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Full text of "Las guerras de Bolivar"

THE LIBRARY OF THE 
UNIVERSITY OF 
NORTH CAROLINA 




ENDOWED BY THE 
DIALECTIC AND PHILANTHROPIC 
SOCIETIES 



F2235 

.R6I 

v.l 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



En preparación: 

LAS GUERRAS DE BOLIVAR 
Segunda Guerra. 
1815-1821 
Formación de la Patria Venezolana. 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 

Enviado Extraordinario 
y Ministro Plenipotenciario de Chile 



f% 0*L 



LAS GUERRAS 
DE BOLIVAR 

PRIMERA GUERRA 
1812 - 1814 
FORMACION DEL ALMA VENEZOLANA 




EDITORIAL "VICTORIA" 
MANRIQUE & RAMIREZ ANGEL 
Caracas - Venezuela 



GENERAL JUAN C. GOMEZ, 



GOBERNADOR DEL DISTRITO FEDERAL, 

Hago saber: 

Que el señor Francisco Rivas Vicuña se ha presentado ante 
mí reclamando el derecho exclusivo para publicar y vender una 
obra de su propiedad, cuyo título ha depositado en este Despa- 
cho, y es como sigue : "Las guerras de Bolívar— Primera 
guerra — 1812-1814 — Formación del alma venezolana"'; y que 
habiendo prestado el juramento requerido por la Ley de Propie- 
dad Intelectual, le pongo en posesión del derecho que concede 
la mencionada Ley. 

Dada en el Palacio de Gobernación y Justicia del Distrito 
Federal y refrendada por el Secretario de Gobierno, en Caracas, 
a 27 de setiembre de 1921. — Año 112? de la Independencia y 63? 
de la Federación. 

Juan C. Gómez. 

Refrendada. 
El Secretario de Gobierno, 

Ramón E. Vargas. 



<lJll General Don Juan Vicente Gómez, 

Presidente Electo de la República de Venezuela 
j7 Comandante en Jefe del Ejército, 

de cuja obra de orden y trabajo resultará la mayor 
prosperidad de su país. 

Francisco Rivas Vicuña. 



INDICE 



PAGS. 

Prefacio IX. 



CAPITULO PRIMERO 
La Decepción . . . .... . 3 

I. — Partida de Bolívar después del fracaso de Miran- 
da. — II. — La juventud de Bolívar .--III. — Su propó- 
r sito de incorporarse al ejército británico. — IV. — La- 
bor política en Venezuela. — V. — La campaña de Mon- 
teverde. — VI. — Los elementos reaccionarios. — VIL— 
La primera reconquista.— VIII. — Las responsabili- 
dades. 



CAPITULO SEGUNDO 

La Responsabilidad ....... 41 

I. — Primeras tentativas de Miranda. — II. — Bolívar 
hace volver a Miranda. — III. — Auxilio de Bolívar a 
la acción de Miranda ; primeros desacuerdos. — IV. — 
Bolívar en Puerto Cabello. — V. — La campaña del 
Precursor. — VI. — La prisión de Miranda. 

CAPITULO TERCERO 

La Iniciativa . . . 91 

I. — El Tratado Á Alianza con Nueva Granada. — II. 

La propaganda popular. — III. — El manifiesto de 
Cartagena. — IV. — Negociaciones con el Congreso de 
Nueva Granada. — V. — La campaña del Magdalena. — 
VI. — La guerra en Los Andes. 

CAPITULO CUARTO 
El Ataque. . \ 129 

I. — Desacuerdos de Bolívar y Castillo. — II. — Se auto- 
riza la campaña a Mérida y Trujillo. — III. — Posicio- 
nes y elementos realistas. — IV. — El Ejército liberta- 
. dor. — V. — Combate de La Grita y separación de Cas- 
tillo.— VI.— De La Grita a Trujillo.— VIL— El de- 
creto de guerra a muerte. — VIII. — Triunfo de Ribas 
en Niquitao y conquista de Barinas. — IX. — La entra- 
da en Caracas. (Plano número 4). 



VIII 



ÍNDICE 



CAPITULO QUINTO 

PÁGS. 

La Organización 189 

I. — Importancia de la entrada a Caracas. — II. — Orga- 
nización del Gobierno. — III. — Propaganda republica- 
na. — IV. — La guerra y la renta pública. — V. — Prime- 
ras gestiones con Marino. — VI. — El plan general de 
la campaña. 



CAPITULO SEXTO 
La Guerra contra los Españoles .... 223 

I. — Operaciones sobre Puerto Cabello. — II. — El ejér- 
cito de los Llanos. — III. — El ejército de Occidente. — 
IV. — Concentración realista en Araure. — V. — Con- 
centración patriota en San Carlos. — VI. — Batalla de 
Araure. — VIL — Consecuencias. 

CAPITULO SEPTIMO 
La Guerra y la Política 265 

I. — El Libertador. — II. — Bolívar dictador. — III. — 
Bolívar y Mariño. — IV. — El regionalismo como ori- 
gen del fracaso. — V. — Primeros desastres. 



CAPITULO OCTAVO 

La Guerra Bárbara . . . . . . .313 

I. — Los llaneros. — II. — Las hecatombes de La Guai- 
ra y Caracas. — III. — Ribas en La Victoria y Ocuma- 
re. — IV. — Bolívar sitiado en San Mateo y Urdaneta * 
en Valencia. — V. — Llegada de Mariño.— VI.— Un pos- 
trer destello : el primer triunfo de Carabobo. 



CAPITULO NOVENO 
El Desastre . \ . 359 

I. — La situación general. — II. — Entre dos catástrofes : 
La Puerta y Aragna. — III. — El manifiesto de Carú- 
pano. — IV. — El alma venezolana. 



I 



PREFACIO 



PREFACIO 



¡Otro libro sobre Bolívar! 
¿Por qué? 
¿Para qué? 



¿Por qué? — Esta respuesta viene desde grandes le- 
janías en el tiempo y en el espacio ; en lo primero por- 
que es el brote, en la vejez cercana, de recuerdos de la 
mocedad ; en lo segundo porque esas memorias venidas 
de las frialdades de los climas australes han revivido en 
el ambiente adecuado, ni más ni menos que como las 
semillas guardadas en el hielo recobran su poder ger- 
minativo si las hiere el sol. 

Pues bien, allá en los años en que el hombre no co- 
noce al hombre y en que toda causa se sirve con entu- 
siasmo, militábamos, modestos soldados de avanzada, 
casi de descubierta, en las filas del partido conservador 
chileno que se levantaba sobre las ruinas de un pasado 
honroso para él y para la Patria gracias al esfuerzo in- 



XII 



PREFACIO 



quebrantable de un caudillo que habría sido Godofredo 
de Bouillon o Bayardo en otros tiempos y en otros me- 
dios y que en Chile fué Garlos Walker Martínez. 

Este hombre superior, que lidió un cuarto de siglo 
en la n ble arena de las luchas políticas para llevar a su 
partido desde la inercia hasta las efectividades de su in- 
fluencia en el equilibrio social y político, recordaba en to- 
das sus oraciones tribunicias el ejemplo de Bolívar co- 
mo modelo dé la constancia en el esfuerzo y de la ener- 
gía en el desastre. 

¡Cuánto triunfo efímero, solía decir, y cuánta de- 
rrota provechosa antes de Boyacá y de Carabobo! 

Y los jóvenes íbamos a buscar en la experiencia de 
la historia de Bolívar una lección para no exagerar el 
mérito del éxito y ün estímulo para rechazar las pesa- 
dumbres del fracaso. 

La vida de Bolívar ha sido en aquellas lejanas tie- 
rras algo así como un libro abierto que enseñó a nuestra 
generación y que debe seguir educando a la futura. He 
aquí una primera respuesta al ¿por qué? de un nuevo 
libro sobre Bolívar. Es la demostración del vivo interés 
por un personaje cuyo recuerdo ha sido maestro de una 
juventud. 

Y fué maestro sin haber conocido jamás a Chile, 
mas su genio supo adivinar las condiciones de un pueblo 
que, con legítimo orgullo, se complace en recordar la 
opinión que de él tenía el Libertador cuando, asilado 
en Jamaica, ociosa su espada, corría su mente por los 
campos del porvenir y la luz de su alma, penetrando en 
los siglos, veía a nuestro Chile con visiones prof éticas 
que nos regocijamos en rememorar. 

"El reino de Chile, escribía Bolívar en 1815, está 
"llamado por la naturaleza de su situación, por las eos- 



V 



PREFACIO 



xiir 



"tumbres inocentes y virtuosas de sus moradores, por 
"el ejemplo de sus vecinos, los fieros republicanos del 
"Arauco, a gozar de las bendiciones que derraman las. 
"justas y dulces leyes de una república. Si alguna per- 
amanece largo tiempo en América, me inclino a pensar 
"que será la chilena. Jamás se ha extinguido allí el espí- 
ritu de libertad : los vicios de la Europa y del Asia lie- 
"garán tarde o nunca a corromper las costumbres de 
"aquel extremo del universo. Su territorio es limitado; 
"estará siempre fuera del contacto inficionado del resto 
"de los hombres : no alterará sus leyes, usos y prácticas : 
"preservará su uniformidad en opiniones políticas y re- 
ligiosas ; en una palabra, Chile puede ser libre". 

Aquellos recuerdos de una propaganda que tanto 
influjo han tenido en la formación de los caracteres mo- 
rales de una generación y este juicio de Bolívar, que 
tan intenso interés tiene para Chile, responden con cre- 
ces al ¿por qué? de un nuevo libro sobre el Libertador,, 
libro que brota de la pluma de un chileno por razón del 
interés propio del personaje altamente educativo. 



Ahora bien, esto sería razón para un estudio priva- 
do, de conciencia si se quiere, mas no para repetir en 
una nueva publicación cuanto se ha dicho sobre el Liber- 
tador. 

Si el ¿por qué? se justifica como un homenaje, el 
¿para qué? debe también tener su objetivo. Lo prime- 
ro puede ser la satisfacción de un literato, lo que no 
somos ; pero lo segundo debe obedecer a un concepto más 
alto y, en realidad, lo que buscamos es evidenciar las 
lecciones benéficas que se derivan de la vida del Liber- 
tador, como del botón se abre la flor, y también puntúa- 



XIV 



PREFACIO 



lizar los errores, para evitarlos en las prácticas de la 
vida pública, como se cortan las espinas que crecen jun- 
to a las rosas. 

La razón del ¿para qué? no es, así, sustancialmente 
distinta de la que motiva el ¿por qué? 

Las altas reglas que se derivan de la vida de Bo- 
lívar nos han inducido a la empresa, sin duda superior a 
nuestras fuerzas, de estudiar sus guerras, más vastas y 
más complicadas que las campañas de Alejandro y de 
Napoleón. 

Más vastas porque el territorio de la acción de Bo- 
lívar no cabría entre el Epiro y el Indo, ni entre Ma- 
drid y Moscou. 

Más complicadas -por las condiciones de un territo- 
rio falto de comunicaciones, y con climas variadísimos; 
por las características de los pueblos que actuaron en 
la guerra, razas con diferenciaciones profundas y sin- 
contactos que permitieran establecer conexiones más o 
menos estables, como las de xAlejandro desde el Levan- 
te a la India o como las de Napoleón desde el Eslavo has- 
ta el Francés, pasando por los Germanos ; estos gran- 
des capitanes pudieron estrechar lazos entre aquellos 
pueblos gracias a la comunidad de su origen ; pero Bolí- 
var no podía conectar fácilmente los elementos autócto- 
nos; como lps indios de la sierra* con hombres de pro- 
cedencias africanas o casi tales, como los negros y los 
pardos, armonizándolos con los blancos que se encon- 
traban, a su vez, divididos por intereses de bandería. 

Vastas en el terreno, complicadas en el manejo de 
los hombres, las guerras de Bolívar no fueron una em- 
presa de conquistas como las de Alejandro, ni cam- 
páñas de equilibrio político como las de Napoleón, fue- 
ron cruzadas por el ideal de la Independencia, categoría 



PREFACIO 



XV 



de expediciones militares que se encarnan en Bolívar 
porque él fué el alma de una lucha peculiar í sima en 
América cuyos libertadores en otras comarcas no tu- 
vieron que luchar, al extremo que Bolívar lo hiciera, 
con los propios elementos cuya salud buscaba. 

En realidad, las guerras de Bolívar tuvieron esos 
tres caracteres. Fueron de conquista, como las de Ale- 
jandro, pues se trataba de aniquilar la soberanía espa- 
ñola cuyas direcciones coloniales no habían dado a sus 
dominios las prosperidades que alcanzaron los estable- 
cimientos británicos débilmente atados a la metrópoli, 
casi libres, mientras que Hispano- América fué siempre 
una factoría estrechamente comprimida. 

En la gigantesca concepción de Bolívar, sus gue- 
rras fueron también campañas de equilibrio, no de un 
pequeño sistema continental, sino de un orden más am- 
plio en el cual la América entera, por su situación entre 
los grandes Océanos, por sus riquezas y por sus conve- 
niencias naturales que la ligaban a la paz, debía ser ár- 
bitro de la tranquilidad mundial. 

Cruzadas de propaganda, campañas de conquista y 
proyecciones de equilibrio universal, todo esto hay en 
las guerras de Bolívar y es como decir que en el 
Libertador podemos encontrar un político que organi- 
za su propio país, un conquistador que procura fundir 
el alma de los pueblos y un internacionalista que actúa 
sobre el porvenir. 

Los resultados inmediatos de la acción de los 
grandes hombres son relativamente pequeños; crean 
un núcleo de fuerzas que sigue perpetuando sus 
impulsos cuya finalidad queda confiada a los suceso- 



XVI 



PREFACIO 



res. Alejandro hizo el alma griega y, por el impulso que | 
él diera, Grecia es hasta hoy el baluarte entre el musul- 
mán fatalista y el cristiano progresista. Napoleón mode- 
ló el alma moderna francesa, la que proclamó la liber- 
tad en su tiempo, y que hoy cautiva al mundo con los 
ideales de una justicia nueva. Bolívar formó el alma ve- j 
nezolana e imprimió caracteres de solidaridad a los pue- 
blos americanos ; el tiempo trascurrido es corto para 
apreciar los resultados y las eficacias de su acción pri- 
mera ; pero sus prestigios directivos son garantía de que 
sus programas se realizarán tarde o temprano, con ma- 
yor o menor amplitud, impuestos por las necesidades 
que él presentía y en beneficio de los ideales que el Li- 
bertador proclamara. 

Seguir a Bolívar en sus guerras, observar sus pro- 
cedimientos de cruzado, de conquistador y de interna- 
conalista, sin prejuicio, midiendo al hombre en su es- 
tatura real, sin aproximarse demasiado y sin buscar lu- 
ces artificiales, poniéndose en el foco preciso que los 
pintores buscan para evidenciar las verdades que el arte 
pone en su obras; juzgar al hombre en esta forma, no 
por impresiones o antipatías, tal es la tarea que nos he- 
mos propuesto para nuestra propia instrucción y, si la 
damos al público, sin pretensiones, es solamente para 
que otros aprovechen las lecciones que emanan de los 
directores del pueblo y que, en este caso, cada uno po- 
drá interpretar según su criterio ya que no emitiremos 
jamás un juicio sobre Bolívar sin tener a la mano el do- 
cumento que nos haya servido para caracterizarlo. 

Si el ¿par qué? de nuestro estudio no tiene otro mo- 
tivo que el interés despertado en tiempos ljanos, el ¿para 
qué? alcanza un objetivo que se refiere a los días futu- 
ros : presentamos al desnudo al Libertador para que se 



PREFACIO 



XVII 



vean sus cualidades y sus defectos, para que se aprecie 
al hombre que trazó rumbos de libertad y de unión ame- 
ricana, al que acarició ideales que entonces se llamaron 
locuras y que se van realizando gradualmente. 

Hay errores en su obra y los manifestaremos para 
que no se incurra en ellos ; hay grandes directrices mo- 
rales y políticas y las acentuaremos para que sirvan de 
regla a los ^responsables que dirigen a los pueblos. 

La tarea integral es ardua; debemos seguir al Li- 
bertador desde su alegre mocedad, casi libertina, hasta 
el abatimiento final en que le abandonó el cuerpo que 
clió al servicio de su causa y en que cayó en vértigos su 
espíritu ante el abismo de la mezquindad de los hom- 
bres. Iremos por sus huellas, paso a paso, midiéndole 
a cada instante de modo que las humildades de los días 
de preparación no influyan para juzgarle en las magnifi- 
cencias de su mayor^potencialidad. Trataremos de apre- 
ciar cada acto únicamente con las responsabilidades del 
momento, para que de este análisis se derive la enseñan- 
za exacta que perseguimos. 

Ardua es la tarea, dijimos, y hoy nos concretamos 
el estudio de las jornadas ele 1812-1814 en las cuales el 
esfuerzo, el patriotismo, la ambición de Bolívar, si se 
quiere, fundieron el molde de algo que no existía antes 
de él. No queremos decir creó, porque sería caer como 
los romanos en el pecado de endiosar a los hombres que 
no son sino héroes. La heroicidad es lo propio de la na- 
turaleza humana que persigue una pasión noble por su 
altura y esencialmente positiva; se es héroe por amor 
en el más egoísta sentido de la palabra y se lo es también 
por las abnegaciones a las purezas del ideal; por esto 
no diremos que creó el alma de su nación sino que des- 
pertó con las caricias de la nobleza de su pasión, como el 



XVIII 



PREFACIO 



príncipe de la fábula, algo que dormía en las quietudes 
de la colonia, en las sombras materiales y morales que 
Bolívar iluminaría con las luces del progreso y de la li- 
bertad : iba a dar los impulsos de una vida nueva al alma 
venezolana. Su destino, como el de todos los reformado- 
res, no logró ver el fruto definitivo de su obra ; la luz de 
la libertad que él deseaba tranquila y permanente fué 
sólo el incendio de los destellos de su gloria; pero sus 
leciones han dejado a otros la herencia de los grandes 
beneficios que él preparara y sólo depende de las gene- 
raciones actuales aprovecharlas para dar a nuestra Amé- 
rica el rango que el Libertador, con justas razones, le 
atribuyera en el concierto de los pueblos para garantí 
zar la paz del mundo. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 

— r~ 

PRIMERA GUERFA 
1812 - 1814 

FORMACION DEL ALMA VENEZOLANA 



1 



CAPITULO PRIMERO* 

LA DECEPCION 

I. — Partida de Bolívar después del fracaso de Miranda. — II. — 
La juventud de Bolívar. — III — Su propósito de incorpo* 
rarse al ejército británico. — IV. — Labor política en Vene- 
zuela. — V. — La campaña de Monteverde. — VIL — Los ele- 
mentos reaccionarios. — VIL — La primera reconquista.-?-— 
VIII. — Las responsabilidades. 

I 

El 27 de Agosto de 1812 se hizo a la vela desdé 
el puerto de La Guaira la goleta española Jesús, María 
y José, con destino a Curazao. La travesía del Mar Ca- 
ribe fué durísima para la pequeña embarcación que 
avanzaba penosamente 25 millas diarias combatida por 
ese oleaje cuyas direcciones cambian sin cesar en su ca- 
rrera desde el Océano hacia los acantilados de Costai 
Firme, a través de innumerables islas e islotes. 

La Jesús, María y José recogió su velamen a po- 
cos nudos de La Guaira y se puso en condiciones de na- 
vegar a la bolina a fin de resistir a las fuertes mareja- 



4 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 

i 

das del norte que sacudían su débil casco y la alejaban 
de su rumbo. 

Bajo un cielo gris y sobre un mar tempestuoso, 
viajaba en aquella goleta, juguete de los elementos, un 
hombre en cuyo espíritu arreciaba el huracán de las 
desgracias que le habían apartado de las grandes orien- 
taciones de su ilusión. Las brisas suaves de tierra me- 
cieron dulcemente a la Jesús, María y José en sus bor- 
dadas costaneras e iguales recuerdos de triunfos fá- 
ciles podía recordar nuestro viajero en sus menudas 
: empresas; mas, así como el diario de la goleta no re- 
gistraba calma alguna en sus travesías oceánicas, él solo 
veía borrascas y desastres en sus grandes empresas del 
pasado. 

Su estatutra más bien pequeña, sus formas' más 
bien débiles no guardaban armonía con los acentuados 
perfiles de su rostro vigorosamente alargado en el que 
se marcaban todos los caracteres de una raza de hom- 
bres pertinaces en el esfufrzo, las líneas de una familia 
éuscara que tomó como emblema una piedra de molino 
en campo de plata, símbolo de la constancia en el tra- 
hajo como garantía de éxito. Abatido en los rollos de 
cuerdas al pié del trinquete de la zarandeada goleta, los 
acodos en las rodillas y el rostro reposando en sus manos 
delicadas, aquel hombre contemplaba con el claro mirar 
'de sus grandes ojos sombreados por la fatiga y la vigi- 
lia el rudo golpear de las olas mientras la luz de su alma 
se concentraba en su pasado y ponía en sus perfiles la 
amargura de los dolores que no mereció o las huellas 
profundas de las preocupaciones hijas de sus propias 
responsabilidades. 

Había entrado en aquella edad alumbrada por el 
sol de los entusiasmos, en esos magníficos treinta años 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



5 



que marcan generalmente las culminaciones ele un ideal 
que se va realizando poco a poco en la segunda mitad 
de la vida a favor de esos calores que fecundan sin que- 
mar. Estaba en la hora crítica en que se prueban los ca- 
racteres ; a los treinta años las decepciones de la vida y 
los golpes del destino anonadan a las naturalezas medio- 
cres, pero templan con todas las resistencias y las elas- 
ticidades del acero a las almas elegidas. 

En sus meditaciones, aquel hombre se concentraba: 
en el pasado tan sólo para buscar en él los elementos de- 
exploración del porvenir y, poco a poco, sus manos de- 
jaron de ocultar su rostro, sus brazos tomaron la ac- 
titud de la acción, su mirada brilló con la luz de las re- 
soluciones definitivas y se alzó en busca de un compa- 
ñero a quien confiar con sus dolores de ayer sus espe- 
ranzas de*iínañana. 

Aquel hombre abatido sobre un rollo de cuerdas era 
una miserable goleta había de subir a las mayores altu- 
ras materiales y morales ; aquella mirada oscurecida por 
el fracaso estaba destinada a encender las almas de cin- 
co naciones y a brillar permanente a través de la histo- 
ria con una claridad cuya pureza se acentúa a medida, 
que el tiempo la despoja de todo lo que es accesorio para- 
dejarla en su esencia misma, en la chispa que la encen- 
diera en esa hora crítica de la meditación, en el senti- 
miento de la responsabilidad que vinieron a evocar en 
la mente de nuestro viajero los antepasados éuscaros, 
aquellos que tomaron como emblema de la constancia 
infatigable una piedra de molino en un campo de plata. 

Nuestro hombre abatido se llamaba Simón Bolívar 
y su primer confidente en esta hora de inmensa tribula- 
ción a bordo de la Jesús, María y José era su tío José : 
Félix Ribas. La sangre éuscara había de obrar en Amé- 



'6 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



rica como en España iguales prodigios en favor de la 
libertad (1) La voz de los siglos llamaba a estos hom- 
íbres a la acción y se hacía sentir en ellos bajo la forma 
imperiosa de las responsabilidades adquiridas, de los de- 
'beres ineludibles que aceptan las almas nobles cuando, 
-encumbradas en altas posiciones, comprenden que si se 
conservan en ellas es por la confianza de quienes les sus- 
tentan porque les creen aptos para ejercitar las facul- 
tades propias de esos puestos superiores. Suele aconte- 
cer con esta clase de hombres que el amor del éxito se 
compenetra de tal modo con los dictados de la respon- 
sabilidad que su acción aparece como inspirada por sen- 
timientos meramente ambiciosos y personalísimos y es 
natural que así suceda ya que el calor de la gloria, co- 
mo toda fuente de energía, puede provocar movimien- 
tos desordenados y tumultuosos, tanto maycfres cuanto 
más fuerte sea la energía misma, ni más ni menos que 
como el ardiente sol del trópico, junto con dar vida a 
palmeras y samanes gigantes, puebla el suelo de male- 
ras inútiles y los troncos de vegetaciones que no por 
ser hermosas dejan de ser parasitarias. 

Lo que importa es buscar el origen de las acciónes- 
ele estos hombres y sólo con esta luz debemos juzgarles; 
¿esa inspiración que les es propia da la medida real de 
su valor; lo demás es la obra del medio, es efecto de la 
educación y debe servir principalmente para caracteri- 



{ 1 ) "Ayer a las 9 de la mañana se dió a la vela para Cu- 
tirazat) la goleta española Jesús, José y María, con los individuos 
»que Ha fletaron, a saber : D. José Félix Ribas, el Doctor Vicente 
Tejera, don Manuel Díaz Casado, don Simón Bolívar y un so- 
ebrino de Ribas, nombrado Francisco, que venía incluido en el 
pasaporte que V. E. dió. — Guaira, 28 de Agosto de I8I2. — Fran- 
tíáisvté Cerver:::. — Al señor General en Jefe Capitán General de 
Venezuela"..— -Blanco y Azpurúa. Documento 686, tomo III, pá- 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



7 



zar estas influencias y no a quienes las sufren. En la 
vida de todos los hombres, hay un momento crítico, una 
conjunción de fenómenos internos y externos que deter- 
minan toda una trayectoria definitiva; de esta natura- 
leza nos aparece el período solemne de 1812 en el cual 
Bolívar pudo- meditar sobre la desolación de su patria 
y sobre su propia ruina hasta tomar las resoluciones in- 
quebrantables que le abrieron el camino de la historia 
en vez del sendero del olvido que habría tomado si no 
hubiera sido un alma de elección. 



II 



¿ En qué pensaba el fugitivo ? Al ver sepultarse en 
las brumas del horizonte las cumbres de La Guaira, el 
puerto que fundaron sus mayores, evocaba sin duda las 
relativas frialdades de su hogar en el cual le faltó, a 
los tres años, la acertada dirección del padre y, a los 
seis, el abrigo cariñoso de la madre, quedando bajo la 
gua/da de tutores y maestros de ocasión que, por celo- 
sos que fueran, no podían tener el interés fundamental 
de quienes desean perpetuar en los suyos un nombre 
ilustre. 

Recordó, sin duda, sus excursiones por los valles 
de Aragua, sus cacerías en los llanos más amplios del 
Tuy y sus viajes a las montañas de Aroa, todo aquello 
que fué su vida de joven rico y de casa ilustre en aque- 
llas colonias en que los hijos del amo eran más que los 
vástagos de reyes en la vieja Europa. 



A 

8 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 

Vió esos tiempos de su niñez perdidos hasta que, 
hacia los 17 años, emprendiera viaje a la metrópoli, pu- 
diendo darse cuenta en la Habana y en México de las 
debilidades de los vínculos coloniales que s'e desataban 
no tanto por voluntad de los pueblos como por los desa- 
tinos de una corte cuyas corrupciones pudo palpar en 
Madrid mismo, en donde, más que los sentimientos de 
abnegación por su propia patria a la cual veía ya casi 
huérfana de una madre que se moría en el culpable 
abandono de gobernantes ineptos o corrompidos. 

Como un día de sol en medio de estas borrascas, 
pasó ante su mente su encuentro en Bilbao con Teresa 
de Toro, la que debía de ser la rosa blanca de su hogar 
venezolano, la fuente viva en que bebiera sus goces ínti- 
mos cuando volviera con ella a sus dilatadas posesiones 
para continuar la obra de esfuerzo y de progreso de sus 
antepasados en la risueña quietud del hogar que le fal- 
tó en la infancia. Y también debió ver aquel otro viaje 
triste de su vida, cuando al extinguirse en el jardín tro- 
pical el murmullo del agua viva que iba a fecundar su 
existencia, regresaba a Bilbao para decir al señor Ber- 
nardo del Toro que se había agostado la rosa blanca que 
pusiera en sus manos. 

Cruel, el golpe ciego del destino destruía nueva- 
mente el hogar que formaba el joven Bolívar y en los 
escombros del castillo de sus ilusiones principiaron a 
crecer los abrojos del mal y las flores del vicio que no 
habían de morir sino ahogadas por el brotar potente de 
nuevas esperanzas de aquel espíritu inquieto y vibrante 
como la onda eléctrica que no se apacigua mientras no- 
transforma sus energías latentes en tfabajos efectivos. 

Viudo a los 19 años, sin el guía seguro de esos prin- 
cipios que las madres inscriben para siempre en el co- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



9 



razón de ios hijos, el americano elegante y rico buscó 
en el juego y en los amores fáciles el olvido de sus do- 
lores; empero, por hondo que fuera el fango en que 
penetrara, no pudo jamás cubrir al hombre en que vi- 
braba el alma pura heredada de una larga línea de varo- 
nes ennoblecidos por el trabajo y que era capaz de res- 
pirar sobre las emanaciones del vicio gracias a la eleva- 
ción de sentimientos que le daban las lecturas en las cua- 
les había bebido desde las doctrinas de Voltaire hasta 
el romanticismo de Chateaubriand, formándose cierto 
espíritu de propio examen y un concepto de la nobleza 
humana que debían servirle de alas potentes para le- 
vantarse de la sima en que le postrara su dolor. 

Una chispa bastaría para encender la nueva lumbre 
en la atmósfera diestramente preparada por el maestro 
Simón Rodríguez y ella brotó en las entrevistas de Bo- 
lívar con el barón de Humboldt. El naturalista prusia- 
no regresaba de su gran expedición americana y realzó 
a los ojos del joven criollo la riqueza y los esplendores 
de las regiones que él recorrió guiado por la ciencia y 
mostróle el porvenir deja América libre y, tal vez en ese 
instante, tuvo Bolívar la visión de hacer igual viaje en 
alas de la gloria. 

Esta evocación de la patria en los propios días en 
que contemplaba las efusiones del pueblo de París que 
saludaba a Napoleón triunfante sobre la anarquía y el 
desorden y organizando la Francia grande de- la prime- 
ra República, fueron sin duda circunstancias determi- 
nantes de sus nuevos rumbos en los cuales tal vez no 
hubiera perdurado si no hubiera tenido en estos movi- 
mientos impulsivos el apoyo constante de un ser ver- 
daderamente superior que supo comprender el alma en- 
tera de aquel muchacho de veinte años en el cual la li- 



10 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



gereza aparente y el vicio que exhibía no eran sino las 
salpicaduras del mísero dolor humano. 

Nos referimos a Madame du Villars, núcleo bri- 
llante de la Sociedad del Imperio, a la cual el joven ame- 
ricano no podía negar nada, ni siquiera el alzarse con- 
tra el príncipe Eugenio de Beauharnais por el atrevi- 
miento de quemarle el incienso de sus amoríos a su pri- 
ma nacida de Trobiand y Aristeiguieta, hija de un her- 
mano del hombre generoso que instituyera un mayoraz- 
go para Simón Bolívar que era sólo un segundón de 
familia criolla. En el romanticismo exquisito de su al- 
ma, Fanny du Villars fué para él siempre Teresa en las 
cartas que le dirigía, evocando la perdida ilusión de la 
rosa blanca que abrazó la fiebre tropical, de la clara 
fuente que, al apagar sus murmullos, trocó en un yermo 
el hogar de Bolívar. 

Esta mujer ilustre que debió renovar en la intimi- 
dad del alma de su primo las dulzuras de aquel nido de 
amores que pensó colgar para siempre en los parques 
de San Mateo, fué la fuerza ascencional permanente que 
llevó a Bolívar a sustituir en su alma los afanes del ho- 
rrar perdido por otro afecto que no es ni más grande ni 
más noble que la familia, pero que es más amplio pues- 
to que a él tiende el que desea garantir su hogar y en 
•el busca un .abrigo el que no lo tiene ; la patria sería la 
nueva aspiración de Bolívar, y la nueva Teresa, con el 
, soplo del amor que todo lo crea, había transformado al 
paj arillo que se contentaba con volar en un jardín en 
águila que ambicionaba dominar las cumbres más so- 
berbias. 

Bolívar decidió consagrarse a la patria y escribía 
a su prima : Teresa, no soy hombre como los demás y 
.París no es el lugar que puede poner término a la vaga 



I.AS GUERRAS DE BOLIVAR 



11 



incertidumbre que me atormenta. Sólo hace tres sema- 
nas que he llegado aquí y ya estoy aburrido. ¡Ahí Te- 
resa, este será el desierto de mi vida ! 

Y partió sordo ya al bullicio de las fiestas, insensi- 
ble aún a esas suavidades de flor que dominaron su al- 
ma romátnica. La patria lo dominaba por completo y 
tal vez la gloria como lo presentía su segunda Teresa 
que no pudo retenerle a su lado y le escribía años des- 
pués : (2) 

"¿Recuerda usted mis lágrimas vertidas, mis sú- 
plicas para impedirle marcharse ? 

"Su voluntad resistió a todos mis ruegos. Ya el 
amor a la gloria se había apoderado de todo su ser, y 
sólo pertenecía usted a sus semejantes por el prestigio 
que les ocultaba el genio que las circunstancias han au- 
mentado . . . 

"Consérvese usted para la felicidad y gloria del 
Nuevo Mundo; tengo todavía esperanza de volver a ver 
a usted, de estrechar contra mi corazón al ser más digno 
1 que ocupa todos mis pensamientos, al objeto de mi pro- 
funda admiración. 

Fanny D. du Villar s : 

El hogar, el placer, el amor, todo había desapare- 
cido ante la concepción superior de la Patria, la nueva 
ilusión del fugitivo de la goleta Jesús, María y José, ilu- 
sión que se acababa de desvanecer ante el fracaso de la 
primera tentativa de emancipación de Venezuela apri- 
sionada en el vuelo prematuro que le imprimieran las 
ansias de libertad del Generalísimo Miranda. 



(2) O'Leary. — Correspondencias, tomo XII, página 293. 



12 



francisco rivas vicuña 



i Ni hogar, ni patria ! Tal era el pensamiento de Bo- 
lívar al cruzar el Mar Caribe y quiso hacer ofrenda de 
su vida ya inútil para los suyos en otros altares de la li- 
bertad. 



III 

Dice O'Leary en sus Memorias que Bolívar, antes 
de embarcarse en la Jesús, María y José, expresó a dos 
de sus amigos la intención de ir a Inglaterra a fin de 
pedir a Sir Arthur Wellesley, el futuro duque de We- 
llington, un cargo en el ejército británico. 

Confirma este mismo propósito José Francisco He- 
redia, regente de la real audiencia de Caracas, y dice que 
los amigos íntimos del fugitivo le aseguraron la since- 
ridad de esta disposición de ánimo sobre cuya circuns- 
tancia no es tan categórico el general O'Leary. 

Nosotros creemos que esta determinación de Bolí- 
var tuvo los caracteres de un rumbo definitivo al aban- 
donar su Patria cuya liberación juzgaba imposible, o 
mejor dicho, innecesaria por oposición de los pueblos 
mismos o de su inmensa mayoría a los beneficios de un 
gobierno autónomo de cuyas ventajas parecían no dar- 
se cuenta cabal. La declaración que recibieron sus ami- 
gos fué sincera, como lo afirma Heredia, y parece na- 
tural que un hombre que había ya saboreado las amar- 
guras y las satisfacciones de los grandes servicios pú- 
blicos no se resignara a las tranquilidades de las labores 
agrícolas y que buscara otros horizontes para los esfuer- 
zos de que se creía capaz. Cincinato es un caso real- 
mente único. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



13 



El ejemplo de Miranda, que se había hecho un 
nombre, debió presentarse a su consideración; mas no 
tenía Bolívar las mismas libertades que el Precursor 
de la Independencia Sud Americana para escoger un 
servicio en Estados Unidos, Francia o Rusia, naciones 
cuyos apoyos a la obra emancipadora no fueron jamás 
eficaces y sólo le quedaba expedito el camino de Lon- 
dres, donde él había encontrado cooperaciones que se 
tradujeron en hechos positivos a pesar de las negativas 
oficiales a que se veía obligado el gabinete de Saint Ja- 
mes, por las continuas vacilaciones de la política euro- 
pea, en los momentos en que, por un sinnúmero de 
razones que no es del caso analizar, las naciones busca- 
ban nuevas bases de estabilidad interna y nuevos ejes de 
equilibrio exterior. 

Su camino estaba trazado, impuesto por estas corr- 
sideraciones y también porque únicamente en estos rum- 
bos divisaba alguna esperanza, aunque lejana, de en- 
contrar elementos extraños con que reconstruir la Pa- 
tria, siempre que para esto se prestaran los materiales 
propios. Las influencias externas le parecían más fáci- 
les de obtener y de aplicación más eficaz por cuanto 
ellas se engendraban en serios intereses de otros, países 
y especialmente de Inglaterra ; en cambio, el movimiento 
•de las fuerzas coloniales mismas aparecía a los ojos de 
Bolívar como un conjunto caótico, aún sin fuerza or- 
gánica propia y, por ende, poco susceptible de concen- 
trarse rápidamente en^ núcleos vigorosos. Las posicio- 
nes externas eran más favorables para el objetivo de la 
liberación americana y entre todas ellas la de situar su 
punto de apoyo en la política inglesa daba las mejores 
garantías de éxito. Bolívar no vaciló ante este análisis 
y, si adoptó la resolución de entrar al ejército de Welles- 



14 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



ley, no fué para congraciarse con España, como preten- 
de Heredia, sino para tener un nuevo punto de partida 
en cuanto la natural evolución de su pueblo le permitie- 
ra reanudar la lucha por la libertad. 

Este raciocinio justísimo, en cuanto al examen de 
la situadón exterior, tenía bases sólidas, muy sólidas 
desgraciadamente, en el estudio del problema interno. 
La idea de libertad no estaba aún madura en la concien- 
cia americana, salvo en ciertos grupos de gentes escogi- 
das por su preparación intelectual o ligadas por valio- 
sos intereses, o aún por meras ambiciones, a los nuevos 
ideales ; pero estos elementos no bastaban para afrontar 
una lucha en que era preciso oponer a las masas de gue- 
rreros venidos de la Madre Patria a combatir por ella, 
o formados en la colonia al calor de la idea monárqui- 
ca, otras masas de soldados patriotas conscientes. La in- 
dependencia se realizaría por la guerra, no por la di- 
plomacia, y como quiera que la revolución no podía con- 
tar aún con soldados en número suficiente y que acudie- 
ran a sus filas con espíritu de lealtad y de sacrificio, era. 
preciso esperar la evolución de las ideas, sin dejar por 
esto de hacer por todos los medios posibles la propa- 
ganda necesaria para apresurar la madurez de las nue- 
vas doctrinas. 

Cuanto había pasado desde el 19 de Abril de 1810, 
fecha en que se inició el movimiento separatista, hasta 
el momento en que Bolívar abandonaba La Guaira, el 
27 de Agosto de 1812, era un índice manifiesto de la 
resistencia a la autonomía y la guerra de la emanci- 
pación, continuada en esa forma, tendía hacia una con- 
tienda civil ,destructora de la vitalidad nacional. Era. 
preciso evitarla y esperar. 



I,AS GUERRAS DE BOLÍVAR 



IV 

Cinco largos años de labores intensas habían de- 
dicado los fugitivos de la Jesús, María y José a la re- 
dención de una colectividad que no comprendía sus 
esfuerzos y que repudiaba sus doctrinas. 

Bolívar y Ribas recordaban las continuas reunio- 
nes en casa del primero desde su regreso de Europa r 
allá en los comienzos de 1807; allí estaban los Toros, 
los Ayalas, los Montillas* los To vares, Bello, Roscio y 
cien otros que venían a regocijar sus espíritus oyendo 
los recuerdos de los que habían recorrido otros paí- 
ses o nutriéndose con los relatos de quienes, como Be- 
llo, sin haber salido de Caracas viajaban de continua 
por los dominios universales del arte y de la ciencia. 

Entre aquellos hombres de almas nobilísimas, de- 
seosos de acción, con esas energías propias de la plena 
primavera de la vida, las conversaciones se encamina- 
ban siempre a un mismo objeto; así como los jóvenes 
llegan por mil senderos diversos a terminar todas sus 
charlas con un recuerdo del ser amado, los contertu- 
lios de Bolívar no se despidieron jamás sin hablar del. 
objeto de sus grandes amores : de la Patria que. ya se 
había adueñado de sus corazones y que deseaban en- 
tronizar, en todas las almas venezolanas. 

De la tertulia íntima a la sociedad secreta no había: 
sino un paso y, cediendo al empuje constante que des- 
de Europa trasmitía el infatigable Miranda, aquella 
pléyade de jóvenes llegó hásta las conjuraciones que 
preparaban la acción definitiva. Era Bolívar el centra 



16 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



de estas palpitaciones que anunciaban un nuevo ser .en 
formación y, aunque no, fuera el jefe real, era el tri- 
buno que derramaba sobre el pueblo las doctrinas de 
un nuevo Evangelio, el alentador de todos los que de- 
seaban una acción eficaz y, a menudo, el provocador 
atrevido aún en las fiestas del capitán general de Vene- 
zuela, donde Bolívar osara brindar por la libertad del 
Nuevo Mundo, según lo refiere O'Leary. 

Bolívar se hizo sospechoso y las reuniones se tras- 
ladaron a casa de Ribas, sin que por eso desmayara 
la campaña social desde 1808 hasta 1810, agregando 
día por día nuevos adeptos y elementos serios para' la 
lucha. Luego fué una noble matrona venezolana, la 
madre de los Montillas, quien trajo a los conspiradores, 
esa garantía de éxito que es la protección de las mujeres 
tle corazón cuya perspicacia y cuyo tino, por lo mismo 
que no rivalizan en la acción, les dan claridades de visión 
cuando las pasiones masculinas ocultan la verdad a los 
hombres. Y a esto se agregaron las exaltaciones patrió- 
ticas de un sacerdote chileno, el canónigo Cortés de Ma- 
dariaga, y, finalmente, la promesa del auxilio de las mi- 
licias de Aragua, que ofrecía Toro, y la posibilidad de 
contar con armamentos y municiones. 

Con verdadero orgullo recordaban Bolívar y Ribas 
aquelas noches de Abril de 1810 en que los forjadores 
de una patria nueva daban los últimos golpes sobre el 
yunque. Venezuela sería libre y entraría al concierto de 
las naciones por su propia fuerza y con sus propios ele- 
mentos ; tal era la ilusión de los tribunos que prepararon 
la jornada de 19 de Abril cuyo resultado debió ser una 
decepción para los promotores del movimiento. 

El pueblo no aceptó el programa máximo y el nue- 
vo gobierno, aunque con aires de autónomo y nacional, 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



17 



era una Junta Conservadora de los derechos de Fernan- 
do VIL El vigoroso impulso de los proceres se estrella- 
ba en la inercia del medio y el dardo lanzado no alcanza- 
ba la trayectoria entera de sus proyectos ; sin embargo, 
Bolívar no era hombre^ para desmayar en sus empresas, 
y al aceptar una misión diplomática en Europa, llevaba 
como programa propio el de volver acompañado por el 
padre de la independencia Suramericana, por el gene- 
ral Miranda, con cuyo prestigio quería galvanizar estos 
pueblos tan poco penetrables por el sentimiento nobilí- 
simo de la libertad. 

Su viaje fué rapidísimo y, mientras sus amigos de- 
lineaban una nueva organización y fundaban un centro 
de propaganda política, Bolívar adquiría ciertas segu- 
ridades del gobierno inglés, dejaba iniciada la campaña 
por el reconocmiento de la Independencia venezolana y 
ya el 4 de Diciembre estaba de vuelta, anticipándose a 
Miranda sólo 8 o 9 días. 

Una nueva desilusión le esperaba : al propio tiem- 
po que su mirada de águila le reveló la mala impresión 
que recibiera Miranda del nuevo campo para sus ener- 
gías, tuvo el dolor de ver que sus compañeros resistían 
al hombre y a sus ideas. Apenas si logra obtener que la 
Junta le reconozca sus títulos de General al hombre que 
estaba removiendo todo un Continente y que, a pesar 
de esto no lograba influencia alguna en el primer con- 
greso venezolano, Marzo de 1811, en el cual nuevamen- 
te se juró fidelidad a Fernando VIL 

Incansables Bolívar y los suyos procuran unir sus 
esfuerzos a los del precursor en cuyas decepciones sien- 
ten como un menoscabo de sus propias energías ; le ha- 
cen nombrar miembro del Congreso, lo exaltan a la di- 
rección real de la Sociedad Patriótica y logran, por fin, 



18 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



que la Asamblea nacional proclame los Derechos del 
pueblo en 1? de Julio de 1811 y cuatro días después la 
Independencia del país. 

Por breves instantes pudo disfrutar Bolívar de este 
éxito al cual estaban ligados todos sus pensamientos 
desde la hora en que se despidió en París de sus ami- 
gos y de su segunda Teresa que tan honda influencia 
alcanzó en su alma, desde el momento en que dió a la 
Patria el puésto que antes tuvieran en su espíritu el ho- 
gar perdido y los amores abandonados. 

Debía discutirse una constitución política para el 
nuevo Estado ; él y Miranda deseaban un núcleo vigo- 
roso, una república unitaria capaz de centralizar todas 
las fuerzas vivas para obtener la resultante máxima y- 
obrar con ventajas en favor de las otras colonias ; empe- 
ro, las ideas federalistas de los Estados Unidos se pro- 
pagaban sin maduro examen y, además, ciertos elemen- 
tos exaltados y algunos deseosos de cosechar frutos per- 
sonales buscaban la descentralización y fué tan formi- 
dable el vigor del naciente caudillaje que Miranda y Bo- 
lívar cedieron a su empuje; pero tal vez sin abandonar 
sus propósitos íntimos de consolidar un poder central 
en cuanto la ocasión se ofreciera propicia. 

Rivalizaban las provincias y se envidiaban los hom- 
bres ; Valencia se mostraba celosa de Caracas y muchos 
de los personajes que fueron instrumento del golpe de 
Abril de 1810 miraban con temores a la generación nue- 
va que levantaba un estandarte que para sus almas ti- 
moratas era el pendón negro y rojo del desorden y de 
las represalias. ^ 

La conciliación se impuso y es justo decir que ce- 
dieron los que de ordinario suelen no plegar sus bande- 
ras; Miranda y Bolívar aceptaron el federalismo in- 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



19 



consulto y ambos debieron experimentar la misma sa- 
cudida interna del desaliento: 1810 no fué la autono- 
mía que soñaron y 1811 no traía la organización vigo- 
rosa que asegurara la Independencia recién proclamada^ 
La joven nación entraba a la vida soberana sin ese guía, 
fuerte de la autoridad que dirige los primeros pasos*, 
y tal como a Bolívar le faltara la potente dirección del f 
hogar, carecía la niñez de Venezuela de esas disciplinas* 
iniciales que tánta influencia tienen en la vida. 

De estas materias conversaban Bolívar y Ribas a 
bordo de la Jesús, M aria y José que desafiaba, arriando» 
su velamen, el empuje del temporal caribeano. La or- 
denación política, sin base suficiente en el organismo so- 
cial, había sido un fracaso y ambos debieron' sentirse 
responsables de falta de energías en la consumación de 
una obra cuyas dificultades les obligaron a contempo- 
rizar con sus ideales. ¿¡ 



V 



Sin duda habían discutido con exceso y, enamora- 
dos de la fórmula, abandonaron el fondo del problema». 
Los entusiasmos encendidos en las tertulias políticas: 
desbordaron en los comicios populares provocando ex- 
plosiones de aprobación que los jóvenes agitadores to- 
maron por vibraciones al unísono del alma popular,, 
cuando en realidad eran únicamente delirios momentá- 
neos, fuego hojarasca, de un pueblo a quien sólo 
atraía la novedad de los acontecimientos. Los autores; 
del movimiento separatista se habían engañado y rm 



20 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



tardaron en convencerse de la ineficacia de sus esfuer- 
zos para penetrar hasta la intimidad de la conciencia ve- 
nezolana aún adormecida por las fascinaciones del po- 
derío español. 

Los pueblos de Coi¿o y Maracaibo no habían acep- 
tado las invitaciones de la Junta de Caracas y, fieles a 
la regencia de Cádiz, serían los apoyos para la recon- 
quista. La situación geográfica de estos centros se pres- 
taba para invadir el territorio : Maracaibo era la llave 
del lago de su nombre y sus playas eran el primer pelda- 
ño paVa escalar las regiones andinas donde existían po- 
blaciones de importancia, como Mérida y Trujillo ; des- 
de Coro podía dominarse el extenso valle del Tocuyo y, 
mediante el apoyo de las poblaciones de Barquisimeto y 
San Felipe, se aseguraba el dominio de Venezuela por 
el Occidente. 

En la Guayana y cn el Orinoco, los misioneros, sus- 
tentadores del régimen español que les daba enormes 
prerrogativas, orientaban enérgicamente los sentimien- 
tos en contra de la revolución separatista y su acción a lo 
largo de las vías fluviales de comunicación formaba por 
«el Sur como la mandíbula inferior de las fauces que 
amenazaban abrirse sobre Venezuela independiente des- 
de Coro y Maracaibo hasta el Atlántico, devorando a la 
vez los valles andinos y los llanos del Orinoco. 

Estrecho parecía el círculo propio de la revolución 
venezolana ; irradiaban desde el centro de Caracas y sus 
tentáculos se extendían trabajosamente por las riberas 
del Mar Caribe y hacia el interior del país, buscando 
tases marítimas para recibir elementos del extranjero 
y líneas de su propia estructura para afirmar la situa- 
ción del joven gobierno republicano. Las energías des- 
plegadas para ensanchar esta esfera, sea por su escaso 



IvAS GUERRAS DE BOUVAR 



21 



valor propio o por su mala dirección, no producían los 
efectos apetecidos y en el camino abierto hacia el mar 
y hacia el Oriente aparecían continuamente nuevos obs- 
táculos. Barcelona mostraba frecuentes tendencias a se- 
pararse de la situación republicana, ofreciendo un pun- 
to de cierre a las fuerzas españolas que comprimían el 
Occidente y el Sur. Los eslabones de esta cadena se es- 
trechaban y ellos no serían sino los hierros inmediatos 
para entrabar la libertad venezolana ; los verdaderos mu- 
ros de la cárcel estaban más lejos, en las islas antillanas 
donde imperaba sin contrapeso el gobierno español y 
desde donde era fácil enviar expediciones desde la Ha- 
bana o Puerto Rico a ponerse en contacto con los rea- 
listas de Maracaibo, Coro o Cumaná. 

En los propios tiempos en que el joven Bolívar re- 
forzaba su campaña por la declaración de la indepen- 
da, recomendando la unión y la celeridad en el hogar, 
una expedición enviada desde la Habana desembarcaba 
en Coro y amenazaba a Caracas y luégo una flotilla por- 
torriqueña, encabezada por la fragata Cornelia, y con 
mil hombres de desembarco pretendió apoderarse de 
Cumaná. El Marqués del Toro, con el recién formada 
ejército de Venezuela, detuvo a la primera en La Sa- 
baneta y Vicente Sucre, con fuerzas improvisadas, arro- 
jó a sus naves a los expedicionarios que obraban sobre 
Cumaná. Estos éxitos lisonjeros inspiraron confianzas 
excesivas a los patriotas que creían en la adhesión po- 
pular, sentimiento que no tardaría en desvanecerse cora 
los motines de Valencia insurreccionada contra Caracas, 
pocos días después de proclamada la independencia. 

El fermento antirevolucionario diseminado por la 
Iglesia, a cuya organización no afectaban las recientes 
reformas, encontró un medio favorable en la ciudad ri- 



22 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



val de Caracas y las torres de las iglesias valencianas 
dieron la primera señal de las luchas fratricidas en Ve- 
nezuela. 

Amargo como la decepción y desolador como el ol- 
vido debió ser el recuerdo de estos acontecimientos para 
los pasajeros de la Jesús, María y José, ante la evoca- 
ción de aquellas reuniones de la sociedad patriótica en 
que el coronel Simón Bolívar decía : Lo que queremos 
,es que la unión sea efectiva y para animarnos a la glo- 
riosa empresa de la libertad, unirnos para reposar, para 
dormir en los brazos de la apatía, ayer fué una men- 
gua, hoy es una traición. Vacilar es perdernos. (3) 

Los peligros arreciaban y en vez de estimular la 
unión indispensable y la acción inmediata engendraban 
la discordia y las tardanzas propias de la falta de aque- 
llo que pudiéramos llamar una conciencia común en los 
creadores de una nueva nacionalidad. Las provincias 
limítrofes de Guayana, Coro y Maracaibo estaban fuera 
de la acción venezolana ; a su antagonismo con la revo- 
lución se sumaba la protesta del núcleo central de Va- 
lencia y, para cualquier observador imparcial de aquellos 
;años, la creación de una Venezuela independiente se 
presentaba como el inútil esfuerzo de quien pretende 
*unir metales que no tienen igual temperatura. El calor 
*del nuevo Evangelio no había penetrado uniformemen- 
te en las masas y los forjadores no golpeaban a compás. 

La junta revolucionaria resistía al general Miranda 
*qúien, sin embargo, se presentaba como el hombre más 
^adecuado para una gran obra de organización y éste a 
:su wez recelaba del entusiasta Bolívar. La inminencia 
(del peligro trajo aproximaciones únicamente superficia- 

f(.3| Blanco y Azpurúa. — Documento 568, párrafo II, pá- 

3g5ns .138, tomo II L 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



23 



Testante la sublevación de Valencia, la junta confió el 
ejército a Miranda con ciertas condiciones y el General 
rehusó a Bolívar el comando de un batallón, obligándo- 
le a ofrecer su cuota de sangre como ayudante del mar- 
qués del Toro. La insurrección valenciana quedó domi- 
nada, pero la trizadura del cuerpo nacional en formación 
se propagaba hasta las fibras más íntimas : desde las pro- 
vincias avanzaba hacia las corporaciones directivas y, 
más hondamente, llegaba hasta la disociación de las pro- 
pias energías del movimiento separatista. 

Entre tanto, el enemigo penetraba en un medio que 
le era favorable, la expedición patriota organizada con 
elementos de Caracas, Barcelona, Cumaná y Margarita, 
obtenía triunfos sobre la escuadrilla española del Ori- 
noco y lograba dominar por breves días en aquellas re- 
giones, desfalleciendo luégo en el combate de Sorondo, 
a causa de la escasez de recursos y de la falta de unión 
entre los directores de la campaña. 

Da la medida de la primera de estas circunstancias 
la relación de los pertrechos enviados al coronel Manuel 
Villapol : Con esta fecha se remiten a Usía, le dice José 
Manuel de Sucre en carta de 4 de Marzo de 181 2, los 
pertrechos que constan de la adjunta relación, sin per- 
juicio de lo más que pueda adelantarse con respecto a 
la existencia de estos almacenes. — Relación de los per- 
trechos: 12 balas de a 24, 8 de a 18, 16 cartuchos de a 
24, 2O cartuchos de a 18. (4) 

¡ Con una tonelada de plomo se quería dominar un 
país al cual toaaía libre acceso la potencia colonizadora 
y en cuyo seno estaban diseminados los misioneros que 
encarnaban la resistencia a la República! 

(4) Blanco y Azpurúa. — Documento 646, párrafo IV, 
página 552, tomo III. 



24 



francisco rivas vicuña 



La organización y la armonía no remediaban estas 
miserias y no hallamos palabras más elocuentes para re- 
memorar el fracaso de la expedición que el siguiente 
párrafo de un informe contemporáneo : Bien funestas 
fueron para las armas de la República las consecuencias 
de tantas réplicas y contradicciones, abiertamente con- 
trarias al espíritu de unidad y concentración que garan- 
tiza las más veces el feliz éxito de las combinaciones y 
operaciones militares, pues, como se ha dicho, el día 26 
de Marzo fueron batidas y totalmente destruidas las 
fuerzas de los independientes que se consideraban más 
que suficientes para la ocupación de Guayana y asegu- 
ramiento de las riberas del Orinoco. Después de tan des- 
graciados aconte pimientos se retiró el Gral. Moreno a 
la villa del Pao de Barcelona, en donde lo hicieron pri- 
sionero las tropas realistas; y conducido posteriormente 
a las bóvedas de La Guayra, atormentado de disgustos, 
expiró en tan horrible prisión. (5) 

Todo se había perdido, salvo el pequeño contingen- 
te que el coronel Villapol pudo llevar a Maturín, en cu- 
ya plaza las lágrimas de estos desastres' habían de fe- 
cundar las semillas del patriotismo. 

Al propio tiempo que esto acaecía en Oriente, los 
españoles de Coro y Maracaibo destacaban, desde el pri- 
mero de e c tos puntos una expedición de quinientos hom- 
bres al mando del capitán de fragata don Domingo 
Monteverde, quien, obrando en combinación con las 
poblaciones indígenas sublevadas por el cura Torrellas, 
se apodera de Siquisique, penetra hasta Carora, saquea 
la población, domina el Valle del Tocuyo,, incrementa 
sus fuerzas hasta cerca de cinco mil hombres y, con este 

(5) Blanco y Azpurúa. — Documentos 646, párrafo VIII, 
página 661, tomo III. 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR' 



25 



golpe de audacia, apoyándose en los elementos que la 
revolución no se había asimilado, se abre el camino de 
Caracas. 

La expedición de Monteverde se manchó con cruel- 
dades y crímenes que serían punto de partida para te- 
rribles represalias y la base más seria de la propaganda 
contra España; dejemos a sus propios autores la con- 
firmación de estos acontecimientos que tánta influencia t 
debían de tener en las guerras venezolanas. 

Dice el teniente Luis Ginetti, de la expedición de 
Monteverde, en su parte al comisionado regio de Puer- 
to Rico : Cabudare a 2I de Abril de 181 2. Emprendimos 
nuestra marcha desde Coro a las órdenes de don Domin- 
go Monteverde, sin más tropa que cien hombres de ma- 
rina, cincuenta de Maracaibo y cincuenta de San Luis. 
Nos recibieron en Siquisique con muchos vivas, repi- 
ques de campanas y un gran regocijo. El 19 salí con 22» 
hombres de marina y de la Reina. Al día siguiente se me 
reunieron cien hombres adictos a la justa causa; des- 
pués se me presentaron 70 más pidiendo armas para ir 
contra los insurgentes. 

Entramos en Car ora. Aquí se les permitió a las tro- 
pas un saqueo general de que quedaron bastantemente 
aprovechados: esto fué el día 23 de Marzo. Después sa- 
camos en procesión la imagen de Su Majestad Fernan- 
do VII". (6) 

En las propias horas en que desfallecía la expedi- 
ción patriótica de Oriente, en la tercera semana de 1812, 
Monteverde reconquistaba el Occidente y las fauces que 
amenazaban la libertad venezolana se iban cerrando en 
una atroz mordedura que hacía chorrear la sangre del 

(6) Blanco y Azpurua. — Documento 653, párrafo I, pá- 
gina 613, tomo III. 



26 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



pueblo. La falta de unión que tánto temiera Bolívar en 
sus discursos de la Sociedad Patriótica era la causa del 
desmoronamiento de un edificio afanosamente construi- 
do y que iba a derrumbarse por un golpe ciego del des- 
tino : el terremoto del 2rj de Marzo de 1812 que, coinci- 
diendo con las derrotas republicanas de Oriente y de 
Occidente, fué para las masas ignorantes y fanáticas 
como el signo de alianza entre Dios y los enemigos de 
la República, la mano airada del Señor que aniquilaba 
a Caracas, Barquisimeto, San Felipe, a todos los pue- 
blos donde se había enseñoreado la bandera venezolana, 
salvando del exterminio sólo los que estaban protegidos 
por el pendón de Castilla. 



VI 



Las fuerzas espirituales nacientes, contenidas por 
^el régimen colonial, habían estallado en los movimientos 
de autonomía y de separación del 19 de Abril de 1810 
y del 5 de Julio de 1811 ; asimismo, las energías mate- 
riales del suelo venezolano, comprimidas por las moles 
• inmensas de los Andes occidentales, se agitaban buscan- 
do su natural expansión y sus movimientos se traduje- 
ron en la sacudida ciclópea que agrietó la tierra, obra 
de Dios, y que destruyó las ciudades, obra de los hom- 
bres. 

Aterrorizados ante el poder formidable de la na- 
turaleza, en cuyo dominio vive confiada la civilización, 
los moradores de Venezuela volvieron instantáneamente 
al estado de ánimo de los primitivos, a las manifestacio- 



IvAS GUERRAS DE BOLIVAR 



27 



nes del terror y de la humillación que es su fruto ; mien- 
tras los edificios se derrumbaban en los fragores de la 
tierra cuyos crugidos ahogaban los lamentos de los he- 
ridos y las angustias de los moribundos, los que logra- 
ban escapar se prosternaban unos pidiendo perdón, que 
es la manera de humillarse de los débiles, otros hacien- 
do propósitos de enmienda, que es el abatimiento de los 
egoístas ante el peligro, y muchos debieron aprovechar 
la confusión y el desorden para entregarse a todos los 
excesos del hombre que volvía al estado salvaje ante los 
furores de la naturaleza rebelada. 

Era un día de festividad católica, el Jueves Santo 
de 1812, y coincidía con el segundo aniversario del mo- 
vimiento de emancipación que tan combatido fuera por 
la iglesia venezolana. Esta catástrofe, unida a las hu- 
millaciones de las armas patriotas en Oriente y en Oc- 
cidente trajo un mismo pensamiento a todos los misio- 
neros y puso en sus labios una misma frase : ¡ Dios cas-í 
tiga a Venezuela por su traición al Rey ! 

la cruzada reaccionaria principió sobre los escom- 
bros de las ciudades, inflamando a las multitudes aterro- 
rizadas y hambrientas que se asilaban en las plazas pú- 
blicas. La joven República se perdía, ahogada en la san- 
gre de sus soldados, en las lágrimas del desastre que le 
traía el terremoto y sobre ella entonaban un De prof un- 
áis los curas y los frailes interesados en mantener el 
régimen español que les era ventajoso y los únicos que 
permanecían organizados y fuertes en medio de las pal- 
pitaciones de un««pueblo que venía buscando trabajosa- 
mente los métodos de vivir en libertad. 

Era necesario oponer un dique a la ola que se des- 
bordaba y los fugitivos de la ]esús í María y José por ese 
fenómeno de concentración que en las tribulaciones deja 



28 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



vivos solamente los recuerdos dolorosos, comentaban-' 
los días de pavor en los cuales el coronel Simón Bolívar 
se vió obligado a arrojar de un pulpito improvisado en 
la plaza mayor a un fraile reaccionario; con la espada 
en alto, símbolo de los esfuerzos redentores del futuro, 
Bolívar contuvo a la muchedumbre, abriéndole los ver- 
daderos horizontes de los hombres de trabajo; fueron 
sus viriles antepasados eúscaros los que hablaron por su 
boca cuando dijo : "Si la naturaleza conspira con el des- 
potismo lucharemos contra ella y la haremos que nos 
obedezca". 

La espada que contenía el motín popular volvió al' 
cinto y, en la calma restablecida, Bolívar organizó el 
entierro de los muertos, los auxilios de los heridos y los; 
socorros de todo género para la población ; pero esto no 
bastaba, era preciso cortar las cabezas de la hidra reac- 
cionaria que amenazaba fundamentalmente la tranquili- 
dad pública. 

El gobierno invitó al Arzobispo de Caracas a dic- 
tar una pastoral que devolviera e! reposo a los ciudada- 
nos y que les invitara a reanudar las labores reconstruc- 
tivas que tanto necesitaba la República. El poder ejecu- 
tivo se mostraba nervioso, reiterando estas peticiones al 
limo, y Rvdmo. Dr. Narciso Coll y Prat en dos notas 
seguidas del 4 y del 5 de Abril. (7) 

El Arzobispo ganaba tiempo y sólo el 10 de Abril 
respondía al gobierno federal, prometiendo una pastoral 
cuyas enseñanzas no tendrían el alcance pedido, a juz- 
gar por el tono general de un ofrecimiento en que se 
hablaba sobre todo de la necesidad de hacer penitencia. 

(7) Blanco y Azpurúa. — Documento 654, párrafos II y 
III, página 615, tomo III. 



LAS GUERRAS DE BOtlVAR 



29 



Pasa un mes y el Arzobispo no cumple su promesa ; 
'•el gobierno exige de nuevo su cooperación para mante- 
ner el orden público y Monseñor Coll y Prat, por nota 
de 10 de Mayo, fechada en una mansión de campo de 
los alrededores de Caracas, se excusa por el banal pre- 
texto de la salud quebrantada. Por fin, el 8 de Junio 
envía el Arzobispo un documento inaceptable y el go- 
bierno debió agotar sus esfuerzos para obtener una tran- 
sacción, pues devolvió la pastoral* sólo quince días des- 
pués con una nota altiva que decía: "Ilustrísimo señor: 
No siendo la pastoral que vuestra Señoría Ilustrísima 
ha remitido, el documento que desea y ha pedido el go- 
bierno, éste ha acordado hacérselo así presente, mandan- 
do archivarle por antipolítico y prohibiendo absoluta- 
mente su circulación" '. (8) 

La falta de sinceridad del jefe de la Iglesia venezo- 
lana era evidente y adquirió singular relieve en breve 
tiempo cuando, tras el desastre final de la primera Re- 
pública, dictaba una pastoral en 1? de Agosto de 1812 
en que decía a los fieles : ^Después que habéis experi- 
mentando los horrores de la guerra, los temblores de la 
íierra, la ruina de vuestro edificios, la muerte de vues- 
tros hijos, hermanes y amigos, las más sensibles priva- 
dones, indigencia, hambre, enfermedades ; no puedo 
menos que creer, que os hayáis perfectamente conven- 
cidos de la enormidad de vuestros pasados excesos y de 
que ellos han provocado la ira de Dios. Sí, creedme y 
no dudéis que ¿as facciones, la revolución y la sangre 
eran la funesta herencia que preparabais a vuestros hi- 
jos. A vosotros toca aprovecharos del beneficio, em- 
prendiendo la reforma de todas vuestras costumbres, 



(8) Blanco y Azpurúa. — Documento 654, párrafo XI, pá- 
gina 62O, tomo III. 



30 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



de modo que os deis mutuas pruebas de deferencias y 
de pronta, firme y constante obediencia a nuestro legí- 
timo soberano el señor Don Fernando VII, a sus cor- 
tes y concejos de regencia, a todos y a cada uno de sus 
Ministros. (9) 



VII 



Entre tanto, la obra de propaganda progresaba 
abriendo el corazón de los pueblos y las puertas de las 
ciudades a la hueste de Monteverde que se apoderaba de 
Barquisimeto el 2 de Abril, llegaba a Cabudare 5 días 
después y se aprontaba a dominar los llanos mediante 
una expedición sobre Araure, en que triunfaría el capi- 
tán Mármol el 18 de Abril, y su propia marcha sobre 
San Carlos que le sería entregado por un traidor el 25 
del mismo mes. Valencia se abandonaba al reconquista- 
dor español el 3 de Mayo y el jefe patriota Ustáriz tenía 
el dolorxle plegarse no por falta de energías propias sino 
por las decepciones de sus tropas que hacían imposible 
la empresa de detener una avalancha que venía en alas 
del favor popular. 

Los refuerzos continúan llegando de la madre pa- 
tria y se dirigían por Coro, en auxilio de Monteverde, 
hacia Valencia y, por Maracaibo, a las órdenes de Ra- 
món Correa, a posesionarse de Mérida y del territorio 
de los Andes. Tanto la^ simpatía por la causa de la re- 
conquista como la rapidez de las operaciones del invasor 

(9) Blanco y Azpurúa. — Documento 691, página 691, to- 
mo III. 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



31 



hacían posibles el envío de expediciones volantes, como 
llamaríamos hoy, que a las órdenes de Antoñanzas pe- 
netraban en los llanos, sometían a Calabozo, se inter- 
naban hasta San Juan de los Morros, y aún más lejos,, 
amenazando las líneas patriotas por su retaguardia para, 
reconcentrarse luego con celeridad en el cuartel general 
de Valencia. Estas invasiones llevaban por doquiera la 
desolación y la muerte como lo expresó Manuel Bonal- 
de, individuo de las fuerzas de Monteverde, testigo 
ocular de los sucesos, que informa a la Regencia de Cá- 
diz diciendo que : "No sólo se había permitido el saqueo> 
general de Carora sino que habían sufrido igual suerte 
las villas de Araure, San Carlos, Calabozo, pueblos de- 
Aragua y la arruinada ciudad de Barquisimeto. (10) 

Ante la tempestad que se veía venir, el poder ejecu- 
tivo delegó todas sus facultades en el Generalísimo Mi- 
randa el día 26 de Abril. El Precursor concibió un plan 
defensivo en cuya práctica podría ganar tiempo para 
la reorganización y para el cual era preciso conservar a 
Valencia en la extremidad del lago de su nombre, llave 
a la vez de los caminos hacia Caracas y de los accesos 
hacia los llanos ; desgraciadamente, la capital estaba en 
poder de Monteverde y su defensor patriota se había 
retirad® a Guacara, a distancia de unos veinte kilóme- 
tros. El Generalísimo ordena la recuperación de Valen- 
cia y las tropas patriotas abandonan sus posesiones pa- 
ra ir en busca del enemigo; el contacto se produjo en 
Los Guayos, el 9 de Mayo de 1812, y su resultado fué 
un primer desastre para Miranda en vista de las deser- 
ciones que eran la mejor fuerza del enemigo. 



(10) Blanco y Azpurúa— Documento 653, párrafo II„ 
página 613, tomo III. 



.32 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



Con la verdadera concepción de un estratega, modi- 
fica Miranda sus posiciones sin olvidar su objetivo: se 
atrinchera en Maracay el 12 de Mayo y fortifica el puer- 
to de Guaica en el sur del lago de Valencia, mantenien- 
do el contacto entre ambas plazas por medio de lanchas 
cañoneras; con estas medidas quedaba cerrado el paso 
del ejército realista hacia Caracas. Bolívar estaba en 
Puerto Cabello con el elemento y guarnición suficiente 
y Casas en La Guaira, cubriendo ambos estos puntos que 
eran bases para los aprovisionamientos del exterior y, 
además, puestos de avanzada contra cualquiera sorpre- 
sa del invasor marítimo. 

El Generalísimo debió tener plena fe en el éxito 
de su plan defensivo, pues se apresuró a enviar Misiones 
diplomáticas a los países amigos, Inglaterra, Estados 
Unidos y Nueva Granada, con el propósito de obtener 
la ayuda moral necesaria y los pertrechos que requería 
la enérgica continuación de la guerra contra España. 

Para dar vida a este plan fué necesario un esfuer- 
zo gigantesco. Bolívar, que estaba retirado en San Ma- 
teo, voló a Caracas desde las primeras noticias de la in- 
vasión de Monteverde y contribuyó a la organización 
del nuevo ejército, aceptando en seguida el comando de 
la plaza de Puerto Cabello. Es preciso convenir que la 
obra realizada fué enorme; aún temblaba la tierra con 
el terremoto de 26 de Marzo y ya se estaba en plena or- 
ganización hasta entregar al Generalísimo Miranda tres 
divisiones con dos regimientos de línea a ías órdenes del . 
Coronel Antonio José Urbina y del teniente coronel Do- 
mingo Mesa, las milicias de Barlovento mandadas por el 
coronel José Félix Ribas, el batallón, de blancos bajo su 
jefe el comandante Adriano Blanco, el batallón del Sur 
con el corone! Antonio Alcover, el del Hatillo que co- 



IvAS GUERRAS DE BOLÍVAR 33 

mandaba Manuel Escalona, los pardos guiados por el 
comandante Carlos Sánchez, los morenos del comandan- 
te Francisco de Paula Camacho y los zapadores del te- 
niente coronel Béniz. 

El coronel Manuel Cortés, con diez piezas de cam- 
paña, y los comandantes José Lazo y Antonio Solórza- 
no, con dos escuadrones de caballería debían proteger 
en sus avances y asegurar los triunfos de estas huestes 
que eran superiores en número a las tropas de Monte- 
verde. Entusiastas piquetes de agricultores y de extran- 
jeros mandados por Francisco Tovar, José María Uz- 
táriz y el coronel Ducayla se agregaron a la expedición 
sin que sus esfuerzos unidos al empuje de los jefes de 
las tropas regulares lograran contener las deserciones 
que precipitaron a Miranda en su retirada desde Los 
Guayos a sus trincheras de Maracay y de Guaica el 12 
de Mayo. 

Monteverde le ataca sin éxito en Guaica el 19 y se 
posesiona de las alturas que circundan el lago de Valen- 
cia, renueva sus presiones el 12 de Julio y Miranda eva- 
cúa a Maracay el mismo día para retirarse al pueblo de 
La Victoria, a cuyas puertas se presenta el incansable 
Monteverde 8 días después. Dos sangrientas derrotas 
sufrieron allí los españoles y su desconcierto habría si- 
do total si el Generalísimo Miranda, con más confianza 
en las «¿ropas ya probadas, hubiera aniquilado a Monte- 
verde en su fuga a San Mateo. 

Vacilar es perdernos, había dicho Bolívar y aún re- 
cordaría este aforismo que caracteriza su temperamento 
cuando amenazado por la traición, en su fortaleza de 
Puerto Cabello, pedía socorros a Miranda. Se vaciló 
ante los triunfos de La Victoria y no se auxilió al defen- 
sor de Puerto Cabello por error, por mala concepción o 



34 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



por influencias de esas circunstancias mínimas que obran: 
como la voz que suena en la montaña y precipita una 
avalancha ; desgracia, error o traición, tal debió ser el te- 
ma de las conversaciones de los viajeros de la Jesús, Ma- 
ría y José, y principalmente de Bolívar y de Ribas, ac- 
tores importante en el sitio de Puerto Cabello el prime- ' 
ro y en la breve campaña de Valencia a San Mateo el 
segundo. 

Bolívar perdía la plaza fuerte que era la llave del 
centro venezolano el 6 de Julio de 1812. El Generalísi- 
mo Miranda capitulaba en San Mateo el 25 del mismo 
mes : cien días había durado su poder y en sus manos 
agonizaba la primera de estas jóvenes repúblicas cuya 
alumbramiento fuera la preocupación constante de su 
vida de aventuras internacionales. 



VIII 



¿Quién era el responsable del desastre? Aquellos 
hombres jóvenes, animosos, que habían ofrendado ho- 
gar y fortuna en los altares de la Patria buscaban un 
culpable con la misma impresión con que los viajeros 
de un buque en peligro se amotinan contra el- capitán en 
las angustias de un naufragio, motín casi siempre in- 
justo, pues son raros los casos en que las naves se hun- 
den por impericia. Los barcos se destrozan porque el 
temporal es más fuerte que ellos y tal era en 1812 la 
situación de Venezuela ; la nueva nación era una estruc- 
tura muy débil para dominar la mar embravecida por 
los vientos de pasiones que soplaban en todos sentidos. 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



La creación de una entidad, con independencias- 
efectivas debía tener como base una nacionalidad ya he- 
cha, una conciencia común que fuera el fruto natural 
la compenetración de intereses y de la analogía de idea- 
les de una gran mayoría de la población. Semejante es- 
tado de cosas no existía en la colonia española de Costa 
Firme. Los indios de raza pura, poco más de cien mil 
almas, no eran factores apropiados para un movimiento» 
de esta, naturaleza y en cuanto a los esclavos negros^, 
unos sesenta mil en número redondo, no eran capaces de 
moverse a impulso de una idea, sólo las pasiones sim- 
ples, como el odio o el amor, podrían llevarlos a una lu- 
cha y ésta siempre en favor de alguien, no de alga. ( 11)> 

La masa de la población venezolana, cerca de la mi- 
tad del total ; la formaban 400 mil mestizos de todas las 
razas, verdadera paleta en que se habían revuelto eti- 
los matices más diversos los tintes cobrizos del indio>. 
el ébano del negro y las variedades mismas del cauca- 
siano español rubio como el vándalo, trigueño como losi 
marinos del Mediterráneo o bronceado como el moro,- 
Esta masa, en general, no era penetrable por los ideales 
de la independencia, cuyas ventajas no podía apreciar 
falta de todo conocimiento cívico ; la gran influencia en 
este medio era la ele la única instrucción que poseía, la. 
enseñanza religiosa de los curas y misioneros disemina- 
dos en ellas y que tenían su verdadera dirección. Sobre: 
esta casta se alzaban los criollos de origen español puro 
cuya uniformidad era más aparente que real; serían 
doscientos mil los venezolanos españoles, y entre ellos 
había sangre de todas las provincias, de Galicia a Casti- 



(11) Datos del libro "Cesarismo Democrático" deí pro- 
minente sociólogo venezolano don Laureano Vallenilla Lamu 



36 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



Ha, de Navarra a Andalucía, marcándose diferenciacio- 
nes que debieron ser profundas a juzgar por lo que 
acontece en estos propios días en el territorio mismo de 
la madre patria. La unión en torno de un ideal común 
• era muy difícil y sólo podía pensarse en agrupaciones 
de intereses y estas mismas debieron ser débiles a cau- 
:sa de las grandes distancias de los centros poblados y 
de la masa tan pequeña de las riquezas individuales. En 
^este orden de ideas era nautral que los elementos más 
vecinos y más ricos se congregaran con relativa facili- 
dad, atracción incrementada por las reuniones sociales 
"frecuentes y las lecturas de los mismos libros que van 
uniendo los corazones y los cerebros como en una red 
-de afecciones y de pensamientos comunes. 

Este núcleo social, independiente, rico e ilustrado 
debió ser muy débil en la colonia de Costa Firme; eran 
tal vez diez o doce mil personas, lo que importa colo- 
carlas en equilibrio con un número igual de españoles 
nacidos en la Península o en las Islas y que se encon- 
traban diseminadós en todas las esferas de la actividad 
venezolana. Entre estos dos grupos había de trabarse 
la lucha para formar la nacionalidad y es fuera de duda 
que, si la dilección peninsular hubiera tenido otros mé- 
todos de gobierno que no fueran la comprensión de los 
•espíritus dentro de las censuras inquisitoriales, la eman- 
cipación de Venezuela se habría desarrollado en forma 
imuy diversa, sin efusión de sangre y sin desligarse to- 
talmente de la metrópoli. Hombres hubo en todas las 
«colonias que desearon realizar esta evolución que había 
transformado el imperio de Isabel la Católica en la más 
próspera federación internacional ; pero sus ideales no 
fueron apreciados ni en la metrópoli ni en las colonias, 
frustándose el procedimiento organizado de transforma- 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



37 



ciones para degenerar en guerras sangrientas, a causa 
del mísero estado de instrucción en que estaban estos 
pueblos. 

La semilla que los maestros no habían derramado- 
en las almas, la lanzarían los guerreros en los surcos 
abiertos de* las trincheras para regarla con sangre de Ios - 
pueblos ; la ansiada libertad, el privilegio natural que re- 
clama el progreso, pudo engendrarse a la luz de la idea: 
y al arrullo de la mutua inteligencia, pero quiso el des- 
tino de estos pueblos que ella naciera al fulgor de las, 
espadas y en medio del tronar de los cañones. 

Los fletadores de la Jesús, María y José, en su Iar~- 
go y penoso viaje de La Guaira a Curazao, midiéronla 
magnitud entera del problema cuya solución esbozaran? 
y debió embargarles la más amarga decepción. La Pa- 
tria que desearon formar era una creación de sus fanta- 
sías, espectro que sus manos no alcanzaron a tocar, alga 
así como una nebulosa que en vez de condensarse en? 
el núcleo brillante de un astro nuevo se dislocaba como- 
simple materia cósmica. 

Allí quedaba el objeto de sus ilusiones, sepultada 
en los escombros de un terremoto, manchado con la san- 
gre de las batallas y sin más rumores que los lamentos 
de las madres, de las viudas, de las hijas, de las herma- 
nas que lloraban en la miseria a los primeros mártires 
de la libertad venezolana. Allí quedaba el pueblo que so- 
ñaron libre comprimido materialmente por las fuerzas 
del nuevo conquistador Monteverde y entre las rejas es- 
pirituales de una enseñanza religiosa mal orientada. 

¡No había nada qué hacer! Por esto pensó el jefe 
de nuestros fugitivos, el coronel Simón Bolívar, llevar 
la fuerza de su espíritu al país que entonces aparecía:: 
como asilo de la libertad, a Inglaterra, mas, en el ma-~ 



38 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



-mentó definitivo, él y los suyos meditaron en sus pro- 
pias responsabilidades y buscaron mejor camino. 

Sin hogar en su niñez, roto el nido de amor de su 
mocedad, abandonada por la Patria la pasión funda- 
rmental de su vida en París, muerta al nacer esa Patria 
que pensó fundar y a la cual hiciera la ofrenda entera 
de su vida, Bolívar vió el cuadro de otras decepciones 
como la suya, de otros corazones que sangraban como 
el suyo, de otros ojos preñados de lágrimas y oscureci- 
dos por el desaliento como los suyos, vió a sus compa- 
ñeros en las cárceles de Monteverde o reconstruyendo 
•afanosamente sus ranchos incendiados y, midiendo la 
responsabilidad propia, se alzó sobre la miseria de dolor 
hasta la altura de su deber. 

¡No había nada qué hacer! Esto no era cierto. ¡To- 
do estaba por hacer! Era este un pensamiento más apro- 
piado y la nueva empresa sería más fácil que la prime- 
ra; la simiente de la libertad germinaría sobre la tierra 
removida de las batallas y llegaría el momento de cui- 
darla para que no abortara de nuevo en desarrollos pre- 
maturos de los cuales Bolívar se sentía responsable. 

El instante de la decepción había pasado y Bolívar 
-volvió a ser el hombre que tan intensamente compren- 
diera su prima Fanny, baronesa du Villar s, cuando le re- 
cordaba u su genio que las circunstancias han aumenta- 
do' €n aquella carta que antes citamos y que es una obra 
maestra porque es la expresión espontánea del nobilísi- 
ma amor que inspiró esas frases en las cuales, si hay los 
recuerdos de las exquisitas sensibilidades de labios que 
respiraron juntos, hay también un profundo misticismo 
y :nna abnegación sin límites en palabras que serían dig- 
nas de Santa Teresa y por sobre todo, hay el conoci- 
xnietíto perfecto del sér amado, de aquel genio a quien 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



39 



las circunstancias darían cada día nuevos y nuevos vi- 
gores. La amante, que le sedujo con sus encantos físicos 
y que dominó y perduró porque el amor encendiera a la 
vez sus pupilas y su cerebro, se anticipó al juicio de la 
historia y la palabra circunstancias es evocativa de la 
comprensión cabal de cada posición, del examen que Bo- 
lívar haría constantemente de las Situaciones que le iba 
creando su destino a fin de obtener de ellas el mejor re- 
sultado para lograr los ideales que llevaba en su alma 
y que había confiado a su prima hacía largos años en sus 
entrevistas en París. 

En conformidad a este juicio, Bolívar ha debido 
contemplarse, a la vez, fugitivo de Puerto Cabello en 
el bergantín Celoso y alumbrando con una lámpara de 
cárcel la faz robusta del Generalísimo Miranda a quien 
entregara prisionero en manos de los agentes de Monte- 
verde. Ahora, él huía y el Precursor era una fuerza ani- 
quilada, y ambos actos eran iniciativas suyas y, por en- 
de, su propia enorme responsabilidad que le ligaba a 
otros seres y a su conciencia misma. 

El Coronel Bolívar, al pisar la tierra curazoleña el 
2 de Setiembre de 1812, tras siete días de un viaje de 
tormentas en e¿ mar y de tempestades en el espíritu, pa- 
saba de las violencias del reproche, a las amarguras de 
la decepción y, finalmente, al sentimiento de la respon- 
sabilidad y, alzándose sobre el rollo de cuerdas de la 
Jesús, María y José, debió decir a sus compañeros, es- 
bozando un nuevo programa, vacilar es perdernos. 



CAPITULO SEGUNDO 
LA RESPONSABILIDAD 

I. — Primeras tentativas de Miranda. — II. — Bolívar hace volver 
a Miranda. — III. — Auxilio de Bolívar a la acción de Mi- 
randa ; primeros desacuerdos. — IV. — Bolívar en Puerto 
Cabello. — V. — La campaña del Precursor. — VI. — La pri- 
sión de Miranda. 

0-V " - l' " 1 • ^ , 

Pocos sitios hay en el mundo que inspiren mayor 
tristeza que la isla de Curazao ; es tal la desolación de 
esa tierra, que el viajero se siente empequeñecido has- 
ta la miseria misma de esos valles áridos encerrados en- 
tre paredes de arcilla roja y sin más vegetación, de 
cuando en cuando, que algunas mimosas enanas, que 
rasgan la tierra con sus espinas ¿ . 

Tal es la impresión de Curazao en pleno siglo XX, 
en medio del progreso de una colonia holandesa que ha 
construido muelles, edificado una ciudad casi pintores- 
ca y embellecido algún rincón apropiado con quintas- 
que sombrean los cocoteros ; pero, en cuanto se pierden? 



42 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



de vista estos esfuerzos de la civilización moderna, y se 
penetra en esas arideces horribles, parece que en un ins- 
tante hubiéramos sido trasportados, como en los cuen- 
tos de hadas, al pais deseado por los dioses para la me- 
ditación, a la tierra ideal de los anacoretas. Sin ninguno 
de los adelantos que la paciencia del comerciante holan- 
dés ha logrado en un siglo, el Curazao de 1812, en los 
días del desembarco de los pasajeros de la Jesús, Ma- 
;ría y José, no podía ofrecer atenuación alguna al senti- 
miento de pesadumbre que provoca esta mole roja azo- 
tada por el mar y, tras la penosa travesía, el Coronel 
Bolívar debió sentirse en una cárcel casi tan dura como 
las prisiones de La Guaira, en las que dejaba encerrado 
al Generalísimo Miranda, su ídolo en otros tiempos, su 
amigo más tarde, su rival en seguida, y finalmente, el 
enemigo sobre el cual precipitara la desgracia definitiva 
de su vida. 

Miranda y Bolívar eran de esas naturalezas robus- 
tas, capaces de todas las pasiones humanas, y como quie- 
ra que, al propio tiempo, fueran espíritus nobilísimos, se 
había de adueñar áe ellos el más alto y el más altruista 
de los sentimientos que bullían en sus almas : la liber- 
tad de los pueblos, doctrina que venía conquistando los 
cerebros desde la propaganda filosófica del siglo XVIII 
3 r que penetraba en los corazones con los himnos de 
triunfo de la revolución francesa que levantaba un tro- 
no para un soldado salido del pueblo, que se había mos- 
trado capaz de organizar las reivindicaciones en el fue- 
ro interno y que, bajo las apariencias de la tiranía de 
la espada, iba a conquistar en Europa, más que un Im- 
perio para la Francia, innumerables naciones para la 
idea democrática nacida en suelo francés y cultivada 
por el pueblo francés. 



hAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



43 



Miranda había perseguido su programa con sus 
medios propios de acción en las cortes europeas y ante 
el gobierno de Estados Unidos cuyos accesos le eran 
facilitados por su posición de general francés, a la cual 
se había elevado por sus talentos el criollo venezolano 
que abandonara la fierra natal en el albor de su juven- 
tud, herido en el alma por las dificultades que encon- 
trara su padre para obtener el reconocimiento de las 
cualidades nobiliarias que le abrían paso hacia los co- 
mandos de las milicias coloniales. Concibió variadísimos 
planes para la emancipación del Continente y no le arre- 
draban los fracasos; a cada negociación abortada co- 
rrespondía un avance en el terreno de la necesidad im- 
periosa de emancipar las colonias de América a fin de 
quitar esta inmensa base a la reacción europea que lu- 
chaba a la desesperada con los que estaban organizando 
el nuevo sistema de gobierno autónomo de los pueblos. 
Infatigable en sus propósitos, Francisco Miranda no se 
contentaba con preparar estas presiones externas para 
aniquilar el poderío español, organizaba también focos 
interiores de propaganda y acumulaba energías en las 
manos de los afiliados a la vasta sociedad secreta que 
contó en su seno a todos los grandes hombres de la 
revolución emancipadora. listas fuerzas necesitaban un 
punto de apoyo para obrar en el momento oportuno y 
Miranda, con clara visión política, lo fijó en los cabil- 
dos de las grandes ciudades americanas, centros admi- 
nistrativos en los que el elemento criollo tenía, o podía 
alcanzar, influencias efectivas. La obra de Miranda era 
verdaderamente herculeana, la plataforma por él cons- 
truida debía ser indestructible, aunque los primeros mu- 
ros elevados sobre ella se derrumbaran sepultando al 
propio artífice. 



44 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



Bolívar había llegado al amor supremo de la liber- 
tad por vías diferentes de las que siguiera Miranda; 
colocado por su nacimiento y por su fortuna entre los 
primeros de la sociedad venezolana, deseaba instintiva- 
mente mayor participación en la dirección de la colonia. 
y no debía satisfacerse con los títulos de oficial en las 
milicias del rey, lazos de oropel con los que el gobierno 
de la metrópoli ataba a su carro a los subditos america- 
nos que pudieran rivalizar en influencia con los propios 
funcionarios españoles. La educación que recibiera y 
sobre todo la experiencia que adquirió en Europa y el 
ejemplo de Miranda, dieron mayor vuelo a estas tenden- 
cias del joven criollo y elevó su espíritu desde el círculo 
casi egoísta de la intervención en los negocios de la co- 
lonia, hasta la concepción más alta de la independencia 
venezolana y, gradualmente, hasta la libertad de todos 
los pueblos americanos y su perfecta armonía, gravitan- 
do en un sistema propio que fuera garantía de la paz 
del mundo. 

Por temperamento, también por influencia del cli- 
ma en que naciera, estas primeras impresiones de Bolí- 
var tuvieron más de romanticismo, de apasionamiento 
por un ensueño que de propósito decidido de entrar en. 
acción. Mientras Miranda organizaba expediciones, él 
confiaba sus ansias de libertad y sus vistas para el fu- 
turo al oído de su amada Fanny du Villars, según ella 
misma, nos lo recuerda en su admirable carta al Liber- 
tador. "Creo haber merecido, le dice, todos los senti- 
mientos que a usted inspiré, por la pureza y sinceridad 
de los míos. Con orgullo recuerdo sus confidencias res- 
pecto a sus proyectos para el porvenir, la sublimidad 
de sus pensamientos, y su exaltación por la libertad* 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



45 



Yo valía algo en aquel tiempo, puesto que usted me en- 
contró digna de guardar su secreto } \ (1) 

En medio de estas ansias por la libertad, el joven 
Bolívar olvidaba la acción y recorría la Italia, volvía a 
París, visitaba a los Países Bajos, se empapaba en las 
prácticas del gobierno democrático de los Estados Uni- 
dos y sólo en Febrero de 1807 llegaba a La Guaira. En- 
tre tanto Miranda, hombre de acción y cuya edad avan- 
zaba sin llegar a ver la aurora de la libertad americana, 
había pasado ya los cincuenta años, se agitaba preparan- 
do expediciones arriesgadas y, por fin, lograba equipar 
tma escuadrilla de tres barquichuelos, Leander, Bac- 
clius y Bee, el primero de los cuales, que era el ma- 
yor, desplazaba apenas 200 toneladas. Los elementos con 
que Miranda pretendía libertar a las Américas eran in- 
feriores a los que tuvo Colón para conquistar éstas pa- 
ra la diadema de la reina castellana. 

Llevaba el buque insignia sólo 18 cañones y en sus 
bodegas se acumulaban lanzas y fusiles para 300 hom- 
bres y 40^)iezas de artillería de campaña ; con estos ele- 
mentos debía romper la línea de navios españoles que 
cruzaban la costa y silenciar las 150 bocas de fuego de 
los fuertes de Guayana, Cumaná, La Guaira, Puerto 
Cabello y Maracaibo. Había un solo punto vulnerable, 
el abrigado puertecillo de Ocumare y lo eligió Miran- 
da para hacer su desembarque el 15 de Mayo de 1806. 
El plan estaba bien concebido ; treparía por el delicioso 
valle tropical hasta las alturas que hoy se llaman Ran- 
cho Grande, aumentaría su pequeño contingente con el 
auxilio de las poblaciones que por primera vez saluda- 
ban la bandera tricolor de la libertad que traía Miran- 



(1) O'Leary. — Correspondencias. XII, 293. 



46 FRANCISCO RIVAS VICUÑA . 

da, haría funcionar la imprenta de a bordo para dise- 
minar la fausta nueva en la patria redimida y caería so- 
bre Maracay para abrirse camino fácil a Caracas y pre- 
parar una marcha triunfal hacia Valencia y el Occidente. 

El destino siniestro del Precursor había dispuesto 
las cosas de otro modo : los navios reales Argos y Ce- 
loso le sorprenden en pleno desembarco, se apoderan de 
dos goletas y de sus tripulantes y el Leander se escapa 
aligerándose para su fuga de todo su material de gue- 
rra. Los 57 tripulantes apresados fueron conducidos a 
las bóvedas de Puerto Cabello y juzgados por una cor- 
te marcial que envió 4 de ellos a las cárceles de Carta- 
gena después de haberlos obligados a hacer un saludo 
funeral a las cabezas cortadas de los diez compañeros 
que tiñeron con su sangre el pendón de la República, 
en el crepúsculo matutino de su despertar. 

No desmaya Miranda y ahora acude a las Anti- 
llas inglesas, donde encontró apoyo en el almirante Co- 
chrane, y pudo alistar una nueva expedición, siempre 
capitaneada por el Leander, y compuesta de 4 barcos de. 
guerra adicionales, 4 trasportes y una barca con víveres. 
Artillaban su escuadra 64 cañones y llevaba 600 hom- 
bres de ^desembarque con los cuales pensaba posesio- 
narse de la isla de Margarita que le serviría de base- 
para sus operaciones marítimas. 

El gobierno colonial temblaba ante un nuevo ata- 
que de Miranda y se preparaba a resistirlo en tierra, 
organizando milicias, y en el mar, solicitando el auxilio 
de la escuadrilla francesa de Guadalupe. El corsario* 
Austerlitz alcanza a uno de los buquecillos de Miranda, 
el Prevost, frente a Cumaná, le toma al abordaje y la 
expedición revolucionaria elige como nuevo punto de- 
apoyo el puerto de la Vela de Coro. El 2 de Agosto de 



hAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



47' 



1806 efectúa Miranda un feliz desembarco en esta rada,, 
hace penetrar patrullas hacia el interior. Casi todas ellas 
al mando de oficiales extranjeros, y sólo encuentra in- 
diferencia en unos pocos, hostilidad en casi todos. 

¡ Venezuela estaba por España y repudiaba a los li- 
bertadores ! Con una inmensa amargura saboreó Miran- 
da su desengaño y se reembarcó el 13 de Agosto. Corrió 
su flotilla las rudas tormentas del Caribe, se dispersó en 
diferentes islas y los que meses antes fueran tratados 
con los honores de quienes iban a redimir un Continen- 
te, eran hoy escarnecidos y befados. A pesar de esto, 
aquel carácter pertinaz como la raíz que entra en la tie- 
rra, aquella voluntad robusta como el tronco gigantesca 
que se alza sobre ella en las selvas tropicales, no cedía 
y procuraba equipar nuevas expediciones y bastaban 
estas agitaciones para que el poderío colonial, temeroso 
del éxito, organizara los ejércitos españoles de Costa 
Firme, reforzar^ y amunicionara los fuertes y estrecha- 
ra las vigilancias costaneras. 

Miranda era como un águila inmensa que rodaba 
a todas horas por las costas venezolanas, buscando la 
roca natal para hacer un nido a la libertad y dispuesto a 
destrozar las cadenas que oprimían a sus hermanos ; así 
le preciaban los funcionarios españoles de todo orden y 
lanzaban contradi anatema tras anatema, alejándole ca- 
da día más de aquellos corazones que quería conquistar 
para el sentimiento de la patria. 

Entre tanto, las energías de Miranda desfallecían 
y, en Abril de 1807, vendía en Trinidad el barquichuelo 
Leander, la nave almirante de sus dos expediciones des- 
alentadoras, y regresaba a Europa casi al mismo tiempo 
que Bolívar volvía al seno de los suyos con el ánimo de- 
cidido de auxiliarle en sus generosas tentativas. Las 



48 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



fuerzas que estos hombres representaban no habían po- 
dido sumarse y Bolívar llegaba tarde a sublevar a los 
pueblos del interior para acudir en auxilio de Miranda 
en la rada de Ocumare o en el puerto de Coro y, tal vez, 
en aquellas desoladas playas curazoleñas se reprochó 
el haber perdido demasiado tiempo en Europa, en me- 
ras contemplaciones, en vez de acudir en auxilio de Mi- 
randa a la primera noticia de sus expediciones liberta- 
doras. 



II 



El recuerdo de estas tentativas del Precursor, que 
se atrevió solo a desafiar el poder de España, y el de 
sus fracasos, que debían atribuirse a la falta de coope- 
raciones venezolanas, movieron a Bolívar a procurarse 
a toda costa el consejo y el auxilio personal de este hom- 
bre a quien veía con proporciones de gigante en la in- 
triga internacional y con magníficas actitudes de héroe 
en sus intentos de penetración en el suelo americano 
con el estandarte de la libertad, como antes penetrara en 
él Colón con la cruz de Cristo y la enseña castellana. 

La ocasión de hacer esta conquista se le presentó 
cuando la Junta de Gobierno, creada en 1810, le desig- 
nó para una misión diplomática en Inglaterra, en com- 
pañía de López Méndez y de Bello. Era Bolívar, a los 
27 años, el jefe de la primera embajada sud-americana 
que trataba con las cortes europeas y es preciso acen- 
suar que en estas labores puso el sello propio de su ca- 



IvAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



49 



rácter y marcó los rumbos que ya se tenía trazados, do- 
minando por la altura de sus miras a los dos compañeros 
que le diera el extraño gobierno creado en 19 de Abril 
de 1810, corporación de hombres saturados de recelos 
mutuos y en cuyo seno los independientes de verdad se 
enmascaraban con la adhesión a Fernando VII y los es- 
pañolizantes, si se nos permitiere la expresión, se cu- 
brían con la careta de la autonomía local. 

El diputado de Caracas, como se le llamaba en su 
país, el embajador de Sud- América, como decía la pren- 
sa londinense, recibió instrucciones precisas y terminan- 
tes respecto a su política con el gobierno inglés y muy 
especialmente definidas para sus relaciones con Miran- 
da. Hay escritores que pretenden que Bolívar jamás 
leyó estas instrucciones que se le confiaron y que se 
apartó de ellas por este motivo ; nosotros no podemos 
aceptar semejante información y esto por una conside- 
ración simplemente humana, a saber la incongruencia 
«vidente entre la importancia de la cuestión confiada a 
un joven de 27 años y el desinterés que mostrara este 
personaje por imponerse de los documentos que se le 
confiaban. Si fuera efectivo, como muchos lo aseguran, 
que Bolívar no leyó los pliegos que recibiera, no queda 
sino una hipótesis, la de que conocía su contenido y que, 
teniendo un criteiio propio, estaba dispuesto a obrar 
por su" cuenta. Esto es muy verosímil, pues d^do el co- 
nocimiento de la situación de ambos mundos que pudo 
adquirir Bolívar en sus viajes a Europa, se encontraba 
en situación de juzgar mejor que sus mandantes y de 
encaminar su acción hacia objetivos más definidos que 
los acariciados por los espíritus timoratos que aparecían 
como simples contemporizadores entre el viejo régimen 
y la nueva éra que él se proponía fundar. 
4 



50 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



Iniciar negociaciones en nombre de Fernando VII 
y eliminar a Miranda, eran los puntos culminantes de 
las instrucciones de Bolívar y no cumplió ni lo uno ni 
lo otro, pues, desde su llegada a Londres, el joven di- 
plomático buscó el auxilio y la cooperación de Miran- 
da, veládamente al comienzo, con ruidosa ostentación 
en seguida, en cuanto lo juzgó favorable para sus in- 
tenciones. 

En 17 de Julio de 1810, Bolívar y sus compañeros 
entregaban sus credenciales y aún sus instrucciones al 
Ministro británico de Relaciones Exteriores, el Mar- 
qués de Wellesley, en su residencia de campo, a fin de 
no dar un sello oficial a esta entrevista con los represen- 
tantes de un gobierno de hecho en rebelión contra Es- 
paña, aliada de Inglaterra. En la carta de la Junta de 
Caracas, llena de vaguedades y escrita en el ampuloso 
estilo de la época, la frase más precisa que encontra- 
mos dice : "El voto unánime de Caracas ha sido llamar 
la atención de los americanos hacia el peligro que los 
amenaza; . . . y especialmente mantener la integridad de 
estos dominios para el soberano a quien hemos jurado 
fidelidad. Hé aquí los deberes que la Junta Gubernativa 
de esta localidad se impone y que serán invariablemen- 
te el objetivo de sus deliberaciones y procederes. Al lle- 
nar parte de estos deberes, el Gobierno de Caracas ha 
considerado indispensable y necesario manifestar a 
V. M. su sincera disposición a cooperar por todos me- 
dios al bien general, a someterse al resultado que dé el 
libre sufragio en todas las localidades de la nación es- 
pañola que se liberten de la usurpación de Francia y 
también apoyen un sistema imparcial de fraternidad y 
confederación". (2) 



(2) O'Leary. — Narración. Tomo I, página 31. 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



51 



En las últimas palabras hay como un indicio de la 
idea de libertad, insinuación débil que bastó a Bolívar 
para hablar al Marqués de Wellesley ardorosamente en 
f^vor de la independencia venezolana, sugestionado sin 
* duda por Miranda que había recibido en ese día el ju- 
ramento del joven diplomático como miembro, en el 
más alto grado, de la Gran Logia Americana. Las ne- 
cesidades de la política inglesa en Europa, por una par- 
te, y la certidumbre de la continuidad en el movimiento 
de emancipación americana que tenía el gabinete de 
Wellesley, por otra, dictaron resoluciones en que se 
contemplaban, a la vez, los intereses del aliado español 
y las expectativas venezolanas ; pero esta solución a me- 
dias no podía satisfacer a Bolívar y buscó con ardor la 
manera de exhibi? su deseo de independencia y de con- 
vertirlo en una hermosa realidad. 

Llevó su primer propósito con la más amplia pu- 
blicidad de su afecto por Miranda, cuya cabeza había 
puesto a precio el Capitán General de Venezuela y con- 
tra quien solicitaba medidas de rigor el embajador es- 
pañol en Londres. En todas partes se les veía juntos y 
Bolívar se hizo retratar en el concurrido taller del pin- 
tor a la moda, Charles Gilí, ostentando una medalla 
que llevaba como inscripción uno de los lemas favoritos 
de Miranda "Sin libertad no hay patria". Además, in- 
sistía con el hombre en que había puesto su admiración, 
y a quien creía indispensable para la causa de la inde- 
pendencia, para que arreglara sus negocios en Europa 
y se trasladara a Venezuela sin pérdida de tiempo. 

La Junta caraqueña recordaba a Bolívar para su 
instiucción que "Miranda, el general que fué de la Fran- 
cia, maquinó contra los derechos de la monarquía que 
tratamos de conservar, y el gobierno de Caracas, por las 



32 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



tentativas que practicó contra esta provincia en el año 
.1806 por la costa de Ocumare y por Coro, ofreció 
30.000 pesos por su cabeza. Nosotros consecuentes con 
'muestra conducta debemos mirarlo como rebelado con- 
tra Fernando VII y bajo de esta inteligencia si estuvie- 
ra en Londres, o en otra parte de las escalas o recala- 
bas de los comisionados de este nuevo gobierno, y si se 
e-acercase a ellos sabrán tratarlo como corresponde a es- 
ios principios y a la inmunidad del territorio en que se 
hallase: y si su actual situación pudiere contribuir de al- 
gún modo que sea decente a la comisión no será menos- 
preciado". (3) 

Miranda podía ayudarles para el éxito de su mi- 
sión 'diplomática y nada más; la Junta, no deseaba la in- 
tervención en sus negocios de un personaje perturbador 
y Bolívar tomaba sobre sí una enorme responsabilidad 
-decidiendo a Miranda a tomar participación directa en 
la organización de su patria liberada. 

En realidad, la Junta tenía razón, el campo más 
¡apropiado para las energías del Padre de la libertad 
americana estaba en la diplomacia europea, en el am- 
biente de la política de bastidores que tan bien cono- 
cía y de la cual le era dado obtener resultados favora- 
bles para la causa. Colocada en las relativas humilda- 
des de la colonia, su figura resultaría excesiva, aplas- 
tadora y por la natural reacción del medio y de la fuer- 
za que en el actúa, Miranda se sentiría inclinado al 
mando y al desprecio y sus conciudadanos le replica- 
rrían con la desconfianza y la hostilidad sorda. 



(3) Instrucciones a los Comisionados de Caracas por 
Juan Germán Róselo, secretario de Estado de la Junta de Ca- 
jearas. 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



53^ 



Encontramos en una carta de Roscio, publicada por 
don Miguel Luis Amunátegui en su "Vida de don An- 
drés Bello", algunos párrafos que caracterizaban la si- 
tuación de Miranda, "Fué recibido, dice Roscio a. Bello,,, 
"que se encontraba en Londres, con las aclamaciones y 
"obsequios que ya Ud. habrá leído en nuestras: Gace— 
"tas. Fué condecorado con el grado y sueldo de tenien-*- 
"te-general; y recibió otros obsequios que no; exigíais 
"especificarse en los periódicos. Se quemaron todos los 
"papeles actuados por el anterior gobierno español con- 
"tra su conducta pública y privada; y en su lugar, se: 
"sustituyeron las providencias honoríficas que randfe- 
"naban al olvido ^exterminio semejantes documentóse 

"Pero, en ninguno de nuestros periódicos hafeár. 
"Ud. leído, ni leerá siquiera una acción de gracias por 
"estos beneficios, porque el beneficiado no ha producido» 
"ningún rasgo de la gratitud que inspira el derecho; na- 
"tural.. . 

"La táctica política de este anciano es muy des- 
graciada. No supo disimular su genio, ni aprovecharse 
"de las favorables impresiones que esparcimos para 
"zanjarle el camino. Un isleño que lo recibió eti La 
"Guaira y lo acompañó hasta Caracas, le notó luégo^que 
"hablaba mal del Gobierno de los Estados Unidos y 
"que en el tránsito de La Venta y de otros puntos que 
"exigían mejoras y reparos, se jactaba de que él todo 
"lo compondrá como si ya tuviese en su mano el timón 
"de la nueva República de Venezuela. 

"Muchos también le notaron que, en ninguno de 
"los, brindis que recibió en los banquetes con expresío- 
"nes demasiados honoríficas, hiperbólicas y excesivas.,, 
"jamás contestó una palabra ni correspondió con la co~~ 
"pa, oía y pasaba todos los brindis con mucha satisfae— 



54 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"ción, como si todos fueran inferiores a su mérito. 
"Aquellas expresiones que, en semejantes casos, dictan 
"la buena educación, la modestia y decencia, nunca salie- 
ron de su boca". 

El círculo de relaciones sociales de Bolívar, leal 
con el hombre a quien había arrastrado a un medio que 
no le cuadraba, era el refugio de Miranda, según lo 
atestigua la propia carta de Roscio que venimos citando. 

"Miranda, dice, fué miembro de esta corporación 
"(la Sociedad Patriótica), desde sus principios; pero, 
"propuesto para presidente de ella en el mes de Mayo, 
"no tuvo votos ni para vicepresidente. Mas, los periódi- 
cos de Santa Fe, y la venida de los Ribas y el hallarse 
"cultivando la opinión de los pardos, van reparando 
"algo sus quiebras; y le trajeron la presidencia de aquel 
"velorio patriótico, o jugadores de gobierno, semejantes 
"a los muchachos que recuerdan las juras, los avances, 
"los ensayos militares, las maromas y volatines, los dia- 
"blitos y gigantes, las tarascas y otras funciones religio- 
sas y profanas" . . . 

"Vuelvo a Miranda para decir a Ud. que su actual 
"conducta trae la desconfianza de la mayor y más sana 
"parte del vecindario. Sus amigos más notables son los 
"Toros, los Ribas y los Bolívares. Diseminador de la 
"discordia y chismes, no da una paso de conciliación. 
"Trabaja incesantemente por calumniar y desacreditar a 
"los que no sufragaron por él. Procura escribir, y escri- 
"be sus cartas a los vecinos notables de la tierra aden- 
"tro, recomendando su persona, sus méritos y sus ser- 
vicios". (4) 



(4) Carta de Germán Roscio a D. Andrés Bello.' — Mi- 
guel Amunáíegui. — Vida de Don Andrés Bello. Página 98. 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



55 



Durísimo es el juicio que sobre Miranda nos ha de- 
jado este hombre que tanta influencia tuvo en la or- 
ganización de la primera república venezolana y no en- 
contramos otra atenuación a sus conceptos que aquella 
que pueda derivarse de una agriedad general de las ex- 
presiones de Roscio, acusadora de un carácter descon- 
tentadizo, casi díscolo y demasiado dispuesto a la cen- 
sura. Así, refiriéndose al propio Bolívar le trata despec- 
tivamente y dice a Bello : "Considero que ya sabrá Ud. 
"la conducta de Bolívar con Onis. Este tunante enga- 
rrió a aquel joven en Filadelfia y le comprometió a ser 
"mediador para que Caracas reconociese las cortes y 
"enviase sils diputados, por lo cual ha ido don Telésfo- 
"ro Orea o relevarlo". (5) 

Roscio, que tan ampliamente condenaba a Miranda, 
no muestra gran benevolencia por Bolívar, el subalter- 
no de su departamento administrativo que no había aca- 
tado sus instrucciones ante el Gobierno de Londres y 
que llegara hasta el extremo dé traer a Miranda al país 
y es, así, comprensible que procura colocarle a los ojos 
de Bello como fracasado nuevamente en la diplomacia. 
Años más tarde, Roscio, en el ejercicio de iguales fun- 
ciones ministeriales, había de escribir desde Angostura a 
su jefe, el Presidente Libertador: "Yo estoy tan lejos 
"de abandonar la causa, que si el exceso hubiera llegado 
"al extremo de separarme del empleo., habría tomado 
"luégo el camino del cuartel general de Ud. para que 
"me diese servicio militar en el ejército. Esta era mi re- 
solución y me vanagloriaba a mis solas con este pensa- 
miento". (6) 



(5) Amunátegui, ut-supra. 

(6) O'Leary— Correspondencias. Tomo VIII. Pág. 478. 



56 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



Hacemos este recuerdo para marcar el ascendiente 
que las abnegaciones por la causa de la patria iban con- 
quistando a Bolívar en todos los ánimos, cariñosamente 
en unos, con resignación en otros, con pretextos airados 
y sordos en sus émulos, entre los cuales desgracia- 
damente, a nuestro juicio, se encontró Miranda que 
no comprendió el carácter del joven criollo y, temerosa 
de que le arrebatara una situación que él consideraba 
como que le era indiscutiblemente debida, no le guardó 
los miramientos que le correspondían a quien trasgredió 
sus instrucciones en servicio de su ideal y para enalte- 
cerle, prodigándole en seguida toda clase de auxilios a' 
su llegada a Caracas y colocándose francamente en la 
bandería que levantaba el general francés, un transplan- 
tado en la tierra que le vió nacer y por la cual sentía el 
desencanto propio de quien mide las pobrezas de la rea- 
lidad con la vara inmensa de las ilusiones. 

" Miranda no da un paso hacia la conciliación", de- 
cía Roscio; esta característica la llevaría al rompimien- 
to definitivo con Bolívar y el aguilucho criollo volaría 
un día sobre el cielo del águila tan temida del gobierno 
español y con un feroz picotazo le precipitaría al fon- 
do del abismo. 

Allá en la playa curazoleña, Bolívar rememoraba 
sus responsabilidades como único autor del regreso de 
Miranda a Venezuela y escrutaba su conciencia para 
sincerarse de la parte que a él pudiera corresponderle 
en los éxitos y en los fracasos del Precursor y para dar 
su justo valor a su acción enérgica e irrevocable de en- 
tregar a los hierros del carcelero de Monteverde las ma- 
nos que habían querido romper los grillos que entra- 
baban a las colonias hispano-americarias. 



I,AS GUERRAS DE BOLÍVAR 



57' 



III 

Consecuente con su programa, Bolívar siguió pres- 
tando su más ardiente cooperación al general Miranda 
para la realización de sus planes, obrando con todo des- 
interés personal y sin otro objetivo que sus propios, 
ideales, cuya realización , dependería de los conocimien- 
tos y de la acción enérgica del hombre predestinado, a 
su juicio, *para organizar de un modo eficaz la emanci- 
pación venezolana. 

Combatía Miranda en el Congreso Constituyente 
en favor de la declaración inmediata de la independen- 
cia, que era la base indispensable para obtener el nece- 
sario auxilio de otras potencias en la lucha contra Es- 
paña, y Bolívar lleva el entusiasmo por Miranda hasta 
increpar a sus contradictores desde las galerías de la 
sala de sesiones, a las cuales concurría como simple es- 
pectador con un grupo de amigos de la Sociedad Patrió- 
tica que presidía Miranda, a fin de estimularle con sus 
aplausos. 

En el seno de esta corporación, que tenía influen- 
cias efectivas en la opinión, a pesar del ridículo que de 
ella hace Roscio en su carta a Bello, llamándola velorio'" 
patriótico, Bolívar arranca, el 3 de Julio, víspera del 
aniversario de la independencia de Estados Unidos, un 
acuerdo para comunicar al Congreso los deseos de una; 
franca declaración, en; la forma de un discurso prepara- 
do por el Dr. Miguel Peña, que abundaba en los con- 
ceptos que expresaron Miranda, Yanes y otros proceres- 
en las agitadas reuniones del Congreso. Al día siguiente,. 



58 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



los degelados de la Sociedad patriótica entregan su pe- 
tición en sesión pública y luégo se deliberó en reunión 
secreta, acordándose pedir un dictamen al Ejecutivo, 
antes de continuar las discusiones. 

Los mejores amigos de Bolívar sostenían a Miran- 
da en el Congreso y entre ellos el prestigioso doctor don 
José Angel Alamo, en cuya casa habían tenido lugar las 
últims reuniones antes de la declaración de autonomía, 
19 de Abril de 1810, y que ahora, desde su banco de 
diputado por Barquisimeto, iba a pronunciarse por la 
independencia efectiva. "El reglamento de elección con 
"que hemos sido constituido nos autoriza para todo lo 
"favorable a nuestros constituyentes, decía Alamo en 
"la sesión del 3 de julio de 1811. Nada puede serlo tan- 
"to como la independencia, por ella vamos a recobrar 
"enteramente nuestros derechos y todos los bienes irre- 
parables de tan valiosa adquisición. Si estamos, pues, 
"autorizados como lo creo y sostengo, debemos no de- 
atenernos en esta razón y, si no hay otras que la contra- 
ríen, declarar desde luego nuestra absoluta indepen- 
dencia". 

Reabierta la sesión el 5 de Julio, Miranda apoyó 
calurosamente la opinión de la Junta que recomendaba 
la independencia inmediata, pues "difiriéndola, quizás 
"se aventuraría para siempre la suerte de la patria y, 
"declarándola, se destruiría de una vez la ambigüedad en 
"que estaba el país y se trastornarían los proyectos del 
"enemigo". (7) El Presidente Rodríguez Domínguez 
dió por agotados los debates y declaró solemnemente la 
independencia de Venezuela en medio de las aclama- 
ciones de un público que solemnizaba esta victoria de 
las ideas de libertad. 

(7) Gil Fortoul. — Tomo I, página 14. 



XAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



59 



Miranda triunfaba y a sus éxitos cooperaba Bolí- 
var con todo el calor de sus 27 años y con toda la ad- 
hesión que le merecía un hombre a cuya suerte había li- 
gado las mayores responsabilidades que le habían co- 
rrespondido, hasta ese momento, en el servicio público. 
El Precursor, que miraba desde muy alto a la Sociedad 
venezolana y que, a causa de esta circunstancia, se ro- 
deaba del elemento extranjero que viniera con él y no 
adquiría los ¿contactos necesarios con los hombres pú- 
blicos, se atribuía, con toda naturalidad, la parte más 
importante en todos estos éxitos y empeoraba su situa- 
ción estimulando las hostilidades que le había mani- 
festado el medio ambiente y privándose del conocimien- 
to profundo de los personajes que pudieran servirle de 
cooperadores en los innumerables problemas que afecta- 
ban a la República. Algo había ganado Miranda en el 
concepto público, como lo atestigua Roscio en una car- 
ta dirigida a Don Andrés Bello el 31 de Julio de 1811 : 
"Miranda, le dice, entró en el Congreso gomo diputado 
"de uno de los territorios capitulares de Barcelona; y 
"su conducta en este encargo le granjeó mejor concep- 
to. Se portaba bien ; y discurría súbitamente". 

La declaración de la independencia apresuró los 
sordos trabajos de los agentes españoles que obraban so- 
bre las masas populares dirigidas por los misioneros y 
Valencia se levantó en armas contra el gobierno inde- 
pendiente. La represión se imponía a la vez con vigor, a 
fin de extirpar el contagio de estos levantamientos, y con 
prudencia para no herir los sentimientos de la masa po- 
pular que obedecía ciegamente a los políticos del cam- 
panario más por inercia que por antipatías hacia la 
causa que se les llamaba a combatir y cuyas doctrinas no 
conocían. Marchó el ejército republicano, a las órdenes 



60 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



del Marqués del Toro y de su hermano Fernando, ¿¿ 
dominar la rebelión; después de ligeros fracasos se re- 
plegaron sobre Maracay y la Junta confió el mando dé- 
las tropas a Miranda que sumaba un éxito militar a sus 
triunfos políticos. 

Bolívar deseó compartir en este caso las responsa- 
bilidades del nuevo general en jefe y, modestamente, en 
vez de solicitar un cargo en su plana mayor, pidió el 
mando de un regimiento. Miranda se lo negó sin ate- 
nuación alguna en la ofensa que hacía a su amigo leal 
de todas las ocasiones y hay quienes sostienen que in- 
trigó para que Bolívar no tomara parte alguna en la ex- 
pedición. 

Tan extraña conducta no tiene sino dos explicacio- 
nes satisfactorias. En el círculo que rodeaba a Miran- 
da, brindándole amistad, mantenían los españoles un 
buen número de espías que, conocedores de la influen- 
cia real de Bolívar y de sus aptitudes, obraban en con- 
tra de él en el ánimo del Precursor, privándole, así, de 
un auxiliar que había sido garantía de sus éxitos defini- 
tivos. Por otra parte, los oficiales extranjeros que vi- 
nieron con Miranda, o algunos de ellos, deben haber mi- 
rado con recelos al joven criollo que se presentaba co- 
mo un rival indiscutible para sus propias carreras o, por 
lo menos, como un peligro para sus influencias si llega- 
ba a imponerse en el ánimo de Miranda o a suplantarle 
en el mando. 

Una tercera explicación habría aún y esta, a nues- 
tro juicio, no es satisfactoria, pues se basaría en la mez- 
quina pasión de la envidia que Bolívar hubiera desper- 
tado en el ánimo de Miranda. No creemos en este sen- 
timiento tan bajo y nos inclinamos a pensar que el Ge- 
neral no penetró jamás el alma de su joven amigo; al 



I.AS GUERRAS DE BOLÍVAR 



61 



verle en París, alegre, enamorado y vividor, le atribu- 
yó un carácter simplemente ligero; más tarde, en su 
misión a Londres, se equivocó igualmente sobre la ac- 
titud del diplomático en quien creyó ver un instrumen- 
to de su propio juego, cuando, en realidad, Bolívar le 
buscaba por acto personalísimo e inspirado en sus pro- 
pósitos de independizar a Venezuela. Con arreglo a esta 
idea, siguió tratando en Caracas a su joven amigo cuya 
actitud de continua cooperación le confiramaba en su 
opinión anterior. 

En una síntesis de su examen, Miranda ha podido 
decirse, en el lenguaje de los políticos de hoy, Bolívar 
es un hombre mío, y como quiera que las consecuencias 
de esta idea concordaban con las intrigas de su propio 
círculo, no vaciló en sacrificar las ambiciones patrióti- 
cas de su amigo, negándole el comando de un batallón. 

No se conformó con el rechazo el coronel de mili- 
cias, la ofensa quedó sin duda inscrita en su alma, mas 
como su amor patrio fuera superior a estas pasiones 
personales, Bolívar partió a la campaña de Valencia co- 
mo ayudante del Marqués del Toro. Esta actitud nos 
hace recordar el gesto admirable de una religiosa que 
pedía limosna para sus pobres en las calles de Caracas ; 
un hombre vulgar la injurió con cumplimientos soeces 
que se hacían más y más enérgicos ante la resignación 
de la hermana limosnera que, al fin, replicó con estas 
solas palabras : "Guardo para mí sus insultos ; ahora 
déme su limosna para mis pobres". Y el hombre dió 
generosamente. 

A este noble gesto de abnegación por su causa, 
agregó Bolívar su heroico comportamiento en el asalto 
de los fuertes que los valencianos habían improvisado 



62 



Francisco rivas vicuña 



en el cuartel de los Mestizos y en el convento de San 
Francisco, mereciendo por esto y por sus constantes 
servicios que el propio Miranda le propusiera al Con- 
greso para el empleo efectivo de Coronel. El general 
afirmaba su prestigio en los sacrificios de las personas 
cuyos méritos desconocía y esta misma circunstancia le 
enajenaba algunas voluntades, según se despernde de 
la carta de Roscio que hemos citado. "Miranda, dice, 
"salió a tomar el mando del Ejército contra Valencia y 
"manifestó el rigor de la disciplina militar. Por esto le 
"resultaron algunos mal contentos que lo vituperaban y 
"acusaban de ambición desmesurada. Otros le colma- 
"ban de elogios por su pericia militar". 

Dominada la insurrección de Valencia,* Miranda 
qusio llevar sus armas a Coro y Maracaibo para sofo- 
car en esas regiones las tendencias anti-republicanas ; 
pero no pudo llevar a cabo sus deseos pues la Junta de 
Gobierno se mostraba conciliadora a pesar del decreto 
que acaba de dictar, creando un tribunal para investigar 
los delitos de traición que provocaron el alzamiento de 
Valencia. 

El decreto que lleva la firma del presidente Cris- 
tóbal de Mendoza, y fecha 10 de Agosto de 1811, re- 
conoce que "es absolutamente necesario que se averi- 
güen, verifiquen y castiguen los delitos de traición 
"contra la patria cometidos en la ciudad de Valencia 
"que han causado tantos males y dado tan pésimo ejem- 
"plo. Para facilitar la averiguación, calificación y cas- 
"tigo de los delincuentes, ha acordado S. A. se forme en 
"el cuartel general del ejército destinado contra la ciu- 
"dad de Valencia, una sala de justicia compuesta del 
"General en Jefe y de tres Ministros letrados que le 
"serán Don Juan Antonio Rodríguez Domínguez, don 



I,AS GUERRAS DE BOLÍVAR 



63 



' 'Francisco Yanes y don Nicolás Anzola. Será Presi- 
dente de esta sala el dicho General en Jefe". (8) 

Después de sus éxitos en el Congreso y de sus 
triunfos militares, Miranda llegaba a la altísima función 
de reprimir los movimientos subversivos con la fuerza 
de la justicia y autorizado, según el decreto que citamos,, 
para "conocer los delitos de traición y proceder contra 
"sus actores, cómplices y complicados, sin excepción de 
"persona, ni de fuero por privilegiado que sea, hasta 
"pronunciar sentencia conforme a las leyes que riguen 
"aún". 

A la cabeza de una hueste victoriosa de más de 4.000 
hombres y con las facultades que le daba esta resolu- 
ción del Poder Ejecutivo, pudo Miranda acometer la 
Pacificación completa del país y haber afirmado, des- 
de el primer momento, la independencia venezolana; 
no lo hizo, sin embargo, porque este hombre de tan ex- 
traordinarias energías no supo defenderse de los ele- 
mentos que intrigaban constantemente en su círculo y 
que le .arrastraban a sus propias interesadas soluciones 
de complacencias y debilidades. 

Bolívar deseaba una política vigorosa, a la vez en la 
guerra y en las fiscalizaciones judiciales destinadas a 
demostrar a todos los descontentos que el nuevo gobier- 
no tenía la firme resolución de consolidar el nuevo or- 
den de cosas. El General Miranda se apartó de este pro- 
grama; a instancias de algunos miembros del Poder Eje- 
cuitvo decretaba el mismo la disolución del Ejército y 
la Corte Marcial que él presidía llenaba sus deberes 
con una debilidad excesiva, rayana en el abandono de 
sus funciones. 



(8) Blanco y Azpurúa. — D. 593.— Pág. 206, tomo HE. 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



Un nuevo alejamiento debió producirse entonces 
entre Bolívar y Miranda que se había dedicado de lle- 
no a las sesiones del Congreso constituyente, dejando 
de mano lo que debió ser su preocupación preponde- 
rante. Mas, como ambas coincidieran en la idea princi- 
pal de un gobierno central fuerte, Bolívar prestó a Mi- 
randa su más decidido concurso en la opinión sin que 
lograran derrotar a los partidarios del sistema federal 
que consultaba más las ambiciones personales que la es- 
tabilidad del nuevo régimen. * 

Mientras los patriotas malgastaban su tiempo en 
estas discusiones, remedando un poco a las Asambleas 
francesas, los jefes españoles se organizaban en la cos- 
ta y el audaz Monteverde preparaba un golpe de muer- 
te para la República recientemente constituida. A fines 
de Diciembre de 1811, en los momentos en que se san- 
cionaba la constitución federal penosamente elaborada 
en largas discusiones, los realistas envolvían la Guaya- 
na y el Orinoco con expediciones que debían triunfar ; 
y, al reunirse el primer Congreso de Valencia, de acuer- 
do con la Carta Fundamental, en Marzo de 1812, se 
desprendían de Coro y Maracaibo las huestes que, favo- 
recidas por la propaganda anti-revolucionaria, abatirían 
el gobierno republicano, aterrorizando a sus adeptos 
por el incendio, el pillaje y la matanza. 

De nuevo se confió el gobierno a Miranda, quien 
asumió esta vez la dictadura con el título de Generalísi- 
mo y de nuevó aceptó Bolívar el puesto que se le indi- 
cara para servir a su patria, aunque le creyera inferior 
a sus merecimientos y poco adecuado para utilizar sus 
capacidades. Miranda le confiaba la defensa de Puerto 
Cabello, lo que equivalió a encerrar en un fuerte al hom- 
bre que por sus influjos populares y por su conocimien- 



I^AS GUERRAS DE BOUVAR 



65 



to del país habría estado mejor a su lado, en el terreno 
de la campaña abierta, a fin de dominar con su palabra a 
los desertores y deshacer útiles indicaciones sobre los 
movimientos militares. 

La posesión de Puerto Cabello habría sido de su- 
ma importancia si Miranda hubiera sabido aprovechar- 
la ; en la concepción estratégica del Generalísimo, que 
analizaremos más adelante, esa plaza fortificada era sólo 
un coeficiente de seguridad, menos que éso, casi un pun- 
to muerto, y el enviar a ella al Coronel Bolívar equiva- 
lía a relegarle a un cargo de segundo orden, lo que tai- 
vez era el deseo tácito de los espías que rodeaban a Mi- 
randa y de los émulos de un político que se acentuaba 
marcadamente en la opinión. 



IV 



Dice don Bartolomé Mitre en su Historia de San 
Martin (9) que "la custodia de esta importante plaza 
"(Puerto Cabello), había sido confiada al Coronel Bo- 
lívar. Existía allí un número considerable de prisione- 
ros españoles, los que aprovechándose de una ausencia 
"de Bolívar, sublevaron la guarnición de la ciudadela y 
"se hicieron dueños de ella". Hemos querido conocer la 
situación que describe Mitre tan a fondo como sea posi- 
ble, consultando los documentos de la época y los datos 
con que hemos sido favorecidos por más de un escritor 
venezolano de estos días. 



(9) Historia. Cap. XXXVI, párrafo VIII. 

5 



66 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



¿Es Bolívar culpable o no de la caída de Puerto* 
Cabello? Para delinear la situación que se desarrolló en* 
los primeros días de Julio de 1811, es preciso tener a la- 
vista un plano de Puerto Cabello y sus alrededores. El 
continente se prolonga en una estrecha península incli- 
nada hacia Occidente, dejando un saco en la dirección 
de este viento, donde desemboca el río San Esteban y 
teniendo, por el Oriente, una pequeña escotadura que se 
llama puerto de Borburata. En las alturas de esta penín- 
sula había un fortín, llamado Solano, y guarnecían sus 
costas dos baterías, habiendo además unos barrancos, 
el Thincherón, fáciles de fortificar. (Plano número 
uno). 

Comunicaba la península, por medio de un puente 
levadizo con el islote artillado que era la plaza propia- 
mente dicha y en la cual debía residir el jefe de ella. Co- 
mo posición avanzada, se había construido el Fuerte de 
San Felipe en un peñón en aguas más profundas que la 
plaza, reducto bien fortificado para la época y que abri- 
gaba, junto con los almacenes de armas y municiones, 
las bóvedas que servían de cárcel. Completaban los re- 
cursos de la plaza los bergantines Celoso y Argos, la go- 
leta Venezuela, un pequeño buque apostadero y un nú- 
mero muy reducido de embarcaciones menores. 

Bolívar, que no tuvo la elección completa de su per- 
sonal subalterno, manifestó, sin que fuera atendido*, 
los peligros propios de una plaza en que existían mu- 
chos prisioneros políticos, enviados allí en la época de 
la sublevación de Valencia, hombres influyentes, ricos y 
con elementos, por lo menos, para intentar la fuga. Los 
comandos de las diferentes secciones incumbían al Co- 
ronel Ramón Aymerich en el fuerte San Felipe, al te- 
niente-Coronel Garcés en el fortín terrestre de Solano 



tg 



I,AS GUERRAS DE BOLÍVAR 



67 



y el jefe de la plaza, para mayor facilidad de comuni- 
caciones, residía en la isla central. 

Dice el Coronel Bolívar en su parte al Generalísi- 
mo Miranda que la insurrección del real San Felipe se 
inició el 30 de Junio, poco después de medio día, y que 
"un momento antes de comenzar el fuego había venido 
"a mi casa el Comandante del Castillo, T. C. Ramón: 
"Aymerich, ■ a quien pregunté qué novedad era aquella 
"que sucedía en el Castillo y me respondió ignorar- 
"lá". (10). 

En este documento, hace Bolívar un sereno elogio 
de este jefe a quien declara inculpable, a pesar de que 
en el momento de la rebelión no estaba en su puésto en 
el fuerte San Felipe; había venido por breves horas a. 
la plaza a formalizar la ceremonia de su matrimonio. 
Bolívar estaba en su casa y, por consiguiente, resulta 
infundado el reproche, aunque sea indirecto, de haber 
servido la ausencia de Bolívar de pretexto a la insurrec- 
ción. 

El real San Felipe se rebeló porque el motín estaba 
preparado de antemano por los prisioneros de la plaza, 
en combinación con los agentes de Monteverde, por 
medio de los innumerables espías que era fácil encon- 
trar en una población que no simpatizaba con los repu- 
blicanos. Los oficiales corrompidos por el oro y las pro- 
mesas de los españoles, un llamado Francisco Fernández 
Vinoni, teniente de las milicias de Aragua, y un tal 
Carbonell, habrían deseado dar el golpe traidor teniendo 
en el castillo a Bolívar a fin de engalanar su acción con 
el apresamiento de un jefe patriota de alta situación y 
el más capaz de organizar el contra-ataque. Dados los 



(10) Simón Bolívar por el Marqués de Rojas, página 51. 



68 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



procedimientos de aquella época, no es aventurado juz- 
gar de esta intención por la respuesta que el teniente 
sublevado diera a la intimación de rendirse que le envió 
Bolívar. 

"El Comandante del Castillo de San Felipe de la 
"Plaza de Puerto Cabello, ha hecho enarbolar el pabe- 
llón del rey nuestro señor don Fernando VII, dice el 
"traidor Fernández Vinoni, y como sus fieles vasallos 
"pretenden defenderlo hasta derramar la última gota de 
"sangre, ha intimado la rendición de la plaza al Coman- 
dante de ella, inteligenciado que lo demás es uña te- 
"meridad y querer derramar sangre inútilmente. Pide, 
""después de dicha entrega, por comandante de la misma, 
"al Coronel Domingo de Taborda, despachando inme- 
diatamente a buscarle con un bote ; y en el interino que 
venga que quede por sustituto el Coronel Faustino Gar- 
"cés, viniendo para este convenio los comandantes de la 
"Plaza, Artillería y Cuerpo veterano, ciudadanos Simón 
"Bolívar, Diego Jalón y Miguel Carabaño". (11) 

El plan no ofrecía dudas, era demasiado burdo, y 
de él estamos autorizados para deducir que la intención 
de los amotinados, ciertos como estaban de una suble- 
vación total y de ser auxiliados por Monteverde, era 
d apresamiento de Bolívar y de sus más caracterizados 
subalternos. 

El Coronel Comandante de la plaza comunicó al 
Generalísimo Miranda el desgraciado suceso una hora 
después de ocurrido, diciéndole : "A la una de la tarde 
"se han apoderado del Castillo de San Felipe un oficial 
"infidente con la tropa de su mando y todos los reos 
"que allí se encontraban; han roto un fuego temible 



{11) Marqués de Rojas. — Ut-supra. 



I,AS GUERRAS DE BOLIVAR 



69 



"sobre esta ciudad; en el Castillo se encuentran 1.700 
"quintales de pólvora y casi toda la artillería y municio- 
nes de esta plaza; ésta padece sumamente, sus casas 
"son derribadas, y yo trato, sin víveres ni municiones, 
"de defenderla hasta el extremo. Los marineros de los 
"buques, forzosamente han pasado al Castillo, y él se 
"hace temible ; espero que a la mayor brevedad me en- 
"viéis cuantos recursos estén a vuestro alcance y que 
"me socorran antes que sea destruido. — Simón Bolívar". 

Organiza Bolívar la reacción; se baten los cañones 
del fuerte San Felipe y de la Plaza, funciona el fortín 
Solano cuyo comandante Garcés ha merecido la con- 
fianza de su jefe, a pesar de las sospechas con que pre- 
tendió envolverle el traidor Fernández ; procura Bolívar 
salvar las naves, mas el día trascurre en inútiles esfuer- 
zos y en la madrugada del 1? de Julio envía a Miranda 
el siguiente parte : 

"Ahora que son las tres de la mañana os repito co- 
"mo un oficial indigno de serlo con la guarnición y los 
"presos se han sublevado en el Castillo de San Felipe y 
,"han roto el fuego desde la. una de la tarde sobre esta 
"plaza; en el Castillo están caái. todos los víveres y mu- 
"niciones y sólo hay fuera diez y seis mil cartuchos. La 
"goleta Venezuela y el Comandante Martínez han sido 
"apresados, los demás buques se hallan bajo sus fuegos 
"como bajo los míos y solamente el Celoso se ha salva- 
"do muy estropeado. Debo ser atacado por Monteverde, 
"que ha oído ya los cañonazos ; si vos no le atacáis in- 
mediatamente, y lo derrotáis, no sé cómo puede salvar - 
"se esta plaza, pues cuando llegue este parte debe él es- 
tar atacándome. — Simón Bolívar". 

El defensor de la plaza no se desalienta, aunque no 
tenga esperanzas de recibir refuerzos; en el segundo 



70 



FRANCISCO RIVÁS VICUÑA 



día de combate, el 1- de Julio, tiene el dolor de ver in- 
cendiado el bergantín Argos, contempla la deserción del 
capitán Camejo con 120 hombres y, en medio de estas 
angustias y del éxodo de la población, intenta el asalto 
del real San Felipe con 300 hombres. Desmaya en este 
plan por falta de elementos y prepara el ataque desde 
las baterías de tierra, cubriéndose, además, del lado del 
Trincherón y de San Esteban por donde pueden venir 
los auxilios de Monteverde a los traidores. Se propone 
una captiulación y la rechaza el 3 de Julio; el 4 com- 
bate el Coronel Mires con los refuerzos que vienen de 
Valencia y es rechazado; el 5 Mires, Jalón y Montilla 
con 200 soldados, atacan a los realistas en San Esteban 
y sólo salvan 7 hombres que se replegan al Trincherón 
y ensayan una última resistencia en unión de un desta- 
camento de 40 infantes apostados allí. Entre tanto, Ra- 
fael Martínez, que apenas disponía de 131 hombres en 
la Plaza, con sus fuerzas diezmadas por las balas y la 
deserción, capitula y Bolívar, no pudiendo morir en el 
sitio del combate, como dice en su parte, se embarca 
con ocho oficiales de su plana mayor en Borburata, a 
bordo del averiado bergantín Celoso, 

Llega a Caracas Bolívar e inmediatamente escribe al 
Generalísimo una carta en que le anuncia el parte de- 
tallado de la pérdida de Puerto Cabello. "Mi General, 
"dícele, mi espíritu se halla de tal modo abatido que no 
"me hallo en ánimo de mandar un solo soldado ; pues 
"mi presunción me hacía creer que mi deseo de acer- 
"tar y el ardiente zelo por la patria suplirían en mí 
"los talentos de que carezco para mandar. Así ruego a 
"Ud. o que me destine a obedecer al más ínfimo oficial, 
"o bien que me dé algunos días para tranquilizarme y 
"recobrar la serenidad que he perdido al perder a Puer- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



71 



"to Cabello : A esto se añade el estado físico de mi salud 
""que después de trece noches de insomnio, de tareas y 
"de cuidados gravísimos, me hallo en una especie de 
"enajenamiento mortal. Voy a comenzar inmediatamen- 
te el parte detallado de las operaciones de las tropas 
"que mandaba y de las desgracias que han arruinado la 
"ciudad de Puerto Cabello, para salvar en la opinión pú- 
blica la elección de Ud. y mi honor. Yo hice mi deber, 
"mi General, y si un soldado me hubiese quedado, con 
"ese hubiera combatido al enemigo. Si me abandonaron 
"no fué mi culpa. Nada que quedó que hacer para con- 
tenerlos, comprometerlos a que salvasen la Patria : pe- 
to ¡ah! ésta se ha perdido en mis manos". (12) 

Y días después, el 14 de Julio de 1812, Bolívar re- 
mite la anunciada relación y hace presente al Generalí- 
simo que "su cabeza y su corazón no están para nada. 
"Así, suplico a Ud. me permita un intervalo de poquí- 
simos días para ver si logró reponer mi espíritu en su 
"temple ordinario. 

"Después de haber perdido la mejor plaza del Es- 
tado, ¿cómo no he de estar alocado, mi general? 

; "De gracia no me obligue Ud. a verle la cara 1 Yo 
"no soy culpable, pero soy desgraciado y basta. 

"Soy de Ud., con la mayor consideración y respeto, 
'"su apasionado subdito y amigo que B. S. M. — Simón 
"Bolívar". (13) 

El Coronel Bolívar había salvado su honor y tam- 
bién justificado a Miranda que le designara para una 
misión llena de peligros y en la cual el defensor de Puer- 
to Cabello dió esas muestras de amor a la disciplina y de 
capacidad para organizarse en medio de las dificultades 



(12) Marqués de Rojas. — Bolívar, pág. 48. 

(13) Ut supra. Página 49. 



72 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



que habían de ser las características del gran general 
americano. 

En sus meditaciones, allá en la desolada playa cu- 
razoleña, el Coronel Bolívar escuchó la voz severa de su: 
conciencia que le absolvía de toda culpa en la pérdida 
de Puerto Cabello y las sentidas expresiones con que 
comunicara al Generalísimo Miranda su estado de alma 
eran el quejido profundo por la desgracia de su patria, 
que no estuvo en sus manos evitar, y no el remordimien- 
to por una catástrofe cuya responsabilidad le afectara. 
Hay hombres para quienes el cumplimiento del deber no 
tiene sino aspectos positivos ; lo que se ordena hay que 
cumplirlo y el éxito es inseparable en ellos del senti- 
miento de la simple abnegación ; por enorme que sea el 
sacrificio realizado, su conciencia no queda satisfecha 
si no se logra el objetivo que se les encomienda y esta 
impresión es tanto más profunda cuanto más alta y me- 
jor comprendida es la obligación que se acepta. Bolívar 
atribuyó a la posesión de Puerto Cabello toda la im- 
portancia que otros no le dieron y, al perderla, se sintió 
ligado para siempre a su patria, ligado por el lazo fuer- 
te de llevar un día sus esfuerzos hasta el éxito, no en 
virtud de esas responsabilidades que se juzgan en los tri- 
bunales de los hombres, sino por esas identificaciones 
entre el sér mismo y los ideales que le animan, que es lo 
propio de las almas privilegiadas. 

Volvería a la lucha, en cualquier puésto humilde, 
como dijo a Miranda, al cual hasta el momento de vol- 
ver a Caracas daba sinceras muestras de af ecto, a pesar 
de sus desdenes; volvería para curarse del dolor de 
aquella pérdida que había hecho exclamar al Generalí- 
simo, al leer el primer mensaje de Bolívar: ¡Venezuela; 
est blessée au coeurl 



Plano n*2. 






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MONTE VE R D E 




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I.AS GUERRAS DE BOLÍVAR 



73: 



V 



Justa era la exclamación del Dictador, más la pu- 
ñalada que daba un golpe de muerte a la primera repú- 
blica venezolana no había sido la de los traidores de 
Puerto Cabello; la joven nacionalidad caía desangran- 
da en mil reveses y en las encrucijadas de otras tantas 
traiciones diarias que iban debilitando los ánimos y ha- 
ciendo perder la cpnñanza hasta al propio Miranda que,, 
al frente ahora de 5.000 hombres y con todo el poder 
público en sus manos, manifestaba menos entereza que 
en el lejano día de 1806 cuando intentaba desembarcar 
en Ocumare, desafiando con unos pocos valientes a 
los ejércitos de España. 

Miranda no supo dominar ese medio inquieto por 
las novedades del sistema, sobresaltado por los temores 
supersticiosos del terremoto y profundamente minado* 
por la propaganda de la Iglesia cuyos miembros habían 
sido las verdaderas patrullas de avanzada de la temera- 
ria expedición de Monteverde. No dominaba el Genera- 
lísimo la situación integral de su país y, en el fondo de 
su alma, se imponían las consideraciones sobre los pe- 
ligros de una campaña prematura, dejando en segun- 
do término las virilidades para asegurar las conquistas 
materiales y para incrementar las adhesiones de volun- 
tades y de intereses a la causa de la patria. 

Hasta en el problema militar mismo, Miranda se 
mostró inferior a lo que fuera y a lo que de él se espe- 
raba. Para analizar esta situación vamos a ponernos en 
el peor de los casos posibles. El capitán de Fragata 



74 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



Monteverde con 500 hombres o menos, gracias a la 
traición y al estupor del terremoto de 26 de .Marzo, y 
habiendo desenterrado algún armamento y municiones 
entre los escombros de Barquisimeto, logra apoderarse 
de Valencia en los comienzos del mes de Mayo. Recibe 
refuerzos poco más tarde y despacha al feroz Anto- 
ñanzas hacia los llanos en los cuales penetra por Cala- 
bozo, como tigre sediento de sangre, asesinando niños, 
mujeres y ancianos en San Juan de los Morros y alum- 
brando su camino con las llamas de los incendios hasta 
Villa de Cura. Todo esto ocurría tres semanas después 
de la ocupación de Valencia por Monteverde, de modo 
que, al fijar estos puntos como posiciones simultáneas 
¿le las fuerzas del reconquistador español, nos coloca- 
mos en el peor de los terrenos, pues los suponemos do- 
minando todo el occidente y el sur de Venezuela y admi- 
timos que el ejército de Miranda influye solamente sobre 
la hoya hidrográfica del lago de Valencia, sobre la se- 
rranía marítima en cuyos contrafuertes se encuentra 
Caracas y que abriga los valles orientales, disponiendo, 
además, de todo el litoral del Mar de las Antillas, des- 
de Puerto Cabello a Cumaná, por lo menos. 

Extenso es el campo que atribuimos por entero a 
los realistas; pero, a pesar de las enormes ventajas que 
les daba la propaganda de los misioneros, la situación 
propiamente militar se resentía de la falta de una base 
de reclutamiento eficaz, de la relativa carencia de re- 
cursos y, muy principalmente, de la lejanía de su base 
de operaciones, el puerto La Vela de Coro, del cual se 
había apartado el imprudente Monteverde más de 400 
kilómetros. 

El Generalísimo Miranda estaba en mejor postura, 
aunque en campo más estrecho ; ocupaba la región ve- 



IvAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



75 



nezolana mejor y más poblada y, por consiguiente, la 
más rica en recursos de todas clases. Tenía en Puerto 
Cabello abundantes pertrechos de guerra y podía co- 
municarse fácilmente con esta plaza, por tierra y por 
mar. Disponía de varios buques de transporte, de tres 
bergantines y una goleta armados y de varias lanchas 
cañoneras para el servicio marítimo y una pequeña es- 
cuadrilla republicana dominaba en la laguna de Valen- 
cia. La confianza en estos recursos y la que tenían los 
patriotas en la habilidad de Miranda permitieron, en el 
breve espacio de poco más de un mes, organizar un 
ejército de 5.000 hombres de las tres armas, bien amuni- 
cionado, y que, si flaqueaba por la disciplina, era sin em- 
bargo una masa fácil de organizar mediante la elección 
de los hombres apropiados, en lo que Miranda no fué 
feliz, y por el estímulo de los éxitos que unen a los 
hombres de armas en las fraternidades de la gloria 
más poderosas, generalmente, que las enseñanzas del 
cuartel. 

El plan de Miranda, que estaba a las puertas de 
Valencia pocos días después de su ocupación por Mon- 
teverde y que dominaba la laguna, debió ser el sitio de 
esa ciudad y el ponerse en contacto con Puerto Cabello 
con el fin de atacar la plaza asediada por el norte y 
por el oriente, cortándole su retirada hacia su base de 
aprovisionamiento y destruyendo de un solo golpe las 
fuerzas españolas que el capitán de fragata había com- 
prometido en un golpe tan audaz como poco juicioso. 
Hecho esto, quedábale abierto el camino hacia Coro y 
Maracaibo para apoderarse de los pequeños elementos 
que allí tenían los realistas e ir cazando, si se nos permi- 
te la expresión, los elementos que pudieran llegarle de 
ultramar. (Plano número 2). 



76 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



Las ventajas de semejante programa no eran una. 
novedad para el Generalísimo que ya en 1806, al desem- 
barcar en Ocumare, unas 30 millas al oriente de Puer- 
to Cabello, tuvo sin duda el pensamiento de formar una 
línea de operaciones desde la costa al lago de Valencia,, 
a fin de apoyarse en esta región para su acceso a Cara- 
cas y dominar los llanos occidentales. En época poste- 
rior, cuando mandaba la expedición contra los valen- 
cianos sublevados, Miranda buscó de nuevo esta línea, 
enviando una expedición hacia Cata y Ocumare, y nos 
aparece como verdaderamente inconcebible que en la 
nueva campaña que emprendía, mucho más grave que 
las anteriores, el Generalísimo olvidara su vieja expe- 
riencia y se privara de esta cortina trasversal de defen- 
sa y de seguridad para reducirse a un simple trazado 
longitudinal de retiradas desde el lago a Caracas. 

Si hubiera preparado el cerco de Valencia, mante- 
niéndose en comunicación con Ocumare, habría podido 
enviar recursos de hombres al defensor de Puerto Ca- 
bello y recibir de él armamentos y municiones, ase- 
gurando la compresión definitiva de Monteverde que 
tenía fuerzas inferiores y mal dotadas. Bolívar le sugi- 
rió estos programas a Miranda sin más variante que la 
de ser auxiliado por Choroní, en vez de Ocumare. 

Dentro de las incertidumbres de la suerte de las 
armas, este plan era el más seguro, pues habrían bastado 
unos 500 hombres de refuerzo con oficiales bien elegi- 
dos para haber garantido completamente la plaza de 
Puerto Cabello, dándole, además, el papel activo que 
debió corresponderle en la campaña. 

Dice Bolívar en su parte del 14 de Julio : "La ciu- 
dad quedó reducida a 40 hombres de guarnición y con- 
siguientemente era imposible se sostuviese contra el 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



77 



^'castillo guarnecido de 200 hombres y los destacamentos 
"corianos que cubrían ya las avenidas de la plaza. El 
"número de estos destacamentos no es fácil fijarlo, por- 
"que sus avanzadas fueron las que derrotaron nuestras 
""partidas, mas yo congeturo que el enemigo no excede- 
ría de 500 hombres". (14) 

Tan evidente era la eficacia de este programa, tan 
impuesto por sí mismo, que Monteverde se sintió alar- 
mado y, en la certidumbre de ser asediado en Valencia, 
tarde o temprano, escribía a su jefe a Coro, el 5 de 
Mayo, pidiendo elementos con urgencia. 

El Generalísimo disminuyó erradamente su radio 
de acción, concretándose a maniobrar sobre el lago va- 
lenciano para proteger a Caracas. Es cierto que, en un 
principio, ordenó la recuperación de Valencia después 
'de haber concentrado sus fuerzas en las inmediaciones, 
en los campos de Guacara; mas, atemorizado por una 
primera derrota de sus avanzadas en Los Guayos, retro- 
cede hasta Maracay y defiende el norte del lago con los 
atrincheramientos de La Cabrera y la ribera sur con las 
fortificaciones de La Guaica, posiciones que mantuvo 
desde el 12 de Mayo al 17 de Junio, un largo mes en 
el que tuvo ocasión de disciplinar sus tropas y de pro- 
barlas en el fuego. Flanqueado por Monteverde, y sin 
hacer mayor resistencia, se retiró al pueblo de La Vic- 
toria después de quemar el parque de municiones que 
tenía en Maracay. Atrincherado en este sitio, que es la 
gran puerta que defiende a Caracas, rechazó dos veces 
al ejército realista, sin obtener fruto alguno de sus triun- 
fos que habían reducido al jefe español, el 28 de Junio, 



(I4) O'Leary. — Narración. I, página 68. 



78 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



a una disponibilidad de 500 hombres con 8 cartuchos 
para cada soldado. 

La persecución del enemigo se imponía por parte 
de Miranda y el retiro hacia Valencia era lo único po- 
sible para Monteverde ; sin embargo, el general patriota 
contuvo los ánimos de sus tropas y volvió a sus trinche- 
ras, sin que haya razones inamovibles, de esas que no» 
admiten discusión, que nos expliquen la extraña línea 
de conducta de Miranda ; en cambio, Monteverde se de- 
tenía en su retirada hacia Valencia, que se había resuel- 
to en consejo de oficiales superiores, y a ruego del pres- 
bítero Juan Antonio Rojas Queipo decidió esperar aun 
dos o tres días en San Mateo. ¡ Lo que se aguardaba era 
la traición de Puerto Cabello y la sublevación de los es- 
clavos negros que se preparaba en los pueblos de 
Oriente ! 

La herida mortal que aniquilaba la primera repúbli- 
ca venezolana no fué la caída de Puerto Cabello; a lo 
sumo este desgraciado suceso podía calificarse como una 
puñalada de ensañamiento en un cuerpo que agonizaba, 
a pesar de las resistencias enérgicas manifestadas en los 
ataques de Guaica y de La Cabrera y en los triunfos de 
La Victoria. Algo había excepcionalmente débil en el 
organismo republicano, algo que, obrando anormalmen- 
te, hacia imposible la concentración de todos los vigo- 
res hacia el fin anhelado ; este desequilibrio procedía del 
propio generalísimo a quien preocupaban más la polí- 
tica interior y las relaciones extranjeras que el proble- 
ma principal que se le confiara o sea el dominio del país 
por las ^armas. 

Mientras estaba en Maracay, el 18 de Mayo, solici- 
tó una conferencia con los representantes del poder fe- 
deral, de la legislatura y de la provincia de Caracas y se 



I,AS GUERRAS DE BOLÍVAR 



79 



hizo nombrar Dictador, desde cuyo cargo ordenaba un 
reclutamiento general y ofrecía la libertad a los escla- 
vos que sirvieran en su ejército e iniciaba persecuciones 
contra personas como el Arzobispo Coll y Prat, medi- 
das cuyos resultados no podían ser otros que dar base 
a la propaganda española. Despachaba sus emisarios ai 
exterior ,en busca de auxilios y demostraba una confian- 
za inalterable en su política defensiva según se colige 
de la proclama que dirigió el 21 de Mayo a los pueblos 
desde su cuartel de Maracay. 

"Magistrados superiores de las provincias, pueblos 
"todos que las componéis; yo os empeño mi palabra so- 
"berana de no dejar la espada que me habéis confiado, 
"hasta vengar las injurias de nuestros enemigos y res- 
tablecer una libertad nacional en Venezuela; yo no 
"abandonaré jamás el puésto importante en que me ha- 
"béis colocado, sin dejar satisfecha vuéstra confianza y 
"vuestros deseos. Entonces, volviendo al rango de sim- 
"ple ciudadano ^ veré con placer vuestra felicidad que 
"tanto anhelo y en. que tanta parte habré tenido". (15) 

La energía, el tino, la inteligencia misma en la ac- 
ción no correspondían a estas declaraciones y el descon- 
tento principió a cundir entre los oficiales de Miranda 
que veían con pena el abandono de las grandes líneas 
estratégicas y que envainaban con desagrado el sable 
de las persecuciones al enemigo que huía en Pantanero, 
en las vecindades de La Victoria, llamados por el clarín 
del comando a regresar a sus trincheras. Fué tal el des- 
contento de los jefes que veían perderse sus cosechas 
de gloria, que resolvieron apoderarse de la persona del 
jefe y confiar el mando a hombre de más alientos. Mi- 



(15) Blanco y Azpurúa.— Tomo IV. Doc. 688, pág. 727.. 



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FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



randa contaba 56 años, edad en que los jefes militares 
alcanzan, junto con el perfecto dominio de su arte, las 
tranquilidades de acción que los subordinados aprecian 
como seguridades de éxito; mas, no era este el estado 
de ánimo del Dictador; vacilaba, se abatía y el ejército 
ya no tenía confianza en él. Por un gravísimo error de 
concepto, después de la segunda batalla de La Victoria, 
el 29 de Junio, creyó Miranda bastante escarmentado a 
Monteverde e hizo un viaje a Caracas, resolución des- 
graciada que aumentó el descontento y provocó una 
conspiración del Comandante de Artillería D. Francisco 
Tinoco y otros, para privarlo del mando cuando regre- 
sara al cuartel general. 

El movimiento fué sofocado ; pero en su represión 
sintió Miranda que su prestigio estaba perdido y, como 
quiera que esta coincidiera con las noticias de la pérdi- 
da de Puerto Cabello, hizo pesar con una frase, Vene- 
zuela est blessée au cocuy, sobre Bolívar todas las res- 
ponsabilidades de una campaña a la que él mismo iba 
. a poner un extraño fin, iniciando negociaciones para ca- 
pitular el 12 de Julio, en la semana siguiente a su co- 
nocimiento de la caída de Puerto Cabello. 

Las razones que tuviera para adoptar esta graví- 
sima resolución nos las da el mismo Miranda en el me- 
morial dirigido a la real audiencia de Caracas, desde 
las bóvedas del Castillo de Puerto Cabello, en 8 de Mayo 
de 1813. .(16) "Son demasiado notorios los aconteci- 
"mientos de esta campaña que omito analizar; pero sí le 
"diré que, conociendo Caracas el peligro inminente que 
"corría entonces su seguridad, por un movimiento y 
"acuerdo general de todas sus autoridades, fui nombra- 



(16) O'Leary. Documentos. Tomo XII, pág. 61. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



81 



"do Generalísimo de sus tropas y revestido de todas las 
"facultades supremas que ellas ejercían y depositaron 
"en mis manos. Desempeñé, me parece, tan arduos en- 
cargos con el honor y celo que estaban a mis alcances, 
"poniendo en acción todos los resortes de mi actividad 
"para la consecución de un feliz éxito ; pero sin embar- 
"go de los ventajosos y repetidos sucesos que obtuvie- 
ron nuestras armas en el puerto de Guaica y pueblo 
"de La Victoria, como por otra parte estaba persuadi- 
do del calamitoso estado a que se hallaban reducidos 
"la capital y puerto de La Guaira, por la falta de víve- 
"res, y por la incursión que rápidamente y al mismo 
"tiempo hacían los esclavos de los valles y costas de Bar- 
lovento, estimulados con la oferta de libertad que le 
""'hicieran nuestros enemigos, habiendo ya comenzado en 
"Guatire y otros parajes los más horrendos asesinatos; 
"me hicieron conocer la necesidad absoluta en que me 
"hallaba de adoptar una medida que, cubriendo mi honor 
"y responsabilidad, atajando tantos males trascendenta- 
les, aún a los mismos que los fomentaban, restituyera 
"a estos pueblos el sosiego y la tranquilidad, reparare 
"en algún modo los desastres del terremoto y, en fin, 
"reconciliase a los americanos y europeos para que en 
"lo sucesivo formasen una sociedad, una sola familia y 
"un solo interés, dando Caracas al resto del Continente 
"un ejemplo de sus miras políticas y de que prefería 
"una honrosa reconciliación a los azarosos movimientos 
"de una guerra civil y desoladora". 

La decisión de Miranda era obra de su propio des- 
aliento originado por múltiples causas entre las cuales 
han debido tener la mayor influencia el desprecio que 
ostentaba el Generalísimo por el medio ambiente, des- 
deñando a los criollos, y hasta afectando olvidar su pro- 



82 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



pió idioma, y también la certidumbre que tenía del ma- 
yor influjo de la administración española y de la Iglesia 
sobre la masa de la población insensible a las ideas de li- 
bertad que se les mostraban como blasfemias contra. 
Dios e injurias para el Rey. Miranda se cansaba y te- 
mía, además, que la nueva situación europea de aproxi- 
maciones hispano-británicas privara a la revolución del 
auxilio inglés y deseó terminar su cometido, afectando 
todas las formas del derecho, en la capitulación de San 
Mateo, 25 de Julio de 1812, que él consideraba como un 
tratado perfecto y cuya consecuencia sería la tranquila 
unión de la metrópoli y su colonia. "Yo protesto, dice 
"Miranda a la real audiencia, que jamás creí haber cum- 
plido mis encargos con mayor satisfacción que, cuan- 
do en las desastrosas circunstancias que dejo referidas, 
"ratifiqué con mi firma un tratado tan benéfico y análo- 
"go al bien general, estipulado con tanta solemnidad y 
"sancionado con todos los requisitos que conoce el de- 
brecho de gentes; tratado que iba a formar una época 
"interesante en la historia venezolana ; tratado que Gran 
"Bretaña vería igualmente con placer por las convenien- 
cias que reportaba su aliado ; tratado, en fin, que repor- 
taría a los españoles de ultramar un asilo seguro y per- 
"manente, aún cuando la lucha en que se hallaren em- 
peñados con la Francia terminase de cualquier modo". 

Sin ánimos para luchar, lo que se evidenció en la 
corta campaña de Valencia a La Victoria, en menos de- 
cien días en que Miranda tuvo todos los elementos para 
triunfar, la conducta del Generalísimo no tiene sino dos 
explicaciones posibles: o bien sus capacidades estaban 
decaídas hasta el punto de no poder apreciar un pro- 
blema de estrategia o bien, convencido de la imposi- 
bilidad del éxito, buscaba una manera airosa para 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



83 



terminar el conflicto. No creemos en lo primero, pues 
los generales de 56 años están en plena capacidad de 
concepciones militares y, en cambio, la actitud de Mi- 
randa en la capitulación y las opiniones que encontra- 
mos en su memorial a la real audiencia nos inclinan al 
segundo término del dilema, al pensamiento de termi- 
nar su carrera de aventuras internacionales con un tra- 
tado solemne que garantizaría a su patria ciertos dere- 
chos de representación en las Cortes Españolas, situa- 
ción que él juzgaba superior a la de un régimen de liber- 
tad difícil de lograr. Había luchado con pertinacia, se 
había sacrificado hasta la temeridad y ahora se consi- 
deraba con derecho al descanso en una atmósfera de 
prestigios en que se honrara su serenidad en la última 
hora. ; 

VI 

No pensaban así los patriotas y pocos frarr resumí- 
do mejor su juicio que el propio Bolívar en un informe 
que envió al gobierno granadino el 3 de Abril de 1813. 
"Ni los triunfos de Monteverde, dice, han sido constan- 
tes y sucesivos, como se asegura ; pues de diez accio- 
nes que se dieron en Venezuela, sólo las cuatro prime- 
aras le fueron favorables, habiendo perdido las seis ul- 
timas y quedado en tres de ellas completamente derro- 
tado. Porque es preciso convenir en que las capitula- 
ciones vergonzosas de Miranda, no fueron la obra de 
"Monteverde, sino de las circunstancias y de la cobar- 
día del General del Ejército de Venezuela"! (17) 

El Coronel Bolívar, que hasta el 14 de Julio guar- 



(17) OXeary.— Pág. 178, tomo XIIL 



84 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



daba a Miranda la cariñosa deferencia que demuestran 
sus partes de Puerto Cabello, principió a sentir todo el 
torcedor de sus remordimientos por la cooperación tan 
constante que había otorgado a un hombre que inicia- 
ba, en esos mismos días, negociaciones para capitular 
cuando aún disponía de un ejército superior al realista 
y que acababa de obtener dos triunfos mal aprovecha- 
dos. Es fuera de duda que los militares descontentos de 
la dirección del Dictador, y que desearon despojarlo del 
mando en La Victoria, buscaron el contacto de los de- 
rrotados de Puerto Cabello en la primera ocasión po- 
sible, para ver manera de reparar el desastre o, por lo 
menos, de vengarlo. 

La rapidez con que se trató la capitulación hizo ilu- 
soria toda tentativa de resistencia; Miranda estipulaba 
la disolución del ejército patriota, sin más atenuación 
que dejar sus espadas a los oficiales con las segurida- 
des que prestaran bajo su palabra de honor, y facultaba 
a Monteverde para posesionarse de La Victoria desde 
el siguiente día, 26 de Julio, y para hacer su entrada a 
Caracas inmediatamente después. Los patriotas, que 
habían estimulado por todos los medios posibles la ac- 
ción del Generalísimo, estaban desarmados y sólo que- 
daban la venganza y el castigo. 

Bolívar, el más caracterizado de los jefes en la 
campaña tan débilmente dirigida, encabezaría la acción 
contra Miranda y la precipitaría hasta el extremo lógi- 
co de la comprensión de sus deberes tan pronto como 
los actos del ex-generalísimo confirmaran públicamente 
sus recelos. Miranda, responsable de la capitulación y el 
más adecuado para imponer a Monteverde el respeto 
de las cláusulas que daban seguridades a los patriotas, 
estaba en vísperas de salir de Venezuela, a bordo de 



I.AS GUERRAS DE BOLÍVAR 



una nave inglesa llegada a La Guaira con oportunidad 
que debió parecer sospechosa a los compañeros de Bo- 
lívar, tanto más cuanto que se hablaba de caudales em- 
barcados por él. 

Era la noche del 30 de Julio, última en que el Ge- 
neralísimo respiraría los aires de la libertad ; dormía en 
las habitaciones del Coronel Manuel María Las Casas, 
jefe militar de La Guaira, plaza aún no entregada a 
Monteverde, y listo para embarcarse a la mañana si- 
guiente y hacerse a la vela en el Saphire. 

Entre tanto, los Coroneles Bolívar, Paz del Casti- 
llo, Mires y Cortés ; los Comandantes Montilla, Cha- 
tillón, Carabaño, Castillo, Landaeta y el mayor Valdés, 
todos los cuales se habían distinguido en la reciente 
campaña, decidían con el propio Las Casas y con Peña, 
el jefe político de La Guaira, la suerte de Miranda. En 
aquella horrible velada, según el testimonio del Coronel 
B. H. Wilson, quien fué después edecán de Bolívar, 
éste propuso el fusilamiento del Dictador, decidiéndose, 
al fin, su prisión de la que se encargó Bolívar en la ma- 
drugada del 31 de Julio. 

En una nota de Monteverde al Gobierno Español, 
recomienda a algunas de las personas que tomaron par- 
te en la prisión de Miranda; (18) "en esta clase, dice, 
"se hallan Don Manuel María Las Casas, Don Miguel 
"Peña y Don Simón Bolívar. Casas y Peña eran los que 
"estaban encargados del Gobierno de La Guaira; el 
"primero de lo militar y el segundo de lo político, cuan- 
"do los facciosos de esta provincia trataron de embarcar- 
le por aquel puerto con su dictador Miranda, lleván- 
dose consigo los restos del caudal de S. M. en los días 



( 18) Gil Fortoul. — Hsitoria Constitucional de Venezuela. 
Pág. 189. 



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FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



""que inmediatamente precedieron a la entrada de mi 
""ejército a Caracas. En el momento en que pisé esta 
""ciudad di orden para la detención de aquellos en La 
""Guaira; pero, afortunadamente, cuando llegaron, aun- 
""que dirigidos con la mayor rapidez, ya Casas con el 
"auxilio de Peña y por medio de Bolívar había puesto 
"en prisiones a Miranda y asegurado a todos los cole- 
""gas que se encontraban allí". 

Este documento coloca a los tres personajes nom- 
brados en situación de traidores y más de un historia- 
dor ha arrojado espesas sombras sobre la memoria de 
Bolívar. Respecto de Casas, hemos tenido la fortuna de 
conocer la opinión de una biznieta del jefe militar de 
La Guaira, cultísima dama de la cual no sabemos qué 
admirar más, si el encanto de su carácter, las claridades 
de su inteligencia o su propia belleza que servirían de 
admirable modelo a cualquier pintor para ataviarla con 
las galas de una reina española ; con timidez le pedimos 
una explicación sobre la conducta de su antepasado y su 
respuesta fué cortísima : "El Coronel era godo, nos dijo, 
y firmó todas las adhesiones a su Rey". La conclusión 
para nosotros se imponía; Miranda, que jamás se preo- 
cupó desconocer a fondo a sus hombres, que no tuvo tino 
para elegirlos y destinarlos por sí mismo sino por las 
referencias de los interesados en su fracaso que le ro- 
deaban, caía víctima de su propia negligencia. Por otra 
parle, en descargo de Casas, puede alegarse la orden 
«que recibiera de Monteverde para impdir el embarque 
de Miranda so pena de anular las capitulaciones de San 
Mateo y, es indudable que el jefe militar de la plaza, 
comprometido él mismo en la revolución, deseó garan- 
tir el cumplimiento de un pacto que le favorecía, arres- 
tando a Miranda. 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



87 



La situación de Peña es menos clara y el Marqués 
de Rojas en su "Simón Bolívar'' ha publicado un docu- 
mento que le condena. El 29 de Julio, Peña hacía renun- 
cia de su jefatura política a Miranda, diciéndole: "Mi 
"permanencia puede ser penosa a varios de los que ya 
"tienen preparada su marcha. Esto me mueve a supli- 
car a Ud. se sirva removerme inmediatamente del en- 
cargo ; pues de otra manera, Ud. conoce mi carácter y 
"éste me hará proporcionar muchos disgustos que pue- 
"den evitarse con el favor que pido ahora a Ud. y a que 
"creo accederá inmediatamente". Esta misiva de ame- 
nazas se cumplía dos días después por las iniciativas 
de Peña en la persona del mismo Dictador. 

La prudencia pudo ser la consejera de la acción 
del Coronel Las Casas y ciertamente Pefia fué impulsa- 
do por sentimientos menos nobles, por irritaciones que se 
transparentarí en su precipitada renuncia; mas Bolí- 
var obró por móviles muy diferentes. Su patriotismo 
profundamente herido le inspiró las energías con que 
propuso inmolar en el sepulcro de la primera república 
venezolana al hombre que malograba tanto sacrificio he- 
cho por la libertad y, no pudiendo lograr la pena máxi- 
ma que, a su juicio, merecía Miranda, debió conten- 
tarse con reducirlo a prisión como lo hiciera personal- 
mente a las tres de la mañana del 31 de Julio. 

No hubo en Bolívar ni emulación ni envidia; sir- 
vió siempre a Miranda con toda lealtad, desentendién- 
dose de las humillaciones grandes o pequeñas que le im- 
pusiera el Generalísimo a las cuales respondía con esas 
sumisiones del cariño que se desprenden de sus cartas 
de Puerto Cabello ; mas, cuando pudo juzgar la obra 
militar del dictador y convencerse de que abandonaba 
jpor completo la idea de la libertad venezolana, por fun- 



88 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



dada que fuera esta determinación, Bolívar que se sen- 
tía el único responsable de la venida de Miranda y que* 
se había exhibido como su más ardiente sostenedor, no 
quiso hacer causa común con él ante sus compatriotas ; 
deseó,, por el contrario, desligarse ampliamente de toda 
sospecha a fin de conservar los prestigios necesarios pa- 
ra reanudar la tarea emancipadora y, por este motivo' 
y no por otro alguno, hizo por su mano la justicia que 
pedían los miembros del ejército contenido en sus éxi- 
tos de La Victoria. Miranda pudo tener razón en su po- 
lítica de contemplaciones ; pero Bolívar, que no desma- 
yaba en su propio programa, obró también correcta- 
mente, sacrificando en aras de la patria al hombre que j 
juzgaba un obstáculo para su felicidad. 

Las comunicaciones de Monteverde al gobierno es- 
pañol no pueden servir de base para acusar a Bolívar 
de complicidad con el reconquistador ; desde luego, no 
hay precisión alguna en la carta y, al especializar un 
agradecimiento para los autores de la prisión de Miran- 
da, sólo habla de Las Casas y de Peña y únicamente a 
estos nombres se refiere el secretario de Estado de la 
Regencia en la respuesta que dice: "Su Alteza en vista 
"de todo ha tenido a bien resolver se conteste a Vd., 
"como lo ejecuto, que manifieste a Casas y Peña lo mu- 
"cho que debe esperarse de las pruebas que han dado» 
"de su reconocimiento y que Su Alteza les atenderá en 
"las solicitudes que hagan, por estar firmemente per- 
suadido de que los acompañarán con otras nuevas del 
"interés que toman en la conservación del orden y unión 
"nacional".' (19) 

Monteverde que, desde su llegada a Coro se había- 
valido de la intriga constante para lograr sus planes 

(19) Gil Fortoul.— Ut supra, pág. 191. 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



89' 



personales, llegando hasta suplantar por medio de ellas 
a su propio Jefe el Capitán General Miyares, aprovecha- 
do toda ocasión para dividir a sus enemigos y la mención 
que hiciera de Bolívar en sus comunicaciones oficiales ha 
debido ser el reflejo de las versiones que Monteverde 
sembraba para desconceptuar al criollo arrogante en cu- 
yas energías veía un poderoso elemento para futuras re- 
sistencias. Aún es posible que esta táctica de Montever- 
de haya influido en las violencias de la resolución que to- 
mó Bolívar y en su altanera respuesta cuando ,el afortu- 
nado vencedor de Miranda le entregara su pasaporte. 

Refiere Iturbe, el fiador de Bolívar ante Montever- 
de, que el jefe español, al ordenar que se le dieran fa- 
cilidades para salir del país, acentuó que el permiso se 
le concedía en recompensa del servicio que hiciera al 
Rey con la prisión de Miianda, a la cual el solicitante 
repuso con agriedad : Le prendí para castigar a un trai- 
dor a su patria, no para servir al Rey.' 

La acusación de traidor hecha a Bolívar por el de- 
seo de congraciarse con el gobierno español carece, pues, 
de todo fundamento y, en cuanto a su actitud misma con: 
el hombre a quien tanto sirviera, encuentra amplia jus- 
tificación en las censuras desgraciadamente muy razona- 
bles que Bolívar y otros miembros del ejército hicieran 
de la actitud militar del Generalísimo y en las críticas, 
también muy fundadas, de su anhelo por abandonar el 
país cuando se le juzgaba el único capaz de garantir las 
capitulaciones que Monteverde se aprestaba a violar, 
como realmente ló hizo desde el primer momento. 

Para decidirse a este acto que tan profundamente 
debió conmover su alma, Bolívar tuvo en cuenta la im- 
periosa necesidad, el objetivo primordial de no perder 
su prestigio en la opinión venezolana, desligándose de- 



90 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



toda responsabilidad común con el Generalísimo, a fin de 
tener toda la influencia necesaria cuando llegara el mo- 
mento de abrir una nueva campaña por la emancipación 
de su patria. 

El momento se acercaba ; tras de sus largas prepa- 
raciones sentimentales, Bolívar había adquirido en dos 
años de zozobras políticas y de preocupaciones milita- 
res la experiencia necesaria para aquilatar el alma de 
su pueblo y para conducir ejércitos a la victoria; Mon- 
teverde \$ despedía con desprecio, al oir su declaración 
sobre la prisión de Miranda, interpretando mal la frase 
del fiador Iturbe: No haga Ud. caso de este calavera, 
déle Ud. el pasaporte y que se vaya. (20) 

Y el calavera se embarcaba al día siguiente, 27 de 
Agosto, en la Jesús, María y José para llegar el 2 de 
Setiembre a Curazao, meditar allí sobre sus responsabi- 
lidades para con la patria cuyas costas podía divisar 
desde las rocas curazoleñas, reflexionar sobre las des- 
gracias de su pueblo que sangraba en las manos de Mon- 
teverde y de sus secuaces y decidirse, por fin, a correr 
de nuevo en socorro de sus hermanos, aplicando para 
redimirlos los mismos métodos que empleara el afor- 
tunado Monteverde. Y en aquellos momentos tomó la 
resolución que más tarde comunicara al gobierno gra- 
nadino : "Yo concluyo con decir : que por los mismos 
' 4 'medios que el opresor de Caracas ha podido subyugar 
"la Confederación, por esos mismos, y con más segu- 
ridad que él, me atrevo a redimir a mi patria". 

La crisálida se desprendía de su envoltura y des- 
plegaba sus alas el genio que le adivinara la mujer que 
le amó. 



(20) Carta de Feo. de Iturbe a Felipe Larrazábal. 



CAPITULO TERCERO 
LA INICIATIVA 

I. — El Tratado de Alianza con Nueva Granada. — II. — La pro- 
paganda popular. — III. — El manifiesto de Cartagena. — 

IV. — Negociaciones con el Congreso de Nueva Granada. — 

V. — La campaña del Magdalena. — VL — La guerra en'Los 
Andes. 

f • >vn>,>y I ¿ i) ■> ; , - 

El Coronel Bolívar nos ha trazado con su propia 
mano su profundo abatimiento al llegar a Curazao, en 
la carta que escribió al español I turbe, con fecha 10 de 
Setiembre. 

"Amigo y dueño mío, le dice, con infinitas incomo- 
didades y penas he logrado llegar aquí ocho días há. 
"Mala navegación, peor a bordo y detestable recepción. 
"Digo que mi recepción fué detestable porque todavía 
'"no había bien llegado cuando ya estaba mi equipaje 
"embargado por dos causas muy caras ; la primera por- 
"que mis efectos y trastos estaban en la misma casa en 
"que estaban los de Miranda; y la segunda porque el 



92 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"Celoso contrajo deudas en Puerto Cabello, que ahora, 
"he de pagar yo, porque yo era comandante de la plaza 
"cuando las contrajo. Esta es la exacta verdad. De esto 
"resulta que yo me hallo sin medio alguno para alimen- 
tar mi vida que ya comienzo a ver con demasiado 
^hastío y hasta con horror .... Sin tener nada que ha- 
"cer ni con Miranda ni con el antiguo gobierno yo pago 
"sus deudas y aún sus créditos. Paciencia ! . . . . 

"P. D. — Si por allá llegaren algunos chismes con- 
"tra mi conducta política o contra mis procedimientos, 
"puede Ud. combatirlos con la seguridad de que son 
"falsos. Esta advertencia la hago, no porque me ocurre 
"que pueda suceder, sino porque tengo estendido que 
"aquí hay muchos malquerientes de los hijos de Caracas 
"que desean obtener favor del Gobierno con delacio- 
nes. — Simón Bolívar". (1) 

Las noticias que recibía de su patria eran cada día 
peores; Monteverde violaba las capitulaciones de San 
Mateo, llenaba las cárceles de patriotas y los subalter- 
nos del llamado Pacificador de Venezuela ahogaban en 
un mar de lágrimas y de sangre a los partidarios de la 
libertad. El mismo, aunque en lejanas tierras, sufría las 
persecuciones, se le embargaban sus propios bienes, y 
aún los de su hermano que debía recibir como herencia, 
y, para subsistir en Curazao, vendía las modestas joyas 
que llevara consigo. 

Sus riquezas, según le dijera en Europa el maestro 
Simón Rodríguez, le creaban especiales obligaciones 
para con su patria y debía invertirlas en su emancipa- 
ción; el sacrificio estaba ya consumado y el criollo bri- 
llante que paseara con boato por las capitales europeas, 



(1) O'Leary. — Cartas del Libertador. Tomo 29, pág. 13.. 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 9$ 

deslumhrando por su lujo en Londres, derramando el 
oro a cambio de placeres en París o exponiéndole para 
sentir las emociones del juego; el joven pensador que 
había abandonado esta vida de molicies para entregar a 
,su patria un corazón que habían dejado desierto el ho- 
gar y el amor ; el político que malograra sus esfuerzos 
para procurar un gobferno fuerte que consolidara la in- 
dependencia venezolana; el militar que lloraba lágri- 
mas de sangre sobre la plaza fuerte en cuyas almenas 
no pudo conservar la bandera republicana, se veía, des- 
pués de dos años de fatigas materiales y de continuas 
decepciones morales, abatido, pobre, abandonado y sin 
más ofrenda que su vida para dar en holocausto por la 
libertad de su pueblo. 

Como el fuego que consume a la débil madera, pero 
que limpia de escorias a los metales finos, la desgracia 
iba a obrar en el alma de Bolívar para despojarla de 
todas las debilidades que ocultaban la pujanza sin igual 
de su carácter. La empresa que no pudo realizar desde 
las alturas en que le colocaban su posición social y su 
fortuna, la llevaría a cabo ahora, subiendo desde lo hon- 
do de su propia miseria, a través de todas las capas de 
su pueblo, compenetrándose con sus necesidades mora- 
les y materiales, dándoles también el reflejo de sus pro- 
pias cualidades, hasta llegar a la fundación de la patria 
venezolana en el alma venezolana que él crearía, gol- 
peando, en la fragua de angustias y de dolores que com- 
partiría con el pueblo, las pasiones más encontradas has- 
ta fundirlas en la aspiración única de la libertad del 
suelo que fecundaron los antepasados y del que deberían 
.ser únicos señores las generaciones futuras. 

Bolívar, en aquellos días de su permanencia en Cu- 
razao, era un náufrago del ideal que buscaba los me- 



/ 



94 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



dios de reconstruir su nave y su desaliento debió ser 
enorme al considerar que sólo podía contar con los es- 
fuerzos personales de sus compañeros de la Jesús, Ma- 
ría y José. 

En otros años, él mismo había procurado la ayuda, 
poco decidida, pero ayuda en fin, que le ofreciera el ga- 
binete británico y que emanaba de la respuesta que el 
Marqués de Wellesley diera a las peticiones de Bolívar 
en su calidad de jefe de la primera embajada sud-ame- 
ricana. 

En 8 de Agosto de 1810, el Gabinete inglés había 
prometido a Bolívar. (2) : 

"1? Se dará la protección marítima de Inglaterra a 
"Venezuela contra la Francia, a fin de que aquella pro- 
vincia pueda defender los derechos de su legítimo so- 
berano y asegurarse contra el enemigo común. 

"2? Se recomienda con ahinco que la provincia de 
"Venezuela intente inmediatamente una reconciliación 
"con el gobierno central y trate en primer lugar de es- 
tablecer una acomodación amistosa de todas sus dife- 
rencias con aquella autoridad. Se ofrecen cordialmen- 
"te los buenos oficios de Inglaterra para aquel propó- 
sito útil. 

3? Con los mismos objetos amigables, se recomien- 
da con ahinco que la provincia de Venezuela manten- 
"ga las relaciones de comercio, amistad y comunicación 
"de la madre patria. Se emplearán los buenos oficios de 
"Inglaterra para conseguir un ayudamiento de tal modo 
"que se asegure a la metrópoli la ayuda de la provin- 
cia durante la lucha contra Francia, bajo las condicio- 
nes que parezcan justas y equitativas, conforme a los. 



(2) Amunátegui. — Vida de Bello. Pág. 90. 



I,AS GUERRAS DE BOLÍVAR 95 



"intereses de la provincia y provechosas a la causa co- 
"mún. 

* "4? Con respecto a las instrucciones que se piden 
para los jefes de las escuadras y colonias antillanas- 
"para que favorezcan el comercio venezolano, en espe- 
cial .con los subditos británicos, se han recomendado ya 
"a los oficiales de S. M. con la plena confianza de que 
"Venezuela continuará manteniendo su fidelidad a Fer- 
"nando VII y cooperando con la España contra el ene- 
"migo común". 

La política inglesa de 1810 daba cierto sustento 
moral a la colonia que se independizaba y le había acor- 
dado, además, algunas facilidades materiales mientras^ 
Venezuela libre pareció afianzada; pero los aconteci- 
mientos habían alterado tan fundamentalmente la si- 
tuación que el propio Miranda se plegaba, ahora, en 
virtud de las capitulaciones de San Mateo a la política 
del gabinete inglés y recomendaba el avenimiento con 
la madre patria. Bolívar que, al abandonar La Guaira, 
tuvo el pensamiento de ofrecer su espada al gobierno 
inglés y cobijarse bajo su ala, mientras pasaba la tem- 
pestad que arreciaba en su patria y las almas se abrían 
a la nueva luz, buscó orientaciones nuevas al darse 
cuenta en Curazao que las actuales disposiciones del 
Gobierno inglés con respecto a las colonias hispanas 
eran aún menos favorables que en épocas anteriores y 
esto por la doble razón de su alianza con España y de 
las incapacidades para establecer un gobierno autónoma 
que revelaban las nuevas nacionalidades en formación. 

Era preciso elegir otros rumbos y Bolívar encontró' 
su camino en las negociaciones felices que el gobierno 
de la primera república venezolana llevara a cabo con 
el vecino Estado de Cundinamarca el 28 de Mayo de 



96 



francisco rivas vicuña 



1811, por intermedio del canónigo chileno José Cortés 
Madariaga. 

Venezuela y Cundinamarca habían pactado "un 
tratado y acta de unión, alianza y federación", según 
lo dice el certificado que publicaba el secretario de Gra- 
cia y Justicia del gobierno cundinamarqués y en él se 
insertaba una vigorosa cláusula de cooperaciones milita- 
res que debía servir de base a las nuevas actividades de 
Bolívar. 

"El objeto principal de este tratado, dice el acta 
"publicada, es asegurarse mutuamente los dos Estados 
"contratantes, la libertad e independencia que acaban de 
''conquistar y que, en caso de verse atacados por cual- 
quiera potencia extraña, sea la que fuere, con el ob- 
"jeto de privarlos de esta libertad e independencia, en 
"el todo o en alguna parte; harán causa común y sos- 
atendrán la guerra a toda costa, sin deponer las armas 
"hasta que estén asegurados de que no se les despojará 
"de aquellos preciosos bienes". (3) 

Perdida toda esperanza inmediata de un levanta- 
miento espontáneo de las energías venezolanas tan du- 
ramente experimentadas por las crueldades de la gue- 
rra y por los trastornos de la naturaleza misma, aleja- 
das las posibilidades de auxilios europeos,, sólo quedaba 
el recurso de acudir al pueblo hermano que, corriendo 
iguales peligros, debía unirse a Venezuela en un deses- 
perado esfuerzo para arrojar al reconquistador. El Go- 
bierno de Caracas había despachado a don José María 
Salazar con el objeto de "perfeccionar en Bogotá los 
"tratados de alianza que celebró el ciudadano Cortés 
"de Madariaga", según el nuevo diplomático decía al 



(3) Blanco y Azpurúa. — Doc. 554, página 31, tomo III. 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 97 



Presidente de Cundinamarca en carta de Agostó 30 de 
1812. (4) 

El enviado Salazar iniciaba tarde sus gestiones; 
hacía un mes que Miranda había capitulado y las pro- 
vincias granadinas mismas se debatían en la lucha ar- 
mada por o contra el federalismo. 

La carta que acabamos de citar termina diciendo : 
"Me hallo informado de las desavenencias que infeliz- 
"mente han sobrevenido en este país y que impiden 
"combinar sus armas con las de Caracas o hacer una 
"diversión importante contra los enemigos. Suplico en- 
carecidamente, a nombre del supremo gobierno que re- 
"presento, y como ciudadano de la Nueva Granada, que 
"miremos todos por nuestra cara patria, que restablez- 
camos la unión y hagamos por salvarla todo género de 
"sacrificios". 

Tres eran, por aquel entonces, las principales en- 
tidades que se disputaban la supremacía en el antiguo 
virreinato de Nueva Granada : Santa Fe que deseaba 
constituir un gobiérno central con ideas análogas a las 
que Miranda y Bolívar sostuvieron en Venezuela; el 
Congreso Constituyente, en el que dominaban los pro- 
gramas federalistas y la provincia de Cartagena que de- 
mostraba tendencias muy independientes y que, par- 
ticularmente, se encontraba empeñada en una guerra 
parcial con su vecina Santa Marta en poder de los es- 
pañoles. En este desconcierto, la reacción realista aso- 
maba por todas partes, organizándose en las cabeceras 
de los grandes ríos colombianos, dominando en las pro- 
vincias litorales del Pacífico, extendiéndose por Santa 
Fe hasta darse la mano con los españoles en la provin- 



(4) OXeary.— Tomo XIII, página 105. 

7 



98 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



cía venezolana de Maracaibo y mostrándose, finalmen- 
te, poderosa hacia el Oriente por donde avanzaban las; 
fuerzas españolas que se habían agrupado en la recon- 
quistada Venezuela. 

Mientras los patriotas granadinos discutían en los 
campos de batalla las bases constitucionales que los ve- 
nezolanos habían debatido en el Congreso, la presión- 
realista se hacía sentir en todos los contornos del país 
y el momento era poco apropiado para perfeccionar tra- 
tados de alianza y menos aún para distraer las fuerzas 
propias en beneficio ajeno. Sólo un punto de contacto 
había entre el exterior y las actividades internas de 
Nueva Granada en fermentación y éste correspondía a. 
la provincia de Cartagena, siempre que pudieran man- 
tenerse expeditas sus comunicaciones fluviales con las 
provincias mediterráneas donde residían los elementos 
de mayor importancia política. Cartagena era el centro 
de atracción de todas las fuerzas externas que desea- 
ban aplicarse a la reconstrucción del arruinado edificio 
de la independencia; desde allí escribía Salazar al Pre- 
sidente cundinamarqués para negociar la alianza efec- 
tiva con Venezuela y allí llegaba Bolívar y sus com- 
pañeros a mediados de Noviembre de 1812, a realizar 
la alianza. 

Dos meses de miserias y de cavilaciones en las de- 
siertas playas curazoleñas le habían permitido a Bolí- 
var valorizar con toda exactitud la causa de la indepen- 
da, precisar los objetivos inmediatos, medir los erro- 
res del pasado y madurar un plan completo para el fu- 
turo y se decidió a ofrecer sus servicios al gobierno de 
Cartagena bajo cuyo patrocinio ensayaría aquella espa- 
da gigante destinada a romper ( los hierros del coloniaje 
desde el Pacífico hasta las riberas atlánticas del Orinoco^ 



I,AS GUERRAS DE BOLÍVAR 



99 



y desde el Mar de las Antillas, a lo largo de 600 leguas 
de la Cordillera de Los Andes, hasta el nudo de monta- 
ñas en que se encuentran los misteriosos orígenes del 
Amazonas y del Plata. 

Bolívar iba a poner en práctica el tratado de alian- 
za y fué un joven diptador de 24 años, el Presidente de 
Cartagena, Don Manuel Rodríguez Torices a quien 
cupo la suerte de acoger al emigrado de Caracas, al 
hombre que meditaba en Curazao y que llegaba con su 
pequeña hueste de fugitivos de la Jesús, María y José, 
a incorporarse al ejército de Rodríguez Torices con su 
grado de Coronel, aceptando para iniciar su labor, que 
debía ser inmensa, la humilde situación de jefe de un 
destacamento que defendía el río Magdalena en el puer- 
tecillo de Barrancas. 



II 



En los tres meses que había durado el éxodo de 
Bolívar y sus compañeros hasta Cartagena, el Capitán 
Monteverde había violado los compromisos que contra- 
jera en San Mateo con la audacia que se apartara antes 
de las órdenes de sus jefes militares y civiles, Ceballos 
y Mirayes. El éxito inmediato parecía ser la consigna 
del capitán español y lo buscaba por todos los medios 
posibles sin cuidarse de las consecuencias que ellos pu- 
dieran tener en el futuro. . 

Miranda, en su presentación a la Real Audiencia 
de Caracas, nos dice : "Yo vi entonces con espanto, re- 
4 petirse en Venezuela las mismas escenas de que mis 



100 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"ojos fueron testigos en la Francia. Vi llegar a La 
"Guaira recuas de hombres de los más ilustres y dis- 
tinguidos, tratados como unos facinerosos; los vi se- 
pultar juntos conmigo en aquellas mazmorras; ni la 
"venerable ancianidad, ni la tierna pubertad, al rico, al 
"pobre, al menestral, en fin, al propio sacerdocio redu- 
cidos a grillos y a cadenas y condenados a respirar un 
"aire mefítico que, extinguiendo la luz artificial, infi- 
cionaba la sangre y preparaba a una muerte inevitable ; 
"yo vi, por último, sacrificados a esta crueldad ciudada- 
nos distinguidos por su probidad y talentos y perecer 
"casi repentinamente en aquellas mazmorras, no sólo 
"privadcfs de los auxilios que la humanidad dicta para 
"el alivio corporal, sino también destituidos de los so- 
Corros que en semejantes casos prescribe nuestra san- 
ta religión. ¡ Hombres que estoy seguro hubieran pere- 
cido mil veces defendiéndose con las armas en la ma- 
"no, cuando capitularon generosamente antes que so- 
meterse a semejantes ultrajes y tratamientos!". (5) 

Y agrega el anciano prisionero de Puerto Cabello 
que éstos reveses no sólo afectan a la provincia de Ca- 
racas que lleva sobre 1.500 de sus hijos detenidos en las 
cárceles, pues las violaciones del pacto de garantía son 
llevadas, con vilipendio de la buena fe, a Cumaná, Bar- 
celona y Margarita, con infinitas crueldades por un co- 
misionado del gobierno real. 

Una de las primeras preocupaciones de Bolívar, 
al desembarcar en Cartagena, fué informar al gran pú- 
blico sobre los orígenes, tramitaciones y garantías de 
las capitulaciones de San Mateo, demostrando la perfi- 
dia de Monteverde que había dicho públicamente, en 



(5) O'Leary. — Tomo XIII, página 63. 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 101 

los propios días en que iniciaba la persecución de los 
patriotas, "mis promesas serán literalmente cumplidas, 
"vivid tranquilos por este cumplimiento inviolable, des- 
cansad en la buena fe de 'quien llora con vosotros vues- 
tros infortunios para remediarlos". (6) 

Esta proclama que lleva las firmas de Bolívar, del 
Dr. Vicente Tejera, Ministro de la Corte de Justicia 
del gobierno venezolano y del comandante de infante- 
ría D. Miguel Carabaño, fué publicada en Cartagena, 
y termina diciendo: "Cerremos para siempre la puerta 
"a la conciliación y a la armonía; que ya no se oiga 
"otra voz que la de la indignación. Venguemos tres si- 
"glos de ignominia que nuestra criminal bondad ha 
"prolongado ; y sobre todo venguemos dignamente los 
"asesinatos, robos y violencias que los vándalos de Es- 
"paña están cometiendo en la desastrada e ilustre Ca- 
rracas !". 

Bolívar preparaba de este modo el alma de los pue- 
blos para la nueva éra en que, para construir el tan de-* 
seado templo blanco de la libertad, se necesitaría una 
base horrible de osamentas humanas, el sacrificio de la 
sangre de las mejores clases de la población venezolana; 
época terrible cuyas consecuencias pesarían por largo 
tiempo sobre la joven nacionalidad. 

Empero, esta propaganda simplemente popular no 
bastaba; era necesario llevar los convencimientos hasta 
los dirigentes mismos y, con este objeto, Bolívar pre- 
paró en Curazao el documento cuya publicación ordenó 
inmediatamente después de terminada su primera odi- 
sea, notable pieza de exposición del pasado y de vistas 



(6) Blanco y Azpurúa.— Doc. 681 Tomo III, página 708. 



102 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



para el futuro que es conocida con el nombre de Ma- 
nifiesto de Cartagena. 

No tenían los directores del pueblo venezolano la 
conciencia plena de los deberes de los caudillos que, si 
llegan a ser tales, es porque sienten hondamente las res- 
ponsabilidades de su situación ; Bolívar era un convenci- 
do del deber que le señalaba su posición e ih& a buscar 
en tierra extraña los elementos para salvar a su patria. 



III 



Largamente había meditado el Coronel Bolívar so- 
bre las causas del fracaso republicano en Venezuela y, 
por eliminación de estos errores, llegaba hasta formu- 
larse un nuevo plan de esfuerzos para dar vida propia 
a las naciones en germen, arraigando las ideas de li- 
bertad en el alma misma de los. pueblos, y procurando 
seguridades de subsistencia mediante el apoyo mutuo 
de las nuevas repúblicas. 

Desde las primeras líneas del Manifiesto de Carta- 
gena, traza Bolívar con vigor su objetivo: "Permitidme, 
"dice, que (animado de un celo patriótico me atreva a 
"dirigiros a vosotros para indicaros ligeramente las cau- 
cas que condujeron a Venezuela a su destrucción; li- 
sonjeándome que las terribles y ejemplares lecciones 
"que ha dado aquella extinguida república persuadan a 
"la América a mejorar su conducta, corrigiendo los vi- 
"cios de unidad, solidez y energía que se notan en los 
"gobiernos". (7) 



(7) OXeary. — Narración. Tomo I, página 87. 



IvAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



103 



Penetra Bolívar al fondo del problema y anota la 
completa falta de armonía entre los ideales de los revo- 
lucionarios y los medios de lograrlos, de la cual debía re- 
sultar el fracaso del nuevo sistema y su consiguiente 
desprestigio en el ánimo popular. 

"Los códigos que consultaban nuestros magistra- 
dos, leemos en el Manifiesto, no eran los que podían 
"enseñarles la ciencia práctica del gobierno, sino los 
"que han formado ciertos buenos visionarios que, ima- 
ginándose repúblicas aéreas, han procurado alcanzar la 
"perfección política, presuponiendo la perfectibilidad 
""del linaje humano. Por manera que tuvimos filósofos 
"por jefes, filantropía por legislación, dialéctica por tác- 
Á 'tica y sofistas por soldados. Con semejante subversión 
'"de principios y de cosas, el orden social se sintió extre- 
^mamente conmovido y desde luego corrió el Estado a 
"pasos agigantados a una disolución universal, que bien 
"pronto se vio realizada. 

"De aquí nació la impunidad de los delitos de Esta- 
ndo cometidos descaradamente por los descontentos, y 
"particularmente por nuestros implacables enemigos los 
"españoles europeos, que maliciosamente se habían que- 
dado en nuestro país, para tenerlo incesantemente in- 
quieto, y promover cuantas conjuraciones les permi- 
tían formar nuestros jueces, perdonándolos siempre, 
"aun cuando sus atentados eran tan enormes que se di- 
"rigían contra la salud pública". 

En realidad, los principios democráticos para algu- 
nos de los dirigentes de la colonia no tenían más valor 
que el de una teoría seductora, pero inaplicable ; tal vez 
sus espíritus se complacían en discusiones académicas, 
pero sin pensar seriamente en que hubiera llegado el mo- 
mento de reorganizar la sociedad y el Estado con arre- 



104 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



glo a las nuevas máximas de igualdad en los derechos 
y de libertad en la acción. 

Los pocos espíritus cultos, amantes platónicos de 
tas teorías que estaban removiendo a los pueblos euro- 
peos, hacían muy escasa propaganda, desde luego por- 
que divisaban sólo en las lejanías de nuevas generacio- 
nes el advenimiento del régimen democrático y, en se- 
guida, porque no encontraban terreno preparado para la 
semilla de la libertad; en ciertos grupos sociales, esos 
donde se forma la clase media, sólo se pensaba en las 
fascinaciones de la fortuna y en la plebe reinaban sin 
contrapeso las ideas reaccionarias de la Iglesia tan in- 
teresada entonces en el gobierno de los pueblos. 

A pesar de estas inercias, un grupo de convencidos 
entre los que se destacan las figuras de Bolívar, José 
Félix Ribas, los Montillas, Alamo y otros, lograron ini- 
ciar el movimiento revolucionario, pero no les fué dado 
organizar la nueva república, no por falta de capacida- 
des propias sino por culpa del medio que no reacciona- 
ba con las energías de los nuevos programas y se mos- 
traba apático, indiferente. 

"El mayor error que cometió Venezuela al presen- 
tarse en el teatro político, dice el manifiesto de Carta- 
gena, fué la fatal elección que hizo del sistema ioleran- 
"te; sistema improbado como débil e ineficaz por todo 
"el mundo sensato y tenazmente sostenido hasta los úl- 
"timos períodos con una ceguedad sin ejemplo". 

El clero debía aprovecharse de estas debilidades or- 
gánicas de la revolución para acrecentar sus prestigios 
populares. "La influencia eclesiástica, nos recuerda el 
"Manifiesto, tuvo una parte muy considerable en la su- 
blevación de los lugares y ciudades subalternas y en la 
"introducción de los enemigos en el país, abusando sa- 



IvAS GUERRAS DE BOUVAR 



105 



"cr liegamente de su ministerio en favor de los promo- 
tores de la guerra civil. Sin embargo, debemos con- 
desar ingenuamente que estos traidores sacerdotes se' 
"animaban a cometerlos execrables crímenes de que 
"justamente se les acusa, porque la impunidad de los 
"delitos era absoluta, la cual hallaba en el Congreso un 
"escandaloso abrigo". 

La escasa penetración del ideal puro en los espíri- 
tus venezolanos haría descender la contienda desde el 
terreno elevado de las doctrinas hasta el campo bajo de 
los intereses personales y, así, al formar las bases del 
nuevo gobierno se perdería de vista el objeto primitivo, 
la formación de una república soberana con fuerza su- 
ficiente para conservar su independencia, y se llegaría 
a la descentralización que consultaba las ambiciones par- 
ticulares, pero que estaba en abierta oposición con las 
necesidades del cuerpo colectivo. 

"El sistema federal, prosigue el Manifiesto, bien 
"que sea el más perfecto, y más capaz de proporcionar 
"la felicidad humana en sociedad, es, no obstante, el más 
"opuesto a los intereses de nuestros nacientes Estados. 
"Generalmente hablando, todavía nuestros conciudada- 
nos no se hallan en actitud de ejercer por sí mismos y 
"ampliamente sus derechos, porque carecen de las vir- 
tudes políticas que caracterizan al verdadero republi- 
cano, virtudes que no se adquieren en los gobiernos ab- 
solutos, en donde se desconocen los derechos y los de- 
"beres del ciudadano. 

"Por otra parte, ¿qué país del mundo por morige- 
rado y republicano que sea, podrá, en medio de las 
"facciones intestinas y de una guerra exterior, regirse 
"por un gobierno tan complicado y débil como el fede- 
"ral ? No es posible conservarlo en el tumulto de los 



106 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"combates y los partidos. Es preciso que el gobierno se 
"identifique, por decirlo asi, al carácter de las circuns- 
tancias, de los tiempos y de los hombres que lo rodean. 
"Si éstos son prósperos y serenos, él debe ser dulce y 
"protector; pero si son calamitosos y turbulentos, él de- 
de mostrarse terrible y armarse de una firmeza igual a 
"los peligros, sin atender a las leyes ni constituciones, 
"Ínterin no se restablezcan la felicidad y la paz. 

"Yo soy de sentir que mientras no centralicemos 
"nuestros gobiernos americanos, los enemigos obtendrán 
"las más completas ventajas ; seremos indef ectiblemen- 
"te envueltos en los horrores de las disensiones civiles 
"y conquitados vilipendiosamente por ese puñado de 
" bandidos que infestan nuestras provincias. 

4 4 Las elecciones populares hechas por los rústicos 
"del campo y por los intrigantes moradores de las ciu- 
dades, añaden un obstáculo más a la práctica de la fe- 
deración entre nosotros ; porque tos unos son tan igno- 

'"rantes que hacen sus votaciones maquinalmente, y los 
"otros tan ambiciosos que todo lo convierten en fac- 
"ción; por lo que jamás se vió en Venezuela una vo- 
tación libre y acercada, lo que ponía el gobierno en ma- 
gnos de hombres ya desafectos a la causa, ya ineptos, 
"ya inmorales. 

"El espíritu de partido decidía en todo y, por con- 
siguiente, nos desorganizó más de lo que las circuns- 
tancias hicieron. Nuestra división, y no las armas espa- 
dólas, nos tornó a la esclavitud , \ 

Amarga era la censura que dirigía a sus compatrio- 
tas el Coronel Bolívar; pero ni su temperamento, ni su 
deseo de lograr la independencia le permitían hablar 

<otro lenguaje que el de la verdad desnuda para cauteri- 



I,AS GUERRAS DE BOLIVAR 



107 



zar con su fuego ardiente las plagas sociales que mer- 
maban las energías de la naciente nacionalidad. 

El régimen federalista iba a provocar nuevas di- 
visiones en los elementos venezolanos ya de suyo frac- 
cionados por la diversidad de orígenes ; a las rivalidades 
de clases y de razas se sumarían los antagonismo regio- 
nales y la masa entera vibraría en agitaciones continuas 
sin encontrar el nivel del reposo que sólo podía darle 
una larga evolución natural o la férrea mano de un or- 
ganizador. 

Diseminada la autoridad, no era posible estabilizar 
ninguno de los servicios públicos en cuya práctica los 
hombres se van acostumbrando a la disciplina y al orden 
y sin estos organismos era ilusoria la vida permanente 
de la república. 

El régimen económico, que como ninguno requiere 
unidad de acción, regularmente establecido en la colo- 
nia, fué un desastre en la primera república. Bolívar 
acusa con energía al gobierno caído. "La disipación de 
"las rentas públicas, dice su manifiesto, en objetos frí- 
"volos y perjudiciales, y particularmente en sueldos de 
"infinidad de oficinistas, secretarios, jueces, magistra- 
dos, legisladores provinciales y federales dió un golpe 
"mortal a la república porque la obligó a recurrir al pe- 
ligroso expediente de establecer el papel moneda sin 
"'otra garantía que la fuerza y las rentas imaginarias de 
"la confederación. El papel moneda remató el descon- 
tento de los estólidos pueblos internos que llamaron al 
"comandante de las tropas españolas para que viniese a 
"librarlos de una moneda que veían con más horror que 
"la servidumbre". 

Con hombres que sentían muy débilmente las bon- 
dades republicanas al frente del gobierno, sin una ener- 



108 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA. 



gía central que diera unidad a la acción de las adminis- 
traciones federales, sin rentas adecuadas y malgastando 
los pocos caudales disponibles, el sistema estaba minado 
en su base y, por la incuria de los gobernantes, el edifi- 
cio se desplomaría falto de un cimiento que no podía ser 
otro, en aquellos días, que el poder militar o sea la de^- 
fensa contra España en manos de un general competen- 
te y la garantía del orden bajo la supervigilancia de un 
político severo. 

El sistema de tolerancias y clemencias, nos dice el 
Manifiesto, engendró "la oposición decidida a levan- 
"tar tropas regulares, disciplinadas y capaces de presen- 
tarse en el campo de batalla ya instruidas, a defender 
"la libertad con suceso y gloria. Por el contrario, se es- 
tablecieron innumerables cuerpos de milicias indiscipli- 
nados, que además de agotar las cajas del erario na^- 
"cional con los sueldos de la plana mayor, destruyeron 
"la agricultura, alejando a los paisanos de sus hogares ;: 
"e hicieron odioso el gobierno que obligaba a éstos a to- 
"mar las armas y a abandonar a^ sus familias". 

Fracasaba el primer ejercito como instituto militar 
y las bases en que se le fundaba, lejos de atraer al pue- 
blo hacia la causa de la emancipación, le hacían lamen- 
tar las tranquilidades coloniales; por obra refleja, la 
mala organización de la defensa nacional se traducía en 
el quebranto político del sistema republicano. 

El federalismo agravaba los males, pues la fuerza 
armada no pudo emplearse con las oportunidades debi- 
das. "La competencia entre el poder federal y el pro- 
vincial, dice Bolívar, dió lugar a que los enemigos lle- 
gasen al corazón del Estado, antes que se resolviese la 
"cuestión de si deberían salir las tropas federales o pro- 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR j 109 

frí< vinciales a rechazarlos, cuando ya tenían ocupada una 
"gran porción de la provincia". 

Examina el Manifiesto de Cartagena todo este des- 
orden y concluye que la pérdida de la primera repúbli- 
ca se debe a seis causas principales : el federalismo, la 
debilidad de los gobernantes, la falta de ejército vete- 
rano, el fanatismo religioso, las facciones políticas y la 
catástrofe del terremoto de Marzo de 1812. 

Salvo las violencias de la naturaleza, todo tenía re- 
medio y Bolívar al escribir su manifiesto, en las soleda- 
des curazoleñas, se trazaba su programa del futuro, el 
que había de aplicar en breve : centralizar la adminis- 
tración, gobernar con energía, crear un ejército, atraer 
a la Iglesia a la causa republicana y procurar, por todos 
los medios posibles, que todas las banderías políticas 
postergaran sus ambiciones ante la necesidad primordial 
de tener patria. 

Dar nueva vida a Venezuela independiente, ante el 
juicio de Bolívar, no era sólo una cuestión nacional; era 
un problema que interesaba a Nueva Granada, desde 
luego, y que influía, además, en todos los pueblos de 
Hispano-América. 

"España, poseyendo el territorio de Venezuela, po- 
ndrá con facilidad sacarle armas y municiones de guerra, 
"para que bajo la dirección de hombres experimentados 
"contra los grandes maestros de la guerra, los france- 
ses, penetren desde las provincias de Barinas y Mara- 
"caibo hasta los últimos confines de la América Meri- 
dional. 

"La España tiene en el día gran número de oficia- 
dles generales, ambiciosos y audaces, acostumbrados a 
'"los peligros y a las privaciones, que anhelan por venir 



110 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"aquí a buscar un imperio que reemplace al que acaban-, 
"de perder. 

"Levantarán quince o veinte mil hombres que dis- 
ciplinarán prontamente con sus jefes, oficiales, sar- 
gentos, cabos y soldados' veteranos. A este ejército se- 
guirá otro, todavía más temible, de ministros, emba- 
jadores, consejeros, magistrados, toda la jerarquía, 
"eclesiástica y los grandes de España, cuya profesión es 
"el dolo y la intriga, condecorados con ostentosos títu- 
"los, muy adecuados para deslumhrar a la multitud, los 
"cuales, derramándose como un torrente, lo inundarán: 
"todo, arrancando las semillas y hasta las raíces del ár- 
"bol de la libertad. Las tropas combatirán en el campo' 
"y éstos desde su gabinete, nos harán la guerra por los> 
"resortes de la seducción y del fanatismo. 

"Así, pues, no nos queda otro recurso, para preca- 
vernos de estas calamidades, que el de pacificar rápida- 
"mente nuestras provincias sublevadas, para llevar 
"nuestras armas contra las enemigas y formar de este 
"modo soldados y oficiales dignos de llamarse columnas 
"de la patria". 

Y junto con establecer la necesidad imperiosa de 
privar a los españoles de toda base en Venezuela, esbo- 
za el plan de la expedición libertadora. "La naturaleza 
"de la presente campaña nos proporciona la ventaja de 
"aproximarnos a Maracaibo por Santa Marta y a Ba- 
"rinas por Cúcuta. 

Debemos considerar el estado actual del enemigo, 
"que se halla en una posición muy crítica, habiéndose- 
le desertado la mayor parte de los soldados criollos, y 
"teniendo que guarnecer las patrióticas ciudades de Ca- 
"racas, Puerto Cabello, La Guaira, Barcelona, Cumaná- 



LAS GUERRAS DE) BOLÍVAR 



111 



"y Margarita, en donde existen sus depósitos ; sin que- 
"se atrevan a desamparar estas plazas, por temor de una 
"insurrección general en el acto de separarse de ellas. 
"De modo que no seria imposible que llegasen nuestras 
"tropas hasta las puertas de Caracas, sin haber dado una 
"batalla campal". 

Bolívar había expuesto en este análisis del pasado 
las causas precisas de la derrota republicana en Vene- 
zuela; evidenciaba la importancia de la emancipación 
de su patria para dar garantías a las demás repúblicas 
en formación; trazaba con prudencia las líneas genera- 
les de la reconquista, indicando que no sería necesario 
un gran ejército para iniciar la campaña. 

La memoria del Coronel Bolívar circulaba desde el 
15 de Diciembre de 1812 en Cartagena y su exposición 
viril, sin contemplaciones para nadie; metódica en el 
señalamiento de los errores cuya anotación envolvía todo^ 
un programa de gobierno; bien razonado bajo el aspec- 
to de la importancia de Venezuela en la conflagración 
general de las colonias hispanas y, finalmente, hábilmen- 
te presentado como concepción militar, sedujo a los pa- 
triotas neo-granadinos y, aunque ella era una dura lec- 
ción para sus propios desacuerdos, acogieron con entu- 
siasmo al joven venezolano que, en vez de abatirse bajo 
el peso del desastre, erguía muy alta la cabeza y, colo- 
cándose en la inmensa cumbre de su patriotismo, anate- 
matizaba a los republicanos medrosos y clamaba por ün 
puñado de tropas para ir a libertad a su patria, llave del 
arco grandioso de la independencia de Hispano-Amé- 
rica. 

Con la fuerza de la verdad, conquistó Bolívar los 
favores de la opinión y, aún no expiraba el cuarto mes 
de su salida de La Guaira en la Jesús,, María y José r 



112 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 

cuando se encontraba en situación de tratar con los go- 
biernos de Nueva Granada para realizar la empresa que 
era el único objetivo de.su vida. 



IV 



La política de Bolívar a su llegada a Cartagena da 
singulares relieves a una nobilísima cualidad de su al- 
ma que se manifiesta con mayor intensidad a medida que 
se ensancha su campo de acción. Hay hombres para 
quienes la causa que abrazan se indentifica con su per- 
sona y que, profesando iguales amores al yo y al ideal, 
llegan a colocar sus programas al servicio de su egoís- 
mo. Hay otros que ven en sus doctrinas algo eminente, 
superior al que las sustenta, pues ellas son herencias 
del pasado y generosos dones del medio actual, algo 
imperecedero o, por lo menos, de más duración que la 
corta vida humana; para éstos la adhesión a la causa y 
el amor de sí mismos caminan en sentido inverso, mien^ 
tras más se apasionan por aquélla más se desprenden 
de su personalismo. Los primeros son los grandes pa- 
rásitos de la política que atraen a sus figuras de relum- 
brón la mejor sangre del país ; los segundos son los gran- 
des servidores 'públicos, los que transfusionándole la 
fuerza de su ideal dan nuevos vigores a la Patria, la ele- 
van en la escala de las naciones y caen desfallecidos, 
pues dieron todo su sér, desde sus energías materiales 
hasta las delicadezas del amor propio. 

De estos últimos hombres era Bolívar. Ante Va- 
lencia insurreccionada contra la República, Miranda le 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



113 



humilló; pero él, fija la mente en su ideal, fué a comba- 
tir en un puésto de ayudante. En la lucha contra Mon- 
teverde, se le rebaja aún, encerrando sus energías en la 
oscura defensa de una plaza fuerte descuidada por el 
Generalísimo, y de nuevo ofrece a sus doctrinas el sa- 
crificio de su persona. Cae la primera república y ante 
la desgracia se acrecientan sus adhesiones a la causa, ama 
con más intensidad a su patria desangrada y se siente 
capaz de mayores sacrificios ; derrotado, empobrecido, 
ofrece su espada a un gobierno extranjero, mas es con 
el propósito de atraerlo al servicio de Venezuela y mien- 
tras se rebaja, aceptando un cargo subalterno a las ór- 
denes de un aventurero francés, Labatut, proclama con 
valentía sus propósitos en el Manifiesto de Cartagena, 

Con su espada iba a cortar las trabas que embar- 
gaban al Estado de Cartagena y con la fuerza de su 
convencimiento, apoyándose en razones indiscutibles y 
en el prestigio de sus triunfos, iba a procurar a Vene- 
zuela el apoyo de Nueva Granada. 

El modesto Coronel de guarnición en Barrancas, 
no olvida las imposiciones de sus responsabilidades y en 
virtud de ellas toma la representación de su patria dolo- 
rida y, mientras se imprimía el Manifiesto, dirige al 
Congreso de la Unión granadina, una petición formal 
de auxilios. 

"Serenísimo señor, le dice el 27 de Noviembre, la 
"instalación de ese Soberano Congreso, hecha en el tiem- 
"po mismo de la destrucción de la República de Vene- 
azuela, no puede menos que servir de auspicios favo- 
arables al restablecimiento de aquel infeliz Estado, cu- 
"yos débiles restos, acogidos en éste de Cartagena, se 
'"atreven a dirigirse a V. A.". 



114 



francisco rivas vicuña 



Bolívar traza en seguida un clarísimo resumen del 
manifiesto preparado en Curazao y, aunque sus frases 
envolvieron una severa crítica para los neo-granadinos, 
que estaban cometiendo iguales errores, no vacila en 
vigorizar su programa de un gobierno fuerte y, en la 
sinceridad de su alma que no le permite plegar ante sus 
principios, cree que su deber le ordena precaver contra 
los peligros a los mismos a quienes va a pedir un ser- 
vicio. Tal vez contrariará muchas ambiciones per- 
sonales en un medio político seducido por el federalis- 
mo y esto dificultará su empresa ; pero él tiene confian- 
za en los republicanos granadinos y estima que com- 
pensa el servicio que pide con las atinadas advertencias 
que les hace. Bolívar no podía obrar de otro modo ; si 
esto le creaba dificultades, buscaría la manera de con- 
ciliarias ; pero la lógica de hierro le llevaba a sugerir la 
necesidad de constituir en Nueva Granada un gobierno 
enérgico que fuera garantía para Venezuela, como el de 
esta república debía ser la seguridad de la Unión neo- 
granadina. 

Termina la exposición de hechos y Bolívar conti- 
núa su comunicación diciendo : "Escapados prodigiosa- 
mente de las garras de aquellas fieras, los pocos que 
"aquí nos hallamos hemos venido a implorar la protec- 
ción de Nueva Granada, en favor de sus compatriotas,, 
"los desdichados hijos de Venezuela. 

"Para fundar sobre algún mérito nuestra solicitud 
"hemos querido tomar antes parte en la civil contienda 
"que sostiene este Estado contra la provincia de Santa 
"Marta, y habiendo tenido ya el honor de ver admitida 
"la oferta de nuestros servicios en el ejército, espera- 
"mos presentarnos a ese soberano Congreso, luégo que 
"hayamos cumplido nuestro empeño. 



LAS GUERRAS Dt BOLIVAR 



115 



"La identidad de la causa de Venezuela, con la 
"que defiende toda la América, y principalmente la Nue- 
"va Granada, no nos permite dudar de la compasión 
"que excitarán nuestros desastres en los corazones de 
"sus conciudadanos. Sí, los más ilustres mártires de la 
"libertad de la América Meridional, tienen colocada sm 
"confianza en el ánimo fuerte y liberal de los granadi— 
"nos del Nuevo Mundo. Caracas, cuna de la indepen- 
dencia colombiana, debe merecer su redención, como 
"otra Jerusalén, a nuevas cruzadas de fieles república- 
"nos: y éstos no pueden ser otros que los que, tocando 
"tan inmediatamente los tormentos que sufren las víc- 
timas de Venezuela, se penetrarán del sublime entu- 
siasmo de ser los libertadores de sus hermanos cau- 
tivos. . 

"La seguridad, la gloria, y lo que es más, el honor' 
"de esos Estados confederados, exigen imperiosamente' 
"cubrir sus fronteras, vindicar a Venezuela, y cumplir: 
"con los deberes sagrados de recobrar la libertad de la*. 
"América del Sur, establecer en ella las santas leyes de* 
"la Justicia y restituir sus naturales derechos ít la hu- 
manidad". (8) , 

Suscribía este mensaje Simón Bolívar, con los tí- 
tulos de Coronel de Ejército y Comandante de Puer- 
to Cabello, y para darle mayor solemnidad, firmaba 
con él Vicente Tejera, como Ministro de la Alta Corte 
de Caracas. 

Mientras esta comunicación y su Manifiesto de Car- 
tagena eran estudiados por el Congreso de la Unión,, 
Bolívar limpiaba de fuerzas españolas el río Magdale- 
na, despachaba sus emisarios a Tunja y a Bogotá y 



(8) O' Lea ry— Documentos. Tomo XIII, página 57. 



116 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



tenía la satisfacción de saber que sus peticiones eran 
acogidas favorablemente, en virtud de la siguiente provi- 
dencia recaída en su comunicación del 27 de Noviembre 
de 1812 : "Tunja, Febrero 18 de 1813. — Al poder Eje- 
"cutivo para su inteligencia y contestación, en la que el 
"Congreso, mirando como una misma la causa de Ve- 
"nezuela y la de la Nueva Granada, ha deseado e insis- 
"te en aplicar sus recursos en el momento que pueda, a 
"favor de aquélla. — Por el Supremo Congreso. — Cama- 
■"cho, vice- presidente. — Dávila. — C. Palenzuela". 

Bolívar triunfaba en esta extraña empresa diplo- 
mática en que buscaba la alianza de un país que vivía 
una existencia independiente, aunque precariamente tal, 
con otra nación subyugada después de su primer es- 
fuerzo heroico por la libertad; triunfaba sin credencia- 
les ni poderes de un gobierno que no podía dárselas 
porque no existía y sus documentos eran únicamente la 
exposición verídica de los hechos, sincera hasta la cruel- 
dad, y la presentación de un programa de reacción bien 
fundado y que merecía confianza ; triunfaba, finalmente, 
porque su campaña del Magdalena estaba demostrando 
que era capaz de dar cumplimiento a sus promesas. 

Sin formalidades protocolarias, por la consagra- 
ción de un hecho simplemente, Bolívar llegaba a los 
perfeccionamientos del tratado de alianza negociado por 
el canónigo Cortés de Madariaga ; la voluntad del Con- 
greso de la Unión le era francamente favorable, el Pre- 
sidente Torres era un decidido amigo de Bolívar y, 
aunque esto bastaba para llenar sus propósitos, el sagaz 
y afortunado Coronel-diplomático procuraría concillar- 
se la voluntad de todos los Estados, obrando con ex- 
quisita prudencia, en un medio un tanto anarquizado 
por el partidarismo político, y buscando la estimación 



IvAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



117 



general por su abnegación a la causa común y por los 
ejemplos que estaba dando en su marcha hacia el Alto 
Magdalena. 

Una sola limitación contenía la providencia del 
Congreso a la petición de Bolívar : se aplicarían los re- 
cursos de Nueva Granada a la liberación de Venezue- 
la cuando se pudiera. 

Bolívar iba a despejar esta incógnita, demostrando 
con las victorias de un centenar de hombres que él con- 
ducía que ya podían las fuerzas granadinas socorrer a 
los oprimidos venezolanos. 

ylé r ° ' v \ , . , <§:MS, 

El Gobierno de Cartagena había tomado a su ser- 
vicio a un aventurero francés, Labatut, que había ser- 
vido con Miranda en Venezuela y que conocía el tempe- 
ramento dominante de Bolívar y sus capacidades para la 
acción. Labatut, jefe de la expedición que obraba sobre 
Santa Marta y cuyo objetivo verdadero era el afán de 
enriquecerse, vio en Bolívar un auxiliar peligroso que 
bien podía sustituirle en su comando para dirigir las 
operaciones en un rumbo en armonía con los anhelos de 
independencia y sin contemplar ninguna consideración 
personal. 

Obligado por el Presidente Torices, aceptó los 
servicios de los venezolanos y los destinó a diferentes 
empresas lejanas en las que supieron distinguirse por 
su valor, especialmente Campomanes y Carabaño que 
vencieron a los españoles en arroyo de Manco-Mojan 
y en las bocas del Sinú, respectivamente, eliminando es- 
tas fuerzas que amenazaban a Cartagena. 



118 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



La más insignificante destinación correspondió al 
Coronel Bolívar; debía comandar el puésto de Barran- 
cas, en la orilla izquierda del Magdalena, mantenerse 
a la espectativa y no tomar resolución alguna sin reci- 
bir nuevas órdenes. No era Bolívar hombre para per- 
manecer en la inacción, máxime si su conciencia le in- 
dicaba que esta actitud era perjudicial a la causa. 

A juicio de Bolívar, el retardo en operar sobre el río 
Magdalena desalentaría a numerosos pueblos de sus 
márgenes que simpatizaban con los republicanos y que 
se encontraban aislados de Cartagena y entre ellos por 
las diferentes guarniciones españolas; en vista de las 
actividades de Monteverde en Oriente y del Presiden- 
te de Quito por el sur de Nueva Granada, se hacía in- 
dispensable obrar con la mayor diligencia y el jefe del 
destacamento de Barrancas concibió un atrevido plan 
para apoderarse de la navegación del Magdalena y lo 
puso sin demora en ejecución. 

Dice el general O'Leary, cuya lealtad para con Bo- 
lívar nadie podrá poner en duda, que él obró en rebe- 
lión contra su jefe Labatut y procura excusar su indis- 
ciplina en virtud de la conducta de Labatut ; mas, luego 
pronuncia una censura franca en el fondo, aunque lige- 
ramente velada en la expresión. "No faltará, dice en sus 
"memorias, entre esos militares, los que se hallan a las 
"órdenes de jefes inferiores, quien disculpe la conduc- 
ta de Bolívar ; pero ninguno intentará presentarlo co- 
M mo ejemplo, porque la desobediencia, aunque el triun- 
"lo le acompañe, destruye la disciplina". 

Los historiadores Baralt y Díaz confirman la des- 
obediencia a que se refiere O'Leary, diciendo que La- 
batut pidió que se juzgara a Bolívar en consejo de gue- 
rra y que "los jefes de Cartagena animaron y sostuvie- 



IvAS GUERRAS DE) BOLÍVAR 



119 



''"ron a Bolívar; tanto más, cuanto que en el interés de 
"Labatut por la disciplina militar supieron distinguir un 
"gran fondo de envidia, y que no les pesaba tener una 
"reputación militar que oponer a la de aquel violento 
"y codicioso aventurero'' . (9) 

Briceño Méndez, citado por O'Leary mismo, está 
en contradicción con él y sostiene que "el gobierno de 
"la provincia le concedió la autorización necesaria, sin 
"avisarlo al general del ejército". (10) 

En esta contradicción, recurrimos al único docu- 
mento que existe sobre la materia ; el parte de la cam- 
paña que Bolívar envió al Congreso de Nueva Granada 
y en el cual afirma que "fué encargado por el Gobierno 
"de Cartagena de pacificar los lugares que ocupaban los 
"enemigos en el Sur de la provincia de Santa Mar- 
eta". (11) 

Ahora bien, es muy posible que Bolívar procedie- 
ra únicamente de acuerdo con el dictador Torices, jo- 
ven de 24 años, entusiasta, atropellado tal vez, y sobre 
el cual ha debido Bolívar ejercer fascinadora influencia. 
En este caso no habría habido falta de disciplina, sind 
una desautorización al aventurero Labatut. 

Nos inclinamos a esta última hipótesis y aún a creer 
que Bolívar partió de Cartagena con la seguridad de te- 
ner la aprobación del jefe de Estado, porque a los siete 
días de su llegada a Barrancas, el 21 de Diciembre, ya 
¿estaba listo para embarcarse y remontar el Magdalena, 
lo que no habría hecho tan rápidamente sin contar con 
auxilios eficaces. É 



(9) Historia de Venezuela. — Baralt y Díaz, página 12?, 
.tomo I. 

(10) O'Leary. — Narración. Tomo I, pág. 101. 

(11) O'Leary. — Documento I. Tomo XIII, página 133. 



120 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



En la fecha que acabamos de indicar, embarcó Bo- 
lívar 200 hombres en 10 balsas y se presentó el 23 de 
Diciembre a intimar rendición al puerto enemigo de Te- 
nerife, guarnecido por 500 soldados. La plaza no quiso 
rendirse, la atacaron los patriotas con decisión y casi 
por sorpresa; sus defensores huyeron, dejando en po- 
der de Bolívar elementos militares y embarcaciones que 
le permitieron reforzar su flotilla. 

Proclamada en Tenerife la Constitución cartagene- 
ra y reforzadas sus tropas, se embarcó nuevamente Bo- 
lívar con rumbo a Mompox y, después de dispersar al- 
gunas columnas realistas de la margen izquierda del 
Magdalena, fué recibido el 27 de Diciembre en esa ciu- 
dad, afecta a la causa de la independencia, con las ma- 
yores demostraciones de júbilo. 

La juvenud de Mompox corrió a enrolarse en las 
filas de la pequeña hueste de Bolívar con un entusias- 
mo que no había de apagarse en toda la campaña que 
entonces.se iniciaba; con estos elementos, y aprovechan- 
do el pequeño parque capturado, las fuerzas se elevaron 
a 500 hombres que Bolívar embarcó sin demora para 
subir el río hasta Banco. 

El 28 de Enero se retiraba la guarnición españo- 
la de este punto hacia Chiriguaná; Bolívar siguió en su 
persecución por el río César y tras un combate, el más 
sostenido de esta audaz campaña, lo derrotó el 1? de 
Enero de 1813, capturándoles cuatro buques de guerra, 
dos piezas de campaña y una buena cantidad de muni- 
ciones y fusiles. 

Vuelve sin demora hacia el Magdalena, toma por 
sorpresa el puésto de Tamalameque y avanza hasta 
Puerto Nacional el 6 de Enero. Sin pérdida de tiempo, 
el 8 de Enero, comunicaba un éxito al Congreso de 



hAS GUERRAS DE BOLIVAR 



121 



Tunja, con el manifiesto propósito de apoyar en él 
la petición de auxilio para libertar a Venezuela ; en ocho* 
o diez líneas describe su campaña y termina diciendo: 
"Bien pronto tomaré posesión de Ocaña. Todas estas 
operaciones se han ejecutado en el término de quince 
días". (12) 

El Estado de Cartagena se enseñoreaba de todo el 
río Magdalena dentro de su territorio y la audaz aco- 
metida de Bolívar, a la vez que creaba una base estra- 
tégica para las expediciones libertadoras, despejaba las 
vías comerciales hasta la costa, lo que tendía a crear 
recursos para la campaña misma. 

Asegurada la posesión de la vía fluvial, Bolívar pe- 
netraba en la región montañosa de Oriente y establecía 
su cuartel general en Ocaña para reformar su ejercito en: 
la espera de nuevas órdenes del gobierno cartagenero, 
a quien servía, y, principalmente, de las resoluciones del 
Congreso de Tunja sobre su cooperación para marchar 
a Venezuela. 

Organizada la dirección general de sus fuerzas, 
Bolívar inició los reconocimientos del territorio posible 
de operaciones futuras y se puso en comunicación con 
el Coronel Manuel Castillo, que mandaba el destaca- 
mento de Pié de la Cuesta, al sur de Pamplona, a fin de 
precisar las posiciones del enemigo, especialmente de los 
elementos que Monteverde había hcho avanzar hasta el 
Rosario de Cücuta, a las órdenes del Coronel Don Ra- 
món Correa, que conducía una columna de más de mil 
hombres. 

El extraordinario éxito del Coronel venezolano al 
servicio de Cartagena se difundía por todo el país y tan- 



(I2) O'Leary. — Documento I. Tomo XIII, página ,133*. 



122 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 

to el Congreso como el Estado de Pamplona iban a pe- 
dirle el inmediato auxilio de sus tropas vencedoras. La 
campaña entraba en huevos rumbos y ellos serían los 
que le imprimiera Bolívar para acercarse al objetivo de 
tanto sacrificio y de una abnegación de cada momento : 
redimir a su patria, rompiendo las cadenas con que la 
oprimía Monteverde. 



VI 

La presión del enemigo sobre las fronteras de Nue- 
~va Granada traía profundamente alarmados a los gober- 
nadores de los Estados comarcanos que recibían apre- 
miantes peticiones de auxilios de los jefes colocados en 
los puntos estratégicos de la sierra. 

El Coronel Castillo, a cuyas órdenes estaban los 
destacamentos que defendían las posiciones fronterizas 
al norte de la provincia de Tunja, tenía sus avanzadas 
«n Pamplona y él se había situado más al sur, en Pié 
de la Cuesta, como para servir de escalón a los soco- 
rros que pudiera recibir de su capital y concentrarlos 
ten la dirección del enemigo. El comando de Castillo 
«era el cuartel general de las fuerzas granadinas que 
procuraban contener la invasión del Coronel Ramón 
Correa al mando de las lejanas avanzadas que prepara- 
ba Monteverde, desde Caracas, para dar sobre Nueva 
Granada un golpe análogo al que asestara en 1812 so- 
bre Venezuela. 

Bolívar había comunicado su marcha victoriosa, 
desde Barrancas a Ocaña, tanto al Congreso de Tunja 
como a los gobernadores de los diferentes Estados, sin 



XAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



123 



olvidar al Coronel Castillo a quien suplicaba le diera 
noticias del enemigo. 

Los éxitos de Bolívar podían ser indicios de un 
ejército numeroso, cuando sólo eran obra de su proceder 
sin vacilaciones, y los expertos jefes españoles, que no 
temían las lentitudes de las guarniciones patriotas, se 
alarmaron ante la marcha del ejército libertador e ini- 
ciaron sus avances hacia el Rosario de Cúcuta, creando 
la situación amenazante que tenía desasosegados a los 
granadinos. 

El prestigio moral del triunfador y la concentra- 
ción de las fuerzas generales harían fracasar los pla- 
nes de Monteverde y todas las autoridades interesadas, 
-el Congreso de Tunja, el gobierno de Pamplona y el 
jefe de la vanguardia del Norte, como movidos por un 
mismo resorte, escribían a Bolívar entre el 19 y el 23 
de Enero, pidiéndole que acudiera en su socorro para 
«vitar la caída de Pamplona. 

Recibió estas comunicaciones el jefe venezolano 
cuando exploraba las montañas de Los Andes a fin de 
conocer las dificultades y cerciorarse de los recursos que 
podía encontrar en esas regiones elevadas, ásperas, frías, 
a través de las cuales debía conducir, para llegar a la 
fronetra venezolana, sus tropas reclutadas en los cli- 
mas cálidos de la costa y del bajo Magdalena, contin- 
gente el menos apropiado para su atrevida expedición. 
Los temores del viaje y el clima rudo estaban diezman- 
do por las deserciones la pequeña columna de Bolívar 
en los momentos en que más necesitaba de sus elemen- 
tos para acometer una empresa a cuyo éxito, cierta- 
mente, subordinaría el Congreso granadino la resolu- 
ción definitiva para autorizar la marcha sobre Vene- 
zuela. 



124 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



Mientras reorganizaba su ejército, procuraba ga~ 
nar tiempo y contestaba al gobernador de Pamplona: 
"estoy dando los pasos más conducentes a llenar los dé- 
nseos de V. E., poniendo en marcha la expedición de 
"mi mando hacia Pamplona, con el objeto de detener 
"el curso de las operaciones del enemigo y expulsarlo,, 
"si me es posible, del territorio de Nueva Granada. Pe^- 
"ro, para realizar empresa tan deseada de mi corazón, 
"debo aguardar el permiso del Exmo. Señor Presiden- 
te del Estado (Cartagena), a quien he suplicado ya me. 
"conceda la gracia de dejarme ir al encuentro de los ti- 
tanos de Venezuela que invaden los Estados Federa- 
dos, al abrigo de la imprudente y sangrienta guerra, 
"civil que los devora". (13) 

El carácter de Bolívar se revela de nuevo en estas 
líneas; manifiesta su disciplina como militar, mas el 
político se coloca en su propio terreno y censura agria- 
mente las divisiones internas que ponen a Nueva Gra- 
nada a los mismos peligros que trajeron la pérdida de 
su patria. 

No permanece inactivo Bolívar ; despacha un rapi- 
dísimo correo para Castillo, rogándole que prepare ca- 
ballos, víveres y mantas para las tropas y pidiéndole un 
oficial que sea capaz de informarle sobre la situación 
exacta de los elementos patriotas y de las fuerzas ene- 
migas, y, él mismo baja desde Ocaña al Magdalena, 
desciende hasta Mompox a buscar su parque y tropas 
de reserva, mientras llega el permiso del Gobernador 
Torices, y ya el 8 de Febrero, a las pocas horas de re- 
cibida la anhelada autorización, puede anunciar su pro- 
grama al Congreso de Tunja. 



(14) O'Leary.— Doc. 8. Tomo XIII, página 140. 




; d e 

"'p 1 GC AÑA A CUCUTA 



Plano n*3 



XAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



125 



"Mi vanguardia, le dice, parte mañana en direc- 
ción a Salazar, en donde el enemigo ha tomado posi- 
ciones ventajosas y fortificándose bien, según se me 
"avisa por el Comandante General del Ejército del Nor- 
"te'\ (14) Bolívar tomaba el mismo camino con la re- 
taguardia el 16 de Febrero. 

El rumbo elegido era el más directo para líegar 
hasta los valles de Cúcuta, donde acampaba el grueso 
de las fuerzas realistas; al propio tiempo, este camino 
le acercaba como ningún otro a su objetivo principal: 
la invasión de Venezuela por San Antonio, en las ve- 
cindades de Cúcuta. 

Castillo propiciaba un plan distinto : las fuerzas 
de Pamplona permanecerían en esta plaza, él subiría de 
Pié de la Cuesta a Surata y Bolívar se defendería en 
Salazar, formando los vértices de un triángulo en cuyo 
centro, Cucu tilla, se reunirían todos para esperar el ata- 
que español. Cuatrocientos hombres traería Bolívar, 
trescientos procuraría Pamplona y Castillo llevaría otros 
trescientos, desarmados para equiparlos con los elemen- 
tos venidos de Mompoz. 

El proyecto dé Castillo no tenía sino inconvenien- 
tes ; desde luego, abandonada por Bolívar la fuerte po- 
sición de Salazar, que se proponía sorprender, abriría 
paso a Correa hacia las provincias granadinas, expo- 
niéndose él mismo a ser perseguido en su camino a Cu- 
cutilla. Si, por otra parte, el jefe español no tomaba 
esta determinación, después de la propuesta asamblea 
<le Cucutilla, sería preciso contramarchar para seguir 
por Salazar a Cúcuta. (Plano número 3). 



(15) OXeary.— Doc. 8. Tomo XIII, página 140. 



126 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



En cambio, el camino de Ocaña a Cúcuta por Sa- 
lazar, despejaba el camino de las fuerzas de Castillo si- 
tuadas al sur de esa línea y, en el caso de una derrota, 
brindaba una retirada fácil de cubrir hacia el territorio^ 
amigo del Magdalena. 

Bolívar desestimó aquellos planes y se puso en mar- 
cha desde Ocaña hasta Salazar, cruzando la áspera se- 
rranía que divide las hoyas del Magdalena, del sistema, 
del lago de Maracaibo y del Orinoco. Mediante la dise- 
minación de informaciones inexactas, logra sorprender 
el 22 de Febrero el puesto avanzado del Alto de la 
Aguada y las tropas enemiga^ se dispersaron por los 
caminos de Cúcuta unas, de Arboledas las otras. 

Sin tardar, temeroso de que ocuparan una fuerte 
•posición llamada Alto de Jagual, despacha una avan- 
zada a conquistar este punto y se prepara para seguir- 
la y posesionarse del valle del río Zulia. 

Entre tanto, los fugitivos de Arboledas, amenaza- 
dos por un posible avance de los patriotas de Pamplo- 
na, contramarchan hacia el Zulia, diezmándose en el pe- 
nosísimo viaje. 

Bolívar llega a las márgenes de este río el 25 de 
Febrero y, después de cruzarlo con el auxilio de una 
sola lancha, derrotó a las fuerzas de Correa en el pue- 
blo de San Cayetano, con el concurso de su avanzada 
únicamente. 

Esperó el jefe de la expedición la llegada de la re- 
taguardia, del parque y de una columna de 126 hombres 
que le traía Lino Ramírez desde Pamplona; cruzó el 
27 de Febrero el río Zulia y el 28 al amanecer se pre- 
sentaba en las alturas que dominan al valle de San José 
de Cúcuta. 



LAS GUERRAS DE) BOLÍVAR 



127' 



El Coronel Correa trató de capturar la división 
patriota con un movimiento envolvente en el cual la di- 
seminación de su fuego dió ventajas a las tropas de 
Bolívar; cambió de táctica, apoderándose de unas al- 
turas a la izquierda del ejército libertador y allí le ata- 
có con denuedo el centro, al mando del Coronel José 
Félix Ribas, terminándose la acción por la desordena- 
da fuga de las tropas realistas ante el empuje de las 
bayonetas lanzadas al asalto cuando las municiones em- 
pezaban a escasear. 

"El enemigo, dice Bolívar, sobrecogido en este nio- 
■ 'mentó de un temor pánico, se escapó precipitadamen- 
te, dejando en nuestro poder la plaza, artillería, per- 
trechos, fusiles, víveres y cuantos efectos pertenecían 
"al gobierno español y a sus cómplices". (15) 

Un rico botín llenaba las cajas y el parque del ejér- 
cito de Bolívar ; quedaba expedito el camino para que el 
Coronel Castillo se le reuniera con sus fuerzas y cons- 
tituir una buena falanje capaz de asegurar la destruc- 
ción de Correa que se retiraba a La Grita. 

En 67 días, mediante su sólo esfuerzo, pues Cas- 
tillo no acudió a la expedición sobre Cúcuta, Bolívar 
había destruido el poderío español en el Magdalena in- 
ferior y estaba a las puertas de las fronteras patrias, 
después de atravesar los valles del trópico y las cum- 
bres andinas. Ningún detalle dejó de merecerle su aten- 
ción, desde las alpargatas y las mantas para sus solda- 
dos hasta las municiones; concibió los planes estraté- 
gicos que mejor consultaban las circunstancias; no re- 
husó el concurso de su fatiga personal en momento al- 
guno, y el fruto que lograba era fundamentalmente la 



(15) O'Leary.— Doc. 14. Tomo XIII, página I4 . 



128 



FRANCISCO RÍVAS VICUÑA 



obra suya, la creación de su cerebro y la inspiración de 
su amor patrio. 

"Ya tiene V. E., dice al Congreso de la Unión, ter- 
"minada la campaña de Cúcuta, libertando una bella 
"porción de la Nueva Granada de los tiranos que la 
"asolaban. Ahora, sólo nos resta por vencer a los opre- 
sores de Venezuela, que yo espero serán bien pronto 
"exterminados, como lo han sido los de Santa Marta y 
"de Pamplona, que en pocos días se han visto arran- 
car el cetro de hierro con que abrumaban estos Esta- 
dos". (16) 

El Coronel fugitivo, empleado en una modesta pla- 
za de Cartagena, y que, no obstante, se había atrevido 
a proponer una alianza militar al gobierno neo-grana- 
dino, cambiaba de posición ; era un general victorioso, 
tenía un ejército en su mano, podía hacer valer los ser- 
vicios prestados a Nueva Granada y apoyar en todo es- 
to sus reiteradas peticiones para realizar aquella coope- 
ración militar. Bolívar que, ante todo, deseaba los pres- 
tigios de la autoridad, sin olvidar su potencialidad pro- 
pia, obrará con disciplina y discreción hasta lograr su 
designio. 

Seis meses había pasado desde que abandonara 
La Guaira, y ya podía de nuevo prosternarse ante el sol 
que se alzaba en las mañanas sobre las llanos de su pa- 
tria cuyo suelo podía besar; tras la decepción amarga, 
su responsabilidad le había hecho capaz de la vigorosa 
iniciativa en que triunfaba y estaba listo para el ataque 
en el que también triunfaría. 



(16) O'Leary.—Doc. I4. Tomo XIII, pág. 149. 



CAPITULO CUARTO 



EL ATAQUE 

I. — Desacuerdos de Bolívar y Castillo. — II. — Se autoriza la 
campaña a Mérida y Trujillo. — III. — Posiciones y elemen- 
tos realistas. — IV. — El Ejército libertador. — V. — Combate 
de La Grita y separación de Castillo. — VI. — De La Grita 
a Trujillo. — VIL — El decreto de guerra a muerte. — VIII. 
— Triunfo de Ribas en Niquitao y conquista de Barinas. — 
IX. — La entrada en Caracas. (Plano número 4). i 



I 



La campaña que había emprendido el Coronel Bo- 
lívar, y a la cual daba glorioso término en San José de 
Cúcuta, no tiene precedentes en la historia ni por la ra- 
pidez ni por la desproporción entre los elementqs em- 
pleados y los objetivos que se lograron. Con un puñado 
de hombres, el Coronel venezolano al servicio del Go- 
bierno de Cartagena había llegado desde las tropicales 
bocas del Magdalena hasta las serranías de los Andes 

9 



130 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



y se colocaba en un centro interior cuyo aprovechamien- 
to habría permitido a los revolucionarios Sud- Ameri- 
canos proyectar metódica y vigorosamente las conquis- 
tas republicanas en el sentido de los tres sectores que 
cubren a Colombia por' el Noroeste, a Venezuela por 
el Noreste y al Ecuador por el Sur. 

Este programa de actividades no existía, desgra- 
ciadamente, y sólo una parte de él era acariciada por 
Bolívar. Las tres entidades que se dividían la dirección 
de Nueva Granada, Torices en Cartagena, Nariño en 
Bogotá y Torres en Tunja como Presidente del Con- 
greso de la Unión, veían en los éxitos de Bolívar el ale- 
jamiento de los peligros de reconquista por los elemen- 
\ tos que preparaba Monteverde desde Caracas para em- 

prender la invasión de Nueva Granada, sea cruzando los 
Andes o sea auxiliando por mar a los realistas de San- 
ta Marta, fuerzas que podían sumarse a las huestes que 
el Presidente Montes organizaba en Quito para amena- 
zar la frontera granadina por el alto Cáucas. 

Se tributaron a Bolívar aplausos y honores, el Con- 
greso de la Unión le reconocía como ciudadano de la 
Nueva Granada y le nombró Brigadier General del 
Ejército ; no obstante, se mostraba rehacio para acceder 
a sus reiteradas peticiones de permiso para penetrar al 
territorio venezolano con las tropas de su mando y rea- 
lizar, siquiera hacia el Oriente, una parte del programa 
de liberación de las colonias septentrionales de Sud- 
América por medio de un poderoso empuje del centro. 

Bolívar no se contentaba con exponer sus ideas a 
los dirigentes granadinos, trataba también de interesar 
a la opinión y, después del triunfo de Cúcuta, penetra- 
ba hasta el vecino pueblo venezolano de San Antonio y 



hAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



131 



dirigía a su ejército una proclama en que, sobre la base- 
de los sucesos recientes, anunciaba los planes del futuro : 

"Soldados del Ejército de Cartagena y de la Unión: 
"vuestro valor ha salvado la Patria, surcando los cau- 
dalosos ríos del Magdalena y del Zulia: transitando 
"por los páramos y las montañas : atravesando los de- 
siertos : arrostrando la sed, el hambre, el insomnio : 
"tomando las fortalezas de Tenerife, Guamal, Banco y 
"Puerto de Ocaña : combatiendo en los campos de Chi- 
"riguaná, Alto de la Aguada, San Cayetano y Cúcuta ; 
"reconquistando lugares, con cinco villas y seis ciuda- 
des, en las provincias de Santa Marta y Pamplona. 

"Vuestras armas libertadoras han venido hasta Ve- 
nezuela, que ve respirar ya una de sus villas, al abrigo 
"de vuestra generosa protección. En menos de dos me- 
"ses habéis terminado dos campañas, y habéis comen>- 
"zado una tercera, que empieza aquí y debe concluir en 
"el país que me dió la vida. Vosotros, fieles república- 
dos, marcharéis a redimir la cuna de la independencia 
"colombiana, como las cruzadas libertaron a Jerusalém 
"cuna del cristianismo. 

"Yo que he tenido la honra de combatir a vuestro 
"lado, conozco los sentimientos magnánimos que os ani- 
"man en favor de vuestros hermanos esclavizados, a 
"quienes pueden únicamente dar salud, vida y libertad, 
"vuestros temibles brazos, y vuestros pechos aguerri- 
dos. El solo brillo de vuestras armas invictas hará des- 
aparecer en los campos de Venezuela, las bandas espa- 
dólas, como se disipan las tinieblas delante de los rayos 
"del sol. 

"La América entera espera su libertad y salvación 
"de vosotros, impertérritos soldados de Cartagena y de 



132 



francisco rivas vicuña 



"la Unión ! No, su confianza no es vana, y Venezuela 
"bien pronto verá clavar vuestros estandartes en las 
"fortalezas de Puerto Cabello y de La Guaira. 

"Corred a colmaros de gloria ; adquiriéndoos el su- 
"blime renombre de Libertadores de Venezuela". (1) 

Mientras alentaba de este modo a sus soldados, 
vislumbrándoles el camino de la gloria, y mandaba heral- 
dos de su llegada a todos los pueblos de los valles andi- 
nos, no descuidaba la labor diplomática efectiva y des- 
pachaba a su tío político, el Coronel José Félix Ribas, 
con plenos poderes para obtener la cooperación eficaz 
deL Gobierno de Nueva Granada. 

El 4 de Marzo, partió del Cuartel General de Cú- 
cuta el incansable Ribas, nervio de esta campaña y ver- 
dadera encarnación del alma venezolana, llevando la si- 
guiente carta de Bolívar para el Presidente del Poder 
Ejecutivo de la Unión: 

"Excmo. señor : El Coronel José Félix Ribas, que 
"tendí á el honor de presentar a V. E. los homenajes de 
"mi obediencia y respeto, y los del ejército combinado 
"de mi mando, va en comisión cerca de V. E. a implo- 
rar en nombre de nuestra patria común y de las vícti- 
"mas de Venezuela, la protección de ese cuerpo sobera- 
"no, para que prestándonos sus poderosos auxilios, par- 
"tan nuestras armas victoriosas de estos Estados liber- 
t "tados, a combatir a los tiranos que hacen gemir a Ca- 

"racas y amenazan constantemente la libertad de la Nue- 
"va Granada, que jamás podrá contar con ella, sin ale- 
"jar de sus fronteras a los odiosos enemigos, que ya se 
"han atrevido a invadirla. 



(1) O'Leary. — Documentos número 18, página 151, to- 
mo XIII. 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 13J 

"La suerte de k Nueva Granada está íntimamente 
"ligada con la de Venezuela: si ésta continúa en cade- 
nas, la primera las llevará también, porque la esclavi- 
tud es una gangrena que empieza por una parte, y si 
"no se corta, se comunica al todo y perece el cuerpo en- 
tero. 

"No haciendo mención de las infinitas razones de 
"conveniencia y política que nos estimulan violentamen- 
te a tomar parte en las desgracias de Venezuela, que se 
"extenderán al resto de la América no remediándolas a 
"tiempo : el solo deber que impone el honor a todo pue- 
"blo colombiano que sabe estimar la justicia y el valor 
"de la libertad, sería más c£|ie suficiente para ponernos 
"las armas en la mano, y marchar todos los que son sen- 
sibles a la gloria de redimir a sus hermanos y de des- 
truir a los tiranos, 

"Yo me lisonjeo de que el Cuerpo Nacional que re- 
presenta la soberanía del pueblo granadino, no podrá 
"ver con frialdad el deshonor y el infortunio de los ha- 
bitantes de la Costa Firme, y que poniendo en acción 
"todos los resortes de su poder y sabiduría, levantará 
"tropas y reunirá los elementos indispensables a la gue- 
"rra que vamos a emprender contra los opresores de 
"Caracas. 

"El Coronel Ribas comunicará a V. E. los detalles 
"que desée saber, relativos al verdadero estado de nues- 
tros enemigos, y a los medios que habernos menester 
"para emplearlos contra ellos ; en el concepto de que las 
"estipulaciones que dicho Coronel Ribas firmare, serán 
"religiosamente cumplidas por mí y por la República de 
"Venezuela, luégo que ésta se restablezca. Yo suplico a 
"V. E. se digne aceptar con indulgencia los ruegos que 
"le hago en obsequio de la salvación de ambos Estados, 



134 



Francisco rivas vicuña 



''acogiendo con benignidad los tributos afectuosos de 
"mi alta consideración". (2) 

Encontró Ribas un auxiliar entusiasta en el Presi- 
dente Camilo Torres que tenía confianza en las ideas de 
Bolívar y fe en su estrella; pero cuyos entusiasmos eran 
moderados por las resistencias de los timoratos que no 
querían comprometer fuerzas granadinas, por pequeñas 
que fueran, en la empresa de libertar a Venezuela cuan- 
do podían ser indispensables en la Patria misma. \ El 
principal enemigo de Bolívar era el Coronel Castillo, el 
Jefe granadino de la vanguardia de Pamplona, que se 
resistía a obedecer sus órdenes e intrigaba contra él, 
manifestando al Congreso los peligros de verse privado 
de sus tropas para comprometerlas en lo que él llamaba 
delirante empresa del Coronel Bolívar y procediendo en 
forma tal que las órdenes del Jefe se encaminaron al fra- 
caso de sus planes. Así, según cartas de Bolívar al Go- 
bernador de Cartagena y al Congreso de Tunja, Castillo 
recibió instrucciones terminantes el 23 de Marzo de 1813 
para atacar a Correa en La Grita, después del desastre 
de Cúcuta, orden que el General granadino se resistía 
a cumplir aún el 31 de Marzo, exponiendo la campaña 
a los gravísimos peligros que el General Bolívar comu- 
nicó al Presidente de la Unión. 

4 'Hasta este momento, dice Bolívar en carta desde 
"Cúcuta fechada el 31 de Marzo, no ha partido el Co- 
ronel Castillo a atacar a Correa en La Grita; porque 
"según dice él mismo, quiere hacer las cosas con orden, 
"y este orden no es más que una morosidad la más per- 
"niciosa, cuyas consecuencias pueden .ser funestas. Así, 



(2) O'Leary. — Documentos. Tomo XIII, número 20, pá- 
gina 156. 



IvAS GUERRAS DK BOLÍVAR 



135 



"yo no respondo del suceso de la acción, después de ha- 
"ber.dado' al enemigo sobrado tiempo para reforzarse 
"con todas las ventajas que estén a su alcance. Sin em- 
"bargo, debemos contar con la victoria, si atendemos al 
"número y entusiasmo de nuestros soldados, y a la des- 
"moralización de los enemigos, que quizás no tendrán 
"el valor de esperar el ataque". (3) 

Puede decirse, sin exageración, que la mayor difi- 
cultad que encontró Bolívar en esta campaña inicial pro- 
vino de la sorda resistencia del Coronel Castillo que, así 
deseamos creerlo, inspirado únicamente por su patriotis- 
mo, no deseaba franquear el paso a lo que él concep- 
tuaba locuras de Bolívar. Una obediencia inmediata y el 
auxilio de todas las tropas de Castillo habrían permiti- 
do ganar tiempo, evitar las concentraciones del enemi- 
go y disponer de elementos que dieran mayores efica- 
cias a la campaña de liberación. 

La verdad había de imponerse y su aplicación, al 
estrellarse con las pasiones humanas, no tendría toda la 
amplitud que anhelaba el Jefe «de la expedición; los di- 
rigentes granadinos se habían de inspirar en sus propios 
intereses y, considerando que el dominio de ambas fal- 
das de la sierra andina era un poderoso baluarte contra 
la reconquista por el Oriente, sólo autorizaron a Bolí- 
var para llevar a cabo este programa que se disfrazaba 
bajo el nombre de permiso para ocupar las provincias, 
de Mérida y Trujillo. 



(3) OXeary. — Documento 28, tomo XIII, página 167. 



136 francisco rivas vicuña 



II 



Se debatía Bolívar contra las intrigas de Castilla 
con el ánimo sereno de quien tiene, a la vez, confianza 
en los proyectos detenidamente madurados y tranquila 
la conciencia por su continua rectitud en el obrar,; sin 
apartarse de su objetivo, no descuidaba por estas preo- 
cupaciones la preparación de una campaña que había 
de realizar a pesar de todo, tan firme era su fe en la 
amistad del Presidente Torres y en el éxito de la mi- 
sión que confiara a Ribas. Esperaba Bolívar la resolu- 
ción del Congreso granadino en medio de los afanes pa- 
ra organizar su ejército y, al recibir las órdenes desea- 
das, el 7 de Mayo de 1813, en su campamento de Cúcu- 
ta, se olvida de sus desacuerdos con Castillo, de las in- 
jurias que de él recibiera, de la obligación en que le co- 
locó de enviar su renuncia, de las contingencias a que 
expuso el éxito, de todo en fin, hasta el punto de no 
mencionar siquiera estos incidentes en su respuesta al 
Poder Ejecutivo de La Unión. 

Lograda, siquiera en parte, la autorización solici- 
tada sólo piensa en agradecerla y en las medidas nece- 
sarias para obtener todo el fruto de su empresa ; libre de 
reproches, su corazón desea únicamente obrar para ven- 
cer, según se desprende de su comunicación al Ejecutivo 
de Nueva Granada: 

"He recibido ayer el oficio de V. E. fecha 27 del 
"pasado, en que el señor Secretario de Estado se sirve 
"comunicarme a nombre del Gobierno la orden de mar- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



137 



"char el ejército a ocupar las provincias de Mérida y 
"Trujillo. 

"Doy a V. E. las más rendidas gracias por la heroi- 
"ca resolución que ha tomado de mandar a libertar dos 
"de los Estados que componían la confederación de Ve- 
nezuela. Mi corazón se inunda de placer y gratitud al 
"contemplar las armas libertadoras de la Nueva Grana- 
"da, marchando a redimir a mi querida patria ; pero ¡ ah 
"Excelentísimo señor ! los bienes más puros están siem- 
"pre mezclados de peligros e inconvenientes, y el de la 
"libertad que vamos a obtener, se halla colocado entre 
"los dos más grandes escollos que puede presentar la 
"guerra; la carencia de dinero y la de municiones. Voy 
"a explicarme. 

"Debemos marchar a posesionarnos de Mérida y 
"Trujillo, países que apenas podrán suministrar víveres 
"para alimentar la tropa, permaneciendo en ellos un mes 
"cuando más, y por consiguiente nos faltarán los suel- 
"dos para el ejército, pues no hay caudales en aquellas 
"provincias, que han aniquilado el terremoto, la guerra 
"y las persecuciones de los enemigos. Necesitamos, pues, 
"que los gobiernos particulares y el general de la Nue- 
"va Granada nos suministren mensualmente la cantidad 
"de veinte y cinco mil pesos, ínterin nos internamos en 
"la provincia de Caracas, que es la rica y la que puede 
"subvenir a los gastos del ejército. Estas cantidades se- 
"rán reintegradas por la República de Venezuela, luégo 
"que esté restablecida, con los intereses que se hayan 
- "estipulado con cada uno de los prestamistas, bajo la 
"garantía del Gobierno ide la Unión. A este efecto voy a. 
"mandar dos diputados a las provincias del Socorro, 
"Túnja y Cundinamarca, con las credenciales e instruc- 
ciones de que acompañaré copia luégo que las haga. 



138 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 

"Por otra parte, insto al Gobernador de este Estado, 
"para que tome todas las medidas más eficaces, a fin 
'"de obtener algunas cantidades que nos pongan en ap- 
titud de marchar adelante; pues estamos reducidos a 
"no tener ni aún para suministrar el socorro diario a los 
"soldados. 

"Luégo que lleguemos a Mérida, éstos me pedirán 
"sus sueldos atrasados, y yo no tendré fondos con qué 
Apagarles. Entonces los oficiales mismos aumentarán 
"quizá el descontento de las tropas, atribuyendo al país 
"de Venezuela la falta de prest, que tampoco tendrían 
"aquí si se demorasen más tiempo en el territorio de la 
"Unión. 

"El caso es arduo y aseguro a V. E. que el valor 
"que me sobra para combatir a Monteverde, me falta 
"para arrostrar el inconveniente en cuestión. 

"El segundo obstáculo para lograr un suceso com- 
pleto en esta guerra, es que las pocas municiones se 
"van a disminuir con la naturaleza de la campaña que 
"nos hemos propuesto, quiero decir, por la lentitud con 
"que vamos obrando, quedándonos uno o dos meses en 
"cada población. 

"Yo conceptúo que siempre que las circunstancias 
"nos sean tan favorable como nos dicen, y la fortuna 
"nos proteja un tanto, podemos llegar o presentarnos 
"delante de Caracas con sólo las municiones que lleva- 
"mos, obrando rápidamente y. procurando dar una ac- 
"ción general que nos abra las puertas de aquella capi- 
"tal, que abrazará inmediatamente nuestra causa si el 
"ejército de Monteverde es una sola vez derrotado. Mas 
"si adoptamos un sistema opuesto, cual es el de darle 
"al enemigo tiempo para que se organice y nos presente 



LAS CU ERRAS DE BOLIVAR 



139 



"cuerpos con quienes combatamos frecuentemente, por 
"de contada agotaremos nuestros pertrechos sin ventaja 
"decisiva; sobre todo si no tenemos órdenes para per- 
seguir al enemigo según lo permitan las circunstancias 
"y aprovechar las oportunidades que los accidentes ca- 
suales y comunes en las revoluciones puedan ofrecer- 
los. ■ * 

"La distancia de nuestro Cuartel general a esa ca- 
"pital será doble, luego que esté en Trujillo ; así gasta- 
Sá nuestra correspondencia dos meses en ida y vuelta ; 
"en estos dos meses perece el ejército por falta de diñe- 
So y alimentos, o por que demos a nuestros contrarios 
"lugar para obrar con libertad, poniendo en ejecución 
Sodos los resortes de su actividad y poder, lo que va a 
"aumentar nuestros embarazos y facilitar al enemigo 
"sus medios de defensa. 

"Yo me tomo la libertad de presentar a V. E. estas 
"observaciones, para que se sirva tomarlas en conside- 
ración, y resuelva, si lo juzgare justo y conveniente, 
"que yo pueda obrar con arreglo a las circunstancias, o 
"que se me nombre una comisión compuesta de dos o 
Sres Jefes del ejército con quienes deba consultar las 
"grandes operaciones, y particularmente las que tengan 
"una tendencia directa sobre la dirección que se haya de 
"dar al ejército, avanzando o retrocediendo, según lo 
"exija la utilidad o el peligro. 

"La contestación de este oficio la recibiré en Tru- 
jillo, donde esperaré las ulteriores determinaciones, 
"que no dudo serán claras y formales, arregladas a las 
"circunstancias en que nos vamos a encontrar : impe- 
didos, por decirlo así, por la falta de medios de sub- 
sistencia, y retenidos por las órdenes extrictas que se 



140 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



u me han dado para no pasar en adelante. Dfe esta deter- 
"minación depende, según me parece, el resultado de la 
"campaña". (4) 

Un propósito bien definido anuncia el general Bo- 
lívar en esta carta: el de llegar a Caracas que será su 
verdadero centro de acción para proveerse de elemen- 
tos de toda suerte destinados a la campaña militar y pa- 
ra hacer desde allí la propaganda de opinión que juz- 
gaba indispensable para afianzar los ideales republica- 
nos en el corazón del pueblo que debía sostenerlos. 
Cualesquiera que fueran las órdenes que recibiera en lo 
futuro, Bolívar no podía apartarse de este rumbo pri- 
mordial, no podía romper la línea maestra dé su con- 
cepción estratégica y llegaría a Caracas, con autoriza- 
ción o sin ella, a causa de la necesidad misma de cum- 
plir la orden de conservar las posesiones de Mérida y 
Trujillo. 

Asomaba Bolívar en las cumbres de los Andes y ya 
su sombra, que había de ser gigantesca, se extendía por 
las faldas y por los llanos e iba a oscurecer la mente del 
Capitán Monteverde que sentía llegar, con las intran- 
quilidades del remordimiento, al vengador de las viola- 
ciones del pacto de San Mateo y de las crueldades de 
sus secuaces. El águila iba a desplegar sus alas en un 
vuelo magnífico y no vacilaría en atacar en todos sus 
reductos al león castellano. 



(4) O'Leary. — Documento 55, tomo XIII, página 209- 



IvAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



141 



III 



En realidad, águila debía ser quien pudiera atra- 
vesar por entre los grupos de fuerzas que Monteverde 
había organizado desde la frontera granadina hasta Ca- 
racas, formando dos líneas por entre las cuales parecía 
imposible que pudiera cruzar el atrevido invasor. (Pla- 
no número 4). 

De avanzada en los Andes, estaba el Coronel Co- 
rrea con 700 hombres, dominando a la vez desde La 
Grita los accesos al Magdalena, las pendientes que lle- 
van al lago de Maracaibo y las vertientes del Apure. 

Más al Norte y siguiendo el eje de las cordille- 
ras, el Capitán Cañas cubría con una fuerza de 500 
hombres la plaza de Trujillo que podía ser socorrida 
desde Maracaibo y desde donde le era fácil avanzar ha- 
cia los llanos por el. valle de Boconó. 

En el nudo de montañas de Barquisimeto, el Capi- 
tán Oberto mandaba una guarnición de 1.000 hombres 
escogidos que tenían a su espalda, como centro dé apro- 
visionamiento, el puerto Vela de Coro y, como campo 
de retirada para reforzarse, el extenso valle del Tocu- 
yo, disponiendo para sus ataques al frente, de fáciles ac- 
cesos al llano. 

Desde Coro a La Grita, por Barquisimeto y Truji- 
llo, existía una línea occidental que se apoyaba en los 
puertos de La Vela y de Maracaibo, con un extenso 
país para la subsistencia en la retaguardia y que, sin 
considerar las guarniciones marítimas, disponía de 2.20Q 



142 



francisco rivas vicuña 



soldados bajo las órdenes de oficiales competentes. Nin- 
guna fuerza invasora podía penetrar a espaldas de esta 
línea y una filtración por el frente aparecía imposible 
ya que, en cualquier momento, podía encontrarse entre 
dos fuegos. 

Al oriente de estos centros, Moñteverde había for- 
mado otras agrupaciones militares que le permitían mo- 
vilizarse desde Puerto Cabello hasta los llanos del 
Apure. 

En los orígenes de este río, el Capitán Yañez, con 
un grupo de 900 hombres, mantenía un centro de re- 
clutamientos en Guasdualito y se encontraba, además, 
en situación de acudir en socorro de los puéstos veci- 
nos de la línea occidental. El destacamento de Yañez, 
que estaba destinado a desempeñar papel de importan- 
cia en la campaña, era la retaguardia de la división que 
mandaba en Barinas el marino don Anonio Tizcar, cu- 
yos contingentes pasaban de 1.500 hombres. Algunos 
piquetes diseminados existían al norte de Barinas has- 
ta llegar a la plaza de San Carlos, centinela avanzado 
en los llanos sobre el camino de Valencia, que estaba a 
las órdenes del Capitán Izquierdo con 1.200 hombres de 
buenas tropas. 

Por fin, Moñteverde en Caracas contaba con una 
guarnición selecta de 700 hombres y un contingente en 
íromación de 1.700 soldados. Fuera de la guarnición 
de Puerto Cabello, y de las pequeñas patrullas disemi- 
nadas, en virtud de estos datos, disponía el Jefe espa- 
ñol de más de 6.000 hombres de tropas regulares en las 
plazas de Guasdualito, Barinas, San Carlos y Caracas, 
formándose un total de más de 8.000 combatientes con 
las divisiones agrupadas en la línea de La Grita a Coro. 



I<AS GUERRAS DE BOLÍVAR 



143 



Por entre estas dos filas, verdadero callejón de 
fuerzas, debía pasar el invasor y parecía indudable que 
recibiría en él una verdadera corrida de baqueta, salvo 
que contara con fuerzas muy superiores a las que podía 
concentrar el defensor. 

Una primera reunión parecía posible: la contra 
marcha de Correa desde La Grita hacia Mérida, llaman- 
do en su auxilio a los contingentes de Yañez en Guas- 
dualito y Tizcar en Barinas, permitía una asamblea de 
más de 3,000 soldados realistas, orya cifra da la medida 
de las fuerzas que necesitaba el invasor. 

En el caso de una derrota de las fuerzas españo- 
las así concentradas, y dentro de la hipótesis que su pér- 
dida fuera total, había aún la posibilidad de formar una 
segunda cortina de resistencia por un movimiento con- 
vergente de las columnas de Trujillo, Barquisimeto y 
San Carlos que sumaban otros 3.000 hombres, contin- 
gente que vuelve a fijar el mínimo de las fuerzas inva- 
soras en coincidencia con los resultados de la combina- 
ción que acabamos de analizar. 

Finalmente, si contamos con los recursos que hu- 
bieran podido suministrar Coro y Puerto Cabello a las- 
tropas españolas en esta imaginaria retirada y los ha- 
cemos converger a Valencia con la guarnición de Cara- 
cas y con los elementos que hubieran podido salvarse, 
llegamos, en virtud de los datos apuntados, a la posibi- 
lidad de reunir en Valencia una tercera falange de 
3.000 realistas para detener a Bolívar. 



144 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



IV 

¿Con qué elementos contaba Bolívar para rom- 
per esta doble línea que podía, metódicamente, reple- 
garse para formar una triple barrera de resistencia? El 
Jefe de la expedición libertadora pudo haber contado 
con una excelente brigada de 1 .000 hombres probados ; 
pero los desacuerdos, verdaderas rebeliones de Castillo 
y de Santander, habían reducido sus contingentes a sus 
leáles tropas de Mompox, a los cuadros del 3?, 4- y 5? 
batallones que le facilitó el Congreso de Nueva Grana- 
da y a 100 hombres que le proporcionó el presidente de 
Cundi ñamar ca. 

No hemos encontrado datos documentados corres- 
pondientes a la iniciación de la campaña y nos referi- 
mos a las cifras que apuntan las notas oficiales un mes 
después de recibida la autorización de avance hacia Mé- 
rida y Trujillo. 

En el archivo del Libertador figura el extracto de 
un oficio de 15 de Junio de 1813, dirigido al Gobierno de 
Colombia, (5) en el cual se anota que la vanguardia, a 
las órdenes del Teniente Coronel granadino Atanasio 
Girardot, tenía la siguiente composición: 

Infantería. 

Del batallón 3? .... 44 plazas 

" V, „ /4?. ..... . . . . 165 „ I 

„ 5 o 200 „ 

Del mismo, destacadas en Betijoque 46 ,, 

455, plazas 



(5) O'Leary.— Documento 90. Tomo XIII, página 254. 



hAS GUERRAS DE BOÜVAR 



145 



Artillería. 

De la Unión y Cartagena 13 plazas 

Caballería. 

De voluntarios de Mérida .... 20 plazas 

Sumaba, así, la vanguardia, 488 combatientes; en 
cuanto a la retaguardia, el General Rafael Urdañeta la 
estima como sigue, en la misma fecha a que se refieren 
los datos anteriores : kk La retaguardia, dice en sus memo- 
"rias, mandada por el Coronel José Félix Ribas, que se 
"ocupaba en reclutar en Mérida, sólo tenía 300 hombres, 
"de ellos 100 venidos de Bogotá como auxilio que dió 
"aquella ciudad en favor de la libertad de Venezue- 
la". (6) 

El total de estas fuerzas es de 788 hombres; nías, 
para tomar la cifra inicial, hay que descontar los reclu- 
tamientos posteriores y agregar las tropas que abando- 
naron a Bolívar con el Coronel Castillo, en número de 
un centenar más o menos ; como los reclutamientos apa- 
recen estimados en 220 combatientes habría que rebajar 
sólo 120 para determinar la fuerza primitiva, lo que 
fija el ejército libertador en el número de 650 soldados. 

¡ Bolívar acometía la magna empresa con la quinta 
parte del ejército mínimo que se requería para abordar 
las posiciones enemigas ! Confiaba en la rapidez de la 
acción que daría a su minúsculo ejército la fuerza que 
i no podía obtener de su masa misma. 



(6) Memorias del General Urdaneta. Página 3. 

10 



146 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 

Á 

No estaba el parque de la división libertadora más 

rico que los cuadros de sus batallones. En una relación 
oficial encontramos las siguientes descripciones : (7) 

Artillería, 

Obuses montados de 6 pulgadas . . 3 

Obuses montados de 3 pulgadas . . 1 

Cañones montados de a 4. . . . . 3 

Cañones montados de a 3 pulgadas . 1 

Pedreros de a 3 2 

Pedreros de a J / 2 2 

Balas de a 4 libras . 930 

Balas de a 3 libras 81 

Balas de 4 libras . . . 264 

Metrallas de a 4 libras 721 

Metrallas de a 3 libras 174 

Metrallas de a y 2 libra . 11 

Cartuchos de pólvora de 4 libras . . 359 

Cartuchos de a 3 libras 427 

Cartuchos de a libra 150 

Infantería, 

Fusiles en" servicio ...... . 1.226 

Fusiles de útil composición ..... 78 

Escopetas de útil composición .... 53 

Piedras de fusil 10.700 

Cartuchos de fusil con balas .... 120.600 

Pólvora, libras 615 

Balas de plomo para fusil 16.000 



(7) OXeary.—Documento 40. Tomo XIII, página 183. 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



147" 



Caballería. 



Sables 
Lanzas 



300 
500 



Tales eran los miserables recursos del parque: 
material para armar malamente un máximo de 2.000* 
hombres, 3 toneladas y media de balas y apenas una to- 
nelada y media de pólvora. 

Con tan pobres medios, el éxito de la expedición 
quedaba subordinado a la pericia del Jefe, a la compe- 
tencia de los subalternos inmediatos, al heroísmo de los 
oficiales y a las abnegaciones sin límites del soldado 
anónimo. 

La campaña se iniciaba con el Brigadier Simón Bo- 
lívar como General en Jefe y el Coronel Castillo coma 
mayor General, quien fué luégo reemplazado por el co- 
mandante Urdaneta; la vanguardia estaba bajo la res- 
ponsabilidad de Atanasio Girardot y llevaba a Luciano 
Delhuyar como segundo ; la retaguardia obedecía al Co- 
ronel José Félix Ribas y completaban el cuadro militar 
que tiaría vida a la expedición los edecanes de Bolívar,. 
Pedro Briceño Méndez, N. Pumar, José Jugo, Juan 
José Pulido y Fermín Ribón. 

Vamos a seguir estos hombres en su prodigiosa ca- 
rrera de triunfos, reconquistando el suelo patrio, hasta 
su entrada en Caracas, un año después de los desastres 
de Miranda, como si el destino hubiera querido alentar 
con esta coincidencia los ánimos viriles de los liberta- 
dores. 



148 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



V 



La fecha inicial de la primera campaña de Bolívar 
¿en Venezuela puede fijarse en el 23 de Marzo de 1813, 
cuando daba órdenes a Castillo, que llevaría como se- 
gundo a Girardot,, para destruir a Correa en La Grita 
o desalojarle de esa posición. "Esta operación, con 500 
"ó 600 hombres, no es muy difícil decía el Brigadier 
"Bolívar al Gobernador de Cartagena, tanto por la na- 
turaleza de las fuerzas de Correa, como por el valor 
^de nuestros soldados y el talento y virtud militares que 
"distinguen al Coronel Castillo y al Teniente Coronel 
"Girardot". (8) 

Castillo, a pesar de los halagos con que le trataba 
Bolívar, demoraba su partida y sólo el 2 de Abril pudo 
el General en Jefe anunciarla al Gobierno granadino, 
diciendo que llevaba 800 hombres y que consideraba su 
éxito seguro. La urgencia demostrada por Bolívar se 
justificaba por los temores de una asamblea de fuerzas 
españolas en La Grita, lo que haría peligrar desde su 
primer paso, el programa de batir en detalle a los nú- 
cleos apostados por Monteverde. 

Finalmente, Castillo partió y Bolívar tuvo la satis- 
facción de recibir un primer parte de su segundo, fe- 
chado en el campo de La Cruz sobre la Angostura de 
Iva Grita a 11 de Abril. "Ayer, dice Castillo, a la una 
""y media del día me he posesionado de esta altura, for- 
jando el inexpugnable estrecho de La Grita que guar- 



(8) O'Leary. — Documento 25. Tomo XIII, página 162. 



I,AS GUERRAS DE BOLÍVAR 



149 



"necia el enemigo con 150 hombres. Se han tomado 4 
"prisioneros, tres fusiles, 5 cartuchos, 1 tienda, 5 puña- 
"les, 5 bayonetas, 1 pistola, algún ganado, ropa, etc. He- 
"mos tenido heridos al Subteniente Daboura y un sol- 
idado e igual número el enemigo. A pesar de esta venta- 
"ja que parece lo ha allanado todo, creo aún muy difí- 
"cil tomar a La Grita porque estoy seguro de que el co- 
mandante Correa ha sido reforzado considerablemen- 
te". (9) 

Basta la lectura de este parte para evidenciar que 
las dificultades de la operación no eran excesivas y, era 
efecto, dos días después, el 13 de Mayo, Castillo se apo- 
deraba de La Grita y Bailadores y el Jefe español Co- 
rrea se retiraba a Mérida. El peligro de la concentra- 
ción subsistía siempre, pues la marcha de Correa tendía 
a cerrar un triángulo cuyos vértices eran Trujillo, Ba- 
riñas y Mérida y en su sector era fácil agrupar las fuer- 
zas, de Cañas, de Tizcar y de Correa mismo para opo- 
ner al avance patriota un contingente de 2.500 hombres. 

En estos momentos dif íciles Castillo reunía un con- 
sejo de oficiales en el cual se acordaba protestar ante el 
Congreso de La Unión del inútil sacrificio de las fuer- 
zas granadinas si avanzaban más allá de Mérida bajo- 
la dirección temeraria de Bolívar. Concluía el conseja 
pidiendo como Jefe al General colombiano Baraya y 
el propio Castillo anunciaba su renuncia fundado en que 
"la reconquista de Venezuela, de un modo que choca- 
"ba con sus principios políticos y aún morales y el con- 
ducirle como un instrumento de la ruina indefectible 
"de las pocas fuerzas de Nueva Granada y, por consi- 



(9) O'Leary. — Documento 44. Tomo XIII, página 19L. 



150 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



""guíente, de su libertad, le prescribía sufrir primero la 
'"muerte que soportar tamaño sacrificio". 

De hecho abandonaba el mando de las fuerzas que 
había conducido victoriosamente a La Grita y las con- 
fiaba al sargento mayor Manuel Ricaurte, que rehusó 
la comisión por solidaridad con Castillo, recayendo, fi- 
nalmente, la jefatura en el sargento mayór Francisco 
de Paula Santander. 

Esta actitud de los jefes estimulaba la indiscipli- 
na de las tropas y Bolívar se vio obligado a trasladarse 
personalmente a La Grita donde fué recibido, según 
cuenta O'Leary, (10) por el flamante jefe con la tro- 
pa formada en actitud sospechosa. Como Santander no 
aceptara la orden de marcha, Bolívar le increpó dura- 
mente: "no hay alternativa, o usted me fusila o positi- 
vamente le fusilo yo a usted'' . Y la división marchó sin 
Santander, a quien reemplazó el comandante Urdaneta, 
el mismo que en estas dificultades escribía a Bolívar: 
(( General, si con dos hombres basta para emancipar la 
Patria, pronto estoy para acompañarle a usted". 



. - vi . ■ 

Resueltos estos gravísimos tropiezos el 17 de Ma- 
yo, sólo nueve días después de recibir en Cúcuta las ins- 
trucciones del Congreso, Bolívar marchaba desde La 
Grita a/ Mérida en persecución de Correa, resuelto a 
aniquilarlo y, en todo caso, a posesionarse de esa región 



(10) O'Leary. — Narración. Página 123. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 151 

que simpatizaba con los revolucionarios y en la cual le 
sería posible organizar nuevos contingentes o, por lo 
menos, mejorar los de que disponía. 

Sin elementos adecuados, la movilización era di- 
fícil y el General en Jefe se vió obligado a despachar, 
sucesivamente, la descubierta, el centro y la retaguardia 
de su ejército con los recursos indispensables, sirviendo 
él y su Estado Mayor de escolta a este grupo, mientras 
la reserva y el parque se organizaban en La Grita bajo 
la dirección del Coronel Ribas. La marcha en esta for- 
ma no era peligrosa, pues se obraba en terreno amigo 
y Mérida esperaba con ansia a la columna libertadora. 
El jefe español Correa, en vista de la actitud de los me- 
rideños, había resuelto retirarse hacia Betijoque por el 
Occidente de los Andes, buscando un contacto con las 
fuerzas estacionadas en Carache. Este era un gravísimo 
error del desalentado Jefe realista; su marcha estaba 1 
indicada por el lado oriental de la Cordillera, lo que le 
permitía llamar en su auxilio, a la vez, a las guarnicio- 
nes de Carache y de Barinas. 

Al llegar a Mérida, el 23 de Mayo de 1813, encon- 
tró Bolívar un servicio de informaciones ya establecido 
por el subdito español Vicente Campo Elias, adicto a la 
causa independiente, que obraba de acuerdo con las au- 
toridades que fueron de la primera república venezola- 
na. (1) Los previsores merideños habían hecho aún 
más: desde las primeras noticias de la llegada de Bo- 
lívar, destacaron una avanzada de 80 hombres al lugar 
de Las Piedras, a fin de vigilar los movimientos de las 
tropas realistas de Barinas. 



(11) O'Leary. — Memorias. Documento 67, tomo XIII, 
página 225. 



t 



1 52 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 

Sabedor Bolívar de la falsa situación de Correa 7 
del pobre estado moral de sus tropas, desde el subsi- 
guiente día de su llegada a Mérida despacha en su perse- 
cución al Capitán Hermógenes Maza a la descubierta, al 
Capitán Francisco Yépez de avanzada y con el grueso 
de las fuerzas al Capitán José María Ricaurte (12). Las 
órdenes eran terminantes : perseguir a Correa y anona- 
darlo y, si esto no era posible, obligarle a embarcarse err 
la laguna de Maracaibo. No descuidaba el General los 
peligros de una concentración de Correa con los ban- 
didos de Carache, como él llamaba las fuerzas del ca- 
pitán Cañas, y para distraerlas, mandaba por el camino 
de Las Piedras un destacamento comandado por el ca- 
pitán Gogorza. 

Agrupa toda esta expedición a las órdenes del te- 
niente coronel Atanasio Girardot que estaba autorizado 
para obrar con libertad, arreglando su conducta al im- 
perio de las circunstancias y tomando todas las medidas 
convenientes para gobernar los pueblos que liberten 
nuestras armas, según lo establece el nombramiento de 
este jefe expedido por Bolívar el 31 de Mayo. Tres 
días después, se producía un primer contacto con el ene- 
migo en Escuque; Correa, que estaba en Ponemesa„ 
abandonaba sus posiciones y se embarcaba en el puerto 
de Moporo con dirección a Maracaibo. 

Se había destruido un primer núcleo de las re- 
sistencias escalonadas por Monteverde y la vanguardia 
triunfante iba a ocupar el pueblo de Trujillo abandona- 
do por Cañas que se situada en Carache. 

Tres semanas escasas permaneció Bolívar en Mé- 
rida y durante ellas organizó el gobierno de acuerdo 

(I2) O'Leary. — Memorias. — Tomo XIII, Documentos 
79-80-81-82-83, páginas 242 y siguientes. 



IvAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



153 



con las instrucciones del Congreso granadino y sin ol- 
vidar sus propios ideales ni las necesidades de la cam- 
paña. Eligió como jefe de la provincia al ciudadano 
Cristóbal de Mendoza, antiguo miembro del gobierno 
federal de Venezuela, quien recibió su investidura del 
cuerpo Municipal, bajo la protección del Congreso de 
La Unión, esperando el restablecimiento del Gobierno 
de su propio país. Mendoza tomaba el título de Gober- 
nador y se declaraba que, "en lo relativo a la guerra, 
recibiría las órdenes directas del General en Jefe como 
emanadas de la autoridad soberana". (13) De este mo- 
do se contemplaban los intereses del Gobierno Federa- 
lista sin olvidar la centralización que requerían las ope- 
raciones militares. 

La población merideña recibió a Bolívar con jú- 
bilo y le probó con hechos sus adhesiones; un nuevo 
contingente de 400 infantes, a las órdenes de Vicente 
Campo Elias, y 200 jinetes comandados por Francisco 
Ponce se incorporaba al ejército patriota. 

El 10 de Junio, dejando a Ribas a cargo de la re- 
taguardia en Mérida, partió Bolívar a Trujillo,' ocu- 
pado ya desde la víspera por la Brigada de Girardot, 
En cumplimiento de sus instrucciones, el vencedor de 
Correa procuró restablecer en el Gobierno a los que 
fueran elegidos durante la primera república venezola- 
na; mas, como se hallaran dispersos o prisioneros, lla- 
mó un Cabildo abierto para hacer la elección de una jun- 
ta en esta forma de votación popular que era el máximo 
de la aplicación democrática en aquellos años. 

El 14 de Junio, entraba Bolívar en Trujillo y era 
objeto de las mismas cordiales manifestaciones de ad- 
hesión que se le tributaron en Mérida. El programa mí- 



(13) Blanco y Azpurúa.— Doc. 80 h Tomo IV, pág. 577. 



154 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



nimo del Congreso de Tunja estaba realizado casi en su 
totalidad, faltando tan sólo apoderarse de las fuerzas del 
Capitán Cañas que huían hacia el Norte para unirse a la 
guarnición de Barquisimeto. Bolívar no dudó del éxito 
de esta captura confiada al denonado Girardot y dióse 
por entero a las organizaciones de la nueva campaña 
cuyo objetivo era apoderarse de Caracas. 

A la intensa labor intelectual que exigían la orde- 
nación del ejército y el problema estratégico mismo, se 
agregaba la inmensa preocupación moral que agobiaba 
el corazón de Bolívar en aquellos días en que asaltaban 
su conciencia los sentimientos humanitarios en contra- 
dicción con las prescripciones de su responsabilidad co- 
mo generador de la Independencia de su Patria; la 
piedad con el vencido era el grito dé su alma superior de 
hombre que estaba sobre los demás, la represalia enér- 
gica era la inspiración del jefe que sentía que todo ges- 
to de perdón sería interpretado como debilidad sin ex- 
cusa por los adictos a una causa que, defendiendo la li- 
bertad de su patria, también pretendían vengar las 
afrentas recibidas personalmente o en las personas y bie- 
nes, de los suyos. 

Fueron, sin duda, esas noches de Mérida y Trujillo 
las más amargas de la vida de Bolívar ; de sus medita- 
ciones iba a resultar el rasgo eminente de su fisonomía 
histórica: aceptaba la imposición de la responsabilidad 
que estaba ligada a la causa de su pueblo y repudiaba 
el dictado simplemente personal; salvaría a su nación, 
aun a trueque de su propia honra y dé las sombras que 
sobre su gloria pudieran proyectar los juicios de la pos- 
teridad ; no tendría piedad, que era una satisfacción pa- 
ra él; iría a las represalias que eran la aspiración del 
pueblo humillado que combatía por la libertad. 



hAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



155 



VII 

El 31 de Mayo de 1813, al nombrar a Girardot pa- 
ra jefe de la vanguardia, Bolívar le dio instrucciones 
precisas sobre la manera de conducirse con las tropas 
realistas y con los pueblos conquistados que debía tra- 
tar con benignidad, sin olvidar las represiones de la 
contra revolución. 

El jefe de> vanguardia, en su proclama a los truji- 
llanos el 10 de Junio, les dice: "a nombre del General 
"en Jefe y del soberano gobierno de la Nueva Grana- 
. "da, ofrezco inculto y garantía a todos los soldados dis- 
persos, del ya exterminado ejército de Correa y a los 
"que se presenten con su fusil, bayoneta y fortnitura la 
"gratificación de cuatro pesos". (14) 

Mientras esta promesa hacía Girardot en nombre 
de su jefe, Bolívar expedía desde su cuartel general de 
Mérida una terrible proclama que señalaba el término 
de las vacilaciones de su alma. (15) "Valerosos meride- 
"ños, decía el 8 de Junio, los verdugos que se titulan 
"nuestros enemigos han violado el derecho de gentes y 
"de las naciones en Quito, La Paz, México, Caracas y 
"recientemente en Popayán. Ellos sacrificaron en sus 
"mazmorras a nuestros virtuosos hermanos en las ciu- 
dades de Quito y La Paz, degollaron a millares de 
''nuestros prisioneros en México, sepultaron vivos en 
"las bóvedas de Puerto Cabello y de La Guaira a nues- 
tros , padres, hijos y* amigos de Venezuela, han inmo- 

(14) O'Leary. — Memorias. Tomo XIII, Doc. 46, pági- 
na 248. 

(15) Blanco y Azpurúa. — Tomo IV. Doc. 829, pági- 
♦ -na 620. 



156 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"lado al Presidente y Comandante de Popayán con to- 
ados sus compañeros de infortunio, y últimamente \ oh 
"Dios ! casi a presencia de nosotros han hecho una es- 
pantosa carnicería en Barinas de nuestros prisioneros 
"de guerra y de nuestros pacíficos compatriotas de aque- 
lla capital. Mas estas víctimas serán vengadas, estos 
"verdugos serán exterminados. Nuestra bondad se ago- 
"tó ya y, puesto que nuestros opresores nos fuerzan a 
"una guerra mortal, ellos desaparecerán de América y 
"nuestra tierra será purgada de los monstruos que la. 
"infestan. Nuestro odio será implacable y la guerra se- 
"rá a muerte". 

Los hechos citados por Bolívar eran exactos y Ios- 
patriotas no habían olvidado ni las cabezas expuestas 
de los diez compañeros de Miranda que desembarcaron 
en Ocumare en 1806, ni el saqueo de Carora por fuer- 
zas de Monteverde, ni las atrocidades de Antoñanzas en 
San Juan de los Morros al expirar la primera Repúbli- 
ca, ni los crímenes de los negros sublevados a instancias 
de los realistas, ni las inauditas crueldades que siguie- 
ron a las capitulaciones de San Mateo violadas por Mon^ 
teverde. 

El cruel Francisco Cervériz, ayudante del capitán 
general, en los precisos días en que Bolívar vacilaba an- 
te la declaración de guerra a muerte, escribía a su jefe 
desde Río Caribe: "V. S. no debe ignorar que los suce- 
sos de Maturín han encendido un fuego terrible en la 
"provincia y así no hay más que no dejar con vida a 
"ninguno de estos infames criollos que fomentan estas 
"disenciones". (16) 

El subalterno no hacía sino abundar en las ideas 

(16) Blanco y Azpurúa. — Tomo IV, Doc. 833, pági- 
na 625. 



IvAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



157 



<le su jefe, el usurpador de la capitanía general de Ve- 
nezuela, que sostenía en un informe a la Regencia Es- 
pañola que, "si bien Coro, Maracaibo y Guayana mere- 
"cían estar bajo *el imperio de la constitución, Caracas 
u y las demás provincias debían ser tratadas por la ley 
"de la conquista, es decir por la dureza y obrar según 
"las circunstancias'. (17) 

ha ley de la conquista se aplicaba mediante la pri- 
sión arbitraria, la confiscación de bienes, el asesinato de 
ancianos, mujeres y niños y el incendio de los pueblos; 
era el régimen del terror en que la voluntad de un hom- 
bre reemplazaba al tribunal, el machete a la guillotina 
y en el cual las víctimas expiraban en el silencio de las 
selvas tropicales y nó, como en París, ante el pueblo que 
por lo menos sancionaba con su presencia las iniquida- 
des de mandatarios de ocasiones. 

El jefe realista Toribio Montes había proclamado 
lg, guerra a muerte ya en Diciembre de 1812, cuando 
desde Quito escribía a sus oficiales que obraban sobre 
Popayán: "El Presidente de la Junta de Popayán y el 
"inglés-americano Macaulay merecen pasarlos por las 
"armas, y que se ejecute desde luego, quintando a los 
"oficiales prisioneros y diezmado a los soldados para 
"que sufran la misma suerte, verificando a presencia de 
"los que queden libres, a quienes se permitirá regresar 
"a su patria, apercibidos de que si vuelven a tomar las 
"armas se les quitará la vida. Por este medio se evitará 
"la peste que entre ellos se ha extendido y la tropa de 
"ese ejército no tendrá necesidad de ocuparse de su cus- 
todia, además del gasto de su manutención". (18) 

(17) Blanco y Azpurúa.—Tomo IV. Doc. 832, página 623. 

(18) Blanco y Azpurúa. — Tomo IV. Doc. 835, pági- 
na 627. 



158 francisco rivas vicuña 

/ 

Un fogoso venezolano, miembro del Congreso Cons- 
tituyente de 1811, juró vengar tanta ignominia y orga- 
nizó una expedición en Cartagena con el objeto de ex- 
terminar a los españoles y canarios, ofreciendo repartir 
el botín entre los oficiales, la tropa y el Estado y prome- 
tiendo grados en sus filas, según el número de cabezas 
presentadas; Bolívar desaprobó tan descabellado pro- 
yecto que, sin embargo, puso en práctica el titulado cor 
mandante Antonio Nicolás Briceño. En una primera ex- 
cursión, logró matar a dos españoles, cuyas cabezas en- 
vió a Bolívar y al Coronel Castillo, y luégo prosiguió 
su marcha a Guasdualito, que era el cuartel general rea- 
lista de Yañez. Las desordenadas patrullas de Briceño 
fueron exterminadas, pudiendo huir sólo 5 oficiales y 
clases y 7 soldados; el propio comandante de la mon- 
tonera y 7 de los suyos fueron apresados y conducidos a 
Barinas, al campamento de Tizcar. 

Estos sucesos, que acaecieron el 8 de Mayo, fue- 
ron conocidos por Bolívar en Mérida a fines del mismo- 
mes y los comunicaba al Congreso granadino, con la. 
censura que merecía la torpeza de Briceño, y trazando^ 
una línea divisoria entre la conducta de este montonero* 
y sus propios procedimientos. 

"V. E. verá, dice Bolívar, que la inobediencia- de» 
"este intruso militar lo ha conducido a su ruina y qui- 
"zá a su muerte, arrastrando tras sí a todos los impru- 
dentes y desgraciados que tuvieron la mala suerte de* 
"seguirlo a una expedición desesperada, sin armas de; 
"fuego, sin municiones, sin cartuchos y aún sin valor,, 
"pues la acción se ha decidido vergonzosamente por la*, 
"muerte de un solo caballo. El enemigo podría tomar 
"aliento con este inesperado suceso, pero como debe ha- 
"ber tomado declaración a los prisioneros, que habrám 



I,AS GUERRAS DE BOLÍVAR 



159 



"dicho que aquel pequeño destacamento no pertenece a. 
"nuestro ejército, y marchaba sin orden, ni pertrechos, 
"como una partida de bandidos que tienen sólo por obje- 
to el pillaje, se habrá desengañado que las tropas de 
"La Unión marchan y combaten con más orden y más: 
"valor". (19) 

A la fecha de esta carta, que coincide con la del 
pliego de instrucciones de Girardot, que antes recorda- 
mos, Bolívar no pensaba en la guerra a muerte cuya 
declaración se impuso después en su ánimo como una 
necesidad evidente, ineludible, imperiosa, a fin de man- 
tener la cohesión de su ejército que, conocedor ya por 
•las personas que venían de Oriente de las crueldades 
cometidas por los secuaces de Monteverde, clamaba ven- 
ganza y se adhería más en torno de esta bandera que 
del pendón mismo de la Patria ; la represalia era una im- 
presión clarísima en los corazones de la hueste boliva- 
riana, la Patria era todavía una idea confusa y, en aque- 
llas almas casi primitivas, el primero de estos sentimien- 
tos absorvía al segundo de tal modo que hablarles de 
perdón y benignidad en nombre de la Patria habría sido 
apartarles definitivamente de las adhesiones de una cau- 
sa cuyo alcance comprendían únicamente los jefes y ofi- 
ciales del ejército invasor. 

Los ánimos se exaltaban y la indignación llegó ai 
paroxismo al conocerse el fusilamiento ordenado por 
Tizcar de Briceño y sus compañeros en las prisiones de 
Barinas, represalia excusable si se quiere, pero a la cual 
agregó el Jefe español la sangre inocente de inofensi- 
vos vecinos a quienes se condenó por simples sospechas,. 



(19) O'Leary. — Memorias. Tomo XIII. Doc. 73, pági- 
na 236. 



160 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



por odios personales tal vez, sin tener la menor prueba 
de su complicidad en la temeraria empresa de Briceño. 

Este sacrificio de los civiles, unido a las gravísi- 
mas responsabilidades que nacían del descontento de un 
ejército que sentía a su jefe inferior en energías al ge- 
neral enemigo, decidieron a Bolívar a proclamar la gue- 
rra a muerte en su cuartel, de Trujillo, el 15 de Junio 
de 1813. 

" Venezolanos, dice la sangrienta proclama, un ejér- 
"cito de hermanos enviado por el Soberano Congreso de 
"la Nueva Granada ha venido a libertaros, ya lo tenéis 
"en medio de vosotros, después de haber expulsado a los 
"opresores de las provincias de Mérida y Trujillo. 

"Nosotros somos enviados a destruir a los españo- 
lóles, a proteger a los americanos, y restablecer los Go- 
biernos republicanos que formaban la Confederación 
"de Venezuela. 

"Los Estados que cubren nuestras armas, están re- 
"gidos nuevamente por sus antiguas Constituciones y 
"magistrados, gozando plenamente de au libertad e in- 
dependencia, porque nuestra misión sólo se dirige a 
"romper las cadenas de la servidumbre que agobian to- 
davía a algunos de nuestros pueblos ; sin pretender dar 
"leyes, ni ejercer actos de dominio a que el derecho de 
"la guerra podría autorizarnos. 

"Tocados de vuestros infortunios, no hemos podido 
"ver con indiferencia las aflicciones que os hacían ex- 
perimentar los bárbaros españoles que os han aniquila- 
do con la rapiña y os han destruido con la muerte : que 
"han violado los derechos sagrados de las gentes : que 
"han infringido las capitulaciones y los tratados más so- 
lemnes ; y en fin, han cometido todos los crímenes, re- 
duciendo la República de Venezuela a la más espanto- 



f 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 161 

"sa desolación. Así, pues, la justicia exige la vindicta, 
"y la necesidad nos obliga a tomarla. Que desaparez- 
can para siempre del suelo colombiano los monstruos 
"que lo infestan y han cubierto de sangre : que su es- 
"carnamiento sea igual a la enormidad dV su perfidia, 
"para lavar de este modo la mancha de nuestra igno- 
"minia, y mostrar a las naciones del universo que no se 
"ofende impunemente a los hijos de la América. 

, "A pesar de nuestros justos resentimientos contra 
"los inicuos españoles, nuestro magnánimo corazón se 
"digna aun abrirles, por la última vez; una vía a la con- 
ciliación y a la amistad. 

"Todavía se les invita a vivir entre nosotros pací- 
"ficamente, si detestando sus crímenes y convirtiéndose 
"de buena fe, cooperan con nosotros a la destrucción del 
"gobierno intruso de la España y al restablecimiento de 
"la República de Venezuela. 

"Todo español que conspire contra la tiranía en 
"favor de la justa causa, por los medios más activos y 
"eficaces, será tenido por enemigo, y castigado como 
"traidor a la patria, y por consecuencia será irremisi- 
blemente pasado por las armas. Por el contrario, se 
"concede un indulto general y absoluto a los que pasen 
"a nuestro ejército, con sus armas, o sin ellas : a los que 
"presten sus auxilios a los buenos ciudadanos que están 
"esforzando por sacudir el yugo de la tiranía. Se con- 
# "servarán en sus empleos y destinos a los oficiales ele 
"guerra y magistrados civiles que proclaman el Gobier- 
"no de Venezuela, y se unan a nosotros ; en una palabra, 
"los españoles eme hagan señalados servicios al Estado, 
"serán reputados y tratados como americanos. 

"Y vosotros, americanos, que el error o la perfidia 
"os ha extraviado de la senda de la justicia, sabed: que 

i 11 : J 



162 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"vuestros hermanos os perdonan y lamentan sincéra- 
"mente vuestros descarríos, en la íntima persuación de- 
sque vosotros no podéis ser culpables, y que sólo la ce- 
guedad e ignorancia en que os han tenido hasta el pré- 
nsente los autores de vuestros crímenes, han podido in- 
duciros a ellos. No temáis la espada que viene a ven- 
daros, y a cortar los lazos ignominiosos con que os li- 
"gan a su suerte vuestros verdugos. Contad con una in- 
munidad absoluta en vuestro honor, vida y propieda- 
des : el sólo título de americanos será vuestra garan- 
tía y salvaguardia. Nuestras armas han venido a pro- 
tegeros, y no se emplearán jamás contra uno solo de 
"nuestros hermanos. 

"Esta amnistía se extiende hasta a los mismos trai- 
dores que más recientemente hayan cometido actos de 
"felonía, y será tan religiosamente cumplida, que nin- 
"guna razón, causa o pretexto, será suficiente para obli- 
garnos a quebrantar nuestra oferta, por grandes y ex- 
v "traordinarios que sean los motivos que déis para exci- 

tar nuestra animadversión. 

"Españoles y canarios, contad con la muerte, aun 
"siendo indiferentes, si no obráis activamente en obse- 
"quio de la libertad de la América. Americanos, contad 
"con la vida, aun cuando seáis culpables". (20) 

Paso más grave no ha sido dado jamás por general 
alguno y confesamos que se requiere la mayor sereni- 
dad de espíritu para juzgar este documento que no sería 
sino el cartel de desafío de un hombre fuera del orden 
social, si no hubiera sido dictado por la necesidad de- 
asegurar los elementos para la independencia de una na- 
ción que era la llave de la emancipación de todas las co- 



(20) O'Leary.—Tomo XIII. Doc. 88, página 251. 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



163 



lonias españolas. La guerra g, muerte fué iniciada por los 
aventureros peninsulares que, en horas turbias para su 
patria, se habían adueñado de las colonias y buscaban tari 
sólo riquezas y ascensos; la declaración de Trujillo no 
es, así, sino la consagración de las represalias indispen- 
sables para la seguridad misma de la causa. Un ilustre 
escritor venezolano, Gil Fortoul, critica con sentida 
amargura esta decisión de Bolívar, pues no comprende 
"que un patricio de vasta ilustración política, como dk 
"doctor Briceño, se acordara únicamente de imitar ef 
"heroísmo bárbaro de su antepasado el conquistador don: 
"Sancho, cual si durasen aún las guerras de rasa a raza,' 
"que ensangrentaron el siglo XVI ; que otro patricio de k 
"refinada cultura como Bolívar, educado en las capitales 
"europeas, olvidase que descendía de aquel primer Don 
"Simón de Bolívar, tan hidalgo por la sangre como por" 
"su alto entendimiento ; que hombres nacidos en limpia 
"y noble cuna como José Félix Ribas, Rafael Urdane- 
"ta, Santiago Mariño, Juan Bautista Arismendi y tán- 
"tos más se contagiaran en seguida de la pasión vandá- 
lica de un Tizcar o un Cervériz, es cosa que acusa un. 
"descarrío mental apenas comprensible. Porque si ani- 
" quitar a los criollos entraba en el interesado propósito' 
u de los jefes españoles, fundar la patria y acrecerla en 
'^población y riqueza era el objetivo de los jefes vene- 
" solanos. Al equipararse estos en salvajismos con aque- 
stos, no hicieron más que retardar el triunfo definitiva 
"déla Independencia". (21) 

Bajo el aspecto sentimental, esta censura es intacha- 
ble; pero no nos sentimos inclinados a aceptarla en 
sus razones fundamentales y ésto en virtud de los mis- 

(2I) Fortoul. — Historia constitucional de Venezuela. Ca- 
pítulo VIL 



164 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



mos principios en que ella descansa. La guerra de la 
emancipación venezolana tiene dos aspectos bien distirií- 
tos : es una contienda internacional y es también una lu- 
cha de razas, lucha tripartita, si se nos permite la expre- 
sión, pues ella se trababa entre los españoles nacidos en 
la Península y en las Islas y los criollos de raza pura o 
casi pura, perfectamente diferenciados de aquellos en 
cuanto al carácter, la educación y los intereses, siendo el 
tercer elemento las poblaciones mestizas *en diversos gra- 
dos cuya adhesión o cuya obediencia, si se quiere, se dis- 
putaban ambos bandos, sin que tuviera marcada prefe- 
rencia por uno ni por otro, pues los mismos elementos 
militaban ya bajo la enseña de Castilla, ya bajo el trico- 
lor de la República. 

Como fuerza, era muy superior la pasión de la masa 
combatiente a las directivas puramente intelectuales de 
los jefes que se veían obligados a llevar sueltas las rien- 
das, a fin de que no se encabritara el potro mal domado, 
y, en este orden de ideas, es justo hacer el elogio de los 
jefes patriotas que no accedieron a las peticiones de re- 
presalia sino cuando ellas se hicieron indispensables, 
mientras que los oficiales españoles erigieron las perse- 
cusiones en sistema que trajo como consecuencia inevita- 
ble la dolorosa declaración de Bolívar. 

Fué, pues, la lucha de razas estimulada por los pe- 
ninsulares la causa real y positiva, el origen social de la 
guerra a muerte. Por otra parte, si, como lo dice el señor 
Gil Fortoul, el aniquilamiento de los criollos'era el pro- 
pósito interesado de los jefes españoles, es evidente que, 
militarmente, no podía lucharse sino con armas iguales 
y en este sentido la valiente declaración bolivariana de- 
bió ser un llamado a la conciencia de los jefes realistas 
para volver a los procedimientos humanos en la perse- 



LAS GUERRAS PE BOLÍVAR 



165 



cución de esa dolorosa enfermedad orgánica de los pue- 
blos que se llama la guerra. 

Así como la elevada antena de una estación radio- 
telegráfica recoge las vibraciones que vienen de todas 
partes, así los hombres colocados en las cúspides de los 
pueblos reciben, como a pesar suyo, las impresiones de; 
la opinión y sus actos suelen ser gestos fatales que se 
sobreponen a las propias orientaciones. No dudamos que 
esos nobilísimos caudillos de la emancipación venezola- 
na sentían todas las repugnancias de la guerra a muerte- 
y, si la decretaron y la cumplieron, fué porque a ello 
les obligó la lucha de razas que se sumaba a la campaña 
internacional y, también, porque no era posible vencer 
sin armas iguales a las que empleaba el enemigo. Ai gas 
asfixiante y al Zeppelin germánico fué preciso oponer^ 
en la reciente guerra mundial, el dardo de fuego y los 
aviones de los aliados. 

Empero, el alma misma de aquellos hombres sale 
limpia de este horno ardiente y el propio Bolívar se 
muestra en breve dispuesto a la clemencia al exepedir 
la siguiente proclama en su cuartel general de San Car- 
los. 

"Conducidas nuestras armas libertadoras por el Sér 
"Omnipotente que protege la causa de la justicia y de la 
"naturaleza, hemos libertado todas las provincias de Oc- 
cidente, batiendo cuatro ejércitos, que en número de 
"seis mil hombres, oprimían a Mérida, Trujillo, Barinas 
"y los pueblos internos de Caracas. 

"Nuestro ejército de Oriente ha dado la libertad a 
"Cumaná, Barcelona y a todos los Llanos hasta Calabo- 
zo. No resta, pues, al imperio de los tiranos más que 
"el pequeño territorio comprendido entre Valencia y Ca- 
"racas, que ellos oprimen con extrema crueldad ; pero 



166 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



*"que está cubierto de millares de patriotas que conocen 
''sus derechos, saben defenderlos y morirán, si es pre- 
ciso, por la gloria de salvar a su patria. 

"Un puñado de españoles y canarios pretende con 
•"demencia detener el veloz carro de nuestras victorias, 
"guiado por la fortuna y sostenido por el valor divino 
"de nuestros soldados granadinos y venezolanos. Las 
"bandas enemigas desaparecen delante de nosotros, aun 
"antes de presentarnos, porque temen una espada exter- 
"minadora, que la justicia del cielo há puesto en nuestras 
"manos para vengar la humanidad, que. tan vilipendio- 
samente ha sido escarnecida en el suelo americano. 

"Nuestra benignidad, sin embargo, os convida nue- 
vamente, españoles y canarios, a gozar de la felicidad 
"de existir entre nosotros en paz y armonía: abando- 
nad estas tristes reliquias del partido de bandidos que 
"infestaron a Venezuela, acaudillados por el pérfido 
*"Monteverde, que os ha puesto en la crítica y desespe- 
rada situación de morir en el campo o en los cadalsos, 
"perdiendo vuestras familias, vuestros hogares y vues- 
tras propiedades. 

"Si queréis vivir, no os queda otro recurso que pa- 
usaros a nuestros ejércitos, o conspirar directa o indirec- 
tamente 'contra el intruso e inicuo Gobierno español; 
■"pero si permanecéis en la indiferencia sin tomar parte 
""en el restablecimiento de la República de Venezuela, 
" seréis privados de vuestras propiedades ; y sabed que 
^cuantos españoles sirvan en las armas, y sean prisione- 
ros en el campo de batalla, serán sin remisión conde- 
uñados a muerte. 

"Confiad en nuestras ofertas liberales, y temed 
"nuestras amenazas, pues ellas son infalibles. Todos los 
"españoles y canarios que se han presentado en nuestro 



I<AS GUERRAS DE BOLÍVAR 



167 



""ejército, han sido conservados en sus destinos, y son 
"tratados como americanos, asegurándoos qué son díg- 
anos de este título, y se portan con el valor y lealtad 
"que caracterizan a los hijos de Colombia. Del mismo 
"modo, han sido recibidos con amistad y clemencia todos 
"aquellos españoles, que han probado no ser desafectos 
"a nuestro sistema, y se han mantenido en inacción 
""mientras los tiranos perseguían con el oprobio y la 
"muerte a los inocentes americanos. 

"Nuestras huestes no han menester de vuestros 
"auxilios para triunfar; pero nuestra humanidad nece- 
sita de ejercerse en favor de los hombres, aun siendo 
"españoles, si resisten a derramar la sangre humana, que 
"tan dolorosamente nos vemos obligados a verter al pié 
"del árbol de la libertad. 

"Por la última vez, españoles y canarios, oid la voz 
"de la justicia y de la clemencia. Si preferís nuestra 
"causa a la de los tiranos, seréis perdonados y disfru- 
taréis de vuestros bienes, vidas y honor; y si persis- 
tís en ser nuestros enemigos, alejaos de nuestro país, 
""o preparaos a morir". (22) 

Con actos y no con palabras interpretaría el Gene- 
ral Bolívar el verdadero alcance del decreto de Truji- 
Uo, que no era sino la aceptación del reto que venía de 
los subalternos españoles y que Monteverde legalizaba 
el 15 de Marzo del año 13, exhibiendo a sus contendores 
de Caracas la resolución del ministerio real en que se 
aprobaba su programa de exterminio, cuatro meses an- 
tes de la declaración de guerra a muerte. (23) El jefe 
vencedor no consentiría sino en las aplicaciones míni- 



(22) Blanco y Azpurúa.-— Doc. 838, página 632. 

(23) Baralt y Díaz. Pág. II4. Edición de I84I. 



168 



francisco rivas vicuña 



mas de una orden que había dictado con acuerdo uná- 
nime de sus oficiales, circunstancia que se ha complacida 
en establecer el historiador de San Martín. 

Al referirse a la entrada de Bolívar en Caracas, 
dice el ilustre don Bartolomé Mitre : "el triunfador me- 
"recia esta ovación a doble título: había. vencido y no 
"manchó su victoria con ninguna venganza. A pesar de 
"la sentencia de muerte que pesaba sobre las cabezas de 
"los españoles y que sólo había ejecutado hasta enton- 
ces en los prisioneros tomados con las armas en la mano* 
"en el campo de batalla, no usó de su tremenda facultad 
"y se limitó a retenerlos presos, secuestrando sus bienes. 
"Las prisiones de los cautivos patriotas se abrieron. Los 
"vencidos quedaron amparados por el contento General,, 
"según el testimonio de uno de los más acervos enemi- 
gos del triunfador". (24) 

En diferentes ocasiones, a raíz de sus éxitos en la 
campaña, invitará Bolívar a los jefes españoles a miti- 
gar las consecuencias de una guerra que ellos iniciaron 
en los hechos y que él ratificó únicamente, encontrán- 
doles siempre sordos a sus peticiones de clemencia. 

La guerra a muerte fué de hondas influencias en la 
lucha emancipadora; de terribles resultados que hasta 
hoy pesara sobre la noble nación venezolana ; cabe exa- 
minar qué habría sucedido si la contienda titánica no se 
hubiera desenvuelto en esta forma. 

A nuestro juicio, dadas las influencias de la Igle- 
sia y los prestigios de la administración española, la 
reacción realista habría perdurado y la colonia de Costa 
Firme habría pasado a ser el centro inexpugnable del 
poderío español. Terminadas 4as guerras napoleónicas 

(24) Mitre. Historia de San Martín. Capítulo 38. Párra- 
fo XI. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



16? 



y firme España con el apoyo de la Santa Alianza, ha- 
bría constituido en Venezuela un núcleo vigoroso para 
aniquilar la independencia de Nueva Granada, mantener 
a la América Central y a México en el coloniaje y, por 
reflexión, hacer larga, cruel, ilusoria casi la lucha eman- 
cipadora de las Repúblicas del Sur. 

Venezuela y los países vecinos del Mar de las An- 
tillas habrían tenido la suerte de Cuba y Puerto Rico, 
retardando por un siglo su libertad, y la América Aus- 
tral se habría desangrado en un esfuerzo de medio siglo 
de sacrificios. Al holocausto ciel pueblo venezolano de- 
ben las naciones meridionales las relativas facilidades 
de sus campañas y la guerra a muerte en Venezuela li- 
brólas de idénticas miserias, permitiéndoles salvar sus- 
energías para su progreso. 

Basta esta consideración para excusar la guerra a 
muerte, como medida de política continental, y ella es 
razón para que las naciones meridionales se inclinen 
reverentes ante el pueblo generoso que aceptó el sacri- 
ficio y ante el hombre que asumió la responsabilidad 
enorme de que le redime la historia del conjunto de los 
ípaíses libres nacidos de las colonias Hispano- Ameri- 
canas. 



VIII 



Al meditar en estas graves responsabilidades, Bolí- 
var no olvidaba la campaña misma y, deseoso de domi- 
nar la región andina, había despachado a Girardot hacia 
Carache para destruir la división del capitán Cañas. Este 



170 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



jefe español, ábandonando su primer refugio, se retira- 
ba a Barquisimeto ; el activo jefe de la vanguardia pa- 
triota le alcanzó la noche del 17 de Junio en el sitio de 
Pozo Seco del cual huyó, temeroso de una derrota que 
no podría evitar, pues al día siguiente Girardot destro- 
zaba sus columnas en Agua de Obispos, tomándole casi 
todo su material de guerra y haciendo prisioneros a la 
cuarta parte de los soldados españoles. (25) 

El 21 de Junio, Bolívar recibía triunfalmente a 
Girardot en Trujillo y daba los primeros pasos efecti- 
vos para su expedición sobre la provincia de Barinas, 
cuya conquista deseaba agregar a la de Mérida y Tru- 
jillo para la que estaba únicamente autorizado por el 
Congreso de la Unión. 

No había descuidado el General en Jefe preparar 
los ánimos de los amigos colombianos para esta campa- 
ña que juzgaba indispensable como seguridad del terri- 
torio granadino y como punto de apoyo para saltar so- 
bre Caracas. Ya desde su campamento de Cúcuta, el 
12 de Mayo, decía al Congreso : "como el ciudadano 
"Nicolás Briceño se fué hacia Guasdualito, y puede ir 
"a cometer mil violencias y depredar el país sin prove- 
adlo del ejército, me parece muy conveniente enviar de 
"Mérida una expedición que vaya a ocupar a Barinas". 
(26). Doce días después, insiste sobre el mismo tema 
y se hace más explícito en carta del 24 de Mayo : "creo, 
"escribe al Presidente de la Unión, que si nuestros mo- 
limientos son rápidos, podemos conseguir en estos paí- 
"ses con qué sostener nuestro ejército hasta llegar a Ca- 



(25) OXeary. Tomo XIII. Doc. 106. Página 266. 
,(.26) OXeary.— Tomo XIII. Doc. 63, página 22. 



I,AS GUERRAS DE BOLÍVAR 



171 



"racas, después de haber pacificado las provincias de 
"'Mérida, Trujillo, Barinas y la misma Caracas". (27) 

Entre tanto, ultima los preparativos para su mar- 
cha que es, en la mente del General en Jefe, un ne- 
gocio ya decidido. El 23 de Junio, al siguiente día de 
recibir en Trujillo al vencedor de Carache, Bolívar es- 
cribe a los altos comisionados del Gobierno granadino : 
"si el enemigo no viene, como nos lo aseguran por todas 
"partes, pienso reunir todo el ejército en Guanare para 
"cortar de este modo la comunicación entre Caracas y 
"Barinas, proteger la deserción de esta última y la in- 
surrección de aquella provincia, sin dejar de aprove- 
char la ventaja que nos presenta el enemigo de atacar- 
le con suceso y acabar de una vez la guerra, que en 
"Barinas debe concluirse porque nuestra marcha a la 
"Capital será después un paseo militar". (28) 

El problema de aislamiento de las fuerzas españo- 
las iba encontrando soluciones acertadas y la que se pro- 
ponía obtener Bolívar, atacando por su retaguardia al 
destacamento de Tizcar en Barinas, demostraba el ati- 
nado juicio con que procedía para mover sus tropas den- 
tro de la red enemiga, sin dar paso alguno que no fuera 
previamente madurado y resuelto, en virtud de 'las in- 
formaciones que diariamente recogía. 

Partiría con la vanguardia a posesionarse de Gua- 
nare, punto de arranque para el ataque sobre Barinas, 
mientras la división de retaguardia, protegida por las 
montañas y descendiendo por el valle de Boconó, iría 
a reforzarle en el momento oportuno. 



(27) O'Leary.— Tomo XIII. Doc. 75, página 238. 

(28) O'Leary.— Tomo XIII. Doc. 109, página 271. 



172 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



El movimiento de las avanzadas no ofrecía peli- 
gros; pero la marcha de las reservas estaba expuesta a 
ser flanqueada por alguna columna española, destacada 
de Barinas, cuyo éxito habría cortado las comunicacio- 
nes entre Bolívar y José Félix Ribas que mandaba la 
retaguardia. 

En estas condiciones de duda, era preciso definir 
la situación, atrayendo al enemigo a un punto determi- 
nado. Bolívar envió, en consecuencia, al Coronel Ribas 
las siguientes instrucciones el día 16 de Junio : "ayer he 
"dirigido a V. S. una orden para que inmediatamente 
"se ponga en marcha hacia Las Piedras con todas sus 
"divisiones, trayendo consigo las municiones que hayán 
"llegado ya a esa capital (Mérida), dejando disposicio- 
nes para que se remitan las que vayan llegando pos- 
teriormente. El objeto de la marcha de V. S. por el 
"camino de Las Piedras es incorporarse con la vanguar- 
dia en Boconó, para marchar después hacia donde el 
"enemigo nos llame; pero V. S. deberá tomar lás más 
"activas medidas para que una partida de 100 hombres 
"de infantería marche ligeramente armada y con sólo 
"los cartuchos de sus cartucheras, hacia Barinitas a 11a- 
"mar la atención del enemigo por esa parte ; pero de 
"modo que no se comprometa una acción, pues esto no 
"es más que un ataque fingido. Esto deberá hacerse con 
"la mayor celeridad para que el cuerpo de retaguardia 
"pueda sostener la retirada de la partida y reunirse des- 
"pués como he dicho". (29) 

Las noticias de un posible avance español de Ba- 
rinas a Las Piedras se acentuaba cada día y Bolívar 
apresuraba la partida de Ribas desde Mérida y aun 



(29) O' Lea ry.— Tomo XIII. Doc. 104, página 265. 



XAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



173 



prepara a la vanguardia de Girardot en Trujillo para 
encerrar entre dos fuegos a la columna realista. A fin 
de no pisar terreno desconocido, destaca el 21 de Junio 
al Teniente Luis Martí hacia Boconó, que era el punto 
de asamblea, con una patrulla de caballería cuya misión 
era vigilar el camino de Guanare. (30) 

No arredran a Bolívar los tropiezos de toda suerte 
que encuentra la organización de la campaña ; necesita 
con urgencia caballos, muías y dinero y pide estos ele- 
mentos a las autoridades trujillanas que acuden en vano 
a la generosidad del pueblo. El General en Jefe se mues- 
tra airado, amenaza con tratar al Estado como país ene- 
migo y acepta la renuncia del Gobernador dándole "las 
gracias, a nombre de la Patria, por la actividad, celo 
y patriotismo con que ha procurado llenar las obliga- 
ciones que estaban a su cuidado, cuyo desempeño ha 
tenido la desgracia de que no salga a medida de su de- 
seo con la indolente apatía de sus conciudadanos"'. (31) 
Reemplaza al Gobernador Mendoza por Francisco Gui- 
llén y da mayor actividad a su movilización, encami- 
nándose, el 28 de Junio a Guanare con su vanguardia, 
salvo un destacamento de 50 hombres que, a las órdenes 
de Urdaneta, quedaba para escoltar al material de su 
Brigada, 

En la marcha, sorprendió Bolívar una columna rea- 
lista, en el sitio llamado Desembocadero, y sin tardarse 
más entraba el 1? de Julio a Guanare, en donde encon- 
tró existencias de tabacos y mercaderías que le asegu- 
raban una buena suma para llenar las vacías cajas del 
cuerpo expedicionario. En este cuartel recibió la noticia 



(30) O'Leary.— Tomo XIII. .Doc. 115, página 276. 

(31) O'Leary.— Tomo XIII. Doc. 118, página 278. 



174 



Francisco rivas vicuña 



del más brillante triunfo de las armas patriotas en la- 
campaña de invasión, la victoria de Niquitao que coro^ 
naba de laureles al Coronel Ribas. 

El jefe de la retaguardia, fiel a sus instrucciones, 
siguió su marcha a Boconó por Las Piedras y, al llegar 
a su destino con su pequeña columna de 300 hombres, 
se cruzó con Urdaneta que marchaba hacia Guanare. 
Allí supieron, por un aviso de la guarnición de Niquitao, 
que una división de 700 hombres de infantería y 100 
ginetes había llegado de Barinas, por el camino de Cal- 
deras, hasta el sitio de La Vega, distante una legua de 
Niquitao. La decisión de los Jefes patriotas, que sólo 
podían oponer 350 hombres a los 800 realistas, fué tan 
pronta como heroica ; resolvieron contramarchar sobre 
el enemigo y presentar batalla contando solamente con 
el empuje de sus tropas y su propia abnegación. 

El combate se empeñó en el lugar de las Mesitas, 
que es la zona de contacto entre la Cordillera y los Lla- 
nos, terrenos de aluviones profundamente cortados por 
las corrientes de las quebradas y en el que sobresalen los; 
últimos filones de las rocas que cruzan las montañas. 
Los españoles estaban bien parapetados en una de las 
crestas de estos barrancos y allí fueron atacados, a pe- 
cho descubierto, por Urdaneta que mandaba el centro y 
Ortega que dirigía el ala derecha de los patriotas. El 
combate había durado tres horas, desde las nueve de la 
mañana del 2 de Julio, y los realistas abandonaban sus 
trincheras, logrando rehacerse en una altura superior 
que parecía inexpugnable a no ser, como dice Ribas en 
su parte: "para unas tropas que, prefiriendo la muerte 
"a la deshonra, obraran con el valor que caracteriza a 
"los republicanos". 

Ordena Ribas, hacia mediodía, un ataque general 



IvAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



175 



de la infantería, realizándose con empuje tal que las tro- 
pas casi venían a las manos ; al propio tiempo, la caba- 
llería patriota lograba encontrar un camino para tomar 
al enemigo por la espalda. Dos horas más duraron estos 
combates/produciéndose la derrota completa de la divi- 
sión realista del comandante José Martí. 

La persecución se hizo sin tregua, logrando la des- 
trucción completa de la fuerza enemiga cuyo jefe huía, 
con un grupo desordenado de 25 hombres. "445 prisio- 
neros, 450 fusiles, 60 sables, 160 tiros de cañón de a. 
4, 26.000 cartuchos de fusil, 2.600 piedras de chispa, 
"250 cartucheras y sus fornituras, un violento de a cila- 
ntro montado para campaña, 7 cajas de guerra y sus 
"bagajes todos han caído en nuestras manos", dice Ri- 
bas a Bolívar en su parte de victoria, y luego agrega que 
los dispersos realistas vuelven a incorporarse en las filas 
del ejército republicano. 

La destrucción del destacamento de Barinas facili- 
taba el avance desde Guanare y la vanguardia de Bo- 
lívar se movió sin tardanza en busca de las fuerzas de 
Antonio Tizcar. El jefe español, aterrado, abandonó sus 
posiciones y se retiró a Nutrias. Bolívar entraba triun- 
fante en Barinas el 6 de Julio y destacaba a Girardot en 
persecución de Tizcar. 

El desaliento y el espanto se difundían en las filas 
realistas que llegaban dispersas a Nutrias y cuyo jefe 
escapaba hacia Guayana. La. división española que se en- 
contraba en Guasdualito a las órdenes de José Yañez, 
viéndose aislada emprende a su vez la fuga, recoge los 
restos de las tropas de Tizcar en Nutrias, y baja por los 
llanos inundados a rehacerse en San Fernando de Apure. 

Bolívar había libertado tres provincias : Mérida, 
Trujillo y Barinas y su éxito le abría el camino de Ca- 



176 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



racas. La Villa de Araure, puesto avanzado en la pro- 
vincia capital, le ofrecía su concurso y su adhesión. "En 
"este momento, dice Bolívar en su informe al Congreso 
"de la Unión, fechado en Barinas el 9 de Julio, he reci- 
bido un acta de la Municipalidad de la Villa de Arau- 
"re, con fecha 5 del corriente, en que pone aquel Distri- 
to Capitular a disposición del ejército y me ofrece 200 
"hombres de caballería bien armados para servir bajo 
"nuestras banderas. Además, han escrito de aquella vi- 
"11a a los pueblos de Caracas, exagerándoles nuestras 
"fuerzas y convidándoles a la rebelión contra el tirano, 
"que se halla temblando en aquella capital del temor de 
"ser sorprendido por los patriotas que están en una 
"completa fermentación contra él", (32) 

Las prudentes combinaciones estratégicas de Bolí- 
var le habían permitido este avance sin dejar a sus es- 
paldas sino la lejana guarnición de Maracaibo y las fuer- 
zas escapadas de Guasdualito y Barinas que podían reor- 
ganizarse en los Llanos con el auxilio de Guayana ; estos 
peligros no se le ocultaban al General en Jefe y, desde 
Barinas, anunció que mandaría al mayor de caballería, 
Francisco Ponce, hacia Calabozo, a dominar los Llanos, 
y a buscar la fusión de sus armas con el ejército de 
Oriente que operaba a las órdenes de Mariño y, para 
cubrirse por el Occidente, ordenaría a ia división de 
Guanare, bajo el comando de Rafael Páez, que abriera 
guerrillas en la dirección de Coro y Barquisimeto, pre- 
parando su propio avance hacia el corazón de la provin- 
cia de Caracas. 

La jornada de Niquitao proporcionó a Ribas, ade- 
más de un abundante parque, el ingreso de 450 soldados 



(32) OXeary.— -Tomo XIII. Doc. 123, página 288. 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



177 



que pasaron de las filas reales al ejército patriota; li- 
cenció a los indios merideños que figuraban en sus cua- 
dros y su división pasó de 500 hombres más disciplina- 
dos y mejor equipados que las fuerzas reclutadas en Mé- 
rida. 

Consecuencia de la victoria obtenida por la reta- 
guardia, fué la fuga de Tizcar hacia Nutrias perseguido 
por Giradot quien le capturó el parque y engrosó sus 
filas con las tropas que permanecían, casi por violencia, 
en el campo realista. 

Bolívar, junto con restablecer las autoridades repu- 
blicanas en Barinas, acometió la organización de nuevos 
grupos de caballería y de un batallón de infantes que lla- 
mó Valientes Cazadores, cuyo mando confió al Coronel 
Sanelli. 

El minúsculo ejército patriota se había casi tripli- 
cado y fué posible crear una nueva brigada, llamada del 
centro, a las órdenes de Urdaneta. Las fuerzas de Ri- 
bas, aunque siempre combatieron en los puntos más 
avanzados de la marcha, siguieron llamándose división 
de retaguardia, conservando los destacamentos de Gi- 
rardot el nombre de vanguardia, aunque las posicio- 
nes estaban cambiadas como resultado de la feliz acción 
de Niquitao. v 

Hacia el 15 de Julio, Bolívar se despedía de las 
autoridades de Barinas y se trasladaba a Guanare para 
iniciar la cuarta jornada que, después de haber conquis- 
tado a Mérida, Trujillo y Barinas, le pondría en pose- 
sión de Caracas. 



12 



178 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



IX 



Los centros que ocupaban Oberto en Barquisime- 
to, con 1.000 hombres, e Izquierdo en San Carlos, coix 
1.200 soldados escogidos, eran los objetivos de Bolívar 
y para derrotar a los Jefes españoles contaba con un 
ejército de 1.500 plazas en cuyo heroismo ponía el Ge- 
neral en Jefe la confianza que no podía inspirarle la 
diferencia de contingentes. 

Bolívar juzgó indudable que Oberto e Izquierda 
tratarían de fusionar sus elementos en Araure y se pro- 
puso dirigir los suyos a este mismo punto, mas, obran- 
do en forma tal que, distraída la atención del núcleo de 
Barquisimeto, su jefe retardara su contacto con las 
fuerzas de San Carlos. Con este objeto, abrió dos lí- 
neas de operaciones : una al Occidente, por el pié de las 
montañas, a cargo de Ribas, y otra por el nacimiento de 
los Llanos con las Brigadas de Urdaneta y Girardot y 
bajo su propia dirección. 

En respuesta al parte de la victoria de las Mesi- 
tas, Bolívar había dicho al jefe de la retaguardia: "a 
"nombre de la Patria tengo la satisfacción de dar a V. S. 
"y a su división las gracias por esta batalla, que sin du- 
"da es la más gloriosa de la campaña". Y sin agregar 
frase alguna, le hace presente que marche sin demora 
hacia el Tocuyo, desde donde el canario González ame- 
naza con una fuerza de 500 a 600 hombres, y le señala 
como punto de concentración la villa de San Carlos. Más 
tarde, de regreso a Guanare, Bolívar indica a Ribas que 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



179 



se dirija a Araure que es el, punto de concentración de 
las brigadas de Urdaneta y Girardot. 

El intrépido Ribas marcha por el camino de Vis^- 
cucuy y el Humucaro Alto hacia la villa del Tocuyo, a\ 
dónde llega el 18 de Julio; entre tanto, el jefe español' 
de Barqusimeto había descendido hasta Araure ; mas, el' 
saber el avance de Ribas, contramarcha para cortarle en:/, 
su camino. Los ejércitos enemigos se encontraron en el 
sitio de los Horcones el 22 de Julio, empeñándose el 
combate a las 11 de la mañana contra las tropas que 
traía González de Coro, las fuerzas de Barquisimeto y 
los dispersos que logró reunir Cañas, después de su de- 
sastre de Carache. La lucha fué sangrienta, casi cuerpo 1 
a cuerpo, viéndose obligado el Coronel Ribas a cargar 
por do$ veces al frente de sus tropas que, finalmente,, 
rechazaron al enemigo, tomándole la artillería, los per- 
trechos y los bagajes. Los ginetes patriotas persiguieron; 
metódicamente a los fugitivos hasta Cabudare; la divi- 
sión realista quedaba deshecha, retirándose sus jefes 
Oberto, González y Cañas con 15 ginetes hacia Puer- 
to Cabello, por el camino de San Felipe. 

Ribas entraba en Barquisimeto y recogía en este 
pueblo un botín caudaloso que compensaba los elemen- 
tos tomados por Monteverde en aquella plaza en los 
aciagos días del terremoto de Marzo de 1812. 

El éxito de Ribas en los Horcones obraba parale- 
lamente a su triunfo de Niquitao : Bolívar podía apre- 
surar ahora su marcha sobre San Carlos como antes lio 
hiciera operando sobre Barinas. El 24 de Julio llegaba 
el General en Jefe a Araure y al día siguiente marcha- 
ba a San Carlos, que se decía abandonado por Izquier- 
do, en obedecimiento a las órdenes de Monteverde que 
deseaba concentrar estos elementos y las tropas de C&- 



180 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



racas en Valencia, para tentar allí un último y desespe- 
rado esfuerzo. 

Las tropas de Girardot venían en camino de Nu- 
trias a San Carlos y, deseoso de asegurar el triunfo, 
Bolívar ordena al vencedor de los Horcones que se 
le reúna en esa misma ciudad. Esta vez no pierde tiem- 
„ po en felicitarlo y el 25 de Julio escribe al Coronel 
Ribas : "La división del centro ha marchado hoy a 
"San Carlos, en donde no puede subsistir sin auxilio 
"de la de V. S. o la del comandante Girardot; es pues 
"preciso que V. S. acelere su marcha, no sea que el ma- 
"yor Urdaneta sea atacado y no lo podamos proteger con 
"un pronto refuerzo". (33) 

El 28 de Julio se reúne Ribas & Bolívar, en San 
Carlos, y el General en Jefe pasaba revista a un 
ejército de 2.500 hombres para combatir a Julián Iz- 
quierdo quien, a pesar de haber recibido refuerzo que 
elevaba sus tropas a 2.800 combatientes, se retiraba a 
Tinaquillo, sobre el camino de Valencia. (34) Sabedor 
de esta posición del enemigo, Bolívar organiza rápida- 
mente una expedición de descubierta y el 30 de Julio 
explora personalmente, según su costumbre, las vecin- 
dades del territorio ocupado por el enemigo y localiza 
en la sabana de Los Pegones una avanzada de 1.000 
realistas, que fué rechazada por la caballería republica- 
4 na retirándose hasta los Taguanes. 

Dio órdenes inmediatas para el avance de la infan- 
tería patriota, con el fin de aprovechar las ventajas ofre- 
cidas por la llanura en que se situaba el enemigo. Un 
ataque de frente de la infantería, y un flanqueo de la iz- 



(33) O'Leary.— Tomo XIII. Doc. 153, página 317. 

(34) Baralt y Díaz. — Página 144, edición de I84I. 



I<AS GUERRAS DE BOLÍVAR 



181 



quierda realista por los escuadrones de Bolívar, deci- 
dieron esta primera acción que el General en Jefe man- 
daba personalmente en territorio venezolano. u La intre- 
pidez de nuestras tropas produjo en tos españoles el 
"pavor, dice Bolívar; inmediatamente emprendieron su 
"retirada ordenada y la sostuvieron por espacio de 6 
"horas, hasta que, viendo que nuestra caballería casi los 
"cortaba, se introdujo el desorden, empezó la disolución 
"y a las dos horas de persecución ya teníamos en nues- 
"tro poder más de 200 prisioneros, porción de fusiles* 
"cartucheras y pertrechos que dejaban en el campo. To- 
"da la tarde duró la acción en que murieron muchos es- 
pañoles, entre ellos 6 de sus mejores oficiales, uno de 
"éstos el comandante Izquierdo; perdieron toda su in- 
fantería que quedó dispersa por los bosques, o prisio- 
nera o pasada a nosotros, pudiendo asegurar a V. S. 
"que no escapó ni un sólo infante". (35) 

Durmió Bolívar en la noche de su victoria dé los 
Taguane^, en el sitio del Hoyo, y desde la mañana si- 
guiente, primero de Agosto, emprendía la persecu- 
ción de Monteverde, que venía de Valencia en auxilio 
de Izquierdo con dos escuadrones de caballería y algu- 
na infantería. Al saber el desastre, volvió grupas el jefe 
español, teniendo a sus espaldas la división de Girardot, 
a cuyas filas iban ingresando los fugitivos con armas y 
municiones. 

Monteverde corría a encerrarse en Puerto Cabello, 
con 250 hombres, y escribía a su segundo, Manuel del 
Fierro, que defendiera a Caracas a todo trance. Bolí- 
var penetraba, sin la menor resistencia, el 2 de Agosto 



(35) O'Leary.— Tomo XIII. Doc. 159, página 321. 



182 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



de 1813, en Valencia que le brindaba un rico parque de 
artillería e infantería. 

Dos días después, estaba Bolívar en La Victoria e 
imponía a los delegados de Caracas la capitulación que 
daba fin a la campaña. Hé quí el texto del pacto firma- 
do por el General en Jefe y los representantes del caído 
«Gobierno de Caracas : 

Artículo 1? 

"Proposición realista. — Que se establezca y plan- 
tee en la ciudad de Caracas y demás de Venezuela la 
*'Consitución de las Españas, y que se elija para llevar 
"las riendas la persona que merezca la confianza de to- 
adas las clases en general. 

"Contestado. — Que aunque poseído de los mismos 
* 'benéficos sentimientos y conceptuando que para ejer- 
cerlos es inconducente la propuesta, no difiere a ella, 
*"y que a su llegada a la ciudad de Caracas se establece- 
rá la forma de gobierno que parezca más justa y adap- 
table. 

Artículo 2? 

Proposición realista, — Que haya una reconciliación 
^'general, olvidándose todo lo pasado, respecto de los 
""habitantes, sin distinción de origen ni clases, de mo- 
"""do que no podrán sufrir extorsión alguna, ni en sus 
""personas ni en sus bienes, por la adhesión que hayan 
"'manifestado al gobierno español, con cuya condición 
y comprometimiento se entregará pacíficamente la ciu- 
*'dad de Caracas, y todos los pueblos que comprende la 
""Provincia de este nombre con el puerto de La, Guaira. 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



183 



"Contestado. — Concedido y se observará religiosa- 
^mente. 

Artículo 3? i 

"Proposición realista. — Que sea libre la emigración 
"de todos los que la pretendan, para retirarse con sus 
""intereses donde más les acomode. 

"Contestado. — Concedido, con calidad de que ha- 
*'yan de presentársele dentro de un mes, a solicitar el 
""correspondiente pasaporte, y dentro de otro realizar su 
""salida, no habiendo embarazo por la falta de buques 
"y pudiendo constituir apoderado de su confianza para 
"la recaudación de sus intereses y conclusión de sus ne- 
gocios. 

Artículo 4? 

i 

"Proposición realista. — Que la entrada a la capi- 
tal de las tropas no haya de verificarse hasta pasados 
"quince días contados desde la fecha de ratificación de 
"este convenio, en cuyo intermedio podrán las tropas es- 
apañólas evacuarla con todo el honor que corresponde 
"a la nación a que pertenecen, siendo del cargo del go- 
bierno que se establezca el satisfacer su trasporte. 

"Contestado— Que no pudiendo detener la mar- 
ocha de las tropas de su mando, pasarán inmediatamen- 
te a la capital, luégo que reciba la ratificación de este 
"tratado, que deberá hacerse dentro del término preci- 
"so de veinte y cuatro horas, que correrán desde la en 
"que se la entreguen al gobierno de Caracas los comi- 
sionados, quienes lo ejecutarán en todo el día de ma- 



184 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"ñaña, y que ios militares españoles serán comprendi- 
dos en la emigración concedida; dejando las armas y 
"pertrechos, y permitiendo sólo a los oficiales su espa- 
lda, cuya entrega se verificará en el cantón de Capu- 
chinos, como también la de las existencias de arcas 
"públicas, archivos y demás correspondientes al Estado 
"en sus respectivas oficinas, íuégo que tomen posesión 
"las tropas de la Unión". (36) 

Era la revancha de las capitulaciones de San Ma- 
teo. 

El General en Jefe hacía su entrada triunfal a 
Caracas el 7 de Agosto, al frente de sus tropas victorio- 
sas, en el entusiasmo delirante de una población que le 
obligaba a descender de su caballo para seguir en un 
carro arrastrado por doce doncellas, las más hermosas 
y distinguidas de la Capital. Las puertas de las cárceles 
públicas se abrieron y los aplausos de los prisioneros li- 
bertados dieron la nota culminante en las emociones de 
la multitud y del propio triunfador. 

No había trascurrido un año desde la emigración 
«3e Bolívar y de Ribas en la goleta Jesús, María y José ; 
hacía nueve meses escasos desde que iniciaron sus ope- 
raciones en Barrancas y habían trascurrido poco más 
de 100 días desde su entrada al territorio venezolano y 
ya el joven general de 30 años redimía a su patria- con 
un puñado de bravos que pusieron a su disposición To- 
rices, Nariño y el Congreso de Tunja y con los par- 
tidarios a quienes sedujeron en su marcha victoriosa 
la confianza de sus ideas de libertad y los prestigios 
de su acción brillante. 



(36) O'Leary.— Tomo XIII. Doc. 163, página 325. 



IAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



185 



El ilustre historiador argentino, Don Bartolomé 
Mitre, tributa a Bolívar el merecido elogio por esta 
campaña; pero agrega: "si Bolívar después de ocupar 
"a Valencia hubiese marchado con su acostumbrada 
"actividad y resolución sobre Puerto Cabello, la habría, 
"tomado fácilmente pues nada había previsto para su 
"defensa. En vez de esto, el Libertador atraído por la 
"vana gloria se dirigió con todo su ejército a Caracas 
"en busca de las embriagantes emociones que le espe- 
jaban". 

No creemos que fuera la vanidad lo que llevaba a 
Bolívar a Caracas; las consagraciones del éxito hala- 
gan al corazón humano, por cierto, y el temperamento 
del General en Jefe era de aquellos que miran esas ma- 
nifestaciones con tal agrado que llegan a ser una nece- 
sidad ; por ora parte, tras un año de inmensos sinsabo- 
res, nada era más natural que ofrecerse este regocijo- 
para su espíritu. Si pudo Bolívar desear este triunfa 
a la romana que, por lo demás, en nada perturbó su ac- 
tividad, la entrada a Caracas tenía un objetivo más alto; 
no era su exaltación lo que anhelaba, era el producir ert 
el pueblo una impresión profunda que lo ligara para 
siempre a la causa republicana. 

En su carrera de victorias, haciendo zig-zags co- 
mo el rayo de Mérida a Trujillo, de aquí a Guanare, 
de este punto a Araure y luégo a San Carlos y a Va- 
lencia para venir a irradiar, cual meteoro luminoso, 
sobre Caracas, se había penetrado de la profunda divi- 
sión de la familia venezolana y anhelaba constituir un? 
centro de tendencia única en la ciudad en que prepon- 
deraban los patriotas. Caracas debía darle jefes, oficia- 
les, tropas y recursos para proseguir la guerra y la fa- 
cilidad para obtenerlos exigía que conquistara sus ha- 



186 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



hitantes para la causa, inspirándoles la mayor confian- 
za en el éxito. 

Este no és un juicio parcial ni antojadizo de nuestra 
parte, es el programa mismo expuesto por Bolívar al 
Congreso granadino en múltiples ocasiones. Citaremos 
entre otras su carta del 12 de Mayo escrita desde Cú- 
cuta. "Para el mes venidero no habrán más elementos 
*'en el país que vamos a libertad y se hace absolutamen- 
te necesario entrar a la provincia de Caracas, cuya 
"ocupación puede sernos fácil si las circunstancias nos 
"favorecen como hasta el presente". (37) 

El aprovechamiento de todos los recursos necesa- 
rios no podía hacerse sino acercándose directamente a 
los criollos pudientes que habitaban la capital, y que con- 
tribuirían con espontaneidades relativas, o bien forzan- 
do a los partidarios del rey a dar su cuota de guerra. 
Estas necesidades eran urgentísimas a fin de satisfa- 
cer los justos anhelos de un ejército que había recibido 
con tardanzas excesivas su mezquinos haberes. 

La entrada triunfal tenía, a la vez, aspectos socia- 
les, militares y económicos que estaban sobre toda otra 
consideración y ella, que formaba parte del plan de Bo- 
lívar desde un principio, no puede ser tachada de mí- 
sera ambición de vanagloria. 

En cuanto al apresuramiento por llegar a la capi- 
tal, sin hacer una corta diversión hacia Puerto Cabello, 
a fin de anonadar a Monteverde y apoderarse de esa 
plaza fuerte, es preciso considerar que en el ejército de 
Bolívar sólo había unos 300 hombres de tropas ague- 
rridas y formadas por las victorias, las que constituían 
la brigada de Ribas, y además los cuadros de los re- 



(37) O'Leary. — Tomo XIII. Doc. 63, página 220. 



LAS GUERRAS t>£ BOLÍVAR 



187 



gimientos granadinos; el resto eran elementos incorpo- 
rados en el entusiasmo de los triunfos y sobre cuya 
disciplina no se podía contar aún. Bolívar ha debido 
recordar las deserciones de su tropas en Ocaña, al tér- 
mino de la brillante jornada de Barrancas a Puerto Na- 
cional por el río Magdalena; la constancia del éxito 
no fué en aquella ocasión suficiente para mantener la 
cohesión en filas improvisadas y esto mismo podía acon- 
tecerle al ejército libertador, al término de la campaña 
que le había entregado la posesión de Caracas. Enviar 
a los veteranos al sitio de Puerto Cabello era privarse 
de los elementos para reconstruir el ejército, destacar 
allí tropas bisoñas era exponerse al fracaso. 

Largos meses de esfuerzos incesantes han debido 
imponer a la columna libertadora las ansias del des- 
canso y es humano creer que, en la hora del triunfo, 
habría visto de mala gana la imposición de un nuevo 
sacrificio, predisponiéndola a la rebelión o a la indisci- 
plina cuando menos. 

Además, sentía Bolívar la inmediata necesidad de 
mandar expediciones contra Miyares en Maracaibo, a 
Tmtir a Ceballos en Coro, para desruir a Yañez en las 
Llanuras y, aún, la de formar una división que esta- 
bleciera su contacto con los patriotas de Oriente ; todo 
esto tenía más premura, o tanta, como el sitio de Puer- 
to Cabello y requería elementos considerables que sólo 
podía obtener impresionando profundamente al pueblo 
con el triunfo del ejército libertador. Este programa 
militar de conjunto era la preocupación de Bolívar, jun- 
to con el de la reorganización política y económica que 
debía servirle de base, y no podía arriesgar la idea fun- 
damental por un simple detalle, por importante que 
fuera, como el asedio inmediato de Puerto Cabello. 



188 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



Vamos a ver al joven general, en medio .de los 
delirios del triunfo popular, perfectamente sereno en\ 
la humareda sofocante del incienso que no anublaba las 
luces de su cerebro ni paralizaba sus energías en la 
acción. 



CAPITULO QUINTO 



LA ORGANIZACION 

J. — Importancia de la entrada a Caracas. — II. — Organización 
del Gobierno. — III. — Propaganda republicana. — IV. — La 
guerra y la renta pública. — V. — Primeras gestiones con 
Mariño. — VI. — El plan general de la campaña. 

I 

Por grande que hubieran sido la fe en el éxito, la 
confianza en el empuje de los suyos y el entusiasmo por 
su causa, el resultado mismo de la primera campaña que 
dirigía debió causar en las intimidades de la conciencia 
de Bolívar las impresiones de todo lo que es gratamen- 
te inesperado ; no es lógico suponer que el joven gene- 
ral pretendiera', triunfar tan rápida y fácilmente con una 
hueste de 600 hombres sobre las fuerzas españolas es- 
tratégicamente escalonadas para cerrarle el paso; este 
convencimiento del suceso cierto lo necesitaba Bolívar 
como estímulo constante en su propia acción, debía ser 
la fuerza de cohesión de su ejército y la base política 



190 



francisco rivas vicuña 



de sus conexiones con los Gobiernos de Nueva Granada, 
que le auxiliaban en su empresa. Cualesquiera que fue- 
ran sus vacilaciones en aquellos amargos días en que 
luchaba contra la sorda campaña del Coronel Castillo, 
tuvo siempre carácter suficiente para encerrar sus du- 
das en lo más íntimo de su pensamiento y demostrar 
únicamente las alentadoras certidumbres que ofrecían 
sus programas. 

Ya victorioso, no se aparta de esta línea de con- 
ducta y exhibe los hechos como una comprobación de 
sus predicciones. En la ante víspera de su entrada a 
Caracas, escribe al Congreso granadino diciéndole: 
"Tiene V. E. cumplida mi oferta de libertar a mi país 
"y tiene V. E. la prueba más clara que puedo haber da- 
do de que no era aventurada la empresa como preten- 
dían algunos hacer creer a ese gobierno. Tan lejos es- 
"tuvo de ser aventurada, que no es posible haya una 
"campaña más feliz ; durante los tres meses que he he- 
"cho la guerra en Venezuela, no he presentado acción 
"que no haya sido ganada por nosotros y de cada una 
"de ellas he sacado todas las ventajas imaginables, lo- 
grando, con la actividad y rapidez en las marchas, des- 
concertar a los enemigos, al paso que el valor de mis 
"tropas los aterraba. 

"Sólo me falta para completar la obra, la plaza de 
"Puerto Cabello, que no resistirá mucho tiempo si no 
"se rindiere a la intimación que pienso hacerle desde 
"Caracas, para donde parto en este instante a poner 
"en ejecución los tratados y organizar las cosas de ma- 
"nera que pueda ocurrir a donde la necesidad me 11a- 
"me". (1) 



(1) OXeary.— Tomo XIII. Doc. 167, página 329. 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



191 



Los objetivos de Bolívar están claramente defini- 
dos en esta carta ; no iría a Caracas a buscar las satis- 
facciones más o menos efímeras de una ovación, iba a. 
recoger y a garantir los frutos de su campaña y a conso- 
lidarlos en el porvenir, iba a erigir el cumplimiento de 
la capitulación impuesta a Fierro y a organizar los ele- 
mentos para la destrucción completa del poderío espa- 
ñol en Venezuela. 

A estos propósitos principales se agregaba el te- 
mor por la suerte de la ciudad abandonada por el jefe 
español que huía con sus tropas, sin esperar el perfec- 
cionamiento del pacto que acababa de firmar. En La 
Victoria, tuvo Bolívar conocimiento de este suceso por 
noticia del Gobernador Don Francisco Paúl en el cual 
Fierro había delegado sus poderes de jefe político y mi- 
litar; justamente alarmado, el jefe del ejército liber- 
tador instruye inmediatamente a Paúl para que "pro- 
cure por cuantos medios le dicte la prudencia y las 
"circunstancias exijan, conservar el orden, sosiego y 
"tranquilidad pública, haciendo entender a todos que 
"mis tropas marchan con la brevedad posible a esa ca- 
pital y que me será muy sensible cualquier desor- 
den". (2) 

Las capitulaciones de La Victoria estipulaban la- 
libertad de emigrar sin más condicones que la de te- 
ner un pasaporte en regla dentro del primer mes y rea- 
lizar la partida en los 30 días siguientes; los militares- 
estaban comprendidos en la emigración y sujetos a sus 
reglas, pudiendo conservar sus espadas, pero entregán- 
dose todas las armas y pertrechos a los comisionados pa- 
triotas. (Artículo 4 de las capitulaciones de La Vic- 
toria). 



(2) O'Leary.— Tomo XIII. Doc. 168. Pág. 330. 



192 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



Monteverde vencedor en Julio de 1812 no había 
respetado las capitulaciones de San Mateo ; del mismo 
vencido en 1813 rehusaba sancionar los pactos que fir- 
mara su representante Fierro, que se embarcaba en La 
Guaira con todos los elementos que pudo acumular, 
dejando confiadas al honor del ejército patriota las vi- 
das de los afectos al régimen español y aun las peque- 
ñas guarniciones de Budía y Mármol que ajustaron pac- 
tos especiales con los representantes de Bolívar, 

Deja constancia el General en Jefe de la mala fe 
de los vencidos y de los peligros a que dejaron expues- 
ta a la capital en sus proclamas del 8 y del 9 de Agos- 
to : "Se concluyó, dice, una capitulación en La Victoria 
"con ventajas que no podía aspirar su estado misera- 
ble. La conciencia de sus crímenes no les permitía es- 
merar tampoco el resultado de la negociación; come- 
aron vergonzosamente en tropel a los buqués de la ba- 
""hía, como solo medio de su salvación. Habitantes de 
"Caracas y de La Guaira, vosotros habéis sido testigos 
"oculares del desorden escandaloso con que el Gobier- 
"no español ha desaparecido de entre nosotros, abando- 
nando a merced de los vencedores a los mismos que 
"debían ser el blanco de la ira y la venganza. 

"Nuestra clemencia ha perdonado esta última per- 
"fidia : ha retirado del suplicio a los destructores de Ve- 
nezuela y ha propuesto por una comisión a sus resi- 
duos, acogidos en Puerto Cabello, extender a ellos 
'"mismos tan incomparable generosidad". (3) 

A pesar del decreto de Trujillo, la guerra a muer- 
te no era en el ánimo del jefe republicano sino una 
amenaza viva, una espada de Damocles suspendida so- 



(3) Blanco y Azpurúa.— Tomo 14. Doc. 850. Pág. 675. 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



193 



bre las cabezas de los aventureros españoles y, aunque 
en el derecho la declaración de Bolívar no era sino la 
legalización del estado de hecho creado por los realis- 
tas, sus aplicaciones eran casi nulas y las manifestacio- 
nes reiteradas de clemencia evidenciaban nítidamente 
el verdadero objetivo de tan grave medida que no era 
'Otro sino el traer a los enemigos a las prácticas regu- 
lares de la guerra, en el terreno de la compasión huma- 
na y bajo las reglas caballerescas del h^nor. 

Bolívar, que se había apresurado a entrar en Cara- 
cas con su ejército, en mérito de los intereses funda- 
mentales de mantener el orden para acometer la empre- 
sa de organizar un Gobierno y de asegurarse las ven- 
tajas de las capitulaciones de La Victoria, se mostraba 
clemente a fin de mostrar el verdadero alcance de la gue- 
rra sin cuartel y de captarse las buenas voluntades que 
tan necesarias le eran para su obra constructiva ; mas, 
al propio tiempo, no olvidaba el estímulo y el aplauso 
que se debe a su ejército y se apresura a exhibir ante 
<el pueblo de Caracas el cuadro de sacrificios y de glo- 
rias de sus soldados. "Aparecen, dice, el 8 de Agosto, 
"vuestros libertadores y desde las márgenes del cauda- 
loso Magdalena, hasta los floridos valles del Aragua 
"y recintos de esta ilustre Capital, victoriosos han sur- 
cado los ríos del Zulia, del Táchira, del Boconó, del 
^"Masparro, la Portuguesa, el Morador y Acarigua, tran- 
^sitando los helados páramos de Mucuchíes, Boconó 
Niquitao, atravesando los desiertos y montañas de 



pOcaña, Mérida y Trujillo, triunfando siete veces en 
'las campales batallas de Cúcuta, La Grita, Betijoque, 
"Carache, Niquitao, Barquisimeto y Tinaquillo, donde 
"han quedado vencidos cinco ejércitos que en número 
"de diez mil hombres devastaban las hermosas proyin- 
13 




194 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"cias de Santa Marta, Pamplona, Mérida, Trujillo, Ba- 
cinas y Caracas. 

"Por fin, compatriotás míos, vuestra república aca- 
cha de renacer bajo los auspicios del Congreso de Nue- 
"va Granada, vuestra auxiliadora, que ha enviado sus 
"ejércitos, no a dar leyes, sino a restablecer las vuestras 
"extinguidas por la irrupción de los bárbaros que envol- 
vió en el caos, la confusión y la muerte a los Estados 
"Unidos de Venezuela, que hoy existen nuevamente 
"libres e independientes y elevados de nuevo al rango 
"de Nación. 

"Esto es, caraqueños, mi misión-; aceptad con gra- 
titud los heroicos sacrificios que han hecho por vues- 
tra salud mis compañeros de armas, quienes al daros 
"la libertad se han cubierto de una gloria inmortal". (4) 

No había, pues, permanecido inactivo el joven ge- 
neral en medio de las manifestaciones de un pueblo en 
v ~delirio por los triunfos del más preclaro de sus hijos; 
aprovechaba el momento favorable para atraer por la 
clemencia a los enemigos, para estrechar la unión con 
los suyos y anunciaba su deseo de inmediata constitu- 
ción de un gobierno nacional fuerte y eficaz. El ruido 
de los aplausos, los perfumes de las flores arrojadas a 
su paso, el dulce mirar de las mujeres que en todas las 
épocas y en todos los mundos se sienten inclinadas a 
dar su alma a los fuertes que triunfan, ninguna de es- 
tas causas había perturbado el sentimiento fundamen- 
tal de Bolívar, el dictado de su responsabilidad que le 
prescribía la ordenación inmediata del país conquistado 
con cuyo objeto se había apresurado a venir a Ca- 
racas. 



(4) Blanco y Azpurúa.— Tomg IV. Doc. 849. Pág. 674. 



I,AS GUERRAS DE BOLÍVAR 



195 



II 



El régimen constitucional de la primera república- 
venezolana, en cuya discusión los patriotas habían em- 
pleado sus mejores actividades en 1811, sólo había exis- 
tido en el nombre; en efecto, en los propios días en 
que se juraba la Carta Fundamental de la Federación, 
Monteverde iniciaba su audaz ataque desde Coro a Ca- 
racas y el Poder Ejecutivo venezolano y luego toda au- 
toridad pasaron a manos del Dictador Miranda. 

La situación, que en 1812 no era adecuada para 
implantar un régimen seriamente democrático, no era 
más propicio en 181$ para restaurar un gobierno con 
base popular en conformidad a los deseos expresados 
por el Congreso granadino en las autorizaciones que 
confiriera al Coronel Bolívar. 

La familia venezolana, cuyas profundas divisiones» 
había revelado la primera \tapa de la lucha emancipa- 
dora, ofrecía ahora caracteres más profundos en su di- 
ferenciación y las líneas divisorias no consistían ya 
en simples expresiones idealistas o en trnasitorias con- 
troversias de intereses materiales, pues afectaban las 
fibras más delicadas y las pasiones más violentas de los 
hombres ; la represión realista había llevado la muerte, 
la miseria y el deshonor a muchos hogares, muy a me- 
nudo sin tomar en cuenta las opiniones políticas ; y la 
concordia, en torno de un acuerdo pacífico para cons- 
tituir un gobierno de origen popular o engendrado por 
los directores del pueblo, era prácticamente imposible. 
El mero intento de invitar a semejante discusión era la 



196 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



provocación a la guerra civil cuando aún no estaba ter- 
minada la lucha con el extranjero. 

Bolívar comprendió la situación en su aspecto in- 
tegral y tuvo la valentía moral de asumir la responsa- 
bilidad por completo, sin vacilaciones y sin esconder su 
propósito; si Venezuela se perdió en 1812 por la es- 
terilidad de una constitución federativa, sin base en la 
sociabilidad de una nación que apenas iniciaba su evo- 
lución democrática, fracasaría nuevamente en un régi- 
men análogo que se armonizaba menos que antes con 
las condiciones del país. La anarquía de la familia fran- 
cesa que se tradujo en la tormenta revoluciónaria del 
siglo XVIII hizo necesaria, indispensable aún, la vo- 
luntad omnipotente del Primer Cónsul y luego del Em- 
perador, de igual modo las perturbaciones que introdu- 
cía en Venezuela el advenimien^) de una idea nueva, 
prescribía un régimen fuerte y tanto más enérgico cuan- 
to más dispersos andaban los elementos y más encona- 
das las pasiones. 

El General en Jefe, consciente de sus deberes para 
con la Patria que estaba fórmando, desdeñó los críti- 
cos y afirmó su resolución escribiendo, el 8 de Agosto, 
a los delegados del Congreso granadino : "Interin se 
""organiza un gobierno legal y permanente, me hallo 
"ejerciendo la autoridad suprema, que depondré en ma- 
gnos de una asamblea de notables de esta capital, que 
"debe convorcarse para erigir un Gobierno conforme a 
"la naturaleza de las circunsancias y de las instruccio- 
nes que he recibido de ese Augusto Congreso". 

Bolívar solicitó consejos e ideas de los ciudadanos 
capaces de trasmitirle los anhelos de la opinión y se di- 



(5) O'Leary.— Tomo XIII. Doc. 172. Pág. 355. 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



197 



rigió especialmente al respetable e ilustrado miembro 
del Congreso Constituyente de 1811, don Francisco Ja- 
vier Ustáriz, pidiéndole un proyecto de régimen provi- 
sorio. A fin de que las ideas cambiadas tuvieran la ma- 
yor difusión posible, sin que su discusión perturbara, 
aún más la situación, hizo publicar el siguiente aviso :: 
"Deseoso el General en Jefe del Ejército Liber- 
tador de restablecer la República de Venezuela sobre 
"las bases de la libertad política y civil, de dar al go- 
bierno el vigor y nervio necesarios para adelantar la 
"guerra contra nuestros pertinaces enemigos y de facili- 
tar todos los recursos que en las críticas circunstancias 
"del día puedan sostener al Estado, ha consultado al- 
"gunos ciudadanos de reconocidas luces y virtudes: po- 
líticas, para que le ilustren sobre la forma que conven- 
"ga dar a la administración suprema. El ciudadana 
"Javier Ustáriz, cuyos conocimientos en el derecho pú- 
blico y jurisprudencia civil bastantemente se han de^- 
"mostrado en las sabias constituciones que hizo para la 
"Confederación de Venezuela, ha presentado un plan 
"que el General en Jefe da a luz pública para que sus 
"conciudadanos manifiesten en otras o semejantes me- 
" morías su opinión a cerca de materia tan importante y 
"trascendental, pues atendiendo únicamente a la felici- 
dad y satisfacción de todos, invita a todos para que ex- 
"pongan los proyectos o reformas que crean justos y 
"necesarios". (6) 

Ustáriz analizó el problema con profundo buen jui- 
cio y propuso un sistema transitorio destinado a la vez: 
a dar garantías a los ciudadanos y a facilitar las ope- 
raciones del ejército que eran las consideraciones pri- 
mordiales que imponía la situación. 



(6) Blanco y Azpurúa.— Tomo 14. Doc. 858. Pág. 68St 



198 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



Desde luego, dió independencia al poder judicial 
que se centralizaba en un Tribunal Supremo de Justi- 
cia, con asiento en Caracas, al cual vendrían en apela- 
ción las sentencias de los juzgados provinciales; dividía 
el territorio en provincias, bajo la doble autoridad de 
jefes políticos y militares y lo seccionaba en grandes 
corregimientos a fin de facilitar las tramitaciones admi- 
nisrtativas y, particularmente, el servicio de los ejérci- 
tos en campaña ; creaba la Superintendencia de las Ren- 
tas de Estado y dejaba a los gobiernos locales con las 
mismas prerrogativas y obligaciones que tenían antes de 
la reconquista de Monteverde. 

'En cuanto a política, decía el informe de Ustáriz, 
"no hay necesidad, por ahora, de corporaciones y con- 
sultas de esta clase, si se quiere no exponer el curso 
"de los actuales negocios, abriendo la puerta a variedad 
"de opiniones que, cuando se trata del Poder Supremo 
"sugieren la intriga, la ambición y otras privadas pa- 
ciones". 

Y en mérito de estas atinadas consideraciones, 
proponía que los Poderes Legislativo y Ejecutivo re- 
sidieran en el General en Jefe del Ejército y que todo 
lo gubernativo, económico y de policía estuviera a c^r- 
go de sus respectivos magistrados, bajo su dependen- 
cia. El proyecto de Ustáriz era la carta de una dicta- 
dura ligeramente reglamentada y que sólo eliminaba de! 
alcance del Dictador la intervención en las sanciones 
de sus propias leyes o de las que estuvieran en vigen- 
cia. No vacilamos en decir que semejante organización 
era lo único posible, a fin de que obrara con los senti- 
mientos de la responsabilidad máxima quien fuera ca- 
paz de organizar aquel caos. 

Debemos mencionar, aunque sea de paso, las pro- 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



199 



yecciones internacionales del proyecto de Ustáriz. Bo- 
lívar, a raíz de su entrada a Caracas, había comunica- 
do al Gobierno de Cundinamarca sus deseos de unión y 
alianza, anticipándose a sus grandes ideales del futuro ; 
(7) semejante idea fué consultada en el informe de 
•constitución provisoria cuyo autor proponía el nombra- 
miento de cierto número de diputados que, investidos 
de las más plenas y amplias facultades, vayan inmediata- 
mente a incorporarse en el Congreso de la Nueva Gra- 
nada, para tratar esa unión, ordenarla y fijarla sobre las 
firmes y permanentes bases de una buena constitu- 
ción' \ 

En realidad, Bolívar asumió la dictadura y no pu- 
diendo ni debiendo consagrarse a la dirección política 
del país, ya que su puésto estaba a la cabeza del ejérci- 
to, eligió tres Secretarios de Estado en las personas de 
Don Antonio Muñoz *Tébar, Don Rafael D. Mérida y 
Don Tomás Montilla. Al comunicar su resolución al 
Congreso granadino, le consultaba sobre el proyecto de 
Ustáriz y terminaba diciéndole : "Durante la guerra 
"civil y las revoluciones internas, el sistema de admi- 
nistración debe entre nosotros reducirse a la mayor 
"sencillez, de donde nacerán también su fuerza y cele- 
bridad. Debo asegurar a V. E. que mis sentimientos, 
'"en esta parte, no son animados sino del vivo deseo de 
"destruir a nuestros tiranos y afianzar el gobierno in- 
dependiente sobre bases firmes y respetables. 

"Cuando el territorio de Venezuela esté libre de 
"sus enemigos, terminada entonces mi misión, se cele- 
"brará la Asamblea representativa, donde será nombrado- 
"el Presidente de todos los Estados. Esta misma Asam- 



(7) O'Leary.— Tomo XIII. Doc. 76. Pág. 341. 



200 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"blea pronunciará sobre la Unión con Nueva Grana- 
"da, sino estuviera aún sancionada y mi destino desde 
"entonces será aquel que conduzca nuestros invend- 
ibles soldados contra los enemigos de la independencia 
"americana" . (8) 

En esta carta, el brillante vencedor de los ejércitos 
de Monteverde establece un hecho y, sobre él, se marca 
sus propios deberes ; la independencia de las colonias 
del Norte es la llave de la emancipación americana y 
sin ella no se podrán franquear las puertas de la li- 
bertad a los demás pueblos que permanecerían en la 
opresión si el carcelero fuera dueño de Venezuela y de 
Nueva Granada; libertar y unir a estas colonias es la 
obra inmediata, la semilla del árbol de la libertad que: 
él se compromete a llevar a otras regiones. 

"Mi destino será aquel que conduzca nuestros in- 
vencibles soldados contra los enemigos de la indepen- 
dencia americana" , esta frase que Bolívar comunica al 
Congreso granadino, síntesis prof ética de su historia,, 
fué tal vez lalmisma que, entre delirios de gloria y ex- 
pansiones de amor, confiara al oído de su segunda Te- 
resa, aquella su amante prima que no pudo retenerle a 
su lado en París, apesar de aquel amor, que debió ser 
grande, pues la creyó capaz de confiarle su secreto, pero 
que era inferior al impulso de su adhesión a la patria 
y al de su propio genio que las circunstancias aumen- 
taban. 

A los 30 años, el General Republicano iniciaba 
brillantemente los cumplimientos de un programa que, 
si para su amada de la juventud soñadora, aparecía co- 
mo una ofrenda a su recuerdo, serían para él obra de 



(8) O'Leary.— Tomp XIII. Doc. 188. Pág. 361. 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 201 

un incansable esfuerzo de gigante y causa, más que de 
sus goces transitorios, de los fundamentales quebrantos 
de su cuerpo y de su alma ofrecidos en holocausto a. 
la libertad de su patria. 



III 



Desde luego, tenía Bolívar que luchar con sus pro- 
pios elemento.s para mantenerlos en la unidad de acción 
y en la disciplina militar y extender su propaganda 
de libertad a todos los pueblos que, mantenidos en la 
más crasa ignorancia, no eran siquiera capaces de sen- 
tir la vergüenza de la servidumbre. 

Sus continuas proclamas, comentarios de los triun- 
fos de su ejército, no eran dictadas por la torpeza de 
un exhibicionismo personal que no necesitaba; ellas 
obedecían al propósito de difundir en las masas los sen- 
timientos que a él le dominaban y las ideas que, antes ^ 
que él, nadie había llevado hasta la mente popular. A 
las enseñanzas de los fanáticos misioneros españoles y 
a las pastorales del Arzobispo de Caracas, oponía Bo- 
lívar las palabras vibrantes de sus partes de victoria o 
las frases de fuego de sus amenazas contra los trai- 
dores a la patria. 

Al llegar a Caracas, ya siente en la masa popular 
los efectos de la predicación religiosa y ordena al Se- 
cretario de Estado, Don Rafael D. Mérida que deslinde 
las responsabilidades del arzobispo. Con valentía se di- 
rige Mérida, en nombre del General en Jefe al prelado 
caraqueño, diciéndole : "V. S. Illma. no sólo contribu- 



202 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 

"yo a la opresión de los americanos, al oprobio y vili- 
pendio de los amantes de la libertad, al conflicto de 
"'tantas familias que errantes por todas partes lloraban 
"sin consuelo la triste suerte de sus maridos, padres, 
"hermanos y deudos; sino, lo que es más, que en los 
"últimos momentos de su mando (el de Monteverde) 
"y con el designio expreso de perpetuar la tiranía, pu- 
"blicó una pastoral en términos muy depresivos y vi- 
lipendiosos del nombre americano. . . Y en fin, quiso 
"convencerlos de que sus miras a la independencia 
"eran delirantes; que sólo el Gobierno monárquico de- 
u bm dominarlos, con otras proposiciones que vertidas 
'"por personas de menos representación estarían ya es- 
* u car mentadas con el último suplicio. 

"El General en Jefe tiene a la vista esta proclama 
""y también a los que claman altamente contra ella y pi- 
ndén la vindicación. Por lo que a S. E. toca, le son muy 
"despreciables estos viles recursos de los españoles; 
"mas no puede ver con indiferencia las acusaciones que 
"contra V. S. le hacen como enemigo público de nués- 
"tra causa. Haciendo justicia, tomará sin duda provi- 
dencias las más serias, si V. S. Illma. no se propone sa- 
tisfacerlas por otra pastoral, concebida en términos 
"que los haga desistir de sus propósitos y esto muy bre- 
vemente. De otro modo, ni el General mismo respon- 
dería de la persona de V. S. Illma". (9) 

Monseñor Narciso Coll y Pratt demoró largo tiem- 
po en publicar su pastoral y ella, como los anteriores do- 
cumentos de este género, deja transparentar la poca sim- 
patía episcopal por la causa republicana. En la larga 
oración que el prelado dirige a sus diocesanos se habla 



(9) O'Leary.— Tomo XIII. Doc. 179. Pág. 351. 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



203 



mucho de la virtud como alma de la República, de la 
-Religión como base de la felicidad de los Estados ; pero, 
-en cuanto al punto capital indicado por el General en 
Jefe sólo hay frases ambiguas y la única que tiene cierta 
precisión se encuentra así como perdida en un largo pe- 
ríodo sobre la práctica de las virtudes : "Adunaos en 
"vuestros sentimientos, dice, y decidiéndonos constan- 
"temente*por el orden y común tranquilidad, obedeced 
"pronta y eficazmente al Gobierno de la República para 
"'defender vuestra Religión y vuestra Patria". La idea 
republicana queda subordinada al orden como punto de 
partida y al objetivo religioso como fin principal. 

A pesar de que la adhesión del prelado carecía de 
sinceridad, Bolívar trata por todos * los medios posibles 
de atraer a la causa emancipadora a los misioneros y 
párrocos que eran las avanzadas más eficaces de la reac- 
ción realista y, si en el caso de la pastoral que dictara 
el Arzobispo en celebración de los triunfos de Monte- 
verde en 1812, hace hablar a su Ministro con toda la al- 
tanera amenaza que merecía la doblez del prelado, bus- 
ca ahora la unión por otros resortes y pone en manos de 
los agentes de la Iglesia la propaganda del evangelio de 
la libertad. 

En el primer mes de su entrada a Caracas se or- 
dena la publicación de la Gaceta de Gobierno a la cual 
irremisiblemente deberán suscribir los empleados pú- 
blicos y se dispone que la distribución se haga por los 
párrocos. 

"El conducto de ellos, dice el gobernador Paúl al 
"Arzobispo, es importantísimo para este designio, por- 
"que acostumbrados los pueblos a oir de su boca las ver- 
dades evangélicas se impresionarán sin repugnancia 
"'de los documentos de su regeneración política, de la 



204 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"justicia de su causa, y se esforzarán en llevarla a su 
"perfección, si por todas partes resuena el eco de la li- 
bertad comprobada. 

"V. S. Illma. interesado en la tranquilidad común 
"está en caso de contribuir con sus oficios pastorales a 
"los designios que el gobierno se propone ; y yo espero 
"de la cooperación de V. S, Illma. que exhortando y 
"ordenando a los honorables curas y vicarios* de esta 
"capital y su distrito la suscrición indicada la verifi- 
"quen y con ella trasmitan a sus respectivos vecindarios 
"los acontecimientos, el estado y las circunstancias en 
"que se hallan". (10) 

Este trabajo de convencimiento debía ser constante,, 
sostenido, de cada momento para lograr resultados rápi- 
dos y contrarrestar la influencia del clero y de las per- 
sonas que, permaneciendo en la indiferencia, eran, en 
realidad, factores favorables a la monarquía. El clero 
activo y la población sin ideales influían constantemen- 
te en la conciencia popular, entre tanto, la república te- 
nía a casi todos sijs hombres bajo las banderas y no 
contaba, con otros elementos de propaganda que sus 
triunfos y, así, en cuánto la fortuna vacilara o se mos- 
trara adversa los partidarios se harían menos ardientes 
o ingresarían al campo enemigo. 

A pesar de estos esfuerzos de Bolívar, la gran 
masa de habitantes, fuera de las irradiaciones de sus 
campamentos, se mostraba más bien hostil y contra 
ellos lanzaba una furibunda proclama desde su cuartel 
general de Puerto Cabello. "Reposaba tranquilo y lleno 
"de la mayor confianza en la gloriosa lucha contra los 
"últimos restos de nuestros comunes enemigos, cuan- 



(10) Blanco y Azpurúa.— Tomo IV. Doc. 867. Pág. 712. 



IvAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



205 



"do he sido informado que algunos de aquellos mis- 
amos americanos que con tanta generosidad ha trata- 
ndo el Ejército Libertador olvidando sus crímenes, se 
"esfuerzan en subertir el orden, formando conventícu- 
los y protegiendo conmociones populares. Semejante 
"conducta ha herido dolorosamente mi corazón y lo que 
"es más, la gloria de Venezuela, por lo que no he du- 
"dado hacer los últimos sacrificios. Notorio es esto ; pe- 
"ro más notorio será el horror y oprobio que cubrirá a 
"estos infames y viles desnaturalizados hijos que pos- 
aponen el bien y felicidad general a la baja adulación 
"de sus primeros opresores". (11) , 



IV 



Sólo los prestigios militares y los fulgores de la 
gloria se habían mostrado eficaces para galvanizar el 
cuerpo nacional y Bolívar consagraba a la organización 
del ejército sus mejores actividades; la creación de una 
fuerza que encarnara el alma venezolana se imponía 
como una necesidad de orden' social para el éxito repu- 
blicano con tanta o más importancia que la de un sim- 
ple instrumento para anonadar a la reacción realista. 

El llamamiento de nuevas tropas debía hacerse an- 
tes que se apagaran los ecos del triunfo y en esta con- 
sideración, entre otras, se basó, sin duda, Bolívar, que 
conocía a sus compatriotas, para apresurar su entrada a 
Caracas y darle todo el lucimiento que correspondie- 



(11) O'Leary.— Tomo XIII. Doc. 183. Pág. 355. 



206 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



ra a su objetivo. Demorar la recluta, era exponerse a 
ciertas lacitudes propias del medio y a las consecuen- 
cias de la acción tenaz de los detractores de la Repú- 
blica. 

Mas, sí el problema de llenar los cuarteles tenía so- 
luciones relativamente fáciles, no acontecía lo misma 
con el aspecto económico de la defensa nacional. 

El terremoto y la guerra habían arruinado las ciu- 
dades y despoblado los campos; los conflictos europeos 
y la política española de prohibiciones había empobreci- 
do, aniquilado casi el comercio y todos estos factores 
tendían al anulamiento de cualquiera base que pudiera 
servir de plataforma para crear un sistema tributario 
racional.. # 

No era posible dar vida a los impuestos españo- 
les cuya recaudación, engorrosa en tiempos normales, 
era casi imposible en medio de la convulsión revolucio- 
naria y que, además, se apropiaba el clero casi en su 
tercera parte. Del antiguo régimen se podía conservar 
algún impuesto sobre los consumos, especialmente el tá- 
baco, y el Secretario de Hacienda, Don Antonio Mu- 
ñoz Tébar, refrendaba un severo decreto-ley de Bolí- 
var que condenaba a muerte y embargaba los bienes de 
cualquiera persona que defraudara las rentas naciona- 
les del estanco del tabaco. 

La escrupulosa recaudación de estos ingresos no- 
bastaba, por cierto, y era necesario crearse recursos ex- 
traordinarios. El 11 de Agosto de 1813, el General en 
Jefe lanzaba un decreto-manifiesto, solicitando donati- 
vos voluntarios en dinero o en artículos necesarios para 
la guerra y estimulando a todos, padres de familia y 
jóvenes expertos a que, no pudiendo contribuir con va- 
lores, entrasen al servicio de la república sin devengar 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



207 



los sueldos de sus respecivos empleos, debiendo conten- 
tarse con quedar inscritos en el Gran Libro de Honor 
de la Patria. En este mismo documento anuncia a los 
empleados de Caracas que deben partir sus rentas con 
los defensores de la libertad - r J { ellos viven en las como- 
"didades de mía ciudad bien abastecida, argumenta Bo- 
"Ivuar, mientras el soldado, artífice de sus prosperida- 
"des futuras, lucha en las breñas, y sin alimentos, ni 
"vestidos ni municiones, nada podría hacer ; la paga del 
"soldado debe ser íntegra, pues sin esta condición todo 
"se arriesga y aventura*". (12) 

En este antiguo decreto del general Bolívar están 
los gérmenes de la conscripción civil y de la contribu- 
ción extraordinaria sobre las rentas y salarios que se* 
han hecho normas generales en las guerras posteriores. 

Más tarde, y sin perjuicio de los cupos de guerra 
impuestos a los indiferentes o los enemigos, la Secre- 
taría de Hacienda había de generalizar el impuesto so- 
bre la renta en la provincia de Caracas en forma que 
ligaba directamente a los propietarios de la riqueza con 
el presupuesto de gastos del ejército. 

Las justicias de los pueblos, dice el decreto-ley de 
Bolívar refrendado por Muñoz Tébar, en unión de dos 
vecinos deben formar el rol de propietarios de hacien- 
das, labranzas o tiendas de cada partido y asignar a 
cada uno, según sus capacidades, la obligación de aten- 
der al pré de uno o más soldados, cuota que debería 
satisfacerse con un mes de anticipación so pena de me- 
didas coercitivas. Todos estaban sometidos a esta con- 
tribución, sin exceptuar los sacerdotes ni los cuerpos y 
colegios religiosos y sólo se acordaban reducciones de 



(12) O'Leary.— Tomo XIII. Doc. 174. Pág. 335. 



208 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



un 50% en el pré respectivo a los labradores y artesa- 
nos que no se encontraran en situación muy holgada, 
amoldándose en cierto modo a las reglas modernas del 
impuesto progresivo. (13) 

Como recursos inmediatos, y para satisfacer el cla- 
mor justísimo de las personas que habían sido despoja- 
das por Monteverde, se ordenó la confiscación de los 
bienes de españoles y canarios emigrados. 

Bolívar se esforzaba, además, en introducir econo- 
mías en la administración y en extirpar la empleoma- 
nía tan desarrollada durante el imperio colonial y la 
primera república venezolana. "Desde ahora os hago 
"conocer, dice en un decreto fechado en Caracas el 13 
"de Agosto, que todo empleado, sea militar o político, 
"lo será para servir y no para presentarse con pompo- 
sas condecoraciones y para obtener sueldos extraordi- 
narios que debilitaron e hicieron ridicula nuestra pri- 
"mera república. 

"Una multitud de pretendientes rodea las oficinas, 
"les quita el tiempo precioso a la organización del go- 
bierno y paraliza la marcha rápida que deben hacer en 
""las actuales circunstancias. Ciudadanos, desde ahora 
"os anuncio que habrá una reforma saludable en todos 
"los empleos de la República, sea con respecto al nú- 
"mero, sea con respecto a los sueldos". (14) 

Y no sólo en los empleos civiles había de introdu- 
cir orden y economía, también llevaba estos principios 
a la organización del ejército, reglamentando los unifor- 
mes, creando los servicios de comisaría en los regimien- 
tos y fijando los sueldos y socorros de las tropas en 



(13) O'Leary.— Tomo XIII. Doc. 205. Pág. 400. 

(14) O'Leary.— Tomo XIII. Doc. 175. Pág. 340. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 209 

Tin máximo que no pasaba de doce dollars mensuales, 
moneda americana de hoy, para los sargentos y apenas 
llegaba a la mitad para los soldados. 

No había, pues, perdido su tiempo el General, que 
de un solo vuelo de águila real, había venido desde Car- 
tagena hasta cernirse sobre las cabezas de sus her- 
manos redimidos que le victoreaban con entusiasmo, 
que tapizaban de flores su camino, que uncían sus hijas 
a su carro triunfal, mientras allá en las alturas las cam- 
panas, que son como la voz del Señor, se unían al re- 
gocijo de un pueblo libre que ofrecía el incienso de su 
gratitud al salvador. 

En los diez días siguientes a su triunfo estaban ya 
tomadas casi todas las medidas fundamentales de go- 
bierno general, de hacienda, de economía, de propa- 
ganda y de organización del ejército que fiemos esbo- 
zado en estos párrafos y el General en Jefe, lejos de 
dormir sobre sus laureles y de solazarse en las embria- 
gueces del triunfo estaba ya pronto, con los elementos 
disponibles, a iniciar las campañas que debían consoli- 
dar su victoria. 



V 



En su marcha desde la frontera venezolana hasta 
Caracas, la hueste bolivariana había corrido como un 
ciclón que arrolla lo que encuentra en su camino y dis- 
persa a lo lejos los despojos de las selvas destrozadas; 
hacia Maracaibo, Coro y Puerto Cabello habían huido 
las tropas realistas derrotadas en la izquierda del ejér- 
14 



210 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 

cito invasor, entre tanto los destacamentos vencidos en* 
su flanco derecho eran anonadados o se retiraban en- 
desorden hacia la cuenca del Orinoco. El general había, 
llenado su gran objetivo : ocupar la provincia de Ca- 
racas que le daría hombres y recursos suficientes para 
reforzar los puestos que dejaba a retaguardia y que de- 
bían servir de bases para arrojar a los enemigos asi- 
lados en los baluartes de las costas. 

Se había colocado en el centro estratégico del país- 
y desde él trabaría la lucha por una serie de movimien- 
tos radiales contra las fuerzas que tendían a compri- 
mirlo desde el círculo marítimo externo. Podía obrar 
Bolívar hacia el Sur y el Occidente, mas para actuar en 
Oriente necesitaba contar con la cooperación de los. 
patriotas de ese territorio importantísimo que se habían 
rebelado cc$ éxito contra el gobierno de Monteverde 
al propio tiempo que se realizaba la invasión de Occi- 
dente. 

El plan bien madurado en la juventud, cuando Bo- 
lívar abrió su alma a los sentimientos de la libertad en 
sus viajes por Europa, y el sentimiento de las respon- 
sabilidades, adquirido por él durante la primera repú- 
blica venezolana, fueron las grandes energías que mo- 
vieron al triunfador desde Cartagena a Caracas; otras- 
causas debían precipitar a una empresa semejante a la 
juventud venezolana de Oriente, el impulso se engen- 
draría en las protestas de la dignidad herida por las 
crueldades y depredaciones de los secuaces de Monte- 
verde, Cervériz, Antoñanzas, Zuazola y otros que obra- 
ban como verdaderos Atilas en las provincias de Bar- 
celona y Cumaná. 

Los hombres aterrados por la feroz persecución 
se habían retirado a las montañas, a los acantilados de 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



21Í 



la costa y a las islas vecinas ; un grupo pequeño en nú- 
mero, más de gran significación por la energía de sus 
jefes, se había asilado en el peñasco de Chacachacare 
que cierra la entrada del golfo de Paria, entre la penín- 
sula* de este nombre y la isla de Trinidad. Eran, en>. 
todo, 45 patriotas, jóvenes, resueltos y desesperados en. 
su horrible situación; su jefe nato era Don Santiago 
Mariño, gallardo mancebo natural de Margarita, afi- 
cionado ai mándo, a la revuelta y a la ostentación, se- 
gún nos lo pintan Baralt y Díaz; su compañero más 
íntimo era un curazoleño Manuel Piar, de quien se cuen- 
ta que tenía limpia sangre venezolana en sus venas por 
el lado materno, hombre ambicioso y violento ; los her- 
manos Francisco y Bernardo Bermúdez, audaces y 
enérgicos ambos, turbulento el primero y más reposado 4 
el segundo, figuraban en la inmediata intimidad de Ma- 
riño junto con Piar. Entre los jefes del pequeño grupo; 
debemos aun citar al comandante de ingenieros Fran- 
cisco Azcúe y a Manuel Valdés, mozo infatigable y 
magnífico, con cierta indiferencia en materia política que: 
no era para él otra cosa que el odio al conquistador. 

Todos ellos habían figurado en la primera insurrec- 
ción, especialmente Mariño que formó parte de la ex- 
pedición de Villapol a Maturín, centro oriental donde 
los patriotas tenían simpatías y en el cual pudo con- 
centrar algunos elementos el jefe republicano al reti- 
rarse perseguido por las expediciones espáñolas veni- 
das desde Guayana en los primeros días de 1812L 

En el mes de Enero de 1813, Mariño inflamado 
por el entusiasmo de sus 25 años hizo firmar un acta x 
a sus 45 compañeros en virtud de la cual comprometían 
su palabra de caballeros para vencer o morir en: la 
gloriosa empresa de libertar a Venezuela. 



212 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



El 12 ele Enero resuelven atacar la plaza de Güi- 
ria, en el golfo de Paria, mandada por el marino Ga- 
bazo cuyas piraterías le habían hecho odioso a los pobla- 
dores. Bastó la presencia de los 45 patriotas con 6 fu- 
siles para que la guarnición indígena se uniera a los asal- 
tantes, trabándose una corta lucha con los soldados espa- 
ñoles. Provisto de armas y municiones en esta feliz 
iniciativa, Marino formó dos brigadas; la primera a 
las órdenes de Francisco Bermúdez y de Manuel Piar 
se posesionaría de Maturín, en busca del parque que 
allí dejara Villapol, y la otra, un simple destacamento 
de 75 hombres, mandados por Bernardo Bermúdez, 
avanzaría hasta Irapa. Los primeros tomaron sin difi- 
cultad a Maturín y los últimos derrotaron un destaca- 
mento de 400 hombres, obligando a su jefe, Cervériz, a 
refugiarse en Yaguaraparo, en el fondo del golfo. 

Mariño organizó sus fuerzas en Irapa, sin que le 
molestaran grandemente los ataques de la escuadrilla 
española de Paria, pero inquietando él continuamente a 
Cervériz en su refugio. 

Temeroso Monteverde por la suerte de Cumaná, 
despachó una fuerza de 500 hombres al mando del viz- 
caíno Antonio Zuazola, verdadero monstruo que derro- 
tó alguno partidas de patriotas en Magueyes y en Ara- 
gua de Maturín, hacia mediados de Marzo. La sed de 
sangre, que este bandido demostraba donde quiera en- 
contrara un sér humano que pudiera tomar como enemi- 
go, le entretuvo, cometiendo una serie de crímenes abo- 
minables, sin que lograra llegar hasta el reducto patrio- 
ta de Maturín. 

Dejemos al juicio de Baralt y Díaz la apreciación 
de Zuazola cuyas acciones iban a tener atroces influen- 
cias en la prosecución de la guerra. "Digno subalterno 



IvAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



213 



"de Antoñanzas, cometió en el tránsito las mayores vio- 
ciencias, persiguiendo sin distinción como enemigo a 
"cuantos americanos encontrara, quemando las casas y 
"talando las siembras. A los prisioneros pasó por las 
"armas, y luégo llamó de paz a los vecinos de la villa, 
"que temerosos andaban a leva y monte por la sierra. 
"Muchos escarmentados con las pasadas perfidias no« 
"se fiaron; otros inocentes y candorosos se presentaron) 
"con sus familias, tanto más tranquilos cuanto que eran: 
"gente quieta que no se había metido en nada. Hom- 
"bres y mujeres, ancianos y niños fueron desorejados 
"o desollados vivos. A quienes hacía quitar el cutis de 
'los pies y caminar sobre cascos de vidrios o guijarros ; 
"a quienes hacía mutilar de uno o dos miembros de 
"las facciones del rostro, haciendo mofa después de su 
"fealdad ; a quienes mandaba coser espalda con espal- 
da. Las fieras matan por necesidad, por instinto; sólo 
"el hombre mata por placer y Zuazola era el más fiero 
"y-atroz de los nacidos. Sucedió entonces que un niño 
"de 12 años se le presentó ofreciéndole su vida por sal- 
"var la de su padre, apoyo de numerosa y desvalida fa- 
"milia. Hízolos matar a entrambos, antes al hijo. Obra 
"penosísima y larga sería referir las atrocidades de aquel 
"monstruo. Pero ; admírese hasta que punto ciegan a los 
"hombres más pacíficos e inofensivos las pasiones po- 
líticas ! El feroz vizcaíno obtuvo por sus crueldades el 
"título de valeroso y buen vasallo ; muchos cajones de 
"orejas que envió a Cumaná fueron recibidos con sal- 
"vas y algazaras por los catalanes, y estos pobres hom- 
"bres, antes conocidos por su modestia y honradez ador- 
"naron con ellas las puertas de sus casas y las pusieron 
"en sus sombreros a modo de escarapelas". 

Los crímenes horribles de Zuazola alarmaron a 



214 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



los españoles de Caracas, mas Monteverde acalló toda 
protesta, exhibiendo la aprobación de su conducta y» un 
despacho del secretario de guerra que sancionaba su 
programa de exterminio. Estas crueldades fortificaron 
las almas de los patriotas de Maturín que rechazaron 
por dos veces, el 30 de Mario y el 11 de Abril, la ex- 
pedición enviada desde Cumana a las órdenes de Lo- 
renzo de La Hoz y derrotaron al propio Monteverde 
que vino por mar, de La Guaira a Barcelona, para mar- 
char en seguida hasta Maturín en donde dejó el 25 de 
Marzo 500 hombres en el campo, cinco cañones, mul- 
titud de fusiles y pertrechos, seis mil pesos en plata y 
todo su equipaje. 

"Yo escapé de milagro y he pasado trabajos que 
^nadie se podrá figurar, escribíá Monteverde ; pero, fe- 
lizmente, lo cuento". El jefe español huía dejando el 
Oriente perdido. 

Mariño había avanzado con sus tropas hasta sitiar 
a Cumaná, donde estaba encerrado Antoñanzas con 800 
hombres, y mantenía con dificultad sus posiciones, pues 
Ja escuadrilla de Francisco Salas Echeverría era un 
auxiliar constante de la plaza asediada. Felizmente, los 
patriotas de Margarita se insurreccionaron el 3 de Ju- 
nio, aprisionando al Gobernador Pascual Martínez y 
dando libertad a los republicanos entre los cuales es- 
taba el Coronel J. B. Arismendi, que 'tanta participa- 
ción había de tener en las luchas venideras. Mariño re- 
cibió armas, municiones y el auxilio de una escuadrilla 
de 3 goletas armadas y otras embarcaciones, a las ór- 
denes del comandante José Bianchi que estrechó el cer- 
co marítimo de Cumaná. 

El 2 de Agosto se rendía la plaza y Antoñanzas, 
escapando herido, iba a morir en Curazao. Esta vio- 



GUERRAS DE BOLÍVAR 



215 



toria aseguraba a Mariño el dominio del Oriente, don- 
de sólo quedaba la guarnición de Cervériz en Yagura- 
paro, a cuyo encuentro envió a José Francisco Ber- 
múdez. Cervériz, tan cobarde como cruel, se embarcó 
■hacia la Guayana. En el camino supo Bermúdez que 
había hecho asesinar a su hermano Bernardo y juró 
vengar esta afrenta, promesa atroz que cumplió con cre- 
ces al pasar por Cariaco, Campano y Río Caribe. 

Los horrores de Cervériz, Antoñanzas y Zuazola 
fueron vengados por los patriotas en Cumaná y Marga- 
rita, fusilando a 15 españoles que cayeron en su poder, 
entre estos el gobernador Martínez. 

En los días de la tqma de Cumaná, Bolívar estaba 
a las puertas de Caracas y el Mariscal de Campo Juan 
Manuel Cajigal, que ocupaba a Barcelona, sabedor del 
doble triunfo patriota, prefirió retirarse hacia la Guaya- 
na. Se encaminó con sus oficiales y unos 150 ginetes 
al Bajo Orinoco ; desde Angostura marchó Cajigal a 
Guayana, dejando a sus oficiales, José Tomás ?oves y 
Francisco Tomás Morales, cien hombres y todas las ar- 
mas y pertrechos disponibles con la promesa de orga- 
nizar guerrillas para reanudar la lucha contra los re- 
beldes. 

Aquellos oscuros aventureros, acampados al bor- 
de de un río en aquellas inmensas llanuras, iban a formar 
una guarida en que enseñarían a los incultos llaneros 
•el odio, la venganza y el crimen, estaban destinados a 
capitanear una legión verdaderamente infernal que aho- 
garía en un mar de sangre la libertad venezolana. 

Mariño ocupaba a Barcelona el 19 de Agosto y se 
Tiacía proclamar Jefe Supremo y Dictador de Oriente, 
sirviéndole Manuel Piar de lugarteniente y José Bian- 
chi de Comandante de su escuadrilla. Se organizó un 



216 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



gobierno personalísimo, dando preferencia más a la 
formación de un ejército que a las operaciones militares 
mismas, sin que se inquietaran los patriotas orientales 
ni por perseguir a los fugitivos de Barcelona, cuya ac- 
ción en los llanos eran un gran peligro, y mucho menos 
en buscar sus contactos con las tropas triunfantes de 
Bolívar. 

El General en Jefe, apreciando debidamente la 
noble actitud de Mariño y de sus compañeros, le escri- 
bía el 12 de Julio, desde el cuartel general de Barinas, 
mientras aquél sitiaba a Cumaná : ( 'Tengo el honor 
"de dirigir a V. S. este pliego por la vía de Nutrias, que 
"según parece está enteramente libre hasta el cuartel 
"general del Ejército de Oriente. Esta comunicación 
"debe sernos tan satisfactoria como importante; pues 
"habiendo libertado ambos ejércitos el inmenso terri- 
"torio de Venezuela, podemos continuar nuestras opera- 
ciones o unir nuestras fuerzas entre San Carlos y La 
"Victoria, para estrechar a los enemigos y expulsarlos- 
"de una vez de las plazas de Valencia, Puerto Cabello, 
"Caracas y La Guaira. En siete meses de no interrum- 
"pidas victorias, han obtenido las armas de Nueva Gra- 
bada, que están a mi mando, libertar las provincias de 
"Santa Marta, Pamplona, Mérida, Trujillo, Barinas y 
"la mitad de Caracas; han destruido los ejércitos del 
"Coronel Correa, de 1.500 hombres ; el de Cañas, en 
"Carache, de 600; y el de Tizcar en Barinas de 2.000' 
"infantes y 500 caballos. Con estos brillantes sucesos 
"nos hemos puesto en aptitud de libertar el resto de 
"Venezuela oprimido aún con el auxilio de vuestros 
"hermanos los invictos soldados de Oriente, que tan 
"gloriosamente han triunfado del tirano Monteverde; 
"mas, como nosotros deseamos que nuestros laureles; 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



217 



"sean comunes, me tomo la libertad de invitar a V. S. 
"para que se sirva acelerar sus movimientos, siempre- 
"que sea posible, para que hagamos juntos una entra- 
dla en la ilustre capital de Venezuela". (15) 

Mariño, que tenía apenas 25 años y a quien sus 
compañeros quemaban los perfumes del adulo, se ha- 
bía de mostrar por largo tiempo sordo a los ruegos de 
Bolívar, provocando de este modo un verdadero cisma 
venezolano en los instantes en que era más necesaria la 
unión para destruir a un enemigo que no estaba venci- 
do sino atemorizado. El General de Oriente había to- 
mado un compromiso de honor al firmar el acta pre- 
liminar de Güiria con sus 45 afortunados compañeros : 
libertar el territorio venezolano ; mas se detenía a medio- 
camino, se había creado una especie de satrapía para 
sí y sus negativas de inteligencia con el general de Oc- 
cidente le alejaban sensiblemente del cumplimiento de 
su promesa solemnísima. 

Al enemigo mismo, Bolívar sumaba las dificulta- 
des que encontraba entre los propios venezolanos in- 
sensibles a la idea de independencia y debía agregar 
aún el importantísimo factor del desacuerdo con Ma- 
riño cuya rivalidad, sin las hostilidades de una guerra 
civil, tendría las mismas fatales consecuencias que una 
contienda fratricida. El auxiliar con que el General en 
Jefe contaba por el Oriente, era un neutral en sus cam- 
pañas y, aún peor que eso, pues las mayores activida- 
des de Bolívar y la importancia preponderante de las 
provincias que ocupaba harían pesar sobre su propio 
ejército a los enemigos que Mariño había rechazado sin 
aniquilarlos. 



(15) O'Leary.— Tomo XIII. Doc. 136. Pág. 301. 



218 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



VI 

En la profunda decepción que le causaron las reti- 
cencias de Mariño, Bolívar procuró acometer con sus 
propios elementos la liberación total del suelo patrio. 

Bien posesionado de su centro de Caracas, que se 
mostraría constantemente generoso de sangre y de re- 
cursos, el General en Jefe buscaba los medios de crear 
en torno de él un círculo militar que fuera ensanchán- 
dose metódicamente, a medida que la reorganización in- 
terna lo permitieran hasta compeler a la derrota defini- 
tiva a las tropas obligadas a embarcarse o a rendirse. 

Los dispersos de Correa habían acudido a Mara- 
caibo, los de Oberto se habían refugiado en Coro, y Mon- 
teverde con las reliquias de su ejército se hallaba ence- 
rrado en Puerto Cabello, plaza fuerte que podía ser 
utilizada para recibir refuerzos de España o de las An- 
tillas. Había, además, el peligro de una posible con- 
centración de los elementos de Coro, y aún de Maracai- 
bo, con los sitiados de Puerto Cabello para reunirse 
y renovar un movimiento rápido sobre Caracas, como 
lo hiciera Monteverde en 1812. 

El problema admitía una solución única : el sitio 
de Puerto Cabello y el envío de una expedición contra 
Coro, para limpiar de enemigos esa región, si era posi- 
ble, o para mantenerlos en jaque, por lo menos. 

Ambas cosas dispuso Bolívar, iniciando el sitio 
de Puerto Cabello y enviando hacia Occidente una ex- 
pedición al mando del teniente coronel Ramón Gar- 
cía de Sena. 



I,AS GUERRAS DE BOLÍVAR 



219 



Después del triunfo de Ribas en Niquitao, hu- 
yó Tizcar de Barinas y Yañez escapó desde Guas- 
dualito hasta San Fernando de Apure; era necesario 
destinar una columna a destruir estos elementos o a 
maniobrar en la región de los llanos en forma tal 
que se malograra su proyecto de reorganización. No 
descuidó este punto el General en Jefe y despachó, 
también a mediados de Agosto, un destacamento a las 
órdenes del Teniente Coronel de húsares don Tomás 
Montilla que debía penetrar a los llanos por Calabozo. 

En Barinas existía una guarnición que sería re- 
forzada y cuyo programa era indiscutiblemente impedir, 
.paralizar o retardar cualquier movimiento de contra- 
marcha de Yáñez hacia el Norte, buscando sus contactos 
con las fuerzas españolas de Coro. 

El gran círculo podía, así, cerrarse en Barinas, 
cuando los resultados de las expediciones de García de 
Sena y de Montilla, y los reclutamientos de la capital, 
permitieran crear un verdadero ejército de Occidente. 

Guardada su línea oriental por la expedición de 
Montilla, Bolívar no tenía para que preocuparse del ene- 
migo español que suponía dominado por el ejército 
de Mariño; sin embargo, deseoso de no ofrecer un flan- 
co vulnerable por este lado, despachó hacia los valles 
de Barlovento, donde había algunas partidas de tropas 
de Cumaná, al Teniente Coronel Don Francisco Bo- 
lívar. (16) 

Trazadas estas líneas generales de organización es- 
traégica de la nueva campaña, todo se reducía a re- 
forzarlas continuamente, a enviarles pertrechos y mu- 
niciones en abundancia y mantenerlas en el constante 



(16) OXeary.— Tomo XIII. Doc. 186. Pág. 359. 



220 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



avance que asegurara, por el éxito, la adhesión de los 
pueblos. 

Un factor extraño, imprevisto, desconocido de los 
observadores inmediatos, y completamente^ignorado de 
Bolívar, había de perturbar este programa. Una fuerza 
esporádica, por decirlo así, nacería en los llanos del 
Orinoco, levantada al empuje de dos hombres, Boves y 
Morales, que iban a dirigir la guerra en; un momento 
dado con el brutal empuje de dos tigres feroces. 

Al ejército de Mariño debía corresponder la vigi- 
lancia de los llanos en que se organizaba Boves en con- 
tinua comunicación con la Guayana; pero el joven ge- 
neral permanecía en la inacción que le aconsejaban sus 
veleidades de preeminencia política y el montonero, cier- 
to de vencerle algún día en su molicie* prefirió des- 
cargar sus golpes sobre Bolívar, sobre el enemigo que, 
aunque más fuerte, se encontraba amagado por todas 
partes. Es indudable que si Mariño, en un acuerdo con 
Bolívar, hubiera tomado a su cargo, desde sus comien- 
zos, la campaña contra Boves, habría logrado destruirlo- 
en sus iniciaciones y, pacificando los llanos, más aba- 
jo de San Fernando de Apure, hubiera consolidado su 
dominio en las provincias de Oriente, apoderándose de 
la Guayana y dispersando los últimos elementos espa- 
ñoles del Mariscal de Campo Cajigal. 

Por su parte, Bolívar habría limitado su campaña a 
la contienda con los realistas, desde Puerto Cabello y 
Coro hasta el Alto Orinoco, y la victoria que preveía co- 
mo efectivamente la tuvo, habría sido definitiva si no 
se hubiera visto obligado a combatir después con las 
hordas salvajes de Boves que Mariño debió dominar. 

Faltó el acuerdo con el jefe de Oriente y, en me- 
dio de esta guerra civil solapada, el General Bolívar se 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



221 



vio obligado a sostener dos campañas : la primera con- 
tra los elementos principalmente españoles en la que el 
triunfo fué suyo por su rapidez en el obrar, su acti- 
vidad infatigable y su dominio sobre el ejército ; y la 
otra, guerrá salvaje en que la lanza y el machete de 
las masas aplastantes de llaneros se sobrepusieron por 
el temor a todos lo comandos de la inteligencia superior 
o de la abnegación por una causa. 

Un nuevo año de fatigas se inicia para Bolívar, 
después de la satisfacción de su entrada triunfal en 
Caracas, año de privaciones, de amarguras y decep- 
ciones profundas, pero año también de victorias que 
le dieron la medida de las capacidades de los oficiales 
venezolanos y del empuje de sus soldados, infundién- 
dole aquella constancia sin límite que no le hizo jamás 
desmayar en su fe de lograr la independencia de su pa- 
tria para hacer de sus hijos los artífices de las emarir 
cipaciones de otros pueblos. 



CAPITULO SEXTO 

LA GUERRA CONTRA LOS ESPAÑOLES 

L — Operaciones sobre Puerto Cabello. — II. — El ejército de los 
Llanos. — III. — El ejército de Occidente. — IV. — Concentra- 
ción realista en Araure. — Y. — Concentración patriota en 
San Carlos. — VI. — Batalla de Araure. — VIL — Consecuen- 
cias. 

i 

El sitio de Puerto Cabello tenía dos objetos: po- 
sitivo el uno, negativo el otro. Logrado el primero, o 
sea apoderarse de la plaza, los patriotas enriquecían su 
parque con los elementos allí acumulados, alejaban un 
peligro de las cercanías de la capital y se adueñaban de 
una plaza fuerte que les serviría para sus propias ope- 
raciones marítimas, privando de esta ventaja al enemi- 
go. Estas últimas consideraciones eran de importancia 
más aparente que real ; en efecto, los republicanos no te- 
nían marina de guerra ni elementos con que formar 
una escuadra capaz de medirse con los navios españoles,. 



224 



FRANCISCO JRIVAS VICUÑA 



lo que disminuía la importancia de una base naval, por 
•el momento ; además, privados los españoles de Puer- 
to Cabello, podían utilizar a Coro, Maracaibo o Guaya- 
na para sus desembarcos de tropas, puntos lejanos del 
centro patriota y situados en regiones afectas al realis- 
mo y en los cuales era posible organizar un verdadero 
ejército en ^ torno de tropas disciplinadas enviadas de 
España. 

El objeto negativo, o sea la mera inmovilización 
de la plaza^ no tenía más inconveniente que el distraer 
un grupo importante de fuerzas ; pero esto se compen- 
saba por la igual necesidad del enemigo y, aún, por las 
posibilidades de encerrar en Puerto Cabello a los con- 
tingentes que pudieran llegar, tentados por la seguri- 
dad de las fortificaciones. 

De todo modos, el sitio se imponía como medida 
de seguridad y Bolívar se apresuró a llevarlo a cabo, 
conjuntamente con las expediciones al Sur y al Occi- 
dente reclamadas por la consolidación de la conquista. 
Después de enviar a Montilla hacia Calabozo con 600 
hombres ; a García de Sena, por el camino» de Barqui- 
simeto con un contingente igual, y de organizar la re- 
taguardia en Valencia con 400 hombres, formaba una 
expedición de 800 soldados para asediar a Puerto Ca- 
bello, dejando al incansable Ribas en Caracas con el en- 
cargo de formar y equipar nuevos batallones, tarea que 
el vencedór de Niquitao y Horcones desempeñaría con 
éxito gracias a sús influencias en la juventud y en el 
pueblo caraqueños. 

Dentro de la primera semana de su magnífica en- 
trada a la capital, las brigadas estaban ya en formación 
y antes que expirara una quincena se encaminaba Gi- 
rardot con las probadas tropas granadinas hacia Puerto 



LAS GUERRAS DE BOÜVAR 



225 



Cabello por el camino de Las Trincheras y de El Palito, 
amenazando la plaza por el Oeste; entre tanto Bolívar 
con los "Valientes Cazadores" y algunos ginetes, se di- 
rigía al mismo punto por San Esteban, amagando los 
fuertes por el Sur. 

La más ruda faena correspondería a la vanguardia 
granadina que se encontraría ante los fuegos del Mi- 
rador de Solano y de dos fortines inferiores, llamados 
Vigías Alto y Bajo ; atacaron con denuedo las tropas 
de Girardot, el 25 de Agosto y lograron apoderarse de 
ambos vigías. La división de retaguardia, a cargo de 
Urdaneta y en la cual estaba Bolívar, se encargó de do- 
minar las alturas del Mirador y de conquistar el pue- 
blo exterior, tarea que se encomendaba a los "Valientes 
Cazadores". 

"Todas estas operaciones se ejecutaron con buen 
"suceso, dicen las "Memorias del General Rafael Ur- 
daneta", excepto la que se confió a los Cazadores, los 
"cuales, batiéndose en las calles, fueron rechazados y 
"puestos en fuga desordenada, la que advertida por el 
"Libertador ordenó al Mayor General Urdaneta que 
"con las cuatro compañías de reserva rehiciera el com- 
"bate. Los españoles, que ya se creían victoriosos, tu- 
"vieron que ceder toda la ciudad exterior a la impetuosa 
"carga de estas tropas". 

El General en Jefe se apresuró a fortificar los pun- 
tos conquistados con los elementos que abandonaba el 
enemigo y, con cañones traídos de Valencia y otros de 
mayor calibre venidos de La Guaira, por el puerto de 
Borburata, consiguiendo paralizar los fuegos de los bu- 
ques enemigos y del Mirador de Solano, que durante 
tres días dominaron, por los cuatro vientos, a los pa J • 
triotas atrincherados en el pueblo exterior. 
15 



226 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 

Monteverde estaba reducido a las estacadas del 
pueblo interior y al real San Felipe y, en tal situación, 
intentó una salida el 29 de Agosto, protegido por el fue- 
go de sus baluartes, siendo rechazado con grandes pér- 
didas. 

A su vez intentó Bolívar un ataque nocturno en la 
noche del 31 de Agosto; la guarnición española no se 
dejó sorprender; pero aterrorizado por la violencia del 
ataque el comandante del Mirador de Solano, el feroz 
Zuazola, abandonó su fuerte. El mismo Bolívar refiere 
esta acción al Congreso de Nueva Granada en los .si- 
guientes términos : "A consecuencia de haber atacado el 
'31 del mismo Agosto al enemigo en sus atrincheramien- 
"tos, y haberlos abandonado vergonzosamente, se fugó 
"la guarnición del inexpugnable castillo Mirador de So- 
lano, de que tomamos inmediatamente posesión. Mas, 
"habiendo sido perseguida, se encontró en los bosques 
"al malvado Zuazola, capitán español y verdugo de in- 
"finidad de hombres, mujeres y niños degollados por 
"sus propias manos ; cuatro españoles más y algunos 
"americanos. Zuazola ha sido ahorcado en la plaza de 
"Puerto Cabello, castigo merecido por sus enormes crí- 
"menes, los cuatro españoles pasados por las armas y 
"los americanos perdonados". (1) 

El Jefe de Estado Mayor, „Urdaneta, propuso a 
Monteverde, a nombre del General en Jefe, el canje de 
Zuazola por el Coronel Jalón, preso en las bóvedas des- 
de la traición de Fernández Vinoni, y el de los cuatro 
españoles por cuatro patriotas. Monteverde, por oficio 
de 3 de Setiembre, (2) se negó y juró sacrificar dos de 



(1) OXeary.— Tomo XIII. Doc. 182. Pág. 354. 

(2) Blanco y Azpurúa.— Tomo IV. Doc. 868. Pág. 713. 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 227 

sus prisioneros por cada uno que inmolara el enemigo.. 
Zuazola merecía la muerte y no vaciló Bolívar en man- 
darlo ejecutar con sus compañeros; Monteverde se 
manchó de nuevo, haciendo morir un doble número de 
prisioneros que no eran ni siquiera hombres de guerra 
sino simples ciudadanos presos a raíz de la violación de 
las capitulaciones de San Mateo. 

El General republicano aplicaba con mesura su 
decreto de guerra a muerte provocado por las cruelda- 
des de agentes que no supieron o no pudieron moderar 
los responsables del comando español ; entre tanto, Mon- 
teverde respondía a estos actos puramente militares, in- 
molando a desgraciados sin conexión alguna con la gue- 
rra. Bolívar, siempre dispuesto a mitigar la dureza de su 
ley, llegó hasta aceptar en definitiva una proposición 1 
de canje total que Monteverde, a quien bien conocía. 
Bolívar, hacía con el mero propósito de ganar tiem- 
po, proposición que evidentemente obraba en favor de: 
los españoles, pues era superior el número de los que es- 
taban en las cárceles de La Guaira y de Caracas al de 
los que encerraba Monteverde en Puerto Cabello. 

El Presbítero Salvador García Ortigosa, que ha- 
bía formado parte de la comisión que negociara inútil- 
mente el reconocimiento de las capitulaciones de La. 
Victoria, escribía a Monteverde el 6 de Setiembre: 
"Aunque V. S. no se ha servido contestar ni a don 
"Francisco Linares ni a mí, en orden al contenido de 
"nuestros dos últimos oficios, dejándonos en la mayor 
"consternación; ni fué admitida del Jefe de la Unión 
"la proposición de canje de todos los europeos y cana- 
"rios por los presos detenidos en Puerto Cabello, canje 
"que a mi última despedida me encargó V. S. solicita- 
re; no obstante estos antecedentes, compadecido ya de 



'.,228 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



""la suerte de aquellos infelices, no he perdido ocasión 
"de instar, y aún importunar la clemencia del señor Ge- 
"neral a fin de que ceda a aquel tratado. Por último,'' 
"hoy he conseguido lo que aseguro a V. S. no espera- 
ba; conviene este jefe en que haga saber a V. S., co- 
■ a .mo a su nombre lo hago, que canjeará por los pa- 
triotas ahí presos todos los europeos y canarios que 
'"quisieren emigrar, o que tuviera a bien V. S. pedir, no 
"obstante la grande desigualdad de número, mas con 
"la condición de comprenderse entre aquellos al Coro- 
"nel Jalón y obligándose todo canario y europeo puesto 
"en libertad a no tomar las armas contra Venezuela en 
"esta campaña y en la misma no la tomarán los patrio- 
tas canjeados". (3) 

Esta comunicación quedó sin respuesta e igual 
atención merecieron al empedernido Monteverde las pro- 
posiciones análogas, por dos veces reiteradas, que le hi- 
ciera Bolívar deseoso de evitar un derramamiento de** 
sangre humana al cual no podía oponerse en vista del 
afán de venganza que irritaba a los suyos dolorosamen- 
te impresionados por los crímenes de Antoñanzas, Bo- 
ves, Morales y otros cuyas noticias se iban difundiendo 
en el ejército patriota. 

\ Xa obra humanitaria que deseaba Bolívar fraca- 
saba ante la terquedad de Monteverde y sus consejeros 
sobre quienes cae la sangre vertida después en uso del 
duro derecho de represalias. 

Activaba Bolívar el sitio en medio del cansancio 
de las tropas que principiaban a diezmarse por efectos 
de la peste y del paludismo de esas regiones, hasta el 
punto que solía haber más gente en los hospitales que 



(3) Blanco y Azpurúa.— Tomo IV. Doc. 871. Pág. 875. 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



229 



en las líneas y deseaba, a toda costa, acumular elemen- 
tos para el triunfo definitivo. El conocía a fondo la si- 
tuación del pueblo interior y del real San Felipe que 
sólo la traición había podido arrancarle en 1812 y tra- 
taba de estrechar el cerco por mar, negociando con Ma-* 
riño el auxilio de la escuadrilla que se habían procu- 
rado los patriotas margariteños. 

"Dentro de pocos días, decía al Congreso grana- 
dino el 4 de Setiembre, espero tenr la satisfacción de , 
""avisar a V. E. que Puerto Cabello está bloqueado por 
"mar y entonces no podrá continuar el enemigo en su 
"resistencia". (4) 

El Dictador de Oriente permanecería aún por lar- 
go tiempo sordo a los ruegos de Bolívar a quien aconte- 
cimientos inesperados obligarían a levantar, momentá- 
neamente, el asedio de Puerto Cabello. 

El 13 de Setiembre se presentaba en La Guaira la 
fragata española Venganza, llevando a su bordo 1.200 
hombres del regimiento Granada a las órdenes del Co- 
ronel Salomón. Este auxilio era vagamente conocido por 
noticias que recibían de Cádiz los comerciantes españo- 
les; mas bastaba esta sospecha para que el jefe de Cara- 
cas, el Coronel Ribas, mantuviera una estrecha vigilan- 
cia sobre La Guaira. Al ser avistada la fragata, Ribas 
usó la estratagema que la guerra moderna ha llamado 
camouflaje; el puerto aparecía como posesión española 
a fin de que la tropa desembarcara sin desconfianzas y 
apresarla cuando el último pertrecho estuviera en tie- 
rra. La tentativa fracasó y sólo quedaron en manos de 
los patriotas 15 ó 20 hombres que vinieron a tierra con 
Miramón, el segundo jefe del Granada. La Venganza 



(4) O'Leary.— Tomo XIII. Doc. 182. gág. 354. 



230 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



se hizo a la vela y el 16 de Setiembre desembarcaba 
su contingente en Puerto Cabello ; al día siguiente las 
tropas sitiadoras se retiraban a Valencia. 

La llegada de refuerzos de la Madre Patria, a más 
de ser por sí mismos un elemento valioso por la 
disciplina de los soldados y la pericia de los jefes, ten- 
dría un efecto moral enorme sobre los destacamentos 
realistas dispersos y sobre la población españolizante. 
Era indispensable un golpe de audacia para aniquilar 
a la vez las influencias militares y políticas de la ex- 
pedición capitaneada por la Venganza y Bolívar se pre- 
paró para ello, provocando al enemigo a que saliera de 
sus atrincheramientos y le presentara batalla en un si- 
tio en que pudiera maniobrar con éxito dada su falta 
de artillería. ' 

El ejército republicano retrocedió hasta Valencia, 
cubriendo sus avanzadas por el Norte hasta Las Trin- 
cheras y dejando en el centro el llano de Naguanagua, 
que era el escogido por Bolívar para dar el ataque. 

Apenas repuestas de las fatigas de la travesía, 
Monteverde decidió que las tropas españolas salieran 
€n presecución de los sitiadores. Dejó guarnecida la pla- 
za y con una división de 1.600 hombres se encaminó 
por El Palito y Agua Caliente hasta Las Trincheras, 
donde formó su retaguardia con 1.100 hombres, hacien- 
do marchar hasta Bárbula, que domina la llanura de Na- 
guanagua, una columna de 500 hombres. 

Al conocer estos movimientos, Bolívar qiie avanza- 
ba por escalones desde Valencia, no podía creer en los 
datos de su servicio de informaciones que le aseguraban 
la realidad de estas posiciones del jefe español, que de- 
jaba un espacio de 10 kilómetros entre sus brigadas ; 
desde el 25 ele Setiembre procura, por medio de peque- 



IvAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



231 



ños destacamentos de descubierta, atraer hacia el llano 
al grupo de Bárbula, sin conseguir que abandonara sus 
posiciones contra las cuales no podía maniobrar la caba- 
llería republicana. 

Decidióse, finalmente, al combate de infantería y 
el día 30 de Setiembré, tres secciones al mando de Gi- 
rardot y D'Eluyar trepaban a las posiciones de Bárbula 
y deshacían las vanguardia de Monteverde, haciendo 
numerosos prisioneros. 

Girardot, que conducía el ataque de avanzada, mu- 
rió en el campo de batalla en el momento en que decía 
a Urdaneta, lleno de entusiasmo : "Mire Ud. cómo hu- 
yen esos cobardes". 

El General en Jefe deja cubierto el campo de Bár- 
bula y, formando un núcleo de fuerzas en Naguana- 
gua, siguió a Valencia a tributar los honores fúnebres 
que merecía el heroismo dd pundonoroso granadino 
Atanasio Girardot. El día 2 de Setiembre se completó 
en Naguanagua una división de 1.000 hombres que, a 
las órdenes del Comandante D'Eluyar, debía marchar 
sobre Las Trincheras con instrucciones de batir a Mon- 
teverde el día 3, al amanecer. 

Las tropas granadinas, deseosas de vengar a su je- 
fe, y los contingentes venezolanos rivalizaron en auda- 
cia y en valor, obedeciendo a 1-a consigna de 'Vencer o 
morir'' y después de seis horas de combate, en el cual 
fué gravemente herido Monteverde, el jefe español se 
encerraba para siempre en Puerto Cabello, dejando a 
la mitad de sus soldados en el campo de batalla. 

El clarín de la victoria resonaba en Las Trinche- 
ras en los propios momentos en que las campanas de 
Valencia doblaban, como si fueran el eco de un ejército 
que lloraba a una de sus glorias, y la angustia de un pue- 



232 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



blo que plañía ante la desgracia de uno de sus salva- 
dores. 

Dio Bolívar toda la resonancia que merecía el he- 
roísmo de Girardot; por un decreto-ley consagró como 
día fúnebre el 30 de Setiembre, ordenó un luto general 
de un mes, dispuso que su corazón se llevara en triunfo 
a Caracas, dio su nombre al batallón que mandaba y lo 
hizo inscribir en todos los registros de los municipios 
y acordó para siempre a su posteridad los sueldos de que 
gozaba y las demás gracias y preeminencias que se pu- 
dieran acordarle. 

El mismo se trasladó a Caracas a dar realce a la 
entrada triunfal del corazón del héroe y no faltan quie- 
nes atribuyen esta actitud de Bolívar a una sed insa- 
ciable de ovaciones. 

Desde luego, hay en los honores discernidos a Gi- 
rardot el homenaje personal del jefe al subalterno dis- 
ciplinado, leal, valeroso, que en todas partes aseguró el 
éxito : además, ellos eran un dictado de estricta grati- 
tud para con Nueva Granada, patria del héroe, que con 
tanta generosidad había auxiliado la reliberación de 
Venezuela. 

Estas consideraciones bastarían para justificar la 
noble actitud de Bolívar ; pero hay aún algo más y que 
tenía grande influencia en el momento : era preciso con 
la exhibición de un nuevo triunfo, en forma ruidosa, 
evidenciar la impotencia española y atraer a las masas 
que se inclinan al más fuerte y que, en efecto, se estaban 
aproximando por todas partes a la política realista. 

Los honores discernidos a Girardot se inspiraron en 
el triple concepto de la gratitud personal, del home- 
naje fraternal a Nueva Granada y de las conveniencias 
políticas. En cuanto a la parte personal de Bolívar en 



hAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



233 



el triunfo de las cenizas del héroe, la encontramos per- 
fectamente explicada en la siguiente proclama que diri- 
ge a sus soldados al alejarse de Valencia, el 6 de Oc- 
tubre : 

"Yo no me aparto de vosotros, amados compañeros 
"míos, sino para ir a conducir en triunfo a Caracas el 
"gran corazón del inmortal Girardot; y a recibir con 
"los honores debido a los libertad-ores de Cumaná y de 
"Barcelona, que ansiosos de adquirir nuevos trofeos, 
"vienen a participar de nuestros peligros y de nuestras 
'glorias, guiados por el joven héroe General Santiago 
"Mariño, salvador de su patria". (5) 

Los éxitos de sus tropas y las ovaciones de la 
capital, a los cuales se asociaban los representantes del 
dictador de Oriente, influirían ciertamente en el ánimo 
de su rival para llegar a un acuerdo salvador de la patria 
y éste nos parece uno de los grandes móviles de Bo- 
lívar al preparar este escenario y fué sin duda la causa 
determinante de su viaje, como él mismo lo dice. 

Había vencido a las tropas veteranas españolas y 
deseaba por el conocimiento de este suceso afirmar la 
confianza general que debían merecer la bondad de la 
causa y la pericia del jefe de la campaña y este empeño 
era una necesidad imperiosa del momento y no una ba- 
nal satisfacción de su amor propio. 

Sus propios oficiales recibieron ascensos y distin- 
ciones bien merecidos en este punto culminante de sus 
esfuerzos, halagos que les estimularían para los nuevos 
sacrificios que la patria reclamaba. No tendrían descan- 
so esos soldados ayer bisónos y ya veteranos acaricia- 
dos siempre por los besos de la gloria. Así, D'Eluyar; 



(5) OXeary.— Tomo XIII. Doc. 197. Pág. 387. 



234 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



después de su triunfo en Las Trincheras, ascendido a 
Teniente Coronel, volvió modestamente desde el 5 de 
Octubre, a ocupar su puesto en el sitio de Puerto Cabe- 
llo, con los pobres elementos de que disponía, esperando 
siempre la escuadrilla de Piar y allí permanecería, 
guardia inflexible, hasta la hora trágica del desastre. 

Cúmplenos ahora seguir en sus movimientos a las 
otras secciones del ejército libertador. 



, II 

El Teniente Coronel Don Tomás Montilla había 
partido en el mes de Agosto hacia Villa de Cura para 
expedicionar sobre los llanos y estorbar la reorganiza- 
ción que intentaba Yáñez de las fuerzas realistas que 
había abandonado Tizcar en Barinas y Nutrias y de las 
tropas que él había salvado de Guasdualito huyendo 
hasta San Fernando de Apure. e 

El enemigo que encontraría Montilla no seria 
Yáñez sino personajes hasta entonces desconocidos y cu- 
yos nombres iban a ser en breve el emblema del te- 
rror ; Boves y su segundo Morales, aquellos dos oficia- 
les del ejército de Cajigal huido de Barcelona que se 
despedían de su jefe jurando organizar una guerra de 
montoneras contra la República, serían los adversarios 
de la expedición patriota. 

Sea por rivalidades entre Boves y Yáñez, sea por- 
que hubo acuerdo entre ellos, el hecho es que ambos 
obraron con independencia al organizar sus legiones en 
los llanos del Orinoco, obrando el primero al Oriente 



V 



tAS GUERRAS DE BOLIVAR 235 

de Apure, en los llanos de Guayana y de Caracas, y el se- 
gundo en la provincia de Barinas principalmente. 

Boves, asturiano de nacimiento, se llamaba en rea- 
lidad José Tomás Rodríguez y era empleado de los 
hermanos Joves, de Puerto Cabello, cuyo nombre imi- 
tó en señal de gratitud por haberle obtenido la gracia 
de conmutación en destierro a Calabozo de una senten- 
cia a 8 años de presidio por delito de contrabando. Fué 
guerrillero de la revolución patriota y, debido sin duda, 
tanto a las peculiaridades de su temperamento como a 
las injusticias que se cometieron en el comienzo de la 
revolución, fué despojado de sus bienes y reducido a 
prisión, en la que estuvo hasta que Antoñanzas le puso 
<en libertad. 

Lleno del odio que acrecentaba su carácter san- 
guinario, toda la sangre que derramaba le parecía poca 
para lavar su injuria y, como tenía en el fondo esas fie- 
rezas indolentes de la vida del marino y del contraban- 
dista, mataba sin deleitarse en la hecatombe que fué para 
él una revancha al comenzar y luégo una necesidad, en 
fuerza misma de la costumbre que había llevado a este 
hombre de crimen en crimen, desde el contrabando, en 
que se está dispuesto a matar un guardián, hasta capi- 
tanear una horda de asesinos. 

Por recomendación de Monteverde entró al servi- 
cio del Mariscal de Campo Cajigal, con grado de Capi- 
tán y allí trabó amistad con José Francisco Morales, 
alférez de artillería, modesto revendedor de origen ca- 
nario, patriota en un comienzo y realista luégo por mo- 
tivos análogos a los de su futuro jefe. 

Morales era un alma esencialmente villana ; había 
sido ladrón y asesino en una sociedad vigilada por un 
sistema policial ; en los llanos era despiadado y cruel y se 
apoderaba de los despojos de sus víctimas. 



236 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 

% 

Ambos eran valientes hasta la temeridad, los pri- 
meros en los peligros, infatigables en el esfuerzo y as- 
tutos como todos los hombres que desean alcanzar un 
objetivo determinado por cualquier medio; con estas 
cualidades les sería fácil adquirir a estos hombres el 
dominio completo que ejercieron sobre los llaneros, ma- 
sa semi-nómade de mestizos que vivían aislados de toda 
civilización como no fuera las enseñanzas de los misio- 
neros que no eran adecuados para marcarles su puésto 
en la tierra sino el sitio en el cielo que debían adquirir 
con sumisiones y limosnas, especialmente con estas úl- 
timas. 

Hasta 2.500 hombres de esta clase habían recluta- 
do Boves y Morales en los llanos de Oriente, armándo- 
las con lanzas forjadas con hierros arrancados a las 
ventanas y se encaminaban por el rumbo de Calvario 
hacia Calabozo, a mediados de Setiembre de 1813. Sa- 
bedpr Montilla de este avance, despachó a su encuentro 
con 600 infantes al Teniente Coronel Don Santiago 
Padrón; ni el número ni la condición de las fuerzas 
eran adecuados para combatir con los ginetes del llano, 
máxime a tan larga distancia de la base de operaciones 
patriotas que estaba en Villa de Cura. Padrón fué com- 
pletamente derrotado en el cañadón de Santa Catalina, 
entre Calvario y Calabozo ; las tropas aterradas pelearon 
débilmente y huyeron hacia Villa de Cura, escapando 
muy pocos fugitivos de la matanza ordenada por Bo- 
ves.. Las hordas penetraron en la población, la entrega- 
ron al saqueo y se retiraron a mejores posiciones para 
su caballada hacia el interior. 

Ocurría este desastre el 20 de Setiembre, en los 
propios días en que Bolívar debía considerar el gran- 
dísimo problema de atacar a Monteverde reforzado en 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



237 



Puerto Cabello por el regimiento Granada que había 
traído la Venganza. Sin tardar escogió unos 300 hom- 
bres eñ la guarnición de Valencia y ordenó un rápido 
alistamiento para completar una división de 1.000 com- 
batientes siquiera. 

Tan importante como reunir este grupo era la elec- 
ción de un jefe adecuado, capaz de moverse con rapi- 
dez y de equiparar en energías al capitán de los llaneros. 

Había entre los oficiales de Bolívar un militar, de 
origen español, Don Vicente Campo-Elias que, desde 
antes de la ocupación de Mérida, se había puesto al ser- 
vicio de la causa republicana, llegando hasta organizar 
destacamentos de exploración y de descubierta, temien- 
do cualquiera sorpresa del lado de Barinas. 

Campo-Elias se había distinguido en toda la cam- 
paña y Bolívar, después de las acciones de Bárbula y 
Las Trincheras, le había ascendido a Teniente Coronel, 
confiándole el mando del batallón Barlovento. ¿Qué se- 
creto llevaba en su alma este subdito español que aban- 
donaba §u familia en Mérida para entregarse, como él 
decía, a la dicha de matar españoles ? Nadie penetró ja- 
más el misterio de aquella terrible decisión y la res- 
puesta de Campo-Elias a toda investigación era siem- 
pre la misma : los mataría a todos y después me suici- 
daría para que no quede ninguno. ; Misterio ! 

Era éste el jefe indicado y Bolívar le confió el man- 
do de 1.000 hombres con orden de trasladarse a Villa de 
Cura y formar escuadrones de caballería, en los centros 
vecinos de San Sebastián y Chaguaramas, hasta com- 
pletar un contingente capaz de dominar al enemigo. 

Cumplió Campo-Elias con presteza su misión y, ya 
en los primeros días de Octubre, áe hallaba al mando de 
1.000 infantes, confiados a Miguel Ustáriz, y 1.500 gi- 



238 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



netes para salir en demanda del tropel llanero. Atrave- 
só por La Puerta para llegar al valle del Guárico don- 
de encontró a Boves en el sitio de Mosquiteros, a la 
vista de Calabozo, con 2.000 hombres de caballería y 
500 soldados de infantería comandados por Morales. 

Aceptó el llanero el encuentro y disparó gran par- 
te de su caballería sobre el ala izquierda de los patrio- 
tas, haciéndola retroceder y alanceándola sin piedad. 
Contuvo Campo-Elias su centro y su ala derecha, dando- 
tiempo a que los ginetes de Boves se separaran del nú- 
cleo de fuerzas y, en el momento oportuno, ordenó a 
Ustáriz una eficaz descarga de su infantería, precipi- 
tándose él a la cabeza de sus tropas en un furibundo ata- 
que contra los llaneros. El choque fué irresistible, la 
lucha se hizo individual y pocos enemigos espacaron con 
vida, pues las tropas de Campo-Elias no daban cuartel. 

Boves y Morales, este último gravemente herido, 
escaparon hasta Guayabal, en las márgenes del Apure r 
un poco al norte de San Fernando, seguidos apenas por 
unos 30 ginetes. Los perseguidores del ala izquierda 
patriota volvieron al campo para sufrir la misma suerte 
de sus desgraciados compañeros, salvándose sólo algu- 
nos pocos dispersos que tomaron el camino de Guayabal. 

El triunfador de Mosquitero manchó su victoria 
con la muerte de muchos soldados americanos que, con 
benignidad, pudo atraer a la causa patriota, y también 
con las ejecuciones que ordenara en Calabozo para cas- 
tigar a este pueblo por el concurso que prestara a Bo- 
ves y a Morales. Campo-Elias había trasgredido las 
prescripciones del decreto de Trujillo y había entre- 
gado a los vencidos un gran factor de propaganda para 
rehacer sus huestes; los pueblos de los llanos se deja- 
rían impresionar por los relatos de esta derrota y, en 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



239' 



cambio, los patriotas no tenían elementos para pene- 
trar en esas regiones y referir el aniquilamiento de la 
división de Montilla y el saco de Villa de Cura. 

Es indudable que si el ejército de Mariño hubie- 
ra cooperado en estas operaciones sobre los llanos, pe- 
netrando en ellos por la zona que le era propia, hasta 
adueñarse de Angostura, por ejemplo, la reorganización 
de las legiones de T3oves fuera casi imposible y la cam- 
paña se habría encaminado al triunfo defintivo de los 
republicanos. Hasta ése momento, el acuerdo de Bolívar 
y Mariño no se producía y esta diferencia iba a traer 
sobre Venezuela un diluvio de lágrimas y de sangre. 

El triunfo de Mosquitero tenía lugar el 14 de Oc- 
tubre y el propio día ocupaba Campo-Elias a Calabozo 
sin poder perseguir al enemigo hasta sus guaridas por- 
que los llanos estaban totalmente invadidos. Allí per- 
manecería disciplinando y organizando sus huestes, has- 
ta que las necesidades del ejército de Occidente le lla- 
maran a otros campos de batalla. 



III 



La situación en el lejano Occidente no era tranqui- 
lizadora; Mérida y Trujillo permanecían lealmente adic- 
tas a la causa republicana, tal vez más la segunda que 
la primera a causa del sentimiento egoísta que nacía 
de las mayores seguridades que tenía de recibir soco- 
rros de Caracas en caso de una agresión realista ; Méri- 
da, más alejada del centro de operaciones se hallaba 
expuesta a las incursiones que pudieran venir de Mará- 



240 



FRANCISCO RiVAS VICUÑA 



caibo o aún de la frontera neo-granadina en donde las 
montoneras españolas principiaban a mostrarse activas. 

La revolución de la independencia podía a pesar 
de todo, contar con la afección de ambos pueblos, mas 
no le ocurría lo mismo con Bailadores, ni con Carache, 
villa que rivalizaba con Trujillo, ni con Aroa, Siqui- 
sique y demás lugares del valle del Tocuyo en los cua- 
les Ceballos. el gobernador español de Coro, hacía sen- 
tir su influencia por medio del cura Torrellas y del in- 
dio Reyes Vargas, los mismos eficaces auxiliares de 
Monteverde en su tan violenta como feliz atropellada 
en 1812 contra el ejército de Miranda. 

El mayor peligro se encontraba, sin duda, en el va- 
lle del Tocuyo, territorio favorable para los recluta- 
mientos del ejército español y al que podía suministrar 
elementos de guerra la plaza de Puerto Cabello por la 
Vela de Coro. En esa dirección fué despachada la co- 
lumna de 600 hombres del Teniente Coronel García de 
Sena, al propio tiempo que Montilla avanzaba por Villa 
de Cura a expedicionar en los llanos. 

Hacia el 15 de Setiembre, encontró García de Se- 
na al indio Reyes Vargas en el sitio de los Cerritos Blan- 
cos, entre Ouíbor y Barquisimeto, y logró derrotarlo 
después de un sangriento combate que debilitó profun- 
damente a la pequeña división patriota. 

García de Sena avanzó hasta Barquisimeto para 
rehacerse y continuar la expedición que confiaba a su 
segundo, el comandante Miguel Valdés, estando él gra- 
vemente enfermo. 

La victoria de Cerritos Blancos no impresionó 
grandemente el ánimo de Bolívar que veía acumular- 
se graves peligros en Occidente; la noticia le llegaba 
en los propios días del desembarco del Granada en 



Ías guerras de bolívar 



241 



Puerto Cabello y el jefe republicano juzgó que Mon- 
teverde podría auxiliar a Ceballos colocándole en situa- 
ción de provocar la rebelión general en El Tocuyo. 

Rápido en sus concepciones, diligente para orde- 
nar y enérgico para hacer cumplir sus mandatos, Bolí- 
var creó inmediatamente un ejército, de Occidente bajo 
las órdenes del General de brigada don Rafael Urda- 
neta, jefe prudentísimo, valeroso, disciplinario como po- 
cos, porque era, a la vez, un convencido de la causa re- 
publicana y un admirador de su jefe. 

Las fuerzas de Occidente las compondrían el ba- 
tallón Caracas, mandado por el comandante José Rodrí- 
guez, una compañía de infantes del Agricultores de 
Caracas, a las órdenes del Capitán Piñango y un piquete 
de caballería que guiaba don José Antonio Guzmán. 

A estos 700 hombres debía agregar Urdaneta las 
fuerzas de García de Sena y el campo volante que ope- 
raba desde San Carlos sobre los llanos, bajo el comando 
de don Teodoro Figueredo. 

A comienzos de Octubre, se puso en marcha Urda- 
neta desde Valencia a ¡í$an Carlos para incorporarse al 
campo volante y seguir por los valles del Cojedes y del 
Barquisimeto a reunirse con la brigada de García de Se- 
na, formando de este modo un contingente capaz de 
empeñarse seriamente en una acción contra Ceballos y 
Oberto que venían desde Coro con una fuerza de 2.000 
hombres. 

Ceballos, conocedor de los preparativos que hacía 
Yáñez en Apure, se había esmerado en preparar uña 
expedición que le permitiera ir al encuentro del compa- 
triota para batir juntos al ejército independiente. El 22 
de Setiembre salía de Coro con 351 infantes y 23 oficia- 
les al mando de Miguel Correa y, marchando por Siqui- 
16 



242 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



sique hacia Barquisimeto, incorporó los elementos del 
cura Tórrellas y del indio Reyes Vargas, los elemen- 
tos reunidos por el juez Cordero, los dispersos de Ca- 
ñas } T Oberto y la caballería del río Tocuyo, mandada 
por Pedro Luis Inchauspe, formando una división de 
2.000 hombres más o menos. 

En los días en que Urdaneta marchaba hacia San 
Carlos-, la división de Ceballos alcanzó a Valdés, a car- 
go de las tropas de García de Sena, en Barquisimeto. 

En la marcha supo Urdaneta que este contingente, 
muy desmoralizado después de la cruenta victoria de 
Cerritos Blancos, se había retirado hacia Yaritagua en 
las cabeceras de Barquisimeto ; le envió instrucciones 
para que bajara hasta El Altar, en el valle del Cojedes, 
hacia donde se encaminaba el núcleo de la expedición. 

Partió de San Carlos el General Urdaneta sin poder 
auxiliarse con el grupo de Figueredo, que estaba expe- 
dicionando muy lejos en los llanos, y marchó resuelto 
a iniciar su campaña con sus tropas y las de Valdés. 
Prosiguió su avance y, no encontrando a Valdés en El 
Altar, cruzó por la montaña hasta el punto' llamado El 
Gamelotal, donde supo que la brigada del Norte había 
sido derrotada en Yaritagua y que se replegaba a Va- 
lencia por San Felipe. 

La prudencia, cualidad característica de este jefe, 
aconsejó a Urdaneta esperar mientras pedía socorros a 
Bolívar para empeñar una acción decisiva o para reti- 
rarse en orden, salvando sus tropas, si el auxilio se ha- 
cia imposible. 

En esos momentos la situación militar era más bien 
favorable; los combates de Bárbula y Las Trincheras 
habían enmurallado a Monteverde, y Campo-Elias en 
Mosquiteros ahuyentaba las hordas de Boves; las acti- 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



243 



vidades de Ceballos eran la preocupación de Bolívar, 
que se preparaba activamente contra él y*pudo atender 
con presteza al pedido de Urdaneta. 

El General en Jefe se puso en marcha con el ba- . 
tallón Aragua, mandado por el Coronel Florencio Pa- 
lacios, debiendo incorporársele el escuadrón Soberbios 
Dragones, de Caracas, a quien su jefe, el Coronel Rivas- 
Dávila llevó siempre a la victoria. Hacia el 8 de No- 
viembre se reunieron Bolívar y Urdaneta y tres días . 
después, marchando por la sierra, llegaban al poblado 
de Cabudare, desde donde se alcanza a divisar a una 
legua de distancia, el campamento realista de Barqui- 
simeto. 

Las fuerzas españolas dominaban el camino real y 
Bolívar dispuso el avance por la vereda de Tierras Blan- 
cas que intercepta el camino entre Santa Rosa y Bar- 
quisimeto, pudiendo llegar sin peligros a trabar ua com- 
bate eficaz con el enemigo. 

Dividió Bolívar sus 1.200 infantes en tres seccio- 
nes, confiando la derecha al Coronel Palacios, la izquier- 
da al Coronel Ducaylá y el centro a Rodríguez, el co- 
mandante del batallón Caracas. 

La caballería de Guzmán se había engrosado cont 
pequeños piquetes venidos de Ospino, Guanare y Ba- 
rinas y no alcanzaba a 200 hombres ; a pesar de esto,, 
dada la naturaleza del terreno, se juzgó suficiente este 
número para empeñar la acción sin aguardar la llegada 
de los Soberbios Dragones. 

Contaba, además, el ejército ^independiente con dos 
cañones traídos de Valencia por Urdaneta, cuyos fuegos 
dirigía el subteniente S. Mancebo. 

El jefe español Ceballos mandaba directamente la 
caballería y su segundo Oberto gobernaba a la. vez la 



244 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



infantería y la artillería; sumando entre ambos los 
2.000 soldados que habían logrado rechazar a García 
de Sena y a Valdés en Barquisimeto y Yaritagua. Abrió 
«el combate la infantería patriota, al propio tiempo que 
Ha caballería de Guzmán arrollaba a los ginetes de Ce- 
ballos, poniéndolos en fuga hasta la laguna de Piedra, 
en el camino de Carora. Triunfante la caballería de Bo- 
lívar echó a vuelo las campanas de Barquisimeto y, aun- 
que en estos momentos la infantería alcanzaba ventajas 
:.sobre las tropas de Oberto, por una desgracia cuyo ori- 
gen no está averiguado, dice el General Urdaneta, se 
oyó el toque de retirada, los cuerpos fueron envueltos 
al intentada y ni los esfuerzos heroicos de Bolívar, Ur- 
daneta y los demás jefes fueron bastantes para detener 
en su fuga a los soldados ya desordenados que, para 
liuir, tiraron los fusiles. 

La caballería de Guzmán, que había empujado has- 
ta el camino de Carora a los ginetes de Ceballos, vol- 
vió a tomar parte en el combate, mas se contagió con el 
pánico de la infantería en fuga y no se hizo sino au- 
mentar el desorden de la derrota. Felizmente, Luis Ma- 
ría Rivas-Dávila llegaba a tiempo con los Soberbios 
Dragones para organizar la retirada y mitigar los efec- 
tos de la persecución del enemigo envalentonado. Logró 
Rivas-Dávila contener las tropas realistas en las már- 
genes del río Cabudare y dar tiempo a Bolívar y a Ur- 
daneta para recoger a los dispersos y marchar hasta el 
campo de El Altar, en las márgenes del río Cojedes. 
Cuatrocientos muertos, otros tantos prisioneros; seis- 
cientos f usiles, dos cañones y tres banderas sumaban 
las dolorosas pérdidas de esta jornada que debió ga- 
narse y que el destino marcó con la cruz negra de la des- 
gracia. 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



245 



Por primera vez, las sombras de la derrota oscure- 
cían la frente de Bolívar, el azar que con mano cruel se 
empeña en destruir las combinaciones humanas, el azar 
que es un factor considerable en las luchas armadas, 
había estado, hasta el día de Barquisimeto, obrando en 
favor de los republicanos cuya estrella sufría un pri- 
mer eclipse. Bolívar, que ya había probado en Puerto' 
Cabello sus capacidades para obrar bajo el peso de la 
desgracia, no se mostraría ahora inferior a sus ante- 
cedentes. 

Instruyó a Urdaneta para recoger los dispersos en 
El' Altar, con el auxilio del grupo de Izquierdo que el 
mismo Bolívar iría a buscar a San Carlos, debiendo 
después replegarse a esta ciudad. El General en Jefe 
seguiría hasta Valencia a formar un nuevo ejército y 
a preparar una concentración general para batir a Ce- 
ballos. 

En esta empresa se hallaba Bolívar, auxiliado por 
Villapol, cuando supo que Monteverde, alentado por el 
desastre patriota de Barquisimeto, había ordenado una 
salida del Coronel Salomón por las sierras del noroeste 
para caer sobre Guacara y amenazar a Valencia desde 
allí. 

Inmediatamente ordena Bolívar a D'Elhuyar, que 
sitiaba a Puerto Cabello, que se ponga en observación 
en Naguanagua ; al mismo tiempo pide refuerzos al Ge- 
neral Ribas quien se presenta con 500 infantes de la 
juventud de Caracas y 200 ginetes formados en los 
campos vecinos de la capital; acude Bolívar con 1.300 
hombres y alcanza las fuerzas de Salomón atrinchera- 
das en las alturas de Vigirima desde el 20 de No- 
viembre. 



246 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"En los días 23, 24 y 25, dice Bolívar en una co- 
""municación a los comisionados de Mariño, fechada en 
'''el campo de Vigirima el 26 de Noviembre, nuestras 
^'tropas han buscado a- los enemigos en sus mismos 
"atrincheramientos, causándoles estragos considerables 
"de muertos, heridos y prisioneros ; pero ayer 25 han si- 
"do batidos en sus mismas posiciones, tomadas por 
"nuestros soldados a viva fuerza, a pesar del terrible 
"fuego de su artillería. Las consecuencias de ésta se- 
ñalada victoria han sido abandonar su posición inex- 
pugnable del centro, su artillería, algunos fusiles y ca- 
*'jás militares, dejando vestigios, aun en su huida, del 
"destrozo que han padecido". 

Salomón huía a Puerto Cabello para encaminarse 
luégo con sus tropas, diezmadas por la derrota y las fie- 
bres, a reunirse con Ceballos en Coro. D'Elhuyar des- 
pués de recoger su cosecha habitual de laureles en Vi- 
girima, volvía estoico y sereno a contener a Monte- 
verde. 

El desastre de Barquisimeto estaba vengado y el 
General en Jefe, restablecido el prestigio de sus éxitos, 
prestigio que era la gran fuerza coercitiva de los ele- 
mentos republicanos, podía consagrarse con reposo mo- 
ral, mas con inauditas rapideces materiales, a la gran 
operación de concentrar fuerzas en San Cr.rlos para 
dominar la rebelión de Occidente. 

IV 

En el mes de Julio, había organizado Bolívar el 
gobierno de Barinas, dejando a su jefe el señor Pulido 
relativas libertades para conciliarse al ánimo de este 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



247 



patriota muy afecto a las ideas federalistas; pero pres- 
cribiéndole al propio tiempo instrucciones precisas en 
cuanto a la persecución del enemigo, que se había reti- 
rado a San Fernando de Apure, y muy especiales en 
cuanto al régimen económico que debía ser de bastarse 
a sí mismo y de contribuir con alguna ayuda de dinero 
a los gastos generales, sin perjuicio del suministro de 
armas y municiones que pudiera hacer la administra- 
ción central. 

El gobernador Pulido logró satisfacer las aspiracio- 
nes de su jefe, enviándole hasta 25.000 pesos como con- 
tribución de guerra y logrando, tan luego como el estia- 
je de los llanos se lo permitió, dispersar las numerosas 
guerrillas que infestaban la provincia de Barinas. 

Por grandes que fueran los refuerzos de los jefes 
políticos y militares del campo patriota, Yáñez, el esca- 
pado de Guasdualito les superaba en resultados, con- 
tando como contaba con elementos de que aquéllos no 
podían disponer. Desde luego, había salvado de su bri- 
gada y del contingente de Tizcar, una base homogénea 
de 1.100 hombres; operaba en terreno predispuesto en 
favor de los realistas por la propaganda de los misio- 
neros y, finalmente, tenía sus comunicaciones expedi- 
tas con Guayana para proveerse de armas, municiones 
y toda clase de pertrechos. 

La situación de Don Manuel Antonio Pulido se 
hacía difícil a medida que avanzaban los preparativos 
de los realistas apúrenos y se afanaba en recursos deses- 
perados para perturbar a Yáñez y a las guerrillas que le- 
vantaba por todas partes. El jefe realista, para prepa- 
rar su marcha, provoca revueltas en las cercanías de Ba- 
rinas, envolviendo a la capital en una línea de monto- 
neras desde Pedraza y Quintero por el Sur, hasta San 



248 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



José y Guanarito por el Oriente, aislando los minúscu- 
los destacamentos patriotas que obraban en la isla de 
A chaguas, en la vecindad misma del cuartel general 
realista. 

Yáñez, que obraba en connivencia con Ceballos y 
con Boves, movió su. campamento desde San Fernan- 
do a fines de Setiembre, llevando 2.500 hombres, en- 
tre los cuales dos regimientos de infantería bien orga- 
nizados, el "Sagunto" y el "Numancia". Luégo se in- 
corporaron las' guerrillas que operaban al sur de Bari- 
nas y Pulido se vio obligado a evacuar su capital el 2 
de Noviembre. 

Bolívar empeñado en el Norte en la triple lucha 
contra Ceballos, Monteverde y Boves, no podía pres- 
tar ningún auxilio eficaz al destacamento de Barinas 
cuya concentración al cuartel general se imponía con el 
fin de atraer a los enemigos a una sola batalla decisiva 
que era el programa perseguido por el General en Jefe. 
Pulido clamaba por armas y oficiales, haciéndose res- 
ponsable de procurar soldados; pero de todo carecía el 
ejército central que sólo salvaba la situación a fuerza 
de rapidez, de obrar como el rayo, a semejanza de Na- 
poleón en sus campañas italianas. 

Ante la propia miseria, Bolívar sólo** podía esti- 
mular su acción a fin de poder salvar la provincia del 
Sur cuyo jefe le enviaba este lastimero aviso: "Me ho- 
rrorizo al conocer la índole de estas facciones ; casi to- 
adas obran estimuladas de un mismo principio, el de- 
"seo de acreditarse los pardos con los españoles para 
"que los premien cuando vuelvan y los eleven sobre los 
"criollos blancos ; porque al advertir nuestras pocas 
"fuerzas creen que perderemos al fin y que entonces 
"ellos gozarán. Tan diseminada está esta idea subversi- 



I<AS GUERRAS DE BOLÍVAR 



249 



''va entre los ignorantes, que yo me atrevo a jurar que 
* 'bastará que avancen 200 hombres desde Coro hasta 
"Araure para que todas estas partidas estén unidas a 
"favor del invasor, sacrificando primero a la parte sana 
"de la población, sobre cuyas ruinas fundan estos ini- 
cuos su felicidad; de manera que al instante estarían 
"en San Carlos amenazando a V. S. ¡ Qué porvenir tan 
"horrendo, pero factible ! derrotar a Yáñez o tomar el 
"castillo donde está Monteverde dentro de 8 ó 15 días, 
"o esperar una disolución general y la subsiguiente rui- 
"na de la república, en que promete quedar envuelto 
"con horror si por Occidente llegare a amenazar cual- 
quiera fuerza". (6) 

Al saberse la aproximación de Yáñez, la población 
^amedrentada se aprestó a emigrar al amparo de las fuer- 
zas patriotas que se retiraban y, en su fatigosa marcha 
de Barinas hasta Guanare, los desalentados tercios de 
Pulido debían librar combates casi diarios con las mon- 
toneras de Puy y otros que rondaban como aves de 
presa en torno de aquella muchedumbre de hombres in- 
defensos, de ancianos, mujeres y niños, que dejaban 
sus hogares entregados al saqueo, llevando consigo las 
reliquias que les recordaran su pasada tranquilidad y 
algún trozo de carne para sustentar a los débiles. 

Ya a las puertas casi de Guanare, después de pasar 
el río Tucupido, soportaron los patriotas un último fe- 
roz ataque de las avanzdas de Yáñez, logrando abrir- 
se camino hasta Guanare merced al denodado empuje 
de la caballería de Olmedo. El 11 de Noviembre ocu- 
paba Pulido esta ciudad desolada por el reciente paso de 



(6) Blanco y Azpu rúa.— Tomo. IV. Doc. 87?. Pág. 743. 



250 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



Puy que la había abandonado después de alancear a 
los infelices que estaban en la cárcel. 

Siguió su marcha por Ospino y Araure hasta San 
Carlos la macilenta expedición de Pulido, perseguida 
siempre por Yáñez que se detenía en Araure a fines de 
Noviembre para reunirse con Ceballos. 

El jefe español, que tan felizmente había triunfado 
sobre Bolívar en la jornada de Barquisimeto, perma- 
neció en esta plaza en espera de los acontecimientos y 
al conocer la aproximación de Yáñez movió su campa- 
mento, por el camino de Sarare, al abrigo de las mon- 
tañas, hacia Araure. 

Los jefes realistas habían reunido el ejército más 
numeroso que hasta entonces comprimiera la libertad 
americana ; Yáñez había llegado a Barinas con 3.000 
combatientes, 2.500 ele su base apureña y 500 de las 
montoneras incorporadas; en su marcha hasta Guana- 
re encontró a otros guerrilleros y se ha estimado por crí- 
tico tan juicioso como el Dr. Vicente Lecuna, que este 
nuevo contingente no sería inferior a 1.500 hombres, 
lo que eleva la división de los llanos a 4.500 soldados. 

Por su parte Ceballos bajaba desde Barquisimeto 
con sus tropas victoriosas el 11 de Noviembre, no infe- 
riores a 2.000 hombres, y es de suponer que en tres 
semanas de espectativas de su reunión con Yáñez no 
habría perdido el tiempo- para hacer nuevos recluta- 
mientos en los valles del Tocuyo, que simpatizaban con 
la causa española y donde tenía agentes de tanta influen- 
cia como el indio Reyes Vargas y el cura Torrellas. 
Sus fuerzas llegaban tal vez a 2.500 hombres. 

El mínimo del ejército realista concentrado en 
Araure, en virtud de estos datos, no puede haber sido 
inferior a 6.000 combatientes y puede conceptuarse co- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



251 



mo muy probable una cifra superior, muy cercana a 
7.000. 

Contra este ejército mandado por jefes aguerridos 
y compuesto de hombres que sentían el estímulo de vic- 
torias recientes, debía Bolívar medir sus propias ca- 
pacidades militares y el empuje de soldados bisoños 
que sólo confiaban en la inteligencia del jefe y en el he- 
roísmo de los oficiales que sabían llevarlos al combate. 

El Jefe republicano había logrado concentrar a 
•sus enemigos para terminar de un solo golpe la campa- 
ña de Occidente. La acción debía ser decisiva : derrota- 
do trataría de salvar sus elementos para rehacerse en 
tiempos mejores, vencedor aseguraría la conquista y, 
obtenido un «acuerdo eficaz con Marino, lograría la in- 
dependencia de su patria. 



Y 



Esta campaña había de poner a prueba las capa- 
cidades militares del General en Jefe; ya no se trataba 
de un desfile entre el doble frente de una serie de co- 
lumnas enemigas cuyo ataque en detalle era posble ten- 
tar, conservando expedita la retirada en una emergencia 
desfavorable ; tampoco era el caso sencillo de disponer 
el asalto de una plaza fortificada : la situación era mu- 
chísimo más seria. 

El enemigo, operando en terreno favorable, había 
logrado dominar todo el Occidente y reunir el mayor 
ejército que hasta entonces obrara en América a las ór- 
denes de un jefe español; Bolívar sólo contaba con 



252 



FRANCISCO íftvAS VICUÑA 



una débil avanzada en las inmediaciones del agrupa- 
miento realista y debía llamar en su auxilio a sus bri- 
gadas que se hallaban diseminadas en todo el territorio 
de la provincia de Caracas, sin dejar desguarnecidas ni 
la capital, ni el asediado Puerto Cabello, ni las puertas 
de los llanos por donde podía precipitarte la avalancha 
de muerte de los llaneros de Boves. 

La hora era decisiva, formidable el problema y el 
General en Jefe iba a mostrarse capaz de las energías 
de los momentos supremos y a poner en evidencia su 
genio militar. 

El 11 de Noviembre sufría Bolívar la derrota de 
Barquisimeto y diez días después ya estaba preparado 
para rechazar a la guarnición de Puerto Cabello que sa- 
lía a parapetarse en las alturas de Vigirima ; en estos 
propios momentos, fresco aún el desastre, y sintiendo 
la amenaza de una fuerza española por uno de los flan- 
cos de su marcha, el General en Jefe prepara su con- 
centración metódica sin perder un momento la calma. 

Encontramos su programa en un oficio resérvado 
que dirige al Dictador de Oriente, General Santiago 
Mariño, en la víspera de ponerse en marcha de Valen- 
cia hacia Vigirima. "Yo aseguro a sus comisionados, 
"leemos en este documento, que dentro de doce o quin- 
"ce días más, podré regresar a esta ciudad a tratar con 
"ellos sobre el objetivo de su comisión y en efecto lo 
"espero, pues cuantas fuerzas había en la ciudad de Ca- 
"racas, en La Guaira, en la ciudad de Calabozo mar- 
"chan ya a reunirse en el cuartel general de San Carlos 
"y yo vuelvo a la cabeza de estas tropas a salvar a la 
"patria". (7) 



(7) V. Lecuna. — Los Copiadores de Secretaría. 



LAS GUERRAS DE BOLÍVx\R 



253 



En San Carlos, Urdaneta y Villapol reorganizaban 
la perdida división de Barquisimeto y formaban un 
batallón al que no se dió denominación alguna, confian- 
do a sus proezas futuras la tarea de conquistarse un tí- 
tulo; los soldados le llamaron el batallón Sin nombre, 
expresión que importaba casi una mengua para los que 
huyeran ante las tropas de Ceballos. 

Había, además, en San Carlos, los batallones Va- 
lencia y La Guayra, el escuadrón de caballería de Teo- 
doro Figueredo y el piquete volante que mandaba el 
capitán Piñango. 

Desde Vigirima avanzó Bolívar, hacia el 28 de 
Noviembre, con la división Villapol, los Valerosos Ca- 
zadores de Manrique, dos escuadrones de caballería, el 
uno de agricultores y de estudiantes el otro, y además la 
escolta del General en Jefe formada por los Soberbios 
Dragones de Luis María Rivas-Dávila y los Lanceros 
de Os pino. 

Desde Calabozo había marchado Campo-Elias con 
1.000 hombres del batallón Barlovento, dejando a Aldao 
el cuidado de la vigilancia de los llanos. El vencedor de 
Mosquiteros, celoso en el cumplimiento de su deber y 
animado por el fuego secreto que le llevaba a la contien- 
da, buscó el camino más corto por los llanos en deman- 
da del valle del Pao, para no faltar a la cita en el cam- 
po de honor que era también para él la arena de sus 
misteriosas venganzas. 

Finalmente, desde Barinas llegaba el Gobernador 
Pulido con 400 infantes, 600 ginetes a las órdenes de 
Pedro Briceño Pumar y custodiando una numerosa emi- 
gración en la cual era posible seleccionar un contingen- 
te auxiliar o las plazas necesarias para llenar los cua- 



254 



Francisco rivas vicuña 



dros de las diferentes unidades formadas con extraordi- 
naria rapidez. 

No hemos encontrado documento alguno que fije 
con precisión las fuerzas que concentraba Bolívar en 
San Carlos. El General Rafael Urdaneta nos dice en 
sus memorias al hacer el recuento de las tropas : "Todo 
"esto reunido hacía una fuerza de 2.000 infantes y 1.000 
"caballos". Este cálculo es ciertamente muy bajo; en 
efecto, el propio Bolívar escribió desde Valencia a los 
comisionados de Mariño, el 26 de Noviembre: "Entre 
"tanto he dado mis disposiciones para que las tropas 
"venidas de Caracas sigan hasta la ciudad de San Car- 
"los, dondje unidas al ejército de Occidente, aumentado 
"ya a tres mil hombres más que menos, atacarán a Ce- 
"ballos y marcharán rápidamente sobre Coro y la pro- 
vincia de Barinas". (8) Las tropas que el General José 
Félix Ribas había traído de Caracas a la jornada de 
Vigirima sumaban 700 combatientes y, según este do- 
cumento de Bolívar mismo, la concentración en San 
Carlos de este contingente y del reorganizado ejército 
de Occidente llegaría a 3.700 hombres. A esto se deben 
agregar los 1.000 hombres que traía Pulido desde Bari- 
nas y otros tantos conducidos por Campo-Elias desde 
Calabozo. 

En virtud de estos datos fidedignos, el mínimo de 
fuerzas con que ha podido contar el General en Jefe en 
su extenso movimiento de reunión sería de 5.700 com- 
batientes. El doctor Vicente Lecuna, en un estudio sobre 
la batalla de Araure que siguió a esta concentración, no 
acepta el efectivo de 3.000 hombres indicado por Ur- 
daneta quien, tal vez, "contó sólo los veteranos dispo- 



(8) V. Lecuna. — Los Copiadores de Secretaría. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 255 

/ 

"nibles y este número lo han copiado algunos historia- 
''dores; pero considerado el fenómeno de la emigra- 
ción en masa, favorable al aumento del ejército, y el. 
"número de cuerpos que entraron en su composición, 
"parece más cercana de la verdad la cifra de 5.000 hom- 
"bres en que fija Yáñez el efectivo de Bolívar ; José Do- 
"mingo Díaz lo hace subir a 6.000 soldados". (9) 

La comunicación de Bolívar y los datos que se po- 
seen sobre las tropas que marchaban de Barinas y de 
Calabozo, indican un total de 5.700 hombres y, como 
quiera que parece posible el aprovechamiento de los emi- 
grantes que venían con Pulido, aceptamos como la más 
probable la cifra de 6.000 soldados por el ejército pa- 
triota que iba á medirse con las divisiones unidas de 
Ceballos y de Yañez. 

En quince días había logrado Bolívar reunir bajo 
su comando el mayor ejército de que dispusiera hasta 
entonces un general sud-americano y lo había traído a 
través de un extenso territorio sin caminos adecuados, 
y en medio de la hostilidad de las comarcas sembradas 
de montoneras, recorriendo etapas de más de 200 kiló- 
metros hasta el punto previamente elegido por él para 
lanzarse contra las huestes realistas. 

El encuentro que preparaba el jefe patriota no sería 
la obra de la casualidad y podía confiar en el triunfo al 
pasar revista a sus tropas, en la plaza de San Carlos, el 
1? de Diciembre, en la victoria que cuatro días antes 
anunciaba a los representantes de Mariño, diciéndoles : 
"La buena disposición de nuestras tropas me hace es- 
aperar fundadamente que dentro de ocho días podré es- 



(9) Vicente Lecuna. — La Batalla de Araure. — Bl Nue- 
vo Diario, diciembre 5 de 1913. 



256 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"tar de vuelta a la ciudad de Valencia, dejando termi- 
nada, por decirlo así, la campaña de Occidente". (10) 
Esta comunicación tiene fecha 26 de Noviembre y 
los ocho días de plazo que se daba Bolívar expiraban el 
4 de Diciembre, sus previsiones fallaron sólo por algu- 
nas horas, ya que la noche de esa fecha sería la últi- 
ma velada de armas de las huestes patriotas antes de re- 
coger los laureles de Araure. 



VI 

Al conocer el avance de Yáñez, se había movido 
la columna realista de Ceballos bajando hacia los llanos 
por el valle de Sarare y se detenía en Araure, pueblo 
situado en las pendientes bajas de las montañas que di- 
viden las hoyas hidrográficas del Acarigua y del Sa- 
rare. 

Yáñez, por su parte, hizo su avance, persiguiendo 
a las fuerzas patriotas de Barinas, por la vía de Ospino 
y, cruzando el Acarigua, se unía a Ceballos en Araure. 

El punto de asamblea estaba bien escogido ; en las 
emergencias de un desastre, las tropas realistas podían 
retirarse sea por la ruta de Sarare o remontando el Aca- 
rigua a rehacerse en los valles del Tocuyo, cu^as pobla- 
ciones les eran fieles; una tercera línea de escape era 
la derrota que había seguido Yáñez por la cual se les 
ofrecía la posibilidad de reorganizarse en los llanos.. En 
cuanto al avance, si la victoria coronaba sus esfuerzos, 



(10) Vicente Lecuna. — Copiadores de Secretaría. 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 257 

no había duda: marcharían por San Carlos y Valencia 
a posesionarse de la capital. 

Bien defendidos por las condiciones del territorio 
que ocupaban, los realistas estaban también en excelente 
situación en cuanto a los ánimos de los pobladores de 
esa zona. Entre San Carlos y Araure merodeaban nu- 
merosas guerrillas que obedecían a la dirección general 
de Carlos Blanco y a espaldas del pueblo, en el valle de 
Acarigua, se habían reunido respetables masas de in- 
dios. Una derrota de los republicanos en Araure podía 
atraer sobre ellos a las montoneras de Blanco y a los 
indígenas de Acarigua que habrían trocado un desastre, 
tal vez irremediable, en la hecatombe final del ejército 
independiente. 

Bolívar, al dejar su campamento de San Carlos el 
1? de Diciembre, ignoraba la situación exacta del ene- 
migo, pues no le era posible informarse en un terreno 
que le era hostil, debiendo acoger con prudencia excesi- 
va cualquier dato que recibiera de los enemigos. En es- 
tas condiciones, tomó la .vía de Camoruco, desde donde 
podría oblicuar a Barquisimeto o por el camino de 
Araure. 

Pernoctó el 2 de Diciembre en Camoruco y, cercio- 
rado de la asamblea del enemigo en Araure, se dirigió 
a su encuentro al día siguiente, cruzando el río Cojedes 
y forzando su marcha para llegar hasta Agua Blanca 
en el valle de Sarare, que recientemente había cruzado 
el enemigo. Las amenazas de los guerrilleros le obligaron 
a cubrir su retirada, dejando en Cojedes los escua- 
drones de Escolares y Agriculores para contener al mon- 
tonero Carlos Blanco. 

El 4 de Diciembre avanzó el ejército libertador has- 
ta tener a la vista la sabana de Araure y, sin pérdida 



258 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



-de tiempo, el General en Jefe en persona, asistido por 
Urdaneta y escoltado por dos piquetes de caballería, hi- 
zo la descubierta del enemigo que se encontraba situa- 
do en las lomas altas, la Galera de Araure, que prote- 
gen al pueblo por el Oeste. El día estaba avanzado, eran 
cerca de las cuatro de la tarde, y las tropas fatigadas 
por cuatro días de marchas forzadas. Bolívar decidió 
aplazar el combate para el siguiente día y preparó la 
i distribución de sus fuerzas, acampando a las puertas de 

Araure, por el lado oriental. 

Dividió su infantería en cuatro brigadas ; manda- 
ba la primera Manrique con el batallón Valientes Ca- 
zadores como núcleo ; la segunda obedecía a Palacios 
con el batallón Sin Nombre como centro ; la tercera es- 
taba a las órdenes de Villapol y dirigía la cuarta bri- 
gada Campo-Elias con las probadas tropas del Barlo- 
vento. 

Las fuerzas de caballería quedaron bajo las órde- 
nes de Briceño Pumar, salvo los Soberbios Dragones 
que formaban la reserva y la escolta de Bolívar. 

En la noche del 4 de Diciembre, el jefe realista ma- 
nifestó la situación de su campamento, iluminándolo 
con numerosas fogatas, lo que era el signo manifiesto 
ele alguna estratagema que prescribía proceder con las 
mayores precauciones. 

Al amanecer del 5 de Diciembre, Bolívar ordenó 
a la primera brigada de Manrique, auxiliada por 200 
ginetes, "marchase' oblicuamente por la derecha y sa- 
"liera a la Galera por el punto más fácil que se presen- 
taba a la vista, y que procurase averiguar si el enemigo 
"estaba en la sabana alta de Acarigua y no se compro- 
' 'metiese hasta nuevas órdenes ; el resto del ejército se 
''dirigió hacia el pueblo con precaución, y una vez que 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



259 



*'se conoció que el enemigo no lo ocupaba, se dio orden 
"a todas las divisiones para que siguiesen por el cami- 
no real a La Galera". (11) 

Aún permanecía el Estado Mayor en el pueblo de 
Araure cuando se sintió tronar el cañón más allá de La 
Galera. El General Urdaneta acudió al punto del peli- 
gro, haciendo mover la segunda brigada, para correr 
en auxilio de la vanguardia que había encontrado libre 
de enemigos la primera sabana y había subido hasta la- 
planicie más alta donde estaban en línea apoyados, en" 
los bosques de Acarigua. En esta posición Ceballos y 
Yáñez podían esconder sus tropas, como efectiva- 
mente lo hicieron, sorprendiendo a Manrique que se vio 
obligado a presentar combate contra un grueso desta- 
camento dé caballería. 

El encuentro fué verdaderamente terrible y cuando 
Urdaneta llegó en su auxilio ya la vanguardia estaba 
destruida; "todos los Cazadores, dice Urdaneta, eran 
"500, fueron lanceados sin que uno de ellos volviese ca*- 
"ras para huir. Cuanto pudo conseguirse, fué ofrecer" 
"ün apoyo a la caballería de vanguardia y a Manrique 
"y otros oficiales que estaban montados y que efectiva- 
"mente se salvaron al abrigo de los nuevos cuerpos que. 
"avanzaban". 

Este incidente precipitó la batalla; los realistas 
descubiertos ya y animados por la derrota de la van- 
guardia patriota, formaron sus líneas, colocando la in- 
fantería en el centro, la caballería en las alas y cubrien- 
do su frente con 10 piezas de artillería. 

Bolívar colocó en la primera línea del combate sus 
tres brigadas de infantería ; las probadas tropas de Vi- 



(11). General Rafael Urdaneta. — Memorias. Pág. 3^ 



1260 



Francisco rivas vicuña 



llapol y de Campo-Elias formaban los flancos derecho 
e izquierdo respectivamente, llevando al centro la bri- 
gada de Palacios con el batallón Sin Nombre, cuyos 
efectivos no inspiraban igual confianza. La caballería de 
Briceño Pumar formaba la segunda línea y Bolívar 
guardó en la reserva a los Soberbios Dragones. 

La infantería patriota inició un fuego metódico, 
avanzando con serenidad a pesar de los estragos que 
hacían en ella los cañones realistas. El General Urda- 
neta, que dirigia el combate de los infantes, llamó en su 
auxilio dos piquetes de caballería comandados por ofi- 
ciales de elección, Nicolás Briceño y Mateo Salcedo, .y 
logró apoderarse de dos piezas de artillería colocadas en 
los flancos y cuyos fuegos eran los más mortíferos. 

Disciplinadas y dominadas por el prestigio de sus 
jefes, las columnas de Palacios, Villapol y Campo-Elias 
ganaban terreno y las fuerzas realistas del centro em- 
pezaban a flaquear. Ceballos ordenó un ataque de la ca- 
ballería de su ala izquierda a fin de rechazar a los in- 
fantes patriotas; paró el golpe el General en Jefe des- 
tacando la mitad de los escuadrones de Briceño Pumar. 
Los ginetes realistas eran superiores a los escuadrones 
venidos de Barinas y estaban mejor armados; apenas 
trababa la lucha, la desorganización y el desbande co- 
menzaron en los escuadrones patriotas y Bolívar, des- 
pués de arengar a sus infantes que combatían brava- 
mente, colocándose a la cabeza de su reserva de caba- 
llería cargó con los Dragones de Caracas y los Lance- 
ros de Ospino. 

Rivas-Dávila condujo una vez más sus ginetes a 
la victoria ; la caballería realista cedió al golpe de ariete 
de los patriotas y Briceño Pumar pudo rehacer sus es- 
cuadrones y cargar por el flanco al enemigo que inició la 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



261 



fuga. "Los españoles, dicen las memorias de Urdaneta, 
"desencantados y acuchillados, volvieron caras y entra- 
baron a los de atrás ; de este modo el solo escuadrón de 
"Dragones derrotó y lanceó a más de 500 enemigos". 

La izquierda enemiga, mandada por Ceballos esta- 
ba en plena retirada y sólo resistía la derecha mantenida 
por los esfuerzos de Yáñez. Dispuso Bolívar que la se- 
gunda mitad de su caballería de primera línea, que esta- 
ba aún intacta, cargara sobre Yáñez, precipitando la. 
derrota total del enemigo con un ataque a la bayoneta 
de las tres brigadas de Villapol, Palacios y Campo-Elias. 

A la una de la tarde la batalla estaba terminada» 
el enemigo abandonaba sus posiciones y unos huían por 
el camino de Barquisimeto y hacia Guanare los otros. 
"El enemigo había dejado en el campo más de mil muer- 
dos, nos refiere Urdaneta, 'y como allí se hallaban to- 
ados los españoles y canarios que habían escapado an- 
otes de la guerra, o habían sido perdonados por algunos 
"jefes, en el espanto de la derrota creyeron muchos de 
"ellos que el mejor modo de salvarse era subirse sobre 
"los árboles, de donde caían muertos a balazos. Los sol- 
idados patriotas, amargados con la heroica muerte de 
"los Valientes Cazadores, no perdonaron a ninguno". 

En el propio campo de batalla, dispuso Bolívar 
que la división Villapol, aumentada con el regimiento 
Barlovento al mando del segundo jefe, A. Linares, mar- 
chara en perseguimiento de los fugitivos de Barquisime- 
to. Segregaba del mando del Barlovento el audaz Cam- 
po-Elias, cuyos servicios le eran indispensables en la 
campaña sobre los llanos que debía iniciar sin tardanzas. 

Un pelotón de caballería, a las órdenes de Sal- 
cedo, inició la persecución del enemigo que se replegaba 
hacia el Acarigua; Yáñez intentó presentar un nueva 



262 



francisco rivas vicuña 



combate en la sabana de Guache, mas Bolívar venía muy 
cerca de su avanzada y el jefe español abandonó la par- 
tida. En la noche, el ejército independiente estaba a 30 
kilómetros del campo de batalla y tomaba 600 prisione- 
ros en la Aparición de la Corteza. 

Las fuerzas* españolas estaban aniquiladas; Ceba- 
llos huía hacia Guayana y Yáñez haría un nuevo es- 
fuerzo para reorganizarse en el Apure; Salomón que 
había salido de Puerto Cabello con 1.300 hombres en 
auxilio de Yáñez, por el camino de Montalbán, llegaba 
tarde y, tras de una penosísima marcha se refugiaba en 
Coro con un resto de 750 hombres que servirían de base 
para nuevas operaciones. 

En la propia noche del 5 de Diciembre la ley inexo- 
rable de las represalias, el ojo por ojo y diente por dien- 
te que reclamaban las tropas de Barinas como un ho- 
menaje a las víctimas de Yáñez, el severo decreto de 
Trujillo hubo de aplicarse en numerosos prisioneros. 

Bolívar había agregado otro laurel a sus estan- 
dartes; mas, consciente de la situación ambigua de sus 
territorios, en la noche misma del triunfo tomó medidas 
para su pacificación total. La división Villapol había 
marchado hacia el Norte, para contener a los españo- 
les de Coro, y Urdaneta con la caballería de Barinas, 
los Dragones y el batallón Sin'Nombre, vigilaría los mo- 
vimientos del llano y de la región andina. El propio 
General en Jefe se preparaba a salir sin tardanza a or- 
ganizar la expedición que debía contener los avances de 
los llaneros de Boves. 

Con sobriedad, el Ministro de Guerra, Tomás Mon- 
t'flla, publicaba el boletín de la victoria en el campa- 
mento de la Aparición : "La división del Coronel Villa- 
""pol que fué destinada a socorer el campo de batalla que 



L,A$ GUERRAS D£ BOLÍVAR 



263 



"quedó cubierto de cadáveres, artillería, pertrechos, etc., 
"recogió diez cañones de bronce de diferentes calibres, 
"19 cargas de pertrechos, 30.000 cartuchos de fusil, seis 
"sacos de plata con nueve mil pesos, varias cargas de 
"acero, lanzas y víveres, 40 cajas de guerra, más de 
"1.000 fusiles, 500 cartucheras, 4 banderas, entre ellas 
"la de Numancia, y 300 prisioneros". Este botin venía 
a enriquecer el pobrísimo parque del ejército libertador 
que no había podido auxiliar con armas al afligido go- 
bernador del Barinas que clamaba por fusiles para ar- 
mar a los hombres de que disponía. 

Certera había sido la combinación estratégica de 
asamblea en San Carlos; llevada con orden y con mé- 
todo científico la batalla y, desde el triunfo de Araure, 
Bolívar dejó de ser para los españoles un capitán de 
fortuna a quien las torpezas ajenas habían franqueado 
el paso de Cartagena a Caracas, era todo un general 
que sabía mover sus hombres con rapidez y precisión 
en un vastísimo territorio y que era capaz de agruparlos 
con pericia para el combate mismo. 

Crecía también Bolívar en el concepto de sus com- 
patriotas que empezaban a tener en él las confianzas ili- 
mitadas, los prestigios de admiración que iba conquis- 
tando el joven general. 

Al amanecer el 6 de* Diciembre, pasó revista a su 
ejército en la Aparición de la Corteza y al saludar a los 
soldados del batallón Sin Nombre les dijo : "Vuestro 
"valor ha ganado ayer en el campo de batalla un nombre 
"para vuestro cuerpo y, aún en medio del fuego, cuan- 
"do os vi triunfar, lo proclamé el batallón Vencedor 
^de Araure. Habéis quitado al enemigo banderas que un 



(12.) O'Leary.— Tomo XIII. Doc. 2ll. Pág. 407. 



264 



francisco rivas vicuña 



"tiempo fueron victoriosas, se ha ganado la famosa Ha- 
cinada invencible de Numancia. Llevad, soldados, esta 
"bandera insignia de la República, yo estoy seguro- que 
"la seguiréis siempre con gloria". 

Y al ruido marcial de fusiles y sables que se movían 
a la orden de Presenten armas, se alejó el Libertador 
hacia Caracas. Había vencido a los españoles y debía 
salvar a sü patria del empuje salvaje de los llaneros. 
Nuevas fatigas y nuevas victorias le esperaban; sólo 
hacía cuatro meses desde su entrada triunfal a Caracas 
y, ya derrotado el más formidable ejército español, ga- 
naría nuevos combates sobre las hordas de Boves; 
pero, en la intimidad de su conciencia, sentía Bolívar 
que aún no había realizado la conquista suprema, la del 
alma venezolana para la causa de la libertad ; a pesar de 
sus triunfos, la masa popular se mostraba adicta a Es- 
paña, prefiriendo la paz del pasado, que era la servidum-^ 
bre, a la guerra de hoy, que era la libertad. 



/ 



i 



CAPITULO SEPTIMO 
LA GUERRA Y LA POLITICA 

I. — El Libertador. — II. — Bolívar dictador. — III. — Bolívar y Ma~ 
riño. — IV. — El regionalismo como Origen del fracaso — 
V. — Primeros desastres. 

I 

Los tormentos de los grandes hombres, aquellos 
que hieren profundamente el alma, son pocos conocidos ; 
casi riada sabemos de aquella tortura infinita del gene- 
ral Bonaparte, al sentirse adorado por sus harapientos 
soldados de Italia, que él vestía de gloria, mientras Jo- 
sefina se encaminaba con desagrado a participar de su 
triunfo; no tenemos noticias sino de las alegrías de Na- * 
poleón I ante la cuna del rey de Roma e ignoramos la 
intensidad de su decepción ante el lecho vacío de María 
Luisa, que burlaba al Emperador y traicionaba a la 
Francia ; las quejas que conocemos deben ser muy infe- 
riores al dolor causado por la frialdad de sus mariscales, 
que iban olvidando en el derroche de las riquezas y en 
las lujurias de la gran vida aquel afecto nacido de otros 



266 



francisco rivas vicuña 



derroches, el de la c angre en las batallas, y de otras 
lujurias, 1 el placer infinito de la victoria; Talleyrand, 
Marmont y tantos otros hicieron, sin duda, en el alma de 
Napoleón impresiones cruelísimas ; mucho más duras 
que las expresiones con que él ha podido recordarlas. 

La profundidad de esos dolores sólo encuentra 
medidas en la grandeza misma ele esos hombres; ellos 
guardan para sí sus angustias y, así como el cóndor lan- 
za sus gritos sobre las cimas coronadas de nieve, las 
águilas humanas murmuran sus desalientos en las ma- 
jestuosas soledades de su espíritu. 

Sólo ellos aprecian sus decepciones y las guardan 
para sí, no por desprecio a los demás sino por la clara 
visión de la pobreza humana. Por grande que sea la 
fuerza del genio, debe desalentarse viendo que su pene- 
tración inmediata e intensa es de poco alcance ; la nueva 
idea que nace de él conquista a unos pocos privilegia- 
dos que creen comprenderle, interesa como simple cu- 
riosidad a los espíritus de cierta cultura, deja indiferen- 
te a los que sólo aman la vida por sus materialidades : 
oro, placeres o vicios y, llegando a la masa social, allí 
donde el ideal no es comprendido, su fuerza obra por 
simple seducción, por el instinto del humilde que se 
siente arrastrado a colocarse al amparo del poderoso, 
cualquiera que sea su potencia. 

La organización, que fué el gran ideal napoleóni- 
co, el que surge a través de las nubes de su ambición, 
atrajo a los hombres que le ayudaron con su cerebro y 
con su brazo, aun sin meditar toda la magnitud del pro- 
blema ; interesó vivamente al círculo inmediato ; se con- 
virtió en instrumento de bienestar para los indiferen- 
tes que son siempre oportunistas y cautivó por sus pres- 
tigios al pueblo que había fecundado con su sangre los 



IvAS GUERRAS D£ BOLIVAR 



267 



campos de la libertad y de las grandes glorias de Fran- 
cia. 

La violencia misma de la sacudida genial da cierta 
instabilidad al primer período de su acción; las viejas 
1 ideas reaccionan, minan la. fama del reformador, se apo- 
yan en los oportunistas que se han apoderado de las 
fuerzas materiales, enfrían éstos a los elementos inte- 
lectuales, el pueblo se deja arrastrar y coloca un ídolo 
nuevo en su corazón. Al lado del genio sólo quedan 
unos pocos de los escogidos, los mejores entre aquellos 
qué le comprendieron y que serán -artífices de nuevas 
reacciones en ese movimiento ondulatorio del progreso 
que, gracias a la inercia humana, sólo se acerca por 
aproximaciones sucesivas al ideal puro, al que nunca lo- 
grará, pues los genios lo perfeccionan con la rapidez 
que no alcanza el común de los hombres. 

Al moralista le quedan sus apóstoles, al filósofo 
el círculo de su escuela y al guerrero sus generales; 
con ellos permanecen los que sufrieron en la hora de la 
predicación, de la propaganda o del combate, a ningu- 
no de ellos los acompañan quienes hicieron del dogma, 
de la doctrina o de la victoria un pedestal para sus 
mezquinas grandezas ; estos herederos del genio podrán 
continuar la obra, atrayendo de nuevo a los intelectuales, 
manifestando ventajas a los oportunistas y apoyándose 
en esa alma viva de las naciones, en el pueblo que todo 
lo da, que es como el agua de las cascadas que pasa por 
las turbinas, hace la luz en los dinamos y va a perderse 
en el Océano ; que es como el carbón, que chispea en las 
parrillas de los calderos, se hace fuerza y va a perderse 
en humo. 

Los escogidos y el pueblo son las esperanzas del 
genio y ellas se vuelven certidumbres cuando los pri- 



268 



■FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



meros salen de la masa del último ; el mariscal Lef eb- 
vre, duque de Dantzig, y su esposa la lavandera Mada- 
me San Gene, fueron bajo las cenizas del Primer Im- 
perio el fuego sacro conservado en el alma de los co- 
operadores y el corazón del pueblo. 

Hay como un dictado de instinto superior que im- 
pulsa a los reformadores al cuidado especial de los que 
son instrumentos de su obra y materia prima para rea- 
lizarla ; no es la mera ambición lo que inspira las prefe- 
rencias por los suyos y los adulos al pueblo ; es la con- 
servación misma' del ideal la causa preponderante de 
estas manifestaciones externas que parecerían futilezas, 
si no fueran derivadas de la exacta comprensión de las 
pasiones del hombre. 

Napoleón abrió el camino de la nobleza al talento, 
a las virtudes cívicas, al valor, y llenó de cruces el pe- 
cho de sus heroicos soldados. Lo hizo con el brillo, el 
fausto, el ruido, si se quiere, exigidos por los pueblos 
que durante siglos se habían educado en los triunfos de 
César y en la pompa de Luis XIV; el origen humilde 
del dispensador de honores dió margen para ridiculi- 
zarlo, mas, el emperador de los franceses daba menos 
que lo que otorgara Guillermo el Conquistador al 
crotar en Inglaterra ducados y baronías para sus 
compañeros normandos ; hacía lo mismo que el rey bri- 
tánico que consolidaba su núcleo de gobierno, ennoble- 
ciendo a los servidores públicos, sin que hubiese más 
diferencia que la del festejo por la novedad en el Pa- 
rís lleno de luz y el frío ceremonial de las costumbres 
en el Londres de las brumas. 

Guillermo de Normandía cimentó su conquista so- 
bre la base del engrandecimiento de sus capitanes; los 
monarcas ingleses, con las promesas de enaltecer a los 



IyAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



269 



mejores, cruzaron la sociedad de vías que van de todas 
partes hacia el trono ; Napoleón consolidó su obra reor- 
ganizadora, premiando al instrumento principal, al ejér- 
cito, lo que era simplemente justo, y prestigiando sus 
miembros cuyas familias debían ser garantías de conser- 
vación del nuevo orden de ideas, lo que era medida 
de alta previsión. 

Los problemas de organización social son funda- 
mentalmente idénticos en todas partes; sus diferencias 
locales no influyen sino en la oportunidad para enca- 
rarlos o en los medios secundarios para resolverlos ; pe- 
ro, en cuanto a los procedimientos generales, los que se 
derivan de las condiciones comunes a todos los. hom- 
bres, son también comunes a todos los pueblos. Las 
circunstancias pueden dar más o menos vigor a las apli- 
caciones de unas mismas reglas ; así, una reforma pre- 
matura prescribe estímulos especiales para los coopera- 
dores y compresiones fuertes sobre los elementos reac- 
cionarios. La fundación de una República en Venezuela, 
en tesis general, no era una cuestión diferente de la 
transformación de la Francia gobernada por la corte y 
sus militares, la nobleza y el clero, en la nación que iba 
a dirigir la burguesía, bajo diferentes nombres; en Ca- 
racas, como en París, había una corte, la del Capitán 
General representante del rey; una casi-nobleza, no por 
sus títulos, sino por sus preocupaciones de origen; un 
clero que era el elemento social de mayor poderío. 

Las continuas guerras, el lujo del monarca y la co- 
dicia de la Iglesia, cuyo servicio era casi una profesión, 
habían creado en Francia un sistema tributario injusto 
que oprimía a la clase media y sofocaba al pueblo ; la si- 
tuación era insostenible y las ideas liberales contaron con 
la adhesión inmediata de los elementos que eran la base 



270 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



real del país. La revolución fué la obra de causas que 
obraban desde largo tiempo y cuyo procedimiento evo-¡ 
lutivo llegó hasta rasgar sus envolturas en 1789, ni más 
ni menos que como el trabajo oculto de las raíces ela- 
bora la savia que rompe las yemas al primer rayo de sol 
primaveral. Ninguna causa extraña influyó en la revolu- 
ción francesa y, no obstante, el país vivió agitado has- 
ta que vino a calmarlo la mano del primer cónsul y para 
reogarnizarlo fueron necesarios, en el máximo de su 
aplicación, todos los medios que hemos recordado para, 
prestigiar a los reformadores. 

Los elementos predominantes en Venezuela no 
habían tenido ocasión ni pretexto para ejercer sobre las 
clases inferiores las duras opresiones que sufría el pue- 
blo francés; su efecto se hacía sentir más bien sobre los 
criollos de la alta clase, justamente orgullosos del pro- 
greso que era la obra de su raza y que no recibían de la 
metrópoli las consideraciones debidas ni la participación 
que, con justicia y para conveniencia general, merecie- 
ran tener en la administración. Este antagonismo de- 
jaba indiferentes a los otros grupos sociales, que no 
veían sino un juego de ambiciones sin darse cuenta de 
que, en el fondo, palpitaba el problema de la autono- 
mía. Los principios liberales comenzaban a propagarse 
en las colonias americanas e impresionaban especialmen- 
te a los criollos pudientes cuya esfera se ensancha, des- 
de las míseras prerrogativas hasta el culto de un nuevo 
evangelio de la dignidad humana. Tampoco impresiona- 
ron los nuevos programas al pueblo diseminado en un 
territorio extensísimo, sin contacto con los reformado- 
res, como no fuera en las ciudades y en sus propias ha- 
ciendas, y subyugado en todas partes por la predica- 
ción religiosa. 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



271 



En estas condiciones, la revolución que se imponía 
doctrinariamente a los pensadores y a los hombres de 
corazón venezolanos, resultaba obra prematura a causa 
de la indiferencia del medio y, para realizarla, sería 
preciso dar las mayores intensidades a las reglas gene- 
rales para la conquista de la voluntad popular. 

Bolívar y su gran amigo el Gobernador de Cara- 
cas, don Cristóbal de Mendoza, debieron tener más de 
una entrevista para estudiar a fondo la situación. Du- 
rante la primera República, la guerra y el terremoto ha- 
bían empobrecido al país, privándole de los directores 
de sus fuentes produtivas y de los brazos que las ex- 
plotaban; el régimen terrorista de Monteverde había lle- 
vado a la miseria al último grado, hasta el punto que una 
contribución de 25.000 pesos impuesta a toda una pro- 
vincia era su ruina - misma ; los triunfos brillantes del 
ejército libertador distrajeron al pueblo de sus dolores, 
consuelo efímero, pues las necesidades de continuar la 
guerra iban reproduciendo las mismas causas del des- 
contento general que obraba hoy contra los patriotas, 
como antes afectara a los realistas. 

El clero mismo, que ya se inclinaba a la Repúbli- 
ca, habiendo obtenido Bolívar la adhesión del Arzobis- 
po de Caracas, no encontraba ' eco en el favor público, 
Se alejaba el pueblo, con él los oportunistas, y para man* 
tener la situación, guerreando contra los españoles por 
el noble afán de la independencia, faltaba el apoyo fran- 
co de las multitudes ; otros lo encontrarían, mas no pa- 
ra combatir por un ideal sino para pelear con el incen- 
tivo del saqueo, para lucrar o para matar por instinto. 

Entre tanto, los hombres que encarnaban la nueva 
doctrina, la libertad, sólo contaban con el instrumento 
inmediato, con el ejército vencedor de Cúcuta, Niqui- 



272 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



tao, Horcones, Taguanes, Bárbula y Trincheras. El era 
la única garantía del momento y también la única es- 
peranza de atraer al pueblo mediante las eficacias de su 
servicio. 

Aumentar el prestigio de la fuerza armada era, en 
esos momentos, una necesidad de la causa y no una 
medida de fútil vanagloria. Los gobernantes venezola- 
nos obraban, sin saberlo tal vez, tal como el senado 
francés procediera con Napoleón y como éste lo hicie- 
ra con su ejército. 

En los días que siguieron a los triunfos de Bárbula 
y Trincheras, el Gobernador político de Caracas reu- 
nía a la Municipalidad en cabildo extraordinario el 14 
de Octubre de 1813, y tomaba el acuerdo que consta de 
la siguiente acta : 

"La Asamblea, como órgano de la voluntad expre- 
sa y general que han manifestado los pueblos a quie- 
"nes este invicto General y sus compañeros de armas 
"han roto las cadenas, y que no pueden ver con indife- 
rencia al Héroe Libertador con el solo carácter de Bri- 
gadier en que se ha mantenido por una consecuencia 
"de su delicada moderación, cuando él mismo ha ascen- 
dido y condecorado con grados militares, aún de mayor 
"jerarquía que el suyo, a los que se han distinguido en 
"campaña; resolvió aclamar, como por el presente acto 
"aclama solemnemente al Brigadier de la Unión y Ge- 
"neral en Jefe de las armas libertadoras, ciudadano Si- 
"món Bolívar, por Capitán General de los ejércitos de 
"Venezuela, vivo y efectivo, con todas las prerrogativas 
"y preeminencias correspondientes a este grado militar. 
"También le aclama la Asamblea con el sobrenombre 
"de Libertador de Venezuela, para que use de él como 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



273 



"de un dón que consagra la patria agradecida a un hijo 
"tan benemérito". (1) 

El Libertador, título que ya su ejército y el pue- 
blo daban a Bolívar, agradecía la honra dispensada a 
nombre del pueblo venezolano y hacía reflejar todo el 
mérito sobre los jefes, oficiales y tropas de su ejército. 

"He tenido, dice, el honor de conducir en el cam- 
"po de batalla, soldados valientes, jefes impertérritos y 
"peritos, bastantes por sí' solos a haber realizado la em- 
"presa memorable que felizmente han terminado nues- 
tras armas. U. S. S, me aclaman Capitán General de 
"los ejércitos y Libertador de Venezuela : título más 
"glorioso y satisfactorio para mí, que el cetro de todos 
"los imperios de la tierra : pero ustedes deben conside- 
rar que el Congreso de la Nueva Granada, el Maris 1 
"cal de Campo José Félix Ribas, el Coronel Atanasio 
"Girardot, el Brigadier Rafael Urdaneta, el Comandan- 
te D'Eluyar, el Comandante Elias y los demás oficia- 
tes y tropas son verdaderamente estos ilustres liberta- 
dores. Ellos, señores y no yo, merecen las recompen- 
sas con que a nombre de los pueblos quieren premiar 
"ustedes en mí servicios que éstos han hecho". (2) 

Desea Bolívar compartir con su ejército los hono- 
res que se le dispensan y que todos lleven su propio tí- 
tulo; ya no obra como Brigadier granadino, en nom- 
bre del Congreso de Tunja, actúa como Libertador de 
Venezuela y General en Jefe de sus Ejércitos y, junto 
con dictar medidas en favor de sus soldados, crea la 
Orden de los Libertadores, dentro de las inspiraciones 



(1) O'Leary.— Memorias. Tomo XIII. Doc. 202. Pá- 
gina 395. 

(2) O'Leary.— Memorias. Tomo XIII. Doc. 203. Pá- 
gina 397. * 

18 



274 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



de justicia y de gratitud democráticas que hace constar 
en el preámbulo de su decreto de 22 de octubre de 1813 : 
"Nada caracteriza más la demencia y arbitrariedad del 
"Gobierno español que ver prostituidos al favor y a la 
"quimera del nacimiento, los emblemas honoríficos, con 
"que los pueblos libres han recompensado en todos tiem- 
"pos las naciones heroicas. Llamado a la autoridad su- 
"prema para reparar los ultrajes hechos a la virtud, 
"uno de los primeros actos del poder debe llevar por ob- 
jeto tributar a los libertadores de la patria un honor 
"que les distinga entre todos, para expresar, en símbo- 
los que representen sus grandes servicios, la gratitud 
"y consideración que todos les deben". (3) 

El distintivo de la orden sería una estrella con la 
inscripción Libertador de Venezuela y el nombre del 
héroe que la hubiera mtrecido por una serie no inte- 
rrumpida de victorias, lo que le daba derecho a ser con- 
siderado bienhechor de la patria, a ser denominado be- 
nemérito y a militar bajo las banderas nacionales con 
preferencia a otras. 

El historiador argentino don Bartolomé Mitre, al 
examinar estos acontecimientos, censura la proclama- 
ción de Bolívar como Libertador y dice : "la posteri- 
dad lo ha confirmado, olvidando los pobres medios por- 
"que fué alcanzado y la pequeñez moral del que lo acep- 
"tó en nombre de la soberanía popular, de quienes no 
"podían hacer otra cosa que lo que él les permitiese, 
"cuando había negado al pueblo, al proclamarse justi- 
"ficadamente dictador, la capacidad de instituir un go- 
bierno propio. Es el primer síntoma del delirio de las 
"vanas grandezas personales". (4) 



(3) O'Leary.— Tomo XIIL. Doc. 206. Pág. 401. 

(4) Mitre. Historia de San Martín. Cap. 38. Pág. 12. 



LAS GUERRAS DE BOLJVAR 



En realidad, las manifestaciones que se hacía tri- 
butar Bolívar y que él reflejaba sobre su ejército, co- 
rrespondían a la necesidad de prestigiar y dé mantener 
contentos a los únicos soportes del régimen republica- 
no, al -ejército, ya que las afecciones populares se hacían 
débiles y escasas por los motivos que hemos analizador 

No era lógico que él tributara honores a sus fiomv - 
bres sin recibirlos; si los jefes y oficiales de la campa- 
ña invasora merecían estímulos y recompensas, a ma- 
yor abundamiento debían coresponderle al audaz capi- 
tán que los había guiado. En esos momentos, no había 
más autoridad que la de Bolívar, que se había proclama- 
do justificadamente dictador, como dice Mitre, y no-' era. 
propio ni digno que él mismo se decretara honores' y 
en este caso, se buscó a la corporación de mayor im- 
portancia en la República, a la que tuvo una signifi- 
cación especial en todas las colonias y tan alta que de 
ella emanaron las declaraciones de autonomía en los" 
comienzos de la revolución separatista; el título de Li- 
bertador fiado por el Cabildo de Caracas no es, por con- 
siguiente, un origen humilde, ya que de igual fuente 
se derivaron en todas las capitales hispano-americanas 
las primeras resoluciones en favor de la emancipación, 
política. 

Bolívar, ciertamente, buscó un título para presti- 
giarse a los ojos de las multitudes y fué a pedirlo a la 
autoridad que más influencia había tenido en la forma- 
ción de la primera República venezolana ; si hay en esto 
un movimiento de vanidad es una simple cuestión de 
fuero interno, mas para juzgar al hombre público hay 
que considerar el alcance de semejante medida que era 
aconsejada por las necesidades de propaganda en los 
durísimos momentos en que la opinión se mostraba des- 



276 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 

:afecta al régimen que sostenía Bolívar con un pequeño 
núcleo de compañeros esforzados. 

A los honores recibidos en Venezuela, se agrega- 
ban los del Congreso de Nueva Granada, que dió a Bo- 
lívar el rango de Mariscal de Campo, y los del primer 
amigo riel Libertador en la desgracia, del joven Presi- 
dente de Cartagena don Manuel Rodríguez Torices, el 
que puso en sus manos la espada de sus glorias. Con 
acuerdo del Poder Legislativo de Cartagena, el Presi- 
dente Rodríguez lo declara hijo benemérito de la Pa- 
tria y ordena colocar en el archivo una insdripción en 
letras de oro que dirá : "El General Simón Bolívar, na- 
tural de Caracas, no vió con indiferencia las cadenas 
'"que la barbaridad española, puso por segunda v£z a su 
^patria; concibió el atrevido proyecto de redimirla, y 
"agregándose a este Estado, logró entrar en la empresa. 
"La República de Cartagena lo vió con placer entre sus 
"hijos, y le confió el mando de sus armas : desde las 
"orillas del Magdalena hasta los muros de La Guaira, 
"corrió con gloria este héroe americano. La República 
"tiene el orgullo de llamar su hijo benemérito al Liber- 
tador de Venezuela". (5) 



II 



El prestigio interno de Bolívar nacido en su cam- 
paña de invasión, acrecido por las victorias de Bárbu- 
la y Trincheras, se afirmaba con el éxito militar de 



(5) O'Leary, Memorias. Tomo XIII. Doc. 225. Pág. 450. 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



277 



Araure y se agigantaba aún con las resoluciones de ía£- 
autoridades granadinas que elevaban su persona hasta 
las eminencias de una figura internacional. 

Todo esto robustecía su base de acción, pero el Li- 
bertador necesitaba algo más para ensanchar la popu- 
laridad de su Gobierno y llegar, por este medio, a ex- 
tinguir el cisma producido por la dictadura de Santia- 
go Mariño en Margarita, Cunianá y Barcelona, unifi- 
cando el país o llegando a un acuerdo con el general de- 
Oriente. 

Mientras preparaba su ejército para las nuevas' 
campañas contra los españoles de Coro y los llaneros del 
Orinoco, reunía el 2 de Enero de 1814, en el Templo 
de San Francisco de Caracas, una gran Asamblea polí- 
tica para dar cuenta de su gobierno de hecho y entregar 
a la voluntad popular las decisiones del futuro. 

A las diez de la mañana se reunían las autoridades 
caraqueñas representadas por el Gobernador, el Muni- 
cipio, los Corregidores y la Administración de Rentas; 
la Iglesia enviaba a la asamblea al Provisor del Arzo- 
bispado, al Clero, a las Ordenes religiosas y al Semina- 
rio; concurrían la Universidad, el Colegio de abogados 
y el Consulado; el pueblo, finalmente, iba a sancionar 
con su presencia lo que se decidiera. 

Presidió el Libertador, rodeado de su Estado Ma- 
yor y asistido de sus tres Ministros, abriendo la sesión 
con un discurso en que esbozaba la materia sometida a 
la discusión : "Para salvaros de la anarquía, decía, y des- 
truir los enemigos que intentaron sostener el partido 
"de la opresión, fué que admití y conservé el poder so- 
berano. Os he dado leyes : os he organizado una admi- 
nistración de justicia y de rentas : en fin, os he dado 
"un Gobierno. 



278 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"Ciudadanos : yo no soy el soberano. Vuestros re- 
presentantes deben hacer vuestras leyes : la hacienda 
'"nacional no es de quien os gobierna ; todos los deposita- 
dnos de vuestros intereses deben demostraros el uso 
"'que han hecho de ellos. Juzgad con imparcialidad si he 
"dirigido los elementos del poder a mi propia eleva- 
ción, o si he hecho el sacrificio de mi vida, de mis sen- 
timientos, de todos mis instantes, por constituiros en 
""nación, por aumentar vuestros recursos ; o más bien, 
"por crearlos. 

"Anhelo por el momento de trasmitir este poder a 
*"los representantes que debéis nombrar, y espero, ciu- 
dadanos, que me eximiréis de un destino que alguno de 
"vosotros podrá llenar dignamente, permitiéndome el 
"honor a que únicamente aspiro, que es el de continuar 
"combatiendo a vuestros enemigos ; pues no envainaré 
""jamás la espada, mientras la libertad de mi patria no 
"esté completamente asegurada". (6) 

Leyeron sus Memorias los Ministros y le siguió 
en el uso de la .palabra Cristóbal de Mendoza ; tras de 
un caluroso elogio del Libertador, a quien comparaba 
con Washington y Franklin, propuso la continuación 
del régimen de autoridad: "no perdiendo de vista, dijo, 
"la necesidad de establecer un Gobierno y de formar un 
^"cuerpo de nación respetable, sólo debemos por ahora 
"encargar este mismo jefe, cuya liberalidad de ideas, 
""cuya actividad y pericia se ven tan acreditadas, que tra- 
'"baje desde luego en la unión indisoluble de Venezuela 
*' occidental con la parte oriental y con todas las provin- 
ieras libres de la Nueva Granada, a cuyo Congreso ge- 



(6) O'Leary. — Memorias. Tomo XIII. Doc. 213. Pá- 
gina 410. * , 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



279 



"neral toca por naturaleza formar la nueva Constitución, 
"manifestando con esta misma confianza nuestra grati- 
tud al Libertador, a quien por el mismo pueblo doy las 
""gracias". 

El hábil Mendoza indicaba claramente los tópicos 
perseguidos : la unión interna y un grandioso programa 
internacional; ambos traducían los propósitos de obrar 
enérgicamente e indicaban las posibilidades de garantir 
la tranquilidad pública, lo que permitía atraer la opinión 
hacia la causa republicana. 

En su justa oratoria con Mendoza, Bolívar no ce- 
de aún y le replica : "Compatriotas : yo no he venido a 
"oprimiros con mis armas vencedoras : he venido a trae- 
tos el imperio de las leyes : he venido con el desig- 
nio de conservaros vuestros sagrados derechos. No es 
"el depotismo militar el que puede hacer la felicidad de 
"un pueblo, ni el mando que tengo puede convenir ja- 
"más sino temporariamente a la República. Un solda- 
ndo feliz no adquiere ningún derecho para mandar a su 
"patria. No es el árbitro de las leyes ni del Gobierno ; 
"es el defensor de su libertad. Sus glorias deben confun- 
dirse con las de la República : y su ambición debe que- 
dar satisfecha al hacer la felicidad de su país. He de- 
fendido vigorosamente vuestros intereses en el campo 
"del honor, y os protesto los sostendré hasta el último 
""período de mi vida. Vuestra dignidad, vuestras glorias, 
"serán siempre caras a mi corazón; mas el peso de la 
"autoridad me agobia. Yo os suplico me eximáis de una 
"carga superior a mis fuerzas. Elegid vuestros repre- 
sentantes, vuestros magistrados, un Gobierno justo; y 
"contad con que las armas que han salvado la Repú- 
blica, protegerán siempre la libertad y la gloria nació- 
""nal de Venezuela". 



/ 



280 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



Suben a la tribuna los ciudadanos Juan Antonio 
Rodríguez Domínguez, Presidente que fué del primer 
Congreso venezolano, y Domingo Alzuru. "Continúe 
"V. E. de dictador, dice el primero, perfeccione la obra 
"de salvación de la Patria y cuando lo haya conseguido 
"restituyalo al ejercicio de su soberanía, planteando el 
"Gobierno democrático". 

Alzuru, con mayores energías, acentuaba la signifi- 
cación de la Asamblea popular que daría a Venezuela 
un gobernante deseado por ella misma y no derivado 
de una autoridad extraña. "Es, pues, necesario, dijo, 
"marcar este acto como el primero de la República, co- 
"mo el más glorioso de nuestro Libertador, como el más 
"útil para nosotros. Es, pues, necesario, marcarle, vuel- 
"vo a decir, con la espontánea y pública aclamación de 
"la suprema autoridad dictatorial en el ciudadano Simón 
"Bolívar, para que constituyéndole nuestro primer Ma- 
"gistrado, salga, así él como la República, de la especit 
"de dependencia con que obraba como comisionado del 
"honorable Congreso de la Nueva Granada". 

Bolívar se resiste aún; desea conservar el mando 
militar; pero insinúa que se nombre Jefe Supremo a 
Mariño, a su rival : "confieso, dice, que ansio impacien- 
temente por el momento de renunciar a la autoridad. 
"Entonces espero que me eximiréis de todo, excepto de 
"combatir por vosotros. Para el Supremo Poder hay 
"ilustres ciudadanos que, más que yo, merecen vuestros 
"sufragios. El general Mariño, Libertador del Oriente, 
"ved ahí un digno Jefe para dirigir vuestros destinos". 

El Libertador acepta finalmente la dictadura y hace 
consignar en el acta el origen popular de su nombra- 
miento, su gratitud para con Nueva Granada y su pro- x 
grama de unión estrecha con esa República. "Concluí- 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



281 



"do este acto, dice la relación oficial, por el cual el Ge- 
"ñera! en Jefe de los ejércitos de Venezuela y su Li- 
bertador, ciudadano Simón Bolívar, queda reconocida 
"popularmente dictador por el tiempo que baste a afir- 
"mar la libertad de la patria, el Gobernador del Estado 
"mandó extender esta acta, y pasar ejemplares autén- 
ticos de ella a S. E. para su cumplimiento en todas sufe 
"partes, encargándole muy especialmente que, a nombre 
"de todo el pueblo venezolano, manifieste a los Estados 
"Unidos de la Nueva Granada en su Congreso general 
"y por cuantos medios dicte su prudencia, no sólo el re- 
" conocimiento y eterna gratitud por la libertad que le 
"ha venido de sus manos, y de que se le considera deu- 
"dor, sino sus ardientes deseos de unirse en masa de na- 
"ción a tan benemérita República, y proceda en uso de 
"la plena autoridad con que se halla investido, a reali- 
zar dicha unión, del modo más pronto, firme e indiso- 
luble, como la mejor prueba de la serenidad de núes- 
"tros sentimientos". 

En el fondo, la asamblea popular de Caracas obra- 
ba con Bolívar como el Senado Francés lo hiciera con 
Bonaparte; la diferencia está solamente en el escenario 
y en el número de voluntades consultadas. Hay tal vez 
otra distinción que hacer: Barthélemy consagró cónsul 
perpetuo a Napoleón antes de hacer su elogio y Cristó- 
bal de Mendoza invirtió los términos al .proclamar la 
dictadura de Bolívar. Las frases de la moción que apro- 
bara el Senado Francés son casi idénticas a las de la 
reunión caraqueña ; hé aquí lo que dice Thiers ; "Lleva- 
"ba la palabra el presidente Barthélemy y dijo al pri- 
"mer cónsul : El pueblo francés, agradecido a los in- 
"mensos beneficios que le habéis hecho, quiere que la 
"primera magistratura del Estado permanezca i ñamo vi- 



282 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



'"'ble en vuestras manos. Disponiendo así de vuestra vida 
"entera, no ha hecho más que expresar el pensamiento 
"del senado consignado en el senado-consulto del 18 flo- 
"real. Con este acto solemne de gratitud, la nación os 
"confiere la misión de consolidar nuestras instituciones". 

"Después de este exordio, enumeraba el presidente, 
"con brevedad, las grandes acciones del general Bona- 
"parte en paz y en guerra, predecía las prosperidades 
"del porvenir, sin las desgracias que quizás entonces na- 
"die preveía, y le repetía, finalmente, lo que en la ac- 
tualidad proclamaban todas Jas bocas de la fama". (7) 

Esta medida que tomaba el Libertador para conso- 
lidar su gobierno es juzgada por Mitre con los durísi* 
mos términos que copiamos : 

"Poseído de una insaciable ambición en que se mez- 
claban lo sublime y lo impuro, como en los torrentes 
"que arrastran el lodo del fondo en sus ondas impetuo- 
sas, buscaba con avidez la realidad del poder supremo 
"sin controlar que repudiaba en teoría, y renunciaba tea- 
"tralmente el mando absoluto de que estaba en posesión, 
"y que tenía que ejercer por necesidad y por deber, 
"protestando no aceptarlo jamás, para recibirlo después 
"sin condiciones como lo buscaba. Es una escena de su 
"gran comedia política, en que contradiciéndose a sí 
^"mismo, expondrá con sinceridad moral una doctrina, 
"que prácticamente no podrá serle aplicada". (8) 

Acabamos de recordar la situación de Napoleón, 
Primer Cónsul a perpetuidad, que no era distinta de la 
de Bolívar dictador; los diligentes caraqueños obraron 



(7) Thiers. El Consulado y el Imperio. Tomo III. Li- 
bro XIV. 

(8) Mitre. Historia de San Martín. Capítulo 39. Pá- 
rrafo L 



Las guerras de bolívar 



283 



como los políticos franceses, al consagrar una autoridad 
única para salvar las instituciones o más bien dicho, pa- 
ra darse el tiempo de organizaría en las tranquilidades 
de un régimen transitorio de gobierno fuerte; no fué 
Bolívar inferior a Napoleón al aceptar las graves res- 
ponsabilidades de un cargo que no era, y muy especial- 
mente en el caso de Bolívar, obra de la simple ambición 
sino de las decisiones de esos hombres para servir in- 
quebrantablemente a sus ideales. 

Queremos dejar al propio don Bartolomé Mitre la 
refutación de su apasionado concepto al criticar la dic- 
tadura de Bolívar. Al apreciar los efectos de la resolu- 
ción de la Asamblea Caraqueña, dice Mitre : "fuerte mo- 
"ralmente Bolívar con el voto de confianza de sus con- 
"'ciudadanos, que a pesar de sus formas artificiales era 
"dictado por un sincero entusiasmo, él comprendía que 
"la lucha era desesperada sin la concentración de todas 
"las fuerzas independientes, y que esto no era posible 
"sin un acuerdo franco y patriótico con Mariño". 

Según estos conceptos la dictadura era necesaria 
para dar fuerza moral a Bolívar y ella se engendraba 
en una sincera adhesión popular, lo que justifica amplia- 
mente la política que venían persiguiendo los directo- 
res de la causa republicana desde el otorgamiento del 
título de Libertador hasta la investidura dictatorial. 

En conformidad a las opiniones vertidas en la 
Asamblea, ya tenía Bolívar todos los elementos que de- 
seaba para resolver el cisma venezolano; era una auto- 
• ridad nacional y no un mariscal granadino en comisión; 
-exhibía un programa de unión con Nueva Granada, lo 
que acrecentaba la importancia de sus provincias sobre 
el territorio de Oriente; contaba con un ejército siempre 
victorioso y podía con estos elementos, según se lo acón- 



284 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



sejara la prudencia, tratar con Mariño de igual a igual,, 
y aún con ventaja en cuanto al origen de sus poderes y 
no dudaba que los mayores prestigios del brillo de sus 
éxitos y las cooperaciones de Nueva Granada habían de- 
traer a c u contendor al arreglo pacífico, en beneficio de 
la Patria, sin agregar la esterilidad de una lucha civil 
a los sacrificios de la guerra contra España y a los ho- 
rrores de la contienda contra los llaneros de Boves. 



III 



La reconquista de las provincias orientales de Mar- 
# garita, Cumaná y Barcelona por el general Mariño, coe- 
táneamente con la invasión del ejército de Bolívar en 
Mérida, Trujillo, Barinas y Caracas, iba a originar un 
conflicto interno nacido de las ambiciones^ersonales de 
los caudillos o de las exigencias de quienes obraban en 
torno de ellos. 

Evitar el rompimiento era indispensable y la unión 
de ambos grupos no lo era menos ; la ruptura era un 
desastre, la falta de inteligencia presagiaba el fracasa 
del objetivo común. Eran los destinos de la patria lo que 
jugaban los caudillos cuyas actuaciones nos interesa 
conocer para fijar las responsabilidades de cada uno en 
los acontecimientos afectados por el cisma. 

Bolívar conoció los éxitos de Mariño, a su llegada 
a Venezuela, y se apresuró a comunicarle sus propios 
triunfos desde su cuartel general de Barinas y a invi- 
tarle para que apresurara su movimiento e hicieran jun- 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



285 



tos una entrada en la ilustre capital de Venezuela, co- 
mo antes lo recordamos. (9) 

Las negociaciones para restablecer la concordia de- 
bieron iniciarse tan pronto como las tropas orientales 
ocuparon a Barcelona, mas, desgraciadamente, fueron 
retardadas por la guerra, que alejaba a Bolívar de Cara- 
cas, sin que lograra que los representantes de Mariño 
acudieran a su Cuartel general de Valencia. Se había 
perdido un largo mes; pero Bolívar no desmaya en sus 
propósitos y estimula a su rival en la despedida que di- 
rige a sus representantes. 

"En nuestra estrecha unión, les dice, está cifrada la 
"seguridad común e individual de estos Estados. Perfi- 
dias, felonías, iniquidades, todo se pone en movimiento 
"para subyugarnos otra vez. El venezolano, sin embargp, 
"que ha jurado ser libre, a nada teme, todo arrostra y 
^ "no excusará sacrificio para destruir a sus tiranos. ¿ Po- 
ndrán resistir estos malvados las virtuosas legiones gra- 
nadinas, que han señalado sus pasos con victorias, uni- 
"das a las invencibles huestes del general Mariño? Ser- 
"víos de renovarle mis consideraciones y el aprecio que 
"me merecen sus virtudes". (10) 

El General en Jéfe del ejército de Occidente, que 
aprecia en toda su extensión el problema militar, atribu- 
ye la merecida importancia al apoyo de las provincias 
orientales y, usando toda clase de influencias en el círcu- 
lo de Mariño, procura obtener que le auxilie con su es- 
cuadra en el sitio de Puerto Cabello y que despache una 



(9) O'Learv.— Memorias. Tomo XIII. Doc. 136. Pági- 
na 301. 

(10) O'Leary.— Memorias. Tomo XIII. Doc. 198. Pá- 
gina 388. 



286 



Francisco rivas vicuña 



expedición a los llanos. A pesar de sus insistencias, sólo 
obtiene las promesas del envío de nuevas misiones para 
negociar. 

Ninguna ocasión desperdicia Bolívar para insinuar- 
se en el ánimo de Mariño y de sus íntimos que dirigían 
sus ambiciones con más consulta de sus propios anhelos 
que de las necesidades de la campaña. Proclamado Liber- 
tador, comunica a Mariño la gratitud y veneración con 
que recibió este homenaje y llega hasta solicitar su pro- 
pia adhesión al testimonio de la voluntad de sus conciu- 
dadanos, diciendo que así consulta la voluntad de los 
pueblos. Comparte sus honores con Mariño y los hace 
reflejarse en el ejército oriental, remitiéndole las insig- 
nias de la Orden de los Libertadores para sus jefes y le 
ruega que la lleve él mismo. "Suplico a V. E., le dice, 
"se sirva usar la misma venera que la gloria de haber li- 
bertado su patria del yugo español pone imperiosamen- 
te sobre su intrépido pecho que puso al sacrificio en el 
"campo por la libertad venezolana". 

Tres meses habían pasado desde que la fortuna de 
las armas enseñoreara a Bolívar y a Mariño en Ca- 
racas y Barcelona y todo el esfuerzo gastado por el pri- 
mero, en tan diferentes formas, desde las demostracio- 
nes razonadas sobre el deber de unirse hasta el adulo, 
todo resultaba estéril y el cisma se mantenía. 

La aspiración de los consejeros de Mariño era la 
supremacía de su Jefe y, dentro de este rumbo políti- 
co, la actividad que imprimían a sus gestiones era en 
razón inversa de los éxitos de Bolívar ; las llevaron dé- 
bilmente en los días del primer entusiasmo, las inten- 
sificaron ante las amenazas del refuerzo que Montever- 
de recibió en Puerto Cabello, las dejaron decaer ante 
las victorias de Bárbula y Trincheras y las reanudaron 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



28? 



cuando Bolívar se hallaba en los trances de su derrota de. 
Bar\quisimeto. 

Esta táctica debió apoyarse, como pretexta alta- 
mente valorizado a los ojos del Jefe, en las pretensiones 
de intervenir en Oriente que podían atribuirse a Bolí- 
var, pretensiones sirf fundamento como no fueran en las; 
apariencias. 

En aquellos años de intensas perturbaciones, los 
países sud-americanos sólo podían gobernarse por el ré- 
gimen de autoridad apoyada en las armas y esto, des- 
de luego, porque era el método existente en la colonia 
cuyos escasos progresos cívicos no permitían cambios 
considerables, y, en seguida, porque a estas capacidades 
sumábanse las guerras, y empleamos el plural pues eran 
tres, por lo menos, las contiendas diversamente carac- 
terizadas : lucha contra España, posibilidad de una dis- 
cordia armada eyitre los ejércitos, republicanos y la su- 
blevación de los llaneros. 

El régimen militar debía estar centralizado y Bo- 
lívar se apresuró a consultar la opinión, dando toda la 
publicidad necesaria al proyecto constitucional de Uz- 
táriz, cuyas líneas generales ya expusimos; este pro- 
grama de ventajas^ evidentes, que era un hecho en las 
provincias dominadas por el Libertador, no fué cónside^ 
rado en el territorio del general Mariño, salvo en la pro-? 
vincia de Margarita, que tan eficaz auxilio le prestara 
para el éxito de su empresa. 

Los margariteños, deseosos del bién general, acep- 
taron el 18 de Octubre de 1813 la Constitución de Uz^ 
táriz y decidieron incorporarse a la dirección de Bo^ 
lívar. Este ejemplo no había de tener simpatías en los 
círculos que obedecían a las influencias de los compa- 
ñeros de Mariño, y el Libertador, conociendo los tem- 



288 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



peramentos de los jefes de Oriente, vi ó en la adhesión 
de Margarita el peligro inmediato de una nueva guerra 
civil, la de esta provincia contra su rival. La consulta 
de su egoísmo le habría aconsejado aceptar' una situa- 
ción que le permitía dominar o debilitar al contendor 
con sus propias fuerzas, mas no era éste su objetivo. De- 
seaba la unión con el Oriente para combatir a los ene-' 
migos de la República y, lógicamente, había de rechazar 
cuanto tendiera a debilitar una fuerza cuyo auxilio so* 
licitaba con insistencia. 

Mientras el patriotismo de los margariteños servía 
de pretexto para sembrar desconfianza, Bolívar se apre- 
suraba a remover los obstáculos y no aceptaba el ofre- 
cimiento, según consta de la siguiente carta al Goberna- 
dor de la Isla de Margarita : 

"Contesto al oficio de V. S. de 20 del pasado y ac- 
"ta que me incluye de 18 del mismo relativa al recono- 
cimiento de mi persona como la autoridad suprema de 
"la Confederación y a las restituciones con que se han 
"adoptado la Constitución provisoria del ciudadano 
"Francisco Javier Ustáriz los individuos que se reunie- 
ron para ese objeto. 

"Ese papel nunca ha pasado de mero proyecto de 
"un particular. Mi objeto era obtener la opinión V. S. 
"sobre él ; como la había pedido igualmente a los gober- 
nadores de las demás provincias. 

"Al mismo tiempo V. S. me permitirá asegurarle 
"que no acepto el reconocimiento, ni podría hacerlo sin 
"cometer la más violenta e injusta usurpación \ (11) 

Y no se limita al rechazo de un cargo que le hon- 
ra, que puede darle elementos, pero que envuelve peli- 

(11) Vicente Lecuna. — Copiadores de -Secretaría. Cultu- 
ra Venezolana, de enero de 1920. 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



289 



gros mayores que estas ventajas; va más allá aún, trata 
de eliminar el conflicto y ofrece su mediación. 

El 18 de Noviembre escribe de nuevo al Gober- 
nador Arismendi : "me ha sido en extremo dolorosa y 
"sensible la diferencia entre V. S. y el general Mari- 
ano; estoy seguro que, siguiendo, debe necesariamente 
"aumentarse, y llegar hasta el punto de ser irremediable 
"o, por lo menos, serlo a costa de sacrificios imponde- 
rables. Ellos han excitado en mi un vivo deseo de me- 
diación para que, apagada la llama de la discordia, que 
"tan al principio empieza a encenderse, contribuyan to- 
adas las provincias a la expulsión de nuestros tiranos, 
"que se valdrán entre otros medios de la guerra civil 
"para subyugarnos"^4l2) 

Al propio tiempo, representa a Mariño las funestas 
consecuencias de una compresión militar de los marga- 
r^teños, le llama a la conciliación y se ofrece como me- 
diador. El 27 de Noviembre de 1813, le escribe desde 
Valencia : 

"El pueblo de la Isla de Margarita y el coronel 
"Juan Bautista Arismendi me dirigieron sus oficios, in- 
teresándome vivamente a que interpusiera mi media- 
ción con V. E. sobre las últimas desavenencias ocu- 
rridas en cuanto al reconocimiento de un centro del po- 
"der. Nada sería más funesto en las presentes circuns- 
tancias, sino que estas desavenencias produjeran la 
"guerra entre las provincias. Esto causaría a nuestros 
"enemigos más satisfacción que obtener diez victorias. 
"Pero estoy íntimamente persuadido que nunca fueron 
"las verdaderas intenciones de V. E. hostilizar a Marga- 



(12) Vicente Lecuna. — Ut supra. 

19 



290 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"rita, aun cuando los actos del gobernador Arismendi 
"obligaron a amenazarle. 

"Finalmente, aunque mi mediación la hacen inútil 
"los sentimientos de V. E., que en esta parte como en 
"las demás obran de acuerdo con los intereses de Vene- 
zuela, sin embargo la interpongo, como se me ha pe- 
"dido, para que V. E. se sirva no tomar medidas de 
"hostilidad contra el pueblo de Margarita". (13) 

Todo esto ocurría a fines de Noviembre ; los comi- 
sionados de Mariño permanecían inactivos, vacilantes 
entre la derrota de Barquisimeto y el triunfo de Vigiri- 
ma ; la situación era la espectativa y nada se decidía. El 
Libertador, conciente de este estado de ánimos, las 
mantiene al tanto de los sucesos para inspirarles con- 
fianza y, después del triunfo de Araure, cuyas conse- 
cuencias se apresura a comunicar a Mariño, éste se deci- 
de a prestarle la cooperación de su escuadra y de un des- 
tacamento que obre en los llanos. 

La prudencia de Bolívar triunfaba sobre las ambi- 
ciones del círculo de Mariño; el conflicto llegaba a su 
término y, para tranquilidad de su rival, el Libertador 
nombraba Gobernador de Caracas al Jefe margariteño 
que encabezó el pronunciamiento en favor del poder 
central. 

La armonía eficaz no sería duradera ; a fines de Di- 
ciembre, Mariño ordenaba el retiro de sus elementos, 
provocando las dificultades que el Libertador consigna 
en su carta de 3 de Enero : 

"Un oficio del segundo Jefe de Oriente, Coronel 
"Manuel Piar, me instruyó de que V. E. le había ind- 
inado sus órdenes para que se restituyera a Cumaná. 



(13) Vicente Lecnna. — Ut supra. 



Las guerras de bolívar 



"con la escuadrilla que estaba a su mando. Consternado 
"con este golpe imprevisto, escribí en el momento a. 
"aquel jefe, que ha pasado después a esta ciudad y fea*, 
"accedido por mis súplicas a suspender la salida de la . 
"escuadrilla, tanto por la recomposición que necesita,, 
"habiendo padecido algunos buques en la noche del 2 t ., 
"como por aguardar las nuevas resoluciones de V. El,., 
"a consecuencia de lo que debo representarle y que me . 
"atrevo a esperar producirá la revocación de sus pri- 
"meras órdenes. 

"En estos momentos no era mi designio quedar li- 
citado a estas hostilidades. Me proponía aumentar la. 
"triste situación de los sitiados, apoderándome del Trin- 
"cherón y las Vigías, y en consecuencia, de la parte ex- 
terior del pueblo. La retirada de la escuadrilla echa por 
"tierra el más importante proyecto, y lo que es peor, 
"deja libre la entrada de socorros a la plaza, y siendo* 
"intomable por fuerza de armas nunca sucumbiría"!. 
(14) 

La situación en los llanos es más seria aún, seguir 
lo expresa Bolívar en el mismo documento : 

"Al mismo tiempo, he visto desaparecer de los va- 
"lies de Barlovento que están en insurrección, la divi- 
sión del Coronel Arrioja, lo que alentará más a los fac- 
ciosos, pudiendo temerse con fundamento que efec- 
túen una reunión que hasta este momento divididas 
"no nos han hecho quizás males irreparables, porque 
"no han logrado obrar de acuerdo". 

La conducta de Mariño era inexplicable y Bolívar 
aborda un esclarecimiento con toda energía. "Repetidas; 
"veces, dícele, he implorado los auxilios de V. E. ; pri- 



(I4) O'Leary.— Memorias. Tomo XIII. Doc. 214. Pá- 
gina 421. 



292 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



""'mero, para que, marchando con sus tropas a cubrir a 
"Calabozo, pudiera impedirse que los enemigos lo ocu- 
paran; segundo, para que, destinándolas contra Bo- 
"ves, cooperasen con las de Caracas a su destrucción. 
"W. E. tuvo la generosidad de disponer estos socorros, 
pues estoy informado que aún V. E. en persona mar- 
echaba a la cabeza de más de dos mil hombres sobre el 
"Llano. Repentinamente llegan las órdenes de V. E. 
"para la retirada de la escuadrilla : se verifica también 
"la marcha de las tropas que se destinaron a los Llanos. 
"Permítame V. E. suplicarle también me revele las call- 
osas que han influido, y que no conozco, para unas de- 
* 'determinaciones tan contrarias a las que hasta ahora 
"V. E. había adoptado, en tanto que a nombre de la li- 
bertad de la República, tan comprometida, pido a V. 
"E. instantemente todos los socorros para sostenerla. 
"Los comisionados que conducen éstos expondrán ade- 
"más a la voz nuestro estado verdadero, que reclama 
"tan urgentemente auxilios poderosos, le explicarán mis 
"sinceros sentimientos con respecto a V. E. y las miras 
"políticas que me animan acerca de un gobierno general 
para las provincias". , 

La respuesta del Dictador de Oriente se basa en las 
ventajas que, según su criterio, ha producido y que da- 
rá aún el comando doble. Para justificar la situación 
escribe a Bolívar : "Cuando en uno de mis oficias anun- 
"cié a V. E. que me parece más acertado que, por aho- 
rra, y hasta concluir la presente guerra, permanezcan 
"las provincias de Occidente y Oriente bajo la dirección 
"de los jefe que las gobiernan, me fundo en la necesi- 
"dad absoluta que tenemos de purgar de los enemigos 
"que aún no hemos acabado de extirpar, y de reducir a 
"Coro, Maracaibo, Guayana, etc., que deben formar el 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



295 



"catálogo de nuestra unión, me fundo también en que, 
"si no me engaño, aquellos que de la nada supieron le- 
vantar y sostener el pabellón de la libertad al frente 
"de los peligros, son los que por su propio honor han 
"de llevar con mayor entusiasmo al término de nuestros 
"deseos, las victorias adquiridas, añadiendo otras para- 
"su complemento". (15) 

Comenta Mariño largamente estas razones y de- 
ellas, que a lo sumo podrían servir para la justificación 
de dos cuerpos de ejército, deduce la inoportunidad de 1 
un gobierno único y trata de apoyar su decisión en los 
deseos de las provincias bajo su mando. "Por no seguir,, 
"continúa en su respuesta al Libertador, mi dictamen 
"desnudo del apoyo universal de los pueblos orientales, 
"he procurado explorar la voluntád, antes de ahora, de 
"los hombres más interesados en el bién público, y todos 
"a Una voz se deciden por la opinión de formar un cen- 
dro del poder; mas añaden que no es ahora a propó- 
"sito". 

Con estas frases respondía Mariño a los aconte- 
cimientos políticos del 2 de Enero, a la proclamación en 
Caracas de la dictadura de Bolívar y al programa de 
concordia interna y de unión con Nueva Grnada pre- 
sentado por Mendoza y sancionado por la Asamblea po- 
pular de San Francisco. 

^Es el desconocimiento evidente de estos actos, im- 
presión que aun acentúa Mariño en los párrafos siguien- 
tes : 

"Mi consejo privado, mis consocios en las batallas, 
"la junta de guerra celebrada a consecuencia del oficia 
"de V. E. a que contesto, protesta no apartarse de las 

(15) Q'Leary.— Memorias. Tomo XIII. Doc. 215. Pá- 
gina 423. 



294 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"máximas políticas que él contiene, conoce el tino y la 
''sabiduría que las dictó ; pero reserva ponerlas en prác- 
"'tica luego que las provincias todas hayan logrado el 
^'estado de tranquilidad en que se ven Cumaná, Marga- 
"rita y Barcelona, a beneficio dvl Gobierno Militar que 
'"rige, y del que esperan resultará completamente". 

Mariño se. sentía firme erí Oriente, sabía que la si- 
tuación de Bolívar estaba llena de amenazas y se ne- 
gaba a todo arreglo ; sólo trataría con el Libertador 
cuando dominara en sus territorios con la eficacia que 
él creía tener en los suyos. 

El personalismo exaltado de un general de 25 años 
ahogaba la idea de la Patria, cegaba sus ojos que no 
veían la comunidad del peligro y, con inquebrantable 
terquedad, trazaba el párrafo final de la respuesta que 
debía herir profundamente el patriotismo de Bolívar. 
Hé aquí la conclusión de Mariño : 

"Espero que V. E. dará a mis reflexiones el lugar 
"que merecen las de un ciudadano particular, amante de 
""la felicidad común, removiendo las del interés, que 
"'emitirlas cabe al que se encuentra con la autoridad en 
* ( su mano; y sin que se entienda que contradigo al voto 
"'general de los venezolanos y granadinos, ni que resis- 
to, o no apetezco la unión que tan sabiamente se propo- 
"ne; si, por el contrario, invito de nuevo a todos mis 
""compatriotas, a establecer un Gobierno sólido y perma- 
nente, y a V. E. con especialidad a que, para conseguir- 
lo, continuemos el curso de nuestras operaciones mili- 
atares, despreciando cuanto la calumnia nos impute, a 
"'cambio de no aventurar la salud de la Patria, hasta que 
"podamos decir con propiedad que la hemos libertado 
"del cautiverio en que gemía". 

El Libertador, con aquella pertinacia heredada de 



' r '-p':r.''"- ' ' '■ ^ '■■ V:; ' *[■■ ' ; ' : ■ ? ¡. . '' '' " ¡ ' ; $¡¡ 

LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 295 

sus antepasados éuscaros y con la entereza que le hacía 
erguirse ante los desastres, que era su característica in- 
dividual, no da entrada al desaliento ; envía sus propios 
comisionados a Mariño, y, en beneficio de su causa, 
cede a todas las exigencias políticas, a trueque de tener 
el concurso militar y consigna sus elevados propósitos 
en la nobilísima carta en que disminuyendo su propia 
personalidad, ensalza al joven Mariño, le hace árbitro 
de la situación y le eleva hasta el servicio de la causa 
integral de Venezuela, hasta el propio anhelo del Liber- 
tador. 

"Quisiera hacer sentir a V. E., escribe Bolívar a 
"Mariño el 30 de Enero, las miras sanas, los deseos de 
"sincera unión que han dictado todas mis operaciones ; 
"y puedo afirmar a V. E. que, podré engañarme sobre 
"los medios, pero que el más puro celo me ha guiado 
"constantemente en los que he elegido. Por fortuna, la 
"virtud de V. E. y su perspicacia han suplido mis faltas 
"y, ocupado exclusivamente de destruir a los enemigos, 
"ha auxiliado a Caracas en los valles de Barlovento, en 
"el sitio de Puerto Cabello, y ahora a la cabeza de un 
"ejército, para marchar contra Boves para cubrirse de 
"nuevas glorias y liacer uno de los más grandes servi- 
cios a la provincia de Caracas. 

"Bajo este concepto, he expedido las correspondien- 
tes órdenes al Comandante de las tropas que obran 
"contra Calabozo. Volaré yo mismo a encontrar a V. E. 
"luégo que me lo permitan las operaciones del sitio, que 
"exigen ahora mi presencia. Haré cuanto esté de mí 
"parte para proporcionarme la satisfacción de tener 
"una entrevista con el héroe Libertador de Oriente y 
"lamentaré sobremanera que la obstinación de los ene- 
amigos me impida verificarlo. 



296 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"V. E. ha dado la mejor acogida a mis comisiona- 
''dos. Ellos me % manifiestan, en términos que hacen 
'Ver la rara generosidad de V. E. No es menos admira- 
ble V. E. como Libertador Jefe de Oriente, que como 
"el Grande Hombre^dotado de todas las virtudes". (16) 

Las negociaciones de seis meses han terminado ; 
la prudencia de Bolívar había evitado un movimiento 
separatista, cuyo éxito habría creado dos naciones in- 
significantes, incapaces de sostenerse aisladamente; sa- 
gazmente había reforzado este concepto por su pro- 
grama de unión con Nueva Granada, a fin de constituir 
una república sólidamente establecida en un gran terri- 
torio e imponerse a la consideración general. Conjura- 
do estaba el cisma y ahogada en su cuna la guerra civil 
entre Arismendi y Mariño. El Libertador había domi- 
nado las pasiones ajenas y se había vencido a sí mismo, 
inmolando en aras de Venezuela libre toda ambición per- 
sonal. 

Con el mismo tino con que condujera las negocia- 
ciones para obtener el auxilio de Nueva Granada, en 
medio de los desacuerdos de sus diferentes Provincias, 
con igual mesura y con el cabal conocimiento de los per- 
sonajes, lograba el éxito buscado en las discusiones 
con Mariño. La tardanza y la continua intriga que en- 
torpecieron el acuerdo con sus compatriotas debieron 
irritar sus sentimientos al comparar esta conducta con 
las mayores facilidades, que le dieran los neo-granadi- 
nos, mas, supo dominarse en cada momento para no 
perder el imperio de la situación y no malograr su ob- 
jetivo final. 



(16) O'Leary.— Memorias. Tomo XIII. Doc. 216. Pá- 
gina 426. 



L,AS GUERRAS DE BOLÍVAR 



297 



Con el regocijo que se traduce en sus impresiones 
dió cuenta de sus arreglos con Mariño al Congreso de 
Tunja, el I o de Febrero de 1814 : "El General Mariño, 
"a la cabeza de tres mil hombres, marcha hacia Cala- 
bozo, debiendo antes reunirse con una poderosa divi- 
sión al mando del comandante Campo-Elias. Juzgue 
"V. E. si estos movimientos asegurarán un resultado 
"feliz y permanente". (17) 

En este mismo documento deja trasparentar las ba- 
ses de su arreglo con Mariño, armonía transitoria ante 
los peligros que arreciaban: "La conquista de Coro y 
"Guayana, según el programa comunicado, que debe se- 
"guir a la ocupación de Puerto Cabello y a la destruc- 
"ción de Boves pacificarán completamente a* Venezuela, 
"Entonces podrán acordarse el Oriente y el Occidente 
"acerca de un gobierno general, sin cuya precedente me- 
"dida no podrá afianzarse el Gobierno constitucional 
"de Venezuela". 

IV 



La necesidad de analizar los acontecimientos polí- 
ticos que siguieron a la batalla de Araure, nos ha ale- 
jado de las operaciones militares del Libertador; este 
paréntesis era necesario para penetrarnos de la situación 
política y estudiar sus influencias en la guerra misma. 

Sin este examen de conjunto no se puede apreciar 
un momento histórico de trascendencia en el desarrollo* 

(17) O'Leary.— Memorias. Tomo XIII. Doc. 219. Pá- 
gina 421. 



298 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



de un pueblo, ni formarse juicio cabal sobre los directo- 
res de un movimiento cuyas sacudidas se proyectaban 
más allá de las fronteras patrias. Las campañas de la 
independencia son de interés americano y no simple- 
mente nacional ; no deben considerarse como hechos ais- 
lados, pues ellas tuvieron conexiones que los patriotas 
no estuvieron en situación de aprovechar y que Espa- 
ña utilizó siempre para prolongar su dominio. 

Los jefes de la revolución, desde Chile hasta Méxi- 
co, no pudieron conocer en toda su extensión las cam- 
pañas emancipadoras, pues no tenían una dirección co- 
mún ni siquiera una fuente de información que les hu- 
biera permitido coordinar sus actividades para obtener 
la resultante máxima. Un triunfo o un desastre en un 
pueblo hermano llegaba con grandes atrasos a conoci- 
miento de los que combatían por la libertad en otras co- 
marcas; esta tardanza afectaba por igual a España y a 
las colonias sublevadas, mas no había igual paralelismo 
.en cuanto a la caracterización del acontecimiento. En las 
capitales republicanas el anuncio de una victoria patriota 
era un regocijo para el pueblo y un aliento para los 
jefes; la nuéva de un desastre traía tristezas y ponía a 
los caudillos a la defensiva ; en ambos casos no se tenía 
elementos para apreciar la importancia real del hecho 
y hubo derrotas justificadas que produjeron desalientos 
perjudiciales y triunfos mal interpretados que engendra- 
ron confianzas perniciosas. 

En cambio, el gobierno español tenía informes com- 
pletos, detallados, de todos los sucesos y podía aquila- 
tarlos en su origen, desarrollo y consecuencias. Sobre es- 
tos conocimientos podía formar una gran síntesis y tra- 
zarse un programa general, cuya realización no podía 
tener más tropiezos que los propios de la época. 



ÍÁ'S GUERRAS DE B0LJVAR 



299 



El éxito asombroso de la campaña de Bolívar, des- 
de Cartagena a Caracas y luego hasta derrotar el ejér- 
cito español en Araure, como también la reconquista 
del Oriente por Mariño, fueron interpretados en Amé- 
rica como la consumación efectiva de la Independencia 
de Venezuela. Esto parecía lógico; en efecto, la rapi- 
dez de estas campañas presagiaba el favor popular con 
que se recibía a los libertadores, ya que de otra manera 
era inconcebible que jóvenes generales, que hacían la 
guerra por primera vez, hubiesen marchado de triunfo 
en triunfo hasta derrotar, con un escaso número de sol- 
dados bisoños a los veteranos españoles dirigidos por 
jefes expertos. 

La impresión de estos éxitos era distinta en la me- 
trópoli; Bolívar triunfaba por sus dotes militares efec- 
tivas reveladas en sus movimientos estratégicos, en sus 
capacidades de organización y en el dominio moral de 
sus huestes, virtud tan necesaria como las demás y sin la 
cual Aníbal no habría pasado los ¿AJpes ni Napoleón 
triunfara en Marengo.^ El brillo del triunfo no importa- 
ba la consolidación de la conquista y los partidarios del 
Rey en Venezuela informaban a su gobierno que el 
ejército bolivariano no era suficiente para dominar un 
territorio extenso cuyos habitantes eran indiferentes a 
la causa de los rebeldes, como ellos decían. 

El Libertador había pasado como el rayo a través 
de las nubes, produciendo resplandores de gloria ; pero 
la nube se rasgaba para dejarle pasar y el cielo quedaba 
oscuro como antes. El prestigio de las victorias había 
alegrado a los corazones un instante; mas la luz de la 
libertad no había penetrado en ellos. 

Los jefes españoles huyeron espantados ante la 
tempestad; pero, como pastores responsables del reba- 



300 FRANCISCO RIVAS VICUÑA ' 

ño, no perdieron de vista el hato momentáneamente agi- 
tado. Allí estaban Cajigal en Guayana, anunciando la 
llegada de refuerzos españoles ; Monteverde en Puerto 
Cabello, resistiendo y propagando iguales noticias; Ce- 
ballos y sus oficiales en Coro, recogiendo españoles pró- 
fugos y criollos descontentos y organizando las india- 
das de Siquisique; José Yáñez, reclutando fuerzas en 
el Apure, y, por último, Boves y Morales cerrando en 
las llanuras del Orinoco un círculo de vigilancias que 
podía estrecharse hasta ser cadena que encierra y dogal 
que extrangula. 

En estas posiciones residía la confianza de Espa- 
ña y en ellas los temores de Bolívar ; la inercia del medio 
favorecía a la primera y restaba energías al segundo; la 
Metrópoli podía hacer la guerra con recursos propios, 
sin sacrificar al país; la República contaba únicamente 
con su territorio y la causa independiente debía con- 
tentarse con el óbolo empapado en lágrimas de un pue- 
blo empobrecido; la libertad era un ideal, anuncio pa- 
triótico de ventura que a lo sumo entretenía las veladas 
) de los campos; el servicio del Rey para los jefes espa- 
ñoles era la renovación de la conquista, la promesa de 
enriquecimiento con los bienes de los criollos que reem- 
plazarían al indio despojado y, con este programa, las 
hordas llaneras empuñaban la lanza y se aprontaban pa- 
ra correr a las provincias centrales y cargar de botín 
los lomos desnudos de sus caballos. , 

Bolívar se encontraba desarmado casi para afron- 
tar esta situación políticamente. No podía negociar con 
España, pues la situación verdadera era bien conocida 
en la Metrópoli que no se habría prestado a tratar y r 
además, la reacción que triunfaba en Europa miraba 
con desdén a los revolucionarios americanos. 



hAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



301 



Los caminos internacionales estaban cerrados y ya 
se había seguido el único posible, el que franqueara el 
auxilio de Nueva Granada. Para la lucha política inter- 
na contra España, para arrebatarle sus adeptos, no ha- 
bía más instrumento. que la propaganda y ni siquiera de 
este resorte disponía el Libertador. 

La fuerza y la unión eran los únicos medios para 
asegurar la causa de la República, para penetrar en las 
regiones de Guayana, de los Llanos y de Apure y esta- 
blecer contactos con las masas subyugadas. Organizar 
un ejército y acrecentarlo por su armonía con Mariño 
eran las preocupaciones de Bolívar. 

Tenía plena confianza en las capacidades de sus 
oficiales y en el valor, de sus soldados ; la victoria de 
Araure era una garantía de éxitos continuos sobre las 
armas españolas y el mantenimiento en Occidente de 
una fuerza adecuada aseguraba la incorporación defi- 
nitiva de ese territorio. Mas, no estaba allí el gran pe- 
ligro; la verdadera amenaza venía de los Llanos y afec- 
taba por igual a las dos secciones en que dividía al país 
la terquedad de, Mariño ; la unión era indispensable y el 
Libertador consagró a este problema de política in- 
terna sus mejores esfuerzos; atraer al general de Orien- 
te era tanto o más importante que vencer a Caballos en 
Araure. . 

Esta división republicana era un punto débil bien 
conocido de los españoles que, por su parte, obraban en 
perfecto acuerdo. Ceballos, Yáñez y Boves, que eran 
los elementos más activos de la campaña se comunica- 
ban constantemente y obedecían a una dirección úni- 
ca; los patriotas, por el contrario, no se coordinaban. 
Hé ahí las circunstancias cuyo desconocimiento puede 



302 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



inducir en error a quienes analicen las responsabilida- 
des de los revolucionarios americanos. 

El programa de Bolívar, al llegar a Caracas, fué 
bien preciso y puede resumirse en cuatro lineas: 

Primero. — Adueñarse de Puerto Cabello o, por lo 
menos, inmovilizar su guarnición. 

Segundo.— Pacificar las provincias de Occidente tan 
rápidamente conquistadas. 

Tercero.- — Penetrar a los Llanos, por el centro del 
país a fin de aislar a Boves de Yáñez. 

Cuarto. — Hacer la unión política de la República o, 
en el peor de los casos, pactar un acuerdo militar con 
Marino. 

Este último punto era el más importante para que 
las operaciones fueran simultáneas en los diferentes sec- 
tores del ataque enemigo que, lógicamente, debía su- 
ponerse combinado con igual base de presiones en un 
momento dado. 

El Libertador se dió por entero a realizar este pro- 
grama de conjunto y en cuanto de él dependió llevóle 
a cabo, pero fracasó por la falta de concurso de los pa- 
triotas de Oriente. 

Los hechos son claros, trasparentes ; Bolívar man- 
tenía sitiado a Puerto Cabello, contenía a Ceballos y a 
Yáñez en Occidente y a Boves que avanzaba por el 
Centro. Para las dos primeras operaciones se bastaba, 
y para la última requería el auxilio de Mariño. Mientras 
D'Eluyar bloqueaba a Monteverde y Salomón en Puer- 
to Cabello, el Libertador tri'vafaba en Araure, el 5 de 
Diciembre sobre los jefes eo^/ñoles. 

La concentración de las fuerzas monárquicas en 
Araure fué coetánea con el ataque de Boves y Morales, 
obedeciendo a un plan único. Los caudillos de los Lia- 



EAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



303 



ñeros, después de su derrota de Mosquiteros, habían 
huido a Guayabal, según referimos, y ahí se organiza- 
ron con tan increíble rapidez que, después del fracaso 
del 13 de Octubre, ya estaban Boves y Morales con 
4.000 hombres en camino de Calabozo, el 8 de Diciem- 
bre. Si para esta fecha, el ejército de Mariño Hubiera 
marchado a esa zona de peligro la suerte de la guerra 
habría cambiado. 

Las necesidades de la campaña de Occidente obli- 
garon a Bolívar a dejar en los Llanos solamente 1.000 
hombres de la división de Campo-Elias a las órdenes 
de Aldao; el Libertador conocía la eminencia del peli- 
gro y escribía a Máriño el 27 de Noviembre: "en dos 
"distintas ocasiones he ofrecido a V. E. que destine sus 
"tropas de tierra a Caracas, La Guaira y Calabozo, que 
"se hallan sin guarnición de resulta del suceso de Bar- 
"quisimeto. Temo con fundamento una subversión en 
"estos puntos ; pero sobre todo si V. E. no las envía a 
"Calabozo puede V. E. contar que los enemigos se apo- 
deran otra vez de aquel importante punto". (18) 

El auxilio no llegaba y el jefe de la guarnición de 
los Llanos se vió obligado a empeñar una acción con 
Boves, en San Marcos, sobre el río Guárico. 

El desastre fué completo ; Aldao pereció con sus 
1.000 hombres y las huestes de Boves marcharon hasta 
Calabozo, que era la puerta de la tierra prometida del 
pillaje. 

Esto ocurría el 8 de Diciembre de 1813, tres días 
después del triunfo de Bn 1 ívar en Araure y debió ver 
con inmenso dolor el frae ^j de sus planes por obra de 



(18) Lecuna. Copiadores de Secretaría. 



304 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



la mísera intriga política que le privaba de los recursos 
que habrían garantizado la destrucción de los llaneros. 

La victoria definitiva debió alzar su vuelo batien- 
do ambas alas sobre los campos de dos batallas glorio- 
sas, una en Occidente y la otra en el Centro ; batióse 
triunfalmente la primera, la segunda fué destrozada y 
el águila de la libertad caía moribunda. 

La primera República perdióse en las manos de 
Miranda por las intrigas políticas de los reaccionarios ; 
las amarguras de Bolívar ante aquel suceso, inmensa 
como fué, tuvo un consuelo : era la obra"de los enemigos 
de la Patria. 

En esta nueva situación, en que el desastre de los 
Llanos trocaba en acíbar la miel de Araure, la angustia 
del Libertador debió ser más honda que en la hora, del 
fracaso de Miranda, no porque el desastre* le afectara 
personalmente, sino porque los causantes eran los pro- 
pios amigos de la patria, los que debieron ofrendarle 
todo y, sin embargo, le rehusaban .el sacrificio de esa 
pobre cosa que se llama el amor propio. El personalis- 
mo iba a destruir la segunda República Venezolana; 
pero Bolívar iba a erguirse de nuevo ante el desastre, 
daría a su potencialidad la medida de su desgracia y se- 
ría como la roca de la altura que más energía acumula 
cuanto mayor és la hondura en que se desprende. 

Mariño no venía.: pues bien, él continuaría solo 
hasta cuando pudiera. 



IvAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



305 



V 



Un nuevo esfuerzo iba a realizar el Libertador y 
un nuevo fracaso de origen político vendría a nublar su 
frente; reorganizaría sus fuerzas y seguiría solicitan- 
do a Marino, tesonero, incansable, enteramente entre- 
gado a las responsabilidades de su obra. 

Volvía a su primer programa : sitiar a Puerto Ca- 
bello, guarnecer el Occidente, enviar un nuevo ejército 
a los Llanos y buscar el acuerdo con el dictador de 
Oriente. 

Al despedirse de sus tropas en Araure, confió el 
mando de esa zona al General Urdaneta. Como hombre, 
este jefe se caracterizaba por su ecuanimidad; como mi- 
litar, por su prudencia ; como patriota por su convenci- 
miento inquebrantable y el Libertador hizo la más acer- 
tada elección de su lugarteniente en las provincias Oc- 
cidentales. 

De acuerdo con sus instrucciones, envió Urdaneta 
a Ramón García de Sena a cubrir la provincia de Ba- 
rinas, sector ¿sur de su territorio militar que era fuente 
de recursos y avanzada para dominar la insurrección en 
los Llanos de Apure constantemente agitados por Yáñez. 

Entre tanto, él se trazaba su propio servicio de 
acuerdo con las necesidades de su zona : mantendría su 
contacto con el sur mediante guarniciones en Guanare. 
Ospino y Araure, ligando así su cuartel general de Bar- 
quisimeto con Barinas; destruiría las guerrillas en los 
valles vecinos; haría avanzar las fuerzas hasta Carora 
para dominar a los indios realistas de Siquisique. 
20 



306 FRANCISCO RIVAS VICUÑ|\ 

Realizadas estas operaciones marcharía sobre Co- 
ro para pacificar definitivamente las provincias Occiden- 
tales. 

En los primeros días de Enero de 1814, obrando 
con tranquila constancia, ya estaban construidas las ba- 
ses de su plan; escalonadas se hallaban las guarniciones 
previstas ; Villapol había destruido las montoneras y él 
derrotaba a los indios de Reyes Vargas. "Ya no se ha- 
blaba, dicen las memorias de Urdaneta, sino del triun- 
"fo en Coro ; cuando, al anochecer del día de la victoria 
"de Siquisique, se presentaron en el campo los señores 
"Nicolás Pulido y Luis Celis, que en tres días y tres no- 
ches habían llegado de Barinas con pliegos del coman- 
"dante García de Sena". 

Las noticias del jefe del Sur eran gravísimas: Yá- 
ñez, en el mes siguiente de su derrota de Araure, logra- 
ba rehacer un cuerpo de 2.000 ginetes en Apure y, di- 
vidiéndole en dos columnas, marchaba él directamente 
sobre Guanare y confiaba a la retaguardia, mandada por 
el catalán Puy y el montonero Ramos, el cuidado de 
atacar la guarnición patriota de Nutrias y avanzar sobre 
Barinas. , 

El Coronel Palacios sostuvo el primer empuje de 
la retaguardia llanera y, agotadas sus municiones, se vi ó 
obligado a replegarse desde Nutrias al cuartel de Ba- 
rinas; hasta allí lo persiguieron Puy y Ramos que pu- 
sieron sitio a esta ciudad el 10 de Enero de 1814. 

García de Sena ha descrito la situación general de 
su provincia en los desconsoladores términos que copia- 
mos de una carta dirigida a Urdaneta. 

"Debo igualmente manifestar desde ahora que todo 
"lo que dicen mis oficios en orden a la desafección de 
"los pueblos de Barinas a la causa de la independencia, 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



307 



"debe entenderse con respecto al estado de los mismos 
"pueblos, después de la asombrosa emigración que hubo* 
"en ellos al acercarse las tropas de Yáñez por el mes- 
"de Noviembre último, no quedando en el territorio si- 
"no muy pocos patriotas que huyeron a los montes, y la 
"caterva de ladrones y gente soez que lo infestan, y son, 
"los que componen el partido de los opresores en aque- 
"lla^província ; todos los amantes de la libertad dejaron 
"su suelo natal y muy pocos han vuelto a él, de modo 
"que yo encontré las poblaciones desiertas, porque el 
"resto de sus habitantes se unió al perverso Yáñez, en 
"fuga hacia San Fernando de Apure". (19) 

En este medio hostil, con un escaso contingente, 
mal amunicionada la infantería y sin poder aprovechar 
a los ginetes, pues los caballos, eran más propios para 
pasto de aves rapaces que para defender una plaza, Gar- 
cía de Sena juzgó peligroso afrontar un combate con 
las tropas frescas de los llaneros y resolvió encerrarse 
en Barinas, calculando que podría resistir 10 días y pi- 
dió auxilios a Urdaneta. , 

El socorro no podía llegar oportunamente y el co- 
mandante resistió a las duras condiciones que nos 1 des- 
cribe en su carta : 

"Cada vez, pues, me afirmaba en la resolución de 
"defenderme bajo las trincheras, hasta que llegasen los 
"auxilios de V. S. 

"Entre tanto, los enemigos incendiaban diariamen- 
"te por distintos puntos la ciudad, atacándonos en me- 
"dio de las llamas que nos rodeaban y del humo que casi 
"ahogaba nuestra respiración, pero nuestras tropas im- 
perturbables y serenas en medio de aquel laberinto de 



(19) O'Leary.— Tomo XIII. Doc. 223. Pág. 434. 



*308 



FRANCISCO PRIVAS VICUÑA 



"'fuego, siempre los rechazaron, matándoles e hiriéndo- 
les soldados y caballos. 

"A los dos días nos quitaron el agua y desde enton- 
"ces, diariamente, debíamos darles un ataque en el río, 
*'para tomar este artículo tan interesante a la vida, au- 
"mentándose de este modo las ocasiones y motivos de 
"''disminuir nuestras municiones''. 

Agotado, resolvió romper el sitio, y efectivamente 
lo hizo, antes del plazo previsto, y se encaminó por Mé- 
rida y Trujillo hacia Valencia, evitando a Yáñez que 
estaba en Guanare. 

Mientras la guarnición del Sur sufría este contra- 
tiempo, Urdaneta se aprestaba para auxiliarla. Detuvo 
:su avance sobre Coro, dejó cubierta la línea de Carora, 
ordenó que le siguiera el resto del ejército y marchó a 
-su cuartel de Barqúisimeto' para formar una avanzada 
de 200 infantes y algunos ginetes que iba a conducir 
personalmente. El 23 de Enero llegaba Urdaneta al río 
Portuguesa y, al vadearlo con su pequeña columna, en- 
contró a las descubiertas de Yáñez instaladas en la ri- 
bera opuesta del río, cerca de Guanare. El prudente Ge- 
neral contramarchó inmediatamente sobre Ospino, unió 
sus fuerzas a la de esta guarnición, llamó al destaca- 
mento de Araure, juntó así 400 hombres y, mientras 
iba personalmente a buscar refuerzos a Barqúisimeto, 
ordenó al Jefe de Ospino que se mantuviera hasta la 
llegada de nuevas tropas. 

El 2 de Febrero, se acercaban desde Barqúisimeto 
200 infantes del Valencia, a las órdenes de Gogorza, y, 
en una feroz acometida contra los ginetes de Yáñez, 
que pretendió impedirles la entrada de Ospino, el co- 
mandante realista cayó herido de muerte. Desalentadas 



I^AS GUERRAS DE BOLIVAR 309 

las tropas de Yáñez Huyeron dejando el cadáver de su 
jefe en poder del enemigo. 

Urdaneta, que no alcanzó a participar en la jor- 
nada, celebró el triunfo con nuevas consagraciones al 
trabajo de pacificar el Occidente, tarea cada día más di- 
fícil, pues las desafecciones de la población se intensi- 
ficaban y el segundo de Yáñez, Sebastián de la Calzada.,, 
rehacía sus tropas en Guanare. 

r El nuevo jefe realista era digno compañero de los 
que conducían a las hordas de llaneros ; hé aquí como lo 
describen Baralt y Díaz : 

"Don Sebastián de la Calzada fué simple soldado 
"del batallón de la Reina el año de 1810, preso y encau- 
sado por aquel mismo tiempo con motivo de un hurto, 
"y libertado de galeras por el movimiento del 19 de 
"Abril y los desórdenes que se le siguieron. ¡ Qué mora- 
lidad y qué principios tuviese hombre semejante, ya se 
"dejará entender : fué en efecto uno de los que más sa- 
quearon la tierra ; y su dureza, si bien menos feroz que 
"la de Yáñez y Morales, no produjo efectos menos es- 
pantosos". 

La tranquilidad de Urdaneta no sería de larga du- 
ración ; por segunda vez los desastres del centro de la 
República iban a agotar los frutos de las victorias de 
Occidente. 

El Libertador, que con tanto éxito había escogido a 
Urdaneta, no fué menos feliz al designar a Campo-Elias 
para organizar la expedición sobre los llanos; por sus 
condiciones especiales era el hombre para medirse con 
Boves. Le trajo Bolívar en su viaje a Caracas, después 
del triunfo de Araure, y le confió el encargo de levantar 
una división en Villa de Cura para contener a los lia- 



310 



francisco rivas vicuña 



ñeros posesionados en Calabozo desde el desastre de 
Aldao. 

Debidamente auxiliado con parque y municiones, 
Campo-Elias reunió un contingente de 3.000 hombres 
con el cual, siempre contando con las tropas de Mariño, 
confiaba el Libertador escarmentar definitivamente a 
Boves que había reunido 7.000 combatientes. 

Las bandas llaneras avanzaban en dos divisiones : 
la más pequeña, a las órdenes del sanguinario Rósete, se 
dirigía a los Valles del Tuy, mientras el grueso de las 
fuerzas mandadas por Boves y Morales seguía de Ca- 
labozo por Villa de Cura a La Victoria desde donde, si 
el triunfo les favorecía, podrían operar a la vez so- 
bre Caracas y Valencia. 

Campo-Elias se adelantó con su división hasta el 
sitio de La Puerta, al Sur de Villa de Cura, y allí se 
vió obligado a sufrir el violento golpe de los ginetes del 
llano. El jefe patriota distribuyó sus infantes en un te- 
rreno que no ofrecía ventajas para la tropa montada y 
pudo así soportar durante una hora las incesantes car- 
gas de la caballería de Boves ; mas, luego el terror cun- 
dió en sus filas ; la infantería de su ala derecha, aunque 
probada en muchos combates, cedió sin que le fuera 
posible detenerla en su retirada a pesar de arrojarse per- 
sonalmente en la pelea; el ala izquierda se puso tam- 
bién en fuga y la dispersión se hizo general. Apenas se 
salvó Campo-Elias con unos doscientos hombres, co- 
rriendo hasta La Cabrera, sobre el lago de Valencia. 

j Los llaneros tenían expedito el camino a La Vic- 
toria ! Herido en el rudo combate, Boves se retiraba por 
breve tiempo, como el tigre a su guarida, a restañar la 
sangre que era apenas una gota en el torrente que ha- 
cía manar, guiando a los hombres primitivos de los lia- 



tAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



311 



nos por el camino del crimen; su segundo Morales se 
encargaba de continuar el avance mientras aquel espí- 
ritu del mál podía volver a capitanear su División In- 
fernal, como él llamaba a sus tropas. 

Ocurría este desastre el 5 de Febrero de 1814, tres 
días después del triunfo de Ospino; el caso de Araure 
se repetía y la causa era siempre la misma : el General 
de Oriente no comprendía aún sus deberes para con la 
Patria y dejaba a las solas fuerzas de Bolívar el cuidado 
de redimirla. 

Destruida la división de Campo-Elias, Bolívar se 
apresuró a conjurar el peligro mayor : la invasión de Bo- 
ves y, junto con reclutar nuevos contingentes en el ma- 
nantial inagotable de la sangre caraqueña, pidió a Ur- 
daneta 900 hombres de infantería y dos compañías de 
los dragones de Rivas-Dávila. El Occidente quedaba ca- 
si desguarnecido : con 650 infantes, un piquete de dra- 
gones, los campos volantes de San Carlos y Araure y 
un grupo destacado en Ospino, debía cubrir Urdaneta la 
zona amenazada por los realistas de Coro y de Guanare. 

Ya no era la causa de la Independencia la que ha- 
bía que considerar : era necesario salvar la obra de la 
civilización acumulada con el paciente trabajo de los co- 
lonos ; se trataba de librar a los campos de la devasta- 
ción, a los pueblos del incendio y del saqueo, a los hom- 
bres de las torturas, a las mujeres de la deshonra y a 
las criaturas del exterminio. 

El Libertador afrontaría nuevamente la situación 
con sus propios recursos. La división política interna 
precipitaba el desastre y la guerra tomaba un nuevo as- 
pecto; no sería ya el combate de César con los Galos, 
sería la lucha contra el bárbaro ; ya no se pelearía por la 



312 - 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



libertad, los combatientes iban a inmolar sus vidas pa- 
ra salvar sus hogares. 

¡ Formidable lección para los conductores de pue- 
blos que no abaten sus pasiones ante la majestad del 
interés social ! 



CAPITULO OCTAVO 



LA GUERRA BARBARA 

I. — Los llaneros. — II. — Las hecatombes de La Guaira y Caracas., 
— III. — Ribas en La Victoria y Ocumare. — IV — Bolívar si- 
tiado en San Mateo y Urdaneta en Valencia. — V. — Llegada 
de Mariño.— VI. — Un postrer destello : el primer triunfo 
en Carabobo. 

I 

La vida pastoril es, ciertamente, la que reduce a un 
mínimo la lucha del hombre con la naturaleza; el es- 
fuerzo ordinario no es continuo y, cuando hay que reali- 
zar las faenas campestres, ellas resultan agradables, 
siendo pretexto para reuniones que podríamos llamar 
deportivas, para entretener las veladas con el recuenü> 
de hazañas, para cantar las proezas que los poetas po- 
pulares transforman en leyendas. 

A estas labores fáciles que enlazan a los hombres 
en las praderas, se añaden los trabajos domésticos de ex- 
plotación de los ganados, casi siempre a cargo de las 
mujeres, que se reúnen por las mañanas en los corrales 
y queseras para charlar sobre las bondades de sus hom- 



314 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



bres y las cualidades de sus hatos y que vuelven a jun- 
tarse en los crepúsculos para recordar junto al hogar 
o en la margen de un pozo, según los climas, los mis- 
mos acontecimientos que los pastores rememoran, a cie- 
lo raso, en torno de una hoguera o junto al sombreado 
remanso de algún río. 

La normalidad de esta vida no se interrumpe sino 
por las fatigas extraordinarias para combatir a las fieras 
o para encararse contra las intemperies periódicas, un 
río que se desborda o una sequía que se prolonga ; pero 
estas fatigas no alteran el fondo apacible de un carác- 
ter ni la sencillez de un espíritu que se conserva casi in- 
fantil mientras perdura en ese medio. 

Hay diferencias entre los pastores de las llanuras y 
los de las montañas ; los primeros, sin barreras que los 
separen, tienen ciertas tendencias comunistas ; los últi- 
mos se apegan al terruño y son por esencia individualis-' 
tas; aquéllos se dejan guiar fácilmente por un caudillo, 
que es el jefe no porque sea autoridad sino porque es el 
más diestro; éstos sólo se agrupan en torno del hombre 
que ellos eligen, porque buscan alguien que les dé ga- 
rantía ; el pastor de los llanos toma los vicios y las vir- 
tudes de su caudillo ; el montañés conserva su sello pro- 
pio inalterable. 

Así, en los Pirineos y en los Alpes, se mantiene in- 
mutable el carácter de los primitivos pastores, mientras 
que, en las estepas rusas, el cosaco guerrero que lucha- 
ba antes por el Zar, se va transformando en el hombre 
que se aplica al bienestar social. Desde los fundadores 
del pueblo judío, que llevaron sus tribus a la conquista 
de la Palestina, pasando por Mahoma que mostró a los 
pastores árabes los caminos que les abrirían un gran rei- 
no, hasta Ghengis Khan que fundó el mayor imperio de 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



315 



Oriente con los nómades del Asia Septentrional, la his- 
toria nos demuestra que son los régulos de los pueblos 
que viven en los llanos, quienes imprimen su propio ca- 
rácter en esas almas plásticas, por decirlo así. Ahora 
"bien, esos régulos se alzan siempre sobre su propia am- 
bición, disfrazada o no, y llevan a sus hombres a la 
conquista y absorven ellos el poder. 

El tipo del pastor de las llanuras venezolanas y el, 
de su primer caudillo Boves caben dentro de este marco 
general. Hé aquí cómo describen Baralt y Díaz al lla- 
nero : "El clima abrasador de sus desiertos y las inunda- 
aciones de su territorio los obligan a adoptar un vestido 
"muy sencillo, y moran ordinariamente en cabañas a las 
'''riberas de los ríos y los caños, en incesante lucha con 
"los elementos y las fieras. Sus ocupaciones principales 
"son la crianza y pastoreo de los ganados, la pesca y la 
"caza ; si ~bien algunos cultivan pequeñas porciones de 
"terreno para obtener raíces comestibles. Esta vida ac- 
"tiva y dura, sus marchas continuas y su necesaria fru- 
galidad, desarrollan en ellos gran fuerza muscular y 
"una agilidad extraordinaria. Pobres en extremo y pri- 
mados de toda clase de instrucción, carecen de aquellos 
"medios que en las naciones civilizadas aumentan el po- 
"der y disminuyen los riesgos del hombre en la faena 
"de la vida. A pié o sobre el caballo que ha domado él 
"mismo, el llanero, a veces en pelo, casi siempre con ma- . 
"lísimos aparejos, enlaza a escape y diestramente el to- 
"ro más bravio, o lo derriba por la cola, o a usanza es- 
apañóla, lo capea con singular donaire y brío : un cono- 
cimiento perfecto de las costumbres y organización de 
"los animales del agua y de la tierra les ha enseñado, no 
"sólo a precaverse de ellos, sino a arrostrar con sus 
"furores". 



316 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



Entre estos hombres había reclutado Boves su ejér- 
cito, "falange desordenada, como dice Eduardo Blan- 
co, tropel de bestias y de hombres feroces, híbrido haci- 
namiento de razas en el más alto grado de barbarie, es- 
clavos sumisos y verdugos implacables, ejército fantás- 
tico y grotesco por su equipo en que predominaba el des- 
nudo, hordas que ponían espanto y horror 3 '. 

En realidad, el juicio de Blanco cuadra con la ac- 
titud de esos hombres al ser manejados por Boves y 
Morales, mas no con sus características fundamentales 
que son más bien las que les atribuye un autor venezo- 
lano que les conoce, el señor V. M. Ovalles. "En la com- 
"pleja naturaleza del llanero, nos dice este escritor, se 
"reflejan a un tiempo : la indolencia y la bondad de co- 
razón del indio ; la movilidad y la alegría del africano, 
"y la fortaleza y el ingenio de la raza conquistadora; y 
"por encima de todo esto el sentimiento genial de los 
"pueblos pastores por la independencia individual". 

Boves y Morales se alzaron sobre estos hombres, 
les imprimieron los rumbos de sus propias malas pasio- 
nes, ahogando los sentimientos que pudieron haber he- 
cho de ellos individuos útiles para el país y no el terror 
de las poblaciones, como los pinta Blanco. 

Boves era impetuoso, valiente, se complacía en la 
sangre derramada y no se preocupaba de los despojos 
del combate. Morales era cruel, degollaba a los heridos, 
mutilaba a los cadáveres y se apropiaba la mejor parte 
del botín. El primero obraba por odio y el segundo por 
codicia. Creemos que ambos, sanguinarios por inspira- 
ción de venganza o de enriquecimiento, tenían otro obje- 
tivo que la devastación y el pillaje, ambos ambicionaban 
el poder, como los caudillos de todos los pueblos pasto- 
res, e iban a tratar de conquistarlo, valiéndose de los 



hAS GUERRAS DE BOLÍVAR * 317 



llaneros en cuyas almas maleables pondrían la marca 
sangrienta de sus propios crímenes, marca que otros 
caudillos de espíritus más nobles iban a limpiar en las 
guerras futuras. 

Boves era el jaguar y Morales el chacal de la selva 
y con ellos iba a medirse Bolívar, el león de la sierra, 
según la pintoresca expresión de Eduardo Blanco. 



II 

Al producirse el desastre de La Puerta, el horizon- 
te militar de la República se obscureció con las densas 
sombras que presagian las tempestades. 

El Libertador estaba en la línea central de opera- 
ciones, ora en Puerto Cabello para atender al sitio, ora 
en Valencia para vigilar los arsenales ; desde allí, con la 
cooperación de Ribas en Caracas, acumulaba metódica- 
mente los elementos necesarios para que sus tropas, que 
se extendían hasta, los Andes por Occidente y hasta los 
Llanos por el Sur, -dilataran este círculo de su dominio. 
La derrota de La Puerta trocaba este programa de en- 
sanche en la horrible realidad de un estrechamiento que 
podía llegar hasta la compresión definitiva, como en los 
tiempos de Miranda. 

Desecha la división de Campo-Elias, el enemigo 
podía avanzar sin obstáculos a La Victoria ; hasta este 
punto, y no más allá, llegaban las visuales que antes 
penetraban hasta Ios-llanos. Para evitar el peligro de la 
cuña que Boves podía interponer entre Caracas y el 
cuartel general del Libertador, fué necesario llamar re- 



318 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



cursos de Occidente y, esta exigencia primordial, que 
desguarnecía a Urdaneta, podría provocar su repliegue. 
Valencia pasaba a ser, por esta causa, el límite máximo 
del horizonte que antes se extendiera hasta los Andes. 

La maniobra conjunta de los españoles, renovada 
en Diciembre de 1813 y en Febrero de 1814, a pesar de 
las ventajas patriotas en Araure y en Ospino, inclinaba 
la balanza a favor de los realistas por el mayor peso de 
sus éxitos en San Marcos de Guárico y en La Puerta. 
La esfera del Libertador tendía a reducirse al Lago de 
Valencia, como en el año de amarguras de 1812. 

En verdad, la situación era aún menos favorable; 
la guerra se prolongaba en un medio poco simpático pa- 
ra los republicanos que se movían con dificultades in- 
creíbles en un territorio cuyos habitantes les negaban in- 
formaciones, amenazaban a sus correos, que debían ser 
verdaderos piquetes armados, y favorecían a los monto- 
neros que brotaban por todas partes. 

El auxilio del ejército de Mariño era la única es- 
peranza de ver despejarse esta atmósfera preñada de 
zozobras y, mientras no fuera una realidad, la defensa 
era el plan inmediato que se imponía; pero debía ser 
vigorosa, no sólo para ganar tiempo, sino para dañar al 
enemigo mientras se reclutaban fuerzas para una ofen- 
siva eficaz. Dentro de este programa, los puntos cardi- 
nales del marco defensivo eran Valencia, La Cabrera, 
Caracas y La Victoria. 

Bolívar se apresuró a preparar su capital, contra 
cualquier golpe de mano, hizo fortificar el estrecho de 
La Cabrera, formó una flotilla en el lago para defender 
a Valencia e instruyó a Ribas para que marchara a La 
Victoria, con todos los elementos posibles mientras él 
esperaba los refuerzos de Urdaneta. 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 319 

, * / 

Los desastres de los llanos habían consumido casi 
4.000 hombres y ante el Libertador se alzaba el proble- 
ma formidable de pedir a su pueblo un nuevo sacrificio 
para llenar sus batallones que en la capital misma nece- 
sitaban ser reforzados, pues se temía una insurrección 
de los presos. 

Recibió esta noticia Bolívar el 8 de Febrero en su 
cuartel de Valencia, por cartas de Arismendi y de Pala- 
cios, Gobernadores de Caracas y La Guaira respectiva- 
mente. La situación era gravísima : un fracaso de Ribas 
en La Victoria dejaba a la ciudad expuesta a todos los, 
horrores de una sublevación que no habría podido con- 
tener una guarnición que habrían mermado los auxilios 
que, ciertamente, se habría mandado a Ribas y cuyos 
restos estarían desmoralizados por la noticia de la de- 
rrota. 

El Libertador no vaciló y, comprimiendo sus pro-, 
pios sentimientos, como lo hiciera en Trujillo, expidió, 
las siguientes órdenes : 

"A Juan Bautista Arismendi en Caracas, Ordeno a> 
"U . S. que inmediatamente se pasen por las armas to- 
ados los españoles detenidos en las bóvedas, con excep- 
"ción de los que tengan carta de naturalización". 

"A Leandro Palacios en La Guaira. Por oficio de 
"U. S. de 4 del actual, que acabo de recibir, me impon- 
"go de las críticas circunstancias en que se encuentra 
u esa plaza con poca guarnición y un crecido número de 
" presos. En su consecuencia, ordeno a U. S. que inme- 
"diaiamente se pasen por las armas todos los españoles 
(< presos en las bóvedas y en el hospital, sin excepción aU 
"gima". 

Profundo examen merecen estos documentos para 
formarnos conciencia de la responsabilidad de Bolívar, 



320 



Francisco rivas vicuña 



Acabamos de anotar que tomó esta resolución do- 
minando sus inclinaciones y si lo afirmamos es porque 
4os actos anteriores de Bolívar, la política constante de 
mitigar los efectos del decreto de Trujillo eliminan todo 
reproche de crueldad. Empero, lo grave del caso exige 
más que la contemplación de actos lejanos y hemos que- 
rido buscar algo que nos ilumine sobre el^ estadd de 
ánimo del Libertador en ios mismos días de esos graves 
sucesos. 

El Dr. Don Vicente Lecuna ha publicado una serie 
de documentos de los cuales consta que el gobierno re- 
publicano, después de sancionada la dictadura de Bolí- 
var, tuvo el proyecto de embarcar a los presos para las 
Antillas o las Bermudas, lo que es una demostración 
clara de benevolencia. 

A esto agregaremos su declaración de Puerto Cabe- 
llo, fechada el 28 de Enero de 1814, once días antes de 
las órdenes que comentamos. "En 7 de Diciembre pasa- 
ndo, dice, expedí un indulto en favor de los incautos 
"que, engañados por los europeos o guiados de sus pro- 
"pias desordenadas pasiones, tomaron las armas juntos, 
"o separadamente, contra el sistema de independencia, y 
"para su presentación prefijó un mes de término ; mas 
"'ahora, no sólo extiendo el referido indulto y perdón ge- 
"neral a los bandidos y otros individuos americanos, es- 
pañoles y canarios que por cualquier pretexto hayan 
"hecho armas contra la República, igualmente que a los 
"desertores, sea cual fuere la fecha de deserción, con 
"tal que todos se presenten con sus. armas o sin ellas a 
"sus jefes o magistrados, sino también hago ilimitado el 
"dicho perdón para que en todos tiempos puedan pre- 
sentarse los que hayan sido y sean o se crean delin- 
cuentes. Por tanto, mando a todos los jefes militares, 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 321 

■ . V.' 

í "civiles y políticos, que en ningunas maneras pasen por 
"las armas, ni castiguen con dicha pena de muerte, ni 
"menos arbitrariamente, a ningún individuo de los que 
"voluntariamente se presentaren, sea cual fuere su ori- 
"gen, estado y condición, apercibidos del cumplimiento 
"de esta disposición como igualmente lo serán de la li- 
brada anteriormente para pasar por las armas irreme- 
diablemente a todos los individuos que sean aprehen- 
didos con las armas en la mano o en conspiración". (1) 

En virtud de estos antecedentes, que revelan la 
continuidad del propósito de reducir al mínimum posi- 
ble los sacrificios de la guerra a muerte, dijimos que el 
Libertador pronunció la fatal sentencia contra su deseo, 
como una imposición de las circunstancias a la cual no 
podía sustraerse sin comprometer su responsabilidad. 

Esto absuelve al hombre, mas no es suficiente para 
justificar al Jefe de un Estado y debemos ir más allá 
en el análisis de tan grave medida. Eíla>mido ser acto 
de represalia ; como tal cae bajo la sanción del derecho 
de la guerra, si se nos permite esta expresión paradoja! 
para caracterizar un argumento, de esa costumbre que 
autoriza el ojo por ojo y diente por diente entre los 
hombres enloquecidos como fieras por la pasión del com- 
bate, de esa aceptación de procedimientos absurdos que, 
en la ^da privada, serían la destrucción de la base mo- 
ral de la sociedad. Empero, como quiera que las repre- 
salias son admitidas, cabe examinar si la atroz senten- 
cia tenía esta excusa y si ella se basaba en actos análo- 
gos del enemigo ; las crueldades de otro orden cometidas 
por agentes anti-republí canos no justificarían la repre- 
salia; creemos que en este caso ella no puede fundarse 



(1) Vicente Lecuna. — Papeles de Bolívar. 

21 



322 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



sino en igual medida aplicada por los realistas a los pri- 
sioneros patriotas. 

El Libertador ordenó a su Ministro de Estado, don 
Antonio Muñoz Tébar, la publicación de un Manifiesto 
al Mundo para dar la razón del derrame de sangre de 
prisioneros españoles como medida que exigían desde 
algún tiempo imperiosamente la justicia y el interés de 
casi la mitad del Universo. Hay en este documento un 
gran acopio de hechos que se refieren a crímenes come- 
tidos por agentes sanguinarios del régimen monárquico ; 
estos datos no nos interesan para formarnos opinión 
sobre la materia y debemos meditar únicamente sobre 
aquellos que a los prisioneros se refieren. Hé aquí el pri- 
mero qu$ encontramos en el Manifiesto. 

"La posteridad sabrá que el sanguinario Boves y 
"Antoñanzas hacían morder a algunos las bocas de los 
"fusiles para dispararlos en sus gargantas : que otros 
"aún vivos servían para blancos de las punterías, para 
"ensayar sus soldados en tirar lanzazos y sablazos. Dos 
"años han pasado y se ven aún en las empalizadas de 
"San Juan de los Morros suspensos los esqueletos hu- 
"manos". 

Cita también el Manifiesto el caso de Bobare, don- 
de trozaron las piernas y los brazos de los prisioneros 
hechos allí mismo y en Yaritagua y Barquisimeto y lué- 
go da mayor extensión a la forma de muerte que el jefe 
español de Puerto Cabello daba a los detenidos en el 
Castillo de San Felipe. 

"Desde el primer asedio de Puerto Cabello los es- 
pañoles exponen inevitablemente a nuestros fuegos a 
"los prisioneros de los pontones, esas antiguas víctimas 
"del engaño cerca de dos años arrastrando las cadenas o 
"feneciendo por la falta de alimento o por fatigas pe- 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



323 



'liosísimas. Aquella abominación se repitió en estos días : 
"era preciso usar ya de las represalias ; y por haber co- 
locado de igual suerte a los prisioneros españoles, cua- 
dro de los infelices que oprimían fueron al punto fusi- 
lados. Ellos mismos nos instruyeron de sus nombres, 
"de Pellín, Osorio, Pulido y Pointet". (2) 

El derecho de represalias aparece fundado; pero la:, 
medida es de una dureza tal que nos obliga a buscar 
nuevos antecedentes para convencernos de su necesi- 
dad. ¿Había algún peligro inmediato que aconsejara 
una orden que se daba sin limitación de ninguna espe- 
cie, sin exceptuar a ninguno de los detenidos en las maz- 
morras de Caracas y de La Guaira? 

Si recordamos que Bolívar, cuando era simplemen- 
te Coronel a cargo de la plaza de Puerto Cabello, la per- 
dió por la sublevación de los prisioneros, auxiliada por 
el traidor Fernández Vinoni, podemos creer que en los 
angustiosos momentos que pasaba temió que una rebelión; 
parecida se produjera en Caracas, haciéndole perder su 1 - 
capital. Este miedo ha. debido existir, indudablemente,, 
mas este acto indica una pusilanimidad que Bolívar no> 
tenía y, por otra parte, no es suficiente para justificar 
ante el más benigno de los criterios la horrible sentencia 
cuyo cumplimiento se encargaba a Palacios y a Aris- 
mendi. 

No era un simple temor el que aconsejó la durísi- 
ma resolución de exterminar a los prisioneros; había 
una amenaza real que el Manifiesto nos hace conocer en 
doble forma, la de un conato anterior a la orden de Bo- 
lívar y la de un complot que se estaba desarrollando en 
los propios momentos en que los Gobernadores de Ca- 



(2) O'Leary.— Tomo XIII, Doc. 224. Pág. 4 44. 

m 



324 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



racas y de La Guaira pedían al Libertador que resolvie- 
ra de un modo enérgico su consulta respecto a la suerte 
de los detenidos? 

"A tantos motivos de indignación se añadió el des- 
cubrimiento de una conspiración de los prisioneros de 
* f La Guaira, después de nuestra derrotaré! 10 de No- 
viembre de 1813 en Barquisimeto, conspiración justifi- 
cada plenamente, aún con pruebas reales halladas en 
"las armas que nos ocultaban, en las ligaduras de los ce- 
arrojes de las prisiones, y de los grillos de los que los 
"tenían. Un perdón concedido, prescindiendo de la vin- 
dicta pública, se empleó como el noble medio de disua- 
dirlos para siempre de sus intentos ; confundia.su de- 
lirante audacia con la severidad descargada sobre diez 
"de los principales corifeos". 

Si la derrota de Barquisimeto fué aliciente bastante 
para estimular una conjuración de los prisioneros, es 
fuera de duda que las autoridades republicanas han de- 
bido vigilar con ojo muy alerta las relaciones de los de- 
tenidos con los agentes realistas en los momentos que 
aparecían más propicios para un nuevo complot, como 
eran aquellos en que las fuerzas de Boves derrotaban 
por segunda vez una expedición republicana sobre los 
llanos. Los indicios de estas tentativas han debido obrar 
•en poder de los funcionarios que presionaban el ánimo 
de Bolívar y de esto encontramos en el manifiesto la 
referencia que copiamos en seguida : 

"De acuerdo los prisioneros de La Guaira con Bo- 
"ves, Yáñez y Rósete, las combinaciones de la sedición 
* 'habrían preponderado, si la Providencia no hubiera 
"puesto en nuestras manos la luz que nos ha guiado en 
"las tinieblas del crimen. Yáñez por Barinas, Boves por 
"la Villa de Cura, Rósete por Ocumare nos acometen. 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



325 



"El complot de los prisioneros se revela entonces con- 
"tra el Gobierno, y uniéndose al convencimiento de él, 
"los clamores, más vehementes que nunca, del pueblo, 
"se dispuso su decapitación". 

La conspiración existía realmente y la necesidad 
de reprimirla, a fin de no aventurar por segunda vez la 
suerte de la República, como sucediera el 1? de Julio del 
año 12 cuando el motín de Puerto Cabello precipitó la 
reconquista, fué la razón que, agregándose a la de re- 
presaliás, decidió a Bolívar a enviar la orden que re- 
clamaban Arismendi y Palacios. 

Pero cabe todavía preguntar si no había algún otro 
modo de garantizar a la ciudad de Caracas y a la causa 
republicana contra el levantamiento en masa de los pri- 
sioneros. No creemos que el Libertador tuviese medio 
eficaz para guardar en sus prisiones a los numerosos de- 
tenidos cuyo canje había ofrecido en múltiples ..ocasio- 
nes a Monteverde, sin obtener jamás del jefe español la 
respuesta favorable que deseaba. Para resistir al empu- 
je de los llaneros había llevado Ribas las mejores tropas 
de Caracas, se habían solicitado de Urdaneta los regi- 
mientos escogidos de su ejército y, para formar un des- 
tacamento de guarnición en la capital había sido necesa- 
rio llamar al servicio a todos los hombres hábiles desde 
12 a 60 años. Este dato demuestra que Bolívar no tenía 
cómo contener con eficacia una sublevación que habría 
traído a luchar, con patrullas improvisadas de niños y 
de ancianos, a 800 o más hombres aguerridos, gran par- 
te de ellos, y en su totalidad llenos del furor propio de 
los que han sufrido un largo cautiverio. 

Recapitulemos : el Libertador se mostraba dispues- 
to a la clemencia, según se desprende del decreto de am- 
nistía que copiamos anteriormente ; había el peligro real 



326 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



de una sublevación de los prisioneros; la situación del 
General Ribas en La Victoria era precaria y la ocupa- 
ción de Caracas asaltada por los presos era la destruc- 
ción inmediata de las únicas fuerzas que se oponían al 
empuje de Boves ; no tenía elementos para asegurar a 
los prisioneros en sus cárceles. Tales son los datos, eli- 
minando el derecho de represalias, en virtud de los cua- 
les, y en mérito de la responsabilidad superior de sal- 
var a la República que pesaba sobre el Libertador, da- 
mos en nuestra conciencia un laudo de absolución por la 
sangrienta medida que, por estas consideraciones, no 
puede ser una mancha para su alma y que fué más bien 
causa de los más grandes dolores que pueden haber 
.acompañado en sus noches de insomnio a aquel hombre 
que todo lo sacrificaba, aun el juicio que sobre él hiciera 
la posteridad, a la conquista del ideal que venía persi- 
guiendo desde su juventud, de la causa que él mantenía 
con el esfuerzo incesante de su propaganda intelectual 
y de sus fatigas materiales, sin que lograra encontrar en 
su propio pueblo la amplia base que necesitaba para sus 
fines. 

La dura sentencia, por la cual fueron inmolados 
más de 800 prisioneros; fué cumplida con sin igual 
crueldad por Palacios y especialmente por Arismendi y 
los vituperios de la historia recaen sobre los hombres 
que pusieron en el cumplimiento de una orden el sello 
de sus pasiones personales y no sobre el jefe de un Es- 
tado que se inspiró únicamente en su deber para con la 
Patria, sublime majestad a la cual las madres ofrendan 
a sus hijos, los hombres le brindan su sangre y Bolívar 
le dió, al dictar los decretos de 8 de Febrero, la honra 
misma, que es más que la vida, honra que quedaría em- 
pañada por largo tiempo mientras el juicio sereno de la 



L,AS GUERRAS DE BOLIVAR 



327 



historia, que se cierne por encima de las pasiones, no 
vinera a precisar las causas de una resolución que ha si- 
do tachada de sanguinaria e inútil y que, en realidad, sin 
dejar de haber sido lo primero, fué indispensable como 
precaución militar que el Libertador no podía eludir. 

La barbarie con que se habían desarrollado en 
Oriente los actos de represión del movimiento republi- 
cano, los crímenes que habían hecho necesaria la ratifi- 
cación de la guerra a muerte entablada con los agentes 
de la monarquía y aceptada por el decreto de Trujillo, 
y las noticias que estaban llegando desde los Valles del 
Tuy acerca de las atrocidades de Rósete, lugarteniente 
de Boves, han podido justificar hasta cierto puntó los 
excesos con que se cumplieron las órdenes de Bolívar 
entre el 13 y el 16 de Febrero ; pero, debemos decirlo 
con sinceridad, hubiéramos deseado que los jefes pa- 
triotas no se mancharan con la fealdad de esos críme- 
nes como lo estaban haciendo los aventureros que, ele- 
vados hasta las direcciones militares en tiempos de anar- 
quía para el gobierno español, se entregaron a todos los 
^desmanes que juzgaron adecuados para saciar sus pa- 
siones o coronar sus ambiciosos proyectos ; estas man- 
chas recaen solamente sobre esos hombres, ellas no afec- 
tan ni a la pureza de la causa de la libertad americana 
ni al prestigio de España. 

III 

Mientras el Libertador, agobiada su alma por el de- 
creto que acabamos de estudiar, preparaba elementos en 
Valencia para venir en auxilio de Ribas, éste ponía al 



328 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



servicio de la salvación republicana la incansable ener- 
gía demostrada desde el comienzo de la campaña, el 
prestigio de sus victorias de Niquitao y de Horcones y 
el indomable valor que arrastraba a sus tropas al com- 
bate en pos de su gorro frigio, que era como la insignia 
de la República siempre presente en medio de los que le 
ofrendaban sus vidas en el campo de batalla. 

El programa que la situación imponía a Ribas era 
muy superior a la fuerza con que podía atenderle y sólo 
sus cualidades especiales permitían acometer la empresa 
de sujetar a los llaneros que avanzaban, a la vez, por el 
camino de Cura y Cagua hacia La Victoria, persiguien- 
do el acceso de Caracas y que se derramaban también 
por Ocumare y Charallave, buscando el Valle del Guai- 
re para tomar a la capital entre dos fuegos. 

Los elementos de Ribas eran siete batallones de in- 
fantería, un escuadrón de ginetes al mando de Mariano 
Montilla y 5 cañones ; contaba con el denuedo de sus 
oficiales y con alguna tropa aguerrida y debía pedir el 
resto del esfuerzo heroico que necesitaría para triunfar 
a la juventud de Caracas, enrolada en sus filas con más 
entusiasmo por la causa que preparación militar para 
defenderla. 

El jefe republicano, con la calma propia de los hom- 
bres enérgicos de verdad, abordó serenamente la situa- 
ción, decidiéndose a sostener el primer empuje de los 
llaneros que venían por Cagua, atrincherándose en La 
Victoria, y dejando para más tarde, cuando se decidie- 
ra este primer problema o cuando recibiera refuerzos, 
una expedición contra las columnas que conducía Ró- 
sete por el Tuy. 

Boves, herido en La Puerta, había confiado el avan- 
ce de sus hordas a Morales y fué este caudillo con quien 



1 



las guerra! de bolívar j 329 

•' ~ n, # • • t 

debió medir Ribas su capacidad militar y su valor el día 
12 de Febrero, al ser sorprendidas las avanzadas patrio- 
tas de La Victoria por la tropa llanera en el sitio del 
Pantanero. No se amedrentó Ribas ante este primer 
fracaso ; se concentró inmediatamente en el recinto de 
la plaza, se fortificó, usando los escombros de los edifi- 
cios derrumbados en el terremoto de 1812, que la po- 
breza del país no había permitido aún reconstruir ; hizo 
desmontar a los dragones de Rivas-Dávila para que 
combatieran como infantes ; enfiló sus 5 piezas de arti- 
llería sobre los accesos del enemigo y dio comienzo a una 
lucha que. dado el empuje de los llaneros, no se limita- 
ba a los fuegos de fusilería, pues las masas de que dis- 
ponía Morales penetraban en la plaza misma y el com- 
bate era un pujilato de dos multitudes que luchaban 
cuerpo a cuerpo. 

Un escritor venezolano, cantor de las glorias de su 
patria, ha trazado la fisonomía general de este encuen- 
tro en las elocuentes frases que siguen: 

"En poco tiempo el encarnizamiento degenera en< 
"frenesí; no es ya una lucha de racionales, sino un 
"asalto de furias, una acometida de caníbales, una bre- 
f'ga de demonios bañados en sangre. 

"En aquella lucha, espantosa y frenética, no hay 
"tregua, ni piedad, ni perdón : tras el vencimiento está 
"la muerte, tras la capitulación está la muerte; tras la 
"menor flaqueza o el mayor heroísmo la muerte ha de 
"sobrevenir : siempre la muerte ; no hay cuartel para el 
"vencido, ni Boves ni Morales conocen la piedad: caer 
"en sus manos es caer al sepulcro". 

Los actos de heroísmo brotan en ese campo de san- 
gre y de fuego ; allí demuestran las abnegaciones de que 
serán capaces más tarde Blanco, Jugo, Maza v otros 



.330 



francisco rivas vicuña 



jóvenes oficiales; el Teniente Coronel Carlos Soublette 
da la medida del coraje con que se distinguirá más tar- 
de en la Popa y en Boyacá y de la serenidad con que 
marchará por el camino de sus laureles hasta la primera 
magistratura de una República; muchos dejan sólo re- 
cuerdo de su heroísmo como lección para los que quedan 
y entre ellos el más noble, el más tranquilo, el que se 
batía con las frialdades del deber, que muchas veces va- 
len más que los simples entusiasmos : Luis María Ri- 
vas-Dávila, el que fué nervio de las persecuciones del 
enemigo en otras victorias, el que salvara a los restos 
dispersos en la derrota de Barquisimeto, caía al frente, 
de sus dragones y, arrancándose la bala que lo matara, 
pedía a sus amigos que la llevaran como el último ho- 
menaje de amor a su esposa. Ocho horas duraba el 
sangriento combate ; más de la mitad de los patriotas es- 
taban fuera de combate ; tres piezas de artillería habían 
silenciado sus fuegos y el desaliento empezaba a cun- 
dir en el reducto cuando, a lo lejos, se divisó" una nube 
de polvo : era Campo-Elias que regresaba de su escapa- 
da a La Cabrera, con 220 ginetes salvados del desastre 
de La Puerta. Con presteza, hace montar el jefe de la 
plaza a los dragones, cuyo mando confía a Mariano 
Montilla y le ordena salir oportunamente al encuentro 
del terrible vencedor de Boves en Mosquiteros, cuyo 
prestigio infunde nuevos ánimos a los soldados de la 
Patria. En las últimas horas de la tarde, mientras la ca- 
ballería de Morales pretendía cerrar el paso a Campo- 
Elias, sale Montilla a cumplir su deber y luego, viendo 
^el éxito que alcanzaba la maniobra, ordena Ribas una 
salida general y las tropas de Morales se pronuncian en 
la más completa derrota. 

En la mañana del siguiente día 13 de Febrero, las 



IvAS GUERRAS DE BOUVAR 



331 



hordas llaneras se presentaron de nuevo en las vecin- 
dades de La Victoria ; pero el diligente Ribas les sale al 
encuentro de nuevo y, desmoralizadas ya por el desastre 
de la víspera, huyen por Pao y el Valle de Aragua, en 
busca del campamento general de Villa de Cura. 

; Caracas estaba salvada del peligro de Morales ! 
pero quedaba aún la amenaza de Rósete, que el 11 de 
Febrero había penetrado en el pueblo de Ocumare, co- 
metiendo en él los crímenes que así nos describen Baralt 
y Díaz. 

"Rósete el primero violó el recinto sagrado, pues 
"sus tropas, después de.haber robado y saqueado el pue- 
blo, derribaron a hachazos las puertas de la iglesia y 
"regaron con la sangre de algunos ancianos el coro, la 
a nave principal y el ara misma de los altares ; luégo sa- 
neándolos en las puntas de las lanzas, esparcieron por 
"las calles y caminos sus cuerpos mutilados. La fama 
"de estos horrores se propagó tan rápidamente, que 
f 'cuando llegó Rósete al pueblo de Charallave lo encon- 
tró desierto : Caracas se consternó sobre manera, y en 
"los primeros momentos de sobresalto los vecinos y las 
"autoridades hicieron cortaduras, fosos y parapetos en 
"todas las calles que rodean la plaza mayor, con el in- , 
"tentó de defender la ciudad a todo trance". 

Sin pérdida de tiempo, el General Ribas se enca- 
minó a cortar él camino de Rósete que marchaba sobre 
Caracas ; el 20 de Febrero encontró al feroz llanero pa- 
rapetado en el pueblo de Charallave. El lugarteniente 
de Boves inutilizaba su propia caballería; los patriotas 
pudieron emplear con eficacia a sus infantes e infringirle 
una completa derrota. 

; La capital podía estar tranquila ! Ribas regresaba 
por el camino de Ocumare y, al contemplar el hacina- 



332 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



miento de cadáveres que Rósete dejara en este último* 
pueblo, hacía este horrible juramento : "Los horrores 
"que he presenciado me hacen a un tiempo estremecer y 
"jurar un odio implacable a los españoles. Ofrezco no 
"perdonar medio alguno de exterminarlos". 

Caracas recibía en triunfo a su salvador y Bolívar, 
que había avanzado desde Valencia a San Mateo, le 
honraba con el cargo de General en Jefe de los Ejércitos 
Nacionales ; como en todos los casos de sus anteriores 
triunfos, el héroe de La Victoria no dormiría sobre sus 
laureles, dedicándose a la organización de nuevos ele- 
mentos para contener el avance de las tropas realistas 
que había tenido la fortuna de vencer, pero que se esta- 
ban rehaciendo y serían bien pronto una nueva amenaza. 



IV 



Con su acostumbrada actividad, el Libertador, den- 
tro de los diez días de conocido el desastre de La Puer- 
ta, y mientras Ribas perseguía a Rósete, llegaba a San 
Mateo el 20 de Febrero con los escasos elementos que 
había podido reunir: sólo contaba con 1.200 infantes, 
600 ginetes y 4 piezas de artillería. 

Al abandonar la línea central de operaciones de Va- 
lencia a Puerto Cabello, Bolívar se vió en la obligación 
de distraer algunos elementos para contener las guerri- 
llas que se levantaban por todas partes en los alrede- 
dores de la laguna ; debió dejar guarnición suficiente 
para que D'Eluyar continuara encerrando a los realistas 
en Puerto Cabello cuyo jefe Monteverde había sido se- 



L,AS GUERRAS DE BOLÍVAR 



333 



parado del mando, y, finalmente, preocupóse de dar a la 
plaza de Valencia algunos hombres para que, a las ór- 
denes del General Juan Escalona, defendieran el parque 
allí acumulado y, además, conservaran esa plaza que 
podía ser punto de asamblea en cualquier momento de 
peligro. 

Esto mermaba su recursos de sangre y debía su- 
plir con la elección de un punto adecuado para la resis- 
tencia esta escagez que no le permitía tomar la ofen- 
siva contra la invasión llanera. La pericia de los subal- 
ternos, la abnegación ¿de las tropas a la cual estaría alen- 
tando constantemente y la buena dotación ,de su par- 
que eran sus elementos de confianza ; pero todo esto no 
bastaba para afrontar con seguridad a la masa enorme 
de ginetes que acaudillaba Boves. Era preciso buscar 
un terreno en que los caballos llaneros no pudieran obrar 
con eficacia y eligió el sitio de San Mateo, un poco al 
Occidente de La Victoria, en el camino que, por el Nor- 
te del lago, comunica a Valencia con Caracas y cercano 
al empalme de esta vj# con la que va a los llanos por 
Cagua y Villa de Cura. 

El pueblo de San Mateo estaba enclavádo en una 
de las mayores heredades de Bolívar que llevaba, así, 
a su propia casa los peligros del combate, evitando que 
la ruina recayera sobre otras personas menos pudientes 
que él y con menos responsabilidades en la contienda. 

El sitio elegido se encierra en un valle relativamen- 
te estrecho, guardado al Norte por una cadena de mon- 
tañas entre las cuales las cumbres más importantes son 
la llamada del Calvario y otra en la cual había una casa 
de la hacienda del Libertador. Por el Sur, los picos más 
elevados de la* serranía, llamados ambos Puntas del 



334 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



Monte, enfrentan a las alturas que acabamos de men- 
cionar. 

El camino real bordea los cerros del Norte, atravie- 
sa el pueblo de Sari Mateo y cruza el río que corre por 
el fondo del valle. Bolívar levantó una trinchera para 
interceptar esta línea de comunicación y en ella esta- 
bleció su centre, apoyándose en el Calvario, por la dere- 
cha, y. en la Casa Alta del Ingenio, por la izquierda. Su 
avanzada protegía el cruce del río y estaba a las órde- 
nes de Mariano Mpntilla. 

En estas posiciones, esperó el Libertador el ataque 
de Boves cuyas descubiertas se estrellaron con las fuer- 
za de caballería patriota destacadas en el río. La resis- 
tencia vigorosa de este grupo de fuerzas disciplinadas 
obligó a Boves a retirarse para buscar una plataforma 
más amplia que le permitiera derramar a sus soldados 
en un frente más extendido que el estrecho pasaje de un 
valle. Al siguiente día, el 28 de Febrero, trepaba por las. 
cumbres del Sur, las Puntas del Monte, y sus hordas ba- 
jaron hacia el valle cargando principalmente sobre el 
centro y la izquierda de la formación del Libertador. El 
combate duraba desde el amanecer hasta las 2 de la tar- 
de y, como el centro y la izquierda patriotas empezaran 
a manifestar fatiga, Bolívar ordenó que su izquierda, 
mandado por el Coronel Villapol, presionara con mayor 
energía sobre las filas de Boves, proporcionándole para, 
este efecto una pieza de artillería. El fuego se hizo más 
recio en la lucha para apoderarse de las alturas del Cal- 
vario y allí cayeron heridos de muerte el Coronel Vi- 
llapol, que fué sostén de tantas victorias, y el audaz 
Campo-Elias, que se había batido con éxito en las pri- 
meras luchas del centro venezolano contra los hombres 
de las llanuras. Treinta oficiales patriotas quedaron he- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



335 



ridos de gravedad y más de 200 hombres ofrendaron en 
ese día su sangre a la República. 

En la refriega cayó herido Boves y sus tropas, a 
quienes sólo agrupaba el prestigio del caudillo, empe- 
zaron a desbandarse; la retirada se hizo general, en or*^ 
den disperso, no por el camino dónde habrían sido acu- 
chilladas por la caballería de Montilla. y diezmadas por 
el fuego certero de los infantes de la patria, sino trepan- 
do por la alturas de Puntas del Monte, para acudir a 
Villa de Cura, a custodiar en su tienda al Jefe herido. 

Unos días de tregua iba a tener el Libertador y 
los emplearía en extender sus líneas por la izquierda,, 
a fiin de proteger el parque que instalaba en la Casa Al- 
ta del Ingenio, confiando su custodia al Capitán grana- 
dino Antonio Ricaurte. Sus tropas se daban un mereci- 
do reposo, las caballadas pastaban en los cañaverales de 
la propia hacienda de Bolívar ; pero estas tranquilida- 
des serían de corta duración. Nueve días después del re- 
chazo de Boves, hacia el 8 de Marzo, llegaba al cam- 
pamento del Libertador la noticia de una nueva invasión 
de los valles del Tuy capitaneada por Rósete que, en el 
corto espacio de dos semanas, había logrado reunir una 
masa de 3.000 ginetes. 

La situación de Caracas se hacía en extremo peli- 
grosa y no resistiría al empuje brutal de la columna 
conducida al pillaje por un verdadero bárbaro, en la 
más clásica acepción de la palabra. Ante la gravedad del 
peligro, Bolívar decidió sacrificar su propia posición, 
privándose de los contingentes que le fueran menos úti- 
les y enviándolos a contener a Rósete ; podía despren- 
derse de algunas fuerzas de caballería, dejando el peso 
de la defensa a los infantes y disminuyendo la eficacia 
de las persecuciones en las salidas que pudiera efectuar:; 



36 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 

esta medida prolongaría el sitio, pero permitía auxiliar 
a la capital. Con la prontitud de sus resoluciones, el Li- 
bertador despachó el 10 de Marzo una columna de 300 
ginetes, a las órdenes de Mariano Montilla, hacia el té-7 
rritorio invadido por Rósete. 

Los sitiadores no pudieron oponerse con éxito a la 
partida de estas tropas y, conociendo que la plaza se de- 
bilitaba, empeñaron un vigoroso ataque en la mañan^ 
siguiente, 11 de Marzo, siendo rechazados con grandes 
pérdidas. El Libertador respondió a estas iniciativas con 
una salida de sus ginetes comandados por Tomás Mon- 
tilla y Manuel Maza que derrotaron a los cuerpos de 
caballería llanera que merodeaban por el camino de Va- 
lencia, empujándolos en confusión y desorden hasta* Ca- 
gua. 

La dirección de los asaltantes se resentía de la fal- 
ta de 'Boves ; mas el caudillo ya restablecido volvía al 
campo el 20 de Marzo y era recibido con júbilo por sus 
tropas ; desde ese momento los asaltos se sucedían con- 
tinuos y violentos, estrellándose con la tranquilidad de 
la infantería republicana, bien provista de municiones 
que escaseaban en el campo realista. 

En medio de este batallar de cada instante, un nue- 
vo desastre se anunciaba : la división de Occidente se 
perdía y Urdaneta estaba encerrado en Valencia; las 
fuerzas de la República habían sido comprimidas al úl- 
timo .límite, eran ya dos núcleos colocados sobre el yun- 
que para recibir el golpe final que las aplastaría. Era 
nceesario un último esfuerzo, desesperado como el que 
hacían la heroica guarnición de San Mateo y el propio 
Libertador que decía- a sus soldados: "Aquí entre vos- 
otros, mis valientes, moriré yo el primero". 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



337 



La respuesta a la comunicación de Urdaneta fué 
inmediata y precisa: "Defenderéis a Valencia, ciudada- 
no General, hasta morir ; porque estando en ella todos 
"nuestros elementos de guerra, perdiéndola se perderá 
"la República. El general Mariño debe venir con el ejér- 
cito de Oriente; cuando llegue batiremos a Boves e 
"iremos en seguida a socorreros. Enviad 200 hombres 
"en auxilio de D'Eluyar a la linea sitiadora de Puerto 
"Cabello, a fin de que pueda cubrir el punto de El Palito, 
"por donde sena fácil a los españoles enviar pertrechos 
"de guerra a Boves que carece de ellos". 

Privar a Boves de pertrechos, a fin de conservar 
sus ventajas en la jornada decisiva de San Mateo, es 
punto capital de estas instrucciones y esto lo deberá ha- 
cer Urdaneta aún mermando su brigada, como Bolívar 
acababa de hacerlo, al enviar a Montilla tras de Rósete. 
Sacrificio por sacrificio, el Libertador no exigía a los 
otros nada que no diera el mismo. 

¡Defenderéis a Valencia hasta morir! Esta orden 
llegaba como un gritx) de angustia a los lejanos campa- 
mentos de Occidente y Urdaneta, en este momento su- 
premo, no olvidó la promesa que hiciera al Coronel Bo- 
lívar en los azarosos días de las dificultades con Casti- 
llo y Santander : Si para salvar a la Patria bastan dos 
hombres, contad conmigo. 

Debemos abrir un paréntesis para relatar los suce- 
sos de Occidente que habían tenido por consecuencia el 
embotellamiento del ejército en Valencia, creando la ex- 
traña fisonomía de esta parte de la campaña : los republi- 
canos encerrados, custodiando su capital y sus arsena- 
les; algunos realistas encerrados también, guardando 
los depósitos de Puerto Cabello, y las grandes fuerzas 
de la reacción monárquica organizándose en todo el 
22 



338 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



país. El alma de Viriato 'necesitaban los patriotas para, 
tener alientos en aquel trance cuyo desenlace fatal les 
obligaría a exterminar a los suyos con su 'propia mano, 
como los héroes numantinos, antes que abandonarlos a 
las furias de un pueblo que embriagaban de barbarie 
sus jefes sedientos de venganza. 

Urdaneta había ya dado una gran prueba de abne- 
gación, de disciplina personal y de capacidad de mando ; 
el Libertador le había pedido sus mejores tropas para 
defender el Centro del país y el no vaciló en mandar- 
las^ comprimiendo las protestas de sus oficiales. Conser- 
vó sólo 650 infantes, un escuadrón de dragones para su. 
cuartel general de Barquisimeto, y 300 hombres en San 
Carlos que se daban la mano con pequeños grupos en 
Ospino y en Araure ; estos elementos eran pobrísimos- 
para llenar el programa de pacificación de un territo- 
rio amenazado por Ceballos, desde Coro, y por Sebas- 
tián de la Calzada, el sucesor de Yáñez, desde Guanare. 

El infortunio se abatió sobre Urdaneta en aquella 
primera década de Febrero preñada de zozobras para 
la causa emancipadora : el día 2 era derrotado Campo- 
Elias en La Puerta, el 8 los temores de la sublevación 
de los presos engendraban la terrible sentencia de muer- 
te sin excepción y el 9 perdía Urdaneta su posición en 
Barquisimeto. 

¿ Cómo había caído el cuartel general de Occidente 
en poder de los españoles? El fracaso, según refiere Ur- 
daneta en sus Memorias, se derivó de las oportunas in- 
formaciones que tuvo Ceballos en una marcha desde Co- 
ro a Quíbor, en busca de víveres; traía este jeife 1.000 
hombre y Urdaneta despachó a su encuentro al Coman- 
dante Domingo Meza, con 500 infantes y 25 ginetes, 
guardando para su escolta 135 hombres de los cuales 25 



LAS GUERRAS DÉ BOLÍVAR 339 

Í 1 ' 'Í ■ ' . , ' V'" ; ',, ."' 1 

dragones. Noticiado de esta maniobra, Ceballos contras- 
marchó al punto débil, obligando al General republicano* 
al abandono de Barquisimeto y a Meza, sabedor del fra- 
caso de su jefe, a retirarse a Trujillo. 

No creemos que estos movimientos se debiesen aí 
azar de una comunicación oportuna ; fueron más bien 
una estratagema que podía realizar el jefe realista etí 
combinación con los destacamentos amigos que obra- 
ban en esas regiones, cuyo dominio real les pertenecía, 
siendo sólo aparente el imperio de las divisiones patrio- 
tas. Las partidas anti-republicanas hormigueaban en el 
territorio y es iridudable que, al moverse Ceballos hacia* 
Ouíbor, no ignoraba que Calzada marchaba sobre San 
Carlos ni que los independientes de Mérida estaban bajo 
la amenaza de gruesas columnas realistas. Su objetivo 
real, en mérito de este análisis, era llegar a San Carlos* 
por Barquisimeto, y su avance a Quíbor fué una falsa' 
maniobra para inducir a Urdaneta a interponerse entre 
él y los grupos de Mérida. El general independiente no 
tenía iníormaciones, .en cafnbio Ceballos ha podido sa- 
ber que sus oficiales habían discutido el proyecto de re- 
tirarse al Sur, para rehacerse en Mérida y Barinas, lo- 
calidades, por lo tanto, que tendrían interés en defender . 

Logró su objeto el comandante de Coro: la briga- 
da de /Meza quedaba en completo aislamiento en Tru- 
jillo y Urdaneta, con poco más de 100 hombres y ba- 
tiéndose con las guerrillas de José Vega, Carlos Blanco. 
Jenaro Ponce y otros, pudo penetrar en San Carlos ya 
sitiado por Calzada con la infantería-del Sagunto y del 
Numancia que le legara Yáñez y los ginetes de Ramos^ 
formando un total de 1.800 hombres. 

l|Jrdaneta sólo disponía de su pequeña columna y 
de los 300 combatientes de la guarnición de San Carlos 



340 



Francisco rivas vicuña 



para afrontar el sitio, como lo hizo, hasta que privados 
de agua, debiendo comprar en sus salidas al río cada 
gota con un chorro de sangre, resolvió retirarse a Va- 
lencia. 

Un destacamento de 180 hombres era toda la guar- 
nición de esta plaza; Urdaneta llegaba con 300 comba- 
tientes y con este núcleo se preparó a resistir. Se había 
reforzado en San Carlos para alejar un ataque inminen- 
te sobre Valencia y se organizaría para conservar esta 
plaza mientras el Libertador se desprendía de la presión 
de Boves. 

Con 480 hombres debía resistir la presión de los 
1.800 de la división de Calzada y de los contingentes 
que no tardaría en agregar Ceballos ; la posición pare- 
cía insostenible, la orden que recibía de enviar 200 sol- 
dados a Puerto Cabello era casi una autorización implí- 
cita para capitular. ¿Qué podía hacer con 280 soldados? 
Para Urdaneta no había dudas : cumplir sus instruccio- 
nes, enviar los 200 hombres a D'Eluyar y resistir hasta 
la muerte, en la espera de los socorros que sólo serían 
posibles cuando llegara el ejército de Oriente. • 

Y aquí cerramos el paréntesis sobre la situación de 
Occidente, tan difícil, tan dura, sino más que la del pro- 
pio Libertador en el Centro : él tampoco tenía otra es- 
peranza que la llegada de Mariño. Boves, nervioso ante 
la resistencia inquebrantable de los patriotas favorecidos 
por su buena dotación de pertrechos que a él le esca- 
seaban, multiplicó los asaltos e ideó una maniobra de 
sorpresa. 

Una fuerte columna debía hacer un largo rodeo por 
la izquierda sepublicana, pasar por la retaguardia de la 
altura del Calvario y sorprender la guarnición de la Ca- 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



341 



sa Alta del Ingenio, donde estaba el parque a cargo de 
Ricaurte; mientras se realizaba este movimiento envol- 
vente, el propio Boves haría la más vigorosa de sus aco- 
metidas por el frente. El plan se llevó a cabo el 25 de 
Marzo ; la infantería venezolana resistió valientemente 
el tumulto llanero y confiábase en el éxito de la jornada 
cuando se vió aparecer en la altura del Ingenio la partida 
encargada de la sorpresa. Un sentimiento indefinible de 
ansiedad paralizó, por un instante, el combate; la pe- 
queña guarnición de Ricaurte cedía, el Libertador per- 
día su parque y la independencia de Venezuela iba a re- 
cibir un golpe de muerte. 

Mas, de súbito la alegría de las filas realistas se 
trueca en un clamor horrible de espanto ; las tropas asal- 
tantes se adueñaban del parque y, en el propio momen- 
to, se producía una horrible explosión que las extermina- 
ba. Dejemos de nuevo a la pluma de Eduardo Blanco 
describir el suceso heroico: "Conflictiva es la situación 
"para Antonio Ricaurte. La casa confiada a su custodia 
"no sólo encierra el. parque y municiones del ejército, 
"sino gran número de heridos y mayor cantidad de ni- 
"ños, mujeres y ancianos, parte de la emigración de los 
"vecinos pueblos refugiada en San Mateo ; contando 
"apenas para su defensa con tropas colecticias que no 
"llegan ni a la décima parte de las fuerzas por que se 
"ve atacado. Su bravura, con todo, se sobrepone a su, 
"material debilidad; palmo a palmo disputa al enemi- 
"go el sagrado depósito que aquel se esfuerza en asal- 
"tar. Al fin se ve abrumado por el número y constreñi- 
do a desamparar el puésto que custodiara : ordena a los 
"heridos, a los niños, mujeres y ancianos que aterrados 
"se agrupan o discurren por todo el edificio, abandonar 
"la casa e ir a refugiarse a otra parte. Luégo, con gesto 



342 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



*'irreplicable, se hace obedecer de cuantos le rodean: los 
'"soldados que aún sostienen el fuego, descienden a su 
"turno el recuesto de la colina y, solo, con su heroica 
"grandeza, aquel predestinado de la gloria, espera al 
"enemigo que asalta el edificio en medio de atronadores 
'"víctores. Un grito inmenso de triunfo y de alegría re- 
asuena al mismo tiempo en el campo realista ; pero, ins- 
tantáneamente, insólita explosión y aterrador estrépito 
"retumba en todo el valle y densa nube de humo y de 
"polvo asciende al cielo entre lenguas de fuego y cubre 
"la montaña". 

Ricaurte daba su vida para salvar la del ejército y 
con ella la causa de la libertad ; Boves, no pudiendo con- 
tener a sus legiones aterrorizadas y que habían sufrido 
el certero fuego de la infantería patriota, abandona su 
posición y, aunque intenta mantenerse aún, levanta el 
sitio definitivamente el 30 de Marzo. 

Bolívar había puesto la tenacidad inquebrantable de 
sus propósitos en el alma de sus tropas que resistieron 
un largo mes el sitio de los llaneros ; sus energías no es- 
taban aún agotadas, sus municiones iban a escasear, 
mientras pudieran venir de otra parte y, en esta hora 
de suprema crisis, venía a economizarle mayores sacri- 
ficios el auxilio que buscaba desde los primeros días de 
su entrada a Venezuela, el apoyo por el cual rogó y su- 
plicó en todos los tonos, el ejército de Oriente que, al 
fin, se encaminaba a unirse con sus huestes. 

Mariño llegaba y Boves, justamente temeroso de 
ser atacado en el terreno poco favorable para sus gine- 
tes al que lo atrajera el Libertador, se encaminó a los 
llanos, al encuentro del ejército de Oriente que avanza- 
ba a marchas forzadas, sabedor ya de la angustiosa si- 
tuación de San Mateo. 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



343 



Los patriotas iban a salir de las trincheras de Va- 
lencia y San Mateo, de los reductos donde tuvieron que 
encerrarse por la falta de cooperación de las huestes her- 
manas; la guerra de asedios terminaba y se iniciaría 
una nueva campaña de recuperación del terreno perdido. 



La heroica constancia de los jefes republicanos 
triunfaba de la tenaz acometida de los llaneros no sólo 
contra la división de Boves, sino también contra las co- 
lumnas de Rósete, en cuya persecución había enviado 
el Libertador a Montilla con 300 ginetes desprendidos 
de sus elementos en los más críticos momentos del sitio 
-de San Mateo. 

Las autoridades de Caracas jamás creyeron que pu- t 
diera Bolívar sacar ni un solo soldado de su escaso con- 
tingente para destacarlo contra Rósete y resolvieron de- 
fender la ciudad con sus propios elementos, buscando al 
enemigo en los valles, a fin de alejar el peligro que se 
cernía sobre Caracas.. 

Ribas estaba enfermo y correspondió al Coronel 
Arismendi la organización de una columna de 800 jó- 
venes que empuñaban, por la primera vez, un sable o un 
fusil. Con esta tropa, cuyo entusiasmo no podía suplir 
su falta de preparación, alcanzó Arismendi a los 3.000 
hombres de Rósete el 16 de Marzo, en Ocumare del 
Tuy. 

Las lanzas llaneras destrozaron enteramente la co- 
lumna caraqueña cuyos ardores juveniles no podían do- 



344 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



blegar el brazo robusto de los ginetes ; Arismendi esca- 
pó con uno que otro oficial, llevando la triste noticia a 
la angustiada capital. 

El desastre no abatiría al incansable Ribas ; sobre la 
base del escuadrón de Mariano Montilla, forma una 
nueva columna de 900 hombres, toma su mando, hacién- 
dose conducir en una camilla, y sorprende el 20 de Mar- 
zo a Rósete que se había instalado en Ocumare. Dos 
horas de combate dirigido por Ribas bastaron para de- 
rrotar a las hordas de Rósete, que se puso en fuga, vi- 
vamente perseguido por Palacios y Montilla que recibie- 
ron el encargo de aniquilar a los fugitivos. 

Ribas salvaba una vez más a Caracas de la inva- 
sión llanera y, mientras la capital le tributaba su agra- 
decimiento, sus lugartenientes perseguían a Rósete tie- 
rra adentro hasta las vecindades de San Casimiro. 

Variadas emociones experimentaron estas fuerzas 
de avanzada en la tarde del 22 de Marzo : una columna 
armada les salía al encuentro, sin que pudieran indenti- 
ficarla; se tomaron precauciones como para abordar a 
un nuevo enemigo, mas pronto aquella angustia se tro- 
caba en profundo regocijo: eran las descubiertas del 
ejército de Mariño que, conocedoras de la derrota de 
Ocumare, perseguían también a Rósete. Tomado el lla- 
nero entre dos fuegos, sus ginetes se dispersaron por los 
montes en la oscuridad de la noche. 

En conformidád a los acuerdos celebrados, el ejér- 
cito de Oriente movió su campamento hacia Aragua de 
Barcelona a mediados de Enero de 1814; llevaba Ma- 
riño 3.500 hombres, principalmente ginetes, y 4 cañones 
de campaña encaminándose hacia el sitio de Belén co- 
mo punto de Asamblea. (Plano número 5). 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



345 



La expedición se dividió en cuatro columnas a las 
órdenes de Bermúdez, Valdés, Arrioja e Isava en la re- 
taguardia del primero. Con el propósito de limpiar el 
trayecto de las bandas enemigas que lo infestaban, dan- 
do garantías a los habitantes expuestos al saqueo y al 
asesinato, y también para guardarse las espaldas en la 
emergencia de un fracaso, Mariño despachó a Valdés 
y a Arrioja hacia Tucupido y el Orinoco, logrando éxi- 
to estos jefes en las misiones que se les encomendaron.. 

La concentración prevista por Mariño en Belén se 
realizó sin más retardos que los exigidos por estas 
expediciones de seguridad y, reunido su ejército, tomó 
la vía de los valles de Aragua, poniéndose en contacto 
el 22 de Marzo con las tropas que habían derrotado a los 
llaneros en Ocumare. 

La reunión de los ejércitos de Oriente y de Occi- 
dente, tan deseada y tan buscada por Bolívar, se reali- 
zaba al fin. Mariño traía tres mil quinientos hombres 
y la columna de Montilla contaba 500 soldados. En el 
pueblo de San Sebastián se reorganizaron las tropas r 
fatigadas unas por la larga marcha y por los recientes 
encuentros las otras ; se tomaron las medidas de abas- 
tecimiento de la división y, con Montilla como Jefe de 
Estado Mayor y Palacios como jefe de avanzada, se en- 
caminó Mariño hacia Villa de Cura para salir al gran ca- 
mino que, desde Caracas a Valencia, por San Mateo y 
La Cabrera, era como el eje de las operaciones de la- 
campaña. 

Esquivó en su marcha el ejército venezolano los 
parajes de La Puerta, de fatal rnemoria por el desastre 
de Campo-Elias, y siguió hasta Boca-Chica sin que Bo- 
ves lograra encontrarle en el sitio de su anterior victo- 
ria. Las fuerzas del llanero eran iguales en número a 



346 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



la división republicana y, como quiera que ésta lo aven- 
tajaba por la mayor pericia de sus oficiales, el éxito no 
parecía dudoso. 

El 31 de Marzo, Mariño hizo avanzar, ya a la vista 
de las bandas de Boves, la descubierta de Montilla, a 
fin de revelar bien las posiciones enemigas, y con ins- 
trucciones de no presentar combate sino de retirarse pa- 
ra atraer al ejército realista al campo elegido. Manio- 
bró Montilla conforme a las instrucciones recibidas >v 
ante el ataque de las columnas enemigas, se replegó en 
buen orden para formar el centro de la línea de batalla 
patriota que cubrían, por la derecha, Bermúdez y, por la 
izquierda, Mariño en persona. 

Desalojó Bermúdez a Boves de las posiciones que 
ocupaba en una altura; entre tanto, el centro, for- 
mado principalmente de tropas occidentales, resistía 
impávido todas las cargas de los llaneros. El combate 
se prolongaba, irritando las impaciencias del jefe realista 
que tomó la decisión de abrirse camino por su derecha, 
acometiendo las posiciones de Mariño. El jefe del ejér- 
cito oriental se cubrió con una avanzada de 200 infan- 
tes y el fuego de un cañón, elementos que amedrenta- 
ron a los ginetes enemigos y provocaron la derrota de la 
derecha realista. 

El desbande se generalizó y, por más esfuerzos que 
hicieran, no pudieron los capitanes de los llaneros con- 
tenerlos en su desordenada fuga; sin embargo, en la 
tarde del propio día, Boves reunió algunos ginetes e in- 
tentó un ataque a la desesperada ; las líneas patriotas, en- 
tonadas por su primer éxito, lograron rechazar defini- 
tivamente a los llaneros que partieron por Güigüe, al 
sur del lago de Valencia, hacia la plaza que mantenían 
asediada Ceballos y Sebastián de la Calzada. 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



347 



Bolívar, por su parte, despachaba en seguimiento 
de las tropas dispersas de Boves, a Tomás Montilla. Es- 
ta determinación de Bolívar, que se ponía en práctica 
al día siguiente de haber levantado Boves el sitio de San 
Mateo, fecha del éxito , de Mariño en Boca Chica, se 
debió a la necesidad de perseguir al enemigo, medida 
que el general en jefe del ejército de Oriente no había 
llevado a cabo por falta de municiones. El Libertador 
suplía este defecto y ordenaba a las fuerzas orientales 
que se encaminaran a Valencia por el norte de la laguna. 

Con aquella inquebrantable actividad que le carac- 
terizaba, Bolívar se adelantó a la marcha de sus tropas, 
cruzando en la noche la laguna en una pequeña embar- 
cación desde Güigüe hasta los Guayos, para ponerse al 
Tiabla, tan pronto como le fuera posible, con el General 
Ur dañe ta. 

Al siguiente día del triunfo de Boca Chica, ya está 
Bolívar al corriente de las necesidades de Valencia y 
con un programa formado para continuar las operacio- 
nes ; sin desmayar, regresa a celebrar la primera confe- 
rencia personal con Mariño en La Victoria, el día 2 de 
Abril, y tres días después instalaba su cuartel general en 
Valencia, libre de la presión que sobre ella ejercían las 
fuerzas combinadas de los realistas de Coro y de Bari- 
nas. 

La persecución ordenada por Bolívar vino a com- 
pletar la jornada de Boca Chica en cierto modo, pues el 
comandante Montilla causó grandes destrozos en las 
filas de los dispersos realistas, haciéndoles prisioneros, 
tomándoles caballos y apropiándose del pertrecho de 
guerra que abandonaban. Al llegar los fugitivos al punto 
de reunión con las fuerzas sitiadoras de Valencia, de- 
bieron dar informes exagerados sobre los elementos de 



348 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



los republicanos y en virtud de ellos, el capitán general 
Cajigal, que mandaba ya en Jefe las fuerzas realistas,, 
decidió el levantamiento del sitio. 

Cajigal se encaminaba por Tocuyito a rehacerse en 
San Carlos y Boves volvía a los llanos por la ruta del 
Pao. 

La guerra tomaba un nuevo aspecto y, en líneas ge- 
nerales, la situación era parecida a la del mes de Octu- 
bre o Noviembre del año 13 antes de las concentraciones 
que produjeron la victoria de Araure en Occidente y la 
derrota de Aldao en los llanos del Guárico ; los progra- 
mas debían ser fundamentalmente los mismos, con más 
las mejoras que la experiencia dictara; pero el país no 
estaba en situación de ofrecer a la causa de la libertad 
recursos de hombres y de elementos de guerra de toda 
especie para cubrir con eficacia los ataques que pudieran 
venir por el centro y los avances de los realistas de Oc- 
cidente. 

Agotado el país, ya no era posible formar dos cuer- 
pos de ejército para dominar a la vez el centro y el oc- 
cidente y el nuevo plan debía inspirarse en la rapidez de 
maniobras que permitieran dar un golpe a Cajigal en un 
rumbo, aniquilarlo o debilitarlo profundamente y mover- 
se con suma presteza y con todo el núcleo del ejército a 
detener las nuevas invasiones llaneras que se reclutaban 
en una fuente que parecía inagotable en hombres y en 
recursos. 

El Libertador, sin dejar de cubrir a su capital, sin 
paralizar el sitio de Puerto Cabello, dedicóse a llenar 
i los cuadros de su ejército y a preparar una nueva asam- 
blea para atraer a los enemigos Occidente, librarse de 
ellos tan pronto como le fuera posible y no dar tiempo a 
Boves de reformarse por tercera vez en los llanos. 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



349 



VI 



Bolívar organizó, sobre la base del ejército de 
Oriente, una división de 2.800 hombres de los cuales 
2.000 eran de infantería ; püso este contingente a las ór- 
denefe del General Mariño y lo destinó a la observación, 
principalmente, de los movimientos de Cajigal, teniendo 
también como objetivo el que se trasportara a los puntos 
en que pudiera vivir, pues los recursos escaseaban de 
tal modo en Valencia que las tropas, como dice Urdane- 
ta, se alimentaban con carne de burro o de caballos, te- 
niéndose por manjar delicioso la de gato o de perro. 

El primer campamento para la división de Mariño 
debía ser el Tinaco, pueblo sobre el río de su nombre 
-que mora al oriente de San Carlos ; la situación estaba 
bien escogida para observar al enemigo y para proveer- 
se de los artículos necesarios de subsistencia. Además, 
allí debía reparar el parque y esperar municiones. 

Algunos días antes del 16 de Abril, el General Ma- 
riño recibió el aviso de que Cajigal había evacuado el 
pueblo de San Carlos, distante unas 6 leguas de Tina- 
co, y se propuso ocuparlo sin tardanza ; el , General Ur- 
daneta, que actuaba como Jefe de Estado Mayor, le hizo 
presente que no había ventaja alguna en tomar una posi- 
ción evacuada por el enemigo tan cercana a la suya de 
Tinaco, y mucho menos, moviéndose hacia ella sin las 
municiones necesarias. Por otra parte, el prudente Ur- 
daneta le aconsejaba la verificación de la noticia, que 
bien podía ser un falso aviso, antes de tomar resolu- 
ción alguna. 



350 



FRANCISCO RÍVAS VICUÑA 



El General Mariño, con las impaciencias de la Ju- 
ventud, tal vez con el deseo de ocupar una plaza que aca- 
baba de ser teatro de hechos heroicos, decidió su mar- 
cha sobre San Carlos y, en la mañana de la fecha citada, 
el 16 del mes de Abril, se encontró en el riachuelo Oru- 
pe, que media entre Tinaco y San Carlos, con las avan- 
zadas de Cajigal. 

Falto de municiones como se encontraba, debió re- 
gresar a su campamento ; pero, confiado siempre en el 
aviso que recibiera continuó hacia San Carlos. 

El jefe realista leí esperaba en la llanura llamada del 
Arao con un cuerpo de 2.500 hombres, en cuyo centro* 
se agrupaban los infantes guarnecidos por grupos de ca- 
ballería en las alas. Obligado a presentar combate, Ma- 
riño adoptó una f ormacién parecida : Bermúdez ocupa- 
ba unas colinas en la derecha patriota, Valdés se situa- 
ba en el centro, Montilla y Ayala dirigían la izquierda 
con tropas del ejército de Caracas; la caballería guarda- 
ba los extremos y el general Mariño guardó para reser- 
va dos escuadrones y un grupo de infantes que, mar- 
chando a retaguardia, debían incorporarse pronto. 

La función de armas del Arao es la más peregrina 
de cuantas hallamos encontrado descritas, y no podía 
ser de otro modo, pues en ella iban a actuar un hombre 
con* la experiencia y la calma de Cajigal y un joven de 
25 años envanecido con otros triunfos que, ciertamente, 
no eran fruto de su experiencia militar. 

En las posiciones que hemos descrito, las tropas 
realistas se mantenían a la defensiva y Mariño, teme- 
roso tal vez de agotar sus pocas municiones, imitaba es- 
ta conducta. Hacia las cuatro de la tarde, la caballería 
del ala derecha realista amagó la posición de Montilla y 
de Avala, lo que hizo necesario reforzarla con un des^ 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



351 



tacamento que se encargó de dirigir ei propio General' 
Urdaneta. Esta maniobra fué más bien un simple amago 
de Cajigal, cuya intención efectiva era la de producir 
una vacilación en la línea republicana para dar un fuer- 
te ataque en las posiciones de la derecha ocupadas por 
Bermúdez. En el momento que juzgó oportuno, lanzó- 
se la caballería de la izquierda de Cajigal, asaltó en un 
violento esfuerzo las colinas que defendía Bermúdez, 
huyeron las tropas de éste y los ginetes victoriosos de 1a. 
izquierda realista tomaban por la retaguardia a la in- 
fantería patriota, al propio tiempo que igual movimien- 
to se pronunciaba en el ala defendida por Montilla, que 
se vió envuelta por la caballería de la derecha de Ca- 
jigal. 

La infantería realista no había disparado un sola 
tiro y con dos movimientos de caballería bien combina- 
dos quedaban toders- los infantes de la República entre 
los posibles fuegos de los batallones realistas y los sa- 
bles de sus ginetes. Faltó la calma a Mariño y a Cede- 
ño que huyeron, dejando abandonadas sus tropas cuya 
pérdida habría sido total si Urdaneta, con su pequeño 
destacamento de reserva, no hubiera organizado la reti- 
rada y si el jefe español hubiera procedido con mayo- 
res actividades. 

En la noche, las fuerzas tan ligeramente compro- 
metidas por Mariño acampaban en el sitio de Las Pal- 
meras ; allí se presentaron Mariño y Cedeño, a quienes 
se creían perdidos en el combate. Al llegar a Tinaco, se 
encontraron los destrozos de cajones que contenían par- 
que y municiones, despedazados por los fugitivos a fin 
de que no cayeran en poder del enemigo ; estos elemen- 
tos habían llegado algunas horas después de aquella en 
que el General Mariño tomaba la determinación de 



.352 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



avanzar sin esperarlos, exponiéndose al revés que aca- 
baba de sufrir. La noticia de este desastre sorprendió a 
Bolívar en los momentos en que con fuerzas suficientes 
proyectaba un ataque definitivo sobre Puerto Cabello, 
operación que debía postergar en vista de la inminente 
amenaza de un avance de Cajigal hacia el centro de la 
República, despejado como se encontraba ya su camino 
por la derrota de Mariño en el Arao. 

Esta acción de guerra dio positivas ventajas al ejér- 
cito realista, sin contar con él desconcierto que se in- 
troducía len la dirección republicana de la guerra. Caji- 
gal pudo avanzar hasta las posiciones que son como la 
puerta de Valencia, recorriendo por Tinaquillo y Ta- 
guanes el propio camino que siguiera Bolívar en su cam- 
paña de glorias de 1813. 

El Libertador, por su parte, no obtenía nada de lo 
que se propuso conseguir con destacar a Mariño hacia 
Tinaco ; perdió el terreno de aprovisionamiento para su 
ejército y su situación era casi tan difícil como si estu- 
viera sitiado en Valencia. Le era indispensable ensan- 
char el sector disponible y Bolívar, aún sin recibir los 
refuerzos debidos, salió de Valencia el 16 de Mayo pa- 
ra contener a Cajigal en sus avances. Encontróle en el 
río Guataparo, cerca de Tocuyito, y el Libertador formó 
sus líneas, apoyando su derecha en los bosques de la ri- 
bera. El Capitán General, recordando la fórmula de su 
éxito en Arao, se tendió en ángulo recto por la izquier- 
da de los patriotas, teniendo a su caballería como cabe- 
za de línea para el propósito manifiesto de tomar a Bo- 
lívar por la retaguardia. Ante esta amenaza, el ejército 
patriota giró sobre su derecha, apoyando su espalda en 
el bosque, y en estas posiciones se inició un combate 
flojo, cuyos fuegos se suspendieron por una violenta llu- 



/ 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



353 



via que hizo degenerar el encuentro en una serie de 
duelos personales al arma blanca. 

El 18 de Mayo, Bolívar se replegaba a Valencia y 
Cajigal contramar chaba a la sabana de Car abobo, desde 
donde podía vigilar, a la vez, a Valencia y a los caminos 
de San Carlos y del Pao, llaves de los accesos al lejano 
Occidente y a los llanos centrales. 

Ambos jefes deseaban obrar rápidamente y es cu- 
rioso anotar que era una misma la causa de este impul- 
so ; Cajigal encontraba mil dificultades para hacerse obe- 
decer de los caudillos que había introducido en su ejér- 
cito el reclutamiento de llaneros por Yáñez y de indios 
por el cura Tor relias en Coro. El Libertador tenía que 
dominar las intranquilidades de las tropas orientales que 
se mostraban descontentas en servicios más activos que 
los desempeñados en sus provincias ; estas perturbado— 
■ nes llegaron hasta el motín que, descubierto a tiempo, 
se redujo a la fuga de 200 soldados que fueron deteni- 
dos y recibieron el feroz escarmiento de una quinta 
frente al ejército formado para fusilarlos juntos con los 
cabecillas. La indisciplina estimulaba la acción rápida de 
los generales enemigos. 

Cajigal,' que ya había reunido 6.000 hombres, avan- 
zó sus descubiertas el 20 de Mayo hasta las cercanías 
de Valencia ; pero, encontrando a los patriotas en buena 
postura, regresó a Carabobo. Bolívar, con los refuerzos 
que le trajera Ribas de Caracas, tenía un cuerpo de 5.000 
combatientes y se decidió al ataque definitivo. En la 
tarde de 26 de Mayo, salió de Valencia, terminando su 
primera jornada en Tocuyito. Al siguiente día acampa- 
ba el Libertador en la sabana de Carabobo y, después 
de los reconocimientos ordinarios, se trazó el plan para 
' una acción en la madrugada siguiente. 
23 < 



354 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



En la desamparada sabana sólo había una misera- 
ble casita y allí fué necesario guardar el parque y el ar- 
mamento de infantería para guarecerlos de una fuerte 
lluvia, quedando armadas sólo los centinelas indispensa- 
bles y el campamento bajo la custodia de patrullas de ca- 
ballería y la salvaguardia de la celosa inspección perso- 
nal de jefes y oficiales ~n servicio nocturno. 

. En la madrugada c^el día 28, pasaron los patriotas 
una grieta boscosa que prolongaba las quebradas por la 
sabana y, tras un ligero tiroteo con la descubierta ene- 
miga que vigilaba esta posición, se formaron las líneas 
de combate en la forma que sugerían las posiciones ene- 
migas. 

El ejército realista estaba en el fondo de una herra- 
dura formada, como rumbos generales, por un contra- 
fuerte de la cordilllera en el Occidente, un ramal des- 
prendido de éste y llamado serranía de las Hermanas 
por el Sur y, por el Oriente, un terreno quebrado que 
empalma con las alturas que dibujan la hoya hidrográ- 
ca del lago valenciano. 

Cinco cañones tenía en su frente la línea realista, 
protegiendo el grueso de la infantería que se extendía 
entre dos colinas cubiertas de tropa y dotada de un ca- 
ñón la de la izquierda; la caballería, abrigada en los 
bosques se apoyaba en las colinas, prolongándose por 
ambas alas a modo de antenas. La reserva de Cajigal 
era la tropa española escogida del regimiento Granada. 

El plan realista era evidente: el jefe se prparaba 
para efectuar movimientos de flanqueo, como los de Araó 
y Guataparo, y Bolívar se formó, en consecuencia, en 
una doble línea para coger a los asaltantes como en una, 
tenaza. 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



355 



Las divisiones patriotas de Bermúdez, Valdés y 
Florencio Palacios, con un escuadrón de caballería y dos 
cañones en cadá flanco, formaban la izquierda, el cen- 
tro y la derécha de la primera línea que mandaba Urda- 
neta. 

A retaguardia, bajo la dirección de Leandro Pala- 
cios, figuraba la caballería en el centro y los infantes de 
reserva en las alas. En esta sección estaban el Liberta- 
dor, Mariño y Ribas y tras de ellos el parque. 

Cerca de la una de la tarde, rompieron el fuego los 
realistas ; Urdaneta respondió con firmeza y organizan^ 
do el avance con su espíritu disciplinario que sabía ob- 
tener de sus tropas el máximo de fuerza. El impulso < 
patriota precipitó el acostumbrado flanqueo de Cajigal , 
desprendiendo -su caballería de la izquierda, convenien- 
temente reforzada, sobre la derecha del Libertador. 

Sgún Urdaneta, los ginetes de Cajigal llegaron a:- 
colocarse éntrela primera y segunda línea de Bolívar, • 
lo que no ha podido suceder sino arrollando la caballe- 
ría patriota, en cuyo momento fué auxiliada ffor la ne¿- 
serva, precipitándose los realistas a escape por entre las 
dos líneas, sin comprometerse, para reunirse con las tro- 
pas montadas de la derecha española y emprender juntas 
la fuga en el momento en que la infantería venezolana, 
decidía el combate. 

Esta narración, que encontramos en las memorias 
del General Urdaneta, nos parece un poco inclinada a 
manifestar la participación decisiva de su propia línea y 
aceptamos otras versiones más verosímiles. Es fuera de 
duda que el rápido avance de la infantería provocó la 
carga de los escuadrones realistas y que éstos hicieron 
vacilar a los ginetes del Libertador hasta el momento en 
que, empeñadas las reservas de Leandro Palacios, huye?- 



356 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



ron los caballos de Cajigal por su propio flanco. Derro- 
tados en su frente los infantes realistas y en fuga la ca- 
ballería del ala izquierda, el pánico cundió en sus filas 
y la retirada se hizo general y violenta, la caballería 
•hacia el Pao y la infantería por el camino de Tinaquillo. 

Dejó Cajigal en el campo su artillería, 500 fusiles, 
gran cantidad de municiones, víveres, ganados, caballos, 
sus equipajes y hasta sus papeles. 

Ocho banderas tomadas al enemigo formaban los 
trofeos de esta victoria en que, una vez más, derrotaba 
Bolívar a los jefes españoles de Occidente. La persecu- 
ción se hizo con actividad, aumentando el número de 
prisioneros cogidos en el campo de batalla, Bolívar avan- 
zó hasta Tinaquillo para darse cuenta de los resultados 
generales de la persecución y apreciar la influencia total 
de un triunfo obtenido gracias a la concentración de to- 
dos o casi todos los recursos disponibles de hombres. 

El destino venía marcando cada victoria en Occi- 
dente con un fracaso en el centro ; los esfuerzos del Li- 
bertador habían logrado restablecer por dos veces el 
equilibrio, agregando a la sangre de San Marcos del 
Guárcio y de La Puerta, las vidas inmoladas en las re- 
sistencias de La Victoria, San Mateo y Valencia y en los 
encuentros de Charallave y de Ocumare, conjunto de 
actos heroicos cuyos sacrificios de patriotas, principal- 
mente caraqueños, sobrepasaban al auxilio de hombres 
del ejército de Oriente, cuya oportuna llegada habría 
salvado millares de vidas para el progreso venezolano 
que pudo consolidarse en las tranquilidades de la paz 
mediante la destrucción de las hordas llaneras en su pri- 
mera acometida. 

La tenacidad de Boves iba a renovar, por tercera vez, 
la dolorosa situación y Bolívar se encontraba en la más 



IvAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



357 



angustiosa de sus cavilaciones, en la solución de un pro- 
blema según su ideal y que ya otros elementos superio- 
res a él habían decidido en diferente forma. Esta pri- 
mera batalla de Carabobo era una chispa de gloria arran- 
cada al pedernal por el acero de la voluntad de Bolí- 
var y no la luz permanente de la libertad mantenida por " 
el amor de v¿n pueblo, como era su anhelo. 

El fracaso se aproximaba y para formarse un juicio 
es preciso analizar todos sus factores, sin concretarse: 
a la influencia personal de la figura predominante en el 
drama terible que se iba a desarrollar. 



i 



CAPITULO NOVENO 



EL DESASTRE 

I — La situación general. — II. — Entre dos catástrofes : La Puer- 
ta y Aragua. — III. — El manifiesto de Carúpano. — IV. — E}-_ 
alma venezolana. 

|V , ; 1 t ; ■ I . "Y V '^K 

Hay censores cuya reputación de sesudos homes, 
como decía el romancero, conquista a su público con la 
excesiva serenidad de juicios que se aceptan porque son 
desfavorables y porque así lo quiere esa perversidad ins- 
tintiva que acoge con una sonrisa la calumnia contra la 
virtud de toda mujer bonita y los reproches contra la 
honradez de todo hombre que triunfa, nubarrones que 
arrancan de las aguas muertas de la envidia esos mismos 
fulgores de la belleza o del genio y que suben hasta ellos 
como la tempestad cubre al sol ; la belleza y el genio si- 
guen brillando como el sol, más arriba de la tormenta 
que no les afecta. 

Nuestras Repúblicas han tenido la misma suerte de 
la hermosura que encanta y de la inteligencia que domi- 



360 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



na; eran una juventud triunfante que interesó a los 
censores, que vaticinaron sobre ella por las apariencias 
y cuyos juicios adversos se derramaron por el mundo y 
fuimos llamados el Continente enfermo ; y, como conse- 
cuencia, los pobladores y los gobernantes eran los gér- 
menes de nuestro propio mal. 

La verdad es sustancialmente distinta ; nuestras de- 
mocracias bajo diferentes formas han luchado un largo 
siglo para extirpar males que no eran engendro de sus- 
fundadores sino frutos de las deficiencias directivas del 
régimen colonial y reflejos de los acontecimientos de 
otros países. Eramos más bien un Continente sano que 
se redimía, con sangre a veces, de las culpas ajenas. 

Veamos el caso de Venezuela en el momento de la 
Independencia. Si entendemos por deber de gobernar el 
que se aplica al perfeccionamiento de los pueblos en su 
materialidad y en su espíritu, no podemos decir que Ve- 
nezuela estuviera gobernada a comienzos de la pasada 
centuria; ni escuelas para el pueblo, ni organización de 
las fuentes productivas, ni facilidades para el intercam- 
bio de riquezas, nada de esto existía en una colonia que 
era fuente de tributo para la metrópoli y de prosperidad 
personal para sus representantes y nada más. 

La línea crítica en la evolución humana que se atra- 
vesaba en aquellos años, sorprendió a los pobladores de 
Venezuela en situaciones diversas : la masa era indife- 
rente, los que viven para medrar observaban cuidado- 
sos de su porvenir y sólo algunos escogidos recibieron el 
impulso de los nuevos ideales ; éstos desencadenaron la 
lucha por dictado de conciencia y no son más responsa- 
bles de los desastres que lo que fuera el Cristo de las in- 
molaciones de sus mártires. Si la colonia hubiera, tenido 
la educación que debió darle el régimen anterior, la obra 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



361 



de las nuevas doctrinas habría sido de penetración con- 
tinua y la lucha una discusión política en vez de un holo- 
causto de vidas. 

Esto era fundamental y sobre ellos se desenvolvió 
lo accidental que precipitó la catástrofe; la Madre Pa- 
tiia entraba a las luchas por la libertad, en la forma que 
tuvieron en aquellos años de una contienda que fué 
mundial, tanto como ha sido universal también la re- 
ciente guerra por la justicia social; comprometida Es- 
paña en el conflicto europeo, sus colonias se vieron más 
aisladas aún, abandonadas como no fuera para mante- 
nerlas uncidas ; por esta circunstancia el descontento 
creció sobre la base de las privaciones materiales de pue- 
blos que se empobrecían en el aislamiento comercial. 

A las dificultades de los reformadores para luchar 
contra la indiferencia, se agregaba el tropiezo de comba- 
tir en la pobreza, en la miseria que venía de otras cau- 
sas, pero que la masa achacaría a quienes desencadena- 
ron las guerras emancipadoras, a los que pedían hom- 
bres y dinero. Acudieron los soldados en los días ,de en- 
tusiasmo, muchos se ligaron a la causa sinceramente y 
muchos también se alejaron a medida que el éxito se es- 
fumaba o que la miseria los abatía; en cuanto al dine- 
ro, se dió todo el que existía, hasta la plata labrada de 
los templos. 

Y en el correr de los años, los campos se despobla- 
ron y dejaron de producir, los hombres estaban sobre 
las armas, en las tropas regulares o en las montoneras, 
y a todo Venezuela podrían aplicarse estas palabras de 
Urdaneta : "Lo más importante era almacenar subsis- 
tencias, lo que no era fácil, porque entonces a muchas 
"leguas de Valencia, no se conseguía una res y la lagu- 



362 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"na que proveía de grande estaba cubierta ele partidas 
"enemigas". 

La guerra era una desolación en las provincias ocu- 
padas por los patriotas y lo era tanto más cuanto que las 
necesidades de sus habitantes más civilizados eran supe- 
riores a las que sentían los pobladores de las provincias 
dominadas por los generales españoles o por caudillos 
•que aspiraban al poder, como Boves y Morales. 

Las ambiciones de éstos agrupaban a los llaneros, 
otros caudillos secundarios se alzaban también y mu- 
chos hombres se agrupaban para vivir del pillaje, no te- 
niendo ni educación ni ocasiones para consagrarse al 
trabajo. Sin base de moral colectiva, que no supo crear 
la colonia, el edificio se derrumbaba y era inútil el es- 
fuerzo de los libertadores para afirmar la plataforma de 
la Independencia, que era la responsabilidad nacional 
como cimiento del futuro. Los republicanos no tenían 
garantías, debían concentrarse en las ciudades, Caracas 
o Valencia, o seguir al ejército ; era la patria ambulan- 
te, según la dolorosa expresión de Urdaneta. 

La causa se perdía, apoyada únicamente en las fuer- 
zas internas; Bolívar pensó en el auxilio extranjero en 
forma directa, mediante el envío de naves de guerra, 
o bien indirectamente para hacer cesar las hostilidades. 
Mientras preparaba la batalla campal que se decidió en 
Carabobo, daba instrucciones a Lino Clemente y a Juan 
Robertson para que, como Agentes Extraordinarios, ne- 
gociaran sobre esas bases con el gobierno británico. ( 1 ) 

Entre tanto, sólo a sus propios elementos podía 
pedir la solución de un problema que ya no era propia- 
mente militar sino de amparo para las masas errantes 



(1) O'Leary.— Tomo XIII.— Doc. 231. Pág. 459. 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



363 



de patriotas, de custodia para las ciudades, de salvar los 
restos del país civilizado de los peligros de la llegada in- 
minente de nuevas bandas del Apure y del Orinoco. 

¿Qué hacer después del triunfo de Carabobo? No 
podía abandonar el sitio de Puerto Cabello ; ni perder el 
arsenal de Valencia? ni dejar de perseguir a Cajigal cu- 
ya caballería podía unirse con las bandas de Boves y el 
resto de sus tropas acometer a Valencia desguarnecida ; 
ni mucho menos le era posible no oponerse a la inva- 
sión de los llaneros. 

Para todo esto tenía unos 5.000 hombres, número 
que dejaba al azar la 'destrucción de un nuevo ejército 
en Occidente y que era insuficiente para oponerse al ata- 
que de Boves. 

Dos soluciones se presentaban, de paz la una, de 
guerra la otra : o negociar un arreglo, lo que no era posi- 
ble porque no había con quién tratar, salvo si se obtenía 
la mediación inglesa como lo deseaba Bolívar ; o conti- 
nuar las hostilidades. 

La solución de guerra tenía a su vez dos aspectos : 
activo el uno, defensivo el otro. El éxito del primero re- 
quería la concentración de todas las fuerzas para dar un 
golpe a Boves en los llanos, volviéndose en seguida, con 
la rapidez del rayo, sobre las fuerzas de Cajigal que no 
habrían vacilado en marchar sobre Caracas por Valen- 
cia. Un triunfo sobre el caudillo llanero costaría muchos 
sacrificios y la empresa de extrema agilidad presentaba 
las desventajas de una lucha después de un debilitamien- 
to extraordinario ; una derrota era aniquilar de un sólo 
golpe el ejército libertador tomado entre los fuegos de 
Cajigal y las lanzas de Boves. 

Quedaba el aspecto defensivo, la solución que se 
.aceptó después del desastre de Campo-Elias en La Puer- 



364 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



ta, mientras se organizaban nuevos contingentes. Den- 
tro del marco de esta solución cabía la protección de los 
patriotas y el amparo de la emigración que seguía al 
ejército, necesidad social, política, humana, que debía pe- 
sar considerablemente en las decisiones. 

En resumen, la concentración del ejército en un 
solo cuerpo para dar un golpe a Boves y volver sobre 
Cajigal ofrecía mayores peligros que ventajas : era un 
golpe de fortuna en que se arriesgaba el todo. 

La división de las fuerzas para desarrollar un pro- 
grama defensivo, como el que contuvo a Boves en La 
Victoria, sin privarse de contenar a los elementos de Oc- 
cidente, parecía más justificado por la experiencia ante- 
rior, era impuesta por la necesidad de proteger a los par- 
tidarios de la causa y sería un éxito si el país diera aún 
los elementos que proporcionó para combatir en Chara- 
llave, Ocumare, La Victoria y San Mateo. Un fracaso 
parcial dejaba siempre la posibilidad de rehacerse en otra 
parte, sin perder todo el territorio, de una sola vez, con 
todo el ejército. 

Contra la voluntad de muchos de sus generales, 
adoptó el Libertador este plan defensivo que las necesi- 
dades y las condiciones del país le imponían, sobrepo- 
niéndose a las exigencias simplemente militares de un 
golpe único que, aún suponiéndolas libres de toda crí- 
tica, no podían aplicarse por consideraciones superiores 
al problema estratégico : no se podía arriesgar en un solo 
encuentro la defensa nacional completa y la población 
misma adicta a la causa republicana. 

Dividió, pues, sus fuerzas; Urdaneta quedaba con 
700 hombres en Occidente; 500 soldados a las órdenes 
de Escalona guarnecerían a Valencia; Jalón con 1.100 
combatientes iba al Pao a perseguir la caballería de Ca- 



I,AS GUERRAS DE BOLÍVAR 



365 



jigal, en cuyo rumbo podía también hostilizar la con- 
centración de los llaneros ; por fin, Mariño con 1.500 in- 
fantes, 700 ginetes y 100 artilleros marchaba a Villa de 
Cura, por donde de nuevo amenazaba Boves y espe- 
raría allí los refuerzos que el Libertador pudiera reunir 
en Caracas. 

El problema era de esos que se llaman indetermi- 
nados, pues son más las incógnitas que las relaciones que 
existen entre ellas; la solución elegida por Bolívar era 
tan buena como cualquiera de las que proponían sus 
críticos y las superaba por su aspecto de seguridad so- 
cial ; el fracaso no es base para censurarla, como el éxi- 
to no lo es para sancionarla ; en realidad, el aspecto mi- 
litar era secundario en una cuestión que ya habían re- 
suelto las condiciones de fatiga moral y material del 
país. 



II 



No cedió el gobierno español en su empeño para 
pacificar las colonias sublevadas durante el régimen de 
vicisitudes de las guerras napoleónicas y más firme ha- 
bría de mostrarse aún cuando la caída del emperador 
restablecía la normalidad de la situación. En el año de 
1814 la reconquista estaba ya organizada casi en todas 
partes y era especialmente vigorosa en Venezuela y es- 
to por un triple motivo : la vecindad de la colonia de 
Costa Firme, y las posibilidades de enviar expediciones 
desde las Antillas que permanecían fieles, facilitaba los 
programas de recuperación; además, la empresa apare- 



366 



■Francisco rivas vicuña 



cía fácil a los ojos del gobierno de la metrópoli, ya que 
en los años anteriores la empresa republicana había sido 
comprimida con la dirección de unos pocos realistas que 
se apoyaban en un grupo considerable de venezolanos ; 
finalmente, Venezuela en poder de España era una base 
sólida para el dominio de las otras colonias. 

o Mientras era posible enviar jefes expertos y tropas 
veteranas, el programa se redujo a auxiliar a los cau- 
dillos que se habían levantado contra el ejército patrio- 
ta, empresa fácil pues los realistas dominaban las gran- 
des vías del Orinoco y del Apure, que cruzaba una co- 
marca que parecía inagotable para el reclutamiento. Las 
actividades de Boves fueron constantemente estimula- 
das por el envío de algunos oficiales capaces de dar di- 
rección a sus hordas y por el suministro abundante de 
pertrechos de guerra. El caudillo, en dos ocasiones, ha- 
bía probado la superioridad de los infantes del Liberta- 
dor y no deseaba abordarlo nuevamente con sólo las lan- 
zas de sus hombres. Preocupóse de organizar una fuerte 
división de infantería, para lo cual contó con todo el 
apoyo del Capitán General español. 

Derrotado por Mariño el 31 de Marzo en Boca Chi- 
ca, antes de dos meses tenía organizada una hueste que 
algunos hacen subir a 5.000 ginetes y 5.000 infantes, 
siendo lo más probable que los primeros no excedieran 
de 4.000 y de 3.000 los segundos; con estos elementos 
tomó su acostumbrado camino por Calabozo hacia La 
Victoria y llegó el 14 de Junio, sólo dos semanas des- 
pués del triunfo del Libertador en Carabobo, a medir 
sus armas con la pequeña división de Mariño. 

A los 2.300 hombres que el Libertador había con- 
fiado al general del ejército de Oriente, para que se si- 
tuara en Villa de Ciua a la espera de los movimientos 



hAS GUERRAS Díí BOLÍVAR 



367' 



de Boves, se agregó la división del Coronel Jalón, que 
operaba sobre el Pao- con 1.100 combatientes; el ejército 
ele la patria llegaba así apenas a 3.400 hombres que de- 
bían resistir a fuerzas casi tres veces superiores, aleccio- 
nadas por las derrotas y mandadas, esta vez, por hom- 
bres que tenían experiencia de la guerra. 

La prudencia aconsejaba esperar los refuerzos que 
el Libertador había acumulado en La Cabrera o bien 
facilitar la concentración, contramarchando a un punto 
en que se anularan las ventajas de la caballería de Bo- 
ves. La experiencia indicaba como lo más acertado re- 
troceder desde Villa de Cura hacia San Mateo, para reu- 
nirse allí con las tropas de La Cabrera y esperar a Bo- 
ves en el sitio en qué ya había sufrido una derrota. Des- 
graciadamente, así no sucedería y era el jefe llanera 
quien iba a escoger el campo de Combate. 

Mariño procedió en esta ocasión como en Arao, con: 
igual valor, ^ n igual confianza enla fortuna que le co- 
ronara de laureles a los 24 años; pero el fracaso no le 
v había aún inspirado ni la reflexión para decidir ni la. 
prudencia para ejecutar; supo el avance de Boves, no 
conoció ni el número superior de sus fuerzas ni el me- 
joramiento de sus tropáfe y, sin embargo, fué a su en- 
cuentro, por el camino de los llanos, llegando casi hasta 
San Juan de los Morros, en busca de una buena posi- 
ción. 

La zona que recorrían en sentido inverso Boves y 
Mariño está cortada por una erupción basáltica que la 
divide en pequeñas llanadas, entre las cuales señalare- 
mos el sitio de La Puerta, donde se estrechan las co- 
linas eruptivas y forman una división con la pequeña 
planicie de San Juan; mas allá de La Puerta, las que- 
bradas se angostan aún y por largo espacio, no ofrecen- 



.368 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



campo para maniobras de caballería. El afán de Boves 
era ir más allá de estos senderos estrechos y llegar a 
aquellas planicies que le eran favorables. 

Bolívar venía de Caracas a dirigir las operaciones 
del impetuoso jefe oriental y le encontró, desgraciada- 
mente, ya situado en La Puerta y con Boves al frente; 
el llanero había elegido el sitio del duelo a muerte con 
Bolívar. 

La infantería de Boves estaba desplegada a todo lo 
ancho del valle y su caballería en las faldas, ocultando 
su enorme masa en los bosques. Acometieron con ímpe- 
tu los 3.000 infantes de Morales y Bolívar ordenó un 
doble flanqueo, con ru caballería, por la izquierda de 
Boves y el batallón Aragua por la derecha. Los ginetes 
ocultos se derramaron como un torrente sobre los flan- 
queadores y, en breve tiempo, el ejército venezolano fué 
destrozado. 

Más de 1.000 patriotas entregaron su vida en el 
campo de batalla o a las lanzas llaneras que los perse- 
guían! Todo se perdía en aquella aciaga jornada del 15 
de Junio de 1814! 

Boves despachó 1.500 hombres, al mando del capi- 
tán Ramón González, hacia Caracas y con el grueso de 
sus fuerzas siguió a Valencia, destrozó con su avalan- 
cha la guarnición de Fei nández en La Cabrera, acuchilló 
a los refugiados allí, se incorporó a los guerrilleros de 
esas regiones y el 19 de Junio se presentaba a sitiar a 
Valencia con 6.000 combatientes. 

Entre tanto, Mariño volvía al Oriente a despachar 
con rapidez un pequeño refuerzo, que ya estaba en Pas- 
cua, y seguiría a procurar nuevos elementos en Cumaná ; 
Bolívar ordenaba a la guarnición de Puerto Cabello que 
n esistiera ; el desgraciado Fernández de La Cabrera, que 



hAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



369 



no había logrado entrar en el combate por la precipita- 
ción con que fué empeñado, recibía iguales instruccio- 
nes; Urdaneta debería replegarse a Valencia y Ribas 
preparar la defensa de Caracas. Todas estas órdenes, 
cuyo cumplimiento sería imposible, las dictó el liberta- 
dor en la propia noché del desastre, cuando llegó a La 
Victoria con los poc<¿>s dispersos que pudo salvar. 

El capitán González picaba vivamente la retaguar- 
dia de Bolívar y habría llegado casi junto a Caracas si 
el Libertador, con aquella entereza que demostraba en 
el peligro, no hubiera despachado inmediatamente a 
José Félix Ribas que logró detener el avance llanero 
con una columna de 400 hombres en el lugar llamado de 
Las Cocuizas. Tan pequeñas fuerzas fueron naturalmen- 
te arrolladas ; mas los patriotas hicieron un nuevo es* 
fuerzo, deteniendo casi a las puertas de la capital, en 
Antímano, a las tropas de González. 

En auxilio de esta vanguardia de Boves, venían las 
hordas de Machado que ya estaban en El Valle, a 4 ki- 
lómetros de Caracas y no había elementos para conte- 
nerlas. 

El instante no admitía demora para resolver y en 
la noche del 6 de Julio se decidió el abandono de la ciu- 
dad para intentar reorganizarse en las provincias de 
Oriente ; la defensa de Caracas era imposible : no ha- 
bía hombres, ni pertrechos, ni alimentos; era la agonía * 
con todas las angustias de una muerte cruel a manos de 
los llaneros ; sólo se confiaba en las benevolencias del ca- 
pitán Ramón González, que era un hombre de buenos 
antecedentes. 

Hé aquí como describe Eduardo Blanco el primer 
momento de aquella retirada que arrastraba en pos del 
ejército a casi toda la población: "El ejército evacúa en 
24 



370 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"silencio la ciudad en medio de la general consterna- 
ción que produce su marcha; toma el camino de Bar- 
celona por la fragosa vía de la montaña de Capaya, y 
"20.000 personas de todos los sexos, edades y condicio- 
nes, locas y despavoridas de terror, abandonan sus ho- 
lgares y le siguen las huellas. La sombra de Boves, y 
"el recuerdo amenazante de todas sus crueldades, se 
"ciernen sobre aquellos desgraciados que se imaginan: 
"sentir ya en las entrañas las lanzas de las salvajes hor- 
"das a cuya merced van a "encontrarse. 

"Emigrar es el anhelo de todas las familias. Empe- 
oro, no ha faltado quien achaque a Bolívar tan funesto 
"consejo, sin que nada lo pruebe. Aquella desatentada 
4 'huida, obra fué del espanto que supo infundir Boves 
"y que plenamente justificaban sus recientes crueldades". 

Las consecuencias de esta emigración que seguía el 
ejército fueron dolorosísimas para Venezuela; gran par- 
te de esas gentes pereció en el camino, muchas pasaron: 
a las islas vecinas y fueron muy pocas las que, andando 
el tiempo, pudieron regresar a su país para consagrarse 
a su trabajo y al progreso nacional. 

"Imposible es recordar, dicen Baralt y Díaz, sin es- 
tremecerse los desastres que experimentó aquella po- 
"bre gente. El hambre, las enfermedades, los animales 
"dañinos de los bosques y el hierro del enemigo a por- 
"fía se cebaron en ella: las familias que llegaron al 
4 'Oriente siguieron la suerte de las tropas, y como ellas 
"perecieron o se desbandaron: en las colonias extranje- 
ras viven algunas, antes hacendadas, una vida de ex- 
trema pobreza, y cuando más tarde lucieron para Ve- 
nezuela días mejores, pocas pudieron celebrar su ven- 
tura y tornar a ver el cielo de la patria. Esta impruden- 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



37Í 



"te emigración quitó, a Caracas más habitantes que el 
"terremoto de 26 de Marzo de 1812". 

Bolívar llevaba 2.000 hombres y llegó con este po- 
bre contingente, perseguido por 8.000 soldados de Mo- 
rales, a reunirse en la Villa de Aragua con el Coronel 
Bermúdez que le traía un auxilio de 1.000 combatientes 
orientales enviados por Mariño. 

Venían las bandas llaneras por el camino real ha- 
cia el cruce del río que debían atravesar para el ataque 
del pueblo, situado al Norte de esa corriente y en su 
margen derecha. El programa republicano no podía ser 
otro que impedir el paso y así lo decidió Bolívar, ten- 
diendo sus líneas entre la ribera y el pueblo, contra la 
opinión de Bermúdez, que obraba como segundo jefe, y 
deseaba atrincherarse en las calles inutilizando la caba- 
llería patriota, que era la fuerza en mejores condicio- 
nes. 

La situación era desesperada no sólo por la supe- 
rioridad numérica del enemigo, sino también por la pre- 
paración de los oficiales que dirigían ahora a las tropas 
' llaneras, especialmente a la infantería que estaba biem 
amunicionada. ' 

Morales ordenó conjuntamente el avance de sus in- 
fantes y un flanqueo de la caballería por un paso del río r 
más arriba del pueblo, punto que había desguarnecida 
Bermúdez. Los republicanos se vieron obligados a para^ 
petarse en las calles, volviendo así al programa de Ber- 
múdez que se agotó en una resistencia tan heroica como 
inútil. 

Bolívar tomó el camino a Cumaná por Barcelona, 
y Bermúdez se encaminó hacia Maturín, salvando las. 
columnas de caballería de Tadeo Monagas, de Pedro 
Zaraza y Manuel Cedeño que iban a quedar como los 



372 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



únicos restos de la segunda república venezolana, como 
vestales de Marte, manteniendo el fuego de la indepen- 
dencia en los llanos del Orinoco, en espera de la vuelta 
del Libertador. 

Bolívar había experimentado en Aragua los efec- 
tos del desastre en la más dolorosa de sus formas : el 
•antagonismo entre Oriente y Occidente renacía, Bermú- 
dez se inclinaba a obrar por su cuenta y no sería fácil 
reorganizar un ejército para contener a Boves quien, 
►después de haber vencido en Valencia, se alzaba con el 
cargo de Capitán General y decidía aniquilar el Oriente, 
marchando con fuerzas muy superiores a las que podían 
reclutar los republicanos. 

Un postrer Consejo solemne celebraron en Cuma- 
*ná, el 25 de Agosto, Bolívar, Mariño, Piar y Ribas ; el 
acuerdo fué unánime para abandonar a Barcelona ; pero 
los exaltados, que triunfaron, opinaban por llevar la 
campaña a Maturín, hacia donde huyera Bermúdez; 
Bolívar y Mariño, con mayor tranquilidad, deseaban re- 
plegarse a Güiria, el punto inicial de la campaña de Ma- 
riño, desde donde podrían recibir auxilios de la isla in- 
glesa de Trinidad. 

Al terminarse este Consejo, Bolívar y Mariño su- 
pieron que el jefe de la escuadrilla republicana, Bianchi, 
se hacía a la vela, llevándose el tesoro cedido por las 
iglesias de Caracas, el único recurso para reorganizar 
nuevos ejércitos patriotas. Se embarcaron inmediata- 
mente para la isla de Margarita, negociaron con el aven- 
turero la devolución de los dos tercios de los valores que 
pretendió apropiarse ; volvieron al Continente en dos go- 
letas que les dio Bianchi, la Arrogante y la Culebra; to- 
maron tierra en Carúpano para continuar sus esfuerzos 
dentro del programa aceptado en el Consejo, aunque 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



373 



no mereciera su aprobación. El Libertador iba a cerrar 
su campaña con el broche negro de la traición; ya no 
serían las amarguras de sus discusiones con Castillo en 
los primeros tiempos de la travesía de los Andes ; eran 
sus parientes, sus amigos, Ribas y Piar quienes le ha- 
bían destituido del mando en su ausencia y le pedían 
cuenta del tesoro. 

; Estaba separado, del mando por los suyos ! No era 
el caso de Miranda que caía después de una capitulación 
injustificada a raíz de los triunfos de La Victoria ; era 
el golpe rabioso de la ambición, de la insubordinación,, 
de todas las malas pasiones que Bolívar había doblegado 
en los hombres que mandaba para ponerlas al servicio 
de la Patria ; nada pudieron contra él en los días de éxi- 
to y de poder, entre las victorias de Taguanes y Cara- 
bobo, era fuerte, estaba alto y no le alcanzaban; pero 
ahora, después de La Puerta y de Aragua, vencido, des- 
acreditado por el desastre, le creyeron débil y vengaron 
el dominio que sobre ellos ejerciera para enderezarlos al 
bien común. 

Siguieron su campaña Ribas y Piar, campaña de 
desastre cuyo resumen y consecuencia están claramente 
expresados en las breves líneas de una presentación al 
rey hecha por Llamosas, capellán de los ejércitos de Bo- 
ves. Entresacamos las frases que copiamos en seguida 
de un documento inédito que ha tenido la bondad de 
procurarnos el Dr. don Vicente Lecuna. 

"Boves, dejando sujeta a V. M. la provincia de Ca- 
rracas con jefes provisionales decididamente adictos a 
V. M., siguió a Bolívar y le derrotó en las inmediacio- 
"nes de Barcelona y continuó haciendo lo mismo con to- 
"das IsCs tropas y sus gentes hasta Maturín en que se 
"habían hecho fuertes; dieron los enemigos una terri- 



374 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 

'"ble batalla, con fuerza muy superior a Boves que, des- 
""pués de una valerosa resistencia, se retiró y, reunien- 
do sus tropas, acometió de nuevo al enemigo que fué 
""derrotado, mas con la desgracia de morir Bqves en la 
"acción. Sucedió en el mando don Francisco Tomás 
"Morales, quien en diversos ataques logró tomar a Ma- 
"turín y Güiria, únicos puntos que ocupaba el ejército y 
'"sus gentes. En este estado, disponía Morales una ex- 
pedición para invadir la isla de Margarita, último asilo 
'"de los sediciosos, a cuyo tiempo llegó la escuadra de 
"V. M., al mando del general Enrilo, con las tropas qué 
^'comandaba el general Morillo, a cuyas fuerzas se en- 
tregó a discreción dicha isla el 10 de Abril de este año 
"(1815) con lo cual queda pacificado todo el territorio 
"que comprende la Capitanía General de Caracas". 

i La causa de la libertad estaba perdida por el mo- 
mento en Venezuela! El Libertador, a quien Bianchi 
había salvado de ser reducido a prisión, se embarcaba el 
S de Setiembre, en compañía de Mariño, con rumbo a 
Cartagena. Iba en la goleta Arrogante, confiado a la di- 
rección del capitán Felipe Santiago Esteves. El nombre 
de aquella goleta era como un presagio de las nuevas 
energías con que Bolívar habría de volver a combatir por 
la causa de la Independencia Venezolana. 



III 

El Libertador había tocado la más inmunda de las 
llagas del hombre : la codicia. Por ella se alzaban contra 
él los que fueron compañeros de sus triunfos, por creer- 



LAS GUERRAS DE BOÜVAR 



375 



le capaz de apropiarse el tesoro sagrado de la Patria a 
la cual había ofrecido su fortuna y su vida. 

Con desdén por los hombres y puesto su consuelo 
en su causa, que estaba resuelto a no abandonar, dictó 
en Carúpano una proclama de adiós que encierra los ras- 
gos característicos de la campaña que emprendieron con 
fe en los suyos y que terminaba en nuevas decepciones 
que iba a vencer su inquebrantable voluntad. 

Con valentía retraza las líneas de su programa y las 
causas del fracaso. 'Xa destrucción, dice, de un Gobier- 
"no cuyo origen se pierde en la oscuridad de los tiem- 
"pos : la subversión de principios establecidos : la muta- 
ción de costumbres : el trastorno de la opinión, y el es- 
tablecimiento, en fin, de la libertad en un país de es- 
clavos, es una obra tan imposible de ejecutar súbita- 
"mente, que está fuera del alcance de todo poder huma- 
"no, por manera que nuestra excusa de no haber obteni- 
do lo que hemos deseado, es inherente a la causa que 
"seguimos, porque así como la justicia justifica la auda- 
*'cia de haberla emprendido, la insuficiencia de sus me- 
"dios califica la imposibildad de su adquisición". (2) 

La causa de la libertad era un ideal doctrinario que 
aún no había penetrado en su pueblo a causa de las ener- 
gías preexistentes de la reacción, tanto, más vigorosa 
cuanto más ignorante era el medio. "¿Cómo, agrega en 
"su proclama, podría preponderar la simple teoría de la 
"filosofía política, sin otros apoyos que la verdad y la 
"naturaleza, contra el vicio armado con el desenfreno de 
"la licencia, sin más límites que su alcance, y convertido 
"de repente por un prestigio religioso en virtud política 
"y en caridad cristiana?". 



(2) O'Leary.— Tomo XIII. Doc. 236. Pág. 468. 



376 



francisco rivas vicuña 



Si la fuerza del ideal no levantó los espíritus opri- 
midos con el peso de añejas doctrinas las v : ctorias mis- 
mas no serían capaces de conmover los corazones para 
mantenerlos unidos en el servicio de una causa de reden- 
ción. Así expresa la proclama de Bolívar esta decepción : 
"En vano, esfuerzos inauditos han logrado innumerables 
"victorias, compradas al caro precio de la sangre de nues- 
tros heroicos soldados. Un corto número de sucesos 
"por parte de nuestros contrarios ha desplomado el edi- 
"ficio de nuestra gloria, estando la masa de los pueblos 
"descarriada por el fanatismo religioso y seducida por 
"el incentivo de la anarquía devoradora". 

La causa incomprendida y los sacrificios exigidos 
volvieron al pueblo contra sus libertadores ; seducidos 
en su ignorancia y extraviados en las sombras de su mi- 
seria, fueron los venezolanos mismos los autores de la 
derrota; el ejército de Bolívar venció siempre a los es- 
pañoles, pero nada pudo contra sus hermanos. "Los gue- 
rreros granadinos, dice, no marchitaron jamás sus lau- 
reles mientras combatieron contra los dominadores de 
"Venezuela, y los soldados caraqueños fueron coronados 
"con igual fortuna contra los fieros españoles que inten- 
saron de nuevo subyugarnos. Si el destino inconstante 
"hizo alternar la victoria entre los enemigos y nosotros, 
"fué sólo en favor de pueblos americanos que una in- 
concebible demencia hizo tomar las armas para destruir 
"a sus libertadores y restituir el cetro a sus tiranos. Así 
"parece que el cielo, para nuestra humillación y nuestra 
"gloria, ha permitido que nuestros vencedores sean nues- 
tros hermanos y que nuestros hermanos únicamente 
"triunfen de nosotros". 

Y luégo, como un estigma para los reaccionarios 
culpables del fracaso de la república, dice en su adiós : 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 377 

"El Ejército Libertdor exterminó las bandas enemigas, 
"pero no ha podido, ni debido exterminar unos pueblos 
"por cuya dicha há lidiado en centenares de combates. 
"No es justo destruir los hombres que no quieren ser 
"libres, ni es libertad la que se goza bajo el imperio de 
"las armas contra la opinión de seres fanáticos, cuya 
"depravación de espíritu les hace amar las cadenas co- 
"mo los vínculos sociables". 

Mas, la potencia de su convencimiento, la fe del 
cruzado, provocan una reacción inmediata; no es posi- 
ble abandonar la doctrina de la verdad y dice a sus com- 
patriotas : "vuestras virtudes solas son capaces de com- 
"batir con suceso contra esa multitud de frenéticos, que 
"desconocen su propio interés y honor, pues jamás la li- 
bertad ha sido subyugada por la tiranía. No comparéis 
"vuestras fuerzas físicas con las enemigas, porque no es 
"comparable el espíritu con la materia". 

El mismo no se negará a nuevos scarificios ; expli- 
cadas las causas del fracaso, invitados sus compatriotas 
a mantener vivo el fuego del ideal y a prepararse para 
nuevas luchas, anuncia su decisión de volver al comba- 
te: "Yo juro, que Libertador*o invierto, mereceré siem- 
"pre el honor que me habéis hecho ; sin que haya potes- 
tad sobre la tierra, que detenga el curso que me he pro- 
puesto seguir hasta volver segundamente a libertaros 
"por la senda del Occidente, regada con tanta sangre y 
"adornada con tantos laureles". 

Es de nuevo el sentimiento de la responsabilidad el 
que le anima, el mismo que le moviera como diplomá- 
tico en Europa, como Jefe de plaza en Puerto Cabello y 
como simple patriota en la prisión de Miranda. "Yo, di- 
"ce, muy distante de tener la loca presunción de con^ 
"eeptuarme inculpable de la catástrofe de mi patria, su- 



,378 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



""fro al contrario el profundo pesar de creerme el ins- 
trumento infausto de sus espantosas miserias ; pero 
¿< soy inocente, porque mi conciencia no ha participado 
"'nunca del error voluntario o de la malicia, aunque por 
"otra parte haya obrado mal y sin acierto. Es justo y 
"necesario que mi vida pública se examine con esmero, 
'"y se juzgue con imparcialidad. Este gran juicio debe 
"ser pronunciado por el soberano a quien he servido ; yo 
"os aseguro que será tan solemne cuánto sea posible, y 
*'que mis hechos serán comprobados por documentos 
"irrefragables. Entonces sabréis si he sido indigno de 
"vuestra confianza, o si merezco el nombre de Liberta- 
dor". 

Responsable del pasado, buscará la aprobación de 
su conducta ; responsable para con su conciencia por el 
triunfo de un programa de justicia, volverá a comba- 
tir por él. 

El 20 de Setiembre de 1814, Bolívar llegaba a Car- 
tagena. Ya no era el humilde Coronel qué pedía servicio 
en un fortín; era el Libertador que había conducido una 
columna de valientes a la victoria contra 6.000 realistas ; 
era el diplomático que supo negociar un arreglo con to- 
dos los gobiernos de Nueva Granada divididos y anar- 
quizados ; era el internacionalista que preparaba un pro- 
grama de agrupamiento de Rejiublicas para incrementar 
sus respetabilidades, y por ende, sus. bases de progreso ; 
era el político sereno que evitó un conflicto interno, tra- 
tando a su rival Mariño con todas las contemplaciones 
impuestas por su deber de no abrir nuevas heridas en el 



v 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 379 

corazón ele la patria ; era, por fin, como él lo decía : ele- 
gido por la suerte de las armas para quebrantar vaestrqs 
cadenas, como también he sido el instrumento de la Pro- 
videncia para colmar la medida de vuestras aflicciones". 

La concepción de sus deberes era más alta hoy, Li- 
bertador, que ayer, simple Coronel, y se apresuraba a 
dar cuenta a su mandante, el Congreso de Nueva Gra- 
nada, y a continuar en el servicio de su causa. 

En su memorial al Presidente de la Unión dícele: 
"La ^sublevación general de todo el interior de Caracas 
''daba al enemigo un número de tropas incomparable con 
"las pocas que la capital y los pueblos vecinos podían 
"contribuirme para, oponerle : la desvastación absoluta y 
"espantosa de todo el territorio, me priva hasta de los 
"víveres necesarios para la mantención del ejército, que, 
"obrando en orden y haciendo una guerra de nación, no 
"podía subsistir mucho tiempo sin los auxilios que le f al- 
"taban, mientras el enemigo, pillando, destruyendo y 
"usando de una desenfrenada licencia de nada necesita- 
ba. Así los pocos pueblos que combatían conmigo por la 
"libertad desmayaron, cuando el enemigo se aumentaba 
"prodigiosamente y se concillaba el afecto de sus tropas. 
"Tales fueron las causas radicales que han conducido la 
"República de Venezuela al sepulcro. 

"Destruido*el ejército, consumidas las municiones, 
"perdidas las armas, y reducido solamente a la costa de 
"Cumaná, tomé el partido de venir a la Nueva Granada, 
"a exponer a V. E. la relación de las desgracias que con- 
sumen de nuevo a mi Patria, a impetrar de V. E. auxi- 
lios, y a rendir cuenta de mi conducta, para que se me 
"juzgue". (3) 



(3) OXeary.— Tomo XIII. Doc. 237. Pág. 471. 



380 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 

La acusación contra Bolívar iba a ser terrible y la 
tomaba a su cargo el Brigadier Joaquín Ricaurte, que 
debió desempeñar el cargo de representante de Nueva 
Granada en el ejército Libertador y que llegó tarde, 
no pasando de Valencia. En su escrito, expresa que es 
su deber participar, aunque le llenen de amarguras, los 
recuerdos de la pérdida del ejército granadino debida a 
la mala dirección del General Bolívar. 

Párrafo importantísimo de esta acusación es el si- 
guiente : "el bárbaro e impolítico proyecto de la guerra 
"a muerte, que nos iba convirtiendo los pueblos y las 
""provincias enteras en enemigos, no sólo hacía odioso 
"el ejército, sino el sistema que éste sostenía, y así es 
"que los mismos pueblos que por su opinión nos reci- 
bían con la oliva en la mano, y que unían sus esfuerzos 
"a los nuestros para lanzar los españoles de su terri- 
torio, luégo que observaban nuestra conducta sanguina- 
"ria, se convertían en enemigos nuestros, mucho ma- 
"yores que antes lo habían sido de los otros". 

Al anotar esta acusación hecha al Libertador, bas- 
taría referirnos a nuestras apreciaciones sobre el de- 
creto de Trujillo que hicimos en capítulos anteriores ; 
pero hemos tenido la suerte de examinar un documen- 
to inédito que da la palabra definitiva^ sobre esta ma- 
teria. 

El Dr. Don Vicente Lecuna nos ha proporcionado 
el memorial que presentó al rey Don Fernando VII el 
Dr. José Ambrosio Llamosas, Capellán del ejército de 
Boves; la narración de este sacerodte realista y que se 
demuestra político juicioso en su presentación al rey 
que le honró con grandes distinciones, es un testimo- 
nio de una absoluta imparcialidad y que arroja ple- 
na luz sobre las responsabilidades de la guerra a muerte. 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



381 



"El comandante General Boves, dice Llamosas, des- 
ude el principio de la campaña manifestó el sistema que 
"se había propuesto y del cual jamás se separó : fundá- 
"base en la destrucción de todos los blancos, conser- 
"vando, contemplando y halagando a las demás castas, 
''como resulta de los hechos siguientes. En el Guayabal, 
"poco después de la batalla de Mosquiteros, declaró la 
"muerte a todos los blancos y lo ejerció constantemente 
"hasta el pueblo de San Mateo. Por consecuencia de es- 
ta resolución hizo asesinar en Calabozo 87 blancos que 
"pudo aprender y dejó lista de otros 32; para el mismo 
"efecto dió orden a su comandante militar para que 
"hiciese matar a todo blanco que allí llegase, que las mu- 
jeres blancas de Calabozo y pueblos inmediatos fuesen 
"remitidas a la Isla de Ar ichuna, como se ejecutó, repar- 
tiendo las casas y bienes de los muertos y de las deste- 
rradas entre los pardos y dándoles papeletas de propie- 
dad. En el pueblo de Santa Rosa, se mataron todos los 
"blancos que iban entre las compañías de los que se re- 
cogieron en aquellos pueblos, sacándolos de noche al 
"campo y matándolos clandestinamente sin confesión, 
"cuya misma suerte tuvieron en San Mateo los que fue- 
ron a vender víveres al ejército. Luégo que Bolívar sa- 
"lió de Cumaná para Urica, encontró varios blancos en 
"las compañías que se habían formado por su orden y 
"los hizo morir a todos en el campo por la noche. Esta 
"misma conducta observó el comandante militar de Cu- 
"maná, que hizo perecer de noche más de 200 personas 
"blancas ocultamente y sin confesión. La insaciable sed 
"de sangre de Boves no estaba sólo contraída a la de los 
"blancos, aunque contra éstos era más ardiente. En los 
"campos de batalla y en Iqs pueblos pacíficos, se come- 
tieron por su orden horrores de que hay pocos ejem- 



382 Francisco rivas vicuña 

"piares. A consecuencia de haber sitiado a Valencia, ca- 
pituló solemnemente con Boves quien, a nombre de 
"V. M., perdonó vidas y ofreció respetar las propieda- 
des, en cuya virtud se entregaron sus habitantes ; pero» 
"inmediatamente que entró Boves en la ciudad hizo de- 
collar por la noche y sin confesión entre 800 a 1 .000 
"hombres en el cerro del Pato, saqueándola después. 
"Igual suerte tuvo la ciudad de Caracas que se entregó 
"sin hacer resistencia y, en las noches que permaneció 
"allí Boves y después por su orden, se sacaban porción 
"de hombres a degollar. Luégo que el 18 de Agosto de: 
"1814 se venció a la villa de Aragua, después de estar 
"reducida a V. M., entraron las tropas de Boves con 
"sable en la mano, y algunos a caballo, y dentro de la 
"iglesia degollaron de 400 a 500 hombres con desacata 
"de la majestad sacramentada que estaba patente. Des- 
"pués del 16 de Octubre del mismo año fué batido en 
"las inmediaciones de Cumaná el cuerpo de Piar que la 
"había ocupado ; dió Boves orden a la tropa para que 
"entrara en la ciudad y matase cuantos hombres se en- 
contraran, como así lo ejecutó; después de estar aque- 
"11a reducida, entrando varios a caballo dentro de la 
"iglesia parroquial, buscando a los que a ella se habían 
"refugiado para matarlos, como lo realizaron con más 
"de 500 en cuya operación fueron privilegiados los par- 
"dos. Todos los hombres, mujeres y niños de San Joa- 
"quín y Santa Ana fueron degollados en número de más 
"de 1.000 por el teniente Molinet, francés, en virtud de 
"orden de Boves, y con otra por separado de éste al sar- 
gento Camero, para que si Molinet no cumplía su or- 
"den le matase Camero. Estos dos individuos tenían las 
"órdenes originales que leí y habiéndoles suplicado que 
"no la ejecutasen, al menos con las mujeres y niños, me 



LAS GUERRAS DE BOLÍVAR 



385 



"contestaron que no podían, porque peligraban sus vi- 
"das, por cuya conservación cumplieron exactamente las 
"órdenes de Boves y fueron incendiados los pueblos con. 
"sus iglesias. Después que vencimos en la acción de Un- 
ta,, se presentaron voluntariamente 500 hombres en- 
tregando sus armas y, sin permitirme confesarlos, los 
"degollaron a todos aquella misma noche. Luégo que se 
"redujeron y tomaron por la fuerza los pueblos de Ira- 
"pa, Soro, Punta de Piedra y Güiria, se publicó indulto 
"a nombre de V. M. para que los refugiados en los mon- 
tes se presentasen, los que haciéndolo en su virtud, in- 
mediatamente que lo ejecutaban, fueron degollados en. 
"las playas de Carúpano. 

"La conducta observada por Boves fué consiguien- 
te a sus palabras: continuamente recordaba a sus tro- 
mpas su declaración de guerra a muerte' a los blancos he- 
ndía en Guayabal: siempre les repetía que los bienes de 
" 'estos eran de los pardos. En sus cálculos militares y en 
"su clase de Gobierno este sistema formaba una parte 
"muy principar'. 

Este documento del Capellán Llamosas, que hace 
la impresión de un diluvio de sangre, no necesita comen- 
tario alguno ; la situación que revela debió ser conocida 
por el Congreso de Nueva Granada al juzgar y al absol- 
ver a Bolívar y, hoy que estos datos son conocidos del 
público, no dudamos que merecerá el Libertador la abso- 
lución que le acordaron sus mandantes granadinos. 

Para Ricaurte, era Bolívar, y no las circunstancias 
independientes de él, la causa única del desastre: "la 
"necesaria consecuencia de los errores militares que fue- 
"ron tantos cuantos pasos se dieron, la opresión de los 
"pueblos, la ferocidad que se les enseñó, su ruina consi- 
guiente a los robos, la falta de un gobierno, y el espan- 



384 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"toso despotismo y disolución de los jefes, fué la pérdi- 
*'da del país ; pero una pérdida tal que jamás podrá re- 
apararse, mientras no se haga la guerra en regla, por 
"quien sepa hacerla; mientras la política no borre las 
""profundas impresiones que la impolítica ha hecho en 
"'aquellos pueblos, dispuestos antes a entregarse a los 
"otomanos que a sus paisanos, y mientras que al frente 
4) 'del' 'ejército que emprende nuevamente la reconquista, 
"no se ponga un jefe que no sea de los que han mandado 
"en la anterior desgraciada campaña'. (4) 

¿Qué móvil tenía esta acusación tan poco fundada 
en los hechos? Tal vez fué la obra de la política que es- 
taba ligando a ambos países ; tal vez el deseo de aniquilar 
una figura que se anunciaba enérgica, inquebrantable, 
dominadora ; posiblemente ámbas cosas al mismo tiem- 
po. Era necesario eliminar a Bolívar y Ricaurte termi- 
naba su requisitoria del 9 de Octubre diciendo : "he creí- 
"do de mi deber hacer estas indicaciones, para que V. E. 
"no vuelva a dejarse sorprender por intrigantes, que 
"mudando más formas que Proteo saben humillarse pa- 
"ra arrancar auxilios del cuerpo mismo a quien luego 
"deprimen y burlan'. 

El Congreso absolvió al Libertador y le tomó a su 
servicio. Realizó Bolívar la tarea que se le encomendara 
y el Gobierno de la Unión creó para él el cargo de Ca j 
pitán General de sus Ejércitos que agradeció con las ra- 
zones que pueden justificar tanto honor y con otras en 
que, si bien acentúa su propia personalidad, invita a to- 
dos a figurar en la propia fila de honra, en virtud del 
mismo esfuerzo. 



(4) OXeary.— Tomo XIII. Doc. 238. Pág. 473. 



LAS GUERRAS !)£ BOLÍVAR 



385 



"El Gobierno General, dice Bolívar, premia en mí 
"el valor de mis tropas y por provincia que ellas han 
"añadido a la Unión, S. E. se ha servido distinguirme 
"con el título de Capitán General de sus ejércitos. 

"Consagrada enteramente mi existencia a la des- 
trucción de los tiranos, acepto aquel título, sólo por te- 
"ner un nuevo motivo de combatirlos. Los soldados que 
"han militado bajo mis órdenes, están animados de mis 
"mismos deseos; y el registro a que mi nombre ha dado 
"principio, continuará con nombres igualmente ilustres, 
"igualmente devotos de la causa de la América". (5) 

El Libertador recibía una satisfacción personal y, 
en aquella hora del éxito que añadía la sanción pública 
a las aprobaciones de su conciencia, ha debido presen- 
tarse a su espíritu el cuadro pavoroso del término de su 
campaña en un medio que le desconoció. 

Ha debido ver los grupos desalentados, famélicos, 
viajando de noche por los caminos de Occidente, en bus- 
ca de las tropas de Urdaneta para abrigarse en sus cam- 
pamentos y trepar desde los calores de los llanos hasta 
los páramos andinos, en busca de un pedazo de suelo ex- 
tranjero al cual pedirle el sustento. 

Recordó, sin duda, aquella otra emigración que él 
conducía hacia el Oriente; casi toda la población de su 
capital le seguía en la más completa confusión de clases 
sociales, temblando ante la amenaza de la inexorable 
cuchilla de Boves ; iban allí las damas castísimas en cu- 
yas frentes fueran manchas los besos de los ángeles, 
compartiendo un mendrugo con las hijas del placer, me- 
drosas aquéllas que nunca conocieron el peligro, indi- 
ferentes éstas que vivieron siempre en la tormenta ; con 



(5) O'Leary.— Tomo XIII. Doc. 84. Pág. 592. 

25 



386 



Francisco iuvaS Vicuña 



él caminaban las madres que sólo tenían lágrimas para 
alimentar a sus hijos, los padres que cargaban en sus es- 
paldas a los más pequeñuelos; y con éstos, que eran el 
dolor de su alma, marchaban los otros, que eran la preo- 
cupación de sus deberes, los que había que reprimir pa- 
ra mantener el orden y la disciplina. 

Es la hora de su éxito en Bogotá, han debido pre- 
sentarse a su memoria aquellas madrugadas en los cam- 
pamentos de las playas estrechas, esas horas en que ya 
no es la tristeza de la nochemi la promesa de alegría del 
amanecer, ese momento de luz incierta que evoca todas 
las inquietudes del porvenir; el mar alumbrado en la 
lejanía del Oriente y la tierra llena de sangre, aún som- 
bría ; y, en esos momentos, era preciso despertar aque- 
lla colonia de miserias, olvidar todo sentimiento de pie- 
dad y organizaría para marchar de prisa. ¡ Cuánta maldi- 
ción no escuchó entonces ! ¡ Cuánta amenaza de muerte ! 

Todo ese pueblo se unía por primera vez en el do- 
lor; el éxodo de angustia formaba una democracia que 
no pudo realizarse con las enseñanzas de una doctrina, 
ni fundirse en el crisoK de las batallas. (6) 

Lo que él deseó, lo que deseaba aún, era unir a ese 
pueblo para la felicidad, para el trabajo, para el progre- 
so común, agrupándolo en torno de la idea nacional. Su 
intento fué vano, sus compatriotas estaban divididos, no 
sólo por razas y clases sociales sino por antagonismo 
regional : uno era el oriental, otro el andino y distintos 
los caraqueños de los llaneros ; la conciencia nacional no 



(6) El talentoso pintor venezolano, Don Tito Salas, ha 
decorado la restaurada casa de Bolívar con un cuadro, entre 
otros, que evoca la figura del Libertador, amparando esta emi- 
gración y cuidando el tesoro de la patria. 



LAS GUKRRAS DÉ BOLÍVAR 



387 



existía y lá guerra era únicamente el primef episodio de 
la formación del alma venezolana. 

Antes de las iniciativas del Libertador, no había 
centro de atracción alguno, núcleo que fuera agrupan- 
do las masas ; él encendió el brasero de la libertad y a su 
lado se agruparon los convencidos como Alamo, Men- 
doza, Peñalver y otros ; los entusiastas como Ribas, los 
Montillas, Soublette, Diego y Andrés Ybarra, cien más 
y luégo, a los hombres, se unieron esos factores que son 
como una bendición para toda causa, los elementos sin 
los cuales no se triunfa: la juventud y la mujer. 

El mozo elegante de elevada alcurnia, el estudiante 
que se labra un porvenir con su ciencia y el hijo del 
obrero, cada cual iba a dejar el salón, el aula o el taller 
para correr en defensa de la patria, convencidos los 
unos, entusiastas los otros; pero, en todo caso, adheri- 
dos al ideal por la mente o por el afecto, que engendran 
sentimientos duraderos, y no por el interés, que sólo 
produce simpatías transitorias. 

Y como los jóvenes marchaban a la guerra, irían las 
mujeres a cuidar los heridos que llenaban los hospitales 
de Caracas y de Valencia ; otras llevarían agua para en- 
friar los cañones que no debían cesar en sus disparos de 
metralla; no faltarían algunas que pidieran armas y no 
serían pocas las que, al recibir el cadáver del hijo muer- 
to en el combate, dirían : ¡llevad a este otro si hace falta 
para la patria ! 

Bolívar había perdido la guerra ; pero la nación ve- 
nezolana se estaba formando por las influencias de esa 
misma guerra que, persiguiendo un ideal que era su- 
perior a todas las facciones, tendría que unir, tarde o 
temprano, a los elementos tan diferenciados que pobla- 
ban el territorio. Desde las alturas en que moran los 



388 



Francisco rivas vicuña 



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hombres que? piensan y dirigen, hasta los llanos en que 
viven las multitudes que sienten y obedecen, la idea de 
libertad e independencia iba a modificarse sensiblemen- 
te : sería la del valor y de la gloria y el alma venezolana, 
en su nacimiento, tomaba el sello de lo heroico y sobre 
ella iban a reflejarse las cualidades propias del funda- 
dor de la nación. 

Como Clodoveo y como Guillermo de Normandía, 
el Libertador formó un pueblo guerrero; como en las 
Galias lucharon francos y borgoñones y en Inglaterra 
normandos y sajones, en Venezuela habían de luchar 
los diversos elementos hasta formar, con el tiempo, la 
unidad de conciencia nacional que a los sucesores de Bo- 
lívar ha correspondido llevar por las vías de un mayor 
desarrollo. Una diferencia hay entre Clodoveo y el nor- 
mando, por una parte, y Bolívar, por la otra, como con- 
ductores de pueblos : en aquéllos, la conquista era la ban- 
dera y en éste la libertad era su pendón. Los primeros 
iban a hacer triunfar un interés material y el último una 
doctrina de ideales, cuya semilla dejaba arrojada en la 
tierra abierta por la metralla y regada por la sangre de 
los patriotas. 

El resultado obtenido por el Libertador, en esta 
primera etapa, es superior a los medios de que dispuso 
y caracteriza su valor individual. Como guerrero, fué 
brillante, organizador y de un claro juicio estratégico; 
como diplomático, mostró un tacto especialísimo y reve- 
ló grandes concepciones que desarrollaría más tarde; 
como político, mostróse conocedor de los hombres ,y pru- 
dente para evitar las discordias ; como servidor de idea- 
les, él mismo se ha retratado : Libertador o muerto. 

En pleno vigor de la vida, a los 30 años, con perfec- 
to equilibrio entre el cerebro que ordena y la materia 



LAS GUERRAS D£ BOLÍVAR 389 

w 

que obedece, Bolívar es en esta época esencialmente el 
hombre que vive para una causa y que la sirve bien, el 
que caracterizó su prima Fanny, aquella su segunda Te- 
resa que le escribía desde París : 

"Bl amor de la gloria se había apoderado de todo 
"su ser y sólo pertenecía Ud. a sus semejantes". 

Hemos de seguirle en sus próximas campañas en 
que irá completando la unión de su pueblo, atrayendo a 
los elementos que andaban descarriados por falta de un 
guía, hasta constituir sobre la base del esfuerzo de un 
alma heroica una gran unión de pueblos y, luégo, una 
agrupación de naciones que/ si no perduró porque se ex- 
tinguiera el soplo que le dió vida, permanece como una 
enseñanza y como un índice de posibilidades futuras en 
el terreno propio de las actividades modernas. 



FIN 




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