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Full text of "Las guerras de Bolivar"

THE LIBRARY OF THE 
UNIVERSITY OF 
NORTH CAROLINA 




ENDOWED BY THE 
DIALECTIC AND PHILANTHROPIC 
SOCIETIES 



F2235 




.R6I 




v.2 





■lililí 

00045697708 





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in 2014 







http://archive.org/details/lasguerrasdeboli02riva_0 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 

Enviado Extraordinario 
Ministro Plenipotenciario de Chite 

LAS GUERRAS 
DE BOLIVAR 

FORMACION DE LA PATRIA VENEZOLANA 
1814-1817 

^ 




EMPRESA EDITORIAL 

NORTE, CENTRO Y SUD-AMERICA 

Caracas-Venezuela 







LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



ES PROPIEDAD DEL. AUTOR 



s 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 
Enviado Extraordinario 
y Ministro Plenipotenciario de Chile 

LAS GUERRAS 
DE BOLIVAR 

FORMACION DE LA PATRIA VENEZOLANA 

1814 - 1817 ¿ 

LIBRARY - 
UNIVERSITY OF NOSTH CAR0LH* A 
CHAPEL HILL 




EMPRESA EDITORIAL 

NORTE, CENTRO Y SUD-AMERICA 

Caracas-Venezuela 



DEDICATORIA. 



A LA SEÑORA SOFIA WALKER DE RIVAS. 



3Ii adorada Sofía: 

Mis estudios sobre Bolívar tienen un ori- 
gen que, si es caro para tí por la sangre, lo es 
para mí por la inmensa afección que le tuve 
y por la veneración continua de su memoria: 
tu padre. Fué él quien me enseñó a buscar 
en las abnegaciones constantes del Libertador, 
y en su sentimiento de la responsabilidad, 
normas que nos guían, a la vez, en la vida 
pública y en la privada. 

En nuestro hogar, tu has sido la con- 
tinuación de las virtudes de tu padre y, al 
ofrecerte este libro, quiero unir en un mis- 
mo recuerdo duradero su memoria, nuestro 
cariño de siempre y el amor de nuestros hi- 
jos que aprenderán en estas páginas las vir- 
tudes con que se sirve a la Patria. 

Tuyo, nunc et semper 

Francisco Rivas Vicuña. 
Caracas, a 2¡ de Julio de IQ22. 



PREFACIO 



Lo desconocido es la ley de la guerra, ha es- 
crito el Mariscal Foch en sus libros de enseñanza 
militar; este principio del vencedor de los Impe- 
rios de la Europa Central fué el axioma que puso 
en práctica con un Siglo de anterioridad el caudi- 
llo social, político y militar que tuvo como nin- 
m\&p el arte de obrar en lo desconocido: Simpan 
Bolívar. 

Hacia lo desconocido partió el joven caraque- 
ño al abandonar los salones brillantes de su pri- 
ma Fanny, cuyo amor disputaba a los duques del 
Imperio ; se encaminaba a las sombras de la flo- 
resta tropical, al trato con hombres que tardarían 
en entender su lenguaje y cuyas pasiones no al- 
canzaban la belleza del ideal que iluminaba el al- 
ma del Libertador. v 

Vino Bolívar, en 1806, de París a Caracas, a 
un intuido para él prácticamente desconocido y 
contando sólo con sus principios y con sus convic- 
ciones para trazar en la sombra la huella que lle- 
vara a la nación ele sus mayores" hasta el altar de 
la Libertar!, ]a diosa que adoraban los pueblos 
europeos, creación del genio de los filósofos, a la 
que habían alzado un trono los caudillos popula- 
res de las barricadas, y que estaba aún por encima 
del solio de Napoleón, titán que triunfaba por que 
se había criado a los pechos de esa diosa. 

¡ En lo desconocido luchó mientras el Gereralí- 
sir^ Miranda daba a los problemas venezolanos 
orientaciones que guardaba en el secreto de su al- 



X 



PREFACIO 



ma y que el joven Coronel caraqueño sólo vio en 
las lumbres siniestras de la catástrofe de 1812. 

La sombra se incrementaba, después del gra- 
ve suceso que recordamos, y Bolívar demostró, por 
tercera vez, la capacidad de tomar una resolución 
ante lo desconocido, encaminándose sin vacilar a 
Nueva Granada para labrar con su modesta es- 
pada de Coronel Venezolano un paso en los pá- 
ramos andinos para un puñado de héroes que iría 
alumbrando la senda hasta Caracas con las hogue- 
ras de victoriosos campamentos desde Cúcuta a Ta- 
guanes. 

Logrado su objetivo primordial en la cam- 
paña de 1813, nuevas nubes cierran el horizonte 
del Libertador; su mirada penetrará en las som- 
bras y hará brillar el. sol de Araure, el explendido 
éxito de su maniobra de concentración del ejérci- 
to republicano. 

El destino inexorable formó otras tempesta- 
des sobre su cabeza •' el rayo de la tormenta se 
forjaba en la propia patria de Bolívar, en los lla- 
nos del Orinoco ; Boves y Morales traían del terri- 
torio desconocidQ, a los campos de la Puerta y 
Aragua, masas de guerreros cuyo peso enorme iba 
a paralizar el impulso que Bolívar daba a unos 
pocos escogidos. 

El desastre no le anonada, ni tampoco la 
afrenta recibida en Carúpano de sus lugartenientes, 
Ribas y Piar. Un nuevo desconocido, corre un te- 
lón negro ante sus ojos y, como al capitán que ex- 
plora el horizonte con tanta mayor ansiedad- cuan- 
to más espesa es la neblina, Bolívar abandonado en 
las playas de Carúpano proyecta sus antenas lu- 



PREFACIO 



miñosas hacia Nueva Granada, una vez más, y se 
lanza a lo incógnito con el sólo guía de su fé y de 
la resolución inquebrantable que anuncia a frus 
conciudadanos: "no hay potestad humana, les di- 
"ce, que me detenga en el curso que me he propues- 
"to seguir hasta volver á libertaros segundamente 
"por la senda de .occidente, regada con tanta san- 
"gre" y adornada con tantos laureles." 

Y no solamente los acontecimientos eran lo 
desconocido en aquella época de profundas pertur- 
baciones; los hombres tenían igual característica, 
bamboleantes como estaban en~el ciclón de intere- 
ses y de pasiones que las ideas de libertad desper- 
taban en el orbe entero. 

Pocos eran los que respiraban en las alturas 
del ideal^ muchos alentaban únicamente ambiciones 
personales, sobre todo en el ejército patriota, y en 
sus pechos iban a germinar rivalidades perniciosas 
para el triunfo militar-; otros, los más numerosos, 
solo tenían intereses materiales y las discusiones 
sobre ellos iban a dominar abierta o disimulada- 
mente en los congresos, provocando la trizadura de 
un cuerpo que se mjantuvo compacto bajo la opre- 
sión colonial y que se rompía al calor de la libertad. 

Lo desconocido social, político y militar, he 
aquí el campo donde obró Bolívar en sus admirables 
campañas de 1813 y 1814 ;su genio iluminó, cuán- 
to era posible, aquel caos de donde salió el alma 
venezolana, guerrera y héroica, con todos los defec- 
tos que contrapesan estas virtudes, altivez e inde- 
pendencia que rechazan la disciplina y que confían 
más en las energías gigantes ele un momento que en 
los esfuerzos metódicos de la organización. 



XII 



PREFACIO 



Señalo Bolívar estos defectos en su manifies- 
to de Carúpano, enrostrólos a sus conciudadanos y, 
exhortándoles a adquirir nuevas virtudes, se dio 
a la vela en el Arrogante, al destino ignorado en el 
cual* iba a buscar los elementos para formar la pa- 
tria venezolana. 

Grave es el momento histórico de Sud-Améri- 
ca en que inicia el Libertador sus nuevas cairipañas; 
ya no puede pensarse en una lucha parcial contra 
España, la unión de todas las colonias se hace in- 
dispensable para eliminar ese factor de lo descono- 
cido en cuyo ambiente, aunque menos sombrío, obra- 
ron los Carreras, O'Higgins, San Martín y Belgra- 
no. Todos los caudillos de la independencia, cual 
más cual menos, desarrollaron su empuje en situa- 
ciones análogas y el temple de sus almas puede me- 
dirse tanto por las proporciones mismas de los 
* factores desconocidos que presentaba el problema 
de cada uno, como por el uso que hicieran de los 
elementos no ignorados que pudieron poner en 
juego. 

El genio máximo será sin duda el que despe- 
je la incógnita más profuncta con el mejor apro- 
vechamiento de los pocos datos disponibles; los 
errores intermedios que pueda cometer antes de 
lograr su objetivo se desvanecen ante e! criterio 
histórico. Nadie toma en cuenta las ecuaciones 
erradas que, ciertamente, borró cien veces el astró- 
nomo Le Verrier antes de fijar los elementos pla- 
netarios de Neptuno, que él vio en sus concepciones 
matemáticas sin explorar el cielo con su telescopio ; 
la crónica científica puede anotar como curiosidad 
los ensayos fracasados de Hertz antes de la expe- 



PREFACIO 



XIII 



riencia final de radio-telegrafía que fué la base de 
las maravillas de comunicación creadas por Marco- 
ni y otros ; químico alguno se atrevería a censurar 
a los esposos Curie por el largo proceso antes de 
revelar la existencia del radio, cuyo descubrimiento 
ha revolucionado las concepciones sobre la cons- 
titución de la materia. La capacidad y la constan- 
cia para llevar a cabo una empresa es lo único que 
importa a la ciencia para entronizar a sus servido- 
res; el resultado mismo es de escasa significación, 
el esfuerzo por el progreso es lo que se aprecia y, 
así, Newton, Maxwell y Mendelejeff, predecesores 
de Le Verrier, Hertz y Curie, con resultados más 
pequeños que los conseguidos por éstos, tienen 
igual nivel 'ante los ojos de los sabios porque llena- 
ron una misión que fué base de nuevos adelantos.» 

En la crítica de personajes históricos, suele no 
dominar la misma justicia que en las apreciaciones 
sobre los grandes pensadores ; la lucha con el hom- 
bre tiene amarguras que no se encuentran en la con- 
tienda para arrancar sus secretos a la naturaleza. 
Tal pasión purísima de un luchador es medida con 
mezquindades por quienes se apegan a la materia 
porque no tienen alas para remontarse hasta el 
ideal : un error aislado, o una serie que ele él se de- 
rive fatalmente, clan base a los detractores y la crí- 
tica se va haciendo al calor de odios injustificados 
y también de adhesiones excesivas que aquellos 
provocan por natural reacción. La Historia es y 
debe ser una ciencia y, como tal, no puede juzgar 
a los hombres sino a la luz de los principios, sin 
apasionamiento, por su capacidad y constancia pa- 



XIV 



PREFACIO 



ra lograr el ideal perseguido, aunque sólo se apro- 
ximen a él. 

Así, por ejemplo, detractores y partidarios 
tienen en su propio país Carrera y O'Higgins; eso 
es el fruto de un miero sentimiento político momen- 
táneo. A la ciencia le interesa únicamente la mi- 
sión propia de cada uno y su veredicto absuelve 
de toda culpa a Don José Miguel Carrera, porque 
el fruto de sus fracasos y de sus experiencias fué 
la creación de un espíritu popular y de un poder 
militar en Chile para sustentar con las armas en 
la mano un régimen de independencia que no se 
conseguiría de otro modo. Su fallo favorece igual- 
mente a O'ííiggms, a pesar de su dictadura, por 
que, en medio de mil vicisitudes, llenó su misión de 
esecnrar la libertad de su patria y de facilitar la 
emancipación del resto del continente con la empre- 
sa genial de la Escuadra Chilena que fué, en su épo- 
ca, el más duro ariete contra el poderío español y 
que es, hasta hoy, baluarte de la honra de su patria. 

Errores, sin duda, cometieron los capitanes ar- 
gentinos en su lucha con lo desconocido ; pero la 
Historia-Ciencia, pasa sobre ellos y anota en honor 
de San Martín las tranquilidades de organización 
que le condujeron al cumplimiento de su programa 
en parte substancial. 

El apasionamiento político interno y las riva- 
lidades nacionales se complacen en anotar los fra- 
casos de Simón Bolívar; pero la majestad de la 
Hstoria se levanta sobre estas miserias y coloca al 
Libertador en la plena claridad de los principios pa- 
ra caracterizar al hombre qhie, con capacidades 
adecuadas y con energía y constancia por nadie su- 



PREFACIO 



XV 



peradas, afrontó el problema sud-americano en que 
lo desconocido era un máximo, y obtuvo éxitos que 
él hizo grandes y que otros han amenguado. 

Estas pasiones y rivalidades han creado una 
pseudo-historia de nuestro Continente que, circulan- 
do por el orbe, nos hace poco honor ; la ciencia pura, 
la verdad müsma habría revelado al inundo la 
esencia de la epopeya emancipadora, más gran- 
diosa que las heroicas empresas de los conquista- 
dores y la más ardua de las guerras que los pueblos 
han sostenido para obtener su libertad. 

Se ha hecho muy general la comparación en- 
tre la revolución norte-americana y las luchas de 
las colonias españolas contra sus respectivas metró- 
polis; si se llega al fondo de las cosas, los proble- 
mas resultan muy diferentes. La contienda de la 
Unión Americana con Inglaterra fué una guerra ci- 
vil entre elementos muy análogos y en territorio re- 
ducido, lo que simplificaba las operaciones militares; 
estos elementos, además, eran educados en las ideas 
que fluyen del parlamentarismo británico, circuns- 
tancia que facilitaba la tarea de organizar las liber- 
tades adquiridas. Lo desconocido era un mínimo 
para los capitanes norte-americanos. 

Otra era la situación en Sud América. Las cla- 
ses sociales estaban profundamente diferenciadas 
en cada colonia y los nexos de pueblo a pueblo 
eran débiles o casi no existían. En la cúspide social 
figuraban los peninsulares que ejercían todas las 
funciones públicas; eran pocos en número y usu- 
fructuaban de la mayor parte de las rentas que 
;ellos no pagaban. En la Historia de la revolución 



XVI 



PREFACIO 



ifispano Americana, del subdito español Don Ma- 
riano Torrente, encontramos. que, al iniciarse la cam- 
paña separatista, los ingresos fiscales en los Virrei- 
natos de Lima, Buenos Aires y Santa Fe y en las Ca- 
pitanías Generales de Caracas, Quito y Santiago 
ascendían a unos quince millones de pesos fuertes ; 
de esta suma, cuantiosa para la época, los sueldos 
y el servicio' militar absorvían.62 por ciento, 20 
por ciento se remesaba a España y quedaba 18 por 
ciento para atender a los progresos locales. 

Esta situación de abandono fué la más sólida 
base de propaganda para los criollos idealistas que 
ansiaban un régimen de mayor justicia, para esos 
iniciadores que Torrente llama "doctores en leyes 
"o abogados, los primeros en sellar su negra in- 
gratitud maquinando planes de subversión, crean- 
(< do juntas populares, redactando constituciones, 
"manejando los actos legislativos y judiciales y 
"convirtiendo en daño de su propio país las luces 
"y conocimientos que se les habían comunicado pa- 
"ra afianzar la justicia, dirigir al pueblo por el ca- 
"mino de la obediencia y de la subordinación, con- 
solidar el orden y fomentar la prosperidad pú- 
blica." 

La doctrina de estos doctores, que no era sino 
el reflejo del nuevo evangelio que estaba transfor- 
mando las autocracias europeas en monarquías 
constitucionales, se propagó hasta los patriotas ar- 
dientes, "los jóvenes díscolos y bulliciosos, según 
"Torrente, que alucinados por los venenosos ejem- 
plos de la revolución francesa entraron gustosos 
"en las conspiraciones catilinarias." 
La lucha entre aquellos peninsulares predomi- 



« 

PREFACIO 



XVII 



nantes y estos criollos, doctores o juventud bulli- 
ciosa, habría sido una mera contienda civil, entre 
elementos análogos, si las colonias sud americanas 
no hubieran tenido una masa enorme de población 
mestiza, indiferente al problema mismo, y cuya in- 
fluencia en la contienda iba a producir un continuo 
flujo y reflujo, especialmente en las comarcas 
desde Venezuela hasta el Alto Perú en las cuales las 
castas eran más numerosas que en Chile y en el 
.'Virreinato del Plata. , 

Agreguemos a lo heterogéneo de los elementos 
la inmensidad del territorio, que hacía casi im- 
posible la unidad de acción, y concluiremos que la 
revolución en Sud América ofrecía un máximjo de 
lo desconocido ante el cual debían medir sus ca- 
pacidades los caudillos ansiosos de libertad para 
Isus pueblos. 

España, por el contrario, obraba con el pleno co- 
nocimiento de países sometidos a su régimen por 
mías de dos siglos y míedio y disponía de los ele- 
mentos necesarios para dar unión a la campaña de 
reconquista, mantenida por sus representantes, du- 
rante la invasión francesa del territorio de la pe- 
nínsula, y vigorizada con energía, tan pronto co- 
mo las tropas de Napoleón evacuaron el suelo es- 
pañol. 

Un nuevo período se abre para la revolución 
emancipadora: la coordinación de las fuerzas pa- 
triotas generales se impone como una consecuen- 
cia de los nuevos vigores de la Metrópoli. Esta 
necesidad se presentía durante la primera época re- 
volucionaria de 1810 a 1814; las alianzas de pue- 
íblo, por llamar así a las cooperaciones militares de 



XVIII PREFACIO 

aquellos años, fueron obra ele las colectividades 
directivas en Chile y en las provincias del Plata; 
la creación de una armonía de Venezuela y del Vi- 
rreinato ele Nueva Granada nació del genio de Bo- 
lívar, que buscaba esta garantía contra lo desco- 
nocido. 

La lucha aislada tiende a desaparecer y la vic- 
toria final sólo se obtendrá en un esfuerzo de con- 
junto que se va preparando, poco a poco, a inedida 
que desaparecen o son dominados en nuestro Con- 
tinente los factores de complicación que no existían 
en Norte América. 

El proceso de unión tenía que ser evolutivo y* 
como quiera que la dirección de él afecta a. todos 
los órganos destinados a coordinarse en una ac- 
ción común, es preciso recordar que, al renacer el 
poderío español en Sud- América, los dirigentes del 
movimiento republicano se colocaron en líneas de 
conservación, esperando el momento oportuno pa- 
ra reunir nuevas fuerzas y cobrar nuevos alientos 
contra un enemigo que se presentaba fuerte de por 
sí y amparado por " casi todas las potencias del 
orbe. 

Sería interesante analizar, aunque fuera suma- 
riamente, la obra realizada en la primera etapa en. 
todas y en cáela una de las colonias independizadas 
de Sud-América ; pero este estudio nos llevaría miiy 
lejos de los límites que nos hemos trazado y debe- 
mos contentarnos con observar las preparaciones 
que, en este tiempo, hiciera el personaje que mayor 
influencia había de tener en esta titánica lucha por 
el ideal, actuando desde Venezuela hasta el Alto Pe- 
rú, en lo desconocido interno, que era la discordia 



PREFACIO 



civil, y en lo desconocido externo, que era la fuer- 
za creciente de la metrópoli; los hechos, surgiendo* 
concordes, y los principios aplicados para apro- 
vecharlos nos darán una medida exacta, desapasio- 
nada, científica de la talla de Simón Bolívar como- 
conductor de pueblos y como jefe militar ^en esta, 
interesantísima época de su vida, en la cual luchó 
solo, desde una isla del Mar Caribe, hasta arrancar' 
a la mietrópoli el territorio reconquistado en 1814 
y hasta" organizar un gobierno, apropiado a las cir- 
cunstancias, que pudiera servirle de base para aque- 
lla política de unión sud-americana sin la cual no 
podía redimirse al Continente. 

Al estudio de estas guerras de Bolívar, desde 
su fracaso en Carúpano en 1814 hasta su triunfo 
en Guayana en 1817, a su esfuerzo constitutivo de 
la Patria venezolana, están dedicadas estas pá- 
ginas. 

Francisco Rivas Vicuña. 



ooOoo 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 
FORMACION DE LA PATRIA VENEZOLANA 



PRIMERA PARTE 

ESPAÑA SOBERANA DEL CARIBE. 



I.— VENEZUELA EN LA ANARQUIA. 
II.— BOLIVAR ARBITRO EN BOGOTA. 
III.— LA CAMPAÑA DEL LIBERTADOR SOBRE SAN- 
TA MARTA. 

IV— LA EXPEDICION DEL TENIENTE GENERAL 
MORILLO. 

OOQOO ■ 



1 



I 



VENEZUELA EN LA ANAEQUIA 

Para quien lée las obras de los grandes Maris- 
cales de la reciente' guerra mundial, es una gratí- 
sima sorpresa el ver destacarse en la ciencia de 
estos hombres que han acumulado la experiencia 
de un largo siglo, desde Tolón a Verdun, desde Bo- 
naparte hasta Foch, los mismos principios milita- 
res que los Libertadores de Sud América aplicaron 
más de instinto que por reflexión, más por obra de 
su genio que de su educación, deduciendo del co- 
nocimiento de la naturaleza y del análisis del S(S* 
Inimano una serie de procedimientos que para ellos 
no tuvieren ningún nombre técnico, contentándo- 
se con llamarlos caminos de la libertad, procedimien- 
tos que en nada difieren del conjunto de reglas que 
forman el arte moderno de la guerra. 

Organizar una fuerza, darle una masa adecua- 
da y comunicarle el impulso debido a fin de destruir 
con esa organización, esa masa y ese impulso la 
resistencia del adversario, tal es la primera máxi- 
ma que los estrategas de hoy han deducido de la 
práctica de guerra con que Bonaparte conmovió a 
la Europa, en los comienzos del siglo XIX. Mo- 
ver este organismo, en el tiempo y en el espacia, 
de modo que sea posible dar al núcleo enemigo, 



4 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



dividido o debilitado, un choque decisivo, tal es. la 
norma primordial del jefe que lia preparado una 
fuerza para conseguir un objetivo; el rendimiento 
máximo de su sistema es lo que debe buscar, em- 
pleando, si es posible, toda sus tropas contra un 
v mismo obmAeuio en un momento dado y, para ob- 
tenerlo, debe tener sus energías siempre en con- 
tacto, a fin de m'o verlas en un sentido u otro, des- 
tinarlas a dar batalla en un punto después de haber 
alcanzado un triunfo en otro, o corregir por esta 
acción el fracaso posible de un encuentro anterior. 

A esto llaman los tácticos del día el princi- 
pio de la economía de las fuerzas y no fué otra la 
máxima seguida por Bolívar, organizando sus hues- 
tes y llevándolas como un martillo en la mano en 
las jornadas de 1813, desde La ( Grita, en Abril, 
hasta Taguaries, a fines de julio del mismo año ; la 
concentración de San Garlos y la victoria de Aran- 
re, 5 de Diciembre de. 1813, fueron consecuencias de 
la aplicación del mismo principio que el General 
caraqueño iba deduciendo de sus conocimientos del 
terreno y de la adaptación de sus hombres a la "ta- 
rea perseguida. Los resultados obtenidos acon- 
sejaron maniobras análogas y nuevas aplicaciones 
del principio de la conservación de las fuerzas, de- 
cidiendo en favor del jefe patriota la primera vic- 
toria de Carabobo, el 28 de m/ayo de 1814. 

Ya había una regla para la guerra de la inde- 
pendencia, pues podía darse tal nombre a un con- 
junto de procedimientos que obraban sobre el sen- 
tir de las masas para traerlas al servicio de una 
idea, sobre la voluntad de los caudillos para pos- 
poner sus ambiciones al éxito de una causa, pre- 



LAS GUERRAS BE BOLIVAR 



5 



parando de este modo los elementos morales y ma- 
teriales del éxito militar, circunstancia que no pue- 
de presentarse con caracteres de permanencia sin 
la preparación del medio en el cual desenvuelve sus 
acciones el caudillo. 

Yo iré por delante conquistando, había dicho 
Bolívar a Cristóbal de Mendoza, y Ud. me seguirá 
organizando; tiempo vendría en que el Libertador 
debería integrar ambos deberes, resultantes de un 
programa fundado esencialmente^ en la adhesión 
de los elementos populares cuya estructura estaba 
en la armkmía de Venezuela y Nueva Granada y 
cuyos nervios debían ligarse por la concordia de 
los jefes. Mariño, Ribas, Piar, Bermúdez y Urda- 
neta consiguieron victorias siempre que ellos y to- 
dos los elementos Resignados se entregaron a la 
dirección del ojo que veía claro y del brazo que 
imputaba con vi gorja del jefe que se imponía por 
una condición moral que faltaba a los demás: su 
necesidad incesante de obrar con un irtísmo y único 
fin. 

Empero, contra Bolívar trabajaban otros, y 
eran legión más numerosa y compacta que la su- 
ya ; estaban diseminados en todo el territorio ve- 
nezolano, se agitaban en las Antillas y encontraban 
su cohesión definitiva en el Gobierno Metropolitano 
oue imponía su autoridad sobre los caudillos, se 
llamaran estos Monteverde, Boves o Morales, so- 
metiéndolos a los hombres designados por él, Mon- 
talvo, Cajigal y Morillo, más tarde. 

Mientras se hacían los esfuerzos gigantes de 
Niquitao, Taguanes, Araure y el primer Carabobo, 



6 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



la campaña reaccionaria se extendía por todas par- 
tes: penetraba desde las Antillas con las cartas de 
José Domingo Diaz, circulaba en las noticias ema- 
nadas de los jefes peninsulares del litoral miarítimo 
o fluminense, desde Coro a Guayana; tomaba un 
cuerpo político con la nueva de la constitución es- 
pañola de 1812, que se interpretaba conio un recono- 
cimiento de la autonomía colonial ; adquiría consis- 
tencia por el fenómeno natural del cansancio, como 
las arenas del río que se transforman en roca cuando 
deja de agitarlas la corriente ; los pueblos, pobres y 
desangrados, se alejaban de los jefes que los llevaban 
tras de un ideal que juzgaban irrealizable y que ya 
empezaban a creer inútil ; otros, entre tanto, se agru- 
paban en torno de los mantenedores del viejo régi- 
men que aparecía como el período de las espigas gra- 
nadas tras la triste época de las cosechas miserables 
y, así, la base primordial, el sentimiento popular, ba- 
rro y espíritu del ideal separatista, se dejaba mode- 
lar por los hombres de la propaganda unionista, 
por Boves y Morales que iban a amasar con sangre 
nn núcleo informe, una Venezuela de conquistas per- 
sonales, una ofrenda para un monarca, aglomeración 
inestable porque la sangre no podía matar sino vi- 
vificar los gérmenes superiores, las ideas de libertad 
y de patria autonomía. 

Tal era el estado real de Venezuela en los tiem- 
pos del primer triunfo de Carabobo: el pueblo es- 
taba casi perdido para la causa de la Independencia 
y todos los esfuerzos militares serían inútiles. 

Fiel a los principios aplicados hasta ese me- 
mento, Bolívar tendió sus fuerzas en un arco inmen- 
so que rodeaba todo el teatro de la guerra: Jalón 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



7 



en el Pao, con 1100 hombres, podía darse la mano coa 
Urdaneta y los 700 soldados del ejército de Occiden- 
te que, a su vez, podía auxiliar a los 500 homares 
que comandaba el bravo Escalona en Valencia y am- 
bos venir en ayuda del ala derecha que contenía al 
enemigo en los llanos: división de 2300 plazas que 
mandaba Mariño en Villa de Cura. 

Caracas era el centro externo del sistema, como 
quien diría la mano que empuña la cuerda del arco 
por su medio y podía concentrarlo a su voluntad, 
trayendo la guerra a los campos vecinos al lago de 
Valencia, a fin de facilitar las comunicaciones de 
Occidente, o aún más cerca, a San Mateo o La Vic- 
toria, si fuera necesario. Toda combinación militar, 
por genial que fuera el cerebro que la concibiese, 
era extraña al problema fundamental del momento, 
que no era otro sino la afección del pueblo comba- 
tiente; éste no estaba por la causa revolucionaria 
y Boves,.que contaba con estas adhesiones, pudo ob- 
tener el 15 de Junio de 1814 su triunfo de La Puerta 
y, seímro del favor de las masas, despachar a Mora- 
les hacia Oriente, a González sobre Caracas y pre- 
sentarse el másmío a sitiar a Valencia el 19 de Ju- 
nio. 

El 9 de Julio capitulaba la villa heroica y Bo- 
ves recibía los honores del triunfo, desdeñando a los 
jefes españoles: Cajigal, Ceballos y Calzada. El 
denodado granadino, sitiador de Puerto Cabello, 
D'Elhuyar, clava sus cañones y se embarca hacia 
la Guayra para unirse a los restos del Ejército de- 
rrotado en La Puerta. Ya es tarde; el 6 de Julio, 
Caracas había sido abandonada y ocho días después 
llegaba ante ella Boves, a imponer la ley de su con- 



8 " FRANCISCO RIVAS VICUÑA 

quista, dejando al cruel Juan N. Quero al mando de 

la plaza, mientras él iba a sus fuentes inagotables 
de los llanos para buscar nuevos elemientos con que 
anonadar a los patriotas que huían hacia Oriente 
Aquí concluyó la primera guerra del Liberta 
dor, pues, ya en Aragna de Barcelona, el 1.8 de Agos- 
to, Bermúdez le desobedecía y no logró Bolívar res- 
tablecer su autoridad, viéndose obligado, tras las 
afrentas de Carúpano, a embarcarse en el Arrobante 
con el General Mariño, haciendo rumbo a Cartage- 
na. (1) 

Mandaba este barco el eapitáji Felipe Santiago 
Estévez y su presencia debe haber recordado cruel- 
mente al Libertador los dias de su entrada triunfal 
en Caracas, en Agosto de 1813. Cuenta la leyenda 
que la esposa de Estévez fué una de las damas que 
arrastró su cerro triunfal y que, en un sarao ele la 
noche, como Bolívar la cortejara muy de cérea, la 
joven esposa con un golpe maestro de su abani- 
co, señalando su pecho le dijo : "Por aquí, sólo E.ste- 
vez". Ahora Bolívar confiaba su ventura ai afortu- 
nado esposo y diestro capitán y dejaba tras de sí al 
amor de sus amores, a su patria, que, con mayor du- 
reza, mostrándole su seno ensangrentado, parecía 
decirle: "Por aquí, sólo Boves'\ 

Los episodios posteriores tienen un valor mili- 
tar muy relativo; pero su análisis es indispensable 
para tomar datos sobre los hombres que debían figu- 
rar en el futuro y para evidenciar que la caida de 
la revolución de 1814 no fué causada por impericia 



c 

: 



(1) F. Rivas Vicuña. Guerras de Bólivar. Primera 
Guerra. Capitulo IX. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



9 



militar de Bolívar, como se ha dicho, sino qfae vino 
como consecuencia inevitable de acciones ajenas, de 
personajes no preparados para la magna empresa, y 
de circunstancias que no estaban bajo su dominio. 

Apenas se había alejado Bolívar, el cismia se 
producía - y, según consta de la correspondencia del 
General José Félix Ribas, se nombraron dos Jefes 
Supremos, para Occidente el uno, para el Oriente el 
otro. El primero sería el propio Ribas y el último el 
General don Manuel Piar. 

Era el programa de Ribas concentrarse en la vi- 
lla de Maturín, sobre la margen meridional del río 
vGuarapiche, que ofrece facilidades para la defensa 
y a donde se había retirado Bermúdez con los ele- 
mentos salvados del desastre de Aragua. Se convi- 
no 1 , pues, en que Piar iría a Cumaná para escoltar 
a los emigrados hasta el punto de concentración en 
Maturín. > 

Morales, acompañado por una horda de 6000 
hombres, perseguía activamente a Bermúdez que se 
encerraba en Maturín, con poco más de 1500 solda- 
dos ; el realista puso estrecho cerco a la Villa, desde 
el 7 de Setiembre, trabándose continuos encuentros 
parciales en los cuales se distinguieron Cedeño, Mo- 
nagas y Zaraza, Comandantes que estaban llam'ados a 
figuraciones de importancia en las campañas venide- 
ras. El día 12, resolvió Bermúdez hacer una salida 
general y consiguió derrotar a Morales, dispersándo- 
le su gente y obligándolo a replegarse al sitio de 
Santa Rosa, que dista más de 20 leguas al occidente 
de Maturín. 

Después de éste éxito patriota, llegaba el Ge- 
neral José Félix Ribas a Maturín y, con su actividad 



10 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



acostumbrada, logró organizar un cuerpo de 2200 
infantes y 2500 jinetes, para cuyo apertreehamien- 
to fué muy útil el botín, capturado en la acción an- 
terior por Bermúdez, y que consistía en 6000 caba- 
llos, 700 más con sus monturas completas,2100 fusiles 
y 150 miil cartuchos. Esperaban a demás, ios jefes 
republicanos la llegada del General Piar, que debía 
venir de Cumaná con un contingente de 800 hom- 
bres al cuidado de la Emigración -pero, cediendo a los. 
impulsos de su carácter, Piar se atarcló en Cumaná 
y pretendió detener a Boves que volvía de los llanos 
de Calabozo con nuevas masas de hombres en auxi- 
lio de Morales. El 17 de Octubre fué derrotado. -el 
imprudente Piar en Sabana del Salado y Boves se- 
guía su cam'ino hacia las fuentes del Guarapiche, por 
San Antonio. 

Morales, que se había rehecho en Santa Rosa, 
destacaba sus avanzadas hasta Urica, punto señala- 
do para su unión con Boves • Ribas y Bermúdez es- 
taban en Maturín con un buen contingente que les 
permitía acogerse a una doble solución : marchar, 
unidos al encuentro de Boves o bien esperarlo en sus 
atrincheramientos de la Villa. Bermúdez hizo un 
reconocimiento sobre las descubiertas de Morales 
en Urica y, satisfecho del éxito que allí obtuviera, 
propuso a Ribas que marchasen al encuentro de Bo- 
ves ; no aceptó este General el plan de su compa- 
ñero y Bermúdez lo acometió solo, siendo arrollado, 
el 9 de Noviembre, en el sitio de los Magüeyes por 
la gente de los llanos. 

Al siguiente día, Boves realizaba su concentra- 
ción con Morales en Urica y Bermúdez, recogiendo 
sus dispersos, volvía a Maturín. Allí de nuevo se 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



11 



suscitaron discusiones entre los jefes patriotas ; esta 
vez, Berinúdez deseaba permanecer en las trinche- 
ras y Ribas quería atacar a los realistas en Urica. 

Prevaleció la opinión del último y, el 5 de Di- 
ciembre de 1814, contando más con su propia auda- 
cia y con el valor de sus capitanes que con la masa 
de sus efectivos, tendió Ribas su línea enfrente a 
la doble columna de infantes que'Boves apoyaba en 
sus alas con fuertes^destacamentos de caballería, co- 
locándose personalmente a la cabeza de los pelo- 
tones de su derecha. 

Las infanterías patriotas, al mando de Blas del 
Castillo y Andrés Rojas, protegidas por 3 cañones^ 
formaban el centro de la línea de Ribas; Zaraza y 
Monagas, el uno por la izquierda y el otro por la de- 
recha, gobernaban destacamentos de 200 jinetes es- 
cogidos cada uno y Jesús Bárrelo guarnecía la re- 
taguardia con el resto de la caballería. 

Cargó Zaraza sobre la derecha realista con sin 
igul empuje, produciéndose un reñido combate en 
el cual murió Boves bajo la certera lanzada de xvi 
soldado desconocido ; entre tanto la derecha de los 
patriotas cedía y la maniobra de Zaraza, que se ha- 
bía colocado a la retaguardia de la caballería rea- 
lista, no tuvo el efecto que se calculaba, pues su ac- 
ción sobre el enemigo se desarrollaba en el momen- 
to y en la parte en que éste triunfaba, viéndose obli-, 
gado a abrirse camino por entre los realistas a fin 
de reunirse con sus compañeros que se pronuncia- 
ban en franca derrota. 

Morales fué reconocido en el campo de batalla 
como Jefe Superior por sus soldados que recogían 
el botín de cuanto habían traído Ribas y Bermúdez, 



12 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



que apenas lograban escapar con unos 600 hombres 
pata encerrarse de nuevo en Maturín. 

Establecida su situación de comando, marchó 
Morales en perseguimiento de los patriotas y se pre- 
sentó delante de su refugio el día 10 de Diciembre, 
mientras destacaba, a tomarlos por su retaguardia, 
una fuerte división de infantería. Al amanecer del 
día 11, los republicanos estaban enteramente rodea- 
dos y, a pesar de que se defendieron con energía en 
sus atrincheramientos, debieron abandonar la plaza 
ante el peso aplastante del enemigo. Dejarembs a 
un escritor realista. Don Mariano Torrente, descri- 
bir los horrores de la jornada. 

"Viéndose, dice esté autor en su Historia dei la 
"Revolución Hispano Americana, los enemigos ata- 
scados de repente por el punto por donde míenos lo 
"esperaban, se apodera de ellos un pánico terror, 
"abandonan las baterías, se desmayan y dan por 
"irremediable su ruina; penetra el General Mora- 
les por el frente del pueblo; sus enfurecidos sol- 
" dados desoyen la voz de sus jefes y se ceban en 
"la sangre de los sitiados. Todo sucumbe al hie- 
rro y al fuego ; todas las familias principales de Ca- 
"racas refugiadas en este sitio perecen con sus es- 
clavos; nadie sale con vida de tan mortífera ba- 
talla; las armas, municiones, equipajes, desp'ojos 
tl y cuanto poseían los últimos sostenedores de la 
"revolución, todo cayó en poder del vencedor, así 
"como treinta y seis quintales de alhajas de plata 
"y i' oro, que fueron devueltos por los realistas a 
"las iglesias de donde habían sido extraídas. Es- 
"te fué el úlltimo golpe de importancia dado a la 
"rebelión de Venezuela, que por entonces quedó 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 13 

"sin más apoyos que el de unas miserables parti- 
das errantes, que a principios del año siguiente su- 
cumbieron a su fatal destino." 

Bermúdez logró escaparse con unos doscientos 
hombres hacia las Vegas del Tigre, para pasar en 
definitiva a la Isla Margarita a unirse con Arismen- 
di ; el general José Félix Ribas con unos pocos ofi- 
ciales tomó el camino de Occidente, queriendo re- 
Unirse a las fuerzas de Urdaneta ; desgraciadamente, 
fué sorprendido en las mlontañas de Tamanaco^ 
donde fué reducido a prisión, asesinado y su cabeza 
enviada para ser expuesta en el camino de La 
Guaira, a las puertas de su ciudad natal. Así ter- 
minaba aquel guerrero fuerte y organizador una 
vida que pudo ser llena de gloria y fecunda en 
bienes para la patria, si en el pináculo de su po- 
derío no hubiera manifestado su amor por eL pre- 
dominio que trajo su desacuerdo con Bolívar en 
Carúpano, luego después su desavenencia con 
Bermúdez en Maturín y con ello la desgracia de su 
patria y su propia desventura. 

Los demás jefes y capitanes escapados de los 
desastres de Urica y Maturín se dispersaron por 
los llanos de Cumaná y Barcelona, perseguidos por 
todas partes por partidas realistas que, les acosa- 
ban de hambre y de miseria, cuando no caían al 
filo de las espadas. 

Morales, por su parte, completaba su progra- 
ma dirigiéndose sobre los últimos reductos de los 
patriotas en la Península de Paria, en Sor o, Irapa 
y Griüria ; en esta última plaza pudo intentarse al- 
guna resistencia, mas Piar, que se había refugiado 
en ella después de su desastre de Sabana del S*- 
2 



14 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 

lado, se puso en desacuerdo con el comandante Vi- 

deau que la mandaba y Morales, apoderándose de 
este último punto, más por la discordia de los pa^ 
triotas que por el propio esfuerzo, terminó la re- j 
conquista española de Venezuela en 1814 y se| 
aprestó para equipar una escuadrilla e ir a some- | 
ter la Isla Margarita, el último palmo de terreno de 
los republicanos. 

Entre tanto la compresión seguía en el Con- 
tinente con el mismo encarnizamiento que le dieran 
la intervención de Boves y Morales, mala política, 
para la cansa realista que iba a producir con su 
exceso una reacción natural que derrumbaría por 
completo el poder español, tan pronto como hu- 
biera una fuerza de atracción suficiente para reu- 
nir a todos los caudillos dispersos en un solo mo- 
vimiento de ataque contra un dominio que se ba- 
cía insoportable y que principiaba a ser aborrecido» 
por todos. No queremos," en este caso, estampar* 
nuestra propia impresión y vamos a copiar lo que 
el presbítero Don José Ambrosio Llamosas, cape- 
llán del ejército de Boves, decía a los Ministros 
del Monarca Español en su memorial del 31 de ju- 
lio de 1815: 

"Después de la toma de Maturín, se siguió el 
i( mismo sistema de carnicería y de mortandad que 
"se había observado invariablemente antes del 
"fallecimiento de Boves. Así fué que el Coman- 
''dante Gorrín m'ató a ciento treinta, que aprehen-* 
"dio en los cuatro días siguientes a la ocupación d< 
"aquel pueblo, teniendo indistintamente la misma 
"suerte cuantos se cogieron y presentaron en vir- 
"tud de un indulto que se publicó ofreciendo se- 



LAS GUÉHílAS DE BOLIVAR 



< puridad. La insubordinación del ejército era 
^ general y escandalosa, sin ord^n de ningún jefe 
' 'amanecían muertos los pocos blancos pacíficos ue 
'.'lis pueblos, siendo voz muy común y publica en- 
"tre los pardos, negros, mlúatos y zambos que l& 
* ' componían el exterminio de aquella raza, habien- 
do varios ejemplares que comprueban esta ver- 
."Ylsd v la de sus faltas de disciplina y subordina- 
ción, pues, cuando se les antojaba no obedecer las 
" órdenes de algunos comandantes y jefes, lo re- 
asistían de hecho y pedían su deposición a que- 
"accedía el Comandante General Boves, nombran- 
do otros que, a poco tiempo, experimentaban la 
"misiha suerte si trataban de corregirlos en sus 
"excesos. Pero basta, señor, de recordar los es- 
"tragos y escenas de horror que han sufrido aque- 
llas provincias." 

La orientación común, el perseguimiento de 
un propósito único no tenían aún base firme en los 
luchadores republicanos; este fundamento lo iba 
a formar la represión de los agentes mal seleccio- 
«nados por la monarquía o por quienes representa- 
ban en esos momentos sus intereses; esa represión: 
sería como un dique enorme que iba a colectar to- 
das las aguas, las del monte y las del llano, para 
distribuirlas en forma vivificadora, y no de exter- 
minio, como dice el presbítero Llamosas. 

Por el momento, la división y la anarquía rei^ 
naban en am/bos cam'pos; eran idénticas las situa- 
ciones desde el punto de vista moral y el triunfo 
definitivo, en la mjas alta esfera de actividades hur 
manas, correspondería a quien pudiera hacer con 
estos elementos informes un todo homogéneo. Dis^ 



16 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



persos y confusos andaban realistas y patriotas por 
los campos venezolanos; cada uno de ellos era una 
fuerza disponible y faltaba solamente el imán que 
las polarizara, para darles (dirección. Este no po- 
día, naturalmente, ser ele naturaleza distinta de 
los factores que debían componerse, tendría que 
identificarse con éllos, mezclarse en su masa, por 
lo menos, para surcuar a su fuerza bruta su pod$r de 
orientación. Este, sería .Bolívar, que,^ por el mo- 
mento, actuaba en Nueva Granada ; él sería alma 
y brazo de una evolución a la cual se iba a incor- 
porar con todo su ser y triunfaría en su empresa, 
pues el caudillo rival que le destinaba la Metrópo- 
li, Morillo, no comprendería que se trataba de un 
movimiento social e iba a manejar a los libertado- 
res de América corno sus antepasados, gobernaran 
a las tribus que lucharon con los conquistadores. 
Mientras dejamos, por ahora, dispersos a los pa- 
triotas del Oriente Venezolano, sigamos a Bolívar 
en su marcha hacia Nueva Granada. 



oooo° 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



17 



i , II 

BOLIVAR, ARBITRO EN BOGOTA 

La falta de armonía que, como causa prepon- 
derante, había causado la ruina de los patriotas 
én Venezuela, provocaba idénticos estragos entra 
los republicanos de Nueva Granada. Bolívar, al 
dejar su patria entregada a la anarquía, en manos 
de José Félix Ribas y de Manuel Piar, creyó en- 
contrar en el país vecinq una situación de mayores 
tranquilidades que le permitieran, como en tiem- 
pos pasados, obtener nuevos elementos para inva- 
dir a Venezuela. 

Su desencanto debió producirse desde su lle- 
gada a Cartagena, el 20 de Setiembre de 1814, en 
donde encontraba la opinión dividida en dos círcu- 
los .enconadamente antagónicos, uno de los cuales 
era el de los jóvenes Piñeres, que pudieron ser co- 
mo los liberales de aquellos tiempos, y el otro mani- 
fiestamente encabezado por . aquel .coronel Castillo, 
que tantas dificultades pusiera a Bolívar en su 
iniciación de su guerra de 4813,, y que era como el 
jefe de lo que .pudiéramos llamar conservadores 
de esa época 1 , o'n ■ ^ , . ; . ,•■ 

Tanto lo impropicio: de la situación, como su 
deber de rendir cuentas al; Congreso de Nueva 
Granada, de quien fuera mandatario en sus prime- 
ras operaciones en el Occidente Venezolano, acon- 
sejáronle remontar el Magdalena -para dirigirse 
a Tunja, centro del Poder -Federal neo-;grañadino. 



18 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



SLa situación en aquella capital no era de ma- 
yor armonía; desde los primeros momentos de la 
'emancipación, los neo-granadinos se habían engol- 
fado en una discusión armada por el federalismo 
contra el gobierno unitario; el Congreso de^Tunja 
reflejábanla primera idea y el Estado de Cundina- 
taarca, cuya capital era Bogotá, era el baluarte 
del unionismo que las demás provinvias del Virrei- 
nato miraban con recelo, temiendo que él signifi- 
cara el predominio de esta ciudad. 

Cartagena en la costa y Santa Fe en el inte- 
rior, orgullosa la una por la importancia de sus 
fortificaciones militares y la otra por ser el centro 
de mkyor riqueza de Nueva Ganada, no aceptaban 
gustosas los planes de federación aunque ellos fue- 
ran elaborados dentro de un sistema que dejaba 
plena autonomía a cada provincia, sin más reser- 
va para el ejecutivo federal que todo lo concer- 
niente a los ramos de Guerra y Hacienda. A la 
verdad, razón tenían los federalistas, dentro de 
las lineas generales que hemos embozado, pues se 
requería un sistemja que, alentando el espíritu cí- 
vico de cada región, centralizara las fuerzas vivas 
de la colectividad, económicas y militares, en un 
organismo con autoridad e independencia bastan- 
tes para encarar resueltamente el problema prin- 
cipal del momento, cuestión que no era otra sino 
el reclutamiento de hombres y la obtensión de re- 
cursos para apertrecharlos, con el fin de formlar 
un grande ejército capaz de destruir las partidas 
realistas y de guarnecer las fronteras de la patria. 

En el roce continuo de esta discusión política 
■¡armada, habiase llegado a una "transacción «que 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



19 



consistió en mantener el statu-quo, mientras el dic- 
tador de Cundinamarca, el General Nariño, toma- 
ba en persona el mando de las tropas que debían 
operar contra los realistas. Tuvo este patriota 
insigne verdaderos éxitos en su dura campaña has- 
ta el Junambú, más luego fué vencido, encontrán- 
dose entre dos fuegos: el de las huestes peninsu- 
lares que él había derrotado en su propio territorio 
y el de la reacción que venía del sur, organizada 
por el gobierno de Quito, y estrellándose su em- 
puje con aquella inquebrantable adhesión al Rey 
de los habitantes de Pasto, que les mereció el nom- 
bre de vendeanos de la América. 

Estas desgracias, que venían de la parte aus- 
tral del territorio, se sumaban a los desastres anun- 
ciados por el Oriente, a la caída de Venezuela, 
ahogada en un charco de sangre por Boves y Mora- 
les en Valencia, en Aragua, en Urica y en Maturín 
y cuyo territorio dejaban, por el Occidente, en- 
caminándose a Nueva Granada, las pocas tropas 
que había logrado salvar el General Urdaneta. 
* La necesidad de la unión se hacía por momen- 
tos más necesaria y el Congreso de Tunja buscaba 
nuevas reformas constitucionales que permitieran 
la entrada definitiva de Cundinamarca en la con- 
federación. Las negociaciones se exterilizaban en 
largos debates y, para salvar la responsabilidad, 
de los suyos, el presidente del Congreso de Tunja, 
Don Camilo Torres, dictaba el 6 de Octubre una 
proclama que decía : 

''En efecto, después de haber pasado inútil- 
* ' mente el diputado Marimón varias notas en que 
"instaba por la ratificación de los tratados, des- 



20 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



*'pués de haber prorrogado el término sañalado 
"por el Congreso, al fin recibió el oficio del Dic- 
"tador, de 10 de Septiembre, en que confiesa Gla- 
bramente que jamás ha sido su ánimo entrar por. 
"la unión de Cundinamarca con las demás pro- 
"vincias, y que propone un plan de lo que llama 
"alianza íntima, tan irregular, tan extravagante 
"y tan a propósito para perdernos, que parece ha- 
**berlo sugerido algunos de nuestros enemigos 
"ocultos o manifiestos, de que se halla plagada 
"Sana Fé." 

Nn era una alianza íntima lo eme se necesitaba; 
era ana unión verdadera, estrechísima, bajo un solo 
comando a fin de afrontar con éxito la guerra eman- 
cipadora ; el Congreso hacía un nuevo esfuerzo de 
aproximación con el ■ mandatario de Bogotá, don 
Manuel Bernardo "Alvarez, que reemplazaba a Na- 
riño, dictando un nuevo reglamento Constitucional 
el 21 de Octubre a fin de facilitar la aproximación. 
Toda tentativa amistosa fracasaba y ni aún ante 
los éxitos del enemigo se tendían la mano, para aytu 
dars^-.-d eximente, las provincias que debían formar 
la 'Confederación. . x 

Bolívar continuaba su viaje, mientras los po- 
líticos neo-oT-nadinos se agotaban en discusiones; 
el 28 de Octubre llegaba a Ocaña. recibía pésimos 
datos .sobre la situación militar y se apresuraba a 
escribir al Congreso de. Tunja, diciéndole : 

"Al entrar en esta ciudad, he recibido muy fu- 
"nesías noticias del, Ejército qv_ nmnda el Gene- 
"ral Urdan eta, anunciándome qú mi presencia eií 
"él es de absoluta necesidad para contener los gra- 
"ves males que amenazan a la República con la 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



21 



"destrucción próxima de aquel Ejército. Como 
''nada es para mí más importante que la salud de 
"la República, estando satisfecho de que ésta se 
"halla hoy urgentemente interesada en que aque- 
llas tropas n$ se disuelvan, he resuelto marchar 
"primero hacia Cúcuta, a fin de calmar los males, 
"destruir los motivos que puedan haber promoví- 
"do las deserciones y disgustos de los soldados, 
"ofrecerles los auxilios que espero obtener de V. 
"E. e inspirarles confianza, por medio de las pro- 
cidencias que libraré para asegurar la salvación 
de la Patria." (2) 

Casi tres semanas después, llegaba este docu- 
mento a manos del Encargado del Poder Ejecu- 
tivo de Nueva Granada y se estampaba en él.fa 
siguiente providencia: "Visto hoy 22 de Novienv 
"bre. .No se juzgó necesaria contestación. ' ' 

No tardaría en cambiar de opinión el gobier- 
no federal y, antes de que trascurriera una sema- 
na, iba a poner en mknos de Bolívar, cuya carta 
no necesitaba respuesta, la obra de realizar: la 
unión de las provincias y de fornuxr un ejército 
para defender la libertad, tarea .que aceptaría* den- 
tro de la alta «concepción de su deber, pero en la 
cual le esperaban nuevos fracasos, pues el Liber- 
tador no tenía* aún fuerzas suficientes para pulve- 
rizar las rivalidades que se alzaban, por todas par- 
tes y arrojarlas al crisol en que se fundieran 
todos esos elementos, arrojando la escoria y con- 
servando el mel al fino con que iba a formar la es- 
tructura de la Patria. 



(2) O' Leary. Documentos. Tomo XIII. Pág. 538. 



22 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



El ejército de Urdaneta, últimos restos orga- 
nizados de las fuerzas de la segunda república ve- 
nezolana, por cuya suerte temía el Libertador, se 
había organiaño en Trujillo, después de las capi- 
tulaciones de Valencia. El prudente General for- 
mó tres cuerpos de infantería: el Barlovento m'an- 
dado por Andrés Linares y con José Antonio An- 
zoátegui, como segundo; el Valencia, a las órde- 
nes de Miguel Martínez y Pedro León Torras; 
la Guaira, dirigido por Domíingo Mesa y Juan 
Salías. Completaban sú columna un piquete de 
Dragones y otro de Lanceros y el total de la di- 
visión en retirada alcanzaba a unos 1200 hombres, 
entre los que Urdaneta había dado, con gran previ- 
sión? un puesto a cuánto oficial pudo recoger en 
aquella dispersión general. 

El Coronel don Florencio Palacijos figuraba 
como segundo Jefe; el Estado Mayor lo dirigía 
el Com'andante Miguel Valdés y era capellán el 
Presbítero José Félix Blanco, destinado a adqui- 
rir gran nombradla. El programa del Jefe ex- 
pedicionario era reunir elementos en Mérida y, en- 
seguida, penetrar por el valle de Boconó a las 
llanuras de Casanare. Se adelantó personalmen- 
te sobre Mérida y, en su regreso a reunirse con 
su columna, supo que, como el realista Sebastián 
de la Calzada avanzara hasta el pueblo de Santa 
Ana, sus capitanes habían resuelto seguir a Méri- 
da. 

A las dificultades propiamente militares, se 
agregaban las de proteger a los numerosos emi- 
grados que se acogían al amparo de las tropas de 
Urdaneta, viéndose éste obligado a tomar un ca- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 23 



mino que le permitiera poner en seguridad a es- 
tos desgraciados y a marchar con muchísima pru- 
dencia. Llevó el grueso de sus elementos hasta 
Mérida, dejando en Mu cuchí es al batallón Barlo- 
vento para proteger su retaguardia, con órdenes 
de abandonar el punto, en caso de peligro. Des- 
graciadamente, el ímpetu del jefe de estas fuer- 
zas protectoras lo arrastró a presentar batalla al 
i destacamento de Calzada y fué derrotado el 17 
de Septiembre de 1814. 

Mermadas así sus fuerzas, siguió Urdaneta por 
Mérida a La Grita y a Táriba, en dónde recibió 
respuesta a las comunicaciones dirigidas, desde Tra- 
pillo, «al Gobierno neo-granadino, aceptándose su 
doble proposición de incorporar su contingente a 
las fuerzas de la nación hermana y de auxiliar a un 
cuadro de oficiales que mandaría hacia la provin- 
cia de Casanare para levantar una brigada de ca- 
ballería. 

"Desde Táriba, dicen las Memorias de Urdane- 
"ta, se trasladó la división a San Antonio del Tá- 
" chira, porque siendo ya comunes los recursos que 
f 'el gobierno franqueaba y que debían ser suminis- 
trados por el jefe de las fuerzas granadinas de 
"Cúcuta, se hallaban más concentradas y más fá- 
cilmente atendidas en aquel punto." 

Los realistas, Sebastián de la Calzada y su je- 
fe de caballería Remisrio Ramos, dejaron de perse- 
guir a Urdaneta, atardándose en Mérida, y los pa- 
triotas pudieron seguir su marcha a Cúcuta y reu- 
nirse con la$ guarniciones del Coronel Francisco de 
Paula Santander. Allí recibió instrucciones Urda- 
neta de avanzar has^ta Tunja, sede del gobierno fe- 



24 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



deral , quedando la frontera a cargo de Santander./ 
Casi al misnijO tiempo que salía Urdaneta de 
Cúcuta para Tunja, emprendía Bolívar su viaje al 
mismo destino, encontrándose ambos el 12 de No- 
viembre en Pamplona. El entusiasmo de las tro- 
pas venezolanas, al ver de nuevo al Libertador entre 
ellas, fué indescriptible, rayando en el desorden, 
lo que obligó a Bolívar a formarlas en revista 
y agringarías, recomendándoles la obediencia y la 
disciplina, virtudes militares que debían asegurar 
el éxito sobre el enemigo. (3) 

El Libertador se adelantaba hasta Tunja, da- 
ba cuenta al Congreso ele su campaña en Venezue- 
la y, aquél cuyo oficio desde Ocaña quedaba iiicon- 
testado, recibía del Gobierno General la comisión 
de incorporar por la fuerza de las armas a la Pro- 
vincia de Cundinamarca en el régimen ele Federa- 
ción. El 27 de - Noviembre, aceptaba Bolívar el 
encargo, diciendo al Secretario de Guerra: ''En 
"cumplimiento de esta comisión, que acepto con 
"el mayor placer, ofrezco a Uds. que no perdonaré 
"medio alguno que pueda contribuir al mejor éxi- 
"to de la empresa. Ella será ejecutada según las 
:< órdenes y deseos del Gobierno, con la sumisión 
"que es de mi deber ,con la actividad que es indis- 
pensable y con el amor que profeso a la Nueva 
"Granada, a la que consagro desde ahora todos mis 
"servicios, y mi vida inismía, por salvaría de las ca~ 

(3) Santander fué atacado, poco después, por Cal- 
zada y se replegó al sitio de Pamplona, de más fácil de- 
fensa* dejando los valles de Cúcuta en poder de los gi- 
netes de Ramos, mientras Calzada regresaba, por Saa 
Camilo, a los llanos de Barinas. I 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



25 



"lamidades espantosas que amenazan volverla de 
*• nuevo a su antigua servidumbre." (4) 

El propio día ordenaba al General Urdaneta 
que viniera a marchas forzadas sobre Tunja, a don- 
de debería llegar en el término de dos días, y orga- 
nizaba su plana mayor como sigue: 

Cuartel Maestre, Segundo Jefe, General de Brigada : 
Rafael Urdaneta. 

Jefe de Estado Mayor, Coronel: 
Miguel Carabaño. 

Jefe de la Caballería y de Dragones, Comandante : 
Bartolomé Chaves. 

Comandante General de Infantería, Coronel: 
Florencio Palacios. 

Vicario General, Presbítero : 
José Félix Blanco. 

Comisario encargado de la economía del Ejército: 
Juan Romero. 

Auditor de Guerra, Comandante : 
Joaquín Hoyos 

Jefe de movilización, Capitán: 
Juan Sierra. 

Previa la aceptación de Bolívar, el Congreso 
anunciaba la guerra a Bogotá, en los siguientes 
términos : 

" Resuelto este Gobierno General a destruir 
"el muro de división, que los Gobernantes de Cun- 



(4) O'Leary. Tomo XIII. Pág. 539. 



26 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



'.Dinamarca han querido levantar entre ella y la 
"demás provincias, ha dispuesto mover hacia es 
" capital toda la fuerza disponible, al mando de 
"General BoTívar; pero el extremo dolor con qu 
"abraza esta medida extraordinaria, después qu 
"han sido inútiles todas las de paz y amistad qu 
"ha empleado el Congreso con el mismo objete 
"le mueve a inculcar a V. E. por la última vez lo 
"principios en que se funda, y las- consecuencia 
rf 'que trae consigo, por si V. E, convencido de le 
"unos y sensible a las otras, quiere evitar el rom 
pimiento de hostilidades." 

El ultimátum del Congreso de Tunja, expe 
dido el 29 de Noviembre, daba un plazo de tres áíí 
al Dictador Alvarez para que aceptara el Gobiem 
General de las Provincias Unidas, para poner tod( 
los elementos de guerra a las órdenes de Bolívar 
fin de marchar contra el enemigo común y, fina 
míente, para que se constituyesen los Colegios eL 
torales en conformidad a los pactos constitución 
les. Cundinamarca aceptaba la guerra y el G 
neral en Jefe, que ya había movilizado su desc- 
bierta a las órdenes del Comandante Chávez, dat 
órdenes el 4 de Diciembre al grueso del ejérei 
para avanzar sobre Zipaquirá, que dista unas " 
leguas de Tunja y 12 de Bogotá. 

El 7 de Diciembre estaba el Libertador en 
Campo de Techo, frente a Santa Fé y, previo i 
rápido reconociciento del terreno, iniciaba gesti 
nes para evitar un derramamiento de sangre. 1 
opinión pública en la capital estaba excitadísir 
contra Bolívar y todas sus proposiciones serían m 
interpretadas y peor recibidas. El gobierno ecl 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 27 

siástico había contribuido, especialmente, a iiesta 
propaganda por m,edio de una pastoral en que se 
decía que la irrupción del ejército federal afectaba 
a la religión, máxime si se consideraba que al 
frente de él venía Bolívar, "cuya historia, decían 
^los Gobernadores del Arzobispado, es bien cono- 
cida de todo el reino, euy# crueldad es notoria 
"a todos estos países, a que ha llevado la muér- 
ete y la desolación, y cuya irreligión e impiedad 
"ha publicado él mismo.' ' (5) 

A la diatriba contra el jefe, se agregaba el 
comentario desfavorable sobre sus tropas y se ha- 
blaba de los robos, de los sacrilegios, de mil críme- 
mes que iban a competer los soldados de Venezuela, 
Los hombres que traía Urdaneta no recordaban si- 
no triunfos, los de Araure y del primer Cárabo- 
bo, y venían mandados por jóvenes animlosos en- 
tre los cuales descollaban muchos, tanto por su va* 
lor comb por su carácter de férrea disciplina, y en- 
tre éstos merecían especial dictado Anzoátegui y 
Torres, segundos jefes de los batallones Barloven- 
to y Valencia. Los temores, aunque algún funda- 
mento tuvieran, eran exagerados y la mejor ma- 
nera de conjurar todo peligro era robustecer la 
autoridad del jefe, como acertadamente lo hizo el 
Congreso de Tunja, prestigiando a Bolívar. La 
que había que realizar era un esfuerzo extraordi- 
nario, para ello se necesitaba crear un Hércules, 
y en ello se empeñaron los mantenedores del Li- 
bertador. 



(5) Blanco y Azpurúa. Tomo V. Doc. 980. 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA * 



Frente ya a la ciudad de Santa Fe, inicia Bo- 
lívar negociaciones pacíficas y se dirige al Dicta- 
' dor Alvarez y a su amigo, el subdito español don 
Juan Jurado. Considero que es una necesidad im- 
periosa abrir negociaciones fraternales antes de ha- 
cer un tiro, dice Bolívar al jefe bogotano, el 8 de 
Diciembre ; pero Alvarez le replica que su pueblo 
está en la general resolución de verse sacrificado 
antes que entrar en pactos poco honrosos. 

El Libertador estrecha el cerco, recoge los ga- 
nados y provisiones de los suburbios, bate las par- 
tidas de caballería que intentan salir de la plaza y 
se acerca hasta desafiar los cañones que la guar- 
necen. Aun intenta un arreglo, y da como plazo 
para capitular todo el día 9 de Diciembre; el Dic- 
tador Alvarez contesta que la ciudad' está dispues- 
ta a defenderse y Bolívar, desde la madrugada del 
10, pone en movimiento a sus infantes y ocupa los 
barrios de Santa Bárbara y Egipto, mientras su 
caballería se coloca al pie de las fortalezas de San c 
Victorino. lf 

A la mañana siguiente, los Dragones de Cara- ? 
cas, los Lanceros, y los Cazadores del Capitán Sa-i ti 
lias, bajo el mando general del Coronel Serviez, sel íf 
apoderan de la fortaleza y Bogotá, defendiéndose }' 
desde cada casa, se ve reducida al recinto de si" & 
plaza mayor, iniciándose las negociaciones que ter (j 
minaron con la capitulación del 12 de Diciembre d 
Cundinamarca entraba a la Unión de Provincias fe 
se comprometía a organizar un Gobierno con bas; ; - se 
popular y ponía a disposición del General en Jef ^ 
de la Unión todas sus armas, municiones, parques ; 
almacenes y depósitos de guerra. 

3 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 29 



La contienda civil estaba liquidada y la dis- 
cusión, que pudo terminar por el acercamiento de 
los espíritus abiertos a una sola inspiración, se 
concluía en los estrechamientos brutales de los 
hombres armados y en cuyos pechos ardía la llama 
del odio torpemente encendida. Era necesario 
aplacar aquella hoguera ; el gobierno eclesiástico se 
apresuraba a dar una satisfacción a Bolívar y en 
Su edicto de 16 de Diciembre decía a los fieles cris- 
tianos de la diócesis: "El Excelentísimo General en 
"Jefe, Don Simón Bolívar, ha dado pruebas evi- 
dentes de la más noble y sincera conducta, y ha 
"hecho conocer que no sólo resplandecen en su 
"persona todos los talentos políticos y militares, 
"sino también una bondad de ánimo y una bene- 
volencia de corazón en que brilla la clemencia y 
rí la humanidad." (6) 

Bogotá había capitulado el sábado 12 de Di- 
ciembre y ya para el domingo 18 se disponía la ce- 
lebración de un solemne Te Deum en acción de 
gracias por el renacimiento de la concordia, anu- 
lándose la pastoral de 3 de Diciembre en beneficio 
de la paz establecida por el acuerdo entre Bolívar 
y el Dictador Alvarez. El Libertador triunfaba; 
mas su preocupación preponderante era dar soli- 
dez a la situación y emjpeñar a las Provincias Uni- 
das en una gran campaña para alejarlas de toda 
división interna. Mientras organiza su ejército, 
se interesa por esta política general, desea que el 
gobierno se instale en Santa Fé y, esperando que 



(6) Blanco y Azpurúa. Tomo V. Doc. 993. 



30 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



sus ocupaciones le permitan ir a Tunja, propone ÉL 
los dirigentes su nuevo plan. 

"Crea V., mi amigo, escribe a don Custodia 
"García Rovira el 24 de Diciembre, que si deseo el 
"que se me autorice de un modo amplio en lo re- 
< dativo a la guerra, es porque estoy determinado a 
«'tomar a Santa Marta, Maracaibo, Coro y volver 
"por Cúcuta a libertar al Sur, hasta Lima si es po- 
"sible; pero para esto se necesita que todo mar- 
"che uniformemente y que no se haga nada fue* 
"ra del plan que me he propuesto, pues en la uni- 
"dad consiste la m/ejor parte de nuestros buenos 
"sucesos. Tengan ustedes la pena de buscar los 
"elementos, que yo los emplearé de un modo glo^ 
"rioso al actual Gobierno y a la buena causa. Es 
"todo lo que puedo decir para conclusión de esta 
1 'carta que es tan franca como si fuera mi con- 
cesión." (7) 

No perdía de vista sus objetivos el Liberta- 
dor; muy lejos de ello, a medida que avanzaba en 
el conocimiento del problema, su horizonte se iba 
dilatando, como el de la persona que escala una 
montaña y abarca una perspectiva tanto más am- 
plia cuanto mayor es la altura a que se encuentra* 
comprende Bolívar que la libertad Sud-Americana 
no puede ser obra aislada de las nacionalidades na- 
cientes, la agrupación es indispensable y no debe 
limitarse a las simples vecindades, sino extender- 
se a los sistemas conectados militarmente y, en el 
desarrollo de esta idea, llegaría hasta pensar que 



(7)- Bla n co y Azpurúa. Tomo V. Doc. 999. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



3f 



la unión de todo el Continente era necesaria para, 
el mantenimiento de la soberanía. No es por fi- 
gura de retórica queT lanza estos programas gran- 
diosos, es por convencimiento y por la necesidad de 
ir preparando los espíritus a la adopción de un 
programa que deberá llenarse fatalmente; entre- 
tanto, es preciso trabajar en más reducida esfe- 
ra, hay que ligar las materias elementales antes de- 
construir las piezas maestras del nuevo edificio po- 
lítico de Sud América. 

Con esta inspiración, puso su directiva al ser- 
vicio de Nueva Granada, para crear una unión que: 
pudiera sumarse a otras entidades en la integración 
sucesiva de la democracia hispano-amerieana. Al- 
guien ha dicho que el genio es paciencia únicamen- 
te y, de ser así, la superioridad de Bolívar resulta- 
ría de esta virtud por él poseída en grado eminen- 
te y que le hacía consagrar su pensamiento y sll 
acción, en todo sitio y en todo momento, a su pre- 
ocupación dominante. Don Bartolomé Mitre dice 
que Bolívar no podía perder la ocasión de hablar 
de sí con jactancia y atribuye a este temperamen- 
to vanidoso el discurso que hiciera pocos días des- 
pués del triunfo en Bogotá ; y si bien se examina 
este documento hay en él algo muy superior a la. 
jactancia, es una lección de política y un programa 
de trabajo que era necesario dar a los dirigentes e 
imponer a los que debían ejecutarlo. 

Vencida la resistencia de Cundinamarca, el 
Congreso de Tunja acordó trasladarse a Santa Fe, 
que sería la capital de la Federación, y efectiva- 
mente así se realizó. Bolívar recibió al Gobierno* 
General con una arenga en que decía: 1 1 Nuestra inu 



34 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



Artillería. 



Cañones y licornes de campaña de a 4. . . . 6 

Cañones de a 2, incompletos 10 

Pedreros de a 2 .... 6 

Obuses de 6 y 3 pulgadas 7 

Infantería. 

Fusiles en diversos estados. . 623 

Escopetas 15 

Pistolas 58 

Caballería. 

Lanzas con astas 1500 

Machetes 160 

Petrechos y municiones. 

Cobre y otros metales, libras. 6700 

Balas de cañón, diferentes calibres ...... 245 

Metrallas de diversos tipos 1466 

Cartuchos de fusil , 32400 

Cartuchos para cañones. . 255 

Pólvora suelta, libras 100 

Piedras de chispa .11000 



Era necesario recurrir al arsenal de la plaza 
fuerte de Cartagena y el Libertador tendría que 
ponerse en marcha para su expedición sobre Santa 
TVlarta con la mayor parte de su gente desarmada. 
Nuevos contratiempos esperaban a Bolívar en la 
^campaña que emprendía bajo los favorables auspi- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



35 



cios de su rápido éxito para incorporar a Cundina- 
marea en la federación granadina. En su viaje a 
la provincia del litoral para completar su apertre- 
chamiento, encontraría la misma tenaz propaganda 
desatada en su contra por enemigos más fuertes y 
más pertinaces que los sometidos en Santa Fé; des- 
de sus primeros pasos, se le opondrían obstáculos 
de toda suerte que paralizaban su marcha y, hacién- 
dole perder tiempo, iban a malograr definitivamen- 
te un plan bien imaginado, cuya realización pudo 
haber salvado a Venezuela y a Nueva Granada del 
golpe que les preparaba la expedición que, por esos 
meses, salía de Cádiz con elementos adecuados para 
reprimir el movimiento republicano, siempre que 
los patriotas obraran en desconcierto. 

¡Desgraciados tiempos aquellos de 1814 en que 
las rivalidades políticas en Argentina detenían los 
progresos de la expedición sobre el Alto Perú y San 
Martín se retardaba en sus organizaciones! Dolo- 
rosos días de los desacuerdos de Carrera y de O'Hi- 
ggins que trajeron el desastre de Ranoagua! ¡ Ho- 
ras amargas en que el Libertador debió luchar con 
los granadinos del círculo de Castillo, con sus com- 
patriotas como Bermúdez y hasta con sus propios 
parientes, como ^Mariano Montilla, para llegar al 
desastre de Cartagena! Con mayor unión, con 
aquel espíritu de cordialidad a que se refería Bolí- 
var en su discurso de Bogotá, estos fracasos se ha- 
brían evitado y, coordinados en un plán único, ar- 
gentinos, chilenos, granadinos y venezolanos, ha- 
brían economizado la sangre de un largo lustro de 
cruento batallar por la libertad. 

Sigamos al Libertador en las desventuras de un 



36 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



programa bien concebido y que hicieron abortar 
las ambiciones personales, la política local y el há- 
bil aprovechamiento que de estas discordias hicie- 
ron los realistas, 



III • 

LA CAMPAÑA DEL LIBERTADOR SOBRE 
SANTA MARTA. 

El plan estratégico que Bolívar había propues-v 
to al Gobierno de las Provincias Unidas, y al que 
hacía propaganda en cada ocasión, era el único que 
consultaba las condiciones fundamentales del éxi- 
to a saber: posesión de una linea externa de comu- 
nicaciones y dominio sobre una región interior de 
reclutarrriento y de recursos. . • ' 

Cartagena, plaza fuerte con 80 cañones, esta- 
ba en noder de los patriotas; desde aquí, hacia el 
Oriente, el 'litoral entero del Caribe y la linea flu- 
vial da penetración por el Orinoco eran dominados 
por los realistas triunfantes después de los desas- 
tres de Urica y Miaturín. Un punto de apoyo, aun- 
que este fuera el baluarte de la arteria del Mag- 
dalena, era insuficiente, ya que la línea de este río 
po^ín ser aeonvetida o ñor fuerzas de las colonias 
del sur o por una expedición que penetrara por el 
Afreto. El pensamiento de Bolívar fué el someti- 
miento del litoral desde Santa Marta, vecina y ri- 
val de Cartagena, fyasta Coro, apoderándose de 
Riohacha y Maracaibo, lo que dejaba en sus manos 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



37 



el Seno de este nomibre por cuyas aguas se podía 
penetrar hasta establecer contactos con una linea 
terrestre que se tendería por el río Catacumbo y 
el Zulia hasta Ciicuta, Pamplona y Casanare o 
bien, por la región oriental del fondo del Lago, bus- 
cando el camino de Trujillo y, por él, los valles de 
Boconó y las llanuras de Barinas, para llegar hasta 
el Apure. 

Posesionados los patriotas de esta doble linea 
litoral y de penetración, obligarían a la reacción 
realista, sea que ella se pronunciara en Nueva Gra- 
nada, en Venezuela o que viniera del exterior, a 
dividirse colocando a los menores efectivos repu- 
blicanos en situación de igualdad para poder batir 
a las divisiones enemigas seccionadas y operando en 
terrenos desconocidos y en climas desfavorables. 

Uno de los Mariscales del Imperio Japonés, en 
los tiempos de la guerra contra Rusia, daba a sus 
capitanes como norma para triunfar el que hi- 
cieran durar a sus soldados en la resistencia o en 
el ataque un minuto más que el adversario ; esta 
regla, que influye sobre la moral de las tropas, de- 
be inspirar igualmente al director de sus movimien- 
tos, pues la victoria se obtiene no sólo por la po- 
tencia del choque, que anonada al enemigo, sino 
también por la capacidad de mantenerse y de con- 
tenerlo hasta esperar un momento favorable en que 
las fuerzas superen a las del adversario o hasta 
obligarlo a ejecutar maniobras que lo debiliten. 

El programa ideado por Bolívar obedecía a 
este principio: era un plan de prolongamiento de 
la resistencia, con el cual debía agotar al realista, 
evitando que éste con fuerzas mayores le diera un 



38 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



golpe decisivo es tiíi punto determinado, como hu- 
biera sido la concentración de todos los elementos 
republicanos en Cartagena. 

El Libertador había reunido eñ Santa Fe los 
aguerridos contingentes que le trajera Urdaneta y 
los elevaba hasta el número de 2.000 hombres con 
los que se aprestaba a descender por el Magdalena 
y abrir una campaña, a la vez terrestre y maríti- 
ma, según se desprende de la siguiente comunica- 
ción dirigida al Ministro de la Guerra el 22 de Ene- 
ro de 1815 : 

" Tanto para el mejor desempeño del encargo 
"■que* US. se ha servidó confiarme, destinándome a 
M libertar a Santa Marta, como para promover de 
" cuantos modos me sea posible la salud de la Ee- 
ic pública, he creído que US. podría ordenar, que 
"no sólo los buques de guerra y "fuerzas sutiles que 
"haya en el puerto de Cartagena y en el Magda- 
lena, se pusiesen a mi disposición, sino también 
*'que mié faculte para reunir aquí o a donde lo exi- 
"ja la necesidad, las armas, pertrechos y demás 
"que pueda conducir a la seguridad pública, así 
"como obrar conforme a las circunstancias pues, 
"hallándose aquel país en anarquía, según las til- i 
" timas noticias, temo que m f e veré en casos apu- 
nados y de pronto y urgente remedio. " (9) 

Ya, anteriormente, investido con el poder mi- 
litar, Bolívar se había dirigido a los Gobernadores 
de las diferentes provincias y en especial al bri- 
gadier don Manuel del Castillo, que comyandaba en 
Cartagena, y cuya política le inspiraba serios te- 



(9) O'Leary. Tomo XIV. Doc. 119. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



39 



mores, en virtud de desacuerdos de otros tiempos 
con éste jefe y de la campaña de difamación que 
Tiacía contra el Libertador. Sin perjuicio de en- 
cargar a sus amigos que contestaran libelos de 
Castillo y de dirigirse él personalmente a las au- 
toridades granadinas para contestar los reproches 
que le hacía, se ponía ' en comitinicación con el 
díscolo jefe y lograba que éste le contestara que 
pondría a sus ordenes el ejército de su mando y 
que dedicaría a tripular los buques de guerra de 
su dependencia. 

Tomadas estas medidas generales, y tan pron- 
to como se reunió el Congreso de las Provincias 
IMirlas en Bogotá, el Libertador se encaminó a su 
destino y el 27 de Enero estaba en Honda, en cu- 
yo punto recibía las más desagradables noticias, a 
la vez de las operaciones del enemdgo exterior y de 
los desacuerdos entre los patriotas de Cartagena. 

Su primera obligación como militar debía ser 
contener al PTiemiíro míe a vaneaba de Santa Mar- 
ta, r>or ChirifTiiana y Ocaña. amenazando a Cuenta. 
•Despachó fuerzas a despejar estas líneas de co- 
municación y él mismo marchó sobre Ocaña y, así 
guarnecidos sus flancos, se encaminó a Mompox 
a fin de concentrar sus fuerzas, tan pronto como des- 
aparecieran los peligros que acabamos de mencio- 
nar, y de preparar elementos para descender el 
Magda tena. 

Llego el Libertador a este sitio en los primeros 
días de Febrero y sólo abandonó este lugar un mes 
después y. hay quienes juzgan con dureza esta in- 
;jmbv|lidad ríe Bolívar piies como apunta el Maris- 
cal Foch: de todas las faltas militares, sólo la in- 



40 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



acción es infamante. Así Don Bartolomé Mitré, 
dice : 

"Allí permaneció en la inacción, disipando su 

"tiempo en festines, en organizar una guardia de 
"honor en los tres armas para custodia de su per- 
dona y en oscuras conspiraciones para cambiar 
"la situación política de la provincia de Cartage- 
"na, mi'Ovido a su vez por su enemistad con Cas- 
tillo. La desmoralización se introdujo en sus fi- 
"las, la deserción y las enfermedades redujeron 
"sus tropas a la mitad, su caja militar se agotó, y 
"últimam¡ente optó por el peor de los partidos." 

Esta verdadera acusación nos ha obligado a 
estudiar con detenimiento la situación de Bolívar 
en Mompox, ya que de ella se desprende que él ha- 
bría actuado como un personaje poco serio, que 
comprometía los intereses del magnífico programa 
militar que él mismo había impuesto a las autori- 
dades granadinas. Prescindiremos de lo que a la 
^vida privada se refiere, porque no tenemos datos 
sobre ella y por que, aun en la hipótesis de que el 
Libertador se entregara a las fiestas, "ello no ten- 
dría nada de censurable si no descuidaba sus de- 
beres. 

El propio Mitre nos dice que el Libertador es- 
faba organizando una guardia de honor en MomU 
pox y esta empresa no era un simple acto de va- 
nidad sino la formación de un cuerpo de las tres 
armas y de tropas técnicas, como se diría hoy. » 

La Guardia del General, como dice Bolívar en 
su propuesta del 12 de febrero, "se compondrá de 
una compañía de Zapadores, una de Granaderos, 
una de Fusileros, una de Cazadores, un piquete de 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



41 



Artillería y un escuadrón de Caballería pesada- 
mente armado.' y 

Bajo, el nombre de Guardia del General, cuer- 
po que por entonces era reglamentario en casi to- 
dos los ejércitos del mundo, Bolívar reunía la cuar- 
ta parte de sus tropas selectas para colocarlas ba- 
jo las órdenes del Coronel Don Tomás Montilla, en 
cuya adhesión a la patria y a su persona, tenía la 
más perfecta confianza; más que una guardia de 
honor y aparato, lo que organizaba el Libertador 
era una columna de reserva a la cual podía en- 
cargarle la decisión de cualquiera batalla en los 
encuentros posibles de la campaña que iba a em- 
prender. 

Desgraciadamente, el programa del Liberta- 
dor estaba ya fracasado bajo el punto de vista mi- 
litar y no por su acción propia, sino por obra de 
las disenciones políticas en Cartagena y de las de- 
bilidades del Gobierno Central de las Provincias 
Unidas, cuya energía para miantener la cohesión 
granadina se había debiñtado tan pronto como Bo- 
lívar abandonó a Bogotá. 

Los cartageneros se hallaban envueltos en una 
cóntienda civil en que triunfó el partido del Bri- 
gadier Castillo y fué humillada la facción de los 
Piñeres que representaban el máximo de excita- 
ción contra los realistas. Don Juan de Dios Ama- 
dor se había encargado del Gobierno y ya desde el 
10 de Febréro, apenas llegado Bolívar a Mompox, 
dirigía la siguiente comunicación a Castillo : 

"Cartagena, Febrero 10 de 1815. Al, Coman- 
*'date General de la línea del Magdalena hará US. 
"entender, que no obedecerá orden ninguna del 



42 



FRANCISCO RIVAS VíCUÑA 



" General Bolívar hasta que no se le comunique por 
"el conducto ele este Gobierno." 

Al día siguiente insistía Amador sobre este 
mismo tópico, diciendo al jefe de las fuerzas carta- 
generas: "Comunicará US. sus órdenes, en ca'li- 
"dad de reservado, al Comandante interino del 
" Magdalena, que deberá igualmente comunicar- 
"las a todos los demás puntos de la línea, para que 
"si llega a cualquiera de ellos el General Bolívar, 
"no se le deje pasar adelante, y se le haga retroce- 
"der a Mompox; haciéndole entender que allí debe 
"esperar las órdenes y permiso del Gobierno para 
"adelantar sus marchas. 99 

No era, pues, por propia voluntad que el Li- 
bertador se atardaba en el clima malsano de Mom- 
pox, que estaba diezmando sus fuerzas; allí lo en- 
cadenaba la intriga política que. poco a poco, iba 
a pasar desde las simples desavenencias locales en 
una provincia granadina hasta los desacuerdos en- 
tre los ejércitos de las dos naciones, Venezuela y 
Nueva Granada, que debían unirse para hacer fren- 
te a las partidas del Eey que principiaban a con- 
centrarse en ambos lados del Valle del Magdalena, 
en la espera de refuerzos del exterior. 

Las medidas que Amador, de acuerdo con el 
Brigadier Castillo, había tomado contra Bolívar 
eran demasiado graves para que no necesitaran 
una explicación y, así, la autoridad de Cartagena, 
en oficio reservado, dice al Ministro de Relaciones 
Exteriores de las Provincias Unidas con fecha 13 
de Febrero: "No hay por acá quien ignore que el 
"General Bolívar derribó a su patria, y huyó de 
"las ruinan que hubieran de caer sobre su cabeza; 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



43 



"que en su carácter insensible, duro, sanguinario, 
4 4 en su espíritu temerario e inflexible, en aquella 
"sed de dominación exclusiva, arbitraria, impa- 
ciente del menor freno y contrapeso de ley, orden 
¿¿ ni consideración, en el alto desprecio por toda 
"lo que no es él o su fortuna que le hará sacrifí- 
4 'car mil vidas a su menor satisfacción, y no re- 
" parar en medios, como le conduzcan a su fin 
"bueno o mialo ; por último, en las extorsiones, cruel- 
dades, disipaciones, y absoluto despotismo con 
"que oprimió a los pueblos de Venezuela, están 
"designados el origen y causas de las sucesivas 
"pérdidas y desgraciados sucesos que terminaron 
"en la subversión total de aquella infeliz Bepú- 
"bliea. 

"Este acontecimiento, producto del testimonio 
''general y diariamente confirmado de cuantos in- 
tervinieron, presenciaron o se instruyeron en los 
"negocios de Venezuela, aunque no obstó en esta 
"plaza para la acogida hospitalaria debida por 
"otros títulos al señor Bolívar cuando se refugio 
"a ella, empero no ha parecido recomendarle para 
"que se aventurase una tentativa tan peligrosa, co- 
"mo la de poner la República a discreción de un 
"prófugo cargado todavía, como está, con la res- 
ponsabilidad y reato de la que perdió aún sien** 
"do su patria." 

El gobierno Central de Santa Fe no se sentía 
con capacidades suficientes para imponer al Jefe 
que él mismo había elegido para comandar los ejér- 
citos de la Unión. Como providencia a este oficio 
4e Amador, se limitaba a decir que Bolívar se en- 
caminara a Santa Marta, sin entrar en Cartagena, 



44 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



que Castillo permaneciera en esta plaza y agrega- 
ba, justificando a Bolívar, que "si hubiese de en- 
erarse en pormenores sobre el gobierno de Carta- 
gena, sobraría materia para cargos, reconvencio- 
"nes y protestas sobre el origen de males ya irre- 
"mediables." 

El antagonismo contra Bolívar obedecía a di- 
ferencias de temperamento y, sobre todo, a la fal- 
ta de comprensión de los métodos empleados para 
conducir la guerra en Venezuela por parte de un 
pueblo que no había sufrido los atropellos de Zua- 
zola, de Antoñanzas, de Bosete, de Boves y de Mo- 
rales. El Congreso de Tunja, más al corriente de 
estos acontecimientos, justificaba a Bolívar y le 
había dado pruebas de su total confianza encargán- 
dole del mando de una expedición, en cuyo desarro- 
llo ordenado se habría conseguido la salvación de 
la patria. 

Lejos, pues, de conspirar Bolívar contra el Go- 
bierno de Cartagena, era la facción política adue- 
ñada de esa provincia la que luchaba contra él, ce- 
losa de que el éxito de Bolívar resultara en un pre- 
dominio de Bogotá sobre el litoral y en una absor- 
ción de Nueva Granada por Venezuela ; esto no era 
sino anticipar discusiones que el porvenir debía 
traer y, mediante ellas, se perdía el objetivo inme- 
diato, el de atacar al enemigo extranjero para ase- 
gurar la soberanía vacilante de naciones que lucha- 
ban con un doble problema, el de su organización 
interna y el de su vida autónoma. 

El Libertador, lejos de pretender una interven- 
ción directa en los negocios de Cartagena, escriba 
a sus amigos pidiéndoles que propicien un acer- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



45 



«amiento con Castillo; se dirige al Gobierno Cen- 
tral, a fin de que envíe mediadores y logra que se 
designe para estos arreglos a Marimón, que ejer- 
cía las fanciones del presidenta del Congreso; pero 
todas las conferencias se atrasan, los delegados no 
se reúnen, la campaña de Castillo contra* Bolívar 
llega hasta ordenar a los Municipios que desconoz- 
can su autoridad, y, poco a poco, el jefe cartage- 
nero abandona la linea del Magdalena, concentran- 
do sus elementos eií el litoral y dejando a Bolívar 
aislado en Mompox. 

Por fin se acerca al Libertador uno de los co- 
misionados de Cartagena y su política es tal que es- 
cribe al Ministro de Guerra el 27 de Febrero, des- 
de Momípox, en los términos siguientes: 

"He recibido la misión que el Gobierno de Car- 
tagena dirige cerca del Soberano Congreso; y 
" cuando yo esperaba, como el iris de paz, al en- 
"viado qug suponía autorizado para tranzar conmi- 
"go las diferencias y acordar las cooperaciones que 
" tanto he solicitado de su comitente, hallo que sus 
"facultades son ningunas, y lo que es más descii- 
"bro un fondo de mala fe, que me hace tender un 
"rompimiento casi inevitable." (10 

En esta carta, cuyo párrafo fundamental aca- 
bamos de transcribir, pinta Bolívar su situación de- 
sesperada: sin armas ni pertrechos, sin hombres 
aún, pues las fiebres le han arrebatado la mitad de 
su ejército, sus operaciones tendrán que ser mtay 
lánguidas y todo, como el la dice,en la inacción en 
que se le deja va tendiendo a la disolución. • 

(10)* O'Leary. Tomo XV. Doc. 186. 



46 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 

El quiere que se reduzca a Cartagena por amis- 
tad, pues de otro modo la pérdida general es ine- 
vitable y envía a su secretario, José Rafael Reven- 
ga para entrevistarse con los dirigentes de Carta- 
gena y tratar de formalizar un plan de operaciones 
coordinadas ; nada obtiene, antes bien, las corres- 
pondencias se envilecen, se rebajan hasta los embro- 
llos de dimes y diretes, como puede deducirse da 
una carta del Gobernador de Cartagena para Bolí- 
var, que este recibió en los comienzos de Marzo en 
su cuartel general de Mompox: ''Han corrido en 
"esta ciudad, dícele Amador, muy modernamente 
"chismes y formales calumnias contra Cartagena 
"y su Gobernador y gobernantes. Yo también se 
"el autor de todo o de la mayor parte; pero, aun- 
"que por esta vez no se le nombre a Ud., me parece 
que sería del caso que Ud. lo indagase. " 

Bolívar no podía avanzar, por más que lo de- 
seara ;la política local triunfante en Cartá^ena le ha- 
bía hecho un inmenso vacio moral y, lo que era peor, 
le perdí en el aislamiento militar que facilitaba el 
avance de partidas realistas hacia la linea del Mag- 
dalena. Así como los políticos habían tratado de 
justificarse ante el Gobierno General, basándose en 
la mala dirección impresa a la guerra por Bolívar 
en su última campaña, los militares iban a buscar 
en los temas de su arte un expediente para dar fun- 
damento a sus negativas de auxilio. El 2 de Marzo, 
se reunía en Cartagena una junta de guerra y se 
establecía, que la plaza necesitaba 6884 hombres 
para su defensa, 8334 fusiles y 5055 quintales de 
pólvora; el estado de existencias indicaba una guar- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



4T 



nición de 1151 plazas, un parque de 3313 fusiles y 
sólo 4392 quintales de pólvora. 

En virtud de estos datos, no se podía auxiliar- 
ai Libertador y, así, tranquilizaban su conciencia, 
sus opositores. El argumento era especioso, ya que 
no se trataba de defender a Cartagena contra nin- 
" gún -enemigo que necesitara semejante resistencia. 
Si la plaza no disponía sino de 1151 hombres de la?/ 
tres armas y contaba con más de 3000 fusiles, huel- 
ga decir ove podía dar a Bolívar el armamento com- 
plementario para sus huestes; además, si la dota- 
ción de pólvora requerida era, en cifras redondas,, 
de un quintal por hombre, se vé que dispo- 
nían de un excedente para apertrechar al ejército 
de operaciones sobre Santa Marta. Pero, hay más: 
aún, si se hubieran dado facilidades a Bolívar para 
su marcha sobre Santa Marta, es evidente que, da- 
do sus elementos, se habría apoderado de aquella 
pla/a y Oartagena,destruido este enemigo,habría po- 
dido engrosar sus filas, sin perjuicio del contingen- 
te de Bolívar, y, en el caso, improbable en aquellos 
momentos, de una agresión externa, ambos ejér- 
citos se sumarían para resistir al enemigo común. 

No había pues, razones políticas ni militares- 
verdaderamente tales que justificaran la continua- 
da oposición a las peticiones de Bolívar; ellas eran: 
meros pretextos inspirados por la ambición perso- 
nal, más o menos disfrazada bajo la careta de los 
derechos constitucionales. Es profundamente tris- 
te seguir en la documentación de la época el tejido- 
de intrigas en que iban enredando al Libertador y 
con él a, la causa de la emancipación de Sud-Amíé~ 
rica; este análisis daría tema para muchas refle- 



48 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



xiones educativas, por cuanto ellas sugieren obser- 
vaciones sobre la psicología de estos pueblos y su 
influencia en acontecimientos posteriores. Largo 
sería enumerar las propuestas de entrevistas entre 
Castillo y Bolívar que debían celebrarse, ora en 
Sambrano, ora bajo el fuego de las fortificaciones « 
de Cartagena. Lo que importa es anotar los pun- 
tos culminantes y entre éstos, el que marca el fin 
de los padecimientos de Bolívar en Mompox o sea 
la carta del comisionado del Gobierno General que 
le trasmitía las proposiciones de arreglo con Cas- 
filio. 

Según e?ta comunicación, que está fechada ^1 
17 de Marzo de 1815, Cartagena suministraría al 
Libertador 800 fusiles y, en cambio, Bolívar, cu- 
yos contingentes estaban diezmados por las fiebres 
en Mompox, debía procurarle 500 reclutas y enviar- 
le 30 o 40 mil pesos. No existían los hombres, y 
m/ucho menos los dineros, circunstancias que no po- 
dían ignorar los negociadores que agregaban, aun, 
en sus proposiciones que Mompox o sea la reta- 
guardia del Ejército de Bolívar, quedara a cargo 
de autoridades afectas al Gobierno de Cartagena 
y que los amigos del Capitán General fueran pues- 
tos a disposición del Gobierno en Santa Fé. (11) 

Esta propuesta confirmaba los temores de Bo- 
lívar y no es extraño que tomara sus términos co- 
mo una franca negativa para reconocerle la inves- 
tidura que le diera el Gobierno que él había con- 
tribuido a establecer y que así, replicara enérgica- 



(11) O'Leary. Tomo XIV. Doc. 207. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 49 



mente a Marimón, Presidente del Congreso en co- 
misión, diciéndole : 

"Yo he venido aquí con el Ejército de Ve- 
nezuela a libertar a Nueva Granada, y no a re- 
cibir ultrajes y condiciones tan humillantes coma 
"opuestas a mi deber. He venido a libertar a 
"Santa Marta, y estoy pronto a hacerlo sin los 
"auxilios de Cartagena, si V. E. aprueba esta ex- 
"pedición, pues mi ejército está resuelto a m.o- 
"rir en el campo del honor al pié de las trincheras 
"de Santa Marta, o sobre los muros: de Cartagena, 
<*y no está resuelto a perecer como esos viles escla- 
vos, de fiebre, viruelas y miseria. 

"Yo estoy dispuesto a ejecutar lo que V. E. 
"me indique, excepta quedarme en la inacción, 
" porque ésta no puede ser la voluntad del Gobier- 
"no. Si no se me dan los auxilios de cartuchos y 
"armas, iré a morir a Santa Marta infructuosa- 
"mente, bien que el ejército está tan altamente 
"ofendido y tan fuertemente irritado que temió una 
"desesperación." (12) : 
Procura nuevas negociaciones, invocando la 
autoridad delegada en él por el Gobierno General; 
mas todo resulta infructuoso y se ve obligado a 
marchar a climas más salubres, hasta Turbaco mis- 
mío, en las inmediaciones de Cartagena, en cuya 
situación la discordia toma todos los caracteres de 
una contienda internacional, más grave que las con- 
secuencias de los desacuerdos políticos internos dé 
la Eepúblíca Neo-Granadina que estaban provo- 
cando la reconquista española del virreinato. 



(12) O' Leary. Tomo XIV. Doc. 210. 



50 



FRANCISCO RIYAS VICUÑA 



El 25 de Marzo, se reunían en Turbaco los je- 
fes del ejército de Bolívar para preocuparse de la 
renuncia que había hecho el Capitán General, en 
vista de las dificultades para establecer sobre ba- 
ses serias un acuerdo patriótico de cooperación 
que salvara a los republicanos. Allí estaban per- 
sonajes cuyo valor y pericia iban a ser fun- 
damento de la libertad de estos países; Tomás Mon- 
tilla, Florencio Palacios, Antonio Anzoátegiii, Pe- 
dro León Torres, Ambrosio Plaza y otros ilustres 
guerreros y todos acordaron que el Libertador no 
debía ni podía dimitir y que el señor Marimon, De- 
legado del Gobierno General, no podía tampoco 
pronunciarse sobre esta renuncia y, lo que era más 
grave, las conclusiones de esta reunión agregaban: 

W E1 manifiesto en que se declara a los vene- 
tolanos por hombres sin patria, y deseosos de al- 
tarle con la familia social; las proclamas y pá- 
lpeles públicos en que sólo se trata de desacredi- 
tar al ejército, la intención siniestra de hacer nau- 
fragar la artillería, armamento y municiones del 
"Magdalena, la orden de envenenar las aguas, eva- 
cuación de los pueblos, ocultación de víveresj 
"profanación del derecho de gentes, en las per- 
donas de los emisarios de paz, proscripción de la 
''mayor parte de los venezolanos que se hallaban en 
** la plaza, y finalmente, que hay en Cartagena una 
"foriua ele Gobierno desconocida por la constitu- 
ción General y provincial: se declara que debe 
"procederse a estrechar el sitio de la plaza, hosti- 
lizarla, y que el Capitán General ordene las ul- 
teriores disposiciones, como que se halla autori- 
zado para defender la autoridad del Gobierno 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 51 



"General, altamente ultrajada y despreciada con 
" vilipendio y escándalo de los pueblos. " (13) r 

El destino acumulaba ; dificultad sobre dificul- 
tad en la senda del Libertador: ahora tenía entre 
roanos una contienda civil acompañada de una ca- 
si-guerra internacional, y decimos así porque su 
lucha con Castillo habría sido una verdadera gue- 
rra entre los ejércitos de Venezuela y de Nueva 
Granada, únicas entidades representativas de las 
patrias que agonizaban, si no hubiera habido en el 
campo cartagenero venezolanos, como Mariano Mon- 
tilla y otros que eran enemigos personales de Bo- 
lívar. 

El Libertador no podía hacer otra cosa que 
aceptar la guerra propuesta por su junta de ofi- 
ciales; lo que hacía con tocio el pesar que anuncia- 
ba al Presidente de las Provincias Unidas, dicién- 
dole: ' 'Ninguna pasión humana dirige en esta opor- 
tunidad mí conducta. Arrastrada por el impe- 
"rio del deber, voy a combatir contra mis hermia- 
"nos. Mi hermana sera la primera víctima; otros 
"parientes tengo en la ciudad; pero un verdadero 
"republicano rso tiene otra familia que la de la 
" patria. Juro por mi honor, que no volveré a 
"encontrarme, en otra guerra civil, porque he ju- 
"rado en mi corazón no volver a servir m¡ás en la 
"Nu eva Granada, donde se trata a sus libertadores 
«como a tiranos, y donde se infama impíamente el 
"honor y la virtud. He contribuido para el esta- 
"blecimento del Gobierno General en cuánto he 
"podido: este será el último sacrificio que hago 



(13) O'Leary. Tomo XIV. Doc. 225. 



52 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"por su estabilidad. Básteme haber manchada 
"mis armas por dos veces con la sangre de mis 
"hermanos; yo no las deshonraré una tercera." (14) 

Y con esto eleva de nuevo su renuncia, pues 
prefiere subir al cadalzo a segiiir mandando en esas 
condiciones. Quien quiera que lea estas comuni- 
caciones de Bolívar y se transporte al medio en 
que actuaba, deberá hacer justicia al homibre que 
se iritaba ante el obstáculo miserable opuesto a su 
ambición si se quiere, pero a una ambición cuyo ob- 
jetivo estaba más alto que su persona, puesto que 
a ella le había sacrificado su sér entero. Era el 
conductor de un carro de victorias idealistas atas- 
cado en el fango de los intereses personales; co- 
mo el labrador pujante que siembra un extensa 
campo y lo ve destruido por una nube de langos- 
tas o por una tormenta de granizo, se desespera 
ante el destino y su arrebato es más razonable que 
el del auriga que maldice la charca que lo ataja y 
el del campesino que se queja de las pestes y dé- 
las intemperies, porque el luchar contra hombres 
que son capaces, o debieron serlo, de abrir su pen- 
sam'iento al ideal y de abrigar en su corazón las 
misnlas abnegaciones que le habían hecho trocar las 
blanduras de su vida de criollo rico por la dureza 
de los campamentos insalubres y aceptar la lucha 
con los hombres cuando pudo, con su fortuna, 
mandar a sus lacayos'. 

Moralmente, Bolívar no podía sino admitir la 
guerra ; este acto era una etapa de la evolución cí- 
vica de su pueblo y también de los granadinos; 



(14) O'Leary. Tomo XIV. Doe. 227. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



53 



militarmente, también debió hacerlo, ya que el gran 
objetivo de toda guerra es y debe ser nacional y 
en este caso, poco importaba la victoria o el de* 
sastre, hombres más u hombres m'enos, la plaza 
quedaría siempre en manos de republicanos, y lo 
esencial era demostrar principios, propagarlos y 
defenderlos con las armas en la mano, aunque ca- 
yera en la contienda. Proclamó Bolívar, así en 
Venezuela como en Nueva Granada, la necesidad de 
un Gobierno Central y único y por eso iba a batir- 
se con Castillo entre los muros de Cartagena. El 
éxito sería la consagración inmediata de su doctri- 
na; su derrota, ante la am¡enaza de un enemigo ex- 
traño, también concurriría a producir el mismo 
efecto, y, así, bajo el máximo aspecto militar, el del 
nacionalismo de las luchas, la acción de Bolívar es- 
taba plenamente justificada. 

Bajo el microscopio de un analista que exa- 
mine estas operaciones a la luz de los principios 
estrechísimos del arte, el intento de Bolívar pue- 
de ser una simple temeridad y decir, como Mi- 
tre, que había perdido la cabeza, poniendo sitio a la 
primera fortaleza de América, artillada con 80 ca>- 
ñones, cuando él sólo poseía una pieza de artillería. 

Esta crítica sería justa, inamovible, si se tra- 
tara de una guerra regular y entre pueblos tradi- 
cionalmente enemigos; mas no era éste el caso. Bo- 
lívar tenía amibos en la plaza y su ayuda podía 
compensar su diferencia de artillería; ademas, en 
el fondo, y por efecto de esta misma circunstan- 
cia, las eventualidades, el ir y venir de las pasio- 
nes, eran la llave del éxito y no el funcionamiento 
ordenado de un apertrechamiento militar superior. 



54 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



El Libertador m&ritenía el honor de su nacionali- 

' dad y el prestigio de un Gobierno centralista, ideas 
f andaniientales que bien merecían los honores del sa- 
crificio que estaba haciendo, hasta donde fuera po- 
sible. 

No es lógico juzgar esta campaña con simple 
criterio táctico, pues su director principal perse- 
guía otros objetivos que, algún día, serían su con- 
quista : trazar rumbos, inculcar principios y formar 
hombres. Los oue estaban con él ante Cartagena, 
Soublette, Anzoátegui, Torres y otros, serían algún 
día encarnaciones de su propio ideal y, conscientes 
del perjuicio de las discordias civiles, corregirían 
con mano de hierro las insubordinaciones de Piar, 
bajo la autoridad serena y firme de Bolívar en 
Angostura, caracteres que no lograba el Gobierno 
de las Provincias Unidas, a pesar de la vigorosa in- 
yección de prepotencia que le diera el Libertador 
en sus jornadas de Diciembre para incorporar a 
Cundinamarca en la Federación Granadina. 

Las operaciones propiamente militares del si- 
tio de Cartagena por Bolívar están prolijamente 
descritas en el diario de estas faenas, cuyo resú- 
men es una serie deactos heroicos y de tramitacio- 
nes (T$ arresrlos entre Bolívar y Juan Marimón que, 
dirigido por Castillo, obraba como representante 
del Gobierno Central. 

Hacia miediados de Abril, la situación de ambos 
bandos debe haber tenido cierto equilibrio, cir- 
cunstancia que parece desprenderse del proyecto de 
auxiliar a los cartageneros que sugirió el español 
don Francisco de Montalvo, según consta de las 
comunicaciones- de este jefe con Marimón; igual 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



55 



reflexión podemos deducir de la premura con que 
el Gobierno v de la plaza organiza un destacamento 
a las órdenes del Comandante Antonio Vélez, a fin 
de que incorpore todas las Jhierzas granadinas del 
ejército de Bolívar, dando órdenes al Libertador 
para que se retire de su campamiento de la Popa a 
Turbaco, Arjona, Barrancas y Mompox para seguir 
a Ocaña, llevando las tropas venezolanas. 

Como era natural el enemigo se fortalecía en 
Santa Marta y Mont&lvo que temía, y con razón, 
la marcha de los venezolanos por su territorio, se 
hallaba en situación de atacar, como en efecto lo 
hizo. Las fuerzas sutiles que organizó el realis- 
ta penetraron al río, amenazaron a Barranquilla y 
Soledad, se posesionaron de la primera, quitando a 
los cartageneros niás de 50 piezas de artillería, to- 
das sus embarcaciones ligeras y un gran repuesto 
de armas y municiones, según lo refiere Marimftn 
al Ministro do Relaciones Exteriores en oficio de 
30 de Abril. En tan amargo trance, han debido re- 
flexionar aquellos políticos empecinados sobre las 
fatales consecuencias de la división, y, siempre de 
acuerdo con la comunicación a que nos acabamos 
de referir, se propuso a Bolívar que se embarcase 
•en Cruz Grande con su división para atacar a 
Santa Marta por mar, mientras el Brigadier Cas- 
tillo lo hacía por la línea de tierra. (15). 

Esto era. condenar a la destrucción definitiva 
los pocos elementos de que podía disponer el Liber- 
tador; mas, aún así, el proyecto de cooperación no 



(15) O'Leary, Tomo XV. Doc. 268. 



56 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



se habría de realizar. Una postrera conferencia 
de esta larga serie de conversaciones dilatorias, de 
proposiciones de armisticios y de variados temas en 
los cuales la suerte de la Patria era la menor de 
las preocupaciones de los fortificados en Cartage- 
na, la última entrevista tenía lugar al pié de las 
trincheras de Bolívar, en el Convento de la Popa 
para proponer un nuevo plan. 

"Mi Secretario, dice Bolívar, tuvo diferente» 
"conferencias con el Comisionado y el General 
"'Castillo, y por fin el mismo Castillo vino a re- 
conciliarse conmigo, y a esta reconciliación si- 
"guió un convenio de paz y amistad que pareció al 
"principio sincera, sin serlo, como lo probó poco 
"después la experiencia. Mil pequeños inciden- 
"tes indicaban distintamente que no había buena 
"fe de parte de Cartagena; sin embargo, esperá- 
bamos que el inminente peligro, la razón, la jus- 
ticia y el interés aconsejarían la unión; pero no 
''fué así. Un vano temor, por una parte, una ük 
"merecida rivalidad, por otra, una inconsulta ambi- 
"ción y todas las pasiones excitadas hasta el ex- 
tremo, hicieron que el General Castillo me notifi- 
case en términos expresos que yo y mi ejército de- 
Ciamos marchar (proyecto imposible en aquellas 
"circunstancias) por el Valle Dupar a atacar a San- 
"ta Marta; que la expedición marítima: no se me 
"permitiría ejecutar.porque se temía que yo me apo- 
derase de la plaza, que en caso de retirada no ten- 
"dría donde volver, porque (estas son sus expre^ 
"siones) yo sería siempre hostilizado, y jamás se 
"me auxiliaría con nada Así terminó la última en- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 57 

trevista de la Popa." (16) 

Reunió el Libertador una Junta de oficiales, 
expuso la situación y resolvió retirarse, confiando 
el mando de su división al General Florencio Pala- 
cios. El Gobierno General de la Nueva Granada le 
había puesto al frente de una expedición, por él 
concebida, cuyo desarrollo en la concordia de los 
jefes militares, habría sido un éxito; mas, com,to el 
decía a sus soldados al despedirse de ellos: mis 
enemigos han sido injustos y yo desgraciado. El 
antagonismo, el temor a la supremacía de Bolívar 
había envuelto sus planes en la apretada malla de 
las intrigas políticas y en ella caía envuelta la cau- 
sa republicana y derribado, por el momento, el Li- 
bertador que era, sin embargo, el hombre destinado 
para realizar esa cohesión política interna, y esas 
alianzas de pueblo, sin las cuales la independencia 
no se lograría. 

Con profundo desaliento, eiseribe Bolívar al 
Presidente Granadino, el 8 de Mayo: "Cuando vi 
"que la provincia se perdía por la guerra civil y 
"por la ocupación de los enemigos comunes, y que 
"no se auxiliaba al ejército que podía salvarla, so- 
"lo porque estaba a mi mando, determiné hacer el 
"último sacrificio que me era posible, determiné 
"separarme de mis amigos y compañeros de arm|as, 
"de aquellos a quienes yo debía mi fortuna en los 
"combates. El sacrificio del mando, de mi fortu- 
"na y de la gloria futura, no me ha costado esfuer* 
"zo alguno. Me es tan natural preferir la salud 
"de la Sepublica a todo que, cuánto más dolor 



(16) O'Leary. Tomo XV. Dóc. 273. 



58 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"sufro por ella, tanto más placer interior recibe 
"mi alma. Yo no seré más General; iré a vivir le. 
"jos de mis amigos y compatriotas y no moriré 
"por la Patria. Pero habré hecho un nuevo servi- 
cio: dar la paz por mi ausencia. Yo no pido por 
"recomfpexisa de mis servicios más que el olvido 
"de mis faltas.". (17) 

Este desaliento profundo no había de durar 
y tan pronto como el Libertador se sintiera solo 
ante la majestad de los mares que iba a cruzar en 
busca de un asilo, se iba a prosternar, no ante los 
hombres, sino ante aquella otra majestad que lleva- 
ba en el seno ele su a'lmía : la infagen nítida de su 
patria e iba a consagrarle nuevas energías, a idear 
nuevos programas, hasta conseguir, por la conquis- 
ta de un territorio y de una linea de comunicacio- 
nes, influencia bastante para dominar las anarquías 
políticas y dar base sólida a la obra de redención 
del grupo de naciones que el presentía abrigadas 
del enemigo exterior bajo la sombra de su espada, 
tranquilas en su desarrollo interno bajo la protec- 
ción de las leyes que el' dictara como Magistrado. 



ooOoo 



(17) O'Leary. Tomo XV. Doc. 269. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



59 



IV 

LA EXPEDICION PACIFICADORA DEL TENIEN- 
TE GENERAL MOJtILLO. 

Mientras la discordia consumía a las fuerzas 
republicanas en las colonias españolas, la restaura- 
ción de Fernando VII daba vigor a la política de, 
la Metrópoli y, deseosa de conservar su rango 'en- 
tre las Grandes Potencias España se aprontaba 
para asegurar sus dominios de Ultramar. Consti- 
tuyóse una junta especial para el estudio de estos 
negocios, bajo la presidencia del Infante Don Car- 
los asistido por los caudillos de la contienda con- 
tra Napoleón, comió Castaños, Palafox, Oastelar, 
Villalba, O'Donnel y otros. 

Una de las primeras medidas fué el proyecta 
de un gran expedición contra las colonias suble- 
vadas, decidiéndose en el mes de Agosto de 1814 
confiar su dirección al Mariscal de Cam]po don 
Pablo Morillo, soldado de fortuna que merecía la 
especial confianza del prestigioso General Casta- 
ños. 

Cuenta el historiador de Morillo que, a los 
trece años, como consecuencia de una algarada de 
mozos alegres, temeroso del enojo de sus padres, 
huyó de su pueblo natal, Fuentesecas, a Toro; aquí 
sentó plaza de soldado en Cuerpo Real de Marina. 
Su destino le llevó al sitio de Tolón, al bombardeo 
de Cádiz y al combate de Trafalgar, 21 de Octubre 



60 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



de 1805, donde fué herido y hecho prisionero. Era 
ya sargento. 

Encendida la lucha por la Independencia Es- 
pañola, enrolóse entre los Voluntarios de Llerena, 

con el grado de subteniente, asistiendo a la jorna- 
da de Bailén. Su actividad, y también su buena 
estrella, le ofrec&on ocasión de encontrarse en 
múltiples combates, dstinguiéndose en ellos has- 
ta alcanzar el grado de Coronel, en cuya categoría 
prestaba decidida cooperación en las capitulacio- 
nes de Vigo, plaza que ocupaban los franceses. 
E¡1 Marqués de la Romana y el General Castaños, 
conocedores de su fuerza de iniciativa, le fueron 
encumbrando en la milicia y, ya en 1813, Morillo 
era Brigadier en la primera división de infante- 
ría del ejército de Wellington. Tenía 35 años y 
se había levantado a tan alto puésto a fuerza de 
abnegaciones, de sacrificios y, también, de sü tem- 
peramento que le impulsaba siempre a poner en 
evidencia sus méritos; en el niño rebelde de Fuen- 
tesecas había el doble gérmen del militar y del 
político y las fuerzas del primero le servirían pa- 
ra impulsar en su ascensión al segundo. 

Ninguna ocasión descuida y así, tras el triun- 
fo de Vitoria, escribe el General Castaños: "Yo 
"con los dos batallones de la Unión y Legión ca- 
rminaba por la derecha, paralelamente a Hill, y 
"todos con el objeto de llegar a la cumbre del pri- 
''mer cerro desde donde descubrimos al enemigo 
"en posición. Inmediatamente $raté de desalo- 
jarlo y lo conseguí, a pesar de su obstinada re- 
sistencia, haciéndole huir vergonzosamente y co- 
ciéndole sobre 400 prisioneros." Con esta carta 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 61 



ascendido a Mariscal de Campo en Julio de 1813. 

Tales son los rasgos generales de la vida de 
I>on Pablo Morillo; ellos le muestran como níi 
hombre de acción y de /perseverancia, sin base 
técnica como militar, más con pericia para diri- 
gir honibres; por otra parte, le domina el deseo de 
surgir y, como procedió en España, procederá en 
América, se hará nombrar Teniente General, re- 
cibirá cruces y honores que solicitará constante- 
mente, será Conde de Cartagena y Marqués de la 
Puerta, pero perderá la causa de su Señor y Amo 
porque, con todas esas cualidades positivas, le fal- 
taba una altura de miras superior para conside- 
rar el problema que se le confiaba y, aunque se 
fuera colocando al nivel de sus nuevas situaciones, 
la causa española necesitaba de un hom|bre que, 
desde el primer momento, abarcara todo el proble- 
ma y no de un jefe que se iba amoldando a las cir- 
cunstancias y q^e no tenía capacidades de previ- 
sión. 

Corifiósele a Morillo un Cuerpo de Ejército de 
cerca de 11 mil hombres que partía de Cádiz, con 
rumbo ignorado, el 16 de Febrero de 1814, en 42 
trasportes escoltados por 18 barcos de guerra. 
Iban allí seis batallones de infantería : León, Cas- 
tilla, Extiremádnra, BarbastrO), Unión y Vitoria, 
comandados por Antonio Cano, Pascual del Eeal, 
Mariano Ricafort, Juan Cini, Francisco Mendibil 
y Miguel de la Torre. Seiscientos infantes esco- 
gidos f ormiaban el Batallón del General. Don Sal- 
vador Moxó llevaba los Dragones de la Unión y 
Don Juan Bautista Pardo comandaba los Húsares 
de Fernando VII. Alejandro Cavia y Gabriel To- 



62 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



rres eran los jefes de los cuerpos de artillería y 
todo este poderoso contingente obedecía a las ór- 
denes del Teniente General don Pablo Morillo y 
de su segundo el Brigadier don Pascual Enrile, 
jefe inmediato de las fuerzas marítimas. 

¿A dónde iban? A Buenos Aires, se decía en 
Cádiz; mas, abiertos en alta miar los pliegos de 
instrucciones, los expedicionarios supieron que su 
destino era la Pacificación de Venezuela y Nueva 
Granada. España que se sentía fuerte en Méxi- 
co y en las Antillas, deseaba asegurar el dominio 
de éstos países que la hacían dueña y señora del 
Mar Caribe y del nudo estratégico mundial, de Pa- 
namá. Su situación de Gran Potencia quedaba ga- 
rantida, si lograba este programa, y lástima fué 
que buscara su objetivo por la fuerza, cuando pu- 
do obtenerlo por la amistad, en la plena autonomía 
de sus colonias, creando un Gran Imperio Hispano 
en el cual cada República se habría sentido tan 
libre y tan feliz como ahora el Canadá, Australia 
y Sud-Africa en la gran concordia británica. 

La fortuna iba a compañar al jefe de la ex- 
pedición Pacificadora y la reseña de su empresa 
nos interesa únicamente como lazo de unión entre 
las operaciones del Libertador, que veía eclipsar- 
se su estrella en los desastres de Cartagena y que 
aparecía de nuevo en el horizonte, una y otra vez, 
hasta llegar al cénit de su ascensión, desde donde 
irradiaría la luz permanente de la libertad de las 
colonias hispanas de Süd-América. 

El 3 de Abril, llegaba la expedición de Mori- 
llo a la isla de Tabago, el 4 tocaba el Continente en 
Puerto Santo y luego recibía la visita de Morales 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



que ya hábía subyugado a Venezuela tras las san- 
grientas acciones de Urica, Maturín y Guiria y se* 
disponía a someter a Margarita. 

Tres dias después estaban Morillo y Morales 
en Id heroica isla que se sometía, en apariencias,, 
el día 11 de Abril. Organizó allí un gobierno, a 
las órdenes de Antonio- Herraiz ; guarneció ía pla- 
za y sie dirigió al Continente. Su marcha fué de- 
triunfos y no experimentó más dolor que la pérdida 
de la nave capitana, el navio San Pedro Alcántara,, 
incendiado con sus tesoros en la isla de Coche el 
día 23 de Abril de 1815. 

Pasaba por Cumaná, siembre llevando a su 
lado a Morales, y en 11 de Mayo hacía en Caracas 
su entrada triunfal. "Venía de Epaña, dice- el Se- 
"ñor Landaeta Eosales, por la vía de Oriente y 
"la Guayra, entrando a Caracas por el antigua 
"camino del cerro, desmontándose en la Trinidad., 
"de donde siguió a pié en medio de su Estado Ma~ 
"yor, desfilando por el centro del Grande Ejerci- 
do de 10 mil hombres y seguido del pueblo de: 
"Caracas. La entrada fué en la tardé y hubo sal- 
das, músicas, fuegos artificiales, banquetes y 
"otros festejos públicos por parte del ¡Gobierno* 
"y del pueblo, hospedándose en casa del Marqués 
"de Miares". 

Tomó rápidas medidas para organizar la ad- 
ministración y cobrar cupos de guerra que cubrie 1 - 
ran las pérdidias deí incendiado navio, dejó el go- 
bierno a cargo de don Salvador Moxó, distribuyó 
algunas fuerzas y, en especial, reorganizó la divi- 
sión que, por Barinas, debía operar en las fronte- 
ras de Nueva Granada y Venezuela para unirse- 



64 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



con la invación que él haría por el Magdalena. 

Ra los comienzos de Junio estaba el Pacifica- 
dor en Puerto Cabello, organizando su viaje, y, 
el 12 de Julio ponía proa sobre Santa Marta. 

Esperábale allí el virrey Montalvo, que "había 
logrado mantenerse en la posesión de esa provin- 
cia gracias a los obstáculos que los cartageneros 
opusieron a la campaña tan hábilmente proyectada 
por Bolívar. Sin demora, distribuyó sus tropas q¿ie 
contaban con la base de Santa Marta; el Brigadier 
Pedro Ruiz de Porras iría a posesionarse de Mam- 
pox, Morales partiría por tierra y, mientras el 
intendente Duarte completaba el aprovisionamien- 
to de la escuadra, él se alistaba para estrechar por 
mar a Cartagena. 

E3 22 de Agosto de 1815, el bloqueo de la pla- 
za era formal y, dentro de su pensamiento, quiso 
Morillo "rendirla por hambre, conocedor de la es- 
casez de sus víveres. Los patriotas no cedían y el je. 
fe expedicionario inició el bombardeo el 25 de Oc- 
tubre, sin conseguir otra cosa que excitar el cora- 
ge de los defensores que veían caer bajo las balas 
enemigas a mujeres y niños indefensos. 

El 11 de Noviembre, emprendió Morillo un 
ataque general, sin resultados, pues el bravo Coro- 
nel Soublete se defendió con energía en el* fuerte 
de la Popa, al frente de 130 hombres contra 800 
asaltantes. Tales ^prodigios de resistencia, de va- 
lor y de abnegación resultaban estériles, pues la 
miseria material abatía todas las energías y, aun- 
que tomara el mando de la plaza el Coronel Ber- 
mudez, más audaz que el Brigadier Castillo y más 
apto para guiar a los bravos venezolanos del diez- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 65 



mado ejército de Bolívar, la plaza debía ser eva- 
cuada. Hacia el 5 de Diciembre, los patriotas pu- 
dieron embarcarse en su flotilla de fuerzas sutiles 
y, burlando la vigilancia de las naves españolas, 
se dispersaron como aves heridas por el mar Caribe, 
en busca de refugio en las Antillas y también 
del Jefe cuyo esfuerzo se malograra ante las am- 
biciones de los políticos. 

Triunfaba Morillo con la ayuda de la miseria 
y su historiador, don Antonio Rodríguez Vi! I . 
refiriéndose al estado de la plaza conquistad* 
dice: "No eran hombres sino esqueletos; hombres 
"y müjeres, vivos retratos de la muerte, se aga- 
rraban a las paredes para andar sin caerse. Tal 
"era el hambre horrible que habían sufrido. Vein- 
tidós días .hacía que no comían otra cosa que 
"cueros remojados en tanques de tenerías. Mu- 
jeres que habían sido ricas y hermosas; hombres 
"que pertenecían a lo más granado de aquel en- 
tonces opulento centro mercantil de ambos mun- 
idos, todos aquellos sin distinción de sexos ni de 
"clases, que podían moverse, se precipitaban em- 
pujándose y ■ atrepellándose sobre nuestros sol- 
idados, no para combatirlos sino para registrar- 
les las mochilas en busca de un mendrugo de pan 
"o de algunas galletas. Indescriptible fué el es- 
tado en que se encontró a la rica Cartagena de 
"Indias. El mal olor era insoportable, comó qu© 
" había muchas casas llenas de cadáveres en pu- 
trefacción. Muchas carretadas llenas de cadá- 
veres se sacaron de las casas, depositándolos eii 
^ la fosa común; pero por grande que fué el zan- 
cón que se hizo no pudo contenerlos a todos y 



66 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



'"hubo que llevar a muchos en piraguas para arro- 
garlos al mar." 

Más de 3.000 hombres había perdido Morillo en 
aquel sitio y el heroísmo de sus defensores debió 
manifestarle fttiB éstos pueblos eran invencibles 
y que la reconquista española no se haría sino 
cuando no quedara en estos suelos ni un hombre, 
ni una mujer/ ni un niño para defender su liber- 
tad. * 

Ya tenía el Pacificador la puerta abierta pa- 
ra penetrar en el Continente; no era un arco de 
triunfo, era el dintel de un campo-santo de már- 
tires de los derechos populares, y ante los horro- 
res de armella ciudad desmantelada y desierta de- 
bió m'edir el soldado de fortuna de Bailen y de 
Vitoria todas las dificultades de una empresa en 
que fracasaría ciertamente, como fracasa la fuer- 
za bruta ante el poder espiritual. 

Si hubiéramos de hacer la historia de las 
guerras de Morillo, encontraríamos en todos los 
detalles de la distribución de sus fuerzas sobre 
el Magdalena y de su marcha al interior por Mom- 
pox y Ocaña, hasta llegar a Santa Fe en el mes 
de Mayo de 1816, capital que ya habían ocupado 
la división de Calzada, que venía de Barinas, y la 
del Brigadier Latorre, que remontaba el Magda- 
lena, uniéndose ambas en Leiva para entrar en 
Bogotá sin disparar un tiro. 

h?\ Empresa parecía terminada y el Pacifica- 
dor pudo por un instante creer en el éxito definid 
tivo de su misión; empero, no tardaron en llegar- 
le noticias del movimiento patriota que por todas 
partes despertaba nuevamente, en la isla de Mar- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



67 



garita, en los llanos de dimana y Barcelona, en 
las márgenes del Orinoco y del Apure, en Casa- 
nare, por todas partes donde había un republi- 
cano que lloraba la ruina de su solar, el incendio 
de su choza, la muerte de sus hijos o la deshonra 
de las mujeres de su, familia. 

Aquí, como en Cartagena, sondeó Don Pablo 
Morillo el abismo que habían creado a la reacción 
española las malas prácticas de administración 
durante dos largas centurias y, en vez de corre- 
girlas, en vez de atraerse a los habitantes por la 
concordia real y positiva, proclamaba indultos 
que no se cum;g¿ían y creaba tribunales perma- 
nentes de guerra, comisiones de vigilancia y otros 
instrumentos de represión. . 

La primera víctima fué el patriota Don An- 
tonio Yillaviceneio, fusilado por la espalda a los 
pocos días de haber ocupado Morillo a Bogotá; 
siguiéronle Carlos Montúfar, que había mandado 
a los revolucior arios de Quito, Tadeo Lozano, pre- 
sidente nt¡e fué de Cundir a marca, Camilo Torres 
y Manuel Rodríguez Torices, presidente granadi- 
no el uno y dotador de Cartagena el otro, que tan 
entusiasta apoyo prestaran a Bolívar en sus pri- 
meras campañas. Larga es la lista de patriotas 
denonados, como el Cenefa] Baraya, que coman- 
do el primero las fuerzas de Nueva Granada, y 
Liborio Mejía. que defendió el último reducto re-* 
publicano en La Plata y muchos otros que fue- 
ron fusilados por la espalda. Ni los sabios, co- 
mo el ilustre Francisco José Caldas, ni los hom- 
bres de notoria capacidad que podían conducir al 
pueblo a sus futuros destinos, escapaban al Paci- 



68 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



ficador que hacía caer 125 cabezas sobre el patí- 
bulo de la reacción, fortaleciendo con esta sangre 
generosa el 'terreno en que, fatalmente debía ger- 
minar vigorosa la semilla de las nuevas ideas. 

Domina toda la Costa Firme, desde Guayana 
a Panamá: pero no está tranquilo y en oficio re- 
servado, de 31 de Ma} r o, dice. al Ministro de Gue- 
rra: "Muchos o los más de los curas han sido los 
"fomentadores de las nuevas ideas y debo decir 
"a V. E. que con las tropas del Key venceré en 
"toda América, pero el convencimiento y la obe- 
diencia al Soberano es obra de los eclesiásticos, 
"gobernados por buenos Prelados, pero desde Cu- 
"maná hasta Quito sólo hay el Arzobispado de Ca- 
"racas y el nuevo Obispo de Maracaibo y S. M. 
"no ignora lo que sobre el primero tengo expues- 
to. Exige, pues, la necesidad que los nuevos 
"pastores vengan pronto a cuidar de sus reba- 
"ños y que centenares de religiosos se encarguen 
"de los curatos de Santa Fé y Venezuela. ' ' (18) 

No sólo quiere frailes para la propaganda po- 
lítica, también reclama soldados peninsulares pa- 
ra afianzar el dominio que aquellos van a esta- 
blecer sobre las conciencias. "Repito la necesi- 
"dad que hay de que vengan a esta América 4 
<'mil hombres más que recalando fcobre Marga- 
rita recorran la costa, se empleen donde sea ne- 
cesario y por último de guarnición a Cartagena. 
"El espíritu de estas provincias es por lo regu- 
"lar por la independencia y sólo la vigilancia, 

—i 

(18) A. Rodríguez Villa. Historia de Morillo. Tomo 
III. Doc. 549. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



69 



"la precaución y la fuerza puede contenerlas." 

Insiste en que le envíen soldados de- Espa- 
ña, pues no tiene confianza en la recluta del país 
y quiere enviarle lejos, a México o al Perú, pues 
así no podrán causar inquietudes, especialmente 
los contingentes venezolanos del Numaiicia y del 
Rey. 

Se afana inútilmente el triunfador de Carta-: 
gena; ni la propaganda de religiosos monarquistas, 
ni la intervención de soldados peninsulares, ni 
todas las medidas estratégicas que él tom!a, dis- 
tribuyendo acertadamente sus fuerzas y constru- 
yendo caminos para su más pronta concentración, 
nada le evitará el fracaso definitivo, pues su plan 
es fundamentalmente erróneo; ha venido a paci- 
ficar por la fuerza y con ella sólo conseguirá dar 
mayores prestigios a los ideales republicanos. Po- 
drá mantenerse un tiempo más o menos largo 
mientras las energías contrarias salen del estado 
caótico para agruparse en vagos núcleos disper- 
sos, luego en nebulosas más consistentes y, final- 
xriente, en un sistema fuerte con un núcleo cen- 
tral sólido. Las ideas no dejan de evolucionar 
en sentido progresivo y Morillo, no solamente trató 
de contener esta evolución, sino que pretendió 
hacerla regresiva por la compresión de las con- 
ciencias y por el peso de las armas. 

Si el Conde de Cartagena hubiera tenido pre- 
paraciones educativas, instrucción verdadera y 
otras condiciones que no pudo adquirir ni por su 
origen, ni por el medio en que actuó y en el que 
se apoyó para subir hasta cumbres que no soñó el 
muchacho de Fuentesecas es seguro que sus infor- 



70 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



mes aí m/onarca se habrían inspirado, a la tez, en 
un conocimiento más exacto de los hechos y en el 
consejo de orientaciones más en harmonía con la 
justicia y, por ende, con las ventajas mlutuas de 
la Metrópoli y de sus colonias. Morillo y sus 
compañeros en Sud-América destruyeron el Im- 
perio Español, causaron un grave mal a su patria 
y, merced a la sangre derramada, retardaron el 
progreso de éstas sus hijas suramericanas que se 
iban a desarollar robustas, tan luego comió se res- 
tablecieran de la anemia producida por estos es- 
fuerzos heroicos. 

Como Jefe Militar, Morillo había procedido 
con extrema lentitud : desembarcado en Margari- 
ta en Abril de 1815, empleaba más de un año para 
llegar a Bogotá, sin que encontrara mayores tro- 
piezos, pues ya Venezuela estaba sometida por 
Morales y Nueva Granada era víctima de las fac- 
ciones políticas. Si como guerrero su conducta 
no merece grandes elogios, su proceder político es 
simplemente vituperable. No logró idar unidad 
al gobierno que se le encomendaba y, cuando 
llegara el momento del peligro, se encontraría en 
la anarquía de una administración que no había 
sabido organizar y cargaría ¡sobre sus lugarte- 
nientes, los hombres que él mismo eligiera y re- 
comendara, responsabilidades que le eran pro- 
pias. 

A pesar de todo, era poderoso, contaba con 
un fuerte ejército peninsular; tenía bien guarne- 
cidas las plazas exteriores, desde el Atfato al 
Orinoco; contaba con el cordón de las Antillas 
adictas al Rey; la flota de Enrile vigilaba los ma- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



71 



res y obraba en conexión con las escuadras euro- 
peas ; en estas condiciones, le habría bastado ser 
un estadista de verdad para incorporar estas co- 
marcas al Imperio Español. Pero semjejairte 
idea no tuvo asiento en su cerebro ni será acogi- 
da en los gobernantes españoles de la época. La 
orientación política era distinta; España no que- 
ría ser el gran centro de atracción, sino la sobera- 
na, más que eso, el ama de estos países y, por so- 
ñar con el dominio del Mar Caribe en esta errada 
forma, iba a romper los nexos de una gran fami- 
lia que sólo el tiempo podría reconstituir, cuando 
la madre se sintiera orgullosa de las hijas maltra- 
tadas y éstas también de la sangre que infiltró 
en sus venas. 

Ante este poder del Conde de Cartagena, an- 
te esta supremacía del Gobierno absolutista, ante 
esta Reina del Caribe, se alzaba sólo, perdido y 
perseguido en una isla, el hombre que había de 
tumbar este sistema, el que había de trazar nue- 
vas líneas para el futuro y cuyas ideas y sacri- 
ficios, junto con crear las soberanías americanas 
iban a marcar las líneas de uniones futuras y de 
aproximíaciones a la madre patria; y este era el 
mismo que se había alejado de Cartagena, di- 
ciendo que no sería más General, que pedía como 
premio el perdón de sus faltas: Simón Bolívar. 



ooOoo 



LAS GUERRAS DE BOLIVÁR 
FORMACION DE LA PATRIA VENEZOLANA 



SEGUNDA PARTE 

LA PATRIA HUERFANA. 



I.— BOLIVAR EN JAMAICA, 
II.— LAS FUERZAS REALISTAS EN VENEZUELA. 

III. — LAS GUERRILLAS DEL ORIENTE Y DEL 

CENTRO. 

IV. — LA GUERRA EN LA FRONTERA CON NUE- 

VA GRANADA £ LA REVOLUCION EN 
LOS LLANOS DE OCCIDENTE. 
V — BOLIVAR EN HAITI. 

VI.— PRELUDIOS DE LA REORGANIZACION 
PATRIOTA. 

-~— — OOOOO - ■ 



BOLIVAR EN JAMAICA. 



Caído junto con Miranda en 1812, caído por 
segunda vez en el desastre de Aragua, desgracia- 
do término de la admirable campaña de 1813- 
1814, Bolívar había encontrado en los vigores de 
su alma enamorada de su causa alientos suficien- 
tes para alzarse de nijevo contra los enemigos de 
la Patria naciente y para recoger laureles con que 
ornar sus sienes, victorias que le suscitaron ri- 
vales y le arrastraron a su tercera caída junto a 
los muros de Cartagena. 

El Libertador iba a sacar de las fibras de su 
espíritu la energía necesaria para reponerse de 
este tercer quebranto que parecía ya definitivo, 
en vista de las profundas divergencias de los pa- 
triotas ante las fuerzas españolas compactas ba- 
jo la mano del General Morillo. La ambición 
personal no basta para explicarse la tenacidad de 
un hombre ante los fracasos de una empresa que 
no le afecta directamente ; es necesario buscar en 
otras cualidades el secreto de esa constancia que 
hacía levantarse a Bolívar de todas sus postracio- 
nes, nuevo Anteo que recuperaba las fuerzas per- 
didas cada vez que, derribado en una lucha, su 
cuerpo se ponía en contacto con su madre, la 
tierra. 

En cada uno de estos desastres, Bolívar se 
unía íntimamente con la patria, que estaba crean- 



76 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



do, y en su contemplación recuperaba el entu- 
siasmo de los ideales y el empuje para llevarlos 
a cabo. 

Nadie comjo él estaba penetrado del am(or 
por ese sér intangible que se llama patria, de cu- 
ya existencia dudaban las alm'as débiles que se 
agotan en el infortunio, cuya creación creían im- 
posible, y tal vez innecesaria, los que habían se- 
guido al Libertador por consideraciones de mero 
interés; colocado a mayor altura que los demás, 
su pensamiento veía más lejos y su corazón sen- 
tía más hondo, derivándose de aquí esa impresión 
profunda de su propia responsabilidad, impresión 
que creó en Bolívar una verdadera virtud, mayor 
que la abnegación, una cualidad propia de él, la 
de su identificación con la causa que sustentaba, 
hasta el punto de olvidarse de sí mismo para no 
pensar sino en ella. 

En este sentimiento de la responsabilidad ha- 
llará Bolívar nuevamente inspiraciones para abrir 
una campaña redentora y también energías mate- 
riales para organizaría, a despecho de sus rivales, 
sin contar la fuerza del enemigo y como diciéndo- 
se así mismo: "mi deber es tiunfar y triunfaré". 
Con esta resolución salió de Cartagena el 9 de ma- 
yo de 1815, embarcándose en un buque de guerra 
inglés con rumbo a Jamiaica, sin más compañero 
que Don Pedro Briceño Méndez; sus demás ofi- 
ciales, los del malogrado ejército de su soñada em- 
presa contra Santa Marta, no habían podido se- 
guirle por la falta absoluta de recursos en que se 
encontraban. 

Cinco días después, el 14 de mayo, desemibar- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



77 



caba en Kingston y sin pérdida de tiempo se de- 
dicaba al trabajo reconstructivo inspirado por sus 
responsabilidades. 

En 27 de mayo, ya había realizado alguna la- 
faor y daba cuenta de ella en un oficio al Presiden- 
te del gobierno de Nueva Granada, dicáéndole : 

"La amistad con que he sido recibido por los 
"sujetos pricipales de esta ciudad, me ha propor- 
cionado ocasión de emplear mis servicios por la 
* 'causa de América desde el momento que llegué 
"a tierra. V.E. ha sido testigo de mis sacrificios 
"por la libertad, mientras he residido entre mis 
"conciudadanos, y V. E. verá hasta donde se ex- 
tiende mi amor a la patria, cuando sienta los 
"resultados de mis esfuerzos en los países extran- 
jeros. 

"Aunque la situación actual ele lia Europa 
''tiene absorbida la atención de todas las poten- 
cias de aquel Continente, yo me atrevo a esperar 
<l y anuncio a V. E. que tal vez la América será, 
"aún en medio de estas circunstancias, miraba con 
"interés por Inglaterra, que estaría ya decidida 
"a protegernos, si la elevación de Bonaparte se- 
"gunda vez al trono de la Francia, no hubiese va- 
"riado el aspecto de la Europa. Yo, sin embargo, 
"apuro todos los medios que pueden obrar esta 
"decisión, y sabré aprovecharme de cualquiera 
''oportunidad favorable que llegue a presentarse. 
"Mi constancia y mi deseo por el bien de la pa- 
tria me harán em-prender todo y trabajar ince- 
santemente por él, sin reparar en las dificulta- 
des. 

"Permítame decir de paso estas cuatro pala- 



78 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"bras. Amo la libertad de América más que mi 
4 'gloria propia; y para conseguirla no he ahorra- 
ndo sacrificios. Si V. E. me da crédito, hará un ac- 

"to de justicia." (1) 

En la secretaría de la presidencia Neo-Gra- 
nadina se anotaba al pié de esta carta : Contés- 
tese con aprecio y sin comprometimiento. Si hu- 
biera sabido el Libertador la expresión de recelo 
que envolvía esta nota, no dudamos que habría 
prescindido de ella, pues su causa estaba sobre 
toda consideración personal. 

Mientras los patriotas se agotaban en luchas 
intestinas, Bolívar iba a procurar los auxilios que 
fuera posible, tratando de interesar a la Potencia 
que, hasta entonces, róás había simpatizado con 
la rebelión de Hispano-América e iba a dirigirse 
a su antiguo amigo Sir. Wellesley, con el cual tra- 
bara amistad" en Londres en su misión diplomáti- 
ca de 1810. 

"El equilibrio del Universo, dice el Libertador 
*'a "Wellesley en carta escrita desde Kingston, y el 
"interés de la Gran Bretaña se encuentran perfec-» 
"tamente de acuerdo con la salvación de la Amé- 
"rica. ¡Qué inmensa perspectiva ofrece mi patria 
"a sus defensores y amigos! Ciencias, artes, indus- 
trias, cultura, todo lo que en día hace gloria y la? 
"admiración de los hombres en el continente euro- 
"peo, volará a América. La Inglaterra verá re- 
"fluir en su país las prosperidades del hemisferio, 
44 que casi exclusivamente debe contarla por su 
"bienhechora. 



(1) O'Leary. Documento 270. Tomo XIV. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



70* 



"Este es el último período de nuestra exis- 
tencia, si una nación poderosa no nos presta au- 
"xilio de todo género. ¡Qué dolor! Tenemos una. 
"masa inmensa de poder que por si misma debe 
"desplomarse, si artífices fuertes y hábiles no cons- 
truyen el edificio de nuestra libertad. Inmensas- 
"regiones surcadas por ríos caudalosos, manantía-- 
"les inagotables de riquezas agrícolas y mercanti- 
les, todo será anonadado por la maléficencia es- 
pañola. Provincias enteras están convertidas en: 
"desiertos; otras son teatros espantosos de una 
"anarquía sanguinaria. Las pasiones se han exei- 
"tado por todos los estímfulos, el fanatismo a vol— 
"eanizado las cabezas, y el exterminio será el re- 
"sultado de estos elementos desorganizadores. 

"Yo vi, amigo y señor mío, la llama devora- 
"dora que consume rápidamente a mi desgracia- 
do país. No pudiéndola apagar, después de haber^ 
"hecho inauditos e innumerables esfuerzos, m¡e he; 
"valido a dar la alarma al mundo, a implorar au- 
"xilio, a anunciar a la Gran Bretaña, y a la huma- 
unidad toda, que una gran parte de* su especie va a 
"fenecer y. que la más bella miitad de la tierra se- 
"rá desolada." (2) 

La reconquista española y la nueva pujanza 
¿te la metrópoli hacían temer al Libertador por el 
éxito de la lucha con los solos recursos coloniales 
y por eso busca la ayuda extraña, cuidando de es- 
clarecer este punto con claridad en el siguiente pá- 
rrafo de la carta que comentamos: "Si me hubie- 
"se quedado un solo rayo de esperanza de que la 

(2> O'&eary. Tomo XXIX. pagma 49. 



80 



FRANCISCO RIVA'S VICUÑA 



" América pudiese triunfar por sí sola, ninguno ha- 
mbría ambicionado más que yo el honor de servir 
"a mi país sin degradarlo a la humillación de so- 
licitar una protección extraña. Esta es la causa 
"de mi separación de la Costa Firme. Vengo a pro- 
" curar auxilio; iré a, su busca a esa soberbia capí- 
1 ' tal ; si fuere preciso marcharé hasta el polo ; y, 
"si todos son insensibles a la voz de la humanidad, 
"habré llenado mi deber aunque inúltim'ente y vol- 
"veré a morir combatiendo por mi patria.' • 

Pocas o ninguna esperanza tenía Bolívar de 
obtener auxilios directos de parte del Duque de 
Manchester, Gobernador de Jamaica, funcionario 
que no podía sino plegarse a la política de espec- 
1 tativa del Gabinete de Londres ; nos sentimos ten- 
tados a creer que la autoridad inglesa no acogió* 
con benevolencia a los insurrectos hispano-america- 
nos, por muchas que fueran las simpatías que ellos 
despertaran en los colonos británicos. Nos incli- 
namos a esta opinión en virtud de una carta diri- 
gida por Bolívar al Duque de Manchester, quince 
días después de su llegada a Kingston. De ella 
consta que, en estas dos primeras semanas de su 
permanencia en Jamaica, el gobernador no le ha- 
bía recibido. 

"Tengo el honor, le dice Bolívar con fecha 29 
"de mayo, de dirigir a V. E. las presentes líneas, 
"para participarle que los sucesos de mi patria 
''míe han obligado a venir a esta isla con el obje- 
to de pasar a Inglaterra a emplear mis esfuer- 
zos en procurar a la América un apoyo, que la 
"ponga en aptitud de -pagar su gratitud con ven- 
taja a sus bienhechores. Yo no me he atrevido 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 81 



"a importunar la atención de V. E., hasta el pré- 
nsente, porque he conocido que en la actual crisis 
"el mas inocente paso podría considerarse de mu- 
idla consecuencia: pero debiendo partir ráuy 
** pronto, creo de mi deber suplicar a V. E. se dig- 
"ne concederme el permiso de presentarme ante V. 
1ÍB >? cuando sea de su agracio, para tener el ho- 
"nor de ofrecerle m¿s respetuosos homenajes y 
pedirle órdenes para la Gran Bretaña." (3) 

Bolívar debió, sin duda alguna, hacer todo em- 
peño para entrar en relaciones con el Duque de 
Manchester desde su llegada a Jamaica. Desprén- 
dese esta afirmación, no sólo de la natural activi- 
dad del Libertador, sino de una carta dirigida el 
19 de marro, cinco días después de su desembarco, 
al caballero inglés Maxwell Hyslop, carta que es 
un verdadero memorial sobre la situación de Cos- 
ta Firme, sobre las ventajas que Gran Bretaña de- 
rivaría del comercio libre con las repúblicas lati- 
no-americanas independizadas y en la cual se 
llega hasta insinuar ventajas de otro orden partí 
Inglaterra. 

"La Costa Firme se salvaría con seis ú ocho 
''mil fusiles, municiones correspondientes y 500.000 
"duros para pagar los primeros meses de la cam- 
"paña. Con estos socorros pone a cubierto el res- 
So de la América del Sur, y, al mismo tiemjpo, 
"se puede entregar al Gobierno británico las pro- 
vincias de Panamá y Nicaragua para que forme 
"de estos países el centro del comercio del Univer- 
so, por medio de la apertura de canales, que rom- 



(3) O'Leary. Tomo XXIX. página 51. 



$2 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



*'piendo los diques de uno y otro mar acerquen 
"las distancias más remotas y hagan permianente 
"el imperio de Inglaterra sobre el comercio.' 9 (4) 

Todo induce a creer que esta carta, en la cual 
se expone el grandioso programa de comunicacio- 
nes oceánicas que se había de realizar un siglo des- 
pués, fué redactada de acuerdo con el señor Hyslop 
a fin de que este pudiera presentar éstas ideas al 
Diique de Manehester y procurar a Bolívar la en- 
trevista que deseaba anhelosamente, sea para ob- 
tener recursos inmediatos o bien para alcanzar su 
protección en el proyectado viaje a Inglaterra. 

La obra positiva, la de su responsabilidad pa- 
ra el porvenir, fué la primera preocupación del 
vencedor infatigable y del vencido sin desmayos ; 
por ella hizo estos primeros preparativos para bus- 
car auxilios, dándole preferencia sobre sus deberes 
para con él pasado, anteponiendo este servicio á 
la patria al trabajo de esclarecer los hechos y jus- 
tificar su conducta ; esto último era meramente 
personal y podía postergarse para hora más opor- 
tuna. 

Sin embargo, sus prestigios de jefe, su acción 
en el futuro, le obligan a la narración documen- 
tada de los acontecimientos de Cartagena; él de- 
sea que los pueblos conozcan la verdad y aprecien 
«u acción con justicia, quiere informarles sobre 
detallas que sirvan para aquilatar su pericia mi- 
litar y su concepción de las organizaciones de la 
República. De aquí nacerá la confianza que en él 
-depositen sus compatriotas, sentimiento necesario 



(4) O'iieary. Tomo XXIK. página 42. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



83 



para el mejor acierto en lo militar y de todo pun- 
to indispensable como factor moral en la obra, mja- 
yor aún, de unir las almas en una sola aspiración: 
la que él tenía, la de una América soberana, gober- 
nándose por sus propias leyes y por sus propios 
mandatarios elegidos en conformidad con sus cá- 
nones constitucionales. 

Én Kingston principió el borrador de esta ex- 
posición dirigida a los Venezolanos, en que relata 
sus desaveniencias con Castillo, y termina este do- 
cumento con las siguientes frases: 

" Estos son los sucesos, esta es la verdad, com- 
" patriotas mios, que justifico con los documentos 
"que aquí veréis. Ellos os darán pruebas irrefra- 
gables de la justicia de mis procedimientos, de 
"la pureza de mis intenciones y del constante pro- 
vecto de servir a la Nueva Granada y de liber- 
tar a Venezuela. Vosotros seréis bastante im- 
*c parciales para nocondenarme, y si lo hiciereis, 
° confesaré que no está de mi parte la razón cuan^ 
"do otro juicio me es contrario: pero estoy tran- 
quilo en mi conciencia; conceptúo que he llenado 
"mi deber; que he procurado el bien; que he hul- 
ado de la güera civil; que he sacrificado todo por 
"la paz; que sólo me he defendido; y qué si he so- 
licitado armas eran contra los tiranos, y no pa- 
ta oprimir la República. Mis enemigos han si- 
"do injustos y yo desgraciado/' (5) 

Pensó Bolívar que sus explicaciones no podían 
llegar a conocimiento de los venezolanos, someti- 
dos de nuevo al yugo español, y estimó más con- 



(5) O'Leary. Documento 273. Tomo XIV. 



84 



FRANCISCO RIVAS VICUnA 



ducente transformar esos apuntes en un informe 
para su mandante inmiediato, el Gobierno de Nueva 
Granada, que tenía derecho a recibir detallada 
cuenta de los actos del jefe a quien prestigiara con 
su confianza. 

Eetocado el borrador, para amoldar el mensa- 
je a las exigencias de su nuevo destino, dice el 
Libertador al Gobierno Supremo de la Unión de 
Nueva Granada: 

"La magnanimidad de V. B. no se contenta 
(< con premiar mis débiles servicios, nombrándome 
"Capitán General de sus Ejércitos, sino que me 
"me promietió y prestó socorros de todo género, y 
"me envió a Cartagena a tomar el mando de las 
" tropas de aquella provincia, a armar, municio- 
"nar y equipar de cuánto era necesario al ejérci- 
to destinado a libertar a Santa Marta y Venezue- 
la. ¡Jamás un Gobierno se ha interesado tanta 
en la suerte de un pueblo afligido, como lo hizo V. 
"E. con mi Patria! Así, nuestra gratitud será 
' 1 eterna, coma el dolor que imprime en nuestros 
* 'corazones la descripción de los acontecimientos 
"que han impedido la* ejecución de la camfpaña, 
"que habría asegurado la suerte de esta parte dé 
"América." (6) 

Relata, enseguida, todos los sucesos que malo- 
graron el plan le Bolívar, programa militar que, 
realizado por la unión y la disciplina de políticos 
y de militares, pudo cambiar la faz de los aconte, 
cimientos, obligando al General Morillo a dividir 



(6) Blanco y Azpurúa. Documento 1049. Romo V. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 85 



sus fuerzas, cuyo golpe de ariete sobre Cartagena 
fué la base de su éxito. 

Solamente el 10 de Julio, enviaba esta cornu- 
niaeión el desterrado de Jamaica al Gobierno gra- 
nadino; antes había hecho su campaña para obte- 
ner auxilios, ella importaba el servicio de la Nación ; 
tras de esta labor vendría la justificación de su con. 
ducta, acto personal hasta cierto punto, pero ne- 
cesario' como dictado de honor y requerido, además, 
por el bien de la patria. La discordia había sido 
la causa del fracaso, ella era la fuerza mayor del 
enemigo común, y Bolívar, junto con acusar a los 
responsables, manifiesta en el conjunto de docu- 
mentos que hemos analizado, la decisión indomable 
de continuar en su noble tarea y de realizarla por 
la unión de los elementos apartados del fin primor- 
dial, la libertad de América, por inspiraciones es- 
trechas de círculo. 

En estos días de su permanencia en Jamaica, 
la conducta del Libertador es fuente de grandes 
lecciones para los hombres de Estado; su ejemplo 
vigoriza el ideal de la responsabilidad; lo ordena, 
si se quiere, dando preferencia a la colectividad 
sobre el individuo, al servicio de la causa sobre 
las inspiraciones del amor propio, que no debe to- 
marse en cuenta sino ^es para el mejor éxito de 
aquel servicio. 

El Libertador se afana por obtener socorros 
de las autoridades de Jamaica; no las encuentra 
dispuestas, más no se abate, y se dirige a sus amigos 
de Europa; sabe los fracasos de los comisionados 
oficiales de Nueva Granada en Estados Unidos y 
en la propia isla de Jamaica y sigue, imperturba- 



86 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



ble. en su propia tarea, estimulando todas las ac- 
tividades, todos los entusiasmos que están a su 
alcance. Si los grandes no le ayudan, acudirá á 
los pequeños, y traba relacioíies con un comercian- 
te de Curazao, Don Luis Brioii, a quien le dice en 
carta dé Julio 16: ? 1 

"Mi querido y digno amigo: No sé lo que de- 
"bo admirar éñ lid. si su generosidad, su patrio- 
"tísmb o sü bondad. Es preciso que Üd. sea de 
"iin carácter tan extraordinario para qüe se sa- 
crifique sin reserva por los intereses de una cau- 
*'sa que siis propias criaturas despedazan. Es 
"preciso, amigo, que a TJd. se le tribute el honor 
"de ser el primer protector de la América y el 
"más liberal de los hombres." 

El armador Brioh es un comerciante, que vé 
el problema de la rebelión un tanto bajo este as- 
pecto, sin dejar de consagrarle cierta devoción; 
Bolívar desea aprovechar esta energía y le propor- 
ciona en su carta los datos necesarios, agregán- 
dote: 

"Yo no aconsejaré a TJd. haga tal o cual co- 
"sa, por lo que respecta a sus intereses privados, 
"porque entiendo poco de estos negocios de espe- 
culación y porque, además, los resultados podrían 
"ser fallidos. Pero si Üd. puede (sin comprome- 
terse hasta el extremo) hacer nuevos sacrificios, 
"la vía que yo conceptúo más a propósito es la del 
"Atrato, porque Cartagena no tiene ahora comu- 
nicación con el interior, no tiene dinero y le so- 
"bran armas y pertrechos." 

El asunto no es para tratado poi- carta ni tam- 
poco» eii caso de resolución favorable, para ser en- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



comendado a un comerciante, por altas que fueran 
sus miras; la expedición mercantil y militar, debe 
tener un jefe militar y así lo insinúa Bolívar. 

"Mi Mayor General, Coronel Miguel Caraba- 
"ño, agrega la comunicación, es el comisionado 
"que debe poner en manos de TTd. esta carta, y 
"llevará aparte una credencial para todo lo relati- 
"vo á su comisión; el es muy capaz, no sólo de 
''combinar, sino de ejecutar una gran em)presa, tie- 
"ne talento e instrucción militar; su valor es su- 
perior a toda exageración, es en una palabra ca- 
"paz de libertar a Nueva Granada. Suplico a Ud. 
"le oiga y, si fuera necesario, lo sirva con dinero 
"para lo que pueda necesitar en su viaje. Este 
"ultimo sacrificio yo lo pagaré cuando pueda, y 
si no lo pagare, Ud. es tan generoso que no lo senti- 
rá mucho." (7) 

Presiente el Libertador el auxilio que puede 
prestarle Briom basado sin duda en los datos que* 
recogió de su influencia en el comercio de las An- 
tillas, y se propuso enaltecer a ese hombre, des- 
viándole de los atractivos ele ganancia de una em- 
presa casi filibustera para atraerlo a una verdade- 
ra campaña militar bien organizada. No se equivo- 
có en su manera de interpretar a Brion que vino 
a ser, con el tiempo, un auxiliar eficasísimo, dig- 
no de loa elogios que le hace Bolívar en esta prL 
mera carta. 

Así, por todos los conductos, busca el abne- 
gado caraqueño la salud de la patria y, en medio 
de estas preocupaciones, adelántase a las prácti- 



(7) O'Leary. Tomo XXIX. Página 51. 



88 FRANCISCO RIVA S VICUÑA 

cas de su tiempo, se dedica al periodismo y cola- 
bora en la Royal Gazette de Jamaica, con el nom- 
bre de Un Sud-Americano, defendiendo la causa 
de la emancipación, justificando los fracasos tan- 
to por la falta de preparación propia, como por 
la carencia de auxilios. 

De especial interés son las siguientes frases 
de una carta a la Royal Gazette, fechada el £8 de 
Setiembre de 1815 : 

"Nuestras discordias tienen su origen en 
"dos copiosas fuentes de calamidad pública: la 
' 'ignorancia y la debilidad. España fomentaba la 
"una por la superstición y perpetuaba la otra por 
"la tiranía. En el estado anterior de las cosas, 
"nuestra situación estaba reducida a la nulidad, 
"vivíamos ágenos a todos los acontecimientos que 
se cumplían, extraños a ^la contemplación del 
"ir undo político y separados de todo lo que de al- 
"gún modo pudiera ejercitar nuestra inteligen- 
"cia." (8) 

Esto por lo que hace a la falta de prepara- 
ción y luego agrega: "Además de esto, abando- 
nados por el mundo entero, ninguna nación ex- 
tranjera nos había guiado con su sabiduría y 
"experiencia, ni defendido con sus armas, ni pro- 
tegido con. sus recursos. No sucedió lo mismo 
"a la América del Norte durante la lucha de su 
"emancipación, aunque poseía sobre nosotros to- 
"da suerte de ventajas: las tres más poderosas: 
"naciones europeas, dueñas de Colonias, la auxi- 
liaron en su independencia; mientras que la 



(8) O'Leary. Tomo XXIX. Página 61. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



89 



"Gran Bretaña no ha usado de represalias contra 
* 'aquella mismia España que le había hecho la 
"guerra para privarla de sus colonias." 

Y deja constancia el Libertador de que estos 
pueblos no sólo no han recibido auxilios, sino que 
han sido combatidos indirectamente. ' "Todoá 
"los recursos militares y . políticos que nos han 
"negado a nosotros se han dado con profusión a 
"nuestros enemigois y, (sin citar otros ejemplos; 
"The Courant de Jamaica y la Gaceta de Santia- 
go, de Santiago de la Vega, copiando de aquel, 
"publican la lista de las armas, moniciones y ves- 
tuarios que han recibido... Nosotros no tene- 
smos más armas para hacer frente al enemigo que 
"nuestros brazos, nuestros pechos, nuestros ca- 
ballos y nuestras lanzas. El débil necesita una 
"larga lucha para vencer; el fuerte, como en Wa- 
"terloo, libra una batalla y desaparece un Im- 
"perio." 

Algo más que sus fuerzas individuales y sus 
caballos tenían los republicanos 'del Septentrión 
de la Ajnérica del Sur, tenían la inquebrantable 
fe en el triunfo de un hombre que día por día, a 
pesar de sus fracasos, se identificaba más y más 
eon la causa de la libertad y trataba, no sólo de 
procurarle auxilios externos, sino de organizar la 
extructura interna, coordinando voluntades, aba- 
tiendo ambiciones y no rehusando, por su parte, 
ningún sacrificio personal. 

Era la obra de un titán la que estaba pre- 
parando Bolívar en su asilo de Jamaica, sin más 
elementos que la luz de su genio y el fuego de su 
ampr patrio. Sin recursos para la vida holgada 



90 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



que siempre llevó, antes de ofrecerse por entero 
al servicio de la Independencia, daba cuanto te- 
nía a los más necesitados que él y comprometía 
su situación del futuro para pagar compromisos 
de la Nación. Apenas desembarcado en Jamai- 
ca, se le presentan cobradores y, entre otros, el 
que exhibía un crédito por gastos de traslación del 
Corono! D' Eluyar y sus oficiales desde Puerto Ca- 
bello a Cartagena, en los días de los triunfos de 
Boves. Bolívar no podía pagar y tampoco que- 
ría dejar a su patria con la afrenta de rechazar 
sus compromisos. Firmó., p-jes, una obligación 
que dioe : 

¿í Me constituyo responsable y me obligo a 
"pagar a M. Gerónimo Laff arque la cantidad de 
"cuatrocientos pesos, resto de los ochocientos en 
''que fué alquilada la goleta para trasportar al 
"Coronel D' Eluyar y otros oficiales a Cartagena, 
"bien entendido que este pagamento no lo haré 
"hasta que, mudadas mi situación y fortuna, me 
"encuentre en Costa Firme". ' (9) 

Cuida de los republicanos que acuden a Ja- 
maica, gasta en imprimir sus exposiciones, en ha- 
cer la defensa de la América que se emancipa, en- 
vía sus comisionados y se queda, comió dice a 
Brion en su carta: "viviendo en la incertidumbre 
"y en la miseria. Yo mismo no voy a esa isla 
''porque no quiero perder la confianza que hacen 
"de mí estos señores. . . " 

Esto acontecía a mediados de Julio; ya en oc- 
tubre su miseria era apremiante, viéndose obliga- 



(9) Blanco y Azpurúa. Documento 1043. Tomo V. 



I 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



91 



do a escribir a Hyslop: "Ya no tengo un duro: 
"he vendido la poca plata que traje. No me li- 
sonjea otra esperanza que la que me inspira el 
1 'favor de Vd., sin él la desesperación me forza- 
rá a terminar mis días de una manera violenta, 
"a fin de evitar la cruel humillación de irriplorar 
"auxilios de hombres más insensibles que su oro 
''misnío.'' (Carta de Bolívar a Maxcell Hyslop, 
fechada en Kingston el 30 de Octubre de 1815). 

Ocho días después, acude de nuevo a Hyslop 
para pedirle seis onzas a fin de cancelar una cuen- 
ta del impresor; eran las seis onzas que tenía para 
pagar su mesada y ruega a Hyslop que se las re- 
emplace. El rico propietario de haciendas y de 
minas en Venezuela, el criollo que había deslum- 
hrado por su lujo en los saloes de París, vivía de 
prestado y se reñía con su posadera. 

" Tengo que molestar nuevamente a Vd. di- 
"ce a Hyslop el 4 de Diciembre. He salido de 
"la casa donde vivía, porque las locuras de la mu- 
"jer que me servía, mte habían hecho perder la 
"paciencia. Esta maldita mujer me cobra ahora 
"más de cien pesos de gastos extraordinarios que 
"verdaderamente son injustos... 

"Yo no tengo utí maravedí, así suplico a Vd. 
"me haga el favor de mandarme estos cien pesos, 
"para pagar a esta mujer, con los cuales serajqi 
"trescientos pesos que me lia prestado Vd." 

Oprimido de esta suerte, cerraba aquel hoiji„ 
bre sus ojos a las amarguras de la hora presente, 
a las estrecheces de una posada, y su espíritu cam- 
peaba por tes llanuras sin límites d,e América y 
por los tiempos venideros, trazando en aquella su 



Q2 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



carta del 6 de Setiembre un cuadro de las actua- 
lidades Sud-Americanas, caracterizando a cada 
una de las naciones del Continente, con puntuali- 
zaciones prof éticas, y esbozando planes de go- 
bierno posibles, cunas en que se criarían estas Re- 
públicas a medida que sus desarrollos les permi- 
tieran alcanzar la miayor edad de la demjoeracia 
pura. (10) 

Vivía para la libertad de su país, estaba con- 
sagrado a élla y las tribulaciones de la pobreza 
sólo han debido amargarle en el memento de te- 
ner que recurrir a extraños; en todo otro instan- 
te ha debido gozar, como toda alma noble, por el 
sacrificio en aras de lo que se ama. Allí," en su 
vida de privaciones, estaba haciendo escuelas pa- 
ra sus holocaustos del futuro, los que el destino 
le tenía míarcados en los llanos ardientes del Ori- 
noco y en los páramíos helados de los Andes. 

Empero, mayores amarguras que estas con- 
templaciones de la miseria material habían de nu- 
blar su espíritu; El Libertador palparía otras ba- 
jezas, las del enemigo que ataca por la espalda, 
del que mianda asesinar y, también en estos tran- 
ces, iba como a acostumbrarse a escapar de los 
complots, sea que ellos fueran obra de los ene- 
migos de su patria o acción miserable de sus ri- 
vales, si se puede dar este nomíbre, que lleva cier- 
to carácter de igualdad entre enemigos, a los se- 
res ambiciosos que sólo se inspiran en esa peque- 
nez del alma que se llama envidia. 

Por tres veces escapó en Jamaica al puñal del 

(10) Blanco y Azpurúa. Documento 1066. Tomo V. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 93 



asesino, siendo de ellas la más notoria aquella que 
costó la vida a Don Félix Amestoy, antiguo habi- 
litado de la Guardia, de Honor de Bolívar. Pqr 
diferentes motivos, sobre los cuales no hay com- 
pleto acuerdo, el Libertador no durmió en su casa 
el 10 de Diciembre y ocupó su hamaca el amigo 
que, tal vez había dejado su posada, pues se em- 
barcaba al día siguiente para Santo Domingo. 
Sea . que estuviera en los trámites de cambio de 
domicilio, comió se deduce de la carta a Hyslop en 
que se queja de su posadera, y que en esos días 
de aflicción hubiera pedido hospitalidad a su an- 
tigu o edecán, el Teniente Coronel Rafael Paez, 
por dos o tres noches, según se desprende de la-, 
versión de la Royal Gazette, el hecho es que su 
hamaca estaba vacía a la hora en que vino Aan es- 
toy a despedirse de su antiguo jefe. Com;o no 
llegara el Libertador, el viajero se recostó y se 
durmió. Entre tanto el negro Pío, sirviente y 
liberto de Bolívar, que había sido comprado para 
asesinar a su amo, llegaba hasta la hamaca y daba 
en las sombras una primera puñalada en la gar- 
ganta y luego, tras de una corta lucha, un gol- 
pe mortal en el corazón al hombre elegido por la 
Providencia para salvar al caudillo de la emanci- 
pación de cinco Repúblicas. (11). 

Sin perturbarse por esta innoble actitud de 
sus enemigos, y sin dejar de pedir el perdón de 
su antiguo esclavo, Bolívar continúa en sus es- 
fuerzos por socorrer a los patriotas ; sabedor de 
que sú enemigo, el Coronel Castillo, había sido 



(11) O' Leary. Documento 9. Tomo» XV. 



94 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



despojado del mando en Cartagena, ya no tenía 
obstáculo para ir en persona con víveres y auxi- 
lios. Ya no existían los motivos que le aconse- 
jaron su retiro en los primeros días 'de Mayo y 
esto mismo hacía innecesario un llamado especial, 
como el que exigió a los Comisionados de Nueva 
Granada que le pedían la vuelta al Continente. 

"Mientras que la opinión de sus habitantes 
"no esté enteramente de acuerdo, dice a los Co- 
* 'misionados en 2 de Diciembre, mi presencia se- 
■ ' ría quizá un motivo de divergencia y de m'aL 
"Ningún bien podría hacer aunque estuviese en 
"la esfera de mis facultades" (12) 

Desaparecido el antagonista, no puede Bolí- 
var contener su necesidad de obrar y, comprome- 
tiendo su crédito personal, con recursos que pro- 
porcionaron los Señores Pavageau y Hyslop, se 
embarca en un buque de Brion con rumbo a Car- 
tagena el 18 de Diciembre. 

Ignoraba el Libertador la evacuación de la 
plaza el día 6 y sólo tuvo noticia al día siguiente de 
m. partida, por el feliz encuentro dé una goleta 
que le dio todos los pormenores. Cartagena os- 
tentaba aun el pabellón independiente, estratage- 
ma dé Morillo para capturar a las naves que pu- 
dieran acudir a la plaza. Sin este encuentro, Bolí- 
var habría sido, casi seguramente, hecho prisio- 
nero. La Providencia salvaba una vez níás al 
Libertador. 

En este trance decidió Bolívar hacer rum- 
bo a Haití; desesperaba ya de obtener recursos 



(12) Blanco y Azpurúa; Documento 1082. Tomo V. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



95 



de las grandes potencias; había medido las capaci- 
dades de las iniciativas particulares y conocía ade- 
más, el entusiasmo del Presidente Petión por la in- 
dependencia de Sud-América, que era garantía de* 
su propia nación. 

Dejemos por el momento a Simón Bolívar en, 
las crespas aguas del Mar Caribe, navegando ha- 
cia un islote independiente, a buscar en la protec- 
ción ele la más pequeña soberanía de aquellos, 
años el amparo que su causa no había hallado ni. 
en Inglaterra, a pesar de sus promesas, ni en Es- 
tados Unidos, a pesar de sus muestras de sim- 
patías. 

La Gran Bretaña, atenta al equilibrio Con- 
tinental, vigilaba a la Santa Alianza, y , esa era su. 
mayor preocupación; lús Estados Unidos, nego- 
ciaban con España la compra de Florida, ásuntc 
de interés primordial para su programa de expan- 
sión; ambas naciones, amigas de la libertad, cui- 
daban principalmente de sus propios problemas y 
se desentendían de las súplicas de Sud- América, 
las desechaban aún, como pronto lo veremtos, y 
Bolívar tomaba el único camino posible : el de las 
iniciativas de los pequeños hasta conquistar una¿ 
posición que hiciera respetables, dignas de con- 
sideración a las Eepúlicas nacientes. 

Nos hemos extendido sobre la actitud de Bo- 
lívar en Jamaica porque ella revela, junto con el 
sentido de orientación política del Libertador, to^ 
4a su capacidad de abnegación y de sacrificio, 
lección admirable para los hombres que sirven a 
los puebos y también para que mediten sobre ella 
los que se sirven de los pueblos. 



96 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



II 

LAS FUERZAS REALISTAS EN VENEZUELA 

La Nación de Washington permanecía insen- 
sible a los clamores ele sus hermanas del Conti- 
nente austral, acabamos de decir, y las Grandes 
Potencias ele Europa estaban resueltamente del 
lado ele España. Por diferentes motivos, entre 
otros su reciente guerra con Gran Bretaña y, míás 
que todo, por su deseo de no hacer una política 
de violencias, cuando esperaba obtener del gabi- 
nete de Madrid, condiciones favorables para la 
compra de Florida, los Estados Unidos demostra- 
ban simpatías platónicas por las Repúblicas la- 
tino-americanas y nada más. El auxilio que de ¡ 
allí podía venir era meramente individual y, en la 
práctica, se resolvía por prestaciones de servicios j 
de corsarios americanos, principalmente. 

No hubo amparo directo de la Nación ya es- 
tablecida y reconocida en favor de las que, forzosa- 
mente, tenían que seguir el mismo camino ; esta 
situación para los revolucionarios del Sur era de 
tanto mayor gravedad cuánto que las potencias 
europeas hostilizaban seriamente el movimiento 
separatista, sin exceptuar a Inglaterra que había) 
buscado en España el punto de apoyo para la 
palanca que removió el Imperio Continental de 
Napoleón. I 

Individualmente cooperaron ,a nuestra Jnde-| 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



97 



pendencia distinguidos subditos de los monarcas 
europeos; pero, oficialmente, en los años inmedia- 
tos a la reconquista española de 1814 y 1815, Eu- 
ropa estuvo contra la emancipación, no sólo en 
teoría sino en el hecho. Nos referiremos única- 
mente a los acontecimientos que tienen relación 
con la campaña de Bolívar. 

.El Teniente General de los Ejércitos del Rey^ 
Don Pablo Morillo, desde su llegada a 1^ Ifela 
Margarita, se dirigía a los gobernadores de las 
colonias inglesas, francesas, suecas y danesas de 
las Antillas, exigiéndoles que pusieran a su dis- 
posición a todos los españoles insurrectos que se 
habían refugiado en éllas y que dieran garantías 
de evitar todo aprovisionamiento de armas y mu- 
niciones para los rebeldes. 

Punto de especial importancia estratégica era la 
isla de Trinidad, posesión inglesa que es como la 
llave del Orinoco, río que es a su vez el corredor de 
penetración hasta el corazón de las Repúblicas del 
Norte. A sus relaciones con el Gobernador de 
Trinidad, atribuyó la merecida importancia el ge- 
^neralísimjo español, tratándole con cierto halago, 
pero con el vigor propio del representante de una 
raza que creía iniciar una nueva conquista de las 
Américas en 1814, como si éllas fueran entonces 
las aglomeraciones humanas que (sometieron 3jbs 
exploradores del siglo XVI. 

"Al llegar a estas aguas, dice Morillo al Gó~ 
"bernador de Trinidad, vi con sumo placer que V. 
"E. procuraba evitar los horrores de la guerra ei~ 
"vil de estos países, y que de ningún modo perrai* 



98 t FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"tía que los traidores a S. M. C. se mantuviesen en 
Trinidad. 

"Acabo de tomar esta Isla de Margarita sÍ7i 
" efusión ele sangre, y a pesar de la clemencia que 
"he demostrado con los habitantes, son tales sus 
iC crímenes que ni. aún así se han creído seguros, y 
"se han fugado porción de ellos con armas y con 
"plan de hostilizar. Sabe V. E. los horrores de 
"que ha sido afiijidala Europa por no cortar en 
"su nacimiento lasideas subversivas, y no puede 
"ocultársele a V. E. que la independencia de la 
"Costa Firme, y aún la indiferencia para evitar- 
"lo, arrastrará la perdición de las Indias Inglesas, 
"y en especial la Trinidad. Todas estas reflexio- 
nes, y la lealtad que la Inglaterra ha demjostra-\ 
"do a la España, que la ha hecho su amiga para 
' 'siempre, me dan esperanzas de que V. E. no sólo 
"no admitirá los fugados, sino que me mandará 
"entregar los de la nota adjunta, las barcas fle- 
cheras que ahí se guarezcan, y al ex-Marqués del 
''Toro con todos sus secuaces, incluso el Coronel 
"Sucre. 

"Toda la Europa está interesada en la tran- 
" nulidad de América, y así creo que V. E. contri- 
buirá a que se logre este fin, y no permitirá que 
''por expeculaciones mercantiles se remitan armas 
"y municiones a la América Española. Estoy muy 
"]exos de creer, Señor Gobernador, de que una Na- 
"ción tan grande como la inglesa se valga de pa- 
"sos tortuosos que sientan mal, aún en los países 
"débiles, y así desechando cuánto sobre este pun- 
**to 4 pretendan los Españoles Americanos, vivo tran- 



/ 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



99 



" quilo con la justicia de la causa del Rey, en la 
" grandeza de la Gran Bretaña y en los principios 
* 'sanos que V. E. ha demostrado en favor de la 
4 i humanidad, y de estas desgraciadas provincias." 
(13) 

Sir Kulph Woodford, Gobernador de Trinidad, 
acusaba recibo de esta comunicación, en 11 de Junio 
de 1815, y hacía las siguientes declaraciones al jefe 
derilamado ejército de Pacificación: (14) 

"Nada me ha sido más satisfactorio que obser- 
"var la amistad y alianza entre am'bas naciones, y 
"que haber procurado evitar, desde el momento de 
"mi llegada a esta isla,la remisión de armas y muni- 
ciones a los insurgentes ;ló que creo haber logrado,a 
" pesar de la extensión y abertura de estas costas. 
<£ La mayor parte de los individuos que constan de la 
"nota que V. E. ha tenido la bondad de dirigirme 
no se hallan en esta isla, o por no haber venido, o 
"haber salido ya para las otras colonias. Por lo que 
"hace a los pocos que quedan, siento tener que decir 
"a V. E. que sin recibir las órdenes de mi soberana, 
"no me hallo con facultades para entregarlos; pero 
"puedo, al mismo tiempo, asegurar a V. E. que cas- 
tigaré con la pena de traición al emigrado que Ín- 
stente perturbar en este territorio el de S. M. C. 
líen esas provincias, o nrradirlo, y puede V. E. estar 
" persuadido que el gobierno de S. M. B. ha deseado 
" siempre sinceramente la pacificación de las colonias 



(13) Antonio Rodríguez Villa. El Teniente General 
Don Pablo Morillo. Tomo II. Documento 408. 

(14) Ut supra. Tomo ÍI. Documento 424. ' 



100 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 

españolas, y que nunca ha perdido la ocasión de re- 

" unirlas con la Madre Patria 

"Ya Y. E. sabrá la segunda declaración de los 
"aliados que se.'comprometen a defender a la Fran- 
cia contra el usurpador Bonaparte." 

En igual tono estaban escritas las comunicacio- 
nes del Pacificador para los Gobernadores Daneses 
de San Thomas y Santa Cruz y para el representan- 
te francés en Martinica. Las respuestas de todos 
ellos concuerdan, en sus términos generales, con la 
de Sir Woodford; sin tratados de extradición, se 
atienen a las órdenes especiales de sus soberanos, 
por lo que hace a la entrega de los asilados; pero 
todos convienen en no dar facilidades para prepa- 
rar, expediciones de rebeldes ni para proveer de ar- 
mas y municiones a los que obra en el Continente. 

A medida que progresaban sus operaciones te- 
rrestres y que obtenía respuestas favorables de los 
gobernadores de colonias europeas, el círculo de 
acción de Morillo se ensanchaba y, el 30 de Junio, 
desde Puerto Cabello, escribía al Ministro de Es- 
paña en los Estados Unidos: "Puede V. E. traba- 
"jar desde su puesto para ayudarme, tomando 
ciertas medidas y procurando que ese Gobierna 
"se incliné a hacer observar a sus subditos una 
"perfecta neutralidad. Desde luego anuncio a V. 
"E. que voy a poner el bloqueo a los puertos del 
"Virreinato de Santa Fé a fin de que se publique; 
"y aunque no hubiese otras razones, basta que to- 
"do buque que se coja sobre aquella costa sea 
"buena presa. Sabe V. E. m/ejor que yo las leyes 
"que rigen entre las naciones, y por lo mismo, no 
u me extiendo más sobre este artículo, ni sobre el 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 101 



"de armas y municiones que se venden a los in- 
surgentes." (15) . 

Como es sabido el Gobierno de Washigton se 
declaró neutral en la contienda. . 

La notificación del bloqueo se hizo a todas 
las colonias de otras potencias, al almirante H. 
Douglas de la flota británica que ejercía su juris- 
dicción sobre las antillas de Sotavento y al jefe 
de la escuadrilla surta en Cartagena. En 30 de 
Julio, invoca "el derecho de S.M.C. para que "los 
"buques extranjero^ no vengan a estas posesio- 
"nes,derecho que le evitaría el paso que daba; pe- 
"ro la sincera amistad que reina entre la^ Cortes 
"británica y la española y los muchos servicios que 
"se han hecho y se hacen, me han estimulado a 
"dirigirme a V. E. para evitar disgustos que pue- 
"dan turbar una amistad adquirida de un mbdo 

"tan glorioso para ambas naciones Espero, 

"pues, que V. E. prohiba a los buques mercantes 
"y de guerra el que aborden a las costas y plazas 
"bloqueadas; y si hubiese alguno de los segundos 
"dentro de Cartagena, pido a V. E. se aleje al 
"momento." (16) 

La orden al Comandante de los buques de S. 
M- B. en Cartagena, fechada en 10 de Agosto, es 
más termínate. "Las leyes de la guerra y el dere- 
cho que asite a mi soberano, garantido por S. M. 
. "B., de que en estos puntos y mares no naveguen 



(15) Antonio Rodrigues Villa. El Teniente General 
Don Pablo Morillo. Documento 427. Tomo II. 

(16) A. Rodríguez Villa. El Teniente General Morillo. 
Tomo II. Documento 438. 



102 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"ni anden buques de naciones extranjeras sin su 
''beneplácito, ¿son las rabones que me -aseguran 
"de que V. S. les alejará de estas aguas antes qu 
"principien las hostilidades." (17) 

Estas medidas generales fueron aceptadas por 
los ingleses, sin que dejaran por ello de amparar 
los derechos de sus compatriotas y de apadrinar- 
los en las violencias de que fueron objeto; pero 
los deseos de Morillo se cumplían en cuánto era 
posible y no dejaba de acentuarlos en cada ocasión. 
Consta de una nota, de 11 de Agosto, a Sir Dou- 
glas que éste había dado la Srd.en de retiro a los 
buques ingleses de Cartagena, pidiendo .amparo 
para el comercio de los subditos de S. M. B. "El 
" comercio inglés, dícele Morillo, jamás tendrá que 
"quejarse de mis medidas. .. .pero, como he dicho 
"a V. E., Ínterin no se termine esta contienda, es 
"preciso no se dejen ver en estas costas y puer- 
"tos buques ingleses de guerra ni mercantes. ,, (Í8) 

Estrechado el sitio de Cartagei^a, previendo 
que la plaza se rendirá por hambre, el Pacificador, 
en oficio de Octubre 18, agradece a Sir Douglas 
"la bondad que ha tenido de no permitirse extrai- 
gan víveres los corsarios, los cuales en rigor de- 
"ben considerarse como piratas, y perseguirse co- 
mo tales. ..." 

En este mismo oficio, pide Morillo recursos de 
navegación al jefe británico, los que se pagarán 
• con letras sobre las Reales Cajas de México. "Si 
"V. E. por un efecto ele su generosidad y en obse- 



(17) Ut. supra. Documeto 439. 

(18) Ut. supra. Documento 440. ' 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 1Q3 



* * quio del buen éxito de una nación tan amiga y 
*' aliada fiel de la Gran Bretaña, condesciende con 
*'el envío de anclas y cables, intereso su atención 
'"en que sean remitidos a Santa Marta. " (19) 

No sólo esta clase de servicios pide Morillo al \ 
"jefe marítimo de las fuerzas de S. M. B. en islas 
de Sotavento ; rendida ya la plaza de Cartagena ; 
le exigre, además, que vigile a los patriotas que pre- 
paran expediciones y que paralice sus movimien- 
tos. "Si algunos de los buques de los insurgen- 
tes se presentasen en ese puerto (Kingston) o 
cí fuesen encontrados por embarcaciones de S. M. 
t <4 B., espero los detenga y desde luego tenga a mi 
* ' disposición los buques que, siendo de la Beal Ar- 
omada Española, se han llevado." (20) 

Gastaba, como es natural, su más decidido em- 
peño con los jefes ingleses, tratándoles con defe- 
rencia y cortesía • pero no tenía el Teniente Gene- 
Tal Morillo iguales contemplaciones con los gober- 
nadores de colonias pertenecientes a naciones de 
segundo raneo. El comandante de las fuerzas na- 
vales españolas había detenido un buque de Juan 
Caterany porque llevaba irnos machetes y pedía que 
se incluyeran estos instrumentos de labranza* en- 
tre las armas y que los buques que los llevaran 
fueran confiscados. La nave de Caterany había 
salido de Santa Cruz, isla danesa, y Morillo ame- 
nazaba a su Gobernador con un rompimiento si per- 
mitía la salida dé armas. (21) Alguna libertad 

(19) Ut. Supra. Documento 443. 

(20) üt supra. Documento 450. 

(21) Ut supra. Documento 428. 



104 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



* 



- encontraban, tal vz los revolucionarios en esa isla, 
y el general Pascual Enrile la vigilaba de cerca, 
dando avisos oportunos al Pacificador, a quien pa- 
recía exasperar la conducta del danés, a juzgar por 
los términos de un oficio que le dirige después de 
tomada la plazá de Cartagena. ' ' Quisiera me di- 
"jese si piensa V. E. prodigarles su protección (se 
"refiere a los refugiados en San Thomas), para en- 
cerar yo a S. M. el Rey mi amo, y tomar yo en 
"el ínterin las medidas necesarias para la seguri- 
dad de las proyincias que se me han confiado, 
"principiando por cortar toda comunicación con 
"esas islas del mando de V. E. y usando del dere- 
"cho que tengo para apresar los buques con sólo 
"acercarse a las aguas de estas costas." (22) 

Nada descuidan Morillo ni Enrile, vigilan el 
litoral y el mar, especialmente después de la caída 
de Cartagena, acontecimiento que no hizo cesar el 
bloqueo; lejos de éso, al comunicar su triunfo a 
los diferentes- gobernadores de colonias, les reitera 
los pedidos que les 'hiciera al llegar a Margarita y 
les notifica que el bloqueo continúa. Las corres- 
pondencias interceptadas durante el sitio, hacían 
cre^p en una expedición patriota que obrara sobre 
Guayana, apoyándose en los descontentos de las 
Antillas francesas. El 6 de Diciembre comunica 
Morillo al Gobernador de la Martinica que las tro- 
pas del Rey han entrado a discreción en Cartage- 
na, suceso que le participa comú tan interesado en 
la tranquilidad del Mundo. Apúntale sus temores 
de una expedición contra Guayana j le dice: "Me 



(22) Ut supra. Documento 449. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 105 

lisonjeo de que V. E. velará sobre tales planes y los 
disolverá como tan interesado en ellos. (23) 

Sometida Venezuela, tomada la plaza fuerte de 
Cartagena, vigiladas por las Escuadras de Espa- 
ña y sus aliados las actividades de los rebeldes en 
el Mar Caribe, la Pacificación encomendada a Mo- 
rillo parecía un éxito ya definitivo y el Rey iba a 
ennoblecer a su Teniente General * con el título de 
Conde de Cartagena. Reconquistada la Nueva 
Granada, por la privación absoluta de recursos pa- 
ra los rebeldes ; cubierta Venezuela por las guar- 
niciones veteranas traídas de España; vigiladas las 
costas desde Trinidad a Panamá v en todo el ám- 
Dito del Mar de las Antillas, llegaba el jefe espa- 
ñol al lisonjero resultado de ver casi completa su 
obra a fines de 1815. Nadie podría sublevarse en 
el Continente, ningún rebelde penetraría en él. 
De este modo, el jefe español tendría tiemfpo de 
organizar mayores fuerzas y de enviar tropas ve- 
teranas hacia el Perú para consolidar el poderío 
del Virrey, que tan enérgico se había manifestado 
en la represión de la revuelta por el Sur, compri- 
miendo a Chile y al territorio de Charcas, hoy BolL 
via, hasta los dolores de la derrota y de la pérdida- 
de la libertad. 

Con razón se confiaba en el éxito. Ya hemos 
visto la situación marítima y conocemos el estado de 
Nueva Granada desde la caida de Cartagena. Su 
territorio era impenetrable, a la vez por el éxito de 
las armas realistas en el litoral de Occidente y por 



(23) Ut supra Documento 449. 



106 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



la adhesión al rey de los pobladores del Oriente 
hasta las playas de Maracaibo, de Coro y aún de 
Puerto Cabello. Venezuela era la única esperanza, 
posible, la única puerta que podría abrirse en un 
rasgo de heroismft, de audacia, casi con un golpe 
de fortuna. 

Y aún esta posibilidad era remota, pues Mo- 
rillo había tomado todas las /precauciones posi- 
bles en todas las lineas de penetración al territorio 
de su mando. 

La atención de la Guayana le había sido espe- 
cialmente recomendada en sus instrucciones. El 
Ministerio Universal de Indias conocía la importan- 
cia de esa provincia por minuciosos inform'es de 
sus gobernadores; sabía, por la experiencia de la 
guerra anterior, el apoyo que allí había encontra- 
do la fuerza realista y era lógico que procurara 
hacer de nuevo pié firme en el Bajo Orinoco. 

Morillo se puso en comiunicacián ínmiedijata 
con el Gobernador, Don Andrés de Rúa y Fígue- 
roa, que ya el 20 de Mayo le informaba en deta- 
lle sobre las necesidades de la plaza. 

''La situación local de la provincia es la nías 
" militar y ventajosa, y es cabeza de todo el conti- 
"nente de Tierra Firme, le dice el Gobernador, que 
por medio de su caudaloso rio Orinoco es la puer- 
"ta de las expresadas provincias y Reino de San- 
"ta Fié. Su navegación a España, la más breve, 
"ofrece un comercio muy ventajoso para condu- 
cir por agua todos los frutos de aquellas 9 esta, 
"por tantos rios navegables que desaguan en el 
"Orinoco y le dan una situación más grande que 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 107 



'la hace inatacable sino concurren fuerzas marí- 
timas." (24) 

Don Nicolás María Ceruti, jefe del justado 
áayor en Guayana encarece, a su vez la imíportan- 
ia de la región y procura excitar la atención de 
vi orillo enviánclole un informe muy completo re- 
lactado sobre ella por su último gobernador en 

1 siglo XVIII, el ingeniero Don Miguel Marimón, 

25) 

El jefe español atendió, sin duda, a las requi- 
ieiones de estas autoridades y puso a sus órde- 
ies todos los elementos necesarios para guarnecer 
as plazas de Guayana la Vieja, de Angostura y 
~>s diversos destacamentos sobre el Orinoco, dán- 
ose la mano con el núcleo de fuerzas que actuaba 
n Barinas y extendía sus tentáculos por el Oc~ 
idente, hasta los And^s, y por el Oriente, siguien- 
o Ja cuenca del rio Apure, hasta sus contactos 
on las tropas de Angostura. 

Ceruti era el jefe Militar de Guayana y don 
ebastián de la Calzada el de Barinas. Tenía el 
rimero una base de elementos militares y nava- 
ís que pudo ensanchar considarblemíente con los 
ecursos que le proporcionara la expedición pací- 
¡ cadora y estimamos en un mínimo de 1500 hom- 
r?s el total de sus tropas disponibles en las fortá- 
izas y en los puntos principales de su linea, que 
í extendía de Angostura hasta cerca, de Caicaráí 
or Oíocopiche, Peñas Negras, el Paso del Aro, 



(24) üt supra. Tomo II. Documento 421. 
(25 Ut 1 supra. Tomo II. Documento 432/ 



108 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



San Pedro al este del Caura y otros sitios de me- 
ñor importancia. 

Las fuerzas de Ceruti debieron ser superiores 
a esta cifra, pues en un combate con Cedeño se 
menciona una división de 1500 hombres acaudilla- 
da por aquel con intenciones ele apoderarse de 
Caicara. No debió este oficial de Estado- Mayor 
dejar desguarnecidas sus fortalezas, ni sin ampa- 
ro a las Misiones de Coroni, que eran su centro de 
provisiones; de modo que el contingente de 1500 
hombres que le atribuimos es, como lo dijim,os, un 
mínimo. 

La Columba de Barinas, a las ordenes de Cal- 
zada, llamada Quinta División en el ejército de Mo- 
rillo, mereció las atenciones del Teniente General, 
quien, contando con la pericia de su subalterno y 
con los elementos que ya tenía, juzgó que le bas- 
taría darle oficiales y clases, cuadro como se di^ 
ce en lenguaje militar, para que reorganizara sus¡ 
fiias. Don Sebastián de la Calzada reunió más ( 
de 2500 hombres, ya que este efectivo represen- 
ta las fuerzas con que atacó en Chire a Eicaurte, 
en una jornada desastrosa para el jefe español. 

Estas observaciones nos demuestran que las 
fuerzas realistas, en la arteria principal del Ori- 
noco y sus afluentes, desde Guayana a Los Andes, 
formaban un ejército de 4000 hombres de los que: 
los cuadros suministrados a Calzada, y algún pe- 
queño destacamento enviado a Guayana, eran los 
únicos que habían salido de las tropas peninsu- 
lares. 

La línea externa de Morillo se iniciaba en 
Margarita y» cubría los puestos de Cumaná y Barce- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 109 



lona, con destacamentos en Campano y Güiria, se 
continuaba por la Guaira y Puerto Cabello hasta 
las regiones de Coro y JVlaracaibo que eran domi- 
nadas por tropas irregulares al servicio del Rey. 

Ambas lineas, la externa de la costa y la in- 
terna del Orinoco, se comunicaban por dos escalo- 
nes cuyos núcleos principales estaban en Barinas 
por el Occidente, Calabozo por el Centro, Aragua 
de Barcelona a Barvolento y Maturín más hacia 
el Oriente. I J ; ¿"£p* 

El centro de reservas estaba en Caracas y po- 
día auxiliar, en el mbmento necesario, a cualquie- 
ra de estos puntos internos. Las posiciones estaban 
bien elegidas y la malla de pacificación aparecía 
como un tejido formidable, difícil de romper. 

¿Cuántos hombres contaban estas guarnicio- 
nes externas y las avanzadas de contacto ? Los 
datos del historiador del Conde de Cartagena son 
poco precisos; empero los documentos que tuvie- 
ron a la vista los primeros narradores de estas 
campañas hacen la siguiente distribución: 



En Margarita. . . „ 800 hombres. 

En Cumaná y Barcelona 800 id. 

En los Llanos . 800 id. 

En Puerto Cabello .300 id. 

En Caracas. ............. .1000 id. 



Total. . . . .... .3700 hombres 



A estas tropas peninsulares, hay que agregar 
los contigentes que suministró Morales y que no 



110 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



serían inferiores a 4500 hombres. Dé estos, obe* 
deeiendo a sus instrucciones, tomó el Teniente- 
General la miayor parte para embarcarlos hacia 
Nueva Granada, impidiendo las deserciones. La 
mayor parte de los historiadores están de acuer- 
do en que la división expedicionaria de Morales 
fué de 3500 hombres y que las deserciones fueron 
numerosas al tiempo • de embarcarse. El general 
Morillo, en su correspondencia con el Ministerio 
de la Guerra, con fecha 20 de Mayo de 1815, le 
dice: *'no he nxudado en nada lo dispuesto, reco- 
Agiendo como 2500 hombres de las tropas del pais 
"con el Coronel Morales, que embarcaré y lograr^ 
"con esta medida evitar desertores perjudiciales 
"en esta provincia que engruesen las partidas ene- 
"migas, y llevar algunos soldados aclimatados." 

En este mismo documento, expresa Morillo 
que ha dejado en Güiria y Maturín. parte de las* 
fuerzas que allí encontró, sin expresar su número. 
A juzgar por la diferencia entre los datos de his- 
toriadores patriotas, que estiman en 3500 homjbres 
la tropa venezolana que se embarcó con Morales 
para Santa Mart,a, y los 2500, más o menos, que 
atribuye Morillo a este refuerzo, confirmando el 
dato en varias partes de su correspondencia, puede > 
estimarse esta «última cifra como la más probable 
y calcular en. 1000 plazas las deserciones. 

En virtud de este análisis, y sobre la base de 
que el ejército de Morales fuera de 4500 hombres, 
Morillo habría utilizado 1000 en, Venezuela y 2500 
en, Nueva Granada. 

Conviene confrontar estas cifras con otros datoa¿ 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



111 



a fin de precisar, en cuanto sea posible, los elemen- 
tos militares que tenían los realistas. 

Con fecha 30 de Diciembre de 1815, en su co- 
rrespondencia al Ministerio de la Guerra, Morillo- 
le decía: "Se separó para Puerto Rico el batallón 
"de Cazadores del .General con 650 plazas y reci- 
"bió en Puerto Cabello los del fijo de aquella isla.. 
**De Cumaná salieron 1700 hombres de todas ar- 
omas para el Perú por la vía de Panamá, y por 
ic lo tanto la fuerza del ejército quedó ya reducida, 
"a 8000 hombres escasos." (26). 

La expedición que obró sobre Nueva Granada 
se componía de 5000 plazas europeas y de la dota- 
ción proporcionada por Morales; de las 8000 pla- 
zas en que estima su ejército Morillo, después del 
cambio de guarnición de Puerto Rico y del envío 
de refuerzos al Perú, quedar por consiguiente, 3000 
hombres. Ahora bien 3 las guarniciones que aca- 
bamos de enumferar sumaban 3700 plazas y si agre- 
gamos sólo 300 para inJcluir los destacamentos en- 
viados a Guayana y los cuadros suministrados a 
la quinta división de Calzada, se forma un total de 
4000 soldados. Según estos cálculos, Morillo ha 
debido reunir, a sus 3000 peninsulares, 1000 hom- 
bres de las tropas de Morales, como apuntábamos 
anteriormente. 

El balance de fuerzas puede aún practicarse 
de otro modo : & 



(26) Rodrigue* Villa. Vida 4» MorHIo. Tomo I* 
Apéndice IL 



112 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



Total de la expedición de Morillo. . 10600 plazas 
Ejército de Morales, menos 

las deserciones. . . . 3500 id. 



Suma. 14100 id. 

A deducir; 

División peninsular para Nueva 
Granada (5000) hombres, y el 
••contingente ele Morales (2500. . 7500 id. 

Saldo 6600 id. 

Menos los envíos a Puerto Kico 

y Panamá . 2350 id. 

Queda el efectivo que guarneció 

A Venezuela en . 4250 id. 

hombres sobre las lineas externas, la reserva de Ca- 
racas y los puntos de contacto con la base inte- 
rior del Orinoco, nos parece, en virtud de estas 
concordancias, la más aproximada posible. 

Disponía, pues, el Teniente General Morillo, 
en ambas lineas de 8000 hombres de los cuales la 
mitad eran de tropas aguerridas en la contienda 
por la libertad de España y, tal vez, algo más ; el 
resto lo formaban tropas del país en su gran mía 
yoría. Todo q¡|te ejército contaba con cuadros de 
oficiales experimentados en el arte militar y podía 
confiar en que conservaría la reconquistada Vene- 
zuela, mientras él se encaminaba a pacificar el vi- 
rreinato de Santa Fé. 

Con un gesto de orgullo se despedía dejos ve- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR H3 



nezolanos en su proclama fechada én Puerto Ca 
bello el 19 de Julio de 1815: 

' 1 Dejo fuerzas suficientes, les dice, para pul- 
verizar al malvado que se atreva a querer turbar 
"vuestra tranquilidad, confío en que os uniréis pa- 
"ra sofocor todos los partidos, velaré sobre voso- 
tros desde cualquier parte donde me encuentre, 
"pues es mi primer obligación; pero si m,i presea- 
"cia fuera necesaria, me hallareis en medio de vo- 
sotros con la velocidad del rayo, purgando 
41 provincia de los monstruos que sólo viven de la 
"desgracia de los demás." (27) 

Y tenía razón ¿Qué podía esperar la caus'a de 
la libertad comprimida por 8000 hombres en las li- 
neas estratégicas bien elegidas? Cómo podría ha 
cerse un movimiento de rebelión interna dentro 
de las estrechas cuadrículas que figuraban las po- 
siciones de Morillo que contaba, además, con el 
auxilio de los indígenas en Barlovento, en Coro y 
hasta en Maracaibo, dónde formaban partidas irre- 
gulares pero ya adiestradas en el servicio del Rey? 
¿Quién podría venir de fuera en auxilio de algún 
audaz que se levantara en Venezuela ? Y quién se- 
ría bastante osado para romper el cerco marítimo 
de la escuadra española de Don Pascual Enrile ai 
cuyas operaciones cooperaban, bien o mal, pero lo 
auxiliaban al fin, la flota británica y los goberna- 
dores de las colonias Antillanas? 

Sin embargo, aquel malvado que turba vues- 
tra tranquilidad, aquellos monstruos que viven de 



(27) Restrepo, Historia de Colombia, cap. VIL 
Tomo II. 



114 



FPwANCISCO RIVAS VICUÑA 



la desgracia de los demás, estaban en acción. Y 
era el primero, Bolívar^ refugiado al aníparo del 
Presidente negro de Haití, y eran los últimos los 
¡jefes de las guerrillas que se batían a la desespe- 
rada, como leones, . dentro de la jaula de * rifles y 
lanzas que el Pacificador había conístruido en Ve- 
nezuela, jaula que iban a destrozar la voluntad del 
primero sumada al heroísmo de los últimos, la fuer- 
za de coordinación de aquél que iba a traer a to- 
das esas voluntades dispersas a postrarse ante el 
altar de una patria única y a velar sus armas, no a 
la usan'za de los caballeros antiguos en el santua- 
rio de un castillo, sino en el templo inmenso de la 
naturaleza y recibiendo el espaldarazo no en sím- 
bolo, sino en luchas de verdad, ora victoriosas, ora 
desgraciadas, pero siempre gloriosas y siempre fe- 
cundas en resultados, aunque solo fuera el de la 
unión creciente entre los elementos republicanos. 

Contra la organización militar establecida por 
Morillo- un había ninguna resistencia ordenada en 
el territorio venezolano. Restos dispersos del an- 
tiguo ejército de la segunda república se batían 
en el "Occidente ; en el Centro y el Oriente erraban 
con un puñado de hombres Cedeño, Monagas, Za- 
raza y otros y, • desde fuera, perdida en una isla 
antillana, el águila real que iba a arrancar al león 
ibérico sus presas del norte de nuestro Continente, 
vigilaba ccn ojo avizor, ensa3 7 'aba su vuelo, reunía 
elementos y se lanzaría, en el momento oportuno a 
reunirse con los aguiluchos que revoloteaban por 
los llanos de su patria. 

En los acápites anteriores hemos analizado la 
situación efectiva de las fuerzas españolas, y alio- 



LAS GUERRAS EME BOLIVAR 115 



Ta -debemos penetrar eni el desorden de los esfuer- 
zos patriotas, los de la Patria Huérfana de 1815 
y 1816, a fin de fijar sus posiciones y tener una ba- 
se para el estudio de las futuras campañas del Li- 
bertador. Conocidas las lineas generales de compre- 
sión de las arm;as realista y de resistencia de las 
bandas patriotas podremos emitir un juicio sobre 
las operaciones militares de unas y otras, unidas y 
dotadas de elementos aquellas, anarquizadas y 
sin recursos estas últimas. \ 



III 

LAS GUERRILLAS DEL ORIENTE Y DEL 
CENTRO. 

Hemos dedicado , particular atención al estu- 
dio de las actividades de los patriotas en el Oriente 
de Venezuela en obediencia a varias causas que 
•se im'ponen a la consideración de quien analiza 
los movimientos sociales y políticos de aquella 
época con la- frialdad que elimina los actos heroi- 
cos, con la paciencia necesaria para confrontar 
opiniones y documentos que pudieran ser apasio- 
nados, y, sobre todo, con lar meditación requerida 
para encontrar la llave del enigma que, en este 
caso, debe franquearnos amplia la puerta sobre la 
inmensa arena de nuestra lucha por la soberanía 
y ?nhv* el ^ainpo más dilatado aún de nuestras 
conquistas democráticas subsecuentes. 

En los acápites anteriores hemos establecido 



116 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



como, por efecto de la preponderancia de la expe- 
dición del Pacificador, de la neutralidad de lo» 
Estados Unidos, cuya tibieza era un factor perju- 
dicial para las Repúblicas del Continente Meridio- 
nal, y por la hostilidad real de las Potencias eu- 
ropeas; hemos establecido, repetimos, que este 
conjunto no dejaba más esperanzas para la rebe- 
lión separatista del Norte Sud-Americano que las 
que pudieran venirle de una reacción en Venezue- 
la, subyugada como estaba Nueva Granada y bajo 
el Imperio inmediato del Teneiente General Mo- 
rillo, cuyas facultades se acrecentaban a su pedido 
y que, según él, deberían llegar a las de un verda- 
dero César según tendremos ocasión de compro- 
barlo. 

Desde el Orinoco, por el Mar Caribe, hasta 
las inmediaciones de Coro, dominaban las guar- 
niciones españolas; de Coro hacia el Occidente las 
gentes simpatizaban con el régimen metropolita- 
no y, desde aquí hasta Cartagena, flameaba el es- 
tandarte de Fernando VII, sostenido por la mano 
vigorosa de su lugár-teniente y afianzado por la 
hábil obra política y militar de un hombre bien 
elegido para la empresa por el tácito acuerdo de 
los comerciantes de Cádiz, que defendían sus inte- 
reses, y del monarca que buscaba un amparo para 
t sus derechos vacilantes. 

Relativa frialdad republicana desde Panamá 
hasta los linderos de Nueva Granada y Venezue- 
la; adhesión al Rey desde esas marcas hasta La 
Guaira casi; preferencias por la República desde 
este puerto hacia el Oriente; tales son las tres 
secciones en que podía dividirse el litoral, sin que 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 117 



en cada una de ellas faltaran excepciones. Gomo- 
quiera que sea, la costa venezolana era el único 
baluarte atacable y de aquí se desprende la im- 
portancia que atribuimos al estudio de las fuerzas 
de opinión, traducidas en Movimientos cívicos a 
en episodios militares, que obraban por sí solas o 
con la esperanza de un auxilio externo en esta 
zona de penetración. 

Sentado este primer punto, y entrando al es- 
tudio de esos movimientos, encontramos que los 
factores impulsivos de éllos tienen influencias que 
perduran en la lucha por la emancipación y aim 
en las contiendas cívicas que la siguieron. Los 
hombres que actuaron en estas camipañas pesarán 
sobre los destinos de America, desde el mar Ca- 
ribe hasta el río Pilcomayo, y es preciso verlos 
en su acción a fin de apreciar correctamente los 
acontecimientos de esos años y de jalonear los ca- 
minos en que lanzaron a los pueblos del Continen- 
te, a unos por acción directa y a otros por reflec- 
ción. Como los ríos nacen en las obscuridades 
de una selva o en- la noche absoluta de una ver- 
tiente subterránea, así la vida libre de los pueblos 
la que corre tranquila en las praderas amplías, 
se engendra siempre en esos misterios que es con- 
veniente aclarar, como es útil limpiar las fuentes 
de las aguas para que ellas sean elemento de sa- 
lud. 

Digámoslo en una palabra: los acontecimien- 
tos europeos, la política norte-americana de Jef- 
ferson que deseaba la expansión hacia La Flo- 
rida y aun hasta Cuba, habían tonificado las ener- 
gías de España hasta el punto de ponerla en si- 



118 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



tuación de enviar la formidable expedición de Mo- 
rillo sobre Venezuela y Nueva Granada, dejando, 
-así, más amplitud al virrey del Perú para com- 
primirá Chile y a la Argentina. El éxito de Mo- 
rillo tendría como resultado final convertir en na- 
ciones sojuzgadas a las que tan valientemente 
mostraron su decisión de autonomía en 1810; su 
Jracaso sólo podía venir de Venezuela, y de aquí 
la importancia que hemos atribuido al estudio de 
las líneas militares de penetración de la bandera 
de la libertad que iba a crear el esfuerzo manco- 
iriunado, inconsciente casi, pero gobernado por 
una idea que se imponía sobre los hombres y sus 
ambiciones. 

Como toda fuente que nace en el barro, ima- 
gen de la humildad y en las rasgaduras de la tie- 
rra que simbolizan el dolor; como el chorro de 
agua que surge y cuyas venas aspiran a subir más 
alto, rivalizando entre ellas coimo los hombres; así, 
ni más ni ríenos, la emancipación de todas nues- 
tras Repúblicas iba a nacer del sacrificio de los 
Tiumdldes, y de las rivalidades de los poderosos iba 
a depender la eficacia de esa corriente de vida que 
no necesitaba subir en el espacio sino extenderse 
sobre la tierra para dar prosperidad a nuestras 
naciones. 

Son rasgaduras de dolor las sangrientas ac- 
ciones de Urica y Maturín y las sucesivas con- 
cmiGtas de Morales, como él llamaba a los territo- 
rios ave ocupaba a sangre y fuego; de la abne- 
gación de los subalternos que afrontaban todos los 
sacrificios cuándo sus jefes, como José Félix Ei- 
T)as, caían bajo el hacha del verdugo o, como Bo- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR H9 



lívar, eran salvados por la Providencia para nue- 
ras consagraciones al ideal; así, en el corazdn hu- 
milde de los subalternos perseguidos, cuando los 
jefes habían muerto o se habían salvado desafian- 
do el exterminio, iba a surgir la fuente fresca de 
la libertad de la patria. Sobre las devastacio- 
nes del teritorio de Costa Firme, conquistada por 
Morales, sobre los campos abonados por la sangre 
de las víctimas y las cenizas de los ranchos iba a 
trotar una selva de lanzas heroicas que se .unirían 
para formar un dosel a la Patria. 

Y sea el primero que nombremos un coro- 
nel Rivero de quien poco dice la historia, como no 
sea que fué rechazado de su guarnición de Iri- 
pa. con 400 hombres, que procuró conservarlos, 
que perdió muchos desde fines del año 1815 hasta 
que después de nueve meses de luchas, en Punta 
de Piedra, su partida fué destrozada por el Ma- 
yor de Dragones don Miguel Domínguez y el 
mismo conducido prisionero a Gumaná, en donde 
fué fusilado junto con otro valiente, José Fran- 
cisco Peñalosa, vencido por el Coronel del mismo 
regimiento, don Juan Sola, que desbordaba con 
£3ta rongre la copa de iniquidades que cometiera 
-en varios encuentros que le hicieron temible por 
sus crueldades especialmente la del exterminio de 
una partida de 200 prófugos, que casi no eran 
guerrilleros, en las alturas de Morechito. (27*) 

Nombremos, después, a los sacrificados por 
el Teniente-Coronel Don Rafael López, jefe de la 



(27aJ. Restrepo, Historia de Colombia, cap. VIL To- 
mo II. 



120 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



guarnición de Aragua de Barcelona, en los montes, 
de Urica ; a su mártir, el valiente y confiado Vi- 
llarroel, que creyó en sus promesas y se rindió, 
en Areo, para ser fusilado, y otra víctima ma- 
yor, a Canelón, guerrillero patriota en Barcelona 
y que abatió sus armas para aceptar las del ene- 
migo. López arrancó la vida a Villaroel, a Cañe. 
Ion la honra. (27*>) 

Las principales aciones de los patriotas jen el 
Oriente de Venezuela fueron conducidas por los 
Coroneles don Manuel Cedeño, don José Tadeo Mo- 
nagas y don Andrés Rojas y los Tenientes Coro- 
neles don Pedro Zaraza, don Francisco Vicente 
Parejo y don Jesús Barreto; vamos a tratar, a 
grandes rasgos, sus operaciones, ya separados o 
ya unidos, procurando hacer resaltar los hechos 
característicos de estas guerrillas de cuyo análi- 
sis se derivan consideraciones de importancia 
para apreciar operaciones posteriores. 

. ■ El Coronel don Francisco Morales pasaba co- 
mo el azote de Dios por los terrenos de su conquis- 
ta y los vencidos dé Urica, de Soro, de Irapa y de 
Grüiria, huían a la desbandada hacia los llanos de 
Cumaná, de Barcelona, de Caracas y más lejos aun. 

Los fugitivos fueron perseguidos tenaz y 
cruelmente por los indios de Chamariapa, San 
Joaquín y Santa Ana, capitaneados por Concep- 
ción Díaz y por los habitantes de Cachipo que obe- 
decían a un nombrado Garriga; hostilizados por 
las tropas de Morales, acosados por la indiada, vi- 



(27b) Restrepo. Historia de Colombia, cap. VII. To- 
mo II. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 121 



vían en los montes, como fieras, sin vestido, sin 
provisiones, sin armas, eomb no fueran las lanzas 
de píritu o macanilla. Los hombres que se habían 
batido por la libertad dentro de las organizacio- 
nes de una nación, no podían disfrutar de ella ni 
siquiera en las amplitudes de la naturaleza vir- 
gen perseguidos por todas partes, veíanse obliga- 
dos a diseminarse, usando de mil estratagemas 
para burlar las persecuciones y llegar a reunirse 
en algún punto que les facilitara caballos, que 
eran arma y elemento de movlización, y ganados 
para sustentarse. 

Jesús Barreto y Andrés Eojas lograron reu- 
nir elementos en los bosques de Maturín, Cedeño 
agrupaba algunos fieles en las márgenes del Ti- 
gre y Zaraza en los llanos de Caracas. 

Monagas se debatía en los campos de Barce- 
lona y, en el centro del inmenso círculo que tra- 
zaban sus posiciones, las de Cedeño y de Barre- 
to, en la mesa de Guanipa, obraba el comandante 
Parejo. La unión de estos caudillos parecía im- 
posible, batallando como se hallaban contra par- 
tidas irregulares y contra las milicias organizadas 
de Morales. 

Sin embargo, Monagas tuvo la fortuna de ata- 
eax con éxito los pueblos de Santa Ana, Cachipo 
y Pariaguán, lo que le permitió reunir gente atraí- 
da por el éxito y acopiar algunos elementos de 
combate. Alentado por sus triunfos, marchó ha- 
cia el Orinoco, sorprendió la guarnición realista 
de San Diego de Ca^brutica, se apoderó de la pla- 
za y adquirió armas y municiones. Las indiadas 
vecinas se plegaron a él y quedó formado un pri- 



122 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



mer núcleo de guerrillas que aspiraban a empren- 
der una campaña regular. 

Zaraza acudió desde los llanos de Caracas 
con algunos elementos, Parejo vino desde Guani- 
pa, Cedeño y Miguel Sotillo desde el Tigre. Aque- 
llos hombres se sintieron capaces de agrandar sil 
victoria, de obtener éxitos duraderos y se enca- 
minaron hacia Angostura, marchando por la ri- 
bera norte del Orinoco. 

Noticiado el jefe español de la caballería de* 
los llanos, don Salvador Gorrín, de esta concen- 
trándola de insurgentes, se puso en marcha y les 
dio alcance en el sitio de Peñas Negras, persi- 
guiéndolos hasta el hato del Palmar. Los pa- 
triotas dispersos lograron reconcentrarse, distin- 
guiéndose en esta tarea el Capitán 'Miguel So- 
tillo. 

No abandonaron los guerrilleros su decidido 
propósito de reorganizarse en el Orinoco y de 
prepararse para la conquista de Angostura e idea- 
ron una hábil maniobra. Gorrín había salido de 
su campamento de Aragua de Barcelona y era de 
creer que la guarnición de la plaza quedaba debi- 
litada; resolvieron, pues, sorprenderla sin demo- 
rar, como efectivamente lo hicieron. 

Esta feliz operación produjo sus resultados; 
apoderados de Aragua, reeogieron armamento y 
moniciones y lograron que Gorrín, para socorrerla, 
se desprendiera de las veeindadés del Orinoco, de- 
jándoles el paso libre. El ataque dé Aragua ha 
debido tener lugar a fines de Abril de 1815, pues 
en la puerta de la iglesia encontraron una pro^ 
clama de Morales anunciando la llegada dé la ex- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 12$ 



pedición de Morillo. Impuestos de la situación, 
confirmáronse en sus propósitos de asegurar po- 
siciones en el Orinoco y, como medida inmediata, 
acordaron marchar hacia el río Ipire, despistando 
isí a Gorrín que podría encontrarles si tomaban 
I cairrino de Santa Ana, Cachipo y Pariaguán que 
mtes había seguido el Coronel Monagas. 

Ya unidos, entraron en Santa María de Ipi- 
re, derrotando a la guarnición del coronel Ron-* 
Ion y continuaron sin tardanza a San Diego de 
Jabrutica y de ahí a las márgenes del Orinoco pa- 
•a cruzarlo frente al puerto de La Piedra, sobre 
a ribera sur. 

Sólo dos canoas, llamadas curiaras, tuvieron 
ra sb ordo de una masa, de 1200 hombres, faena 
i su disposición los expedicionarios para iniciar el 
xasbordó de una m'asa de 1200 hombres, faena 
ine debía hacerse con suma rápidez a fin de sór- 
prender al pueblo de La Piedra. Doce hombres y 
ilgunas sillas, cuenta Restrepo, era la capacidad 
le estas embarcaciones; la empresa parecía im- 
)osible y algtios se desertaron. Los primeros en 
lesembarcar, m!ás abajo del puerto, se apodera- 
•on de algunas curiaras y mediante este auxilia 
consiguió Monagas pasar 1000 combatientes a laí 
■ibera sur del Orinoco en la noche del 7 al 8 de 
Tunio. 

Concedió el jefe dos días de descanso a sus 
ropas en La Piedra y luego, forzando marchas, 
tacó en Moitaco la guarnición realista de Juan 
Sánchez, compuesta de 200 hombres, y se eneami- 
lo al Paso del Arco, dónde mandaba el sanguina- 
ió Puy, companero dé Bóves, Morales y Antoñan- 



124 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



zas, una partida de 20 hombres que engrosaron 
las filas de Monagas. 

Los pueblos del camino hacia Angostura fue- 
ron reducidos y prestaron su contigente a los pa- 
triotas, proporcionándoles hombres y caballerías. 
Pudo, de este modo, llegar Monagas con una hues- 
et de 1600 hombres a sorprender las avanzadas 
de Angostura, en Orocopiche, hacia la tercera se- 
mana de Junio. 

El camino para apoderarse de la capital de la 
Giiayana estaba expedito y la empresa sería de un 
éxito cierto si se lograban movimientos de sorpre- 
sa, como los de San Diego de Cabrutica, Aragua 
de Barcelona y el paso mismo del Orinoco. Mona- 
gas ha debido tener confianza en el triunfo, pues 
despachó al Comandante Parejo con 300 jinetes 
hacia las misiones de Caroní, región de recursos 
que aseguraba el mantenimiento de la plaza con- 
quistada. 

El jefe de la caballería realista, cuya activi 
dad y constancia no dejaría descansar a losí insur- 
gentes, como aseguraba ~ Morillo en sus correspon- 
dencias al Ministerio de Guerra, Don Salvador Go- 
rrín, se mostraba merecedor a los elogios de su 
jefe. En efecto, burlado por Monagas en su in- 
trépida marcha sobre Aragua, calcula el español 
el golpe que se quiere dar en Angostura y vuela 
en socorro de su Comandante, el Teniente Coronel 
Ceruti, que, problabemente, habría sucumJ)do sin 
el oportuno auxilio de Gorrín. 

El 22 de Junio sorprende a los patriotas en 
sus campamentos de La Mesa, ocasionándoles do- 
lorosas pérdidas que motivaron su dispersión. No 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 125 



se desalentó por esto el aniníoso Monagas y lla- 
mó al comandante Parejo para que acudiera en 
S7i socorro ; pero el ágil Gorrín ya se había apre- 
surado a destacar una avanzada hacia el Caroni, lo- 
grando dar un serio golpe a los jinetes de Pare- 
jo en el Morichal del Becerro. 

Keunió sus elementos el jefe de la caballería 
patriota y fué a juntarse con los que habían reu- 
nido Monagas y Cedeño después del desastre de 
la Mesa. Los bravos guerrilleros que tal vez no 
tenían sino 600 hombres, quisieron dar un nuevo 
tiento a la fortuna y se acercaron en repetidas 
ocasiones hasta tiro de cañón de las fortalezas de 
Angostura. Era una empresa verdaderamente te- 
meraria; en efecto, Gorrín había traído cerca de 
2.000 soldados que se sumaban a las tropas del 
Comandante Ceruti, formando entre ambos un 
contingente doble en número al de la hueste de 
Monagas y, proporcionalmente, muy superior por 
sus condiciones de disciplina y por el armamento 
que poseían. Las pérdidas de los realistas dada la 
escasez ele armas de fuego y de cartuchos de los 
patriotas, han debido ser relativamente pequeñas 
y, parece lo más probable que la división de Go- 
rrín y de Ceruti, después de sus victorias de La 
Mesa y del Morichal del Becerro, sería, por lo me- 
nos, cuatro veces superior a los restos de la co- 
lumna de Monagas. A pesar de esta inferioridad 
númierica, hiceron los patriotas una última tenta- 
tiva, presentando combate en"el sitio del Caraque- 
ña, ¿fá JhJ y ' * '•<" :'i ^\ - t ■ ' 

La derrota era inevitable y después de ella 
la pequeña división formada con tanto esfuerzo 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



en las arriesgadas correrías por los llanos, los 
1600 hombres que llegaron a Angostura, quedaban 
reducidos a 40 soldados que se escondían con Mo- 
nagas y Sotillo en los bosques del Aro y a 170 ji- 
netes con los cuales se encaminaron Cedeño, Pa- 
rejo y el capitán Juan Infante en demanda de Caí- 
cara. 

La marcha de Cedeño fué lo más penosa, no 
sólo por las dificultades del terreno, ya inundada 
por las lluvias de la estación, sino también por 
sus encuentros con los realistas, entre los cuales, el 
de mayor importancia fué el combate de San Pe- 
dro sobre el río Caura, en el que sólo el arrojo de 
aquellos hombres, que se batían a la desesperada, 
pudo asegurar una victoria sobre fuerzas superio- 
res y dejar expedito el paso del río a la columna 
diezmada que, tras de infinitos sufrimientos, logra- 
ba instalarse en Caicara. 

Monagas y Sotillo fueron atacados por los 
indios de Tapaquire y por las partidas realistas 
de Juan Sánchez; a costa de grandes sacrificios lo- 
graron evitar estas persecusiones y apoderarse del 
pueblo indígena de Tapaquire, poniéndole fuego 
en represalia de las crueldades cometidas por los 
indios. 

La situación de Monagas y de Sotillo era ver* 
¿laderamente insostenible y resolvieron separar- 
se. El capitán Sotillo fué hacia el Puerto de La 
Piedra para pasar a los llanos septentrionales 
del Orinoco y Monagas continuó buscando el pa- 
so del Caura para ir a reunirse con Cedeño, ea 
Caicara. 

Los dos j^fes principales de esta guerrilla, 



LAS GUERRAS DÉ BOLIVAR 127 



Cedeño y Monagas re pudieron ponerse de acuer- 
do ni sobre la primacía del mando ni sobre los: 
planes de campaña; Monagas se encontraba so- 
bre el terreno que Cedeño y los suyos habían con- 
quistado y, para evitar mayores dificultades, se* 
resolvió a pasar a los llanos de Barcelona en com- 
pañía del Comandante Parejo. 

Estas separaciones acontecían a fines de -Tu- 
lio de 1815 ; ellas eran un verdadero desastre que 1 
coincidía con los descalabros que, en los llanos- 
de Caracas, sufrían las guerrillas del teniente co- 
ronel Pedro Zaraza. El jefe español Manuel Gar- 
cía ile Luna combatía activamente a las partidas 
de este guerrillero, alcanzando sobre ellas un 
triunfo sangriento en el sitio de Medrano, el 9 
de Agosto de 1815. 

Bn 8 meses do fatigas, los denodados jefes de 
esta guerra irregular no habían logrado ningún 
resultado positivo por lo que toca a la conquista 
de posiciones permanentes, salvo el coronel Cede- 
ño que se hacía respetar en el territorio al occi- 
dente del Canra, y hasta las lejanías del río Ne- 
gro, campos vastísimos que le ofrecían recursos 
de hombres para incrementar sus filas, de gana- 
dos para alimentarlos y de caballos para su mo- 
vilización. Los pueblos de Urbana, Encaramada 
y hasta el lejano Carichana se le mostraron prin- 
cipalmente afectos y pudo formar una división 
de 1000 hombres con la cual consolidó su posi- 
ción convirtiéndose en una constante amenaza 
para 4as fuerzas realistas de Angostura que veí&n 
con justo temor el crecimiento de esta partida que 
tendía a enseñorearse de las aguas del Orinoco y 



128 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



a poner a la capital de Guayana en el peligroso 
trance de per asediada. 

El Coronel- Cedeño había adquirido una posi- 
ción de verdadero mérito militar ya que ella para- 
lizaba la acción de los realistas de Angostura o, por 
lo menos, los obligaba a tener como único objetivo 
la destrucción de estas fuerzas patriotas, no pudien- 
do así cooperar a ningún otro movimiento en el 
resto del país. Más aún, la importancia de la co- 
lumna de Cedeño exigía refuerzos para la guarni- 
ción realista de Guayana y, de este modo, la tácti- 
ca del coronel patriota tendía a disminuir las fuer- 
zas de los españoles en el territorio de los llanos 
y daba facilidades a los movimientos de concentra- 
ción de los guerrilleros que obraban al norte del 
Orinoco. 

Así lo comprendió Ceruti y en dos ocasiones 
procuró sorprender a Cedeño en su campamiento 
■del Tigre, cercano a Caicara, pero el guerrillero 
venezolano estaba siempre alerta y su caballería 
rechazó a las columnas enviadas contra él r Ceruti, 
obligándoles a retirarse, pues tenían que maniobrar 
en campos que los_ ginet.es patriotas despojaron de 
todo recurso que pudiera servirles. 

Cedeño se organizaba en sus dominios, disci- 
plinaba a sus tropas y las incrementaba con 300 
hombres que le trajo el capitán Meleán Bolívar; 
le faltaban armas y cartuchos y también noticias 
del estado general del país, con el doble objeto 
de procurarse algún armamento y de tener jiatos 
sobre el movimiento de los demás guerrilleros, 
envió por dos veces emisarios al otro lado del Ori- 
noco, cabiéndoles a ambos la desgraciada suerte 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 129 



de caer en manos de las avanzadas realistas en Ca- 
riben; estos valientes comisionados fueron el ca- 
pitán Torres y el coronel Echerreneta. Los jefes 
realistas, olvidando la clemencia que emplearan 
los guerrilleros con el sanguinario Puy, apresado 
en el paso del Aro, fusilaron a estos abnegados ex- 
ploradores. 

En vista de estos fracasos, Cedeño tomó la 
resolución de organizarse para una larga resisten- 
cia y dividió sus tropas en tres columnas. Eran ac- 
tivas por excelencia las dos primeras, a las órdenes 
de los Comandantes Pedro Hernández y Juan José 
Sarmiento; la tercera, de reserva, obrabe bajo la 
direción del propio Cedeño, siendo su jefe inme- 
diato el Teniente-coronel Juan Antonio Mina. (28) 

Alarmado Ceruti con estos progresos, desta- 
có una columna contra los acontecimientos de Cai- 
cara ; Cedeño concentró sus tres divisiones y el 8 
de Marzo de 1816 deshizo a los invasores cuyos res- 
tos se refugiaron en las fortalezas de Angostura. 
Un nuevo esfuerzo iba a tentar el jefe militar de 
Angostura; organizó una expedición de 1500 hom- 
bres, apoyados en la escuadrilla, y al propio tiem- 
po destacaba una partida de jinetes hacia Cabru- 
ta los que debían pasar a la ribera sur del Orinoco, 
para perseguir a los derrotados, tan pronto como la 
columna de ataque se posesionara de Caicara. Re- 
sistió Cedeño el ataque, se hizo fuerte en sus posi- 
ciones y, finalmente, dispersó a los asaltantes cuya 
pérdida total se habría consumado sin el oportuna 
auxilio de la flotilla que se había internado por el 



(28) Blanco y Azpurúa. Tomo V. Documento 1102. 



130 



FRANCISCO ftlVAS VICUÑA 



rio Cuchivero, arrojada de Caicara por los pro- 
pios vecinos que prefirieron incediar su pueblo an- 
tes que entregarse a las tropas anti-republicanas. 
Ceruti se embarcó con sus diezmadas huestes y vol- 
vió a sus atrincheramientos de la capital de Gua- 
yana. 

Perdido en Las soledades del Orinoco, el Coro- 
nel Cedeño había sabido mantener en jaque el po- 
derío del Rey asentado en su plaza fuerte de la 
capital de Guayana, dotada de toda clase de ele- 
mentos, en comunicación con el infundo exterior y 
con el fervor del jefe británico de Trinidad que 
se había comprometido a privar de todo auxilio 
a los rebeldes que obraban en territorios de Su 
Majestad Católica. El no tenía armas ni municio- 
nes, ni cuarteles, ni almacenes de víveres; sus hom- 
bres buscaban el sustento y defendían con sus lan- 
zas aquel girón del terruño, y allí permanecieron, 
inmovilizando a los realistas, hasta la llegada de 
aquel que vaeraba como una sombra en el Mar Caribe, 
de isla en isla, tocando llamada a los dsipersos de 
cien derrotas e implorando auxilios de los humildes, 
y que los iba a llamar a ellos también, los incompa- 
rables- guerrilleros del Orinoco, para que le ilustra- 
ran con su consejo y le auxiliaran con su bravura 
«n la obra magna de redención de la patria. 

Mientras estos acontecimientos se desarrolla- 
ban en el Orinoco, Zaraza, Monagas y Bareto ope- 
raban con variada suerte en los llanos de Caracas, 
de Barlelona y de Cumaná, respectivamente, tra- 
tando de estar en comunicación y de auxiliarse 
míutuamente. Andrés Rojas, de la raza africana, 



LAS GUERRAS DE BO LITAR 



151 



como dice ítestrepo, se había marchado a Trinidad 
£11 busca de socorros que no pudo obtener. 

La zona que por sus conocimientos locales eli- 
gió el Comandante Zaraza era, ciertamente la más 
peligrosa; los llanos de la provincia de Caracas es- 
taban muy resguardados, en vista de las posibi- 
lidades de una sorpresa al núcleo de contacto en 
Calabozo, cuya posesión habría permitido a los 
montoneros abrirse paso tal vez hasta la misma ca- 
pital, contando con los entusiasmos despertados por 
semejante hazaña, mjaxime si ella coincidía equ la 
Tenida de una expedición del exterior que ya empe- 
zaba a temer el Capitán General Moxó, noticiado 
©omto estaba de la acción de Bolívar en Haití. No 
es de extrañar, pues, que Zaraza no tuvier.i grandes 
éxitos, o mejor dicho victorias afirmativas, puesto 
que ya era un éxito la distracción de tropas realis- 
tas para combatirlo. De fracaso en fracaso, se vio 
obligado a dispersar sus guerrillas, comunicándole 
a Monagas su angustiada situación. 

Monagas y Parejo habían tenido mejor fortuna 
fcn los llanos de Barcelona y, al recibir el aviso de 
Zaraza, convinieron en celebrar una entrevista en 
San Diego de Cabrutica. Estos movimientos, en 
relativa libertad, sobre la margen --septentrional del 
Orinoco, eran posibles gracias a las posiciones de 
Cedeño en Caicara ; de esta suerte, aún en sus riva- 
lidades, las operaciones de los guerrilleros se armo- 
¿izaban a pesar de las pequeñas ambiciones que les 
dividían. 

En su reunión de San Diego, Monagas y Zara- 
za acordaron que el primero operaría sobre Ara- 
gna de Barcelona y sobre El Chaparro el segundo. 



132 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



En estos mismos días supieron los jefes de mon- 
toneras, en los llanos de Caracas y de Barcelona que 
su compañero, Jesús Barreto, había reunido 800 ji- 
netes en los caños del Tigre y que se aprontaba 
para atacar a Maturín, siendo informados al pro- 
pio tiempo que el Teniente Coronel don Rafael Ló- 
pez se destacaba de Aragua, con 600 hombres para 
socorrer a Maturín. En estas circunstancias, la 
pérdida de Barreto era inevitable y Monagas to- 
itífó el partido de salvarlo, corriendo al encuentro de 
López, deteniéndole en su marcha contra Barreta 
y obligándole a encerrarse nuevamente en Aragua. 

Mientras estas coordinaciones eran posibles, 
por razón de instinto de conservación, mas que de 
la juiciosa actitud de olvidar rivalidades, Andrés 
Rojas, de regreso de Trinidad, pretendía acaudi- 
llar las partidas del Tigre y empleaba com|o ele- 
mentos de propaganda la especie de que traíá ele- 
mentos de guerra y el odio contra los blancos. Mo- 
nagas cortó violentamente esta sedición y Rojas, 
fracasadas teus ambiciones, se empeñó seriamen- 
te en combates con los realistas de Maturín, llegan- 
do hasta desalojarlos de esta villa qu^ redujo a ce- 
nizas. 

Entretanto, el comandante' Rafeal López había 
logrado llegar hasta el Tigre y ponerse al frente de 
las guerrillas de Rojas y Barreto. Los patriotas, 
conscientes de la superioridad de López, se mo- 
vieron por su flanco para unirse con las partidas de 
Zaraza y de Monagas. 

* Por ese tiempo, actuaba al lado del Tenientfc- 
Coronel Zaraza un homfbre cuyo retrato vamlos a 
dejar a la pluma de Baralt, el historiador de Ve- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 13$ 



nezuela: ' 6 Este hombre, el doctor Miguel Peña, & 
"qifien hemos visto haciendo tan feo papel el aña 
"1812 en la prisión de Miranda, tenía corazón dé 
"soldado y cabeza de estadista. . Después de la ba- 
" talla de la Puerta, lejos de abandonar a su pa- 
*'tria, comto lo hicieron algunos, se encerró en Va- 
lencia y peleó al lado de los más esforzados. Per- 
"suadido de que B oves no cumpliría sus promesas, 
"fué de opinión que todos murieran defendiendo 
"la plaza o se abriesen un camino por entre las 
"filas enemigas: pero forzado por el parecer de sus 
"compañeros, celebró a nombre de la guarnición <el 
"convenio que puso a su país natal en manos de 
"aquel fiero caudillo. Dos hermanos suyos fue- 
"ron por orden de éste asesinados, y él, escapando 
"como de milagro, atravesó el vasto territorio que 
"se extiende desde Valencia hasta el Orinoco, don- 
"de reunido a Zaraza continuó haciendo la gue- 
rra, con un furor igual por lo menos al de sus con- 
trarios." (29) 

El Doctor Peña estaba atento a todos los m5o- 
vimientos de los guerrilleros y, después de la con- 
centración de las, partidas de Monagas, Zaraza, Ro- 
jas y Barreto, juzgó prudente reunir en una Asam- 
blea a todos los caudillos a fin de deliberar sobre 
el establecimiento de un gobierno civil y de un co- 
mando míilitar. 

El 25 de Mayo de 1816, se congregaron en la 
Iglesia parroquial de San Diego un centenar de 
oficiales bajo la presidencia del Doctor Peña y acor- 

(29) Beralt. Historia de Venezuela. Tomo I. pag» 
277. Edición de 1841. 



134 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



ciaron nombrar por votaciones sucesivas un Gene- 
ral en Jefe y un Lugar-teniente, debiendo sei*> asis- 
tido el primero por un Consejo Militar. En esta 
primera sesión el secretario Don Carlos Padrón, 
consultó sobre la capacidad de la Junta de Oficia, 
les para destituir al Comandante en Jefe. El pro- 
blema era grave y el Presidente Peña, con gran 
prudencia, aplazó los debates. 

Al día siguiente, la asamblea se pronunciaba 
por la institución de un Gobierno Civil, que orga- 
nizaría el General en Jefe; y daba al Consejo Mi- 
litar la facultad de convocar a Junta de Oficiales 
y aun de deponer al General si resultare inepto pa- 
ra el Comando. En esta reunión se eligió, des- 
pués de 14 votaciones infructuosas^ al Coronel Don 
José Tadeo Monagas como General en Jefe por 67 
votos entré 92 sufragantes. Prestó Monagas el 
juramento requerido y citó para una tercera reu- 
nión > 

Celebróse esta asamblea el 27 dé Mayo y en 
élla fué elegido Segundo Jefe del Ejército el Te- 
niente Coronel Don Pedro Zaraza y se designaron 
para el Consejo Militar al Coronel Andrés Rojas, 
a los Comandantes Carlos Padrón y Jesús Barre- 
ta y los Capitanes Javier Rojas y Gerónimo Ur. 
quiola. 

La unión estaba hecha, por lo menos aparente- 
mente, y el Doctor Peña deseó hacerla efectiva al 
rededor de un plan militar, exponiendo, a nombre 
de su mandante Zaraza, que el General en JéfeJ 
luego qne tomase las capitales de Cumaná y Barce-I 
lona, tuviera obligación "de organizar y dirigir 
" expedición armada suficiente para libertar la 



Las guerras de bolívar 135 

" provincia de Caracas y su capital de la domina- 
ción tiránica que la oprime.' 9 

La Asamblea resolvió, según el acta, "que era 
*' obligación del General en Jefe organizar y mjan- 
*'dar ejército a' la referida provincia de Caracas en 
"los términos en que se había propuesto la mo- 
4 <eión." (30) 

Estas deliberaciones de la Asamblea de San 
Diego fueron aceptadas por Cedeño, Parejo y otros 
Jefes y oficiales que no pudieron concurrir a las 
cesiones ; el Doctor Peña tuvo, así, el mérito de rea- 
lizar una reunión militar que, en el fondo, era un 
verdadero coinicio popular ya que los jefes y ofi- 
ciales que concurrieron eran la encarnación viva 
de las nuevas aspiraciones de las provincias en que 
liabían nacido y que habían regado con su sangre 
derramíada generosamente. 

El estudio de esta asamblea, colocándonos en 
«el medio propio de ella, nos hace recordar las gue- 
rras medio-evales y las juntas de los barones en 
torno del Rey sentado al pié de una encina; el es- 
cenario es sólo diferente. Los caudillos son hom- 
ares rudos al igual de lo que fueran los proceres 
que acaudillaran las incipientes naciones europeas; 
el rey es un civil con dotes de militar, como dice 
Baralt: los hombres de armas tienen ambiciones, 
/ayer como hoy; los reyes tienen prográmas, como 
los tienen los civiles. Dos diferencias encuentro 
-únicamente entre esta Asamblea de Cabrutica y 
las reuniones de la Edad-Media de "gual tendencia : 
<en estas no se redactaron actas, porque no sabían 



(30) Blanco y Azjrurúa. Documento 1102. Tomo V. 



136 FRANCISCO EIVAS VICUÑA 



escribir; el sol del trópico y la sombra voluptuo- 
sa de las palmeras forman un paisaje de excitación 
de las pasiones, a la inversa .de los fríos europeos* 
y de las tristes proyecciones de sus pinares que 
concentran al hombre en la meditación de las rea- 
lidades de la vida. 

El Doctor Peña, a nombre de Zaraza, trazó un. 
programa militar que bien pudo ser el suyo : la ocu- 
pación de la capital. En nombre propio acentuó 
su tendencia: la constitución de un gobierno civil. 
Los caudillos de los llanos asintieron en L, úl*ira;a. 
parte y, por respecto al programa militar, expre- 
saron que la redención de Caracas quedaba subordi- 
nada a la posesión de la capital de Cumaná j Bar- 
celona. Si Cedeño, el incansable, el organizada 
montonero del Orinoco hubiera concurrido a la 
asamblea, tal vez habría exigido* que la expedición 
sobre Caracas sólo se organizara después de con- 
quistada la capital de Guayana, sin dejar por esto 
de aprobar la constitución inmediata de un gobier- 
no civil. 

Todos ellos tenían razón; la ocupación de la 
capital era el objetivo que debía obtenerse por el 
dominio de las lineas españolas que se encontraban 
en las costas de Barcelona y de Cumaná y, espe- 
cialmente, en el río Orinoco. Sin poseer estos ac- 
cesos, la ocupación de Caracas podía ser transito- 
ria y la elección de una u otra base, el litoral ma- 
rítimo o la vía fluvial, era un problema complejo, 
ligado a una pluralidad de circunstancias difíciles 
de vaticinar por cuanto ellas dependían de la po- 
sibilidad de obtener recursos para dominar en el 
mar o en el río, y de un factor de m'ayor conside- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 137 



ración aún: la sumisión de los mantenedores de 
ideas diferentes a la voluntad de un sólo director 
que orientara y ordenara todas esas direcciones po- 
sibles y eficaces en el sentido y en el encadenamien- 
to que dictaran un plan de conjunto bie^L combina- 
do y sucep^ble de todas las modificaciones que im- 
pone el rrte de la gfuerra, cuya determinante se- 
gún dice^ el Mariscal Foch, es, en último análisis, el 
azar. 

De las discusiones de esta asamblea se deri- 
van dos conclusiones que todos aceptan: organizar 
un gobierno civil y ocupar la capital. En lo pri- 
mero no hay discrepancia y en lo segundo sólo pue- 
de haberla en la elección de bases. Es evidente 
que, poseído el litoral marítimo del Caribe y el 
Orinoco a la vez, Caracas está perdida por la do- 
minación realista; si ambos no pueden ser conquis- 
tados sincrónicamente por los patriotas, no ere- 
mos que se pueda decir a priori cuál línea debe te- 
ner la preferencia. Esta elección depende de cir- 
cunstancias externas, como la facilidad de traer al 
país pertrechos de. guerra, e internas como ser las 
simpatías de los diferentes pueblos por la causa Re- 
publicana y la harmonía entre los caudillos que se 
habían hecho respetar en ellos durante estos tiem- 
pos de anarquía. El coordinador de una campa- 
ña de conjunto tendrá que marchar como marino 
en aguas desconocidas, con la sonda en la miaño, a 
fin de no encallar su nave en los bajos fondos. 

Prácticamente, bajo el poderío español, se iba 
a demiostrar que la disyuntiva no existía, que era 
necesario dominar en Guayaná y en el litoral simul- 



138 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



táneamente para asegurar la posesión tranquila dfc 
la capital. 

Anotamos estas observaciones porque ellas nos 
servirán para apreciar acciones posteriores de los 
jefes militares y nos limitamos a decir que, después 
de esta reunión, las fuerzas del General en Jefe, 
Don José Tadeo Mona-gas, marcharon sobre Aragua 
de Barcelona. Salió a su encuentro el Comandan- 
te español, Don Rafael López, y se avistaron en las 
/Quebradas de Cocuizas. Ambos partidos^ evitaron 
el encuentro y Mona-gas se retiró al Punche, po- 
blacho con corto número de casas que moraba a 5 
kilómetros del río Uñare, distando 40 kilómtetros de 
Aragua y 6 del Chaparro. Este punto de retira- 
da para la división de 1.500 hombres del General en 
Jefe Don Tadeo Monagas, fué sin duda elegido para 
asegurar buenas aguadas y forrajes abundantes a la 
caballería que era el principal elemento de las 
huestes patriotas. 

En el Punche, recibieron los republicanos la 
fausta nueva de la vuelta de Bolívar al Continen- 
te, noticia que sin duda conocieron los realistas 
antes que ellos y que determinaron las actividades 
del Comandante López, de Aragua, para destrozar 
las fuerzas de Monagas. El teniente-coronel es- 
pañol logró atraer a Monagas a una acción en que 
lo batió completamente, dispersándose los jefes con 
pequeñas partidas en diversos sentidos. Monagas 
y Parejo se establecieron en Micura, en las cerca- 
nía^ del Orinc«;o ; Rojas y Barreto buscaron sus 
■antiguos campamentos del Tigre y Zaraza volvía 
can Infante a los llanos de Caracas. 

Tal era la situación en Mayo de 1816. por los. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 139 



ías en que Bolívar llegaba con 4a expedición for- 
litada en Los Cayos de San Luis: Cedeño v*nía in- 
movilizado a Ceruti en Angostura: %ién&gm y Za- 
r-j/sa mantenían en continua alai*»!* a hts guarnicio- 
nes realistas del Oriente y, aunque derrotados, ha- 
bían sabido conquistarse simpatías eil toda la re- 
gión. Estos denodados guerrilleros habían conse- 
guido, por su abnegación a una causa y no por pro- 
mesas de miaterialidades, atraer a los pobladores 
de los llanos al partido de la República; mal que 
mal, habían inculcado una idea en esas almas y por 
ella se iban a batir con toda la nobleza que inspiran 
las doctrinas, a la inversa de Boves y de Morales 
que sólo pusieron intereses en los corazones de los 
llaneros y los llevaron, con el instinto de la codi- 
cia, .a cometer la enormidad de crímenes qfis llenáis 
de oprobio su memoria. 

Lecciones prácticas de conocimiento del terreno y 
sus recursos; observaciones de carácter militar so- 
bre las lineas principales de una campaña general; 
convencimiento de la necesidad de marchar unidos 
para asegurar el éxito de las armas; aceptación, de 
un gobierno civil que organice la libertad conquis- 
tada, y finalmente, una tendencia a hujnanúar la 
guerra, después de los horrores de las etapas ante- 
riores, tales son en conjunto las grandes lecciones 
que se desprenden del análisis de las operaciones 
de Cedeño, de Monagas, de Zaraza y de sus compa- 
ñeros. 

El triunfo dfinitivo no se obtendrá sino por el 
aprovechamiento de estas experiencias, y aunque 
no hubieran conquistado ni una pulgada de terreno, 
los guerrilleros del Orinoco y de los llanos merecen 



140 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



la gratitud de su Patria por el solo servicio de ha- 
ber llevado a quien debía conducir sus destinos en 
el futuro el inmenso caudal de conocimientos del 
terreno, de educación de sus voluntades en la lucha 
incesante y, lo que más valía, en convencimiento de 
que para alcanzar el fin principal que perseguían, 
la independencia, era necesario la dirección única 
de quien reuniera la aceptación general. 

En los períodos anteriores de la revolución ve- 
nezolana, la idea había bajado desde el cerebro de 
los dirigentes a los corazones del pueblo y él progre- 
so fué lento; sin embargo, posesionados del ideal, 
los elementos populares lo criaron al calor de sus 
pechos y lo difundieron sin discursos, sin proclamas, 
naturalmente, como el agua que corre a nivel y la 
idea directriz se transformó* en exigencia popular. 
La criatura engendrada por Bolívar en las campa- 
ñas de 1813-1814, se desarrollaba y se multiplicaba 
en las libres expansiones de los caudillos de los lla- 
nos, se fortificaba con sus padecimientos e iba a 
ser capaz del esfuerzo inmenso que le pediría el Li- 
bertador: someterse, disciplinarse para hacer la li- 
bertad propia y la de otros pueblos. 



OOQOO 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 141 



IV 

LA GUERRA EN LA FRONTERA CON NUEVA 
GRANADA Y LA REVOLUCION EN LOS 
LLANOS DE OCCIDENTE. 

Mientras los derrotados de Urica se dispersa- 
ban por el Oriente venezolano, propagandistas de 
una cansa que fecundaban con su sangre, otros pa- 
triotas diseminados en los llanos de Occidente y 
en los valles andinos, después del sitio de Valencia 
y de las persecuciones del Comandante Don Sebas- 
tián de la Calzada, procuraban encontrar un asilo 
seguro, por de pronto, para reunirse enseguida, y 
continuar sus jornadas por la patria. 

Una acertada proposición del General don Ra- 
fael Urdaneta iba a crear un, núcleo de concentra- 
ción, que sería punto de cita obligado para todos 
los fugitivos y centro de organización cuyas efi- 
cacias dependerían únicamente de la dirección que 
se diera a estos elementos. Dice este General, en 
sus Memorias, que al decidir su retiro a Nueva 
Granada, ya desde el pueblo de Trujillo, recomen- 
dó la necesidad de formar una 'fuerza respetable 
de caballería en Casamare. El sitio estaba bien 
elegido: el pueblo de Pore, capital de esa provin- 
cia neo-granadina, está en los llanos que se extien- 
den al Oriente de los Andes, cuyas serranías lo se- 
paran de Tunja, casi sobre el mismo paralelo, y de 
Bogotá que se encuentra un poco míás al sur. A 
10 



142 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



ese refugio podían acudir los habitantes de arabos 
lados de la cordillera que desearan agruparse en 
torno de las banderas de la independencia, organi- 
zarse con la tranquilidad que les brindaba lo apar- 
tado del sitio y las posibilidades de dispersarse 
hacia las soledades del Meta, en caso de peligro. 
El núcleo que allí *e formara, al hallarse con fuer- 
zas suficientes, podía elegir el camino de sus ini. 
dativas, sobre Nueva Granada o sobre Venezuela, 
trasmontando los Andes, en el primer caso, para 
caer a Bogotá, por Tunja; cruzando los llanos, 
en el segundo, para llevar su propio contingente 
a las guerrillas del Orinoco. 

En el pueblo de Táriba supo Urdanle ta la 
aceptación de sus propuestas. "El Gobierno ge- 
neral residente en Tunja, leemos en sus Memb- 
"rias, tom'aha bajo su protección los restos del 
"Ejercito de Venezuela, y les ofrecía asistirlos co- 
cino a las tropas granadinas, y respecto a la indi- 
cación sobre Casamare, convenía perfectamente; 
"pero, no teniendo un oficial de caballería de que 
"disponer en la Nueva Granada, le encargaba des- 
ainase de su división los que pudiese." (31) 

Sin demora ya desde San Antonio, a pocas jor- 
nadas de Táriba, en su marcha sobre Cúcuta, des- 
tacó Urdaneta hacia Pore un columna de 200 in- 
fantes a las órdenes del Sargento Ma} r or don Pedro 
León Tores y un cuadra de 25 oficiales, dirigidos 
por el Teniente Coronel don Miguel Antonio Váz- 
quez, y entre los que figuraban: Basilio y Gregorio 
Brito, Miguel y Fernando Figueredo, Antonio Ran- 



(31) Urdaneta, Memorias LXX. 




LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



14a 



gel, Antolino Mujica y varios otros. En la lista- 
formada, .aunque no estuvieran presentes, se in- 
corporaron los nombres de Ramón Nonato Pérez y 
del Capitán José Antonio Páez, cuyas actuaciones 
serían de importancia durante el período de gue- 
rrillas, en especial la del capitán Páez que se iba 
a encumbrar hasta el más elevado cargo púbico de 
su patria. 

El gobierno neo-granadino puso todas estas 
fuerzas, por de pronto, a las órdenes del coman- 
dante Don Francsico Olmedilla, debiendo eorres- 
ponderle el miando de la caballería al teniente co- 
ronel Don Miguel Valdés tan pronto como llega- 
ra a Pore. 

Olm'edilla trabajó con verdadero empeño y lo- 
gro reunir una fuerza expedicionaria de 700 lan- 
ceros y 100 jinetes armados de carabinas. 

Mientras los patriotas desarrollaban esta ac- 
tividad, el teniente coronel Calzada, vencedor de 
Urdaneta en Mueuchíes. se retiraba a Mérida con 
el objeto de dar descanso a sus tropas, de reorgani- 
zarlas y de -recoger todos los pertrechos militares 
abandonados por los republicanos. Las noticias 
de una concentración patriota en Casan&re impre- 
sionaron al Capitán General, Don José Manuel Ca- 
jigal, quien, temeroso de un ataque por el flanco» 
a la división de Calzada, dio órdenes a este jefe 
para que se trasladara sin pérdida de tiempo a 
la provincia de Barinas con el doble objeto de 
vigilar los llanos de Pore y de acumular elemen- 
tos para destruir las guerrilas que ahí se reunían. 

Esta medida de Cajigal contrariaba los pla- 
nes de su superior jerárquico, Don Francisco Mon- 



TKANCISCO RIVAS VICUÑA 



íalvo, quien deseaba que el Ejército del Centro, 

homo los españoles llamaban a las fuerzas de Cal- 
zada, atravesara los Ancles y marchara por los 
valles de Oúcuta hacia Ocaña para unirse, en de- 
finitiva, a sus propias divisiones. El programa de 
Mdiitalvo era bien ideado; pero no dejaba de te- 
ner razón Cajigal al disponer la destrucción pre-, 
via de las montoneras de Olmeclilla que podían 
ser un serio obstáculo, amenazando los flancos y 
la retaguardia de la expedición de Calzada. 

Trasladóse este comandante a la provincia 
de Barinas, dejando en Mérida una fuerte guar- 
nición a las órdenes de su lugar-teniente Remi- 
gio Ramos, con orden de ocupar los valles de Cu- 
enta ; Ramos realizó esta empresa marchando por 
Chinácota y Bochalena en los primeros días de 
Enero del año de 1815, mediante el empleo de una 
columna ele 1.200 hombres. : ¡ 

Por este mismo tiempo, Calzada que había 
situado su cuartel general en Guasdualito, en la 
margen derecha del Apure, había incrementado 
sus fuerzas hasta 1.100 lanceros, 100 carabineros 
y 7D0 infantes, hallándose dispuesto a emprender 
operaciones, según las órdenes de Cajigal. 

Montalvo se mantenía inexorable en su tác- 
tica de concentración de fuerzas en territorio gra*- 
nadino e impartió instrucciones terminantes para 
que Calzada marchara a reunírsele. Obediente, 
el jefe del Ejército del Centro dejó a Guasduali- 
to guarnecido por 900 jinetes, de los cuales 100 
teñían armas de fuego, a las órdenes del coman- 
dante Pacheco; él se encaminó a Cúcuta, por las 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 145 



montañas de San Camilo y San Miguel, con una 
brigada de 700 infantes y 300 lanceros. 

Los patriotas se habían desprendido de su 
campamento de Pore en demanda de Guasduali- 
to, procediendo con las mayores precauciones. 
1 'Esa división al miando de Olmedilla, dice el Ge- 
"neral Páez en su Autobiografía, se dirigió por 
"los desiertos de las sabanas Lareñas a fin de no 
"ser descubiertas por el enemigo; se marchaba 
"sólo durante la noche y se hacía alto durante el 
<É día. Atravesamos a nado el río de Arauca lle- 
gando las armas y las monturas en la cabeza; 
"las de aquellos que no sabían ejecutar esta cu- 
"riosa operación las pasábamos en botes hechos 
"de cueros de vaca." (32) 

Afortunado anduvo en su marcha el coman- 
dante Olmedilla, pues se presentó en las últimas 
horas de la noche del 29 de Enero al frente de 
Guasdualito, un día después de la partida de Cal- 
zada en demanda de los valles de Cúcuta. Las 
fuerzas del jefe patriota, que ya eraai superiores a 
más de mil hombres, fueron distribuidas en tres 
partidas, dos de las cuales guardaban los cami- 
nos ; hacia el bajo Apure, la primera, hacia la mon- 
taña de San Camilo la segunda y en un flanco de 
la población la tercera. 

El desastre del comandante español fué com- 
pleto ; según la versión del general Páez. más de 
200 muertos y heridos realistas quedaron en el 
campo de batalla y muchos fueron lanceados en 
la persecución de los fugitivos hecha por el pro- 



(32) Autobiografía del General Páez. Capítulo V. 



146 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



pió Páez. El número total de prisioneros fué 
superior a 250, de mi'odo que Pacheco perdió la mi- 
tad de su contingente en la acción directa y en 
sus inmediatas consecuencias; pero su descalabro 
iba a ser mayor. Aterrorizadas sus tropas biso- 
ñas por el ímpetu de los llaneros, se diseminaron 
hasta el punto que el comandante realista sólo 
reunió 25 hombres para presentarse a dar euen* 
tas a Calzada de su derrota. 

Después de este triunfo comenzaron los des- 
acuerdos entre los jefes de las montoneras repu- 
blicanas, fatal tendencia que iba a prolongar por 
largos años la lucha por la emancipación; prorro- 
gativas del mando, planes de campaña, destinos 
de los prisioneros, todo se discutía y, cotíh) nin- 
guna voluntad lograra imponerse, perdíase la co- 
hesión en las filas, desalentábanse muchos, como 
le ocurriera al propio Olmedilla, y los resultados 
de una victoria pacientemente preparada eran 'in- 
feriores al sacificio hecho para alcanzarla. 

La primera cuestión debatida fué la conser- 
vación del puésto conquistado. La afirmativa se 
mostraba como de éxito dudoso, ya que los fugi- 
tivos habían tenido tiempo de informar a Calza- 
da, que no estaba lejos, y que nó vacilaría en vol- 
ver para Recuperar su posición de avanzada. Re- 
solvióse, pues, la retirada hacia Pore, repasando 
el Arauca, y continuando por la vía del pueblo de 
Cuiloto. 

Aquí dejó el mando Olmedilla a Figueredo 
y de nuevo empezaron las discusiones, inspirán- 
dose en un criterio que está perfectamente ívfle- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



147 



jado en estas expresiones de Páez, contestando a 
su jefe Figuerecio: 

"Comandante, permítame decirle que no es 
(i usted el único responsable, pues cada cual tiene 
"anuí su parte de responsabilidad y, por lo que a 
"mi hace, no me conformo con la responsabilidad 
"de otro con peligro de mi vida y de mi honor.' 1 

No es extraño que faltos de toda disciplina, 
los guerrilleros se dispersaran, hasta el punto de 
no quedar en Cuiloto sino unos 180 hombres a las 
órdenes de Figueredo, ouien fué luego reemplaza- 
do en el mando por Miguel Guerrero. Este ca- 
pitán, para salvar estos restos de la expedición, 
avanzó hasta el sitio de El Puerto, sobre la ribera 
norte del río Casanare. acertada medida pues los 
realistas se habían reorganizado en Gnasdiialito 
y marchaban en persecución de las montoneras 
de Casanare. 

Activo como era el comandante Calzada, al 
saber los reveses de Pacheco, ordenó a Ramos que 
volviera de Cuenta a reunírsele y él mismo avan- 
zó hasta Guasdüalito. Las repetidas marchas 
por los terrenos insalubres de San Miguel y San 
Camilo diezmaron sus tropas y le era necesario 
hacer una nueva recluta para restablecer su con- 
tingente. Ya en marzo de 1815, tenía Calzada una 
guarnición de 2.000 hombres y se resolvió a re- 
emprender 'su expedición a Cúeuta, mas despe- 
jando previamente sus flancos de las montoneras 
que podían amenazarlo. 

De acuerdo con este plan, avanzó hasta el 
pueblo de Cuiloto. recogió todos los elementos 
perdidos por Olmedilla y sus lugar-tenientes y 



148 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



habría seguido hasta la capital misino de Casa- 
nare, si una nueva orden de Cajigal no le hu- 
biera detenido en su camino. 

Esta vez temía el Capitán General que Urda- 
neta viniera desde Nueva Granada para caer so- 
bre Guasdualito y Calzada se vio obligado a re- 
troceder en amparo dé la posición que se conside- 
raba como la llave de las regiones andinas del 
Apure hasta el Casanare. 

La columna de Calzada tuvo que inmovilizar- 
se largo tiempo en Guasdualito, a causa de las 
lluvias que mantenían inundados los llanos y fué 
por ese tiempo que, con los cuadros que le en- 
viara Morillo, formó la Quinta División compues- 
ta de 1800 fusileros y de 500 jinetes, tropas bien 
armadas y somtetidas a la dirección de oficiales 
experimentados. 

Con estos elementos, se volvía al plan cj^ 
Montalvo : marchar por Cúcuta y Ocaña al Bajo- 
Magdalena; mas, si Morillo insistía en esta ope- 
ración, Calzada tampoco cedía en su programa de 
seguridad, en la destrucción de las partidas de 
Casanare que tenían una nueva organización, bajo 
las órdenes del General Don Joaqfuín Ricaurte, 
llegando su contingente a 1.000 jinetes y . unos 150 
fusileros. 

Disciplinado como era Calzada, debió recibir 
aprobaciones superiores para despejar su flanco y, 
dejando una guarnición de 300 hombres en Guas- 
dualito, a las órdenes de Ildefonso Arce, bajó a 
los llanos tan pronto como la estación se lo per- 
mitió. Las descubiertas de los patriotas no pu- 
dieron detenerle en los pasos de los ríos Lipa, 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 149 

Ele y Casanare y Ricaurte resolvió reconcentrar- 
se en Chire, sabana desde donde empiezan a ele- 
varse las primeras estribaciones de los Andes y 
por dónde cruza el camino de las salinas de Chi- 
ta que lleva a los valles neo-granadinos allende 
la cordillera. Derrotado, Ricaurte podría re- 
tinarse por allí y unirse con Urdaneta; vencedor, 
podría empujar por ese camSno a Calzada, perse- 
guirlo y colocarlo entre sus fuegos y los de la co- 
lumna republicana que actuaba en esa parte de la 
frontera neo-garanadina. 

El encuentro entre la división de Calzada y 
las tropas de Ricaurte, que tenía por Jefe de Es- 
tado Mayor a Miguel Valdez y a Guerrero como 
Comandante de la caballería, se produjo el 31 de 
octubre de 1815. Los llaneros, conducidos al 
ataque directo por Páez y Nonato Pérez, descon- 
certaron las líneas realistas; la caballería se puso 
en fuga y la infantería perdió sus posiciones. Con 
gran esfuerzo pudo salvar el jefe español unos 
1600 infantes y algunos jinetes, tomando, como 
; era de preverlo, ti camino de Chita. 

La persecución de los fugitivos fué débil, 
casi nula y, según el relato de Páez, ello se debió 
a la preferencia que miereció la captura de los 
equipajes y de la comisaría de la división realis- 
ta. Los vencedores de Chire recogieron sólo este 
pobrísimo fruto de su victoria, pues Calzada, con- 
tinuando su programa, tuvo la suerte de encon- 
trar a la división de Urdaneta en Chitagá, derro- 
taría y franquearse el paso hacia su destino pre- 

I VÍStO¿ •. • , ... • 



150 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



El auxilio que recibían las tropas del Bey- 
era de importancia y se imponía la necesidad de 
atraer de nuevo a Calzada hacia sus antiguos cam- 
pamentos y, en todo caso, de interceptar sus co- 
municaciones con la provincia de Barinas que po- 
día sumnistrarle recursos. Ricaurte recibió ins- 
trucciones en este sentido del Gobierno de la 
Unión y confió la empresa de confiar a Guasdua- 
lito a su jefe de caballería, comandante Migue/ 
Guerrero. 

Pocos datos documentados poseemos sobre 
esta marcha, en la cual Páez ha debido figurar en 
algún destacamento de vanguardia que sorpren- 
dió al cuerpo de aprovisionamiento del Comandan- 
te español Vicente Peña, arrebatándole los caba- 
llos y ganados que conducía y dispersando su co- 
lumna. Fué, tal vez, este accidente lo que de- 
terminó al realista que mandaba en Guasdualito 
a mloverse hacia la Mata ele Miel para aproximar- 
se a otros destacamentos de su partido. Allí 1^ 
encontraron los jinetes de Guerrero, le derrotaron 
y pudo ocupar Guasdualito el 14 de Diciembre. 

Este éxito determinó al General Ricaurte h 
venirse al centro conquistado y desde allí, cono- 
ciendo los esfuerzos que hacía Arce para su reor- 
ganización, destacó una avanzada de 300 jinetes 
bajo el comando del jefe de escuadrón José An- 
tonio Páez, con el propósito de estorbarle en su 
proyecto. 

Con infinitas precauciones, a fin de no ser 
descubierto por los exfploradores realista^, tomó 
Páez el camino de Quintero, que dista unas 60 mi- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 151 

lias hacia el norte de Guasdualito, con la esperanza 
de batir a las fuerzas del Gobernador de Barinas, 
Coronel Don Francisco López, que acaba de tomar 
el mando en reemplazo de Arce, destacado ahora 
en San Carlos. 

En su itinerario estaba el paso del Apure por 
el sitio de Palmarito guarnecido por una columna 
de 300 hombres mandados por el Comandante Vi- 
cente Peña, con quien ya había medido sus fuer- 
zas el llanero. El 2 de Febrero de 1816 fué des- 
truida esta columna realista y su jefe, hecho pri- 
sionero, debió la vida a las reiteradas súplicas de 
Páez. 

Entretanto, el nuevo Gobernador de Barinas. 
López, avanzaba con una fuerza de 1.100 jinetes 
y 300 infantes. No creyó el General Rieaurtc 
que pudiera resistir y, en un consejo de oficiales, 
<?e acordó la retirada a Casanare, por Arauca No 
fué de igual opinión el jefe de escuadrone* lia- 
2jeros y manifestó su resolución de mantenerse en 
Guasdualito a todo trance. Sea que Ricaurte y 
Guerrero estuvieran enfermos, como dice el his- 
toriador Eestrepo; sea que no confiarais en el éxi- 
to de la resistencia, prefiriendo salvar sus con- 
tingentes, el hecho es que ambos, con el Jefe de 
Estado Mayor Valdés, se retiraron con unos 
cuantos oficiales, una compañía de infantes y otra 
de dragones, quedando Páez defendiendo la pla- 
za con 500 jinetes. 

Las descubiertas patriotas y realistas no tar- 
daron en avistarse y, ya el 16 de febrero, se trabó 
de nuevo en la Mata de Miel, un encuentro deci- 



152 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



sivo entre la columna de López y la caballería de 
Páez, dirigda por él y mandada directamente en 
dos columnas por Nonato Pérez y Genaro^ Vas- 
quez. Los jinetes del llanero lancearon sin pie- 
dad, según la expresión de Páez, a la caballería 
del Rey y, concluida la lucha con ésta, volvieron 
sobre la infantería, obligándola a esconderse en 
los bosques del Apure. 

En 400 muertos y 500 prisioneros estimó el 
jefe patriota las pérdidas en las filas del español,, 
además de un buen botin de fusiles, lanzas y ca- 
ballos con sus arreos de montar. Es posible que 
haya exageración en estos resultados inmediatos 
de la victoria, pues otros autores de la época dan 
cifras diferentes; pero todos están contestes 'en 
que un buen número de prisioneros, especialmen- 
te los venezolanos, ingresaron a las filas de^la Pa- 
tria, y también en la acertada persecución que hi- 
zo de los dispersos hasta el sitio de Canagua, re- 
cogiendo a su paso 1.500 caballos que puso en sal- 
vo al sur del Apure. 

Estos éxitos aumentaron el prestigio de Paéz y 
pronto su pequeña columna de 500 hombres se au- 
mentó a más del doble. El gobierno granadino le 
otorgaba el nombramiento de Teniente-coronel y, 
al propio tiempo, Ricaurte pretendía cosechar para 
sí el fruto de esta victoria, enviando a Miguel Gue- 
rrero a tomar el mando en Guasdualito. La guar- 
nición, en ausencia de Páez, se amotinó contra Gue- 
rrero, quien no pudo consolidar su autoridad sino 
con el auxilio del vencedor de la M&ta de Miel a su 
regreso de la expedición de Canagua. 

La discodia entre los jefes fué comprimida mío- 



LAS GUERRAS BE BOLIVAR 153 



mentaneamente, retirándose Ricaurte por enfermo 
y remplazando a Guerrero el Coronel don Miguel 
Valdés, que tomó a su cargo la división de Guasdua- 
lito en el mes de Abril de 1816. 

Ya antes de esta fecha, Páez había destacado 
a Vázquez con una columna de 500 jinetes a pose- 
sionarse del pueblo de Mantecal, punto importante 
por ser el de intersección de los grandes senderos 
de los llanos. Cumplió su cometido el Comandante 
patriota, más no pudo mantener sus posiciones, pues 
se presentó en son de ataque el presbítero Andrés 
Torrellas, que actuaba de Coronel, realista acti- 
vísimo que en las primeras campañas revoluciona- 
rias había luchado en las regiones de Coro y Mara- 
caibo al lado del indio Beyes Vargas. 

El Teniente-coronel Vásquez se replegó so- 
bre Guasdalito y Páez, en ese momento bajo las 
órdenes de Valdés, obtuvo la autorización para re- 
conquistar el punto de Mantecal, avanzando con 
una partida de 500 jinetes, a miediados de Mayo. 

El cura Torrellas no esperó el ataque de los 
temibles llaneros y se puso en salvo, al norte del 
Apure, por el Paso del Frío que se encuentra como 
setenta millas más abajo de Nutrias. Esta retira- 
da realista hacia el Oriente tenía un doble objeti- 
vo : desprender a los guerrilleros de las cercanías 
de las fronteras neo-granadinas y detenerlos en 
sus avances hacia los llanos del Bajo-Apure. 

Páez se mantuvo en su posición del Mantecal 
y destacó al Capitán don Basilio Brito a establecer- 
se en el pueblo de Rincón Hondo, que podría ser- 
vir de escalón para continuar su avance hacia Acha- 
guas o más lejos aún. A comienzos de Junio, se 



154 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



presentó el realista López en demanda de Páez 
con una fuerza ele 1200 jinetes, 400 infantes y 6 
piezas de artillería. 

' Las fuerzas realistas eran enormemente supe- 
riores; pero, en realidad, ni la artillería ni los in- 
fantes eran de eficacia real para combatir en aque- 
llos terrenos de médanos. La contienda se limitó 
a una serie de escaramuzas* como dice Páez, y el 
jefe español se puso en retirada por el mismo cami- 
no que había seguido el presbítero Torrellas. 

No era el intrépido llanero hombre para que- 
darse inactivo ante uñ enemigo que huía y cuyas 
fuerzas podía mermar con el duro golpear de sus 
lanzas ; se puso, pues en persecusión de López has- 
ta el Paso del Frío, causándole bajas considerables 
que, sin embargo, no fueron de serias consecuen- 
cias porque el campo de acción no permitía obrar 
con la rapidez que habría asegurado una dispersión 
completa de las huestes realistas. 

En su deseo de marchar hacia el Oriente, or- 
denó Páez al Capitán Don Antonio Eangel que 
atacara la villa de Achaguas sobre el río Apurito, 
conquista que parecía fácil, pues se decía que la po- 
sición estaba muy débilmente guarnecida. Esta 
información pudo ser efectiva antes de los recha- 
zos que sufrieron Torrellas y López en el Paso del 
Frió: más, después de estos desastres, el jefe rea- 
lista hizo bajar por el río algunas tropas que ele- 
vaban hasta cerca de 300 hombres la residencia 
que iban a encontrar los 150 llaneros capitanea- 
dos por Eangel. Este oficial se vio obligado a re- 
tirarse, abandonando las armas y los prisioneros 
que había toimado en el comienzo feliz de esta ac- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 155 



eión; uno de sus capitanes Don Antolino Mujica 
quiso continuar el ataque, prefiriendo morir a ser 
el portador de la noticia de un desastre. Un ac- 
cidente, la caida de su caballo, fué causa de qae 
el desgraciado Mujica fuera 'hecho prisionero, fu- 
silado enseguida y su cabeza expuesta en la pico- 
ta en la ciudad de Calabozo. 

Las guerrillas, formadas por consejo de Ur- 
daneta desde fines de 1814 en los llanos de Casa- 
m-are, habían llegado en el mes de junio de 1816 a 
diseminarse por todo un inmenso territorio desde 
Apure hasta el Mantecal, como centro principal, 
y con ligeras guarniciones en algunos puntos de 
importancia como Arauca y Guasdualito. No era 
esta táctica la más prudente ni tampoco la acon- 
sejada por el arte militar. 

La concentración $n un punto abrigado de 
las sorpresas del enemigo para organizarse con 
tranquilidad o bien la marcha unida hacia un ob- 
jetivo determinado de antemano, como hubiera si- 
do el buscar en contacto con otras partidas patrio- 
tas, eran dos soluciones de resultados eficaces; 
la diseminación en los llanos no podía tener conse- 
cuencias felices y de efectos permanentes y, en úl- 
timo análisis, la única ventaja adquirida por estas 
operaciones desordenadas era la de mantener viva 
la propaganda en favor de la idea de la indepen- 
dencia. • 

Los hombres de armas verdaderamente tales 
no lograban hacerse respetar por los llaneros qne, 
movidos por los atractivos de una vida de corre- 
rías y de aventuras, sólo pensaban en las ventajas 
inmediatas que pudieran derivarse para ellos, en 



156 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



el reparto del botín, sin que llevaran en su corazón 
ningún (sentimiento superior. 

Como quiera que sea, la inmensa masa de com- 
batientes se había agrupado en torno de un cau- 
dillo de 26 años, Don José Antonio Páez, a quien 
seguían por que era el más hábil para domar un 
potro, el más diestro para manejar su lanza, el 
primero en cruzar los ríos a nado, el más astuto 
para rodear al enemigo y, tal vez, también a causa 
tle cierta generosidad y espíritu de justicia en la 
distribuición de los despojos. 

La gran agrupación de guerrilleros se halla- 
ba, asi, en el estremo oriental de la linea, en Man- 
tecal; y apenas unos pocos hombres quedaban en 
Pore, en el pueblo de occidente donde empezó la 
organización propuesta por Urdaneta y auxiliada 
por el gobierno granadino. 

En los propios días en que se libraban los com- 
bates del Bajo Apure que acabamos de mencionar, 
las tropas derrotadas por La Torre, especialmente 
las que mandaba Serviez, llegaban a Pore hacia 
el 23 de Junio de 1816, reducidas a 56 infantes y 
150 jinetes. Perseguidos de cerca, marcharon a 
raunirse con un destacamento que tenía Urdaneta 
en los pueblos vecinos; pudo este jefe enviar una 
partida a las ordenes del capitán Soler en socorro 
de los patriotas. "Sin este auxilio, dice Urdaneta, 
"muy pocos o casi ningunos habría escapado. Al 
"fin se salvaron Serviez, Santander y alguna pe- 
"quena parte de sus topas; muchos jefes también 
"y oficiales, en su mayor parte venezolanos, que 
"servían en la 'Nueva Granada unos en la división 
"de Cúcuta, otros venidos antes y en los mbmen- 



LAS GÜERRAS DE BOLIVAR 157 



*'tos del sitio de Cartagena y todos los emigrados 
"que en varias épocas se habían ido allí." (32) 

Quiso Urdaneta aprovechar estos valiosos ele- 
mentos como base de una división, que se forma- 
ría en los llanos del Meta, para distraer la aten- 
ción de los españoles mientras las partidas que 
obraban en el Apure ensanchaoan sus operaciones 
«obre Venezuela. Semejante programla, cuyas ven- 
tajas reposaban en una concepción errada del es- 
tcido de las fuerzas de Apure, no era posible por 
muchos motivos entre los cuales los de mayor im- 
portancia eran la discordia entre los jefes patrio- 
tas, desconociendo Miguel Valdés la autoridad de 
TJrdaneta, y la presión de las fuerzas de La Torre 
y de sus Oficiales que lograron, al fin, apoderarse 
de Pore el diez de Julio de 1816, enseñoreándose 
de toda la provincia de Casamare y arrojándo al 
territorio venezolano de Aráuca los restos de las 
guerrillas patriotas y de los ejércitos derrotados 
por el teniente general Morillo. 

El coronel Miguel Valdés, aconsejado sin du- 
da por muchos hombres de letras que figuraban 
entre los emigrados, ideó la constitución de un go- 
bierno y citó a una junta en la villa de Aráuca 
para deliberar sobre este propósito. Como resul- 
tado de esta asamblea, se eligió un presidente y un 
secretario, correspondiendo estos cargos a los doc- 
tores Fernando Serrano y Francisco Javier Yá- 
nes. La propia reunión designó al Coronel don 
Francisco de Paula Santander con^o Jefe del Ejér- 
cito, si asi podía llamarse a un cuadro de oficia- 



(32) Urdaneta. Memorias. LXXIX. 

11 



158 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



les, algunos veteranos y una/masa de llaneros indis- 
ciplinados/ sin armamento casi, comió- no. fueran 
unos pocos fusiles y lanzas de madera de Albarico, 
sin parque, sin víveres para una ración normal, 
debiendo contentarse con carne sin sal ni pán, sin 
vestidos adecuados, a la intemperie y peleando por 
el cuero de la res que se mataba para que sirviera 
de tienda de campaña o de abrigo para el cuerpo. 

Completaban esta Junta de Gobierno, como 
Consejeros de Estado, los generales Urdaneta y 
Serviez y, haciendo cumplido honor a la experien- 
cia de estos dos militares, como tanfbién al talen- 
to y al conocimiento de los hombres del Presidente 
Serrano, de su Secretario Yanas y del coronel San- 
tander, mas letrado que militar, no podemos supo- 
ner que ninguno de ellos pensara, ni siquiera un 
instante, que la Junta de Aráuca podía subsistir 
y consolidarse cbro(o gobierno isastenida por las 
lanzas de los llaneros de Páez que no tenían con 
ellos contacto de ninguna especie, que tal vez ni 
su lenguaje comprendían y, más que esto, que no 
sentían simpatías por hombres venidos de allen- 
de las montañas, como Serrano, y Santander,/ de 
más allá de los mares, como Yánes y Serviez, ni por 
Urdaneta mismo, venezolano como ellos, pero cu- 
ya austeridad disciplinaria y gerárquica tenia que 
romperse, fatalmente, al golpe de ese torrente de 
homibres libres en la naturaleza a quienes se lle- 
vaba luchar por la libertad organizada de la vi- 
da eívica. 

Aquéllo no podía durar y los hombres que 
aceptaron estos cargos no pudieron tener otro pen- 
samiento que el de incorporarse en esa guerrilla 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 159* 



para educarla, si era posible, y, en todo caso, para 
defenderse en su seno, para conquistar territorio* 
en cuánto lo permitiera la organización que anhe- 
laban y, sobre todo, para esperar el advenimiento- 
de tiempos mejores, con la fé inquebrantable de 
los hombres de talento que saben que el curso de> 
la idea no se detiene en ningún obstáculo, que to- 
do lo vence y debe vencerlo porque ella es la ra- 
zón misma del progreso humano. 

No podía durar y no duró ; una idea germina- 
ba en aquellas masas y esta semilla era, tal vez^ 
tan extraña a ellas mismas como el grano de tri- 
go ignora las cualidades de la tierra que lo nu- 
tre y lo hace crecer y multiplicarse : el germen de 
la Patria despuntaba en aquellos espíritus primiti- 
vos, con formas vagas de concepción, pero defi- 
nidas, materializadas en su adhesión a los hombres, 
Páez y Nonato Pérez representaban para ellos al- 
go diferente del grupo de Serrano y Santander; 
los primeros vivían en su intimidad y los segundos 
en un plano superior; aquellos procedían del lla- 
no igualitario de su origen común y estos de las 
sierras escalonadas ; Páez había hecho causa común* 
con ellos en sus reclamaciones por su parte de bo- 
tín, los demás o lo acopiaban con objeto que no 
comprendían o lo distribuían entre gentes que no 
conocían; Nonato Pérez no admitía órdenes de ex. 
traños, desconocía a los señores de la Junta de 
Aráuca y se quedaba en el valle de Cuiloto con sus 
homíbres. En el fondo, al Oriente y al Occidente 
de los Andes, dos nacionalidades se formaban: Ve- 
nezuela y Nueva Granada, dos colonias de un mis- 
mo Monarca que mantuvo a sus subditos en aisla- 



160 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



miento, que los diferenció por eso profundamente y 
•que, si embargo, se había de unir contra su ré- 
gimen para conquistar sus libertades, para sacu- 
dir las míalas prácticas de siglos de opresión y se- 
guir, con la carga de la herencia ancestral sobre 
los hombres, desarrollándose paliativamente en 
la inevitable ley de los perfeccionamientos dente*- 
oráticos el evolucionismo de la humanidad agru- 
pada. 

Los gobernantes de Aráuca, instalados el W 
de Julio de 1816, estaban virtualmente caídos des- 
de ese mismo día y su derrumbe se verificaría de 
^eeho ¿liando el jefe natural llegara, cuando la 
piedrecilla de la montaña golpeara en sus piés 
de arcilla a la estatua de bronce. 

La efímera Junta había dispuesto la concen- 
tración en Guasdualito, recogiendo todos los ele- 
mentos de Occidente que estaban amenazados por 
hs fuerzas de La Torre y ordenando también a las 
partidas de Occidente que abandonaran las avan- 
zadas de Manteca!, de Rincón Hondo y otros pun- 
tos ocupados por los destacamentos de Páez para 
replegarse a la Trinidad de Arichuna, abrigo le- 
jano que les permitiría organizarse sin grandes 
temores de que hasta allí vinieran, en ataques sor- 
presivos, las expediciones realistas. 

El movimiento se cumplió, cooperando en él 
Páez que hizo todo lo posible por atraer a su fiel 
camarada Nonato Pérez, sin lograr que ^este gue- 
rrillero se desprendiera del valle de Cuiloto que 
iba a conservar por largo tiempo, hasta que llega- 
ra el momento de poner sus hombres al servicio 
de la Patria. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR igl 



En resumen, los planes de Urdaneta acogidos 
en 1814 para C^samare y su capital Pore y realiza- 
dos entonces, se trasladaban ahora Imcia el Orien- 
te; era un simple cambio de ubicación sin que se 
mejorara ninguna otra condición, como ser la dis- 
ciplina, el armamento, la provisión de las tropas 
y las comunicaciones con otras partidas patrio- 
tas. Los resultados, obrando las mismas causas, 
no podían ser diferentes y, cordo quiera que inter- 
viniera una idea nueva, la de la diferenciación 
entre la patria venezolana y la neo-granadina, la 
discordia entre los jefes debía producirse, como 
antes se estableciera entre Páez y Guerrero a raiz 
del triunfo de la Mata de Miel, como se continuara 
entre Urdaneta comandante en Pore y Valdés que 
mandaba en Guasdualito. 

La concentración de las fuerzas en el aisla- 
miento de Trinidad de Arichuna y su relativa 
inacción externa provocaron las fermentaciones, tal 
como ellas se producen en las aguas estancadas; 
gentes a(<opíumbradas a la vida de campaña, al 
combate que era el botí'i para muchos y, quizás, 
el deporte, la cacería para algunos, no se acostum- 
braban al sedentarismo relativo de domar potros, co- 
mo lo describe Urdaneta en sus Memorias, y aspira- 
ban a moverse a campo abierto, al ejercicio prácti- 
co de la lanza, a domar hombres. 

No nos interesa la intriga de cuartel ni ñe 
gabinete, lo que hiciera la Junta -creada en Aráu- 
ca p^ra sostenerse; lo que intentara o no intenta- 
ra Váez para derrocarla son simples curiosidades 
históricas; lo que importa es el hecho producido, 
el que era resultante fatal de causas naturales, f»o- 



162 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



mo la piedra que eaé en virtud de su peso en un 
miedio que no puede sostenerla. A mediados de 
Setiembre de 1816, don José Antonio Páez asumió 
la dirección única de esta errante colonia militar, 
aceptando el título de General de Brigada que le 
otorgaran sus oficiales y que confirmaran sus tro- 
pas reunidas en convicio ; Urdaneta y Serviez aca- 
taron los primeros estas resoluciones y luego los 
demás y ya el 23 de ese mismo mes, Páez habia" or- 
ganizado su pequeño ejército en tres divisiones que 
mandaban Urdaneta, Serviez y Santander, anun- 
ciando su propósito de emprender campañas ac- 
tivas. 

Dos años, casi, habían trascurrido desde que 
se organizara el pequeño destacamento de resis- 
tencias patriotas en Casamare, sin que se hubie- 
ran logrado los fines previstos; la bravura de los 
llaneros y sus heroísmos iban a formar la leyenda 
nacional, pero no habían conquistado ninguna po- 
sición permanente y sus mjismas actividades en la 
guerrilla no ocasionaron graneles perturbaciones a 
las combinaciones militares del Teniente General 
don Pablo Morillo, Conde ele Cartagena. 

Los jefes de Oriente, Cedeño, Monagas, Zara- 
za, Barreto y otros, asistidos en un momento opor- 
tuno por un civil, el Doctor Peña lograban harmo- 
nizarse y, aunque rivalizando entre ellos, asegu- 
raron ciertas posiciones, despejaron algunas vías, 
particularmente Cedeño -cuya vigilancia de la ca- 
pital de G-uayana inmovilizaba a una fuerte guar- 
nición realista, evidenciaba los recursos regiona- 
les y daba plena luz sobre las condiciones estra- 
tégicas de la campaña de liberación que debía apo- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



163 



yarse en ese punto, que fué base de la» operacio- 
nes españolas que derribaron a la Segunda Repú- 
blica Venezolana, y sin cuya posesión el dominio 
patriota en las marcas suceptibles de ser invadi- 
das por el Orinoco sería siempre precario. Era 
indispensable conquistar la Guayana y ocupar a. 
su capital, Angostura; pero los repetidos esfuer- 
zos de Monagas y Cedeño, manifestando la* difi- 
cultades de la empresa, revelaban que ella no era 
posible sino con una combinación adecuada de 
elementos militares y navales, sin cuyo requisito 
todo éxito sería momentáneo, sin dar otros frutos 
que trofeos de gloria y los desalientos propios de 
los sacrificios estériles. 

Las guerrillas de Oriente tuvieron, pues, re- 
sultados militares inmediatos, fueron lección ]-a- 
rh el estratega d 4 futuro y, también, enseñanza 
moral "para los jefes que se er papar j». en la ne- 
cesidad de la unión y de la disciplina para triun- 
far. No podemos decir igual cosa sobre los mon- 
toneros de Occidente y la inferioridad de su ac- 
ción resultante se debe, a nuestro juicio, a dos 
causas : la masa a que debían dar un impulso úni- 
co los jefes era de condiciones inferiores a los 
hombres con que se contaba en los llanos del Ori- 
noco, no en bravura sino en aptitudes para apre- 
ciar la idea que servían y para aceptar los medios 
de triunfar; los jefes formaban un conjunto he- 
terogéneo, no sólo por sus capacidades, sino tam- 
bién por su origen, produciéndose la situación de 
un comando de neo-granadinos sobre soldados ve- 
nezolanos. A las rivalidades personales en que 
se gastarían Urdaneta. Ricaurte, Santander, VU. 



164 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



dés y Guerrero, se sumaban las emulaciones de dos 
nacionalidades cuya diferenciación se ^acentuaba 
rápidamente. Ningún resultado positivo podía 
obtenerse mientras no se verificara de algún mo- 
do el proceso de unión que los acontecimientos 
mismos estaban indicando como la única garantía 
de éxito para asegurar el fruto de las victorias. 
Los hechos heroicos de Guasdualito, de la Mata de 
Miel, del Manteca!, del Paso del Frío, de Acha- 
guas entretenían las veladas de los llaneros, eran 
como un canto en la cuna de la Patria nueva, pe- 
ro sus resultados se medían por el aislamiento» én 
Trinidad de Arichuna tein ventajas de ninguna 
especie y sin ser una gran preocupación para el 
ejército realista. La evolución de este grupo 
tendría que hacerse por razón de las fuerzas ex- 
ternas que le dictaban sus reglas de conducta y, 
así, vemos desaparecer la dirección neo-granadina 
y establecerse el dominio de Páez; la unión, des- 
de luego, la disciplina vendría después, engendra- 
da por el convencimiento individual de su necesi- > 
dad y por la acción de un hombre que supiera 
coordinar todas esas voluntades, convenciéndoles * 
con ]u palabra y con la acción de que sólo en la 
salud de la colectividad estaba el bi<n de cada 
uno. 

La importancia estratégica de los llanos oc- 
cidentales estaba evidenciada; su posesión será 
necesaria para marchar desde Angostura hacia 
Nueva Granada, creando una fuerte línea cuyo 
avance hacia el norte o hacia los Andes, según lo 
¿consejen los movimientos enemigos y otras cir- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 165 



eunstancias, ¡arrollará las fueraas españohs en 
las colonias que Morillo había pacificado. 

Los pequeñoís caudillos de Oriente han ad- 
quirido ya la conciencia de la unión entre sí; se- 
rá necesario que igual idea se adueñe del miozo de 
26 años, del General José Antonio Páez, y que 
consienta en sumar a ellos sus energías. Todos 
ellos son venezolanos pero su esfuerzo solo no es 
bastante para consumar la obra de la independen- 
cia, deberán unirse con los neo-granadinos, como 
se unieron chilenos y argentinos, primer peldaño 
de una concentración mayor para redimir a to- 
das las colonias. Este programa de concordia, 
de harmíonía, es la base principal de la campaña; 
hombres hay para tomar las armas, recursos se pue- 
den buscar y encontrar en cantidad suficiente pa- 
ra equipararse a los elementos de los realistas en 
el punto vulnerable y continuar después una cam- 
paña sobre la base de la propaganda m'antenida 
por las guerrillas; empero, todos estos esfuerzas 
serán inútiles, o estériles por lo menos, si esos he- 
roísmos no se suman en los campos de batalla y si 
los caudillos no tienen el mayor de todos los he- 
roísmos, el de renunciar ia su amor propio o in- 
clinarse ante la voluntad que, apreciando a eada 
cual, le dé -el puesto que sea más capaz de ser- 
vir y no el rango que busca su ambición. 

Esta tarea de unión, de disciplina será la lla- 
ve del triunfo; reclutar y armar tropas es cues- 
tión de entusiasmo y de dinero- ; formar la mb- 
ral de un ejército es cuestión de genio; pocos han 
realizado este objetivo en la historia: Alejandro, 
Aníbal* César, Napoleón y Bolívar. Sin cum- 



166 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



plir esta regla primordial las fuerzas de la patria 
formarían un conjunto capaz de golpear y de des- 
truir un obstáculo, simple nervio brutal, pero 
ese no era el programía, no era la destrucción lo 
que se anhelaba sino la reconstrucción y habría 
que metodizar esta labor árdua por dem&s, el 
ejército no tenía sino una misión: la de preparar 
el terreno y la de defender la obua construida; 
esa era su máxima moral, la que no podía darle 
el caudillaje personalista, la que solo podía en- 
señarle un hombre dirigido por un ideal y por él 
se sacrificaba, Bolívar. 



V 

BOLIVAR EN HAITI 

Por los días de fines de Diciembre de 1815, 
cuando los patriotas recuperaban a Guasdualito, 
después de la jornada de Chire, cuando Cedeño 
se mantenía en Caicara, inmovilizando al jefe es- 
pañol de Angostura y permitiendo a Ioís guerrille- 
ros de Caracas, Barcelona y Cumaná que se mo- 
vieran entre las guarniciones realistas, cuando 
estas actividades heroicas desplegaban los solda- 
dos de la segunda República venezolana, su jefe, 
el Libertador, navegaba en las aguas del Caribe y 
cambiaba su rumbo sobre Cartagena, ya toncada 
por Morillo, y hacía velas hacia Haití, el terito- 
rio libre de la Isla Grande o Española, la Repú- 
blica que gobernaba un mestizo, Alejandro Pe- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 167 



tión, cuyo amor por la libertad y cuyas simjpa- 
tías y admiración por su propia obra conocía Don 
Simón Bolívar y le daban cierta esperanza de 
obtener de aquel humilde goberniante los socorros 
que le habían negado los poderosos de la Tierra. 

Era Petión, según refiere un ensayo biográ- 
fico de Don Ramón Azpurúa, hijo de un colono 
francés y de- Ursula, de la rasa sobre que más pe- 
saba el dominio colonial; su padre le negó su 
nombre, su madre no tenía apellido y fué cono- 
cido por el apodo cariñoso que le diera su mla- 
drina, Petiot, que es tanto como decir Chiqui- 
tín con muchísima ternura. Herrero, por orden 
de su padre, platero por elección propia, lue- 
go cazador de milicias por inspiración de su des- 
tino, el Petiot se incorporó a la insurrección de 
Haití en 1790 y luego pasó a Francia, a quien de- 
bió amar como a su patria, pues volvió, a recon- 
quistar para ella el terruño, rebelado nuevamen- 
te, en la expedición enviada por el primer Cón- 
sul, a las órdenes de Leclerc, en la que él figuró 
como Coronel. No cumplió el lugar-teniente de 
JBonaparte las promesas liberales que hiciera al 
criollo y éste se insurreccionó y fué el Presidente 
Alejandro Petion. 

Los dolores de su primera edad y la contem- 
plación de los acontecimientos europeos le inspi- 
raron sentimientos y convicciones en favor de las 
ideas de soberanía popular y de emancipación de 
las colonias ; las dulzuras del trato que recibiera 
en su infancia, sintetizadas en su apodo de Petiot, 
formaron las suavidades de su temperamento, su 
generosidad y su tendencia conciliadora. Por 



168 FRANCISCO RIVAS VICÜÑA 



sus cualidades de hombre público y sus virtudes 
privadas, era el Presidente de Haití el mandata- 
rio más a propósito para secundar los planes de 
Bolívar. 

Poca es la distancia entre Kingston, la capi- 
tal de Jamaica, y Puerto Príncipe, de Haití; em- 
pero el Libe^ír dor, que había resuelto dirigirse a 
esta isla el 39 de Diciembre, debió recorrer algúu 
largo derrotero antes de abordar en élla, burlan- 
do la vigilancia de las naves de España y de sus 
aliados, pues sólo desembarcó en los Cayos de San 
Luis a fines del mes. 

Sus amigos, especialmente el acaudalado co- 
merciante inglés, Roberto Sautherland, le aten- 
dieron desde su llegada y le facilitaron una pri- 
mera entrevista con el Presidente Petion. No 
perdía el tiempo el Libertador, según se despren- 
de de esta carta dirigida a Luis Brion que, por 
entonces, debía encontrarse en Curazao: 
4 1 Puerto Príncipe.— Enero 2 de Í816. 

"Mi querido amigo: 

"Al fin llegué aquí antes dé ayer por, la no- 
"che; ayer fué un día de fiesta y ño pude ver al 
"señor Presidente. En este momento acabo de 
"hacerle una visita, que me ha sido tan agradable 
"cuánto Vd. pueda imaginar. El Presidente, me 
"ha parecido, como a todos, muy bien. Su fiso- 
nomía anuncia su carácter, y éste es tan bené- 
volo como conocido. Yo espero mucho de su 
"am!or por la libertad y la jtistida.'' (33) 



(33) Vicenté Lécuna. Papeles de Simón Bolívar. 
Página 27. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR J69 



No sólo a Brion escribe, se dirige a todos sus 
amigos, como lo expresa en su carta al armador 
holandés, les pide informaciones, procura reunir- 
los y, muy principalmente, armonizar sus volun- 
tades. "Entretanto, continúa la carta, yo espe- 
"ro que se haga lo mismo conmigo, suplicándole 
4 'de paso procure reunir los espíritus, para qué 
"podamos efectuar alguna empresa útil sobre la 
" Costa Firme. Yo he hablado para que vaya la 
4C goleta, que debe ser de Vd., al puerto donde es- 
*'tán nuestros emigrados, según lo que Vd. me 
"dijo/' 

La unión, tal era la súplica previa del Li- 
bertador, la falta de este espíritu de solaridad fué 
causa de los fracasos anteriores y temeroso de que 
la discordia engendrara nuevos contratiempos, 
presintiéndolos, se esfuerza por agrupar todas las 
voluntades desde el primer momento, para hacer 
algo útil, como dice a Brion, para formarse una 
patria a toda costa, con lo cual todo lo demás! se- 
rá tolerable. 

Procura Bolívar que regresen los emigrados 
de todas las islas antillanas, especialmente los va- 
liosos elementos que se habían acogido al amparo 
de Martín Tovar en Santo Tomás * y para ello or- 
ganiza los viajes de las goletas de Brion; socorre, 
estimulando las generosidades de Petion, a los ^ue 
vienen de Nueva Granada, en particular a los de 
Cartagena, como consta de la siguiente orden pre- 
sidencial al General Marión, gobernador de la 
provincia de Los Cayos: 

"Os recomiendo hacer entregar por la admi- 
nistración de Los Cayos a ios emigrados de Car- 



170 FRANCISCO RIYAS TICUNA 

"tagena una ración diaria de pan y carne. Es un 
"acto de humanidad digno de la República. Co- 
"municareis la presente carta al administrador j 
"Adam. Puerto Príncipe. Enero 26 de 1816".(34) 
No solo quere Bolívar socorrer a los suyos, 
facilitarles medios de reunión; -aspira a más, a I 
privar de recursos al enemigo y, desde sus prime- ! 
ras entrevistas con Petion, obtiene la siguiente re- 
solución suprema comunicada al gobernador de 
los Cavos : 

"Enero 4 de 1816. La ciudad de Cartagena 
' í acaba de sucumbir y, estando en poder de los 
' ' españoles, os invito a no permitir la exportación 
"de granos y otras provisiones del puerto de los 
"Cayos.— Petion." (35) 

La concentración de oficiales dispersos por 
causa de los desastres anteriores y el empeño por 
entorpecer el aprovisionamiento enemigo preocu- ' 
paron sin pérdida de tiempo al Libertador; esto 
era relativamente fácil, pero era necesario hacer 
una guerra activa, llevando a los oficiales emigra- 
dos a sus campos de combate y proporcionándo- 
les pertrechos de toda clase para que armaran a 
los pueblos anhelosos de comibatir por su libertad, 
aunque esta concepción^ no se les presentara sino 
como una muestra de adhesión a los hombres que 
amaban por su valor, por sus bondades o por las 
simples tradiciones de familia que en la época co- 
lonial ligaban a grandes y pequeños, al amo y al 
criado. Menos fácil era esta empresa; requería 



(34) O'Leary. Tomo XV. Doc. 15. 

(35) O'Leary. Tomo XV. Doc. 13 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR < 171 



desembolsos que no podían hacer Bolívar ni sus 
amigos, empobrecido el primero hasta pedir cien 
pesos prestados, y en tal miseria los últimos que 
aceptaban una ración diaria de pán y carne; pe- 
ro era preciso tener armamento y del consorcio de 
dos grandes voluntades iba a salir la solución del 
problema que no solo era difícil por su costo si- 
no por las trabas que tenía el Presidente Petion 
para otorgar estos auxilios, sin romper aparente- 
mente su neutralidad, exponiéndose a represalias 
en un momento en que la Europa entera se pronun- 
ciaba en contra de las emancipaciones coloniales. 

La cuestión de fondos ha debido quedar re- 
suelta desde las primeras conversaciones entre Bo- 
lívar y Petion; más arduo sería el arreglo de los 
aspectos políticos; el de la neutralidad y el de la 
libertad de los esclavos. Para lo últimfo no podía 
tener incovenientes quien había predicado con el 
ejemplo, manumitiendo a los siervos de sus ha- 
ciendas, como ya lo Jhiciera Bolívar anteriormente; 
lo primero, o sea no exponer al generoso Petion a 
los peligros que le acarreaba el apartarse de su 
condición de neutral, debía ser materia de proce- 
dimientos delicados a -cuyo ordenamiento debe 
haberle dedicado el Libertador en sus entrevistas 
con el Presidente hasta llegar a las soluciones fa- 
vorables que le permitieron trasladarse a Los Ca- 
yos de San Luis con una carta de altísima reco- 
mendación para su Gobernador, el General Ma- 
rión, y una orden que llenaba, en gran parte, su 
programa. 

La resolución presidencial del 26 de ¿Enero 
de 1816 dice que, razones que no deben confiarse 



172 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



al papel, ha resuelto poner a disposición del Ge- 
neral Bolívar 2000 fusiles y sus bayonetas, el m&- 
yor número de cartuchos y piedras de fusil que 
pueda, no reservando, particularmente de los car- 
tuchos, sino una pequeña cantidad. (36) 

La orden es confidencial y debe cumpfirise 
con sigilo, agregando Petion en sus instrucciones 
al jefe de Los Cayos: ' 6 Haga Vd. salir estos ob je- 
itos oomo envío hecho a la gran Enseneda, cargan- 
ídolos a bordo de una embarcación cuyo capitán 
"y la tripulación sean de su confianza; esta em- 
' Marcación, una vez fuera, y de modo que no sea 
Apercibida, alcanzará la que el General Bolívar 
' 1 destine para recibir estos objetos, y los pasará 
"a su bordo. Es necesario que esto no se trasluz- 
ca y confío en las precauciones que Ud. tomará 
"al respecto." 

El generoso haitiano da todo lo que tiene, 
unos pocos cartuchos guarda para sí únicamente ; 
empero Bolívar, conociendo ya más de cerca la 
situación, vé la necesidad de aumtentar su material 
de guerra y solicita nuevos auxilios; Petion con- 
testa con las dos órdenes siguientes; ambas diri- 
gidas al Gobernador de Los Cayos: 

"25 de Febrero de 1816: — Permitiréis tam- 
"bién que el Señor Brion tome los 1500 fusiles que 
"había vendido a esta Eepública, pues ya no tie- 
"ne efecto la venta." (37) 

"7 de Marzo de 1816. — Si en el arsenal de Los 
M Cavos no existen cartuchos hechos para entregar 

(36) O'Leary, Tomo XV. Documento 14. 

(37) O'Leary. Tomo XV. Documento 18. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 173 

"al General Bolívar, de conformidad con lo que 
"tengo escrito, os autorizo para ordenar que le 
"entreguen una cantidad de 10,000 libras de pol. 
"vora, pero toiriando Ud. tal precaución que di- 
"cho objeto parezca ser destinado a Jeremie. TainJ- 
"bién le haréis entregar 15,000 libras de plomo." 
(38). 

Le faltan homjbres para equipar su cuadrilla 
y Bolívar los recluta con plena libertad en Los Ca- 
yos ; pero también requieren marineros las naves de 
Petion y, en este conflicto, pospone sus necesidades 
el magnánimo Presidente, agregando en la orden 
anterior : 

"Os suplico tener a la disposición del Gobier- 
"no, para ser entregados a la corbeta y fragata 
"del Estado que para dicho fin pasan a Los Ca- 
*'yos, un número de marineros haitianos; nos ha- 
"reis esto de una manera que no se perjudique a 
la expedición del General Bolívar.' 9 

Marineros, víveres, armamento, municiones, 
naves, dinero, que el Libertador obtenía mediante 
libranzas contra el acaudalado comerciante Eober- 
to Southerland y que pagaba el gobierno de Petion, 
todo esto se obtuvo como fruto de la cordial inte- 
ligencia de dos hombres de razas diferentes, pero 
que eran superiores a los impulsos materiales de 
la sangre y s"e unían por los dictados idealistas 
que los encumbraba a ambos, por efecto de esta 
fuerza espiritual, por sobre los demás, haciéndoles 
capaces de vencerlos en sus pasiones y de atraer- 
los a la causa contón. 



(38) O'Leary. Tomo XV. Documento 19. 

12 



Í74 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



Mayores alcances habla de tener aún la noble 
cooperación del presidente de Haiti en los progra- 
mas del Libertador ; los elementos de guerra que 
le proporcionaba eran la demostración material 
del reconocimiento de la autoridad de Bolívar, y 
por medio de otros actos emanados de su propia 
función de jefe, de un Estado independiente iba 
a confirmlar a su amigo en el cargo de director úni- 
co de la empresa de liberación de Venezuela, per- 
mitiéndole .sofocar los movimientos de discordia 
que agitaban en ht pequeña colonia de emigrados 
algunos antiguos émulos de Bolívar. Este apoyo 
moral del presidente Petión era míuy necesario co- 
mo se desprende de los hechos que vamos a con- 
signar tan brevemente como sea posible. 

Luego que el Libertador terminó sus arreglos 
con el Presidente Haitiano, con su actividad carac- 
terística, se trasladó a los Cayos de San Luis y 
convocó a una reunión a los principales emigrados, 
civiles y militares, sin distinción de venezolanos y 
granadinos. Asistía al Libertador su secretario, 
don Pedro Briceño Méndez, y entre los personajes 
más importantes de la reunión estaban los genera- 
les Santiago Mariñó, Francisco Bermúdez y el Co- 
ronel Carlos Soublete que se habían distinguido en 
las anteriores campañas de Venezuela ; los tres her- 
manos Piñeres, Celedonio* Gabriel y Germán, los 
coroneles Gregor Mae-Gregor, Vald^fc y thicpu- 
dray-BoIstein, que desempeñaron imjporta&tes pa- 
peles en la guerra de Nueva Granada, el Doctor 
Francisco Antonio Zea, cuya figuración será de 
importancia política en el futuro, y el canónigo 
Marimon, neo-gi>aaiadinx) como Zeay y q&e desem- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 175 



pénala el cargo de delegado del último gobierna 
de su patria. 

Entre los extranjeros presentes, merecen es- 
pecial mención Don Luis Brion, holandés que había 
prestado buenos servicios a los patriotas de Carta- 
gena y que unía su suerte a la del Libertador, y el 
Comodoro Luis Aury, francés, cuya ñotilla de cor- 
sarios estuvo -al -servicio del Gobierno de Cartagena 
y se encontraba ahora reparando sus averías en 
Los Cayos. Es posible que ambos, Brion y Aury. 
tuvieran deseos de figurar como jefes en la expe- 
dición naval y que el ultimé se apoyara en los ene- 
migos de Bolívar. Si avánzameos esta opinión, es* 
en virtud de las dos proposiciones que se hicieran 
en la junta de emigrados. Dice Austria, en su 
"Bosquejo de la Historia Militar de Vemezuela,", 
que Brion indicó al Libertador como General en 
jefe, por ser reconocido con este carácter tanto en 
Nueva Granada como en Venezuela y por ser el 
republicano más temido de los españoles; el Como- 
doro Aury, ateniéndonos al "Historial del Senador 
Marión", se opuso a que fueran confiadas estas 
facultades a Bolívar únicamente e indicó la conve- 
niencia de designar una junta de tres o de cinco, 
miembros. La Asamblea, rechazó esta indicación 
y el comando fué confiado a Bolívar, nombrándose 
comió segundo jefe y Mayor General, a Don San- 
tiago Marino, al Coronel Ducoudray-Holstein, sub- 
jefe de Estado Mayor y & los generales Manuel 
Piar y Gregor Mac-Gregor para los comandos de 
las primeras divisiones que se formaran. 

Brion mandaría 1# escuadra con el título de 



176 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



Almirante y el Capitán de fragata, Augusto Vi. 
Uaret, sería su Mayor General de órdenes. ' 

La administración, con el título de Intendente 
General, quedaba a cargo de Don Francisco Anto- 
nio Zea, de esclarecido talento y vasta ilustración, 
i Poco más de treinta días habían tracurrido 
desde la primera entrevista de Bolívar con Petion 
y todo estaba ya organizado, faltando sólo detalles 
para darse a la vela en busca de las playas de la 
patria. El 8 de Febrero, escribe el Libertador a 
fetion en los siguientes términos: " Nuestros nego- 
cios están casi terminados, y seguramente dentro 
«de 15 dias estaremos en estado de emprender la 
marcha. Sólo espero los últimíos favores de V. 
B. y si es posible iré personalmente a manifestar 
a V. E. la extensión de mi reconocimiento. Por 
medio del Señor Inginac, Secretario de V. E., me 
tomo la libertad de hacer nuevas súplicas a V. E." 
(39) 

La expedición, que ningún obstáculo encon- 
traba en la administración haitiana y que Bolívar 
aceleraba con su acostumbrado entuiasmo, se re- 
tardaba a causa de las dificultades promovidas por 
los antagonistas de Bolívar llegándose a divisio 
nes tan serias, a conflictos tan agudos como para 
\ arrastrar a los bordes del campo del honor a Bolí- 
^ var con Mariano Montilla, a Brion con Marino, al 
Comandante Lugo con Piar, a Soublete con Ducou- 
dray Holstein encuentros que evitó el Presidente 
Petion, invocando las leyes de su pais que prohi- 
bían los duelos. 



(39) O'Leary. Tomo XXIX. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



177 



Bermúdez se manifestó particularmente acti- 
vo, procediendo de acuerdo con Aury, para malo- 
grar la expedición so pretexto de una campaña pa- 
triótica para auxiliar a la independencia mexica- 
na. En los comienzos de estas divergencias, pare- 
ce que los neo-granadinos prestaron algún apcyo 
al Comodoro Aury, apoyando sus cobros de per- 
juicios y de gastos, mas luego, viendo los desastro- 
sos resultados de la división, y teniendo en cuen- 
ta la perfecta harmonía entre Bolívar y Petion, 
desestimaron todas estas pretensiones. Las enér- 
gicas protestas de Bolívar, -según el Historial del 
Senador Marión, su ademán violento para romper 
decisiones del Intendente Zea y del canónigo Ma- 
rimón que favorecían a Aury, motivaron, a nuestro 
juicio, la petición qde este últim'o hiciera al Gober- 
nador de Los Cayos, en su carácter de Comisario 
del Congreso de Nueva Granada. "El infrascrito, 
"dice Marimón, suplica al Señor General se sirva 
"ordenar a los capitanes de los buques cartagine- 
nses depositen en vuestro poder las cartias o pa- 
tentes de corso, de no enarbolar provisionalmen- 
te sus banderas hasta tanto que recibáis las ór- 
" dones que al efecto se digmará comunicaros el Pre- 
sidente Petion, en vista de las representaciones 
"que sobre la materia "tendrá el abajo firmiado el 
"honor de trasmitirle. ' 7 (40) 

El amigo de Bolívar, inspirado únicamente en 
las mayores probabilidades del éxito de la causa de 
la libertad, aprobó las resoluciones del Goberna- 



do) O'Leary. Tomo XV. Documento 16. 



178 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



dor de Los Cayos que no permitió la salida de na. 
ves, so pretexto de conservar la neutralidad, que 
tanto le encarecía Petion. Pronto tomó medidas 
más enérgicas y decisivas. 

En orden del 25 de Febrero, prescribe el Pre- 
sidente de Haiti que se desconozca a toda preten- 
dida autoridad mexicana, que no se permita sa- 
lir nave alguna para ese país y, más aún, que las 
embarcaciones que no sigan a Bolívar y a Mari- 
nxón, no salgan de Los Cayos, cualquiera que sea 
su pabellón. (41) 

El Libertador reclamaba la goleta Constitu- 
ción, nave que pretendía el Comodoro Aury, y Pe- 
tion corta la dificultad dando, a la vez, una mues- 
tra de adhesión a Bolívar y de su generosidad mag- 
nán?ma. En el propio documento que acabamos 
de citar, dice al Gobernador de Los Cayos: 

"Me refiero a una carta orden relativa al 
"asunto de la Constitución.. El Gobierno respon- 
' - derá de su valor estimado por árbitros, y de' bue- 
4 'no o mal grado, será puesto dicho buque a dis- 
(í posición del Señor Marimón y del General Bolí- 
"var, al cual participará Ud. esta disposición, 881 
* Riéndole de mi parte que no pierda instantes, 
"pues pueden lleg^ar de Europa buques y recursos 
"que hostilicen su empresa; léale esta carta y que 
"no se detenga. ' ' 

No desea otra cosa el incansable cruzado de 
la emancipación; ya sabemos que son las renci- 
llas, fruto de las alm&s empequeñecidas por la en- 



(41) O'Leary. Tomo XV. Documento 18. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



179 



vidia o el interés que brota en ellas como fermen- 
to pútrido en las aguas bajas, son las rivalidades 
las rémonas que aun aprisionan a sus barcos en 
las costas de Los Cayos. Las vencerá, por fin, 
con la ayuda de su amigo Petion cuya nobleza de 
alma se revela en la carta que vamos a citar. Dí- 
cele Bolívar: "En mi proclama a los habitantes de 
"Venezuela y en los decretos que debo expedir 
"para la libertad de los esclavos, ignoro si me se- 
Cí rk permitido manifestar los sentimientos de mi 
"corazón hacia V. B. y dejar a la humsanidad un 
"monumento irrecusable de vuestra filantropía. 
"Ignoro,, repito, si debo mencionaros como el au- 
"tor de nuestra libertad/ 9 

Y Petion le contesta revelando sus cualida- 
des de político y su modestia - "No ignoráis, so- 
"ñor General, mis sentimientos acerca de la cari- 
"¿a cuya defensa habéis emprendido, y personal- 
"merfe por vos; debéis estar penetrado de euán- 
"to deseo ver saHr del yugo de la esclavitud a 
(í aquellos que están gimiendo; pero algunas ra- 
nzones que me obligan a guardar consideracio- 
nes a una nación que aun no se a manifestado de 
"una manera ofensiva contra ia República, me 
"obhpa a suplicaros no divu'T'ar nada en la cx- 
" tensión de la República, ni v^mpoco mencionar 
"mi nombre en ninguno de vuestros procedí, inien- 
*'tos; y cuento sobre el particular con los senti- 
"mientos que os son característicos " (42) 

¿A qué nación se refiere el Presidente haitia- 



(42) Blanco y Azpurúa. Tomo V. Documento 1095, 
números 1G y 17. 



180 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



no? A España que dontfina la mitad de su isla o a 
los Estados Unidos? Es más probable que sea 
esta última y, permítesenos este breve paréntesis 
para evidenciar una diferencia fundamental en- 
tre la independencia de las colorías hispanas y sa- 
jonas; el ideal doctrinario inspiró a las primeras 
y la autonomía de intereses a las segundas, la li- 
bertad de los esclavos fué programa en nuestras 
campañas y fué realizado; en cambio, los Esta- 
dos Unidos tuvieron, 50 años después, que cmpe- 
ñarse en una guerra fraticida para sancionar un 
principio humanitario que nuestros libertadores 
implantaron desde que desnudaron sus espadas en 
defensa de las soberanías nuevas que se engendra- 
ban en el consentimiento general, sin distinción 
de razas, pues todos los ciudadanos, cada uno en 
su capacidad, que no le es dado elegir, contribu- 
yen al bienestar colectivo. 

Venció todos los obstáculos aquel hombre que 
abandonaba el sitio de Cartagena ante la discor- 
dia de lo6 jefes, el que escapaba por tres veces al 
homicidio en Jamaica, el que dominaba las pasio- 
nes propias y agenas en Haití y reunía a su lado 
150 jefes y oficiales, algunos civiles para atender 
a la administración de la patria que iba a redimir 
y unos pocos reclutas. Los expedicionarios no 
alcanzaban a 250 como fuerza militar; llevaban ar- 
mamento, municiones y otros elementos para seis 
mil hombres, sin olvidar una prensa, generoso ob- 
sequio de Petion, para difundir con la noticia de 
los triunfos, la cercanía del reinado de la liber- 
tad o, para exigir, con las comunicaciones de los 
desastres, nuevos sacrificios por el bien supremo. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR ' 181 



Seis goletas y un falucho componían la es- 
cuadrilla de Brion; 1000 toneladas sería, a lo su- 
mo, el arqueo total de aquellas cuatro tablas de 
cuya suerte dependían los destinos de la América, 

según dijera algún tiempo más tarde el Director 
de Chile, Don Fernando O'Higgins, al despedir 
a la Escuadra Libertadora Sel Perú. Jamíás se 
vio mayor esfuerzo para lograr un resultado pe- 
queño, por el momento, y grande en el futuro; 
Bolívar buscaba la cooperación de los suyos y ha- 
lló los tropiezos de la envidia ; suplicó a los gran- 
des del mundo que le ayudaran y se chocó con los 
intereses momentáneos de las Potencias influyen- 
tes y, en esta tarea ciclópea para presentarse en 
condiciones que evitaran inútiles derramamien- 
tos de sangre, no encontró sino decepciones; le fué 
preciso acudir al más humilde mandatario de la 
Tierra para que le diera cuanto elemento militar 
poseía y para que pusiera el peso de su autoridad 
extraña en favor de la unión de los expedicio- 
narios. 

Como él, más de tres siglos antes, otro idea- 
lista había errado de Corte en Corte, implorando 
favores para conquistar uu mundo y, al fin, sólo 
encontraba un pobre fraile para ayudarle; pero 
éste era el confesor de una Eeina, la más grande 
en su época; Bolívar, para libertar ese mismo 
mundo, por todas partes imploró, y, al fin, sólo 
encontró amparo en el más pequeño de los sobe- 
ranos de su tiempo, en el m estizo Petion Aque- 
lla magnánima Reina de Castilla dio a Co!cr: todo 
lo que tenía, sus joyas y su prestigio; Petion dio 
a Bolívar sus armas y el auxilio de su autoridad; 



182 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



no serían na^ás potentes las tres carabelas del Des. 
cabrídor que las siete barcas del Libertador y, 
ante la pequenez de estos elementos y la magnifi- 
cencia de los resultados, circunstancias que tan a 
menudo se repiten en la historia de la humanidad, 
es preciso establecer como un principio que toda 
causa racional, basada en la verdad y en la jus- 
ticia, triunfa por su propia energía; fuerza crea- 
dora del ideal que sólo requiere un punto de apo- 
yo para propagarse, como la onda eléctrica que 
se desprende *de una antena, un punto en la inr 
intensidad, y recorre el universo. 

Eso era la escuadra de Bolívar, un punto de 
apoyo para la palanca de una doctrina que iba a 
manejar aquel gigante para mover el eje del Mun- 
do político, para darle un impulso que día & día 
se acerca mas y más a las orientaciones que él 
deseara. Eran un punto en el Caribe las naves 
que el 31 de Marzo de 1816 salían, con mil pre- 
cauciones, de los Cayos de San Luis y de Acquin 
dándose cita en la isla Beata, para navegar en se- 
guida de conservar y afrontar juntas cualquier 
ataque de las naves españolas, cualquiera amenaza 
de las flotas de los aliados. 

La insignia del General en Jefe y del Almi- 
rante iba en la Bolívar, al mando del Capitán de 
■Fragata Renato Beluche; la Marino recibió so. 
nombre del segundo jefe que confiaba su suec¿^ a 
su comandante Vicente Dubonill; Piar iría tal vez 
en la goleta de su nombre confiada al Teniente de 
Navio Juan Pinell. Los demás barcos eran: la 
Constitución, la Brion, la Feliz y el Conejo co- 
mandadas por los Tenientes de Navio Juan Mo- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



183 



rué, Antonio Rosales, N. Nominé y Bernardo Pe- 
rrero. 

Fijó su rumbo 5 el Almirante Brion hacia la 
Isla danesa de Santa Cruz, en cuyas vecindades, 
apresó un buque mercante español, y luego marcó 
su derrotero hacia la Isla de Margarita, endere- 
zando las proas, que antes rompían las aguas ha- 
cia el Oriente, bruscamente hacia el Sud. La lí- 
nea escogida era acertada, pues ceñía bien los vien- 
tos y,- cualquiera amenaza en las cercanías de 
Puerto Rico, le permitía, si no era dable presen- 
tar combate, regresar a Los Cayos o bien tomar el 
mar abierto hacia Costa Firme. 

¿Tenía el Libertador algún programla defini- 
tivo o siquiera una destinación de preferencias 
para abrir su campaña? Es indudable que aque- 
lla cabeza que había sabido sacar esta expedición 
de la nada, tenía un plan favorito, un objetivo bien 
preciso; y es también admisible que no lo reve- 
lara, ya que semejante anuncio no podía tener 
otro resultado que promover las discusiones, provo- 
car la división y malograr el fruto de tanto sa- 
crificio. 

•Creemos que la Guayana y Margarita, bases 
externas de operaciones, han debido ser sus objeti- 
vos, aquella como fin y esta como m'edio para lo 
* grarlo. Encontramos en el Historial del Senador 
Marión' ■ que Bolívar al despedirse del Gobernador 
de Los Cayos le obsequió su retrato en un& meda- 
lla, le prometió escribirle con frecuencia y que le 
enviaría algunos hermosos caballos de una raza 
magnífica, tan luego como se hallara en posesión d© 
Angostura en la Guayana. 



184 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



Acontecimientos posteriores, que analizaremos 
en su hora, nos permiten creer que el Libertador, 
consciente de la influencia de la vía del Orinoco, 
pensó apoderarse de ella tan pronto comb le fue- 
ra posible y si no marchó en derechura hacia las 
fortalezas españolas de este río fué por la carencia 
de elementos para triunfar; intentar esta empresa 
con su pequeño núcleo era verdaderamente teme- 
rario y tendría los caracteres de jugar la patria en 
una aventura de filibustero. 

Lo prudente era adquirir noticias en Marga- 
rita, conocer el estado general del país, observar la 
conducta del personal levantizco que le rodeaba, 
reclutar fuerzas y, enseguida, tomar una resolu- 
ción. Tales debieron ser las reflexiones íntimas 
del Libertador al ordenar a Brion que hiciera rum- 
bo a Margarita cuyas poblaciones, adictas a la idea 
republicana, por sus inmediaciones a Costa Firme, 
estaban en situación de darle las informaciones más 
completas posibles. 

Por el rumbo seguido, la distancia de Los Ca- 
yos a cualquier puerto Margariteño es de unas 900 
millas que, con buenos vientos^ pueden correrse en 
ocho o diez días ; m^s tuvo Brion la mala fortuna de v 
encontrar grandes calmas y sólo el 1* de Mayo, des- 
pués de 32 dias de navegación, pasaba frente a la* 
Isla de los Testigos y enmendaba de nuevo su rum- 
bo hacia el Occidente, en busca de las aguas de Mar- 
garita. 

" A las 9 de la mañana del 2 de Mayo, dice el 
"primer boletín del Ejercito Libertador, cantó el 
"vigía vela enemiga al Oeste, y se reconoció ser una 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 185 



goleta grande de gávia. Poco después se avistó un 
^'bergantín, también enemigo." (43) 

Eran las naves españolas bloqueadoras de Mar- 
garita y se llamaban: La Rita con una pieza de a 
18 en colisa, dos carroñadas de a 24, dos cañones 
reforzados de a 8 con 90 hombres de tripulación y 
al mando del Alférez de fragata Don Mateo Ocam- 
po ; el bergantín era el Intrépido con 140 hombres 
de tripulación, bajo las órdenes del Teniente de 
fragata Rafael La Iglesia y m'ontaba 14 cañones 
de .a 8. 

Dispuso el Almirante Brion que la Mariñoy 
la Feliz y el Conejo dieran caza a la Rita y el se 
puso en persecución del Intrépido con el resto de 
su escuadra. La lucha se empeño de parte de los 
patriotas principalmente por la Bolívar y la Cons- 
titución, siendo tan cruenta que, al ser abordada 
la nave, se contaron 42 muertos y 32 heridos en 
el bergantín, la mitad de su tripulación. El teniente 
Iglesias prefirió quitarse la vida antes que ren- 
dirse. Sus hombres habían caido, su barco esta- 
ba destrozado y él, cumplido su deber para con la 
Patria, imitó el gesto desesperado de tantos héroes 
del iríar que en su soledad inmensa se habitúan a 
mirar cara a cara el infinito. 

Era la goleta realista más velera y sólo a las 
cinco de la tarde, muerto ya en el combate su co- 
miandante Ocampo, arrió su pabellón y fué aborda- 
da por la Mariño. 

Esa aurora del 2 de Mayo de 1816 fué como 
el alba de un gran día de triunfos, alba radiante 



(43) O'Leary. Tomo XV. Documento 23. 



186 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



de glorias, presagio de esperanzas y, sin embargo, 
el sol que se alzaba en el Oriente iba a encontrar 
muchas nubes, lo iban a oscurecer muchas tormen- 
tas antes de brillar en los esplandores del cénit.. 
La derrota de esta avanzada de la escuadra rea- 
lista, puso en fuga a los demás buques bloquea- 
dores, atemorizados con la fuerza supuesta a la ex- 
pedición de Los Cayos; la vía estaba despejada 
y el 3 de Mayo, Brion hacía largar anclas en la 
rada de Juan Griego. 

; Con qué emoción no verían los expediciona- 
rios la portada de la tierra natal y entre ellas la 
mayor debió ¿er la de aquel que, alzándose 'sobre 
sus desgracias, había formado aquella legión que 
iba, por fin, a libertar la cuna de sus padres ! De- 
jemos por ahora, a las goletas mirándose en las 
verdes aguas de Juan Griego, a sus tripulantes ce- 
lebrando los merecidos ascensos que acordó el Li- 
bertador y a éste mirando a lo lejos, a su destino, 
y anticipemos las noticias que iba a recibir en la 
Capital de Margarita, la Asunción, sobre el estado 
general del país. 

E&to acontecía en las semanas en que los lla- 
neros de Oriente se daban cita en San Diego para 
unir sus fuerzas y cuando los de Occidente avanza- 
ban sus posiciones hasta el Manteca! y se prepa- 
raban a seguir al encuentro de sus hermanos orien- 



-ooOoo- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



187 



VI 

PRELUDIOS DE LA ORGANIZACION PATRIOTA. 

Si grande era el regocijo de los miembros de la 
expedición libertadora, no era menor la dicha de los 
abnegados patriotas de Margarita que veían en ellos 
a sus salvadores, a quienes iban a prestarle el eficaz 
auxilio que requerían para terminar la empresa de 
liberación del terruño con armas de verdad dejando 
de combatir con hondas como lo habían hecho en mu- 
chos encuentros. La victoria naval en las aguas de 
Juan Griego era anuncio del propio triunfo tan pron- 
to como desembarcaran los compañeros de Bolívar. 

Aquella isla hermosa por su aspecto, pobre en su 
suelo y rica en sus mares que crían las perlas, daba 
abrigo a una raza fuerte que amaba la tierra fe- 
cundada por su esfuerzo y que la deseaba libre, 
como eran sus pobladores para efectuar sus pesque- 
rias,bajando al fondo del mar o recorriendo su pla- 
nicie infinita. Eran unos 12 mil sus habitantes por 
aquellos años <y todos ellos teníali sms cuerpos 
templados por el trabajo y sus almas saturadas de 
libertad. 

La Pacificación del Teniente General Don Pa- 
blo Morillo fué aceptada por ellos comió una situa- 
ción transitoria y, si el dominio español pudo ha- 
cerse* efectivo fué, mé& qme por la compresión de 
los 800 hombres que mandaba Don Juan; Cini, por 
las buenas prácticas del Gobernador don Antonio 



188 FRANCISCO RIVAS VICUÑA ^ 



Herráiz, mandatario probo y discreto que se negó 
a implantar el régimen de extorsión, de delaciones, 
de espionaje que le prescribían sus instrucciones. 
La relativa dulzura de Herráiz habría consegui- 
do adhesiones que no podían lograr los soldados 
del "Barbastro" ni del regimiento de ' 'Dragones." 

Esta política de conciliaciones no era del resor- 
te del jefe militar de Venezuela, lugar-teniente de 
Morillo, don Salvador Moxó, cuyas facultades le 
colocaban por encima del Capitán General, el Bri- 
gadier don José de Ceballos, quien no tardaría en 
reemplazar a Herráiz por hombre de temperamen- 
to análogo al suyo, el comandante Joaquín Urreiz- 
tieta. 

Desconfiados anduvieron desde el primter mo- 
mento los margariteños pues las promesas de amis- 
tad y de conciliación de Morillo, aquellas que acep- 
taron el Coronel Arrioja y sus catorce compañeros 
para embarcarse en la escuadra del Pacificador y 
trasladarse en libertad a Costa Mrme, se traduje- 
ron en la inicua matanza de estos quince mártires 
en La Ciénaga de Barcelona. Este hecho horroro- 
so fué pronto conocido en Margarita, propágóse en 
los llanos de Oriente y del Centro, llegó hasta los 
bosques del Tigre y de Maturín, donde se refugia- 
ban las familias patriotas, y fué la chispa que en- 
cendió el entusiasmo de los guerrilleros del Con. 
tinente y de los patriotas margariteños que iban 
a servirles de avanzada, de vanguardia continua 
en las luchas del futuro. 

Este caso que hemos citado, hecho coniproba- 
do, no iba a ser el único ; horrores semejantes se 
repetirían continuamente, renovando los tiempos, 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR ' 189 



de miserias y de sangre, de Rósete, Antoñanzas y 
Bóves y sobre estas crueldades iba a cargar aún 
^1 peso de las confiscaciones de bienes organiza- 
das por la autoridad, de la delación y el espionaje 
elevados al carácter de una virtud cívica, de mil 
abusos de los agentes del Monarca español. 

El futuro Capitán General de Venezuela, Mo- 
xó, preparaba la caída de su jefe de momento, Ge- 
ballos, imponiéndole medidas de persecución que 
éste, político de verdad, estimaba contra producen- 
tes. Bajo la inspiración directa de Morillo impu- 
so cupos forzosos de guerra, hasta por doscientos 
mil pesos, para com'pensar las pérdidas de la caja 
expedicionaria con ocasión del incendio del navít) 
San Pedro Alcántara, cantidad muy superior a la 
que los independientes habían exigido en las gue- 
rras anteriores. A esto se agregó la confiscación de 
las harinas de trigo, a fin de proporcionar pan a los 
soldados europeos, mercadería que no tenía más 
probabilidad de ser pagada que los dineros del 
empréstito forzoso de ser reembolsados. Estas 
vejaciones podían juzgarse de carácter transitorio 
y mantener en la indecisión a míuehos indiferentes, 
más luego vendrían disposiciones permanentes que 
iban a desengañar a todos los timoratos. 

El 23 de Mayo de 1815 se instalaba la Junta 
de secuestros, presidida por Moxó, que iba a adue- 
ñarse de las propiedades' de los patriotas; cuatro 
días más tarde, el 27 de Mayo, se instalaba el tri- 
bunal de apelaciones para conocer de causas que 
competía a la Real Audiencia, y así la garantía 
individual se perdía en la irresponsabilidad de es- 
te cuerpo sometido a la autoridad militar, como la 
13 



190 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



seguridad de los bienes había desaparecido con la 
Junta de secuestros. 

Luego se agregó un nuevo eslabón a esta ca- 
dena de opresiones: el Consejo de Guerra para 
juzgar de las causas de infidencia y, como este 
cuerpo necesitaba reos que juzgar, además de los 
ya detenidos, se creó el 19 de Julio de 1815, el 
tribunal de policía, organización del espionaje que 
exigía a sus agentes matriculas de todos los pobla- 
dores con un análisis cabal de sus tendencias, de 
sus bienes, de sus aptitudes, de todo cuanto sirvie- 
ra para utilizarlos o para perseguirlos. 

Prohibióse el uso de arm'as blancas o de fue- 
go, incluyendo en las primeras las lanzas de made- 
ra y los bastones, y negóse el derecho de corres- 
pondencia, pues toda comunicación impresa o ma- 
nuscrita debía ser presentada previamente a los 
agentes de policía antes de ser abierta o enviada, 
máxime si era destinada a las colonias extranjeras 
o si provenía de éllas. 

Con estos medios la pacificación era imposi- 
ble y, en realidad, los agentes del Rey eran los más 
eficaces propagandistas de la emancipación, cuya 
necesidad estaban justificando con sus incalifica- 
bles abusos, hijos de erradas concepciones en uíwü"?. 
del torpe interés y de la codicia en muchos. 

No está exento de responsabilidades Don Pablo 
Morillo, que apoyaba con firmeza los actos de sus 
tendentes que más simpatías restaban a la causa do 
su Bey ; Moxó no sólo m-ereció su aprobación sino que 
fué recomendado por él para sucederle cirandfo pre- 
srató la dimisión de sus cargos de Capitán Gene- 
ra/I: y Jd?e lü SJército de P&eiífcación, renuncia 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



131 



que no le fué aceptada. El Marqués de Campo Sa- 
grado, Ministro de la Guerra, respondía a Morillo: 
"He dado cuenta al Rey, nuestro señor de la car- 
eta de V. E. ... recomendando las distinguida* 
"calidades que concurren en el brigadier don Sal- 
ivador Moxó, para desempeñar el primer mando» 
"con ascenso inmediato. Enterado de todo, S. M. 
"se lia dignado conferir la Capitanía General de 
" Venezuela al expresado Brigadier Don Salvador 
"Moxó. promoviéndolo a Mariscal de Camipo, re- 
servándose el resolver sobre la dimisión del man- 
ado del ejército expedicionario que hace V. E. 
"li-asta más adelante." (44) 

Esta resolución fué expedida el 15 de Julio- 
de 1816 y es repuesta a una solicitud de Morilla 
suscrita el 18 de Febrero, fechas que exhibimos en 
parangón, pues las responsabilidades del régim¡en 
de vejámenes instalado durante la reconquista iban 
afectando a toda la escala de funcionarios, a los 
subalternos, a Moxó, a Morillo, al propio gobier- 
no de la Metrópoli, y eran la realización; de un plan 
único que se imponía, desde Chile a Venezuela, y 
cuyo principal inspirador era el virrey del Perú, 
titulado Marqués de la Concordia, Abascal, que 
deseaba soldar las colonias a la madre patria a sai*- 
gre y fuego y cuyo valimiento ante la Corte de Ma- 
drid daba gran peso a sus consejos. 

Ceballos en Venezuela y don Mariano Osoriá 
en Chile estarían por las medidas de relativa suavi- 
dad, de conciliación ; pero Moxó en el norte y Mar- 



(44) Historia de Morillo por A, Rodríguez Villa. To* 
mo III. Documento 500, 



192 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



■có del Pont en el Sur iban a oir los consejos del 
odio y de las persecuciones, restando las pocas 
simpatías que pudieran aún tener los partidarios 
de la monarquía. 

En Santiago de Chile, eomp en Caracas, se ins- 
talaban tribunales de vindicación y juntas de se- 
cuestros; en ambas partes se llenaban las eáreeles 
de reos políticos, se confinaba y desterraba a los 
patriotas y sé les reducía a la miseria; las Mujeres 
eran objetos de vejaciones en todo el Continente, si 
bien en la extremidad austral el régimen no era 
ían duro como el implantado par Urreiztíeta, en 
en la Isla Margarita; que hizo azocar públicamente 
r a una dama distinguida y encerró en una cárcel 
a la heroica Luisa Cáceres, le esposa del General 
G. B. Arismendi, para obligarla a delatar a su ma- 
rido, sacándola de su prisión sol® para exponerla 
en el frente de sus filas a los fuegos de los patrio- 
tas. Los lugar-tenientes del Rey en Chile se ha- 
bían contentado con la detención! de las esposas, 
iniadres e hijas dé sus libertadores, muchas de ellas 
prisioneras y desterradas voluntarias, como la hi- 
ja de clon Juan Enrique Rosales que siguió a su 
padre a la cárcel y a su destierro en la isla de Juan 
Fernández para cuidar al delicado anciano. 

Todo esto lo aprobaba el gobierno español, di- 
recta o indirectamente, y entre las sanciones favo- 
rables vamos a recordar la que recibiera el briga- 
dier Moxó, según consta de la siguiente carta diri- 
gida a Morillo por el Ministro de la guerra el pri- 
mero de abril de 1816 (45) : 

(45) Historia de Morillo por A. Rodríguez Villa. To- 
mo III. Documento 483. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



193 



"El Rey nuestro señor se ha enterado cleteni- 
"damente de las cartas de V. E. de 31 de Octubre 
"del año próximo pasado, en las que incluye en co- 
"pia los partes que le han dado sucesivamente el 
"brigadier Don Salvador Moxó, exponiendo deta- 
lladamente el mal estado en que se encuentran 

"las provincias de Venezuela con cuyo motivo 

''ha destinado varias columnas y cuerpos volantes 

"a la persecusión de insurgentes habiendo sus 

"comandantes, oficiales y tropas acreditado pericia, 
"bizarría y la mayor disciplina en cuantas ocasio- 
"nes se han presentado; como también valor, fir- 
"meza y buen comportamiento los que componían 
"la guarnición de la Isla Margarita, al tiempo de 
"la nueva rebelión que se ha manifestado en ella, 
u y las disposiciones y medios que para su pacifi- 
cación disponía aquel jefe; y, por último el de- 
^lincuente y criminal olvido con que tanto los in- 
surgentes de dichas provincias, como los de la 
"citada isla han mirado el ampio indulto que la 
"paternal clemencia d$l Rey les concedió por me- 
dio de V. E., siendo los primeros que se acogieron 
"a él en Margarita los principales motores y re- 
volucionarios, que, reuniendo gavillas y al fren- 
"te de ellas, extravían cada día más la opinión, 
^entretienen y propagan la insurrección y dificul- 
"tan y alejan el momento de la pacificación gene- 
"ral de dichas provincias que tanto anhelan los 
"buenos." 

Interrumpimos la copia de este documento pa- 
ra puntualizar el hecho de que no fueron los patrio- 
tas de Margarita quienes olvidaron el indulto coa- 
cedido por Morillo, sino que fué este mismo lugar- 



194 



FRANCIS€0 RIVAS VICUÑA 



teniente del Rey, o algún subalterno suyo, quien 
ordenó la inicua matanza en la Ciénega de Barce- 
lona del Coronel Arrioja y de sus catorce compa- 
ñeros que se confiaron en la palabra de gracia, 
embarcándose en la eseuadra realista para pasar 
a Costa Firme. 

La carta reservada del Marqués de Campo 
Sagrado continúa así: 

"Convencido S. M. por esta experiencia que 
"la dulzura y clemencia, que tanto se complace 
"en ejercer con sus amfados vasallos, no ha pro- 
aducido en los escarriados e ilusos de esos dom'i- 
"nios los buenos efectos que tan justamente de- 
bieron esperarse, y que el retardar a los reinci- 
''dentes y obstinados en el crimen de rebeldía el 
"condigno castigo a que por tantos títulos se han 
" hecho merecedores y le señalan las leyes, sería, 
"no sólo comprometer la seguridad de sus bue- 
"nos vasallos y leales tropas en esos dominios, si- 
"no también la conservación de ellos mismos, ha 
"tenido S. M. a bien aprobar, aunque con senti- 
" miento, las medidas fuertes y de rigor que el ci- 
"tado brigadier Moxó pensaba tomar, tanto por 
"lo que respecta a las provincias de Venezuela 
4< como a la isla de Margarita, en los casos y cir- 
cunstancias que este jefe expresa en sus partes 
"citados dirigidos a V. E. y aunque al tomar esta 
"resolución no ha podido menos de entristecerse 
"sobre míanera su Real corazón, sin embargo, ha 
"tenido que resignarse a ella con la esperanza de 
"que el castigo severo servirá para atraer al ca- 
"mino de la razón a los seducidos, ya que la ele- 
"mencia no ha podido mover sus ánimos exalta- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 195 

"dos, ni inspirarles la gratitud que debiera sus 
< 'bondades," 

Así, el gobierno español que el l c de Abril, 
con el sentimiento y la tristeza del Real corazón, 
aprobaba los excesos del brigadier Moxó, no repa- 
raba en estos mismos sentimientos cuatro meses 
más tarde para ascenderlo a Mariscal de Campo y 
confiarle la Capitanía General de Venezuela, lo que 
importaba sancionar las asperidades de una polí- 
ticá que iba a contribuir en favor de la causa se- 
paratista tanto o más que las armas de los patrio- 
tas; la persecución iba a ser base de la unión de 
los que se sentían afectados en sus ideas, sus sen- 
timientos y sus intereses y, poco a poco, depon- 
drían mezquinas rivalidades personales para agru- 
parse en torno de un caudillo que diera a sus 
fuerzas la cohesión que tenían las armas del Rey 
colocadas bajo un solo comando. 

La pacificación era imposible con los medios 
empicados que rompían todo lazo entre los go- 
bernantes peninsulares y los jefes de los patriotas; 
el exterminio era la base de esta política y quiso 
efectuarlo de un solo golpe el gobernador de Mar- 
garita, Don Joaquín Urreiztieta, invitando a los 
principales patriotas a una reunión, el 24 de se- 
tiembre de 1815, en el curso de la cual debían ser 
hechos prisioneros. El general Arismendi tuvo 
noticia oportuna de la pérfida estratagema con 
que, se les quería atraer para aprehenderlos y hu- 
yó a los montes para organizar la resistencia. 

Desde su asilo oculto, hizo circular la noticia 
de que se encontraba al frente de una expedición 
de 2.500 hombres en la Isla Blanquilla y que pron^ 



196 . FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



to vendría en socorro de los oprimidos .margarite- 
ños, dando cita a sus amigos en un sitio determi- 
nado. El espionaje de Urreiztieta descubrió esta 
conspiración y sus esbirros, acudiendo al punto de 
asamblea, mataron un gran número de rebeldes. 

Arismendi bajaba el mismo día de los Talles 
de San Juan con 30 hombres, 3 fusiles y 120 car- 
tuchos y a la siguiente m'añana, el 16 de Noviem- 
bre, se apoderaba de Juan Griego, mataba a su 
guarnición, incrementaba sus elementos de gue- 
rra hasta 80 fusiles y se encaminaba a Villa del 
Norte, donde un nuevo triunfo le permitió formar 
una partida de 1500 hombres armados principal- 
mente con garrotes, cuchillos, azadones, machetes 
y hasta con hondas. 

El gobernador español le atacó dos veces en 
Villa del Norte, resistieron los patriotas con he- 
roica desesperación y Urreiztieta se vio, por fin, 
obligado a retirarse a la Asunción, Capital de 
Margarita, en donde las fuerzas de Arismendi le 
encerraron en el Castillo de Santa Rosa. La nue- 
va de este desastre exasperó al brigadier Moxó 
hasta el punto de dictar a su lugar-teniente de 
Margarita la cruenta orden que Baralt cita en los 
siguientes términos: 

"Desechad toda humana consideración y ha- 
"ced fusilar a todos los que cojáis con armas o 
"sin ellas, y a los que los hayan auxiliado o auxii- 
"liaren, precedido sólo un juicio verbal.' ' 

Las partidas de Urreiztieta que lograban sa- 
lir de Santa Rosa y las fuerzas realistas de Porla- 
mar y Pam^patar, contra cuyas fortalezas , habían 
sido impotentes las mesnadas de Arismendi, sem- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



197 



braron la desolación y el espanto, saqueando e in- 
cendiando las poblaciones de la Isla. 

Urreiztieta se preparó para romper las líneas 
de Arismendi que lo encerraban en Santa Rosa, 
confiando el mando a su segundo, Francisco Ma- 
ya; realizó esta operación el 14 de Diciembre y, 
aprovechando el debilitamiento de la guarnición, 
el jefe patriota intentó un nuevo asalto al Casti- 
llo, siendo rechazado y experimentando el dolor 
de ver degollar, a su presencia, a 7 heridos que 
no pudo recoger en su retirada. Triste es decir 
que Arismendi tomó la sangriente represalia de 
asesinar en Villa del Norte a 15 oficiales y 178 
soldados prisioneros. 

Tales eran los caracteres de ferocidad, que no 
merece otro nombre, que iba adquiriendo la gue- 
rra después de la falta a las promlesas que hicie- 
ra Morillo en los comienzos de su llamada Obra de 
Pacificación. 

El Comandante realista volvió de Pampatar, 
con 400 hombres, rompió el cerco de Arismendi en 
la madrugada del 5 de enero de 1816, penetrando 
en las fortalezas de Santa Eosa, a fin de efectuar 
operaciones combinadas con las tropas que, desde 
Cumlaná, traía el brigadier Pardo asistido por el 
Comandante Don Salvador Gorrín. 

Durante largos meses se prolongaron los con- 
tinuos encuentros entre las tropas realistas y las 
guerrilas de Arismendi, sin qué alcanzaran resul- 
tados definitivos ninguno de los dos bandos; el 
brigadier Pardo pedía ^on instancia 1000 hom- 
bres más para dominar la rebelión; pero Moxó no 
se hallaba en situación de proporcionárselos, ur- 



198 FRANCISCO KIVAS TICUNA 



gido como estaba para atender a los refuerzos de 
las guarniciones que combatían con las montone- 
ras diseminadas desde Maturín hasta el Alto Apu- 
re por los llanos del Oriente y las riberas del Ori- 
noco. A falta de hombres para vencer a los mar- 
gariteños, se intentaba reducirlos por el incendio, 
ciñéndose a las órdenes que en 23 de octubre de 
1815 había dado el teniente general Morillo a 
Moxó y, por su intermedio, a Don Tomás de Cires 
gobernador de Cumaná. 

"S. E. manda, diré Cires en sus com/unicacio- 
"nes a Moxó, que los pueblos de Maturín y Güiria 
"por su rebeldía a la casa del soberano, sean que- 
"mados y arrasados enteramente, si en lo sucesi- 
"vo fuesen comprendidos en semejante crimen, 
* 'aunque en ellos no tengan parte más de cinco in- 
dividuos de su vecindario. ' p (46) 

El Suprein)o dispensador de todo castigo, el 
Dios de Abrahan y de Jacob se mostraba dispuesto a 
perdonar a las cinco ciudades culpables si contaban 
entre ellas 10 justos; el representante dé su Majés- 
tad Católica condenaba a pueblos inocentes se había 
entre ellos 5 rebeldes! No es de extrañar que con 
estos procedimientos, haciéndose la guerra más 
cruel, día por día, la resistencia de los patriotas 
se incrementara en proporción a los vejámenes de 
que eran objeto. Nada les arredraba, ni la devas- 
tación de sus campos, ni el incendio de sus mora- 
das, ni el exponerse a diario ante los fuertes ene- 
migos, ni siquiera los tormentos increíbles a que se 



(46) Blanco y Aspurúa. Tomo V. Documento 1086. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



399 



exponían sus familias y, en especial, la esposa del 
jefe insurgente. 

El 29 de Enero, la señora Cáceres de Arismien- 
di daba a luz un hijo en la cárcel, un nuevo miOES- 
truo, como decía el brigadier Pardo, consultando a 
Moxó sobre la conveniencia de decapitarlo por ha- 
her hecho su marido tanto daño a los españoles. No 
sólo a esta heroica mujer quería arrancar la vida el 
inhumano brigadier Pardo, toda la población femeni- 
na de la Isla y todos los niños debían ser ejecutados, 
según lo proponía a Moxó a fin de evitar que por su 
-conducto se pusieran en comunicación los patriotas 
con los Pueblos de Pampatar y Porlamjar. 

Kesjstieron los margariteños en aquella hogue- 
ra continuamente encendida, siendo impotentes los 
realistas para vencerlos y limitándose estos a con- 
tinuar su obra de devastación y a formíar una pe- 
queña cuadrilla para impedir los movimientos ex- 
teriores de los rebeldes y par^a comunicarse ellos 
con el Continente. 

Buena precaución fué esta últimla, pues esas 
naves iban a servirles para ponerse en salvo a la 
llegada de la expedición libertadora de Bolívar a 
las aguas de Juan Griego el 3 de mayo de 1816. 

Todas las precauciones del jefe realista, su 
triunfo de Cartagena que le valiera un título de 
nobleza, el sometimiento de la Nueva Granada, la 
horrible comlpresión de los patriotas en Venezuela, 
su continua diligencia para privar a los rebeldes 
de medios de comunicación, de posibilidades de reu- 
nirse y de armarse, todo había sido inútil; la fuer- 
za del ideal de libertad republicana era más fuer- 
te que los intereses de un Monarca para miantener 



200 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



Colonias bajo su yugo y los de un grupo de comer- 
ciantes para continuar ejerciendo un irritante mo- 
nopolio. 

La fuerza espiritual de Bolívar dominaba al 
músculo de acero de Morillo y allí estaba, en Juan 
Griego, después de su fracaso de Cartagena, des- 
pués de escapar a tres tentativas de asesinato, des- 
pués de sofocar las discordias de los patriotas en 
Haití, allí estaba, como David amenazando a Goliat, 
con un puñado de hombres y unas cuantas goletas 
con que se aprestaba para derrocar el Imperio de 
España en Sud-América. 

Morillo presentía este peligro desde hacia lar- 
go tiempo y ya con fecha 7 de marzo escribía al 
Marqués de Campo Sagrado: 

"Se ha tomado Cartagena, han corrido todos 
"a los Cayos de San Luis para desde allí atacar cual- 
quier punto débil de la costa, seguir el ataque 
cuanto se pueda y, de no ser feliz para ellos, robar 
"y reembarcarse. Con los robos de frutos pagan 
"los fusiles, de los que en Puerto Príncipe hay por 
"lo menos un depósito de 12.000, según tengo mani- 
"f estado a V. B. en mi correo anterior con las car- 
etas interceptadas." (47) 

Después de algunas reflexiones sobre los elemen- 
tos que necesita, puntualiza el jefe español, los po- 
sibles programas de los patriotas, diciendo : 

' 'Actualmente, hay en Venezuela dos puntos 
"que están amenazados y son de la mayor impor- 
tancia. Son Margarita y Guayana. En el pri- 

(47) A. Rodríguez Villa. Historia de Morillo. Docu- 
mento 527. Tomo III. 



LAS G¥ERRAS DE BOLIVAR 201 

'mer punto los rebeldes están bien dirigidos, sur- 
gidos de todo y peleando con encarnizamiento. 
'Las tropas del Rey se han visto forzadas a man- 
utenerse sobre la defensiva, y si Bolívar va a aque- 
'11a Isla con su expedición formada en Los Cayos, 
'no sé cual será la suerte de Margarita y en se- 
'guida de Cumaná. El ataque de Margarita está 
' combinado con el de Guayana, donde se engruesan 
'los enemigos, ocupan un gran círculo alrededor 
'de la capital, interceptan los ganados y sin batir- 
'se la obligarán a reunirse teniendo gran partido." 

"Consideré de tanta importancia dicha provin- 
' cia que me atreví a decir a S. M. en Madrid, que 
'perdida ella y ocupada en fuerza, peligrarían Ca- 
'racas y Santa Fé, ruego a V. E. eche una ojeada 
'sobre su posición, y noto que el Orinoco, Apure 
l y Meta son navegables y navegados más de lo que 
'yo sabía ahí, así como los Llanos, que dominan 
'los rebeldes y es donde se cría ganado de toda es- 
'pecie. Los rebeldes de Venezuela han adoptado 
'el sistema de tener muchas y fuertes guerrillas, 
'las que siguen el plan de las de España, y preveo 
'la runión de todas, luego que se presente! un jefe 
'como Bolívar ú otro que tenga alguna opinión, 
'y entonces, si creen somos más débiles r obrarán 
'en fuerza. En España se cree vulgarmente de que 
sólo son cuatro cabezas los que tienen levantado 
este país; es preciso, Exemo. Sr. que no se pien- 
se así, t por lo menos de las provincias de Venezue- 
la," 

"Si se perdiere la Margarita la fortificarían los 
insurgentes, y el reconquistarla pedirá una expe- 
dición, dejando expuesto el com/ercio desde ella 



202 



FRANCISCO RITAS VICUÑA 



"al seno mejicano. Si tuviese igual suerte la Gua- 
4 <yana, ofrece su reconquista aún máyores dificul- 
• "tades. Y si hubiese una cábela que dirigiese al 
"propio tiempo las fuerzas de C&sanare 7 Timja, 
"con el ataque de Paragfüaná, provincia de Coro, n<* 
"preveo nada lisonjero a las armas del Rey." 

El jefe tan temido por Morillo había roto to- 
das las trabas que le pusieran el representante del 
Eey y sus aliados; Bolívar estaba a las puertas de 
la comarca pacificada por Morillo e iba a realizar 
el propio pro gr amia que el teniente general español 
comunicaba a su superior gerárquico en la nota que 
acabamos de transcribir. 

Bolívar como era natural se te-servaba Mis 
planes procediendo en esto con toda la cautela nece- 
saria para dirigir un ejército en condiciones nor- 
males y que se imponía muy particularmente a la 
consideración de un jefe que debía organizar una 
fuerza de ataque, apoyándose en subalternos inme- 
diatos que tenían cada uno su programa propio y, 
además de ésto, fuertes ambiciones de predominio. 

Morillo mismío no era más explícito con sus su- 
balternos, a pesar de que contaba con la organiza- 
ción de tropas bien disciplinadas; así, habiendo des- 
pachado el 2 ele abril al brigadier Don José Tomás 
Morales para organizar en Venezuela nuevas fuer- 
zas de resistencia contra Bolívar, nada le dijo so- 
bre el adversario con quien iba a mledir sus capaci- 
dades militares. Esta reserva consta de la siguien- 
te nota de Morales dirigida a Morillo, desde Villa- 
de Cura en 31 de Julio de 1816 V 

"Yo me veía comprometido cuando me 33ór- 
"daba que había de pasar a la Margarita y ño a 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



203 



í ' pasear ;pero excedió los límites de la sorpresa cuan- 
"do supe la llegada y desembarco de Bolívar tan in- 
" mediata adonde me hallaba,y en nada míenos pen- 
caba, pues en mii dilatado viaje todo fué tranqui- 
llo y me regocijaba al ver el sosiego de todos los 
1 1 pueblos; y como aún no podía conocer el estado 
"y la opinión de estos habitantes, ni idea de si po- 
ndría Bolívar haber combinado su expedición, lle- 
4í gué a temer el resultado que podía tener la resis- 
"tencia que debía hacérsele." (48) 

Aquellos dos hombres, el Pacificador y el Li- 
bertador, estaban jugando una partida colosal; el 
primero tenía en su apoyo una organización de tres 
siglos, tropas disciplinadas, oficiales sumisos, re- 
cursos económicos y el apoyo político de los alia- 
dos de su rey; el segundo debía formar un gobier- 
no, disciplinar tropas, domar caudillos, improvisar 
recursos de Ja nada y no había tenido más auxi- 
lio que el de un mestizo, Presidente del Estado que 
compartía el dominio de una Isla con la propia Es- 
paña y que debía esconderse, disimular, para con- 
ceder a su amigo los favores que le permitieron 
acometer su emipresa. 

Tn ejército de 8000 hombres, hábilmente dis- 
tribuidos, eran las fuerzas de Morillo en Venezue- 
la, antes de que él experimentara la presión que 
hacía Bolívar desde las Antillas, como se presien- 
te la tempestad; los temores de un desembarco en 
Sánta Marta, en Margarita o en Guayana lo alar- 
man y se apresura a ordenar refuerzos de guarni- 



(48) A. Rodrigues Villa. Historia de Morilla Tomo 
1I£ Bocnmento 505. 



204 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



eiones y despacha al propio Morales, al compañero 
infatigable de Bóves, a incrementar esos elementos ; 
la resistencia que iban a encontrar los 250 expedi- 
cionarios del Libertador sobre pasaba, sin duda, 
la cifra que analizamos en párrafos anteriores y to- 
davía le parecía escasa a Morillo que pedía y pedía 
nuevos regimientos al Ministerio de Guerra. Los 
iba a obtener, mejorando su situación; Bolívar, 
por su parte, iba a sufrir nuevos fracasos y, sin 
embargo, este últimlo triunfaría por que su causa 
era de las que no se malogran, ella reflejaba los 
ideales doctrinarios de la clase dirigente que iban 
penetrando, poco a poco, en la masa del pueblo por 
el convencimiento de la propaganda republicana 
y por la reacción contra el abuso del poder que era 
la mala política de los agentes de Fernando VIL 
Hacía tres años, con un puñado de hombres, 
el Coronel Bolívar se había lanzado del Magdale- 
na, atravesando las cumbres de Los Andes, a los 
valles de su tierra natal y, en un primar día de crea- 
ción, formó el alma de un pueblo que luego aba- 
tió sus energías al golpe brutal de los llaneros 
guiados por el mal espíritu de Bóves; abandonado 
después, sin más recurso que su espada ni más luz 
que la de su genio, penetró en las oscuridades del 
laberinto de pasiones neo-granadinas y logró pro- 
longar la vida de una república que pronto iba a 
caer bajo el mandoble de Morillo; solo de nuevo, 
después de los tristes días de su malograda expe- 
dición sobre Santa Marta, ponía- el pié en una is- 
la lejana del Caribe y desde ella saltaba a las puer- 
tas de su patria, llevando la expedición que la his- 
toria llama de Los Cayos de San Luis, minúscula 



LAS GWERRAS DE BOLIVAR 203 



fuerza, pero que sería como la honda de David en 
la frente de Goliath, como la piedrecilla que de. 
rrumba la estátua de metales con pies de barro. Y 
-esto era el Imperio Americano de España, estátua 
de oro, de plata, de bronce, en la cabeza, el tronco 
y las piernas, pero a la que se dio como base las 
miserias del interés, en vez de fundarla sobre la 
plataforma indestructible del respeto mutuo, de 
la igualdad de tratamiento, de la libertad y de la 
justicia, de todos esos sentimientos que, casi un 
siglo después de estos acontecimientos, han sido 
la base del acercamiento de pueblos de aquende y 
allende el mar, pueblos que no han debido seperar- 
se si estas ideas, y no los dictados de la codicia, 
hubieran informado sus relaciones del pasado. 

Hasta este momento, era Bolívar el gran arqui- 
tecto de la América Nueva en la región septentrio- 
nal de nuestro hemisferio ; el lo había hecho todo y, 
con el convencimiento que se desprende de la ver- 
dad histórica comprobada, nos sorprende que al 
primer desastre, después del magno esfuerzo que 
hemos documentado, el eminente historiador argen- 
tino Don Bartolomé Mitre, diga: 

* i Todos habían hecho algo, menos Bolívar. 
"Arismendi había insurreccionado la Margarita, 
"Marino había dominado la península de Paria, 
* 'formando un ejército y puesto sitio a Ournaná. 
"Páez había organizado el ejército de Apure y 
/'aseguraoo el dominio de los llanos altos. Cede- 
"ño se había sostenido en el alto Orinoco^ y Mo- 
" nagas y Zaraza mantenido el fuego de la insu- 
rrección en el centro del país. Mac-Gregor y 
"Soublete habían salvado la columna abandonada 

14 - 



206 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



''por él en Octunare, y atravesando el territorio 
"de Venezuela, conquistado Barcelona y el dominio 
M de los llanos bajos. Piar había formado un ejér- 
cito en Maturín, salvado Barcelona y conquistado 
M la Guayaría dando al ejército su base natural de 
"operaciones En ninguna de estas empresas tu- 
"vo participación directa ni indirecta Bolívar." (49) 

Ya sabemos a que atenernos sobre la acción de 
Cederlo, Monagas, Zaraza, Páez y Arisrucndi duran- 
te eslos años de horfandad de la patria; los actos 
posteriores, los éxitos de Marino, Piar, Mac-Gregor 
y Soublette tienen como base esta expedición orga- 
nizada por Bolívar y la suerte de la patria hubiera 
sido difeffcnte si los dos primeros de los recién nom- 
brados hubieran tenido la altura de miras de pospo- 
ner sus ambiciones personajes al interés de la patria, 
como lo hiciera Bolívar abandonado en Carúpano, en 
J814, y host ilizado en Cartagena, en 1815. El reunió 
elem'entos y acordó voluntades para triunfar, otros, 
muchos de esos a quienes Mitre señala como facto-^ 
res de mayor eficacia, desbarataron esos recursos y 
sembraron la discordia,. El curso de esta historia 
comprobará este juicio. 

Mientras avanzamos este estudio, nos atendré- 
moa, por de pronto al juicio de Mitre, a pesar de es- 
tos fracasos: 

4 4 Era, el único que poseía las cualidades del hom- 
"bre superior para levantarse sobre el nivel ordin^- 
"rio, domando la fortuna, rebelde, dar unidad mili- 
"tar y. política a Venezuela, dominar a sus grosero» 



(49) Bartolomé Mitre. Historia de San Martín. To* 

rao V. Capítulo XLt. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 207 



*• caudillos cautivando hasta a sus émulos, condensar 
4 «los elementos revolucionarios del norte del Contó- 
rnente, organizar un gobierno, fundar una nación 
"guerrera que sería una fuerza americana eficiente 
"y hacerla concurrir compacta al Sur del Ecuador, 

"completando la gran campaña continental Su 

"preponderancia no es la obra del acaso, su 
"grandeza es real. Era con todas sus deficiencias? 
"y flaquezas, el genio de la revolución del Norte,, 
animado por el fuego sagrado de la liibertad y 
"el patriotismo, con grandes ideales americanos 
"qne se dilatarían." 

"Era el homJbre, no sólo de la revolución co- 
lombiana, sino de la emancipación Sud-america- 
Tia. M (50) 

Y esto era Bolívar, militar experto que dio a 
su patria esa unidad en el combate que encomia Mi- 
tre, político hábil que supo dominar ambiciones y 
constituir un gobierno; sus fracasos, sin dejar 
de atribuir su importancia a los azares que deciden 
los combates, tuvieron por causa principal la de- 
saveniencia de los caudillos y sus éxitos no serían 
definitivos mientras no alcanzara esta victoria pre- 
via, la unión de los suyos. Su desvelo continuo, 
su sacrificio permanente, su abandono de las mez- 
quindades de la vida, le impondrán poco a poco 
sobre sus rivales, por la conciencia de la superiori- 
dad, y sólo entonces saldrá la patria de la horfan- 
dad y tendrá una herencia de glorias y de prospe- 
1 ridades cuya conservación dependerá de la práe- 



(50) Bartolomé Mitre Historia de San Martín. Toma 
T. Capítulo XLI. Párrafo V* 



208 FRANCISCO RIVAS VICITSfc& 'i 

. 

.tica de la virtud que fué la normia del libertador s 
tí sentimiento de la responsabilidad isílMdual que- 
cultivado con igual anhelo por cada tmo, provoca 
los renunciamientos personales, en favor de la 
causa común y engendra, finalmuete, la unión que 
es prenda de la victoria. ; 

Ningún genio guerrero, desde Alejandro has- 
ta el Mariscal Foch, habría logrado fortuna obran- 
do sobre masas heterogéneas; a Bolívar le corres- 
pondió una doble tarea, crear primero esa homo- 
geneidad y sobre ella construir un/sistema de fuer- 
zas militares y luego un sistemia de Gobierno. 
Apóstol, soldado y estadista, todo debió serlo a un 
tiempo y sus éxitos no podían apartarse del enca- 
denamiento natural de esta evolución; no triunfa- 
ría el general sin el dominio previo dél moralista, 
en el más amplio concepto del vocablo ; el jefe de 
Estado no sentaría sus principios sin que la fuer- 
jza de las armas asegurara la soberanía y fuera pren- 
da del orden interno, de respeto a las instituciones,, 
con prescindencia de los hombres. 

En los capítulos venideros, veremos el desen- 
volvimiento paralelo de esta múltiple capacidad 
de Bolívar en perfecto sincronismo con los progre- 
sos de un pueblo a quien su genio impulsaba con 
especial vigor por la vía más acertada. 



ooOoo 



AS GUERRAS DE BOLIVAR 
FORMACION DE LA PATRIA VENEZOLANA 



TERCERA PARTE 

LAS EXPEDICIONES DE LOS CAY OS. 



I. — LAS PRIMERAS OPERACIONES. 
II. — EL DESASTRE DE OCUMARE. 

III. — LOS PATRIOTAS SIN JEFE. 

IV. — LA CONTIENDA POR LAS COMUNICACIONES 

EXTERIORES. 



ooooo- 



LAS PRIMERAS OPERACIONES. 

En la madrugada del 3 de Mayo de 1816, una 
embarcación se desprendía de las playas de Juan 
Griego y sus tripulantes rendaban hacía la goleta 
"Bolívar", llevando pliegos del General Juan Bau-> 
tísta Arismendi para el Libertador; pocos instan- 
tes después, el propio Arismendi llegaba á pfesen* 
tar sus respetos al Capitán General y a decirle que 
las tropas de Margarita y sus habitantes le habían 
aclamado como Jefe Supremo. 

En ese mismo día se inició el desembarco dé 
los expedicionarios y de los elementos de güerra 
que Bolívar había adquirido en Haíti, encalninán- 
doce hacia Villa del Norte, desde cuyo centro iba 
a dirigir las maniobras preliminares de una cam- 
paña militar a la cual se sumaría una empresa po- 
lítica de mayores dificultades que aquella*; para lu- 
dia r contra el enemigo, llevaba elementos el Liber- 
tador y podía contar con el auxilio de las pobla- 
ciones que tanta simpatía demostraban por lá eau* 
sa republicana ; más duro sería el lidiar contra 1&8 
ambiciones de ciertos patriotas a quienes no habían 
desengañado los desastres anteriores producido^ 
por la discordia. 

La actividad ele Bolívar en esta época tiene un 
triple aspecto; ella se desarrolla en lo militar, se 
prolonga a las relaciones con otras potencias f e* 



212 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



de particular interés en la política interna de la 
nación eme iba a redimir con sus armas, de Vene- 
zuela aún tiranizada por el brigadier Moxó y cu- 
yo dominio principiaban a disputarse los caudi- 
llos, antes de romper las cadenas que la oprimían. 

Como primera m'edida militar, ordenó Bolí- 
var el envío de armas a la Asunción, a fin de que 
Arismendi pudiera tomar la fortaleza de Santa Ro- 
sa. La guarnición española de este castillo, cono- 
cedora de la del triunfo naval que obtuvieron los 
patriotas sobre los barcos realistas entre los islo- 
tes de los Frailes y Margarita y temerosa de la 
expedición éuyas fuerzas se exageraban, se apre- 
suró a dejar sus posiciones para encerrarse en las. 
fortalezas de Porlamar y Pam>patar. En esta si- 
tuación, Arismendi ocupó sin dificultades el Cas- 
tillo, logrando hacer algunos prisioneros que incre- 
mentaron el número de los caídos en el abordaje 
del Intrépido y de La Rita, y ordenó sin demora la 
demolición de las obras de defensa que habían uti- 
lizado los españoles, que podrían utilizar aún. si 
recuperaban la isla, y que no eran de utilidad al- 
guna para el jefe patriota que prefería combatir 
con sus partidas en campo abierto. 

Junto con dar estas instrucciones a Arismeh- 
ri, Bolívar concedía sólo un corto descanso a su 
escuadrilla, ordenándole que partiera, como efecti- 
vamente lo hizo, el 6 de Mayo a bloquear los Puer- 
tos de Porlamar y Pampatar. Pocos días después 
el Libertador intimaba rendición al jefe realista,. 
Juan Bautista Pardo; diciéndole que: 

"Encargado por sus conciudadanos áal wian- 
"do supremo, creía de su deber principiar la campa- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 21$ 

"ña por un gran acto de humanidad, perdonan- 
rdo a los prisioneros tomados en los buques de gue- 
"rra que bloqueaban la isla, y haciendo cesar por 
"su parte la guerra a muerte que deshonraba a la 
"nación española y desolaba a la América; que, en 
"consecuencia, recobraría todo su vigor el derecho 
"de la guerra, sin faltar al de gentes, que hasta en- 
"tonces se había conculcado tan horror osam/ente." 

El € iefe de la guarnición realista, protestando 
que España no había iniciado la guerra a muerte, 
negóse a entregar la plaza; Bolívar intentó algu- 
nos ataques infructuosos sobre Porlamar y, cono- 
ciendo la inferioridad de sus fuerzas, resolvió man- 
tener en jaque a Pardo, dando elemtentos a Aris- 
mendi y dirigiéndose él al Continente para hacer 
la recluta de su ejército de operaciones. Por otra 
parte, la pobrísima isla de Margarita, si bien era un 
baluarte avanzado y base de operaciones marítimas, 
no ofrecía recursos y la permanencia del grupo 
expedicionario y de la escuadrilla era un verdade- 
ro gravamen para los Margariteños, imponiéndose 
la más pronta partida, siempre, que se dejara ase- 
gurada la posesión de la isla. 

Arismendi, que había sabido conquistarla con 
30 homfares casi desarmados, sabría también con- 
servarla y, lleno de confianza, anunciaba a sus ha- 
bitantes la partida de Bolívar, el 26 de Mayo, en 
los términos siguientes: 

"Vuestro libertador no tos abandona: parífce 
"eon nuestros hermanos a romper las cadenas de 
"los venezolanos que gimen oprimidos y a forzar 
"a las tropas de Pamlpatar a abandonar sus fortifi- 



214 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 

"eaciones o perecer de miseria. Si no ha dado el 
"asalto es por economizar vuestra sangre. 

4 'Nos há dejado municiones y fusiles para ar- 
"inlar toda la isla y va satisfecho de que los intré- 
pidos republicanos, que desarmados sacudieron el 
' 4 yugo, y arrollaron las mejores tropas veteranas 
1 ' en cmantas funciones les lian presentado, nó pue- 
"den ser vencidos por sus reliquias refugiadas en 
"Pampatar, ni por fuerzas dobles o triples.' 9 (1) 

Arismendi, que reconocía la autoridad supre- 
ma de Bolívar, acataba sus órdenes y dominaba 
sus propias inclinaciones . En una píoeláttiia del 
30 de M&yo daba a conocer la historia de la gue- 
rra y la situación del momento a los realistas ence- 
rrados en Pampatar y terminaba diciéñdoles 

* 1 Antes era responsable a Venezuela y al mun- 
ido entero de mi conducta: ahora reposo sobre la 
1 % responsabilidad del Supremo Jefe. » Cuanto os 
* É he manifestado es su voluntad; por la misma cbn- 
"Sérvo ilesos los prisioneros de guerra españoles to- 
u miados a discreción en gran núihero en el bergantín 
<¿ y goleta apresados. Conservaré a todos los que de 
"grado se me presenten; pero no perdonaré al que 
"en el campo de batalla sea tomado antes de ren- 
dirse. Sea cual fuere la conducta de los españo* 
autores principíales de la guerra a mtierté 
4 'con ;os escarnios y miltilaciones que principio 
"Zuazola, yo no faltaré a las órdenes del Jefe Sil* 
"premo de Venezuela, si ellos respetan el derecho 
14 de gentes. Este es mi deber y estos los funda* 



(1) O'Léary. Tomo Documento 30. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



215 



meatos cardinales de toda sociedad civil. M (2) 
Dejaba en buenas manos él Libertador la de- 
fensa de Margarita, El día 26 de Mayo, con áú es- 
cuadriilla, formada ya por 11 embarcaciones me- 
nores, llevando su parque y los expedicionarios que 
trajo dé Haití, hacía velas con rumbo a Carúpano, 
<3üya distancia de un centenar de millas sólo pudo 
ser salvada en 6 días, contrariando el viento y las 
corrientes la marcha de la flota libertadora. 

El 1* de Junio se iniciaba el desembarco en 
las playas de Carúpano, protegidas las primeras 
columnas que mandaba Piar y Soublette, por los 
fuegos de las goletas patriotas. El Comandante 
Español de esta Plaza, Don Andrés Martínez de 
Pinillos, intentó la resistencia; pero el denodado 
empuje de los patriotas le obligó a retirarse, aban- 
donando todas sus provisiones y, además, una go- 
leta y un bergantín que apresaron las naves del 
Almirante Brión. r 

Martínez de Pinillos se retiró hacia el interior^ 
por San José hasta Cariaco, lo que le permitía co- 
municarse fácilmente con las tropas de Barbastro 
y de Dragones que guarnecían la caleta de "Esme- 
ralda" y con su jefe Don Tomás de Cires que go* 
Tbernaba en Cumaná. 

La noticia de su llegada al Continente y la 
insignificancia de las fuerzas expedicionarias de 
Bolívar iban a ser conocidas con exactitud por loa 
jefes realistas y su salvación estaba en la rápidex 
de la acción, en agrandar con un golpe de audacia 



(2) O'Leary. Tomo XV* Documento 32. 



216 



FRANCISCO RIVAS VICÜÑA 



el radio de maniobras, para conquistar territorio 
y, con él, soldados para sus filas. 

¿En qué sentido podía maniobrar el Liberta- 
dor? Su penetración directa hacia el Sur, por la- 
provincia de Cumaná, en busca de las guerrillas, 
no era una operación prudente, pues no tenía da- 
tos sobre sus situaciones y, marchando con su pe- 
queña columna de 250 hombres y su parque, se ex- 
ponía a perderlo todo en un sólo encuentro desgra- 
ciado con alguna columna veterana del ejército 
realista. 

Su marcha al Occidente, en persecución de 
Martínez de Pinillos. tenía igual peligro; mayor 
aún, ya que era evidente que este sería reforzado 
desde Cumaná. Solo el Oriente y el mai\ le ofrecían 
espectativas ; en el primer rumbo podría destacar 
partidas de reclutamiento cuyas faenas se desa- 
rrollarían con tranquilidad siempre que él permane- 
ciera en Carúpano, sirviéndoles de centinela avan, 
zada y pudiendo replegarse sobre éllas, si las cir- 
cunstancias se la permitían, o llamarlas en su auxi- 
lio y refuerzo si había posibilidades de avanzar. 

El Caribe era su segunda linea de acción ; mo- 
viéndose en sus aguas podía intentar asaques con- 
tra las guarniciones realistas más vecinas y, en 
todo caso, no era prudente que se apartara de 
sus riberas mientras los acontecimientos no le die- 
ran cierta garantía en su marcha hacia el inte- 
rior. 

Con la rápidez de concepción que le era ca- 
racterística, el Libertador se organizó para resis- 
tir en Campano, envió sus emisarios al Oriente, es- 
tableciendo puntos de contacto con ellos en Rio 



LAS GWERRAS DE BOLIVAR 217 



Caribe y el Pilar, y, al propio tiempo, atacó con 
su escuadrilla a las tropas de Barbastro y Drago- 
nes que guardaban la caleta de Esmeralda. 

Entretanto, form!aba los cuadros para su ar- 
tillería que la mandaría el Comandante Bartolo- 
mé Salom; pura la Caballería de honor c^n su je- 
fe el Teniente-Coronel Teodoro Figueredo; para 
Tks Soberbios Dragones del Comandante Francis- 
co de Paula Alcántara, que le servirían para la des- 
cubierta y de seis cuerpos de infantería : Cazado- 
res de Venezuela, Girardot, Vencedores de Araitre, 
Cumuna, Gaúria y la Infantería de Honor que iban 
a comandar los Tenientes-coroneles Justo Brice- 
ño, Francisco Vélez, Pedro León Torres, Migitél 
Borras, José Antonio Raposo y José Anzoátegui. 

En esta labor de organización, fué perturbado 
por las continuas exigencias del Coronel Ducou- 
dray-Holstein, Sub-Jefe del Estado Mayor, que 
hacía presión con sus reiteradas renuncias; acep- 
tóle, por fin, su dimisión, a pesar de sus deseos, y 
designó para sucederle, interinamente, en su ca- 
rácter de Mayor General al Coronel Don Carlos 
Soublette que tan marcada actuación iba a tener 
-en los negocios de su patria. 

Desde los primeros días de Junio, se encontra- 
ban en la península de Güiria los Generales Mari- 
ño y Piar, auxiliados por otros jefes y oficiales, en 
la tarea de armar esos pueblos y de enviar los con- 
tingentes que el Libertador les pedía para su cuar- 
tel general de Carúpano. 

Conocedor de los hombres, Bolívar había toma- 
ndo cuántas precauciones eran posibles para mante- 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



ner en la disciplina a jefes tan independientes co- 
mo Mariño y Piar, sin lastimarlos, a fin de no 
ahondar divisiones que no estaban extinguidas, que 
eran un fuego escondido en las cenizas del disimu- 
lo. Dio a Piar como Secretario a su hombre de 
mjayor confianza, al Comandante don Pedro Brice- 
ño Méndez, y destacó al Teniente-coronel Salom 
en compañía de Mariño, al propio tiempo que jefes 
de su confianza, como Vélez y Briceño, servían eii 
los puntos de contacto con los jefes de Oriente, en 
Rio Caribe y el Pilar. 

Difíciles fueron, en su comienzo, las tareas de 
estos exploradores, a causa de las excesivas llu- 
vias que impedían la rápidez de las operaciones: 
por tierra; el Libertador les facilitó elementos ma- 
rítimos, poniendo a su disposición la goleta Dia- 
na, con cuyo auxilio se apoderaron de Güiria, pu~ 
diendo incorporarse la guerrilla del Capitán Sam~ 
sal, que tenía unos 70 hombres. Mariño se interna 
por las comarcas del golfo Triste, hasta Yaguara- 
paro, y Piar, en algunas flecheras, tomó el camino 
de Maturín. 

En todo memento estimulaba Bolívar la rápi- 
dez a sus lugar-tenientes; asi, ya el 12 de Junio, 
escribe a Piar que estaba en Rio Caribe : 

"El Comandante Briceño me escribe del Pilar, 
''con fecha de ayer, que las tropas del Rio Caribe 
"pasaron por una pica que sale a Chaguaramas. Yo 
"supongo que estas tropas sean las de Güiria, & 
"en parte o en todo. 

"Tanto V. E. como S. E. el General Marina 
"están autorizados para obrar conforme a las eir- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 219 



r'eunstancias, ob&erv&ndo siempre en las operacio- 
nes la m&yor celeridad/ 9 (3) 

Honfbres para sus filas y datos sobre las ope- 
raciones propias y del enemigo, son las peticiones 
constantes del Libertador que siente la necesidad 
de una acción rápida, casi violenta, con el doble 
propósito de dar cohesión a sus fuerzas y de im>- 
ponerse al enemigo por un golpe inicial, antes de 
que termine la concentración que el gobernador 
de Cumaná organiza con presteza, llamando en su 
auxilio las guarniciones inmediatas de los llanos. 

La escuadrilla había fracasado en su ataque 
a la guarnición de Esrrieralda y, envalentonado el 
realista, avanzó hasta ponerse en combate con la 
descubierta del Comandante Alcántara, en el si- 
tio de Cariaquito, a pocos kilómetros de Carúpano. 
Ocurría esto el 19 de Junio en la noche, ataque 
sorpresivo que desbandó el destacamento de tro,- 
pas bisoñas, sin lograr otros resultados, pues no 
pudieron los asaltantes hacer botín ni en los caba- 
llos ni en las armas abandonadas por los fugitivos. 

En la mañana del 20, enviaba Bolívar una co- 
lumna de infantería a recuperar la posición y a re- 
cojer los elementos perdidos. Tan brusca acome- 
tida le obligaba a reiterar sus órdenes a Mariño, 
justificándolas con datos sobre los proyectos del 
enemigo. Los prisioneros tomados y su servicio 
de espionaje le hacían saber que el plan enemigo 
era el de envolverlo por mar y por tierra, apretan- 
do el círculo que él, al contrario, deseaba ensañ- 



en O'Leary. Temo XV. Doemhento $4. 



220 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



char contando con el auxilio de sus cooperadores 
de Oriente. 

Mariño había guardado un largo silencio des- 
de Yaguaraparo y solo había enviado un refuer- 
zo de 200 negros destinados al batallón Güiria; el 
desastre de Cariaquito aconseja nuevos apremios y 
Bolívar escribe a Mariño, el 20 de Junio, diciéndo- 
le (4): 

"Las relaciones de todos son tan acordes que 
"no dudo sea cierto, y temo lo verifiquen, antes 
''que V. E. haya llegado a incorporárseme. Sus 
" fuerzas, según informes, son 400 fusileros, que 
"ha traído el Gobernador de Cumaná, los que unL 
"dos a los retirados de Güiria y de esta ciudad y 
"a las demás partidas que tenían en Cariaco, y 
"componen un total de 800 infantes de fusil, 150 
"lanceros y muy pocos caballos". 

Las poblaciones le son hostiles, los víveres es- 
• casean, no puede moverse más allá del abrigo de 
su artillería y reclama de Mariño que sus auxilios 
vengan volando, por mar o por tierra, como sea 
más rápido y trayendo los barcos de guerra, pues 
el ataque será simultáneo. 

La enemiga de los pueblos vecinos es tal que, 
en el propio Carúpano Alto, los habitantes favore- 
cen a los realistas, obligando al Libertador a dar- 
les un ultimátum de 24 horas para recojerse a sus 
moradas y presentarse al Cuartel General, so pena 
de quemar y destruir el barrio y cuanto pertenez- 
ca a quienes, lejos de contribuir a la libertad de su 
país se alistan en la bandera de los tiranos. 



(4) O'Leary. Tomo XV* Documento 35. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



221 



Los realistas se mueven con entusiasmo ; los 
•destacamentos que mandaban Luján y Quijada en 
los llanos se han incorporado ya el 23 de Junio a 
las fuerzas dp Cires, quien rodea a Bolívar por el 
poniente con cerca de 1500 hombres en una linea 
.de Casanay a Esmeralda, por Belén. Todavía es 
pera refuerzos de Mariño; pero ellos no llegan y, 
una semana después, la situación se hacía insos- 
tenible. La presión del Gobernador de Cumaná 
era cada día mayor por tierra y, en el miar, una es- 
cuadrilla de 10 naves obraba sobre Pampatar, por 
el momento, para converger sobre Carúpano en el 
momento oportuno. 

Con los refuerzos de Mariñó la resistencia era 
posible, aunque fuera arriesgando un sitio heroi- 
co como el de San Mateo ; sin ellos, con 800 hom- 
bres de tropas sin instrucción, la aceptación de 
un combate era un acto temerario; sólo el azar po- 
día librar a Bolívar de perder ejército, parque y 
la vida tal vez. Un general está sempre expuesto 
a que el azar destruya sus planes, pero no debe 
contar con él para buscar el éxito. 

Encerrado, no le era posible replegarse ha- 
cia los núcleos de guerrillas cumanenses, ni hacia 
Güiria ni Mat.irín por tierra ¿ f.n la estación las 
lluvias la impedimenta de si parque habría retar- 
dado sus marchas con tropas desorganizadas y las 
fuerzas de Cires tenían toda clase de ventajas en 
su persecución. 

s Solo quedaba el camino del mar y aquí se pre- 
sentaba una doble solución: embarcarse en su es- 
cuadrilla y seguir el plan que el mismo ordenara a 
■Marino y a Piar, dirigiéndose al Golfo Triste para 
15 



222 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



internarse por Güiria o Maturín, o bien buscar 
un punto de desembarco en territorio mas propi- 
cio. 

La solución que lo encañonaba a Maturín o a 
Güiria por mar tenía el mismo incoveniente de la 
marcha por tierra, desprendiéndose de CarúpanO; 
idénticas eran las dificultades de movilización y 
los mismos los peligros de ser alcanzados y rodea- 
dos por una concentración de las tropas realistas. 

Y, si esta razón era decisiva bajo su aspecto 
nrilitar, causas de orden político le daban mayor 
peso aún. Ni Mariño ni Piar se habían mostrado 
sumisos a la orden del Jefe Supremo; proporcio- 
naron un mínimo de elementos y, con los pertrechos 
recibidos de manos del Libertador, iban a campear 
cada uno por cuenta propia, por sus ambiciones 
antepuestas al servicio de la causa. Ese era el he- 
cho, sea cual fuese la interpretación que se atribu- 
ya a su inspiración, aún la de incapacidad mili- 
tar de Bolívar a juicio de Mariño y de Piar, crí- 
tica, injustificada en virtud de los acontecimien- 
tos que estamos relatando. 

El águila real que, para salvar a su patria, ha- 
bía dado los vuelos prodigiosos de sus canípañas 
de 1813 a través de las montañas en plena luz de 
gloria, y los no menos audaces de isla en isla del 
Caribe en las obscuridades de una noche de destie- 
rro, fecundo como todas las noches en que reina 
el amor, el águila real estaba casi prisionera, pero 
iba de nuevo a levantar el vuelo. 

Tranquilo Bolívar, con la conciencia de su de- 
ber, espera hasta el último momento para ejecutar 
su programa, el que debía haber realizado hace 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



223 



ya tres días, dice en carta a Marino del P de Ju- 
lio, y en el cuaf se ha detenido solo para esperarle. 

"Los instantes son preciosos, le escribe, y no 
"está en mi arbitrio suspender las operaciones que 
"van a decidir la suerte de la campaña." (5) 

La escuadrilla, realista de 10 naves está en 
Pampatar; Gires con las principales guarniciones 
de Oriente le cerca con \ más de 1500 hombres en 
Capúpano y Bolívar concibe el plan de batirlos se- 
paradamente, más que eso, de romper primero las 
fuerzas navales y de volver -enseguida a interponer- 
se, como una cuña, entre el jefe español que lo 
persigue y las fuerzas de Occidente, regresando a 
posesionarse del mismo Cumaná. 

Una división primero: las fuerzas navales del 
Bey separadas de su base terrestre. Luego otra : 
Cires en Oriente, Moxó en Occidente y él en li- 
bertad de golpear en cualquier flanco o de tomar 
el camino del interior. 

"Nuestra situación actual, dice a Marino, nos 
"permite impedir esa reunión (un ataque general 
"por mar y tierra) que ciertamente es bastante 
"para destruirnos, si llega a efectuarse. Mi prin- 
cipal objeto, pues, es estorbarla batiendo la esf- 
" cuadra y las tropas que haya tomado en Pam- 
* patar. Para ejecutar esto, me ha sido necesario 
"contar con todas las tropas que había aquí, y, 
"por consiguiente, evacuar del todo esta ciudad, 
"que nos es imposible cubrir. Batida que sea la 
4 ' escuadra enemiga, como es de esperarse, me di- 



(5) O'Leary. Tomo XV. Documento 42. 



224 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"rigiré a Cumaná con una superioridad decisiva 
* 'sobre el enemigo." 

Expone el Libertador su plan, lo justifica y, 
concillando como siempre supo hacerlo con Mariño, 
lo invita a cooperar, agregándo en su comunica- 
ción: 

i "Dejo a V. E. en libertad de obr ar pcxr tierra 
*'o irse por mar, con las tropas que haya recluta- 
"do, a Margarita, o bien a incorporarse conmigo 
"con las flecheras y demás buques mercantes apre- 
nsados en Güiria, según juzgue V. E. más confor- 
"me al bien de la patria." 

Generoso deja a Mariñó 8000 cartuchos ; no 
le envía más, por falta de elementos de moviliza- 
ción, y no se contenta con este auxilio; forma una 
guarnición en Kio Caribe, la dota de pertrechos y 
la pone a disposición de Mariño, diciéndole : "Si 
íl V. E. cree muy conveniente reuniría a sus tropas, 
xt puede también hacerlo." 

Y se embarca £l l 9 de Julio para realizar su 
programa y, sin embargo, no pudo llevarlo a cabo. 
¿Porqué? Hubo en ésto indecisiones del Liberta- 
dor? Su proyecto era una simple audacia, y lo 
modificó posteriormente, o bien hubo circunstan- 
cias extrañas que lo obligaron a dejarlo de la ma- 
no! 

La pericia que habían demostrado los marinos 
del Almirante Brion en el combate naval de Los 
Frailes, la superioridad de la escuadrilla patrio- 
ta, eran razones que justificaban la operación y, 
.si no se realizó, fué porque en el m,omento deci- 
sivo este elemento de combate no respondió a ías 
exigencias de Bolívar. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



225 



Un mal síntoma, una fermentación de indis- 
ciplina y descontento en las tripulaciones 'de la ex- 
pedición de Los Cayos se presiente ya desde la 
llegada a Juan Griego, a juzgar por esta proclama 
que hiciera el Mayor de órdenes, Capitán de Fra- 
gata don Agustín Gustavo Villaret, el 14 de Mayo, 
en el puerto de Juan Griego: 

"Mis valientes compañeros: hasta ahora no 
"habéis tenido más que fatigas y privaciones; pe- 
"ro él momento llega en que vais a recibir el fru- 
sto de vuestro noble entusiasmo y de vuestro in- 
" domable valor. Pronto, muy pronto, seréis re- 
" compensado de vuestras fatigas; sólo algunos 
"días más de privaciones tenéis que padecer, aun- 
"que el Gobierno se desvela en procuraros todos 
^los alimentos que permite nuestra situación. Te- 
"ned constancia, mfis caros amigos, y mostremos 
"al Universo, que tiene los ojos sobre nosotros, que 
"somos dignos de ser contados en el número de 
"los bienhechores de la humanidad, libertando 
"a dos millones de almas de la opresión de un Go- 
bierno tirano y bárbaro." (6) 

Ni la promesa de alimentos, ni las caricias de 
la gloria, ni las aprobaciones de la humanidad eran 
la aspiración de los corsarios; ellos querían presa» 
que repartirse, riqueza que acumular, y más les 
agradaba correr tras las naves españolas cargadas 
de cacao que conducir tropas y abordar barcos 
que destruían sus cañones, llenándose de gloria, 
pero dejando sus escarcelas vacías, tan vacías co- 



(6) O'Leary. Tamo XV. Documento 26. 



226 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



mo al tiempo de alistarse bajo la bandera del Al- 
mirante Brion. 

El primar pensamiento de Bolívar fué confiar 
el ataque de la flota realista a su propia escuadri- 
lla ; más como el jefe naval, interpretando la volun- 
tad de sus capitanes, pretextara la falta de tro- 
pas* él ofreció y embarcó las suyas en los días 29 
y 30 de Junio y sólo el 1- de Julio, esperando siem- 
pre a Marino, le anunció su designio de atacar las 
naves españolas de Pampatar y poner luego pro$ 
sobre Cumaiia» Los corsarios no se ciñeron a este 
plan y Bolívar debió buscar en su cerebro nuevas 
soluciones : al comienzo de rebelión de Mariño y 
de Piar se sumaba esta insubordinación de su Ar- 
mada y su prudencia, su afán de redimir a la Pa- 
tria, le obligan a doblegarse ante las circunstancias, 
a tomar sobre si la responsabilidad, verdadero Ca- 
pitán rué permanece en el puente de mando, cuan- 
do o ' ros se salvan en los botes y se hunde con su 
nav? o la salva con los que le auxilian. 

Esta fué la labor de Bolívar en su mes de per- 
manencia en Carúpano, labor que no dio resulta- 
dos inmediatos, porque el Libertador operaba en 
*un terreno todavía estéril, agrietado por los zureos 
pro £"t) dos de la ambición y seco com:o el corazón de 
los hombres a quienes mueven simples intereses, 
codiciosos de dinero y nada más. Dice el historia- 
dor don Bartolomé Mitre que, en estos días, dan- 
do proclamas pomposas, perdió Bolívar lastimo- 
samente un nxes de tiempo; ningún crítico sereno 
puede aceptar semejante juicio, teniendo a la vista 
los antecedentes que acabamos de exponer; el Li- 
bertador aprovechó §u tiempo en Carúpano, sus 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 227 

planes estratégicos se fueron amoldando a las cir. 
cunstancias con la revelación de un genio militar 
cuyas concepciones le iban a imponer sobre todos 
sus antagonistas. No es en desmedro de O'Higgins, 
disciplinado y estoico, ni en menoscabo de San 
Martín, autoritario y de ambiciones serenas que 
decimos que las dificultades que venció Bolívar 
fueron superiores a las que ellos domjinaron para 
beneficio de sus países ; Carrera era el símbolo de 
una sola tendencia antagónica a la de O'Higgins 
porque encarnaba ideas que el andar de los años, 
muchos años, haría aceptable en sociedades de po- 
ca ilustración como eran las de Sud-Amiérica ; Al- 
vear era para San Martín lo que Carrera para O'Hi- 
ggins y en Chile y en la Argentina se agruparon 
dos tendencias en torno de sus caudillos. Esto era 
posible por razones de educación, de climia, de uni- 
dad de raza y otras que no tenían aplicación en 
Venezuela. La cercanía a Europa, el clima tropi- 
cal, la mestización de los pobladores influían en 
el Norte de nuestro Continente en forma muy dis- 
tinta de la que estas fuerzas de posición, de medio 
ambiente y de origen tenían en las tierras austra- 
les; en el sur, las ideas se concentraban en torno 
de un pendón, domo en las tierras frías todo pare- 
ce unirse para crear un sólo ciprés gigante ; en el 
norte, los sentimientos dominaban y cada cual esco- 
gía sus preferencias, levantando caudillos como el 
sol del trópico hace crecer las palmeras. Era nece- 
sario que la cabeza dominara al corazón y esta fué 
la inmensa tarea de Bolívar, la que complica su 
figuración de militar con la de apóstol y que hace 



228 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



necesaria la consideración de .una multiplicidad 
de factores para apreciar su actuación. 

Como militar, no perdió su tiempo; trabaja 
con energía, constancia y buena técnica; era un 
sembrador y las semillas confiadas a la tierra de- 
inoran en germinar; como director de una nación 
que se formaba trató de darle prestigio en el ex- 
terior y autoridad en el interior. 

En medio de sus preocupaciones militares, que 
eran enormes, no olvidaba su tratp con las potencias 
extranjeras y, desde sus primeros días de permanen- 
cia en Carúpano,se dirigía a los representantes de Su 
Majestad Británica en sus colonias de mayor impor- 
tancia militar, Barbada y Trinidad, para eviden- 
ciar la existencia de la nación venezolana, marcar 
ciertos rumbos y exigir determinadas garantías. 

Son casi iguales los términos de estas comuni- 
caciones y nos limitamos a trascribir su nota al 
Almirante de Barbada, escrita en Campano el 12 
de Junio, cuando empezaba a estrecharlo el Gober- 
nador don José Tomás Cires. 

Empieza por hacerse reconocer, pues habla 
como encargado por sus conciudadanos de la auto- 
ridad suprema y, enseguida, declara, de igual a 
igual : 

' 'Nuestras relaciones con la gran Bretaña se- 
"rán siempre las mismas, siempre amigas, siempre 
" ventajosas al comercio británico." 

Y, si en este pié se coloca, es para exigir lo 
que naturalente se desprende del reconocimiento de 
la soberanía venezolana : 

" Tengo el honor, dice, de incluir a V. E. un 
1 'ejemplar de las patentes que damos a nuestros 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 229 



"buques de guerra, corsarios y mercantes, para 
"que V. E. se digne ordenar a los oficiales de la 
"mlarina de S. M. B. que respeten y aún protejan 
"a los navegantes que lleven el pabellón de Vene- 
azuela y tengan sus despachos en regla. " (7) 

Afirma sus derechos y anuncia sus propósitos 
para incrementar el prestigio de su causá, agregan- 
do : 

"He declarado a la faz de mis conciudadanos 
u y de mis enemigos que mi intención es la de ha- 
"cer cesar la guerra a muerte, y la de hacer entrar 
"en el orden social estos hermosos países, que has- 
"ta el presente, han sido el teatro más espantoso 
de la guerra civil y del dominio español. " 

Si estas eran sus peticiones para con las gran- 
des potencias, no olvidaba sus obligaciones para 
icón las pequeñas y lo que el historiador Mitre lla- 
ma pomposas proclamas y boletines en que procla- 
ma la libertad de los esclavos, no eran, como este 
mismo autor lo reconoce, sino el cumplimiento de 
un verdadero tratado internacional, ya que esta 
ta declaración era un compromsio entre dos jefes de 
Estados. 

Como suprema autoridad de Venezuela, sa- 
tisfizo el compromiso contraído' con el Presidente 
de Haití desde que pisó tierra venezolana continen- 
tal y, fiel a su promesa de no comprometer a Pe- 
tion, le comunicó la declaración al Gobernador de 
Los Cayos, . escribiéndole así : 

"He proclamado la libertad absoluta de los 



(7) O'Leary. Tomo XV. Documentos 33 y 37. 



230 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"esclavos. La tiranía de los españóles les ha pues- 
"to en tal estado de estupidez, im'primiendo en sus 
"almas tal sentimiento de terror, que han perdido 
"hasta el deseo de ser libres. Muchos de ellos han se- 
guido a los españoles o se han embarcado a bordo 
u áe los buques ingleses, que los han vendido en las 
"colonias vecinas. Se han presentado apenas un 
"centenar de ellos. . . " 

Cumplía su compromiso y deslindaba su res- 
ponsabilidad, normas constantes de un hombre que 
llevaba en la conciencia la rectitud de intención y 
en el cerebro la noción precisa de los deberes pro- 
pios y de las obligaciones de los demás. 

A esta propaganda externa era preciso darle 
como base el prestigio de la autoridad reconoci- 
da por los pueblos, a medida que progresara en 
su recuperación del territorio patrio y así fué co- 
mo convocó una Asamblea en Margarita, el 6 de 
Mayo de 1816, para que se designara un Jefe Supre- 
mo y luego, en C&rúpano, en la víspera de embar- 
carse para el rumbo que, tal vez el mismo ignoraba, 
una segunda Asamtblea, reunida el 28 de Junio, le 
confirmaba sus poderes de Jefe Supremo y apro- 
baba las demás designaciones de la reunión de m|ar- 
gariteños. 

Estas asambleas y sus decisiones no eran mie- 
ra vanagloria, correspondían a una necesidad, la 
que anunciaba Arismendi en su proclama que an- 
tes citamos: "El poder se ha centralizado, las di* 
* •visiones territoriales, que en las épocas pasadas 
"nos debilitar-on hasta hacernos sucumbir, se han 
"abolido. Ya no hay en Venezuela mías que una fa- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 231 



*'milia, una República, un Supremo Jefe. Este fué 
"el voto general de la Asamblea.' ' 

Y, sobre esta base, su proclama pomíposa no 
era inútil, era la aceptación de la responsabilidad 
con sus condiciones claramente expresadas : 

"Yo no he venido a daros leyes, pero os rue- 
""go que oigáis mi voz : os recomiendo la unidad 
<c áe Gobierno y la libertad absoluta, para no vol- 
"ver a cometer n absurdo y un crimen, pues no 
4 Apodemos ser libres y esclavos a la vez. Si formáis 
^.ma masa sola del pueblo, si erigis un Gobierno 
"central, y si os unis con nosotros, contad con la 
"victoria." 

La unión en torno de una autoridad central 
es la prenda del éxito; Bolívar pide lo mismjo que 
Morillo pedía al Rey: un solo comlando. Este quie- 
re derivarlo del Monarca, el Libertador del pueblo, 
pues agrega en su alocución: 

"Yo os autorizo para que nombréis vuestros 
"diputados en Congreso, sin otra convocación que 
*'la presente, confiándoles las mismas facultades 
soberanas que en la primera época de la Repúbli- 
ca." (8) 

La propaganda democrática del Corone? de 
• Milicias en 1 810 recibía la más alta sanción de Bo- 
lívar Libertador, que ponía en el alma venezola- 
na los principios de libre exámen de los problemas 
nacionales. 

Asi, y todo sería necesario combatir y el Jefe 
Supremo fijaba las normas de la lucha venidera , 
la guerra a muerte cesaría, si los españoles cesaban 



(8) O'Leary. Tomo XV. Documento 2?. 



232 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



en ella, sino se tomarían justas represalias y se* 
rían exterminados; los venezolanos nada tenían 
que temer y se considerarían siempre como ino- 
centes: 

Desde su llegada a Juan Griego, en menos de 
dos meses, Bolívar satisfizo sus compromisos y sus 
proyecciones internacionales ; cuadruplicó los contin- 
gentes de su expedición y, con maravillosa elasti- 
cidad, se fué ciñendo a los avances de su adver- 
sario, sin perder las ventajas militares de atacan- 
te ; robusteció el principio de autoridad, hasta don- 
de era posible en aquellas circunstancias, necesi- 
dad imperiosa, llave del éxito que venía recomen- 
dando a Brion en sus cartas de Jamaica, a todos 
en sus reuniones de Haiti, y que hacía sancionar 
por las Asambleas de Villa del Norte, en Margari- 
ta, y de Campano, en Costa Firme. A pesar de és- 
to, Piar y Mariño se le separaban ostensiblemente' 
y su escuadrilla, en el momento de realizar su pro- 
grama, se negaba a obedecerle. 

¿Qué haría ya embarcado en la nave capita- 
na? Una nueva concepción brotaría en su mente 
luminosa: el mismo la refiere en la siguiente car» 
ta escrita a Arismendi, al día siguiente de su par- 
tida : 

"Abordo de la Bolívar a 2 de Julio de 1816. 
"Las noticias que V. E. me ha comunicado de los 
'•'movimientos de la escuadrilla española me han 
"determinado a abandonar a Campano para míar- 
(< char rápidamente al corazón de Venezuela, a ter- 
"minar la guerra, privando al enemigo de todos" 
"sus recursos." 



LAS GÜERRAS DE BOLIVAR 233 



Esta es una casual de última hora, la verdade- 
ra está en el párrafo siguiente: 

"Este proyecto se ha desea "lelto siguier.do 
"el giro de las circunstancias; tanto (hay un va- 
4 'cío) política lo han exigido así. El suceso justifi- 
cará (hay un vacía). Si soy desgraciado en ella no 
4 i perderé más que la vida, porque siempre es gran- 
de emprender lo heroico." 

La política que ha llevado a algunos hasta los 
bordes de la traición, es la causa de una resolu- 
ción heroica. ''Voy, dice, a desembarcar a la cos- 
ita de Ocumare a la cabeza de 1000 hombres y an- 
otes de ocho días tomaré la capital, desde donde 
"marcharé al Oriente de Venezuela a auxiliar a 
los hermanos que quedan contendiendo por la mis- 
"ma causa. 

"Estoy cierto que esa isla ha sido evacuada 
"por los enemigos. Su Excelencia el Mayor Ge- 
"neral (Don Santiago Mariño) tiene orden de obrar 
"según las circunstancias en el Continente, o reu- 
"niéndose a V. E. 

"V. E. queda enteramente autorizado para eje- 
cutar (Hay un vacio) operaciones que sean más 
"útiles al servicio de la República." (9) 

Marchaba, pues, el Libertador de avanzada, a 
su propio territorio, no en busca de su querida ca- 
pital como objetivo, según afirma Mitre, sino como 
medio para llevar enseguida la guerra a Oriente 
y marchar, después, a la conquista de Angostara, 
en conformidad a las indicaciones que hemos co- 



(9) Lecuna. Papeles de Bolívar. Tomo I. Página 3. 



234 FRANCISCO ÉIVAS VICUÑA 



mentado anteriormente. Iba a la vanguardia, pe- 
ro no dejaba de proteger su retirada: Arismjen&i 
tenía prestigio propio y elementos que él le dio en 
Margarita ; Mariño y Piar obraban en Güiria y éxt 
Maturín en terreno favorable y bien dotados por 
el Jefe Supremo ; todos podían progresar en susr 
esferas de acción y, en cuánto a él, expelido de 
su centro por la presión del enemigo unida al vacío 
de s\is lugar-tenientes, o tendría un éxito y seguiría, 
su prograina que comunicaba a Arismendi o fraca- 
saría ,muriendo en la demanda, o acudiendo a re- 
fugiarse en la retaguardia de sus operaciones a 
cuyos mantenedores había dado instrucciones y 
elementos. 

Tales fueron los acontecimientos de los dos- 
primeros meses de operaciones de la expedición 
de los Cayos de San Luis. Una base militar se ha- 
bía asegurado: Margarita; una gran normja mo- 
ral adquiría el Libertador : sin la unión a toda 
trance, a sangre y fuego con los propios, no se con- 
seguiría la libertad; esta sería su lucha máxima, 
la que los demás libertadores del Continente sufrie- 
ron con menor intensidad y que desarrolló en Bo- 
lívar cualidades que otros no necesitaron para He- 
nar sus funciones. En los acontecimientos que se- 
guiremos narrando, vamos a encontrar nuevas ra- 
zones que justifican esa necesidad de rajando que 
no era en Bolívar ambición sino dictado de su res- 
ponsabilidad. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



235 



II 

EL DESASTRE DE OCUMARE. 

El 30 de junio de 1816 Bolívar embarcaba su 
expedición en Carúpano y, en la misma fecha, las 
guerrillas de Monagas y Zaraza concentradas en 
Punche y que habían aceptado al Libertador como 
Jefe Supremo, eran dispersadas por el Comandan- 
te realista Rafael López; Cedeño mantenía en la 
ribera sur del Orinoco sus posesiones al Occiden- 
te del Caura; Páez luchaba con el Gobernador de 
Barinas sin poder avanzar con sus partidas de lla- 
neros más al Oriente de Mantecal; Mariño y Piar, 
con los elementos que les diera Bolívar, se dedica- 
ban a em¡presas aisladas que iban a generar nuevas 
divisiones. 

El núcleo de mayor importancia por sus con- 
tingentes, por sus jefes y oficiales, por su material 
y, sobre todo, por quien tenía la dirección supre- 
ma, no había podido actuar por falta de la coopera- 
ción de los lugar-tenientes de Bolívar y se veía 
obligado a refugiarse en la escuadrilla de Brion 
para buscar carneo más propicio. Toda la verda- 
déra fuerza de la patria navegaba, el 1* de Julio, 
hacia Ocumare, al puerto del fracaso de Miranda, 
para tomar tierra en las comarcas donde el Liber- 
tador pensaba encontrar adhesiones, lealtades y re- 
cursos que le negaba el Oriente venezolano. Así, 
por lo menos, lo esperaba. 



236 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



Como las raíces de la planta que laboran la tie- 
rra y hacen converger la savia al tronco, los humil- 
des, por dar este calificativo a quienes ejercían co- 
mandos inferiores, se unían en torno del Liberta- 
dor; así lo habían manifestado Monagas, Zaraza 
y los firmantes del Acta de Cabrutica y también 
Cedeño; los grandes, las ramas robustas de la al- 
tura, se alejaban orgullosas del tallo central y, as- 
pirando a vida propia, iban a desequilibrar la es- 
tructura y darían con ella en tierra a no ser la 
solidez de la armadura; estas ramas viciosas eran 
Piar y Mariño. 

El enemigo común, por el contrario, trabajaba 
en las más perfecta armonía dentro de la unidad 
de comando ejercida desde lejos por el Teniente 
General Morillo. Desde que presintió la organi- 
zación de Los Cayos, el Conde de Cartagena daba 
órdenes a sus divisionarios para prepararse al 
ataque por mar y por tierra, instrucciones que eran 
cumplidas con puntualidad, con celo, con entusias- 
mo. 

En su cuartel de Ocaña, escribía al Ministro 
de Guerra de Madrid, con fecha 30 de Marzo: 

"Las provincias de Venezuela, y en especial la 
"isla de Margarita y la Guayana, me tienen con 
"cuidado, por cuya razón se han mandado salir de 
"Cartagena fuerzas de mar suficientes y he dis- 
puesto que el Coronel Morales con los granaderos 
"la compañía ele Guías y los reclutas que haya, 
"vaya a aquellas provincias, reuniendo en Mara- 
"eaibo los cazadores de la Unión y después los 
"de Barbas tro y Castilla, hasta que la caballería 
"y la artillería, menos necesaria, pueda seguirle. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 237 



11 'El nombre clel Coronel Morales en aquel país es 
"equivalente a varios batallones, es el terror de 
"los rebeldes y su marcha lo colocará en un punto 
"en que, si es necesario, haga frente a los que 
"quieran huir por Casamare; a Bolívar si quiere 
"desembarcar en Coro, y marchará a las Provin- 
cias Orientales si fuese preciso." (10 

Elige Morillo con especial tino el jefe que de- 
be oponer al Libertador, le da elementos y le traza 
los programas posibles de su acción, según sea el 
punto que Bolívar amague y que el ignora, temien- 
do su desembarco en cualquiera playa, desde San- 
ta Marta hasta la isla de Margarita. 

Y tan escrupulosamente como el Coronel Mo- 
rales ha de cumplir sus órdenes en Caracas el Bri- 
gadier Moxó. El Conde Cartagena da testimonio 
del desempeño del Capitán General interino en la 
siguiente carta al Ministerio de la Guerra, al co- 
municarle los desastres de Bolívar: 

"Estas ventajas se deben en gran parte a la 
"energía que ha desplegado el Brigadier Don Sal- 
vador Moxó. El solo hecho de haber armado, en 
"muy poco tiempo, una escuadrilla superior a la 
"enemiga, proporcionándose para ello todos los 
"recursos necesarios de que carecía, bastaba para 
"penetrarse del relevante mérito de este jefe, pe- 
"ro hay más que decir: sus providencias oportunas, 
''su previsión de los sucesos, la actividad y acierto 
"con' que se ha manejado, y, últimamente, el as- 



(10) A. Rodríguez Villa. Historia de Morillo* Tomo 
III. Doc. 536. 



238 



FRANCISCO R1VAS VICUÑA 



"cendiente que, por su justificación y virtudes, ha 
"tomado sobre los habitantes de aquellos dominios, 
"constituyen también una parte considerable de 
"la obra de la pacificación, y han restablecido el 
"orden y concepto público hasta el punto más de- 
cidido. Así lo prueba la extraordinaria circuns- 
tancia de no haber encontrado el rebelde Bolívar, 
¿< ni sus secuaces, el menor partido en los habitan- 
tes, dato con que principalmente contaban para 
"su empresa; antes por el contrario se han visto, 
"con general aplauso, en vez de facciosos, vasallos 
"fieles, tomar las armas con entusiasmo en defensa 
"de los derechos de su Soberano, dejando así frus- 
tradas, en el modo más vergonzoso, las esperan- 
Cas de aquéllos, y dando una prueba nada equívo- 
ca del aprecio que han merecido los dignos je- 
tes, oficiales y tropa por su conducta y comporta- 
"ción con los pueblos." (11) 

Auxiliado en todas partes por los destacamen- 
tos realistas, marchando por sendas que el Pacifi- 
cador había hecho reparar, Morales, que había re- 
cibido la orden de marchar sobre Venezuela des- 
de Ocaña en los primeros días de Abril, llegaba a 
Valencia tres meses más tarde, en el mismo día 
en que el Libertador desembarcaba en Ocumare* 
Una corta planicie y los Andes del Caribe, de fá : 
cil acceso, separaban al jefe español de Bolívar que 
había tardado igual tiempo para venir desde Haití, 
demorando 32 días en una navegación de calmas, 
contrariado por las resistencias de los subalternos 



(11) A. Rodríguez Villa. Historia de Morillo. To- 
mo III. Doc. 568. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



239 



va fueran ellos los jefas venezolanos o los corsa- 
rios de su escuadrilla. 

Pocas contiendas se han trabado con mayores 
caracteres de desigualdad; el representante delr 
Rey t>enía una organización completa y operaba 
en un terreno sometido por el terror; Bolívar ha- 
bía salvado de Carúpano unos 600 hombres y con- 
taba con el esfuerzo ele tenientes que se le mostra- 
ban lealmente adictos, descontando de ante?aana 
la simpatía de los pobladores del centro de la Re- 
pública, los que con mayor constancia y entereza 
le habían sostenido en sus anteriores compañas. 
Napoleón a su regreso de Elba contó también con 
el entusiasmo de sus soldados a quienes había pa- 
seado de victoria en victoria por los campos de la 
Europa y, a la verdad, la situación moral del Li- 
bertador era muy diferente ; sus compatriotas, aún 
recordando los fugaces resplandores de las glo- 
rias de Niquitao, de Taguanes y de Araure, tenían 
más cerca los días de luto y de miseria en que es- 
taban sumidos y, por grande que fuese su ambr a 
la libertad, se mostrarían recelosos, tímidos cuando 
menos, sobre todo en los centros más próximos a 
las grandes guarniciones realistas. 

Empero, y no se puede plantear la cuestión 
de otro modo, el problema militar consistía en in- 
troducirse al territorio ocupado por el enemigo,, 
con armas, con municiones, con elementos de pro^ 
paganda, con soldados en número adecuado para 
derrotar al realista por parcialidades, si era posi- 
ble, con un núcleo suficiente para proteger esos 
elementos y organizarse en el interior, si aquella 



240 



FRANCISCO RIVAS TICUNA 



láctica no tenía circunstancias favorables para su 
xealización. 

¿Por dónde abrirse comino hacia el deseada 
centro de organización? El Oriente venezolano no 
fué propicio para Bolívar y, a pesar de esto, su 
deseo era mantenerse, allí, lo m^ás alejado posible, 
por el momento, del centro realista a fin de incre- 
mentar y disciplinar sus fuerzas; con este criterio 
resolvió su expedición sobre Cumaná que no pudo 
realizar, en vista de las resistencias de los corsa- 
rios que formaban su Armada. 
y Sin perder de, vista su objetivo, penetrar en 
el territorio, se decidió por el primer punto vul- 
nerable hacia el Occidente, la rada de Ocumiare, dé- 
bilmente defendida. Desde allí, podía escalar las 
serranías de la costa y caer con un golpe de auda- 
cia sobre el centro de ios caminos de Valencia a 
Caracas, batir en escalones a los enemigos, gol- 
peando en ambos flancos, intentar la toma de la 
capital y, en una emergencia desgraciada, escurrir 
•se hacia los llanos altos o por los valles de Ara gira 
y. del Tuy. 

La escuadrilla de Brion enfrentó a Puerto Ca- 
bello el día 5 de Julio de 1816 y enmendó sus rum- 
bos para virar sobre Ocumare, cuyo meridiano ha- 
bía sobrepasado en cerca de 15 millas. Al día si- 
guiente, se largaban anclas en el puerto cuya •ocu- 
pación fué fácil pues el destacamento que lo guar- 
necía era pequeño y su comondante, tras una corta 
defensa, adoptó el sensato consejo de retirarse y 
comunicar el acontecimiento. 

En el propio día, se inició la descarga del par- 
que y demás elementos, incluso la imprenta que 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



241 



Petion obsequiara a Bolívar, y ya en la tarde se 
ejecutaban las siguientes órdenes del Libertador: 
1* El Coronel Soublette, con casi todas las fuer- 
zas, más de 500 hombres, marcharía sobre Maracay, 
con el objetivo de introducir tropas en los valles 
de Aragua, según lo consigna este jefe en el pri- 
mer boletín de su campaña; 

2* El Comandanto Francisco Piñango, con ofi- 
ciales y 30 hombres, se avanzaría al pueblo de Cho- 
roní para hacer la recluta y ocupar enseguida los 
desfiladeros de Curucuruma que dan acceso a la 
planicie valenciana por Maracay. 

Bolívar, con los escasos elementos que conser- 
vó a su lado, procuró reunir homíbres y pudo en- 
grosar su propio contingente con unos 200 patrio- 
tas. Aquí, como en todas partes, no perdía su 
tiempo y no cabe el reproche que algún historiador 
le hace de haberse entretenido en estériles procla- 
mas; sólo una dictó, hoja ele propaganda en que 
anunciaba la libertad de los esclavos, el término 
de la guerra a muerte y la constitución de un go- 
bierno representativo. 

El día 8, se presentaba Soublette en Maracay 
y derrotaba al destacamento realista de 60 Húsares 
de Fernando VII, procediendo a tomíar las infor- 
maciones necesarias a fin de continuar en el desem- 
peño de su delicada misión. Un correo rnetercep- 
tado le demostró la superioridad del enemigo y 
resolvió replegarse, por el camino de La Piedra, al 
pié de la cuesta de Ocum<are. 

Las noticias que obtuvo Soublette eran exa- 
geradísimas; lo cierto consistía en las órdenes de 
Moxó a don Pascual del Real y a Quero, para que 



242 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



avanzaran hacia Ocumare, y la marcha de Mora- 
les que, como ya lo hemos dicho, se hallaba en 
Valencia el 6 de Julio, 

Impaciente el realista, sin esperar sus refuer- 
zos, atacó en la tarde del 10 de Julio a Soublette 
y después de un tiroteo de dos horas, llegada la 
noche, se retiró el jefe patriota a las alturas de 
los Aguacates, en buen orden y comunicando lo 
sucedido al Libertador; Morales, por su parte, re- 
gresaba a San Joaquín de Mariara para dar des- 
canso a sus tropas y esperar auxilios. 

Empero, el Brigadier del Real no llegaba y 
Morales, a quien se había incorporado el Coman- 
dante don Manuel Bauza con tropas qüe traía de 
Puerto Cabello, se decidió a emprender el ataque 
contra las posiciones de Soublete, con los 700 hom- 
bres que había reunido. 

En su parte a Morillo, fechado dos días des- 
pués del encuentro, dice : 

"A las doce de la noche del 13 salí con 700 
" hombres dando la vanguardia con 350, que se 
"componían de dos compañías de la Unión y dos 
"del Rey, al Teniente-Coronel Don Manuel Bauza, 
"sargento mayor del primer cuerpo, y yo le seguí 
"con el resto del segundo, algunos voluntarios y 
"la caballería del país, previniendo de antemano 
"a este jefe que no se disparase un tiro hasta lie- 
"gar a las avanzadas enemigas." 

Con estas fuerzas veteranas debía resistir Soiu 
hlette que a escrito al margen de la relación de 
O'Leary : "La posición era muy buena, los que no 
"eran muy buenos eran los defensores, sobre todo 
"pocos y los oficiales muy malos." 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



243 



El Libertador había resuelto auxiliar a Sou- 
blette por un doble medio : llevando refuerzos di- 
rectos a las órdenes inmediatas de Anzoateguí y 
disponiendo que el Comandante Piñango, que ya 
tenía un buen destacamento reclutado en Choroní 
y en Chuao, distrajera elementos de las fuerzas 
realistas. Pudo Bolívar llegar al sitio de Aguaca- 
tes, pero Anzoateguí, cuyas tropas traían, además 
de sus armas y municiones, una provisión extra- 
ordinaria de 500 cartuchos, se vio retardado en su 
penosa marcha por los fragosos caminos de la sierra. 

Al amanecer del 14 de Julio se ponían en con- 
tacto las avanzadas: a las seis de la mañana se 
rompía el fuego, según el parte de Morales; a las 
7, el Comandante Bauzá dominaba la mitad de la 
montaña ; pero los patriotas resistían y fué pre- 
ciso que Morales entrara con sus reservas, consu- 
mando su triunfo a las 9 y media. 

Los independientes perdieron en la acción un 
tercio de sus tropas abandonaron 300 fusiles, mu- 
niciones, caballerías y otros pertrechos y se reti- 
raron en confusión y desorden, pudiendo, sin em- 
bargo, Soublete llegar al pueblo de Oeumare en 
3a tarde del mismo día 14 de Julio. 

Las pérdidas de Morales fueron también de 
consideración y la fatiga de su tropa ha debido ser 
extremada, pues no emprendió la persecución de 
los fugitivos sino con un gran retardo, llegando 
ya de na£he al sitio del Peladero, a tres leguas de 
Oeumare, donde instaló su campamento. 

De allí se movió a las siete de la mañana del 
15 de Julio y hacia medio día se posesionaba del 
pueblo y del castillo, guarnecía la plaza y colocaba 



244 FRANCISCO BIVAS VICUÑA 



destacamentos sobre los caminos de Choroní. En 
la playa desierta, abandonada, recogió 1000 fusi- 
les empaquetados, 60,000 cartuchos, 6 quintales de 
pólvora, 32.000 piedras de chispa, balas y moldes 
para fabricarlas, lanzas y la imprenta obsequiada 
por el generoso Presidente de Haití ; en una lan- 
cha que se balanceaba sobre sus amarras en aque- 
lla soledad encontró dos carroñadas de a 24. 

¿Que había pasado? "Esta banda de homjbres 
"delincuentes, dice Morales, que llegaron a la playa 
"de Ocumare, creyéndose absolutos poseedores de 
"Venezuela, que orgullosos y desordenado^, pe- 
netraron hasta el mismo Maracay, sin acordarse 
"que las armas del Rey castigarían sus delitos,, 
"han desaparecida como el humo..." (12) 

Con la vanidad del éxito, el afortunado Mora- 
les veía perderse en el horizonte a los patriotas co- 
mo el humo; pero era más acertadamente la co- 
lumna, no de humo sino de nubes en el día y de fue- 
go en la noche, que según el relato bíblico guiaba 
a los israelitas escapados del yugo de Faraón; no 
habían desaparecido,lejos de eso,mlarchaban compac- 
tos, unidos a desempeñar la misión que les confiara 
el Libertador y que un historiador español con- 
temporáneo sintetiza en esta frase: 

"Parece que en esta ocasión no desplegó el 
"Capitán General Moxó toda la energía necesaria 
"para exterminar a esta despechada columba, que 
"fué la base de las tropas que se apoderaron su- 
cesivamente de la Guayana y arrancaron la atu 



(12) A. Rodríguez Villa. Historia de Morillo. To* 
rao III. Doc, 501. 



LAS GUERRAS, DE BOLIVAR 245- 



'Maridad real de las provincias de Venezuela," (13) 
Por no alterar cierta fraseología histórica que 
se impone en fuerza de la costumbre, como los di- 
chos vulgares se infiltran en el lenguaje, hemfcs 
titulado este párrafo El Desastre de OciBnjare r 
cuando en realidad hemos debido llamarlo : La pri- 
mera expedición de los Cayos penetra en Venezue- 
la, lo que es la expresión de un éxito y no de un 
desastre. 

Don Bartolomé Mitre ha dicho sobre esta ac- 
ción de Ocumare y sobre su jefe: "Esta extraña 
resolución, da una muestra de la inexperiencia es- 
tratégica del General Su conducta, poco va- 
lerosa, en esta ocasión, hizo más deplorable este 
"grave error, con daño de su fama y de su cau- 
sa." (14) 

Nos encontramos en frente de dos juicios: 
favorable el uno y adverso el otro, aquel de ua 
escritor español, éste de un ilustre sud-amiericano. 
Nuestro criterio nos inclina a la primera aprecia- 
ción, y la razón la encontramos en la absolución 
de estas posiciones como se dice en lenguaje de to- 
gados. 

—i Cuáles son los hechos culminantes de la 
tentativa de - Ocumare ? 
A esto se responde: 

La pérdida de la batalla de los Aguacates y 
de una parte del parque del Libertador. 



(13) Torrente. Revolución Hispano-Amerícana. To- 
mo II. Capítulo XVIL 

{14) Emancipación Sud-Americana. Tomo V. Capitula 



246 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



— ¿Qué consecuencias tuvo la derrota de Agua- 
cates í 

Los hechos contestan s 

Bolívar reunió a sus dispersos y les dio instruí 
tíones tales que logró su objetivo : introducir jefe*, 
oficiales, algunas tropas y pertrechos en el terri- 
torio de su patria. 

El objetivo estratégico se había alcanzado con 
el precio de un combate perdido y, así, si el acciden- 
te que es la batalla, fué un fracaso, lo principal, 
la campaña misma, resultó un éxito. 

Tan pronto como regresaron los fugitivos de 
Aguacate, Bolívar, sin dejar de mantener su si- 
tuación con las órdenes que diera a Piñango, cele- 
braba una entrevista con el Coronel Mac-Gregor y 
en ella se acordaba que este jefe avanzara a Cho- 
roní, a donde le seguiría el resto de la columna, 
para continuar por el camino más a propósito para 
marchas de infantería en demanda de los guerri- 
lleros de las provincias orientales. 

Hay constancia de estas instrucciones del Li- 
bertador en el Boletín número 1, del archivo de 
Soublette, que se regocija de haber llegado a La 
Victoria y dice : J 

"Jamas pudo concebirse plan más difícil ni 
"de mayores riesgos que el que el Jefe Supremo 
"ha confiado a la división del centro; pero al mis- 
"mo tiemípo, debo decirlo en su honor, jamás po- 
"drán encontrarse hobres más capaces de ejecu- 
tarlo." ■ 

Y luego, un mes después, en el campamiento 
de San Diego de Cabrutica, cuando ya se han lógra- 



LAS Or¥ERRAS DE BOLIVAR 247 



do muchos de loa propósitos de Bolívar, describe 
-en su boletín número 3: 

"El 3 de Agosto se continuó la m&reha, el 6 
"entramos en Santa María de Ipire, en donde ya 
-"nos aguardaba el General Zaraza, con toda su ca- 
ballería, y el 10 llegámos a San Diego de Cabru- 
•"tica, lugar señalado por el General en Jefe para 
•''realizar las órdenes e instrucciones del Jefe Su- 
"premo." 

Con mayor precisión se consignan las instruc- 
ciones del Libertador en él boletín número 4, redac- 
tado en Aragua, el 8 de Septiembre y que dice: 
"Verificada la reunión de los cuerpos de los gene- 
erales Monagas y Zaraza, confornije a las órdenes 
"del Jefe Supremo, se puso la división en mar- 
ocha del Cuartel General de San Diego el 25 de 
" s ■ Agosto por la mañana con dirección a Aragua.' 9 
.(15) 

Hemos anticipado estos, datos de sucesos pos- 
teriores para comprobar con ellos que el Libertador, 
derrotado en la mañana del 14 de Abril, ya en la- 
tarde había dado instrucciones que eliminaban la 
influencia de un combate perdido y que le permitía 
realizar, como lo hizo por medio de sus lugar-te- 
nientes, su objetivo estratégico. 

A las 5 de la tarde, dice Soublette, salió Bolí- 
var para el puerto y quedó de volver entre 11 y 
12 de la noche a dar sus últimas instrucciones; se 
le esperó inútilmente, el Libertador no regresaba 
y la columna, ceñida extrictamente a sus instruc- 
ciones, emprendió la marcha sobre Choroní, a las 



(15) O'Leary. Tomo XV. Documentos. 44, 46 y 47. 



248 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



dos de la mañana del 15 de Julio, mientras Morales 
y sus tropas victoriosas dormían en el camrpamen- 
to del Peladero, 

De aquí la soledad, los patriotas hechos humte, 
que encontrara el vencedor da Aguacates en el pue- 
blo de Ocumare: se habían marchado en obedeci- 
miento preciso a las instrucciones del Jefe Suprema 
que al fin. lograba su propósito. 

Desiertas las playas, también lo estaba la rada 
y ello era debido a una serie de circunstancias de es- 
ta semana de angustias en Oeumjare que, si es una. 
tragedia en la vida del Libertador, es por eso mis- 
mo y por sus consecuencias una corona más en su& 
sienes. 

Apenas desembarcado el ejército con sus per- 
trechos, el Almirante Brion y sus capitanes, desa- 
lentados tal vez por los resultados económicos de 
la expedición, movidos por la necesidad de proveer- 
se de víveres y anhelantes de seguir en busca de 
presas enemigas, se alejaron de Ocumare, hacia 
Curazao, dejando en el puerto dos embarcaciones 
mercantes y el bergantín de guerra Indio Libre, 
todo bajo el mando del Mayor de órdenes, capitán 
de fragata Villaret. 

La columna expedicionaria quedaba en ^sal- 
vo, marchando plegada a la costa, o por lo menos 
on comunicación con élla hasta Choroní, a donde 
pensaba llegar el Libertador, llevando el parque 
en la escuadrilla de Villaret. Choroní mora unas 
20 millas al Levante de Ocumare y, si Bolívar lo- 
graba embarcar su parque y levar anclas en la tar- 
de y noche del 14 de Julio, podría estar en aguas 
de Choroní en la mañana del 15 y reunirse a las 



LAS QUERRAS DE BOLIVAR 249 



tropas de Mae-Gregor para entregarles armamen- 
to y municiones, seguir con ellas si la situación lo 
exigía o embarcarse nuevamente para incrementar 
los auxilios del exterior. 

Al llegar al puerto dispuso el Libertador que 
se cargara, el parque en el Bergantín de la Repúbli- 
ca, Indio Libre, instrucción que el Mayor de ór- 
denes cumplió en diferente forma, pretestando la 
falta de confianza en el capitán de esta nave, y 
remitiendo los pertrechos a bordo de las naves 
mercantes. 

Sin terminar esta operación, Villaret se em- 
barcó sin dar aviso al Libertador; no saltó a tie- 
rra al ser llamado por el Jefe Supremo y expuso 
que los elementos que aún estaban en las playas, 
los que capturaron después las tropas de Morales, 
no los ponía en su nave por la desconfianza ya di- 
cha, circunstancia también que le obliga a perma- 
necer a bordo. 

El Comandante Salom refiriéndose a este su- 
ceso, escribió al General O'Leray, cuando redac- 
taba sus Memorias, en» los siguientes términos: 

6 ' Como ignoro absolutamente el nombre del 
"oficial francés que quedó mandando el castillo de 
''Ocumare durante las operaciones, convengo^ con 
"el que da el Señor General Soublette (Villaret); 
"sin embargo, extraño cómo dejó el Señor general 
"Brion a este individuo en tierra siendo él mayor 
"general; el caso es que fué un cobarde, que prefi- 
"rió ocupar los botes, desde la oración hasta que se 
"hizo a la vela, en transportar una porción de ne- 
"gras francesas con sus hijos y equipajes y a otros 
" subalternos que le acoiiipañaban, a salvar una 



250 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



" porción de armamento y municiones que queda- 
ron abandonados en la playa." (16) 

En medio de la confusión que debía producir 
la noticia del desgraciado encuentro de Aguacates, 
anarquizados los corsarios que no veían sus pro- 
vechos y de quienes Brion se había separado para 
aprovisionarse o correr los mares en busca de pre- 
sas, perdida toda disciplina, Bolívar no lograba 
hacerse obedecer y, cualquiera que hubiera sido la 
situación posterior, su deber era embarcarse, ha- 
cer una última tentativa para mantener la obedien- 
cia militar, ordenando que se enviaran botes a re- 
cojer el cargamento abandonado, y permanecien- 
do en su lugar de comando para garantir el cunr- 
plimiento de sus instrucciones y salvar los elemen- 
tos para la defensa de la libertad, valores que po- 
dían tentar la codicia de los corsarios como lo te- 
mía Villaret y como realmente aconteció. 

Es posible que este Capitán de Fragata proce- 
diera entonces como lo dice la carta de Salón!; pe- 
ro la dureza de este juicio no excluye la hipótesis 
de que el Mayor de órdenes, entre perder su barco 
y el armamento, optara por lo segundo, conservan- 
do un elemento de movilización y también de vigi- 
lancia sobre las otras dos naves que llevaban los 
demás pertrechos. Hasta este momento, pues, na 
hay responsabilidad alguna que afecte a Bolívar 
ni que venga en desmedro de su actuación. 

En medio de esta horrible situación, llegó al 
puerto su ayudante de campo, Isidro Alzuru, des- 
tacado cerca de Saublette; con visible emoción co- 



(16) O'Leary, Narración. Tomo L Capítulo 16. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 251 



mímico al Libertador que las tropas de Morales es- 
taban entrando en Ocumare y que la división pa- 
triota se ponía en marcha, preeipitadamfente, so- 
bre* Choroní. Semejante nueva, que debió ser co- 
municada en reserva para no aumentar el desor- 
den, fué por todos sabida, llegando la anarquía a 
su colmo, arrojándose las gentes a nado para lle- 
gar a los barcos y desesperado Bolívar en su im- 
potencia para obligarlos a conducir sus pertrechos 
a bordo. Su objetivo era la conservación de estos 
elementos y también de sus naves y tomó el camino 
que su deber le dictaba : embarcarse, empujado por 
las circunstancias, 

Alzuru regresaba a Ocumare con algunos je- 
fes y oficiales patriotas ; al saber Soublette la fal- 
sa información transmitida, envió al Comandante 
Borras a rectificar los hechos. La noticia que él 
dio decía que sus exploradores señalaban los fue- 
gos del campamento enemigo en la montaña y que 
la división se pondría en marcha sobre Choroní a 
las 2 de la madrugada del 15 de Julio. 

Es fuera de duda que, en mérito de este da- 
to fidedigno, sabiendo Bolívar y los marinos que 
las tropas estarían en el puerto protegiendo sus 
operaciones hasta las 2 de la mañana, se habría 
procedido con orden al embarque de tropas nece- 
sarias, de refugiados y del parque, navegando en 
seguida hacia Choroni para efectuar su reunión 
con la columna expedicionaria. 

Fué pues una noticia , adulterada, obra de la 
traición de su ayudante de campo, una de las can- 
sas del embarque de Bolívar; al llegar Borras al 
puerto, las tres naves de Villaret habían levado an- 



252 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



cías y se disponían a partir. Las tropas libertado- 
ras seguirían su destino, el que le marcaban las 
instrucciones de Bolívar, y éste continuaría en suj 
empeño de reunírseles en Choroní, y si fracasaba, 
dallaría en su desastre nuevos impulsos para no ¡ 
desmayar. 

En el Consejo de oficiales tenido en Ocumare, 
ellos juraron que no se reembarcarían y expresa- 
ron su deseo de que el Libertador se embarcase, 
no exponiéndose a los azares de una marcha peli- 
grosa . ."Aunque nosotros nos perdiésemos, dice 
Soublette en Carta a O'Leary, si él se salvaba no 
"se perdía la esperanza de libertar la patria; esta 
"fué una hermosa lucha en casa de S. E. quien no 
"quiso ofrecernos que se embarcaría y, por el con- 
trario, preparó una pequeña maleta y mandó su 
"equipaje a bordo, y al ser ya de noche se fué a la 
"playa con el objeto de activar el embarque." 

Estos recuerdos del entonces Coronel Souble- 
tte establecen que los subalternos de Bolívar le 
garantizaban el éxito de las operaciones ordenadas 
por él, aún sin su presencia, y también que el Li- 
bertador se mantenía fiel a su deber de marchar 
con los suyos y firme en su propósito de reunir todos 
los elementos, hombres y materiales, en Choroní. 
Si el embarque no presentaba dificultades y si te- 
nía seguridades de que los marinos cumplieran sus 
órdenes, volvería entre 11 y 12 de la noche para 
incorporarse a su columna, como cuenta Souble- 
tte; si las circunstancias eran desfavorables y 
ofrecían algún peligro, se embarcaría él mismo pa- 
ra forzar el cumplimiento de sus instrucciones y 
la realización de su plan. 



LAS GFERRAS DE BOLIVAR 253 



Fué este último caso el que se presentó, agra- 
dado por la culpable actitud de Alzuru y fué de- 
bido a estos acontecimientos que el realista Mora- 
les encontró desiertas las playas y las aguas de 
©clamare; pero los patriotas no se habían hecho 
Mmo: unos marchaban por tierra a llenar su mi- 
sión sin su jefe, quien todavía iba a tratar de cum- 
plir su parte de programa, acercándose a Choroní. 

Al amanecer del 15 de Julio, el Libertador or- 
denó la derrota sobre este punto; Villaret la tomó 
con su bergantín, pero las goletas que llevaban los» 
pertrechos pusieron rumbo a Bonaire, pequeña is- 
la vecina a Curazao. Intimóles su regreso Villa- 
ret, haciéndoles fuego, sin hacerse obedecer. La 
lucha era peligrosa, podía acarrear la pérdida mis- 
ma de lo que se deseaba salvar, y Bolívar, atado a 
su destino, siguió las aguas de los transportes re- 
beldes hasta fondear junto a ellos en Bonaire. 

Allí negoció con sus capitanes desde el 16 has- 
ta el 18 la entrega de su cargamento; negáronse 
estos, alegando que los retenían para pagarse de 
las cantidades que se les adeudaban. Ofreció Bo- 
lívar dejarles la cuarta parte, más los corsarios 
pretendían el total y las discusiones habrían ter- 
minado con un nuevo fracaso para el Libertador 
sin la oportuna llegada desde Curazao de la flota 
-de Brion. Devolvieron los transportes el parque 
que reclamaba el Libertador y, el 19 de Julio, la 
escuadrilla tocaba en Choroní. 

¡Una nueva desgracia! El punto estaba ya 
ocupado por los españoles; hacía tres dia& qíue 
Mac-Gregor habia pasado por allí! Una esperan- 
za más alienta al Libertador y pone velas sobre 
17 



254 



FRANCISCO RIVAS VIGILA 



Chuao, al Oriente de Choroní ; allí sabe que su co- 
lumna expedicionaria se había internado en Jo» 
valles de Aragua y se resuelve a regresar a Bonai- 
re, por el momento. El quedaba aislado en el mar 
Caribe, y en el propio día en que se alejaba de Chuao 
con rumbo a Bonaire, el 19 de Julio de 1816, su co- 
lurtfua, la que llenaba su objetivo estratégico, se 
posesionaba de La Victoria, en los valles de Ara- 
gua. 

La jornada de Ocumare, la campaña de ocho 
días, era un éxito para la patria, y una amargura 
para Bolívar; lo primero era el pensamiento del 
Libertador y, si el precio era lo segundo, daba por 
bien empleadas sus tribulaciones ya que todo, to- 
do en las más amplia acepción del vocablo, lo te- 
nía dado de antemano por la causa de la emanci- 
pación y de la república. 

A los antecedentes que hemos citado y ana- 
lizado para juzgar este episodio tan discutido do 
las campañas de Simón Bolívar, vamos a agregar 
sus propias referencias contenidas en carta escri- 
ta m'uchos años después, el 6 de Marzo de 1830, 
a don José Fernandez Madrid, en aquellos días de 
dolor, cuando le acechaba la muerte, circunstan- 
cias en que los hombres, ante la serenidad que ins- 
pira la contemplación del vacío eterno, dejan libre 
de trabas de ambición o de amor propio el camino 
de las declaraciones sinceras y ceñidas a la verdad. 

Quinto.— Asegure Ud. dice el Libertador a 
'* Fernandez Madrid, que no he dado un paso en la 
" guerra, de pVudencia o de razón, que pueda 
"atribuirse a cobardía. MI cálculo ha dirigido mí» 
"operaciones en esta parte, y aún más, la audacia. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



255 



"El hecho de O enmare es la cosa más extraordina- 
"ria del mundo; fui engañado a la vez por un ede- 
cán del General Mariño que era un pérfido, y por 
"los marinos extranjeros que cometieron el acto 
"más infame del mundo, dejándome entre mis 
"enemigos en una playa desierta. Iba a darme un 
"pistoletazo, cuando uno de ellos (Mr. Bidan) vol- 
"vió del mar en un bote y me tomó para salvarmie. 
"Este hecho necesita una explicación detallada.' 3 ' 
(17) 

En un momento de suprema angustia, ante 
aquella multiplicidad de traiciones, el Libertador 
desfalleció un instante, pretendiendo ¡arrancarse 
la vida, circunstancia que sus historiadores no con- 
signan y que no hace sino dar m£vyor relieve al 
cuadro en que actuaba aquel hombre que no se 
dejó abatir ni el año 12, tras la prisión de Miranda 
ni en 1814 cuando las vejaciones que le impusie- 



(17) Estas declaraciones de Bolívar sq encuentran 
en una carta cuya comunicación debemos a la bondad' 
de nuestro excelente amigo, el eminente historiador ve- 
nezolano, Doctor don Vicente Lecuna. La carta del Li- 
beratdor, dirigida al Señor José Fenández Madrid y fe- 
chada el 6 de marzo de 1830 en Fucha dice así: 

Mi estimado amigo, recibí a su tiempo la última 
carta de usted del correo pasado y por la cual queda 
instruido de que los señores que han comprado las mi- 
nas piden nuevos documentos, lo que usted no me indi- 
ca ni yo puedo adivinar. El hecho es que mi situación 
se está haciendo cada día más crítica, sin tener espe- 
ranzas siquiera de no'der vivir fuera de mi país de otro 
modo que de mendigo; pues no vendiéndose las minas 
puedo sufrir alguna confiscación de parte del gobierno 
de Venezuela, poroue tál es el encobo oue hay contra 
mi de parte de aquellos jefes. Todo esto considerado, 



256 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



xan Piar y Rivas, ni en 1815 ante la tempestad de 
pasiones de Cartagena, y que desmaya ahora, en 
1B16, ante la doble traición de uno de sus oficia- 
les y de los corsarios de su escuadrilla. Pasó la 
nube que, momentáneamente, oscureció la mirada 
del Libertador y luego, a bordo, se dedicó a seguir 
su programa de unirse a los suyos, llevándoles su 
parque y su dirección como lo heñios visto. 

Esta primera tentativa fracasada no ába a 
desalentar al Libertador; aún trataría de unirse 
a los suyos por algún punto vulmerable de la Cos- 
ta Firme, aunque fuera en el territorio donde ac- 
tuaban los patriotas que más hostiles se le mani- 
festaban, Mariño y Piar. Tras breve descanso en 
Bonaire, muy breve, partió con rumbo a Güiria 
en el Golfo Triste, llevando dos goletas, una de las 
cuales era la Mariño que había formado parte de 
la expedición de Los Cayos. Le acompañaban su 



me atrevería a indicar a usted que tiente a este caba- 
llero para ver si logra que él represente mis derechos co- 
mo nuevo propietario de las minas, dándose como ya po- 
sesionado de ellas a virtud de haberse cumplido el con- 
trato por ambas partes; y como dicho comprador posee 
un contrato muy anticipado a esta revolución, nadie ten- 
drá derecho de poner obstáculos a esta venta perfecta. 

Es en vano advertir a usted que debe consultar el 
punto con un abogado para que se den los documentos 
-correspondientes en favor de cada parte, tomando noso- 
tros cuantas seguridades sean dables para no dejarnos 
engañar de modo alguno y cobrar a su tiempo el valor 
correspondiente. 

El congreso sigue sus tareas y ya ha concluido el 
proyecto de constitución, que es muy republicano y li- 
beral, propio par aagradar a todos los partidos modera- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



257 



secretario privado, José Gabriel Pérez, algunos 
oficiales y tres señoras que, según Ducoudray Hols- 
tein, eran Josefina Machado, favorita oficial de Bo- 
lívar, que viajaba con su madre y una hermana. 

La travesía hasta Güiria necesitaba una na- 
vegación de seis u ocho días y, la escasez de recur- 
sos del Libertador no le permitió acumular víve- 
res sino con mucha parsimonia, con extricto arre- 
glo a la duración probable de su crucero ; mjas, 
al enfrentar el puerto de La Guaira, la presencia 
de naves españolas de guerra, le obligó a enmendar 
su rumbo hacia el Norte, siendo arrastrado hasta 
el grupo de las islas Vírgenes. La Marino navega- 
ba aislada, habiéndose extraviado la goleta que le 
servía de convoy ; encalla en la extremidad orien- 
tal de la Isla Vieque, la más inmediata a Puerto 
Rico, y en tan penosa situación tuvo la fortuna 
de apresar a un barco español que doblaba aque- 

dos. Dentro de un mes debe ertar sancionada la cons- 
titución, y para entonces se harán nuevas elecciones de 
presidente y vicepresidente de la república. También 
entonces se sabrá el resultado de la misión que ha 
mandado el congreso a Venezuela, la que probablemente 
no traerá ningún resultado importante sino repet icio- 
lies de los actos anteriores. El congreso en vista de 
esto decidirá si se declara o nó la separación de ambos 
países; en lo que habrá poca duda porque parece que 
la opinión pública está por evitar la guerra. 

Desde luego debe usted contar con que yo no seré 
más presidente sea lo que fuere y que me pondré en po- 
sesión de no sufrir más vejaciones saliendo del país, cor 
animo de seguir a donde pueda, según mi escasa for- 
tuna. Sobre este punto sabrá usted más en el correo» 
«jue viene. 

Había pensado remitir a usted los documentos de mi 



258 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



líos contornes. Con la ayuda del capitán y de la 
tripulación del buque apresado, logró Bolívar re- 
flotar su bareo. En premio de su auxilio, hizo gra- 
cia de vidas y haciendas a sus prisioneros, sin otra 
condición que el compromiso de llevar a San Tho- 
mas a las tres damas que tantos peligros habían co- 
rrido. 

Hay quienes atribuyen a la presencia de es- 
tas señoras a bordo gran influencia en los actos de 
Bolívar al abandonar a Oeumare. El propio Sou- 
Mette. en su carta a O'Leary sobre estos aconteci- 
mientos le dice: fí En este suceso se mezcló el amor, 
"y Üd. sabe que Antonio, sin embargo del peli- 
"gro en que estaba, perdió momentos preciosos al 
"lado de Cleopatra." 

Difícil es documentarse sobre asuntos tan pri- 
vados y de tanta delicadeza como éste ; solo pode- 
mos atenernos a recuerdos y a tradiciones que se 



vida pública pero lie sabido por el coronel Wilson que 
el general, su padre, tiene la obra en 16 volúmenes, y que 
puede usted pedírselos prestados para poder responder 
a las calumnias que están prodigando contra mí. No 
vacile usted en negar positivamente todo hecho contra- 
rio a lo que usted conoce de mi carácter. 

. Primero. Nunca he intentado establecer en Colom- 
"bia ni aun la constitución boliviana tampoco fui yo quien 
lo hizo en el Perú; el pueblo y los ministros lo hicieron 
espontáneamente. Sobre esto lea usted el manifiesto 
de Pando, de aquel tiempo, que no ocultaría nada por 
favorecerme. 

Sgundo. Todo lo que es pérfido, doble o falso que 
se me atribuye, es completamente calumnioso. Lo que he 
"hecho y dicho, ha sido con solemnidad y sin disimulo al 



LAfl GUERRAS DE BOLIVAR 259 



perpetúan en las familias. Parece indudable que 
la favorita del Libertador deseó seguirlo al destie- 
rro después de su desastre de 1814; no sabemjps si 
lograría ir a Nueva Granada, y lo cierto parece 
que se asiló en San Thomas, isla danesa donde ha- 
bía emigrados venezolanos de gran importancia 
social. EL Libertador habría deseado regularizar 
su situación con su abnegada amiga J la hizo ve- 
nir desde San Thomas a la isla Beata, punto de 
reunión de la expedición equipada en Los Cayos, 
al desprenderse de las costas haitianas. 

Siguió, pues, este grupo de damas la Odisea 
de Bolívar en el Caribe, en Margarita, en Carúpa- 
210 y en Ocumare, en busca de la felicidad definiti- 
va y consagrada por los ritos religiosos exigidos 
por la sociedad. La salud de estas señoras, y en 
especial de lft favorita, de Doña Pepa, como se la 
llamaba, debió resentirse de los dolores materiales 



gimo. 

Tercero. Niegue usted redondamente todo acto cruel 
contra los patriotas, y si fui alguna vez con los españo- 
les fué por represalia. 

Cuarto. Niegue usted todo acto interesado de mi 
parte y puede usted afirmar sin rebozo que he sido mag- 
nánimo con la mayor parte de mis enemigo». 

Quinto, Asegure usted que no he dado un paso en 
la guerra de prudencia o de razón que se pusda atribuir 
a cobardía. El cálculo ha dirigido mis operaciones en 
esta parte, y aún más, la audacia. El hecho de Ocuma- 
re es la cosa más extraorinaria del mundo; fui engaña- 
do a la vez por un edecán del general Marifio que era 
un pórfido, y por los marinos extranjeros que cometie- 
ron el acto más infame del mundo dejándome entre mis 
«nemigos en una playa desierta. Iba a darme un pisto- 



260 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



y de las angustias morales que sufrían y nada hay 
de vituperable en la solicitud que para con ellas 
guardara el Libertador; con ello no hacía sino 
•cumplir con las leyes del honor como caballero. 

Es natural, en virtud de este concepto, que Bo- 
lívar se preocupara de la suerte de sus acompañan- 
tes, a las cuales debía tanta abnegación y a una de 
ellas especial cariño; pero si hubiera sido el amor, 
como cuenta Soublette, la casual determinante de 
su embarque en Ocumare, no habría pensado en sui- 
cidarse, como lo dice la carta de Bolívar a Fernán- 
dez Madrid, sino en reunirse al objeto amiado. 

La presencia de estas damas fué solo un proble- 
ma más para Bolívar en Ocumare, pero no influya 
en sus determinaciones en conformidad al plan que 
se trazara con sus oficiales en la tarde del día in- 
fausto de los Aguacates. Darles seguridades del 
porvenir fué su objetivo y, en medio de sus tribu- 

letazo, cuando uno de ellos (Mr. Bidan) volvió del mar 
en un bote y me tomó para salvarme. Este hecho nece- 
sita de una explicación detallada. 

En fln, querido amigo, los documentos de mi vida 
dan bastantes medios de defensa, aunque? faltan la ma- 
yor parte de los primeros períodos de mí historia; mas^ 
como son los últimos años los que más atacan encontra- 
rá usted siempre argumento en los hechos que se han 
visto y están escritos. 

Remito a usted la gaceta de hoy por la cual se in- 
formará de algunas explicaciones satisfactorias y verá; 
al mismo tiempo que he dejado el mando al señor Cal- 
cedo con motivo' de los males que padezco aunque no son 
grares. No volveré a tomar mas el mando porque ya' 
me es insorpotable bajo todos resnectos. Por fortuna no> 
sf> dirá n"e he abandonado la patria, siendo ella? la que* 
ha renegado del modo más escandaloso y criminal que 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 261 

laciones, falto de víveres, debiendo dedicarse *a 
ejercer de pirata, como dice el ilustre historiógrafo 
venezolano, don Manuel Segundo Sánchez, aprove- 
chó la primera circunstancia para' restituirlas a las 
tranquilidades de San Thomas y continuar solo en 
su marcha hacia lo desconocido. 

Al narrar estos hechos, el autor recién citado, 
en un apunte inédito que ha tenido la bondad de 
comunicarnos *on el título dry "Bolívar Pirata' \ 
agrega : 

''Los víveres urgen y hay que obtenerlos a 
"toda costa. Bolívar y sus compañeros se inter- 
inan en la isla dispuestos a emplear la fuerza, si 
"necesario fuere, ya que por encontrarse en terri- 
torio enemigo, no pueden contar con *a buena vo- 
luntad de *os moradores. Ocupados se hallaban 
"en tales andanzas, cuando se avistan con un gru- 
"po de gente armada con la que se tirotean, ^a- 

se ha visto nunca. Yo no soy tan virtuoso como Foción, 
pero mis servicios me igualan con él ; y sin embargo 
de que no me creo tan desgraciado como aquel, algo se 
parece la ingratitud de nuestros conciudadanos. 

El general Ibarra acaba de llegar de Venezuela, 
donde ha podido observar la opinión pública con bastante 
detención; me asegura que todo el pueblo está en mi 
favor, no siendo más que unos pocos intrigantes favo- 
recidos del terror los que han causado la revolución. 
Esto no parecerá creíble sino a los que conocen el pue* 
blo americano. Eche usted la vista sobre todo nues- 
tro continente y verá la misma cosa; antes la historia 
nos había enseñado el influjo de los oclócratas de la 
Grecia y Roma. Con estos ejemplos no hay nada que 
esperar más. 

Adiós, mi querido amigo, conserve usted su salud' 
y créame su mejor amigo de corazón. — Bolívar." 



262 



FRANCISCO RIVAS VICTfÑA 



"rios muertos y heridos van quedando en el eam- 
"po, antes de reconocer a los adversarios, que no 
"son sino los tripulantes y la guarnición de la go- 
"leta amiga, quienes, habiendo recalado en *a otra 
'"extremidad ele la isla Vieque, empiean el tiempo 
"en recoger ganado y provisiones, de que igual- 
emente carecían. Juntos continuaron los amigos 
"contendores, explorando el terreno, empresa que 
"les proporciona algunas reses, arroz, maíz, etc. 
"El grande hombre que a todo estuvo expuesto 
"por la lib&rtad de América, ejerció de Pirata en es- 
"ta ocasión, anulando con la celeridad de su de- 
'" cisión inquebrantable una de ías tantas y terri- 
<É bles pruebas a que in ees a-nt emente le sometió su 
"combatido y milagroso destino. 

"De Vieques sale Bolívar para Güiria, a don- 
"de llega el 16.de Agosto." 

Poco había adelantado en ese puerto el gene- 
ral Marino en sus organizaciones desde el l 9 de Ju- 
lio en que le anunciara el Libertador su determina-^ 
eión de dar nuevos rumbos a la campaña, a causa de 
la tardanza en enviarle las tropas necesarias para 
acometer a los realistas que le cercaban en Carúpa- 
íio por mar y por tierra. El Segundo Jefe del Ejér- 
cito, ene aspiraba desde antiguo a una especie de 
satrapía en el Oriente Venezolano, había recibido 
un auxiliar poderoso para sus pretensiones; era 
éste el General Bermúdez cuya actitud contra Bo- 
lívar se había manifestado en el desastre de Aragua, 
en 1814, y se acentuó aun más en *os días de per- 
manencia en San Luis de Los Cayos, viéndose el 
Libertador obligado a dejarle en ese puerto, a fin: 
de eliminar un elemento de discordia. Bermúdez 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 263 



logró con auxilio de Petion, regresar al Continen- 
te y actuaba con Marino, inspirándose ambos en 
mi política personalista. 

Eefiere el historiador Colombiano, don José 
Manuel Restrepo, que Bolívar propuso a *os jefes 
«de Oriente *a unión de sus fuerzas y elementos pa- 
ra dirigirse a Maturín, buscar a Piar y continuar 
juntos a posesionarse de la Guayana. Era un plan 
acertado que nos complacemos en rememorar, con 
la autoridad de Restrepo, pues estas ideas de Bo- 
lívar expresadas en Güiria son una confirmación 
•de las que insinuó al gobernador de Los Cayos al 
despedirse de él, dando a entender que marcharía 
isobre la provincia de Guayana, como *o realizó 
*en cuanto le fué posible. 

La concentración de e^mentos para apoderarse 
de la llave de las comunicaciones exteriores, de 
.Angostura, era el pensamiento dominante del Li- 
bertador, su gran objetivo, y las demás operacio- 
nes sólo tenían la importancia de simples medios, 
de escarnes para alcanzarlo con elementos adecua- 
dos para lograr el éxito. 

Marino y Bermftdez agregaban ahora a su an- 
tagonismo con Bolívar celos contra Piar, que se 
mostraba independiente en su campaña, y no ha- 
bían de plegarse a la sana política de unión que 
les colocaba en manos más fuertes que las propias, 
anulando sus esperanzas de predominio. Por más 
•de una semana entretuvieron al Libertador con va- 
nas promesas, hasta que un motín popular estaUa 
contra él, protestando los pobladores de que se 
abandonaran sus moradas a las tribulaciones de 



264 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



una nueva reconquista y negándose los jefes a se- 
guir a Bolívar culpare, según ellos del desastre 
de Ocumare. Cambiáronse expresiones agrias, vio- 
lentas, indecorosas y Bolívar se vio obligado a re- 
querir su espada para defender su vida contra Ber~ 
mudez. 

El motín popular era un pretexto, también lo 
era el descalabro de Ocumare, acontecimiento del 
que, como dice Soublette, se habló mal en Curazao, 
en el ejército bien y asi quedó. El personalismo 
destruía una vez más los planes del Libertador que 
se embarcaba nuevamente el 23 de Agosto a buscar 
nuevos elementos. 

Y aquí termina la tercera campaña de Bolívar. 
Fué la primera la que inició en el Magdalena y tras 
los días de gloria de Taguanes, Araure y Carabobo, 
concluía para él con las amarguras de Carúpano,. 
perseguido por sus lugar-tenientes, Piar y Ribas. 
Fué la segunda su guerra en Nueva Granada cuya 
dirección abandonó para no ahondar las divisiones 
de los patriotas, comprimiendo su inmenso dolor de 
ver a Mariano Montilla y a otros de los suyos co- 
locados junto a los que, por ambición personal, cons- 
piraban contra él. 

Y fué esta expedición de Haití desde el comien- 
zo de Mayo, en que pisó territorio venezolano, en 
la Isla Margarita, hasta mediados de Agosto en que 
lo arrojaban de Güiria, Mariño y Bermúdez, con las¿ 
espadas desenvainadas, su tercera guerra, campa- 
ña de 100 días, fecunda en padecimientos de toda 
suerte para el Libartador, fuente de las más seve- 
ras críticas y que, sin embargo, es el origen vigo- 
roso de los éxitos del futuro. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 265 



Napoleón, en su campaña de 100 dias, recibió 
las caricias ardientes de su pueblo y, a pesar de es- 
to, perdió el Imperio ; Bolívar, en situación semejan- 
te, no encontró sino reveses y sufrimientos, no pu- 
do dominar el cisma político que se amjparaba en los 
propios elementos que él diera a sus rivales para 
salvar a la patria; sin embargo, de su expedición 
de Los Cayos iba a renacer la República perdida 
por las facciones. 

Una cuarta expedición sería necesaria, una 
cuarta guerra que el Libertador iba a preparar de 
nuevo en Haití, despreciando los ataques de sus 
Tivales, colocándose más alto que sus mezquinas 
ambiciones y sin otro guía que el alentar de su res- 
ponsabilidad, palpitación de su alma tanto más 
fuerte cuanto mayor era la dificultad de la empresa 
de libertar a su patria. 

El 23 de Agosto de 1816, se alejaba de Güiria y f 
sin que lo dejaran desembarcar en Margarita, de- 
seando evitar divisiones como antaño en Cartagena 
y ahora en Güiria, huyendo de las naves españolas 
que cruzaban esas aguas, dirigióse nuevamente a 
Tmscar la protección del Presidente de Haití. Per- 
dido en el Caribe, burlando a los buques realistas 
estuvo el Libertador casi todo el mes de Setiembre 
de 1816, mientras sus amigos cumplían las instruc- 
ciones recibidas en Ocumare y sus rivales continua- 
ban en discordia ; los primeros iban a fundar los éxi- 
tos del porvenir y los últimos iban a requerir que 
la mano del Libertador les oprimiera con energías 
definitivas para salvar a la patria. 

Vamos a esbozar el cuadro general de los aconte- 



266 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 

cimientos durante la nueva peregrinación del in- 
cansable Bolívar. 



III 

LOS PATRIOTAS SIN JEFE. 

Cuando Bolívar se retiraba de Oüiria entre 
las befas del pueblo amotinado y defendiéndose 
con su espada de los ataques de Bermúdez, el hom- 
bre que había organizado la resistencia militar, 
con la que, si pudo comprimir las materialidades de 
un pueblo no iba a lograr el quebranto de sus fuer- 
zas espirituales, el teniente general Don Pablo Mori- 
llo, ennoblecido ya por su Monarca, solicitaba nue- 
vas mercedes cómo recompensa de su obra de pa- 
cificación. 

En los últimos días de Agosto, cuando la bar- 
ca del Libertador vagaba a merced del destino por 
el mar Caribe; el Conde de Cartagena escribía lo* 
siguiente al Ministro de Guerra : 

" Santa Fé, 30 de Agosto de 1816. — Jamás ha 
"sido mi ánimo pedir a la piedad de Su Majestad' 
"recompensas ni distinciones por los cortos servi- 
cios que haya podido contraer en el tiempo que 
"tengo el honor de servir bajo sus Reales bande- 
aras... pero siendo la orden, militar de San Fer- 
nando una condecoración que S. M. tiene desti- 
"nada para solamente premiar a sus beneméritos- 
"vasallos que contraigan señalados servicios en 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



267 



"la carrera de las armas, no puedo desentenderme 
"de solicitarla de su Real munificencia." 

Luego expone sus servicios y continúa: "Poií 
"consecuencia de la ocupación de esta capital y 
*'de la Provincia de Popayán, se verificó la reu- 
"nión de mi ejército con el de Quito a las órdenes 
"del brigadier Don Juan Sámano y por consoguien- 
"te pude ligar mis operaciones con las del Perú. 
"Ocupado el Centro de la América, sumisos y tran- 
quilos sus habitantes, desarmadas las provincias, 
"vueltos a su antiguo comercio e industria y des- 
hecha enteramente las esperanzas de los traído- 
"res quedan las fuerzas de mi mando en comuni- 
cación con todos los ejércitos de América." (18) 

Esto que decía el Pacificador era verdad o, 
mejor dicho lo fué solo por un instante, y el pro- 
grama que él se trazara en esa carta y en otras 
que sería largo citar, su conexión de todos los 
ejércitos para dominar las colonias desde el Orino- 
co al Pilcomayo, iba a ser realizado en sentido in- 
verso por el fugitivo de Güiria que reuniría en su 
mando a los patriotas de todos los pueblos de esas 
comarcas para asegurar la libertad de Amférica. 

Bolívar se marchaba, mas su espíritu queda- 
ba viviendo entre mis compañeros de armas y, cua- 
lesquiera que fuesen las desafecciones de los caudi- 
llos de segundo orden, en todos los grupos tenía 
admiradores conscientes de la superioridad de sus 
talentos, de sus relaciones y de su capacidad para 
organizar; de todos los centros de insurrección, 



(18) A. Rodríguez Villa. Historia de Morillo. Toma 
Documento 557. 



FRANCISCO RIVAS VIC¥ÑA 



que Morillo juzgaba fácilmente dominables, le iban 
& llamar o iban a correr a su encuentro para pe- 
dirle que unificara las fuerzas de la patria. 

Estos elementos, en la época de la partida del 
libertador, eran ya considerables y, si bien las ma- 
sas de combatientes tendían por sí solas a la unión, 
eran sólo sus caudillos quienes dificultaban la con- 
centración, queriendo cada cual establecer el cen- 
tro de operaciones en el terreno de sus propios mo- 
vimientos que cada uno juzgaba como el más apro- 
piado para atraer al enemigo a un combate defini- 
tivo. 

En la ausencia de Bolívar, se produjeron movi- 
mientos militares y políticos que conviene analizar 
a fin de tener una idea precisa del cuadro en que 
actuaría a su regreso. Como eje principal de la nue- 
va situación, figuró la expedición de Los Cayos que 
marcaba en el territorio venezolano, siguiendo las 
instrucciones del Libertador, una linea del Caribe 
hasta el Orinoco cuyo recorrido demostraba la posi- 
bilidad de concentrar todos hs elementos dispersos, 
no solamente los de los llanos de su trayectoria, si- 
no también los que tenía Cedeño en Caicara y las 
guerrillas reunidas por Paez en Trinidad de Ari- 
ehuna. 

Las masas gobernadas por este afortuando lla- 
nero a quien, como hemos visto, se había otorgado 
e¿ título de General cuando destruyó aquél impo- 
ble gobiernito establecido en el mes de setiembre en 
la Villa de Arauca, se miovían como de instinto ha- 
cia el Oriente, presintiéndo las presiones que Mori- 
llo ejercería desde Nueva Granada y buscando su 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



269 



Teunión con *os guerrilleros que actuaban en el Ori- 
noco y en los llanos de Caracas hasta Cumaná. 

Instalado Páez en Trinidad, inició su movimien- 
to hacia Achaguas, buscando un sitio de mayores 
recursos y donde pudiera desembarazarse de la nu- 
merosa emigración confiada a la guarda de sus lan- 
ceros y que era un tropiezo para la rapidez de sus 
excursiones. Apenas contaba 700 hombres, figu- 
rando entre los combatientes quien quiera que fue- 
se capaz de llevar una lanza; organizó estas tropas, 
-de grande empuje por sus condiciones naturales o 
por las circunstancias de su desesperación, en tres 
columnas que mandaban los generales Rafael Urda- 
neta, Manuel Serviez y el Coronel Francisco de P. 
Santander. 

La marcha se hizo, siguiendo el cajón del "ío 
Arauca, por Rincón Hondo hasta Araguayuna, don- 
de dejó la emigración el 5 de Octubre de 1816. Era 
el pensamiento de Páez apoderarse de Achaguas, 
donde estaba el Gobernador de Baiinas Don'Fran.. 
cisco López con 1700 jinetes y 400 infantes. Asis- 
tían al realista en esta campaña aquél Cura Torre- 
lias y el indio Royes Varg*¿ que tanto hicieran 
por *a causa del Rey en los años anteriores en las 
regiones de Siquisique, Carora y Barquisimeto, par- 
tidarios entusiastas que habían bajado hasta los 
llanos para combatir por su causa. 

Los ginetes de Páez iban mal montados, en ca- 
ballerías extenuadas a la vez por las fatigas y por 
la falta de alimentos, la primera preocupación del 
llanero fué hacer su remonta a fin de estar en si- 
tuación de combatir. 

Con el ímpetu propio de sus iniciativas per- 

18 



270 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



sonalísimas, que eran la razón de su imperio so- 
bre los llaneros, Páez a *a mañana siguiente de su 
llegada a Araguayuna, se puso en marcha con unos 
cuantos jinetes en demanda del Hato de Los Cocos 
en donde pudo capturar unos 100 caballos y dis- 
persar e 1 destacamento realista del capitán Facun- 
do Mirabal y sus 55 jinetes. 

Entretanto López que deseaba buscar un terre- 
no favorable para sus operaciones había avanzado 
desde A-chaguas hasta el Yagual, hacienda sobre 
el río Arauca en cuyas casas podría parapetarse. 
El realista en su avanze dejó a retaguardia una 
partida de 500 caballos que serían una tentación 
para los guerrilleros de Páez. El movimiento que 
se imponía a los patriotas era colocarse a la reta- 
guardia de López y capturadle sus elementos de 
movilización. Así lo verificó Páez y, ya el 7 de 
Octubre, había dotado a sus hombres de buenas ca- 
balgaduras y ocupaba el camino de la posible re- 
tirada de López hacia Achaguas. 

Entre los días 7 y 11 de Octubre, hubo cruen- 
tos combates cuya dirección efectiva en el campo 
realista tuvieron el Cura Torrellas y el indio Re- 
yes Vargas, siendo impotentes a pesar de su su- 
perioridad númerica para detener el arrojo de los 
llaneros patriotas. 

El 11 de Octubre, abandonó López el Yagual 
dirigiéndose sólo hacia Achaguas, enviando las- 
flecheras con su artillería por el rio Arauca hacia 
San Fernando y disponiendo que el resto de las 
tropas cruzara el Apure y se estacionara en Sart 
Antonio, pueblo en donde él pensaba reunirseles: 
y que mora a poca distancia de este río, frente al 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 271 



paso de Apunto que está sobre su margen izquier- 
da. 

Después de su éxito del Yagual, Páez decidid 
emprender una operación de mayor importancia, 
como era posesionarse de la plaza de San Fernan- 
do que lo acercaba a los guerrilleros de oriente* 

.La seguridad de esta operación hacia nécesa^ 
ria la destrucción de las partidas realistas que 
quedaban a su retaguardia y, dentro de este pro- 
grama, envió a San Fernando con la mitad de sus 
fuerzas a su segundo, el comandante Miguel Gue- 
rrero, y él se dirigió con el resto sobre Apurito. 

Un hecho increíble, si no contáramos con el 
testimonio del propio Páez y* consignado también 
en las memorias del General Urdaneta, proporcio- 
nó a Páez elementos para pasar el Apure y derro- 
tar al Comandante López que ya estaba en San An- 
tonio con unos 400 hombres. 

Dispuso Páez, el 6 de Noviembre a medio día, 
que el Capitán Vicente Peña atravesara el Apuré 
en la linica canoa que poseía, con 8 hombres, y 
que diera una sorpresa al enemigo. Peña, que de- 
hía su vida a Páez, ejecutó aquél acto temerario y 
como cayera de sorpresa sobre el campamento de 
los realistas a la hora del rancho, los puso en dis- 
persión pues, al estruendo de su vocerío y sus ti- 
ros, se creyeron amenazados por todas las fuerzas 
llaneras. Este primer movimiento de sorpresa fu& 
acentuado por dos escuadrones de jinetes que dis- 
persaron definitivamente las fuerzas de López, hu- 
yendo algunas partidas río arriba, con rumbo a 
Nutrias, y su jefe en sentido contrario. 

El caudillo llanero, calculando que el Comían* 



272 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



dante realista remontaría el río para incorporarse 
a ni columpia en Nutrias, le armó un celada:, lo- 
grando encerrar la flechera en que najaba entre 
una embarcación que los patriotas habían captu- 
rado en Banco Largo, más arriba de Apurito, y 
feira que se desprendió de este punto a las órdenes 
rdel Comandante Francisco Aramendi, tan pronto 
como el infbrtuado López remontaba el río. 

López fué hecho prisionero el 7 de Noviembre 
y muerto a golpes de sable, según Bestrepo, a pe- 
tición de los indios de Cunabiche y en represalia 
por la muerte del Capitán Antolín Mujiea en su 
intento de apoderarse de Achaguas. 

Como consecuencia de este golpe de fortuna, 
adquirió Páez 7 flecheras con las cuales pudo atra- 
vesar el Apure y encaminarse, por Santa Catalina 
y Santo Domingo, a Nutrias que ocupó el 12 de No- 
viembre sin resistencias, pues la guarnición rea- 
lista había huido a Barinas. 

Aún favoreció la suerte los golpes de audacia 
de Páez quién, utilizando de nuevo a Vicente Pe- 
fia le encargó la captura de las flecheras realistas 
que estaban frente a Santa Lucía y, luego de apo- 
derarse de ellas, que intentara igual operación so- 
bre la flotilla de Juan Connos, que guarnecía a 
Nutrias. Cumplió su cometido el guerrillero y 
logró formar una escuadrilla hasta de doce fleche- 
ras con la cual Páez dominaba el Apure desde Nu- 
trias hasta San Fernando. 

En esta situación de éxito, no tuvo a nues- 
tro juicio Páez tranquilidad suficiente para orga- 
nizar su campaña; tenía sitiado a San Fernando" y 
la captura de esa plaza, que jalonaba su marcha ha- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 27& 

cia el Oriente, debió ser su único objetivo. En vez 
de ésto, destacó al Genera] Urdaneta hacia Bari- 
lias pára extender el territorio de su conquista, 
marchando él a reforzar a Correa en el sitio de 
San Fernando. Dice Urdaneta que ejecutó sin di- 
ficultad su excursión hasta Barinas con 3 escuadro- 
nes ele caballería y que las fuerzas realistas se ha- 
bían retirado a Barinitas. Y agrega: "El objeta 
"de aquela marcha solo había .sido mostrarse eo- 
"mo dueños de este territorio y capaces de exten- 
derse hasta la serranía." (19) 

Esta distracción de fuerzas hacia el Occiden- 
te era inútil e inconsulta; lo primero porque Páez 
no tenía elementos con que consolidar su conquis- 
ta, y lo segundo porque los consejos de Urdane- 
ta y las fuerzas que llevaba habrían tal vez garan- 
tido un éxito definitivo en San Fernando. Faltó 
pues la concepción militar precisa y, como conse- 
cuencia natural de este apartamiento de su obje- 
tivo, Páez iba a encontrar el fracaso, no por vir- 
tud del azar que tantas veces muda la suerte de 
los generales, sino por' la mala organización de su 
campaña. 

Mientras él seguía por Achagnas a San Fer- 
nando, despachó al intrépido Peña, a quien ya ha- 
bía dado el grado de Comandante, con la escuadri- 
lla y 200 hombres a esperarlo en el Caño de Birua- 
ca, junto a la plaza de San Fernando, donde podría 
intentar operaciones de acuerdo con Miguel Gue- 
rrero. 

El llegaba pocos días después, siendo infruc- 



(19) Urdaneta. Memorias^ Párrafo 85. 



274 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



tuosos todos sus ataques para batir al brigadier 
llamón Correa que mandaba la plaza. En esta 
situación, supo la venida del Comandante realis- 
ta, Don Salvador Gorrín que se había desprendi- 
do de Calabozo en auxilio de Correa, y que ya es- 
taba miuy cerca en el punto de Camagnán. Para 
impedir la unión de los jefes realistas e intercep- 
tar el camino de Caracas, se apoderó Páez del pue- 
blo del Guayabal en cuyas inmediaciones trabó un 
combate contra 300 infantes y los 500 jinetes de 
Gorrín, logrando hacerle algunas ' bajas y captu- 
rarle su caballada de repuesto, pero sin impedirlo 
que entrara a la plaza de San Fernando. 

Hubo pues de regresar Páez a estrechar el 
cerco en unión de su lugar-teniente Guerrero, medida 
oportuna pues la conexión de ambas fuerzas pa- 
triotas logró contener un intento de salida que eje- 
cutaron Correa y Gorrín con el doble objetivo de 
aprovisionarse y ele dispersar a los patriotas si 
era posible. 

Esto acontecía el 20 de Diciembre de 1816, en 
cuyo día supo Páez la noticia del avance de Mori- 
llo hacia Venezuela y resolvió regresar sólo a Acha- 
guas para reunir nuevos contingentes con que opo- 
nerse a la invasión realista. Allí supo que el gue- 
rrillero Nonato Pérez, que se había independizado 
del gobierno de Casanare en los campos de Cuilo- 
to, llegaba empujado por las fuerzas realistas y es- 
taba ya en el Hato de los Cocos: reunióse con él y 
le ordenó mhrchar hacia Mucuritas, sobre la mar- 
gen i^nuierda del Apure, a donde se encaminaba 
él mismo a marchas forzadas para organizar la 
resistencia contra Mor|llo. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 275 



La situación era desesperada ; Urdaneta había 
sido derrotado en el Occidente y se encaminaba en 
busca del Libertador; Guerrero era también ven- 
cido y arrojado del sitio de San Fernando hacia la 
izquierda del río Arauca por el paso del Caujaral. 

Las victorias obtenidas durante largos meses 
de sangrientas luchas, con el auxilio constante de 
la fortuna, se desvanecían en un momento por la 
falta de un concepto estratégico bien definido; 
Páez buscaba la conquista de terrtorio que no %o- 
tlía mantener, en vez de encaminar al único obje- 
tivo aconsejable: la marcha incesante hacia el 
Orienta a unirse con los guerrilleros y con las fuer- 
zas introducidas por Bolívar en sus jornadas de 
Ocumare, acontecimiento que era conocido desde 
la ocupación de Achaguas, según lo establece el Ge- 
neral Urdaneta en el párrafo 86 de sus memorias 
<iue dice: 

."Al ocupar a Achaguas, se había tenido no- 
*'tieia por algunos prisioneros godos de la existen- 
cia en la provincia de Guayana de la división de 
Cedeño y de las de Zaraza y Mona gas en el alto 
Llano y Barcelona. Al salir de Guasdualito ya 
era conocida le existencia de estos patriotas; pero 
se ignoraban sus fuerzas y progresos; súpose tam- 
bién por primera vez que existía reunida a ellos 
la división que al mando de Mac-Gregor había pe- 
netrado desde Ocumare hasta los Llanos, triunfan- 
do en Quebrada Honda y el Alacrán/' 

La conclusión a que hemos llegado después 
del examen de estas primeras compañas de Páez 
no importa, en modo alguno, una censura para es- 
te caudillo de 26 años, cuyo gran atractivo era el 



276 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



triunfo en los combates, siendo el ensanche de su 
círculo de acción una necesidad impuesta por el 
aprovisionamiento de sus falanges guerreras y de 
la emigración que le seguía y, tal vez, un movimien- 
to casi instintivo de él y de los suyos para conquis- 
tar tierras que poseer. En esta época Páez era el 
conductor de un pueblo de pastores nómadas que- 
aspiraba a la vida sedentaria de la propiedad y 
junto con él actuaban hombres de una etapa su- 
perior de la evolución, como Santander, Urdaneta 
y otros, verdaderos militares en los que el concep- 
to de la patria era ya definitivo, de grandes afee- 
eiones integrales y de formas bien definidas, y era, 
lógico que ningún contacto duradero se establecie- 
ra entre dos grupos tan diferenciados ; la solida- 
ridad vendría cuando el núcleo inferior adquirie- 
ra siquiera las nociones de lo que en el otro era to- 
da tina doctrina. Esta fué la misión social de Páez y 
atraer a sus llaneros, poco a poco, a medida que la 
evolución se perfeccionaba en él mismo, a un nivel 
más elevado, a las disciplinas del hombre que con- 
siente en armonizar su libertad con las severidades 
de la justicia. Esta misión eme le deparaba su des- 
tiro supo cumplirla el caudillo de los llanos y la 
mirarla profunda de Bolívar, que era tan capaz de 
dominar las amplitudes del horizonte de libertades 
de todo nn Continente como de penetrar en los* 
abismos del alma de sus semejantes, supo compren- 
der a PáeE, tolerar sus independencias y atraerla 
a su causa tal como era, y como no podía dejar de* 
ser. "Un ingeniero utiliza un torrente que se des- 
peña para producir energías y una corriente tran- 
quila para extenderla en canales de regadío que 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 277 



fecunden el suelo; desprender aquel sobre los cul- 
tivos es arruinarlos y obtener energías de la úl- 
tima es una pobre empresa; el papel de Páez, en 
su período evolutivo de esta época, era el de gene- 
rador de fuerzas y de impulsos violentos y, como 
tal, iba a utilizarlo el Libertador mientras la ad- 
mirable adaptación de aquel a medios superiores 
no le colocara naturalmente en situación de acome- 
ter las empresas de organización, de fecundación 
permanente, como un río de aguas tranquilas, de 
que era capaz Bolívar y de que sería capaz el mis- 
mo Páez, siguiendo su ejemplo. 

En este malogrado esfuerzo militar de Páe¿r 
no caben las críticas técnicas y debe únicamiente 
puntualizarse su papel sociológico; en cambio son 
producentes las censuras militares para el jefe es- 
pañol que, exagerando el mérito de estas campa- 
ñas del Occidente venezolano, extravió sus rumbos 
y se precipitó sobre los llanos, siendo que su ver- 
dadero objetivo militar estaba en< otra parte, en 
la linea de concentración de fuerzas que el genio 
de Bolívar había trazado con su atrevida incur- 
sión por Octraxare, campaña inicial que ésta con- 
cibió, que ejecutaron Mac-Gregor y Soublette y 
que iba a distraer las fuerzas de Morillo en múl- 
tiples direcciones, corrigiendo por esta dispersión 
militar de los realistas los defectos de la separación 
política, de la anarquía de los patriotas que el Li- 
bertador aún no podía dominar, porque faltaba la 
conciencia de un interés común, noción que era 
precisa en los ejércitos del Eey. 

Para analizar la situación militar, anotaremos 
desde luego una circunstancia: al posesionarse de 



278 FRANCISCO RIYAS VICUÑA 

Achaguas, el 13 de Octubre de 1816, Páez conocía 
la actividad de los guerrilleros del Orinoco y los 
éxitos de la columna de Ocumare; por consiguien- 
te, el núcleo de la resistencia patriota estaba en 
<esos rumbos y debió inmovilizar las fuerzas cipa- 
üolas de San Fernando, como efectivamente lo hizo, 
pero encaminarse a engrosar esa resistencia, en 
vez de distraer fuerzas al Occidente, por donde ve- 
nía un jefe como Morillo, organizado, con tropas 
veteranas y con recursos abundantes. 

¿Cuál habría sido la suerte de las armks pa- 
triotas si Páez sigue con sus hombres la destina- 
ción que tomaron jefes como Urdaneta y otros, des- 
pués de los desastres del sitio de San Fernando sin 
^elementos adecuados? 

Esta es una interrogación que no podremos re- 
solver sin examinar el cumplimiento que dieran a 
las órdenes del Libertador los lugartenientes yie 
dejara en Güiria y Maturin y los ahilerados pa- 
triotas que iniciaron la mal llamada ^Retirada de 
Oc^i!m ; are ,, , debiendo dársele con más propiedad 
«1 nombre de ''Vanguardia libertadora. ' ' 

Vamos a marcar las etapas de esta miarcha se- 
guida en obedecimiento a las instrucciones de Bo- 
lívar que sentado tal vez, en alguna roca del pue- 
blo de Ocumare, dictó las instrucciones tan brillan- 
temente cumplieron Mac-Gregor y Soublette y lue- 
go, plegándose a ellos, por Monagas y Zaraza que 
liabían aceptado la Suprema Jefatura del Liber- 
tador. 

La marcha de la columna, que nos complace- 
mos en llamfar Vanguardia Libertadora, ofrece tan- 
tos ejemplos de orden, disciplina y de ciencia mi- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 279 

litar como la anarquía, la discordia y los golpes 
de aventura caracterizan a los demás grupos se- 
parados de la dirección del Libertador. Es fuera 
de duda que todos tenían su importancia : Berm,ú- 
dez en la península ele Paria, Mariño hostilizando 
a Cuirianá, Piar en Maturín y Arismendi, ganando 
-terrenos en Margarita, distraen elementos consi- 
derables, terrestres y marítimos, causando positivas 
dificultades al Capitán General Moxó y sus éxitos 
liubiesen sido definitivos obrando de común acuer- 
do hacia un objetivo determinado. Mayor impor- 
tancia que ellos, aunque con menos elementos te- 
nía la ^actitud de Cedeño en su campamento de la 
región del Cuchivero, punto bien elegido, pues su 
fuerza era una amenaza a la vez para la Angostura 
y para los llanos de las riberas septentrionales del 
Orinoco. Faltaba el lazo de unión que atara todos 
«estos esfuerzos al carro de la victoria y este fué 
la expedición de Ocumare cuyo programa trazó 
Bolívar, confiando su dirección a un militar valero- 
so, de carácter y de conocimientos, como real esco- 
sés Gregor Mac-Gresror. y a un hombre sereno, em- 
papado eín las frialdades del deber extricto y buen 
oficial de Estado Mayor como el Coronel Soublette, 
y dando el comando de los cuerpos a hombres de 
valor y de disciplina escogidos con esmero en el 
•campamento de Carúpano. 

Es un espectáculo consolador contemjplar, en 
«sos días sombríos de la ausencia del Libertador, 
el brillante desempeño de la hueste que iba a ser 
t>ase de la tercera República venezolana. Fiel a 
la consigna, parte Soubtette en la madrugada del 
15 de Julio del pueblo de Ocumare y se incorpora 



280 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



a las avanzadas de Mac-Gregor,en Cayagua, y siguen, 
juntos por Choroní, buscando un camino adecua- 
do para escapar de las partidas realistas, evitar 
persecuciones de caballería y penetrar a los valles- 
de Aragua, según sus instrucciones. 

En el cuarto día de su marcha encuentran una. 
fuerza realista, al mando de Quero, lo derrotan, con- 
tinúan por la montaña de Güere, donde pagan tri- 
buto a 29 víctimas inmoladas por el feroz Chepito* 
González, de raza maldita y llegan a La Victo- 
ria, teatro de pasados triunfos, el 19 de Julio. 

Allí tuvieron noticias del esfuerzo que hacían 
los llaneros de Occidente y, fortalecidos con la con- 
fianza que inspira el sentirse acomipañados en una 
misma empresa, prosiguen su marcha sin tardanza 
por el Pao, en demanda del valle del Guárico, siem- 
pre buscando terreno propicio y alejándose de las 
guarniciones realistas del camino de los llanos. 

Llegan a San Sebastián el 21, dispersan una 
partida realista, entre cuyos jefes estaba el feroz 
Eosete que se manchara con la sangre de ancianos, 
de müjeres y de niños en Ocumare del Tuy ; y, hom- 
bres de acero, infatigables, prosiguen hasta San 
Francisco de Cara para cruzar el río. Creían en- 
contrar a Zaraza en los llanos de Caracas, mas se 
les informa que los guerrilleros se han dispersada 
y que su núcleo está más lejos, en la provincia de 
Barcelona, en San Diego de Cabrutica. Se requie- 
re U'j mayor esfuerzo y hay que marchar de prisa 
en terreno desconocido. Al siguiente día de su 
éxito de San Sebastián, vuelve a pasar Mac-Gregor 
el Guárico por Camatagua y dirige su columna a la 
región del Orituco. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



281 



Ya el 26 de Julio, en el duodécimo día de mar- 
cha, está a las márgenes de este río, en el paso del 
Arbolito. Despacha al Coronel Eicardo Mesa para 
Tiacer un reconocimiento y se dispone a cruzar el 
río con su tropa para caer, el 29 de Julio, sobre 
un destacamento de 300 soldados, por miitades es- 
pañoles y del país, a las órdenes del Comandante 
Don Tomás García. Se apodera del pueblo, reco- 
ge los valorfes del estanco para dar un socorro a 
sus tropas; García se fortifica en sus cuarteles, le 
ataca con vigor Mac-Gregor, pero se vé obligado 
a abandonar la empresa que le detendría mucho 
tiempo y su consigna es unirse a las montoneras 
de Zaraza y de Monagas. 

Dice Soublette en su boletín número 2: "$e 
* 'decidió el General en Jefe a este abandono, no 
"obstante la situación desesperada en que al pa- 
"recer veía que se encontraba el enemigo, porque 
"fué informado de que dentro de sus trincheras 
" tenía toda especie de provisiones, porque sabía 
"que una fuerte división española venía a nues- 
"tro alcance, y sobre todo, por no apartarse del 
"exacto cumplimiento de órdenes superiores. 

Esta acción costó a los patriotas 11 mtiertos y 
33 heridos y, si es sensible anotar que un pequeño 
disgusto se produjo entre los jefes, que separaron 
a Mac-Gregor del mando, es digna de recordarse 
la actitud de Soublette que dejó pasar la eferves- 
cencia de un momento y que, al día siguiente de 
la acción de Chaguaramas, el 1 Q de Agosto, repo- 
nía en el comando superior al General Mac-Gregor. 
Con serenidad y prudencia, salvaba la disciplina 
que es la fuerza de cohesión del Ejército. 



282 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



Entretanto, se había marchado fcon rapidez 
hasta el Socorro, auxiliada la columna por el exce- 
lente guía Basilio Belisario que se les incorporó en 
Chaguaranas. En este siti,o se reunió a las filas- 
el explorador Coronel Ricardo Mesa que había te- 
nido la suerte de encontrar al Coronel Julián In- 
fante, de las guerrillas de Zaraza, con una partida: 
de 80 jinetes, sin más armas que su lanza y su ca- 
ballo, pero azas intrépidos para haber mantenido, 
durante dos años de lucha, el pendón de la patria 
en esas llanuras. 

En la mañana del siguiente día, 2 de Agosto,, 
se dispuso J.a marcha con muchas precauciones, 
pues había que pasar los barrancos de Quebrada 
Honda, cuyo nombre ahorra toda descripción. Al 
empezar su movimiento, se divisó una partida ene- 
miga ; era un grueso destacamento a las órdenes de 
Quero, el vencido en Onoto; hizo desfiíar sus tropa» 
Mac-Gregor, protegiendo a las más débiles con los 
batallones de más confianza, comió el Cazadores de 
Venezuela y el Barlovento y su pequeña caballería. 
Aceleró su marcha el realista, alcanzando a moles- 
tar la retaguardia patriota; pero, una vez tras- 
puesta la Quebrada Honda, reformó su linea Mac- 
Gregor y sus cuadros de infantería resistieron vic- 
toriosamente un ataque de los jinetes de Quero por 
ambas alas y un intento de envolverlos por la re- 
taguardia. 

La falta de caballería adecuada hizo imposible 
la persecusión de la división de Quero que perdió 
sus pertrechos, equipajes, 200 caballos ensillados 
y dejó 90 prisioneros en manos de los patriotas. 

Apresura su marcha Mac-Gregor, desde el si- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 28£ 



guíente día de su victoria, y ya el 6 de Agosto se 
reúne con el Coronel Pedro Zaraza en Santa María, 
de Ipire, engrosando sus filas con 50 carabineros y 
sumando a las cualidades de sus jefes y de sus 
tropas la pericia del guerillero y la audacia de sus 
gentes. 

Concentró sus fuerzas Zaraza, obediente a la 
consigna que llevara Mac-Gregor en nombre de Bo- 
lívar, y ambos se encaminaron hacia San Diego 
de Cabrutica para unirse a los elementos de Mona* 
gas. El 10 de Agosto entraban en este pueblo, des- 
pués de 27 días de marcha en que habían recorrido- 
más de 750 kilómetros, obteniendo ventajas sobre 
el enemigo y, lo que era más importante, habiendo 
realizado las órdenes e instrucciones del Jefe Su- 
premo, según lo consigna Soublette en el boletínt 
tercero de la División del Centro, como era desig- 
nada su columna. 

Relativamente tranquilos en el territorio de 
San Diego, pudieron los patriotas descansar y reor- 
ganizarse en el breve tiem'po de dos semanas. Ya. 
el 25 , de Agosto, Mac-Gregor iniciaba su marcha 
sobre Ar'agua de Barcelona, buscando su contacto 
con Mariño y Piar; llevaba 600 jinetes que manda- 
ban en número igual Monagas y Zaraza, 200 in- 
dios flecheros traídos por Monagas desde las ve- 
ciudades del Orinoco con sus jefes Manaure y Tu- 
¡ pepe y su infantería aguerrida, disciplinada y con 
buenos jefes que contaba ya más de 600 plazas. 

Hacia el 3 de Setiembre, hallándose la división 
en Ou&tacaro, supo Mac-Gregor que el Brigadier 
Morales, el triunfador de Aguacates, venía en su 



284 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



persecución y con el designio de sumar sus elemen- 
tes a los del Comandante Eafael López que manda- 
ba en Aragna. 

Era indispensable evitar esta conexión 'de los 
realistas, y Mac-Gregor resolvió contramarchar al 
encuentro de Morales y elegir un sitio propio para 
la maniobra de sus guerrillas montadas y que die- 
ra pié firme a sus infantes. La llanura del Alacrán, 
suavemente ondulada, fué el paraje escogido para 
resistir. 

El Comandante de Aragua, por su parte, de- 
seaba destruir a Mac-Gregor y salió a su encuentro 
desde su plaza, por el camino del Chaparro. El 
prudente jefe patriota formó su linea desde el 5 
de Setiembre, colocando su infantería al centro, a 
las órdenes de Pedro León Torres, protegida a la 
derecha por los jinetes de Monagas, a la izquierda 
por los de Zaraza, auxiliada por los flecheros de 
Manaure y Tupepe y con fuerzas a las órdenes del 
Coronel Ricardo Mesa como reserva. Al atardecer 
de ese día fué señalado el enemigo en el Chaparra 
y al siguiente, el Coronel López, con fuerzas equi- 
valentes, se apoyaba en un bosque fronterizo a la 
colina guarnecida por los patriotas, colocando en 
las alas su caballería y entre estos grupos y la 
infantería del centro dos grupos de indios fleche- 
ros de Chamariapa. Emplazó adem'ás en su frente 
una pieza de artillería. 

Empezó la acción por un fuerte tiroteo de 
cazadores que se disputaban un bosque intermedio 
hacia la derecha patriota y, en el momento opor- 
tuno, ordenó Mac-Gregor un ataque con sus jine- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 285 



tes de la derecha, los de Zaraza, al propio tiempo 
que su infantería marchaba de frente, poniéndose 
en persona a la cabeza del batallón Barlovento. 
Tan brusca acometida hizo oscilar la formación 
realista, momento previsto para la entrada de la 
caballería de Monagas que, cayendo sobre la iz- 
quierda de López, decidió la acción con la comple- 
ta pérdida del enemigo. 

En 500 muertos, 300 prisoneros, 300 armas de 
fuego, municiones, caballos, el cañón, y otros ele- 
mentos de guerra, estima Soublette las pérdidas 
de López que huyó a Barcelona, en donde despecha- 
do por la derrota, unió a esta afrenta la mancilla 
de su nombre con las atrocidades cometidas antes 
de evacuar la plaza y ponerse en fuga con su guar- 
nición haeio Píritu. 

En la tarde de la victoria del Alacrán, dispu- 
so Mac-Gregor la marcha sobre Aragma, protegien- 
do su vanguardia con una descubierta de 200 ji- 
netes y 100 infantes a la orden de Monagas y cu- 
briendo su retaguardia con las caballerías de Za- 
raza, que debía marchar hasta Ipire en observación, 
de los movimientos de Morales. 

La división triunfante siguió su marcha por 
Carito y el Püar, a donde llegó el 12 de Agosto. De- 
seoso de alejar todo peligro, el jefe, que debía sus 
éxitos a la aplicación de buenos principios, reforzó 
la descubierta de Monagas con orden de perseguir 
sin pérdida de tiempo a los fugitivos de Barcelona, 
por el eamino de San Miguel. 

El 13 de Setiembre ocupaba Mac-Gregor a Bar- 
celona ensangrentada con el sacrificio de las vícti- 
mas asesinadas en las plazas, calles y casas por los 
19 



286 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



secuaces de López; desierta, pues sus pobladores 
habían huido a los montes vecinos amendrentados 
por la incursión de tigre sediento que hiciera el ven* 
eido del Alacrán; empobrecida, pues López y los 
suyos habían hecho un saqueo general. Así pagó 1a. 
heroica Barcelona, que aún vería miayores miserias, 
su entusiasmo por el triunfo de los patriotas. 

El 14 de Setiembre, Monagas deshacía en las 
cercanías de Píritu a los fugitivos les hacía muchas 
bajas, cogía armas y pertrechos, recuperaba cauda- 
les y botín y libertaba a numerosas familias arran- 
cadas de sus hogares por el irascible realista en de- 
rrota. 

La calma, que no la alegría pues la ciudad queda- 
ba enlutada por las crueldades cometidas, se res. 
tableció y la primera miedida de MacGregor faé 
ponerse en comunicación con Arismendi, cqn Ma- 
riño y Piar para reunir sus esfuerzos. 

El programa del Libertador se cumplía en el 
breve término de dos meses escasos, después de la 
entrevista en el pueblo de Ocumare en que dio sur 
instrucciones a raiz de perdido el encuentro de 
Agnacates. 

Mac-Gregor se dio sin demora a la organiza- 
ción de su ejército; pidió al Jefe de Margarita 
pertrechos de guerra que el entusiasta Arismendi 
le proporcionó y, sabedor de la aproximación de 
Morales, urgía a Mariño y a Piar que vinieran en 
su auxilio. Ambos se hallaban empeñados en ope- 
raciones sobre Cumaná, en Catauro el primero y 
en Quebrada de Ortiz el segundo. 

El 24 de Setiembre se presentó Piar con su 
escolta, anunciando que su columna se le incorpo- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



287 



raría sin tardanza y, en efecto, al siguiente día se 
reunían las divisiones del Centro y del Llano, co- 
mo las nombra Soublette, y se aprontaban para ha- 
cer frente al enemigo cuyas avanzadas habían cru- 
zado las montañas del Pilar y se extendían por la 
llanura o Playón del Juncal. 

El 27 por la mañana, formaba Morales sus tro- 
pas en tres columnas de infantería apoyadas por ji- 
netes, una de las cuales, formando la reserva, es- 
taba ligeramente a la retaguardia de la línea que 
trazaban las dos restantes. La derecha realista 
obedecía a Pósete y Alejos, la izquierda Tomás 
García y Narciso López y el centro a Juan Bonal- 
de. El contingente de Morales se estimó en 3000 
hombres por los patriotas y los autores españoles 
sólo le atribuyen poco más de mil. La verdad de- 
be estar más cerca de la primera cifra que de la 
últimia. Morales había llevado cerca de 800 hombres* 
en su marcha sobre Ocumare y esperaba refuerzos; 
en el camino incorporó las partidas que huyeron al 
aproximarse la columna de Mac-Gregor y las que 
fueron derrotadas por él en Onoto, San Sebastián 1 , 
Ghaguaranas y Quebrada Honda y, tal vez, reco- 
gió algunos dispersos del Alacrán), contingentes 
que, en total no deben hacer sido inferiores a 1500 
plazas. De este modo, sin contar los elementos que Mo- 
xó pudiera haberle enviado en el camino, ni la' 
incorporación de otros destacamentos realistas, 
la disponibilidad mínima de Morales era de 2300 
hombres; no creemos ser exagerados estimando sus 
fuerzas en Juncal en más de 2500 plazas. 

Por su parte los patriotas contaban con las' 



283 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 

fuerzas que combatieron en el Alacrán, un máximft 
de 1500 soldados, contando con las indiadas de 
Manaure y de Tupepe; de esto hay que rebajar el 
destacamento de Zaraza, que hacía de explorador 
f y que no se incorporó al ejército antes de la acción, 
y agregarle la división que traía Piar a las órdenes 
■kpl $9l9Wl barcelonés don Pedro María Freytes, 
'f que no pasaría de 500 hombres. La división pa- 
triota que iba a combatir bajo las órdenes de Piar, 
á quien correspondía el comando por su graduación, 
tendría , en mérito de estos cálculos, unos 2000 sol- 
dados escasamente. 

La línea republicana, sostenida en su frente 
por 4 piezas de artillería, se iniciaba a la derecha 
con los jinetes de Monagas, prolongándose en es- 
ta ala hacia el centro por la infantería de Mac-Gre- 
gor, dando luego sitio a los batallones de la divi- 
sión de Piar, que form'aban el centro izquierdo, 
apoyado también en columnas de caballería. 

Tras ligeras contiendas de reconocimiento, 
la artillería patriota abrió el fuego sobre la izquier- 
da y el centro realistas, protegiendo el avance se- 
reno y metódico de la infantería de Mac-Gregor; 
empero, las tropas de Piar cedían sobre la izquier- 
da patriota, acometidas por Pósete y Alejos y aún 
se ponían en fuga como lo afirma el Coronel Juan 
José Conde, contando la leyenda que el propio Piar 
buscó la salvación en Barcelona misma, volviendo 
al campo de batalla sólo a recojer los frutos de la 
victoria que aseguraban Mac-Gregor y Soublette 
con una carga de infantería y Monagas con un au- 
; daz flanqueo de la derecha realista hasta tomar 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



289 



por la retaguardia a los perseguidores de Freytes 
y Piar. (20) 

Las tropas inspiradas en el espíritu del Liber- 
tador, sometidas a hombres amantes de la discipli- 
na,, que es la llave del éxito, y experimentadas por 
lina larga marcha marcada con jomadas gloriosas, 
consumaron la derrota de Morales, que apenas pu- 
do reunir unos 300 dispersos, dejando en el campo 
§00 muertos y en poder de los patriotas 300 prisio- 
neros y sus bagajes. Huyo Morales, bascando mo- 
do de reunirse con los dispersos de Alacrán acau- 
dillados por López; atravesó el río Uñare y la sa- 
bana de Uchire para no detenerse sino en los para- 
jes de las bocas del Tuy. 

Estas fueron las consecuencias inmediatas de 
la marcha de Mac-Gregor y Soublette y conviene 
trazar el cuadro general de los resultados de la 
primera expedición de Los Cayos, éxitos que pro- 
venían de las instrucciones del Jefe Supremo, que 
se realizaban a pesar de las rivalidades, porque 
había un grupo de patriotas excelentes que supie- 
ron cumplirlas, aún sin estar bajo las órdenes inme- 
diatas del Libertador, arrojado de su patria por las 
pasiones y por la emulación de mando. Vamos a 
enumerar estos frutos copiosos. 

Primrero. Con los elementos del Libertador 
se organizó la resistencia de Margarita, convuv 
tiéndola en base de operaciones, a pesar de la e^is- 

(20) La tradición de esta fuga de Piar es general 
en Barcelona, refiriéndose que se disponía a seguir ha- 
cia Cumaná cuando recibió la noticia del triunfo y ré» 
gresó a recojer laureles que otros aseguraron para él. 



290 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



tencia de un núcleo español encerrado en los fuer- 
tes y de las operaciones de la escuadrilla española 
del Comandante Chacón, continuamente hostili- 
zada por las flecheras de Arismendi. 

Segundo. Con esos auxilios, Mariño, Bermú- 
dez y Piar, lograron dominar en Paria y paralizar 
las actividades del Gobernador de Cumaná. 

Tercero. La expedición de Gcumare atrajo 
en su estela fuerzas de Caracas y de los llanos que 
fueron destruidas en el Alacrán y en el Juncal. 

Cuarto. Estas ateciones iban a dejar en re- 
lativas tranquilidades a Cecleño en sus dominios 
del Cuchivero, hostilizando sin cesar a las avan- 
zadas del Jefe de Angostura que no podía, de es- 
te modo, tomar parte en ninguna empresa general. 

Y si estas fueron las consecuencias inmediatas, 
las más lejanas son de igual importancia y habrían 
sido llaves del éxito definitivo, si los patriotas hu- 
bieran podido aprovecharlas, eliminando el germen 
malsano de la discordia. 

Desde luego, debilitado Moxó, que perdía el 
Oriente, procuró reconcentrarse y se acordó la 
evacuación de la Isla Margarita, que se realizó me- 
tódicamente hasta el 4 de Noviembre, pasando el 
brigadier Juan Pardo a Cumaná y su segundo Al- 
dama a reorganizar sus tropas en La Guaira. En 
él Continente, las tropas se retiraban al Occidente 
del Uñare, salvo ligeras partidas y las guarnicio- 
nes de Ceruti en él Orinoco y de Cires en Gúmena 
quedaban inmovilizados. 

La expedición de Los Cayos, salida de su puer- 
to inicial a fines de Marzo, había conquistado todo 
un país en seis meses. Podía dominar desde Pá- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 291 



lia hasta las bocas del Unare, por el Caribe,- y has- 
ta las del Orinoco, por el Atlántico; y habría cerra- 
do su territorio por el occidente, manteniendo la 
linea del valle del Uñare y de sus afluentes, hasta 
Ipire, desde aquí a San Diego de Cabrutica y por 
los valles que allí se originan, el de Rio Ciato y otros, 
hasta el Orinoco donde estaban las fuerzas de Ce- 
deño. Este espacio es todo Un país, con pobladores 
suficientes para formar un ejército, con recursos 
para aprovisionarlo y con fáciles comunicaciones 
exteriores para procurarse elementos de guerra. 
Ya se poseía una de estas bases externas: la isla 
de Margarita, y una campaña adecuada haría caer 
la otra :Angostura. .La rendición de dimana era 
de menor importancia y podía considerarse comió 
consecuencia de las capturas señaladas. Los pue- 
blos del interior eran adictos a los patriotas y só- 
lo algunos, como La Margarita y Onoto, al norte 
de Aragua de Barcelona, manifestaban tendencias 
antagónicas; su reducción era fácil, simple empre- 
sa de policía dentro del plan militar que estamos 
esbozando y, así, el cuadro general se mostraba 
muy satisfactorio y sólo faltaba un jefe que domi- 
nara el conjunto y organizara la conquista. 

Arismendi, ya desde el 22 de Setiembre, ha- 
tía presentido esta nececidad en Margarita y le 
escribía a Bolívar, que estaba en Haití, llamándo- 
le; los patriotas vencedores del Juncal se reunie- 
ron el 27 de Setiembre en Barcelona y comisiona- 
ron a Don Francisco Antonio Zea para que fuera 
en persona a buscar al Libertador. 

Tenían un territorio que ofrecerle y hombres 
que poner a , su disposición; les faltaban pertrechos 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



que él traería y, más que esto, una dirección acer- 
tada que no podía ser sino suya, la de quien con 
su expedición de Haití, concepción de su talento 
y obra de su constancia había dado una base es- 
pléndida para las nuevas campañas. 

Dos mil hombres hemos dicho, combatieron en 
el Juncal; mil, por lo menos, tendrían Mariño y 
Bermúde::; las tropais de Zaraza que exploraban 
la retaguardia de Morales no serían inferiores a. 
500 jinetes ; partidas sueltas, como la de Jesús Ba- 
rreto y otras, llegarían tal vez a igual cifra; Oe- 
deño tenía 1500 soldados en el Orinoco y estos so- 
los contingentes daban ya una masa de 5000 hom- 
bres en el territorio conquistado. La posesión 
tranquila de esta comarca, mediante una vigilancia 
de la linea del Uñare y del Rio Claro, con avanza- 
zadas de guerrillas sobre los llanos de Caracas, 
permitía la organización de un ejército eficaz para 
rendir a Ang-ostura y dar un golpe definitivo al 
poderío español. 

Y todo esto que era tan claro, que fué visto 
por quienes llamaron al Libertador, que él mismo 
acariciaría como un programa, todo esto se malo- 
gró por causas que no queremos anticipar a fin 
de que ellas resulten nítidas de la exposición dé 
los hechos. 

A raiz del triunfo de Juncal, se produjeron 
serios desacuerdos en los generales Piar y Mac- 
Gregor de los cuales dan cuenta las memorias del 
Coronel Don Francisco ¡ Vicente Parejo en los si- 
guientes términos: 

^Mac-Gregor deseaba concluir hasta con las 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 293 



" reliquias del Ejército, y al intento salió él por 
"una parte, y el general Monagas por otra en su 
"persecución; el realista López se encontraba en 
"el pueblo de San Francisco, en donde había for- 
"mado un cuerpo de fuerzas que fué deshecho por 
"Monagas; la divisón de este general y la de Mac- 
"Gregor se juntaron en el pueblo de San Lorenzo, 
"en donde este último puso la suya al mando del 
"primero, y se marchó para la isla de Margarita* 

"Esta separación la ocasionó un disgusto que 
"tuvo Mac-Gregor con el general Piar que mandaba 
"en Jefe: Monagas fué llamado por Piar a su 
"cuartel general del Carito y el mayor general Pa- 
"rejo fué destinado a la villa de Aragna a rehacer 
"la caballería. Las desazones de Piar y Mac-Gregor 
"hicieron temer al primero que Monagas podría as- 
"pirar al mando y para colmar sus recelos lo se- 
"paró, de la división de que estaba hecho cargo y a 
"su Secretario y los confinaron a Margarita; el 
"señor Parejo fué envuelto en estos procedimien- 
tos; el coronel Barroso encargado de enviarlo 
"con seguridad al cuartel general y bajo la cus- 
"todia del escuadrón del capitán Morocho. Este 
"aparato ruidoso no fué necesario; el señor Pare- 
"jo se presentó al general Piar y, sin haberle he- 
''cho el menor cargo ni indicarle lo que había cau- 
"sado aquella tropelía, fué destinado a Barcelona 
"a las órdenes del General Freytes, que era su Go- 
bernador, e instando el señor Parejo sobre lo que 
"acababa de sucederle, se le contestó que su des- 
aino a Barcelona satisfacía para acreditar que 
"nada había que pudiera perjudicar. De este pro- 



294 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"cedimiento y otros habla bien el manifiesto que 
"dio el general Bolívar en Angostura" (21). 

Por lo que hace a la batalla del Juncal, los da- 
tos del Coronel Parejo concuerdan con la .opinión 
que antes citamos del Coronel Conde y la harmo- 
nía de ambos testimonios nos permite dar como lo 
más probablemente cierto (que nunca es más la 
verdad histórica, sino una gran aproximación a 
la certidumbre) que esta función de armas fué de- 
cidida ppr la división de Ocumare cuyos jefes en 
ese momento, Mac-Gregor, Monagas y Soublette, 
emprendieron la persecusión eficaz del realista has- 
ta las margenes del Güera tributario del XJnare don- 
de moran los pueblos de San Francisco y San Lo- 
renzo. 

A estas opiniones se agrega la de Bolívar, mis- 
mo consignada en un manifiesto dado más tarde 
en Angostura. 

"La división del General Gregor, dice des- 
*'pués de haber libertado a Barcelona se somete 
"a sus órdenes (las de Piar) porque asi lo exigía 
<l e\ orden de la milicia y porque él se jactaba de 
"ser el primer . apoyo del Gobierno. La batalla del 
"Juncal casi perdida por este general, fué un te- 
rrible desengaño para aquellos alucinados solda- 
Át dos que creían tener en él un gran Capitán; pe- 
"ro su impericia y su cobardía se manifestaron 
"allí de un modo incontestable. Ganada por el 
"General Mac-Gregor y por los otros subalternos 
"que obraron arbitrariamente, hallándose abando- 



(21) Mecorias del General Parejo. Archivo del Li- 
bertador. 



LAS GUERÉAS DE BOLIVAR 295 



" nados de su. Jefe y sin esperanza de salvarse, ni 
"aún siquiera se puso a la cabeza de los fugitivos 
"y el fruto d eaquella victoria fué ninguno, como 
4t todas las que la fortuna le ha proporcionado/ '(22) 
La frase que subrayamos es la expresión exac- 
ta de la verdad, pues Piar no supo asegurar las ven- 
tajas del triunfo del Juncal. Su situación era muy 
clara. Tenía elementos adecuados para formar una 
línea sobre el Uñare, con guarniciones en Clarines 
y Onoto; por ejemplo, y oblicuando desde este úl- 
timo punto hacía el Oriente, debió establecer una 
brigada de consideración en Aragua de Barcelona, 
I formando de este m'odo un abrigo seguro y eficaz 
para la conquistada Barcelona cuyos heroicos habi- 
tantes, y particularmente sus cultos dirigentes, 
| eran afectísimos a la cansa de la Patria. 

A la vanguardia de esta linea principal, se 
imponía el establecimiento de partidas de explo- 
ración sobre la izquierda del Uñare, desde Santa 
María de Ipire hasta \\m sabanas de Uchire, con 
una descubierta hasta Chaguaramas, en donde un 
jefe conocedor, como Julián Infante, por ejemplo, 
j habría mantenido la más provechosa observación 
sobre los movimientos realistas. Estas posiciones 
í le habrían permitido, en caso de ataque, en virtud 
de avisos de su descubierta y de resistencias de 
sus guerrillas sobre la izquierda del Uñare, movili- 
zar en concentración sus fueras veteranas de Ua- 
rines, Onoto y Aragua hacia el punto amagado y 
obtener una victoria definitiva sobre el invasor del 



(22) Documento inédito <ge tlebemos a la géneros!* 
dad de Don Vicente Lectma. 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



territorio conquistado por la división de Ocuinare. 

En cnanto al sector meridional, desde Santa, 
María de Ipire al Orinoco, bastaba una guarnición 
de guerrilleros expertos en San Diego de Cabru- 
tica, región afecta a los patriotas que les había 
servido de centro de acción, para no temer ataque 
alguno y aún para facilitar una concentración so- 
bre estas líneas, si la embestida realista hubiera de 
venir por allí, lo que no era de temer, en vista de 
las atenciones exigidas por los esfuerzos de Páez 
y de Cedeño en esos parajes. 

Tal era el cuadro militar que tenía ante sus 
ojos el jefe a quien correspondía la victoria del 
Juncal; para realizarlo necesitaba el concurso de 
todos los jefes y oficiales y para obtener frutos 
mayores, como la organización de un gobierno, le 
era preciso contar con civiles comió el Doctor Mi- 
guel Peña que con tanta abnegación había traba- 
jado por la concordia entre los guerrilleros, por 
educarlos en el amor de la Patria. Lejos de hacer 
este esfuerzo de cohesión, Piar alejó a Monagas 
-de su división, confirmó a Parejo en Barcelona, y 
el Doctor Peña fué enviado en comisión a Trinidad 
y Mac-Gregor se retiraba, impotente para oponer- 
se al dominador Piar. 

Los jefes de Margarita y los expedicionarios 
-de Ocnmare habían llamado »a1 Libertador, comi- 
sionando al Doctor Zea con este objeto; esto era 
una amenaza para las ambiciones de Piar; Bolívar, 
obrando con presteza, podía estar en un més en el 
territorio patrio., su precensk haría abortar todas 
las combinaciones de Piar y éste se decidió a tras- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 297 



ladar la guerra al Orinoco, abandonando el terri- 
torio conquistado con tantos afanes. 

Su programa de unirse con Cedeño y de apo- 
derarse de Angostura, tan generalmente aplaudi- 
do, no fué en nuestro humilde entender sino un 
consejo de su ambición, bajo el punto de vista po- 
lítico, y un grave error militar que le condena co- 
mo estratega. Veamos tan rápidamente comió sea 
posible, sin que dejemos de detenernos lo necesa- 
rio para esclarecer la verdad, la conducta de Piar 
en el manejo de sus operaciones. 

Pueden verse en el diario de su campaña nu- 
merosas medidas tomadas contra los jefes y oficia- 
les adictos a Bolívar, otras que revelan los sínto- 
mas de indisciplina de un ejército que obedecía 
con gran contrariedad de espíritu, conciente de que 
se le llevaba a una conquista aventurada, por el 
momento, abandonando otra ya segura, fácil de 
mantener y que procuraría sin gran esfuerzo el 
objetivo que se buscaba con grandes sacrificios, 
incluso la pérdida de una base enorme de opera- 
ciones. La correspondencia misma de Piar en esos 
días con Monagas, con Zaraza, con Freytes el go- 
bernador de Barcelona y otros está llena de asperi- 
dades que tendían a ahondar las divisiones. 

Entre estas comunicaciones; la de mayor impor- 
tancia es la dirigida a los Generales Zaraza y Frey- 
tes, ordenándoles perentoriamente el desconoci- 
miento de la autoridad de Mariño que había sido 
proclamado como segundo Jefe de la República en 
las Asambleas de Margaritar-y Carúpano. El ofi- 
cio dice: " Estas consideraciones me han movido 
"a prevenir a los Jefes de Departamento en el 



298 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"artículo 2° de sus instrucciones que no reconoz- 
can otra autoridad ni den cumplimiento a otras 
"órdenes qua las libradas por V. S. o por mí direc- 
"tamente; y ellas mismas son las que me obligan 
4 'a prevenir a V. S. bajo la más extricta y severa 
"responsabilidad que por ninigún motivo ni de 
"ningún modo reconozca, obedezca ni preste nin- 
"gfún auxilio al General Mariño hasta que, indenir 
"nizado de los cargos que se le hacen y manifestar 
"da legítimamente su inocencia ordene yo a V. S. 
"su reconocimiento." (23) 

La base de esta deposición dictada por Piar 
eran los atentados cometidos por Mariño y Bermú- 
dez contra el Libertador en Güiria y es fuera de 
duda que el Secretario, Comandante Pedro Brice- 
ño Méndez, a quien Bolívar colocó sagazmente al 
lado de Piar, redactó el documento con la honra- 
da intención de amparar al Jefe Supremo, pero 
no es menos efectivo que Piar lo firmó para desem- 
barazarse de un rival, como era Mariño, ya que el 
otro, el grande, Bolívar mismo, no le debe grandes 
cuidados, pues lo había dejado desarmado, arreba- 
tándole el ejercito expedicionario de Ocumiare y 
apresurándose por consolidar su prestigio, median- 
te una conquista, ilusoria, dada la escasez de me- 
dios que podía oponer a las fuerzas militares y na- 
vales de los realistas en Guayanas. 

El 8 de Octubre, unos diez días después del 
acuerdo de los patriotas para llamar a Bolívar, re- 
solución que el propio Piar aceptó, en apariencias, 
por lo menos, se inició la marcha del ejército ha- 



(23) Documento 1144. Blanco y Azpurúa. Tomo V* 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR " 299 



cia el Orinoco. Llevaba Piar 1500 hombres y de- 
jaba en su camino cortos destacamentos para man- 
tener a algunos pueblos díscolos como La Marga- 
rita y Onoto y un punto de vigilancia en el Chapa- 
rro confiado a los Comandantes Joaquín Hernán- 
dez, como jefe de la plaza, y a José Hernández, je- 
fe del escuadrón Restaurador, a quien llama el Mo- 
rocho el Coronel Parejo en el documento antes ci- 
tado. Quedó adfcmás guarnecida Barcelona feon 
tropas del General Pedro María Freytes, muy es- 
casas, y actuando Zaraza en los llanos, como lu- 
gar-teniente de Piar. 

Los efectos perniciosos de la discordia, y los 
peores aún del abandono de las comarcas tan afor- 
tunadamente adquiridas no tardarían en producir- 
se. Los realistas que evacuaron a Margarita, tras- 
ladaron fuerzas a Cumaná y Mariño se vio obliga- 
gado a abandonar su empresa, retirándose a los 
parajes de la Cantaura; entretanto, los oficiales 
del Rey se reunían al occidente del Uñare y Zaraza, 
seriamente .amenazado, pedía recursos a Piar. 

La respuesta de Piar a Zaraza se limita a de- 
cirle que le confía el mando general de la zona, que 
pone a Freytes bajo sus órdenes, que cree infunda- 
do sus temores y, en suma, que se arregle como 
pueda; estas mismas instrucciones fueron impues- 
tas al Gobernador de Barcelona. (24) 

La situación se empeora, la pérdida de la con- 
quista de la provincia de Barcelona parece inevi- 
table ; el Coronel Infante y el Comandante López 



(24) Blanco y Azpurúa. Documento 1143. Tomo y? 



g0O FRANCISCO RIVAS VICUÑA 

anuncian a Zaraza sus peligros, éste trasmite sus 
comunicaciones a Piar, diciéndole que abandone 
por el momento, su empresa de Guayana y que 
venga en su auxilio. 

Debió Piar conocer las dificultades de su cam- 
paña con sólo meditar en que, a la llegada á& esta 
petición de Zaraza, el 5 de Diciembre de 1816, re- 
cién había atravesado el Orinoco, casi dos meses 
después de su partida, marcha lentísima *y c¿ae 
revela la poca actividad de Piar, si se considera 
que la ejecutó en territorio amigo. 

La respuesta de Piar dice que su objeto al 
nombrar a Zaraza Comandante en Jefe de Barce- 
lona fué "evitar los males si el enemigo intenta- 
rse invadirla de nuevo. Aquellas fuerzas son igua- 
les, cuando no superiores a las que el Coronel 
"Infante dice que tiene Real, y los talentos milita- 
res y valor de VS. son en mi concepto superiores 
"a los del Jefe español. No hallo pues un motivo 
"para abandonar la empresa de Guayana por aten- 
der a las amenazas insignificantes de un enemigo 
"que VS. solo es capaz de destruir.' 9 (25) " 

No quiere apreciar los informes de Zaraza y 
de sus oficiales, pues Piar está determinado a bus- 
car en Guayana la base de su predominio político, 
única inspiración que lo aleja de Barcelona. El 
mismo se encarga de condenar su movimiento en 
el párrafo siguiente de su comunicación a Zaraza. 

í( Además de estas consideraciones, agrega, me 
" hallo en la imposibiliaad de atravesar el Orinoco 
"antes de ocupar la capital de Guayana. Las fle- 



(25) Blanco y Azpurúa. Tomo V Documento 1153. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 3Q1 



"cheras y lanchas enemigas nos han apresado cuan- 
¿í tos buques temamos- para el pasaje, privándonos 
"casi hasta de la comunicación con ese lado. So- 
mbre estas rabones añada VS. la importancia de 
"mi empresa, y conv&ndra fácilmente en que sería 
"una, temeridad imprudente aventurarnos ja reh 
" pasar el río en estas circunstancias.' 9 

El pretexto es fútil; si no tenía elementos pa- 
ra repasar el Orinoco y salvar la retaguardia ver- 
dadera de su expedición, menos los tendría para 
cruzar el Caura y más importaba la primera ope- 
ración de seguridad que la segunda de mera ten- 
tativa. Deja su gran base barcelonesa confiada al 
esfuerzo de los guerrilleros, desentendiéndose del 
verdadero carácter de la campaña; los españoles 
no pueden traer tropas de línea "porque no las 
4i tienen: su caballería es infinitamente inferior 
"en valor y en número a la que VS' debe presen- 
tarle; VS práctico del terreno y amado y res- 
petado de sus habitantes y ellos ignorantes de 
* 'aquel y odiados por éstos; las tropas de VS ven- 
leedoras y orgullosas y las de dios batidas en to- 
adas partes sin opinión ni moral alguna, todo, to- v 
"do promete un triunfo cierto. Obre» pues VS con 
4 'prudencia y confianza en esta compaña que va 
"a eternizar su nombre, aumentando sus glorias 
"y las de la República.' ' 

Esta sería simple fraseología sino se descubrie- 
ra an ella la excusa injustificada del abandono de 
una región tan afanosamente ocupada por los pa- 
triotas; sin datos propios, aprecia por su cuenta 
el General Piar los recursos y las posibilidades del 
enemigo, destina las afirmaciones fundadas de sus 
20 



302 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



capitanes y sobre esto funda la negativa de auxi- 
lio y se confirma en su expedición sobre Guayana 
cuya dificultad el mismo pone de relieve. Pero 
hay más aún, el propio Piar, critica la doctrina 
de su empresa en carta escritá a Páez, que le pi- 
de socorros para afirmarse en los llanos ocupados 
por sus lanceros. 

"La ocupación de San Fernando, dice Piar 
"a Páez, contestando una carta que éste dirigió a 
*'Cedeño, lejos de dar a Vd. seguridad, aumenta 
"sus embarazos, si como es de presumir, piensa 
"Vd conservarla por las ventajas que ofrece su po- 
sición, sin atender a que no puede sostenerse un 
"puesto fortificado sin municiones!, y míucho menos 
"ése que, flanqueado por el Apure, se halla expues- 
"to a las tentativas que continuamente hará el 
"que lo domine con fuerzas navales. " (26) 

La observación del General Piar era cierta pa- 
ra el Apure y lo era todavía más para el Orinoco; 
en rigor, Páez podría defenderse por el río con 
flecheras improvisadas que opondría a la escua- 
drilla análoga del realista, pero Piar en Angostu- 
ra tendría que resistir el empuje de una flotilla or- 
ganizada y para su empresa tenían real valor las* 
observaciones que hacía al caudillo llanero : An- 
gostura no podía ser conservada sin destruir la 
escuadra española. 

A él le correspondía su censura de la cam- 
paña de Páez: "Por otra parte, le dice ¿concibe 
"Y. que obrando ese ejército a tanta distancia, 
''sin recursos militares y aislado, por decirlo así, 



(26) Blanco y Azpurúa. Tomo V. Documento 1150. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



303 



"en miedio del país enemigo, pueda subsistir en la 
"inacción, o cree que la rendición de San Fei;nan- 
"do, decide la campaña con suceso en nuestro fa- 
<4 vor?" 

Ni la toma de San Fernando, ni la de las for- 
talezas de Guayana decidían la campaña; estas 
empresas era un factor al que debía sumarse la 
posesión de libres comunicciones fluviales y marí- 
timas, programa que ni Páez ni Piar veían y que 
otro meditaba desde antiguo. La respuesta del 
jefe que avanzaba sobre Guayana al que dominaba 
en los llanos, continúa así : 

"Estoy bien lejos de creer a V. tan insensato ; 
"lo creo sí convencido de que mientras obremos 
"en partidas, mientras no presentemos al enemigo 
"una masa fuerte e irresistible trabajamos en va- 
"no, comprometemos los pueblos, y obligados al 
"fin a abandonarles, porque el enemigo, aprove- 
chándose de nuestras faltas nos bate en detal» in~ 
"molan las poblaciones comprometidas, y destruí- 
"mos nosotros mismos la opinión que empieza a 
"formarse. Estas con las consecuencias necesa- 
rias de la división de las fuerzas en nuestras cir- 
"cuntancias, y este será el resultado triste, pero 
"infalible de nuestras operaciones, si continuamos j 
"dirigiéndolas como hasta aquí." 

Para buscar la unión, empleaba Piar palabras 
enojosas para Páez, le llama insensato, y para rea- 
lizar esa concentración que tanto recomendaba se 
había desprendido de las provincias adquiridas* 
dejándolas casi sin guarnición, confiadas en Bar- 
celona a la bravura de Freytes y en los llanos a 
las abnegaciones de los guerrilleros (de Zaraza i 



304 



FRANCISCO PvIVAS VICUÑA 



sombrada la discordia, se disgustaba con los adic- 
tos a Bolívar, desponía a Mariño y, contando con 
el patriotismo de Cedeño, que adoraba al Liberta- 
dor, lo envolvía en sus redes para llevarlo a GFua- 
yana. 

* Si Piar hubiera sido un general como los que 
"mandaron la retirada de Ocumare, habría previs- 
to de antemano lo necesario para su marcha, obran- 
do como obraba en terreno amigo. En 60 días 
escasos, Mac-Gregor y Soublette habían recorrido 
cerca de 1000 kilómetros, filtrándose por entre las 
tropas del Rey, dsede Ocumare hasta Barcelona, 
venciendo en Onoto, San Sebastián, Chaguaramas, 
Quebrada Honda y el Alacrán; Piar demoraba un 
mes en su marcha por el territorio adquirido, des- 
de Barcelona a Rio Claro, por Pilar, el Carito, Ara. 
gn% el Chaparro, Ipire y Cabrutica, poblaciones 
amigas escalonadas - en una trayectoria de menos 
de 400 kilómetros. Llegado a Rio Claro, el 8 de 
Noviembre, el jefe patriota de la ribera opuesta le 
ofrece embarcaciones disponibles en su distrito de 
Pueblo Nuevo para pasar el Orinoco; tenía 'elemen- 
tos para trasbordar un centenar de hombres en 
cada viaje; Piar se retarda y sólo el 22 del mismo 
mis cruza el río por el caño de Tucuragua. Pier- 
de enseguida largo tiem'po en recorrer los puestos 
de Cedeño desde Pueblo Nuevo a Bendición, se 
disgustan con la tardanza jefes como Alcántara 
Borras, Velez y Rivas que fomaron parte de la 
expedición de Ocumare y prefieren regresar al cen- 
tro ; sus durezas disgustan a su personal, su poca 
actividad los desalienta y un fermento de indis- 
ciplina y deserción cunde en sus filas. Había per- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



305 



dido un tiempo precioso; con la energía empleada 
para separar a Monagas y a Zaraza, para deponer 
a Mariño y desprestigiar a Bermúdez, debió im- 
partir órdenes para tener listos elementos de tras- 4 
bordo desde su llegada a la margen izquierda del 
Orinoco; no tomó precauciones y d^/sde su llegada 
perdió una quincena antes de atravesarlo y, luego, 
un largo mes en encaminarse al Oaura para seguir 
su marcha sobre la capital de Gud^áaia. 

Solo el 30 de Diciembre de 1816, casi tres me- 
ses después de su partida de Barcelona, franquea- 
ba el Caura por el paso de Maripa, empujando de- 
lante de si a la guarnición española de San Pedro, 
al Este de este río. 

Las maniobras de Piar, por elevada que fue- 
ra su concepción estratégica de conquistar la Gua- 
yana, son muy criticables ya que para intentar es- 
te objetivo abandonó el territorio conquistado, pri- 
mera falta, y procedió enseguida con lentitud, se- 
gundo error, dando tienípo a concentraciones de 
tropas y de elementos enemigos que liarían impo- 
sible el logro de su empresa cuyo éxito, dados sus 
escasos medios, dependía de la rápidez en la acción. 
En cuanto a la paternidad del proyecto de apode- 
rarse de Guayana no es atribuible a Piar; en él 
pensó Bolívar en Haití, todos los guerrilleros uni- 
dos quisieron realizarlo cuando fueron derrotados 
por Ceruti y Gorrín en La Mesa, el Becerro y el 
Caraqueño, los realistas mismos comprendían qi$e 
ese era el plan patriota y tan evidente era su nece- 
sidad que semejante conquista era una aspiraeió» 
nacional que alentaba en todo el ejército, Miie^ 
representante entonces de la patria venezolana. 



306 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 

Empero, era preciso ejecutarlo por los medios 
estratégicos naturales y con recursos adecuados; 
entre los primeros estaba la conservación de la 
* conquista del territorio de Barcelona y dimana 
y punto principal de los segundos era el contar con 
elementos navales. Aquello se conseguía guardan- 
do la linea del Unare y estos esperando la venida 
del Libertador que debía traerlos. Piar desguarneció 
aquella línea y nq esperó la flotilla que el mismo 
consideraba base del éxito, obedeció en ésto a sus 
miras políticas y comprometió las operaciones 
militares, que solo recuperarían la buena situa- 
ción alcanzada gracias a la primera expedición de 
Haití mediante nuevas abnegaciones del Liberta- 
dor, que preparaba una segunda invasión, desde el 
mismo punto, con la que iba a iniciar su cuarta 
campaña por la independencia. 



IV 

LA CONTIENDA POR LAS COMUNICACIONES 
EXTERIORES. 

La guerra separatista había tomado en todas 
las colonias un nuevo carácter desde la reconquis- 
ta casi-general de 1814; las expediciones españo- 
las que envolvían al Continente, abordando los 
puertos chilenos por el Sur y los de Venezuela por 
él septentrión, marcaban el sello internacional de 
la lucha, los españoles eran ya extranjeros en el 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 3Q7 



territorio de tos colonias y esta condición se pro- 
nunciaba con rasgos muy profundos en virtud de 
la desacertada política de opresión, de exacciones, 
de vejación que hacían los agentes del Rey. 

Los realistas sentían las dificultades cíe la Pa- 
sificación y los criollos eran cada día más cons- 
cientes de sus derechos, en cuya concepción iban 
subiendo desde lá necesidad de amparar la pose- 
sión de sus bienes y el honor de sus hogares, has- 
ta el respecto de sus libertades individuales y el 
de la soberanía de la entidad que las integraba y 
las garantizaba : la patria. 

Aunque sea doloroso decirlo en estos tiempos, 
el hecho es que los representantes del Rey en aque- 
lla época de reconquista no estaban muy distantes 
de comprender su misión, tal como la entendieran 
sus antepasados del siglo XVI ; se venía a la Amé- 
rica para hacer fortuna, pocos aspiraban honores 
y los más codiciaban riquezas y, con este criterio 
encaminaban sus actos a este objetivo, descuidan- 
do los intereses políticos de su señor y anío, el Rey 
Pernando. La lucha por los bienes materiales no 
se trataba ahora contra los indígenas, fáciles de 
dominar, sino contra hombres de su propia raza, 
«como directores, y de mestizaciones diversas, como 
masa, pero empapados todos del sentimiento de la 
propiedad. Los reconquistadores atentaron a esta 
en formas diferentes, tributos para la Corona, cu- 
pos de guerra para sostener el ejército de pacifi- 
cación, secuestros, ventas en subastas de los bie- 
nes de los patriotas, sin contar los medios ilegíti- 
mas e inconfesables de exacción p^o^ m;edio de hos- 



308 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 

tilidades de toda suerte, desde el destierro hasta 
el asesinato. 

Los independientes afectados de este modo 
habían, por su parte, aprendido a poseer la tierra 
en los llanos altos y bajos y sabían defenderla con 
sus lanzas; su adhesión al terruño conquistado 
e£a cada día mayor y, como el sentimiento se ge- 
neralizara, la idea de unión para la defensa común, 
la formación de una patria, germinaba vigorosa 
en todos ellos y es de notar que esta tendencia era 
mayor en los pequeños y menos fuerte en los gran- 
des : Jos intereses de los primeros eran todos con- 
cordantes y los de los últimos divergían por las 
desmedidas ambiciones de algunos caudillos. 

La evolución se realizaba movida por estos 
anhelos y se perfeccionaría cuando las circunstan- 
cias hicieran desaparecer las divisiones del caudi- 
llaje personalista, incrementando los vigores da la 
reacción patriota a medida que crecían los abusos 
de la compresión realista. El Teniente General 
Morillo creía haber pacificado las comarcas neo-gra- 
nadinas y venezolanas y confiaba en las severidades 
del régimen de su lugar-teniente Moxó ;este debió a- 
cumular caudales, provisiones y reemplazos para su,s 
tropas de modo que cualquier levantamiento en 
Caracas necesitaría sólo un ligero auxilio de su 
ejército de Santa Fé y su dirección personal. En- 
gañado estaba él Conde de Cartagena que no su- 
po informarse a fondo de la situación social pro- 
ducida por su mala política ; algo temía en verdad, 
pi^es imploraba al Rey que le enviara hasta 4000 hom- 
bres para llenar las bajas de su ejército y que, en 
Itodo caso, cualquiera expedición que enviara al 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 30£ 



Pacífico tocara en Costa Firme a fin de darle, de 
paso, alguna ayuda para terminar la pacificación de 
Is provincias del litoral, especialmente de la Isla 
de Margarita. 

La expedición de Bolívar le alarmó, más lúe- 
go sintióse tranquilo con la jornada de Aguacates, 
creyó aplastados a los rebeldes y permaneció tran- 
quilo en su cuartel general de Santa Té, distribu- 
yendo guarniciones y dictando medidas adminis- 
trativas de compresión que eran una verdadera 
propaganda de la recacción patriótica. Solo el 16 
de Noviembre de 1816, se movía de su cuartel de 
Santa Fé y demoraba hasta el 6 de Diciembre en 
recorrer 50 leguas escasas hasta el punto de Sogu- 
moso, arranque del camino que había hecho cons- 
truir por los planes de Casam&re, del Apure y de 
1& provincia de Caracas hasta la Capital de Vene- 
zuela. Aún tardaría mes y medio en su viaje de 
160 leguas hasta el teatro de operaciones de las 
partidas de Páez y, entretanto, su formidable con- 
tendor, Bolívar, ya estaba en las provincias del 
Oriente venezolano. 

El Libertador, acallando en su corazón la inju- 
ria recibida el 22 de Agosto en las tttáyas de Grüiria,, 
seguía a buscar el asilo de Petión y, tras larga pere- 
grinación en el Caribe, infestado de baicos enemigos. 
Llegaba a Puerto Principe, a fines de Setiembre, y es- 
cribía sin tardanza a su amigo Hyslop ;j 

<£ No hem)os perdido todo; nos quedan todavía 
"en Costa Firme algunos puntos importantes y 
"bien guarnecidos,; tengo esperanzas de volver pron- 
"to con recurso^ .suficientes para, conseguir la li- 



310 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"bertad de Venezuela. .Esta vez daremos el últi- 
4l mo golpe. " (27) 

Se pone a la obra, se encuentra con las dificul- 
tades propias de una situación congestionada de re- 
volneionarios, ya que el General Mina también pre- 
para una expedición en Haití con destino a Méxi- 
c6; nada de esto lo desalienta; lejos de eso, sien- 
te que el ambiente general de libertad lo fortifica 
y, comunicando estas circunstancias y los movi- 
mientos patriotas de Cuba y Puerto Rico, dice al 
mismo amigo, el 4 de Octubre: 

il Lejos de desesperar del éxito, las cosas es- 
£ 'tán más propicias. Poco a poco,. todo se eman- 
cipa y recobra sus derechos." (28) 

Trabaja sin descanso para obtener elementos 
que le ofrece la generosidad de Petión y la longa- 
nimidad de Southerland, más a pesar de esto, ne- 
cesita recursos cuya carencia le demora en la pre- 
paración ele su viaje. Así, el 26 de Noviembre, in- 
vitando al canónigo chileno Cortés de Madariaga, 
le dice : 

" Hasta este momento no he podidio arreglar 
"mis asuntos, porque los obstáculos se multipli- 
can cuando escasean los medios; pero al fin, yo 
*' parto con la esperanza de ver a Ud. muy pronto 

*'en el seno de la patria cooperando eficazmente 
**a la construcción del gran edificio de la Repúbli- 
ca." (29) 

Incansable, recibida ya la invitación de Aris- 



(27) O'Leary. Correspondencia. Tomo 29. Página 100. 

(28) O'Leary. Correspondencia. Tomo 29. Página 101» 

(29) O'Leary. Tomo 29. Página 103. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 3H 



mendi y la comisión de los vencedores del Juncal 
representados por Zea, siente la urgencia de par- 
tir y activa sus diligencias en forma tal que el 4 
de Diciembre se despide del Gobernador de Puer- 
to Principe para dirigirse a Jacquemel, de donde 
debe partir hacia Margarita. Deja confiada a la 
benevolencia de su amigo, el General Marimón, el 
despacho de la expedición que lleva la parte prin- 
cipal de sus pertrechos, diciéndole : 

"Permítame Ud., Señor General, suplicar a Ud. 
""se digne colmar sus bondades favoreciendo al Se- 
"ñor Villaret, a quien dejo el cuidado de conclu- 
""cir el resto de nuestra expedición a Venezuela. 77 
(30). 

En estos días de su permanencia en Háátí, es 
cribió una carta de congratulaciones a Petión, a 
propósito de su presidencia vitalicia, y estampa fra- 
ses que son como un pronóstico de su propio porve- 
nir. 

"V. E., le dice, tiene que vencerlo todo, ene- 
amigos y amigos, extranjeros y nacionales, los pa- 
"dres de la patria y hasta las virtudes de sus her- 
*'manos. El cumplimiento de este deber no será 
"muy difícil para V, E. porque V. E. es superior a 
"su país y a su época." (31) 

Tal vez en estos días ya le había impuesto el 
Doctor Zea de la situación de Venezuela y el Li- 
bertador que ya conocía los temperamentos de Ma- 
riño, de Bermúdez y de Piar, recibía noticias exac- 



(30) O'Leary. Totaio 29. Página 105. 

(31) O'Leary. Tomo 29.' Página 103. 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



tas de los campamentos de Páez en el Apure, de 
las rivalidades pacientes de neo-.granadinos y vene- 
zolanos y se aprontaba a dominarlo todo, amigos y 
enemigos compatriotas y extranjeros, en bien, de 
la patria. 

El 21 de Diciembre, se hacía a la vela desde 
Jacqusmel, en compañía de Zea y de algunos oficia- 
les que no siguieron a Mina en su expedición so- 
bre México ; el 28 abordaba en Margarita, ya poseí- 
da sin contrapeso por los patriotas y encargada 
al segundo de Arismendi, General Francisco Este- 
ban Gómez; el 31 de Diciembre de 1816 estaba en 
Barcelona, en el Continente que ya . no había de 
abandonar hasta poner firme a su empresa de eman- 
cipación, ofreciendo a su causa hasta el último sus- 
piro de una vida que, si se encendió brillante en 
la lámpara de todos los ideales, recibió también las 
atroces quemaduras de las ascuas ardientes de la 
pasión humana. 

Empezaba Bolívar su cuarta guerra, y es de 
preguntarse si entraba a esta campaña, que sería 
la última, según su recordada carta a Hyslop, con 
algún programa definido. Muchos lo niegan, no- 
sotros creemos que el Libertador traía su concep- 
ción general, la que se había de realizar algún día, 
porque era la resultante natural de los hechos y 
que acontecimientos secundarios, fuera de su al- 
eance, no podían malograr sino detener en su rea- 
lización. 

Desde luego, su primer acto es felicitar a los 
salvadores de la patria, los vencedores de Alacrán 
y del Juncal, los Bx&vm de los Jimvm» eoario él les 
llama, y les diee* "Vás. volarán conmigo hasta 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR $13 

"el rico Perú, nuestros destinos nos llaman a la;s 
" extremidades del mundo americano/ 9 

A nuestro juicio, esta no es una simple frase ; 
en su larga estada en el exterior, Bolívar debió 
tener noticias de los sucesos de Chile y de la Ar- 
gentina y adquirir, como O'Higgins y San Martín, 
la conciencia de que la campaña por la independen- 
cia no era una obra nacional sino una empresa con- 
tinental para la cual él preparaba la opinión mien- 
tras se trazaba un camino. 

Insiste inmediatamente en esta idea, dirigién- 
dose a Leandro Palacios para que recoja todos los ' 
emigrados. ""Nosotros, dice al Coronel Palacios, 
" acabamos de tener las mejores noticias del Inte- 
"rior; habiéndose reunido el Ejército dei General 
"Urdaneta con el General Zaraza, y luego que es- 
**te se haya provisto de algunas armas que le fal- 
"tan, formará reunido una masa de más de 10,000 
"homíbres, con lá cual nada es capaz de impedirnos 
"marchar sobre Santa Pé y el Perú y libertar estas 
"provincias del yugo que las oprime; manifieste 
"esta carta a los emigrados de Venezuela que se 
encuentran aún en las. colonias, a fin de que vuel- 
"van a su patria." (32) 

Empero, si este es un rumbo general, el que 
Bolívar habría de realizar en 7 años de guerras, 
surge una nueva interrogación. ¿Tenía un plan 
inmediato de campaña y era este acertado? De 
nuevo hay quienes están por la negativa y otros 
que afirman que su propósito era marchar sobre 
Caracas y lo censuran, con razón. Nosotros nos 



(32) O'Learc. Tomo 29. pág. 107. 



i 



314 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 

atrevemos a sostener que el Libertador tenía un. 
programa, la conservación de la conquista hecha 
por la primera expedición de Los Cayos, y que es- 
te era el bueno. 

El plan de campaña de Bolívar ha debido fun- 
darse sobre los datos que le daría el Doctor Zea 
en Haití y .cuyo resumen es el siguiente : 

Primero: Páez, con el llamado ejército de Nue- 
va Granada, tenía fuertes partidas que entendían a 
enseñorearse de la región entre Arauca y Araure 
hasta San Fernando. a 

Sagimdo: Cedeño dominaba desde Caicara has- 
ta el rio Caura con unos 1500 jinetes. 

Tercero: Mariño y Berm'údez estaban frente 
a Cum^ná con cerca de 2000 hombres. 

Cuarto: El triunfo del Juncal dejaba por los 
patriotas la línea al Oriente del Uñare y del Rio 
Claro y podía contarse con unos 2000 soldados, in- 
cluyendo los destacamentos de Freytes en Barce- 
lona. 

Todo esto daba un contingente de cerca de 
7000 hombres, tal vez más, tomando en cuenta las 
partidas volantes de Rojas, Barreto y otros; co- 
mo elementos navales, Bolívar tenía a su disposi- 
ción la flotilla de flecheras de Margarita y de Giii- 
ria, las naves que vinieron con él y las que traería 
Villaret. El cuadro era halagüeño y su promesa 
de levantar un ejército de 10,000 hombres tenía 
bases positivas. 

Por otra parteólos realistas estaban encerra- 
dos con Pardo y Ceruti en Cumana y Angostura; 
los derrotados del Juncal, dejando una avanzada 
en Clarines y otra en el Potrero, en las márgenes 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



315 



del Uñare, sólo tenían destacamentos a retaguar- 
dia en Rio Chica y en Caucagua, sobre el bajo Tuy f 
y se organizaban en Alta Gracia de Orituco con 
la esperanza de formlar un cuerpo de 3000 hombres. 
Su escuadra, a las órdenes generales del Comandan- 
te Chacón, se movía pesadamente en sus múltiples 
atenciones de la costa desde la Guaira hasta Cu- 
maná y no sería un serio peligro, a pesar de la 
superioridad de las naves, compensada por el arro- 
jo ya probado de los corsarios de Brion y de los 
marino? marerariteños. 

Tales espectativas risueñas, y que debieron 
ser reales, se modificaron profundamente con la 
inconsulta idea de Piar de marcharse a Guayana 
con el ejército vencedor del Juncal y Bolívar, en 
lugar de las disponibilidades previstas, sólo encon- 
tró una corta guarnición en Barcelona, destacamen- 
tos dispersos en el Carito, Aragua y el Chaparro; 
algunas guerrillas por el lado de Maturín y el 
rio Tigre y más al Sur; un puesto de observación 
sobre el destacamento de Chaguaramas que servía 
de vanguardia a los realistas que se organizaban 
en Orituco; a Marino y Bermudez siempre situa- 
dos ante Cumaná e ignoraba si Piar se había unido 
a Cedeño y conquistado la capital de Guayana, co- 
mo lo deseaba. 

Sus elementos estaban disminuidos, pero co- 
mo los del enemigo no se habían incrementado, 
su programa se conservaba intacto en sus líneas 
generales: conservar la conquista territorial y 
sus comunicaciones externas.. 

Su primer movimiento es trabajar por la 
unión y, el 28 de Diciembre, desde su Cuartel Ge- 



316 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



neral de Margarita, escribe al General Mariñof, 
olvidando todo resentimiento e invitándole a 
obrar simultáneamente para la destrucción de los 
enemigos. (33) 

Luego se dirige a Piar diciéndole, según los 
apuntes del cuaderno de correspondencia que ha 
publicado el Doctor Don Vicente Lecuna; 

" (Textual) Se le participaba la llegada de 
i W» El el Gefe Spmo. con el Señor Almirante con 
" armas, municiones, etc., etc., etc. Se le pedía 
''su opinión sobre la camip. de Guayana y se le 
"prevenía: Que si estaba en posiciones tan ven*- 
"tajosas que creyera con fundamento ocupa. . . .ciu- 
"dad, lo participara pra auxiliarlo con... na va- 
dles. Que si no conceptuaba capaz de... arla 
"se retirase con el ejército sobre el Quartel GraJ: 
" y que <si ya había ocupado la ciudad enviase los 
"oficiales que componían la división del Gral. 
"Mac-Gregor". 

Con esta misma fecha, 1 de Enero de 1817, di- 
ce al General Pedro Zaraza que estaba en El Cha- 
parro con unos 300 ginetes: 

"(Textual) Se le participaba la llegada de 
H W, E. el Gefe Supmo. y el SeñorAlmirante con 
"un inm¡enso parque. Que reuniese todos los 
"hombres que existían en su departamento así ar- 
"m'ados comta desarmados, que formase cuerpos; que 
remitiera estados exactos que manifestaran el núme- 
ro de armados y desarmados : que los enviara a Ara- 
"gua donde iba a establecerse el Quartel Gral. 
' c y formar la reunión del Gran Exto. que él 



(33) Archivo del Libertador. Coñpiador de Secretaría. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



317 



"mismo pasará a una Villa a la mor brevedad a- 
" donde muy pronto marcharía S. E. : Que diese 
"-un estado exacto de los caballos y míulas con ex- 
" presión de útiles e inútiles, y de las que podían 
" servir para conducir bagajes: que enviase eaba- 
"Uos a esta plaza pr que se carecía absolutamen- 
te de ellos; que mandara una persona que reco- 
ligiera las bestias que llevó el Gral Piar y dexó 
"en Río Claro y las conduxera a Aragua." 

Al General Monagas, a quien Piar había de- 
jado sin mando y que obraba sólo por los lados de 
Chaguaramas, le dice: "(Textual) Que formara 
"en Aragua los cuerpos, que enviara a Barcelo- 
"na pr armas pues quedaba dada la orden, que los 
"'exercitara a mañania y tarde, que persiguiera a 
''los desertores, castigándolos con pena capÜtal: 
"que executara lo mismo con los que no se pre- 
sentaran a tomar las armas: que enviara ganado 
"sobre la dirección de Clarines pr que el Exeto 
"no tenía que comer." 

Sus ideas se precisan: guardar la línea del 
Uñare, desde Clarines, y formar un ejército expe- 
dicionario en el interior, en Aragua, llamando 
allí a' todas las partidas que no obedecían a un fin 
estratégico, incluso a Piar, a quien dejaba ampli- 
tud de criterio para*juzagar la posibilidad de una 
émpresa que el Libertador consideraba fracasada 
con los escasos elementos de ese general. 

Désea tener los pertrechos a su disposición y 
desde el 2 de Enero, oficia al Capitán, de Fragata 
Villaret y al Gobernador de Margarita en los tér- 
minos siguientes: "Inmediatamente que fondée 
"la escuadra en Margarita, envíe a esta plaza 
21 



318 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"cuantos - elementos de guerra conduce a borckfe: 
"igualmente los oficiales, cartucheras, cascos, A, 
" pólvora, plomo, dejando en Margarita sólo 50 
"qq de plomo y qd'o lleguen los fusiles de la con- 
trata de Southerland 1000**. 

Organiza su escuadra* b&ee reconoce a 
Bríon w-omp Almirante y urv.) de n.s Generales de 
la República y luego le comunica que ha declara- 
do el bloqueo de Cumaná, Guayra y Puerto Car- 
bello y le dice : 

"(Textual) Que queda autorizado para la 
"formación y organización del cuerpo de Marina» 
"Que en el caso de incomunicación con S. E. le 
"autoriza para dar patentes de corso, conforme a 
"nros reglamentos y ordenanzas.'* 

La idea de crear una línea interna para de* 
fender su conquista, porque bien puede atribuír- 
sele la que consiguió su expedición de Ocumare, 
se perfecciona con la de una base naval que lo 
ligue a la libre Margarita y le permita auxiliar a 
Mariño en Cumaná ; ahora, entrando más al de- 
talle, el Libertador notando la falta de recursos 
en el teritorio adyacente de Barcelona* se trasla- 
dará más al interior, pero sin perder sus contac- 
tos con la marina y resuelve despejar la "fínica po- 
sición enemiga que puede ser un obstáculo 35 eso- 
tro de unión de las fuerzas que reúnen k>s rea- 
listas; Clarines, sobre el Unaxe, donde se Ka que- 
dado el Comandante Francisco Jiménez, es el 
único tropiezo para tener la tranquila posesión 
de la costa y se decide a atacarlo con este obje- 
tivo y con los que señala en carta a Zaraza, 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



Este documento, que da plena luz sobre lo® 
planes de Bolívar dice así: 

" Enero 7-1817. (Textual) Se le participaba 

"que con el objeto de llamar la atención de es- 
"pañoles sobre la Capital de Caracas, S. E. en. 
"unión del General Arismendi marchaba pr la 
"costa por los pueblos de Píritu y de Uñare has- 
tía establecer su Quartel Gral en Tacarigua cotí 
"2000 hombres. Que por falta de caballerías no 
"llevaban un tren tan formidable como hubiera 
"podido, que los españoles viendo amenazada su 
' 'Capital llamearían sus fuerzas sobre ella en cuyo- 
"caso debía el Gral Zaraza efectuar su reunión 
"con el Exto de Nueva Granada: apoderarse de 
"todos los llanos, hombres, caballos, muías, ga- 
znados.' Que si las circunstancias eran tan far 
"vorables que S. E. con su Exto pudiera ocupar 
"la capital lo haría, pero que na iría sobre Ara- 
"gm: en donde pr entonces estarían ya reunidos 
"los objetos pedidos anteriormente. Que lo par- 
ticipara prontamente al Exto Granadino pr me- 
''dio de un expreso de confianza.' 9 

Este programa del Libertador correspondía ai 
los siguientes objetivos: 

Primero: Asegurarse la posesión de un largtf 
tramo de Costa desde Barcelona a Tacarigma pa- 
ra mantener expeditas sus comunicaciones con íá 
escuadra. 

Segundo. — Mantener por este mismo movi- 
miento la línea del Uñare. 

Tercero. — Dar facilidades a (Monagas y Za- 
raza para que hicieran su reclutamiento, se apro- 



320 FRANCISCO RIVAS YICUÑA 

visionaran y trasladaran pertrechos desde Barce- 
lona al centro de reunión fijado en Aragna. 

1 Cuarto. — La marcha del Libertador sobre Ca- 
racas, que casi todos los historiadores le atribu- 
yen como propósito principal, era una mera even- 
tualidad para el c&so de circunstancias muy favo- 
rables. 

k Quinto, — Lo principal estaba en los propósi- 
tos anteriores, a los que se agrega la perturba- 
ción del enemigo que operaba aún sin organizar- 
se en Altagracia de Orituco. 

Sexto. — El aspecto final después de despeja- 
, do el flanco de su línea, era regresar a Aragua de 
Barcelona, donde se organizaría el Gran Ejército, 
giemipre que se cumplieran las órdenes de concen- 
tración y de aprovisionamiento de municiones 
de boca y de guerra. • 

A nuestro juicio, el programa estaba bien 
concebido y, a la regla general de no permanecer 
inactivo, se agregaba como factor determinante el 
estado de las' fuerzas realistas. Es cierto que el 
Libertador no tenía tropas, después de la desa- 
certada operación de Piar: pero tampoco las te- 
jían los españoles, después de la derrota del Jun- 
cal y no era una aventura despejar la línea del 
Uñare, cayendo sobre Jiménez en Clarines, y lue- 
go avanar hasta Río Chico, que formaba la reta- 
guardia de Jiménez, a las órdenes del Comandan, 
te Galarraga, contando ambos jefes de 700 a 
800 hombres. Más aun, una victoria sobre és- 
íos hacía posible una incursión hasta el bajo Tuy, 
donde se encontraba el Teniente Coronel Monte- 
negro Colon con una corta columna de guarnición 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



321 



en Caucagua ; una incursión hasta este punto ha- 
bría ciertamente alarmado a los realistas que dis- 
ciplinaban escasos contingentes en Orituco y Se 
habrían apresurado a replegarse sobre la cam- 
tal, llenando el objetivo del Libertador. # r „ 

Aunque hubiera debido retirarse después de 
estos éxitos, recuperando su línea del Un&ra y 
abandonando las -posiciones costaneras, el éxito 
de, Bolívar se cifraba en el tiempo ganado. Mierx- 
. tras sus ¿ren^rales reunían gente, transportaba?! 
municiones y acumulaban ganados para la ali- 
mentación del ejército y para movilizarlo; mien- 
tras la escuadra de Villart fondeaba en aguas de 
Cumaná, los realistas perdían tiempo y el Liber- 
tador podía esperarlos confiado dentro de un te- 
rritorio guarnecido por el mar y bien defendido 
con tropas numerosas en el interior. 

Nos hemos extendido sobre este particular, 
a fin de exponer estos antecedentes que manifies- 
tan la mirada de estratega del Libertador, desva- 
neciendo errores de apreciación que le atribuyen 
una obstinación de marchar sobre Caracas, pre- 
pósito que no tuvo, como lo hemos derrostrada. 
La realización de este plan no fué afortunada, 
mas no por esto abandonó el Jefe Supremo su 
propósito, como también lo vamos a comprobar, 
refiriendo previamente su marcha sobre Clarinés. 

El día 7 de Enero, Bolívar se encontraba al 
occidente de Barcelona, en el sitio de Píritu con 
un destacamento de 700 homares de los cuales los 
400 eran Margariteñoe, traídos por Arismendi, y 
el resto reclutas recientes, pero que habían ya to- 
mado parte en algunos de los combates librados 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



en la región, ya sea sobre Onoto, o Cumanacoa ó el 
pequeño pueblo de la Margarita. Sus tropas 

eran, en virtud de estos antecedentes, buenas y 
probadas; también merecían confianza lo$ jefes 
superiores, el audaz Arismendi y el Coronel To- 
más Hernández. En Píritu, pudo ceriorarse Bo- 
lívar de Jas fuerzas enemigas: el Comandante Ji- 
mjénez, valiente y esforzado, que había protegido 
a los fugitivos del Juncal conservando su puesto de 
avanzada sobre la izquierda del Uñare, frente a 
Clarines, tenía sólo 100 jinetes, 200 infantes con. 
fusil, 250 indios y flecheros y dos cañones. Este 
pequeño destacamento estaba engreído con su 
posición de avanzada y con los triunfos que su 
Jefe le proporcionara en incursiones al otro ladb 
del Imare, donde tuvieron la suerte de derrotar 
en la Margarita la columna del Comandante Ci- 
priano López, escasa guarnición dejada allí por 
Piar. < Parte principalísima de la confianza del 
realista Jiménez era la adhesión de las indiadas 
del cacique Chaurán, tan adicto al Key comió Ma- 
naure y Tupepe en las riberas del Orinoco lo eran 
dé los patriotas. Y es de advertir que estas tro- 
pas indígenas no eran despreciables; sus cualida- 
des guerreras se hicieron notar desde los comien- 
zos de la conquista y son comparables a las de 
los hijos del fiero Arauco, como llamaba Bolívar a 
los pobladores autóctonos de Chile. Los indios 
de estas comarcas hicieron imposible la conquista 
de la Pavana, penetrando por el mar Caribe; 
unas tns otras cayeron las expediciones en el si- 
glo XVI vencidas por los aborígenes de estos pa- 
rages, y la Guayana, sólo fué conquistada por los 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



323 



^exploradores que los dejaron a su flanco y baja- 
ron desde los Andes por el Orinoco a la región de 
El Dorado. Los indios de aquellas regiones eran 
descendientes de los defensores de sus valles, cu- 
yas fichas diezmaron la expedición de Diego Fer- 
nández de Cerpa, haciéndole fracasar su intento de 
evear en tierra americana la "Nueva Andalucía." 

Las fuerzas que iban a medir sus armas eran 
prácticamente iguales en numero : 700 patriotas y 
tm cañón contra 550 realistas y dos cañones, te- 
niendo estos la posibiladd de ser auxiliados por la 
caballería indígena de Chaurán y la ventaja de ser 
los asaltados. Bolívar tenía en su favor las armías 
Se fue^o, pero es preciso recordar que, en un com- 
bate a corta distancia, contra fusiles de chispa era 
muy eficaz la flecha certera del indio experto en 
el manejo del arco. 

La .operación que emprendía Bolívar sobre Cía- 
Tines era secundaria y, en conformidad con las re- 
glad del arte, le afectaba un mínimo de fuerzas pro- 
porcionado a las del enemigo para asegurar la vic- 
toria ; su operación principal era la concentración de 
fuerzas en Aragua de Barcelona que sería facilita- 
da por su éxito, en Clarines o por su simple acción 
sobre ese reducto realista ya que, como dice el Ma- 
riscal Foch, no hay estrategia que prevalezca con- 
tra aquella que busca los resultados tácticos por la 
batalla. 

Este principio de la guerra moderna fué la 
inspiración constante de Bolívar y lo aplicó en 
Aguacates y en Clarines, dos batallas que siendo 
Sos derrotas, pues la victoria es fruto del azar muy 



g24 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



a menudo, aseguraron su objetivo estratégico, por 
el momento. 

El 9 de Enero, se empeñó el combate contra el 
campamento de Jiménez que apoyaba su derecha en 
el río, protegida su retaguardia y su izquierda por 
bosquecillos de las riberas del Uñare. Atravesó 
el río la columna republicana, llevando como plan 
de combate la simulación de un ataque de frente 
que dirigiría don Tomás Hernández para flanquear 
al realista por su izquierda. En la realización de 
esta empresa, Hernández llevó su ataque a fondo, 
acercándose sin disparar hasta los ligeros atrin- 
cheramientos del enemigo, maniobra que concen- 
tró sobre él todos los fuegos de los 200 infantes de 
Jiménez y las flechas de sus 250 indios, colocán- 
dolo en situación tan desventajosa que, para auxi- 
liarlo, fué preciso debilitar las tropas destinadas 
al flanqueo. Sin embargo, este se operó y, al efec- 
tuarlo se presentaba en combate la caballería in- 
dígena de Chaurán, produciéndose el inevitable de- 
sorden en las filas patriotas, cuyo desbande no pu- 
dieron impedir sus heroicos Jefes. Hernández pa- 
gaba su arrojo con la vida; Bolívar y Arismendi 
se retiraban a Barcelona con cortísimo número de 
fugitivos, dejando el campo cubierto de cadáveres, 
de heridos y de armas abandonadas. "La metralla 
*'y la fusilería, dice Bolívar, hacían tales estragos 
"en nuestra columna que esta empezó a vacilar y 
"al fin se desordenó. Yo mismo puse pié en tierra 
"y la conduje al asalto. El General Arismendi y 
"todo el Estado Mayor hicieron otro tanto. Nada 
"pudo conseguirse a pesar de nuestra resolución." 
El 9 de Enero, el Libertador había perdido un 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 325 



encuentro parcial sin que esto pueda atribuirse ni a 
una concepción estratégica errada, ni a mala combi- 
nación táctica ; bajo el primer aspecto, la m&rcha so- 
bré Clarines era una necesidad para ganar tiemipo en 
sus concentraciones de elementos y, con respecto a 
la batalla misma, la victoria o la derrota eran indi- 
ferentes si se conseguía detener al enemigo, siendo 
sólo de lamentar, en el último caso, el doloroso sacri- 
ficio de vidas preciosas y la pérdida de algún mate- 
rial; pero asi es la guerra, para ganar hay que pelear 
y derramar sangre y arriesgar pertrechos. 

La función de armas de Clarines, aunque sea 
una derrota de Bolívar no fué una victoria fruc- 
tífera para el realista que nada ganó con su triun- 
fo: ni conquistó territorio, ni facilitó otras opera- 
ciones. El Libertador regresó a su campamento 
sin perder de vista su programa, decidido a eje- 
cutarlo después de su fracaso con mayores energías 
q^e antes de su marcha sobre Clarines. La gue- 
rra no se aprende sino por la guerra y esta máxi- 
ma del Oran Mariscal, vencedor de los Imperios 
Centrales en 1918, era de particular aplicación pa- 
ra el Capitán que iba a destruir el imperio de Es- 
paña en la mitad de sus Colonias Sud- Americanas ; 
si el principio de Poeh es válido paVa masas comba- 
tientes homogéneas, es de mayor irr. portancia aún 
cuando se trata de llevar al encuentro definitivo, 
a la batalla, grupos de hombres heterogéneos en- 
tre sí y diferentes del enemigo. .Tal era la situa- 
ción de Bolívar que estaba creando un arte de sus 
guerras, de todas díferentíes por los indios, los 
hombres y el territorio. 

Clarines fué una derrota, convéngameos en ello; 



326 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



pero el empeñar esta acción no fué ni un error es- 
tratégico ni una mala disposición táctica. Como 
estrategia, era un acierto; como táctica debió ser- 
lo, mas la fortuna, que está sobre los generales, 
quiso un desastre local que no influía sobre la cam- 
paña por si mismo. 

Bolívar se retira a Barcelona y, sin tardanza, 
desde el siguiente día de su derrota de Clarines, el 
10 de Enero, escribe a Páez, a Piar a Cedeño y a 
Zaraza, enviáncloles como plenipotenciario al Gene- 
ral Juan Bautista Arismendi y confirmando su plan 
general estratégico. 

Desde luego el enlace general de las fuerzas 
del Orinoco se impone y así dice a Páez: (34) 

" Desde que supe, aún vagamente que las tro- 
"pas de Nueva Granada se aproximaban a Vene- 
azuela, encargué estrechamente al General Zaraza, 
"que guarda las márgenes del Orinoco y es el más 
* 'inmediato a ellas, que no perdonase medios de es- 
tablecer relaciones con sus jefes, invitándolos 
"a incorporarse con nosotros. " 

Esta concentración, sin perjuicio de conser- 
var aquellos territorios, tienen un objetivo que ex- 
presa con precisión: 

"Dueños de esta ciudad, su provincia y la 
"de dimana excepto su capital que sitia el Gene- 
tal Marino con suceso, aseguran mis comunica- 
aciones con los extranjeros y estoy eni aptitud de 
"recibir los frecuentes auxilios de todas clases que 
"me he procurado. 

Vigorosa es la idea de conservar su linea ex- 



(34) O'Leary. Tomo XV. Doc. $8. 



LAS G YERRAS DE BOLIVAR 



terna y también las posiciones del Orinoco, asegu- 
rando su enlace por el afianzamiento del terreno 
conquistado; "ocupando los llanos, prosigue, con 
"el gran ejército que debe darnos esta reunión, 
"se verán losespañoles en el caso de encerrarse 
"dentro de Caracas o los Valles de Aragua y no- 
esotros podremos obrar libremente en un terreno 
"inmenso abastecido de víveres y atacarlos des- 
pués de consultadas nuestras fuerzas y combina- 
"dos nuestros movimientos y operaciones. ' ' 

En igual forma escribe al General Piar y le 
agrega, puntualizando las circunstancias: "Estoy 
"seguro por los informas más exactos y dignos de 
"crédito, que sin una flotilla respetable, no es po- 
"sible tomar la Guayana. ün buque inglés proce- 
dente ríe Granaba y one ha poco estuvo allí me 
"ha instruido de sus fuerzas marítiinas. .Las nues- 
tras son muy inferiores a ellas, y además, no 
"puede ñor ahora tararse de estas costas hasta 
"asegurar todas nuestras comunicaciones exter- 
"nas por donde recibimos los auxilios y elementos 
"para la guerra. No perdamos nuestros esfuerzos. 
"Aún no es tiempo de tomar a Guayana. Llegará 
ese y con suceso.'' 1 (35) 

No son diferentes sus cartas a Cedeño y Zara- 
za, cnvas fuerzas debe^i hacer el enlace de la h'nea 
del Qrínpeo con ] a del Uñare y en ellas se muestra 
una concepción estratégica precisa y, más que eso, 
realizable por la combinación de elementos, idea 
que era la misma antes y después de Clarines, ya 
que erto era un simple accidente que no podía aí- 



(35) O'Leary. Tomo XV. Doc 60. 



328 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



terar el programa de conservar la conquista y las 
comunicaciones externas. 

Creemos haber establecido de una manera 
incontrovertible que el Libertador traía un plan 
meditado y * que este no era el de marchar sobre 
Caracas, a tontas y a locas, com¡o vulgarmente se 
dice ; encerrar en esa región al realista era su idea,, 
realizando el propio movimiento envolvente de que 
él fuera víctima en 1814. La guerra se aprende con 
la guerra. 

Sobre estas lineas generales, traza el Liber- 
tador los perfiles secundarios de la acción la que* 
sólo tendrá éxito si, como dice en carta a Mona- 
gas, 4 'cuenta con la cooperación de sus compañeros 
"de armas, la cual debe salvarlos y sin la cual to- 
ados perecerán/ ' 

El trabaja para todos; despacha emisarios y 
procura una concentración de hombres en Aragua 
o en el Chaparro y cuando esté hecha, dice a Mo- 
nagas: "será tiempo de marchar al interior lle- 
gando con nosotros 3 o 4000 fusiles y un millón 
"de cartuchos que estamos fabricando para este 
"efecto." (36) 

Neeesita elementos de movilización y artícu- 
los alimenticios; despacha comisiones con este ob- 
jeto y confía la principabde ellas al General María 
Freytes, Gobernador de Barcelona, para que obre 
de acuerdo con Monagas y a ambos les señala, ade- 
más, un plan táctico : 

Primero. Moverse con todas las fuerzas que 
puedan reunir hacia Margarita, Clarines y Píritu, 



(36) O'Leary. Tomo XY. Doc # 62. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 329 

lo que tiene por objeto cubrir el punto interior de 
concentración. 

Segundo. Socorrer a Barcelona a la menor no- 
ticia de intento de ataque de esta plaza/ 'pues ella 
" importa más en el día que todo cuanto tiene la 
P República/ ' 

Y esto últim^o lo justifica en su oficio de 16 de 
Enero al General Monagas: "Yo me sostengo aquí 
"en Barcelona, para recibir lo que necesitamos de 
"fuera, recoger lo que espero en la escuadrilla y 
"lo que he contratado con los extranjeros y trasla- 
"do mi parque al interior y cuanto es necesario pa- 
"ra equipar perfectamente nuestro ejército. "■ 

En igual sentido habla a Piar, en la m¡isma fe* 
cha, y le prescribe que se ponga en contacto con el 
ejército de Páez y lo auxilie, creando una base de 
operaciones seria; comunica lo mismo a Páez; pro- 
cura obtener la cooperación de Marino para soste- 
ner la posesión del litoral marítimo del Caribe y se 
propone ir en persona a formar las conexiones in- 
ternas contando con mantener las posiciones de 
Barcelona y con el apoyo de la escuadrila de Brion. 

El propio Bolívar ha clasificado su acción de 
Clarines en su carta del 17 de Enero al General Ma- 
riño: "Tan grande como ha sido la fatalidad, su re- 
4 6 sultado en nada nos ha perjudicado, pues, por el 
' 'contrario, este infortunio nos ha producido gran- 
des ventajas. El General Zaraza con sus tropas 
"se halla en El Chaparro. El General Monagas 
"con su división obra de nuevo contra los bandidos 
(< de Clarines. El General Freytes se haya levan- 
tando un nuevo cuerpo de tropas para formlar una 
"reserva y esta plaza se halla ya perfectamente 



330 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



* ■ fortificada, amunicionada y guarnecida por más de 
"1000 hombres de todas armas" (37) 

Con el Almirante Brion es más preciso; le co- 
munica que lia dado órdenes para que la división de 
Piar venga al Chaparro, le avisa las concentraciones 
en este punto de las fuerzas de Zaraza, le hace ver 
que Monagas obra de avanzada sobre Clarines y que 
Freytes recluta una reserva, que se ha fortificado en 
Barcelona y le agrega: 

"Es pues interesantísimo que V. E. me envíe a 
la mayor brevedad posible £í las armas que pueda y 
"pertrechos y que llegue la escuadra inglesa sin 
"perder momento con los elementos que me con- 
"duce, para trasladarlos al Cuartel General del In- 
"terior, y pasar yo en persona con ellos, según el 
"voto unánime de los ejércitos.' 9 (38) 

Su deseo es irse a cooperar con sus compañe- 
ros por la libertad de Venezuela, pero no sin dejar 
asegurada sus comunicaciones y así dice al General 
Arismendi, que obra como su agente de contacto en 
los Llanos : 

"Mi permanencia aquí será únicamente mien- 
"tras traslado a los Llanos todas las armas, pertre- 
chos, municiones y cuantos elementos de guerra 
"sean necesarios para equipar nuestros ejércitos. 
"Esto se verificará en cuanto venga la escuadri- 
"11a" (39). 

En igual inspiración están redactadas sus car- 
tas a Zaraza y a Monagas y a todos les expresa que 



(37) O'Leary. Tomo XV. Doc. 68. 

(38) O'Leary. Tomo XV. Doc. 67. 

(39) O'Leary. Tomo XV. Doc. 69. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



331 



ya siente la presión del enemigo, cuya flotilla de una 
corbeta, 3 bergantines, 2 goletas y un falucho se está 
mostrando en las cercanías ; les pide víveres para 
afrontar cualquiera situación en Barcelona y ele- 
mentos para movilizar su parque hacia Aragua y El 
Chaparro. 

Mientras él se afana en estas organizaciones, 
Piar permanece inmóvil en Guayana y, convencida 
de la ineficacia de sus esfuerzos, se niega a secundar 
el programa bien calculado del Libertador. Esta ase- 
veración se funda en una carta de Piar al Jefe Su- 
premo en la cual, junto con llamarlo a su auxilio, le 
dice : 

"Este plan me parece más conveniente, así por- 
gue es más seguro y menos costoso como porque 
"da lugar a que venga a las bocas (del Orinoco) la 
"escuadrilla que V. E. ha traído y lograremos por 
"este medio batir y apresar la enemiga, que de otro 
"modo se llevaría todos los caudales. " (40) 

Piar no viene y el Libertador en comunicacio- 
nes urgentísimas del 23 de Enero insiste de nuevo 
en la marcha de concentración, dirigiéndose a Za- 
raza, a Monagas, a Infante y a Piar. Con este úl- 
timo raciocina como sigue: 

"Si los enemigos se apoderan de Barcelona, 
"pierdo mi parque, único recurso para hacer la 
guerra. Las divisiones del interior y del ejército 
"granadino quedan desarmadas y yo condenado a 
"vagar por los Llanos, sin medios para equipar un 
"ejército. Si quisiera retirarme no podría tam- 
poco. Carezco de bestias, y necesito por lo menos 



(40) O'Leary. Tomo XT. Doe. 7*. 



332 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"S00 para trasportar mis elemtentos. Es indisp.en- 
i 4 sable pues, sostenerla. He fortificado el Hospi- 
cio y tengo pertrechos para mucho tiempo. US., 
"q\ie m ^ s ningún otro conoce la importancia de 
"Barcelona, debe ser de los primeros en precipitar 
"sus marchas con todas sus fuerzas sobre esta plaza 
<( ven volar a su socorro. Esta es, señor Ger eral, 
"la primera y la más importante de nuestras ope- 
raciones. Las posteriores serán consaltadas 
"después de batidos aquí los enemigos, ya libr.^ el 
"deposito precioso de nuestros recursos militares." 

Con el General Mariño, segundo Jefe de la Re- 
pública, es complaciente en extremo y le envía como 
Plenipotenciario al General Carlos Soublette para 
que le exponga su plan de operaciones y no va solo 
sino con la escuadrilla de Brion para que traiga a su 
compañero de mando con sus tropas y elementos y, 
si H misión fracasa, ambos deben regresar sin tar- 
danza a Barcelona. (41) 

Mariño, ahora como en 1813, pierde tiempo en 
negociaciones y en el esbozo de nuevos planes, como 
la retirada a Maturín abandonado ya el sitio de Cn- 
maná. El Libertador le replica, con fecha 28 de 
Enero: 

"Perdemos, como el General Soublette expuso 
"a V. E., los grandes recursos de mantenimiento 
"que ofrece esta provincia y los que aun pueden 
"sacarse de ésa; perdemos nuestro parque, que es 
"un obstáculo invencible, pues que con 300 bestias, 
''aun no puedo transportarlo todo, no quedándonos 
"ni el recurso de Kaeerlo por parcialidades, porque 



(41) 0'Leary # Tomo XV. Docs. 84 y 85. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



333 



"el enemigo no nos da tiempo para esta operación, 
"ni el de remitirlo a Bordones porque V. E. tam- 
"poeo tiene conque remitirlo de allí a Maturín; 
"perdemíos toda nuestra numerosa (artillería, y lo 
"que es más, perdemos nuestra escuadrilla, y los in- 
" mensos elementos de guerra que nos trae. — Debe- 
"mos conservar lo que poseemos sin desmoralizar 
"nuestras tropas con una retirada, y el modo de 
'''conseguirlo es que V E. mueva su ejército sobre 
"esta ciudad, bloqueando a Cumaua." (42) 

Con prudencia sugiere un plan a Mariño'; le di- 
ce que se traslade a Bordones que form)e allí un cam- 
po volante a las órdenes del intrépido Bermjidez, 
para que aflija la plaza y mantenga sus comunica- 
ciones y que él venga en persona a unirse con sus 
tropas para destruir ial enemigo que los invade y sal- 
var a la Patria. 

Infructuosos los esfuerzos de Mariño contra 
las fuerzas del Brigadier Pardo, se resuelve a dejar 
Cumaná y a movilizarse hacia Barcelona llevando' 
unos mil doscientos hombres a las órdenes de Ber- 
múdez, Valdés y Armario, y con Rafael Guevara, 
com'o Jefe de Estado Mayor. Bolívar, entretanto, 
le* ha urgido con frecuentes comunicaciones, deses- 
perando ya del lauxilio de Piar, con quien no cuen- 
ta por ahora ni para la defensa de esta plaza ni 
para la próxima inmediata campaña, según sus ex- 
presiones de carta de 30 de Enero de 1817. 

Mariño se aproxima a Barcelona y está a la vis- 
ta de la plaza coetáneamente con la llegada de los 
asaltante? españoles que han atravesado el Uñare. 



(42) O'Leáry. Tomo XV, úoc. 372. * 

22 



334 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



El Libertador lo espera con regocijo, pues cree con- 
tar con 1500 hombres buenos y juzga que los rea- 
listas tendrán 2000 cuando más. 

Bolívar anuncia la nueva del avance español 
por San B-rnardino y El Pilar el 7 de febrero y su 
carta al General Mariño no podía ser sino inspira- 
ción del estímulo para emprender una jornada llena 
de peligros, de lo que él tenía plena conciencia ya 
que, durante un mes había llamado a Piar y a Cedeño, 
enviando comisionados especiales cor; o Arismendi y 
el Comandante Salcedo, sin lo^r*.? reunir los ¿ou- 
tingentes ur.e deseaba para una acei<n que pudo ser 
decisiva si se hubieran cumplido sus órdenes. 

Eshr.i os a la víspera de g;*ai;'es aconíicimien- 
tos y es preciso anotar algunas incidencias. El 30 
de Enero le escribía a Piar desde su Cuartel General 
de San Felipe, en respuesta a una petición, de ele- 
mentos para movilizar su ejército: 

' ' ¡ Con cuanto dolor me veo forzado decir a V. 
"E. que en mi situación actual me es imposible re- 
" pasar el Orinoco y enviar los caballos que V. E. 
"reclama ! Dominado el río por los enemigos con 
una escuadrila considerable, mientras que nosotros 
"no contamos con un solo buque, y estando com- 
puesto este ejército por la mayor parte de veci- 
nos de esta provincia, sería expuesto a un seguro re- 
"vés o a una disolución espantosa el emprenderla." 

Entre tanto Cedeño, que obraba a las órdenes de 
Piar decía al Libertador con fecha 10 de Febrero: 
"La falta de contestación de V. E. me hace te- 
^mer que mi correspondencia se ha extraviado y es- 
"to unido a la necesidad que experimenta V. E. ac- 
tualmente de. algunos de aquellos recursos, según 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



33o 



*'se sirve manifestármelo por oficio de 10 de Enero 
"que me. entregó el coronel Vélez, me obliga a re- 
"petir a V. E. que en el Departamento de Caicara 
"tiene para el servicio del ejército 2000 caballos 
^imiaftsos, 30 o cuarenta mil yeguas serreras, más de 
mil muías y muchos otros tantos intereses que he 
rescatado del enemigo y pertenecen al estado.' 9 

Es bien extraño que las comunicaciones del Li- 
bertador no llegaran a poder del general Cedeñor y 
•<*s de presumí i que ellas fueran leídas primeramente 
en el Cuartel General de Piar, presunción que no es 
antojadiza pues hay documentos en los cuales cons- 
ta qne este jefe daba respuesta a las comunicaciones 
dirigidas al subalterno que se había puesto a sus ór- 
denes en los campos de Caicara y que también lo 
estaba a suministrar elementos de movilización al 
Libertador, como lo demuestra el Oficio recién co- 
piado. En nota de 28 de Noviembre de 1816 dice 
Don Manuel Piar a Páez: 

" Tengo el honor de contestar a Ud. respon- 
diendo a la misión conferida a su edecán el ca- 
f' pitan ciudadano Joaquin Peña cerca del General 
"Cedeño." (43) 

Sea que las comunicaciones del Libertador a 
Cedeño fueran substraídas o que no llegaran a su 
poder por otros motivos, el hecho es que se vio 
privado de los importantes elementos de moviliza-* 
ción que le ofrecía este general y que le habrían 
permitido realizar en Aragua o en Chaguaramas la 
concentración de sus fuerzas y el transporte de su 
parque. 



(43) Blanco y Azpurúa. Tom oV. Doc. 1150. 



£36 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



Es también una hipótesis muy fundada el 
•creer que todas estas negativas de Piar no tenían 
otro fundamento que el decreciente espíritu de ri- 
validad para con el Libertador cuyas simpatías en 
las diferentes secciones del ejército eran cada día 
nia§ numerosas y más acentuadas. La resolución 
; Se Piar de no pasar el Orinoco, fechada el 30 de 
Enero de 1817 venía después de una seria deserción 
de casi tocio el regimiento de dragones con su co- 
mandante Don Ramón Segura y hasta 12 oficiales, 
con un número considerable de clases y de solda- 
dos, incorporándose a ellos también el coronel Teo- 
doro Figueredo y otros jefes y oficiales disgasta- 
dos o con la conducta personal de Piar o con su 
mala dirección de los negocios militares. 

Como resultado de todas estas causas, las ór- 
denes dé concentración que dictara el jefe supre- 
rao cíesele su llegada a Barcelona, en los primeros 
días de Enero permanecían sin cumplimiento has- 
ta el 7 de Febrero en que ya le amenazaban las 
fuerzas realistas que el capitán general Moxó había 
logrado reunir después del triunfo patriota del 
Juncal. 

El 8 de Febrero se producía un primer encuen- 
tro, que Bolívar comunicaba como un triunfo a Ma- 
rino y a Bermúdez que estaban ya en las cercanías 
de Barcelona obedeciendo a sus reiteradas peti- 
ciones. 

Los realistas habían logrado reunir una fuer- 
te división en el territorio de Chaguaramas y de 
Altanada de Orituco que obraba bajo las órde- 
nes de Don Pascual del Real, de Morales y de Juan 
Aldama quienes" debían efectuar sus operaciones 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



337j 



sobre Barcelona, apoyándose en las maniobras de 
la escuadra de Chacón. Algunos movimientos pre- 
vios ejecutaron las avanzadas de estas fuerzas for- 
zando a las partidas de Monagas que obraban sobre 
la izquierda del Uñare y al fin se decidieron a efec- 
tuar un reconocimiento serio sobre Barcelona mar- 
chando por Píritu y el Juncal. 

Dice el parte de Moxó a Morillo, copiando las 
noticias del brigadier del Real lo que sigue : 

"Por sujetos fidedignos fui instruido de que 
Bolívar, con un total de 1.000 hombres de flechas y 
armas de fuego se hallaba fortificado en el Hospi- 
cio, en cuyo edificio había colocado 6 piezas, entre 
ellas una de a 16, dos de a 8 y una de a 6, encerran- 
do todos los víveres que pudo para resistir un lar- 
go asedio, esperando sin duda ser socorrido. No 
obstante que tenía el ejército sin ración alguna y 
que en los tres días anteriores percibió una escasí- 
sima, intenté reconocer a Barcelona y asegurarme 
de lo que se me había dicho. A las 5 de la mañana 
del 7 salí para el Juncal, en donde acampé y reuní 
con la división de Clarines, y a las doce de la pro- 
pia noche, sin haber comido nada la tropa, sin los 
botiquines indispensables, sin aguardiente para los 
heridos y con las escasas municiones que conserva- 
ba en el parque del ejército, marché sobre aquel 
puesto. Al salir el sol, después que la columna de 
cazadores y la divisiok de Clarines, al mando del 
teniente coronel Don Manuel Bausá, comandante 
de la primera, se apoderaron del puente que divide 
a la ciudad del arrabal llamado de Portugal, con el 
objeto de cortarles la comunicación con Mariño y 
observar al propio tiempo a este, caso que se apro- 



338 



FRANCISCO RFVAS VICUÑA 



ximase, como ya tuve avisos repetidos. Los resul- 
tados de esta operación están detallados en el par- 
te de Bausa, que original acompaño a V. S. Mien- 
tras este jefe y el teniente Coronel don Francisco 
Jiménez, jefe de las fuerzas de Clarines, resistían 
constantemente a cuantos ataques y esfuerzos hizo 
el enemigo para recobrar el puente, yo los estrecha- 
ba por la opuesta de la ciudad, consiguiendo, en- 
cerrar en su casafuerte a cuantos habian salido a 
interrumpir el reconocimiento. 

El día continuó con bastante fuego, y los re- 
beldes no cargaron por ningún punto que no fue- 
sen siempre arrollados, y estoy seguro que, a no 
haber estado tan repletos de ron como confesaron 
algunos prisioneros, no se hubieran obstinado tan- 
to. Habiendo logrado yo el intento de reconocer a 
toda satisfacción la posición de los bandidos, dis- 
puse por la tarde el reunirme a Bausá con el res- 
to del ejército y para esto seguí una marcha ocul- 
ta a las cuatro de ella, hasta aproximarme a su 
flaneo izquierdo, y entre tanto ordené al coronel 
don Joaquin Urreiztieta, teniente coronel de la in- 
fantería de la Unión, que con todas las dos compa- 
ñías de Granada y tres de su Cuerpo, entrase en 
la ciudad y encerrase de nuevo a los enemigos. En 
efecto, el bizarrq Urreiztieta así lo hizo, de forma 
que, en combinación con los #pie salieran del puen- 
te, se realizaron mis ideas. No hay duda en que la 
corta pérdida que tuvo el ejército, según manifies- 
ta el adjunto estado ha consistido en su mayor par- 
te, en el ardor del ejército, pues todos los Cuerpos 
Hati sido admiradores unos de otros. La del ene- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 339 



migo pasará de 300 entre muertos, heridos y dis- 
persos. Sin embargo que ya estaban cumplidos 
mis deseos, quise hacer el último ardid para atraer 
al enemigo y obligarlo a salir de su recinto ; y para 
conseguirlo dispuse a la oración la retirada a la 
inmediación de la plaza, donde subsistir algunas 
horas; más observando su prudente calma y obli- 
gado a la escasez de alimentos y fatiga de la tro- 
pa, seguí al Juncal, donde acampé y esperé hasta 
las doce del siguiente día, con el mismo designio 
Pero no habiéndole observado el menor movimien- 
to, retrocedí al Pilar y acantonando la división de 
Clarines en Píritu, me hallo esperando víveres, mu- 
niciones, media docena de piezas, entre ellas un 
obús y dos de grueso calibre para batir el edificio 
fortificado de los rebeldes; seguro que, obtenido 
esto, su destrucción es obra de cortos momentos. 

Crea V. S. que si hubiese tenido la fortuna de 
encontrar la escuadra sobre la costa, y esta me hu- 
biere auxiliado con víveres y las piezas de grueso 
calibre que necesitaba, ya Bolívar estaría en mi 
poder, con todos sus defensores. Cuando el jefe 
interino del Estado Mayor, Pita, marchaba a apo- 
derarse de la boca del río : hubo algunas desgracias 
inevitables en las mujeres que se embarcaban, pues 
cuatro goletas insurgentes, con el fuego de cañón 
que hacían, fueron causá de que muchas pereciesen. 
Faltaría a mi deber si dejase de manifestar a V. S. 
los distinguidos servicios que en este día hicieron el 
brigadier D. Francisco Tomás Morales y el coronel 
de dragones de la Unión, 2o. de este ejército, D. 
Juan Aldama, debiendo a sus particulares conocí- 



340 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



mientos y acertados consejos, la mayor parte de los 
felices resultados de eAa jornada. (44) 

El Brigadier del Real escribe su parte con tal 
agriedad de lenguaje que no puede sino cargarse a 
la cuenta de su fracaso en la sorpresa que intentara 
por la falta de cooperación de elemento* marítimos 
que no llegaron a tiempo, y que él esperaba según 
se desprende de partes posteriores del Capitán Ge- 
neral Moxó. El hecho de la retirada está claramen- 
te expresado y Bolívar, con mucho meno/ dpsmesu- 
ramiento en el lenguaje, lo comunica así al General 
José Tadeo Monagas: " Estos han sido derrotados 
"completamente y van de huida: los de Real y Mo- 
rrales por ese camino del Pilar y Carito a Aragua, 
"y los bandidos mandados por Jiménez por el de Pí- 
*'ritu; han sufrido un destrozo horrible. El 8 por 
4 4 la noche han emprendido la fuga dejándonos una 
"cantidad de sus pertrechos y piedras de chispa y 
"no habría escapado uno solo si se hubieran espe- 
jado hasta ayer en que ha entrado 3. E. el Gene- 
"ral Mariño en esta plaza." (45) 

En el fondo ambos partes de batalla coinciden 
y la retirada de las fuerzas monarquistas en dos 
sentidos, por la costa a Píritu y al interior por El 
Pilar, es referida por ambos jefes. Es fuera de du- 
da que si Bolívar hubiera tenido con anticipación los 
elementos de Mariño le habría sido posible salir de 
sus fortificaciones de Barcelona, impedir la entrada 
en inspección del brigadier del Real y batirlo en el 



(44) A. Rodríguez Villa . Historia de Morillo. Toma 
III. Documento 599. 

(45 O'Leary. Tomo XV. Doc. 102. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 34I 



camjpo de la anterior victoria del Juncal. Sin es- 
tos elementos, con sus escasos soldados y teniendo 
que custodiar sus elemientos en Barcelona no podía 
manejarse sino como lo hizo y como tendría que se. 
guir haciéndolo mientras no recibiera los elementos 
solicitados con tanta instancia. 

Bolívar estaba en un grave peligro, amenazado 
por los tres vértices de un triángulo : el mar, Píritu 
y las fuerzas realistas del Pilar que cubrían la mon- 
taña de San Bernardino como puesto de avanzada. 
El 14 de febrero intentó un ataque sobre San Ber- 
nardino, pero como éste casi coincidiera con un re- 
conocimiento ordenado por del Real sobre Curata- 
guiche, hasta donde había enviado Monagas partidas 
que conducían ganado para aprovisionar la plaza, 
la guarnición veterana de Cazadores del Granada es- 
taba so ore aviso y el ataque sobre San Bernardino 
se frustró. 

Con alguna pérdida regresaron los patriotas a 
la plaza para sostener esta vez los fuegos de la es- 
cuadrilla española en la rada de Barcelona durante 
los días 18 y 19 de Febrero. Según el parte del 
jefe realista, él atacó con todas sus fuerzas sutiles 
sotenidas por su goleta y un místico a la distan- 
cia; la escuadrilla republicana disponía de 2 gole- 
tas, 2 místicos, 2 lanchas cañoneras, 1 balandra y 
cinco flecheras que montaban un máximo de 20 ca- 
ñones y obuses y se apoyaban en el Morro de Bar- 
celona, defendido por un cañón. Logró el jefe D. 
José Guerrero, Comandante del bergantín Maortua, 
asaltar el Morro y clavar su cañón, pero el ataque 
general fué rechazado, después de dos días de lucha 
y él mismo estampa en su parte: "He consumido 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 

"muchas municiones.... no m;e parecen fructuosos 
4i esos ataques, ni pienso repetirlos." (46) Teme el rea- 
lista a la unión de las improvisadas resistencias de 
los patriotas con los corsarios de Brion y, dejando, 
provisto el bloqueo de Barcelona, se m&rcha a bus- 
car su cooperación con el Brigadier Real y despacha 
elementos a buscar cañones de sitio y hacia La Guai- 
ra a buscar otros pertrechos que solicita de Moxó. 

Bolívar, que había intentado un ataque sobre 
el vértice del brigadier del Real, el 14 de febrero, 
que se defendía contra la escuadrilla de Don José 
Guerrero en Barcelona, el 18 y el 19, atacó aún las 
avanzadas de Morales el día 22, pero este Brigadier 
tuvo la suerte de ser auxiliado por el intrépido Gue- 
rrero que hizo desembarcar una partida en las vecin- 
dades del Uñare, obligando a replegarse a los pa- 
triotas. 

Todos estos esfuerzos, siendo como son fraca- 
sos del Libertador, evidencian la bondad del plan 
meditado por él y que aún podría haber realizado si 
hubiera tenido los elementos marítimos que espera- 
ba y que no llegaban, según consta del documento 
español que acabamos de citar, y si los jefes desta- 
cados en el centro le hubieran enviado los recursos 
de hombres, armados o desarmados, que pedía rei- 
teradamente. 

Bolívar no cede, desea recuperar el Morro, que 
Guerrero había ocupado y fortificado con 4 caño- 
nes y que se encontraba secundado en su acción por 
las naves del Comandante José María Chacón, fuer- 



za) A. Rodríguez Villa. Historia de Morillo. To- 
mo III. Doc 603. 



LAS G¥ERRAS DE BOLIVAR 



343 



zas más respetables que las del afortunado vence- 
dor de días anteriores. El ataque se dio el 2 y el 3 
de Marzo, por mar y por tierra, con suerte nefasta 
para los patriotas • mas, el día 4 salieron del río sie- 
te flecheras protegidas por caballería que obraba en 
tierra y Chacón se vio obligado al abandono del Mo- 
rro, teniendo apenas tiempo de clavar uno de sus 
4 cañones. Chacón había agotado sus municiones 
y sus víveres, iba por aguada a Cumaná, por alimen- 
tos enviaba avisos a La Guayra y hasta Puerto Ei- 
co despachaba un velero en busca de pertrechos de 
que carecía. (47) 

A pesar de todo el Libertador se mantenía y, 
siem'pre resuelto a mantener su progTama de poseer 
el litoral y de conservar la conquista de su primera 
expedición de Ocumare, dispuesto a sepultarse en los 
escombros de Barcelona, a comerse hasta las m¡uje- 
res, antes que abandonarla, esperando los auxilios 
de las divisiones d* los Llanos, como decía en carta 
al General Zaraza, se preparaba a una larga resis- 
tencia, renovando los días de San Mateo y de la Vic- 
toria, lo que le parecía fructuoso, en vista de la estre- 
cha unión que mostraban los jefes patriotas de 
Oriente ante el peligro común. Proveer la plaza 
erá el problema primordial y el propio Mariño re- 
corría los campos en busca de ganados e iba hasta 
el Punche, donde estaban Arismíendi y Zaraza, tra- 
bajaba con actividad y el 10 de Marzo escribía al 
Libertador : 

''Durante mi marcha de seis días practicada por 



(47) A. Rodrigue* tilla. Historia de Morilld. Tomo 
III. Documento 605* 



344 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"los lugares más a proposito para la recolección de 
"ganados, ha sido imposible practicarla hasta hoy, 
"por la escasez que hay en los alrededores de Bar- 
celona. Al amanecer del día de hoy han salido 
"para esa ciudad 500 reses y quedan dadas las ór- 
'/denes oportunas para hacer continuas remesas. Es- 
""tán dadas también las órdenes para la reunión de 
"fuerzas, y hoy han venido a recibirlas personal- 
"m'ente los generales Arismendi y Zaraza, habiendo 
Py.a salido este último a reunir y conducir toda su 
"división al sitio de San José, punto a propósito pa- 
"ra la Asamblea". (48) 

Esta actitud de Marino era el fruto de la eficaz 
resistencia contra los reiterados ataques del espa- 
ñol; la victoria podía organizarse por la concentra- 
ción y él deseaba su parte en el triunfo ; empero, del 
interior llegaban pésimas noticias. Arismendi, des- 
pués de sus entrevistas con Piar, escribía al Li- 
bertador : 

"El General Piar, quiero decírselo reservado, 
"m,e da mala espina. A este patriota le ha soplado 
"mucho la fortuna, y quién sabe a dónde va a parar 
"esto, porque como él no piensa como nosotros. En J 
"fin, vea V. E. lo que Piar le ha dicho en los oficios j 
"con el coronel Vélez y después con el Comandante ( 
"Salcedo, de que estoy informado." (49) 

La opinión a que alude Arismendi es una nega- i 
tiva encubierta pero decidida para secundar los pía- r 
nes del Libertador. Insiste en sus dificultades para ( 



(48) O'Leary. Tomo XV. Doc. 129. 

(49) O'Leary. Tomo XV. Doc # 117. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 345 



franquear el Orinoco y le agrega, con fecha 16 de 
; Febrero, desde Upata : 

" Persuádase V. E. que sólo la fuerza inevitable 
'"de la necesidad puede detenerme aquí, sabiendo el 
"peligro a que se baila expuesta la Patria y el que 
"corre V. E. Me consuela, sin embargo ,1a espe- 
ranza de que reunidas todas las fuerzas de esas 
"provincias, variará el aspecto triste que presentan 
"hoy nuestros negocios, y que en último recurso 
"tiene V. E. este ejército y esta provincia, donde re- 
concentrados, haremos temblar al enemigo y le 
"arrebataremos de nuevo las pocas ventajas que las 
*' casualidades le hayan concedido." (50) 

Este ejército, de que habla Piar, era el misnto 
formado por el Libertador y que él arrebató, tal es 
la palabra, después de la victoria del Juncal para lle- 
várselo aTia empresa de la conquista de Guayana que 
no tenía aun la preparación necesaria. Si Piar per- 
manece, esperando al Libertador, con los 1500 hom- 
bres que llevó al Orinoco, Bolívar habría encon- 
trado una espléndida base con que cubrir la línea 
del Uñare y mas alia hasta San Diego de Cabrutica 
y habría podido organizar sus elementos para mar- 
char sobre Angostura con espectativas de éxito rá- 
pido. Más aún, convencido como debía estarlo Piar 
de las dificultades de su empresa sin tener fuerzas 
navales debió procurar al Libertador hombres y ele- 
mentos de movilización a su primera solicitud; pa- 
ra mantener la situación bastaban las guerrillas de 
Cedeño, como los acontecimientos lo evidenciaban y 
él pudo hacer llegar, hacia mediados de Febrero, 



(50) O'Leary. TqmQ XV. Doc. 112. 



346 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



tropas en número suficiente para permitir al Líber- t 
tador una victoria campal sobre las divisiones de ti 
Morales, del Real y Aldama y caballerías para mío- i¡ 
vilizar las reclutas de Monagas y Zaraza y traspor- d 
tar su parque al centro interior que él buscaba, ya I t 
fuera éste Af agua o El Chaparro. i 
Piar no tuvo jamás el pensaiQjento sincero de ? 
* auxiliar al Libertador; su política está toda conté- i 
niela en la carta que acabamos de copiar : que Bo- c 
lívar se organizara con los elementos de Cumaná y i 
Barcelona, lo que era el fracaso que él mismo pre- j ) 
veía ya que de antemiano le brindaba un refugio en ¡ 
la Guayana, donde él estaba obrando, en el recinto 1 
de las Misiones de Caroní, con todas las pretensio- 
nes de Jefe Supremo. 1 
Esta negativa de Piar llegaba a conocimiento i 
de Bolívar en los propios días de su éxito sobre la | 
escuadrilla de Chacón, cuando Marino se le mostraba 
afecto y esta noticia que restaba de la expedición 
las fuerzas que debían asegurar su éxito, introducía 
el consiguiente desaliento y con él hacía de nuevo la 
discordia. 

Al propio tiempo, los realistas que no se avenían 
bien bajo; el triple comando de los brigadieres Pas- 
cual del Eeal, Francisco Morales y del Coronel Juan 
Aldama, eran reprimidos fuertemente por instruc- 
ciones de Morillo que colocaba a la división del 
Utoare bajo el único comando del último de los nom- 
brados. De nada sirvieron a Bolívar sus esfuerzos 
durante cerca de tres meses de constante prepara- 
ción; de escasa utilidad inmediata iban a serle tam- 
bién los contingentes de oficiales que el pundonorosa 
general Don Rafael Urdaneta había traído desde las 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



347 



regiones del Apure ; ya la indisciplina se hacía sen- 
tir en el ejército y en la arrojada; los víveres empe- 
zaban a escasear en forma alarmante y el Liberta- 
dor se decidió, por una de sus iniciativas caracte- 
rísticas abordar de frente la mayor de las dificulta- 
das : la reducción de Piar, incorporándolo en los pro- 
gr aínas que interesaban a la colectividad y tronchan- 
do de una vez para siempre las miras personalistas 
que perjudicaban a la patria. Iba, pues, a husc&r 
una entrevista con el díscolo jefe de Guayana; pero 
no lo haría sin dejar antes sus órdenes encaminadas 
a la realización de su programa primitivo en la par- 
te que aun fuera posible. 

Desde luego procuró alentar al Almirante Brión, 
que se mostraba inquieto por la falta de recursos y 
le deeía : • 

"Yo deseara más que V. E. cubrir los créditos 
"de! Gobierno, pero esta provincia no tiene más que 
"ganado y con la ocupación con los españoles has- 
tía el ganado nos falta ya y esto hasta que los ha- 
"vamos expulsado enteramente y recobremos los 
"llanos, que según dicen, están todos ocupados por 
* É la caballería de Zaraza.' ' 

El quiere dar seguridades a Brión en el sentido 
de los intereses predominantes del. jefe de la escua- 
drilla patriota y le agrega: 

"En cuanto me desocupe de las atenciones más 
* 'urgentes, que son las de batir a los enemigos, eon- 
"voeare un consejo para que se establezca una ad- 
ministración regular capaz -de mantener a la Bepflk 
"Mica." (51) 



(51) O'Leary. Tomo XV. Doc. 1H. 



348 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



El irá a combatir a las llanos a fin de inspirar 
confianza a sus corsarios y también para unir a los 
caudillos territoriales. 

Juzgaba Bolívar insostenible la posición de Bar- 
celona y hubiera deseado su evacuación completa, 
trasladando a la isla de Margarita todos los per- 
trechos de guerra que no pudiera conducir al inte- 
rior y que estaban acumulados en la Casa Fuerte de 
aquella plaza; pero el Consejo Municipal, el Gober- 
nador de ella el General Don Pedro Ma. Freites y 
Francisco Esteban Eivas deseosos de evitar los dolo- 
res de una emigración a las familias de su pueblo y 
las depredaciones de sus bienes, obtuvieron del Li- 
bertador que les dejara recursos de hombres y ele- 
mentos de movilización marítima para el caso de 
verse obligados a emprender la retirada. No era 
ciertamente aconsejable bajo el punto de vista mili- 
tar la sustracción de estos elementos ; pero el Liber- 
tador se vio obligado a ceder ante la presión de los 
sentimientos humanitarios invocados por los Barce- 
loneses que se exponían a un sacrificio inevitable. 
Dejóles pues 700 hombres para defender la plaza y 
la flotilla de flecheras de Antonio Díaz, fuerzas in- 
suficientes para resistir a los ataques del coronel 
Juan Aldama que había unificado los éjércitos rea- 
listas del Uñare. No pudo el Libertador sustraer- 
se a esta exigencia y su actitud es plenamente jus- 
tificada por el General Eafael Urdaneta que dice en 
sus memorias : - . 

"Se ha criticado a Bolívar que dejara esa guar- 
nición en Barcelona como perdida, a tiemjpo que 
"él pensaba internar al ejército hacia los Llanos f 
"hasta Guayana, como se ha dicho en el capítulo; 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 349 

"pero ya se ha explicado cuál era el objeto y la ne~ 
eesidad de tales operaciones, y además la Mimicí- 
"palidad de Barcelona hizo reclamaciones muy exi- 
gentes para que la plaza no se evacuara de un tO~ 
"do. El mismo General Freites, que era Barcelo- 
nés y tenía allí propiedades, fué de los más inte- 
"resaáos en ello y se ofreció a su defensa. Bolívar 
"no podía desentenderse de la conveniencia y necesi- 
dad de dar otra dirección a la campaña, pero sin 
"embarco condescendió con Freites y con los bar- 
"celone^es. bien que tomando todas las precauciones 
"que se han dicho para que la p'&za fuese evacuada 
"en tiempo y salvados todos los elementos de gue- 
"rra. Sirva de excusa a Bolívar." (52) 

El 25 de Marzo partía el Libertador, acongoja- 
da su alma por la suerte de Barcelona, y dejando ins- 
trucciones a Marino para trasladar su campamento 
a la plaza de Aragua. . Cumplió el segundo jefe de 
la República sus instrucciones y se encaminó desde 
luego a El Carito con tres divisiones a las órdenes 
de los srenerales Bermúdez, Valdéz y Armario, siendo 
Carlos Soublette y Rafael Guevara primero y segun- 
do jefe de estado Mayor. En El Carito, quiso for- 
mar Marino una cuarta división y confiarla al mando 
del Comandante Rafael Jugo que le era especial- 
itíente adicto; semejante nombramiento excitó las 
susceptibilidades de Bermúdez, Valdéz y Armario, 
pues temían que un comando superior encargado al 
jefe de la guardia de honor del General Mariño diera 
motivo para divisiones en el ejército. Se produjo un 
verdadero motín contra Jugo a quién se culpaba de 



(52) Memorias del General Urdaneta. 
23 * 



350 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



la muerte del Libertador, falsa noticia que circula 
en el campamento del Carito el 30 de Marzo, y so- 
lo la prudencia de Urdaneta pudo -calmar los áni- 
mos efervescentes y organizar la marcha sobre Ara- 
gua inmediatamente al fin de distraer la atención 
de las tropas. 

i En esta plaza se descansó hasta el 6 de Abriil r 
continuándose la marcha hacía El Chaparro con el 
grueso de la división y haciendo Mariño una marcha 
de reconocimiento hacia el pueblo de Santa Ana 
acompañado de su jefe de estado Mayor el general 
Soublette. 

En este sitio tuvo noticia el segundo jefe de 
la república de los peligros en que se encontraba 
Freites en Barcelona y despachó, con urgencia a 
Soublette sobre El Chaparro para ordenar a los 
expedicionarios que contramarcharan hacia la pla- 
za amagada. Era ya el día 11 de Abril; la vanguar- 
dia de Bermúdez y de Valdéz había entrado en El 
Chaparro a las 10 de la mañana y poco mjás tar- 
de la retaguardia de Urdaneta; a pesar de su can- 
sancio emprendieron el camino, mas luego supie- 
ron por los fugitivos de Barcelona el desastre com- 
pleto de la Casa Fuerte y regresaron a su primi- 
tiva posición. Dice Urdaneta que él que tenía mo- 
tivos de amistad con Freites siguió su marcha ha- 
cia Santa Ana para pedirle a Mariño que le diera 
algunos hombres que incorporados a las partidas 1 
de Monagas pudieran servirle para auxiliar a los 
defensores de Barcelona. Obtuvo en efecto 209 
soldados y se dispuso a efectuar su operación, más 
huiriamtaria que militar, cuando encontró a Rai- 
mundo Freites hermano del general quien la noti- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR T r 351 



ficó el desastre completo de la Casa Fuerte. Re- 
greso, pues, al pueblo de Santa Ana y siguió TJr* 
daneta incorporado a la división de Mariño y de 
Rafael Jugo hacia Cumaná a unirse con los desta- 
camentos que en aquella región mandaba el coro- 
nel Don Antonio José de Sucre desde el momento 
en que Mariño y Bermúdez se decidieron a soco- 
rrer a Bolívar en su empresa del río Uñare. 

Y así terminaba la segunda expedición de los 
Cayos: 700 hombres encerrados en la Casa Fuerte 
de Barcelona, 200 o poco más a las órdenes de Ma- 
rino en camino a los Llanos de Cumaná, las parti- 
das de Monagas en los campos de Barcelona, los 
generales Bermúdez, Valdéz y Armario ya adictos 
definitivamente al Libertador, esperándole en el 
punto del Chaparro y Bolívar con una pequeña es- 
colta de oficiales encaminándose en medio de mil 
peligros por Quiamare y la m¡esa Guanipa a entre- 
vistarse con Piar. . , ; j 
, El 25 de Marzo había dejado Bolívar su cáíh- 
_po de Barcelona; ya el cuatro de Abril celebraba 
una entrevista con Piar al sur del Orinoco; el 17 
del mismo mes estaba de regreso en El ^Chaparro 
y recogía los restos de su segunda expedición de 
los Cayos para incorporarse el 2 de Mayo a las 
fuerzas de Piar y de Cedeño y dar una faz defini- 
tiva a la campaña. Lo que no habían conseguida 
sus emisarios Arismendi, Salcedo y otros; lo que 
no había obtenido por sus continuas comunicacio- 
nes con Piar iba a lograrlo por su influencia direc. 
ta, con el dominio de su mirada, con el fuego de 
su palabra, con la limpidez de sus concepciones y 
uniría bajo su bandera, que era la de la patria y nú 



352 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



la de su ambición personal, a los hombres del Ori- 
noco, como había reunido en torno de sí a los lu- 
gartenientes de Mariño qué ahora se quedaba so- 
lo en los campos de Cumaná, ya que la gente de 
valer que le acompañaban como Sucre y Urdane- 
ia, entre otros, no tardarían en dejarle para incor- 
porarse a los ejércitos del Libertador. 

La guerra tomaba una nueva faz y esta iba 
a ser la definitiva dentro de la realización de los 
programas de Bolívar que al fin lograría dominar 
la anarquía de las pasiones y las mesquinas ambicio- 
nes de los caudillos personalistas. 



ooOoo 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 
FORMACION DE LA PATRIA VENEZOLANA 



CUARTA PARTE 

LA REORGANIZACION REPUBLICANA. 

I. — LOS ERRORES DE MORILLO. 
II.— LA CONQUISTA DE GUAYANA. 
■III.— EL DESCONCIERTO REALISTA Y LA ANAR- 
QUIA REPUBLICANA. 
IV. — LA ORGANIZACION DE LA CONQUISTA. 

00O00 



I 



LOS ERRORES DE MORILLO. 

Al hablar el historiador colombiano, don Jo- 
sé Manuel Restrepo, de la segunda expedición que 
trajo Bolívar desde Haiti al Contienente, dice: 

"A pesar de que el Libertador pudo apenas 
* 1 reunir 300 hombres a los 400 que Arismendi ha- 
"bía traido de Margarita, concibió con tan peque- 
""ña fuerza el atrevido plán de invadir la provin- 
cia de Caracas, para darle su libertad." (1). Es* 
te programa se habría iniciado con la jornada de 
Clarines. 

El escritor venezolano don Rafael María Ba- 
ralt, analizando la escasez de fuerzas españolas en 
la zona del desembarco de Bolívar, dice, " Estas 
circunstancias le hicieron creer buena la ocasión 
"de ocupar los valles de la provincia de Caracas, 
" aumentar su fuerza con la población de la eo- 
"marca y aún hacerse dueño de la capital misma, 
"Más que todas las razones indicadas, este deseo 
"de entar en Caracajs, objeto constante de sus 
"preocupaciones y cuidados, fué el que en la oca- 
"sión presente decidió al Libertador a seguir el 
''plan poco justificable de una invasión al país en 

(1) Restrepo. Tomo III. Cap. VIII. 



356 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 

*'que había menos probabilidades de buen éxito 
" contra sus muy pujantes enemigos.' 9 

Si los escritores de las Repúblicas libertadas por 
Bolívar, y que estudiaron sus campañas en las 
fuentes mismas y poco después de ser realizadas, 
emiten esta opinión, no es de extrañar que un his- 
toriador más alejado en el espacio y en el tiempo, 
como el argentino don Bartolomé Mitre, haya es- 
crito : 

"Al asumir por segunda vez el mando, era mo- 
"ralm ente otro hombre, más grave, más reflexivo y 
"lias dueño de si mismo; pero militarmente no ha- 
"bía aprendido todavía lo bastante como general 
"estrátegico- Sin ideas maduradas ni proposito de- 
"terminado, y pensando que la audacia, que fía el 
"éxito al destino, era una inspiración, improvisa- 
"ba planes al aire 7/ acometía empresas sin propor- 
cionar los miedios a las resistencias, y le aconte- 
"ció lo que al que se empeña en romper un muro 
"de piedra con la cabeza: se rompió él mismo la 
"cabala. Apenas desembarcado en Barcelona, anun- 
"ció en una proclama que iba a invadir la provin- 
"cía ele Caracas para darle libertad." (2) 

Estas apreciaciones no corresponden, a nuestro 
juicio, al verdadero pensamiento del Libertador ex- 
presado en los documentos a que nos hemos referi- 
do en párrafos anteriores; él deseaba conservar las 
provincias conquistadas por su primera expedición 
de los Cayos de San Luis, aspiraba a mantener sus 
comunicaciones externas mediante el apoyo de la 
escuadrilla de Brión y de las flecheras de la Isla 



(2) Bartolomé * Mitre. Historia de San Martín. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



357 



Margarita; quería establecer los contactos necesa- 
rios entre las partidas de Páez y las de Cedeño y 
organizar con las fuerzas de las provincias de Cu- 
maná y Barcelona lo que él llamaba Gran Ejér- 
cito cuyo cuartel general estaría en Aragua de Bar- 
celona, con destacamentos avanzados para guar- 
dar la linea del Uñare, desde Clarines hasta San 
Diego de Cabrutica, y con descubiertas hacia el Oc- 
cidente que pudieran contener al enemigo desde 
Tacarigua, en la costa, hasta los llanos de Caracas, 
por Chaguaramas, y más lejos, hasta unirse con las 
guarniciones de Cedeño en Caicara. 

# Todo esto era posible ya que, por una parte, 
los guerrilleros de Páez y de Cedeño se habían mos- 
trado capaces de atraer a los realistas hacia la linea 
del Apure y del Orinoco, y también lo era porque, 
por otra parte, las fuerzas de Mariño bastaban pa- 
ra distraer la atención de los españoles hacia CumJa- 
ná, deiando en libertad a Bolívar para organizar 
los elementos de Zaraza y de Monagas, .los que, 
unidos a las tropas de Piar llevó hacia Angostura, 
eran suficientes para cubrir la frontera del Uñare 
y los puestos avanzados del llano de Caracas. 

Hay una circunstancia que estimamos de pri- 
mer orden Dará analizar la situación militar de 
aouel entonces, y esta es, que Cedeño en el territo- 
rio por él conquistado, entre el Orinoco y el Cau- 
ra, había eon^esruido incrementar y aprovisionar 
sus guerrillas ^ r m^nt^ner inmovilizadas las guarni- 
ciones espadólos de Angostura y de Guayana la 
Vieia. La inclusión de elementos considerables, 
como los que trajo Piar después de la victoria del 
Juncal, no podía conducir al éxito sino con medios 



358 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



adecuados para destruir por agua y pv>r tierra al 
ejército realista; de otro modo, sin una campaña 
rápida, este número excesivo de hombrea sería un 
tropiezo, pues tendría que dedicarse a la conquis- 
ta de un territorio para subsistir, distinto de aquel 
ocupado por los montoneros de Cedeño. Estas di- 
ficultades fueron sentidas desde el comienzo de su 
campaña, como lo veremos más tarde, por el ge- 
nera] rebelado contra la autoridad de Bolívar y, 
con más juicio que ambición, al sentir estos tro- 
piezos, debió decidirse a contramarchar dejando 
cíe mano sus ambiciones por la salud de la patria. 

Hay constancia en el diario del general Piar 
de que, ya el 3 de Enero de 1817, sabía la próxi- 
ma llegada de Bolívar y también de que recibió 
sus comunicaciones el 25 del mismo mes, encon- 
trándose en situación de moviliarse desde el cam- 
pamento de la Mesa hacia el Caroní. 

El día 1° de Febrero despachó a su edecán 
Quintín Vallenilla en comisión ante el Jefe Supre- 
mo ; su Heber le prescribía encaminarse a marchas 
forzadas, con todos los elementos que hubiera po- 
dido obtener, hacia Barcelona. Si pudo improvi- 
sar barcas para pasar el Caura, también pudo ha- 
cerlo para repasarlo y dirigirse, por el territorio 
amigo de Cuchivero y por Río Claro, a San Diego 
de Cabrutica. Un mes le habría- bastado para lle- 
var al Libertador el ejército de 1500 hombres que 
le arrebató después de la batalla del Juncal. 

A fines de Febrero del año 17, habría sumado 
sus fuerzas con las de Monagas, Zaraza, Freites y 
Mariño y el Libertador habría podido oponer una 
masa de 3000 hombres aguerridos a las divisiones 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR ' 359 



españolas cuyos Brigadieres Del Real, Morales, y 
el Coronel Juan Aldama estaban en el más com- 
pleto desacuerdo entre sí y con el jefe de la marina, 
el Comandante Chacón. Si Piar obedece las órde- 
nes de Bolívar, estas avanzadas españolas de Bar- 
lovento habrían sido aniquiladas, Cumaná habría 
caído, la Guayana quedaba en manos del Liberta- 
dor sin gran esfuerzo y la organización del Gran 
Ejército expedicionario de 10 mil hombres podía 
haberse hecho con toda tranquilidad, en el centro 
interno de Aragua o del Chaparro. 

Esta fué la concepción de Bolívar que fracasó 
por la rebeldía ele su lugar-teniente y esta misma 
era la que se iba a realizar, con mayores sacrificios, 
marchando él en persona sobre Guayana y dejando 
inquietado al gobierno realista en las provincias 
de Cumaná y Barcelona con las partidas de Mari- 
ño, de Zaraza y de Monagas, ¿[ue serían algún día 
la base de un gran ejército. 

Todo esto era el pensamiento de Bolívar, tal 
como resulta de los docunfentos antes analizados y, 
si extrañamos un juicio diferente de parte de los 
historiadores Restrepo, Baralt y Mitre, menos com- 
prendemos que uno de sus propios edecanes de épo- 
ca posterior, el general O'Leary, refiriéndose a es- 
ta campaña diga en su narración: 

"La predilección de Bolívar por Caracas o 
''la exagerada idea que tenía del patriotismo de sus 
"habitantes y de los recursos que aquella ciudad 
"podía proporcionar al partido que la ocupase, 
"fué causa de muchos errores en su carrera mili- 
"tar. En más de una ocasión se le vio posponer 
"operaciones más importantes, para apoderarse de 



360 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"ella o socorresla según el caso. Después de expe- 
"dir las más urgentes órdenes al llegar a Barce- 
lona, incurriendo de nuevo en la misma falta, con- 
cibió el proyecto de invadir la provincia de Ca- 
rracas, con sólo 700 hombres de los cuales 400 eran 
reclutas." 

Parece inaudito, osado, pretencioso decirlo, 
pero de todos los autores citados,, Restrepo, Baralt, 
Mitre y O'Leary, éste debió ser el mejor informado 
y, sin embargo, el mismo ha confesado que poco o 
nada sabía de la cam,paña de Barcelona, según 
consta de la siguiente carta que dirigió a Souble- 
tte: 

"Noviembre 7 de 1832.— Siento no tener que 
"agradecer a Ud. la remesa de las noticias que le 
"he pedido, mas sin ellas voy para adelante; y a 
"cada uno de Uds, les toca su parte. ... A la ver- 
"dad esperé que Ud. manifestara más liberalidad, 
"en asunto que más o menos le toca, cuando nin- 
"guno podía proporcionarme datos más positivos 
"sobre los sucesos de años que me son ignorados, 
" estos son 1814-1817 y 1818. Si Ud. tuviera la 
"bondad de darme noticias sobre los eventos de 
"aquellos años la retirada de Ud, a Barcelona, el 
"regreso del Libertador y sus movimientos hasta 
"unirse con Piar en el Orinoco. . . . prometo reser- 
"vay en revancha ofrezco dar a Ud. una porción 
"de cartas de Ud. que puede reeojer y que le se- 
"rán interesantes si Ud. quiere regalamos las Me- 
morias del Gral. Soublette." (3) 



(3) Vicente Lecuna. Discurso en la Academia de 
la Historia. Caracas. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



361 



La atttoriadad fundamental que ha podido ser- 
vir de base para atribuir a Bolívar el proposito de 
abrir una campaña sobre Caracas en su segunda, 
expedición de Haití, no tiene, pues valor consis- 
tente y los movimientos estratégicos del Liberta 
dor deben ser apreciados a la luz de los documen- 
tos exhibidos en la tercera parte de esta obra, de 
las acciones ejecutadas en virtud ele ellos y de las 
que operaría, más tarde, para conservar el domi- 
nio de l?s provincias de dimana y Barcelona y pa- 
ra adquirir una linea de comunicaciones externas, 
por Margarita y el Orinoco, como efectivamente 
las realizó, persiguiendo con fijeza un objetivo esen- 
cial que no tuvo su competidor, el Conde de Carta- 
gena, y merced a lo cual el rebelde Bolívar iba a 
lograr, sin hombres disciplinados, sin marina su- 
ficiente, sin pertrechos abundantes, derrotar al Ge- 
neralísimo español que tenía a su servicio una or- 
ganización ele tres siglos, las pericias ele los nave- 
gantes españoles, los aguerridos tercios de sus pro- 
pias campañas contra Napoleón y los dineros de 
España. 

Y a pesar de esto, Morillo iba a ser derrota- 
do y esto en virtud de las superiores cualidades 
militares de su contendor y, también, de los acier- 
tos políticos de Bolívar que estaba reuniendo en un 
haz apretado la abundante cosecha de la^ ideas 
nuevas y de los errores del representante real que 
iba esterilizando la tierra con el peso de su opre- 
sión. 

Nervioso si se quiere, con el fuego de los 33 
años, con la sangre ardiente del niño creado en los 
valles tropicales de Aragua, con las tendencias al 



362 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



predominio propias de su casta, de su riqueza, de 
su educación y del alentar de su responsabilidad, 
Bolívar obraba con rápidez y creía a todos capaces 
de ejecutar^ lo que el hacía; Morillo, por el contra- 
rio, llegaba ya a los cuarenta años de una vida la- 
boriosa en que se había encumbrado desde soldado 
de la Real Marina, pasando por las glorias de Bai- 
len, por el sitio de Vigo y por afortunadas acciones 
contra las huestes del Mariscal Ney, hasta ser el 
Pacificador de Nueva Granada y Venezuela, em- 
presa que le facilitaran las disenciones patriotas, 
el terrorismo de sus predecesores y aún el suyo 
propio. Bolívar aun no lograba su objetivo, que 
era la libertad de su patria ; Morillo ya tenía el 
suyo, rango, nobleza, tesoros ; aquél había fraca- 
sado y éste creía fácil dominarle nuevamente; pe- 
ro, había una diferencia, el primlero obraba por ra- 
zón de su programa irrealizado y el segundo se 
sentía inclinado al reposo sobre laureles ya sega- 
dos ; el uno, el americano, sacaba concepciones de 
su cerebro y obras de su virilidad; el, otro, el es- 
pañol reconquistador, aplicaba las normas del pa- 
sado y movía su máquina administrativa ; el Li- 
bertador iba a triunfar, porque era la idea, y Mo- 
rillo iba a perder, porque ya no era sino el interés. 

El teniente general Morillo, confiado en sus 
éxitos y en los informes de sus capitanes, al saber 
la primera invasión de Bolívar, estaba cierto de 
que aplastaría al jefe republicano con la misma 
facilidad con que había penetrado en Venezuela, 
subyugada ya por Boves y Morales, y con que ha- 
bía dominado a la Nueve Granada, presa de la 
anarquía de los partidos. La situación era bien 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



363 



diferente y él mismo lo expresa en sus mentarías 
diciendo. 

" Hacia mediados de Enero de 1817, llegué a 
"Venezuela y tuve conocimiento exacto de la si- 
tuación de la Provincia. Ya no era aquella Ve- 
"nézuela que había dejado con fuerzas necesarias 
"para mantener la integridad de su territorio. " 

La siuación estaba cambiada y, desde sus pri- 
meros pasos, sintió las dificultades de una empre- 
sa que necesitaba toda una organización que había 
descuidado y una dirección política' diametralmen- 
te opuesta a la suya, a la pertinacia en los errores 
que, siendo causa de la ruina del poderío español, 
eran auxiliares eficaces de la propaganda republi- 
cana. $ 

Las medidas militares ideadas por Morillo pu- 
dieron ser buenas en su concepción general, más, 
eran insuficientes para la resistencia que los pa- 
triotas les opondrían; por lo demás, sus órdenes 
de carácter político-administrativo, inspiradas siem- 
pre en la represión, resultarían contraproducen- 
tes. Del conjunto general de estos errores se de- 
rivarían la falta de confianza, que es germen de 
indisciplina militar, y el levantamiento de los pue- 
blos que principiaban a sentir el alentar de un es- 
píritu de nacionalidad en la lucha contra los rea- 
listas. Morillo en virtud del principio que iguala 
la acción a la reacción, estaba cooperando con el 
Libertador a formar la patria venezolana. 

El Conde de Cartagena dejaba en Nueva Gra- 
nada la Tercera división de su ejército, a las ór- 
denes del Brigadier Sámano ; colocaba al pié de la 



364 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



Cordillera, en Chire, para guarnecer los llanos de 
San Martín y de Oasamare, al Comandante don 
Julián Bayer, con escuadrones escogidos de Dra- 
gonas oy.e. al propio tiempo, servían de contacto 
entre las fuerzas de Sámaño y las que venían so- 
bre Venezuela. 

El Brigadier don Miguel de la Torre, con tro- 
pas veteranas del "batallón Vitoria y dos escuadro- 
nes de Hissaras de Fernando VII se internaba por 
los llanos de C a samaré : al propio tiempo, el Co- 
ronel Don Sebastián de la Calzada, con el batallón 
CacHri el Tercero de Nximancia y los Carabineros 
del Rey, marchaba por Cuenta, Mérida y Barinas, 
arrojando a las descubiertas destacadas por Páez 
al mando de Urdaneta. A principos de Enero 1817, 
las divisiones realistas se reunían In Guasduáli- 
to, mientra? el Teniente General Morillo marchaba 
a su retaguardia por el camino de Sogamoso. Al 
rededor de 4000 hombres señan las disponibilida- 
des de la Torre y Calzada, de los cuales 3000 eran 
de tropas criollas. 

Vk&z se hallaba en el Manteca!, organizando 
elementos para engrosar las partidas de Nonato 
Pérez, que llegaba desde su campo de guerrillas 
de Cuiloto, y para fortalecer a Miguel Guerrero 
que había sido vencido por Gorrín y Correa, cuan- 
do sitiaba a San Fernando. El grueso de las par- 
tidas de Páez estaba entre Achaguas y Setenta y 
sus descubiertas observaban el avance de la divi- 
sión Latorre ; se vigilaban mutuamente ambos con- 
tendores y, al fin, se decidió el español a atacar 
a los ginetes del llano, unos 1100 hombres, que pa- 
recían retirarse continuamente. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



365 



Buscaba Páez un sitio a propósito, la llanura 
de Mucuritas, y allí formó el 28 de Enero su caba- 
llería en dos columnas de fondo, frente a los ter- 
cios del Eey gue presentaban, en el centro, su ague- 
rrida infantería protegida en las alas por los jine- 
tes de Remigio Ramos. Ordenó Páez un ataque: 
de su primera columna sobre los flancos del enemi- 
go, produciendo una atracción violenta de los ji- 
netes de Remigio Ramos y más ordenada de la ca- 
ballería europea ; en el comienzo del ataque volvie- 
ron caras los patriotas de la primera columna, 
precipitando la persecución de los realistas; entre- 
tanto, en el momento oportuno, destacó Páez su 
segunda columna por los flancos y hacia la reta- 
guardia de los perseguidores de los primeros ata- 
cantes, ordenando a estos que tornaran a su avan- 
ce. La caballería de La Torre se vio envuelta y, 
cuando esta maniobra se realizaba, 50 llaneros apos- 
tados de antemano pusieron fuego a las altas yer- 
bas de la llanura, envolviendo a la infantería rea- 
lista en una humareda sofocante, sin que tuviera 
otra salvación que retirarse a un médano para es- 
capar de las lanzas llaneras. El choque fué terri- 
ble y Morillo, que llegaba al campo de Mucuritas 
al' siguiente día, ha consignado en sus Memorias 
este juicio. " Catorce cargas sucesivas sobre mis 
"batallones fatigados me enseñaron que no te- 
cnia que vérmelas con algunos cobardes aventu- 
"reros, como se me había informado; pero los sol- 
idados bajo mis órdenes se acordaron que eran 
"españoles y los enemigos habían sido constante- 
emente rechazados/' 

La verdad integral reside en la primera de 



366 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



estáis expresiones del Pacificador: la 'resistencia 
de los patriotas, sus éxitos mismos le manifesta- 
ban a las claras una situación de dificultades que 
nunca imaginó y, en vez de perseguir a ese núcleo 
de llaneros con sus tropas que, según sus Memo- 
rias,renovaban por su constancia y valor los tienupost 
de los Fernández, de los ürres, de los¡ Gardgonzá- 
lez dé Silva y de todos los héroes que sometieron, 
este territorio a la Corona de Castilla, los dejaba 
marchar a su vista, temeroso de la astucia de Páez^ 
de la audacia de sus lanceros y de sus estratagemas* 
imprevistas, clase de guerra que el no conocía. 
Páez se retiraba, sin esperanza de combatir, a San 
Juan de Payara, desde luego, y después a cuarte- 
les de invierno, al Yagual, dueño del territorio- 
entre Aráuca y Apure, pudiendo hacer incursio- 
nes, verdaderas razzias, sobre Nutrias y Barinas r 
y aún disponiéndose, si la ocasión se presentaba, 
a llevar sus llaneros hacia los valles altos por los 
rios Portuguesa y Cojedes. Su misión era espe- 
rar y la cumpliría, en fuerza de los acontecimien- 
tos y por propia voluntad; en cambio, la del Ge- 
neralísimo español era obrar y, sin embargo, no 
lo hacía, perplejo ante las complicaciones de unat 
situación cuyo dominio se le escapaba. 

Apenas pasado el desastre de Mucuritas, en él 
Paso del Frió, a 2 de Febrero de 1817, escribe al 

Capitán General Moxó: 

"Las tropas penetraron en estas provincias: 
"en l 9 de Diciembre último, van trascurridos dos 
"meses y no se ha dado la m;enor disposición ni 
"buscado arbitrio alguno, quedando del todo 'sin. 



™ ¥ LAS GUERRAS DE BOLIVAR ggy 

"efecto las providencias que VI S. pueda haber to- 
"mado...." (4) 

Ya hay un síntoma de cargar sobre Moxó sus 
responsabilidades, reproches que éste hacía recaer 
sobre Francisco López, el gobernador de Barinas 
derrotado por Páez a fines de 1816 ; y luego descri- 
be el Conde de Cartagena la situación de su ejér- 
cito en los llanos: 

"Todo el mes de Enero se hallan estas tropa» 
"sufriendo los rigores de la estación y del clima era 
"las orillas del Apure, sin haber tenido recursa 
"de ninguna clase por parte de la provincia de Ba- 
cinas- En este punto se hallan acampadas des- 
ude la acción del 27, con las mismas privaciones, 
"que cada día van aumentando, y ningún pueblo 
*'ni autoridad ha mandado auxilios para transpor- 
tóte el sin número de enfermos que resultan por tan 
"to sufrimiento, y veo con dolor que estas tropas 
"que podían libertar la provincia de Venezuela, 
desaparecerán todas. ' ' 

Y mientras esta es su propia situación, Moxó^ 
le escribe, con fecha 8 de Febrero, que el Goberna- 
dor de Guayana, Fitz-Gerald, se encuentra amena- 
zado por las fuerzas de Piar y Cedeño y Mego le 
dice que el mismo se halla en Caracas en "tal po- 
"breza e insignificancia del erario que ni aún le queu 
"da ¡el menor- crédito." (5) | 

Después del desastre de Mucuritas, Morillo si- 
guió su marcha a San Fernando de Apure, con rela- 



(4) A. Rodríguez Villa. Vida de Morillo. Tomo III. 
Doc. 597, 

C5) ü€ supra. Docs. 598 y 600. 



368 FRANCISCO R1VAS VICUÑA 



tivá lentitud, pues sólo el 13 de Febrero llegó a reu- 
nirse en aquella plaza con las fuerzas del Brigadier 
Ramón Correa y del Comandante Salvador Gorrín, 
que había logrado rechazar el asedio que les pusiera 
Miguel Guerrero, el segundo de Páez. Ningún en- 
cuentro de importancia tuvo en el camino y el mismo 
"dice en carta al Ministro de Guerra; "coglr^os al- 
agunes destacamentos enemigos que se fusilarte, so- 
mbre la mlarcha, en desquite de unos pocos enfermos 
"que cogieron y asesinaron en la acción de Mucu- 
4 'ritas/ ' (6) 

- No era este temperamento el más adecuado pa- 
ra concillarse la voluntad de los pueblos cuyo domi- 
nio se le escapaba ; el método de sangre y fuego con- 
trariaba la pacificación y, con esta política inexora- 
ble Morillo iba a perder definitivamente toda espec- 
itativa de éxito para la causa realista. 

Conocedor de la situación de Barlovento y de 
Guayana, demoró hasta el 9 de Marzo el despacho de 
una expedición en socorro ele la plaza de Angostu- 
ra. "No fué sin grandes trabajos, dice, y ven- 
ciendo obstáculos increíbles, que tuve la satisfac- 
ción de verla marchar el 9 de Marzo, compuesta 
del batallón Cachiri, de un escuadrón de lanceros 
"del país, una compañía de Húsares de Fernando 
"VII y un destacamento del sexto escuadrón de 
"artillería volante, en todo la fuerza total de 1200 
"hombres al mando del Brigadier Don Miguel de 
"la Torre, quien, además, lleva 150 cazadores eu- 
ropeos, expedición que jamás se ha visto ni tan 



(6) A. Rodríguez Villa. Vida de Morillo, Tomo III. 
Doc. 620. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 369 



"numerosa y bien equipada, navegando por un 
"río en buques tan pequeños corno los que se em- 
"plean en esta clase de navegación, teniendo que 
"vencer la gran falta de ellos que se experimenta 
"en el día." 

Mientras despachaba a de la Torre hacia 
Guayana dejaba en San Fernando la Quinta Di- 
visión a las órdenes de Calzada,, enviaba la Cuarta 
hacia Barinas. comandada por el Brigadier don 
Ramón Correa, ambas con órdenes de organizar 
nuevos regimientos de caballería; confiaba su ex- 
trema retaguardia, en Nueva Granada, a la Ter- 
cera División del Brigadier Sama no, con los ji- 
netes de Julián Bayer apostados en Chire, y él se 
encaminaba a unirse con la Primera División del 
Brigadier don Pascuel del Real, que operaba en 
Barlovento. 

Su tren era formidable y, en vez de dividir- 
lo, debió Morillo concentrarlo hacia los pjintos 
principales: si Bolívar tenía como idea estraté- 
gica la línea del Uñare, la acción del jefe español 
debió dirigirse contra esa frontera y, en especial, 
contra los puntos extremos de su línea. Dos 
grandes grupos destacados el uno hacia Barcelo- 
na y Cu maná, el otro al Bajo Orinoco y una reta- 
guardia de tropas ligeras para contener a Páez, 
mientras destruía a sus enemigos del Oriente, era 
el plan más acertado ; Morillo no lo siguió, pues 
se encontraba desalentado, en pleno desconcierto 
ante un sistema de guerra que no podía seguir. 

Casi dos meses después de la acción de Mueu- 
ritas, el 15 de marzo, todavía estaba en Calabozo 
y su tendencia a la inacción se revela en la si- 



370 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



guiénte carta al Capitán General Moxó : "He in- 
asistido siempre y he prevenido a VS. la reunión 
í( y concentración de nuestras fuerzas. Desde el 
' i Nuevo Reino de Granada, repetí a VS. estas 
"instrucciones, cuando después de la desgracia 
* ' del Juncal se organizó la división que se puso 
"a las órdenes del Brigadier Don Pascual del 
"Real. El plan que VS. se propuso, al hacer 
"marchar la división del Brigadier Real, yo no lo 
"he concebido; y VS. debe llevarlo hasta donde 
^le parezca conveniente ; pues VS- tendrá presen- 
cie que, desde el Nuevo Reino de Granada, le 
"previne que como no hubiese una seguridad cons- 
tante de batir a los enemigos no hiciesen movi- 
"mierto las tropas hasta mi llegada.' ' (7) 

Principia el Conde de Cartagena a deslindar 
sus responsabilidades, por los fracasos de Moxó 
contra la primera y segunda expedición de lioís 
Cayos, y escribe al Ministro de Guerra desde su 
Cuartel General de Maracay, con fecha I o de 
Abril: 

"Real se retiró de Barcelona y sucesivamen- 
te hasta Clarines, sin haber adelantado otra cosa 
"que enfermar y disminuir la tropa, fatigar al 
"soldado y perder la opinión. Todos estos par- 
tes me los trasmitió el general Moxó cuando yo 
"me hallaba todavía sobre el Apure, y no pudien- 
<( do por mí mismo tomar providencias decisivas 
"a tan largas distancias, advertí a dicho general, 
"que pues que había principiado la campaña an- 

(7) A. Rodríguez Villa. Vida de Morillo, Tomo III. 
Documento 605. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 371 



"tes de mi llegada, continuase bajo su responsa- 
bilidad." (8) 

Y, en efecto, Moxó seguía en su empresa, po- 
niendo las fuerzas del Brigadier del Real a las ór- 
denes del Coronel Don Juan Aldama, precisamen- 
te en los propios días en que Morillo se atardaba en 
Calabozo y en que Bolívar, con la rápidez de su con- 
cepción, se dirigía a inspeccionar las fuerzas de 
Piar en el Orinoco y movilizaba sus elementos a 
un punto interno, teniendo el dolor de dejar en 
Barcelona una guarnición que él no quería expo- 
ner al sacrificio y proporcionándole elementos ma- 
rítimos para su fuga, en caso de ser acometidá por 
xin enemigo dominante. 

Este sería el Coronel Aldama, que deseaba 
justificar la elección que de él hiciera Moxó para 
transigir las diferencias entre Morales y del ReaL 
" Deseoso, dice este jefe en el parte de su inglo- 
riosa jornada, de llevar a efecto cuanto ofrecí a 
*'VS. desde Píritu, en oficio de 2 de abril, puse el 
€i ejército en movimiento en la noche del 3. El 4 
"al amanecer alcancé a la boca de Caicara; se me 
«'unió la expedición de Cumaná, y a las 7 del 5 
"preparaba mjís columnas para apoderarme de 
4 1 Barcelona. Con anticipación previne al tenien- 
tf< te-coronel don Manuel Bausa, comandante de la 
"columna de Cazadores, que arrollase cuantos obs- 
táculos se le ofreciesen hasta apoderarse de la 
"casa más inmediata al fuerte del enemigo, ce- 
"rrase con parapetos las boca-calles, y lo dejase 



(8) A. Rodríguez Villa. Vida de Morillo. Tomo III. 
Documento 621 # 



372 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



* ' reducido a su solo recinto, en términos que, al 
llegar la artillería, se situase en la batería de bre- 
^cha, cuya construcción confié al bizarro y acti- 
^vo. capitán de Barbastro, don Eugenio Arana, y 
-"al teniente graduado de Granada, don Juan 
"Calvetl" 

Al rededor de 3.000 hombres tenía Aldamia 
para un ataque contra los 700 milicianos- de Frey- 
tes, encerrados en la Casa Fuerte de Barcelona, 
nombre excesivo para los atrincheramientos cons- 
truidos en el convento de San Francisco y que 
más bien debió llamarse Casa Débil, como dijera 
una de las señoras que se amparaban en el valor 
-desesperado de los hombres del General Pedro Ma- 
ría Freytes. 

Adueñado de la población, auxiliado por la 
escuadrilla del Capitán de Fragata don José Ma- 
ría Chacón, en la mañana del 7, los cañones rea- 
listas rompían los muros de la Casa Fuerte y el 
asalto empezaba a las órdenes del Coronel Joaquín 
Ureistieta, que tan temible se hiciera contra los 
margariteños, y del sargento Mayor Vicente 
Bausa. 

Francisco de Paula Vélez, en el reducto exte- 
rior, Pedro María Fre3^tes, en los atrincheramien- 
tos internos, y todos los defensores de la plaza 
hicieron prodigios de valor- Confiaremos a la 
propia plumh, de Aldama la descripción de los ho- 
rrores de la jornada: 

"Más de mil cadáveres de la guarnición y 
4i particulares adictos a la rebelión, encerrados en 
4 'la Casa Fuerte mordieron el polvo y pagaron su 
*'loeo frenesí. El comandante del fuerte, don 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR * 373 

"Pedro María Freytes, y el intendente, Francisco 
"Esteban Rivas, con cortos prisioneros han libra- 
ndo la vida aunque heridos y marchan a dispo- 
sición de VS. para que respondan al Excmo. se- 
"ñor General en Jefe de su conducta. Cuando 
"llegué a esta ciudad fui informado de que el 
"enemigo tenía dentro de la casa porción de fa- 
milias adictas a su sistema, aunque no de armas 
"tomar; y desde el momento en que se dio prin- 
cipio a los trabajos, propuse a los rebeldes en 
"nombre del rey que se rindiesen a discreción y 
"serían sus vidas respetadas. Mi ánimo fué el 
"evitar la efusión de sangre, que en otro caso mi- 
traba como inevitable, y demostrar con esta con- 
ducta las benéficas intenciones del Soberano; 
"mas, nada pude adelantar: mi invitación fué 
"deshechada y el nombre del rey insultado. Po- 
" eos momentos antes de marchar las columnas al 
"asalto tuvieron la osadía de arbolar bandera 
"negra y al ocupar el recinto de su fortaleza fue- 
"ron víctimas de su loca desesperación 700 hotni- 
"bres que la defendían y mas de 300 personas de 
"la calidad expresada.' ' (9) 

La heroica resistencia no era extraña, manda- 
da por un jefe como Pedro María Freytes, mozo 
de 27 afíos que ya en 1811 escribía a su padre: 
"Si no se adopta la independencia absoluta, pron- 
"to estaré en rebelión contra el rey y contra us- 
"ted." 

En medio de la matanza, el presbítero barce- 
lonés, Juan Antonio Godoy, da la absolución a las 



(9) Blanco y Azpurúa. Tomo V. Doc. 1229. 



374 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



mujeres que prefieren la muerte a la deshonra y 
él mismo cae bajo la cuchilla de los soldados de 
Aldama; otro Godoy, el Coronel Don José, comba- 
te al lado de su esposa doña Bárbara Arrio ja, y 
ambos logran escapar heridos, suerte que pocos 
tuvieron, pues la persecución se hizo muy activa 
y los fugitivos, como el Comandante Miguel Her- 
nández y otros que lograron salir de la Casa Fuer- 
te, hallaron la muerte en el camino. Los prisio- 
neros fueron casi todos fusilados en el sitio mis- 
mo y en Caracas, cabiendo esta misera suerte al 
denodado General Freytes. 

Aldama era dueño de una ciudad en ruinas y, 
aunque sea doloroso decirlo, su política práctica 
no era diferente de los preceptos que en esos mis- 
mos días trazaba el Teniente General Morillo en 
su campamento de Maracay. 

El 3 de abril, el Conde de Cartagena ordenaba 
las siguientes medidas: 

Primiera.— Confinación de los propietarios 
dentro de sus haciendas- 
Segunda. — Persecución de los esclavos prófu- 
gos y de los peones libres. 

Tercera.— Facultíad de ^allanamiento confiada 
a los caporales de distritos para penetrar en las 
haciendas. 

Cuarta.— Establecimiento del ¡espionaje ge- 
neral, debiendo los jueces introducirse por sí mis- 
mos o por medio de personas de su satisfacción 
en las casas y tertulias. (10) 



(10) A. Rodríguez Villa. Vida de Morillo. Tomo III. 
Documento 606. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 375 

Sentíase animado, para estas medidas de re- 
presión, en vista de la inminente llegada de la 
expedición del Brigadier Canterac, anunciada por 
el Ministro de Guerra con fecha 12 de febrero. 
En su cuertel general de la laguna valenciana, su- 
po la venida de este jefe con 2.800 hombres es- 
coltados por las . corbetas de guerra Descubierta y 
Piaraante, e inmediatamente se da a trazar pla- 
nes que no había de ejecutar. 

"En consecuencia de todo, dice Morillo el 3 de 
"Abril desde Maracay al Ministro de Guerra, y 
"reflexionando madurairíente con presencia del es- 
tado de las operaciones del enemigo, de nuestras 
"fuerzas, de nuestros recursos y de la ejecución 
"del plan general que debe asegurar la tranquili- 
"dad del Nuevo Keino de Granada, y la destruc- 
"ción de los rebeldes que alteran la paz de estas 
"provincias, he determinado que el brigadier Can- 
terac, con la división de su mando desembarque 
"en Cumaná y siga inmtediatamente unido a la pri- 
"mera división del Ejército, a destruir el cuerpo 
''principal y más fuerte que tienen los rebeldes 
"mandados por Bolívar, Marino, Bermúdez, Mo- 
"nagas, toda la banda de jefes insurreccionados de 
"la Costa Firme, debiendo yo ponerme al frente 
"del Ejército, en cuya dirección sigo mi miarcha 
"sin perder momentos. Destruidos, segura y fá- 
"cilmíente, los cuerpos rebeldes, libertada Guaya- 
"na y libre el Continente de enemigos, en poco 
"tiempo quedamos con unas fuerzas disponibles 
"numerosísimas, y aguerridas, que podrán embes- 
tir la Isla de Margarita, con la certidumbre de 



376 FRANCISCO RIVAS TICUNA 



11 reducirla a cenizas y tomarla con sólo su presen- 
cia". 

En este oficio (11) resalta nuevamente la po- 
lítica de pacificar por el aniquilamiento, Margarita 
será quem'ada como Barcelona, y así, los dominios 
reales en Venezuela serían un hacimiento de es- 
combros humeantes. Y mientras Morillo medita- 
ba estos planes de destrucción, Balívar estaba en 
marcha sobre Guayana, preparaba la jornada de 
San Félix y el Teniente General , que tan confiado 
se mostraba en su carta del 3 de Abril al Minis- 
tro de la Guerra, se veía obligado a comunicar el 
7 de Mayo, desde su cuartel de Orituco, las desgra- 
cias del Brigadier la Torre en Guayana y ponerse 
en marcha por el camino de Chaguaramas hacia 
el Orinoco. 

Cerca de 4 meses había perdido en meditacio- 
nes y en planes y luego debía comunicar mayores de- 
sastres. He aquí su carta desde Chaguaramas, fecha- 
da el 8 de Mayo: (12) 

"Ya casi no puede dudarse de la triste suer- 
te de Guayana y espero de un momento a otro 
"saber su ocupación por las fuerzas de Piar, en 
"las circunstancias de hallarse el 4 de Abril últi- 
"mo con víveres para diez días... V. E. habrá ob- 
servado cuantos han sido mis esfuerzos para con- 
servar y sostener a Guayana, el punto más im- 
' 6 portante de toda la Costa Firme y, el que poseí- 
do por los rebeldes, va a poner en duda el feliz 



(11) A. Rodríguez Villa. Vida de forillo. Tomo III- 
Documento 622. 

(12 Ut supra # Documento 626. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



377 



"éxito de las armas del Rey, a servir de abrigo 
"y asilo a multitud de emigrados y malcontentos 
"de todas partes, y a que, dominando un país fér- 
' 'til y lleno de recursos, aumenten considerable- 
' 'mente los medios de prolongar esta ruinosa y 
"sangrienta guerra- Sus comunicaciones por el 
"Orinoco se extenderán a muy poca costa por el 
'*Apure y el Meta, hasta el interior del Reino de 
"Nueva Granada." 

Pero no es solo el anuncio de esta desgracia 
lo que aflige a Morillo, su retaguardia misma, la 
que tanto había cuidado, sufría un descalabro : 
"Con tan desgraciado acaecimiento, agrega, pue- 
"de V. E. considerar el trastorno que habrán su- 
"frido todos mis planes y la impresión que debe 
"hacerme ver ocupados Chire y Casamare, con la 
"prisión del benemérito teniente coronel don Ju- 
"lián Bayer, comandante de los Llanos ,de toda la 
"guarnición y del almacén del Ejército llegando el 
"infame rebelde Nonato Pérez a amenazar las 
<c entradas de la sierra por Chita y Labranza Gran- 
"de, al mismo tiempo que Piar, ocupando la pro- 
vincia de Guayana, puede hacerse dueño de la 
"navegación de los ríos y extender sus empresas, 
"sin obstáculo alguno, hasta los confines del rei- 
"no." 

Siente el generalísimo ¡español la impresión 
profunda de una rebelión que se generaliza, que 
se hace nacional, y su ojo militar vé la linea de 
conquista republicana; remontar por él Orinoco 
a la Nueva Granada, al revés de lo que hicieran, 
fen pasados siglos, los capitanes de Castilla, con- 
quistar la Guayana, bajando por los valles andi- 



378 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



líos. Angostura es el núcleo principal de resisten- 
cia y allí debe dirigirse ; se traza un programa, pe- 
ro es tal su timidez de acción que en la carta que 
venimos comentando se deja ver que no 1q lleva- 
rá a cabo. 

' 1 Pasado mañana, dice el 8 de Mayo desde 
"Chaguaramas me incorporaré con la primera divi- 
sión que está a las órdenes del Coronel don Juan 
"Aldama y que es la única fuerza veterana con 
"que cuento actualmente. No sé si me sera posi- 
4 'ble emprender el socorro de Guayana a la distan- 
"cia de más de 130 leguas, en un país desierto y 
"arrasado, sin una caballería en que trasportar 
"auxilios y en la estación en que van a principiar 
"las aguas." (13) 

Esta es su parte de labor, para la cual encuen- 
tra toda clase de tropiezos, mientras Bolívar con 
un grupo de oficiales, recorría en esos mismos días;^ 
el camino de Barcelona a Angostura, conferencia- 
ba con Piar el 4 de Abril, cuando Morillo dictaba 
sus medidas de represión en Maracay, volvía a los; 
llanos sin pérdida de tiempo a recoger la división 
de Bermúdez, Armario y Yaldés para llegar el 2 
de Mayo a las márgenes del Orinoco, frente al pa- 
so del Aro. Mientras el Conde de Cartagena me- 
ditaba en las dificultades de una empresa, el ca- 
raqueño indomable las vencía, poniendo en sus hom- 
bres la inmensa pujanza de su ideal por la liber- 
tad americana. 

La verdad era que Morillo no deseaba comba- 



tís) A. Rodríguez Villa. Vida de Morilla Documen- 
to 628. Tomo III. ,.. ~ 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 379 

tir sino al mando de tropas veteranas; recelaba 
del éxito con milicias criollas y temía el fracaso 
que anularía su pasado de victorias y de sucesos 
afortunados. Había dispuesto que Canterac de- 
sembarcara en Cumaná con las tropas regulares 
que traía de España, y le encargaba el programa 
de someter las regiones de Güiria, Carúpano, Bar- 
celona y Maturín, empresa a la cual el mismo se 
iba a transportar, con cualquier pretexto y a la 
primera oportunidad. 

En la primera decena de Mayo, se movió de 
Chaguaramas para reunirse con las fuerzas de Al- 
dama que perseguía con éxito a las guerrillas de 
Julián Infante, e incorporado con él, llegó hasta 
Santa María de Ipire, a tres o cuatro jornadas del 
Orinoco, y en vez de continuar su marcha buscan- 
do la escuadrilla realista del rio, se contentó cpn 
"destruir los hatos y casas de sus inmediaciones 
que servían de albergue a la gente más perversa 
y desleal de los Llanos.' 9 

Supo allí la llegada de Canterac y resolvió re- 
gresar sobre Barcelona para ejecutar la fácil con- 
quista del territorio costanero, feasi abandonado 
por los patriotas que se mantenían en Carúpano y 
Cariaco con pequeñas' guarniciones y en un ambien- 
te de indisciplina y de falta de unidad en el comían- 
do, a pesar de los generosos esfuerzos que hacían 
jefes como el General Urdaneta y como Antonia 
José de Sucre, muchacho de 22 años que reunía en 
su aliria todas las impetuosidades de la juventud 
generosa con las tranquilidades de la completa ma- 
durez del espíritu. 

Para juzgar la expedición de Morillo sobre 



380 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



la costa del Caribe, cuando abandonó su programa 
de socorrer al jefe realista de Angostura, es pre- 
ciso rememorar, aunque sea someramente, los acon- 
tecimientos ocurridos en Barcelona y Oumaná, 
después de la partida de las tropas que seguirían 
a Bolívar hacia el Orinoco y del desastre de Bar- 
celona. 

Como situación general de los patriotas, se- 
gún el diario de Silvestre Palacios, el mayor Gene- 
ral don Antonio José de Sucre tenía una guarni- 
ción de 400 hombres en Cariaco y podía dispo- 
ner de 500 soldados en Cumanacoa y d*e una parti- 
da de 120 jóvenes escogidos, que formaban el gru- 
po de Vengadores; sobre la linea de Cummná, los 
capitanes Castillo, Mijares y Maestre, tenían un 
centenar de hombres. De este modo, si agregamos 
los destacamentos de la costa que permitían las co- 
municaciones con la escuadrilla del Almirante 
Brion, y, por su intermedio, con la Isla Margarita, 
no se puede atribuir a las fuerzas casx-regiüares 
del General don Santiago Mariño más de 1500 hom- 
bres. En sus partes habla Morillo de contingen- 
tes de 2000 hombres, cifra que estimamos exagera- 
da, pues aún la de 1500 plazas no la encontramos 
bien comiprobada en los documentos que hemos po- 
dido compulsar. 

A estos elementos debemos sumar las parti- 
das del General Andrés Rojas que obraban sobre 
la región de Maturín, con entera independencia 
del grupo que defendía la costa caribeana. 

Las tropas realistas, tras la victoria sangrien- 
ta de Aldama sobre Barcelona, se habían enseño- 
reado de toda la costa desde Oumaná al Occiden- 



LAS . GUERRAS DE BOLIVAR 381 



te y los patriotas no tenían más asilos marítimos 
que los resguardados por la Isla Margarita y los 
del golfo Triste; contra ellos operaba r con ac- 
tividad la escuadrilla regular y de flecheras espa- 
ñolas en la marina y el activo Francisco Jiménez, 
con la- división de Clarines por tierra. 

Hacia . fines de Abril, se propuso el plan da 
fortificarse . en, Cariaco y Cumanacoa, organizando 
nuevas fuerzas y, en especial, un batallón de za- 
padores, programa que habría sido fructífero si 
hubiera podido esta vanguardia obrar en combina- 
ción con los montoneros de Rojas, en Maturín, y 
las demás partidas de los llanos bajos. Desgra- 
ciadamente, este plan no era posible y el nuevo 
germinar de las ambiciones del General Mariño 
iba a destruir toda espectativa de conservar la efi- 
cacia de este núcleo patriota. 

Por los primeros días de Mayo, el General 
TJrdaneta tomó el mando ele las tropas, teniendo 
al Coronel Sucre como Jefe de Estado Mayor; el 
pensamiento de ambos jefes era unirse al Liberta- 
dor que se encontraba en Angostura, llevándole tro- 
pas y elementos; más, un curioso acontecimiento 
político derribaría estos planes. 

Bolívar, cuando preparaba su segunda expe- 
dición en Haití, había escrito a todos los hombres 
que pudieran cooperar a la obra de formación de 
la nueva nacionalidad independiente y, entre otros, 
se dirigió al canónigo chileno Cortés de Madaria- 
ga, que tan marcada influencia tuvo en los suce- 
sos del 19 de Abril de 1810 en Caracas. "En va- 
"no, le decía, en carta fechada el 26 de Noviembre 
"de 1816, en Puerto Príncipe, las armas destrui- 
25 



382 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"rán a los tiranos, si no establecemos un orden po- 
lítico capaz de reparar los estragos de la revolu- 
4 6 ción- El sistema militar es el de la fuerza, y la 
4 'fuerza no es gobierno: así, necesitamos de núes- 
4 ■ tros proceres, que escapados en tablas del nau- 
fragio de la revolución, nos conduzcan por entre 
"los escollos a un puerto de salvación. Ud. y 
"nuestros amigos, Roscio y Castillo liarían un frau- 
"de a la República si no le tributasen sus virtu- 
^des y talentos, quedándose en una inacción que 
"sería muy perjudicial a la causa pública/ ' (14) 

El canónigo de Chile, como llamaran en Ca- 
racas al que era a la vez tribuno ardiente, cuida- 
doso pastor de sus ovejas y republicano de avan- 
zado doetrinarismo, cayó en las capitulaciones de 
Monteverde de 1812, sufrió cárcel en La Guayra 
y en Ceuta, se evadió del Presidio español en 1814 
y estaba en Kingston cuando recibió la carta del 
Libertador que acabamos de citar. Buscó la pro- 
tección de los almirantes británicos y pudo llegar 
a Pampatar, en la Isla Margarita, desde donde es- 
cribía al Libertador, con fecha 25 de Abril de 1817 y 
cuando Bolívar se encanmnaba por los llanos ba- 
jos hacia Angostura: 

"General, le decía, cada vez se toca más de 
" bulto la imperiosa necesidad de restablecer el 
"gobierno en receso, con la división legítima de 
"sus poderes: sin este simulacro, viviremos siem- 
"pre desfigurados, menospreciados de todo el míun- 
"do, y lo que es peor, vendremos a ser victimas de 
"la anarquía, vos mismo conocéis que la fuerza nx* 



(14) O'Leary. Tomo 29, Página 103L 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 383 



'<es gobierno; y no se os oculta la crítica que en es- 
''ta línea actualmente sufrimos de nuestros propios* 
"amigos, y de* la mordacidad de nuestros enemi- 
if gos, que no ven ni sienten otro ramo planteado 
"en Venezuela que el de la Marina, debido única- 
" mente a la constancia, al entusiasmo y a los de- 
sembolsos y a las inmensas fatigas que me cons- 
tan y no las hubiese elogiado nunca sino las ob- 
servase tan de cerca, de nuestro dignísimo Al- 
mirante. " (15) 

Este acuerdo entre el canónigo chileno y el 
marino . holandés obedecía a causas diferentes : en 
el primero alentaba el deseo de organizar un go- 
bierno a fin de obtener el reconocimiento de una 
nación independiente por las potencias que pudie- 
ran auxiliarla en la obra de consolidar su sobera- 
nía, como Inglaterra principalmente; en el segun- 
do obraba el ánimo de organizar la guerra para 
lograr sus propios fines, que eran un tanto inte- 
resados, en el logro de los ideales patriotas por 
motivos que no eran precisamente estos mismos 
ideales. 

Tanto Bolívar, como Cortés y Brion deseaban 
formar un gobierno y recordaremos l¿t promesa 
que el Libertador hizo al Almirante, en su carta 
de Enero 17, fechada en Barcelona: 

■ " Nuestros recursos se aumentan, pues tene- 
smos mucho ganado de que disponer y nuestros 
^créditos serán puntualmente satisfechos. Los 
^tesoros que conducen ¡las granadinos cubrirán 
" igualmente nuestros empeños. Cuantas alhajas 



(15) Blanco y Azpurúa, Tomo" V. Documento 1237. 



384 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"y objetos de valor, de oro, plata y piedras pre- 
"eiosas que contenían las iglesias de Santa. Fe, y 
" varias personas ricas de la capital y de la Frovin- 
"cia, vienen en el ejército. Puede, pues V. E. con- 
"tratar cuantas armas y municiones pueda, segii- " 
**X0 de su pago-" (18) 

Esto escribía Bolívar, a raiz de ía jomada de 
Clarines, y cuando el ejército español permanecía 
inactivo por las rivalidades de Morales, del Eeal 
y Aldama y es casi cierta que Brion, que debía 
mantenerse activo en el mar por razón de m pro- 
pio interés, no veía las cosas con el mismo ánimo 
lisonjero del Libertador y lia debido instarlo para 
constituir un organismb que regularizara la situa- 
ción económica de la empresa. Bolívar le confiar 
ba su plan, un mes después, en carta de Febrero 
13 que dice: íf En cuanto me desocupe de las aten- 
aciones más urgentes, que son las de batir a los 
" enemigos, convocaré un Consejo para que se es- 
tablezca una administración regular, papaz del 
"mantener la Kepública . . . . Yo desearía más qu< 
"V. E. cubrir los créditos del Gobierno, pero es 
"ta provincia no tiene más. que ganado y, con li 
"ocupación por los españoles hasta el ganado no; 
"falta ya...." (17) 

Los tiempos habían cambiado; el Libertado: 
no lograba hacerse obedecer de los caudillos y e 
fruto de su primera expedición de Los Cayos d 
San Luis se perdía por la precipitada marcha d 
Piar a Guayana ; no era culpa suya si no podí; 



(16) O'Leary. Tomo XV. Documento 67. 
(17) O'Leary. Tomo XV. Documento 109. 



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LAS GUERRAS DE BOLIVAR 385 



organizar un gobierno, sin batir previamente al 
enemigo- Si él hubiera estado en Cariaco a la 
llegada de Cortés, tanto el chileno como el Al- 
mirante Brión habrían aceptado las razones de 
su carta de Febrero; más, por aquellos días, lle- 
gaba el Libertador al Orinoco, en busca del peda- 
zo de tierra libre para constituir un gobierno, y 
no contaron con su consejo los hom'bres que per- 
seguían este propósito con miras míuy diversas: 
unos, los antagonistas de Bolívar, para eliminarle 
del Gobierno; otros para regularizar sus intere- 
ses materiales y el idealista Cortés de Madariaga 
para formar una entidad administrativa que pur 
diera tratar con las potencias del orbe y allegar 
recursos fáciles para libertar a la patria. 

Y así fué como el 8 de mayo de 1817 se consti- 
tuyo el Congreso de Cariaco que, desconociendo 
los acuerdos de Margarita y de Oarúpano, creado- 
res de una sola autoridad suprema, quería recons- 
tituir el Gobierno Federal de Venezuela, en sus 
tres departamentos legislativa, ejecutivo y judi- 
cial, como dice el #eta respectiva. Mariño, que- 
figuraba Como invitante a la reunión, renunciaba 
por & y por Bolívar a los cargos con que les in- 
vistieran asambleas anteriores y se formaba un 
Peder Ejecutivo constituido por don Fernando 
Toro. Bolívar y Francisco Javier Mayz, actuando 
como suplentes, mientras Toro y Bolívar asumían 
los cargos, el granadino don Francisco Antonio 
Zea y el chileno don José Cortés de Madariaga- Se 
constituyó un poder judicial, a cargo de los ciu- 
dadanos Juan Martínez, José España, Gaspar 
Mateamo y "Ramón Cádiz; Brion era confirmado 



386 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



en su cargo de Almirante de la Bepública y el Ge- 
neral Mariño llenaba su ambición, aceptando las 
funciones de Comandante en Jefe del Ejército, él 
sabía que la Fuerza seguiría siendo Gobierno, 
mientras la guerra no se afirmara en una conquis- 
ta seria. 

Sin tardanza, establecía un servicio diplomá- 
tico, confiando al canónigo chileno una misión pa- 
ra el Presidente de los Estados Unidos, James 
Monroe ; luego el Gobierno de Cariaco tomaba co- 
mo capital la de Margarita, a fin de estar libre de 
la presión de las armas españolas y poder esta- 
blecer con mayor facilidad los contactos con el 
exterior. 

Eran BoJ/ívar y Cortés dos inteligencias que 
se comprendían, que tenían plena conciencia de 
la situación y de los hom'bres que actuaban en 
torno de ellos; mas la fatalidad quiso que en este 
momento en oue pudieron sumarse arribas activi- 
dades, el destino pusiera entfe ellos un centenar 
de lesruas que hacía difícil la consulta previa pa- 
ra proceder de acuerdo. 

El chileno deseaba, como lo dice tan clara- 
mente, un simulacro, una apariencia provisoria 
de organización, para presentarse ante el mundo, 
mientras Bolívar " prosperaba para el bien de la 
"patria y el cielo remuneraba sus distinguidos ser- 
"vicios con el completo triunfo de las armas repu- 
blicanas." (18) 

Tenía su fé en Bolívar y sólo en él nuestro 
entusiasta canónigo, que veía el triunfo vinculá- 



is) Blanco y Azpurua^ Tomo V. Documento, 1237. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



387 



do a las expediciones marítimas y a la acción ex- 
terna ; refiriéndose a Brion, a quien cortejaba co- 
mo antes lo hiciera el Libertador, escribe a Bo- 
lívar: il es bien doloroso que apenas seáis vos el 
*'que sostenga en nuestra República y esto de un 
"modo ineficaz por vuestra falta de medios: el 
* É Almirante ha apurado los suyos; ninguno le 
" auxilia desde el Continente con los artículos del 
"país; y me avergüenzo de advertir, que casi se 
"emulen* sus incomparables servicios, en lugar de 
' ' agradecérselos : él no puede hacer milagros; y 
"si vos no os apresuráis a facilitarle arbitrios, re- 
4 'celo que el Apostadero se disolverá muy pronto, 
"con detrimento irreparable de nuestra Repúbli- 
4< ca y con ruina segura de su honrado Jefe." 

Brion pensaba por entonces, según dice Cor- 
tés de Madariaga, establecerse en un lugar aisla- 
do, en las bocas del Guarapiche, desde donde po- 
día comunicarse con los patriotas de M^turín y 
burlar la flotilla realista ufana con las novedades 
de la próximja venida de la expedición del Briga- 
dier Cantera c, y esto lo haría, siempre según; el 
sacerdote chileno, mientras Bolívar decidía la con- 
quista absoluta de nuestra tierra, coadyuvando el 
Almirante a vuestras operaciones.' * 

Desgraciadamente, la adversidad se precipi- 
taba sobre los patriotas; Mariño interpretaba a 
su modo las resoluciones de Cariaco; los jefes re- 
publicanos como Urdaneta, Portero, Silvestre Pa- 
lacios, Sucre mismo, se aprontaban para dirigir- 
se en busca del Libertador a Guayana; las tropas 
levantadas por Mariño y Jugo sólo a ellos les obe- 
decían y aquellos pundonorosos capitanes busca- 



888 FRANCISCO RÍVAS VICUSÍA 



l>an canípo más propicio pata pórier lás lúees dé 
sus conocimientos técnicos y la virilidad de sus 
esfuerzos en servicio de la patria; eñtrc tanto, 
Canterac llegaba, Morillo lo sabia y abándonaba 
su marcha sobre Guayana para vetiir a posesionar- 
le, el 10 y el 13 de Junio réspectivamente, de Ca- 
riaco y de Carúpano y luego de lá Península de 
Paria, rechazando a los patriotas hacia el inte- 
rior. 

Fácil era su triunfo, pero momentáneo; mien- 
tras él se demoraba en Maracay, Bolívar ya estaba 
sobre Angostura y, ahora, cuando sometía las cós- 
ias del Caribe, los jefes de gran valía que iban a 
secundar eficazmente al Libertador se le escu- 
rrían, por GuanaguaDa y Maturín, hacia la capi- 
tal de Guayana. 

El 2 de Julio estaba el Conde de Cartagena en 
Cumaná y comunicaba sus éxitos al Ministerio de 
Guerra, diciéndole: " Marché desde el Chaparro, 
"en cuyo pueblo dejé acantonada la división del 
41 coronel Aldama para que subsistiese con los ga- 
znados del Llano y evitar la miseria de la cos- 
ita, donde nada se encuentra: Continué^ des- 
opiles, a Barcelona y esta plaza, marchando sin 
41 detenerme con parte de la división expediciona- 
"ria sobre Carúpano, y la costa de Güiria, de don- 
^de han sido arrojados y batidos los rebeldes 
*' marida dos por Santiago Mariño que se titulaba 
segundo jefe de la República, cuyo ejéícito que 
ascendía a Í80Ó o 2000 bandidos ha sido deshecho 
*'y dispersado en diferentes encuentros, y parti- 
"ciilarmente en el pueblo de Carúpano, adonde el 
"teniente-coronel don Francisco Jiménez, comían- 



LAS CÜÍÍRRÁS DE BOLÍVAR 389 

W, r ' " 9k ' 

"dante del batallón dé Clarines, les mató mucha 
1 ' gente, hizo prisioneros varios jefes y se apoderó 
"dé la artillería y armamento. La costa de Güí- 
"ria, Cariaco, Üio Caribe, Cumanaeoa y, en géne- 
"ral, toda la provincia ha quedado eñ nuestra 
"poder y limpia de malvados." (19) 

Ya tiene soldados veteranos y dispone, segto 
dice en la carta que estamos comentando, que ven- 
gan 150 mil raciones de La Guaira, que la escua- 
dra embarque en Cárúpalio el batallón Burgos y 
la columna de Cazadores de Canterac, él mismo se 
embarcará en Cumaná con el regimiento de Nava- 
rra y la primtera división de Aldama vendrá des- 
de El Chaparro, para embarcarse en Barcelona, y 
reunirse todos en la isla de Coche, que es cómo 
el estribo de un puente entre Margarita y el Con- 
tinente. 

¿A dónde vá el Conde de Cartagena con tten 
tan formidable? El mismo lo dice: ''Esté seguro 
"VE. que voy a hacer los mayores esfuerzos pa- 
"ra sujetar a aquellos tenaces y reincidentes des- 
pícales; pero si logró reducirlos nuevamente a la 
"obediencia del Rey. es indispensable que las' fa- 
16 millas del más importante punto de Costa firiñe, 
"que es la Isla Margarita, si se ha de conservar ett 
'lo sucesivo, sean dispersadas en países mfuy re- 
"motos donde puedan ser vigilados, y se les pri- 
"ve de toda esperanza de volver a un suelo don- 
"de siempre serán traidores. '* 

Así, el Pacificador se va a Margarita a imfr>o- 



, (19) A. Rodríguez Villa. Historia de Morillo. Tomo ílíl 
Documento 628. 



390 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



ner la ley del exterminio; se desentiende de Gua- 
yana, a pesar de las turgentes comunicaciones que 
le dirige el brigadier de la Torre; no cree en el pe- 
ligro por ese lado y dice a su gobierno desde Cu- 
maná, con fecha 6 de julio: 

''Las ridiculas e insolentes mentiras que con- 
tiene la proclama de Bolívar, el número abulta- 
ndo de sus tropas y lo exagerado de las fuerzas 
*'que descaradamente supone ocupando otras pro- 
vincias, son una prueba evidente de los resulta- 
ndos infelices que hasta ahora han conseguido 
"por aquella parte.' ' 

Y deja Morillo, como en la fábula, la sombra 
por la presa; se encamina a Margarita, ordenando 
a Remigio Ramos que organice cuatro escuadrones 
de Guías del General y a Salvador Gorrín que 
monte otros cuatro de Lanceros venezolanos, ter- 
cios que sumará a los suyos, cuando regrese vic- 
torioso de Margarita, si la fortuna le ayuda. 

El 13 de julio, desembarcaba con su expedi- 
ción en punta de Mangles, en vez de doblar la Pe- 
nínsula de Paria y encaminarse a las bo^as del 
Orinoco, en demanda de aquellas fuerzas de Bolí- 
var que tan importantes juzgaba cuando mar- 
chó contra ellas por los Llanos, en cuyo objetivo, 
a su decir, lo detuvieron las inclemencias del 
tienipo y que, ahora, no tenía incoveniente nin- 
guno para alcanzar, poseyendo una fuerte divi- 
sión veterana, una buena flota de transportes y 
buques de guerra para defenderla. 

Morillo estaba desconcertado, no así el Liber- 
tador que, como lo heñios visto, corrió sobre An- 
gostura a buscar un punto de apoyo para salvar 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 391 

el terreno conquistado en Cumaná y en Barcelo- 
na por sus expediciones de Los Cayos, que estaba 
allí, consumando otra conquista y tomando medi- 
das para salvar a la República de la anarquía que 
se pronunciaba de nuevo a raíz del Congreso de 
Cariaco. 

El había llevado las fuerzas de Bermúdez, 
Valdez y Armario, sumándolas a las que antes le 
arrebatara Piar; los guerrilleros quedaban en los 
Llanos bajos de Cumaná y Barcelona y otros obra- 
ban más al norte, especialmente en Maturín, don- 
de se hacía sentir la acción desquiciadora de las 
ambiciones de Mariño, figura simpática en sus ar- 
dores juveniles, pero que el historiador tiene, a 
pesar de esto, que teñir con la sombra de los des- 
aciertos políticos. 

Barcelona y Cumaná son su vanguardia y 
desea conservarla a toda costa y, mientras activa 
las operciones en Guayana, escribe a Andrés Ro- 
jas, negro que se ha mostrado capaz de las ma- 
yores energías, obrando en el extremo oriental de 
Venezuela : 

"A 17 de mayo de 1817. — La ventajosa situa- 
ción, el justo nombre que ha adquirido la ciudad 
"de Maturín, los importantes objetos que pode- 
<¿ mos recibir por sus puertos, las prontas comu- 
nicaciones que presenta con las colonias extran- 
jeras y las consideraciones que se deben a los ha- 
bitantes de ese país, me hacen constituirlo de- 
apartamento militar independiente de Cuma- 
"na." (20) 



(20) Blanco y Azpurúa. Tomo V. Doc. 1233. 



392 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



lias ideas del Libertador tienen siemlpre la 
misma precisión, conservar sus coiminicaeiones 
exteriores y el terreno conquistado; los sucesos an- 
tes referidos le obligaron a abandonar la costa ca- 
ribeana y ahora se traslada al Atlántico, por las 
líneas de Guarapiche que es Maturín, y del Orino- 
co, que es - Angostura. 

Y completa su plan estratégico con sus miras 
políticas que ya es tiempo de puntualizar, en eíeCi. 
to, su carta a Rojas continua así: 

"Enteramente dedicado a los negocios del 
" Gobierno y como obraba el ejército grande a 
"mucha distancia del lugar de mi residencia, tu- 
"ve a bien nombrar un jefe de la fuerza arm&- 
'*da para que inmediatamente dirigiese las opera- 
aciones, cuyo nombramiento hice en el señor Gene- 
rar Santiago Mariño; mas las contrariedades de 
"este jefe, su renuncia en obedecer mis disposi- 
ciones, los incalculables males que ha causado a 
"la República, el sistema de contrariar las provi- 
dencias del Gobierno, me han hecho resolver a 
"ponerme otra vez a la cabeza del Ejército, supri- 
"miendo el destino de Jefe de la Pnerza Armada, 
"conferido al señor General Mariño para obrar 
"conforme al bien del Estado. He resuelto pues*, 
''por estas razones que en lo sucesivo sea gober- 
nado el departamento de Maturín independien- 
"teniente de dicho señor general Mariño y de la 
"capital de dimana, y de consiguiente, VS-, a 3 
"quien nombro General de dicho Departamento, 
"se entenderá directamente con el Gobierno Su- 
"premo, y en las medidas que tome solo- atenderá 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



393 



"las órdenes raías sin obedecer las que otro le co- 
"munieare." / 

Morillo diseminaba sus fuerzas desde la fron- 
tera neo-granadina hasta Cumaná, creando una 
cabeza Monstruosa en este último punto para en- 
gullir, si se nos permite la expresión, de un solo 
gólpe de mandíbulas a la rebelde Margarita; en- 
tretanto el Libertador se concentraba en un nú- 
cleo central, tendía sus vanguardias en Cumaná y 
Barcelona, hasta donde le era posible, hasta Ma- 
turín; y llamaba en su auxilio a Brion y a las fle- 
cheras de Margarita, que serían empujadas por 
la acción de Morillo, y ganaba así un teritorio que 
iba a defender por mar y por tierra. El Conde 
de Cartagena iba a romper en las peñas de Marga- 
rita los filos de la espada española y Bolívar iba a 
templar en las soledades de Guayana los hierros 
d& las lanzas libertadoras del septentrión de la 
América Austral. Vamos a seguirle en su em- 
presa fundamental la que era su programa, al 
abandonar los Calvos de San Luis, la conquista de 
Guayana, como dijera en la carta que antes cita- 
mos dirigida a su amigo el General Marión. 



II 

La conquista de Guayana 

Era la Guayana la llave del éxito y esta cir- 
cunstancia era de todos conocida, de realistas y es- 
pañoles, hacia ella tendían los guerrilleros por ins- 



394 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



tinto y los jefes por convicción. Ya a fines del 
siglo XVII, el ingeniero don Miguel Marmión, infor- 
ma como sigue : 

"Es esta provincia por su situación la más venta- 
''josa, y primera posición, o cabeza de todo el Conti- 
"nente de Tierra Firme en América, y la que por 
"medio de su caudaloso río Orinoco debe considerar 
"se puerta o entrada a lo interior de las de Cumk- 
"ná, Caracas, Barinas y reino de Santa Fe, y que 
"sirviendo de antemural en caso de invasión, ha 
"de imp'edir al enemigo su internación a todas 
"ellas." 

En un documento sin firmja, que lleva el número 
433 en la Historia de Morillo, por Rodríguez Villa, 
se dice: 

"Parece que el más imprevisto ha llegado a 
^conocer la excelencia del punto militar de la pro- 
vincia de Guayana, pues las circunstancias ac- 
huales demuestran suficientemente su incomparable 
"valor sobre cualesquiera de Venezuela." 

Guayana fué la base de la primera reconquis- 
ta española y hacia ella se encaminaron los gue- 
rrilleros en 1815, asediando la capital de Angostu- 
ra desde el sitio de La Mesa, e internándose el Co- 
mandante Parejo hasta las misiones del Cároní, en 
el hato del Caraqueño; ella sería el fundamento 
de la república, el que venía busQando Bolívar des- 
de Haití, donde se guarecía el leal Cedeño y don- 
de precediera Piar al Libertador con las fuerzas 
organizadas por éste, en medio de sinsabores, fra- 
casos y tropiezos sin cuento. 

Importa analizar detenidamente este proble- 
ma y ver en rasgos precisos la actitud de Piar co- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



395 



mo jefe guerrero, como administrador y como po- 
lítico, a fin de apreciar con justicia a este hombre 
sobre cuya cabeza tendía la victoria una mano cua- 
jada de laureles y a la justicia su brazo armado 
con la espada vengadora. 

Dejamos a Piar a fines de Diciemibre en el pa- 
so del Caura, camino de Angostura, con más áni- 
mos que elementos para una empresa de conquista 
que requería a la vez fuerzas militares y elemen- 
tos navales que él no podía improvisar. Desde el 
Apure hasta el Atlántico, dominaban las flecheras 
españolas, sus cañoneras y goletas; tenían forta- 
lezas en Angostura, en Guayana La Vieja, guar- 
niciones interiores que custodiaban a las misiones 
de capuchinos del Caro ni, de donde se proveían de 
toda clase de artículos y dominaban desde las islas 
Tórtola, Fajardo y Panapana todos los puntos es- 
tratégicos del Orinoco. 

A pesar de todo, con resolución de conquista- 
dor, siguió su marcha Piar, llevando siempre a la 
vanguardia al animoso Cedeño ; ya el 12 de Enero 
estaba sobre las avanzadas occidentales de los rea- 
listas, en Oroeopiche, y despachaba en reconoci- 
miento hacia el Oriente al guerrillero que con tan- 
to acierto se había manejado en Caicara. 

El 15 intenta una sorpresa sobre Angostura, 
la renueva el 17 de Enero y al siguiente día da un 
asalto regular, en que se distinguen los hombres 
que puso Bolívar al frente de los batallones que 
desembarcaron en Ocumare. Salom y Pedro León. 
Torres entre otros- Los fuertes se mantuvieron y 
comprendió Piar la dificultad de su emjpresa; se 
imponía nuevamente el programa que desempeña- 



me 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



ba Ce.deño desde sus lejanos campamentos del Cu- 
■ chivero. Era preciso inmovilizar la guarnición de 
Angostura y conquistar terreno para vivir; lo pri- 
mero, no se liaría ahora desde lejos, sino con el 
asedio mismo de la plaza, lo segundo marchando 
hacia el Caroní, como dos años antes lo hiciera Pa- 
rejo. 

Tomó de nuevo Cedeño las avanzadas, sigiuió 
en el centro Piar y quedó el Teniente Coronel don 
Miguel Armas, sitiando a la capital, Angostura. 

Esto acontecía el 24 de Enero, cuando ya Piar 
sabía la llegada de Bolívar y nos parece lógico, den- 
tro del programa estratégico que acabamos de se- 
ñalar, que se hubiera encaminado al territorio ya 
conquistado, dejando paralizadas las fuerzas ene- 
migas de Angostura y cooperando con Bolívar a 
tender la linea de operaciones desde Barcelona al 
Orinoco, para lo cual tenían entre ambos, hombres 
y pertrechos en cantidad proporcionada a la fae- 
na, máxime si se toma en cuenta la anarquía y la 
vacilación dominantes, por entonces, en el campo 
realista. 

Piar prefirió hacer una conquista propia y no 
obedeció las órdenes del Jefe Supremo, pretextan- 
do incovenientes de movilización, importancia pre- 
ponderante de sus propias posiciones y otros mo- 
tivos que no resisten menor análisis, - si marcha- 
ba de Angostura al Oriente, cruzando rios y com- 
batiendo con guarniciones españolas, a mayor abun- 
damiento pudo repasar el Orinoco y dirigirse por | 
el carneo propicio de San Diego de Cabrutica y de 
Santa María de Ipire a unirse con Bolívar en Ara- i 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 397 



Prevaleció su política de ambician y siguió su 
marcha, destacando siempre de avanzada a Cede- 
ño, más a la descubierta al Comandante Hernández, 
y dejando su retaguardia protegida en el paso á& 
Caruachi, sobpe el Caroní, con la división del Co- 
ronel Pedro Chipia. Después de un breve acan- 
tonamieno en San Felipe, sobre la derecha del Ca- 
roní, pasa el mismo el río y dirige con acierto la 
ocupación de los campos explotados por los misio- 
neros capuchinos; a principios de Febrero ya se 
ha formado un centro en San Antonio, Altagracia 
y Santa María; luego se traza un segundo círcu- 
lo en Puedpa y Santa Clara y, a fines del míes, en 
el Palmar, logrando posesionarse de una inmensa 
zona de abastecimientos, desde los ríos Para y Ca- 
roní hasta el Cuyuní. 

La organización de este territorio sería su preo- 
cupación fundamental y para ello iba a contar con 
una auxiliar precioso, el Presbítero-Capitán José 
Félix Blanco, que había venido del territorio de 
Apure con una misión del General Páez. 

Laborioso y hombre de orden, era Blanco el 
más adecuado para cumplir las instrucciones que 
constan de un oficio que le dirige Piar, el 27 de Fe- 
brero, desde su cuartel general de TJpata: 

Primera— El Vicario General del Ejército, Jo- 
sé Félix Blanco será el Comandante en Jefe de las 
Misiones del Caroní, con amtplias facultades, desig- 
nando para cada pueblo un Capitán, además del 
Comisionado que el General nombrará, y que se so- 
meterán a las órdenes del Comandante en jefe. 

Segunda. — Hará un empadronamiento general 

26 



398 FRANCISCO RITAS VICUÑA 

de los habitantes en estado de llevar armas, desti- 
nando los de 14 a 20 años al ejército y los de 21 a 
40 a formar reservas- 
Tercera. — Tom&rá nota cuidadosa de las exis- 
tencias de toda especie en las haciendas de los ca- 
puchinos, procediendo con extrieta economía en la 
distribución de víveres, a fin de conservar todo lo 
necesario para el Ejército. 

•'Cuarta. — Form'ará un depósito de provisione 
de reserva en el centro interno de la Pastora; ade 
lantará hasta Miamo los artículos exportables de 
las haciendas de los frailes, como cueros, algodonen 
y café y dirigirá sobre su cuartel de Upata las 
producciones de las, fincas inmediatas. 

Es inegahle que el General Piar Jhabía logra- 
do un éxito, mediante las activas cooperaciones de 
Cedeño y de los oficiales de la división de Ocuma- 
re. arrebatando al enemigo un. campo de aprovi- 
sionamiento tan fecundo como el de las Misiones 
de los Capuchinos, mas, bajo el punto de vista ex- 
trictamente militar, no había conseguido hasta es- 
te momento sino mantener una débil guarnición de 
asedio en Angostura, reforzada desde mediados de 
Febrero por la dirección de Cedeño en persona, for- 
mar un centro en el paso de Caruaehí, sobre el Ca- 
reni, a las órdenes de Chipia, y avanzar el mismo, 
protegido por las descubiertas del Comandante 
Fernández, hasta Guayana la Vieja, amenazando 
al contingente de 400 homares que allí tenía el rea- 
lista Torralha. 

A fines de Febrero, la situación militar era 
peligrosa por demás ; tenía sus pequeñas fuerzas; 
diseminadas a lo largo de una linea extensa, desde 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



399 



Angostura hasta Gnayana, con su centro en Ca>- 
rutóii, su cuartel general en Upata y a su reta- 
guardia las conquistadas misiones de los capuchi- 
nos ; la impericia, el desacuerdo o la mala dirección 
¿el enemigo era lo único que podía salvarle. En 
efecto, poseedor el realista de las vías de comuni- 
cación fluvial, pudo intentar una concentración de 
los extremos hacia el Caroní y el esfuerzo de Piar 
quedaba anonadado, si no le salvaba el azar, el gol- 
pe de fortuna o el acto heroico de la desesperación. 
Felizmente para él los realistas estaban desconcer- 
tados, en la espera de socorros que no llegaban j 7 
hasta cierto punto, era lógico que se mantuvieran 
á la espectativa hasta poder dar un golpe decisivo. 

Más seguro en sus posiciones, Piar fortifica al 
Com'andsQiíe Hernández que asediaba a Gnayana 
la Vieja, despachando una división de importan- 
cia a las órdenes del Coronel Pedro León Torres 
que mandará era jefe aquel sitio y, al propio tiem- 
po, mueve su centro desde el Caroni hasta San Mi- 
guel, siempre bajo el comando de Chipia, que se 
ocupará activamente en procurarse algunas embar- 
caciones, aunque sean las más ligeras, a fin de ha- 
cer frente a las fuerzas sutiles españolas. Confia- 
do Piar en los contingentes que asedian a Guaya- 
na la Vieja, extiende aún sus lineas hacia el Orien- 
te y destaca a l a descubierta al Capitán Juan de 
Dios Morales hacia el pueblo de Piaeoa, en el ca- 
ño de este nombre, frente a la isla Tórtola, 

Entre tanto, las lineas de guerra se crujan en 
Las cercanías de San Miguel, verdadero centro don- 
3e obra con. tesonero afán el Coronel Pedro Chipia 
sigilando, sin grande, éxitos, a las embarcaciones 



400 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



realistas que cruzan de Angostura a Guayana la. 
Vieja. Los movimientos fluviales se intesifiean al 
rededor de la isla Fajardo, que es como un centi- 
nela de la boca del Caroní, y todo hace presumir un 
acontecimiento militar de importancia. 

Piar se agita nervioso en su extensa línea de 
operaciones, un instante crítico se aproxima que • 
Ta a poner a prueba sus cualidades militares. El i 
campanazo de alarma lo encontramos en su dia-,¡ 
rio de operaciones del 29 de Marzo, cuando se 
encontraba en San Miguel. 

"El General de Brigada Manuel Oedeño, ano- 
rta el diario, participa haber llegado a Angosta- 
"ra 36 lanchas, conduciendo refuerzos de San Fer~ 
"nanelo." 

Son los elementos despachados por Morillo s> 
cargo del Brigadier don Miguel de la Torre, elj 
día 9 del mismo mes. 

Basta este anuncio para demostrar a Piar su 
error de haber diseminado sus fuerzas; en efecto, 
su diario de campaña anota lo que sigue: 

"En consecuencia de este parte, ha tomado 
"S. E. las medidas necesarias para esperar al ene 
"migo, librando orden al Comandante de la 1 
"nea contra Guayana para que reúna el destac 
"mentó de Piacoa y se ponga en marcha con toda 
"las fuerzas a este cuartel general." 



Parece que Piar desea concentrarse en Sa 
Miguel, pues el diario anota en el mismo día, r 
firiéndose a las órdenes impartidas a Cedeño: 

"Al medio día han salido de este cuertel ge 
"neral dos piraguas en hombros de indios, a pe 
"nerlas en el paso de Caruachi para ayudar i 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 401 

"pasaje de la caballada y división del General 
"Cedeño". 

El mismo Piar marcha al encuentro de Cede- 
ño y, según el diario del 30, ordena al jefe de San 
Felipe que cruce el paso de Caruachi hacia San 
Miguel. 

Sigue su marcha Piar; mas recibe un parte 
de Cedeño en que le comunica que el enemigo ha 
salido de Angostura, por el hato de Ferran, hacia 
el Sur, con 800 infantes y 100 jinetes, más o me- 
nos. 

A las 7 de la noche del 30, ordena Piar a Chi- 
pia que le envíe a Caruachi 200 jinetes escogidos, 
tres cajones de pertrechos y canoas para el paso; 
pide al día siguiente que venga de San Miguel la 
infantería del batallón de Honor, y m¡as tarde los 
infantes del de la Conquista, con pertrechos y a 
la orden del coronel Pedro León Torres. 

Y termina el mes de marzo, pasando él mismo 
el pueblo de San Felipe, recogiendo la línea des- 
plegada hacia el Oriente. 

El diario de operaciones del general Piar, co- 
rrespondiente al día primero del mes de Abril, da 
plena luz sobre el rumbo de operaciones de este 
Jefe: 

"Como a las tres de la tarde ha oficiado S. E. 
"al coronel Torres para que en el mlomíento que 
llegue a este paso con la infantería pase el Caro- 
"ní y a marchas forzadas siga la dirección que S. 
"E. toma a esta hora. A las 3 y media ha pasa- 
ndo S. E. el Caroní y habiendo ya encontrado la 
"caballería montada, ha marchado con ella a unir- 
"se con el General Cedeño- Como a las 8 de la 



402 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 

"noche acampó S. E. en el hato de San Felipe, 
"acompañándole el Mayor General, el Estado Ma- 
6í yor y 200 hombres de caballería." 

El 2 de Abril prosiguió acompañado de los 
escuadrones de carabineros de su Guardia y del 
Chaviripa, incorporándose las fuerzas del Coman- 
dante Marten, para llegar en la tarde a la. Mesa 
de Angostura. 

Y aquí termina la campaña del General Piar 
sobre la Guayaría, pijes al siguiente día, 3 de abril, 
llegaba Bolívar desde Barcelona y las operaciones 
militares iban a tomar un rumbo diferente. Apre- 
ciemos los resultados obtenidos por el usufruc- 
tuario de la victoria de Juncal, en los seis meses 
transcurridos desde el heroico remate de la ma- 
ravillosa marcha de los legionarios de Ocum¡are di- 
rigidos por el pensamiento de un jefe que estaba 
lejos de ellos en el terreno, pero que vivía en sus 
corazones y que era la inspiración de sus pensa- 
mientos. 

Pues bien, como resultado militar, a nuestro 
juicio, Piar no había logrado sino transportar a 
las misiones del Caroní el centro de aprovisiona- 
miento que Cecleño tenía entre el Caura y el Ori- 
noco, sobre su eje central de Cuchivero. No ha- 
bía conseguido dominar ni las fortalezas de An- 
gostura, ni las de Guayana la Vieja, ni mucho me- 
nos la flotilla fluvial del Rey porque no tenía ele- 
mentos para ello ; los resultados, desde este pun- 
to de vista, eran simplemente conservadores; ba- 
jo- un prisma más amplio, eran negativos pues ha- 
bía sustraído en esta desgraciada campaña los ele- 
mentos que el Libertador necesitaba en sitio más 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 40$ 



adecuado para obtener la conquista que Piar -bus- 
caba con más ambición personal que criterio de 
puro patriotismo. 

En múltiples ocasiones pudo enviar sus ele- 
meñtos a las provincias de Cumaná y Barcelona; 
la experiencia le demostraba que el Comandante 
Armas con 200 hombres podía contener al realis- 
ta en Guayana y que Hernández, con igual nú- 
mero, encerraba a Torrealba en Guayana la. Vieja, 
el Alférez Orta con unos pocos audaces podía so- 
meter a los frailes capuchinos del Caroní y todo lo 
demás, el valioso contingente de Cedeño, de To- 
rres, de Salom y tantos otros, el suyo propio y el 
del padre Blanco' eran preciosos para el Liberta- 
dor al norte del Orinoco ; su presencia sola y la 
de sus hombres bastaba casi para consolidar la 
conquista de Barcelona, obra de los soldados de 
Ocunxare, y la de Guayana, iniciada por los in- 
signes guerrilleros de 1815. 

No cedió Piar en su plan militar, en virtud de 
su ambición política, y en la hora postrera, cuando 
pensaba recoger el fruto de su campaña que, m!i- 
litarmiente era un inmenso error de diseminaciói* 
de fuerzas, se veía obligado a concentrar sus ele- 
mentos en el sentido diametralmente opuesto a 
sus planes, tan grande fue su falta de criterio 
para la guerra. . 

Con más método que ambición, débió Piar 
organizarse en los teritorios conquistados por Ce- 
deño y dar un asalto sobre Angostura, con base 
positiva de éxito, para proceder, progresivamen- v - 
té, hasta quitar el .pendón realista de los Castillos 
de Guayana la/ Yieja. Así .había obrado Cedeño*, 



,¡404 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 

iniás tranquilo y más prudente, retrocediendo des- 
de Angostura mismo hasta dominar, por n\ás de 
mn año, un extenso territorio- Fracasado ante 
Angostura, debió asediar la plaza y seguir la lí- 
nea de menor resistencia táctica que era su incor- 
poración al Libertador; pero esto no consultaba 
sus ambiciones políticas, la creación de una pe- 
queña patria, y pulverizó sus fuerzas, las que se 
habrían ciertamente perdido si no llega Bolívar 
■en el momento crítico, cuando Piar sufría la pre- 
sión del ltígar teniente de Morillo. 

Marchaba este general insubordinado, en una 
concentración extra rápida de sus tropas, que mar- 
chaban fatigosamente por tierra, a romSperse la ca- 
beza contra los 1350 hombres que traía el Briga- 
dier de la Torre, bien amunicionados y con el re- 
lativo descanso de una agradable navegación de 
dos semanas por el Orinoco. El grueso de las 
fuerzas de Piar estaban al Oriente del Caroní y se 
comprende, dentro del principio de economía de 
las fuerzas, un movimiento de concentración en 
el sentido de la movilización mínima, sobre toda 
si se dispone de pocos elementos. 

Tres soluciones se ofrecían a Piar, al saber 
la llegada del refuerzo realista a Angostura: 

Primera: Su ataque sobre este punto; esto era 
inconsulto porque exigía la movilización máxima. 

Segunda. — Su concentración en un punto in- 
termedio, como San Miguel, por ejemplo, que le 
permitía o esperar el ataque de ambas plazas y 
gobernar a voluntad su resistencia, pues tenía el 
territorio de las misiones para retirarse, o bien 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 405 



acometer en uno u otro sentido, según fuera opor- 
tuno. 

Tercera. — Maniobrar, de acuerdo con el prin- 
cipio de la economía de fuerzas, en el sentido de 
la menor resistencia, o sea trayendo las guarnicio- 
nes de Angostura hacia el Caroní, guardar este 
paso, y dar con toda su masa una acometida sobre 
Guayana la Vieja, tomarla por asalto, vencerla 
por hambre, si aquello no era posible, y volverse 
en seguida con su retaguardia libre sobre Angos- 
tura. De este modo aseguraba una victoria mi- 
litar y una conquista, destruía los castillos (Je 
Guayana y se mantenía en las misiones de Caroní. 

Esto fué lo que debió hacer; páfc) éste no fué 
jamás su pensamiento; tal vez quiso en un n^o- 
mjento la solución intermedia, quedarse en San Mi- 
guel, como se puede desprender de su diario en 
que se habla de trincheras labradas allí y de la 
acción fluvial emprendida por Chipia; pero su idea 
fundamental fué la concentración con Cedeño, al 
Oeste del Caroní, para acometer al realista. Esa 
es lo que fluye de su diario de operaciones y lo que 
no está de acuerdo con la versión del historiador 
Restrepo que dice: 

"Piar había regresado a las Misiones del Ca- 
"rqní, y lo primero que concibió Latorre fué qui- 
etárselas. Con tal objeto^, determinó sacar sus 
"tropas acampándolas en el hato Ferranero, al 
"sur de la ciudad (Angostura)- Este era un ar- 
"did imaginado, a fin de que Piar atravesara el 
"caudaloso Caroní con su caballería y la estropea- 
"ra. Pensaba, entonces, salSrle al encuentro, 



406 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



<l ocultarle su regreso a Angostura, embarcar sus 
" tropas e introducirse por la Vieja Guayana en 
"las Misiones desguarnecidas." 

El diario de operaciones de Piar deja cons- 
tancia de que él mismo llamó sus puestos avanza- 
dos hacia la izquierda del Caroní y que deseaba 
atacar al realista, a fin de que no penetrara en las 
haciendas de los capuchinos por Paragua, como era 
el objetivo del Brigadier de la Torre. 

Mas, Restrepo agrega que Piar, más astuto y 
penetrante que el jefe español, adivinó su plan y, 
temeroso de que éste le sorprendiera con sus ca- 
ballos cansados, ordenó al Comandante de las Mi- 
siones que le tuviera bestias de refresco para ata 7 
carie en cuaMffciier parte- Así la marcha de Piar 
para unirse con Cedeño habría sido, a juicio de 
Kestrepo una estratagema, hipótesis inadmisible 
si se considera que estaba concentrando todas sus 
fuerzas, infantes y jinetes, desde Piacoa y Gua- 
yana, primero a San Miguel, y luego al Occidente 
del Garoní para batir al realista en Angostura 
mismo. 

El plan cambió, más no fué ni por astucia de 
Piar, ni por malicia del español, sino por la inter- 
vención de alguien que dominaba ya los proble- 
mas militares con mayores alcances que estos lu- 
chadores; por Bolívar mismo que, llegado a la 
Angostura el 3 de Abril, abrazaba con m,irada de 
cóndor el problema estratégico completo : la con- 
servación del teritorio de aprovisionamiento que 
estaba más allá del Caroní y en cuyo sector era 
posible batir una fortaleza española, la de Gua- 
yana la Vieja, mientras la otra, Angostura, se mío* 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



407 



ría de hambre, sin tener fuente de aprovisiona- 
miento, o se rendía al filo de la espada cuando lle- 
garan los resfuersos navales del Almirante Brion, 
que él esperaba de un momento a otro. Este era 
el único plan posible, el que vio Bolívar y el que 
comprendió el Brigadier de la Torre, pero que no 
estuvo al alcance de Piar al disponer su inconsul- 
ta concentración en el sentido de la resistencia y 
de la distancia máxima. Mientras Piar, que co- 
nocía la llegada del Brigadier español a la An- 
gostura, se concentraba al Occidente del Caroní, 
la situación de La Torre era la que participaba a 
Morillo, en su parte del 4 de Abril: "En consecuen- 
"cias de estas noticias (las posiciones de Piar al 
"Oriente del Caroni) y de que la plaza y mi di- 
" visión sólo tenían víveres para 4 días escasos, re- 
" solví salir el 30 del próximo pasado a la una de 
''la mañana sobre el enemigo Cedeño, con la co- 
chinilla de Cazadores, el batallón Cachiri, un pe- 
"queño destacamento del Barbastro que había en 
"este punto y 50 soldados de caballería del país 
"y Húsares que pude montar en los caballos de 
"los particulares." 

El primero de Abril, tropezaba de la Torre 
con los puestos de Cedeño en la Mesa de Angostura, 
sitio que traspasaron, llegando hasta el hato de 
Ferran, 14 leguas al Sur de Angostura, desde don- 
de despachó en descubierta al Capitán Silvestre 
Llórente para capturar algunas reses. Por cami- 
nos extraviados, logró el español volver con sus 
cortas provisiones a la plaza de Angostura, el día 
3 de Abril, con el proposito de evacuarla y diri- 
girse al territorio de las Misiones. "Yo mte embar- 



408 ..FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"co esta noche, dice su parte de Abril 4, para diri- 
Agirme a las Misiones y emprenderé allí mis ope- 
raciones, pues creo que es el único punto de don- 
ado podré socorrer con víveres esta plaza." 

La linea de operaciones de Piar, mientras no 
tuviera elementos marítimos estaba bien trazada r 
asediar las fortificaciones españolas que apenas po- 
dían movilizarse en los campos inmediatos poseí- 
dos por destacamentos patriotas y guardar su eje 
centra] del Caroní desde San Félix al Inte^'or; pe- 
ro, deseoso, de tentar un golpe de fortuna, inició 
su concentración sobre Angostura, en los prqpios 
días en que el Libertador llegaba a los campamen- 
tos de Cedeño y cuando la Torre se reembarcaba. 
La contra marcha se imponía; el día 5 de Abril, la 
caballería solamente quedaba frente a Angostura, 
la infantería regresaba al Caroní y luego seguían 
los Carabineros del General, el escuadrón de Chavi- 
ripa y 100 jinetes más a las órdenes del Capitán 
Venancio. 

El día 6 estaba Piar sobre el paso de Cama- 
chi, donde encontró a los infantes y jinetes que 
antes ordenara venir desde Guayana y otros pun- 
tos sobre Angostura y que hoy deberían seguirle, 
por el camino de Morocure y Caroní, hasta el Puér- 
to de Tablas o San Félix, donde era posible que 
desembarcara el enemigo abrigado por la escua- 
drilla emboscada en la isla Fajardo. 

El Libertador repasaba el Orinoco para ir a 
buscar las leales divisiones de Bermúdez, Arismjen- 
di y Armario y dejaba en ejecución un plan que 
le era propio, a juzgar por las siguientes cartas 
de Piar: 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 409 



c 'Paso de Caruaehi. — Abril 6. — Estoy activan- 
do el paso cuánto es posible y marcharé inmedia- 
tamente que esté todo de este lado. Repose V. 
"E. en la confianza de que si se me da tieímpo para 
4 'reunir las fuerzas en San Félix, la victoria es ca- 
*'si cierta/ ' (21) 

Se apresura a cumplir sus órdenes y, en el 
propio día, escribe al Libertador: 

"Paso de Caruachi. — Abril 6. — Hasta ahoiia 
"no sé que haya ocurrido alguna novedad en el 
"cuartel del Coronel Chipia, pues en el último ofi- 
"cio que me hace dice no haber avistado aún el 
"convoy enemigo. La división ha pasado ya y 
"ahora mismo marcho con ella sobre San Félix- 99 
(22) 

Un programa tan diametralmente opuesto al 
suyo y sobre cuya ejecución daba noticias preci- 
sas al Libertador, en la forma que estas cartas ma- 
nifiestan y en las que puede verse un deseo de am- 
parar su responsabilidad, era, sin duda, obra del 
mismo Bolívar cuya ejecución confiaba a Piar y a 
los jefes de sü expedición de Ocumare, mientras 
él se encaminaba a buscar sus tercios salvados de 
Barcelona. 

Hay detalles que evidencian aun más esta in- 
terpretación. Piar se muestra atentísimo a todo 
y pide informes a su vanguardia, principalmente 
al Coronel Pedro Miguel Chipia. Este le comfuni- 
ca el día 6 que ha bajado un convoy; Piar le dice 



(21) O'Leary. Tomo XV. Documento 143. 

(22) O'Leary. Tomo XV. Documento 146. 



410 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



que no puede ser el de la Torre, ya que éste salió 
el 5 y que las embarcaciones fueron avistadas el 
4. En realidad, esa flotilla pudo ser la del realis- 
ta que abandonó muy temprano el 4 la fortaleza 
de Angostura y que buscaba un punto adecuado 
para desembarcar. En todo caso, Piar no quiere 
estar en falta y anota los hechos. 

Sabe que debe dar un encuentro y que esto 
puede ocasionarle pérdida de pertrechos; el Liber- 
tador se los ofrece para que cumpla con tranquili- 
dad sus órdenes. Hay ..constancia de esto en la car- 
ta que escribe al Padre Blanco, el 7 de Abril : 

''El Excmo Señor Jefe Supremo ha venida 
" hasta la Mesa de Angostura, donde he tenido el 
"gusto de conferenciar día y medio con él- Para 
"conducir los pertrechos que me ha ofrecido, ne- 
cesito enviarle las bestias necesarias. Interesa 
"mucho que, a la brevedad posible, envíe US. al 
"Comandante de Caruachi 100 muías de las man- 
"sas y 300 yeguas de las mejores..." (23) 

Su línea de concentración tiende a fijarse, pues 
según carta a Cederlo, en estos mismos días, le co- 
munica que deja en San Felipe, entre el Orinoco y 
el Caroní, su remonta, a cargo de un campo volan- 
te ; al propio tiempo, da instrucciones para recono- 
cer un camino entre Puga y Altagracia lo que tien- 
de a establecer su conección con el centro de las 
misiones, por el sector de las bocas de Caroní a 
Guayana la Vieja, sobre el Orinoco, penetrando a 
su capital de aprovisionamiento, Upata, por la vía 
más expedita. 



(23) O'Leary, Tomo XV # Documento 148. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 4H 



Una semana después de su entrevista con el 
Libertador, ha avanzado hasta San Miguel y luégo, 
el 11 de Abril, retrocede hasta San Félix para es- 
perar a la división del Brigadier de La Torre en 
un sitio adecuado. 

Formó Piar su línea principal, apoyando su 
izquierda en los barrancos del río, su derecha en 
una colina, tras de la cual podía guarecerse una 
gruesa partida de caballería, en posición de rodear 
sus faldas y caer sobre el flanco izquierdo o sobre 
la retaguardia esemiga. 

El Brigadier realista, dispuso sus 1600 infan- 
tes en tres columnas cerradas, dejando en las alas 
las tropas ligeras y 200 jinetes; el patriota alineó 
eh su frente 500 fusileros y otros tantos flecheros, 
^ dejó en la segunda fila 500 indios armados de lan- 
zas y apostó la caballería detrás del cerro. El 
ataque se inició con vigor, perdiendo la vida el 
¡activísimo coronel Pedro Miguel Chipia y el Co- 
mandante José María Landaeta que animaban a 
sus tropas contra las cerradas columnas realistas 
]ne empujadas por los 400 jinetes de Piar, desta- 
3ados ele su abrigo en el momento oportuno. 

El descalabro de las fuerzas del Key fué com- 
pleto; de la Torre, con una veintena de hombres, 
mdo salvarse gracias a la oscuridad de la noche y 
i la velocidad de su caballo, embarcándose hacia 
Vngostura; el experto Ceruti, que tanto clamara 
>or la atención de Guayana, quedaba prisionero 
mi 75 jefes y oficiales; 593 muertos, más de 200 
leridos y 497 prisioneros se contaron al día si- 
guiente del triunfo de San Félix. De los prisio- 
j raros, 200 americanos, ingresaron según el diario 



je: 



412 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 

de Piar, a los batallones Barlovento, Hcmor y Con- 
quista, y los europeos, según Restrepo, fueron te 
rribleiAente ejecutados, en represalia de pareci- 
das acciones de los españoles. ¡Inútil crueldad 
que empañaba las glorias de aquella jornada, tér- 
mino de la feliz contra marcha estratégica ordenada 
por el Libertador en los comienzos del mes ! 

Recogió Piar un cuantioso botín, 1000 fusi- 
les, armas blancas, 25000 cartuchos, un cañón, ves- 
tuario y otros despojos y se decidió a emprendei 
su marcha sobre Guayana la Vieja, tan pronto eo 
mo acordó los merecidos ascensos a los héroes de 
la jornada, los Generales Pedro León Torres y Jo- 
sé Antonio Anzoátegui, el Coronel Bartolomé Sa 
lom y otros que venían luchando por la patria des 
de Aguacates, Quebrada Honda y el Juncal, er 
aquella expedición de milagros que Bolívar des 
pidiera en aquella noche de tormentas del puer 
tecito de Ocumare. 

Casi una semana retardóse la marcha sobr» 
los . castillos de Guayana, por atrasos en el apro 
yisionamiento para las tropas ; por fin el 17 d 
Abril, se presentó Piar ante esta plaza y, despué 
de reconocer la esterilidad de su esfuerzo, dejó 
la vigilada por los escuadrones de Chaviripa y 101 
jinetes del Caícara, regresandq con el ejército po 
Caroní, el paso de Caruachi y San Felipe a inves 
tir dé nuevo la capital de Angostura, ante cuyo 
fuertes estaba el 23 de Abril en compañía de Ce 
deño. Impetuoso, como siempre, intentó un asa! 
to el 25 y allí debió quedarse en observación de lo 
movimientos del enemigo que cruzaba libremenf 
el Orinoco, comunicarse con el General Torres qu 



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LAS GUERRAS DE BOLIVAR 413 



imandaba en Guayana la Vieja, vigilar la explota- 
ción de las Misiones del Caroní, sin pretender re- 
sultados positivos de avance y sí, únicamente, de 
paralización del enemigo- 
Entre tanto, Bolívar se filtraba por entre los 
destacamentos enemigos; burlaba las flecheras es- 
pañolas del río y, el 30 de Abril, ya estaba sobre 
el río Aro, en la ribera sur del Orinoco; el 2 de 
Mayo siguiente incorporaba sus divisiones a las 
sitiadoras de Angostura y, bajo su mano enérgica 
y con la clara concepción de su genio, las operacio- 
nes iban a tomar un carácter de integralidad que 
aseguraría el éxito. El operaría, a la vez por el 
río y por tierra, con el auxilio de la escuadra de 
Brion, dando a las operaciones el alto objetivo mi- 
litar que hasta ahora les había faltado. 

Hemos prescindido en el análisis de los suce- 
sos que venimos comentando del exámen de situa- 
ciones interesantísimas que, si bien sirven para dar 
relieve a la figura de los personajes, atraer la aten- 
ción sobre los detalles y nos privan de admirar la 
harmonía de un conjunto o el destacarse imponen- 
te y severa, aunque en la penumbra, la acción prin- 
cipal del cuadro. La marcha de Bolívar, sin más 
escolta que un grupo de edecanes para ir de Bar- 
celona a la Guayana, a cerciorarse de la situa- 
ción de Piar; su rápido regreso, después de 36 ho- 
ras de permanencia en el Orinoco, {para llegar 
hasta el Chaparro en busca de sus infantes; su 
presencia de nuevo en Angostura, cruzando el Ori- 
noco con sus tropas, y todo esto, en medio de mil 
peligros y en el . corto espacio de 37 días, es ver- 
daderamente maravilloso y lo es tanto más si se 
27 



414 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



compara con las lentitudes de Morillo, que en todas j 
partes tenía guarniciones, y con el lujo de Piar ] 
que no marchaba sin su escolta de honor, sin sus 
-escuadrones de Chaviripa o de Calcara. 

No entramos, de intento, en esos detalles ten- 
tadores porque no queremos desfigurar la pureza, 
de la línea que acentuaba el Libertador: mantener 
la conquista realizada por los guerrilleros de Mo- 
nagas y de Zaraza y por su expedición de O cuma- 
re, o sea Cumaná y Barcelona, ensanchar los domi- 
nios de Cedeño, ligarse con Páez y formar con su | 
escuadrilla una linea de comunicaciones externas*, 
desde Margaría al Orinoco. ¡ 

El edificio que el elaboraba en su mente, y que 
empezaba a construir materialmente, perduraba en 
su concepción aunque su extructura crugiera; fué 
una trizadura la precipitada marcha de Piar so- 
bre el Orinoco, después del Juncal; otra fué la 
derrota ele Clarines y una nueva se pronunciaba 
con los retardos de Mariño para acudir desde Cu- 
maná a Barcelona ; el vaso se rompía, pero el se 
apresuraba a construir nuevas ligaduras. Dejaba i¡ 
a Pojas, Monagas, Zaraza e Infante en Cumaná y 5 
Barcelona, como 'desentendido de las rebeldías | 
de Mariño agrupaba a los fieles o mejor dicho w I 
sus nuevamente adictos, conquistados por su ge- 
río, Bermíidez, Arismendi, Valdés y Armario, y 1 
volaba a dar un rumbo a las campañas de Piar, el 
que tuviera el glorioso remate de la jornada de l 
San Félix y, ahora, volvía a encerrarse en las so- \\ 
ledades del Orinoco, desde donde iba a dirigir una i 
triple guerra : inmediata la una, contra los realis- I 
tas de Angostura y Guayana la Vieja; cercana la 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



415 



>tra, organizando las partidas del norte del río, y 
nás remota la tercera, domando la rebelión que, 
tizada en el septentrión de Cumaná y Barcelona, 
sra la llave del éxito de Morillo. 

Al propio tiempo, atendía aquel cerebro de 
portentos a la consolidación de su plan, ora con. 
medidas militares contra el enemigo, ya con su pro- 
digiosa acción para dominar voluntades útiles o 
para romper tropiezos insalvables. Es en esta ¿po- 
ca oscura de sus campamentos del Caroní donde 
más grande nos aparece, basta este momento, la 
figura del Libertador; pobre, mal alojado, humil- 
demente vestido, durmiendo en una hamaca, ale- 
jado de toda civilización, en medio de la anarquía 
de sus propios elementos y, sin embargo, con fuer- 
za suficiente para conservar su ideal y para reali- 
zar, por medio de él, una civilización nueva y la 
organización de una patria que, hasta entonces no 
tenía forma precisa sino en su mente y en la de 
los pocos escogidos que supieron comprenderle. 

Sigámosle, por ahora, en su guerra inmediata? 
la conquista de Guayana cuyo perfeccionamiento 
no podría realizar sin tumbar al enemigo en su 
territorio y a los rivales en la propia comarca y en 
su vecindad. 

Llegaba Bolívar al campamento de Piar, como 
hemos visto, cuando éste, después del éxito de San 
Félix, cometía el error que antes hiciera: disemi- 
narse en una larga línea, creando una serpiente 
con una cabeza monstruosa, esta vez del lado de 
Angostura, como antes lo hiciera, estableciendo su 
núcleo de asalto en Guayana la Vieja. Había fra- 
casado Piar en m embestida sobre esta últimp pía- 



416 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



%h a fines de Febrero y, vivaqueando en las misío 
hcs ael Caroní, se había replegado en un ineonsul 
to movimiento de extremo a extrema para ataca: 
al Brigadier de la Torre en Angostura,, en vez J 
eoneentrarsQ (311 su centro del rio Cisroní, eligien 
ao Í38 plmm de San Miguel, de San Félix: u otra 
VihX) Bolívar, répusó la posición central y el re 
sültado fué la victoria del 11 de Abril qtie llen< 
de orgullo a Piar y lo impulsó a un nuevo» ataqu 
infructífero sobre la extremidad de Guayana y i 
lin nuevo repliegue sobre el punto inicial de An 
gostura, para intentar un 'nuevo asalto, que serí¡ 
una nueva decepción. En esta situación, llegó Bo 
lívar con sus infantes y, poco a poco y con la mode 
ración que exigía el imponer sus programias a hom 
bres ensoberbecidos por sus éxitos de acción, qu 
no eran frutos de sus propias concepciones, orga 
nizó su línea militar en la única forma aconseja 
ble por los principios de la guerra. 

La primera medida de carácter general qu 
le correspondía .tomar era la unión de sus elemei 
tos militares en torno del gran eje del Orinoco j 
ya en la primera quincena de Mayo, había despí 
diado comunicaciones a Eojas, para que tomki 
con energía el mando de Maturín; daba instruí 
dones a Monagas, a Zaraza, a Infante y a los d- 
más guerrilleros que quedaban actuando desde Sa 
Diego de Cabrutica, por los hatos de Belén y c 
la Hogaza en la provincia de Caracas, hasta 
Calvario, trazando una verdadera red que cubr: 
las partidas patriotas más fuertes de las provi: 
cias de Barcelona y Cumaná. Por otro lado, 1 
olvidaba sus conexiones con el ejército del Api 



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LAS GUERRAS DE BOLIVAR 417 

y enviaba en comisión a los coroneles López¿ 
are jo y Manrique para que buscaran un acuer- 
con Páez. Con insistencia, llamaba a Brion y 
i escuadrilla, que se retardaban por los sucesos 
3 Cariaco, que antes relatamos, y, con este con- 
into de medidas cerraba sus lineas exteriores y 
daba a la organización de su movimiento inter- 
3, que tenía una doble faz, que el traza con pre- 
sión en su carta a Pedro Briceño Méndez, se- 
ctario de Piar y amigo del Libertador : "Vamios. 
querido Briceño, le dice, tenga Ud. más confian- 
za en su situación. No se desespere por tan poca 
cosa ; lid. sin duda se ha imaginado que estamos 
en una situación como la de Cartagena, Güiria 
o Carúpano, donde las circunstancias me fueron 
desfavorables, y donde el espíritu de partido 
triunfó de la justicia y de la Patria. Si hasta 
ahora he sido moderado, por prudencia, no lo 
he sido por debilidad. No crea Ud. que las in- 
trigas sean tan grandes que nos puedan destruir, 
lamas he tenido una situación más feliz; a pe- 
de amen diga lo que quiera. A m ; í voz obe- 
decen 3000 hombres que harán lo que mande, def- 
enderán la inocencia y evitarán facciones. Si 
basta ahora he sufrido algunos desórdenes, no 
los tema Ud- más, que voy a conseguir extinguir- 
los y respire con libertad.' ' (24) 

Pintan estas expresiones la intranquilidad in- 
rna de un grupo de patriotas que contrarían la 
usa de la justicia y de la patria; pero es preciso 
>rar con prudencia y, com dice al Padre Blanco: 



(24) O'Leary. Tomo 29. Página 113. 



'418 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"Yo le pido a UcL por favor que sufra y calle, c 
"mo lo hacemos todos por el bien de la patria, qu 
"en bien o en mal muy pronto ha de variar núes 
<( tra situación de un modo muy sensible/ ' (25) 

Se siente fuerte, tiene tropas con cohesión su 
ficientes a su disposición, pero no las usará par 
dominar esa rebelión interna que fermenta, sil des 
tino es el que indica al mismo sacerdote: es necc 
"sario sufrir y llevar nuestros asuntos adeiant 
"hasta salir de los enemigos externos. Despue 
"podremos arreglarlo todo, y si no lo pudieramo 
"hacer por circunstancias, tendremos paciencia 
"nos someteremos al imperio de la necesidad. "(26 

La fuerza de que dispone se empleará cont: 
el enemigo exterior, de cuyo exterminio debe res 
tar la formación de la patria, aunque haya necei 
dad de hacer dolorosas amputaciones, o mejor d 
cho de limpiar el árbol de parásitos que le quite 
su robustez; a este objeto consagró sus labores, oí 
ganizando su ejército en dos divisiones por el m'( 
mentó ; una asediaría a la Angostura, bajo el mand 
del General José Francisco Bermúdez, y la otr 
obraría sobre Guayan a, a las órdenes de Manu< 
Piar, con el título de General en Jefe; era Carie 
Soublette ya ascendido a General,el jefe de Estad 
Mayor. 

Este plan no podía ser sino provisorio, miei 
tras se observaban los acontecimientos, y mfciy 
particular, la disciplina de las tropas y la subord 
nación de los jefes. Al atenernos a las correspoi 

(25) . O'Leary, Tomo 29. Página 108. 

(26) O'Leary. Tomo 29. Página 112. 



t( 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR ■ 41$ 



dencias de la época. Piar se mostró descontenta 
desde los primeros días y, como quiera que obraba 
en un terreno que le era favorable, el de las Misio- 
nes de Caroní, preparaba elementos para la rebelión 
en consonancia con las noticias recibidas del Con- 
greso de Cariaco. Su maniobra le era fácil, pues, 
según antes dijimos, había organizado las hacien- 
das de los capuchinos bajo la inspección general del 
presbítero Blanco, mas teniendo en cada una de 
ellas un comisionado de su propia designación. La 
influencia misma de los frailes había desaparecido, 
pues los principales de ellos habían sido aprisiona- 
dos y llevados al cuartel de Caruachi, donde les 
custodiaban el coronel Jacinto Lara y sus oficiales» 

En el documento 1235 de la colección de Blan- 
co y Azpurúa, se lée que "por Mayo, se encontra- 
ba Piar en el Palmar ya trabajando personalmen- 
te con las caballerías acampadas allí para rebelar- 
le contra el Jefe Supremo. En este mes de Mayo,, 
tfí se encontraba Blanco, llamado por Bolívar, en 
la misón del Caroní.' ' 

Esta aseveración está confirmada por las de- 
claraciones del propio Presbítero Blanco, que di- 
ce haber venido a Caroní a conferenciar con el Li- 
bertador, siendo uno de los temas de su entrevis- 
ta la suerte de los frailes que Piar tenía prisione- 
ros en Caruachi, situación que tamjbién preocupa- 
ba al jefe de Estado Mayor Soublette. El comi- 
sionado de las Misiones propuso transportar a los 
presos al interior, Tupuquén y Tumeremo, donde 
su influencia se anularía y así se lo ordenó Bolí- 
var. Esta disposición no pudo ser cumplida, 
porque los frailes fueron asesinados en su prisión^ 



420 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



Cooperando al acto oficiales del Ejército e indios» i 

de las haciendas. j 
El acto se ejecutó contra las disposiciones de ] 
Bolívar y consignamos aquí las declaraciones del. 
Padre Blanco para establecer un doble hecho: la I 
inocencia del Libertador y el estado de rebelión 
de las tropas, salvo las que él trajera, y algunos j 
elementos que, más adictos a Cedeño que a Piar, ! 
se inclinaban al reconocimiento, del Jefe Supremo, ] 
Dice el Dresbistero Blanco, refiriéndose a esta b^-. 
tanza: ' ' Pero, ¡oh ? dolor! la autoridad de Bolívar ¡ 
" estaba aun vacilante, era muy nueva, las tropas j 
"de Piar sólo reconocían a éste por jefe, corneo que, j 
* 4 casi todos eran orientales, que él había conduei-, 
ic do de Cumaná y Barcelona; faltábale todavía a 
"Bolívar en el terreno que recientemente pisaba, 
"la repetición de la voz de mando y el ejercicio 
"de la obediencia que son el elemnto del soldado 
"y el alma de la disciplina militar; sólo algunos 
i ■ oficiales le conocían, y él no tenía confianza- Las 
"columnas de Valdés, Bermúdez y Armario, lie- 
"gadas apenas de Barcelona, circunvalaban Ha 
"capital; el Jefe Supremo estaba aislado; resol- 
"vió, pues, mandar llamar a Piar, que andaba por 
"el Juncal; y yo regresé al interior de las mi- 
siones, lamentando aquel funesto ejemplo de in- 
■ "subordinación, de inmoralidad y de tristes con- 
" secuencia s." (27) 

No podía contar el Libertador con que sus 
órdenes fueran cumplidas en la derecha de su lí- 
nea tendida de Angostura a Guayana la Vieja, 



(27) Blanco y Azpurúa. Tomo V.* Doc. 1235. III. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 421' 



punto principalísimo porque era el baluarte de su 
cendro de provisiones del Caroní y, después de 
la inspección que consta de los documentos que 
liemos citado, resolvió hacer algunas fortificacio- 
nes contra los reductos de los españoles en An- 
gostura y, sin dejar de asediar los puntos extre- 
mos, trasladó su Cuartel General al centro, a San 
Félix, sobre las bocas del Caroní, desde donde po- 
dría vigilar los movimientos realistas sobre sus 
alas, en espera de la flotilla de Brion. 

Empero, su temperamento esencialmente ac- 
tivo, le impulsaba a preparar el triunfo con los ele- 
mentos propios y, aprovechándose de las capaci- 
dades de Arismendi, organizó un astillero en el 
puerto, de Las Tablas con el objeto de construir 
una escuadrilla de flecheras para dar caza a la 
flota realista que disponía en el río de unas 20 
goletas y cañoneras. Vigilaba él, personalmen- 
te, estos trabajos, sin dejar de recorrer su línea 
y de atender a otras organizaciones, de orden su^ 
perior, que más tarde analizaremos y de procu- 
rar la concordia en el ejército y la atracción de los 
elementos díscolos, pero manifestando laquella 
energía qne estaba dispuesto a emplear y que 
consta de su carta a Briceño Méndez. 

Mientras Bolívar construía sus flecheras en 
Las Tablas, Piar amotinaba el interior y sembra- 
ba la rencilla por doquiera; se disgustaba con el 
Padre Blanco y el Libertador ponía a este labo- 
rioso patriota bajo las órdenes de Piar ; pero, és- 
te no era el deseo del ambicioso usufructuario de- 
las victorias de Juncal y de San Félix, deseaba 



422 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



el mando único y Bolívar retiraba al Presbistero 
de su cargo diciéndole : 

"San Félix, a 19 de Junio. — Al fin he resuel- 
lo que Vd. se venga para evitar nuevos compro- 
* ' misos con el General Piar, de lo que no pueden 
"resultar beneficios sino muchos perjuicios . a la 
" Patria. Eepito a Vd. que se venga y aquí ve- 
aremos lo que convenga hacer para destinarlo a 
"Vd. honrosamente.' ' 

Pero no sólo con Blanco se había disgustado 
Piar, también lo hizo con otros Jefes del ejérci- 
to; con aquél rom'pía porque el honrado presbíte- 
ro se negaba a suministrarle datos que sirvieran 
para su rebelión, como lo expresan las cartas de 
ambos del 21 y 28 de Mayo de 1817 ; con otros, 
como Arismendi, se distanciaba por acusarles de 
malos manejos. Así, en oficio al Comisionado de 
las Misiones, le dice : ' ( Vd. sabrá que el General 
"Arismendi pasó por el pueblito de 900 a 1-000 
" muías que había en departamento de Caicara, y 
"sabrá también que las 100 muías enjalmadas que 
"le mandé poner en San Felipe, pasaron el Ori- 
"ñoco, junto con otras tantas que tenía allí el ge- 
neral Cedeño. ¿Pregunte Vd. ahora qué se hi- 
cieron todas estas muías que tanto necesitamos ?Ni 
una sola se ha empleado en servicio del Estado, 
" todas las han vendido o extraído por cuenta de 
" particulares.' ' (28) 

Y no sólo a Arismendi acusa, sino a todos 
en general, pues continúa: ''Sabe el resultado de 
"las comisiones confiadas a extranjeros para ir a 



(28) O'Leary, Tomo XV. Documento 166. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 423 

" buscar lo que necesitamos, con nuestros intere- 
<f ses ninguno ha vuelto y el que lo ha hecho ha 
"sido con las cuentas del Gran Capitán." 

Bolívar contemporiza con Piar, elimina al 
Padre Blanco . de la Dirección de las Misiones, le 
explica la situación de Arismendi, en carta del 19 
de Junio, desde su Cuartel General de San Félix 
y le dice: "¿No sabe Vd. que con las muías, ga- 
znados y otros valores se han buscado en las co- 
lonias y se han proporcionado aquí m¿smo ele- 
amentos de guerra que no teníamos y subsisten- 
"cias y abrigos para los cuerpos? General, pre- 
* 'fiero un combate con los españoles a estos dis- 
u gustos con los patriotas. Vd. sí que está pre- 
venido contra sus compañeros, que debe saber 
"que son sus amigos y de quien no debe separar- 
le para el mejor servicio de la causa. No insis- 
tía Vd. en separarse de su puésto. Si Vd. estu- 
41 viera a la cabeza, yo no lo abandonaría, como no 
" abandonaré al que lo esté mañana, sea quien sea, 
"con tal que tenga legitimidad y la necesite la 
"Patria- La Patria la necesita a Vd. hoy, como 
"lo que es, y mañana habrá de necesitarlo comfc 
"por lo que por sus servicios llegare a ser." (29) 

Desgraciadamente, Piar perseveraba en su 
obra de disolución, mientras el Libertador conti- 
nuaba en su obra constructiva; el 30 de Junio, cuan- 
do ya los aprestos navales de San Félix tocaban a 
su término y cuando se veía con líneas acentua- 
das un pronto éxito de Bolívar que se había adue- 
ñado de todas las voluntades, Piar solicitaba su 



(29) O'Leary, Tomo 29. Página 115. 



42á FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



retiro del ejército -y el Libertador, en su campo de, 
San Miguel, le otorgaba un generoso pasaporte 
para que pasase a cualquier teritorio de la Repú* 
blica o a las colonias extranjeras, siendo lo últi- 
mo el objetivo aparente de Piar, su propósito real 
era obtener la libertad necesaria para encender el 
fuego de la contienda civil. 

Generoso, el Libertador, le otorgó la licencia 
pedida y se dedicó por entero a organizar su flo- 
tilla que deberá operar de común acuerdo con la 
de Brion, cuva llegada era inminente. Batir al 
enemigo era lo primordial, lo demás se arreglaría^ 
después, cornb dijera al presbítero Blanco. 

Por estos días de fines de Junio, ya tenía, 
construidas Arismendi algunas flecheras que, al 
mando d^l Capitán Rodríguez y del Teniente Ro- 
sendo, habían hecho incursiones felices, con'si- 
guien do capturar barcos realistas y formar una 
escuadrilla de once embarcaciones. Dispuso el 
Libertador que sus naves saliesen al encuentro de 
la flota de Brion, que entraba por las bocas del 
Orinoco, y como fuera preciso pasar frente a los : 
cantillos de la Vieja Guayana, dispuso ' que sus 
fuerzas sutiles, maniobrasen apoyándose en loa, 
destacamentos de San Miguel y en las despacha- 
das hacia el caño de Casacoima, situado aguas 
abajo y muy inmediato a la plaza realista. 

La flotilla patriota logró pasar en núm(ero de 
nueve embarcaciones el punto peligroso de Vieja 
Gi? a va na, en la noche del 2 de julio, buscando lue- 
go el abrigo de Casacoima, donde estaba el Liber- 
tador en persona. El 4 de julio, trabaron lucha 
las fuerzas sutiles de amibos bandos y Bolívar/ 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



425 



que acudió a la acción, se vio de improviso cer- 
cado por tropas enemigas que ocupaban la lengüe- 
ta de tierra que cerraba el Caño de Casacoima. No 
quedaba más remedio que arrojarse al agua, para 
ganar los destacamentos de la ribera del Orinoco; 
así lo hicieron gran número de los acompañantes 
de Bolívar que marcharon en busca de refuerzos, 
quedando el Jefe Supremo, Arismendi, Soublette, 
Briceño, Lara y algunos oficiales del Estado Ma- 
yor cercados de enemigos en una laguna perdida 
en las soledades del Orinoco. Lograron, por fin, 
ganar tierra firme después de inmensas angustias, 
en las cuales el Libertador pensó atentar contra 
su vida antes qué caer vivo en manos de los es- 
pañoles. 

Pasado este momento de atroz incertidumbre, 
perdida su escuadrilla, el Libertador se dio a ha- 
blar de sus planes futuros, de la liberación de la 
Nueva Granada y Quito, de trasladarse al Perú 
y de llevar sus armas triunfantes hasta Potosí 
"Bolívar estaba loco", exclamó el capitán Mar- 
tel, al contemplarlo en aquella situación de mise- 
rias, haciendo planes inverosímiles- Los neuró- 
logos interpretan diversamente este acto de deli- 
rio ; para unos se originó en peculiaridades atávi- 
cas de su organismo, estimuladas por la infección 
contraída en esas aguas palúdicas; buscan otras 

'más complicadas y remotas causas; nosotros, con 
mayor modestia, no podemos referirnos sino a un 
fenómeno psíquico inmediato : la acción propia de 
todo conductor de algo, ya sean hombres o bestias, 
que las estimula en el momento del peligro. Ná- 

"poleón con las tropas hambrientas y semi-desnu- 



426 FRANCISCO R1VAS VICUÑA 



das de la República, busca una palabra de alien- 
to en la conquista de los valles italianos y, más 
tarde, en los arenales de las pirámides, traza en 
dos renglones las luchas por el dominio del Nilo 
fecundo ; cada uno de nosotros, sin ser César ni 
Napoleón, se estimula en el logro del éxito en el 
momento de la acción y de igual modo hace el 
hombre de estudio esta caricia a su fuerza espi- 
ritual que el jinete que golpea el cuello de su ca- 
ballo para lanzarlo sobre una trinchera abrasada 
por el fuego o sobre un abismo que sólo de mila- 
gro se puede salvar. Bolívar fué como todos 
nosotros, como todos los que trabajan y buscan 
un objetivo, como el jinete que se halla en peligro,, 
como el sabio que se alienta ante un obstáculo,, 
como el primer Cónsul en los Alpes y en las Pi- 
rámides; cara a cara ante el peligro lo redujo, 
por instinto, a un mínimo, a nada, y comunicó su 
idea a los suyos y, con élla, su fuerza y su con- 
fianza. , 

"La vida, dijo, según cuenta Juan Vicente 
"González, está compuesta por una serie de ase- 
chanzas, riesgos y triunfos. Perdí mi unifor- 
"me, pero me hallo mejor con esta bata que me 
"han regalado. No sé lo que tiene dispuesto la 
Providencia; pero tengo una confianza sin límites. 
"Salí de los Cayóos solo, >en medio de algunos 
"oficiales, sin más recurso que la esperanza, pro- 
1 'metiéndome atravesar un país enemigo y con- 
quistarlo. Se ha realizado la mitad de mis pla- 
"nes; nos hemos sobrepuesto a todos los obstácu- 
los, hasta llegar a Guayana, dentro de pocos días 
"rendiremos a Angostura y, arrojando a los ene- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 427 



"migos del resto de Venezuela, constituiremos a 
"Colombia. Enarbolaremos después el pabellón 
lí tricolor sobre el Chimborazo e iremos a comple- 
tar nuestra obra de Libertad a la América del 
"Sur y asegurar nuestra independencia, llevando 
''nuestros pendones al Perú, el Perú será libre.* ' 

ÍJxponía su programa de siempre ante los es- 
píritus débiles a quienes la desgracia amedrenta- 
ba y, si ésto es delirio o locura, es preciso convenir 
que todos los hombres obran en tal estado cuando 
vencen la dificultad máxima. Triunfó esta vez, co- 
mo antes, de su infortunio y el Libertador, reuni- 
do a su ejército, se disponía a recibir la escuadri- 
lla de Brion que se acercaba a las aguas de su de- 
sastre. 

El Almirante, desprendiéndose de la costa de 
i Güiria y de las bocas del Guarapiche, que le ase- 
guraban su contacto con Maturín, se había enca- 
minado hacia el Orinoco. Según los apuntes del 
Teniente General Morillo, la escuadrilla que sacó 
Brion de Margarita se componía de tres berganti- 
nes, América, Indio Libre y Conquistador y tres 
goletas, Guayanesa, Diana y Conejito, con un to- 
tal aproximado de 15 cañones y culebrinas, 6 ca- 
rroñadas y menos de 250 hombres de tripulación- 
Además el capitán Antonio Díaz llevaba 5 fleche- 
ras armadas y tripuladas. 

Según las órdenes superiores, el grupo dé 
flecheras debió penetrar, como efectivamente lo 
¡ hizo, por el caño Macareo, que llega frente al 
grupo de islas que cubren en el Orinoco los Cas- 
tillos de la Vieja Guayana, para seguir, río abajo, 
a reunirse con las fuerzas de Brion que entraba 



428 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



por las bocas llamadas de Navios. Para auxiliar 
^sta maniobra, fué que el Libertador dispuso el 
-movimiento de su escuadrilla construida en San 
Félix, que tan mal éxito tuviera en Casacoima. 
Después de esta acción, las naves realistas siguie- 
ron en demanda de la flotilla republicana, y tra- 
baron combate, en la isla de Pagayos, con las 
'flecheras de Díaz, el día 8 de julio. Apresó el 
capitán patriota 2 naves enemigas, echó a pique 
cinco más; perecieron en el combate el comandante 
español, su segundo y varios oficiales y fué tan cruen- 
to el combate que los enemigos se retiraron,verdade- 
ramente espantados, no atreviéndose a presentar una 
nueva acción. El heroico Diaz, con sus naves lle- 
nas de heridos y muy destrozadas ellas mismas, fué 
a Güiria y luego a Margarita, a repararse; entre- 
tanto, el Almirante avanzaba libremente por las 
aguas que le dejaba expeditas la jornada de Paga- 
yos. 

Bolívar, trás una breve excursión por las mi- 
siones para darse cuenta de su estado político, en 
vista de la actitud de Piar, yí para apresurar sus 
aprovisionamientos, ante la llegada inminente de 
Brion, regresaba a su cuartel general de San Félix; 
hacía avanzar sus tropas hasta Piacoa, más abajo 
de Guayana la Vieja, para proteger al Almirante y, 
por fin, a mediados de Julio, celebraba el feliz arri- 
bo de la tan deseada expedición marítima. 

Con presteza, construyó un fuerte entre Casa- 
coim,a y la Vieja Guayana llamándole Brion; le cu- 
brió con los batallones Barlovento y Cazadores de 
Honor y estrechó el bloqueo de la plaza, mientras 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 429 

Bermúdez privaba de todo recurso a la guarnición 
de Angostura. 

La situación de los realistas era insostenible, 
después del desastre de Pagayos, y el 17 de Julio 
se decidió el Gobernador Fitz-Gerald a evacuar la 
Angostura, embarcándose con el Brigadier de la 
Torre, unos 300 hombres útiles, soldados de mari- 
na, empleados civiles y una numerosa emigración, 
que hacía subir el total a 1400 almas. Penetraron 
en la Antigua Guayana, mientras Bermúdez se po- 
sesionaba ele Angostura y allí no harían sino pro- 
longar sus miserias, dado el estrecho sitio de las 
fuerzas del Libertador. 

Bolívar desea un triunfo rápido, pues la ac- 
titud de Piar lo trae desconcertado, trabajando co- 
mo trabajaba sin cesar el ambicioso general por 
la rebelión contra el Jefe Supremo, con tanto ma- 
yor intensidad cuánto más próximo veía el triun- 
fo de su rival. 

El 21 de Julio, ordena al Almirante Brión 
que se intime rendición a la plaza, demostrándole 
la inutilidad de su esfuerzo, después de las derrotas 
de Morillo en Margarita y, si piensa en el enemi- 
go extranjero, no pierde de vista a los perturba- 
dores internos y, dos días* después, escribe al Ge- 
neral Soublette : 

"Casacoima, Julio 23 de 1817.— .Con esta fecha 
| 'libro orden al Señor General Bermúdez para que 
"intime al General Piar que se presente en es- 
"te cuartel general, o lo remita preso con seguri- 
dad, si no obedeciere a aquella intimación. VS. 
^prevendrá a los comandantes del tránsito de Ca- 
"ruachi, hasta esta línea, que velen sobre su con- 
28 



430 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



^ducta e impidan el que tome otra dirección que 
* f no sea esta." 

Está próximo el triunfo sobre el realista y de- 
sea de antemano asegurar la tranquilidad de la, 
patria renaciente; el militar obra a la par que el 
político para asegurar los resultados de la victo-* 
ria. 

Guayana la Vieja agoniza en su resistencia y, 
por fin, el 3 de Agosto se resuelve el brigadier de 
la Torre a abandonar la plaza; los barcos que con- 
ducían tropas logran tomar la ruta del océano ;los 
veleros que llevaban emigración y civiles se dis- 
persaron por los caños del Orinoco, todos persegui- 
dos por los buques de Brión. 

Bolívar era, al fin, dueño de la navegación del 
Orinoco y de una línea externa que le unía a Mar- 
garita y a las costas del Caribe; tenía una provin-*. 
cia central de aprovisionamiento, guardaba con- 
tacto con las fuerzas del Apure y estaba ligado con. 
sus partidas, cada día más activas, de Cumaná y 
Barcelona : su programa trazado en Haití, a saber, • 
la conquista, del Oriente» de Guayanas y de las co- 
municaciones exteriores, llegaba a su término, a 
pesar de los desastres que son, muy a menudo, fru- 
to del azar, a pesar de los desacuerdos que son, 
siempre, en la política una derivación inevitable 
de las ambiciones personales. 

Su primera expedición de Haití, guiada por 
sus órdenes, realizó la conquista del Oriente y, sin 
la rebelión ele Bermúdez y de Piar en Güiria, el se 
habría puesto a su cabeza para llevarla, por la li- 
nea del Uñare, a la conquista de la vía fluvial y 
de los territoros del Orinoco. El vendaval de las 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



431; 



pasiones lo tuvo cérea de medio año navegando de, 
isla en isla del Caribe hasta que volvió llamado por 
sus amigos y por muchos de los que le arrojaron; 
pero ya no tenía en sus posiciones las fuerzas que 
él creara y, además, la rebelión y la indisciplina 
reinaban par todas partes. No se hace obedecer 
Nsino de unos pocos, los concentra en el Chaparro y 
se va con 15 oficiales a conferenciar con Piar ; le 
entrevista, organiza su línea estratégica, le hace 
librar la gloriosa jornada de San Félix y vuelve a 
reparar nuevos errores, a crear un alineamiento 
racional, con un centro de fuerza entre las dos pla- 
zas asediadas., en San Miguel que es el baluarte 
defensivo de su aprovisionamiento; íuégo forma 
una escu adrila y hace venir la de Brión y, en tres 
meses de su actividad prodigiosa, llena su progra- 
ma y adquiere el prestigio que le permitirá orga- 
nizar el teritorio conquistado, sofocando prévia- 
mente la rebelión latente. 

f Hacía cuatro años, por estos mismos días dé 
Agosto, triunfaba en Caracas, en su marcha prodi- 
giosa del Magdalena al Guaire, atravesando Los 
Andes; en Agosto de 1814 experimentaba los do- 
lares de la emigración de Oriente y de la triste jor- 
nada de Aragua de Barcelona; en igual mes de 
1815 estaba solo en Haití, preparando su expedi- 
ción de Los Cayos, luchando con la envidia y domi- 
nando a la pobreza; en Agosto de 1816 estaba de 
nuevo en el mar a merced de sus olas y de las pasio- 
nes de los hombres y, ahora, en 1817,aquel luchador 
infatigable, aquel hombre ceñido al ideal, estaba 
triunfante, o mejor dicho ponía el pié en el primer 
peldaño ríe la monumental escalera de su ascensión 



432 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



que era obra de su propia concepción. Aún tendrá 
que sufrir para afirmar este primer paso, mostran- 
do las nuevas cualidades que resaltan de los hechos 
que vamos a exponer. 



III 

EL DESCONCIERTO REALISTA Y LA ANAR- 
QUIA REPUBLICANA. 

Desde su triunfo político de Bogotá hasta su 
victoria militar de Guayana, Bolívar había trabaja- 
do en la sombra como el genio misterioso de la fe- 
cundidad, y en esto es muy semejante a otros cau- 
dillos que. también en el recogimiento, habían he- 
cho cuajar el fruto espléndido de la libertad de sus 
patrias- Las soledades del Mar Caribe y el aisla- 
miento de los llanos del Orinoco, fueron el teatro de 
acción de Bolívar, mientras O'Higgins y San Mar- 
tín se replegaban en los valles andinos de Mendoza; 
y, sin hacer comparaciones, pues los medios, los 
instrumentos, el material constructivo, en una pa 
labra, de las nuevas nacionalidades que aquellos 
hombres amasaban con sus manos era tan diferen. 
te, sin establecer parangón, podemos decir que la 
empresa bolivarana tenía muchos v mayores tropie- 
zos que la emprendida por los libertadores del Sur, 

La lejanía de España había desarrollado una 
diferenciación de patria muy marcada ya en Chile 
y Argentina carácter más débil en las colonias del 
Norte Sud-Am;ericano y apenas sensible en el opu- 



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LAS GUERRAS DE BOLIVAR 433 



lento virreinato de Lima. Era necesario formar 
ese espíritu, esa conciencia nacional y esta fué la 
obra primordial del incansable luchador caraque- 
ño; ella resultaría de su esfuerzo y también de la 
resistencia opuesta, como la chispa que brota del 
choque del eslabón con el pedernal. 

Por los años que hemos estudiado en estos 
capítulos, la reacción monárquica se había mani- 
festado triunfadora, apoyándose en los vigores del 
absolutismo de Fernando VII y en la política de 
la Santa Alianza, fuerzas de retrogradaeión qué 
no podaín mantenerse ante el empuje incesante 
de los nuevos ideales. La política de opresión per- 
día terreno y sus errores iban beneficiando a la 
idea nueva. 

Lo que en el Extremo Austral se llamó la Re- 
conquista, y Pacificación en el Norte de nuestro 
Continente, fué una política de violencias que pro- 
dujo un resultado feliz para la causa de la eman- 
cipación, atrayéndole las simpatías que tiene to- 
do el que padece por la justicia; a esto se debe 
.agregar la división que esta política producía en 
el campo español, influenciado por los cambios de 
rumbos que afectaban a los hombres, creando par- 
tidos personales que insensiblemente operaban una 
transfusión de elementos realistas en el sistema 
más libre de la organización republicana naciente. 

Marcó del Pont, designado para reemiplazar 
a Osorio en Chile, Morillo impuesto sobre todos los 
españoles que derrocaron la Segunda República 
en Venezuela, fueron factorse de esa división y, 
como a la vez, eran instrumentos de represión, die- 
ron alientos nuevos a la causa patriota. Nadie 



p4 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



lia descrito mejor que el propio Morillo esta situa- 
ción. El Capitán General don Salvador Moxó, no 
pudo conciliarse las voluntades de los criollos ve- 
nezolanos, ni logró armonizar a los brigadieres Mo- 
rales y del Real con el Coronel Aldam;a, a ellos 
entre sí para su acción terrestre y a todos con el 
Capitán de Fragata, don José María Chacón, para 
combinar su campaña; en su lucha de ambiciones 
hacían fracasar su causa y llegaría un momento 
en que Morillo separaría del mando a Moxó, para 
confiarlo a don Juan Bautista Pardo, y aquel se 
escaparía de Caracas en forma vergonzosa. Esta 
fuga de Moxó acaeció el 7 de Julio de 1817, cuan- 
do Bolívar veía próximos sus éxitos en Grtiayana, y 
el Pacificador comunicaría el hfecho mucho más 
tarde por el siguiente oficio, que describe el cuadro 
del movimiento : 

''El Mariscal de campo don Salvador Moxó, 
"dice Morillo al Ministro de Guerra, desde Cuma- v 
"ná, el 24 de Agosto, se ha ausentado de estas 
"provincias en los momentos más críticos y apu- 
nados, abandonando su gobierno s y dirección cuan- 
"do más se necesitaba de la actividad del jefe prin- 
"cipal que estaba a su cabeza. Las adjuntas co- 
"pias instruirán a V. E. de su resolución, de lo dis- 
puesto por da Real Audiencia y de la elección he- 
"cha en el brigadier Don Juan Bautista Pardo 
M para obtener el ruando interino. 

Después de calificar de escandalosa la conduc- 
ta de Moxó, agrega: "A pesar de la confianza que 
"me mereció aquel jefe, he visto con harto senti- 
"'miento mío, qiie no ha correspondido a mis deseos 
"y que la suerte de las tropas, las operaciones de 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 435 



*'la guerra y la opinión de los pueblos, han sufrí- 
l **dó considerablemente del sistema que estableció 
y de muchas infundadas y perjudiciales providen- 
"cias- El crédito de la Keal Hacienda está perdí- 
tf< do, ésta se halla exhausta y los diferentes cuer- 
"pos que han operado en campaña, lo mismo que 
''las guarniciones han sufrido toda clase de ma- 
ules y miserias. Basta sólo para formar una idea 
*'del gobierno del General Moxó, la dislocación en 
"que han quedado todos los ramos de la adminis- 
"tr ación y la opinión pública que se ha adquiri- 
do/' (30)" 

En semejante situación, necesitaba el Conde 
de Cartagena dar un golpe de efecto, obtener uit 
triunfo que impresionara a la opinión; sus hues- 
tes, avanzando desde Nueva Granada, habían sufri- 
do un fracaso en Mucuritas, ante los jinetes de 
Páez; su retaguardia de Chire había sido derrota- 
da; el mismo no podía marchar contra Bolívar que 
se le escapaba a Guaj^ana, y decidióse por una em- 
presa relativamente fácil, a primera vista, coma 
era la recuperación de la Isla Margarita. La oca- 
sión era propicia, pues a sus propios elementos su- 
maba los del Brigadier don José de Cant er a c, re- 
cientemente llegado a Costa Firme, con instruccio- 
nes de ponerse a las órdenes de Morillo y de eoope-- 
rar al sometimiento de los rebeldes margariteños r 
expresión suave ante los vocablos usados en los 
partes realistas para calificar a los patriotas de 
ésa isla que bien merece el nombre de Nueva Es— 



(30) A. Rdriguez Villa. Vida de Morilo Tomo II£ 
Documento 637. 



436 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



parta que le dieron los congr esales de Cariaco. 

La llegada de la expedición de Canterac, con 
fuerzas muy cercanas a 3000 hombres bien instrui- 
dos y mejor comandados, fué bastante para termi- 
nar con las consecuencias inmediatas de aquel Con- 
greso de Cariaco que, si fué inspiración de patrio- 
tismo para muchos de sus iniciadores, no tuvo más 
propósito, por parte de su principal actor, el Ge- 
neral don Santiago Mariño, que el de asumir él Su- 
premo Comando. 

La nueva expedición española, y la reflexión 
de los que formaron parte del Gobierno de Caria- 
co, hicieron desaparecer el efímero organismo; los 
-personajes de más valer militar, como Urdaneta, 
los Sucres y otros, se encaminaban a Guayana, en 
busca de Bolívar; Mariño procuró detenerlos bue- 
namente y, mientras tanto, alejándose de su teatro 
ele operaciones, los realistas se apoderaban de los 
puertos de Paria y Morillo quedaba en situación 
de dar su acometida sobre Margarita. 

Tiene este territorio unas 37 leguas de exten- 
sión, su suelo es pobre, escaso de agua; y sus habi- 
tantes le incorporan un esfuerzo máximo para ha- 
Ticerlo producir y le profesan el cariño que se rin- 
de a todo lo que importa un afán superior; ade- 
más, por efecto de esas mismas condiciones de po- 
breza, los pobladores de Margarita, deben pedirle 
al mar parte de su sustento y, siendo buenos pescado- 
Tes y navegantes audaces, formaban un núcleo for- 
talecido en su lucha contra la naturaleza. En este 
territorio defendido por unos 1300 hombres, co- 
mandados por el patriota Francisco Esteban Gó- 
mez y su segundo el coronel don Joaquín Maneiro, 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 437 



iba a empeñar todas sus fuerzas el Teniente Gene- 
ral Morillo, en vez de establecer un bloqueo severo 
y dirigirse con su escuadra al Orinoco. 

rBl 13 de Julio de 1817, los transportes de la 
expedición de Canterac, escoltados por las corbetas 
Descubierta y Diamante y por las fuerzas sutiles 
del Capitán de Fragata don José María Chacón, 
se reunían en la isla Coche, llevando a su bordo al 
Generalísimo con el regimiento de Navarra», el ba-, 
tallón Burgos, dos compañías de la Unión, y Barbas- 
tro y otras de Cazadores. 

El 15 de Julio, se iniciaba el desembarco, pro- 
tegido por las naves de guerra; mandaba la dere- 
cha Canterac, la izquierda Morillo en persona y el 
Coronel Francisco Warleta, jefe de Estado Mayor, 
dirigía la retaguardia. Los patriotas, conocedores 
i del terreno, erizado de tunales y arbustos espino- 
sos, se defendieron con desesperación en el sitio 
de Punta de Mangles. 

Ya estaba en el pobre territorio el Conde de 
Cartagena; empero no había conseguido ventaja 
alguna y fué necesario que viniera el 20 de Julio, 
la Primera División del Coronel Aldama, con 1200 
hombres del batallón Unión y de los Cazadores de 
la Reina Isabel, para que Morillo pudiera apoderar- 
se, el 22, del puerto de Porlamar y, 3 días más tar- 
de, de Pampatar- 

El objetivo de Morillo era la capital de la 
Ma, la Asunción, y allí también querían atraerle 
los patriotas, ya que, combatiendo en los terrenos 
centrales, perdía el realista el apoyo de su flotilla 
y ellos se beneficiaban con sus trincheras, con el 



438 FRANCISCO RIVAS VICWÑA 



conocimiento del terreno y con el auxilio de la 
población entera que iba a defender aquel terruño 
fecundado con sus sudores y convertido en ara 

santificada por la sangre de sus hijos. 

Luego intentó Morillo una marcha directa so- 
bre la capital y, el 21 de Julio, tomó posiciones so- 
bre el cerro de Matasiete para amagarla. Los pa- 
triotas se defendieron desde sus fortificaciones de 
Caranta y Libertad, operando la caballería al pié 
de estos reductos. La acción fué cruenta ; Mori- 
llo se vio obligado a replegarse sobre Pampatar, 
en busca de auxilios que venían desde Barcelona: 
un batallón de Granada y 100 jinetes. Nada habla 
mejor del heroísmo y bravura de los margarite- 
fios que el propio parte de Morillo. 

" Fueron desalojados sucesivamente de varias 
1 ' posiciones que les ofrecían las casas y empaliza- 
* É das de las huertas, como también del espeso bos- 
"que de cocales, y se hubiera igualmente forzado 
"el paso de Portachuelo si el crecido número de 
"heridos con que nos hallábamos, desde muy po- 
"co tiempo de empezada la acción y no tener ni 
"una sola caballería en que transportarlos, no me 
"hubiera obligado, por no abandonarlos, a permte- 
"necer todo el día sobre el terreno, donde se sos- 
"tuvo un combate continuado que duró hasta el 
" anochecer. Entonces me puse en movimiento y 
^acampé sobre mi flanco izquierdo, en dirección 
"al camino que va a Pampatar 9 (31) 



(31) A. Rodríguez Villa. Vida de Morillo. Tomo ÚL 
Documento 638. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR ■ 439 



No había logrado su intento el Pacificador 
e ideó una nueva maniobra que le permitiera pro- 
ceder en combinación con su flota. Poseedor de 
los puertos del sur de la isla, despachó sus naves 
hacia la ribera septentrional, a ocupar la rada de 
Juan Griego, donde había una pequeña fuerza na- 
val de los patriotas ; el marcharía por tierra, ca- 
mino de San Juan, en forma que pudiera intercep- 
tar las comunicaciones de la capital con Juan Grie- 
go. El 7 de Agosto se apoderó de este pueblo y, 
al siguiente día, se presentó ante las fortificacio- 
nes de Juan Griego que los patriotas defendieron 
con sin igual denuedo. "Estos llegaron al último 
"extremo de desesperación y apuraron todos los 
"medios de defensa, dice Morillo. No contentos 
"con el fuego infernal que hacían, arrojaban pie- 
"dras de gran tamaño. Fué tal la precipitación 
"y el encarnizamiento con que peleaban, que en 
"medio del denso humo, de la gritería y amenazas, 
"se vio el efecto de la explosión de un repuesto 
''de municiones, en el cual volaron algunos malva- 
dos y acabó de poner en confusión al resto, al 
"momento mismo que las tropas iban a saltar el 
" parapeto.' ' 

Desalojados del fuerte, los patriotas se arro- 
jaron a una ciénaga y allí, continúa el Conde de 
"Cartagena, pereció a sablazos aquella banda de 
"asesinos feroces que ni imploró la clemencia ni 
"hubo uno que diera señales de timidez, en medio 
"de la carnicería que en ellos se hizo... De esta 
"suerte se concluyó una acción tan sangrienta y 
"empeñada, que allí quedaron tendidos más de 



44:0 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"500 forajidos, que ni aún en. el último momento' 
1 1 quisieron rendirse.' J (32) 

Pasemos la sombra del olvido sobre estos ho- 
rrores, que empañarían el renombre de la madre 
patria si no fueran el dictado personal de un jefe 
que buscaba un medio de reparar sus errores, y 
tributemos el honor que merecen al Coronel Juan 
Fermín y a sus bravos que se sacrificaron por la 
libertad en Juan Griego. 

Hasta el 10 de Agosto, permaneció la expe- 
dición 1 de Morillo destruyendo y arrasando cuan- 
to había allí, mientras una columna del batallón 
la Reina Isabel sembraba la desolación y la muer- 
te en las vegas de Margarita y Paraguachi. La 
sed de venganza que revelan estos partes, iba a 
ser satisfecha totalmente; tetiía el realista alzada 
la copa para beber hasta la última gota de sangre 
de los bravos margariteños reducidos a villa del 
Norte y la Asunción. Resistían los patriotas en 
sus fuertes de Libertad y Maturín sin esperanzas 
de salvación, cuando Morillo se decidió a evacuar 
la isla, en vista de las noticias que le trasmitía el 
Capitán General interino, don Juan Bautista Par- 
do. Bolívar había conquistada la Guayana y era 
dueño de la línea interior de comunicaciones! y po- 
seía, además una escuadra que le garantizaba sus 
movimientos externos; el Pacificador estaba ya vir- 
tualmente derrotado y su expedición sobre Marga- 
rita había resultado un sacrificio estéril de más 



(32) A. Rodríguez Villa. Vida de Morilo. Tomo III. 
Documento 640 b 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 441 



de 1000 vidas, sin contar los inutilizados por en- 
fermedades. 

El 17 de Agosto, abandonaba el Conde de Car- 
tagena la Isla, en medio del descontento de lo¡3 
suyos y del regocijo de aquellos espartanos que, 
si bien lloraban a sus víctimas, sonreían a la li- 
bertad conquistada. 

Dos días después, estaba Morillo en Cumaná 
y despachaba hacia la Guayra al primer batallón 
de Navarra, a fin de que otras fuerzas pudieran 
salir de Caracas, hacia los llanos, donde la insu- 
rrección se organizaba de nuevo, esta' vez bajo 
la dirección de Bolívar triunfador. Había fraca- 
sado en sus planes y no tenía el jefe expediciona- 
rio, que tan arrogante se mostrara, el éxito moral 
que buscaba en lo que él creyó una fácil conquis- 
ta; le sería necesario acudir a otros medios para 
inclinar la balanz'a política a su lado; vano inten- 
to, como él mismo lo presentía, pidiendo un nuevo 
envío de 4000 peninsulares, pues, como escribe al 
Ministro dé Guerra, desde Cumaná en 28 de Agos- 
to, "está probado hasta la evidencia que si no vie- 
"nen tropas en suficiente número, volverá Vene- 
azuela a ser dominada por los enemigos. 7 ' 

Un cambio de política se imponía ; el 13 de 
Agosto, cuando el Pacificador creía |ener ya para 
siempre aprisionada a Margarita, daba al Coman- 
dante Jiménez, que iba a obrar en Güiria, las mías 
duras instrucciones. Podría extraer todos los re- 
cursos que necesitara, destruir las plantaciones 
de toda especie, agregar a su ejército los esclavos 
útiles con la vana esperanza de la libertad, for- 



442 ' FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



mar consejos de guerra, ejecutar sus sentencias y 
remitir las causas para su aprobación- (33) 

Los rigores excesivos habían empeorado l,a 
causa del Bey su amo y, aleccionado Morillo por 
su descalabro en Margarita y por el triunfo de 
Bolívar en Guayana, escribe en sus Memorias ¡"Lle- 
gué en Setiembre a la capital de Venezuela y me 
" detuve el tiempo necesario para extirpar algunos 
i¿ abusos que se habían introducido en el ejército 
"durante mi permanencia en Nueva Granada. Fué 
"mi primer cuidado conciliar la dicha del pueblo 
"con las necesidades indispensables del Ejército; 
"vi que era preciso establecer la más severa dis- 
ciplina y dar, órdenes terminantes para arreglar 
"la marcha de las tropas pues las infracciones 
"cometidas eran causas de continuas quejas, aun- 
"que estos abusos fueran a menudo inevitables. 
"Quise impedir todo fraude, toda violencia, toda 
"vejación sobre las ciudades y ordené observar 
"rigurosamente el reglamento que dicté sobre el 
"particular y que comprendía todo lo necesario 
"para reprimir excesos, y restablecer la disciplina 
"militar." 

Este su reglamento dictado en Caracas el 9 de 
Setiembre de 1817, es la antítesis de las instruccio- 
nes dadas a Jiménez, unas tres semanas antes; las 
nuevas máximas son precisas y hacen responsables 
de toda infracción a los jefes cuya conducta debía 
acreditar "que pertenecían a la heroica nación es- 
"pañola y que eran soldados de un gran Bey."(34)| 



(33) Blanco y Azpurúa. Tomo VI. Doc. 1260. 

(34) Blanco y Azpurúa. Tomo TI. Doc. 1265. 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



443 



Daba un paso más y publicaba el 21 de Setiem- 
bre el indulto acordado, por el Rey, en meses ante- 
riores, con ocasión de su matrimonio ,y de las bodas 
del Infante don Carlos, procurando atraerse volun- 
tades que ya no conquistaría, pues los pueblos, en 
siete^años de lucha continua por su libertad, esta- 
ban realmente alejados de la autoridad Real, cuya 
defensa les había traído la ruina de sus haciendas, 
el menoscabo de su bienestar, el luto y la desoía-, 
ción de. sus hogares. 

Empero, es necesario reconocer que estas mje- 
d,id,as. generales, cuya aplicación no sería inmediata, 
como no se extingue con un golpe de agua la lla- 
ma, la brasa y el tizón humeante de un incendio, 
iban a traer, poco a poco, la regularización de la 
guerra y las campañas futuras distarían mucho de 
las atroces matanzas de los tiempos de Antoñanzas, 
Zuazola, Rósete y Boyes. 

Siempre dentro del desconocimiento de la na-, 
tixraleza del movimiento subversivo sud-america- 
no, el General en Jefe español se disponía a com- 
primirlo por las armas, mas tratando de dar a la 
lucha características de guerra regular, lo que era 
doblemente aconsejable, como miedida política y 
como dirección militar. Por m\icho que hiciera 
Morillo ya era tarde; la nacionalidad venezolana 
despuntaba vigorosa, consciente de la fuerza que da 
la unión y también la necesidad de una dirección 
única. Ya había una política nacional que oponer 
a la peninsular y también se fortificaba la organiza- 
ción militar patriota; Morillo lograba organizar el 
desconcierto realista y Bolíyar conseguiría dominar 
la anarquía republicana y, metódicamtente, ambos 



444 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



adversarios se irían acercando hasta producir la 
conflagración final en que triunfa la idea, que es 
fuerza, y se pulverizan los intereses, que son mate- 
ria. 

Dictadas sus medidas de orden político, el 
Conde de Cartagena dejó guarniciones en la Penín- 
sula de Paria para que obraran, a la vez, sobre 
Güiria y Oumanacoa; protegía a Cumaná con los 
batallones de Granada, piquetes- de caballería y ar- 
tillería ligera; la escuadrilla española vigilaba las 
costas, desde Barcelona a Puerto Cabello, y los sol- 
dados del Barbastro daban guardia en Barcelona y 
en La Guaira, mientras el desecho batallón Cachiri 
se organizaba en Puerto Cabello. 

Dejaba en la capital al batallón , Burgos, con 
numerosos contingentes y cuadros de las tres ar- 
mas; enviaba algunos refuerzos a Valencia, a Ara- 
gua de Barcelona y a otros puntos y con sus ele- 
mentos expedicionarios trazaba una línea angular 
para detener los progresos de Bolívar, que se ense- 
ñoreaba de ambas m'árgenes del Orinoco y tendía a 
unirse con Páez, dueño del Apure, por lo menos en 
su zona meridional. 

Guarnecidos sus dominios del litoral, la línea 
realista partía de Caracas, con destacamentos sobre 
el camino de los Llanos, creando un primer centro 
de fuerzas en el Calvario y el Sombrero, con pues- 
tos avanzados en Altagracia de Orituco y Chagua- 
ramas, lo que permitía vigilar los valles del Guári- 
co y del Orituco- 

El cuartel general quedaba establecido en Ca- 
labozo, de modo que las guarniciones indicadas 
constituían el ala izquierda de una formación cuyo 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 445 



centro estaba en las coflueneias del Guárico y del 
Apure, apoyándose principalmente en Cam#guán y 
en San Fernando. 

La izquierda de Morillo, tendida en ángulo so- 
bre el alineamiento anterior, iba por el Apure hasta 
Nutrias y Barinas, pudiendo replegarse fácilmen- 
te hacia el centro o ir, si fuera necesario, en auxi- 
lio de las fuerzas realistas de Nueva Granada. 

En el detalle, las guarniciones de Morillo esta- 
ban compuestas como sigue : 

Ala Izquierda. Núcleos principales: Calva- 
rio y el Sombrero ; batallones Unión y Castilla, Hú- 
sares de Fernanda VII y un escuadrón de lanceros 
del país. Esta era la primera división, al mando 
del Brigadier don Miguel de la Torre. 

Centro. Puntos principales : San Fernando y 
Camsaguán; batallón Barinas, escuadrones del país 
y Dragones Leales a Fernando VII, formando la 
¡quinta división, bajo el comando del coronel don 
Sebastián de la Calzada. 

Ala derecha. Guarnición principal en Nutrias 
:y acantonamientos en el Apure ; batallones Numan- 
jcia y Victoria, Dragones de la Unión, Guías del Ge- 
neral y Lanceros venezolanos, todo al mando del 
£jefe de la cuarta división, Coronel don Juan Al- 
dama. 

Cuartel General. Situado en Calabozo, a las 
ordenes del Teniente-general don Pabló Morillo, 
siendo el Brigadier don Eamón Correa jefe de Es- 
tado Mayor. En el cuartel general, obraba casi 
toda la segunda división, menos las guarniciones de 
Caracas, y especialmente dos batallones del regi- 
miento Navarra y un escuadrón de Lanceros del 



446 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



Bey y un batallón del Uftión qtie pertenecía a 1& 
división de Aldar^a. 

La tercera división de Morillo estaba en Nue- 
va Granada y. era, cómo hemos dicho, su gran reta- 
guardia- A mediados de Noviembre tenía el Pa- 
cificador sus posiciones ocupadas y, para perfeccio- 
nar el programa que venía desarrollando política- 
mente, ordenando la revuelta situación que habían* 
producido las rivalidades de los jefes realistas, re- 
solvió llamar a su lado al Brigadier Don Franeiscfr 
Tomás Morales, que se encontraba procesado en las 
cárceles de Puerto Cabello. Este luchador por la- 
cansa del Rey, además de ser un gran conocedor del 
terreno de las futuras operaciones, tenía muchos 
adictos en el ejército y Morillo le necesitaba. Da 
acción de Aguacates, en que había actuado Morales, 
aunque de éxito como función de armas, fué un fra- 
caso estratégico, pues ella no impidió que la columna 
de Oeúm&re penetrara hasta Barcelona en donde iba 
a tener un triunfo, positivo sobre el realista, en el 
playón del Juncal. Morales fué sometido a juicio,, 
por sus defectos militares, como dice Morillo en ofi- 
cio al Ministro de Guerra de 19 de Noviembre de 
1817, por sus ; excesos y el ' grado' de insubordmacióir 
a que -había 11 erado. A pesar de esto, y con la mis- 
ma fecha. Morillo escribe que para dar un golpe po- 
lítico en obsequio de la causa de S.M. ha creído con- 
veniente' separar al Brigadier Moretes.' del arresta 
que "sufría- en la -plaza de Puerto Cabello,, y tr&erld^ 
a m cuartel - General - - para la nueva campaña contra 
lo® rebeldes. (35) 

(35 ) A. Rod r igüéz Villa. Vida de Morillo. Tomo ÚL 

Documento 656. 



LAS GUERRAS BE BOLIVAR 447 

En Yerdad, Morillo se procuraba un auxiliar 

eficacísimo ; más por otro lado, la nueva intervención 
de Morales en la guerra, iba a demostrar a los pa- 
triotas que no eran muy sinceros los propósitos de 
humanizar la guerra, de evitar vejaciones y otros 
sentimientos conciliadores 'Manifestados por Mo- 
rillo y, de este modo, la medida resultaba ineficaz 
<en su aspecto político, por lo que tocoba a los re- 
piiblicamjos, aunque fuera útilísima como corona- 
miento de la obra reconstructiva del ejército es- 
pañol iniciada por el Pacificador, después de m 
fracasado intento de recuperar prestigio por la 
conquista de las peñas de Margarita. 

Preparado estaba Morillo para recibir a su 
adversario que, también por estos días, daba rema- 
te a su tarea de terminar con la anarquía patrio- 
ta. Marino y Piar, los mismos rivales de la cam- 
paña de 1813, k>s que habían faltado a la unidad 
de acción en la primera expedición de los Cayoe»,, 
se mostraban rebeldes de nuevo a la autoridad del 
Jefe Supremo y, felizmente para la causa republi- 
cana, obraban, ahora, separadamente : Mariño en 
las regiones de Maturín, apoyándose en la autori- 
dad del Congreso de Cariaco, y Piar en el Orino- 
co, envanecido con su campaña J su triunfo de 
San Félix. La unión de ambos era ciertamente un 
grave peligro; pues contaban con adhesiones en 
el Extremo Oriente venezolano y su rebeldía or- 
ganizada creaba un nuevo cisma, tan desgracia.do 
WiQ el que perdió a la patria en 1814. 

Morillo, con poco acierto político, se encardó 
<fe destruir a Mariño, reduciéndole a la impotencia 
y Bolívar, por su parte, iba a tomar las más serias 



'448 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



medidas contra él y Piar, a fin de salvar su obra del 
fracaso engendrado por la discordia. 

Después de la dispersión de sus jefes, y cuán- 
do ja expedición de Morillo obraba sobre Marga- 
rita, logró Mariño reunir alguna gente en Güiria y 
Sorprender el destacamento español de Cariaco, a 
¿cargo del capitán don Juan Fuentes- El goberna- 
dor ñe Cumaná destacó al Coronel de Barbastro, 
don Juan Cini, al mando de 500 hombres y pudo 
recuperar a Cariaco el 3 de Agosto, retirándose Ma- 
in o© a Cumanaeoa. 

Por aquellos días, Piar desertaba del ejército 
de Guayana y procuraba encontrarse con el Gene- 
ral Marino; mientras ambos se entretenían en sus 
combinaciones de política subversiva ,el teniente 
coronel Francisco Jiménez con las fuerzas de los 
batallones Clarines y Reina Isabel, se apoderaba de 
de los puertos de Güiria y Yaguaraparo, privando 
a los patriotas de esta región de sus comunicacio- 
nes con el exterior y obligándoles a luchar en los I 
campos de Cumanacoa hasta Maturín. Mariño y 
Piar, debilitados en esta forma por el esfuerzo rea- 
lista declarados rebeldes por sus desobedecímien- 
tos a la autoridad de Bolívar, reconocido como je- 
fe Supremo, se encontrarían paralizados también 
en toda acción interna. 

Morillo desembarazó a la República venezola- 
na de un serio tropiezo y el mismo Bolívar así lo 
reconoce en carta que le escribe a Cedeño: "Todc 
"parece que conspira, hasta las ventajas del ene- 
"migo, para ahogar la facción que quería trastor 
"nar el orden e interrumpir la marcha feliz de lo* 
negocios públicos. Güiria no puede ya 7 presta] 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 449 



''auxilios ni recursos a los caudillos que fomenta- 
ban la rebelión, que abandonados y cercados por 
" todas partes de peligros, de tropas nuestras y ene- 
amigas, no tienen otro partido que la desespera- 
ción." (36) 

Era lo más importante impedir la labor conjun- 
ta de Mariño y Piar y el Libertador, atento a salvar 
la 39epública naciente después de la evacuación de 
Guayana, no perdía tiempo y daba en esta ciudad un 
manifiesto sobre la actitud de Piar que vamos a 
insertar integrante con ías frotas que debemos, 
así com<o el documento mismo, a la benevolencia del 
ilustre historiador Venezolano Doctor Don Vicen- 
te Lecñna. 

D ice así el Minifiesto del J efe Supremo de 
Venezuela : 

"Ciudadanos, La más grande aflicción que pue- 
"de sobrevenir al ánimo de nm Magistrado, es 
' 'aquella que le obliga a emplear la espacia de la 
"Justicia contra un ciudadano que fué benemé- 
rito de la Patria. 

"Yo denuncio a la faz de la Nación el crimen 
"más atroz que ha podido cometer un hombre con- 
"tra la Sociedad; el Gobierno y la Patria. El Ge- 
"neral Piar es el .aüíor. execrable de este fatal de- 
bito , Colmado de los honores supremos déla mi- 
"licia, de la consideración pública y de la confian- 
za del gobierno, nada quedaba a este ciudadano 
"a que aspirar sino a Ja gloria de titularse Bien- 
" hechor de la República. Con qué horror, pues,, 
"QQ oiréis que .este hombre tan favorecido , de la 
" fortuna haya pretendido sumergirse en el., piéla- 
(36) Blanco y Azpurúa; Toiñb- VI. Doc. 1274 # 



150 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 

"go espantoso de la anarquía» Sí, Venezolanos, el 
" General Piar ha firmado una conjuración des- 
tructora del sistema de igualdad, libertad e in- 
dependencia. Pero no os admiréis de esta mons- 
truosidad de parte de un hombre cuya vida ha si- 
"do un tejido de cónspiraciones, crímenes y vio- 
lencias- Nacido en pais extraño, de una m&dre 
"que tampoco es venezolana, de un padre canario, 
"ningún sentimiento de amor ha podido recibir al 
"nacer, menos aún en el curso de su educación. 

"Engreido el General Piar de pertenecer a una 
"familia noble de Tenerife, negaba desde sus pri- 
" meros años ¡ Qué horrible escándalo ! negaba cono- 
cer el infeliz seno que había llevado este aborto 
"en sus entrañas. Tan nefando en su desnatura- 
lizada ingratitud, ultrajaba a la misma madre de 
"quien había recibido la vida por solo el motivo 
"de no ser aquella respetable mtijer del color cla- 
"ro que él había heredado de su padre. Quieu 
"no supo amar, respetar y servir a los autores de 
"sus días, no podía someterse al deber de ciuda- 
"dano y* menos aún, al más riguroso de todos, al 
"militar. 

"Llevado por el General Mariño a la costa 
"de Güiria en los años pasados fué destinado a 
"Maturín, bajo las órdenes del Comandante Ber- 
^ nardo Bertaúdez, que fué víctima de sus primaros 
"ensayos de conspiración. Apenas había llegado 
"á Matiírín, cuando sublevándose contra su inme- 
diato Jefe, le prendió é indefenso le arrojó ha- 
"cia la parte que ocupaba el eiieíiiigo para que 
"fuese indignamente sacrificado por lps crueles 
"españoles. El desdichado Bermúdez mareó con 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 45I 



é'sxi muerte el primer fratricidio del ! ambicioso 
/'Piar. 

* "La inmortal ciudad de Maturín que parecía 
l-destinada por la Providencia para ser la cuna del 
¿ %eroísmo venezolano tuvo la gloria de vencer por 
" tres veces, en otras tantas batallas, las bandas es- 
.Apañólas de la Hoz y Monteverde. Los valerosos 
"jnaturinenses conducidos ,por '.su indomable* es- 
"píritu y por un sentimiento irresistible de un 
.''patriotismo divino elevaron su nombre al más 
-alto grado de esplendor, dejando al de su intru- 
V S0 Jefe en el seno de la obscuridad. La fama no 
Vr fué injusta, pues supo distinguir el mérito de lo» 
" soldados y la ingratitud del Caudillo. Ni los 
•fray os de la fortuna consiguieron ilustrar su es- 
-"píritu en la carrera de la victoria. Maturín se- 
"pultó en sus llanuras, tres ejércitos españoles y Ma- 
f 'turín quedó siempre expuesta a los mismos peli- 
"gros que la emenazaban antes de su triunfo. Tan 
"estúpido era el Jefe que la dirigía en sus operacio- 
nes militares. 

"El Gral. Mariño, reconocido por Jefe de la 
"expedición de Oriente, fué a Maturín, a inspec- 
cionar aquellas valientes tropas. El GraL Piar, 
"entonces ausente, había tramado antes de sepa- 
rarse un motín contra su Jefe, que se Habría lo- 
"grado, sin duda,si el virtuoso Gral. Rojas no hu- 
"biese cumplido con su deber en favor de la jus- 
ticia y de la subordinación militar. La insurrec- 
ción de Piar no tuvo efecto por la bella eonduc- 
"ta del Gral. Rojas. 

"En medio de las calamidades de la gijerra* 
ffpl italiano Bianchi se subleva contra las autoría 



452 



FRANCISCO RITAS VICUÑA 



^'dades constituidas y se roba las últimas reliquias 
"de la República. Logramos conducir a la Isla 
Margarita a este infame Pirata para hacernos 
"justicia y aprovechar los únicos restos de nuestra 
"expirante existencia. La fatalidad entonces ane- 
"xa a Venezuela, quiso que se hallase el Gral Piar 
" en Margarita, donde no tenía mando y había ido 
"para salvar el fruto de sus depredaciones en Bar- 
celona, y más aún, para escapar de los peligros de 
"la guerra que él hace solo para enriquecerse a 
"■'costa de la sangre de los infelices venezolanos. 
"Una vez que ha hecho su botín, el valor le fal- 
4 'tai, y la constancia le abandona. Díganlo los cam- 
"pos de Angostura y de San Félix, donde su pre- 
sencia fué tan nula como la del último tambor .-El 
• "Gral. ' Marino y yo, Jefe de la República, no pu- 
" dimos desembarcar en Margarita porque el fac- 
"cioso Piar se había apoderado de la fuerza y nos 
"obligó a ponernos a la merced de un pirata más 
"generoso y más sumiso que él aunque iguales en 
"la rapacidad. Por entonces sufrió la patria to- 
áosles reveses que son notorios por la exclusiva 
^traición de Piar. 

"De acuerdo con el Gral. Ribas, pensó en defen- 
"der a Cumaná y aunque aquel General debía man- 
1 ' dar por, ser de mayor graduación, sólo logró j di- 
" vidir la autoridad con Piar. . Esta igualdad no 
" convenía aún a las miras ambiciosas de Piar y dés- 
"de.- luego conspiró contra su Jefe y colega Ribás. 
"Este para evitar la guerra civil y quizás su pro- 
"pió exterminio, marchó a Maturín y Cumaná y 
"fué, Ja víctima- de las pasiones; de -Piar. Su des- 
* fdicbadtá, pqblación;. pereció como lía emigración de 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 453 



"Caracas y Barcelona por obedecer a Piar que la 
"forzó a encerrarse en aquella indefensa ciudad. 
"¡Víctim&s desdichadas allí sepultadas! decid, 
"quién os puso bajo la cuchilla de Boves? 

"Perdido el territorio que inútilmente Piar ha- 
"bía pensado defender, se refugió en Güiria, don- 
"de mandaba el Coronel Videau, quien tenía la 
il autoridad suprema de aquel país por delegación 
"del Gral. Mariño. Aun no pisaba aquella ciudad, 
"cuando ya Piar intentaba destituir al Jefe que la 
"mandaba. Sus defensores, de acuerdo con Videau, 
"se vieron obligados a expulsar a Piar para no ser 
"envueltos en disensiones domesticas a tiempo que 
"el enemigo la estrechaba por todos partes. El 
"objeto de Piar en aquel momento no era tanto 
"defender a Güiria cuanto extraer los tesoros que 
' 'había arrancado al General Ribas y habían sido 
"hasta entonces religiosamente respetados .como 
"vasos sagrados que pertenecían a las iglesias de 
"Caracas. Más Piar, tan avaro como sacrilego, in- 
tentaba convertir para su propio uso objetos con- 
sagrados a la Divinidad. " (37) . 



(37) El Dr. Dón Vicente Lecuna me ha comunica- 
do sobre esta parte del manifiesto del Libertador las 
siguientes anotaciones, tomadas de varios documentos 
inéditos, que prueban o esclarecen los hechos aducidos. 
Nota primera 

Agosto 25.— -A consecuencia de una junta de gue- 
rra celebrada en Cumaná, de toda la oficialidad y pre- 
sidida por el General Mariño, se resolvió eyacua r dicha 
plaza y retirarse a la costa dé Guiria, por no haber , fuer- 
zas con qué repeler las del enemigo. Esta resolución, 
fué publicada por bando y lá emigración siguió por < tie- 
rra hacia la costa y por mar a Margarita y a las 



454 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"En la tercera época de la República, el GraL 
*'Piar, a quien yo había perdonado todos sus aten- 
atados viene conmigo a Carúpano. Allí, a la faz 
4< de todos los extranjeros y nacionales, dio el más 
1 1 escandaloso ejemplo de su venalidad. El desca- 
<£ ro en robar los intereses de aquella ciudad ha 



colonias extranjeras. Los generales Bolívar y Mari- 
fio se hicieron a la vela en la Escuadrilla al mando del 
Almirante Bianchi, donde iban todos los intereses del 
Estado y los últimos recursos militare. 

Setiembre 2. — Habiéndose reasumido el mando del 
ejército por aclamación y voluntad de los pueblos inde- 
pendientes en los generales Ribas y Piar, és te, desde la 
isla de Margarita y aquél desde la ciudad de Cariaco, en" 
la provincia de Cumaná, de común acuerdo proscribie- 
ron a los generales Bolívar y Mariño, por haberse sepa- 
rado del territorio de Venezuela, dejando a una nume- 
rosa emigración. 

Setiembre 5. — Los buques de guerra el "Arrogante" 
y la "Culebra" arribaron al puerto de Carúpano trayen- 
do a sus bordos á los generale s Bolívar y Mariño. Estos 
desembarcaron e hicieron saber al pueblo, por una lar- 
ga narración que hizo el primero, que el Almirante 
Bianchi, valido de- la§ apuradas circunstancias, había 
cometido la negra perfidia de usurparse lo s buques, fu- 
siles, alhajas y demás intereses, así del Estado como de 
particulares que iban a sus bordos; que la sospecha de 
e^te funesto acontecimiento les obligó # embarcarse 
para impedirlo con su presencia e inmediata autoridad; 
que el deseo de arrancar de las manos del pérfido algu- 
na parte de los intereses del Estatfq, demoró su regreso 
a la costa para, incorpprarse a sus conciudadanos y co- 
operar a la reconquista del país perdido, y que, en con- 
clusión, ellos habían,, por fin, sacado el partido de traer- 
se los dos bur^ies indicados,, con algunes .. fusiles y parte 
de alhajas. Todo lo que estaba pronto para, la defen- 
sa de la patria. 



fcÁS GUERRAS DE BOLIVAR 



455 



^'sMo tan público que nada se debe añadir para 
■ 'que sea manifiesto. 

''lia división del General Mac-Gregor, después 
"de haber libertado a Barcelona, se somete a sus 
^ órdenes porque así lo exigía el orden de la máli- 
"cia y porque él se jactaba de ser el primer .apoyo 

Setiembre 12. — No habiendo sido admitidos ni reco- 
nocidos dichos antiguos Jefes Bolívar 7 Marino, por 
oposición de los nuevamnte electos, tomaron la resolu- 
ción de embarcarse en log mismos dos buques de gue- 
rra el "Arrogante" y la "Culebra"^ dejando en tierra 
a disposición de log gobernantes las alhajas, algunos 
fúsiles y pertrechos, y siguieron viaje a Cartagena in- 
dependiente. 

(Cronografía de los hechos más remarcables de la 
revolución política de Venezuela. — José Manuel Landa, 
Archivo del Libertador.) 

Nata Segunda, 

En la exposición de motivos que obligaron a los 
Generales Bolívar y Mariño a refugiarse en la Nueva 
Granada, publicada en Cartagena, a fines de 1814, dicen 
éstos generales: "cuando llegaron a Margarita y más 
tárde a Carúpano, encontraron a estog países entrega- 
das a la anarquía, fatal consecuencia de las miras sedieio- 
éás de algunos Jéfes militares cuya ambición se enca- 
SÜtfába a elevarse ellos miamos al rango de los prime- 
ros magistrados del país." 

fDe la edición francesa de la Obra de Docoudray 
Holsteln. I. 179). 

Nota tareera 

El 7 tle diciembre de 1814, Don Manuel María Es- 
*$áft& y Don Marcos Echezuría, jóvenes que habían for- 
jado parte de la emigración de Caracas y habían llega- 
do a s Márácálbo, desde Cúcuta, a fin de presentarle al 
gobierno español dicen que ^Simón Bolívar - salió de la 
provincia de Ctnüaná muy desavenido de José FéMx Ri- 
bas, por - h&berle tratado éste de cobarde a canga úe lia? 



456 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"del Gobierno. La batalla de Juncal, casi perdi- 
"da por este General, fué un desengaño para aque- 
* 4 líos alucinados soldados que creían tener en él 
"un Gran Capitán; pero su impericia y cobardía 
"se manifestaron allí de un modo incontestable. 



ber perdido la acción de Aragua junto a Barcelona y 
tratar de abandonar la provincia, de cuya acción salió 
Bolívar para la isla de Margarita y de allí pasó a Ca- 
rúpano, en donde fué preso de orden de dicho Rivas,. 
dejándole entregado a Pedro Villapol, al cual sedujo 
dicho Bolívar y salieron para Cartagena^ haciendo es- 
cala en Margarita, sin atreverse a saltar en tierra, te- 
meroso que lo matasen a dicho Bolívar. Que Mariño, el 
cumanés, siguió viaje con Bolívar a Cartagena' por ha- 
berse también desavenido con José Félix Ribas y Ma- 
nuel Piar, quedándose estos acaudillando las tropas que 
guarnecían a Cumaná, Cariaco, Guiria y Maturín 

(V. Lecuna. Documentos para la historia de Bolívar. 
Tomo III Declaración ante el Gobernador de Maracai- 
bo don Ramón Correa.) 

Nota cuarta. 

El ?A de Agosto de 1814, Bolívar y Marino se embar- 
caron en Cumaná en la escuadrilla de Bianchi, y lle- 
garon a Carúpano, escribe José Félix Ribas, acosados de 
la hambre y de la sed porque carecían de provisiones;' 
allí los sorprendí, arresté sus personas y les quité la 
plata y tw+^cto? y fusiles que , les habían cabido -en 
suerte: los dejé allí bajo fu palabra de honor, pero* lue- 
go que monté a caballo para venirme la quebrantaron, 
f ufándose con los dos buques de guerra que trajeron y 
corrompiendo los comandantes de ellos al efecto. Yo 
he "sido reconocido como Jefe Supremo de Occidente co- 
mo Piar lo ha sido de Oriente y , ambos estrechamente 
unidos, estamos resueltos a llevar nuestras armas ¡has» 
tá lofe ■últimos • -rincones.? de Caracas." ; : - r ; > 

(Carta de Ribas a Martín Tovajr Ponte, Cariaco Se- 
tiembre» 13 de 1814. Vicente Lecuna. JJt Syp ra.) 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 457 

"Ganada por el Gral. Mac-Gregor y los otros su- 
balternos que obraron arbitrariamente, hallán- 
dose abandonados de su jefe y sin esperanzas de 
"salvarse, ni aún se puso a la cabeza del ejército 
"para perseguir los restos fugitivos y el fruto de 
"aquella victoria fué ninguno, como todas las que 
"la fortuna le ha proporcionado. (38) 

"La conducta del Gral. Piar en esta provincia, 
"ha correspondido al curso de su vida: el más fe- 
"roz despotismo ha sido su divisa. Mandar pa- 
"sar por las armas a los Jefes y Oficiales más es- 
"timíables, ponerlos en el afrentoso tormento de 
"la soga; destituirlos sin autoridad y sin juicio. 
"En fin, todos los actos del poder absoluto de un 
" tirano." 

"Ninguna orden del gobierno ejecutaba ja- 
"más, todas las miraba con el más ultrajante des- 



(38) Sobre este punto el Dr # Lecuna nos comunica 
la siguiente anotación: 

Acerca de los acontecimientos posteriores a la ba- 
talla del Juncal, dice el Coronel Parejo lo siguiente: 
"Mac-Gregor deseaba concluir hasta con las reliquias 
del ejército enemigo, y al intento salió él por una par- 
te y el General Monagas por otra en su persecución; 
el realista López se encontraba en el pueblo de San 
Francisco, en donde había formado un cuerpo de fuer- 
zas que fué deshecho por Monagas; la divigión de este 
General y la de Mac-Gregor se juntaron en el pueblo de 
San Lorenzo, en donde éste último puso la suya al man- 
do del primero y se marchó para la Isla Margarita. Es- 
ta separación la ocasionó un disgusto que tuvo Mac- 
Gregor con el General Piar que mandaba en Jefe. Mo- 
nagas fué llamabo por Piar a su Cuartel General del 
Garito' y el Mayor general Parejo fué destinado a la vi- 



458 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



Aprecio. El se había abrogado las facultades de 
"la autoridad suprema y no se había proclamado 
"por Soberano de la República porque las fuerzas 
"de su mando eran todavía demasiado débiles y 
"la fortuna no le había sometido las ciudades de 
"Guayaría y Angostura. 

"En circunstancias tan urgentes yo vine al 
"Ejército para poner un término a su desenfrena- 
"do despotismo- El Benemérito General Monadas 
"el Coronel Parejo, el Teniente Coronel Matos, el 
"Teniente Coronel Infante, subteniente Santarita, 
"el cirujano Cervellón y el secretario Melián, sin 
" contar muchos otros que fueran ignominiosamen- 
te infamados, pueden deponer si el régimen dél 
1 1 Gral. Piar no es el de un sátrapa de Persia. ¡ Cuán- 



lla de Aragua a rehacer la caballería. Las desazones 
de Piar y Mac-Gregor hicieron temer al primero que 
Monagas podría aspirar al mando y para calmar mis re- 
celos lo separó de la división de que estaba hecho car* 
go y a su secretario y lo confinaron a Margarita. El 
señor Parejo füé envuelto* en estos procedimieatos; el 
coronel Barroso encargado de enviarlo con seguridad al 
cuartel general y bajo la custodia del Capitán Morocho 
(Hernández). Este aparato ruidoso no' fué necesario; 
el señor Parejo se presentó al Genaral Piar, y sin ha- 
berle hecho el menor cargo ni indicarle lo que bahía 
cansado aquella tropelía, fué destinado a Barcelona, a 
las órdenes del General Freytes, que era su Gobernador, 
e instando el señor Parejo sobre lo que acaba de suoe- 
derle, se le contestó que su destino a Barcelona satis- 
facía para~~acreditar que nada había que pudiera per ju* 
dicar. De este procedimiento y otros habla bien el ma- 
fm^éfot q- oe dio el Gfcftefftl Bolívar en Angostura."— 
(Memorias de! General ¡Parejo, Archivo del Libertador.) 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



"tos horrores no hizo sufrir el Gral. Piar a estos 
"ilustres defensores de la República! A mi presen- 
"da ha osado clavar un par de grillos y sin juicio 
"formal ha condenado a servir de soldado raso al 
"subteniente Arias. Espantado de tan atroz pro- 
cedimiento quise salvar la inocencia, las leyes y 
''los derechos del ciudadano. Además hice enten- 
der al General Piar que debía someterse a la au- 
"torVlad del Gobierno y no obrar arbitrariamente 
"como lo había hecho siempre. Este General fu- 
"rioso como nn frenético medita entonces la sub- 
versión del Estado y la destrucción de süs herma- 
dos. Para realizar tan negro designio prctesta 
"enfermedades, pide encarecidamente su retira 
"temporal y toma un pasaporte para las colonias. 

li Calumniar al Gobierno de pretender cambiar 
"la forma republicana en la tiránica; proclamar lós 
"principios odiosos de la guerra de colores para 
"destruir así la igualdad que desde el día glorio- 
do de nuestra insurrección hasta este momento 
"ha sido nuestra base fundamental instigar a la 
"guerra civil; convidar a la anarquía; aconsejar 
di asesinato, el robo y el desorden, es en subs- 
"t'ancfa lo que -ha hecho Piar desde que obtuvo la 
"licencia de retirarse del ejército, que con tantas 
"instancias había solicitado, para que los medios 
1 * estu vi era n a su alean ce. 

"Pruebas constantes e irrefragables de esta 
"conjuración son las deposiciones unánimes de Ge- 
nerales, Comandantes, Soldados y Paisanos resi- 
^dé^tes en "Angostura 

"Que pretende el General Piar en favor de los 
"Hombres 'de color? La igualdad? Nó; ellos la tie- 



460 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"nen y la disfrutan en la más grande latitud que 
"pueden desear. El general Piar mismo, es una 
"prueba irrevocable de esta igualdad. Su mérito 
"es bien inferior a las recompensas que ha obte- 
nido. Los más de los oficiales de Venezuela han 
"combatido por la República más que Piar y, sin 
''embargo, ellos son subalternos mientras que él 
"está decorado del último grado de la milicia. Po- 
dríamos citar otros muchos Generales, Coroneles, 
"Comandantes y Jefes de todas clases, pero no es 
"justo mezclar los nombres de tan beneméritos 
"ciudadanos con el de éste monstruo- 

"El General Piar no desea la preponderancia 
"ele un color que él aborrece y que Siempre ha des- 
preciado como es constante por su conducta y do- 
"cumentos. El General Piar ha tenido como un 
(< timbre la genealogía de su padre y ha llegado su 
"imprudencia hasta el punto de pretender no so- 
"lo ser noble, sino aún descendiente de un prínci- 
pe de Portugal. Entre sus papeles existe este 
"'documento. 

"La imparcialidad del gobierno de Venezuela 
"ha sido siempre tal desde que se estableció la Re- 
pública, que ningún ciudadano ha llegado a que- 
darse por injusticia hecha a él por accidente de 
"su cutis. Por el contrario, ¿cuáles han sido los 
principios del Congreso? Cuáles las leyes que 
<'ha publicado? Cuál la conducta de todos los 
"magistrados de Venezuela? Antes de la revolu- 
ción los blancos tenían opción a todos los desti- 
"nos de la monarquía, lograban la eminente igual- 
"dad de Ministros del Rey, y aún de Grandes de 
"España. Por el talento, los méritos o la fortuna 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 461 



"lo alcanzaban todo. Los pardos, degradados has- 
"ta la condición más humillante, estaban privado* 
"de todo. El estado santo del sacerdocio les era. 
"prohibido: se podría decir que los españoles les 
^habían cerrado hasta las puertas del cielo. La* 
"revolución les ha concedido todos los privilegios, 
"todos los fueros, todas las ventajas. 

"Quienes son los actores de ésta Revolución? 
"No son los blancos, N los ricos, los títulos de Casti- 
lla y aún los Jefes militares al servicio del Rey? 
"Qué principios han proclamado esos caudillos de 
"la Revolución? Las actas del Gobierno de la Re- 
"pública son monumentos eternos de justicia y 
"liberalidad. Qué han reservado para sí el clero, 
*'la milicia, la nobleza? ¡Nada, nada, nada! Todo 
"lo han renunciado en favor de la humanidad, de 
"la naturaleza y de la justicia, que clamaban poi* 
"la restauración de los sagrados derechos del hom- 
"bre. Todo lo inicuo, todo lo bárbaro, todo lo 
"odioso se ha abolido y en su lugar tenemos la 
"igualdad absoluta hasta en las costumbres do- 
"mésticas. La libertad hasta de los esclavos que 
"antes formaban una propiedad de los irftsmos 
"ciudadanos. La independencia, en el más lato 
"sentido de esta palabra, sustituida a cuántas de- 
pendencias antes ñas encadenaban- 

"El General Piar con su insensata y abomi- 
nable conspiración sólo ha pretendido una gue- 
"rra de hermanos en que crueles asesinos degolla- 
rán al inocente niño, a la débil mujer, al trémh- 
"lo anciano, por la inevitable causa de haber na- 
cido de un color más o menos claro. 

Venezolanos, no os horrorizáis del cuadro 

30 



m 



FRANCESCO RIVAS VICUÑA 



sanguinario que os ofrece el nefando proyecto de 
Piar ? Calificar de un delito al» accidente casual 
cine no se puede evitar ni borrar. El rostro, se- 
gún Piar, es un delito y lleva consigo el decre- 
to de vida o muerte. Así, ninguno sería inocea- 
te, pues que todos tienen un color que no se pue- 
den arrancar para sustraerse de la mutua per- 
secución. 

' 'Si jamás la guerra fatricida, como lo desea 
Piar, llegase a tener lugar en Venezuela, esta in- 
feliz región no sería más que un basto sepulcro^ 
donde iría a enterrarse en todas partes la virtud, 
la inocencia y el valor. El mundo horrorizado 
cargaría de execraciones a esta sanguinaria na- 
ción donde el furor sacrificaba a su saña todo lo 
qv.e es sagrado, aún para los mismos salvajes, la 
humanidad y la Naturaleza. 

"Pero no, Venezolanos, vosotros no sufriréis 
cipe las pocas gotas de sangre que ha respetada 
Ul puñal de los asesinos de España, sean derra- 
madas por vuestras propias manos. Vosotros sois, 
incapaces de servir de instrumentos a los furo- 
res de Piar. Vosotros lo conocéis, no ignoráis su& 
execrables designios, y vosotros pues, lo perse- 
guiréis 110 solo como un enemigo público sino co- 
mo un verdugo de su especie, sediento de su pro- 
pia sansrre^ 

"El Oenern! Piar lia infringido las leyes, ha 
conspirado contra el sistema, fea desobedecido 
ni Gobicrrio, ha resistido la fuerza, Ha desertada 
del Eiéreito y lia huido como un cobarde; así f 
pués; él se ha puesto fuera de la ley : su destrae- 
cion es un deber y su destructor un Bienhechor.' * 



LAS QUERRAS DE BOLIVAR "~ ' 



Daba Simón Bolívar este manifiesto, que eir- 
eulaha mamiscrito, por falta de imprenta el día 
5 de Agosto de 1817, dos días después de apoderar- 
se de los castilos de la Vieja Guayana, captura 
que, rendida ya la Angostura, le daban la posesión 
de un territorio que era todo un país. No quería 
malograr, como antaño, un triutífo militar por de- 
bilidades políticas y, esta vez, con la energía Ae 
su nueva potencialidad, iba a cortar las discordias 
internas. 

El manifiesto del Libertador está escrito coá 
singular apasionamiento; pero es inegable el fon- 
do de justicia que le asiste ante el conato de re- 
belión del General Piar, cuyo programa político 
de reivmdicaeión de los derechos de las castas era 
una plataforma para sus ambiciones personales y 
no un propósito de alcanzar justicia para las gen- 
tes de color, reivindicación innecesaria, como lo 
dice el propio Bolívar, ya que' había en los puestos; 
del ejército hombres de todas las razas del terri- 
torio venezolano- De todos modos, la propaganda 
que harían Piar y Marino podía traer la guerra de 
castas y, con ella, el triunfo irremediable del ejér- 
cito realista. 

El gran pensamiento del jefe Supremo fué 
el de evitar el fermento de disgregación social que 
sembraría la propaganda de los jefes rebeldes, ha- 
ciendo casi imposible la obra de coordinación po- 
lítica que estaba emprendiendo, desde hacía sie- 
te años, sin lograr, sino pasajeramente, la unión de 
los caudillos. El regionalismo, que triunfaba eóñ 
la constitución federal de 1811, fué un gravísimo 
mal para Venezuela, pues dio origen a diferente 



364 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



aspiraciones territoriales y de lucha par el predo- 
minio entre sus hombres representativa^ obstacu- 
lizando la unidad de gobierno indispensable para 
combatir a la monarquía española, cuyas fuerzas 
Obedecían a un solo comando. 

El regionalismo llegó, en los dolorosos fomen- 
tos del año 1814 hasta crear dos jefes Supremos?, 
uno en Occidente, José Félix Ribas, y otro en Orien- 
te, el propio Manuel Piar que ahora desconocía la, 
autoridad de Bolívar como lo hiciera en aquella 
época. Los antecedentes políticos de este Gene^ 
ral no permitían dudar de sus intenciones y, si 
para lograrlas iba a desencadenar las pasiones 
raciales, el Libertador se encontraría ante un do- 
ble abismo social y político, en el cual iba a sepul- 
tarse para siempre la libertad de Venezuela. 

Aquel altísimo sentimiento característico del 
Libertador, el de la responsabilidad, llevóle a pro- 
ceder con la mayor energía posible y, después de 
haber agotado todos los medios de conciliación, or- 
denó a Bermúdez que prendiera al General Piar; 
pero éste se escapó, hacia fines de Julio, de Gua- 
yana y, atravesando el Orinoco, dirigióse a Matu- 
rín en busca del general Mariño. 

En esta guarnición encontró de jefe al gene- 
ral Andrés Rojas que no dio oídos a las quejas de 
Piar, contra Bolívar, los caraqueños y los man- 
tuanos, como llamaban en Venezuela a las gentes 
que eran o que presumían ser de nobles abolengos. 

Piar seguía hasta encontrarse con Mariño y, 
hacia mediados de Agosto, se presentaron ambos 
frente a Maturín, no logrando ni apoderarse de 
la plaza ni seducir a sus hombres ; la alianza en- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR ' 465 



tre los dos jefes que tantos trapiezos pusieron en 
la campaña libertadora de 1813, requería una pron- 
ta acción militar contra ellos, y Bolívar, sin desa- 
tender sus preparativos para atacar a Morillo, 
confió el gobierno de Cumaná al General Manuel 
Cedeño, para que, procediendo de acuerdo con Ro- 
jas en Maturín, ahogara para siempre la facción 
que amenazaba la tranquilidad de la República. 
El 12 de Setiembre recibía su comisión el General 
Cedeño y ya el 26 del mismo mes sorprendía en 
Aragua de Maturín al rebelde Piar que, por un 
momento, intentó hacerse fuerte con unos 100 fusi- 
leros que mandaba el teniente Coronel Francisco 
Carmiona. Este jefe cedió a las razones que le 
diera Cedeño y. reconociendo, como era su deber, 
la autoridad del Jefe Supremo, establecida en las 
asambleas de Margarita y de Carúpano y sancio- 
nada por los triunfadores de Guayana, dejaba a 
Piar entregado a la suerte que le acarreara su es- 
píritu inquieto, su ambición insaciable y su carác- 
ter de indomable rebeldía. Conducido a Angos- 
tura, el Libertador dirigía con fecha 3 de Octubre 
el siguiente oficio al General de Brigada jefe de 
Estado Mayor General, Don Carlos Soublette: 

"El General Piar, acusado de los crímenes de 
"insubordinado a la autoridad suprema, de cons- 
pirador contra el orden y tranquilidad pública, 
"de sedicioso, y últimamente de desertor, debe 
"ser juzgado conforme a nuestras leyes-" 

"Como, en virtud del artículo 40 capítulo 30 
"del reglamento de 29 de Mayo último, corres- 
ponde "a US. instruir el proceso, procederá US. 
"a ello a la mayor brevedad en clase de Juez Ms- 



FRANCISCO RIVAS VIPU^A 



Mcfyl, hasta poner la cai^sa en estado de ser juz- 
"gada por el Consejo de Guerra que se nombrará 
' 'oportunamente para su decisión, con arreglo al 
¿'mismo capítulo 30 del citado reglamento. 

"El Capitán, ciudadano José Ignacio Pulido, 
"actuará en calidad de Secretario. 

"Los trece adjuntos documentos impondrán 
"a US. de la conducta y atentados del acusado. 
"US. hará de ellos en el proceso el uso que es de- 
"bido." 

El 4 de octubre iniciaba el proceso el General 
Soublette ; el día 15 formulaba su acusación y en 
esa misma fecha el comandante Fernando Galin- 
do asumía la defensa del rebelde ante el Consejo 
de Guerra de oficiales generales presidido por el 
Almirante Luis Brión, siendo jueces los Generales 
de Brigada Pedro León Torres y José Anzoátegui, 
los Coroneles José de Ucrós y José María Carreño y 
J$s Comandantes Judas Tadeo Piñango y Francis- 
ca Conde. 

Trascrita la Resolución del Consejo al Jefe 
Supremo, éste dictaba la siguiente resolución: 

"Vista la sentencia pronunciada por el Con- 
"sejo de Guerra de Oficiales Generales contra el 
"General Manuel Piar, por los enormes crímenes 
"de insubordinado, desertor, sedicioso y cojispira- 
"dor, he venido en confirmarla sin degradación. 
"Pásase al señor Fiscal para que la haga ejecutar, 
"conforme a ordenanza, a las cinco de la tarde del 
"día de mañana." 

La dura sentencia se cumplió en los términos 
prescritos y Piar recibía con serenidad una inglo- 
yl&sa muerte que pudo buscar, con más alta ins- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR £67 



piraeíón de patriotismo, en tos campos de batalla,., 
«defendiendo las libertades de su patria con el abso- 
luto renunciamiento de sí mismo, que debe ser la 
virtud fundamental de los servidores públicos* 
-virtud que si llega a faltarles priva a la colectivi- 
dad de todo el esfuerzo que le deben y a ellos del 
prestigio necesario para servirla son honra para, 
su memoria. 

Proclamó el Libertador el fin de la anarquía r 
y si bien dejaba constancia que el día de la muer- 
te de Piar había, sido de dolor para su corazón acen- 
tuaba la necesidad de este acto enérgico y de re- 
presión a fin de salvar al país de los horrores de 
una guerra civil, cuando se estaba aprestando el 
«combate contra el enemigo común. 

El General Gedeño procedía con cautela en su 
accidental gobierno de la provincia de Cumaná y r 
después de la ejecución de Piar, atrajo al reconoci- 
miento de la autoridad de Bolívar a todos los jefes 
que actuaron con aquel jefe desgraciado y con Ma- 
riño. La unidad militar quedaba restablecida y el 
libertador podía entregarse con tranquilidad a la or- 
ganización de su nueva canipafia y, también, a la- 
constitución de un gobierno que sirviera de base 
y de prestigio para estas mismas operaciones mi- 
litares y de vínculo de unión con las demás poten- 
cias del orbe, que podía ayudar a Venezuela ea 
la obra de conquistar su soberanía, y con sus her- 
manas del Continente que luchaban por la misma 
léftusa. > 

Los éxitos del Libertador, y tal véz el senti- 
miento general de su decisión pará corta? óón eüét— 
|$a toda tendencia a la insubordinación, atéáfoñ éir 



468 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



las filas patriotas una cohesión semejante a la que 
el teniente General Morillo establecía en las tropas 
del Rey que obraban en pleno desconcierto, según 
antes lo expusimos, a causa de rivalidades ambi- 
ciosas, análogas a las que habían sembrado la anar- 
quía en el campo republicano. 

Bolívar y Morillo se preparaban para una se- 
ria contienda, empresa que sería ya la quinta gue- 
rra del Libertador y la primera de las campañas, 
verdaderamente tales, que el jefe realista iba a 
librar en estos territorios en favor de los derechos 
del monarca español. 

La campaña que preparaba Bolívar desde An- 
gostura era, en efecto, la quinta de sus guerras por 
la libertad sud-americana. Sin contar la contienda 
de 1812, en la cual figuró al lado de Miranda sin 
direcciones efectivas, fué su primera lucha la ad- 
mirable expedición del año 13; la segunda se de- 
senvolvió en Bogotá en 1815 y se estrelló ante las 
rivalidades de los patriotas en Cartagena; la ter- 
cera fué su expedición de Ocumare salvada por 
la disciplina de capitanes ceñidos a sus instruccio- 
nes y a la que daba feliz remate la victoria del 
Juncal, privándose sus sienes de los laureles co- 
rrespondientes a causa de las envidias de los jefes 
que le afrentaran en Güiria y en Margarita; vino 
luégo la segunda expedición de los Cayos que en* 
contraba glorioso remate en la conquista de una 
provincia ; , interior para organizarse, y de comuni- 
caciones externas, para aprovisionarse y en esta 
cuarta campaña, escarmentado por el ejemplo an- 
terior y dueño a causa de la constancia de su pa- 
triotismo, de la inmensa mayoría de las voluntades 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR ' 469 

patriotas, no se dejaría arrebatar la victoria, que 
era la salvación de la patria y, con mano de hierro, 
ahogaba la hidra de la anarquía y con su tenacidad 
incansable se preparaba para su quinta guerra. 

Su gran linea de acción sería el Orinoco y 
uno de sus propósitos el darse la mano con Páez, 
a fin de poder formar un circulo que, extendiéndo- 
se por su izquierda, avanzara por los llanos occiden- 
tales de la provincia de Caracas, al propio tiempo 
que su derecha, agitándose en las provincias de Cu- 
maná y Barcelona, libre ya de facciosos, avanzaba 
en sentido opuesto para formar un estrecho círculo 
que fuera, poco a poco, encerrando al español en 
la capital venezolana, tal comb él mismo fuera 
encerrado por Boves y Cagigal en 1814. 

El general Páez había reconocido la jefatura 
de Bolívar y le daba cuenta de su cooperación pa- 
sada y de sus proyectos; el Libertador contestaba 
desde Angostura al jefe de los llanos con fecha 15 
de Setiembre, sancionando sus propósitos y expo- 
niéndole los propios : 

"He aprobado, le dice, el plan de operaciones 
*'que ITS. ha adoptado para entrar por el Occiden- 
te a las inmediaciones de Caracas, tomando de 
"paso la provincia de Barinas y todo el Occiden- 
te. Estoy persuadido que V. E- habrá obtenido 
"ya muchos triunfos, y que sus tropas se habrán 
"aumentado con prisioneros y con los patriotas 
"dispersos. Si la victoria ha coronado las empre- 
"sas de V. S. ? el momento es muy precioso para 
"acercársela los llanos de Calabozo donde encon- 
trará V. S. al señor General Bermúdez, a la ca- 
'*beza de tres o cuatro mil hombres de tropas aque- 



470 



FRANCISCO ItIVAS VICUÑA 



"rridas y veteranas. Este General, dentro de 8 
"días, habrá pasado el Orinoco, y con la mkyor 
" rapidez va a obrar en los Llanos de Calabozo, pa- 
usando por Chaguaramas donde se le incorporará 
"la brigada del señor General Zaraza fuerte de 
"más de 2000 hombres. Quince días después, el 
* 'resto de mi ejército marchará en dos divisiones; 
"la una embarcada, irá a tomar a San Fernando, 
"y la otra, por tierra, irá a reunirse con la del 
^General Bermúdez. 

"Dé V. S. órdenes para que las tropas del 
"Bajo Apu r -e reunidas todas, y dos o tres mil ca- 
ballos y m;ulas mansas se acerquen a San Fer- 
"nando a obrar con la mayor actividad de acuerdo 
"con nuestra expedición sobre aquella plaza. Pa- 
"ra esto, se tomarán cuantas medidas sean nece- 
sarias a fin de se que tenga la mayor vigilancia 
"en el río y en las inmediaciones de San Fernando, 
"para que no falle la combinación de nuestras ope- 
raciones- El comandante de la linea debe poner- 
*'se de acuerdo con el jefe de nuestra expedición, 
"y, si fuere menos antiguo o de míenos graduación, 
" deberá obedecerle, para que no haya discordia 
*ní mala inteligencia." 

(La necesidad de atender al exterminio de los 
facciosos en Cumaná había de retardar y modifi- 
car en sus detallles las ideas generales del Liber- 
tador. El general Bermúdez se encaminaba, en 
el plazo que indica la carta que dejamos trascrita, 
por el río Orinoco hasta el Pao, en demanda de 
San Diego de Cabrutica para buscar sus contac- 
tos con Zaraza; ejecutó este Jefe su operación. 
Xa reconquista de Cumíaná obligó al Libertador a 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 471 



colocar todas las fuerzas de esa provincia bajo el 
mando de un hombre conocedor de ella y dispuso 
que la división del General Bermúdez se incorpo- 
rara a la de Zaraza y aquél fué destinado al mjando 
de las tropas de Cumaná, regresando el General 
Cedeño a Guayana, cuyo territorio le era más co- 
nocido. 

Entre las designaciones que en estos días hi- 
ciera el Jefe Supremo, es digno de especial men- 
ción la del Coronel Don Antonio José de Sucre, 
mozo de poco de más de 20 años, para que sirvie- 
ra de Jefe de Estado Mayor en la división de Ber- 
múdez. Bolívar había sabido apreciar las virtudes 
de esta familia Cumanesa; conservaba al padre 
del coronel y a uno de sus hermanos en puestos 
de importancia en Angostura y Guayana La Vie- 
ja y confiaba al joven Coronel Antonio José la de- 
licada misión de asistir a Bermúdez con sus con- 
sejos militares y con sus prudencias políticas en 
el delicado manejo de una provincia que era la 
reserva de sus operaciones, el punto de apoyo para 
cualquier retirada a que le forzaran los azares de 
la guerra, si algún descalabro en su avance sobre 
Morillo le obligaba a replegarse. 

Al propio tiempo que confiaba a Bermúdez y 
a Sucre la preparación de fuerzas en la provincia 
de Cumaná, daba igual encargo al General José 
Tadeo Monagas para que operara en Barcelona, 
creando así un contacto entre la división de aque- 
llos jefes y los cuerpos de operaciones de Zaraza 
que el se proponía llevar, junto con los suyos en 
su movimiento de avance. 

En su esfera de acción del Orinoco confiaba 



472 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 

al General Urdaneta la organización de fuerzas 
militares en la Antigua Guayana y se dirigía al Co- 
mandante de las misiones del Caroní, Don José 
Félix Blanco, pidiéndole que activara el recluta- 
miento de fuerzas para su ejército. 

La línea general del movimiento del Liberta- 
dor, marchando por los lados de un ángulo uno sobre 
el Orinoco y otro sobre los llanos de Caracas, con- 
vergía hacia un vértice en que debía efectuar su 
unión con el general Páez, en las vecindades de 
San Fernando de Apure, lo que correspondía a dar 
un ataque a las fuerzas realistas precisamente en 
el vértice del ángulo que tenía la formación del 
Conde de Cartagena, según antes vimos, desde Ca- 
racas por los llanos hasta el Apure y por este río 
hasta el Occidente. 

Disponía el Jefe Supremo de una flotilla pa- 
ra sus movimientos y podía contar con la probada 
pericia de los jinetes del Orinoco y del llano y, 
también, con su infantería que h^bía dado esplén- 
didas muestras de valor y de disciplina a las órde- 
nes de jefes como Pedro León Torres, Anzoátegui, 
y otros. 

Su plan era bueno y cabe encomiar la vigilan- 
cia de Bolívar sobre todos los detalles para lle- 
var a cabo su realización ; los técnicos de la mili- 
cia encontrarán mil enseñanzas en la lectura de las 
comunicaciones con sus lugar-tenientes. De todo se 
preocupa en ellas, de pedirles cuenta exacta del 
número de sus contingentes, de proveerlos de mu- 
niciones, de suministrarles elementos de trasporte, 
de darles noticias generales sobre sus movimientos 
recíprocos y de tenerles impuestos de la marcha ge- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 473 



neral de los negocios de la República, a fin de que 
se estimulen en el servicio de una causa, cuyo triun- 
fo definitivo no puede tardar. Le halaga, sobre 
todo, el hacerles- saber que tiene la nación grandes 
amigos en el exterior, que Inglaterra se inclina a 
su favor y que se están reuniendo expediciones 
voluntarias que traerán recursos y hombres de 
aquel país para luchar por la libertad de Venezue- 
la- 

Esto no le basta; atento a los movimientos in- 
ternos" de su expedición, organiza una línea de tra- 
bajo naval por miedio de las operaciones de la es- 
cuadrilla del almirante Brión que recorrerá cons- 
tantemente los mares, no sólo en busca de provi- 
siones y pertrechos para el ejército, sino en son de 
ataque contra las fuerzas navales realistas. 

Los dos adversarios están ya con la lanza en 
la mano y la visera calada; el uno, Morillo cubre 
un campo preparado por las organizaciones de la 
Madre Patria durante su dominio de casi 3 siglos; 
el otro, Bolívar, debe moverse en un terreno no 
bien cimentado y que él mismo debe preparar so- 
cial, política, y administrativamente al propio 
tiempo que hace sus aprestos militares. Es por 
demás interesante esbozar, aunque sea a la ligera, 
esta labor del Jefe Supremo antes de suspender 
nuestro trabajo para entrar al estudio de su quin- 
ta guerra. 



474 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



IV 

LA ORGANIZACION DE LA CONQUISTA. 

Después de posesionado del territorio de Gua- 
yaría y de haber fortalecido su autoridad con la 
enérgica*, aunque dolorosa represión de los movi- 
mientos sediciosos que se propagaban al rededor de 
Piar y de Marino, el Libertador se preocupó de 
adquirir prestigios en el exterior y, el 3 de Setiem- 
bre,. v daba un decreto por el cual suspendía sus pro- 
videncias anteriores respecto al bloqueo de Guaya- 
na, dejando subsistente esta medida para la zona 
del litoral entre Gumtená y Puerto Cabello. 

Al tomar esta resolución, declara Bolívar que 
el deseo de la República Venezolana renaciente es 
abolir todos los monopolios y todas las trabas im- 
puestas al comercio por el gobierno español; pe- 
ro al propio tiempo no olvida que la nación nece- 
sita de recursos y dice que, mientras se prepara 
un programa racional de tributo seguirán rigien- 
do las antiguas contribuciones, mas aplicándolas 
con un criterio de estricta justicia y de igualdad 
para- todas las naciones del orbe que quieran be- 
neficiarse en su trato mercantil con Venezuela. 

Si atiende al régimen exterior, por decirlo así, 
de la Hcienda Pública venezolana, no descuida lo 
que es más importante, el sistema interno de re- 
cursos, en el cual no solo va a fundar la economía 
fiscal sino todo un programa de unión política por 



LAS GUERBA& DE BOLIVAR ' 4%& 



medio de los intereses que va a crear, conectando* 
a los patriotas, arraigándolos por mejor decir al 
suelo venezolano que va a dividir en parcelas para, 
distribuir entre los buenos servidores de la nación 

El mismo día- 3 de Septiembre, en que suspen- 
cláa el bloqueo del Orinoco dictaba un decreto de 
confiscación y de secuestro que dice: 

"Todos, los bienes y propiedades muebles e 
"inmuebles de cualquiera especie, y los créditos y 
"acciones y derechos correspondientes a las per- 
donas de uno y otro sexo que han seguido al ene- 
"migo al evacuar este país, o tomando parte ac- 
tiva en su servicio, quedan secuestrados y confis- 
*'cados a favor del Estado y se pondrán desde lúe- 
"go en arriendo, administración o depósito, segúm 
"sea su naturaleza. " 

El Libertador no desea que quede la menor 
duda sobre este particular y define las propiedades 
a las cuales se extiende el secuestro ; ellas son to- 
das en la mas amplia extensión de la palabra, son 
los créditos, los títulos, los derechos, y hasta las 
simples acciones de los enemigos. 

Quiere Bolívar dar una muestra de su espír 
ritu de justicia y, a fin de no lastimar derechos 
ajenos, establece que el Estado, que secuestra y 
confisca las propiedades enemigas toma sin embar- 
go sob^e sí todas las cargas inherentes a las pro- 
piedades, sea que ellas provengan de deudjs hi- 
potecarias, de vínculos familiares, de capellanía 
o de simples fundaciones piadosas. 

La República que se formaba en aquellas le- 
janas placas del Orinoco daba desde 1 sus primeros 
pasos una muestra práctica de los principios que 



476 



FRANCISCO RIVAS VICÜÑA 



profesaban sus hombres; aquellos que se habían 
inspirado en los lemas de justicia de los filósif os 
del siglo XVIII, los sancionaba en la práctica y, 
en cuanto al poder público caía en sus manos, apli- 
caban estas normas de justicia social, por cuyo 
mérito iban a triunfar, pues el pueblo cualquiera 
que fuera su ignorancia de los ideales, haría de ins- 
tinto la comparación entre las leyes de Bolívar que 
conquistaba para la colectividad y las disposiciones 
de los monarquistas que usurpaban para beneficio 
propio. 

Bolívar no había dictado este decreto como una 
simple declaración de principio sino con un propósi- 
to de organización a la cual daría remate tan pronto 
como pudiera elegir los hombres adecuados para rea- 
lizar esta obra y para reglamentar su práctica. Vein- 
te días después de anunciada la idea, nombrado el 
tribunal de Secuestro compuesto de un Presidente, 
dos Ministros, un Fiscal y un Secretario ; daba la di- 
rección superior a Francisco Antonio Zea, en cuyos 
conocimientos tenía plena confianza, y, para evitar 
cualquier error dictaba en el mismo día el reglamen- 
to al cual debía sujetarse el Tribunal de Secuestro. 
(39). 

Constituida esta fuente de recursos para el Es- 
tado apreciada en líneas generales su cuantía, el Li- 
bertador le da el destino que buscaba dentro de una 
programas políticos y el 10 de Octubre del año 17, 
trasladado ya a su cuartel general de las fortalezas 



(39) — O' Learyv Tomo XV.— Documentos 183—191— 
192. ^ 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



477 



de Guayaría a la Angostura dicta un decreto cuyo 
fundamento diee : 

" Todos los bienes raices e inmuebles que se han 
"secuestrado y confiscado, o deben secuestrarse o 
"confiscarse, y no se hayan enajenado, ni se puedan 
"enajenar a beneficio del erario Nacional, serán re- 
partidos y adjudicados a los generales, jefes, oficia- 
les y soldados de la República.' 7 

En esta disposición del Jefe Supremo se estable- 
cen las proporciones que corresponderán a los miem- 
bros del Ejército de La Patria según sus grados y, 
dentro del espíritu práctico de Bolívar a fin de evi- 
tar descontentos entre sus hombres y dar confian- 
za a lor; militares, constituye al lado del Tribunal 
de Secuestro una comisión especial que tenga la 
super vigilancia en la adjudicación de bienes na- 
cionales; la elección de hombres que para estos 
hiciera Bolívar indica una gran previsión, pues en 
esa comisión estaban el presidente Zea del Tribu- 
nal de Secuestro, Don Fernando Peñalver que era 
de tolos respetado y a quien el propio Bolívar pro- 
fesaba especial distinción, y finalmente el General 
Manuel Cedeño representaba los intereses del ejér- 
cito. En esta ocasión, como al organizar el Tribu- 
nal de Secuestro, el Libertador trataba de inspi- 
rar confianza, la qu^ debe merecer un gobierno or- 
ganizado, y a fin de evitar todo abuso reglamentaba 
las atribuciones del cuerpo administrativo que aca- 
baba de crear, completando de este m/odo la base 
económica del proyecto con las reglas de justicia 
para ejecutarlas. (40) 



(40) O' Leary, Tomo XV.— Documentos 222, 256 y 257. 

31 



478 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



Si le interesaba la suerte de los hombres de ar- 
mas que eran en realidad la más prominente re- 
presentación de la patria que nacía, no olvidaba 
sus obligaciones de gobernante para con toda la 
colectividad y formaba, el 6 de Octubre de 1817 
todo un sistema orgánico de administración de jus- 
ticia, en sus diversos grados de iniciación en los pro- 
cedimientos y apelaciones en diferentes grados a fin. 
de subsanar los errores posibles en la discusión de in- 
tereses entre particulares. No sólo las causas civiles, 
le interesaban; los litigios comerciales, que necesi- 
tan una rápida substanciación, le sugirieron la crea- 
ción de un tribunal especial para administrar justi- 
cia a los negociantes, como él los llama en su decre- 
to de 7 de Noviembre, promulgado en Angostura- 
Organiza el Libertador las rentas y la admi- 
nistración de Justicia, mas esto no basta para dar- 
le a su conquista de Guayana el aspecto de una 
nación constituida y piensa en todos los demás de- 
talles de organización civil y aún de Gobierno Lo- 
cal. Con este objeto dicta en 15 de Octubre una 
orden administrativa que divide a la provincia do 
Guayana en tres departamentos, designa sus jefes> 
les fija normas de procedimiento y reúne todo es- 
te sistema en el centro, en la capital de Angostura 
a la cual, atendiendo a su progreso, dota de un 
Municipio que será elegido por las personas de 
la más responsabilidad moral. Según el decreto 
constitutivo del gobierno Local de Angostura, los 
Municipales serán elegidos por los padres de fa- 
milia que sepan leer y escribir, sin hacer ninguna 
distinción de jerarquía social, ni de bienes de for- 
tuna y ni siquiera de razas. Esto la aplicación 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR * 479 



más amplia de los principios democráticos del mo- 
mento; era también la que más solidez y presti- 
gio podía dar al organismo que se creaba. (41). 

En los dos meses posteriores a su triunfo de 
Guayana, el Libertador había dado formas a to- 
dos los servicios públicos y, por cierto no había 
descuidado al más importante de ellos por el mo- 
mento, al ejército cuyo Estado Mayor organizaba 
por decreto de 24 de Setiembre, en una forma con- 
cisa que sería, hasta hoy un modelo para redactar 
una ley orgánica de la defensa nacional, en la cual 
se consultaron a la vez las necesidades del servicio 
y las garantías de los servidores- El artículo 5 
de este reglamento dice que todos los jefes y oficiales 
liarán su carrera en el Estado Mayor y obtendrán sus 
ascensos por rigurosa antigüedad, lo que no obsta 
-para que, como lo dice el artículo 4 se den empleos a 
quienes lo merezcan por sus méritos, servicio y 
aplicación . Las dos reglas níodernas de la carrera 
militar, la antigüedad y el mérito, prevaleciendo 
tal vez lo segundo sobre lo primero están consulta- 
das en aquel decreto orgánico que Bolívar dictó 
TDajo el sol ardiente del trópico, tendido, tal vez, 
«n alguna hamaca suspendida de los morichales de 
Angostura. (42) 

Gradualmente desde la reglamentación sobre 
la propiedad y su distribución, desde la organiza- 
ción de la justicia en los ramos civiles y de comer- 
cio, desde la creación del núcleo fundamental de 
su ejército, desde dar formas administrativas al 

(41) O* Leary. Tomo XV.— Documentos 217 y 236. 

(42) O* Leary. Tomo XV.— Documento 195. 



FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



gobierno Local, va ascendiendo el Libertador po- 
co a poco en su programa metódico y el 10 de Oc- 
tubre crea un Consejo de Estado que tendrá la 
siguiente composición: El Jefe Supremo de la Re- 
pública, el Almirante de las fuerzas navales vene- 
zolanas, el Jefe de Estado Mayor General, el Pre- 
sidente y los Ministros de La Alta Corte de Jus- 
ticia, el Presidente y los Ministros del Tribunal 
de Secuestros y los Secretarios de los tres depar- 
tamentos en que se divide la Administración Pú- 
blica, a Saber : Estado y Hacienda, Marina y Gue- 
rra. Interior y Justicia. 

Así como Bolívar dio una base popular al Go- 
bierno Local de Angostura, fundándose 'en que 
era posible la intervención electiva de los padres 
de familia, no pudo dar una plataforma análoga 
al Gobierno General de la República porqüe el 
resto del territorio estaba, o bien bajo el dominio 
realista,, o en el período transitorio de ocupación 
por los guerrilleros patriotas. La convocatoria de 
una asamblea representativa en semejantes con- 
diciones no tenía carácter alguno de seriedad y 
el Libertador, dentro de la mas amplia concepción 
de la honradez de conciencia, formó su gobierno 
con los directores de servicio y explica la sitaa- 
eión en los preámíbulos del decreto diciendo: 

''Considerando que es imposible establecer por 
(i ahora un buen Gobierno representativo y una 
"Constitución eminente liberal, a cuyo objeto se 
"dirigen todos mis esfuéros y los votos más ár- 
" dientes de mi corazón, mientras no se halle li* 
"bre y tranquila la má$ór pafte del territorio de 
"la RepáMicav especialmente la capital y desean- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



481 



"do que las providencias importantes, reglamen- 
tos e instrucciones saludables que deben entre- 
"tanto publicarse para la administración y orga- 
nización de las Provincias ya libres o que se li- 
"berten, sean propuestas, discutidas y acordadas 
"en una asamblea, que por su número y la digni- 
"dad de los que la compongan merezcan la con- 
6Í fianza pública, he venido en decretar y decreto 
"lo siguiente:" 

El 10 de Noviembre del año 1817, convocaba 
el Libertador al Consejo de Estado en la ciudad 
de Angostura bajo su presidencia y ante sus miem- 
bros exponía breve y sumariamente, en una media 
docena de líneas bien precisas todas las vicisitu- 
des de Venezuela hasta llegar a la constitución de 
esta asamblea que se encargaba de la administra- 
ción del territorio conquistado y de la dirección 
de futuras conquistas. Allí estaban Francisco An- 
tonio Zea, Carlos Soublette, el Almirante Brión, 
Jóse Antonio Anzoátegui. Tomás Montilla, Fernan- 
do Peñaíver, Antonio Díaz el vencedor de Pagayos, 
Hernández jefe de la caballería, Mateo Salcedo 
Juan Francisco Sánchez, José TJcróz, José Manuel 
Olivares. Fernando Galindo, Francisco Conde, Jo- 
sé España, Luis Peraza, Manuel Bremont, José 
María Osa, y Vicente Lecuna, en una palabra to- 
dos los funcionarios que tenían a su cargo los ser- 
vicios públicos desde la marina como Brión,' el 
ejército como Soublette y las rentas como Lecu- 
na. 

Tras del brevísimo exordio que hemos recor- 
dado, el Libertador decía a los asambleístas: 

4 'El Tercer período de Venezuela no había pre- 



482 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



"sentado hasta aquí un momento tan favorable, 
"en que se pudiese colocar al abrigo de las tempes- 
"tades el arca de nuestra Constitución. Yo he 
''anhelado, y podría decir que he vivido desespera - 
"do, en tanto que he visto, a mi patria sin Constitu- 
"cion, sin leyes, sin tribunales, regida por el solo 
"arbitro de los mandatarios, sin más guías que sus 
"banderas, sin mus principios que la destrucción 
"de los tiranos, y sin más sistema que él de la in- 
" dependencia y libertad. Yo me he apresurado, 
"salvando todas las dificultades, a dar a mi patria 
el beneficio de un Gobierno moderado, justo y le- 
"gal. Si no lo es, V. E- va a decidirlo: mi ánimo 
"ha sido establecerlo." 

Renueva en esta ocasión los mismos principios 
que sostuviera simepre, los de un Gobierno Cen- 
tral que hiciera de Venezuela una nación, una e 
indivisible. , Se refiere en especial . a la asamblea 
de Margarita del 6 ele Mayo de 1816 y dice que la 
doctrina de aquella reunión ha sido sancionada por 
Jo.s p ueblos y por los ejércitos que han combatido 
por Ir libertad y que desde el primer momento de- 
searon la constitución de un poder ejecutivo efi- 
caz. Esto estaba ya realizado y solo faltaba com- 
pletar el organismo por medio de una autoridad 
legislativa y otra judicial, bajo cuyas reglas y fis- 
calización iban a desenvolver sus actividades las 
diferentes secciones administrativas. 

Los principios manifestados por el Libertador 
en este discurso ante el Congreso de Angostura 
son los mismos del manifiesto de Cartagena en 1813 
idénticos a los que profesara en 1815 cuando reali- 
zó la incorporación de Bogotá al régimen general 



LAS CÜER'&AS J\B BOLÍVAR 



483 



de las provincias granadinas.; esta continuidad de 
pensamiento dentro de un programa acertado no 
puede ser sino el fruto de una buena preparación 
doctrinaria y de una constante reflexión sobre los 
fenómenos sociales que él "debía dirigir con las nor- 
mas políticas derivadas ele aquellos conocimientos 
y de estas meditaciones^ 

Durante los 3 años trascurridos desde ta caída 
de la segunda Tepúbliea venezolana hasta Ta for- 
mación del tercer Gobierno en Angostura, la vida 
<lel Libertador ¡Baé una serie continua de acciden- 
tes, de tragedias, de fracasos militares de su per- 
sona y de exilios guerreros de los programan <jfíe eí 
mismo trazo y <!fe cuya ejecución le apartó la fortu- 
na ; pero si es variable, como el viento de las tor- 
mentas la vida del Libertador durante estos tres 
años, es fija, -como la luz de una estrella de primera 
magnitud, la concepción política de la cual no se 
aparto fainas y que debía llevarle por la fuerza 
misma ele los principios a vencer las dificultades áé 
3a naturaleza, <a dominar a los caudillos y a obte- 
ner el mayor ríe los triunfos que puede conseguir 
un hombre en vencerse a sí mismo, a fin de servir 
de punto de apoyo a una idea superior, la cual no 
puede triunfar sin que sus tenedores se despojen 
de toda ambición y de todo amor propio, pasiones 
que malgastan el esfuerzo que es debido por en- 
tero, a la causn que se defiende. Esta es a nuestro 
juicio durante este período la gran característica 
del Libertador; si se nos permite una comparación 
sacada del dominio de la mecánica él funcionaba 
como una máquina que tiene el máximún de ren- 
dimiento, porque no gasta energías en rozamientos 



484 



FRANCISCO SWáS VICUÑA 



inútiles; Bolívar se despojó de todos estos; frota- 
mientos que podían absorver fuerzas que, ¿entra 
del sentimiento de su responsabilidad, tenía con- 
sagrada por entero a la Patria;: en Carúpaiw so- 
portaba las afrentas de JRivas y de Piar, en (3ui- 
íia sufría las humillaciones de Marino y de Bermú- 
éez; y entre ambos días dolorosos había tenido 
el horrible sufrimiento de las contrariedades que 
le impusieran Manuel Castillo y Mariana MonfiHa 
ante los mnros de Cartagena. 

Con su constancia había triunfada de todo y 
sin halagar jamás a las masas, sin adular a los 
grandes, tampoco por el solo imperio de su volun- 
tad inspirada en los principios sanos de la demo- 
cracia, había salvado todos los escalios que el des- 
tino le pusiera en su senda y al fin tenía un terri- 
torio venezolano, tenía comunieaeianes con el ex- 
terior, tenía un ejercito disciplinada e iba a tener 
un pueblo que lo siguiera. 

De hoy en adelante a pesar de algún fracasa 
inevitable Bolívar va a ser el jefe indiscutiblemen- 
te aceptado y, si antes las gentes temían su in- 
fluencia ,ahora los pueblos iban a acogerse a su 
amparo protector. 

Hay en Venezuela un árbol que se llama boca., 
re que tiene la fama de poseer una sombra bené- 
fica; cobijadas bajo los bucares se cultivan las 
plantas de café y, permitiéndonos un recuerdo per- 
sonal, vamos a referir lo que nos contara un Gene- 
ral venezolano Don Manuel Antonio Matos. Pa- 
seábamos un día con él por Antímano, tierra que 
fué teatro de los heroísmos de José Félix Eivas 
cuando defendía a Caracas en 1814, y nos m,ostra- 



LAS GUERRAS DE BOLIVAR 



485 



ba unos hermosos bucares de su jardín, diciendo- 
nos : 

''Bajo estas matas de sombra bienhechora co- 
gioca mi jardinero todas las plantas enfermas que 
" quiere curar." 

No pudimos sino verificar la realidad del he- 
cho; cuanto había bajo la sombre del Bucare es- 
taba sano y robusto y nos dimos a meditar sobre 
la causa de esta preservación del árbol gigante 
y, sin buscar ningún dato científico, nos saltó a la 
vista un fenómeno raro en las vegetaciones de los 
trópicos- El árbol gigante, en medio de la vege- 
tación más pobre que lo rodeaba, alzaba su tron- 
co amarillento, rugoso; pero fuerte y libre de pa- 
rásitos, ni siquiera las flores de mayo, como lla- 
man en Caracas a ciertas orquídeas se prenden a 
su tronco. 

' Al contemplar este cuadro caraqueño no pudi- 
mos sino, por la más simple asociación de ideas, 
comparar a aquél árbol sano, de raices profundas 
y de follaje protector con aquel hombre de conoci- 
mientos profundos de espíritu elevado e inspira- 
do en la responsabilidad, que son com(o el manto 
que los estadistas de verdad tienden para cubrir 
a los pueblos que creen en él; no pudimos menos, 
volvemos a decir de recordar ante aquel árbol aque- 
lla otra figura, inmensa, sana, que se libertaba de 
parásitos por su propia fuerza y a cuya sombra se 
iba a desarrollar un pueblo nuevo, la nación vene- 
zolana que Bolívar creaba finalmente después de 
su triunfo de Guayana. 

Le dejaremos, por ahora, allí después de haber 
formado el alma venezolana en las campañas de 



486 FRANCISCO RIVAS VICUÑA 



1813-1814, después de haber creado la patria vene- 
zolana en 1817, para seguirlo en su concepción 
más alta del futuro, en la formación del grupo de 
naciones que se llamó la Gran Colombia, y hacien- 
do resaltar en este análisis los métodos construc- 
tivos de este genio sud-americano que iba, poco a 
poco, creando los materiales, fabricando los muros 
hasta llegar a constituir un edificio cuya estruc- 
tura, vacilante en los primeros tiempos por la rá- 
pidez de la construcción, se va afirmando poco a 
poco en mérito del principio general de unión de 
solidaridad y de responsabilidad de Amíérica an- 
te el mundo, que fueron las normas directivas de 
Simón Bolívar. 



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