
otros importantes papeles, todos los del interesante archivo parti- 
enlar de la antigua Diputación de GataluQa. 

La sala primera del segundo piso contiene las colecciones de re- 
gistros y'oscríturas sueltas en pergamino, á datar desde el 12 de 
mayo de 874 hasta 31 de mayo de 1410. Elnúmero de dichos re- 
gistros es el de 844 y el de |)ergaminos el de 17,333. 

La sala segunda abraza desde 31 de mayo de 1810 hasta nues- 
tros días, cDstodiaodo 4,045 registros y 1,142 pergaminos. 

Existen además en estas satas uoa colección de procesos y cau- 
sas célebres, entre ellos los que se formaron á los templarios, k 
don Jaime de Hallorcaí y al conde de Urgel ; mochos manuscritos 
y códices que fueron de lá Merced ;* una gran colección de cartas, 
y 800 bulas pontificias. 

La sala tercera guarda machos papeles del tiempo de la guerra 
de la Independencia. 

En el despacho del archivo se halla la orna que enciwra los res- 
tos de! conde de Barcelona don Ramón Bereoguer ÍII, salvados del 
incendio que sufrió el monasterio de Ripoll, y un armario con una 
colección de sellos origínales asados por los reyes de la Corona do 
Aragón en sus diplomas. 

El orden y método que se ñola actualmente en este archivo se 
debe principalmente al antiguo archivero don Pró^ro de Befonill 
y Mascaró. 

Existe larntsen en ana de las salas una pequeOa biblioteca for- 
mada de las obras mas importantes, y en los btgos del edificio una 
imprenta y qu taller de encuademación para uso del mismo ar- 
chivo. 

El archivero tiene una parte del edificio destinada para su habi- 
tación, y aquí murió á 29 de diciembre de 1859 el reputado his- 
toriador don Próspero de BofaroU, de quien debemos decir algo 
CM este motivo. 

Nació el sefior BoCanUl ea Bareelona el úIUom dia de agosto de 

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tit CfmMSk. DE SOBBADRL,— CONSTITUCIÓN. * 

1777, estudió juríspradeDcia eo la aniversidad de Cerrera y Hues- 
ca, y después de haber servido lealmebte al gobierDo en algunos 
destihos de importancia, fué nombrado archivero de la Corona de 
Aragón en 1814. Grandes servicios prestó en este destino á la lite- 
-ratura y á ta historia patrias, no siendo el menor por ^cierto la pu- 
blicación de los Condes de Barcelona vindicados, obra de buena cri- 
tica histórica y de mérito real y positivo, con la cual se conqiustÓ 
un nombre ilustre y que no se borrará fácilmente de la memoria de 
cuantos amen las (dorias y tradiciones de Catalufia. 



De la calle de Escudillers va á parar á la dé Atoado. 

Fué una de las que se abrieron cnando se deiribó el Paktu, 
del que tendremos ocasión de hablar mas adelante, y diósele este 
nombre por galante recuerdo á la seDora condesa de Sobr^el, que 
era dueDa de aquel célebre y antiguo edificio^ 



CmNVWTWVCimtl (pbM 4e la). 

Es la que el vulgo conoce generalmente por plaza de Sm Jaimes 
nombre que antes llevaba. 

' Parten de ella las calles del Mico, Femmdo Vil, Cali, San Bo- 
noraío. Obispo, Paraáís, LOretería, Jaime I de Aragón y Ciudad. 

Es esta la plaza más antigua de Barcelona, y también la mas 
célebre. Su anterior nombre de San Jaime se atribuye por ona cons- 
tante tradición, que ha andado muy válida desde los primeros tiem- 
pos del Cristianismo, al hecho de haber predicado en ella el Evan- 
gelio el apóstol Santiago, al cual se erigió una iglesia que fué der~ 
ribada m 1823 para el ensanche de la plaza. En ella se hallan dos 
edificios muy notables, las Casas consistoriales y el palacio de la 
Diputación, de los que vamos á ocuparnos. Habilitada en nuestros 
tiempos para plaza de la Constitución, fué colocada la lápida de 
esta en la fiuihada del primer edificio. 

En los primeros tiempos del municipio, no exisüa casa m pfda- 
cio para los iadíviduos del Consejo, quienes se reunieron primero 



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CONSTITUCIO». SÍ3 

«a el coaveato de dominicos, luego en el de franciscaoos, y última- 
mente en casas particulares, donde tenian el archivo y la secretaría. 
¥or esto en una nota de la Rúbrica de Bruiúguer, que se custodia 
nkaonscrita en Casa la ciudad, se lee : «Ans ques compras la casa 
bont Tuy'se te lo concell de cent, quel tenian á. Predicadors, loga- 
ren casas ó stansias particulars pera teñir las soñptures y coses qne 
eran de la ciMtatj-com se ven & 5 deis idos de desembre de 1338 
qne foren jtagadas á Fransesch Fivaller ciutedá, 1 lliuras & com- 
-' pliment de las 80 lliuras per lo Uoguer del porxo é sala ó palan 
del sea alberch en lo cual se tenia la scrívanía del racional.» 

En 1369 los concelleres, deseando que el Consejo tuviese casa 
propia, compraron la que poseia el caballeroSimon de Robira conti- 
gua á la pared de la iglesia parroquial de San Jaime Apóstol, y 
mandándose derribar, se levantó de pié el edificio ó casa del Conse- 
jo qne quedó terminada si no en todo en parte el aüo 1373, pues 
consta que en dicho a&o se celebró la primera sesión en la sala aun 
hoy llamada del Consejo de Ciento. 

Poco existe hoy del antíguo edificio, pues las renovaciones mo- 
dernas y las reformas que se hicieron en 1823 han cambiado por 
completo el carácter y orden del mismo, pero por los restos que se 
conservan puede venirse en conocimiento de cuan bello, elegante y 
paro era nuestro antiguo palacio comunal. 

Entrábase en él por la calle de la Ciudad, donde Babia una pla:- 
znela, según se ha dicho al tratar de dicha calle 'y hablando de la 
fochada antigua que todovia existe, esteudiéndose á su largo, por 
detrás de la iglesia de San Jaime, la cual ocupaba parle de la que 
es boy plaza de la Cmstüucion y todo el terreno en que [se eleva el 
edificio moderno de las Gasas consistoriales, qne hoy tiene su en- 
trada prinoipal en esta plaza. 

Los restos antiguos mereoen ser visitados, De la fachada ya se ha 
hablado al hacerlo de la calle de la Ciudad. El famoso salón del 
Consejo de Ciento ha sido restaurado, dándose algún mas ensanche 
que no tenia en la primitiva obra. Entrase en él por una puerta de 
mármol, bella y sencilla, decorada con dos columnas jónicas que 
sostienen su cornisón, en cuyo friso se distinguen las letras S. P. 
Q. B. Senatus Populus-Que Barmonenm. Antiguamente estaba 
adornado este salón con tapices, estatuas y cuadros, y al rededor se 
levantaban los estrados y asientos que ocupaban los miembros del 
Consejo. Cuando, después dS la guerra de sucesión en los primeros 

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Si4 CONSTITUCIÓN. 

aSos del siglo pasado, TueroD destruidas las libertades caUdaoas, 
coando desaparecieron el Consejo de Ciento y la Diputación de Ga- 
taluQa que tan alias glorias y tan altos merecimientos contaban, 
dióse ónien para quitar todo lo que habia en el salón del Cossejo y 
pudiese recordar los pasados hechos. Hé aquí la lacónica comuni- 
cación que con este motivo se pasó al general encargado dd mando 
de las tropas que ocuparon militarmente Barcelona: «Habiendo en- 
tendido el Rey que en las casas del Ayuntamiento de esa ciudad de 
Barcelona se conservan presentamente en uo gran salón alto d 
leatro y asientos que usaba el Consejo de Ciento, manda S. H. 
que V. E. haga luego se quiten estos asientos antiguos, y se ponga 
la sala en la forma en que están las de los Ayuntamientos de las 
demás ciudades de estos reinos. » 

En el centro del edificio de ve una parte del antiguo patio del 
Consejo, pero solo por ali; uoor trozos pueden conocerse las galerías 
que en (orno suyo se levantaban, las cuales han sido destruidas 
para la construcción de las oficinas modernas. 

En el que antes se llamaba paíio de los naranjos, y dehia ser por 
cierto uo bellísimo patio, se conserva cuidadosamente, allí traslada- 
da por instancia de algunos amantes de tas glorías patrias, la puer- 
ta que antes abría paso á la sala del Drentanari, llamada a^ por 
celebrar en ella sus sesiones el Consejo menor de la ciudad ósea el 
Consejo de los treinta y uno, Es una elegante y bien labrada puerta 
con bustos de varios concelleres y medallones con imágenes de las 
virtudes, 

Habia en este patio uoa puerta de comunicación con el vecino 
templo de Sao Miguel, del cual nos ocuparemos al hablar de la calle 
del Mico. 

El paíio de hs nara^ot es también notable porque c« él se ha- 
llan oU'os restos del antiguo edificio, comunicando con dos piezas 
que recientemente han servido para los juicios de paz, en las cuales 
se hallan bajos relieves, cornisas, y columnas del mejor gusto, 
trazado todo por hábil cincel. 

La fíüaríca moderna no ofrece nada de particular. Ocupa toda la 
parte delantera del edificio, cuya fachada la forma un cuerpo avan- 
zado en el que se abre la puerta principal y un nicho á cada lado 
con dos ^tatúas colosfües de mármol blanco, esculpidas por don 
José Bover, representando la de la derecha al reydon Jamel elcon- 
gmtodor y la de la izquierda al conceller Juan FtvaUer. De entram- 

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CONSTITUCIÓN. S4S 

bos nos ocuparemos ea las calles qae llevan su nombre. Al nirel 
de primer alto, comprendiendo todo el ancho del cuerpo avuizado, 
cuatro robustas columnas jónicas sostienen el cornisamento del 
nisflw^en que es el general de la fachada, y su basamento for- 
ma nn balcón corrido para la reunión del cuerpo municipal y demás 
autoridades en tas proclamaciones y festejos públicos. Dirigió esta 
obra el arquitecto don José Has, y ha dirigido las reformas del in- 
teriar del edificio y la de renovación del salón del Consejo de Cíen- 
lo el arquitecto don Daniel Molina. 

El piso alto df) las Gasas consistoriales es ocupado por el archivo 
municipal, donde se conservan ricos tesoros para la historia patria 
y seDaiadamenle para la del municipio catalán. 



El otro edificio notable de esta plaza es la casa é palacio de la 
DiputacíoD, UDO de los mas bellos y mas importantes de Barcelona. 
Era coa el nombre antiguo de Casa del Generaí, es decir de la ge- 
neralidad ó del Común, el punió donde se reuoiao los representan- 
tes de h)s tres Brazos para componer el primer cuerpo político en la 
antigua constitución de la nación catalana. (V. calle de la Dipttía- 
don). 

Fué construido este edificio en dos épocas distintas, y como de la 
obra antigua k la moderna hubo de transcurrir mas de siglo y me- 
dio, diversos son por lo mismo el carácter y el gusto de cada una. 

El primitivo edificio data del siglo XIY y debia ser muy reducida 
su planta, pues se sabe que ápríocipíos del siglo XV se ensanchó 
con varias casas contiguas que se adquirieron y derribaron para 
darle mayor eslension. Su puerta principal era entonces lalllamada 
de San Jorge en la calle que hoy se denomina del Obispo, la cual 
conserva aun su graciosa fachada, admiración de todos los aman- 
te» de las bellas artes. 

En 159S se determinó dar todavía mayor ensanche al palacio, y 
Uevóse á cabo la idea de engrandecer el edificio por la parte que da 
á la plaza de San Jaime. Dirigió la nueva obra el arquitecto Pedro 
May, y lo hizo con tino y aderto, pues procuró conservar intactas 
I98 parles mas preciosas del antiguo edificio. 

Desde esta renovación, la fachada principal del palacio está en la 
plaza de San Jaime ó de la Cousüiudon, y es una fachada severa, 
bella y respirando grandeza, En medio del balcón del centro se des' 

Toiol. 32 



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Si6 , CONSTITDUON, 

cobre uaa capilla, eo la cual falta noa estatua de San Jorge, que 
ahora pronto será en ella colocada. 

La obra de Pedro Blay, es decir, la reforma, comprende desde la 
focbada hasta el arranque de la grande escalera que conduce á un 
palio donde hay las dos puertas de San Jorge y de San Honorato. 
Aquí es donde empieza el edificio antiguo que está hoy ocupado por 
la Andiencia, como el moderno lo eslá por la Diputación provincial. 

En la parte moderna se halla el famoso salón llamado de San Jor- 
ge, que es mirado como fábrica de mérito por los inteligentes. Gran- 
des recuerdos históricos tiene este salón, y eo él se han efectuado 
actos solemnes y célebres. Vamos á citar algunos de ellos. 

En 1640 hubo allí la gran junta de Brazos ó reunión de las Cor- 
tes soberanas del pais, y allí sonó la tribunicia voz del dipu- 
tado eclesiástico don Pablo Claris manifestando y probando que 
GataluDa debía hacer armas contra el rey Felipe II de Castilla, con- 
culcador de las públicas libertades. La asamblea aprobó la propo- 
sición de su presidente Claris, y abiertas quedaron las puertas del 
templo de Jano. 

Pocos días después, en el mismo sitio, se tomaba la resolución 
solemne de declarar vacante el trono del conde de Barcelona, arro- 
jando de él á Felipe IV, y pasando á proclamar un naevo rey con 
ciertos pactos y condiciones. El elegido fué Luis XIII de Francia. 

Otro acto parecido tenia lugar en el;miHmo local eo 1105. Reu- 
nidas las Cortes catalanas, presentóse á ellas el archiduque Carlos 
de Austria, antagonista del duque de Anjou, que con el nombre de 
Felipe Y acababa de sentarso en el trono de EspaQa, Las Cortes, 
oída la esplicacipn que dio el archiduque y finalizado su discurso, re- 
cocieron como mejor su derecho y le proclamaron con el nombre 
de Orlos III, escluyendo y privando del trono á Felipe de Borbon 
duque de Anjou. Siguiéronse después de esto muchos aDos de aque- 
lla sangrienta guerra llamada de sucesión, la cual ya sabemo's por 
lo dicbo anteriormente que terminó infaustamente para los ,calala- 
oes. Sucumbió la causa de la libertad representada pw los heroicos 
defensores de Barcdona eo 1714, y triunfó ladel absolutismo, que- 
dando en el trono de Espafia la dinastía de Borbon. 

Entonces el salón de San Jorge fué teatro de otra escena, bien 
distinta de las anteriores por cierto. El dia 13 de abril de 1716, 
por orden de Felipe V, fueron convocadas todas las autoridades de 
Barcelona en el hístiMco salón de que estamos hablando, y allí, á 

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rnth El VERIlllGO LAS tlRIMES í FlIlimiOS DS 



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cwsTiTDaw. " 847 

sa preseDcia, por mano del verdugo, fueron quemados todos los 
privilegios, libertades y franquicias que, revalidados de los anti- 
guos y ooD otros noevos, había otorgado e! archiduque Carlos i la 
capital del Principado. 

Al efecto de conservar este histórico salón y acabar con las pro- 
boaeionesque en él se cometen cuuido se celebran las quintas, 
la DipntadoD actual ha tenido la buena ¡dea de convertirlo en mu- 
seo provincial de antigüedades y pintaras. Se están haciendo hoy 
precísameote las reparaciones necesarias, y va á quedar muy pron- 
to cerrado eon una verja, habilitándose otro local para los actos del 
sorteo y reemplazo del ejército que en el día continúan celebrándo- 
se «n él per desgracia. La Díptitacioa, que ha observado el vai^ 
qae de un museo provincial se nota en nuestro pus^ ha decidido 
por de pronto habili^ á este efecto el salón de San Jorge, y á él 
ha hedió ya trasladar el magnifico mosaico que se eocontrá al ser 
derribado el Palaa. Pronto quedarán también cubiertas sus paredes 
con los varios cuadros de mérito y otros objetos preciosos que la 
DipntacioD posee, y asi se habrá ekvado un templo á las artes en 
elaotigoo consistorio de las Cortes catalanas, sirviendo de e^ ma- 
nera aquel venerando sitio para mejor, mas digno y mas adecuado 
olijeto. 

PaseflQOB ahora á áecÑ fugo del edificio antiguo. 

QaeáA ya ccmsígnado que esta parte del palacio de la DípataóoD 
catalana fué cedido á la Audiencia, cuando después de la otida de 
Barcdooa «n HH, quedaron abolidas las antigui» libertades y 
emstítttoiones de este país, d^apareciendo por consiguiente el <»ier- 
po polítioo de la Diputación de CataluOa. Sirven, pues, hoy para el 
Iribonal de justicia, sus oficinas, y dependencias, las salas que ^- 
vieroo un ¿¡a para los diputadas catalanes. 

C^ias á esto se ha podido conservar perfectamente el antiguo 
palacio de nuestros proceres, y es digno de ser visitado con toda 
detención y estudio. El tntoligente no puode menos de fijarse admi- 
rado en el elegante patio qae se halla en el centro del edífido, ro- 
deado de una esbelta galería ojival, cuyas airosas columnas son 
del mejor efbcte ; en el jaidñ de iM naranjos con su doble galería 
det^ivas y sus graciosas y origínales gárgolas ; en la capilla de San 
iorge, situada junto ¿ este patio, cayo frontis es admirable por sm 
primorosas labores y. por sus ricas bellezas ; y en las espaciosas 
salas qae hoy ñrven para el tribunal y para las vistas de pleitos, 
notables pñncipalmente por sus riquísimos artesouados. 

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ti8 consTiTcatm.- 

Gq une de las salas se ve una galería de retratos al óleo, no to- 
dos por cierto cod exactitod histórica, de los ooodes de Barceloaa y 
monaroas qae ha tenido CalaluQa desde Ataúlfo hasta naestros días, 
siguiendo la línea aragonesa. ^Soto hay los de tres reyes visogodos, 
el de Ataúlfo, el de Wamba y el de Rodrigo, que fué el último rey 
de aquella estirpe. Tras de estos siguen Cario Magno, LudovicoPio 
y Ca.T\o&elc(üvo, monarcas francos bajo cuyo protectorado oomen- 
zaroQ los catalanes la reconquista de su patria. Aparecen luego al- 
gunos de los condes feudatarios, Wifredo el velhso, primer conde 
soberano de Barcelona, y en seguida los demás condes soberanos 
hasta Bamon Berenguer IV pl santo, bajo cuyo gobierno se unió 
GalaluDa y Aragón ; luego los monarcas de la Corona de Aragón 
hasta llegar á Fernando el caíóUco que unió los reinos de Aragón y 
Castilla, y per último todos los reyes de Espafia á datar de aquella 
unión hasta Isabel II. 

Por lo qae toca á la capilla de San jQrge es muy reducida, pero 
muy bella. También tiene dos épocas como el edificio. La actual se 
construyó & espaldas de la antigua, pero respetando esta que hoy 
sirre de entrada. Consérvanse en esta capilla ricos tapices antigoos, 
un magnífico frontal, varias reliquias, un precioso misal y varios 
ornamentos de mucho mérito. 

Desde tiempos muy antiguos san Jorge era patrón de la Diputa- 
ción ó general de CalaluQa. Huchas naciones y también muchos 
principes han invocado & este santo por patrón de sus armas, pero 
en la Corona de Aragón se le tributaba además un culto particular 
desde 109i en que fué dada la batalla de Alcoraz, ganüla por el 
rey don Pedro I, y en la cual se suponía haberse visto á san Jorge 
pelear entre las filas de los cristianos. 

La Diputación de Catalu&a, uno de cuyos tres brazos ó estamen- 
tos era el militar, adoptó mas adelante el estandarte de San Jorge 
(cruz roja en campo blanco), é invocó como protector á dicho santo, 
mandando alzar en su palacio la citada capilla. El apellido ó grito 
de guerra de los caballeros catalanes era también el de <S!« Jordi, 
firam, firam\ (Sao^cH'ge, hiramos, hiramos!) 

En la festividad del santo patrón acostumbrábase cada (^o á ha- 
ON* una gran fancion celebrándose un torneo ó justa real. Pw la 
-OMüana tenia lugar en la capilla un solemne oficio con sermón, el 
cnal se encargaba á uno de los mejores oradores sagrados. Eo se- 
guida venia la ceremonia de bendecir las armas á los paladines qae 

■ , DigilizcdbyGOOylc, 



consTiTüCiOH. 149 

debían tomar parle en la justo, los caales, llenado este requisito, 
pasaban & nno de los salones del palacio donde recibiao las empre- 
sas de manos de sos damas. Á la hora seQalada, la oomitiva salía 
átü palacio, acompañada de ministriles, [H'ecedida por la Diputación 
y gaíada por so bandera, y se trasladaba aJ palenque; tenia lagar 
el torneo, qae acostumbraba á ser en el Born, y regresaban todos 
al palacio de la Díputacioa, donde las damas adjudicaban los pte- 
míos k los vencedores, terminándose la fíesta con una danza por la 
noche en aquellos iluminados salones. 

Todavía hoy se celebra la fiesta de sfui Jorge, que es una de las 
tradicionales en Barcelona, pero ya do es fiesta de armas sino de 
flores. En dicho dia se facilita al páblico la entrada en los salones 
de ta Diputación y de la Audiencia, y el patio del edificio, la |daza 
de la Constitución y la calle del Obispo están llenos de mesas donde 
se venden ramos de flores al inmenso gentío que desemboca por 
todas las avenidas de la fdaza. 

A [HÍDcípios del siglo pasado Barcelona de^>ertó un dia al festivo 
soii de las campanas que rasgaban con voces alegres el aire y lú 
niBor del bullicio y algazara que partían de todas sus calles. 

Eran días de fiesta para la capital de los Condes ; eran fiestas que 
éc^ñan ser el prólogo de aquel sangriento drama que se llamó la 
guerra de sucesión. 

Felipe V, el primero de los Borbones, se dirigía & Barcelona, y 
ejita se dísp(»ia á recibirle con pompa y agasajo. Pronto, ún em- 
bargo, debía esta ciudad, erizando 'su anfiteatro^de montafias co- 
mo el leoD sus melenas, levantarse terrible á la voz de la campana 
llaaiando á. Consto de ciento y arrojar ¿ sus hijos y valientes de- 
fensOTes contra las huestes de aquel mismo Felipe, mientras que 
hnwfaían los aires millares de voces clamando : Via fora 1 

Pero no debe ser esto de nuestra incumbencia en la actualidad. 

Olvidemos que había un volcan próximo á reventar. Tratemos 
sdo de las fiestas ysolemnidadas con que fué recibido Fdipe V. 
• Difieil nos seria mencionar todas las particularidades y detalles 
de los festejos. Basta decir que el dia que efectuó el rey su entrada, 
fiarceloaa se vistió completamenle de gala. Las casas de la plaw 
del Padró, de la calle del Hospital y de la Rambla estaban todas 
adornadas, y había el Gmiscjo de ciento ofrecido diferentes pre- 
mios ¿ los dueOos que con mas gusto y perfeccíoq engalanaran las 

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250 coNSTirocioN, 

fachadas de sus edificios. Las casas que en la caite de) Hospital al- 
canzaron el premio faeroo la de don Francisco Tovu* y la de don 
José Orla, sastre, qae estaba delante de la iglesia del Hospital. 

El gremio de plateros se había encargado de adornar y engala- 
nar la pirámide del Padró, consiguiéndolo á satisfacción de todos. 

El gremio de los mercaderes de lienzo tomó á su cargo construir 
una gran fábrica enfrente de la calle del Hospital, en el portal de 
la Bocaría. La reseOa impresa por orden de la Diputación y el ma- 
nuscrito que tenemos á la vista dicen que eran una obra suntuosa. 
Aparecían en ella varios cuadros con hechos sacados de la historia 
catalana. Un cuadro figuraba á Juan Fivaller cuidando en su última 
enfermedad á Fernando de A.otequera ; otro á Ramón, vizconde de 
Perellóe, bajando a) purgatorio, á donde dice una tradición popular 
que descendió, después de la desgraciada y pronta muerte de don 
Juan I, para asegurarse de la salvación det alma de su rey ; otro á 
Carlos el calvo pasando Los cuatro dedos mojados en la generosa 
sangre de Wifredo por el escudo del conde de Barcelona; otro al 
rey don Alfonso dando al conceller en cap de Barcelona las puertas 
de la ciudad de Ñapóles como premio al esfuerzo catalán eo la toma 
de esta ciudad ; otro á Juan Blancas arrojando por encima las mo- 
nulas de PerpiQon la cuchilla con que debiao los franceses inmolar 
al hijo del Guzman de CataluQa ; otro, en fín^ al conde de Barcelona 
Ramón Berenguer III el grande, lidiando en el palenque por el honor 
y fama de la emperatriz Matilde de Alemania. 

Otros tres gremios se encargaron también de adornar el portal de 
enfrente de la casa de las comedias vulgarmente llamada deis Egcu- 
dillers, y allí levantaron una suntuosa fábrica. 

En el remate de la Rambla, junto á las Atarazanas, mandaron 
construir un soberbio y vistoso aroo triunfal los seDores diputados 
y oidores del Principado. Las inscripciones de que este arco estaba 
sembrado eran en latín, catalán y castellano. 

La plaza de Fra-menors ó San Francisco, ahora Medinaceli, es- 
taba lujosamente engalanada. Sabido es que era el sitio consagrado 
por la fradicion y las leyes donde la ciudad recibía el juramento 
de sus reyes. Un riquísimo solio se hallaba dispuesto sobre un lu- 
joso tablado. Subió á él Felipe V acompañado de los concelleres, y 
en manos del padre Guardian de San Francisco, puesta la diesfra 
sobre los santos Evangelios, juró cumplir los privilegios, fueros 
y prerogativas de la esceleotfsima ciudad de Barcelona. 

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CONSTITÜUON. SSl 

Terminada la ceremonia, el rey bajó del solio y prosiguió su ca- 
mJDo, hallando al paso otros arcos de triunfo y otros vistosos edificios 
coya erecciojí corriera á cargo de los varios gremios [que contaba 
entonces Barcelona. 

Pero entre la iafioidad de festejos que por muchos días tuvieron 
lugar para celebrar la entrada del rey y su enlace con Maria Luisa 
Gabriela de Saboya, solo es ocasión de describir con todos sus por- 
meoores el torneo que se hizo en la sala Real de los pleitos del pa- 
lacio de la Diputación k disposición y gasto del muy ilustre y fide- 
lísimo Consistorio de los diputados y oidores de este Principado. 

Pam este tonteo á pié, que debía tener lugar ante SS. MM. y an- 
te la aristocracia catalana, se eligieron un mantenedor y ocho com- 
batientes, en memoria de los nueve célebres Varones de la ftmafiw 
seguD nuestras crónicas tan gloriosamente comenzaron la reconquis- 
ta de Catalana. 

Ed seguida se formó un tribunal compuesto de seis seQoras ; dos 
TÍDdas, dos casadas y dos doncellas. Eran las primeras doQa Anto- 
nia de Magarola y de Seomanat y doDa Mareta Ramona y de 
Magarola ; las segundas doDa Manuela de Bacb y de Oms y doQa 
Ignacia de Magarola y de \migaat ; y las últimas doQa María de 
Claríana y Gualbes y doDa María de Parnés y de Marimon. Estas 
seis seDoras eran muy celebradas por sus cualidades morales y por 
sn singular hermosura. A este jurado del bello sexo se agregó como 
consulente don Francisco de Sayot y de Quarteroni, hijo del caba- 
Qffio don Feliciano Sayol que habia dejado memoria de ser la mejor 
pica y lanza de CataluDa, y se nombró secretario del tribunal k don 
Raimundo de Codioa y Ferreras. 

La primera disposicioD del gdante jurado fué fijar los premios 
que debían distribuirse y redactar el código de leyes Que debia 
wgir. 

Los premios quedaron destinados los siguientes y del modo que 
se espresa : 

1 . Por mejor pica un miramelindo compuesto de diamantes con 
una cruz del Santo Espíritu pendiente. 

S. Por mejor espada un miramelindo guarnecido de rubíes y 
diamantes con semejante cruz. 

3. Por mas galán, una laminilla de porcelana con sus primo- 
resas imágenes de ricos esmaltes, con sus eulomos y lazos de dia- 
mantes. 



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t5S ' CONSTITDCION.' 

i. Por mejor ioTencioD, oaa joya de diamantes y rabies y eo 
SD centro un sodarío. 

S. El premio de la folla , una cruz de diamantes de mock» 
fondo. 

En cnanto á las leyes, que fueron leídas al mantenedor y oomka- 
tientes y aceptadas por todos, fueron las siguientes : 

Lins Dn, TonNBo i fii. 

1 . Cualquiera que al tiempo de entrada pierda la pica, no pue- 
de ganar el premio. 

~t. Que cualquiera que terceando la pica la tuviere de forma 
que pueda llegar al palenque, aunque la rompa no vaya por rom- 
pida. 

3. One el que tocare al palenque antes de dar el bote de pica, 
DO pueda ganar premio. 

1. Que quien rompiere la pica del guardabra» abajo, no le 
valga por rompida. 

5. Que cualquiera qoe rompa la pica enristrándola aetesde dar 
el bote, no le valga por rompida. 

6. Que sean juzgadas por mejores picas las que se rompieren 
mas altas yjiqores botes ; que los jueces tengan consideración al 
que con mas brío y aire las rompa. 

I. Que los jaeces alieodan que si alguno ai poner mano á la 
espada se embaraza, de forma que haya menester ayuda de padrino, 
no pueda ganar premio de espada. 

S. Que cualquiera que pierda la espada por flojedad propia, ó 
que se la haga caer al contrario, no pueda ganar premio de es- 
pada. 

9, Que el que tocare al palenque con la espada de cualquier 
manera, no pueda ganar 'premio de espada. 

1 0. Que cualquiera que tocare al palenque con la mano izquier- 
da, antes de pelear, 6 peleando, no pueda ganar premia de es- 
pada. 

I I . Que sean juzgados por mejores golpes de espada los qoe se 
dieren mas altos, mas Armes, con mas presteza y mejor aire. 

IS. Que los que hicieren caer la espada al enemigo ó se la qni- 
taren con bote de pica, ó golpe de espada, ó le hicieren derramar 
sangre de manera que no pueda tornear, no puedan ganar premio 

DiBiiizcd bvGoogle 



' CONSTITCCION. 263 

de pica, si lo babiere hecho coo la pica, ni premio de espada, si lo 
hubiere hecho con la espada, sino en caso que su contrario hubie- 
ra hecho lo mismo con él ó con olro, porque en este caso se juzga 
quien con mas aire, brío y gallardía lo habrá hecho. 

13. Que si peleando con las espadas no se pudieren departir, 
que los maestres de campo acudan luego, y que estén obligados los 
combatientes h obedecer sus órdenes. 

14. Que cualquiera que desffrmare con bote de pica ó con gol- 
pe de espada á su enemigo, de forma que no se pueda reparar con 
una agujeta de las comunes que acostumbran á llevar para este 
efecto; si fuere cod bote de pica, le valga por dos picas rompidas, 
y si fuere con la espada, que los jueces tengan consideración de an- 
teponerlo h la igualdad de los demás. 

15. Cualquiera que diere mas de tres botes de [rica ó menos, no 
pueda ganar premio. 

16. Que cualquiera que diere mas ó menos de cinco golpes de 
espada, no puede ganar premio. 

Tales eran las leyes á que debían sujetarse los lidiadores. 

Llegó el dia y la hora seDalada. 

El destinado campo ó circo era, según hemos ya dicho , la sata 
Real de los pleitos, en cuya gran capacidad se reconoció bastante 
ámbito para formar y disponer los puestos necesarios para la fun- 
ción. 

Formóse para SS. HM. una tribuna con sus celosías muy claras, 
adornada con ricas colgaduras, y en ella un elevado solio. 

A entrambos lados aparecían otras dos tribunas -, la de mano de- 
recha era para las damas y demás señoras de la familia de la reina, 
7 la de la otra parte para los grandes y demás caballeros y corte de 
la Emilia de S. H. 

Rodeóse después todo el salón de tablados muy capaces y muy 
compuestos para el Real Consejo, excelentísimos seQores concelle- 
res, muy ilustres y fidelísimos diputados y oidores, personas con- 
vidadas y coo mucha especialidad para las setSoras damas-jueces 
que esUüitaD á la parte derecha de la tribuna de SS. MM. junto á la 
vaHa, con sus sillas de terciopelo y con su cortina de damasco 
carmesí con franjas de oro, y en la misma tribuna el consülente y 
secretario sentados aote una mesa con recado de escribir. AI pié de 
la tribuna estaba el andador de la coñ-adía de San Jorge con su cota 
de tafetán morado, llevando distribuidas en el pecho las cinco jo- 

TOKO I. ^ ^ 

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S54 CONSTITUCIÓN. 

yas de los premios; juoto á la mesa había un cofre con cíncaeota 
docenas de pares de guantes de olor. 

Ed el espacioso pavimeoto qae quedaba en forma coadrada se 
formó una tarima i na lado y otro, y sobre ella un estrado com- 
puesto de una Miera de sillas junto á los labiados y tres bileras 
iguales de almohadas para todas las damas que hablan de concur- 
rir, siendo en tanto número que pasaban de trescientas. 

Fijóse después en el campo que-quedaba la valla ó tela para la 
palestra, atravesada en medio del salen, dejando lugar bastante á 
nna y otra parte para el paso. Repartiéronse por todas las paredes 
de la sala, con ostentosa y proporcionada distribución, ochocientas 
velas de libra y cien hachas, y se dispuso una merienda ó refresco 
con que agasajar k SS. MH. con tanta liberalidad y grandeza que 
solo en los dulces se gastaron mil libras. 

Brillante de luces y de hermosuras estaba el salón. La fiesta em- 
pezó con un sarao , rompiendo el baile , al suave son de varios y 
acordes instrumentos, doBa María Teresa Dnsay y Bru y don Tí- 
cente de Hagarola y de Bach; pero pronto llegó la hora del torneo 
que annnciaron con su estrépito los tambores y con sus prolonga- 
dos sones las maroiales trompetas. 

Despejóse el circo, todos se retiraron á sus respectivos puestos, y 
las miras se fijaron en la puerta de entrada por donde se veía aso- 
mar í los maestres del campo. 

Salieron á despejar la plaza al grave estruendo de cuatro tam- 
bores y otros tantos alegres pifonos, adornados con sos cotas de 
damasco carmesí y blanco con sos franjónos, los dos maestres de 
campo don Juan de Llnpiá y de Águlló, gobernador de Catalola, 
y don Bernardo de Aymerich y Cruílles, vestidos con la gala y lujo 
que requería la fuacion, con sus bastones y bandas coloradas, di- 
visa de la noble cofradía de San Jorge. ' 

En pos de ellos iban todos los padrinos de los combatientes, de 
cuatro en cuatro, siendo los últimos los cuatro padrinos del mante- 
nedor. Iban todos ricamente adornados de extraordinarias galas, 
llevando cada uno la divisa del combatiente que apad rinaba atada en 
el brazo izquierdo. Gonsistia esta en una rica cinta con remates de 
oro y plata del color de la gala del combatiente , siendo la de los 
cuatro padrinos del mantenedor de color anteado y plata. 

Cerraba la mait;ha el mantenedor que lo era el muy ilustre mar- 
qués de Rubí, armado de punta en blanco; llevaba abierta la visera 

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consTrrcciON. ' t5& 

eoa SQ cimera ó penacho de ondolaotes plumas blancas; su manió 
y lODelete eran del color de su divisa; llevaba apoyada sobre su 
hombro una pica plateada; su adarga eo el brazo izquierdo, y en 
día la tarjeta cod su empresa. Uo paje con una fuente de plata sa- 
ministraba á tos padrinos la empresa escrita sobre tafetán del color 
de la misma divisa, para que la repartiesen entre el lucido concurso 
que ocupaba el salón. 

Hechos los correspondientes saludos y cortesías, hecha por el 
mantenedor la levada, batiendo la pica al suelo, fuese á, ocupar su 
slio en la plaza k la parte derecha de la tribuna de SS. MM., con 
sus cuatro padrinos que eran el muy ilustre marqués de Coscojue- 
la, don Francisco Yufient y Harímon, don Francisco de Sayol y 
OnarteroBí, y don Carlos Fivaller y Torres. 

BI primero de los citados padrinos llevó las armas y empresa de 
80 apadrinado á las seDoras jueces para que se dignasen reconocer 
las anas y tomar nota de la otra. 

Consistía la empresa del marqués de Rubi en dos soles soberaua- 

mente unidos y coronados con una Real diadema con este mote: 

Ex utroque unum, gozando por ingenioso comento esta letra : 

Juntólos la semejanza, 

y uniéndolos el amor 

dan el influjo mayor. 

La idea del mantenedor fué celebrar el asunto de la fiesta, es de- 
ár, el himeneo de 9S. HH. 

Efttró por primer combatiente don Francisco de Yufient y de 
Yei^ laa airosamente bizarro como bizarramente airoso, según 
la resefia á la que pido prestados estos apantes, asociábanle sus 
dos padrinos don Juan de Copons y de Falcó, y don José Ámat de , 
nanella y Despalan. 

Armado salió de bruQidas armas ; coronaba su celada una vis- 
losa cimera, compuesta de bellas plumas entretejidas con otras de 
«lor gridalíQ ; brillaban en su manto y tonelete el precioso esmalte 
éel mismo color gridalío.-que era el de su divisa.-eotre transpa- 
roitefl tísos de preciosa plata ; sostenía su mano derecha la f\&- 
toadapica que briosamente reclinaba sobre el hombro, y embrazaba 
ni brazo izquierdo la adarga con la empresa. Otro paje en una ser- 
villa suministraba la empresa, impresa en tafetán del color de la 
divisa, á los padrinos para que la fueran repartiendo entre las 



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456 CONSTITUCIÓN. 

Era su empresa una flor de lis coroDada con oDa rica diadema, y 
circuida del hábito que el serenísimo duque de Saboya teoia por 
rey de Chipre: el mole era: Solo Cypre, y su ingenioso comento, 
con mas profundidad que sílabas, se reducía k esta letra : 
La Cipria hermosa deidad 
corona mi majestad. 

Era el intento del paladín defender y sostener que solo la real 
princesa María Luisa Gabriela de Saboya, persas soberanas pren- 
das y singular belleza, podía ser digna consorte del rey Felipe Y, 
aludiendo á este concepto el comprenderse la flor de lis coronada, 
cuerpo principal de la empresa, dentro la esfera del h&bito del rey 
de Cbipre. 

Hizo el paladín su levada, batiendo ai suelo la pica y c(«clu- 
yendo con tos tres acatamientos ante el solio de SS. HM. y ante 
la tribuna de las damas; reconociéronse sus armas y tomóse nota 
de su empresa: en seguida, pusiéronse frente á frente el de Rubí y 
el de YuQent; hicieron mutuamente entre sí la calada del reto, con 
las mismas picas plateadas, y dejándolas después en tas manos de 
los padrinos, recibieron de estos las de comlñte con sus roquetes 
de hierro y con sas pautas. Tan pronto como los combatientes las 
empuGaron, haciendo vistoso alarde del brío y del valor, empeza- 
ron á batallar con tres levadas, rompiendo las tres picas entre sí; 
y recogiendo los pajinos los roquetes después de rotas, para en- 
tregarlas & las seDoras jueces, tes iban sucesivamente administrando 
otras enteras, y á la última, echándola con garbo at suelo, con uni- 
forme bizarría pusieron los dos mano á la espada, y acercándose á 
un paraje proporcionado se dieron con airoso brío cinco cuchilladas 
en lo alto de sus celadas, arrancando numerosos y nutridos aplau- 
sos que se levantaron de todos los ángulos de la sala, ínterin las 
damas agitaban al aire sus paDuelos y bandas de colores. 

Entre el bullicio de tas aclamaciones, se retiró el mantenedor á 
su puesto con sus padrinos, y don Francisco de Yulíeot se apartó á 
na lado de la sala, haciendo lugar á los demás combatientes. 

Fué el segundo paladín don Antonio de Paguera y Aimeñcb, ca- 
ballero que debía gozar sin duda en aquel tiempo fama de muy ga- 
lán y muy gallardo, pues que el cronista le llama bello Adonis con 
emulaciones de esforzado Marte. Eran sus padrinos don José de 
Terré y Paguera, y don Francisco de Pinatelíi y Aimerich. Armado 
iba también de todas armas; de plumas blancas y encarnadas se 

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cofistmiaOB. 151 

conpoDia el airoso penacho que se balanceaba sobre sd cimera; si 
manto y tonelete lucia los mismos colores — qoe eran los de sti di- 
visa — y sa empresa, que los padrinos repartían con prodigalidad 
entre el concurso, era el Amor vendado con sus alas, arco y flecba 
en la mano derecha, al lado de la Fortuna vendada también, pi- 
sando entre ambos con un pié una esfera ó globo, la Fortuna con 
el otro su misma rueda: mediaba entre ellos un corazón, que le 
sostenía el Aaor con una mano por su parte, y la Fortuna con otra 
por la suya, dando alma á tan ameroto y afortmaáo cuerpo este 
mote: Con la umon se mmortoHsa, comentándole discretamente 
'sentenciosa esta letra: 

Del mundo vida ha de ser 
solamente un corazón 
con tan singular unión. 

Después que quedaron cumplidas las ceremonias que á cada pa- 
ladión debían renovarse, insinuaron el combate los bélicos instru- 
mentos, y el mantenedor y don Antonio de Paguera pelearon dando 
sobrada pmeba uno y otro de valor, de esfuerzo, de inteligencia y 
gallardía. 

Fué el tercer combatiente don Miguel Pons de Mendoza, caba- 
llero del hábito de San Juan. Tenia por padrinos á don Feliciano de 
Sayd y Qnarteroni y á don José de Fenan y Zarriera, caballeros 
del mismo hábito. El color de su divisa, de so manto, tonelete y 
penacho era el oro mezclado con la plata; su pica era dorada, y so 
empresa, con la que daba que discurrir á todos los discretos, era 
un mar cuyo dilatado piélago, poblado solo de encrespadas olas, 
dejaba engolftido el discurso sin saber adonde tomar puerto, siendo 
enignia mas que esplicacion de sn profundidad este mote: Hada. 

Enigmática era en efecto esta empresa, y antes que nosotros hu- 
bo ya de encontraría tal el cronista que en estos apuntes nos guia, 
paes qne respetó su misterio , contentándose solo con indicar que 
acaso quería la empresa suponer que con el Real enlace nadaba la 
monarquía espalóla en el dilatado golfo del mayor poder. 

El misno buen éxito que sus predecesores obtuvo este nuevo 
paladin, los mismos aplausos coronaron el combate. 

Retirado á^u puesto el de Pons , retumbaron- por cuarta vez loo 
clarines , y acompatlado de sus padrinos don Miguel de Lentom y 
Pilos y don Juan de Pinos, se presentó en el palenqne el muy ilus- 
tre CMde de Zabellá, tan bizarro y galán como él solo , siendo lo 

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£58 consTiTCCiOR. 

mismo dejarse ver que romper el ooocurso es «plausos & su brío, 
áeauedo, despejo y natural bizarría. Amarillo y plata era el color 
de su divisa, y su empresa era una e^era ó circulo, compuesto Co- 
do de muchas coronas , proporciODadarneute enlazadas unas con 
otras , y en la del medio dos manos unidas. El mote era : Cm la 
unión »e perpetúan, y en estos dos versos estaba significada toda la 
agudeza del concepto : 

¡Oh! surcan de esta unión logro íriiee 
diademas que esta unión inmortalice. 
El combate entre el conde de Zaveltá y el mantenedor , después 
de cumplidas t!^das las formalidades y ceremonias , hubo sin dada 
de dejar altamente complacido al concurso, paes que el cronista lo 
celebra con los siguientes versos : 

De estos dos nobles alddes 

y de su marcial destreza, 

quedó volando la fama 

pero la envidia por tiena. 
Faé el quinto c<Hnbaltente el barón de Orcau, á quien apadrina- 
ban don José de Agulló y Pinos y el marqués de Rupit. Sa divisa 
era blaaea y azul , y su empresa pintada ^n la adarga que gallar- 
damente sostenia su brazo izquierdo, solo consistía en un gran co- 
razón con e^ lema : No ha menester mas biason, siendo ingoüoso 
comento de su profundidad este terceto : 

Siendo escudo consagrado 

al rey este corazón, 

no ha menester mas blasón. 
Al barón de Orcau que cumplió como bueno y viüiente, soste- 
niendo con dignidad su reputación de bizarro y galán, sucedió, 
previo el indispensable toque del ciarla, don José de Claríaaa y 
Gualbes, sobre coyo casco ondeaba esbelto un penacho de plumas 
Mancas y azules, colores adoptados para su divisa. Eran sos padri- 
nos el muy ilustre conde Darnius y don Pedro de fiach y de Gute- 
114. En cuanto & su empresa, que tenia también sus ribetes de enig- 
mática, era un pescador con caDa y anzuelo que estaba pescando 
muy tranquilamente á orillas del mar, leyéndose al pié : Aut can 
esperanza nada. . 

Revisáronse las armas, repartiéronse las empresas, hiciéronse 
las levadas y cortesías de ley, y lacharon mantenedor y retatlor 
con tan buen acierto que la concurrencia redobló sus aplaasas y 
fueron mas que ninguna vez estrepitosos los vítores. 

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coNsniQcioN. 259 

Por séptima vez anunció el clario la presencia de un nuevo cam- 
peón. Fué este el muy ilustre conde de Itobles, marqués de Vila- 
nant, al que apadrinaban el muy ilustre conde de Centellas y doo 
Jasé de Marimon y Corbera. Oro y verde era el color de su divisa, 
y SQ empresa — que el paje dlstríbuia en la forma que loa demás — 
DO gran corazón que arrojaba llamas y que encerraba otros dos co- 
razones coronados por una diadema. El mole decía : En elmo a- 
lán lot ios, y trocando la letra los efectos de la aplicación en los de 
iogoDioso eco, repitiendo los mismos acentos, decía : 
Si eu el mió están los dos 
con tau feliz unión, 
es mi empresa el corazón. 

Apareció por Qn el postrer combatiente que era don Antonio Ar- 
mengol, barón de Rocafort, acompaDado de sus padrinos don Ma- 
nuel Llobet y Aloja, y don Félix de Areny y Vilanova. Blanca y 
azul era también su divisa, y su empresa la mejor de todas, á mi 
modo de ver, si bien no fué la que alcanzó el premio. Pintado lle- 
vaba en su adarga un hermoso jardín adornado de variedad de flo- 
res, con una mano que cogía entre todas la mas bella. El mole de- 
cía : Itiíer omtm puícAriDr, y mejor lo esplicaba aun esla letra : 
Aunque pudiera escoger, 
siempre llegara á elegir 
la que pude conseguir. 

Esla empresa era un galante obsequio & la reina. 

El combate del barón de Rocafort con el mantenedor complació 
agradablemente al concurso, que supo premiarles con la misma ge- 
nerosidad y largueza de aplausos que pródigamente bahía derrama- 
do sobre loe demás paladines. 

Mientras que se sosegaba tan alborozado bullicio de encomios y 
alabanzas, pasaron tres de los combatientes á la parte del mantene- 
dor, é incorporándose con él y puestos de hilera, hicieron junte con 
otros cuatro, de los que habían quedado en la otra parte de la va- 
Ib, la óltíraa levada de la folla, rompiendo cada cual recipionmeii- 
te la pica con su combatiente. En seguida echaron mano á la espa- 
da, y acercándose á la distancia conveniente, se tiraron loscaieo ta-. 
jos de ley al grato rumor de unánimes palmadas. 

Asi terminó el torneo, y llególe el turno entonces ala repartición 
de premios. 

Para dar principio las damas á su juicio en la distribodon de e>- 

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S60 CONSTITUCIÓN. 

tos, mandaron correr las cortioí^, siendo llamado á tonutr parte «d 
la deliberación su secretafío don Raimundo de Godioa y sn codsu- 
lenfe don Francisco de Sayol, decidiéndose que el primer premio de 
mejor pica se diese al marqués de Rubf, el segundo de mejor espa- 
dad don José do Glaríana y Gualbes, el tercero de mas^;alw ai 
conde de Zavellá, el cuarto de mejor invención á don Franoiseo de 
Yofient, y el quinto de la folla al barón de Orcau. 

Cada uno de estos caballeros, al recibir el premio, lo presentó á 
una dama de la concurrencia, fué celebrado el triunfo con música y 
estruendo, y terminó la fiesta con un espléndido sarao en los salo- 
nes de la Diputación, siendo agasajados todos los asistentes con naa 
osteotosa merienda de todo género de dulces y aguas heladas. 



Seria nunca acabar si hubiésemos de dar solo una idea de las fies- 
tas y funciones que en distintas épocas se han celebrado en los sa- 
lones del palacio que nos ocupa. Lo haremos ya solo de otra fiesta 
que tuvo lugar en la misma sala de los pleitos, pocos dias después 
de la que acabamos de reseDar, y también á presencia de SS. HM. 
don Felipe V y doQa Haría Lucía Gabriela de Saboya. 

Con otra de las funciones con que trataron de obsequiar los dipu- 
tados barcekmeses á la Real pareja que la capital de los condes al- 
bergaba, fué con la fiesta de la Momería, diversión especialísima y 
antigua que, al decir del cronista que de ^ nos traza una especifi- 
cada resefia, remonta & la época de los godos, habiéndose solo acos- 
tumbrado á celebrar semejante festejo en Barcelona en ocasión de co- 
ronaciones de reyes, reales bodas , nacimientos de príncipes, etc. 

Dice el cronista que nos guia, que consiste tan soberano festejo- 
cayo origen nos parece que se hallaría en las fiestas gentiles de 
Grecia y Roma — «en un baile de bailes, pues se compone ingenio- 
samente, aOade, de los mas primorosos, graves, nobles y bulUdo- 
sos que la destreza y habilidad de los mas espertos ea esta entrete- 
nida prafesion saben idear y componer.» 

Para que el festejo tuviera todos los atractivos y pudiese rodear- 
se detodoel brillo necesario, se eligieron para su ejecución, como 
siempre habia sido costumbre, doce damas de las que mas figura- 
ban en la sociedad por su nombre y por su belleza, las seis casadas 
y las otras seis doncellas, con otros tantos caballeros pertenedentes 
también á la aristocracia, seis casados y seis solteros. 



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GOHSTITOCION. S61 

Las par^ se formaroa pues cod los sugetos signieotes y ea el 
aodo y forma que á cootinuaeioD se espresa: 

Latuñorat dmetíku eran Cuyoinumoteranloiimoret 

Doóa Haria de Reart j de Xammar. Dod Antoolo de Oms y Saata Pau. 

Dák Petronila de Llupiá y ftoger. Don Salvador de Tamarit y VilanoTa. 

Doóa Cdyetana de Oms y de Zarriera. El Conde de Zavelli. 

Doña Francisca Desc&tlter y Bach. El Conde de Soltura. 

Doña Francisca Meca y de Cardona. £1 Gobernador de Cataluña don luán 
Doia Baiala de BournoaTille y Eril. de Llapiá. 

El Conde de Bobles, marqués de Vá- 
llanant. 
la$ teñonu caiaáai eran T «m momot er<m los smores 

La Condesa de Solterra. Don Antonio de Zarriera y de Roca- 
Doña Francisca de Harimon y de Va- berti. 

lasco. Dod Miguel Pons de Mendoza. 

Deña Isabel de Llupiá y de \6lum. Don Pranciseo de Yu&ent y de Vergtis. 

Doña María de Rocaberti y Llapiá. El Barón de Orcau. 

La Condesa de Centellas. El Marqués de Rubí. 

Doña Nariana de Llupiá y Gelabert. Don Juan de Pinés. 

Las seOoras doncellas y sos momos eligieroo como divísalos cé- 
leres eocaniado y plata ; las casadas y sus cateilteros los colores 
asul y plata. 

Kspúsose el sakm con el mismo lucimieDlo y suntuosidad que el 
dia del torneo ; fiíé reservada para SS. HH. la misma elegante tri- 
buna, y en triple huera ocuparon los estrados las damis catalanas. 
Tan esi^ndido golpe de vista, tan magnifica perspectiva debía ofre< 
cer el salón, que el croi^, usando el gongórico lenguaje de la 
época, no vacila en decir que parecía que el ^ de la plata se había 
derramado en diamantes en aquella adminü)le paradade vivas, no- 
bles y hermosísimas joyas. 

Comenzó la música de varios y acordes instrumentos & agasajar 
los «dos de tan brillante concurso, y no tsrdaru en aparecer las 
momas y momos que, deelumlHaotes de gala, con sus antorchas eo 
la mano derecha, salían á danzar la momería. 

Por el ángulo de la parte derecha de la tribuna de SS. MH. sa- 
tieroB las sos seConuí doocelbs y por la otra parte los sos eaballe- 
rss casados que eran sis momos ; por el ángulo del otro ladostíie- 
rají las seis seOoras casadas y del estremo opuesto los seis caballo - 
ros 8<dteros que eran sus momos. 

Dejemos ahora haUsr al Ofoaista y hagamos plasa á su relación, 
nspetando sus ñmses y ienguq'e. 

olban, dice, las sefioras doncellas adornadas tan rica y primoro' 

Toiio.L 34 



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26S coNsmncioN. 

sámente, qae cada cual parecía una bella deidad avoDlajando en tu 
lucimiento y bizarría á )as que ¡dolaba la ciega gentilidad. Su tra- 
je honestamente garboso era á modo de briosas amazonas. Compo- 
níase su gala de rico restaQo de plata y encarnado, en cuyo jnstillo y 
mangas brillaban diferentes líneas de puntas de plata crespadas al ai- 
re; con su petillo todo de diamantes, de cuyos fondos centelleaban 
agudos reflejos. Las mangas k la moda, con sus bollos y contraman- 
gas, todos hermoseados de crespadas puntas mellnas, con sus vueltas 
de las mismas y sus ricos guantes. LabasquiQa^sobresu rico corte 
con dos líneas de puntas grandes de plata, crespadas al aire, señorea- 
ba ricamente grave. El manto era de gtasa brillante, guarnecido de 
finas puntas blancas al aire; prendido le llevaban con una rica joya 
de diamantes sobre el hombro derecho, y dando una airosa vuelta, 
veola á quedar prendida su estremidad al lado izquierdo con obu 
joya de diamantes ; con nn estoque de guardamano dorado, pen- 
diente de una rica cinta. 

«Coronaba un precioso tocado á la indiana tan soberano adorno, 
cuya composición era un rico circulo con labores de diamantes, del 
cual subían bellas plumas blancas y encamadas entrepnestas. En 
medio del círculo brotaba una selialada joya de diamantes, de la 
cual colgaba una bella perla hasta mitad de la frente. El dorado ca- 
bello que, emulando d^ sol los rayos, enriquecía al aire con sus 
brillantes rizos, compuesto á la moda, entre preciosas cintas, deja- 
ba lugar para que relucieran los ricos sMlillos de diamantes que se 
desprendían de sus orejas. Encubría lo admirable de su belleza ana - 
negra mascarilla. 

»Las seis seDoras casadas iban puntualmente con el mismo tra- 
je, adorno y lucimiento, y solo se diferenoiaban en el corte de la 
gala, que era de tisú esmaltado de azul con relieves de oro, como 
tambies las plumas que coronaban su belleza volaban interpuestas 
azules y blancas. 

»Los seis caballeros casados conformaban coa el encarnado de 
sus momas. Su traje era estraordínario, con calza tirada, vestidos 
de glasa brilltrnte con puntas de plata al aire. Las mangas coa U'es 
órdenes de abanillos que iban creciendo proporcionadamente hacia 
la mano con la misma guarnición , coa sus bollos muy abultados 
con puntas al aire. Llevaban también su tonelete con los mismos 
tres órdenes de semejantes abanillos. £1 manto garbosamente ter- 
ciado desde el hombro derecho, á donde le prendía una joya de día- 

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eONsnTDcioK. 263 

oUDtes, hasta la cintura de la parte izquierda, donde otra semejan- 
te jdya recogía su remate : con su rico espadin pendiente de un bri- 
dazú. La media del mismo color con su zapato blanco con lazos de 
diamantes. Coronaba un tocado ¿ la indiana de la misma forma que 
el d»las seQoras momas, con su perla también en medio de la fren- 
te, y su mascarilla negra. Su pelo uniformemente Todos á la moda; 
con su antorcha en la mano derecha. 

»Los seis caballeros solteros iban adornados con el mismo traje 
y gala, diferenciándose solo en el color, que, en correspondencia 
de las seis sefioras casadas sus momas, era azul y plata.» 

Adelantóse la lucida comparsa, saludó á SS. HM. y en seguida 
dieron comienzo & la momería, danzando las danzas y bailetes en 
et orden que á continuación se espresan y que es eF mismo con que 
las marca la relación á la cual se lo pido prestado. 

1.° Momería entrada, que consiste en formar un lazo, la dama 
por dedentro y el caballero por defuera. 

2.* Turdion mudanza, primero el caballero y después la dama. 

3/ Entremés de Bienquerida, cambiándose haciendo coluna, 
qne consiste en formar dos lineas iguales ; prosiguiendo con el mis- 
no rumbo hasta volver cada cual á su puesto. 

4.° Lucinda cíu^coI de media traviesa, dando vuelta con un 
baile de tres, basta volver al puesto. 

5.* Entrada de Xacara, dando vueltas á la sala de dos en dos, 
con su bailete que es el ootremés. 

6.° Torneo tres veces, y en la tercera la fuga, que es el Cana- 
rio. 

1.' Hornería en la misma conformidad que la primera vez. 

8.* Airosa catalana, cambiando de puestos, atravesándose des- 
pués, y volviéndose á su puesto. 

9.* Arcos mudanza, el^caballero primero y después la dtma con 
canario. 

10. Prado, con traviesas de á cuatro, rodando enlazados de 
cuataH) en cuatro, dándose la mano, 

11. Momería entrelazada de momos con momas, y después de 
momas con momos, hasta wlverse á supuesto. 

IS. Paradetas, bailete de traviesa entera, cambiándosede pues- 
tos. 

13. Minuet, baile que consiste en formar como un lazo al sa- 
no, cambiándose de puesto, atravesándose. 



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£64 coNsitmciOR. 

14. Milagro, que consiste primero eo formar colana, y des- 
pués dando ana vuelta momo con moma, haciendo traviesa y cam- 
biándose de puesto, se repite hasta volverse á su lugar. 

15. Bailete al son del gran duque, formando á modo de aerpe, 
entrelazándose qq momo tras una moma, volviéndose después & m 
puesto. 

16. Cadas, que consiste en dividirse los momos de las momas, 
haciendo ademan de arrojarse las luces, á modo de alcancías ó ca- 
sas, y esto dos veces y la tercera volviéndose al puesto. 

17. Momería en la misma forma de la entrada hasta concluir, 
con el mismo acatamiento y cortesías con que se empezó, retirán- 
dose eo la misma forma por las mismas cuatro esquinas por donde 
habían entrado. 

Dos horas duró la diversión, y no escasearon los aplausos. Alta- 
mente complacidos quedaron los reyes, y admirado y sospenso el 
concurso, siendo tan celebrada la fiesta, que la corte ilegóá propo- 
ner á S. H. que diese un decreto por el cual constase que se reso^ 
vaba para las pei^naa re^es la celebración de la Momería, de for- 
ma que solo en presencia de rey Ó reina se pudiese de ahí en ade- 
lante ejecutar semejante danza. 

Acreditando también la reina lo mucho quehafoia sido de su gas- 
to el festejóle la Momería, de su órdeo la princesa de los Ursinos 
envió á llamar al siguiente diaá las damas y caballeros que habían 
sido momas y momos, manifestándoles que seria muy de su agrado 
que aquella tarde fuesen sirviendo á SS. MM. hasta el Real monas- 
terio de Pedratves para que en él volviesen á celebrar la fiesta. . 

Así se hizo en efecto, y la Momería volvió á daozarse en una de 
as salas del histórico monasterio catalán. 

En uno de los salones de este palacio tuvo también lagar un acto 
de género bien distinto por cierto al de las funciones que acabamos 
de describir, y que merece especial mención por referürse á ana 
¿poca de generoso y patriótico entusiasmo. 

Era el domingo 9 de abril de 1809 , que luego debia ser llama- 
do en la historia el dia heroico de Barc^ma. 

La capital del Principado se hallaba militarmente ocupada por 
los franceses, qoe se habían apoderado de ella por sorpresa y trai- 
ción , y gloriosamente comenzada estaba ya aquella famosa locha, 
aquella admirable guerra de la lodependeocia , homérica epopeya 



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CONSTITOCION. 865 

de la fispatia moderoa. Barcelona tenia á muchos de sos hijos en el 
campo y en la montafia batíéodose denodadamente bajo el estan- 
darte de la causa nacional , mientras que aquellos de sus ciudada- 
no» k quienes el deber, la familia 6 la necesidad habiao obligado á 
quedarse en sus hogares, esperaban vigilautes que se les ofreciese 
una ocasión propicia para rescatar , aun á costa de su saogre , la 
ciadad cautiva. 

Eran las siete de la maDana del citado dia cuando entraba por ia 
Paerta Nueva casi toda la división francesa que estaba acampada 
en San Andrés, situándose sobre las armas en la esplanada. Pocos 
momentos después, los artilleros con mechas encendidas se coloca- 
ban al lado de los caQones que hablan sacado de la cindadela. Alas 
ocho de la maOaaa salia de palacio el general Saint-Cyr, y pasando 
pw entre las Olas de los' soldados , iba á, ponerse á su fiante. Un 
gentío inmenso, imponente por el silencio que guardaba, llenaba la 
plaza de San Jaime y sus alrededores. Numerosas patrullas de in- 
fenteria y caballería rondaban por las calles, apartándose á su paso 
el paisanaje con cierto desden y con marcada gravedad. A las nue- 
ve de la maOana se colocaba en la plaza de San Jaime un respeta- 
ble cuerpo de infonterfa francesa, con otro de coraceros, y asi el 
nno como el otro destacaban continuamente patrullas que rondaban 
al rededor del palacio de la Diputación, et cual tenian como circui- 
do. En el mismo interior del palacio estaban también acampadas 
dos compa&ias, puestas sobre las armas, y en tanto, iban creciendo 
los grupos, cada vez mas imponentes, de aquella callada multitud, 
á través de la cual difícilmente se podian abrir pasaje las numero- 
sas rondas de la policia y de la fuerza militar. 

¿Qué sucedía en Barcdona para desplegar aquel aparato de fuer- 
za? ¿Qué significaba el imponente aspecto de aquella muchedum- 
bre , mas terrible por su misterioso silencio de lo que lo hubiera 
«do con su. ruidosa algazara? ¿Qué querían decir aquellos semblan- 
tes en los cuales estaba pintada la ansiedad , y aquellos hombres 
que al crdzarse se apretaban disimuladamente la mano , como una 
sedal de esperanza? ¿Qué iba en fio á pasaren aquel antiguo palacio 
de los proceres catalanes, al.«ual dirigían todos sus ansiosas miradas, 
como si penetrar quisieran con su vista á través de las paredes? 

Era llegado el dia en que con el aparato de la fuerza militara 
qoería hacer prestar á las autoridades de Barcelona el juramento 
de obediencia al rey José Napoleour El pueblo estaba ansioso por- 

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266 CONSTITDCION. 

que circulaba la noticia de que muchos iban k negarse resuelta- 
mente á prestarlo , y se sabia que los generales Yilalba y conde de 
Ezpeleta babiao contestado por escrito á la invitación recibida para 
estar á las diez de la maOuia en el palacio de la Diputación, que no 
les era posible ir y que no querían nt podían jurar k Napoleón. 

Desde por la mafiana habían aparecido fijados en varías esqui- 
nas, en el mismo patio de la Diputación, y tirados por las calles, 
varios pftpeles, impresos unos y pintados oíros, que la policfa fran- 
cesa se diera prisa á recoger ó arrancar. En unos se veía una cam- 
pana como en el acto de tocar á somaten y debajo esta leyenda : 
¡ Viva Femando VII ! ¡ Muera el pirata Napoleón I En otros estaba 
pintado un corazón despidiendo llamas, y en el centro decia : ¡ Víc- 
tor Femando VII, conde de Barcelona ! 

A las nueve de la maQaoa viéronse entrar en la Diputación , en 
traje de ceremonia, pero sin formar cuerpo , los oidores, regidores, 
jefes de varios ramos de la real Hacienda , militares , notarios, es- 
cribanos , procuradores, alcaldes de barrio, etc. k las nueve y me- 
dia llegó el capitán general francés Duhesme, vestido de gran uni- 
forme, y entrando eo el palacio, pasó k la sala de San Jorge, donde 
ocopó el centro del tribunal, colocándose junto 4 él los queleacom- 
paüaban. 

Abríóse la sesión leyendo Duhesme un discurso en francés , qae 
en seguida leyó traducido al español el fiscal civil doo Joan de Ha- 
dinabeytia, persona muy conocida por saejiQget&áoafrancesamiento, 
y terminado este acto se fué llamando, uno á uno, á los que debían 
prestar juramento al nuevo rey de EspaOa. La fórmula que les leia 
Duhesme era la siguiente:— «¿Juráis fidelidad y obediencia á S. M. 
José Napoleón 1 rey de las EspaDas, ¿ las leyes y á la Constila- 
ciofl?» 

El primero que se avanzó con ánimo sereno y voz tranquila para 
rehusar el juramento fué D. Jaime Alvarez de Hendieta, oidor de- 
cano, el cual quiso fundar su opinión en las razones que le asis- 
tlBD , pero no se le permitió la palabra. A este siguieron los demás 
ministros, escepto dos que con voz débil- y como avergonzados re- 
conocieron á José Napoleón. Al llegar el turno á Hadínabeytia, es- 
clamó con marcado acento y en voz muy alta:— «Yo por mí reli- 
gtoo, por mi honor, por mi conciencia y por el bien de mi patria, 
jaro fidelidad y obediencia al emperador mi amo y á su hermano 
José Napoleón , rey de EspaQa y de las Indias, á las leyes y á la 

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cONSTrruciON. iñi 

GoDStitocioD.» (loo de los ministros había dicho aotes qae sa reli- 
gión, su honor y su conciencia no le permilian prestar el juramento 
qne se le exigía , y como estas palabras habían producido grande 
agitación y tumulto , á ellas quiso contestar marcadamente Madi- 
Daheytia. 

Fueron llamados sucesivamente los escribanos de cámara , uno 
de los cuales, don Francisco Ribas , que sentado al lado de Duhes- 
me les llamaba, dijo á su vez con claridad y entereza :— «No juro.» 
Ed pos de ellos vinieron los relatores y luego el colegio de procu- 
radores de número, el alcalde mayor, los priores del colegio de no* 
bu-Ios públicos, el Ayuntamiento, el Tribunal de comercio, el Estado 
mayor de la plaza y otros muchos cuya enumeración fuera por de- 
más prolija. Menos muy pocos , todos se denegaron al juramento, 
y entre las varias contestaciones que dio cada cual en el acto , me-' 
recen recordarse la del contador principal del ejército y Principado, 
el cual dijo : — « Sí, juro reconocer á Fernfmdo VI! por rey de las 
Españas, por quien llevo este uniforme: » y la de otro bravo mili- 
tar, cuyo nombre se ignora, el cual dijo : — «Juro fidelidad y obe- 
diencia á Fernando VII, y juro derramar por él hasta la última gota 
de mi sangre.» 

TeroBinado el acto del juramento, y habiéndose enviado una per- 
sona & consultar al mariscal Saint-Cyr , el general Duhesme nombró 
regente interino de la Audiencia á don Juan de Hadinabeytia, para 
que , con los dos ministros únicos que hablan jurado , formaran 
provisionalmente el tribunal. En seguida , fueron en el acto redu- 
lados á prisión todos los que se habían negado k jurar, y decidióse 
enviarles con buena escolta al castillo de Monjuich. 

No tardó en saberse esta novedad y en circular semejante noticia 
por entre la muchedumbre que llenaba las avenidas de la plaza de 
San Jaime, y crecieron en un momento la ansiedad y la animación. 
Era la una y media cuando la escolta y tos presos comenzaron & 
salir del palacio de los diputados, agolpándose entonces tanto gentío 
en la plaza y en sus inmediaciones, que la tropa francesa tenia que 
abrirse paso á culatazos. 

Abría la marcha upa partida de caballería, seguían algunos agen- 
tes de policía, y en pos de estos, entre las filas de los soldados , los 
meritorios presos marchando digna y tranquilamente , y cerraba el 
acompaOamieoto una partida de coraceros. Los pórticos de la igle- 
sia de San Jaime , que aun entonces estaba en pié , y las calles del 

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S68 ' CONSEJO DE CiSHTO. 

CíU, Bofuería y ñamUa estaban atestadas de gente quecorria des- 
alada á contemplar los serenos semblantes de aquellos hombres k 
quienes el honor, la consecuencia y el amor & la patña iba & con- 
vertir en mártires. Entre mal sofocadas esclamaclones de admira- 
ción y de entusiasmo acompatióles el gentío hasta la puerta de Santa 
Madrona, donde hubo de quedarse el pueblo i cansa de estar pro- 
hibido el trínsito por ella á los paisanos. 

Tales fueron los sucesos de aquel dia memorable llamado el día 
heroico de Burcelom. 

Estos y oum sacrificios hizo el generoso pneblo espaDol en obse- 
quio íi un monarca como Femando Vil , que debia después pagarle 
con las mas negras ingratitudes. 

En épocas no muy lejanas, en nuestros tiempos, la plaza de la 
CotuHíuciai ha sido teatro de dolorosas y terribles escenas. Era en- 
tonces esta plaza punte mas estratégico, pues no se hablan aun 
abierto las calles de la Princesa y Fernando Vil que en ellas des- 
embocan hoy. Durante el período llamado de lat bullangas de Bar- 
celona, en la época en que el pueblo pugnaba por conquistar dere- 
chos y libertades que no le daban, la plaza de la Constitudon venia 
¿ ser el cuartel general de los sublevados. En ella se hizo Caerte el 
pueblo mas de una vez, levantando barricadas en todas sus aveni- 
das y resistiendo deaodadamente á las tropas que varias veces tu- 
vieron que librar verdaderas batallas para apoderarse de aqud 
sitio. 



tmmtUt» BE CIBST» {twMm <el.) 

Forma parte del ensanche y será una de las mas principales, 
cruzando toda la ciudad desde la calle de la Marina hasta la del 
Llobregat, viéndose cortada por muchascalles importantes como Us 
de Cerdeña, Sicilia, Ñapóles, ñoger de Flor, paseo de San Juan, 
Bailen, Gerona, Brach, Lauria, Claris, paseo de Gracia, rambla 
de Isabel II, Balmes, Universidad, Aribau, Mmtaner, Casanmas, 
Villaroel, ürgel, Borrell, VHadomat, Calabria, Bocaforí, Sntenxa, 
Vilatnari, Ltansa y Tarragona. 

Hé aquí lo que con el Ululo de SI Consejo de Genio decia en el 



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COifSUO DE CIBNTO. S69 

Damero del periódico El Telégrafo coirespondieote al 2 de diciem- 
bre de 186i, el ilustrado historiador don Luis Gutchet: 

«BieD salndo es que el antiguo Consejo de Ciento, llamado tam- 
bién CoDsejo de cieD jurados (regidores ó concejales como diríamos 
ahora) fué en todos tiempos, durante su larga existeocla, el mayor 
timbre de gloria para la ciudad de Barcelona. Aquel Consejo era un 
municipio, pero con tantas atribuciones soberanas, que en realidad 
venia & ser una especie de senado independiente; por. manera qae 
la inscripción que todavía se conserva entallada en el mármol, á la 
entrada del salón de las grandes sesiones {Senaíta Populus^Que 
Barcinonensü), no era una ridicula parodia de la célebre fórmula 
¡mesta por los antiguos romanos en sus enseOas; sino que simbo- 
lizaba coD exactitud el estado político de una población, cuyos hi- 
jos eran bien conocidos en el mundo por el libre espirita de sus 
instituciones, y por sus altas empresas en el mar como en la tierra. 
Babia en la esforzada ciudad condes ó reyes, no hay duda; pero 
eran en el fondo sus protectores, mucho mas que sus soberanos; y 
esa protecdon la pagaba Barcelona acrecentando cada dia por es- 
pacio de muchos siglos la gloria de sus príncipes, los cuales, mien- 
tras pertenecieron á la dinastía catalana, tuvieron amor y respeto á 
Barcelona, variando ya mucho bajo este aspecto las cosas, cuando 
principió Catalu&a, poc su mal, á ser gobern^a por jefes de otra 
eslú^. 

i>El número de jurados, no obstante el nombre de Conoto de 
Ciento, varió según los tiempos, y hubo épocas, al principio, en 
qoe dicho número podo ser indefinido, á voluntad de los concelle- 
res, otras en que fué de doscientos, otras de ciento, según asi sa- 
cediódesde 1S74 hasta 1387, en cuyo aoo se fijó en ciento veinte, 
fijándose mas adelante en ciento veinte y ocho, y después en cien- 
to cuarenta y cuatro; bien que conservando siempre la misma de- 
Bominacion de Concejo de Ciento; de snerte que en las actas muni- 
dpales de aquellas edades se lee & menudo: El Concejo de cien ju- 
rados, que es de cxxviii; y también como sigue: El Concejo de 
cxxnn jurados, llamado de C, etc. 

»E1 Concejo no se reunia en pleno sino en circunstancias extraor- 
dinarias, cuando debia tratarse de algún asunto realmente impor- 
tante; pero para el curso regalar de los negocios solo se reunia la 
cuarta parte de los miembros, y turnando por trimestres, & fin de 
qne la carga fuese para todos igualmente llevadera: de esta suerte, 

Tobo 1. » ^ 

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j!10 CONSEJO DE OBNTO. 

QO había mas que ud trimestre de servicio verdaderameote activo y 
ODeroso. A fio de que, terminado ud trimestre, pudierao mas fácil- 
meóte los eotraoles euterarse de los uegocios del muDicipio, que- 
daba una comisión de ios salientes. Asi es que en realidad el Con- 
cejo estaba dividido en cuatro grandes comisiones, con una sub- 
comisión, relevándose alternativamente en sus tareas, y reuniéndo- 
se todas en un cuerpo, en el histórico salón, cuando había que de- 
liberar sobre algún grave asunto imprevisto, ó se tenía que resol- 
ver sobre alguo acuerdo trascendental de la comisión funcionante, 
para aprobar ó rechazar. 

sGuando se consideran las facultades de aquel cuerpo, el que se 
elegía todos los aOos, y se ve lo que es ahora la municipalidad de 
Barcelona, eo verdad que no puede uno menos de entregarse á ciertas 
reflexiones, poco favorables á la virilidad de nuestros tiempos, no 
obstante lo mucho que en estos días se ha hecho en defensa de la 
dignidad humana. Mo hay ahora aquella perseverancia en el sosten 
de los propios derechos que constituía principalmente el distintivo 
de nuestros antepasados, cuya patriótica fibra no permitía jamás 
ninguna clase de subterfugios, demastos ni quebrantamientos de le- 
yes por parle del poder ejecutivo. Aquellos concejales eran la ge- 
Duina representación de la laboriosa y noble Barcelona, es dedr, de 
una ciudad de hombres, y habían sabido adquirir tales derechos, 
que el mismo Concejo de Ciento hasta podía conocer judicialmente 
de los abusos que llegaran á cometer los concelleres, á quienes lla- 
maríamos ahora alcaldes, en el ejercicio de sus cargos. 

»Los concelleres fueron cuatro, cinco ó seis, según los tiempos, 
y desde el aho 1249 no los eligió ya la Corona, quedando por con- 
siguiente el Concejo en cuerpo verdaderamente popular. Eq él es- 
taba representada la ciudad por todos sus hijos mas distinguidos en 
letras y eu artes, prescindiendo de la amplia representación que 
alli tenían las demás profesiones, hasta las mas humildes, porque 
los antiguos barceloneses siempre tributaron al trabajo, de cual- 
quiera índole que fuese con tal de ejercerse honradamente, los me- 
recidos honores. 

»AIIÍ se guardaban las tradiciones gloriosas del pais, allí los 
hombres de los oficios aprendían de sus compañeros que estaban en 
el Concejo por derecho de instrucción, acompasada de la delÑda 
honradez , que las personas constituidas en dignidad á quienes no se 
alcance la trascendencia de los nobles recuerdos, son poco á pro- 

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C0II8ÜUD0. 17t 

pisilo pam representar debidamente á un gran pueblo ilustrado 
con lodo género de meritorios hechos en la paz como en la guerra. 
Sin ser fanáticos de las pasadas instituciones catalanas, bien puede 
asegurarse que era mucha la grandeza moral del sabio Concejo de 
Barcelona, como se le solía llamar, calificativo que á la verdad te- 
nia bien merecido por la elevada prodencia y la luminosa sensatee 
que en sos acuerdos acostumbraba presidir. Aquellos varones ilus- 
tres, sin aparecer nunca aduladores con monarcas ó potentados, 
bien que siempre muy respetuosos con los reyes derecheros, no ol- 
vidaban que debían ser custodios fieles de todo cuanto pudiera re- 
dundar en honra de la capital de Cataluña, y la piedra mas insig- 
nificante al parecer, que pudiera mostrarse como testimonio de al- 
gún suceso notable, era por ellos tenida como sagrada reliquia: al 
mismo tiempo que administradores de la cosa piblica, eran celosos 
goardianes del patrio culto. No es, pues, de extraDar que al recor- 
dar ciertas negligencias, 6 mejor ciertas ignorancias, al comparar 
¿pocas con ¿pocas, sin ser no obstante sistemáticamente lattáatores 
temporis actí, nos sintamos poseídos de profunda melancolía cuando 
no de un sentimiento que no queremos expresar en este momento. 



C«HMJIjA1I« [Mdle <•!]. 

Es la que une la plaza de Palacio con la de Sm SdmSan. 

Carecía de nombre esta calle, llamándosela vulgarmente los En- 
caalafor hallarse junto á estos arcos, y el Ayuntamiento le dio 
en 1831 el de Consulado de amerdo por hallarse en ella la casa 
Lonja donde aclüa dicho tribunal. 

Quedan ya dadas, al tratar de la calle del Comercio, algunas 
ideas generales sobre el antiguo comercio , al que tantos días de 
gloria y esplendor debe Barcelona. 

Las relaciones de esta ciudad con las primeras plazas mercanti- 
les hicieron conocer desde los primeros tiempos la necesidad de 
crear el oficio de cónsul, ó sea una persona pública que estuviese 
legalmente autorizada para proteger y favorecer la navegación y el 
comercio que la Provincia hacia en aquellos parajes. Un privilegio 
dado en Barcelona á 11 de las calendas de setiembre de 1266 por 
don Jaime 1, concedió al Concejo municipal la facultad de nombrar 
anoalmente cónsules en Sfaia y Egipto. En virtud del citado diplo- 



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S7t CONSDUDO. 

na, estos empleados teniao autoridad para goberoar, apremiar, 
castigar j oír en juicio do solo á los catalanes, sino & los demás 
vasallos del rey que aavegaseo por aquellos paises ó residiesen en 
ellos; asistiéndoles igual potestad sobre las embarcaciones y efec- 
tos pertenecientes & los nacionales. Los que no querían permanecer 
por mas tiempo de un aDo en las parles ultramariuas, tenian licea- 
eia de subdelegar un teoiente ó vice-cónsul por todo el tiempo que 
les faltase cumplir, con la misma jurisdicción que sus principales, 
quienes únicamente debían responder del buen desempeSo de su car- 
go. Pero al Magistrado municipal te competía el derecho de casti- 
gar á su arbitrio á los uktsules y více-cÓDSoles en sus faltas y 
escesos : lodos los cuales al tiempo de su elección estaban obligados 
á jurar ante aquel, portarse bien y lealmente en su oficio, en honor 
del rey, y beneficio de la ciudad, de sus habitantes y de todo el 
resto de CataluQa. 

Antes de la creación del Consulado, tenia el comerdo de Barce- 
lona un juzgado compuesto de prácticos en este ramo que con au- 
toridad real dirígian y decidían sus negocios. En prueba de la an- 
tigüedad de esta primera forma de junta consular, que debe consi- 
derarse como el bosquejo de los trihuQales de comercio de la Co- 
rona de Aragón, consta que en 12*79 el rey don Pedro 111 concedió 
al cuerpo de los comercíautes de Barcetoua la facultad de elegir en- 
tre ellos mismos dos sugetos á pluralidad de votos para procurado- 
res jaeces é administradores de la contratación, salvo siempre la 
jurisdicción de la potestad ordinaria. La primera vez que carecen 
de titulo de cónsules de mar es en 1301, pero nombrados por los 
magistrados municipales, eo cuyas manos juraban bene et legaBer 
se habere in ipso consulatu, non inspecto honore, amore, vel Hmore 
<úic^u8, conducirse en dicho cargo bien y legalmente sin conside- 
ración de honor, amor ó temor de persona alguna. 

Es bajo muchos conceptos digna de continuarse en la historia la 
policia pública del Comercio de Barcelona. Constituía la Lonja del 
mar un cuerpo político denominado Colegio de ios Mercaderes, pre- 
sidido por los cónsules que formaban el tribunal mercantil. Verifi- 
cábase la admisión de sus índivídaos una vez cada aDo, el dia que 
señalaba el Cuerpo municipal. Al intento los cónsules reunían en 
la Lonja el Consejo de los Veinte, y sus vocales presentaban la pro- 
puesta de los candidatos, cuyos nombres estaban inscritos de puDo 
propio. Antes se había hecho un diligente examen y averiguación 

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GORSITLADO. 27S 

de la limpieza de sangre, costombres, trato, y otras circaostandas 
de dichos pretendientes; y no se pasaba adelante sin que los miem- 
bros del CoDsejo hubiesen prestado juramento en poder de los can- 
sales, de observancia de las leyes y estatutos en ¡a habilitacioo de 
los propuestos. EfecUiábase ia votadon por escrutinio: cada aspi- 
rante debía obtener catorce votos conformes, ftemitíase testimonie 
del aclo, cerrado por mano del secretario del Consolado, á los con- 
celleres y k los treinta y dos mercaderes que eran del Consejo de 
Ciento; por quienes votado asiínismo, el candidato había de sacar 
veinte y dos votos : de suerte que de ciacuenta y dos mercaderes 
que tomaban parte en la elección, se exigía que ¡os treinta y seis 
estuviesen conformes. En tal caso, el propuesto era admitido é in»> 
crito en la matrícula ó Colegio de los Mercaderes: teniendo desde 
fflitonces opción íi todos los oficios del Consulado y del Connsto- 
rio, y disfrutando los honores y pr^míneaoias del estamento mer- 
caolil. Es de advertir que asistía k la coruia el derecho de crear, 
por su |»^pia autoridad, comerciantes qne gosaban iguides distia- 
ciones. 

La dase de los mereado'es formaba el llamado Corneó de iot 
YeirUe, joala particular de otros tantos individuos, que unidos o» 
los cónsules y los defenedores ó defeasores, reglan lo gubernativo 
y económico déla Lonja del mar, habiendo tomado origen este 
cuerpo de la cédula de don Juan I de 22 de abril de 1394, por la 
que concedió á. los cónsules facultad de congregar un consejo de 
comerciantes, con cuya asistencia podia impon» derechos en las 
mercaderías y aaves, y seQalár derramas á los mismos mercaderes, 
para la conservación de la Lonja y su magistrado , y para el tneD 
público del comercio. Era incumbencia de la corporación el man- 
tenerlo, defenderlo y fomentarlo , dar lioencia para ejercerlo á na- 
tarales y estranjeros, cuidar de las gabelas, derechos, represalias 
y otras cualesquiera imposiciones, y conocer de los agravios. Los 
miembros del Consejo de los Veinte se sacabaa del cuerpo de co- 
merciantes matriculados, cuyos nomtves estaban insaculados en 
dos callaras. Se inseríbian en la primera treinta y ocho candidatos 
qoe debían tener cuarenta aQos cumplidos, y se apellidaban V%ejot\ 
y en la segoada noveata y dos con la obtigacim de veinte y cinco 
aOos de edad, y se intitulaban Jóvenes. 

Los dos cónsules del mar, al ser elegidos, después de haber ido 
en ceremoniosa cabalgada al Goasistorio á jurar sos oioios ei lua- 



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f7t CONSULADO. 

DOS del baile, foDcioo k que les acompaDabao como padrinos al- 
gODos caballeros de la priocipal nobleza de Barcelooa, pasaban á 
la LoQja, y coDrocada jaola geoenü del Colegio de Mercaderes para 
tomar posesión, baciao la abertura con esta proposicioo ó discurso 
de estilo : aSeDores : el ejercicio del Consulado consiste en dos co- 
Bsas, la una en administrar justicia en los bechos y negocios mer- 
ocantiles y maritimos, y la otra en amparar, defender y conservar 
»los fueros, libertades y gracias del mismo Consulado, gobeman- 
»do, díngiendo y defendiendo el ejercicio de la contratación. Y por 
«cuanto nosotros no podemos estas cosas hacer ni ejercer sin con- 
osejo de hombres buenos mercaderes; por tanto rogamos k todos 
»los aquí presentes y también k los ausentes, que siempre que les 
nllamemos para asesoramos, así en los hechos judiciales como ex- 
»trajudiciales, quieran concurrir é intervenir, conforme lo han 
«acostumbrado antes, á fin de que en el tiempo de nuestro gobier- 
»no, y en todos, poeda la justicia ser bien administrada en el Con- 
osulado, mediante su consejo; las gracias, libertades y fueros de 
»esle bien defendidos; y la policía y fomento de la contratadon 
»bien regidos y ejecutados.» Los prohombres allí reunidos respon- 
dían en esta forma por el que llevaba la voz : «Nos ofrecemos á es- 
»lar ¡Hvntos, siempre y cuando nos llaméis, ptira intervenir en las 
«juntas qne se convoquen, ya sea para los asuntos judiciales, como 
Bpara los extrajodici^es.» 

Se ha dicho ya que en esta calle est& el edificio déla Lonja ó del 
Consulado, como le llaman otros con mucha propiedad. 

Había tomado tanto vuelo el comercio marítimo de Barcelooa á 
principios del siglo XIV, que se sintió la necesidad de erigir una 
Lonja ó casa de contratación donde reunirse pudieran los mercade- 
res, corredores y hombres de negocios. A este objeto, pues, en 1339 
el cuerpo municipal compró ciertas casas en la plaza llamada de los 
Cambios, cerca la playa, pero la f&bríca, por díGcultades que ha- 
bieron de surgir, no se comenzó hasta 1383. Asi y todo, es la pri- 
mera Lonja que se levantó, pues la de Perpifian data de 1397, !& 
de Mallorca de U12 y la de Valencia de 1198. 

Poco se sabe de las proporciones y disposición interior y esterior 
del antiguo edificio, pero se supone fundadamente que debia ser 
fíibrica grandiosa y bella, no tanto por el crédito y opulencia del 
comercio barcelonés en aquellos Uempos, como por el magnífico sa- 

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CONSULADO . S75 

loD de la Bolsa que todavía qaeda ho; eo el odoto edificio. Des- 
pués de haber sufrido el antiguo Consolado varias reformas y re- 
paraciones, comenzó á resentirse de las injurias del tiempo, y en 
1772 la Junta de comercio acordó demolerlo y levaolar otro en el 
mismo sitio. 

Se comenzó la obra según los planos de un francés, pero como 
DO agradase su construcción, se pidieron otros al arquitecto don 
Joan Soler, catalán, encargándole que procurase conservar el pre- 
cioso salón antiguo, lo cual hizo formando un proyecto que fué del 
agrado y aprobación de la Junta, quedando por lo mismo encar- 
gado de llevará cabo la obra. 

Forma este edificio un cuadrilongo de doscientos setenta pies de 
largo y ciento veinte y siete de ancho. Tiene cuatro fachadas, una 
principal que mira al real Palacio en la espaciosa plaza de este 
sombre, otra que da á la calle-paseo de Itabelll, otra á la del Con- 
tulado y otra á la de Caprnany. 

So fachada principal que mira & dicha plaza, tiene en el primer 
tramo un pórtico de cuarenta y tres pies de salida, y de toda su 
anchura, con cinco bóvedas váidas elipticas, sostenidas por los ma- 
chones de cinco arcos decorados con diez colunas toscanas aisladas 
y pareadas y otras tantas pilastras del mismo orden, cuyos cinco 
arcos sirven de ingresos y se cierran con verjas de hierro. Termina 
este cuerpo avanzado una espaciosa azotea circuida de una bnena 
bfdaustrada. El cuerpo superior está decorado con seis gruesas co- 
lanas de orden jónico moderno, que sostienen un colosal frontón en 
cuyo tímpano se ven en un relieve de yeso los bustos de los reyes 
don Carlos IV y doña María Luisa su esposa, colocados allí en ob- 
sequio de su venida á esta ciudad en 1802. En el friso déla cornisa 
se lee en letras doradas: 

GABOLO IV ET ALOTSIA BEGNÁNTIBDS ANNO HDCCCII. 

El primer orden tiene veinte y siete pies de alto desde el plan- 
terreno al piso primero ; y los dos cuerpos altos cincuenta pies, 
comprendida la balaustrada que corona todo el edificio. Por lo tan- 
to, la total elevación de este es de setenta y siete pies. 

La fachada que da á la calle ó paseo de hahel II tiene dos puer- 
tas sin adornos, pero sigue el almohadillado que corre todo el piso 
inferior. Ko el tímpano del frontón dos figuras alegóricas en relieve 



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2*76 CONSULADO. 

de yeso sostíeoes e) escodo de armas del establecimieDto ood el á- 
guíente lema : 

TgBAA. DABIT HEBCES, DNDAQDE DIVITIAS. 

Ed la otra focbada qae corresponde k la calle del Consulado 
ábreose lambieo dos puertas decoradas con seis colunas toscauas, 
las dos del ceotro aisladas y las cuatro restaotes pareadas. Y por 
último la fachada que constituye el lado izquierdo de la calle de 
Capmany presenta dos hermosos pabellones en los ángulos, deco- 
rados en el piso alto por pilastras jónicas , como en igual aMura W 
están las dos últimas descritas. 

Los balcones ornados todos con balaustrada de mármol blanco, 
las molduras y comisas, contribuyen á realzar grandiosamente la 
gentileza del edificio y á darle aspecto moDumeníal. 

Éntrase por la puerta principal al espacioso salón bajo Á de la 
Bolsa, resto de la fábrica antigua. Alcanza á la altura del segundo 
piso; mide ciento diez y seis pies de largo y sesenta y cinco de an- 
cho; elévanse en él tres espaciosas naves, divididas por cuatro del- 
gadas coluuas al estilo gótico, aisladas, que soslieDen seis arcos y 
un techo primorosamente artesonado. Circuye esta pieza una ga- 
lería con hermosa barandilla de hierro que aumenta la grandiosi- 
dad de la obra, la cual por su belleza y delicados adornos cautiva 
la mirada de los que estiman las elegantes producciones de aque- 
lla floreciente época de la buena arquitectura. En este salón se reanen 
todos los dias no festivos las clases mercantiles para sus negocios. 
Es el ruidoso teatro de la Bolsa. 

Por sus tres puertas opuestas á las de ingreso, se sale al patio 
que forma un cuadro de sesenta y seis pies de lado , cercado de ga- 
lería, y eu medio de cada lienzo ábrese una portadita dórica con 
dos coluDas. De ellas las dos laterales sirven de entrada, la primera 
del centro conduce á la escalera principal, y la última está ocupada 
por una fuente. En cada uno de los ángulos hay un nicho con su 
estatua de mármol blanco representando Europa, Asia, África y 
América. Las dos primeras, que algunos reputan por de verdadero 
gusto ático, fueron esculpidas por don Francisco Bover; y las se- 
gundas por don Manuel Oliver. 

Consiste la fuente en un Neptono que descansa el pié sobre una 
roca marina, apoya en un timón el brazo izquierdo, tiene eo esta 

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CONSOUDO. 277 

mano el tridente y con la derecha empufla el cetro. Juguetean á sus 
plastas dos delfines arrojando agua por la boca en dirección obli- 
CQ8 y por las narices en dos surtidores que se derraman en un ova* 
lado estanque, donde se baSaJí dos nereidas. Lo propio la roca qué 
sirve de pedestal como todas las figuras son de mármol blanco; ba- 
bieado sido labrado el Neptuno por don Nicolás Traver, y las ne- 
reidas por don Antonio Sota. 

Aparece delante de la fuente la espaciosa escalera que sube al 
piso principal, con siete entradas y otras tantas gradas que van á 
dar al ramal, dividido á una elevación media ea dos brazos iguales 
que lo circuyen, y se comunican en su estremo superior por una 
^ería. En el arranque de la bermosa balaustrada de mármol blan- 
co que la signe toda, levántanse dos figuras de la misma clase de 
fHedra representando el comercio y la industria, obra entrambas de 
don Salvador Gorri. 

A la parte derecha del primer piso bailase otro espacioso y ele- 
vado salón, aunque mucho menor que el bajo, donde por lo regular 
se celebran los exámenes púUicos de tas escuelas gratuitas de la 
casa, y á veces las esposiciones de los productos de la industria ca- 
talana. Decóranlo dignamente varias obras de escultura en yeso y 
mármol que honran sobremanera á los artistas quelas ejecutaron, 
asi como á la patriótica corporación que alli las guarda para que 
por ellas puedan conocer los estranjeros el estado de las nobles ar- 
tes en el suelo catalán. Sobresale entreellas el Laocoonte y un al- 
mogávar de don Damián Gampeny, un Jason y algunos otros tra- 
bajos del seOorVilar. 

Hay á espaldas de esta pieza la Sala de solones de la Junta de 
comercio ricamente adornada, con lindas sillas de lujo, y un costo- 
so dosel de terciopelo carmes! con flecos y franjas de finísimo oro, 
debajo del cual se ostenta el retrato de doOa Isabel II. Cuatro esta- 
tuas de mármol blanco colocadas con simetria representan á Hime- 
neo, el Amor conyugal, Páris y Diana; aparece entre las dos últi- 
mas la de Lucrecia en el momento de suicidarse, y completan el 
cuadro primorosos jarrones de alabastro. Todo es obra del afamado 
escultor catalán Damián Carapeny, otra délas glorias artísticas ca- 
talanas. 

Contiene además el primer piso las salas del Tribunal de comer- 
ño y del de Avenencias, con sus secretarías, la de la Junta, la Con- 
tadurift, etc. etc. 

Tomo I. * ^ 

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t^S CONSDUIK). 

Otra escalera conduce desde el patio de qne hemos hablado, al 
segando piso del edificio donde se halla instalada la Academia de 
bellas artes, de la que depende la escuela de las mismas y en la 
cual cursan también los jóvenes que se dedican á lacaireíade 
maestros de obras, agrimen^res, directores de caminos vecina- 
les, etc. Las clases de la escuela de bellas arles son espaciosas, bien 
ventiladas y claras. Existen en esta ciudad desde 11ÍS en que las 
fundó la Junta de comercio que tanto hizo en favor del verdadero 
progreso é ilustración del pueblo, y estuvieron bajo su jurisdicción 
hasta l$i9, en que hizo entrega de ellas al gobernador de la pro- 
vincia y esta al presidente de la Academia de bellas artes. Entre los 
numerosos discípulos que han concurrido á estas clases se cuentan 
algunos artistas célebres cuyos nombres pronuncian con respeto as! 
los españoles como los estranjeros. En este piso boy varias salas 
destinadas á museo de pintura, único público que existe en Barce- 
lona. Contiene obras de mérito de ilustres pintores nacionales y es- 
tranjeros, de los que citaremos algunos de los principales. De Anto- 
nio VUadomat se conservan i5 cuadros de san Francisco de Asis 
que pertenecieron al convento de franciscanos de esta capital ; de 
Vergara el ángel san Gabriel; de Hengs el nacimiento de Jesús ; de 
Francisco Tramullas, san Antonio Abad; de Guido de Reni, Cleo- 
'patra muriendo de la mordedura de la vibora ; David mostrando la 
cabeza de Goliat, Herodias mostrándola de san Juan, y otros mu- 
chos cuadros de Huríllo, Velazquez, Ribera, Corregió, Ticiano j 
otros, algunos que se reputan pintores de la escuela catalana y 
otros de autores desconocidos. Hay además varios retratos antiguos, 
entre ellos los de loa directores que han tenido las escuelas, una 
preciosa colección de grabados en la secretarla de la Academia y 
varias obras de escultura. En la parte superior del edificio hay el 
antiguo observatorio, en el que hacian sus observaciones los cate- 
dráticos y alumnos de lá escuela de Náutica, cuando esta se halla- 
ba á cargo de la Junta de comercio] en la época en que formaban 
parte de las clases que sostenía, las que hoy constituyen las de la 
carrera industrial, la de agricultura, la de comercio y la de taqui- 
grafía. 

Nobles y honrosos recuerdos guarda este edificio. 
En él se redactó el primer código escrito de las leyes y consue- 
tudes de comercio, que sirvió por mucho tiempo de norma y guia h 

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CONSDUDO. 179 

ltd<8 las naciones. Con razón debemos gloriarnos 'de este hecho los 
catalanes, mirando por osla ; otras causas el edificio con venera- 
non. 

En la capilla de la Lonja se conserraban los restos mortales dd 
célebre almirante don Pedro de Moneada, el cual fué gran protector 
de la casa, dejándole á su muerte varías mandas y legados. 

Todos los reyes que han venido & Barcelona han visitado la Lon- 
ja y algunos han morado en ella. En 1 933 la ciudad celebró en es- 
te edificio un baile para obsequiar al emperador Garlos, á la empe- 
ralríz, al principe y á la corte. Lujosamente adornada la casa, hu- 
bo con este motivo gran festejo de danzas y bailaron muchos caba- 
lleros y seDoras principales. Dicen los IHetarios que también danzó 
la emperatriz con una dama que le llevaba recogida la falda, y que, 
dej&ndola suelta luego, tomó & aquella por la mano, bailando en- 
trambas una alta y otra baja. Después con respetuosas cortesías la 
dama le besó la mano, volvió & tomar la falda y se sentó en su 
puesto. Concluido esto, se sirvió un espléndido refresco, y hace no- 
tar la resefia que la fuente del patio en vez de agua arrojaba vino 
blanco. 

En nos, por disposición del cuerpo municipal, se habilitó en la 
Lonja ana sala para dar representaciones de ópera en obsequio del 
archiduque Garios de Austria, que los catalanes habían proclamado 
por rey, y que había establecido su corte en Barcelona ínterin du- 
raba la guerra de sucesión con Felipe V. El Si do diciembre de di- 
cho aBo tuvo lugar la representación de la primera ópera, con asis- 
tencia del archiduque y de las sefioras de su corte, mostrándose to- 
dos sumamente complacidos y agradados del espectáculo. 

En 182S abrióse en este edificio, con gran solemnidad, la prime- 
ra esposicion de los productos de la industria catalana. 

En 18!6 la Junta de comercio estableció en sus escuelas de di- 
bajo el alumbrado por gas , primer esperímenlo de esta clase que 
se hizo en EspaDa. 

En 1$27 dióse nueva estensíon á dicha iluminación, dirigida por 
el ilustrado químico don José Roura, y verificándose la prueba de- 
lante de los reyes don Fernando Vil y su esposa dona Haría Josefa 
Amalia. 

En nuestros tiempos se han celebrado varios actos públicos , ce- 
remonias y festejos en la casa Lonja. Recordamos, entre otros, va- 
rios actos de apertura de Universidad , Academias de bellas arles f 



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180 copons. 

buenas letras, brillantes conciertos . grandes bailes de etiqueta coa 
motivo de la estancia en esta cíadad de la reina doDa Isabel II , sa 
madre dofia Haria Cristina, y los duques de Hontpensier, y, antes 
que se hubiese construido el Gran Teatro del Liceo , muchos y lu- 
josos bailes de máscara , que eran el punto de cita de la buena so- 
ciedad y de la elegancia barcelonesa. 



He ñvm]. 

Dirige desde la de ñipoH á la Riera de San Juan. 

Lleva de seguro este nombre en recuerdo de la familia de Co- 
pons , otra de las mas distinguidas casas de Catalana , la cual ha 
dado varones ilustres á las armas, á las letras y á la religión. 

No hace muchos aDos murió, y por cierto en situación bien infe- 
liz después de haber prestado grandes servicios á la patiría , el te- 
niente general don Francisco de Copons y Navia , conde de Tarifo, 
y descendiente de los antiguos barones y seDores de Balsereny, eo 
CalaluQa. Este esclarecido caudillo de la guerra de la Independea- 
cia tenia una brillante hoja de servicios militares , habiendo con- 
quistado todos sus grados desde cadete en el campo de batalla , y 
habiendo tomado parte en las mas célebres acciones de guerra, 
entre ellas la de Bailen. En ISll defendió con grande arrojo y bi- 
zarría la plaza de Tarifa , sitiada y atacada por una división fran- 
cesa de- 12,000 hombres al mando del general Leval, quien se vio 
obligado á desistir de su empresa , después de haber perdido mas 
de i, 000 hombres al pié de los muros de Tarifa. 

Copons era capitán general de CataluQa cuando Fernando Vil 
regresó de su cautiverio; pero, al regreso de este monarca, no tar- 
dó en ser separado del mando y confinado en Sigüenza. « La pri- 
mera víctima sacrificada k los buenos y sefialados servicios por la 
guerra dé la Independencia, á los cinco dias de entrar triunfante en 
la capital de Catalufia , fué el general Copons por haber tenido la 
fatal idea de creer que los juramentos prestados sobre los Evange- 
lios eran inquebrantables. » Tales son las líaeas que con jostificada 
amargura se leen al frente de unas interesantes Memorias ie ¡os 
años de i84i y 48%0 ai S4 , escritas por el propio general don 
Francisco de Copons , y dadas recientemente & luz por su hijo , del 
mismo nombre y apellido , en la actualidad coronel de caballeria. 

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CÓftCBOA. — GOBDBItS. £91 



céRCEClA (eaUe «le]. 



Olra de las del ensanche. Ser& la última de este , por ser ya la 
mas inmediata á Gracia , y de ella han de partir las de MArma, 
Cerdeña, Aofia, Nápolet, Roger de Flor, Paseo de San Juan, Bai- 
len, Gerona, Brvch, Lauria, Claris, Paseo de Gracia, Rambla de 
Isabel JI, Raimes, Universidad, Aribau, Munítmer, Casanova, Vi- 
Uaroel, ürgel, Borreü, Vikulomat, Calabria, Rocafort, Kntmza, 
Ytíamari, ¿lansa, Tarragona y Uobregat. 

Dióeele este nombre en recuerdo de haber nn día dominado en 
Córcega, con alta gloría, las armas de la Corona de Aragón , for- 
mando parte Córcega de las conquistas llevadas k cabo brillante- 
mente por los monarcas de estirpe catalana. 



C«BDEBi (Mtlle «•!■). 

Cruza de la plaza de la Lm& k la plazuela de Remardo 
Marcas. 

Es mas vulgarmente conocida por el nombre de Calderers por lo 
que luego se dirá. 

Tomó el de Corders 6 sea cordeleros en castellano , por ser los 
que habitaban esta calle. La existencia como corporación gremial 
de este oficio se remonta k principios del siglo XIV , y so gremio 
comprendía los sogueros de c¿fiamo y los alpargateros , estos dos 
unidos desde 16S2. 

k los cordeleros fueron poco á poco sustituyendo en tas tiendas 
de esta calle los caldereros, y de aquí el ser hoy mas conocida con 
el nombre de Calderers. 

Segtín nos dice Capmany, los primeros estetutos que se leen so- 
bre la policía del oficio de caldereros , son del afio 1395. En ellos 
se trata de la ley del cobre y bondad de la obra en los cántaros, 
calderos , cubos y otros artefactos , que delúaD ser reconocidos por 
cierte persona diputada por el Ayuntemiento para ponerles la mar- 
ea. Después, en liifi.se promulgó un edicto municipal seDalando 
los harríos y parajes donde únicamente se podía ejercer dicho oficio 



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282 GOBOHINÁS. — CORREO VTEJO. — CORBBTJBR. 

para la quietud pública. En 1456 fué pnblicailo otro sobre la ob- 
servancia de la referida demarcación. 



Esta calle , que por corrupción se llama de Cohmmai , tiene u 
entrada en la de la Boria , y su salida en la de Civader. 

Tomé esta denominación de la familia Coromma, que debía de 
tener alli terrenos y casa. 

En <l siglo XVI bubo un Bernardino Corominas , natural según 
parece de la Seo de Urgel, de quien se guarda memoria como esce- 
leote jurisconsulto y notable poeta, sin que haya llegado ¿ nosotros 
ninguna de sus obras. 

CttRBEe VIEJO [«iklle del). 

Va de la plaza del fíegomir á la bajada de Viladecoli. 

Antiguamente se llamaba den Ptíiggener , nombre de Emilia , y 
después tomó el de la Ettafela, por haberse ali establecido la pri- 
mera estafeta ó casa de correos que se tiene ooücia haber habido 
en Barcelona. Después de muchos afios, establecióse la estafeta ó 
correo en la plaza del Regomir , que por esto tomó enti« el vulgo 
el nombre de plaza del Correo, quedándole k aquella el de Eriafela 
velltt 6 Correo viejo que aun conserva. Hoy el correo se halla en la 
Rambla, y á la plaza del Regomir se la titula vulgarmente del Cor^ 
reu vell. 

Es muy antiguo en Barcelona el importante ramo de correos. Se 
sabe que en tiempos bastante remotos , coando sallan los correos 
de esta ciudad, al pasar por delante de la capilla de Nuestra Setom 
de la Guia ó de Marcús , situada entonces extramuros , recibían la 
bendición del cura encargado del servicio de aquella. Se llamaba 
entonces generalmente en Barcelona eelafela al correo, y eslafeUa i, 
los que reparüan las cartas. 

eVKWCBIIBM (Halle dea). 

Se llamaba antiguamente den ibelló , y tanto su nombre ante- 
rior como el que lleva actualmente son de familias catalanas. 



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183 



«•BWOnA (nine«« to). 

AnUgnameDle se llamaba <hk letters por hallarse eslabledilos en 
eHa los de este oficio, y es mas cooooida entre el valgo por las &~ 
cábs déla Seo, porque, yendo de la calle de la Tapineria á la plaza 
Nwva, cruza por delante de las escaleras de la Catedral. 

I^a iglesia mayor ó catedral se llama eo catalán Seu ó Seo (sede), 
derivándose la palabra del verbo anticuado leuret- que significa 
teníarK. 

El autor del Guia-Cicerone de Banselooa dice ignorar la etimolo- 
gía de la palabra Corríbia , que hoy lleva esta calle , y aOade que 
el único dato que puede alegar relativo á la antigüedad de tal nom- 
bre es que en tiempo del rey don Martin (13 agosto de U09), se 
llamaba Coharrubia, como lo prueba una orden de dicho rey man- 
dando que el hospicio ó casa de Juan de San Juan fuese destruida 
al objeto de que la referida calle fuese recta al palacio mayor. 

Hállase situada en esta calle, frente las escaleras de la Seu ó ca- 
tedral, la casa del gremio de zapateros , que data del 1S65, aun 
cnando hubo de ser renovada en 1740 , según se deduce de esta 
fecha inscrita en ana grao plancha de cobre con una bola de mon- 
tar, que tiene en su centro el balcón del primer piso. La sala de 
dicha casa, que era la de las reuniones , conserva aun la graderia 
de madera 6 sea los escasos que ocupaban los cofrades en sos 
asambleas. Guárdase en esta sala el retrato del zapatero José Tor- 
nar , con el traje de conceller , por haber obtenido este cargo en 
1615, y un cuadro gótica , bastante notable, con las tres imágenes 
de san Abüt , san Crispin y san Crispioiano , patrones del gremio. 

Era sin disputa el gremio de los zapateros el mas antiguo entre 
los oficios que formaron las primeras corporaciones gremiales de 
Barcelona. Existia ya el aDo ISOO , según auténticos testimonios, 
pero Capmany no supo hallar reglamentos concernientes á su poli- 
cía hasta 1311 en que el cuerpo municipal publicó una ordenanza 
sobre la manifestación que todo zapatero debia hacer al comprador 
de la especie y calidad de cuero que empleaba en los calzados , si 
era cordobán , badana ó cabra. En 1326 se publicó otra en la que 
se prohibía vender, comprar y calzar en los domingos ni otras fies- 
tas del aDo. Eo 139i fué publicada otra para qq; los maestros y 



,,zca»,GpOglc 



SSi CORTBS. 

oficiales del oficio y los del de chapiseros formasen Qoidos qd mis- 
mo cuerpo y ana caja cornuo de cofradía. También en li06 se 
dictó providencia para qae los oficios de zapateros y chapiDeros 
pudiesen tener dos cónsules anuales , los cuales pudiesen reconocer 
y visitar las tiendas , con atribuciones para imponer penas á. los 
felstficadores de artefactos , Ó encubridores- de materiales adulte- 
rados. 

En la misma calle se halla otra casa de cofradía que se supone 
haber pertenecido á la de taberneros. Fué edificada en 1556, y res- 
taurada en 1761. 



C«BTE« (Mdle Út, Ih). 

Debe ser una de las mas principales del ensanche, y por esta ra* 
zon se le puso este nombre en recuerdo y perenne memoria de las 
antiguas Cortes de CataluQa que tan altos ejemplos dieron , en tan 
distintas ocasiones, de abnegación, de patriotismo y de celo por los 
intereses del pais. 

Cruzará esta calle la nueva Barcelona en toda su ostensión , des- 
de la de Marina basta la del Llobregat. 

Para tener una idea — y solo una idea muy leve — de lo que eraa 
las Cortes catalanas, reproduciremos parte de lo que de ellas diji- 
mos en nuestra otuita La Uberíad consiUudonal: 

«El primer congreso solemne de que hay memoria en Catatufia, 
se reunió hacia el fio del siglo XI, es decir, en 16b$. Esta asam- 
blea dio por fí'uto aquel magnífico y tan justamente encomiado có- 
digo de los Usaígei, uno de los mas antiguos que se conoce com- 
pleto en Occidente y que fué por espacio de mas de siete siglos la 
piedra fundamental de las constituciones catalanas. 

«Después de esta asamblea, que fué convocada y presidida por 
el conde de Barcelona don Ramón Berenguer el viejo, tuvieron la- 
gar otras sucesivamente, en las cuales se adicionaron los Ustagesy 
se discutieron otras leyes que iban haciendo necesarias las circoas- 
lancias de progreso y desarrollo del pais. 

sLas Cortes en su principio no tenian la autoridad que mas lar- 
de alcanzaron, pero en 12S8 Jaime 1 el conquistador fué el primer 
rey que decididamente se avino á entrar en una marcha mas fran- 
ca, partiendo realmente el poder legislativo con la nación y ren- 



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COSTES. S85 

DÍendo y coovocaodo asambleas mas namerosas y sotemaes, esla^ 
bleciéfidose que teDÍao derecho á coocurrír á ellas los ciudadanos y 
hombres de villa y cuantas persooas eran por su posición social me- 
recedoras de figurar en el cuerpo represealativo. 

»En 128H se dio otro paso mas. 

sLas Cortes que en este año se celebraron', establecieron , de co- 
IODO acuerdo con el rey don Pedro 111 el grande, que las leyes de 
Cat&luQa fuesen pactadas y tuviesen fuerza de contrato, es decir, 
que el rey no pudiese hacer ni derogar ninguna sin concorso y an- 
torizacíoD de las Cortes. 

nías fechas citadas B(a¡ las mas notables y las de mas signifioa- 
doB en cuantos estudios se pretendan hacer sobre el sistema repre- 
sentativo ó el régimen constitucional de tos catalanes. De estas fe^ 
chas deben partir todas las investigaciones que sobra este punto se 
hicieren . 

»En los siglos en que muchas naciones modernas %ban solo sus 
primeros pasos en el camino de la civilizaron y del progreAt, bus- 
cando, para imitarlas ó copiarlas, las leyes de los pueblos mas an- 
tiguos, Calalufia tenia ya un código nacional de sus leyes políücas 
y civiles, tan notable por la pureza, por la elegancia de su estilo 
y por su clara redacdoD, como por la profunda sabiduría que en- 
cerraban* sus previsores y saludables disposiciones. 

nNuestros antiguos diputados profesaban muy cuerdamente el 
principio de que por mas que el gobierno de una nación esté en 
armoBÍa con las costumbres y con los intereses del pueblo, sin em- 
bargo le ha de ser imposible labrar la felicidad del país sin estar 
apoyado por tres grandes instituciones: la bo^a organización de 
los tribunales de justicia, el esj^ritu popular, de las municipalida- 
des, y ana buena administración. 

»i robustecer y i mejorar estos tres elemeiftos, acomp^ándolos 
de una sébia, previsora y prudente descentralización, es k lo que 
consagraban sus esfuerzos las Cortes cattlanas. 

sTodas las mejoras, adiciones, proyectos y leyes se |At)ponian 
en el seno de las Cortes, y después de ser ampliamente discutidas, 
eitn aprobadas y pasadas al sello de la sanción real, sin la cual las 
leyes no eran válidas, como no lo eran tampoco las que promulga- 
ra tA soberano sin el previo examen y con^gúiente aprobación de 
la asamblea. 

nLas Cortes eran también las que tenian poder y facultad para 

Tono I. - ' M 

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286 COBTES. 

conceder al monarca el permiso de exigir subsidios y contribucio- 
nes; ellas las que ordenaban se le diesen las tropas, los baques ó 
el dinero qae demandaba. 

»E1 poderío é influjo de este cuerpo legislativo llegó á rayar tan 
alio, y-lan respetado se vio, que fué la admiración de las naciones 
estranjeras y dió fama merecida á nuestro país que era reconocido 
do quiera conjp suelo clásico de la l«altad y del patriotismo. 

»Las Corles, lazo de amor que unia al pueblo con el rey, eran 
tan celosas de los derechos de aquel, como da los suyos propios. 
Con una solicitad que jamás fué desmentida, velaban cukladosa- 
mente para que ni en un ápice fuesen coartadas las prerogatívas 
del trono, pero también cuidaban de que ni en un punto fueran 
menoscabados los derechos del p^s. 

aCuando vcia que el rey se rodeaba de personas ó tenia tratos 
con sugelos que podían aconsejarle mal ó empaDar el lustre de su 
fiama, se maniAstaba aquel cuerpo celoso guardador de la honra 
real, cmjo sucedió en las Cortes de 1388, las cuales requirieron al 
rey, que lo era entonces don Juan II, para que reformase su pala- 
cio y arrojase de él á varios cortesanos que con sus costumbres li- 
cenciosas y manejos políticos comprometían el bueu nombre y re- 
putación del monarca, particularmente, según el parlamento, una 
dama llamada dola Carroza de Vílaregut, favorita de la reina. 

»Pero si este ejemplo y otros que citar pudiera, prueban que ve- 
laban por la honra del rey, otros ejemplos nos ofrece la historia de 
que con no menor solieitud velaban por la honra del pueblo y del 
país. 

»Si alguna vez, que pocas fueron y escasísimas en tiempo de los 
reyes de Aragón, el monarca quebrantaba su solemne juramento de 
guardar y hacer cumplir las leyes, las Cortes, si no bastaban Ws 
respetuosas y repetidas súplicas y manifestaciones que hacían para 
volver al camino al estrayiado príncipe, no vacilaban entence^en po- 
nerse á la cabeza del pai9,'en aclamar á otro por conde de Bañe- 
looa, y en jurarle fidelidad, después que él la hubiese jurado á las 
leyes y constituoiones. 

«Cada vez que el rey moría, el primogéoito ó suceswr se presen- 
taba á las Cortes y ante ellas juraba solemnemente «orno conde de 
Barcelona «tener y observar, hacer tener y ol»ervar las constitucio- 
nes, estatutos, fueros y privilegios de CataluDa y de cada uno d« 
sus habitantes en partieular.n después de lo cual, y no antes, re- 
cibía de ellas el juramento de fidelidad. 

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>Los diputados de las anlignas Cortes catalanas pueden presen- 
tarse como dechado y ejemplo de patriotismo, de lealtad, de amor 
al trono y al pueblo, de hidalguía, de rectas intenciones, de cuan- 
tas virtudes, en una palabra, son necesarias á los legítimos repre- 
sentantes del país que, solo por amor á él, se presentaban en los 
escalos del congreso á hacer resonar su autorizada y desinteresada 
voz, que sonaba influyente y poderosa bajo las bóv^as del palacio 
de nuestras antiguas leyes. 

»V en este panto lo mismo erao los diputados que pertenecían á 
la DOblesa, que los que pertenecían al pueblo, que los que eran 
mieabros del clero. El clero en particular, debe decirse en su obse- 
quio, era en Cataluña el mas celoso defensor de la libertad y de la 
coostítucion, 

•llnfeliz por otra parte del diputado que no cumplía como bue- 
no y leal ó que se manifestaba indifeninte á los intereses del pais! 
Escarnio de sus conciudadanos, blanco de sos tiro*, se vela preci- 
sado i abandonar laciudad (I). 

»La Diputación, ó General, verdadero tribunal del pais, era el 
centinela avanzado de este, y ante ella se residenciaba á cualquier 
diputado que hubiese faltado abiertamente i los intereses sagrados 
que se le confiaran ó hubiese admitido empleos. £1 pais era inexo- 
rable para con un diputado traidor ó vendido. Probado el cohecho, 
se le borraba de la lista de los ciudadanos boorados, y quedaba in- 
habilitado para toda clase de empleos y distinciones. Peor era esto 
en nuestro pais que la pena capital. Si esta costumbre hubiese con- 
tinuado en Catalufia, mas de un diputado en estos últimos aDos hu- 
biera sido quizá residenciado ante el tribunal del pais! 

»E1 espirita catalán era eminente y esencialmente liberal, y este 
espíritu se nota asi en todas las instituciones de la edad de oro de 
Cataluña. No eran solo las Cortes las que descollaban por su libre 
espíritu, eran todos los tribunales, todas las corporaciones, como 
en los capítulos sucesivos me encárgala de dqar probado. Has li- 
bertad existía en t^taluDa siendo el gobierno mon&rquico, que en 
la primera república del mundo. 

»Por esto dijo con mucha razón iray Gabriel Agustín Rius en 
1«46 (i): 



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888 CORTINAS.— COTONBBS. 

«SoQ mas libres , francos y privilegiados los pueblos de Ca- 
»(aluDa, que los que lo son de repúblicas, qae es 4 donde parece 
nque está la libertad y franqueza de los pueblos ea mayores ancbo* 
»ras. Porque no hay república á donde sia sacar & cada uno de su 
«esfera, haya las preemioeocias y franquezas para todos (an pro- 
nporcional mente iguales, como en CataluQa. En algunos los nobles 
sgobieroab, y los plebeyos soo mas sujetos que si fueran esclavos. 
»Ed otras, de las preemioeocias y puestos honrosos están los de la 
splebe escluidos. En otras, las franquezas las gozan solo los nobles. 
»Y en otras, para haberse de sujetar en la libertad de repúblicas. 
nsoQ tantas las imposiciones que en algunas ocasiones se han de 
aechar sobre, que es un verdadero cautiverio y la libertad solo 
onombre. Pero en CataluQa goza de las libertades, preeminencias, 
«honras y franquezas cada ano en sn estado, sin quede las de mas 
«estimación y puesto esté escluido el mas plebeyo de la mayor, dÍ 
»que por este mengüe de su estado el mas noble ú se envilezca su 
«nobleza, ni se hayan de cargar de pechos unos y otros : y coa ser 
«catalanes son tan libres, que parece que por lo que toca al rey no 
«les queda sin« el nombre de sujetos.» 



C*BTOrAB (MiU« ««■). 

Desde las bakas de San Pedro va á parar al ensanche. 

Antiguamente se llamabn correr vermeü, quizá por haber en ella 
alguno ó algunos edificios pintados de encarnado , y el nombre que 
hoy lleva es de familia catalana. 



COTOSKIIB (eiOtodeii). 

O sea de los algodoneros, qai«ies, antiguamente , al ocupar esta 
calle, le comunicaron el nombre de su oficio. Es este otro de los qae 
pueden contar la antigüedad de su matrícula gremial desde media- 
dos del siglo XIII , pues que se encuentran cuatro individuos del 
mismo inscritos en el catálogo de los artesanos que obtuvieron pla- 
zas natas en el primer Consejo municipal de 1257. En cuanto álos 
estatutos mas antiguo^.que se hallan sobre el régimen de este ofi- 
cio, datan del 1433. 



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ocRonEBs. S89 

SegBD advierte CapmaDy , esle oficio era ano de los mas útiles á 
la marina y comercio , pues beoefieiaba y preparaba los materiales 
para las looas, de cayo ejercicio Jos reyes habiaa recibido grandes 
servicios para los armamentos navales : asi lo confiesa don Fernfui- 
do elcatóHco en so real cédala de 1505 , por la caal confirmó las 
ordenanzas qae acababa de publicar el municipio barcelonés & fio 
de que nadie pudiese poner obrador de algodonero ni vender por 
niayor ni por menor ninguna suerte de algodón , ni tampoco te- 
nerlo en sa puerta, sin haber antes estado tres afios de aprendiz con 
maestro aprobado y haber pagado su contingente al monte-pio de 
la cofradía. 

Hay tradición que en esta calle, que va de la de Mirambelik la 
del Pou de la cadena, vivió san Ignacio de Leyóla, al regreso de su 
estancia en Manresa yde su espedicion á Montserrat. 

La calle de Coíoners se llamaba antes den Viltwdeü , nombre de 
familia catalana, célebre en particalar por haber sido propietaria de 
una muy famosa espada de que maravillosamente se habla en cró- 
nicas, eo cuentos y en leyendas. La espada de Vilardell llegó á te- 
ner grao nombradla, y vamos á decir lo que se cuenta de ella. 

AÍli, en tiempos remolos, en la época á que se remontan las ne- 
bulosas leyendas y fantásticas tradiciones'de nuestro pais, había en 
el lugar de San Celoni, según vetustas crónteas murran , un dragón 
ú serpiente de estraOa grandeza y mayor ferocidad , que era el ter- 
ror y la destrucción de toda aquella comarca. En vano se intentó 
perseguirle y matarle. Todos los esfuerzos fueron vanos, y muchos 
perdieron la vida. 

Cierto día , víspera de fiesta , salía de su casa Soler de Vilardell 
con una espada bajo el brazo, y encontróse á un pobre que le pidió 
limosna. Para dársela volvió á subir á su casa, dejando, para me- 
nos embarazo, la espada en el umbral de la puerta, y cuando bajó 
con la limosna ni halló al pobre ni su espada, sino otra diferente en 
el mismo lugar en que dejara aquella. Desenvainóla, y reconocién- 
dola por buena, dio un revés á un árbol que halló á mano , rom- 
piéndolo como sí fuera una frágil cada. Admiróse de la bondad de 
su temple y juzgó que milagrosamente se la habia dado el cíelo pa- 
ra obrar algún hecho maravilloso, y como se acordase del fiero dra- 
gón que infestaba la comarca, creyó ser aqueUt espada la que ha- 
bia de darle muerte. 

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£90 GOTONBKS. 

Asi pues, aconsejado de algunos amigos, y eocomendandoáDns 
la empresa , salló al siguieote dia de Sao CeloDÍ cod áaimo de dar 
muerte al dragón ; y para asegurarse de la bondad de su espada, 
cueolan que dio con ella en una peda que halló en medio del cami- 
DO y la partió, cuya pcDa se ve aun en el dia junto á la villa de San 
Cetoni, siendo tradición qne lo que falta de ella fué cortado con la 
espada de Soler de Vilardell. Prosiguió este su camino muy satisfe- 
cho coQ la prueba, llegó at sitio en que estaba el dragón , y le dio 
tan recia cuchillada , que le partió por en medio dej&ndole muerto. 
Ufano con la victoria, volvió donde le aguardaban ¡os suyos, y al- 
zando eoseDal de triuefola espada como para mostrársela, algunas 
gotas de aquella venenosa sangre del dragón en que estaba teOida 
la hoja, cayeron por su brazo derecho, y se lo hincharon de mane- 
ra que dentro breves días murió. 

Hubo de quedar con esto tan célebre aquella espada, que muchos 
principes manifestaron su deseo de adquirirla ; pero jamás quiso su 
dueDo ponerla á precio, estimándola como á cosa única y singular. 
El rey don Pedro , hijo de Jaime ei conquistador, siendo infante , la 
quiso comprar, y daba por ella cuatrocientos sueldos barceloneses 
de temo, de renta perpetua á su dueSo, lo cual por aquellos tiem- 
dos era una fortuna. Sin embargo, el propietario no se la quiso ven- 
der, antes en su testamento la vinculó entre sus herederos , áendo 
tan celosos de ella, qu9 una vez que la prestaron, hiciéronsela ase- 
. gurar por setecientos morabatines y otra vez por mil quinientos. 

Andando el tiempo, sin embargo, la espada de Vilardell fué á pa- 
rar á manos de los reyes de la Corona de Aragón , que no habían 
dejado jamás de solicitarla , siendo el primero en usarla el infante 
don Alfonso, hijo de Jaime II el justo. Con esta espada el infante 
defendió su vida y arremetió contra los enemigos en la jornada de 
Luco-Cisterna, cuando la conquista de Cerdefia. 

Después de él la poseyó su hijo el rey don Pedro, quien la apre- 
ciaba tanto, que en su testamento, hecho á 14 de mayo de 1370, 
después de haber mandado vender su recámara, esceptuó de ella al- 
gunas joyas preciosas, siendo una deltas la espada de Vilardell. 

En 1270 tuvo lugar un duelo ó juicio de Dios, xomo entonces se 
acostumbraba, entre Bernardo de Centellas y Arnaldo de Cabrera, 
siendo aqsel el vencedor ; pero halñéodose probado que Bernardo 
de Centellas llevaba ia espada de Vilardell y con ella habia comba- 
Üdo, el rey don Jaime I dictó sentencia dando por nulo el duelo y 

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CRBHAT GRAN, — CBISTIN* — CBISTÓBAL. 29! 

por nata la victoria del Gealellas, pues segaa las leyes de caballe- 
ría, coaado ud combatiente llevaba armas ifiaravillosas ó de virtud, 
u quedaba vencedor, aunque lo fuera, ni al adversario podía dár- 
sele por vencido, oí el tal duelo valia , quedando el vencido con la 
misma honra y reputación que antes. Esta curiosa sentencia se con- 
serva en el archivo de la Corona de Aragón. 

Son muchos los autores que hablan de la espada llamada de Ví- 
lardell, dando por estenso las noticias que en resumen acabamos 
dedaroosotros. 



OKBBIAT CIBAnr (calle <el). 

Se entra & ella por la de Moneada , yendo á terminar ea la de 
Plassaders. 

A continuación de esta existe otra calle que se titula del Crémat 
sdch, y antiguamente den Jaume des Fonís. 

Ignoramos de qué pueda provenir el nombre de estas dos calles, 
de tas cuales nada tenemos que cratar. 



CBinriTA (e»n« *e). 

Es la que va de la de la Paz á la plaza de Palacio. 

Púsosele este nombre, al abrirla, en obsequio i. S. M. doQa Haría 
Cristina de BorboD, viuda de Fernando YII, regente gobernadora 
del reino durante la menor edad de su bija doOa Isabel II. 

Guando el pronunciamiento ó revoluclondel85i,elAyuu(amien- 
lo cambió el nombre de esta calle en el de Dulce, en memoria de 
haber sido este general uno de los primeros que se pronunció con- 
tra el gobierno Inmoral que regia en aquella época los destinos de 
la nación. Don Domingo Dulce fué á la sazón nombrado capitán 
general de CataluDa, conquistándose muchas simpatías dorante sa 
mando. 

Has (arde, volvió á recobrar la c&lleel nombre de (7ri>^ui, y boy 
se Uama iodistintamente de Dulce ó de Cristina. 



CBISTÓBAfi [arca d« •un). 

Une la calle de Jaime Girét con la de Fonoüar. 



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291 CDCORÜUA. — CUCO. 

Antigaamente tuvo tos nombres de correr mu (calle nueva), ; 
Mmíarol y GradamcU, apellidos calalaDes de fítmílias cooocidas. 

Después, á causa de una imagen de san Cristóbal qne se veta en 
una capitula del arco, tomó el nombre de este santo. 



Desembocan en etta las calles det Pino, Boiers, Puerta ferrita y 
Cucurulla. 

Gomo antes de reconstruirse las casas que hoy se levaotaQ en 
ella, venia & rematar esta plaza en punta, según parece, acaso por 
esta razón te daría el vutjgo el nombre de cucurulla, que quiere de- 
cir caiÑrote. La palabra cucurulla se aplica, generalmente en Cata- 
luOa, al cucurucho de cartón cubierto de lienzo negro que en las 
procesiones de semana santa osan ciertos congregantes y peni- 
tentes. 

Dicese que antes se llamaba de \&Figueracucurella, yes proba- 
ble que tuviese el mismo nombro la calle inmediata de ta Puerta 
ferrisa, pues en la Rúbrica de Bruniquer hemos battado la siguien- 
te nota, que corresponde perrectamente á dicha calle : 

«Al primer mars li65 se etegiren estimadors per avaluar una 
casa en lo (Arrer de la Cucurella que té entrada en lo carrer dw 
Patritxol vers la iglesia det Pi pera derrocarla, ¿ fi de que hi bagues 
pas de la iglesia det Pi al carrer de la Cucurella.» 

Estas líneas pueden indicar que esta plaza se llamaría Cucurella 
y no Cucurulla, y también podría ser por to mismo que el llamarse 
boy así fuese por corrupción de nooíTtre. 



CrCH [ealle 4el]. 

Es decir, del gusano. 

Cruza desde la Alia & ta B(^a de San Pedro. 

Existe en ella «na capilla dedicada h la Virgen del Pilar de Zara- 
goza, en memoria de haberse encomendado á ella tos vecinos de la 
caite durante cierta epidenia que reinó en Barcelona. Ninguna per- 
sona de la vecindad se vio acometida de la enfermedad reinante, y 
atribuyéndose esto á ta devoción de la Virgen del Pilar, se le levan- 
tó una modesta capilla que todavía existe. 



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CDCfl. , 293 

Al hablar del beato Oñol, cuaodo lo hemos hecho de la plaza 
de su nombre, hemos dicho que al llepr k esta calle dariamos mas 
esteosas noticias de aquel piadoso varón , por haber nacido en 
ella. 
Vamos & cumplir la palabra. 

A la entrada de esta calle por la parte de la de Sao Pedro Baja, 
se conservaba aun hace diez ú doce aQos una casita baja, la segun- 
da de la derecha, que era de anliquisima apariencia, y en cuyo único 
pso existia una ventana con arcos de figura semi-gótica. El Ayun- 
tamiento mandé derribarla en 185i, por ofrecer peligro su estado 
ruinoso, y eo el pueslo que ocupábase ha levantado otro edificio de 
moderna apariencia, sobre cuyas puertas se halla grabada la si- 
guiente inscripción-: 

En 23 de noviembre de Í6S0 

en el local que ocupa esta casa, 

reedi^cada e» 18S6, 

nació el beato José Oriol, 

modelo de santidad, 0oria de Barcelona. 

Efectivameate, en la casa derribada, y precisamente en el cuarto 
que recibía luz por la citada ventana, nació en 23 de noviembre 
de 1650, el niño José, hijo de Juan Oriol, maestro terciepeluv, y de 
Gertrudis BuguQá, el que fué bautizado en la parroquia de San Pe- 
dro, pasando al cabo de un aDo, y ocurrida ya la defuneion de su 
padre, á habitar una casa en la c^le deis Julians que existía cerca 
del Born : después, ejerciendo el cargo de preceptor de los hijos de 
la noble familia de Gisnerf, habitó durante algunos aOos en la pla- 
zuela de la Daguería, que ya no existe en el día, y al ser nombrado 
beneficiado de la parroquial del Pino, en cuya época justificó su 
santidad con repetidas curaciones y portentosos milagros, vivió eo 
la boardilla de la casa que existe á lo último de un callejón sin sa- 
lida de la calle de la Canuda hasta que, sintiéndose ya enfermo, ' 
vino á acabar sus dias en la vivienda de su amigo Llobet que esta- 
ba situada en la cadle de la Daguerfa , precisamente en el sitio 
atravrauído hoy por la calle de Jaime I. fcos principales hechos de 
80 vida ejemplar se hallan consignados en un compendio que de 
rila 86 publicó en la librería de Snríá y Hurgada de Barcelona en 
1*780. Era aventajada su afición al estudio, espedalmenle en los 
Tomo L 3S 

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294 CDCH. 

primeros aDos de su carrera literaria, pues consta que ea 161i 
hizo uua brillaale oposición á la cátedra de hebreo de esta Uaiver- 
sidad de Barcelona, y en el mimo afio tomó, con gran lucimiento, la 
borla de doctor en sagrada teología. 

Murió en 23 de marzo de 1102, produciendo la noticia de sn 
fallecimiento la mayor consternación en Barcelona, y celebrándosele 
unas suntuosas exequias , recorriendo las principales calles de la 
ciudad el cortejo fúnebre, del cual formaban parte los individuos 
de la Academia de Santo Tomás á la cual pertenecía el Beato, doce 
pajes del obispo de Barcelona y doce lacayos del virey. Su cuerpo 
fué sepultado en la capilla de Sao Leopardo, que es la que está 
situada á la derecha del presbiterio Úe la iglesia del Pino , viéndose 
aun resguardado con una pequeña verja de hierro el lugar en que 
estuvo enterrado. 

Instruido el proceso de beatificación, tarea que duró muchos 
aSos, se celebraron para solemnizarla suntuosas fiestas que tuvie- 
ron lugar á mediados de 1807, fiestas de cuya suntuosidad hablan 
aun con encomio nuestros abuelos. 

El actual propielario de la a»tigua casa de la calle den Guch, 
don Bernabé Espeso y Madriguera, persona muy conocida y apre- 
ciada en los círculos barceloneses y redactor distinguido que por 
espacio de muchos aHos ha sido del Diario de Barcelona, al dispo- 
ner el derribo de dicha casa, procuró perpetuar la memoria del na- 
talicio que en ella tuvo lugar, disponiendo la colocación de la nueva 
fachada de la inscripción que hemos copiado mas arriba ; conser- 
vando cuidadosamente una vista que hizo sacar de dicha casita an- 
tes de derribarla, y disponiendo que los ladrillos del cuarto en que 
nació el Beato y las piedras que formaban^la ventana de la misma 
se colocasen, en tanto que no se erija un oratorio público ó privado, 
en una pequeña capillita, en el interior de la habitación. El sefior 
Espeso se creía obligado á hacerlo asi, como deuda de su espeóal 
devoción al Beato, tanto mayor , cnanto, además de poseer la casa 
- en que este varón nació , recuerda haber leido en varios docu- 
mentos , y sobre todo en la vida que escribió el padre Nadal, las 
siguientes líneas: «Consérvase totfeivfa en Barcelona su linaje y 
sdescendencia por línea recta, aunque no masculina, en la persona 
»de Maria Teresa Serra, consorte de don Félix Puig ; y mantiéoese 
Blambien ea otra &milia de apellido Hadrígotra, pHMliendo por 
«coosiguiente ambas familia» barceloaesas vanaglmiarse oon ver- 
»dad de hallarse emparentadaí con el beato Oriol.» 

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Además del compendio de la vida de diclio Beato de que hemos 
becho meDCÍOD, eo 1808sepabllcó UDaen ítaliaoo, que después íaé 
IradDcida al espaOol por su mismo autor el abate don Juan Fran- 
cisco de Masdeu. La edición castellana, impresa en Barcelona por la 
compafiía de Jordi, Roca y Gaspar, es una de las de mas lujo que 
eotoDces se haciao. Enriquécela gran DÚmero de láminas que dibu- 
jaroQ ios célebres artistas Flaager, Sola (don AdIodío), Vicente Ló- 
pez, de Valencia, Illa, Rodríguez y PlaneHb, grabadas porAmetlIer, 
Fabrí, GamboríDo, Stagnoo y Goromioa. — I^ otra vida, que consta 
de dos tomos eo cuarto, la escribió, eo el difuso estilo que le era 
caracteristico, pero con gran copia de datos, el P. D. Francisco Na- 
dal presbítero del Oratorio de san Felipe Neri, y autor de ©tras mu- 
chas obras. La imprimió eo esta ciudad el impresor don Juan Igna- 
cio Jordi en el ano 1S15. 



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D 



DAOCEBIA (MtUe «e la). 

Comienza en la Libretería y termina en la i^a de ^n Justo, 
viéndose hoy esta calle corlada y dividida ea dos poi 
Jaime 7 que la atraviesa. 

Anlígaamente se llamaba t/^^ cofrers porque, en 
qae bacian cofres ; después se lítalo deh dropers 6 n 
ría por haber pasado á ocuparla los fabricantes de pt 
litala de la dagueria que equivale á cuchillería, por h 
zado k las tiendas de aquellos las de los cuchillero 
antiguos vivian especialmente en ella los constructort 

De tiempo inmemorial los cuchilleros de Barcelona, 
el nombre de dagueros, estaban agregados como o£c: 
les eo hierro k los cerrajeros del barrio de Regomir : pero á 12 de 
mayo de 151 S el Consejo municipal dividió estos dos oQcibs á ins- 
tancia de los mismos cuchilleros, y díó facultad á estos para formar 
su cofradía bajo la invocación de San Eloy en la iglesia parroquial 
de San Justo y San Pastor. 

Se sabe que eo una casa de esta calle murió el taumaturgo bar- 
eelonés beato José Oriol el 23 de marzo de n02. 



SAMAS [«dl« de If^^. 

Es una callejuela que va de la Espartería i la plaza de las 
Oliat. 
No es en manera alguna de presuiíiir que en tan pobre calle y 



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298 DIPOTAQON. 

60 habitaciones Uld poco notables, hayan vivido jamás seDoras á 
quienes pudiera darse el nombre de damas, y mas bieo es de creer 
que se le puso esta deDominacíoo en sentido satírico, como proba* 
blemeote socederia con el nombre de las doncetlas (aplicado á otra 
calle de qae luego se hablará. 



BirCIfACKOS (mmUm *t> la). 

Será otra de las mas principales del ensanche, teniendo por cola- 
terales las del Consto ^ Ciento y de las Cortes, abarcando toda la 
estension de la nueva Barcelona, desde la de Marina hasta la del 
LlobregcU, y viéndose cruzada por las de Cerdeña, Sicilia, Ñapóles, 
Roger de Flor, Paseo de San Juan, Rambla de Isabel ¡I, Raimes, 
Universidad, ArtMu, Mmtaner, Casanovas, Villaroel, Urgel, Ror- 
reü, Vtladomaí, Calnbifta, Rocafort, Eníenza, Vitamari, Llaasay 
Tarragona. 

Antiguamente habit en Barcelona una calle asi titntada, y era la 
que hoy se llama del Obispo, pues tenia en ella su puerta príncipaJ 
aI naia^io déla Diputación general de CataluDa, que actualmente la 
la plaza de la Constitución ; pero después de los trastornos 
de Barcelona en n7i, fué poco á poco perdiendo su nom- 
a cambiarlo definitivamente con el que hoy lleva por hailar- 
sslremo el palacio episcopal, conforme se verá. 
sta causa, y para recuerdo de aquella insigne corporación 
política, el Ayuntamiento constitucional accedió á los deseos del au- 
tor de estas líneas, rehabilitando este nombre para una de las mas 
principales vias de la n^eva Barcelona. 

Hemos hablado del palacio al tratar de. la plaza de San Jaime ; 
séanos dable ahora decir algo de los diputados. 

La Diputación general, ó mejor el General de Galalufia, como se 
le llamaba, hacia las veces de cuerpo representativo del Principado 
en el intervalo de unas á otras Cortes de CatalaOa, viniendo á ser 
en realidad el supremo magistrado al cual estaban confiadas la 
unión y libertad pública^» 

Al principio constaba de ocho miembros, pero después se redu- 
jo á seis y luego á cuatro, basta quedar definitivamente reducido 
á tres por disposición de las Cortes de^U13, las cuales al fijar como 
ley inviolable y conslitoeionat que la Diputación hubiese decompo- 



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DIPUTACIÓN. 809 

nerse solo de tres individuos, jnandaroo que se les agregasen otros 
tantos oidores de cuentas. También entonces, y con este motivo, se 
dictaron otras disposiciones, como las de qne el cargo de diputado 
fuese trienal, debiendo ser obtenido por un individuo de cada bra- 
zo, de manera que todos tuviesen representación en aquel cuerpo, 
el eclesiástico, el militar ó sea el de los caballeros, y el real 6 sea 
el de los comunes y ciudadanos. 

La elección de los diputados se hizo de diversas maneras, según 
los tiempos y leyes vigentes sobre el caso. Prímerameole los elegian 
las Cortes ; después se bizo del modo siguiente : cada uno de los di- 
putados y oidores salientes nombraba seis personas, cuyos nombres 
se escribían en cédulas , las wales metidas en una bola de cera eran 
arrojadas dentro una vasija llena de agua, quedando electos dipu- 
tados para el siguiente trienio los que se sacaban & la suerte y por 
el orden eú que esto suoedia. Por fin las Cortes de 1 493 establecie- 
nn para lo sucesivo la elección de dipolado^ por sorteo. 

Los diputados vestían gramallas encarnadas como los concelleres, 
de los cuales se distinguían por una venera eon medalla qne lleva- 
bao colgada del cuello. En los acompaOamientos y ceremonias pú- 
blicas servíanse de nulas mas que de caballds , soberbiamente en- 
jaezadas, y llevaban delante sus porteros y maceros, como los ediles 
ó tribunos de los romanos, para demostrar la grande autoridad de 
sn cargo. 

La Diputación general de Gatalu&a no solo gobernaba en la ciu- 
dad superiormente, sino que se estendia á cuanto se dilataban sus 
provincias, siendo la ejecutora de las leyes y disposiciones acorda- 
das en las Cortes. Encargada de la observancia de ias primeras y 
del cumplimiento de las segundas, dice un escritor , era el mas se- 
giro garaate de la libertad, por cuyo motivo exigía y recibía délos 
oficíales y ministros reales el juramento de observar y hacer obser-' 
var los usajes, constituciones y libertades de Calal(i0a. 

La Diputación debia residir en Barcelona; pero podia trasladarse 
& cualquiera ciudad ó villa real del Principado, si su traslación á 
día era juzgada de urgente necesidad por sus tres miembros. Sos 
atribuciones y facultades se suspendían al reunirse las Corles gene- 
rales, y al quedar instaladas estas, se depositaban sobre la mesa 
presidencial las tres mazas de piala de la Diputación , indicándose 
eoa este acto la cesación temporal de aquel cuerpo. 



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300 DOMINQO. — DONCELLAS. -T-DORUITORIO DK SAN FRANCISCO. 



Donurcí* (MOie «« ■•■). 

Atraviesa de la del CaS h la de San Severo. 

Ya se recordará lo que hemos dicho al hablar del CsJl. Guando 
los judíos leníao aquí su barrio ó aljama, esta, que era una de sus 
principales calles, se llamaba de la sinagoga mayor ó de las ewtii- 
cerías. Desaparecida la aljama por el funesto acouteci miento ya re- 
latado, esta calle tomó. el nombre de San Domingo, que había lle- 
vado ya en e] siglo XIV. 

Se supone por tradición que en esta calle ó en sus inmediaciones 
fundó sao DomiUgo una casa cuando estuvo en Barcelona, tomando 
de ahf so nombre actual. (V. calle de Marlet). 

S«bre la ventana de una casa que existe lü entrar , á la izquier- 
da, se lee £sta inscripción en letras romanas imitadas : Lapis awea 
signúm hominis auret etí. 



DOTfCBULAB («klle «e Iwij. 

Cruza de la Tapinería á la plaza del OU, 
Es una calle estrecha y solitaria de la cual puede decirse lo que 
con referencia 6 la de las damas se ha dicho. 



:. B9BBHTOBIO DE SAIT 3FBAirCIM]* (Mdle del). 

Comienza en la Rambla, al pié de la siit}ida á la muralla de mar, 
y termino en la plaza del Dugue de MedinaceU. 

Antiguamente.se denominaba del moü veüdM muelle viejo, por- 
que en efecto estaba junto á este ; pero comenzó á trocar su nombre 
end qtie hoy tiene, ácausa de retirarse ádormir<en algunas casitas 
que en ella habia varios religiosos del convento de San Francisco, 
quienes, por no coger en la primitiva fíibrica de dicho convento , se 
iban á guarecer de noche en las citadas casas. 

Toda la acera derecha de esta calle , en la cual hoy se levantan 
]& maestranza de arliUeria , la casa del crédito catalán y algunos 
hermosos edificios ^ estaba ocupada por el magnifico convento qne 



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SOUIITOUO DE SAN FUHCISCO. 301 

tmiao en esla ciudad los religiosos observantes de la orden de San 
Francisco de Asis. Debe decirse algo de él, aprovechando esta oca- 
sión, paes lo merecen sos boy desaparecidas bellezas artísticas, sus 
hoy olvidados recuerdos religiosos é bistóricos, y á este efecto, co- 
fiindonos i nosotros mismos, insertamos á continuación lo que es- 
cribimos bace algunos aDos : 

EL CONVENTO DE SAN FRANCISCO. 



Un dia del aHo 1211 difundiilse repentinamente la voz en Barce- 
lona de qne babia llegado al eremitorio de San Gipri&no, cerca de 
Borta, Francisco de Asis, el pobre monje que gozaba de una foma 
universal ínterin aguardaba su muerte para alcanzar ana santidad 
eterna. 

A esta noticia, el pueblo salió en tropel de la ciudad, ansiosos 
todos de ver y admirar al santo que atravesaba la Península para 
llegar basta el sepulcro de Santiago. 

Inmediatamente el Consejo de Barcelona le envió diputados para 
invitarle á entrar en la cindad bonrándola con su presencia. Accedió 
el digno varón y pasó con sns compaseros á la corle de los Condes; 
pero no permitiéndole su escesiva hnmildad admitir los favores y 
honras que le hacían los nobles ciudadanos, se dirigió en linea rec- 
ta al hospital de San Nicolás obispo, situado en aquel entonces ex- 
tramuros, orillas mismas de la mar. 

Al saber el Consejo que el huésped esperado se hallaba en el hos- 
pital, fué inmediatamente en corporación á rendirle su homenaje y 
i pedn-le que les predicase un breve sermón , pues deseaban , dice 
una crónica, m en la tierra á un hombre qne miraban como veni- 
do del cielo. 

Accedió también á ello Francisco, y diz que concluyó su discurso 
con estas palabras, cuya responsabilidad dejamos entera aun orv- 
nista de la orden, fray Jaime Coll, que asi nos las refiere : 

«Amigos míos, tened especial devoción á la gloriosa Virgen qae 
Dios os ha dado acá, mi sefiora santa Eulalia, que en verdad oí 
digo qne Dios por sus méritos liene en guarda Kta cHidad, cuyos 
Tobo I. 80 

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302 DOBMITOBIO DE SAN FRANCISCO. 

muros, aunque tan abajo y distantes, vendrán k encerrar dentro de 
sí esla capilla. Sabed que en este lugar habrá un notable monaste- 
rio de frailes de mi orden . Os lo encargo y recomiendo por amor de 
Jesucristo. » 

También se leian estas palabras en lengua catalana , como ase- 
guran que las dijo el santo, en un grande y antiquísimo cuadro que 
estaba en la portería del convento. Representaba el lienzo á san 
Francisco en un pulpito como predicando, y á los magistrados de la 
ciudad oyendo atentos , en forma consalar, al rededor del pul- 
pito. 

Terminado el sermón, es fama que el Consejo, crísfiaoamente 
agradecido, correspondió á Francisco ofreciéndole aquel hospital 
para que en él edificase convento de su orden. Aceptó el huésped 
oferta que se le hacia de tan buen grado, é inmediatamente poso 
manos á la obra. 

Todos los libros y manuscñtos que hemos consultado nos dicen 
que Francisco mandó formar un peqneDo claustrillo con celdas tao 
cortas, por correspondientes á la estrechez del lugar y su ejemplar 
pobreza, que mas párecian sepulturas para cuerpos muertos que ba- 
Iñtaciooes para vivos. Sobre la puerta de una de las celdillas jMure- 
ce que se leía esta ioscrípcíon : 

Celia fratris Frandsci de Asmsio. 

Esta celda, lo propio que las otras, fué derribada masadeluite 
para formar dos hermosas capillas , y solo se conservó, llegando 
hasta nuestros días, el claustrillo tal como le hizo edificar el mismo 
patriarca. 

En breve quedó concluida la fábrica del convento, para cuyo cui- 
dado como también para que se concediese el hábito á los muchos 
que. lo pedían, dejó el santo & dos de sus compaOeros llamados fray 
Ihiminafo y fray Pedro de Cede. 

La proftcfa de Francisco iba pues á cumplirse. 

No tardó el edificio en ser un opulento monasterio, como vamos 
á ver. 

No tardó tampoco en quedar dentro del muro déla ciudad, pues 
que al ser mas adelante vírey de CataluDa el duque de Gandía, aquel 
que hoy venera la Iglesia como san Francisco de Borja, mandó cor- 
rer una muralla toda la orilla del mar, dejando con esta dispoñcioii 
encerrado el hospital ó convento. 

En 1239, consta segan auto real, que doa Jaime I concedió al 

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DOBHITOBIO DE SAN FRANaSCO. 303 

indico apostólico, guardián y religiosos del hospital y convento de 
San Rícoi&Sr todo el terreno per francwn alodium basta la orilla del 
mar, contríbayendo al mismo tiempo con grandes sumas para la 
naeva f&brica. Contribuyeron asimismo el común de la ciudad y 
machos caballeros de la primera nobleza, como lo. testificaban los 
escudos y armas que de uuos y otros veíanse grabadas , para per- 
petua memoria, en diversas partes de la iglesia y convento. 

Cuando en el nuevo edificio hubo habitación capaz y mas acomo- 
dada, se pasaron los religiosos del pequeDo á habitar en el grande, 
pero conservando el primero en la misma clausura , como se con- 
servó siempre en lo tocante al claustrillo y las dos capillas, en me- 
moria de ser obra del santo patriarca y haber honrado aquel lugar 
con hacerlo su morada. • 

Nuestras crónicas catalanas ignoran el dia y afio en que efectua- 
ron los religiosos el tránsito del convento pequeDo al grande y nue- 
vo. Lo que empero se sabe por un letrero que habia puesto en azu- 
lejos por el rededor de una de las dos capillas del claustrillo es, que 
habiendo quedado aquel pequeDo convento del todo derrujdo por una 
salida furiosa del mar, acaecida en noviembre de 1^0, volvió á 
reedificar la capilla el aSo de 1600 fabricando otra pieza al lado de 
esta y el claustrillo como estaba antes, el ilustre se&or don Fray 
Adrián Haimó de la orden de san Juan de Jerosaleo y gran prior que 
era de CataluQa, por la mucha devoción que al santo patriarea^tenia. 

Según hallamos en una crónica, este esclarecido seQor no soto no 
se contentó con reedificar, sino que mejoró la capilla, haciendo la- 
brar un hermoso retablo que mandó dorar para poner en el centro 
nna pintura de mérito de la escuela romana representando ¿ san 
Francisco en la forma que está en su sepulcro de Asis. 

Todo el rededor de esta capilla veíase adornada de azulaos en 
los que estaban pintadas varias escenas y milagros de la vida del 
seráfico patriarca. De idéntica manera hallábase adornada otra pie- 
za ó capilla que inmediata mandó edificar el citado peí 
común creencia ser este el lugar del pequeDo doruitf 
que quedó derribado. Á un lado, junto á la puerta de 
vefase una lápida, y esculpida eo ella un personaje 
ÍDscrípcton latina recordaba que era allí donde se hs 
enterrar el devoto bienhechor del convento, don fray A 

Los pocos párrafos dedicados á esta capilla nos 1 
on tanto del curso natural de nuestra relación. 



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30Í DORMITORIO DE SAH nAUCISCO. 

Belrocedamos paes para seguir mejor el hilo. 

Aseguran las crónicas que en el aQo de 1297, & qnÍDce del mes 
de julio, fué consagrada la iglesia del convento juato con el altar y 
tncisco que estaba en ella, por el obispo de Toio- 
í orden ñ^nciscana, san Luis hijo primogénito del 
trios segundo. Asistióle en la consagración de la 
el ilustrísimo seDor don ñ^y Bernardo Pelegrí, 
e Barcelona y religioso menor (1). 
ste santo obispo de Tobsa hacer por si mismo la 

á lo mucho que debió en enseDania relí- 
licularmenle al venerable fray Foqsó Podcío 
Dos que estuvo en Barcelona prisionero. Ya en 
Luis, desengañado de las vanidades del mun- 

1 hábito al guardián del convento de Barce- 
querido conceder por el temor de sus padres, 
a misma iglesia de entrar en la religión se- 

apio en un relicario grande la misma capa 
) hizo la consagración, y también en otro re- 
s. 

hijo tercero del rey don Jaime II, sobrino de 
;po de Tarragona y patriarca de Alejandría en 
1326, hizo fabricar una capilla en la Iglesia del convento deque ha- 
blamos, á honor y gloria de su tio san Luis obispo, á quien habia ya 
canonizado y escrito en el catálogo de los santos el papa Juan XXII. 
Era la capilla que estaba al lado de la puerta de la iglesia llama- 
da la puerta de San Antonio. Con el tiempo parece que un devoto 
de santa Bosa de Viterbo mandó fabricar un hermoso retablo de la 
santa que en dicha capilla se puso, en lo alto de cuyo retablo se 
veía k san Luis obispo de Tolosa y también al otro san Luis rey de 
Fiuoia. 

U. 

flonorea y piivllegioa. 

mte curiosos y algunos demasiado notables los privilegios 

l8, obiepode Tolosa, era Bobiino de san Luis rey de Francia é hí)o de Carlos de 
lisa. Bailándose prliionero de guerra eoBannloM cooolroa doa bermanoa mijo», 
la y el príncipe de Salemo, después de una de las mas célebres victorias del 
e Lauria, loniú el hibllo de oela úrd«n, y en «sis ooDvenlo curad ana eatudlot. 



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MBMITMIO DK SAN FMNGIM». 305 

y favores hechos al convento de San Francesco p&m qne dejemos de 
consagrarles na capitulo, sacándolos del olvido en que acaso cae- 
rían si & recogerlos do nos apresuráramos de los roídos pergaminos. 

Ya hemos dicho lo que debió en sa fundación á< 
guisíador; pues bien, su hijo don Pedro III heredó 
su padre concediendo real privilegio en 27 de Junic 
se ofreció á tener bajo so real amparo y soberana p 
vento de San Francisco de Barcelona, recomendaníi 
mo á todos los reyes sus descendientes y sucesores cu la wiuua. 

El rey don ]uan I de Aragón, hijo de don Pedro IV, hatlándose 
en Barcelona, despachó real privilegio á favor del convento — y cu- 
rioso prílegio á la verdad — pues mandó que eu nioguna casa veomaá 
dicho monasterio se pudiesen abrir ventanas de las cuales fuese po- 
sible registrar la clausura del convento y ser vistos en ella tos re- 
ligiosos. Asi fué que en el aHo 1396, Felipe deOtino, ciudadano de 
Barcelona, pretendió abrir una ventana en su casa que correspondía 
ala plaza del convento; opusiéronse los religiosos; formáronle plei- 
to fundados en el privilegio de don Jaime, y llegando á noücia del 
monarca entonces reinante, don Martin, despachó en Bafcelooa un 
real decreto en que mandó suspender la causa, con perpetuo silen- 
áo y proMicion bajo de graves penas que no se abriese la ventana, 
m otro en adelante intentase hacer cosa semejante, declarando ser la 
plaza de su convento de San Francisco privilegiada, y que nadie en Uu 
casas sitas en ella pudiese abrir ventanas con perjuich de poder ser 
míos en su clausura los religiosos. 

Don Pedro IV de Aragón concedió asimismo un singular privile- 
m, pues que en 1340 y á 10 de diciembre hallándose en Barcelo- 
na, mandó á su baile general que en todo el distrito, desde sus rea- 
les Atarazanas hasta la plaza del convento de San Francisco inclu- 
sive ; desde las dichas Atarazanas hasta la puerta de £scudillers, y 
desde esta hasta la esquina de la calle, vulgarmente llamada de 1« 
Codols incluyendo toda la calle, cuidase que los ministros dft^su jus- 
ticia no permitiesen que en todo el sobredicho distrite y lugar ha- 
bitasen mujeres de mala fama. Renovó este privilegio el rey Feli- 
pe lU de Espalla en 13 de julio de 1599. 

También hallamos en un manuscrito que á instancia de los frai- 
les franciscanos de Barcelona, dio el rey de Aragón don Martin 
aquel su famoso decreto mandando que todos los confesores de la 
casa real fuesen religiosos de la orden de san Francisco y naturales 
de alguna de las provincias de la Corona de Aragón, 

, zcdbv Google 



306 DOBKITOHO DB SAN FRAMCISGO. 

La esposa del rey de AragOD don Alfonso el sabio fondo en la 

iglesia de este convento la cofradía de San Nicolás obispo de Barí. 

titular de la indicada iglesia. Esta cofradía llegó á ser una de las 

e Barcelona, donde se conserró hasta hace pocos 

especiales y de la mayor honra las sanciones qne 

r real pragmática los monarcas de Aragón, yobser- 

Q todo ó en parte los sucesores de la corona. Una 

^ is de AragOD debiaa hacer el juramento solemne de 

observar las leyes y fueros de CataluDa, Sicilia, Ñápeles, Jerusalea, 

Cerdena, Córcega y Mallorca, en manos del guardián de San Fruí- 

cisco de Barcelona el dia de su entrada pública en dicha ciudad. 

Otra, que las Cortes generales del Principado con asistencia de tos 
reyes hubiesen de celebrarse precisamente en el mismo convento. 
Así lo hizo Felipe Y es HOl, cuando en el principio de su reinado 
vino á celebrar Cortes generales en Barcelona con la presencia de 
los tres estados eclesiástico, militar y real. 

Establecieron también los reyes de Aragón, y se observó hasta 
el aDo de ni5, que el guardián de San Francisco de Barcelona 
fuese procurador de los presos en las reales cárceles, con el cargo 
de asistir por si ó por otro religioso en su nombre todos los sábados 
á la visita que hacia la real Audiencia á los dichos encarcelados. 
También en las visitas generales que tres veces al aDo hacian los 
reyes por sí mismos, y en su ausencia los capitanes generales, con 
toda la Audiencia, asistía el guardián, predicando con este objeto al 
congreso sobre la misericordia que se debia usar con los miseros 
encarcelados, y acabando el discurso por pedir la libertad de alga- 
nos, que se le concedía. 

En 1342 hallamos que el convento sirvió de morada á los reyes 
de Mallorca don Jaime 111 y doQa Constanza hermana de don Pe- 
dro IV de Aragón. Formóse un grande y vasto puente de madera 
que desde el convento y aposento que estaba prevenido para dichos 
reyes, entrase buen trecho en el mar, cubierto por todas partes de 
curiosas y ricas tablas, con sus ventanas á uno y otro lado, para 
que desde la galera en que venian embarcados los rejes, pudiesen 
introducirse por dicho puente en el ediOcio. En él estuvieron dos 
dias, hasta que se volvió el rey á Mallorca, quedándose doDa Cons- 
tanza con su hermano don Pedro en el palacio de Barcelona. 

Dos capítulos generales de la orden nos citan las crónicas como 

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DORMITORIO DE SÁTf FRANCISCO. 30*7 

celebrados en el conveDto de que se trata. El primero se tuvo en 
1313 sieDdo sumo poutífíce Clemente Y y rey de Aragón don Jai- 
me I] é[ justo. Quedó en él elegido general de toda la orden seráfica 
fray Alejandro de Alejandría, ministro proTÍncial que < 
TÍDcia de Genova. 

El segundo capitulo general que se celebró fué en 
poDtiSce Inocencio VI y rey de Aragón don Pedro IV, 
todo el gasto ¿ los capitulares con regia munifioencia. 
de los mas célebres capítulos en atención á haber asistido á él el 
mismo royen persona, no saliendo del convento k ninguna hora del 
dia hasta que hubieron terminado todos los actos capitulares, qae 
quiso presenciar y en ios que tomó parte como uq simple religioso. 
Salió electo en este capitulo ministro general de la orden el reve- 
rendo padre fray luán de Buchio de la provincia de Aquitania. 

También en el aGo 13ii el mismo rey don Pedro, al formar nna 
junta de los sugetos mas sabios de su reino para disputar y justifi- 
car sos operaciones contra el rey don Jaime III de Mallorca, habla 
dispuesto qoe se celebrara en este mismo convento , como se celebró 
en efecto, nombrando para presidente del congreso al reverendo 
padre frayArnaMo de Descallar, sugeto, al decir de las crónicas, de 
gran veneración por sus machas letras, virtud y nobleza, y religio- 
so del mismo claustro. 

III. 



Sí de cumplir tratamos con la idea que nos hemos propuesto, y 
si deseamos que nos quede la satisfacción de haber sido buenos y 
veraces cronistas, preciso es que hablemos de dos tan célebres co- 
mo ruidosas cuestiones con «uyo recuerdo se glorian los anales del 
convento de San Francisco. 

Y gloriarse pueden, pues que en batalla campal de palenque es- 
colástico, por dos distintas veces vencieron á la Inquisición los fran- 
ciscanos. 

Quédeles esta gloria, y quédeles por completo. 

Otros la han disputado en vano. 

Vamos pues al casa. 

El 11 del mes de abril de 13S1, día de viernes santo, el reve- 



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308 DORHITORfO DB SAN FfiiNClSGO. 

reodo fray Francisco Batlle , guardián del eonveotode San Francisco, 
al parecer teólogo muy célebre y de grande fama, predicó en la 
iglesia de dicho convento : 

tngre de Cristo nuestro Redentor derramada en so pa- 
ís estuvo separada del cuerpo difunto en los tres diat 
!, no permaneció unida á la divinidad ; y por conse- 
lebia adorarse con culto de latría.» 
oUcia de lo que el guardián de San Francisco había 
predicado al padre fray Nicolás Bossell, de la religión de santo Do- 
mingo, inquisidor general entonces en los reinos de Aragón y prin- 
cipado de Cataluña, y pareciéndole que aquella proposición era 
errónea, pretendió con la autoridad de inquisidor obligar á dicho 
guardián á que se desdijese. 

Pero, como el guardián era teólogo consumado y estaba moy 
versado en los escritos del doctor de la Iglesia san Bnenaventura, 
de fray Francisca Hayrons y Blcardo de Hediavilla que opinan ló 
mismo, DO quiso desdecirse sino permanecer constante en defender 
su proposición. 

Disputóse la materia. 

Salieron los menores en defensa de su guardiln : atacaron ku 
dominicos á los menores. 

La lucha quedó abierta y fué encarnizada ; despidiénnte unos 1 
otros gruesos in folio. 

El papa se enteró, pues que la cuestión se hizo general en el 
mundo cristiano, y espidió un breve para que noa y otra opinión, 
la de los menores, que era que la sangre de Cristo derramada en 
el tiempo de su pasión do estuvo el triduo de su muerte unida & la 
divinidad ; y la de los dominicos, que afirmaban que estuvo aque- 
llos tres dias & la divinidad unida , se pudiesen defender y disputar 
libremente en las escuelas. 

Largos aSos duró la contienda, y en el ínterin murió el causante 
de toda aquella lucha, el padre guardián del convento de Barce- 
lona. 

Apenas hubo cerrado los ojos cuando corrió la voz, y lo que es 
mas, se afirmó por escrito, que el guardián habla sido condenado 
como hereje por el papa Clemente VI, difunto también, y que le 
había obligado el inquisidor general fray Nicolás Rossell en la cu- 
ria y en presencia del obispo de Barcelona & desdecirse y abjurar 
de su error. 



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Muunmo DE UN ntiNosco. 30t 

Qnien asi lo asognraba era do inquiaidor, un dominico. 
' Clamaron loa franciscanos contra esta cainmnia. 

La cneslioD se eosaüó, y casi llegó á rayar en escándalo. 

ConUaaó eiistiend spacio, y acaso se 

ÜM á dar ya como s de aquellos qae 

la eupezaraa, caanA ella, apoyando á 

los menores, al que < lé de la Marca. 

También encontró eonrento de Barce- 

lona, nn inquisidor g bjuiar la dicha pro- 

posicios. 

Sao Jacomé de la Marca se mantnro firme y consiguió na per- 
miso del papa para tener en Roma públicas controversias sobre el 
asunto. 

TuiiénHise y fueroa reDidísimas. 

Entretanto, la calumnia continuaba pesando sobre el difunto fray 
Francisca Batlle, del cual continuaban diciendo en sus obras los do- 
minicos que por hereje había sido condenado. 

San lacomó de la Marca se encargó de so Tindicaoion y de re- 
habilitarle ante la pública opinión. 

En la curia romana estaba registrado el proceso que debia ha- 
berse formado secretamente en Barcelona contra el guardiají de Syi 
Francisco ; averiguóse, comiH'obáronse todos los autos, vióse que 
faltaba la firma del notario, que carecía de otras drcuuslancias le- 
gales, y, bien pensado y meditado todo, manifestó el santo sn pa- 
recer al papa, qnien por medio de un solemne breve declaró Wflo «I 
tal proceso y calumnia todo lo que hasta entonces sobre el aanto 
se babia dicho. 

En seguida, á coasecueneia de las controversias tenidas dejóla 
del consistoño de los cardenales y de los primeros hombres qua de 
toda Italia fueron llamados, presididos por Pió 11, este impuso per- 
petuo silencio i los dominicos «obre la cuestión. 

Los menores quedaron pues trianfentes, y libres salieron de ma.- 
aesde los inqnisidqres, que no fuó en verdad poca suerte. 

do fuó menos célebre ni meaos gloriosa tampoco la otra cpi.- 

Kl 3 de diciembre de 1147 un religioso franciscaiio, cayo nombre 
Bo hemos podido hallar, famoso teólogo y orador de gra,a mmitn, 
predicó sobre el misterio de la concepción de la Virgen . 

«Probó, dicen los anales, en el discurso del sermón, la gracia ori- 

TOMO I. 40 

Dionzcd b, Google 



SIO DaMITOUO DE SAN PRAHaSOO. 

ginal con que fné concebida la díTina Reina, con iexh» de la sa- 
grada Escritura, autoridades de santos Padres, y con tan eícaces 
razones teologales, que no dejó logar para la dada en óiden 4 la 
verdad de este gran misterio. Gomo en aquellos tiempos babia mn- 
cbos qne seguían con grande conato el partido de la opinión menos 
pia, aSaden los anales citados, y menos segara en este punto de U 
gracia original de Haria, no faltó quien se diese por ofendido de 
las luces darás de la verdad con que el religioso babia maDifésta* 
do el candor de la original gracia con que el omnipotente Dios pre- 
vino aquel instante primero de su concepción, para que no quedase 
mancbada con el feo borren de la culpa original la que desde la 
eternidad babia elegido por madre saya. Ofendidos pues algunos 
como del mayor agravio,' acudieron con las quejas & la Inquisición, 
bacieudo cargos al orador de sospecboso en la K y escandaloso so- 
bre el punto qne babia tocado.» 

Abora bien, puesta en tal estado la cuestión, la noticia llegó 
pronto á oidos del rey don Martín de Aragón qae en Barcelona se 
bailaba, y mediando en el asunto y avocándose la cansa, impidió 
por el pronto al inquisidor general que procediese contra dicbo le- 
iigioso por lo que i su tribunal se babia declarado, y en seguida 
mandó tener un acto páblico en qae el fraile actuase y defendiese 
la conclasion de qae María Madre y Sefiora nnestra babia sido con- 
cebida en gracia original. 

Fué elegido por el mismo rey para teatro de la palestra el tem- 
plo de San Francisco, y mandó convocar á todos los teólogos y 
bombres mas doctos y sabios de Barcelona, asi de las religiones 
como de otros estados, para que prevenidos, cada uno propusie- 
se las razones que se le ofreciesen contra el punto de la concepción 
purisima de la Virgen, y que el religioso respondiese á ellas. 

Llegó el dia selalado, que fué el !0 de abril de liOS. 

Llenóse el temple de un tan docto como grave concurso, asistien- 
do también el rey con toda su corte, y llegada la bora del escolás- 
tico combate, puesto el religioso en medio de aquel majestuoso 
teatro, comenzaron por su orden, los qne eran de contrario sentir 4 
la opinión piadosa, á proponer cada uno con la mayor eficacia sos 
razones, á los cuales satisfizo con grande ingenio, sutileza y dialéc- 
tica el bijode San Francisco, alcanzando el éxitomas ruidoso y mas 
merecido por su talento. 

Grande fué el júbilo del monarca, tanto, que para manifestar lo 

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DOIUUIOBIO DB «ÍN FBÁHCISCO. 311 

Budio qne le oomplacia aquella victoria, mandó el día signienle 
qae se hidese una corona de flores, y que puesta en la cabeza del 
religioso, acompañado de lo principal de su corte y de los primeros 
lumbres doctos que el diamantes hablan asistido ala contienda, pre- 
cediendo á todos muchos músicos con variedad de sonoros instru- 
mentos, fuesen por las principales calles de Barcelona, llevando en 
medio como & vencedor al religioso y publicando 1^ viotoria que con- 
seguido habla. 

Bizose como el rey mandó. 

El Iriun/o fué completo para el hijo de San Francisco. 

¡Dichosos, ayl dichosos aquellos tiempos en que las luchas es- 
colásticas conduelan al Capitolio! Hoy los combates periodísticos, 
que han sucedido á los escolásticos, conducen solo á la roca Tar- 
peya! 

IV. 

Bl p«regiljio Junio t los eepvloros. 

Entonada está la puerta. 

Entremos. 

Hemos atravesado el claustro que muestra toda la pureza y es- 
plendor del género gótico; hemos detenido un momento nuestra mi- 
rada en los veinte y cinco famosos cuadros del célebre Yiladomat 
qoe adornan sus paredes. 

Ya estamos en el templo. 

iQoé majestad! ¡qué grandeza! pero sobre todo, iqué silencio! 

Es de noche, es la hora del recogimiento y de la soledad, de la 
meditación y del misterio. 

Los frailes se han ido deslizando uno á uno i lo largo del pi«9- 
bilerío después de haber df^ado oir sus monótonos cantos; el órga- 
no no late ya á impulsos de la jadeante respiración de sus metálicos 
tobos; las lámparas de plata penden melancólicas en las capillas de- 
jwdo vagar al aire so oscilante lengñecita de fuego; los muertos 
descansan en paz en sus sepulcros, 

|Los mnertosl Vamos á visitar sus postreras moradas, vamos á 
regar, i llorar, á recordar sobre cada una dalas tumbas. 

Si, pero ¿quién nos acompasará? ¿quiéa nos servirá de gniaí 
t/foé» puede decinios, acerca lasque duermen bajo el (rio mámol 



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911 lounTOuo m un fRAHax». 

la eteinidad de su sueDo, el nombre qne bao dejado en el mnado, 
la p&gina qae ban ilnslrado en la bistoria, la tndioion qie ban le- 
gado ¿sus familias?... 

En el claustro ba pasado por jnnto jt nosotros un peregrino: tam- 
bién le bemos visto aqui en el templo perderse entre las sombras 
que se agrupan bajo la nave. Huésped asiduo de estos sitios, él de- 
be estar enterado. 



¿Dónde se babrii ido? Estará rezando en alguna solitaria capilla. . . 

¡Ab! \k\li está!' Miradle allí, de rodillas ante él cristal qne encier- 
ra una santa espina de la corona de Cristo, regalo de la ciudad de 
Barcelona al convento. 

Acerquémonos. 

— Buen peregrino, desearíamos visitar uno á uno los sepulcros, 
pero nos falta un guia. Si de ellos estás enterado, ¿quieres serlo 
nuestro? 

— De ellos estoy enterado. Seré vuestro guia. 

— Gracias, buen peregrino. ¿Por dónde empezaremos? 

—Seguidme. Piadosa es la visita hecba á las tumbas. Justo es 
que por nuestros bermanos reguemos, ya que por nosotros megan 
ellos al Eterno. 

— iQué sepulcro es ese con qne tropezamos el primero, pere- 
grino? 

—¿Cuál? 

— Ese de mármol que está junto á la|sacristia, lijado en la pared, 
y sostenido por dos cabezas de animales con el escudo de armas 
de los condes de Barcelona y reyes de Aragón. 

— Es de un ilnslre misionero, el de un infitDte quetomóelbábilo 
en este mismo convento. Mirad el epilafío: Aquí descanta fray Juan 
(fe Aragm, arioUipo de Cáller. La Bosna y la Croacia estuvieron 
llenas on día de sn gloría; los pueblos salían á recibírie con palmas; 
los ber^és se convertían á la elocuencia de sus palabras; las fami- 
lias le bend^ian por sus virtudes, los reyes por sus consejos, loe 
pueblos por sus limosnas. Cuentan de él que, como su padre eo re- 
ligión san Francisco, viendo que no alcanzaba á cosvertir i usos 
herejes, mandó encender una boguera y predicó entre las llamas 
un sermón. Fué después por sus virtudes nombrado arzobispo éb 
CUIar, y su sobrino don Pedro IV de Aragón le biio sn ooafesoral 
regresar á su país. Huerto el rey, y siendo ya de avanzada edad el 

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mnirono di san nuiicnco. 3 1 S 

iifuile, retiróse á este conTento donde marii con la calma de una 
conciencia tranqmla y con la esperanza do los justos. 

— [Loada seasn memoria! 

— Entremos en esta capilla. Es la de san Nicolás. ¿Veis esesen- 
citto maosoleo?... 

^-Si, ¿qojén duerme en él? 

— ün rey de Aragón, don Alfonso III que Falleció el 17 de junio 
de lt9l. Fué hijo de don Pedro el Grande yde doBa Constanza, y 
nieto del famoso monarca que mereció ser llamado el cmgmiador. 
Hallábase en Barcelona preparando su desposorio con la infanta 
dosa Leonor, bija de Eduardo rey de Inglaterra, cnando se sintió 
keiido de la enfermedad mortal que le llevó al sepulcro. iFobremo- 
narcal tenia solo Toinie y cuatro aSos cuando tuTO que renunciar á 
sos sseDos de amor, de ambición y de gloria! 

— ¡Debe ser bien triste, morir en tal momento, peregrino! 

—Triste debe ser. Su lecho napcial fué una tumba. Una lágrima 
y pasemos. 

Seguíaos adelante. 

El peregrino nos seDáló nua lápida. 

—Esta foó una icina. La historia debe haberos enseSadoá apre- 
ciar sus virtudes. Sollamó on el mundo Constanza y fué ¡esposa de 
Pedro el Grande, siendo hija de ManfTedo de Sicilia el destronado y 
prima de Coradino el degollado. JXadre de tres reyes y dos reinas, 
aoportó con valor, con serenidad, con majestad todos los dolores 
que Dios le envió cuando era, en nombre de su marido, gobernado- 
n de Sicilia, luego que este se hubo apoderado de aquel pais que le 
pertenecía de derecho, así que cesó el toque fiíoohre que habla lla- 
oado para las sangrioolas vísperas. Ella fué quien dio uoa escuadra 
alhijodel valor y de la dicha Roger de Lauria: ella quien, contra 
nn pueblo amotinado que pedia su cabeza, concedió la libertad al 
priMipede Salerno; ella, en fin, quien, perdonando mapánima y 
generosamente á los que mataron á su padre, degollaron á su pri- 
mo, y ahorcaron á sus mas fieles partidarios, se hizo admirar de 
anigos y eoesugos. Cuando hubo muerto su marido, coando pros- 
oiita tuvo que salir del mismo reino en que triunfante había entra- 
do un dia, Constanza se vino á Baroekoa donde profesó en el con- 
vento de Santa Clara, siendo enterrada á 17 de junio de 1301 en 
eete convento , no lejos del sepulcro á que había bajado pocos aSos 
anta sn iqt primogénito. ¡Fué uia gran mnjer y una gran reina! 



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811 DOBHITOKIO DB SAfl FEANOSCO. 

Nos dispusimos í salir de la capilla. 

— Agoardad, dijo el peregrino. jVeis este suntuoso sepnkto jau- 
to al altar? Aquí estovo por espacio de treinta y tres afios, Alfon- 
so IV el benigno, hasta qoe, según sa postrera voluntad, fué trasla- 
dado á la iglesia de frailes Menores de Lérida. Sin embargo, noesit 
vacia esta tumba. En ella fué sepultada casi on siglo después, la 
cuarta mujer de don Pedro el ceremontoto. 

— ¿DoSa Sibila de ForoiA la catalana, la bija de un simple caba- 
llero del Ampurdan? 

—Sí. Aqui esli la que con toda la majestad y toda la alUveí de 
su carácter luché con Domingo Ger^au, el famoso Justicia de Ara- 
gón ; aquí la mal aconsejada esposa que tuvo la debiUdad de influir 
en el ánimo del rey para que privara al hijo de su tercera mujer, el 
verdadero heredero de la corona, del derecho que por su pñmoge- 
nitura le pertenei;ia. Dios le haya perdonado sus consejos. Era ma- 
dre del conde de Morella ; ¿qué mucho que obrase como madrastra 
con don luán? 

— Olvidemos eslo; no la recordemos como esposa sino como 
viuda. 

— |Ohl dijo el peregrino ; bien tristemente pagó su culpa la po- 
bre reina! ibien tristemente se le hizo apurar hasta las heces el 
cáliz! A sus instancias, don Pedro, enojado por el casamiento de sn 
hijo con Violante hija de los duques de Bar, privó á su heredera de 
U administración de los negocios, y con público-pregón mandó qoe 
ninguno le obedeciese ni le tuviese por su primogénito. Hé ahí lo 
que hizo como esposa, veamos lo que fué como viuda. 

Moribundo estaba el rey en Barcelona, afectado de esa enferme- 
dad que los partidarios de don Juan propalaban ser debida á las 
brujerias de la reina. Ya antes habían atentado á su honestidad con 
voces las mas ofensivas. Habíanla primero proclamado adúltera, 
después hechicera, después homicida. Contra la voluntad de su 
padre, Juan iba á ser nombrado rey así que cerrase sus ojos el et- 
remottioso. 

Era el sábado 29 de diciembre de 1386. Por consejo del nwri- 
bundo don Pedro, Sibila que todo lo debía temer de las iras de dea 
Joan, salió fugitiva del palacio en oompaDia de su hermano don 
Bernanlo de Forciá, el conde de Pallare y algunos Seles caballeros. 
El rey quedóse agonizando. 

Cruda era la noche y fría ; lloviznaba ; rugia el vioito. A pié y 

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DORmrouo db san francisco. 315 

eoTnelta eo su manto, Sibila atravesó las calles y salió al campo. 

Candió en breve por Barcelona la nueva de esta fuga ; la grave- 
dad de las circunstancias aumentó con ello ; túvose casi al mismo 
tiempo noticia de la muerte del rey, y, propalándose el rumor de 
bocaen boca pasando por el tamiz de la malicia del bando contrarío, 
llegóse á decir que la reina, al abandonar á don Pedro en su aco- 
nta, habia robado sa palacio llevándose lo de mas valia. ' 

Nobles, coDselleres, prelados, guerreros, palaciegos, todos se 
Fennieroo aceleradamente, y allí, junto á la misma cámara donde 
estaba, sin haber aun tenido tiempo de enfriarse, el cuerpo del es- 
poso, declararon que debía perseguirse como un malhechor k la 
espwa. 

pióse la orden, la campana lanzó al aire la seOal, y el toque de 
tomaíen retumbó de pueblo en pueblo. Perseguidos los fugitivos 
como unos miserables bandidos, oyendo soaar á sus espaldas las 
voces de sns perseguidores y pasar por sobre sus cabezas el eco de 
las campanas, encerráronse en el castillo de San Martin deZarroca; 
pero cercados por las tropas que tras ellos se despacharon, tuvieron 
que darse á cuartel y fueron traiflos á Barcelona. 

Enfermo estaba don Juan en Gerona, pero tanto pudo en él la 
fuerza de su ira que, sin consultar el peligro que corría, púsose en 
camÍDo para la ciudad deseoso de vengarse de la reina. Al llegar, 
se aumentó su enfermedad á consecuencia de las fatigas del viaje y 
natural agitación de su ánimo : algunos de sus médicos opinu^n 
que estaba hechizado, opinión debida al soborno, á la adulación ó 
acaso mejor á la ignorancia. Todas las voces estallaron entonces en 
maldiciones contra la infeliz Sibila, y agregándose á ello las decla- 
nuHones de dos judíos que dijeron Rabian tomado parte en los he- 
chizos, sin consideración á su sexo, á su posición, á su nobleza, á 
80 nombre, la desgraciada reina fué condenada al tormento. 

Sufriólo con resignación, con valor, con entereza, pero temerosa 
de SO" sentenciada á muerte, hizo entrega á don Juan de todos sus 
«atados y bienes. Este los recibió y donó á su mujer doDa Violante, 
y aplacada su cólera algún tanto con esta cesión, y mediando la 
autoridad de un venerable prelado, perdonó la vida de Sibila, de sa 
hermano y del conde de P^l«rs, pero hizo degollar á todos los que 
lesbabhin acompasado y seguido. 

U&a miserable peasion que se le seDalÓ bastó á la pobre reina 
{Htfa pasar tranquila en el retiro los últimos afios de su vida, hasta 

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3 1 6 DOuuTouo D> sifl ruticnco. 

qaeásn muerte, acaecida en Si de noviembre de li06, dióse des- 
canso eterno á sus restos en este sepulcro. 

TaJ es la histoña. 

— Historia bien triste por cierto y cyemplo olaro para probar qoe 
los deseogalios y grandezas de este mando pueden ser destruidos 
en un instante como pluma que arrebata entre sus alas el impetuo- 
so Tiento. 

Seguimos al peregrino. 

—¿Por qué pasamos de largo por delante de esta capilla? 

— Es la capilla de Santa Isabel. Solo bay dos tumbas que pare- 
cen gemelas. ¿Las veis por entre los hierros? Son las de dos bijos 
de reyes. En launa yace Federico, hijodel primer Mfoñso, quema- 
rió en 13i0; en la otra Pedro, bijo del rey don Pedro, que hlleció 
en 1310. Llegaos áesa otra eapilla. Es la deSanEslábui, y4e)i«- 
mos detenernos en ella. 

—¿De quién es ese bermoso sepulcro de m&rmol? 

— De la reina de Aragón doOa Maria, bija de Lnsinao el rey de 
Jerusaleu y Chipre y mujer segunda de don Jaime el justo. Junto & ella 
estuvo depositado el cadáver de su marido, el que sujetó la Ceide- 
Da y llevó sus armas basta la frontera del reino de Grasada ; pero 
DO estuvo mucho tiempo en este convento, pues que fué trasladado 
al monasterio de Santas Creus, donde se le labró ni magnifico pan- 
teón, honra del arte. 

— ¿Y esa lápida? 

— Es la que recuerda & la memoria de los cataUues el noatbre 
del ante-penúltimo conde deUrgel. En efecto, aquí yace don Jaime, 
que fué bijo de los reyes don Alfonso IV de Arageo y de doCa Te- 
resa de Entenza, y hermano del «ronom»» don Pedro. lambía es 
su historia todo un drama. 

— ¿Nos lo contareis? 

— En pocas palabras. Ya sabéis la famoea ümm que en Aragón 
se habla formado para no admitir por snoesora de la oofoaa á la 
inlaiita, bija inica del rey. Don Jaine ae hizo partidario de la Unim, 
la capitaneó y se declaró aspirante i la corona. 

Desde aquel momento Pedro le cobró un odio á muerte. 

Celebralñ Corles en Baredona el cermmio» cuando tuv<t noli' 
cia de la llegada de don Jaime. Salióle á recibir y dispuso feslfi|os 
para sobmnitar su entrada. El conde de Urgel llegó débil, aitfer- 
mizo, sintiéndose herido de una estraga doleocis. Cuwlo vio «I i»f 



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DOBMITOBIO DB SAN FRANCISCO. 317 

qne al freDle de su corle fué á su encuentro tendiéndole los brazos, 
le miró fijamente y le dijo con ana voz sombría: — Hermano, creo 
qoe estoy envenenado. 

El CeremoDÍoso se puso pálido ;' sin embargo, procuró sonreírse. 
ComeozaroD en seguida los festejos, pero tuvierou que suspenderse 
porque se agravó la dolencia de don Jaime. Fué transportado ¿ su 
posada, y al dia siguiente habia muerto. 

—¡Obi la ambición á la corona, que parecieron heredar todos los 
condes de Urgel, fué bien fatal á esa casa! 

— Ahi tenéis el ejemplo. ¿Veis esa otra tumba? Pues bien ; en ella 
yace la infanta doDa Isabel condesa de Urgel, bija del mismo rey 
don Pedro IV y de la desgraciada Sibila, y bermanade don Martín, 
por cuya muerte debía suceder á la corona. Casó con don Jaime, nielo 
del otro don Jaime de Urgel: su esposo aspiró ¿ la corona, cuando 
la muerte sin hijos de don Martin. Le acudía el derecho, le apoyaba 
larazoD, le quería el pueblo. Sin embargo, los manejos de san Vi- 
cente Ferrer consiguieron aquella tan estraBa decisión del Parlamento 
de Gaspe, y don Fernando el deAnleguerahé llamado al trono. 1d- 
citado por su madre doDa Margarita de Monserrat, que en el decurso 
de aquellos acontecimientos dio muestra sobrada de su ánimo varonil 
y ambicioso, opúsose don Jaime , á quien la historia ha llamado^/ 
desdichado conde, al nombramiento del nuevo monarca yápelo á las 
armas. Fué perdiendo sus villas una á una, y reducido por fin á ia 
ciudad de Balaguer, so último baluarte, tuvo que entregarse des- 
pués de una obstinada resistencia. Con él acabaron los condes de Ur- 
gel. Aquí tenéis la mortuoria lápida que cubre á la última condesa. 

Ahora, venid, seguidme. Atravesemos el coro y consagremos de 
paso una mirada á las tambas que guardan los restos del infante 
don Ramón Bereoguer, hermano de Alfonso IV, de la infanta de Si- 
cilia dofia Blanca , de la infanta doOa Juana condesa de Prades, 
de la condesa de Módica mujer del famoso don Bernardo de Cabre- 
ra, del ilustre obispo de Scgorbe Juan, y del obispo de Barcelona 
Hy Bernardo Pelegrí. SI, veámoslas todas de paso, y detengámo- 
nos solo ante este sepulcro que está junto al presbiterio. 

— ¡Precioso sepulcro! Una gran piedra de jaspe en que está es- 
culpida la efigie de una monja con el báculo de abadesa en la mano 
y al rededor un hombre. .. 

— El nombre de los Moneadas ; que aquí duerme su último sue- 
lto doRa Vtolante de Moneada, abadesa del real monasterio de seOo- 

TOBO I. U 

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318 DOBMITOUO DE SA» PHANCISCO. 

ras de Pedralves. Mostró esta dama varoDil alieato y tuvo ocaáoD 
de desplegar todo et carácter orgulloso y resuelto de su estirpe. 
Desde la fuodaciOD del monasterio de Pedralves, h&biaD sido siem- 
pre eo él las abadesas de vida. Éralo por los afios de 1500 dolia 
Violante, cuando queriendo don Fernando y el cardenal Cisneros in- 
troducir una reforma, trataron deque las monjas eligiesen otra aba- 
desa deponiendo ¿ laque tenían. Al efecto, se tes sefialó para elegir 
en su lugar á, doDa Teresa Eoríquez , religiosa de un convento de 
Andalucía. Opusiéronse las monjas, opúsose sobre todo doDa Vio- 
lante , fundándose esta en la iojustícia que se le hacia queriéndola 
deponer sin jusla causa, fundándose aquellas en la novedad que im- 
poner se les quería de que fuesen trienales las abadesas. 

Ofendido el rey don Fernando de la oposición que se hizo á la 
noble doDa Teresa Enriquez á quien se negaron á admitir, envió una 
hija natural que tenia monja en un convento de Castilla llamada 
dolía Haria de Aragón, con varias de otros monasterios y una del 
convento de Ntra. Sra. de Jerusalen de Barcelona, prima del mis- 
mo rey don Fernando, y llamada dofia Teresa de Cardona, con órdeo 
espresa de que su hija fuese elegida por superlora. 

Protestó de la violencia la descendiente de los Moneadas y apdó 
de la ÍDJusticia al sumo pontífice. Hizo mas, salióse de la clausura, 
y acompasada de una sola monja, partió para Roma donde consi- 
guió del santo padre sentencia para volver á Pedralves, y continuar 
mientras durase su vida en el puesto de abadesa. 

Apeló el rey, y el pleito se hizo ruidoso, pero desgraciadamente 
dofia Violante, que estaba en Barcelona en el palacio de su hermano 
el marqués de Aitona, murió repentinamente, declarando al morir, 
que deseaba ser enterrada en el convento de San Francisco de Asís. 

Cumplida quedó, como veis, su postrera voluntad. 

Acerquémonos ahora al altar mayor, y contemplad ese riquísimo 
sepulcro de mármol. Toda esa pompa, todo ese lojo de labores y 
detalles, os indicará que aquí yace una persona que ha dejado un 
gran nombre. Y es verdad, guárdanse aquí los restos de doDa Leo- 
nor reina de Chipre. Leed su epitafio latino (1) que así dice tra- 
ducido : 

A Diog Óptimo, máamo. 

Aquí yace Leonor, reina de Chipre, ratm del árbol real de Ara~ 

1 mar ODirecU» venoi UUdm dcHi Juan lUpoU, doolor ra leíai 

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DORHITOBIO DE SAN. FRANCISCO. 319 

gon. No hubo en su siglo mujer que en costumbres, mansedumbre, 
bondad, honestidad, discredon y arreglada vida la aventajase. Mere- 
aó en la débil condición de su femenil sexo los elogios y alabanzas 
de los varones mas esclarecidos, pues castigada y vengada la aleve y 
ítrona muerte de su marido, redimió el reino de Chipre para su hijo 
de la vejadott injusta con que su tio le afligía con guerras crueles. 
Uora^, jMies, ó castas doncellas, la muerte de vuestro mtjor blasón. 
Llorad, matronas y Itohestas viudas, y vosotros, hombres, favoreced 
con vuestro llanto á la difunta. Fué Leotmr nueva virago porqué fué 
mujer de ánimo el mas varonil. Fué terror y castigo para los malos, 
á^ca esperanza para los buenos, escudo para los fuertes, asilo para 
los cai<hs, gozoso consuelo para los desconsolados, socorro duldsimo 
para los p^res, y la que por esta escelsa caridad y compasión se 
movia á dotar á las pobres doncellas y dar crecidas limosnas para 
redimir á los carUivos. Deahi era impelida á librar de los engaños 
que los huérfanos podian padecer, y reparar los templos y casas de 
Dios, mmteniendo con estos heroicos actos de virtud inviolablesu de- 
voción y piedad. Es pues de creer que su alma está en el délo, como 
gtí cadáver dentro este mármol. Murió en fin, desatando la muerte el 
lazo de su vida, en el segundo día de la Pascua del nacimiento del 
eterno Rey elaño iH7. 

Y ahora que el epitafio habéis leido, oíd su hislorla que es toda 
ana ioteresante y dramátíca relación. 

— Pero aoles, decid, buen peregriao,. ¿no tuvo esa reina por pa- 
dre ¿ un varoD ilustre, al esposo esclarecido de esa misma Juana 
de Foix cuyo nombre hemos visto grabado al pasar en una lápida? 

—Sí, al mismo que después de haber enviudado tomó el hábito 
«1 este convento, al venerable fray Pedro de Aragón. 

— Gontadnos su historia. 

— Como gustéis. Conoceremos primero al padre. 

— Sf, será una brillante introducción para la historia de la 
hija... 

— De iodos modos es jnsto que le tributemos nn recuerdo. ¿Cómo 
faera posible, estando en el convento de San Francisco, olvidar al 
qtte sefialuí las crónicas como á uno de sos hijos mas esclare- 
ddos? 

— Empezad pues. 

— Sentaos en las gradas de esta capilla. La relación es larga. 

Y asi empezó el peregrino: 

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3tO DOBHITOUQ SE SAN FRANOSCO. 

V. 



Guerrero, poeta t rrsile. 
Bitloria iel infanlt ionPtán de Araron. 



Curiosa vida es por cierto la saya. 

Nació CD las gradas de ud IroDO, habitó los salones de un p«la- 
cío, murió cutre las austeridades de un claustro. 

La nobleza le halla hijo de los reyes don Jaime 11 el justo y do- 
fia Blanca, el valor lo mira general de las armadas de Catalulla, el 
reino procurador general de Aragón y Cataluña, el poder conde de 
Ribagorza, de Ampurias y de Pradeis, la erudición poeta elegaoti- 
simo, la ciencia teólogo famoso, la caballería buen justador y airo- 
so galán, la religión fraile. 

Tales son las diversas y variadas fases que su vida ofrece. 

Nacido en Barcelona, la ciudad que se mira coqueta en el espejo 
que á sus pies tiende el Mediterráneo, la historia le sigue paso á 
paso y le encuentra que, desde su corta edad de doce aOos hasta la 
que tenía al tomar el hábito de menor, no hubo empr»a militar dea- 
tro y fuera de su reino, ya contra moros, ya con los reyes de Mallorca 
y de Castilla, á que él no asistiese y en que no lomase activa parte. 

Era por lo demás el mozo mas gentil que habla en los dos países 
unidos, el mas galán y una de. las mejores lanzas de la caballería. 

La Gaya dmcia le contaba entre sus privilegiados adeptos. 

Las crónicas nos han conservado el recuerdo de la ocasión en 
que se dio á conocer como poeta. 

Fué cuando la coronación de su hermano don Alfonso III. 

Tenia entonces veinte y cuatro afios, y coa ochocientos caballos 
que mandaba pasó de Barcelona á Zaragoza. 

En el regio banquete, él fué quien quiso servir las viandas á su 
hermano haciendo el oficio de mayordomo, y llevando á tal grado 
la bizarría y galantería, que todas las diez veces que sirvió el plato 
á la mesa, sacó diferente traje. El vestido que se quitaba, que era 
de tela de oro forrado de armiDos y lleno de perlas, se lo daba á 
uno de los servidores. 

Acabada que fué la comida, quitáronse las mesas y se dispaso 
un rico tablado en medio del cual se sentó el rey en su trono oon 
su corona de oro en la cabeza y cetro en la mano. Junto á él, aua- 

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DmvITOlUO DB HAN ntiNGlBGO. 3S1 

que algo apartados, tos arzobispos, y á los pies ios ricos-homes, 
cat)alleros y ciudadanos. 

En tal disposicioD el concurso, presentóse un jÓYea cantor de 
inay linda voz, llamado Bomaset, y pidió permiso al rey para can- 
te una viikmesca compuesta por el intente dos Pedro. 

Accedió el monarca, y Bomaset cantó una bella canción hecha á 
propósito para aquel momento por el infante, pues qufi contenía la 
'declaración de lo que significaban las insignias reales que había re- 
«bido el rey. 

La corona, decía, ea ser redonda y no tener príndpio ni fin, de- 
notaba á Dios todo-poderoso qae era sin principio ni fin, en el cual 
bahía de tener siempre el rey pnesto su entendimiento, memoria y 
vdnDtad, y que por esto se la habían puesto en la cabeza don^ 
estas tres potencias tienen su asiento. 

El cttro en ser vara derecha, denotaba la justicia q«e sobre todas 
las cosas le estaba encomendada, justicia que habla de ejecutar coa 
todos igualmente, castigando los delitos y premiando las virUides. 

El pomo en tenerlo el rey dentro su mtoo, denotaba que de la 
misma manera podía, como quisiera, tener en su mano todos los 
corazonesde los subditos que Dioa.le había encomendado, y a^ ha- 
bía de procurar hacerlo, manteniéndoles en paz y justicia, no per- 
mitiendo se les hiciese ningún agravio. 

Concluido, el mismo Bomaset cantó otra trova compuesta toda 
por el díoho ínlánte ea alabanza del rey; y en s^uida entró otro 
jo^ar, llamado Novevdlet, el cud recitó mas de seteoientos versos 
qoe también don Pedro había compuesto, y contenían ú orden y 
modo que el rey habia de guardar en el gobierno y dísposícloa de 
su casa, y en la provisión de todos sus ofioales y nünislroe. 

La nombradla del infante se aumentó ean ello, y crecáó de todo 
panto cuando, en la justa del siguiente día, se le vio ser el vmce- 
dor y recibir el premie del tríanfo. 

Sí buen poeta tenia la gaya ciencia, con buena lanza podía oonf 
lar et rey. 

Pero aun Cenia este último otra casa mejor, traía en él bn leal y 
decidido hermano, un fiel y pundonoroso vasallo. 

Hé ahí sino el caso- 
Antes de ser coronado rey don Alfonso, en vida de sU padre don 
Jaime II, fué enviado á la ísla de CerdeQa con una poderosa arma- 
da, dejando en Zaragoza & su mujer Teresa dé Enfensa, y á sus 

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SSS DOBHIT^IO DE SAN VE&NaSOO. 

dos hijos Pedro y Jaime, de los que el primero teoia apenas cin- 
co aDos. 

Viejo y achacoso estaba el rey doo Jaime , y mieotras don Alfonso 
partia & CerdeDa en busca de aventuras y peligrosas batallas, mo- 
vióse gran disputa eu los reinos sobre si el inEante don Pedro, her- 
mano de doD Alfonso, debia heredar la corona en caso de morir este 
último en CerdeOa. 

^ rey don Jaime que quería mucho k su hijo, fué de esle parecer, ' 
y entonces el famoso caballero don Jimen de Coroel hizo qae casi 
todos los ríoos-homes y ci^lleros de la corte se declarasen por el 
infante, en preferencia al hijo de don Alfonso, el nioo Pedro. 

Súpolo á tiempo doBa Teresa de Eotenza, y vistiéndose de lula 
se presentó en las habitaciones del infante don Pedro. 

—¿Qué es eso, seDora?— dijo este al ver en tal traje k su cufia- 
da.— ¿Por qué esas enlutadas ropas? ¡Dios mió! será que mi her- 
mano... 

— Vuestro hermano y mi marido, gracias á Dios, pelea sano y 
bueno contra los enemigos. No es por él por quien visto luto. 

— Pues por quién? 

—Por mi hijo de cinco aDos, por mí Pedro. 

— ¿Ha muerto, seOora? 

— Tampoco es esto. Vive, pero le han arrojado del trono. 

— No entiendo... 

— (Mme, — dijo doQa Teresa con ánimo varonil,— oídme y res- 
P<Hidedme por vuestra fé de caballero. Si don Jaime muere, ¿& quién ■ 
pertenece el troao? 

— A vuestro marido y mi hermano. 

— ¿Y sí este muriese también? 

—Claro está que á vuestro hijo Pedro. 

La de Eotenza respiró. 

— ¡Oh! grai^as! graciasl vos reconocéis su derecho, quitarme 
puedo mi luto. 

— Pero me esplicareis... 

— Os lo diré brevemoite, VuesbYi padre, los ric<M bornes todos, 
08 han seOalado á vos para ocupar el trono, en caso de qae muera 
en CerdeGa mi seDor y esposo. 

—¡A mil 

— A vos. 

Pon Pedro se sonrió. 



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DORMITORIO DE SAN PRinOSCO. Sft3 

—No temáis por el derecho de vuestro hijo, señora. Don Pedro 
08 lo asegura y os da su palabra de caballero. Si mi hermano mue- 
re, el hijo de mí hermano es el que reinar debe, y si me ofrecen la 
corona, creedlo, la rehusaré. 

— ¿Y si os obligan á aceptarla? 

— No pueden obligarme. 

— ^¿Pero en fin, si os obligasen? 

—Entonces.... me retiraría inn claustro. 

Tal era don Pedro. 

Aquel mismo dia, luego de haber despedido y acabado de tran- 
qoilizar ¿ doDa Teresa, fué en busca de su padre, fué en busca de 
los ríeos bornes, y de él y de ellos consiguió que la corona fuese se- 
flalada & quien pertenecía de derecho. Sus súplicas con unos, con 
oíros sus instancias y sus amenazas, alcanzaron que todos cediesen 
en su empeDo, y tuvo el gusto de ver reunirse Cortes en Zaragoza 
para hacerse la proclamación. El fué de los primeros en jurará «a 
sobrino; y luego de pronunciadas las sacras palabras, comounadu- 
, lador corlesano le dijese al oído: 

—Este juramento os cuesta una corona, 

El contestó con una dignidad heroica*. 

—¿Y qué importa, si asegura la paz de todo un reino? 

Felizmente, regresó de su espedicíon don Alfonso, y ya está dicho 
loque acaeció cuando su coronación. 

Quiso don Alfonso al sentarse en el trono casar & su hermano con 
(hUia Juana de Foix, hermana del conde de Foíx, en quien se ballfr- 
bao á competencia los méritos del alma con las dotes del cuerpo. 

Ajustáronse los tratados, yen 1331 efectuóse el enlace. 

Don Alfonso tuvo en su hermano el mejor guerrero de so rano, y 
en cien gloriosas empresas debió la víctoría á su consejo y á su brazo. 

En el ÍDlerín, dióíe sucesivamente cuatro hijos su mujer, tabella 
y virtuosa doDa Juana: el prímero se llamó don Alfonso y fué conde 
de Ribagorza, el segundo don Juan y fué conde de las montanas de 
Prados, el tercero don Jaime y fué obispo de Tortosa y arzobispo de 
Valeoda; fué so cuarta hija Leonor, con el tiempo reina de Chi- 
pre. 

Retirado se hallaba en su baronía de Enlenza, coando perdió el 
infonte á su esposa. Grande fué el dolor que sintió con esta pérdi- 
da, tan grande que sus deudos, sus amigos, sus servidores temi&- 
roD perderie ii él en pos de ella. 

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,^ 3S4- DOKHITOBIO DE SiN niHOSCO. 

Desde aqod momento la melancdfa empezó k roer aquella nebTe 
aloia, la tristeza qo le afcaodooaba ud momealo, la amargura le 
aoompa&aba «empre. 

Les negocios públieos le reclamaroD eo vano. 

Solo uDa vez, ana vez sola, se le vio volver k presentarse ea el 
teatro político. 

Era el caso que se hallaba alborotada CataluDa cod los sangrien- 
tos bandos entre el infante don Ramón Berengaer, hermano de don 
Pedro, y el vizconde de Rocaberti; la lacha amenazaba prolongarse; 
Catalofia iba k sumirse en nn lago desangre y de horrores. 

Aquel fué el momento que don Pedro pareció escoger para pre- 
sentarse por última vez en la arena de los combates, y no fué como 
guenero, fué como mediador. 

Lo que no habia podido contener el rey, lo que no hablan logrado 
remediar las Cortes, pudo apaciguarlo don Pedro que, como uq 
iris de paz y de bonanza, se presentó entre los dos bandos, y k uno 
y á otro exigió cuenta en nombre de Dios de la sangre que impía- 
mente derramaban. 

Su mediación y su gran autoridad bastaron. A su voz, los com- 
batientes depusieron sus armas. 

Poco tiempo después, la corte, el reino, el pueblo, todos oyeron 
con asombro circular la nueva de que el infante ya no pertenecía 
al mundo. 

En efecto, acababa de trocar la espada por el cilicio, por el sa- 
yal la cota de malla, por el retiro de una celda el bullicio de uo 
palacio. 

¿Qué es lo que pudo motivar en él tan súbita determinación? 

Se ignora. 

Las crónicas del convento de San Francisco bao creído bailar sin 
embargo la verdad en un sueQo que dicen haber tenido el infante y 
que no dudan en apellidar milagro. 

Hé ahí lo que dice una de las mas autorizadas : 

a&itre las muchas noches, una le tuvo al infante tan ll<Hwoqtte 
derramaba muchas lágrimas y ofrecía k Dios sus votos y sus rue- 
gos. Hallábase en el oratorio, y se sintió asaltado de un dulcIsÍBio 
7 profundo suelo. Habiéndose dormido, le pareció que se llenaba 
de luces celestiales el oratorio, y que entraba por la puerta el pa- 
4re fray Bernardo Bruno ó Brú, de nación catatan, ministro {«ovíb* 
cial de la provincia, á quien el infante conocía mucho, y eotoooes 

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DOKUTOBtO m SAN VUNCnCO. 82S . 

» hallaba en SQ oonreoto de Sao Fraacisoo de Barcelona. Pareoíide 
qoe llegándose k él el provÍDoial le deoia apesarado : — Levaotaos, 
ñ^te, y salid á redbir á vuestro tío fray Ldís, qoe con oUtts 
santos religiosos de oaeitra ónlen vieoe á visitaros. 

»Ed las mismas quietudes del misterioso snefio, le pareció al iofao- 
le qoe salió i la sala, que vio k su tio san Luis vesüdo de obispo, 
eoB la Domerosa comitiva de religiosos santos, y que hincado de ro- 
dillas, le faé k besar los pés, y el santo le dio los brazos, y nn ós- 
culo en la mejilla, qne le baDÓ en celestíates dulzuras el corazón. 

nEotraron en el oratorio, y babiéadole declarado el santo otópo 
qoiéQ eran aquellos que le acompasaban, le dijo : — Sobrino c^i- 
mo mío, yo vengo de parte de Dios k cosfirmarte en tus buenosée- 
seos y pensajuientos de salir del mundo, para que logres con acier- 
to tus desengaños. A estos de mi comitiva y á mf , nos puso su mi- 
sericordia en la posesión de la felicidad, que miras escrita con ra- 
yos de iaz eterna por el generoso desprecio que hicimos de las va- 
nidades del mundo, por la pobreza evangélica que priesa la orden 
de san Frandsco. Este es el camino que Dios te séllala para el 
cielo. 

»Dicho esto, y dándole segunda vez los brazos con el ósculo de 
paz, desapareció esta celesliat visión , dejando lleno de glorias ú es- 
píritu del religioso infante. » 

Así refieren el suceso los candidos cronistas, fUIadiendo que al u- 
goiente dda mandó k llamar el infointe & fray Bernardo Brú, y que 
llegado este á su castillo, le contó el sueDo. Fray Bernardo le dije 
qae en ello estaba claramente manifiesta la volantad de IKos; y en 
seguida, pasuido k repartir sus bienes entre sus hijos, el iafítote tft- 
ffló 001 gran secreto el hábito en el convento de Barcelona. 

Sea la del suefio, que no merece por cierto todas las probabilida- 
des, sea otra cualquiera la causa, lo cierto es que en 1358 el ia- 
fante don Pedro entraba k formar parte de la comunidad de sao 
Frandsco de Asís de Barcelona. 

Si ek^ios mereció en el mundo, no meuMes los mereció en el 
táanstro. 

Digno y santo religioso, empezó su vida con obras piadosas, y \Mf 
jo el palpito ea el que muy á menudo se presentaba, veía agru- 
parse solícita la gente, deseosa de oir resbalar de sus labios las 
dulces reglas de las santas verdades. 

Los reyes hieieron gran caso de él, le consultaban, le pedian tñ 
Tono I. a 

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326 DOBHITOBIO DE SAN F8ANC1SC0. 

apoyo de sos luces y consejos, y el pobre franciscano pisó mas de 
una vez, para llevar la paz y la calma á las agitadas cortes, lasal- 
fombras de los palacios mismos que cubierto le recibieran un día 
de hierro ó de galas y que entonces le velan con su modesto sayal y 
sus humildes sandalias. 

El monje del convento de Barcelona vióse llamado í las mas al- 
tas dignidades de la Iglesia; todo lo rehusó, todo lo dimitió. Un sa- 
yal y una celda le bastaban. En vano los reyes quisieron obsequiar- 
le, en vano el papa trató de enaltecerle con eclesiásticos títulos. 

— Un título solo me basta,— decia el antiguo infante. 

—¿Y ese titulo? — le preguntaron un dia. 

— Es el de siervo de Dios, — contestó modestamente. 

Cuando murió Gregorio XI, todos saben el cisma que se declaró 
en la Iglesia. Urbano y Clemente se disputaban latíara. 

\lemania, Inglaterra, Hungría ó Italia, menos doHa Juana de Ña- 
póles, se declararon por Urbano. Clemente tuvo en su bvor á Es- 
pafla, Francia y Escocia. 

Los franciscanos todos se pusieron de parte del primero, y fray P&- 
dro de Aragón escribió una carta á Carlos V de Francia y á otros 
principes, para que obedeciesen al verdadero pontífice y sucesor le- 
gitimo de san Pedro. Dedales en esta carta como le habia sido re- 
velado por celeste visión, que el papa Urbano VI habla sido canó- 
DÍcameote electo en el cónclave de Roma, y que caerla la ira del 
cielo sobre aquellos que no quisiesen respetarle como vicario de 
Cristo. 

Aqui es donde los crédulos cronistas se unen todos en coro para 
ensalzar á fray Pedro de Aragón, haciendo notar la verdad de so 
revelación, pues que todos los reyes, reinas y principes que no hi- 
cieron caso de su carta, murieron, dicen, de mala muerte ó con sé- 
llales terribles les mostró el cielo sus iras. 

Uno de los mas autorizados cronistas se espresa asi : 

«La reina Juana de Ñápeles, que fué la primera protectora del 
cisma, hizo una muerte tan desastrada que se horroriza la pluma al 
contarla. Carlos rey de Ñápeles, torpemente ingrato y bárbaramente 
enemigo del papa Urbano, murió violentamente en una conspiración 
en Hungría. El rey Carlos V de Francia murió á quince dias despueiS 
que recibió y no obedeció la carta de su Uo fray Pedro. El rey don 
Juan I de Castilla murió en Alcalá de Henares precipitado de un ca- 
ballo. Su hijo y sucesor don Enrique 111 vivió eafermiio dejando 

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DOIHITOIUO DE sui vuNcrsco. 8i1 

nombre de el ioHeiUe y murió á 26 aSos. El rey don Joan I de Ara- 
gón marió violentamente en la caza. Cumplióse coa lo8 reyes la 
amenaza, porque no admitieron el aviso y amonestaciones del santa 
fray Pedro.» 

Asi habla un historiador de la orden, creyendo ciegamente pro- 
venidos todos estos daDos de no haber seguido los consejos del re- 
ligioso infante. 

Llególe á fray Pedro la hora de su muerte hallándose en Gan- 
día. Conoció que sus últimos momentos se acercaban, y por lo mis- 
mo se hizo transportar á Valencia donde tuvo la muerte del justo. 

Tenia entonces setenta y seis aOos y veinte y dos de fraile. Mu- 
rió en 1380 y fué enterrado en el convento de San Francisco de 
Valencia. Sus restos estaban con veneración y en magnífico sepul- 
cro, en la capilla de la noble casa de Cardona, marqueses-de Gua- 
daleste y almirantes de Aragón. 

Digna de respeto es su memoria como dignas fueron de venera- 
don sns virtudes. 

Vivió en la religión tan pobre como si nada hubiera poseído en 
el mundo ; y tan humilde como si no hubiera nacido tan noble. 
Olvidóse enteramente de lo que había sido, acordándose solo que 
era religioso de san Francisco para la observancia de la regía, pa- 
ra la penitencia, para el buen ejemplo y para la mortificación ; pa- 
cificó los reyes y los reinos ; predicó en Chipre, en Francia y en 
Italia; no tuvo en la orden ningún empleo, y veinte y dos alos per- 
maneció en ella obedeciendo. 

Tal fué fray Pedro de Aragón. 

VI. 

EipsM, midK y UDU. 
HMíTla da doSa LKmor di inqo», Trina di GMpn. 



Dos años hacia apenas que había entrado en la religión el infini- 
te don Pedro dejando encomendada su hija Leonor á su primo her- 
mano el rey Don Pedro IV, cuando la joven se vio solicitada por el 
rey de Chipre que pidió su mano para el heredero de aquel trono. 

Concluidos los oficios de las embajadas, y ajustadas todas las co- 

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3t8 DOUIITOBIO Vt SAK Tiuiasco. 

gas con la codcíuüod de los tratados, partió Leonor de Barcelona 
coo gran acompaDamiento y con lodo el busto debido asa alta po- 
sición. 

Llegó la doncella á Chipre, y en su capital Nicosia dio la mano 
al joven Pedro, heredero de la corona de Chipre y Jerosalen, 

Hermosa era doDa Leonor, hermosa y de un almaque encerraba 
como un santuario todas las virtudes. Cautivóse por completo el 
amor del príncipe su marido, y logró con su influencia refrenar los 
Ímpetus furiosos de su valiente espíritu de mozo, haciéndole de ge- 
nio a6>ble, de honestas costumbres, de generosos pensamientos, 
amado de su padre, unido con sus hermanos y querido de todos. 

Tan satisfecho quedó el rey de Chipre al ver couteoidas las tra- 
vesuras á que antes sin discreción se entregara el príncipe, y de 
tal modo quedó contento de] juicio y prudencia que mostraba, que 
hallándose cargado de anos y fatigas, pasó voluntariamente á sus 
sienes la corona de Chipre y Jerusalen. 

Desde aquel momento, un odio á muerte quedó jurado á la reina 
doSa Leonor por don Juan su cunado. 

Era que este abrigaba esperanzas de cehir hi corona, vistos loe 
desórdenes á que de continuo se entregaba don Pedro y creído que 
llegaría á hacerse aborrecible 4 so padre, pero al cambiar el afecto 
y las virtudes de su esposa tan compretamenle su carácter, al ver 
ya efectuada su ceremonia de la coronación, don Juan juró un odio 
mortalá la mujer que tan inocentemente había conspirado para des- 
vanecer sus ambiciosos castillos en el aire. 

Al coronara rey don Pedro, juró aplicar todas sus fuerzas y so- 
licitar los ausillos del papa y de los principes oristianos, para sacar 
de la Tierra Santa á los tarcos y judíos y restituir al gremio católi- 
co y posesión de los fieles aquellos santos lugares que tanto tiempo 
hablan estado en poder de los enemigos. 

En seguida de este juramento, el rey armó caballeros á sus dos 
hermanos y dio á don Juan el principado de Galilea y á don Jacobo 
el de senescal de Chipre, sin conocer, ¡ay! que fué lo mismo que 
tenerles mas fovorecidos para hacerles mas ingratos. 

Durante los primeros alos de su reinado, los dos esposos vivie- 
ron felices cifrando toda su dicha en el hijo que Dios acababa de 
darles y al que llamaron Pedro como á su padre. Impelido luego 
por los consejos de su esposa, empezó á idear el rey altas empresas: 
armó cincuenta galeras y doce fustas, con algunas catalanas y otras 



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I>OiMIT<»IO UE SAN FRANCISCO. 399 

de Rodas, y se echó de improviso sobre la fuerte «iudad de Sertalia, 
y haciéodose daefio de ella, prosignió las conquistas por las ciuda- 
des de CaramaQia, de Honaguti, de Escandeloro, asombrando al 
Egipto con la toma de Alejandría donde se hizo fuerte. 

Aunque todos sus ca[»tanes le persuadían que oo cortase el hilo 
desos Tutorías, sino que siguiese en sus empresas, parecióle á don 
Pedro mas conveniente para sos altos designios ir i AviQon, ganar 
al rey de Francia, asegurarse con su pariente el rey de Aragón, 
conocer al de Inglaterra y proponer después al papa la conquista 
de la Tierra Santa, que era el empeDo primero de su valor, de su 
oblígacíoD y de su ciistiandad. 

Hieotras tanto, aun cuando el rey había dejado en el gobierno 
de Chipre & su hermano el príncipe don Juan , tomó tan por su 
cnenta la reina doDa Leonor la administracioa de justicia, que en 
nada se dio á conocer la falta det monarca, mereciendo dignamente 
que la llamasen Virago, dice un cronista, porque en honor de la 
jasticía ejecutó lo que no hubiera hecho un ánimo varonil. 

Y aDade & renglón seguido el mismo cronista, que es el ya cita- 
do Jaime Goll : 

«Yivia entonces en la corte madama Juana, viuda, que por las 
obligaciones de su sangre y las de su difunto marido, debia. vivir 
menos licenciosa y con mas honestidad. Entró la reina Leonor k 
cwregirla y á ponerla en el convento de Santa Clara de Nícosia. No 
bailó esta infeliz otro medio de vengarse de la santa reina que echvr 
por la corte que el rey don Pedro la dejó embarazada, y que celosa 
la reina, envolvía sus celos con la. hermosa capado la jasticía. ADa- 
dia que la reina tenia trato ílicíto con el conde de Rocas, y que que- 
ría, como tan astuta, mantenerse sin sospechas en lo que tan seve- 
ramente castigaba.» 

Resultó de esto que las voces propaladas por madama Juana, 
como la llama el cronista, hicieron su efecto, ayudando á darlas 
crédito el príncipe don Juan, que le había cobrado odio mortal k la 
reina, y no faltó entonces un cortesano, vil adulador del principe, 
que escrítnó al rey don Pedro, mostrándose celoso de su honor, y 
rehnéndole cuanto corría en Nícosia tocante á la conducta de la 
reina sn esposa. 

Recibió el rey esta carta como un dardo en mitad áé corazón. 
Abandonó sns emiH'esas, sacrificó sus esperanzas, y dio inmediata- 
mente la vuelta para Chipre, presentándose íBopinadamenle en la 
corte. 

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330 DOHHlTOfilO DE Silf PRANCISCO. 

Recibióle LeoMr con lágrimas de ternura y tuyo dOD Pedro que 
disimular recibiendo sus abrazos, sin dejar traslucir todo el abismo 
de congojas, todo el caos de confusiones que llevaba en su peclio. 
En seguida, llamando á los ministros de su corona, prudentes ; sa- 
bios varones á cuya custodia babia coníado la reina, dióles i leer 
la carta que recibiera, y les encargó que brevemente se informanm 
de cnanto pasaba, dejando í su arbitrio lo que con la reina se ha- 
bía de ejecutar. 

Los ministros buscaron, interrogaron, registraron y se conven- 
cieron de la falsedad de la carta. Resolvieron pues serenar el ánimo 
del rey con razones, de modo que ni rastro de sospechas pudiese 
quedar en su imaginación de tan feo delito, protestar de la hones- 
tidad de la reina con su misma virtud, y condenar & infame muerte 
al aleve acusador. 

Asi se hizo todo. Don Pedro hubo de quedar plenamente satisfe- 
cho, y el noble que con tanta ligereza habla osado al honor de la 
reina, fué llevado al castillo de Cerines donde se le dejó morir de 
hambre y de sed en una oscura prisión. En cuanto á madama Juana 
fué desterrada de la corte. 

Al quedar convencido el rey de la inocencia de su amante esposa, 
todo le parecía poco para lavar la sospecha qne momentáneamente 
le había hecho concebir la duda, y á fuerza de cariDo, hizose ti- 
rano. 

Tirano, si, cmel tirano. 

Los tormentos que su corazón había sufrido, los celos rabiosos 
que había esperímentado, las dudas'horribles qne había cobijado, 
todo quiso hacerlo pagar con creces á los que de ello habían tenido 
la culpa, y su espíritu se baQó voluptuosamente en los deseos de la 
mas terrible venganza. 

—Los nobles de Chipre,— decia rechinando los dientes, — ^han osa- 
do contra el limpio honor de mi esposa. jOh! yo quisiera que esos 
nobles tovieían una sola garganta, como de los romanos lo desea- 
ba Galígula, para cortar todas las cabezas de un solo tajo. 

A todo esto, la reina, la noble y virtuosa reina, ignorante de to- 
do, permanecía en el interior de su palacio ocupada en la educación 
de su hijo Pedro, al que desde níto guiaba ya por el sendero de 
la virtud por donde mas tarde qnería encaminar sus pasos. 

Un rabioso espíritu de venganza parecía haberse apoderado del 
monarca; era un vértigo. De todos los nobles que habían atentado 

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DORMITORIO D8 SAN FRANCISCO. 331 

<»iitni la honra de su esposa, á los nnos los destaraba, á los otros 
los encerraba en un castillo, á algunos los m^aba decapitar en 
secreto. 

Con esto, empezó ¿ circular la voz de que el rey don Pedro atre- 
pellaba con la vida y la honra de los nobles; que no estaban- segu- 
ras de su antojo sus bijas y sus mujeres; que fuera de estar domi- 
nado por el dictamen de la reina su esposa, le había revestido sus 
crueles venganzas y atrocidades; y que era conveDÍenteal bien CO' 
mun que el rey muriese porque de otra manera no podían vivir 
dios. 

Ya se comprenderá quién trataba de hacer cundir estas ideas. 

Era eu efecto don Juan. De su palacio, como un santo y seda, 
salían todas las noticias que propalarse debían por la ciudad deboca 
en boca. 

Corrió en este tiempo otro rumor, reconociendo el mismo origen 
que los otros, y fué que el rey disponía un espléndido y majestuoso 
banquete en el castillo de la ciudad, donde hablan de concurrir to- 
dos los grandes y poderosos del reino, y que en 'él se trataba de de- 
gollar á los postres á todos los convidados. 

Nadie dudó de esta crueldad, acaso porque eran muchos los que 
debían temer. 

Asi pues, todos los principales se reunieron ea el silencio de la 
noche en el palacio del principe de Galilea, y allí decidióse dar 
muerte al soberano. Trazóse el plan, escogióse el momento y que- 
dó todo arreglado. 

Pocos días después, los conspiradores penetraban armados en 
palacio á la hora de corte, y al abrirse la puerta del gabinete del 
rey para que el paje le anunciara á todos los nobles reunidos, estos 
se i^ecipitaron en tropel en la real cámara, y cayendo juntos sobre 
el indefenso don Pedro, diéronle tres estocadas dejándole sin vida. 

Tan pronto como se supo la infausta y alevosa muerte del rey, 
conmovióse contra los nobles la ciudad toda, pero el príncipe don 
Juan, que ganado tenia el ejército, se hizo titularen el acto go- 
bernador del reino, y desplegando un imponente aparato militar hi- 
zo que forzosamente se calmaran los ánimos. 

Don Juan, cuando hubo á duras penas calmado el tumulto que 
Iwrvia, intentó, pero no se atrevió á coronarse. Temióla cólera del 
pueblo si alargaba su mano para robar de las sienes de un qíOo la 
conHia que le pertenecía de derecho. 



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S3i Domiioiio ¡)t SIN FUHasoi. 

Guardó pues para mejor ocasioa su deseo y no quiso desplegar 
eu todo su vuelo la ambícioD que le. roía. 

Contentóse con el titulo de gobernador por el pronto. 

¡Quién, durante su gobierno, puede atreverse 4 describir el coa- 
dro de desolación ; de amargura que presentó la historia de la 
reina! 

¡Pobre mujer! ¡pobre santa mujer! Rodeada de algunos fieles ser- 
vidores, que se partían las horas para do abandonarla ni un solo 
instante, estaba entregada & una congoja tan mortal oomo oMUnoa, 
temiendo por su hijo, por el pedazo de corazón al que podían ase- 
sinar como hablan hecho con su padre. 

Las horas pasaban para ella preQadas de zozobra. Retirada en el 
fondo de su palacio, sin perder de vista ni on instante á su hijo, cre- 
yendo á cada zumbido del viento, á cada' puerta que se abría, á 
cada paso que se acercaba, que eran los verdugos que venían para 
apoderarse del heredero del trono, la infeliz mujer, la desgraciada 
reioa contaba por las lágrímas que vertía los momentos de vida que 



No obstante, sin que la pobre doDa Leonor diese de ello noticia, 
éh toda Europa se supo al momento su angustiosa posición, y al sa- 
berla, el primero que pdñó áChipre, fué el humilde franciscano fray 
Pedro de Aragón. 

Al hallarse en brazos de su padre, la reina se creyó salva. Tanto 
habla rogado al cielo, que el cíelo la había atendido. 

Contóle sus pasados sufrimientos, sus horas de insomnio y de 
amargura, sus momentos de llanto y de desesperación, dijole todo 
el siglo de torturas que había sufrido en tan corto tiempo. 

Fray Pedro admiró su valor heroico, su resignación constante, 
su abnegación sublime: fortalecióla, dióle consejos, dióle espe- 
ranzas. 

En efecto, el partido de don Juan iba debilitándose entre los no- 
bles y robustecíase el de la reina. 

La tiranía del príncipe les era i todos insoportable, la resigna- 
ción angélica con que dota Leonor soportaba sus sufrimientos \te 
era á todos símp&tíca. 

En esto, los reyes de varías naciones enviaron embajadores é ín' 
lerpusieron su autoridad en los asuntos de Chipre. 

El nílo Pedro, hijo del asesinado monarca, había cumplido ca- 
torce alos, y el momento era llegado de que cilera sos sienes I* 
diadema. 

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DORMITORIO DE SAN FBANCiSCO. 33!) 

Don luao no pudo oponerse, luvo que ceder. 

Celebróse la coronación del joven rey en Nicosia y en 1 371, con 
gran aplauso y con majestuosa pompa. 

Pocos días después, el principe don Juan, que acababa de reci- 
bir la órdeii de destierro, moría á manos de una turba que se pre- 
cipitó en su palacio y le dio de eslocadas á los gritos repetidos de : 
«¡Haerael traidor, el desleal, el fratrícida!» 

Cuando todas las cosas de Chipre estuvieron arregladas, cuando 
pudo ver doDa Leonor sentado en el trono de sus abuelos al hijo 
querido por quien habia pasado tantos aQos de desgarradoras an- 
gustias, cuando le hubo enlazado k la hermosa Valentina, hija del 
duque de Hilan, llamóle uo dia i su cámara y le manifestó que ha- 
bía llegado el momento de separarse. 

— ¡Seporamosl— dijo el joven Pedro ; paes qué, madre mia, ¿ós 
ausentáis? 

-iAjisl. 

—¿Por qué, madre? 

— Hi sitio no es ya junto al trono. Maliana parto. 

— i¥ dónde vais? 

— A Barcelona, á mi querida patria. 

— j¥ qué vais & hacer allí? 

—Quiero entrar en uu claustro. Retirada del mundo, en el fondo 
de una celda como mi padre, rogaré & Dios por ti, por mi, por la 
memoria de tu padre! 

Nada bastó k disuadirla de esta opinión. 

Tuv» Pedro que dejarla partir. 

Llegada á Barcelona, perseverando la reina de Chipre en su r^ 
solueiott, tomó el Mbito y pasó los postreros aQos de su vida rezan- 
do, ayunando, mortificándose, deseando ganar el camino del cielo 
por la escala de la contemplación , del ascetismo y de la peni- 
tencia. 

Cuando murió, fué, ya lo sabemos, enterrada en el convento de 
San Francisca, donde el vulgo decia que su tnmba obraba mila- 
gro» (í). 



(1) iBHiDoa noticia da que el oadáTer de e*U relni, el d« doüi Sibila de Forclá, el de AJftni- 
>olJIelia«raIy a1guDü9 olroa, fueron salvados de la deslruccIoD general, y pronto Barcelona de- 
bert u celo de ni Academia de Buenas lelrai yerles cokwados respeUrannente en la catedral y 
en bonroM* sepulturas. 

Tomo I. tí 

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3 34 DORMITORIO DB SAN FRANCISCO. 

Vil. 



otros TMSiierdoi. 



Hemos ya hablado de las tumbas. 

Otros recuerdos, de que debemos coosigoar memoria, teoia Uun- 
bieu el convenio de San Francisco de Asís. 

Tuvo sus apóstoles, sus escritores, sus m&rtíres, sus prelados y 
personajes ilustres. 

Ya hemos citado á fray Juan de Aragón, arzobispo de C&ller. En 
los mismos puntos que él y en otros distintos, predice también Iss 
santas verdades fray Berenguer de Aragón y asimismo su pariente 
fray Guillermo de Aragón, príncipes entrambos que tomaron el ha- 
bito en este convento. 

Entre los prelados é ilustres personajes que como sus hijos citan 
los anales de San Francisco de Barcelona, mencionar debemos el 
primero á fray Bernardo Pelegrf , obispo que llegó k ser de Barcelo- 
na, y el mismo que asistió á san Luis obispo de Tolosa en la cwe- 
monia de la consagración de la iglesia. 

Encontramos después k fíay Donato de Castelló , obispo de Sao- 
na ; á fray Juan Tolón obispo de Andreavilla en el Pelóponeso, el 
mismo que ungió rey de Sicilia al infante don Luis hijo de don Pe- 
dro 11, cuando nadie se atrevia & hacerlo por temor al papa Cle- 
mente VI ; 4 fray Nicolás Bonet obispo de Malta, hijo de la noble 
familia catalana de los Bonet ; & fray Juan de Castelló, obispo ma- 
ronense en Córcega; i fray Guillermo de Prats, apóstol entre los 
t&rtaros y arzobispo de Cámbala ; k fray Francisco Bastad, obispo 
de Huesca, Jaca y Barbastro ; k fray Miguel de Latrás, obispo de 
Malta ; k fray Guillermo Albo obispo de la ciudad Niseríeiise ; áfray 
Jaime de Vitanova, obispo de Ossoli en CerdeDa;.á fray Bernardo 
Rubio, conocido con el nombre de Leonardo, obispo del mismo pun- 
to que el anterior ; á fray Francisco Fuster, obispo de Nazareth en 
Palestina; á fray Gonzalvo de Vallbona, obispo de Granada ;.& fray 
Fernando de Entenza, de la noble familia de los Entenza, obispo 
gaudicense de Granada ; á fray Juan Jiménez, confesor del conde 
de Urgel don Jaime el desdichado y su embajador y abogado en el 
parlamento de Caspe, obispo de Malta ; á fray Francisco Jiménez, 
obispo de Eloa y patriarca de Jemsalen ; k fray Juan de Hon-Ne- 

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DMtHlTORIO DK SAN FRANCISCO. 335 

gra, obispo de Famagosta en Chipre , y á fray Francisco Vidal de 
Noya, obispo Cepbaludeose en Sicilia. 

Entre los escritores cuéatase como hijos de este caDveolo á fray 
PoDcio Carbonell, maestro eo Barcelona de san Luis obispo de To- 
losa, varón insigne qae floreció por los afios 1288 ; & fray Juan 
Bassols por los aOos de 1313, llamado por escelencia el doctor or- 
dmadinmo; á fray Antonio Andreu por los de 1320, que tuvo por 
renombre el doctor dukistmo; á fray Jnan Marbres por los de 1329 
qoe fué llamado el canónico por tan gran canonista como fué ; á 
fray Guillermo Rubio, por los de 1333, discípulo del doctor Esco- 
to ; á Fray Juan Quintana, prior de la Sorbona, por los mismos 
aDos; en seguida á otros escritores de menos fama, cuyos nombres, 
por DO molestar la atención de nuestros lectores, pasaremos en 
silencio. 

Entre los mártires, hijos de este convento, se colocan los prime- 
ros á fray Pedro ArcaDano y á fray Catalán. Predicando estaban 
contra los herejes en Lombardía y fueron victimas de su celo apos- 
tólico. Habiendo caído en un lazo que los herejes les teodíeron, no 
quisieron abjurar como se les pedia,' mantuviéronse firmes en sus 
principios cristianos, y recibieron una cruelísima muerte, después 
de haber soportado con resignación sublime todos los tormentos. 
Murieron el aDo 1284. 

Por los aOos de 1321 el castillo de Monsilio en Francia presen- 
ciaba el asesinato de dos varones eminentes. Fray Pedro Pascual 
y fray Catalán Fabra , que hablan sido enviados k buscar al con- 
vento de Barcebna por fray Jaime Bernardo inquisidor general en 
los territorios de Arles, Aix y Ambrun. Los dos franciscanos, cum- 
pliendo con una misión, acababan de llegar al castillo de Monsilio, 
y la misma noche de su llegada eran no solo bárbaramente asesi- 
nados, sino cortados sus cuerpos en pedazos, que hasta tal estremo 
llegó el furioso encono de sus encarnizados perseguidores. 

Eo Tartaria moria también en 1312, mártir de su fé y de su ce- 
lo, fray Francisco Puig, y en Egipto, en esas llanuras ardientes re- 
gadas con la copiosa sangre de tantos misioneros franciscanos, 
veian terminar sus dias fray Martin Catalán y fray Gerardo de 
Linares, guardián el primero en 13'75 del convento de Belén en la 
Tierra Santa. 

OUv mártir nos citan los anales de este convento y justo es que 
nos detengamos á consagrarle un recuerdo. 

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336 DOBHITOBfO DE SAN FBAMCiaCO. 

Tanto mas lo merece, cuanto que son poquísimos los cronistas 
que lo citan, y no hay entre ellos ninguno que entre &particalarizar 
los detalles de su muerte. 

Nosotros creemos ser los primeros en hacerlo, pues qoe la casga- 
lidad nos ha proporcionado ocasión de ver y examinar algunos an- 
tiguos manuscritos que de ello tratan , estrayeado datos y noticias 
que hemos. unido á los que dan de sí los anales. 

En 1260 poco mas ó menos, había en el convento de Barcelona 
un fraile catalán llamado fray Jaime Puig, varón insigne y entu- 
siasta que, deseoso de visitar los santos lugares de Jerusalen y de- 
seoso también de servir á la cansa de la religión y de la humanidad, 
pidió permiso á los prelados.de la orden para pasará Palestina. 

Concediósele y partió. 

Una vez allí, hizo tanto por la religión, espuso tantas veces so 
vida predicando á los infieles como su padre de religión sui Fran- 
cisco, y llegó á gozar tanta fama de virtud y santidad entre los re- 
ligiosos que vivían en los lugares de Jerusalen. que la noticia pasó 
luego á los prelados de la orden y le eligieron custodio de la Tierra 
Santa. 

Por aquel tiempo un esclavo comprado en las márgenes del Oxus, 
un hombre decidido y resuelto, un soldado de brazo de hierro y co- 
razón de acero, se rebeló en el Egipto contra su rey é hizo de sa 
cadáver un escalón para subir y usurpar su trono. Este hombre fué 
Bibars. 

Habia aprendido en los campamentos y en las facciones lo ne~ 
cesarío para saber gobernar á un pueblo bárbaro como él ; fué pro- 
clamado sultán, y en seguida, haciendo renacer el formidable poder 
de Saladino tan fatal para los cruzados, empleó todas las faerzas 
del nuevo imperio en hacer la guerra mas terrible y mas encarni- 
zada á los francos. 

Fray Jaime Puig, comprendiendo sus deberes, sus santosdeberes 
de sacerdote, corrió el primero con fray Jeremías de Licio á los 
campos de batalla, á los sitios de mas peligro para los cristianos, 
exhortando á los unos, dando valor á los otros, inflamando en to- 
dos los corazones el sacro fuego del entusiasmo religioso. 

En el fnlerin, Bibars penetraba á sangre y fuego en Nazaretb, de- 
jábase caer en seguida sobre Cesárea cuya población pasaba á de- 
güello, y se acampaba en Arsouf convertido por sus soldados en oo 
montón de ruinas. 

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D0KHIT0RI9 DE SAN FRANasCO. 337 

TermÍD&das estas campañas, Bibarsbizo una peregrinación & Je- 
rasaleo para invocar el ausilio de Mahoma, y volvió con objeto de 
poner sitio á Sepbel, fortaleza edificada en la moDtaQa mas alta 
de la Galilea, y defendida por los caballeros templarios. Alli se en- 
contraba fray Jaime Puig cuando llegó á sitiar la plaza el jefe de 
los bárbaros con numerosa baeste. 

Después de una resistencia desesperada, los templarios tuvieron 
que cajutular en 25 de junio de 1S66. 

Fallando á todos los pactos y leyes, así que Bibars se vio dueDo 
de la plaza y desarmados los cristianos, les mandó asegurar en 
prisiones, y por medio de uno de sus capitanes envióles & decir que 
aquella noche deliberasen y eligiesen entre morir al arbitrio de la 
dentada furia de sus soldados, ú recibir la dulce libertad adoptan- 
do el islamismo. 

Tan bárbara como infame proposición aturdió á los pobres inde- 
fensos, y adviniendo el primero fray Jaime Paig que los ánimos 
vaeilabfua y que el temor conduela ala indecisión, se lanzó entre los 
cautivos con un «rucifijo en la mano, les predicó con tanto fervor y 
les persuadió con taoto fuego á la perseverancia en la fé y al sacri- 
ficio de la vida, que unánimes todos estendieron la mano sobre el 
Cristo que el religioso catalán les presentaba, y juraron derramar 
la sangre de sus venas antes que dejar la fé de Jesucristo. 

Bibars, que todo precisamente lo estaba escuchando, al ver que 
fray Jaime Puig y su compafiero fray Jeremías de Licio saliui 
trinufontes de sus exhortaciones y lograban de los cristianos que pre- 
firiesen el martirio á la apostasía, abrió de repente la puerta y se 
precipitó furioso ooo sus satélites, cimit^u'ra en mano, sotn^ los 
infelices prisioneros. 

Al verle, los cristianos se agruparon junto á los dos confesores de 
Cristo y cayeron todos de rodillas pidiendo á fray Jaime la bendición. 
Este de pié, radiante, sublime, levantó en alto sus manos, una de 
las cuales empuñaba el santo Crucifijo, y después de bendecirles á 
lod(» en nombre del SeDor, empezó á recitar con voz clara y sono- 
ra UD salmo que fueron repitiendo los cautivos interíQ les quedó un 
soplo de vida, una gota de sangre. 

Sin que aquel grupo santo les conmoviese, sin que aquella subli- 
me actitud que hablan tomado los cristianos junto á los dos venera- 
Mes sacerdotes les hiciese mella, los bárbaros fueron repartiendo 
cuchilladas á diestra y siniestra mientras quedó un soto cautivo con 
vida. 

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338 DOBHITOBIO DK SAN FRANCISCO. 

Todos perecieron & los filos de las cimitarras, todos... menos 
dos. 

Eq efecto, por orden de fiibars se respetó á fray Jaime Paig y & 
fray Jeremías de Licio. 

Era que les guardaba para mayor y mas atroz suplido eo gracia 
de haber sido ellos quienes babian inducido á los otros h perseverar 
en lafé de Cristo. 

Cuando todo hubo concluido, los dos santos religiosos cayeron do 
rodillas sobre cbarcos de sangre y entre los cuerpos mutilados de 
sus compaOeros. Rogaron por los difuntos, y dieron gracias áDios 
de haber permitido que se les reservase los ¿Itimos para ser mas 
doloroso su martirio. 

Bibars se adelantó y les dijo que les perdonaría como aposta- 
tasen. 

Fray Jaime le contestó con una mirada de piedad y una sonrisa 
de compasión. 

Entonces el sultán dio la terríble orden de que se les desollase vi- 
vos, iabumana atrocidad que á su satisfacción ejecutaron los verdu- 
gos. Tan atroz martirio, tan agudo dolor no bastfu'oo & hacer qae 
enmudecieran los dos nobles religiosos, pues que á los mismos qae 
les destrozaban predicaban la fé del Crucificado esforzándose para 
persuadirles que dejaran la ley de Hahoma. 

Viendo fiibars que ni aun de esta manera apagaba en ellos su ce- 
lo, mandó que se les apalease, espantosa orden que los verdu- 
gos cumplieron arrancándoles pedazos de carne por do encontrar 
piel los palos. 

En este suplicio murió fray Jeremías pronunciando el nombre de 
Jesús por áltima palabra. 

En cuanto k fray Jaime Poig, el valeroso franciscano de Cala- 
luDa, lo resistió con admirable grandeza de alma, y aun tuvo Bibars 
el homicida que dar nueva orden para que se acabara con él deca- 
pitándole. 

Así se hizo, sobre los amontonados cadáveres de sus compañe- 
ros. 

Tal fué la muerte gloriosa y sublime de fray Jaime Puig, el po- 
bre fraile que hemos visto salir del convento de Barcelona. 

No terminaremos este capítulo sin dedicar también un recuerdo á 
otro santo y digno religioso salido un dia del mismo convento de 
esta ciudad para ir, como el mártir Puig, á predicar en lejanas tier- 
ras las preciosas máximas del Evangelio. 

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DOamTOUO di san fukcisco. 339 

Fray Fraocisco de fiarceloDa, llamado asi por razón de su patria, 
caminaba á pié y descalzo en 1150 por aquellas abrasadas llanuras 
que guian á los santos lugares testigos de la sublime pasión del 
Hombre-Dios. 

Acababa de detenerse junto á un árbol de macilentas y enfermi- 
zas hojas para que le protegiera de los rayos abrasadores del sol de 
agosto, cuando vio que se le acercaba otro religioso, vistiendo como 
él el hábito de la caridad y la pobreza. 

— iDóndevais, hermano?— dijo á IVay Francisco el recien llegado 
asi que estuvieron juntos y pasados los primeros y mutuos sa- 
ludos. 

— k. Jerusalen,— contestó el franciscano catalán. 

— Como yo, — contestó el otro religioso. — ¿Será vuestro deseo 
visitar los santos lagares? 

— Sí, para luego, fortificada mi fé,— contestó fray Francisco, — 
ir por todas partes predicando la doctrina del Redentor del mondo, 
puesto que Dios Jios ha dicho : Id á predicar el Evangelio á todas 
las criaturas, y si sois perseguidos pensad que yo también he sido 
perseguido. 

— Me guia el mismo deseo, hermano. Si qnereis pues, ya que 
es uDo el objeto, juntos rezaremos, juntos predicaremos y juntos si 
conviene moriremos. 

— ¡Que me placel— contestó fray Francisco. — Vuestro nombre, 
hermano. 

— Fray GrifTan de Flandes. 

Desde aquel momento los dos franciscanos ya no se separaron 
mas. 

Después de haber rezado junte al sepulcro del Salvador, partie- 
ron continuando en su santo propósito, predicaron en varios pantos 
la doctrina regeneradora de Cristo, y no pocos infieles debieron á 
tas palabras elocuentes que se les cayese la venda que cegaba sus 
ojos impidiéndoles ver la resplandeciente luz de la verdad. 

Tuvieron entonces noticia de que allá, en la parte occidental de 
las montanas del Libano, desde los alrededores de Beyrouth hasta 
los de Trípoli, se estendia una nación que se llamaba de los maro- 
nitas. Estos habilaotes conserval)an su nombre del famoso Marón, 
el que vivió hacia los aíios JOO y que sobrepujó á todos los solita- 
rios de su siglo en la asiduidad por el rezo y por la penitencia. Ha- 
ron habla consagrado un templo al verdadero Dios, no lejos del 

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3i2 DORHITOIIO DE SAH FBAKCISCO. 

que jam&s logra verse sacio, se eogullia las victimas que le envia- 
ba el capricho del coade, y las familias diezmadas inhumanamente 
en' vano pedias al cielo que la« librase de aquel azote sangriento 
que en el conde de EspaSa babia caido «orno una maldiciOD sobre 
la infausta Barcelona. 

La Providencia, cansada sin duda de tantos desastres como ilo- 
viao sobre la infeliz CataluQa, debidos al capricho loco y déspota 
de un solo hombre, apresuró el instante de la ansiada libertad. 

Al enfermar el rey Fernando, don Manuel Llander se presentó á 
sustituir en Barcelona al conde de Espala. 

La llegada de Llauder con el caricler de capitán genenü del ejér- 
cito de CalaluHa, fué un aoootecimienlo que marca época en la his- 
toria de Barcelona. Ningún recibimiento de pueblo ba sido m^s en- 
tusiasta que el que se le hizo ; ningún general de provincia obtuvo 
jamás mayor aura popular ; ningún jefe fué mas francamente obe- 
decido ; ningún ciudadano puede gloriarse de haber tenido como él 
en su mano ios destinos de la patria. 

A la entrada del nuevo general en Barcelona, Carlos de Espala 
se retiró silbado, apedreado, maldecido, pero vivo. Parece increíble 
que el pueblo le dejara partir sin hacerle pedazos. 

Y sin embargo, nosotros lo comprendemos bien. 

Era que la Providencia, justa y acertada en todo, quiso reservar 
al tigre de Barcelona para una muerte mas terrible, mas espantosa 
que la que entonces le hubiera dado el pueblo. 

Al dar el último suspiro Fernando Vil, la nación toda se conmo- 
vio. Habia llegado el momento do la crisis. 

La sedición del engasado Bessieres y la sublevación de los rea- 
linas de CataluSa en 1S11, probaban á las claras que el partido 
antiliberal no quería que la prole de Fernando sucediese en el trono, 
y cuando la postrera enfermedad del monarca, ó debía permitirse 
que empuñara el cetro el infante don Carlos, ó llamar en apoyo 
del solio de la tierna Isabel á loa que habían recibido el bautismo 
regenerador de las ideas proclamadas por el béroe-m&rtir de las 
Cabezas de san Juan. 

Nadie ignora el entusiasmo con que abrazaron los liberales la 
causa de la joven princesa á quien le estaba reservada una corona, 
pero nadie ignora lampoco el efecto desgarrador que produjo el 
ministerio Zea Bermndez con el maniSeslo en que osaba annn- 
ciar, i la iu del ngk) XIX que le raiiaba mrprendido, que la nn- 
f 

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DOaXlTOUO 9B SAN nUKISOO. 848. 

da de Fernando, la gobertadora del reim no cambiaría de siatema. 

Un ahogado grito de estupor, recuérdese bien, contestó & este 
manifiesto. La EspaOa tembló, la consternación fué general, y to^ 
dos los que se habían visto perseguidos durante \oS últimos aciagos 
diez allos y los que de nuevo se acababan de comprometer decidién- 
dose por la reina, creyeron ver ya suspendida sobre su cuello la 
sangrienta cuchilla de otros tantos tiranos como el asolador de Ga- 
talnHa. 

El general Llauder fué el primero que, con el ardor de un buen 
patricio, se atrevió á alzar la voz desde el seno de la ciudad misma 
donde también algún día la habían alzado, en favor de los derechos 
del pueblo, los Fivaller, los Tamaril y tantos otros héroes ciuda- 
danos. 

Efectivamente, Llauder en iS de diciembre de 1S33 dirigía una 
esposicion & la reina gobernadora en qae hacía patentes los males 
que sufría la nación, sus necesidades y sus deseos ; declaraba quo 
el mioíMerio 2ea se había hecho tan impopular que comprometía 
la tranquilidad y minaba el trono de Isabel en el único estribo que 
le sostenía ; manifbstaba que la nación no podía olvidar que el 
rey difunto, para anular lo hecho por ella y conseguir que se 
sonelíese á su cetro, prometiera solemnemente en su decdnde i 
de mayo de 181 i una Constitución aniloga & las luces y exigen- 
eiasdel siglo, á cuya promesa había faltado; decía4[ueCataIuDa no 
aspiraba á privilegios particulares, siempre odiosos y contrarios al 
sistema de unidad que debe hacer lá fuerza del estado ; y coodnia 
pidiendo que la i«ina tuviese i bien elegir un ministerio qae inspi- 
rase notoriamente confianza, y al mismo tiempo decretase la mas 
prosta reunión de Cortes con arreglo i las leyes y con la latitud 
qoe exigía el estado de las poblaciones. 

El ministerio devolvió ¿r Llauder su pliego sin abrirlo, pero el 
general tenia tomadas sus medidas. Había desarmado á los volun- 
tarios realistas y armado los de Isabel, y se había procurado el apo- 
yo de los patriotas catalanes. 

Fueron nombrados por el ministerio para tres de las cuatro pro- 
viacias de Cataloga, los gobernadores civiles que debian prestar ju- 
ramento en manos del general Llauder, antes de tomar posesión de 
sus 4estiiKM. Prescindiendo de las personas noakradas, correspon- 
día & sus airibuciooea encargarse de la dirección de la policía y de 
otros ramos déla admioistracion pública, que, políticamente hablan- 

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34Í PORHfTOUO M SAN FRUCISOO. 

do, eoBvepia retaviese en aqttel momento Llasder porque ano do 
se había decidido sobre SD reclamacioo, qae, como hemos visto, 
consistía en la destítacioo del ministerio y en nna verdadera revo- 
ladoQ, pues pidió se cambiase la forma de gobierno contra lo eo- 
l^esamente anunciado á los españoles por el manifiesto del minis- 
teño Zea en que abiertamente se negaba toda innovación. 

Para impedir que el jefe de la revolución se viese privado de al- 
gunos resortes que le quitaba, en un momento critico, la astada de 
Zea Bermudez, machos habitantes de Barcelona se reunieron todos 
8ÍD armas en la plaza de Palacio á las doce del diez de enero de 
1834. A lo que parece, no tenia mas objeto aqadla reunión que 
pedir al general Llauder do diese jposesion k los gobernadores ci- 
viles electos hasta que hubiese decidido la corte acerca de so espo- 
sicion. 

Empero, quedó frustrada esta idea, pues que — no nos atrevere- 
mos & decir que fuese con malicia — el general habla salido la noche 
anteríw para Esparraguera haciendo anunciar su marcha w los 
periódicos. 

Desde aquel dia comenzó para Llauder una nueva época. 

Lejos de nosotros la idea de querer prejuzgar la opinión que for- 
mulará la historia sobre los actos del sucesor del coode de EspaSa 
en el gobierno militar de GalaluQa, pero es lo cierto que entonces 
empezó á recorrer el general del Principado una senda de continuas 
vacilaciones y principiaron sus actos i ser incomprmsibles pw 99 
decir misteriosos (1). 

Llauder dio en aquellas circunstaneias una prueba manifiesta ó 
de su poca sagacidad política ó de una notoria irresoludon de ca- 
rácter, pues que, no solamente no apreció la acción de los que le 
secundaban por puro patriotismo, sino que dio posesión desús des- 
. tinos á los gobernadores. 

En el ínterin la corte , que detña suponer en Uaader mejor fir- 
mesa de carácter, sabedora de la reunión del 10, se dmdió á cam- 
biar el ministerio y á variar de sistema, renunciando, según se 
dijo, al gobierDO absoluto. 

Abrtínez de la Rosa reemplazó á Zea y presentó su Estatuto, 



[1] Un miftto («ÉpeiaUe biji» loaM ooncopioi, gw OgnrA en loi acontMhnlMtM ds «qnetta 
épooi, DMaMgurtbaqiiBllaniterefUht sometida a) InOitJa de una sociedad •ecreta, la cual la 
dloialMi órdenes qne el genertl le vela precitado á eoatar. Sepetlmot eilo ataiADlfflode bertr M 
memoria de tqael caudillo, j tolo porque, eapllcada de eata manera, acaso *e oompreoderla la 
coDdoDta del sebenador del Principado en lulodloadaiir socMlfU olrcansMncIu. 



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DOSHITOBIO DB SAN FfiiNCISCO. 345 

aqoel Estatuto que envejeció tan pronto y que no obstante estar 
dratioado, seguD el discurso de la reina gobernadora en la apertu- 
ra de las sesiones, «á ser el dmimío sobre el que debia elevarse 
nuyestuosameote el edificio social» fué solo una verdadera y rápida 
bansicion á otro mas necesario y mas radical sistema. 

Pródiga se mostró la nación á las demandas del ministerio. El ' 
amor & la libertad se presentó á la caída del gabinete Zea fiermu- 
dez en un grado de sublime entusiasmo ; el país depositó su con- 
fianza absoluta en nn ministerio que desgraciadamente no corres- 
pondió á ella. 

Al ocupar las sillas los que componían el consejo de que fué nom- 
brado presidente Martínez de la Rosa, apenas habia en EspaOa un 
hccioso declarado, y sin embargo, durante su administración, au- 
mentó con tanta rapidez el partido carlista, que á lo mejor, sin sa- 
ber cómo, sin comprenderlo bien k punto fijo, se enconb^ EspaDa 
con no ejército formidable en su seno que sitiaba y rendía ciuda- 
des, que se burlaba de los conocimientos y esperíencia de los gene- 
rales de la reina, y que obligaba al ministerio á entrar en tratos 
con él. 

Las banderas de Carlos desplegáronse ufanas al viento, y vieron 
que de todas partes corrían soldados para agruparse á la sombra de 
sos pliegues. 

El ministerio Martínez de la Rosa no supo conocer el peligro y no 
pudo por lo mismo evilaríe. Como si se hubiese sentido berido de 
estopor ó como sí lo creyese todo un simple juego, permaneció en 
ana inacción completa, sordo á las voces de algunos proceres, sor- 
do á las reclamaciones de una prensa valiente aun cuando estaba en 
su infanda, sordo basta al eco tremendo de la campana que tocaba 
á rebato en varios pueblos y predecía, con su agorero timbre, las 
asonadas de Málaga, de Zaragoza y de la misma corte espaQola. 

Mucho había esperado la nación de Martínez de la Rosa. Sus 
triunfos en la tribuna, sus declamaciones en la prensa, sus prime- 
ros pasos en la senda de la emancipación nacional, las persecucio- 
nes qae debia al despotismo, todo habia hecho creer que era la per- 
sona necesaria para la felicidad de Espafia, y fué por lo mismo ele- 
vado at apogeo de la popularidad. 

Pronto llegó el desengaOo. 

Las lentas y tardías medidas de su espíritu de contemporización 
eomprometieroD gravemente el porvenir del país. El primer minis-;- 

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346 DOBIUTOUO DI 9Jm FtAMUM». 

tro vi6 sÍDtomas de anarqQÍa allí doode do debía ver mas qne la 
lealtad del patriotismo, vio asomos de rev<diicioo allí doode qo ba^ 
bia mas qoe entusiasmo coQ8tituc)<Hi&l, y temiendo ana parodia de 
la revolución francesa, no se atrevo á conceder todo lo qae la ne- 
cesidad reclamaba en nombre de las exigencias del agio, y quiso 
hacer prevalecer su absurdo justo medio por conducto de una fu«on 
del antiguo y del nuevo régimen. 

EspaDa DO quería esto, pedia r^ormas, reformas radicales y com- 
putas, tales como se las había hecho esperar la rehabilitación de 181S 
y 1820 en la persona de Martínez de la Rosa. 

El ministerío tuvo entonces que alegar, para sosten^ s«s erró- 
neas doctrinas, que la oacion no se halíaba todavía en estado de go- 
zar de sus derecJios, palabras aventuradas é imprudentes que run- 
didas en el crisol de la opinioQ pública, cayeron como gotas de plo- 
mo hirvieole sobre la cabeza del primer ministro. 

A todo esto, Llauder fué nombrado mioislro de la guerra en di- 
ciembre de 1S34, pero hacia pocos días que estaba en el ministe- 
rio, cuando tuvo que retirarse ante el molin del 18 de enero qoe 
costó la vida al capitán general Ganterac, y volvióse k su mandode 
CalaloOa que se había reservado. 

Conforme con su equivocada política de fasion, esforzóse el mi- 
nisterio en retardar la restitución de los bienes nacíonaleaisusoona* 
pradores durante la segunda época constitucional. Intentaba retra- 
sar la discusión hasta que se realízase la reforma del clero, pero do 
pocas consideraciones decidieron & los estamentos- en pro de dicha 
ley. Era acaso el único recurso ofrecido & la nacáon para libertar de 
una total ruina su sistema de hadeoda. 

Cerráronse las Cortes, hubo en Madrid algunos desórdenes diri- 
gidos contra la persona del primer mioisb^, y este, en el colmo de 
" la impopularídad, cedió su silla al conde de Toreoo. 

Era ir de Scyla en Caríbdis. 

Mientras tanto, las fuerzas del pretendiente habían idoengrosan* 
do, él mismo se hallaba entre sus partidarios, y la jornada y victo- 
ría de las Amezcuas había acabado de rasgare! velo presentindoks 
á los ojos de la nación en toda su verdadera importancia. 

Llauder en CataluDa parecía querer seguir un sistema parecido 
al>le! gobierno, y el hombre que á fines de 1S33 se bahia puesto al 
frente de la revolución y urrojado el guante á la cwte de Empalia, 
volvió k recordar con sus medidas al hombre que en épocas aciagas 

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J>OBHIT(aiO DB SAH FBINCISCO. 341 

había reprimido las teoUlivas para restablecer la GoDStitacioD ; pri- 
merameole ooBtra el desyeoturado Lacy eo Catalufia, y despaes eo 
1830 contra el caballeroso Mina al pié de los Pirioeos. 

Mientras Llauder con so policía se empeDaba en ver y descubrir 
anarquistas y revolncionarios en todas partes, conspiralñn los car- 
listas eo 8Q8 mismas barbas con toda seguridad, é iban engrosán- 
dose las filas de los facciosos que maltrataban y robaban & los via- 
jeros, arrastraban hasta profundas guaridas en medio de los bos- 
qaes k pacíficos ciudadanos para arraocarles cantidades que las mas 
veces no podían pagar, atacaban á los pueblos, asesinaban á cuan- 
tos nrbanos conseguían sorprender, y teoian^por fin aterradas las 
comarcas. 

Gataluüa presentaba un cuadro desolador, y los honrados patri- 
aos veían un porvmíf muy trille, un horizonte escoro y encapo- 
tado. 
Era llegada la hora de llorar por la pobre patria. 
La guerra civil se ofrecía eo primer término, y doquiera que 
los oj4» se tendiesen, solo hallaban incendios, muertes, alevosías, 
horrores y calamidades. La discordia, armado su brazo con la fla- 
migera tea, suelta al aire su cabellera de aerpieotes, recorría las filas 
de los espaltoles é incitaba al padre contra el hijo, al amigo contra 
el amigo, al hermano contra el hermano. 

A tan desconsolador espectáculo, que afligidos tenia los corazo- 
nes todos, se juntó la indignación que hizo nacer un rumor que co- 
menzó á correr en voz baja por todas partes. Asegurábase que, 
foltando á las santas leyes del sacerdocio, cada convento era un fo- 
co de rebelión, y que en el silencio y misterio de los claustros se 
Iramabao sordas maquinaciones contra el trono de la inocente 
Isabel. 

Veíase en efecto á los frailes— no á todos, pero á mochos de 
ellos — inclinados abiertamente á favorecer los deseos ilegales del 
pretendiente; decíase, — y esto era por desgracia ana gran ver- 
dad, — que algunos habían abandonado losctmventos para ir á alen- 
tv con so preswcía las hordas carlistas ó á ponerse á su frente, 
soQaDdo en otra guerra de la Independencia ; dábanse detalles mi- 
oociesos de las oonspiraciones y reuoÍMies misteriosas celebradas en 
el fondo de los monasterios ; citábanse y seDalábanse con el dedo 
los religiosos que en voz alta y con ona valentía indigna de un sa- 
cerdote osaban negar el derecho hereditario á la augusta niíta... 

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348 DORHITOUO DE SAH FUNCISCO. 

eDamer&baDse por Gd do pocas monstraosidades que se atríboianá 
los frailes, y qoe nosotros creemos de nuestro deber callarlas por 
absurdas, basta llegar á decir que habiao eoTenenado las agnas pa- 
ra acabar de nna vez con lodos los liberales. 

Todo parecía unirse para convertir ¿ las comanidades religiosas 
en blanco de la ira de los pneUos. 

Las cabezas fermentaban, los c(H^ooes hervian, los braxos se 
agitaban convulsos... La opinión pública estaba unida y compacta 
en acusar á los frailes. Sin embargo, debemos decirlo con la ver- 
dadera imparcialidad de cronistas, muchos de sos eoeiliigos erao 
solo simples visionarios que creían hallar en cada fraile un carlis- 
ta, como Llaader en cada hombre un revolucionario. 

Nosotros creemos de buena fé, como pretenden machos, que no 
había nÍDguD plan, ninguna conjuración, ninguna trama, pero si 
diremos al menos que todos los ánimos estaban preparados para el 
combate. 

Instintivamente todos esperaban una seQal que nadie les hahia 
dicho que hubiese de darse, pero qae todos sin embargo sabían que 
se daría. 

Zaragoza fué la primera en lanzar su rugido de eslerminio. 

La noticia de las sangrientas escenas de su monstruosa oi^fa 
cundió con la rapidez de un rayo agitando y conmoviendo los áni- 
mos. 

\kyl ¿por qué permitió Dios que fuese aquella ciudad tan noble, 
tan heroica, tan digna, la primera que hubo de arrojar una mancha 
indeleble sobre las páginas de oro del rico libro de su rica histo- 
ria?... 

La consternación de todos los buenos patricios, la exaltación y 
efervescencia de los espíritus habían llegado & su colmo, cuando se 
supo en Reus la nueva de que un destacamento de sus urbanos, re* 
grasando de Gandesa, había sido sorprendido por los facciosos qne 
bárbaramente habían asesinado á su capitán Monserrat y á seis vo- 
luntarios, á uno de los cuales, padre de ocho hijos, se dijo que lo 
había mandado crucificar y sacar los ojos un fraile de los varios qae 
iban con los rebeldes. 

Ignoramos todo el grado de certeza que pudo tener la noticia, 
que hallamos confirmada en todos los impresos de la época, noti- 
cia por otra parte qne nos ha sido garantida por personas de la 
misma villa de Reus, en aquel entonces alli residentes. Aun admi- 



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DOBHITOBIO m SAN FBANCISCO. 319 

tiendo, como admitir se debe, exageración en la ootícia, queda casi 
fuera de toda duda que ua fraile fué quien incitó á los rebeldes á 
eometer el bárbaro bomicidio con los ya rendidos é indefensos ur- 
banos, y esta nueva, que cundió con toda la rapidez con que cun- 
den las malas nuevas « hizo estallar á la población en gritos de 
venganza. 

La mecha acababa de prender en la pólvora. 

£1 pueblo de Reus, inspirado acaso por el reciente ejemplo de 
Zaragoza, rompió todos los diques con su desbordada cólera, holló 
todos los respetos sociales , saltó la valla de las leyes divinas y hu- 
manas, y aquella misma noche veia la villa arder en so recinto dos 
de sus tres conventos, al propio tiempo que eran impíamente ase- 
sinados cuantos frailes caian en poder del desenfrenado populacho. 

Llauder, al recibir la comunicación que le daba parte de este 
atentado, envió áColubi, gobernador de Tarragona, amplios pode- 
res para obrar conforme lo exigiesen las circunstancias, pero el pue- 
blo de Reus cerró las puertas y negó la entrada al gobernador á 
quien, como dijera que se presentaba para restablecer el orden, se 
contestó con un laconismo verdaderamente espartano que el orden 
estaba ya restablecido ; contestación sublime si los hechos no hubie- 
sen desmentido las palabras y si no hubiese ido acompañada de un 
acto de desobediencia á la anloridad. 

La asonada de Reus produjo desgraciadamente su efecto, y lo pro- 
dujo tanto mas, cuanto que se divulgó la noticia de que en uno de 
los conventos se hablan hallado armas con unos gorros de cuartel 
nuevos, y en otro una pieza de percal pintada con unas escarapelas 
del ruedo de un peso duro con el retrato del Pretendiente. 

Esto acabó de poner fuera de si á muchas cabezas acaloradas, 
que 00 faltaban en aquel tiempo. Justamente alarmados los religio- 
sos de Barcelona al ver la tempestad que les amenazaba y que iba 
fc caer sobre ellos con terrible furia, se acogieron á Llauder y pi- 
diéronle su protección manifestándole sus deseos de abandonar se- 
cretamente sus moradas; pero el general se empelió en no consen- 
tirlo fiado en su previsión y en la fuerza de las bayonetas que man- 
daba. 

— Duerman tranquilos, buenos padres, — les dijo. — Aqui estoy 
yo. 

¡Ay! no, ¡allí no estaba él! Lo que allí estaba era... la revolu- 
ción. 

JOMOh u 

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350 DOBHlTOaiO DB SAN FRANCISCO. 

Si Llaader hubiese meditado un poco, si sn amor propio hubie- 
se hecho lugar & sq cordura, si hubiese querido estudiar la situa- 
ción, la época, e) momento, hubiera conocido que lo mas cuerdo y 
político en aquellos críticos instantes era separar de sus conventos 
á los religiosos que habitaban en las grandes poblaciones. 

Esto era lo que debia hacer, esto fué lo que no hizo (1). 

Teniendo ciega confianza en el jefe del Principado, los religiosos 
prosiguieron habitando sus moradas. 

Llegó el 25 de julio. 

Desde algún tiempo hacia díibanse en Barcelona funciones de to- 
ros, y con molivo de la celebridad de los dias de la reina Cristina, 
los periódicos habían anunciado la séptima función para la tarde 
del 25, día festivo por ser Santiago patrón de EspaDa. 

Los loros lidiados en la anterior corrida habían sido escelentes: 
la plaza por lo mismo estaba henchida de gente. 

Quiso la casualidad que en la tarde del 25 fuesen por el contra- 
rio malísimos, rehacios á la capa, miedosos á la vara. 

El público, con aquella natural libertad que se le concede, y de 
que algunas veces abusa, en una corrida de toros, empezó á mos- 



(1) Do dlgllDguIdo tllersio de esU capital, don Antonio de Glronella, particular amtgo nneaira y 
que Id fué )ambl«Dpormnchae bEos del genenl Llauder, noa conlaba liaco algunos aBoselsl- 
■uleole caso. 

■Hallábame en paHs, nos decía, punto donde por largos aBos Bjé mi residenda, cuando una tar- 
de se preaeniú en mi gabinete el general Llauder, a la sazón Idmblen en Parla. Knird, radiante el 
rostro, con un grueso manasorlto bajo elbrazo. 

— ifiné es oso, amiga mlul le dije. 

— Aoabo en este inatante de dar la última plumada á mía memorias j te las traigo para (pw me 
las corrijas. 

— jTus memorias! 

St; se me culpa 7 debo ilncerarme. Por esto las he escrito. He Interesa que vean la luí cnan- 
to antes. 

—Bien, le dije yo enlonoea, maDana bablaremos; duerme bien esta noche. 

Al día siguiente le voItI á ver. 

~£BaB dormido yal le pregnntú. 

— iPor qué me lo dlcesT 

—Ayer, cuando me en (raga ate tus memorias, tas concluías en aquel momenlo;le duraba aaii el 
riwso de la InapIracloD, del entusiasmo Hoy has dormido ya, has pueato toda una noche en me- 
dio... debes por consiguiente bailarte mas iranqullo, mas dispuesto A raciocinar. 

—Pero, iqué slgnlBca!... 

—DIme, ¿lobas pensado b I Bn?... jes lis verdaderamente decidido i dar A luí las memorias! No 
laa he leído, pero en ellas debea Irremisiblemente herir la suaceptlbllldad de alguno, descubrir lai 
mala fé de olro, quitar la nUscera A ciertos sugeUis, culpar la credulidad de olroa, en una palabr*, 
debes poner en Juegosituacloneay personaiea. T bien, inotemeaqae la aparición de luamemortM 
produzca la de otras ciento!,.. No temea que se te Impugne, que se te maltrate, que se te calamulef 
T por otra parle ¿ealá nuestra desgraciada patria en situación para que todavía se arrojen sobre ella 
hms odios, mas rencores, mas vénganlas! No publiques tu obra, créeme ; estén demasiado lecleo- 
tea los aconlsclmieDlos;eBtaBan abierta la lli«a; déjala que se cicatrice; aguarda mejores tiem- 
pos ; ea un sacrlllclo i la madre patria el que te pido... otros le tienes hechos ya, coima la medid». 

Bl seneral me creyó, 7 no pubUcd aus memorias que guardó para mejor ocasión. Bstaamem»- 
rlaa, continuó nnoalro amigo, deben haber ido d ptrar cuando an muerte é poder de dtgulea. Qai~ 
li con el tienpose pubUqueo, y el día que salgan á Im sabremos inaahM coaai que aboi» mq paní 



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DOBHITOBIO DE SAN FBÁNCISCO. 3S1 

Irar á gritos sa descontento, y embriagándose con las voces, el es- 
truendo, el barullo y la confusión, arrojó los abanicos k la plaza, 
tras los abanicos las sillas, tras las sillas los bancos, tras los bancos 
tas columnas de los palcos. 

filen pronto el circo presentó una escena de desorden difícil cuan- ^ 
lo no imposible de describir. Las sefioras, unas se desmayaban, 
otras cbillaban ; los hombres, unos corrían presurosos buscando la 
salida, otros vociferaban como los demás, oíros en fin se arrojaban 
ellos mismos á la plaza para acabar de matar á palos el último toro 
y también el peor de todos los de la lidia. 

En esto, algunos muchachos rompieron la maroma que formaba 
la contrabarrera y atando un pedazo de ella á la cornamenta del 
iHcho, empezaron á gritar que debía ser arrastrado, para escarnio, 
por las calles de Barcelona. El pensamiento encontró eco, hallaron 
prosélitos sus autores, y bien pronto una turba numerosa, con una 
terrible algazara y con desaforados gritos, penetró en la ciudad, 
arrastrando la ros por las calles. 

Apenas la gente sensata empezaba á dar su ordinario paseo por 
la Rambla á eso de l&s siete y media, cuando principió ya la alar- 
ma, y viéronse arrojar algunas piedras alas ventanas del convento 
de Agustinos descalzos. La guanlia del fuerte de Atarazanas cerró el 
rastrillo, y se puso sobre las armas, porque veía irse formando un 
grupo numeroso junto al convento de franciscanos, que estaba muy * 
inmediato á la fortaleza. 

Preludio parecía ser todo aquello de una asonada. Sin embargo, 
Dadie creía en tumulto ; la gente se iba retirando á sns casas ; los 
cariosos asomaban sus rostros ; la turba de chiquillos continuaba 
arrastrante el toro al son de gritos descompasados é incomprensi- 
bles con los que se empezaron á mezclar algunos de \Muerm los 
fraiieil al pasar por delante del convento de los franciscanos. 

Fre»te la puerta principal de este convento se hallaba la turba, 
cuando se le ocurrió á ano de los chiquillos decir como una donosa 
ocurrencia y acaso sin mas segunda mira que la de pronunciar lo 
qne él creía un chiste, que debían pegar fuego á las puertas del 
edificio para poder asar el toro. Un coro de aclamaciones celebró 
esta infernal agudeza, y en efecto, se intentaron incendiarlas puer- 
tas del convento, y habían ya conseguido prender fuego en ellas, 
cuando se presentaron los vecinos, y, huyendo los chiquillos, les de- 
jaron libros para contener los progresos que hacer hubiera podido 
el incendio. 

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3Si DOBMITOBIO DE 31N FBiNCISCO. 

Ya k todo esto había llegado la noche, ana hermosa y dulce no- 
che de verano. 

¡Ay! ¿quién no se acuerda de aquella noche? 

Entre ocho y media y nueve fuéronse formando algunos gru- 
pos en la plaza del Teatro y en la de la Boqnería, grupos que en- 
grosaban por momentos, y que en vano intentaron separar la guar- 
dia del teatro y algunos soldados de caballería destacados de Atara- 
zanas. 

Lograban solo que se separasen de un punto para reunirse en 
otro; vióse entonces que la opinión era decidida, y fué fácil prever 
la tempestad que amenazaba, avanzando con sordos y lejanos ru- 
gidos. 

Vociferando estaba el populacho en diversas calles de la ciudad 
y ante las puertas de varios conventos, y como el capitán general 
y el gobernador de la plaza se hallaban ausentes, el infatigable te- 
niente de rey, seQor de Ayerve, recorría todos los puntos y en vano 
procuraba calmar el peligro. 

Los gritos de \Muerm ¡os frailes', empezaron i menudear; las 
voces que los daban eran cada vez mas roncas, cada vez mas os- 
curas, cada vez mas sombrías. Vióse de pronto brillar entre las ma- 
sas algunos brazos armados, 'mientras que los otros blandían en el 
aire las flamígeras teas que reflejaban su sanguinolenta luz en ros- 
tros pálidos de furor, de rabia, de venganza. 

\jd& turbas se precipitaron en torrentes por las calles, incitadas 
por algunas mujeres que corrían por entre los grupos, como resuel-. 
las furias, suelta al aire la desgrasada cabellera, rodando sus ojos 
sangrientos, mostrando su brazo desnudo armado del puDal ó de la 
tea, dando iracundos gritos que eran ahogados por los rugidos de 
la desatada y frenética muchedumbre. 

iTerrible cosa es un pueblo en cólera! Nada le disuade, nada le 
arredra, nada respeta, á todo se atreve! ¿Qué vate el truena qne 
rueda sonoro, présago del rayo por las cóncavas bóvedas del espa- 
cio? ¿Qué vale el terremoto que invisible arroja su aullido de mons- 
truo sumergido en las enlraCas de la tierra? ¿Qué vale la voz mugi- 
dora del torrente desbordado que espumoso se precipita arrastran- 
dolo todo á su paso? ¿Qué vale en fin la furia embravecida del 
revuelto mar cuando desesperado se rebela contra el látigo de la 
tempestad?,.. jAy! sí, ¿qué vale todo esto comparado con el pueblo 
en cólera?... 

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DORMITORIO DE SAN FRANCISCO. 353 

¡Oh noche injusta! noche de ruina, de destrucción, de incendio, 
de sangre! 

¿Cómo no conocían las turbas, aquellas turbas que agitaban en el 
aire la antorcha íDceodiaría, cómo no conocían quede «nos reos, — 
si es verdad que fuesen reos, — iban á hacer unos mártires?.. ¿Có- 
mo no comprendían los hombres, aquellos hombres que blandían el 
puDal y murmuraban palabras de odio, cómo no comprendían qae 
es mala la causa, ¡ay! la causa que se mancha con sangre y se re- 
vuelca en el lodo de la venganza? 

[Noche terrible! ¡noche infausta!... 

Ardió el primero el convento de carmelitas descalzos llamado de 
San José, y al ver los amotinados las llamas que con sus serpea- 
teadoras lenguas lamian las rojizas piedras allí colocadas por el si- 
glo decimosexto, parecieron cobrar nuevo ánimo para seguir en su 
idea destructora. Habia subido de punto la audacia ante su primer 
trÍQDfo. ¡Triste triunfo! 

La lea incendiaria corría por las calles iluminando los rostros si- 
niestros de todos los que tomaban parteen aquella orgia. 

La turba se precipitó por la calle del Carmen y se detuvo ante la 
puerta del convento de carmelitas calzados, que, seSalado también 
para servir de pasto ¿ la cólera de la muchedumbre, no tardó en 
ver lanzarse al aire su humeante penacho de llamas. 

Ya en esto, una nube negra como un monstrno de desplegadas 
alas se cernía en el espacio sobre el bello y grandioso edificio de 
Santa Catalina que era presa de voraz incendio y que veía so claus- 
tro, joya del arte gótico, invadido por un desalmado tropel de po- 
pulacho que corría sediento de saog^re tras los fugitivos y despavo- 
ridos religiosos. 

Los moradores del convento de frinitarios descalzos y del de 
Agustinos calzados veían también al mismo tiempo turbada su ha- 
bitual soledad por el incendio, ese huésped inesperado que recorría 
los edificios al son de los aplausos y carcajadas de la muchedambre. 

De terribles escenas era teatro ta capital del Principado. 

Mientras que en una parte resonaban los golpes del martillo que 
abría los enrejados de los monasterios, en otra se oía el estrépito de 
una bóveda que se desplomaba; mientras que por un lado zumba- 
ba el clamoreo que predecía el esterminio, por otro los desventu- 
rados religiosos huyendo del hierro y del fuego se esparcían en Uw 
das direcciones buscando la salvación en la casualidad. 

, ivcdbyGpOglc 



35i DOBHITOBIO DE SáN FBA»C1SC0. 

£1 furor no parecía meoguarse, dí ano con el incendio de los 
cinco conventos en otras tantas ardientes fraguas. Las turbas conti- 
nuaban volviendo y revolviendo por todas partes, profiriendo sus 
gritos de esterminio á la luz de las feas que les guiaban. 

¿Dónde estaba pues el hombre que habia dicho á los religiosos:— 
Dormid tranquilos, yo velo?... Sí, ¿dónde estaba el que debía velar 
mientras que los otros debian dormir? 

Iba la multitud á pegar fuego ai convento de capuchinos y al de 
trinitarios calzados , pero se desistió del intento al ver que las lla- 
mas hubieran inevitablemente hecho presa en las casas inmediatas. 

Tampoco fué incendiado el de servitas por la voz que cundió de 
que el cuerpo de artillería tenia muy inmediato su almacén de per- 
trechos. 

A las repelidas instancias y súplicas de los vecinos fué también 
respetado el de la Merced. Los incendiarios pasaron pues, y el con- 
vento no recibió otro daSo que el de alguuas piedras arrojadasásus 
puertas y ventanas. 

— jAI Seminario! — había gritado una voz ronca y sombría. 

— ¡Al Seminario! —repitió en tropel la turba. 

Y todos se lanzaron en dirección al punto señalado á los furores 
del populacho. 

Era el Seminario un majestuoso edificio aun no terminado, y que 
se elevaba en un estremo de la ciudad. Servia de morada á los sa- 
cerdotes seculares de la congregación de la misión. 

Dando gritos repelidos desembocaba la desordenada multitud en 
la calle donde se elevaba la majestuosa fachada, cuando los prime- 
ros que hablan avanzado con la tea en la mano para [consumar su 
obra de destrucción, cayeron muertos ó heridos k la descargado 
varios tiros de fusil. 

Ante aquel inopinado accidente, la tiirba, cuya marcha hasta en* 
toncos nada habia detenido, levantó con asombro la cabeza y vio... 

Violas ventanas del Seminario coronadas de religiosos que, fusil 
en mano, aguardaban el ataque. De entre ellos habían salido los ti- 
ros que acababan de hacer caer victimas k los mas atrevidos del 
pueblo. 

Detúvose la multitud sorprendida ante aquellos hombres díspues* 
tos á defender á todo trance su morada, ante aquellos hombres que 
olvidaban su sagrado carácter y mas sagrado ministerio para acu- 
dir á las armas en defensa propia. 

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DORHITOfilO DE SAN FRANCISCO. 355 

No fué en verdad la mas acertada la condacta de los moradores 
del Semíaario. Prescindamos aun de cómo estaban allí aquellas ar- 
mas, de por qué las teDÍao, de para qué las guardaban. Concreté- 
monos solo al hecho. Grao sacerdotes, eran ministros de! altar, eran 
confesores de Cristo. Si tenían miedo podian fugarse, pero si á ar- 
rostrar estaban decididos la ira del pueblo, arrostrarla debian no en 
una ventana, con los ojos centelleantes, el alma resuelta, el fusil en 
la mano, sino al pié de los altares, inermes, indefensos, el rezo eo 
los labios, como buenos, como sacerdotes, como mártires- 

Algunos nuevos tiros sonaron, alguuos otros hombres del pueblo 
cayeron. 

La multitud volvió apresuradamente las espaldas. 

El Seminario quedó libre. 

Una bien distinta escena tenia al mismo tiempo lugar en el con- 
vento de Agustinos calzados. 

Nosotros presenciamos deella la parte mas trágica desde la ga- 
lería de nuestra casa, y con todo el horror que nos inspiró vamos á 
referirla. 

Es preciso decir primero que el convento de San Agnstin ocupaba 
una vasta estension de terreno entre la calle de San Pablo y la del 
Hospital, eo^la que estaba— y aun está, — la fachada. 

A los clamores del pueblo que rugía ante sus puertas incendia- 
das, los infelices frailes, despavoridos y asustados, decidieron ape- 
lar á la fuga, fuga diñcil y peligrosa atendida la sítuaciou del edi- 
ficio, cercado de casas cuyos vecinos podian ser adictos al movi- 
miento. 

Reuniéronse todos los religiosos en el refectorio para deliberar, y 
espusiéroDse de prisa y atropelladamente algunos pareceres. Ladosa 
orgia. Oían los gritos y sentían el calor de las llamas. 

De pronto sonaron terribles golpes que fueron á despertar todos 
los ecos del convento. Era que algunos hombres echaban abajo una 
puerta lateral con objeto sin dada de penetrar en el edificio. 

Los frailes de pálidos se volvieron lívidos, y, sin entretenerse á 
deliberar por mas tiempo, presa del terror mas invencible, desban- 
dáronse por el convento buscando dó huir ó dó esconderse. 

La mayor parte se precipitó en la biblioteca. Las ventanas de es. 
la caían á un patío, al otro lado del cual se elevaba una casa parti- 
cular, lina de las ventanas de la biblioteca estaba frente á otra que 
daba luz á la escalera de la casa. 

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956 DOBHITORIO DE SAN FHAHCISCO. 

Con la rápida lucidez de pensamieoto que dan á ciertos hombres 
las situacioDes apuradas , un religioso vio en aquella uo medio de 
salvación , y se lo propuso á sus compaQeros. 

Tratábase de poner una viga ó tabla entre las dos ventanas apo- 
yándola en sus antepechos y pasar del convento á la casa. 

Aventurado era el medio, pero la ocasión no permitía la duda 

Uno tras otro, diez y ocho frailes, á caballo sobre la viga, atra- 
vesaron el patio á una altura inmensa del suelo pasando con ausl- 
lio de una frágillabla por encima de un verdadero abismo, ^ 

Llegaron de este modo & la escalera, pero, ¿y aili? ¿qué bacffr 
¿dónde huir? ¿dónde refugiarse? 

Ud vecino de la casa , á quien le habia parecido oÍr rumor en la 
escalera, abrió la puerta de su habitación para cerciorarse. Juzgúe- 
se de su asombro al ver á diez y ocho frailes que cayeron á sus 
pies, pálidos, medio muertos, plegadas las manos. Nada le dijeroa; 
pero todo lo comprendió. 

Era un hombre honrado. Hizoles subir á la azotea en silencio y 
abrióles la puerta de una especie de palomar donde todos se preci- 
pitaron bendiciendo á su salvador. 

Alli pasaron la noche aquellos infelices en mortal angustia, en 
terrible congoja, esperando á cada momento ver abrirse la puerta y 
precipitarse sobre ellos una bandada de asesinos. 

Afortunadamente no sucedió asi, y pudieron salvarse al dia si- 
guiente. 

En el Ínterin, aqoellos de sus companeros que habían buscado la 
salud por otro lado, se veían aun en mas inminente peligro. 

A espaldas del convento corría una especie de callejuela reserva- 
da solo para uso de los frailes, y una simple pared separaba esta 
callejuela de los jardines y huertos de las casas inmediatas. 

Al abandonar los religiosos el refectorio en completa ñiga, algu- 
nos intentaron huir por esle lado; pero como el incendio les impedia 
atravesar el claustro para alcanzar la callejuela, decidieron bajar á 
ella desde una de las ventanas del primer piso con ausilio de una 
cuerda. 

Hiciéronlo así<en efeóto. 

Siete ú ocho se dejaron deslizar por la cuerda. 

La puerta que á hachazos estaban derribando los incendiarios, 
habia ya caido á sus repetidos golpes, y un grupo de hombres ar- 
mados acababa de invadir el convento. 

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DORMITORIO DE SAN FKA.r(CISCO. 357 

I.OS desgraciados monjes , que oiao cerca los pasos y voces de 
sus asesinos, se daban prisa á huir. La cuerda cortaba las manos 
de los religiosos y estaba por lo mismo llena de sangre. 

Mientras que el último fraile bajaba, la cuerda se rompió. El 
inreliz, cayendo desde bastante altura, se dislocó un brazo y un pié. 
No obstante, ni nn ay salió de sus labios. 

Unos fuertes aldabonazos y clamores sonaron entonces. 

Eran los incendiarios que , temiendo que los religiosos se esca- 
laran , llamaban á las casas para asegurarse de la verdad de sus 
sospechas. 

Los frailes que se hallaban en la callejuela reunidos en un grupo 
junto k su herido compaDero, ala proximidad de aquel nuevo peli- 
gro se desbandaron en todas direcciones. 

Solo un lego se quedó junto al caído y ayudóle ¿ ponerse en pié 
y k saltar una tapia para llegar i un huerto particular llamado el 
huerto de Horlá, que se esteodia junto al edificio. 

En el momento en que los dos fugitivos acababan de saltar la 
tapia, la puerta del huerto se abría para dar paso á una porción de 
hombres armados que iban á apostarse allí con objeto de que no 
pudiera escaparse ningún religioso. 

Los infelices viéronse perdidos. 

— Huye, huye y abandóname! — dijo el herido al lego. 

— ¡Silencio! — contestó este. 

Hallábanse junto á una especie de cobertizo bajo el cual había un 
vasto lavadero público. El lego hizo acurrucar al herido cerca de 
uno de los poyos que sostenían el cobertizo, inmediato & un mon- 
tón de piedras que podía robarle á las miradas, encargóle que re- 
primiese sus dolores, que suspendiese basta el aliento, y en seguida 
de haber allí dejado al fraile, se precipitó él con todo el tiento po- 
«ble en el lavadero sumergiéndose en el agua. 

Por mucho cuidado que pusiese, algún ruido se oyó sin embar- 
go, pues que uno de los asesinos volviendo el rostro : 

—¡Ola!— Jijo,— parece que hay ranas en aquel lavadero. 

—¿Por qué lo dices?— le preguntó otro. 

—No sé, pero se me ha figurado oír ruido y juraría que hay ra- 
nas... y ranas con hábito, que es mas. 

—Estaremos á la mira,— contestó el segundo que había ha- 
blado. 

—Con el fusil preparado. 

Tomo I. t6 

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358 DORMITORIO DE SAN FRANCISCO. 

Y eo efecto, dispuso el arma homicida. 

Al cabo de algooos instantes salió el tiro. 

— ¿Qué es eso? — le dijeron sus compaQeros. 

^No decia yo? He visto asomar una cabeza por entre el agua 
del lavadero. 

—Vamos k registrarle,— exclamaron algunos. 

— No, mejor será esperar. Si hay en efecto alguna rana con há- 
bito, como dice el amigo, y este primer tiro ha sido inútil, no tar- 
dará en volver ,á sacar la cabeza para respirar, y entonces fuego en 
ella todos juntos. Será mas entretenido y mas curioso. 

La idea fué aprobada. 

Todos ¡M^pararon sus fusiles y fijaron so ávida vista en el la- 
vadero. 

A los pocos instantos, el lego volvió á sacar la cabeza fuera del 
agua para llenar de aire sus pulmones! 

Tres ó cuatro silbadoras balas fueron á morir en,el agua 

Siguióse un momento de silencio. 

El lego volvió á sacar la cabeza al poco rato. 

Las balas silbaron de nuevo, pero esta vez ya con distinto resul- 
tado, pues que sonó un gemido profundo, el agua se agitó, y ona 
exclamación de triunfo salió de boca de los asesinos. . 

— ¡Hemos dado en el blanco! — gritó uno. 

— No volverá á sacar la cabeza,— aDadió otro. 

En efecto, los bárbaros habían asesinadct al pobre lego. 

—¿Qué vais á hacer ahi, — exclamó uno viendo á otro que paso á 
paso como un reptil se iba acercando al lavadero introduciéndose 
bajo el cobertizo. 

— He ha parecido que algo se removía por aquí cerca á nuestros 
tiros,— contestó el interpelado.— Soy hombre que tengo buen olfoto 
y apostaría mi cabeza á que anda por ahí alguo otro fraile. 

Reuoiéronsele sus camaradas, registraron juntos y no tardaron 
en hallar al pobre Agustino herido que, viéndose perdido, había be- 
cho un esfuerzo para ponerse de rodillas. Ya que no podía evitar á 
los asesinos, había al menos querido que le hallasen de rodillas y 
rezando. 

— ] Ya le tengo!— gritó el primero que se habia adelantado cogien* 
do al fraile por el cuello. 

Diferentes roces sonaron entonces. 

— ¡Hiérele! 

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DO&MITOBIO DB SAN FRANCISCO. 359 

— jHátalel 

—Arrojémosle al agua. 

—Quemémosle vivo. 

—No, mejor será fusilarle. 

— Y auu mejor, matarle á palos. 

—¡Que nos diga primero dónde están los fonáticos sus compiüie- 
ros! 

—Sí, que lo diga. 

— Df, fraile, ¿dónde se han refugiado los otros? 

El infeliz no conlestó. De rodillas entre aquel grupo de hombres 
frenéticos, el religioso, pálido pero sereno, continuaba rezando en 
roz baja. 

—¿No quieres hablar, fraile?— dijo una voz. 

Tampoco contestó el Agustino. 

Entonces uno de aquellos infames— infames ante el cielo y ante 
la tierra— se adelantó,' y le dio con la culata del fusil un terrible gol- 
pe en la cabeza. 

— ¡Jesús Dios mió! — murmuró cayendo al suelo el religioso. 

—¿Conque no quieres hablar, tunante?- gritó otro de aquellos 
hombres con voz enronquecida. — ¡Oh! pues yo he de hacerte hablar 
mal que te pese. ¿Dónde están los otros, di? 

Y le dio uD bayonetazo en el vientre acompaDando su acción con 
' una blasfemia. 

—¡Jesús Dios mió!— repitió el mártir dirigiendo los ojos al cielo 
con sublime expresión.— Jesús Dios mió! — esclamó de nuevo con 
voz débil al sentir la punía de un sable que rasgaba sus carnes. 

Entonces aquella turba de caribes se cebó en la victima que ya 
espirante veían á sus pies. 

— Todos quisieron darle un golpe, lodos una pufialada. 

Acabáronle á culatazos, á sablazos, á bayonetazos, en medio de 
las mas viles carcajadas, de las mas horrendas imprecaciones. 

Aquellos no eran hombres, eran hienas. 

¡Oh! ¡faé una escena espantosa, horrible! 

¿Cómo no tragó la tierra á los asesinos? ¿Cómo el cielo no fulmi- 
nó QD rayo contra los miserables?... 

Referiremos ahora otro episodio de los varios que tuvieron lugar 
durante aquella malhadada noche. 

Hemos olvidado el nombre del convento en que tuvo lugar y no 
lo citaremos por lo mismo. Solo recordamos que nos fué contado eo* 
tonces tal como vamos á relatarlo- 

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360 DOBMITOBIO DE »AM rtARCISCO. 

Acababan las llamas de preoderáanode los cinco coaveabe que 
se han citado. 

Aturdidos los pobres religiosos, y huyendo de la matanza coo que 
los amenazaban tos gritos furiosos que parlian de la calle, lanzá- 
ronse lodos juntos por un corredor para buscar salida por un estre- 
mo del huerto á espaldas de su morada. 

Solo uno, tomando dirección contraria, disponíase á bajar por la 
escalera que conducía al claustro. 

—¿Dónde vais, padre?-~le grílaron los demás. — Por aquí os per- 
deis. 

—No, por aqní me salvo,— dijo el religioso siguiendo so ca- 
mino. 

— ^¿No veis el resplandor del Incendio? ¿No oís los gritos de los 
asesinos? Por aquí vais á la muerte. 

—Por aquí voy al templo. Huid vosotros si queréis, mi puesto 
está seGalado al pié de los altares. Mi deber me llama allí, allí me 
voy! 

Y prosiguió su camino mientras sus hermanos buscaban la salva- 
ción en la fuga. 

AI entrar en la iglesia le deslumhró el vivo resplandor del incen- 
dio. Parte del templo se babia convertido en una hoguera. 

El buen religioso, el digno sacerdote que voluntario se ofrecía al 
martirio, atravesó por entre escombros y llegó al pié del altar don- 
de se prosternó, olvidándose de todo para no pensar mas que en 
Dios al que ferviente rogaba por él, por sus hermanos, por los mis- 
mos sacrilegos que osaban profanar la santa morada. 

Orando se hallaba, cuando una indisciplinada horda se precipitó 
en la iglesia dando alaridos, haciendo resonar con impías impreca- 
ciones aquellas bóvedas que tantas veces habían repetido los cantos 
religiosos y se habían impregnado con los perfumes llegados basta 
ellas en alas de las nubes de incienso brotando de los altares. 

El religioso se volvió al sentir cerca la turba, é írguiéndose ante 
ella cuan alto era y alzando manos ybrazos al cielo como si fuera 
& fulminar un anatema : 

—¿Dónde vais, asesinos? — exclamó.— ¿Dónde dirigís los pasos, 
incendiarios? [Aquí está Dios! ¡Abajo las armas! ¡abajo las leas! 
¡atrás los réprobios! 

SuUime de expresión y admirable de heroísmo estaba el sacer- 
dote, )iero se (c contestó con blasfemias, con insultos y carcajadas. 

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SCmUITORIO DK8AN PBAMCISCO, 361 

— iMuera el hipócrita!— gritó uno. 

Pero otro, eo cambio, corrió hacia el religioso y se puso delaote 
de él para protegerle. 

La multitud pasó adelante. 

Otras varias escenas podríamos referir sucedidas aquella noche, 
pero bastarán, nos parece, las citadas. 

El coDvento de San Fraocisco nos espera. 

Nos hemos apartado mucho de ól y debemos volver, puesto que, 
para completar su historia, es preciso que digamos lo que sus mo- 
radores se hicieron. 

Al llegar h oidos de los franciscanos los primeros alaridos popu- 
lares, al ver los primeros resplandores del incendio que abrasaba 
sus puertas, los frailes que iban á sentarse á la mesa para cenar, 
arremolináronse junto al superior en tropel, pálidos, cadavéricos de 
terror y miedo. 

—No temáis,— dijo el superíorála comunidad. —jOrden! seguid- 
me, ipero silencio sobre todo! 

Todos bajaron la cabeza y nadie despegó los labios. 

£1 superior empezó á andar. 

Siguióle la comunidad en hilera, muda, silenciosa, como si fuera 
una procesión de fantasmas. 

Atravesaron el corredor, el patio, el claustro, varios aparta- 
meatos. 

Llegaron á qd sitio oscuro, á una especie de subterráneo, 

El superior mandó desembarazar la entrada de una cueva , y un 
camino oscuro, misterioso, extrafio, se presentó á los ojos de la co* 
muDÍdad sorprendida. 

El superior fué el primero en penetrar por d. 

Todos le siguieron. 

Kra una cloaca que conducía por bajo la muralla— á ta cual es- 
taba pegado el convento — hasta las rocas que bordan la orilla del 
mar. 

CamÍDaroD unos momentos entre tinieblas, pero no tardaron en 
volver á hallar la dulce y tenue claridad de la estrellada noche. 

Al salir de la cloaca, se encontraron pisando rocas. Las mansas 
aguas venían á besar sus pies gimiendo con melancólico arrullo co- 
mo sí llorasen su infortunio. De cuando en cuando el viento llevaba 
hasta ellos los sordos alaridos que hacían resonar las calles de la 
capital. 

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36S DOBMITOHIO DE SA» FUNCI5C0. 

Los fagitivos siguieron SU camino por sobre rocas, rozaado la 
muralla y eo dirección sd fuerte de Atarazanas que se vela no lejos, 
avanzando en el mar su pnnla como la proa de un navio. 

El centinela encargado de la vigilancia en la muralla se sorpren- 
dió al ver aquella hilera de sombras que se acercaba. 

Inclinóse y gritó. 

— ¿Quién vive? 

—Los frailes de Sao Francisco,— contestó el superior con voz 
débil. 

El centinela llamó al cabo de guardia, que no se sorprendió me- 
nos al ver á orillas del mar y al pié de las murallas todos aquellos 
misteriosos bultos. 

--Dicen que son los frailes de San Francisco,— esclamó el cenü- 
nela. 

— ¿Pero de dónde diablos vienen?— murmuró el cabo. 

—Pasad aviso al gobernador— dijo en esto desde abajo e\ guar- 
dián, — y decidle que nos haga arrimar escaleras para que su- 



El cabo fué efectivamente á dar conocimiento al gobernador quien 
en seguida, presentándose en la muralla, mandó arrimar escalas de 
mano por donde todos los franciscanos subieron ái la fortaleza. 

Una vez alli, una vez en salvo, una vez disipados todos sus te- 
mores, los fugitivos se acordaron que hablan abandonado su mora- 
da en el momento en que iban h sentarse á la mesa, y olvidáronse 
de su apurada y crítica situación para dar disposiciones y pedir al- 
go que comer. 

Poca provisión habia en la cantina y por lo mismo despachóse 
dos soldados que no tardaron en volver á la fortaleza cargados de 
comestibles. 

Preparóse, arreglóse una larga mesa en la cantina y los francis- 
canos se sentaron á ella. 

En el instante en que llevaban su primer bocado á los labios, 
oyóse un grito agudo muy cercano seguido de una especie de gemi- 
dos que iban debilitándose, al mismo tiempo que resonaba el golpe 
de un cuerpo cayendo en tierra. 

Palidecieron los frailes. 

El guardián mandó un lego para enterarse. 

Este volvió y dijo que era un fraile dominico que herido habia 
traído uoa patrulla y que acababa de caer muerto á la puerta déla 
cantina. 

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DOBHITOSIO DE SAN PBANGISCO. '363 

k\ ver que do teniao nada que temer, los frailes sin contestar lie- 
varón á los labios el bocado que habían suspendido y continuaron 
comiendo con la mayor tranquilidad y calma, como si tal cosa hu- 
biese sucedido. 

¡Pasmosa sangre fría! i Imperturbable egoísmo! 

¡Sus hermanos agonizando y ellos comiendo (1)! 

no hemos adelantado tanto para quedarnos en mitad del camino. 
Ya que hemos descrito la horrible noche del 25, y aun no con todos 
los detalles y colores de que era susceptible, debemos decir algo 
mas. debemos completar nuestro trabajo y acabar de contar la his- 
toria. 

Toda la noche continuaron las turbas corriendo por las calles y 
recorriendo los claustros y corredores de los conventos asaltados, á 
la luz del incendio, mientras crujían las vigas, mientras se' desplo- 
maban las bóvedas y mientras que columnas de humo y torbellinos 
de llamas se lanzaban á los cielos. 

Nueve ó diez frailes fueron los únicos que en diferentes puntos pe- 
recieron á manos de los incendiarios ; todos los demás pudieron sal- 
varse hallando generosa acogida en las casas que se presentaron y 
cuyos vecinos arrostraron noblemente la cólera del populacho para 
ponerles en seguridad. 

Muchos fueron los habitantes de Barcelona, es preciso decirlo en 
su obsequio, que rivalizaron aquella noche en generosidad é hidal* 
guía, y dieron á los infortunados fugitivos una hospitalidad quepo- 
día costarías bien cara por cierto. 

Justo es observar asimismo, la rectitud y la imparcialidad nos 
obligan á decirío, que no animaba en manera alguna ¿la generali- 
dad de los incendiarios la esperanza del pillaje, porque casi todo lo 
que no devoraron las llamas se encontró intacto en las iglesias y en 
las celdas. 

Por lo demás, ningún convenio de monjas sufrió el menor ataque; 
ningún clérigo un insulto, ní tampoco ninguna de esas feas malda- 
des, queordinaríamente acompasan á semejantes conmociones noc- 
turnas, se cometió en aquella noche ; antes por el contrarío, muchas 
casas estaban abiertas sin que nadie recelara ni temiera Jos insultos 
ni el saqueo. 

Y á fé que todo lo hubieran podido, pues Barcelona estuvo, du- 



(t) ün testigo de vlsUi(el seKorllobet y TAlllloMra) reBríd esto al anlor, j como se looonUron 
lo cuenta. 

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36 i DORHITOBIO DE SAN FBANCISCO. 

raDle toda la oocbe, á completa merced de las turbas que libres y 
sio Dingun obstáculo recorrían las calles. 

CoD la primera sonrisa del alba cesó el tumulto. 

Hubiérase dicho que, espantados de su popia obra, habían cor- 
rido á esconderse los que tomaron parte en el desorden . Alevosos 
murciélagos, la luz del día, la luz clara del sol, de aquel sol quese 
presentaba k ilumíoar tantos horrores, les haadia en el fondo de 
sus miserables guaridas de donde solo habían salido para, con re- 
probación eterna de los siglos, consumar su obra de sangre, de fue- 
go ydeestermioio. 

Desde el amanecer las calles se poblaron de gente que iba k vi- 
sitar los estragos, y numerosos piquetes de tropa y milicia cruza- 
ban por todas partes enviados por la autoridad á recoger los frai- 
les que (iabian logrado encontrar un asilo en las casas de los 
ciudadanos ó en siis propios conventos, trasladándoles, para su se- 
guridad personal, á los fuertes de la plaza, no sin recibir por el 
camino groseros insultos del populacho, que con admirable tesón 
sabia contener á raya, impidiéndole los desmanes, la milicia ciuda- 
dana á la cual la causa del órdeu debió mucho en aquellos mo- 
mentos. 

El teniente de rey don Joaquín \yerve estovo sobre todo admi- 
rable. Iba á recoger en persona á los frailes, y haciéndoles subir ui 
su coche, él mismo los llevaba á Monjuich ó Atarazanas, arrostran* 
do con serena frente tas Iras déla muchedumbre. 

El nombre de esta celosa autoridad debe haber quedado impreso 
como un monumento de gratitud en el corazón de casi todos aque- 
llos desgraciados. 

Cerráronse las puertas de la ciudad sin permitir la entrada á la 
gente del campo, y por aquel día limitóse la autoridad civil á man- 
dar que todos los dueDos de fáfíricas y talleres no los cerrasen por 
ningún pretesto, bajo la mas severa responsabilidad. 

Las monjas, previo el consentimiento de laautoridadeclesiástica, 
fueron invitadas á retirarse del claustro, con facultad para alojarse 
en casa de sus parientes ó amigos, y pusié'onse fuertes guardiasen 
todos los conventos. 

Al otro día, 21, el comandante general de las armas y el gober- 
nador civil, que en la azarosa noche del incendio se hablan maote- 
nido bastante pasivos, si debemos deducirlo délas providencias to- 
madas, dieron una proclama en la que pintaban la ^vedad de los 
desórdenes y concluía en estos términos: 

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DOBHITORIO DE SiN F[t4NCiSC0. S65 

«DtsposicioDes fuertes, enérgicas, síd coatemplacioo ni mira- 
miento á clases ni personas, se seguirán en breve, y la terrible es- 
pada de la justicia caerá rápidamente sobre las cabezas de los cons- 
piradores y sus satélites... Los malvados sucumbiráu del mismo 
modo por el peso de la ley en un juicio ejecutivo, que fallará laco- 
misiMí militar, con arreglo á las órdenes vigentes. Al recordaros la 
existencia de aquel tribunal de excepción, es justo advertiros que 
incurriréis en delito sujeto á su conocimiento, si á las insinuacio- 
nes de la autoridad competente no se despeja cualquier grupo que in- 
faoda recelo á la misma. El arresto seguirá á la infracción, el fallo 
k la culpa, y las lágrimas del arrepentimiento serán una tardía ex- 
piadoo del crimen.» 

Fué esta proclama el anuncio de la llegada de Llauder. - 

La consternación se hizo general entonces. 

Los términos violentos en que estaba redactada la proclama y las 
intenciones que se suponían en Llauder aterraron á todos. 

Parecía que se trataba de castigar á Barcelona, y Barcelona no 
era culpada. 

No lo era, iio. 

Los hombres frenéticos que la noche del S5 habian recorrido las 
caDes blandiendo el puQal asesino y la tea incendiaria, no eran ha- 
bitantes de Barcelona. Muy pocos fueron los que se hicieron notar 
en las filas del populacho. 

Barcelona, que era la primera en deplorar la desgracia de los frai- 
les, al verse herida en su amor propio, en su dignidad, en sus no- 
bles sentimientos, se estremeció y lanzó un grito unánime. 

El grito de \muera Uauder, muera el tirano'. 

El general entró el 27, pero viendo la alarma de los ánimos, se 
eicerró la misma noche, con parte de la tropa con que había en- 
trado, en la cindadela de la plaza, de donde salid al amanecer del 
tS para Hataró, desalojando después el palacio del que sacó todo 
su equipaje. 

Mientras que estas escenas tenían lugar en Barcelona, hijas todas 
de la noche del 25, en otros puntos del principado se seguía el mo* 
vnniento. 

Ardian á un tiempo el convento de Recoletos de Riudoms, el pre- 
ñoso monasterio de Benedictinos de Sao Cucufate del Valles, y el 
general Llauder y su comitiva hacían alto eu Mongat para contem- 
plar el torrente de llamas que se escapaba del de los Jerónimos de 
Tono!. n ^ , 

, „,zcclbyL.OOgle 



366 DOBHiroKio de sjln nuNCisco. 

la Murtra. Mas tarde, como si implacable se hubiese dado por to- 
das partes la seBal de estermiaio, devoraba el iocendio el coaveolo 
de CapuchÍDOs de Malaró, el de la misma orden de Arenys, otro de 
Igualada, el monasterio de Scala Vei que era el primero y mas ri- 
co monasteiio de Cartujos en EspaDa, y otro de la misma orden, el 
de Monte-alegre, colocado como un águila en la cima de una pin- 
toresca montaQa. 

En el Ínterin la agitación y la alarma reinaban en Barcelona, y el 
desorden osaba volver á presentar á la luz del dia su monstruosa 
cabeza. 

Dióse una orden justísima y acertada por la que quedaba prohi- 
bida h. toda persona, fuese de la clase que fuere, penetrar en el re- 
cinlo de convento alguuo de la capital, sin espreso permiso de la 
autoridad competente, aDadiendo que el que contravininv,- ann 
cuando no estrajera efecto alguno de dichos lugares, sería tratado 
como merece todo el que atenta contra propiedad ajena. 

Terñble cadena de sucesos se siguió á la noche del 35. 

Barcelona estaba sobre un volcan. 

Inquietos, agitados y calenturientos fueron los dias que media- 
ron hasta el 5 de agosto. 

A las diez de la maQana de este dia difundióse la voz que había 
entrado el general Basa con su columna portador de severas órdenes 
deLlauder para reprimir el movimiento, para con dura mano escar- 
mentar á los que se atreviesen áJevanlar la frente. 

Al esparcirse esta voz, enciéndense los ánimos, óyense en la 
Rambla gritos de vivas y mueras, parlen algunos á la plaza de Par 
lacio donde estaba el general, recorren otros los cuarteles, huyen 
despavoridas las mujeres que van á sus faenas, ciérranse precipi- 
tadamente las puertas de las casas y tiendas, y por fio, á las doce 
del dia. Atarazanas da la seDal de alarma con un caOonazo, al que 
responde con su ronco estampido el cañón de la Ciudadela. 

Lejos esta seOat de atemorizar ai pueblo, inflama por el cootra- 
río los ánimos: óyese por todas partes el gríto de: \A las (ffmatl 
y el movimiento es general. Dirígese la milicia uriana á la plaza de 
palacio, tambor batiente y banderas desplegadas; avanza la tn^ 
que Basa habia dejado á las puertas de la ciudad, ocupa el edifido 
de la Lonja, y no hostiliza al pueblo; comisiones M Ayuntamiento, 
de la Diputación provincial, de la milicia, personas re^taUes sa- 
ben á palacio para suplicar al general Basa que haga dimisión de so 

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DOBHITOIIIO DK Si» FUNUSCO. S67 

mgo, que do anegoe eo llanto la segunda capital de EspaGa; d 
geoeral resiste, lacha por largo tiempo entre sus deseos cómo cia- 
dadíuo y sus deberes como militar, y triunfando por fin la voz de 
e^os úllimos, esclama decididamente: \Ó yo ó el pueblo! 

Palabras fatales, palabras temerarias, y, sin embargo, palabras 
dignas en su posición. 

La respuesta de Basa espárcese con rapidez, y con la misma aco- 
mete Doa turba la iglesia de Sania María, escala una tribuna que 
comunicaba con el palacio del general, precipítase en las habita- 
ciones de este, penetra en el gabinete donde se hallaba, y un pis- 
toletazo tiende sin vida al caballeroso Basa á los pies de sus 



El cadáver es arrojado por el bíücon á la plaza, [arrastrado por 
las calles, y, como sí Barcelona se hubiese convertido en un pueblo 
de salvajes, quemado y consumido en una pira que se formó con 
los efectos y papeles de lá Delegación de policía. 

Todo esto antes que el ejército pudiera volver en sí de su estu- 
por, antes que la milicia pudiera con su buena mediación reprimir 
aquel indigno y bárbaro atentado. 

Los hombres honrados de lodos los partidos lamentaron aquel 
funesto acontecimiento. ¥ ¿cómo no lamentarlo? Mártir de su deber, 
los militares acababan de perder á un jefe bizarro, los ciudadanos 
á un hombre de bien. 

Entretanto, el populacho se desbanda por las calles y plazas, son 
acometidas á un tiempo las oficinas de los comisarios de policía, se 
echa mano de lodo lo que se presenta, llueven á la calle legajos y 
muebles, y se hacen hogueras con todo ello, mientras que otros en 
la plaza de Palacio derriban la estatua de Fernando Vil que en ac- 
titud homillante para CataluDa hiciera atlí colocar Garlos de Es- 
paña. 

Desbordado el pueblo, ya no conoce límites, y aprovechándose 
los malvados de la situación, reducen por la noche á cenizas la fá- 
brica de vapor llamada de Bonaplata. 

No referimos todo lo que entonces pasó, no es de este lugar, pues 
que sojo hemos tratado de manifestar rápidamente la cadena de 
acontecimientos cuyo primer eslabón fué la noche del 25. 

Diremos solo en conclusión que la milicia y los buenos ciudada- 
nos supieron unirse para hacer huirá los que tenían consternada i 
Barcelona, que se trató de organizar el movimiento, que se le dio 

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368 SDICB.^DDFORT. 

BD carácter político, qae se nombró ana JuDtaausüiar y eonsaltiva 
que reasumiera todos los poderes, que esla Junta cuidó de poaer en 
seguridad á los frailes, dió todas }as disposiciones urgentes qoe re- 
queriao las circunstancias, y se poso en contacto con Aragón y Va- 
lencia para formar una confederación liberal que tuviese por égida 
y símbolo el trono de Isabel. 

I^a situación de Barcelona fué entonces imponente y marca ^oca 
en su historia aquel periodo, que hubiera sido mucho mas brillante 
á. no tener que deplorar los feos delitos por cuyo cenagoso lodo tuvo 
que arrastrarse una noble causa. 

La crisis toda concluyó con el nombramiento del ministerio Hen- 
dizábal, y con la llegada de Mina á Barcelona como capitán general 
del Principado. 



Se la titula calle nueva de Dulce para distinguirla de la de Criilh 
na que^ según hemos visto, llevó el nombre de este general por 
cierto espacio de tiempo. 

Es la que va desde la Riera alta k la de Ferlandina. 

Cuando se devolvió su anterior nombre de Cristma & la que se 
había llamado de Dulce, dióse el nombre de este bizarro general á 
la de que hablamos, la cual acertóse á abrir en aquella ocasión. 



MTFORT (Mtlle «lea}. 

Comienza en la de Gignág y termina en la de JufÁ. 

Lleva el nombre de una distinguida familia catalana. En Í150 
había un Ramón Dufort, el cual fué capitán de dos galeras que Be- 
renguer Ramón de Moneada hizo construir á sus espensas y luego 
regaló al conde de Barcelona Ramón Berenguer IV, cuando este 
pasó & Provenza para sufocar el movimiento revolucionario de los 
Baucios. (V. bajada de Viladecok). 

■ Se sabe que esta calle tuvo primeramente el nombre de Jawpi J 
luego el de Oliver, que ese! de otra familia catalana. 

Han existido varios hombres célebres de este último apellido, entre 
ellos algunos escritores y dos poetas antiguos. De uno de estos, 
Guillermo Oliver, hay una obra en el cancionero que con el titulo de 



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«üpon. 369 

Jarüiut de orats se guarda en la biblioteca pública de esla capital. 
Del otro, Flrmmm OSver, se conserva una Iradaccion catalana de la 
Dame tem mercy de Alaín Ghartier en los cancioneros de Zaragoza 
jParis. 

De otro Frmcüeo OHver se hace también mención en nuestra fais- 
loría, digno y virtuoso varón, acérrimo defensor que fué de los de- 
rechos de CataluOa, abad del monasterio de Poblel, y presidente de 
la Dipalacion, como representante del brazo eclesi&stico, dorante el 
trienio de 1596 á 99. 

Adquirióse Francisco Oliver gran nombradla como diputado, y 
durante la época de su gobierno se hicieron algunas reformas be- 
neflciosas para las libertades catalanas. Fué también el que pro- 
movió el ensanche del palacio de la Diputación y comenzó la obra 
del mismo, no sin tener que vencer grandes y poderosos obstáculos. 
Para recuerdo sayo y de sus dos compaQeros de diputación, por 
haber ideado y comenzado esta obra, dispusieron los diputados su- 
cesores que en el frontis de dicho palacio y en el interior de la ca- 
pilla que se distingue en el balcón del centro se ostentasen los bus- 
tos de los tres diputados en cuya época se levantó aquella grandiosa 
fábrica. Asi se hizo, y pueden aun verse hoy en aquel sitio los 
bustos de Francisco Oliver, del Brazo eclesiástico, Francisco de Ta- 
marit, del Brazo militar, y Jaime Rio, del Brazo real. 

También como abad de Poblet tuvo ocasión de prestar importan- 
tes servicios, distinguiéndose por su espíritu independiente y rel6^ 
mador, por su claro talento y por sus altas dotes de ejemplares vir- 
tudes y de firmeza de carácter, con lo cual, si supo conquistarse 
muchas simpatías, logró también adquirirse poderosas y terribles 
enemigos. 

Dorante el mando de este abad, sucedió en el monasterio de Po- 
blet un célebre lance, al cual de seguro no pudo ser estraOo Oliver 
y que con marcada intención relatan algunos cronistas. 

Era el aBo 1S8S. El rey Felipe II, que habia llegado á Catalnta, 
se dirigía con lujoso acompaDamiento á visitar el famoso monaste- 
rio de Poblet, á cuyo abad se habia dado prevenllvameote notioia 
del arribo del monarca. Sin embargo de esto, al llegar el correo 
real, que precedía á la regia comitiva, al pié de los moros de Po- 
blet, halló la puerta cerrada y los alrededores del monasterio llenos 
de gente, admirada, como el mismo correo, de aquella singular 
novedad. El correo, que solo de pocos pasos precedía al ny, so 

,,zcdb, Google 



310 nerón, 

apresuró á llamar a la puerta, pero solo se abrió á sos aldabuos 
la rejilla de la misma, asomando por ella el rostro del hermano 
portero que preguntó desde dentro : 

—¿Quién llama? 

^Abrid en seguida, contestó el correo. Apresuraos, porque el 
rey llega tras de mi. 

— ¿Qué rey? preguntó el portero. 

—El de España. 

—Aquí no conocemos í ese seOor rey. 

—¿Estáis looo? esclamó con airado semblante el correo. Abrid & 
S. M. el rey de EspaDa don Felipe II. 

— Os digo y repito, insistió el monje, que aquí no conocemos al 
rey de EspaDa, y que no podemos en esta ocasión albergarle por es- 
lar esperando á nuestro soberano. 

El correo retrocedió, y fué á contar' al rey lo que pasaba, y es 
fama que Felipe II le dijo : 

. — Hubierais dicho que ibais en nombre del conde de Barcelona y 
os hubiesen abierto. 

Tornó el correo de nuevo k la puerta y volneodo h llamar, gritó: 

— lAbrid al conde de Barcelona! 

A este nombre se abrieron de par en par las puertas de Poblet y 
púdose ver en el atrio al abad Oliver, rodeado de sus monjes, con 
toda la grandeza y esplendor de la pompa religiosa, esperando al 
conde de Barcelona don Felipe U. 

Sin duda fué este lance el que dio motivo al escritor Alvarado 
para decir equivocadamente que esto mismo sucedía en Barcelona, 
cuando á ella llegaban por primera vez los reyes. Dice asi dicho 
autor en su Arte de bien vivir, tomo II, obra impresa en 1608: 

«Estando cerradas las puertas (de Barcelona) llegan algunos ca- 
balleros que van delante de S. H. y dicen i los porteros que abnu, 
los cuales pregantan : «¿Quién es?» Responden que el rey de Es- 
pada. Llaman después los que vienen al lado de S. H., los cuales 
preguntados: «¿Quién llama?» respooden que el conde de Barcelona; 
y al paulo abren las puertas y 1» reciben con mucha pompa y gran- 
de<a.» 



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DVQÜS DB LA VICTOUA. — DUQOl DB HBDINACBLI. 311 



BUOCB BK Ul VICTOBIA («Míe «el). 

Se abrió recienlemenle, y atraviesa desde la de Canuda á la de 
Puerta ferrisa. 

Se ]a deDomioa calle nuem de) duque de la Vicloria para disÜQ- 
guirla de la de Femando VII, á la cual disliotas veces se ha qui- 
tado este nombre para darle el de calle mayor del dtigue déla Vicio- 
ria, acabando siempre por devolverle el antiguo. 

Estos cambios codIÍduos de nombres causíui considerables per- 
juicios, particularmente cuando se trata de las arrontaciones de los 
ediOcios. Por esta razón se hizo muy bien en dar los nombres de 
Dulce y duque de la Victoria i calles nuevas, con lo cual ya no ^ 
Rtcil que k cada cambio d« sistema político, como sucedía antes, se 
maden los nombres primitivos de ciertas calles. 

Diósele & esta el que lleva en obsequio al general Espartero, una 
de las mas grandes figuras militares de nuestra última guerra civil. 
y el que tuvo la fortuna de terminarla gloriosamente con d abrazo 
de "Vergara. 



DVftCTE DE 1HEDI1VACEE.I (pl*B» «•■). 

Desembocan en ella las calles del Dormitorio y Nueva de San 
PraaciKo, Ancha, Merced,-^ Muralla de mar. 

Ea sus primitivos tiempos se llamaba plassá ó pltUja de las Bar- 
ca» porqne este sitio, no existiendo la muralla del mar, era conti:- 
noacion de la playa de Barcelona, estramoros, y uno de los pun- 
tos d<H)de se construian y guardaban las barcas de menor porte. 

JflDto ¿este sitio, á principios del siglo XII!, se levantaba la casa 
del duque de Cardona, que era un grandioso palacio con vistas al 
mar y con una capilla bajo la advocación de Nuestra SeDora de las 
Arenas, y á pocos pasos existia un hospital con su capilla consa- 
grada & san Nicolás do Barí para tos peregrinos y viajeros pobres. 
En él es donde se hospedó, según hemos visto, san Francisco de 
Ans á su llegada k Barcelona. 

Cuando se levantó el convento de religiosos de la orden de este 
flanto, Menores observantes, siendo dedicada su iglesia & san Ni- 
colás de Barí, la plaza, á la cual daba la puerta principal de dicho 



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31S DDQOB DB HBDINACSLl. 

templo, perdió su nombre aateñor para tomar el de Sm Nicolát ó 
framenors. 

Así lo hemos hallado en una nota de la Rúhrka de Brurtiguer en 
que se da noticia de unos sangrientos hechos ocurridos en esta pla- 
za, la cual nota dice así, literalmente traducida del catalán : 

«A 1 de noviembre de li39 en la plaza de Satt Nicolás ó fra 
metiors, saliendo de misa el honorable En Gabriel Hiqnel, le mo- 
vieron riñas algunos de Gerona y lo mataron, y se prendió á seis 
de los que tal hicieron, y á la noche siguiente, por orden del hono- 
rable gobernador, fué ajusticiado En Terrades, caballero de Gerona, 
y ahorcados dos hombres.» 

Como, k pesar de estar dedicada la iglesia del convento de frai- 
les menores & san Nicolás de Bari, el público la llamase abusiva- 
mente de San Francisco de Asis, la plaza comenzó (ambieo k tomar 
entre el vulgo la denominación de San Francisco, perdiendo la de 
pía de fra menors que comunmente se le daba. 

En nuestros tiempos ha tomado otro nombre., Al demolerse el 
grandioso convento de frailes menores, del cual estensamente nos 
hemos ocupado al hablar de la calle del Dormitorio de San Franát- 
co, se adoptó el pensamiento de ensanchar y rectificar dicha plaza, 
titulándola del duque de Medinaceli porque este seDor cedió para sh 
realización gran parte del terreno de su propiedad. 

Sin embargo, el vulgo la conoce también como plaza de Gake- 
ran Marqueí, por levantarse en ella una columna rostrata ó rostral 
eligida para perpetuar la memoria del conceller de Barcdona Gal- 
ceran Marquet que fué nombrado general almirante de la armada, 
en tiempo de Alfonso el magnánimo, prestando como marino y 
hombre público importantes servicios á su fuis. El Ayuntamienl» 
constitucional de 18i9 acordó que se perpetuase el nombre de es- 
te personaje erigiéndole un monumento público en el centro de la 
plaza del duque de Medinaceli, el cual, á la par que sirviese de es- 
timulo á las generaciones venideras, sirviese pera patentizar los 
adelantos de la industria y de las artes. Se levantó según el pro- 
yecto y bajo la dirección del ilustrado arquitecto D. Francisco Da- 
niel Molina, sacándose á pública subasta el 2 de abril de 18i9, y 
quedando rematado á fovor de la fnndicioo catalana de don Valen- 
tín Esparó. El domingo 29 de junio de 1851 se inauguró con to(& 
solemnidad y pompa, con asistencia de las autoridades, oorporacio* 
Des populares, etc. 

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DBQDB DB HÉDINAGKU. 3*73 

El moDUDteDto consiste en un grao estanque de forma eircuhr 
cerrado por un pretil de sillería labrada, procedente de las canteras 
de Honjuich. En su centro se levanta un cuerpo de forma poligo- 
nal que sirve de base y sosten á cuatro s&tiros montados en otros 
tantos tiburones de naturales jM-oporciones y correcto dibujo, los 
cuales en ademan de sonar cuernos marinos arrojan el agua en for- 
ma de sjartidor. Elévase en su centro otro^uerpo también de pie- 
dra sobre el cual descansa una colana rostrata, en cuyo primer 
tercio se ven disefiados en pronunciado relieve varios atributos de 
la marina antigua, destacándose las popas de dos galeras, que to- 
man la figura de las que en aquella época surcaban nuestros mares: 
de dichas popas arrancan dos grandes faroles que pueden iluminar- 
se por medio del gas. Sigue el fuste de la colina hasta el arranque 
del capitel compuesto de objetos marítimos, y sobre de este se le- 
vanta un proporcionado zócalo, el cual sostiene la estatua del céle- 
bre marino indicando su diestra el rumbo que debía seguir, empo- 
fiando con su izquierda la espada que lleva ceQida. Su traje es el 
de malla, ostentado además la capa y gorro que usaban los conce- 
lleres. 

Todas las partes componentes de la obra, asi estatuaría como de 
ornamentación, son de hierro fundido. Su elevación total desde el 
ras de la plaza es de 18 metros, con la circunstancia especia 
que en el hueco de la coluna se halla el repartidor de las aguas 
potables de 36 partícipes. 

Según parece, la primera idea del municipio y la orden que ha- 
bla dictado en consecuencia, fueron para levantar en este sitio una 
estatua á Blasco de Garay; pero habiéndose probado la inexactitud 
con que se atribuía á este la aplicación del vapor á la navegación, 
se decidió entonces consagrar el monumento á un célebre marino 
catalán, siendo elegido Galceran Marquet, quien reunia la doble 
circaustancia de haber sido al propio tiempo que uno de nuestros 
héroes del mar, otro de los concelleres^barceloneses. No hubo acá* 
so lodo el acierto que hubiera sido de desear en la elección de 
este personaje, pues otros hay muchos mas grandes y notables en 
nuestra historia; nero es muy de aplaudir la idea del cuerpo munici- 
pal en dar el ejemplo de honrar á aquellos de nuestros mayores que 
legaroD á su patria una herencia de gloria. 

De Qalceran Marquet y de otros individuos célebres de esta mis- 
ma familia y apellido hablaremos al hacerío de la calle den Mmr- 

TOHO I. u 

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374 DUQCB DE MEDINACBU. 

quet qiíe lleva su nombre; y á dicho ponto remitimos á los lectores. 
Solo DOS limitaremos aquí á consignar algunas singulares coiaci- 
dencias. Galceran Marqaet fué uno de los ascendientes de los coa- 
des de Santa Colóma, cuya casa que era aDligaamente la de los 
Marquet, se eleva aun en la plaza de que estamos hablando.— Por 
los libros y registros que se conservaban en el derruido convento 
de frailes menores coDSla que el, panteón del vice-almira^oteHap 
quel y de su familia estaba situado el cementerio de frente de la 
iglesia, á poca diferencia el mismo sitio .en que boy se levanta 
el monumento erigido á su memoria, y que en 1693 fué destruido 
por una bomba, desapareciendo los respetables restos qae conle- 
nia. — Se sabe también qoe la familia de Marquet fué celosa pro- 
tectora del convento de San Francisco, y que á sos espensas se cons- 
truyó la parte de aquel magnífico templo que correspondía al pres- 
biterio, hallándose por esta causa esculpido el escudo de sus armas 
en uno de los rosetones de piedra que unían los mismos arcos de la 
nave y que era precisamente el de encima el altar mayor. Es pues 
coincidencia singularísima, sí ya no se tuvo en cuenta, que el mo- 
numento erigido hoy á Galceran Marquet se levante en el mismo 
punto en que estuvo su sepulcro, frente á la casa en donde quizá 
nació y que luego sirvió de palacio á sus sucesores los condes de 
Santa Goíoma, y junto al sitio donde estaba la iglesia levantada por 
la piedad de su familia. 

De las antiguas casas edificadas en esta plaza, hoy no existesino 
la de los condes de Sania Goloma, la coal ya ni siquiera á estos 
pertenece, pues bace'algunos aSos pasó á ser propiedad del opu- 
lento banquero don Manuel Girona, que vive eo ella. 

Frente á esta casa, y ocupando todo el frontis en que hoy se al- 
za la hermosa casa de Treserra y demás contiguas, estaban Ta igle- 
sia y convento de San Francisco de Asís, el cual se estendia porto- 
do lo largo de la calle del Dormitorio hasta cerca de Atarazanas. 

En el lugar que ocupa hoy la manzana de casas, entre la calle 
de la Merced y muralia de mm', habia antes un edificio bajo, qae 
servia de cochera y caballerizas para la casa de Santa Coloma. 

El grandioso palacio del duque de Cardona estaba edificado en el 
espacio ocupado hoy por la linea de casas que siguiendo la de laca* 
lie Ancha va á concluir en la esquina de la Nueva de San Fran- 
cisco. Es muy citado este palacio en las memorias y dietarios de 
nuestra ciudad. Alojáronse en él en distiptas ocasiones varios per- 

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DGQUB DE MBDINACBL] . 37$ 

sonajes ilastres y personas reales. Caaodo el afio 16S6 vino á Bar- 
celona el rey Felipe IV, hospedóse en la casa del duque de Cardo- 
na, y como las Corles estaban congregadas en él convento de San 
Francisco de Asís, construyóse un puente que partiendo del palacio 
de Cardona, pasaba junto á la pared de la iglesia y lerminaba en 
el terraplén de la muralla. Por este punto pasaba el rey al convento, 
y en una sala que en él se mandó disponer, daba k menudo audien- 
cia, pues le placía sobremanera la vista del mar. En uno de los es- 
Iremos del mismo fabricóse también una cómoda escalera desde la 
eoal se embarcaban las personas reales, como lo verificó el 13 de 
jaaio de 1630 la infanta doOa María de Austria, hermana del rey, 
aX partir para Alemania á casarse con el de Hungría. Dícese que 
subsistió este puente setenta y cuatro áDos, hasta Míi, en cuyo 
aQo, con motivo de la guerra de sucesión y del sitio de Barcelona, 
fné derribado para hacer con su madera barracas en la montana de 
Hoojuich y medías lunas en la muralla para los vivaques de la Co- 
roaela de la ciudad y demás tropas de la guarnición. 

Lwgo fuera por demás y enojoso el reíalo de las fiestas, ceremo- 
nias, diversiones, actos públicos, asonadas y otros sucesos que en 
épocas varias han tenido lugar en esta plaza. Con solo este relato 
Itonariamos un volámen. 

Pero entre todos los sucesos importantes de que ha sido teatro es- 
tesitio, no puede olvidarse y hay que hacer especial mención de ser 
en esta plaza donde solían prestar tos reyes públicamente su jura- 
mento la primera vez de su entrada en Barcelona. Para referir có- 
mo tenía lugar esta ceremonia, pediremos prestadas algunas pági- 
nas á autores que han escrito minuciosamente sobre las cosas de 
nuestra ciudad. Dice en so Guia Cicerone Bofanill: 

«Tal costumbre se observaba ya desde mucho tiempo, pues al 
jurar las constituciones y fueros del país los reyes de Aragón en su 
entrada, solían hacerlo en parajes públicos de la ciudad, practicán- 
dolo asimismo en su palacio y en la Catedral, mas en S9 de marzo 
de 13ii, como he indicado ya en otra parte, el rey don Pedro IV 
de Aragón, á consecuencia de sus cuestiones /guerras con el de 
Mallorca, al que destronó, juró por sf y sus sucesores, con el obje- 
to sin duda de enrobustecer mas y mas la unión de sus reinos y 
tierras, no devolver jamás al destronado su reino de Mallorca, ni 
dividir el condado de Barcelona, queriendo que siempre permaoe- 



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3*76 ODQDK DE HEDINÁCELI. 

cieseD UDÍdas á Mallorca Rosellon yCerdaña, yobligaado&sus des- 
cendientes al juramento de observar tal unión y á los naturales ¿ 
exigirlo de sus reyes, que debían prestarlo como condes de Barcelo- 
na, antes que aquellos les prestaran fídelídad. A tal juramento se 
agregó mas adelante el de observancia y permisión de ciertos dere- 
chos admitidos en la tierra como el bovaje etc., y asi es que á la 
ceremonia de tal acto llamábasele por las razones indicadas, jura- 
mento como conde ó juramento de las costumbres, aunque el nom- 
bre mas conocido es el juramento por las islas. 

»Vese, pues, que especialmente desde el rey don Pedro IV en 
adelante se observó estrictamente tal costumbre, y de modo que en 
caso de querer entrar el rey en la ciudad antes que se le recibiera 
ei juramento, solo podía hacerlo de incógnito ó como simple parti- 
cular. £1 rey, al llegar, se hospedaba en Valldoncella, monasteño 
de religiosas eslramuros, donde por lo regular permanecía an dia, 
entrando el siguiente como rey en la ciudad, pero por el camino 
mas corto y dirigiéndose directamente á la plaza de Framenors, don- 
de era también práctica que debía verificarse precisamente el acto, 
como en efecto ba sido asi con todos los reyes menos en la entrada 
del duque de Calabria don Juan cuando vino á jurar por su padre 
en 23 de agosto de 1567, que se permitió á aquel por miras politi- 
cas prestar el jarameoto en el Born,á consecuencia de haberle per- 
mitido asimismo que se alojara en la calle del Rech y no en Valí- 
doncella, como se acostumbraba. 

«Describir toda la ceremonia de entrada seria largo de esplicar, 
pues era tal la magnificencia y esplendidez que la ciudad mostraba 
en tales ocasiones, que biea podía servir de norma Barcelona & las 
demás cortes, por la grande etiqueta y pública ostentación que do- 
quier se notaba; tal era la satisfacción y gusto con que todas las 
clases de que se componía esta famosa capital se afanaban para ob- 
sequiar á sus reyes. Me parece, por lo mismo, que será suficiente 
la descripción del modo como se verificaba la ceremonia y del asr 
pecio que ofrecía la plaza, tal como se ataviaba para estos actos, 
guiándome en ello por lo que en general he visto descrito de diver- 
sas entradas de reyes. 

«Delante la casa ó palacio de Muncada, que era uno de los edi- 
ficios que mas adornaban aquella parte de Barcelona, levantábase 
UD ancho tablado cubierto de ricas alfombras ó paQos de lana colo- 
rada, y cercado de labradas sedas coloradas y blancas ó amarillas, 

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fiCQCG DK MEDIHÁCELI. 377 

cayo adorno se DOfaba tambieD en todas las paredes de la plaza 
hasta uDa regular altura. Colocábase sobre el tablado ud dosel que 
era de brocado, á veces con silla y otras veces con blandos cojioes, 
y k derecha é izquierda al pié de aquel, colocábanse asientos para 
los de la comitiva; á la derecha sentábanse los nobles, duques, mar- 
queses, doncellas etc., yá la izquierda todos los que habían llevado 
ó debian llevar cordones del patio. Delante del tablado, en el espa- 
cio que quedaba de la plaza, desde aquel y al través de esta, colo- 
cábanse ciertas entenas ó maderas clavadas con simetría á fin de 
que todas las cofradías con sus pendones, los entremeses y pasosale- 
góricos de figuras, los bailes y las cavalgaduras pudiesen pasar c(h 
modamente por delante del seOor rey, y sin incomodar al concurso. 
Tal comitiva seguía et orden que esplicaré, y componíase por lo re- 
gular de las siguientes corporaciones y personas. Iban ante todo los 
gremios por su orden, llevando cada cual su pendón ó bandera par- 
ticular, y vistiendo sos individuos en la mayor parte de aquellos, 
trajes especíales, los mas bastante significativos del objeto princi- 
pal de la profesión á que se dedicaban los individuos de cada, gre- 
mio. K veces iban estos también, además de los trajes que lleva- 
ban , con trabajos de su oficio en las manos ó colocados á manera de 
adorno: como los plateros y mercaderes de lanas que llevaban, 
aquellos sendas cadenas de plata y oro, y estos ricas mantas con las 
cuales adornaban también muy superiormente el caballo del pendo- 
nista; y á veces, llevábanse asimismo ciertos objetos ^egóricos del 
oficio del individuo en las manos, como por ejemplo urracas y ga- 
vilanes los sastres, y lanzas y espadas los armeros ó espaderos. De 
los trajes que usaban los gremios especialmente en la entrada y ju- 
ramento de Garlos Y, soto puedo citar los siguientes: el de los pe- 
laires, parecido al que usaban los comendadores de San Juan; el de 
los merceros, que consistía en gorras coloradas, cascabeles en las 
piernas y el cuerpo cubierto de hiedra; los freneros vestían capas de 
tela blanca bordadas de plata y llevaban anchos sombreros; los pla- 
teros vestían asímisoio trajes talares con cola y mangas de paito 
y cepitas de terciopelo negro, y tos horneros capas blancas y gor- 
ras coloradas. 

«Alternando con las cofradías, ó detrás, iban á veces los minis- 
Iriles, luego seguían los maceres del Concejo á caballo y los 01000* 
concelleres á caballo también, llevando en medio al rey, que porto 
común montaba en muta, al que seguía su guión real y varios pa- 

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378 DOQOB DE MBDINACEU. 

jes. AlguDOs monarcas, especialmeDte los de la casa de Austria, 
tuvieroa la costambre, además, de hacerse preceder por ud caballe- 
rizo qae les llevaba la espada alta, y por varios reyes de armas y 
atabales. 

»Tras del rey seguían por lo regular varios caballeros, tanto de 
Ids que llegaban como de los que le habían salido á recibir. Por úl- 
timo, cerraba la comitiva la guardia particular del seDor rey. 

»AI llegar este eo la plaza, después de apeado, subía al tablado 
con los conselleres; presentábase luego el guardián de San Francis- 
co ó en su lugar á veces otro personaje eclesiástico, con la vera 
cruz, los santos evangelios ó un misal y seguido de varios monaci- 
llos coD cirios encendidos. Antes de jurar el rey descansaba en su 
asiento, y entretanto iba pasando toda la comitiva por delante del ta- 
blado, luego se ponían en pié los concelleres sin quitarse la chia ¿ 
gorra, intimaban el juramento al rey, esteodía la vera cruz el guar- 
dián, y aquel, puestas tas manos sobre esta y el misal, juraba en 
alta voz y saludaba es seguida á su pueblo. Luego bajaba del ta- 
blado, y montado de nuevo á caballo, colocábase debajo de un palio, 
del que llevaban cordones ó borlas un sinnámero de mercaderes, 
comerciantes, artistas, etc., y se dirigía á la Seo Ó Catedral. 

nVerificada la ceremonia y marchada la comitiva, desguarnecía- 
se la plaza, regalándose parle de los adornos al hospital de Suita 
Cruz. 

»Entre los juramentos cuyas Gestas mas se han distinguido por 
su solemnidad, pueden citarse los siguientes: el que verifícaroa los 
Reyes Católicos viniendo de Castilla, ó mas bien la reina Isabel en 
23 de junio de li81. Entró la reina acompaDada del rey su espo- 
so, llevando á la derecha el Concejo y á su izquierda el cardenal de 
EspaDa; iba montada en una muía con sus cojines y la precedían 
dos hacaneas. Sentáronse rey y reina sobre cojines de brocado sin 
sillas, debajo de un dosel también de brocado, y al que correspon- 
dían muy bien todas tas colgaduras de la plaza que eran de raso: 
el que verificó el emperador Carlos V, el día 1 5 de febrero de 1519, 
precedían á los concelleres 17 trompetas, y á la comitiva en general 
un sÍDDÚmero de soldados de diferentes armas, flamencos y espa- 
ñoles, los mas de talla escogida. Iba el rey á caballo, llevando nna 
capa de brocado de color liso con forros de tafetán , la cabeza ca- 
bierta con un leve casquete cobre orejas sujeto y un chapelete 6 
gorrita negra de lado encima. Al rey le seguía como de costumbre 

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DOQCK DE HEDINACBLI. 979 

80 gaion. El catafalco ó tablado esta vez estaba cubierto de pafio 
colorado, sosleDieodo un dosel de brocado con cortinas de raso , de- 
bajo del cual babia una silla dorada propia de la ciudad con almo- 
badooes de terciopelo verde, sobre una alfombra de terciopelo car- 
mes!. 

»EI jurameuto de don Juan II en 22 de noviembre de 145$ fue 
también uno de los mas célebres, asi como fué sumamente original 
por su novedad en aquellos tiempos el segundo juramento que 
prestó la reina Isabel la Católica en 5 de noviembre de 1481 como 
talora de su bijo don Juan, al que juraban igualmente en primogé- 
nito del reino.» 

Y béaqui abora cómo habla de esta misma ceremonia Pi y Ari- 
moD en su Barcelona antigua y moderna: 

«Solemnizaba Barcelona el augusto acto del juramento con sin- 
ceras demostraciones de respeto al monarca y de general regocijo. 
Adornábanse los edificios públicos y particulares con ricas colgado- 
ras, celebrábanse procesiones, juegos, danzas, iluminaciones y 
otros festejos ; y los concelleres seguidos de los prohombres de los 
colegios y gremios, recibían y acompañaban al rey con la mayor 
magnificeocia y estricta observancia á un ceremonial, cuyas forma- 
lidades se fundaban en espresos privilegios. Para dar una idea de 
esta famosa fiesta cívica, en que se mostraban equilibradas la so- 
beranfa real y popular, y á fin de hacer mas ameno el asunto, pa- - 
samos á referir la venida del grao Felipe 11 de Castilla. Harto se 
comprende que esta narración debe ser común en los puntos princi- 
pales á las del juramento de los demás reyes ; las cuales solo 
presentan leves diferencias entre si, según las costumbres y cir- ' 
caostaDCias particulares de las distintas épocas. 

»E1 día 10 de enero de 1564 recibieron los concelleres una carta 
de don Felipe, fecha en Monzón á 2$ de diciembre anterior, en que les 
manifestaba que habia resuelto pasará Barcelona. Reunido el Concejo 
deciento, á quien dichos magistrados participaron el aviso, acordó 
qae se hiciese el recibimiento con la pompa que eslimasen oportu- 
na ellos y otros veinte y cuatro sugelos nombrados para ponerse 
juntos al fíente de su dirección. El dia 3 de febrero ^pieron los 
concelleres que el rey babia llegado al monasterio de Nuestra Se- 
fiora de Monserrate; y á tenor de las costumbres que en tales casos 
se observaba, eligieron á Juan Salva, caballero, y á Juan Luis 
Lall, ciudadano, para que se trasladasen inmediatamente allá á fe- 

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980 DDQDB DE HEBINACBLI. 

licitar al monarca á nombre de Barcelma, darle las gracias porque 
se dignaba honrarla con su presencia, y saber el día que habia de- 
terminado pasar al moDasterio de Valldoncella, estramuros, donde 
Solían detenerse los reyes antes de hacer su solemne entrada en la 
ciudad. El 4 llegó don Felipe á Molios de Rey. 

»Habiendo entretanto convidado los concelleres á las autorida- 
des y prohombres de los estamentos para ir á saludar al monarca y 
besarle la mano, á las doce del día 5 partieron de las Casas coa- 
sistoriales ordenados de la manera que á continuación se expresa. 
Iban delante los maceros del Consulado del Mar y los de la Hanici- 
palidad, y seguían abalgando el veguer, Jaime Juau Sapila, con- 
celler en cap, Miguel de Vallseca, ciudadano, Miguel Sarrovira, 
conceller segundo, Juan Salvíi, caballero, el baile, Juan Luis Lall, 
, ciudadano, Galceran Dusay, conceller tercero, Pedro Antonio Co- 
lom, caballero, Luis Setantí, cónsul de la Lonja, Guillermo Famon 
Desvalls, ciudadano, Jaime Codina, conceller cuarto, Galceran Tor- 
rent, caballero, Luis Gibert, ciudadano, Jerónimo Arlas, cónsul de 
la Lonja, Francisco Joan, conceller quinto, Galceran Lull, caballe- 
ro, Berenguer Sapila, ciudadano, y Francisco Gasademunt. Pasaron 
por la plaza de San Jame, calles del Cali, Socaría y Sospüal, por 
la puerta de San Antonio, y llegaron á las inmediaciones del pueblo 
de Sans, á una arboleda donde ios concelleres acostumbraban 
aguardar al rey. Divisáronle al breve ralo, y yendo k su encuentro, 
los concelleres le felicitaron y besaron la mano sin apearse ni des- 
cubrirse. También se la besaron los demás individuos de la comi- 
tiva. Concluida esta ceremooia, el acom pasamiento emprendió U 
marcha hacia el monasterio de Yaildoncella. Iban delante los ve- 
gueros con las mazas bajas, á la izquierda del rey el conceller en 
cap, y detrás el resto del cortejo. Una salva de la artillería de la 
puerta de Sao Antonio, á la que respondió la de toda la plaza, vino 
luego á anunciar al vecindario que el rey pasaba por delante de la 
Cruz Cubierta. Al llegar á Valldoocella, rogóle el conceller primero 
les permitiese retirarse, pues asi era práctica constante en tales oca- 
siones, y el rey los despidió afectuosamente manifestándoles que 
habia determinado entrar en la ciudad al dia siguiente. 

»A las ocho de la maDana los concelleres comisionaron k los 
mismos Juan Salva y Juan Luis Lull para que se presentasen en 
aquel monasterio á saber del monarca la hora en que le placía ve- 
rificar la entrada. Habiéndoles seQalado las doce del día, ssJieron ¿ 

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DDQ1I8 DE HEDTNACELI. 381 

esta hora de la Casa coosistoríal los concelleres á caballo, con un 
numeroso y biillaote séquito, y pasando por las calles que el día 
anterior, detuviéronse fuera de la puerta de San Antonio , donde 
despacharon un correo al rey participándole que quedaban aguar- 
dándole. Vestían los concelleres rica gramalla de terciopelo carmesí 
forrada de lana de oro, y gorro de terciopelo negro, que de inteníQ 
se habian construido para este solemne festejo. A las dos de la tarde 
llegó el rey con lucido acompa&amiento de principes, magnates, ti- 
tulares, distinguidos personajes espaQoles é italianos ysn servidum- 
bre. Cabalgaba en un soberbio corcel, y vestía sayo de terciopelo 
negro, capa de paOo, botas de montar y un gorro de tafetán negro 
con una f^uma blanca. Después de haberse apeado los de la comi- 
tiva de la ciudad y saludado al monarca, se representó una escena 
alegórica, como se usaba siempre en ceremonias semejantes, aun- 
que variando, según las ocasiones, sus personajes y circunstancias. 
Abrióse una puerta postiza colocada encima de la de San Antonio, 
y se presentó á la vista una grulla artificial, símbolo de un prín- 
cipe que se desvela por la felicidad de sus subditos, la cual descen- 
diendo hasta donde se hallaba el monarca, abrió su seno y dio sa- 
lida á una linda niSa que representaba á santa Eulalia, y á dos ni- 
üos lujosamente vestidos de ángel con un cetro en la diestra, todos 
coronados de flores. Juntos cantaron los siguientes versos: 

Te Pliilippum laadamns. 

Te Cives tui Dominum coDfltemar. 

Te Catbolicum Cristianoruin Regem muimain 

Universa Ciyitas veneratar. 

Tibi laus, 

Tibí honor, 

Tibi triamphns et victoria. 

En esto la nlDa que representaba á la Santa protomárür, mostrando 
en la mano derecha dos llaves doradas, que eran las de las Puertas 
de Barcelona, dirigió al monarca lasiguiente alocución: 

Eulalia hoc nutrita solo ter samme Philippe, 

FelíceiD adr€Dtam, turba precatur Ídem. 
Te reducem accipio, claves sacra pignora Regni 

Carjte manu, prrastat Barcino grata ñdem. 
Is debelar bonor, Coelum testatur et Orbis, 

Protege commissum pace vel ense gregem. 
Collapsus numquam pradenter ab hnresis aala 

Eripimua, tecnm religiosos eat. 



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382 DDQUB DI IISD1N4CQJ. 

Lnego eotregit las llaves al rey. Este las dio al coDceller m cap^ 
qnien las tomó besándole respetaosameote la mano. RemoDtóso la 
grulla, y los tres personajes caDtaroo: 

Hec dies, quam Tecit Dominiu, 
ExoltemoB, etletemnr in ea. 

oEd seguida el conceller primero ató al freno del caballo del rey 
unos cordones de seda encarnada y amarilla que llevaban los pro- 
hombres de los estamentos, esto es, á la parte derecha los ciudada- 
nos Benito Puigmarti, militar, Juan Luís Lull, ciudadano, Jaime de 
Aguilar, militar, Ooofre Harímon, ciudadano, Guillermo Guirzes, 
ciudadano, y el consultor militar Luis Setantí; y los artistas ]aime 
Sastre y Pedro Talavera, notarios de Barcelona, Juan Dot, notario 
real, Pedro Prexens, boticario, y Esteban Quintana, cerero: & la 
parte izquierda los mercaderes Gerónimo Arles, cónsul mercader, 
Francisco Pomet, Francisco Hir, Francisco Casademunt, Jaime 
Doms y Esteban Bonell; y los menestrales Miguel Boíges. platero, 
Francisco Isern, calcetero, Pedro Anticb, curtidor, Bartolomé Pedra- 
míni, tahonero, y Bartolomé Ferrer, zapatero. Al banco derecho del 
freno se puso el conceller en cap, y al izquierdo Miguel de Vallse- 
ca, ciudadano. Colocóse el rey debajo de un patio de brocado cons- 
truido al efecto, cuyas varas llevaban respectivamente, las de la de- 
recha los concelleres cuarto y segundo y Juan Salva, y las de la 
izquierda los concelleres quinto y tercero y Enrique Terré. De- 
lante del monarca iban á caballo su caballerizo mayOr don Antonio 
de Toledo, que le llevaba el estoque, cuatro reyes de armas y una 
música; detrás seguían los personajes de la corte y servidumbre. 

»Con este orden entraron en la ciudad y discurrieron por las calles 
de San Antonio y del Sospital^ junio á la puerta de cuyo estable- 
cimiento estaban en dos tablados los expósitos de su inclusa; por la 
Rambla hasta Atarazanas; y mientras pasaban por un arco triunfal 
que la Diputaciou había erigido á la entrada de la calle del Dormi' 
torio de San Francisco, hízose una salva de arcabucería y artillería. 
en las casas de la carrera, bien asi como generalmente en las de 
toda la población, veíanse bellas colgaduras y otros adornos. Ca- 
minaba el acompafiamiento con pausa y majestad en medio de las 
aclamaciones de la muchedumbre que se agolpaba para ver y sa- 
ludar al rey. 

»A1 llegar á la plaza de San Francisco, que era el sitio destinado 



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DUQDE DB HBOINAQBLl. SS3 

para prestar por primera vez el jurameoto, apeóse el moaarca, y 
acompaQado de los concelleres snbió á un tablado que se había le- 
vantado delante de la casa de Moneada, coa ricas colgaduras colo- 
radas, y en el centro un dosel de brocado y an magnifico sitial con 
cojioes de terciopelo carmesí cod franjas de oro. Esperaban aquí 
tres religiosos del convento de San Nicolás de Barí, con capa plu- 
vial, uno que llevaba la Veracruz, un diácono y un subdiácono, y 
dos acólitos con candeleros y cirios (1). Subieron al tablado y co- 
locaron la Veracruz sobre un misal abierto encima de una almoha- 
da; y arrodillándose el rey y poniendo la diestra sobre la Veracruz 
y el misal, juró por ella y por los santos Evangelios, según la fór- 
mula que se verá mas abajo , guardar y observar las constitucio- 
nes, privilegios, osos, costumbres y libertades otorgadas á Barce- 
lona por sus predecesores. 

«Hecho esto, los Concelleres dieron gracias al monarca, le be- 
saron la mano, y sentáronse en bancos á su lado junto con los pro- 
hombres. La artillería de todos tos fuertes hizo otra salva; y luego 
pasaron en procesión por delante del tablado los gremios y cofra- 
días de la ciudad, todos con sus banderas [menos el de plateros que 
á la sazón no la tenia) y otros objetos, alusivos algunos á sus res- 
pectivas artes é industrias. Los tundidores de paQo con la Mufassa, 
los carpinteros, los curtidores acompasados de unos salvajes y un 
león que iban haciendo pantomimas, la cofradía de San Jaime, los 
faquines, los cuchilleros, los aechadores haciendo varios juegos y 
aechando conOtes, loa marineros, calafates y pescadores que lleva- 
ban ona nave á toda vela, bien artillada, que disparaba cohetes; 
loe revendedores, los sogueros con su gigante, los toneleros, los 
colchoneros, los mesoneros, los pellejeros, los hortelanos que mos- 
traban un huerto, y ejecutaban cierto entremés haciendo arar á 
unos asnos; los corlantes conduciendo un buey enjaezado y monta- 
do por un individuo que llevaba la bandera del gremio; los espade- 
ros con la imagen de san Pablo, los tejedores de lana, los sombre- 
reros, los merceros con la representación de la casa de san Julián 
ea unos bosques por donde revoloteaban muchas aves, loe calcete- 
ros, los algodoneros con los Cahaik cotoners, los tejedores de lino, 
los albaDiles, los herreros con la vibora, los chapineros, los frene- 



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384 DUQUE DE HEDINACELI. 

ros, los plateros y los sastres. En seguida se hizo otra salva ge- 
neral. 

»EI rey bajó del tablado en medio de l(» coDcelleres, moDló i 
caballo y se puso debajo del palio. La comitiva echó i andar coa 
el mismo ordenamiento que antes por las calles Anc^, de los Cam- 
bios, del Bom, de Moneada, plaza de la Capilla de Marcas (donde 
por cerrar ya la noche los maestros y oSciales de los gremios en- 
cendieron unas hachas preparadas de antemano), calle de Ctarder», 
plaza de la Zana, calle de la Boria^ y plaza del Ángel. Al ver al 
monarca los presos que se hallaban en la cárcel pública, prorum- 
-pieroD en lastimeros gritos implorando perdón. Compadecido aquel 
é invitado á ejercer la mas bella prerogativa de la corona, hizo al- 
guna gracia á los que estaban encausados sin instancia de parte ó 
por deudas. Prosiguió el cortejo su camino por la calle de la Caia- 
teria (hoy Libreíería), plaza de Sm Jaime, y calle del (^po hasta 
el Palacio episcopal, donde el rey se apeó, y fué recibido por el 
arzobispo de Tarragona, vestido de pontifical, acompañado de los 
canónigos y clerecía de la Santa Iglesia, con cruz alta y la bandera 
de Santa Eulalia. Dirigiéronse luego k la Catedral, marchando el 
monarca al lado del gremial y el Conceller primero á su izquierda. 
En el tramo de la gradería del templo habia una silla cubierta de 
lama de oro y su almohadón sobre el que se arrodilló el rey, y ado- 
ró la Veracruz en manos del arzobispo. Entró inmediatamente en 
el santuario; y pasando por medio del coro, llegó al presbiterio, 
adoró otra vez la Veracruz, y bajó luego k orará la capilla de San- 
ta Eulalia. Concluidas las ceremonias religiosas, salió de la iglesia, 
y montando otra vez k caballo, se dirigió con el mismo acompaña- 
miento por la calle del Obispo, plaza de San Jame, calles de la 
Ciudad y Regomir, á la casa del arzobispo de Tarragona, sita en 
la calle Ancfui, donde debia hospedarse. Al llegar á la puerta des- 
pidió, según costumbre, á la comitiva diciendo con tono afoble al 
conceller primero: « — Cansados deben estar los concelleres: va- 
yanse á descansar.» A lo que contestó reverentemente aquel ma- 
gistrado: « — En cosas gue cumplen á Sa MagesUU no At hacanta- 
mení algún.» Entonces los concelleres dejaron el palio, y volvieron 
con todo el séquito á las Casas consistoriales. 

»EI día 20 del mismo mes la Municipalidad, el clero catedral y 
parroquial, las órdenes religiosas y las cofradías celebraron una 
procesión de gracias, que pasó por delante de la casa del arzobispo 
y por las principales calles de la población. 

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DDQCB DE HBOlNAGELl, 885 

»EI 1 .' de marzo siguiente, i ¡as dos de la tarde, los coocelleres 
y prohombres, precedidos de sns maceros, se coofirieroo al palacio 
para preseociar, en calidad de síndicos elegidos por el Concejo de 
fiemo, el joramealo que el rey debia prestar ó mas bien ratificar. Pre- 
sentóse este al punto acompáDado de los reyes de armas, del caba- 
llerizo mayor, cortesanos y servidumbre. Sentóse en un magnifico 
sillón junto & una mesa donde babia la Yeracruz y un misal abier- 
to; y anodinándose luego, y poniendo sobre ellos la diestra, hizo 
el siguiente juramento : 

»Nos DoD Felipe, etc., juramos por Nuestro SeDor Jesucristo y 
por los cuatro santos Evangelios, que tocamos con nuestras manos 
corporalmente, tener y observar, hacer tener y observar & los pre- 
lados, religiosos, clérigos, magnates, barones, ricos-hombres, no- 
bles, caballeros, hombres de parage, á las ciudades, villas y lu- 
gares, á las universidades de todas ellas; á todo el Principado y 
condados, la carta de la venta del Bovage, Herbage y Terrage, to- 
dos los usages de Barcelona, constituciones, estatutos, capítulos y 
ordenaciones, y actos de Cortes generales de CataloBa, todas las li- 
bertades y privilegios, gracias y mercedes hechos y hechas, usos y 
costumbres del general como especialmente otorgados y otorgadas, 
la reunión de los reinos de Aragón, de Valencia y condado de Bar- 
celona, la de los reinos de Mallorca é islas á ellos adyacentes, de 
los condados de Rosellon, de CerdaSa, de Conflent y de Vallespir, 
vizcondados de Orlados y Cariados, con dichos reinos: la Gonstitu- 
cioo hecha en las Cortes celebradas por el rey Femando II en 1S03 
en el monasterio de San Francisco de Asís de esta ciudad sobre 
la luición del censal de precio doscientas veinte mil libras y de pen- 
sión anual once mil libras, moneda barcelonesa; servicio prestado 
á dicho monarca por las Cortes generales por él tenidas en li93, 
en el monasterio de Santa Ana de la propia ciudad: y la confirma- 
ción de todas las Constituciones de Cataluña, así del rey don Jaime, 
como de otros reyes. 

«Acto continuo los estamentos estendierttn una escritura de pro- 
testa y presteron el juramento de fidelidad en la forma de costum- 
bre ; esto es, los laicos juramento y homenaje, y los eclesiásticos 
solo aquel.» 

De otras bien distintas escenas ha sido también teatro esta plaza. 
En ella puede decirse que nació la gran revolución de ISiO. 

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386 DUQUE DE HEDINACEU. 

los catalanes, después de haber hecho íameDsos sacrificios de san- 
gre y dinero para sostener la guerra contra los franceses en el Ro- 
sellon, se vieron injustamenle vejados por el gobierno de Felipe IV, 
que se mostró sordo á sus clamores, á las representaciones de su 
Diputación y Concejo de ciento, á las quejas y á los lamentos de to- 
dofl. Bastante hemos hablado en otro lugar de los muchos justísi- 
mos motivos de queja que tenían en aquella ocasión los catalanes. 
- Aquí solo nos toca relatar el hecho que tiene relación con el asunto 
de que se trata. 

Era virey ó lugarteniente general del Principado don Dalmau ó 
Dalmacío de Queralt conde de Santa Coloma, sugeto antes muy que- 
rido del pueblo porque le veían celoso del bien público, pero que, 
impulsado por el curso violento de los sucesos, y colocado en terri- 
ble aprieto entre el servicio del rey y lo que debía ¿sus compatiio- 
tas, consiguió enajenarse las simpatías de estos por lo mucho que qui- 
so cumplir con aquel, ó mejor con el conde-duque de Olivares, & 
la sazón ministro omnipotente, alma del gobierno y mas rey en Es> 
p«Da que el mismo monarca. 

De tal manera fueron encadenándose los sucesos, que el conde de 
$anta Coloma, obedeciendo ói^lenes reservadas, mandó prender al 
diputado del brazo militar Francisco Tamarit, k Francisco . Juan de 
Vergós y h Leonardo Serra, miembros del Concejo de ciento, y pro- 
ceder contra el diputado del brazo eclesiástico Pablo Claris, por ser, 
dijo, hombres inquietos y turbulentos, estremada mente entusiastas 
por la libertad de la patria, y espresarse, particularmente etúltimo, 
con un fanatismo y ardor capaces de escitar una conmoción gene- 
ral. Hubo de tomar el pueblo como virtud lo que miraba el conde 
de Santa Coloma como crimen ; así es que el día lS!demayodel6iO 
se amotinó pidiendo ¿ voces la libertad de los ilustres presos, y cre- 
ciendo cou el tumulto la osadía, penetró furioso en la cárcel, aca- 
bado por poner en libertad á sus diputados y representantes. Este 
motín fué el anuncio de la terrible conmoción que debia tener lugar 
k lois breves días. 

Llegó el 1 de junio de aquel aDo y con ¿I el día de Corpus. Co- 
Wi era costumbre antigua en semejante día, entraron en la capital 
los segadores que venían á buscar faena de su o6cío. Dioetse que 
aquel aOo entraron en mayor número que en los anteriores, y añá- 
dese que muchas solo lo eran gu el b'aje. Bien & las claras se cono- 
ció que i lo que habían venido aquella vez muchos segadores rea- 

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DOQUe DB MEDINACEll. 381 

les ó fiogidos, era á promover alboroto ó k buscar pretesto para co- 
meozarle. Discurrían por la ciudad eo numerosos grupos, y cuatidd 
topaban con un castellano, fuese cual fuere su dignidad, mir&banld 
con descortesía y mofa, con evidentes seDaies de provocación é in-' 
snllo. 

Sucedió en esto que un ministro inferior de justicia, al tropezar 
con UD grupo en la calle Ancha, quiso echar mano & uo hombre, á 
quien lomó por cierto criminal perseguido de la justicia. Salieron 
ep defensa saya los que iban en su compaDia, y trabóse una peo" 
dencia, que lomó cierto carácter de gravedad, pues resultó un herí-^ 
do. Esto dio prelesto á la alarma que los alborotadores buscaban. 

Pronto la plaza de que nos ocupamos se vio invadida de gente, 
pues como en ella estaba la casa del conde de Santa Coloma, allf 
acudió con mas empeDo la multitud, deseosa de protestar contra los 
actos del virey por medio de una pública y ruidosa manifestación < 
La guardia que habia en la casa del conde quiso dispersai tos gru- 
pos é hizo armas contra ellos, pero esta medida llevó h lo sumo la 
irritación y el descontento. La muchedumbre se precipitó sobre la 
goardia que se replegó, retirándose al palacio y cerrando la puerta, 
ante la cual comenzaron los sediciosos á reunir haces de leDa al ob- 
jeto de prender fuego á la casa del virey, prorumpiendo en descom- 
pasados grítos de i Viva la liberíaál ¡ Viva Caíaluñal ¡Muera el mal 
gobierno I 

Acercaban ya la lumbre para prender fuego á las haces de leOa 
y con ellas al edificio, cuando se abrieron las puertas del vecino 
templo de San Francisco, apareciendo en solemne procesión los frai- 
les menores con el Santísimo Sacramento. Gl pneblo cayó de rodi- 
llas interrumpiendo su obra de destrucción, y acertaron á presen- 
tarse también en aquel momento los concelleres y diputados, algu- 
nos de los cuales consiguieron llevarse los grupos hacia la Rambla, 
mientras que otros penetraban en el palacio del virey, á quien ha- 
llaron dispuesto á retirarse á Atarazanas. Acompasáronle á esta 
fortaleza los diputados y pidiéronle que se embarcase, abandonan- 
do la ciudad y el mando, como único remedio posible á los males 
que se preveían. 

En efecto, ya la ira y la indignación del pueblo hablan llegado á 
ía colmo. Sin freno los alborotadores, roto el dique á la paciencia, 
triunfante el tumulto, Barcelona presentaba un doloroso espectácn-^ 
lo. Fueron asaltadas las casasde los ministros y jueces reales, y 

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388 DDSIT. 

maertos desastradamente varios castellaoos y otros que, siendo ca- 
talanes, eran de este partido ; el mismo palacio del virey fué alla- 
nado y pnesto k saco ; y, como sucede siempre , la muchedumbre, 
encontrando valor en sus mismos escesos, osadía en su mismo deli- 
rio y disculpa en la embriaguez de su mismo entusiasmo, comenzó 
á prorumpir en grandes voces de saDa y de eslerminio contra el 
propio lugarteniente conde de Santa Coloma. 

Ño tardó en llegar á noticia de este el saqueo de su palacio y pu- 
do claramente oir los alaridos de los que pidiendo & grandes voces 
su vida se acercaban ¿ la Atarazana. Así que, no creyéndose segu- 
ro en esta fortaleza, se salió de ella por una abertura del baluarte 
del Rey y dirigió sus vacilantes pasos por las rocas de San Beliran, 
camino de Monjuich, creyendo hallar un esquife que pudiese tras- 
ladarle á bordo de las galeras reales ancladas en el puerto. No per- 
mitió su malaventura que esta esperanza se realizara. Abatido por 
el calor, .por la angustia y por la congoja, cayó desfallecido junto á 
unas rocas, donde le hallaron los que ciegamente iban en su busca 
y le acabaron de quitar la poca vida que le quedaba. 

No es de este lugar referir lo que pasó después de la muerte del 
virey conde de Santa Coloma. En las páginas de esta misma obra 
se relata la grandeza de aquella revolución por parte de los catala- 
nes, revolución en la cual aparece como primera y mas noble ñga- 
rala del diputado don Pablo Claris, cuyo nombre se ha puesto en 
justo tributo á una de las calles de la nueva Barcelona. 

Vive en esta plaza el seBor don Juan Treserra, quien posee un 
museo, quizá el mas notable de los particulares de Barcelona, el 
cual contiene magnificas copias de los principales cuadros que hay 
en los museos de Europa. 



BrSAY t«M« dlen). 

Tiene su entrada por la calle de la Esparíeria y su salida en la 
plaza del Bom. 

Llamóse en antiguos tiempos arco de la smyora BuraUa, y tomó 
luego el nombre que hoy lleva por ser el de una fomilia cataluia 
qu^ tenia una casa y un huerto eu este punto. 

La familia Dusay, oriunda de Bafioias según parece, cuenta con 



..dbvGoo¿^le 



- T&ríos miembros ilustres y á cada paso se tropieza coa este nombre 
en las p&gioas de la bisloria. 

En 1325 un Simón Dusay era embajador estraordinario de Bar^ 
eelona cerca de la república de Genova, segnn se ve por ana carta 
qne & 11 de febrero de dicho aDo le escribieron los magistrados mu- 
nicipales de esta nuestra ciudad, previniéndole que ya que los geno- 
veses se resistían ít cumplir las condiciones de la composición y con- 
venio recién ajustados con el rey de Aragón, con la ciudad y con 
los agraviados barceloneses en algunas presas de naves, protestase, 
tomase testímonio de la infracción del tratado y se restituyese desde 
aquel punto á Barcelona. 

Ed 1 S 1 3 un Galeeran Dusay era cónsul de (^talula en la ciudad 
de Ñapóles. 

También este apellido figura repetidamente en las listas de los 
concelleres. En 1Í83 era conceller Guillermo Pedro Dusay, en 1285 
volvió á serio, en 1Í96 lo fué por tercera vez. En 1301 lo era otro 
del mismo nombre y apellido. En 1311 lo era Barceló Dusay. En 
I3IS, en 1319, en Uti, en 1325, en 1328, en 1331, en 1334, 
en 1311 y en 13i7 bailamos de conceller un Amaldo Dusay 6 dos 
de este mismo nombre y apellido. Bernardo Dusay lo fué en 1321 : 
Aymerich Dusay en 1319, 1353, 1355, 1358 y 1361: Ramón 
Dusay en 1395 y en 1399 : Galeeran Dusay en 1113, en 1117 y 
en 1121, y otros varios de este mismo apellido en épocas mas mo- 
dernas. 



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E 



■eiPCIACA* (Mito de IM). 

Cruza de la del Hospital k la del Carmen y dióle esle nombre el 
coDveDto de religiosas egipciacas. 

ADiiguamenle se lituU de k Galera por eslar situada en ella la 
peaiteiiciarfa de mujeres. 



EIiEHA («n» «• auito). 

Comienza en la Bierela ; lermiua en la de la Cadena. 

EIMABEm («•■•« « bw). 

Esta calle, que une las plazas del Buen mceto y de los Angeles, 
toma su nombre del convento de Elisabets que ocupa gran parte de 
una de sus aceras. Véase lo que decimos al tratar de las citadas 
plazas. 

Denominóse primitivamente de moseii Berra por existir en ella 
ana casa que pertenecía á este famoso personaje y que fué habitada 
por las monjas de Santa Isabel, vulgarmente llamadas Elisabets, 
desde la fundación de su óiden hasta que pasaron al convento de 
de aquel titulo. 

Estin situadas en esta calle las casas de Infantes huérfimos y de 
la Misericordia. La primera tiene por objeto acoger, mantener y 
educar á huérfanos de ambos sexes de edad de siete y doce afios. 



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iti iNunns. 

que no teogan tutor ni curador. Ed la segunda se admiten úDas 
pobres, naturales de Barcelona, que no bajen de tres aDos ni pasen 
de diez. 



E]f CAJÍTHS [areM d« IM). 

Cuando aun no existia el muelle ni tampoco el lienzo de muralla 
que hoy cierra la plaza de San Sebastian, era esta una playa abierta 
con una hUerft de arcos y bóvedas, que se llamaban vol^ ó bóW' 
das del Guayte, es decir, del Vigilante. 

AnliguameDte, en todos los castillos y casas seBoriales habla un 
guaytelí vigilante que, apostado en la torre «talaya, tenia éi su car- 
go el seüalar con un toque de bocina la hora del alba y de la salida 
del sol, asi como el avisar con otros toques cuando se acercaba 
una comitiva ó una partida de gente de armas, etc. Bien pudiera 
ser que en estos arcos hubiese alguna torre ó atalaya donde se co- 
locase un centinela 6 gmyle apostado por la ciudad 6 por el consu- 
lado para dar aviso de las armadas y embarcaciones que llegasen 
al puerto. Eran entonces, en este caso, lo que hoy es el vigia de 
Monjuich. 

Eir cuanto al nombre de Encantee que hoy se da & estos arcos, 
hubieron de tomarlo cuando comenzaron k celebrarse en la calle 
del Consalado, que está delante de ellos, los encantes ó subastas de 
muebles, ropas, utensilios, etc. , conforme se efectúa en el dia. üi- 
canhirea catalán quiere decir vender en píblica subasta, y es en 
este ponto donde se celebra todos los dias impares de la semana, 
según ya hemos mencionado^ la feria de objetos viejos ó de segun- 
da mano. 

Cuéntase que desde una casa de estos aróos presenció el rey de 
Aragón don Pedro el Ceremonioso el combate naval que en junio de 
1359 se trabó en el mismo puerto de Barcelona entre las armadas 
catalana y castellana. 

Ardia en 13S9 la guerra entre los dos Pedros, el de Castilla lla- 
iMtdo el cruel y el de Aragón conocido por el ceremonioso, mas vul- 
garmente por el del punyalet ó sea el del puOal, y que bien pudiere 
serlo también por el cruel, quizá con mas propiedad que el caste- 
llano. El domingo 9 de junio del citado ato púsise el rey don Pe- 
dro de Castilla i la vista de Barcelona con una escuadra numerosa 



„ Google 



sncÁNTBs. 899 

é impoDenle. Hallábaose solo en el puerto de onestra ciudad diez 
^eras bien armadas y algunas naves, entre, las cuales descollaba 
ooa de gran porte, mandadas por las generales Bernardo de Cabre- 
ra coDdede Osona y Hugo vizconde de Cardona. 

Al divisar el rey de Aragón la escuadra enemiga^ maftdó poner 
en buen orden la suya, disponiendo que la citada nave de gran 
porte se situase dentro de las Tascas delante del convento de San 
Francisco de Asis, se estendiesen en linea las restantes desde este 
punto hasta el sitio frontero í la calle del Regtmr, y se montasen 
coalro máquinas llamadas brigolas dedos cajas pai« defender desde 
tierra las embarcaciones. Armóse también al momento toda la ciu- 
dad, dividiéndose la gente en compaOias según sus oficios y gre- 
mios, eoarbolando cada una su bandera respectiva, y entraron en 
la plaza, procedentes del Valles, otras muchas compaoias de balles- 
teros capitaneadas por renombrados caballeros. 

Si se ha de dar crédito al cronista castellano López de Ayala, por 
la noche los marineros de nuestra escuadra echaron muchas anchis 
en el mar delante la linea de batalla, para que cuando los baques 
enemigos intentaran acometer, se enclavaran y detuvieran en eUas; 
celada que descubrió á los de Castilla un esclavo que estaba en 
Barcelona y se pasó al enemigo. No obstante esto, á la maSaia si- 
guiente las naves castellanas pasarol las Tascas, y trab&ronse de 
combate con las nneslias. Empeñada fué la lucha y heroicos es- 
fuerzos se hicieron por los nuestros, qoe, coiao con gallarda frase 
dijo Zurita, mas lemian la afrenta de no vencer que el peligra de 
ser vencidos. 

Duró el combale hasta el anochecer en que la escuadra castellana 
tuvo que retirarse vencida, contribuyendo mucho al triunfo loe ba- 
llesteros de Barcelona y del Valles que cubrían lo largo de la playa, 
causando con su certera puntería grande estrago entre los enemi- 
gos. También contribuyó mucho 4 decidir la victoria en favor de 
los barceloneses una bombarda puesta en el castillo de proa de la 
nave mas grande. Sus disparos, que no queda duda haber sido la 
primera aplicación de la artilleria í la marina, hicieron tanto estra- 
go en una de las naves del rey de Castilla, que le llevartin los «as- 
liUos y el &rbol, hiriendo mucha gente con dos sohu tiros qae dis- 
paró. 

La armada caslellaoa » retiró vencida y persegaida por la 
•uestra. 



j, Google 



39i ENNA. — ENSEÑANZA. 



Debe formar parte del ensanche. Comenzará en la de Bonda y 
está trazada en dirección á Honjuich. 

Diósele este nombre en recuerdo del general Enna , el cnal hace 
pocos anos murió en la isla de Coba , cumpliendo coa su deber, 
cuando tuvo lugar U intentona de López para proclamar la inde- 
pendencia de aquella isla. 



KaumÑASKJL (eidle «• la). 

Después de haber llevado primeramente el nombre deU Torturt 
á causa de los torneros que la habitaban , tomó luego el de la Mu~ 
nieipaUdad y por fin el que hoy tiene , con - motivo del inmediato 
convento de la StueHarnta. 

Su entrada está en el Cali y su salida en la de la Paz ; pero d&- 
be tenerse presente ^ue esta calle fué corlada por el centro cuando 
se abrió la que hoy es prolongación de la de Femando VII. 

Habiéndose dispuesto que viniesen de Francia religiosas de la 
Gompafifa de Haría para establecer aquí su importante instituto, 
por los aDos de 1645 el sabio Concejo de ciento ajustó con el ciu- 
dadano don José Queralt que este cedería para fundar aquel esta- 
blecimiento el palacio del arzobispo de Tarragona , el cual habia 
pasado á ser de su propiedad desde 1631. La municipalidad se 
comprometió á indemnizarle con dos casas que compró al efecto en 
la calle de la Puerta ferrisa. 

En 1650 llegaron de Beziers las monjas fundadoras, é ínterin 
Queralt desocupaba el edificio , fueron provisionalmente alojadas oi 
una casa de la calle de la Cucurulla. Por aquel entonces precisa- 
mente' tuvieron lugar trascendentales acontecimientos políticos. Su- 
cumbió la causa de los defensores de las libertades catalanas , ini- 
ciada con la revolución de 16iO , y machos de los que habían to^~ 
mado activa parte en aquellos sucesos viéronse obligados á emigrar, 
siendo confiscados sos bienes. Gn este caso se halló el ciudadano 
don José Queralt. Con este motivo , y habiendo sido confiscado el 
Palacio arzobispal como propiedad de aquel , retardóse por algún 



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SNTENZA. — EBASMO. 895 

tiempo la instalaeioD basta que, vencidas todas las dificultades , las 
monjas fueron trasladadas en 1655 á dicho palacio , donde se em- 
prendió luego la construcción del monasterio é iglesia , quedando 
esta terminada y bendecida á 28 de abril de 1651. 

La religión de la GompaQia de Haría hizo progresos en Barcelo- 
na, Y en 1681 varias hermanas sallan para Tudela y otros puntos 
dé Espa&a á propagar esta institución. Su monasterio , titulado la 
Purísima Concepción de Nuesti'a Señora , es conocido vulgarmente 
por la Enseñanza, k causa de la gratuita instrucción que dan las 
monjas & las niSas que se confian á su cuidado y solicitud. 

Por ser tal su instituto, estas religiosas no siguieron la suerte de 
las dem&s después de los sucesos de 1 835 ; subsistieron en su mo- 
nasterio cuidando de la instrucción de sus educandas. Solo salieron 
de él cuando fué necesario derribar parte del edificio para la pro- 
longaciOD de la calle de Fernando Vil, y entonces se trasladaron al 
monasterio de San Pedro de las Puellas , primero, y después al de 
Nuestra Señora del Carmen, volviendo & su anterior asilo termina- 
das aquellas obras y habilitada la parte que les quedó del antiguo 
local. 



B1HTEBÍZA (•«IIC «•). 

Otra calle del ensanche. Enlazará la de Tamarií con la de Caree- 
ga , siendo cruzada por las de Fhrídabimca , Sepúkeda , Cortes, 
Dipuíacion, Concejo de Ciento, Aragón , Valencia , Mallorca , Pro~ 
venza y MoseUon. 

BereDguer de Entenza es uno de los caudillos mas célebres de la 
espedicion de catalanes y aragoneses & Oriente. Tomó activa parte 
en aquella empresa, que es una de las glorias de nuestra bistoria, 
fué compaKero inseparable de Roger de Flor, su vengador después, 
y murió desgraciadamente á manos de un compañero suyo , el de 
Rocafort, con motivo de las luchas y discot'dias que dividían á los 
espedicionarios. (V. las calles de Boger de Flor y Rocafort.) 



Tiene su entrada en la calle de San Vicente y su salida en direc 

cioD al campo. .-, , 

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S>( ISCDDllLIU.— ««HIMA.— ISPALTII. 

B*CP»IM<WIM (c*ll« «I*!*). 

Comienza en la calle Áncia y va á termÍDar en la Rambla. Es 
ana de las calles mas ooneurridas de Barcelona y por desgracia de 
las mas eslreohas. 

Llamábase anligaamente de Trmtaciaus , porque & su estremo, 
hoy correspondiente á la plata del Teatro, existia otra de las pner- 
tas de hs murallas del segundo recinto , denominada de Trmkh', 
elttuí. 

Llamóse también esta calle, lo propio qne otra inmediata qoe koy 
se llama deis EKvdUkrs blartehs, calle deis Ollérs, cuyo nombro es 
sinónimo del que ahora tienen , equiraleote en castellano á allkre- 
ros. Allí vinan estos antes de ensancharse la ciudad por aquella 
parle. 

Gapmany asepra qne el oficio de alfarería es uno de los mas ao* 
ligues de Barcelona , y no de los menos importantes y Aüles , por 
el gran despacho que leoian sus obras en los paises eetranjeros , y 
particularmente en Italia hasta mediados del siglo pasado. La época 
fija de la corporación política de los alfareros es difícil de determi- 
nar ; pero debe suponérsela i lo menos de mediados del siglo XIII, 
porque bajo el nombre de OHeros consta que su Común tenia dos 
plazas anexas al gran Concejo municipal al tiempo de su erección, 
que fué en ItSI. 



EROBinA (eaUe <• !•). 

Va de la calle de JíoneaJa i la de Flattaden. 

Se llamó primitivamente den /aume SafotU porqae sin duda nin 
persona de este nombre tendría casas ó terrenos en aquel sitio, y 
luego, por haberse establecido en ella la prímera escuela de esgri- 
ma que hnbo modernamente en Barcelona, tomó abusivamente el 
nombre aelnai abandonando el antiguo. 



Es la que enlaza la de Sadunl con la de Sm Ptiih. 

uo, izcd b, Google 



BSPARTERÍA. — BSPASBBIÁ. SO"? 

También es nombre de fomilia el de esta calle y recuerda de se- 
guro, como tantas otras, el apellido de alguna persona que en ella 
tendría terrenos y propiedades. 



E9PABTBKIA (Mtlle «e la). 

En algún tiempo ocupaban esclusivamente esta calle los que ven- 
dían esparto, es decir los espariers ó esparteros, y de ellos tomó 
origen el nombre que todavía conserva. 

Se habia llamado antes de la Fttsteria velia (carpintería vieja). 



E8PA8EBIA {««Ue de Ir]. 

Cruza de la plaza de Sania Maria & la de Paiacio, y se titulaba 
anlignamente de ¡as<^aíer{avelta y deis g(^aíers Ó sea de la zapa- 
tería vieja y de los Zapateros, por ser estos los que en mayor nú- 
jnero habitaban esta calle. 

Fueron después á residir en ella varíos espaderos, y tomó enton- 
ces el nombre de espasería ó espaderia que todavía conserva. 

Hállaose memorias del gremio de espaderos que remontan al 
1390, aun cuando las primeras ordenanzas escritas que aparecen 
soD del U13. Desde esta época en adelante se bailan otros varíos 
estatutos, tendiendo todos al régimen económico y fabril de este 
gremio. 

Los espaderos gozaban en Barcelona de gran fama y su oficio era 
de los mas florecientes. También gozaban de merecida importancia 
los demás artífices de armas ofensivas y defensivas, ya desde el 
siglo XIII, continuando estos oficios en progreso evidente siempre 
hasta la época en que quedaron sin uso tales armas, como eran ba- 
llesteros, lanceros, flecheros, coraceros, casqueteros y otros, siendo 
siempre esta cindad el recurso general para las municiones de guer- 
ra. Ed 189S los venecianos recurrieron á Barcelona para proveer- 
se de ballestas y aun de espadas y de artífices de las tnismas, con 
motivo de la guerra contra genoveses. En 1381 el rey don Juan 1 
de Castilla, en los preparativos que hacia para invadir á Portugal, 
recurrió á Barcelona por medio de un mensajero en soUcitud de que 

ToMoV M 

Digilizcdby Google 



^98 ESPOLSA-sAces •^Esonnoi'. 

sus magistrados le vendieseo 1,000 cajones de saetas de sos al- 
macenes. 

Era entonces famosa y tenia grande y merenda nombradla la ar- 
mería pública que poseía la ciudad para su defensa y para provisión 
de las espedlciones de la corona. También después de la invención 
de la pólvora, y sea dicbo de paso, tuvo en sus Atarazanas la pri- 
mera y mas grande fundición, pues consta que los primeros caDo— 
nes de bronce de grao calibre que mandó fabrícar Carlos V para la 
defensa de las plazas se hicieron en Barcelona, y en la misma se 
fundieron después doce enormes culebrioas, trabajándose todo el 
armamento y vestuario del ejército que debía mandar el duque de 
Alba en el Rosellon el alio ISi*?. 



Calle de sacude sacos, traducida libremente al castellano. Est& en 
la de Condai y no tiene salida desde que en 1556 los concellereg 
de Barcelona autorizaron á las- monjas de Mdnte-Sion para cer- 
rarla. 

Hemos ya dicho que antes que el convento actual fuese ocupado 
por dichas religiosas, sirvió para lof frailes agustinos reformad*», 
de la orden de la Penitencia de Jesucristo, instituto muy austero, 
quienes por la pobreza de su sayal á modo de saco, fueron Ilama> 
dos frares del saeh. Dicese pues que por ser este callejón el sitio 
donde sacudían sus sacos desde las ventanas del convento, recibió 
el nombre de Espotsasachs. Parece que su verdadero nombre era 
de Frega-sachs, k juzgar por esta nota que se halla en la Rúbrica de 
Brnniquer. «A 10 agost de 1548 se concedí llícencia á Uuis Po- 
mar y Joan Huguet de poder fer y fabricar una volta en dret del 
primer sostre en un carrero que no passa, ques día den Frega-sacht, 
lo cual carrero antíguament passava detrás lo monestír de (as Mon- 
jas de MoDtession, fent dita vollaals cantons del carrer Condal.» 



Es decir de la aráiWt. Atraviesa de la calle de Vigotrnu fc la de 

CoUmen. 



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309 



ESTjUIKIVTOS («aieiielM}. 

Su entrada debía estar en la de) Peu de la Creu y su salida en 
la áeFerlandtna. 

Sabido es lo que eran los Estamentos, en memoria y boura de 
los cuales se dio semejante nombre & esta calle, que boy lleva «tro, 
segQD veremos. 

Los tres Estamentos, mas vulgarmente llamados los tres Brazos, 
compODian las Cortes de Cataluña, y se titulaban Brazos ó Esta- 
mentos eclesiástico, militar y real, constituyendo el primero el cle- 
ro, el segundo los caballeros ú orden ecuestre, y el tercero ladlpu- 
tatóon de los Comunes ó sea el pueblo. 

El llamado Brazo eclesiástico tenia por presidente nato al arzo- 
bispo de Tarragona y se componía de los obispos, de los abades y 
superiores de los monasterios que tenían cabildo y poseían seño- 
ríos con el mero y mixto imperio, de los síndicos de ciertos cabil- 
dos, del casfellan de Amposta, prior de Cataluña y comendadores 
de la orden de san Juan. 

El Brazo militar tenia por presidente nato al duque de Cardona 
y se componía de los cond%, vizcondes, marqueses, nobles y caba- 
lleros del país y de los plebeyos ó ciudadanos nobles que poseían 
tierras jurisdiccionales. 

El Sraxo real tenia por presidente al representante de la ciudad 
de Barcelona y se componía iie los diputados ó síndicos de las ciu- 
dades, villas y pueblos que tenían voto en Cortes. 

Este Rrazo, á semejanza de los dos, anteriores, comprendía asi- 
mismo nobles y plebeyos, y esta forma singular de los tres órdenes 
ó Brazos, dice un autor moderno, esta mezcla ó unión de nobles y 
plebeyos en cada uno, esta intervención no solo de las ciudades y 
villas, sino también de los lugares y poblaciones pequeñas, eran 
muy razonables y legítimas, sobre todo sí se atiende & que no sien- 
do facultativo k los soberanos baoer leyes en Cataluña, sino en la 
aanblea nacional y con el consentimiento de las Cortes, y á que 
los socorros de tropas y dinero que la provincia les daba, debían ser 
ddiberados por ellas, parece tan justo cuan indispensable, que los 
que debían ol)edecer las leyes y aprontar las contribuciones persona- 
les y pecuniarias interviniesen como individuos de un pueblo libreen 



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400 ESTRSLU. — BSTBDCH. — BUUUi. 

las resoluciones del cuerpo legislativo por sí mismo 6 por sus dipu- 
tados. 



ESTOBIiIíA. [••Ue «e !•). 

No hallamos que decir mas de esta calle sioo que cruza desde la 
del Conde del Asalio á la de las Tapias. 



ESTBCCH (cKlle dea). 

Se abre en la Condal'y se dirige al easauche. 
Como tantas otras, recuerda esta calle el apellido de una familia 
catalana, que sin duda tendría en ella casas ó terrenos. 



•). 



Abre paso de la caite de la Soguería k la de Fernmdo Vil. 

Antiguamente habia varias calles que llevaban este nombre, y 
que luego han ido trocando por otros, siendo basta cierto panto 
natural esta repetición si se atiende ¿ ser santa Eulalia la patrona 
de Barcelona. 

Es tradición antigua y constante en nuestra ciudad que precisa- 
mente en el sitio donde boy se levanta el arco de Sania Euiaiia es- 
tuvo presa esta santa doncella, cuando en aquel sitio, y ocupando 
una vasta estension de terreno, se levantaba el Castülo nuevo 6 de 
Catón. (Véase el Caü.) 

Allá, en los primeros tiempos del crístianismo y cuando apareció 
eu esta ciudad el procónsul Daciano, queera grande enemigo y gran 
perseguidor de los cristianos, vivia en una heredad cerca de Barc&- 
lona, en compaDía de sus padres, una doncella de catorce aDos, 
muy honesta y muy hermosa, que se llamaba Eulalia. Era cristiana 
esta joven, y sintiéndose un dia con santo fervor y deseo de marti- 
rio, salió secretamente de la casa de sus padres, situada en el hoy 
vecino pueblo de Sarria según se supone, y presentándose ante 
Daciano, que estaba sentado en su tribunal, comenzó á apostroforle 
severamente reprendiéndole por la tiranía y crueldad que usaba 



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ECUUA. iOl 

contra los fieles. Admiróse Daoíaao de oír aqael aoatema en boca de 
oiga tan agraciada y varonil, y pregunliile quián era,— «Soy Eu- 
lalia, sierva de Jesucristo, Rey de los reyes ySeBor de los seBores, 
contestó la osada doncella. 

Indignóse Daciano al oír esta respuesta, y mandó que se la azo- 
tara. Con santa resignación sufrió Eulalia el castigo, y aunque des- 
trozaron su cuerpo, no qnebrantaron su té. Es fama que mientras 
la azotaban, tornó bacía el procónsul su sereno semblante dícién- 
dole: — «No siento los tormentos porque Dios me alienta.» 

Mandó entonces Daciano que la ataran en el ecúleo y la ator- 
mentaran poniéndole fuego en los pies y desgarrando sus carnescon 
unos instrumentos usados en aquella época por los verdugos, qoe 
consistían en una especie de peines como cardas, garfios ó uíias de 
bierro. Varonilmente resistió también este tormento la cristiana 
doncella, y antes qoe ella de sufrir, se cansaron los verdugos de 
atormentar. 

Llevada fué luego á la cárcel donde le aguardaban nuevos su- 
pUcios que no babian de quebrantar su ánimo, y por fin ordenó el 
procónsul que la pasearan desnuda por la ciudad, para confusión y 
vergüenza suya y espanto de los demás cristianos, y fuese luego 
llevada al último suplicio. 

Asi se cumplió. Eulalia murió en la cruz el 12 de febrero del 
alo 30i, y en ella se dejó su cuerpo para que fuese pasto de las 
aves; pero su familia y amigos lograron sustraerle de nocbe, bur- 
lando ó comprando la vigilancia de los guardias, yendo á ocultarlo 
donde debía encontrarse mas tarde, según en otro lugar de esta 
misma obra se dice. 

Relatada abora en breve resámeo la historia de la jvírgen y már- 
tir santa Eulalia, hay que .decir algo de lo que cuenta la tradición 
relativamente al sitio en que estuvo presa, el cual se supone ser la 
ealle de que estamos bablando. Bastará para esto trasladar lo que 
dice Pojades en su Crónim: 

«Para declaración de lo que escribe Béuter, donde dice que estas 
cárceles fueron las mismas en que estuvo presa santa Eulalia, se 
ha de saber que los naturales de esta ciudad por tradición de unos 
á otros, continuada de padres á hijos, dicen que aquellas canales 
eran las casas qoe hallamos boy en la calle que nombramos de la 
Boqveria, y antiguamente la nombraban de Santa Eulalia, en la 
parte que mira á la calle llamada del CaU, y travesía de los Baios 

DiBilizcdbjGoOglt 



iOt Eeuui. 

mam: alli, al entrar, á mao* izqaierda, pastado de uaa calle k 
otra, aquellas dos oaaas que empiezao con bóveda y pasao de la 
calle de la Beqoeria á la plaza de la Saotisima Trinidad. Eran es- 
las casas mas largas que anobas, y estaban aisladas com» parece 
aua y se muestra claramente á quien las mira desde arriba del ter- 
rado. Desde alli se ve como después se han juntado todas las casas 
del coDtoruo: y yo he visto el callejón que pasaba entre estas casas 
y las inferiores, parte del cual ocupa Antonio Bravo tesorero de la 
Santa Cruzada; y la otra parte el doctor Micer Joan Gaspar de Prat, 
caballero natural de la ciudad de Yich, domiciliado ea Barcelona y 
seDor propietario de la casa que tiene la torre de la estancia en qie 
estuvo presa la santa: el cual en el aHo de 1609 con ciertas óbns 
que ha hecho en aquella casa, ha acabado de cerrar la calíllela 
que la aislaba. Era toda la obra de estas casas dórica; y tanto las 
estaocias de ella oomo los pavimentos eran de bóveda. El mayor 
indicio que tenemos de haber habido cárcel en ella, es la entrada 
par la estancia donde se dice que estuvo la santa.» 

Estas lineas de Pojados nos esptiean cómo estaba en su tiempo 
el sitio de que hablamos, hoy completamente variado por cierto. 

Por ser santa Eulalia la patrona de Barcelona llevaba so aom- 
bne la célebre Biíadera de la ciudad, de la cual aprovechamos esta 
QWsion para decir algo, reproduciendo lo que sobre ella teneiMa 
escrito en otra obra, con aSadidura de algunos nuevos pormenores 
que nuestros estudios nos han facilitado la ocasión de hallar. 

En el archivo de las Gasas oonsistoriales de Barcelona existe un 
cuadro en el cual á veces suele fijar con extraSeza su mirada el es- 
tranjero que recorre por casualidad aquellas salas, y en el cual con 
dolor ñja también la suya el que sabe y conoce la historia de aquel 
UenzQ. El cuadro no tiene, sin embargo, nada de particolar, nsuy 
al contrario. El marco os de madera ordinaria, pintado á bixioha- 
zos de un color de bermellón; y pegado con cola á U tabla del 
fondo, hay un pedazo de seda, único resto de la lamosa Bandera 
d« stnUí Eulalia. Si esta profanación se cometió para salvar el es- 
tandarte do aer entregado á las llamas que devoraron en 1714 otros 
patios venerados, ó fué otra la causa, no lo he podido averígaar. 
Lo cierta es que aquel girón de seda p^ado con cola á uaa tabla 
(arooipida., ee lo línico que nos queda de aquella Bandera invicta, 
ISlorieso libare de la milicia ciudadana barcelonesa, pendón memo- 

■ DiBiiizcdb, Google 



BDUIU. llt 

nbfe qm todas caulas veces salió de la ciudad para ir á campa- 
la, i la ciudad volvió coa honra siempre, siempre coa gloria. 

El pedaw de lienzo que forma hoy el CDadro de ocho palmos de 
largo porooali» de aai^o, seria sia duda el fondode la Bandera, la 
c«al neortaron hasta darle la foran cuadrihMga que hoy tina, 
para acomodarla al narco. Es de seda, y, piolada al óleo, presesla 
la imágea de saala Eulalia, de coerpo entero, coa la crui de m 
martirio y la palma de su gloría, tí pié de la santa se ve el resto 
de nn letrero que existió en otro tiempo, cuando era estandarte, y 
del q«e hoy aun se distingue y lee dararaente la palabra na. ¿Se- 
ria el lema de la bandera el célebre Yeoi, viái, via de Ivkio Césafi 
Bien puede ser, pero no hay dato en los dietarios ni demjts libros 
del archivo que lo afirme, como por tal no se tome el vici que se 
lee claramente en el lienzo, y que no siendo el FMt, tidí, vid, no 
aliso lo que pueda ser. ¿A no ser que fuera la leyenda /a ioe tigne 
mi (Con este signo vencí.) 

Ea la iglesia catedral se guarda, ea mejor oslado, olra bandera 
llamada de santa Eulalia, de damasco carmes!, con la efigie de la 
mártir barcelonesa bordada en seda, y á un lado el escudo de la 
ciudad de Barcelona y al otro la cruz de la catedral. Hay quien 
cree ser esta bandera la misma que enarbolaba la ciudad en mo- 
mentos de guerra y de confiieto, pero su legitimidad no me pa- 
rece tan probada como la de aquella que, ¿invertida en cuadro, se 
guarda en el archivo. Quizá la que hay en la catedral es otra de 
tantas como se hicieron, pues fueron mas de una, y acaso también 
ni una ni olra es la de lili, es decir, la última que se enarboló. 

De todos modos, la- historia del célebre pendón, estandarte ó 
bandera de la milicia ciudadana de Barcelona, es la qne voy á re- 
ferir. 

Ha de observarse primeramente que el nombre de Bandera de 
lauta Eulalia es moderno. En los tiempos antiguos se la llama 
Bandera de la ciatat. Eg ettil y conmetut moU antiga de la ántat de 
Barcelona (se dice en los acuerdos del Concejo de denlo de prin- 
cipios del siglo XVII), jaanl se ha de exeeatar alguna lenlmda, i 
haber smena per via de repretahat ó altrament contra persona par-' 
titular, loch ó poblé que htye ofét, detingut dutadam teut ó bens de 
a^fuells, penyoranloB per raho de deuda» ó altrament, traurer la 
Banuba de la dutal, y porlant aquella lo veguer ó batíle, ó aqueU 
dele do» en la corl del eual eefab procé», ó altre penona, y eixir 

DiBiiizcdb, Google 



iOi BOLALU. 

íA gent armada eonfy'a lo tai ofensor de la diia ettiíat,y de atio M ha 
moUs exempkrsanlichs, que per ester contra personas partictílars, 9 
per coses pogues, y per conservado de drets y prerogaHves , y no 
per haber de ewpei-Hr enemkhs esírangers, y poderosos exerdís, no 
faiU al propósü, y aaise deixan. A agüella Bandebí, que en aqu^ 
temps anomenavem de la ciutaí, lo vulgo anomena avuy la Bandea 
DB SANTA Eulalia, perso que en las ocasions úlímas de que hi ha 
memoria traguerem laque wy se parta en ¡a professó del t^ de 
Corpus, y <^ja no se diu vuy traurer la Bandera de laduiaí, smo 
la de santa Eulalia, per haberhi en aquella. una imatge de la Sanki. 

De la Bandea de la dudad comienza á hallarse ooticia á media- 
dos del siglo XIII, Y es fama que salió varias veces cootra los eoe- 
migos de la'paz y tregua, pau y breva. Cómo sería entonces esta • 
bandera se ignora, pero se sabe positivamente que no tenia la ima- 
gen de la santa, y bay motivos para creer que era un estandarte, & 
estilo de los asados por los romanos, con la cruz de san Jorge, y 
quizá COD el S. P. O- B. (Senaíus Populus Que Bardnmensis), le- 
tras que auD boy figuran en varías piedras viejas de nuestra casa 
de la Ciudad. 

La primera noticia positiva que se tiene de la salida de la Ban- 
dera, va unida á uno de nuestros mas gloriosos recuerdos. La mi- 
licia ciudadana barcelonesa fué con bandera alzada al Cotí de Pani- 
sars cuando la invasión, de Felipe el atrevido', y si allí brilló glorio- 
sa no hay que decirio, pues es aquella nna de las épocas heroicas 
de nuestra historia. 

En las memorias del siglo XIV se encuentran ya mas detalles y 
abundan mas los datos. Hojeando los dietarios, el libro de delibe- 
raciones del Concejo y la Rúnica de Bruniqoer, se ve que en dicho 
siglo salió diez y ocho veces á campaQa la Bandera de la ciudad: eo 
13i5 llamada por el rey. pero solo llegó hasta mas allá de Mataró; 
en 1352 contra el señor de Andorrells, cuyo castillo tomó y se 
mandó derribar, por haber injuriado á Micer Tersa, causídico de 
esta ciudad; en 1356 contra Vich, por negarse á recibir esta ciudad 
como conde á Bernardo de Cabrera; en el mismo alio de 1356 con- 
tra Bernardo de Belloch y Berengoer de Samoguda, cuyos castillos 
fueron entregados á las llamas y arrasados por haberse opuesto sus 
seQores á dar cumplimiento á las constituciones de CataluOa: en 
1860 contra los franceses é ingleses que babian entrado en Rose- 
llon, y llegó solo hasta Gerona perqué ios enemichs sen tomaven; eo 

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1362 para ir á Vích y despojar de este condado á Bernardo de Ca- 
brera; eo 1367 coDtra el castillo de MoDtsoríu, llamada por el rey; 
ea 1369 para ir & ciertos pueblos de la proTÍncía de Tarragona y 
castigarles por haber puesto tríbalos i ciudadanos barceloneses; en 
1370 contra el seQor de Jafer, de Panadas, por haber tomado una 
res de un ganado de los carniceros de Barcelona que cruzó sus tier- 
ras; en 1375 para ir á castigar de nnevo algunos pueblos del cam- 
po de Tarragona; eo 1380 para ir á poner sitio al castillo de Que- 
rol, pronunciado en favor de Bernardo de Cabrera; en 13SS contra 
el conde de Ampurias, á causa de la guerra que ¿ este noble hacia 
el rey; en 1383 contra Pedro de Canet, que faabia levantado bandera 
de insurrección en San Celoni; en 1381 contra el conde de Ampurías 
nuevamenle; eo 1388 contra franceses entrados en el Boselloo; en 
1391 contra Martorell, por negarse esta vitta k entregar un delin- 
cuente; en 13di para poner en libertad i un ciudadano de Barce- 
lona, detenido y preso injustamente en la villa de San Celoni; en 

1395 contra Rianbaldo de Corbera, sefior de Fan, quien imponía k 
su capricho tributos y gabelas, y, finalmente, para apoderarse del 
castillo y villa de Martorell y del de Castelvf de Bosanes, que en 

1396 habian abrazado la causa del conde de Foix. 

Durante este siglo la Bandera de la ciudad tuvo por seDal ó divi- 
sa la cruz de san Jorge, colorada sobre campo blanco. No puede 
caber ninguna duda en esto, pues las ordinaciooes ú ordenanzas, 
que los concelleres y Consejo de cien jurados hicieron á 23 de no- 
viembre de 1390, para casos de somaten y guerra, disponen ter- 
minantemente que sia fet un Penó larch ab senyal de sant Jordi, p 
es, ¡a eren vermella, é lo camp blancA, que es senyal de la Ciuíal. 
En las mismas ordenanzas se dispone que los gremios manden ha- 
cer cada uno su bandera ó pendón, adoptado la divisa ó sefial que 
mejor les acomode. Que sian fets per cascun de toís los offiés de la 
dutat sengles pemns ab aguell senytü que cascun of^ acordará {\), 

Ya en este siglo XiV la ceremonia de alzar la Bandera^ la pro- 
clamación del Princeps namque se hacia con toda solemnidad. El 
Usaje del Princeps namque, llamado así por ser estas las dos pri- 
meras palabras de su texto, prevenía que cuando el principe se ha- 
llaba sitiado ó tenia sitiados 4 los enemigos, ó se tenía noticia que 
otro rey venia contra él, y hubiese llamado al país en su socorro, 



(1) Archivo de las CawB CoosIslorlalM: QrAtnaiifmtl gtniTaUl. 

Tobo i. M,^ . 

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i06 EOLALU. 

por medio de cartas ó enviados, ó por los oíros medios con que 
avisar se solía, es decir, por fuegos ó almenaras, todos los hom- 
bres, caballeros ó peones que tuviesen edad suficiente y aptitud pa- 
ra pelear, tan luego como oyeren, vieren ó á su noticia llegase el 
aviso, debiesen acudir en su socorro lo mas pronto posible, advir- 
tiendo que quien dejase de ayudar en (al ocasión al principe perdia 
para siempre cuanto tuviese y poseyese. 

El veguer de Barcelona era comunmente el encargado de poner 
en ejecución el Princeps namque y llamar al pais. Era el veguer co- 
mo un teniente ó vicario del conde del Barcelona, estaba considera- 
do como el primer juez civil, y su nombramiento fué real desde la 
udíoq de CataluQa con Aragón. Su tribunal, llamada corte del ve- 
guer, cort del veguer, curta vicará, era el logar donde administraba 
justicia. 

Para proclamar el Princeps tmrnqtie y levantar somaten, el ve- 
gner salia con su corle ó sea sus dependientes, k recorrer las pla- 
zas públicas, y parándose en todas, á. la luz de matas ó yerbas, Ó 
teas encendidas que algunos hombres del pueblo llevaban en la ma- 
no, mandaba leer en alta voz el citado usaje y en seguida daba el 
grito de Via fors ó via foral equivalente en castellano al de ¡Afuera 
6 alcampol A este grito, la muUitud contestaba con el mismo, aOa- 
diendo só metent, es decir, metiendo sonido, metiendo ruido, ó pro- 
pagando el rumor, pues en aquel acto se echaban á vuelo, tocando 
k rebato, todas las campanas de la ciudad, públicas y particulares, 
hasta los mas diminutos esquilones ó campanillas. Mientras tanto. 
se encendian al rededor de la ciudad grandes humaredas si era de 
dia, y grandes fogatas si de noche, seDales con que se avisaba á 
los pueblos inmediatos, los cuales efectuaban la misma ceremonia 
que los de Barcelona, enviando eo seguida iTlodos los hombres que 
se hallaban eo disposición de manejar un arma á engrosar las fuer- 
zas del somaten general. 

Alguno ha supuesto que acompasaba al veguer, en el acto de 
levantar el somaten, un estandarte con las cuatro Barras, en el 
cual se leia el Princeps namque, pero no he visto tal cosa ó do he 
sabido hallarla en ningún documento autorizado. Lo que hacía el 
veguer, luego de alzado el somaten y leído en público el usaje, era 
enviar cartas ¿ todos los barones, condes, vizcondes y hombres de 
paraje, para que en el dia seQalado acudiesen con sus armas y sus 
vasallos al punto qne se les designaba, siendo este por lo coman la 
misma corte ó tribunal del veguer. 

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También, conclaida la ceremoDia de la publicación, pasaba et 
veguer á Gasa de la ciudad para ponerse de acuerdo con los conce- 
lleres, y en seguida se sacaba la Bandera de la cindad, ó de los 
ciudadanos, de la sala del Consejo de los treinta y seis, Trentánari, 
para ser colocada en una ventana de la casa comunal ó en la mis- 
ma plaza de Sao Jaime, por mano del veguer, según parece, ha- 
ciendo lo propio con sus banderas ó estandartes las cofradías, y po- 
niéndolos en la ventana ó puerta del local donde celebraban sus 
sesiones. Por esto dicen las ordinaciones citadas: J? cora «eríí deler- 
mmat somefent haber loch, é la bandera será treta per Host vehinal, 
é posada á h plassa del Blaí, segons es acostumat, que aquell dia 
mateto! los dits eoiieellers fassen íraurer 6 posar lo dU Pendo dels 
ciDTADANs á lo plasstt de Sant Jaume, é los Consols deis Mercaders 
h penó dels MerCaders á le Loí^a, é toís los altres of^m, cascun en 
la plassa, ó porta, ó loch hontp&r ells será ordenat. 

Las mismas ordinaciones marcan el modo y forma cómo debian 
ir los gremios con sus banderas acompasando á la de la ciudad, y 
acaban diciendo: que no sean habidas m temaos por ciudadanos de 
Barcelona nunca mas en adelante, ja mes i>e aqoÍ avawt, todos los 
que por pretender ^frutar de privilegio de rey 6 por otra cualquie- 
ra causa, se nieguen á marchar con la Hueste: h propio que cuan- 
tos, sea cual fuesesu eondidon ó jerarquía, de qualque condició ó 
STAMENT siAN, hagan ó den en público, ó en secreto, algún consejo, 
f<wor ó ayuda á aquellos contra los cuales se haya hecho el, proceso 
de somaten. 

Durante el siglo XV la Bandera prosiguió guardando su nombre 
«de la ciudad,» y salió muchas veces á. campaQa. Las principales . 
quedan ya citadas en el decurso de esta obra. Unas veces la vemos 
partir en defensa de las fronteras, amenazadas por los franceses, 
otras para vengar agravios hechos por los nobles insolentes á los 
ciudadanos de Barcelona, otras para sostener las constituciones y 
usajes del pais, otras, en fin, para defensa y mantenimiento de las 
libertades de la patria, como sucedió en las guerras de Gatalufia 
contra el rey don Juan II, cuando este «ab cHda pi^kca per laciu- 
tat fou pubHcat per «enehich db la terba» como dicen los dieta- 
rios. 

k principios del siglo aun era el veguer quien tenia el encargo 
de sacar y alzar la Bandera; como se ve en 19 de julio de 1429, 
de cuyo dia dice^el dietario municipal: aAquestj'om secridáperlos 

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408 EÜLAtU. 

lochs acostumaísde la duíatlo usaíge «Pbinceps nauque,» persocm 
se deya quel rey de Caslüla ma armada volie entrar en Aragó hoiU 
lo senyor rey nosíre era , é mentres la crida se feya , íoís los sags del 
veguer ímetU en lurs tnans sengles jutchs de hruck enejes corrent 
amuntévall, cridatUaÜes veus, v.VÍafora, Princeps namque.» 

Teaemos, pues, que aun las ceremonias eraír las mismas del si- 
glo anterior. Mas adelante ya se encuentra que era aveces el baile 
y DO el veguer, quieo sacaba la Bandera, y por fin desde li60, 
época de las turbaciones de CataluDa, en. adelante, vemos que los 
encargados de esta honra eran los mismos concelleres. De modo 
que, y es observación que merece apuntarse, pues no dudo han de 
hallarla justa cuantos conozcan un poco á fondo la historia de Cata- 
luDa, de modo que, el sacar la Bandera los concelleres, dala de la 
época primera en que se vieron amenazadas seriamente las liberta- 
des catalanas. Entonces fué sin duda cuando los concelleres, verda- 
deros y legítimos representas del pueblo, conocieron que no debiao 
ceder la honra de alzar la Bandera del pueblo k ningún represen- 
tante de la autoridad regia, sino que eran ellos mismos, por el con- 
trario, quienes, como encargados de su custodia, debían alzarla y 
entregarla al alférez nombrado por la ciudad. Desde esta fecha 
también se ve cobrar nueva importancia ¿ la Bandera, y vésela ro- 
deada de mas aparato y ostentación en sus salidas. 

Aun, sin embargo, llevaba el nombre «de la ciudad,» y osten- 
taba por divisa las armas de Barcelona. Hasta el siglo XVI no tomó 
el nombre de Bandera de santa Eulalia, si bien fundadamente hay 
motivos para creer que ya de antes, desde sus primeros tiempos 
quíz&, el aspa ó remate del pendón era en realidad un busto de la 
mártir barcelonesa, labrado en plata. Sea como fuese, lo cierto y 
positivo es que la Bandera se llamaba de santa Eulalia aun antes 
de tener la imagen de la santa pintada en sus pliegues, pues varias 
veces en este siglo los dietarios le dan dicho nombre, diciendo sin 
embargo que en su fondo solo habia por divisa las armaá de la 
ciudad. 

Únicamente cuatro veces en el siglo XVI hallo que se alzase la 
Bandera, La primera en 1501, saliendo contra una partida de hom- 
bres armados, la cual junto al rio Besos se habia apoderado de un 
preso que el veguer traía á Barcelona; la segunda en 1503 par- 
üendo con el rey don Fernando el Católico contra los franceses 
que habían invadido el Rosellon; la tercera en 158S, cuando suce- 

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BUULU. 409 

dio el caso del coDceDer en cap h quien Tortosa se negaba á de- 
jar pasar con insignias consulares; y la cuarta en 159'7, también 
contra franceses. 

Pero, sí pocas veces salió en este siglo, tenemos al menos deta- 
lladas noticias de las ceremonias usadas para sacarla. Rodeábase el 
acto de imponente pompa y aparatosa ostentación. 

En cuanto ocurría un suceso grave, apresurábanse los concelle- 
res á reunir el Consejo de cien jurados, el cual era convocado á son 
de campana, y algunas veces por el pregonero. Reunido el Consejo 
y acwdado levantar la Bandera, se dejaba & los concelleres el en- 
cargo de cuidar de todo con el Consejo llamado de los treinta y seis, 
Trertíanariy y el de los veinte y cuatro, Vinticuatrena de guerrüy ({\i6 
era una junta de guerra. A son de trompetas por calles y plazas publi- 
cábase entonces el somaten y se invitaba á la nobleza á acudir á la ca- 
sa de la ciudad y bailarse presen te al acto de sacar la Bandera, para lle- 
rar la cual, á propuesta de los concelleres, nombraba la veinte- 
caatrena elganfahner 6 alférez que debía encangarse 'de ella. 

Cuando todas las personas invitadas estaban reunidas, los con- 
celleres, con sus gramalias de grana, se dirígian á la sala del 
TretUanan, y el prímero tomaba la Bandera que entregaba á 
cuatro indiviSnos de la nobleza, los cuales debían llevarla rollada, 
y tendida sobre sus hombros basta debajo de la ventana en qne ha- 
bla de colocarse. El conceller en cap marchaba detrás coa la ma- 
no derecha puesta en el hasta ó remate, á fin de manifestar que era 
él quien la sacaba. Seguían luego los demás concelleres, y prece- 
dían á la comitiva los ministriles; trompetas y timbales, tocando al- 
ternativamente en demostración de fiesta y júbilo. 

Así que estaban debajo de la ventana donde había de quedar ex- 
puesta la Bandera los tres días de costumbre, se la sabía por me- 
dio de anos cordones de seda y oro, teniendo especial otídado en 
no introducirla dentro, porque una vez salida de la casa, ya no po- 
día volver k entrar sino dejando de existir la causa del somaten. * 
Esta ceremonia tuvo lugar al son de los instrumentos guerreros. La 
ventana debía estar adornada con un dosel y colgaduras de tercio- 
pelo carmeBÍ. Mientras estaba enarbolada la Bandera, no podía 
abandonarse un momento su custodia. Dábanle guardia constante- 
mente, relevándose por turno, las compaSias de la Coronela; y 
uno de los concelleres, con algunos individuos de la nobleza, debía 
velar junto á ella asi de día como de noche. Durante esta quedaban 

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lio EDULIÁ. 

encendidas en la plaza lo menos cuatro graellas, y en torno de 
la Bandera había grao profusioo de hachas de cera. 

Pasados los tres días, se traslababa la Bandera con grande y lu- 
joso acompaííaiiueDto, llevada por el alférez nombrado, k la puerta 
de la ciudad que estaba eo la dirección del camino que habia de 
seguir su hueste, y allí, con tas mismas ceremoolas, era enarbolada 
en la torre hasta el momento de salir & campaDa. 

La Coronela era el tercio ó hueste que formaban los gremios 
de Barcelona, cada uno de los cuales tenía tambiea su estandarte, 
el cual se enarbolaba en- su respectivo local, acudiendo á alistarse 
eu seguida todos los individuos de la cofradía, hábiles para empu- 
Dar las armas. 

El jefe de la Coronela era el conceller en cap, quien toma- 
ba entonces el título de coronel. Antes de salir á campaCa, nom- 
brábansele á este tres personas, que se llamaban Acompanyadors, 
y tenían obligación de acompaQar, aconsejar y dirigir al conceller 
coronel, no podiendo abandonarle un solo instante mientras estaba 
desempeQado su cargo, sia haber recibido autorización del Concejo 
de ciento. 

El alférez ó abanderado prestaba juramento en manos del conce- 
ller en cap y este en las manos del conceller segundo. La fórmula 
del juramento era la siguiente : 

JUBAMBNT QUE PRESTA LO SBISTOB CONCELLEB EN CAP TRAMES AL EXEBCIT. 

«Jure lo conceller en cap, y fa homenatge enmay poder delcon- 
celler II, en presencia deis aUres conceüers , que se haurá bé y le~ 
yalmenl en lo offiá de coronell de la present dutat, y que en alguna 
manera durant lo temps que estará en lo ewercií de S. M. , sens li- 
cencia del concell de C. juratg de dita dutat, no se absenterá de aquett, 
y que servará á la letre lo que ab inslrucdons se li ha ordenat , y 
per avani se li ordenará per dii Concell, ó Yiníiquaírena de guerra, 
iota altre cosa proposada.v 

JuaAHENT QDE PRESTAN LOS ACOHPAnTADOBS DE DIT CONCELLER. 

ftJurm N. N. N. acmnp<myadw8 y consultors del conceller en 
cap, y fan homenatge enmay poder seus , ses persones é bens obli- 
gáis, que durant lo temps de son acompanyament nol desampararme 

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EULALIA. ill 

sino es que tingueren licencia del savi Conseü de C , é li donaran 
comeU com miltor é rahonablement pensaran convenir al benefid de 
la dtUaí, é alíremení se hauran be y leyalment en son offici. » 

Queda ya dicho, qae la Bandera eo caaoto estaba enarbolada, 
así en la Casa de la ciudad como en la torre de la paerta, debía ser 
castodiada por uno de los concelleres y uoa guardia de la Coronela. 
La primera guardia tenia el privilegio de darla la compañía de 
mercaderes, que era la del magistrado de la Lonja y la primera de 
la Coronela. Luego seguian por tamo las demás. 

La gente de armas alistada por la ciudad se manteuia del sueldo 
señalado por el Concejo de cíenlo : las compaQías de las otras po- 
blaciones que se unían á la Bandera , ibao & cargo de sus respec- 
liros municipios. A los primeros les proporcionaba también tas 
armas la ciudad, para lo cual las tenia depositadas durante las épo- 
cas de paz en su célebre armería , situada donde hoy se levanta el 
Palacio real. 

En el siglo XVII fué cuando , según se dice, por vez primera se 
mandó pintar la imégen de la mártir barcelonesa en la Bandera que 
ya, sin embargo , venía llamándose tiempo hacia de Santa Eulalia. 
Dióse esta orden en 16iO, cuando laguerra de los segadores. Man- 
dóse hacer, según consta de los dietarios, una nueva bandera, de 
damasco carmesí, con la figura de santa Eulalia en el centro, á mas 
de las armas de la ciudad y del Santísimo Sacramento, para hacer 
ver que la guerra se hacia asimismo en su divina defensa. 

Sin embargo, consta qne antes de esta época existía ya un lienzo 
con la imagen de santa Eulalia, conforme nos cuenta el P. Rebullosa, 
en su Relación de las gestas de san Ramón. Al hablarnos de la cé- 
lebre y ostentosa procesión que con aquel motivo tuvo lugar en 
Barcelona el afio 1601, dice : 

«Seguíase el bedel de la Catedral con loba de damasco morado, 
beca de terciopelo del mismo color, y su rica maza de plata sobre- 
dorada , y tras él la gran Bandera de santa Eutaha , famosa por 
su valor y belleza , y mucho mas sin duda por la ceremonia que 
en semejantes actos suele llenarse. Es de tafetán carmesí , con flo- 
caduras y rapacejos de oro y seda del mismo color, y eo el campo 
pintado al óleo con oro y varios colores de muy delicado pincel un 
curioso tabernáculo , y en él una hermosísima santa Eulalia , con 
las armas de la ciudad bajo sus pies, y en el cabo de la basta una 
imagen de la misma , hecha de plata de martillo. El que la lleva 

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SIS EUULU. 

está revestido cod uoa alba blanca á la antigua , qae tiene frecos y 
guarnícioQ eo la cortapisa de una faja de brocado rojo de tres altos; 
y encima la dalmática real con que fué coronado el rey don Martin 
de Aragón, sembrada de escudos con las barras de CataJufia hechas 
de damasco carmesí en campo de brocado liso ; en la cabeza un 
coronel de conde, de plata sobredorada, y en él un aspa de santa 
Eulalia de lo mismo sobre ta frente. Un caballero en uo hermoso 
caballo con silla y estribos de armar á laantigua y encubertado con 
paramentos reales de terciopelo carmesí, todo bordado de muy ríeos 
escudos coD las armas de los reyes de Aragón y desta ciudad ; 
representando en este traje la forma y moda que los reyes de Ara- 
gón y condes de Barcelona tenían cuando entraban en alguna bata- 
lla. Cuatro seglares llevan el caballo del diestro y le van al lado 
cuatro clérigos revestidos con sobrepellices y macetas, varas lista- 
das de colores y ventalles de palma en la una mano , y en la otra 
sendos cordones de oro y seda encarnada que contrapesan la ban- 
dera, como coadjutores del que los lleva.» 

Mucho mas podría decirse, pero bastarán estas indicaciones para 
saber lo que era , lo que figuraba y lo que representaba aquel es- 
tandarte gloríoso, lábaro de nuestros mayores, que tantas veces y 
con tanta gloria llevó al combate á las milicias ciudadanas, y en el 
cual los barceloneses veían y tenían el símbolo de sus patrias li- 
bertades. 



Desciende desde la callo de San Severo á la de Baños nuevos. 

Supone la tradición que , cuando el martirio de santa Eulalia, 
arrojaron á la cristiana doncella por esta cuesta, metida dentro on 
tonel lleno de instrumentos cortantes. En memoria de este hecho 
hay al extremo de la cuesta un cuadro de la santa con el tonel aliado. 

Al derribarse en 1852, para luego reconstruirla , una casa de 
esta calle, se encontró á profundidad de diez y seis palmos uo mag- 
nifico y bien conservado mosaico romano, áU cual solo se descu- 
brían tres franjas, cuyo centro, tal vez digno de mayor admiración, 
se ocultaba en la parle elevada del terreno , pasado el ángulo qoe 
forma el edificio. El dueDo de dicha casa , en vez de salvar y con- 
servar esta preciosidad romana , asentó sobre el indicado mosaico 



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BÜBIS. — EXPLUIADi. 413 

los cimienlos de su nuevo edificio , y al celo del coaocido é ioteli- 
gCDte arqoileclo don Elias Regen se deben solo las úoias noticias 
que de tal preciosidad existen , pues , aprovechando los pocos mo^ 
mentes que se dejó expuesta, corrió á levantar una copia de la 
misma, la que con grande exactitud,' aunque en menores propor- 
ciones, guarda todavía en su poder. 

KIJBA9 (e«Ue <• IM). 

No hallamos mas noticia de esta calle, que desde la de Raurieh 
va & terminar en la del Vidrio, sino la de que aoles tenia por una 
de sus aceras, en todo lo largo de ella, las murallas de unos, vastos 
jaidioes de propiedad particular , y como se hallaban estas tapias 
cubiertas y tapizadas de yedra feuraj, de aquí provino la denomi- 
oacion que todavía conserva hoy que ya no existen rastro ni resto 
de aquellos soberbios jardines , pues como en tantos otros puntos 
de Barcelona se ha dedicado el terreno á levantar edificios. 

EXPIkAHADA (caUe <• la). 

Se titula asi la linea de casas que hay á lo largo del Paseo de 
San íuan, frente á la llamada Explanada. 



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FABAM (emllc 4el haerta den). 

Es ana calle hasla hace poco síd salida qae se liaW&GühAUade 
Sm Pedro. 

De qué proviene so nombre está esplícado con el nombre mismo. 
Existía antes en ella un huerto, y al formarse calle tomó la de- 
nominación de este huerto, que sin dudase llamaba i^a¿ar (habar), 
por estar príocipalmente su terreno sembrado ó poblado de babas. 

Hasta hace muy poco tiempo habia permanecido sin salida, pero 
recientemente á espensas de los vecinos de la calle Alta de San Pe- 
dro se abrió el estremo de la que hablamos , á consecuencia de lo 
cual aquellos barrios se han puesto en comunicación con el ensan- 
che y con las calles de Trafalgar y Honda. 



Está situada eo la de San Severo y conduce á la plazoleta que 
hay delante del edificio que fué convento de San Felipe Neñ , de la 
congregacioQ de sacerdotes seculares del Oratorio. 

Esta congregación de sacerdotes, que reconoce por fundador á 
san Fdípe Neri, se estableció en Barcelona el aDo 1613, quedando 
terminado so convento el aOo i^TJ en el sitio que hoy ocupa. 

Desde 1S36 á 1838 sirvió este edificio para las cátedras de la 
Universidad literaria, habiéndose luego destinado á oficinas del Es- 
tado y á otros osos. 

Por lo que toca á su iglesia, fué .cedida por real orden á los fran- 
ceses residentes en esta ciudad, quienes tomaron posesim de ella 

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416 FBNOSA. — ^FEBLiNDlNi. 

eo 18i6. El obispo de BarceloDa tieoe la facultad de nombrar, ¿ 
propuesta del gobieroo francés, el capellán de esta iglesia. 

PEHOBA [calle de I»}. 

Solo podemos decir de eíla que antiguamente se llamaba den Rt- 
cari, apellido de familia catalana, y después tomó el nombre de las 
acolas novellas, h consecuencia sin duda de haberse abierto en ella 
alguna nueva escuela. Cuándo tomó y de qué proviene su denomi- 
nación actual, es loque ignoramos. 

Se abre esta calle en la de la Platería para ir á terminar en la 
plazuela del» Argenters. 

WKatMJLNmVA (e«]le dev]. 

Esta calle se titulaba antes de las Tapias, y la razón de ilanoarse 
así estaría sin duda en que apenas bay ninguna casa, sobre todo 
en los dos tercios de ella, pues una de sus aceras la ocupan casi por 
completo las tapias del que fué huerto ó jardín del palacio de Fer- 
nandina, y en la otra se levantan las paredes de la vecina Gasa de 
Caridad. 

No sabemos por qué causa abandonó su nombre antiguo para to* 
mar el que hoy lleva, en el cual nosotros creemos ver una corrup- 
ción de Femandina. En este último caso podría ser , ó diminutivo 
de Fernanda, ó, mejor aun, recuerdo de la familia y prosapia del 
duque de Femandina. 

Esto último es lo mas natural y lógico, pues lo cierto es que to- 
davía se conservan en esta calle , y en su esquina á la de Poniente, 
algunos restos del antiguo palacio del duque de Femandina, aquel 
que fué célebre campeón en las guerras de Italia, aquel que, según 
se dice, comenzó á usar los bigotes de cierta manera , dejando su 
nombre á la moda que se ha perpetuado hasta nosotros y que aun 
hoy no tiene otro nombre que el de bigotes á la Femandina. 

Durante algunos aBos, recientemente, y auncreemos.que en el 
dia, este palacio ha sido fábrica de productos químicos. Por lo que 
se ve, debió ser muy espacioso, y estaba rodeado de huertas y jar- 
dines, confioando estos con tos del convento de religiosas dominicas 



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FERUNDINÁ. 117 

llamado de Nuestra SeOora de los Angeles. Sábese por tradición qae 
en él se daban suntoosas fiestas y saraos á los cuales el último du- 
que que lo habitó era muy aficionado. Todavía se ven hoy algunos 
restos de los artesooados de sus salones, y en una parte del remate 
del edificio algunas de las ventanillas ó miriulores de gusto, semi- 
gótico, parte sin duda de la galería con que remataba. 

Ud miembro de esta familia, don García de Toledo, marqués de 
Villafranca y duque de FeruMidina, era en 1640 general de las ga- 
leras de EspaQa, y, como el conde de Santa Goloma , se atrajo el 
odio de los catalanes, quizá sin mas culpa que la de obedecer las 
órdenes de Madrid. En el motin que tuvo lugar el 12 de mayo de 
dicho aDo, cuando fueron violentadas por el pueblo las puertas de 
la cárcel para libertar á los diputados y consejeros que estaban pre- 
sos, corrieron grande -peligro la seguridad y la vida del duque, el 
cual tuvo que refugiarse en Atarazanas con el conde de Sania Co- 
loma para librarse de la ira popular. 

Pocos días después, no ya en el motín sino en la verdadera su- 
blevación del 1 de junio, dia 'áe Corpus, de la cual estensamente se 
ha hablado, el pueblo enfurecido saqueó y prendió fuego á las tres 
casas que el duque tenia en Barcelona, asesinando sin piedad á 
cuantos servidores suyos pudo haber á las manos , sucediendo con 
este motivo eu su palacio de la calle Ancha un lance singular y que 
merece referirse. Al penetrar los amotinados en esta casa , unos se 
dirigieron al jardín de la misma donde el vulgo suponía existir la 
boca de una mina ó conducto subterráneo que iba á desembocar al 
pié de la muralla del mar ; mientras que otros, ocupándose en re- 
correr las habitaciones para arrojar los muebles á la calle y hacer 
con ellos una hoguera, toparon coo un reloj de raro artificio que re- 
presentaba un mono, el cual por el juego de ciertas ruedas que te- 
nia en el interior fingía ademanes de vivo revolviendo los ojos y 
doblando ingeniosamente las manos. Absorta hubo de quedar la 
ignorante multitud al ver aquella estraQa figura, y algunos, ó su- 
persticiosamente crédulos ó maliciosamente intencionados, dieron en 
acusar al dneOo de aquella alhaja como brujo y hechicero. En ma- 
yor iodiguacioo y en mayor ira estalló entonces la muchedumbre, 
grao parte de la cual se salió de la casa en tumulto con el reloj cla- 
vado en la punta de una pica para pasearlo por las calles y llevarlo 
á la Inquisición como muestra palpable de que el marqués de Vi- 
llafranca era brujo y tenia pacto con el diablo. 

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418 FUÑANDO TU. 



Hacho podríamos decir de esta calle que es, sin dispata, ana de 
las mejores, mas bellas y mas concurridas de Barceloaa. Su situa- 
ción céutríca, su rectitud, la uniformidad y buen aspecto de las Ca- 
chadas de sus casas, y sus muchas y lujosas tiendas la hacen hoy 
el punto de cita de la elegancia barcelonesa. En ciertas noches de 
ÍDviemo, en que el aire es demasiado frío para pasear por la Ram- 
bla, y sobre lodo eo las noches de Carnaval, esta calle se convierte 
en un salón al cual acuden las familias mas distinguidas, las sefio- 
ritas mas elegantes, los, caballeros mas galanes, y los mas curiosos 
de ambos sexos. Es tanto el gentío que en ciertas noches invade esta 
calle, que llega á ser imposible por ella el tránsito de carruajes y de 
personas atareadas. Las muchas, ricas y soberbias tiendas de sedas, 
quincalla, estampas, dulces, relojerías, sastrerías, chocolaterías, etc. . 
que abren en ella sus lujosos mostruarios, aumentan su real- 
ce y atraen la multitud, contribuyendo en macho á su concurrencia 
y tránsito el estar enlazada por medio de vias principales ó secun- 
darías con los pantos y sitios de mas movimiento y animación. 

Es una calle moderna, que se abríó aprovechando parte de al- 
gunas antiguas y & través de otras, en tiempo de Fernando VII, 
dándosele por lo mismo el nombre del monarca reinante, pero en- 
tonces solo llegaba hasta el sitio donde hoy divide á la de Amñó en 
dos mitades. Posteriormente, derribando parte del convento de la 
Enseñanza y manzanas de casas, se le dio comanicacion con la Pla- 
za de la Constitución ó de San Jaime, y el trecho, que media desde 
la citada calle de Amñó hasta la referída plaza, es llamado vulgar- 
mente prolongación de la de Fernando Vil. En un estremo tiene la 
Rancla, en el otro la plaza de la Constitución, y por los arcos del 
pasaje Madox comunica con la Plaxa Real, que son hoy indudable- 
mente los tres puntos mas concurridos de Barcelona. 

Durante la época primera en que el partido progresista rigió los 
destinos de la nación, fué llamada esta calle Mayordel Duque de la 
Vtctoria: después de los acontecimientos de 1813 volvió á recobrar 
sn nombre de Fernando VII: tomó otra vez en 1854 el de Duque 
de la Vic^tria, y recobró finalmente su primitiva denominación en 
1856, conservándola hasta el día. 

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FUUliKDOVn. 119 

El trozo que corresponde twy al frente de la iglesia parroquial 
de san Jaime, vulgarmente llamada de la Trinidad, tenia antigua- 
mente mayores proporciones y presentaba el aspecto de una plaza. 
Lo había sido en efecto. Titul&baae Plaza Aretwria por suponerse, 
con fundamento, que en aquel sitio y en el ocupado después por la 
iglesia y convento, estuvieron las Arenatid Circo de los romanos, 
que era donde estos celebraban sus nanmaquias, los juegos y com- 
bates de sos gladiadores, sus sangrientas diversiones de Seras, sus 
carreras de coches y caballos, etc. 

Andando el tiempo, y con la sucesiva agrupación de edificios, 
esta plaza se fué estrechando y llegó & qoedar reducida al corlo tre- 
cho que media entre las calles de Avtñó y Raurieh. 

Entonces, según parece, habia una sinagoga que comunicaba, 
al propio tiempo que con la plaza iremria con la vecma calle den 
SanahU/a hoy llamada del Remedio. Destruida esta sinagoga, se edi- 
ficó en el mismo sitio el aOo 139i una peque&a iglesia bajo la ad- 
vocación de la Saalisima Trinidad para los judíos conversos que 
moraban en el barrio inmediato, y entonces comenzó á tomarla plaza 
elnombredela&n/iniíuiT'nm'ifef. En li9i, cuando los Reyescató- 
lieos espulsaron do EspaQa á los judíos, fué la iglesia cedida á unas 
monjas que con su abadesa residieron en ciertas casas inmediatas, 
hasta que por fin, á instancias del P. provincial fray Hernando de 
la Higuera, pasó en 1S29 á poder de los trinitarias calzados. 

Inmediatamente se comenzó & consfniir el convento, y como la 
iglesia era muy reducida, no estendiéndose mas allá del último ar- 
co de la nave actual, se pidió permiso para prolongarla sobre el 
terreno de la calle dekCáiderers que pasaba á espaldas del templo. 
Concedióse, y en efecto, se prolongó la iglesia formándose el crucero, 
el presbiterio, la capilla del Sacramento y la sacristía sobre el ter- 
reno de la citada calle que se cerró, y cayos estremos existen aun, 
UDO á la derecha sin nombre, y otro & la izquierda llamado calle* 
del Beato Smon de Rojas, los cuales conducen á las puertas latera- 
les del santuario. 

Cuando la estincion de las ónlenes religiosas en 183S, la iglesia 
de la Santísima Trinidad fué declarada parroquial de San Jaime 
Apóstol y el convento sirvió para varios usos, oficinas del gobierno, 
cuartel de la guardia civil, alcaldía constitucional etc., basta que 
desapareció en 1 gSl para traasiarmarae en los edificios particulares 
que hoy existen. 

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lio FBRNiDDO VU. 

Ed el aliar mayor de esla iglesia se coaserva ooa obra de mncho 
mérito en escultura : el grupo de la Santísima Trinidad, debido al 
lamoso escultor catalán Pujol. En el presbiterio bay dos cuadros 
de vastas dimensiones pintados por Tramullas el hijo. 

Al entrar en esta calle, á mano derecha y á pocos pasos se en- 
cuentra el pasaje Mcidox, el cual abre paso á la Plaia Real. 

Comienza este pasaje en el sitio mismo donde un dia estuvo la 
puerta principal del convento de Santa Madrona, de religiosos ca- 
puchinos, y luego la del Teatro Nuevo, según vamos í ver. 

A mediados del siglo XVI poco mas i menos, el padre fray Án- 
gel 6 fray Arcángel de Alarcon, oriundo de la noble familia de este 
nombre en el reino de León, partió á desempeQar una comisión que 
& su celo y talentos recomendó para la corte de Yenecia el rey de 
Espada. 

Tomó en Italia, luego de cumplida su misión, el hábitode la or- 
den de capuchinos impelido por el gran afecto que sintió h&cia la 
misma. 

Precisamente en aquel entonces, viendo que los capuchinos sees- 
tendian por todas partes, los concelleres de Barcelona escribieron al 
general Fr. Gerónimo de Monte-Flores pidiéndole que se propagase 
la nueva orden en la capital del Principado. Recibida la carta por 
el general, parece que reservé el tomar resolución en el caso para 
el primer rapitulo general que habia de ser en el aSo 1570. En es- 
te capitulo se leyó la carta de los concelleres y fué acordada la pro- 
pagación de la orden en Barcelona. 

Eligióse por comisario general con este objeto al P. Ángel de 
Alarcon, el cual tomando cinco compaHeros de la provincia de Ñi- 
póles, se partió con ellos para CataluDa con ánimo de fundar pro- 
vincia capuchina en ella, que fué, puede así decirse, la madre de 
todas las demás de EspaDa. 

Los concelleres, en sabiendo que hablan llegado los religiosos, 
enviáronles un caballero y el guardián del convento de Jesús, que 
era de los menores observantes, para que les alojasen, mientras se 
trataba del asunto. Lléveseles en efecto el guardián á su convento 
y fueron tratados con toda atención y agasajo. 

«El P. Ángel que, dice la crónica, deseaba echar los fundamen- 
tos de esta provincia y propagación de EspaSa sobre piedra firme, 
juzgando que esta babia de ser la Virgen santísima, antes dedar en 



FES?<ÁNDO va. iSl 

Barcelona principio al negocio á que iba, se fué con sus compaSe- 
rosá Honserrat.» 

Terminada su piadosa peregrinación, volvieron á la ciudad, don- 
de ios concelleres habian ya decidido darles la capilla ó ermita de 
Saota Madrona situada en la falda de Monjuich para que pudiesen 
establecer so convento, pero los padres menoresde la observancia, 
encargados de la administración de dicha capilla, se negaron á ce- 
derla. 

Entonces el obispo de Barcelona, que lo era don Juan Dimas de 
Lorís, acomodó interinamente á los religiosos en. nna iglesia de San 
Gervasio, distante dos millas de la ciudad, y alli residieron basta 
que, cediendo por fin los observantes la capilla de Santa Madrona, 
se pasaron k ella 

En el ínterin se les habian ya unido muchos religiosos con no po- 
cos entre ellos de la observancia. 

Dice la crónica de la que tomamos estos apuntes, que el sitio de 
Santa Madrona era tan malsano, que luegtf que le empezaron ¿ 
habitar, cayeron enfermos todos los religiosos á un mismo tiempo, 
menos el llamado Fr. Rafael de Ñapóles. 

Hacia, pues, diligencias fray Ángel de Álarcon para encontrar 
otro sitio mas conducente para el caso, cuando un caballero barce- 
lonés llamado Juan Terrés les ofreció terreno para construir un 
convento en el pueblo de Sarria, junto con una capilla dedicada k 
santa Eulalia, en cuyo sitio es fama que se alzaba antiguamente la 
casa de campo de los padres de la virgen y mártir catalana. 

Fray Ángel comunicó el caso con los concelleres , y de común 
acuerdo, dejando la primera capilla de Santa Madrona, pasaron los 
religiosos á la de Santa Eulalia para edificar en ella nueva iglesia y 
convento , donde se mostraba la primera cruz que esta religión 
plantó en Espa&a. 

Al mismo tiempo que este , decidieron fundar el convento de 
Monte Caivario estramuros, junto al barrio de Gracia , en el lugar 
conocido aun hoy dia con el nombre de Capuchinos viejos. 

Ed 15S0 estaba ya concluido, y el obispo de Barcelona don Di- 
mas de Loris le bendijo á 1 1 de diciembre. En so claustro acabó 
sus dias el P. Ángel de Alarcon ¿ 2 de enero de 1598. 

Corría el afio 16S5 cuando se reedificó la capilla de Santa Ma- 
drona y se encargó su culto k los capuchinos ; pero destruido el 
edificio por los estragos del sitio que sufrió Barcelona en 1651 , vol- 

Tubo i M 

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122 FERNANDO VU. 

Tióse k coDstruir de nuevo, trasladando á él en 1861 el cuerpo de 
santa Madrona , que diez años antes se faabia estraido con motivo 
de los acontecimientos. 

Otro sitio mas destructor y horroroso, el que posieron las tropas 
de don Felipe Y, redujo á escombros 'no solo la iglesia de Santa 
Madrona, sino también el convento de Monte-Calvario. 

Entonces, para indemnizar á los capuchinos de tamaSas pérdidas 
dióles el rey un lugar en la Rambla donde enseguida se empezó & 
edificar. 

Púsose la pñmera piedra el 15 de agosto de HIS, á cuya cere- 
monia asistieron el comandante general del ejército y Principado 
marqués de Castel-Rodrigo, los ministros de la real Audiencia, los 
administradores de la ciudad y los religiosos. En dicha piedra ha— 
bia varias inscripciones y los escudos del rey, de Barcelona, del 
príncipe Pío ó marqués de Gastel-Rodrigo, y de la orden de capuchi- 
nos. 

Solo transcribiremos una de ellas para instniccion de nuestros 
lectores 

Decía asi: 

Año deCmto t7i8, día de la Asunción de Nuestra Señora iS de 
agosto, siendo sumo Pontífice Clemente XI y rey de las Españas Fe- 
lipe V el invicto, puso la primera piedra para el nuevo templo y con- 
vento de Capuchinos de Barcelona en aumento del divino culto y or- 
nato de la dudad, el Ilustre señor don Pedro Copons y de Copom, 
canónigo y arcediano de la santa iglesia catedral de Barcelona, y 
vicario general de esta diócesis, por el ilustrisxmo señor don Diego 
de Astorga y Céspedes, siendo maestro provincial el R. P. Fr. An- 
tonio de Orlis y primer guardián de dicho convento y su Erecíor el 
B. P. Fray Pedro de Arbós. 

Quedó el convento termioadoen 1*723, y á 5 de junio delmismo 
aDo lo bendijo con todo el ceremonial del rito el cura párroco de 
Nuestra SeDora del Pino, siendo la tarde del mismo dia, con asis- 
tencia del cuerpo municipal, trasladado el santísimo Sacramento 
desde dicha parroquia en el viril que la emperatriz esposa del gran 
Garios V había regalado á la misma. 

En i de julio inmediato fueron llevadas también al noevo con- 
vento en lucida procesión las reliquias ó cuerpo de santa Madrona, 
que ya los religiosos, como hemos visto, poseían en la capilla de 
MonJQÍch y habían interinamente sido depositadas en la catedral. 



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JlTffll'IGlON m S3PA A 103 POBBSS A LAS PUERTAS DEL CONVENTO 
DE MPUCHÍNOS, 



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FERNANDO Vlí. Í23 

La pnerta prÍDcipal de este conveDto salía al paseo llamado de 
la Rambla, y allí era doode cada día se hacía por los frailes una 
reparticiOD de sopa k los pobres. 

Dorante el gobierno consti lacio aal de 1820 á 182i fué comple- 
tamcDle demolido, pero en este último citado aQo se decidió edifi- 
carlo de nuevo en el mismo terreoo, aaoque dáodole forma dis- 
tínla. 

Poso su primera piedra el 23 de agosto el marqués de Campo Sa- 
grado, capitau general del ejército y Principado, concurriendo á la 
ceremonia el obispo de la diócesis y su cabildo, el Ayunlamíento y 
los generales de las tropas francesas que en aquel eotonces guarne- 
cían Barcelona. Concluida su obra, la bendijo en 16 de agosto de 
1S29 el vicarío general del obispado. 

La puerta principal de este segundo convento ya no daba á la 
Rambla, como la del primero, sino que salia á la calle de Fernan- 
do Vil, en el sitio donde hoy se abre el pasaje Modos. 

Abandonáronlo los capuchinos á consecuencia de los sucesos de 
2S de julio de 1835, y desde entonces tuvo diferentes apIicacloDes. 

Sirvió primero de habitación para pobres emigrados de los pue- 
blos de la provincia, á consecuencia de la guerra civil; fué después 
Escuela gratuita de niñas pobres; pasó después á ser redacción, ofi- 
cinas é imprenta del periódico progresista El Coasíilucional; se der- 
ribó mas tarde para edificar el teatro de que vamos á ocuparnos, y 
úUimameote quedó k su vez derribado este teatro para construir 
la plaza con pórticos denominada ñeal, de laque se hablará k su 
debido tiempo. 

El Teatro Nuevo ó de Capúcenos, como le llamaba el vulgo, se 
construyó en 18i3 por ana empresa particular, con la sola garan- 
tía de poderlo poseer tres a&os, pasando después á ser propiedad 
del gobierno. Era capaz para 1 ,600 personas, con un foro de 6i 
pies de latitud por otros tantos de longitud, una platea ancha y 
despejada en forma de herradura prolongada, tres pisos de palcos 
con anfiteatro el primero, y un piso de cazuela. Funcionó este tea- 
tro hasta 1848, en que se derribó para hacer lugar k la plaza que 
hoy existe, habiéndose presentado en él por primera vez en la esce- 
na barcelonesa, el emÍDenle actor tr&gíco don Carlos Latorre. 



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i2i FEHNANIH). — FIGIEHETA. — FIUTHtAS.— nVAUER. 



FERBrABrDO («lUle de ■•■). 

Está eo la Barceloaeta y penetrase en ella por la calle Nacional. 
Diósele este nombre en memoña del monarca de Castilla san Fer- 



FieVERETA («aUe déla ). 

Es una callejuela que dirige de la calle del Pino & la de Perot 
lo lladre, y que sin duda tomó este nombre de alguna higuera que 
habría en algún huerto vecino ó en alguna casa inmediata. 



FIIATEBjU («»Ue de Im). 

Comienza en la Boria y termina en la plaza del Oti. 

Ha tenido esta calle varios nombres. Primero el den Caíllari; des- 
pués el de tas voüas den Soles ó Soler- mas larde el den Pere ño- 
guer; y por fio el que hoy lleva. Dióle este último la circunstaocia 
de vivir en ella tas mujeres que se ocupan eo hacer, componer y 
armar las redes para caza y pesca. A estas mujeres se les llama en 
catalán filateras, es decir rederas ó constructoras de redes. 



FIVAULER (eaUe dea). 

Abre paso de la de Santa Clara k la de Brocater». 

Tomó este nombre por ser propietaria de sus casas la fapiilía de 
este apellido. Es familia antigua en Cataluña y su apellido célebre 
y popular, sobre todo después del hecho heroico que iomortalizó 
en 1115 á un insigne varón de esta casa. 

En 1284 sé halla ya figurando como conceller quinto de Barce- 
lona aun Ramón Fivaller, de profesión cambiador, y desde ealoa- 
ces, repetidamente y á cada paso, se tropieza con individuos de esta 
familia en la lista de los concelleres barceloneses. Otro Ramón Fi- 
valler, quiz& el mismo, vuelve á ser conceller quinto eo 129i y en 



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FIVAUBU. ÍK 

1297 ; un RamoQ Pedro Fivaller lo es segundo en 1303 y cuarto 
en 1310 ; un Jaime Fivaller lo es quinto en 1359 , cuarto en 1362 
y segundo en 1366 ; un Ramón Fivaller lo es cuarto en 1396 ; y 
por fin aparece ya como conceller quinto en 1406 el Juan Fivaller 
del cual vamos k ocuparnos con alguna detención. 

Fué Juan Fivaller conceller por vez primera en el aBo que aca- 
bamos de citar , y volvió luego k serlo por segunda vez en el aOo 
consular de lili & 1412. En esta época tnvo ya ocasión de distin- 
guirse y de descollar por sus altas pi«ndas y por las nobles dotes 
de su carácter. 

Eran precisaraente aquellas muy criticas circunstancias para Ca- 
laluHa y para la Corona de Aragón. El dia 31 de mayo de 1410 
babia muerto en Barcelona el rey don Martin el humano , sin bijos 
legítimos. Aquel monarca, último descendiente de la línea varonil 
de los condes de Barcelona, bajaba al sepulcro dejando tras de si 
una sangrienta estela de conflictos y calamidades para sus reinos. 
En torno á su lecbo de muerte se agitaban los pretendientes á la 
corona, y murió diciendo que fuese dado su trono á quien de justicia 
perteneciese. 

Por durísimas pruebas bubo de atravesar entonces el Principado, 
y díéronse altos ejemplos de patriotismo. Una junta nombrada por 
las Cortes antes de disolverse, y compuesta del gobernador de Ca- 
laloDa don Guerao Alemany de Cervelíó, de los concelleres de Bar- 
celona y de doce individuos mas, convocó h todo el Principado para 
que enviase sus diputados & un parlamento general , comenzando 
así aquellas memorables discusiones que dos aQos mas tarde debían 
terminar en el parlamento de Gaspe. 

Durante aquellos dos aDos de interregno, y mientras trataban de 
ponerse de acuerdo los parlamentos de Cataluña, Aragón y Valen- 
cia para dar en nombre de la voluntad nacional la corona vacante 
al que tuviese mas derecho, moviéronse mucbas intrigas, agitáronse 
macbas pasiones, sobrevinieron algunos disturbios, y la impacien- 
cia de bs pretendientes , ó de.sns partidarios al menos , eslnvo á 
piqne de producir grandes conflictos en el reino. Por fortuna, la au- 
toridad del parlamento supo hacerse respetar y pudo mantenerse á 
raya la impaciencia de los unos, la soberbia de los otros, las pasio- 
nes de los mas y la intranquilidad de todos. iGrande ejemplo el que 
entonces dieron los reinos de la Corona de Aragón I Las armas ce- 
dieron á las logas , según la célebre frase del orador remano , y 

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Í26 FIVALLBR. 

preseDcióse entonces el sublime espectáculo de ver como se acallaba 
el rumor de las conliendas , la voz de los partidos , el clamoreo de 
las masas, el grito de las pasiones y el choque de las armas ante 
nueve hombres, elegidos tres por cada parlamento de !a Corona, 
nueve hombres salidos de entre las filas del pueblo, que iban & dar 
un trono en nombre de la voluntad nacional. 

Antes del nombramiento de los nueve jueces de Gaspe , cuando 
mas abocado parecía el reino á disturbios, cuando mas encapotado 
y negro se presentaba el horizonte político , salieron elegidos con- 
celleres de la ciudad de Barcelona Francisco Marquet , Guillermo 
Pedro Bussot, Juan FivaÜer, Francisco deCorominas y Galcerande 
Gualbes. En momentos críticos y en circunstancias graves aparecían 
estos cinco ciudadanos en la escena política. La situación era sobre 
todo critica en Catalu&a, pues acababa de invadir su territorio una 
fuerza estranjera, al mando de Aroaldo de Santa Goloma, con ánimo 
de apoderarse de la baronía de Marlorell. 

La casa de Foix tenia pretensiones á esta baronía. A la muerte 
de don Juan I, llamado el amador de la gentilexa, y al sucederle eo 
el trono su hermano don Martin , se declaró pretendiente al mismo 
el conde Maleo de Foix , como marido de la infanta doña Juana, 
bija mayor del difunto monarca. En el acto de demostrar sus pre- 
tensiones y de querer apoyarlas con las armas , le fué embargada 
la baronía de Marlorell, que le pertenecía , y dada en custodia á la 
ciudad de Barcelona , que puso castellano y guardias en el castillo 
de Castellvi de Resanes. Esto sucedía el aOo 1396. Mas tarde, rei- 
nando ya sin obstáculo don Martin el humano , se concertó con el 
conde de Foíx , quedando para el primero , ó sea para la corona, 
Marlorell con toda su baronía y el castillo de Resanes , y para el 
líltimo el vizcondado de Gastellbó. 

Pero, con la muerte de Martin el humano y con motivo del inter- 
regno que se siguió, hubo de hallar el conde de Foix ocasión pro- 
picia para recobrar su antigua baronía de Martorell , é hizo que 
entrara en Cataluña Amaldo de Santa Coloma al frente de algunas 
compaOÍM de gente de guerra de Francia para lograr su objeto. El 
de Santa Coloma llevó á cabo cumplidamente la idea del conde de 
Foix. Se introdujo en el Principado con su gente , atravesó el país 
llegando basta Martorell, y volvió á declarar esta baronía propiedad 
de sú se&or el conde de Foix, apoderándose á viva fuerza del casti- 
llo de Rósanos , inmediato á la villa. Tuvo esto lagar á medñdos 



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FIVALLER. 187 

de diciembre de lili, cuando acababao de ser elegidos coDcelIeres 
de Barcelooa los cídco mas arriba citados. 

Indignóse naluralmente la ciudad de Barcelooa al saber que ba- 
bia penetrado gente estraojera en Gatalufia y que en las torres de 
Gastellvf de Rosanes tremolaba el pendón de Foix. Eu el acto reu- 
nieron los concelleres el Consejo de treinta, que era el que cuidaba 
de las cosas pertenecientes & somatenes y guerra, y se decidió ven- 
gar el ultraje inferido á la tierra, armando gente para combatir 
dicho castillo, y cobrado que fuese áetrocarle hasta no dejar piedra 
sobre piedra. Se acordó también que saliese la milicia ciudadana y 
SQ 'bandera, llevando al frente el conceller quinto Galceran de Gual- 
bes, y este de compaOeros y asesores al conceller tercero Juan Fi- 
valler y otros medios prohombres, para Martorell, donde se convocó 
& nuevas gentes de la tierra, apresurándose k fortiñcar dicha villa 
por tener noticia que trataban de entrar otiras compa&ías de estraa- 
jeros, las cuales acudían en socorro de |los del castillo de Resanes 
para ayudarles á infestar toda la baronía de Martorell. En todo esto 
medió Juan Fivaller, dando reconocidas pruebas de su car&cter in- 
flexible y justiciero, y varias veces, según consta en los libros de 
Deliberaciones y Dwtarios, pasó á Barcelona á conferenciar con el 
Consejo de los XXX , ó con la Treintena de guerra, para el mejor lo- 
gro de la empresa. 

Terminada la fortificación de Martorell, hechos todos los aprestos 
y ya con gente bastante, Galceran de Gualbes y Juan Fímller pu- 
sieron cerco al castillo de Rosanes, del cual se apoderaron por asal- 
to el 30 de enero de 1412. 

Sujeto el castillo, no se llevó á cabo la amenaza ó la resolución 
tomada por los XXX de no dejar piedra sobre piedra, pues en la 
ñ^rica de Bruniguer hemos hallado que la ciudad puso en él un 
castellano y guardas, quedándose con la baronía, según se des- 
prende de un pleito muy ruidoso que hubo en li99 entre la ciudad 
y Requesens de Soler sobre la recuperación que este, fundado sin 
duda en derechos anteriores á los del conde de Foix, pretendía del 
castillo de Gastellvf de Rosanes y baronía de Martorell con sus ren* 
tas, siendo así que, dice Bruniquer, esto perlenecia á la ciudad por 
los grandes gastos gwe antiguamente k^a hecho para cobrarlo de 
áeríos gascones que lo tenían ocupado. 

Ya sabemos cómo terminó el interregno de que se acaba de 
hablar. Nueve diputados del pueblo, reunidos en Gaspe, dieron la 



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ÍS8 riVALLER. 

corona á Feroando el de Antequera, y hubo de ello por cierto gran 
disgusto Cataluña, que era en su generalidad favorable al conde de 
Urgel doD Jaime, llamado después eldes^chado, k quien se recouo- 
cia con mayor derecho y mejores títulos al trono. Sin embargo, 
la voluntad nacional habia follado, y GataluQa obedeció. Solo el 
conde de Urgel se atrevió á proDuuciarse, coa las armas en la mano, 
contra el fallo que le despojaba de la corona de sus mayores, y fué 
desgraciada victima de sus briosos impulsos. 

Era todavía magistrado municipal de Barcelona nuestro Juan Pi- 
mller cuando los nueve jueces de Caspe dieron su sentencia, y hubo 
de valerse entonces de toda la autoridad que le daban su represen- 
tación y su nombre para impedir que estallase el descontento ge- 
neral y para hacer que imperasen la voz del deber y el deber del 
patriotismo. Pero si algunos pudieron creer entonces que era Juan 
Fwatler demasiado adicto á Fernando el de Antequera y al castella- 
nismo que con él penetraba en la Corona de Aragón, bien pronto 
una ocasión propicia puso de manifiesto que para el oonceller bar- 
celonés 00 habia mas amor, ni mas culto, ni mas ley que la patria 
y los sagrados derechos de la república. 

Fué esto en lílS. Elegido de nuevo conceller en este afio, Juan 
Fívaller figuraba como segundo, siendo el primero Marcos Tarell, 
el tercero Arnaldo Destorrenf, y cuarto y quinto Galceran Garbo y 
Juan Bussot. Don Fernando el de Anteqwra acababa de llegar á 
Barcelona, donde no era ciertamente muy querido, cuando acaeció 
el suceso que en \xa alto lugar habia de poner á Fivailer. Ya en 
otras obras hemos referido este suceso varias veces, y por esto to- 
maremos, hoy prestada la relación ¿ otro autor, el seQor Pí, que lo 
cuenta con notable exactitud : 

«Ed el aQo lil5 pasó un dia al mercado de Barcelona el des- 
pensero del rey don Femando I á hacer la correspondiente provi- 
sión de carne para S. M., y como en el acto de pagarla se resistiese 
á satisfocer el vectigal ó tribtito que la ciudad habia impuesto sobre 
su consumo, movióse un recio alboroto entre el comprador y el cor- 
tante, qnieo fué obligado por un alguacil á entregar la carne «n 
recibir la contribución prefijada , de la caal las leyes del país no 
exceptuabao al mismo monarca. iViróse el pueblo con ver concul- 
cados de esta suerte sus derechos , y acudió quejoso al gobierno 
municipal , su constante defensor , demandando la satisfacdon del 
agravio. Reunido el sabio Concejo de los Cien Jurados, puso á ma- 

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FIVALLBft. 429 

dura deliberación aquel espinoso negocio , en que la dJgDÍdad real 
pugnaba coo la soberanía popular, y resolvió que el conceller pri- 
mero, acompasado de doce prohombres de todos los eslarneutos, 
se presentase al rey y le diese noticia de la falla que en el mercado 
habían cometido sus criados, con quebrauto de las prerogalivas de 
la ciudad y descrédito de la rectitud real. Desempeñaba á la sazón 
el cargo de conceller en cap Marcos Turell ; y ora temiese , no sin 
fundado motivo , él enojo del soberano , ora se sintiese con efecto 
falto de salud, es lo cierto que se escusó de la comisión que el Con- 
cejo municipal confió á su celo , alegando que se hallaba enfermo. 
Entraba, pues, en defecto suyo á bacer sas veces el conceller se- 
gando, llamado Juan Fivaller, tan hábil politice como celoso defen- 
sor de los fueros de su patria , quien , aunque no desconoció tos 
peligros de que estaba rodeada su misión importante, no quiso por 
esto declinar de la grave obligación que sus conciudadanos le im- 
pooiao. Prometió , por consiguiente , hablar al rey en nombre de 
Barcelona. Consternada aodaria á la sazón la ciudad, y harto temi- 
ble seria el desempeño de aquel encargo, cuando los dietarios de la 
época refieren que el pueblo se puso sobre las armas , se cerraron 
las puertas de todas las casas, y Fivaller mandó cerrar también las 
de la saya, hizo testamento, y recibió los sacramentos, después de 
lo cual despidióse de su esposa é hijas que estaban anegadas en 
amarguísimo llanto. Salió el conceller á la calle coo gramalla y 
gorra negras en seBal de luto, precedido de on verguero con la mar 
za cubierta de un paQo negro , acompañado de doce escuderos y 
seguido de un paje que le llevaba la falda , todos los cuales iban 
vestidos con traje negro como el de su dueño. Caminando por calles 
atestadas de un inmenso gentío , llegó el magistrado al palacio, no 
sin recibir en el tránsito evidentes seíiales del afecto del pueblo , y 
firmes promesas de vengarle si tal vez le aveoia algún daño en 
aquel trance. En una de las primeras salas del palacio el magistra- 
do dejó, según costumbre, á su comitiva , y adelantándose él á las 
piezas interiores , al llegar al aposento del monarca , llamó k la 
puerta. Gl portero , entreabriéndola , le preguntó quizás con cierta 
malicia : «-^¿ Sois Juan Fmlteria á lo cual este contestó con no- 
ble dignidad : « — Soy un conceller de la ciudad de Barcelona.» El 
portero insistió : « — ¿ Sois Juan Fivaller ? » y este repitió ; « — Soy 
un conceller de la ciudad de Barcelona. » « — Responded á lo que os 
pregunto, añadió el'portero, porque me ha mandado S. A. que no 

Tovol. BU 

. .cdbvLiOOglC 



430 F1VAIXBB. 

permitiese la entrada siüo k Fivaiter.^ « — Dejadme entrar ó no, 
repuso esle, en vuestra mano está ; cwceller soy, y viniendo aquf 
en nombre de todos, nada aprovecha que preguntéis el mió.» £1 
portero díÓ parte de lo que pasaba á don Fernando, quien esclamó: 
« — Déjale entrar , que ya con su pertinacia dice que es Fivalíer, y 
por sus palabras puedes colegir cu&n malamente se ha de portar 
conmigo.» Llegó el conceller á la presencia del rey, é inclinóse ha- 
mildemenle á besarle la mano. Entonces el monarca soltó su repri- 
mido enojo diciéndole en resumen : Q\¡e le cansaba maravilla tanta 
sumisión, siendo asi que él y sqs colegas querían tratarle no como 
rey, sino como un mero súbidíto , forzándole á satisfacer el tributo; 
que exIraSaba en gran manera pudiesen obligarle k (al servidum- 
bre ; que cómo no se avergonzaban de intentar reducirle á ser su 
tributario, sujetando á su oficio el imperio y jurisdicciOD soberana; 
que era cosa monstruosa que el rey pagase pecho á sus vasallos; 
que no solicit^a franqueza locante al dinero , aunque con razón 
podia pedirla , sino que quería que se tuviese mayor respeto & la 
alta dignidad del trono; que la contienda no versaba precisamente 
sobre intereses, pues de lo contrario afrenta fuera para el gobieino 
de la ciudad el declararse por tan exiguo motivo enemigo del mo- 
narca; y que aun cuando fuese cierto que debiese de someterse al 
pago del vectigal, ellos debian exceptuarle de la ley, en gracia de 
los beneficios que su gobierno habia producido al pais. Con atento 
oido estuvo escuchando Juan Fivalíer todas estas razones, eo las 
cuales el Rey explayó latamente su desagrado; y manifestaiido lue- 
go el debido acatamiento á la augusta persona, contestó k su dis- 
curso poco mas ó menos con las reflexiones siguientes: Que S. A., no 
habría olvidado que, á imitación de sus predecesores, habia pro^ 
metido con solemne juramento conservar los prívilegios de Barcelo- 
na y no consentir que ninguno de ellos fuese hollado; que los impues- 
tos y otros derechos semejantes perteneciao á la república y no al 
soberano, y que con esta condición le habían aclamado rey, y él 
les había admitido como vasallos; que ellos sabrían en todas oca- 
siones sacn0car su vida por los fueros de la ciudad; que el morír 
por esta sería su mejor ornamento y renombre; que sus compatri- 
cios no los celebrarían menos que los atenienses y romanos á los 
que sucumbían por el bíeu de la república; que alcanzarían el pre- 
mio que Dios concede á los mártires, porque martirio habia cierta- 
mente en morir por la causa de la verdad y justicia y por la felici- 

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«AN FMiíii m mmiiiio u ínHm, 



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FIVALLEfi. 431 

dad de la patria; y finalmente que le amoDestaba no faltase ¿ la 
coDsíderacioD de que Barcelona era merecedora, por cuanto sus ac- 
tos incurrirían en una reprobaci(m universal. Ya que Fwatier hubo 
dado fina sus palabras entró por orden de don Fernando en ud apo- 
sento contiguo, donde extendió instintivamente la vista en derredor 
como buscando el dogal, el instrumento ó la persona que había de 
darle la muerte. Entretanto el rey llamó á consulta k don Gerardo 
de Cervelló, don Guillermo Ramón de Moneada, don Bernardo de 
Cabrera, y otros caballeros pñncipales y asaz prudentes; y todos le 
aconsejaron que para la tranquilidad pública, y aun para el mayor 
decoro de la corona, convenia se dignase acceder á la demanda de 
la ciudad, la cual no nacia de animosidad contra él, ni del indigno 
intento de rebajar su justa preponderancia, sino del celo ejemplar 
con que miraba por la conservación de sus privilegios, gracias é in- 
munidades. Convencido el monarca, ó quizás cediendo solo á la 
fuerza de las circunstancias, mandó volver á su presencia al con- 
celler, y despidióle expresándole que para él quedaba aquella vez la 
victoria, aunque le dísuadia de esperar que le trajese grao prove- 
cho. Salió Juan Fivaller del palacio real acompa0ado de Cervelló y 
Moneada, quienes se encargaron de satisfacer el impuesto, y mien- 
tras atravesaba por entre la prodigiosa muchedumbre -que de todas 
parles acudia para verle, recibía las muestras mas significativas del 
aprecio de sus conciudadanos, que á impulsos de su vivo entusias- 
mo seguíanle clamando: a¡Víva el conceller Juan Fivaller, defensor 
de los derechos de la patria!» El desenlace definitivo de este asunto 
fué muy diverso de lo que á primera vista pudiera imaginarse, pues 
habiendo partido para Castilla el rey don Fernando I, enfermó déla 
peste en Igualada, á cuya noticia Fivaller votó á aquella villa en 
representación de Barcelona, según era costumbre en semejantes 
casos, acbmpaDado de médicos y cirujanos, y llevando consigo gran- 
de y selecta copia de medicamentos para el alivio del monarca. No 
era ya entonces el recto conceller que se presentaba al soberaneen 
demanda del cumplimiento de los fueros barceloneses, sino el hu- 
milde criado que se acercaba al regio lecho para minorar con su so- 
licitud las dolencias que aquejaban á la augnsta persona. Cuan in- 
flexible supo mostrarse en el pnmer caso, porque así lo exigían los 
derechos de sus conciudadanos, tan humilde y blando apareció en 
el segnndo, en que prescindiendo de las consideraciones políticas, 
debía dar oídos solamente á la santa voz de la humanidad que salía 

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438 FUSSADERS. 

de lo mas profundo de su pecho. La grandeza rebosaba en el de 
Fivdkr; y fué tanta la diltgeDcia con que procuró, aunque sin frnto 
el reslablecimíento de don Fernando, tantos los servicios de todo 
género que este recibió del recto magistrado, que le nombró su eje- 
cutor testamentarlo, encargando encarecidamente á su primogéoito 
don Alfonso que le tuviese siempre en mucha estima. El infeliz mo- 
narca exhaló su postrimer suspiro en brazos de aquel denodado 
Conceller, de quien tal vez pocos días antes no esperaba sino agra- 
vios y humillación.» 

Tal fué el acto de Fwatter, del cual dice uo antiguo dietario: 
«Aquest Joan FivaUer fou lo mes fort y lo mes venturos orne y y fou lo 
qui feu pagar lo dret de la cam al Senyor Bey don Femando, que 
nol volia pagar, per lo que tingué moUas quesítons ab dit Senyor Rey. 
E dempres ¡bu per ell molí honvat y fou gran senyor en lo Begne de 
Ñapóle.» 

Ignoramos lo que fué después de este Fivaller, pero es positivo 
de todos modos que la munificencia real le colmó de favores, y que 
él ó uno de sus hijos tal vez pasó con el nuevo monarca don Alfon- 
so á la conquista de Ñapóles, donde en premio de sus servicios 
recibió títulos y honores. 

Hoy, en las puertas de nuestras Gasas consistoriales se alza la 
estatua de Juan Fivaller. Es un tributo debido k su memoria y tam- 
bién ¿ la de aquellos ínclitos concelleres que supieron siempre, en 
todas ocasiones, mantener incólume el derecho y la autoridad del 
pueblo ante el derecho y la autoridad de los reyes. 



FIíASSASERS (caUe «el»]. 

Es decir calle de los manieres por habitar en ella desde tiempo 
inmemorial los que se dedican á la venta de mantas, frazadas, y 
otras ropas de lana, llamados flassaders en idioma catalán. 

Tenian gremio estos industriales desde 1331, á cuya época pa- 
rece que se remontan sus primeras ordenanzas. 

Llamábase antiguamente esta calle den Bonanat S(A^er^x\ibüQT 
casas en ella la familia de los Sabttíer, una délas mas antiguas y do 
délas menos célebres en Catalu&a. Ibaanexoáesta familia el mar- 
quesado de Capmany. 

Va de la calle de Ássahonadors á la plaza del Bom, y existe en 



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FLOB.— n.OBIDABLAHCl. 133 

ella la casa de moneda, de la cual se habla al hacerlo de la calle de 
la Seca. 



FIjVR (eaUade I»). 

Se abre eo la calle de la Canuda y do tiene salida. 

Existe otra titulada de la Flor del Uiri, que, comenzando eo la 
de Corders, va á desembocar en la plaza de Isíd^el II vulgarmente 
llamada de SarUa CaíaUna. 



FI.01UDABI<AJÍCA (e»Ue de) 

Es una de las del ensanche. Parte de la calle de Bondaen direc- 
ción áHoDjuich, atravesada por las de Muníaner, Casanovas, Vtlla- 
roel, Urgel, Borrell, Viladomaí, Calabria, Rocafort, Eníenxa, Vih- 
mari y Llama. 

Quejándose el sefior Pi y Arimon en su Diccionario de calles y 
plagas de Barcelona, que solo tiene el defecto de ser muy concreto, 
pues, á no ser así, hubiera hecho inútil la presente obra, de cier- 
tos nombres estrafalarios y ridiculos puestos k algunas calles , es- 
clama : « Nombres de preclaras familias , de hechos é instituciones 
célebres conserva la historia de Barcelona, que harto merecen los 
honores de que se les dedique una calle para eterna memoria y 
ejemplo de las generaciones presentes y futuras. El hacerlo así ven- 
dría k ser QD medio sencillo é indirecto de popularizar los conoci- 
mientos históricos , y de despertar en cierto modo la aficioo de al- 
gunos k aquellos estudios. Consignamos aqui esta idea refiriéndonos 
en general k todas las calles que de nuevo se abrui en lo suce- 
nvo. » 

Teniendo eo cuenta este consejo , y abundando en las mismas 
ideas, cuando se trató de bautizar las calles de la nueva Barcelona, 
el autor de esta obra envió al Ayuotamieoto una larga lista de 
nombres, relativos todos á hechos históricos del Principado, y (ovo 
la suerte de que la gran mayoría de ellos fuesen aceptados para dar 
nombre á las noevas calles, eseepto algunos pocos que por razones 
especiales, que el autor hubo forzosamente de respetar, fueron sus- 
titoidos por el cuerpo municipal con los de Florid^lmca , Sepúi~ 



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iñl FuniDÁBunu. 

veda, Sma, C<mpo Sagrado, Pelayo, Vergara, Ronda, Trafedgar 
y oíros. 

No están ciertameote mal aplicados estos Dombres, sostituidos & 
los que para estas calles había dado el autor, pero puesto que la 
ocasión lo trae, bueno será prevenir f aturas criticas diciendo que 
cuando el aotor de estas lineas se encargó de poner nombres & to- 
das las calles del ensanche, concibió el plan de que lodos Fuesen 
acomodados k hechos, glorías é iostitaciooes pertenecientes á la 
historia de Catalufia, á fin de formar un conjunto general, histórico 
y armónico. Fué espuesto el plan á uno de los seOores concejales 
que formaban la comisión del Ayuntamiento encargada de dar dicta- 
men, y mereció por completo la aprobación de aquel ilustrado iodÍTi- 
duo del cuerpo municipal. No fué culpa suya, ni mucho menos del 
autor de estas lineas, si el plan dejó de realizarse por completo á 
causa de no haber sido aprobados todos los nombres. 

De todas maneras, si bien abora necesariamente ha debido que- 
dar incompleta la id&a que se propusiera el autor de esta ohra, pues 
que del conjunto de todos los nombres hubiera aquella resaltado 
clara y evidente, sin embargo, el plan concebido puede conocerse 
bastante por los nombres que han sido respetados en las calles del 
ensanche, nombres que nos permitiremos reunir aqui en algunas 
agrupaciones para que el leelor pueda hacerse cargo en parte del 
pensamiento que presidió á su elección. 

Asi por ejemplo, la antigua Corona de Aragón, su poderío y su 
importancia, están representados por los nombres de las calles que 
llevan los de aquellos estados y naciones que la formaban, unas 
por lazo federal, otras por anexión ó por conquista : Aragón, Ca- 
taluña, Valeacia, Mallorca, Itosellon, Provenga, Sicilia, Ñápales, 
Calabria, Córcega y Cerdeña. 

Los orígenes de la patria catalana están recordados por la ca- 
lle que lleva el nombre de los condes de Urgel ; y la que lleva el de 
Yi^na recuerda, al propio tiempo que á un literato ilustre, al úl- 
timo descendiente de la familia que se sentó en el trono de la Coro- 
na de Aragón. 

Traen á la memoria las glorias populares y cívicas de la nacio- 
nalidad catalana y sus libres iosltluciones las que tienen los nombres 
de Cortes, Parlamento, Dipuíamn, Consejo de denlo; recuerdan & 
BUS célebres magistrados y á sus grandes hombres políticos lasque 
guardan los nombres de Pf^lo Claris el diputado eclesiástico, Ta~ 

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FONDBT. 135 

mmií el diputado militar, Casanovas el último conceller, FoníaneUa 
el gran jurisconsulto; conmemoran sus glorias literarias y científi- 
cas las que osteotaD los nombres de Austas March el poeta valen- 
ciano, ^afflo»Zu// el poeta mallorquín, Áribau el moderno poeta 
catatan, Montaner y Pujades los cronistas, Viknova el gran fílóso- 
fo antiguo, Balmes el gran filósofo moderno, Mi-Bey el viajero ilus- 
tre, Yiladomat el eminente pintor; consignan sus glorias militares 
las que recuerdan los nombres de Borrell el conde que consolidó su 
independencia, de Pallas el valiente capitán que tanto lidió por las 
libertades patrias, de Roger de Phr, Éníenxa y Romfort caudillos 
famosos de la célebre espedicion á Oriente, Villaroel el heroico de- 
fensor de Barcelona en 1711; y por fin despiertan el recuerdo de 
sus glorias marítimas las que llevan inscritos los nombres de los 
célebres almirantes ñoger de Launa, Conrado de Llama y Ber- 
nardo de Vilamarí. 

Por lo que toca á las glorias de la CataluSa moderna, recorda- 
das están por los nombres del Bruch, teatro de la humillación de 
las águilas francesas; Gerona y Tarragona, las ciudades que aquí 
supieron mejor y mas heroicamente resistir á los estranjeros inva- 
sores; Manso, el mas famoso caudillo de la guerra de la Indepen- 
da; y Gualdrás ó Yad-Ras, la última batalla de África donde tan 
inmarcesible gloria adquirieron los voluntarios catalanes. 

Falta solo ahora decir que hay otras tres calles, con cuyos nom- 
bres se ha prestado debido tributo al Comercio, á la Marina y á la 
Industria de Barcelona, tres ramos importantes de que siempre, 
desde remotas épocas, se han mostrado orgullosos los catalanes, 
debiendo á ellos altas y memorables glorias, no menos honrosas 
por cierto que las alcanzadas en los campos de batalla. 

A estar continuados los diez ó doce nombres mas, que hubieron 
de suprimirse por causas que no son de este lugar, el lector hubie- 
ra podido juzgar de como el plan que nos habíamos propuesto era 
completo, y de como se habia procurado no olvidar ninguna repre- 
sentación gloriosa para dejar bien dibujada la fisonomía bistórico- 
politica de CataluSa. 

Es una calle sin salida que hay en la del Consulado. A juzgar 

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136 FONOLUR.— TONTANELLA. 

por el den que acompaRa su nombre, parece este apellido de hm~ 
lia; pero paede ÍDterprelarse por hondanada ú hoyo pequeño que es 
lo que sigDÍfíca foudet. 



Dirígese de la calle de la Claeeguera á la de Carden. 

Es apellido de conocida familia catalana, el de los condes de Fo- 
Doltar. 

Ha existido hasta estos últimos aSos , en nna casa de esta calle, 
una capillila esteríor dedicada & san Severo, con motivo, según tra- 
dición, de haber trabajado aquel sanio en su juventud eo dicha ca- 
sa como tejedor de lino. 



VONTABnEIXA [mOIc de). 

Otra de las del ensanche. Desemboca en la plaza de CalahOa. 

Han existido dos BontaneUa, célebres los dos en nuestra historia 
política y literaria , y para memoria de entrambos fué puesto su 
nombre á esta calle. 

Juan Pedro Fonlanelta era en el siglo XVII ciudadano de Barce- 
lona y jurisconsulto famoso. Escribió varias obras sobre derecho y 
adquirióse grande y merecida fama, siendo consultado varias veces 
por tos concelleres y enviado por ellos á Madrid en desempetio de 
una ardua y delicada comisión que llenó cumplidamente. Pero la 
vida política de este ilustre ciudadano no comenzó hasta 1610. 

Habia sido este afio , como ya sabemos , el de la revolución del 
dia de Corpus, el de la muerte del virey conde de Santa Coloma 
y el de la sublevación de los catalanes eu favor de sus libertades. 
Acercábase el marqués de los Velez al frente de poderoso ejército 
contra Barcelona, cuando el 30 de noviembre de 16iO, dia de san 
Andrés , que era el de la elección de los concelleres , salió electo 
conceller en cap Juan Pedro Fonlanella , « ciudadano honrado de 
Barcelona , conocido al mundo por su erudición y por sus obras 
aclamadas de los mas insignes letrados de Europa,» según dice su 



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FONTANELU. 431 

cootemporáneo Gaspar Sala (1). Aparadas erao las circuQstancias, 
pero con brío y decisión se puso el sabio jurisconsaltú al frente del 
gobieroo politice de la ciudad, y de acuenlocoD el diputado y pre- 
sidente de la Diputación catalana, Pablo Claris, imprimió dirección 
á las cosas públicas , organizó la resistencia de la ciadad , encauzó 
la revolución que se estaba haciendo , y supo dominar con ánimo 
sereno y levantado patriotismo las crisis políticas qoe se sucedían. 

Las tropas castellanas de Felipe IV, mandadas por el de los Ve- 
lez, se pusieron á la vista de Barcelona , y entonces esta ciudad se 
apresuró k reunir junta de Brazos. En una sesión memorable, pre- 
sidida por Pablo Claris , y en la cual tomó gran parte el conceller 
en cap , se tomó la heroica resolucion'de declarar roto el pacto que 
llegaba á Felipe IV con el pueblo catalán, y declarándose vacante el 
trono de conde de Barcelona , se aclamó por rey á Luis XIII de 
Francia. Mucho contribuyó á esta decisión con su poderoso talento 
y. su lógica el conceller Fontanela. 

Hecha la aclamación de Luis XIII como conde de Barcelona, die- 
se parte en el gobierno de las armas y en las direcciones de las 
mismas á los franceses, nombrándose una junta superior snprema, 
compuesta de tres personas : el diputado militar don Francisco de 
Tamarit, el conceller en cap de Barcelona /ua» Pedro Fot^nella, y 
el general francés Mr. Plessis Besanzon. .Esta jnnta acabó de or- 
ganizar la resistencia de Barcelona, ante cuyos muros se estrelló la 
arrogancia castellana , sufriendo el marqués de los Velez grande 
descalabro en la batalla de MoDJuich sucedida el 26 de enero de 
16il . Célebre jornada fué esta , y tan por completo triunfaron en 
ella los catalanes, que, desorganizadas y rotas las huestes del mar- 
qués de los Velez , hubieron de emprender vergonzosa retirada y 
íü)andonar el sitio de la ciudad , á tiempo precisamente que por las 
calles de esta eran jubilosamente paseadas trece banderas castella» 
ñas, las cuales se llevaban al palacio de la Diputación para ser col- 
gadas al revés en sus balcones , como en desprecio y vilipendio de 
las armas enemigas. 

Aquella misma larde , dos ó tres horas después de la victoria, 
Juan Pedro Fontanella y los concelleres de la ciudad recibían en 
solemne andiencta á un embajador del noevo rey de Portugal ; don 
Ignacio Mascarenhas, qoe había llegado por mar á Barcelona aque- 



(1) alpltome de loe principios y progresos de tu gnerrw de GalaloDa,* cap. 11. 

Tono I. *• 



438 FONTAlflLU. 

Ha mafiaDa, pocos momeob» antes de comeoxar d saogrienlo oon- 
bate qae god taota gloria debia termíDar para la caosa catalaBa. 
Al disenrso que hizo el embajador portogoés cuando entregó sos 
credeodales al omceller « a^, ctmtesló Fonícmtüa con otro en la- 
ÜD, muy elegante y hábilmente pdftko. 

Tríaofaote por de pronto la causa de las libertades catalanas, 
/w» Pedro Pontattéüa continuó prestándola inmensos servicios co- 
mo conceller en cap basta 30 de noviembre de 16il , en que le su- 
cedió en su cargo el ciudadano Galceran Nebot. T fueron tuto mas 
importantes estos servicios, en cuanto, con la muerte de Pablo Cla- 
ris, alma de aquella revolución , esta se encontró sin el primero de 
sus mas eflcaces agentes , el primero de sos mas profundos inspi- 
radores y el primero de sus mas importantes elementa». 

Por comfrieto se entregó entonces Fontanela á la cansa de la pa- 
tria, siguiendo las huellas de Clarfs, y tratando ^e encaminar la 
revolución triunfante por la senda que con su empuje halña abierto 
y coD SQ dedo había señalado el ilustre difunto. Al dejar de ser con^ 
celler, al despojuw de la púipura barcelonesa, fué noo^brado re- 
gente de la Audiencia, pero esto solo sirvió para que con mas celo 
y mas ahinco cootiauara su obra. Todo cuanto en él habia de acti- 
vidad, de faerza inteligente, de popularidad y de vida, todo lo con- 
sagró á la defensa de las libertades patrias y de la revolución que 
la caracterizaba. Pocas veces ha tenido una causa ni mas leal de- 
fensor, ni mas caluroso adalid. Esto le valió el odio de los caste- 
llanos, cuyos historiadores le calumnian, contribuyendo con sus do* 
losas apreciaciones á que los nuestros mismos hayan sido moder- 
namente algo injustos con aquel varón eminente. £n los pocos da- 
tos que de él da Torres Amat en su Diccionario de eicrtíores caía- 
lañe», dice que «fué muy estimado de todos y tenia gran fama de 
sabio,» pero aSade que «se acaloró mucho en medio de los distur- 
bios políticos que agitaban entonces á CataluDa.» Torres Amat se 
limita i decir esto, con lo cual parece que se hace un cargo & 
Fontanella por su patriotismo, pero el P. Caresmar, en lo muy poco 
que de él dice, está todavía mas' injusto. Consigna que no hubo 
ninguno en su tiempo que le escediese en sabiduría, pero aDade 
que «se le atribuyó mucha parte de la resistencia y obstinación de 
los catalanes en las revueltas de aquellos tiempos, cayendo después 
por esto en mayor abatimiento y desprecio. » Esto último no es exac- 
to. En abatimiento y desprecio de los castellanos podia caer si acaso 

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FOMÁNELLA. 439 

Fontaaella, pero qo de ios catalanes que constantemente vieron y 
admiraron en él un varón de talento superior y de &ninio levantado. 

Las circunstancias políticas fneron siguiendo su curso, y, ampa- 
rada por la Fraocia cuyo monarca aceptó el trono condal de Barce- 
lona, CataluDa comenzó después de la batalla de Monjuich aquella 
su desastrosa guerra con Castilla, vulgarmente conocida por la 
guerra de los segadores. En 16i4 el mismo Felipe IV salió de Ma- 
drid para pooerse al frente del ejército que había enviado para su- 
jetar á CataluDa y estaba á la sazón sitiando á Lérida. Antes de lle- 
gar el rey al campo que tenia su ejército sobre dicha ciudad, man- 
dó espedir un edicto, fechado & 5 de abril de 1644 en Zaragoza, 
por el cual prometía k los catalanes olvidar lo pasado, mantenerles 
en sus haciendas, privilegios, usajes, fueros, pragmáticas, capítu- 
los de corte, leyes y constituciones, y ofrecía á todos el perdón ge- 
neral, esceptuando k don José Margarít, a! doctor Fmtanetia, don 
José Rocabruna y don Francisco Vergós. Tal era el. odio que á 
Fottíottella tenia Castilla, y de tal modo miraba en él el pensa- 
miento y la cabeza de aquella revolucioo liberal, que, como se ve, 
fué el segunfjo de los únicos cuatro catalanes á quienes no se quería 
conceder perdtm. 

Mientras doraba la guerra , con triunfos y reveses por ambas 
partes, h instancia de las potencias europeas interesadas en la paz 
de Espida, se abrieron en Mui^ter conferencias y negociaciones 
para entablar dicha paz, y como para informar al plenipotenciario 
de Francia sobre los derechos, usos y leyes de CataloDa, se pidiera 
á este país nn hombre docto y entendido, la Diputación eligió al 
doctor Juan Pedro Fotitmelia, regente que era entonces de la Au- 
diencia de Barcelona. Esto fué á fines de 1644. 

Partió inmediatamente Foníaneüa para Munster. Iporamos lo 
que allí hizo y qué clase de servicios pudo prestar al pais, que de- 
bieron ser importantes, en aquellas conferencias. Solo hemos po- 
dido averiguar que, continuando estas aun en 1646, habiendo solí- 
ntado FofUaeñeUa regresar á CataluQa con grande empe&o, y ha- 
biendo pedido la reina regente de Francia que fuese enviado otro en 
su lugar, la Diputación catalana eligió para este cargo al doctor 
don Francis») Marti y Yíladamor, jurisconsulto y letrado distÍDgai- 
do, autor de varias importantes obras escritas y publicadas en de- 
fiensa de las libertades patrias, y otro de los entusiastas adalides de 
la cansa que sosteoia Catalufia. 

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440 PONTANELLA. . 

Proseguía aan la guerra eo 1'650, y firme ycooslaotese rnaate- 
nia CalaloDa en lo que dieroo eo Uamar sa rebehon las cortesanas 
plumas de vendidos escritores. Francia, bajo cuyo protectorado se 
pusiera esta nacioa, se portaba mal con ella. Ni la ausiliaba como 
debía, ai la enviaba los socorros que eran necesarios, ni su apoyo 
era tan desinteresado como debía ser, oí los fraoceses que aquí ve- 
nían con mando cumplían conforme á lo que espresamente se había 
pactado y estipulado eo la época en que eran diputado presidente 
Pablo Claris y conceller en cap Juan Pedro Pottíaneüa. En vista de 
este quebrantamiento de pactos, de esta falta de ausilios y de las 
circunstancias aflictivas que se estaban atravesando, los dos consis- 
torios, el de la Diputación y el de la ciudad, enviaron de embajador 
k Francia al regente fonímella en noviembre de 1650. 

Poco pudo conseguir el embajador catalán, según parece, y no 
sabemos si llegó á regresar á este país, cumplida su misiw, pues 
& los pocos meses de su partida, Barcelona quedaba sitiada por las 
armas castellanas, comenzando otro de aquellos varios, prolonga- 
dos y heroico? sitios que eu diversas épocas ha tenido que sostener 
esta ciudad ilustre. Barceloua prolongó su defensa hasta octubre 
. de 165S, entregándose por fin á don Juan de Austria, general de 
las tropas castellanas, por honrosa capitulación, w la cual se con- 
signaba dejar salvas las constituciones y libertades del país. 

Ya nada mas hemos podido averiguar relativamente al regente 
Fontanella, y sirvan estos pocos datos para otro autor que, con 
mas fortuna, pueda bosquejar su biografía. Solo sabemos que tuvo 
dos hijos. 

El primero, José Fontanella, tomó también gran parte en los mo- 
vimientos de GataluQa, mereciendo por sus servicios que el monarca 
francés le diese un titulo de vizconde en 1649. Estovo en Barce- 
lona dorante su sitio hasta los últimos momentos,- y después emi- 
gró á Francia, donde aquel rey le nombró en 1660 presidente del 
Consejo de PerpiDan. 

El segundo, Francisco FontatwUa, abrazó con decisión la causa de 
su padre y hermano, y según lo que ha podido deducirse de sus 
poesías, en 1652 se halló en el sitio de Barcelona, y después, como 
partidario en los disturbios que en aquella época agitaron á nues- 
tra GataluQa, tuvo que emigrar á Francia, donde residió algunos 
aQos. Torres Amat dice que murió fraile lego en el convento de 
Santa Catalina de esta ciudad. Tambieo dice que existe un tomo de 

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FOaHlTGEBiA.-FOBN DE U FONDl.-FOSSiB M LAS «OBBIIAS. lil 

poesías manuscritas de este autor en la Biblioteca episcopal. Que 
el volumen existía en tiempo de Torres A^mat no cabe la menor 
duda, pero no hemos sabido dar con él, sin embargo de haberlo 
buscado abincamente en aquella biblioteca. 

Era PoiUafíella poeta de imaginación y de sentimiento, y suya es 
la famosa írafficomedia pastoral de Amor, Firmeza y Porfía que equi- 
vocadamente atribuye Amat á un José FoDtaoer y Martell. También 
escribió unaobrlla á la memoria del eminente patricio Pablo Claris, 

FeBBlATClEIUA [«»Ue «e Ift). 

- Que equivale á decir calle de la Quesera, sin duda porque antes 
habría alguna casa ó establecimiento donde se harían quesos. 
Es UD callejón sin salida en la Espartería. 

IVMN BE tiA reNBA (««Ue alel). 

Otro callejón sin <alida en la calle de Tarros, al estremo del cual 
habla un homo que pertenecia á cierta fonda de nombradla. De ahi 
provino su nombre. 

Antes había muchas calles en nuestra ciudad que tomaban nom- 
bre de algún horno (/om), como las del /"ora cremat, delfem den 
Dufort, delfom dele Árchs, del fom déte cotoners, delfom den 
Viiadeeols etc. Casi todas han desaparecido ya ó cambiado de nom- 
bre. 



TOMAB BE I.AII mvtOmU) (ndle <el). 

Se titula asi el semicírculo que forma la calle que circuye la man- 
zana de casas debajo del puente que del Palacio real conducia á la 
tribuna de la iglesia de Santa Maria. 

Llámase este sitio fossar, es decir cementerío, porque antes de 
darse la órdon de establecer cementerios generales, solía tener cada 
parroquia uno adjunto á la misma, y en este sitio se hallaba el de 
Santa Haría. 



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4i2 FRANCISCO DB ASÍS. — FBANCISCO DE PAULA. — FRENERÍA. 



rmASrCISCO be asís («laie *• mm). 

Abre paso de la Boria k la plaza del OH. 

Aotiguamente había eo este sitio uoa calle ó plazuela llamada de 
Marimon, por ser esta femilia propietaria de casas en ella, pero en 
1762 se concedió líceocia á Pablo Font y otros para cerrarla, que- 
dando solo abierta la calle á que se dio el nombre de San Francisco 
de Asís en memoria de la veoida de aquel santo á Barcelona. 



FBAIVCISCO DE PACftA (mOI* «le aan). 

Existen dos con este nombre, una que desde la calle mas Alta de 
San Pedro va á terminar en la plaza de Junqueras, y otra en la 
Barceloneta que arranca de la de San Carlos para unir en la playa. 

Llamóse la prííaera antiguamente t^ Melicol y después den 
BosseL 



FBEIVEBIA [MUe de la). 

Tiene sn entrada en la Libretería y su salida en la de los Condes 
de Barcehna. 

Ocupaban esta calle, y de ello provino su nombre, los freoeros 
ó fabricantes de frenos y otras piezas de goarnicion, cuyo oficio 
bubo de ser de los primeros que se ordenaron en forma gremial, 
pues asi se deduce del catálogo de los artífices que en 1257 com- 
pusieron el orden de menes^es en el primer Consejo municipal. 

Vivían también en esta calle, ó á lo menos muy en sus inmedia- 
ciones, los guadamacileros, cuyo oficio era el que comprendía el arte 
de dorar y estampar los cueros, de que la moda de los siglos pasa- 
dos sacaba un grao servicio para cubrir las paredes de los estrados 
y para cortinas, cojines y otros usos. Los guadamacileros estaban 
ya reducidos á cuerpo agremiado en 1316. 

Durante un largo periodo fué industria famosa la de los guada- 
macíes, siendo tan estimados estos en Jiuestro país y tanto en el 
estranjero, que el rey don Juan H envió al de Francia un regalo 



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FREIXDBÁS. — FBTJITA. — FBBNTK DB SAH HÍGDBL. 443 

qne, entre otros objetos, cooteDÍa algunos cueros de guadamecis 6 
guadamaciles. 

SegUD se ve por el preámbulo de los nuevos estatutqs que se 
dieron á este gremio en 1 539 , esla industria tenia entonces gran in- 
cremento por estar en su mayor fuerza el gusto de los guadamaci- 
les, para adorno de los templos y de las casas particulares. 

Un autor de 0nes del siglo XVII espHca el guadamacil en estos 
términos: «Se hacen de píeles y cueros de carneros y ovejas. Son 
vestidos de piafa y oro, que es el betón con que los hacen, y es- 
tendidos y colgados adornan mucho y hermosean una pieza ó sala, 
y son de poca costa, aunque ya por las ricas colgaduras que se usan 
han caido; pero fué muy buena invención en su tiempo por la va- 
riedad de labores y matices con que deleitaban la vista.» 



FmEnLtjn&8(«»ne4elaa). . 

Parte de la Baja de San Pedro y concluye en la plaza de Isa- 
bel ÍI. 

Diósele abusivamente el ridiculo nombre que lleva, por haberse 
vendido eo ella durante muchos aQos los bofes ó livianos, que á esto 
equivale el catalán freixuras, de las reses que se mataban para el 
abasto de la ciudad. 

Primitivamente se denominó de la torre den Ripoll, después tomó 
el nombre den Rovtra, y luego el den Queralí. 

VBUITA (ealledel»). 

De la Fruía en castellano. Atraviesa de la de San Bonoraío á la 
de Santo Domingo. 
Nada que decir hallamos de ella. 



VTKinrB DB 9AK HICirBL (eaUe d« la). 

Partiendo de la de la Ciudad enlaza con la bajada de San Miguel, 
y tomó su nombre de la fuente que existe en ella. 



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4i4 



Es la que va de la calle Ancha á la phza de San Sebastian é de 
los Encmíes. 

DfceseqneeD su primera época se llamó delSarrakiódelsSarra~ 
kms (del sarraceoo ó de los sarracenos). Pujades ea su Crónica de 
Cataluña oos esplica el orígeD de este oombre, diciéndonos que 
cuando Ludovico Pío recobró Barcelona arraocáadota al poder de 
los moros, d¡ó permiso á uu caudillo sarraceno para que con varios 
de los suyos se aposentase en los arrabales de la ciudad, mieotras 
se comprometieran á no bacer armas contra los cristianos. Alla- 
nándose á esto los sarracenos, quedáronse á habitar este pais, fi- 
jándose en un barrio que estaba estramuros, junto á la playa, y 
que por esta razón fué denoisiaado dek tarrahins. 

Posible es que esto fuera asf, pero debe tenerse en cuenta qoe 
el terreno sobre que están asentadas hoy la calle que nos ocopa y 
las inmediatas, hallábase todavfa inundado por las aguas del mar 
en tiempo de Ludovico. La playa ocupaba lo que hoy es calle An- 
cha y el astillero se hallaba en lo que boy es calle del Itegomir. En 
tiempo de los condes de Barcelona Ramón Bereoguer y Bereoguer 
Ramón, hermanos y coreioantes, época muy posterior á la de Lu- 
dovico, se hizo una escritura para partición de varios alodios entre 
ambos hermanos, y en esta escritura se habla de unos edilScios qui 
suníiubtus Begumir, uhi fuerunt facía nave». 

Pudo sin embargo ser que los sarracenos á que alude Pujades se 
establecieran por las inmediaciones del astillero viejo, y que la pri- 
mera calle que se abriese, después de retiradas las aguas, tomase 
el nombre de los que moraron en sus cercanías. 

Guando la playa del mar estaba en el sitio que hoy ocupa la pla- 
za de San Sebastian, junto á tos arcos de los Encantes, y el astille- 
ro se hallaba también por aquellas inmediaciones, la calle de que 
hablamos fué poblada por los carpinteros de ribera, que estable- 
cieron en ella sus talleres. Entonces fué cüttndo, por este motivo, 
tomó el nombre de Carpintería ó en catalán Fusieria, el cual ha 
conservado de entonces mas. 



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G 



«ATUEl&AS («*U« 4«M]. 

Existen dos calles de este nombre, que es visiblemente el de una 
familia catalana propietaria de terrenos en aquel punto. 

La una ra de la calle de Ltástichs á la plaza de MarguUlas. La 
otra comienza en la deis Metjes y termina en la primera den Ga- 
tueilas. 



C1EIVEBA.L CJanlla 4el). 

Es nn jardín público, situado á la entrada del Paseo nuevo ó de 
San Juan, y debe el nombre que lleva á haber sido construido en 
1816, por solicitud y bajo los auspicios de dun Francisco de Cas- 
talios, duque de Bailen, que era entonces capitán general del Prin- 
cipado. 

En 1840 fué ampliado y recibió algunas importantes mejoras con 
motivo de la venida á. esta ciudad de la reina doDa Isabel 11. 

Aunque demasiado reducido por lo que es Barcelona, se halla 
muy bien distríbaido en diferentes calles formando varios dibujos, 
y es un sitio ameno y deleitable. La puerta principal es de mármol 
blanco, de ¿rden toscano, y aparece coronada por un medallón co- 
locado entre dos jarros, con el escudo de armas de Barcelona. 

En mitad del jardin hay un surtidor circular con una sirena de 
m&rmol blanco en el centro, y en otros tres surtidores de menor 
diámetro colocados á corta distancia descansan sobre sos corres- 
ponáíeules pedestales estatuas también de mármol blanco que re- 

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1Í6 GEHONÁ. — GBBÓNIMO. — GIGANTES. 

preseotao á Ceres, la Medicina y la Fidelidad. Otro surtidor semi- 
circular forma uoa montaQa sobre la cual se levauta uoa estatuado 
Flora. Ed el foudo del jardín hay uo estanque cuadriloogo de treinta 
varas de largo por catorce de ancho, con un surtidor en medio, m 
el cual nadan cisnes blancos, ánades y otras aves acuáticas. Junto 
á él descansan sobre pedestales cuatro bustos de mármol blanco que 
representan la Modestia, el Dolor, la Soledad y la Sencillez. 

Esparcidas por el jardín hay varías pajareras con aves de toda 
clase, muy raras algunas, y otras de remotos climas. 



«■■OlVA (eiOlede).- 

Formará parle del ensanche. Está en mfdio de las calles del Brueh 
y de Baiien, comienza en la de Córcega, concluye en la de Ronda, 
y es cruzada por las de Boselion, Provenza, Mallorca, Valencia, 
Aragón, Consg'o de Cíenlo, Diputación, Corles, Caspe^ Ansias Mar ch. 

Diósele este nombre en honra y gloría de la inmortal ciudad de 
Gerona. Célebre es esta ciudad invicta en los anales históricos de 
GataluDa, y subió de punto so fama en este siglo con el sitio admi- 
rable que sostuvo contra los franceses, conquistándose entonces el re* 
Dombre de inmortal que ya sin embargo tenia bien merecido por 
altas proezas anteriores. 



CtEBOimiIO (mUc de «m). 

Tiene su entrada en la de San Pablo y su salida en la de San 
Martin, y no hemos hallado cosa particular que decir de ella. 



eiClAIHTBS (caUe de lee). , 

Pasa de la de Templarios á la bajada de San Miguel. 

Llamóse en lo antiguo de la Condesa por so proximidad al palau 
ó palacio de la condesa, de que mas adelante hablaremos. Tomó 
luego el nombre del Gobernador por haber habitado en dicho pala- 
cio durante cierta época el gobernador de CatatoDa; pero dióle el 
vulgo el nombre que hoy lleva porque en una de sus casas, Dota- 



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GIGANTES. 44*7 

bie ciertameole por so puerta de mas que mediana altura, se guar- 
dabao las figuras llamadas Gigantes de la ciudad que preceden & 
las procesiones del Corpus y se sacan á pasear por las calles en las 
fiestas y regocijos públicos, con grande contentamiento de los chi- 
qnillos y geute del pueblo. 

«No sé esplicar, dice el áutw del Guia Cicerone sefior Boforull, 
si el nombre de Gigantes que lleva esta calle revela la antigüedad 
de una oscura costumbre Ó lo debe á uua pura casualidad : lo digo 
porque en la última casa, á la derecha, que habia sido de propie- 
dad del Ayuntamiento, llamada vulgarmente casa de los gigantes, 
derribada bace poco , era donde se guardaban encerradas las co- 
losales figuras que preceden á las procesiones de Corpus. Esplicaré 
mi duda : si de muchos siglos han habitado dicha casa los gigan- 
tes, dando nombre á la calle, entonces la costumbre es mas re- 
mota de lo que parece; mas, si la costumbre, como se cree gene- 
ralmente, no pasa mas arriba de dos siglos, ¿cómo se esplica la 
casualidad de haber tenido dicha casa, hasta ahora, una puerta 
desmesurada y gigantesca altura, y ser en la forma y en el color 
de sus piedras quizá de mas de cuatro siglos?» 

Creemos nosotros muy lógica la duda del sefior Bofarull, pero' 
creemos también que la costumbre de los gigantones es mas anti- 
gua de lo que parece, y que pudo bien ser que la casa que existia 
en esta calle llamada de los gigantes se construyese ad hoc, es decir, 
con habitación á propósito para albergar á estos altos personajes. 

En las resefias que se hicieron de la entrada en esta ciudad de 
Felipe II de Castilla, el aQo 1564, se lee que el gremio de los cor- 
deleros llevaba su gigante , que los pelaires y curtidores llevaban 
un león y la mulassa, y que los algodoneros iban con sus caballs 
cotoners. 

En la descripción que bace el padre Rebullosa de las grandes 
fiestas con que Barcelona celebró la canonización de san Raimundo 
de Penyafort el año 1601, se lee, hablando de la procesión : 

alba lo primero para regocijar la fiesta y hacer lugar por las 
calles una danza de doce caballitos ginetes cotoaeros , y entre ellos 
muchos como demonios disparando perpetuamente cohetes trona- 
dores de sus mazas. Tras estos iban dos Gigantes, marido y mujer, 
en zancos , haciendo graciosos ademanes, descubiertos los rostros, 
con grandes lanzas en las manos , y vestidos de ropas muy largas 
de seda : luego dos grandes dragonazos escupiendo llamas de fuego 

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448 QIMBBRi. 

y disparando terribles cohetazos por la boca, acompafiados tambieo 
de machos demoDios con cascabeles en las piernas y mazas para el 
mismo efecto que los otros ; y por remate un grande Gigmte de di- 
ferente talle que los otros, armado con grandes planchas y corazas, 
y coQ su celada todo dorado , y bailando los cascabeles con mucha 
graciosidad al son de una flauta y tamboril que le iba delante ; y 
tras él los atabales de á caballo con la librea de la ciudad, y con la 
misma muchos trompetas á pié y de fres en tres. » 

Estos datos y el hablar sus autores en ellos de los gigantes, con 
la sencillez que se usa al hablar de una cosa conocida y nada nue- 
va, demuestra que era esta una costumbre ya antigua y acaso in- 
memorial en aquella época. Desde entonces, á cada paso se encuen- 
tran testimonios escritos de la salida de los gigantes con motivo de 
diversiones públicas ó procesiones del Corpus. 

Existen hoy en Barcelona varios gigantones que aparecen los dias 
de fiesta popular , y muy especialmente , como cosa de rúbrica, en 
la octava del Corpus. Los de la ciudad, que tiene á su cargo el 
Ayuntamiento , son dos figuras de 16 á 18 pies de elevación , que 
antes aparecían constantemente vestidos de reyes moros, pero cuyo 
traje acostumbra ahora á variar cada aSo. Después comenzó el uso 
de vestir á la gigaiUa con traje moderno , y durante algunos afios 
la pübilla, que asi es llamada por el vulgo esta figura , sacaba las 
modas del peinado y del corte de vestido , en lo que se invertía 
una cantidad no de las menores entre las que figuraban en las cuen^ 
tas municipales. 

Hay luego los gigantes de la parroquia de Santa Haría, que son 
de igual altura á los de la ciudad , y los de la parroquia del Pino, 
cuya elevación no pasa de diez pies. 



«IHEBIU («»U« 4e). 

Está en la Barceloneta y arranca de la calle Nadonai para ter- 
minar en el sitio donde se levanta la fábrica del gas. 

Gomo son muy frecuentes y han sido siempre continuadas las 
relaciones comerciales de esta plaza con la de Ginebra, por esto sin 
duda dióse semejante nombre á esta calle. 



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GIGNAS. — GIL. — GINJOL. — GIBALT PELLISSEB. 449 



PrímeFamenle se llamó den Boada y después den Guilkm Nos 6 
den Gim Nos, nombres propios entrambos. Con el tiempo se ba ido 
alterando el vocablo, y asi como de Guillem Nos se hizo Gim Nos, 
de Gim Nos se ha ido haciendo Gignás, 

Es nna calle angosta y muy larga que va desde la de Eimdi- 
üers hasta la de Cambios Nuevos. 



dlli («alto «e nui). 

Su entrada está en la de San Vicente y se comunica con el en- 
sanche. 



eil»*!, (M>II««el). 

Es decir calle de la azufaifa ó del ginjol , que también tiene éste 
mismo nombre en castellano. 

Ignoramos á propósito de qué pudo darse semejante nombre á 
esta calle, debiendo solo advertir que antes existia otra que se titu- 
laba del Gittjoler, es decir del azufaifo ó del ginjolero, y es la cono- 
cida boy por Xaclá. 

Es la del Ginjoi una callejuela que se abre en la plaza del Teaíro 
y pasa por detrás de la casa de Correos. Antes no tenia salida. 
Hoy la tiene porque en ella se abre la puerta de nna casa de baSos, 
por cuyo patio se puede pasar á la calle Nueva de San Francisco. 

Antiguamente se llamaba del Palamall, sin duda porque en ella 
habría la casa de este juego público , muy en uso entonces en este 
pais como ahora lo es el de la pelota en las provincias Vascon- 



Lo cual equivale á decir de Giralt elpellgao. Asi al menos lo 
interpretamos nosotros. 

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451 oíun.- 

Ua Iftbrícaiite de pieles Itamado asi TÍTÍiia eo esta calle y le de- 
jaría sa Domtve. 

Su estrada está eo U de Carden , j n salida en la ptua-mer- 
cado de AoJW //. 



Algunos dicen con mas pro[Hedad, quizá, de GinUi; y a no es 
apellido, lo cual no creemos, quiere decir calle de Vuéhele, otra de 
tantas denominaciones migares como se han puesto k muchas calles. 

CoDÜeoza en la de la Platería y termina en la de Gruny. 



VaMmMA («VM «« Ib). 

Abre paso de la calle de la Tapmería k la de Graetamat. 

Antiguamente se llamaba den Moncau, nombre de familia catala- 
na, y después tomó el den Meca, otro apellido catalán de familia 
distinguida. 

Por los alíos de 1697 era diputado del Brazo militar don José de 
Meca y de Cassador, quien tuvo ocasión de prestar grandes servi- 
cios al pais con motivo del sitio que aquel aOo soñió Barcelona, 
habiendo caido prisionero de los franceses. 

Digamos algo de este suceso, pues se nos oürece ocasión. 

Reinaba en EspaDa el imbécil Carlos II, ó por mejor decir reinaba 
el hipócrita confesor de este monarca, y corría el aDo 1697. 
Luis XIV, anheloso de eosaochar sus dominios, sin freno y sin lí- 
mites para su ambición y egoísmo, había ya introducido en Cata- 
luQa un ejército que se había apoderado de Camprodon demoliendo 
sus fortificaciones, que había entrado en Rípoll y San Juan de las 
Abadesas, que había tomado por asalto la Seo de Urge!, y que ha- 
bía obligado á capitular á Rosas, á Palamós y á Gerona, á esa 
misma Gerona que poco mas de mu siglo mas tarde debia admirar 
al mundo con su resistencia & los mismos hijos de san Luis. Todas 
estas sucesivas victorias, junto con la batalla del Ter, ganada tam- 
bién por los franceses, la toma de Castellfollit y de Hostalrich y el 
bombardeo de Barcelona por la escuadra del almirante D'EsIrées 
que se había presentado repentinamente en el puerto, seefectaaroD 
desde 1689 hasta 1697. 

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GLOfiU . 451 

A (al estado había llegado Espafia. I^ corte de Madrid era impo- 
nente para resistir el empuje de las armas de Lais: el rey que ocu- 
paba el trono era incapaz, débil y supersticioso, las influeocias que 
le rodeaban eran de curas, frailes é ioquisidores, y un traidor, ó á 
lo menos uno que fué tachado de tal, era lugarteniente y capitán ge- 
neral de GalaluDa. 

El duque de Vendóme, general en jefe del ejército francés, reci- 
bió orden de adelantar hasta Barcelona y emprender su conquista, 
y el i de junio de 1697 acampaba en Moneada al frente de veinte 
mil infantes y cinco mil caballos, mientras que segunda vez llega- 
ba á la vista de la ciudad la escuadra del almirante D'Estreés, com- 
puesta de catorce navios, treinta galeras, (res balandras y ochenta 
embarcaciones menores. 

Al ver á Vendóme en Moneada, el capitán general de CalaluQa 
don Francisco Antonio Fernandez de Velasco y Tovar reunió el grue- 
so de sus tropas y se salió con ellas de Barcelona en dirección á 
Martorell, como retirándose del enemigo y abandonando la ciudad 
á las consecuencias de un ataque. 

Los concelleres quedaron casi reducidos á sus propios recursos y 
decidieron formar la Coronela, célebre milicia ciudadana cuyo coro- 
nel era siempre, invariablemente, un conceller de Barcelona. 

Los enemigos emprendieron el sitio y empezaron á batir la pla- 
za, la cual se alentó un tanto con una carta de don Francisco An- 
tonio Fernandez de Velasco y Tovar en la cual les decía haber he- 
cho jnntar un grueso de somatenes y las compaQías levantadas por 
la Diputación, que se había trasladado k Villafranca del Panadas, y 
que con esta gente y la suya acudiría desde Martorell en socorro 
de la ciudad cuando lo necesitase. 

Admirablemente se defendió Barcelona con sus propios recursos, 
ínterin el capitán general don Francisco Antonio Fernandez de Ve- 
lasco y Tovar continuaba tranquilamente en Martorell viendo co- 
mo Barcelona era bombardeada día y noche, viendo como abrían 
brecha en ella, viendo como á cada momento iba haciéndose míts 
congojosa la situación de la capital, y esperando con ánimo sereno 
y firme convicción que llegase el instante de necesitar socorro pa- 
ra acudir á dárselo. 

Un día los denodados defensores de la ciudad heroica, junto con 
los somatenes de los pueblos inmediatos, consiguieron una esplén- 
dida victoria, llegando á sembrar el desorden y la confusión en el 

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452 GLORIA. 

campamento francés, y al dia siguieate de este hecho de armas, 
doD Francisco Anlonio Feroandez de Velasco j Tovar se aveotaró 
á entrar en Barcelona (era el 1 3 de julio) y convocó á consejo á los 
principales jefes de la guarnición, repitiéndoles qne sus deseos eran 
los de socorrer la ciudad y obligar al enemigo á alzar el cerco. Los 
concelleres le pidieron que por Dios abreviase este socorro tan pro- 
metido, no fuese qne llegase cuando ya no se necesitara. 

Velasco permaneció pocas horas en Barcelona y volvióse k salir 
con dirección i San Felío del Llobregat, pero no bien habia llegado 
á este punto, cuando las tropas francesas atacaron tan recia y con- 
certadamente k las tropas castellanas acantonadas en el llano del 
Llobregat, que hicieron en ellas grande estrago, las obligaron á 
emprender la retirada y hubiéranlas pasado todas ¿ cuchillo, á no 
mediar el valor y los esfuerzos de tos coroneles de caballería Pin- 
garron y Telli, que con sus tercios sostuvieron el empuje del ene- 
migo, dando tiempo á los suyos para pasar desbandados y en ver- 
gonzosa fuga el Ltobregat. Ré aquí para lo único que, hablando 
en plata, sirvió don Francisco Antonio Fernandez, etc. etc.: para 
emprender la fuga, para huir siempre del enemigo y para dejarse 
sorprender miserablemente en San Felio. 

En esta triste jornada de San Felío hubo un gran número de 
muertos y heridos entre los nuestros, siendo uno de los últimos el 
conde de Santa Coloma. Los franceses nos hicieron muchos prisio- 
neros, y entre otros el citado diputado del Brazo militar don José 
Meca y de Gassador, que iba con el virey para cuidar de levantar 



Los franceses entraron en San Felio y lo saquearon sembrando 
en sus calles y casas la muerte, la desolación y la ruina, y apode- 
rándose del bastón de mando de Velasco que estaba guarnecido de 
diamantes de gran valor y de un cofre que contenia ochocientos 
ochenta mil reales. 

A la rota del ejército de Velasco y al saqueo de San Felio siguió- 
se él de los pueblos de Cornelia, Hospilalet, Sao Juan Despf y Es- 
plugas. Los franceses cayeron como un torrente desbordado sobre 
esa rica y magnífica llanura de la marina destruyéndolo y talándo- 
lo todo. 

Por lo que toca á Velasco aun tuvo ánimo bastante, no conside- 
rándose seguro en Hartorell á donde huyó desde San Felío, para 
pasar su cuartel general á Esparraguera, dispuesto sin duda á en— 

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GLOBIAS. Í53 

caramarse á las eoriscadas cumbres de Montserrat al menor movi- 
miento de las tropas enemigas. 

Los franceses continuaron batiendo á Barcelona y estrechando el 
cerco de tal modo, que la esforzada ciudad llegó á verse, sembrada 
de ruinas, diezmados sus habitantes, en et trance mas apurado. De 
nuevo escribieron entonces á Velasco para que acudiese á socorrer- 
la, y después de trazar una triste pintura de su angustiosa situa- 
ción y de hacerle ver que pocas horas mas podia la ciudad sostenerse 
en pié, se le decía: «A bien, que quizá V. E. creerá que todavía 
00 ha llegado el momento de acudir en su socorro.» 

Por fin, después de mes y medio de una notable resistencia y de 
haber apurado el sufrimiento, Barcelona cayó, pero po medio de una 
de las mas honrosas y mas brilla&tes capitulaciones que pueden dar- 
se, y que es preciso decir que honran tanto a) vencedor como al ven- 
cido. Y aun nos apresuramos á consigi)ar que Barcelona capituló por- 
que en ello se empeñó la guarnición : los concelleres y ciudadanos 
00 hubieran capitulado. Así consta en la historia. 

Permítasenos una reflexión final para concluir este triste episodio 
de nuestros anales. 

Tres aSos después de este suceso moría el infeliz Carlos 11 y su- 
bía al trono el nielo de Luis II Y, Felipe V, que tan combatido ha- 
bia de ser por los catalanes, quienes no podían olvidar el sitio de 
Barcelona. Asi que empezó i dominar la influencia francesa en la 
corle de Madrid, erígiéndose Luis XIV desde París en arbitro de los 
deslióos de EspaDa, volvió á ocupar su puesto de virey, lugarte- 
niente y capitán general del Principado de Cataluña, el sefior don 
Francisco Antonio Fernandez de Velasco y Tovar, el mismo que en 
1697 había buido de Barcelona al llegar los franceses, el mismo 
qae se había dejado sorprender en San Felío del Llobregat, el mis- 
mo que con su impericia, su descuido ó cualquiera otra causa había 
puesto eo manos de los franceses la capital del Principado. 

¿Podía ser esta rehabilitación en su antiguo puesto el pago de 
una traición?... 



«IjOBIAS (rlasa d« las). 

Según está trazado en el plauo de ensanche de Barcelona, en las 
inmediaciones de la ciudadela y junto al paseo de San Juan deberá 

TOMOI. ^ ^- 1 

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454 GOBEBNiSOB. — COMBAD. 

existir uoa plaza-jardio, á la cual pusimos el oombredeplazadelas 
Glorias catalanas. Eslá pensado levaotar ea ella un monumeDlo dedi- 
cado á las glorías cívicas y militares de CataluQa. 

Irán k coocluir en ella las calles de Ronda, Trafalgar, paseo de 
San Juan, Marina, Cerdeña, Sicilia, Ñapóles, y Roger de Flor. 
También debe ir & terminar en este panto la nueva calle que se ha 
proyectado posteriormente ala aprobación del plano del Ensanche, 
y que se llamará de la ^li&era, la cual debe cruzar diagonalmente d 
silio^D que hoy se levanta la ciudadela. 



C10BEW¥AD0B (enll««cl). 

Se abre en la den Ripoll para ir & terminaren la plaza de Simia 
Ana, y después de haberse titulado primero dm Garrober y des- 
pués del Forn cremat, tomó el nombre que hoy lleva todavía en 
memoria del oficio ó cargo del Gobernador general de GataluSa. 

Antiguamente el primogénito del monarca era lugarteniente ge- 
neral nato; mas cuando el rey tenía que ausentarse, y do babia pri- 
mogénito ó era este de menor edad, se confería este cargo supremo 
& las reinas. En defecto de ambos, se creó el oficio de procurador 
general, y en 1340 fué creado por don Pedro el ceremonioso el car- 
go de Gobernador general. Esta autoridad conservó largos atioseste 
nombre, hasta que, formada ya la monarquía espaGola por el en- 
lace de las dos coronas de Aragón y Castilla, se sustituyeron en 
Cataluña los vireyes ó lugarteoientes generales. 

El oficio de Gobernador general de CataluQa solo se proveía en 
individuos de la familia real ó en personajes muy ilustres del Prín- 



«OUBAV {eftlle den]. 

Dirige de la de FonoUar á la de Giralí Pelltcer. 

Es vulgarmente llamada de la Mare de Deu de la Parra, y tene- 
mos leído en un dietario que en el siglo XVII era conocida por el 
vulgo con el nombre de calle de las Brujas, á causa de haber ha- 
bitado en ella unas infelices mujeres, madreé hija, que fueron sen- 
tenciadas como brujas por la laquisícíon. 



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COMBAD. 455 

Recordamos coa esle molívo que no hace mucho tiempo, gracias 
k la condesceodencia de un amigo, se nos proporcionó ocasión de 
bojear un cariosfsimo proceso que el aSo 1619 se formó en la villa 
de Tarrasa & unas infelices mujeres, ó miserablemeole seducidas ó 
crédulamente supersticiosas, acusadas de brujería y de haber ce- 
lebrado pacto con el demonio. 

Bajo machos conceptos es uolable este proceso, del cual vamosá 
dar un ligero extracto á los lectores. 

Consta de autos que en mayo del citado aüo 1619 fueron presas 
por orden del baile de Tarrasa varias mujeres, acusadas de brujería, 
llamadas Margarita Tafanera, Juana de Toy, Juana Sabina, Micaela 
Casanovas (a) Eschpera, Eulalia Totxa y Guillerma Font (a) Mira- 
ntmda. 

En las primeras declaraciones lomadas á los testigos acusadores 
y delatores, se leen cosas sumamente originales, las cuales revelan 
la estúpida candidez de ciertos hombres de aquel tiempo. En una 
declaración que da el propio hermano de Margarita Tafanera ase- 
gura ser esta verdadera bruja, aDadiendo que desde mucho tiempo 
le tenia hechizado á él y & su mujer por un maleficio á fin de que 
DO tuviera hijos y pudiesen pasar así sus bienes ¿la dicha Margarita. 
. En otra declaración dada por Antonio Ubres, se dice que las ci- 
tadas mujeres se reunían los jueves por la noche en un tugar soli- 
tario cerca de Tarrasa, al pié de una casa llamada la Quadra den 
Palet; que allí, debajo de un pino, las esperaba el diablo sentado en 
uua silla, vestido de terciopelo; que una tras otra se acercaban al 
diablo para hacerle acatamiento y homenaje y le besaban la mano; 
qae luego Satanás comenzaba á taSer una flauta y todas las muje- 
res, sin ser dueOas de sí mismas, se libraban k un baile de