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Full text of "Las vidas paralelas de Plutarco"

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MAMUEU F. BARRANCO 



V, Z. 



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MANÜEU F. BARRANCO 



PLUTARCO 

VTOAS DE LOS HOMBRES ILUSTRES. 



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MANUtlj.F. lARRANCd 
LAS VIDAS PARALELAS 

^, , DE PLUTARCO, 

TRADUCIDAS DE SÜ OEIGmAI< GRIEGO 

BN LENI^XTA CASrrLtANA 



POR EL Sm. D. ANTONIO RANZ ROMANILLOS^ 

niDjurimao de vomso dz zas jCADSiáAS Msfaíola y dm 

LA msTORJA% r COJBFStLtAMJO DK LA VM MBLMS AJBTtS 
DÉ SAJT nMITAirDO &C* 



TOMO n. 



c-V^^abna.:^ 



EN LA IMPRENTA REAÜ 

AKO PE 1 83o. 



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CONTIEHE ESTE TOMO LAS VIDAS 

DB 

AtCIBtADBS T 

COmOLAKO. 

TIMOLBOV T 

PAI7LO EMILIO. 

PBLOPIDAS T 

MARCELO. 

ARISTIDBS T 

CATÓN EL MAYOR. 

FILOPEMBN Y 

TITO QTJIKTO FLAMINIO. 

PIRRO Y 

CAYO MARIO. 



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PARALELOS DE PLUTARCO, 
ó 

VIDAS COMPABADAS. 



Ei 



ALCIBIADES. 



Á linage de Alcibiades sube hasta Eurnsaces el de 
Ayax , que pwxce cootarse como sií primer abuelo. 
Por parte de madre era Alcmeonida , hijo de Deis- 
Qoro.^qa la de Megacles, Su padre Qinias peleo glo^ 
riosamente en el combate d^ Artemisio en nave ar^ 
mada á sus expensas ; y murió después peleando con 
los Beocios junto i Coronea. Fueron tutores de Al- 
.cibiades Feríeles y Arifron, hijos de Jantipo, que 
tenían con ¿1 deudo de parentesco. Dícese » no sin 
fundamento, que la ÍQclin^ton y amistad que le 
profeso Sócrates contribuyó, mucho para su gloria, 
puesio^que de.Nicias y Demóstenes, Lamaco, For* 
mi<?n, 'Y aun de T^a^íbulo y Teramenes, ni siquie- 
ra sesaoe cónjLQ se .Uan)Aron^^us madres; cuando de 
^Alcibiades sabemos. quién. fup su ama de leche, que 
la fue<tjna Lacedemonla llamada .Amidas, y que 
fu^ ^ ^yo: ZopirO'i dándonos de lo uno razón An- 
tístenes^ y 4^ lo otro j^la^oa» , Acerca de la belleza 
de Alcibiadi^ no hay -mas que decir, sino que flo« 
-recIendo(ia xle su s^pibl^nte /sí^ toda edad y tiempo, 
de rviño, de. jovencito y de varón , le hizo siempre 
aijiable y gracioso: pues loque dijo Eurípides , que 
en^ todos lofqiieson(hernK>soses también hermoso el 
otoño, upes asi, y solo en Alcibiades y otrps po- 
icos se yjerifiqópor la finura, y buena conformación de 
su rostro. A su voz dioea que le díó cierto atractivo 
.el ser^ cecfoso> y que á su habla este mismo t^rta*- 



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8 . . . A.LCJBIADBS. 

mudear la hacía muy grados^.* Mace mencióa ISrís^ 
tófanes de su tartamudeo ^en aquellos versos en que 
zahiere á Teoro : '. > 

Con tartamudo acento Alcibiades 

Me dijo láégó 9 ¿vistes ;£ Teólo i ; 

Yo cabeza de cuelbo le apellido. 

Ceceó asi Alcibiades belfamente. 
Y Arquipo , haciendo también escarnio del hijo de 
Alcibiades, tiene^ dice, el andat'de hombre afemi- 
nado j con la ropa, arrastrando , y pftra que, se . {e 
tenga por nías parecido ál padre « 

£1 euélló tuerce , y háWa ceceoso. " •' {]■ 
Sus" costumbres con el tiempo, coma no- p6diii 
mecos de ser en tan extraordinarios acontecimiento* 
y en tan tai vicisitudes de la' fortuna, tuvieron grffá- 
'des contrariedades y mudaózas; mas estando por 
su índol? sujeto á muchas y agrandes pasiones, las 
que mas sobresalían erab te sooervia y laambicioa, 
como lo Convencen sus líechos pueriles de que hay 
memoria. Luchaba en üni oc&sfón , y viéndose nítíy 
-estrediado pór'el.coritraifTé', al'fiempoque hacia esH 
fuerzos para no- Caer, levantólos brazos deteste que 
le opriniian , y pareciáque iba á comérsele las'ma-^ 
nos. Soltó entonces el contrario , y diciéndóle muer- 
des, ó Alcibiades, cohio te§ inugeres; no áfe mia» 
le replicó, sino como los íeonesi Siendo todavía pe- 
queño jugaba a los dados en un sitio' estrecho } y 
cuando le tcicó tirar venía por álli un carn6 cargado; 
gritó al instante al carretero que detuvierael ^anado^ 
porque iban á caer los dados en el pasá^l carro; 

}r como por rusticidad 66" hiciese caso,' y fuese ide- 
ante, los demás muéhhchbs -sé apartaron 5 pero Al- 
cibiades , arrojándose boca abftjo delante del gaiñafdo 
y tendiéndose á la Iftrga* y le gritaba que 'pasaíé en- 
tonces si quería; de modo qtie el cartetertíHfémeroso 
hubo de hacer cejar ; y los que presenta «é halla- 
i>an, espantados prorumpíeron en ;gritos^ y corrie- 



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ron hacift él. Ciiándó y tí se dedfeé i tas honeeus 
disciplinas , oía cqn pUoer á todos los demás maes- 
ti^s; p^ro itoéüt \2[ flauta se resistía, diciendo que 
iera ejercicio feo é linptopio de honubres libres; y 
qw el liso del plectro y de la lira en nada alteraht 
la figura y semolanteii qne anunciao un hombre in«* 
genuoj 'cuando fá-cáraíte t)n hombre que hindie 
Con sú boca las iáutas y apenas pueden seconocerk 
sus mayores amtgo^; y ademas» que b lira resoens 
y acompaña en ¿t canto 'al que la cafíe; mm la flan* 
Ta cierra la bocay y obscruye la vos* y el habla del 

3ñe la usa. Ta&an pues la flauta , decíanlos bifoi 
e los Tebanos^ pues'ique no saben*^ conversar: mu 
^Ka^otros los Ateúien»es^,^modittf»hiiestros padres; 
•«aramos á Minerva cómo iiutitivi soberana i y i 
Apolo como nuestro conípatriom; yes bien samdó 
qfue aí^lk ti^ toltamá, y que este hisd desoUmr 
ai que la tocaba; Con ' tales burliis * y tales- veras se 
aparté Alcibtádes á si mismo , y ' aparto ' i f los otroa 
^át aquel estudto i- pbtj^ue luego corrtd ia voz entre loa 
jóvenes de qae hacia muy bien Alcibiades en des* 
acreditar aquella habilidad 9 y en borlarse de los que 
la aprendían'^ ad' enteramente fue ridiculizada la 
'flauta y de^terra^ar del número de las ocupacionep 
ingenuas* -'; * ' .••.!.'' 

Sn el libro de invectivas de Antifo{» ^ refiere^ 
"^ue siendo mtichádio abapdonó se casa, y se fue i 
ía de Democrates y uno de sus amantes. Quería Ari^ 
fron hacerle pregonar ;| pero Perícle!?no se'lo permi- 
tió, porque si había mí uerto , solo se ganaría con el 
-pregón que sedfcsfcubfíese un diá' 'antes ; y si estahá 
«salvo ) era preelijo tenerle por perdido para toda h 
▼ida. Dícese alli ademas^ que en la palestra de SU 
burtio mato á uno de sus criados , sacudiéndole con 
-un palo. Mas no-es cosa de dar crédito á tales espe« 
Cies^, que él mismo qué por zaherir usa de ellas^ 
fecQuoce ser movido a divulgarlas pon enemistad. > 



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Desde luego tie dedicaron.muchos di^ los prjarr 
eipales á seguirla y obseqpjeíJ^; .pero ^ra bien claro 
qne lá máyót , piíf te de ellos fiO;.9dmlrál^n o¿ balart 
gabán atta rcosa ' qne lo » l^llo ,de su . figura :> solo el 
amor de Sócrates nos da uji in4u4dl>le t^stiunoüio. á^ 
su virtud y' de* su índole genierp^^r.Advertia <que.es^ 
taf se ihanifestabft y resplaodecia.en sa semblante.) .jr 
temiendo k su riqufza<| :al eu>kind<^ de s^^odg^y • J 
á iamíschéduaihfe, de cittdaaafi<>$ri)&Jbrfi9tQf06^!; j 
de aliadesque.uatabaa deiapoderaarse. de.éljiéon.sas 
lisonjas ^ su»; obs^qDios ^ /se. ^prpppso defenderte y 
no'desainpas^irls »i(:ofl90 i|tia pltñt^^ue ea :fl^ jm 
á: perder. yr.Tlcíafi ^'.nativo: ifculo» Pprque éñ nada Ja 
fortuna le . fueirtan ^viurableL^» le. pertrechó tfutfo 
exteríorment^ eoiif j Ig^^ {que ..Uama«)o^; bienes y ^cptftp 
toálhabea^lj faechqrppr: medio de-jl^ ^losofia iayiíjtf dr 
xabie j1 tmphsiblo é losdichQSMmofdjK:^ y qáiistici^ 
«senté libres.de tai^tos:oomo de$de^<jl¡ principia .^ 
propusi^rón^eox^omperle^ y ,r^raepkí;d^óii: i sua0>o« 
séstador \y maestro; y asi esque/á.^pe^ar de;jtodat 
por la bondad-de ^u índole hizo.cí^níícímtemp cóii 
fiócrates > y se estrejcho coftiál ,. ápprííifldoidejsLá los 
ricos y distinguidos amadores. Enlt&ó pMesf,muy lu^e- 
go en suíconñkneit,; y oyendo'Iaul^Qv^de ttn amador» 
que no andaba á caza de placeres indignos., oi^ soli- 
citaba indecentes caricias., sino.qiife le,ediabat en ca- 
ra los vicios dejsnalma.^ y teprl)»itf .su yano y necio 
orgullo, ■ . . :r • r .. ' , <> . I 

Gomo •g^Uo.tepcIdo en, la pelea j 
i. Dejdicaer acobardado el;,ala. . ,' r 

Veía en esto k obra de Sócrates; pero en la realip 
dad la reputaba ministerio de los Dioses en beneficio 
y Salvación de los jóvenes, Desconfiándose pues- de 
ai mismo; mirando á aquel, con admiración ; apre^ 
•ciando su- benevoioncia , Viacatandosu virtud, ior 
sensiblemente abraesó el ídolo delamor , ó según ex- 
presión ^ Platocí , el contiramor » o amor correspoar 



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¿ida Manrvitlibaiise todos por unto de verle oéncr 
con Sócrates, y ejerciurse y habitar coa 4i^ mien-» 
tras que se mostraba con los demás amadores^ iapem 
y desabrido; y aun á alrainos los trataba» con abaf 
ntría^ como á Anito el oe Antenúon. Amaba este í 
Aícibiades, y teniendo á ceoar á unos haéq)edes k 
convidó al'banquete: rebosó ^1 d convite $ pero hm^ 
biendoea casa bebiiio largamenee con otros aiúgOK^ 
fuese á casa de Anito para darle un cbasoot ^púsMé 
i la' puerta del comedor, y viendo las mesas llenas 
de fuentes de plata y pro, dio orden á los criados 
de que núnaran la mitad de todo aquello, y-se- Ii| 
llevaran á casa: esto sin • pasar de allí , ' y antes < ás 
retiró con los criados. Pporumpieron los huéspedes 
en quejas, didendo que Alcibiades se habiá pisrta^ 
do injuriosa 6 indecorosamente con Anito ; mas eses 
respondió I ao'sino con mucha equidad y modera- 
ción, pues qñe habiendo sido dueño de Uevirseb 
todo, aun nos ha dejado parte» 

Asi trataba á los demás amadores; sofauípients 'Í 
ano de la campiña, hombre según dicen ide'pooos 
haberes, y que todos los iba enajenando > como* lo 
que le quedaba , que montarla á cien pesos,', lo pre^ 
, sentara á Alcibiades, y le rogara que lo rextsibieset 
echándose á reír, y celebrando el caso, lo convidó á 
cenar. En ellnnquete, mostrándosele benigno^ levóla 
vio su dinero , y le mandó que al dia siguiente exce- 
diera en la postura á los arrendadores de los tributos 
públicos , pujándoles las que hiciesen : resistíase el aU 
aeano, porque el arriendo, decia, era dé muchos 
talentos; ma^ le amenazó que le haria dar nna pali^ 
za si así no lo ejecutaba^; y es que entonces tenía 
pleito con los asentistas en reclamación de algunos 
intereses propios. Fuese el aldeano de madrugada i 

I I El ésUterpitfpy que jro Traduzco /fx^, valia 

poc<) meaos qa^^tiuestro peso sencillo. _ 



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Xt ALCIBIADBSr 

h piaz» f j añadió á la postura un talento. VolvU^ 
ronsel mirarle los asentistas , é indignados con él 
Je n^andaron que diese fiador , dando por supuesto 
que no Je sncontraria; y efectivamente íl se quedo 
cortado /é iba á retirarse; pero Alcibiade3^ que sq 
hallaba á alguna distancia , gritó á los n^a^strados, 
esQribase ipi nombre » porque.es mi amigo, y yo le 
fy}0 M :QÍ£ esto Igs^asentistas no sabiaa qué. apartido 
tornar^ estando acostumbrados á pagar los prime*- 
lot asientos con los ^roduc^os de los .siegundos: asi 
niíigUAa salida le vmh á aquel negocio. Trataron 
pueS'Con .al aldeana de qjue se aj^rtaia^ o&eciéndole 
dinero, mas Alcibiades no le dejó que se contentara 
con m^nds de un talento. Diéronsele.aqiieliosy y él 
le miando que lo. tomara y se volviera á- su casa: 
de^ániloie socorrida pOTieste medio. . 
- í/.cEste amor de Sócrates tenia muchosí que le hi- 
cieran oposición; mas lograba sin embargo dominar 
á Alcibiades por este buen natural; fijándose en vi 
ánimo los discursos de aquel, convirtiendo su cora- 
ron, y arrancándole lágrimas: aunque habia ocasio^ 
néS'.en que cediendo á los aduladores que le llsongea*? 
ban con placeres, se le deslizaba á Sócrates^ y ca-!- 
ino- fugitivo tenia que cazarle : pues solo respecto 
de él se: avergonzaba , y á él solo le :tenia algua 
temor ^ no dándosele nada de los demás. Decía pues 
Cleantes que este tal amado era por los oídos por 
donde de Sócrates habla d& ser cogido>; cuándo á los 
<^tros ^amadores les presentaba^ muchos . anderos, i 
^ué aquel no podia echar- mano: queriendo indicar^ 
el vientre , la lascivia y la gula , porque realmente 
Alcibiades era muy inclinado á los deleites : dando 
de esto bastante indicio el que Tucídidés llama des- 
concierto suyo en el régimen ordinario de. la vida. 
Mas los que trataban de pervertirle, de loqueprin- 
dpalmente se valieron fqe de su ambicipn i y de sa 
orgullo , para hajcerle antes de tiempo, tomar parte ea 



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AtCIBIADES. t) 

k» negocios péblicos, persuadiéndole Kjpt lo miaño 
seria entrar en ellos , no solamente eclipsaría á los 
demás generales j oradores; sino qne al mismo Pe** 
ríeles se aveatajaria en gloria y poder entre los Grie* 
gos. G>mo el yerro pues ablandado por el fiíego, 
después con el firio welve á comprimirse , y sus par* 
tes se aprietan entre sí , de la misma manera cuantas 
veces Alcibiades disipado por el lujo y la vanidad 
volvia á las manos de Sócrates j conteniéndole este y 
refrenándole con sus razones^ le hacia sumiso y 
moderado, reconociendo que- estaba todavía 'niiiy 
íklto y atcasado para la virtud. 

Salido ya de la edad pueril fue á la cscoebí de 
un maestro de primeras letras , y le pidid algua It-* 
bro de Homero; mas como respondiese que nada de 
Homero tenia, le did una puñada , y se «urduS» Ya 
otro maestro le dijo que tenia un Homero enmenda»» 
da por él ; y entonces le repuso t ; cómo «nseñiu lu 
primeras letras? ¿Siendo capaz de enmendar i Ho« 
mero, por qué no educas a los jóvenes? Quiso, ca 
una ocasion.vitttar á Feríeles, y llamó á su puerta; 
mas se le informó que no se hallaba desocupado, si* 
no que estaba viendo cómo dar cuentas i los Ate-^ 
ntenses; y entonces se retiró diciendo, {pues M 
seria mejor ocuparse én ver c&nono dadas? Siendo 
todavía muy jovencito , militó en el ejército enviado 
contra Potidea, en el cual tuvo á Sócrates por car ' 
marada, y en los combates peleó i sii ladol Hábo 
una fuerte batalla , enj la que los xlos sohnesalieroo 
en valor; y como Alcibiades Inzbiese catdo de.ima 
herida, Sócrates se puso por: delante y le defendió; 
haciéndose visible con esto 'que ie sacó. salvo y con 
sus armas; y qué por toda rason debia el prez ser 
de Sócrates* Con todo cuando se advirtió que los 
Generales, movidos del esplendor de Alcibiades esta- 
ban empeñados ea atribuirle aquella gloria Sócrates 
para encender masen él el deseo de sobresalid en ac- 



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%6 ALCIBlAX)yB& 

en losxjDidbates'le abxiafi. aaoha puerta pac* I^ro-^ 
ducirse en el gobierilo , mayormente teniendo . mu-! 
dios amigos; pero con tpdo $\i mayor deseó era 
g^nar el ascendiente sobre la. nmchedumbre con la 
gracia .en el decir; y de que sobresalia en esta dote 
líos dan testimonio los poetas cómicos, y tambiea 
el mas vehemente de los oradores, diciendo^ en m 
oración contra Midias, que Alcibiades, entre otras 
IBQcbas:dotes , tenia la de la elocuencia. Y si hemos 
de dar cr¿dita.á Teoftasto ^ el hombre mas investi- 
gado^ ^ y de. mas notician eoítre los filósofos , Alcí* * 
biades sobresalta mucho en la invención y en el ^órr 
siocímiento dé lo que en cada a^ntp convenia; ma$ 
tomo/iKi.solo examinase que era lo mas oportuno; 
$ino también: de qué manera se diria con las voce$ 
j las frases mas adecuadas , carecia de facilidad, 
Y asi tfopéeaba á menudo ^ y- en medio del. periodo 
callaba;y se deienia » para vet cómo babia de con- 
tinuar. ... V 

Hizbse.nmr célebte por los caballos que manu- 
tenía,; y. por el numero de sus carrozas; porque ;ea 
Olimpia qt particular ni rey a%uno presentó jaHias 
siete f sino él solo ; y el haber sido á un. tiempo 
^vencedor: isn-rprimero , seguúdo y cuarto lugar , según 
Toeídidcs , y aun en tercero, según Eurípides , ext 
cede en brillantez y en gloria á cuanto puede con- 
seguirse eh este género de ambición. Eurípides en. sa 
4^lncibn dice asi : A tí te cantarera 6 hijo de Ctínim: 
'ielHsima, cosa es la victoria j fero tnas^k^llo^ lo 
-que ninguno de. las Griegos. alcanzó jamas ^ gatear 
cm carroza el ptimerQ^^ segunda y $ercer fr^aj 
jf marchar coronado d^ oUva dos veces sin trabar 
ja^alguml^ fregfmado vencedor for el heraldo. ,. 
• A >este: brillante vencimiento Íq hizo todavía .mí«s 



I Otras dos veces se adjiídicá el premiosa canozaa 
aviadas poFA(c¡b¡ades¿ sin conctmirélmiimo. * -i 



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ALCIttADCS. Ij 

glorioso el empeíio de los contendores en bónrane» 
porque los de £feso le armaron una tienda guarne- 
cida riquísimamente ; la capital de Quio di6 la pro- 
misión para los caballos y gran número de Turti- 
jaas, y los de Lesbos el vino y demás prevenciones 

fara un suntuoso banquete de muchos convidados, 
iambien una calumnia ó perversidad, divulgiida so- 
bre esta mfsma magnificencia , dio mucho que hablar 
por entonces: porque se cuenta que halliodose en 
Atenas un tai Diomedes , hombre de bien, y amigo 
de AlcilMades y y deseando alcanzar la victoria en 
los juegos Olímpicos, noticioso de que en Argos 
había un excelente carro perteneciente al público , y 
de que Aldbiades gozaba en Argos de gran poder, 
y tenia muchos amigos , le rogo se lo comprase; pe- 
ro que habiéndolo comprado , lo hizo pasar por su- 
yo , y dejó á un lado á Diomedes , que lo sintid^ 
en eran manera , y se quejó del hecho a los Dioses 
y a los hombres. Parece que sobre él se movió 
pleito; y hay una oradon de Isócrates Jel par de 
cabaUos , escrita á nombre del hijo de Alcibiades, 
en la que es Tisías, y no Diomedes , el demandante. 
Era aun muy joven cuando se dio á los negocios 
del gobierno ; y aunque al punto oscureció á todos 
los demás concurrentes, tuvo que contender con 
Feaces el de Erasistrato, y con Nicias el de Nice- 
rato; de los cuales este le precedía en edad , y tenia 
opinión de buen General ; y Feaces, que procedía 
de padres ilustres, y como él empezaba á tener ade- 
lantamientos , le era inferior entre otras calidades en 
la de la elocuencia: porque parcela mas propio pa- 
ra conciliar y persuadir en el trato privado, que 
para sostener los debates en las juntas: siendo, co- 
mo dice Eupolisj 

Diestro en parlar ; mas en decir muy torpe. 
Corre asimismo una oración escrita contra Alci(sía-< 
des y; Feaces, eu la que se dice entre otras cosas, 

TOMO lí. B 



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X8 AIGIBÍADBS. 

que teniendo la ciudad muchas tasas de oro 7 pla-^ 
ta, Alcibiades usaba de todas -ellas como propias jüi 
su mesa diaria. Vivía entonces también un tal Hi- 
pérbolo de Periteo , el cual , ademas de que Tucí— 
' dideshace mención de él como de un hombre n^loy. 
dio materia á tcklos los poetas cómicos para záhe^ 
rirle; pero ^1 era inmoble ¿ inalterable á los. dicte- 
rios y a las^ sátiras ^ ppr un abandono de ^u opinión/ 
que siendo en realidad desvergüenza y tontería 1 al- 
gunos le graduaban de intrepidei: y fortaleza; y. 
este era de quien se valia el pueblo cuando quena 
desacreditar y calumniar á los qui^ estaban en altu- 
ra. Movido pues entonces por este mismo iba á usar 
^ del ostracismo, que es el medio que emplean siem- 

£re para enviar á destierro al ciudadano que se ade^ 
mta en gloria y en poder > desahogando asi su en- 
vidia , mas bien que su temor. Era claro que las 
conchas caerian sobre uno de los tres; y por tanta 
Alcibiades, reuniendo los partidos para t&tt objeto^ 
habló á Nicias , é hizo que el ostracismo se convir- 
tiera contra Hipérbolo* Otros dicen que no fue con 
Nicias, sino con Feaces con< quien Alcibiades ^ 
confabuló^ y que por medio <fe la facción de este 
consiguió desterrar á Hipérbolo, que estaba de ello 
bien ageno : porque ningún hombre ruin y obscuro 
habia hasta entonces incurrido en este género de pe- 
na, como haciendo mención del mismo Hipérbolo 
Ip dijo asi Platón el Cómico: 

Fue á sus costumbres merecida pena ; 

Mas por su calidad de ella era indigno : 

Porque no se inventó seguramente 

Contra tan vil canalla el ostracismo. 
Pero en este punto hemos dicho en otra parte eoaa- 
to es digno de saberse. 

Mas no por festo dejó Nicias de ser un objeto 
de fortificación para Alcibiades , viéndole admirado 
de los. enemigos, y honrado de los ciudadanos; por- 



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^peera AiriMartes público hupadtador de'loi Imo^ 
deiñoaioSf ybabiá obsequiada de cUos á lof.^oé 
habían sido caoriTados «a d eilciiaiim> de Piio$ v 
con todo5 pdroiiepiiiiotpaliii^nt^ habiab coooegitidp 
por medio ^ Nidas que se Üieiése la pas ^ y.M 1¿ 
f esmuyeaea 'los caiítirás, tenían, i '¿Mit, m mayor 
estimacioaty.entre;io$ Griegesuomia Iavo2'de:qw 
si Pericles ios^ había ; hottiUzado 9 Niciás había :des«> 
yanecido la> guerra^ y los mas & esta pas ia Uamap^ 
baa Nioea: por tanto enfadado Alcibiades sobre mar 
aera y ^iudo de oividia , íormó la rcsoludatt de 
xomper el tratado. Y en pcimer'lugar aotieioso de 
que los Aravos, por odio y niiedo de los B$mrdm^ 
tas , buscaban. como aepaiarst. de ellos 9 .les dié te^ 
servadamentresperuifii de que* los Atenienses serian 
en su auxilio , y los alentó , enviando á decir i los 

rincipales del poeblo que no temiesen ni cedieran 
los Lacedemenios , sino que se pasaran i los Ate-* 
menses , y aguardaran lo poco que faltaba para que 
estos muddran. de proposito y y< rompieran lapa^i 
Como en esse tiempo los^Eaeedembnios hubssen 
hedió aliatlaa^conios Beodos:, y. hubiesea restituid 
do á los Atesaenses lardad de Penacto \ noven.pie 
como debían ) sino habiéndola- anse» deruido, hallan* 
do con este motivo indignados iá> 'los Atenielises>; los 
iriritá todavía^mas. Molestaba per otra partera <.Ni*<^ 
^s, y le calumniaba y acusaba coa aparieociayilé 
qu0 estando' con mando , no iquisb cautivar ^pcxr sí 
«nistno á afelios de los enemsgosique habían «ijikU 
«dado en fisfaoteiía { y habiendasido cautivádo^por 
otros y los habiadejado ir ^y entvegidolos, hadaai 
do este obsequio á los Lapedemeaips^ y. también 
^ que siendo tan amigo norécdxSrdé estos/que io 
ae Itgasencón' tos- Beocios' y)Gbrintio9,ly<fée>»0 
-esloiiiáran^u^ 'denlos pueblos: ifiiri^fos se* aikse''é 
liidese adii$fa4 con los Acemieiisea él '^e quisiese^ 
si á l&$jLk(stí3kaÍ0tÁos^ri^ 

B 2 

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ao AEdBIADBlb 

do asi traía áíDtslv traer. á' Niciai, jdtfipüsá la sueri^ 
(e ique yinieseo eriibajador es de Xaoeaeaipma , . .ha«9 
(ijendo por sí proposiciones cquhatiTa»/ y diciendd 

t be traían plenos' poderes* para' todp lo que fuera 
e una justa odnGtkaáioa^ HabialoS' bido ti cons^ 
jOf' yraí dia isi^uienté.ae habia^ de congrejpr el pue^ 
blo^:^.entoncss temeroso; Alcibiades,: manejo que los 
embajadores JiaUasen. con él ; }r. luego, que se avísn 
taron.^ I qué habéis hecho , les dijo , 4 £$parcIatas^ 
¿^podeis ignorar que él consejo trata ^ siempre cod 
moderiacion y humanidad á los^ue se le presentan; 
pero qiie ei^pueblóies altanero^fy tkoe desmedidas 
pretensiones? Si decii que Tenis autorizados para 
icxio^ exigirá, y. querrá obligaros á lo. que no. sea 
de racon: vaya {>ttes, deponed esaiiimia bondad y y, 
si queréis encontrar en los Atenienses njoderacion , .y 
no ser precisados -á lo<}uenp es de vuestro dicta^ 
meií, proponed: lo que os parezca justo » sinqueen«« 
tiepdan que venís ^on. plenos poderes ;:iCoa lo que 
nortendreis de vuestra' parte » por haeer. obsequio. ¿ 
lQsXácedemonios«JDdcIío esto, se les obligó con ju-^ 
rámemoy y enterameote los .apartó .de, Isicias, po-^ 
lúendoen ébsii confianza , y admirando. su penetra;-*- 
cí&n y juicio ^ que 'tto era , deoan 9 de un hombre 
srülgar^ Cóngi^^doial- dia siguiente el pueblo se preh- 
séataron los embajadores , y preguntados por Alci-i- 
tiades con la mayor afabilidad! conque, faculfadea 
Js^emanj respondiarfwque.no. venían con plenos pp^ 
deires; y ai puntarse volvió contra., ellos con griui 
irehemencia el misana Alcibiades> <;orao si fuese .ei 
burlado , y no quien burlaba^ Jta^áodolios de falsíps 
y ¡enredadores , que no podiaa h^r venido i hacer 
ni dedr cosa buena. Irritóse, támbiea contra ellos el 
«enado; el pueblo Semostróijgualn^eni^epfeadido; y 
'Nicias quedó admirado y confundido con la mu^ 
danza que violen los embajadloQes i por ' ignorar d 
engaño y dolo en ^ue se les. había h^hp. caer. . :V i' 



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^ •' I>e^tt<IeiÍescmioertados.asi los Lnedemomorf 
sombrado Aldbiiides General y foinediattmeote Uiq 
á los de Argos, de Mantíoea y de Elea aliados dé 
los Ateniepscs; 7 aunque nadir akbaba el modoy 
se oeld>rabá lo mas maravilloso, de smhaaafia; vto^ 
do muy grande la de haber separado y conmovido 
cad piie(& débirse á todo el Pcioponeso, y ofntesto 
msmtx dia junto íMantinea tantas tropas i los Lih 
cedemonfos^^ybaberfes ido i llevare! combate y el 
?ieQg!ȇ tan iprande distancia de Atenas^ que oom b 
victoria nada ganaron , y si kobiesen sido, vencidos^ 
erit dificH qne Ldcedemonia hiiUera Tuelto en si^ 
Después de esta batalla intentaron los Qutliarcos'^^dci 
Ar^ disolverla democracia, y sojuzgar laciudad^ 
y laun los'«LapedemoBÍos que acadiems contrftmii» 
ytfcn í k eíecodoa de aqod dérigmo-vperotomait» 
do Jas arnuB áarnmdiedumbre!;;! recofaiBÓ la simrio*^ 
rídad , y sc^neüniendo Alcibiísdes -f ademas de ha«4 
ceár masáegum''lá^vfDiiekriadd'^p^ persua<Sx$'á 

este querdilatéra te -gran muHaUav y qñe poniéndose 
eñcontaotOidiaBiefcimdr , acercar» entev^mien tsr su; cÜi» 
dad ai poder híc' los Atenienses; óFTa]o:asinrisnioidf 
Atenas atqmié0te»iy canterosr» lirieles mostrtfidel 
todo inteixsado ^jMDT ellos, ganando «de «stemodo 
favor y podfcf y^no menos panr^sí mismo qué para 
su paiÉéia. d^eiesüadté de la propia manera á h»id6 
Patrás que cot^Lmutallas pmongádas'arrimat^n su 
ciudad a Unmatt.y'éomo alguno dijeto i los Kitren- 
ses:* losfAteniensevi» os ttagarán*: "puede ser, tepu- 
tfyAlábM!9$i mas'sefiá pocoá pfx:b^ y por losjpie^ 
perb io¿ Looedbmoiiitos por la catsíza, y deunavéb 
Acsmsejaba^albpnipio tiempo* ál los Atenienses qiie 
«Uos se pegaran t-ma» á la tíernii- exhortándolos* á 

X Magistrados de Arcos , ^e en la guerra mandaban 
á mil faomMs;:^! ; : : : ^' ^' ; * ^ ' » * 

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12 jaJCTBtXnEÜp ' 

coafiaanfflff cojíTabf ak ch jarametrtü''qh©í en' i^gi€hlo* 
prtítan lost ;6v«nds;. ly- h^^querf j«íial/^$, rxjdeida 
fioatera del Akibaiserí paffiellM cfctrigDcjAac&badai: 
las .v^iñaáy^lbs'oUvosiíaanda iientfndes^ne teádmii 
poD'^ippía.piíiiGÍpáliDeQib la tierra cultivada: yímo^ 

rj' Biíest:op''estos'|c6iáaflo6> y^éstosidücirfsois^; boa 
e$ti pnldénd^v^j «ttacfaabtüdad'^a manejar dos né»» 
^c^os V 'icHniáüniT'adfesan^égladci'^jDjb^^^ wmétctda 
Héf*rida:^reít'cljitebár cyircn ídesérdéi^dos ámofes; 
mfaderfésolúeioirpiij'rj mucha .afeminaciditreii'tragcf 
de d¡i^ei;s6s coioféi<|'íqné afedtadaiiefitp snfastr^ 

^bc¿imufiile8}i3a;h8 ^^'asr-paraidiDmiiír. 4nK>regQh^ 
4atÍM0te^ ]ic¿ipdb«tDS 9obnr& las toblas^'^slnorxoigado; 
dcn£ifB&v7r;i|n^ésqiidb ^»e)9e hiaoBeoo^o^ñ eHf^e 

R¡i9fas0^, >rinoLtiQs€I^iiyÍQ\axqrá M ver 

f^sfsffibcoaasy jfisItBti^dJsúioéiiiiaárcHhmgi^dDB^ 
]9Ba¿!&ía^nii;»ria^r^ ^Herarias^sr»! f /temían su^ osía^ 
día. . jir.m íiiogttfi 'mkraffiient» camÓDtksntcos v • dis-^ 
fíardtad<is<)<!per0rifoix?ri'Tpud)b 8QÍ:ed!aÍDq[iie AJi¿)> 
lidía^t£^'£xprek¿bbeHamen te en etteeitéeáápm : ^ ^ •> 
obcraAoim tibmjfcri k; d[;^sea y. iQtilponiiece;:^ * r; ' > ' ^ 
I/; sq Ma|s ofm'todó^ecntteDerle se ;iR)ip{xiáee; w • t 
%B|ds beibii»]tertisKÍc\ria'en^mVali]SHtíi á^h'; -'r 
i>> iNo criar «Ibloñr^lir mejor fueraijoo ^"¡ » :i 
-¿s-iiiHas-k({i]Btqüe'eni junarle tkiie:gnsfiof^^ : ; •-> 
-.rj-;:.F^crEa''«5üqperánsii^:co«ufiibr5r«éria3<í^ >^í 
jorque siisrflq[n^tx3Km ^^^nsgáatos'Mitd&rcDros;' sQf 
o£ffeqmx)sa ia ^kidaii^ sdperbresór todb poiiderácioh{ 
ebrcsplendor tlfe sai iHiage, el póder;dé' sH'dócüenA^ 
€ia v^ laMbelldsBjd^ to;Íier&6na ^nirsuscfnensas' eorpb^ 
rales juntas con su experiencia en las cosas de la guer- 
ra, y su decidido valor , hacián que los Atenienses 
rió..h' : ^-rnj v ■■: w: .y •'.^ 'J. .;.Kvf?í! - ',' í 
z Era 00 bosque sagrado cerca dcJuMiaf ¿ ^- 



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AlCIBIADEI. 33 

fberan conél iadolgentes^en todo k> demás , y se 
lo llevaran en paciencia, dando siempre á sos extra- 
víos Jos nombres benimiñmos de juegos y mucha- 
chadas. Fue uno de ellos haber puesto preso al pin- 
tor Agatarco, y remunerarlo después con dones, 
porque le pinto la casa : otro dar de bofetadas á Tau- 
reas^ so contendor en un coro, porque le disputó 
la victoria ; y otro asimismo haberse tomado de en- 
&e los cautivos á una muger de Melia, y ayuntan* 
dose á ella criar un niño tenido en la misma ; porque 
también esto lo calificaban de bondad ; y todo, me- 
nos el que tuvo gran parte de culpa en que se diese 
indistintamente muerte á todos los Mellos , defen- 
diendo el decreto. Cuando Aristofonte pintó á Ne-^ 
anea' teniendo á Alcibiades sentado en su regaao^ 
k> miraban , y salían muy gustosos los Atenienses; 
pero los ancianos también esto lo veían de mal ojo, 
como tiránico y violento. Parecía por tanto que no 
había andado errado Arquestrato en decir , que la 
Grecia. no podria llevar dos Alcibiades. Y cuando 
Timón el Misántropo , encontrándose con Alcibia- 
cksá tiempo que se retiraba de la junta pública muy 
aplaudido y con un brillante acompañamiento , no 
jiascS de largo , ni se retiró , como solía hacerlo con 
todos los d»nas, sino que acercándose y tomándo- 
le la mano; Brava ^ muy bun haces \ le dijo, 6io^ 
ven en irtt acreditando j porque acrecientas un 
gran mai para todos estos ; unos se echaron á reir, 
otros lo miraron como una blasfemia; y en algunos 
pit€KÍnio«qüel dicho una completa aversión: ¡tan di« 
íiciltera:£^7mar opinión de semejante hombre por 
la9 costrariedades de su caricter ! 
'. Tencha va la Sicilia, aun en vida de Feríeles, 
b codicia de los Ateniense;s , que después de su muer^ 
te habían dado algunos pasos hacia ella; y con 

- I Era utta cortesana dq gran &oia sn aquel tiempo. 

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24 ALCIBIADBS. 

enviar. por todas partes lo que ilsáiabajei socorros y 
auxilios á los agraviados por los Siracusanos , ibait 
poniendo escalones para una grande expedición* Mas 
el que inflamaba basta el último punto este deseó, 
y les persuadía á que no por partes y pooo á pocoj 
sino con poderosas fuerzas acometieran á la. iski era 
Aleibiades, dando al pueblo grandes espcraoaas,:. y 
formando él mismo mayores designios ; porque, mi»» 
raba en la Sicilia el principio, y no el término co-» 
mo los demás, de las operaciones militares que ea 
su ánimo meditaba. Con todo Nícias, reputando 
difícil empresa la de tomar, á Siracusa , retraía con 
sus persuasiones al pueblo ;.pero Alcibtados, «que lo 
entretenía con los sueños de Cartago y del . Africa,> 
y que en conse<»iencia de esto tenia ya cómo en. la 
mano la Italia y el Peloponeso, faltaba, poco pam 
que viese eá la Sicilia un viático para aqueila.g<ierra. 
Y lo que es los^ jóvenes espontáneamente se le uoie-^^ 
ron, acalorados con tan lisongeras esperanzas; pues 
ademas oiaaá los ancianos decuicir maravillosas con- 
secuencias de aquella exposición ; tanto que mudio$ 
se ponían en las palestras y en tes corrillos á diba- 
jar la fígura de la isla, y la situación del África y 
de Cartago. Mas dícese del filósofo Sócrates, y del; 
astrólogo Meton, que ni uno'ni otro esperaron nuo**. 
ca nada provechoso á la ciudad de semejante prb« 
yecto: aquel por apareqérselej como, es de creer^ 
su genio familiar y predecírsela^y Meton , porque 
rezeló por su propio discurso lo que iba á suceder, 
ó porque usó para ello de alguna adiviujicion: de 
forma que fingió haberse vueito loco, y tomando üa 
tizón encendido iba á pegar fuego á su propia c»f 
sa: aunque algunos dicen que no hubo oblparte de ' 
Meton tal ficcion.de locura, sino, que dio efectiva-*, 
mente fuego á su casa por la noche , y á la mañana se 
presentó á pedir y suplicar que por aquella desgra- 
cia le dejaran al nijo libre por. esitonces de ia iniU- 



y Google 



stgaió loqaemi^a.:. ' ' . «c. 

Fu^df^mhm%oínomAxado Gepeml^NfDias ooor 
ttsá $tt:9«oIiiiHkLvoiepagnando nooneiM» «limando 
qtfe.eLecJeg fc qiie ; ne«le drfiat pof^^- jucgarpn iof 
Ateoienaerqiie ^Mícondqokfli mefor «qnem; goerray 
ood^addo absolqtiká tAkibiádes»> su», nesclandv 
CKÉi sa-eisadia'Iar.cirainpéocion efe Micaaa^ porque 
«i:tefter Genefal'lAiiiacby^aiiiiqiie: honAre de mat 
edtíá i s( Jbabi^ wUd eo aigimos combates , que no oe*^ 
dm'iá At^báada; ca aiddr!}reQ"am^4ios ^Itgfos^ 
Qiando deliberaban sobre la cantidad y modo de 
lQ$.:prepaf!atitoe^fvo4fkiá intentar Nicitrcl -•poner- 
se '7 peoilizar 4a {;pefra*^iDas ooncrádíjoie AUbiades;; 
y l^fód consoimeoto ^«escribiendo ¿t orador De*^ 
9>0stiatOi y ^ersuftüdndo qoe conveflíia haoec á loa 
Genatate a^bitfds^^ lor pveparamw y de^la sumar 
df tia «aoecra; lorqÉBaáisil fue oecreéado pov el puebb.' 
ífiWK«¿^yz todo díépnésto pata dar ^' rola, no se 
prcseniaron favoiiables ni aun loa «nspíaios de las fes^ 
tisridAdea;^ póo^or ca^jwon en aqueUos días las de 
Adonis^. en W-t{fiaiés fe$<mugeres ponían en mucho» 
pár^esiníág^c^ scbícfantes a los miier^s q¿e se lieV 
van a jCiiterrar ^ y cépresetáaban exequias , lastimando^ 
^'9- y e9K>nandd'J¿nemaciones« Ademxsla mütila<<^- 
cion heiiía en lina: solavnodie de tódtDa lbs>fiermes% 
que^nianacieron coo^iodasr las partes pronribentes del 
rostro coradas, caasó gran turbación 9un.'á< muchos 
decios iwe. no haeen^alte^ tales- cosaaj D^ose que 
lo$ de Gorínto por aooor de los SrraciisiiniMív que era 
nm colonia sx^a » . obn la* esperanza "dr 'qué aqueli 

Epdígio había de contenerá los Atenienses ^ 7 hacer*: 
. » desistir de', la guerra , finron i«siAtotes mi ¿ten-v 
t^. Mas con. t¿do í «na gran paste m> ka hicif^ 

. j( ..Ei»eátqas de Mercurio que había í¿UQhas eá' ios si- 
tios públicos de las, ciudades y en los caminos. 



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26 AüCOUBIAínB»^ 

cian que nada «siniestro babia en.'.áq<riell0$:'pDirtetitos^ 
y <}ue nd'érifir^mftS'qüe uha^idecf^vsUt» trafebras 
q«e saelú llcaracramsigo'kJmoijenci^i^e'ia^^gaate p^ 
veÉ ,' 'propei^sa)^dbs9iaes dQ»bn>ibaii^piae'á:>ukpd¡es^ 
ordénes ;'. ))firgae i un tiompbi^e^jmimonoyx^ Ite^ 
BUtxm de rtecffdt <;oii ló'Mdedkiay!otrii>uytfti4telk>'>á 
algmia confórádoor fragiuutevxmt^asJdes mcras^ H^ 
cíense: por^ tkntoi pesquisas , ngnrausl Bobre ^^culqitié» 
sospecha ]K>r .detonado «eijbkepettdas' )iifitflÍ5)' y^^^ 
^l puehkyr, teñafténdose »tambim es póoos^ cM& wú^ 

días ^ecesj' l.-.h-^í.-v. :.• v-* ^ ri?.«'i.;-:.-'i:vb ol. ' ■ > 

; .En tsh> {sóréseáitó' Atidr6dé$v>«Qd'de' lm:¡i€tm^ 

ciWadesy á^sto attKÍg<xi:dftjotfa& ototilacionasxfé «s-f 
tatúas ^' y,: den liabcr en:;bi oémbrioguez iremedido' lot$ 
nisteriiQsi [$li^iefidó> qeei «u^ tadlTiodcMo liabiá fat^to^ 
fisúclpnei do^Tprbdamador/Pcklatianrlasf de ftm»^ 
antorcha 9. el:¿tsaíorAkihiade8;iáb déflienofama^'y' 
que los denmamigos habían stdbMos'coneur#eiyte$>T 
Y participado idfi bs misterta6;y.Uaniindoseri«l¿fM»/«<$r 
iniciados 9 asi estajba escrito «A k'^^deladio»,^ $l6fidá 
' Tésalo el de Cmtm qoien. delataba 4l Alcibidd^^ 
quie era impío: contra las Diosaa?;: Irri$ánd«f$e cMi' 
esto el puéolo, y iBstandojmiy indispuesto' «on;Al^' 
cibtades;todám' le exasperaba masAndrockS'; que> 
era uno.de:sus^;mayoi|es enemigos^ por l5<qud'-al^ 
principio Alcibíadés no pudo méneyrde abatiitse ttímii 
advirtieiidó laego. quetodoe los marineros ^e^Ha^-i^ 
hian de; ir>á Sicilia le érah nmy aficionados^ y te' 
mismo U'tropa^ yi.quelos.UeAj-gos'y Mantineaíen» 
núniefo'de':miL deóian' abteitamenté qne solo p<>rr 
Alcibiadi^ se ofireeián á aquella ^marítima '^ lefana* 
expedickaá , y quis^ )i alguno le agraciaba desettarkiHy ^ 

•'i iOeres y Prosérpinapcuyos imstertos hkbla ft^^ 
medado. ..' '.'»''/.* ^ :- : :• . • .'i' 



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AUaMAúMt tj 

eatonces cobTií inimo ^ y se 9prt>Véoh($'de^aqiielUi 
opormoídad p^2 ctefenderse: de mtecca <pie - {)ór- If ' 
iaversa susencSmigos desmayaron » y empeztroBi i^ttt 
XMT oa Alera, que «I pucibla se mostrara bUodo con 
41 enei jijícú^v por la caosiderfifeion de habtolojne^ 
nesren MaqiHMiVOQ por tanto que de loa pradoreí 
los -que 00 ^raiiv conocidamente coemigos' de; Alct4 
bíades^- aooque en .sH oocaaeon oo le aborreoieniQ'aie^ 
Dosque sgs cónti^ios declarados, se levantaran' en 
la jun^fty'y dfkftr^Q.f que era may fuera de razoné 
un general iio;nbr9do con -plenos poderes para mant 
fiar tantas fiíereas^ en.ei mcmcniSo de tener rennido 
el ejérpitp y lotf auxiliares » icansárle detención con 
el sorteo.dc^jyeces y medida del agua', haciémfeie 
perder la , apDrituil»dad:''dej obrar s navegne pnes. en 
boen horÁ»ryi comparezca: concluida la «ierra á dt^ 
feodersQ.c^nfprfne^ 4 las «iñsma» leyes. Na dej<$ Al«^ 
cíbiad^s de; percibir Ja matígiíidad que encertabá esta 
dilación;^ jd^i replicó tomaiido-k. palabra y qué era 
cosa t^rrjbk ^d^ jando pendientes tal cansa y tales 
calumnias 9 partir adornado de tan brillante autocidad^ 
y que lo jysto'era, á momsioo. disipaba la acusa- 
ción; ó efi.c£^p.<le desvanecerla, marchar contra los 
enemigos siú miedo de calumniadores. 

Mas.no babiendo logrado c^ivencerlos » tf^ inti* 
mándesete ^Ue partiese, dio la riela con suscolegas» 
llevando muy pocas menos de ciento y cuoreilta ga- 
leras; cUico-nuJ y cien. r infantes; entre ticádores de 
at^^ hooder^oi.y demasttopá ligera unos mH y 
trescientos, y todas las'prevenciones correspondien^ 
tet. Navegando la vuelta dcL Italia toniaron' á Riák 
gio, y^ialliip^Qpü^ á deliberación el modo.que-há*»- 
bia dt't^i^&3%^^ WerJagueirra*. Opúsose; Nicias í 
sa diiccámeat p^^ habiendo cxmyenido con el Iíá4 

1 Al aptisadór j al reo se- Ids sefialaba tiempo para 
Jiablár> el qup sc! media coa relojes üs agua. . « 



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a6 Ancom^sm^ 

fcmiyenaJlEii -éter wz.,m das irflsEiMín de Iteque dé-^ 
cian que nada «siniestro había en!.áqriell0$:'pDirtentos^ 
y que : nó^^rifir^mftS'^üe uteiiáecmottUt» tráf^iuras 
que €ueld lleHr8t:€i>DsigO'laiiii$od¡eaci^Jeia^«gente fsh^ 
vté ,' 'ppQpeifsaj^dbspoes ¿é^bibíbon^piae'á :>bkk^'d^ 
ocdenes ;'. ))firqtie á ún tSempfa'fWi/iwitwon oyt«érltel 
BUtxm de.rtecffDt <;oii lóiMdedkia^<!otrli)uy¿ti4^k>'>á 
atgtina confñradoír fr^gaadvvxm-gvazídes rntras^ H^ 
ctanse por^tiintol pesquisas , rigurasási sobre» ^ciulqitiét 
sospecha: ]K>r el<kenado.ei)ukepetblw' júdt¿)' y^ipó^ 
el' puebk)^ ieunSéndoas »t^biéa es pócds^ cM& itmi^ 
chas ^ecess' í...hí:fír- ^■• --.^ ^ r\í.(\*i'."¡ljl o!-. ''- 

. En tsfeo (¿resaltó: Atidrixdés v >«QO' de^ los* ^fetntt^ 
gogosy 9Í^i)69jeidayQs>y^ Ai*- 

eibkdes. y d^sts atógóiidft jottak otatilaciooes iSé es^. 
tBtüás f'^ y,: der: babero enlibiüémbirlagttez «remedidd lotf 
«isteriiQss fdieieiuió* que) «u^ tadiTiodcKo habia ffeel^y 
fiuk:U>nes. derrprbdamador^'PcklatifnKias' de poi^fl^ 
antorcha 9. ehihisoiorAieibiadesiiáb déHieri&faiittt^'y 
que los demaskmigos habiaii'StdbMos'Goneuf^me$>7 
j partidpadokki )osBñsteria5;/iIaniindos&i«í¿fMK^'''^^ 
iniciados 3 asi e&tejba escrito «A laf vdetadicmi,t siendo 
' Tésalo el de CtfMfB qoieniieiatabaá Alcibiaítte^'deí 
que era -impío contra las Dtosas^u Irritándole oM' 
esto el puéDlo, y lestando^miy indispuesfo 'eon ;AI^ 
cibiades^ todáina; le exasperaba masAndrockS'; que> 
era unovdé:susr;mayoi)es enemigos^ por ld>qiie-al> 
principio Alcibíadésno pudo ménorde abariitse vtifíisi 
advirtiei^dó iBego. quetodoe los morberos ^eHa^ 
bian de; ii^ ^Siciliá 'le érah vanaj Gífkioíiados^ y )0' 
riúsmo U' tropa ^ y»que;los-He'Aj-go$'y Mártitinea rett» 
námero'deomitfdeóian abíeftamenté que solo 'p€»f r 
Alctbiadds se ofreeíáñ á aeq^ellu ^marítima 'y lefana^ 
expedickm , y que^ -^i alguno le agraciaba deset tarian^ ^ 

'* I iOeres y Prosérpinap cuyos* ¿Áster tos hkhia «e- 



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AICXBXADIS» »9 

pío , condud^odo y encerrando eo la cárcel i ctiaU 
quiera que era denunciado. 

Uno de los presos y encarcelados por aq«eUi 
causa fiíe el orador Andócides , á quien H^UtniC»^ 
e^ritor contemporáneo , hace entroncar con los<ks^ 
cendíentes de Ulises. Era reputado Andócides pot 
desafecto ai pueblo y apasionado de la oligarquía^ 

Í sobre todo en el crimen de la irreverencia le ba-r 
ia hecho somchoso el grande Hermes, ofcenda.quQ 
la tribu Egeioe habia consagrado junto á su casa ; por^ 

aue de los pocos que había sobresalientes entre loa 
iemasj este solo habia ouedado sano: asi aun ahora 
se denomina de Andóciaes, y asi le llaman. todos# 
no obsunte que la inscripción lo repugna, QcurriiS 
asimismo que entre los muchos que por aquel delito 
se halU^xm en la cárcel , trabo Andócides amistad 
é intimidad con otro preso, llamado Timeo» que 
^no le igualaba en la fama y opinión , le aventajaba 
en penetración y osadía, l^ersuadió este á And<$ci- 
des que se delatase á si mismo y á algunos otros ea 
corto número : porque al que coqfesase se habia ofre^ 
cido la impunidad, y si para tpdos era incierto el 
éxito del juicio^f para los que tenían opinión d^ por 
der era muy temible : por tanto que era mejor nieiir 
tir para salvarse, que morir con infamia porrel mis^ 
mo delito ; y aun atendiendo al bien común valia 
mas con perder á unos pocos de dudosa conducta» 
salvar al mayor número y á los hombres de bien d^ 
la ira del pueblo. Con estos consejos y exhortado- 
nes co;ivenció Timeo por fin á Andócides \ y ha-r 
ciíndose denunciador de si mismo y de otros, con- 
siguió para sí la inmunidad conforme al decreto i y» 
ro los que por él fueron denunciados, á-excepcioa 
de los. que pudieron huir, todos niurieronj y pacf 

!ranarse mas crédito comprendió Andócides en la de.t 
ación á sus propios esclavos. M.as no con esto d^s-*- 
fogó el pueblo toda su rabia ; antes libre: ya, d^ 



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^0 AtCÍBMM*. 

los irreverentes^ i Mercorio, conk) cóií una irá que 
hábia quedado ociosa 9 se convirtió todo contra Al-« 
c&iirtles/ültimamé&Ce envió en su busca lá nave de Sa- 
lámina I bien que encargando no sm gran cautela, 
que no se le hiciese violencia ; ni se tocase á sú per- 
íofiia /sino que se le bablafa Uandaóieííte'^ dándole 
0rden d.e*ir'á Atenas para ser juzgado y satisfacer 
alf- pueblo; porque temían un tumulto jr una sjedi- 
Citfn'del ejército en tierrá-ettraña: cosa que Alcibia- 
desi á líaber querido, le hubiera sido muy fácil- de 
ejecutar; pues con su ausencia desmayo líiucho aquel^ 
temiendo que en tos manosl de Nielas iriá larga la 
guerra , y experinfielifaria dilaciones festídiós^s , fal- 
tsíndó el aguijón que todo lo moyia: por cuanto aun- 
que Ltfnfiaco era belicoso y valiente, careicia de díg- 
niddil y respeto por su pobreza. 

' Embarcándose pues inmediatametíte Alcibiades, 
les quitó á los Atenienses á Mesana d^ entre las ma- 
nos ; porque estando prontos los que habían de en- 
tregar la dudad, él que estaba bien enterado- de to- 
do, ló reveló á los amigos de los Siracús^os j y des- 
tila la negociación. Llegado á.Turiés bajo de la ga-^ 
terá, y ocultándose > pudo frustraría diligencia de 
ios que le buscaban. Hubo alguno que lé conoció , y 
le dijo: ¿note fias, ó Alcibiades , en ía patria? y él 
le respondió: en 'todo lo demás sí; pero cuaridó se 
trata de mi vida ni en mi madre; no fuera que por 
equivocación echase el cálculo negro' (m lugar del 
blanco. Oyendo después que la ciudad -le. había con- 
denado á muerte : pufes yo, repuso , les haré ver que 
vivo. Consérvase Memoria de que la delación esta- 
^ (Concebida en estos términos: Tésalo dé Cimon 
«Lasi'ade denuncia á Alcibiades de Clintás , Escambo- 
íiide,' dé. haber ofendido á las Diosas Ceres y su 
bija , remedando los misterios y divulgándolos á sm 
timigos en su casa, habiéndose puesto el ornamen- 
'to que lleva el Hierofaiita cuándo celebra los miste- 



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rio$ ( toBiando él mismo ú nombre dé Hicfofimtt, 
dando á Foludon d de porta-antorcha» y i Teodo* 
ro Fegés el de prociamador , y llamando 4 sos amigos 
iniciados y adeptos » contra lo jnsto y lo establecido 
por los Eumolpidas*, los proclamadores y los sacer- 
dotes de Eleiisis* Condenáronle en rebeloía, yconfis-^ 
carón sus bienes, y mandaron ademas que todos los 
sacerdotes y sacerdotisas lemaldigesen; á la cual re* 
solución solamente se opuso , según es fama, Teano 
la de Menon d^ Agraulo , diciendo que era saoerd<H 
tisa para bendecir , no para maldecir i nadie* 

Cuando estos decretos y estas condenaciones se 

Sronnnciaron estaba detenido en Argos , porque al 
igarse de Turios lo primero que hizo fiíe irse al 
Feloponeso ; pero temiendo i sus enemigos , y rennn«* 
ciando del todo á su patria, escribid á E^arta , fi-* 
diendo que se le ofreciese la impunidad , y dando 
palabra de que les hacia favores y servicios que ex- 
cedieran con mucho á los daños que antes les haUa 
causado. Concediéronseto los Esparciatas, y recibía 
do benignamente de ellos, luego que paso allá, el 
primer servicio que al punto les hizo fue que an- 
dando en consultas y dilaciones sobre dar auxilio i 
los SiracQsanos , los movió y acaloró á que enviasen 
por General á Gilipo, y qud>rantasen las fuerzas 
que alU tenían los Atetiienses ; fue el segundo hacer 
que ellos mismos por si moviesen i estos, guerra; y 
el tercero y mas granado hacerles murar á Decelea^ 
que fue lo que mas perjudicó y contribuyó á la rui-^ 
na de Ateiias. Estimado pues por sus hechos publi^ 
eos, y no menos aditnirado por su conducta priva-* 
da, atraía y adulabaillá -muchedumbre con vtvii^ 
enteramente á la Espartana: pues viéndole con el c»*' 
bdlo cortado á raíz, bañarse en agtfó¿fria,,. comee 
puches, y gustar del caldo negro; como que no 
creían, y aDtes dudabAa'&ertemedte d« íquebubie^ 
se tenido nunca cocinero , ni hubiese usado de ua-^ 



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32 AI.CIB1A0ES; : 

güentos^ ni hbbtes¿ tocado su cudrpo la ropa'dd!^' 
cada de Mileto^ Porque entre las muchas habilida* 
des que tenia era coma ¿nica^ y como ui^ artificio 
para cazar los ánimos ^ Ja de asemejarse ¿ identifi- 
carse en sus afectos. con toda especie de insti tocio-, 
nes y costumbres , siendo enmudar formas mas pron-^ 
to que el camaleón ; y con la diferencia de que es- 
te, según se dice, hay un color, que es el blanco, 
al que no puede conformarse ; pero para Álcibiades 
ni .enibien;nl,en mal nada había que igualmente ^o 
copiase. é imitase : asi en Esparta era dado á los ejer- 
cicios del gimnasio, sobrio y severp; en la Tonia 
Voluptuoso., jovial y sosegacu);en la Tracia bebe- 
dor, y* buen ginéte; y al lado del Sátrapa Tisafer- 
mes. excedía su lujo y opulencia á< la pompa Per- 
siana: .no porque le fuera tan fácil como parece pa-^ 
tar de un método de vida áotro^ y admitir toda? 
suerte dé mudansa ; sino ponqué conociendo que si 
usaba de su inclinación natural, desagradaría á aque« 
líos con quienes tenia que- vivir , continuamente se 
acomodaba y amoldaba á la forma y manera que> 
estos preferiaa.£n Lacedemoniapuesen cuanto á su 
porte exterior podia muy bien decirse: No es este- 
el hijo de Aquües^ sino el mismo que pudiera ha-- 
bet formado Licurgo; mas en lá realidad cualquie* 
ra , según . sus afectos y sus obras , hubiera podid'o> 
gritarle: esta es^siempre la mugerde antaño . Por-» 
que á Timea, muger de Agis, mientras este estaba 
ausente en el ejército, de tai manera las^có de jui- 
cio, q/ue de su trato se hizo embarazada, sin negar^, 
lo ; y como hubiese sido varoii el que dio á luz , pa- 
131 los de a&era.seilamaba Leutuquidas; pero el nom- 
bre que ai oido se le daba en casa |por la madre en-> 
tre las amigas y los confidentes, era el de Alcibia- 

- I Esta frase y ia de arriba aran preverbios entre I09 

Gtieg». . :. : . .... i. 



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des : {tiiii diegí de tmor estiba la tal mmít I y él 
ciHk desvemienza solía dedr que no la faabia sedu- 
cido por hacer agravio, ni tampoco aüngado del 
deleite , sino para que descendientes suyos reinasen 
sobre los Lacedemonios. Hubo muchos que denun- 
ciaron ÍL Agis estos hechos; pero ¿1 principalmente 
se atuTo al tiempo; porque habiendo habido un ter- 
remoto , él de miedo w¡f6 del lecho 7 dd bido de 
so Juager, y después en diez meses no se ayuntó á 
ella; y como después de .este tiempo hubiese nacido 
LeutuquidaSy no le reoonoció por nijo suyo; y por 
esta causa fue después Leutuquidas privado de su- 
ceder e& el reino* 

Después de los desgraciados sucesos de los Ate- 
i^enses en Sicilia , enviaron á un tiempo embajado- 
res á Esparta los de Quio y Lesbos » y también los 
de Cidcp , para tratar de su detección. Los Beocios 
hablaba por los de Lesbos» y Farnabazo por los 
deCicicoí pero á persuasión de Aldbiades preíi fie- 
ma auxiliar á los de Quio antes de todo; y yendo 
él mismo en aquel viage , hizo que se separase de 
loes Atenienses casi paédé decirse toda la Jonia; y 
con estar al lado de los Generales Lacedemonios fue 
muy grande el daño que les causó. Con todo Agís 
era siempre su enemigo , á causa de la muger por la 
afreata recibida , y ademas le incomodaba también 
su gloria: porque se. babia difundido la voa de que 
todo se bada por Alcibiades» y á él e^a á quien se 
tenia consideración. Sufríanle asimismo de mala ga- 
9a los de mas poder y dignidad entre ]os Esparcía* 
las por ' la-jenvidia que les causaba. Tuvieron pues 
mano, y ncgociacon con los que en casa quedaron 
con Atando, qu^ enviasen á Joma quien le diese muer- 
te» Lleg<( i entenderlo reservadamente ^ y vivía con 
rezelo; por lo que en. todos los negocios públicos 
promovioL. los intereses de los Lacedemonios , pero 
wyá d^ 646r en sus. manos ; y habiéndose entreg^dg 

TOMO II. " C 



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34 AICTBIADBS» 

^or SU seguridad á Tisafernes» Sátrapa dfel Rey, «1 
punto fue para con él la persona primera y de iini«* 
yor poder; porque aquella suma destreza suya efi 
plegarse y acomodarse aun al bárbaro y que no era 
nombre sencillo , sino perverso y de malísima iocli^ 
nación , le causó gran maravilla i y á sus graolas en 
los entretenimientos cotidiano»! y en el trato famw 
liar no habia costumbres >que resistiesen y ni genio 
que no se dejase conquistar: tanto que aua los que 
le temian ó tenian envidia ,. en tratarle y coi^ersar 
con él experimentaban placer. Portante con serTi-> 
safernes entre los Persas un4> de- los enenri^s mas 
declarados de los Griegos, de tal modo sé rindió á 
los halagos de Alcíbiaoes, que llegó á excederle en 
sus recíprocas adulaciones: asi de los paraísos ó jar^ 
diñes que tenia , el mas delicioso á cansa de suis 
aguas y praderías saludables, y en el que^abiaade^ 
mas mansiones y retraimientos di^estos regia y 
ostentosamente, ordenó que se llamase Alcibiades^ 
y este fue^el nombre y apelación con que en ade^ 
lante le llamaron todos. • * 

Abandonando pues Aicibiades el partido de los 
Lacedemonios por si^ in^deiidad, y teniéndoles ya 
miedo, comenzó á desacreditar y poner ecr^maKá 
Agís con Jisaferiies, no consintiendo ni qu^ los au- 
xiliase decididamente, ni que rompiese del todo con 
los Atenienses; sino que -prestándose penosamente á 
fus demandas, los fuese quebrantando y aniqmiando 
con lentitud , y por este medio pusiese á ambos pue- 
blos bajo el |>(KÍer del Rey,>debU}tados los unos por 
los otros. Dejóse este persuadir fáeiimente y viéndose 
bien á las claras que le amaba y tenia en miQcbo:* de 
modo que de una yjQitrá parte tenían- los Grfegós 
puestos tos ojos en jficibiades ^ arrepentidos y 9, los 
Atenienses con sus malos sucesos de la determinación 
tomada contra ¿1; 7 él mismo estaba incomodado 
por lo hecho, y temia no fuera que destruida del 



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4tCIBEABSl; ^; 

todo la ctteiad^ riatera á caer ea las manos de los 
Lacédcinofiios» de quienes era aborrecido. £n Samoa 
Tenía á esfar entonces la suma de los intereses de los 
AreniensiíS ;./ partiendo desde allt aon sos fueraas 
cávales, recobraban á unos aliados ^ 7 coniervabaa 
á ptroSf pdr ser en el mar soperioits á sos enemigos; 
pero tecátan.á' Tisafernes y sos galeras Fenicias^ 
qiK se dscfano «star lejos» y eran ea número do 
ciento y dncoenta , porqoe ü acertaban á llegar , tio 
le quedaba esperanza alguna de .salixl á la dudad. 
Kcn coni^acido de esto Alcibiades, envid reserva^' 
demente á los principales de los Atenienses , quieo 
les diese coofianca.de qoe les yolveria amigo á Tisa-< 
íemes, no pc^ complacer i la muchedombre ,.ni es^ 
perafido naca de ella » sino en obsequio de loa prin-^ 

Xles ciodadanoa ^ si determioindose á ser bosubrea 
rzados^ y á contener la. insolencia de la. plebe, 
tomoboB por ad cuenta ellos^lmismos salvar la repú«4 
blica y sos intereses». Todos los demás apoyaron <cón 
empeño laprófx»icK>n dé.Alcibiádes^ pero uno de 
los Generateii, £rl6¡oo Diradiote-, sospechando lo 
qne era, í:áb^:j 'que á Alcibiadés lo mismo leim«i 
portaba IkJdemocraciaqoela oligarquía, y que pro^ 
curando ser. rehabilitado de ia, calumnia que le nbsd 
contraria la muchedumbre, con esta mira lisonjea-* 
ba y alha^ba-á.'los principales, le hizo aontradiccioo¿ 
Quedd ' cencido fox los demás rotos ; y hecho ya 
enemigo descubierto de Alcibiades, lo denundáse* 
cretamente d Astuoco, almirante de los enemigos^ 
previniéndole qoe ^ guardara y precaviera de Alci-- 
Uades , como de hombre que queria estar con unos y 
con otros ; mas no sabia que el asunto iba de traidbü 
á traidor : porque haciendo Astuoco la corte í Tisa-* 
iernes y viendo que para con él era ^ todo Alcibia^ 
des , manifestó á este lo que Frinico le habia^comu'^ 
nicado. Alcibiades mando al punto á Samos acusado-» 
res contra Frinico ; con lo que todos se indignaron y 

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MANUEU F. BARRANCO 



V. Z 






40 ÁtGIBtADlCr. 

do estaban ya desconfiados , dio k orden y y pirrfe^ 
ron. De álli á poco la oscuridad se disipo y y se di» 
visaron las naves de los Peloponenses, que estaban 
ancladas delante del puerto de Cicico. Temeroso 
pues Alcibiades de que viendo antes de tiempo lo 

frande de sus fuerzas se retiraran á tierra , dio ordeti 
los otros Generales de que! navegaran lentamente y 
se fueran atrasando ^ y el se presento no teniendo 
consigo mas de cuarenta naves, y provocó á los ene-* 
migos. Cayeron estos en el lazo, y mirando cotí 
desprecio el que viniesen contra tantas , al punto se 
fueron para los contrarios , y trabaron combate ; pe- 
ro cuando sobrevinieron las demás naves , empezada 
ya la acción , dieron á huir aterrados. Alcibiades 
entonces con veinte de las mejores galeras se metió 
por medio y encaminó á tierra; y saltando á ella, 
acometió á los que se retiraban de las naves , dando 
muerte á muchos* Venció a Mindaro y Farnabazo 
que se adelantaron en defensade estos, dando muer- 
te á Mindaro , que peleó salerosamente : mas Far-»- 
nabazó logró fugarse. Fue grande el número de muer-* 
tos, y el de las armas de que se a^deraron ; toma-* 
ron todas las naves ; se hicieron asimismo dueños de 
Cicico; y huido Farnabazo y destrozados los Pelo- 
ponenses, no solamente quedaron en segura posesión 
del Helesponto , sino que alejaron á viva fuerza de 
aquellos mares á los Lacedemonios. Cogiéronse has-' 
ta las cartas en que lacónicamente participaban á los 
Eforos aquella derrota, w Nuestras cosas están per- 
ff didas. Mindaro muerto. Z^a gente hambrienta. No 
f» sabemos qué hacer.*' 

Fue tan srande coa esto el engreimiento* de los 
soldados de Alcibiades , y salieron tanto de sí , que 
tenian á menos el reunirse con los demás soldaoos:^ 
¡con los que muchas veces han sido vencidos, decían^ 
ios que son invictos todavía ! Poroue no mucha aín-» 
tes hgbia sucedido que derrotado Trasílo ea l»s in-« 



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JXCIBUDBS. 4f 

meduiciaiies de Efeso» se había erigido por los Efe« 
sk» un trofeo de hronoe ea oprobio de 10$ Atenien* 
ses. Con estas cosas daban en car» los de Alcibiadea 
4 I09 de Trasilo» ensalzándose á lí niísnKis y i so 
Geoeral # y no queriendo alternar con ios otros ni 
eo gimnasios ni en campamentos. Mas coando Far* 
0áb¿:o vino laego sobre estos á tiempo que baciaa 
í^corñon en las tierras de Abido » trayendo mocha 
caballería é infantería, Aldbiadesootriendo pronta^ 
üiente en su ¿oxilio, puso en fuga i Farnabazo , y le 
siguió el alcance juntamente con Trasilo hasu en* 
trada la noche. Uniéronse ya entonces , y gloriosot 
y ^legres tornaron al campamento ; y levantando al 
dia siguiente un trofeo» talaron la región de Farna«* 
bazo » sin que nadie se atreviera á resistirles. Cautivd 
en aquella acción algunos sacerdotes y sacerdotisas; 
pero los dejó ir libres sin rescate* Disponíase á sojoi 
tar por armas á los de Calcedonia que se babian {e«« 
beladoi y hablan recibido guarnición y comandan*^ 
te de mano de los Laeedemonios ; pero habiendo 
entendido que hablan recogido cuanto podia ser ob« 
jeto de botin , y lo hablan llevado en deoósito á loa 
Bitinios sus amigos, pasó á los términos de estos coa 
su ejército , y les mandó un heraldo con esta queja; 
mas ellos concibieron miedo , y ademas de entregar-* 
le el botin le pactaron amistaa. 

Barreada Calcedonia de mar á mar , vino Far-» 
nabazo para hacer levantar el cerco » é Hipócrates el 
gobernador, sacando también de la dudad sus fiíer-^ 
»ts , acometió á los Atenienses ; mas Alcibiades for* 
mando contra ambos su ejército, dbligó á Farnaba- 
zo á huir cobardemente , y á Hipócrates y muchos: 
de ios suyos los destrozó enteramente , alcanzando 
de ellos una señalada victoria. Navegó en seguida 
al Helesponto, donde anduvo recogiendo contribu*» 
dones, y, tomó. áS^limbria, aventurando su oerso*' 
na sin ccnsida:acioat: porque los que habían ae en»*- 



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4> ArCIBIADES^ 

iregárleestaxhiáad habían cotwtmdo en que le^^to^- 
tarian ooa teda i la media noche; pero se vieron 
{Mrecisados 6 mostrarla antes de bofa, por temor de 
sno ás los doojinradosy que de repente se les había 
vuelto* LevantflKia.pues la teda cuando la tropa no 
iestaba todaiaa á "punto» tomando consigo como unosr 
fréiata, marcho corriendo i la muralla , defandó^ 
orden de que los demás le siguiesen prontamente. 
Abriéronle la puerta cuando á ios treinta se habían 
reunido rümc feitastas, 6 armados de rodela, y 
entrando sin detención, percibíé que los Selimbrios 
venían de frente hacia él armados. De estarse quieto 
conoció que no habsa para él recurso ; y el huir , ha¥ 
biendo sido invicto' siempre hasta aquel dia, no lo 
tuvo por -de su carácter r hizo pues seña al trompeta* 
deque inrausiera silencio , y á uno de los que coa 
A se hallaban le ordenó que gritase: Atenienses , no 
hagáis anhas contra tos Selímbrios» Esta intimacionf 
hizo en unos el^ efecto de ser mas remisos en el pe- 
lear , pareciéndoles que estaban dentro todos los ene-^ 
mígos; y en. otros el de formar mas lisonjeras espe- 
ranzas de favorable- concierto. Mientras que entre «í 
conferenciaban sobre lo hacedero , le llegaron á Al— * 
cibiades todas las tropas , y conjeturando que las 
intenciones de los Selimbrios eran jpacífícas , temió 
que habían de saquear la ciudad los Traces , tos cua-^ 
íes eran en gran námero, y por inclinación y ahior^ 
á Alcibiades habían tomado las armas con la nías 
pronta voluntad. Hízotes pa^t á todos salir de la: 
población y y en nada ofendió á los Selimbrios que- 
estaban rezelosós^' sino que con haber recocido un- 
impuesto, y haber dejado' cuanrfcioh , se retiró. • 

Los Generales que mandaban eí sitio de Calcedo*- 
niá convinieron con Fárnabazo por un tratado en^ 
que recogerían una contribndon^ los Calcedonios' 
volverían á ia <á«diencia de los Atenienses , y estoS' 
no harian ningún (iano en la Satrapaa4&Farn^bazo;« 



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ébtigindose''es<e S dar i los embajadores de los Ate^ 
nienses esooha coo toda s^ridao» Cono i la Tuelm 
de Aldhiades desease Farnabaza qne él también ¡a« 
ipara el tratado, fespoodíd qneoo loejecntaria ancas 
de liafaer /urado ellos. Prestados qoefióeron los jgr»^ 
mentes , mardió contra los Bixanrinos qoe se hablan 
rebelado » y cfromnFakí la ciodad« Ofreciéndole, ba« 
jo la condicioa de sahar esta, Anaxilao, Lsamo 
y algunos otros qoe la entrevarían, biao correr la 
voz de que le llamaban ñiera de allí novedades ocor» 
ridas en la Jonia, y por el día salid con toda fu es-^ 
cuadra; pero vohnendo á la noche , sahd en tierrt 
con la intantería, y resguardindose con las mnrallasi 
se estuvo alli quedo ; pero las naves vinieron sobte el 
puerto , 7 acometienoo impetuosamente con arande 
gritería , alboroto y estruendo , asombraron í Us do* 
mas Bizantinos por lo iné^erado del caso ; y i los 
adictos i los Atenienses les proporcionaron el reci-* 
bir á Aldhiades sobre la pactada sefioridad , yel en«. 
oontrar auxilio ea el puerto y en bs naves. Mas con 
todo no fiíe este' jomada éxenm.de riesgo, porque 
los Feloponenses, Beocios y Megirenses que alli se 
hallaban, á los ^ue.descendfenm .de hs naves los 
rechazaron y obli^on á reembarcar; y llegando St 
entender que hsbta , Ateniense^ dentro , formándose 
en batalla , ■ masóharon juptoís^cfliitra ellos. Trabado 
on reñido combate , los vcnéiií; Alcibiadesy mandan*¿ 
do él el ala derecha y TemmeiKS la izipii^rda ; y 
de los enemigos qiie les TÍnieronÜ las manos toma<^ 
ron vivos unos trescientos^ De los .de Bizancio des-«' 
pues del combate ni se did mperteni se desterró^ 
DÍnsuno , porque con esta coodidon se entr^ * Iff 
ciudad; y tam^ísncon la.de que ánada que' fuese 
de ellos^e había de toqir.'.For esta::taeon defendían^ 
dose Anaxilab de Ja. cansa sobre traición que se lé 
movió en Lacedetnoma^ tiíio ver en su discurso que 
no tenia .por q^é'^vergo^izarae de lo hecho : poiu 



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44 ALCIBIAcl>S9. 

quei'difó dbevfio siendo Laoedembnia; siAO Bizantr*^ 
üo;: Yiendo en peligñ», ao á Espattay^^Ina á Bizan^ 
ciq; hallándose .sir ciudad cercada de mahfera qae 
sadte podia entrar , y consumiendo los Pddponen^ 
se9 y &Qodostodo;^ki& vÍTeresque había ^n la ciu- 
dadj mientras que los -Bizantinos failédan de ham-*» 
bre con sus mugeres .y sus hijos , na ie pareció qne 
conaetía traición coa la entr^a, sino qué lediaúar á 
au ciudad dé la guerra- y de loa. males que padeci% 
imitando en esto á ios' mas ilustres de. la jLa^démo-* 
oia» para, quienes sdlo^es honesto y justa. lor^oe es 
en provecho de« hipaünriau jLos Ladedemonios a este 
poí^xosmioato cedieron con tespetg , y absolvieron 
SJos .acusadois. " ' ( 

" Alcibiades, teniendo ya deseo de volver, á/ver á 
Atenas , y mas.todai^ía de ser visto< de los dudada^* 
9c^ de$pues de haber vencido tanta^ veces á los ene^ 
nligosrdió la vela con esta dirección > yendo las 
galeras Áticas adornadas en derredor coinmüebos es«- 
podo% . y . despojos v ^Uevando á renndco . muchas na- 
ves tomaxlas, yiistentando en mayoc número toda-* 
vía las banderas :(^>liás'jque liabian^sido.vc;ncidas y 
eishadas i pique, porque entre un?s y^bttasno baja^ 
|Ran-de<k>scie4taSi*:Ma6 lo que añade le&to Duris 
de Samos y que «erdla por descendieoDcf de Aleibiades^ 
didendo qué Tecmunpo, coronstdor en, bis juegos 
píticos les, llevaba iá.cadendaá los iiemeros con la 
%Uta ; que daba bisocdenés Gali^ides^ atítot de tra<r 
^edia^y ^adornado deion rico vestido y pón el manto 
xeai y todo eltdemás aparato de:teatro; y que la 
capitana entnáleiliel puerto ^on una: vela de púrpu** 
f^ y. como si viniera de uti coiwite baca;nal9 no lo 
feñerén ni Teopompo y ni£foro , ni Jenofonte ; ade-» 
ma^ de que no.es :,de creer aue se presentara á. los 
Atenienses con tan insólente lujo, volviendo de desa- 
tierro i y habiendo pasado tantos trabajos; Antes en» 
tro eemecosQ» y estando ya en el puerto., no .saleó 



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tn tielrrt» teta qne hiH^ndo»? sobfecnbiertav^ió* 
que iba i presentártele m. primo Eonipboleaio Y 
muchos de sos amigos y deoaos^.qae jeado i tecí^ 
bírfe , le ésttdbea llamando* Luego qat cstinra eiK 
tierra V cuantos le iban al ieacuentro ni slqukrr 
parece que «TeiaD i los otros Gcneíaiet^ ano qa0 
ipttestaüa'^sia en él, k ' «clamaban,, le saludibaní 
fe aoompaáahan, y.acercándoarie le ponían coro^v 
ñas: los que no podían .llegarse i el lé mifabao^ 
éel^fos^ Y: bs-atocidaor se ia mostraban i los.jó- 
Tenes. Con aq«d gom de Ig dudad se mezclaron! 
también oÉicliasJi^mas, 7 ia memoria, en tán«' 
ta prosperidad ide las pasadaa deigrsdasi haciendo 
cuenta -de ^•ni'^ habrían dejaÁo^ tomar k'^icíHa^i 
ni les faabtiá salido mal nada cte^ Ib que se promeñan» 
ñ hoUeran dejado i AlcSbmdcf; él mandó ensaque**: 
lias «mprcsasty^ sobré aquetbs fueeáas; pudsqueaim: 
ahora tomaadft'i su cargola.dlKiad dsspdieida casi» 
dd tododekimdt ^ y dtie&i. en h tierra llenar de: 
aus armbi4»9 dkidiaa ademas^ y sublevada contra <í= 
misma, faánmtándoia de tan úábüts y apo¿adasfui«*: 
nas, no solionente le habia rfestitqido el imperio deL 
mar, sinoqui&hacta 'vec quertambifin por itierra do> 
quiera ¡habia voiddo i su» eiKm¡flo&. 

Sanciónete priineramefite d ¿árcto de su vuelta, 
i pcopuesbrde Grietas de Caüijsero, como^él mismo: 
kr escribió ^ea su^ elegías , j^eodrdaddo asi -é Akibia* 
desate favor: • 

Yo eL*deéreto 'escribí; para tu vuelta ^ 
Y en^^ottta le~ propuse :nobra' fué mía* 
Mi. letigoa ibera quien k impuso el sello. 
ReuniéndoseeatcxDoes el pnebloen junta, se presen*' 
tó Alcibiadeis: quejóse y lamentóse de sus desgracias, 
ain hacer masque culpar' ligera y blandamente' al 
pueblo , atribuyéndolo todo & su mala suerte y k 
algún genio envidioso y y concluyendo coa darles 
grandes esperfneas contra los enemigos, é inspirarlea» 



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46. ÜEdfiliáDB^ 

»lÍ9títcry'cbnñünÍB$ : le coronaron coirtminas'de'dfo^ 
y lenom^roÁ Generalísimo sin restricción junta-* 
Rieme^de tierra, y der mar. Decretóse asimismo que 
arle Téstituv^en sos bienes» y que.ios £umol{¿das 
}r heraldos levantasen lais. imprecaciones' ^ue -habiatt 
pronunciado de orden xiei. pueblo. I^evantarpnias lof 
qemas; perp el liiérofanta Teodoro- respondió: jra 
fmtgmta imprecaciaui hice centra íl^^my^K-'^udcí 
koii^endido á la ciudad* r ..; clo .1 ^ 

--^'Annque procedian con tan britlamis pfosperida4 
k& cosas de Alcibiadesi, £ algunos lesiisuisó inaoie^ 
tsd. el tiempo de la vuflta-: porque/eiiuelr'dia:^ de ni 
ajnribó se haqian ias; pctrific0ciime3b6i>kbiiatcdibs''en 
l^onor xieí la Diosa. Celebran Ms sacrifiNfantes estas» 
01^^ arcanas en^ el dia Vetntit 7 cinco^dd 'xnes Tar«2 
gd^iiquitandoitddodidmaco yoóbriéndo.Iá iniap-^ 
geai^porloijue iósAteciiefises ciieatan este dia de 
desacióñ de todo trabajo entre los maa i^iagos. ^a^ 
xccia poesque lá Diosa no recibia coBvmór y^benij^ 
nidad: á Alcibiades , sino que se ie-eoei|^r!a y io 
apartaba de sí. Sin embíirgo j habiéndolersaoedido tó«^ 
do:s0^n su deseo.» y hectro equipar. idén ^aleras^ 
que maná salir otranesc al mar» J0<a£iltd en esto 
una cierta ambicion^^neresa » y le detuvo iiasta el 
tiempo de los misterios, por cuantq desde que se 
muro á Decelea» y los enemigos stf apodentírcm de 
los caminos de £leasine> Qingun aparato liabia te-» 
nido la iniciación » siendo preciso ir por mar ; y asi 
los sacrificios , losjooros ;y Imuchas. de las ceremo- 
nias propias del camixxo- cuando se' invopa á Ya^o» 
se habían omitido ponr necesidad. Pái^ecróle pdé tan- 
tOfá Akibtades que ganaHan en piedad respecto de lá 
Diosa f y en gloria respecto de los hombres » dando 
á la solemnidad la forma antigua » acompañando pof 
tierra la pompa de la iniciación » y pasando las ofren<' 
das por entre los enemigos : porque 6 baria, estarse 
enteraniente quieto á Agis» pasando por esta hu-^ 



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mitlacion:» 6 pefetrian ana gierní tagnda y aoepw 
i los Dioses por lÉS'Oosd» mas santas y mas grandes 
ala visu de la patria ^teotendó á todos los cuida«* 
danospor testigos de ta vaion Luego' que se deci- 
did poi) está idca^ j <fió parte de eík i los Eumol-» 
pidas y ¿.¡os^henddos^ puso cemioeias en las altu^' 
n»,. Y' desde eíaHÍaoeGer envid algunos correos. To-^ 
mando después 'Oolisigo& los sacerdotes, i los ini'« 
ciados y. i los provectos, y oenltáadoíos con la» 
ármaselos coodqjocon aparato y ftrt ruido; dando 
ea'áta especie de expedición unemctácalo angustof 
y religioso, al qüc daban ios nombres dé piocesio» 
sagra<£i5 psopia deJbsr mntoS'nisterioa,:iosqQe es^ 
tahan.>oxen«x>s de eturidia^ Ninguno tigios< enemigo» 
osó' oponerse^ y jiabieodor hecho b vnf^ka con igual 
segotidad, él mismo se engrio en su ámmo; y llenó 
de tanto orgullo: airejénclto^ que se miraba Como in--» 
contrastabbé isrencibie bajo tal caudillo* A los jor-^ 
naferos y á los pobres4e los atrajo de numera que> 
concibieren un nriolento deseo de que dominara solo^ 
diciéndoseb asir.atguné», y acercándose ár 61 para» 
exboztaiíle íl que ^despreciando la eqvidia,' se sobre^- 
pusiera i los decretos,. i las leyes y í. los embeie-» 
cadorés que penüaiv U dudad, pac^ poder obrar y 
mancfár ios negocios domo le pareciese, sin temor' 
de calumniadores. ^ 

Cuál hubiese) sido su modo de pensar acerca dr 
esta propuesta, de tiranía no puede saberse; pero^^ 
habiendo ios principales ciudaaanoS' concebido mie^ 
dó, dieron caloi' á que se embarcara cuanto antes,' 
concediéndole todo lo demás, y los coiegasque qui-»^ 
so..Partfendo pues con las cien galeras, y tocando 
en ^ndros ,. venció si en batalla á los habitantes y 
á .cuantos Xacedeiuonios alli habia,^ pero no tomo 
ia ciudad ; y este fue el primero de k>s cargos de. 
que se valieron contra él sus enemigos. Y en verdad' 
que. parece haber sido Alcibiades mas que otro algu-^ 



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48 AlCIBIÁBtiS; 

ao víctima de sa^pcopia gloria y: refíatacSon : porqm 
siendo muy grande y muy acreditado de valor y 
prudencia por tantos prósperos' sucesos, lo j que no 
conseguía , lo hacia sospechoso de que no ponía, efili» 
caicia, ño queriendo creer que era ^. haber podidói 
pues qué con la diligencia nadaliafaia:de dessradái!* 
seie: por: tanto esperaban la noticia dé que bfUMa^sa-* 
jeftado á los de Quio y todala |onia, y sb i¿dig$^ 
fiaban desque no se les diese tech) concluido con I9 
presteza y celeridad que apetecían ; no parándose lí 
i^nsiderar su. falta de fondos , ú cansa de ia cual, 
babiendo.de hacer. Ja .gnerra:á hombres que tenían ai 
Rey por su.máyordomo, se veía muchas veces pie«^ 
Qisado á navegar :y abandonar eljejérdto para.asis-¿ 
tírle con ks pagas y los víveres : /porque el .Mdltimo 
cargo dimano de la siguiente causa* Enviado Lisan-* 
dro por losLacedemoniosconéLiitando de^kanna-* 
da 9 y dando de paga á loi marineros cuatfa «bolos 
en lugar de tres del dinero qucL tóouS de Giro; Al<¿ 
cibiades y que ya penosamente ieslacndia coa k¿ tres 
óbolos, tuvo que marchar á^Gairia^árTecoíger alguna 
suma. Antiocoy'que fue el que -qúbd^ con tel mando 
de las naves,, era buen marino, pero necia por 1q 
demás y de ninmn provecho $ y aunque Alcibiades 
le dejó prevenido que de .ningún modo: combatiese 
aun cuando le buscasen los enemigos , de tal modo 
se'insolentó y ituvo én poco aqueik arden , que equi- 
pando su galera y una de otro Capitán, se fue la 
vuelta de £feso ,.y haciendo y dldendo mil sande^ 
ees é insultos, se metió por entre las proas de las 
naves enemigas. .Al principio Lbaadro , yéndose á él,« 
se puso á perseguirle con pocas naves; pero cuando 
vinieron en auxilio de aquel los Atenienses con to^ 
das las suyas , pasando adelante , deshizo al mismo 
Antioco, le tomó muchas naves y gente , y levantó 
un trofeo. Luego que Alcibiades oyó lo sucedido^ 
volviendo á Samos, marchó coo'tocks sus fuerzas y 



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A&ClBTADBSi 49 

ptOTOcabt'á JÜÉadxo; perbeste» ooDteolo'ooa ss 
victoria I no quiso hacerle frente. 

Siendo entre los que en el* e¡ército miraban mal 
¿. Alcibiaiks el major enemigo- sayo Trasibulo el de 
Trason, marchó i Atenas para acusarle ; y acaloran- 
do á los que alli tenia, hizo entender al pueblo que 
iklcibiades habia desgraciado los negocios de la re- 
pública y perdido las naves por abusar de la autori- 
dad , dando, la comandancia ¿ hombres que con firan*^ 
cáchelas y con las fanfarronadas propias de los ma^i* 
finos j grangqdmn todo su favor, para que él , an-^ 
.dando ae.nna parte á otra,* pudiera enriquecerse y 
entregarse á sus desordenes en el beber, y i livian- 
dables con sus amigas Abidenas y Jonias , sin embar-* 
go de navegar bien cerca los enemigos. Culpábanle 
asimismo de la prevención de la muralla que habtao 
hecho construir en Tracia i la parte de Bisante , pa- 
ra refttcio suyo, por no poder ó no querer vivir en 
la patna. Arrastrados de estas inculpaciones los Ate- 
nienses, eligieron otros Generales, poniendo de ma« 
nifiesto su encono y malignas ideas contra Alcibia^ 
des; el cual luego qué lo entendió, por temor se re«« 
tiro en un todo del ejército ; y haciendo recluta de 
extrangeros , se dedicó á hacer la guerra por su'cuen- 
ta á los Traces, que no reoonocian Rey , y allegó 
mocho caudal de los que sojuzgó , poniendo al mis- 
mo tiempo í los Griegos estabieddos por aquellos 
contornos en plena seguridad de partt oe los barba-* 
ros. Con todo , mas adelante cuando los Genérale! 
Tideo, Ménandro y Adimanto, que con todas lai 
naves que les hablan quedado, á los Atenienses- esta-» 
ban en el puerto de Égos-potamós , solían ir todas 
9 las manadas nmy temprano en busca de Ltsandro^ 
surto con las naves de los Lacedemonids en Lamsa- 
¿6 para provocarle , y volviéndose después al mismo 
puesto, pasaban el dia desordenada y descuidada^ 
mente como despreciando i estos: Alcibiades, que 

TOMO II* O 



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fd ÍCLCIBTADB9. 

ae hallaba cercayna lo miró con indiferencia y aban^ 
dono y sino que montando á caballo advictió á los 
Generales, oue estaban mal apostados en un país 
que carecia de puertos y de ciudades, habiendo de 
proveerse de Sesto que les caía muy lejos, y tenien^ 
do en tanto abandonada la tripulación en tierra , yén^ 
dose cada uno y esparciéndose por donde le daba la 
gana; cuando tenian al frente la escuadra enemigas- 
acostumbrada á ejecutar sih rebullirse cuanto manda 
un hombre solo. . . 

Hízoselo asi presente Alclblades, y les persuá<i> 
dio que trasladaran sus fvierzas á Sesto; pero los Ge**, 
neraies no le dieron oidos , y aun Tideo le ordena 
con expresiones injuriosas que se reticase , porqiie 
. no era él, sino los mismos quienes tenian el mando| 
con lo que se retiró Alcibiades , no sin formar de 
ellos alguna sospecha de traición, y diciendo á los 
que le acompañaban desde el campamento por ser 
sus conocidos, que á no haber sido tan ignominio«* 
sámente despedido por los Generales , en breves dias 
hubiera puesto á los Xacedemonios en la precisión 
de combatir contra su voluntad^ ó de abandonar las 
naves. Algunos lo graduaron dé jactancia ; mas í 
otros les pareció que iba muy fundado , si su ánimo 
era llevar por tierra muchos de los soldados Traces 
tiradores y de acaballo , y acometer y poner con 
ellos en desorden él campo enemigo. Por decontado 
que adivinó y predijo acertadamente .los errores de 
los Atenienses, bien pronto lo acreditó el suceso; 
porque viniendo sobre ellos repentina é iiiesperada*^ 
mente Lisandro, solas ocho naves se salvaron con 
Conon i todas las demás , que eran muy cerca de dos- 
cientas, cayeron en poder de los enemigos; y de 
las tropas á unos tres mil hombres que Lisandro to- 
mó vivos, á todos los pasó al filo de la espada. To- 
mó también á Atenas de allí á poco , incendió suf 
naves, y destruyó la llamada larga muralla. En vista 



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4(?:et^ lefmoido Alcibia4es á losLaoBdcmafiíos qoc 
^ominaban por tierra j* por mar ^ se traslado 4 &« 
tiaia» haciendo conducir^ y ílevando consigo ¡meo* 
aa riooezai y dejando todavía mucha mas en Ja ció- 
dad deso.residencia. Perdió también después en Bi- 
tinía gran parte de .sus bienes-, robado de Ips Traces 
de aquella parte ^ por lo que determinó ir á ponerse 
^n manos de ArtagergeSj .pensando que si llegaba el 
caso baria al Rey servicios no inferiores en si. i Iqi 
^e Xemí^tocks » y mas repomendables en su objeto: 
{jorqué no se emplearia» .como aquel , contra sus 
paoadanos; siqp que en favor de la patria y contra 
|i|8 «nemigos trabajaría .¿ implorarla el poder del 
K«y. Juzgando empero.que por medio de Farnaba- 
zo s^rjia mas seguro su viaje, se encamino hacia ¿1 i 
la Frigia., donde en su compañía se detuvo obse« 
quiándole, y siendo de ¿1 honrado. 

£ra muy sensible i los Atenienses verse despo- 

5'ados dej imperio y. superioridad ; pero después que 
.isandro los privo ademas de la libertad , poniendo 
la ciudad en manos de los treinta tiranos, aquellas 
reflexiones , que no les ocurrieron cuando les habriaa 
cérvido para su salud,, las hicieron entonces cuando 
todo estaba perdido coa lamentaciones^y quejas , trar 
yendo á la memoria sus errores y desaciertos, y 
teniendo ipor el mayor este segundo €sy:qpo que bar 
bian c<>iicebido contra Alcibiades^ porque/ue dcr 
pililo del mando cruapdo él mismoen nada habiá 
faltado ^ y solo porque; se hablan incopíodado co^ 
un subalterno que ignoiiumosamente habia^ perdido 
unas cuantas naves, con mayor isnomjiiia hablad 
priyado á la ciudad del mas esforzado y experimen* 
tado de sus Generales. Coi;i todo agn en . ^^dio d^ 
las Calamidades que. los rodeaban entreveían un^ som<i- 
bra de esperanza de que del todo no .caería la repú- 
blica mientras Alcibiades existiese : porque si antea 
cuando fue desterrado no pudo sufrir el. vivir en el 

D2 



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■j2 . HtCTBlADES; 

ocio y en ti reposo; tampoco ahora I á ho^sttr dei 
todo imposibilitado y llevar iá éñ paciencia <|ué loé 
Lacedemonios les hicieraú agravios , y que-los triün-' 
ta los trataran con vilipenidió. Ni era entraño ^üe & 
estos sueños se entregaran los demás , cuando ios mis-* 
mos treitita no se aquietaban sih pensar é inquirir 
sobre él, y sin mover frecuente conversación de lo 

Íue hacia y de lo que pensaba» Últimamente Cricial 
izo entender á Lisandro que no viviendo en demo^ 
Gracia los Atenienses, pCKlía tenerse por seguro el 
imperio de los Lacedemonios sobre la Grecia; pero 

?ue por mas sumisos y obedientes que se móstraseil 
la oligarquía , mientras Alcibiades viviese^ no los 
dejaría permanecer quietos en el orden establecido» 
Sin embargo > para que Lisimdro accediese á estas 
sugestiones I fue al ña preciso que viniera de Espaf-^ 
ta una orden , por la que se le mandaba qne se quir^ 
tara á Alcibiades del medio; bien fuera porque te- 
miesen su actividad y grandeva de alma, 6 bien pbr¿ 
que quisieran complacer á:A^s« 

Oíando Lisandro envi<SáFarhabazo ladrden pa-^ 
ra lá ejecución , y este la cometúS á su hermano Ma<^ 
gazo y á su tio Susamitres, hizo la casualidad qu4 
Alcibiades se hallaba en cierta aldea de Frigia , te- 
siendo en' su cahipañia á Tiriíandra, que era mía dé 
ws amigas; Habia tenido entre sueños esta visión: 
parecióle que se habia adornado con los vestidos dé 
su amiga, y que esta, reclinando ¿1 la cabeza en su 
regazo , le adobaba el rostro como el de una' mugér j 
pintándolo y alcoholándolo. Otros dicen que vio tú 
sueños á Magazo y los de su facción que le corta- 
ban la cabeza, y que era quemado su cuerpo; mas 
^odos convienen en que tuvo la una 6 la otra'visiotl 
poco antes de i\x muerte. Los. que fueron enviado^ 
contra él no se atrevieron á entrar en la casa , y lo 
que hicieron fue , apartándose al rededor de ella , pe^ 
garle fuego. Sintiólo Alcibiades, y recogiendo mu-« 



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chos vestidos y otrts roots loi ech<$ en el fuego , v 
rodeáfidose~4.^ nuiper ]^mierda so manto, con ía 
<liestra desenvainó la espada , y pasando con la ma- 

Er intrepidez oor enci^na ddí fnego antes que se ha- 
sen encendido las ropai, ^n solo presentarse dis« 
persó á los bárbaros » porqne ninguno de ellos tuvo 
valor para aguardarle ni lidiar con ¿1 ; sino qne de^ 
de lejos le lanzaban saetas y dardos. Traspasado de 
de ellos cayó finalmente muerto ; y después qne loa 
bárbaros le marcharofi, TimanddL recogió el cada- 
ver, y envolviéndole en sus ropas de ella, le hizo 
ti &Qeral y honrosas exeouias que las drcunstanciaa 

Ermitian. Pícese que fiíe nija de esu la célebre Lais» 
mada Corintia, tomada cautiva en Hícaros, alr 
des^ de la Sicilia. Otros escritores haV que refieren 
de diferente modo el acontecimiento de la muerte de 
Aliíibiades ,; didendo que. no tuvieron la culoa da 
día ni Farnabazo, ni Lisandro, ni los Laceaemo* 
nios ; sino que habiendo el mismo Alcibtades sedu- 
cido una mozuela de una familia conocida suya , y 
^reteniéndola consigo, los hermanos que sentian vt«* 
vamente esta afrenta, dieron por la noche, fuego i 
U cas4 en que vivía Alcibiades , y que le asaetearon, 
como se ha dicho ^ cu^do salía por medio de laa 
llamas. 






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'' ' • MÁRCIO CATO COmOlAKO. 

- Muchos Varones ilustres dío' á Roma la lamUíí 
patrieíá dé -los Marcios ,* déí cu^^o numero fue Cayo 
Marcio/ nieto de Nutíiá por sú madre j y elegi- 
do Rey después de Tulo Hbstilío. Eran ' asimismo' 
Marcios, Pubíia y Qiiiiito que trajeron á Rbthá la 
mejory tnas copiosa aguá;^ y Censorino á quién dos 
veces nombro censor el pueblo , y\ i cuya pefsüasiori 
después propuso y estableció ley , para qué a. nin-^ 
guno le Tdefa- permirido obtéttér dos veces esta !ha^ 
«istratura. El Cayo Maréib dé qiáen vamoi á ¿scrK 
Dir, educado por la madre, á causa de ha\5ér que- 
dado huérfano de padre ¿"liízo ver ^ue si bien la or-* 
fandad trae otros maíes,Vnó estorba empero qu¿ 
|)ueda algiírío '• hacerse hombre virtuoso • y ^ aventaja- 
do á los ,d€n;i,as;, aunque por-.ótra* parte 'dé "motivo 
dé queja y reprensión Cónftá ella á los viciosos \ co-^ 
mp que es quien por el djescuidb' los edia á pérderi 
Acreditó también este' Márcio qtie aun eñ aquellos 
de un 'ñatíifáí excelente 7 pot?^^5 generoso y bieii 
iñcliüado . que este sea , si le falta- la instraccion^, al 
kdc^^ dé las bueñas calidades produce otras- míalas^ 
como en la agricultura un fértil terreno que se dfeja 
sin cultivo. Porque aquella resolución y entereza de 
ánimo para todo produjo grandes y muy activos co- 
natos; pero el ser por otra parte vehemente é ir- 
reducible en la ira, le hizo desabrido y poco avenible 
en el trato con los demás hombres : por tanto al mis- 
mo tiempo que admiraban en él su impasibilidad res- 
pecto de los placeres, de los trabajos y del atrae* 
tivo de las riquezas , á la cual le daban los nombres 
de templanza, justicia y fortaleza; teníanle para las 
conferencias políticas por altanero , molesto y mal 
sufrido : porque el mejor fruto que los hombres sa- 
can del trato con las musas es el que por medio de 



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^XtAHeXO CATO OOntOLAHa ff 

ia elocuencia y U doctrina se suaviza la natural in-* 
dolé, redaciéodola en todo^l Ja justa medianía , y 
desarraigando lo superfino. £n Roína en aquella épo« 
ca prindpalmente era ensalzada la virtud quesobresa^ 
k en los hechos de armas y de la milicia ; lo que se 
convence de que á toda virtod no le dieron sino so» 
Ja ia denominación de la fortaleza, haciendo nombre 
eomun del género^ el ^le ala fortaleza le era pro^ 
pió y peoniar. 

Dotainába entre las densas pasiones de Marcio 
la de la guerra, y asi desde níiño empez6 á manejar . 
Us armas ; y juzgando que. de nada les sirven las 
^rmas de afuera á los que no tienen bien adiesti'ada 
y dispuesta el arma inataé ingéniu, que es el cuer<^ 
po , de tal modo ejercito el ^uyo para toda especie 
de lid , que en el correr era sumamente ligero , y para 
tenerse firme en la lucha y e&:.Ios combates casi in* 
yencibje: por tanto los qa& contendían con ¿1 en 
fortaleza y virtud , siéndole en ellas inferiores, echa- 
ban la culpa á la robustez de* su cuerpo , que era in» 
coatrastabte«,> é incapaz de doblarse con trabajo 
alguno. , **• 

Militó por la primera Ves -hiendo todavía joven- 
cito, cuando Tarquino el Rby de Roma, desposeído - 
ya del tritio, después de muchas batallas y derro^ 
tas echo > se pqede -decir , el resto, y vinieron en su 
auxilio , liaoiendo causa comua- contra Roma los mas 
de los Latióos y muchos- de los otros pueblos de Im« 
Ka, no ménós.en obsequio' de' aquel , que jpor envi-^ 
diá y deseo deicoñtetier losrprogcesosde la grandeza 
romana. £a aquella batalla, «que poruña y otn[ par- 
te estuvamuy Varia é incierta, peleaba Marcio. con 
gran denuedo Á ia^^ista det Dictsedor , y viendo caer 
á su! lado 11 un Raonnano no le abandono, sino que se * 
posó delante de él ) y acoinekieBdoal enemigó* qu^ lo 
acosaba , le dio muerte. Luego que el General hubo 
ganado laL^alia ,::üQa dfi sül ^rímera^ atenciDnes fue 



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56 MAHeiO CkrO CORlOtAVOi» 

eoroá»ie con una corooa :de encina:, por^eestá- filé 
H QQTOSÜL que señaló la^iey al (juesalvaba ün ciada** 
deno : bien fuera poa|ue tuviesen en Vénérasion la en- 
cina i causa de los Axcades , denominados' comedor fs 
de bellotas por un oráculo del Dios; bien porque 
sientpre y en todas partes tienen los que iniUtan co^ 
piá de encinas ; ó bien porque siendo de encina la co^ 
roña de Júpiter sociáU. creyesen que esta bra la que 
mas propiamente debía darse por la salvación de ún 
ciudadano. Es adonas la encina el árbol de mas co- 
pioso fruto entre los silvestres, y el , de madera maé 
sólida entre los cultivados. Era tambieír alimento lá 
bellota que de ella proviene, y bebida el melício'; 
y. daba ademas carne de fieras y de aves, proveyen^, 
do de ua instrumento para la caza , qw 6sr la lig8« 
Dícese que en esta b^üaüa se aparecieran: los DIós-^ 
coros , y que después de\ella se les vio con los caba- 
llos goteado de sudor , dar la noticia en la plaza,' 
en el sitio juntof á lá fuente donde está- edificado sil 
templos de donde proviene qué en el mes;de Julicl 
el día de los idus , que esÜesta triuníal^oestá conso* 
grado á los Dióscuros. 

Lá nbmbradia y los honores dispensados i los 
jóvenes, en los que son dé' índole ligeramente ambí«« 
ciosa ^ vienen á ser ^ á lo que. pare<ce, una cosa tem^ 
praoa que apaga su espíritu, y llena pronto sü sed, 
dejándola fácilmente, satísíecha; pero, á, tos de ánima 
altivo y resuelto los jhoi&ores lo$ elevan>y:enc¡enden^ 
impeliéndolos , , á.:manerar del viento ,c á iok que lea 
parece .honesto , ^ porque no los reciben tíomo salario;, 
sino que mas bien son «una nueva prenda: :que dan^ 
de que se avergonzarán dé f rusticar) j Ja esperanza que 
deselléis se tienen y.dé'ád hacerlaccirrer.coo' iguales 
*bechos i los anteriores. Siendo de este carácter Mar-^ 
eiay^ola trataba de emúkrse á sí inismbcnel val<»ry' 



X Qrchata < de bellotas hecha, con mtél; 



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MÉldO CATO OOmiOtAIIO» 57 

ftspurtiidoi mostrarse cada dit noevo en sos proezas» 
•i floereoer premios sobre premios, y ganar despojos 
sobre despojos': yendo á competencia en cuanto á 
boorarle los últimos Generales con los primeros , y 
queriendo excederlos en sus demostraciones, asi es 
qoe de tantas guerras y lides como las que entonces 
tuvieron, que sostener los Romanos , de ninguna vol- 
vió sin corona y sin premio. Para los demás era la 
gloria el fin de ^u virtud ; pero pata este el fin por- 
que aspiraba á la- gloria era porque su madre tuvie* 
ip de Que regocijarse: por cuanto el que esu oyese 
sus alabanatts » el que fe viera volver coronado y el 
abrazarla cuando vertia lágrimas de gozo, le parecía 
que acrecentaba sus honores y su felicidad. £stos 
fiismos sentimientos se dice por su confesión propia 
hdber sido los de Epaminondas , . que tuvo por la 
mayor de sus satisfacciones , el que su padre y sd 
madre hubiesen, visto en vida su generalato y su vic- 
toria en la jornada de Leuctns; sino que este dis- 
firutó el placer de ver á padre ]r madre alegrarse y 
congratularse juntos ; pero Marcio creyendo que de- 
bía á su madre ima gratitud doblada , no se aquiet<S 
con r^odjarla y honrarla , sino que tomó muger en*^ 
teramente á su gusto, y habitd siempre, aun tenien- 
do ya hijos, en la misma casa con la madre. 

"Era ya grande por su virtud la fama y el podefl 
de Marcio cuando ocurrió que el Senado , favore*^ 
ciendo á los ricoi^, puso en estado de sedición á la 
plebe 9 que se quejaba de los muchos é insufribles 
agravios que los logreros le irrosabad: porque á los 
medianamente acomodados los desaojaban de cuanta 
tenian, gomándoles prendas y vendiéndolas; y xes^ 
pecto de los enteramente pobres , se apoderaban de 
Us persoms.,apn&eadiendosus> cuerpos cubiertos de 
4icatri<;es de las "heridas y colpe^.ifccimdósen losen- 
<aieQtros y batallas sostenidos por la patria. Lajulti- 
i^adejEfttasbitíaisídocon loaSabinosi paralacuat 



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^8 uxMSío'CkYo c<miotA«a^ 

lo6 ricofs hábian -ofrecido ser en adeiahíe im» modé-^ 
rados, y el Senado había dj^signadoial Cónsul Marca 
Valerio por fiador de esta promesa. Mas como<ies^ 
pues de haber peleado denodadraaénie en e^ta ba-^ 
talla y y haber vencido á los enemigos , en f¿ida ha-' 
liasen mas equitativos í los logreros , ni el Senado 
diese muestras d& acordarse de lo que* estaba <íórive- 
nido , sino que antes viese con indiferencia 'qUe loif 
atrepellaban y encadenaban , suscitáronse án la tíu-» 
dad grandes y temibles alborotos. Vertida á notíci» 
de los enemigos esta .-inquietud de la pkbe^ no- se 
descuidaron en invadir á yerro y fuego la comarca;' 
y aunque los Confutes dieron la orden de tomar lú^ 
armas á todos los que seiíaltaban «n : fa edad desigv 
Bada ) nadie la obedecid. Dividiéronse con esto otrs 
vez. los pareceres de ios que servían kts magisti'atu-^ 
ias/ siendo un^s d& dictamen de ^[oese condescen-^ 
diera coa ios pobres , y se rela)araí eínimio rigor d^ 
k&ieyes^ y opinaodó*otros liiuy^aÜcontrario, de cu- 
yo numero era. Mardo^, el cual t)o> daba por cierta 
gran valor á los intereses; perodamaba porque se 
contuviera y apagara aquel principio y terftátiva de^ 
insulto y osadía de una imichedunibre insubordina— 
dailas4eyes. : .'. * * 

Celebráronse sobre esto frecuentes Senados , y c&^ 
mo en ellos nada sé conduyese , sublevándose de re; 
pcnte los pobres , y- excitándose unos i otros , abaií^ 
donaron la ciudad, y %e petiraron^nüonte-que aho-^ 
Tá se llama Sacro, íi)ándose junta al. rio >An{ene; sinc^ 
cometer acto alguno de violencia óisedicíon, y gri- 
tando solamente ser antiguo en los -rióos el- cmrioíí 
arrojando de la ciudad y y que para el aire; el aguir 
y algunos pies de tierra en que sepultarse, esto poí 
todas partes se lo suministraria la Xtaiia«, que era lé 
Aíico que disfrutaban con habitat :fen..Roin¡a', - fueti* 
del* recibir heridas y' fa muerte peleando' á favor dé> 
los ricos* Llead estb ocurrencia d¿ rezMo al Senado^ i 



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qie^pior tanto les inaiKk$ en embftfada á los mas mo* 
derados y populares Mtre los Seiuidores. Llevaba !• 
roa Menenio Agripa , que á la ves us6 de ruegos 
eon Ja plebe, 7 a la vex habló francamente sobre la 
conducta del Senado, viniendo á concluir con ana 
especie de ^ula sn exhortación 7 amonestamiento* 
Porque les refirió que en cierta ocasión los miem- 
bros todos del cnerpo humanóse revelaron contra 
el vientre , 7 le acosaron de que estándose él solo 
ocioso y sin contribuir en nada con los demás , to- 
dos trabajaban 7 desempeñaban sus respectivos mi- 
nisterios, precisamente por contentarle 7 satisfacer 
sus apetitos; 7 que el vientre se habia reido de sa 
simpleza, porque no echaban de ver que si tomaba 
para sí todo ei alimento , era para distribuirlo des- 
pués , 7 dar nutrición á los demás. Pues de esta mis- 
Ría manera, continuó, se conduce con vosotros 6 
ciudadanos-, el S^ado: porque á vosotros refiera 
euantps consejos 7 negocios se ofrecen , 7 con voso* 
tros reparte cnanto ha7 de útil y provechoso. 

Reconciliáronse con esto , pidiendo al Senado, 
y concediéndoseles que se eligiesen cinco ciudada- 
nos en defensores SU70S > que son los que ahora se 
Uaman tribunos^ de la plebe. Fueron nombrados los 
primeros los que ios habían acaudillado en el ]evan<¿ 
tami^nto , Junio Bruro 7 Sicinio Beluto. Luego que 
la dudad volvió á no ser mas que un cuerpo, al 
punto acudió á las ¿rrmas la muchedumbre, 7 se pre- 
sentó á los Gefes 'hiu7 presta 7 dét:idtdia á marchat 
á:Ja guerra. No estawa contento Marcík>con el ven- 
tajoso partido que habla Sacado la plebe 9 habiendo 
•tenido que ceder láratiistocracia, 7cJ>servaba que co- 
mo él sentían nstíchos dé los patricios: e^citábalof 
por tanto á no qiaedar inferiores á les plebeyos en 
ías lides que peleaban por la patria^ sino hacer ver 
que en h virtud, mas bien que en el poder, les ha- 
cían ^ciítaja» . : . ^1 1 > . 



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$9 MAUOIO nao iMlWtXVOk 

En k nádoá dé los Volscos , que era oonfartr k 
CKie tenkn la guerra, la ciudad de. Corlólos gozosa 
de la mayor nombradia ; dirigiéüidose pues contra 
ella el Cónsul Cominio , se álarmarcMi los demás Volv 
eos 9 y corrieron de todos lados ea.su auxilio, con 
la mira de pelear en defensa de la ciudad , y de lla^ 
mar 4 dos partes ia ateodon^de los enemigps. Tavo 
Cominio que dividir sus fuerzas, y como marchase 
en persona centra los Volscos que le cargaban en 
campo abierto , dejando para mantener el cetco! í 
Tito Larcio, varón muy principal entre los Roma- 
nos , tuvieron los Coriolanos en poco las fuerzas que 
quedaban ; por lo que haciendo una salida y traban- 
do combate, al principio lograron ventajas, y per^ 
siguieron á los Romanos hasta su campamentów Oes^ 
de, él acudió M^rde con bien poca gente , y arro- 
llando i los que mas se le cepillan , y haciendo con- 
tenerse á losque venián en .p6s^ de ellos, llamaba i 
erandes vooes á los Romanos; porque era un solda- 
do tal cual lo dese¿>a Catón, no solo por la mano 
y por el golpe, sino también por el tono de lavoz 
y la fiereza^ del rostro temible en di encuentro y ater- 
rador del enemigo* Reuniéronsele ya muchos y pu- 
siéronse á su hooy con lo que Acobardados los ene- 
migos volvieron la espalda; y él lentoncesf no se. dio 
por contento, sino que los persiguió y atropello^ 
llevándolos; en- desorden hasta las ¿puertas. Puesto ya 
alU, aunque Vio á muchos de los* suyos c.e$ar -en la 
üersecucion por, la 'copia de dardos que lan;taban de 
las murallas,, no cabiéndole anadie en ki imagitía?? 
^ion el pe^nsámiento de meterse envueltos con los 
enemigos en una ciudad llena de hombres aguei'ridos 
^ que estaban sojbre las árnias; ésto t no obstatite él 
insistía y ios atedtaba / gritando que U fortuna mas 
bien habia abierto la entrada djS: It^ ciudad á los per* 
seguidores.que á Ips j)ersegu54pft. ^SJguiéroDle muy 
pocos , con los que se arrojó á las puertas i y se me^ 



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óópQf entre los enemigos i no habiendo por lo pron» 
to ornen osase resistirle^ ni sostener su ímpetn. Cuan* 
do luego echó dentro de ^er cuan en corto número 
eran los qoc habian de auxiliarle y combatir á su !&• 
do 9 y mezclados confusamente amigos y enemlgoif 
dícese ^jue sostuvo, de acuchillar y nerir, deacudif 
prestamente á todas parces, y de mostrar el ánimo 
inas arrojado, una increible pelea en la ciudad; y 
que venciendo á cuantos acometía , con ahuyentar i 
unos i los últimos extremos, y hacer á otros arroja? 
las armas, dio oportunidad á Lardo para venir coo 
los Romanos aue habian quedado á la parte de afuera.; 
" Tomada de esta numera la ciudad, los mas se 
entr^aron á la tapiña y al saqueo de las casas: sen-» 
tíalo AÚrcio y los reprendia , pareciéhdole cosa in« 
tolerable que mientras el Cónsul y los ciudadanos 
que con él se hallabín , quizá venian i las manos y 
combatían con los enemigos, ellos por codida los 
abandonasen, 6 bajo la especie de enriquecerse so 
Büstrujesen al peligro. Fueron en corto número los 
que te .dieron oidos; y él, tomando consigo á los 
que quisieron seguirle , marchó por el camino que 
eñteiáió habia llevado el ejército» inflamando una» 
veces á. sus soldados y exhortándolos i no aba^ 
tirse; y. haciendo otras veces plegarias á los Diosea 
para que no le ^ivasen de la gloria de hallarse en 
la batalla, y antes le concediesen llegar eñ la opor-^ 
tunidad de coml^tir y partir los riesgos con sus 
conciiidadanos, Tenían entonces la costumbre los Ro- 
manos, al formarse para entrar en acción, de em- 
brazar los escudos, ceñirse la toga, y hacer testa-» 
inentos no escritos, nombrando ante tres ó cuatro 
camaradas su heredero ; y cuando en esta disposi- 
ción se hallaban los soldados , teniendo ya á la vis-* 
ta los enemigos, entonces es cuando Marcio sobre* 
vino» Y ío que es al printípio dio que temer á al- 
gunos , presentándose con unos pocos cubiertos de 



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62 UASCaiO^ CATa COUÚJtAXfOi 

sangre y ét sudor; pero 4espiies que prestamente* yt 
con semblante. alegre se fué hacia ef Cónsul alárgám 
dolé la diestra, y que le dio cuenta de cómo había 
tomado la ciudad ; Cominio le echó los brazos» y lo 
saludó con ósculo; y de los demás» á los que se en^ 
tararon del suceso les inspiró x:onñstnxsi ; y aliento á 
los que solo la conjeturaron;- por loque gritaron to^ 
dos que se le^ llevara á los enemigos y se trabara ia ba« 
taila. Preguntó entonces Mardo á Cominio, con qué 
j^rden esm>an dispuestas las diferentes armas de los 
enemigos , y dónde hablan colocado las tropas esco^ 
gidas. Dijole. este que en su entender ocupaban el 
centro los tercios de los de Ancio , gente muy aguer- 
rida y que á nadie cedia en valor^ Kuégote pues,* le 
contestó Marcfo , y encarecidamente te suplicó,- ^ue 
nos colerines en .contraposidoa á esos; y el Cónsul 
se lo concedió admirado de semejante decisión. Ap€^«> 
ñas comenzaron á herirse con las lanzas , se adelantó 
contra los enemigos Marcio, 7 I0& Volscos que es«^ 
taban á su frente no podiecon resistirle , sino que: la 
falange , por la parte por donde ¿I acometió » fue al 
punto rota. Mas como entonces los de uno y otro 
costado hiciesen ima conversión y dejasen á Marcio 
cerrado entre sus armas , lleno de cuidado el Cónsul 
mandó á los mas esforzados en su auxilio; ytraba-»- 
da en rededor de Marcio una recia pelea, en la que 
en .breve fueron muchos los nuiei^tos , cargando aque- 
llos con ímpetu y fuerza rechazaron á los enemigos» 
en cuya persecución se pusieroü luego , rogando 4 
Marcio, ^1 que.veian rendido de cansancio y^de ho« 
ridas , que se retirase al campamento ; pero respon-^ 
diéndoles que nunca se cansa el . que vence ; careó 
también sobre los fugitivos. Todo lo restante del 
ejército fue igualmente deshecho , siendo grande asi 
el número de muertos como el de prisioneros. 

AI dia siguiente, habiéndose presentado Marcio 
y concurrido gran muchedumbre ante el Cónsul 1 so^ 



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JiJOCIO CATO OOMMUOíOé () 

bioe^c i lá trsbuda; y hedbs dejos Dioses fa^lebi- 
4a conmüemoratíoR por tamañas prosperidades ^votvid 
ya á Marcio su discurso* Hizo de él en primer lugar 
iin magaíÍTCo ebgio» habiendo iido espectador de 
mochas .de sos acciones en' la batalla , y haUéndose 
íníbrniado del tntsmo Marcio en cuanto i las deoias;^ 
y luego itabtep<hi sido muy grande la presa en tU 
queza» en orisattos y en hoimves, le mó orden de 
que tomase de cada especie de: cosas diez, antes de 
hacerse la dístribocion á los demás, y separadamci^ 
te por prez dd valor le regaló ña caballo enfaezadoé 
Aprobáronb los^Romanos; pero Marcio haciéndose 
adelante respondió» .que el cabalte lo tedbia, y le 
eran mny gratos' los elogios del General ;• pero en 
Planto a las demás cosas, mirándolas mas bien co*^ 
sno salario que como honor , las renunciaba, con* 
rento con entraur como uno dé tantos al reparto: cod 
todo^ que uhaisola gracia especial pedia, y les roga^ 
ba se la otoj^aseo» Tenia , dijo, entre los Volscos 
un huésped y amigo, hombre de probidad ynio« 
deracion : este ha sido ahora hecho prisionero, y da 
rico y feliz qtie* antes era,, ha venido á se^ esclavo; 
<nas entre tantos males como le agovian , de uno solo 
es menester aliviarle, que es de ser vendido en la aU 
moneda* Al oir tal propuesta todavía fue mayor la 
gritería de todos en loor de Marcio , y muchos los 
que admiracoQ i^as su despxeodimiento en punto Á 
intereses , que su ardimiento en los combates : de ma- 
nera que aun á aquellos eu quienes habia algo.de emu- 
lación y envidia por los distinguidos honores que se 
le tributaban, les pareció dieno de los mayores pre- 
mios , por el mismo hecho de rehusarlos ; y en riías 
tenían la virtud con que los. despreciaba , que no 
aquella con que los habia^ganado , porque es mas lau- 
dable saber usar bien de Tas riquezas que de las. ar- 
mas ; yes mas glorioso que el usar bien de aquelhis, 
el no desearlas ni haberlas menester* 



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$4 UAWat^ CATO GomoiAUd^ 

Luego que entse la muchedumbre cesd erftiboro* 
to y la gritem, volvió i tomar la palabra Cominio 
y dijo: en cuanto á esos otros dones ^ ó camaradas,. 
Qo hay como precisar á Marcio, sino los admite d 
sehusa recibirlos: obsequiémosle pues con «quel que 
concedido no pueda desecharle , y reservamos qué 
tome el nombre de Goriolanoy si té que ya su mis^ 
ma hazaña no se. le dio; y desde^entonces tuvo el 
de Cortolano por el tercero de sus notí&bres : con lo 
que se pone mas ás manifiesto que entre estos Gayo 
era el nombre propio , y que el segundo era el de 
la casa y famiha, esto es , el de Mardo^ £1 me usa 
ya en adelante fue el tercero, qué se anadia por 
una acción, por un acaso ^ por la figura, ó por 
alguna Virtud:, al modo que los Griegos por una 
haeaña imponían el sobrenomboe deSotero' y de 
Cailnico '; por la figura el de Fuscon ' y Gripo ^; 

rr ja virtud el de Euereetcs^ y Fíladelfo^ y pot 
dicha el de Eudemon^al segundo de los Óatos. 
En algunos de los Reyes los motes mismos pasaron 
i ser nombres , por los que fuesen conocidos , co-* 
mo en Antígono el de Doson', y en Tblomeo el 
de Lamuro^. Tojdayia fue mas común i los- Roma-» 
nos usar de esteí género de sobrenombres, Uanum^ 
do Diademado á uno de los Metebs , porque ba-^ 
biendo tenido por largo tiempo una llaga , salia á 
la calle con una venda, en la frente ; y á otro Cele-* 



1 Sotero es Salvador. 

2 Calinico , el señalado vencedor. 
5 Fuscon , es panzudo. 

4 Gripo 9 el de nariz aguilena. 

5 Euergetes , bienhechor. 

6 Fiiádelfo, amante de sus hermanos. 

7 Eudemon , feliz , bienhadado. 

8 Doson , es el vano prometedor. 

9 Lamuro , el chocarrero. 



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UAMCSO CATO OMIOtAXa- Cf 

S9 6 TítfMOf porque dispuso cq muy pooos días 
el dar sdemnes juegos, en el funerti de su diíbiito 
padse; manifestando. la admiración que les cansó far 
prontitud y ligereza de aquellos preparativos, A al« 
ganos por el acaso ocurrido en su nacimiento loi 
llaman aun hoy , Proclo al que naoe esMndo su pa«^ 
dre ausente; r<Sstumo cuando el padre ka muerto; 
tr al que Inbiendo nacido melg^iso se le muere el 
Iiermano Vopisco. Por los motes y apodos no solo 
dan Jos scdbrenombres de Silas y Nigros » sino tam« 
bien los de Cecos y Claudios: acostumbrando muy 
joiciosam^te á no tener por tacha ó afrenta la ce-» 

fiera ó alguna otra desgracia y falta corporal, sino 
ponerlas por nombre propio del que las sufre. Mas 
esto pertenece á tratado diierente. 

Terminada la guerra volvieron los Tribunos á sus^ 
citar otra vez la pedición > no porque tuviesen nut^ 
va causa ó motivo justo de queja , sino haciendo 
que le sirvieran de pretexto contra los patricios los 
males que necesariamente dd>ieron seguirse á sus 
primeras inquietudes y disensiones ; porque la ma^ 
yor parte del terreno se quedó por sembrar i Incul^ 
to; y no hubo oportunidad con motivo de la guer-» 
ra para hacer prevención de trigo forastero. Sobre«* 
vino por tanto una suma carestía ; y viendo los Tri- 
builoís que la plebe absolutamente carecía de abastos^ 
y que aun cuando los hubiese de venta no tenia 
^^oa qué comprarlos , echaron la calumniosa voz con-» 
trn los ricos de que por pora malignidad les hablan 
atraído aquella hamore. £ntre tanto vino embajada 
de Ios-de y eletri,. ofreciendo entregar la ciudad, y 
pidiendo, se enviasen allá colonos , porque una en* 
fermedad pestilente que los babta afligido habia he-* 
iixq >tal ruina y destrozo de hombres , qtpe apenas 
le habría quedado la décima parte de su población*. 
Parecióles á los hombres de juicio que habia venido 
muy oportuna ysaaeQoadamente esta demanda de loa 

TOMO II. . B 



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66 MAUCTO CAYO CORIOIAKO. 

Velitranos en ocasioiv en que necesitando por la escd-' 
sez de algún alivio, coñcebian la esperanza de cal^ 
mar la sedición: con limpiar la ciudaa de lo mas re- 
vuelto y mas acalorado de los Tribunos., como det 
una superfluidad nociva é incómodaw Escogiendo pues 
á estos los Cónsules , de ello$ formaron la colonia y 
la enviaron ; y á los demás les intimaron la necesi- 
dad de militar contra los Volscosi ; preparando asi 
una distracción de las turbaciones civiles, y pensan*» 
do que reunidos con las armas en el campathento 

Ír en los comunes combates los ricos juntamente con 
os pobres, y los plebeyos coiv los patricios, se mi^ 
rarian reciprocamente entre sí con mayor mansedum^ 
brc y dulzura. .. 

Oponíanse principalfhente' los Tribunos Sicinio 
y Bruto , diciendo á gritos que se quería disfrazar 
la cosa mas inhumana con uno de iosnond3res más 
benignos , pues era como echar al Tártaro á los po-^ 
bres , hacerles marchar á una ciudad llena de Mti aire 
enfermizo y de cadáveres insepultos , y enviarlos á 
la mansión de un Genio extrangero y maléfico; y 
como si esto no fuer^ bastante , que á unos cio4adiEir 
nos Querían los acabase el hambre , á otros los aban-' 
donaoan á la peste, y ademas les suscitaban una gqer-*^ 
ra del todo voluntaria, para que no hubiera calami-* 
dad que á la ciudad no alcanzase', porque no se pres-^ 
taba á vivir en la esclavitud de los ricos. No circu^^ 
lando pues entre la plebe otros que estos' discQrsos^ 
no se presentaba á la revista de los Q^nsules, y des- 
acreditaba la resolución de enviar la colonia, veíasd 
en perplejidad el Senado; pero Marcio , que ya es- 
taba lleno de orgullo y tenra la reputación dé altivo; 
haciéndose admirar por esta calidad, era entr^ los 
poderosos el. que mas abiertamente hacia frente á los 
inribunos* Enviaron pues la colonia, precisando á sa- 
lir con graves penas á los sorteados; y por lo que 
iiace á la milicia, como entet^mente se negasen á 



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liá9CU> CAYO .QOmJMMn^^ tf 

ella , residiQdo el «lismo Marcio ios Qliceiitei»y m^f 
^ quienes pudo pei^nadir , corrió vodo d ppis dct JOi 
de Accio ; y ^bioidQ eocoatrado mucho grona^ |r 
becbo grw bocio de ganados, y esdavos» nada .to^ 
ipó para SÍ.J y vokió á Roma con sus soldadós-i Af» 
O^aa 7 condactao mucha hacienda} de maoaciique 
ios deoutf» p e<af^ t oa 7a ^ envidiosoí de los que se 
habían enriquecido» se irriiabaii^ion Jifarcio, ymin 
laban !»Hi jbalos ofot su gloria y so poder, loomo 
^qe ^jecia9,en'daóo de la plebe- - 

* Presentóse de alli á poco tiempo Marcio picVeih 
do el consulado) 7 la ma70f* pam condesqendia» 
{H^upando 4 lé pkbe cierta ^ei^aaa para no de»ím 
xar ni f^ider^ un varón, qne.iQbresaíiendo á todos 
en línag&,7 en valor, había alcaoaado tantos 7 tan 
señalados triüDSfos; porque emoostumbre que los que 
pedían el oontalado hablaran y alargaran la díesti» 
a los ciudadanos , presentándose con sola la. toga y 
sin túnica e» bplaaa; bien fuera pai;a mostrar ma-t 
yor sumisión en sus ruegos, á bien , psra poner de 
manifiesto los /que tepian cicatrices, aquellos honro^ 
sos testimonios de su valor 7 fotrtaleaa; pues no erA 
por sospecha de. disiribu^oñ de dinero, ó de presea* 
tes el obligar. i que el peticiooario.se. i>refientara i 
$U$ conciudadanos desceoldo y sm turnea ; por<jue 
tarde 7 muy íargcr (fcmpo después fue cuando se mi 
trodu}p la corrupción 7 la ventar, .7 cuando, el din 
sero se mezcló en las votaciones de l^s Comicios ; y 

Í^ desde entonces el ^soborna ha^e^do coni;^mínac¡o 
>s tribunales 7 los ejércitos, iiupeU($.vla isiudiid hi^^ 
cia el despoti^no, qautivai^do las'jirmas al dineros 
pudiéndose ase^irar que tuvo' mucha razopel quft 
dijo , que el pximero que cfiteltíó la repáblica, toe 
el que <lió. banquetes, e hiao distribución de^dinero 
al pueblo. Mas este daño parece que se fue des^izao^ 
do á escondidas,, y poco a ihxJq, 7 que no se ma- 
liifest<$ de pronto en Roma^. puesto <jue no sabemos 

E2 

Digitized by VjOOQ IC 



6d MÁkcm CATO COíMtA^óC 

quién fudd <|üe prhnero Inzo enfaqaeUadiidaddo^ 
fii^hros á tos tribnnfties ó alp^Io; cuando Cft 
Atenas se dice haber sido el pritnefo ^ue dio dinero 
i toi^ Jueoes Anito el de Antemióciy M}U$ado dé 
trakién acerca de Pilo y ya hacia el fin de la guerra 
del Peloponeao ) tiempo en qne toidatía en Roaui 
dominaba en la plaza pública un linagfi verdadera* 
meatt áureo 6 incorrupto. i . : 

< Mostraba Mardo: mtidias dcttrices de eran nú-^ 
mero de combates en qtie habia sido herido en locr 
diess y siete año^ íegaidos que había- militado $. lo 
qtié hacia mirar con respeto sn vajor f y linos á otro^ 
Sé h^ian dado palabra de designarle^ Mas venidp el 
dia en que habiade hati^rse laV^tádon; ¿oBio Mar^' 
tío se hubiese presentado en la-piaaa péblica acóm- 
Imanándote pomposamente el Secado, y pugnando^ 
todos^ los patk-icios por povársck al ^raiedor , demos-^ 
traciph qáe jamas habían hecho- c^n iiadléy al punlto 
k muchedumbre desusó la inclinaci^ ^tte letenia;- 

Cando á mirarle con encono y ojeriza; á los cua^ 
afectos se ijiantabá ademas el temor de que uiy 
hombre tan taristooritico heclio) dueña del manck>y: 
y^teniendo tanto ascendiente con los patricios, pu- 
dieirapritrar enteramente al pueblo oe su libertad;^ 
fpm^stks ideas desairaron en la votadon á Marcio.- 
Luego que se vid sef otros los -Cónsules :que se ^ü-^ 
Uicaron, el Sen^do^lo iántid profundamente, ere*-' 
yendo qued fáscátO' mas que contra Marcio era' 
Ooütrá él mismo; pero aquel no Uev^S ^n^ modera-, 
eioh ni con sosiego lo^ sucedido., estai^l^por loco- 
sÉrtrn acostumbrada á usar de aquella pafl^ de so ca-» 
facter que era Ifacufvda y rencillosa; sin que lod<$-f 
cU y suave que principalmente debe, sobresalir étk 
bs virtudes 'políticas se le hubiese en iuihgun modo 
iflsfHrado por eUdiscurso y la educación ; y sin que 
supiese que, como dice Platón i al que ha de. tomar 
parte en los negocios públicos y-conversar sobre ellos 



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Ifitíicio CATO comMustOé 69 

con ófr^s liombrea le oosvieoe $nte todo Iniir 1m 
arrogflocia, conpftfiera inéeptrable de k f«iu de 
trsto, y «brasar la paciencia 9 que suele de alguno! 
ser escarnecida. Asi es , que siendo hombre sencillo 
é inifleicible » creído de que el vencer y salUie con 
todo era obrar con fortalece , mas no de que el enr* 
tr^rse á la c<$iera proviene de debilidad y flaqueza 

r>r lo que sufre y padece el espirito > del que viene 
ser como un tumor la ira ; se retiró de la pUum 
lleno de incomodidad y despecho contra el pueblo. 
txx jóvenes patricios , que eran en la ciudad por lo 
distinguido de sm origen lo mas oiano y floredente^ 
siempre se le habían mostrado sumamente afectos , y 
entonces presentándosele y poniéndosele al lado 9 no 
para bien , con irritarse y dolerse con él , exaspe* 
raron todavía m^s su cóíeraé indignación; porque 
era coandoestaha^de faedon su ; guia y su maes* 
tro en las cosas de la guerra 9 y en el hacer que los 

3ue se gloriaban de hazañas ilustres excitaran en los 
emas , no envidia » sino una honrosa emulación* . 
Vino en esta sazón trigo i Roma» en gran par* 
te comprado en Italia » y ea no pnequeña regatado 
por los Siracusanos , enviandolo el tirano Gelon ; con 
lo que muchísimos concibieron lisongeras esperanzas 
de que á un mismo tiempo iba la ciudad á verse lie- 
bre de escasez y de disensiones. Reunido pues el 
Senado , se derfamó incontinente por las inmedifl^ 
cienes el paebl9 » cercando por la parte de afuera 
la Curia , en la esperanza de ^ue tendria grano eo 
^cha<:onven¡oncia » y qiie lo regalado se distribuí* 
ria de bal4e |cy Min adentro habia. quien á esto misr 
mo excit^^e alj Senado. Mas levantóse en este punto 
iMarcio y contradijo .acaloradamente i los que pen* 
saban len haberse ^niguamente con la mQchedum^» 
bre, tratándolos de populares y de traidores de la 
pobleTa^. qoe fomentaban contra sí mismos; las ser 
millas I ya prendidas, de osadía é insoUnc;^^ U|9 



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^uehcíbierasido' bueno no haber xlespreciááb' ^uíiti^ 
ao se esparcian ai principio ^ y tfp-frs^ser' dejado i 
lá plebe hacerse- poderosa con tail:eicéesÍTa potestadt 
que 7a basta temible se les hada con querer qué 
en t(»lo se cediera i sn voluntad , >y á naaá pudiera 

Írecisárseles contra etla , no guaraándo obediencia 
los Cónsules , y viviendo en anar^ciuía éon 'tener 
por caudillos á los que «e denóminabiEin magistrado^ 
suyos: que con. el presente y distribución' del granOj 
que al modo de te$ Griegos <le mejor ordenada^ ré- 
.públiiC:as decretaban algunos , rno 6e hariá otí'a cosa 
que dár-^irea su desobediencia en ráitta del- estado; 
pues n5 puedeq reconocer qué ^éa uña recompensa 
^p la milicia , de que desertaron ; por las'^escísio- 
nésconque abandóaaroa la patria yo por las calum- 
nias qtoe abrigan contra el Senado ; ^ino ijue en la 
inteligencia de que cediendo y tísonjeáhdólos dé 
miedo les hacemos semejante distributít* , y con lá 
esperanza de salíne con todo no pondrán a su des*^ 
obediencia término alkafto, ñJ habírá como conte-¿ 
Tíérlos de que armen disensiones y alborotos: asi que 
tsto, decia^ me parece «na locura. Por tatito si he* 
*ios-dé obrar con prudencia ^ arranqüémosles el tri-í- 
l3unado^ que es un girón de la autoridad consular, 
y un rasgón de la república, no tina ya como antes, 
%irio dé fal manera partida en trozos, que ya no ha 
tie poder en adelante «fiífse, ni tener concordia, ni 
tíejarnbsoiros dé estar adiacfosos y en cixitinüos alf 
t3iOrt)ft^%nos coii otros. * . ; ,r -;' 
• ' - Diciendo' Mkrtío mtttíhas cosas por éste terminó 
éiifusiasrti6 extraordinarlahiente á todos fé^ jóvenes, 
y puso de su parte á casi todos lo§ ricífe ; tftíe decían 
á gritos no te.nia lá ciudad otro liombté'ííinexible , 6 
incapaz de condeseenderícias , sino ár^l solo. Hacían- 
íes con todo opósicten algunos de los ancianos, pre- 
viendo ló que iba á suceder; pero hada dé provecho 
"fiídekñtarófí : poiqué los tribunos que se baHaoan pre^ 



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UAtBCXO eATO COHIOLAUQ.: 71 

«entes '1 luego ^oe vicroa que preraiecía el dt^hunen 
dé Mardo , corrieron con 'gritería hacia la oiuche* 
datnbre exhortándola á que se les ttaiese» 7 les die* 
se aQxilio. Reunido tumukoariamente el pueblo en 
funtsíj y referidas las expresiones en que había pro^ 
fompido Marcio estuvo en muy poco el que lleva* 
da, la plebe de la ira, no se arrojase sobre el Senado; 
pero los tribunos » atribuyéndolo todo i Marcio , lo 
enviaron á llamar para que se defendiese. Mas como 
con desprecio hubiese desechado á los ministros que 
se le eoviaron » los mismos tribunos se presentaron 
trayebdo con lo( prefectos á Marcio por fuerza , ha*^ 
blindóle echado* mano. Concurrieron entonces los 
Patricios y 6 hicieron retirar á los tribunos , y á los 
prefectos aon les dieron algunos golpes; pero sobre- 
vino la tarde f y disolvió aquel alboroto. A la ma- 
ñana temprano viendo los Cónsules al pueblo sum»«- 
meñte inquieto 9 y que por todas partes corria hacia 
h plaza publica » temieron por la ciudad ; y con- 
gregando el Senado , exhortaban á que: mirase como 
con palabras suaves, y con proposiciones ventajosas 
se podria apaciguar y sosegar á la muchedumbre, 
pues no eran momentos aquellos de pretensiones, ni 
d^ contender por la autoridad, si tenian algo de 
juicio; sino mas bien tiempo delicado > y de urgen* 
cia ai)e pedia un manejo ae mucha mansedumbre y 
imi<^,humanidad. Convinieron los mas» y dirigién- 
dose los Cdnsuiesá la muchedumbre le hablaron con 
mucha blaadura^ y procuraron templarla , disipan^** 
do con agtado las calumnias y absteniéndose lo po« 
sible de quejas y reconvenciones ; y en cuanto al pre-* 
cío del .grano comprado dijeron que fácilmente se 
entenderían entre sí.. 

Cuando la mayo? parte de. la plebe se hubo cal- 
mado, y sé echó dcirer en el escuchar con orden 
y sosiego (jue se había dejado convencer y ablandar, 
lomanw; la palabra ios Jxibunos, ofrecieron qué la 



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plebe ^cómp^iría en tnocleraoíoñ y pruderictá coif 
el Senada mientras asi se 'la tratase; mas «al mismo 
tiempo ordenarla que^Marcio se justiñcase de haber 
tratado de inflamar al Senado paifa trastornar el go- 
bierno y /disolver la república ; de haber sido re-* 
beldé á la. citación de los mismos; y finalmente de 
haber dado de golpes é insultado en la plaza públi- 
ca. á los prefectos , promoviendo en cuanto estuvo de 
su parte la guerra civil, y armando á los dudada^ 
nos unos contra otros. Hacían esta propuesta con la 
intención , ó de humillar á Mardo si contra suca*^ 
racter deponia la altivez, ó de encender mas la irá 
contra él si usaba de su genio; que era lo que mds 
esperaban, y en lo que ciertamente no se exigañatom 
porque se presentó como para defenderse, y la ple- 
oe le prestó una reposada atención ; mas luego que 
ante unos hombres que aguardaban un lenguage su-* 
miso empezó , no solo i usar de un desenUdo cho-» 
cante , y de una acusación más chocante todavía qué 
el desenfado ; sino que aun en el tono de la voz , y 
en todo su continente dio muestras de un desahogo, 
que no distaba mucho del desden y del desprecio; 
la plebe se incomodó , y se veía que le era muy mo«- 
lesto aquel discurso; y de los tribunos, Sidnio,* que 
era el más. pronto y arrebatado ^: habiendo confereui- 
ciado brevemente con sus colegas , y publicando que 
Marcio era condenado tá muerte por los tribuncísí 
ordenó á los prefectos qué llevándole á la roca Tar«> 
peya , le. arrojasen inmediatamente al barranco que 
está al pie de ella. Al ir los prefectos á echarle mano 
auna los mas de los plebeyos les pareció* aquelb 
suihamenté duro y mal meditado; y los patricios, 
levantándose y acudiendo de todas partes, pugnabáii 
con gritería por darle socorro; y unos apartaban á 
empellones á los que leasian, cogiendo á Marcio 
en medio de ellos ; y otros, levantando las manos 
haciap plegarias á íá muchedambreM)e nada servlaA 



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If AttdO' OJITO TSORtOtAIIOi . 73 

tos discórA» ni las vooes en semejante tmiroho 7 
confusión; conferenciando por tanto entte sí ios 
amigos y familiaies de los Tribunos sobre que seria 
imposible, sin gran mortandad de los patricios, sa-» 
car de álli y castigar á Marcio , lograron persuadir 
á aqoellos que desistieran de lo estrafio j repoonan-^ 
tsá^ aquel modo de castigo, qoitáadok la vi<£i por 
violencia, sin ser jazgado; yantes permitieran al 
pueblo dar su voto* De sus resultas preguntó Sioleio 
a ios patriaos: ¿qué era lo que intoitaban con sos^ 
traer a Marcio de manos de la ^ebe que queria cas-^ 
tigarie ? Y como aquellos le repreauotasen a su vea: 
< y qué resolución y presundon es la vuestra de con- 
ducir asi á uno de los primeros ciudadanos Roman- 
óos á un castigo tan atroz é ilegal í No hagáis pues» 
contestó Sicimo, que esto sirva de pretexto para 
una disenmon y sublevación contra la plebe; pues se 
os concede lo que apetecéis, que es qae sea* juzgados 
y a tí, ó Marcio, cominué, te asignamos el plazo da 
tres ferias para que comparezcas ; y si es que no has 
delinquido lo hagas manifiesto á tus conciudadanosi 
que con sus votos han dé juzgarte. 

Por entonces contentó mucho í los patricios esta 
desenlace^ y se retiraron con Marcio sumamente go« 
zosos. En el plazo de las tres ferias , porque haceq 
los Romanos sus ferias de nueve en nueve dias , dán<« 
doles.el nombre de nundhtas ^ les dio esperanza d^ 
buen éxito el tener que levantar ejérdto contra ios 
de Ancio, pensando que iría largo y ocuparía tiem<^ 
po , con el que la pleoe se haría mas dócil, debili- 
tándose.el enojo concebido , ó borrándose del todo 
con la ocupación y la guerra. Mas como terminada 
prontamente la querella hubiesen dado muy hiego 
la vuelta, eran frecuentes las juntas de los patricios, 
temerosos y solícitos por no abandonar á Mardo , n} 
dar otra veza los Tribunos motivo para conmover la 
plebe. Tenia opinión A^ho Claudia de. ser uno. dtf 



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74 - liAlLCI0-CAT<rCOmiOtAl!lO¿ 

los m>s 'Opuestos á esta; y oo la desmintió eñ esta 
ocasión ,. jdicien<io que el Senado, seria quien acabase 
con los pauicioS) y quien .disolviese la república ^ si 
dabanlttgacá qiie. la plebe taviera voto contra los - 
patrictosr; peto por el contrario los mas ancianos y 
mas popuiares eran de dietamea de -que la tnishia aut< 
toridad ^ en Vez; de mas áspera y mas insolente » baria 
i& la plebe mas dulce y mas hsisñaita; porque para 
aouellay que mas bien que despreciar al Senado , es^ 
t|l>a en jnteiigeacsa de ser de él tenida eñ poce , sit^ 
m de-gcan^honor y consuelo- esta faculuul de. juz^ 
gar.V'de manera que en A acto mismo de tomar las 
tablas ya habrían depuesto: la ira, 
^. Echando devét Maxció- que el Senado por amor 
á él , y por miedo á la plebe , estaba en la nuyoc 
duda y perplejidad, preguntó i los. Tribunos , ¿ qué 
era de lo que k acusaban , y sobté i^é crimen 1er lie^ 
yaban á ser juagado.ponel puebb? Respondiéndole 
^tos que 'la acusación :era de tiranía ^ y Ic probarían 
i^ue tiran^ar habh:sido su intento; ,se levantó pren-* 
fameñte y de ese modo , dijo , abona mismo voy an-? 
te el pueblo á defenderme,, y no.rehuso ningún mo- 
do de: juicio^ fli si 4oy vencido., ningún géi^ro de 
pena, con tal qué sobre esto solo sea nri acusacton,' 
y no engañéis al Senado; y< convenidos en ello, se«* 
gun lo tratado; se entablo el psicio. Congregado el 
pueblo , ya desde luego hubo la novedad de que se 
obtuyo á fuerza que la votación se hiciese , no por 
curias , sino por tribus , consiguiendo con esto que 
sobre los hombres acomodados , coAocidos y com-< 
pañeros de.Marcioea el ejército, r prevaleciera .en 
sufragios una muchedumbre pobre, jornalera, y po- 
co cuidadosa del deboro. Después de esto, abando- 
nando el jnicid de tiranía , para el que no tenían 
pruebas , tra)eQ9tt á discusión d discurso de Marcio 
en el Senado f cuando se- opuso al presero cómodo del 
^^o ) y ^ empeñó en que te íqükara i la. plebe el 



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éribuiuído. Acosáronle tsmbien de otro nuevo crU 
men j qoe ffae ia distribodon del botín que hito ttk 
la coiiiaicf de Ando» no habiéndolo presentado al 
público, jliabiéndolo repartido á losone militaron 
con £í ', que se dice haber producido en Marcio gran» 
de trastorno ^ porque de ningon modo lo esperabal 
así cogido de repente no ie ocarrieron razones bas<^ 
tsmte persojeivas para hablar i la mnchednmbrey j 
antes con hacer el ebgb de los qoe fueron de la ex^ 
pedidon tndisposo contra sí i los que no se balk'- 
ron en día , que eran en mocho mayor número. YU 
oalmente didas las tablas i las Tribus, excedieron 
en tres fas qoe le condenaban ; siendo la pena des-^ 
fierro perpecno. luego qoe esto se aminci6 al ptie-t 
blo saU6 de- ta placa con un gozo y una sathfitc«» 
don, cual no babia manifestado nunca, después de 
haber vencido ásos enemigos:' Por el contrario, del 
Senado se apodera una gran pesadumbre y abati- 
ndento, arrepfntiéndose y llevando muy á mal el 
no haberse expuetfco i fódp, antes que consentir qué 
la plebe 'los maltratase, autorizada con tan exor-» 
hitante facultad: de manera que para distiilgoirlos 
no habia entonces necesidad" de atender al vestido á 
otras insignias, sino que al instante se echaba de 
ver que el que esmba contento era plebeyo , y pa- 
tricio el que sé mostraba incomodado» 

Solamente' el mismo Mardo se mostraba sereno 
é imperturbable en su continente, en sus pasos y eii. 
su semblante; y mientras los demás sufrían, él 9OI0 
se ostentaba impasible ; no por reflexión ó apacibi^ 
lidad, ni porque estuviese resignado á lo que ie \a^ 
cedia , sino mas bien agitado de ira- y de impacíenr 
€ia ; lo que engaña á muchos , no entendiendo que 
aquello es otra forma de pesar; Porqué cuando es- 
te se convierte «n saña, como. si diera calenturáí 
entonces pierde el abatlmienfb y la inmovilidad , y 
el imcundo aparece esforzado I al modo que fogoso 



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7^ KARdO. .CAICO :CORf OLAKO, 

el calentnneato; como si el afana estnriese ilierada^ 
tirs^te y conmoíirida. Aá es que muy lu^ dio mués*- 
tras Marcio de esta disposición; porque entrando 
eo.9U (¿asa se despidió de w madre y sn mugér, á 
las que encontró muy afligidas v iiorcans ; y ^exhor* 
tánoolas á llevar con talor aquel trabajo » marchó sin 
detenerse 9 y se encaminó á las puertas ds lá ciudad. 
De alli y adonde le hablan acompañado todos los pa-« 
tricios ^ sin tomar nada ni hacer algu4i ericargo j se 
imso.en camino., ño Uevanda copsigo sino tres ó 
cuatro de sus cBemes. Por unos cujmtos.diás estuvo 
^n una de sus posesiones , révolvieíido en su ánimo 
diferentes ideas, cuales et enojo te las sugería; y no 
^en^ando nunca oosa buena ó conveniente, sino 
cómo baria á los Romanos arrepentirse , resolvió pot 
^ ver elmodo ,de^ si£K»tarles una guerra cpeligrosa 
y.cerciana* Encanunose pues aQtes>que a otra parte 
a tentar á ios Volscos y- sabedor de que estaban flo* 
recicnte3.en gente y en dinero, y i5eniendo;por ciér-f 
to que con las derrotas poco antea suírkías no/se 
había disminuido tanto su poder ,: -como: se- hablan 
alimentado su emulación y su encono. ..,: 

Habla en AuéUk un ciudadano quepoc sü rique* 
vfi, por su valor y por lo ilustre oe su linage, te^ 
nia una espille; (fe autoridad ieg^;entre: todos los 
Volscos , y era súiiombre Tulo Aufidio,, Sabia Mae- 
ció que este le. aborreció mas qvfá á, ninguno otro de 
los Romanos., poique muchas veces en los cooiba'tés 
se habían hecho ^imenazas y provocaciones , usando 
de jactancias en tos encuentros, como' es propio de 
la vanagloria y la emulación entre enemigo j jóvenes; 
y asi á la enemiüTad eoitíun hablan añadido el odio 
particular del^ unO: al otro. Mas con todo, conde- 
ciendo también en Tulo cierta grandeza de ánimo, 
Lqqe mas que ninguno^ entre los Volsc<)s , deseaba 
cer da&o por su parte á los Romanos si daban oca* 
s|pn 4 ello, confirmó U sentencU del que dijo: 



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ITAlbCIO GATO COMOUlKOk ^J 

"BkfQgnar i la ira «s trdoo empeñot * 
Cóaiprasecon k vida loqaeanhebu ' . 
Porque tomando nn ^testído y trage » tu el ^e ano* 
que le/neran napudiersrscr conocido, í la' manera- 
de Ulises < ' 

Ea k ctodád se entnS de hoaibres centrarioa. 
JEra tahofa de anochecer , y aunque tropead! coa 
muchos^ no fue conocido de nadie. Dirigióse pnea 
á la casa de Tula, y entrándose repentinamente al> 
kogar^ se senaá sin hablar paldira; y cubriéndose 
la cabeza se estuvo quedó. Adaiiráronse los ^ue allí 
se halkhan ; pero ninguno se. atrerió i oponértele^' 
porque había dena dignidad en su continente y enr 
su silencio; loque sí iiicieroii fue refeiiti á Tulo,' 
que estaba cenando, lo eiscraordinario de aquél caso; 

?T este ^ levantándose de la n^a, se vino para él ,: y; 
e preguntó, jquiái etkfT cuál el objetoKDde su Ve«i 
BÍda?^tonces Mardo, descnbriéndose r páriiido- 
se nn.poco, si aun no me tconboes, o Ttílo, dijo,! 
sino que^ con estar viéndome todávia xbdás^ 8erí> 
predso que yo me hagaíaosádor; de mi nmnio;^Soy) 
Cayo Marcio que he causada é Ipa Volscas moches.: 
daños , y. tiero án nombre qué no me pernmicia -n^j 
gario,, llamándome Ccmliasio; poes^ de tsodoa ^mtai 
trabajos y peligros no poseo otro prendo mmüsm* 
ilustre nbmixe,,. distinttvó de mi enemisfiia contra^ 
vosotros ; V esto es lo ánko ^lé no se^ me: ha qoittH^ 
do: de todos los demas^ bienes^ por enyi<Ua,é inso^. 
lehcia de la. piébe, y por flojedad y abandono de: 
los que están en los altos puestos, que son mis igu»^^ 
ks , de una vezóme he visto.4espo¡aao* MehanbdMk-^ 
do á un destierro, y me hcacogido á tu hopat.tcp^' 
rao suplkante^ no de 'mi «inmunidad y segundad,' 
porque {¿qué. habk de. venir ^aqni si tsmkiiarmoM* 
rír ? sino en soKcitud de tomar venganza , la que y*" 
tomo .en algnna'ny ñera de. ks que me han^ desecha-* . 
do, hadéúdoté (tteñaidemí» Sot tant6 si anhelas: 



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7^ MARGIO^CATOr C01tI0]U.fKt^ 

dominar á tus enemigos , aprovéchate , ó faofiíl^e ge- 
neroso, y saca partida de mis desgracias,, ¿adiendo 
qor ser convierta en dicha vuestra eí infortunio dé 
un hombxle que tamo, mejor pelearán en vuestra de- 
fensa que contra vosotros; cuánto hacen loejor la 
giKrra:lo9 que oonócefa las t;osas:.de los enemigos, 
qíoe los que las ignoTa|i..Ma9r$i has dBsistídQ.kie- ábueí 
mteato> ni yo quiero vivir» m i tLte estaña bien 
einsahrará un hombre que te es de : antiguo €ODtra<-« 
rio y enemigo, y «hora rnutll y de alagun' prove-^ 
cho. Al oír esto Tulo recibió grandíáma: contento^ 
y.áíerganifio la diestra , aliéntate,: Ie.d^'Q^;d:Mardo 
y jconfia:: porque nos tistes 'un' gran ; bien eiitsegán** 
dote á tí mismo; y.esperaJbdavía^ajI^oresxQsasde 
IpsiVóUo». Di6^ entonces ub bánqueteiáMotcck) coa 
grap::xegoci}o, y en los dias siguientes; «atuvieron 
ocaafiriendo^^ juntos eatre sí sobre la guerra* •; , 
- ' £h. Rpma la.o jerii^á de los patrldos^contraüá pié«« 
fae^ . aci^Gentada con Ia> condenación jdé Marctor, cau«-^ 
so grande alteración; ^además- los:ago0eros.^ ios sa^ 
cerobtei 7 los particabres referían muchos; prodi-* 
gbsjqoe debían inspirar cuidado. Cu]ént3se.riino de 
ellos .en ésta formas hdhia na Tito ¿atinó, hombre 
poco conocido , no deia clase joriulédrá^ sino me-* 
dianame^ te acomodado ) libi^e de toda superstición» 
y mas todavía de ostsntadon y jactancia. Este puea 
tifró na sueño, en el que ^ le apared<í Júpiter , y 
le mandd dijese al Senado que habia sido un daa-^ 
ssante poco diestro j;ptocp agradable el que había 
pievenido fpára que< fuese, delante dc:£]]::.procesioiu 
Gaando tuvo este leosnéño^Idijo que a la pvimeni 
vez no hizo caso; yque Cuando ^egnoda [y tercera 
lo desprecio tambie|i,ie vino lá- nuev^i- de la muerte 
de un .hijo muy apreciable ,. y de repente se le bal«< 
dd' el. cuerpo sin poderse valer de^el: de todo lo 
que, habiéndose hecho llevar en hombros^ dio cuen- 
ta ai Sanado; y seguñ dicen no bien lo hiabó e^ca-^ 



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MAKGIO CATOr CORIOUMO; 7^ 

todo, osafido siadó fortalecido sa coesfi*^ y le re- 
dro andando por m {ne« Quedáronse los Scoadoret 
atonías .é hicieron muides pesquisas sobre este sooe* 
so ; el que. se halkS haber pasado asi : oa «no entre«» 
gó en manos de los-obos a uno de sus esclafot con 
ordéfl de que lo llevaran, por la plazavdándole azo- 
tet;^ j despoea leqokaraa la yiétu £a poi de elioi 
cuándo asi. lo cumplían jrhostigffban al eacburo, qo^ 
cop el'dolor daba niili>weka$» y hacia nmcbes nxw 
vimieatos y coatováoeea pooo graciosas.^ acertó po¿ 
casualidad á ir la rogativa de Júpiter; ei oi^a^ vista 
caudios.de los que flti se hallaron sintieron inco^ 
modidad, viendo un espeotScnb tan csis^» y aque-» 
Uas^ odióos contoi9iooqs 9 mas ninguna se inwpusoí 
y soto so arntentuNMi con: decir denuestos' é impre^ 
caciones contra ei que. tan.ásperaoieatfc castigaba^ 
Porque trataban entonceai i los esclavos con mucha 
equidad j por trujar i salado, ypoeqne vxvieado 
|u0to^ usaban con «líos de gran dtibnira y &milia> 
rkfad : asi et mayo^ castigo de un esolavó descuida** 
do' era hacerle que «ofliando el palo del carro en que 
^se soitiei^ el tínicyi«»^. saliese asi por la vjeciodadt 
porque el que le sufría , y era vbto de ios conocidos 
Y veciiM» qúedaba^sa siempre desacreditado; y 
á este tal le deciair pOF apodo jFurqifer , llevador oe 
la horquilla, portee llamídsan horquilla Iqs Roma-^ 
nos á lo que los Ot^ic^ apoyo 6 sostén, r ^ 

'Luego que Latfna lesc refirió su ensueño» dudán-i* 
dó qui^ podría -ser el poco diestro y< ^^ V^^^ 
dan2ante que habia precedido i la i)ogat>vá de Ji)-^ 
piter, hicieron alg|unos memoria, porla estrañeza del 
castigo , de aquel esdavo que azotado' hiüa^idocon^ 
ducido por la plaza , y después se lelsáb'¡a<2ado^miier« 
te»;£n consecuencia yót dictamen' tutífoTine de los 
sacerdotes, et señor :del esclavo fue castigado, y de 
jiuevo sehícferon -en honor del Dicte 'la -rogativa y 
dos juegos.. £a otras^nuchas^cosasiefieoba dp ver que 



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9o KAM3I0 Q^TO CORIOIAKO» 

Nimia foe. un excelente oüdenador de Uscosas sa— 

fradas; pero sd^resale princimlmente lo que esta-* 
kcio para liÉoer religiosos á ios Romanos.; porque 
cuando < ios inaglstrados y sao^rdot^s se ocupan .ea 
ks cosas divinas preoede. im Iieraldo, que.exclams 
en alta voz , ,Aoc ^e : expresión que. significa» Jiaz 
lo .qué. bailes, prescribiendo á. \a& sacerdotes que 
prestan atención y no interpongan ninguna otraLobra 
d espade de. ocupación » ¿orno* dando á entender que 
las mas ^e las cosas humanas se liacen por una cier- 
ta necesidad, ;sin intención del que las hace. Por lo 
que toca i iois sacrificios , las procesiones y losies? 
pectácqlosy suelen los Romanos repetirlos, no soló 
por una causa tamaña, sino por otras mas pequeñas: 
pues con. que: tropezase uno de los caballos que iconr 
duciañ las llamadas criadas^ ó con que un carretero 
tomase iasLriendás con la; mano izquierda , decreta-» 
ban que de nuevo se hiciese la relativa; y aun ea 
tiempos posteriores se hizo hasta treinta veces el 
mismo sacrificio, porque sien^re* pareció que babia 
habido alguna.falta ó se habia atravesado algún .es-* 
torbo^ ¡tai ecaen estas cosas, divinas la fiiedad de 
los Romanos! ' i. 

Marcio y Tub entre tanto: trataban, en Ancio 
reservadamente cpn los de mayor poder ^ y los exhor- 
taban i promover la guerra^ mi^tras los Romanos 
estaban en. disensiones unos coa otros; y cqaado 
trabajaban en persuadirlos ^ porque les oponiaín la 
atregua y ai^mis^cio de dos a&os convienido entre los 
dos pueblos , los Romanos mismos les dieron oca-» 
$ion y pretexto, con haber ;hecho publicar p¡or prer 
gon , 4 cauíte de cierta sospechado mas bien. €;alüm-r 
xüa , que los Volscos que aslstie^^n á los espectácu^ 
los y juegos debieran salir de lá.ciudad antes de. po« 
derse el sol. Hay quien, diga* que esto se biza por 
amaño.yr dolo de Marcio, qüe«enyÍQ áRbmaquien 
falsamente acuMe á los/Yolscpsáe tener meditado 



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lif AAdro CAtO COklOlAKÓ. . St 

sorprender á los Romanos en sus espeotácnlos, é jn<- 
cendiar la ciudad: ello es que aouei pregón i todot 
los enemistó mas y mas con los Romanos. Acalora-» 
bales ademas Tulo, é insdgábalos de continuo hasta 
que logró persuadirles qne enviasen i Roma á inti- 
mar la xestitudon de las tierras y las ciadades que 
en la guerra se habían tomado á los Volscos. Mas 
los Romanos, oida lá embajada , se llenaron de indtg* 
nación y dieron por respuesta , que los Volscos se-^ 
rian los primeros á tomar las armas ; pero los Roma* 
tos seriftn los últimos á deponerlas. Gm esto con- 
gregando Tulo al pueblo en junta general í luego 
qiie hubieron decretado la guerra, les aconsejó que 
se Uanaase á Marcio, no conservando memoria algu- 
na de los males antiguos, sino teniendo por cierta 
que de auxiliar les haria mas bien , que mal les ha« 
oía hecho siendo enemigo» 

Presentóse al llamamiento Marcio, y habiendo 
hablado á la mucheduqibre , pomo no menos que por 
las armas se hubiese mostrado por su elocuencia hom- 
bre denodado y guerrero, y aun estraordinario en 
sus pensamientos y su osadía, se le declaró junta- 
mente con Tulo el absoluto mando para aquella guer- 
ra. Mas temeroso de que el tiempo que los Volscos 
habían de gastar eñ sus preparativos , que podia ser 
largo f le arrebatase la oportunidad de obrar , encar« 
gó á los principales y á los magistrados que activa- 
sen y pusiesen en orden todas ws cosas , ' y 'á per- 
suadiendo á los mas decididos á que voluntariamen* 
te le siguiesen sin alistamiento, repentinamente in- 
vadió el pais de los Romahos , cuando meño§ lo es« 
peraban. Asi es quefccogiÓ tan inmenso botín , que 
los Volscos tuvieron para retener, oara llevar, y 
para consumir en el ejército, hasta fastidiarse. Era 
con todo la menor mira de aquella expedidqn el pro- 
curarse provisiones, y el talar y devastar lá comar- 
ca: el <M)jeto principal era acrecentar la' discordia 

TOMO 11. F 



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^a MA2VCX0 CAYO CpRlOtAMÓ* 

entre Iqs* patricios y la pleb<e.; para lo que Rfifasaa-»-^ 
do y destruyendo todo lo demás, en los campas de 
los, patricios no permitió que se hiciera el mas leve 
daño y ni.que nadie tomara de ellos cosa alguna. Coa. 
efecto por, esta causa fue mayor la disensión y con- 
tienda entre ellos, acusando á la, plebe los patricios 
de haber d^$t^rado injustamente a un varón de taa 
grande importancia ; y culpando á estos la plebe de 
jaaber ll^tm^do por encono í Marcio ; á lo que ana- 
dia, que después le dejarían ¿ ella la guerra, que- 
dándose tranquilos espectadores, por cuanto tenian 
á la parte cíe afuera por gus^ríia de su hacieuda y de 
sus bienes á la n>isma guerra. Hecho esto , con lo que 
Aíarciq i^spirp á los vqIscqs mucho aliento y cqa-f 
fianza , s^ retiró con la mayor seguridad.. 

Cuando estuvieroiuy a reunidas todas la$ fuerzas 
de los Volscos, como se haílase ser muchas, deter- 
ininaroa 'dejar ..Uña' pacte, ení las ¡ciudades para su 
guarnición,; jrqon la. otra marcear contra los Ro- 
manos: y en. esta ocasiói;! Marcio dio á escoger á 
julo entre^ los dos mandos. Mas contestó Tulo que 
conocía bien que Marcio rio le cedía en valor , y que 
en fortuna le había visto ser muy favorecido de ella 
en todof Ips: hechos de arnias ; a^i que tuviera el naan- 
do de Iqs que habían dt salir i campaña; quedán- 
dose él miwcío á defender las ciudades, y á facilir 
tar.á.lokdel ejército cqanto fuera menester. Cobran- 
do Qoií. esto Marcio nuevo ánimo, volvió. en prin;^r 
lugar, ¿bnftíi í^ ciudad de Circeyps, colonia que era 
de los Romianos : mas como e$|a, s(p le entrase es- 
pontáneamente í ningún daño 1^ hizo. Desde ella pa-r 
só á talar j^\ pais de los ^-atino^, esperando <;on esto 
que los Romanos vendrían á empeñar acción en de- 
fensa de los Latinos, por ser sus alíadp^, y pprque 
muchas veces, los habían llamadOi. Mas la muche- 
dumbre Jiabia decaído de ánimo, y quedándoles á 
los Cónsules muy poca tiempo de mando en el que 



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00 f|ueci«ipi exponerse , por estas causas d^satendie-^. 
i(QQ á los Idtinosj j entonces Marcio marchó coa«- 
tE^ las ciudades misivas, 7 sojuzgando por la foer-*' 
za á los Tolerinos , Vicanos y Pedanos , y aun á los 
Solaiu^ que le hicieron resistencia , se apoderó 1 al ro^ 
qoger la presa , desdas personas, y distrionyó &^s bie^ 
ses. A Iqs que T;olu^tariamente se le entregaron lo« 
protegió con ^$01^0, para que sin quererlo ¿1 no 
recibiesen daño alguno, auQque estuviera lejos coq 
el ejército y distante del país. 

En seguida, tomando por asalto á Bolas , ciudad 

3u6 no disod^a de Roma mas de cien estadios , se hizo 
seño de gran riqueza , y pasó á cuchillo casi á todos 
• gsantos podian por;Ia edaci llevar armas. De ios Vols- 
cos aun aquellos á quienes habia tocado quedarse m 
las ciudades no teoian paciencia , sino que se p^sa-r 
ban con sus arm^f á Marcio, diciendo que á él solo 
1^ reconocían por General y por caudillo. Era por 
toda la Italia muy sonado s¿ nombre , y ^ande^la 
opínioa de su v^lor ; pues que con la mudanza d< 
qna sola persona tan extraordinairip cambio se. habla 
tipcho en todos los negoc¡os.-£p k>^ de los Roma-? 
906 ningún concierto habia, desalentados como es* 
taban para salir á campaña >^ y no ocupándose dia«* 
riamente mas que en sus altercados , y en expresión 
nes de discordia, de unos á ptrps , hasta que k§ llc^ 
gp la nueva de estar sitiada por los enemigos la ciu- 
dad de Lavinia, donde los Romanos tenían los tem»* 
píos de los Dioses patrios ,. y que era la cuna y j)r¡nr. 
cipio de su linage , por háb^r sido la^primera 4® que 
Eneas habia tomado posesión. Entonces ya una ad-i 
inirable y comuq mudanza de modo de pensar. s# 
apoderó de la plebe , y otra extraña tarpbien ent^ra-r 
mente, y fuera de razón trastc>rrvo á los patiicips* 
Porque í^ .pl^be se decidió á abolíf la condena 4? 
Marcio y á restituirle á la ciudad ; y el Senado, re- 
unido á;delil?ejrar sobre aquella deterrninacion ^ rece- 

F 2 



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84 MARCKy fcAYÓ COMÓtÁVO.' 

di6 de ella y la contradija, ó porque ch todo te Hu- 
biese propuesto, repugnar á los deseos de la plebe; o 
porque no qmsiese que Marcto debiera al favor de 
esta su restitución ; o porque ya se hubiese irritado 
con este y porque á toaos hacia daño sin haber sido 
de todos ofendido, habiéndose declarado enemigo' 
de la patria , en la que la parte principal y de mas 
poder sabia que habia tenido que padecer, y habin 
sido agraviada juntamente con ¿1. Participada esta 
resolución á la muchedumbre , la plebe no tenia ar«^ 
bitrio para decretar ninguna cosa con sus sufragios 
y establecerla como ley , sin que precediera la au- 
toridad del Senado. 

Llególo á entender Marcio, é irritado de nuevo 
levantó él sitio / y lleno de enojo marcho contra la 
ciudad, poniendo sus reales en el sitio llamado las 
Fosas Clelias , distante de aquella solamente cuaren- 
ta estadios*. Viéronlé, bízoseles temible, y causan- 
do en todos gran turbación , calmo por entonces 
las disensiones: pues nadie se atrevió ya á contrade- 
cir á la muchedqmbre, ni magistrados, ni Senador, 
acerca de restituir á Marcio , sino que viendo cor- 
rer por la ciudad á las mugeres; en los templos las 
plegarias y el llanto , . y los ruegos de los ancianos^ 
y en todos la falta de osadía y de consejos saluda- 
bles, convinieron en que la plebe habia pensado sa«^ 
biamente acerca de que se reconciliaran con Marcio;. 
y el Senado habia cometido grande error, empe- 
zando á manifestar enojo y enemiga , cuando conve-! 
nia poner fin á estas pasiones. Determinaron pues* 
de común acuerdo enyiar á Marcio mensajeros que 
fe ofrecieran la vuelta á la patria, y le pidieran pu- 
siese término á la guerra. Los que envió el Senado 
eran de los amigos de Marcio , y esperaban encon- 
trar á su llegada la mas benigna acogida en un ami- 

I El estadio era de cien pasos» áseisciento-ptcs. 

Digitized by VjOOQ IC 



lOltCTO CATO COmMAVO. tf 

29 y comoAñero suyo ; mas nada de e$to bobo , sino 
que llevados por medio del campamento de los ene* 
migos , le hallaron sentado entre una gran comitiva 
con intolerable severidad. Teniendo paes á su lado 
á los principales de los Volscos , les dio orden de 
fjpe dijesen qnd era lo que tenian que pedir. Habla- 
ron palabras moderadas y humanas f convenientes á 
su presente situación ; y concluido que hubieron , lea 
les^ndió ásperamente y con enfado por lo tocante 
¿ SI , y á lo que se le había hecho sufrir ; y después 
como General I por lo tocante á los Volscos, les 
puso por condición la restitución de las ciudades» y 
de todo el territorio que hablan ocuoado por la guer- 
ra; y que hablan de declarar á los Volscos una igual"* 
dad absoluta de derechos , como la disfrutaban los 
Xatinos: pues no podia haber otra reconciliación se- 
gura que la que se fundase en igualdad y justicia; y 
para ^liberar les concedid el plazo de treinta dias; 
con lo que despedidos los embajadores , al punto se 
retiró de aquella comarca. 

Este fue el primer motivo de queja que hicieron 
.valer contra iél aquellos de entre- los Volscos que ya 
antes miraban mal. y con envidia su grande autori- 
dad , de cuyo número era Tulo; no porque en su 
.persona hubiese sido en ninguna manera ofendido, 
sino por lo que es la miseria de nuestra condición: 
porque no podía sufrir ver del todo obscurecida m 
gloria y y ^e ningún caso hacían ya de él los Vols- 
cos, en cuya opinión solo Mardo lo era todo, de^ 
biendo contentarse los demás con la parte de poder 
y mando de que este quisiera hacerlos participantes* 
I)e aqui tomaron origen los primeros cargos que sor- 
damente circulaban ; 6 incomodados murmuraban 
entre sí , dándola aquella retirada^ el nombre de trai- 
ción : porque si no lo era de muros 6 de armas ; lo 
era sin embargo de la ocasión y oportunidad, con 
ja que estas cosas suelen 6 gafarse o perderse , con- 



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%6 MÁRdf6 IcfÁYa dókíOLÁlíO. 

cediendo un plazo dé treinta dia^, mas ^ué sobraclo 
para que pudieran sobrevenir iasniáyorés mudanzas; 
Y no porque Marcio págase ocioso este tiempo: por-^ 
que durante él hizo marchas con que' desbarata 3^ 
disipo á los aliadosf de los enemigo^, y les tdmq sie- 
te ciudades grandes'y péjkilosas. ' Ma^ Jos Róniandi 
no se atrevieron á auxiliarle*; sino ^tié ^vt$ ámiüdí 
estaban poseídos del desaliento', y ea ciianto á Icé 
í>eHgros de la guerra , se parecían á Ids cuerpos so-*' 
ñolientos y paralizados* Pasado que fué et plazo ^ tío** 
mo se presentase otra vez Marcio ^oh todds sus fuer-* 
«as, enviáronle segunda legación , rogándole qué de-* 
pusiese el enojo , y retíYando á'los Volséoídel ter-* 
ritorto Romano y ñióiérk f prof>tlsíei'a lo qué juégase 
convendría mas á- aíhbós pueblos': en él concepto dé 
que por miedo en nada cedéríaií ioS' Ronianós ; mai 
si entendía que en algutta cosa pudiera tenerse coh-¿ 
descendencia cóA los Volscos, todo se les otorgaría 
deponiendo • las áí"ihías. A esto contesta Marcio, qué 
nada les respondía como 'Géttérál de los VolscóSj 
pero conío Ciudadano qué todavía era de Roma, les 
aconsejaba y exhortaba que módératido aquellos or- 
gullosos' pensanliérftos volviesen de-alli a tres díasi 
trayendo decretado lo qUé se les ' había propuestoi 
pues si fuese otra la respuesta, no teñían que contar 
con la inviolabilidad para tornar con palabras vanas á 
su campo. 

Vueltos los Embajadores , y óidó por el Senado 
lo que traían , como eu una grande tormenta y bor- 
rasca de* la república, echó este por fin el áncora sá- 
fráda ; porque á cuantos Sacerdotes ' había de los 
Hoses, o ministros y custodios de los misterios, o 
que poseían de tiém^ antiguo la adivinación patria 
délos sueños, á todos s0 les ordenó que se enea -i 
minasen á Marció, cada uno con los ornamentos dé 
que por ley debía usar en sus ceremonias, y que lé 
hablasen y esiibrtasen á que dando de mano á b 



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HíARCIO CATÓ COltTótAKdp 8^7 

guerra, ba;p esta condición, trarara después de los 
Volscos^con sus conciudadanos. ' Recibiofos si en 
el campamento^ pero, en nada condescendió-^ y nada 
hizo ó dijo en qae mostrase mayor dulzura ; sino 
que insistid en que coii l^s condiciones propuestas 
admitiesen la paz^ 6 se decidieran á U guerra. Con 
este regreso de los sacerdotes resolvieron por lo pron- 
to defender en gran fuerza los muros de la ciudad , y 
lanzarse del mismo modo sobre los enemigos , po- 
Hiendo 'principaltticnte su esperanza en gj tiempo y 
^ los caprichos de la. fortuna; mas desengañáronse 
luego de que ningún salvamento les quedaba por 
mas que hiciesen; y la turbación, el caimiento y 
las ideas mas desconsoladas se apoderarpn ya de la 
ciudad; hasta que tuvo lugar un suceso muy pa- 
tecidó i aquellos de que frecuentemente habla Ho- 
mero, aunque no ^tisfaga á la niayor, parte: por- 
que diciendo este, y exclamando en las grandes y 
extraordinarias ocasiones : 

la garza Palas púsole en las mientes ; 
y también 

Cambióle un inmortal el pensamiento ; 

El que eíi un solo acalorado pechó 
^ Del pueblo puso la' gloriosa suerte; 
y en otra parte: . 

O por sí lo pensó i ó es que alguiíntimen 

Le sugirió ta provechosa Idea; ' . - \ 
le vituperan cohió qué con cosas 'líiípósJHes y con 
increíbles patraft^s trata de quitar al' jo Ibfb'de cada 
"Dno el mérito dé la determinaron prppia; cuando 
Homero no hace seitiéjañte cosa, '^ sino (Jué los suce- 
sos ordinarios y comunes* que se'gobíériíari con ra- 
zón los pone a cuenta de lo que está én nuestro po^ 
der: áá que dice muchas veces : • 

Yo lo' deterniiné con grande alimentó; 
y asimismo: 

Apenas díjó ,• congojóse Aqiiiles , 



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.88 JARCIO :,CA)YP CORlOt^KO* 

Y ^Yfilvió, taa inquietante pena » 
Una vez y jotra jen su alentado, pecho.; ; 
y en otra parte ;..,•:.- 
Mas mover ñío logró, i Belérefonte, 
Guierriero cauto que con grande acierto 
I.QS mas. prudentes nxedios discurría ; 
y en las .ocasiones imprevistas^, y arriesgadas que pi-« 
den cierto ímpetu y entuslasína no pinta al nuinea 
como que nos arreoata , sino como que mueve y di^ 
jrige nuestra determinación; ni como que produce 
por sí lp;s cpn^tQs y esfuerzos, sino ciertas aparieur 
.cias ocasionales de. ellos; con las cuales no hace laao* 
cion involuntaria, sino que da un. principio á lo vor 
juntarlo con infundir aliento y esperanza: pues uní 
de dos,, o hemps de desechar enteramente el auxilio 
divino de todas, las acciones que llamamos y son 
nuestras; 6 si no ¿de qué otro modo auxiliarán lof 
Dioses á los hombres y cooperarán qon ellos? np cierr 
tamente amoldando nuestro cuerpo, ni aplicando 
ellos mismos nuestras manos y iiuestros p¡es^ sino des- ^ 
per tando' con ciertos principios^, conciertas aparien- 
cias 6 inspiraciones lasarte activa y electiva de núes* 
tra alma', 6 ^t contrario desviándola d conteniéndola* 
En Roma á la sazón las.mugeres hacían sus ple- 
garias, unas en unos templos, y otras en otros ; pe*- 
ro la$ mas .jr las.de mayor lustre, ante el :^a dé 
Júpiter Capitolino. Entre estas había una hermana 
fiel graa Pcblicola, que taíí señalados servicios hiaeo 
i Roma en guerra, y en paz,, llamada Valeria. Po- 
)>lícoIa, h^bia qiuerto antes, com^o lo referimos al es* 
cribir sus hechos ^ y Valeria tuyo en la ciudad gran- 
de honra y reputación, porque en su conducta np 
i;Iesdecia de su linage* Sintiendo pues repentinamente 
un afecto de los que he dicho, acertando no sin ins- 
piración divina en lo que era conveniente, levantóse 
de pronto', y haciendo levantará todas las demás» 
se encaminó á casa de Volumnia , madre de Marcló; 



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IfA&GIO CATO GQQBLIOIAKO. 8^ 

Batra» liállala sentada con la nuera , y teniendo i 
los hijos de Marcio en su regazo ; hipese cercar de 
las demás matronas , y 9» nosotras » dice, 6 VoIum<* 
» nia y tú, ó Vírgilia, venimos unas mugeres en 
?> basca de otras mugeres, no por decreto del Sena* 
» do ni por mandamiento del GSnsul ; sino que ha- 
n hiendo Júpiter , á lo ^ue parece , oido compasivo 
»» nuestros ruegos, nos infundió este impulso de ve- 
9> nir acá en vuestra busca á proponeros para nosotrat 
» y para los demás ciudadanos el remedio y la salud; 
f» y p^ra vosotras , si os dejais mover , una gloria 
^mas brillante todavía que la que alcanzaron m hi-* 
n Jas de los Sabinos con haber traido de la guerra i 
n la amistad y la paz i sus padres y i sus esposos, 
91 Ea , venid con nosotras donde está Marcio , em- 
9» plead vuestros ruegos , y dad á la patria el ver- 
9tdadero y justo testimonio de que con haber sido 
99 tan maltratada^ ningion daño os na hecho, ni niof 
99 guna determinación ha tomado contra vosotras en 
9» su enojo, sino que os entrega en sus manos, aun 
99 cuando no haya de recabar ninguna condición 
99 equitativa/* Dicho esto por Valeria , aplaudieron 
las demás matronas, y contestó Volumnia: 99 en los 
99 comunes males , ó matronas , nos toca á nosotras la 
99 parte que á todos ; y én particular tenemos la de»« 
99 gracia de haber perdido la gloria y la virtud de 
99 Marcio , considerando su persona defendida bajo 
99 las, armas de los enemigps ;. pero no salva. Mas con 
99 todo nuestro mayor desconsuelo es qy^ las cosas de 
. 99 la patria hayan venido á tan triste estado que haya 
99 tenido que poner en no|sotras su esperanza: pues no 
r sé si mi hijo hará algún caso de nosotras, ó si no 
9> le hará tamj>oco de la patria , que él anteponía á 
» la madre , a la mi^r y, á los hijos. Con todo va- 
wleos de nosotras, y conducidnos á su presencia, i 
n lo menos cuando no sea otra cosa , para poder mo^ 
» ílr intercediendo por la patria." . , . 



y Google 



9¿ MÁáéíÓ CAYO CORlOiANÓ. 

Dicfió tiio j haciendo levantarse á Vír^Iía con 
los hJjós y las demás matronas, ife' encamina hácí^ 
el campamento dé los Vdftseps,. siendo aquel uni 
lastimoso esf)c*ctáctilo , que 5 ios mismos cnemlgoá 
les causó confusión é impuso silencio. Hallábase ca^ 
-snatmente Márcio sentado en, el tribunal con.U^s 
demás cáüdillps; y luego qtífe vio venir aqnell^ií 
mugeres , sé ^uedó suspenso j n^as^ babténdo cotio^ 
tido á sn'éi^ósa, <Júe Venia lá^rimera, determinó 
én su áiHmb mantenerse inmoble é inexorable cA 
%n anterior proposito; jtero' Vencido al fin At sus 
afectos , y trastornado don ^riiejáhtfe' vi^a , no pudo 
«guantar que lé cogieran serítádo ,' sino qué bajando 
mas que dé paso,' y sáIíéii<K>'á recibirlas, -primero 
y por largo tiempo saluda á la madre, y después á 
la muger y á loS'htJos; nÓ conteniéndose en el llanto 
iii en las cafrícíás, sinoitoa^ bien, dejándose córiio dé 
Bn ,íotreñté aíírástrát de sus afectos. 

Cdaiidó ya sé hubo desahogado cumplidamente, 
com© advirtiese que su madre iba á dirigiHe la pa- 
labra, lianíando la atención dé , los Vol.scos mas 
principales , «pféstó oídos á Volumnia , qué* hablo 
de esta maiaer'a : ♦> Puedes ébhár de ver , ó nr}o , aun 
«cuando nosotras no lo digamos , coligiéndolo del 
» vestido y de los semblárit^s, á qué pqrifo de re- 
tí tiro y soledad nos ha'tírafdó tu destierro: refiéxícH- 
nf na después como somos entre todas las mügérés 
n las más desventuradas , puesto que nuestra mala 
» suerte ha hecho que él encuentro , par^ ptras lijas 
^delicioso, sea para nosotras el 'mas terrible/; para 
» mí viendo á un hijo , y para esta viesndo S uii- ma- 
»rido que amenaza coh destrucción á los nnirps dé 
n lá patria ; y que lo que es para los demás. un con- 
» suelo en todos sus infortunios y desgracias, qué. 
»es el orar7á-Ios Dioses,- sea para nosotras- objeto 
» de mucha duda: porque no tíos es posible pedir 
»á un mismo tiempo que la patria venza, y qiíé 



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JftAAClÓ éÁY6 éomÓLANO. Ot 

9» t6 qoedtfs Salvo , sino que nuestros Totós ie na¿ 
M de parecer á lo que por intMitíon podiera desear*- 
9» nos nuestro iMyor enéniigo : pues es forzoso qué 
9» 6 de la patria 6 de tí vengan á quedar privados tü 
y» iriuger y tus hijos. Por k> que á mi toca la desven- 
ta tura qoé haya de traer está guerra no me cogerS 
*f viva* pttes si no pudiere persuadirte á que rcsta-^ 
>» blecSendo la amistad y la concordia , seas antes el 
M biétiheéhór dé ambos pueblos que la ruina de uno 
•^de étlds^ t^ éñtendicio yestá preparado i qué nó 
^ podrás ioercarte á combatir la patria sin que pri- 
99 mero paséd por encima del cadáver de ht que té 
«did ct sert puesto que no ddbó aguardar aquel 
»» d!a éñ él qiúe véá , qué 6 tfluh&n de mi hijo lós ciu- 
9»dadfiáios, ó él triunfa dé la patria. Y si yo te pro- 
» pusiera qne salvaras í éitá con fnina de los Vols- 
91 eos ^ la prueba seria para tí , 6 hijo mió , ardua 
^y dificit; porque el destruir á tus conciudadano^ 
tooo es honroso, y el hacer traición á los que de 
Mtí se han confiado es injusticia; mas ahora la paz 
9) que te pedimos es saludable á todos , y mas no- 
9> nésta y gloriosa todavía para los Vofscos , pues 
99 apareciendo superiores, se entenderá que son los 
91 que cóínteden' tan grandes bienes, no entrando ellos 
9» menos por éso'á participar de la paz y de la amis- 
9» tadj, de las cuáles seras- tú el principal autor si se 
9» consiguen; y si no st córitígtíieren , á tí solo te 
9» echarán la culpa unos y otros. Y en fin siendo 
99 la guerra incierta , esto nay de acierto desde luc- 
9> go , que Sí rences , te está preparado el ser la abo- 
Mminación de tu patria, y ii* eres vencido, has de 
9> tener la opinión de quíepor tus resentimientos has 
»> hecho venir sobre tus ániígos y bienbechorfe^ las ma- 
9» y ores calamidades." 

Escuchó Marcio este razonamiento de Volumnia 
sin responder cosa alguna-; y como aun después de 
haber concluido se mantuviese en silencio' por bas* 



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9^ KAacK>~OAyo cork>lano» 

tante.rato: >»<por qué callase, hijo»cootU^dtCfenr* 
fido? <Será cosa honesta concederlo todo al enojo y 
^á la venganza, y luv lo será hacer merced á una 
ff madre que tan racionalmente pide? ¿O le está bien 
9» al hombre grande conservan la memoria de- los ma-» 
p» les que ha sufrido ; y el honrar y reverenciar los 
w beneficios que ios ^ hijos reciben de las madres no 
fserá propio de uo hombre grande y esforzado? y 
99 en verdad que el ^nostrar reconocimiento á nadie 
9» le estaría mejor que á tí , que tan ásperamente te 
9» declaras contra la ingratitud , pues de la patria bien 
9» costosa satisfaccion^tíenps tomada; mas á tu madre 
9» no hay cosa en que la hayas atendido > cuando na- 
9t da debía ser tan sagrado como el que yo alcanzara 
.99 de tí. sin premia las C9.sastan honestas y justas que 
99 te pido; mas pues que no acierto á moverte, <por 
y» qué no acudo á la última esperanza?** Y diciendo 
estas palabras se arroba á sus pies juntamente con k 
muger y los hijos. Ei^tonces Marcio exclama : en qué 
punto me habéis contenido, <5 madre ; y alzándola 
del suelo, y apretándole fuertemente la mano: ven- 
ciste,^ le dice, alcanzando una victoria tan feliz para 
la patria como desventa jpsa á mí, queme retiro 
vencido de tí sola. Dicho esto habló aparte por bre^ 
ve tiempo coa la madre y la muger , y.á su ru^o las 
volvió á mandar á JEloma. Pasada la noche , se retiró 
con los Volscos , que no todos pensaban de él , ó le 
miraban de una misma manera : pues unos estaban mal 
con él mismo y con. esta acción, y otrps ni con lo 
uno ni con lo otro , teniendo mas dispuesto su ánimo 
i la concordia y á la paz. Algunos habia que á pesar 
de estar disgustados con lo ocurrido j no culpaban 
con todo áMarcio ^ sino que le creian excusable , por 
cuanto hi^ia sido combatido de afectos tan podero- 
sos. Mas nadie le contradijo ¿ sino que todos le si- 
guieron, mas arrastrados de su virtud que de su 
autoridad!. 



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lIAmClO CATO COmiOlAMO. 93 

lEl' imeblo Romano cuanto fue d miedo y el 
^ligro mientras le amenazó la guerra , otro tanto 
sintió de regodeo cuando la vio disipada. Pues apenai 
los que estaban en la muralla Vieron retirarse á los 
Volscos I al punto concurrieron i todos los temidos 
llevando coronas como en una victoria , y disponien- 
do sacrificios. Señalábase prindpalmeote la alegría 
de la ciudad en los honores y obsequios á las muge* 
res 9 del Senado y de la muchedumbre , que reccmo- 
oan y orofesaban haber sido estas la causa cierta de 
su salud. Decretó pues el Senado que lo que ellas 
mismas propusieran en reconocimiento y gloria suya 
aquello ejecutaran ks autoridades; mas ninguna otra. 
cosa pidieron sino que se construyei^a un templo á la 
fortuna femenil ^ haciendo ellas el gasto » y no ponien- ' 
do la ciudad mas que lo relativo á las víctimas y 
cuko que convinieran i los Dioses. El Senado, aun*» 
i¡Qt aplaudió su zeloj labró el templo y la efigie á' 
expensas del público; pero no por eso dejaron aque-' 
Has de recoger dinero, é hicieron otra segunda esta-* 
tua, de la que refieren los Romanos que colocada eo- 
el templo, articuló estas ó semejantes palabras: con 
fiadosa determinacum me dedkásteis las mugeret. 

Corre la fábula de qué por dos v^ces se oyó esta 
voz , queriéndonos hacer creer cosas tan monstruo* 
sas y difíciles : pues aunque no es imposible parezca 
á la vista que las estatuas sudan y derraman lágrimas, 
supuesto que las maderas y las piedras á veces con- 
traen cierta suciedad que despioe humor, y ademas; 
descubren colores y reciben tinturas del mismo un- 
biente , con las que puede muy bien indicársenos ' 
algún prodigio; y aunque es también posible que' 
las estatuas hagan cierto niido semejante al rechina- 
miento ó ál suspiro, proviniendo aquel de una fuerte 
rotura ó despegamiento interior de las partes; con 
todo es enteramente incomprensible que en una cosa 
sin vida se forme voz articulada y una habla tan 



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94^ MABCIO <^p GOElOILAIf 0f 

ciprta^y'tan determinada y tan distinta: cuando ni 
:il atma ni al mismo Dios es dado articular 7 hablai^ 
sin un cuerpo orgánico y dotado de las partes apro- 
piadas al efecto. Asi cfuando la historia nos ^estrecbn 
con muchos y fidedignos testigos , e^ <]jue seh^ /ejecutar 
4o en la parte imaginativa del 9l¿ia4iina,cosa9sme)aQ?- 
te á la sensación , y ^ue f^ tiene, por ^1 1 ú modo qae 
en el sueño nos parece oír Jo que no oiqíos , y ver ío 

3ue no vemos; sino qne (l lof $9pe|rs;(i(áQsa<Qente pia«^ 
osos y religiosos para coa los pioles j yoneno ^ 
atreven á desechar o repiigi^arnadade taíef hUtona^j 
lo maravilloso mismo les es de gran peso para creer^ 
y. la idea que tieoen.4el poder de JDios muy f uperr^ 
rior^l nuestro. Foirque. en nada se mfde Qon la coQr-; 
dicion humana i^i eii la naturaleza i ni en la ínt^Urr 
gencla, ni en la fuer^; ni debe t^^rse por^xtraña 
que haga lo que á nosotros nos es ne^o haqpíf o 
que venga al ^cabo de ^pbrfis cqn que nosotros no po- 
demos salir; sino que aventajándpnps en todo, en las 
obras es en lo que. menos $e nos )^ de ^emejaf , y en 
lo que menos hemos de poder serle cpmpai:ados. Mas,^ 
como decia Heraclito , en las cosas divinas la descon- 
fianza es la que mas nos estorba el conocerlas^ 

£n cuanto á Marcip no bi^ hubo 4a4o á Ancio 
h vuelta, cuando Talo, que por miisdo le aborreció 
y no le podia sufrir , se propuso quitarle prontamen- 
te del medio , porque si ahora escapaba^ i)o volvería 
otra vez á dar asidero. Concitó y. sublevó cpntra él 
á otros muchos, y le intimó que diera cuentas á Io$ 
Volscps , deponiendo el mando. Mas aquel, temien- 
do quedarse de particular bajo la autoridad de Julo,* 
que siempre conservaba gran poder centre sus pon- 
ciudadanos , respondió que entregap^i el mando á los. 
Volscos si se lo ordenasen , y las cuentas las presen- 
taría á cuantos de estos quisieran pedirlas. Congreñ 
góse pues el pueblo , y los agitadores que se tenían 
prevenidos andaban ; acalorando ^ la.piachedumbre]^ 



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IfAKCia CATO COHIOLAKOr 9f 

Ipas como luego ^ue Marcio se puso en pie hubtesen 
por respeto cedido los alborotadores y dándola lugar 
para haoíar con tranquilidad , y se viese bien i las 
<:lara$ que los principales entre los Anciaf^, con- 
tentos coa la paz , iban á oírle con benignidad y 
á juzgarle en |Qsticia , se dio Tulo por vencido si 
aquel se defendía. Porque era hombre que sobresalía 
en el don de la palabra , y sus anteriores servicios 
pesaban mas que la querella presente , siendo esta mis- 
ma la mayor prueba de cuanto era lo oue se le de- 
bía: porque no hubiera llegado el caso oe tenerse por 
agraviados en que no hubiese tomado á Roma tenien- 
dola en la mano, si no se debiera al mismo Marcio 
el haber estado tan cerca de tomarla. No juzgaron 
por tanto conveniente el detenerse y contar con la 
muchedumbre I sino que alzando gritería los mas de- 
terminados de los conspiradores, diciendo que no 
habla para que escuchar o atender á un traidor que los 
tiranizaba, y que se obstinaba en no dejar el mando, 
se arrojaron en gran número sobre él y le acabaron, 
sin que ninguno de los presentes le socorriese. Mas 
que esto se ejecutó contra el voto de la mayor parte, 
lo manifestaron bien pronto, concurriendo de las 
ciudades á recoger el cuerpo y darle sepultura , ador- 
nando con armas y despojos su sepulcro oor prez 
de su valor y de la dignidad de General. Sabida por 
los Romanos su muerte , nincuna demostración hi- 
cieron ni de honor ni de enojo con él ; solamente á 
petición de las matronas les concedieron que le hi- 
cieran duelo, por diez meses , como era costumbre 
hiciese duelo cada una en la muerte del padre,. del 
hijo ó del hermano: porque este era el termino del 
luto mas largo , señalado y prescrito por Numa Pom- 
pflio, como en la relación de su vida lo manifesta- 
mos. Entre los Volscos muy luego el estado de sus 
cosas hizo ver la falta que Marcio les hacia : porque 
primero indisponiéndose por el mando con los Ecuos 



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96 , MAÁCIÓ CAYO CORlOtANO; 

SUS aliados y amigos y llegó á haber entre ellos herí--* 
das y muertes ; y después vencidos en batalla por 
los Romanos, en la que murió Tulo, y perdieron 
lo mas florido de sus tropas , tuvieron que sokneter* 
se con condiciones vergonzosas I prestándose á hacer 
lo que se les ordenase. 



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97 

. COMPARACIÓN DE ALCIBIA]»S T CORIOtANO. 

, Re&ridos de estos dos varones aquellos hechos 
que oos han parecido dignos de expresarse y recor*»* 
darse; en los militares nada se descubre que pueda 
inclinar la balanza ni á uno ni á otro lado; porque 
ambos en esta parte dieron con mucha igualdad eo 
sus mandos repetidas prud>as ^e valor y denuedo, 
de industria 6 inteligencia en las artes de la goerra; 
ano que alguno quiera, á causa de que Alcibiades 
en tierra y en mar salió vencedor y triunfante en ' 
muchas batallas , declararle por mas consumado ca«- 
pitan» Por lo demás el haber manifiestamente mqo- 
rado las cosas domáticas mientras estuvieron presen* 
tes y mandaron; y el haber estas decaído, mas co- 
nocidamente todavía , cuando se pasaron á otra par- 
te, fue cosa que se verificó en entrambos. En cuanto 
i 'gobierno ,. en el de Alcibiades los hombres de jui^ 
cío reprendían la poca formalidad , y no estar exen« 
to de adulación y bajeasa en sus obsequios i la mu- 
chedumbre ; y el de Marcio enteramente desabrido, 
orgulloso y exclusivo incurrió en el odio del pue- 
i>Io Romano. Asi ni uno ni otro manejo es para ser 
alabado; pero el' de quien se abate á adular al pue^ 
blo es menos vituperable que el de aquellos, quepof 
DO parecer demagogos ,> insultan á la muchedumbre: 
porque el lisonjear á la plebe por mandar es cosa 
indecente ; pero el dominar haciéndose temible, ve- 
jalado y oprimiendo > sobie indecente cís ademas 

Íl^}UStO. 

Pues que Marcio era sencillo y francoen su con- 
ducta, y Alcibiades solapado y falso en tratar los 
iiegocios póblicos ,. nadie hay que lo ignore ; pero en 
este lo que sobre todo se acusa es la malignidad y 
dolo conque engañando, como Tucidides refiere, á 
ios embajadores de :£sparta desvaneció la paz ; mas 
fOMÓ ií. ' ■ - o 



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9$^ COMPAItAG. DB AlCIBIAD. Y GORIOL. 

aunque ¿ste paso precipitó otra vez en la guerra á la 
ciudad f hizola mas poderosa y roas temible con la 
alianza de los de Mantinea y ios de Argos, que el 
mismo Alcibiades negoció, x que también Marcio 
suscitó con dolo la euerra entre los Romanos y Vols-; 
cos^ calumniando a los que contorrian á los espec- 
táculos» nos lo dejó escrito Dionisio; y por ia cau- 
sa vino á ser su acción mas reparable, pues no por 
emulación , y por contienda y disputa de manda 
como aquel, sinopor solo ceder i la ira, coa la que 

Xn sentencia de Dion nadie se hizo jamas am^le, 
rotó mucha parte de la Italia ; y por solo el 
encono contra su patria arruinó niuchas ciudades, 
contra las que no podia haber queja alguna* Tam- 
bién Alcibiades fue por puro encono causa de mu- 
chos males á sus conciudadanos; pero en el momen^ 
to que los vio arrepentidos, ya los perdonó : y ar- 
rojado segunda vez de la patria f no cedió á los Gene- 
rales que tomaban una errada determinación , ni se 
mostró indolente al ver su mal acuerdo y su peligró,^ 
sino qué, como Arístides es celebrado por lo que 
hizo con Temistccles , esto mismo fue lo que ejecu- 
tó , avistándose con los que entonces tenian el man- 
do, sin embargp deque no eran sus amigos, é in- 
formándolos é instruyéndolos 'de loque convenía; 
cuando Marcio hacia daño en primer lugar á la ciu- 
dad toda, no habiendo sido agraviado de toda ella, 
sino antes habiendo sido injuriada y ofendida con 
él la parte mas- principal 'V poderosa; y ademas de 
esto con no. haberse ablandado y cedido á repetidas 
embajadas que conjuraban su ira y $u enfurecimien- 
to, manifestó bien á las claras que no'^ era su* ánimo 
recobrar la patria y procurar su vuelta , sino que 
para destruirla y arrasarla le movió una guerra cruel 
é irreconciliable. En esto fanibien dirá cualquiera 
haberse diferenciado , que Alcibiades per^guid^' y 
acechado por los Esparciatas , Üe miedo y ódk> sa 



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GQlCBik&ACc IXHr ñlGtKAak T: GOEIOl. 

fáióit los Atemeoses; jr en Mircio no estuvo 
el dejtr á loa Volscos qoe en toda k tovieron oon- 
sídetáck»; pocqiie le Dombnuroo su Genend , y go»$ 
entre ellos de grmn oonfitnsa y graa poder ; no co<* 
jBo di primero I ^uejduisftndo mas bien que usando 
de él los Ijcedeoionios^. entretenido en la ciudad^ 
y maltratado de noeTo^enel eíército, por ultimo 
tmro^oe arrojacse en manos dsTisafemes: i no que 
se.d^ que aadaba contemplando .á Atenas, para 
que no*foese del todo destruida^ por el deseo que 
aiampie le quedaba de Tohrer. 

¿a. coamo al dinero » de Alctbiades se cuenta 
baberle tomado con nota mnchai veces de los que 
•uerian regalarle», y haberlo malgastado en lujo y en 
oisoiiiciones ; coandó dándosele á Mardo con honor 
los Generales 9 no pudieron convencerle ; y por esto 
mismo se hizo mas odioso á la muchedumbre en los 
altercados que sobre las. usuras ocurrieron con la 
plebe, como que no por. utilidad propia , sino por 
enemiga y desprecio era.contrario a. los pobres. An- 
iipatro en uaa. carta que escribió sobre la muerte d^i 
filosofo Arbtdieles dice entré of ras cosas: tuvo este 
gran varón hasta el don de llevarse tras si las gentes; 
y ea Maroioel faltarle esta gracia hizo sus acciones 
y sus. virtudes^poco aceptas á los miknos que eran 
de éli>eneficiados ,' no pudiendo agpaniar su altane^ 
mv y aquel amor propio que en lensir de Pkton 
va síentpre coq el poco trato. Mas. .por qL contrario, 
ea' AlcibiadeS'^que sabia sacar partido de cuantos se 
le acercaban ^ nada eictrano era quie sus felices he** 
ehosrtiicanzasen.'UBa. briliante gloria acompañada de 
benetoienciai.y.i^honov; ovando no pocas veces aU 
guoós de. SUS yernos. encontraron ¡gracia, y. aplañsor. 
i>e> aqui es -qae dsc^, cof haber causado . no pocos 
daños ni ^ iiWiÁ cosas á la ciudad, sin embargo 
muchas veces fiternombcado caudillo y. .General; y 
aquel. coa pedia: una .magistratura qnny oorrespon«> 

6 2 



59k^íG9B 



loo COMPARAiC. 0B ALCIBIAD^ T C6llIÓt. 

diente á sus sobresalientes hechos y virtudes , sevié: 
desairado: asi di uno- ni ana ctnoulo recibían daño* 
podían aborrecerle sus conctadadano^;' y ai otro* 
aun cuando le admiraban no podían amarle. 
. . Marcio pueé encada fue útil ¿ su -ciudad re-*, 
vestido de mando,' sino mas' bita ¿los enemigos^ 
contra su propia patria; cuando táon ÁlcibiadeSf-^ 
ya yendo al mando de otros^ y ya: mandando ¿1^- 
.tuvieron ventaja los Atenienses; y lo. que es mien^ 
tras se halló presente, doiaiioó cómo quiso á ais 
enemigos, no prevaleciendo las calumnias, smo «» 
su ausencia. Fero Marcio'.presente íiie condenado 
por los Romanos , y préseme Je acsri>aron los Vols^ 
eos: verdad es que fue injusta, y abominablemente; 
mas él mismo les .dio armas con^que defenderse, 
por cuantp no habiesdo admitido Uí paz propuesta 
publicamente, cedió á particulares ruegos de unas 
mugeres, no* deponiendo- la^enemistad, sino malo- 
grando y deistruyendo la sazón oportuna de la guer^ 
ra que quedo. ^pendiente, :.pues hubiera sido razoa 
ique se hubiese: puesto de acuerdo: con los que de ¿1 
se fiaron , si de> la. justicia que les era debida hu*^ 
biese hecho alguna .cuenta. 

Mas si en la suya no .-entraron pañi nada los 
jVoIscos^ y solo con el deseo de sadar su cólera acá** 
loro primero Ja gjuerrá y después, la entibió, no. es*^ 
tuvo bien que.poor la madre perdcmase á. la patria, 
^íno con esta, también á la madre;* poestoqué esta 
y la esposa- eran una parte de la ciudad que' sitiaba* 
-rúes el haberse habido inhumanamente con los me^ 

S9 y suplicas* de los embajadores y :con kstipeccés 
los sacerdotes, I y luego pMioeder;á,i.Ia.maOTe:da 
jeetirada ; esto no* fue honor de la^ina^re ^¿sinó afiren^^ 
ta^e la patria-, rescatada pcnr pl «duelo y eliademáá 
de una soiá mugér,'comó sLno fmera por sí misma 
dígita de.que^ela salvase: gracia ^e debió ser' mal 
vista, y que fue en ^verdad cruel y sid'agradednüea^ 



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COMT^ABAC. OB AtÚIlIADi T OO&IOL. XOl 

to» no habtéiidose hedió reconeiidable ni i los uno» 
ni á los otros; pues que se retiró sin tener conde»* 
beodendá cooú^Ios combatidos » y. sin Ja aprobacioi^ 
de los que con él oombátían ; de todo lo cual fue 
causa lo intratable y demasiado arrogante y sober- 
bio de su condición ; pues siendo ya esto por sí mis- 
ino muy incómodo i la niuchedumbrey si se junta 
con la ambición I se hace enteramente desabrido 6 
Intolerable : porque los tales no tiran i congraciarse 
con la muchedumbre, haciendo que no aspiran i los 
honores; y después se ponen desesperados cuando 
no los alcanzan. También tuvieron esta partida de 
no ser obsequiosos y amigos de adular á la muche- 
dumbre Mételo, Arísti(£es y Epaminondas; pero 
porque de veras no seles daba nada de aquellas co-« 
sas que la plebe es arbitra de darlas ó de quitarlas, 
desterrados muchas veces, desatendidos y condena- 
dos , no se enojaron con sus condudadanos poco re- 
conocidos; y después cuando los vieron mudados, 
se mostraron contentos, y se reconciliaron con los 

aue los fueron á buscar : porque el que menos tiene 
e condescendiente con la muchedumbre , menos de* 
be mostrarse ofendido de ella; pues el incomodarse 
mas de no alcanzar los honores, nace predsamen^ 
te de haberlos apetecido con mas ansia. 

Alcibiades pues no negaba que le era muy sa- 
tisfactorio verse honrado, y que sentía ser desaten- 
dido; y por tanto procuraba ser afable y halagüeño 
con cuantos se le presentaban ; pero i AÍarcio su or- 
gullo no le permitió hacer obsequios á los que po- 
dían honrarle y adelantarle ; y al mismo tiempo la 
ambición le hizo irritarse y enfadarse cuando le des- 
atendieron. Y esto es lo único que puede mirarse 
como culpable en tan esclarecido varón , habiendo 
sido todos los demás hechos suyos sumamente bri- 
llantes ; y en cuanto á la templanza y desprendi- 
miento del dinero era digno de que se le comparara 

Digitized by VjOOQ IC 



It)l' COUPARAC. ilE' AI^CJBXAI». X'<SO1t|01.¿ 

con los mas excelentes y mas iñt^os^e los grie- 
gos ^ y no con '<A:lcibÍ8des's!imameftte rolado en estos 
pantos , y que bada muy pocacoentaíide la virtud* 



, <>'■ ", '' 



V ; 



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£ste ert el ettado de loi SiracBStooi «ates de 
^ne Tinioleon fbese enviado á Sictlit. Dion había 
conseguido arrojar de Sicilia á Dionisio el tirano; 
pero muerto él mismo con una alevosía » entf6 k 
división entie los qne oon Dion habían libertado i 
los Siracnsanos; y la ciudad » pasando sin intermi^ 
ñon del dominio de uno al de otro tirano » estuvo 
en muy poco qqe no sé despoblase. En lo restante 
<fe la Sidlia una parte habia mudado de forma y 
quedado sin ^pueblos i cansa de las guerras , y elma«- 
yor ntimero de las ciudades estaban en poder de 
soldados colecticios y aventureros, abandonándolas 
fácilmente los que en ellas mandabui. Al año décT*- 
mo , reuniendo Dionisio algunos extrangeros » y lan- 
zando al tirano Neseo que estaba entonces apodera- 
do de Siracnsa, volvió de niKvo á ponerse al frente 
de los negocios; y si estraño había sido que con 
muy pocas fuerzas se le hubiese hecho perder la ma«- 
yor de las dominaciones que entonces existían ; mas 
estraño fiíe todavía que de desterrado y abatido hu- 
biese vuelto á' hacerse dueño de los que le desecha- 
ron. De los Siracusanos pues los ^ue se mantu- 
vieron en la ciudad quedaron esclavizados. á un ti- 
nno, qué no siendo de súyt> nada benigno , tenia. 
ademas exulcerado entonces su ánimo con las des- 
gradas; y los principales y mas distinguidos, aco- 
giéndose á Iquetes , sobresaliente en autoridad entrb 
k>s Leominos, se pusieron enteramente en sus ma- 
nos, y le eligieron caudillo para la guerra « en me- 
dio de que no era mejor que los que abiertamente 
se decían tiranos ; sino que no tenían otro recurso , y 
prefirieron dar su confianza á un Siracusano de ori- 
gen , que reunía una fuerza proporcionada contra el 
tirana 



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X04' TIMOLBOV. 

Como en aquella misma sazón TÍníesen contra la 
Sicilia coa una fuerte.armada los Cartagineses » enso- 
berbecidos con- su buena suerte , temerosos los Sici- 
lianos resolvieron enviar embajadores á la Grecia, 6 
implorar el auxilio de los de Corinto , no solamente 
por el deudo de un mismo origsn^ y porque mochas 
veces habian sido de ellos favorecidos en iguales ca- 
sos , sino por saber que generalmente aqudla ciudad 
habla sido siempre tan amiga de la libertad, como 
enemiga de los tiranos ; y ^e la mayor parte tfe 
sus peligrosas guerras las babia sostenido , no por 
ideseo y ambición de mando , sino por la libertad 
de lo» Griegos* Iquetes f cuya mira en el mando era 
'la tiranía,. y no la libertad de los Siracusanos, yü 
entonces tenia. relaciones secre^s con los Cartaginés 
^s , aunque en público hablaba en favor deios Siracu- 
•sanos ,. y habia enviado también embajadores al Pelo^ 
poneso: no porque quisiera que viniera auxilio de 
aquella parte, sino con la esperanza de que si los de 
Corinto no se movían ¿ dar este- socorro, como era 
natural, por las disensiones y contiendas de los Grie- 
gos , podría mas fácilmente hacer dueños dé los ne- 
gocios á los Cartagineses, y tenerlos por aliados y 
auxiliares contra los Siraoosanos > ó contra el tirano: 
4uinqae estas cosas se descubrieron un . poco mas 
•adelante. 

Al arribo de los embajadores los Corintios > ^cos-^ 
tumbrados siempre á ser rogados de sus x^oionias , y 
especialmente de la de los - ^racusanos , como áfer- 
tunadamente no hubiese antonces entre los.Griegos 
nadie que los incomoduse i hallándose enLplena paz 
-y sosiego í^ decretaron socorrerlos con todo empeño. 
Meditaban sobre el General que enviarian ; y escri- 
biendo y proponiendo los magistrados á aquellos 
que mas se esiorzaban por sobresalir en la ciudad, 
levantóse uno entre ellos , é indicó á Timoíeon el de 
Timodemo , no porque todavía manejase los negocios 



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nvcMLBov. 105 

piUioos, ¿ jndierftcoocelñrse en él tal esperania y 
tal desea, vím:^ qoe fue ium casual ocuffenda, ins* 
pirada q&ízá poralgon Dios: ¡tal fue la buena suer^» 
fe que. para ia elaccíoa siguió al punto á esta pro* 
puesta^ 7 tanta la^ gracia que brilfó después en sus 
4K?GÍoiiesy dando grande realce á- sü virtud ! £1 era 
iUstra en la ctnmd por sus padKs Timodemo y 
Démazisia; anuate oe la patriai y muy dulce de 
xxMdicioo, solamente enemigo irrecondüable de los 
sítanos y de los malos. Para las cosas de la guerra 
leicibíó de la natutakza una tan bien templada dis^ 
•posición , que sietodo jóyen^ manifestó mucho juicio, 

L declinando ya la edad, no fue menor su valor en 
í ocasiones* Tuvo un hermano mayor llamado Ti* 
mofanes, que en vez de serle parecido, era temera- 
rio , y « lud>ia dejado alucinar del deseo de la monar- 
jqfÁz por malos amigos y por soldados extrangeros, 
^ue tenía siempre consigo; siendo por otra parte, 
sc^gutt parecía, intrépido y despredador de los peli- 
gros en la milicia f que era por lo que habiendo ga*> 
nado entre los ciudadanos fama de b<Mi¿re activo y . 
i>uen militar, se habia bedio nombrar para el man- 
áo. Aun en esto leserviade mucho Timoleon , ocuU 
iaoda riempre sos yerros , 6 haciéndolos parecer roe-* \ 
llores» y dando brillantez é incremento á las buenas 
xalidades aue redbió.de la naturaleza. 
- En la oatallaque los Corintios tuvieron con los 
Argivos y Cleoiieos , á Timoleon le cupo pelear con 
la mfanteria, y á su hermano, que mandaba la ca«r 
.fcallería, le soorevino un repentino pelíero; porque 
le derribó el caballo, cayendo herido a la ixirte de. 
los enemigos ; y de sus camaradas usos se aispersa- 
jron al punto sobrecogidos de miedo, y otros, aunque 
IK> abandonaron el puesto, peleando pocos contra 
jnucfaos, con dificultad se defendían. Timoleon pues 
luego que entendió lo sucedido corrió en su auxilio, 
^. oponiendo el escudo del rendido Timofanes, aco-^ 



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io6 tiMouoac 

fado con los dallos y con lo% agolpes que ^e cerca 
se dirigían contra su cuerpo y oontija las armas , ahn- 
yento, no sin gran trabajo , á loa enemigos^ y sahró 
al hermano. A poco los de CorintOy temerosos no les 
sucediese lo ^ue antes de parte dé sus aiiadosy qoe 
íbe perder la ciudad y decretaron mantener cuatro- 
cientos eictrangeros, y nombraron caudillot>de ellos 
á Timofiínes ; mas este , olirídado á^ toda; hoóestidad 
y justicia » inmediatamente emp0z<$>á trabaftr pof y^^ 
ducir la ciudad á su dothí nación ; y qoit^ndd déf 
medio sin forma ninguna de juroic» á: muchos de !o^ 
ciudadanos mas "principales» y $e erigid abiertamente 
en tirano. Sentíalo extraordinariamente Timoleon, y 
mirando como'sur: mayor desgracia la perversidad 
-del hermano, procuro hablarie* y exhortarle á que 
■desistiendo de la locura^ infelicidad de semejante 
proyecto, yieiia el modo de enmendar el yerra co- 
metido contra'^sus conciudadanos. Oyóle aqoel con 
indignación y desprecio; y él efttonces, tc^mandó 
<:onsigo de los de ú fdmilia i Es^jiíílo, que era heir- 
tnano de la muger de Timofanes^ y de los amigos á 
iin agorero, que Teoponipo 'dice íér- su nombre Sá- 
tiro, y Eforoy Tímeo Ortágorasi después de ha-^ 
ber pasado algunos dias , subió de^mievo i ver al her^ 
mano^ y rodeándole los tres , le rojgaban, y con t^ 
zones le persuadían -á que se arrepintiera de su pré^ 
pasito; mas como Timofanes al principio les res- 
|>ondiese con mofai, y después se irrítase y enfa- 
dase con ellos, Tímoleon $e retiróla un lado, y 
cubriéndose con su -ropa, lloraba su desgracia; pero 
.'los otros, desenvainando las espadas, dieron muy 
pronto cuenta de él. 

Divulgase el. hecho , y los Corintios de mas jui- 
cio celebraban ¿n Timoleon su aversión á lo malo y 
«u grandeza de alma, por cuanto siendo hombre bue^ 
no y recto , antepuso la patria á su casa , y lo ho- 
nesto. y lo justo á lo átil, salvando al hermano mienr 



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tras se £stingBÍ¿ enddeasi de la Mtrla,)r ooncur* 
riendo á súiBiierte cuando traté oe oprimirla y es«- 
claviauria; pero los que no pueden vÍTÍr en la demo* 
cractaraooscombradosá estar pendientes del sem* 
biante de lea-soderosos, al paso que fingían haberse 
alegrado con la muerte del tirano, desacreditaban i 
Timoleoñ como autor de un Kécbo impío y at roc$ 
coa lo que lé hicieron caer en desaliento. Supo lue«- 

fo qne la madre también se halña indignado » y ha^ 
ia prommpido contra ét en execraaones terribles 
y espanto^; y como yendo á' aplacarla i no- hubie*- 
se aquella consentido ni siquiera verle, y antes hu- 
biese mandado. cerrarle la puerta, contristado en^ 
toncesrhasu lo «sumo, y saliendo de juicio^ resolví^ 
quitarse la vida con pehusar toniar alimento ; pero 
no perdiéndole de vista los ami^s, y agotando con 
él todo mego y todo medio de contenerle , deter* 
miod Tivir retirado huyendo d^l bollicio , y enterad- 
mente se apartó del gobierno, tanto, que en los 
primaros tiempos ni siquiera venia á la ciudad, 9Í<*- 
flo que pasaba una vida infelia tf inquieta en las mas 
desiertas soledades. 

De esta mañera los jotcios , si no dominan á las 
acciones , tomando seguridad y fuerza de la razoA 
j de la filosofía , fluctúan , y son fácilmente trastor*- 
nados por cualesquiera alabanzas á reprensiones , desf 
tiruidosdel fundamento del discurso propio; por* 
que no basta que la acción sea honesta y justa , sino 
que es menester que el dictamen , según el cual se 
emprende, seafitme ¿incontrastable, para que obre- 
nos con meditada resolución ; y no suceda que asi 
^x>mo los glotones se abalanzan con repentino apeti^ 
to á los manjares que tienen á la vista , fastidiándo- 
los luego que se han hartado ; de la misma manera 
nosotros, ejecufbdas tas acciones^ nos desalentamos 
por debilidad, marchitada ya entonces la opii>ion 
y apariencia de la viiPtud* Porqué el arrepen^imien- 



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So8 .TIMOZ.BOKS 

to. hace indecoroso lo mas faonestameiite ejecutado; 
cuaodo la determinación apoyada «n la ciencia y el 
ntcicícimo nunca se-nuida, aunque.iofi efectos no 
correspondan. Por .eso Foción el Ateiñensey.qaese 
{labia opuesto á los proyectos.de Leottcnes» cuando 
apareció que este, kabia «salido conellds, y vio á los 
Atenienses que hactah. sacrificios » y estaban muy 
hinchados con la victoria» dijo qiiei iuen quisiera 
que por él se hicieran aquellas d^mostmcáones; pe- 
lo que no mudaba de conse)o.: siendo 'aun mas de- 
cisivo lo ocurrido con Aristides Locrio» tino de los 
JUnigQS de Platón ; el cual , habiéndole pedida Dio- 
nisio el mayor á una de sus. hijas por ntuger» res- 
pondió |. mas quisiera ver muerta á mi 'hijay que ca- 
cada Qon un tirano f y después , habiendo hecho Dio- 
nisio al cabo de .poce» tiempo dar muerte á sus 
hijos y y preguntándole por insulto si esti^ toda- 
vía en. el mismo propósito en cuanto á^la. concesión 
de la hija, .le contestó que aunque- sentia mucho 
lo sucedido , no se arrepentía de su anterior respues- 
^: mus estos rasaos quizá son de unárvirtud mas ele- 
vada y mas perfecta. 

Timoleoñ de résujtas de -lo Sucedido con el her- 
mano, bien fuese de pesar por su.rekuerte» ó bien 
de rubor á causa de la madre » quedó tan qu@bran« 
íadp y decaído de ánimo» que en^unos veinte anos 
no tomd parte en negocio ninguno público ó de al-^ 
/'guna consecuencia; fnas Ueaado el 11a90r.de ser pro- 
puesto y de reoibiriobjen el pueblo é^interponer su 
autoridad , TelecUdes » que entonces sobresalta en la 
ciudad en poder y tiomm'adía , se levantó en la jun- 
ta y exhortó á Timoleoñ á mostrar» varón recto y 
generoso en sus acciones: porque si tepónduces bien^ 
le dijo, juzgareiíiQ^ que fue á un tirano á auien con<^ 
curriste á dar la muerte; pero si te conduces maU 
á tu, hermano. Odiábase Timoleoñ en, disponer el 
embarque y reunir tropas, cuando, llegaron á los 



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Tnioivoif* Y09 

Cotíhúos cartel de Iquetes que daban indicios de sa 
mudanza 7 su traición , pues apenas envió ios emba- 
jadores y cuando trató abiertamente con los Carta- 
ginesesyconnniendo coaeilos en que arrojarían á Dio- 
nisiade Siracnsa > y él quedaría de tirano ; y temien- 
do no ínera que si libasen antes las tr<^as y d «<- 
neral de Corinto descompusieran sus planes , diri- 
sio á los de Corinto una carta , en que les decia no 
B¿XT. necesidad de ^ue se incomodaran é hideran 
^tos nav^ando á Sicilia y oorrieado peligros : pue^ 
to que los Oiru^eses se oponían y harían resisten- 
cia i sus fuerzas con ^an número de naves; y él 
por su taidanza se habu visto en la precisión de ha- 
cer con aquellos alianza contra el tirano. Leida esta 
carta 9. si antes había habido entre los Corintios al- 
gunos que mirasen con frialdad la expedición , en- 
tonces el enc^o contra Iquetes los acaloró á todoa» 
de numera que con el mayor empeño faabiBtaron á 
Timoleon, y le ayudaron á realizar el embarque. 

' Prontas ya las naves y provistos los soldados 
de cuanto necesitaban , paredóles á las sacerdotisas 
de ProserjHoa haber visto entre sueños que las iMo- 
sais se disponían para una romería » y haberles oido 
dedr que se proponían acompañar á Timoleon i Si- 
ciiia^ por lo cual , aparejando los Corintios una na- 
.w ¿agrada, la llamaron ki de las dos Diosas. Mas 
Tkaoleon pasó á Delfos, donde hizo sacrificio al 
'I>ios y y cuando bajaba .al ■ lugar de ' los oráculos 
ocurrió un prodigio: porque desprendiéndose y 
irolandosc de entie .las:presentallas que4ilü estaban 
aospendidas una venda y en que había bordadas co- 
ronas y. victorias > vino á- caer sobre b. cabeza de 
Ximoleon , como dando> 4 entender- qile xra enviado 
á la expedición coronado jpor la mano del ']>íos. Te« 
siendo pues siete naves (Joriotias, dos de Corfú , y 
dando iosLeocadios la décinu nave ,. con elias dio 
la vela ^Ky-^hallándose i la noche en -alta qarikva^ 



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XfOr TIMOtBOXr. 

do de iaVórable viento , parecid que de repente se- 
rasgó el cielo , enviando sobre la nave oaa^an co* 
kimna de fuego resplandeciente $ y que .alzada en 
alto una antorcha seotqante 4 las de los misterios^ 
y siguiendo el mismo curso ^ vino á fijarse eo el 
punto de Italia hacia el que dirijan ^ rumbo los 
tiipon^ros: diciettée Idiadiiunos que aquella visión 
concordaba con los sueños de lassacecdotists ; y que 
el fuego del cielo significaba que las Di<»as prote-^ 
gian la expedición: por cuanto la Sicilia esudia con- 
sagrada á Proserpina ^ateniéndose por cierto que allí 
se hübja e^utado el rapto , y que aquel& LJa se le 
habiadadó en dote al tiempo de sus bodas*' 

Xo qiie es de parte de los Dioses in^Mjraroa es-* 
tas cosas grande conáansá á la expedición i por lo 
que xiav-égiando presurosamente apcnrtaroa á. xtaüaj 
ma^ las noticias que vinieron.de Sicilia ^.pusiexoa á 
Timoleoñ' en grávese dudas, y causaron desaliento 
en iosüoldados. Porque Iquetes , habiendo vencido 
en batalla sL:Dionisio 9 y tomado la mayor parce de 
los püesms de los Sir acúsanos , tenia suiiado y eir^ 
cuhValado á »aquél> halñéndolé obligadoi i refugiarse 
al' álcaaar y : á lo que. ¡hméisai ia Isla.; iy á los Car-^ 
ta^iie9es.Ii^rhíd)ia ordenado que estuviorsn á; la mira 
de queLTimoiéon no iaportará i Sicilia , • Spuestp que 
red^^ados eítbS) podriah con sumo tepb^o repartirse 
entre 'SÍ' la Isla. Lc^ Gartagiñesi^ pues| enviarocí i 
Regio veintd g^teras^ en la^/quf ibaiiembajadorea dé 
Iquet^ á TimoJeon con propuestas acomodadas A lo 
sucedido. :::poes que.vsnian-á ser arterias:, y aparieo^» 
cias muy bied disimuladas con dkñados intentos, pres^ 
tándoseá: admitir al mismo Timoleoii , sL'queria pa* 
sar cerca deliquetes,. y. tener parte con él eo todos 
los'consejós y cátodos^ los negocios; maicpo,.4acon«» 
di clon < d¿ que las naves y les soldados Jos ' había de 
despadiar á.<¡]arintx>y icomo:qné jde una apante faha'* 
ba miay;?pooa : para que: la guerra estuviese .acabada» 



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T21ÍOUOH. 1 1 1 

y de U Qtfs m bailaban los Cartaginesa en ánimo 
de impedir el desembarco, y pelear contra los que 
hiciesea resistencia» Los Corintios pues cuando lle- 
gados á Regio se hallaron con semejante embajada , y 
TÍeron que los Fenicios estaban surtos por aquellas 
inmediaciones» se indignaron de ser escarnecidos; y 
en todos se suscitó enofo contra Iquetes, v miedo 
por los infelices Siracusanos, conociendo bien que 
se 1¿8 reducía i ser galardón y premia, para Iquetes 
de su traición, y para ios Cartaeineses de su tiranía. 
PareciiAes sin embargo no ser factible vencer á las 
iMves de lo& bárbaros ancladas alli cerca , que eran 
en dobk námero, y á las tropas de Iquetes, con las 
que contaban haber hedió en unión la guerra. 

No obstame todo esto presentándose Timoleon i 
los embajadores , y á los caudillos de los Cartagineses, 
les contestó sosegadamente que se prestarla á lo que 
ienian acordado; (¿ni qué hubiera adelantado con 
oponerse?) Pero que qoeria que se trataran estas co- 
sas por demandas y respuestas ante una ciudad grie-* 
g^ amiga de onos y otros, como era Regio, y des« 
pues se retiraría ; lo cual le convenia á éTmucno pa- 
ta sa seguridad^ y á ellos les daria ma3ror ñrmexa 
en lo que proponían acerca de los Siracusanos, te- 
niendo á todo un pueblo por testigo del convenio* Es-»^ 
ta fu^ ana añagaaa que les preparó para el desem« 
barco; y en ella le auxiliaban todos los generales de* 
los Riegtnenses, con deseo de que los Corintios do- 
minaranen la Sicilia, y con temor detener por ven- 
cióos á los bárbaros. Congregáronse* por tanto ea 
jnnta. pública y cerraron las puertas /coAio^ para im-> 
pedir que los ciudadanos se distragpsen-á otros nego-^* 
cíos; y como paragaóisr á lamuchedunibrevemplea* 
ron discursos muy lavgüs, tratando uño después de 
otro el mismo asunto , no con mas objetoUpe et de dar 
' tiempo á qrue anclasen las naves de lócjCffñntios, y 
detener en 1» juma<; sin cattsarle«:«05pecbas^'iá loa 



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Cartagineses; y mas que hallándose presente Titáo-^' 
león y les dio idea de que se levantaria y hablaría en 
ella. Mas como en esto llegase uno que le anunció 
estar ya ancladas todas las demás galeras ^ y que 
sola la suya quedaba esperándole, penetrancío por 
entre la muchedumbre, y haciéndole espaldas ios 
Regtnenses que estaban cerca de la tribuna, se enca-^ 
mino al mar , y desembarcando con gran prestezii 
tomardn la via de Taurominio de Sicilia , recibi¿n-« 
dolos , y aun teniéndolos llamados dt antemano con 
la mejor voluntad , Andcomaco ,. á quien estaba en- 
comendada la ciudad, y que tenia en ella el mayor 
poder. Era este padre de Timeo el historiador ; y- 
con haber alcanzado en aquella sazón mayor auto^ 
rídad que cuantos dominaban en la Sicilia, á sus ciu- 
dadanos ^os gobernaba en ley y justicia ; y á jos tí- 
ranos era notorio que los miraoa con aversión y des- 
agrado: asi es que entonces ofreció su ciudad como 
refugio á Timoleon, y á sus ciudadanos lo^ persuadió' 
á que hicieran causa común con los de; Corinto, y 
juntos dieron la libertad á la Sicilia* ' 

Los Cartagineses que quedaron en Regio , visto 
<|ue se habla retirado Timoleon y se habla disuelto la ^ 
junta , estaban muy sentidos de que con otra estráta-» 
gema se hubiesen burlado las suyds ; con lo que dieroa 
ocasión á que los Re^inenses los. insultaran un poco, 
diciéndoles: ¿corno siendo Fenicios se incomooabaa 
de lo que se hacia con engaño 2 Enviaron pues á Tan* 
rominio un embajador en una de sus galeras, :ei.cuai^ 
habiendo hablado largamente con Andromaco., estén* 
diéndpse acalorada y groseramente sobre quesera pro- 
ciso despidiese sin la menoc detención á los Corin- 
tios ; por ültkno mostrándole Ja mano primero; fot 
k pak^a,-y después por el otro lado » le amenazó que 
siendo su ciudad de esta manera, la volverla de. la x)tra«* 
Andromaco,, echándose á rdr , nada absoktamentcJe 
irespondió^ sino que estendtebdo..como..éi ia uEtanoi 



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ariHOLEoic 113 

prionero iposMpdsúA y luego f>or. la otra ptrte » la 
latUnó que se fuera cuanto antes, si 00 oueria que 
sieodo su n&we de esta manera la pusiese de la otra. 
M^s Iquetes; luego que sudo el , ¿sembarco de Ti- 
mpleoQ, cobrp miedo, y llamd cerca de sí muchas 
de las galeras (d& los O^rtagineses^ con lo que suce- 
dió que los. Stracusalios desconfiaron completamente 
de su saluda hiendo á los Cartagineses apoderados 
del .puerto, á Iqüetes dueño de la ciudad, á Dioni- 
sio, «defendido, en. el alcázar, y qUe Timoleon cuan^ 
to tocaba á la Sicilia por medio de un hilo xielgado, 

3ue era el puebkseuelQ de los Taucominios, con muy 
¿bil esperanza y muy escasas fuerzas , pues fuera 
ide mil soldados y^Jos víveres precisos para ellos , na- 
ds^ ma& tenia. Ni las ciudades se connaban tampoco 
^s^aodo agoyiada§ de. males, é irritadas contra todos 
los^g^nersüés de ejiírcito , prindpalinente por la in- 
fidelidad de CalipQ y Faraces; de los cuales el uno 
era Ateniense y el otro Laoedemonio; y diciendo 
ambos que veman á trabajar en su libertaa, y á des- 
trmrá los monarcas, hicieron verá la Sicilia que' 
eran oro los trabajos que hablan. padecido en la tira- 
nía , y que <j^an ser tenidos, por mas dichosos los 
que hablan muerto en la esclavitud ,.que los que al* 
capzaron la;Independencia« 

M>esconfiand6 pu« de que el Corintio fuese me^ 
jqr que .ellos , sino, qué les vendría también con los 
mismos sofismas y ios mismos ¡atractivos , Iisong9Íir>- 
dolos con buelnas esperanzas ^con proposiciones lle^ 
Has de humanidad , para incliparlos á la mudanza díe 
jiaey o, 4neno,: .empezaron á sospechar, y á esto)?bar 
el fruto de las exlu:)rtaciones de los. Corintios ; á esr- 
cepcion úd<99meilit& di$ k>s Adrianitas^ q«e habitaor- 
4o una ^ciudajá/iaunquepequena, consagrada á Adrar 
no y cierto Diosrmuy venerado en toda la Sicilia, 
discordaron entre sí, implorando unos á Iquetes y 
los Cartagtnpse$ , y llamando. otros á Timoleon. Sur- 

*TOMO II. * H 



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ii2|. timoleom; 

cedió pues por para casualidad one -ftcelar^dose ésae 
y aquellos , en un inismo punto de tiempo concurrie- 
ron al llamamiento -unos y otros: trayendo Iquetes 
cinco mil hombres, y no teniendo Timoleon entre 
todos mas que unos mil y dosdencos , con los cua- 
jes salió de Taurominib para Adratio , que disiaba 
unos trescientos ycuarenta estiutios; Y' en el primer 
dia , habiendo andado poca parte del camino , hizo 
alto; mas al siguiente marchando sin reposo y ven-^ 
ciendo pasos escabrosos y difíciles , cuando comen- 
taba á declinar el diá oyó qoe Iquetes acababa de 
llegar á la ciudad , y se habia acampado en las in- 
mediaciones. Los gefes y capitanas de los cuerpos 
empezaban á acampar también á los 4]^ue llegaroa 
primero, pareciéndoles que pelearian con mas ardor 
después de haber tomado alimento y haber desean* 
-sado ; mas sobrevini^do Timofeon , Íes hizo presen- 
<te no egecutasen semejante cosa, sino que guiaran 
prontamente y cuy eran sobre los- enemigos, que an- 
darían desordenados, como era regular sucediese, es^ 
tando descansando de una marcha , y descuidados ea 
las tiendas y en los ranchos; y dicho esto, embraísan- 
db el escudo gtuió el primero tomo á una victoria cte^ 
ta. Siguiéronle denoaadamente los demás, hallándose 
de 4os enemigos á menos de treinta estadios, los que 
- anduvieron muy luego , y dieron sobre estos , que se 
desordenaron' y huyeron á la primera; nc»ticia que tu* 
Tiéron de sn yénida : asi es que solo mataron sobr¿ 
unos trescientos, y fueron mas que doblados los que 
cautivaron, tomándoles también el campamento. Loí 
Adrianitas , abriendo las puertas de la ciudad , se unie- 
ron con Timolebíi, r^firi^ftlole con' asombro y sustd 
qne no bien se habia empezádo-el combate cuando 
-por sí mismas se habían abierto las puertas sagradas 
¿el templo, yhabianadvertidoquela lanza del Diol 
se blandió por la punta , y su semblante estaba bá* 
nado de copioso sudor. Tales prodigios , á lo que pa- 



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rece, no significsron solamente esta Victoria» sino 
taoibien los posteriores sucesos de que aquel com<»- 
bate fue un feliz preludio* Porque las ciudades en* 
viaodo embajadores, inmediatamente se unieron á 
Timoleon; y Mamerco, tirano xie Catana» hombre 
guerrero y sobrado de medios , le ofreció su alianza. 
Mas lo mayor de todo fue que el mismo Dionisio 
perdida ya toda esperanza» y esundo á punto de 
tener qoe rendirse , mirando con desprecio á Ique- 
tes que se habia dejado vencer cobardemente » y ad-* 
mirando á Timoleon , envió á tratar con este y con 
los Corintuss» poniéndose en sus manos , y entregán- 
doles el alcázar. No despreciando Timoleon tan in^^» 
esperada dicha» mandó inmediatamente al alcázar á 
los ciudadanos Corintios Euclides y Telemaco » y 
ademas uescientos. soldados » no todos juntos ni Je 
modoque se conociera » porque era imposible estando 
acantonados los enemigos » sino disimuladamente di- 
vididos en piquetes. Tomaron pues los, soldados el al«- 
cazar y los palacios con todas las provisiones y efec- 
tos de ^erra ; porque habia no pocos, caballos » to<- 
da especie de máquinas » y gran copia de dardos: d» 
armas habia unas setenta mil depc^itadas de largo 
tiempo; y tenia consigo Dionisio unos dos-mil soU 
dados » /que puso con todo lo demás i disposición de 
Timoleon. £1 mismo Dionisio » tomando su. caudal y 
no. muchos de sos amigos » hizo la travesía sin ser 
notado de Iquetes; y llevado al campamento de Ti- 
nsoleon» entonces por. primera vctz.se. le vio reduci- 
do y hóipilladoLái la. condición de particular; y se 
difuso fuese llevado á Corinto en una. sola nave con 
poca parte dé su hacienda: habiendo sido nacido y 
criado en la tiranía mas afamada y poderosa de to« 
das» la que conservó: diez anos» habiendo pasado 
los dctce restantes después de la evf dicion de Dion 
en continuas guerras y combates ; peto á lo que hi- 
zo, ea la tirania.> escedió en muclnj lo que padeció 

H 2 



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Il6 Tll^OLEON. 

arrojado de ella: porque vio las muertes de sus hijos 
ya crecidos, y los estupros de sus hijas doúcellas; y 
á la que era su hermana y muger í un tiempo^ su-»' 
frir todavía viva en su cuerpo ios mas torpes insul* 
tos de sus enemigos , y que después le dieron. -viofen»-' 
tamente muerte juntamente con sus hijos, y ia arro 
jaron al mar. Mas de estas cosas hemos dado razoa 
mas circunstanciada en la vida de Dion. ^ 

Llegado Dionisio á Gorinto no habia griego nin- 
guno que no deseara verle y/liablarle, con la<iife.ren'^ 
cía de que unos, alegrándose de sus desgracias, pbr 
odio se llegaban á él comeatob cómo para cóocuican 
al que habia derribado la fortuna , y otros aplacados 
ya con la mudanza , y compadeciéndole en m frag^ 
lidad manifiesta de las cosas huinanas^ veian el gran 
poder de otras causas ocultas y divinas : pues aquella 
edad no ostentó prodigio iñngunb4e la naturaleza 
ó del arte- igual a aquella obra de^soia la fortuna; 
viendo al que poco antes era tirano de JaSiciUa, re- 
ducido á habitar en Corínto en caái de una bpdego^ 
ñera ; ó sentado en el moistrador de un perfumador, 
bebiendo la zopia de ios taberneros, o altercando 
con mugerzüetasque haciafi tráfico de su belleza y ó 
enseñando á las cantoras sus cantinelas, moviendo 
con ellas disputas sobre la-^irmoníadel canto* Unos 
creian que Dionisio tenia' está ¿ondiicta, porque de«> 
n^as de ser de- aquellos que fácilmente se exaltan^ era 
por naturaleza ^luelle y disoluto; mas otros józga^ 
tan que para que -no se hicierar atención en ¿1^ y uo 
inspirar miedo i los Corintios, hi dar sospechas de 
que llevaba mal lá mudanza de vida' y. eí na tener 
parte en los negocios , de intento se esforzábala mos<^ 
transe fuera de su naturaleza extx^-^'agante/y oiedia 
simple en el modo de consumir su ocio > ( ' . 

fi^ñérense taybien de él algunos dichos de. los 
que se puede inferir que no dejaba de acomodarse 
con dignidad á las cosas presentes* Como pos qem^ 



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TIMOtEOK. 117 

pío: liabiendd pasado á Leucadc» dudad fundada 
por los Corintios igualmente que la dé Siracusa , dijo 
le sucedía lo ndsmo ^e á^ aquellos jóvenes que han 
caído en faltas; porque al^^modo que estos se acogen 
gustosos í los hermano^, y de verguenea hoyen de 
caita dte los padres » de la misma manera avetgozán- 
dose ¿I de residirán la metrópoli, habitaba allí con» 
tentó con los LeiK:adtos« Otro ejemplo treconvinién-) 
4ole pn Gorinto un forastero con groserías sobre sns 
conferencias con tos filósofos , en las que parecía com«* 
placerse cuando reinaba » y pr^uñtándole éltima- 
mente ¿de qué le había servido la sabiduría de Pla- 
tón? ¿te parece, le dijo, que no, nos sirvió Platón 
de liada, cuando ves cómo llevamos esta mudanza 
de Ibrruna ? Al músico Aristoxeno y algunos otros 
cjue le preguntaron cuál era y dtf diside provenía li| 
querella que había tenido con Platón , les respondió 
que estando la tiranía rodeada siempre de grandísi-* 
mos males , ningmio era comparable con el de ná 
atreversi^á hablarle claro los que se venden por ami-; 
go$, Y que estos eran los que le baMan privado del 
aprecio de Platón. Queriendo hacer «mooel gracioso 
y zaherir á Dionisio , sacudió la capa al tiempo de 
entrar á verle , como -para notarle de tirano , y este 
volviéndole la burla ríe dijo, seria mejor lo hiciese 
al tiempo de salir.de su casa para no llevarse nada 
de lo que había éxi ella/ Dejándose caer Filipo el de 
Macedonia en ua concite ciertas expresiones irónicas 
acerca de las poesías y tragedias que Dionisio el ma* 
jror dejó escritas. , h3<^i^nd^ como que dudaba en qué 
tiempo pudo tener vagar para estas tareas , le saliá 
oportunamente al encuentro Dionisio , diciendo- 
le , en aquel que tú, yo y los demás que pasamos 
por felices, gastamos en ftadcachelas* Platón no aU 
canzó.á ver a Dioóisíó m G>rínto , porque ya ha- 
fcia muerto; pero Diógencs de Sinopé la^primera vez» 
que. sje acerco á . él: . indignamente vive*., . le dijo , ó 



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Ti8 TiiroiíEOir; 

Dionisio ;• y- repooiéndole este , te agradéacó , ó Dfe>-i 
genes-, quete^ compadezcas de mi ihfbrtanio : ¿ como, 
replico Piógenes , piensas que me compadezco, cuan-*- 
do mas bien me ir:ritb de que siendo tm tan vil es-* 
clavo, d%oo de. morir dé viejo como tu padre en la 
tiranía,- veo 'que!«stas áqai divirtiéndote y scdazáíi-» 
dpte cott Híósotros? De manera qnc cuando comparo 
con estás respae^fps las exdámacioaes míe Fiiisto éiti- 

fiea , compadeciendo á laS hi|as de Xeptihes , por 
aber descendido de los grundes' bienes efe la tiranta 
á un pasar B!5tíecho y miserable , gradúo á estas por 
lam(5ntaclones:de una mugerzriela^ qücecham menos 
los alabastros , la púrpura »y el oro. Creemos qtle 
estas cosas no entran mal en esta clase de escritos, 
y que no sph inútiles para lectores que no estén de 
prisa nr escasos de tiempo. 

Pues- si la desdicha de Díotítsio debió parecer ex- 
traña y no fióe tnenos de admirar la dicha de TI mor 
león , porque á los cincuenta dias de* haber desem- 
barcado en Sicilia , tomó el alcázar de los Siracusa^ 
6os j y despachó á Dionisio ál '^Peloponeso. Alenta- 
dos con estos sucesos los Corintios envíanle dos mit 
infantes y doscientos caballos i los cuales llegados i 
Turios,NCons5derando arriesgada aquella travesía por 
tener los Cíirtagírteses obstruido di mar con muchas 
naves , precisados i detenerse allí esperando oportu- 
nidad^ sacarcAí al fín parttdo'deaqtielodo paraima 
acción provechosa. Porque dé tes Turios los que ha- 
bían peleado contra los Brucios , tomando esta ciu- 
dad, y téríiéndolsi como patria,' la guardaron coa 
kal y fiel custodia; Iquete^que, como se ha visto, 
tenia sitiado el 'alcázar de Sir«ciisa^ impedia qne á 
los Corintios les llegasen vívtfes;! y respecto de Ti- 
moleon , habiendo sobornado á dos éxtrangeros parcl 
que á traición le diesen muerte v los envió á Adrano; 
donde' adénjas de que aquel' no solía' usar' de guardia 
alguna para^su persona confiado en- el DIoS| se entre- 



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7nCOLBOH¿ 119 

tenia todavía con menos cuidado 7 reseto en medio 
de los AdritoitH. Supieron por casoolidad los sobor* 
Qli4os que iba 4 hacer un sacrificio, y dirigiéndose 
al templo ooq poóales encubiertos debajo de laropa, 
se metieron entre los que estaban junto al ara» y 
poco á poco sa le fiíeron acercando mas. No faltaba 
ya otra cosa sino que se diera la toz para la acome- 
tida , cuando nao de los circunstantes hiere con el 
puñal en la cabeza ¿.uno de los dos» onecayó muer-^* 
to ; y entoQoest ai se.detnvo d ^ue ai<$ el golpe» ni 
el que habiaido con el herido» stno que aquel de la 
misma maaera como estaba con el puñal en la mano 
díóá huir» y sesiá>i<i auna piedra muy alta; y este 
otro» asiénwae del ara» pedia á Timoleon que le 
indultase bajo k coodidon de descubrirlo todo. Con«* 
cedtósele» y reveló contra sí y contra el muerto que 
habian sido enviados para asesinarles En esto ya otros 
traian al de la piedra » que venia gritando no haber 
cometido delito alguno» sino que con justicia habia 
dado muerte á aquel hombre » para vengar la de so 
padre 9 á quien antes la habia «do aquel en Leon-<- 
cio. Hubo entre los presentes algunos que lo atesti* 
gnaron ; maravillándiMe al mismo tiempo de la des^ 
treza con que la fortuna mueve unas cosas oor me**' 
dio de otras ; y reuniéndolas y combinándolas todas 
desde lejos» se sirve de las que parece estar mas dis^ 
tantes » y no tener nada de común entre sí » hacien-r 
do que el fin de las unas sea el principio de las otras. 
Los Corintios prelniaron á este hombre con diez mi- 
nas » porque parece presto una iiidignacion justa al 
Genio que velaba sobre Timoleon ; y aquella ira que 
tanto tiempo hacia ri>rigaba en su pecho no la gas«* 
to antes , sinoque con el motivo de su particular en-» 
(^no la reservó integra para salud de aquel por dis-^ 
posición de la fortuna. Sirvióles este &vor presente 
de la suerte nára formar esperanzas sobre lo futuro» 
viendo que oebiaA' respetar y conservar i Timoleon 



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t2« wwole^k: 

eomo á un hombre sagrada, Tenido par» ser, jiifíiñ^ 
mente con su Dios, el^ngadór dfe íft^Sitília. 

Iquetes cuando tío que había etrádo'el golpe, y 
que eran mochos los* que se pasaban á Timoíeon, se 
reprendió á ií mismo ae que sietidotdfitas las ñiéfzas 
de los Cartagineses, parecia que íib4iabia avergonzar 
do 'de usar ae ellas / y sólo como'i''escóndidas y ¿ 
hurtadillas se habia valido de so'afnsilio; Envió pues 
á ilamar á Mágon sii general Cón r^ó-^l cfiérpo dé 
sus tropas; el cual por lo próntd imposo miedo p^e«* 
sentándose ; y tomando el puerto ,' con ciento y cln-^ 
cuenta naves , y conduciendo sesenta-lniHnfañtes qué 
hizo acampar dentro de la ciudad de Sil'acusá: de ma- 
nera que todos breian ser ya venido «obre la Siciliü 
aquel barbarismo tan decantado y espetado de ante^ 
mano , por cuanto nunca antes > faábiafl logrado los 
CSartagincses, con haber peleado mil veces en la Sici- 
lia ', tomar á Siracusa; cuando entoficeft admitiéndolo^ 
Iqúetes, y entregándosela , habiaVenidbaqoella ciu- 
dad á ser un campai^iento de k>sM)i)árós. En tanto 
los. Corintios que ocbpaban el alcásar^no se sostenían 
sino con gran dificultad y tr^b^jó^ no recibiendo 
todavía víveres suficientes,. antes escaseándoles pdr 
estar bien guardados los puertos, y teniendo que es- 
tar en continuos combates y peleas, ya defendiendo 
las murallas , y ya teniendo repartida su atención en 
las máquinas , y en todos los medios 6 instrumento^ 
de un sitio. 

Con todo , Timoíeon no se olridaba^-de socorrer- 
los, enviándoles de Catana víveres en barquillos dé 
pescadores y en pequeños trasportes, que princi- 
palmente' en los momentos de tormenta se escabullian 
entre laif galeras de los Mrbaros, miepttas á. estas las . 
tenían separadas el oleage y la b&rrasca. Echándolo 
de ver Magon é Iquetes , aetermiiiarén tomar á Ca-' 
tana, de donde los sitiados se stirttan de' lo necesario; 
y reuniendo la parte mas aguerrid»<de sus fuereas/ 



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dieron la vebde Siracusa. Mas el Corintio Neon^ 
porque este era el nombre del qoe mandaba á los ri-» 
tíados f observando desde * el alcázar que los que 
habiaa quedado de los enemieos estaban con poca 
vígíiancía f cuidado, carga improvisamente sobre 
ellos en ocasiíMi de bailarse desunidos, y dando 
muerte á u6os> y obligando á otros á retirarse , tomó 
y ocupé el punto llamad«f Acradina, parte la mas 
ñierte de la ciudad de Siracasa, quepreoeen algontf 
manera compuesta y formada de mucnas poblaciones. 
Provisto ptfes de víveres y de dinero, no abandona 
aquel sitio, ni se acogió de nuevo al alcásnir^ sino 
^ue fortificando la circunferencia de la Acradiaa, y 
juntándola por medio de obras avanzadas con aque- 
lla ciudadeui, la tuvo en custodia. Alcanzó en esto 
un soldado de á caballo de los de Siracusa i Magon 
é Iquetes que ya estaban cerca dé Catana , j les re^ 
ñrío^ la perdiiía de la Acradiaa. Aturdiéronse coa 
semejantes nuevas, y se retiraron predpitadaitientey 
sin tomar la ciudad á que se encaminaban^' y sin 
conservar la que poseían. 

Todavía estos sucesos dan i la prudencia y á la 
virtud algún asidero para contender con la fortuna^ 
mas los que después sobrevinieron parece que ente- 
ramente fueron obra de la buena dicha; porque los 
soldados Corintios detenidos en Turios, temiendo 
por una parte á las galeras de los Cartagineses que 
les estaban en acecho bajo el mando dé Anón , y 
viendo por otra que el mar* estaba agitado de^ viento 
hacia machos días, tomaron la determinación de ha- 
cer á pie su marcha por el pa» de los Breciaik>s; y 
cfa mando dé persuasión , y Ora de fuerza con aque- 
llos bárbaros, arribaron á Ke^o, cuando todavía el 
mar permanecía alborotado^. En tanto al ^efe de la 
escuadra Cartaginesa que no. aguardaba 4 los Corin- 
tios, creyéndolos muy de asiento, le vino hi ocur- 
rencia de que era preciso que discurriese algún en- 



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I2Z TIMOLBOH. 

gaoo^^ la fflaoora de Jos generales sabios yia^totos: 
n^andó pues con esta idea á sus marineros ponerse 
coronas; ^adornándolas galeras coo escudos grie^ 
gos.y fenicios y marcha la vuelta de Siracusa; y mo« 
viendo graqde alboroto pasa con algazara y risa por 
delan^ de la cindadela, gritando que veoia de ha«* 
ber .vencido y cautivado i los Corintios , á los que 
había sorprendido en el mar, á fin de infundir con 
esto desatiento á los. sitiados. Mas cuando él usaba 
de estas baladronadas y «mbelecos^ , los Corintios 
que por los Brecianos hablan bajado basta Regio, 
como no los observase dadie^ y el viento calmado 
couora toda esperanaa les proporcionase una trave* 
sia tranquila y apacible» embarcándose sin deten-» 
cion en los trasportes y barcos que tuvieron á mano, 
bogaron y se dirigieron. 4 la Sicilia » tan seguramen-* 
te y con tal serenidad, que llevaban los caballos del 
4¡estro nadando en par oe las embarcaciones*. 

Hecha la travesía, y reunidos con Tiqnoleon « to^ 
ipó este; inmediatamente á Mesina ; y ordenado su 
ejército partió para Siracqsa» mas confiado en so 
bu$ia muerte y favorables suoesos , que en sus fuerzas: 
poraué las que tenia consigo no pasaban de. cuatro 
mil hombres. Noticiado á Magon su arribo, no dejó 
de concebir inquietud, y temor, y ademas entró en 
sospechas con el motivo guíente. En las charcas 
Inmediatas á la ciudad ^ donde se recoge mucha agua 
potable de fuentes, y mucha también de los lagos 
y rios qu<e corren al mar , se cria abundancia de an- 
guilas ;, y siempre los que lo intenten pueden hacer 
co{Ho6a peica: asi los asalariados de uno. y otro ejér- 
cito,. estando en ocio y tregua, se dedicaban á este 
epeccielo. Eran todos Griegos^ y^ no teniendo entre 
. si; motivo particular de enemiga, aunque en lo^ com- 
bates peleaban denodadamente, en fel tiempo de tregua 
se reunían y conferenciaban unos con otros ; y enton- 
ces entreteniéndose en la común ocupación de . la pes-« 



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TTHOLMK. 133 

ca/trálxdxin conversación, pondenndor'biifMtoibiU- 
dad del mar y la belleza de aquellos eonfornos. En 
una de estas ocasiones dijo uno de lo9 que núlittban 
con los Corintios: ¿^es posible oueuna cindad oomoe»*' 
tantán grande y tan abastada de bienes, habefe de que- 
rer barbarizarla vosotros siendo Grlegot^ y establecer 
cerca de nosotros á esos malvados ¿ inhunmnos Car- 
tagineses y respecto de los cuales hablatnoy efe desear 
que mediaran muchas- Sicilias entre ellos y la Grecia? 
¿ó acaso Imagináis que habiendo movido su' efércittf 
desde las columnas de Hércules y el mtfr Atlántico; 
no faan de haber venido aqui sihoá exponersrpara el 
establecimiento de Iquetes? El cual si pensara como 
buen general , no desecharía á los de su metrópoli, 
ni atraerla solMre la patvia á los que no pueden me- 
nos de sep sus enemigos ; sino que alcanzarla cuanto 
honor y poder le esttivíese bien , haciéndose. reco* 
mendabie á los Corintio» y á Timoleon. Difiíndieron 
los soldados estas e^des en el camjpamento , y con 
ellas hicieron conc^ir sospechas á Magon de que se 
trataba de venderle , cabalmente cuando hacia tiem- 

Kque buscaba pretextos^ asi fue que por mas que 
^uetes le rog<5 se detuviese , y le hizo ver cuan su- 
periores eran á los enemigos , reputando allá dentro de 
si que era mas lo que en virtud y fortvM le dventaiaba 
Timoleon, que lo que él le excediaen fuerzas*, lev<S 
repentinamente áncora«', y navegó al África , dejando 
ue se le fuese de entre ¡as manos la Sicilia de un mo«* 
10 vergonzoso y contrario á' toda humana prudencia. 
Presentóse al dia siguiente Timoleon en orden 
de batalla ; y habiendo los Siracusanos entetídido la 
fuga , al ver el puerto desamparado, les causó risa la 
cobardía de Magon , y discurriendo por la ciudad 
hadan pregonar premios para el que dijese donde 
se les había ido la escuadra Cartaginesa. Con todo 
Iquetesf todavía se obstinaba en pelear , y no abando* 
naba la presa de I9 ciudad^ sino que se rehacía en 



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I 



124 Tiicoxsoír» 

los pUQte« t^-conseryaba^oue eran fuerte^ y/.difír* 
cíles de tomar : |K>r tanto , dividiendo Timoleon sus 
faetiíÁS'f élfmsmo acometió por donde corre el Ana- 

r> 9 que era la parte de mayor .resistencia; á otPos> 
quienes mandaba Isias de Gorinto » les ordena hi- 
ciesen una salida de. la Acradina; y á la bercera di-» 
visión la dirigieron contra ^ ponto llaniado Epipolas 
Dinarco y Demareto, que nabian venido con los 
éltimos socorros de Corínto. Hecha pues esta aco« 
laietidá ¿ un itiempo por. todas partes , y volviendo 
la espalda en precipitada fuga las tropas de Iqui^tes, 
el que s^ tomara: la. ciudad con ti alcázar ,. quedimdo 
todo prontamente sujeto con la filga de los enemigos, 
justo es que se atribuya saLn^alor.oe los combatientes 
y á la pericia del general;, -pero el que no muriera, 
ni aun siquiera fuese herido nins^no cte los Corintios, 
obra fue pr^isamente de la fortuna de Timodeon, 
como si jesta .contendiera con- su virtud , para que 
los que lo, entendiesen ad^mrártn mas su dicha que 
sus loables prendas: pues la fama no solamente cor- 
rió al punto por toda la Sicilia y por toda la Italia, 
sino que eri breves dias se difundió el eco por la 
Grecia de, este admirable triunfo : de manera que 
cuando en Corínto se dudaba ^i la armada había apor- 
tado, á un tiempo recibieron la noticia del arribo y 
de la victoria : ¡ tan prósperamente corrieron lo^ su- 
cesos, y tanto se complació la fortuna en añadir la 
presteza á lá brillantez de aquellas hazañasl . . 
Apoderado de la cindadela,, no le sucedió lo que 
á Dion , ni guardó respeto á aquel sitio por su be- 
lleza y por Jó costoso de sus edificios ; sino que evi^ 
tando la sospecha con que primero se calumnió á 
aquel,, y después se le perdió, hizo echar pcegon de 
que aquel de los Siracusanos que quisiera se presentara 
con su piqueta, y tomara parte.en la destrucfcion de 
aquellos baluartes de la tiranía. Como todoS; hubie-. 
sen concuñado^ tomando como principio seguro de 



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TlUótVOV. 125 

k libertad el ^ttffm aquel y aqnel día-, n» solo el 
«Icizar y sino qae destruyeron y derriboion también 
las casas y monumentos de los timnos. En seguida 
hizo limpiar ¿ igualar el suelo, y edificó allí los tri- 
bunales , congraciándose así mas con losciodadanoSf 
y sobreponiendo la democracia al despotismo. Ad« 
virtió luego de tomada la ciudad » qoe carecía da 
ciudadanos^ faciendo perecido nnosen las guerras 
y tumultos, y habiendo hnidd otros de las socesiiraa 
tiranías: asi la plaza pública de Sincosa habla cria- 
do por falta de concorrencia tanu y tan espesa m»* 
leza» que se apacentaban en ella los caballos 9 tenien- 
do la yerba por cama los palafreneros. Las demás cio- 
dades, á excepción de muy pocas, se hablan hecho 
refugio de cierros y jabalíes ; y en las ina^diado- 
nesal pie mismo de las murallas caaaban mochas ven- 
ces los dados á este ejerdcio ; y los que faabitabaa 
en los fuertes y presicúos ninguno acndia i los lla- 
mamientos, ni bajaba ala ciudad, sino que todos 
miraban con horror y odio la plaza, el gobierno y 
tribuna , de donde íes habían brotado los mas de m 
tiranos. Determinaron pues Timoleoo y los de Sira« 
cusa escr%ir á los Corintios para que de la Grecia 
enviaran habitantes i aquella ciudad , puesto qoe sa 
país no temia ser perturbado, y 1 ellos de parte del 
África les amenazaW una cruda guerra , habiendo en«- 
tendido que los Carta^'neses luibían pnesto en ona 
cruz el cadáver de Magon, que se había dado. muer« 
te á sí mismo, en odio de su n^al gobierno,, y qae 
venían con grandes fuerzas para pasar á Sicilia en 
aquel verano. 

Llevadas estascartasde partedeTimcrieoD, y lie» 
gando también cfmbajadores de los fracásanos ^ ^ne 
les rogaban atendieran á aquella colonia , y se hicie- 
ran de nuevo sus fundadores , no se valieron los Co- 
rintios de esta ocasión para saciar su codicia, ni se 
apropiaron aüquella cíudad<y smoque en ptttner lugar 

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126 TIMOUBOKv 

$e dirig¡erDa'i'ld& juegos s^gr^dos de IsK Oréela y 4 
las grandes. cof>cÚrrenc¡aS| ftnti^ciaQdo p<>r pregoa 
que lo^ Corintios 9 :que en Siracusá habían destruido 
^ tiranía y bábiaii lanzado 4« allí al t|rani>^ llama- 
|>an á los Sira^^usanos y á-Jl^s cieíná» de Sicilia que 
c(uisieran habitar én aquella ciiudad » para que (¿orno 
líbrese iadependlentes se repartiera por suertes el 
pais con igualdad y con justicia!; y después enviaron 
mensagerosi al 'Aria y á las islas ,'4onde sabian haber- 
se establecido, m^í^bos de los desterrados 9 invitándo- 
los, á todos á pasar i Corlnto, donde tomarían á su 
cargo enviarlos con 'escolta, con buques y generales 
á sus propias expensas á Siracusá. Con semejantes 
pregones se gano Corinto la mas justa y apreciable 
alabanza > y Ja envidia de otros .pueblo^ f por haber 
libertado j& tiranos, haber salvado de los bárbaros, 
y haber entregado á sus propios ciudadanos aquella 
región. No considerándose eii bastante número los 
que concurrieron á Corintü,. hicieron diligencias. pa« 
ra que se le^ agregaran más cdonos del mismo Co- 
f ínto y del resío de la Grecia ; y cuando ya fueron 
como vonos diez mil , se embarcaron para; Siracusá» 
Ya también de la Italia y de Sicilia se habían re^ 
unido ntischos á Timoleoii, llegando según r^efíere Ata« 
nes á seseata mil;, á los cuales les repartió el terxeno. 

Lies vendió las .casas en mil'^Ientosr, haciendo á 
antiguos Siracusanos. la gr^ia.de que pudieran 
comprar las suya^, y proporcionando al mismo tiem-r 

SabujDdanciá de u>ndos al pueblo , tan gastado con 
; demaá males y con la. guerra, que fue preciso 
vender las estatuas, yotándose sobre cada una y en-? 
hablándose un juicio, como cuando á los empleados 
se les piden cuentas; en tales términos que se refie- 
re hamr conservado los'Siracusanos, cuando daban 
sentencia contra las otras estatuas , la del tirano Ge- 
Ion el mayor, guardándole este honor y respeto 
por la victoria que en Himera g^nó á los Cartagineses. 



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YllfOLBOK. 127 

Entiqíieciibi v repoblada la ciadad de esta ma<- 
nera por acadir a ella ciudadanos de todas partes; 
queriendo Timoleon poner en libertad á las deroas 
ciudades, j acabar enteramente con las tiranias de 1« ' 
Sicilia marchando con las tropas á sus capitales, re- 
dujo á fuetes á la necesidad de separarse de los Car*- 
tagioéses , y de convenir por un tratado en destruir las 
ciudadelas y Tivir como particular en Leoncio ; y i 
Leptines que tenia tiranizada á Apolonia y otros 
muchos pueblos , y que cuando se vio en peligro de 
ser hecho prisionero si entraba en lid , se le rindió & • 
discreción , lo trató con indulgencia, y lo hizo con- 
ducir á Corinto, teniendo por cosa gloriosa para I« 
metrópoli el que los Griegos vieran á los tiranos de 
la Sicilia vivir en el destierro y la humillación» Que* 
riendo por otra parte que los estipendiarios vivieran 
de la miUcia, y no estuvieran oaosos, aunque él se 
restituyó á Siracusa para atender al establecimiento 
del goi>iernd, ayudándose para lo mas principal y 
delicado de estas tareas.de Céfab y Dionisio , legis- 
ladores que hablan venido de G>rinto, envió contra 
las pose»ones de los Cartagineses á Dinarco y De*^ 
xnareto; los cuales, sacando machas ciudades <k1 po* 
der de los bárbaros, no solo consiguieron vivir en la 
abundancia, sino que con el botin recogieron fondos 
para la guerra. 

Dirígese en tanto la armada de los Cartagineses al 
Xilibeo, conduciendo sesenta mil hombres ae tropa, 
doscientas galeras y mil barcos, que tratan ¿ bordo 
tnáqtiinas y carros con víveres abundantes y todas 
las demás provisiones ,. no yapara hacer parcialmen- 
te la guerra , sino para arrojar á los Griegos de toda 
la Sicilia: siendo aquella fuerza suficiente para so{uz- 

Sar á los Sicilfanos, aun cuando flfo estuvierari de- . 
¡litados y gastados con sus mutuas contiendas; y 
cuando entendieron que su territorio habiá^ sido 
devastado, encendiérofñse en ira contra los Corintios^ 



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^12? tuáoi.iaoísf. 

sínodo SiUScáadiltos.Ásdrnbal y Atókm -JÁ^VLáa 
esta nueva velozmente á. Siracusa, de tal manera se 
acobardaron los Siracus>inQsá^a vista de tan desme- 
didas fuerzas, que de tan gran número :4e .ciudada- 
nos apenas tres mil tuvieron ánimo^.paií^'.itomjar las 
armas y juntarse con Tii^pleon. XO^s^-estipondíarios 
eran* cuatro mil , y aun de e^;os unos mil desataron 
de>m''¿do en la marcha^ dándose á entender que Ti* 
pioleon no estaba en su acuerdo ^sioo que deliraba 

EQt la edad , yendo con cinco mil infantes^y mil car 
altos contra sefónta mil enemigos, y desviando sus 
fuerzas de Siracusa el camino de ocho dias; con lo 
^e ni los que huyesen tendrían salvamento, ni ios 
que muriesen sepulcro. Mas Timoleon reputó á ga- 
nancia el que estos se hubiesen manifestaao antes de 
la ocasión , y alentando á los otros los condujo a 
marchas forzadas al rio Crimeso, adonde oyó ha- 
berse dirigido también los Cartagineses. 

Iba suoiendo á un collado, vencido el cual ha- 
bían de descubrirse el ejército y todas las fuerzas de 
los enemigos, cuando llegaron á ellos anas acémilas 
cargadas de apios; y á los soldados. les ocurrió que 
era mala señal , porque, tenemos 1^ costumbre de co-< 
roñar por piedad con apio los monumentos de los* 
muertos ;, y de aqui* nació el proverbio que dice res- 
pecto del que se halla peligrosamente enfermo , que 
aquel esta ya pidiendo apio. Queriendo pues apar- 
tarlos de semejantp superstición, y disipar su descon- 
Üanza ,. parando la marcha , les hablo Timoleon en 
los términos que el caso pedia , y les dijo: «Que an- 
» tes.de la victoria la corana por sí misniá se les ve- 
trnia á I9 mano: porqne los G>rintios ^coronan con 
»apip á los que vencen en los juegos IstniLcos , te- 
»n¡eudo á esta «planta^por una insignia sagrada y 
M propia de su pais." Pues ya entonces er^ de apio 
la corona de los juegos ístmicos , como lo es ahora 
d^i^.l^eineos , y no mi^bo. antes habia sido de^pino. 



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HáUando pires Hmokúni los soldádes en laferu 
Ría que hemos dicho, y tomando unas kojm de apid 
se. coronó el primero; después de él ios gefes, y 
luego la tiopa. Dtvisaion entonces! ios adivinos dos 
ágoilas^ qoe por alU pasaban , de >l8S..coiiIea Ja unú 
llegaba nn dragob^de^^^dasado entre |as^rras , y la 
etñ ea' sa vuelo daba grandes y descompasados cbi- 
llbkfst mostráronlas poes i los soldados', y todos se 
moraron á hacer votos y plegarias i. los\D]oses. 
. £ia entonces lar. estación del verano á fines de) 
BKS.Targeiion, cuando ya el tiempo tocaba en el 
scdsticto; y formando el rio una densa niebla, al prin- 
cipio cafam con sa oscuridad la ribera, y nada poditf 
aersé de lo que. badán lós.enemigés:. solamente lie- 
g^>a al collado anaco indeterminado y confosoj caU'* 
sado á lo lejos por nn ejército tan numeroso. Ma^ 
Mí^^o qne los Corintios aodxiron de- allanar el cotla-i 
éo^y que dejando los escudos empezaron á tomaii 
aHemo, levantándose ya* el sol y alzando del «oelo^ 
los Vapores , espesado y condensado el aire en la par-^ 
le superior , cnorióJas alturas ; y quedando libres I09 
terrenos bajos, se descubrió el CrimesoV y se vio quo 
le estaban pasando Ic^ enemigos , primero con los car-^ 
ros ordenados en batalla de un modo* Terrible, y ea 
pos, de ellos con diez mil infantes cnyes escudos eran 
UsoKbs. Conjeturóse* que estos eran Cartagineses pot 
la Jbrillanter de sus arreos, y por -el aptáamiento y 
ord6a de su marcha. Agcdoábanse hiego todas las de^ 
mas Babones, y emprencuan el paso en descmien t» 
confustoh; lo. qite aavertido par.Timoleon • ooaoció 
al punto que el rio le proporcionaba tomar de lamu-^ 
ahodumbre de los enemigos aquellos con quienes 
quisiera pelear. Ordáió. pues á sus soldados, que mi-< 
xaran la falange de los enemigos dividida por la cor^ 
rieote habíoioo pasado unos y estando otros por pa-« 
s»r; y mandó á Demareto que con la cabañería acó* 
metiese á los «Cartagineses , y que desordenara su for«* 

TOMO II. I 



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macÍQli flfite6.'4]eVerifiGarse«Baj^ entonces «IQanb, y 
dio á otros Scilianos i mandarrias dos alas,'pomeii«* 
do en cada una de ellas unos cuantos -extrañaros: en 
el centro fofiíaaído ¿1 misma á los Siracusands y lo 
inas €fScog¡da>de los estipeiidiark>s, se paró por uñ 
breve i«siai»te ^ra notar las opeíacíones de laóaba-^ 
Ueria; mas Viendo que los carresf 4^^ discunkn de-r 
lante de las^fib» áo la dejaban reñir á las manos con 
ios Cartagineses*^ sino qm nmdms/veces t>ára no de&«« 
ordenarse. la-precisaSaná. Hacer todeos y á:daúr en 
esta forma frecuentes acometidas y embrazándaél es--< 
CQdo y gritando á los infantes «que le signiíssén con 
denuedo » paredó que so TÓr foe mucho más fuerte 
y penetrante que; lo ordinario ; bien fuese porque en 
aquel conflicto y con aquel Calor se acrecentase efec- 
tivamente la voz ^ ,<5 porqueaigua^fenio, según en- 
tonces lo' creyeron muchos, le ayudase á gritar y 
gritase con él. <3oniestándo aquellos inmediatamente 
al grito» ypidí¿ndole.qué losguiaseiy no se ddtuvie« 
se» hito s¿al avia caballería para que acometiese 
por fuera de la línea de bs carros, y cargara por ^ 
ala á los ^enygos ; y ¿1 cerrahdo la vanguardia , que 
se cubrid ionios escudos» y dando orden de tocar 
i los trompetas , tnárchó para los Cartagineses. 

Sostuvieron «estos con valor, d primer encuentro» 
y con tener .defendido el cuerpo con corazas de hiet^ 
ro y morriones de bronce y oponer unos anchos és^ 
cudos» pudieron .«squivár los .golpes de lanza» Ji^ 
cuando la j>elea vino á las espanas'» obra ya no meno^ 
de la destceza qile de la 'pujanza» repentinamente 
empezaron á desúrenderse de los 'montes terribles^ 
truenos y encendidos relámpagos; y descendiendo 
allugar derla contienda la nube desde lós:colládoa 

r alturas., trayendo consigo lluvia , viento y griaaizo» 
los Griegos les daba por detras y á la espalda ; mas 
á los bárbaros heríales en la cara y deslumlnril^ales 
la vista, siendo continua k llui^ia borrascosa y las 



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7IMOUOV. l^% 

llamaradas qj» partían de las niibei : co«a ^oe de 
pul maneras aflíeiao, especialmente i los.hiSQfioi. 
Incomodaba tambicn no menos, que I09 truenos el 
roído de las armas, heridas de la^espcsa lluvia y los 
granizos, por cuanto impedia que se oyesen las <5r« 
denes de los caudillos. Ademas yendo los Qirtagíne- 
aes nada ligeros en cuanto al armamento , sino de 
sobra defendidos como hemos dicho ^ estoifaábales el 
barro; y loé senos de las tánicas llenos de. agua les 
impedían manejarse con presteza en el combate, cuan-» 
do los Griegos estaban mify listos para ofenderlosi 
y si calan 9 les era absolutamente imposible levantar-» 
ae del Iodo i causa de las armas. £1 Crimeso tam« 
Inen , desbordado ya con los que pasaban , se habia 
aumentado con las lluvias ; y la Üanura inmediata, 
teniendo machas desigualdades y hoyos , estaba lle- 
na de arroynelos que corrían fuera de cauce » coa 
Jos qne detenidos los Cartagineses con dificultad po*** 
dian salvarse. Por "último continuando la tormenta, 
y habiendo los Griegos deshecho la primera linea, 
qne era de nnos cuatrocientos hombres, todo el ejér- 
cito se entregp á la huida. Muchos, alcanzados to«- 
davía en la llanur^i , alli perecieron ; á otra gran 
parte, tropezando con los que todavía se hallaban 
pasando el río , los arrebato y destruyó su corriente; 
y i los mas, que se encaminaban á las alturas , los 
persifi^iieron y deshicieron las tropas ligeras. Dícesé 
que de diez mil muertos, tres mil eran Cartagineses: 
^ande luto .para aquella ciudad , porgue ningunos 
otros Jes hacían ventaja , ni en origen , ni en riquezas, 
^i en reputación, y no habia memoria de que en una 
aola acción hubieran muerto ¡amas tantos Cartacine- 
wSes: pues que echando comunmente mano de Airica- 
sos, de Españoles y Numidas, la pérdida en sus 
derrotas era siempre a^ena. 

Advirtieron también los Gríegps en los despojos 
^b distinción de los vencidos, deteniéndose poco los 

*I3 



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13 a TIMOLEOK. 

2ue ios despojaban en el bronce y el hierro : ¡ taa 
bundtnte andaba la plata , y en tanta copia era el 
oro! porque pasando el rio cogieron el campamen^ 
to con todas las brigadas. Muchos de los cautivos 
fueron ocultados por los soldados ; pero aun presen* 
taron al todo, hasta cinco mil , y también se cogieron 
doscientos carros. Mas lo que hacia una hermosa y 
magnífica vista era la tienda de Timoleon ; al rede- 
dor de la cual estaban amontonados despojos de to- 
da especie , entre ellos mil corazas primorosas por 
la materia y por la obra , y diez mil escudos. Siendo 
pocos para despojar á muchos, y hallándose con ricas 
presas, apenas al tercero dia después de la batalla 
pudo erigirse el trofeo. Con la noticia de la victoria 
envió Timoleon á Corinto las mas hermosas arn\a* 
duras de las del botin , queriendo que su patria ex- 
citase en todos los hombres una gloriosa emulación 
al ver en sola aquella ciudad de la Grecia los mas 
magníficos templos, no adornados con despojos grie-» 
gos , ni enriquecidos con indecorosos monumentos de 

¡presentallas que hubiesen sido fruto de la muerte de 
os de un mismo origen y una misma familia, sino 
con presas hechas á k>s bárbaros, cuyas inscripcio- 
nes acreditaban á un tiempo el valor y la justicia 
át los vencedores, diciendo que los Corintios y Ti- 
moleon su general, haciendo libres de los Cartagine- 
ses á los Griegos que habitaban en la Sicilia, habían 
hecho á los Dioses aquella ofrenda. 

Dejando en seguida en el ejército á los estipen- 
diarios para correr y molestar la provincia de los 
Cartagineses , se encamino á Siracusa , y á aquellos 
mil estipendiarios que le abandonaron antes de la 
batalla, les mandó por pregón salir de Sicilia, obli- 
gándolos á estar fuera de Siracusa antes de ponerse el 
sol. Navegaron pues á Italia, donde perecieron á ma- 
no de los Brecios contra la fe de los tratados ; impo- 
niéndoles asi atgun Genio la justa pena de su traición. 



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TfVOLEOK. 133 

Mamerco, tifanocfe Catana 6 Iquetcs > fuese por en* 
¥idia de las victorias de Timoleon , ó por temerle co- 
mo hombre de quien nada debían esperar , y qtie 
ningún trato quería tener con los tiranos , bicieron 
alianza con los Cartagineses , y les enviaron á dcdr 
mandaran fuerzas y un General , si no querian ser ab* 
solutaniente arrojados de la Sicilia. Vino puesGiscon 
trayendo sesenta galeras y soldados Griegos estipen- 
diarios , siendo añ que nunca antes los Cartagineses 
habian echado mano de los Griegos; mas entonoes te- 
nían de ellos la mas alta opinión , juzgándolos por los 
mas invencibles y valientes de todos los hombres. Re* 
unidos de común acuerdo en la Mésenla , dieron muer- 
te á cuatrocientos de los estipendiarios de Timoleon 
que habian sido enviados en su auxilio: y en la pro- 
vincia de los Cartagineses, habiéndose armado ase- 
chanzas cerca del pueblo llamado Hieras á los esti- 
pendiarios mandados por Eutimio de Leucadia, todos 
perecieron ; con lo que la dicha de Timoleon adqui- 
liio aun mayor nombradía: porque habian sido de los 
que con Filodemo de Focea y. con Onamarco ha- 
bian tomado á Dclfos, haciéndose participantes de 
sa sacrilegio. Aborrecidos por tanto y abominados 
de todos , andando errantes por el Peloponeso , fue- 
ron acogidos por Timoleon i falta de otros soldados; 
y venidos con ¿1 á Sicilia , en todas las batallas en 
que á su lado se hallaron hubieron la victoria; mas 
luego que tuvieron fin aquellos grandes y reñidos 
combates y enviados á dar auxilio á diferentes puntos» 
murieron ó cayeron en cautiverio, no todos á la vez, 
sino por partes: atestiguando este modo de su cas- 
tigo que en ét intervenía la buena suerte de Timo- 
leon , para que del castigo de los malos ningún daño 
¡resultase á los^ buenos. Deesta manera vino ^ suceder 
que no ipeups resplandeció la benevolencia de los 
•Dioses paraxon Timoleon en las cosas que pareció 
serle adversas , que en aquellas en que salió triunfante. 



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134 TIMÓWOK. 

Los mas de lóS Siracasanos estaban incomodadí- 
simos de Verse á cada momento denostados por lof 
tiranos. Especialmente Mamerco , muy ufano con qae 
componía poemas y tragedias, y engreído con ha- 
ber vencido á los estipendiarios, al hacera los Dio^ 
ses la consagración de los escudos habia puesto por^ 
inscripción ün distico elegiaco muy afrentoso dees-^ 
te tenor: 

' Estas rodelas ^üe íreltímbran tanto 

Con ptírpurá, marfil, electro y oro, 
;' Con escudos de á palmo las tomamos» 
Pespues de estos sucesos habiendo Timoleon pasa-* 
do con sus fuerzas á la Calabria , invadió Iquetes i 
Sirácúsa i donde tómd uñ ricO botin , haciendo gran- 
des danos y ofensas; y en seguida Se encaminó tam- 
bién á la Calabria , nO haciendo Cuenta de Timoleon, 
que tenia poca gente. Dejóle este adelantarse, y lue- 
go se puso en su persecución con la caballería y lai 
tropásiigeras. Entendiólo Iquetes; y habiendo pa- 
sado el rioDamuria, se paró al otro lado en ati-¿ 
tud de defenderse, cOntribifyendo á darle osadía la 
dificultad del paso y lo escarpado del terreno por la 
bna y otra orilla. Detuvo la batalla una disputa y 
contienda extraña entre los capitanes de Timoleon,- 
porque ninguno quéria ser el último en acometer á 
los enemigos , sino que cada tino aspiraba á ser el 
primero : asi el pasó se hizo en desorden , empujan^ 
dose y atropellándose unos á otros. Quiso Timoleon 
que echarán suertes, para l6 que tomó un anillo de 
cada uno, echólos todOs en una punta dé su manto; 
y^ habiéndolos revuelto j ^e hajló qne el primero^ te- 
nia grabado poi' sello uñ trofeo; y luego que loi 
jóvenes lo observaton , alzando con aquel gozo gran- 
de gritería, ya no esperaron otra suerte, sino qué 
pasando precipitadamente el rio por el orden en qiie 
estaban , cayeron con ímpetu sobre los enemigos; Io« 
cuales no sostuvieron el choque, siqo que dieron 'á 



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Inuf 9 dbiiiclottiido todos las armü; 7 en el alcance 
msrieroa como 000$ mil de eUo$. . 

Marchando de alUá poco con sa ejército Timo-» 
leoa al territorio de los Leominos, tomó vivo á 
Iqoetts f i so hijo Enpoleoto y al geúeral de la caba» 
Uem &tuBo y que fueron aprehendidos por los sol^ 
dkdos 7 condecidos i sa presencia ; 7loquees Iqm^ 
aes 70! hijo sofrieron la muerte que teman merecida 
como tiranos 7 traidores. EntimOf lioencilNirgo de ser 
hombre de valor para los combates 7 distingnido 
{K>c sn arrf^o^ no alcanzó compasión por juia cspre<? 
$ion in jnriosa contra los Corintios , de b que era acu» 
sado: pocqne se referia que cnaodo los Corintios 
wafittoú contra ellos, arengando á los Leontinos, les 
bi^ia dkho que nada habia qne debiera cansar mie^ 
do. o espanto en ^oe 

Hubieran las iniu[eres 4e Corinlo 
Salido ó no salido dt sos casas. 
Asi es fie los mas snfriqíos peor las matas palabras 
qne las malas obras: po^Que es mas dificil de Uerar 
Á ¿«precio: qne la férdid^ ; 7 el nesgarse con obras 
ae permite como necesario á los enemigos; pero los 
dichos injuriosos ^ece que nacen de aobndo ren«* 
por y sobrada mahcü* 

vuelto Timoleoii» los Stracnsaaos, formados en 
joEte pública para este juicio, condenaron á muerto 
á la ninger é hijas de Iquetes ; siendo este de todos 
los hechos de Tlmoleon el que menos favor le hac^ 
pues parece que si lo iMbiera querido impedir, no 
ae habria impuesto tal mm á aquellas mageies. Mas 
ae cree qué no, se memo en ello, abandosiándólas al 
«lieono de- tos ciod^défkoa ,qne tomaban en ellas ven^ 
flanea por Dion el -que eipeli6 á Dionísiór posquo 
Ute Iqoetes^l que arrojo vivos al mar árk muger dc^ 
Sioñ Arela, á su hermana Aristomaca y 4 su hiyn^ 
todavía pequeño ; de lo quer heñios hablado en la vi*^. 
da de Dion* 



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t}6 tmtíisMi¥ñ 

MarbhftndD ^espues^ áe tsH> a¿oti su ^járclto^' f 
Catana contra Mamercefqulsk agttardó ea orden de 
batalla junto el rarroyo Abplo, le ▼ciicíd y derroto 
con muerte deiinois dos mil; dé los cuales eras no 
pequeña parte 105 Fenicios enriados de auxilio pot 
Giscon* De resulta dé esto le pidieron losOirtagmei* 
ses la paz, y se vino en ella cen- las condiciones de 
quedar á Siracusa todo el terreno dentro del rio.Li-* 
co; oue serian rlifores todos los que t quisiesen de4p 
i establecerse á '^rscusa, entregándoseles sus: Wencsí 
y famiHás:, y* que se apartarían de la alianza ^ con 
ios tiranos. Manierco, desalentado yaen susespérao*- 
zas ) navegaba á Italia pinra concitar á los de Laca 
contra Timoleon y los Siracu$anos< Mas habiendo 
cambiado de ruinbo con sus naves los que iban, cea 
¿1, y dirigídose á Sicilia, donde hiderotí á Ttmo^* 
león entrega de Catana , se vio ea la precisión de 
acogerse á .Mesatia , buscando el amparo de Hipon, 
tirano de acuella ciudad. Viuox:o«itra ellos Tíiño* 
león , y les puso sitio por tierra y por mar , é Hipotí 
quiso huirse en un buque ; pero fue apresado y pues^ 
toen maiiios de los Mesemos, convocando estos á 
los muchachos de las escuelas paira que vieran onno 
el mas agradable espectáculo ei castigo de un tirano; 
kr condujeron al teatro, y alli le azotaron Hasta 
quitarle ki: vida. Mamerco se entregó á TimotRm 
para ser ^ju2^do por los -Si^at úsanos, bajo la"Con«¿ 
dicioh de )<|ue Timoleon íio' le acusase. Coadocido 
¿ Siíacúsa^ se presentó at puel^ $ ií íaten|x5:p<^niiffl^f 
un discurso que tienia compuesto>de antemano-;* pero 
siendo interxumpSdo', y ob¿rt:ando que de>Ja«íimtaí 
no .^odia; esperar nada' favoiüabie ^arrojando b'-cof» 
en mediq del teatro, dio á cornBr,>y.coil aqoel ím-i- 
peen ítoer á^estrellarse de cabeza en nao de Jos asien-^ 
tos: patfa quicanK^ la viida^; masrno-icoaisiguidqiie ñieseí 
aqueitai^n-inuerté,- sino kpie^se^le-álc^nzd KKiftvíd con 
yi Ja , y se le hizo sufrir la pena de los sakeadwesv 



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TUfOLSOir. 11^ 

Desarrsdgó^et TimoJeon las úntí^^y dio fin 
á las «erras del abkkIo qué se ha refarido«£a cuan* 
to á. la isla toda, que la encontré irrittda om sus 
tóales^ 7 nürada con tedio de sns habitantes , de tal 
manera la aplacó é hiao apetecible , qne TÍnieroa 
otros habitantes á un ponto del que antes se habían 
jüetírado ;sas propio» dodadanos: porqne entonces st 
repoUatoii Agrigento y Geh , ciada(¿s grandes qoe 
hicieron los Ourtagineses abandoiyr con nu>t¡vo de 
la guerra Ática ; viniendo á habitar la una Meg^b 
y^isto desde £lea , y la otra Gorgo desde Quio, 
trayendo consigo i los antiguos dodadanos. Asi pro* 
aneando no solamente seguridad y reposo después 
de tales, agiuciooes á los aue en ellas se establedaní 
sino proporcionándoles tooavía otras muchas cosas, 
y dándoles aliento , fue de sus du^jadanos mirado y 
venerado como fundador. Los mis^^fir'eran los sen- 
timientos de todos los demás hacia ¿1 , y ni en la 
termínadon de una guerra , ni en la formadon de 
una lejf ni en el esiabledmiento de una colonial ni 
én el arreglo de un gobierno, parecía haberse acerta- 
do ^i él no intervenía i y si como perfecdonador da 
iaobra no contribuía á exornarla, añadiéndole cier* 
ta grada sobresaliente y como divina* 

jMucfaos Griegos había habido antes de él que se 
habían hecho ilustres y que habían ejecutado grandes 
cosas,. de cuyoniámeró son Timoteo, Agesilao, Fe-*, 
lopldas, y aqud á quien mas se propuso imitar Ti- 
moIiMWi , Épaminonw ;nia8 las hazañas de estos pre? 
senitan lo brillante .nonfoncUdo'con derta videncia y 
^fiaeiao i tanto q^KL^én algunas tuvo liigsr la repreo-* 
$ÍQn y. ej arrepéntimienito; cuando en todos los he-* 
chos de Tiiiioleon, si ponemos fuera de cuenta el 
estrecho en que se vio reispocto del hermano, mnguno 
l^fM que no le oMiyenga , como dice Timeo , aque- 
Uamd^adon deSáfoefes: . . . ^ 
¿- .'.íQM Venus iSqiié «nspres , sacrost Dioses , . ^ 



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138 rruoímom 

Han .(«ie9toitt]ai su poderbscintno? • 
Ft>rque asi como ta poestsuki Antiniaco y los enadroi 
de Dioniúo» ambos Colofonios, «a que hay faensa 
y valentía^ tienen el aire dé: oosas hedías con tís&icag^ 
%Qf y muy trabajadas; y en ká pintaras de Niooma* 
co y en los versos de Homero si vigor y gracia se 
^rega el parecer que están hechqs con ^an soltimí 
y facilidad : de la misma manera comparadlos l^ 
generalatos dC' E^aminondas y Ag^ilao, sorvidoa 
con difiiniltad y grande esfuerzo ^ con el generalato 
de Timóleoq > en el que hubo tanta fadlidild como 
esplendor^ al que bien lo advierta no le parecerá 
este^obra de la fortuna ^dno de nna virtud «afertU'-' 
pada* Con todo ¿1 atribuyo siempre á la fortuna sos 
bínenos sucesos , y tanto escribiendo á sus amigos de 
Cprinto, como arengandaá los Siracusanos,^ dijo 
muchas veces, daba gracits-i Dios, porque teniendo 
determinado salvar, á la Sicilia ^ habia s(R)rg)uesto sa 
nombre de él en este decreto** Edificó a^iinistnó al 
lado de su casa templo al Acaso^ en que hizo sacri- 
ficio 9 y la casa niisma la consagra al sagrado Genio. 
Era esta la que los Siracusanos le habían r^alado 
por premio.de su acertado mando 1 juntamente con 
un terreno de lo mas agradable y:delicioso,^iel que 
se recreaba la mayor partie del tiempo, habiendo he- 
cho venir de Corinto á su.muget y .ais hijos; pues 
£a no volvió aUá,>ni.^.nsue2clooen ksturbaciones^e 
i Gcecia»' ni tampoco quiso inpuarrir en la envidia 
Kr gobernar , en. que ^suelen: eslrfdhurse los mi» de 
generales » por la insadable ansia de honores y 
mando; sino que paso alli én árida ^,. gozando de Io9 
bienes que ¿1 mismo hafeia jiurópdrcbnado, de lós 
Cuales era el mayor ver tantas ciudades y tantos mi^ 
llares de hombres que por <aí eran dichosos; • - 
Mas como' i la^cogujada no ^pttede faltarle asoioy 
sesun Simonides, ni tampoco 'al gobiernoí popi^br 
calumniador y tonrai^on pos ^cuenta á Xípi^leoa 



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estos dos dborótidons Ltfisrio 7 Bémeneto. Pecíia 
LiAsüo que diese fiaazasea cierta causa ; y él no per« 
mítió i losdadtdanos míese alborotaran y se lo Im* 
pidieran, dicieado qnenabia lleudo con aasto tan« 
tos trabajos y peligros para poner á los Siracnsanoa 
en estado de qne el que qnisiera podieira osar de las 
leyes. Demeneto le acasaba en la jonta piíblica d< 
mnchoa capícnlos por cosas de sn mando; mas nada 
k contcatOy y solsanente di'io, qne estala oiny re-> 
conocido i los Dioses por Ter i los Siracnsanos en 
posesión de la Ubertad qne tanto les habia deseado. 
Obró poes m contradicción mas grandes é ilostres 
lasañas qne niogono de los Grifos antes de él t no 
bnbo qnicn le avoitajase en aq^oefias acciones i coya 
pr&ctica suelen los sofistas excitar en sus panegíricos 
i los Griegos: de los males qne en lo antiguo SSisIe*^. 
ron á la Greda » debi6 á su fortuna el que le hubie^ 
se sacado puro y sin mancha : i los bárbaros y á los 
tiranos les hizo experimentar su valor y sn pericia^ 
como á los Griegos, y á todos sas amigos su justida 
y su mansedumbre : erigi6 á sus riudadanos muchos 
trofeos de otros tantos combates , que no les costa-* 
ron lágrimas ni lloros ; y en ocho años aun no caba^ 
les entrega la Sidlia á sus habitantes , libre de sus 
envejeddos y como nativos males. Entonces ya sien- 
do anciano empez6 i decaer de la vista que del todo 
perdió de aüi á poco ; no porque hubiese dado cau-* 
sa á ello «nbriag^ con su fortuna, sino, i lo que 
parece , por una enftrmedad de familia > que con Uí 
edad concurrió i este accidente: poes se dice ^qua 
00 pocos der:lo5 que eran sos deudos por Image per-' 
dieron del mismo modo la vista , acortándose^ por la 
vejex» Atañes refiere qne fue en el campamento du^ 
rante la guerra contra Hipon y Mamerco en Mile, 
donde empeaó í acortársele la vista, no dudándose 
ya de que iba á perderla ; mas que con todo no por 
eso. alzó el si^^ úao^ue cotitniu<í la guerra has^; 



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f4o Tncouov. 

ta apoderafse dé'los tiranos; y qne luego qtfe vol- 
vió á Siracusat depnso inmediatamente el mandO)' 
pidiendo la relevación á los ciudadanos, en vista de 
que ya los negodos habiañ sido llevados al mas feliz 
término* 

El^oe hubiese llevado sin pesadumbre este infor- 
tunio no será quizá de grande admiración ; mas lo que 
sí debe causarla es el honor y veneración que estando 
ya ciego le manifestaron los Siracusanos^ haciéndole 
írecuenies visitas ^ y llevando á su casa y á su propie- 
dad á los viajantes forasteros para que vieran á su 
bienhechor, contándoles con reconocionento el que 
hubiese preferido quedarse con ellos á pasar susdiasi 
no haciendo caso de la gloriosa vuelta á la Greciai 
que sus admirables sucesos le hablan preparado. Hi- 
cieron y determinaron en su honor muchas y muy 
señaladas demostraciones, entre las que no cede á 
ninguna la de haber decretado que el pueblo Siracu- 
sano , siempre que se le ofreciere guerra contra esuan- 
geros, hubiera de valerse de general Corintio. Tam- 
bién era cosa digna de verse lo cpie , cuándo concur- 
ría á las juntas públicas ^ se hacia en su honor : por- 
que las cosas pequeñas las determinaban por sí; mas 
para- los' negocios de importancia le. llamaban:. venia 
pues en carroza, y por la plaza se dirigía al teatro, é 
Kitroducido su carruaee en el que iba sentado , el pue- 
blo le saludaba , nombrándole todos á üná vqz. Cor- 
respondíales , y dando algún tiempo i los obsequios 
y a las alabanzas, inquiría lue¿o qué era de lo que 
se trataba y manifestaba su dictamen* Sancionado 

aue era^ los ministros sacaban otra vez la carroza 
el teatro, y los ciudadanos, despidiéndole con vo- 
ces de júbilo y alegría , despachaban después por sí 
lo que restaba de fos negocios públicos* 

Envejeciendo pues en medio de unto honor y 
benevolencia como padre común de todds , con muy 
pequeña ocasión f que agravó su edad i vino por fin i 



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TüíOlBOV* X4t 

fallecet. Blérome algunos dias á los Stracnsaoos para 
disponer so entierro , y á lot circunvecinos y foras- 
teros para concurrir á el. Dispusiéronse coros brillan* 
tss , y jóvenes^ señalados de antemsmo por un decre- 
to , llevaron el féretro ricamente adornado, pasimio* 
lo por los alcázares titánicos de los Dionisios , entcMi- 
ces asolados. Acompañáronle millares de millares de 
bombres y mugeres que hadan una perspectiva muy 
decorosa , como en mía solemnidad , llevando todos 
coronas y vestidos de fiesta; mas los gritos y lágrt» 
mas 9 mezclados con los elo^os del muerto^ lo que 
demostraban era , no. un oficio de honor ni unas eze-* 
qtzias ordenadas de antemano ^ sino un dplor justo , y 
el reconocimiento que inspira un amor verdadero. 
Últimamente puesto el féretro en la pira y Demetrio, 
que era de los heraldos el que tenia mas voaf, publi-* 
c6 este pregón que llevaba escrito: £1 pueblo de. los 
Siracusauos ofrece doscientas minas para el entierro 
de Timokon el de Timodemo , natural de Corinto» 
y decreta honrarle perpetuamente con combates m¿« 
sicos, ecuestres y gimnásticos, porque, habiendo 
deshecho á los tiranos, vencido á los turbaros y re-* 
poblado muchas ciudades desiertas , dio leyes á los 
sicilianos. Púsose su monumento en la plaza , y cer<-> 
candóle mas adelante con pórticos y edificando pa^ 
lestras , formaron para los jóvenes un gimnasio que 
llamaron Timoleoncio; y ellos, disfrutando del gor 
bierno y leyes que les estableció , por largo tiempo 
vivieron prósperos y felices. 



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*4» 

tAtJLO ÉMIUO. 

Guando me dediqué en un principio i esetibir 
por este método les vidas tare en consideración a 
otros ; pero en la prosecudcm y contrnuádon be mi* 
rado también á mi mismo , procurando con la histo- 
ria , como con un espejo , adornar y aseihejar mi vi- 
da i las virtudes de aquellos varones: pues b pasa« 
do se parece msB que a ninguna o^a cosa á la coexis- 
tencia en un tiempo y en un lugar ; cuando recibien* 
do y tomando de laiiistoria á cada uno de ellos se^ 
paradamente , como si vinieran de una peregrina- 
ción , vamos considerando cuáles y cuan grandes eran; 
haciendo examen para nuestro proveyó de las mas 
principales y señaladas de »is acciones. Y á Jfe mia 
¡qué medio mzi poderoso que este podemos elegir 
para la reforma de las costumbres? Pocque con sen- 
tar Demdcrito ^e lo que debíamos desear era que 
kssuerte nos proporcionara imanes bellas , y que 
mas bien nos vinieran de lo que nos rodea las conve- 
nientes y provechosas^ que no las malas y siniestras^ 
introdu|o eñ la filosofía un axioma falso, capaz de 
eonducir á interminables supersticiones : cuando no-» 
aotros con ocuparnos en la historia y acostumbrar- 
nos á ésta clase de escritura, teniendo siempre pre- 
sentes en nuestrois ánimos los monumentos que nos 
dejaron los varones mas virtuosos y aprobados^ nos 
proveemos de medios con que deshacer y borrar lo 
malo y vicioso que de la necesaria comunicación de 
los hombres pueda pegársenos , convirtiendo nuestra 
mente tranquila y sosegada á los ejemplos mas vir- 
tuosos. Continuando pues en este propósito , te po- 
nemos ahora en la mano la vida de Timoleon de Co- 
rinto y de Emilio Paulo : varones que no solo se pa* 
recieron en sus inclinaciones , sino también en ha* 
berles sido próspera la fortuna, dando motivo á qoo 



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nvxjo nouoé 143 

le dilde H tuvo* mas parte en sus triw|íbs la buena 
sa^te cpie la prudeacíaL 

Coasrieoen bs xnas.delos historiadores en que en 
Roma la casa de ios Emitios era de las pamcias y 
de las mals antiguas ; pero en cuanto á que d prim»» 
ro 4e ellos, qué dejo á la &milia este apellido» ho«< 
biese sido Mamerco , hijo del sabio Pitágoras , dáu^ 
dpsil^ el nombre die Emilio por su eienncia y gra« 
cia en el decir , esto solo lo refieren ahufios de loa 
que atribuyen iPitá2>ras laeducacitoh del Rey Nu«- 
laa. Los individuos de esta casa que alcanaaron urto 
lenombre» que fueron mndios» (febieron sa glona y 
¡NTosperidad á lavirtud^ por la que siempre trabaja* 
- rox^; y aun la desveñtum de Lucio Baelo en la jor«» 
nada de Canas acredito su prudencia y su valor ; por- 
que cuando vio que no podia reducir k su colega i 
que BQ diese la batalla^ aunque contra su voluntad, 
entro á participar con ¿1 del combate; mas- so par- 
ticipó de ia fuga, sino que , abandon¿id6 el peligro 
«^uel que le provocó, ¿1 firme y peleando' oon los 
enonlgós, acabó su vida.. La hija de este, Emilia, 
ca$ó con Esdpioa el mayor ; y su hijo , Paulo £mi«» • 
lio ^ cuya vida escribimos, habiendo óacidoen una 
^poaa brillante pot la gloria y la virtud de los bom- 
bines, mas ilustres y excelentes , sobresalió sin embar- 
§Pl^ qoíi todo de no emular ios egercidos de los jó- 
venes/ enlonces mas acreditados, ni seguir desde ú 
prsncSpio'ia misma senda ; por<}ue.no eierdtó la elo«* 
cüeaclá en ks causas, y se dejó enteramente de las 
iab2t»:¡ones, de los. halagos, y de los cumplimien- 
tos á que se dedicabaa' los mas distinguidos de ellos 
pajra ggoar. popularidad , hadéndo&e serviciales y ob- 
sequiosos ^ i|o obstante que no le faltaba para todo 
ésto, habilidad ; sino qm prefirió cobu> mas apreciable 
la gloria que acompaña al valor , á la justicia y á^ la 
le»tad 9 virtudes en que muy pronto se aventajó á 
todos los de su tiempo. 



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X44 Ba01O SKXLXCn 

' £1 cargo primero que fiúi4f <ie Io$ tnsB 4vs&i^ 

Sidos en la república fue el de Edil , para el qu« 
* preferido á doce concurrentes^ que todbs se dice 
haber sido después Consales. Creado para el sacer- 
docio de los llamados Augure^ i ¿ los cuales tieneu 
los Romanos por inspectores y zeladores de la adi- 
vinación por las aves y los prodigios, de <tal modo 
observó las cosmmbres patrias, .y.^muló la piedad de 
los antiguos en las cosas de lareligion , que este sa* 
cerdocio.y que hasta entonces iR> habia parecido mas 
^ue un honor 9 apetecido precisamente por cierta gb^ 
ria y opinión » oomparecío entonces como una de las 
artes mas perfectas; viniendo á coincidir ^bn el sea« 
tir de aquellos filósofos que hablan definido la jñe^ 
dad , ciencia del culto de los Dioses: porque todo lo 
hizo con ensayo y con esmero ,Tno ocupándose en 
otra cosa, cuando de estas se trataba > ni onüiiendo ó 
innovando nada , sino conferenciando siempre^ é ins« 
fruyendo, á sus colegas hasta en- las cosas mas peque* 
ñas; de manera que si alguno podía tener por leve .y 
muy disculpable el falcar en estos objetos' religiosos; 
él hacia ver que era peligrosa para la ciudad Ta re- 
misión y negligencia en ellos. Porque ninguno em* 
pieza de pronto á trastornar el gobierno con un gránf 
crimen ; sino que abren camino para destruirla guar- 
da de las cosas mayores, los que descuidan- dei^zeto, 
y esmero en las pequeñas. Por el mismo término se 
ostentó maestro y zelador de las costumbres milita- 
res, no con hacerse popular en el mando,: Jii aspi^* 
rando como muchos . entonces á los segundos grados 
con hacerse obsequioso y blando á los subditos, sino 
con observar las costumbres de la milicia 'como- aa 
sacerdote las ceremonias mas tremendas; y hacién-- 
dose temible á los desobedientes y transgresores : asi^ 
es como hizo prosperar á la patria , teniendo casi por 
secundario el.vdQcer á los enemigos respecto del uis« 
truir á sus ciudadanos* 



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Tenían que sostener entonces los Romanot la gner^ 
ra suscitada con Antioco el jgrwade ; y mientras mar« 
chaban contra* él los Generales mtis acreditados, se 
movió otra nceva guerra en el occidente por los grana- 
das alborotos ocurridos en España.- Bnvidse á ella á 
Emilio con el cargo de pretor , el cual no se mostró 
con solas seis fasces^ que era el número concedido á 
los pretores y sino que tomó otras tantas; de manera 
qne su mando en la dignidad se hÍ2o consular. Ven- 
ció pues dos veces en batalla campal á los bárbaros ^ 
exterminando hasta treinta mil ; y esta victoria pa-¿ 
rece que fiíe puramente obra del General , por haber 
sabido el^'r los puestos» 7 haberla hecho tacil á loa 
soldiKlos con* el pasó de cierto rió. .Tomó en conse-^' 
euencia posesión de doscientas y.cincuenta ciudades 
que voluntariamente le abrieron las.puertas; y de«* 
jando en paz y concordia la provincia^se restituyó á 
Roma: no habiéndose hecho mas rico con este man- 
dó ni en un maravedí* Porque generalmente era poco 
cuidadoso de su hacienda, y nada- escaso en el gasto 
con proporción á lo que tenia , que no era mucho; 
porque debiéndose p^ar después de su. muerte la do* 
te de su muger , apenas hubo .lo preciso. 

Casóse con Papiria» hija de Masón, varón con^ 
sular ; y después de haber vivido en su compañía lar-¿ 
go tiempo y disolvió aquel matrimonio; no obstante 
haber tenido de ella una ilustre sucerion; pues que 
dio. i lu? al célebre Espipion .y á Fabio Máximo. 
Causa escrita de este repudio no ha llegado á nueS'^ 
tra edad; maS' quizá fue uno de aquellos oue hicie- 
ron cierta una especie que corre acerca del divorcio. 
Había un Romano repudiado á su muger , y lé haciañ 
cargo susamigbs, preguntándole, ¿no es honesta? ¿no 
es hermosa 2 { no es fecunda ? y él , mostrando el zapa-^ 
tro,. al que lo% Romanos llaman calceo ^ les dijo : ¿na 
»ie. viene bien? ¿no está nuevo?- pueí no habría en- 
^re vosotlí^s ninguno :^e acertase en qué parte del 
TOMO II. K 



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X46 IfAULO SMILIO* 

pie me aprietii. Y en verdad que pot grandes y'co- 
socklos yerros se separaron algunos de sus mugeresi 
pero los tropiezos, aanque pequeños, continuos de 
genio y diferencia de costumbres , estos se ocultan á 
los de afuera , y engendran sin embargo con el tiem* 
po en lof que viven ¡untos desazones in9ufrible$« Se- 
parado por este término Emilio de Papiria casóse con 
Otra; y Itabiendo tenido en «lia dos hijos varones^ á 
estos los mantuvo i su lado , y á los otros los Intro- 
dujo en las primeras casas y en los linages mas ilus^ 
tres ; al mayor en la de Eabio Máximo , que fue cin^ 
co veces. Cónsul; y al menor le adoptó el hijo de 
£$cipion Africano, de quien era primo, prestándole 
su nombre de Esctpton. De las bijas de Emilio con 
la una casó el hijo de Catón, y con la otra Elio Tu- 
beron , varón de singular probidad, y que de todos 
los Romanos fue el que manifestó mayor decoro esi 
la pobreza. Porque eran diez y m$ de un origen, 
£iios todos; y en^re tantos no teman sino una casi- 
ta sumamente pequeñir, y un campo quie proveía á 
todos y no manteniendo. mas que uu.solo bo^ar , coir 
machos hijos y muchas muger^. Entre estas se con- 
taba la bija de Emilio , que fue dos veces Cónsul, y 
triunfó otras dos , sin que se avergonzase de la pobre- 
sa de su marido, sino que mas bien veneraba su ^r** 
tud , por la que era pobre. Ahora los hermanos y de- 
mas de un origen si al repartir lo que era común no 
lo separan con regioiies enteras , con rjob y coa ele<e- 
vadas cercas, y sino ponen en medio .entlPe «nos y 
otros un dilatado terreno ^ no cesan de altercan Esr» 
tas cosas las conserva la historia , para que los que 
quieran sacar provecho las consideren y examinen. 

Emilio, designado Cónsul, marchó con ejército 
contra los Ligures del pie de ios Alpes, í la$ que 
algunos llaman Ligustinos, gente belicosa y sooerbia, 
que coa el ejercicio. habla aprendido dk los Roma- 
nos á hacer la £uerca ¿leausade Ja yedndad. Porqua 



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MITLO ElffUO. 14 j 

ociiptii la líUtioit exuemidad de la Italif eolazadaí 
con Ibs Alpes, 7 aun aquella parte de estos montes 
que baña el mar Tirreno, y está opoesta al África, 
mezclados coo los Galos y con los £spaftoIes de las 
costas* Habíanse dado también entonces al mar con 
barcos de pira:tas,.eon toi qae estorbaban y despo- 
jaban ai comercio , extendiendo so navegación hastn 
hs columnas de Hercúlea. Cuando se dirigid contra 
ellos Emilio reuniéronse h^sfa cuarenta mii en náme-* 
ro para, hacerle frente. No tenía este mas que ocho 
mil, y con ser ellos cinco veces doblados, trabd 
combate. Desbaratólos , y cerrándolos dentro, de los 
maros, lea hizo propoúciones humanas y sidmisibles, 
por cnanto no entraba ea las miras de l^s Romanos 
acabar con la gente de los Ligures, que era .como 
un vallado y antemural puesto para coatener los mo-> 
vimientos de los Oalos , que amenazaban siempre caer 
sobre la Italia. Fiánd<9se pues de Emilio pusieron 1 
su dísposicioo. las nav^ y las ciudades; y él, no 
ofendiendo en nada á estas, se Ia9 volvió, con solo 
arruinar las murallas; nías por lo qne hace á las na- 
ves se apoderó de todas, y no les dejd ni aun una 
lancha que fuera de mas de tres remos. Los cautivos, 
aprisionados por tierra y por mar, los restituyó sal- 
ros, habiendo hallado entre ellos muchos forasteros 
y Romanos. Y estos son los hechos señalados que 
tuvo este consulado. Después se presentó muchas ve^ 
ees queriendo volver á ser elegido , y aun se mostró 
can<udato; pero viéndose desairado y desatendido 
se mantuvo en el retiro, ocupado solameote en lo re-* 
lativo á su sacerdocio , y atendiendo á 1$ edncaeioa 
de sus hijos, dándoles la- del país , y que podia mi- 
rarse como patria, del modo que el la había reci-« 
bido ; pero poniendo m$ts empeñó en la educación 

};rie^ : porque no solamente puso al lado de aque-^ 
los jóvenes giramáticos, sofistas y oradores, sino 
también escultores, pintores , adiestradores de caba* 



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T48' fÁxn.0 ÉMitro.»' 

líos y de perros, y maestros de cazar; y'el padrr 
sino habia cosa pública que se lo impidiese presen- 
ciaba siempre sas estudios y sus ejercicios, «ostrán^ 
dose entre los Romanos el padre toas amante de sus 
hijos. 

Era 4qüelíá en punto á los tieeocios públicos la 
época en que haciendo la guerra a Perseo, Rey de 
los Macedonios,. habían sido acusados los Generales 
de que por impericia y cobardía se habian conduci- 
do mal y vergonzosamente , siendo mas que el daño\ 
hecho i los enemigos , ei qM ellos habian recibido;- 

Íes que habiendo poco antes echado mas allá dd 
auro á Antígono llamado el grande, hatíéndoltí 
abandonar todo lo demás del Asia, y encerrándole^ 
en la Siria , de manera que se dio por muy contento 
con obtener la paz á costa de quince mil talentos ; y 
habiendo de alli á breve tiempo deshecho á Felipoy 
libertando á los Griegos del poder de los Macedo- 
nios, y vedcido á Annibal, con el que ningún Rey 
era comparable ni en arrojo nien poder, 'no podían- 
llevar en paciencia el cómbátitsin sacar ventajas, 60*^ 
mo con uá rival de Roma^' con Perseo, que hacia 
ya mucho tiempo qua- les hacia la guerra con las re- 
liquias de las derrotas de su padre. Olvidábanse para* 
esto de que habiendo visto; FiUpo' mucho mas qaebran^ 
fado todavía el poder de lós'Macedonios , lo faabia he-: 
chó mas fuerte y belicoso ; <fe lo cual habré de dar t^ 
zon brevemente , tomando la narración de mas arriba*' 
Antígono,. que entre todos los sucesores y Gene- 
rales de Alejandro fue el que alcanzó mayor poder,' 
adquiri(> pata sí y para su familia el título 'de Rey, 
y tuvo por hifo á Demetrio;- de quien lo fue Antí-» 
gono por sobrenombre Gonátás; y de este otro De- 
metrio, qué habiendo reinado no largo tiempo fa- 
lleció, dejando un hijo todavía niño llamado Filipo. 
Temerosos de ia anarquía los proceres Macedonios, 
dieron lá autoridad á Antígono , primo del difunto , y 



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Tanto ;bmiiio« 149 

umen^D con él en matrimonio á la ntaVke de Eili* 
po y primero le llamaron tutor y general , y después 
Babiendole-hallado benigno y zeloso del bien comun^ 
le dieron el ttcnio de lUy, apellidándole por sobre- 

* QOQibre Doson , confo muy prometedor y poco cum- 
plidor de sus promesas, l^ino después de este Fili- 
po, recomendándote como el que mas de los Reyes 
con ser todavía mancebo; y ya se le atribula la glo- 
ria de que restablecería á la Macedonia en su anti- 
gua digpídad 9 y que seria él solo quien contuviese 
el poder romano que amenazaba á todos -^ mas ven- 
cido en una gran p^talla cerca de Escotusa por Tito 
Flaminio , entonces bajo la cabeza» £ hizo entrega de 
todo' cuanto tel^a i los Romanos , dándose por muy 
conti^Pto con que no se le. exigiera mas. Hallóse lue- 
go mal con este estado , y creyendo que el reinar por 
merced de los Romanos mas era propio de un esck"- 
vo atento solo al vientre , que no de un hombre ador- 

* cado de prudencia y de pundonor , volvió su con- 
sideración á la guerra » y empezó á disponerla en- 
cubiertamente y con gran destreza. Porque desaten- 
diendo y dejando debilitarse y yermarse laiS ciuda- 
de de carretera y las inmediatas al mar» como si las 
tuviese en poco precio , fue congregando muchas feer- 
2as; yUe^ando las aldeas, k^ fortalezas y las ciu- 
dades mediterráneas de armas, de provisiones y de 
hombres robustos ^ preparaba asi la guerra 9. y la te- 
nia-coma encerrada; y encubierta: pues de armas en 
bua[i estado haj)ia jtreimai$nil': de trigo entrojado en 
casa ocbociei^t^s mH &oegas $ y un acopio de provi- 
siones, bastante (ámai^teper diez mil estipendiarios 
por diez años para^dffende^ el pais* Mas no llegó el 
e^so de^ que. este p40i|ioyi$jF> y adelantara la guerra» 
por hdberse dejadft morirr^:.p$sar' y abát.iipje;it09* á 
ca»s^ de que desci^rió que bíibia hecho morir injus- 
tamente á sü otro hijO: Pemetrlo 9 por una calumnia 
^l que valia menfKSK'^fií ^ le sobrevivió , llamado 



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rfó 9ÁVJLÓ BMiLta; 

Ferseo, hettdó con el reino el odio á loS Róitifiao», 
aunqoe no era capaz de hacerles frente por su bajeza 
de alma y la perversidad de sas cosmmb^rte; en las 
que no obstante que entraban diferentes pask>áes y 
malos afecto^ , dominaba sin embargo la avaricia , y 
aun se decia que ni siquiera era legítimo » sino que 
ta mucer de FiKpo lo recogió recien nacido, habién- 
dolo dado á luz una costurera de Argos llamada Na-» 
tainia , y ocultamente se lo di¿ á aquel por hijo. Y 
ésta se cree haber sido la principal causa , por la qtie 
de miedo hizo dar muerte á Demetrio , no fuese que 
teniendo la casa heredero legítimo, viniese ai cabo á 
descubrirse su bastardía. 

Mas con todo de ser deddioso y de bajo espirito^ 
arrastrado del ímpetu de los mismos negocios , se de- 
cidió á la guerrft, y contendió largo tiempo, h^ünen-^ 
do derrotado á. Generales de los Romanos que ha- 
blan sido Cónsules , y grandes y poderosos ejércitos; 
Íaun de algunos alcanzó victoria. Porque á Pubtib 
ioinio, cuando iba á invadir la Macedonia, lo re— 
qhazó con su caballería con muerte de dos mil y qái- 
nienfos hombres escocidos , haciendo á otros tantos 
prisioneros ; y hallándose la escuadra Romana ancla- 
aa cerca de Oreo, marchó' inesperadamente contra 
ella, y tomó veinte galeras con sus cargamentos, 
echando á pique las demás que contenían provisio- 
nes. Apoderóse también -de cuatro naves de cinco ót-^ 
denesdé remos, y ganó segunda batalla, en que bu— 
tnilló á Hostillo, también consular, obligándole a 
retirarse por Elimiá; y provocándole á tHitalla ci^ü-* 
do marchaba sin querer «eí sentido por la Tesalia^ 
logró ahuyentarle. Miró dífcspues corabtina distracción 
de tó guerra el marchar contra I<» Dárdanos, haciendb 
que desdeñaba á los Romanó^ y tbs dejaba descádh^ 
sar; y destrozó á diez mil át atjcfellos bárbaros , tó- 
fttando grandes despojos. Acometió también á los Ga-^ 
k>s establecidos' cerca ú^ Istró^ conocidos coa el 



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TAXJVO EHIUO*. 151 

nonbre deBastsraas» nscion poderosa en caballería, 
y ejercitada en k gaerra. Excitó asimismo á los Ili- 
rios, por medio de sa Rey Gentío, á que le auxi- 
liaran ea la guerra ; y hay fama de .que ganados pof 
él estos bárbaros con la soldada, cayeron sobre la 
Italia pof Ja parte del Adriático* 

Sabidos estos sncesoa de los Romanos, parectdlea 
seria bueoo dejarse en la designación de generales del 
faror y la condescendencia, y llamar al mando á un 
hombre de juicio que supiera conducirse ep los ne« 
gocios arduos. Este era Pf uio Emilio , adelantado lí 
en. edad, pues tenia unos sesenta años; pero fuerte 
todavía y robusto, y de gran influjo oor sus clientes^ 
sus hijos jóvenes , y el gran mimero oe amigos y pa- 
rientes poderosos en la república , los cuale^r todos 
le inclinabaa áque se prestase á los votos del pueblo 
que le llamaba al consulado. Al principio recibió mal 
¿ la muchedumbre , y desdeñó su zelo y su ansia de 
honrarle , como que no necesitaba de tal mando ; maa 
presentándosele todos los días á sus puertas rogán-^ 
dolé que concurriese á la placa*, y adamándole, se 
dejó por fia couiraicer ; y mostrándose entre Ibs que 
pedían el co¿sulado , oareció no que iba á recibir el 
mandó, sino i^ue llevín» ya la victoria y el triunfo 
de la guerra, y que daba facultad á los ciudadanoa 
para celebrar ios comicios: ¡tanta fue la esperanza y 
seguridad que inspiró á todos! Nombráronle pues se* 
gonda vez Cónsul, no dejando que se echaran suer- 
tes sobre el mandO' de las provincias, como era de( 
costumbre, -sino decretándole desde ^ luego el mando 
dé la guerra macedónica. Cuéntase que retirándose 
í su casa con brillante acompañamiento , luego que 
fué proclamado O^nsUl por todo el pueblo , encon-* 
ttó ipuy llorosa i una «niña suya, todavía muv pe«- 
que^a', y ques^udándola le.pr^ntó qué era lo que 
ik'^afligta ;-. y eyá tarando , y echándosele al cuello, 
l^x»spoiidióv^ipaes.tio^8Áeis, ó padre^ que se me 



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I 



If3 BAÜIX> EMILIO/ 

ha muerto Perseo? dici¿odolo. por un perrillo' q«e 
había criado y tenia eiste nombre; y que el padre le 
dijo I en buen hora hija, y admito el agüero. Re- 
fiere este suceso Cicerón el orador en sus lilaos de 
adivinación. 

Era costumbre qué los eliegidos Cónsules para 
manifestar su asradecimtento^ saludaran al pueblo 
ton semblante risueño desde la tribuna; mas Emilio, 
congregando en junta i los ciudadanos , les dijo que 
¿1 habia pedido el primer consulado apeteciendo el 
mando; y el segundo porque ellos bu&oban un ge* 
neral: por tanto que ninguna gratitud les debía , y 
ue si pensaban qiie otro conducirla mejor las cosas 
le la guerra se desistía. del mando; mas si confia* 
ban en él , que enguada -se mezclaran ni anduvieran 
alborotando , sino que con silencio le ayudaran á pre* 
parar lo necesario para la expedición , pues si que- 
rían mandar al que los mandaba ^ se harían mas ri- 
dículos de lo que eran en las cosas de la guerra. Con 
este discurso causo gran vergüenza á los ciudadanos; 
pero les inspiró gran, confianza del éxito restando to- 
dos muy contentos con no haber hecho caso de los 
aduladores , y haber elegido un general de tanta fran- 
queza y prudencia* ¡ Hasta este punto se sacrificaba 
el pueblo Romano por la virtud y la honestidad, 
cuando se trataba de dominar y ser el primero de 
todos ! 

El que Emilio Paulo , marchando á aquella cann 
paña 9 hubiera llegado al ejército con mudba pronti- 
tud y seguridad 9 haciendo su navegación .felizmente 
y sin tropiezo, téagoto d^sde luego por cosa prodi- 
giosa ; y por lo que hace á la guerra misma, y los su- 
cesos de ella » parte atribuyo á lo pronto de su deci- 
sión , parte á su buen ccmsejo, y parte también á Is 
diligencia de sus amigos;. mas al ver ^ue todo se hi- 
zo en virtud de intrepidez, en los 4)eIigrov y de gran 
firmeza en las determinaciones^ pb» tan si^akda y 



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glbncsa eMio eiUi no coa$idero qút deb» ttribusrí- 
se , como respecto de otros gftierdes , í la buena di- 
cha de este insigne varón; á no ser qne se opiera lla« 
mar buena dicha de Emilio la avaricia de Perseo, la 
cual , temiendo por el dinero , echó por tierra y ani» 
quilo ias grandes y brillantes esperanzas, «pe en aque- 
lla guerra teman fundadas los Macedonios. Porque 
i su ru^a acudieron á ¿1 los Bastarnas» dies mil da 
á caballo y diez mil de relevo , todos á sueldo , hom^ 
bres que no entendían de labrar la tierra » ni de na«* 
vegar, ni de vivir pastoreando g^ado; sino que ea« 
taban dados á una sola obra y á un solo arte i que 
era el. de becer siempre la guerra , y vencer á sus oon« 
tendores. Luego pues que Uegisron á acamparse cer« 
ca de Medica ) meaclados con los soldados del Rey 
aquellos hombres altos en su estatura , ágiles en los 
ejercicios del cuerpo , altivos y vanagloriosos en sus 
amenazas contra los enemigos , infundieron á los Mat? 
cedoñios la ojMoión y confianza de que los Roma- 
nos do los fardarían, sino que se asustarían al ver 
sus semblantes y moviqíientos extraños y espantosos» 
I>espue$que Perseo habia dispuesto asi los ánimos , y 
llenándolos de, tamañas esperanzas, cuando le pidie- 
i:on mil áureos por cada uno de los capitanes , ir-- 
resoluto y fuera de tino con la demaiida de tanto di« 
ñero f por codicia desechó y abandonó el socorro que 
se le ofrecía, como si fuera mayordomo, y no ene« 
xnigo de, los Romanos ; y como si hubiera oe dar una 
cuenta ^acta de los gastos de la guerra á aquellos 
con quienes .conJaatia; cuando estos le mosUsban lo^ 
que habia de hacer con tener , como lenian , sobi^e todo 
el demás repuesto , cien mil hombres reunidos.y proi^ 
tos paralo que fuera menester; mas él , teniendo- que 
crontrarestar tales fuerzas y tal guerra, en la que era; 
ipmenso lo que habia de expeo<&r^ , andaba midien^' 
4o y escaseando el dinero j tendiendo tocarle .como^ 
si.fuese.^eno^.y ^to lo hacia.no unpqQ^.V^má .de) 



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1^4 mn.0 BMiLTo; 

los ¿{(Hof 6 de loB Fenicios, sin^ una me femedábi 
por el linage la virtud de Alejandra y de Filipo ; los 
coales €00 pensar que los sacesos se habían de com- 
prar con el dinero» y no^el diaero con los sucesos, 
alcanzaron coamo se propusieron; pues se decia que 
fio era Filipo quien tomiroa las ciudades de los Grie^ 

S$f sino el oro de FiKpoi y Alejandro al empreñ-» 
r la ^pedición de la India, hiendo que los Ma- 
«doinio$ arrastr«i)an con trabafo el gran botín ^ué 
tomaron á- los Pei^^» lo primero qne hizo fue po-* 
Ber fuego á sus carros, y ^pues persuadió á los de- 
más que hicieran otro tanto, para msnrciiar áeiles á la 
guerra, como desembarazados de un estorbo. Mas 
Perseo, anteponiendo el oro á sí mísno, í -sus hijos 
y al reino, no quiso «alvai^e á costa de un poco de 
dinero , sino ir cautivo cotí otros nmchos como un^ 
rico esclavo , á hacer ver á los Romanos cuanta era 
k riqueza que avaro y- escaso les habíai reservado. 
- Pues no solamente despidió á los Galos con em- 
bustes , sino que habiendo solevantado á Gentío et 
Rey de Itiría , ofreciéndole trescientos talentos para 

3U9 leauxiliaraeii la guerra, bien llegó á contarles el 
inero í los que> vinieron de su parte, y se lo pre- 
sentó para que lo sellaran ;, mas luego , Como Gentio' 
en Ja inteligencia de tener seguro lo que había pedi- 
do bubiese ejecutado una acción imp¿i y execrable, 
que fue prender y póiser en cadena? i bs embajado--^ 
fes que le enviaron los Romanos , etnonces ^ echanda 
ya. ctfóflta Farseo con que no era necesario el alargar 
dinero para que Gelítío hiciese la guerra, pues había 
dado pruebas bieh seguras ~de enemistad, y por sí 
mismo ¥e habia empeñado en ella cotí asemejante in- 
justicia , privó á aquel infeliz de ios tresciientos ta- 
lentos , y miró con Indiferencia que en pocos días 
hubiera ñdo con lá mu^r y los hijos arrojado del 
reino , como de un nido , por el pretor Lucio Anicio^ 
qóe hitíft sido enviado con tropas^ contra 41« ¡Este 



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era el coütririo costra qoien maxAám Emilio! «i 
& éJL le dé^preciabft ; pero sos prepemtiros y sos focr<« 
jsas DO dejaron de sorprenderle; porqiie los de á oh 
bailo eran cuatro mil, y poco menos de cuarenta mil 
los infantes que formaban la falange. Retiróse con este 
aparato á las orillas del mar 9 por las faldas dd Olimpo» 
á sirios qne no tenian entraaa, y <pie ademas habían 
sido defendidos por él con fosos y con Tallados de ma- 
dera; pcHT lo que estaba sin sobresalto» creyendo que 
eon el tiempo y los excesivos gastos arruinaría i £mi» 
ilo. Este en su ánimo no estaba ocioso, sino que re» 
▼olvia en ¿I toda especie de ideas y tentativas; y como 
ríe^ que los sddados con la anterior indisciplina 
llevd>an mal la inacción , y se propasaban á indicav 
cosas impraaicaUes, los reprendió sobre ello, y le» 
intimo que no se metieran ni pensaran en otra cosa 
qne en ver cómo cada uno se prepararla i si mismo 
y sus armas para el tiempo ael combate , y cómo 
usaría de la espada al modo Romano; que la opor« 
tunidad el general la indicarla : mandando tanibiem 
que las guardias de noche las hicieran sin lanza , pa« 
ra esfór mas atentos y defenderse mejor del sueño, 
mientras no se defenaian de unos enemigos que no 
se les acercaban. . 

Por lo que los soldados andaban mas alborota- 
dos era por la falta xie asua , pues era poca y mala 
la que tenian, manando á la orilla del mismo mar. 
Reparó entonces Emilio que el monte Olimpo tan* 
elevado estiba pQÍ)lado de árboles; y conjeturando 
por el verdor de ellos- que ño podia menos de coo-^ 
tener raudales que correrán á la parte baja, les hito 
abrir^r^piraderos y poeos en la misma &lda. Lle^ 
náronser estos al punto dé agua clara , que corría por 
su pesa^ ímpetu del terreno que la estrechaba y co-*; 
xno exprimia al sitt<^ vacío. Con todo no falta quien, 
sostenga que hay foentes de agua ya formada y es- 
condida en los- lucres 4e 4onde aquellas amanan j. y 



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1^6 ¿Atrio sKtto* 

óoe sn áiidfl fió €s ni desciibrimieoto ñi fútnra, «íqi» 
K>ritnaciony Dninion.en aquel punto de inatérm que 
se lií^utda; y quecstp sucm porque, con la agióme^ 
ráciou y él frió se liquida elirapor húmedo » cuando 
comprimido á la parte mas l>ája fluye y se hace cor*- 
rtente ; pues tampocx) los pechos de las mugeies se 
han de considerar como> odres que .estén llenos de le- 
che ya formada » sino que trasformando dentro de 
si la comida^ elaboran y cuelan la lechettde esta, mis- 
ma manera los. logares fríos y abundantes en fuen- 
tes no contienen agua oculta , ni $on reservatotios 
que arrojen de si los grandes raudales de los cauda- 
losos rios, como de un pruioipio pronto y permá* 
senté ; sino que .comprimieqdo el vietiio y el aire con 
el apretarlo y espesarlo lo^uelven en agua; y lasex^ 
eayaciones que se hacen en aquellos ti^rrenos cbndu*^ 
cen y contribujren.mudio piuraestav especie de com- 
prensión, liquidando y hadendo fipidos los vapores, 
como los pechos de las mugeres para la lactancia; y 
fK)r el contraria aquellos teri^exiosque están muy apre- 
tados no son á proposito para la./ol:macion del agua, 
porque no tienen el móvimientox}UB Ja elabora. Mas 
los que tales cosas profieren , como que. se complacía 
en acertijos, pues dicen también que .los animales. no 
tienen $an^ dentjpo'del^cuerpid.; s^nío-que se forma 
al 5er heridos de un cierto dré^ .ó coa la mudanza 
de las carnes , que es la qu^ obra su-;9alida y; su li- 
cuación. Pero á:estos .los fefutáfUr los.rios que.se di- 
vigen a lo masvptQfundode^los.lúga^s Subterráneos 

Íde las minas, no formándose^ poco á poco, como 
abia de suceder. si tomiaraq su origen de un repen- 
tino movimiento de la tierra-, sino ^«íendo ya en sí 
abundantes y caudalosos; -asijyejwpsrt^mbien que des* 
ajándose una piedra corre uq gi|an .caudal de agua, 
y después se para; mas baste de estas cosas* 
- EstuTo.Eiijilio en .reposó por algunos dias; y «e 
dice que iia;Ilátidose :al^re9t^:9A0.4e otrov^rcitos 



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^ MÜtO EMILIO* i $7 

tan poderosos» famas-se vio una quietud semejante; 
mas empezó luego á hacer tentativas y esfuerzos por 
todas partes ; y como üe^se á entender que-, un solo 

Íunto se había quedado sin íbrtifiair por la parte de 
errebetf, hacia et templo de Apolo y la Roca, tra*^ 
tó ¿ste negocio ex) ^nsejo,- dándole mayor esperan^ 
20 el no estar defendida flfquel sitio , que temor su 
«^rexa y fragosidad ,.q^e era por lasque lo habían* 
dejado sin custodiar. Entre los que so halfoban pre«^ 
sentes' Escipion ;* llamado Nasica , yerno de Esct- 
pión Africano, y que mt$ adelanté tovo'muHia aii*^ 
torídad en el S^ado,' fiíe el primero que se ofreció 
á tomsn el mando para encaminarse al punta desig-^ 
fiado, y después 4e 'étse .presentó con ^ande ardi<- 
mi^to Fabio Máximo^' el hijo mayor- de Emilio^ 
q^e" todavía era muy 'mo2o. Contemo púes^. Emilia 
^ dio no tantas^ jfuerzas ¿orno refiere "Folábío , sino* 
ks que el mismo Nasioadice haber llevado consiga 
en cavta* escrita á on Rey sobrer estos sucesos. Los 
italianos, que no eran de la tropa de línea,' aibian k 
tres mil, y el ala izqtmrda á cinco mil^y tomando^ 
eoR éstoi^ Nasica ciento y veinte cabáilos y doscien*' 
los hombres de lo^Tmoios y Cretenses, que mezcla^- 
dos estalNm á las órdenes de Harpaló ;• marchó por el 
camino jOue conduda al mar , y se acampó cerca del< 
temf^o^ Hércules, como si hubiera de embarcarse 
<n las naves, y cercar el ejérckode los enemigos* Mas 
Itsi^aque los soldados comieron el rancho y sobrevi- 
nieron tas tinieblas ,>de5Cubriendo á los capitanes el ver-* 
dadero intento , caminó de noche en dirección opues-* 
ta ál mar ; y haciendo alto , dio descanso á la tropa 
bajo el templo de Apolo. Bor esta pam 1» altura ael 
Olimpo pasa de diez estadios; lo que se acredita coa 
una inscrípcionj acerca del 'que la midió, que dice asi:: 

Desde el templo de Apolo hasta la cuníbre 
t EsídelexcelsoiQlImpcí. la medida 
(Perpendícularmente fue tomada) 



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158 tAXTLO EMaiO^ 

De estadios una década^ y sobre ella 
Un.peletro^ al qne pies le faltaa cuatro. 
Fue ei medidor Genágoras de Eumelo: 
Salve^ ó Rey, 7 feliz suceso tengas. 
Es opinioú de los geiSmetras c^ m la altura de los 
Biontes ni la profundidad. d^ mar pasaü de diez es- 
tadios; pero Genágoras parece que hizo esta medí-r 
eion, no á la ligera, sino. por. íeglits y coa k» ídjb^ 
Smmentos convenientes. 

Pasó alli Nasica la nocbe; y cuando Perseo^que 
veia á Hnrilio ai: frente^ scuna quietud , esldba dis^ 
tame de pensar lo que sucedía.^ le U^ó un trasfb-* 
ga Cretense, que vino coryiendo á noticiarle lámar* 
cha de los Romanos. Sobresiátose con esta nmeva:^ y. 
aunque no movió el .ejército, poniendo [i las órde**: 
ses de Milon tUez mil extrangeros estipendiarios y 
dos mil Maoedonios , le envió á que sin dilación ocu** 
pase los pasos.' Polá^io dice que los RomsuiQS sor-¿ 
prendieron á estas tropjis estando todavía doxmldas; 
pero Nasica refiere que en la» alturas hubo .un rem-^ 
do encuentro V y qué él mistíio díó la muerte á ua 
Tracio ^ue le vmo á las manos, hiriéndole ^ el per- 
cho con la lanza , qne ciaron conjesto losenemigok;y 
como Milon hubiese dado i huir vergonzosarntente en 
túnica y sin armas, siguió et aUáince con seguridad, 
y conduja á lo llano sus soldados. Con esios SBce-- 
sos levantó Perseo á toda prisa -el campo ^ y buba 
dé retirarse sobrecogido ya de miedo y muy decai-^ 
do de sus espbmnzas. Eriale sin embargo iodispen-- 
sable ó aguardar delante de Pidna, y aventurar una 
batalla, ó recibir al enemigo con un ejército dis- 

rrsado por las ciudades: pues una vez descendido 
lo llano, no.podia serarrofado sino con gran mor-^ 
tandad y cacnicería; cuando alli sus fuec^zas eraa 

I Peletro 6 pletro» medida de cien pies^ sexm parte 
del estadio. 



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grandety y'.feltrdor de iossialdados no poÜit-nieno» 
de aumentsne peleando pot Ja defensa de. sus b^o% 
y sos jnugeresy á presenca del^Rey » y tomando es*-» 
te parte :en íos pelígcos^^qoe fue con lo que dieron» 
ánimo á Persea sos amigtxk. Formó pae$ su ef&cito^* 
y se apercibióla la pelea, teoonociendo los sitios yt 
distribuyendo k>s mandos ^ ^^omopaca salir de sor«^ 
pnesa ^enáientro i lo9 Rruiíanos en sa roSsma mar^ 
dba. £1 sitioitenia nna lianura acomodada á la- Cbr^ 
macion de. la falange (pe neoésitaba de testeno igBal^. 
y babia alados se&uidps» que finíoredan lasacoosM^ 
tidas y retinadas de los eaaadoas y tropaa l%eras«i 
Corrían en medb los rios Aison.y Leocot-qne aim--' 
que no mny caudalosos entonces por ser dfiís de£ 
verano I parecía sin embargo qué oponi^ & loe Rch» 
manos al^Qniobstácnio* ». r* . . 

Reimtiíse en. esto Bmüiq oon bifásica í- y descen^f 
dio en ocden^coatra los enemigos; inasiiiegD qno 
vio sa formación y su húmero , suspendid macavif» 
Hado iá marcha 9 como parabaoer entre sí algúnaa 
consideraciones. Ardian poor 'venlt á la&J manos loa 
caudillos jóvenes , y cercándole le rogaban qué! na 
se detuviese; sobre todo Nasica» queJiabia adqm-H 
rido Confianza por lo bien que lé hfli^ta salido su ex^r 
pedición dd Olimpo. Sonridsele Emilio > y le dijo& 
muy bien si yo tuvkra-td edad; pero las'muchaS' 
victorias que me han hecho conocer losi yerros dé 
Jos veocidps;, me impiden el que en la marchactra** 
be batalla contra una falange ordenada y descansada.) 
£n seguida dio orden pjara que las prin^taa tropas< 
que estaban á la vista :de los enemigos^ Quedando! 
en escoadras» presentaran el aire de imaifotmarion; 
y que los de la retaguardia ,. mudando de posidon,i 
pusieran el Valladar para acamparse :. de esta,maae-*t/ 
ra yéndose quedando por'^^órden los que estaban de- 
lante para los últimos , no se advirtió que habla des<-> 
hecho la foráiacion^ y qué todos $& hablan colocado 



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too TÁXJtO BlfXLlCh 

án dflsorden en los reales. Ái hacerse 4e noche « y 
cuando después del rancho se iban á dormir y des-» 
cansar» la lana» que estaba en so lleno j ^^^ <1^* 
cubierta» empráo de pronto á ennegrecerse; y des- 
falleciendo su luz » habiendo cambiado diferentes co« 
lores» desapareció. Los Romanos» conio es de cere- 
monia, la imploraban para que les solviese su loz^ 
con el ruido de los metales» y alzando mi cielo mu- 
chas luces '.con tizones- y. faadhas; mas los Macedo— 
Qios i nada se moyleron» sino que el terror y es-^ 
pamo se i^poderó del campo^ y entre mfichos cor-* 
üó secretafoente la tvoz .de que aquel prodiaio signi-* 
ficaba la^destrucion de su Rey. No era £miiio hom- 
bre enteramente nuevo y peregrino en las:4momalias 
que los eclipses prodooea; los cuales á tiempos deter-' 
minados hacen entrar la luna en la sombra de la tierra^ 
y la ocohan» hasta qiie pasando de la sombra vuelve 
otra vez i resplandecer con él sol. Mascón todo sien- 
dd mny dado á las cosas religiosas 6 inclinado: á lor 
sacrificios^ y á la divinacion^ apenas vio á la luna 
enteramente libre» le sacrificó oncetoros; y no bien 
ae hizo dedia cuando ofreció nuevo sacrifida de la 
misma especie á Hércules » no parando hasta veinte; 
y al primero )r al vicésimo se observaron prodigios» 

3ue dijo adjudicaban la victo'ria á los que se defen- 
iesen* Hizo pues .voto, al mismo Dios de otros cien 
bueyes y de fuegos sagrados ^ mandando á los cau- 
dillos, ordenar el ejército |>ara la batalla-; mas aguar- 
dó con todo á la iacUnacion y desvió del respían-^ 
dor^ para que el sol desde el oriente no los de$him<» 
brara en la pelea dándoles de cara; por lo que estu- 
vo dando tiempo, sentado en su tienda, laque te-^ 
nia abierta por la parte dé la llanura, y del campo 
de los enemigos. 

Hacia la entrada dé la- tarde dicen algunos que 
con designio de preparar Emilio qué fiíese de los ene- 
migos ia acometida» dio orden de que los Romanor 



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sottantn tpcír aquella parte un csdxilb^n fireoo, y 
que yendo' en sa persecución este fue el principio 
de la pelea; mas otros sostienen que retirándose con 
forrage los bagages de los Romanos, los acometie- 
ron los Tracios mandaos por Alejandro ; que en de« 
íensa de aquellos salieron corri^do setecientos Li-* 
gores y Y que acudiendo muchos al socorro de unos 
y otros , asi Fue como de ambas partes se trabó la 
pelea. Emilio conjeturando como un buen piloto^ 
pét el repentino ímpetu y movimiento de los ejér- 
citos y lo arriesgado de aquella lucha, salió de la tien* 
da, y recorrió lasíilas de la infantería infundiéndoles 
aliento; y Násica, que se habia dirigido á las tropas 
ligeras , reparó en que faltaba muy poco para que 
estuviese ya trabado el combate con todas las fuerzas 
enemigas. Venían los primeros los Tracios, cuyo 
aspecto sedice ser muy fiero, hombres de procerosa 
estatura, con escudos olancos y relucientes y botas 
de armadura, vestidos de túnicas negras, llevando 
pendientes del hombro derecho espadas largas de 
grave peso. Seguían á los Tracios los estipendiarios 
con armas muy diversas, y con ellos venian mez- 
clados los de la Feonia. El tercer orden era de las 
txopas escogidas de los Macedonios, lo mas sobre- 
saliente en rd^ustez y edad , deslumhrando con ar- 
mas de oro y. con ropas de púrpura. Colocados es- 
tos^ en formadon , sobrevinieron del campamento las 
falanges con bronceados escudos, llenanao el campo 
del resplandor del hierro y de la brillantes del metal; 
y haciendo resonar por los montes la vocería y con- 
fusión de ios que mutuamente ^animaban; habién«^ 
dose hecho- con tal arrojo y prontitud esta embestida, 
que los primeros cadáveres cayeron á dos estadios 
del camp^ientp de los Romanos. 

Trabada la pelea , se presentó Emilio , y llegó á 
tiempo en que ya los primeros Macedonios , enris- 
tradas la&Janzas, herian en los escudos de los Ro- 

TOMO II. t 



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1.63 PAULO EMfUOk 

manos I ^ue ño ^ian ofenderles en lo vito oon sus 
espadas. Mas cuando después , desprendiendo del 
hombro los demás Maoedonios las adarga» y recibien- 
do también á una sola señal con las lao^tas én ristre 
á los legionarios Romanos, rió lá fortaleza de la for- 
nmcion y la presteza del ata<)ue ^ no d^ó 4e so? prea- 
derse y concebir temor f por no haber irtsto nunca 
un espectáculo tan terrible { asi es que hacia mención 
frecuente de aquella sensación y de aquel espectácu- 
lo. Ostentóse entonces á sus combatientes coa tostco , 
sereno y placentero > íe^Corriendo á caballo las filas 
sin yelmo y sin coraza» Mas el rey de los Macedo- 
nios llenó de miedo , tegun dice Polibio, luego que 
se comenzó la batalla 9 hinyó á caballo á la ciudad^ 
pretestando que iba á sacrificar á Hércules , que no 
recibe sacrificios tímidos de los cobardea ni acepta 
voto> injustos; pues no es justo en ninguna manera 
que el que no tira al blanco llevé el premio , ni que 
venza el que np resiste ^ ni que salga bien el que na- 
da hace, ni finalmente que tenga buena suerte el 
hombre malo. Pdr el contrario á los ritOs de Emilio 
se prestó grato el Dios^ pues rogaba peleando la 
victoria y buen ¿xito.de la guerra, y comlj^tiendo 
llamaba al Dios en sa auxilio. Con todo un escritor 
llamado Posidonio , que ^se dice haber Coincidido en 
aquellos tiempos y en jeiquellos sucesos, el cual com- 
puso la historia de Perséo en muchos libros , dice 
que no se retiró por miedo ni á causa del sacrificb; 
sino que en el principio de la batalla le' sucedió ya 
que un caballo le dio una coz en un musb ; y ea la 
J^atalla misma, ño obstante que se hallaba muy in- 
comodado, y que lo contenían los amigos, hxzo^ue 
del bagage le trajeran .un caballo ; que montando en 
él sé colocó en la falaogie sin coraza; y. que tirán- 
dose de una y otra parte muchas anmas arrobadi- 
zas , le alcanzó un dardo^ todo de hierro , el cual 
no le dio de punta, sino que el golpe se corrió por 



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cü oostsáo Izquierdo ; mas con todo con el ímpetu áe 
la inarcha se le abrió la túnica , y se vio |» carne en* 
Tojedda con una gran contusión 'qne'por inucho 
tiem^ foosertó h señal del golpe : asi er como Po* 
sidonio hace la apología de Perseo» . . 

No pudiendo los fiomanos romper ia-Ahmae 
cuando plegaron á embestirla» Salió i comándame de 
los Pellgtios, echó mano á ia insignia de sus stdda-» 
dos, y la arrojó contra tos enemigos ; por lo qne. cor-^ 
riendo los PeÚcnos hacia aquel sitio ^ pues ño es n* 
cito ni aprd>aao entre los Italianos el abandonar It 
iosagnia » se vieron hedios y sucesos terribles en* aquel 
encuentro de una y- otra parte. Porque los unos pro^ 
curaban con sus espadas apartar las lanzas , defen-^ 
derse'de ellas con los escudos, ó retirarlas cogiéirdolas 
eohla mano , y los'otros as^urando el golpeicon en^ 
trambasy apartando conhismistnas aiinus á.tos'qtie lo$ 
acometían, como no bastasen ni el escudo lurla-coMasa 
para contener la violenciar^de ht lanza , derribaban de 
cabeza los cuerpos de los Pelignos y Marrucinosvque 
desatentados corrían encoleriíados como fieras á los 
golpes ^contrarios,' y á una muerte cierta.' Míetirraá 
asi eráb molestados los de la vanguardia, no se' con«« 
tuvieron en su lugar los que forma|>an en pos de 
ellos y sin que esto fuese una fuga , sino und-retirada 
al monte llamado Olocrottfe manera que Emilio ras* 
gp , según dice Pósídonio , ^ vestiduras a( .vev qiie 
estos cedían f y ^ue^ Ujs demás Romanos evitaban la 
falange^ 'en la que:;iiof podran hacer melhy^mcfi€fB» 
con la espesura de láylimzas, como cón::iinb(ralládo; 
se les presentaba pQr>4Soda¿ partes invencible. Mas 
como por^ser. luego el^'tefnrenpfdesigual, y xío-poder 
la fiú niai)tener firtnfrlaf reunión de ios ésosdos,^ ad^ 
virtiese que^lft ^knge'de» losMacedonios empcaaba 
á tener mucbaí int^rupelone^ y mu¿ho$ claros.^ co^ 
moesf preciso que p]oédar»ealo^e}¿rcitoí» graoides y 
en los encueniSm 4ikxetstsí de los que pel^ j dete-« 



Xi2 



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l64 JPAtHLO BiniiQ* 

fuéndose é&' noas partes y adelantáñdosls éx otras, 
recocrid r^ntinamente y dividió sus escuadrones^ 
dándoiei^irdea deque metiéndose por ios claros y 
vacíos: de Jos enemigos, .y trabándose con ellos, no 
lidiaran una sola batalla contra todos, sino, muchas 
£ iniieiípQladar por partes. Luego que Emilio .entero 
de esta ák» óefes, y los Gefes á los soldados, di-- 
vídiiíndDse lestos y metiéndose dentro de la forma*^ 
cipn.> acofiietierpn á ynos por los costados que no 
tenían defensa,, y cayeron <:on ímpetu sobré otrois, 
pues yáf o^ lá &Iange^ su fuerza y su acción unida 
entenamente se había desvanecido; y como en estos 
combates stngulares.y contra pocos los Macedoqíos 
hirÍ£3en,con.süs cortos. alfanges en unos escudos iir- 
iues.y jQuy anchos » y resistiesen mal con sus, endebles 
adargas Jrials espadas de aqueUos 9)que por su.pesadez 
¡^Jaürmeízá dé bs^olpes pásdbaa por entre^oda ar- 
madiuraJiasta la carnés je. entregaron á la fuga. 

Ghatíde>^a la coofienda'xontra estos; y en ella 
Marco el bijo <& Catón \ yernb de Em¡JÍQ,t}ue había 
dado pruébas^ del mayor valor ,' pe^rdió k. espada, 
Como"efa propio de un J0vea ins^uldo en , muchas 
ciencias, y .queá su gran padreéra deudor de hechos 
cof respondientes á uiía gran virtud ,' teniendo :por la 
inayoc ¡a&^ta que viifb r^élf quedara una preilda su* 
yaeo 'poder de losenenugos, cotie h Uxiea $ .ydoii^ 
de ve algan am^ ó dcMqoyle'ifefiere to, qoft le.ha 
sucedido ^ le pide auxilie! Réunensel^ m)l<dbos de 
los^mafircsfoorjíajaos, y irom^qdsncon ímpetu pirren^ 
tce. Idt demás bajo la g^^ia ddinuimb Marf^:^ sé aD^ 
rojdn isbÜre. los contrarios. RetirfindQlo& cpii» la.faias 
acalorada porfía , 'ConrgmQvmtetan^ iyjS>c>»>ipttchas 
héricias;^ y dejando d^skioideiieiito.y de$pe;edd, se 
dedican á buscar la espada. 'Aunque ctín. (gran difi-f 
cultaji. halláronla por án fjfaqonBidia ba}o moníones 
deartaas-y de cadáveres jíoootlo quíii|üegíca-y triun- 
fantes ^aíTgan fonx mayob dem^dOtísoj^rea^ieUps ene^* 



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ifAmx^ mnttük 165 

sdgO&Tqne todavía rtubtian. linalmeQte^.ioatfesini) 
«acogidos f manteoieikl» sv paesto , y pehafldo- siem- 

Ere 9 todos faetón écAóótMi hísose en los demis aue 
uiaiiy terrible carnkeria; tanto qae ti ^Mef la m<i> 
dade losinontes4|aedaToávtleiio8 deoadivem, y los 
Romaaos al pasar^A otro^di» de labatal^sebrío an^ 
c&j, vieron sus aguas teiUdas todavía en*3ai»re« Di** 
cesé ^oe murieron más dcveinte y cfcicofmíi; y do 
los Romanos perecieron » tegnn £ce Posidoi^o ; cieiw 
to,:T según Nastca^odícma. • \'* ';; r -^ t 
' Tuvo esta graa:lNitaUa una detsmUiíacipn.inuy 

Eonia, porque habiéndose Gomenziri^í vía hoveí» 
ra,. antes de ladéoioÉa babian y^'irioánaado'lavici 
toria. Lo que restaba del dia lo cínplearósreb se^ir 
d alcance , persi^éndolos basta biefaiDíjr aeinte es- 
tadios; xle manera que ytpsc tetirásdnLémbBdá ta íh^ 
ohew Saliérottlos i fec3>ir bs criados ani amorchas«^ 
jr con gran regbbijoT «Igaaara lof cdodajeton á iai 
tiendas que estaban iíomuiadas y adoniadaaioon co«^ 
Tonas de yedra V laurel ^^ mas el Geimái ioatió un« 
aerrible pesadumoie, |x>rque miUtBodoasisiteiárdio 
<Í0s éer sus hijos no parecia por n^gona^part^ e) ma* 
pmen ét ellos , <pie era al que mas amaba*, t al qmi 
^eia sobresalir por su natnral iñclinadOR* 1 hi virtud^ 
#isire sus hermanos. Siendo de un ánimo* aojado ^ 
pundonoroso, y todavía, de edad muy lierúa , tema 
por cierta su pérdida, creyendo iquepov hr inexpe-t 
Ti'encia se habría metklQ entre ios enemigbs en lo reb 
cía de. la pelea. Contesta iocertldombre ^daba estreú 
nadas muestras de^Ior-; lo que< sentido por tod^ 
^.ejérdto se pusieron en moviqúema depndó lod 
ranchos , y enipeeardn á marchar con: hice&tmos- á iH 
tienda de Emilio yotilosá buscarle delanie .del cim^r 
pamento entre los priúierois cadiveteá: iFao'sumodl> 
4hgusto del ejércitd y ,el ruida'<|Be^séomavió' poír 
aquella Uanura Uamatidq todos á* Esoiplour;! porquo 
á todos les pareció desde el principio ¿.:propásiió^ 



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l66 FAITIO : BiOCTOs 

parael.tBrtdo:}rxl gob9euio:7:aiiodera«lo:en^s«bs'af 
tombreti tinto como el m» bus dq sus deudos. £r» 
ya jna^^bRk » y casi se había ^erdki» coda éspecan- 
%tf cuaod^sekvió retirarte' fiéli alcancé con.dos 6 
tres dQ aoftjuisi^os^^ lleno todairk desangre deióscon-» 
trarios^ .pooqtie.como cadiorrcr» dei gnierosa: nast sé 
habla ádpt. muy ;.adeUnte^^ciituttasniado deemédida-^ 
mente cbfiiel gozo, de lá vietork.' Este ea aqnql &-» 
cípioQ :qiie JíiaCadelattt» 4e^tro}e¿é CSiirttgpíy^ 
mancia , y fue con muclur/m«e|a;cl fÑimefp^r.sQ 
Tiititd'}hxhilsrmayor poder .fflti» los Ibn^ de 
su edad»*D3aa¿iei:£inUio la.fbtaina para otro tíeoí^ 
po el acíbar dec^te triunfo, «dáñdéle'énloaoea llena* 
mente ^>aabr08faF?|ilacdr de Ia>ictoria, 

. Pecseo mareho Jiuyendo déPiáná á Pela t hid3iéa«*^ 
dose sal:Mórider7fairJbatalla casi todos los de á caballo; 
ipas comer, hyrakaozase la iafantcpía^ 'empézdlos í 
deúostar|xir «cobardes y traidores^ derribándolos de 
los caballos .y dájaídoles de golpes ; por lo tjue ternero-^ 
so de a^oel alboroto , sacó el. cabalb del camino , y 

Saltándose «ia rbpa; díe párpur^ para no ser conocí- 
o f la pusQ[ eni lajfrupa » y la diaésma la tomoén ias 
manos; y ^habíenído hablado á su$ amigos sin parar 
ée aildar ^.eoho pie á tierra^. y tomó el caballo det 
diesti». Da aqnellos nno empezó i fingir que se ase- 
guraba ei-zápato/quese le habla desartado;^ otro qacr 
«aba de. belber al. caballo; otro que tenia, sed 9. y vén-» 
dolé dejando* deesta manera^ a toda priesa loaban*^ 
donaron , no tantolpor temor de loé enemigos , como 
d¿ sn cnieldad*' Agitado con tantos males procuitt-¿ 
be lechar i todos ^ apartándola de sí , la culpa de a^ne-* 
Uá derrota. Sntró ya llegada la noche en Pda ; y 
porqué al recifaible'Encto y Endayo, que eran loisr 
dncargados del teséro^ le hicieron algunas reconw 
iieni:i6hesr{soba'e%lo sucedido-, y le. hablaron y dieron 
Qons^QS tafiLÍránca como inoportunamente, montan-^ 
do en coijem dio por sí mismo, muerte á ambos con- 



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sá espádt ; con lo que nadie quedó i su lado fuera de 
Eirandro de Greta , Arquidamo de lá EtoHa y Neonon 
de Be9cia. De ios soldados siguiéronle los Cretenses, 
no tanto por afición como por golosina de sus rique- 
zas, al modo que las abejas á los panales. Porque era 
jiindio lo que llevaba , y lo que presentó á la codi- 
cia>de los Cretenses para robarlo , en irasos, fuentes, 
y demás vajilla de plata y oro hasta la suma de cin-- 
cuenta talentos: rasó primero á Anfípolis, y d« 
alli después i Galepso ; y como se le hubiese desha- 
ncado un poco el miedo, recayó nuevamente en el 
mas antiguo de sus vicios , que era la avaricia ; quejóse 
pues con sus amigos de que neciamente habia aban- 
donado á los Cretenses algunas de las brillantes aU 
bajas de Alejandra el Grande , exhortaado i los que 
las tenían , no sin ruegos y lágrimas, á que las cam- 
biaran por dinero» Los que leconocianbien,no du- 
daron que aquello era cretizar con los Cretenses; mas 
ellos cayeron en el lazo, y entregándolas, se que- 
daron sin nada, porque no les dio el dinero; y aun 
tomó prestados de los amigos treinta talentos , los 
mismos que de alli á poco hablan de ocuparlos ene- 
siúgos, y con aquellos navegó á Samotracia , donde 
fugitivo se acogió al templo de ios Dioscuros. 

Habían tenido siempre üinía los Macedonios de 
ser amantes de sus reyes; pero¡ emonces abatidos to- 
dos como cuando de pronto falta el aporro, se en- 
-nvgaron á Emilio, al que ep dos dias hicieron due- 
$0 de toda la Macedonia; lo cual parece conciliar 
mayor crédito á los que atribuyen todos estos su-* 
cesos á un especial tavor de la ibrtuna. Pero aun 
ms mas maravilloso lo que acaeció en el sacriíiciot 
pues sacrificando Emilio en Anfipolis^ en el acto 
mismo cayó un rayo en el' ara, el que abrasó las 
TÍctimas y perfeccionó la ceremonia. Con todo aun 
wbe de punto sobre este prodigio y sobre la di- 
cha de EmUio la rapidez de U ^^^ 9 P^^^ ^^ ^^ 



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1 68 PAULO EMILIO. 

coarto de haber alcaosado de.Perséo t%tz victorls 
de PÍdna, estando ea Roma el pueblo viendo unas 
carreras de caballos reoentinamente dorfió la voz en 
los primeros asientos ael teatro de jque Emilio ba-* 
bieodo vencido á Perseo en una gran i»atalla , había 
subyugado toda la Macedoniai y de alli se difoodió 
luego la misma voz por toda la concurrencia; ooq 
lo que en aquel dia fue grande- el gossó que con al-^ 
gazara y regocijo fie apoderó de la ciudad. Atas co- 
mo luego se viese que aquel rumor vago no teñía 
apoyo ú origen- seguro t por estonces se desvaneció 
y disipó ; pero tenida á pocos -dias h noticia positi- 
va I se pasmaron todos de aqutl anticipado anuncio, 
que pareciendo £also, dijo la verdad; ? 

Dícese qiAe de la batalla de lo& Italianos junto al 
rio Sagra se tuvp noticia en eimisiiio dia en el Pe- 
loponeso, asi como en Platea de la de Micale contra 
los Medos; y cuando los Romanos vemiieron á los 
Tarquinos y á los del Lacio sus auxiliadores , de allí 
á muy poco llegaron dos mensajeros, varones de grao 
belleza y estatura, que trajeron el aviso, y se con*- 
jeturó que eran los bioscuros. El primero que tro- 
pezó co^ ellos en la plaza, cuando junto á la fuente 
estaban dando de beber á sus caballos cubiertos de 
sudor, se quedó pfasiÉKido con. el' anuncio de esta vic- 
toria: ellos después . se dice que le cogieron con la- 
mano la barba sonriéndosele blandamente ; y coma 
al punto la barba de negra se le volviese roja^ este 
suceso concilio crédito á la noticia, y. á aquel Iiom«- 
bre el apellido de Ainobarbo , que viene á ser el de 
la barba bronceada. También ha ganado crédito á to<* 
das estas relaciones lo sucedido en nuestros dias, por- 
que cuando Antonio se rebeló contra Domiciano, se 
esperaba encMiada guerra de parte de Ja Germania; 
y siendo grande la turbacionen Roma, de repente 
y por sí mismo difundió el pueblo la fama de una 
yictoria, corriendo por toda Roma.ia voz de que et 



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imsmo* JLutdiíiá liabia sido muerto, yde.tf^ dernw 
taáo sa ejercito , ni señal hahia quedado de él: ad-¿ 
quiriendo esta voz tal certeza y s^oridad, que mar 
chos de los principales ofrecieron sacrificios. Inqaí«* 
lióse kego sobre el primero que lo refirid, 7 contó 
no aparecía nadie, sino que el rumor corriendo do 
años- en otros se desvaneció^ viniendo á lotáltimo á 
parar en nada arrojado en una muchedumbre Gon<¿* 
tusa .corno; en nn piélago inmenso , sin que se le die-r 
se ot%en ninguno cierto , aquella fama se borró del 
todo en la ciodad. Mas cnando ya Domicilio habiá 
maschadq con su ejército á la guerra^ leenoontrá 
en el camino la noticia y cartas en que se le dabí 
cuenta de la victoria; y se halló que el día de la ía«* 
ma fue el inismo que el del suceso , habiendo de d¡^ 
tanda de un punto á otro mas de veinte mil estadios: 
cosa que de. los de nuestra edad no ignora nadie. 

Neyo Cetario 1 colega de Emilio en el mando, 
que aportó á Samotracia , respeto para con Perseo ei 
asilo en honor de los Dioses;, pero le cerró la^ salida 
y la* fuga por el mar: con todo pudo á escondidas 
ganar á un tal Oroandes^ de Creta , que tenia on bar- 
qulchoelo , para que le admitiese en él con sos rique« 
zas; mas este, usando de las artes cretenses^ tomó 
de noche todo su caudal, y diciéndole que á la* si- 
guiente fuesr al puerto Demetrio con los hijoi y 1» 
&milia precisa, se hiao á la^ vela al mismo anoche- 
cer^ PasD ett esta ocasión Fex^eo por angustias bien^ 
miser^Ies ,. habiendo tenido que salvar la miirali« 
por runa estrecha tronera él,' sus. hijos y. su mugerj* 
no escando todavía hecho arriesgos y. tratáfos t asi 
lanaó Un lamratable suspiro > cuando andando per- 
dido en la playa se Hago á él uno, y le dijo haber 
Tista qoe O^oandes habia batido apresuradamente al 
man Poüque clareaba ya el alba, y destituido de 
tjoda esperanza, se retiró corriepdo hacia la muralla 
no sin ser de los Romanos observado; mas con todo. 



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3 



t^ VámO EUILTO* 

logrd-flckfanáine á^ ellos coa sa mi]^r/Lot.lii)Oft tb« 
mandólos « por It maño los había ^entresado á Ion; 
y este , que antes había sido ei favortio de^P^rseo , sa 
convirtió entonces en traidor ; lo que Mincipabncn-i' 
te con^ibnyó á que aquel <fesgracianb, como fiera 
ne ha perdido sos cachoros>, se viera ea hi j>redsiofi 
je dejarse prender y entregar so persbna a los qáa 
de aquellos estaban ya apoderados. Tenia so piinci* 
pal confianza en Nasica ,' y por este preguntaba; mas 
como no pareciese , lamentando sasnertsyysi^dm^ 
dose á la necesidad , sé puso como cantivoen manos 
de Neyo ;. manifestando cien á las ckias y que en en 
él un vicio mas ríiin que el de la avaricia el de la 
cobardía y apego á la vid», por el cual » privó del 
único bien que la fortuna aó puede arrebatar ¿ los 
caídos , que t$ la compasión. Porque habiendo rc^a^ 
do que le Uevaran á la presencia de Emilio » este^ 
como debiarhacerse con un hombre de tanta autori- 
dad sobre quien hal»a venido uaa mina tan terrible 
y des^kciada, levantándose de un .asiento salió í 
recibirle con sus amigos , derramando lágrimas; yél^ 
poniendo el rostro en el suelo, que era un vergonao* 
soespectácnb, y abraisándole las rodilhs ^rornm^ 
pió en exclamaciones y ruegos indecentes ^ que Emi- 
lio no pudo escuchar con paciencia ; sino que mtrán<^' 
dolé con rostro enojado y seyeR> : «tlS^lseruile , le di« 
n jo fi por qué libras á la Fortana de uno de sus ma- 
n yores cargos , haciendo cosai por. las que se ve que 
«•si eres desgraciado lo tienes merecido, y que na 
ti es de ahora ^ sino de sienipre haber sido indigno de 
f» ser dichoso ? i por qué ediás á perder mi victoria y 
M apocas mí triunfo , naciendo ver que no eras -un ene- 
9» migo noble y digno de los Romanos ? La virtud al«-» 
9» canza para: ios desgraciadas gran parte de reverencia 
Hauü entre Ips enemigos ; pero la cobardía, aun cuan* 
99 do sea afortunada f es para los Romanos la cosa mas 
i>dJespreciabIe¿" 



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vávto iainj9^ 171 

Caá (Me 'f hmntáaáoh.j dáodok k tliestrt » lo 
encomendó á Taberon ; y reoniendo de^xues fíiem 
^ Ig ^epd^ 4 S9S h^ 7 Tóanos , 7 á los mas jéve- 
41^^ 4^ W que tenían imMo, estuvo largo rato pen** 
$9r¡iio ^tue sí coQ gran.sBencto , tanto qué todos es^ 
tal^n adffrimdos ; mas ec^enzando luego . á disertaií 
so^§ hi^T^fíM 7;io9. sucesos humanost s»¿habri 
f»b^^^6^^ eMlftliid,>qiieen Já |ircsente. prosperidad 
^^refif^mt: ht es dado engreírse y envanecerse » de que 
9)19 s<pi|y:^ado ona nadon, ona ciudad ó nn reino! 
»'La formoa pontéfidoiios á la vista esta mudanaa co«p 
«tnio nn ejemplo, en el que todo conqoistador con« 
^temple la común flaqueza , nos amonesta que nada 
^^j^ieos considerar como estable y segura, porque 
o ¿cuál será el tiempo en qi» pueda «I hombre vivis 
I» confiado, ctíando el dominar á los otros obHga í 
n.estar ,mas temeroso de la fortuna; y la idea de que 
nia«i(»rfe revuelve y acarrea por veces iguales de-» 
M rastros , ifthora.á unos y luego á otros, debe infun- 
Iludir r^zHos al que ^ huelga como mas fávotecido^ 
tt ¿acaso vkndo que la herencia de Alejandró , cuyo 
n podet y dominación Jleg<5 al grado mas alto que 
vs^ksi ?Q00ocido , en menos de una hora la fai^is hu-^ 
nmüháo bajo vuestros pies; y que unos reyes , que 
ii^poco ha imperdiatt íl tantas keíones de infantería 
» y á>timtos escuadrone» de caballería , reciben ahora 
•►ln gemida; 7 bc^k diaria de manos de losene- 
vmigo$:,,-pOKkis pensar que vuestras cosas han de te-^ 
9 oer una Consistencia que pueda prevalecer contra et 
n ti^ilpo? I Na será mas razón que dando de mano 
fi ese Orgullo y á esa vanidad de la victoria fepri- 
M maisr vuestros ánimos , estando siempre atentos alo 
» futm^o , ^ t>ara ver qué ün prepara el hadó* í cada 
9 uno'^e vosotros en contrapeso de tamaña felici- 
atdad ?" Pronunciadas estas y otras semejantes razo--^ 
nessedioéque despidió £nri lio á aquellos jávenes, 
y que los xtejó muy corregidos de: su vanagloria 7 



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I 



altanería V o&ntisiiiéndolpi como con im fieiso^-^a 
aquella alocaicioii. ; \ 

DI6 después de esto desquiso al ejército; y para 
sí tom¿ por tarea y porfaonioflo V lianHida recreo 
al visitar la Grecia; .porque, recorriendo y toniando 
bajo]su amparólos pueblos , confirma su gdbieirno , y 
les hizo doaatii^os , a unos dé granos y á otros de acei- 
te ; pues se Cuenta haber sido tan grande el repuesto 
[ue se encoatt6> que antesfaltó áquien darlo y quien 
o pidiese y que agotarse lo que se tenia prevenido. 
Habiendo visto en Delficts un gráa^destal constñii«*' 
do de {ñedras blancas , sobré el que había de coló-^' 
carse una estatua de oro de Perseo, mandó qué ea 
vez de aquella se pusiese ría suya, pu^ era razoa 
que los vencidos cediesen sU' puesto á los vencedor' 
res; y en Olimpia se refiere qué profirió aquel dicha' 
tan celebrado: que Fidias ndbia esculpido el J^-^ 
fiter de Homero. Llegáronle de Roma diez mensa- 
geros , y restituyó á los Macedonios su tierra y sus 
ciudades Ubres 6 independientes; mas con el tributo 
á favor de Roma de cien talentos , menos que la mi- 
tad de aquello con que contribuían á los Reyes , or- 
denó "e^Jectácnlos y juegos de todas especies y sa- 
crificios á los Dioses ; y i^ó cenas y banquetes , gas- 
tando con profusión .de la despensa real; pero en el 
orden y aparato^ en las salutaciones y demás cum* 
plídosv y en la distriboeíoa del.iugar y hi^mt que á 
cada uno £e:era debido, manifestó un conOGimtentor^ 
tan diligente y cuidadoso ^ que se maravillattin ios 
Griegos de que para talles desahogos no le faltase 
atención, sino que con ejecutar tan grandes hazañas 
aun las cosas pequeñas las puaese tan ert su pQnto.' 
Estaba . también muy complacido por a^vertfe que 
entre tanta prevención y tanto brillo él *erá el mas 
dulce rccreó.y espectáculo para los que con él asís-- 
tian. A los. que mostraban maravillarse de su desve- 
lo respondía que á un mismo ingenio pertenecía dis- 



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^ TÁWM mtXUlX 173 

pónete bién mt' ej^tdto y un baaquete: aqneí paní 
hacerle el mas terrible á los eiieimgos,.7 estp el mas 
grato á los oonyickdosJ Ni era meaos celebrada de 
todos su liberalidad 7 graadeza de áaioio y pues con 
lidber encontrado amoatonado omcho two y mucha 
plata ea los tesoros del Rey , nisiqmera quiso verlo^ 
^flo que lo puso á disposicioff^de los cuestores para 
:ei erario. Solamente :¿ aquellos de sus hijos que eran 
.4adojl áJas letras: les permitió escoger entre los li«* 
bros del rey ; y al distribuir los premios del valor^ 
éiÁí Elio Tttbexpn su' yerno una átepolla de peso 
de, cinco libras. Este.es aquél Tuberon de quien di« 
jimos que vivia con -once parientes suyos en una 
misma casa, manteniéndose todos. con el producto 
de un campo muy pequeño. Y se dice que esta fue 
la primera plata que entró en la casa de los.Elios 
gibada .con la/viitixiy el valor ;, y que. fuera de esti| 
alhaja, nunca ni eIlos:ni sus mugeres, usaron cosa de 
mo 6 plata. 

- Halñendo ordenado convenientemente todos sus 
negodos, se despidió de Jos Grifos, y. exhortando 
á.los.Macedonios ¿^ qoertuvieran en memcma la li-« 
bertad recibida deJk» RomanpSi.<yá>.que la'coiiser^ 
vasen con lasbuenas leye^ y la CQncesdia:,:se retiró 
á.Epiroy por l^aber leeifaido uñidecretodel Senado^' 
^n el que se le p ceambta que de aüosllas }ciudade9 
tomara con que socorrer á los soldados -que» .baj0 aua 
^ ordénes hablan, peleado en la bateUa .oonfta FerseoJ 
* propasóse qué se ^cay^er^i sobré tcídosnepeotínamento 
y cuando nadie lo'especasei pacaHor^ueihizo cotn^ 
pacecer á diez hombres de. los prineipalest de cada 
dudad, y les dio: ósdemde que cuania plaita.y oro 
J^ilxleséien lascasas y en los teitif^^' :1a recogiesen 
^ara el d» señalado; y á cada diputación ^ como^i 
luerápara aquel nbieto ♦ 1 le dio jescdltt. de soldados 
y un caudillo , el que había de aparentar que bus- 
cabay recogí*:tíc4wro.,IiegMa.cl45ai 4 una y en 



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17* ttüLO-^ 

un mitaiaiiUMiieiito sé eotregaisaiL tbdosá lá 'p«Mn 
cucion y saqueo de ioseacáiigos; de maneía queea 
tola iioa hora hideroa cautivos á ciento dinciientai 
mil bombees^ j aírasaitti setenta dudades^; ^ con 
haber sido tal k destnicdony^raioa, no Tino á fe<^ 
Cibir cada soldado en donativo arriba de onoe drac*^ 
mas ' : horrorizando á todos el fin de esta goerra') 
Tiendo que tan poca era. la utilidad y ganaada qiíe 
á cada qbo hid>ia resultado del destrozo de toda una 
Ilación.'. 

Eoülio se vi6 en la precisión de ordenarlo xsxiy 
contra s^^ naturaleza , que era benigna v apacible; v 
ejecutado bajó á Qrico, dé donde hecha la travesía 
para la Italia con sus tropas, subió luego por el rio 
Tiber en un^ galera real de dier y sds remos , táin^ 
nada con armas de ks cogidis á los enemigos y con ro- 
pages de grana y de; púrpura v de modo qoe los Ro^ 
manos que .por las orilias concurkká como á un es-^ 
pectácnio triunfal, gozaron anticipadamente de sft. 
pompa , llesando bien adelante 'por cuanto la cortíen- 
ee apenas oabapasoálaembdrgadom R<q>áraron en^ 
tonces los soldados en el imneiiK>' botín; y como no 
les habia tocado lo que deseaban, iñcomodiroiM 
dentro de.ambmoa' por esta úausa^ quedando muy 
irritados ¡contra Emilio; jpéró en eí pública se que- 
jaron de que los habia 'tratado dunif y despóticamente» 
Y con este pf«testo no hicieron gran empeño para 
que se le decfetara el triunfa Llególo á entender Ser-' 
gio Gaiba enemigo de Emilioi que hiA>ia sido -tribuno 
bajo susótdenes, yise presentó á sostener deddida y 
manifiestamente que no debía concedérsele. Levan^ 
tándole pues^ntre la turba militar muchas calom-* 
nias , y atizando el encono' con qoe -ya le mifabio-, 
pidió á los tribunos de la plebe otro dia, porque 
aquel no podia bastar para la acusación, no quedan- 

I Venia i vakf k d^acm dos veaks die velI^nSí ''- 



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FAtriD.KHIUOi 17) 

¿6 ya Sino dbatfo horas. Mas los tribiiim fe fte^cn** 
bieton que dijese loque tuviera auedecir^ y él em« 
pezando de muy lejos ^ y hadeooo un discurso lleno 
de toda espede de dicterios » :oonsumi¿ todo el tiem«« 
po ; y. como por haberse hecho de noche , los tribii^ 
nosoisolviesen la junta ^ los soldados se unieroa á 
Gaitsá» tonandovcoo este bríos; y animándose anos 
á otros se volvieron á pcesentar muy de mañana tu 
^1 Capitdio: porque allí habían de tener lostribuaoi 
la nueva junta. 

Hízose la volición luego que fiíe de dia ^ y la pri^M 
Inerá trünivotd contra. el triunfo'; mas difundida la 
voz por toda la ciudad 11^6 hasta el Senado. La ple^ 
. be veiá con disgusto el que se afrentase á Emilio^* 
^ sobre lo que pvonimpia en inútiles quejas; pero lof 
principales ddSenado dideodoá gritos que era in^ 
sufrible lo que pasaba » se indtabon uñosa otros pa<<^ 
ra hacer frente al desacato y temeridad de lo^ sóida** 
dos f que sino se le opusiese cesbtencia , se propasa^ 
tía i todo desorden y violencia, saliéndose con pri-' 
vor á Emilio de los honores de U victoria. Penetra-^ 
ron pues por entre la muchedumbre , y subiendo efl[ 
groa n&nero, intimaron á los tribunos que suspen-^ 
diesen la votadon hasta que manif^tasen al puebla 
cuáles eran sus deseos. Contuviéronse todos, é im^ 
puesto silencio, se levantó Marco Servilio^ varón con-» 
sular , que en desafio.habia muerto i veinte y tre» 
enemigos : y n ahora conozco , di jo^ cuan grande Ge**' 
i> neral es faulo Emilio, viendo que con un ejercí-^ 
•• tó> en que no se advierte sino indisciplina y ^^*^ 
m dad, ha podido ejecutar tan grandes y tan siñgu-^ 
n lares hazañas ; y me maravillo de que el padbtoi' 
t»que tanto se honra con los triunfos alcanzados de 
wlosllirios y de los Ligares, no quiera hacer de-*: 
o mostmdon por haberse tomado vivo con Jas airma¿ 
9> Romanas al Rey de los Macedoníos , y haber sido' 
ft traída en cautiverio la ^ria de Alejandro y de^ 



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176 nxsto fiHiuo; 

Mpilipo. P<Mrqtie ¿no seri cosa escrtfirel qnése di* 
wga, que « á la primera voz todavia incierta de esta 
9 victoría esparcida por la cindad , sacrificasteis á ios 
» Dioses 9 haciendo votos por ver cuanto antes cum- 
«» piído aquel rumor, -v que cuando el General vie- 
9ae con la certeza de ia victoria prlvcís ¿ los Dio- 
I» sea de su debido honor, y á vosotros mismos del 
• regocijo que es propio, como si temieseis que se 
«manifestase la grandeza dé tan admirable^ sucesos, 
» 6 como si tuvieseis miramiento con el Rey cautivo? 
m% eti caso; menos m^o seria qüed triunfo se ne- 
it gase por compasión á este , que no por envidia al 
a» General. Pero iamaHghidad ha tomada tanto üs^ 
ascendiente entre vosotros, que un. hombre ileso y 
9» de cuerpo garbo») y adamado, como criado á la 
» sómhra , se atreve en materia de mando militar y 
«de triunfo á llevar' la voz ante vosotros mismos, 
«amaestrados con tantas heridas i discernir entre la 
«virtud y la inutilidad de los Generales;-' y al de-- 
clt esto , desabrochándose la ropilla , niostró en el 
pecho una multitud increíble de cicatrices: pasó des- 
pués á descubrir, dertas partes del cuerpo que no pa-. 
Miccr decente desnudar ante el pueblo, y volviéndo- 
^. 4. Galba : n Tu sin duda , le dijo ^ te burlas de es^ 
».t^ señales; mas yo las ostento con vanidad á mis 
«concíttdadaiK>s^ pues por ellos , no bajando del ca- 
«Jballo niide día oii de noche, las he recibido; pero 
«yáínos, llévalos^á votar, que-yoJ»jaré y los se- 
«gnii^ á: todos, y -con esto conoceré quiénes son 
«los. matesy. desagradecidos, y los que en la. guer-^ 
«.ra quieren mas. alboorotar que obedecer y guardar 
a|-,discipliiia.** . . 

'^f Dícese que de tal modo quebrantxS y sorprendió 
4Ji gente de guerra este discurso, que después por 
ks't)ftraa. tribus le fue á Emilio decretado el triunfo* 
Ordenóse, luego , isegun la memoria que 4ia quedado, 
dteita manera: el pueblo, habiéndose levantado ta;-* 



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fSQtO B1III20. tf y 

Uadosen US'tdfttrof para laácarréras^da loaoibBUM 
^e se UaiMfl ciroos» y en las inmediadones de Ja 
plaza ^ 7 eá todos los parages por donde habirdé 
pasar la pompa , la tío desdeellos , yendo toda la 
gente vestida'aiay de limpió ;fi6s templos todos ea^ 
tában abiertos y llenos de coranas y perfumes ; niH» 
-chos algnarciles y maceres , ap^tada á los qa» in^ 
discretamente corrían y se ponian eñ medio ^ dcja« 
han libre y desembarazada U cañera» La ceremonia 
toda se repartió ell tres dias, dbilos caales en/éi fMri« 
mero, ^el'afsbñas alcanzd paraeLbodn de las esta-- 
titas, de ks pinturas y de los^ colosos, tirado todo 
por doscientas: 3rontas, esto mismo fne lo quélndbo 
qne ver. -Al dia siguiente - pasorcHi én muchos cams 
las armas más Uerinosas y agabida&de los Maóedoí- 
-ntos, brilfoniat*~C0Q él bronce 4* ^^' xcero rccieh acir 
calfido. La colocación dispuesta c6n .artificio y or«> 
4lea paiecia^ £^rtuita , y como hecha por sí .misma; 
los yelmos-sobre' los escudos; ks.oorazas junto^álas 
canilleras $• las adargas cretenses^ las rodelas d^ Jrá»- 
da , las aljabas mexcladas con los íxwos de los céy9^ 
líos, i su lado espadas desnuctos , y junto á estas las 
lanzas macedonias; habiéndose dejado* hueobtpn»- 
porcionadoa ^tre todas estas arma84*con lo ^ne en 
la marcha, dando unas coñiótras, íbrm^an.nh'eqo 
áspero y ddapacible, que auooon provenir rdét: ale- 
mas vencida^ -hacía que^sn vista inspirase miedo; ".En 
pos de esios^ e&rros de las aamas marchaban tres rail 
nombres, ^onduciepdo la moneda de plata én,se;^ 
eientas y cincuenta esportülaa de á tr^ talentos, v 
á cada uoo'ide estos le acompañaban. otros cuatros Sé* 
guian luego otrosr, que condttciaosalHilas, vasos '^ jav- 
ros y tazas de plata , muy 4)&n eokt^das todas cata^ 
piezas para que pudieran verse ^ yprimorosas^te si, 
y poT k) grandes y dobles que apascciam 'f 

En el> dia tercero, niuy'de ásanana , abrieron la 
pompa trompeteros I que. tocaban., no ui^ marcUa 

TONOn. M 



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%l9 nxao BvitiOi 

mtapiutdt^y'ptopia jdel caso, sbo «ip^ om qué 
se iocksa ¿s Rmnanoft así miniu» en floedio de la 
faauUii; y en ¿eguidaeran conducido^: ciento veinte 
Jbueycs' cebones, á íos^ se les habian.dorado los 
caernos ^ y que habtan.-sido adornados .coa cintas.y co- 
«onasp Los jóvenes que. los llevaban^ oeoidos con fajas 
«ráy. vistosas,. lois guidban ali^ríficloj- y coa ellos 
otitis inas mocitos cba><yirros de plata y oro para las 
dibociones. Venian luego los que condftioiao la aio^ 
•neda de oro, repelida ea esportillas de . Altes. talenf- 
•soscomo la de plata» y estas eran ai Jx^o. setenta y 
<siete.'.Tras estos seguían los que jconducian el án&n 
«sitada', que. Emilio Ittbia hecho\gMartteesr .con pe- 
learía de hastafdiea .talentos , y los qu^. iban ense^ 
alando las Antigonidas , las Seleaddas , ios Tericleofi 
-y. fioda la baplk de que usaba Fetsoo«a& sos bauqae^ 
4ca En pos iba (el .carsodeiPerseo y sus armas, y la 
jdtadema puesta sobiie Jas^rmas* ; De^uesf ison algua 
íinteraraioeran.Qooducidos como escIav<to'los .bijas del 
>&ey , y con ellos! una turba, de cacoarero9 , de naao* 
-esbrosry de ayos y bañados en lágrimas,' y «que teñ- 
sdiaarlás manos ilos.espectadores, adiestrando á los 
iiíñc>&£pedip y supifion. Eran fstds.dQS varones y 
'Una hembra,: poco atentos á lamagoUvdde sus des- 
^gracias:á.causade,k edad; y por lomismojésta lim- 
-pliddad suya ^n semejante mudanza Jos l^cia mas 
idigncis de compasión^ de 'manera.queíes(uv»o en muy 
.poco el que Perseo se .les pásaselo ser vt^to: ¡tan 
íija teman los Romanos da vista por comp^ioa sobre 
aqueltos inocentes !t á muchos les ^cedió cátaseles las 
«iágrimas; y entre todos no. hubo ninguno. para quien 
en aquel especticulo' na esmviese mezclado el pesar 
¿ctm dígozo hasta que .fes tunos hubieron ^pasadow 

No venia mjuy dhtante de los hijos y de. su ser- 
vidumbre el mismo Petwo, envuelto en una mezqui- 
:ha'CBpa;'calaado al esltilo'de su patria, y como em- 
Jx>hado yemoñtecidoxoniel ei^SQ de susmales: se- 



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FAirL0*^EiaX.10i IfVp 

galátde iomediátainefite machos ami^ y.-deooot^ 
«negados sus rostros en Iknto, 7 maniftstmido á los 
espectadores con mirar inoesantemente. á Perseo, j 
llorar^ ^ue era la suerte de aquel poc la ooe se do«^ 
4x811^ teniendo en mxxy poco la propia acsventunii 
Habíase dirigido ant«sá Emilio pidiéodok que n« 
]e íierasea en la pompa , y que le exeasam el trinn^ 
fe; toBS este escarneciéndole, i lo. que parece, por 
«u oobíardia y apego á Ia> tida , n pues esto, respoa^ 
9f dio, efl' su mano ha estado, y lo esti. aodavia si 
«L quiere:'" dando á entender que pues por cobardía 
no babia tenido valor para sufrir la muerte antes que 
Já afrenta, seduddo oanlisóngetas esperanaas^ esto 
era io que habia hecho que &era cornado entre sus 
despojos* Venian en pos inmediatamente ruatro*- 
•cientas coronas de oro., que las ciudades habían en^ 
.^iado con embajadas á Emilio por ft^ de la victos 
<YÍa. Finalmente venia éi mismo ^ conducido en un 
¡carro magníficamente adornado ; varón que, aun sin 
-tanta autoridad , se atraia las miradas de todos. Ver- 
tía un ropage de diversos colores , bordado de oro^ 
y coa la diestra alargaba sn iramo de iauíiel. Iguales 
ramos llevaba el.ejér<áix> que iba en.. pos del carro 
del General , formado por compañías y batallones, 
cantando ya canciones p^ióticas , serias y jocosa^, 
y ya himnos de victoria y alabanzas de. ios sucesos, 
encaminadas principalmente á Emilio , minado y aca^- 
tado de todos, y sin dar envidia i ninguaso de' los 
hombres de bien ; sino que «debe de haber algún * mal 
Genio que tenga por oficip' apocar las grandes y so» 
bresilientes felicidades r y aguar la vida de los hon> 
bres, para que ninguno k tenga exenta y pura de 
shales, sino que parezca ept aquel sale Uon librado, 
según la sentencia de Homero, en cuyos sucesos al«- 
térnaftivamjBnte use de sus müdaatas ¡la fortuna^ 

* Asi es, que teniendo Emilio cuatro hijos , dos tra»* 
iadados á otras iami^ias^ como ya digimos, á sabei^ 

M2 



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1 8o PAULO BMILId« 

Escipíóa y Fabio , y dos en la edad de la pnencla) 
que los mantenia en casa» nacidos de la segunda mu<- 
ger f de estos el uno falleció cinco dias antes.de triua- 
tar el padre en la edad de catorce años; y el otro 
murió de doce» tres dias después de la misma cereino«- 
oía ; de manera que no hubo Romano á quien no at 
canzase- aquella pesadumbre: y antes todos se faor'- 
torizaron de tal crueldad de la fortuna , que no tu^ 
vo reparo en derramar tanto luto sobre una casa id>as?- 
tada de respeto, de júbilo y de ñestas, mezclando 
ios lamentos y las lágrimas coa los himnos de vic<« 
ioría y los triunfos. 

Por lo que hace á Emilio > teniendo bien consi- 
derado que los hombres iian menester valerse de la 
fortaleza y osadia , no solo contra las arnuis y las 
Janzas, sino también contra todos los cases de.for** 
tuna, se preparó y dispuso de tal manera para esta 
mezcla de sucesos , que compensándose lo adverso 
con lo. próspero 9 y lo doméstico con lo público , ea 
nada se apocó la grandeza , ó se oscureció el es^ * 
plendor de su victoria. Por tanto Juego que dio se^- 
puitura ai primero de sus hijos celebró el triunfa 
como hemos dicho ; y muerta el segundo después de 
aquella. solemnidad I congr^ando á los Romanos en 
junta pública , les dirigió un razonamiento propio, 
no de un hombre que necesitaba consuelo, sino de 
quien se proponía consolar á sus conciudadanos añi^ 
gidos con sus propios infortunios. ^ Nunca temí na*-' 
f» da, les dijo , en las cosas humanas ; mas en las su<- 
ftperiores, rezelando siempre de la fortuna como de 
s» Ja cosa mas instable y varia , al ver que^mas priu* 
99 cipalmente en esta guerra, como un viento favora« 
9>ble, había precedido ámis negocios, no dejé de 
ti esperar alguna mudanza y contrariedad. Porque 
M atravesando desde Brindis el mar Jonia, en un dia 
9 aporté >¿ Corñi ; y estando desde alli al séptimo en 
f»Delfos sacrificando a. Apolo ^ en. otros cíaco.me 



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YkVLO EMILIO» lít 

«•teOn! con el ejercito; y hecha la ceremonia de su 
9» purí/icacion segon costumbre , dando principio i 
t» fas operaciones de la guerra , en otros mioce dias 
f»ie di el complemento mas glorioso. Desconfiado 
»paes de la fortuna por el curso tan prospo^o de los 
9» secesos, pnes que fue grande la seguridad, y nin-« 
a»guno el peligrd de parte de los :enemigos, enton*» 
n ees mas particularmente empecé á temer para la na-< 
n vegacton la mudanza de algún Genio ; habiendo Ten*» 
9> cido con feliz suerte tan numeroso ejército , y tra*« 
«yendo despojos y Reyes cautivos. Llegué con to-- 
» do salvo entre vosotros , y encMtrando la ciudad 
n rebosando en júbilo, en aplausos y en fiestas, to^ 
»» davía ño dejé de sospechar de la fortuna , sabiendo 
» que no lisongea en las cosas, gandes á los hombres 
»con nada que sea cierto y sm desquite ^ y nunca 
n mi alma depuso este miedo , agitada siempre y en 
9> observación de lo futuro^ hasta que me hirió en mi 
9» casa con tamaña desventura, teniendo que cele- 
n brar unos en pos de qtros , en los dias mas festi- 
»> vos y solemnes , los funerales de los dos mas ama-» 
»bles hijos que'habla reservado para que fuesen mis 
«•herederos. Consideróme pues ahora fuera de todo 
» grave peligro , y aun conjeturo y pienso que para 
»» mí mismo ha díe permanecer ya la fortuna inocen* 
9» te y segura ; pues parece que se hd valido para mí 
9» castigo de males tan grandes como han sido mis 
99 prosperidades: no siendo menos evidente el ejemplo 
9» que da de la humana miseria en el triunfador que 
9» en el conducido en triunfo ; y aun cotí la dife- 
9» rencia, de que Persco vencido consecra ais hijos, y 
»el vencedor Emilio ha perdido lo&> suyos." 

Este fue el magnífico y noble razonamiento que 
con sencilla y verdadera prudencia se dice haber di- 
rigido Emilio al pueblo en aquella sazón. En cuanto 
á Perseo, aunque aquel tuvo ininíó de manifestar 
compasión por la mudanza de su suerte «y prestarle 



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auxilios 9 nadt: mas se sabe sino que f&e trasladados 
de la que los Romanos llaman ciroel i un logar ma» 
decente, en el qne se le trató con mas humanidad; 
pero custodiado siempre en él» según la ojliuron det 
Biayor número, de escritores , se quitó á sí mismo I9 
vida, negándose á tomar alimento. Mas con todo 
kay algunos que señrian otra causa particular y ex^ 
traña de su muer it ; pues dicen que estando inco^ 
HKvbdos é trtttadctt ton él los soldados encargadM 
de custodiarle, eomio no pudiesen ofenderle jii mo-^ 
kstarle en otra cosa , le despertaban del sueáo , estan- 
Ao siempre atentos á que no se durmiese , y i des^ 
velarle por. tod<9s medios, hasta tanto que con ests 
especie de tnOTtfficadbn acabó sus días. Murieron 
también dos de sus hiios ; y del tercero , llamado Ale*» 
landre, se dice que fue primoroso y de grande in« 

fenio en el cincelar y tornear; y que habien- 
o aprendido las letras y la lengua romana, fue 
amanuense de los primeros Magistrados , por haberse 
visto que era muy diestro y elegante en este ejer-^ 
eicio« 

Entr^ estos brillan^ sucesos de la guerra Mace^ 
dónfca Jo que concilló i Emilio mayor aprecio en- 
tre todos fue haber puesto en el erario tal cantidad 
de dinero , que no hubo necesidad de que contribu* 
ycra el pueblo hasta los tiempos de Hircioy^ Pansa; 
que fueron Cónsules hacia la primera guerra de An^ 
tonio y César ; pero lo mas particular y admirable 
en Emilio fue -que con ser muy venerado y honrado 
del pueblo, se mantuvo siempre sin embargo en- el 
partido artstocrátioo 9 no diciendo ni haciendo nunca 
nada por complacar á la mudiedúmbre , sino uniin-^ 
dose slenipreTen las cosas de gobierno qon los mas dis- 
tinguidos y principales de la repüblica, que fue coft 
lo que mas sdelante reconvino Apio áEscipion Afri* 
cano. Porque siendo ambos entonces dé los mas prin* 
cipales en.la <siodad, pidieron á aatiempo la dignt-^ 



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KHOTO EHIUOX itj 

daA cénsor¡t:ré^ári , teniendo de su lítrte il Sensddr 
y 4 los m» princtpsksy manejo gae^jilosApia^f» 
Aereditarío;'3nieste9 aunque gnddeiirpot si , fftve^ 
recido síeinfiré jooo elr^elo y anor de la i|iocfaedum^ 
bré. Focs x:oaio alémrar en It plaza Gsdpidn , le* 9Ít{» 
se ^pio lie? ar 4 su lado á hombrér ruines y de O0B»f 
dición servil y pikeens y propios pata concitar la ama 
chedunibre j'violeatarM t9oaacon atropellamieiito¡ y 
gritería > aiaais^ la voa , « d Paulo l^lto , dijo^ aaft 
t» pora débÍEElo^'<fe tietra^ llegando á entender qoe^pro«t 
Minuevcn á la cenísufa á tu bijo Emilio d pre^nM 
Mío y Licinio^Filoneico/' As» Escrpiob, favoreció 
do al pueblo se gánii su benevolenoiA ; y EmiÜo ; teoif 
serjdd parttdominocrático» nó^foe por eso menos 
amado dé la inúdiedunibre que d que pudiera pare^ 
cer mas deoéagbgó 7 mas dedicado & lisongeat al:pi» 
blo. Viese esto en qub lo tuTiesen por di^ode tsám 
^aj^os, y del de la-inismácéniuri fqqs.es el mas4a^ 
grado de todos y jd de. mayor 'autoridad para :otnís 
cosas y para; ^eicamen dd fiíodo de -vivir de «idsf 
imo. Porque ttefien ios oeniorés< imitad para iexoluif 
del Senado al qbervivé desarregladamente ; para nom>« 
brar al. de mayor probidad, y panr'T:asagarl::do| 
jf5yeiies,'Coh privar déla digni«d ecuestre al quer.é» 
disipadoc¿7T¿caIes.tamb!en el investigar; la hadanéá 
de pada uno^ y:x»Iébiar el lustro y ^ ^n su tiempo 
^ .^16 iser d^ceíaso de Roma trescieototf trntítz^y 
aídte.mSl cnairoeientos' y cincoet^a'fty^or^htmJbfiesü 
Dio.k^iffiisifaftd^inler Ingsoren dr&dad^^ ár/Manj¿ 
£^Iio Léfwkri qné^yá ciíatrecjvebésrEábia -obtealdl» 
esm -preíbfemiia^ t expdióode :d':á'^resiiSoiadbres!.da 
los át mefao^ 'iiéitAtfevy XMútriéY^msuhK^mrsoL «d^ 
}ega<^rcft> . ]pUípo osé 'bondi4^rott cbn? nm^ha in^ 
d^riicioQ: enlidí i»mieA' det iest- escritoiloen ,A • tadep, 
ecfifistre.^i: ':c->.:s r-^-x:: '-'-•7; c^^-^'b '•■^'r/:; ^' ' * .^'"*í> 
*! . .. ? Llévadoa jpi.cáboD iludios y gbandesaiegociosif ¡iú^ 
ftfi^neiida':d^ainaDqifi^ pdi^osarab prinC^I^ 



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lt4 PAOtO TMlLltK 

pero de^pDts stnriesga aunque trabfafosi y óc de^ 
anpcnKia curación.' Pérsnadiéranlt Jos ^ñédicos^quQ 
pasase .á Elea de Italia, donde .permaneció largo 
«empo en países 1¡ tócales , en que goeaba^de la mayor 
quietud; pero los Romanos deseaban verle., y en los 
teatros se habían dejado oir muchas voces que indi- 
cdban este deseo; por. lo que comofue^ preciso un 
splcmne sacrificio., y se.sintiesexoa alivio, regreso á 
Kon\a* Celebró pues el indicado ¿acrificicuéon los de^ 
Bia9:Saoerdotes, concurriendo mucho pueblo^ y ma-^^ 
nt&stindose niuy Contento ; y al dia siguiente sacci-* 
ficó ¿I mismo á tos Dioses otra ves por( su salud. Cum-- 
plida esta segunda ceremonia válvió á su Casa, y sis 
acostó; y sin adv)ertir;d conocerse novedad, cayen-^ 
do eo un accidente que lepriv^ode toda ¡sentido, mu-» 
riiy^al tercero dia ^ sin que ea vida hubiese podido 
echar de menos nada de cuánto los hombres creeii 
oue conduce para ia::feUcidad. Hasta lá solemnidad 
de su enterramiento.iue de gran aparato y digpa de 
vbrse, correspondiendo á la .virtud de tal varón .sus 
magníficos y concurridos funerales* Nose echaban de 
verjenrestoa el oro,' ni e! marfil, xii IpS' «squisitos y 
preciosos adornorde.tal pompa, sino la benevolen«¿ 
cia;:el respetO':y:eIa]hori no solamente de parte de 
U» ciudadanos, mas. wn dt losenemigois:: pues cuan-* 
10^ 'Se' hallaron presentes de los Españoles, losLigu-^ 
i^es.y los Macc^oaios, si eran jóvenes ' y robustos^ 
echaban mafao al aterro y y le- conducían sobre sus 
Itombros; y los-, mas ^ancianos iba» ;en' rededor de 61, 
^aclamando á Emiliopor bieidiecfanr yialñuior de:sa 
respectiva patria. Porque no solamente ib&^trató á:to^ 
dos blanda y Ixurnanamente mientras? fax gobernó ^ s¡« 
no que: por toda la* vida les hiao cuanto bien'^udo^ 
y cuidó de ellos como si fueran sus- familiares y deu^ 
oos. Su hacienda dicen que apenas ascendió á tm^ 
iCfeatos^y setenta mii denaños/ de!laque dejó por 
Jbi^rederos á ^us faíjos^ perorEsdpioa .el menor ¿tjá 



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YAüLO Bunio. iVf 

que toda la llevase sa hermano , habiendo él pasado 
por acjopdon 4iiaa caía muy rica^ como lo era la ' 
de Africano. Tal se dice haber sido d tenor de vida 
de Paaio JSiailio. 



. » . . ' ) 



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r: ^:^'\r^-- . . . > ;" ■' '" ^- ; 

r- COICPARAGIOU ÜX TIMOlIttfN Y «ICIUOl 

4.-.- .iv :^:.: -^ .^i!. i-J..-:: ^--^ ^:: . ' . 

Habiendo sido tales, según la histottt^ eslé« de»' 
varones, es claro que el cotejo no ha de encontrar 
muchas diferencias y desigualdades; porque Jas guer- 
ras en' que mandaron ambos, fueron contra los mas 
ilustres enemigos; la del uno contra los Macedonios, 
y la del otro contra los Cartagineses ; y sus victo- 
rias fueron asimismo sumamente celebradas^ habien- 
do tomado el uno la Macedonia, y extinguido la 
sucesión de Antígono en el séptimo Rey ; y habien- 
do el otro arrancado todas las tiranías de la Sicilia, 
y dado á esta isla la libertad é independencia: como 
no quiera alguno alegar en favor de Emilio que vino 
á las manos con Perseo cuando estaba en su mayor 
poder , y acababa de vencer á los Romanos ; siendo 
asi que Timoleon acometió á Dionisio cuando ya es- 
taba desalentado y quebrantado del todo ; y á la in- 
versa en favor de Timoleon que venció á muchos tira- 
nos, y las poderosas fuerzas de los Cartagineses , con 
, el ejército que á suerte pudo recoger : no como Emi- 
lio con hombres egercitados en la guerra, y prontos 
á obedecer; sino con soldados mercenarios sin disci- 
plina , y acostumbrados á no oir otra voz que la de 
su voluntad: asi es que se da la gloria á uno y otro 
general de haber conseguido iguales triunfos con me- 
dios desiguale^. 

Fueron uno y otro íntegros y justos en el mane- 
Jo de los negocios ; pero Emilio parece que como na- 
turalmente se formo de esta manera en virtud de las 
leyes patrias ; cuando Timoleon lo debió todo á sí 
mismo: siendo la prueba de esto que los Romanos 
en aquel tiempo todos sabian igualmente la táctica, 
estaban acostumbrados á obedecer , y respetaban las 
leyes y la opinión de sus ciudadanos; y de los Grie- 
gos no hubo Capitán ó caudillo alguno ea la misma 



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cN>H^Mucxoif teTSMocnirrBiciuo; 187 

^>oai ^oe no hubiese dtdo mía idea de si en k Si-* 
cilia , foeía de Dióo ; jraim de. est& machos Ufaron 
á sospechar qoe aspiraba 4 fai inmarqñía , y 4pie traía 
eii la jmagífladofi iin cierto reinado i la "Espartana^ 
Timeo retiene qtst los ^iracusanos despidieron igno«« 
sniniosa 7 afrentosamente i GHipo, por abonünar da 
se codicia í k^aciabilidad durante el mando} y ma«> 
efaos iain eserfto de las injusticias y tropelías ou« 
Farage el Esparciata y Oalipo el Ateniense poste* 
vmiwt obra, aspirando á dominar en Sicilia^ ¡y 
qué nombres etán estos j 6 cuáles sos haaañas para . 
tales esperanzas , cuando el uno habia adulado á Dio- 
nisio ya en su decadencia , y Calipo era uno de los 
extrangeros asalariados por Dion? Mas Timoleon, 
enviado por General á los Siracusanos que le habiaa 
pedido y suplicado , y que no buscaba mando , sino 
que le era debido el que admitió de los que volun- 
tariamente lo pusieron en. sus manos, con la destruc- • 
cion de déspotas injustos puso término y fin á su ge* 
neralato y autoridad. Lo que en Emilio hay de mas 
admirable es que con haber destruido un reino tan 
poderoso , no hizo ma^or su hacienda ni en una 
dragma , y ni siquiera vi6 ni tocó unos caudales de 
los que dio é hizo presentes á otros. No digo con to- 
do que Timoleon merezca nota por haber admitido 
una casa y tierras, porque el admitir en tales oca- 
siones no es indecoroso ; pero es mejor e! no recibir 
nada ; y es el colmo de la virtud cuando se puede 
manifestar que de nada se necesita. Ademas, como 
en el cuerpo que puede aguantar el frió y el calor 
se reconoce su mejor constitución en estar bien dis- 
puesto para ambas mudanzas; de la misma manera se 
manifiesta en el alma el vigor y fortaleza, cuando ni 
la prosperidad la conmueve y saca de quicio con el 
orgullo, ni las desgracias la abaten; y en esto apa- 
rece mas perfecto Emilio, porque en la adversa for- 
tuna y en la gran pesadumbre que le ocasionaron los 



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hijos, no se le vio con mtyor caimiento o meoos^ 
dignidad que tn medio de sus prosperidades. Ño asi 
Timokoo > que habiéndose portado dignamente cuan- 
do lo del hermano , ya después su razón no se sos-* 
tuvo contra la pesadumbre, ^sino que abatido con 
el arrepentimiento y la pena, en veinte años no pu- 
do vencerse á ver la trionna d la plaza pliblíca; 7 
si es bien que se huya y se tema lo que ^ indeco- 
roso, el ceder fácilmente á toda especie de nota po« 
drá muy bien ser de un varón rectoy.senciUo, mais 
de no de un ánimo grande y ele?ado. 



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Catoo el majTODOomo (ftlgoiMs cekferttsea desme^ 
didameitte á ud Isookbre de arrojado yatrerido ea 
las cosas de la guerra , les advirtió: c|iie h^ia gran 
diíereacia-entre -«snereaiBiidio la^Tirtüd^y tener en 
poco el vivir: ^rfectisimamente á ini entender. Mi«»* 
litaba con Anugenó -un varoñ mny ñsnelto , pero 
ícndéhle^y ílapo decuíorp^: pregoicitóle traes el Rey 
la cansa de estar 'descotorido > y le tooieso qne pa* 
decía una ei^emedad oculta; El Rey manifestando^ 
le su aprecio didorden á* los médicos. para que no 
omifiesea nada eaisu a^tencia y remedio;' pero ca- 
rado por esu diligencia aquel vaKettte» ya no era 
airofaoo ni proteto en los -conoces/ tanto que An^ 
tígono se lo echó ¿n cava j admirándose de semqan-* 
te mudanza.; y iéfc no le negó la causa,' diciéndole: 
ntú 9 ó Rey, eres; qaien me has hedió menos deter* 
«imkiado. librándome de.aquellos males por los que 
f) menosprecia» la. vida. "A este mismo: propósito 
iüjo un<Sibarita hablando de los Esparciatas, que no 
hacían mucho en morir en la guerra para salir de 
•tanto*trabajo yideitan mal trato como se daban. Mas 
«i entre los Sibaritas, enmollecidos^ oon el regalo y 
«1 deleite, de los que por zelo y .amor de la virtud 
jio. temían la muerte^ podía decíne con razón que 
aborrecían la vida; para los Lacedemoníos era acto 
de virtud el vivir! y d morir con ániíno alegre, se^ 
gun aquel epicedio! ' 1 . 

Porgue, según- se dice, mueren estos 
< No reputando. un bien la vida ó muerte; 
Sino el que la virtud presida á entrambas: 
-pues ni el evitar la muerte es Reprensible', cuando 
no se quiere vivir afiremosamente , ni elesponerse á 
elia es laudable, si se hace por tener en poco el 
vivir. Asi Homero á los varones josados y t¿licosob 



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(Xpp ntOPIDAS. 

los hace siempre salir bien armados y defendidos í 
los combates ; y los Jcgislfbloff s de los Griegos cas- 
tigan al que pierde el escudo , 7 no al ^ue arroja la 
aspada y la límsa x «nae&aiido onr esto que piQbero 
íes no recibir áxóoy que oaasatlfti loa enamtgos; y 
ique esttt a lo querida uno debe tener presenüs; p&r 
dro en especial el/qiie oDuoda en una ciudad d en un 
^ército». 

( Pocqoesi como diacDnia liicrates lasnsopBsli* 
^ras dicen semejanza congas:. manos 9 la caballería 
con los piesy el fraeso del e|dseit0-oonL di pecho y 
€\ torso todo , j eFXjreñeml cad la cabeza ^' arderán*' 
idose estateipenaiáiMnte^ nofabreeeiriaqoe seolixda- 
hz de st{ ottsina aolameotet tino de todos , qae tienen 
len él librada: sajisádnd^ y .ai contrarios Asi Caliera*- 
4ides, aunque h^oanbre grande len «todo b demás, no 
4U¥0 raaonenla nsspuesta que dio ai Agorero | por- 
gue rogándole. este' que se^goardara- de k' muerte 
^ue le denunciaban: las vintimásí'le a>n testó que no 
«pendia E^arta de uno sxrfo.: pnesopeleando, navo- 
^ndo yr siendo mandado, Uriieratide^ nevera mas 
«que uno; pero de General )tdmkado sobre si Is 
auerte de todos» ya no era unonaolo^aqueioon quien 
lan grandes intereses iban á perdevse. Mejor lo hizo 
Anticono el. mayor cuando al trabarse ¿1 conbate 
naval cerca de Ándros , dici^ndc^ uno que eran mu- 
chas mas laa naves de los jenemigos^ l pues ^é j le 
eepiicó, né te haces cargo qqe .-yo.vai^o por mu« 
€faas?,.¿Graflde'.ofinaniento del. mando quien coa 
destreza y virtud hace lo que se^ba promiesto, j 
cuya ateneion primera es salv»r al que nade sai- 
vario :todo :! Por atante )nicio6anu»ite Timoteo , co- 
mo Gvte mostrase un diaá ios Atenienses algunas 
cicatrices en supierpo- y el esdudo pasado^ de una 
laucada^ pues. ya, les dijo, estoy muy avergonzad- 
ido der que cuando tenia Isitiada á Samos me hi^* 
¿ÍBse caído muy cerca un dardo ^ porque me oon^ 



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Áx^ íñ9í:}ixytmlmcntt¿e lo 4aé odrues^MidUá i 
^xi Otaieral que tenia. á:sa mando tantas tropas* 
Porqoe cuando, va. 11a grandeiinteres cñ que se me^ 
oriesgue el Geoeral^ emoncei«fitá.aitty biep qae tra» 
|>aje 7 lo cpOBga todo en el tablero sin niognnmini?» 
mieato.» enviando aóramria Á los qoe le vengan cbo 
iCl fcfttti. de que el laienJQesiemi debe morirse, de 
.vejea, ó á lo meóos morir viejo ; pero onando es.de 
jK>ca importancia lo qoe se ha de sacar del venció 
•miento, y todo se pierde. steLGeneral cae, entontes 
nadie debe tpedk de cste.nnarhaaáaa peligrosa» qne 
seria mas bien de un: soldado raso« Me ha parecido 
oportuQo empaaar por.estas adtertencias coando voy 
á escribirlas vsdas de ^Felópidar y Maccdo, iwro-» 
nes enñttentes ,. peco que. perecieron por inconsidera^ 
^ont pues con ser ambos mny denodados en el pe»> 
lear , ornamentó nño y otxo dec su patria por sos 
r brillantes 9saodos> y opuestos á los mas terrttiles con^ 
tenderes; siendo este, $egiinsedice,el primero que 
.quebrantóá; Aníbal; y habiendo: aquel vencido en 
batalla.campal á Jos Lacedenlonios tjue dominjdian 
en tierra y CT>niar; por po haber tenido de sí mis-^ 
:mos lá debida cuenta 9 expusieron su vida con ternes 
-4rark> arrojo, precisamente en el momento en que mas 
necesidad balMa de. su conservación y de su mando; 
que. es por lo que 9 llevados de: esta semejanza, he<r 
;mos puesto en: cotejo las tidas de ambos. 

La familia de Felópidas el de Hipoclo.era , oo^^ 
Lmo la de Epanúnondas , de las mas ilustres de Tebas* 
Crióse co][i las mayores ^conveniencias; yientrándo 
rtodavia joven en la administracfotvde una casaopu* 
lenta, se dedicó desde luego.i dar socorros' á loshe^ 
cesitadosqoe contemplaba dignos, para ser verdad 
deramente dueño y no esclavo 'de las riquecaa; pues 
la mayor parte de los hombres, como dice Aristóteles^ 
6 no usan de las riquezas por avaricia , ó abusan por 
-desarregb.; y asi Qotfxo estps.se ve .que sonesdaj^os 



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S9t noAfmAM, 

del ngáfyy los delrites; aquellos lo soa déla vig[« 
lauda y el cuidado. Los socorridos poes se valieron 
eon iecoiK>cimiento de la liberalidad / humanidad 
eue eu Peldpidas enooatraban; solo de Epaminon- 
das^o podo recabar que disfrutase de su * riqueza; 
aiuaquei la inversa el participó de la escasez de 
este en lo pobre del yestido, en la frugalidad de ia 
mesa, y en la tolerancia de los trabojos, com^iia- 
ciéndose enrsu propia senciliez al frente del eiiSrcito, 
á la* manera del Capaneo de Eurípides , que con te- 
ner muehos bienes norihacta alarde dé m opulencia; 
sino que se hubiera avergonzado de dar iadicíos de 

5[ne para su persona hacia mas gasto que el menos 
avorecido de la fortuna entre los Tdxinos. Pues con 
serle ya á Epaminondas familiar -y iieredítaria la 
pobreza , hízola todavía mas tolerable y ligera , en- 
tregándose á la filc^bfia , y eligiendo desde luego el 
estado de célibe; y Pelópidas, aunque faabia hecho 
tma boda brillante y tema hijos, no' por eso dejó de 
distraerse del cuidado de su hacienda; con lo que, 
y con ocupar todo el tiempo en fai causa pública, 
disminuyó su patrimonio; y como ios amigos se lo 
reprendiesen , diciéndole que hacia mal en mirar con 
nbandono una cosa tan precisa como el tener cau- 
dal ; sí á fe mia, les respondió, para aquel infeliz de 
Nicodemo , mostrándoles á uno que era cojo y ciego. 
Eran formados de un mismo modo para toda 
especie de virtud, sino que Pelópidas^ era mas dado 
á los ejercicios de la palestra , y Epaminondas á los 
de la doctrina: asi en los ratos de ocio aquel se em- 
pleaba en la lucha y en la caza; y este en oir á los 
sabios, y formarse para serlo* Mas entre tantos títu- 
los para la gloria como concurrieron en ambos , nin- 
Sino reputan los' hombres de juicio por tan admira- 
e como el que en medio de tantos combates, de 
tantas expediciones y de tantos negocios de repúbli«- 
ca, su amistad desde el principio hasta el fiu se hu- 



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He^ conterrado rstempre sin dsuM>n y sia ^uiebrti 
Porqpe jsi SQ fija U vista en el gohiefao de, Arístides 
y Temistodes 9 de Cimon y !E|ericle$, de Nicias y 
^ldbia4e»9 <fi^ siempre- adolecía de jenembudesy 
disfíprdiBS y zela9.de iioo$ con otros; y se atiende 
despaes.al amor y respeto eon que miso Pel^ápidas 
á JSpamiaooda^yVCOQrasoGí y justicia se tendrá a es^ 
tos por verdaderos, colegas en el ¡gobierno y en la 
miliqiil, en coSoipaf^on 4e aqueltos «pietoda lavl*- 
da ^dtendierpn.mfts.entci.sí que coa los enemigos; 
y U canoa cierta: de es^a Qliion fue la virtud , por la 
cual no buscaban con sus hechos aplausos 6 rique- 
s^i^.cosasá lasquepc^ natúraleza:e;s inherente una 
porfiada y rencUl0sa envidifi; sino que amándose re- 
cipt d^afiEiente desde el ^ncipto con »a amor sagra* 
ilp9. dirigían de, com^, acuerdo sus: conatos y sus 
triunfos al placer, 4e, ver á su patria elevada por am- 
bp6Í:4a mayor grandeza y; esplendor. Aunque alói* 
posropiítan qiie edta amistad tan intima tuvo prin-^ 
cipiQ j^d la expedíaion d^.Mantiñeft , en la que mili«- 
taron goA los. tacedemoflios que .todavía *les eran 
amigos y aliados., con motivo de haber, la. ciudad de 
Tebas enviádoles socq»pos. Porque .colocados juntos 
fil^eja infantería ^ y p^leahdo coni¡ra los Arcades, 
jCU^.dQ dQ el ala 4^re»)ade los lAcedemonios que^ 
íes estaba opuesta , y se desbandó la may'or^ parte, 
fórmanifc ellps' gaíáfSago., hicieron r&ente.i cuantos 
Jos embistieron. Al cabo de poco P^lopidas , jque ha«- 
l>ia recibida cara á cara siete heridas « vinoá cao: 
entre multitud de cadáveres de amigos yenemigos; 
y entonces Epaminondas > no obstaíite t^n^le por 
muQTto, para pr.otégftí surpersona' y- sos armas si«^ 
guió la pelea y el rie^.,'.^lo contra muchos, te- . 
viendo, por mejor .moni? .en la demanda que* abando*- 
nar á Pelópidas caído : hasta que , hallándose ya ¿1 
mismo en el peor estado^ hetido de una lanzada en 
el pecho, y de una estocada en un brazo, vino en 



TOMO 11. 



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194 nzénbA:^ 

so auxilia de la otra ala Ageslpofis , rey de oíos Ei* 
parciatás, 7 contra tdda esperanáa los recobró i 
entrambos* 

Dealli i algon tiánpo aonqae los Esparciatas 
todavía afectaban ser amigos y aliados de ic» Teba- 
nos y etv'la realidad miraran ya; con cefio sa ultives 
y su poder; y sobre t^do: no «ftaban bien con- el 
partido de Ismenias y Aiid;r¿clid^, al ^ne pertene^ 
cia FehSpidas, por parecarles demasiado liberal y de^ 
roocrático. En esta situación At^oias, Leontidas y 
f ilipo, oUgárquistas y ricos» que aspiraban á mant- 
ear , pe«suadIerofi al Esparciata ^ebkfas quecayen^ 
do repentinamente con su-ejé'ri^t^^ apodéfáfa dd 
dcáiar CadmeOf y arrojando de lá ciuaad á los'^^^ 
«e opasienm , arregkim ún gobierno dé pocos ^ al ü&o^ 
do del d& los Laoedemonloa , y dispendlente deiil« £ti^ 
tr6 aquel en e( plan, y^érfmndiendoi los TebcH 
eos, bien agetios de tai intento y «sii^tral aelAld^ 
ban las Tesmofótias k^ se hiíO^dueílEo de la cindadela; 
Eq cuanto 4 isBiMias, hiciáronle preso, y llevada i 
Esparta, á poco' tiempo tequitáfOn lávida: Pelo-^ 
pidas, Feraníco y Andr6clídes huyeron y fiíerot) pr6^ 
<;riros ; mas Epaminondas {M^rtuanecio tranqul lo y 
olvidado en el pdis, ten¡én<K)Ie.potr poco inquieto i 
causa deso filosofiá, y por de 'ningún poder á causa 
de su pobrtaa, : ^ 

Los Lacedemonios blen'prltraroii á Fe^di^ del 
•mando^ y le multaron enríen mil dracmas;^ro ño 
por eso defason de conservar ^ «u* poder la ciuda^ 
pela: detei^niílift^oion de cuya incó^ecuencia se ad^ 
mi;raron todoe Ic^ Griegos j pue^que casHg&ban al 
autor y confirmaban lo mal hecho. En tanto á lób 
Tebanos, que habian perdido isu propio go¡bietii<>, 
quedando esclavizados á'AiiquiaK y Leontidas, ni 

I Fiestas de Atenas en honor de Ceres su kgísladoraj 
adoptadas. por otros pueblos. 



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siqtikra les eni dado esperar algon término de* ana 
tiranía que habia sido introducida por la fuerjsa mi* 
Ihar de los Esparciatas , y no podia desatarse sí no 
había quien -arrancase á estos so . superioridad ¿ im-i> 

Eerio por mar y ^or tierra; y sin embargo , sabedor 
eontídas de qae los desterrados se bailaban en Ate^ 
nas amados de la muchedumbre , y honrados de los 
¿ombres virtuosos y veetos, trató de armarles eaocm*» 
didas asechartaas , para lo cual se valió de unos honw 
bres desconocidos , que con engaños dieron mneYte 
á AndrócIideS'y librándose de sus. manos los dethas* 
£nviáronse también cartas por los Lacedemonios á 
los Atenienses^ en qae kes ordenaban que no rcacv» 
biesen ni anxflkseü en sq& intentos á los desterradoa, 
sino que tos hiciesen salir como pre^nados por eae^- 
migos püblicos de toda la federación. Mas los Ate- 
nienses, en quienes parece ingénito el ser humanos^ 
correspondiendo á' los de Tebat^ que- fueron la prih«- 
cípal causa de que volviesen á sa patria , y qoejd¡¿- 
rón jun décféio |íara ijue si algoa Ateniense llevase 
arm^s contra los tiranos por la Beooia^ núigda :oa<^ 
iural de ella hiciese demostración de que lo veia 6 
lo entendía; ni en lo mas minimp ofendieron i los 
Tebanos. /- - 

pelópidffg, aunque todavía muy Joven , foe de 
uno en uno alentando á los desterrados; y aun en 
común les manifestó en nn discurso, que no era ju»- 
to ni puesto* en ntzoñ dejar á la patria efa esclavitud 
y €on guarnición extrangera, y no pensar ellos en 
otra cosa que en vivir y conservarse pendientes de 
ios decretos de los Atenienses, y haciendo obsequio» 
á.los' que eran diestros en el decir, y manejaban á 
ía muchedumbre segn'n su arbitrio; sino que debian 
arriscarse á las mayores empresas, proponiéndose 
por ejemplo ia virtud y rcsototíon de Trasíbulo: 
para que asi oomoeste^ partiendo de Tebas, destfu-' 
yó m Atenas á los tiranos,, de la misiva manera 

N 2 



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Z96 niéPlDAO. 

ellos, volviendo desde Atenas restituyesen á Tebás 
la Kbértad. Persuadióles con estas razones , é inmedia- 
tamente enviaron á Tebas con la conveniente reser* 
ya aoien manifestara i ios amigos que alli liabian 
queaado , lo que tenían resuelto. Convinieron estos 
•n ello ; y Carón , sin embargo de ser muy principal, 
se prestó á ofrecer su casa, y Filidas vio modo de 
hacerse secretario de Arquias y Filipo que eran Po- 
lemarcos. Epaminondas ya muy de antemano tenia 
inéamados i los jóvenes , porque en los gimnasios 
les hacia que asiesen de los Lacedemonios y luchasen 
con ellos ; y luego viéndolos muy ufanos de que los 
veocian y qnedaban encima , les hada cargo de que 
era una vergüenza que por cobardía estuvieran sojeH> 
tos ^ aquellos á quienes tanto aventajaban en esfuerzo. 
Señalóse dia para la empresa, y convinieron los 
desterrados en que Ferénico, tomando bajo sus ór*^ 
■denes á la mayor parte , aguardaría en la aldea de 
Triasio, y. unos cuantos de los mas jóvenes toma* 
rian sobre sí el peligro de adelantarse á la ciudad, 
bajo el concierto de que si estos diesen en manos de 
los enemigos, los restantes se encargarían de que ni 
sus hijos ni sus padres carecieten de lo necesario. 
Suscribióse el primero para este hecho Pelópidas, y 
en pos de él Melón, Damócltdes y Teopompo , to- 
dos de las principales casas , y para lo demás unidos 
en fiel amistad entre si ; pero en cuanto á gloria y 
Valor acérrimos competidores. Eran entre todos nnos 
doce, y saludando á los ^ue se quedaban, lo pri-- 
«ñero que hideron fue enviar un mensagero á Garon^ 
siguiendo después ellos con ropage dorto, y llevan* 
do perros y bastón de caza , para que aun cuando 
alguno los encontrase en el camino no cayera en 
sospecha , y antes se creyera que ocupados en bien 
diferente cosa, dicurrian por el campo cazando. 
Cuando el mensagero enviado á Carón se avistó coa 
él le dijo que ya estaban en óumao; este sinembar-* 



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mÓFIDAS» 197 

go de ver tan cerca el trance» en nada mtid($ de pro« 
pósito, sino que como hombre de probidad ofrecid 
ael mismo modo su casa. Uno llamado Hipostenidas, 
que no era de mal proceder , y antes bien amaba á ím 
patria, y estaba en: buena correspondencia con los 
desterrados; mas á quien faltaba aquella resolacioQ 
que la oportunidad y la proyectada hazaña requ»- 
rian , como que desmayó al ver el tamafto de la c6d* 
tienda en que se habían metido > sin que cupiese en 
iu imaginación c6mo pRKÜan agitar en sus ánimos el 
pensamiento de trastornar en cierta manera el impe* 
rio de los Laoedemonios, y destruir el poder que 
alli tenían y fiados únicamente en esperanzas inciertas 
y propias de hombres desterrados. Por tanto , reti* 
rándose á su casa sin decir palabra, envió uno desús 
amigos á Mek>n y Pelopidas , advirtiéndoles que lo 
dilataran por entonces , esperando mejor ocasión , y 
que otra vez se solvieran á Atenas. Llamábase Ch-* 
4o0 este de quien se valió, el cual se dirigió con to« 
da.diligenciá á su casa, y sacando el caballo anda» 
ba. buscando el freno. No saUa qué hacerse lamo* 

Sr , porque no le tenia en casa ; mas- al fin dijo , que 
habia dado á uno de sus conocidos ; por lo que 
primero eá)pezaron á altercar, y después pasaron á 
laa jnalas paLdbras ; tanto que la muger llego á echarle 
maldiciones sobre el viage á ¿1 y á los que le.envía-»* 
lian : viniendo i- parar en que Clidon perdió gran 
parte >del diá con. esta riña, y adrando mal adeudas 
con- motivo de k> sucedido , dejo eqteramente el via* 
ge, y. se puso á hacer otra cosa. ¡ En tan poco estuvo 
el qqe las mas grandes y excelentes hazañas se hu-^ 
biesen desgraciado en su principio, malográndose la 
oportunidad! . • 

> Pelopidas y los que con. él veoian se disfrazaron 
■luego con ropos de labradores , y separados unos de 
Qtfos, entraroft.unos por una parte y otros por otra 
CU la ciudad ^ aleado aun de dia. Nevaba ademas coa 



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198 9BC6m>'Jé% 

Tcntlsca, habiendo empezado á etfipeonfscel tiempo, 
con lo que fue mas ocalta sú tetuda, kibiéadose re* 
tirado casi todos á mi casa por el firioi. Los qae esta- 
ban encargados de atender a lo ^e ' se tenia tratado 
enidaron de bascar i los recien llegado^^ y condn-» 
cirios á casa de Carón» Con los; desterrados &m es^ 
tosr^al todo caarenca y*ocho. Vamos ahora á lo qua 
pasaba con los^ifanos. Filidas él secro^rio concor-*' 
ría , como hemos dicho , á la ejecúcioa «k todo , e$* 
lando de acuerdo con los d<^enrado$ ; y. para aquel 
diar habia' dispuesto de antemano para ib'quias y los 
suyos una reunión con merienda y concurso de mu-- 
geres, preparándolos aii á que reíaiadoscon los pla« 
eeres y bien l)d3Ídos fueran mas fácil presa de los 
que contra ellos venias. Cuando ya nobles faltaba 
mudio.p^ra estar beodos, les vmojona denuncia 
contra los desterrados , no falsa en verdad» pero da- 
dosa y'singran certeea de que ' estaban ocultosven 
la ciudad. Procuró Filidas desvanecer el aviso; más 
con todo envió Arquias á uno de 'los ministros á ca-*> 
sa de Carón con orden de que comj^ecieni alli al 
punto. Era entrada ia noche, y Pelópidas y demás 
confederados estaban adentro disponiéndose pueistas 
ya las armaduras y.tomadaslai espadas. Llamóse' de 
rqtonte á la puerta; y corriendo uno de los de casa 
le enteró el' ministro de que Carón era Itamado-de 
parte de los ^PóIema»ros , lo q^e^nuabid á los dé 
adentro con sobresalí to. Todos jcondbiépon que d 
tiebocioestabadescubierto, y que iban. á perecer sia 
jiabef he<:ho^nada dl^no de los hombres virtiwsci^ 
Con todo tuvieron por conveniente '(^uei Carón db^L 
Jeciese, y quitara toda sospetfhaá los magistrados; 
y ¿1, aunque era de suyo varonil y firme len:»^ 
riesgds, entonces se quedó confuso^ y apesadumbra- 
do, iío se lévaíK3:se contra él alguna scspechñ de ttalL 
cíon^ pereciendo á un tiempoí^tantofs'y tan ilustres 
"Ciudadanos^ Mas teniendo al fin que partir, tomo em 



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U ké>immt^ Im mugeres á su hi^o, que todavís 
cr% iQuy ;aveocit0 ^. )r 'W la-belloaa y irobustea^ sobren 
«alta entfe^ lo$ de jsu ^dftd ^ y k entregd á Pciófñdas^ 
panuque si llegasen i entender de £. algua. engaño 
ó trai(:io0,Je trataban como á enemigo^ sia oonmis&« 
ración alguna. A michos de ellos se. tes caderón las 
lágcimts con semejante escena y semeiaote t esoludon^ 
y todos, ^e mostraron ofendidos de que se- cceyera 
qae.fK^idit Itaber entre ellos alguno tan tímido q tan 

Enmrba^ con aquellos acontecimientos que concia 
tx^ la menor sospecha » ó produjese la mas leve qu&t 
ja 9 rogándole que no pusiera entre ellos al hijo, y 
intes lo reservase de lo que. oodia ocurrir para que 
efi ü ereciera el vengador de I4 ciudad y de susami'^ 
gos ti calvándose y sustrayéod]6>se al rigor de los ti-^ 
ranos..jMas Caroo&o condescendió en qué su hlío se 
Iibert»e ^ dieiendo que no podía haber para él vida 
saíod mas gloriosa qte morir libre deafreota coi| 
10 padre y con tales «amigos» Haciendo púés plega-* 
ruis á Jos, Dioses^ .y abrazando y ^afori^odo á tó-^ 
dcs>> majciobó con el eoidadode^pompouer el |emblan« 
te. y él tono de lá voiz ,. de mnera que no apareciese 
indicio de loque pensaba «ejcbutar. . > 
% Libido que buho «áli puerta, le- sftlieroa al en-^ 
ci^ntró Arquias.y FiHpo., dici^ndple áquelí he oido^ 
áC^£®Q;,i}ue han v«niqo algunos que enan ocultos 
en la ciudad , . y -^ue json [auxiliados por algunos de 
fes -lebidadaeos^iFufbáse-: Carón al t)rinc¡pio;.jnas 
pr^ai;^«ído ¿quiéo^ éraa .los que babian:. venidp> 
y .cpiiéoes- los que * J:<^ Wftian ocultos I Como . viese 
que Atqmasno K^spoódi^'Cosa cierta, «omprendienjf 
4^ que U deamicla 0€í%¿>ift sido hecha polr ajp^no 
de I06 quéiest{y!>aé^feliSqGbetD» mirad, iesd1j09.no 
sea qac*íilgutt ruteíK-taacnos canse, sobresalta: coa 
todo yoi iaqulrif á; pQfi(|ue;ett^sta materia nada de*» 
be d^spretíarse/Sa<i^s^í*í^ue(tambien se haitaha pre^r 
sentejiledficSaquflBteaif «afam; y coaesatose llevó 



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too rai^iDAs. 

á At(pivgSj y pricüTÓ ^iie se desmandara mas en li 
bdñda y haciéndosete mas regocijada con la$ esperan* 
zas que ie daba de qué yendriao'las mugeres* Luego 
que Carón yolvi6 á casa, y que los- halló premhidosi 
no como hombres qoe esperasen una- victoria 6 sa pro-» 
piá saluda 9ÍAO como resueltos á morir gloriosamenftf 
y con gran mortandad de sus enemigos, lo que ha-* 
bia de cierto en el negocio no lo descubrid sino á 
Pelopidas; á lo& demás les ocultó k verdad , dicienw 
dó que Arquias. le había hablado de otros asuntos; 
Mas ^nas se habia disipado esta tempestad ," la fer« 
tuna sustituyó inmediatameute otra; poirque víap 
ono de Atenas de parte de Arquias el Hierofantá á 
Arquias sa tocayo, que era tamben su huésped y 
su amigo ^ trayéidole una carta en la que yia tío se 
daba noticia vana ó fraguada, sino que se referian 
exactamente todas las cosas concerttádás, segmi des- 
pués se supo. Llecóse pues«á Arquias , que ya eméya 
beodo , el portador de la carta, yí al entregársela le 
dijo : etique me la dio me encargó mucho que se ie^.' 
yera al punto , porque trata de un negocio suma-' 
mente-urgente; á lo que soQri^ndose contestó Ar- 
quias , pues los negocios ui^entes para mañana :' y 
tomando la carta la puso debajo de h almohada', y 
continuó con Fiitdas la conversacUm que traiam La 
respuesta aquella , puesta en forma de proverbio , du^ 
ra todavía como tal entre los-Osi^os. - . » > 
Pat^ciéndoleé pues'|qiíe^se Je«t££)a en-l^* ocaaioá 
oportuna de la. empr^, setieeidieron á dito^ refiar- 
tiéndese dé fcste modo^iPdopitias y Oamóclidasj^^ 
contra Leontidas ¿ Hipie^^'^que'rvfeidn onñ^i^uno d^ 
otro ; y Oixoú^yMÚówéattaw AmEtm^ y Filipo,^ 
ajustándose poc disfraz .t^opsissiii^gañiW sobre las co^ 
razas , y * poniéndose coronaaoje ornato y pino qu^ les 
oscurecían elrostro« Paiárotfse^álki puerta del ban- 
quete, é^ hicieron ruido 3fibuUa';;bob lo que se podd^ 
creer serian laemuge^inirias.qáiPtm^habia^^^ 



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dftbstti* Mas como hiego hubiesen recorrido con I« 
vista ciiidadosaiaente todo el banquete > haciéndose 
car^ con atención de cada uno ele loscdovidadoSf 
y hubiesen echado mano á las espadas, arrojándose 
por entré las mesas i Arquias y Filipo, se ví6 en- 
tonces á Jas daros quiénes eran. A algnnos de los 
coocimentes pudo contenerlos Filidasi dicféndolés 
qize se esüQviesen quedos: los demás se levantaron pa<* 
ra: defender á ios Bolemarcos ; pero en el estado de 
embriaguez en que- se hallaban fue fácil acabar- con 
ellos* Mas arduo fue el desempeño para Pd<$pidas, y 
los qne le Mguleron; porque también las hubieron de 
haber con Leontinas hombre cuerdo y muy denoda-» 
do. Hallaron ademas cerrada la puerta , porque ya 
se habia recogido; y habiendo ñamado hurgo rato» 
nadie les respondía^ Sintiólos ya tarde un esclavo^ 
que salió de adentro, y descorrió el oerrojo, y en el 
momentO' mismo de nuioverse y ceder hs puertas, se 
arrojaron de tropel, y pasando por encima del es^ 
clavo corrieron al^darmhdrio. Leóntidas por el rui*' 
do. y el modo de correr conjeturó kr que era , y le« 
vantindose tomó b espada; mas no le ocotríó apa-* 
gar las Inoes^, con loque e¿ las tinieblas se habrían 
batido- naos con otros: así estando tbdo. iluminado 
fiíe de ellos vistor Adelántase hacia la jpnerta xiel dor-^ 
mítorb , y á Quefisodóro , que fue a* entrar el pri-. 
mero, lo deja eneisirio^. Caido este traba pelea coa 
el ^uado, que era-Felópidas: siendo estaembara^ 
2osa por k angóstuira<ie la jnierta y por el cadáver 
de Quefisodóro,' que también estprvabá, vence- at 
fin Pelópldas;. y habiendo dado aientai 4e;Leonti«. 
das , marcha corriendo con los suyos en buscacde Hi-^ 
pates. Trataron dé introducirse del mismo 'modo en 
su casa; pero lo sintió, y .dio al punto á correr hári 
cia las casas vecinas: siguiéronle sin xlétencio¿.,-yí 
alcanzándole, también le dieroamaertel * * ; 
Hechas estas cosas , y Ixennidos^^ooli Molonl y súA' 



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asociados; etmaroa al Ática i Uámtf tqHeUbs-déi^ 
terrados qce.alH quedaron'; y ea.ta ciudad excstabaa 
i la libectadá. los. habí tasifis^ armasKio á los que en-» 
contradi para lo que quit^has: de los pórticos las 
armas traídas eii triunfo y y se imstian por los obra- 
dores de Ins lanceros y espaderos que par allí Imbia* 
Vinieron asimismo con armas en su auxilio Eptaai-* 
sondas yOolquidasy que.liahíánryaMuniifeno po^ 
eos ^avenes ^ y de los aacÍ8nos'/los.de. mayqir.feputa-T 
cion. Ya to& la ciudad escab»- conmovida, f era 
gr^de el alboroto; seTeiaalücesién todas^las casas, 
y se coi^ria deUnas á otcas;-;sin ;embárg6 todaría h 
mudiedumbre so hacia pie, siibo.qúe estaban atur- 
didos 000: los'sucesps, y aq sabiendo nadaide posi^ 
tivo, aguardaban A dta« -Dé aqi4 nació el hacerse 
cargo á los LácedemonioiB: que^. tenían alli el mando^ 
de^,no haberse adelantado ácoipbatirlos, siendo .asi 
que la guarnicionera da mil. y ijuinientos.,' y que 
muchos se les pasaban ; pearo oopliemdos <2on el mie^ 
do que causaban 9I ruido , las. fucos;, y ia nauch^dam*^ 
bre que rodaba por todts partes, «e estuvieron qae^ 
dos., cooteotándose con gaixd^^ alcázar^ Al.iayar 
el día sóhreviáieroo. los éesisriAdbsrreo estado- .tiam- 
bien de péleá, y el pueble concusrio en incDensoim-* 
mero ¿ la joflta {tíiblicsL .^Intriidújároa en esta £pa<- 
minondas, yt/Gocquidas^á^.iyjápid^s y los suyos, 
rodeados de. los: Sacerdote^ ^ qéeldbpresentlaban ooro«^ 
ñas , y «xWtabaft a los> ciudadanas ¿venic-ea auxi-^ 
lia de. la fkatria y derlo^ Dlosbs^ La. junta lk>da;ár.e»^ 
te espectáoddwse'puso.alf^unta.en pie con algfizatá» 
y regocijo ^ refábiáidolds como &iu9 tpteláres. y li«^. 

oiartadoíes*' ' . . ; - . .• •.: ,:,,, vriu: .'• • ^ . . 

: Fuei desde luego Pelópidas. elegido Beotarca jwx^ 
tameníe: con. Melón y CaiK)n,.ylo.primerff:q;ue hizo, 
fue. circunvalar la ciudadel^, y empe/ar. ár-coniba* 
tfrla por todas ;:pactes;, dindoae priesa á arro^r de 
ella á los Láüedemonios: y/dejar la Hbre, anuesj^e de 



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Es^ili fnditfin reñir tropas^ "SxL lo ^tffe seadclan-^ 
tó tsm -í punta j^ dejándolos salit.en virtod de cápi-p 
tüiacioñ , queaHIe^r áJMegará los alcanzó yadeom- 
broto .^ que yenia sobre Tebas coa grandesfueraas. Los 
EspaDciatas^ de tres qQeeran los prefi^rtos que hdna 
en Tebás^.á Herípidas y ¿ Orsipo les hicieron caQ^ 
sa, y lQ9jn>ndenarQn amierte; y al teroecó^ qtit 
era Óusaoondas , xomo' lo mi^lt^en en uña ccectda 
suma, él miúiifli se dastetró del Peloponesb. Tan bri^ 
liante empresa , que en el valor de los que • la ejeco^ 
taroui y.eQ;él buen suceso con que la coronó la.for* 
tuna, y se :díd la mano con la de TrasíbuIo> fae de 
hermana de esta calificada entre los Griegos , poesno 
es fádl designar otros . que sojiKsgando con soú la osa^ 
día' y afcojo los pocos á ios mndMM, y bs desvalió 
dos á los;poderosos I hubiesen sido cansa para su re»* . 
pecti^a patria de mayores bienes-: auaqiie á::csta.ie 
concilio mayorrgbria ei extraordinario cambio^iqiie 
produ)o en los^megocios de latGréóia : pepr enanco It 
guerra que acabo con ta grandeza de Esparta ^ y 'á 
los Ladédemónids los privé de. su superioridad y^áo^ 
miniapór:mar y por tierta> pnéde decirse que «avá 
principio en -aque^ah^he y eú:que Pelópidas/no 
con tomar nna^ibctalez^^'uná pl39Ea;ó sna cindadela^ 
sino solo con sep uno dé.'tos-.do^ ^e .vohríeron , de^ 
ato y cortó y «i nos es pí^fmitido usar desuna nktá- 
fora f . los Jasos de k dominación Lacedtmmtia y te«i 
nidoslpor.indisobWésé'ináéstnictihles. : ' - '• •- 
Vinieron con esta ocasión; los Xacsdemonios con 
grandes ibetzas contra la Sabaia, é intimidados- Jofe 
Aicra'íiisesdBsauciaron dé 'todo auxilio á: lok Tieba^ 
•úosj j Á.has xffezbeaíizal7atty{iesto e$j: s^ mostrad 
ban siiS' partidarios) /del jltáiisfedos^al tribabal , a unos 
los ccmcjenaron á miaerte^ áo^rósilosatesterraroiav yá 
otros iesjmpüsieron crecidas mábias, parecíeñdo.q'üa 
las cosas . de W Tebanos ibap analamente^ * t» 4líP 
bieodo nadie qiie les diese socorro. Pnes-como Quitó 



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S04 ntonbxt: 

ftsí {Msase^ Pelopidas y Gorquidaí , tfoéobtíét enl 
Ut sazón Beotarca, armaron una zelada, y para in- 
disponer de nnevo 4 tos Atenienses con los Lacede* 
montos, recurrieron á este artificio. Ei Esparciata £s« 
fodrias» hombre apreciabie:y de reputacton en las 
cosas de la guerra, pero casquivano y henchido de 
ambición y de necias en>eranzas » había quedado con 
algunas fuerzas en Teipias para recibir y psoteger á 
los que se hablan rebelado á bs Tebanos» Hizo poes 
Pelopidas que con reserva «e dirigiese á él un mor* 
cader amigo suyo, al que proveyó de dineros y con- 
cq'os, aunque cm estos fue con losqueprincipal- 
mente lo persuadió i para «que le hiciese entender que 
debía emprender <:osa& grandes, y tomar el Fireo, 
cayendo de improviso sooie los Atenienses que esta- 
. ban descuidados en.su guarda :. pues nada podía ser 
mas .-grato á los Laoedemonios oue ocupar á Atenas; 

J^'mas.qiK los Tebanoa que estaban mal con ellos, y 
os tenían por traidoi^s^ efe nincun modo los auxi- 
liarianu Por fin Esfbdrias se dejo vencer; y tomando 
sus tropas, se metió de noche por el Ática , llegando 
bastíi Éleusis. AÜi les ¡spidados empezaron i rezelar, 
y hubo' de descubrirse ; chn> lo que, y cchi llegar i 
prever que suscitafaaá; lias::Espatciatás.una gu^rape- 
l^rosa.y dificil, se lotbdbtra vez á Tespias. 

Con este, motivo los' Atenienses' volvieron con 
nuevo ardor á su alianza con. los Tebanoa;, sáli^endo 
al mar, y recotriendovlós pueblos.de la Grecia con 
ü^n desamparar álds; que- daban .muestran de de- 
fección* Con esto los Tebanos habiéndolas i solas 
ceñios Lacedemonios , y rinéndo cimibates , no gran- 
des en -sí y pero que. eran, causa de. gran atención y 
ejexcicloj iban elevanda sus ánimos y endureciencio 
sus .cuerpos^ adquiriendo juntamente esperiencia y 
aUento\Qon la conrlnuacldo de aquellas Hdes. Por 
esto m fama que el Esparciata. Antaleidas dijo á Age* 
silaO'en ocftsioá de.retifarse herido, ¡mira qué pre^ 



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mio te dan los Tebaaos por haberlos enteSido.á lU 
díar y pelear contra su voluntad ! Y sa maestro en 
verdad no era Agesilao:» sino los . que oportunamente 
y con mucha cuenta lanzaban á los Tebanóacomo 
unos cachorros contra los enemigos ,. para acostun** 
brarlos y hacerles gastar y tener placer con victo-* 
rías no muy arriesgadas; de/ lo que Pelopidas se Ik^ 
vó la principal gloria: pues desde la vez primmque 
lo eligieron General todos los anos le conferían el 
mando supremo , y ó bien como caudillo de la cobor* 
te sagrada , ó bien como Beotarcaf » presidió siempre á 
los negocio^ hasta su muerte. Asi en Platea y en Te»;* 
pías sufrieron por él los Lacedemonios sus derrotas 
y sus retiradas, en una de las que falleció Febidas, 
aquel que se apoderó de la cindadela Cadmea; y en 
Tanagrai habiendo hecho huir áimucbos^ dio muer-* 
te al prefecto PantoideS: qombates que « bien á los 
vencedores les inspiraban aliento y osadía , todavía 
no al9an2aban á deprimir el, ánimo de los vencidos* 
Porque no hubo una batalla campal ni un oombate 
ordenado y de cierto aparato^ sino que con hacct 
correrías ; retiradas y alcances á tiempo , en esta cas- 
ta de lides fue en las que salieron vencedores. 

Ma&>el combate de Tegira fue ya como ensayo 
de la batalla de Leuctras, y contribuyó mucho para 
la gloria de Pelopidas, üq dejando en' cuanto á la 
victoria duda entre él y los dcinas Qefes» ni pretex- 
to alguno á los enemisos en cuanto al ivencinúento* 
Hacia tiempo que estaba en dbservaeion de la ciudad 
de los Orcomenios , qu$ había abrazado el pactida de 
los Esparciatas, y había admitido dos batallones do 
estos por seguridad ; y no agi^afdaba mas que la óca- 
sion. Habiendo pues oído que aquella guarnición ha- 
cia una expedición á laLpcrida, con laesperanaa de 
tom,ar á Orcomeno desmantelada, marcl^. allá, lle- 
vando consigo la cohorte sagrada y algunos caballos. 
Cuando ya estaba pafa. llegar á la ci^ad» se halld 



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2ó6 ntéPtDAS. 

Mn/qné habla lleudo de Esparta ef rele^ de lá goar- 
nkion, yhúbo de retroceder con su tropa nüeva- 
mefste porTegira, qae eta por donde'iííiicafiíenteha- 
kb caainoy rodeando; la falda del mó&te: pues todo 
el demás terreno^st mediaba lo baciaf intt^ansitable 
el rio Melás ^ q^ie imaedíaiaitiente y en su mi^mo ori- 
gen se reparte en balsa» y lagos navegabies. Poca mas 
abafo de esips lagos hay na limpio dé Apdio, Tegí- 
teo, y un oráculo de pocoacial^nd^fiado^ peto que 
estuvo en gran crédito: bdsta lá guerra ^e lo» Medos, 
siendo £quecrates el qvd ddba< las respuestas. L^ íí^ 
bula dice que alli fué donde el Dios nació, y. lo que 
es el monte que está' alli cerca, se Ibima Délos, y 
junto á él terminan ial divisiones del rio Mélas. A 
la espalda del templo naoeft'dos fuentes de aguas ad- 
micaUes por su áeundánda') su dulzura y -su frlal- 
dstíi^ de las cuates á lauiía la llaman Palma y y i 
la otra: O&tii? hasta el dia de hoy: dedüciihdoe^ que 
la Diosa tuvo tu parto, no entre dos árboles» sino 
entré dos arroyos. También está cerca el P^toon , don- 
desdicen que se asustó por haberse apareeido de re- 
pente el macho de cabrío; y por lo que hace á la 
serpiente Piion y á Ticio, tapbien los lugares con- 
cunen á* af e^iguar el nacimiento del DIOs ; sino^ que 
dejamos ya á parte^üsdos Ibs^ demás indicios ^ por 
cuaftto^^ias relaciones del país ño colocan i este Dios 
entre los héroes, que de mortales por muddnaa hu- 
Iñesen pasado á ser iítmorfóles, como Héreutes y Sa- 
co, que conestaespecie dé cambio perdieron por su 
virtud lo'»iortal y pasivo^ síl^ó que es tíno de los 
sérntátemos y no nacidos^: si por lo qué^ han referi- 
do íofi mas sansatos y mas<^)íni{guos, bemo¿ d^ for- 
mar «tgttñ jttitio sobre e^tas^osas. 

Ai llegát pues los Tebánbs á Tegifá volviendo de 
la Orcoiftenía, al mismo tiempo sobreviíiieron los 
Lacedemonios por la parte opuesta , por haber par- 
tido-de lalk>crida. Apopas les dieron vista los que 



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raLépiDAf. 207 

cm|>et:&ban i pasar br gargantas , eanxiáo eofriendc^ 
«ino hacía Pelóplda» te dijo 9 hemos dado en los ene^ 
migoí; y replicando ^l: {pues por qwé do estos ecr • 
nosotros? mandó á la caballería que pasara de la re-^ 
tagoárdia como para adelantarse i embestir; y for*-' 
mo muy apiñados: álos infantes ^ qné eran^^pocos»* 
con la esjieranza de cottaír mejor por ^nde aoomé^ 
tiesen i los enemigos, q ne le excedían en námero; 
£rsni los Lacedemóníos dos de sus moras 6 bá'talld^ 
nes; y Eforo dice que cada mora era de ^itiiento^ 
l«oflnLbres, Calisteneis de^ setecientos ^Jr otros de no--; 
vecientos , entre ellos PoHblo. Los" Comandantes dé 
los^'^^fj^rciatas G'drgofemí y Teopompo marcharon 
con giran confianza contra los Tebanos; V trabadíl 
ptincipábnente la refriega entre los caudillos^» eos 
gran cákía y vivienda de tina y otra parte y muy 
luego n^fiefon Io« Comandantes d¿ bs JLacdlemo-: 
nfdS) baftitf ndos^ con Pelopidas; y heridos y ifiuer-' 
tos d€%|>tl^$ los qtze estaban junto á ellos, cayl5 grail 
üHeéo ^oblfé toda la tropa; y Pelópidas la partió en 
fiot tro^s, icoMD si qttbiese que I0& Tebanos fuesen 
ti'dJdtóte y pasasen por allij mas coaiffdo eistüvieroit 
Isnini^té t^ ineí.t<i contra los enemigos, qué se es- 
taban parados, y los acosó con gt&n tíiórtanjad; dé 
manera que luego ditiron todos a huir en desorden. 
No se les persiguió <íon tod:o por hlrgo tiempo , á 
cidsá''iáei|fle k>s TebdAois temian á los Orcoitienios; 

3^eítíA>«l feerca, y también al relevo de los lace- 
Üffloniefe. Mas lo cierta fue que vencieron de- poder 
ii p^cs^déf; y qué por fberza se abrieron paso por en 
lAtdlo dé^todaía tropisi vifcníeida. Erigieron pues un 
«róféb, y- despojando i los muertos,' 'fce^ retiraron i 
^íksa' muy ufónos ; pues^ 1 lo que parece éfi't aptas guer- 
ras sostenidas entre Griegos y con los bárbaros nun- 
ca antes los Lacedemonios,. siendo mas^eo numero, 
fiíeron vencidos por loíqiíe.éraa menc^ ,ijíííeun cuanr 
do en batalla se hablan batido con ígjuales^^ fuerzas. 



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2o8 ratántDAs* 

A$i htst9 edtonces fue intolerable su álteoérís, y 
con su gloria acobardaban í sus contrarios ^ de modo 

Si ellos misólos no se creian capaces de competir con 
Esparciatas coa iguales fiieczas , y rehusaban venir 
con ellos á ks'ooanos. Pero estt batalla foe la primera 
que ense&<5 á los demás Griegos que no era el :Eu-f 
iotas 9 ni el sitio entre Batuca y Cnacion^ ^ el que 

Eroducia hombtes valieptes y,guefrerosi sino que sí 
>$ jóvenes se avergüenzan de- ló indecoroso-» tiejaea 
resolución p^a Jo bueno , y huyen mas ^ la. re- 

Írension qué de. los riesgos» estos donde quiera se 
UCen temibles, á sus enelnigos. 
La cohorte sagrada se dice haber sido Gorguidas el 
primero que la fot mó áú tr^^ientos hombres escogió 
dos, á los qne. la ciudad les daba cuartel y ilación 'en 
la c¡u4adela , por lo que.sellamaba asimismoia cohpr- 
té cívica; pues á lo que parece los de aquel tiempo 
dabaui también el nombre de ciudades á los alcáza- 
res. Algunos son de opinión quQ este cuerpo se com- 
puso de amadores y de amados , conservándose en 
memoria pierto chiste de.Pamenes: porque deci» que 
el Néstor de Homero no se había acreditado de tác- 
tico cuando ordenó que los Griegos formasen por 
tribus- y por curias ' . ' 

A su Cidria s0 agregue cada curia I 
Y con su tribu se una cada tribu » 
pues lo que se debia mandar era que el amante to- 
mase formación junto al amado : porqué en los ries- 
gos los de la misma curia ó tribu no hac^n mocha 
cuenta unos de otros ; cuando la unión esr^ablecida 

Eor las relaciones de amor es indisoluble ¿ indivisi- 
le, pues temiendo la afrenta los amantes por los 
smadosy y estos por aquellos» aá perseveran en lo$ 

I Sahwaexi el puente- sobre el, Eurotasy y Vnactan 
un riachtialcí^l poniente de la ciudad de Esparta* Vida 
de LicxagOm* 



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PEX^PIDAS. 209 

peligros los unos por los otros. No ddbe tenerse esto 
por extraño 9 cuando se teme nDas la afrenta que pue^ 
de venir de los amantes no presentes , que la de cua« 
lesquiera otros testigos , como se vio en aquel que 
estando caido , y para recibir el último golpe de su 
contrario , le rogo que le pasara la espada por el pe* 
cho y para que si su amado le veía muerto , no tuvie* 
xa motivo de avergonzarse, creyéndole herido por la 
espalda. Refiérese asimismo que siendo Yolao amado 
de Hércules participó también de sus trabajos , y le 
asistió en ellos; y Aristóteles dice que en su tiempo 
todavía haclauf sobre el sepulcro de Yolao sus mu- 
tuas promesas los amados y los amadores* Era razón 
pues que. la cohorte se llamara sagrada, cuando Platón 
llama al amante amigo divino. Dicesé ademas que es^ 
ta cohorte permaneció invicta hasta la batalla dé Che- 
ronea; después de la c.aal , reconociendo Filipo los ca- 
dáveres, se parden el sitio donde habían caido lo« 
trescientos que frente á frente se hablan opuesto en 
parage estrecho á las armas enemigas ; y hallólos amon- 
tonados entre sí , lo que le causó estrañeza, y cuando 
supo que aquella era la cohorte de los amadores y los 
amados, se echó á llorar, y exclamó: vayan nora^ 
mala los que hayan podido pensar que entre seme- 
jantes hombres haya podido haber nada reprensible; 
Por fin á esta intimidad de los amantes no dio 
origen entre los Tebanós, como lo dicen los poetas, 
el ^sgraciado suceso de Layo , sino los legisladores; 
los cuales, queriendo- mitigar y suavizar desde la ju- 
ven^d Jo que habia en su carácter de altivo é indó- 
cil, en toda ocupación y juego quisieron , que inter- 
viniese la flauta, cónciliando á la música honor y 
consideración ; y en las palestras procuraron mante- 
ner este amor tan provechoso , para templar con él 
las. costumbres de los jóvenes. Por lo mismo como 
que concedieron con razón el derecho de cmdad á 
aquella Diosa ^ que se finge nacida de Marte y Vé- 

TOMO 11. o 



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2IO FBtÓPlDAS. 

ñus 9 para que lo peodencidro y belicoso se uniese 
con lo que participa mas especialmente de la persoa- 
slony de las gracias, y resultase un gobierno que 
fuese el mas solícito y mas arreglado , arreglándolo 
todo la armonía. Esta cohorte sagrada Gorquidas la 
repartió en la primera ñla, y la distribuyó por toda 
la falange entre la infantería, con lo que oscureció 
la virtud de aquellos varones , y no empleó su fuerza 

Sara que obrase en común , pues que estaba como 
isiíelta, y confundida, con los que eran inferiores) 
mas Pelópidas , luego que resplandeció la virtud de 
aquellos en Tegtra , habiéndolos visto combatir de^ 
sodadamente á su lado , ya no la dividió ó disemi-^ 
Ik5 , sino que empleando el cuerpo reanido , lo poso 
delante en los mas arrie^ados combates. Pues asi co- 
mo los caballos corren con mayor velocidad eti Íos 
carruages que solos ; no poique én mayor numero 
rompan mas fácilmente el aire^ sino porque. enarde- 
ce su aliento la reunión y la competencia de anos 
con otros : creía que de la misma manera los hom- 
bres valerosos , tomando entre sí emulación para ks 
acciones brillante, se hacían inas útiles y mas ar-* 
dientes para lo que tenían que hacer en común. 

Ajustaron, paces los Lacedeiponios después de es-^ 
tos sucesos con todos los Griegos > y activaron la gncr- 
xá contra solos los Tebanos , invadiendo el Rey 
Cleombroto la Beécia con diez mil infantes y mil 
caballos* Ya el riesgo de estos era mucho mayor que 
antes: oíanse ya las amenazas de los contrarios, y 
las noticias de estar decretada la trasplantacbn ; y 
el miedo era cual nunca le había tenido la Bsodac 
de modo que al salir Pelópidas de su casa y despe*- 
dirle la muger , le rogó esta con encarecimiento y 
.con lágrimas que procurara salvarse; á lo que con- 
testó: eso, muger mía, está muy bien ene^gar- 
lo á los particulares; á los que mandan debe encar- 
-gárseles que salven á los demas« Marcha piies al ejér-» 



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^tO) en él que como hubiese diversidad ¿b opiniones 
entre los Beotarcas , fue el primero en adherirse al 
dictamen de Epaminondas, que habia votado se mar- 
«bóra á dar batalla á los enemisos; y Mn embargo 
€Íe que no se halld^a nombrado Beourca , aunque sí 
Comandante de la cohorte saetada , los atrajo á su pa- 
recer \ consideración debida i nn hombre que tantas 
prendas habia dado para la libertad. Después de re- 
suelto el dar batalla » y que en ba inmediaciones de 
Ijeuctras se pusieron los reales en oposición á los de 
losLacedemonioSy tuvo Pelópidas entre sueños una 
▼fsion , que le puso en grande sobresalto. Es de te- 
nerse pnesente que en el territorio de Leuctras exis-^^ 
te el sepulcro de las hijas de Esquedaso , á las que 
llaman las Leuctridas , por ratón ael sitio : por cnan- 
to habiendo üido violentadas por unos forasteros Es- 
parciatas, se les dio alli sepultura. De. resulta de es- 
ta terrible é injusta acción , el padre , como no hu- 
biese alcanzado en Lácedemonia condigno castigo^ 
hizo contra los Esparciatas las mas horribles impre- 
caciones, y lueeo se dio & sí mismo la muerte so- 
bre el sepulcro de las doncellas. Tuvieron los Espar- 
ciatas- frecuentemente oráculos y respuestas sobre que 
se precavieran y guardaran del castigo Leuctrico; si- 
so que muchos no lo entendían^ y se quedaban con- 
fusos acerca del sitio , por cuanto hay también una 
aldea de la Laconia á la parte del mar llamada Leuc- 
tron ; y en las cercanías de Megalópolis de Arcadia 
hay también otro sitio del mismo nombre: bien que 
el suceso de arriba era mas antiguo que estas Leuctr^ 
Durmiendo pues Pelópidas ^n el campamente le 
pareció estar viendo i aquellas* jóvenes uorar sobre 
sus sepulcros, y hacer imprecaciones contra los Es- 
parciatas ; y que Esquedaso le prevenía que sacrifi- 
x:ase alü en honor de sus hijas- una virgen rubia, si 
qoeria alcanzar victoria de sus enemigos. Por mas 
que él mandato le pareció duro <, injusto , se levantó 

o 2 

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ai2 (Bi^pibAs. 

y fue á proponerlo á los agoreros y á los taadillos^ 
unos decían que no era cosa de despredarlo ó de 
no creerlo , produciendo- los ejemplares de Monedeo 
el de Creon ; de Macarla la de liércules ; mas ade* 
lante el de Ferecides el sabio , á quien ios Laoede- 
monics dieron muerte , y cuya piel, según cierto 
vaticinio, estaba confiada á la custodia desús reyes; 
el de Leónidas, que cumpliendo con el oráculo se 
ofreció en cierta manera en sacrificio por la salud de 
la Gr-ecia ; y también el de los que fueron inmola- 
dos por Temístocles á Baco Ome$ta a el terrible, 
antes de darse el combate naval de Salamuia ; de to^ 
dos los cuales dan testimonio las mismas víctimas. 
Por el otro extremo, habiendo pedido ia Diosa á 
Agesiiao , al modo que á Agamenón cubndo hacia 
la guerra en los misinos lugares que este y contra 
Jos mismos enemigos , que le ofreciese jen víctima sa 
hija , visión que tuvo eh Aulide entre rueños ; co- 
^o por ternura no. hubiese hecho semejante ofren- 
da, tuvo que disolver el ejército, retirándose sin 
f loria ni utilidad. Otros al contrario sostenían que 
la naturaleza excelente y superior ^á nosotros no 
podia serle agradable tan bárbaro é injusto sacrificio; 

Íues que no estamos sujetos al imperio de aquellos 
itanes ó aquellos Gigantes , sino ai del padre de uh 
dos los Dioses y los .hombres ; y el creer que hay 
Genios maléficos que se complacen en la carnicería 
«y la sangre de los hombres , debe probablemente te- 
nerse por absurdo; más cuando tos haya, debemos 
>K> Jbacer caso dereUos , como que nada pueden : pues 
j^ua la impotencia, y la perversidad de áninm van 
ri^aturalmente unidas, á los irracionales y malignos 
.deseos. • ' í -•....•....•.. . 

jEstando los priníápales en esta conferencia, y 
Pelopidas suniaiue£)it& dudoso , de pronto una yegua 
nuevecita. se escapo de la manada corriendo por en-»- 
tte.ias armas, y'Ueg^udo dónete aquellos estaban se 



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nLOFXBAS» 213 

paré. A todos dio que observar el color de la clin 
resplandeciente como el fuego , su ufanía y la suavi- 
dad y apacibílidad de su relincho ; pero el agorero 
Teocrito, habiendo reflexionado un poco^ dirigió la 
voz á Pelópidas, y exclamó: la víctimas ó bienha- 
dado , te se ha venido á la mano: no esperemos ya 
otra virgen , valte de aquella que Dios te ha presen- 
tado. Echaron entonces maño á la yegua , la lleva* 
ron á la sepultura de las doncellas , donde haciendo 
plegaria!s y poniéndole coronas , la degollaron ale- 
gres, hacienao correr por el ejército la voz del en- 
sueño de Pelópidas , y del sacrificio. 

£n la batalla Epaminondas marchó oblicuamen- 
te con la infantería y fue dilatando su ala izquierda^ 
para llevar lo mas lejos posible de los demás Grieeos 
la derecha de los Esparciatas , y para rechazar con im< 

E'stu y á viva fuerza á Cleómbroto que la mandaba, 
os enemigos advirtieron loque pasaba, y empezaron 
á hacer mudanza en su formación, estendiendo y en* 
corvando la derecha, como para envolver y encerrar 
á Epaminondas con su muchedumbre. En estoTeló- 
pidas acelerando el paso , y haciendo una conversión 
con sus trescientos , se aaeianta corriendo antes que 
Cleómbroto desplegue su ala^ ó que la vuelva á su es« 
tado cerrando la formación , y cae sobre los Lacede- 
monios cuando no estaban á pie firme , sino en cierta 
confusión y desorden. Es el caso que siendo los Es^ 

!arciat^s:ios mas aventajados artífices y maestros en 
is cosas de la guerra ^ en nada ponían nías Cuidado 
ni se ejercitaban mas que. en no separarse ni confun- 
dir ó desordenar la formación , y antes hacer todos 
de tribunos y cabos , para poder dónde los cogiese 
Ja pelea y el riesgo cargar y combatir con mayor 
unión ; pero entonces la dirección de Epaminondas 
con la falange contra aquellos solos , pasando de largo 
por los demás , y el haber sobrevenido Pelópidas con 
uicreihlc rapidez y ardiiniento, de tal manera des- 



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214 PBL^nDASé 

concerté sos planes y toda su cienda , que Hubo de 

Crte de los Esparciatas, una fuga y una matanza cmn 
; nunca se habían visto. Asi sucedió que igual parte 
de gloria «Jüe á Epaminondas Beotarca y general de 
tooas las tropas , cupo por victoria y triunfo tan se- 
áaiados al que no era Beotarca , ni mandaba sino á 
muy pocos. 

Invadieron ambos Beotarcas el Feloponeso, y 
atrajeron á su partido la mayor parte de los pueblos, 
separándolos aei de los Lacedemonios: á EIis» Ai- 
gos , toda la Arcadia y aun la mayor parte de la La- 
conia. Sucedió esto en el mumo trópico del hibierno 
al acabarse ya el último mes , del que faltaban muy 
pocos días I y era preciso que otros magistrados to- 
maran el mando al entrar ef primer mes, ó sufrir pe- 
na de muerte los que no lo depusiesen* Los otros 
Beotarcas por temor de esta ley, y por guardarse de 
la mala estación, solían apresurarse á volver en ella 
el ejército á casa ; mas entonces Pelópidas fue el pri- 
mero que adhiriéndose ai voto de Epaminondas, y 
acalorando á los ciudadanos, guió para Esparta; y 
pasando el Eurotas, les tomó muchas ciudades, y ta- 
ló el pais hasta el mar, acaudillando setenta mil sol- 
dados Griegos , de los que no eran los Tebanos ni 
una duodécima parte ; sino que la gloria de tales va- 
rones, aun prescindiendo de la opinión y resolución 
común , hacia que siguiesen tranquilamente los alia- 
dos cuando estos los mandaban ; porque la primera 
y mas poderosa ley de todas da el mando sobre ú 
que tiene necesidaa de salud, al q\ie puede salvarlo: 
á la manera que los navegantes núentras hay serení- 
dad , 6 caminan por la costa , tratan con desden y 
aun con altanería á los pilotos; pero luego que apa^^ 
rece la tormenta y el peligro , á estos vuehcn los ojoi 
y eri ellos ponen toda sux:onfianza. Asi es, que los 
Argivos , los Eleatas y los Arcádes que en los con- 
gresos contendían y altercaban con los Tebanos por 



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nuoTTDASi 21 y 

el mando, en los combates y en los apnros espon-> 
flacamente se sometían , sujetándose al mando de ^s 
Oenerales. En aquella expedición redujeron i un so« 
lo imperio toda la Arcadia ; y ocupando la provin- 
cia de Mesenia , de la que estaban en posesión los 
Esparciatas, llamaron y restituyeron á ella á los an- 
tiguos Mesenips , volviendo á poblar á Itomes. Al re- 
tirarse á casa por Cencrea , vencieron á los Atenien- 
ses , que trataron de oponérseles en las gargantas , é 
Impedirles el paso. 

Con tales nechos todos estaban tan complacidos 
¿^ su virtud como admirados de su buena suerte ; pe- 
ro la envidia , inseparable de las ciudades capitales^ 
V que crece en proporción de la gloria de los hom- 
ores grandes, no les tenia dispuesto el mejor ni e! 
mas correspondiente recibimiento ; pues ambos i su 
vuelta tuvieron que defenderse eñ causa capital , por- 

Jue previniendo la ley que en el primer mes , al que 
an el nombre de Bucacion, entregasen á otros k Beo^ 
tarquia, la habían retenido por otros cuatro meses 
íntegros , que fue en los que no dejaron de la mano 
las empresv de Mese;ia , de la Arcadia y la Laconia. 
£1 primero .Jlaáiado á. juicio fue Pelopidas; y por 
lo mismo fue también el que estuvo mas expuesto; 
aunque al cabo ambos- fueron absueltos. En la injus- 
ta prueba de esta acusación Epaminondas mostró 
mucha serenidad ^ sableado que en las cosas políti- 
cas la paciencia es una gran parte de la fortaleza y 
de la magnanimidad; mas Pelopidas que de suyo era- 
menos sufrido , y ademas se veia incitado áclosami^ 
gos á que por aquella persecución se vengase de sus 
contrarios, no omitió aprovechar la siguien^té ocasión. 
Meneclidas el orador había, sido uno de tos que con 
Pelopidas y Melón se hablan reunido en casa de Ca- 
rón ; mas porqué no. habían hecho los Tebanos tanto 
caso de él , á causa^ de que si bien no podia negárscíe 
sp habilidad en el decir , era por otra parte desarr^la- 



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Il6 PELADAS. 

do y de mala conducta ; empleaba sn talento en sus- 
citar toda especie de acusaciones y calumnias á los mas 
distinguidos , no dándose por vencido aun después de 
la mencionada causa. Y á Épaminondas logro excluir- 
lo de la Beotarqula ^ y por largo tiempo lo tuvo fuera 
de los negocios ; á Pel6pidas no pudo desconceptuar- 
lo con el ¡pueblo ; mas á falta de esto procuró indis- 
ponerle con Carón : y es que como todos los envi- 
diosos hallan consuelo ^ ya que ellos no puedan ga- 
narse mas aprecio , en hacer que se rebaje el de los 
Otros, ponia gran conato en ensalzar ante el pueblo 
las hazañas de Carón, y en celebrar sus expediciones 
y sus victorias. Con esta mira trató de que de la ex- 
pedición de Platea , en la que los Tebanos antes de 
la jornada de Leuctras alcanzaron alguna ventaja yen- 
do Carón de caudillo , se fijara un público monu— 
mentó por este término. Androcides de Cicico había 
recibido de la ciudad el encargo de pintar en un 
cuadro otra distinta batalla , y estaba en Tebas mismo 
trabajando en él ; mas como luego hubiese ocurrido 
aquella rebelión, y sobrevenido la guerra cuando ya 
estaba muy cerca de concluirse, los Tebanos se que- 
daron con el cuadro. .Pues este era el que Menecli- 
d^s trataba de que se consagrase á la memoria de 
Carón , haciendo poner en él su nombre para mar- 
chitar la ' gloria de Pelópidas y Épaminondas. Etst 
empeño muy nebio con batallas y triunfos tan sena- 
lados querer poner en contienda ^un^ oscuro encuen- 
tro y dar valor á una victoria , en la que fuera de 
la muerte de un Geradas , de poco nombre entre los 
Esparciatas, y las de otros cuarenta, no hay me- 
gloria de qué se hubiese hecho cosa que mereciese 
a^tencion. Pe lópidas salió al enfcuentro de este pro- 
yecto de decreto , y lo «otó de injusto , apoyando-' 
se en que entre los Tebanos lío estaba recibido que 
el honor sé:, atribuyera priva^daihente á un hombre 
solo, sino que el nombre .y ^í honor de la victoHa 



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VELÓPIDAS. 217 

gnedase íntegro para la patria. Y lo qne es i Carón 
i elogio constante y proñisaínente en su discurso; 
pero hacieado ver el desarreglo 7 la malignidad de 
Meneclidas , preguntó si creían que no hacia hecho 
fiada en servicio de la ciudad? Con lo que consiguió 
que i Meneclidas se le multase en una suma muy 
crecida; y como no pudiese pagarla» últimamente 
intentó alterar ó trastornar el gobierno* Esto tambiea 
pertenece al examen de estas vidas que escribimos» 
Hacia á la sazón la guerra Alejandro , tirano de 
Feres, á las claras á, muchos de los Tesalianos ; pero 
en la intención y con asechanzas á. todos ; por lo que 
las ciudades enviaron mensageros á Tebas, pidiendo 
BU Graeral y tropas ; y como Pelóptdas viese á Epa*- 
minoiidas ocupado en proseguir las empresas del re«- 
loponesó , se escogió á sí mismo y y como que se re-* 
partió , para el auxilio de los Tesalianos ; no sufrien^ 
do por una parte tener ociosos sus conocimientos y sus 
fuerzas; y no creyendo por otra que donde estaba 
Epaminondas hicies^falta otro GeneraL Apenas se eih' 
caminó á la Tesalia con algunas fuerzas, tomó in- 
mediatamente á Larisa; y como Alejandro viniese 
á él con ruegos, trató de trasformarle , ^ de tira- 
no convertirle en un Monarca benigno y justo para 
los Tesalianos. Mas él era insufrible y feroz ,^ y ade-' 
mas se le atribuía mucha crueldad , mucha insolen^ 
cia y avaricia; por lo que , como Peiópidas se irri- 
tase é incomodase con él , «e retiró á toda priesa con? 
los de su guardia. Pfelópidas, habiendo propqrciona-K 
do á los Tesalianos gran seguridad de parte del tira- 
íJo» y gi^án unión y concordia entre sí mismos, par- 
tió para la Macedonia , por cuanto haciendo la guer- 
ra Tolomeo á Alejandro , que reinaba sobfc los Ma-; 
cedonios, ambos le llamaban para que entre ellos 
fuese ún arbitro y un jaez, y un aliado y auxiliar 
del que pareciese había sufrido injusticia. Llegado^ 
^lá^ compuso sus diferencias, y restittEyendo i los 



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ai8 PSLónDAs. . 

desterrados I recibid en rdienes á FiltM» liermano 
del Rey » y i otros treinta jóvenes de tos mts prin- 
cipales » los que condujo á Tebas» haciendo ver á 
los Griegos -á qué grado de consideración habiaa sa- 
bido las cosas de los Tebanos por li^ opinioa de «t 
poder, y por la confianza en su jnstida^ Este es el 
mismo Filipo que después hizo la guerra i los Grie- 
gos contra sn libertad ; el cual todavía, joven enton- 
ces pasó en Tebas su vida ea casa de Panraeb Ya 
desde aquella ¿poca parece que se hizo imitador de 
EpaminondaSi llegando quizá á alcanzar so activi- 
dad en las cosas de la guerra y en las caulpañas , que 
ara la parte menos principal de las^ virtudes de este 
héroe ; pero de su tolerancia , de su justicia > sa mag*-» 
«animidad y su mansedumbe f «n las que era ver- 
daderamente grande, no pudo Fllipo participar na- 
da I ni por naturaleza , ni por Imitación. 

Como dé allí á poco volviesen los Tesaliaoos á que» 
jarse de que Alejando de Feres v^aba á las ciudades, 
fue Pelópidas enviado por mensi^ro juntamente con 
Ismenias , y se' pre^ntó sin llevar tropas de Tdns, 
y sin ir apercibido para la guerra, siéndole, preciso 
valerse de los. mismos Tesalianos para lo que pudie-> 
ra ofrecerse. Turbáronse también otra vn ácsteoiis- 
mo tiempo las cosas de Macedo^iá., porque Tolo- 
meo dio muerte al Rey , apoderándole de la autori- 
dad, y los amigos de este, UaaÑroná Pelópidas, el 
cual quéria intervenir en aquellos negocios; más no 
teniendo tropas propias , tohió allí mismo algqnos 
estipendiarios , y con estos marchó sin detenerse con- 
tra Tolomeo. Luego que estuvieron cerca unojde otro, 
Tolomeo corrompió con algunas »imas á estos esti- 
pendiarios, logrando que se le pasasen ; pero al mis- 
mo tiempo temiendo la gloria y el nombre de Peló- 
pidas , le salió al encuentro como á superior , le dio 
la diestra , y le hizo ruegos , conviniendo en que con- 
servarla la autoridad real á los hermanos del muerto, 



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y ^n qne coA ks Tcbanos tendrk i nnof mitmos 
por amigos y ^reacmigos, entregando en rehenes 
para el<nimplimieoto á su hijo Fiioxeno y cincuen* 
ta de ^s amigos. Envió á estos Pelopidas á Tebas, 
y conservando el resentimiento por la traición de loa 
estipendiarios , como supusiese que la mayor parte 
de sus riquezas, sus hijos y sus mugeres los tenían 
en Farsaloi de manera que con apoderarse de estos 
tomaría bastante satisfacción ^le su ultraje; reunid aU 

fnosTesálianos, y marchó con ellos á Farsalo; mas 
poco de haber llegado se presentó Alejandro el 
tirano con sus tropas Pensó relópidas que venia i 
darle escusas: asi no tuvo inconveniente en dirigirse 
á élf pues aunque era cruel y asesino, por respeto 
á Tebas y i su misma autoridad y gloria, no temía 
qoe nada malo pudiera sucederle. Mas este, viendo* 
que iba solo y sin armas , al punto le echó mano , y 
se apoderó de Farsalo. Infundió esto sumo terror t 
susto á los ^uc^ le obedecían, como que después de 
semejante injusticia y arrojo , ya á nadie perdom^- 
ria, sino que. según ías ocurrencias se portarla en los 
negocios y con los hombres como quien por de* 
sesperacion había echado enteramente el pecho al 
^ua. 

Irritáronse los Tebanos con estas nuevas , y al 
punto decretaron la formación de un ejército; pero 
por cierto enfado con Epaminondas nombraron otrotf 
Generales. £1 tirano en. tanto hizo conducir á Feres 
á Pelopidas, permitiendo al principio que le hab^-*: 
ran los que quisieran, creyendo que los trabajos le 
harian apacible y doblarían su ánimo ; 'pero comO' 
Pelopidas exhortase á los Tesalianos que lamentaban' 
su suerte, á que no desconfiasen, piles entonces era 
mas cierto que el tirano tendría su merecido , y í 
este mismo le enviase á decir, era cosa muy extraña 
que continuamente estuviese dando tormentos y la 
muerte á miserables ciudadanos que en nada le ofen* 



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aio ^ fbl6fidas« 

dian, 7 qae á él le dejase,coando debía conocer qoe 
habia de ser el primero á castígarleí li tenia medio 
de huir : maravillado de semejante entereza é impa« 
videz: »>¿por qué, exclamó) se empeña PelcSpidas 
9» en apresurar su muerte?" y'lu¿>iiéndolo este enten- 
dido , respondió : i» para ^e tú perezcas mas pronto 
y. mas en la ira de los Dioses." Con este motiYO. 
prohibió que nadie de los de fuera de casa pudiera 
Hablarle, leba, hija de Jason y muger de Alejandro, 
sabedora por los que custodiaban i Pelópidas de su 
firmeza y de la elevación de sus sentimientos , deseó 
conocerle y trabar con él conversación. Fue pues á 
verle ; y como muger , no advirtió al primer aspec- 
to la entereza que conservaba en medio de su triste 
estado ; y antes considerando por el de^seo de su 
cabello y barba , por su gastada ropa, y por el modo 
con que se le trataba , que se le hacia pasar por lo 
que no correspondía á la autoridad de^su persona^ 
se echó á llorar. A Pelópidas, que no sabia quien 
fuese aquella muger , le causó admiración ; mas lue- 
go que lo supo, ia^ludó por su nombre de familia, 
por ser amigo íntimo de Jason ; y como aquella le 
dijese: »j cuanto compadezco á vui^tra muger! Yo 
w también á vos, le respondió, porque estando sin 
trprisipnes, yantáis á Alejandro."* Por este término 
se insinuó en el ánimo de Teba , que no podia efec- 
tivamente sufrir la crueldad y las> maldades del ti- 
i^no ; el ciial habia llegado en ells^ hasta el extre- 
mo ¿6 haber hecho suuir la última afrenta al mas 
mocito de' los hermano^ de la misma Teba. Asi es 
que frecuentemente visitaba á Pelópidas , y fran- 
queándose con él sobre lo que padecía , su ánimo 
se llenó de ira, de encono y de despecho con tía 
Alejandro. . i . 

Los Generales Tcbanos, habiendo invadido la 
Tesalia, por impericia y algún casual descalabro se 
retiraron sin haber contribuido en nada al objeto de 



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PELÓPIDÁS. 21X 

la expedición; 7 la ciudad, después de' haber mol- 
tado á cada uno de ellos en diez mil dracmas , con- 
fió á £paininondas el mando del ejército* Al punto 
pues hubo grandes alteracioaes entre los Tesábanos, 
alentados cpa la fama del General ; y las cosas det 
tirano se pusieron en estado de no ser necesario gran 
poder para echarlas por tierra: ¡tal fue el miedo que 
sobrecogió á sus Generales y sus amigos! ¡tai el 
ansia que nació en sus súbdit<»s..de abandonarle ! y 
i'tal el gozo por lo. qué esperaban! pareciéndoles es- 
tar ya en el momento de ver al tirano expiar sus crí- 
menes. Pero Epamlnondas , prefiriendo a su propia 
gloria el sal?ar á Pelópidas , y temiendo no fuera 
que si ks cosas se revolvían , Alejandro en un ac- 
ceso de desespmicion se convirtiese, á la manera de 
las fieras , contra aquel ^ iba conllevando la guerra^ 
y como tomando rodeos ; asi con las disposiciones^ 
y la vigilancia hizo tahibten qué el tirano ^ {>re- 
parara y estuviese en inquietua ; mas de manera que 
no se. debilitara su confianza y engreimiento, ni se 
inñamara su cólera y aspereza. Porque sabia llegar á 
tanto su crueldad y su desprecio de lo honesto y .de 
lo justo, que i unos hombres los hacia enterrar vi*-' 
vos, y á'oaos los cubma conl pieles de.javalies y de 
osos 9 y azuzaba contra ellos perros de caza'para que 
los despedazasen ; ó les lanzaba dardos , entretenién- 
dose conista diversión. En las ciudades de Melibea 
y Escotusa , amigas y protegidas' por tratados , cer- 
cándolas en el acto de celebrar, sus juntas ptíblicas, 
dio muerte i todos los habitantes; y la laiiza coit 
que traspasó 4 su tio Polifron la* consagró y coronó, 
y le hizo sacrificios como á un Dios llamándole Ti-^ 
con. ^ Habiendo visto en cierta ocasión á un cómico 
representar las Troyanas de Eurípides, se salió á 

I. Es voz que viene de TÚp^, <}ue significa fortuna , y 
por esta causa k vino ¿ hacer d Dios Ticon. 



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212 ntiflDAS. 

toda priesa del teatro, y envió i decir alr^Hresea- 
tante que estuviese con tranquilidad y nada malo 
sospechase de aquel hecho: pues oo se bd>ia retira- 
do por hacerle desprecio, sino por no. sufrir ante 
los ciudadanos la vergüenza de que no habiendo mos- 
trado compasión por ninguno de tantos como faabia 
hecho matar , le vieran llorar por los infortunios de 
He(iuba y Andrómaca. Mas con todo sobrecogido 
con' la gloria y el nombre de Epaminondas y oon 
todo el aparato de su expedición , 

Dobló este galló como esclavo el ala , 

L envió bien pronto quien con aquel le pusiese en 
en lugar. Epaminondas no condescendió con que 
por parte de los Tebanos se hiciese paz y amisud 
con un hombre semejante : solamente pactó treguas 
de treinta días , y recobrando á Pelópidas 6 Ismenias, 
hizo su retirada* 

Noticiosos los Tebanos de que los Lacedemonios 
y los Atenienses habiao enviado embajadores al gran 
Rey para negociar una alianza, mandaron también 
por su parte á Pelópidas , con muv buen consejo á 
causa de su gran nombradía. Yá desde el prindpio 
al pasar portas provincias del Rey, fue muy* con- 
siderado 6 hizo gran ruido: '-porque no cundió tibia- 
mente , ó como rumor vago por el Asia la fama de 
los encuentros sostenidos contra los Lacedemonios, 
sino que iapenas se divulgó la voz de la batalla de 
Leuctras, aumentada 6 impelida cada dia con alguñ 
nuevo triunfo , se extendió hjista los paises mas re-- 
motos. Asi cuando llegó al palacio , apenas le vieron 
los Sátrapas, los déla guardia y los Generales, co- 
menzaron con admiración á decirse : este es el que 
derribó el imperio de la tierra y del mar , de que 
estaban apoderados los Lacedemonios ,- y el que con* 
tuvo entre el Taígeto y el Eurotas aquella esparta, 
que poco antes había hecho la guerra al gran Rey 
y á u>s Persas, llevándola hasta Suza y Ecbatana por 



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rBLénbAs. 323 

m^lo dé A^ilao. A Artager jes lé habiati úáo de 
eran placer estos sacesos: asi mostró admirar i Fe- 
iopidas aoa mas allá de su fama ; y quiso hacer os- 
tentacioQ de que le honraba y obsequiaba sobre cuan^ 
fes habían merecido su esamacion. Tuvolé todavía 
€n mas láégo que v¡<$ su figura , y que oyó sus razo* 
flámientosy mas enérgitos que los de los Ateniensesi' 
y mas sendllos que los de los Lacedemonios ; y 'go- 
bio sucede ordinariamente i los Reyes, no disimuló 
su apreda hacia tan singular varón , ni se ocultó i 
los otros enibajadores que le tratabí con mayor dis-* 
tinckm. Entre todos los Griegos carece hd>er sido el 
Lacedemqnio Antalcidas quien oe él habia recibido 
mas señalado honor, cual fue el de haberle enviado 
bañada en esencias la corona que mientras bebia or-* 
naba su cabeza. A Pelópidas no le hÍ2x> un regalo 
igual; pero le envió presentes ricos y del mayor va-¿ 
lor 9 y condescendió con sus proposiaon^:» que fíie- 
f» sea independiemlte todos los Griegos , y se repo*- 
ffblase^ llesena; y que los Tebanos fuesen tenidos 
ffpor amigos hereditarios del Rey/* Recibida esta 
respuesta , y de los dones solos los que pudieran ser 
una muestra de aprecio y benevolencia , se restituyó 
á su patrid; con lo que todavía quedaron mas des- 
acreditados los otros embajadores. Asi los Atenien- 
ees 9 puesto 'en juicio Timágoras , le condenaron á 
muerte: > si fue por €!l exceso de los dones, juistísima- 
mente; pues no solo admitió oro y plata, sino un 
lecho de grandísimo precio, y esclavos que lo prer 
parasen^ como si los Griegos no supiesen este mi- 
nisterio; y ademas de esto ochenta vacas con sus va* 
queros, porque necesitaba tomar la leche para cierta 
enfermedad. Finalmente fue conducido en silla de 
manos ha^a el mar, siendo el Rey quién pagó á los 
mozos el jornal. Mas no parece haber sido este so- 
borno lo que principalmente irritó á los Atenienses; 
pues que a Epícrates el Cosario , que no negfiba ha- 



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214 VELÓnDAS. 

ber recibido fc^alós del Rey ^ y que se atreño í pt^ 
sentar un proyecto de decreto para qae cada año en 
lu^r de los nueve Arcontes se nombrasen nueve em- 
bajadores cerca del Rey, tomados entre los plebe* 
vos y pobres., á fin deque volvieran ricos , el pue- 
blo se lo tomó á risa: por tanto su^rincipal enqo- 
'po fue porque todo se hizo en consideración á Jos 
Xebanos/sm reflexionar qoe la gloria de Pelopídas 
era de mas influjo que los discursos y las palabre- 
rías* para con un hombre que siempre se.|>onia efe 
parte de los que en las armas eran superiores. 

Ck>ncilió esta embajada no pequeña consideradoa 
á Felópidas en su vuelta , tanto por la repoblación 
de Mesena» como por la independencia de Codas las 
ciudades Griegas. Én tanto Alejandro de Feres ha^ 
bia descubierto, otra vez su carácter , destruyendo no 
pocas ciudades de las de Tesalia, y poniendo goar- 
niciones en la Ptiotide , en la Acaya , y por toda^ la 



Magnesia ; y noticiosas las demás ciudades del re- 

freso de Peldpidas , enviaron al punto 'embajadores 
Tebas, pidiendo tropas, y á- este por caudillo* De- 
cretóse asi sin tardanza, y hechos prontamente to- 
dos ios preparativos, cuando el General estaba para 
partir hubo un eclipse de sol , y en medio del dia que- 
do la ciudad en tinieblas^ Pelopídas , viéndolos á todos 
consternados con este accidente , creyó que no con- 
venía violentarlos en su terror y desaliento , -ni tam- 
poco aveoturar en la empresa Jas vidas de siete mil 
GÍudadanos>: asi ofrecl^ndoise por sí solo á los Tesa- 
lianos, y tomando únicamente consigo trescientos 
estrangeros de á caballo que voluntariamente le si- 
guieron, partió contra la opinión de los agoreros y 
el deseo de los demás ciudadanos^ por paTeoerlesjque 
aquella señal del cielo no se hacia sino por un varón 
ilustre. £1 por otra parte estaba muy acalorado con- 
tra Alejandro por las ofensas que le habia hecho, j 
esperaba también encontrar su misma casa indispues- 



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taV ^enconada cootra ¿I por las aowfrirsaciotiei qu« 
habla. temidaucimTTeba. Mas laque sobre todo b 
atraía era lo- brillante 4e 4a aécuMt; pides coando'l^s 
Ijiceckmonios habi^ eaviad^i fiioaísio, d::titinú 
de Skilia^.^eneral^s y Gobemadores, y cuBáéo Ibé 
AtenieQsesLrecthiaaisuel^o.deL imsoio Alejaodm^ y 
l&habiaQ puesto i^n^ estatua d&bix>ooe como i bieQ¿ 
bochor^ eotoapes'imsino se afi|naÍ3réiv y aspiraba al 
honor de iiaoer ver i ios Gfiégós^que joloslos deT«s^ 
bás badao gfl&st».ÍLtÍos úráxxoa.y y-^qüebraiitabaa^ep 
la Greqa los poderíos: 7Íolénto& i iájuétos. > ^ (« 
: Luega que! -Mego á .Farsald reuiricí'jsus tropas, -^ 
ffiarcbosinjdtlAcicffl'COfitra Alejandro; el. cual, vien-^ 
do poeoS'TXebanosr^al lado 4&'I^el6pidas, y qüe'^I 
teoia aias!jqae>doble iaíantecía.dh TesaUanosy ttt sa^ 
lio al ehcittiitio jupto al tcnipfarde Xetis ; y como 
4iIgttno k díjeife i i £eiópidas .qoé* el tiraao venia 'cod 
'SKHjcha gento imejor , resjpóndjo y con eso serán mas lo« 
fque vjenzBouoej Sxtiéndenis&háctaiehniedio de lá^ lla-^ 
4iiadaa QÚDaoéfalás.Tarios cáDl£ado&idé 'bastante 'iticH-» 
nación yatoirar^.y unos yotrosseídirigieroni ocu- 
' parios coa ría infantería; : y *.al ^ffóbio tiempo iPek5« 

Sidas mando á los suyos idíod cabauo, queetanmüi 
bios y .pedentes ».que se^ batiesen con la cabatieríg 
eoemlgar^Vencíecon estos ^ y bajaron á la llanura 'eq 
persecusloii de. los £ugbivo8.;¿mas se \ió que^rAle-^ 
jaodroliabia tomado las alturas, y que acometiendo 
4 la infanteTsaXesáliana , que^ehabia' rezagado-^ y se 
encaminaba' á' ios. puntos mas fuertes y elevados ,"di<S 
muerte á los primeros, y lo$ demas;^ siendo ofendió» 
dos, nada:bacbn por su narte. Advertido puej^ uiú 
por Pelopidas, llamó á Wdf á caballo, yílesidSá 
orden de que corriesen codtrajoimas- apiñado de io$ 
-enemigos, y él mismo, enibrazandó el escudo, ■mar'^ 
chd de carrera á unirse con los. que peleabacreii los 
jcollados;. y penetrando por la retaguardia hasta :los 
primeros, infundió en todos tal .valor , y aliento:, :que 

TOMO II. P 



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226 wBuénhMi 

«lo á los misMOS enemigos les'.^andfiser aqneUtl 
otro5 hcMnbres en el cuerpo 7 enrel:^^pintu; y:i 
bkn estos TediMzaxtfaLJÍas-6 ucsxhtíquis; al ver ooe 
todavía volviair coíi ka^tUrj qiiei U^oaballería de« 
Iftbar^jilcancef oedievon por fine, 7 je rátiraroa. Pé» 
lapidas desde lo eminencia viendo tod^ia-faneste de 
los enemigos ^ no puesta en fiígavpero síf yaed girad 
ionfástón y desorden i-'se detnvó un poco i mma^ 
en;lnisca del mhüio- Alejandro;; y ciumdbjobservd 

?ae: estaba eú el,aiá denchá animaada; jr ordeoándd 
snsestipendianoby' ao:hÍ2o nsO'deila7sartn para ret 
frenarla ira , «ihb^^e inflamado c^^uvi^ y aban- 
donando á larpiera sq>()^8ona>j' elisBWckty seade^^ 
lantdá todos idsdeifttesvcbmanffe'nriltíiñtnda i^ti* 
tos al tirano , el diall estovo bien jdistante de sostener 
el ímpetu y dedguakibr, sino^ au^ jdandaá ¿omir 
háci^üosestipendlariofs ^^ e^cmÁiduYúlbs'frííneri» 
deeatosy que hicievoaoi^bsiQon , ibispon cortados por 
Felóntdas , y aoiiialeanbs. liefidós y oraertos ; fea> 
los.aemas, níiSéiida&dié lejos con. íaa lianzas v acaban 
roncen' él> niiébtnspaüe* los Tei^lranosrsiéniín á caf^ 
rera desde los colladpi.'«n su auxilia»' Cilando ya hsf^ 
bia^muerto lacudiíeroft iaiñbien ios dé iocabatio, y 
pusieron eñ huida todoi el ejercita, .persiguiéndole 
gcan/toechoy :y ilcnaroii ^qoelia llanura de^cadáve» 
resf.tanto que fueron^miae de teses mili» los'^ne dief 

lOn ráuerte. . ,- .-:;;'?>i:. • • :•. 'Á¿ 

Que los Tefaáñósf'.psesentes áih stíuérte de Pel<$í- 
juidasy cayesen, en* ^-imayor desconáielo^ llaman» 
dble padre, saJTedot y^lmaestro de> los éiayores y 
mas apreciablesimáes^inxda trenip dé^xtri&o; .per^ 
¿r .que: los TesaHanos pbsasen coniáís.deciraos la nrf- 
ya de cuanto honor .^uede dispensarse 'á ia humana 
virtud, ésto fué lo qiKL péríncipalzñente manifestó en 
sui demostraciones rcbajjwdo y guatitud con que Te 
miraban; Porque se di ce que cuantos, concurrieron i 
aquella batalla^ ni st i^iiiar€n ia ccuasa^' ni désén* 



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^ELÓPIDAS. 227. 

^lllaroh los caballos ^ ni se curaron tas* heridos luegb 
que llego á su noticia aquel infausto suceso ,. sino que 
corriendo como se hallaban adonde estaba el cadá-^ 
urer , como si hubiera de sentirlo 9 pusieron al rede-» 
«iorde su cuerpo en montón los despojos de los ener 
ipigos;- cortaron las clines á los caballos, y se cor^- 
taroii también el cabello , y que muchos yendo des*^ 
pues á las tiendas^ ni encendieron fuego nt se senta-^ 
ron á comer , sino que el silencio y la pesadumbre sé 
difqndió por todo el campamento j como si no hu-^ 
bieran alcanzado la mayor y mas completa victoria^ 
sino que mas bien hubiesen si4o vencíaos y esclavi- 
zados por el tirano.. De las ciudades, luego que cor-^ 
rió la nueva, vinieron las a^utoridades , y con ellai 
ios mancebos I los muchachos y los Sacerdotes , para 
xedbir el cuerpo , trayendo para adornarle trofeos-, 
coronas. yarmaduras de prOr Llegado el momento de 
haberse de conducir el cadáver, adelantándose los 
Tesalianos de mas provecta edad , pidieron á los Te- 
baños que les permitieran darle sepultura ; y uno de 
eUós habkS de esta manera: os pedimos, 6 aliados 
nuestr<¿^ una gracia que nos ha de servir de honor 
y. de consuelo : pues no hacen la corte los Tesalia- 
nos á PeMpidas , todavía vivo , ni en tiempo que pue- 
da' ^sentirlo le retribuyen los correspondientes ho- 
nores y^io que con sernos permitido tocar su cadá- 
V», h^erle las debidas exequias, y sepultar su cuer- 
po , pareciera que debe creérsenos si decimos que es- 
ta calamidad es mayor para nosotros que para loi^ 
Tebanos' : pues que vosotros solo habéis perdido un 
exceiente'vienerali cuando nosotros, ademas de esta 
pérdidar;* hemos sido privados de la libertad. ¿ Y co* 
mb yá. nos atreveremos á pediros otro General, no 
resHtuyétrdoós á Pelopidas ? Condescendieron pues 
los Tebanos con sus ruegos. 

Ciertamente que no habrá habido exequias mas 
magnificas que estas, á juicio délos que no colocando 

p 2 



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228 JPELÓPIDA9. 

Jo magnífico en el marfil , en el oro y en la ^úrpura^ 
se distinguen de Filisp, que canto y engrandeció el 
enterramiento de Dionisio , haciéndolo el desenlace 
teatral de su tiranía , como si fuera el de una gran 
tragedia. También Alejandro el Grande, muerto 
Efestion , no solo esquiló las clines de los caballos y 
jde las acémilas , sino que quitó las almenas de los 
muros , para dar á entender que las ciudades llora* 
¿an , haciendo tomado aquel aspecto lúgubre y hu- 
milde en liigar de su antigua belleza. Mas todos e^ 
tos no son slao preceptos de tiranos , impuestos por 
necesidad , para envíala de aquellos en favor de quié' 
ees se expiaen, y en mas odio de los que para ellos 
emplean la fuerza; y le}os de ser expresiones de gra- 
titud y honor , no lo son sino de un fasto bárbaro y 
de ostentación , y molicie de hombres que gastan su 
caudal en cosas vanas indignas de imitarse. Por d 
contrario , el que un hombre popular , muerto en tier- 
ra extraña , sin hallarse presentes su muger , sus hi- 
jos ó sus deudos, sin que nadie lo exija y menos lo 
mande , se^ honrado en sus exequias por tantas ciu- 
dades y pueblos reunidos, que llevan y coronan su 
féretro; esto debe con justa. razón parecer el comple- 
mento de la felicidad: pbrque no es la mas triste , co*- 
mo Esopo dijo, la muerte del hombre dichoso, sino 
antes la mas bienaventurada, por haber puesto, ya en 
lugar seguro sus buenas acríoaes, y haberse quitado 
del alcance de las mudanzas de fortuna. Por tanto 
mejor lo entendió aquel Lacedemonio, que á Diágo- 
ras, triunfador en Olimpia, que alcanzó áver á sus 
hijos coronados en los juegos , y nietos de hijos é hi* 
jas , le saludó diciéndole : muérete , ó Di^goras , pues 
que no has de subir á otro Olimpo. Pues todas las 
victorias Olímpicas y Píticas juntas no creo que hu- 
biese quien las comparase con uno de losrcombate^ 
de Pelópidas ; el cual habiendo reñido muchas Kdes, 
vencedor en todas ; y habiendo pasado la mayor par- 



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raiíFiDAS* 229 

te de so vida en el hdnor y la gloria ^tiltímamente 
en so decimatercia B^etairquiai d»piies de haber al- 
eanzado el prez del valor sobre muerte de un tirano, 
dio sn vida por la libertad de la Tesalia. 
y. Si (ni muerte cansó sumo pesar i los aliados, to-» 
davía les fue de mayor provecho , ^rqne los Teba- 
BÓs keco que tuvieron notícia dei fallecimiento de 
Pielópídas, no poniendo dilación ninguna en el cas«* 
tigo, dispusieron inmediatamente una expedición de 
sietdmU infantes y ochocientos caballos, al mando 
deMtflqnitesy Diogitoh, los cuales llegando á tiem- 
po en que Alejandro todavía estaba escaso y debili-* 
tado de fuerzas ^^ le obligaron á que restituyese á los 
Tesalianos las ciudades que les nabia tomado ; á que 
dejase en paz á los de Magnesia, de la Ptiotide y de 
k Ácaya, retirando las guarniciones , y á que pac- 
tase .Con ellos ^n. un tratado, que adonde quiera que 
los Tebanos ^e condujesen ó mandasen, allá los se- 
guiría; siendo esto con lo que los Tebanos se dieron 
por satisfechos* Ahora referiremos cuál fue la ven- 
^nza que los Dioses tomaron de Alejandró, á causa 
de Pelopídas. Ya este había antes enseñada á Teba, 
como: arriba digimos, á no mirar con miedo la bri- 
llantez y aparata exterior de la tiranía , que interior- 
mente se sostenía solo con algunas armas y algunos 
transfugas: ademas rezelosa siempre de su infideli- 
dad , é indignada de su fiereza , trató y convino con 
sus hermanos , que eran tres , Tisifono , Pitolao y Li- 
cofron, el deshacerse de él de esta manera. Todo el 
resto de la casa estaba al cuidado de aquellos guar- 
dias á quienes tocaba custodiarle por la noche ; pero 
del dormitorio en que solia acostarse , que estaba en 
alto , era único centinela , puesto delante de él , un 
perro atado, temible á toaos, sino á ellos dos, y al 
que le daba de comer. Al tiempo concertado para el 
hecho , Teba desde antes de la noche tienia ocultos á 
los hermanos en una casa vecina: entró sola, como 



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la tenia de costambre^ ai ciiafto de Alejandro / 'que 
ya estaba dormido: salió dealU á poco, y manda 
^1 esclavo que se llevara áfueia el perro » porque es-* 
te queria reposar con el mayor sosiego : i]|me(^atar-. 
mente para precaver que la escalera* hiciese ruido al 
subir los hermanos, tendió lana por toda ella: traj^ 
hiego á los hermanos armados, y dejándolos i Is 
puerta, entró al dormitorio, y sacó la espeda que 
Alejandro tenia colgada sobre el lecho, sienddesía la 
seña que se tenían' da(k para entender que este dot- 
mia , y que era el momento de sorprenderle. Como 
entonces se acobardasen aquellos jóvenes y se< detu- 
viesen , empezó á motejarlos , y á amenazarlos don 
que despertaría á Alejandro , y le descubriría el desig- 
nio; y entonces entre avergonzados ; y medrosos, los 
introdujo , y los colocó al rededor del lecho , llevan* 
do luz. Sujetóle el uno por Jos pies, el otro le tomó 
la cabeza por los cabellos, y el tercero le pa^ó con 
la espada; muriendo, atendida la celeridad del he-* 
cho, quizá mas pronto de lo que fuera ra^on ; y so- 
lo en haber sido el primer tirano muetto por .su mo- 
ger , y en la afrenta que sufrió su cadáver , siendo ar- 
rojado al suelo, y Iwllado por Josde Feres, .puede 
decirse que tuvo el fin debido á su9 maldades. 






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i3« 

r. '» > .>•',.... . ■ .• 

-' '.MAttC]5L0» .. ' . . 

^ & o^9ki que Msfoo Glainjio^^l que fuetea 
|Lo9^ cjifíiOfb ^oeco« G6n$ul» eraibijo de otro Marco; 
w qne «Pire 10$ de su casa/ empezaron á Uanarlt 
Adl^ücelo, loque se interpreta. Mardal , ségon nel 
¿¡sjá escrita Sosidoaió ; porqtie realmente era guer* 
xero ea el ejeicá^ y los conoeimíciiitos ; en su caec* 
,pa.,r/8biini>Vei} k$;9t«nos, áj^U y eniu índolemoy 
^«íipado i la^gerlnr;. y si bien en .I99 combates se 
smy^^^ Awépldo -y fiero, ea todo lo demás era 
prudente y, humano. 7 aüdonado á la literatura .7 
escritos de los Grie^s , hasta ilpi^ciar y admirar i 
Jps^ue ea fqpeUa sobresalían t ^utiíque |K>r sus ocu^ 
floriones QO: fe fueidedo aprender y ejercitarse en elln 
^gun su^, desoís. Parque ú Dios á algunos hombcea^ 
<(;om0 dice Hetfanero », , ^ ) 

. De. ju^MCnd. hasta la. edad cansada 
. Les concedió acabar sangrientas Ikks; 
cstp se ve/i^pó jt^mbiencon k>s jprindpaies Roma-i^ 
XMs de^qpeU;a.eda4;. los cuales de jóvenes hicieron 
h guerra: á Us^.Oirtagineses ea Síciia^en la edad 
9raipnil i lói^ Gajo^ f«ir defender la Itaíia v 7 en I|i 
vej^ atr2^veiK.á A^njb^l y los Cai^tagineset^ 00 pOr» 
Riendo te»ef > -iUmorjotscs , reposo en, sos iltinras 
años ; sin0 ^emk> Uao^ado^ pontimian^te á U>s ejér^ 
citps. yá los i^andos, según su gpaei|osa índole y 
su'virtud* M / ..xnr,.^.. . 

£n toáóifgSím^ de UderarM4t«eele<díe$tre y ^ry 
£iudp5 vfyifietí kü^ 4peli:>s y^dieseAfH p^reee que ana 
#e excedía 4 {tí:i»iímí!t,«si no hubo? desafio- que. no 
aceptase , y eocijtHi^piídeiéd^ daíNVuette á nts^^K^flh- 
trarios. En Si$iUA)saÍTétá ii^^ hetmaóor Oiáeilii» qne 
<emba,par^' perwjr i íptot^ífadcrfe c0fi) «n esicu4€í , 7 
dando.ntjoi^rgiéilqs*^ le. habS^n,* abosado -^ ^c0}oft 
|)or la:q«^9 siiifid(D:(ftdtivÍ8Lm»iP<#iioblMode ioa^^ 



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3¿1 MAKCELO. 

nerales coronas y premios. Como hubiese adelantado 
ea la pública estimación ^ elpfieblo le nombró Edil, 
una de las mas brillantes dignidades , y los sacerdo- 
tes aA;gorerOj i^ue'és una espeae dp tacerd^ocio, al 
que lá ley concedid la investigación y consenrackíñ 
de la^ adivinación porgas aves. Siendo^^ se vfó en 
la necesidad' de seguir una cansa iiltiy i^pngnátí^; 
-porque tenia un hijo'<ie su misnK> nombre, dotadd 
de "Singular* belleza, y al misma tiempOinuy estima^ 
do.iie los ciüdtfdanosi'pór su nsodestia é rnstrucdoni 
y Gopitolino , colega de Marcelo i hombre vicioso 
y disoluto , le ra^tii>ii6 de amores* El fóvén al prin- 
cipio guardó dentro de «u pecho aquel'ñíal Intento; 
mas. como aquel faqbiese repetido, y éí lo hubiese 
revelado á su padre*, indignado Marc^lo'ji acusó- á su 
xx)lega ante el Senacb. Puso el denunciado t>ort)bra 
lodaespecied^ subterfugios yenredds, piaiendo la 
intercesión de los Tribunos; yCOHXé se- étceusásea 
de prestarla ^ 'se defendía con'^ h negativa'. Ño podía 
producirse testigo ninguno de la seducción, por lo 
qor se resolvió 1iac3er comparecer al«jóvciñ en el Se- 
nado: y traído que fue , con ver su rubor y sus lá- 
grimas^ y- que en^sü' aspecto con la'^érgüenza res- 
plandecia una ardiente ira , n^ iiectsítirdn > de mas 
conjeturas para condenar á CsipUoUño y multarle 
en una crecida soma.; con la- que Máscelo hizo la-^ 
brar un lebrilio-de' plata, tfi^x»iká^'& lo^Dió^. 
■'^ Sucedió: qcíefen«eida la púmé9§íi^ÚTifk VúÉict 
al año vigésimo segundo, amenazaron á Roníá ^rin- 
€Íptos de nueW d$$en$iénes ^¿tí'ñ'l^^los: porque 
m Insubres, habitantes de*^!^ [tertedeltdlid ^ue es-^» 
táal pie de losAlpes (poeblííitanlbfetf Galo), yá 
^^an- poder |íoí «í mism^Jfttlte^bísift Otrai fuer-í- 
%j0 , cbñvócandi» á los que ^e> 1¿^ (Siildé^'Sirven <í sol^ 
Idada , Ic^s cuefted ^é^llaif^o^satas^^ fa^tM>!hdo sido 
«cosa prodigiosa »y' dé' granidfCitla^pára Rbma que es- 
ta guerra osteica no'JsrTOÍesecofituÁíitó'' c^pláafVi* 



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ITARCiBCOi »33 

caiía'; ^o qoé los Galos , como sí etitruna de sus- 
titutos , no se hobierao movido mientras duraba' aque« 
lia cont ieoda , y después tratasen de acometer á loi 
vencedores, y de provocarlos cuando ya estaban ocio^ 
sos. No dejo con todo el país mismo de ser grao 
parte para que viniese temor en los Romanos , con- 
movidos conia idea de ana guerra de la^misma re^ 
giou , ya' por' la vecindad» y ya también por eV aii*^ 
tigoo renombre de los Galos ; los cuales se ve haber 
sido muy formidables á los Romanos y que por eUof 
fueron desposeídos de su dudad; pues que de resuU 
ta deteste suceso establecieron por ley» que los sa-^ 
cerdotes fuesen exentos de la milicia, á no qoe so-» 
breviskra otra- guerra con los Galos. Daban tambiea 
indicios de este miedo Us mismos preparativos (por¿ 
que se pusieron sobre las armas tantos millares de 
bombres cuantos nunca se vieron á la vez ni antes 
ni después ) , y las novedades que se hicieron en or* 
den í los saorifidos: pnes^do asi que nada ad-^ 
mitian d&^4o& bárbaros íii de lo» extrangeros» úaú 
que siguiendo' "principalmente las opiniones de los 
Griegos eran pios y humanos en las cosas de la re* 
Jlgíon; emono^s al estar yá iproxima hi: guerra se 
vieron en la necesidad de obedecer á unof oráculos 
délas Sibila^ irysegtííD ellos | i eftterrat vivos «tai la 
plaza>qbeikímajnde los Bueyes á dosGriegos^ vaiNHi 
y hembra, y del mismo modo i dos Galos: por los 
cuales Griegas y Galos hacen añii hoy en el mes dé 
Novlembr<e ciertas atcanas^ iíDrisiblesc^remoniass. 
. Le^ primeras comt$aSiS«ahértítfi?on entre victorlaf 
y descalabros , -sin que ooUfé^'osen á un t^rmipo:^- 
gUfo ; y miétitpas los CónsuliwFlaminio y Turio ha- 
cían la guerra coa poderbsoS'ejércítos á los Insabres^ 
«e viá que ¿1 rio oue «tniviesar- la campiña Picená 
coirria teíUdo en saíígreryise^dljíi? asimismo que há^ 
cia-Aifiídteioíiabían a|>arecidó''«^s' luodsv Adeínái 
loiB saoífddtex, qué titüeap^á suxargo obstar l#s aveii 



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ti4 itmesxK 

anondarm qoe los agüeros de eMs al ttem^ A^ W^ 
Comicios consulares oablan sido contraírios á-los C<íii<* 
sulés: por todo lo cual al punto se eamcol>i<»riias 
al 6)ércitó, citando y Uamando á estos pamiple res- 
tituidos á Roma abdieacan cuanto amesj y nada se 
apresurarao á hacer como Cónsules coii:tra los ene- 
migos. Recibi<5 las'cartas Fkmimo« y'Ao quiso -abrir- 
las sin 4i^er antes entrado en acción cm^ los b^rba* 
fos^i los que puso en fuga y les corrió la ti^ia« Re-** 
gveso luego á Koma con muchos despojos ; pero el 
pueblo no salió í recibielé; y por no beber, cumpll- 
(k> así que fue llamado^ 'ol! haberse mostrado obe- 
diente a las cartaSt estuvo ei> muy poco que no per- 
diese la. votación del triunfo; por tanto, n» bien 
acabada la solemnidad de esSe^ le redujo i ^la clase 
de particukF) precisándole i fcnunciareljconaulaáe 
juntemente con su colega ; \ tanta era la piedad dé 
loft Romanos en referirlo todo á. los Diosetl Asi as 
que aun presentando en cambto los mas poroiperos 
acontecimientos ,. noépfobabaa el desdend^ioragüe* 
ros recibidos » creyendo que; para la salbd-ée la ^-^ 
trj^ conduela mas el qoe-loimagiscrf^ofLCevor^cia- 
^n las. cosas de la ret^on^rque él ^^y^nc^an í 
lo$ enemigos* ...t ..: r-. 

, . Sor este téraaino hailáiidose Cóa$u{ Tiberio Sem^ 
proniq, varón- que pCHr so.^aI<ir.y p^ofádad^erade 
Jofc Romeóos tenido: eri; et mayor jipxeiüpy declaró 
jpr sus aicesores á^^^^ipioá iíasica^j y Oi^OeMar- 
cÍq; y ctamdo ya«stabaa e«tos «rií sus respectivas 

Írovincias^. registrando los. apuntes isobre. mÁücia, 
allá por casualidad; m}^*^ le. habia. pasado unade 
las prevenciones trásníH^idas*; por los^ mayores » .que 
^iiÍ9tai cuando* .diQeo^r^f^ara tomaf los agüeros 
fuera jdo^M pobladoügri^ciifMiJsa casa ó l:ieiida árren- 
dad^v y láespues.por icaso?t^ia que volver-iá* laciu- 
liad sin haber obteoidó/senaks Ciertas, era. preciso 
SQ^4eí^caaqucíUa9KaosÍQajafijceodjidafj y. tomara otra 



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KAB!CSLt>. 13 f 

Mra cmpejsar eo tUz 1a ceremoaia diesde el principio. 
£sto lera ju^meote lo que Tiberio habia ignorado, 
y tomo dos veces los agüeros en un mismo punto 
para declarar Cónsules á los que dejamos dicho. Ad-¿ 
vlrtió.pof fin su error» y lo hizo presente al Senado; 
el ciial ño mird con desprecio esta falta» aunque pe<^ 
^uega ; sino que escril»o i los GSdsuIes^ y. estos de«« 
}ando las provincias, se apresuraron á volver á Ro^ 
ma #• é hicieron dimisión & su dignidad : sino que es-^» 
to :sucedi6 más adelanten Mas por aqnelks mismos 
tiempos i dos sacerdotes de lo mas disringmdo se 
les privo del sacerdocio: á Cornelio Cetego » por no 
haber distribuido por el orden prescrito las entrañas 
de las victimas; y á Quinto Sulpicio, porque en el 
acto de estar sacriibauído se le cayo de la cabeza 
di velo que llevan lor llamados Flamines. También 
escando el Dictador Minucio nombrando por Maes^ 
tro de la caballería i. Cayo Flamink) » porque en el 
acto se oyó el rechinamiemo de un iaton , al que 
llaman Sarice^ retiraron sus votos á. entrambos, y 
nombraron otros. Maá aun^e tanta exactitud ponían 
en estasíCosas que'pareoen pequeñas, no por eso te** 
nUt parte superstición ninguna en na alierar ni omi« 
tir nada de las prácticas heredadas. 

Hecha^a abdicación por Flaminío y.suxoieffa, 
fuQ designado Gonsui MárcelD por los que llaman m^ 
tereyes;.y luego que se entregó de la autoridad > le 
dieron por col^a á Neyo jComelio^ Dioeaeqiie.cow 
mo los Galos diesen >mudhtas pasos hacia la réoonci- 
liacloísi y y también él Senado se inc&iase: á .la ^Zf 
Marcídoirritóal pueblo^ pata xjue apeteciese la guer- 
ra ;. y aon sin embargó dé que llego á hacerse la paz^ 
los Galosixmsmos ponece^ qiij8 obligaron ¿ la guerra,^ 
pasando los Alpes y alborotando á. los InsüBres : por<i 
que siendo uno& treinta niil ,2 wuntefoitáresms, qué 
les^ekoedian mucho en^nóméro^ y llenos de altane^ 
m^maDcbaxx>n;sin jdetéñcian conlra. Acerras ^ ciudad^ 



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2^6 MASCBLO/ 

&Ddadá á las 'orillas del Po ; y dé^sMi el R^de los 
Gesatas Viridoiíiaro saliá con irnos diez mil bDiabftSi 

Í talaba todo el pais por donde discurre este río. 
uego 4iue 'esto llego á los oidos de Marcelo , dejan- 
do á su colega por la parte de Acerra con toda la 
infantería , toda la tropa de línea y el tercio de I^ 
de á caballo^ y tomando x:ons^o lo restante dt la 
caballería y de las tropas mas ligeras hasta unos seis-» 
cientos[ hombres , movió sus reales^ y aceleró lámar- 
cha, Án a&ojar ni de dia ni' de noche , hasta que 
alcanzó á los diez mil Gesatas hicia el pueblo lla- 
mado píastidio Caserío } otro tiempo de los Oftios^ 
Ítqne hacia |»o€o habia entrado en la obediencia dé 
^s Romanos, üo le fue dado ^rehacerse y dar algihi 
reposo á su tropa , porque^ luc^o tuvieron íes bároa- 
ros antecedentes de su irenida, y la miraron -' con 
desprecio, por ser muy poca su infantería, y so dar 
los Celtas a su caballería impoirtancia ninguna ; pues 
sobre ser tenidos por diestrísimos y sobresaliente»^ 
este modo de combatir , con mucho excedikn tam- 
bién en ei:0Ómero á Mairelo* Por' tanto, como paro 
llevársele de calles , marcharon: sin diladon ^contra 
¿t.conrgraniífapetu y terribles amenazas , precedién- 
doles el Rey. Marcelo, para que no se le adelanta- 
ran y .le renwlvíeraa viéndple con tan pocos, llevo 
con prontitud á bastante distancia sus escuadrona 
de caballería:^ y adelgazando sn^da , la extendió mu-¿ 
cho, hasta qué se puso cerca dt los enemicos. En él 
acto mismo de lanzarse contra estos, sucedió que su 
cabalb, irapiietado con los.reGnchos de la caoalk-^ 
xía contraría, volvió grnpa: para llevar hacia. atrás á 
lyfarcelo. El entonces, temieodo que esté accidente 
4|ese.motivd á< alguna sopersticioii en los. Romanos, 
hizo uso del :fi£no , y volvió repentinamente el caba^ 
lio frenteüárlos.exiemigoSe adorando al sol; como que 
no por abaso:,:^ino deántemQiycbn aquel mismo 
ctȒeta h^biftthedio^i.sD cabailcodar vuelta, i.porqae 



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glt^do*en torn^ e^domo ios Romanos: aeofitomlmn 
adorar á^J68'l>ÍQ$esI|^. y <^ tiempo de enib^tir. i los 
eoem^o^. se- diQe.Jia{>» hecho votorá *Jáfmt Fcre-> 
trio^'dfóiiaonsagrasleí tas ola^ horiMSts armaa de. los 
eiiefl|ig0& . ' . , i. .' :- f: 
<. .. £á e^^ le edu5íde*jrár el Rey de los Gesattff , y 
iponji^tiiiafido porlt&víosignias que aqtel era! el G¿^ 
n^ly^ó á; su cdbaUo»:y se addáiitiS j&Qcho á los 
demas'y firovQcán&)k2á* grandes togcs ^ *y bltadieado 
suJ)ifnft.rsiendo;jB^rior.i)los demás Galos), y so<» 
btesa&itdo entre illas ^por ¡su talla y por toda su arv 
madurav » qu¿ br^ir^bad^el oro ,U pfatta y 1» varie^ 
dad de los colores^ ison: lo qne venia» a ser. como rayo 
de: jns entre núbe8;:i.levaba Mar{;eh>'fu^ifita7por to- 
darla hueste epenúga , y tomo al descubrir . aquellas 
arn»s le paredeseh Jas m9$ humosas de todas , y se 
leVfcéokse.que (convelías liabia de compUe su voto^ 
afrteoiBftíendorcoikrasii dueño , l)eat]*aYeaó*jCon la lan-» 
za la.CQcaza, y .doa.el encuentro del .caballo le hizo 
perder la sUIa:y;caec'al suelo todavía con vida;' pe- 
ro repitiéndole, segbndo. y tercer golpe acabó luego 
Q9fii 'élr.c^l^eose^eñ' seguida > y Inego-.que tomó en la 
«mano las amiaé deLcaido, alzando los ojos al cielo^ 
«jicjamái p ¡Ot Jd^ritct íeretrio., tu qile registras los 
ipf designios y las grades hazañas de ios Generales en 
»las guerras y éá las batallas, tú eres testigo deque 
f».cdn mi propia^maho he traspalado y dado muerte 
W:$íeste enemigo 9 siendo General :á otro General, y 
1» siendo' Cónsul á un Rey i consagróte pues estos pri* 
Mineros y excelentísimos despojos; tu: concédeme pa- 
» ra lo que resta iiná ventura igual áícstos principios!*^ 
En estOí acometió, la caballería , p^leatido?,.no con la 
xsaballería separada, sino también 'COB: la infantería 
-que alli se agolpó; y akí^nzó un^ especial, glorioso^ 
4 incomparable triunfo^ pues no hfiy memoria de que 
tan pocos de á ¿aballo. hubiesen vencido .jamas á tan- 
ta caballería 6 ín&ñtería )üñus. Dióse muerte á un 



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$38 HAlMtO^ 

gran núttmofyíoí^endó mucfaat arfMs yd^épe^tñ^ 
Folvió á unirse con el colega ^qnecoti^Cfa desven- 
•tajosamente con los Celtatv jumera la chidad major 
y mas popaloia de los Gfttos. Llámase Mitán-, y ios 
Celtas la reconocen por metrópoli ; por lo cual'^ pe^ 
leajido con particular denuedo^én sü defensa ^ habían 
conseguido sidar al sitiador Córoelio. VolyiendOMssi 
esta sazóajMánselo» los Gesataa Ibego qué emeiidie^ 
roo la derrota y muerte de so Rey^ se fietírtt4*oii| 
Milán fue tomada , y los Celtas espontáneamemebti-* 
tregarori las demás ciudades» y' se-sometfa^wscoH 
todas stis cosas á los Romanos » qu^ le$ conce«fí¿«Di] 
la paz con equitarivas condiciones. - - . > 

Decretado por el Senado- el itcixmfo' solamente i 
Marcelo 9 apareció este en la ppmpa y si se hiende i 
la briJIameí^ fijeza y copia de los despojos ^ yal 
número de los cautivos, magnifiao.y admiraíble €o^ 
Bio los que- mas*; pero- el espectáculo 4nis"^agia(faibte 
y nuevo eraver que él mismo ccód^icia^al tempU de 
Júpiter la armadura del bárbaro f'^para lo cual babia 
hecho cortar el tronco de una bondosa éncipa , y 
disponiéndolo como trofeo y puso' ligadas y |)e]ádien^ 
tes de él todas las piezas , acoinodábdolas coil cienü^ 
orden y gracia; y al marchar el acompañamiento 
púsose al homtnro el tronco , subié i la carroza,' y 
como estatua de ú mismo, adornada con el -mas vis* 
toso de los trofeos, asi atravieso la ciudad* Seguia el 
qército con todentés armas > entonando odasc him« 
Bos triunfales en -loor del Dios y del GeneraW-De ts^ 
ta maúera continuó la pompa , y llegada al templo 
de Júpiter Feretrlo, suoió a él, é hií:o la cpnsagra- 
cion, siendo el terciero y último hasta nuestra edad: 
porque el primero que trajo iguales despojos fue Ró^ 
mulo de Acron , Rey de los Ceninetes; el segundo 
Cornelio Coso de Tolumnio ,Etrusco ; y después de es- 
tos Marcelo de Viridómard , Rey de los Galos , y des- 
pués de Marcelo nadie. D^se al Dios á quien se hizb 



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ÚAKCBLOU 939 

1» ofrendar ¿lIiKMiibre de JápherJB'eQetrib) fegon unoi 
por el.l»cbaanísmo deihaséfsele Ikorado ei trafeo^ 
como dértTsído :de la leogiia gvlega' muj: «terciada 
€Qtonoes coi^ la latina ; segpin t)teos esta «s^denomiM 
flacion propi^ de Júbiiier Fokmiante v porqiíe :fli ^g^ 
rk ó UHar ixsi^íitmo^ikK:^^^ 
aálmeñte'jlioenr^qae sc) t^mdicl arombre del sottmo 
golpe ó acto ¿eiberlr eni la guerra ^ porque eo las bo^ 
tallas oiiaiidor'persigiien:á:ík9L;cnemigor^ re pi tiende 
h::paÍab»qiñf^^.se.ezckan.niioa.á/0€ros^<^Al botla 
0(»iuiaiiicme^le>HaiiiaffidBi¿pojos)!péro á Jds «dé eim 

claüe 'kd dioea ^on espédal .d¿]ioiiHnacioni:4^^'^^ y 
se refiere qiie:ea tos.coineiltark>s.i% iNomarPoQripiiió 
ee hace ínencfeqi^ de .¿pimósí fprimerqs» segiibdiCKs 'y 
iefceroa^ünaDdaadoquefldS'inñaBaros qiieise moit^ 
•baaí seioomafrsbeQ'á JáÁitcr Jebctrio) los^sb¿oitd¿s 
á.JM[ahe)^ icRS; terceros i: Qui9ilió^ y que-^por^pret 
idd sralbc xecibíafl el primeib^ tre9dentDs/ases;Jdtl&«- 
<5entosaelse^ndby deafo ei^tercero; aeeir¿a "de* l|s 
<aiaies oobasrpreyaieceademfilS'ia (y^iníon <fe queiSR^* 
treaqüeUos'solotson honoríficos los.qae se iamxs^i^ 

Írimeros^nibacaitacanipai, dando muerte el uñGe»* 
eral al'otto; 'mas baste y9í de este pu^tol rLos JSio*> 
enanos tuvieiciMí' en tanto esta victorta yxl modoxoa 
^ue se t9rmiñ<i'esta guerm , ^que .de los- rescatéis 'fetif 
Maffon jen ofrenda- á Apdo Pitio una salvUia^de^oro^ 
^ de los despojos^ ademas de pwtir largamente con 
¿is ^adades ;<son&deradas > /regalaron asimismo xwi^ 
siderable porción á Hieron, tirano de Siracusá, q«e 
'•ra? uuiibiín asiiigd y aliado. 

>CiAiuli> Aníbal invadió la Italia habiá sido Mar^ 
celo envjado ái Sicilia con una armada* SuoedkS lue«*' 
go la calanaidad de Canas^ muriendo mudbos mitla*- 
ces de Romanos^ en aquella batalla > 7 retiirándose á 

I 4opÍA» Hgnlfica llevar, 7 probablemente se tomó de 
%qui el /rrrf de 4m laiíaos* ... « 



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C^nisio a^QeHi» pobos que habían podido^ 'sabrátse; 
Cerno se temiese qne Aníbal acudiría: al panto, i to- 
iiiar á Roma cpn la facilidad conquebabiadi^becho 
lo mas tobistadesuirtropasy Marcelo; fiíexl príoie- 
SQ.qóe desde las naras. envía í Roma, para su guar- 
nición mil y setecientos homibres. Comiinióosde loer 
goiuna oxiden del Senado , y pasando, en su i vmnd á 
Canisío^ jTCogió los que allí se habían refugiado, y 
te'saoó fuera de.nairoa'^ para.QO deÍ9r'á.:di6creciaa 
et'pflis. De los Romanos iosiyarones .propioa para el 
mando.) y de opinión en las cosas de>la gaecra,.los 
mas habían muerto «ea las acciones; y en^Fabtó Mar 
admoy que era elquegosabademajoc autoridad por 
fo justificación y su.prudeoíciay culpaban^lei deteai-^ 
miento m Jas detesounficicines , para* ¿o arrj^esgasse á 
jdes^ajabresy notándofe de inacnvo é ícnesolntOi Jnz- 
^tüdo |mes que si- bien estt. era cual les ¿(mv^enia para 
xmisuitar..á su ségofidad, todavía no'era^él General 
que. también necesitaban, para ofendier Asb brez , .val- 
vieron los o)OS á Martelo; y contrapcxnieBdocy como 
mezclando su osadía y arrojo con la i moderación y 
^revifiioD de aquel ^ \css fueron.nombrafrdoy ora Con- 
«ules á ambos, y ora Cónsul al una y. £rócónsul al 
otrob Refiere Posidonio á este proposito, queiá Fahío 
Je -llamaban escudb, y á. Marcelo espada ;• y el mis- 
mo Ahibál eolia decir que á Fabio: le temía xomo á 
ayo i y á Marcelo como á antagonista ; porque de aquel 
era contonido para que no hiciese daño, y, de este lo 
recibía. . . 

En primer lugar como en el ejército por'ias mio- 
mas, victorias dé Aoibal se hubiese inttoducido mu- 
cha, iñsubordinaoion é indisciplina, á los soldados se-» 
parados de los reales qm corrían el pais. los destro- 
c^d>a, debilitando por este medio sus. fuerzas. Des-r 
üues yendo en auxilio de Ñapóles y de Ñola , á los 
NíJpolit^os, los fíenlo y confirmó, porque de suyo 
eran amigos seguros de Koma \ y entraiido en Mola 



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kftjetiCDDtT<$ ea SQtücion, porque elSentfdo ncTpodia 
reducir oi gobernar ál |Áeblo que ambalizaba ó se- 
mostraba del partido; dt.AttiiaI;y e&jqoeubabia en 
amella, ciudad un hombre de ios principaies en^ lina-* 
gt.9 7 muy, ilustre por so valor, Ilamaw Sandio, el 
Gotá en Ornas hábia peleado con extraordinario va« 
lofiy habiendo dado muerte á- muchos Caxta%iat'* 
w&iZ Ja.postrd se;le habta escoatrado entte los ca*- 
dáveres traq>a$ado su. cuerpo de; muchos dardos; de 
lo.qne admirado Anibal, no solo le dejo ir Ubre sin 
xesMte 9 sino qa& . le dio dádivas, y .le hizo su atni- 
go y Jftuesped. Gonespoqdiendo .pues Baodio agra- 
decido á este íkvor , era uno de ios, (^e anibah'zaban 
coa mas ardor; y como tenia,. inñu)o* incitaba al 

Sueblo á la deserción. No tenia Marcelo por justo.* 
eshaoerse de un hombre á quien la fortuna había 
disiíngaido tanto , y que habia tenido parte con los 
Romanos en sus mas memorables batallas ; y como 
ademas fuese p^ su carácter dulce y humano en el 
tr^Of é inclinado á excitar en los* hombres sentí-* 
mientes de honor, habiéndole en unía ogasion salu- 
dado Bandio , le preguntó quién era ; no porque no 
le conociese mucho tiempo habia, sino para buscar 
algún principio y motivo de entrar en conversación. 
Guando le. respondió soy Lucio BandiO > mostrando 
alegrarse y maravillarse: ¿cómo, le respondió, tu 
eres aquel Bandio de. quien tanto se ha hablado en 
Roma, con motivo de la batalla de Canas, dicién- 
dose haber sido ^ul^ único que no abandonó al Cón- 
sn} Paulo Emilio, sino que aun esperaste y recibiste 
en tu propio cuerpo los dardos que contra aquel se 
lanzaban ? Contestándolo Bandio , y mostriindo ade- 
mas algunas de sus heridas; pues teniendo, continuó 
Marcelo, tales señas de amistad hacia nosotros , ¿ por 
qué no te has presentado al instante 2 ¿ó crees que 
no sabemos recompensar la virtud de vtnps amigos que 
vemos acatados de nuestros contrarios? Ademas de 



TOMO II. 



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242 UXKCKLOr 

halagarle y atniorle de esta omoera, le regaló ita c» 
hallo hecho á la guerra 9 y ^isientas dracmas. 

Desde eotoaces Bandio nie para Marcelo el com- 
pañero y auxilur de mayor confianza ^ y el mas te* 
mible denunciador y acusador de los qae eran de 
contrario partido; que habia muchos ^ y tenian oie^ 
ditadoy cuando los Romanos saliesen contra loseue-* 
migos 9 robarles el bagage. Por tanto Marcelo , for-- 
mando sus^tropas dentro de la cindad^ coloca .jontO' 
á las puertas todo el carruage y é intimó á los Nola^ 
nos que no se aproximasen á las rntarailas : notábanse 
estas desiertas de defensores , y 'esto indujo á Aníbal 
á marchar con poco orden 9 paitciéndole que k» de 
la ciudad estaban tumultuadosw Entonces Marcdo,» 
dando orden de abrir la puerta que tenia próxima^ 
hizo una salida, llevando í sos órdoies lo mas bri-' 
liante de la caballería , y did ds firentesobre los ene*; 
micos : á poco salieron por otra puerta los deinfan-^ 
tena con larnto y^ algazara ; y después de estos,* 
mientras Anibaíl dividia sus fuerzas , se abrió la ter- 
cera puerta 9 y por día salieron los restantes, y poi^ 
todas partes -hostigaron á unos hombres sobrecogidos 
con lo inesperado del caso , y que se defendian mal 
de los que ya teniünentre manos, por los que lahi- 
mámente habian sobrevenido. Y ésta fue la primeral 
ocasión en que las tropas de Anibal cedieron á los 
Romanos , acosadas de estos con gran mortandad y 
muchas heridas ha^asu catñpamento: pues se dice 

3ue perecieron sobre cinco mil^ no habiendo muerto 
e ios Romanos mas de quinientos* Livio no confir- 
ma el que hubiese sido tan graiide la derrota ni tkn-i 
ta la mortandad de los enemigos; pero sí conviene en 
que de resultas de esta acción adquirió Marcelo gran 
renombre , y á los Romanos se les infundió mucho 
aliento, como que no peleaban contra un enemigo 
invicto ó irresistible , sino contra uno que ya , de- 
cían , estaba sujeto á descalabros. 



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IfARCELO. S43 

Por está causa ^ habiendo maerto uáo de los Cón- 
sules, llamo el pueblo para que le sucediese á Mar- 
éelo que se hallaba ausente , dilatando la elección con- 
tJüa la voluntad de ios demás magistrados hasta que 
i;egFesd del ejército. Fue pues nombrado GSnsul por 
todos los votos ; pero ál celebrarse los comicios hubo 
truenos , y los sacerdotes no tuvieron por faustos los 
ftgüeros I sino que no se atrevieron á disolver la junta 
por temor del pueblo y ui^ él mismo hizo dimisión 
de su dignidad. Con todo no por esto rehusó el man- 
do del ejército, sino que con el nombramiento de 
Procónsul volvió otra vez al campamento de Ñola, 
donde causó graves daños á los que hablan tomado 
el partido del Cartaginés. Sobrevino este repentina-» 
mente contra él, y como le provócase á batalla cam-* 
pal, no tuvo entonces por conveniente el empeñarla, 
con lo que aquel destinó á merodear la mayor parte 
de su ejército ; y cuando menos pensaba en batalla, 
se la presentó Marcelo^ que habia dado á su infan-* 
tería lanzas largas, como las que usaban en los com- 
bates navales, y: la' habia enseñado á herir de lejos á 
los Cartagineses, que no eran tiradores, y solo usa- 
ban de dardos qortos con los que herian á la mano* 
Ahí en aquella ocasión volvieron la espalda á los Ro- 
manos cuantos concurrieron, y se entregaron á una 
no disimulada fuga con pérdida de uqos cinco mil 
hombres muertos , y kíuatro elefantes muertos asimis- 
mo, y otros dos que se cogieron vivos. Pero lo mas 
singular de todo fue que al tercer <li« después de la 
batalla se le pasaron de los Iberos y Numidas de i 
caballo mas de trescientos , cosa nunca antes suce-^' 
dída á Anibal', que con tener un ejército compuesto 
de varias y diversas gentes , por mucho tiempo lo 
faabia conservado en una misma voluntad ; y estos 
después periharnederon siempre fieles á Marcelo y á 
los generales que le sucedieron. 

Nombrado Marcelo Cónsul por tercera vez, se 

Q2 



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244 líARCBLO. 

embarca para la Sicilia , á causa de qne los próspe- 
ros sucesos de Aníbal líabian vuelto á despertar en 
los Cartagineses el deseo de recobrar aquella isla,* con 
la oportunidad tambkn de andar alborotados los de 
Siracusa después de la muerte de Gerónimo su tiram^ 
y por los mismos motivos haUan también los Roaíia— 
oos enviado antes algunas fuerzas al mando de Apia 
Al entregarse de ellas Marcelo , se le presentaron mu-i 
chos Romanos , que se hallaban en la aflicción siguieo-' 
te: de los que en Canas pelearon contra Anibal unos 
huyeron, y otros fueron cautivados, <en tal número, 
que pareció no haber quedado á los Romanos quien 
pudiera defender las murallas; y con todo conservad- 
ron tal entereza y magnanimidad , que restituyendo^ 
les Anibal los cautivos por muy corto rescate, no 
los quisieron recilúr, sino que anteis ios desecharon, 
no naciendo caso de que a unos les dieran muerte, 
y á otros los vendieran fuera de la Italia; y á los que 
volvieron de su fuga , que fueron muchos , los hicie- 
ron marchar á la Sicilia , bajo la condición de no vol- 
ver á Italia mientras se peieaae contra Aníbal. Estos 
pues se presentaron en gran tnúmero á Marcelo , y 
echándoífe por tierra , le pedian con gritería y lágri- 
mas que los admitiese en el ejército , prometiéndole 
que harian ver con obras haber sufrido aquella der- 
rota , mas por desgracia que no por cobardía. Com- 
padecido Marcelo escribió al Senado , pidiéndole el 
permiso para completar con ellos las bajas del ejérci- 
to. Disputóse sobre ello en el Senado, y su dictamen 
fue que los Romanos para las cosas de la república 
ninguna necesidad tenían de hombres, cobardes; con 
todo , que si Marcelo quería servirse de ellos > á nin-^ 
guno se hablan de dar las coronas y premios que los 
generales conceden al valor. Bsta resolución fue muy 
sensible á Marcelo ; y cuando ^lespues de la guerra 
de Sicilia volvió á Roma , se qiiejó al Senado de 
que en recompensa de sus grandes ^ecvicios no le hu- 



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KARCBLO* 345 

biese Mrmltido mejorar la mala suerte de tantos 
ciudadanos. 

En Sicilia lo primero que entonces le ocurrió fue' 
haber sido calumniado por Hipócrates , gobernador 
de los Siracusanos , que á fin de congraciarse con los 
Cartagineses y y también para negociar en su favor la 
tiranía de aquel pueblo » habia hecho perecer á mu- 
chos Romanos cerca de Leoncio. Tomó pues Mar- 
celo esta ciudad á viva fuerza; y lo que es á loa 
Leontinos en nada los ofendió; pero á todos los pa- 
sados que pudo haber á la mano los hizo azotar y 
quitarles- la vida. En consecuencia de esto la primera 
noticia que Hipócrates hizo llegar á Siracusa fue que 
Marcelo hacia degollar sin compasión á todos los 
Leontinos , y cuando por esta causa estaban en la ma- 
yor agitación , vino sobre la ciudad y se apoderó de 
ella. Marcelo con esta ocasión se puso en marcha coa 
todo su ejercito, con dirección á Siracusa; y sen- 
tando alli cerca sus reales , envió mensageros que pu- 
sieran en claro lo ocurrido con los Leontinos ; mas no 
habiendo adelantado nada, ni logrado desengañar á 
los Siracusanos, porque el partido de Hipócrates era 
el que dominaba, acometió á la ciudad por tierra y 
|>or mará un tiempo, mandando Apio el ejército y 
mandando él mismo por si sesenta galeras de cin- 
co órdenes, llenas de toda especie de armas, manuales 
y arrojadizas. Habia formado un gran puente sobre 
ocho barcas ligadas unas con otras ; y llevando sobre 
él una máquina, se dirigía contra los muros, muy 
confiado en la muchedumbre y excelencia de tales 
preparativos ^ en la gloria que tenia adquirida ; de 
todo lo cual hs^cian muy poca cuenta Arquimedes y 
sus inventos. No se habia dedicado á ellos Arquime- 
des exprofeso , smo que le entretenían , y eran como 
juegos de la geometría, á que era dado. En el princi- 
pio fue el tirano Hieron quien estimuló hacia ellos 
su ambición , persuadiéndole que convirtiese alguna 



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ll¡ 



246 MARCfitO. 

parte de aquella ciencia, de las cósar intelectuales^ 
á las sensibles , y que aplicando sus conocimientos á 
los usos de la vida ^ hiciese que le entrasen por los 
ojos á la muchedumbre. Fueron , es cierto Eüdoxo 
y Arquitas los que empezaron á poner en movimien- 
to el arte tan apreciado y tan aplaudido de la ma- 
quinaria, exornando con cierta elegancia la geoibe- 
tría, y confirmando por medio de ejemplos senáWeiS 
y mecánicos ciertos problemas que no admitían tk 
demostración lógica y conveniente: como por ejem- 
plo , el problema no sujeto á demostísádotí de las dc^ 
Jneas medias , principio y elementó riecesario para 
gran número de figuras , que llevaron uno y otro á 
una material inspección por medio de líneas Interme- 
dias colocadas entre liileas Curvas y segmentos. Mas 
después que Platón se indispuso é indignó contra 
ellos, porque degradaban y echaban á perder lo mas 
excelente de la geometría-con trasladarla de l6 incor- 
póreo 6 intelectual á ló sensible , y emplearla en los 
cuerpos que son objeto de oficios toscos y ministeria- 
les , decayó la Mecánica separada de la Gfeómetría y 
desdeñada dé los filósofos , viniendo i ^r por lo tan- 
to una de las artes militares. Arqnimedés pues, pa- 
ciente y amigo de Hieíon, le escribió ^ue Con üné 
potencia dada se puede mover un pesó igualmente 
dado; y jugando, como suele decirse , con la fuei'zá 
de la demostraron , le aseguró que si le dieran otra 
tierra , movería esta , y k arrojaría sobré aquella. Ma- 
ravillado Híeron, y pidiéndole que vérífitiara coA 
obras este problema , é hiciese osténsiblécóiAó se mo- 
vía alguna gran mole con una pot^néia pequeña , com- 
pró para ello utí gran trasporte del |arscnál del Rey, 
que fue sacado á tierra con mucho' frábafó y á fuer- 
za de un gran numero de brazos ; ¿árgóle de gentei 
y del peso que solia echársele , y sentado lejos dé él 
sin esfuerzo alguno y qon solo mover con h mano el 
cabo de un ingenio de gran ¡fuerza atractiva , lo Ile- 



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IfARCELO» 247 

^asj déredio 7 sin detención , como si cómese por 
«el hiar. Pasmóse el Rey, y convencido del poder 
4elarte, encargó á Arqaimedes qae le construyese 
4oda especie dé máquinas de sitio, bien fuese part 
•defenderse ó bien para atacar; de las cuales él no 
•hizo uso 9 habiendo pasado la mayor parte de su ví- 
ala exento de guerra y en la mayor comodidad; pero 
entonces tuvieron los Siracusanos prontos para aquel 
metiester las máijuinas y al artífice. 

Al acometer pues los Romanos por dos partes fue 

Eande el sobresalto de los Siracusanos y su inmovi«- 
l^d á czausa del miedo , creyendo que nada habia 
^e oponer á tal ímpetu y á tantas fuerzas; pero po- 
joiendo en juego Arquímedes sus máquinas, ocurrió 
•á un mismo tiempo al ejército y la armada de aqu&- 
41oSk Ab ejército, con armas arrojadizas de todo gé- 
«úsro, y con piedras de una mole inmensa, despe*^ 
didas con increíble violencia y celeridad ; hs cuales, 
•00 habiendo nada que resistiese á su peso , obligaban 
á muchos á la fuga, y rompían ^la formación. En 
•cuanto á las naves ,. á unas las asían por medio de 
grandes maderos con punta , que repentinamente aptf- 
drecieiian en el^iresaiiendo desde ia muralla, y al- 
•dándolas en alto con unos contrapesos, las hacían 
-luego "sumirse en el mar , y á otras levantándolas rec- 
itas por :1a proa con garfios de hierro semejantes al p^ 
co de las gmltas, las hacían caer en el agua por la. 
^opa ; 6 atrayéndolas y arrastrándolas: con máquinas 
que calaban adentro , las estrellaban en las rocas y ei^- 
collos que abundaban bajo la muralla , con gran rui- 
iia de la tripulación. A veces hubo nave que suspen^ 
dida en alto dentro del mismo. mar, y arrojada en 
él, y vuelta á^Ievaniúr, fue un espectaculoterrible, 
•hasta que estrdlados^ ó^.espelidos los marineros , vino 
á caer vacía sobre los muros, ose deslizó por soltar- 
le el garfio que la rasia^Llaniábáse/sambúca lainá(jui- 
na que Marcelo traía sobre el puente , por la semejan^ 



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248 MAUCtLO. 

za de sil forma con aquel instrumento nx6sico; tXM 
coando todavía estaba bien lejos de la muralla se lan- 
zó contra ella una piedra de peso de diez talen- 
tos ', y luego segnnda y tercera > de las cuales algn* 
ñas , cayendo sobre la misma máquina con gran es- 
truendo y conmoción, destruyeron el piso^ rompk- 
•ron su enlace, y ia desquiciaron del puente; con lo 
que confundido y dudoso Márcelo se retiró á toda 
prisa con las "naves , y dio orden para que también 
se retirasen las tropas. Tuvieron consejo, y les pa- 
reció probar si podrian aproximarse á los muros por 
la noche , poraue siendo de gran fuerza las miquis 
ñas de que usaoa Arquimedes , no jpodian menos de 
hacer largos sus tiros, y puestos ellos alli serian del 
todo vanos, por no tener la proyección bastante es- 
pacio. Mas á k> que parece , aquel se habia preveni- 
do de antemano con instrumentos que tenían mivi-^ 
mientos proporcionados á toda distancia, con dar-- 
dos cortos, y no largas lanzas, teniendo ademas pron- 
tos escorpiones, que por muchas y espesas trone- 
ras pudiesen herir de cerca sin ser vistos de los ene- 
migos. 

Acercáronse pues pensando no ser vistos; pero 
al punto dieron otra vez con los dardos , y eran he*- 
ricfes con piedras que les caian sobre la cabeza per- 
pendicuiarmente; y como del muro también tirasen 
. por todas partes contra ellos, hubieron de retroce- 
oer; y aun cuando estaban á distancia llovían los 
dardos y los alcanzaban en la retirada , causándoles 
gran pérdida, y un continuo choque en las naves 
unas con otras, sin que en nada pudiesen ofender á 
los enemigos, porque Arqúiinedesi había puesto Ic 
,niayor paite desús máquina$ al. abrigo de. la muralla* 
^Parecía por tanto que ios Homanos; repetían Ja guer- 

c ^ I Cada talento venia á pesar sesenta jr dps Ubras y me- 
dia castellanas. .. * ^ . -.■ 



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m á los Di09es., segna repentinamente hablan ^nido 
sobre ellos millares de plagas. 

Marcelo pudo retirarse , y motejando i los Sira- 
acusados de menestrales y maquinistas : tt No penséis^ 
f> \t& décia ^ que hemos de abandonar el hacer la guer- 
9» ra á ese Briareo , que entre el vino y la burla ha ar* 
^ rojado al mar nuestras naves, 7 todavía se aventaja 
^á los fabulosos centimanos, lanzando contra noso« 
»>. tros tal copia de dardos.** Y en realidad todos los 
Siracosanos .venían á ser como el cuerpo de las má«» 
quinas de Arquimedes, y una sola alma la que todo 
lo agitaba y ponía en movimiento: no empleándose 
para nada las demás armas , y haciendo la ciudad uso 
de solos aquellos para ofender y defenderse. Piñal- 
mente , echando de yet Marcelo que los Romanos ha-^- 
bian cobrado tal horror, que lo mismo era ponerse 
mano sobre la muralla en una cuerda ó. en un made- 
ro empezaban á gritar qne Arquimedes ponia en )ue* 
go'una máquina contra ellos , y volviiui en fuga lá 
espalda, tuvo que cesar en toda invasión y ataque, 
remitiendo á solo el tiempo. el término feliz del ase- 
dio. En cuanto á Arquimedes fue tanto su juicio, 
.tan grandeisu ingenio, y, tal su riqueza en teoremas, 

Íne sobre aquellos objetos que le habían dado el nom- 
re y gloria de una inteligencia sobrebuiáana , no 
j)ennit¡6 dejar nada escrito;. y es que tenia por ín- 
.noble y ministerial toda ocupación en lá mecánica, 
y todo arte aplicado á nuestros usos^^; poniendo úni- 
camente su deseo dé sobresalir en aquellas cosas que 
llevan consigo lo. bello y excelente, sin mezcla de 
nada servil, diversas y separadas de las demás; pero 
que hacen que se entable contienda entre la demos- 
tración y la materia; de parte de la um por lo gran- 
de y lo bello , y de jparíe de la otra por la exacti- 
tud y por el maravilloso poder ; pues en toda la geo- 
metría no sé encontrarán: ííuestiones mas difíciles y 
jcnredosas., cxplicadas^ con .elementos mas sencillos ni 



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a50 MA&OEUI. 

mas oomproislbles ; lo cual unos creen que éshé atñ^ 
huirse á la sublimidad de su ingenio, y otros á un 
excesivo trabajo , siendp asi que cada cosa parec&des- 
pues de hecha que no debió costar trabajo ni dificul- 
tad. Porque si se tratara de inventarlas , no seria dado 
á cualquiera acertar por si solo con la demostración; 

}r en i^nrendiéndolas^ al punto nace en cada uno 
a opinión de que las babria hallado: ¡tanta es lo 
que facilitan y abrevian él camino para la^demostra- 
cion ! Asi no hay como no dar cr&iitp á lo que se 
refiere y de que milagado y entretenido de continuo 
por una sirena doméstica y £aimiliar se olvidaba del 
alimento , y no cuidaba de sn persona ; y que lleva- 
do por fuerza í ungirse y bañarse, formaba ¿guras 
geométricas eo el misma hogar., y después de liñu- 
do tiraba líneas con el dedo, estando verdaderamen* 
te ibera de sí , y como poseído de las musas, por el 
sumo placer que en estas ocupaciones hallaba. Ha- 
biendo pues sido autor de muchos y muy excelen- 
tes inventos , dlcese haber enuargado á sus' amigos y 
parientes que después de su muerte colocasen sobre 
su sepulcro. un rcUindro con una esfera circuAscrita 
en él , poniendo por inscripción, la razón del exceso 
que hubiese entre el sólido continente y el contenido. 
Siendo 'pues Arquímedes tal cual nemos manifes- 
tado , se conservó invencible á sí- mismo , 6 hizo in- 
vencible á la dudad e^i cuadto: estuvo de su parte. 
Marcelo durante el sitio tomó áMegaras, una de las 
ciudades mas antiguas de los Sicilianos, y se apode- 
ró cerca de Acribas del campamento de Hipócrates, 
con muerte-de mas de ocho mil hombres,- sorpren- 
diéndolos en el acto de poner el valladar* Corrió 
ademas la mayor parte de la Sicilia, separando las 
ciudades: del partido de los Cartagineses , y venció 
en batalla á todos cuantos se atrevieron á hacerle 
frente. Sucedió:en el progresó:del sitio haber hecho 
cautivo á un Esparciata Ibamado Damasipo , que sa^* 



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MARCELO. 351 

116 por inár deSurácDsa; y como' tos Siracasanos de* 
seasen recobrarle por rescate, y con este motivo sé 
hubiesen tenido diferentes conferencias , poso en muí 
de estas ocasiones la vista en una torre "que. estaba 
mal consen^da y defendida, en la que podría intro« 
ducir soldados ocultamente , siendo ademas el muro 
de fádl subida por aquella parte. Habíase becho cargo 
con exactitud de la altura de este en sus frecuentes idas 
y venidas á conferenciar por la parte de la torre, y 
tenia ya prevenidas las escalas ; viendo pues que los 
Siracusanos con motivo de celebrar una nesta de Dia* 
na estaban entregados al vino y á la diversión , no 
solamente tomó la tprre 3in ser sentido , sino que an-i' 
tes d¿ hacerse de dia había coronado de gente armada 
toda la muralla, y Quebrantando el hexapilo'. Cuan* 
do los Siracusanos llegaron i entenderlo , todo fue 
confusión y desorden ; y como Marcelo mandase ha^ 
cer señal con todas las trompetas á un tiempo , die-^ 
ron á huir sobrecogidos de miedo , creyendo que nah- 
da les quedaba por tomar á los enemigos, j^altaba 
sinembargo la parte mas bella , de mas resistencia y 
extensión, que se llama la Acradina, porque su mu**» 
ralla separa la ciudad de afuera; de la 'cuai á una 
parte dan. el nombre de ciudad nueva, y á otra el 
de Tuca. 

Tomadas también estas , al mismo amanecer mar¿ 
chd Marcelo por el hexapilo , dándole el parabién 
todos tos caudillos que estaban á sus órdenes ; mas 
de él mismo se dice que al ver y registrar desde lo 
alto la grandeza y hermosura de semejante ciudad^ 
derramo muchas lágrimas^ compadeciéndose de 16 
que Iba á suceder: por ofrecerse á su imaginación 
¡qué cambio ib^ á tener de alli á poco en su forma 
y aspecto saqueada por el ejército! porque ninguno 

• I Sitio eminente y fortificado. Véase la sinonimia 
geográfica de Abraham Ortclio» • 



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9 52 MARCBLO. 

de los gefés se atrevía á oponerse á lois soldados» qté 
hablan pedido se les concediese el saqueo, y aun 
xnachos clamaban porque se le diese fnego y se la 
asolase, fin nada de todo esto convino Marcelo, y 
solo por fuerza y con repugnancia condescendió ea 
que se aprovecharan de los bienes y de los esclavos, 
6in que ni siquiera tocaran á las personal libres; y 
expresamente mandó que no se diese muerte, ni se 
hiciese violencia, ni se esclavizase á ninguno de los 
Siracnsanos. Pues con todo de dar órdenes tan mo- 
deradas concibió lo que iba á padecer aquella ciu- 
dad ; y en medio de tan grande satisfacción , se echó 
de ver lo que padeda su alma , aljCon^derar que den- 
tro de breves momentos iba i desaparecer la brillan- 
te prosperidad de aquel pueblo: diciéndose que no 
se recogió, menos riqueza en aquel saqueo que la que 
«e ¿llegó después en el de Cartazo; porque habiéndo- 
se tomado por traición de alli a poco tiempo las de- 
mas partes de laciudad^,todo lo saquearon, á excep- 
ción de la riqueza de los palacios del tirano , la cual 
fue adjudicada al erario público. Mas lo que prin- 
cipalmente afligió á Marcelo fue lo que ocurrió con 
Arquimedes; porque casualmente se nallaba entrega- 
do al examen de cierta figura matemática , y fijos ea 
ella su ánimo y su vista , no sintió la invasión de los 
Romanos ni la toma de la ciudad. Presentósele re- 
pentinamente un soldado , dándole orden de que le 
siguiese á casa de Marcelo; pero él no quiso antes de 
perfeccionar el problema , y llevarlo hasta la demos- 
tración; con loique irritado el soldado, desenvainó 
la espada, y le dio muerte. Otros dicen que ya el 
Romano se le presentó con la espada desnuda en acti- 
tud de matarle y y que al verle le rogó y suplicó se 

I La toma de la Acradina y de la Isleta ofreció mu* 
^bas dificultades; de las que rlutarco :no hace mérito. 
Véase á Livio' lib. xxv. 



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líAROBLO* 25,J 

espetaba Qfi peco, pora nód^r imperfecto y oscu** 
ro lo .^e estaba investiflanclQ;. de lo que el soldado 
no bizo caso^ y le paso con la espada. TodaTÍa ^hzy 
acerca de esto otra relación , diciéndose que Arqni- 
medes llevaba á Marcelo algunos instrumentos mate- 
máticos , como cuadrantes ^ esferas y ángulos, con 
los que manifestaba á la vism la magnitud deLsol; y. 
que dando coa él los soldados, como creyesen que 
dentro llevaba oro , le mataron. Como quiera , lo 
que no puede dudarse :es que Marcelo Iq sirítuS tnu-^ 
cho; queialsoldado qne le mato de su propia. ma-- 
no le mandó' retirarse de 30 presencia como abomi- 
nable ; y que habiendo hedho-buscar á sus deudos, 
los trató con el mayor aprecio y distinción.. . 

Para los.de afuera teniao sí opinión los Roma** 
nos de ser terribles en la guerra, y cuando se venia 
á las puf\adas; pero nobaj&lan dado nunca ^jempbs. 
de ífiquIgeDcia, de humanidad y de las .demás virtud- 
des f políticas; y entonces por la primerai vez hizo 
Marcelo ver á los Griegos que eran mas justos los 
Romanos. Porque se {H>rto de modo con los .que 
tuvieron que entender con él, é hizo^t^nto .bien á 
las ciudades , que si con los de £na , los Megaren- 
ses ó los Siracusanos, intervino algon he(£o de 
inmoderación , mas deberá .echarse la colpa á los 
que^ lo padecieron , que á lo^^ que se vi«k)n en la pre-* 
cisión de.ejecutarlo. Haremos. mención entre muchos 
de uno solo de sus actos.de bondad. Hay* en Sicilia 
una' ciudad llamada Enguion ,, aunque pequeña,., muy 
antigua y celebrada por la aparición de las IXosas, 
á las que dicen las madreé , habiendo tradición de 
que el templo fue obra de los Cretenses;; y en ^1 en- 
señan ciertas lanzas y. ciertos yelmos de bronce con 
inscr>pc¡ones unos de Merion y otros de Ulises , con* 
sagrado todo en hoooi^ de las Diosas. Era esta ciudad 
de las mas decididas por., ios Cartagineses ; y Nícias, 
imQ de. los ciudadaops ma$ pringipal^^ intentaba 



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a$4 vAmcELO* 

traerla al 'partido de los Romanos , hablándoles con 
la mayor clafidad en las jmitas» y tratando con as- 
pereza á los que le contradecían ; pero estos , que t^ 
miaa-so opinión 7 su inñujo^ concibieron el deág- 
BÍo de echarle mano y entregarle á los Cartagineses. 
Llególo á entender Nidas^ y se resguardó andando 
con ieautela ; pero sin resenra hizo correr <^iniones 
pofo fpiadosas acerca de las madres t / egecntd cosas 
que. daban á entender que no creia y se boriaba de 
la aparición \ con lo que se pusieron muy contentos 
siis'cnismgos I pareciéndoles ^ne esto era dar armas 
contra sí mismo para lo que tenían meditado; Cuan^ 
do iban á ponerlo por oDra habia junta públka de 
los ciudadanos: en ella Nidas empezó a hablar y 
persuadir, al pueblo » y en medio deesto repentina- 
mente se tiro al suelp) estando >un poco como des- 
mayado; sucedió á esto:, como era natural, un gran 
silencfoy admiración, y entonces levantando y mo- 
viendo la cabeza con voz trémufa y profunda empe- 
zó á articular, aumentando por grados el eco» Cuan- 
do vio que todo el pueblo estaba poseído de un mu- 
do terror, arrojando el manto y rasgando la túnica, 
<üó á correr medio desnudo hacia la salida-de la pla- 
za, gritando que las madres lo arrebataban. Nadie 
osaba acercársele, y menos detenerle por un temor su- 
persticioso, sino que apites se apartaban^ y asi pudo 
encaminarse á todo correr hacia las puertas , sin omi- 
tir ninguno de los gritoif y contorsiones que son pro- 
pios'de los endemoniados y poseídos. La muger que 
estaba en d secreto , y entraoa % la parte en esta ma- 
quinación , tomando por la mano á sus hijos , empe- 
zó por postrarse delante del templo de las Diosas , y 
después haciendo como que iba en busca de su ma- 
rido perdido -y desesperado, se marchó del pueblo 
sin que nadie se lo estorbase y-xxm toda seguridad; 
dirigiéndose ambos salvos por este medio á Siracusa 
á presentarse^ Marcelo. Este, que habia recibido mu- 



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chas ofensas 7 agravios de los Enguyédses, marchó 
allá , é hiso-encaaeüarlos á todo» para tomar vengan- 
za; .mas entonces Nidasacodió á él » 7 empleando 
ks tuegos y las lágriatias v asiéndole <k ías manos y 
las rodillas, le pidió por sus conciudadanos empezan« 
do pqr SQS enemigos; y ^iadado Marcelo los^ dejó 
libres á todos, sin babear. causado á la andad la< me-* 
nor :ce|adon , 7 á Nicias le hizo concesTon^ de ma-* 
cha terreno , 7 le dio grandes presentes. Éste hecho 
es Posidbnio el filósofo quien nos le dejó escrito. 

Por llamamiento de >£» 'Romanos' v%>kió Marcelo- 
á la-gserca prolongada 7 doméstica, tTlii7endala ma« 
70c. 7tmas irica parte uk las, ofrendad votivas de los 
Siracasanos, para qne sirviesen de recreo á. su vista- 
en el triunfe 7 i la ciudad de ornato ;! porqne an- 
tes 00 había ni se conocía en ella objeto ext^uisito 7 
]>rimorQso, ni se veianada que pudiera decirse gracio- 
so, polido 7 delicado t estando llena de armas die los 
bárbaros 7 de despojos sangrientos, que no hackn una 
vista alegre 7 exenta de temor 7 miedo propia dfe es- 
pectadores criados ¿00 regalo; sino que y asi como 
Epaminondas llamaba orquesta de Marte al territo-* 
rio -de la Beocia^ 7 Genofbnte á Efeso* maestranza 
de la guerra t de la misma^ manera parece que cual* 
qniéra daria á Roma, ^segun e| lenguage -de Pindaro, 
la /denominación de campo consagrado al belicoso 
Marte. Por esta causa Marceld, que adornó la ciu-* 
dad con objetos vistosos 7 agradables, en que se des- 
cubria la gracia 7 elegancia griega » se -ganó labsne-' 
volencia dd: pueblo ; pero rabio Máitimo la de los 
ancianos^ porque no reco^ esta clase de objetos, ni 
los traslacló' de Tarento cuando la tomó ,r sino que 
los otros bienes 7 las otras riquezas los extrajo ; pero se 
dejó las estatuas , pronunciando aquella sentencia tan 
conocida: *ik dejemos á los Tarentinos sus Dioses ir- 
ritados." Reprendían pues á Marcelo, lo primero 
porque habia concitado odio y envidia -ala ciudad, 



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2j6 MA^CBLt>£ 

nevando jen triunfo no solo hombres, sino IXoaes 
anittTos; y lo segando porqneal pueblo acostum- 
brado i pelear y.labrar, Qtstaidexlel regalo y ^4iol- 
fizaneria , j que era á sem^anza del Hércules de 
urípides, 

Nada artero en el mal, para el tMen^reoto^ 
le llenó de odo y de parlancnineria sobre las artes y 
los artistas y haciéndose placero , y consumi^ido-en es- 
to 'la mayor parte del aia« Con todo él hacia gala aun 
entre los Grlegos.de haber enseñado á los Romanos 
á apreciar y. tener en admiración las preciosidades 
y primores tie. la Grecia que antes no .conocían. 
Oponíanse los enemigos de Marcelo á que se le 
decretase el^triiinfo, porque todavía .^e ^bia queda** 
do algo por hacer en Sicilia^ y porque concitaba en-- 
vidia el tercer triunfo; masijoonvínose coh ellos en 
que el triunfo grande .y.per&cto le tendría .fíiera, 
yendo la tropa al monte Albano; y en la ciudad 
tendría elmenor , al que llaman, aclamación losGrie* 
gos y ovación los Romanos. £a este el que triunfa 
no va en^ carroza de cuatro caballos ^liiseJe corona 
de laurel, ni se le tañen trompas, sino que marcha 
á pie. con cateado llano, acompaña4o de flautistas en 
gran.námero y coronado de mirto, como para mos- 
trarse pacífico y beni^Qo ,..mas bien que formidable; 
lo qiie pata mi es la señal mas. cierta de que enio an- 
tiguo , no tanto se distinguían entre sí amboKS triun- 
fos por la grandeza de la» acciones como por su cali- 
dad; porque los que en batalla vencían de poder á 
po^er á_Jos enemigos gozaban á lo qué pamce de 
aquel triuiifo marcial , y digámoslo asi , imponedor 
de jníedo ,, coronando . pronisamente con laurel las 
armas y los soIdados^, como se acostumbmba en las 
lustrgdones de los ejércitos ; y á los Generales que 
sin nececeisidad de guerra con las conferencias y la 
persuasión terminaban felizmente las contíendas , les 
concedía la.Jey esta otraacbíimícion y pompa pacífi* 



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oa y a>i¿iUadora^ Poraue hi flaatacs'iRstnniiéntodé 
paz, y d mirto et el árbol de Vénust, láína^abomi-I 
jnadora de la vioiencia ydp la guerra' entré rodo^ lo$ 
doses. La ovación no^se llama asi cqibó muchos opi^ 
xHin de la voz griega^^t^^ ^ qtie significa fftíz canté 
ó^aclamaciofiy pses'^tie también el acompañamiento 
^1 otro triunfo davvoces-de aplauso, y entona cán-t 
Clones; sino que^ehnombre viene de háberlaaplicadd 
ios Griegos á sus • m08:y^cieyendoiqiie bn^ello habiál 
algon particular cnItoá'BajCO, al que-lI»namos tam« 
bien Euió y Tríambá. Mas aun ¡no es de aqui dtf 
dondeenverdadsé deriva-, sino dé ipiqen-el triunfo 
grande; ios Genefates^sabri&aban bueyes segua el ritd 
patrio; y en este saCfiñoaban una: re& lañará la qui 
los Romanos llaman óvejaiv 7 de aqui ¿ e^te tri<iiifb 
se le d]>o ovación. Será bpeno asimismo ekaminar cd¿ 
mo el legislador de los. Lacedemonios 'ordena los sa-i 
crificios i la inversa del ^gislador-Romand:' porque 
en Esparta el Generab que con >es>tr¿ta^mas y iú 
persuasión logra su; intento^ sacrifica^ un<4b«iey $ y ei 
que batenido que venir, á las oíanos ^ sacrifica un ga-^ 
lio; y es que con todo ufe ser los mayores guerreros; 
creen que al hoinbre le ená mejor alca;nsax lo que se 
propone por medio del juicio y la ptndencia, que 
no por la fuerza y^el valor ; quédese pues «sto toda* 
vía indeciso* ; . 'v * > 

Habia sido Marcelo creado cuarta vez Cdnsuf j 
y 'sus enemigos ganaron i los Siracusanos para que se 
presentaran á abusarle y^desacreditark ame. eíSena^^ 
do,* por haberlos trataao con dureisa con^á el ten(^ 
de los pactos. Hallábase casualmente Marcelo ocupan 
do en 1^ solemnidad' de lUi sacriñeío'en el C^pi'tolicQ 
y acudiendo los Siracusanos^ ouvndd todavía estaba 
congregado el Séiadoy ápedir^^e: se' ies admitiera 
¿ alegar y entablar el Juicio , el colega los tózo.saliVj 
indignándose xon ellos portal iiíténto , hp thallándoáfe 
Marpelo presente;- Mas -este i ^ habr^n^olo entendido^ 

TOMO II. R 



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258 l(AKQBL<H ^ ^ 

▼ino al fsMo'ylo primejQj({iie1iúso> se^táodbseok 
la silla cujmly «fue despachar io que como Cónsul W 
correspondía; y después que lo. hubo terminado , ^- 
}6 de su asiento, y en pie se puso como un par tica-- 
lar en el sitio destinado á los:que vana ser juzgados, 
dando lug^r ¿ que los Sif acúsanos entablaran su pe-» 
ticion..Sobteoogiéronse«atios:sobte manera cotí iaaa^ 
toridad y confianza de tan ilustre varón ; y al que 
fn las armas hallan mirado como inexorable, toda- 
vía en la toga le tuvibron p<>r mas terrible y mas,gr9* 
ve. Pero en fio animados por loscoiitrarios de Mat-^ 
eelo, dieron principio á la .Acusación, pronunciando 
un discuno en que con la declamación propia del 
acto I iban mezclados los lamentos» Reducíase en su-- 
ina á que, no obstante ser amigos y aliados de los 
Romanos ,. habian sufrido. Jigravios de que otros Ge*- 
neralei se ábsiienén aun tnxitna ios enemigos* A, esto 
respondió Marcelo-, que á ^e^ax de las muchas ofen- 
sas y daños que habian hecno 4 lo&Romanos i no ha-f 
bian padecido^ con haber «¡dortonuida la ciudad á vi-> 
va fuerza^ maS' que aquello ique .es; imposible evitar 
pn tales qasos^ y^quese hablan vkux en tal conflicto 
por culpa ^ropia.^ no habiendo queñdo escuchar. sus 
amonestaciones: porque no< habiaü sido violentados 
á pelear en/defente de sus tiranos; sino que ellos 
eran los que habian acalorado á estos paca el cooiba- 
^é. Cbn^cluidos loadisdirsos dieron los Siracusanos, 
^omo es de costumbre , de la curia ^y con ellos ssúró 
Marcelo ,. teniéndose, el S&nadoi h^io la pr^ideocia 
de sn a)legaM Detúvose i la puerta del tribunal,, sia 
alterar su natural porté, ni. por miedo. al juicio, m 
por indignación' cotitra los Siracusanqs, esperando 
i^n mansedqmbte.YiCon modestia a ^que se |íroniin- 
iSna^e. la sentencian JLuego qué dados los votos se aDii&* 
pío que había venícido , los Sírácusanos se arrojaron 
á sus pies ). pidiéndole con. lagrimas. -que aplacase^ su 
jir^ contra eUo!^^ y se co^pad^cierade la ciudad , qu^ 



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JíARGELpi 359 

tenia preseidttes^y agradecía sus bcnefieios; teotplado 
pues Marcelp ae reconcilió con aqueUo$ mismos , y 
á Ids demás Siracusanos les hizo siempre todo el biea 
que pudo; coofirmaúdo el Senado la liberud» las le« 

^es> y aquella parfQ de bienes que Marcelo les \at* 
¡a concedido; «p xecompesa de lo cual , recibió tam-^ 
bien de los Siracusanos honores muy singplares , y 
entre otros el de haber hecho una ley » para que » si 
Marcelo ó alguno de sus descendientes aportase i Si«r 
cilia> los Siracusanos tomasen coronan y con ellas 
sacrificasen á los Dioses. De alli partió contra Ani** 
bal ; y siendo asi quie después de la batalla de Canas 
casi todos los Cónsules y Generales^ no..tnvieron otro 
modo de contrarestarle que el de huirle el cuerpo^ 
no atreviéndose ninguno a esperarle y pelear en for^ 
macion; él tomó el tpedio enteramente o|>uesto; ere* 
yendo que sí con el tiempo %t quebrantaba á Aníbal» 
mas pronto quedaba con él quebrantada la Italia ; y 
juzgando que.Fabio^ con atenerse siempre á ía segu«r 
ridad, no curab»a, por^l modo conveniente ladolen^ 
cia de la patria > pareciéndose , en el esperar i que 
debilitado el contrario se apagase la guerra, á aque<- 
líos médicos irr^olutos y tímidos en la curación de 
las enfermedades.^ que aguardan á ver si se debilita 
la fuerza del mak Tomó en primer lugar las princi- 
pales ciudades de los Samnites que se habían rebela- 
do; y en consecuencia de ello gran cantidad de tri- 
go que alli había 9 mucha riqueza y y los soldados de 
Aníbal que las guarnecían » que: ^t%ví unos tres mü* A 
poco, como Aníbal hubiese dadomoerte tu la Apu^- 
lia al Procón^ttlJChFoyo* Fulvio con once tribunos mas 
y hubiese deístco^ado la máyof parte del ejército, 
envió Márcelo Qtrus i Roma ^« exhortando á los ciu- 
dadanos á que no desmayaran , porque se ponia en 
naarcha para desvaniscer el gozo de Aníbal. Acerca de 
lo cual dice livio , que leídas estas cartas 9 no se dii- 
sípó la pesadumbre \ sino que se acrecentó con el 

' R 2 



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a6o xtAucfiLo; 

miedo: ^r «ér tatito mayor que lá pérdida ya siice^ 
dida el temor de lo que recelaban ^ cuánto Marcelo 
ae aventajaba i Fulvio, Aquel al punto , como lo ha- 
bía escrito 5 marchó á la Locania en persecución de 
Aníbal , y alcanzándote eñ las cercanías de k ciudad 
de' Numistio, dónde habla tomado posición en unos 
ooUados bastante fuertes, ¿I puso su campo en la lla-^ 
nura.' Al día siguiente se anticipo á poner en orden 
€u' ejército , y bajando Aníbal» se trabó una bata//a 
que no tuvo éxito cíefto ó que fuese de importancia: 
con todo deque habiendo empezado á las nueve de la 
mañana ^ con dificultad cesaron después de haber oscu- 
recido. Al amanecer estuvo otra vez pontocón su ejcr- 
pito , formando entre los cadáveres , desdé donde pro- 
vocaba á Aníbal á la batalla; mas como este se reti- 
rase , despojando los cadáveres de los contrarios ^ dan- 
do sepultura á los de los amigos , se puso de nuevo 
á perseguirle, y habiéndose librado dé las muchas 
asechanzas que aquel le iba armando 9in dar eñ nin- 
guna,' superior siempre en las. escaramuzas de la re- 
tirada^ se atrajo una grande admiración. Llegábase 
el tiempo de los comicios consulares; y el Senado 
tuvo por mas conveniente hacer venir de Sicilia al 
jotró Cónsul, que mover de su puesto á Marcelo en 
Jocha continua con Aníbal. Luego q;úe- llegó , le dio 
orden para que publicase por Dictador á Quinto 
Fulvio : porque el que ejerce esta dignidad no es 
elegido ni por él- pueblo, ni por d Senado; sino 
4ne presentándose -ante la muchedumbre uno de 
los Cónsules ó de los Pretores , nombta Dictador á 
-aquel que te parece: y por este idicho ó nombra- 
miento se llama dictador eldesignudo,^ porque al 
hablar ó pronunciar le llaman los Romanos aióere: 
aunque á otros les parede , que el dictador se llama 
asi , porque sin necesidad de votos ó de autorización 
de otros -para nada, él p5r sí mismo dicta lo que 
cree. conveniente: jorque también losllom^nos á ia$ 



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determinactoifl^.de^loft ArcoQties que llaman ios Grie^ 
gps ordeaai)2»», tes dan el .oof^bre- dje edictos. 

Cuasdo tíoo de Sicilia d colega de Marcelo^ 
quería que -se ptockoiase á otro por dictador; co- 
mo fuese mujr ageno de s« carácter el ser violen- 
tado en 6&opÍQÍon, se hixó>de9oíche á la vela pa«- 
ra Sicilia; y de este modo el pu^lo nombró dicta- 
dor á Quinto. Falvto: con todp et Senado escribió i 
Marcelo para* <]iie lo'designase él misino ; y mostrán-» 
dose obediente > lo ejecutó asi, suscribiendo á los de- 
seos del pueblo; 7 él fue otra vez designado para 
continuar en el mando con la dignidad de Procónsul. 
Convino con Fabio Máximo en que este se dirigirla 
contra Talento, y que ¿I, viniendo á las monos y 
distrayendo á Anibal, le estorbarla que pudiera íif 
eD socorrd de los Tarentinós; en consecuencia de 16 
cual le acometió cerca deCanusio, y auoque este 
mudaba He posiciones y andaba retirándose» se le 
a()arec¡a por todas partes.. Finalmente, estando para 
fijar los reales, lo provocó con escaramuzas ; y cuan-» 
do iban á trabar la batalla ; sobrevino la noche y los 
separó. Mas^al dia siguiente se^ halló ya Anibal coa 
que tenia^u^qército sobre las vmiis: de manera que 
Uegó á incomodarse , y reuniendo á los CartagÁneses, 
les logó. que en reñir- aquella batalla excedieran i 
cuanto hai^ian hecho en las anteriores : n porque ya 
^ veis., les' dijo, que no nos es dado reposar después 
^de tantas .victorias, ni tener holganza siendo losí 
»vencj^ores,, si no e8()aotamos á este.hombre;" yj 
^n estor.;se comenzó la hatalla. .Parece que en ella 
quer¡end<i,Marcek>:tísar de' unji estratagema qu<í ,$0 
vio ser intempestiva , cometió un yerro : porque , pa- 
deciendo el ala derechla, dio orden para que avaui 
zara tttKl -de las; legiones ; y como este movimiento 
hubie^ ii^ucido turbaeipn^en los^que peleaban , puso 
Cí5»n e$fQ la victoria en manos de los enemigos; ha- 
biendo muerto de. losRSo^aups dos mil y setecientos 



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2¿a l^AltCSLO.' 

hombres. Retirase Marcelo á su eam{>ftiaMDto > y re- 
uaiendo el eiército , les di jo ; que lo que em armas y 
cuerpos de Romanos, veía muchos; peiro RomatiOoo 
veía ninguno. Pidiérotile perdón , y les resp<mdi<$ qoe 
no podía darlo á los tenodos, y solo lo concedería $i 
▼enciesen , pues al día seguiente habían de volrer á 
la batalla , para qoe sus ciudadanos oyesen antes sii 
victoria que su fuga; y dicho esto, mandó que i las 
escuadras vencidas se les repartiese cebada en vez de 
trigo ; con lo que , sinembargo de que muchos se ha^ 
liaban grave y peligrosamente heridos^ se dice que 
ninguno sintió tanto en aquella ocasión sus males, 
como estas palabras de Marcelo. 

Al amanecer ya ke vio puesta semín la costum- 
bre la túnica de púrpura , que era el signo de que 
se iba á dar batalla , y pidiendo las escuadras vencí* 
das formar las primeras , les fue concedido : sacaron 
luego los tribunos las demás tropas ; y anunciado 
que le fue á Aníbal: npor Júpiter, exclamó, ¿qué 
n partido puede tomar nadie con un liombre que no 
9» sabe llevar ni la mala ni la buena suerte? rorque 
f» solo él no da reposo cuando vence , ni le toma cuan- 
#1 do es vencido ; sino que siempre , á lo que se ve , ten- 
9» dremos que estar en pelea con un General, que pa- 
9» ra ser denodado y resuelto , ora salga bien /ora sal- 
9» ga mal , halla siempre motivo en tenerse por afren- 
9»tado/' Trabáronse con esto tas haces, y como de 
hombres á hombres se pelease de una y t^tra parte 
Con igualdad, dio orden Aníbal para que^ ¿©locan- 
do en la primera fila los elefantes, los opusieran á la 
infantería RoAiana. Produjo al punto esta* -medida 
gran turbación y desofdcii.en los que iban los pri- 
meros , y entonces tomando la insignia uno-de los 
tribunos llamado Fabio, se puso delante, é hiriendo 
Con el hierro de la lanza ai primero dé los elefantes 
le hizo retroceder. Pfegó este con el que tenia á la 
espalda y le auyeiató con todos los demás que le se- 



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gídsfib. Apenas I0 obaenró Marcelo dio cfréea á la 
c:aballeria.pBra qoecoa violencia cargara á los que 
estaban, yaieñ desorden^ 'jr acabara de desconcertar 
V pcxneren hnídaá los enemigos» Acometieron aque«* 
Uos con denuedo y siguieron acochiliando álósCar'* 
tagíneses hasta su mismo campamento ; y también los 
elefantes , tanto los que itorian , como los heridos^ 
causaron gran daño, •poi'qQe^ dice qae los muertos 
fhérofi mas de ocho miL De> los Romanos murieron 
HQoSvtxBs mil; pero- heridos lo fueron casi todos; y 
esto día á' Aníbal Ja facilidad de levantar comoda<4 
mente el campo y retirarse lejos de Marcelo : porqoe 
no estaba r- en estado de perseguirle por k» muchos 
heridos; sino que con reposo se encaminó í ia Cam« 
pania^ y^mó el verana en Shmesa/ para, que- se re-« 

pusieran los soldados^ 

AnihaL luego que respiró de Marcelo , amsideran'^ 
do su eféreito como: Ubre, de toda atadura , corrió to4 
da ia:ItaUa> poméndota:en combustión ; de .resultas 
de loruai.era en Roiü^ desacreditado Marceb. Sus 
enemigos: pues acaloraron^ para que le acusase | áPu* 
blicio Bibolo ,'tmo denlos tribunos^ la plebe , hom^ 
bre violenta y 'que poseía el arte de la palabra; el 
cual opngreganch) mudias Veces al pueblov consiguió 
persuadirle -que dievael mando á otro Oenexal, por* 
que Mánteb dijo^^ habiéndose egercitado-im pocoeii 
k guerra V ^e'ha retirado ya como de la palestra á los 
baños caliemes, jnra puldat de su persona* LlegcSlo 
á entender Marceb y 7 de jandoiencargaBo el ejército 
i los b^os, mareiió á Roma á vinUicarse de;aque«^ 
Uascduttiiiits; sofafte bs cuales encontró que se le ha-^ 
bia ferimadocausáJ éfcñalóse dia , 7 reuníob d puebb 
«n el ChcD •Flaóí*tó ^*^^se:":I«ivantó Bibutct i'fiaccr su 
aeasaoionj; -y Maifeeb ^sen^fendióy diciendo por sí 
niismo pócásr 7 0017 seneijfisKiTazonea;. pero- de los 
primeros 7' mas^señsladosícándidarios»' tomaron va- 
rios. conc^ÍAtrepidee.3}cenér^á sn causa i- advirtiendo 



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254 IfAttOBi/Q/ 

i los ¿dng$ qtuB m> se mostrasen meóos- sredbs foéax 
que elnúsmo enemigo^ condenando por cobardía i 
Marcelo » cuando era el úoioaCieneral de qoiea a^oeé 
huía I tieniehdo tan resttékoiiQ pelear con este , co- 
mo pelear cónio&demas. Oídos estos discursos que- 
do ei.acnsador; tan fmstzado. en sus esfseratizas , que 
po solamente fue Marcelo absueltade los cargos , sino 
que ;se ;le, nombró jpor q«ñnta ve^s Cónsul. - 

r. ..Encargado del'nuiTOOi lo primero que hizo fue 
apaciguar en la Btruriá un gran' movimiento que pa^ 
ra la. rebelión se había suscitado., visitando, por st 
misnAo las ciudades* Qtiso 'después, dedicar, un tem- 
pló que eoh Jos despojos de lá Sicilia babiacánstrui- 
doi á laGloriá.y á la Ytrtuii; j como en la .empresa 
le detusdesen rfes, sacerdotes á causa cíe oor tener por 
conforme que un solo templo contuviera .dósrdivini-* 
dades, comenzó- dé nuevo *á edificar, otro;,, goa tanto 

rr no .lleya(, bien aquella oposición , como ppF tener- 
á anal agüero* Porque concurrieron a sobmsakárie 
diferentes prodigios , comb hab^r «ido tocador del 
jrayo algunos. templos 9 r}r haber róido lorrratones d 
oro del templo de. Juprter.-' Diñóse también que lid 
buey habi| ahickilado v6z ^hinof^na , qu^haBa naci-* 
do un mño'^áán' cabeza;ée eÜfante-; por lo que los 
agore|'ór^;dificultMido'Sbb€e:las übácion^ y loscon-» 
juros:» leridetuvjeron en- Ronata^.á* pesar de sirin^uie-^ 
tud:y^:ardiiideatoi puesrivo/hubo: jamas- hombre infla-^ 
mhdo!de mas'^v«li|emen€e deiséo.^ qtte>eLqi» tékna Mar-» 
celo, de terniinari.ta^gueinra: con^ .^iiibaL.£n-éstnr ao^ 
naba por iandefae; deBe&tc^iCOJÍi^saba ,eohnsuá ami^ 
go$: y! coIcgíK ; y. so unite; voas pata, cwi i W.Bio^e^ 
era que k diesen cautil^ eá. Aníbal ; y sr hnbma «ia 
do posible (^e lo¿ dosi^elárcitqsciÉjlMB^n estado en-# 
cerrados t}e]iti«6 de uncmSfimo «abucoió de un mism^ 
eampamentQ , ; me parece» k^ueisu mayor pbcer habría 
sido lDi]ffbar<(ix>itr¿l::.^de'j&aiHHbtí(tte. ano hallarle' tan 
colmád^/detglotiay diab^adoTtaalas j^ucbas^de ser 



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un* General jutdósay prudente, pódna* acaso decir-<i> 
«e que en este negocio Jiabía sido arrebatado de uq 
ardor mas javentl que el que á suedadcóovenia: por^ 
quev era ya de mas de. sesenta años cuando obtuvo 
el quinto consulado. 

Hechos que fueron todos los sacrificios y purifi-* 
caciones que los. agoreros denunciaron, partió con 
su colega á la guerra ; y puesto entre las ciudades de 
Bancia y Venusia. provocó por bastante tiempo i 
Aiiibal,:el cual no bajó á presentar batalla; pero ha« 
hiendo entendido que aquellos hablan enviado tropa» 
i los Loaros £pioefirios % armándoles una celada al 
pie de la montaña- de Petelía , les mató dos mil y qui- 
fiitofos hombres. Enardeció mas esto á Marcelo para 
Ja batalla, y asi acercó todavía mucho mas sus fue'r^ 
zaa. £n medio de los dos campos había un collado, 
que ofrecía bastante defensa, aunque poblado de mu^ 
$:hbs arbustos ; ej cual ademas tenia cañadas, y conca^ 
vídades á una y otra falda , abundando también en 
fuentes que despedían raudales de agua« Maravillaron^ 
•e pues los Romanos de Aníbal que, habiendo sido 
el primero á tomar posición , no habia ocupado aquel 
lugar f sino que lo habla dejado á- los enemigos ; y 
es que no obstante haberle parecido ápropósito para 
acamftar , le juzgó mas propio para.ponier celadas ; y 
prefiriendo el destinarle í este objeto , sembró de ti** 
radores y lanceros la espesura y las cañadas , persua^^ 
dido de qvte la disposición del terreno átraheria á los 
Romanos : esperanza que no le salió vana : porque al 
mcMnento se movió en el ejército Romano la conver*^ 
sadoii' de que' era preciso ocupar aquel puesto ; y 
echándola :de generales anunciaban que serian mu^r 
superiores á los enemigos fijando alli su campo, ó 
fortificando aquella altqra. . Tüvose^por Conveniqrito 
que Marcelo se adelántase con. algunos caballos á ha^ 

"/ .1, Qaa babitabaiLlunto al pconioatorio Ccfirio* ; 

Digitized by VjOOQ le 



a66 UÁMBBLO.' 

eer un reconocí miento;, mas antes» ténknáo conlij^ 
en agorero, quiso sacrificar: y muerta la prímett 
víctima , le mostró el agorero el hígado que careas 
de asidero^ sacrificada luego la segunda » apareció oa 
asidero de estraordinaria magnitud » y todo se mani* 
festó sumamente fausto^ oon lo que se creyó desva<- 
neddo el primer susto; con todo los agoreros insis-<' 
tian en que todavía aquello indiuda mayor miedo y 
terror , porque la mezcla de lo próspero coa b ad-« 
verso d«>ia hacer sospechar mudanza. Mascóme de* 
cía Píndaroi 

AI hado matuido no le atajan 
Ni fuego ardiente , ni acerado muro. 
Marcho pues llevando consigo á su colega Cris- 
pino, y á su hijo, que era tribimo, coa unos dos* 
cientos y veinte de i caballo, entre los cuales no ha* 
bia ningún Romano , smo que los mas eran Etruseos^ 
y como cuarenta Fregelianos , qise siempre se habían 
mostrado obedientes y fieles á Marcelo. Como el co- 
llado era, según se lu dicho, poblado de espesura y 
sombrío, un hombre sentado en ia eminencia esraba 
en observación de los enemigos, registrando, isTn ser 
visto , el ejército de los Romanos : y dando aviso d& 
lo que jpasaba.á los lanceros , dejaron estos que Mar« 
celo, que se adelantaba en su reconocimiento, Ikgs^ 
se cerca, y levantándose de pronto, le cercaron á 
un tiempo por todas partes, y empezaron A tirar 
dardos, a* herir y á periseguir á los fugitivos, traban- 
do pelea pon los que hacían frente:, que eran solos 
los cuarenta Fregelianos ; pues ios Etruscos fueron 
auyentados desde el principio « y estos, dando taca- 
ra se defendían protegiendo á los Cónsules ; faasta.que 
Crispino herido con dos dardos , dióá huir con su 
caballo, y Marcelo fue traspasado por un .costado 
con un hierro. ancho, al que.JQS:.Romanos llaman 
lanza. Entonces los pocos Fregelianos que estaban 
presentes,. le abandonaron viéndolo ya en tierra, y 



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MAMSIO. . 267 

SLtrebanmdo a! hVjó qué tambiefi se hallaba herido, 
ae retiraron al campamento. Los muertos fueron poco 
mas de aumenta , quedando cautivos de los lictores 
cinco, y de los át i caballo diez y ocho. Murió tam^- 
bien Crispíno de sus heridas, habiendo sobrevivido 
muy pocos días ; y entonces por la primera ve2 su- 
frieron los Romanos un descalabro nunca antes visto, 
que fue morir los dos Cónsules en un mismo combate. 
De todos tos demás hizo Anibal muy poca cuen- 
ta; pero al oir que Marcelo había muerto, marchó 
inmediatamente al sitio , y parándose ante el cadá- 
ver, estuvo mucho tiempo considerando la robustez* 
y belleza de su persona , sin proferir espresiop uin- 
ffuna de vanagloria, ni manifestar regocijo en su sem-- 
blante , cbmo otro qui¿á lo hubiera hecha, al ver 
muerto tan grave y poderoso enemigo ; sino que ad« 
mirado de Jo estraño del casó , le quitó si el anillo; 
pero adornando y componiendo el Cuerpo con el con- 
veniente decoro , lo hizo quemar , y recogiendo las 
cenizas en una urna de plata que ciño con corona dé 
oro, las envió al hijo. Algunos Numidas asaltai'on 
í los que las conducían , y se arrojaron á quitarles 
la urna, y como los otros trataran de recobrarla, en 
la lucha y contienda arrojaron por el suelo las ceni- 
zas. Súpolo Anibal y prorumpio ante los que con él 
estaban, en la espresion de. que es imposible hacer 
jDada contra la voluntad divina ; y aunque castigó á 
los Numidas , ya no volvió á pensar en recoger y en- 
viar los huesos, como dando por supuesto que por 
alguna particular disposición de Dios habia sucedido 
por un modo estraño la muerte de Marcelo , y el que 
quedase insepulto. Asi es como lo refieren Cornelio 
Nepote y Valerio Máximb ; pero Livio y Cesar Au- 
gusto afirman que la urna fue llevada á poder del hi- 
jo, y que se le dio honrosa sepultura. Sin contar las 
dedicaciones de Roma, consagró Marcelo un gimna- 
sio en Catana de Sicilia , y estatuas y cuadros de los 



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4e Siractua qoe coloco eo Samotracuileliel templó á& 
los Diobes que llamao Catnrios,' y en el templo át 
Mipesm junto á Lindo. En este, según dice Posido« 
nioi se habla puesto á su estatua esta inscf^>cion: 
( £1 astro claro de ia patria Roma» 
Descendiente de ilustres genitor^ 
Marcelo Claudio es, huésped , e) ^ue miras. 
La dignidad 4c Cónsul siete veces 
Regentó en la ciudad del fiero Marte ^ 
Siendo de sus contrarios grande estrago. 
£or lo que se echa de ver que el quQ hizo la inscripción 
añadió á los cinco consulados los dos proconsulados 
qMe obtuvo también Marcelo. Su linage permaneció 
siempre ilustre hasta Marcelo el, sobrino de Cosar, 
que era hijo de Octavia hermana de este, tenido de 
Cayo Marcelo. Eierciendo la dienidad de Edil de los 
Romanos murió r^en casado 9 habieBdo gozado muy 
poco tieppo de la compañía de la bija de Cesar. En 
su honor y memoria su madre Octavia le dedicó una 
biblioteca^ y Cesar un teatro quese llamó-de Marcelo. 



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COMPARACIÓN DB FBl6p1DA8 Y MARCELO. 

Lo qae.se dejt dicho es cuanto nos ba parecido 
digno de referirse acerca de Marcelo y de Pdópida^ 
mas entre las cosas que les foeron comunes por na-* 
turaleza y por hábito y siendo "por ellas justamente 
contrapaestos , pues atnbos fileron valientes , sofri^^^ 
dos 9 -fogosos y de grandes aHéntOs, parece que solo 
se encuentra diferencia en que Marcelo hizo der- 
ramar sangre en muchas de las ciudades ^ue subyu«¿ 
go; cuando Epaminondas y Petópidas á nadie oie- 
ron muerte después de vencedores , ni esclavizaron 
las ciudades^ y aun de los Tebanos se dice que no 
habrian tratado asi á los Orccmienios , si estos hu-^ 
hieran estado piresente^; Entre las hazañas de Márce- 
lo las mas^ admirables y señaladas tuvieron lugar con- 
tra los Galos , y fueron haber auyentado tan inmen- 
* sa nmchedumbre de infantería y caballería con los 
pocos caballos que maridaba; lo que no se dirá> fá-» 
cilmente de ninguno otro General, y haber dado 
muerte por su mano al caudillo de los enemigos ; y 
en igual caso Pélópidas no salid con so intento; sino 
que fue cautivado por el tirano» recibiendo daño en 
lugar de Causarle. Con todo á aquellas proezas pue- 
den muy bien' oponerse lás batallas de Leuctras y 
Tegira , sumamente ilustres y celebradas. Por lo que 
hace á viccopa conseguidar por medios ocultos 4 in- 
sidiosos , no tenemos de Marcelo ninguna que sea 
comparablelcon la alcanzada por Pelópidas j cuando 
después de su vuelta del destierro dio en Tebsis muer- 
te á los tiraos: hazaña que sobresalió mucho entre 
cuantas sé han ejecutado en tinid>las y con asechan- 
zas. Anibal , enemigo terrible , iatigaoa á los Roma- 
nos , al modo que á los Tebanos los Lscedemonios; 
y es cosa bien cierta que Pelopidas los venció y pu- 
so ea fuga en Tegira y en Leuctras ; pero Marcela ni 



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ayo COMPARAC. DE PBLOPIDAS T MARCELO. 

una sola vez venció á Aníbal , según dice Polibio ; sino 
que este ptreoe haberse conservado invencible hasta 
Éscipion. Sínembargo nosotros damos mas crédito á 
JLivio, Cesar y Nepofe, y de los Griegos al Rey 
Juba, que refieren haber Marcelo der optado y pues- 
to en fuga algunas veces i las tropas de Ánibal ; bien 
gue e^tos descalabros np tuvieron nunca gran conse- 
cuencia ; pareciendo que era una falsa caída Ja que 
experimentó elAfri^fio en estos encuentros. Fue 
ciertamente, admirable «mas de loque alcanza i una-* 
ginaise, aquel que después de tantas derrotas de ejér- 
citos , de tantas muertes . de Generales , y de haber 
estado titubeslndo todo el poder de Roina, infundió 
ánimo en los soldados para hs^er frente* Y este , que 
al ^tiguo tniedo y terror sustituyó en el ejército el 
valor 7 la emulación » basta no ceder fácilmente sin 
la victoria I y antes disputarla y sostenerse con alien-» 
to y <;o9k brio » no fue otro que Marcelo ; porque 
acostumbcados antes á fuerza de desgradas i darse por 
bien librados, si ^on^ 1^ fuga escapaban de Aníbal; 
]o$ enseñó á tenerse por afrentados, sí sobrevivían al 
vencimianio, á avergonzarse si un pumo se movian 
de su puesto; y a apesadumbrarse si ño salían ven-* 
redores, \, ■ 

Pelópidfts no fue vencido en ninguna batalla en 
que tuvo el mando , y Marcelo venció muchas , man- 
dando á los Romanos: por tanto parece que con lo 
invicto del uno , podrán poúerse á la par lo .dificil 
de ser vencido del otro, y el gran numero de sus 
tripnfbs. Marcelo tomó á Siracusa, y Pelópidas no 
pudo apoderarse de la. capital de los Lacedemonios; 
pero con todo ^engo por. de mas mérito que el tomar 
i Sicilia el haberse acercado á. Esparta , y haber sido 
el primer hombre que en guerra pasó el Eurotas : i 
no que <;»ponga alguno que esto se debe mas atribuir 
á Epaminondas qué, á Pelópidas , igualmente que la 
jprnada dé I^uctras ; cuando Marcelo on sus grandes 



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OOMPARAC. XXB niÓfVDAS Y MAROBLO. 27! 

bodbós no tuvo que partir su glork con fiadie. Por- 
que él^olo tomo á Síraciisa , y sin concnrreúcia de 
otro algüoo derroto i- ios Galos; y contra Aníbal^ 
cuando nadie se sosteoia » y> antes todos se retiraban, 
4\ solo hÍ20 frente , y mudando el aspecto de la guer- 
fA, fue el primero que estableció el valox. 
.. y Ni de uno ni die .otro de estos ilustres varones 
puedo alabar la muerte;, antes me aflijo 7 disgusto 
con lo extratk> de su fallecimiento: causándome sor-« 
presa* el ^que Anibal en tantas batallas». que apena» 
puede» cantarse , ni una Yes fuese herido; asi como 
adtoiro 1 Crisante f que ,. sc^n se dice ea la Cirope^ 
día, teniendo ya lerantada la espada, y estando pa-« 
xa descargar el golpe. sobre el enemigo > como oyese 
eo aquel momento que la trompeta tocaba á retira** 
d»9 dejándole ileso , se retiro con el mayor reposo 
y mansedumbre. Con todo á Pelópidas lé disculpa 
el qt;ie en el acto mismo, de la baulla y con ei calor 
de ella; le arrebató la ira á que convenientemente se 
vengase: porque lo mas laudable es que el General 
quede salvo después de la victoria; y«si no pudiere 
evitar la muerte, que con virtud salga de la vida, se- 
gún expresión de Eurípides : pues entonces el morir, 
que ordinariamente consiste en padecer , se convier- 
te en una acción gloriosa. Ademas de la ira concur^»^ 
ria también el fin de la victoria , que era á los ojos 
de Pelópidas la muerte del Tirano , para no graduar 
enteramente de temerario su arrojo: pues es difícil 
encontrar para aquel acto de valor otro designio , ni 
mas brillante ni mas decoroso. Mas Marcelo, sin que 
pudiera proponerse una gran ventaja , y sin que el 
ardor de la pelea le arrebatase y sacase de tino , im- 
prudentemente se arrojó al peligro, corriendo á una 
muerte no propia de un General , sino de un bati- 
dor ó de un centinela , y poniendo á los píes de los 
^beros y Numldas , que hacian la vanguardia de los 
Cartagineses, sus cinco consulados, sus tres triunfos. 



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2^1 GOM? ^KAC. DB FBLOPIDAS T MARCEtO/ 

y los despojos y tirofeos que de Reyes habia alcan- 
zado. Asi es que ellos mismos miraron con pena tai 
suceso y y el que un varón tan señalado en virtud ea«* 
tre los Romanos , tan grande w poder ^ y en gloria 
tan esclarecido , se malograra de -aquel modo entre 
los descubsidores Fregeliános. No quisiera que estas 
cosas. se tomaran {)or acusación de tan excelentes va- 
rones ; sino mas bien por un. enfado y desahogo con 
ellos mismos ^ y con su valor , al que sacrificaron sus 
otras virtudes , no teniendo» la debida cuenta con sus 
vidas y^us personas , como si solo murieran para si, 
y no mas bien para su patria, sus amigos y sos alia^ 
dos. Después de muertos , del entierro de Pelópidas 
cuidaron aquellos por quienes murió , y del de Mar- 
celo los enemigos que le dieron muerte ; y aunque lo 
£ rimero* es apetecible y glorioso , excede todavía i 
i gratitud que paga beneficios, ¡z enemistad que rin- 
de homenage á ta misma virtud que la ofende: por* 
que en .esto no sobresajie' mas que el honor;- y ea 
aquello lo que* se descubre es el. provecho y atilidad> 
que se reportó de la virtud. 



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^73 

▲aisTIDES. 

Arístides el de Llsimaco era de la tribu Ántio*. 
qjoide y. de la Curia Abpecense. Acerca de sa patri- 
monio corren diferentes opiniones, diciendo algu«> 
nos que pasó. su irida en continua pobreza » y que i 
su muerte dejo dos hijas , que estuvieron mucho tiem« 
po sin casar, por .la estrechez de su fortuna. Mas 
contra esta opinión sostenida por muchos , tomo par* 
tido Demetrio Falereo en su Sócrates^ refiriendo que 
en Falera conociiS cierto territorio , que se decia de 
Arístides, en el.que habia sido sepultado. Hay ade«* 
mas algunos indicios de que su casa era acomodada, 
de los cuáles es uno el haber obtenido por suerte la 
dignidad de Eponimo^^ que no se sorteaba, sino en« 
tre los.que.eran.de las familias que poseían el mayor 
censo, á lost}ue llamaban quinienteños. Otro indi- 
cio es el ostracismo , porque no le sufria ninguno de 
los pobres^ sino los que eran de casas grandes, suje- 
tos á la envidia por la vanidad del linaee. Tercero 
y últinu) , hab^t dejado en el templo de Baco por 
ofrenda de la victoria obtenida con un cOro , unos 
trípodas, que todavía se muestran hoy , conservan- 
do esta inscripción ; la tribu Antioquide venció ; conr- 
ducia el coro Arístides ; y Arquestrato fue el qué en- 
sayó el coro. Pero este , que parece el mas fuerte , es 
snoiainente débil: porque también Epaminondas, 
que nadie ignora haberse criado y haber vivido en 
suma pobreza , y Platón el filósofo , dieron unos co- 
ros que merecieron aprecio , el uno de flautistas , y 
el otro de jóvenes llamados ciclios , suministrando á 
este para el gasto Dion de Siracusa , y á Epaminon- 

r- 4Sponimo se llamaba aquel Árcente de quien toma* 
ba denominaciDñ el año, como en los Fastos Romanos 
4a tomaba ide los Cónsules. '^ - 

XOMO 11. S 



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274 ARiSTIDBS. 

das Pei6pidas: no estando los hombres de bien reñi* 
dos en implacable é irreconciliable guerra con las dá« 
divas de los amigos; sino que teniendo por indeco- 
rosas 7 bajas lasque se reciben por avaricia, no des- 
echan aquellas que no se toman por lucro , sino para 
cosas de honor y liK:imiento; j Panecio inaniDesta 
que en cuanto al Trípode se dep engañar Demetrio 
de la semejanza de los nombres. Porque desde la gaer^ 
n pérsica hasta el fin de la del Pelopoheso solo se 
halla haber vencido con coro dos Ar»tides j de los 
cuales ninguno era este hijo de Lisimaco y sino que 
el padre del uno fue Genófilo , y «1 otro fue mocho 
mas moderno: como lo convencen el modo de la es* 
critura que es de tiempo posterior á Euclides; y el 
hablarse de Arquestrato» de quien en el tiempo de 
la guerra pérsica ninguno dice que fuese maestro de 
coros , cuando en el tiempo de la del Peloponeso son 
muchos los que lo atestiguan; mas esto de Paaecio 
necesita de mayor examen. Por lo que hace al ostra*» 
cismo incurría en él todo el que parecía sobresalir 
entre los demás por su fama, por su liñage ó por su 
facundia en el decir ; asi es que Damon, maestro de 
Pericles, sufrip el ostracismo por parecer que era 
aventajado en prudencia ; é Idomeneo dice que Arís* 
-tides fue Arconte, no por suerte, sino por elección 
de tos Atenienses; y si fue llamado al mando des-» 
pues de la batalla de Platea, como el mismo Deme- 
trio dice, es muy probable que en tanta gloria, y 
después de tales hazañas, se le contemplase por so 
virtud digno de aquella autoridad, que otros alean- 
zabaa^ por sus riquezas. De otra parte es bien sabido 
que Demetrio no' solo en cuanto á Arístides, ÚM 
cambien en cuanjto á Sócrates, toma el empeño. de 
eximirle de la pobreza como de un gran mal; por- 
gue dice que este no solo tenia una (iasa,;¡iino setenta 
minas puestas á logro en casa de G^tcHié - 

Arístides trabó amistad con Clistenes^ el que te^ 



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taUetió el gobierno después de la «xfilulsion dé los 
Tiranos; y mirando especialmente con emulación y 
inombro entre todos los dados á la politioa á Licur*- 
go» legislador de los Lacedemonios » se inclinó al 
gobierno aristocrático ; pero tuvo por rival para coa 
el.pueblo á Temistocles el de Neocles* Algunos re-» 
/¡eren que siendo ambos mochadlos > y educados )un-* 
tos de^e el principio > siempre disintieron el uno 
del otro, tanto«en las cosas de algún cuidado, como 
en las de recreo y divenion ; y que al punto se ma« 
nifestaron sus caracteres por esta especie de contra- 
riedad: siendo el del. oao blando, manejable y ver- 
satll , prestándose á todo con facilidad y prontitud; 
y el del otro firme en im proposito , inflexible en 
coaoto á lo justo^, y enemigo de la mentira, de las 
chanzasv del engaño , aun en las cosas de iuego. Aris<« 
ton de Quio dice que la enemistad de. ambos dima- 
nó de ciertos amores, hasta llegar al óUsmo punto: 
porque enamorados de Bstesileo, natural de Quio, 
sumamente gracioso en la^ forma y figura, de au cuer- 
po. Iteraron tan mal la competencia, que aoñ des- 
pués de mardiitada la. hermosura de aquel joven no 
cesaron en su .oposición; sino que cpnko si se bubie-'^ 
ran ensayado en aquel objeto, con el mismo afecto 
pasaron al gobierno , acalorados y etxrontrados el uno 
con el otro. Y Tenústocles , dándose á cultivar amis- 
tades, alcanzó un i Aflujo y poder de ningnn modo 
despreciable; asi es c|ue á uno que le propuso que el 
modo de gobernar bien i los Ateniense» seria, el que 
se mostrase igual ó imparcial á todos:: no querría, le 
respondió, sentarme. en una silla, en la qsie no al^ 
cansaran jmasdední losamigpsque los extraños; mas 
Afístides, manteniéndose solo 4 siguió en. el gobier^ 
no otro pamino particular*. k> psimíero .porque ni 
quería tener condescendesKias instas. con sus ami^ 
gos, ni tampoco disgustanlos^ no haciéndoles favo-^ 
res; y lo segundo aporque veia. qae'.elpodfix de los 



s 2 



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376 ARÍ^IMS» 

amigos alentaba: i muchos para «er Itijostos; y éi en- 
tendía que el buen ciudadano':itt> debía poner so con- 
fianza sinoen'liacer y de^U cosas justas y honestas; 
Promovía Temístoclesmuehas cosas arriesgadas, 
y en todo lo «elafivo á cobi^rno ie contradecía y esr 
torbaba; por -loque se vio Arístides precisado á opo^ 
nerse á muchos de los intentos de-a^xiel; unas vec^i 
para defenderse ^ y otras para ccMitener su poder, 
acrecentado con el favor ^del poeblo c tenienoo por 
menos malo privar-á la ciudad de alguna cosa bene- 
ficiosa y* que no d que aquel se envalentonase salién- 
dose con todo. De modo qiie en lina ocasión , habien- 
do Temístodes* propuesto una cosa.Jcónveníeate, fa 
resistió sinembarga, y repugnó-, aunque no pudo es- 
torbarIa;-y al retiiiarse de la jimta -pública prorum- 
pió en la expresión , de que no podrta salvarse la re- 
pública de Atenas ^ si á Temístócles y á él no los ar- 
rojs^n en'UcÁ. sima. En otra ocasion'propuso.al pue^ 
blo un pflpoyecto^de decreto , y aunque fue muy con^ 
tf adlcho- y ultep^tádo , conoció que iba á prevalecer; 
y cuando ya ¡se; estaba para recogev dos votos de «or-. 
doi delvAi^oo|tte,'desengafiado»^ork conferencia de 
Jo q0e'conveola',' retiro su proposición, Muchas^ve- 
ces hizo SQs< propuestas por medio de^otros , á fin^de 
evitar: que su contraposición 'coa (Femístocles sirvie- 
se de impedimento para lo 4^06 m de bien páblico. 
Mas lo qpe: «ctoe; todo ^{>mdió' maravilloso fue su 
igualdad en la^ niudanxas^á^ qu^ expone el mando; 
no ' engriéndose congos •hbaores'j y. manteniéndose 
siempre •tranquiioi:y sosegado*. eir. Jas adversidades, 
por estaren láhiteligéncta:de:qaer exigía el bien de 
la patria^uetefi' servida sr<'fliM»ét«ise .desinteresado, 
Bo solo ¿ots^tespeab i la riqueza j. sino cop respec-* 
ío también í la • gloria. : Dé^ < aquí :^pro vino ' sin d uda 
que represen tándicne-^en el «eatocr estos yambos de Es- 
quilo, relatiiosi' Anfiaraovi'-''i ■' 
Quide pó paofcerv síno-.serju«to:. ^ 



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AltisxiDBS. ^77 

En so alma eLsabep echadas^ tiene' 
, ' Hojidas raices ,' y copioso froto 
De- excelentes y otiles consejos ,. ; 
todos ^ yoIvicDon a. mirar á ArístideSi como qoe de 
' fi era propia aquella virtod. 

No solo contra la benevolencia y el «grado , sino 
^smhián contra la ira y. enemistad era bastante pode*^ 
rosO' á resistir por- sostener lo josto* -Dicise poes qoo 
pej^jsiguiendo una ocasión á on enenugo en el tribu- 
Q^^» Qoizio no:qoisiesealos joecesi después de laacu-* 
^cioí} , oir al ;tratado como reo f sino que pidiesen 
¿^.p^sar á votar contra ¿i > se puso Aristldes a su U'- 
dp^i-pídir también que :8e. le diese audiencia, y fuese 
tratacio conforme á las leyes. Juzgaba otra vez i dos 

Eirtieulares, y diciebdo el uño que su contrario ha- 
. a hecho muchas cosas en ofensa de Arístides , le 
conte&tó, no. amigo, tírdí si te ha hecho á tí algoáa 
ofensa, porque, no -soy yo sino tú el ,que has de 
ser juzgado. Eligiéronle orocurador de: las rentas pú- 
blicas, y no solo descuorió que habian smtrahido 
caudaks los Arcoñtes de su tiempo, ^Inojambien los 
que. le- hablan precedido, y mas esp^i^lmente Te- 
místocles, .,.:.. 

I , . Que era largo de manos , aunque .saUo. 
Por. esta causa sui^citó este á muchos gontra Arístides^ 
y persiguiéndole al dar sus cuentas , hí¿o que se le 
iprmase causa y condenase por oculjtacjion , segunda 
9a Idomeneo ; pera como por ellose hubiesen disgus- 
tado los primeros, y mas autorizados *:de la ciudad, 
no solo salió libre. de todo cargo y multa, sino que 
de nuevo volvieron á elegirle para la misma magis-^ 
tratura* Hizo como que estaba arrepentido dd su pri- 
mer método , manifestándose mas benigno ; con lo 
quetyvo gratos á los usurpadores de los caudales púr? 
olicos, porque no se lo echaba en cara, ni llevaba 



sus 



cosas con rigor* ; de manera que engrosados coii 
rapiñas* colmaban de alabanzas á Arístides, é in- 

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278 ARfermáí. 

tercedian ansiosos con el pueblo parí que todavía 
le eligieran otra vez.; mas cuando ya iban á votarle, 
increpo á los Atenienses diciéndoles: con que cuando 
me conduje bien y fielmente^* me maltratasteis; y 
{cuando he dejado abandonados crecidos caudales en 
manos rapaces » me teneisjpor el mt jor ciudadano ! Pues 
mas me aver^enso del honor. que ahora me haceiX 
que de la injusticia pasada; y me indigno conrm 
vosotros ) para quienes parece mas 0lorioso ei fkvo-t 
recer á l6s malos » que poner cchvo en los intereses de 
la repóblica. Dicho esto descubrid las nuilversaciones; 
con lo que hizo callar i sus panegiristas y encomia-' 
dores 9 y recibió de los hombres de bien una verdade- 
ra y justa alabanza. . . . ^ . 

Cuando Datis 9 enviadopor Darío > en la aparien- 
cia á tomar venganza de los Atenienses por haber 
incendiado á Sardis, pero en realidad á subyugar á 
los Griegos I se apoderó deMaratoo, y arrasó la co- 
marca : entre los Generales nombrados por los Ate* 
nienses paira aquella guerra tenia el mayor crédito Mit 
ciades ; pero en gloria 6 influjo era ArístideSel segun-^ 
do ; y habiéndose adherido entonces en cuanto á la 
batalla al dictamen de Milciades , no fue quien Ine- 
nos le hiso prevalecer. Alternaban lú¿ Generales en 
el mando por días, y cuando le llegó su tui^no, lo 
pasó á Milciades» enseñando asS' á sus colegas que el 
obedecer y sujetarse i los mas entendidos no solo no 
es un desdoto , sino mas 4>ien laudable y provechoso» 
Calmando por este término la emulación , y hacleo-^ 
do entender í todos cuanto convenia gobernarse por 
h inteligencia y disposiciones de uno solo, dio ma-» 
yor aliento á Milciades , asegurándole en sus proyec- 
tos con DO tener que alternar en la autoridad : por- 
que no haciendo ya cuenta con mandar cada uno ea 
su dia , le quedó á aquel indivisa. £n la batalla , ha- 
biendo sido^l centro de ios Atenienses el mas com- 
batido^ por haber cargado los bárbaros con el mayor 



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AltfsTlDES^ «79 

encariiizámimta contra las tribus Leontide 7 Antio-' 
quide, pelearon valerosamente Tcmístocles y Arísti- 
des» que fprniaban muy cerca el uno del otro, por 
^r de la Lecmtide aquel, y de. la Antioquíde este» 
Como después de haber puesto en retirada á los bár«- 
haros, y haberse embarcado estos ^ observasen los Ate^ 
níenses que no hacían rumbo hacia las islas » sino que 
el yitalo y el mar los impelían hacia fuera con direc- 
ción al Ática y temiendo no se hallase la ciudad falta 
de defensores, se encaminaron solícitos hacia ella con 
las suelve tribus ; y en el mismo dia ccmclpyeron su 
niarcha. Quedo en Maratón Aristid^scon su tribupara 
custodia de los cautivos y de los despojos, y nofrus^ 
tro la opinión que de él se tenia, sino que habiendo 
copia de oro y plata, de ropas de todos géneros y de 
toda suerte de efectos en número increíble en las tien- 
das y en los buques apresados, ni ¿I mismo tocó i 
nada » ni permitió que tocase ninguno otro, á noque 
algunos ocultamente tomasen alguna cosa; de cuyo 
número fue Caílas el daduco 6 asistente ' : porque á 
lo que parece á este fue^á presentársele uno de los bár-^ 
baros , creyendo por la cabellera y por el turbante 
que era el Key ; y saludándole y tomándole la diestra 
le itumifesto que había mucho oro ei^terrado en cierto 
hoyp; y Calías , hombre el mas cruel y el mas in¡us«* 
to, fue y recogió el oro , y al bárbaro , para que no 
lo revelara á otros , le quitó la vida. De aquí dicen 
que viene el que los cómicos llamen á los de su paren-* 
Xthí ricos dé nwo ^Qoví alusión al lugar en que Calias 
encontró aquel oro. Dióse inmediatamente después á 
ArÍHides la dignidad de Eponimo; aunque Demetrio 
Falereo es dé opinión qi^ la obtuvo poco antes de 

1 El daduco era ministro de los sacrificios , inmediato 
en dignidad al Sacerdote máximo» al que precedía en las 
- ceremonias llevando una hacha encendida, de la que tomó 
la denominación. 



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aSo AltíSTIDBS. 

SU maerte después de la batalla de Platea* Con td^ 
en los fastos después de Jantípides^ eti cuyo año toe 
vencido Mardonio en Platea, en muchos años no se 
encuentra ninguno denominado Aristides; y despo» 
de Fanipo , en cuyo tiempo se alcanzó la victoria' dé 
Macaton » en seguida está escrito el nombre del Ar« 
conté Aristides. 

Entre todas sus virtudes la que mas se dio i co« 
• nocer al púdolo fue la justicia , porque su utilidad es 
mas continua y comprende á todos : asi ün borabre 
pobre y plebeyo alcanzo el mas excelente y divino re- 
nombre , llamándole todos el justo : renombre á que oo 
aspiró nunca ninguno de los Reyes ni de los tiranos, 
queriendo mas algunos de ellos apellidarse sitiadores, 
fnlminadores , vencedores, y aun<algunos águilas y 
gabiianes: prefiriéndola loque parece, la gloría que 
dan la fuerza y el poder á la que proviene de la, vir- 
tud. Y si lo admirable y divino , en coya posesión y 
goce tanto manifiestan complacerse , se díistingue prín« 
cipalmente por estas tres calidades indestructibili- 
dad , poder y virtud , de ellas esta es la mas reispe- 
table y divina: porque lo indestructible conviene 
también al vacío y á los elementos; y poder le tíe^ 
nen grande los terremotos, los rayos, los remolióos 
de viento y las inundaciones de los torrentes ; pero 
de lo Justo y del derecho nada hay que participe si** 
no siguiendo los dictámenes de la razón y de la pru- 
dencia. Por tanto, siendo asimismo tres los afectos 
que en los mas de los hombres excita lo divino^ í 
saber , deseo , miedo y respeto , aspiran , como que 
en ello consiste su felicidad, por lo indestructible y 
eterno ; temen y se sobresaltan con la^ dominación y 
el poder ; pero aman , acatan y veneran á la justicia, 
y con ser esto asi , ansian por la iqmprtalidad que 
nuestra caduca naturaleza no admite , y por el po^ 
der que en Ja mayor parte depende de la fortuna; 
poniendo en el ultimo lugar á la virtud ^ de todos 



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c^tbs Inenesiqfiícf npiitamost dirmdr; et Mco'qne «^ 
tá en me^tror^albedb'io^ len Id que* Tan mu;^ enflifia- 
dos , oo refleacioimndo que á la vida pasada eo el po* 
der Y la formna » la justicia la hace digna de los Dio^ 
9t%\ y la ihJQStlcia prepia de las fieras. 

Aunque á Aristídesal pr indpio le fbd moy Hsoh-* 
filero a^iel aobrenombie ,* últimamente vino i CDnct- 
HarlcKenvidia , principalmerite por el cuidado que po- 
so Teiníst0cie5.en sembrar el rumor entre la mndie* 
dumbre de ^ue Arístides y haciendo inútiles loi tribu- 
nales con xíicterse i juzgarlo y decidirlo todo , aspim^ 
ba sordamente i prepararse sm armas una monarquía. ' 
Ademas de.esto , ei^retdo él pueblo con la nctoria^ y 
creído de que dé todo era por sí capaz, no podu 
aguantar i; los que tenían un nombre y una fama que 
oscufecian á los demasi. Concurriendo pues á latíu-« 
dad de todas- partes^ destierran á Arístides por me- 
dio del ostracismo 9 apellidando miedo de laitiranía 
lo que era envidia de su gbria. Porque^el ostracismo 
no era pena de' alguna mala acción, sino que por 
cierta delicadeza se le llamaba humiliadion y castigo 
del orgullo^ y de un poder inaguantable; cuando en 
realidad qo era mas qué un sua;re consuelo de la en- 
vidia', que no usaba medios insufribles y sino que se 
libraba con una mudanza de pais por diez anos, de 
una incómoda molestia ;* y porque después algunos 
empezaron á sujetar á esta especie de destierro á nom« 
bres bajos y conocidamente malos , de los cuales el 
éitimo fue Hipérbolo , hubieron de abandonarla. Dí«- 
cese que pora sujetar i Hipérbob al ostracismo su- 
cedió lo siguiente : desacordaban entre sí Aldbiades 
y Nicias , que eran los de mayor influjo tu, la dudad; 
y cuando el pueblo ibaá echar la concha, sabiendo 
los unos de los otros á- quien iban á escribir en ella, 
se confabularon por fin ambos partidos, /jr de cóníun 
convenio trataron- de. desterrar á Hipérbolo, Refle-i 
^iooó luego el pueblo, y creyendo desacreditado y 



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s8i Á&IsSlMf. 

ttfreBtadQ«|üet meáiQ polkieo » lo dty6:j «licdid f^ 
siempre Explicaremos eii ipocas palabras lo. que en 
este medio: teioaba cadauno.de loS'CiHdadanos vm 
CQódia> y:e9crit)iendo* encUá el nombre del que qnt- 
ria saliese desterrado , la Uevabe á cierto' liigár de la 
plazBcemdo con berfaa^ Cantaban luego it» Arcon- 
téstprimero el número de todas las coBchas ^^le aUi 
bafaía, porqne si no Hegaban á seis rn^l los vomnteSf 
no habla ostradsmo» De^Miesiban separando los nom- 
bres, y aqaél, cnyo nainbr& habia sidio ^crm en 
mas conchas., era publicado como descercado por diez 
'náosf dejándosele disponer de sus cosas. Entendíase 
eniosra opecadon de esoribit las conchas, y ser dice 
que unhoipbre del campo, qne no sabia escrimr y 4lan-- 
oo la cóncbaá Arístides , á quien casuahneote tenia á 
snano, le encargó qiie .escribiese á. Arístide»; y^^omo 
este se sorprendiese, y le preguntase ^^i^lé hah¡9 he- 
cho, álgnn agravio? Ninguno, respondió, ni ¿quiera 
le conozco ,^sino qué ya estoy fastidládo.deolr t:on<- 
tinuamente que le llaman el jvtsto; y.q^ Arístides, 
oidoesto, nada le contestó, y escribiendo su nom- 
bre tn la xonicha , se la volrió^ Desterrado de la ciu- 
dad , levantando las manos al cielo , hizo una plega- 
ria enteramente contraria á 'la^de Aquiies , pidiendo 
á Iqs Dioses 'que no llegara tiempo en que los Ate- 
nienses: toyi^ran que aeQrdacselde Arístides* 

Al tabo de tres años^ cuando Gerjes ^por la Te- 
salia y k rBéocia se encaminaba contra el Ática , abo- 
lieron la iey , y permitieron á todos los desterrados 
la Yueha: p>r temor p.rincljíal«nente de que Arísti- 
des, uniéndose con los 'enemigos, sedujese y atrajese 
á muchos' de los ciudadanos al partido del. bárbaro; 
eo lo que manifestaron ño conocer bien áeste insig- 
ne niaron , que antes dé aqpielk: providencia estaba ya 
trabajando .en acalorará los Griegos rara defender 
su libertad ;'y después de ella, siendo Temístocles el 
que tenia el mando absoktPx nada d^yS por hacer 



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ÁMÉmbÉi. a83 

de dbtm ó Ae consejo pare aae conf lá sthradon de 
todos ftlcanztra so enemigóla mejor glorie* Porqae 
teniendo £oríbiidifs« retuehoabefldoun i Selemina^ 
como las galeras de los bárbaros, dando por la noche 
la vela y naTesaodo en drcolo, hubiesen • tomado 
el pasb 7 Jas islas , sin que nadie tnidese cebodmien^ 
to de este bloqueo , Amtides irino apresorademente 
de Egtfi^) pasando «pdr entre les nai«s^nemiges;^y 
presentándose asimismo por la noche en la cimam 
de Temistodes , le IIam6 á faera á ¿I ^o , y le h»-» 
bl6 de esta manerat ^^Nbsotros, <$ TemístócieS) si es 
nifoc tenetnos inicio ^ nos- olvidaremos de nuestra 
n Tafia y- pivenil discofdia , y entablaremos otra con-* 
atienda mas saludable y digna de loor, disputando 
a entre los dos sobre sabor á la <^recta^ tú como eau-^ 
»diUo y General, y va como sddado y consejeros 
»Xmest6'que sé que til. solo hts tomado- la aaefar re^ 
«solución, ordenanife que se trabe cond¡»ate cnanto 
a antes en este estrecho; ;y cuando noestros aliados 
Mte se oponían , parece qué tos enemigos se han 'puesto 
» de tu parte* Forque el nar al fieme , y todo al 
•» rededor está ya ocupada por naves enenúgas, da 
amanera qpie aun loi que lo rehusaban se ven en la 
aprensión de mostmrTclor y entrar en combate^ 
apoír fad^erse cortado todo camino i lá tetrada. ^ 
RespondiiSte á esto Temístocks: a No oeiimirii^é, 6 
n Árísrides, que en esta ocasión meexceoas en vittudí 
»» sino que, contendiendo ^n'^tu glorioso mop6sito, 
a.proeurai^avenujarméen to cd^ras;** y oicfaoesto, 
le dtscxhrió el engaño y estratagema de qoe se había 
valido am el bárbaro ^ exhortándole á qtie persua-» 
diera á Earibiades, y le hidera ver que .no habia 
arbxtrb para salvarse sin- e^^mbetir; porque á él le 
creería inejor. Asi es qnc en la conferencia de los Ge- 
nerales, diciendo CleocritodeCorinto á Temístdclcs, 
que ni Arístides aprobaba su dictamen , pues que ha-* 
Uándose presente oJlab»; replicó Arístides*. noca« 



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¿84 AidHfriMs. 

Uaria^yo <ie>nt¿galia maneíA^'^i TeintstO€3ei>]io'pr»^ 
pusiese lo*<ntepr ; mas^ ^rs gnacdo silencia^- tiopór- 
que le teoga consideración , sino ptorque ^y de su 
parecer. •■■>':*•• •' .'".''.•' j ■'■:.: ■-. 

Eítt) fueJó güe paso cntrn loé, caudillos deja a» 
mada de les Griegos ; i«as lAariafídes , sabedor de. qtt 
Pfiitaltr, .que es uda isla^tieqii^a, situada junto al e^ 
trecho de'Sakniiaa) haoia stdf>' ocupada por gráa 
número de tnexáigos, lomi^da'Cbntígo en^^idas.ian'* 
cbasá iIqs' ciadádanosbíináiscdecididQs y.alentádo^ 
aportp>á krisJeta; y trabaaito Qoinbttte cour k>s hk^ 
baros^ 'JeSiidió. muerte' ár» todos, á excejpcion-tle snoa 
cuantos •de>^ÍM^mks distinguidos ^tre elbos , quc^loo 
tomó caiitív^ ^Eatre .t^tosvhiÁía! tres btíoa de muí 
heemaoaNlelTRiejy llamada: &indauca, los cuaksire-^ 
mUíiS aUn^tame: á Temistodesy y se dloevqoeride 
nmidtto deí ^rero Eofraiuides fueron safvifioadosy 
seguQ .cierto «Maculo y á;Bficp<Omesta. Ea «^»3day 
distribuyendo Arísrides aol^dos de in&nt^ria |k>c 
toda rJ^'friá píos tuvo e» .celada contra los, que apor- 
tasonoiieUa ; -mas de modo que en nada ofendiesea á 
los amtgJ9¿,.oi dejasen k, salvfts'á los enemigos :')yiies 
parece^ietl príndpál-<x>iioutsO'de las naves, y lo 
mas veeio de lar.batalla visbiá isar báeia aquel pnnto; 

Er loque kvanto trofeo bn.Bs!talia.I>espueé de l« 
talla, queriendo TelntsiQcle^ probar i'Arktides^ 
le dífo que^si bien era^iiiiqy ^ande laobra q^e faa-^ 
bian faeeho f todavía les.fwaba lo mejor , que era to- 
imr el ¿ak en la Europa , navegando velozmeate al 
Hele$pontO) v cortanií» elpu^ite; más ^nio le re- 
plícale' Apístides , que debfa ¿abandonarse aquel péá-- 
«ámtónto, y.yer. cómfr hadan que el Medo, saliese 
cuánto antes de la Grecia, fto fuese que encerrado 
por falta de salida, la necesidad le obligase á defen- 
derse coo tan inmensas fucreas;. con esto Temtsto- 
cles despach<p al eunuco. Arnacei , que era uno de los 
cautivos I para que dijese al Rey en secreto que A 



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faabia -disuadido á loi Griegos del ¡nteilti^de ¡r á cor« . 
tar Jos ftientesi coa ef objeto de que el Rey se pu* 
siese'en*€alvo. 

Cobró Geqes miedo con esta noticiar J ^i i 
toda priesa se encaminó • ai Heiespontof pero qoedd 
MardoDío, que teniar consigo lo mas. aguerrido del 
ejército 9 en número «nos trescientos mil hombres: 
fuerza con que seiíacia temible » ponienda principal- 
mente sa esperanza en la infantería , y. con la que 
amenizaba a los Griegos, i- quienes- escribió en estos 
términos: 'vencisteis coo-maritimos leaos á unos hom-* 
bres de tiorra adentro^ poco diestros en manejar el 
remo^ pero ahora la tierra de los Tesalianos es llana, 
y los campos de los Beocioe muy i ptopódto para 
combatir con caballería ¿.infantería. A los Atenien- 
ses les escribió aparte á nombre delBjey, oróme-» 
tiéndoies que levantaria de- nuevo su ciudad, los coU 
maria de bienes, y les dariael dominio sobre los de- 
mas Griegos^ con tal que se apartasen de ia .guerra*- 
Entendiéronlo» los LacedemMtos , y concibiendo te- 
mor, enviaron á Atenas-' mensageros con la pn>pues» 
ta. de que4nandaran;:i Jisparta sus mi^eres.y sus hi-- 
jos , y que para siis ancianos tomasen de los mismos 
Lac^demonios el sustentó necesario: .porque era ex- 
trema la miseria dé los Atenienses,' habiendo perdi- 
do sus campiñas y su^' ciudad» Oidos los men£^eros 
les dieron, siendaArístides quien propuso eLdecre- 
to, una admirable respüe$t;ít; diciéndoles que á los 
enemigos les perdonaban el-quecreyesea que todo se 
compraba con el diadro, y las riqoezas, pues que no 
conocían cosas demascptecio; peto no ^>diaa llevar 
en paciencia que los Lacedemonips solo .pusiesen la 
vista en la pobreza y n)iseriaqne afiigia á los Ate- 
nienses 'y olvkiándose de la virtud y del honor, para 
proponerles que por ekpfecio del alimento comba«^ 
tíeraníen defensa dé la Grecia^ Asi lo escribió Arís- 
tidcs ; y convocando^ ¿«nos y .á otrps embajadores 



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286 A&ifr»xs« 

á ia ionte ptibHca» i los de los Lacedemonios Inñ^ 
cargó dijesen ademas que no babia bastante oro,¿ 
sobre ia tierra ^ ni debajo de ella que igualara en cár- 
ter para los Atenienses á la libertad de los Griegos; 
y vuelto á los ik Mardofit6, señalando al sol : mien- 
tras este astro» les dijo» ande su carrera, harán los 
Atenienses la guerra i los Persas por sus campos aso- 
lados, y poit sus templos profanados y entr^ados á 
las Ibunas* Propuso también que los Sacerdote ¿1- 
cierin imprecaciones contra el que mandara embaja- 
das i bs Medosy ó se apartara de U alianza de los 
Grifos» En esto invadid Mardonio segunda vez el 
Ática, por lo que ellos se retiraron como antes con 
sus naves á Salamina; pero pasando Aristides con 
l^cicMi á Lacedemonia » les echd en cara su tardan- 
za y su indiferencia, con la que de nuevo abando- 
nalMín á Atenas á la ira del bárbaro ; mas les rogó 
que los auxiliasen en favor de lo que aim quedaba 
salvo en la Grecia» Oido.que esto fue por los £fo- 
ros, de dia afectaron entretenerse y divertirse , co« 
mo es propio de las fiestas,. porque celelprabaa la de 
Jacinto; pero'p^ la noche juntaron un e}érdto de 
cinco mil £spar<Áatas, cada uno de los cuales lleva- 
ba consigo siete failotes, 7 lo hicieron marchar, sin 
que dt ello se ¡apercibiesen ks Atenienses. Volvió 
Aristides. á reconvenirlos al dia: siguiente 9 y como 
ellos con risa le contestasen. que debia de estar lelo 
6 dormido, paes ya el ejércitp estaría en el templo 
de Orestes marchanda contra los huéspedes , nom- 
bre que daban á los Persas:,no les ñempo este de 
chanzas, les repuso Aristid^ ^.queriendo vosotros 
mas bien engañar á los amigos que á los enemigos* 
Asi lo escribió Idomeneo; pero en el proyecto de 
decreto de Aristides no está escrito por embajador £1 
mismo, sino Cimon , Jantipo yMironides. 

Elegido General con .mandó independiente para 
aquella^ batalla ^ tomo á sus órdenes ocho mil infsn- 



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JOdsTIDBS. 287 

teald^Atenu» y marc&ó para Platea , donde se le 
reuoióíFausaoias ; General de todas las tropas Grie-* 
gas » que tenia consigo á'los Esparciatas , concarrien* 
do BMcibediinibre de todos los demás Griegos. El 
ejército de los bárbaros ; que estaba formado junto 
al xiotAsopOí^.no tenia icérn^o ; y en derredor del 
bag^e.y provisiones se hafam corrido un^ maro coa* 
drado!, de cutos^ lados tenia cada uno la longitud da 
dies estadios.' A Pausania&.poes y en coiaiin 4 to- 
dos k>fr Griegos Jes profetizo y predijo la fktoria 
Tisameno de Elea ^ si sé estaban á la defensiva ^ y no 
eraü los prímenos en acometer. Mas Aristides énvid 
á ooosultar á Delfos^ y el Dios díd por respuesta 
que los Atenienses preTaleceriaa sobre los contrarios^ 
si hadan votos á Júpiter , i Jano Gteroma, i Pan 
y í las Ninfas Esfragítid^ ; si sacrificaban á ios hé^ 
roes Andrdcrates I Leucon»' Pisandro, Daonocrate^, 
Ipsion 9 Acteon y PóUdes;.y.8Í trababan la contien-i> 
da^n suptopia tierna ,. y en Ja región deCeres Eleu- 
aina^y de su hi^. Venido qaeiue este oráculo dtd 
imuchor en <|ae pensar í Aristides ; porque en:priinev 
logar los héroes, á quienes mandaba sacrificar^ ei^an 
los patriarcas- de las familias de los Plateenses, y la 
cueva de las ninfas Esfragitides está en una de las 
cumbres del Citeron , vuelta al poniente de veranoi 
y en ella habia antes, según dicen, un oráculo, deí 

Í[ue eran poseídos muchos de aquellos naturales , á 
os que llamaban Ninfoleptas ' ; y de otra parte la 
f egioQ de Ceres Eleusina , y el concederse la victo* 
ria á los Atenienses, si peleaban en su propia tier- 
xa , pareda que era revocar y trasladar la guerra al 
Ática. En esto parecióle á Arimnesto, General de 
los Plateenses , que entre sueños era pregontado de 
Júpiter Sefvator, qué era lo que pensaban hacer los 

r Significa lo mismo que acaba de decirse -.'poseídos 
•de las Mtnfas, • < • t ' . . .^ 



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l88 AHÍSTIDSS. 

Griegos, yxfpe él fe respondió : mañana, s^br,\b 
varemos el e|ército í ElenstSt y combatiremos .atfii 
los bárbaros, conforme ^á un oráculo de ia Fifia; i 
lo que el IKos le había: replicado que estaban eagi« 
fiados del todo , porque alli en la región Plataica se 
T«)rificaba el oráculo , y que si lo investigasen , s» con- 
vencerían» Representáronsele estas cosas vivamente á 
Arimnesto, y levantándose sin dilación , hÍ2o Uamar 
á Ips ciudadanos de mas edad y de nayor ezperieo* 
cU, y conferenciando sus dudas con ellos > encentro 
que ceroi de los Hisios al pie del Giteron hay un 
templo auíy antiguo que se llama de Ceres Ckusi* 
nía y de rroserpina. Llamando pues á Axistídes ie 
Uei^o á ua sitio sumamente á proposito, para qoe 
foi'masen en él sus batallones los que no eran fuertes 
en caballería, á causa de que las faldas del Citeroit 
bacian inaccesibles para los caballos las cañadas con* 
tigoas al templo, i alli estaba también el templete 
de Androcfates cercado de una selva de espesos y 

Xios árboles; y para que nada le faltase al ora-» 
enrcuanto á la esperanza de la victoria , pareció 
á losl^lateénses, á propuesta de Arímnesto^ retirar 
los términos de Platea nácia el Ática, y donar ^aque* 
lia legion á los Atenienses, para que, según el orá- 
culo, pelearan en sia propia tierra en defensa de la 
Grecia* Llegó á tener tanta fama esta gloriosa deci- 
$iop de los Plateenses , que Alejandro (ominando ya 
el Asia, muchos años' después levantó los muros de 
PJatea , é hizo pregonar en los juegos Olíaipicos que 
de este modo recompensaba el Rey á los Plateenses 
su fó^aleza y su magnanimidad , por haber dado, en 
la. guerra médica á los Griegos aquel territorio, mos- 
trándose sumamente atentados y valerosos. 

Disputaban los Ttgeatas con.los Atenienses sobre 
el lugar que tendrían en el ejército, pretendiendo 
gqe pues los Lace4em.p^ios tenian el ala derecha , se 
les diera el ala izquierda , haciendo pani/esioi gilau- 



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ABLümm: 289 

des dogplos <fe SD9>ntepasado$!. Ofendíanle mocho de 
semejante contienda los Atenienses; pero salióles al 
encnentro Aristides y dijo; no es propio de estaoca** 
sica el que alterquemos con los Tegeatas sobre li-» 
aage y sobre proezas;. mas á Tósotros;^ ó Lacedemo-- 
moSf y i todos los demás Griegos os hacemos' pre^ 
senté que el lugar no quita ni da valor: cualquier» 
que sea el que nos diereis procuraremos ; conserván- 
dole y honrándole , no hacernos indignos de la glo-»> 
ria adquirida en. las guerras anteriores:, porque so 
hemos venido á Indisponernos con los aliados , sina 
á pelear con los enemigos ; ni á ensalzar á nuestros 
padres, sino á acreditarnos con la Grecia de hom-; 
ores esforzados: asi este combate hará ver en cuan- 
to debe ser tenido de los Griegos cada uno , ciudad,: 
General ó soldado. Oido esto por. los del consejo jr 
por los Generales:^ aprobaron el discurso de los Ate-. 
nienses , y les dieron á mandar la otra ala del ejército^ 
Gomo estuviete en gran coíiflicto la Grecia, y sem- 
bré, todo se hallasen, en malísimo esjtadp las cosas de 
los Atenienses, algunds de las familiHs mas princi« 
pales y mas ricas-> que por causa de la , guerra ha-, 
bian.caido en pobreza, y juntamente con los bienes 
habiaipi perdido todo su esplendor y su influjo , vién- 
dose reducidos á este extremo de abatimiento mien«^ 
tras otros brillaban y mandaban , se reunieron clan- 
destinamente, en una casa de Platea , y se conjuraroa 
para disolver la república ;> ó sino sallan con so in-i 
tentó , para estragáis los negpcios de ella poniéndo- 
los en manos de los bárbaros. Mientras ¡esto se eje^ 
cataba en el campan^ento, siendo ya mucUbs los 
pervertidos, llegó á entenderlo Aristides, y hacién- 
aose cargo' de lo arriesgado de la ocasión , determi- 
nó, ni «jandonar del todo y dejar correr semejante 
acontecimiento , ni descubrirlo tampoco enteramen- 
te, »ya por no Conocer realmente cuántos serian los 
inculcados , y ya también porque creyó que len aquel 
Tomo ii. t 



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2^0 ARÍSTI0B?. 

€aso valia mas hacer callar la justicia qne la cob 
veniencia pública. Arresta pues á solos ocho emn 
tantos; y de ellos dos, contra quienes habia forma- 
do la causa , y que eran los motores principales , JEs- 
quines Lampreide y Agesias Acarnaide, Ic^aron^ fú^ 

erse del campamento: á los otros con esto los dejó Jí* 
es , dando lugar á que respirasen y se arrepintiesen^ 
en inteligencia de que no habian sido descubiertos» di- 
ciendo solamente , que la guerra seria el mejor tri^ 
batial j donde desvaneciesen las sospechas y cargos, 
esmerándose en mirar por la patns. 

Después de esto Mardonio. ensayó el hacer car-^ 
gar con fuerza considerable de caballería, que era 
en lo que principalmente se aventajaba á los Grie- 
gos, á las tropas de estos acampadas al pie del Ci- 
leron en posicio^s fuertes y pedregosas, á exoep^ 
cion de las de Megara. Estas, que cDnshtian en unos 
tres mil hombres i jiabian puesto ^jjs reales en ter- 
reno mas llano : asi es que padecieron mocho por 
h caballería que caia sobre ellas, y las acometía por 
todas partes. Enviaron pues á toda priesa un aviso 
á Pausanias, pidiéndole auxilio., pues por sí no po- 
dían sostenerse co&tra la muchedumbre de los bár- 
baros. Pausanias, ademas de necibir este aviso, vda 
que el campo de los Megarenses se cubría de sae- 
tas y dardos, y que estos se habian recogido i un 
fmnto muy estrecho ; mas con» no. tuviese arbi- 
trio para defenderlos contra los caballos con la in- 
fentería peisadamente armada de los Esparciatas, ex- 
citó entre los demás Generales y caudillos de- los 
Griegis que le rodeaban, una contienda y emula-» 
cíón de virtud y gloria, proponiéndoles si habría 
algunos que voluntariamente se ofreciesen á auxiliar 
y socorrer á los de M^ara. Excasáronse los demasj 
pero ArísrideS tomó este negocio á cargo de los Ate- 
nienses, y envió con este designio á Olimpiodoro, 
A mas alentado de los tribunos, que llevó cobsigó 



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, ARfsTIDES: 29f 

trescien^s hoitnbi'es escogídbs, y mezclado^ con ellos 
alguno^ tiradores. Previniéronse estos sin dilación , y 
marcharon á carrera; mas cói^o lo advirtiese Masis- 
tio ; General de la caballería de los bárbaros , va- 
fon muy denodado , y de maravillosa estatura y be- 
Heza, volviendo su caballo, se dirigió contra ellos. 
Sostuviéronse y trabaron cómbale, el que se hizo 
muy porfiado , teniéndolo por prueba dé lo ^ue po- 
dría esperarse en adelante! En esto herido de un 
dardo el caballo, derribó á Maslstio; el cual caido 
apenas podia moverse por él peso de las armas ; pero 
al mlsiñ'o tiempo habia gran dificultad 'para que fue- 
íe ofendido de los Atenienses, que'ío tenian cerca- 
do, y procuraban herirlo, por cuanto no solo lleva- 
ba defendidos el pecho y lá cabeza , sino todo el res- 
to del cuerpo con pieizas dé oro y plata. Con todo 
hirióle uúo con la punta, del dardo en la parte del 
casco por donde se descubría un ojo, quitándole la' 
Tída; y Icís demás Peísas,' abandonando él cadáver, 
dieron a huir. Echóse de ver la grandeza de esta vic- 
toria, ñb €n la muchedumbre de los muertos, por- 
que eran en corto" número , sino en el llanto dé los 
bárbaros ; porque por la falta de Masistio' sé torta- 
ron el cabello á sí mismos y á los caballos if acé- 
ñiilas , y llenaron todo el, contorno de . suspiros y 
sollozos, ¿n señal 'de que hablan perdido ün hom- 
bre eíl primero en valor y poder después de Mar-' 
donío. . - . r . 

Después de este encuentro de la'cabaltería esto-' 
vieron xinos y otros sin combatir largo tiempo, por- 
que los' agoreros por la inspección de las víctimas 
ofrecían k victoria á los que se defendiesen , tanto á 
los Persas como á los Griegos^ y la derrota á los que 
acometieran. Mas como viese Mardonio que tenía 
provisiones para pocos días, y que los Griegos con- 
tinuamente se aumentaban, porque sin cesar se les 
incorporaban algunos, no pudo contenerse, y resol-' 

T 2 



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^ A 2 ARÍSTIDES* 

vio no aguantar mas » sino pasar al otro ^a ál amk- 
necer el Asopo , y caer sobre los Griepjos , cuando 
ellos menos pensaban , para Ip.que dio en aquella 
tarde las ordenes á los óefes; pero-exactamente á la 
media noche llegó un hombre á caballo al campo de 
ios Griegos , y al llegar á las guardias dijo qae Je 
llamaran á Arístides el Ateniense. Presentóse inme- 
diatamente este/á quien' dijo: soy Alejandro, Rey 
de losMacedonios,.y por medio de grandes peh'gros 
vengo movido del amor que os tengo á preveniros, 
no sea que fó repentino jdel acometuniento .p& haga 
combatir con desventaja; porque Mardonío os pre- 
sentará mañana batalla, no porque tenga ninguna es- 
peranza , ni esté confiado , sino por el apuro en que 
se halla; pues antes los agoreros con sacrificios le 
apartan de combatir , y el ejército está poseído de 
asombro y desaliento ; pero se ve cin la precisión , ó 
de tentar fortuna , ó de sufrir la mayor escasez si. .per- 
maneciese tranquilo. Dicho esto ,' rosaba Alejandro á 
Arístides que si bien convenia que él lo supiese y lo. 
tuviese presente , no lo comunicase con ninguno oi:ro.. 
Mas aquel expuso , que no ppdia ser ocultarlo á Fau- 
sanias» que tenia el mandó, y que lo callarla á los 
demás antes de la batalla ; pero que si la Greqa ven^ 
ciese, nadie deberla ignorar el zelo y la virtud de 
Alejandro. Tenida esta entrevista, el Rey de los Ma- 
cedohios se volvió otra vez por su camino, y Arísti- 
des, pasando á la tienda dé Pausanias, le did cuenta 
de lo que babia pasado ; con lo que fueron llamados 
los denias Generales, y se les dio la orden d^ que, 
tuvieran á punto el ejército, como para recibir baiiaUa. . 
En 0Stp, según refiere Herodoto, hizo Pausanias. 
á Arístjdes la proposición de que lojs Atenienses tooiá* 
ran el ala derecha formando contra los Persas ; porque 
era mejor que pelearan contra ellos los que ya esta- 
ban aguerridos, y habian adquirido osadía ton ante- 
riores triunfos; y que á él se le diera el ala izquierda 



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AHÍSTIDES, . 293 

contra la qae habían de combatir aquellos Griegos 
que se habían hecho partidarios de los Medbs. Teman 
los demás caudillos ae los Atenienses por inconside- 
rado é injusto á Fausanias , por cuanto no haciendo 
novedad en el resto del ejército , á solos ellos los traia 
arriba y abajo como hilotes, exponiéndolos á los 
mayores peligros; pero Arístides les hizo presente 
que iban errados del todo, pues que antes habian al- 
tercado con los Tegeatas p9r tener el ala izquierda , y 
estaban ufanos con haberlo conseguido ; y ahora cuan- 
do losLacedemonios se desistían voluntariamente del 
ala derecha, y en algún modo, les entregaban el man- 
do, no tenían en preció esta gloria, ni se hacían car- 
go dé lo que ganaban en no tener que pelear con su$ 
compatriotas y deudos, sino con los bárbaros sus 
naturales enemigos. En consecuencia de esto hicieron 
ya los Ateniense^ de muy buena voluntad con los 
Esparciatas el cambio propuesto ; siendo muchas las 
Conversaciones que entre si tenían , de que los ene- 
misos tii traían mejores armas , ni ánimos mas esfor- 
zados que los de Maratón,, sino ios mismos arcos, los 
mismos vestidos ricos „ y |os mismos adornos de oro 
en cuerpos muelles y en. almas cobardes; cuando 
nosotros teríémoS también las mismas arihas y los ' 
mismos cuerpos j pero mayor aliento con nuestras 
victorias'; y de que 1á Coiitienda no era solo por su 
país y por su ciudad j coñio. entonces sucedió, sino 
por los trofeos dfe XÍkrátóa y de Saíamina , para que 
se viese que hablan' ¿idt)',;bo de Alcibiadés y de la 
fortuna , siVró de lo¿^At^nÍehses. Estaban pues ya muy 
solícitos en. la mudanza dé puestos; pero háSiéndo-' 
lo entendido los Tebáñpsí por relación de algunos 
tránsfugas , lo partitiparóh á Mardoníio ; y este al pun- 
to, bien fuese ¿or teíner' á lói Atenienses, ó bien 
poriaue desease cM^ná^icoti los I^cédemoníoá, tras-;^ 
fedo-los Persas^ 'sü ^a, derechjá / daildo .orden de 
^ue lo^ Griegos que esiábaá con ¿1 quedaran forma- 



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294 ARÍSTIDES. 

dos contrd los Atenienses. Túvose noticia de esta m^ 
danza | y Pausanias volvió otra vez á tomar el ala de- 
recha, y Mardonio tomó inmediatamente la izquier- 
da 9 quedando colocado contra los Lacedemonios. £n 
esto el día se pasó sin hacer nada ; y formando los 
Griegos consejo, determinaron ir á acampar á bastan- 
te distancia , ocupando terreno provisto de agua , j3or- 
3ue los arroyos que habia en las cercanías habían si* 
o enturbiados y ensuciados por la numerosa caba- 
llería de los bárbaros. 

Entrada la noche conducían los Gefes sus re^)ec- 
tivas tropas al sitio designado para acamparse ; pero 
mostraban poca disposición en seguir y en permane- 
cer unidas , sino que en la forma en que habían levan- 
tado los primeros reales se dirigían hacia la ciudad 
de Platea desbandados ya, y en notable conñisioa 
y desorden : resultando haberse quedado solos los La- 
cedemonios contra, sq voluntad ; y fue que Amonfa- 
reto, hombre altivo y arrojado j que tiempo habia pro- 
vocaba á la batalla y llevaba á mal tanta dilación y 
solicitud , entonces apellidando de fuga y de deserción 
aquella mudanza, se obstinó en no querer dejar el 
puesto I diciendo que allí con los de su hueste habia 
de esperar y hacer frente á Mardpnió. Fuese á él 
Pausanias, haciéndole presente que. aquello se hacia 
por consejo y resolución de 'lp5 oViégos ; y él enton- 
ces, levantando con ambas i^aáos tina, gran piedra, 
la arrojó á los piési d^ Paj^;^aniaSf ^icléndole que el 
voto que él daba sobre 1? batalla era- aquel, sin hacer 
ningún caso de las disposiciones' }^j¡esoIuc¡oues tími- 
das de los demás. Quedó' confuso'^ í;ausanias con se- 
mejante suceso, y envío á decir á los Atenienses, que 
ya estaban en cansino,. que Je as^^^ para, mar- 

char juntos, llevando CQn^íooía. dornas tropa hacia. 
Platea, á vejc si con eso movía. a Amonfareto. Vino^ 
el día , y M^rdónio^, a c * 



en esto el día , v^M^rdónio , a quien no se ocultaba? 
^uc los.GriegosJqí¿lJiaa.aba^(4pflaJo eí campo, te^ien- 



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jkRísrniBS. 295 

ifcá psmtú sa ejercito , se dirigió contra los Lacede* 
anonios coa gian rumor y algazara de los bárbaros, 
.ifD&isifl que interviniese batalla contaban con des- 
trozará los Griegos y alcanzándolos en su fuga; y en 
'^verdad que estuvo en muy poco el que asi no suce- 
diese. Porque , cbservancto Pánsanias lo que pasaba, 
-es derto que hizo alto, y mandó que cada nnoocu^ 
para su puesto de batalla; pero ó por el enfado con 
ilmonfareto^ ó por la prontitud conque le sorpren- 
dieron los enemigos, se le olvidó dar la señal á los 
^tros Griegos; por lo cual ni se reunieron pronto 
ni muchos a la vez, sino con tardanza y en partidas, 
^cuando ya el riesgo estaba encima. Hizo sacrificio, 
.y como no se anunciase fausto, mandó á tos Lacede- 
XDooios que poniendo á los pies los escudos , se estu- 
vieran quedes atendiendo á él , sin hacer oposición 
4 ninguno de los enemigos. Volvió á sacrificar , y car- 
y ó smre ellos la caballería , de manera^ que ya losal- 
icanzó algún dardo, y fue herido aleono de los E$- 
^rciatas. £h esto sucedió que Caiicrates, que se 
^ecia ser el. hombre de mas hermosa y gallarda per- 
•sooa de cuantos Griegos habia en aquel ejército, fue 
«simismo herido de muerte ; y al x:aer exclamó que 
no sentía d morir ^ pues que habia salido de su .cala 
<oñ la resoindbn de perecer , si era necesario , por 
Ja salud de :1a Grecia, sino el morir sin haberse va- 
lido de sos manos» Era pues terrible la situación de 
.aquellos h<Mnbres y admirable su paciencia, pues 
-que no hadendo reñstencia á los enemigos que ks 
acometían , esperaban que los Dioses y el General les 
señalasen la 4iota , sufriendo en tanto el ser heridos 
.y muertos jen &éí filas; y aun: algunos aseguran que 
«estando- rPadsáfiias sacrificando y haciendo plegarias 
já'^ocadÁs^ctade'laformadon, llegaron de repen- 
«e^aigBnosÍ4dkaosonel objeto de arrebatar las ofren- 
das^ y nó-tenjendo armas Pausanias y los que ie asis- 
itiaa , ;ios. iiatila(SK3ttzado con vanus y con látigos ; y 



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agS ARÍSTIDSb 

que aun ahora en imitación de aquélla' acometida st 
repiten cada año los golpes y azotes que se dan á loe 
jóvenes sobre el ara^ y la pompa y ptocedon de ios 
Lidios* 

Disgustado Fansamas de aquel estado , viendo 
,que el agorero continuamense reprobaba las víctimas^ 
volvióse hacia el templo de Juno ^ cayéndosele las 
lágrimas , y levantando las manos pedia á Juno Ci^ 
teronia y a los demás Dioses que presidian i aqoe/la 
comarca , que sino estaba destinado á. los Griegos el 
que venciesen, se les diera á lo menos el sufrir ha*- 
.ciendo algo , y mostrando con obras á los enemim^ 
que contendían con hombres de valor y adiestrados 
en la guerra. Hecha esta invocación por Fausanias, 
• en el mismo momento se mostró fausto el sacrificio, 
y los agoreros anunciaron la victoria. Bióse á todos 
xa señal de rechazar á los enemigos , y de repente to- 
do el ejército tomó el aspecto de una fiera , que es- 
tremeciéndose se prepara á hacer uso de su fuerza. 
Convenciéronse también entonces los bárbaros de qtie 
las hablan con unos hombres que pelearían hasta la 
muerte i por lo que embrazando las adargas empe- 
zaron á lanzar dardos contra los Ladedemonios ; los 
cuales ) manteniendo unidos sus escudos , acometie- 
ron también 9 y llegando cerca » reticahan las adar- 
>gas f é hiriendo con las lanzas á: W Fersias en el rostro 
y en el pecho , dieron muerte á muchos de ellos que 
no se estuvieron quedos ó se mostraron cobardes : pues 
también ellos agarrando las lanzas oon Jas imanos desnu- 
das , les rompieron muchas ; y necurríeiBia á ks armas 
cortas 9 no sin diligencia, hicieron uso ide lashachetas 
y de los puñales ; y uniendo y entrelazando asimismo 
sus adargas^ resistieron largo tieynpo/ Habíanse estado 
hasta entonces inmobles los Atesnienses, fardando á 
ver qué determinarían losLacedcmpniós; mas adver- 
tidos por el ruido de los que combatían,, y. llegándoles 
también aviso de parte de Fausanlas:y\sé apresuraron 



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ARisnBBS. 397 

á ir eo SD socorro; 7 cnando llesrados de la Toceris 
avaazabaii por la llanura, vinieron contra ellos los Grie- 
gos del partido enemigo. Arístides no bien los hnbó 
visto 9 cuando adelantándose gran trecho, les empezó 
á gritar , invocando los Dioses de la Grecia , que se re- 
tiraran del combate » y no impidieran ni retardaran. i 
los que peleaban por la defensa de $u pfopia tierra; 
mas cuando vio. que no le atendían , y que se dispo* 
nian á la batalla , hubo de desistir del comenzado au-^ 
xilio y entrar en lid con estos 9 que eran eincuenta 
mil en número; pero la mayor parte cedió luego » jr 
se retiró > por haberse también retirado los bárbaros; 
Dícese que lo mas encarnizado del combate fue con«* 
tra los Tebanos , que eran los primeros y de mayor 
poder de los que entonces hicieron c^usa común coa 
los Medos : aunque la muchedumbre no habia abra- 
zado aquel partido por su voluntad , sino arrastrada 
por unos pocos. 

Viniendo asi á ser dos los combates, losLacede«« 
monios fueron los primeros que rechazaron á los Per- 
sas, habiendo un Esparciata llamado Diamnesto dado 
muerte á Mardonio , de una pedrada que le disparó á 
la cabeza , como se lo h^ia predichoun oráculo de An^ 
fiarao. Porque habia enviado á este oráculo á un Li- 
dio , y al oráculo de Trofenio á uno de Carian y la 
respuesta que á este dio e! profeta fue en lengua ca- 
rica;, al Lidio, habiéndose dormido en él templo de 
Anfiarao , se le figuró que se le habia presentado un 
niinistro del Dios, y le habia mandado que saliera; 
y como no quisiese, le habia tirado á la cabeza una. 
gran piedra , jpareciéndole que del golpe habia finuer-^ 
to: esto es lo -que se dice haber pasado. Puestos 
ya en fuga los Persas, los persiguieron hasta hacer •• 
los encerrar dentro de sus minro& de madera* De alli 
^ poco rechazaron igualmente loa Atenienses 4 los 
TebaQos, /dando. muerte eri la misma batalla á unos 
^esci^Qtos de los.masd¡síingniflo5 y principales; y 



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298 AR^TTOBS. 

00 bien se había yerificado esto > CQfttK!t> les Vitt 
orden de qoe fueran á sitiar. el ejército de los bú- 
barost encerrado dentro de sus muros. Por esta ra- 
sen > dejando que los Griegos se fueran Ubres , max' 
charon á dar el socorro donde se Jes pedia ; y ponién- 
dose al lado de los Lace^monios, ignorantes é inex- 
pertos en el modo de conducir un sitio , tomaron el 
campamento con mucha mortandad de los eaemígos: 
poes se dice que de los trescientos mil 'Solo huyeron 
con ArubasEO unos cuarenta mil. De los^^jrieg^s^ que 
iqpmbatieron por la salud dé esta región, muñeron 
al todo unos mil trescientos y sesenta: de estos erstn 
Atenienses unos cincuenta y dos^ todos de la tribu 
Aj^ntide, según escribe Cleidemo, por haber sido 
la que mas denodadamente peleó ; y por esta causa 
los Ayántidas hicieron por e^ca victoria á las ninfas 
Esfragitides el sacrificio prescrito por la Pitia , cos- 
teándolo de los fondos públicos; Lacedemonios no- 
venta y uno, y Tegeatas once. Es pues muy repara- 
ble que Herodoto diga haber sido estos jToIos los que 
Tinkron á las manos con los enemigos , y ninguno otro 
de los demás Griegos: parque el número de muertos 
y io¿ monumentos del tiempo atestiguan que la Vic- 
toíia fue de todos ry si solas tres ciudades hubieran 
combatido^, sin tsner partte las demás, no podria el 
ara llevar ^esta inscripción : 

Los Griegos por el triunfo que obtuvieron 
En eLcrudó ejercicio dql Dios: Marte 
Ahuyentando á. los Persas j esta ara 
Por común voto de la Grecia libije 
Allibertador Jove dedicaron. 
• Diose esta batalla el catorce del mes boedromíon, 
según la cuenta dé los Atenienses; y según ía^cueo- 
ia^e los Beócios el 'veinte' y cuatro áel mes gane- 
mo: día eri que mú hoy sé ¡unta en Platea el con- 
dlro Griego, y en qué los Plateenses sacrifican por 
estavlctoria á Jove Libertadora nosiendad^ esitíSh' 



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Arístxdes» 299 

ñ^t qnehaya esta diferencia en la ciqefitt de losdia^ 
cuando aun ahora ^ después de tanto coñio ^e ha ade- 
lantado en la astronomía 9 no convienen los diferen-» 
tes pueblos en los principios y fines de los meses* 
Después de estos sucesos no convenían los Ate^* 
pienses en conceder el pre^: del valor ¿ ios Lacedemo* 
nios, ni les permitían levantar trofeo , habiendo esta-» 
do en muy poco el que de pronto se arruinase toda 
aquella dicha de los Griegos , estando como estaban 
sobre las armas ; á no haber sido que Aristides exhor* 
tando y persuadiendo á sus colegas , y especial-* 
mente á Leócrates y Mirónides, alcanzo y obtuvo 
de elJos que se dejara la decisión á los otros Griegos. 
Deliberando pues estos , propuso Tcogiton de Me* 
gara que el prez había de darse á otra ciudad, sino 
querían que se encendiese una guerra civil; y como 
á esta propuesta se hubiese puesto en pieCleocrito 
de Corínto, por lo pronto hizo creer que iba á pe^ 
dlr aquel premio para los Corintios , porque despnes 
de Esparta y Atenas era Corinto uña de las €Índa<« 
des de mas fama ; pero hiiso i favor de los de Platea 
una admirable propuesta que agrado á todos , porque 
aconsejo qpe para quitar toda contienda se diera el 

frezi lo&FIateenses, por 'cuya preferencia nadie ha-» 
ía de inpomodarse : asi- fue que al pronto ^otorgó 
Aristides por los At^nlensea^ y en seguida Pausaniai 
por los LacedemonÍQS« Reconciliados de este .modo, 
siepararon del botin ochenta talentos p^ los de Pía- 
tea'j con los cuales reedificaron el íempte de Miner-. 
ya, labraron su estatua, y «adornaron el templo con 

Íinturas, que aiin^I día: de. hoy se conserlran frescas. 
,evantaron trofeos separadamente, de ^na parte lo4 
Lacedemonios , y de otra los Atenienses; pero eit 
cuanto á sacrificios, habiendo consultado a Apolo 
Pitío*, les dio por respuesta que construyesen el am 
de Júpiter Libertador , y que. se ab^uviesen de sa-» 
criácar (lasta que apagado «1 fuego.de todo el paiá 



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como contairfnido por los bárbatos , le enoendieset 
puro en el altar cotnun de Delfos. Los magistrados 
pixes de los Griegos enviaron de pueblo tn pueblo i 
que en todas las casas se apagase el fuego ; y en Pla- 
tea , habiendo ofrecido Euquidas que iria en toda 
diligencia á tomar y traerles el fuego del Dios , mar- 
cho para Delfos* Lasóse alli el cuerpo, hízose aspersio- 
nes, coronóse de laurel ; y tomando del ara el nie- 
go, se volvió* corriendo á Platea, y llego antes de 
Sonerse el sol , habiendo andado aquel dia mil esta- 
ios. Saludó á sus conciudadanos , é inmediatamente 
cayó en «1 suelo , y espiró de alli á poco. Recogie- 
ron los de Platea su cadáver , y lo sepultaron en el 
templo- de Diana Euclia , poniéndole por inscripción 
este tetrámetro : 

t De sol á sol Euquidas coi'riendo , 
* Fue y vino á Dielfos en el mismo dia ; 
y el sobrenombre de Euclia se lo dan muchos á Día- 
aa ; pero algunos dicen que Euclia fue hija de Hér- 
cules y Mirtis^ hija de Menecio, y hermana de Pa- 
troclo ; . y que habiendo muerto doncella es tenida 
en venerado» «por los Beodos y los Locros; porque 
au ara y sit estatua se ven colocadas en todas las pla- 
yas, y>ie hacen sacrfíiciosMas novias y los novios. 

Celebróse Jdnta pública y común de todos los 
Griegos^ y escribió Arísfides un proyecto de decre- 
to , para< que cada año concurrieran á Platea lega- 
dos y pro&ombres de la Greda; ^e celebraran jue- 
gos Qlñnqueóales en memoria de la libertad , y se hi- 
ciera etitre tos (diegos una contribución para la guerra 
contra Jos bárbaros de dieis mil hombres de infante- 
ría, mil tie c^Uería y clea naves > quedaildo exen- 
tos k>s^de Platea, consagrados al Dios para hacer 
sacrificios porla talud de la Greda. Sancionado este 
decreto , tomaron á su cargo los Plateenses el hacer 
exequias cada año por los Griegos que murieron y 
disttcaáaan alU y lo .que hasta el jli^ de hoy ejecutan 



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ABÍSTTDB& JOT 

de e$ta'manera::'«n ú dia diez y seis de! mes Mai-. 
níacterion , que parft los B^ocios es Akomeáio , for*» 
0iaa uüa procesión , i la que desde el amaneoer pce^- 
cede un trompeta , que toca un aire, marcial, yendor 
en pos carros llenos de ramojs de mino y de coro-» 
nas, y un toro bl^ocp: lleva nse despqes.ea ánforas, 
libaciones de vino y leche , y jóvenes iogenoos con-j 
ducen cántaros de aceite y ungüento; porque, á nin«j 
gun es9layo se le permite poner mdno en iiqnelriii-*» 
nisterioy A causa de que Iqs varonts^ en quyo-honos* 
s|e hace la ceremoqia , murieron oor la libertad. -Vie^» 
ne por fin el Arponte de los Platéense» » y >con no. 
serle lícito en ningún otro tiempo tocar elyerio, ni: 
usar de vestidura que no sea blanca , entices se vis»* 
te túnica -de purpura', y ten&ando del' aparador una 
ánfpr^, ya hacia los sepulcros por medio; de la ciii- . 
dad cpn espada desenvainada. Llegado ab sitio. toma> 
agua de la fuente, hace aspersión sóbrelas' pirámi-^: 
des 9 coli^mnas , ^> las UQg^ con ungüeíktoi: m¿ta des-*, 
pues el toro sobre la hoguera, é inviQ^íándo áijupi-- 
ter y á Mercurio infernal convida! lois íexaálelites' 
varones que murieron por la Grecia á gustar de aquel 
l)anquete y de aquella sangre: echando luego vino. en. 
uiía taza, y vaciát^lolo , pronuncia estas palabras: 
^ea ^^ /lonor de las varones que murietQU por la* 
libertad.de los Griegos: ceremonias. cort ique toda** 
vía cumplen el dia de hoy los Plateenaes.; - 

Restituidos á la dudadlos Atenienses^ observó 
Aristides que mostraban desi&os de restablecer ]» per-* 
ffcta dentiocracia; y como por una ^rte cdnsidera- 
se 4 aquel pueblo muy digno de consideratíoa, y por, 
otra^np juzgase fácil el oponérsele siendo poderoso, 
en armas, y hallándose ensoberbecido^ con sus vic** 
torios : escribid decreto para que el gobierOiP fuese 
común é igual á todps, y los Arcpntes se eligiesen 
de entre todos los Atenienses. Anunció. Temístocles 
al pueblo que habia concedo un pr^yeoto^q^ie no 



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JO» AKÍSTÍOTS; 

podía revelara; pero sumamente útil y saludálifex 
la ciudad: acordaron vot tanto que á nadie se dije- 
se f sino á solo Aristicies , y él solo lo aprobase. Ke- 
wló poes á este que tenia pensado poner fuego á la 
armada de los Griegos » porque con esto serian los 
Atenienses los mas poderosos y arbitros de la suerte 
de los demás; y entonces Arístides presentándose ai 
paeblo, le dio parte de quií et proyecto que Temís- 
tecles tenia* meditado no pedia ser ni mas órií ni 
mas iniusto ; oido lo cual resolvieron los Atenienses 
qoe Temteocles abandonara su pensamiento: \taní 
amante era entonces aquel pueblo dé la justicia! ¡y 
tanta era la confianza y seguridad que le inspiraba un 
hombre solo*! 

Nómbresele General para la guerra juntamente 

. con Cimon ; y notando que Paiisanias y los demás 
caudillos de los Esparciatas eran orgullosos é ín- 

iaguantid>les con los aliados ^ tratándolos él con blan- 
djira y: humanidad , y haciendo que Cimon se les 
mostrara también afable y p<>pular en el mando , no 
advirtieron los Lacedemonids que iba á arrebatarles 
la supet ioridad y el imperio , no á fuerza de armas, 
de caballos d de naves, sino con la benevolencia y 
la dulauíra: pues que con ser los Atenienses bien 

Juistos á los demás Griegos por la justificación de 
irístidcs y la bondad de Cimon , todavía les hacían 
desear mas su mando la codicia y el mal modo de 
Pausanias ; porque siempre trataba con desabrimien- 
to y aspereza á los caudillos de los aliados; á ios 
soldados los castigaba coU azotes; o echándoles en* 
cima una ancla de hierro, los obligaba á permane* 
oer en esta disposición todo et dia. Nadie debía ir 
á aprovecharse de ramage, 6 á tomar agua de la 
fuente antes que los Esparciatas , porque tenia lie- 
tores apostados , que á latigazos hácian retirar á los 
que se acercaban; y queriendo en cierta ocasión 
Aristidest hacerle alguna amonestación y advertencia! 



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arrugando Pinsaniás el semblante, le respbndio que 
no .estaba de ^gar^ y no le dio oídos* Por tanto, 
yendo los Gefes de armada y los Generales desloa 
Griegos.^ y especialmente ios de Quio, de Samos y 
de Lesbos en busca de Arfetides, le propusieron que 
tomara el mando , y se pusiera al frente de los alia- 
dos , que deseaban nacía tiempo salir d^ las manos 
de los Esparciatas, y gestar ba^ el mando de bs Ate* 
nienses ; y como les respondiese que bien veta Is 
necesidad yi.justicü.qiie contenta {u propuesta; pera 
que para mayar seguridad ^e hacia precisa algún» 
obra qiseilespoeyde ejecutada no dejase á lamucfae-*. 
dumbce Iug^.:al arrepentimiento; Uliades de Samos 
y Antágocas-de Quio , couTemdos entre.sí con jura- 
menta,. aiK>metieron cerca de Bisando á la galera de 
Pausaniás, 4üe les precedía «co^éndola en' medio. 
Luego jjuft neste lo vio, sa puse en pie, y am graa 
cólera ]¿& amenazó de que en breve les baria ver •^jue 
no se habían insolentado contra su nave , sino con* 
tra su propia patria ; mas ellos le dieron por contes- 
tacicm' que) se fu^a en paz, y agradeciera álla: buena 
suerte que con ellos había tenido en Platea: pues so% 
lo por este miramiento no tomaban de 61 la 'Conve- 
niente satisiáccion; y por último se pasaron á ' los 
Atenienses. Mas en esto lo que hay de mas admira- 
ble, es la prudencia que. manifestó Esparta; porque 
luegí» que^ advirtió que la grandeza del poder habla 
corrompido á sus Generales < se desistieron volunta- 
riamente del mando , y de dar Generales para la guer- 
ra, queriendo mas tenes ciudadanos modestos y ob- 
sorv^ores de las costumbres patrias , que conservar 
la su|)eriorid8d sobre toda la Grecia. 

Aun en el tiempo en que los Lacedemonios tenían 
el mando pagaban los Griegos cierto tributo para la 
guerra; mas queriendotiatonces quelaexaccion.se hi- 
ciese por ciudades couLrgqaldad , pidieron á los Ate- 
nienses que Arístides fpese el encargado ; el cual, exa- 



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304 JOLirnum* • 

minando 1« extensión del territorio y las réntsstt 
cada una, determinase lo que según su dignidad 1 
posibilidad ie correspondiera pagar. Dueño paes it 
un considerable autoridad , 7 teniendo en cierta nuh 
ñera él solo en su mano k>s intereses de la Gracia, 
si pobre salió áegercer este encargo, volvió mas po- 
bre todavía y habienda hecho U descripción de Iss ri* 
qnezas ,' no solo con. pureza y justicia , sino á la sa- 
tisfaocion y gusto de todos. Por tanto > asi como Jos 
ant^uos celebrabaq ia vida del reinado de Saturno, 
de la misma jnanera los Griegos tenian en memoria y 
loor el repartimiento de Aristides, y mas cuando al 
cabo de poco tiempo se les duplicó y triplicó el tri« 
buto: porque el que les impuso Arístides- solo ascen- 
dia á la suma dé cuatrocientos y sesenta talentos; y 
á ella añadió Pericles muy cenca de un tercio: pees 
dice Tnddides que al principio de la guerra del Pe- 
loponeso percibían los Atenienses de los aliados seis- 
cielitos talentos^ Muerto Pericles 1 los Demagogos 
fueron extendiendo pocoá poco esta cantidad hasta 
la suma de mil y trescientos talentos » no. tanto por- 
que la ducadon y los varios sucesos de la guerra oca- 
sionaban crecidos gastos , como porque metieron al 
pueblo en hacer distribuciones en dinero , en dar pa- 
ra los espectáculos, y en acumular estatuas y edifi- 
car templos. Siendo pues grande y admirable la. fa- 
ma de Arístfdes por el repartimiento de los tribu tos, 
se cuenta de Temístocles que se burlaba de ella ^ di- 
ciendo que semejante alabanza mas que de un hom- 
bre era propia de un talego de guardar dinero: ven- 
fgándose de este modo, aunque por diferente térmi- 
no y de cierta picante respuesta de Arístides , porque 
diciendo en una ocasión Temístocles que la dote ma- 
yor de un General era el prevenir y antever los de- 
signios de los enemigos, le contestó: bien es nece* 
tario esto, 6 Temístocles; pero lo mas esencial y 
mas loable en el que manda.es poner ley á las manos. 



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AJtisTIDBS. A05 

Sujetó Aristides con jurameato á los demás Crie- 

fes , y él mismo juró por los Atenienses , apagando 
ierros candentes en el mar en.seeuida de las impre* 
caciones; mas al fin, obligando el estado de los ne-« 
gocios , según parece , á mandar con mayor risori 
propuso á los Atenienses que cargaran sobre ef el 
perjurio, y consultaran en las cosas públicas á U.^ti-r 
iidad; y Teofrasto, hablando con generalidad , dice 
que este hombre que, como particular y para coa 
sus ciudadanos era estrechísimamente justo, en los 
negocios públicos se acomodó muchas veces á la si- 
tuacion de la patria, que le prepisp á mas de un% in- 
justicia : porque tratándose á .propuesta de los de 
Samos de traer á Atenas las riquezas de Délos con- 
tra lo estipulado en los tratados , se dice haber esprer 
sado Aristides que ello no era justo, pero que conye* 
nia. Mas por fin con haber alcanzado que Atenas impe* 
rase sobre tantos pueblos , no por eso dejó de ser ,po« 
bre y de honrarse tanto con la gloria de su pobreza» 
Como con la de sus trofeos ; y la prueba es esta. Calías 
el Daduco era pariente suyo: seguíanle sus enemigos 
causa capital , y después que hablaron lo que era pro- 
pio sobre los objetos de la acusación , saliéndose fue-* 
ra de ella dirigieron la palabra á los jueces para tra-* 
tar de Aristides, diciéndoles: ya conocéis á este hijo 
de Lisimaco , y cuan grande opinión goza entre los 
Griegos: pues ¿como pensáis que lo pasará en su ca^ 
sa , cuanao veis que con aquella túnica se presenta 
en el tribunal? Porque ¿no es indispensable que el 
•que en público tiene que tiritar de frió , en su casa 
esté miserable y falto aun de las cosas mas precisase 
iVes Calias^er mas rico de los. Atenienses, con ser 
iu primo, no hace ca^ ningunp dp un hombre como 
este , abandonándole en la mis^r^ con muger é h\]os^ 
sinembargo d^ que no ha dejado:de valerse de él, y 
que mas de:una vez ha disfrutado de su influjo. Vio 
Callas que esta especie habia hecho grande impresión 
Tomo ii. v 



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306 ARÍSTtDBS. 

sobre los jaeces, y los había indísptiestp contra^ 
por lo que pidió se le llamase á Árístides , para qut 
testificara ante los jueces que , habiéndole ofrecido 
intereses repetidas veces, y rogádole los aceptara, 
nnnca había condescendido, respondiendo que mas 
ufano debia estar él con sn pobreza que Calías con 
todos sus haberes : porque cada dia se estaba viendo 
i machos usar unos bien y otros mal de las riquezas, 
cuando no era fScil encontrar quien llevara la pobre- 
za con ánimo alegre; y que de la pobreza se aver- 
gonzaban los que no estaban bien con ser pobres* Con- 
vino Arístides en qae Calias decía bien , y no salid 
de alli ninguno que no quisiera mas ser pobre como 
Arístides , que rico como Calias. Asi nos lo dejó es- 
crito Esquines el discípulo de Sócrates. Platón, te<* 
Hiendo por grandes y dignos de nombradla á muchos 
Atetiienses, este solo dice que es digno de memoria: 
porque Temístocles, Cimon y Péneles llenaron ia 
ciudad de pórticos , de riquezas y de muchas super- 
fluidades, y solo Arístides la inclinó con su gobierno 
á la virtud. Aun con el mismo Temístocles dio gran- 
des, muestras de su equidad y moderación ; porque 
con haberle tenido por enemigo en todo el tiempo 
de su gobierno, hasta ser desterrado por él, cuando 
Temístocles le dio ocasión de desquitarse puesto en 
Juicio ante el pueblo, nada hizo en su daño; sino 
que persiguiéndole y acusándole Alcmon , Cimon y 
otros muchos, solo Arístides no hizo ni dijo cosa 
que le fuese contraria, ni se holgó de ver en la des- 
gracia á su enemigo ,. asi como antes no' le había en^ 
vidiado su dicha. - \ - 

En cuanto al lugar donde murió'.Arístides anos 
dicen que fue en el mar yendo embarcado á desem- 
peñar negocios de la república; pero otros dicen que 
murió en Atenas de vejez, honrado y admirado de 
sus' conciudadanos ; y Cratero de Mácédonía hizo de 
está manera la relación de su fallecimiento. Porque 



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ARfSTTOES* J07 

des^uesnM destierro de Temistocles^ dice, estando 
^l pueblo' lleno de orgollo^ se levanta un tropel de 
calumniadores 9 que^ persiguiendo á los hombres de 
-mis probidad y poder los expusieron á la envidia 
y «coao de la macbédnií^e ; i la que- habian en- 
greído f como se dc^a dicho , los buenos sucesos y la 
extensión de su imperiO:: y que entre estos hicieron 
condenar á Aristides por soborno / acusándole Dio* 
fanto de. la tribu Aniitrópide de haber redbido pre- 
sentes de los Jonios cuando tuvo el encargo de re- 
partir Ws contribuciones^ y como no tuviese con qué 
pagar la^ multa 1 que era de cincuentas minas , se reti- 
ro por tnar á b Jonia, y alli murió. Mas de ninguna 
de estaS' cosas produce prueba alguna Cratcro, ui ei 
tanto de* la acusación, ni el decreto; siendo asi que 
suele ser muy puntual en dar razón de estas cosas, 
citando^ á los que antes de él las refirieron. De to- 
dos ios demás I para decirlo de una vez, que pusie- 
ron su atención en describir los malos tratamientos 
del pueblo para con sus Generales ^ refieren sí y pon- 
deran el destierro de Temi^tocles , la prisión de Mil- 
ciades^ la. multa de Pericles , la muerte de Paquetes 
en el tribunal, dándosela él mismo en la triouna, 
cuando vio que se daba sentencia contra él , y otras 
mudias cosas á este tenor; pero respecto de Aristides, 
aunque^Bo omiten su destierro por el ostracismo , nin- 
guna memoria hacen de esta otra condenación. 

Xo cierto, es que se muestra en Falero-su sepul- 
cro labrado de orden de la ciudad , porque m siquie- 
ra dejd con qué enterrarse. Díceseque las bijas salie- 
ron del Pritaneo para ser entregadas á sus maridos, 
habiéndose costeado de los fondos públicos los gastos 
de la boda , y dádose por decreto en dote á cada 
una tres mil dracmas. A su hijo Lisimaco dio asimis- 
mo el pubblo cien minas de plata , y otras tantas yu- 
gadas de tierca plantada de árboles, y ademas otras 
cuatro dracmas al dia^ habiendo sido Alcibiades quien 

V 2 



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508 AIL<STI1>ES. 

presentó el proyecto. Aun más todavía: camo Ii¿- 
maco hubiese dejado una hiía Ibunada Polucfíta , k 
señaló a está el pueblo , según dloe Calistenes^ la mis* 
ma ración que a los vencedores de Olimpia ; y JDe- 
metrio Fálereo, GeronisnoRódio, Aristodemo d 
músico y Aristóteles, si «s:que.el libro de la noble- 
za se hade colocar entre los genoioos de este filósofo, 
j'cfieren que con Mirto , nieta de Arístides , se casó el 
sabio Sócrates , pues aunque tenia otra mugcr reco- 
gió en su casa i esta, poriy.«fl« viuda y falta de todo 
medio de subsistir; mas estaí^espccies las CQ<itrad\)o 
convenientemente Panecio en sus libros acerca de Só- 
crates. Demetrio Falereo en pi Sócrates dice que se 
acuerda de un nieto de Arínides , sumamente pobre, 
llamado Lisimaco, que sentado jijnto al Yaqueo, « 
;nanten¡d de decir la buenaventura con cierta tabbc 
divinatoria ; y qwe formando él mismo el proyecto 
de decreto , obtuvo que el pueblo señalara á la madre 
de este y á una hermana de ia misma tres óbolos por 
dia; y añade el propio .Demetrio que siendo nomo- 
teta , mandó que se extendiera á una dracma el do- 
tiativo de. estas mugeres. Ni es extraño que. asi cui- 
dara este pueblo de personas que estaban dentro de 
la ciudad , cuando habiendo sabido que en Lemnos se 
hallaba una nieta de Aristogiton , y que no se había 
casado por su pobreza , la hizo traer á Atenas ; «y ca- 
sándola con uno de los mas ilustres , le dio «n. dote 
4ina porción de terreno i la parte del rio : y atín en 
4)uestro6 dias se hace admirar este mismo pu^lo por 
^u humanidad y beneficencia con repetidos ejemplar 
res dignos de imitación. 



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I 



309 

lí Asteo CATÓN. 

Díceseqtie Marco Catón fue por su lináge oriuii« 
do de Tnscalo , y qtie residió y vivió antes de tener 
parte en el Gobierno en campos propios de su fami- 
lia en la región Sabina; y no obstante tenerse la idea 
de que sus progenitores fueron desconocidos, el mis^ 
mo Caten alaba á su padre como hombre de valor 
r ejercitado en la milicia; y refiere de su- visabue- 
io c^ue muchas veces alcanzó el prez del valor ; y que 
habiendo perdido en diferentes batallas cinco caDaflos 
ejercitados en la guerra , fue del pueblo honrado por 
su valor y fortaleza. Acostumbraban los Romanos í 
dar la denominación de hombres nuevos á los que 
no tenían fama por su liñage , sino que eran ellos 
mismos los que empezaban á darse á conocer ; y co«^ 
mo llamaban tamoien nuevo á Catón, decía que 
bien era nuevo para el mando y para la gloria; pero 
que por las obras y virtudes de sus antepasados era 
Sien antiguo. Al principio no tuvo por tercer nom-^ 
bre el de Catón , sino el de Prisco ; pero luego por 
aquella dote en que sobresalía obtuvo el apellido de 
Catón: porque llaman Catón los Romanos al hom- 
bre precavicio. Era en su figura rubio y de ojos azu- 
les , como lo dio á entender , no mostrándosele muy 
aficionado , el que hizo este epigrama : 
A-itsQ rubio, mordaz, -de ojos azules; 
A Porcio , aun muerto , estoy que en el infierno 
No le ha de recibir la hija cíe Ceres. 
La constitución de su cuerpo con el ejercicio, con 
la parsimonia , y con acostumbrarse en el ejército des- 
de el principio á; portarse como soldado, se hizo muy 
robusta ; habiendo adquirido á un tiempo fuerza y 
buena salud. Cultivó también la facultad de decir, 
como otro segundo cuerpo , y como un instrumento, 
no solamente útil > sino necesario , para quien no que- 



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JIO MARCÓ CATÓN. 

ría vivir oscuro y en inacción : ejercitóla pues en las 
alquerías y pueblos. inmediatos, prestándose á defen* 
der en los juicios á los que se lo rogaban ; y ai prin- 
cipio se echó de ver que era un defensor fogoso ; pe« 
ro luego se acreditó ademas de orador vehemente: 
descubriendo en él los que se valían de sus talentos 
una gravedad y juicio que eran propios para los gran- 
des negocios y para el mando político. Porgue do 
solo se conservó puro en cuanto a recibir salario por 
sus dictámenes y defensas, sino que aun desdeñaba 
la gloria que de esta clase de contiendas podría re- 
sultarle. Deseando pues señalarse principalmente en 
los combates contra los enem^os y en acciones de 
cuerra , siendo todavía joven tuvo ya su cuerpo cu- 
bierto de heridas, recibidas de frente: diciendo el 
mismo que á los diez y siete años hizo su primera 
campaña , al tiempo que Anibal victorioso puso en 
comDustton toda la Italia. En las batallas mostróse 
de mano pronta para acuchillar , de pies firmes é in- 
mobles y de semblante fiero ; y aun acostumbraba á 
usar de amenazas y de gritos penetrantes contra los 
enemigos: creyenao ¿1 mismo, y enseñando á los 
demás que estas cosas suelen contribuir mas que el 
mismo acero para atemorizar á los contrarios. En las 
marchas caminaba á pie , llevando sus armas , y solo 
le seguía un sirviente , que llevaba lo que habian de 
comer; con el cual no se incomodó nunca, ni le ri- 
ñó por el modo de disponerle la comida ó la cena, 
sino que á veces échate también níano , y le ayu- 
daba en estos ministerios después de fenecidos los 
de la milicia. En el ejérqito no bebía sino agua, ó á 
lo mas cuando tenia una sed muy ardiente pedia 
vinagre; y si se sentía desfallecido tomaba un poco 
de vino. 

Estaba á corta distancia de sus posesiones la casa 
de campo en que residía Marcio Curio , el que había 
triunfado tres veces. Iba frecuentemente a ella, y 



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UATLCfy CATON« 31 1 

Viendo lo redacido del terreno y la sencillez de to* 
da su casa , no pudo menos de meditar sobre la cón-« 
ducta de an varón tan singular, que con ser el mas 
excelente entre los Romanos, con haber sojuzgado 
los pueblos mas belicosos , y haber arrojado á Krpo 
de Italia , ¿1 mismo labraba aquel campo, y vivía en 
aquella casita después de tres triunfos. Allí mismo k 
bailaron sentado al fuego , cociendo unos rábanos., los 
embajadores de los Samnites, y le ofrecieron eanti-» 
dad de oro; mas él ios despidió, diciendo que esta- 
ba de sobra el oro para quien se contentaba conaque^ 
lia comida ; y qu^ para ¿1 era mas apreciable que te- 
ner oro el vencer a los que lo tenian. Catón al re- 
tirarse de alli reflexionaba sobre estas cosas, y vol- 
viendo la consideración á su propia casa , sus campos» 
sus esclavos y su gasto, se aplicó mas al trabajo, y 
cercenó superfluidades. Tomo Fabio Máximo la ciu- 
dad de los Tarentinos , y en aquella empresa se halló 
Caten , militando bajo sus órdenes , cuando todavía 
era muy joven. Cúpole por huésped un pitagórico 
llamado Nearco , y procuró instruirse en sus dogmas; 
y como escQchase de su boca las mismas máximas de 
que también hacia uso Platón , llaniando al deleite di 
mayor cebo para el mal ; al cuerpo el primer tor^ 
mentó del alma, y remedio y purificación á aquellas 
reflexiones, en virtud de las cuales el alma se separa 
y aparta cuanto le es posible de los afectos del cuer- 
po, todavía se apasionó mas de la sencillez y de la 
templanza; Por. lo demás se dice haber aprendido 
taroe las letras griegas ; y que habiendo tomado tú 
las manos los libros griegos cuando ya estaba muy 
entrado en edad, Tucídides le fue de alguna utili- 
dad para la elocuencia , para la que sobre todo le 
aprovechó Demóstenes. Sus escritos los exornó opor- 
tunamente con máximas é historias griegas; y en sus 
apotegmas y sus sentencias se encuentran muchas 
cosas traducidas del griego á la letra* 



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JIJ IfA^CO CÁTOUr. 

Vivía á la sazón un hombre muy palírfota y tms\ 
poderoso entre los Romanos, gran conocedor de \k 
virtud nativa , y muy dispuesto á alimentarla y á 
inflamarla á la gloria , llamado Valerio Flaco. Te- 
nia campos linderos á los de Catón ; y enterado del 
desprendimiento y economía de este por medio de 
sus esclavos, los cuales le referian que de madmga* 
da iba á la plaza , se surtia de lo ^ue había ineoes- 
ter, y vuelto al campo., si era invierno, poniendo* 
se una especie de anguarina, y horro de ropa, si era 
verano, trabajaba con sus esclavos, sentándose á co- 
mer con ellos del mismo pan , y bebiendo del mis- 
mo vino: admirado en gran manera asi de esto, co- 
mo de oirles hablar de su moderación , de su modes- 
tia , y de algunos dichos sentenciosos suyos , dio or- 
den' para que le convidaran á cenar á su casa. Desde 
entonces le trató familiarmente ; y observando que 
era de carácter suave y urbano ^ que á manera de 
de planta solo pedia otro cultivo y otro aire mas 
libre y abierto , lo inclinó y persuadió á que trasla- 
d.indose á Roma tomara parte en el gobierno. Tras- 
ladado á aquella capital , en breve con lá defensa de 
las causas se adquirió admiradores y amigos ; y 
como Valerio le proporcionase ademas grande opi- 
nión 'y poder, alcanzó, que primero le nombrasen 
Tribuno, y después Cuestor. Logró ya entonces ser 
mas señalado y conocido^ y aspiró con el mismo 
Valerio á las primeras magistraturas, habiendo sido 
con este Cónsul , y después Censor. ProCuró tam- 
bién arrimarse á Fabio Máximo por su grande fama 
y su grande autoridad ; pero mas principalmente 
porque se proponía la conducta y método de vida 
de este como el mejor modelo y ejemplar ; y aun 
por lo mismo no pudo menos de ponerse en oposi- 
ción con Escipion el mayor , que no obstante ser jo- 
ven todavía, hacia ^(Mitraresto á Fabio ^ y como que 
se le mostraba envidioso. Hubo también otro motivo^ 



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MARCO CA¥OK. 3 13 

y fíie qne yébdó de Cuestor con Escipion á la e;üer- 
ra de Afriqa, como advirtiese qae este usaba de su- 
acostumbrada prófusioo , y permitía que tñ el ejército 
se gastara sin medida , le hskló francamente y dicién- 
dole que lo dc'tíienos era el gasto, y el mal j^rioci- 
palmente estaba en que estragaise la antigua frugali*» 
dad del soldado', acostumbrándole para en adelante 
al regalo y á los deleites ; y como Éscipion le con-' 
testase que no necesitaba un Cuestor tan severo, 
cuando ponía toda la atención en desempeñar cum* 
pUdamente su deber con respecto á la guerra, por- 
que de lo que habla de dar cuenta á la ciudad era de 
sus acciones y no del dinero , se retiró de Sicilia; 
Hablaba frecuentemente en el Senado con Fabio de 
la inmensa cantidad de dinero que gastaba Escipion> 
y desacreditaba en los circos y en los teatros su 
porte fastuoso, como si hubiera ido á celebrar fies«» 
tas, y no á mandar un ejército; tanto que obligó á 
que se enviaran cerca de este Tribunos de la plebe 
para que le hicieran venir á Roma^ si estas acusacio- 
nes eran ciertas. Mas Escipion , habiendo hecho ver 
que la victoria estaba en los preparativos de ja guer- 
ra y y convencido á los Tribunos de que si usaba de 
humanidad y condescendencia en los gastos esto en' 
nada perjudicaba á la diligencia y á las demás gran- 
des prenda? militares , partió de Sicilia para la guerra. 
Aunque era grande el poder que Catón se había: 
con su elocuencia granjeado , tanto que generalhien- 
te se le apellidaba Demóstenes Romano , era todavía 
roayor la fama y celebridad que le daba su particu- 
lar método de vida. Porque su destreza en el decir 
fue desde luego para los jóvenes un ejemplar común 
y de gran solicitud; pero el conservar la frugalidad 
antigua, contentarse con cenas sencillas , comidas fiam- 
bres, vestidos lisos, y una casa como las del común 
de ciudadanos , y hacerse admirar mas por no nece-* 
sitar de superfluidades que por poseerlas; estotra 



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314 ICARCO CATÓN. 

ya muy raro eú un tiempo eu que k autoridad tft 
se conservaba pura por su misma grandeza , sino qoft 
con tener superioridad sobre muchos negocios y mo- 
chos hombres, había dado «ntrada á diversas costum- 
bres, y se veían ejemplos de portes, y medios de 
vivir muy diferentes. Con razón pues miraban todos 
á Catón como un prodigio , al ver qup los demás, de- 
bilitados por los placeres, no eran para aguantar nin- 
Eun trabado, y que este en ambas cósase se conserv»^ 
a invicto f no solo de joven y cuando aspiraba á. 
los honores, sino anciano ya y canoso después del 
consulado y triunfo, como un atteta constantemeore 
vencedor , que se mantiene siempre igual en la iucha 
basta h muerte. Porque se dice que nunca llevó ves- 
tido que valiese mas de cien dracmas; que de Ge«> 
neral y de Cónsul bebió siempre del mismo vino que 
sus trabajadores; que las provisiones para la comida 
las tomó siempre de la plaza sin gastar mas de trein- 
ta cuartos, y esto por causa de la república á fin de 
robustecer el cuerpo para la guerra; que habiéndole 
tocado de botin un paño babilonio, al punto lo 
vendió; que jamas tuvo casa ninguna de campo re- 
vocada de cal, y que nunca compró esclavo que le 
costase arriba de mil y quinientas dracmas, como 
que no los buscaba delicados ó de hermosa presen- 
cia, sino' trabajadores y robustos, propios para ser. 
gayaúes y vaqueros ; y aun de estos , cuando ya 
eran viejos , opinaba que era preciso deshacerse para 
no mantener gente inútil. En una palabra, era de 
dictamen que no debía tenerse hada superfkio; y que 
aun en un cuarto es caro aquello que no se necesi- 
ta. Y en cuanto á campos quería poseer los de la- 
bor y pasto, no verjeles ó jardines. 

Atribuían algunos á mezquindad esta tan rigu- 
rosa economía ; pero otros veían en ella el esmero 
y la rígida templanza dé un hombre que se estre- 
<;haba y reprímia á sí mismo , para corregir y nao- 



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KARCa CATOK/ 3Tf 

derar á los demás. Solameote aquello de raerse de; 
los esclavos como de acémilas, y deshacerse luego. 
de ellos y vendcrios á la vejez, para mí no pueder 
ser sino de un hombre cruel , y que no se cree en- 
lazado i otro hombre sino con el vínculo de la uti- 
lidad. Pues en verdad que la humanidad y la dul- 
zura tienen todavía mas latitud que la justicia ; pues 
de la ley y de la justicia solo podemos usar con losr 
otros hombres; pero la beneficencia y la gratitud sc' 
emplean aun con los animales irracionales; dimanan* 
do de la bondad como de una fuente copiosa, por- 
que es propio del hombre de probidad no dejar sin 
alimento al caballo desfallecido y^ por los años , y* 
el mantener y cuidar los perros , no solo de cachor*" 
ritos , sino aun cuando se han hecho viejos. El pue- 
blo de Atenas, cuando se construyó el Hecatómpe- 
do', á cuantas acémilas llegó á entender haber con- 
currido constantemente á los trabajos de la obra , á* 
todas las echó á pacer libres y sueltas; y aun se re- 
fiere de una de ellas que por si misma se bajaba al 
lugar de la obra , y agrégán4ose á lasyuntas que su- 
bían los carros al alcázar , las ayudaba yendo delan^ 
te , como si las animara y alentara ; por lo que se 
decretó que hasta que muriese se proveyera de Ios- 
fondos públicos para su manutención. Los sepulcros 
de las yeguas con que Cimon venció tres vckres en 
Olimpia están inmediatos á los monumentos que á 
este se erigieron* Muchos cuidaron de sepultar á los 
perros que se les hablan hecho como comensales y 
amigos; y entre ellos Jantipo el mayor al perro» 
que nadando junto á su galera le siguió á Salamina, 
cuando el pueblo abandonó la ciudad , le hizo sepul- 
tar en un promontorio , que todavía se llama la se-^ 

I Haspocracion es el autor por quién sabemos que se 
dio también este nombre de Hecatómpedo al Partenon ó 
templo de Minerva. : 



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5l6 MARCO CATOKW 

pultnrt dd perro ; pues no hemos de usar de oa9& 
que tienen vida y alma como de los zapatos c5 délos 
muebles , ediándo¡os i un rincón cuando ya están 
rotos y gastados ; sino que es razón que en cuanto 
á aquellas nos mostremos cuidadosos y benignos ^ aun- 
que no sea mas que por excitar á la humanidad* Por 
tanto yo ni siquiera á un buey de labor lo vendería 
por viejo, y mucho menos á un hombre anciano, 
». desterrándolo como de su patria de una tierra y de 
una mansión á que estaba ya habituado , en cambio 
de una friolera que podrían da^ por él ; pues qae 
siendo inútil al que lo vendia, lo seria también al 
comprador ; cuandp de Catón , que parece hacía ga- 
la de estas cosas, sc^ cuenta haberse dejado en £spa~ 
ña el caballo que siendo Cónsul le sirvió en la guer— 
ra , por no poner en cuenta i la república el gasto 
de su flete. Cada uno pues juzgará dentro de sí se~ 
gun su modo de ver , si cosas llevadas tan al extre- 
mo se han de atribuir á magnanimidad ó á sórdida 
codicia. 

Por lo demás su moderación fue verdaderamente 
maravillosa, pues siendo General, de trigo no tomó 
, para sí y stis asistentes mas que tres fanegas áticas 
al mes ; y de cebada al dia para las bestias todavía 
menos de tres medias. Cúpole en suerte la provin» 
cia de Cerdeña; y habiendo sido costumbre de los 
Pretores que le precedieron , tomar del público los 
muebles, las camas y las ropas, gravando á los ha- 
bitantes con precisarles á mantener numerosa servi- 
dumbre, y grande acompañamiento de amigos para 
Ips banquetes , hizo advertir en esto una increíble di- 
ferencia, no permitiendo jamas que de los fondos 
públicos se hieiera gasto alguno. Hizo la visita de 
las ciudades á pie ; y solo le seguía un ministro pú- 
blico, que llevaba su ropa, y el vaso que le servia 
en las $agradas libaciones. Mas slnembargo á este des- 
prendimiento y ahorro I usado con los que estaban 



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.MARCO CATÓN* 317 

ba)0 sn mando acompañaba uaa stuna-cifCDocpeocion 
y gravedad , siendo inexorable en lo justo , y recto 
y severo en hacer cumplir las ordenes que daba; de 
manera que nunca el mando de los Romaoos les fot 
á aquellos naturales ni mas temible ni mas grato. • 
Por este misnoo'tértiiino parece qñe era también 
.el lenguage de este. hombre singular; porque era sra^ 
cioso y vehemente, dulce y penetrante, adornado y 
grave, sentencioso y polémico: al modo que Platón 
pinta i Sócrates, al parecer hombre vulgar, satírico 
y- acre para los qiie.por primera vez Contrataban ; pe-^ 
ra por dentro. lleno de solicitud y pensamientos úti« 
les , que arrancaban lágrimas á los qyentes , y con- 
veftian su corazón: de manera que no sé en qué pu-- 
dieran .fundarse los que; dijeron que el estilo de Ca^ 
ton era parecido* al de Lisias; pero.de esto juzga-* 
rán los que se hallen mas en estado de conocer la 
lengua romana: por lo que á mí hace,- me conten* 
taré con referir algunas de sus máximas, estando co- 
mo estoy en la opinión de que mas se ven en ellas, 
que.no en el rostro, las costumbres .de cada uno« ^ 
Propúsose en una ocasión retraer al pueblo Ro- 
mano del intento á que le veia decidido de que se 
hiciera distribución y repartimiento de trigo ; y pa*^- 
ra ello empezó su discurso de esta manera t ardua 
cosa es, 6 ciudadanos, quererse hacer entender del 
vientre que no tiene oidos. Censuraba otra vezei 
lujo; y dijo, que era muy dificil se salvase una 
ciudad en la que se vendía mas caro un pescado que 
un buey. Comparaba los Romanos 4 las ovejas , por- 
que decía que á estas una á una ^e las lleva muy 
mal, y juntas sieuen fácilmente unas. tras otras 1 los 
conductores ; y de la misma manera vosotros , aüadid» 
de hombres de quienes cada uno en particular no se 
valdría para tomar consejo ^ sois seducidos y atraídos 
cuando os veis juntos y congregados. encuno. Hablan- 
do del poder é iofiujo que las mugere^ tenían ^ los 



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•318 MARCO CATOK» 

idemas hombres , dijo^ mandan i las mngeres; ^0 
nosotros á todos los hombres, y las mugeres á nosa- 
tros ; lo qoe viene á ser uno de los apotegmas que se 
cuentan da Temístocles ; porque este como recabase 
de él muchas cosas su hijo por medio de la madreí 
mira muger/ le dijo, los Atenienses mandan á los 
Griegos, yo i los .Atenienses; tú ámí , y átí etbijoz 
por tanto vetéala mano en tu autoridad, por la que 
aquel, con nio^tsner el mayor juicio, manda sobre 
todos los Griegos. Decia que el pueblo Romano no 
«olo ponía precio á la púrpura, sino también á las 
ocupaciones: porque asi como los tintoreros tioen 
«tas ropas de aquel color que ven estar mas en mo— 
4stf del mismo modo los jóvenes. á aquello se aplican 
Y dedican inas. que vemen mayor estimación y ala- 
banza. Exort^)aÍos á;que si sé liid>ian hecho grandes 
ioon la virtud y la moderación , no empezaran á asar 
ik peores medios ; y si se hablan engrandecido con 
Ja destemplanza y la maldad , se convirtieran á lo me- 
jor , pues que ya con aquellas se hablan hecho bastan*- 
te grandes.* De^ los que solicitaban repetidas veces las 
-magistraturas deoia , que como sino supieran el ca- 
snino buscaban el ir siempre con lictores para no 
perderse. Reprendía á los ciudadanos de que eligie- 
sen muchas. «veces los mismos magistrados: porque 
dais á entender , decía , que no tenéis en mucho la 
autoridad , ó que eréis ser pocos los que son dignos 
de ella. Pareciéndole que unovde-sus enemigos lleva- 
ba una vida torpe é ignominiosa, la madre de este 
dijo, no hace la debida plegaria á los Dioses, si les 
pide que le sobreviva. Mostrando á uno que había 
vendido ciertos campos hereditarios, situados en la 
playa, hizo como que le tenia en mucho por juzgar- 
le, decia, de mas poder que elmar , pues lo que el 
mar no hada mas que tocar suavemente^ , él se lo ha- 
bla sorbido. Cuando el Rey Eumenes estuvo de pa- 
so en Roma^ el Senado le hizo un magnifico recibi- 



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MARCO GAfOK. 319 

mleüto , Y fae grande la concurrencia y obseqaio de 
los principales; pero en Catón se echaoa bien de ver 
que no hacia ningún caso de él ^ y antes se apartaba; 
y como hubiese quien le dijera que era hombre bue-* 
tío y apasionado de los Romanos , en buena hora, 
dijo; pero este animal llamado Rey es carníboro 
por naturaleza ; y ninguno de los Reyes mas celebra- 
dos puede ' s^F comparado con Epaminondas , con 
Pericles , cóá Temístoclcs, con Mannio Curio 6 con 
Amilcar , por sobrenombre Barcas. Decía ser de sus 
enemigos tachado , porque se levantaba de noche para 
ocuparse en lo$ negocios públicos^ abandonando tos 
suyos propios; pero que mas quería que obrando bien 
le faltase el agradecimiento , que evitar el castigo si 
en algo faltase; y que fácilmente perdonaba todos 
los yerros, á excepción de los» suyos. 

Eligieron los Romanos para la Bitinia tres em- 
bajadores, de los cuales el uno padecía de gota , al 
otro se le había hecho en la cabeza la operación del 
trépano , y el tercero era tenido por no muy avisado; 
y sonriéndose Catón , dijo que los Romanos man-- 
daban una embajada que no tenia ni píes , ni cabeza 
ni corazón. Hablóle Escipion por medio de PoKbio 
de los desterrados de la Acaya ; y cómo en el Sena- 
do se gastase mucho tiempo , concediéndoles unos la 
vuelta, y resistiéndola otros, se levantó Catón , y 
como sino tuviéramos otra cosa que hacer , les dijo, " 
nos estamos aqui sentados todo el día ocupados en 
examinar si unos cuantos Griegos ya ancianos han 
de ser llevados á enterrar por nuestros sepultureros, 
6 por los dé Acaya. Concedtóátíles la vuelta; y de- 
jando Polibio pasar unos cuantos días , intento pre- 
sentarse otra vez en el Senada, con el objeto de que 
los desterrados recobraran los honores que antes tenían 
en la Acaya , para lo que procuraba tantear el niodo 
de pensar de Catón ; y este, echándose á reír, dijo: 
que Polibio no era como Ulises, pues quería entrar otra 



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5aO MARCO CATOH. 

^fcz en Ifl coe^a del.Cílope por haberse dejado & 
olvidados el gorro y el ceñidor. Decía que los üt- 
cios eran de mas provecho á los prudentes , que es- 
tos á aauellos: porque los prudentes procuraban evi- 
tar las faltas de los necios; cuando con los aciertos 
de aqnellos nunca estos se corregían. De los joveoes 
decia qae le gustaban los que se ponian. colorados, 
ao los que se ponian pálidos ; y que de los militares 
lio. quería á los que en la Aiarcha movian 1^ manos 
y en la pelea los pies ,- ni á los que roncaban mas 
alio que gritaban contra los enemigos. Para afren- 
tar á un hombre gor^to decía: ¿cómo puede ser de 
}>royeGho á la repwUca un cuerpo » en el que desde 
a garganta á la cintura todo es vientre? Descartán- 
dose d^ un vuluptuoso que queria ganar su amistad, 
no puede ser f decia ,. .que yo viva coa un hombre 
mas delicado de paladar que de corazón. Decia que 
^ alma del amante vivía en un cuerpo «geno ; y que 
en toda su vida de tr^s.. cosas solamente habla tenido 
que arrepentirse: primera, de haber conñado un se- 
creto á su muger : segunda , de haberse embarcado 
para un viage que pudiera haber hecho por tierra; 
y tercera 9 de haber pasado un dia sin hacer nada. A 
un. viejo maligno, hombre , le dijo , cuando la vejez 
trae, consigo tantas cosas desagradables » no le añadas 
la afrenta de la perversidad. A un Tribuno á quien se 
atribuía un envenenamiento , y que haÚa propuesto 
una ley per judicial,, empeñado en hacerla pasar : jo- 
ven , le aij<5 , no sé cual seria peor, si beber lo que pre- 
Saras, 6 sancionar Ip que escribes. Denostándole un 
ombre notado de mah^ conducta : no puede soste- 
nerse , h dijo , una contienda cpmo esta entre noso«* . 
tros dos, porque tú. oyes los oprobios. cpn serenidad, 
y los dices sin reparo; cuando á mí se. me resiste el 
decirlos, y no estoy acostumbrado á aguantarlos. Por 
este término venían á ser sus apotegmas. 

Designado Cónsul con Valerio Flaco su amigo 



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UjaCGO CATÓN. 32X 

y ásúáÓLfM toaS.por aoerte la provÍBcia <f¡ñ llaman 
lo$ Romanos España citmor. Mientras allí vencía á 
ujQOs. pueblos con las armas 9 y atraía á otros con la 
persuasión y vino coiotra él ua ejército de bárbaros 
tannliitieroso qne corrió peligro de iser vergonzosa- 
siente átropell»lo ; .por lo cual imploró el auxilio de 
los Celtíberos que estaban cercanos. PidiéronJie estos 
porprecio de su alianza doscientos talentos ; y tenien* 
do todos los demaa por cosa intolerable que los Ro- 
manos ^ reconocieran obligados á pagar i los bárba- 
ros aq^u^l precio de. su auxilio, le$ replicó Catón, 
que nada habiaen.ello de malo, pues que si vencian, 
serian Jos enemigos quienes lo pagasen » y si eran ven- 
cidos,, no exlstirtto ni los que lo habían de pagar, 
ni los- que lo habían d& pedir* Salió por ün vencedor 
en batalla campal^ y todo le sucedió prósperamente: 
dicieodo Polibio que á su orden todas las ciudades 
deja, parte acá del rio Bétis en un mismo día demo- 
lieron sus murallas, 00 obstante sec.en gran numero, 
7 estar pobladas de hombres guerrero^, £1 mismo Ca- 
tón dice haber sido mas las ciudades que) tomó que 
los digsí q^e estuyo en España.; y no e$ upa exagera-- 
clon suya, ú es cierto que llegaron á trescientas. Fue 
mucho lo que los soldados ganaron en aquella expe- 
dición , y sin embargo repartió adamas á cada uno una 
libra de plata, diciendo q^e era mejor v(^viesen mu- 
chos con plata aue poCQ3 cqxí 01:0; pero de tanto 
como se <^gió dice no haber tomado^ para sí mas 
quejo necesario, para comer y beber.. No es^sto que 
yo acuse, decía, á los que procuran a^rcM^echarse de 
estas cosas, sino que^^uj^fo mas.cotitender en virtud 
conjgs buenos, 4Bfteci..r¡que«aco;ílps!mas ricos, ó 
en codicia con los. iQa&^iaoaudaUdos.. Ni solamente él 
mismo se conservó .puro , siú haber tomado lífida , si- 
no que hizo se conservaran también puros los que te- 
nia .^oqsigo en aqg$Ulli ^Xp^dicion , que no eran mas 
que cinco esclavos. Uno de estos llamado Fanco coru- 
Tomo n* x 



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r; 



322 MARCO CATOir* 

ro de entre los cautivos tres mosaelos» yhalxéiik^ 
io llegado á entender Catón, hizo que lo ahogása 
antes que se le pusiese delante 5 y vendiendo los tres 
máznelos , hizo poner el precio en el erario* 

Permanecía todavía en España cuando Escipioa el 
mayor , que era su rival 9 y quería pober térnuno á sos 
glorias, se propuso pasar á encargarse de las cosas de 
España, é nizo que se le nombrara sucesor xk Catón; 
Apresuróse á llegar pronto para; que tuviera cuanto 
antes fin el mando de este ; el cual , tomando para 
salir á recibirle á cinco cohortes de infantería y cju v- 
nientos caballos, derrotó á los Lacetanos, y en- 
tregado de seiscientos tránsfugas que había entreeüos^ 
los pasó á cuchillo; Llevólo Escipion á mal /y coa-- 
testó Catón con ironía, que asi' era como Roiiia seria 
mayor, si los hombres grandes ¿ ilustres no daban 
lugar á qué los osturos entraran á la parte coa ellos 
en lo sumo de» ia virtud ;> y- si los pkbeyos> como 
él i se empeñaban en competít en i^irtnd con los 
que les aventajaban en gloria ytn linage. Con todo 
habiendo decretado el Senado que bada se mudara 
ó alterara de lo dispuesto por Catón , se le paso en 
blanco á Hlscipidn sü mando en la -inacción y el dcto, 
mas bien con mefigua de su gloria que de la de aquel. 
Después de haber triunfado-, lío hizo' lo que suelen 
la mayor parte denlos hombres, que no aspípando á 
la virtud sino á la gloria,; luego que^ han subido á 
lossupremo$ honótes, yqtíe han conseguido los con- 
sulados y los trítínJrós,s6pf!opoSS3nr pasar el resto de 
su vida eñ el plaeér y el dc^ansíov dando de- mano 
á los negocios públicos; ni coipo ejtos relajó ó aftoj6 
en nada su virtud, -sino quésá-roodo de los que em- 
piezan á tomar' parre étí'el gébtWfto sedientos de ho- 
nor y de fama,- como si deJltaíé^o-dÓHlénzara, estu- 
vo pronto á que los amigos y los ciudadanos se va- 
lieran de él , sin excusarse de^ jas deesas de las cau- 
sas ni de ia milicia* 1 , J . . 



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MARCO CAT0K. 313 

Acompaflo de Legado eo la adtmmstrácian de It 
provincia á Tiberio Scmpronioii procónsul de la Tra«- 
cia Y del Danubio ;, y fue & Ja. Grecia de Tribuno de 
legión con Manió Acitio contna Amioco el Grande^ 
qne inspird/miedo á Jos Rooiaoos después de Ani-^ 
bal mas que: otra alguno; porqi^ habiendo ocupado 
desde luego casi toda el Asia en la extensión en que 
la habla dominado Seleuco Nicanor, y sujetado, á 
anuchas naciones barbarás, habla resuelto acometer á 
los Brómanos como los únicos que podían ser sus 
dignos enemigos» Basco para- la guerra un motivo 
plausible, que fue eL de libertara los: Griegos, sin 
embargo de que* no lo habían aienester, porque ha^- 
cia poco habían sido hechos libres é independientes 
del poder de Filipo y los Macedonios por beneñ-^ 
ció de los Romanos;. y con este objeto marchó allá 
con un ejército , con lo que se conmovió al punto 
la Grecia , y quedo como en suspensión , excitada i 
•grandes esperanzas por los demagogos. Envió puqs 
Manió mensageros á las diferentes ciudades; y á la 
mayor parte de los perturbadores los aquietó y so- 
^gó Tito Flaminio sin la menor disensión , como lo 
decimos en su vida ; y Catón apaciguó también á los 
de Corinto, de Pátras y de Egas; pero donde se de- 
tuvo por mas tiempo fue en Atenas. Dícese que cor-^ < 
re im discurso qne en griego hizo á aquel pueblo^ ma^ 
ni&stándole su veneración á la virtud de los antiguos 
Atenienses, y el placer que había tenido en haber 
visto aquella ciudad, célebre por sü hermosura y su 
grandeza; mas esto no es cierto^ pues habló á los 
Atenienses por medio de intérprete, no obstante que 
podía haberlo hecho por si ; sino que quiso acomo^- 
clarse á lasxx)Stumhres<patr'a$., y zaherir á los necios 
admiíadores de las cosas griegas. Asi as qne á Yx)^^ 
turnio Albino , que escribió en griego una historia , y 
pidió se le disculpase, le satirizó diciendo qyp s^ le 
cpncedefia la disculpa si para emprender aqudlaobxa 

X2 



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324 VAACO GATOV. 

habkra sido obligado por ap decreto de los Anfic- 
tuones» Se coQserva'eninendriaqae los Atenienses se 
snaoivillaron de su ptontittid , y de la concisión de sa 
lensuage; porque* lo qne él decia brevemente, no lo 
traducia el intérprete smo con pesadezi y empleando 
muchas palabras; y que en fio les habla parecido qne 
á bs Griegos les salían las voces de los Udíos, y í los 
Romanos del corazón. 

Cerro Antioco las gargantas de las Tennopíías 
con su ejército , y á las natoraies-. defensas del si- 
tio añadió fosos y trincheras , pensando que asi tenia 
cercada á su arbitrio la guerra ; y en verdad que los 
Romanos desconfiaron de poder romper por el fren- 
te; pero revolviendo. Catón 'en sa ánimo aquellos 
«crincheramieotofrly aquel cerco , marchó por la no- 
che á hacer un reconoamiento , llevando consigo una 
parte' del ejército* Llegado á la cumbre , como el guia, 
que era un esclavo , desconociese el camino , se vio 
|>erdido en aquellas asperezas y derrumbaderos > cau- 
sando esto en los soldados gran miedo y desaliento* 
Advirtiendo pues el .peligro 9 mandó á todos los de* 
'masque no s^e movieran y aguardaran alli; y toman- 
do consigo á Lucio Malio, hombre hecho' á caminar 
por las montañas , discurrió con gran fatiga y riesgo 
en una- noche oscura y ya adelantada por entre ace- 
bnches y peñascos ^ dando rodeos , y sin saber don- 
'de poma el pie, hasta que llegando á un camino 
abierto, que se dirigía hacia abajo, y les pareció iria 
al campamento de los enemigos , pusieron señales ea 
unas eminencias muy altas /^ que descollaban sobre 
el Calidromo^ Retrocedieron desde aquel punto; 
reuniéronse con las tropas , y encaminándose á las 
señales , puestos otra vez en^el' camino, cocnenzaron 
á marchar con seguridad; peto á poco 'que ánduvie- 

I Llamábase Calidromo la cresta ^mas eiñ^inada dé} 
monte Octa¿ 



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ITARCO CilTC1f« 125 

ton les faltóla senda > encontrándose con un bar-^ 
jranco ; por lo qué les sobrevino otra vez la incerti- 
dumbre y d ndedo , no sabiendo q¡ advirtíendo que 
ya se habiao-paéstomuy cerca de los enemigos. Cia«4 
reaba el día cuando les pareció qtíe oian cierto, mar-' 
mullo» y dé repente vieron mi campamiento griego, 
y la «tardía pnestá al pie de la roca* Haciendo pue» 
alli alto CaCODCon sos tropas, dio orden de que se 
le presentasen solos los Firmiahoai que eran los que 
siempre se le habían mostrado mas fieles y dispuestos* 
Co'mo acadiesen estos al punto j le cercasen en tro- 
pel, deseo y Íes. di jo, que seco)a vivo á uno de los 
enemigos^ y se sepa de ¿I qué guardia es aquella ,. cuál 
so numero, y cuál el orden , formación y disposición 
en que fiosi^^ardan. Este rebato debe ser obra de 
prontitud y arrojo, que es en el que confiados, los 
kones se íani^n sin armas sd»re los otros tinridns 
animales* Dfeho ésto partíeroa'^de.alli con celeridad 
los Firmianosidelinodo qué se bailaban, y corfien«« 
do por aquellos montes se dirigieron contra la^uar«4 
dia : cogiéndola desprevenida 1 todos se sobresaltaróa 
y dispersaron; pero pudieron .qoger á uno armada 
como esti^ \ y lo pusieron en manos de Caton^ Su-^ 
po por este que la principal fuerza estaba apostada 
en la garganta con el Rey ; y que los que le guardan 
ban las avenidas, eran unos seiscientos jStolios . esco?i 
jgidos; y mirando con deprecio asi .el corto' númecq 
como la nimia confianza, márchd contra ellos alto* 
quede trompetas y con grande gritería^ siendo ie^ 

!>rimero á desenvainar la esoada; pero los enemigos 
uego que los rieron descenoer de las alturas 1 dando 
á huir hacia el cuerpo del ejárcito, lo pusieroa^tbdó 
en gran confusión. J^ . ^ 

Al mismotiempo trato Manto de forzar las<:trin4 
cberas por d pie de b montaña , acometiendo ^ 
les gargantas ooó todas sus fuerzas ; y herido Antio4 
coea la boca* de una pedrada | que k quitó los die^n 



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^76 MARCO CATÓN.' 

tes, volvió para ¿tras su caballo movlcTo 'del dolor, 
con lo que ninguna parte de su ejército hizo ya fren- 
te á los Romanos , sino que sin embargo de tener que 
hacer la fuga por sitios intransitabl»^ y peligrosos, 
porque las caldas hablan de ser á lagos profundos 
ó piedras peladas j impelidos hacia estos lugares des- 
de los desfiladeros y y atrepellándose unos á otros, 
dios mismos se destruyeron por el miedo de Ists he^ 
ridas y del hierro de los enemigos. Catón parece que 
nunca habia sido niDyiConteiHdoíy párootn sus pro- 
pias' alabanzas, y antes, por et contrario no nabia 
evitado la opinión d^ jactancioso, teniendo el serlo 
por consecuencia de los gr^andesiiechoS'; pero en esta 
ocastton todaviai ponderó mas susí 'hazaáas ; pues di-^ 
ce que los que le vieron* entonces perse^ír y herir á 
les enemigos, convihieron- con ¿1 en- que no quedaba 
Cátbn en tanta deuda respecto del pueblo, como 
¿sie .respecto de (Datoa; y que el mismo 05nsül Ma^ 
Bro/«en el calor todavía de la victorias le echo los 
brazps, y teniéndole lai^go rato abrazado prorum— 
pióeñifiíeraa del goseo en la expretíon de que ni él 
mismo • ni todo el pueblo pf^g^ria cumplidamente á 
Caiíoxi aquellbs^ tenefídosi Desp^chósete = inmediata- 
níertte después de la bafbalía á ser él mismo el men- 
sflgero' de aquellos sucesos , é hizo su navegación con 
mucha felicidad hasta: ^Indis; de^dondeen un diá 
pas¿ á Tarenta^'y caminando otros cuatro desde el 
mar estuvo al quinto^ dia en Roma , logrando ser el 
primero que anuncié* fai victoria ; con la cual la cín- 
oad se lleno de regocijo y de fiestas, y de orgullo 
el pueblo, Cómo que ya nada le impediria hacerse 
dueña de toda la tierra y el mar. 

I>e las acciones de guerra de Gaton estas fueron 
te -mas celebradas'; y en cuánto^ á las cosas de gobier- 
Bo; la parte' reUítiva áia acusacionr-y corrección de 
losr malos parece Jiaber sido la que le mereció mayor 
atención; pórqucí persiguió por sí á muchos, i otros 



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MARCO CATÓN. 327 

l^s ayiid¿ en este publico ejercicio ^ y í alj^unos les 
dio el trabajo hecho para ¿1, como á Petilio contra 
H$cip¡oo; y en cuanto á este, que logró poner, bajo 
sus pies los cargos por ser de una ilustre familia y 
de un .ánimo verdaoeramente crande f hubo de reti«> 
rarse , viendo que no podia .conducirle al suplicio ; pe- 
ro á Lucio su hermano , poniéndose al lado de Jos 
que Id acusaban y lo envolvió en la condenacion.de 
una gran multa para el erario; y como no tuviese 
con que pagar , y por ello estuviera para ser puesto 
en prisión > con gran diñcultad se desenredó por la 
intercesión de los Tribunos. Dicese también que á 
un joven que habia conseguido se notase de infamia 
aj enemigo de su padre , viéndole ir por la plaza des^ 
pues de la sentencia , le salió al encuentro Catón , y 
alargándole la mano , le dijo que de aquel modo se 
debia hacer ofrenda á los manes de los padres, no 
con corderos ó cabritos » -sino con las lágrimas y las 
«condeoaciones de los enemigos. Mas tampoco él salió 
siempre de los negocios libre y exento , sino que al 
menor asidero que daba á sus enemigos y era también 
puesto en juicio^ y corría su riesgo : porque se dice 
que tuvo que defenderse .en pocas menos de cincuenta 
causa^i la última de ellas cuando ya tenia ochenta 
y seist aüQ^; en la cual dijo aquella célebre sentencia: 
que es cosa muy dura haber vivido con unos hom* 
ores, y tener que hacer so apología con otros '. &f as.sin 
emlMirgo^o fue aquella con la que puso término á 
esta espacie de contiendas; porque pasados otros cua- 
tro años acusó á Sergio Galba cuando ya era de ño- 
venta: faltando poco para que le sucediese lo que i 
Ne&toc:, que con > su vida y sus hechos alcanzo .tres 
guifr^fones; pues que habiendo tenido, como^ he* 
mos dldio , diferentes (boques en asuntos de gobierno 

i Aludió en esta á que habiendo vivido tantos afios, 
teiúa que justificarse ante una .generación nueva. * 



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3^8 MAUco CATdir; 

eoD Esdpion d mayor , Ue|o hasta los ttempc» & 
Escipion el joven , que era faijo de aquel por^ stdop^ 
cíon^ y natural de Paulo, el que subyugo á Pttseo 
y los Macedonios. 

A los diez años después del Consulado se pre- 
sentó Catón á pedir la censtnra. Viene á ser esta dig- 
nidad el colmo de todos los honores, y como el 
complemento* del gobierno , teniendo ademas de otms 
facultades la del examen de la vida y costumbres: 
porque no hay acto alguno de importancia^ m el 
casamiento , ni la procreación de los hijos , ni el mé- 
todo ordinario de la vida, ni ios banquetes, que se 
crea debe quedar libre de examen y corrección , pa- 
ra que cada uno se haya en ellos según so deseo 6 
su capricho. Asi es que teniendo por cierto que eo 
estos nedhos mas que en los públicos y en los rela- 
tivos al gobierno se da á conocer la índole y ca- 
rácter de los hombres , para que hubiera quien ob- 
servara , zelara é impidiera el que nadie se abando- 
nase ájos deleites, y alterase el modo de vivir re- 
cibido y acostumbrado, elegían uno de los llama- 
dos Patricios, y otro de los Plebeyos. El nombre 
de estos era el de Censores, y. tenían facultad para 

grivar de la dignidad ecuestre, y para remover del 
;nado al que vivia relajada y disolutamente. Toca- 
ba también á estos tomar conocimiento é inspeccio- 
nar el valor de las haciendas, y discernir las fami- 
lias y ocupaciones por medio de la descripción o 
censo, y aun tenia otras muchas facultades esta i^- 
gistratura. Por esta causa luego que Catón se pre- 
sentó á pedirla le salieron ¡al encuentro, oponiéndo- 
se casi todos los mas principales y distinguidos de 
los Senadores ; porque los nobles se consúmiaín de 
envidia, creyendo que su clase se vilipendiaba con 
que hombres oscuros en su origen, se sublimaraa 
por fuerza á la primera dignidad y poder; y por 
otra parte aquellos á quienes remordia Ja conciencia 



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pf^T tcftñlAac^ñAwctsti y por el otrida de to cos-^^ 
tumbrés patrias , wmianmatík) Uaiistédbdad deLdqiiel; 
popsaber oae sena medbfffábl^ y dtiro'ea el ejef ciclo de 
la aotoridad: coií>%8id objeto ptties^ pi^pamdes y 
conVeoidos-entre-iSíippfeseataroii siete como contra^ 
nos y tivteles de Oitoi» en la petteioh, lisonjeando 
á la mvcbediunbreco&'ludagaefias esperansas, en el 
concepto • d¿ que *erói querría ser mandada blanda* 
mente y á su plao^i Mas Catón por. eL contrario no 
dio miiestnrde ní^ginúi indulgencia^ sino que al re- 
vés y amenasandb 'ú' .ios malos desdé la : tribnna , y 
gritando qat la ciudad necesitaba una gran limpia, 
pedia que si queriap acortar , de los 'médicos* no es- 
cogieran ^ mas blando, sino at mas determinado; 
y goe estm era ¿1 inl^sio / y de los Piatricios solo Va-» 
lerío^Ftaco; porqde solo oto estexreia poder extir- 
par el regalo y la motide^, cortando y quemando 
como la cabeza dé lárhidrai cuando >e1a que cada 
uno 'de los o^os pteéisaménte había de mandar mal^ 
puerto que temiaú á los que mandarían bien. Y el 
pueblo Ríomano era entonces tan graftida y tan dig«^ 
no de grfindes magistrados, que no temió la seve- 
ridad y aspereza^ Catón; sino quemas bien des- 
cartáodosede aquellos hoítibres suaves^ y dispues- 
tos £ complacerle en ^odo , lo eligiá con Valerio 
Blaco, cómo si .hubiese oído, no a uno que pedia 
h dignidad, sino á'qúi^ ya Itt tenia , y estaba 
íttandando. 

liscorporé pues Catta en el Senado á sti Colega 
y aníígo Lucio Vaférió Flaco ; y removió de él á 
mudios, entre ellos á Lucio Quinció , Cónsul que 
habia ^do siete añd< antes; y lo que era de mucha 
Consideración, después del honor consular, hermano 
dé Tito Flaminióy el que venció á Sitípo. Y la cau- 
sa que tuvo para esta remoción fue la siguiente: ha- 
bía puesto su amoi' Lucio en uíi mocito desde que 
este era niño; y teniáidole desde* entonces siempre 



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350 HJkM^ cA^mn/ 

coBsigK^i ldb<Ki$?«li sus 4iíerfnfes mandos taots piv- 
yanzft y^ntoAá^t cúnatela» ¡fdtíiMÓ Qunoa níngus» 
de sus mayores, amtgps. jr <iíendtt9>i HaUábtse eii uit 
provii»»¡a de.Pro€xSnsul,i}^ estM^OrCQ uu «í^tía nen- 
iado áju lfldo»,c€fmo e»ii40co$hiiiibre^ esteinocho, 
entre. otros hala^q^e^boed^ ¿Lutío^.fácilde ser 
seducido con ellos en el e!KCéso:dei vt9o#:.fe:.^ja ser 
tal el c^tmno con \^ue !k aindbaj» que jiahieodor en 
3tt ctsa el t${teQtikplQ de.<m!4uet» de g}{u£atores^ á 
que iiUDca.8títtS7asbtksar,r:hafaía-p^feri4ot!Conser á 
su compañía ^: sol embái^gorde ijue deseaba: vet á nn 
boio^bfi eaef 4nueit(> ;d^ lierUuati ^replicóle Lucio, 
correspondieado3¿!su^ cmfá»$^ «p^üSüfx^r eso no te 
foe angustieSiy 4{iie yo lore^iedMlé; j dajodo orden 
de oue'tx>aíeséia(«}'LmUnio tapóle á uno deloa.que 
esCaDanriíe^$^od9d^.á pem capital v. y de que entrar- 
te uno :de. los t^yo3, armóte i3f>m una hac^ , vol-* 
vio á pr^;uniar.al joven ^ ^ si 'qiierí a ver cóipo! leuda- 
ban el gpfpeí? xespondid e$|i»iqii6 síj y entonces man- 
dó que Je eoi*i^en la <^e?a; Son !|?i^hos Jos que 
refieren. este. ca$o 9 y Cicerón úufoduce al mismo 
Catón jÉontándole en sq diálogo, de la vejez« Mas 
Livio dioe q«ejel degollado: jíye «tu rtránsfogá délos 
Galps, .yqye.nófue muerta pteír::un esclavo, sino 
por maño del iifu^tno Lu(H<>y lo queasi se bailaba es* 
críto en el^bcijrso de Catonj^f ^lípelido Lucio del 
Senado, lorJlevó muy á mal el.heifnano; y apelan-^ 
do al pueblo, se mandó que Catón diera la causa en 
que se habjia >fun4ado: díjola, y refiriendo io ocor- 
Tido en el banquete , Lucio' ijitentó negarlo; pero 
proponiendo . Cíbton que jurare, desistió de aquel 
propósito; y co© ^sto hubo; de declararse que en 
lo hecho no habiarlleyado sino, ÍApif$f$cido. Mas de alH 
á poco se celebraron,espeotáicí?lqs éjn él teatro; y lia- 
bilndose pasado del sitio de los -Consulares, yén- 
dose á sentar en otro puesto ihuy< lejos de alii , se 
movió á grande; ^ompasioit el . pueblo , y con sus 



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(roces' le :oblígi$^ que volviese >flrl eítm logar, Mnen«» 
dando y cofrícieiído por este medio lo antes sude* 
dido. Removió tflmbien:del Secado á Manilo^ vacoil 
que todos consideraban acreedor al Consolado v con 
motivo de que beso de dia á su nioger á vista deona 
hija ^ porque decia qoeá él nunca le abrazaba su viii» 
ger , sino coahdo haoia gran torínenta de troenos; y 
por lo mismo sciia usar del ddste de que era falis 
cnando Júpiter tronaba^ 

Concilla también á Gitoa alguna envidia el her* 
mano de Esctpion , LociO) varón condecorada con 
el triunfo , y á quien aquet privó de la^ dignidad 
ecuestre ; pues pareció haberlo hecho con la mira de 
incomodar áEscipIon Africano/ Mas lo que Itiá^ 
dispuso con ios mas fiíe'su empeño en'ccnrtarel Ivfoi 
porque si bien el, oponérsele de frente era imposible^ 
estando la mzyor partíé viciada- y corrompida^ tomó 

Kra ello un rodeo > hadendo'dar i Jos vesttdoa» i 
^ carrüagíeS) á los objetos de tocador, á las vaji^* 
Has y aparato de mesa, cada uñar de las. cuales to^ 
sas pasaba en si de mil y quinientas dracmas , on va^ 
lor décuplo ; para que siendo mayores las tasaciones 

Í' los precios , fuesen mayores las contribuciones* 
mpuso pues un tres al millar ,- para que gravadas 
los lujosos ' con el aumento se moderaran , viendo 
que los frugales y parcos , á iguales bienes, contri** 
büian menos: al erario. Odiábanle pues los qué por 
^l lujo águantabaíi mayores impuestos; y por: el 
contrario tamUen los que renunciaban á él por np 
pagarlos. Penque para muchos es como quitarles á 
riqueza el no dejar que lo lusscan Con ella; y co^ 
nio se luce es con lo superfino y nó neccsartcú Asi 
dicen que de 16 que mas se -^miraba Aristón él 
filósofo era de que fuesen teniilos: por mas felices 
los que poseían cosas superfinas que los que abnuf^ 
daban en las necesarias y ótíles ; y Escopas el Te- 
saliano, como le pidiese uno de sus amigos una cosa 



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3ja UAUCO CATÜW. 

2Qe almilsnid ipt la ^iá no era de gt^á milidadi 
hiciese presente á este que no le paHa:;nada que 
fficae'ó'de>níecesidad::6 de provecho ;.pi]es cones- 
tís., cosas , le replicó , soy yo dichoso ; y ríco con 
ks inútiles y sdp^nas. Asi el aprecio y admira- 
ckm de la riqoeza^ sin* tener apoyó en ningnn afec- 
to ;ó neoesidad de la naturaleza , séintroidnce por 
«na. opinión enteramientfc eacterna y vulgar. 

Hacia Catón tan poca cuenta de los que por es— 
taaj¿Qsas le zaherian 9 qtie todavía procnr^a apretar 
mas:, corttndo los. acneduétos que ^los. particulares 
hablan feoniado pararlfierarel agua del publico á sus 
cbsasy }iúrdifies; reeb^endo y reduciendo los vola— 
di8os;uie.h>sediíidos"6obr6 la callé, pública; mino- 
fakidd -los; predtDSitie'iQS dfesta}os^ acentos de las 
obcásy y* haciendo- subir hasta lo suino en las subas- 
^tas:ios Téhdimtentos' de ló& tributos; Con iodo Tito 
y los!^ su pártidov ha¿i¿ndote oposición, lograrotí 
^MC' en él Senado ^se rescindieran , como hechos con 
desventaja, los asientos y contratas parala xonstruc*- 
cioiK 'de los edificios sagrados y ptSilicDsv y acalora- 
ron i ios mas ardientes de los Tribunos: dé la plebe 
para.que le denunciaran al pueblo^ é. hicieran se le 
inaltase en dos taleqtos. Contrariaron también con 
grande esfuerzo 1» construcción de la basílica que 
con los caudales públicos edificó Catón en la plaza 
debajo- del consejo tí curia , y á la que puso el nom- 
bre de la hasÜicarPorciat mas él' pueblo parece 
^ae«e;nkostró muy contento del modo con que ejer- 
ció'lá censura; pues que habiéndole consagrado una 
estatqa en el templo tie' la ^alud, no anoto en la ins- 
cripción ique Caton/mando efércitos, ni ^ue triunfó, 
sinoyisegtin la insccipdon ¿ébt traducirse, que he- 
cho Censot restituyó á su antigua gravedad con ótí- 
ks reglamentos y sabias máximas é instituciones el 
gobierno de los Romanos ya décademe y muy in- 
clinado á ia corrupción. ^Y él antes se habia burlado 



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UARca eATOH* «33 

le los que se cómplacianen semejantes dtstificíoiicsi 
licienda ocoltárseles, que mientras ellas cstabair*en«* 
^reídos con las obras de los escultores y lot .piñto«« 
res, los. ciudadanos y lo que eia.para ¿1 de mas.lioÍB- 
ra f llevaban su imagen en los corazones. MaJraviUán<* 
iose algunos 4e que habiéndose pnesto estatnásá ma^ 
zhos hombres- sin opinión , él. no ta viese ninguna f les 
respondió: .mas quiero .que se. pregunte por qué. na 
se me {Kuie^ ^ue por qué se: me ha puesto ; y en fin 
ni siquiera le era grato que se le aIdDara'dejcoii8er<^ 
irarse un virtuoso ciudadano- sino había: jde redima 
dar en bien dé la república. Mas su. mame alaban» 
resulta de Uis siguientes observaciones: ios Ique eli«al«« 

Í;uaa cosa, fadtabín , si. por ella e^an reprendidos / so* 
ian respoodev que se les culpaba sin- raaoé^ '^iuiqíie 
al cabo no eran Catones; á.lósrqQe quectañ' imitar 
algunos de sus hediosy y no mostraban .^tfieéinte^ 
Ügencia^ se Íes llamaba Carnes á zurdas; el Sanado 
en tos tiempos peligrosos y difitifes ponía e0( «él los 
ojos, comaen^ia tormenta 1 sé «ponen en^el p}lof0;.siis^ 
pendiéndose muchas veces pojc:no hallarse |iresente 
los negódos de importancia ;.y ^odos á unsiTos coof* 
vienen en' que por susrcostumbies; pot sis^elociien-- 
cía, y por sabíanos g<»:ó en la república ide una- gran- 
dísima autorida'd. - / ? 

Fue también buen padre, bueri marii^y y^en el 
aumento de -su' hacienda .maes que medianamente so- 
lícito ; echándose bien de ver.que no atendiai ella 
de paso como' á. cosa pequeña y de poca mpoCa: |>a<-* > 
réceme pues >oportund naUar asimismo, de* su míen 
porte en el desempeño de estoá^ olidos. Calóse con 
nna muger mas noble que fioa>' haciéndose cargo de 
que por lo uno y por lo^tro suelen tener rvamdad 
y orgullo ; pero que. ks ilustres por el temor <de la 
vergüenza son.para las. cosas Jionestas mas obedientes 
á sus maridos; De los.qae>cai6ti^n á las^m^gpres ó 
los hijos f decia que ponian . mimos en - las. eosas toas 



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336 KA&OO GAT<»f. ^ 

lo sabían ; j sa deseo era, ó que hiciesen algo^ 6^ 
durmiesen; gustando ma$ Catón de los que dormua 
mucho» i causa de que los tenia por de mejor con- 
dición, que los muy despiertos; 7 porque para todo 
son m^s útltes los bien aormidos que los que están 
fiíltos de soeno. Conociendo que los esclavos la ma- 
yor parte de las maldades las cometen por él incen- 
tivo de la lascivia, tenia, dispuesto que por cierto di- 
aero se ayuntasen con -las ^esclavas» sin mezcktírs^ 
nunca ninguno de ellos con otra mnger.AI principia 
cuando. todavía estaba escaso de UeneSi y setvU en 
la milicia , no se incomodaba nunca por las cosas de 
comer , y antes decia que era uda vergüenza altercar 
por el vientre c^n los esclavos; pero mas adelante 
estando ^a en otra opulencia , cuando daba de comer 
i los amigos y colegas , castigaba inmediatamente des- 
pués del (Convite con un cordel á los que se haUaa 
descuidado en preparar ó servir la comida. Buscaba 
medios para que siempre los esplavos tuvieran quime- 
ras y rencillas entre sí » por sospechar y temer mu- 
cho de su concordia. Cuando algunos ejequtat^aa ac- 
ción que se tuviese por digna de. muerte, si p6c tal 
la juzgaban^ todos los demás esclavos, determinaba 
que muriesen^ Aplicado luego á mas crecida ganan- 
cia , miraba la agríicultura mas bfen como eutnetení- 
miento que como granj,ería; .y .poniendo o^u ,9Qlki- 
tud en negocios seguros y ciertos, procuró adquirir 
estanques , aguas termales^ lugares, a proposito para 
lavaderos y terreno de buena labpr , que diese de su- 
yo pastos y. arbolados, de lo. que leresultab^^miicha 
utilidad , sm que ni de Júpiter , como él decia , piidie- 
xa venirle, daño. Dióse tambienal logro , y ¡justamente 
al mas desacreditado de todos; que es el marítimo en 
esta forma» Trato de que mudios logreros formaren 
compañía ,. y habiéndc^se reunido cincuenta con otros 
tan tos, barcos, ¿1 tomo. una parte por medio de Quin** 
tioíi stt liberto, que cooperaba^y n£(vegabaconlosde< 



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MARCO CATOIT, 337 

xnas': aslcl peligro no era por ei todo^ sino por uns 
parte pequeña , y. k ganancia era grande. Solía asi- 
«lísmo aar dinero á los esclavos que le pedían; y 
estos compraban mcaruelós , á los que ejercitaban y 
«maesfraban á expensas de Catón , volTiéndólos á ven* 
d^tdX cabo de un añor Quedábase él mismo Catom 
con nmchos de ettos, haciendo la cuenta por el pre- 
cio mayor que cualquSera ¿tro había ofrecido en la 
subásfa. Para inclinar al hfjo á estas grungérías te de- 
cía que no era de hombre, sino de una pobre viuda, 
ei déjat que la hacienda tuviese merióscabo. Otra cosa 
hay todavía mas dura del mismo Catón ; y es habet 
llegado á' decir que era hombre admirable y divino 
en cuánto á la fama aquel que dejaba en isus gaberas 
mas dinero puesto por él que el que recibió. 

Estaba ya muy adelantado en ia edad Catón cuan- 
do de Atenas. vinieron- á Roma de embajadores Car- 
fieades el Académico y Diogenes el Estoico á recla- 
irtar cierta condenación: del ptíeblo de Atenas, im-, 
]Hí^ta$ln su audiencia, siendo demandantes los de 
Oropo, y Jueces que la pronunciaron los dé Sicione, 
yTQgulada en la suma de quinientos talentos. Al pun- 
to pues pasaron á visitar a estos personages los jóve- 
nes mas aficionados á la literatura, y dieron tú fre- 
cuentar sus casas oyéndolos y admirándolos. Princi- 
palmente la gracia de Carneades, á la que no le fal- 
taba poder, ni la fama que á este poder es consiguien- 
te, logró atraerse los mas ilustres y mas benignos 
oyentes \ siendo Como un viento impetuoso que llenó 
la ciudad de la gloria de su nombre ; tares corrió la 
voz de que un varón Griego , admirable hástá el asoí^- 
iwoj agitándolo y conmoviéndolo todo, había inspi- 
xado á los jóvenes uti ardor extraordinario ^ qoe apar-^ 
tándolós de todaá las demás ocupaciones y placeres 
los habia entusiasmado por la filqsbfí ai Estos sucesos 
fueron agradables á los de^nas Romanos , que veían 
«on gusto que los jóvenes se aplicasen á la instruc* 

TOMO II. V 



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33? MARCO CATÓN. 

cioii griega, y cornuoicasea con tan admirables vas^ 
nes; pero Catón, ¿ quien desde el principio había á- 
do poco grato el que fuese cundiendo en la ciudad 
la admiración de la elocuencia , por temor de que los 
jóvenes, con virtiendo a ella.su ¿ficion, preñriesen Ib 
gloria de hablar bien á la de las obras y hechos mi- 
litares ; cuando llegó á tan alto punto en la ciudad 
la fama de aquellos filósofos, y se enteró de sus prl- 
imeros discursos, que á solicitud é instancia suya 
tradujo ante el &nado Cayo Aci)¡o, varón muy res- 
petable, tomó ya la resolución de hacer que con de- 
coro fueran todos los filósofos despedidos de la ciu- 
dad« Presentándose pues al Senado, reconvino i Jos 
Cónsules sobre que estaba detenida sin hacer riada 
una embajada compuesta de hombres á quienes era 
muy fácil persuadir lo. que quisi^en: por tanto que 
sin dilación se tomara conodmiento , y determinara 
acerca de la embajada, pa^a que estos volviendo á 
sus escuelas , instruyesen 4 los hijos de los Griegos, 

2 los jóvenes Romanos solo oyesen, como antes á las 
yes y á los magistrados. 
No lo hizo esto , como algunos han creído , por- 
, que estuviese mal individualmente con Carneades, 
sino por ser opuesto en general á la filosofía, y por 
desdeñar con orgullo y soberbia toda instrucción y 
.enseñanza griega : asi es que aun de Sócrates se atre^ 
ve á decir que aquel hombre hablador y violento 
intentó del^modo que le era posible tiranizar á. su 
patria , alterando, las costumbres., y llamando é im- 
peliendo á los ciudadanos á opiniones contrarias á las 
leyes. Satirizando la ocupacipn^y enseñanza de Isó- 
arates , decía que los, discípulos envejecían en su es- 
i^uela para ir a usar de su arr^ y perorar causas eo 
el infiemp. Para índisponex: al hijo con las cosas de 
los Griegos eippleó una voz. mas entera que lo que 
su vejez permitía , y como profetizando y vaticinan- 
do dijo:. que los Romanos arruinarían la república* 



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MARCO CATOir. 3^9 

cnando por todas partes se introdujesen las letras 
griegas; pero el tiempo acreditó de vana esta disfa- 
macion, pnesijue luego creció la prosperidad de la 
república y y admitió beoigname^te las ciencias y toda 
especie de enseñanza gri^a. Ni se limitaba su displi- 
cencia á los Griegos dados á la filosofía , sino que 
también á los .médicos ios miraba con ceño ; y ha- 
biéndo oido un dicho, según parece , de Hipócrates, 
que siendo llamado por un Rey con la oferta de mu- 
chos talentos , había respondido que por nada en el 
mundo asistiría á los bárbaros , enemigos de los Grie- 
gos; decía que. este era un juramento común de to- 
dos los médicos , y encargaba al hijo que se guarda- 
ra de ellos : porque él tenia escrito para si y para 
todos los que eñ su casa asistían á los enfermos este 
precepto: que nunca había de guardar ninguno dieta^ 
y se les hablan de dar á comer legumbres y carnes 
tiernas, de ánade, de pichón ó liebre ; por cuanto es- 
te alimento era ligero y provechoso á los delicados, 
con solo el inconveniente de que en los que usaban 
de ¿1 producía vigilias , y que con está medicina y 
este- método goz^ de salud él mismo, y mantenía 
sanos á todos los de su familia* 

Mas parece que en esta parte recibió de los Dio- 
ses algún castigo, pues que perdió á la muger y al 
hijo. £n su persona era de una complexión suma- 
mente fuerte y robusta, con lo que pudo aguantar 
mucho; de manera 'que aun siendo ya bastante an- 
ciano usaba frecnentemente de las mugares , y con- 
trajo nn matrimonio muy desigual en cuanto á la 
edad^ con esta ocasión: perdido que hubo la muger, 

froporcioíió al hijo para su matrimonio la hija de 
aulo y hermana de Éstipion ; y él , permaneciendo 
viudo , se enredó con una mozuela que iba á escon- 
didas á verle ; pero en una casa pequeña, en que ha- 
bla señora , no pudo dejar de traslucirse aquel trato; 
y pareciendo que un dia habla atravesado la mozue- 

Y 2 



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340 MARCO CATOK. 

la con mucho desenfado, el hijo no la dijo nada; 
pero habiéndola mirado de mal ojo , y vuéltole lá 
espalda 9 luego llega á noticia del padre.* Enterado 
pues de que la cosa se miraba mal por los jovenesi 
sin echarles nada en cara, ni darles ninguna repren- 
sión , salió de casa , bajo con los amigos como lo 
tenia de costumbre hacia la plaza , y saludando en 
voz altaá uno llamado Salonino , amanuense que ha« 
bia sido suyo , y uno de los que le acompañaban, 
le pregunto : ¿ si habia colocado ya á su hija con al- 
gún novio ? Respondióle este que ni siquiera pensaría 
en ello sin darle parte ; á lo que ie replicó , pues yo 
te he encontrado un pretendiente muy proporciona- 
do , como no haya inconveniente por la edad , pues 
por lo demás no hay otra tacha sino que es muy 
viejo. Rogándole Salonino que lo tomara á $u cuida- 
do , y diera la doncella á quien se habia propuesto, 
por cuanto siendo su cliente necesitaba de que la 

f>rotegiese , ya entonces Catón no se detuvo mas , y 
e dijo abiertamente que era para si para quien la 
pedia. Quedóse al principio sorprendido Salonino 
con semejante propuesta , como era natural , creyen* 
do á Catón muy lejos de casarse , y mas lejos toda- 
vía á sí mismo de una familia consular, y de la peti- 
ción de un triunfador ; mas viéndole todavía solicito, 
recibió la demanda con alegría ; y acabando de bajar 
ala plaza, hicieron al punto los esponsales. Celebró- 
se el casamiento, y el hijo de. Catón presentándose 
con algunos de los deudos preguntó al padre , sí era 
porque le hubiese ofendido ó. disgustado en algo el 
haber pensado en darle una madrastra ; mas Catón, 
ten mejores ideas hijo , le contestó con esforzada voz, 
porque tu conducta para conmigo no puede mejo- 
rarse, ni tengo la menor queja: solamente me he 
propuesto dejar para mi consuelo muchos hijos, y 
para el de la patria muchos ciudadanos que se pa- 
rezcan á tí. Dícese que esta máxima sentenciosa fue 



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MARCO CATOK. 34I 

proferida antes por Fisistrato, tirano de Atenas , el 
cual , teniendo ya hijos crecidos , caso en segundas 
nu|>cias con Timonasa de Argos , de la que hubo en 
hijos á lofante y á Tésalo. De este matrimonio na- 
ció á Catón ñn hijo , que del nombre de la madre re^ 
cibió el de Salonio. El hijo mayor murió siendo Pre- 
tor ; y hace mención de él muchas veces Catón en 
sus libros , como de un hombre que se habia hecho 
muy recomendable. Dícese que llevó esta pérdida 
jcqn moderación y con filosofía, sin que por ella aflo- 
jase en las cosas de gobierno ; pues no abandonó á 
causa de la vejez los negocios públicos , teniendo el 
desempeñarlos por una carga , como antes lo hablan 
hecho Lucio Luculo y Mételo Pió , ó como después 
£scipion el Africano , que incomodado de la envi- 
dia que excitó su gloria, abandonó la república, y 
con extraña mudanza el último tercio de su vida lo 
pasó en la inacción; sino que al modo que hubo 
^uien persuadió á Dionisio que la tiranía era el me- 
pr sepulcro; de la misma manera, mirando él el 
gobierno como el mejor modo de envejecer , aun tu- 
vo por reposo y por diversión en los ratos de va- 
gar el componer libros, y entender en las labores 
del campow 

r Escribió pues libros de diferentes materias y de 
1;iistoria. A la. agricultura dio su atención siendo to- 
davía joven para su uso ; porque dice que solo em- 
pleó dos medios de granjeria, el cultivar la tierra 
y» el ahorrar; y entonces la observación de lo que 
sucedía en su campo le suministró á un tiempo di- 
versión y conocimientos. Asi ordenó un libro de 
agricultura^ en el que trató hasta .del modo de pre- 
parar las pastas y de conservar las manzanas : aspi- 
rando en todo á ser nimio, y no parecido á otro. 
Su$ comidas en el campo eran mas abundantes , por- 
gue solia congregar á sus conocidos de los campos 
v^ecinos y comarcanos , holgándose con ellos , y pro- 



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342 MARCO CATÓN. ^ 

curando hacerse afable y congraciarse no soló coH 
los de su edad , sino también con (os jóvenes ^ para 
lo que tenia los medios de hallarse con mny yarjos 
conocimientos , y haber presenciado muchos nego«- 
cios y casos dignos.de referirse. Reputaba ademas la 
mesa por muy propia para ganaf amigos, y en ella 
cuidaba de introducir tanto el elogio de los buenos 
y honrados ciudadanos , como el olvido de los vitu- 
perables y malos: no dando nunca Cáton margen en 
sus convites , ni para la reprensión , ni para la ala- 
banza de estos. 

Su último acto político se cree haber sido la des- 
trucción de Cartagp , dando fin i la obra Escipion el 
menor ; pero habiéndose movido la guerra por dic- 
tamen y consejo de Catón con este motivo. Fue en- 
viado Catón cerca de los Cartagineses y de Masi-- 
nisa el Numida^ que tenían guerra entre si » á inves« 
tigar las causas de su desavenencia ; porque este era 
desde el principio amigo del pueblo Romano, y aque- 
llos , después de la victoria que de ellos alcaozó Es- 
cipion, y de haber sido castigados con la pérdida 
del imperio del mar y con un grande tributo en di- 
nero, ¿e hablan obligado á serlo con solemnes tratados. 
Como encontrase pues aquella ciudad no maltratada 

Í empobrecida como se figuraban los Romanos, sino 
rulante en juventud ^ abastecida de grandes riquezas, 
llena de toda especie de armas y municiones de guer- 
ra, y que acerca de estas cosas no pensaba con aba- 
timiento , parecióle que no era sazón aquella de que 
los Romanos se cuidaran de arreglar los negocios y 
la recíproca correspondencia de los Numídas y Ma- 
sinisa , sino mas bien de pensar en que sino toma- 
ban una ciudad antigua enemiga, á la que tenían 
grandemente irritada, y que se había aumentado de 
un modo increíble , volverían pronto á verse en los' 
mismos peligros. Regresando pues sin tardanza , hi- 
zo entender al Senado que las anteriores derrotas y 



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MARCO CATOlSrl 343 

descalabros de los Cartagineses no habrían dismi- 
nuido. tanto su poder como su inadvertencia ; y era 
de temer que no los hubiesen hecho mas débiles , si-» 
no antes mas inteligentes en las cosas de la guerra; 
pudiéndose mirar los combates con los Numidas co- 
mo preludios de los que meditaban contra los Roma^' 
nos ; y por fin que la píaz y los tratados eran un nom-f 
bre que encubría sus disposiciones de guerra , mien- 
tras esperaban la oportunidad. 

Después de esto dícese que Catón arrojó de in- 
tento en el Senado higos de África , desplegando la 
'^^g^í y como se maravillasen de la hermosura y ta- 
maño de ellos , dijo que la tierra que los producía 
no distaba de Roma mas que tre$ días de navega- 
ción. Refiérese todavía otra cosa mas fuerte , y es que 
siempre que daba dictamen en el Senado sobre cual- 
quier negocio que fuese, concluía diciendo: este es 
mi parecer, y que no debe existir Cartago. Por el 
contrarío Publio Escipion , llamado Nasica , conti- 
nuamente decía y votaba que debía existir Cartago: 
y es que á mi entender viendo á la plebe que por el 
engreimiento vivía descuidada , y por la prosperidad 
y altanería era menos obediente al Senado , y á la 
ciudad toda se la llevaba tras sí adonde quiera que se 
inclinase , le pnrecía que este miedo era como un fre- 
no que moderaba el arrojo de la muchedumbre : cs- 
tanao en la inteligencia de que el poder de los Car- 
tagineses no era tan grande que hubiera de subyugar 
á los Romanos , ni tan pequeño que hubieran de ser 
mirados con desprecio. Mas á Catón esto mismo le 
parecía peligroso, á saber, el que el pueblo indócil, 
y precipitado por un gran poder , estuviera como 
amenazado de una ciudad siempre grande., y ahora 
atenta é irritada por lo que había sufrido , y el que 
no se quitara enteramente el miedo de una domina- 
ción extrangera, para respirar y poder pensar, en el 
remedio de Tos males interiores. De este modo se dice 



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344 MARCO CATOIJÍ. 

que Catón fue el autor de la tercera y tSltima met- 
Tú contra los Cartagineses. Mas al principio de las 
hostilidades falleció , profetizando acerca del varón 
que había de dar íin á aquella guerra, el cual era en* 
tonces joven-, tribuno , y bajo el mando de otro; 

Sro daba ya insignes muestras de prudencia y va- 
: en los combates ; y cuando estas nuevas se tra- 
jeron á Roma, oyéndolas Catón , se refiere que dijo: 
De prudencia este solo está asistido: 
Sombras son los demás que lleva el viento : 
profecía que en breve confirmó Escipioa con sus 
obras. La descendencia que dejo Catón fue un hijo 
del segundo matrimonio , al que hemos dicho haber-- 
$ele dado el nombre de Salonio, por razón de lama-- 
dre , y un nieto del otro hijo difunto. Salonio mu* 
rió siendo Pretor ; Marco que nació de él , llegó á 
ser Cónsul ; y del mismo fue nieto Catón el filósofo, 
varón en virtud y en gloria el mas ilustre de su 
tiempo. 



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34S 

COMPARACIOlí DE ARÍSTIDBS Y CATÓN. 

Hemos escrito de ambos lo qae nos ha parecido 
digno de memoria; y la vida de este, puesta al fren- 
te de la de aquel , co ofrece uua diferencia tan mar^ 
cada que no quede obscurecida con muchas y muy 
grandes semejanzas. Mas si por fin hemos de exami- 
nar por partes 9 como un poema d una pintura^ á 
uno y á otro I el haber llegado al gobierno y i la 
gloria sin anterior apoyo, por sola la virtud y las 
propias fuerzas , esto es común á entrambos. Parece 
con todo que Arístides se hizo ilustre cuando toda- 
vía Atenas no era muy poderosa; y compitiendo con 
Generales y hombres públicos, que en bienes de for-- 
tuna gozaban solo de cierta mediania y eran entre si 
iguales ; porque el mayor catastro era entonces de 
quinientas fanegas ; el segundo , que era el de los 
que mantenían caballo 9 de trescientas ; y el tercero 
y ultimo, de los que tenían yunta,, d.e doscientas.' 
Mas Catón, saliendo de una pequeña aldea, y de 
una vida que parecia de labrador , como á un piéla- 
go inmenso , se lanzo al gobierno de Roma , cuando 
ya esta no era regida por unos magistrados como los 
Curios , los Fabncios y los Hostilios , ni admitia á 
los. Cónsules y Oradores desde el arado y la azada; 
sino cuaqdo acostumbrada á poner los ojos en li*-» 
nages esclarecidos, en la riqueza, los repartimien- 
tos y los obsequios , por el engreii9Íe.nto y el po- 
der se mostraba insolente con los que aspiraban á 
niandar. Asi qu^ no era lo mismo tener por rival á 
Temistocíes , no ilustre en linage, y medianamente 
acomodado, pues se dice que su hacienda seria de 
pineo ó tres talentos cuando se le dio el primer man- 
do , que . contender por los primeros pvestos con los 
Escípiones Africanos , los Sergios Galbas y los Q^jio-, 
tos Flamíníos, sin tener otro arrimo qije una voi 
franca y libre para sostener lo justo. ^ . . ■ 



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346 COMPARAC. DB AllfsTlDBS T CATOK. 

Ademas Arístides en Maratón y en Platea no cft 
sino el décimo General ; y Catón fue elegido segan- 
do QSnsui , siendo muchos los competidores; y se- 
gundo Censor logrando ser preferido á siete rívates 
K>s mas poderosos é ilustres. Arístides no fue nunca 
el primero en aquellas victorias, sino que en Mara- 
tón llevó la primacía Milbiades ; y en Platea dice 
Herodoto que fue Pausanias quien mas se distinguió 
y sobresalió. Aun el segundo lugar se le disputaron 
á Arístides los Sofanes , los Aminias \ los Calimacos 
y los Cinegiros 9 que se hicieron señalados por su va- 
lor en aquellos combates. Mas Catón no sólo siendo | 
Cónsul tuvo la primacia por la mano y por el con- | 
se jo en la giKrra de España, sino que no siendo mas { 
que Tribuno <n Termopilas, bajo el mando de otro | 
Cónsul, tuvo el prez de la victoria, abriendo á los | 
Romanos ancha entrada contra Antíoco , y ponién- | 
doíe á este la guerra á la espalda , cuando no mira- ' 
ba sino adelante: porque aquella victoria, que fue ' 
k mas brillante hazaña de Catón , lanzó al Asia de I 
la Grecia , y se la ilió allanada después á Escipion. I 
En la guerra pues ambos fueron invictos; pero en 
el gobierno Arístides fue suplantado , siendo envia- 
, do á destierro y vencido por el partido de Temís- 
tocles; cuando Catón, teniendo por rivales puede 
decirse que á todos cuantos gozaban en Rema del 
mayor poder y autoridad , luchando como atleta 
hasta la te jez , se sostuvo siempre ñrme é inmoble; 
y habiéndosele puesto é intentado él mismo dife- 
rentes causas públicas, en muchas de estas venció, 
y de todas aquellas salió libre , siendo su escudo , sir 
tenor de vida, y su arma para obrar, la elocuencia, 
á la que debe atribuirse , mas que á la fortuna ó al 
buen genio de este esclarecido varón , el no haber 
tenido que sufrir con injusticia; pues tam1>ien dijo 
Antripatro,. escribiendo de Aristóteles después de su 
muerte I haberle sido aquella de gran auxilia, por- 



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COMTARAC. DE AUlSTIDES Y CATOW. 34f 

qtse entre otras brillantes dotes tuvo la de la per- 
suasión. 

Es cosa en que todos convienen qne no hty para 
el hombre virtud mas perfecta qne la social 6 polí- 
tica; pues de esta es entre muchos reconocida ¡como 
parte muy principal la económica: porque la ciudadT 
qne no es mas que la reunión y ja cabeza de mu- 
chas casas , se fortalece para las cosas ptibllcas con 
que prosperen los ciudadanos. Por tanto Licurgo^ 
echando tuera de casa en Esparta la plata y el oro, 
y dándoles una moneda de hierro echado i per- 
der al fuego, no quiso apartar á sus conciudada- 
nos de la economía ; sino que con quitarles' los re-> 
galos, lo superfino j y lo abotagado y enfermizo^* 
pensó con mas prudencia que otro legislador algu^ 
no en que todos abundasen en las cosas necesarias y 
otiles : temiendo mas para la comunión de gobierno 
al miserable, al vagabundo y al pobre, que al ri- 
co y al opulento* Parece pues que Catón no fue 
peor gobernador de su casa que de la ciudad ; por-^ 

Jne aumenté sus bienes, y se constituyó para los 
emas maestro de economía y de agricultura , há-' 
hiendo recogido muchas y muy importantes cosas 
sobre estos objetos. Mas Afístides con su pobreza' 
desacredito eft cierta manera á la justicia, ponién- 
dole la tacha de perdedora de las casas,, y produc- 
tora de mendigos; provechosa á todos, menos af 
que la posee , siendo asi que Hesiodo usó de mu- 
chas razonen para acortarnos á la justicia y á la' 
economía juntamente; y -Homero cantó con acierto: 
No encontraba placer en él trabajo. 
Ni de casa y hacienda en el cuidado, 
Que á los Rimados hijos tanto importa ; 
Sino que mi deleite eran las naves 
De remos guarnecidas , los combates j ' ' ; 
Y. los lucientes arcds y saetas: -^ • 

como para dar á entender .que de unos njismos'era' 



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14^ G^MPARAC. DB A&ÍSTIDES T CATOK. 

el descuidar la hacienda , y el vivir anchamente iít 
la injusticia. Pues no asi como dicen los médicos^ 
^ue el aceite es muy saludable á los cuerpos por fae- 
ra» y muy dañoso por dentro, de la misma manera 
el justo es útil á los otros, é inútil á si y á los sa- 
yos. Paréceme por tanto que la virtud política de 
Arístides fue detectuosa y manca en esta parte, pues 
que en la opinión masr común , descuidd de dejar 
^on que dotar las hija3 f y con que hacer ios gastos 
de su entierro. De aqui es que la familia de Catón 
di6 á Roma hasta la generación cuarta Pretores y 
Cónsules, habiendo ^rvido las primeras magistratu- 
ras sus nietos y los hijos de estos ; cuando la gran 
pobreza y. miseria de, la descendencia de Arístides, 
que tuvo tan preferente lugar entre los Grifos, á 
unos los obligo á escribirse entre los embelecadores, 
y á otros á alargar la mí(no para recibir del, público 
una limosna; sin que á ninguno le fuese dado pensar 
en algún hecho ilustre., ó en cosa que fuese digna de 
aquel varen esclarecido. 

Mas esto todavía pide ilustración , porque la po- 
breza no es afrentosa por. sí , sino cuando proviene 
de flojedad, de disipación, de vanidad y de aban- 
dono; pero en el varón prudei^te^ laborioso, justo, 
esforzado y entregado á los negocios de la repúbli- 
ca, unida á todas las virtudes, es señal de magnani- 
midad y de una elevada prudencia : porque no pue- 
de ejecutar cosas grandes el que tiene su atención 
en las pequeñas , ni auxiliar á muchos que piden , el 
que mucho, desea. Asi para haberse bien en el go- 
bierno es ya un admirable principio , no la rique- 
za, sino el desprendimiento; el cufil, no apete- 
teciendo para sí nada superfluo , ningún tiempo ro- 
ba á los negocios póblicos t; porque el que absoluta- 
mente de pada necesita. es sol0 Dios; y en la virtud 
humana el que mas estrecha sus necesidades, aquel 
es el mas': perfecto , y «I que mas se acerca á la divi^ 



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COMPAKAC. DB ÁRÍSTIOTS Y CATÓN. 345^ 

nida4^ Pues asi como el cuerpo que está biea cpm-^ 
plexionado, no necesitia ni ciee:xcesiva ropa, ni de 
excesivo alimento ; de la misma manera una vida j 
una casa bien arregladas , con las cosas .:com)3nes se 
dan por contentas; y en estas io regular es- que el 
gasto 7 la hacienda guarden proporción. Porque éi 
que allega mucho y gasta pooo> ya no es despren- 
dido; pues ó se afana por recojger lo que no apere- ^ 
ce, y ^^ ^^^^ ^^ ^^ necio; ó por reóogef lo que 
apetece, y de lo que no se atreve í hacer oso por 
avaricia', y en este caso es infelk. Por tanto 3^ pre- 
guntaría al mismo Catón si- la riqueza ^r para go-> 
zarse, ¿por qué se jacta de que poseyendo mucho 
se daba por contento con una mediania? y sí eslau^ 
dable y glcnrioso , como lo es ciertamente, comier el 
pan que comunmente se vende , beber el mismo v\^ 
no que los trabajadores V los esclavos, y no nece- 
sitar ni de púrpura ni de casas blanqueadas; nada 
dejaron por hacer de lo que debian , ni Arístides, 
ni Epaminondas, ni Manió Curio, ni Cayo Fabri-* 
ció, con no afanarse por la posesión de unas cosas 
cuyo uso. reprobaban. Porque á quien tenia por sa- 
broso alimento los rábanos , y ^los cocia por si mis- 
mo > mientras la muger amasaba la harina, no te era 
necesario mover disputas sobre un cuarto ¿ ni escri- 
bir con qué granjeria podria uno hacerse mas pres- 
to rico*, asi que es muy laudable el contentarse coa 
Ip que se tiepe á la mano , y ser desprendido , por- 

3ue aparta el ánimo á un *m¡smo tiempo del deseo y 
el cuidudo de las cosas superfluas; y por esta ra- 
zón 2 respondió muy bien Arístides en la causa deCa« 
lias, que de la pobreza debian a^ergoneaírse los que 
sé veian en ella contra su voluntad; y al revés glo-^ 
ríarse , como él , lo$ que voluntariamente la llevaban; 
y ciertamente seria cosa ridicula atribuir á desidia la 
pobreza de Arístides, cuando le hubiera sido fá- 
cil, sin hac^r nada que pudiera notarse, y con solo 



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350 COMFAIUC. DB ARÍSTIDES Y CATOK. 

despojar á un bárbaro ú ocupar un pabellón, fi- 
Mr al estado de rico: mas baste lo dicho ea esa 
materia. 

Por lo que hace i mandos militares» los de Ca- 
tón , aunque en cosas grandes | no decidiercui de gran- 
des intereses; pero coa respecto á los de Arístides 
las mas brillantes y aloriosas hazañas de los Griegos 
son Maratón y Salamina y Platea ; ni es razón se pon* 
gao en paralelo Antíoco con Gerges, ó los derriba^ 
dos muros de algunas ciudades de España , con tantos 
millares de hombres*deshecfaos por tierra y por mar; 
en los cuales sucesos, por lo que hace á trabajo y 
diligencia» nada le falto i Arístides, si le faltaron la 
fama y las coronas; en las que» como en los bienes 
y en la riqueza » cedió fácilmente á los que las soli- 
citaban con mas ansia , por ser superior á todas es- 
tas cosas* No reprendo en Catón sus continuas jac- 
tancias 9 y el que se diese por el primero de todos» 
sin embargo de que él mismo dice en uno de sus li- 
bros sbr muy impropio que , el hombre se alabe ó se 
culpe á sí mismo : oon todo para la virtud me pare- 
ce mas perfecto que el que trecuentemente se alaba 
á sí mismo el que sabe pasarse sin la alabanza pro- 
pia y sin la agena. Porque el no ser ambicioso es un 
excelente preparativo para la afabilidad social; asi 
como por el contrario la ambición es áspera y muy 
propia para engendrar envidia » de la que el uno es- 
tuvo absolutamente exento » y el otro participó de- 
masiado de ella. Asi Arístides » cooperando con Te- 
místocles en las cosas mas importantes, y haciéndo- 
se en cierta manera Su Ayudante de Campo, puso 
en pie á Atenas; y Catón , por sus rencillas con Es- 
cípion , estuvo en muy poco el que no desgraciase la 
expedición de este contra los Cartagineses que des- 
truyó á. Aníbal, hasta entonces invicto ; y por fin 
excitando siempre sospechas y calumnias á este, le 
apartó de los negocios de la república» y al herma- 



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COMPARAC. DB ARÍSTIDES Y CATÓN. «5X 

no le atrajo una condenación infamante por el ckli'to 
de peculado. 

Catón hizo, es verdad, continuos elogios de la 
t^planza; pero Arístides la consefvp' pura y sin 
mancilla; y aquel matrimonio de Catón; tan des*' 
^^gual en la calidad y en los años , no pudo menos de 
ceder en su descrédito: porque siendo ya tan.ancia*« 
no,. y teniendo un hijo ^n la flor de fa edadreciea 
ca^ao j pasar á segundas nupcias con una mocita , hi- 
ja de un ministro y asalariado público , no fue cosa 
iQué .pudiese parecer bien ; p^ies que ora Ip hiciese por 
deleite 9 oU por enojo para mortificar gl hí)p, á can- 
.sa de lo sucedido con la amiga, sien^pre hay fealdad 
en el h^cho y en el motivo. Y la respuesta que coa 
ironía dio. al hijo no era sencilla y verdadera: por- 
que si queria tener hijos virtuosos que se le parecie--' 
sen, 4^ÍA contraer un matrimonio decente^ toncer- 
^ndolo con tiempo; y no que mientras estuvo ocuk 
to su trato con una mpzuela soltera y publica, se 
dio por contento ; y cuando ya se echó de ver » hi* 
%o su suegro á un hombre á qiíten podia mandar; no 
con qqi^n pudiera tener deudo honradamente. 



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35» 

FILOFEM£K« 

Casandro era en Mantinea de la primera familia, 
y uno de los de mas poder entre sus conciudadanos; 
pero por cierto infortunio tuvo que abandonar sa 
patria, y se reftigióá Megalopilis, confiado en Cra- 
sis padre de Filopemen, varón por todos respetos 
apreciáble y que lé miraba con particular inclrazcion. 
Asi es que durante la vida de este nada le faltó ; y 
íl su muerte , pagándole agr&decidó el hospedage , se 
encargó dé educar á su hijo huérfano , i la manera 
que dióe Homero haber sido por Fénix educado Aquí- 
les, haciendo que su índole y sus costumbres" toma- 
ran desde el^priíicipio cierta forma y elevación regla 
y generosa. Luego que llegó á la adolescencia le to- 
maron bajo su enseñanza los Megalopolitanos Ecde- 
mo y Demofanes, que en lá academia habian estado 
en familiaridad con Arcesilao , y habian trasladado la 
fílosofía sobre todos los de su tiempo al gobierno y 
á ios negocios públicos. Estos mismos libertaron á su 
patria.de la tiranía , tratando secretamente con los 
que dieron muerte á Aristodemo ; con Aratd expelie- 
ron á Nicocles tirano de Sicione; y á ruego de los de 
Cirene , cuyo gobierno adolecía de vicios y defectos, 
pasando alia por mar , les dieron buenas leyes , y orga- 
nizaron perfectamente su república. Pues estos, entre 
sus demás hechos laudables, dieron crianza 6 instruc- 
ción á Filopemen , cultivando su ánimo con la filoso- 
fía para bien común de la Grecia ; la cual parece ha- 
berle ya dado á luz tarde y én su última ve^ez , infiin- 
diéndole las virtudes de todos los generales antiguos; 
por lo que le apreció sobre manera , y le elevó al ma* 

Íor poder y gloria. Por tanto uno de los Romanos, 
aciendo su elogio, le llamó el último de los Grie- 
gos , como que después de él ya la Grecia no produjo 
ixinguQo otro hombre grande y digno de tal patria. 



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FitoFBMSK* 35 j ^ 

De presencia no era feo, como' han juzgado al- 
gunos ; |>orque todavía vemos un retrato suyo que se 
conserva en Delfos. Y el desconocimiento de la hués^ 
peda de Megara dicen haber dimanado de sa- natu** 
ralidad y sencillez : porque sabiendo que habia de 
llegar á su casa el General de los Aqueos , se azorcS 
para disponer la comida , no hallándose. accidental- 
ntiente en casa el marido. Entro en esto Filopemea 
con un: manto» nada sobresaliente , '7 creyendo que 
fuese algún correo ó algún criado, le pidió que echa-* 
ra también mano á los preparativos :,quit($se inmedia- 
tamente el manto y se puso á partir leña: llegó en 
esto el huésped, y: diciendo: ¿quées estoFilopemen? 
le respondió en lenguage dórico: <que ha de ser? 

?agar yo la pena de mi mala figura. Burlándosele 
lio por la extraña construcción de su cuerpo, lo 
dijo: ó Filopemen, tienes buenas manos y buenas 
piernas, pero no tienes vientre, j2Pf que era delgado 
de cuerpo; pero en realidad aquel dicterio mas que 
á su cuerpo se dirigió á la especie de su poder: pues 
teniendo infantería y caballería j en la hacienda solia 
estar escaso : y estas son las particularidades que de 
iFilopemen se refieren en las trasnochadas. 

£n la parte moral su deseo de gloria no estaba 
del todo exento de obstinación , ni libre de ira; sino 
que con querer mostrarse principalmente émulo de 
Epaminondas, imitaba muy bien su' actividad, su 
constancia y su desprendimiento de las riquezas ; pe- 
JO no pudiendo mantenerse entre las diisensiones po- 
líticas dentro de los limites de la mansedumbre , de 
la circunspección y de la humanidad ; por la ira y 
la propensión á mi disputas, parecía que era mas 
propio para las virtudes militares que para las civiles: 
asi es que desde niño se mostró aficionado á la guer- 
ra j y tomaba con .gusto las lecciones que á eísto se en- 
catninaban, como el manejar las armas y montar i 
caballo. Tenia también buena disíppsícion para la lu^? 
TOMO u. ' 2 



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^54 FILOFBMBK'i 

cha , 7 algbnos'de sus amigos y maestros le ¡ncHn- 
ban á que se hiciese atleta ; pero les preguntó si de e$i 
enseñaoaa resultaría algún inconvemente para la pro- 
fesión militar ; y como le respondiesen lo que baUi 
en realidad: á saber , que debía haber gran diferencit 
en el cuidado del cuerpo y en el género de vida en« 
tre el atleta y el soldado; y que principalmeflte la 
dieta y el ejercicio , en el uno por el macho sueño, 
por la continua hartura, por el movimiento y el re-- 
poso á tiempos determinados t>ara aumentar y con-» 
servar las carnes , no podían sm riesgo admitir mu- 
danza; cuando el otro debía estar habituado á to* 
da variación y desigualdad , y en especial á sufrir 
fácilmente el hambre i y fádünente la falta de sue-* 
ño: enterado de ello rilopemen, no solo se apartó 
de aquel género de ocupación , y le tuvo por ridiculo, 
5Íno que después, siendo General, hizo desapareceri 
en cuanto estuvo de su parte, toda la enseñanza atlér 
tica con la afrenta y los dicterios, como que bacía 
inútiles para los combates necesarios, los cuerpos mas 
útiles y á propósito. 

Suelto ya de los maestros y caradores, en las 
excursiones cívicas que ¿olian hacer á la Laconia , con 
el fin de merodear y recoger botín , se acostumbró á 
marchar siempre el primero en la invasión y el últi"* 
mo en la vuelta. Cuando no tenia otra ocupación 
ejercitaba el cuerpo con la caza ó con la labranza, 
para formarle ágil y robusto , por4ue tenia una ex^ 
célente posesión á veinte estadios de la ciudad. To« 
dos los días iba á ella después de la comida ó de la 
cena , y acostándose sobre el primer mullido que se 
presentaba , como cualquiera de los traba jadores , alli 
dormía : á la mañana se levantaba temprano , y to- 
mando parte en el trabajo de ios que cultivaban ó las 
viñas ó los campos , se volvía luego á la ciudad , y con 
lai amigos y los magistrados conversaba sobre los 
negocios públicos. Lo que de las expediciones le to« 



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FU.OFBMBK» 35^ 

caba, lo empleaba en la compra de caballos» en la 
adquisición de armas y en la. redención de cautivos, 
Y procuraba aumentar su patrimonio con la agricul- 
tura j la mas inocente de todas las granjerias. Ni es- 
to lo hacia como fortuitamente y sin intención , sino 
con el convencimiento de que es preciso tenga hacien- 
da propia el que se ha de i&stener de la agena. Oia 
no todos los discursos , y leia no todos los libros de 
los filósofos , sino aquellos de que le parecía habia de 
sacar provecho para la virtud ; y en las poesías de Ho- 
mero daba la preferencia á las que juzgaba propias 
para despertar 6 inflamar la imaginación hacia los 
necfaos de valor* De todas las demás leyendas se apli- 
caba con mayor esmero á los libros de táctica de 
£uangelo y y procuraba instruirse en la historia de 
iVlejandroy persuadido de que lo que se aprende de- 
be aprovechar para los negocios , á no que se gaste 
en ello el tiempo por ociosidad y para inútiles ha- 
bladurías. Porque también en los teoremas de táctica, 
dejando á un lado las demostraciones de la pizarra, 
procuraba tomar conocimiento y cómo ensayarse eñ 
los mismos lugares , eiiaminando por sí mismo en los 
viages , y comunicando á los que le acompañaban , las 
observaciones que hacia sobre el declive de los ter- 
renos , las cortaduras de los llanos , y todo cuanto con 
los torrentes, las acequias y las gargantas ocasiona 
dificultades, y obliga á diferentes posiciones en el ejér- 
cito, ya teniendo que dividirle , y ya volviéndolo 
á reunir. Porque á lo que se ve , su aíicion i las cosas 
de la milicia la llevó mucho mas alia de los términos 
de la necesidad ; y miró la guerra como un ejercicio 
sumamente variado de virtud , despreciando entera*^ 
mente á los que no entendían de ella , como que no 
servían para nada. 

Tema treinta años cuando Cleomedes , Rey de los 
Lacedemonios , cayendo repentinamente de noche so- 
bre Megalópolis, y atrópcUando las guardias , ^e in** 

.Z2 



Digitized by VjOOQ IC 



356 PILOPEMEN. 

trodujo en ella, y ocupó la plaza* Acadíp pronto is 
defensa Filopemen , y no pudo reduizar á los eoenn* 
gos, aunque peleó con extraordiniirio valor y arrojo; 
pero en alguna manera dio puerta franca á los ciu- 
dadanos, combatiendo con ios que los perseguían, y 
atrayendo á sí i Cleomenes, en términos qué con 
gran dificultad pudo retirarse el último , perdiendo 
el caballo, ysauendo herido de la refriega. fnFÍólos 
después á llamar Cleomenes de Mesena, adonde se 
hablan retirado ofreciendo restituirles la ciudad y sus 
términos: proposición que los ciudadanos admitían 
con gran contento , apresurándose á volver ; pero Fi- 
lopemen se opuso, y los detuvo con sus persuasiones^ 
haciéndoles ver que no les restituía la ciudad Cleo- 
menes, sino que lo que quena era hacerse también 
dueño de los ciudadanos , por ser este el modo de 
tener mas secura la población ; pues no habia venido 
¿ estarse alli de asiento guardando las casas y los 
muros vacíos; por tanto que tendria que abandonarlos 
si permanecían desiertos. Con este discurso retrajo á 
los ciudadanos de su proposito; pero á Cleomenes 
le dio pretexto por destrozar y arruinar mucha parte 
de la ciudad , y para retirarse con muy ricos despojos. 
Cuando el Rey Antigono, en auxilio de ios 
. Aqueos , partió contra Cleomenes , y habiendo toma- 
do las alturas y gargantas inmediatas á Selasia , orde* 
no sus tropas con ánimo de tomar la ofensiva y aco- 
meter ; estaba formado Filopemen con sus ciudada- 
nos entre la caballería , teniendo en su defensa í ios 
Ilirios, gente aguerrida y en bastante número, que 
próJtegían los extremos de la batalla. Habíaseles da- 
do la orden de que permanecieran sin moverse hasta 
que desde la otra ala hiciera el Rey que se levan- 
tara un paño de púrpura puesto sobre una lanza. 
Intentaron los Gefes arrollar con los Ilirios á los La- 
cedemonios, y los Aqueos guardaban tranquilos su 
formación como les estaba mandado*, pero enterado 



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IflLOPBMBK. Jj^ 

^adidas, herináno de Cleomenes, de lá desuníoQ 
que esta operacioa produjo en las fuerzas enemigas» 
envió sin dilación á los mas decididos de sus tropas 
ligeras , con orden de que cargasen por la espalda á 
los Iliriosy y los contuvieran por este medio mientras 
estaban abandonados de la caballería. Hecho asi, las 
tropas ligeras acometieron y desordenaron á los Ili«- 
xios ; y viendo Filopemen que nada era tan fácil co- 
mo caer sobre ellas, y. que antes la ocasión les csta- 
h^ brindando, lo primero que hizo fue proponerlo 
á ios Gefes del ejército Real ; pero como estos no 
li& diesen oídos, y antes le despreciasen, teniéndole 
j)or loco .y por persona poco conocida y acreditada 
para semejante maniobra , la tomdde su cuenta , aco- 
metiendo y llevándose tras sí á sus conciudadanos. Can- 
^ desde Juego desorden y después la fuga con gran 
mortandad en las. tropas ligeras; pero queriendo dar 
aun mas impulso alas tropasdel Rey , y venir cuanto 
antes á las manos' con los enemigos, que ya empesta- 
ban á desordenarse, se apeó del caballo, y entrando 
en el combate: en un terreno áspero y cortado con 
arroyos y barrancos, á pie, con la coraza y arma- 
dura pesada de caballería , no sin grandísima dificul-' 
tad y trabajo , tuvo la fatalidad de que un dardo 
con su cuerda le atravesase lateralmente entrambos 
muslos, pasándolos de parte á parte, y causándole 
un herida gravísima , aunque no mortal. Quedó al 
principio inmoble como si le hubieran trabado con 
lazos, y sin saber qué partido tornar , porque la cuer- 
da del dardo hacia peligrosa la extracción de este, 
habiendo de salir por todo lo largo dé la herida: asi 
los que estaban con él rehusaban intentarlo ; pero es- 
tándose entonces en lo mas recio de la batalla , Heno 
de ambición y de ira , forcejó con los pies para -no 
faltar de ella , y con la alternativa de subir y bájai? 
los muslos rompió el dardo por ínedib , y asi pudie-' 
ron sacarse con separación entrambos pedazos. Libre 



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358 irlLOFEMCN. 

ya y expedito ) desenvainó la espada, y corri<S pon 
medio de las filas en busca de los enemigos, infun- 
diendo aliento y emulación á los demás combatien- 
tes. Venció por fin Antígono , y queriendo probar í 
los Macedonios les preguntó : ¿por quése b^rbia mo- 
vido, la caballería sin -su orden? y como para excu* 
sarse respondiesen que habían venido i las manos con 
los enemigos , precisados por un mozuelo Megalopo- 
Utano que acometió primero*^ les d!)o sonriéndose,; 
pues ese mosuelo ha tomado una disposidon propia 
de un gran General. 

Adquirió Filopemen la fama que le era debida, 
y Antígono le hizo grandes instancias para que en-^ 
trase á su servicio , ofreciéndole un mando y gran- 
des intereses ; pero él se excusó principalmente por 
tener conocida su índole muy indinada á mandar 
con violencia y aspereza. Mas noaueriendo perma« 
secer ocioso y desocupado , se embarcó para Crera 
con objeto de seguir alli la milicia; y habiéndose 
ejercitado en ella por láreo tiempo al lado de varo- 
nes amaestrados é instruidos en todos los ramos de la 
guerra, y ademas moderados y sobrios en su método 
dé vida , volvió con tan erande reputación á la liga 
de los Aqueos, que inmediatamente le nombraron Ge« 
iier;él de la caballería. Halló que los soldados cuando 
se ofrecía alguna expedición se servian de jacos des- 
preciables , los primeros que se les presentaban , y que 
ordinariamente se excusaban de la milicia con poner 
otros en su lugar , siendo muy grande su falta dedis«< 
ciplina y valor. T<rierábanselo siempre los magistra- 
dos por el mucho poder de los de caballería entre los 
Aweos , y principalmente porque eran los arbitros 
del premio y del castigo. Mas él no condescendió 
ni lo aguantó; sino que recorriendo las ciudades, con 
exciur de uno en uno la ambición én todos los jó- 
venes; con castigar á los que era preciso, y con usar 
de e jereicios , alardes y combates de unos con otros, 



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FILOFEMEK. 3f9 

cuando In^ia de Iiaber muchos ^pectadorés » en po« 
co tiempo les inspird. á todos on aliento y valor ad« 
rairable; y lo <|ue para la milicia es todavía mas im« 
portante 9 los hizo tan ágiles y prontos, y los adies- 
tro de manera á maniobrar juntos y á volver y revol- 
ver cada uno su caballo , que por la prontitud en las 
evoluciones la formación tenia no parecía sino un cuer* 
po solo que se movía por impulso espontáneo. Sobreví- 
sioks la batalla del rio Lariso cfontra los Etolios y los 
£jeos, y el General de la caballería de los Eleos EÍa« 
tnofanto , saliéndose de la formación, se dirigid con- 
tra Filraemen: admitid este la provocación , y mar« 
chando á ¿1 , se anticipo á herirle derribándole con 
on bote de lanza del caballo. Apenas vino al suelo^ 
huyeron los enemigos: y se acrecentó la gloria de Fi« 
lopemen , por verse claro que ni en pujanza era infe- 
rior á ninguno de los jóvenes , ni en prudencia á nin« 
guno de los ancianos , sino que era tan i propósito 
para combatir como para mandar. 

La liga de los Aqueos empezó á gozar de alguna 
consideración y poder á esfuerzos de Arato que le 
dtó omsistencia , reuniendo las ciudades antes dividid 
das, y estableciendo en ella un Gobierno propiamen« 
té grieffo y humano* Después , al modo que en el 
foiMo del agua empiezan a aposarse algunos cuerpos 
pequeños y en corto número al principio , y luego 
cayendo otros sobre los primeros y trabándose con 
ellos, forman entre si una materia- compacta y firme; 
déla misma manera á la Grecia^ débil todavía y fa^ 
cil de ser disuelta, tomadas con separación lasciuda* 
des, los Aqueos laeinpezáron á afirmar tomando por 
cu cuenta auxiliar á unas de las ciudades comarcana!^ 
libertar á otras de la tiranía que sufrian » y enlazar^ 
las á todas entre sí por medio de un gobierno unifor*^ 
íncj y por este medio* se propusieron constituir tm 
«olo cuerpo y un solo estado del Pelopone$o. Pero en 
vida de Arato todavía en las mas de ií^ cosas tenían 



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Mas después. que Filopemen ll¿gó á tener el primer 
lugar f considerándose con bastante poder pdra hacer 
frente aun á los mas poderosos» se dispensaron de la 
necesidad de tener tutores extrangeros. Porque Ar9tOj 
tei»do por poco aficionado á las contiendas bélícaSf 
los mas de los negocios procuraba transigirlos con 
4as conferencias , con la blandura y con sus relado~ 
nes con los Reyes , según que en su vida lo deba- 
mos escrito ; pero Filopemen , que era belicoso , fuer* 
te en las armas, y feliz y virtuoso desde el princi- 
pio en cuantas batallas se le ofrecieron , juntamente 
con elpoder aumentó la representación de los Aqueos, 
acostumbrados i vencer con ¿1, y atener la mas -di- 
chosa suerte en los combates. . . 

Lo primero que. hizo fue hacer novedad ea h 
formación y armamento de los Aqueos , que no eran 
como le parecía convenir ;. porque usaban de unas 
Todelas fáciles de manejar por su delgadez, pero de- 
masiado angostas para resguardar el cuerpo ; y de unas 
azconas mucfao^ mas conas que las lanzas ;. por Ao 
que, si biea de lejos eran ágiles y diestros en herir 
:por la misma ligereza de las armas , en el encuentro 
'Con los enemigos eran á estos inferiores* No es^ba 
entre ellos recibida la formadion y disposición de 
las tropas en espiral , sino que formando una bata- 
lla que no tenia defensa ni protección con los escu» 
^os, como la de ios Macedonios, fácilmente se des- 
ordenaban y dispersaban* Para poner pues orden en 
estas cosas ^ les persuadió que en lugar de la rodela 
y la azcona tomaran el escudo y la lanza ^ y que 
•defendidos con yelmos, con corazas, y con canille- 
ras se egercitaran en un modo de. pelear seguro y 
.-firme j dejando el de algarada y correría. Habiencío 
.'Convencido -para'.que asi se armasen á los que eran 



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«áe.cáadipiroporcfDBadft, ftimero' 1m Bleató é hizo 
confiar , pareciéadoles que se babian liecho invenci* 
bles ; y/despoes sicáde su lujo y ostenteocionun ven* 
.tajoso partido ; ya.qtie no era posible extii|)ar eaté- 
ramente la necia vanidad en hombres xtdados de an- 
tigik>> que gastábanle vestidos costosos, d^ colga- 
duras de diversos coldres jrde los festejos de las me^ 
saa y l^anquetes. Empezó pues por aparur su incli-* 
siaoioli ai lujo de las cosas* vanas y soperflnas, con* 
virtiéndola á las útiles y laudaUes; con lo que alcan« 
zó de dllos que cortando los gastos qne diariameme 
hacían en otras galas y preseas, se complaciesen en 

f>rasentarse adornados y elegantes con loé anreos mi- 
itares; Veíanse pues los talleres llenos de cálices y 
copas rotas , de corazas doradas , y de escudos y fre-* 
nos plateados; asi como loa estadios* de pot^psque se 
estaban domando , y de jóvenes qne se adiestraban en 
las armas; y en las manos de las mugeres yelmos y 
penachos dados de colores, mantillas de cabalíos y 
sobreropás bellamente guarnecidas: espectáculo que 
acrecentaba el .valor, é inspirando nuevo aliento y los 
hacia intrépidos y osados para arrojarse á los peligros. 
Porque el lujo en otros objetos infunde, vanidad , y en 
Jos qiie le usan engendra delicadeza, como si aquella 
sensación halagase y recrease el ánimo ; pero el lujo 
de >Ksfas otras cosas mas bien le fortalece y eleva* Por 
esQ Homero nos pintó á Aquiles inflado y enardeció* 
do con solo habérsete puesto ante los ojos unas armas 
nuevas, para querer hacer prueba de ellas. AI pro^ 
pip tiempo que adornaba. asi á los jóvenes, los eger« 
citaba y adiestraba, haciéndoles egecmar las evoIu«- 
ciontó con gusto y con emulación ; .porque les habi$ 
agradado sobremanera aquella formación , parecién-* 
doles haber tomado coneUa un apiñamiento al abrigo 
de las heridas. Las armas ademas con el ejercicio se 
les hablan hecho manejables y. ligeras, poniéndoselas 
y llevándolas con. pla(%r por su brillantez .y hermo^ 



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362 FltOlBMBK* 

Sara , y andando |>or Yexse e&iot eoashsác^ para ft^ 
barias con los enemigos. 

Hacían entonces la guem los Aqaeos ¿Macana 
das, tirano de ios Laceoemonios, qne con grande y 
poderoso ejéccito se proponía sujetará todos los del 
Feloponeso» Luego que se anunció iiaberseenic^oEiina** 
do á Mantinea » salió contra él: Filopemen .con sos 
tropas. Acamparon muy cerca de la ciudad, tenien- 
do ano y otro muchos- auxiliares , y trayendo ca-* 
da anO'Consigocasi todas la^ fitenzas de sus réspec- 
tÍTos po^los« Guando ya se ti^abo la batalla , liaUen«> 
do Ma¿anidas itchazado con sus -auxiliares i Ja van^ 

Stiardia de los Aqueos » ccHopuesta de ios tiradores y 
e los ^dt Tacento, en lugar de caer inmediatamen* 
te sobre la hueste , y romper su formación , se entre** 
gó á la persecución de los vencidos, y se fue mas alli 
del cuerpo del ejército de los Aqueos , que guardaba 
su puesto. Filopemen , sucedida semejante dorrota ea 
el principio , por la que todo parecía enterámeJite 
perdido, disimulaba y hacia como que no ló adver* 
tia , y que nada de malo habiá en ello ; mas al refle-^ 
xionar el grande error que con la perseoicton hablan 
cometido los enemigos^ desamparando el cuerpo de 
su ejército, y dejándole el campo libre, no fue en su 
busca , ni se les opuso en su mardia contra los qne buian, 
sino que did lugar á que se alejaran , y cuando ya vid 
que la separación era grande, cargó repentinamente 
i la infantería de los Lacedemonios , porque su bata*- 
lia habia quedado sin defensa. Acometióla pues por 
el flanco á tiempo que ni tenían General , ni estaban 
aparejados para combatír, porque en vista de que 
Macanidasrsegnta el alcance , se creían ya vencedores, 
y que todo lo habían sojuzgado. Rechazólos pues á su 
vez con gran mortandad, porque se dice haber pere^ 
cido mas de cuatro mil ; y en seguida marchó contra 
Macanidas, que volvia ya del alcance con sus auxilio^ 
res. Hábia en medio una acequia ancha y. profua* 



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da 9 y Kacfauíi esfuerzos de una porte y oti^a ^ el una 
por pasar y huir , y el otro por estorbárselo: presen* 
tando el aspecto no de unos Generales que peleaban, 
sino de unas fieras que por la necesidad hacian uso 
de toda su fortaleza , acosadas' del fiero cazador Fi<^ 
lopemen* £n esto el caballo 4el tirano, que era po-^ 
deroso y de bríos » y ademas se sentía aguijado con 
ambas espuelas , se arrojó á pasar , y dando de pechos 
en fai acequia > pugnaba con las manos por echarse 
ftiera; y entonces Simias y Pelieno, que siempre es 
los combates estaban al lado de Fllopemen, y lo pro« 
tegian con sus escudos, los dos corrieron í un tiem-^ 
po , presentaadacíe frente las lanzas ; pero se les ade-^^ 
kntó Fiiopemen dirigiéndose contra Macaaidas; y co^ 
mo viese que el caballo de este, levantando lacabez» 
le cubría el cuerpo, volvió el suyo un poco, y.em* 
brazando la lanza , le hirió con tal violencia que le 
saco de la silla, y le derribó al suelo. En esta actitud 
le pusieron los Aqueos una estatúa en Delibs, admi-^ 
rados en eran manera de este hecho y de toda aque«' 
Ha jornaoa. 

Dícese que habiendo ocurrido la celebridad de los 
juegos Ñemeos, cuando por segunda vez se hallaba 
de General Fiiopemen , haciendo muy poco tiempo 
^ue habla alcanzado la victoria de Mantinea, como 
no tuviese -entonces que atender mas que á la soiem* 
nidad de la fiesta, hizo por. primera vez alarde dé 
su ejercitó ante los Griegos , presentándole nmy ador-' 
nado, y haciéndole evolucionar como de "costumbre 
al son de la mtísica militar con aire y con agilidad; 
y que después habiendo contienda de tañedores de 
cítara, pasó al teatro, llevando á los jóvenes coi» 
Jnantos militares y con ropillas de púrpura ; y bsten^ 
tando estos gallardos cuerpos y edades entre sí igua-^ 
les , al mismo tiempo que mostraban grande vetiera-» 
cien á su General , y un ardimiento juvenil por sus 
muchos y gloriosos combates. No bien hablan- entra^ 



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3^4 FItOPEUEN. 

do, cíuando el citarista Pilades, que por caso cants,* 
bajos Persar de Timoteo^ empezó de esta manera: 
.- . Dfe libertad honor* y prez glorioso 

Este para la Grecia 4» conseguido. ^ 

Concurriendo con la belleza de la voz la sublimidad 
de la poesía , todos volvieron inmediatamente la vista 
á Filopemen;. levantándose con el gozo mucha grite- 
ría , por.C0ncd>ir los Griegos en sus ánimos, grandes 
esperanzas de su antigua gloria, 7 considerarse ya 
con la Qonfíanza muy cerca de aquella elevación. 

£n Las batallas 7 combates , asi como \os potros 
echan nenos á los qner^soeleni montaries,7si llevan á 
otro se .'espantan 7 lo -extrañan, de la misma manera 
el ejército de los Aqueos bajo otros Generales decaía 
de ánimo V volviendo, siempre los ojos á Filopemen; 
7<;on- solo verlo, al punto se rehacía, 7 recobraba 
confiado fea anterior brío 7 actividad: pudierido ob- 
$ervai:$e que aun^^los.mismos. enemigos.á este- solo en- 
tre todos los Generales miraban con malos ojos^ ases- 
tados con su gloria' 7. con su nombre.; Jo que sq ve 
claro en lo mismo que egecutaron. Porque Fitipo, Rey 
delosMacedonios, conceptuando que si lograba des- 
hacerse de Filopemen, de nueyo se íe someterían los 
AqueQs,^enviá reservadamente' á Argos quien le diese 
muerte; pero descubiertas sus asechanzas,- incurrió 
en odio 7 en descrédito entre los Griegos. Los Beo- 
cios sitiaban á Megara , esperando tomarla mu7 en 
breve; pero: habiéndose esparcido repentinamente la 
voz , que no era cierta , de que Filopemen que ve- 
nia en k>corro de los sitiados se hallaba cerca , de- 
jando las escalas que ya tenían arrimadas al muro, 
dieron á huir precipitadamente. ApodercSse por sor- 
^r^fa-deMesena Nabis,q/oe tiranizo á los Lacede- 
xiip^ósc d^pues de Macanidas , justamente á tiempo 
en que Filopemen to tenia mas carácter que el de 
particular, sin mando alguno; 7 como no pudiese 
. inove^, para que auxiliase á los Mesemos, á Lisipoy 



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fiiophmek; %&¡ 

General entonces de los Aqueos , qnien respondió que 
la ciudad estaba enteramente perdida , hallándose ya 
los enemigos dentro ; ^1 mismo tomó á su cargo aque- 
lla demanda , y marchó con solos sus conciudadanos» 
qué no esperaron ni ley ni investidura alcona , sino 
que vohintariamente se fueron en pos de el , atraídos 
por naturaleza al mando del mas sobresaliente. To-* 
dairía estaba á' alguna distancia cuando Nabis. enten- 
dió su Tenida , y con todo no le aguardó ; sino que 
con estar acampado dentro de la ciudad y- se retiró 
por otra puerta , é inmediatamente recodó sos tro^ 

t>as j teniéndose por muy bien librado si se Je daba 
ugar para huir: huyó, y Mesena quedo libre. 

Estas son las hazañas gloriosas de Filopemen ; poi^ 
qué su vuelta á Creta, llamado de losGortinios, pa-^ 
ra tenerle por General en la guerra que se les haciai 
no carece de reprensión, á causa de que molestando 
con guerra Nabis á su patria, ó huyó el cuerpo á 
ella, ó prefirió intempestivamente el honor de apro«* 
vechar a otros. Y justamente fue tan cruda la guerra 
que en aquella ocasión se hizo á los Megalopolitanos, 
que tenian que estarse resguardados de las murallas» 
y que sembrar las calles , porque los enemigos les 
talaban los términos , y casi estaban acampados en 
las mismas puertas ; y como él entre tanto hubiese 
pasado á Ultramar á acaudillar á los Cretenses , dio 
con esto ocasión á sus enemigos para que le acusasen 
de que se habia ido huyendo dé la' guerra doméstica; 
mas otros decían que hd>iendo elegido los Aqueós 
otros Gefes, Filopemen, que había quedado eii la 
clase de particular, habia hecho entr^ade su repo** 
soá los Gortinios que le habían peaido para* Ge- 
neral. Porque no sabia estar ocioso, queriendo como 
si fuera otra cualquiera arte ó profesión , traer siem-^ 
pre entre manos y eñ continuo egercicio su habrli-» 
dad y disposición para las cosas de la guerra; lo que 
se echa de. ver %n lo que dijo en cierta ^ocasión del 



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366 FICOHCMEtr» 

Rey Toiomeo: porque como algunos le celetmisení 
este y á causa de que egercitaba sus tropas contiáDa- 
mente j y él mismo trabajaba, sin cesar oprimiendo 
su cuerpo b^jo las armas ^ y ¿ quién, respondió , ahu 
baria á un Rey que en una ed::d como la suya no 
diese estas muestras , sino que gastase el tiempo en 
deliberar? Incomodados pues Ips Megalopoiitanos 
con él por este motivo ^ y teniéndolo i traición , in- 
tentaron proscribirle ; pero se opusieron los Aqoeos, 
enviando á Aristeneto de General á MegakSpolis ; el 
cual f no obstante disentir de Filopemen en las cosas 
de gobierno , 110 permitió que se Ifevara í cabo aqne-» 
Ha condenación* Desde entonces mal qoi&to Filope- 
men con sus ciudadanos, separó de su obediencia i 
muchas de las aldeas del contorno, diciéndoles res- 
pondiesen que no les eran tributarias, ni habían per« 
tcaecido á su ciudad desde el principio; y cuando 
bubieron dado esta respuesta , abiertamente defendió 
su causa, é indispuso a la ciudad con los Aqueos; 
pero esto fue mas adelante. En Creta hizo la guerra 
con los Gortinios, no como un hombre del Pdopo- 
Ileso y de la Arcadia franca y generosamente, sino 
revistiéndose de las costumbres de Creta ; y con usar 
contra ellos mismos de. sus correrías y asechanzas, 
ks hizo ver que eran unos niños que empleaban ar- 
terias despreciables y vanas en lugar de la verdadera 
disciplina. 

Admirado y celebrado por las proezas que allá 
hizo, regresó otra vez al Peloponeso, y halló que 
Filipo habia ya sido vencido por Tito Flaminio , y 
que á Nabis le perseguían con suerra los Aqueos y 
los Romanos; y siendo inmecHatamente nombrado 
General contra él , como probase la suerte de un com« 
bate naval, le sucedió lo que á fpaniinondas , qne 
fue perder de su valor y gloria, nabiendo peleado 
muy desventajosamente en el mar; aunque de £pa«- 
minoadas dicen algunps que no pareciéndole oleo 



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irrLOFEii£iir« 367 

^ue* sus ciudadanos gustasen de las utilidades que I» 
navegación produce, no fuese que insensiblemente 
de infantes inmobles, segon la espresion de Platoni 
$e los hallase trocados en marineros y hoiúbres per-;» 
didos,. dispuso muy de intento que del Asia y de las 
islas se. volviesen sin haber Ivcho cosa alguna. Mas 
Filopemen , muy persuadido de que la ciencia que 
tenia en las ^osas de k tierra le había de servir tam-« 
bien para las del mar , muy luego se desengañó de lo 
mucho que el egercicio conduce para el logro de las 
empresas, y cuan grande es para todo el poder de 
la costumbre: porque no solo llevó lo peor en el com* 
bate naval por su impericia, sino que escogió una nave¿ 
antigua sí, y célebre^ por cuarenta años ; pero que no 
bastaba á suirir la carga que le impuso , é hizo, con esto 
que corrieran gran riesgo los ciudadanos^ Observando 
después que en consecoenciade este suceso le miraban 
con desden los eneoñgos, por parectrtes^e habia de-« 
sertado del marj y heneado estos puesto shio con 
almnecía á Gicio , navegó al punto contra ellos , cuan** 
do iK> le esperaban , descuidados con la victoria ; y. 
desembarcando de noche los soldados , les ordenó que 
tomasen fuego , y aplicándolo á las tiendas , les abra<« 
só el campamento , haciendo perecer á muchos. De 
alli á pocos días repentinamente le sobrecogió Na- 
bis en la marcha , atemorizando á sos Aqueos, que 
tenian por imposible salvarse en un sitio muy áspe^ 
ro y muy conocido de los enemigos; mas él, parán- 
dose un poco, y dando una ojeada al terreno, hizo 
ver que la táctica es lo sumo del arte de la guerra: 
porque moviendo un poco su batalla, y dándotela 
formación que el lugar exigía, fácil y spsegadamen-* 
te se hizo dueño del paso, y cargando. á los enemi-!» 
gos , los desordenó completamente. Mas como advir*** 
tiese que no huian hacia }a ciudad , sino que se ha- 
blan dispersado acá y allá por el pais, que sobre ser 
montuoso y cubierto de maleza, 6ra inaccesible á la 



dbyGoOglé 



368 FiLomásnr* 

caballerk por las muchas acequias y torrentes, u&« 
pidió que se siguiera el alctance^ y se acampo toda^ 
vía con lúa; pero conjeturando que los enemigos se 
▼aldrian de las tinieblas para recogerse á la ciudad 
de uno en ano, y de dos en dos, colocó en celada ea 
los barrancos y collados á muchos soldados Agueos ar« 
mados de puñales ; con el cual medio perecieron la ma« 
yor parte de los de Nabis; porque no haciendo la re-* 
tirada en unión, sino como casualmente hablan huidó^ 

r precian en las inmediaciones de la ciudad, cayendo 
lá manera de las aves en manos de los enemigos* 
Fue por estos sucesos sumamente celebrado y hon- 
rado por los Griegos en sus teatros ; lo que stn cul- 
pa de nadie ofendió la ambición de Tito Flaminio; 
porque como Cónsul de los Romanos quería se le 
aplaudiese mas que i un particular de la Arcadia; y 
en puhto i ben^ios creia que le excedía en mucho, 
por cuanto con solo un pregón habia dado la líber* 
tad á toda la Grecia^ que antes^ servia á Filipo/ 
los Macedonios. De alli á poco hace Tito paces coa 
Nabis, y muere este de resulta de asechanzas que le 
pusieron los Etolios ; y como con este motivo se ex-» 
citasen sediciones en Esparta, aprovechando Filo- 
pemen esta oportunidad, marcha allá coa tropas, y 
ganando por fuerza á linos, y con la persuasión á 
otros, atrae aquella ciudad á la liga de los Aqueos: 
empresa que le hizo todavía mucho mas recomenda-^ 
ble á estos, adquiriéndoles la gloria y el poder de 
una ciudad tan ilustre ; y en verdad que no era po- 
co haber venido Lacedemonía á ser una parte de la 
Acaya* Concillóse también los ánimos de los princi* 

Eales entre Jos Lacedemonios , por esperar que ha- 
lan de tener en él un defensor de su libertad. Por 
tanto , habiendo reducido á dinero la casa y bienes 
de Nabis , que importaron ciento y veinte talentos, 
decretaron hacerle presente de esta suma , enviándole 
al efecto una embajada;^ pero entonces -resplandeció 



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b Integridad de este hombre 1 que no solo parecia 
justo, sino^que lobera: porque ya desde luego nin- 
guno de los Esparciatas se atrevió á liacer á un va^ 
xon como aquel la propuesta del regalo; sino que te«- « 
merosos y encogidos se valieron de un huésped del . 
mismo Filopemen, llamado Timolao, y, después es- 
te , habiendo pasado á Migalopolis, y: sido convida-*, 
do á comer por Filopemen, como de su gravedad 
en el trato, de la sencillez de su método de vida, y 
de sus costumbres observadas de cerca hubiese com- 

E rendido que en ninguna manera era hombre accesi- 
le á:las riquezas ó á quien se ganase con ellas , tam« 
poco habló palabra del presente; y aparentando otro . 
motivo de su viage, se remiró á casa: sucedíéndole :, 
otro tanto la segunda vez que fue mandado. Coa 
dificultad pudo resolverse ala tercera; pero al fin en 
ella le manifestó Jos deseos de la ciudad. Oyóle Fi« 
lopemen apaciblemente; y pasando á Lacedemonia, 
les dio el consejo de que no sobornasen á sus ami- 
gos hombres de bien, pues que podian de balde sa« 
car partido de su virtud ; sino que mas bien com- 
prasen y corrompiesen á los malos , que en las jun- 
tas sacaban de quicio á la ciudad , para que tapán- 
doles la boca con lo que recibiesen , los dejasen en 
püz; pues que valia mas sofocar la osada claridad de 
los enemigos que la de los amigos : ¡ hasta este pun- 
to llegaba su integridad en cuanto á intereses! . > 
• Llegó á, entender al cabb de algún tiempo el 
General de los Aqueos Diófanes , que los Lacede- 
monios intentaban novedades , pot lo que pensaba 
en castigarlos ; y ellos, disponiéndose 1 la guerra^ 
traian revuelto et Peloponeso; mas en tan^o Filo- 

B^men trataba de reprimir y apaciguar el enojo de 
iofanes, mostrándole que la ocasión en que el Rey 
Antioco y los Romanos amenazaban á los Griegos 
con tan grandes fuerzas ppnia al General en la ne- 
cesidad, de fípr allí su atención |.no .tocando los ne* 

' XOMO !!• . , AA . 



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370 FILOPBlfBK* 

gocios de casa , y haciendo como que bo se vetan » u 
se oian los errores de los propios* No le dio oidoi 
Didfanes, sino que con Tito Flaminio entró por la 
Laconia ; y como se encaminasen hacia la capitali 
irritado Filopemen , se determino i un arrojo , no 
muy seguro , ni del todo conforme con las reglas de 
fusticia, pero grande y propio de un ánimo elevado» 
óual fue el de pasar á Lacedemonia ; y al General de 
los Aqueos y al GSnsul de los Romanos, con no ser 
mas que un particular , les dio con las puertas en los 
o¡os; calmó los alborotos de la ciudad» y volvió i 
incorporar á los Lacedemonios en la liga como es* 
taban antes. Mas adelante siendo General Fílone* 
men tuvo motivos de disgusto con los Lacedemonios, 
y á los desterrados los restituyó á la ciudad , dando 
muerte á ochenta Esparciatas, según dice Pollbio; 
pero según Arístócrates á trescientos y cincuenta* 
Derribo las murallas; y haciendo suertes del ter^ 
ritorio, lo repartió á los Megalopolitanos. A todos 
cuantos hablan de los tiranos recibido el derecho de 
ciudad ios trasplantó , llevándolos á la Acaya , á ex- 
cepción de tres mil : á estos , que se obstinaron en 
no querer salir de la Lacedemonia, los hizo vender; 
y después para mayor mortificación edificó con es- 
te dinero un pórtico en Megalopolis. Indignado bas« 
ta lo sumo, con los Lacedemonios , y cebándose mai 
en los que hábian sido tratados tan indignamente, 
consumó por fin el hecho en política mas duro y. mas 
injusto , que fue el de arrancar y destruir la institu-* 
clon de Licurgo , obligando á los niños y á los jó'^ 
venes á cambiar su educación patria por la de loi 
Aqueos , por cuanto nunca pensarían bajamente mau'* 
teniéndose en las leyes de aquel legislador. Y enton- 
ces, domados con tan grandes trabajos, puestos co- 
mo cera eo las manos de Filopemen, se hicieron dó- 
ciles y sumisos; pero mas adelante, habiendo im- 
plorado el favor de los Romanos, salieron del go* 



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FtLOPEMBN. J7I 

biernó de los AqDeoSi y recobraron 7 restablecie- 
ron el suyo propio en cuanto fae posible después 
d«^ tales calamidades y trabajos. 

Sobrevino en esto la guerra de los Romanos con- 
tra Antioco en la Grecia , á tiempo que Fitopemen 
no egercia ningún cargo ; y como viese que Antioco 
se entretenía en Calcis^ muy fuera de sazón , con bo* 
das y con amores de doncellas , y que los Sirios va- 
gaban y se divertían por las ciudades sin Gefcs y en 
el mayor desorden » se lamentaba de no tener man- 
do , y envidiaba 9 como solía esplicarse, á los Ro- 
manos 1^ victoria: porque si yo fuera General , de- 
cía , con todos estos acabaría en las tabernas. Ven- 
cieron después los Romanos á Antioco 9 6 internán- 
dose ya mas en los negocios de los Griegos , iban 
cercando con sus tropas á los Aqueos, ayudados de 
los demagogos que estaban de su parte ; y su gran 
poder prosperaba con el favor de su Genio tutelar, 
estando próximos á la cumbre adonde había de ele- 
varlos la fortuna. Entonces Filopemen , fortificándose 
como buen piloto contra las olas , en algunas cosas se 
veía precisado á ceder y contemporizar ;' pero en las 
mas se oponía , y i los que en el decir y hacer tenían 
mas influjo , procuraba atraerlos al partido de la li- 
bertad. Aristeneto MegalopoHtano , que era el de ma- 
yor poder entre los Aqueos^ no cesaba de obsequiar 
á los Romanos > persuadido de que aquellos no de- 
bían oponérseles , ni desagradarlos en las juntas ; y 
se dice que Filopemen lo oía en silencio; pero lo 
llevaba muy á mal ; y qué por fin no pudiéndose ya 
contener en su enojo, le di)o á Aristeneto: m hom- 
bre, ¡á qué afanarte tanto por ver cumplido el hado 
de lá Grecia!*' Mamo , Cónsul de los Romanos , que 
venció á Antbco, solicitaba de los Aqueos que per- 
mitieran la vuelta á los desterrados de los Lacede- 
monios, y también Tito Flaminio instaba á Manió 
sobre este punto; pero se opuso Filopemen, no por 

AA 2 



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372 FILOPEMEN. ^ 

odio contra los desterrados, sino. porque quería que 
aquello se hiciese por él mismo y por los Aqueos, 
y no por Tito, ni en obsequio de los Romanos; y 
sombrado Generjil al aáo siguiente, él mismo los 
restituyó á su patria: j tanto era su espíritu para 
tenerse firme, y contender con los poderosos] 

Hallándose ya en los retenta años de su edad , y 
nombrado octava vez General de los Aqueos , conci-^ 
bió la esperanza de que no solo pasaría, aquella ma- . 
gistratura en paz , sino que el estado de los nego- 
cios le permitiría vivir sosegado lo que le restaba 
de vida; porque asi como las enfermedades son mas 
remisas según \\n faltando las fuerzas del cuerpo, 
de la misma manera yendo de vencida el poder en 
las ciudades griegas , se extinguía , y apagalxi en ellas 
el ardor de contender ; sino que parece que aJguna 
furia , como atleta aventajado en el correr , lo llevó 
precipitadamente al término de la vida. Porque se 
dice que en una conversación., celebrando los que se 
hallaban presentes á uno de que era hombre sobre- 
saliente para el mando de un ejército, contestó Fi- 
lopemen : m ¿cómo ha de merecer ese elogio un hom- 
»bre que vivo se dejó cautivar por los enemigos?" 
Pues de alli á pocos dias Dinocratesde Mesena, que 
particularmente estaba mal con Filopemen, y ade- 
mas se hacia insufrible á todos por su perversidad y 
sus vicios , separó á Mesena de la liga Aquea , y se 
dirigió contra una aldea llamada Colonide con in- 
tento de tomarla* Hizo la casualidad que Filopemen 
se hallase á la sazón en Argos con calentura; pero , 
recibida la noticia, al punto marchó á Megalópolis, 
andando en un dia mas de cuatrocientos estadios ; y 
de alli partió al punto en auxilio de la aldea, llevan- 
do consigo á los de á caballo, que aunque eran los 
mas principales y muy jóvenes , gustosos entraron en 
ia expedición por. zelo y por. amor á Filopemen. ^En- 
camináronse á Mesena, y encontrándose junto al co- 



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Hado Euaneon DinDcrates^que también iba en bus- 
ca' de ellos, á este lograron rechazarle; pero como 
sdbrevinibsen de pronto unos quinrentos que habían 
quedado en custodia del pais de Mesena , y tomasen 
los vencidos las alturas luego que los vierpn, temien- 
do í**ilópenien ser envuelto, y mirando también por 
sus tropas , dispuso su retiraaa por lugares ásperos, 
poniéndose á retaguardia, haciendo muchas veces 
cara á' los enemigos, y atrayéndolos hacia si; los 
cuales sin embargo* no se atrevian á embestirle, sino 
que solo correspondían con gritería y carreras desde 
lejos. Separábase frecuentemente por causa de aque- 
llos jóvenes, acompañándolos de uno en uno, y con 
ésto no advirtió que habia llegado i- quedarse solo 
entre gran numero de enemigos; jr lo que es á venir 
á las manos con él nadie se atrevía ; pero de lejos le 
impelian y arrastraban á sitios pedregosos y cerca- 
dos de precipicios ; de manera que con dificultad go^ 
bernaba y aguijaba el caballo. La vejez por la vida 
egercitada qué habia tenido le era ligera , y en na- 
da le estorixiba para salvarse; pero entonces, falto 
de fuerzas por la ' debilidad del cuerpo , y fatigado 
con tanto caminar , se habia puesto pesado y torpe, 
y tropezando el caballo lo derribó al suelo. La caída 
fue terrible, y habiendo recibido el golpe en la ca- 
beza, quedó por largo rato sin sentido: tanto que 
los enemigos, teniéndole por muerto , intentaron vol- 
ver el cuerpo y despojarle ; mas como levantando la 
cabeza se hubiese puesto á mirartes , aciidiendo en 
gran nómefo, le cenaron las manos á la espalda, y 
atándole se le llevaron , usando de mil improperios 
é insultos con un hombre que ni por sueño podite 
haber temido semejante cosa de Dinocrates. 

En la ciudad , llegada la noticia , se pusieron muy 
ufanos, y corrieron en tropel á las puertas-; pero 
cuando vieron que traían áFilopemen de uamodo 
tan poi:o correspondiente á su gloria y sus amerio- 



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374 FllOPBMBN. 

res hazañas y trofeos, los mas se oompaáecteron y 
consternaron , hasta el punto de llorar y de despre- 
dar el poder humano , teniéndole por incierto 7 por 
nada. Asi al punto corrió entre los mas la voz &vo« 
rabie de que era preciso tener presentes sus antiguos 
beneficios, y la libertad que les había dado, redi** 
miéndolos del tirano Nabis ; pero unos cuantos , que* 
riendo congraciarse con D¿ocrates , profK>nian que 
se le diese tormento y se le quitase la vida, como 
enemigo poderoso y difícil de aplacar , y mucho mas 
temible para Dinocrates si lograba salvarse después 
que este le había maltratado y hecho prisionero. Mas 
lo que por entonces hicieron fue llevarle al que lla- 
maban tesoro, que era un edificio subtertineo, al 
que no penetraban de afuera ni el aire ni la luz, y 
que no (tenia puertas, sino que lo cerraban con una 
gran piedra que ponían á la entrada: encerrándole 
pues en ¿U y arrimando la piedra , colocaron al re-- 
dedor^ centinelas armados. Los soldados Aqueos, lue- 
go que se rehicieron un poco de la fuga , echaron me^ 
nos á Filopemen sospechándole muerto, y estuvie-r. 
ron mucho .tiempo llamándole , y tratando entre sí 
sobre cuan vergonzosa é injustamente se salvarían, 
habiendo abandonado á^los enemigos un GeneraH 
que tanto había expuesto su vida por ellos: fueron 
pues mas adelante con gran diligencia, y ya tuvie- 
ron noticia de cómo había sido cautivado ; la qae 
anunciaron á las ciud^ades de los Aqueos.- Fue esta 
para todos de grandísima pesadumbre , y determinaf* 
fon reclamar de los Mésenlos á su General, envían-^ 
do al intento una embajada, y entre tanto se prepa^- 
raban para la guerra. 

£sto fue lo que hicieron los Aqueos; mas Dinor 
crateS) temiendo en gran manera que en el tiempo 
mismo hallase su salvamento Filopemen ^ y desean-r 
do prevenir las disposiciones d¿ los Aqueos^, luego 
que fue de noche , y que la mucbed^umbre de los Mer 



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<eniM fie retiñí , ibriendo el calabozo htzo entrar eo 
él ai snsnistro público, y que llevaiído un veneno 
se le propinara , sin apartarse de alli hasta que lo 
hubiese bebido. Estaba echado sobre su manto sin 
dormir, entregado al pesar y sobresalto; y cuando 
vio luz j y cerca de sí aquel hombre que tenia en lá 
mano la taza de veneno , incorporándose con mucho 
trabajo á causa de su debilidad , se sentó , y tomando 
la tasa , le pregontó ¿si tenia alguna noticia de sus 
soldados, y especialmente de Ltcorta? Respondióte 
el ministro que los mas hablan logrado salvarse; dio 
con la cabeza señal de aprobación , y mirándole be«* 
nignamente , buena noticia me das^ le dijo , pues que 
no todo lo hicimos desgraciadamente ; y sin decir n( 
articular mas palabra, bebió, y volvió otra vez i 
acostarse. El veneno no encontró obstáculo para pro^ 
ducir su efecto, pues estando tan débil, lo acabó 
muy pronto. 

Luego que la noticia de su muerte se difundió 
entre los Aqueos , las ciudades todas cayeron en la 
añiccion y desconsuelo , y concurriendo á Megaló-^ 
polis toda la juventud con los principales no qui- 
sieron poner dilación ninguna en el castigo , sino que 
eligiendo por General á Licorta se entraron por la 
Mesenia , talando y molestando el pais , hasta que; 
llamados á mejor acuerdo, dieron entrada á los 
Aqueos. Y Dinocrates se apresuró por si mismo i 
quitarse la vida : de los demás cuantos dieron con- 
sejo de deshacerse de Filopemen también se dieron 
por si mismos la muerte; y á los que aconsejaron 
que se le atormentase, los hizo atormentar Licorta. 
Quemaron luego **el cuerpo de Filopemen , y reco- 
giendo en una- urna los despojos , dispusieron su 
conducción , no en desorden y sin concierto , sino 
veuniendo con las exequias una pompa triunfal: por- 
que á un mismo tiempo se les veiace&ir coronas y 
derramar lágrimas ; y juntamente con los enemigos 



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37^ FILOPBMBK* , — t 

cautivos y aTierrojados se vela la orna tan cubierta 
^ de cintas y coronas , que apenas podía descabf irse. 
Llevábala Poiibio , hijo del General de los Aqueos, j 
á su lado los principales de estos. Los soldados- ar- 
mados y con ios caballos vistosamente enfae^^dos 
seguían la pompa » ni tan tristes como en tan lamen- 
table caso> ni tan alegres como en una victoria^ De 
las ciudades y pueblos del tránsito salian al encuen- 
tro como para recibirle cuando volvía del ejército: 
acercábanse á la urna» y concurrían á llevarla áMe- 
galópolis. Cuando ya pudieron incorporárseles los 
ancianos con las mugeres y los niños y el llanto dd 
ejército discurrió por toda la ciudad, afligida y des- 
consolada con tal pérdida, previendo que decaía al 
mismo tiempo de la gloria de teher el primer lugar 
entre los Aq^eos. Didsele pues hoiirosa sepultura 
como correspondía, y en las inmediaciones de su se- 
pulcro fueron apedreados los cautivos de los Me%- 
nios. Siendo mudias sus estatuas y muchos lo$ ho- 
nores que las ciudsdes le decretaron , hubo un Ro- 
mano que en los infortunios que la Grecia experimen- 
tó en Corinto, propaso que sí destruyeran tedas, 
para perseguirle después de. muerto^ en manifesta- 
ción de que en vida había sido contrario y enemigo 
de los Rpmanos. Se trató este osunto, y se bicieroQ 
discursos en él , respondiendo Polibío al calumnia- 
dor, y ni Mumio ni los legados consintieron en que 
se quitasen los monumentos de tan- insigne varón, 
sin embargo de la contradicción que en él habían ex- 
perimentado Tito y Manió ; y es que aquellos su- 
pieron preferir, según parece, la virtud á. la con- 
veniencia, y lo honesto á lo útil: juzgando recta y 
racionalmente que á los bienhechores se les debe el 
premio V el agradecimiento por los que recibieron 
el beneficio; pero que i Jos ho;nbres virtuosos \e^. 
debe^ser tributado honor por todos los buenos. Y 
esto baste de Filopemen, 



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37? 



TITO QÜIKCIO FLAMINIO. 



Oial hubiese sido el semblante de Tito Quilncio 
Fíaminio , qae comparamos á Filopemen , paeden- ver- 
lo los que gusten en un busto suyo de bronce , que con 
una inscripción en caracteres Griegos se conserva en 
Roma junto ai Apolo grande traido de Cartagp enfren- 
te del circo : en cuanto i sus costumbres dicese qué fue 
de genio pronto para la ira y para los favores ; aunque 
no del mismo modo, pues siendo ligero y no renco-^ 
roso en el castigar, los beneficios los llevaba hasta el 
extremo, mirando constantemente con amor é inclina- 
ción á aquellos á quienes habia favorecido, cotno si 
hubieran sido sus bienhechores , teniéndolos por la 
mejor posesión: asi los conservo siempre en su amistad, 
y se intecesd por ellos. Siendo por carácter muy aman* 
te de honores y codicioso de gloria , aspiraba á hacer 
por sí acciones generosas é ilustres, y se complacía 
mas en hacer bien á los que á él acudían que en ga- 
narse la voluntad de los poderosos , considerando á 
aquellos como objeto de su virtud; y á estos como 
ribales de su gloría. Educado en la crianza propia de 
las costumbres militares , por haber tenido en aquella 
época Roma muchas y porfiadas guerras, y ser este 
el arte que aprendiap los jóvenes ante todas cosas, 
primero fue Tribuno en la guerra contra Aníbal á las 
órdenes de Marcelo entonces^ónsuK Muerto Marcelo 
en aquella zelada, fue Tito nombrado Prefecto de la 
región Tarentína, y luego del mi$mo Tareftto des- 
pués de recobrado , donde se acreditó en gran mane* 
ra, no menos por su justicia que por sus disposi- 
ciones militares ; por lo cual, habiéndose enviado co- 
lonias á dos ciudades, á Narnia y Cosa , fue para su 
establecimiento nombrado presidente y fundador. 

Díóle esto grande confianza, saltando por encima 
del tribunado de la plebe, de la pretura y de laedi- 



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378 TITO QÜIVCIO FtAMTVIO. 

lidad 9 magistraturas intermedias y propias de los jó- 
venes^ para aspirar desde luego al Consulado, en lo 
que tenia muy de su parte á los de las colonias ; pe* 
ro habiéndole hecho oposición los tribunos de láí ple- 
be Fulbto y Manió 9 por decir ser cosa muy dura que 
un joven se arrojara contra las leyes i la magistra* 
tura mas elevada 9 sin' estar todavía iniciado en los 
primeros ritos y misterios del Gobierno 9 el Senado 
dej<i la decisión al pueblo , y este le designó Consol 
con Sexto £Ito , sin embargo de que aun no había 
cumplido treinta años. Cúpole por suerte la guerra 
contra Filipo y los Macedonios: siendo grande la 
dicha de los Romanos en que este fuese asi destinado 
. i entender en negodos, y con personas que en ves 
de necesitar un General que todo lo hiciese por fuer- 
za y con armas, debian mas bien ser conducidos con 
la persuasión y con la afabilidad del trato* Porque 
Filipo en su reino de Maoedonia tenia el funda** 
mentó suficiente para la guerra ; pero la fuerza pna<- 
cipal para dilatarla , ^1 auxilio ^ refugio é instrumento 
de su ejército consistía sobre todo en el poder délos 
Griegos; y sin que estos se separasen de Filipo, la 

fuerra contra él no era obra dé una sola campaña, 
lasta alli la Grecia hábia tenido poco contacto coa 
los Romanos ; y empezando entonces i tomar estos 
parte en lo< negocios 9 si el General no hubiese sido 
de buena índole , valiéndose mas de las palabras que 
de las armas, tratando con afabilidad y dulzura á 
cuantos se le acercaban , y manifestando mucha en- 
tereza en las cosas de justicia, no hubiera sido tan 
fácil que en lugar del gobierno á que estaban acos- 
tumbrados admitiesen el imperto extrangero ; loque 
se manifestará todavía mejor por la serie desús hechos» 
Enterado Tito de que los Generales que le habían 
precedido , Sulpicio y Publio , pasando tarde á la 
Macedonia, y tomando la guerra con flojedad, ha- 
bian gastado sus fuerzas en combates de puestos^y ea 



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TITO 017IKCI0 F1.AMIKIO. 179 

contender con Fiiipo en eocoentros parciales sobre el 
paso y sobre las provisiones^ se propuso no imitar á 
aquellos que peroian nn año en casa en los honores 
y negocios políticos, y á lo último pensaban en la 
guerra , ejecutando él lo mismo de ganfr á su mando 
nn año para los honores y los negocios , haciendo de 
Cónsul en el uno y de General en el otro; sino de* 
dicar con empeño á la guerra todo el tiemoo en que 
ejerciese su autoridad , no haciendo cuenta oe los no* 
ñores y prerogativas que en la ciudad le correspon-» 
derian. ridi6 pues al Senado que le diera á su her« 
mano Lucio para que á. sus <5rdenes mandase la arma-*» 
da ; y tomando de las tropas que con Eicipion ha-> 
bian vencido á Asdrnbal en España , y en África al 
mismo Anibal, lo mas florido y arriscado* para sa 
principal apoyo, viniendo á ser unos tres mil hom* 
ores , dio vela A Epiro con la mayor confianza. Co^^^ 
mo Fublío, tenienco establecido su campo en con-^ 
traposicion del de FiHpo, que hacia mucho tiempo 
guardaba los desfiladeros y^gargantas del rio Apso, 
no pudiese adelantar un paso por lo inexpugnable del 
terreno » luego oue lo observó , fe encargo del mando, 
y despidiendo a Publto, se dedicó i reconocer toda 
la comarca. Sotí aquellos lugares no menos fuertes 
que los del valle de Tempe ; pero no presentan aquella 
oelleza de árboles » aquella frescura de los bosque^, 
aí aquellos prados y sitios amenos. Lós montes gran^ 
des y elevados d^ una y otra parte van á parar i un 
barranco dilatado y profundó, por el que discurre ei 
Apso, queén su aspecto y rapidez se parece al Pe- 
neo; pero cubriendo toda la falda solo deja un cami^ 
no cortado muy pendiente y estrecho junto i la mis- 
ma corriente : paso muy dificultoso para un ejército, 
y si hay quien le defienda, inaccesible. . 

Había quien proponía á Tito que fuese á dar la 
vuelta por la Dasaretide junto al Luco, tomando asi 
un camino transitable y fácil ; pero temió no fuera 



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3S0 TITO QUIKCIO FLAMINIO^ 

que interoándose por lugares ásperos y de escasas co- 
sechas, Y acosáadole Filipo sm presentarle hsx^ 
!e faltasen los víveres, y reducido. otra vez á la inhac- 
cioo', como su predecesor, tuviera que retroceder 
hacia el mar ; por lo que determinó marchar con to- 
do su ejército por las alturas , y abrirse paso á vi\i 
fuerza. Ocupaba Filipo las montañas con so infante- 
ría ; y lloviendo por todas partes sobre los Roma- 
nos dardos y flechas tirados oblicuamente, tenían he- 
ridos 4 se trababan reñidos combates, y hubia muer- 
tos de unos y otros; pero de ninguna manera apare- 
cía cual seria el término de aquella guerra. En este 
estado se presentaron unos pastores de ios de aquellos 
contornos , manifestando que habla cierto rodeo igno- 
rado délos enemigos , y ofreciendo que por él con- 
decirían el ejército, y al tercer día le darían puesto 
sobre las eminencias; de lo que daban por fiador, 
haciéndose todo con su conocimiento , á Carope el 
de Macata , muy principal entre los Epirotas y apa- 
sionado de los Romanos ; á los que sin embargo no 
auxiliaba «no con reserva, por miedo de Filipo. Cre- 
yólos Tito , y destaco á un Tribuno con cuatro mil in- 
lantes y trescientos caballos, yendo de guias los pas- 
tores, á^ los que llevaban atados. Repossban por el 
dia procuranao ocultarse entre rocas y matorrales, 7 
hacían su camino de noche á la tuz de la luna que 
estaba en* su lleno. Enviado que hubo Tito este desta* 
camento , no emprendió nada en aquellos dias sino lo 
preciso para que no cesaran los enemigos en sus es- 
caramuzas de lejos; pero en el que debían aparecer 
ya sobre las eminencias los de la marcha, al amanecer 
puso en movimiento sus tropas de todas armas, J 
naciendo tres divisiones , por sí mismo dirigió su hues- 
te por el camino recto hacia la garganta por d^ode 
discurre el rio acosado de los Maced^^nios , y tenien- 
do que lidiar con cuanto se le oponía en aquellos ma- 
los pasos. Los otros; procuraban combatir de 900 y 



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TITO qÚiNCIO FLAMINIO. •' 381 

Otro lado, trepando denodadamente por los desfila* 
deros , á tiempo que ya se dejó ver el sol y á lo le* 

{'os un humo no muy espeso , sino á manera de ne- 
>l¡na de los montes , yéndose mostrando poco á poco; 
el cual no fue advenido de los enemigos; porque 
les caia á la espalda , como lo estaban la^ eminencias 
ocupadas. Los Romanos en tanto estaoan inciertos 
con aflicción y trabajo, aunque tfnian la esperanza 
en lo que deseaban ; mas cuando el humo tomó ya 
mas cuerpo , ' oscureciendo el aire , y difundiéndose 
por arriba , y entre él apareció que las lumbradas • 
eran ainigas , los unos acometieron vigorosamente con - 
algazara , arrojando á los enemigos hacia los derrum* 
baderos, y los de la espalda correspondieron también 
con gritería desde ías alturas. 

Por tanto todos se entregaron á una precipitada 
fuga ; mas no murieron sino como dos mil ó menos, • 
porque lol malos pasos impidieron que se les persi^ 
guiese. Tomaron los Romanos mucha riqueza , tien- 
das y esclavos 9 y haciéndose dueños de todas las 
gargantas, discurrian por el Epiro con tanto sosiego 
y predominio , que con tener á mucha distancia las 
embarcaciones y el mar , y no distribuírseles las ra- 
ciones mensuales por faltar los acopios , no .tuvieron 
inconveniente en apartarse de- un pais que les ofrecía 
grandes recursos. Porque habida noticia de que lili- 
po atravesaba la Tesalia á manera de fugitivo , en - 
términos de hacer á los hombres retirarse á las mon- 
tañas, de incendiar las ciudades, y de entregar al sa- 
queo y al pillage lo que no podia llevarse , como si 
hiciera ya cesión del pais á los Romanos, Tito tomó n 
á punto de honra el encargar á los soldados que 
marcharan por él con el mismo cuidado que si fuera 
terreno propio, del que se les abandonaba la posesión. 
Y bien pronto pudieron conocer cuan útil les habia 
sido este modo de portarse: porque las ciudades se 
pasaban á su partido apena$ tocaron en la Tesalia; t 



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3^a Mfo QüiNcro flámii^io. 

y los Griegos que están dentro de las Xermopbs 
suspiraban por Tito » y le deseaban Con vehemenc^ 
Los Aqu,«0Sy separándose de la albnza deFilipo , de- 
terminaron hacerle la guerra con los Romanos; /los 
Opnncios^ %o obstante que siendo los Etolios decidi- 
dos auxiliares de los Romanos deseaban tooiary coo- 
servar su ciudad , no les dieron oidos, sino que lla- 
mando ellos mismos i Tito se pusieron .en su man0| 
y se le entregaron^ á discreción. Refiérese de Pirro 
que la primera vez que desde una atalaya pudo ver 
un ejército romano puesto en orden , exclamó que 
no le parecía barbárica la formación de aquellos bár- 
baros ; pues los que tuvieron ocasión de conocer á 
Tico casi hubieron de prorumpir en las mismas pa* 
labras : porque como los Macedonios les hubiesen in- 
formado de que se encaminaba á su pais ei Oeneral 
de un ejército Mrbaro, que todo lo trastornaba y es- 
clavizaba con las armas; cuando después se hallaban 
con un hombre joven, afable en su semblante, gr/e- 

§o en la voz y en el idioma , y ambicioso del verda- 
ero honor, es increible cómo se tranquilizaban, y 
la benevolencia y amor que le concillaban por las 
ciudades, que no tenían entonces un General intere- 
sado en su libertad. Pero luego que por haberse mos- 
trado Filipo dispuesto á negociar , pasó á tratar con 
él , ofreciéndole paz y amistad con la condición de 
dejar independientes á los Griegos , y retirar las guar- 
niciones, y este no quiso convenir en ello; conocie- 
ron ya todos, aun los que mas obsequiaban á Filipo, 
Íue los Romanos no venían á hacer la guerra á los 
rriegos , sino por aqior de los Griegos á los Macedo- 
nios. rasábansele pues todos los pueblos sin oposición; 
y habiendo entrado en la Beocia sin aparato de guer- 
ra , se le presentaron los primeros ciudadanos de Te- 
bas , siendo en su ánimo ael partido del Rey de Ma- 
cedonia á causa de Barcilo; pero agasajándole y hon- 
rándole como si tuviesen igual amistad con ambos. 



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TITO QUmciO FLAMINXO. 383 

Recibiólos Tito con la mayor afabilidad , y d^ado- 
les la mano, continuó pausadamente su camino ^ha* 
ciéndoles preguntas , tomando noticias y conversando 
con ellos y y deteniéndolos de intento hasta que los 
soldados se repusiesen de la marcha. De este modo 
llegó á la capital , y entró en ella juntaeiente con los 
Tebanos, que aunque no eran gustosos de ello , no 
se atrevieron á estorbárselo , por ler bastante el nú- 
mero de tropas que le seguían* fiotró pues Tito ea 
la ciudad , sin que esta fuese de su partido ; pero pro- 
curó atraerla á él ayudado del Rey Átalo, que tam« 
bien exortaba á los Tebanes; mas esforzándose Átalo 
por mostrarse á Tito un., orador mas vehemente de 
lo que su vejez permitía, q le dio un vértigo, ó se 
le atravesó una nema , á lo que parece , pues de re« 
pente cayó sin seotido , y conducido en sus naves al 
Asia, al cabo de pocos dias murió; y los Tebanos 
abrazaros efectivamente la causa de Roma. 

Epvfó Filipo embajadores á Roma , y también en- 
vió Tito quien negociase, que el Senado le prorogara 
el tiempo, si había de continuarse la guerra, o le 
concediera qué él fuese quien ajustara la paz; pues 
estando poseído de un ardiente deseo de gloria > te- 
mía que $e la arrebatara de las manos el nuevo Ge- 
neral que se nombrase para la guerra. Proporcioná- 
ronle sus amigos que Filipo no saliera con su propó- 
sito, y que se le conservara el mando ; y luego que 
recibió el decreto , alentado con grandes esperanzas, 
se encaminó al punto hacía la Tesalia para continuar 
la guerra contra Filipo , teniendo á sus órdenes so- 
bre veinte y seis mil hombres ; para cuyo número ha- 
bían dado los EtoHos seis mil infantes y cuatrocien- 
tos caballos. El ejército de Filipo en el número ve-» 
nía á ser casi igual. Partieron en busca unos de otros; 

}r habiendo llegado i Escotusa , donde pensaban dar 
a batalla, no concibieron los Generales aquel temor 
regular por verse tan cerca, sino que al revés fue ma* 



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384 TITO QUINCIO FLAMINIO. . 

yor en unos y en otros el ardor y la confianza; co 
ios Romanos por esperar vencer á los Macedonio^ 
cuyo noinbre por Alejandro iba acompañado de ú 
idea del valor y del poder ; y en los Maoedonios, 
porque aventajándose los Romanos á los Persas , de 
quedar superiores á aquellos » se seguiría que Fiiípo 
sobrepujase en gloria al mismo Alejandro. Por tanto 
Tito exhortaba á si^ soldados á que se mostrasen es- 
forzados y valientes , teniendo que lidiar en el mas 
brillante teatro , que era la Grecia » contra los con- 
tendores de mas fama. Filipo , bien fuese por su ma« 
la suetre, 6 bien* por un apresuramiento intempes- 
tivo y como estuviese cerca qn cementerio algo eleva- 
do, subiéndose á él, empezd.á tratar y disponer lo 
Gue suele preceder á una batalla; pero sobrecogl- 
co de un gran desaliento de resulta de la observación 
dejas aves, no se determino por aquel día. 

Al siguiente al amanecer después de una noche 
bú^neda y lluviosa, degenerando las nubes en niebia, 
ocupo toda la llanura una oscuridad profunda , y des- 
cendiendo de las alturas un aire espeso por entre los 
ejércitos desde el punto de rayar el dia ocultaba las 
posiciones. Los enviados de una y otra parte en guer- 
rillas y en descubierta , encontrándose repentinamen^ 
te, trababan pelea en las llamadas Cinocéfalas, que 
siendo las cumbres agudas de unos collados espesos 
y paralelos, de la semejanza de su figura tomaron 
aquel nombre'. Alternaban, como era natural en 
aquellos. lugares ásperos, las vicisitudes de perseguir 
y ser perseguidos, y unos y otros enviaban refuer- 
zos desde los ejércitos á los que peleaban , y se reti- 
raban, hasta que despejado ya el aire, viendo loque 
f asaba , acometieron con todas sus fuerzas. Cargaba 
illpo con su ala derecha, impeliendo sobre los Ro- 
manos desde lugares elevados lo mas fuerte de sus 

I K(^p;((f9eAx, significa caUza de perro* 



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TITO OinKCIÓ tUMitUtXtf. 3*J. 

tropas , de manera que aun los mas esforzados de 
aquellos DO pódian sostener lo pesado de su apiña- 
miento y la violencia de la acometida. £1 ala izquier* 
da por el estorbo de los collados tenia claros y des- 
uniones, y Tito no curando de los que iban de ven- 
cida, se dirigió con iittpetu por esta o^a parte con- 
tra los Macedonios , que no po(tian traer á forma- 
ción 7 estrechar las filas , en lo qiál consistía la prin- 
cipal fuerza de su falange, á CtfUCi de la desiguaida<i 
y aspereza del terreno ; y qiie para los combaten ^fn- 
galares tenían armas muy pesadas y difíciles de ma- 
nejar : porque la falange iñ su fortaleza se parece á 
un animal invencible miftitras-es un solo cuerpo , y 
conserva su apiñamienta^n un solo orden; pero dei- 
unida pierde cada uTio^de los que pelean de su fuer- 
za ; ya por la (á^^t de la armadura, y ya porque no 
tanto viene su pujanza del mismo, como de la re- 
unión dé todos. Desbaratados estos, tinos se dieron 
á perseguir á los que huían, y otros corriendo 4 lá 
otra parte, herian y acosaban por los costados áloi 
Macedonios mientras combatían de frente; de rnatíe-^ 
ra que muy en breve también los vencedores se dfes-^ 
ordenaron y dieron á huir arrojando las armas. Mu-* 
rieron por lo m^nosocho mil , y unos cinco mil que^^ 
darpn cautivos*; y «i Filipo podo salvarse con segu-^ 
rídisid, la culpa '^e de los Etolios, que mientras loa 
Romanos seguían , todavía el alcance , se entregaron 
al pillage y saqt^eo del campamento , en términos q;tf6 
coando aquell^i volvíer<Hi ya nada encontraron. •'^•'í 
Indispusiéronse por esto, y empegaron á decirse 
denuestos unos á otros; pero loquea Tito mas^Í9 
incomodaba enaque los ¿tollos ^*se aárfbuian la viioU 
toria , apresurándose á hacer correr esta voz entre lo^ 
Griegos: tanto que los poetas y los particulares, cé^ 
lebrando esta jornada, Jos esctíbieron y cantaron á 
ellos los primeros; siendo el cantar mas. común este 
epigrama: *, , • • '-? ..,...:./ 

TOMO H. BB 



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i%$ TITO QUIÜTCIO FI.AMtKia> 

Treinta mil de Tesalia, 6 peregrino , 
Sin ffloria y sin sepulcro aqui yacemos^ 
De bs Etoiios en sangrienta guerra 
Domados, y. también d<e los Latinos 
Que Tito trajo de la hermosa Italia. 
.Huyó ¡ i^ísera Ematia ! en veloz curso 
De Filipo el espíritu arrogante, 
Mas que los d^ervos tímido y ligero. 
Hizo e>te epígramlLAiceo en injuria y afrenta de F¡« 
lipo ; y para ello exagero falsamente el número de 
los muertos; pero cantáncjose por todas partes^ y pot 
todos , mas mortificación üpausaba á Titp que á Fili- 
po; el cual zahiriendo á su vez á Alceo, añadió lo 
siguiente: .... "H. 

Lábrase en este monte, <S p^egrino> 
De infeliz leño sin corteza ^^una 
. Hxcelsa cruz al detestable Alceo^ 
. . A Tito pues, que aspiraba á adquirir gloria en- 
tre Jos Griegos, causaban estas cosas. sumo di^usra; 
p0r lo que todo lo qué restaba lo ejecutó porj^ solo 
sin. hacer cuenta de los Etoiios. Irritaban^ estosi y 
como Tito admities^e las proposiciones y emba)%da 
de Filipo acerca de la paz , corrían aquellos las. cia- 
dades exclamando que se vendia lapazá Filipo » jcuan- 
do^se podia cortar la guerra de raia, y. destruir aquel 

Cder que fue el, primero en esclavizar la Grecia» 
ientras los Etoiios se afanaban .por: difundir. estas 
voces y conmover i. á. I09 aliados, .pi:esentándose el 
mismo Filipo á. negociar, quitó toda sospecha en- 
tregando á Tito y. a ios Romanos ctianto le perte- 
oecia. De este modo. terminó, Tí to^ aquella guerra; y 
del reino de Macedonia hizo donación jal mismo Fi- 
iU>o; pero le intimó que habia de. retirarse de la 
Xracia; lemulr^ eií mil talentos ,. ie quitó todas las 
naves, á excepción de diez; y tomando en rehenes 
i Demetrio , iino:desus hijos , le envió i Roma , apro- 
vechando excelentemente la ocasión , y consultando 



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XTTO QinKGXO FLAMIÑIO. 387 

00 máior priideoda á lo venidero* Justamente 
entonces el africano Anibal^ grande enemigo de los 
Romanos, 7 que andaba desterrada, se habia acogido 
ya al Rey Autioco , y le excitaba á qué e^ase el re^ 
to á su fortuna, cuandoel poder se le iba viniendo á las 
oíanos por los ilustres hechos que tenfa ejecutados, ^ 
que le nabian granjeado el sobreoembre de grande; 
.animábale por tanto á que exten/áiera sus miras al 
mando universal ; y sobre todo te acaloraba contra 
los Romanos. Si Tito pues n¿ hubiera con admirable 
pruéenda admitido las preposiciones , sino que con 
la guerra de Filipo se hubfcra juntado en la Grecia 
la de Antioco , y por cansas que les eran comunes 
se hubieran coligado ^ntra Roma los dos mayores 
y mas poderosos Reyes de aquella era , se habrta vis- 
to de nuevo en «embates y peligros en nada inferior- 
res á los de Aníbal ; pero añora interponiendo Tito 
oportunamente la paz entre ambas guerras;, y cortan- 
do, la presente antes de que tuviese principio la que 
amenazaba , á aquella le quitó la última esperanza y 
4 estala primera. 

•Envió el Senado con esta ocasión á Tito diez le^ 
gados^ y estos eran de sentir que se diera la libertad 
á los demás Griegos; pero quedando con guarnicio- 
nes Gorinto> la Calcide y la Demetriade para ma- 
?ror seguridad en la guerra con Antioco; y entonces 
os Etolios, hábiles en acriminaciones, sublevaban 
con mayor calor las ciudades, requiriendo por una 



parte á Tito para que le quitara á la Grecia los grillos 
(porque este era el nombre que solia dar Filipo á es- 
tas ciudades) , v preguntando por otra á los Griegos 
¿si llevando añora uila cadena mas pesada, aunque 
roas bellamente forjada que la de antes , se hallaban 
contentos y celebraban á Tito como á su bienhechor, 
porque habiendo desatado á la Grecia por los pies, 
la habia ligado por el cuello? Desazonábase Tito con 
estos manejos , sintiéndolos vivamente; y por fin á 

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TITO aumcio flaminid. 
fuersa de rqegos en la janta consiguió de esta fie 
también se' cuitaran las guarniciones de las mención 
nadas ciodades, para que asi el reconocimiento ie 
Jos Griego^, hacia ¿1 tuese. cpmpteto. Celebrábaiise 
los juego3 ístmicos, y habia gran concurso, en d 
estadio para ver los combates: como era natural» 
cuando la Grecí^ reposaba de una guerra becha 
por largo tiepíip&con la esperanza de la libertad, 
y se reuaia en medíp de una paz segura. Hízose 
con la trompeta la setal de silencio, y presentán- 
dose en ^nedio el pregonero , anunció que d Senado 
de los Romanos y el CcJiúul Tito Qulncio su Gene- 
ral , después de haber venteío al Rey Fiüpo y i los 
IMUcedonios , declaraban licnv^de tener guarniciones^ 
exentos de todo tributo, y ndifiijetos á otras leyes 
que las propias de cada pueblo, SnÍos Corintios, Lo- 
beros , Focenses , Eubeos, Aqueos^ Tiotas , Magnesio^ 
Tesalianos y Perrebeos* Al principio no lo entendieron 
todos ni lo.oyeron bien ; por lo que se txcító en el 
estadio un moyimieqto extraño, y una grande mquie— 
tud , adniirándose unos , preguntando otros^y pUieiv 
do que volviera á repetirse. - Hízose pues silencio de 
nuevo, y después que habiendo esforzado el prego-^ 
ñero ia voz , todos oyeron y pomprendieron el pre- 
gón , fue grande la gritería qsie con el. gozo se movió, 
difundiéndose hasta el mar; pusiéronse en pie todos 
los del teatro, y ya nadie dio la mefnor atención á 
.los combatientes ,. sino que todos corrieron á arrojarse 
á los pies y tomar la diestra del q«e saludaban como 
salvador y; libertador de Ja Grecia. Vióse entonces 
lo que muchas veces se hadidio por hipérbole acerca 
de la gran fuerza de la voz humana: porque unos 
cuervos que por casualidad volaban por alli caye- 
ron al estadio. La causa fue sin duda haberse cortado 
el aire : pojrque cuando suben muchos gritos altos y 
reunidos , dividido el aire por ellos , no sostiene á las 
aves que vuelan, sino que hay cierto huecO| conao m-^ 



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TITO QtriKCIO FlAinKlO. 589 

cede arlos que dan an p^so en vago: i no que sea 
que reciban golpe como si les alcanzara un tiro , y con 
él caigan y mueran. También puede acontecer que 
se formen torbelliaos en el aire, á manera de los re-» 
molinos del mar, que toman ímpetu vertiginoso de la 
magnitud del mismo piélago. 

Por lo que hace á Tito , si lue|o que se oonclu-* 
yo la celebridad no hubiera evitado con previsión 
el -concurso y atropellamiento de la muchedumbre, 
no se alcanza cómo habria salido de él , siendo tan- 
tos los que por todas pártesele rodeaban. Cuando ya 
se fatigaron de victorearte delante de su pabellón, 
siendo, ya de nodie, si^dañdo y abrazando á los 
amigos ó á los ciudadanos que encontraban , se los 
llevaban á comer y beber en recíprocos convites. Allí 
principalmente regocijados, se movia entre ellos, co^ 
mo era natural , la conversación de la Grecia , dicién- 
dose que de tantas guerras como había sostenido por 
su libertad , nunca defendiéndola otros habla alcan- 
zado un premio tan cierto, tan dulce y tan glorioso, 
como aquel con que ahora le lisonjeaDa la fortuna,' 
casi sin sangre y sin lásrimas de su parte. Eran ra- 
ras entre los hombres lá lortaleza y la prudencia ; pe- 
ro el mas raro de esta clase de bienes era la justicia: 
porque los Agesilaos , los Lisandros, los Nicias y 
los Alcibiades , cuando tenian mando , sabían muy 
bien disponer la guerra y vencer á sus contrarios por 
tierra y por mar ; pero no entraba en sus ideas el 
usar de la victoria para fines rectos y en beneficio de 
los que tenian i sus órdenes ; sino que si sacamos de 
esta cuenta la jomada de Maratón , el combate naval 
de Salamina, á Platea , las Termopilas jv las hazañas 
de Ciihon juntó al Eurimedonte y en Chipre , todas 
las demás batallas las dtó la Grecia contra si misma 

?r para $u esclavitud ; y todos los trofeos que erigió 
ueron para ella padrones de aflicción y oprobio , sien- 
do causa^ de esto por lo. común la maldad y las di- 



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390 mo otjmcio niiMXKio. 

scnsiones de sus generales r cuando honores de otni 
Daciones, que solo parecían conservar un cak>r remis» 
y débiles vestígios del común origen > y de qoienei 
aeria mucho esperar que de palabra y con el oonsefe 
prestasen algún auxilio i la Grecia; estos habían 
sido los que i costa de grandes peligros y trabajos, 
arrojando de elia^ los que duramente la dominaban 
y tiranizaban , le^^abian restituido la libertad. 

Corrian estas plácticas por la Grecia , y juntameñ" 
te obras que guardaban' tonsonáncia con los precooes: 
porque al mi$mo tiempo envió Tito á Lentulo al Asia 
para restituir la libertad á los Bargelietises * ; y á Ti ti- 
fio á la Tracia con el fin dia^etirar de las ciudades é 
islas de aquella parte las guafai^nes puestas por Fi- 
Kpo. Publio Ovillo mardiaba/^Hr mar á tratar con 
Antioco de la libertad de los Griegos que pertenecían 
i su reino ; y el mismo Tito , pasando á la Calcide, 
y después embarcándose para Magnesia , qmtó las 

Sarniciones » y restituyo á cada pueblo su Mbíemo. 
ombrado en Argos presidente de los juegos jkemeos, 
tomó acertadas disposiciones para la reunión , y a\Ú 
otra vez confirmó a los Griegos la libertad con nuevo 

Eregon. Visitando en seguida hs ciudades » les dio 
nenas ordenanzas y recta justicia, y la concordia y 
paz de unos con otros ; sosegando las sediciones , res^ 
tituyendo Ips desterrados, y teniendo en uñir y re* 
conciliar á los Griegos no menor placer que en naber 
vencido á los Macedoniost de manera que ya la li- 
bertad les párecia el menor de sus beneficios. Refiére- 
se que el filósofo Xenocrates, cuando Licurgo dora- 
dor le libertó de la prisión adonde le llevaban ios 
publícanos , i introdujo ademas contra estos la acción 
de injurias , encontrándose con los hijos de Licurgo 
les dijo: ¡á fe mia que he pagado bien á vuestro pa- 
dre! porque todos celebran lo qué conmigo ha ejeca* 

I Pueblo de la Caria ea el Asia menor» 



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mo Qtrnrcio nxuvno^ 391 

fado: pon i Tito 7 á k>s Romanos la gratitud por 
los grandes Iñenes dispensados á la Grecia» no solo 
les proporciono elogios , sino confianza y poder en- 
tre todos loe hombres: porque no contentándose con ' 
admitir sos Generales , los enviaban á buscar, y los 
llamaban para entregárseles. Asi él mismo estaba su- 
mamente satisfecho con haber proeurado la libertad de 
la Greda ; y consagrando en I>elÁ>s unos paveses dé 
plata y su propio escudo , puso esta inscripción: 

lot DidscoroSy prole ^1 gran Jove 

Al placer dados de á|^les caballos: 

lo ¡hijos de Tindar») que Reyes 

Fuisteis de Esparm^; esta sublime ofrenda 

En vuestras aras^ef Romano Tito 

Ledo consagra; por haber labrado 

La Iib«rfaé de ta oprimida Grecia. 
Dedicó también á Apolo ttna corona de oro coa es» 
tos verses: 

Descanse esta ccMrooa, indito Febo, 

Sobre tu rubia y crespa caballera. 

De los Romanos el caudillo ilustre 

A tí la ofrece ; pero da tú en premio 

Gloria y honor al invencible Tito. 
Ocurrió dos veces este mismo suceso en la ciudad de 
Corinto: porque hallándose en ella Tito, y después 
igualmente Nerón en nuestra edad , á la sazón de cé- 
Mrarse los juegos ístmicos » declararon á los Griegosí 
libres 6 independientes: aquel por medio de |>rego- 
aero, como dejamos dicho; masL Nerón por sí mis-^ 
SBo , hablando en la plaza al concurso desde la tribu- 
na y lo que , como se ve , fue mucho mas adelante. 

Emprendió después Tito la mas debida y justa 
«erra contra Nabis, el mas insolente é injusto de 
los tiranos de Lacedémonia ; pero al fin frustró en 
cuanto á ella las esperanzas de la Grecia , pues pu- 
diendo acabar con aquel , desistió del intento, entran- 
do en tratados y abandonando á Esparta en su igno- 



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tf2 ^ Tiro QÜIVCXO WtkUUSUO^ 

sniniosa $ervidumbre ; de lo que pudo ^er cansa ó á 
%tmoT de que dilatándose la guerra viuiera de Roma 
^tro General que le usurpara su gloriado cierta ema- 
lacioQ y secreta envidia por los honores de Fílope- 
imen: pues siendo un varón sobresaliente entre los 
Oríegos, que tn otras guerras y en aquella misma 
bsdbia dado maravillosas muestras de valor é inteligen* 
da , como le celebrasen los Aqueos al par de Tito, 
y aplaudiesen en los i«atros ; mortificaba á este el que 
á un hombre Arcade , caudillo de guerras insignifi- 
cantes, hechas dentro de su propio pais, le igualaran 
en los honores con un Cómul de los Romanos], liber- 
tador (de la Grecia. Aun s^defendio Tito de este 
cargo , diciendo que suspena|p la guerra luego que 
advirtió que uose podia acabar cójael tirano sin cau- 
sar gravísimos males á los demás Espavciiuas. Fueron 
gratines los honores que también los Aqueos decretií*- 
ron á Tito : y aunque parecia que ninguno podia m6* 
dirse con sus beneficios , hubo uno que llenó entera- 
mente sus deseos, y fue el siguiente. De los iníUices 
vencidos en la guerra de Anibal , muchos hablan ú- 
do vendidps , y se hallaban en esclavitud en diferentes 
partes. £n la Grecia venia á haber unos mil y dos- 
cientos, muy difinos siempre de compasión por su es^ 
tado;.pero mucno mas entonces que unos se*encon- 
tjr^ban con sus hijos , otros con sus hermanos«d deu- 
dos., esclavos con libres y cautivos con vencedores. 
No.se atrevía Tito á sacarlos del poder de sus due« 
Qos, sin embargo de que le afligía mucho su suerte; 
pero los Aqueos los rescataron á razón de cinco mi- 
nas, por cada uno, y formándolos en un cuerpo, bi-* 
cieron entrega de eflos á Tito, cuando ya estaba para 
¿acerse á la vela ; con lo que emprendió su navega- 
ción sumamente contento, viendo que sus gloriosas 
hazañas habían tenido gloriosas recompensas dignas 
de un varón ¡lustre y amante de sus conciudadanos; 
lo que fue también lo mas brillante y esclarecido de 

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TITO QUIHCTO FLAMIKTO» y^y 

sa-^ triunfe, porque aquellos rescatados , iietidp eos- 
tambre de los esclavos cuando se les da libertad cor« 
tarse el cabello y ponerse gorros , practicaron esto 
mismo 9 y en esta forma seguían en su triunfo á Tito. 

Hacíanle también vistoso los despojos llevados ea 
la pompa: yelmos Griegos^ rodelas ^lanzas Mace- 
dónicas; y la cantidad de dinero no era tampoco 
pequeña , habiendo dejado escrito! Itano .que de oró 
en barras se llevaron en triunfo tres mil setecien- 
tas y treinta libras; de plat» treinta y tres mil dos^- 
cientas y setenta; filipos , «ueera una moneda-de oro, 
trece mil quinientos y qinoTet ; y ademas de todo 
esto los mil talentos qiai' debia pagar Filipo ; pero 
de estos mas adelantóle indultaron los Romanos Si 
persuasión de Tit^, recibiéndole por aliado, y 1^1 
hijo le dejaroft'4«mbien libre de su íiaduría. 

Cuando Antioco , pasandp í la Grecia con grande 
armada y numeroso ejército , inquietó y trajo á su 
partido diferentes ciudades , tuvo en su auxilio á los 
Etoltos, que hacia tiempo se mostraban contrarios* 
y enemigos del pueblo Romano ; y estos le sugirie- 
ren para la guerra el pretexto de que venia á dar li- 
bertad á los Griegos , que ninguna necesidad tenían 
para esto de su poder , pues que eran libres ; sino que 
a falta de una causa decente, les enseñaron á valerse 
del mas recomendable de todos los nombres* Temie- 
ron en gran manera los Romanos esta sublevación y 
h opinión del poder de Antioco; y aunque enviaron 
por General de esta guerra á Manió Acilio, nombra- 
ron á Tito su legado militar^, en consideración á las 
rjslaciones que tenia con los Griegos : asi es que á 
muchos con sola su presencia al punto los aseguró en 

I Estos legados iban como consejeros del General , y 
por lo común los elegía este con probación del Senado; 
mas Tito , según parece , fíie nombrado por el Senado 
mttmo. 



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394 TITO <>UINCK) FLAMINIO. 

SU fidelidad; y á otros que ya empezaban i flaqoesr» 
usando en tiempo con ellos, como de una fuedicinai 
de su benevolencia y afabilidad ^ los contuvo y les 
impidió que del todo errasen. Muy pocos fueron los 
que le faltaron á causa de estar de antemano preocu- 
pados y seducidos por los Etolios ; y aunque justa- 
mente eno}adoé irntado contra estos, con todo des- 
pués de la batalla m protegió. Porque vencido An- 
tioco en las Termopilas, al punto nuyó y se retiró 
con su armada al Asta ; f entonces el Cónsul Manió, 
yendo contra los Etolios ,íá unos les puso sitio; y 
en cuanto á otros, dio al 9^y Filipo la comisión de 
que los redujese. Habiendo1|pltratado y .vejado el 
M|icedon¡o de una parte á loSuDolopes y Magnetes, 
yíde otra á los Atamanes y ApeK|iites; y el mismo 
Cónsul talado á Heraclea, y puesto^cerco á Naupac- 
to, que estaba por los Etolios , movido Tito^ compa- 
sión de los Griegos, partió desde el Peloponcso ea 
busca del Cónsul. Hizole cargo ante todas cosas de 
que habiendo sido él' el vencedor , dejaba que FUí-* 
po cogiese el premio de la guerra , y de que malgas- 
tando el tiempo por encono ante una sola ciudad, 
subyugasen en tanto los Macedonios reinos y nacio- 
nes enteras. Después , coftio los sitiados llegasen á ver- 
le, empezaron a llamarle desde la muralla, tendien- 
do á él las manos y suplicándole; y por lo pronto 
nada dijo , sino que volvió el rostro y se retiró llo- 
rando; mas luego trató con ManJo, y aplacando su 
enojo , obtuvo iqué se concedieran treguas-á los Eto-' 
liós , y el tiempo necesario para que enviando emba- 
jadores á Roma, pudieran alcanzar condiciones mas 
tolerables. * 

Los ruegos y sópUcas en que mas tuvo que con- 
tender y trabajar con Manió fueron los de los Cal- 
cidenses , que le tenían muy jrrítodo con motivo del 
matrimonio que entre ellos contrajo Antioco , movida 
ya la guerra i matrimonio desigual y fuera de tiem« 



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TTTó Qvivae FLAMIíaO. 39$ 

. po por haberse enamorado an viejo de una mocita; 
la cual era hija de Cleoptolemo^y se tenia por la mas 
hermosa de las doncellas de aquella era* Este hizo 
que los Calcídenses abrazasen con ardor el partido 
del Rey , j que para la guerra fuese aquella ciudad 
$u principal apoyo; y tamUen coafidb después de la 
batalla se abandono á una precipitada fuga , en Cal- 
éis fue donde toco, y tomándola mugfer, el caudal 
y los amigos , se embarcó para el Asia. Tito , cuan- 
do Manió marcho irritado contra losCalcidenses^se 
fiíe en pos de él, y lo |blandó y dulcifico, y por 
éhimo le persuadió y soregó completamente á fuerza 
de séplicas con él mispio y con los demás gefes de 
los Romanos. Por lar tanto salvos los Calcídenses á 
SQ intercesión, coiísagraron á Tito los mas bellos y 
grandiosos monumentos que pudieron, de los cuales 
todavía se leen hoy las inscripciones siguientes: El 
fuebh^Á Tito y d Hércules este Gimnasio \ y en 
otra parte en la misma forma: El pueblo d Tito y d 
Afolo el. Delfinio. También en esta edad se elige y 
consagra un Sacerdote de Tito ; á quien ofrecen sa- 
crificio , y hechas las libaciones , cantan un pean ó him« 
no de victoria ea verso; del cual^ dejando lo demás 
por ser demasiado difuso, trascribimos lo que can- 
tan al fin del himno : 

Objetó es de este culto 

La fe de los Romanos , 

Aquella fe sincera 

Q¿e guardarles juramos. 

Cantad , festivas ninfas , 

A Jove soberano , 

Y en pos de Roma y Tito 

La fe de los Romanos. 

lo pean ó Tito , 
' O Tito nuestro amparo. 
A todos los Griegos les mereció las mayores honras, 
y sobretodo lo que hace verdaderos los honores,, que 



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596 TfTO: QUnfCTO FI.AMIW10. 

es una admirable benevolencia por la suavidad de sa 
carácter: pues sí con algunos, por razón de los ne- 
gocios ó por amor propio , tuvo algún encuentro , co- 
no con Filopemen y después con Diófanes , que tasn- 
bien foe General de los Aqueos, su enojo no era pro- 
fundo ni se ettendia á obras , sino que se quedaba 
en palabras], con las que manifestaba su sentir , y aun 
esto de una manera brbana : asi con nadie fue áspero, 
aunque pata algunos" fuese pronto y pareciese ligero 

Íor su índole: por lo demás tenia calidades que le 
acian amable a todos ; y f n el decir no le faltaba 
soltura y gracia. Poraue á'l^ Aqueos, que trataban 
de adquirir para si la fsla delEacinto , para retraer- 
los les dijo que sé exponían artle^o de las tortugas, 
Íueriendo alargar la cabeza mas al%del Peloponeso. 
ilipo , la primera vez que se reunieron para hablar 
de tratados y de paz, le dijo que el mismo Tito ha- 
bia traido muchos consigo , cuando él habia venido 
solo; y replicando aquel al punto, eso es, le di/o 
porque tú mismo te has reducido á soledad , habiecH 
do dado muerte á tus amigos y parientes. Dinocrates 
de Mesena^ habiéndose alegrado entre los brindis es- 
tando éa Roma, se puso á danzar con un trage de 
muger, y como al día siguiente se presentase á Tito 
pidiéndole le auxiliara en el proyectó que tenia de 
separar á Mesena de la liga de los Aqueos: veremos, 
le dijo; pero me maravillo de que trayendo tales 
negocios entre manos, puedas cantar y bailar en un 
festin. A los Aqueos, con ocasión de referirles los 
embajadores de Antioco la muchedumbre de las tro- 
pas de este, y de contarles, sus diversas denominacio- 
nes, les dijo, que cenando él- mismo una vez en casa 
de un huésped se quej6 á este del gran número de pla- 
tos , mostrando maravillarse de que hubiese habido 
mercado tan abundante para proveerse de aquel mo- 
do; y que el huésped le habia respondido que todos 
se reducian á carne de puerco, diferenciándose solo 



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TITO QÜINCIO FLAMIMia. ¡397 

«tt el género de cuiso y en las salsas : pu^s del mis* 
>mo modo y añadió,, no os maravilléis vosotros, <S 
g^queos, de. las grandes fuerzas de Antioco^ al oir 
lanceros^ azconeros, fjezetairos ^ : porqué-todos estos 
no son mas que Sirios, y solo en las armadurillai 
se distinguen. .y- : 

Después de todos estos sucesos de Grecia y de 
la guerra de Antioco se le nom|ró Censor , que es 
la mayor de las magistraturas ^.^ en cierta manera la 
perfección del Gobierno , y tuvo por colega at hijo 
de aquel Marcelo que fue cinco veces Cónsul Remo-* 
vieron del Senado á cuaQ^o que no eran de los de mas 
nombre, y admitieroQí^por ciudadanos á todos los 
que se hablan inscfjit<r en el censo , con tal que fue* 
sen hijos de padbreí libres , precisados á ello por el 
tribuno de lapkbe Terencio Culeon, que por éneo* 
mistad con los inclinados ala aristocracia persuadió 
al pueUo. á qoe asi b mandase. De los varones prin-* 
cipales de su tiempo estaban entre' sí inal avenidos 
E¿QÍpion Africano y, Marco Catón , y. de estos escri- 
bió a aquel el primero en. la lista del aenado , tenién- 
dole por sobresaliente y aventajado en todo. Su ene* 
mistad con Catón txxsm origen en este desagradable su- 
ceso: era hermano de-Tito Lucio Flamtnio, de muy 
diversa índole que aquel : sobre todo en punto á de- 
ley tes era abominable, sin respeto ninguno á lo opi- 
nión pública y á la decencia^ Tenia este consigo un 
mozuelo á quien amaba-, y el que le siguió at ejército 
en sus expediciones y también á la provincia mientras 
mandó en ella. Este, adulando á Lucio en un banque^ 
te , le dijo ser tanto el exceso con que le amaba , que 
habia dejado de ver él duelo de unos gladiatores , sin- 
embargo de que nunca h^ia visto matar á un hombre; 
antepoiiiendo el gusto de acompañarle al de aquel es< 

I Soldados distinguidos entre los Siriod y Mácedonios, 
que venían, á constituir Ja mas inmediata guardia del Rey. 



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398 rno qoincto plaminio. 

pecticDlo. CompÍBiáó en esto mocho á Lucio '» el cnA 
It contestó que nada había perdido, aporque yo 
n$Bt¡»fiUPé, Je añadió , ese ta deseo" ; y haciendo que 
Je m;esea de la cárcel á uso de los sentenciados, lla- 
nca i uno de'^s esclavos^ y le mandó que alii mismo 
en el banquete^]; cortase á aquel la cabeza. Valerio 
de Áncio dice que Lucio ejecutó lo que se deja dicho, 
no en obsequio de|in mozuelo, sino de una amiga; 
mas Livio refiere hatier escrito Catón en su discurso, 
que habiendo llegado i s«s puertas un Galo trasfuga 
con sos hijos y su muger, admitiéndole Lució al ban-^- 
quete, le babia dado muer^ con' su propia mano en 
obsequio del mozuelo amad^^ No seria extraño que 
Catoo se hubiera esplicado aS^pára dar á la acusa-* 
clon mayor odiosidad; pero que el.que sufrió aque- 
lla bárbara ejecución no fue trasfu^«. ciño preso y 
ya sentenciado , ademas de otros muchos lo -dijo Ci* 
cerón el orador en su libro de la vejez, poniendo las 
palabras en boca del mismo Catón. 

Fue este al cabo de poco nombrado Censoi^» y 
haciendo el recuento del Senado , removió de él á 
Lucio ^ sin embargo de ser de los Consulares, en la 
cual afrenta se tuvo el Jiermano por comprendido. 
Por tanto i presentándose ambos al pueblo aoatidos y 
llorosos, pareció á los ciudadanos que pretendian 
una cosa justa en pedir que Catón diera la cansa 
que habia tenido para haber constituido en semejan- 
te afrenta á una casa ilustre. No se detuvo Catón, 
sino que compareció .al momento con su colega, y 
preguntó á Tito ¿si tenia presente lo del banquete! 
Como este lo negase, hizo Cáton la explicación, y 
provocó á Lucio á que jurase si podía decir que no 
era verdad algo de lo que habia expuesto. Redújose 
entonces al silenció, y el pueblo se convenció de 
haber sido justa la nota que se le impusp y acom« 
panoli Catón con grandes demostracioíies desde la 
tribuna* Pero Tito , llevando siempre en su ánimo el 



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TITO QUt^CIO FLAMIMIOi 399 

informnio del hermano, se reunió con todos jos que 
de antiguo eran enemigos de Catón ; y como tuviese 
el maypr ascendiente sobre el Senado » revoco y anu^ 
16 todos los arriendos j asientos y ventas que este ha*^ 
bia hecho de.jps ramos de rentas públicas ; y le sus- 
citó una infinidad de causas graves , 09 sé. si condur 
ciéndose honesta y politicamente en mostrar por upa 

Eersona propia , pero indigna y ^ut justamente ha- 
la sido castigada^ tan irrecoiK^able enemistad con- 
tra un varón justo y un excelente ciudadano. Mat 
en este tiempo tuvo el pueblo Romano un espectá- 
culo en el teatro, para el^ue el Senado se colocó en 
lugar distinguido según Qostumbte; y como viesen á 
Lucio sentado en los u^mots asientos humilde y abar 
tidoy movió á compasión, taato que no pudiendo 
sufrir la m.ached]^ibre verle en tal estado, empezó 
á gritar 4i<^i¿ndole que pasase al otro sitio , hasta 
que asi lo ejecutó, haciéndole, lugar los Consulares* 
Estúvole muy bien á Tito aquel carácter ambi- 
cioso y acMvo, mientras tuyo competente materia 
para ejerjQitarle , ocupado en las guerras que hemos-re* 
ii)rido; porque. aun después del Consulado vplvió á. 
aer tribuno Ji^eeionar lo sin que: nadie le precisase* 
MsL^i retirado del mando, siendo ya bastante anciano» 
en la vida exenta de negocios dió harto que notar 
con su inquieta ansia de gloria, en la que no oodia 
contenerse I y llevado de cuyo ímpetu parece, naber 
ejecutado k> relativo á Anibal; con que incurrió en 
el odio de muchos* Anibal, huyendo de Cartago m 
patria, se. había unido con Antioco; pero ciando 
este desppe^4e la batalla de Frigia se halló muy con- 
tento con. haber hecho la paz , tuvo Anibal que huir 
de nuevo ; andando errante por diferentes países, hasta 
que por fin se (¡jó en Bitinia , haciendo la corte á Pru- 
sias, sin que ninguno dé los Romanos lo ignorase, y 
antes disimulando todos por su falta de poder y su 
vejez , mirándole como arrinconado de la fortuna. 



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400 TITO QUHrcIO FLAMIKIO.' 

"ExívU^é^ Tito de embajador á Frusias de parte iA 
Senadi^ para otros negocios , viendo allí detenido i 
Aníbal » se incomodó de que todavía viviese , jr pot 
mas que Frosias le rogó y pidió por un tiombre mi- 
serable que eta su amigo , nada pudo alcanzar. Había 
nn oráculo ant^uo , según parece , acerca de la muerte 
de Aníbal , concebido en estos términos; 

De Aníbal iof^ despojos 

Serán cubierto! de libisa tierra : 
pensaba pues Aníbal en el África , y en que alli serta 
^u sepulcro, porque alli acabaría sus días ; pero hay 
en Bitinia un sitio elevadi^á la orilla del mar , y jnn- 
to á él una ald^a no muy glande, que se llama Líbisa. 
Hacia la casualidad que alliW donde residía Ani-* 
bal ; pero como desconfiase siéni^e de Frusias por 
su deoilidad , y temiese á los RonJ^o$, había abier- 
to desde su casa siete salidas subterráneas ^ en tal dis- 
posición que partiendo de su cuarto la mina hasta un 
cierto punto , luego las salidas iban de alli müf lejos 
sin que se supiese dónde. Habiendo entendido-; jNies 
la solicitud de Tito y se propuso huir por las miaas; 
pero habiendo dado con las guardias del Rey , detét- 
minó quitarse la vida. Algunos dicen que rodeándose 
el manto al cuello 9 y mandando á un esclavo que 
apretando con la rodilla en la cintura tirase con fuer- 
za y haciéndolo este aísi 9 le detuvo el aliento y le 
ahogó ; pero otros son de sentir que imitando á Te» 
místocles y á Midas bebió sangre de toro. Livio re- 
fiere que llevando consigo un veneno , ' Id deslio y y 
que al tomar la taza prorumpió en estas pahbras : so- 
seguemos el nimio cuidado de los Romanos , que han 
tenido por pesado ¿ insufrible el esperar ta- muerte de 
un viejo desgraciado. Y á fe que no podl^ hacer Tito- 
le sea por nadie envidiada una victoria tan poco digna 
de serlo, y en la que tanto degeneró de sus mayores» 
que áFírroy que les hacia la guerra y los había ven- 
cido 9 le dieron aviso de que iba á ser envenenadoi 



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two onnrdio FiAifftKTo; 4ot 

r I.- DenMte modo se dice haber muerto Aníbal; mas 
dada ta: noticia ar Senado , no pocos se declararon coi^ 
tara) Tito j graduándole de nimiamente cuidadoso y 
cruel ven haber hecho morir á Aníbal (que pedia 
tmraírBe^como una ave,sia alas y sin plumas á causa 
de roveje¿, á la que de compasión se deja vivir )^ 
cuando nadie le itn^ia á ello , y por solo el deseo 
de glofia para tomar inómbre de aquella muerte; lo 
que todavía causaba más maravilla,' contraponiendo 
hí mansedumbre y magnanimidad de Esclpion Afri-^ 
cáoD^ el cual^ habiendo derrotado á Ambal cuando 
todavía pasaba por invicto y por temible; no hik.o 
qiieüe 'desterraran , ni le reclamó de sos ciudadanos^ 
suio.que antes de la batalla conferenció convidándole 
1^ mano ; y después de elfat- entró en tratados y sin ha^ 
bei^ intentado nada contra él mismo , ni haber insulta^ 
do á su fortuna. Dícese queotrasvez se hablan encon-^ 
tcado en Efeso ^ y qué al principio estándose pasean-^ 
do f Anibal tomo el lugar de mayor dignidad , y Esr 
cipion lo sufrió, y continuó en el pasfo con la mayor 
naturalidad; y que' luego haciéndose conversación dé 
los grandes capitanes, y pronunciando Anibal que 
el mayor capitán habia sido Alejandro , después Pirró 
y el tercero él mismo , sonriéndose tranquilamente 
£scipion le replicó: J y si yo te venciese? á laque 
Anibal le habia contestado : entonces , ó Escipion , no 
flíie pondré yo el tercero , sino que á ti te declararé 
dkijprimero entre todos. Ensalzaban muchos estas par- 
f tcttlaridades de E^ipipn , y de. aquí tomaban moti- 
vo para difamar á Tito, como que habia dado- gra0 
lanzada á hombre muerto. Mas habia algunos que 
alababan lo hecho , mirando í Anibal , mientras vi- 
viese, como un fuego que convenia apagar: porque 
ni aun cuando estaba en su vigor, eran su cuerpo 6 
sus manos lo que á los Romanos se hacia temible, 
sino su talento y su habilidad, juntamente con su 
odio ingénito y su desafecto; de las cuales cosas na- 
íóMo II. ce 



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40t TITO QVIVQIO) FLAMIKIO. 

^da disminuye la vejez > sino que el carácter ^tiei& 
coa las costumbres, y solo e$ la fortuna la que no per- 
manece la misma ; y aunque decaiga» siempr/e exd» 
á nuevas empresas con la. esperanza á los.qu^ soq 
movidos deL odio á hacer k guerra. £n lo ctiai^^ 
sucesos estuvieran después de parte de Tito : ya en 
Aristóaicof el hijo del guitarí^ero , que 4 causa :de la 
gloria de Eumene3 Heno elAsáa toda de sediciones 
y de guerras;- y ya en Mitridates.» que después. de 
dila y Fimbria y de grandes pérdidas de ejércitos y 
caudillos» volvió i levantarse terrible pox tierca y 
por mar contra Luculo. Ni podia reputarse Aníbal 
ynas decaído que Cayo Mario» pues á aquel todavía 
}e quedaban, un Rey por amigo ». algunos medlos.,ria^ 
milia» y el ocuparse en naves, en caballos y. en la 
disciplina de^ los soldados $ cuando haciendo Jos* Ro- 
manos boi*lii de la fortuna de Mario» cautivo y^men^ 
digo en el África » al cabo de bien- poco prosodtos 

Í' azotados por él tenian que venerarle. Asi nada 
ay grande ni pequeño en las cosasr presentes respec* 
to de lo futuro;^ sino que uno niisn^ es el fin de las 
mudanzas *y el de la existencia. Por esto dicen algu- 
nos Gue no eiecutó Tito aquel hecho por si mismo» y 
^ue tue enviado embajador con Lucio Escipton » sin 

3ue su embajada tuviese otro objeto que la muerte 
e AnibaL Y pues que mas adelante no tenemos no- 
ticia que hubiese otro suceso relativo á Tito ^ ni ci- 
vil ni militar^ habiéndole cáíbido una^muerte pacifica 
y sosegada»- tiempo >es ya de que pasemos á lá com- 
paracioni 



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COMPARACIÓN 1>£ FILOPBMEK; Y TITO QUIKGIO* 
FZ¿AMUIIQ.. . 

En la grandeza de los beneficios hechos í los Griet 
gos no es posible comparar con Tito á Fiiopemen^ 
nt á otros muchos todavía mas: escelentes que Filo^ 
pemen: porque con ser:£stos Griegos, fueron contra 
Oriegos sus guerras ; y las de Tito^ que no lo era , en 
favor de los Griegos ; y cuando , desconfiando Filo-i- 
pemen de poder defender á sus ciudadanos combatid 
dos, se encamino á Creta; entonces venciendo Tito 
ea medio de la Grecia á Fiiipo. dio la libertad á to- 
das las naciones y á todas las ciudades. Si alguno se 
pusiera á hacer el examen de las batallas de uno y 
otro, á mas Griegos dio muerte Filopemen siendo 
General de los Aqueos , que á Macedonios Tito au-p 
xiliando á los Griegos. En cuanto á los errores , na^ 
cieron de ambición los del uno , de obstinación los 
-del otro ; y para el enojo y la ira el uno era pronto v el 
otro inexorable: asi Titoá Filipo le conservó ladigr 
tildad del Reino, y al cabo se compadeció de los 
£tolios; pero Fik^emen á su misma patria la privó 
por enojo de los tributos de sus aldeas. £1 uno jamáis 
{altaba á quienes habia hecho bkn ; y el otro por 
«nCado estaba aempre pronto i borrar el reconocír- 
miento ; porque haDiendo sido en un principio bien^ 
hechor de los Lacedemonios , después les derribó l&s 
murallas, les taló los campos,, y'f^ñn ks mudó y 
trastornó el gobierno ; y aun pareíie que por enojo 
y obstinación expuso y perdió .lavvida,. entrándose 
en la Mesenia fuera de tiempo , y^con menos reflexión 
de lo que convenía, no siendo oomo Tito» que en 
el mando calculaba mucho y cpnskiltaba sobre todb 
á la seguridad. > úív-^,-^ 

. Por la muchedumbre de jgucítas y trofeos, h 
ciencia miliur de Filopemen fuemuchoimas acrjedit- 

CC2 



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A04 C0M7. DB FIL. T TITO QVIVG. FLAM* 

Uda : porque aquel la guerra contra Filipo la termi- 
nó en dos combates ; pero este^ hai)ieiidó salido vea- 
cedor en mil batallas^ ningún asidero dejó á la for* 
tuna para que contendiese con su pericia. Por otra 
parte aquel tuvo á su disposición el jpoder Romano 
puando estaba en su mayor auge ; y este adquirió 
gloria con las débiles fuerzas de la Grecia cuando 
estaban en su declinación : asi los triunfos del uno 
fueron peculiares 6 individuales suyos; mientras que 
los del otro deben decirse propiamente públicos : por 
cuanto aquel mandaba valientes , y este los formó cotí 
' su mando. Ademas ios combates de Filopemen fue- 
ron con Griegos ; lo que si fue una mala suerte , fue 
una irrefragable prueba de virtud ; porque entre aque- 
llos que en todo lo dexnas son iguafíes , el que se aven- 
taja, es á la virtud á quien debe el vencimiento: asi 
peleando con los mas aguerridos de los Griegos , los 
Cretenses y Lacedemonips^ de los mas astutos triunfó 
con estratagemas , y de los mas fuertes coa valor* 
fuera de esto Tito venció con lo que ya existía , em- 
pleando las armas y la táctica que-.encontrd ; y Fi- 
lopemen y introduciendo un nuevo orden en estas co- 
sas en cambio del que.habia: de manera que el uno 
inventó los medios de la victoria , y d otro le sirvie- 
ron los^qüe existían. En cuanto á hechos propios y 
-personales de g^rrá, de Filopemen hubo muchos y 
muy señalados ; de Tito ninguno: asi es que uno de 
los Etolios, Arqoedamo , le motejó de que mientras 
^l corría con la aspada desenvainada contra los Ma- 
cedonios que se le loponian , Tito se estaba parado 
con las manos levantadas al cielo haciendo plegarias^ 
: Tito teniendo autoridad, ó- siendo mandado de 
^embajador ^ todo io hizo bien yv prósperamente; y 
^filopemen y siendo particular , no fiíe menos átil ó 
menos activo para los Aqueos que cuando fue su Ge- 
neral : porque siéndolo , arrojó á Nábis de la Mese- 
^ua, y restituya á ios Meseoios la libertad; y de par- 



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coiíp. DB Fit, T rrro qüinc. tlaji. ifof 
ticolar cerró al General Diófanes y á Tito las puer- 
tas de Esparta cuando iban cdntra ella , y salvó á los 
lioeedemoniof. Era tan nacido para ser caudillo, "que 
no^ solo imperaba según las leyes , sino que sabia man*- 
dar á las leyes mismas para hacer lo que convenía:^ 
asi no necesitaba recibir el mando de los que podiaa 
oooferirlo; sino que se valia dé eil6s cuando la tea^ 
sien lo exigía: creyendo que mas bien era su candi- 
Uo el que pensaba en sus ventajas y -provecho, que no 
el que era por. ellos elegido. Y. si deben ser teiiidas 

¥^r ilustres y cenerosas la equidad y humanidad dé* 
ito para con los Griegos i mas generosos fueron to*» 
davía el valor y amor de la independencia manifes*- 
tados por Filopemen contra, tos Romanos : poroue 
mas fácil esliacer favor á los oue lo piden, que resi&-: 
tir con tesón á los poderosos, examinadas pues todas 
ks cosas 9 ya que no sea muy clara k preferencia/ 
si dijéremos que al Griego debe adjudicarse la coro*; 
na de la pericia militar » y al Romano la de la jusdcia 
y la probidad > parecerá que hemos acertado con la 
que los distingue» 



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.4°^ • '■ . - 

.-.. PIRRO. . ... 

Refiérese qne después del diluvio fué Fa«toQ ef 
primero que- reinó sobre los Tesprotds y Molosos, 
siendo uno de los que con Pelasgo vinieron al Epíro; 
pero otros afirman que Deiicaiion y Pirra , edifican- 
do el .templo de-Dodona, habitaron allí entre los 
MoUdsos* MasadelaiyteNeoptolemo, el hi)o de Aqni- 
lee f trasladándose i aq^oella parte con su pueblo , se 
apoderó del país, y dejó una sucesión de reyes que 
dé éi. provienen ^ llamados losPirridas, porqne de 
niño- se le dio el sobrenombre de Pirro; y á uno de 
loshijos legítimos que tuvo de Lanasa , la de Cleo- 
dio, que fue hijo'de Hite, le puso también estenonn 
bre ; y^ desde-eritonc» se tributafon enetEpiro hono- 
res divinos á Aquiles^ apellidándole Aspiro , 6 inimi- 
table con una voz {>fopia de la lengua del pais. Los 
reyesintermediós , después de los primeros, cayeron 
en la' barbarie , y ningona memoria quedó de su po- 
d^r ;y sus hechos hasta Tarruta , que se Hice haber si- 
do el primero que civilizando las ciudades con las cos- 
tumbres y letras griegajs, y con leyes benéficas., ad- 
quirió cierto renombre. De Tarrutá fue hijo Alcetas, 
de Alcetas Arubas , y de Arubas y Troade Eacidas. 
Casó este con Ftia , hija de Menon el Tesaliano, varón 
que se ganó gran reputación con motivo de la guerra 
Lamiaca , y tuvo , según refiere Leostenes , la mayor 
autoridad entre los aliados. DeFtía tuvo Eacidas dos 
hijas, Dudamia y Troya, y un hijo, que fue Pirro. 
Subleváronse los Melosos , y arrojaron del tro- 
no á Eacidas, llamando á él á los hijos de Neopto- 
lemo. Muchos de los amigos de Eacidas perecieron 
en la insurrección ; pero Andróclides y Angelo , ocul- 
tando á Pirro, todavía muy niño, a quien con an- 
sia buscaban los enemigos, pudieron evadirse, lle- 
vando por fuerza en su compañía á algunos esclavos 
y á las mugeres que servían á aquel de amas. La fu- 



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g por esta c«asa era dtñGultosa y tardía, y como 
eaen alcanzados , eotreglirGín el niño á Androcleon, 
Hipias j Neandro , jaénes de confianza y valor, 
cflcavgáodoles que huyeran á toda prisa hasta entrar 
en Megara de Macedonía. Ellos en tanto ,^ ora con 
na^os y «ora peleando, lograron contener á lós qué 
los perseguían hasta bien^ entrada la tardé ; y des-^ 
pnes'qtíeá tanta costa los hubieron rechazado, fue-' 
ron á {untarse con los que llevaban á Pirro. Cuandb' 
puesto el sol se creían en el término de su esperan-J 
3Ba, decayeron repentinamente de ella arribando at 
rio qoe pasa por junto á la ciudad , hallándole ame-* 
cazador y sobervio , y que de ninguna manera daba 
paso á )os que lo intentaban : por cuanto llevaba gran 
caudal de aguas, y estas ifiuy turbias con motivo de 
haber llovido mueho; y ademas las tinieblas todo l6 
hacían mas temible. Desconfiaron pues de poder ellos 
solos salvar al niño y i las mugeres que le criaban; 
mas habiendo sentido qtie al otro lado habla algunas 
gentes del pais , les pedían auxilio para pasar , mos-» 
tráiidoles á Pirro , y clamando' y suplicando. Los 
©tresnada oían |>or la rapidez y ruido del rio, per- 
diéndose el tiempo mientras los unos gritaban , y los 
otros no entendían; hasta que parándose uno á me- 
ditar le ocurrió separar la corteza interior de una en» 
dna, y escribir en ella con el clavo de una evilla 
letras que refiriesen el apuro en que se hallaban , y 
la suerte *de aquel niño. Rodéala después á una pie- 
dra, para goe con esta se diese impulso al tiro, V 
ari la puso al otro lado: aunque otros dicen que la 
tiró rodeada al cuento de una lanza. Luego que le- 
yeron lo escrito, y se enteraron de laufgeticia, cor-¿ 
taron algunos troncos , y juntándolos entre sí pasa- 
ron á la otra driíla, é hizo la casualidad que el pri- 
mero que» pasó > llamado Aquiles, fue el- que tomó el 
niño : los^ demás pasaron asimismo & los que se les 
presentaron. 



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4oft naRo« 

HaUéodose salvado y evitado la perseoocimi^ de 
esta manera,, se dirigieroQ. «1 Hirió á casa, del Rey 
Glauquias, y hallándqlo en ella sentado con su tniH 

{er, pusjet0n el niño en el suelo en medio de- elloj^ 
empezó él Rey á concebir temor de Casandro ,.)]iie 
era enemigo de Bacidas « y asi estuvo largo rato en 
silencio consultando entre Á\ en esto Pirro, yéoAo^. 
se á ¿1 i gatas por impulso propio» le coció^l man* 
lo con la^ manos , y levantándose arrimaoo i las ro^ 
dulas del mispao Glauquias , primero se echó, á retr, 
y después puso un semblante triste , como de ^iea 
ruega y se halla en aflicción , prorumpiendo eli llon 
ro. Algunos dicen que no se echo á los pies deGlas-í 
quias > sino que se arriado al ara de los Dioses, y 
que se puso en pie asido de ella con las manos , lo 
que Glauquias habla tenido á gran prodigio* líizó 
pues entrega de Pirro á su muger , encargándok le 
criara con sus hijos ; y reclamándole de alli á poco 
los enemigos no le entrego, aunque Casandro le ofre* 
cia doscientos talentos ; sino que ciando ya fuvodo* 
ce años le acompañó al Epiro con tropas , y le hizo 
reconocer por Rey. Resplandecía en el semblante de 
Pirro la dignidad regia ; sobresaliendo mas sinembar* 
go lo temible que lo mag^stuoso. No teniael nume-^ 
ro de dientes que los demás; sino que arriba' tenia 
un solo hueso seguido, en el que como con líneas 
delgadas estaban aquellos designados. Dícese que te-» 
nia vlrtqd para curar á los que padecían del bazo, 
sacrificando un gallo blanco, y fricando en tanto con 
ti pie derecho el bazo del doliente , que debia estar 
tendido boca arriba ; y ninguno era tan po1>re ni taa 
desvalido queno participara dees^ gracia, si se pre- 
sentaba á pedirla. Tomaba en premio un gallo des- 
pués del sacrificio^ y lo estimaba en mucho. Díce- 
se asimismo que el dedo grueso del pie tenia igual- 
mente una virtpd divina ; de manera que quema- 
do el cuerpo después de sü muerte, el dedo se en« 



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j 



nuiOt 409 

contara* ilese é iiMcto del fuego; más de esto des- 
pués, 

A la edtd de diez y siete años , creyéodose bas* 
tante asegurado en el reioo , se le ofreao un viage^ 
con aioti?o de haber de casarse uno de los hijos de 
Giaoqciias con quienes se había criado; y subleYán-^ 
dose otra vez los Molosos» desterraron á sus ami- 
gos ^ se apoderaron de sus bienes» y se pusieron eo 
«naaoa de Neoptolemo. Pirro , despojado asi del rei« 
no 9 ^ falto al^lttainente de todo » se acogió á De-» 
metno > hijo de Antígono » casado con su hermana 
Deidamia, la cual» siendo todavía muy joven ^ es- 
tovo destinada para muger de Alejandro» hijo de 
Rojana; pero como este hubiese caido en infortu*^ 
nio » liallaiidose ya en edad » se casó con ella Deme- 
trio. En la gran batalla de Ipso , en que combatie-^ 
ron todos tos Reyes del pais » tuvo también parte 
Pirro en auxilio oe Demetrio > siendo todavía muy 
mo^o; y habiendo rechazado á los que.se le opusie-» 
yon , se distinguid gloriosamente entre los comba*^ 
tientes. Vencido Demetrio » 00 le abandonó » sino 
que le mantuvo fieles las ciudades ^e tenia en Gre-« 
cía ; y como ajustasen tratados con Tolomeo , él mis- 
mo se dio en rehenes, partiendo con esta calidad pa-« 
ra Egipto. Dióle alli á Tolomeo en la caza y en los 
egercidos de la palestra brillantes muestras de ro*» 
bustez y sufrimiento; y observando q^ne Berenice 
trz la que tenia . mas peder » y la que en virtud }p 
prudencia se aventajaba á las demás mugeres de este^ 
se dedicó á obsequiarla con particularidad. Sabia con 
oportunidad» y cuando el caso lo pedia» ceder á la> 
voluntad de los poderosos ^ asi como desdeñaba á los 
inferiores ; y siendo por otra parte arreciado y mo- 
derado en su conducta» entre muchos jóvenes de los 
principales fue escosido para casarse, con Antígona» 
una de las hijas de Serenice ^ tenida de Fiiipo antes, 
de enlazarse con Tolomeo. 



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4to rruRo; 

Goa^indo ée mayor repütadMr todavía después 
de este matrimonio , y viviendo al lado de su miiger 
Antigona, á quieií amaba / negocio que se le «envia- 
ra al Epiro con tropas y caudales i recuperar «1 ref- 
oo. Fue su llegada á gusto de mudios, por lo mal 
visto que esta&'Neoptolemo'á causa de su joíüsto 
y tiránico gobierno; mas con todo por miedo de 

Sae Neoptolemo se ligará ton algunos de los otros 
^eyes, ajustó con él paz y amistad-, conviniendo ea 
feinar juncos. Andando el tiempo fcabiaquien ocul- 
tamente trataba de indisponerlosvsuscitando sospe- 
chas de uno á otro; pero la causa que mas priüci-* 
pálmeme movi^4Tirro se dice íialíer dimanado <h 
lo siguiente. Tenían por costumbre los Reyes , sacri- 
ficando al Dios Marte en Paisaron, que era ufi ter- 
ritorio de la Molotide, prometer á los £piro«as bajo 
juramento qué reinarían según las leyes , y estos á su 
vez que según las mismas guardarían el reino. - Con^ 
eurrieroi^ al acto los dos Reyes, asistidos cada uoo , 
de sus amigos, dando y recibiendo recíprocamente 
muchos presentes. Gelon pues, uno de los/ partida- 
rios mas zelosos de Neoptolemo,- saludando á Pirró 
con la mayor fineza, le hizo el regalo de doí jointas 
de bueyes de laboTf4 Mirtilo, imo de los coperos dé 
Pirro, que se hallaba presente^ los pidió 4 este, que 
no vino en dárselos á él sino á otro; y habiéndolo 
sentido vivatíiente-, no se le ocultó á Gelon esta cir- 
cunstancia. Convidóle i comer , y aun según algu- 
nos refieren , siendo un joven de buena figura , abusó 
de él entre los brindis, y moviéndole conversación 
del suceso,' 4e -exhortó á que abrazase el partido de 
Neoptolemo , y quitase la vida á Pirro con un ve- 
neno. Mirtilo afectó prestarse á la tentación , aplau- 
diendo y mostrándose persuadidla í pero dio de ello 
parte á 'Pirro; y de orden de este presentó al Gefe 
de los cóperoB'Aíexicrates, ante el mismo Gelon, 
como que habia de auxiliarles en el hecho ; y es que 



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Pirro qneria ^ne fuesen muchos los que pudieran ser« 
▼ir ai coaTencimiento de aquella maldad. Engañado 
Gelon de esta manera » fue todavía mas engajado 
>íeoptolemo: el cual, dando por supuesto que la ase-* 
chanza iba adelante , ño pudo contenerse con el pía-* 
ccr, y lo divulgo entre los amigos. Ademas, co- 
tnienao unaive2 en casa de su hermana Cadmia,* se 
le fue sobre ello la lengua , creyendo que nadie lo 
escuchaba,' porque ninguno otro estaba cerca sino 
Fenareta , muget de Samon , mayoral de los rebaños 
y vacadakdé'^Neóptolemo; y esta, que se hallaba 
echada en la cama detras de un tabique intermedio, 
les pareckS que- dormía. Enteróse de todo, sin que 
pudieran conocerlo, y á la mañana se fue % dar coit 
Antígomi','omger de Pirro, á quien refirió todo lo 
que Neoptolemo habia dicho á la hermana. Sabedor 
de ello Pirto,"por entonces nada hizo; pero en un 
sacrificio, habiendo convidado ál banquete á Neop-' 
tolemo, le quito la vida ; asegurado ya de que im 
principales de los Epircítas estaban de su parte, y 
aun le excitaban i que se deshiciese de Neoptolemo , y 
oo se contentara con tener una pequeña parte del reí*' 
no, sino qué hiciera uso de su índole, emprendiendo 
cosas grandes; y que pues habia ya aquella sospecha 
se adelantara á Neoptolemo , quitándolo de en medio. 
Teniendo siempre en memoria á Berenice y 
Tolomeo , á un niño que tuvo de Ai^tígona , le im- 
puso este nombre; y habiendo edificado una ciudad 
en la pení^su^á del Epiro , la llamó Barenicida. Des- 
pués ae esto, trayendo y revolviendo en su ánimo 
muchas y grandes ideas , y autí teniendo concebidas 
de antemano esperanzas sobre los pueblos inmedia- 
tos , encontró para ingerirse en los negocios de Ma- 
cedonia ¿I pretexto de haber Antipatro , hijo mayor 
de Casandro, dado muerte á ^u madre Tesalónica, 
y hecho huir á su hermano Alejandro ; el cual envió 
¿suplicar á Demetrio que le socorriese, llamando 



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41 1 »mito« 

taiobíen én sü auxilio á Pirro. Detefií^se Demetrio 
por otras atenciones; y presentándose Pirro , le pi- 
dió por premio de su aiienza la Ninfea, .y ^> parte 
litoral de la Macedoma , y de los pueblos asre^doc 
i Ambracia, Acarnania y Aofiloquia. Gedioselo to^ 
do aquel ¡oven, y él \o ocupó, poniendo guarnicio- 
nes i y adquirió para Alejandro todo lo demás de 
qqe pudo desposeer á Antipatro. £1 Rey Lisimaco^ 
aunque no le faltaba en que entender» deseaba ar- 
dientemente venir en auxilio de este, y estando der-* 
to'de que Pirro en nada desagradarla, ni negaría na- 
da' ji TolQmeo, le remitió una carta sepuesta á oom-* 
l)re,de este, en que le prevenía se retirase de la ex- 
pedición por trescientos talientos que recibiría de An^* 
tipatro« Abrió Pirro la carta , y al pnato conoció el 
engaño i porque la cortesía no era la acostombradar 
el padre al hijo s^dud; sino v/ Rey Tolomeo al 
Re/ Pirro ealud. No dejó .pues de reconvenir i Li- 
simaco; mas sinembargo convino en la paz, y se ba- 
bian reunido, como si sacrificando yíetimas fueran 
i confirmar los tratador con jaramento. Habíanse 
traído un macho de cabrio, un toro, y un carnero;;^ 
y como este se muriese por sí , á todos^ los demás les 
causó risa aquel suce^; pero el agorero Teodoro 
prohibió á Pirro que. jurase, diciendo, que aquel pro- 
digio anunciaba la muerte de uno de los tres Reyes; 
asi Pirro se apartó de la paz por esta causa. Cuando 
ya los negocios de Alejandro tomabaci' consistencia, 
acudió E^metrio ; y como se presentaba á asistir al* 
que no lo habia menester, desde luego dio que re- 
zelar ; pero á bien pocos días de haberse reunido , por 
mutua desconfianza se armaron asechanzas uno á otro. 
Espió la oportunidad Demetrio, y adelantándose al 
joven, le quitó la vida, declaránoose Rey de Mace- 
donia. Tenia ya antes de aquella época quejas contra 
Pirro, y habia hechojncursiones en la Tesalia; i lo 
que se agregaba la natural enfermedad de los pode- 



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piRRa ^ .4^3 

rosos, ífot és h ambición desmedida , p(^ 'la cual 
había venidd i ser entre eilos la vecindad mny rece- 
losa y desconfiada , especialmente después de la muer^ 
te de Deidamia; mas cuando ya ambos poseyeron la 
M^cedonia^' y vinieron á coincidir en un mismo pun- 
to dex:odicia^ teniendo la discordia mas visibles cau- 
sas , acometió Demetrio á los Etoiios: venciólos , y 
dejando allt á Pantauco cpn bastantes fuerzas^ mar- 
chó él mismo contra Pirro ^ y Pirro contra él ape- 
nas lo llegó á entender. Hubo equivocación en el ca- 
mino, ^y te desviaron el uno del otro; y Demetrio^ 
penetrando en el Epiro , lo asolaba ; pero Pirro , ca- 
yendo sobre Pantauco, se dispuso á presentarle ba- 
talla* Trabada esta, era terrible el combate entre los 
soldados , y mudio mas entre' los Gefes : porque Pan- 
tauco, que en valor, en firmeza de brazo , y en ro- 
bustez de cuerpo era sin disputa el primero entre los 
<::aud¡llos de Demetrio, sobrándole ademas el arrojo 
y altivez, provocaba á Pirro á singular combate; y 
este, qne en fortaleza y reputación no cedia á nin- 
guno de los Reyes , y que aspiraba á acreditar que 
la gloria de Aquiles no tanto le era propia por 11- 
nage como por virtud, corría por medio de los ene- 
migos en busca de Pantauco. Combatiéronse primero 
con las lanzas; pero viniendo después á las manos^ 
bicieron uso con maña y con fuerza de las espadas; 
y recibiendo Pirro una herida, y dando dos, una 
en un muslo y otra en el cuello, rechazó: y derribó 
á Pantauco; aunque no le acabó de matar, porque 
sus amigos le retiraron. Alentados los Epirotas cofi 
la victoria de su Rey , y admirados de su valor, 
rompieron y desbarataron la falange de los Macedo- 
nios: siguéronles el alcance en la fuga, y dieron 
muerte á muchos , tomando vivos á cinco mil. 

Este: combate no produjo en los Macedonios tan-* 
to odio y encono contra Pirro por lo que en él su- 
frieron , como gloria y admiración de su virtud ; daa- 



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4o ocasión de hablar de ella í los que Tienm sos hh 
zanas , y á los que le trataron después de la bataUt. 
Porque les parecía que su aspecto, su pronutod y 
SQS movimientos eran los mismos que los de Alejan- 
dro; que veían en este sombras é imitaciones de aquel 
ímpetu y aquella violencia en los combates ; y que 
si los demás Reyes remedaban á Alejandro en la pur- 
pura, en las guardias » en llevar torcido el cuello, y 
en hablar alto, sob Pirro lo representaba en las ar- 
mas y en el esfuerzo. De su pericia y habilidad en la 
táctica y en la estrategia pueden verse probas en los 
comentarios que sobre estos objetos nos de^ó escritos. 
Dícese ademas que preguntado Antígono' quién era 
el mejor capitán , habia respondido , Pirro en siendo 
mas viejo: bien que no habió, sino de los de saedad; 
pero Aníbal, hablando en general de todos los ca- 
pí t.anes> en pericia y destreja puso el primero á Pir- 
ro, el segundo á Escipion , y el tercero á sí mismo, 
como dijimos en la vida de £scipion. Finalmente Pir- 
ro en esto fue en lo que se ocupo siempre , y á esto 
dedicó su atención , como á la doctrina mas propia 
de los* Reyes , no dando ningún precio á las demás 
artes y habilidades. Asi se refiere que preguntado en 
un festín cuál era mejor fliiutista, si Pitón ó Cansía, 
contestó: Polipercon eé el mejor capitán: como sí 
esto soló fuera lo que le estaba* bien inquirir y saber 
á un .Rey. Era sinembargo para los que le. trataban 
afable:, y nada fácil á irritarse; asi como activo y 
vehemente para la gratitud y reconocimiento. De 
aquí es que habiendo muerto Eropo , se mostró muy 
pesaroso, diciendo que este habia sucumbido á la 
mortalidad; pero él quedaba con el disgusto, y se 
reprendía á sí mismo, de que pensándolo y difirién- 
dolo siempre no habia pagado sus servicios : porque 
los réditos pueden pagarse á los herederos dé los que 
dieron prestado ; pero el retorno de los favores , sino 
se hace á los que pueden sentirlo y apreciarlo, se 



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tam^-vn ifliccioo; del hombre recto y fustoi, -PropO'» 
aiftple enrAmbrada dguno&que desterrase á ur> bom-- 
br«¿.desyergonzado..y «Daldiciente contra ¿1 ;..pero les 
cespdftdió ^i nada de eso^ mejor es que sejquede.aqui» 
fxirque vale mas que. me difame entre nosotros que 
somos pocos ^ que no que yendo por ese mundo , me 
desacredite con todos los hombres. Reprendiendo á 
anos j6:venés que eai uú festin ie habian..iasuItado| 
lQ9r preg^tó: ¿si era cierto que habiaa «proferido 
dquéllas injurias ^ y como uno de ellos- respondiese, 
esa^' mismas 9 ó Rey.^ y aun habríamos jpro&rido mas» 
si bubi^ramos tenido :mas vino, echáodose á reir, los 
dejó ir libres. • - 

. . Casóse, por miras deL adelantar sus negocios y su 
poder^con muchas'inugeres después de.la muerte de 
Antísona: porque se enmzó con la hija de Auto león- 
te, Key de la Peonía ;t con Bircena, hija de Bardi-» 
lest Rey de los lUrto^*; y con Lanasa., :hlja de Aga<* 
toóles, Rey de Siracusa,.que le lleva ;en dote la ciu- 
dad de Corfti , tomada por Agatocles. De Antígona 
tuvo- en hi|o á Tolomn); de Lanasa á Alejandro ; y 
i Helemo,el mas joven entre los hermanos, de Bir- 
cena. A todos los formó excelentes en las arma^ y 
sumamente fogosos, excitados á esto por ¿1 apenaf 
nacidos. Asi se dice que preguntado por uno de ellos, 
todavía muchacho, que á quien dejaría el ftino, le 
respondió, i aquel de vosotros que tenga mas afilada 
la espada; lo que en nada se diferencia de aquella 
maldición trásica dirigida á unos hermanos : 

: Birtais Ja hacienda con el yerro agudo ; ^ 
¡tan antisociales y feroces son los designios de la 
ambición! . 

Restituido Pirro í su reino celebró la anterior 
batalla con grande regocijo, volviendo lleno de glo- 
ria y de engreimiento; y dándole los Epirotas el 
nombre de águila, por vosotros, les dijo, soy águi- 
la; ^y cómo no lo seré elevado en alto, como con 



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4T6 9I111LO. 

«las vor wimir» armas? De allí i poco tiempo, «^ 
btenao que Demetrio se hallaba peliarosameiite ea* 
fermoi invadió repentinameiue la MAcedoaia como 
para hacer correrías y talar el pais ; y estovo ét po« 
co el que se apoderase de todo, y ocupase sin coQr 
tradicdon el reino , llegando hasta Edesa^sia que na-» 
die le resistiese , y antes reunténdosele muchos , y 
peleando á sus^ órdenes. Dio el peligro & Demetrio 
un aliento superior á sus fuerzas , y con^r^ando sos 
amigos y generales gran copia de gente en poco tiem* 
po, se fueron resuelta y denodadamente oontraPir^ 
ro. Este, que habia venido para recoger botín ^ mas 
que para otra cosa y no los aguardó , sino que se pa« 
io en retirada » en la que perdió barte de sus tropas^ 
persiguiéndole los Macedonios* i aunque no por ha^ 
berle tan fíkil y prontamente arrojado de su pth 
se descuidó ya Demetrio; con todo teniendo resueW 
to emprender grandes cosas , y recuperar el imperio 
paterno con aen mil hombres y quinientas navesi 
no creyó conveniente enredarse con Pirro, ni dejar 
á los Macedonios un vecino activo y peligroso : por 
lo que no pudiendo detenerse á hacerle la guerra» 
determinó afustar paz con él , para marchar contra 
los otros reyes. Hechos los tratados, y descubierta la 
idea de Demetrio por los mismos preparativos , te- 
merosos^Ios Reyes enviaron embajadores y cartas í 
Pirro, diciéndote extrañaban mucho que abandonan* 
do la oportunidad que tenida en la mano , esperase la 
de Demetrio para hacerle iá guerra , y que pudien*» 
do arrojarle de la Macedonia, mientras causaba sus- 
tos y los recibía, aguardara á tener que contender 
con él , desembarazado ya y con mayor poder , en 
defensa de los templos y sepulcros de los Molosos; 

?^ esto cuando poco antes le habia arrebatado á Cor« 
u juntamente con la n;iuger : porque Lanasa , dis- 
gustada con Pirro, porque mostraba mas añcion i 
Ms.mugeres bárbaras , se habia retirado. á Corfú , y 



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TIRRO. 417' 

Éspimdoá Otro matrimonio regio hábia llamado í 
Demetrio, sabedora de que ^ra nías inclinado que 
lóS otros Reyes á enlazarse con muchas mugeres ; y 
él , acudiendo al llamamiento , se habia enlazado coa 
Lanasáy y habia dejado guarnición en la ciudad. 
- Al mismo tiempo que los Reyes escribian asi i 
Pifro , "trataban por sí de molestar á Demetrio , ocu- 
pado todavía en sus preparativos : para ello Tolo- 
meo, embarcándose con grandes fuerzas, hi¿o que 
se le rebelaran las ciudades griegas; y Lisimaco, 
entrando por la Tracia, talaba la Macedonia supe- 
rior. Con esto, puesto también Pirro en movimien- 
to, marchó contra Berea con esperanza, como suce- 
dió, de que Demetrio , yendo á oponerse á Lísima- 
co, dejaria desamparada la región inferior. Pareció- 
le aquella noche que habia sido llamado entre sueños 
rr Alejandro el Grande ; y que habiendo acudido, 
había visto enfermo en cama; pero le habia habla- 
do 'cort amor y aprecio, prometiendo auxiliarle efi-^ 
Cemente; y que habiéndose atrevido i preguntarle/ 
¿y/pomo, ó Rey ^ podras auxiliarme estando enfer- 
mo? le habia contestadp , con mi nombre ; y cabal- 
gancfo sobre el caballo Niseo habia marchado de- 
lante de iíl. Alentóse mucho con esta visión, y sin 
petder íñomento^, ni detenerse en el camino, tomó 
á Berea; y acuartelando alli lamajror parte del ejér- 
cito, sujetó lo restante de la región por medio de 
sus generales. Demetrio, luego que tuvo de ello no-f 
ticia, y observó que en el campamento de los Ma- 
cedonios se movía una sedición de mal carácter , tc- 
mió ir mas adelante , ho fuese ^ue estos , teniendo 
cerca á un Rey que era Macedonío , y gozaba de re- 
J)Utacion , se pasasen á él ; por lo cual , mudando de 
dirección, níarchó contra Pirro, que era forastero, 
y á quien aborrecían los Macedonios. Mas después 
que se acampó alli cerca, pasando á los reales mu- 
chos de Berea, celebraban á Pirro como varón in- 

TOMO II. DP 



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41 8 PIRRO, 

vencible, y muy aventajado en las armas ; y corn^ 
muy benigno y humano p5^ra con los cautivos. Ha- 
bía también algunos, enviados insidiosamente por 
Pirro, que fingiéndose Macedonlós, esparcían voces 
de que aquel era el tiempo de abandonar á Deme- 
trio , hombre intratable , y pasarse á Pirro , que era 
popular , y muy amante del soldado. Alborotóse' coa 
esto la mayor parte del ejército, y hacian diii¿en« 
cias por ver «á Pirro. Justamente cuando esto suce- 
dió tenia quitado el morrión ; pero dando en lo que 
aquello era , se le puso , y fue qonocído ea el pe- 
íiacho sobresaliente y en la cimera, que eran unas 
astas de macho cabrío ; con lo qué hubo Macedo* 
nios que corrieron i él pidiéndole la seña ; y algu- 
nos se coronaron* coq ramas I de encina, porque asi 
hubian visto coronados á los que se hallaban con 
Pirro; y aun hubo quienea se atrevieron á proponer 
al mismo Oemetrio que lo mejor que podría hacer se^ 
ría ceder y abandonar el puesto. Advirtiendo que con 
•esta proposición conformaba el movimiento del ejér- 
cito, entró en temor, y se marchó ocultamente, dis* 
frazándose con un vil sombrero y una mala capa. En- 
tonces Pirro, dirigiéndose al campamento, le tomó 
sin oposición , y fue aclamado Rey de los Macedooios. 
Preséntesele en esto Lisímaco , y como le cxpu-r 
siese que habla sido obra de auibos la ruina de De- 
metrio, y manifestase de$eo de que .dividiesen el reír 
no; Pirro, que rió tenia todavía gran confianza en la 
lealtad de. los Macedonios , sino que mas bien estaba 
rezeloso de ellos, admitió la proposición de Lísima^ 
co, y se repartieron entre sí todo el territorio y las 
ciudades. Llenó esto en aquellos momentos los deseos, 
y puso término entre ellos á la guerra; pero al .cabo 
de bien poco conocieron que lo que habían creído 
fin de la enemistad , no era sino principio de quejas 
y de discordia: porque aquellos, á cuya ambición, 
ni el mar, ni los montes, ni los desiertos son sufi- 



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HltKOi 419 

^Qte tdrmiod'i y ¿ aúya.codkta no ponen coto ios 
iímites que ieparan la £uropa. dd Asiai no puede 
jCQDoehirse.iCoinQ. estarán en quietud ^t rozándose j 
.trocándose continoamente ; sino que esprecisoiqnese 
baglaa síemprfe la gaerra, siéndoles ingétiíto el ;ar-i- 
marse ásecfaimzáis y. y tenerse enrldta. Asi es que de, 
«stosdos aoínbreS) giierca y paz^, hacen uso eoiño 
.de la moneda:^ para io que les es útil, no para io 
jjusiso ; y debe, considerarse que son mejores cuiíndo 
abierta y francamente hacen la guerra 9. que no caan^ 
do al abstenerse y hacer pausas en la violencia le 
dan los nombres de justicia y amistad. Vióse esto 
«bien claro en Pirro ; qiiien para oponerse de nuevo 
al aumento de Demetrio , y reprimir su poder /qué 
como de una grave enfermedad iba Convaleciendo^ 
dió.auxilio á los Griegos, pasando para dio á Ate^ * 
nas« Subió pues al alcázar , é hizo sacriñcio á la Di€>* 
aa;y bajando.en.el mismo ¿ia^Jes.'dí jo estar muy 
satisfecho del amor y benevoleneia del pueblo ; pero 
que si tenían :.juicio no volverían nunca á permitir 
á ningún Rey el entrar en la ciudskl , ni le abririan 
las puertas. Asenté luego paces con Demetrio ; y co- 
mo de alii á poco tiempo pasase este al Asia, inci- 
tado, de nuevo! por Lisimaco, te sublevó la Tesalia^ 
^'hizo la guerra i las guarniciones griegas, ya por>^ 
^ue ie iba mejpr con los Macedonios^ cuando ios 
tenia egercitados en h milicia , que cirando estaban 
fociosos; y ya sobre todo porque no era su genio de 
«starse nunca quieto*. .Bor último vencido Demetrio 
0a Ir-Siría^ üomo Lisimaco quedase libre de miedo 
-y 4^ otras atenciones, al punto marchó contra Pir^ 
TO. Hallábase este acuartplado en Bdesa^, y echando^ 
ise sobre las p«ovhíones que le llevabanr, con inter- 
ceptátselas le pufo ya en grande:apuro: después por 
escrito )* de palabra enfpezó ásohnrnarle.á los prini- 
'típales de los Miacedonios, echándoles en cara que 
"hubiesen escogido pptseñor á un e^trangero, deseen^ 

DD 2 



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4*0 FTRItOi 

diente de k>s que siempre habiffli servido á los Ms^ 
cedoniosy y arrofátoa de esta región á los amigos y 
deadosde Ai^)aa4iro<>Como foeseír ya muchos los 
seducidos ^entrtS.ei^» temor Pirpo/yisencetiró con las 
«rop&s del Egiib y. dé los aliados > perdiendo la Ma- 
-cedoniadel mismo modo que la habla adquirido. No 
«tienen pues los Reyes que quejarse de los pueblos si 
je mudan y buscan su conveni^cia-, porque en esto 
«no. hacen mas que imitarlos, siendo ellos mismos sos 
maestros dexleslealtad y trúcion, y quienes les en* 
s6ñah > que eL que mas gana es el que menos consl* 
dencion tiene á la justicia, i 
> • Retirado entonces Pirro al Epiro , abandonando ya 
la.Macedonia, le ofreció la fortuna el. poder gozar 
de, lo presente sin inquietudes , y vivir en paz gober- 
nando su propio reyno ; pero para él el no causar 
daño á otros ni recibirle de ellos á su vez era un tor- 
sión to; y en cuanto al reposo le sucedía como i 
fAqiiiles, . . 

Que en él su corazón se consumía 
r.4 ahí encerrado; y todo su deseo. 
• t.. Eran las huestes y la cruda guerra. 
Aspirando pues á ella, tuvo para entraren nuevas 
apresas la ocasión siguiente. Hacían los Romanos la 
guecra á los Tarentinos; y estos no pudiendo ni ha- 
cer frente á ella ni ponerle término» por el acalora- 
miento y malignidad de sus cfemagogos, acordaroa 
nombrar por.su general , y hacer tomar parte en esta 
•guerra, á Pirro, el menos distraído entonces entre los 
Jleyes, y el mas aguerrido de tódós Jos Capitanes. De 
4os ancianos y los hombres de juicio algunos se opu- 
-síeron á esta rescílucíon; ^leco tuvieron que óoJer 
i la:gritería y alboroto de Ifi mocheduoibre ; y otros 
len vista de esto desertaron- de las ^mitas. Había un 
. -hombre moderado Ikmado Meton,iy este» llegado el 
^ :diia en que había de. confirmarse el aecreto, cuando 



I 



-ya el pueblo estaba congregado^ .tomando una córo^ i 

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.nade la: nc^hmt^ríór y un farol ;coilio si estavi»-' 
se beodo^se dirigió acompañado. de una tañedond 
de flauta á 1» j«mta del pueoio. AUt como sucede en 
takfi jontaflí |v>pjalatí9$ 9 no babieodo'Ottlea alguno 9 loá 
liaos al verle empezaron i dar.^ gritos , los otros iset 
relajo , y nadie te> oponia estorbo ^' y antes. biea atgo^ 
DOS decían. <}ue la moger tocaÍseí>9.y que él pásanda 
adelante cantase )' lo qtíe paredaibá i ejecutar: ihi-p>: 
pqesto pues^sUenotoe TareQt|noa> les dijo; bacciif< 
my^ bienea.diiverttros y en^r^laros n\ientras o6 es* 
per|ttitido> lin^onepob&tácnlQsrá^uien de ello guste:: 
por tanto siitc^ei; jiiScio gozaftis.riioVa de vuestra; 
libertad , como que:otros negocios ,. otra vida y otra; 
dieta OS' esperan .luego que Firro ^egiie.' á la ciudad^ 
Logró con e$tas «osas persuadir i la' mayor parte d^* 
lo&Ta£entii^9^:y:p9k' toda lajünta -corrió el maiw 
amilo de que decía muy bien>; pero, lo» que temían: 
4 los RouvaoQSf y el ser entregaoosi elfos si sthíici» 
la paz» afrentaban al pueblo porque 6e dejaba barlap 
y- escarnecer tan vergonzosatttente,rcoo loquebideSI 
r.on salir de^ aUi á Miston. Confirmádolde estamane-^ 
ra el decreto 9. enviaron embíijadtore? al:Epiro> que 
llevaron presentes á Pirro, no.solodeisu partera síhó: ' 
db} lo$ den^s de Italia » y manifesláfon <^ue lo <{^ene«^ 
oesjtaban ^ra un <5cncral experto y acreditado. Teniatt 
ademas arandes'fueraasdel paisas losLucanos, hlfim 
i^pios y Samantes / y Tarentlnos: basta veinte mil .ea^^ 
ballos, y de infantes en todo «trescientos y cinonea^j 
ta mil hofubires : cosa^ que no !$blo inflamaron á^Pirro,: 
sino que á'los mismos Epirofa^ le» iiis]^irarón'/kseDS 
y empeño ipor ser de la expe^íícion-, .Vivia en aquella: 
4poca un Tesaliano llamado Cineas y hombre de bps**. 
taiite prudencia y > juicio, queibab}a.sido discípulof 
de Demósícnifis el orador , y que splp-entre los oradb+f! 
res de su tiempo representaba como'.en imagen A los' 
que le oran la fuerzsa y veheftiencia de este. Estaba > 
en conipaáía de Pirro» y enY»do por él i lasóuda^ 



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des, Gonfarnubt «I dicho <lc Eiivfpiémie'fiie I» psl^ 
hn' lo vence todo» 

E igoala en fuerza al enemigo aoeroJ 
Asi $olia decsc Pirró que masf ci«idades hahit, mécp»*' 
rido por los di^corspsde Cineas qae pot tus nmnas; 
y Mempre le honraba 9 y se ralia de ^1 eon^ preferea^ 
<ák entre los demás.. Cineas pnescomo viese á Pirro 
acalorado concia klea de marchar á la itaMai en oca- 
sToQ de hallarle. desóCQpado le mc^io^estl conv'ersa-^* 
don: dícese 16 Piriro, que los Romanos sdo giiene^ 
tmyé imperaqá modias naciones belij^osast por tañ«-^' 
tRsi Í>fos nos 'coBcediese sujetarlos ^ l qüé^firiito saóá-'' 
namosfde esta victoria? Y que Plrfo te tespoíidi^ 
preguntas 9 d Cineáis , una cosa bien manütestat por* 
que vencicbs tos Romanos, ya nonos queda alli dti-^ 
dad ninguna, ni bárliara ni Griega que f^eda opo« 
nérsenos; sino> que inmediatamente seremos dueflos 
dé teda la Italia -, cuya extendón , foevsa y poder 
menos püedoit ocultárr^ete á t( que í ningún otro. 
Deitdiiose un' poco, Cineas , y luego eontiauó: bien, 
¿•y. tomada b Italia', ó Rey , que haremos? y Pirro, 
qu^ todavía wj ediala de ve? adonde. iba a parar; 
alli cerca', le^'dijo^''nos alarga las manopla Sicilia, 
iskirioa, muy^ poÚada y fácil de tomar: porque to-' 
du^'^n ella es sedldoQ, anarquía de las ciudades,. é 
ififipádeticia de tosí déma^gos desde que fítlto Agáto^ 
olea, lü'iene bastante probabilidad lo qW'péopones, 
oeoitesiRD Qneád j ¿peió leráf ya eI't¿rmino de nues- 
tisa expedición' tomar' 1á Sidlía? Díos^ neis dé vencer 
y tritinfar j dijo Pirrd ,^e tendreftids mtjcho adelan- 
tado- para mayores: empresas : porque * ^''qui^n podría 
no.pé»sar después esrel África y en Cát'ttígo, que no 
oflnaq&daficultadí, pdes^qiie A gatoctes, hiendo ünfií- 
gtt&o' de SiraCúscrf 7* habiéndose dfrigidoá ella ocul- 
tadieiita con 'mtt5^'^pQQasinaves, estuvo Cási én nada 
eii^ue!a tomase)? yjdüeíios de todo lo'refertdo, i po^ 
dfá.bábe( a^iinadudi^b que nadie no^ opondrá re* 



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TltL'ELO. 413 

ifstenciflde los enemigos que ahora noslnsoltan? oin-v 
gana, replicó Citieas; sino qne es muy claro que con 
facilidad se recobrará la Macedonia , y se dará la ley 
£ la Grecia con semejantes fuerzas ; pero después que 
todo nos esté sujeto ¿qué haremos? Entonces Pirro, 
echándose á reir, descansaremos largamente , le dijo, 
y pasando la vida en continuos festmes y en mutuos 
Coloquios nos holgaremos. Después que Cineas trajo 
i Pirro á este punto de la conversación , ¿ pues quién 
Qós estorba, le dijo, si queremos el que desde ahora 
gocemos de esos festines y coloquios , supuesto que 
fiemos sin afán esas mismas cosas á que habremos 
de llegar entre sangre y entre muchos y grandes tra- 
bajos y peligros, haciendo y padeciendo innumerables 
mabs? Pero Cineas con este discurso mas bien mor- 
tificó que corrígió á Pirro; pues aunque entró eii 
Cuenta del gran sosiego que gozaba , no fue dueño de 
renunciar á la esperanza de los proyectos y empre- 
sas á que estaba decidido. 

Empezó pues por enviar en auxilio de los Taren- 
tinos á Cineas, que llevó consigo tres mil soldados: 
después traidos de Tarento muchos transportes para 
caballos, naves armadas y toda especie de buques,' 
embarcó veinte elefantes, tres mil caballos, veinte 
ñiil infantes , dos mil arqueros, y honderos quinientos. 
Cuando todo estuvo á punto , se hizo á Tá vela ; y 
hallándose ya en medio del mar Jonio , foe arreba- 
tada violentamente la escuadra de uñ recio Bóreas oué 
á deshora se levantó;- y 16 que es él' mismo piido, 
aunque no stn dificultad y trabajo , ser llevado á la 
orilla y arrimado á tierra por la industria y cuidado' 
de los pilotó^ y níarinérós;- pero la escuadra se sepa- 
ró y dispersó; y unas naves desviadas de la Italia 
corrieron por los m^res Líbico y Siciliano , y á otras^ 
que no pudieron doblar el promotor io Yapigio, las' 
sorprendió la noche, y arrojándolas la marejada á 
playas inaccesibles y desconocidas , las destruyó to- 



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das I excopcion de la del Rey* Esta , mientras, fue so-, 
lo contrastada del olcage , pudo .sostenerse y resistit 
por su porte y firmeza á loe embates del mar ; pero 
cuando ya empezó á soplar y rodearla el viento de 
tierra dándole por la proa, corrió gran riesgo de,abrir-« 
se y despedazarse : asi el mas terrible de los males 
^ue se tenían presentes era el entrarse de naeico a 
iin mar irritacfo, y á un viento que por puntos varia- 
ba ; y con todo levando áncoras Pirro , se lanzó miar 
adentro > siendo grande la porfia y empeño de sos 
amigos y sus guaraias en estar á su < lado. Mas la no- 
che y las olas con fuerte bramido y. violente torbelli- 
no estorbaban que pudieran socorrerse : de manera, 
que con dificultad al dia siguiente 9 aplacado ya el 
viento, pudo saltar en tierra , quebrantado v-sinj^ 
derse valer de su cuerpo.; pero contrastancío por la 
energía y fuerza de su. alma con tamaño contratiem- 
po» Entonces los Mesapios-, á cuya tierra aportó » se 
apresuraron con la mejor voluntad á darle los auxilias 
que podían, procurando recoger las pocas naves que 
se habían salvado , en las que existían solo unoscuan^ 
tos hombres de los de á cabjallo , míenos de . dos mil 
de infantería y dos elefantes. 

Recogido esto poco, marchó Pirro á Tarento, y 

Ícndo á encontrarle Cineas , luego que supo su llega- 
a con los soldados que á su venida trajo, entró a5Í en 
la ciudad ;. en la que nada hizo por fuerza Jii contra 
la voluntad de los Tarentinos , h^sta que se salvaron 
del mar las otras naves, y llegó Ja mayor parte de 
las restantes tropas. Entonces' como viese que la mu- 
chedumbre ni estaba en disposición de salvarse, ni 
de salvar á otros sin una. gran violencia, coligi4ndose 
ser su ánimo que el mismo Pirro se pusiese delante, 
mientras ellos permanecían quietos en casa entreteni- 
dos en sus baños y convites, cerró los gimoasios y. 
los paseos, que era donde íiablaban de negocios y 
donde hacían la guerra de palabra; apartándolos adc- 



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r^m ^ád^ ^|; ba^qi^etes j. jresodjos iot^t^sti vo$« Lia* 
máb^íi^ i, las. arinas ^ .siendo doro ¿4anexible en Ío$ 
^lUniftilüe^tos de.:los{qae habían át servir; tanto que 
ixxuchps.^sev salieron de la ciudad, np cabiendo sufric 
el seit masdados , y llamando esclavitud al no vivir, 
á piaper* Cuando: se le anunció que el Cónsul de los 
Romanos jLevino.niovia. contra él con crandes fuer- 
zas^ talaiulo al paso la^Lucania, todavía lo$. aliados 
po h^iap ,parecido ;. y con todo , creyendo envileqer-< 
se cpqI^ detención y con desentenderse.de qne tenia 
t^o^ cerca jos enemigos , salió con sus. tropas, aunque 
envlandq un iperisagerp á los Romanos proponiendo-. 
íe$., que si gustal)an ,. podrían antes dfi disputar coq^ 
fas ,ai:^as obtener, resjftrcimiento de perjuicios de, lo|. 
Ítjaii9nps.3 siendo ¿1 eí juez y mediador, l^espondióle 
Invino que ni los .Romanosi le nombraban arbitro ni 
le, temiao' enemigo, y adelantándose todavía mas, puso, 
su cf^mpo.,en el terreno que mediaba entre las ciuda- 
áes .^ , Pandosía y Heraclea. Noticioso de que loS 
IloiQjano& se habían acercado mas y y que tenían su. 
qan^ aí^otro Iqdo del rio Siris, dirigiéndose á ca- 
ballo; J^ia este* precisamente para observar» como. 
\íe$t su disposición, sps guardias, el orden del cam* 
pan^ento.y. todc» el arreglo del ejército, quedándose 
SQirprendicfo, dirigió la palabra á aquel de sus amigos 
que tenia mas próximo, diciéndole: este campo de 
bárbaros, ó Megaclés , no es bárbaro: veremos los he- 
chos; y pensando ya en lo que podría suceder , de- 
terminó aguardar á los aliados. Por si ios Romanos trg- 
tatúan de adelantarse y pasar , colocó junto al rio una 
gHardia que los detuviese ^ mas estos por lo mismo 
qq^ él determinó esperar quisieronjidelantarse , é in-» 
tensaron el paso ; la inf^nte^ría por un vado., y los de 
caballería haciendo el, tránsito por diferentes puntos, 
de modo que los Griegps tuvieron. que retirarse; y 
Pirro, sobresaltado con la 'noticia^ dio orden á los 
gefes de la infantería para que al pnnto la formasen 



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4íé . pin*o- 

tse nanturi^h sobre Ids armas ry ¿I mismo se aK- 
nt6 con los dcíS caballo', quieran ónps tref^ ttiíl , es- 
perando sorprender en el pasó -¿r los Rom"ari6» dtépcr- 
íos y desordenados. Cuando vía muchos ésctidb^ so- 
bre el río , y á la cabállérííi 'qne avanzaba éñ orden, 
«te rehízo v acometía el primero, * hacténdbsé ' notar 
pof la brillantez y sobresaliente órhátb de las armas, 
y mostrando en sos hechos lin valor que nof 'desdecía 
de su fama; el que se ecíhó kna^* de ver cñ que nó 
óbsfante aventurar su' cuerpo en ¿1 combate , jr defen- 
derse vigorosamente de los que leacometíañ ^ íio^é fal- 
tó la presencia de ánimo , ni deja de estar eo todo; 
sino que como bí se conservara «ereno fuera de actíon» 
«si dirigíala guerra , recoVrféndotó todo y dáhdo so- 
Corro á los qué parecía que aflojaban. En esto líri Ma- 
ccJdonio Hamádo Leohato óbsétvahdo que tin ItaKa-* 
no se dirigía contra Pirro, enderezando í él el caba- 
llo , y siguiendo siempre sus pasos y móvimi&itos, 
¿ves, Te dijo, <5 Rey , aquel bárbaro qué viene en 
ún caballo negro coii cabos blancos? pues Oáréttfme 
á mí que trae algún grande y dañoso desígtiió ^" por- 
que puso en tí la vista, y contra-tísediHee llfeno dé 
arrojo y de cólera,- sin hacer cuefit^ de los demás;' 
asi guárdate de él; al que contesto Pirró : es Impósi-- 
ble, 6 Leonato, que el hombre evite su hado; pero 
yo te aseguro que ni este ni ningún otro Italiaiio sé 
irá riendo dé haberlas conmigo. Cuándo estaban en 
este razonamiento , eóhando el Italiano mano á la 
lanza y revolviendo el caballo, acometió á Pirro; y 
á un mismo tiempo hiere ¿1 con la lanza el caballo' 
del Rey , y acudiendo Leonato le hiere el suyo : ca- 
yeron muertos ambos caballos ; y sacando libre sus 
amigos á Pirro, diefon muerte al Ití^Hano, aunque 
no dejó de defenderse. Era de origen Ferentano , gefc 
de esdo^ron , y se llamaba Opiaco, 

Con esto aprendió Pirro á guardarse con mas 
oiidádó; y viendo qué ciaba ia caballería, manda 



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*r€fi}r It liQttteí y It poso en or^etl ; jdrtdb énton*^* 
<^es 60 manto y sos armas á Megacies » otad dé suti 
amigo» 9 dísfrasándose en cierta manera cob las d^ 
este, acomtti^ i los Romanos» Recibieron estos el 
choque y acometieron también , habiéndose ihantehi*^ 
do la' batalla' indecisa porníucho tiempo i pues se di* 
ce que aftefntfd^ametotese retinaron , y se per^igut^. 
ron hasta lílete yeces ;• f el oáiñbio de las armas qae 
sirvió oportunamente para salviaírse el Rey , estuvo en 
Akuy poco que' no ecba$e á perder sus ventajas » y lar 
arrebátase la victoria. Porque cargando muchos só-^ 
bre Megacles, eP principal qué le derribo- y acab($. 
con él , llamado Dexoo ^ quitándole el morrión y el* 
manto% Conrid hacia Levino mostrando aqtiellas f>)rtú^ 
das 5 y ^ríttfqd^ oue habia hioerto á Pitro. Cirasdse' 

E íes eü ambos ej^citot* con este motivo, eti el dé 
s RomaMS tegocijo con grande algazara , y en el 
dp l6S^ Griego^ desaliento y asombro ; hasta que en- 
terado Ptrfo de lo que pasaba V corrió las filas con 
k cara desCíú^^rta, alargánde^ te mano á los qué pe-, 
leabatí , y dándose i coaoóer con la voz. Finalmente 
acosando sobre 1t>do á los Romanos los elefimtes , por*~ 
que los cabáll!os> a^es de acercarse i dios no podían 
tolerar su asjf)ecto y déi^ribabáh á los ginétes , hizo- 
Pirro avanzará la caballerfaTésaliana» y acabo de: 
derrotarlos con gran mortandad. Dionisio irefiere que 
de los Romanos murieron muy pocos menos de qiiinóe 
liiilhombrcs, y Gerónimo que solo siete mil; y del' 
ejército de Pirro Dionisio que trece mil , y Gerónir* 
mo qué nó ílegTfM á cuatro mil. Eran estos que álii 
perdió los mus' aWntajados^ená'e sus amigos y c$ú^ 
diüító , y^;dé*qtfi€nes Pirío hada mas cuenta y se fia- 
ba más;. Tomó también él campamento de los Roma- 
nos habiéndole estos abanddoado ; retrajo á muchas 
de las <iiudad«^ que les eran aliadas ; taló gran parte 
del. territorio ,. y se adelantó hasta no distar de Ro- 
i^a mas que^ésdentos éstadioi. Reuniéronsele des- 



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♦1» , P»R<?^ 

pues de UbitsUa mtfebosde los Lu.q^nof y Smuilte^ 
y auoquc los reprendió ppr^u tardanza , se echo biea 
ct^tíT qp^. estaba coaieoto y ufano de que con solo 
el auxilio de los Tacentinos venció un poderoso C)¿t^ 
dto de los Romanos. 

.. No de«titnyerp9 los Romanos á Levino del man- 
do » .sinembi^go de que es, fama haber dicho Cayo 
Fabricto., que no habían sido los Epirotas. ios que 
hablan vencido á los Romanos , sino rirro^ á Íjcvíbo, 
dando i entender que ^í.vencii^o no había sido el 
ejército 9 sipo el General. Completaroa pues las le<- 

t iones y alistaron con prontitud nuevos soldados; y 
^ ablanoQ dfi la .guerra^^ngada y decid'Kkmeote de- 
].aron.á Pir/o sorprendido. -Dietetminó ppjr tanto en- 
viar, quien tantease si se hallaban con disposiciones de 
(>fz:; haciendo la cuesta de que el tomar ¿Roma, y 
ense&ocearse de ella del todo > no era negocio hace- 
dero y. menos para la fuecza con que se hallaba; y 
qiiéja.paz^y los trata^ips después dci Uvícu>i;ia con- 
tribuirían.^ gran ma&eca para su opinión y fama» 
Fue el embajador Cineas , quien proó|ró acocarse á 
los , mas principales ,.;Üpy^|i4o regalos ;, de parte del 
Rey p^ra todos ellos y. para sus nwgeres. Mas na- 
die losjr^djj^ió, sino que todos y todas..mpondieron 
3ue hechos los tratado^ cqn la autoridad publica i de 
los bijetnesde cada uno podria disponer el Rey á su 
vojiuntad, dándose encello por servidos» G>n el^na- 
do uso C^eas de un jiJ^pg^age muy; conciliador y 
hpmaoQ ; y sinembargo , no -fie mosjtrarpí^ contentos, 
m dieron^ señales, de.. adtiútijT las propo^iones , por 
mas que ks dijo que Pirro jvolveria sin rescate los 
que babiaivsido hechosxauti v;os en la guerra^ y les ayu« 
daría á. sujetar la ítalia:,.^in pedir ;pQf:tDdo esto otra 
cosa que paz V amistad p^a,- sí , y seguridad para los 
Tarentinos* Habla manifiestos indicios deque los mas 
cedían y se inclinaban á la. paz por, haner sufrido 
ya una gran derrota,. y temer otra de fuieraas mucbo 



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mayores , después de incorpoírados con Pirro los Ita- 
lianos. A esto Apio Claudio , vacon'miiy distinguido; 
pero que por la vejez j la prÍTacion de la vista se 
habla retirado del gobierno í como corriese la V02 de 
las posposiciones hechas por el Rey , y prevaleciese 
la opinión de que el Senado iba á admitir la paz , no 
pudo sufrirlo en paciencia, sino que itiandando á ^iia 
esclavos que tomándole en brazos le pésiesen en la 
litera ; de este modo se hizo llevar al Senado pasan- 
do por la plaza. Cuando estuvo á la puerta recibié- 
ronle y cercáronle sus hijos y sus yernos y le entra* 
ron adentro 9 quedando el Senado en silencio por ve- 
oeracibn y respeto á persona de tanta autoriaad. 

Habiendo ocupado su lugar: t» Antes , dijo , me 
y» era molesto y ó Romanos , el infortunio de haber 
9» perdido la vista; pero ahoirá me es sensible, como 
9t soy ciego no ser también sordo, para no oír vues- 
Mtros vergonzosos decretos y resoiucioneír, coa que 
» echáis por tierra la gloria de Roma. Porque ¿don- 
•> de está ahora aquella expresión vuestra , cel^rad^ 
f» siempre en la memoria dé todos los hombres, de 
fique si hubiera venido' á-ItaUa-el mismo Alejandro 
9» el grande j y hubiera entrado en lid con vosotros, 
M todavía jóvenes, 6 <DOii vuestros padres que estaban 
«>eñ']ofu(9rte de la edad-, no se le apellicfaria ahora 
99 invicto , sino que coii la fuga ó con la muerte ha- 
itbria dado á Roma n(ayor.f«ina 2 Estáis dando prue* 
nbas de queaquello no fue manque utia vana jactan- 
91 cía y fanfarronada , ieihiebdo a los Caonios y Mo- 
99 losos , presa siempre de los Macedonios*; y temblan- 
9» do de Pirro que nunca ha hecho otra cosa que se- 
' 99guir y obsequiar á uno de los satélites deAlejan- 
M dro , y en vez de auxiliar alia: á .losGriegos , por huir 
99 de aquellos enemigos , anda errante por la Italia, 
9» prometiéndonos el mando de ella con unas fuerzas 
99 que no bastaron en sus fliaiK>s para conservar una 
99 pequeña parte d« la Macedonia.- Ni creáis. que lo 



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«o ^ FfltltO* 

j»aiejaft!s biciéndole vuestro aliado , sítío qoe^tirtei 
p provocareis i los que os miraran con desprecia , co- 
#illo fácil conquista de cualquiera, si|3ermitis que 
«f Pirro ae vaya sin pagar la pena de los. insultos, que 
«» 0s ha hecho ; y antes Heve premio de que se quedes 
#»<rieiMlpde vosotros Ij»i Tarenttnos y Samnites. *' Di^ 
:cho esto por Apio decídense todos por la guemt , y 
iiespiden á Cineas , imimándole que salga Pirro de la 
Italia; y entonces, si lo apetece, podrá tratarse de 
amistad 7 aüansa ; pero que mientras se mantenga 
ooñ las armas en la mano le harán los Romanos la 
guerra i todo trimce , aun cuando venciere á . diez 
mil LeviQos en campaña. Dicese que Cineas mientras 
eiQtaba en la negociación dando pasos y haciendo so- 
licitudes, se dio á observar el método de vida, y á 
conocer el vigor del gobierno, entrando en conferen- 
cias con los principales; de todo lo que dio cuenta 
i Pirra; y qué le añadió que el Senado le. habiá pa- 
crecido m consejo dé muchos Reyes ; y en cuanto á 
la mucfaedjumbre temía que iban á pelear coa otra 
hidra. Lernea, 'porque el número de soldados reuni- 
dos al Cónsul era ya doble que antes, y este podía 
multiplicarse mudias veces con los que todavía que- 
daban, ra Roma capaces de llevar las armas. 

Después de esto enviáronse: legados á Pirro á tra- 
tar de los cautivos^ sieñxlo uno de aquellos Cayo 
Pabocio, de quien Cineas habia hecho larga men- 
ción 'f como de un hombre justo y gran guerrero^ 
peri) sumamente pobrci Tratóle Pirro con la mayor 
consideración , y procuró atraerle á que tomase una 
cantidad de oro , laque.iío se le daba por ninguna 
condescendencia meaos honesta , sino con el nombre 
de prenda de alianza y hospitalidad. Rehusóla Fa- 
bricib , y P^rro por entonces se desentendió ; mas al 
dia siguiente, queriendo jdar: un susto á Fabricio, 
que no habia visto nunca un elefante , did orden de 
que cuando estuvieran. los dos ea conversación hi- 



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f¿eí$n q«e de repente se apareciera por la espalda ül 

joiayorde ellos, corriendo la cortina. Hízose..asiy.y 
dada U señal, se corrió la qortina; y el elefante, lerr 
vantando la trompa | la llevó encima de la cabeza 4íl 
^abrrcio.,' dando una especie de alarido agudo y ter- 
rible^ Volvióse este con spsiego , y sonriéndQse, di* 
^ í ^\txq : ni ayer me movió tu oro , ni hoy ;u ele^ 
fante. ^Hablóse en el banquete de diferentes asuntos» 
y có^. especialidad de la Grecia y de los filósofos i 
y Qneas^sacó la. con versación de Epicuro, refirien-* 
¡da lo que dicen Íot de su escuela acerca de los Dio- 
ses, del gobierno y del ñn supremo, poniendo este 
en ^1 placer , huyendo de los empleos como de mi 
menoscabp y alteración de 1^ bienav^turanza « yco^ 
locando á los Dioses íejps de todo zpi^t. y odio , y 
de providencia alguna por nosotros, en upa vida desr 
cansada y llena de delicias* Todavía no habia con- 
cluido, cuando exclamó Fabricio: ¡por Júpiter, esl- 
ías sean las opiniones de Pirro y oq .los Saspnitesi 
mientras mantienen guerra con. nosotros! Maravilla- 
do cada vez mas Pirro ^e la prudencia y de la pro- 
bidad de Fabricto , Ifge tan^biei) mayor su deseo de 
hacer pprsu medio, amistad con Roma' en lugar de 
contijUgar la guerra; exhortábale pues en sus. parti- 
culares conferencias á que se hiciera el tratado, y 
después le siguiese y viviese en su compa&ia , en la 
que tendrja el primar lugar entre sus amigos y Ge- 
neralef. ; 4 l<^ ^"^ ^> ^^^^ haberle contestado sps^a- 
damente: pues eso, ó Rey, á tí no^ puede <^tarté 
bien ; porque íos mismos que ahora te y^fjeraa y Wr. 
ven., si llegaran á conocerme,, querrían más ser por 
mí que por tí gobernados : ¡ tal er^ el. carácter 4e Fa* 
brido! rúes Pirro oyó estaí respuesta no como tirn- 
no, con enojo, sino que dio idea á sus anvlgo$ jde la 
elevación de ánimo .de Fabricio, y á-éjsi^lo I^tcon- 
jfió los. cautivos ,^ para que ú el Senadp.nQ 4e<sr^ba 
la paz j» .después de^ h«$er ,saludadp. á ^ ^Sr. deu^s , y 



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43^ FIRUÓ. 

celebrado las fiestas Saturnales » volviesen otra rez A 
cautiverio; y volvieron efectivamente después de la 
celebridad ^ habiendo establecido el Senado la pena 
de muerte contra el que se quedase. 

Fufe conferido después el mando á Fabticío , y 
Vino en su busca un hombre al campamento , trayén* 
dolé una carta escrita por el médico del Rey , en iá 
que le oftecia quitar de en medio á Pirro con yer- 
bas, si por el mérito de hacer cesar la guerra sin pe- 
ligro alguno se le promecia on agradecimiento cor- 
resDondiente. No pudo Fabricio sufrir semejante 
maldad I y haciendo entrar en los' mismos sentimien- 
tos i su colega , escribió sin dilación una carta á Pir- 
ro, previniéndole que se guardara de aqbel riesgo* 
Estatsa la carta concebida en estos términos: nCayo 
«Fabricio y Quinto Emilio, Cónsules de los Ro-« 
n manos , al Rey Pirro felicidad. Parece que no eres 
«muy diestro en. juzgar de los amigos, y de los ene- 
fi migos. Leida la carta adjunta que se nos ha remi^ 
n tido^ verás que haces la guerra á hombres rectos y 
M justos, y qué te fias de inicuos y malvados. Da- 
M moste este aviso , no por hacerte favor, sino para 
9» que caalqui^a mal suceso tuyo no nos ocasione 
9> una calumnia ; y parezca que tratamos de dar fin 
n á la guerra con malas artes, ya que no' podemos 
•I con el valor:" Cuando Pirro se halló con esta car- 
ta, y se- enteró de las asechanzas, castigó al médico, 
y en agradeciilílénto envió á Fabricio los cautivos 
sin rescate ; haciendo de nuevo pasar á Cineas á ne- 
gociar la paz; Mas los Romanos , desdeñándose de 
recibir de grada los cautivos , bien fuese la remesa 
fa<ror-de ün ^emigo , ó recompensa de no' haber si- I 
do injustos,- eiíviaron asimismo á Pirro otros tantos j 
Tarentinos y Samnites ; pero acerca de la amistad y I 
I>a2 no permitieron que se entrase en coñferentía, I 
sin qire antes retírase de la I-taHa^süs armas Jr-sii éjér- j 
ó¡to , uñándose al Epiro eñ ks mismas naves en que 



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vine. !Pne pues precisó disponerse á otra batalla ; para 
Jo que poniendo' en movimiento su ejército , y al-' 
oanzando á los Romanos junto á la ciudad de Ascu- 
lo i fue <k estos impelido a lugares inaccesibles á la ^ 
cd(baHerk/-y á ua sitio muy pendiente y poblado 
de matorrales 9 que quitaba toda facitidad para qué 
los defames se unieran con la hueste ; y habiendo te-' 
nido mcfchos muertos f iieridos , solo la noche puso 
fin al combate. Pensó entonceü como al dia siguien* 
te haria la guerra en lugar llano , en el que los ele« 
fantes pudieran oponerse á los enemigos; y como 
palia éltc ocupase con unagra^ guardíg los matos pa<* 
sos, y colocase entre los elefantes multitud de azco- 
seros y saeteros, acómeti<5 con gran ímpetu y fuer- 
za , Iteyañdo su hueste miiy espesa y apiñada. Los 
Romanos , ño siendo duefíos como antes d^ los des- 
filaderos y puestos ventajosos, acometieron también 
de frente en la llanura ; y procurando rechazar á los 
pesadamente armados antes que sobreviniesen los ele- 
fantes ,. tuvieron con las espadas un terrible combate 
cotítra las lianzas, no curando de sí en ningtína ma- 
nera, ni atendiendo á otra cosa que á herir y tras- 
tornar > sitl tener én nada ló que padedan. Al cabo 
de' mucho tiempo dfcese que la retirada tuvo princi- 
pio eñ el punto donde se hallaba Pirro, que acoso 
estraordinariamente á los que tenia al frente ; mas el 
principal daño provino dei ímpetu y -fuerza de los 
elefantes , no pudiendo los Romanos u$ar de sil va- 
lor en la batalla; por ló'cual, como ú utra ola 6 un- 
terremoto los estrechase , creyeron quedebiaii ceder, 
y noeiper^stf á morir con las manos ociosas^ pade-* 
oiendo) sin poder ser de Bingün provecho, los males 
mas terribles. Y sinembargode no hafeersido larga 
la retirada al campamento, dice Gerónimo que mu- 
rieron' seis mil de los Romanos, y de Ja parte de 
Pirro se- refirió en sus comentarios haber muerto tres 
mil quinientos y cinco ', pero Dionisio bí dice que 
TOMO n. fifi 

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4U ?IRKO. 

bubie^ habido do$ batallas ¡unto á Asento ^ ni que 
ciertamente hubiesen sido vencidos ios Roaumos; si- 
no que habiendt> pcleadouna sola ve^ , apenas cesa- 
ron de la contienda después de puesto el sol , siendo 
Pirro herido en un brazp con ua golpe de lanza , y 
habiendo los Samnites saqqeidasu bagage; y que del 
ejército de Pirro y del d^ los Romanos murieron 
sobr^ quince mil hombres: de una 7 otra P^rte. Am- 
bos se retiraron ; y se cuenta haber dicho rirro á nno 
Íue le daba el parabién , si vencemos todavía á ios 
Lómanos etí una sola batalla , perecemos sin recUirsa 
Pprque habia perdido gran porte de la trppa que 
trajo; y de los amigos y caudillos todos, á ^iSiCti^-' 
cion de muy pocos , no siéndole posible reemplazar- 
los coa otees f y á los aliados, que allí tenia los Qpta- 
ba muy tibios; cuando los Romanos completaban 
con fiíciiidad y prontitud su ejército, como si en ca- 
sa tuvieran una. fuente petene; y nunca con las der- 
rotas perdían lá confianza ,^ sino que mas bien la có- 
lera les daba nuevo vigor y empeño para la gu^ra. 
Constituido en este otoñicto, se entregó otra vez 
á vanas/es(>eranaas por. negocios que llamaban á dos 
distintas, partes la atenoion: porque á ufi mismo 
tiempo llegaron qiensageros de Sicilia, poniendo en 
sus manos á Agrigento, Sirácusay Leoncio, con ca- 
lidad :de que expeliese á los Cartagineses, y dejara 
la isla libre .de.airanos; y de la Grecia le trajeron 
la noticia de que Tolomeo Querauno ' habia muerto 
en ocasión de librar batalla á los. Galos con so ejér- 
Qitd : asi qiie llegarla entonces tntiy á tiempo^ cuan- 
do los Macedonios habían quedado sin Rey. Quejó- 
se amargamente de la fortuna- por haber acumulado 
en un mismo. liaomento las ocasiones y motivos de 
grandes. hazañas; y reconociendo ijue reunidos am- 
bos objetos era preciso renunciar á uno , estuvo flac« 

^:'! JE Quiere' decir el sayo» 

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F«Ro; 435 

tttáodo en la incertidumbre largo- tiempo; pero des^ 
piíéS) paredéndole que los negocios de Sicilia eran 
lo&de mayor jentidad, presentándose cerca el Aíri« 
6a f decidido por dios j envió inmediatamente á Ci-' 
jneas , como lo tenia de costumbre , para que pevi- 
oíese' á !a» ciudades ;. y por Iq que i él tocaba , como 
los Tarentinos se mostrasen disgustados, les puso 
¿uanücion* P^diaiile estos qué ó íes cumpliera aque- 
llo, para que era venido combatiendo con los Ro-^ 
manos 9 o se desistiera de su territorio, dejándoles 
la biudad comcí la habia encontrado; mas la res- 
puesta fue desabrida , y mandándoles que se estu- 
viesen quietos I y esperaran que les llegara su mo-* 
mentó favorable, en tanto se hizo á la vela. Ape- 
nas tocó en la Sicilia , cuando previno su gusto lo 
que habia esperado , entregándosele las ciudades * áfi 
muy buena voluntad. Y por entonces ninguna opo- 
sición experimento de las que exigen contienda y 
violencia; sino que recorriendo la isla con treinta 
mil. infantes, dos míly quinientos caballos, y dos- 
cientas naves i expelió á los Cartagineses» y trastor- 
nó sil dominación. Siendo el distrito de Brix el mas 
fuerte de todos, y el que contenta mas comba-» 
, tientes , determinó encerrarlos dentro de los muros; 
y poniendo el ejército á punto, armado de todas 
armas emprendió su marcha 9 ofreciendo á Hércules 
tener juegos y sacrificios de victoria ante los Griegos 
qué ^habitaban la Sicilia, si le hacia comparecer un 
guerrero digno de su linage, y de los niedios que 
tenia. Dada la señal con la trompeta después que 
con los dardos hubo retirado á los bárbaros , hizo 
arrimar las «calas, y fue el primero en subir al mu- 
xo* Eran muchos los que le oponían resistencia ; pe-^ 
ro áunos los apartó y derribó de la muralla á en- 
trambas partes , y de muchos , valiéndose de la espa**- 
da, hizo un montón de muertos. No recibió sinembar-- 
go lesión alguna , y antes con su vista infundió ter- 

££ 2 

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436 PIRRO. 

for á los enemigos 9 acreditando que Homero tubk 
hablado en rázon y con experiencia, cuando dijO| 
que de todas las virtudes sola la fortaleza tenia mu- 
chas veces ímpetus furiosos, y en cierta manera so- 
brenaturales. Tomada la ciudad sacrifico al Dios mag- 
níficamente , y dio espectáculos de toda especie de 
combates» 

Los bárbaros de Mesena , á los que se daba el 
nombre de Mamertinos, vejaban en gran manera á 
los Griegos, y aun á algunos los habían sujetado á 
pagarles tributos, por ser ellos muchos y gente be- 
licosa , apellidados pot tanto los marciales en lengua 
btina : cogió pues a los recaudadores y les dio muer- 
te; y venciéndolos i. ellos en batalla, asoló muchas 
de sus fortalezas. A los Cartagineses , que se mos- 
traban inclinados á la paz, estando dispuestos á con- 
tribuir con dinero, y despachar la escuadra, sí se 
ajustaba la alianza, les respondió, codiciando to- 
davía mas, que no habia amistad y alianza para 
ellos , sino dejaban toda la Sicilia^ y ponian el mar 
Líbico por término respecto de los Griegos: en- 
ereido para ello con la prosperidad y curso favora- 
ble de sus negocios , . y llevando adelante las espe- 
ranzas con que se embarcó desde el principio, pues- 
to principalmente en la África su deseo. Hallábase 
con bastante número de naves , faltándole las tri- 
pulaciones; mas después que se proveyó de reme- 
ros , ya no trataba blanda y suavemente á las ciu- 
dades, sino con despotismo y con dureza, impo- 
niendo castigos; cuando al principio no. habia sido 
asi, sino mas dispuesto todavía que todos los demás 
á la afabilidad , y á hacer favores ; á mostrar con- 
fianza, y á no ser molesto á nadie;- pero entonces, 
habiéndose convertido de popularen tirano, con la 
aspereza de la ingratitud y de la desconfianza, obs- 
cureció su gloria, Y aun esto, como necesario, lo 
aguantaban 9 aunque de mala ^ana; pero sucedió des* 



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pnes qae habiendo sido Teñon y Sostrato, Genera- 
les de SiracusS) los primeros que le excitaron á pa- 
sar á Sicilia; los que cuando estuvo alli le entrega- 
ron la ciudad » y de quienes se valió para la mayor 
parte de las cosas ^ los tuvo después por sospecho- 
sos » no queriendo ni llevarlos consigo ni dejarlos^ 
por lo cual Sostrato , entiendo en rezelos y temo- 
res, se ausentó; pero á Tenon, achacándole igual 
intento y le quitó la vida« Con esto, no ya poco i 
poco ó por grados, se le mudaron los ánimos; sino 
que concibiendo contra él las ciudadeis un violento 
odio , unas, se pasaron á los Cartagineses , y otras 
llamaron á los iCta^sertinos. Cuando por todas par- 
tes no veta mas que defecciones, novedades y. una 
terrible sedición contra su persona , recibió cartas de 
los Samnites-y Tarentinos, en que manifestaban que 
apenas podían sostener la guerra dentro de las ciu- 
dades > arrobados ya de tooo el pais , y le pedían que 
fuese en su socorro. Este fue un pretexto decente 
para que no se dijese que su partida era una fuga, ó 
un abandono de sus anteriores proyectos; mas lo 
cierto fue que no pudiendo sujetar la Sicilia como 
nave en borrasca , buscando como salir del paso, dio 
consigo de nuevo en la Italia. Díceseque retirado yá 
del puerto, volviéndose ¿mirar la isla, dijo á los 
que tenia cerca de si: ¡qué palestra dejamos, ó ami- 
gos, á los Cartagineses y Romanos! lo que alcabode 
poco tiempo se cumplió ,. como lo habia conjeturado. 
Conmovidos contra él los bárbaros cuando ya es- 
taba en la msíTy peleando en la travesía con los Car^^^ 
tagineses perdió muchas de las naves , y con las res- 
tantes huyó á la Italia. . Los Mamertinos le antece-^ 
dieren enieí paso con diez mil hombres á lo menos, 
y aiiñque temteron.presentársele en batalla, colocados 
en si tiosi ásperos, y sorprendiéndole desde ellos, des-< 
ordenaron iodo el ejército, le mataron dos elefantes, 
y murieron* muchos de la retaguardia. Pasando el allá 



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43& Fimio. 

desde U vanguardia , les hizo oposición / y peIe<S con 
aquellos hombres aguerridos y corajudos. Como hi> 
biese recibido una cuchillada en la cabeza, y hubiese 
quedado un poco separado del comísate ^ cobraron 
con esto mas arrojo los enemigos; y uno de ellos 
de grande estatura y brillantes armas, adelantándose 
i afreta á los demás , . en alta voz comenzó á pro- 
vocarle diciéndole que viniera á él si aun estaba vivo. 
Irritóse Pirro ^ y revolviendo ooa sus asistentes lleno 
de ira bañado en sánete, con un semblante que im- 
ponía miedo» penetro por entre los qbe iialló al pa- 
so, y se adelantó á herir con la espada al báii>aro en 
la cabeza » dándole tal cachillada que ya por ta fuerza 
del brazo y ya por el temple del acero desoéndiiS bien 
abajo t viéndose caer en un momento á uno y otto 
lado las partes del cuerpo dividido en dos. Esto de- 
tuvo á los bárbaros para que volvieran á acercársele 
aisombrados de Pirro > á quien miraron como un ser 
supetion Pudo Con esto continuar sín tropiezo el ca- 
mino que le quedaba, y llegó á Tarento con diez 
mil infantes y tres mil caballos. Incorporó con estos 
los mas alentados, de los Taréntiuos^ y movió inme-* 
diataniente contra los Romanos, acampados en la 
Samáitide ó tierra de Samttio. 

Hallábanse en itnal estado los negocios de los Sam- 
nites; y estol hábtan decaído niucho de ánimo por 
las frecuentes derrotas que les habiah causado los Ko^ 
mánós; á lo qué. sé agregaba cierto encono: que teníaii 
á-Pifro por su viage á Sicilia; asi es^ que no fueron 
muchos los que á él acudieron* Hizo de. todos dos 
divisiones , enviando unos á la Lucania Í oponerse a! 
otro Cónsul paía qué bo diese socorro ; y comiuden**' 
do ¿1 mismo á los otros contra Manió Cirio- acaar^^ 
telado en Benevento^ donde con la mayor confianza 
aguardaba el auxilio de la Lucania x conourriendb isde« 
imas para estarse sosegado, el que los bgiieros yk» 
Victimas le retraían de pelear* Apresurándose por tan« 



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itó Pfrió i caer sobre estos antes qat los oriros vi- 
[tiiesen , tomo consigo á los soldados de mas aliento 
i y de los elefantes los mas hechos i la guerra, y 
de noche se dirigió contra el campamento. Habien- 
do tenido que andaif un camino largo y embarazado 
con arbustos , no aguantaron las luces , y anduvieron 
pefdSdos, y dispersos los soldados; con la cual de- 
tención faltó ya la noche , y desde el amanecer per- 
cibieron los enemigos su venida desde las atalayas; 
de manera que desde aquel punto se pusieron en in- 
quietud y movimiento. Hizo sacrificio Manió; y co- 
mo tan^ien el tiempo sq presentase oportuno, salien- 
do con sus t^'opas , acometió á los primeros , y hacién-r 
dolos retirar , inspiró ya miedo á todos , habiendo 
muerto muchos y aun habiéndose cogido algunos ele- 
fantes. La misma victoria condujo á Mamo á tener 
qoe ' pelear en la llanura ; y trabada alli de poder á 
poder la batalla , por una parte desbarató á los ene- 
migos ; pero por otra fue acosado de los elefantes , y 
como le llevasen en retirada hasta cerca del campa- 
mento, llamó á los de la guardia que en gran ntSme- 
ro estaban sobre las armas y se hallaban descansados. 
Acndiendo estos i hiriendo desde puestos ventajosos 
á los ele&ntes, los hicieron retirar, y dando á huir 
por entre los propios j causaron gran turbación y des- 
orden ^ lo cual no solamente dio á los Roihanbs aque- 
lla victoria, sino la seguridad del mando. Porque 
habieilftlo adquirido de recitas de aquel valor y de 
aquellos combates, osadia, poder y ía fama de in- 
vencibles , de la Itattalse ápddetaroú inmediatamente, 
y de lá «dlia de a'lH á poco. ' 

< ' De esté niodo se jé desvanecieron á Pirro las es- 
peraifótas que acerea déla Italia y la Sicilia había con- 
cebido perdiendo séi^añ^ én estas expedlcfones ; en 
lasq^iesi en los intereses salió' menoscabado /el valor 
lo conservó invencible en medio de las derrotas. Asi 
tmro la reputación dé ser el j>fÍmero entre los Reyes 



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440 HRRO» 

de su tiempo eo la pericia militar» en (a pujmn&i de 
brazo , en la osadía ; sino que lo que adquiría con 
sus li^zañas, lo perdía por nuevas esperanzas , y no 
sabia salvar lo presente sego|i convenía por la <xkü- 
cia de lo ausente y venidero. Por tanto Ántígono so- 
lia compararle á un jugador que juega y gana mucho, 
pero que no sabe sacar partido de sus ganancias. VoU 
viendo pues al Epiro con ocho mil infantes y qui- 
nientos caballos, y hallándose falto de medios^ so- 
licitaba una guerra en que ocupase su ejército ; y co- 
mo se le uniesen algunos Galos ^ hizo incursión en 
la Macedonia, reinando Ántígono hi jo de Denietrio, 
precisamente con el objeto de saquear y hacer botín. 
Avínole el tomar varias ciudades, y que se le pasa- 
sen dos mil soldados ; con lo que ya extendió sus 
esperanzas y se encaminó contra Ántígono. Spbreco- 
gióle en unos desfiladeros , y pusp en desorden todo 
su ejército. Los Galos que' se hallaban á la retaguar- 
dia de Ántígono muchos cq número se sostuvieron 
vigorosamente ; y trabada con este motivo oná reñi- 
da batalla, perecieron en ella la mayor parte.de es- 
tos ;• y cogidos los que póndujpian los elefantes^ se 
rindieron á ellos mismos y -en fregaron todas aquellas 
bestias. Fortalecido Pirro cpn estos sucesos, contan- 
do m^s con ^ Tortunafq^e^sQn lo que podia dictar 
la razón , fcpftietió á ia falange de los Macedooios, 
turbada y ^acobardada: cop el vencimiento: asi es que 
no palearon .Qontra. él «i «le^ hici§rpn resístenda: ex- 
tendía pj^jij^s. su dereelay?.,: y lla^m^do por sus nombres 
átodos;l<5ís generales :y:geÉbs, logró que la infante- 
na abandonase á Ántígono. jR^etiróse f ste por ja par- 
tp del ngi^ry al paso recobra a|g^nas de las ciudades 
litorales; y Pirro , teni^ci^ppsrfíl mayor para su glo- 
ria en estos |>róf5peros ace^nteí^mie^tos el de haber ven- 
cido á los Galos, consagró U^mas brillanje y pre«^ 
cioso ,de^ los despojos en el, templo de Minerva Itó- 
aide con la. siguiente inscópciogjen versos ekgiacos.* 



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PXRROk 44c 

A'Itónttk Minerva en don ooásftgca < 
t Estos escudos el Moloso Pirro, 

A ios feroces Galos arrancados . , 

Cuando triunfó de Antígoóo y su hueste. 

{Qué hay que maravillar si ahora y antes 

Los Eacidas fueron invencibles? 
Después de la batalla inmediatamenie recobró las ciu« 
dades ; y habiendo vencido á los Egeos ^ los trat¿ 
mal en diferentes maneras, y ademas les dejo guarni-*- 
cion de los Galos que? militaban en su ejército. S09 
estos Galos gente de insaciable codioin, y se dieroQ i 
abrir los sepulcros de los Reyes que alli estaban entera 
rados, robaron la riqueza en ellos depositada -/y los 
huesos los tirarpn con insulto. Pareció que Pirro ha^? 
bia tomado este mal hecho con tibies^ y desprecio; 
jbien fuese que no atendió á él por sus ocupadones» 
ó. bien- que hubo de disimular por no atreverse á cas^ 
tigar á los bárbaros; cosa que reprendieron mucho eá 
él los Macedonios ; y cuando todavía so: imperio no 
estaba seguro ni había tomado firme consistencia, ya 
su. ánimo se habiaHi6amado con otras efip0ranzasi 
A Anttgono le Uáinaba hombre sin yergüenaa, poi^ 
que debiendo yá tomar. la capa, aüa usaba la púr^f 
pura. Vino á él en este tiem'po Ckonumo de Espar*^ 
ta, y llamándole contra la.Lacedemoaiar se. püe-» 
H^to muy contentor Era Cleosomo 4« tíni^ real> 
pero mostrándose, hombre violento y despótico no 
inspiró amor ni. confianza; y asL fue: Arto, el qué 
reittó^ siendo aquella nota en él muy. antigua y pó^ 
blica entre sus ciudadanos. Estando en edad se daiso 
Con.Quelidonis la de Lcptuquidas, inuger'hermosai 
y también de regio origen ; pero esta lar^aba pery 
dida por Acrotato hijo de Areo, mozo de brillante 
íigura^ lo que para Cleonumo >que la amaba, hijiíQ 
aquel matrimofliodesabyido.á un tiempo yafrentóso^ 
pot cuanto no babie- Esparciata alguno 4 quien se 
ocultase que era de$preci^o de su^uger* J^eüniéron-» 



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441 mcsLp. 

se de este mtídi^ l0S disgustos de cusa con los de h 
república : por ica y por despique atrajo contra Espar- 
ta á Pirro, que >tenia á sus órdenes veinte y cinco 
mil infantes*, dos mil cabalbs y veinte y tres eléfan* 
tes ; de manera qtie ál punto se echó de ver en la su- 
perioridad de sus fueriAs que no iba á ganar á Es-- 
Cirra para Gleonyino, sino á adquirir para sí el Pe-^^ 
poneso ;. sin embargo de que en iás palabjras aparen-* 
tó otra cosa , aun con los mismos Lacedemonios que 
fueron á ¿I de embajadores í Megalópolis. Porque 
les dijo ser su venida á libertar las ciudades sujetas & 
Aatígono^ y también á enviar á Esparta sus hijos de 
corta edad, sino babia- inconveniente, á fin de que 
educados en tas co^ttimbfes lacónicas , tuvieran aque- 
llo de ventaja sobre los demás R^es. Engañándolos 
de este modo, y usando también de simulación con 
cuantos trató en el camino , apenas puso el pie en' l;a 
Laconia empezó á saquearlos y despojai'los. Recon- 
viniéndole- li>s embajadores^ con que para entrar así eíi 
su pais no les faabta denunciado I^ guerra ; bien sabe- 
mos , les fflspdfidiójígtie tampoco vosotros los Lacede- 
monios avisáis á los otros de lo que intentáis hacer ; y 
uno de los que alK se hallaban^ llamado MandriquMa, 
usando del ^dialecto lacónico, ie repuso: si eres un 
Dios , no-nofr harás mal , porque nó te hemos ofendió 
do ; si hom1>re^ no^ faltara otro que valga masque tá. 
Bajó Juego; á' Esparta, y Gkonumo quería que 
la invadiera sin detención 5 pero Pirro, temeroso, 
aegun se dice y de que los soldador saqueasen la ciu- 
dad si entraban d&<^noclie, le contuvo diciendo que 
ya seharia al dia siguientef porque ellos eran pocos, 

Slos cogían desprevenidos i causa- de la prontitud; 
acia ademas la casualidad que' Areo no se hallase 
slli sino '%n Creta au:^il¡ando á los Gortmios que 
tenian guerra; y esto fue lo que principalmente 
s^lvó á la ciudad mirada con desprecio por su solé* 
dad y flaqueza: p<^s Pirra, pevsoádido de que no 



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teadrir que combttir con nadie^ se acampé ¿ coaogo 
los amigos é hitoties'de Cleonumo^tenian la casa prev^ 
nida y dispuesta para que Pirro foese festejado en eUa« 
Mas Tenida la noche , como losLacedemoDios* em-^ 
pezasea á deliberar soí>re mandar las mugerts á Qft^ 
ta , estas se opfi^teron á ello-, y aun Arqnidamia st 

£ resentí ante el Senado con una espada en la mano^ 
adendo cargo á los hombres de qne creyesen qué 
ellas deiearian vivir después dé pnrdida Esparta^ ]te«^ 
soMeron después «brir una zan|a paralela al campa* 
mentó de lo» enemigos, y poner carros á uno y otro 
extremo enternvddo^las ruedas hast^ los cubos , para 

?ue teniendo un asiento firme sirvieran de estorbo 
los elefantes. Cuando en esto entendían Itegarott 
adonde estaban ks doncellas y casadas las unas coa 
los mantos arremangados sobre ku tánicas , y las ótt as 
con las ttinicÉs solas á ayudar en la obra á los^ancia^^ 
nos. A los que habian de pelear les decían quedescan^ü 
«asen , y tomando la plantilla y hicieron por tí solas la 
tercera partea de la zanja, la cual tenia de aiidio seta 
codos^ 9 de profundidad cuatro, y de longitud ocho ^le« 
tros 6 yugadas , según dice Fikrco , y menos segtiii 
Gerónimo* Movieron al mismo punto de amaneced 
los enemigos , y ellas , alargando á los jóvenes' la$ aH 
mas y encargándoles la zanja, los exhortaban á de4 
feoderla' y guardarla , porque si era dulce el vencer 
ante los ojos de la patria, también era gloriosa <«t 
morir en* los bi^azos de las madres |y de tasies{J0sa«^ 
pereciendo de un modo digno de^ Esparta» (^elido^ 
nis, retirada en su casa^ se habia echado un lazo at 
cuello , para «no venir al poder de Gleonunnyj si Es^ 
parta se toníaba. 

£ra Pirr#^ tttrafdo de frente C5fi su ínfíinierfa *& 
los espesos^éscádós de los Éspáreiiitas que le estabáii 
contrapuestos, y á la zanja que no podía pasarse, ni* 
permitía hacer píe firme por el lodo. Mas su hijo To- 
lomeo ,queteniá á sus órdenes dos mil Gabs* y lasr 



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444 pjwao* 

trppttsesdepdfs.de los Caoaios/ haciendo ni» ero- 
Iticioii sobre la zanja, procuraba pesar por éncíina 
de los carros; pero esbos por estar /profundos, j muy 
capesos.'íko solamente le hadan dificii á él et paso, 
sipo también á los Lacedemonios la defensa; £n esto 
como cdilsiguiesen los Galos levantar las ruedas , y 
aoiontofiar los carros: en el rio, advirtiendo él joven 
ÁProtato el peligro^, y corriendo la éiudad con tres- 
cieotos* hombres , envolvió á Tolomeo sin ser de él vis- 
to por ciertas desigualdades del terreno., hasta que acó 
metió á los últimos , y los precisó á que volviesen á 
pelear cod él , iínpeliéndose unos i otiroSf y cayendo 
ed la zanja y entre • los carros ; de manera que con 
trabajo y no sin gran 'mortandad pudieron retirarse. 
Los ancianos y gran número de las mugeres fueron 
tipectadores de las proezas de Acrotato: asi cuatkdo 
dfiSp^S' vt)lv¡p por medio de la ciudad á tomar su 
formación , bañado en sangre , pero ufano, y engreído 
en la victoria, todavía» les pareció mas alto y mas 
bello á lí^ Espartanas que. miraban conzelos el amor 
4^ Qtíelídonis ; y algunos de ios ancianos le segnian 
gritando V (bravQ 'A<;i!tit4to! sigue ea tus ¿mores con 
Quelidonis , sote con. que des. excelentes hijos á Es- 
parta* Siendo muy \ reñida- la batalla \que se sostenía 
p<^ la parte donde^se I^allaba Pirra, otros muchos ha- 
ll/^ qpe :'peleabán detK>dadamente ; pera Filio, resis* 
tiendo fnMcho ;iemi>o y dando la muerte á muchos de 
los que le. combatían», cuando por el -gran numero de 
si^l^cidas jponoció que iba á fallecer , cediendo supues* 
tp 4 wo de los que $enia cerca , <:a]¿ó entre sus ñias pa* 
taque íio.^se apoderaran de su cadáver los enemigos. 
Solo con la noche cesó la batalla., y recogido á 
dormir. Pirro ,. tnv-o,esta visión : parecióle que arroja- 
^, rayos sobre Esparta, abrasándola toda, y que él 
^stabd' muy <K>titeotQ4 Despertóse c<^n^4a misma alegría 
yrdíindQÍ^Jed a. lo§^ (Jefes, para qt|e, tuviesen .á.|MintD 
fl iejércitp> jreferia.á 1^ amigos su ensueño, contan- 



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do con'qne tbáá tornar^ por arbias It cíodad. Gon« 
nenian to^ps Je» demas! en eüoy y solo á Lisimaoa 
]áo le pareció -bien aquella visión ; antes le- dijo one 
lezelaba oo fílese que asi como los logares tocados 
del rayóse tienen por inaccesibles , de la misma. má-i^ 
nera le sigoiñdise aqbel prodigio que no fe serír'da^^ 
do entrar en. la ciudad. Mas réspoodi^que aqnetio 
era babtaduria de mentidero sin certeza nirs^guridad 
alguna , dei>iendo repetir los que tenian las armas en 
la mano^ 

El agüéro' mejor pelear por Pirro; 
con lo que. se levantó ^ y al rayar el dia mo^i6 él 
ejército. Defendíanse los Lacedémonios con un ardor 
y fortaleza 'superior á su húmero á presencia de las 
mugercs, que aUrgaban dardos , comestibles: y bebida 
á los que lo pedian , y cuidaban-de retirar los keri«< 
dos. Intentaron los Macedónios cegar la aarija'^ tra«-' 
yendo para-ello mucha fagina, con la que cobrieroa 
las: armas y ios cadáveres que allí habian-icñdo^íy 
acudiendo al punto los Lacedetñonios » se vio al otro 
lado de- la zanja y los carros i. Pirro á caballo:, que 
con el mayor ímpetu se dirigía á tomar la cimlad«' 
Levantase en esto gran gritería xie los que se* kallab^a 
en aquel punto con carperas y lamentos de las muge-* 
res ; y cuando yar Pirro iba adeíante, abriéndose. pa« 
so por entre los- que tenia al frente , herido con una 
saeta Cretense su caballo, cayo de pechof y.cóa las 
ansias de la muerte , derribó íu Pirro en .un sitio res- 
baladizo y pendiente. Como con .este suceso se tur- 
basen sus aniigos, acudieron .corriendo loi Esparoia** 
tas, y tirándoles dardos, les hicieron huir á, todos* 
A este tiempo hizo Pirro qiíe por todas partesxesase 
el combate,., pensando qup los Lácedemontos depairian 
debrios, hallándose casi todos heridos,. y habiendo 
muerto muchos. Pero )el bueti Genio de bsta ciudad, 
bien ñiese que se hubiera propoe^o poner :á. prueba 
la fortaleza de aqueilosMEatones, 6 bienoque: hubiese 



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44<S PtRROi 

imeridd húetírea aqad: apuro demostiicióii delr gcw- 
eoft/de su ^fodcs qaáodo estabaa ea ei j^eor estado 
1» esperanzas de Iqs Lácbdcmonios^ hizo que dcCo^ 
' fimo lIcgBse ensuaíi»liacoo tropas exúsuigeras^Ami- 
Aias I 'naniral de Focea j. uno de los Genérales de An- 
tígÓQo; y aun no tneasc había hecho el zodhíiniento 
de: estos cnando afíibó de Greta el Ruy Asco tra-* 
^ndó con sigo dos rafl- hombres. Con esto las hmge-' 
fes íse* retiraron á sus. casas sin volver' i inexdarse 
en las cosas de la goerra; y los hombres, haciendo 
que dejaran las armas los qtir por necesidad lias ha- 
bían tomado eaa^nel eokiflicto , se piéviaieroa y or- 
dcaaron paca la batallé*. *' 

Iñspiráie todavía á Pirro mayor vO^dtdá y em^ 
pefió de tomar la ciudad e&ta venida. de-aoxr(kre^ 
mas ¿uando vio quenada adelantaba^ habiendo sa« 
lido mal parado I desistid y se edtcegQ á talar el 
país t haciendo ánimo dS' invernar alli;; pero no podía 
evitar' su hado. Había en Argos divisioa entre Aris- 
teas y Aristipo , y teméndosepor cierto q^ Antígono 
estariade parte de este>.adelantóse Aristeas y llamó' 
á Pirra i Argos; y este que sin cesar pasaba dé unas 
esperanzas á otras \ que de una prosperidad tomaba 
ocasión para otras varias , y que si caia quería repa-* 
rar la caída con nuevas empresas, y ni por' victorias 
ni por derrotas hack pausa en mortíficarise y ser mor- 
tificado , al punto levanto el cahipo y marcho á Argos. 
Púsole Areo asecbaoza&én diversos ouotos , y tomando 
los m^ matos pasos del camino , derroto á los Galof 
y álos Molosos que cubrían, la retaguardia. Habíasde 
anunciado á Pirro poi' el agorero con motivo de ha-> 
berse encontrado las víctiniassio alguno de los extre- 
mos I que le amenazai)á ia .pérdida^ de alguno de sus 
deudos ;^pero habiéndosele con la priesa y el rebato 
bbri'ado de la memórik la predicción , dio orden á sa 
hi}o Tolomoo de queícon sus amigos fuese en auxilio 
de ios que combatían; yéi en tanto condujo^! ejér- 



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BJIUU>« 447 

alto ipxodansxdoisat^xlo apriesa de 1a^ gargantas. Tra^ 
bada con Tolomoo. una recia contienda 9 y peleando» 
contra los suyos las tropas mas escogidas áo los Lace^ 
demonios» acaudilladas por Eualca, un Cretense do 
Áptera» llamado Oroicoi gran acuchillador y muy ii^^ 
g^o de pies» corxió'de costado» y cuando Tolomeó» 

eleaba. con el mayor. valor , le hicid y quito la vida«. 
uerto Tolomeo y desordenada si^ gente», los Lace«« 
demonios la persiguieron y vencieron.; pero sin peff-» 
cibíplo se pasaron á la tierra llana» y.quedai'on des^ 
amparados de su infatkoría^ entonces cirro qae acá* 
baba dp oir la muertedel. hijo » y tenía eldolor jsecien*^ 
ter» cargó contra ellos xon la caballería, de los Molo^ 
^s; y sendo él elprimero en acometer , llenó dé mor- 
tandad el campo ; y si siempre se había mostrado in* 
victo y terrible en las armas » entonces en osadía y víom 
lencia d^jó muy atrás los denias combates. Arremetió 
después contra Bualco con su caballo.» y haciéndose es«( 
te á un lado » estuvo en muy poco el que no cortaser 
á f irro con la espada la mano de las riendas » pero 
dáodp él golpe en las riendas mismas ». las corto. Pirrot 
al mismo tiempo que él.d^ba este^olpe ». le pasó coa 
laiaoza; mas vino al sq^Io del caballo» y quedanda 
í pie» dio muerte á todos los escogidos que peleaban» 
al Igdode Eualco.» habiendo tenido Esparta esta gran 
pírdídaen una guerra que tocaba á su fin, ^recisa^. 
mente por. el demasiado ardor de sus Generales. 
:' . Fltro» como sí hubiera asi cumplido con las exe-< 
quiasdel hijo, y peleado un briUartte combate fú- 
nebre», dejando desabogad» gran parte del dolor jen 
la. iira contra los enemigos» continuó su marcha i 
Argos ^y enterado desque Antígonp se habia ya es- 
tablecido sobre las montañas que dominaban la Ha-: 
nura > puso su campo, ¡unto á Naplía. Al dia.siguicn--' 
te «nvio un heraldo á Antígono , llamándole peste^' 
y provocándolo á que bajando á la llanura disputa-* 
xan alii el reino; mas este Je responda » que. ¿1 no 



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448 PIRRO/ 

solo era Genenl ¿e las armas , sido también de la 
aaason y oportunidad ; y que si Pirco tenia priesa de 
dejar de vítít, le .estaban abiertas muchas puert^is 
para la muerte. A uno y á otro pasaron embajado-* 
Mi de Argos, pidiéndoles que se reconciliaran , y 
d^aran que su ciudad no fuera de ninguno , sino 
amiga de ambos; y lo que es Antigono vino en eilo^ 
•ntregandO' su hijo en rehenes á los Argivos ; pero 
Pirro 9 aunque prometia reconciliarse , como no die-* 
se prenda de ello $ se hacia por lo tanto mas sospe*- 
ehnso. Tuyo éste ademas una señal terrible : porque 
habiéndose sacrificado unos bue jes , se vio que las 
«obpzas , después de. separadas de los cuerpos » saca-*- 
ron la lengua y se relamieron ^ su propia muerta 
y ademas en la ciudad de Argos la profetisa de Apo«« 
lo Liciovdió á correr , gritando haoer visto la ciu«- 
dad llena'de mortandad y de cadáveres; y que una 
águila que volaba al combate | después se habia des*, 
vanecido; 

' Aproicimóse Pirro á las murallas en medio de las 
mayores tinieblas » y estando abierta por diligencia 
de Aristeas la puerta que llaman Diamperes/ logró 
xo ser sentido hasta incorporársele los Galos que te« 
oía en su ejército , y haber entrado en la plaza; pe* 
zo como los elefantes no cupiesen por la puerta , y 
fuese preciso quitarles las torres, y volvérselas á po-; 
ner en la obscuridad y con ruido, esto ocasionó de^ 
tenciones , y que los Argivos llegasen á percibirlo; 
por lo que se retiraron á la fortaleza , dicha Escudo^ 
y i otros lugares defendidos, enviando á llamar á 
Antigono. Dedicóse este por' sí á armar asechanzas 
en las cercanías; pero envió con ^poderoso socorro á 
sus Generales y á su hijo. Sobrevino también Areo* 
trayendo mil Cretenses y las tropas mas ligeras de 
los Esparciatas; y acometiendo todos á jin úempa 
á los óalos , los pusieron en confusión y desorden. 
Entró á este tiempo^ Pirro con algazara y gritería: 



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PIRRO* 449 

por el CHarabis*, y luego que los Galos correspon- 
dieron á sus voces , conjeturó que aquella especie de 
f;rito no era fausto y confiado , sino de quien se ha- , 
la en consternación : marchó pues con nías celeri- 
da4 9 penetrando por entre su caballeria y que no sin 
dificultad y con gran peligro andaba por fas alcan- 
tarillas , de que está llena aquella ciudad* Era suma 
la inseguridad de los que ejecutaban y de los que 
mandaban en un combate nocturno ; y habia extra-- 
víos y dispersiones en los pasos estrechos, sin aue 
la pericia militar sirviera de nada por las tinieblas, 
por los gritos confusos , y la estrechez del sitio : poc 
tanto casi nada hacían , esperando unos y otros la 
mañana. Apenas empezó á aclarar, sorprendió ya á 
Pirro ver que el escudo estaba lleno de armas enemi- 
gas; y sobre todo se asustó cuando notando en la 
plaza diferentes monumentos^ descubrió entre ellos un 
tobó y un toro de bronce en actitud de combatir uno 
con otro ; porque esto le traj'o á la memoria un orá- 
culo antiguo , por el que se le habia predicho que 
moriría cuando viese un lobo que peleaba con un to- 
ro. Dicen los Argivos que esta ofrenda es para ellos 
recuerdo de un suceso antiguo; porque á Danao , cuaa- 
do puso primero el pie en aquella reglón , junto á 
los piramios de la Tircátide * se le ofreció el espec- 
táculo de un lobo que peleaba con nn toro. Supuso 
allá dentro de sí que el lobo le representaba ( por 
cuanto siendo extrangero acecha á los naturales, 
como á él le pasaba) , y con esta idea se paró á mi- 
rar la lucha : venció el lobo ; y habiendo necho voto 

1 El Cilarabis era un Gimnasio: dícelo Pau$anias> y 
también porque se le dio este nombre, 

2 La Tircátide era un territorio confinante con la La» 
cenia 9 por el que hubo muchas disensiones entre Argi- 
vos y Lacedemonios ; y los Piramios un término ó pago 
de este territorio. 

TOMO II, FP 



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4fO PIRRO* 

i Apolo Licio f acometió á la ciudati y quedo vk- 
torioso j siendo por una sedición arrojado Gelanor, 
que era el que entonces reinaba ; y esto es lo qae 
se refiere acerca de aquel monumento* 

Con este encuentro i y viendo que nada adelan- 
taba en lo que habia sido objeto de su esperanza, 
pensó Pirro en retirarse ; oero temiendo ia estreches 
de las puertas , envió en busca de su hijo Heleno, 
que habia quedado á la parte i fuera con fuerzas con* 
siderables » dándole orden de que aportillara el mu- 
ro, y amparara á los que saliesen, si eran perseguid- 
dos de los enemigos. Mas por la misma priesa y 
turbación del mensagero, que no acertó á expresar 
bien su encargo ^ y por extravio que ademas se pa- 
deció , perdió aquel joven los elefantes que todavía 
le restaban y los mejores de sus soldados, y se en- 
tró por las puertas para dar auxilio á su padre. Re- 
tirábase ya Pirro ; y mientras la jplaza le dio terreno 
para retirarse y pelear , rechazó a los que le acosa- 
can ; pero impelido de la plaza á un callejón que 
conduela á la puerta, se encontró alli con sus auxi- 
liares , que venian de la parte opuesta ; y por mas 
que les gritaba que retrocediesen , no le oian ; y aun 
a los que estaban prontos á ejecutarlo , los atrope* 
Uaban en sentido contrario los que de frente conti- 
nuaban entrando por la puerta. Agregábase que el 
mayor de los elefantes, atravesado y rugiendo en es- 
ta, era nuevo estorbo para los que querían salir; y 
otro de los que habían entrado, al que se habia da- 
do el nombre de Nicon , procuranao recoger á su 
conductor, á quien las heridas recibidas habian he- 
cho caer , volvía también atrás > contrapuesto á los 
que buscaban salida , y con su atropellamiento mez- 
cló y Confundió á amigos y enemigos, chocando 
unos con otros. Después cuando hallándole muerto, 
le alzó con la trompa , y le aseguró con los colmi- 
llos , al volver trastornó de nuevo , y destrozó co- 



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muto. 4) I 

ma furioso á caantos encontró al paso. Apretados y 
estrechados de esta manera entre sí , ninguno podia 
valerse , ni aun á sí mismo ; sino que como si se hu- 
bieran pegado en un solo cuerpo y asi toda aquella 
muchedumbre sufría infinidad de impresiones y mur 
danzas por ambos extremos : pocos eran pues los com- 
bates, que podia haber con los enemigos ^ bien estu* 
vieran^l frente ó bien á la espalda , y los propios de 
anos á otros se causaban mucho daño ; porque si al- 
guno desenvainaba la espada 6 inclinaba la lanza, 
no habia modo de retirarla ó envainarla otra vez^ 
uno que ofendía á quien se presentaba , y heridos 
unos de otros recibían la muerte. 

Pirro , en vista de semejante borrasca y tempes-» 
tad, quitándose la corona con que estaba adornado su 
yelmo , la entregó á uno de sus amigos ; y fiado de> 
su caballo , arremetió á los enemigos que le perse- 

Sian; y habiendo sido lastimado en el pecho de una 
izada, aunque la herida no fue grave ni de cuida- 
do, revolvió contra el autor de ella que era Argi- 
vo, no de los principales, sino hijo de una muger 
anciana y pobre. Era esta espectadora del combate, 
como las demás mujeres , desde un tejado , y cuan- 
do advirtió que su hijo las habia con Pirro, conmo* 
vida coQ el peligro, tomando una teja con entram- 
bas manos la dejó caer sobre Pirro. Dióle en la ca- 
beza sobre el yelmo; pero habiéndole roto las vér- 
tebras por junto á la base del cuello, eclipsóle la luz 
de los ojos , y las manos abandonaron las riendas. 
Lleváronle al monumento de Licinio , y allí se cayó 
en el suelo , no siendo conocido de los mas ; pero un 
tal Zopiro de los que militaban con Antigonp y otros 
dos ó tres , corriendo adonde estaba , le reconocie- 
ron , y le introdujeron en un portal , á tiempo que 
empezaba á volver en sí del golpe. Desenvainando 
Zopiro una espada ilírica para cortarle la cabeza , se 
volvió á mirarle con indignación , tanto que Zopiro 

FF2 



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45^ PIRRO. 

k tuvo miedo; y ya temblándole las manos , ya vol- 
viendo al intento, lleno de turbación y sobresalto, 
no al recto , sino por la boca y la baroa , tarda y 
diíicilmente se la cortó por último* A este tiempo 
ya el suceso era notorio á los mas , y acudiendo Al- 
cineo pidió la cabeza, como para reconocerla; y to- 
mándola en la mano , aguijó con el caballo adonde 
el padre estaba sentado con sus amigos , y se la ar- 
rojó delante. Miróla , y conocióla Antigono , y con 
el cetro apartó de sí al hijo , llamándole cruel y bár- 
baro; y llevándose el manto á los ojos se echó á llo- 
rar, acordándose de su abuelo Antigono y de De- 
metrio su padre , ejemplos para él domésticos de las 
mudanzas de la fortuna. A la cabeza y al cuerpo los 
hizo adornar convenientemente , y los quemó en la 

{>ira. Después, habiendo Alcioneo descubierto á He- 
eno abatido y envuelto en una ropa pobre , le tra- 
tó humanamente, y le condujo ante el padre; quien 
en vista de esto le dijo : mejor lo has hecho ahora, 
hijo mió, que antes; pero aun ahora no del todo á 
mi gusto , no habiéndole quitado ese vestido que mas 
que á él nos afrenta *á nosotros que tenemos el nom* 
bre de vencedqres. Mirando pues á Hdeno con la 
mayor consideración», le hizo acompañar al Epiro; 

^á los amigos de Pirro los trató también con afab- 
ilidad, hédho dueño de su campo y de todo su 
ejército* 



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453 

CATO MARIO. 

No podemos decir cual fue el tercer nombre de 
Cayo Mario , al modo que no se sabe tampoco el de 
Quinto Sertorio , que mandó en España ; ni el de 
Lucio Mumio que tomó á Corinto , porque el de Acal- 
co fue sobrenombre que le vino de sus hechos, como 
el de Africano á Escipion , y el de Macedonio á Mé- 
telo. Por esta razón principalmente parece que repren- 
de Fosidonio á los que creen que el tercer nombre 
era el propio de cada uno de los Romanos , como 
Camilo, Marcelo y Catón, porque quedarían sin 
nombre, decia, los que solo llevasen dos. Mas no 
advierte que con este modo de discurrir deja sin nom- 
bre á las mugeres , pues á ninguna se le pone el pri- 
mero de los nombres, que es el que Fosidonio tiene 
por nombre propio para los Romanos. De los otros 
uno era común por el Uñase como losFompeyos, los 
Manilos , los Cornelios , al modo que si uno >de no- 
sotros digera, los Heráclidas y los Felópidas; y otro 
era sobrenombre de un adietivo que indicaba la índo-^ 
le , los hechos , la figura del cuerpo ó sus defectos , co- 
mo Macrino, Torcuato y Sila: á la manera que en- 
tre nosotros Mnemon, Gripo y Calinico. En esta 
materia pues la anomalia de la costumbre da pcasioa 
á muchas disputas. 

Del semblante de Mario hemos visto un retrato 
en piedra qué se conserva en Ravena de la Galia, y 
dice muy bien con la aspereza, y desabrimiento de 
carácter que se le atribuye. Porque siendo por índo- 
le valeroso y guerrero, y habiéndole instruido mas 
en la ciencia militar que en la política , en sus man- 
dos se abandonó siempre á una iracundia que no po- 
día -contener. Dícese que ni siquiera aprendió, las le- 
tras griegas , ni usó nunca de la lengua griega en co*^ 
sas de algún cuida.do , teniendo por ridículo aprender 



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454 GATO MARIO* 

unas letras cayos maestros eran esclavos de los de- 
más; y que después del segundo triunfo , habiendo 
dado espeaáculos i la griega con motivo de la dedi- 
cación de un templo , no hizo mas que entrar y sen- 
tarse en el teatro saliéndose al punto. AI modo pues 
que Platón solía muchas veces decir al filosofo Ge^ 
nocrates , que parece era también de costumbres áspe- 
ras » ó Genocrates, sacrifica á las Gracias: si alguno 
de la misma manera hubiera persuadido á Mario que 
sacrificase á las musas griegas y i las Gracias , no hu- 
biera este coronado tan feamente sus decorosos man- 
dos y gobiernos , pasando por una iracundia y am- 
bición indecente ^ y por una avaricia insaciable i una 
vejez cruel y feroz ; lo que bien pronto aparecerá 
de sus hechos. 

Nacido de padres enteramente oscuros, pobres y 
jornaleros I de los cuales el padre tenia- su mismo 
nombre 9 y la madre se llamaba Fnlctnia, tardó en 
venir á la ciudad , y en gustar de las ocupaciones de 
ella 9 habiendo tenido su residencia por toao el tiem- 

So anterior en Cerneto, aldea de la región Arpiña^ 
onde su tenor de vida fue grosero , comparado con 
el civil y culto de la ciudad ; pero moderado y sobrio 
y muy conforme con aquel en que antiguamente se 
criaban los Romanos. Habiendo hecho sus primeras 
armas contra los Celtíberos > cuando Esdpion Afri- 
cano sitió á Numancia , no se le ocultó á este Gene- 
ral que en valor se aventajaba á los demás jóvenes, 
y que se prestaba sin dificultad á la mudanza que tu* 
vo que introducir en la disciplina » á causa de haber 
encontrado el ejército estragado y perdido por el lujo 
y los placeres. Dícese que peleando con un enemigo, 
le quitó la vida á presencia del General ; por lo que, 
ademas de otros honores que este le dispensó > mo- 
viéndose en cierta ¿caslon plática entre cena acerca 
de los Generales , como preguntase uno de los pfe-« 
sentes, bien fuera porque realmente dudase , ó por- 



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CATO MAIIIO. 4^5 

que hiciese por gusto aquella pregunta á Escipion, 
cual seria el General y primer caudillo que después 
de ¿I tendria el pueblo Romano, hallándose Mario 
sentado á su lado 9 le pasó suavemente la mano por 
la espalda, y respondió, quizá este: ¡tal era la dis- 
posición que desde pequeño presentaba el uno para 
llegar á ser grande , y tal también la del otro para del 
principio conjeturar el fin. 

Dícese que Mario inflamado en sus esperanzas con 
esta expresión , como con un fausto agüero , aspiró 
á tomar parte en el gobierno , y que le cupo en suer- 
te el tribunado de la plebe, siendo su solicitador 
Cecilio Mételo, cuya casa obsequió desde el prin- 
cipio, por si y por su padre. En su tribunado es- 
cribió sobre el modo de votar una ley, que parece 
quitaba á los poderosos su grande influjo en los jui- 
cios, á la cual se opuso el Cónsul Cota, logrando 
persuadir al Senado que contradigese la ley y que 
se hiciese comparecer a Mario á dar razón de su pro- 
puesta. Escribióse este decreto; y entrando Mario, 
no se portó como un hombre nuevo á quien ninguno 
de algún lustre habia precedido, sino que tomando 
de sí mismo el mostrarse tal, cual le acreditaron des*- 
pues sus hechos, amenazó á Cota con que lo llevaría 
a la cárcel sino abrogaba su resolución. Volviéndose 
este entonces á Mételo, le preguntó cual era su dic- 
tamen; y levantándose Mételo , apoyaba al Cónsul; 
pero, Mario, llamando al lictor que estaba fuera, le 
dio orden de que llevara á la cárcel al mismo Mételo. 
Imploraba este el auxilio de los demás tribunos , y 
como ninguno se le presentase, cedió el Senado, y 
desistió de su decreto. Saliendo entonces ufano Ma« 
rio adonde estaba la muchedumbre , hizo sancionar 
la ley, ganando opinión de ser intrépido contra el 
miedo ; imperturbable por rubor , y fuerte para opo- 
nerse al Senado en obsequio de la plebe. Mas de alli 
á poco hizo que se cambiara esta opinión con moti- 



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456 CAYO MARIO* 

▼O de Otro acto de gobierno; porque habiéndose pro- 
puesto ley para hacer una distribución de trigo ^ se 
opuso obstinadamente á los ciudadanos ; -y saliendo 
con su intento , adquirió igual concepto entre ambos 
partidos , de que nunca por obsequio cederia en lo 
que no fuera conveniente', ni á los unos ni á los otros. 
Después del tribunado se presento á pedir la Edí- 
lidad mayor : porque hay dos órdenes de Ediles : el 
uno que toma el nombre de las sillas con pies corvos, 
en que estos magistrados se sientan para despachar; 
y el otro interior que se llama plebeyo. Nómbranse 
primero los de mayor dignidad, y después se pasa á 
votar los otros. Todo daba á entender que Mario 
quedarla para este segundo ; pero él , presentándose 
sm dilación en medio, pidió el otro; mas acreditan^ 
dose pbr lo mismo de osado y orgulloso , fue des- 
atendido; y con haber sufrido dos desaires en un 
mismo dia , cosa nunca sucedida á otro lalguno , no 
por eso bajó nada de sú arrogancia ; antes de allí á 
poco volvió á pedir la Pretura , y casi nada faltó pa- 
ra que llevara también repulsa; mas fue por fin elegi- 
do el último , y se le formó causa de cohecho. Dio el 
principal motivo para sospechar un esclavo de Casió 
Sabacon, por habérsele visto dentro de los canceles 
mezclado con los que iban á votar , y ser Sabacon uno 
de los mayores amigos de Mario. Preguntado aquel 
por los Jueces sobre este particular , respondió que 
teniendo mucha sed á causa del calor , pidió agua 
fria , y como aquel su esclavo tuviese un vaso de ella, 
había entrado a alargárselo, marchándose inmediata- 
mente después que bebia. Ello es que Sabacon fue 
por los Censores que entraron en ejercicio después 
w este suceso , removido del Senado ; pareciendo á 
todos que no dejaba «de merecerlo , bien fuese por el 
falso testimonio, ó bien por su mala conducta. Fué 
citado también como testigo contra Mario CayoHe- 
renío , y contestó no ser conforme á las costumbres 



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CAYO MARIO. ^ . ^^y 

patrias que atestiguase contra un cliente, sinq que 
antes las leyes eximían de esta obligación á los patro- 
nos ( que es el nombre que dan los- Romanos á los 
defensores y abogados); y que de la casa de losHe- 
jrenios habian sido clientes de antiguo los progenitores 
dé Mario, y aun Mario mismo* Admitían los jueces 
la excusa; pero el mismo Mario hizo oposición á He« 
renio, diciendo que luego que entró en las magistra- 
turas se libertó dfe la calidad de cliente , lo que no 
era' enteramente cierto ; pues no toda magistratura 
exime á los clientes y á su posteridad de la obliga- 
ción de alimentar al patrono, sino solamente aquella 
á laque la ley concede silla curul. Y en los primeros 
días del juicio la suerte no se presentaba favorable á 
Mario, ni estaban de su parte los jueces; pero en el 
ultimo salió oo sin maravilla absuelto , por haberse 
empatado los votos. 

Nada hizo en la Pretura digno de particular ala- 
banza ; pero habiéndole cabido en suerte después de 
ella la España ulterior, se dice que limpió de saltea- 
dores la provincia , áspera todavía y feroz en sus cos- 
tumbres : no habiendo dejado los Españoles de tener 
el robar por una hazaña. Constituido en el gobierno, 
no le asistían ni la riqueza ni la elocuencia , que eran 
los medios con que los principales manejaban en 
aquella época al pueblo; pero sinembargo, dando 
los ciudadanos cierto valor á la entereza de su carác- 
ter , á su tolerancia *del trabajo , y á su porte en to- 
do popular, logró ir adelantando en honores y en 
Íoder; tanto que hizo un matrimonio ventajoso con 
ulia de la familia ilustre de los Césares, de la cual 
era sobrino César , el que mas adelante vino á ser el 
mayor de los Romanos, proponiéndose en alguna 
manera por modelo á este su deudo ^ como en su 
"^.vida lo hemos, escrito. Conceden todos á Mario la 
templanza y la paciencia ; habiendo dado de esta un 
grande ejemplo con el motivo de cierta operación de 



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458 CATO MARIO* 

cirugía* Tenia entrambas piernas muy varicosas, (fo- 
sándole esta especie de hinchazón una deformidad 
que le disgustaba, por lo que resolvió ponerse en 
manos del cirujano. Presentóle pues la una pierna; y 
sin que le tuviesen , sufrió los violentos dolores de 
las incisiones sin moverse , y sin lanzar un suspiro, 
en silencio y con inalterable co^tfro; pero pasando i 
la otra el cirujano , ya no quiso alargarla , diciendo, 
no veo que la curación de este defecto sea digna de 
un dolor semejante. 

Cuando el CkSnsul Cecilio Mételo fue enviado de 
General al África para la guerra contra Yugurta, 
nombró por legado á Mario ; el cual , aprovechando 
aquella ocasión de hechos señalados é ilustres , de/ó 
á un lado el cuidar de los aumentos de Mételo, y 
el ponerlo todo á su cuenta, como solian hacerlo los 
demás. No teniendo pues en tanto el haber sido nom- 
brado legado por Mételo , como el que la fortuna le 
ofreciese tan lavorable oportunidad , y le introdu- 
jese en tan magnífico teatro , se esforzó á dar prue- 
oas de toda virtud; y llevando consigo la guerra 
mil incomodida4es , ni rehusó ningún trabajo por 
grande que fuese ^ ni desdeñó tampoco los pequeños. 
Con esto , con aventajarse á sus iguales en el conse- 
jo, y la previsión de lo que convenia , y con igua- 
larse á los soldados en la sobriedad, y el sufri- 
miento, se ganó enteramente su amor y benevolen- 
cia : porque en general parece que le da consuelo al 
que tiene que trabajar que haya quien voluntaria- 
mente trabaje con él ; pues con esto como que á él 
también se le quita la necesidad. Er^ ademas espec- 
táculo muy agradable al soldado Romano un Ge- 
neral que no se desdeñaba de comer públicamente el 
mismo pan , de tomar el mismo sueño sobre cual- 
quiera mullido , y de echar mano á la obra cuando 
había que abrir fosos., ó que establecer los realess 
pues no tanto admirgn í los que distribuyen los ho« 



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CAYO MARIO* 459 

cores y los bienes, comoá los que toman parte en 
los peligros y en la fatiga ; y en mas que á los que 
les consienten el ocio, tienen á los que quieren acom* 
pañarlos en los trabajos* Conduciéndose pues Mario 
crí'todo de esta manera, y haciéndose popular jpor 
este término con los soldados, en breve lleno el 
África , y en breve á k misma Roma de su fama y 
de su nombre , por medio de los que desde el ejér- 
cito escribían á los suyos, que no se leveria el tér- 
mino y fin á aquella guerra mientras no eligiesen 
Cónsul á Mario. 

Claro es que por lo mismo había de estar inco- 
modado con él Mételo ; pero lo oue mas le indispu- 
so fue lo ocurrido con Turpilio. Era este huésped de 
Mételo, ya de tiempo de su padre; y entonces te- 
nia en aquella guerra la dirección de los trabajos. 
Habíasele encargado la guardia de Bagá , ciudad po- 
pulosa ; y él , confiado én no causar ninguna vejación 
á los habitantes , sino mas bien tratarlos benigna y 
humanamente, no atendía á precaverse de venir á 
manos de los enemigos. Mas estos dieron entrada i 
Yugurta, aunque á Turpilio en nada le ofendieron, 
y antes se interesaron para que se le dejara ir salvo, 
íormósele pues causa de traición ; y siendo Mario 
uno de los ael consejo de guerra , no solo se mostró 
por sí inexorable , sino que acaloró á la mayor par- 
te; de manera que Met;elo se vio precisado muy con- 
tra su voluntad á tener que condenarle á muerte. 
Descubrióse á poco la falsedad de la acusación , y 
todos los den\as daban muestras de pesar á Mételo, 
que estaba inconsolable ; pero Mario se mantenia ale- 
gre, y se jactaba de ser autor de lo ejecutado, sin 
avergonzarse de decir entre sus amigos que él era 
quien había hecho que á Mételo le persiguiese la ven- 
gadora sombra de su huésped. Con este motiva era 
todavía mas manifiesta la enemistad ; y aun se refiere 
que en cierta ocasión le dijo Mételo , como reconvi- 



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460 CATO MAltlO. 

niéndole : i cómo , y piensas tú , hombre singular, 
marchar ahora á Roma á pedir el Consulado? ¿pues 
no te estaría muy bien el ser Cónsul con este hijo 
mió ? Es de notar que tenia consigo Mételo un hijo 
todavía en la infancia* En tanto Mario instaba p7ra 
que se le diera licencia ; pero se la dilató con varios 

E retextos ; y por fin se la coi^cedió cuando no falA- 
sn mas que doce dias para la designación de los 
Cónsules. Mario anduvo el largo camino que habla 
del campamento á Utica sobre el mar en dos dias 
y una noche ; y antes de embarcarse hizo un sacrifi- 
cio. Dícese haberle anunciado el agorero que los Dio- 
ses le pronosticaban hechos y sucesos muy superio- 
res á toda esperanza 9 con lo que partió sumamente 
engreído. Hizo en cuatro dias la travesía t:on viento 
en popa, y apareciéndose de súbito ante el pueblo, 

Íne le recibió con deseo , presentado por uno de los 
'ribunos en ía ¡unta, hizo diferentes recriminacio- 
nes á Mételo , y se mostró pretendiente del Consu- 
lado , con promesa de que muerto ó vivo habia de 
tener en su poder á Yugurta. Habiendo sido nombra- 
do con grande aceptación , se dedicó al punto á re- 
clutar ejército, admitiendo en él, con desprecio de 
las leyes y costumbres , á mucha gente jornalera y 
esclava : siendo asi que los Generales antiguos no les 
daban á estos entrada, sino que mirando como un 
honor el ejercicio de las armas , solo las ponían en 
manos beneméritas , teniendo como por fianza la ha- 
cienda de cada uno. Con todo no. fue esto lo que 
mas desacreditó á Mario, sino sus expresiones ar- 
rogantes , que ofendían á los principales por el aja- 
miento é injuria que contenían : gritando continua- 
mente aquel , que su Consulado era un despojo to- 
mado á la molicie de los nobles y de los ricos, y 
que él se recomendaba al pueblo con sus heridas pro- 
pias , no con memorias de muertos , ni con imáge- 
nes agenas. Muchas veces nombrando á los Genera- 



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« CATO MARIO* 461 

les que habían peleado desgraciadamente en el Afri* 
csLf como Bestia y Albino, varones ilustres en lina- 
ge , pero poco guerreros , y que por su impericia se 
perdieron , solia preguntar á los que se hallaban pre- 
sentes» ¿si no creían que los antepasados de estos ha- 
brían querido mas dejar descendientes que le fuesen 
á <1 semejantes? puesto que ellos mismos no se ha- 
blan hecho célebres por su noble origen, sino por 
su virtud y sus hazañas. Y esto no lo decia precisa^ 
mente por vanidad y jactancia , ni solo porque qui- 
siese indisponerse con los poderosos ; sino porque el 
pueblo , complaciéndose en la mortificación del Sena- 
do , solia medir la grandeza de ánimo por la ar- 
rogancia de las expresiones ; y asi ¿1 era quien le im- 
pelía á humillar á los ciudadanos mas sobresalientes 
para complacer á la muchedumbre. 

Luego que pasó al África , no pudiendo Mételo 
soportar la envidia , é incomodado sobremanera de 
que teniendo ya concluida la guerra^ sin restar otra 
cosa que la materialidad de apoderarse de la persona 
de Yugurta, viniese Mario á recoger la corona y el 
triunfo, debiendo estos adelantamientos á sola su in- 
gratitud, np aguardó á que llegara donde él estaba, 
sino que partió del ejército , y fue Rutilio quien hi- 
zo la entrega de él á Mario, hallándose de legado de 
Mételo. Pero persiguió también á Mario un malhado 
en la conclusión de este negocio: porque le arrebató 
Sila la gloria del verícimiento , como él la habia ar- 
rebatado á Mételo. £1 modo como esto sucedió lo 
referiré muy por encima , por cuanto la narración 
circunstanciada de estos sucesos pertenece mas á la 
vida de Sila. Boco , Rey de los Numidas superiores, 
era yerno de Yugurta , y mientras duró la guerra no 
pareció tomar gran parte en ella , recelando de su 
perñdia , y temiendo que aumentase su poder; mas 
después que reducido a la fuga , y andando errante 
había puesto en Boco su ultima esperanza , y mar- 



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462 CATO MARIO. 

diaba en sn bnsca , recibiéadole este en tal situación 
de desvalido mas por vergüenza que por afecto, 
cuando k tuvo í su disposición , á las claras y en 
público intercedía por él con Mario ^ escribiéndole 
que de ningún modo le entregaría ; pero en secreto 
meditaba hacerle traición, enviando á llamar á Lu- 
cio Sila, cuestor de Mario, que habia hecho favores 
i fioco durante aquella expedición. Luego que Sila 
paso á verse con el , ya hubo alguna mudanza y ar- 
repentimiento en aquel bárbaro ; de manera que estu- 
vo bastantes dias sin resolverse entre sí entregaría á 
Yugurta 6 retendría á Sita. Prevaleció por ñn la pri- 
mera traición ^ y puso á Yugurta vivo en maños de 
Sila: siendo esu la primera semilla de aquella disen- 
sión cruel é irreconciliable, que estuvo en muy poco 
perdiese á Roma. Porque muchos por aversión i Ma- 
rio daban por cierto que aquello nabia sido obra de 
Sila; y este mismo ^ habiendo labrado un sello, pu- 
so en él un grabado, en que estaba la imagen de Bo- 
co en actitud de entregarle á Yugurta: sello de que 
usaba siempre, irritando, con esto á Mario , hombre 
ambicioso , obstinado y enemigo de repartir su glo- 
ria con nadie ; á lo que contribuían también en gran 
manera los enemigos de este , atribuyendo á Mételo 
el buen principio y progreso de aquella guerra, y 
su conclusión á Sila, con la mira de hacer que el 
pueblo dejara de admirar y apreciar á Mario sobre 
todos. 

Mas bien presto disipo esta envidia , estos odios, 
y estas acriminaciones contra Mario el peligro que 
de la parte del poniente amenazó á la Italia , reco- 
nociéndose por todos la necesidad de un gran Gene- 
ral , y examinando cuidadosamente la ciudad quién 
seria el ^loto de quien se valiese en semejante tor- 
menta : así es que no hallándose con fuerzas ninguno 
de las familias nobles ó ricas para tal empresa , pro- 
cediendo á los Comicios consulares , eligieron á Ma- 



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CAYO MAKIO. 463 

rio qu^ se hallaba ausente. Paes apenas recibida la 
noticia de la prisión de Yugurta, se difundieron las 
voces de los Teutones y Cimbros , increíbles al prin- 
cipio en cuanto al número y valor de las tropas que 
venian » pues se halló que en verdad eran mucnas me* 
210S de lo que se decia. Con todo eran trescientos 
mil hombres armados los que estaban en marcha ; y 
ademas venia en su seguimieuto infinidad de muge- 
res y niños en busca de una región que alimentase 
tanta gente , y de ciudades en que pudieran estable^* 
cerse , al modo que antes de ellos sabian haber ocu* 
pado los Celtas un pais excelente en Italia expelten- 
00 á los Tirrenos ; pues por lo demás , su ninguna co- 
municación con otros pueblos , y la distancia del pais 
de donde venían eran causa de que se ignorase qué gen» 
tes eran » ni de donde hablan partido para caer como 
una nube sobre la Galia y la Italia. Conjeturábase 
sin embargo que eran naciones germánicas de las que 
habitan á la parte del Océano boreal , por la grande 
estatura de sus cuerpos, por tener los ojos azules, y 
también porque los de Germania á los ladrones les 
llaman Cimbros. Hay también quien diga que la gen- 
te Céltica , por la grande extensión del pais y su gran 
muchedumbre, llega desde el mar exterior y los 
climas septentrionales hasta el oriente , yendo á to- 
car por la laguna Meotis en la Escitia Pontica , y 
5[ue de alli provenia esta mezcla de naciones, las cua- 
es no abandonaban sus asientos de una yez ^ ni á la 
continua , sino que yendo siempre hacia adelante ca« 
da año en la primavera , asi iban llevando la guerra 
por todo el continente ; y que aunque tienen dife- 
rentes denominaciones según los paisas, al ejército 
en general le dan la de Celtoescitas. Otros refieren 

?ue la gente Cimeria , conocida en lo antiguo por los 
rriegos, no fue mas qué una parte mínima, que es- 
trechada de los Escitas, ó por sedición entre si, ó 
por destierro, de estos > se vio precisada á pasar al 



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464 CAYO MARIO. 

Asta desde la laguna Meotls , acaudillándola Ligda« 
mis; pero que el grueso de ellos y lo mas belicoso 
se hallaba establecido en los últimos términos , á la 
parte del mar exterior. Dícese que estos ocupaban un 
pais sombrío, frondoso y poco alumbrado del soi, 
por la muchedumbre y espesura de sus bosques, que 
se extienden hasta dentro de la Selva, Hercinía; ha- 
biéndoles cabido en suerte estar bajo un cielo, que 
parece deja poco lugar para la habitación, situados 
cerca del zenit en la parte donde toma elevación el 
polo por la inclinación de los paralelos ; y donde 
Iguales los dias en lo cortos , y en lo largos con las 
noches , dividen el año ; que fue lo que dio ocasión 
á Homero para su fábula del infierno. Pues de alli se 
dice hablan partido estos bárbaros para la Italia , di- 
chos al principio Cimerios ; y Cimbros, después por 
alteración , no á causa de su género de vida: aunque 
esto mas es una conjetura que cosa que pueda tener- 
se por asegurada y cierta. En cuanto á su número 
aun hay algunos que afirman haber sido mayor que 
el que se deja dicho. En el ánimo y osadía eran ter- 
ribles , pareciéndose al fuego en la presteza y vio- 
lencia para los hechos de armas ; no habiendo quien 
pudiera resistir á su ímpetu , sino que indefectible- 
mente fueron presa suya todos aquellois á cuyo pais 
llegaron ; y cíe los Generales y ejércitos Romanos 
cuantos se íes presentaron por la parte de la Galia 
transalpina , todos fueron ignominiosamente desbara- 
tados: asi con haber peleado desgraciadamente, es^ 
tos mismos los atrajeron contra Roma ; pues vence^» 
dores de cuanto encontraron , y enriquecidos con 
opimos despojos , hablan resuelto no hacer parada en 
. ninguna parte antes de destruir á Roma y asolar la 
Italia. 

Oídas semejantes nuevas , como el grito común 
de los Romanos llamase al mando á Mario , fue nom- 
brado segunda vez Cónsul , contra la ley que no per-^ 



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CATO MARIO. 46 f 

vñú^ dégir aoseotes, y contra la que tampoco. con-* 
sentía que. fuese alguno reelegido, sin que se guardan 
se el hueco prefijado: no dando el pueoio oidos á los 
que ^ se' oponían y por cuanto juzgaba que ni era aque- 
lla. 1« iiess primera en que la ley callaot ante la uti- 
lidad pública , ni de menor valor la gausa que á ello 
enU)aces obligaba 1 que la que hubo para nombrar 
CkSnsul á Escipion contra las mismas leyes , en oca- 
sión en que no temiaa perder su propia ciudad , si- 
no que trataban de destruir la de Cartago: asi pues 
se determino. Llego Mario de África con su ejército 
en las mismas calendas de Enero , que es el dia en 
^que los Romanos comienzan su ano; y en ¿1 tomó 
posesión del Consulado, y celebró su triunfo, dan- 
do á los Romanos el increible espectáculo de condu" 
cir cautivo á Yugurta , pues nadie esperaba que vivo 
4i pudiera su ejército ser vencido: ¡de tal manera 
sabia doblarse á todas las mudanzas de fortuna , y 
t/in diestro era en mezclar la astucia con la fortaleza! 
Adas llevado en la pompa salió, según dicen, de jui-» 
ció ; y puesto en la cárcel después del triunfo y mien- 
tras unos le despojaban por fuerza de la túnica , y 
otrps procuraban quitarle las arracadas de oro, jun«« 
tañante con ellas le arrancaron el lóbulo de la ore- 
}a« Luego que le dejaron desnudo , le arrojaron á un 
calabozo, donde desesperado^é inquieto; jpor Júpi- 
ter ,. exclamó , que esta muy frío vuestro baño! Allí 
mismo , luchando por seis dias coú el hambre , y 
susiplrando hasta la última hora por alargar la vida, 
pagó la pena que merecían sus impiedades. Cuéntase 
que se trajeron á este triunfo y fueron llevadas en 
¿1 tres mil y siete libras de oro; de plata no acuña- 
da c.inco mil setecientas setenta y cinco ,. y en dine« 
ro diez y siete mil y veinte y ocho dracmas. Re- 
unió Mario el 5enado después del triunfo en el Ca- 
pitolio, entrando en él , ó por olvido , Ó. por hacer 
QrguUoSa ostentación de su fortuna , con las ropas 

TOMO lí. 06 



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I 



466 CATO HAKIO. 

triunfales ; pero percibiendo al panto que el Senado 
no lo llevaba á bien, se levantó , y quitándose la 
purpura y volvió á ocupar.isu puesto. 

En la marcba hacia de camino trabajar á la tro- 
pa, ejercitándola en toda especie de correrías y en 
jornadas largas y^ y precisando á los soldrdos á llevar 
^ preparar por si mismos lo que diariamente ha- 
k de servirles; de donde dicen proviene el que des- 
de entonces á ios aficionados ai trabajo , j que con 
presteza ejecutan lo que se Íes manda, se les llame 
mulos Marianos; aunque otros' dan á esta expresión 
diferente origen. Porque queriendo Escipion, cuan- 
do sitiaba á Numancia, pasar revista no solo de ar- 
mas y caballos, sino también de acémilas y carros^ 
para ver en qu¿ estado tenia cada uno estas cosas y se 
dice que Mario presentó iin caballo perfectamente 
cuidado y mantenido por ¿1 mismo , y ademas un 
mulo sobres, líente entre todos en gordura, en ñian- 
sedumbre y en fuerza ; por lo que no solamente se 
mostró contento £scipion con esta especie de cuida- 
do de IV{ai;io , sino que hacia frecuentemente men-> 
don de ella ; y de aqui nació el que los que querían 
por vejamen alabar á alg'-no de puntual, de sufrido 
y de trabajador , le llamaban machito^dé Mario. 

Púsose en esta ocasión la fortuna de parte de Ma* 
Jio; porque los bárbi^ros, como ¿i quisieran tomar 
carrera para la irrupción que meditaban, pasaron 
primero á España; con lo que aquel tuvo tiemfo pa- 
ra. ejercitar el cuerpo del soldado; para dará su áni-- 
mo aliento y confianza ; y lo que es mas importante 
todavía , para hacer que conociese bien el carácter de 
su general. Porque su dureza en el mando y su infle- 
xibilidad en los castigos parecían calidades justas y 
saludables á los que tenirn ya el hábito dé no de- 
linquir ni faltar; y su escandecí miento en la ira, lo 
penetrante de la voz y lo adusto del semblante, acos- 
tumbrados asi poco á poco^ no tanto les era-á ellos ter- 



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CAYO MARÍO. 467 

Tibfe, cóitio''crdáo había de seilo á los enemigos. So- 
bre todo era muy del gusto dé los soldados so rie¿ti- 
tud en los juicios / de la que se refiere' este ejenl^Io. 
Cayo Lusioy sobrino suyo, que teitU empleo de'^o- 
maádante en él ejército, era hombf e éñ todo lo de- 
más 00 reprensible ; pero en el an^or de los }<$yenes 
DO podl^i irse á la mano. Andaba i tin joven que mi- 
litaba bajo sus ordenes ,■ llamado Trebonio ; y aunque 
mtibhas veces lo habia solicitado, nunca hábiar sfdo 
bien ofdó ; 'túAi en íin una noche envió por -medio 
de un esclavona llamar á Trebonio ; vino'este , porque 
no era lídtO no acudir al llamamiento ; pero como 
habiendo entrado en su tienda quisiese hacerle violen- 
cia, desenvainando U espada le quitó hi vida. Acae- 
ció esto á tiempo que Mario estaba ausente ; pero á 
su vuelta puso inmediatamente en juicio á Trebonio; 
y como fuesen muchos los' que le acusaban ,' sin que 
ningulK) tomase su defensa , compareciendo él mis- 
mo, refirió resueltamente el suceso j y tuvo testigos 
de qiic muchas veces se resistió á Lusio, y que con 
hacerle grandes oféítas jamas condescendió porn^a- 
da á sus deseos. Maravillado Mario y complacido al 
ttíismo tiempo, mandó que le trajesen la coroila coa 
que por costumbre patria stí recompensaban los ilus- 
tres hechos, y tomándola en la mano, él mismo 
coronó á Tréoonio, por haber dado un excelente 
ejemplo eii tiempo en que tanta necesidad habia de 
ellos. Llegó la noticia á Roma , y no fue la qué me- 
jftos contribuyó para que se le confiriera el tercer 
Godsfilado ; a lo qué se agregaba que acercándose la 
primavera., miraban como próxima la llegada de los 
bártlaroí, y flo querían qué ninguno otro General hi- 
eiése^^queíla gúcirrá: Mas no llegaron tan pronto co- 
two 'se creia, y tkmbien'se le pasó á Mario él tiempo 
de este consuládb. Acercábanse íáS' elecciones , y co- 
Mo hubiese itíüertó el colega ^ dejando Mario eacar- 
gadO «delejérelto'i Manió Aquí UoV paírtió para Ro- 
go 2 



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468 PATO MARIO* 

ma. Eran muchos y mny principales los que pe^líén 
el Consalado ; y Lacio saturnino , que era de ios 
Tribunos el que mas influía sobre la muchedumbre, 
obsequiado por\Marip, hablaba ai ^ueblp, y le mo- 
vía á que le nombrase Cónsul. Hada Mario el des- 
deñoso rehusando aquella magistratura ». y didendo 
39e no le convenia ; sobre lo que Saturniao lo acusaba 
e traidor á la* patria^ por rehusar el ntiando en me- 
dio de tan gran peligro. Estaba bien claro que bar- 
cia este papel por servir á Mario; pero los mas ea 
vista de su pericia y de su fortuna , . le decretaroa 
el cuarto Consulado » dándole por colega i Lutacio 
Catulo , varón muy respetado de los primeros per* 
soaagesy y no desafecto á la* mucheduqnbre. 

¿struidoMario.de que los enemigo» se h^illaban 
cerca, pas<$ apresuradamente los Alpes , y fortifi<- 
cando su campamento sobre el rio Ródano , condujo 
á él abundantes provisiones i para no ser nunca pre- 
cisado á pelear , mientras no le pareciese poderlo 
ejecutar con ventaja , por falta de las cosas precisas. 
La conducción por mar de lo que el ejército habi« 
menester, que antes era larga y costosa, la hÍ3:o 
fácil y breve. Porque tomando las bocas del Roda- 
no ^oneLoleage del mar gran copia de- tierra y mu«- 
pha arena mellada con cieno ,. la nav^acion era tra* 
bajosa y tardía para los abastecedores. Empleando 
pues en aquel punto el ejército , mi^eotras no tenia 
otra ocupación^ abrió un dilatado canal, y haden-^ 
do pasar á él gran parte del rio,, lo condujo poruaa 
libera cómoda con. bastante caudal j>ara sostener bu- 
ques gfjindes } y con una entrada al mar fádl y no 
expuesta á cegarse; y e$t&<p^nai todavía conserva el 
nombre que de él tomó. Hicieron los bárbaros dos 
fiivisiones de sos tropas z tpcándoles i.Wbs Cimbros 
marchar contra Catuio por las al tufas de <tos. Alpes 
Noricos para ven^ser aquel paso; y á Iqs Teutones y 
Ambrones el ilirígirse contra Mario por la Liguria 



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CATO MARIO. 469 

y lá costa del imir. Fiieles preciso á los Cimbros pre- 
Mrarse^ y <letenerse mas ; pero los Teutones y Am-' 
DrOnes partieiifido aceieradameate, y atravesando et 
pais que mediaba , se presentaron* inmensos en numero; 
faroces en tos setnblantes , yen la grileria y alboroto 
no parecidba^i ningunos otros. Ocuparon gran parte 
de la Itanor») y^ acampándose » provocaban á Mario 
á labatalh;/ 

* No hada Mario cuenta de estas baladrofiada$, 
sino que oomenia á los soldados dentro de los reales, 
castigando ^pérataíente á los atrevidos ; y á los que se 
presentaban xx>n ánimo de pelear pomo poder* con-» 
tener la Ira , \t% decia que eran traidores á la patria; 
porque la cobtlenda con aquellas gentes no era para 
alcanzar triunfos ' 6 para erigir trofeos , sino paraí 
apartar léfos lamejante tormenta y tempestad í salvan-* 
do de este modo la Italia. Asi seex|>licaba en confian- 
za con los otros Gefes y caudillos ; pero á los solda- 
dos y m«ftaniéndose en el vaHadar , les haicia por tro^ 
sos que miraran á los enemigos /acostumbra ndolbs á 
ver aquello» semblantes , á oir aquella voz enteramen- 
te extraña 'y fiera y á enterarse dé sus arreos y stK 
láctica > para que con el tiempo la vista de aquellos 
objetos espantosos se los hiciera llevaderos; porque 
creia que lá novedad acrecienta un terror falso alas 
cosas propias de suyo para inspirar miedo; y que la 
costumbre quita la admiracioh y asombro aun deaqucT- 
llos objetos naturalmente terribles. -Y aquí no solo lá 
vista iba quitando continuamente algo del asombro, 
sino que con las amenazas y la insufrible altanería de 
los bárbaros la ira les encendia y abrasaba Ios-ánimos, 
por cuanto los enemigos no contentos con atrppeltar 
y asolar cuanto habia al rededor , acometían á veces el 
campamento con gtande arrojo y desvergüenza: tanto 
que se dio i Mario cuenta de estas voces y quejas de 
los soldados: «¿por qué cc^rdía nuestra nos castiga 
W'Marto prohibiéndonos con ' llaves y porteros como 



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470 . CA^TO MARI«. . 

w á unas mugeres el «venir á las manod Oqq los ene*» 
fimigos? £a pues echámiolade hornbre^. libres» prcr- 
figunt¿mosle,si es <|ue- espera otros que vengan á 
f» pelear por la Italia «. y de nosotros picosa valerse 
«siempre como de usos criados caanda haya qw 
n abrir canales i que qiuitar barro , y quQ.mudar el pur*- 
•»6o de algún rio; pues parece qixe par^ estas cosas 
nnos ejercita con continuas fatigas^ y que estas soa 
irlas obras consulares /de que pieusa^baqéc á su vuei-» 
f» ta ostentación ante los jciudadanosu {Tieme por veji«- 
•t tunólos desgraciados,casos de Carbón y Cepsoo , que 
M fueron vencidos de ios enemigos por ser.eJIos muy» 
m inferiores á Mario en virtud y en gwria ^ y por ix^uvr 
I» dar un ejercito que estaba muy. distante d^.yalerio 
• que este ? y en no de más .honor en siifrkalgRin dcs^ 
f» catabro ) haciendo algOj que ser iraaq]»UQS. especia?» 
9 dores de la ruina de nuestros aliados.** 

. Cuando Mario oyó estas cosas» $irvÍ!^r.onle de 
placer^ y trató de sosegar á los soldadl^vdici¿ndo«% 
les qge deninguq fuod<^ .desconfiaba de^'-eUcs» sino 
que guiado de cierto% oráculos agoardabAj^/tiempe 
y lugar oportunos para la victoria. Porqiie4]evaba ea 
su compañía en: litara. cop. cierto re$peto' á < una mu- 
ger/de- Siria liamada Marta , que se dieciaei^i profis-r 
tisa» y de su orden b^la cierros sacrificios,. leíala 
antes amenazado el Senado porque $e lue^claba en 
estas cosas y en querer predecir lo futuro^^péro des* 
fnieS) como acogiéndole á las mugeres hubiese dado 
algunas pruebas ^ y mas particularmente á la, de Ma« 
rio ) porque puesta á sus pies habia;C^ualmente adi*-» 
viñado entré Unos gl4di4tores quién aeria el qíie veo^ 
ciese ^, la mandó . esta adotide estaba Mario» que la 
tniró con admiración » y por lo comáis k hacia llevar 
en litera* Adornábase oara- los Sacrificios con do-r 
ble purpura > y usaba de Una lansa toda: en rededot 
^ cefiida. de cintas y coronas. Tenia esta farsa en inn 
cerildumbre á la mayojr parte de las gentes» no ^«« 



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OA'TO MARTOft 4yt 

l>?endc^-9} d ¿nr:9^í &í espectáculo i aquella muger 
saciii de que Mirío lo creyese de veras > ó de que^ lo 
fingt0:y aparentaba. Pues el maravilloso prodigio de 
las buitres refiérelo Alejandro Mindio; yes que an** 
tess.del vencimiento se apareciao siempre dos en der* 
r^or de la hueste^ y la seguían sin desampararla» 
si#ndo: coooctdos por sus collares de bronce: pues los 
soldados lograron cogerlos, y puestos los collares» 
Jos soltaron. Desde entonces reconociendo á los sol- 
dados» les bacian agasajos; y en viéndolos estos en 
Us maf ch|is » se regocijaban » esperando algún buen 
auceso. Mostráronse por aquel tiempo diferentes se- 
dales , bis que tenian en general un carácter común; 
pero, de Ameria y Tuderto se refirió qoe.se velan de 
oocbe eñ el cielo espadas y escudos de fuego, que 
al principio se notaban separados ; mas después cho- 
caban unos con otros en la forma y con los movi- 
mientos que lo ejecutan- los hombres que pelean; y 
por fin cediendo unos y siguiendo los otros , todos 
veniüU á caer hacia occidente. Por el propio tiempo 
fóndbieo vtno de Fesiounte Batabaces» facerdote de 
la gram madre » anunciando que- la Diosa le hnbia ha-*- 
biado»» desde su tabernáculo» diciendo que iban los 
l^fpalioa á disfrutar de la victoria y triunfo mas se- 
ñalados. Dióle asenso, el Senado, y decretó edificar á 
Ja' Diosa 'UiCi templo en; señal de victoria; y cuando 
Bat^baces, estaba para comparecer ante el pueblo con 
el desfgüjo de anunciarlo » se lo estorbó el Tribuno de 
la- pjebe AvAo Pompeyo , llamándole impostor » y 
echándole i empellones de la tribuna; lo que solo 
sirvió para conciliar mayor crédito á su narraciont 
porque fio bien se puso Aulo eií camino para su casa» 
disutlta la junta» cuasdose le encendió una tan fuer« 
te calentura » que se hizo cosa muy notoria y públi- 
ca entre todos haber muerto de ella dentro del sép-» 
timo día. : 

Infirmaron, los Teutones» viendo el sosiego de 



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; 



47 1 CAYO MAAIO: 

Mario, poner cerco al campamento*;, péré-ttttíábyt^ - 
ctbidos con dardos que les disparaba desde el valla- 
dar, y perdiendo alguna gente ^ determinaron ir ¿de^ 
ktnte, dando por supuesto que podían pasar ^n re^es* 
lo los Alpes. Tomando el bi^ge , se pusieron sil orto 
lado del campo de los Romanos ; y endoaces se vi^ 

Erincipalmente su gran número por la tardanza y di^ 
kcion del tránsito : porque se alce que gastaron sei^ 
dias en pasar por el valladar de Mario andando sin / 

S>arar. Iban siempre muy cerca preguntando por m<^ ' 

a á los Romanos si mandaban algo para«us mogeresi \ 

porque pronto estarían á la vista de ellas. Giandd 
ya hubieron pasado los bárbaros, y estabnn á alguna 
jdistancía , levanto él también su campó , y los seguía 
ác cerca, acampando siempre .á su inmediación en \ 

puestos fuertes y y ocupándolos sitios mas ventajosos i 

para pernoctar con descanso. Marchando de esta ma« 
fiera , llegaron al lugar que se ilama las Aguas^ sex^ 
tías , desde donde con poco que anduviesen sehaila^ 
Tian en los Alpes. Por lo mismo se preparaba Mario 
¿ dar alli la batalla , escogiendo para su campameoto 
4iná posición fuerte , pero que escaseaba de' agua; que* 
riendo , según decía , aguijonear con esto i los* sóida* 
•dos : asi es que quejándose muchc; y haciéndole pré-- 
asente que tenian sed , les dijbv> señalándoos con la 
«nano un rio que corría ál lado del vaUadar de Itis 
bárbaros, que alii tenían bebida f que se^eompraba i 
' precio de sangre. ¿Pues por qué le respondieron no 
nos guias ahora mismo Contra ellos mientras tenemos 
Ja sangre fresca? y él ¿on voa: blanda les contestó^ 
antes tenemos que fortificar el campamento. 
, Obedecieron, aúnele de' mala ^na, los soldados; 
pero, la muchedumbre dé los bagageros y asistentes 
no teniendo que beber para sí , ni para las acémilas, 
bajaron jen gran número al rio, llevandouunos asneó- 
las, otros segures , y algunos espadas y lanzas, jnn^ 
támente con los cántarps*,' pensando que no podrían 



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tatuar siginK díi 'pteoUmstiéronles ffl {iriffeipib pocoj^ 
<ie ! ios* enemigos ^'■á'caiBa de que lá mayor parte esta-t 
batí coariendd después del baño , y otros se bañaban} 
pdr^enaee&aUixtóplosos raudales de agua caliemei 
▼"4iM Rmnafios torfnrendieron á bastante número djt 
m UrhKos-, epk teuniéot celebndiaa oon placer f 
adniradofi las deUcia» de aquel sitio. Aeudian muchos 
áítos gritos i pues por anapartelé era. repugnante i 
Mario €OofeQer:ár' tos isoidádos que tebii^n^ por sus 
dodféstftos; y: por ocra 1» gente oias b^beósa de I6i 
eneoiigo; i féX ^ienes j antes . habtáii' ' sido vencido) 
ixH Rdffiano9 con Manlkr. yCepion (llamábanse ks^, 
«es Aaíbrones; 'y^eHos ^os^-pi^baa^dd nártiero d^ 
treinta niil) , excitados también con el alboroto cor-* 
lian* ir las armas (' si 'pesados en los cuerpos pdr íá 
hártxxn, ligeros éiv eháaimo , y acafaorados con el vi^ 
9o.HÍíSU correr^era'<^sordeoado5COffi^ el de unos 
furiosos, 6 su gritería desconcertada ,• sinbcque ma^ 
aerando las armas cbtf'ctefto* cottipab y'y Helado una 
iDareha> igoalr todm 4 tm tiempo repetían muchas 
veces el nombre coa 4que eran conocidos ^ gritando 
ios Amtt<mes\ ó para llamarse por -este medio unos 
á^otsosv ó pararii»on4ir terror con "aquélla voz á sus 
enemigds; De toa Italianos los primeros que bajaron 
contra ellos foerob lóS'i^igures , los cuales luego que 
oyeron' y percibieron aquel grito, exclamaron que 
aquel era su fiombre patrio; porqneá -causa de stf 
er^n-se llamaban imibrones a sí mismos los Ligu^ 
reSé Resonaba pues alternado uti mismo- ^ito antei 
de venir á las manos, Y ^^ caudHtós de una y otra 

Crte lo repetían con'esniérzo , yendo'á porfía en quien 
bia de levantar mas la voz; con lo que aquella gri-^ 
tería aviv¿ y acaloro mas la ira. A lo^'Ambrones los 
desunió el rio , porque no se dieron priesa á pasar y 
formarse; y cayendo tes Ligures sobre- los primeros 
con grande ímpetu , ya estaba trabad^ la batalla. Co- 
mo acudiesen los Romanos en atixiUo de los Ligures, 



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474 CATO ICAATO* 

eorriendo de k parte superior eos trp lot bárbtros^ 
fueron estos forisados á ceder , y mucbos inpeitdos.há« 
ciael rio se herían en el desiórden uiiosi otrot^ He-r 
nando su corriente de sangre y de.cadáireres. An \m 

2ue lograron volver á pasar » con^ctiio <se<« atuviesen 
hacer frente y ríes dieron masttt^íoi^ Roméaos «ü 
la fuga, que coxitinuaron hasta 9iir|Mopio campantoníto 
y su bagage. AUi las mogorea saH^adolts al enco^^ 
tro con Qspadas y segures ^ y dandorjespantoiffs y acH- 
iñudos gritón, herían indisvititaatente? á.- bs::fi^ít?vc» 
y á sus perseguidores, como traidoj&esA^prrmetnos^ 
y i los otros como enemigoa^ iñ&tíétfdoae lentileS loi 
que peleaban, asiendo conla.tnaoo^^estiudarjW^ «e^ 
cudos de los Romanos ; cogiéndoles las espadas^ y 
sufriendo sus heridas y goipea,^ih> spl;tar los escirdos 
basta caer moertaa. Asi esta bátaUar:del rio, ^ualaa 
relaciones 9 nías .^ se verificó por caeualidad que ao 
por disposición dct General. . -jhi ; 

Después qa^ los Ron^añosiibutíenon dadb< muerte 
de esta manera á' un nán^eroxrecMo de los Ambro^ 
nes, sobreviniendo la noche se ffetir%iK>n; pero ílxs* 
ta retirada no se siguieron los eantós de yictiorik <|oé 
i tan señalados triunfos aconripañiuii, .nt conyiteseiea 
las tiendas y ni regocijos en Jos ba^qviíet?s, nitámpo^^ 
co lo que es mas dulce á los moldados, después de/ba^ 
ber. peleado con suerte próspépa,iiun ^ueño sosegado 
y plácido; sino que aquella npohe la pagaron en la 
mayor inquietud y sobresalto , j^orque tenianelcam-» 
pamento sin valladar y sin fbftLAcacion alguna ,qu&t 
dando de Jos bárbaros muchos .millares de hombres 
todavía intactos ; y de los AmbroiKíS.rGuantos se. ha-* 
bian salvado ^ .nabian reunido con estos:, asi por 
la noche se sentia un bullicio eií nada parecido á los 
lamentos ó i los. sollozos ; sino que otas bien un aullido 
feroz y un crujir de. dientes mezclado con anoenazat 
V lloros enviado por tan inmensas gentes, resona** 
ba por tod.QS.los montes de al xededoc y por las coii- 



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CATO MAl^I^^r 471 

cavidades del «o. Apoder<5se pues de todo el contocí-^ 
no un eco espantoso; de los Romanos el miedo; y 
aun del mismo Mario cierta inquietud y «sombro^ 

Et temer todo el desorden y. la. confusión, de vtxoL 
talla nocturna. Con todo oi acometieroneti aquella 
noche 9 oi eo,el dia siguiente , ^iao ^ue pasaron el 
tiempo en qrdebarse y prie¥e^k!;e*.En tanto Marios 
como bubiese iíobre el campo de los birbariM algunos 
valles angostos, y algunos barrancos pobUdoí^de en* 
cinasv. mandó alia, á Claudio Marcelo con tres- itiU 
infantes^ dándole orden de -quiise pusiese en zelada^ 
y sobrecogíjese,i los enemigos por la espalda. A los 
demas^ después de haber! tomaoo el alimento y sueño 
conveniente» los formd al mi&mo.-amanecery.colocán^' 
ddips delante del campamento» y enviando la caba-»- 
llería.á recorreré! terrebob Lnegoique los Teutones 
los vieron», no tuvieron' pabieácta para aguardar á 
que bajando los Romanos pudieran. pelear eo terreno 
Igual ;. sino que armados apriesa: en> el furor de la iia^» 
se arrojaron, al collado. Jáario enviando sus ayudas 
út campo por una y otra ala i tes pré^^enia qtíe se 
jnantuvieran firmes é inmoblesl; . y que cuando ya 
«estuvieran al alcance » les arrojaran. dardos» y d^spuei 
Jisaran de las espadas» impeliendo con los. escudos 
i los que viniesen de frente » porque siendo para ellos 
«1 terreno poco seguro» ni sussolpes tendrían fueesa^ 
ni podrían, protegerse con sus broqueles» puesto qué 
la desigualdad del suelo les quitarla toda firmeza y 
consistencia. Cuando asi exhortaba » él era. el primor 
ro en obrar» porque ninguno tenia ua cuerpo mas 
ejercitado» y a todos hacia graii< ventaja en el valora 
Cuando ya los Romanos se decidieron á hacer-; 
les^ frente » y^ cargando sobrehilos» Jos rechazaron eii 
el acto de subir» jdesordenados algún tanto» se diri-* 
gian á lo llano » y los primeros empezaban á tomar 
íormacion en él; pero a este tiempo sobrevino grite-t 
-ría y desorded etí los últimos^ pc^!!9^^ Marcelo estu^ 



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4j6 CXro MARtO. 

vo «acento i «|»royediiif la oportunidad » y Inego qae 
el rumor se sintió en Its .alturas , inflamando á los 
que tenia á sas órdenes, cargó por la e^alda, cau- 
Modo en los últimos gran destrozo; y estos , impe- 
liendo á los que tenitfn delante, en breve llenaron de 
turbación ¡todo el ejéroi^: ni sufrieróa tampoco por 
mucho tiempo el ser heridos por do« parres , sino 
que dieron á huir eu completo desorikn. Siguieron- 
ierJos Romanos et álcatice, y á dosdemos mil de 
¿Itos ó los cautivaron', ó les dieron muerte ; y apode- 
rándose de tiendas,' de ;carros y de otros oespojos, 
cuando no fue saqueado, decretaron quedase en be- 
neficio de Mario; y con haberle cedido un presente 
tan rico,. no se creyó* que se le habia dado una cosa 
correspondiente á so niíírito en aquel mando por lo 
extraordinario del peligro; Algfunos^ hay que no con- 
vienen enia cesion^defWin, ni en la rauchedum- 
Inre de los que perecieron. 1> los de Marsella se coeu' 
tar.qGe con los huesos cercaron sus viñas , y que la 
tierra con los cadáveres qiíe atli cayeron, y con laí 
copiosas linvias del invierno, se abonden tales tér- 
minos, penetrando hasta muy adentro la podredum- 
bre,' que rindió una pingüe cosecha, haciendo cierto 
«L dicho' de Arquíkxx), de que contal abono se fer« 
tilitsof los camípos. No sin causa á las grandes bata«- 
llas sd -siguen,' en opinión' de algunos, abundantes 
lluvias , ya sea porque algún Genio tome por su cuen- 
ta lavar y purificar la tierra con agua limpia del cie- 
lo, ó ya porque la mortandad y la podredumbre le^ 
veintén vapores húmedos y pesados que alteren el ai- 
re^ fácil a recibir gvaodes níutaciones de pequeños 
principios. 

• Después de la batalla eligió Mario entre las ar- 
mas y despojos de los bárbaros de cada especie lo 
mas elegante , y que pudiera presentar mas brillante 
aspecto en el triunfo ; y amontonando todo lo de- 
mas ^obre uña hoguera) se preparó á hacer un mag* 



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GAYO MAftlO. 477 

i^ífico sacrificio. Estaba todo el ej^cito ocrirooado y 
puesto sobre las armas; y el Cónsul, ceñido .como 
es de costumbre , se adornó de purpura; tomó, una* 
antorcha encendida» y levamáikiola con entrambas 
manos al cielo iba á aplicarla :á la hoguera. Mas 1 
este tiempo se vio repentinamente que unos amigos* 
venida á. caballo corriendo hacia él^ lo que produjo 
en todos gran silencio y expectación. Cuando ya estu- 
vieron á su lado. echaron pie á. tierra , y tomando á 
Mario la diestra, le anunciaron con parabienes el 
quinto Consolado 9 entregándole cartas en está razón. 
Acrecentóse con esto el regocijo de los cánticos de 
victoria, y aclamando lel ejercito lleno de gozo con 
cierto ruiao compasada de ks armas , volvieron los 
Gefes á poner sobre la frente de Mario una corona 
de laurel, y este encendió la hoguera y perfeccionó 
el sacrificio- 
Mas ó la fortuna, ó el gienio del mal ,. ó la na- 
turaleza misma d^ las cosas, que no consiente que 
aun eo, las mayores prosperidades haya un gozo pu- 
ro y sin mezcla, sino que parece complacerse en 
traer agitada la vida de los hombres con la continua 
alternativa de bienes y de. males , afligió á pocos diais 
á Mario con malas nuevas de su. colega Catub, las 
que, como nube que sobrecoge- en medio dé lasere«- 
nidad y bonan;;a, hacian correr á Roma nuevos pe- 
ligros Y tormentas. Contrapuesto Catulo á los Cim- 
bros , desconfió de poder guardajr las alturas de los Al- 
pes, porque tendría que debilitarse, habiendo, de 
desmembrar su tropa en mucbas> divisiones. Bajando 
pues sin detenerse hacia la Italia , y poniendo ante 
si al rio Atison, lo fortificó con fuertes trincheras por 
una y otra orilla, echando puente en medio ,• para 
dar auxilio á los de la otra parte, si los bárbaros, 
venciendo las gargantas, los obligaban á. encerrarle en > 
sus fortificaciones. Pero á. estos ios animaba tal alta^ 
nería y arrojo.contra sus. enemigos, fí^^fQt solo dar 



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47* Í^ATO MAIKIO^ 

nuestras de so pujanza y acrecimiento/ mas tdefi qué 

Ccque condujese á nada , cuanda nevaba se presenia- 
n desnudas» y poc los hielos y lc»s balagueros pro- 
fondos de niere trepaban á las cumbres \ desde cuya 
altura I poniendo el cuerpo sobre unos escudos lianosi 
se deslizaban por entre peñascos que tenían inmensos 
▼actos y profundidades* Como luego <}tte acamparan 
eerca y examinaron el paso del rióse prdpu$ieseii<:é-' 
garle I y desgarrando los collados de alrededor, como 
otros gigantes arrastrasen al rio árboles arrancados de 
cuajo» grandes peñascales y montes de tierra, coa los 
qoe corrabaa la corriente ; y contra los pies derechos 
en que se sostenia la obra arrojasen pesadas mo^s , que 
se amontonaban también en el rio , y con el golpe 
conmovían el puente, poseídos del miedo los mas de 
los soldados , abandonaron el principal campamento, 
y se retiraron. Mostróse tal Cátulo en esta ocasión, 
eual conviene que sea el perfecto y consumado Ge- 
neral , que debe anteponer á su gloria propia la de 
sus ciuaadanos; pues luego que vio que con la per- 
suasión no podia contener á ios soldados;^ y que es« 
tos, sobrecogidos, se apresmaban á marcW, man- 
dando levantar el águila, se dirigió corriendo á po- 
nerse- al frente de l<fó que estaban en marcha para 
ser el primero que guiase, queriendo que la ver- 
güenza recayese sobre él y no sobre la patria., y qiie 
pareciese no que huian los soldados, sino que se re- 
tiraban siguiendo á sn caudillo* Los bárbaros enton- 
ces /acometiendo á- la fortaleza del otro lado del 
rio la tomaron, y i los Romanos que la defendían 
hombres esforzados, y que se hicieron admirar por 
el valor digno de la patria con que pelearon, los de« 
jarotí ir libres bajo palabra de honor , jurando por 
H toro de bronce \ el cual, tomado después en ba- 
talla, dicen haber sido llevado ácasa de Cátulo, co- 
mo primicia de la victoria. Hallándose con esto el 
parís destituido de toda defensa , le talaban en partidas* 



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GAXO Jf iCRIO* 479 

'^ ' Fue á este riempa Mario liamado lila ciodad ; y. 
pasaiulio á ella, todos creiaa que triunfaría; lo que 
el Sen. do decretó con la mejor voluntad ; pero él no 
lo tuvo á bien, ó por no querer privar á sus sóida* 
dos y cooperadores de aquel honor > ó por dar alien-* 
to en las cosas presentes i cediendo á la fortuna de 
Roma la gloria de so primer vencimiento , para que 
esta apareciera mas brillante en el segundo. Por tan* 
tacón. haber hecho preí^entc lo que el caso pedia, 
marchó en busca de Cátulo; inspiróle xonfianza, é 
hͣo venir de la Galia sus propios soldados. Llega- 
dos que fueron, paso el Po, y se propuso arrojar i 
los bárbaros que se bailaban deatro de la Italia; pe<« 
ro estos bacian por diferir la ba;taUa i con ocasión de 
esperar á los Teutones, admirándose de su tardan- 
za; ó porque realmente ignorasen- su derrota^ ó por- 
queaparenrasen que no la cruan: asi es que á los que 
se la anunciaron los trataron cruelmente, y enviaron 
mei^sageros á Macio á pedirle tierra y ciudades su- 
ficientes para sí y para sus hermanos. Preguntóles 
Mario por los hermanos,. y habiendo nombrado í 
los Teutones, todos los demás se echaron á reir ; pe- 
ra Mario les dijo por mofa , dejaos ahora de vues- 
tros hermanos , que ellos ya tienen .tierra, y la ten- 
drán p^ra «siempre, habiéndosela dado nosotros. Los 
embajadores entonces' conociendo la ironía, se le bur- 
laron también , dictándole que ya llevaría su merc- 
ado , de los Cimbros inmediatamente , y de los Teu^* 
tones cuando viniesen. Pues estañ presentes, contes- 
tó Mario , y no seria razón partieseis de aqui sin ha-" 
ber saludado á vuesuos hermanos; y al decir esto 
mandó que trajesen atados á los Reyes de los Teu^ 
tones, porque en la ft^a habian sido tomados cauti- 
vos en los Alpes por los Secuanos. 

Apenas se dioxuenta álos Cimbros del mensage 
cuando al punto marcharon contra Mario, que sose- 
gadamente atendía á.ia defensa de sü campo* Para 



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48o CATO lUAsaúm 

esta bátallt'dtceá que fue para It qne Mario hizD 
aqnella novedad de los astiles de las picas; porque 
antes la parte de la madera qne entraba en el hierro, 
estaba asegurada con dos puntas asimismo de hierro; 
y entonces. Mario t dejando la una como estaba^ en 
logar de la otra poso una estaquilla de madera 'íacii 
de romperse 9 proporcionando asi qoe al dar el astil 
en el escudo oel enemigo, no quedase recto , ^aa 
que rompiéndose la estaquilla se doblase , y la pica 
permaneciese clavada, por el mismo hecho de haber* 
se endorvado la punta. Boyorix pues, Rey de loa 
Cimbros, marchó á caballo con poca comitiva al cam- 
pamento, y provocaba á Mario á qoe señalando día 
Y logar se presentara á combatir por el territorio; 
y este te respondió que sin embargo de qoe no so-> 
lian los Romanos tomar para la batalla consejo dá- 
sus enemigos, en gracia de los Cimbros en cuanto á 
dta señalaba el tercero después de aquel ; y en cuan- 
to á lugar la comarca y llanura de Vercelis, don- 
de podria obrar la caballería Romana, y desplegar 
cómodamente la muchedumbre de ellos; y guardan- 
do fielmente el tiempo convenido , formaron al fren- 
te unos de otros. lenia Cátulo veinte mil y tres* 
cientos hombres, y siendo los de Mario treinta y 
dos mil, cogieron en medio á los. de Cátulpf distri-* 
buidos en las dos alas ^ según lo refiere Sila , que se 
encontró en aquella batalla» Dice que Mariq, espe-t 
rando cargar al ejército eneihrgo, principalmente por 
los extremos y por ks alas , para que la victoria fue* 
se propia de sus soldados, no teniendo parte Cátalo 
en el combate ^ ni viniendo á las manos con los ene- 
migos por .cuanto los de en medip formarian seno, 
como ardinariamente sucede, ta lo^ frentes muy ex- 
tendidos; con esta mira distribuyó de aquella ma- 
nera las fuerzas. También se refiere que por el mis- 
mo estild se defendió Cátulo sobre este punto., cul- 
pi^do mudio la mala intención de Mario contra él* 



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CAYÓ HAHIO. . .481 

1.a infantería de los Cimbros marchaba desde el cam- 
pamento con gran re;poso y siendo su fondo igual al 
lirente; porque cada uno de los lados de la batalla 
ocupaba treinta estadios. Los de. caballería ^ que eran 
unos quince mil hombres , se presentaron Jbríllantes, 
con morriones que representaban las bocas y rostros 
de' las mas terribles fieras, 7 encima , á fin de pare- 
cer mayores, penachos y plumages , y con corazas de 
yerro y con escudos blancos oue relumbraban. Sus 
armas arrojadizas eran dardos de dos puntas , y pa- 
ra de cerca usaban de espadas largas y pesadas. 

No acometieron entonces de frente á los Roma- 
nos , sino que marcharon indinándose sobre la dere- 
cha de estos para envolverlos entre ellos mismos , y 
la parte de su infantería colocada á ta izquierda ; y 
aunque los Generales Romanos conocieron el inten- 
to j no tuvieron tiempo para contener á los soldados, 
pues habiendo gritado uno que los enemigos huian, 
todos se arrojaron á perseguirlos. En tanto la infan- 
tería de los bárbaros acometía también , como si un 
piélago inmenso se moviese. Mario entonces , laván^ 
cose las manos y alzándolas al c^elo, hizo plegarias 
á los Dioses con el voto de una hecatombe : oro tam- 
bién Catulo , levantando igualmente las manos , y 
ofreciendo consagrar la fortuna de aqiiel dia. Dícese 
que sacrificando Mario, como se le pusiesen delante 
las victimas , esclamó con una gran voz , diciendo: 
' mia-es la victoria; y Sila ademas refiere^ que al dair 
lá acometida como por venganza divina , le sucedió 
A Mario lo contrario de lo que habia ideado ; por- 
qué* habiéndose levantado, como era nattiral , infini- 
to pólro, que encubrió los ejércitos, como este hu- 
biese dispuesto de su propia fuerza en el momento 
que se decidió á perseguir á los enemigos; no encon- 
tró en la obscuridad con ellos, sino que se fue lefos 
.de su hueste, andando largo tiempo por la llanura; 
y en tanto los enemigos dieron casualmente con Ca- 
TOMO lu HH 

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482 * CATO MARIO» 

tulo 9 Siendo lo mas recio del combate contra este y 
contra sus soldados , entre los que estaba forjinado el 
mismo Sila ; quien añade que pelearon en favor de 
los Romanos el calor y el sol, que daba en los ojos 
á los Cimjpros.* Porque siendo fuertes pari^ sufrir la 
intemperie, criados^ según hemos dicho , en lugares 
tenebrosos y frios, se sofocaban con el calor; y cu- 
biertos de sudor , fuera de aliento se ponían los es- 
cudos delante del rostro , mayormente dándose esta 
batalla despoes del solsticio del verano, cuya fiesta 
se celebra en Roma tres dias antes de empezar el aies 
que ahora dicen Agosto, y entonces sextiJ. También 
el polvo contribuyó á aumentar en los Romanos el 
arrojo, por cnanto ocultándoles los enemigos, no 
veian su excesivo número , sino que corriendo cada 
uno contra los que tropezaban, asi lidiaban con ellos^ 
sin haber concebido antes temor con su vista. Y es- 
taban tan metidos en fatiga y tan hechos á ella , que 
nadie vi6 i ninguno de los Romanps.ni sudar ni con 
sobrealiento , con haberse sostenido este combate en 
medio del mayor ardor del verano , y á costa de un 
continuo correr, como dicen haberlo escrito el mis- 
mo Catulo gelebrando á sus soldados. 
' Pereció alli la mayor y mas esforzada parte de 
los enemisosi porque para no desordenarse en la.for- 
macion , los primeros de línea estaban enlazados unos 
4 otros con largas cadenas prendidas á los ceñidores. 
Los que perseguidos se retiraban hacia su campo, to- 
davía encontraban peor suerte; porque las mugeres 
puestas de negro sobre los carros daban la muerte á 
los que asi huían, unas á sus maridos, ottas á sus her-r 
manos , otras á su$ padres ; y de sus hijos , á los ni- 
jios pequeños ahogándolos con sus propias manos 
los arrojaban debajo de las ruedas y de los pies de 
las bestias^ y después se quitabaq ellas la vida. Cuén- 
tase de una que habiéndose ahorcado del timón de 
un carro, tenia 4 sjtis. hijos colgados de sus pie^ con 



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CAYÓ MARIO. 483 

eordeies á uno y otro lado. Los hombres á falta de 
- árboles' se ahorcaban de las astas de los bueyes ; y 
otros, ponienda atado el cuello á las patas de estos» 
, después los picaban con aguijones , p^ra que echan- 
do i andar los arrastrasen 7 pisasen/ Y con todo de 
"quitarse tan espantosamente la vida, aun cautivaron 
k» Romanos á sesenta mil , habiendo sido otro$ tan^ 
tos, según se dice, los que murieron. £1 bagage le 
8aqoeait)A los soldados de Mario ; pero los despojos^ 
las insignias y la| trompetas se dice que fueron lle- 
vados al campamento de Catulo , que era el mas fuerte 
argumento de que este se valia para probar que había 
sidb suya la victoria. Como la contienda pasase hasta 
los soldados , fueron tomados por arbitros los embaja- 
dcMres de Parma que se hallaban presentes ; y los de Ca« 
mío. los llevaban por entre los enemigos muertos , ha- 
ciéndoles ver que habían sido traspasados con sus pi- 
cas; que eran conocidas por las letras con que en el 
astil. tenían grabado el nombre de Catulo. Sin emr 
bargo la primera victoria y el primer lugar en el 
mando dicen bien á las claras que todo fue obra de 
Mario. Asi los mas le apellidaban tercer fundador de 
Roma, por no haber sido este peligro ^ vencido aho^ 
ira , inferior en nada al de los Galos ; y «acrifigandó 
en sus casas con sus mugeres y sus hijos ^ offecian 
las primicias del banquete y de la libación á los Dio- 
ses y: Mario á tm mismo tiempo, juzgajndo que á él 
solo debían decretarle uno y otro triunfo* Mas no 
triunfó de estatmanera, sino juntamente con Catu- 
ib, queriendo mostrarse .moderado en tanta prospé^ 
vidadi aunque "ptdo también ser miedo á los solda- 
do^ que se ballalAn formados , con ánimo , si Catu- 
lo era privado" de- «ste Bonor , de no» permitir que 
aquel tampocoitriürtfase; > 

Obtuvo pueset quinto consulado, y aspir<$'ill 
sexto como nadie antes- de él: y en todo cedía á la 
muchedumbre , ^uerkndo parecer blanílo- y popu- 

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484 CATO líAElO. 

Iftr, no solo fuera de la gtavedad y del decoro pro-» 
pío de aquella maglstratota ^ sino muy fuera tam- 
píen de su carácter poco atíamodado para dio. Era 
pues, según se dice, muy irresoluto por su mis-- , 
ma ambición len, las cosas de gobierno, cuando se 
manifestaban, agitaciones populares; y aquella im-* 
perturbabilidad y firmeza en las batallas le abando- 
naban en las juntas públicas , saliendo fuera de sí 
pon cualquiera alabanza 6 reprensión. Con todo se 
refiere que habiendo peleado en la guerra con el ma- 
yor vafor unos mil Óamerinos, les concedió el dere- 
cho de ciudadanos; y como esto pareciese contra la 
Ityj y aun algunos se lo objetasen, respondió que 
Qon el ruido de las armas no habia podido oir la ley. 
Mas lo que parece le acobardaba é intimidaba sobre 
todo era la gritería en las juntas. Ello es que en las 
armas llegó á gran poder y dignidad, porque le ha- 
bían menester ; pero en las cosas de gobierno , no te- 
niendo calidades para sobresalir , se acogió á la gra- 
cia y al favor de la muchedumbre, haciendo pocaí 
cuenta de ser bueno , como fuese grande. Estaba por 
tanto mal con todos los principales; pero temía mas 
especialmente á Mételo con quien t»bia sido ingra-> 
to, porque naturalmente era hombre que tenia de- 
clarada guerra á los que contra lo recto y bueno 
condescendian don la muchedumbre , y gobernaban 
á su placer: asi espiaba el modo de echarle de 'la ciu- 
dad. Para esto procuró hacer suyos á Glauqnias y 
Saturnino, hombres audacísimos >( que tenían ^ su 
disposición toda la gente pobre yrnevohosa, y de 
jdlos se valia para publicar ieyj». Acrecentó también 
el influjo, de la gente de gueiafa, habiendo que in- 
tervinieran en las juntas pi^Upi^,/ y* formando con 
ella partido contra Mételo ; y^ aun'segun refiere Ra- 
itílio , hombre ún lo demás de probidad y de ver- 
dad , pero ptarticularmente d^sa^^cco ,á Mario , para 
alcanzar esie sexto Consulado derxamó-mucho dinero 



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CATO MARIO. 4^f 

en las' corlas, comprándolas i predo de^^, á fía- 

' de que fuera excluijcío Mételo » y de que se le diera 
i Valerio Flaco , mas bien por depehdíente que pot' 

. ool^ en el Consulado. Y antes de él á ninguno 
Qtra, fuera de Vakrio Corvino, decreta el pueblo- 

^btros : tantos Consulados;, pero respecto de aquel^; 
desde el primero bastar el último se pasaron treinta* 
y^^iiicd años; -f á Mario después del primero , por 
If>s[.ofto» cinco le llevo corriendo» su extraordinaria 
íbrtuna. ' . • ' 

~ Poeel último ptifKripalmente era ya mal visto, 
i Oauaa de las malas oóndescendenctas que tenia con 
Saturnio; de las cuales fue una la-muerte de Nonio,' 
á. quien la dio Saturoino»' porque era su competidor 
en el Tribunado de la plebe» Después de- creado Tri- 
buno introdujo la ley de división de terrenos, en la* 
que paéD pomo uno de los artículos que el Senado ha-- 
Din oe presentarse: á, )urar , que guardarla lo decretado! 
por el pueblo, y á nada baria contradicción. Fingió' 
lAsiXio en el Senado Oponerse á esta parte de la ley , di- 
ciendo que ^o jurarla , ni creía que jurase , quien estu- 
viese eij su juicio : pprque no siendo la ley per judicial, 

era .^Ufia especie de insuko 'que al Senadq se le hiciese 

Iirrestar,se por fuerza, y no por persuasión y propia vo- 
untad. Habló de este modo' no porque pensase asi,- 
slao po^ armar á Mételo un lazo del que no pudie- 
se ^escap^r^ pues que él por sí, teniendo por vir-- 
tud y =pbr gracia el contradecirse y el mentir, nin-- 
gua oaSo baria de io que bubiese asegurado en el Se* 
Dado ; pero sabiendo, bien que Mételo , hombre ente- 
ro, tenia i la verdad por el mejor principio de una- 
gran virtud , según expresión de Pindaro, queria an-^ 
tecogerlo con que se negase. á. jurar en el Senado, pa-* 
ra que cayera después con el pueblo en una irrecon-^* 
ciliable enemistad, como efisctivameute sucedió: por- 
quíí,^ diciendo Metelaque no jurarla ^ con -esto se di- 
solvió el Senado. Masdespues de pocos días , ilanuui^ 



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486 GATO MAKIQ«> 

do Saturiund. í h. tribuna á ios seaadores , ynAAli^tí^ 
4olos á proQUSciár «1 jutaméntoy pareció Mario; y^ ^ 
hecho silencio 9 fijándose los ojos de todos en él, e!h-^ 
vio muy noramala todo cnanto iaroolt y rectamente' 
había dicho en el Senado» y eii vez de ello tfxpretó,* ^ 
que no tenia el cuello bastante ancho para ser fel frí^ 
mero que se pronunciase en negocio ae tanta grave-^ ' 
dad: asi que juraría y obedeoeria & la ley » st> acascy 
era ley: añadiendo estáfiabta piiecáncion pata dar 
algún color á tamaña desver^enza* Y el püd^lo»- tt*^^ 
llorando muebo; que' jurdse ,* ^tifoted ¿ 'hlscnicla- 
maciones ; pero en los prinolpales ctn^d ia n»dyoi<iti-^ 
dignación y odio estainconisedimeia de Mari¿. Ju-' 
raron todos después en seguida :por' temor del puado 
hasta llegar 1 Mételo; peiJoeste, i tpesar desque ^us 
anillos, le persuadbn y rogaban qiie jurase ,-y hó te' 
atra)ese las insufribles penas que* «Saturnino habtaprOM* 
puesto contra los que no jururaiv ^ - no • se apatto^* db ' 
su propQ&ito». ni juro ^ sino que'se manmv^; ¿nsu' 
severidad de costumbres; y. resuelio 4 ^r^'todiaí 
clase de males por no cedec h nada que fues^ ínjús--^ 
tóf sé retiró de 1¿ plaza páblica y diciendo 4* los -que' 
le acompañaban ) i^ue el haeet^ una trosá infosra^era' 
malo: el hacer lo justor cisafidao^na.^ay peligro cosa^' 
ipuy corotm; 'pfi^ lo prfapro 'dcí^uri' hombfe refcto- 

?r bueno ^era el hacer Ip justoíi pesarde toíio pe^ 
igro. £n eegtttdar propuso Saturnino que ^d^ciñeta-- 
sen los 'Cónsules 'Vedar á Mételo ¿r uso dé. ftíe-^ 
go> del agua y del cubierto^- y <paíecia qtie te^ líiías' 
despreciable de. lit muchedumbre énaba dispuesto á 
quitarle lávid^';- pero mostrán^<¿e afligidos los prin- 
cipales ciudadanos/ y. pasando 4 hablarle, no dió lu- 
gar a que por su causa Imbíese «na sedición , sino' 
que sallo deilá ciudad háoiecido este juiciosísimo ra- 
ciocinio:, ó las rásas méjoÜaránv -y se arrepentirá el 
pueblo» éujel .cuál caso voheréollamadé ;' ó pérAiane*-' 
ceran del mismo modo» y jentcxnces lo mejor és eitaf 



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CAVO MARIO. 487 

fuer». Mas de ctiánto aprecio y honor goz<5 Mételo 
^S{)ues de su destierro, y cómo pas6 su vida en Rol- 
das ^dado á la filosofía, lo diremos mas oportuna-^ 
mente Cuando tratemos de ¿I. 
; Precisado Mario con estos servicios á disimular 
éü Saturnino gné se propasara á toda ciase de abusos, 
nd^tehó de ver que^ no era un mal pequeño el que 
catf^ba , ^iñó td y tan grande, que por medio d¿ 
armas y dcíntaertes iba á parar en la tiranía y en 
tl'trástorno del^ gobierno. Y con humillar á los prin-* 
cípóles y agasajar' a la muchedumbre tuvo finalmen- 
^ que abatirse á un hecho sumamente bajo y vergon- 
a«»óf, porque habiendo ido á su casa, de noche los 
zafones principales á hablarle cpntra Saturnino ,' re* 
tíhtó á este por otra puerta sin nóticia^de aquellos; 
7 temando ^or pretexto para con.miós^y con otros 
tína' descomposición de vientre, ya ^^'taba en tni 
psrte ya en otra, cota lo que solo consiguió indispo- 
nerlos é irritarlos mas entre sf. Y áué todavía paso 
ifms adelante i porqué inquietados y "sublevados él 
Senado y los caballeros, introdujo anüasren la plaza; 
y. habiéndolos perseguido hasta el Capitolio , lóis to- 
mó ^por sed , cortandb los acueductos. Kérónsé! 'pifes 
er vencidos, y le. enviaron á llamar, entregándosete 
)h la que se Ikina/épublica; y aunq(ue se desvi- 
vió por salvarlosV esto no sirvió de bada, porque 
ai bajar á la plaza fueron asesinados. Eéte suceso le 
indispuso ya "con los poderosos y con el pueblo ; por 
lo que vacando^ la censura no se atrevió i pedir |a Í 
pesar de su grande autoridad; sino qtíe por miedo 
de la réptíUá &ó lugar á que otros" íheno'scaracteriza-J 
dos que él fuesen elegidos: bien qué' ptetestaba qui¿ 
no quériá ganarse por enemigos í tíiucfios , teniendcjí 
que notar severamente su vida y sus cpstumbres. 
' Hízose d¿dréto para restituir .á Mételo del des- 
tierro ; y éi d¿ palabra y de ot^rá 16 impugnó coii^ 
Tetttñlenoia ; .pero tn vano teniendo pot"' ultimo que* 



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488 CATO MÁvao. 

ceder. Stnclonóle pues el pueblo con may decidida 
voluntad ; y haciéndosele insufrible el presenciar la 
vuelta de Mécelo t se embarco para la Capadocia y U 
Galacia 9 aparentando que era para cumplir á la ala- 
dre de los Dioses el voto que le habia oecho; pero 
teniendo en realidad otra causa para aquel viage. ig'< 
norada de los demás; y era que, no habiendo red- 
bido de la naturaleza las dotes de la paz y del go- 
bierno , y debiendo su ensalzamiento i la guerra» >co« 
mo creyese que poco á poco se iban marcnitando.ea 
el ocio y el reposo su gloria y su. poder, se propu- 
so buscar nuevos motivos de desazones y contie^ias»: 
porque esperaba que si inquietaba á Jos reyes , y pro- 
vocs^ y excitaba á la guerra, á Mltridates , el mar 
poderoso y de mas fama, al punto se le nombraría 
general contra ¿1 , y tendría ocasión de adornar la cin- 
dad con nuevos triunfos, y de llenar su casa con los 
despojos del Ponto y con tas riquezas de su Rey. Por 
esta razón aunque Mitridates le trató con los mayo*, 
íres miramientos y el mayor respeto, no por eso se 
ablandó ni se mostró. apacible, sino que le dijo; ó. 
hazte, ó Rey^ m^s poderoso que los Romanos, 6 
ejecuta sin rebullir lo que te ^ mande: dejándole 
asombrado t no el nombre Romano de que habia oido 
hablar mucns^ veces, sino aqu^j descaro de que en* 
tonces' por la primera vez tenía» idea. 

Vuelto á Koj;na edificó casa junto á la plaza ; ó^. 
cómo él decia^ por no incomodar a sus clientes te- 
niendo que 1^ lejos ; 6 por creer que esta era la cau- 
sa de ser menos obsequiado con visitas que otros ; lo 
que no era asi » sino que no igualándtoiós ni en el tra- 
to ni en las relacione$^ y usos políticos, como de ins- 
truhiento de goerrá » no se hacia caso de él en la píaa¿. 
Y lo que es respecto de otros axm llevaba menos, 
mal que se le desatendiese ; pero le mortificaba sobre 
manera la preferencia de Sila, que habia sido fomen- 
tado contra éj.por envidia de los principales; yp^*». 



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CATO MAAIp. ^ 48^ 

rt qaian laS'di£s^encias co» el mismo Miarlo habían 
sido priocipiode fortuna. Sucedió luego .que Boco 
el Numida , recibido pof aliadp de los Romanos , co- 
locó en el Gipitolio um$ victorias portadoras de triim**. 
fos , y entre ellas en efigie de oro á Yugurta , entrega- 
do á Sila por el mismo Boco; y esto sacó á Mario 
fuera de sí de ira y de sober^fl» por cuanto |)atecia 
Gue Sila se. atribuía aquel hecho: asi «e ptoponía 
destniir por la fuerza aquellos votos, y por el con- 
trajÍ9 Siladefeí^derlos; pei:o 0$ta contienda yqiíe fai* 
taba muy poco para que saliese al publico, Ifi cor- 
tó la. guerra social, que r^íentinamentie ^tl^vo sobre 
sí la ciudad. Porque las naciones mas belicosas y de 
mayor población de la'lmlíji se sublevaron contra 
Romft, y est^ayo en muy poco el que la hiciesen de- 
caer del imperio, no solo fuerteSren armas y en va« 
roñes, sino asistidas de C8udiUp$, que en el valor y. 
en la pericia en^ admiiablcsi y competían con los 
de ésta» ; . . 

Bsta guortá, varia en .los efectos, y mas varia- 
que ninguna dtra en los sucesos, cuanto a^irecentó en 
glpria y ea|k)der á Sila, otro tanto menguó ^ Ma-= 
rio ; pojíque fue teñido por tardo en el acometer^ y 
nimiamente «^dadoso y menudo.en todo ; deLÍnanéni^ 
que biea fuese porque la: vejez hubiese apagado. Jaá 
¿1 la üntigua ractívidad y ardor ^ pues pasaba ya en-, 
ronces de;sesenta y cinco años; ó bien porque i:a)tno 
él decía, padeciendo de fos écrvíos, y fnítándole jaagi-' 
lidadldel Cuerpo , por pundonor se hubiese etufienado: 
en aqotíia. guerra a masde lo que podía. Con todo 
salto vencedor en una gran batalla con muerte de seis- 
mil enemigos; y nunca dio lugar á estos paraqiie sa- 
casen, lal menor ventaja ; y sin eáibargo de que le cer- 
caroujen sos: tilicheras , y le insultaron y provocaron, 
no pudieroií irritarle ; y aun se refiere que habiéndole 
diíjho Pop^dio Silon ,^uci<jfa entre ellos el de inayor 
autoridad y poder: »»si eres gran General, . ó Mariot - 



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49? . , OAYO 14AW0.* 

sflnijc y'í>eleft; le respondió : paes té, ^ eres gfsfi 
«Generat, f«n y preeísameá pelear aonqne no quie- 
bra.*' En otra oeasiott; habiendo dado los enemigos 
oportunidad para veúir á las manos » tremo ios Ro« 
mooos' hubiesen mostrado temor , Inego que uifos y 
otros se retiraron , convocó á junta á ¡¿soldados ; y 
no sé; les dijo y si tendré por mas eobardes á los ene- 
migos 6 i Tosotf os ; pof que ni aqueltds han podido 
▼er vuestra espalda, ni nosotros su colodrillo. Por 
fin dejó «I mando del ejército » imposibilitado á con- 
tinuar por sn debilidad. 

Estando ya entonces muy al cabo esta goerra dé 
Italia f ha^ia muchos ^u¿ excitados por los demago- 
gos solicitaban la guerra de-Mitridates; y para- ella 
fiiara de toda esperanza presentó á Mario el Tribuno 
de lapldbe Sulpido ^ hombre sumamente atrevido, 
nombrándole General contra Mí tridates, con la cali- 
dad de ProcohsUh Mas el pueblo se dividió , to- 
mando unos el partido de Mario, y otros proponien-' 
dó á Siia, y didenÜo que »Mario se fuera á Bayas i 
tomar baños^ termales y curarse de sas*tblencias> te- 
nieado el cuerpo debilitado f como él decía , con la 
vejer'y con^ reuma. Porque tenia Maiíío aili, cerca 
délos de Mesinav una^jnagníñca casa cdo mas como- 
didades y regalos mugeriles de lo que- correspondía 
á untaron que tales- guerras y expediciones había 
aaabado; Dicese <que esta cásala compró CorneKa en 
sesenta y cinco rail dénariosí ; y que de alli 4 muy 
poco tiempo' la voltio á comprar Lucio Lüotilo en 
quinientos mil y dosoientoi: '[tanta fue la cdcridad 
conquese precipitó ellufol.f y tanto el aumento que 
tuvieivii ^el .regalo y ia níoHcie! Mario, queriendo 
con tanta ansia como impropiedad, disimular la vejez * 
y los achaques , bajaba todos los dias al campo j y ejer- 

t El deaario venia á takr des reales y medio de nucs- 
tramoneds. -. ,.j : ^ . . , ., . 



dbyGoógle 



CATO UATClOé 491 ' 

éitábdose con* los jévcnes , hacia ostentabioü de* uá 
cuerpo ágil para las armas y eitpedito para montar^ anñ- 
que. en:' realidad con los años sa cuerpo por. laraiole^e 
kabia hecho poco manejable ^ haílánoose sobrecargado^ 
de gonlura y carne* Alfiíunoshablaáquienes^atlsFácia; 
con. esto; y bajando asimismo > al campó ^veián con; 
^Qsto 'SOS ejerdcios y t ocupaciones^ peno lós'jqpse me^^- 
jor lo examinaban ) miraoan con desdefosa* compa- 
sión su acaricia y'sa sobefvia; paes habiendo; llega-* 
do á'scr de pobre muy rico •, y de peqneSIÍ muy gran^ 
de :^ nd discernía el terminote lai fetífcídad-fym es- 
taba, comento con ser admürüdó ,' ni^cMba^ tranquilo 
de SQ dicha presente; sino <fas cornil rs(;;tbdb* le hl'^ 
tase^ Isaaando de los tritmfosy dé'lá- ^oria una ve-* 
jcz tan :ad;elantada , ihsL- i arrastrar lar i) -liy ^Ca^docia 
y '.al Pomo Eoxino:^paraf combatir omiArquHKlao y 
Neoptoiemo, Sátrapas ¡deMitridates; Lastxctrs^s que' 
sobre esto daba Mario eran del todo ridí(»i)ása por-^ 
que decia ser sn ánimo' que so hijo* i su ; pi!eseiic¡a se' 
ejercitase en la milicia. ^ /: ' ' ^^' 

r Manifestaron estlM c^sas- la ocuka-^nf^f^f^áad def 
que largo tiempo h&biá adolecía Roií»a ; hfi*>iéfi^o en-' 
contrado Mario el Instrumento mas ápi^opósHb para 
la ruina común en la osadía' de Sulpido^ ¿I Cual, ad-* 
mirando y emulando por lo demas^ las >ttiáías artes^ 
de-> Saturnino, aun ponía la tacha de' irresolución y> 
terdanea á sus disposiciories. Mas él por nad)á se áco-^ 
bardaba > teniendo para todo á sus órdenes^Séiscien-: 
toil homares de caballería; C6mo si futran >sus ¡guardias,' 
á los que llamaba ^\ cMtf^smado. Mftrch(> pnes <^n^ 
armas contra los Consoles á tiempo de hallarse en 
jnntáip^ica ; y habiendo podido el uno huir de la 
plazav alcanzando &^^ hijo «ayo, le quitó la vida.' 
Síla , huyendo por delante de la casa de Mario , con- 
trol tqd^Uo que podia. esperarse se entró en ella sin 
qH^loiadyirtiesénJoi que le*persegüian, que se pasa- 
^ ron de largo; y se dice qne habiéndole dado el mismo 



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49* CATO MARIO. 

Mario salida smira por otra paerta,' se marché al 
ejército; pero el mismo Siia en $ds comentarios no 
oice oue se acogió i casa de Mario, sino que íbe Ho- 
rado a ella para deliberar sobre ios objetos que Sul*- 
picio le precisaba i decretar contra so yoiuntad » te- 
niéndcde rodeado de gentes con armas desnudas , y 
arrastrándide i casa de Mario > hasta que pasando de 
alH á la plasa^ como ellos lo deseaban , alzó el entre- 
dicho. ^ En elte estado arbitro ya Snlpicio de todo 
confirió 4 Mario el mando; y«ste, preparándose' 4 
salir 9 envió i dos Tribnnos á entregarse del ejército 
de Sila. Mas. inflamando ^la i sus soldados, que eran* 
treinta mil infantes y unos cinco mil de caballería, 
guió para la dudad» Mario en tanto daba en Roma 
muerte á muchos de los amigos de Stla, y publicó 
libertad para ios esclavos que se alistasen; pero^se 
dijo que solo-se presentaron tres* Hizo alguna resis* 
teucía ¿Sila i su llegada ; pero como en breve fuese 
vencidí»^ hoyó* Los que estaban á su lado, apenas 
salió de la ciudad , se disper$a]K)D siendo de noche; 
y él séaeogió á una de sus quintas llamada Salonia; 
desde donde envió á su hijo á los campos de Mocio 
su yerno, qUjt^no estaba lejos ^ á^ proveerse de lo ne<- 
cesario', y bajando á Ostia, :<pnio un amigo suyo 
llamado Ñumerio le hubiese aparejado un barco , sin 
esperar al hijo se embarcó , llevando consigo á Gra- 
mo su entenado. £1 joven, luego que llegó a loscam«» 
pos de Mudo, tomó y previno algunas cossas; pero 
cogiéndole el dia no pudo ocultarse del todo, á: los 
enemiflos,. pues que se dirigía á aquel sitio senté de 
i caballo corriendo, sin duda por sospecha. Habiéndo- 
los visto con tiempo el graojero ocultó i Mario en 
un carrp cargado de habasi y und^do los bueyes se 

I Los dos Cónsules hüibian mandado que nada se hi- 
ciese en aquella junta timu|ltUariat levantó pues Sila ato 
mandato* . . 



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CATO MARIO. 49} 

fue hiela los de á caballo, condudendó á Roma $o 
carfo. Llevado de. este modo Mario á . ia casa de su 
mQger , «e hizo de ias cosas que necesitaba i^ y por la 
noche se encaminó al mar, montó en na barco que 
pasaba ai África » é hizo en él esta travesía. 

£1 viejo Mario luego que dio la vela tuvo vien- 
to favorable, con el que se puso mas allá de la Ita-» 
lia; pero temiendo á un tal Geminio, persona pode- 
rosa en Terracina, que era su eBemigo> previno á los 
marineros se apartasen de aquel puerto. Ellos bien que» 
rian complacerle ;> pero habiéndose levantado viento 
del mar ^ que causaba gran marejada , como parecie- 
se que el barco no podia resistir á.sus embates, y 
Mario se hallase sumamente indisjpuesto con el mareo, 
tuvieron que acercarse i tierra , y se acercaron no 
sin dificultad en Ja^pltyade Circeo. Gomo se arrecia* 
se la tempestad y les faltasen los víveres, hubieron 
de saltar en tierra, y se echaron á andar sin mira 
cierta, experimentando lo que sucede en los grandes 
apuros, que es huir de lo presente como mas in- 
tolerable, y tener la espereza en lo que no. se ve; 
pues que les era enemiga la tierra, enemigo el mar^ 
terrible el tropezar con hombres , y terrible también 
el no tropezar, estaodo desprovistos de todo. Por 
fin ya tarde se encontraron con unos vaqueros , que 
múque no tenian nada que darles , conociendo á Ma- 
rio le advirtieron de que era preciso se retirase á 
toda priesa., porque poco antes se habían aparecido 
alli muchos nombres de á caballo corriendo eo sa 
busca» Constituido con esto en la mayor consterna- 
-cion , tanto mas que los. que le acompasaban estaban 
ya desfallecidos de, hambre, por entonces se desvió 
del camino, y emboscándose en una selva espesaj 
alli pasó la noche con. el mayor trabajo. Al dia si- 
guiente, estrechada.de la necesidad, y queriendo 
dar algún movimieíito á su cuerpo antes que del to*^ 
do se entorpeciese ^:enipezQ á discurrir por la ribera, 



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494 CATO MAHrO; 

tkntaodo i 'Km que le «eguian, y pidiéndoles qné 
DO destnijrcsett con desmajar antes de tiempo so ál- 
tima esperanza, pora la que se guardaba cofifiado 
en4]n4uitigpio «giiearo. Porque siendo todam muy 
muchacho^ y pagando por. el campo, recibió en su 
mantoel nido de una aouila arrojado por el viento, 
en el cual habla siete po41ueios. Viéndolo sus padres, 
Y teni6ideEto i. maravilla) consultaron á los agoré-* 
xo&fj estDS' respondieron qne vendría á set el mas 
ilastre entre los nombres, y no podría menos de ejer- 
cer siete veces ei principal mando y mj^istratura. 
Unos dicen que efectivamente le sucedió esto á Ma- 
no ; pero otros sostienen que {os que se lo oyeron 
en aquella fuga , y le dieron crédito , escribieron una 
oarradoadel todo fabulosa, porque el águila no po* 
ne mas de dos huevos : por tanto que también se en- 
gañó Museo en decir de esta ave : 

Pone tres^ saca dos, y el uno cria. 
Mas todos convienen en que en la fuga y en todos 
sus grandes conflictos se le oyó decir mochas- veces á 
Mario que habia de llegar ai séptimo Consulado. 

Estando ya como ái unos veinte estadios de Min- 
turnas, ciudad de la Italia, ^ ven una partida de ca- 
balleria que se dirtgia hacia eltos, y casualmente dos 
barcos que pasabati:* Dan pues á correr hacia el mar, 
según á cada uno le ayudaban sus pies y sus fuerzas; 
y faadendo cuanto pueden, se acercan á las naves, 
de las cuales- toma unaKjrranio^ y pasa á la isla que 
estaba en frente llamada Enaria. A Mario , pesado 
de cuerpo y difícil de manejar , le llevaban 4os es- 
clavos, no sin gran dificultad y trfibajo,' y asi lle- 
garon hasta el mar , y je p:QsÍerbn en la otra nave , á 
ticRi^po que ya los soldado8>estaBan encima , é inti- 
maban desde tierra á los marineros* que atracasen ó 
les entregas^n^á Marío, yendo^' adonde bien visto 
U^ fuese. Rogábales Mario coa ligdmas ^ y ios due- 
ños de la nave^ como sucede ea tal estrecho, te- 



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CAYO itf Alllp. . 491 

fxiap mil varios peosamieotos spbre lo qot harian ; por 
fia respondiei^on que no. entregarían á Abrios. lEnfu-* 
leddos aquellos $e iparobaroQ, y ellos»; mudando 
otra vez de parecer., se eoc9iiú|)aron á tierfa ; y jun-- 
ío 4 U embocadura del rio Liris , dondi^. forma, una 
ensenada pantanosa ^ %1U echaron áncoras., •propo'- 
niéiwiDÍe que bajase 4, tierra. á tomar, alimenta, yrc;- 
parar l^ fuerzas que jtenia decaídas h^sta que hubie^ 
se viento: quele babia á la bora acostumbrada, cal- 
mándose el mar, y soplando de la laguna una brisa 
suave., I^ qu^ era suüciente. Pers^uadido;. Mario se 
.prestd áeiecutarlo^,. y: sacándole los marineros á.tierw 
xa reclinado sobre la yerba , estaba bien distante de 
lo que le iba á suceder; porque .vueltos aquellos ala 
nave, y levantando ancoras huyeron^ ore^esvio que 
ni era cosa honesta el entregar á Mario ^ ni segura, el 
salvarle. Ealto asi de tpdq auxilio hupiano jpermane-»- 
ci(5 largo tiempo inmoÚe tendido en la xibera^;- mas 
al fin recobiáiuiose con suma dificultad» enipé^d^en 
medio de su aflicción á dar. algunos pa^os stn.camir- 
no, y pasando por pantanos profundos y por zan- 
jas llenas de. agua y cieno, arribo á Jia cabana de un 
anciano encargado de la laguna. Arrobóse i sus pies, 
y le rogaba que se hiciese el protector y salvador 
de nn hombre j que si evitaba, la calamidlid pre<iente^ 
podría recompensarle mas all^ de sus .^speranaa^. Ci 
anciano, vó porque ya le conociese, ót.oorqiKi'isa 
vista concibiese idea de que era un hojt^bre extraoip* 
diñarlo, k dijo que para tomar reposo podí^bas-* 
tar.su chociUa:; pero quo si andaba errante por huir 
de algunos, él le ocultaria en lugar en que pudiese 
(pstfr con la.itiayor tranquilidad. Rogdle.Mariarque 
asi lo hiciese , y. lleváiidole á la laguna , mándele que 
se tendiese en una profundidad próxima al rio^ y le 
echíS^<fifiíns^ muchas caitas y.ramage dp. las demás 
plaptí^sr», todo-ligero y y puesto de inanertquejio pu-* 
idiera of^nd^rtü*, . : : -. .. -.1 - : :¿ 



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49^ CATO MARIO. 

No se había {Misado largo rato cuando sietite mi- 
do 7 alboroto que venia de la choza ; y era que Ge- 
minió faabia enviado macha gente en su persecución^ 
de la coal algunos hd>ian llegado alli por casuali* 
dad, y atemorizaban y reñian al anciano , haciéndo- 
le cargo de haber amparado y haber ocultado á un 
enemigp de los Romanos. Levantándose* pues Mario, 
y desnudándose se metió en la lasnna qué no tenia 
ñas que agua sucia y cenagosa: asi no pudo ocultar- 
se á los que le busc¿an, sino que le sacaron desnu- 
do V cubierto de cieno como estaba , y llevándole 
á Minturnas, le entregaron á los magistrados; por* 
que se había pregonado por toda la ciudad un eaic«» 
to acerca de Mario, en que se prevenía que públi- 
camente se le persiguiese y matase. Creyeron con to- 
do los magistrados que debían tomarse algún tiempo 
para deliberar, y depositaron á Mario en casa de 
una muger llamada Fanía , que parecía no estar bien 
con éi por causa anterior. Estaba casada Fanía con 
Tinio, y separada de ¿1 pedia su dote, i^ue era 
cuantiosa: acusábala este de adulterio, y fue juez en 
esta causa Mario en su sexto Consulado. Celebrando 
el juicio se halló que Fanía era de mala conducta; 
pero que el marido se casó con ella sabiéndolo , y 
nabian vivido mucho tiempo juntos ; por lo que Ma-^ 
rio miró mal á ambos, y al marido le mandó que 
volviese la dote , y á ella para afrenta la condenó 
•n la multa de cuatro ases, ^ues con todo Fania no 
se portó como muger á quien se hubiese hecho una 
injusticia, sino que luego que vio á Mario, muy 
distante de hacerle el menor mal , no miró sino á su 
situados, y le dio ánimo. Celebróla Mario, y díjole 
que estaba confiado , porque habia visto una buena 
seóaU que era la siguiente. Cuando le llevaban i ca- 
sa de' Fanía, ^al estar junto á ella, abiertás-Ias puer- 
tas^ salió de adentro un borrico, cotjriendo para ir á 
beber de una fuente que estaba v inmediato: miró á 



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CATO MARIO. 497 

Mano blanda y suavemente, parase nn poco deten- 
te de él , dió un gran rebuzno , y retozó á su lado 
con cierto engreimiento. Reuniendo estos hechos de- 
cía Mario que el prodigio indicaba haberle de venir 
la «salud, mas bien del mar que de la tierra, pues que 
el borrico, no haciendo cuenta de la comida que te* 
nia en el pesebre, la habia dejado, y se habia ido i 
buscar el agua. Dicho esto se fue á recoger solo , dan- 
do orden de que le cerraran la puerta del cuarto. 

Reunidos á deliberar los magistrados y pro- 
hombres Minturneses , resolvieron que sin mas de- 
tención se le diera muerte, y de los ciudadanos nin- 
guno quiso encargarse de la ejecución ; pero un sol- 
dado de á caballo, Galo ó Cimbro, pues se ha dicho 
uno y otro', tomando una espada marchó en su bus- 
ca. La parte del cuarto en que dormia Mario no 
tenia muy clara luz , sino que mas bien estaba casi 
del todo obscura, y se dice haberle parecido al sol- 
dado que los' ojos de Mario arrojaban mucha ham- 
bre , y que de la obscuridad habla salido una gran 
voz que deda: ¿y tú hombre , te atreves á dar muer- 
te á Cayo Mario? por lo que habia salido huyendo, 
y arrojando la espada , se marchó de la casa , sin que 
se le oy^sé otra cosa sino, yo no puedoí matar á Ma- 
rio. Cayó sobre todos grande admiración , y á poco 
compasión y arrepentimiento del parecer que habían 
adoptado , reprendiéndose á si mismos de una deter- 
minacion injusta é ingrata al mismo tiempo con un 
hombre que habia salvado' la Italia, respecto del que 
aun era cosa abominable no darle favor. Huya pues 
adonde le convenga para cumplir en otra parte su 
hado; y rogúemos nosotros á los Dioses no nós cas- 
tiguen de echar de nuestra ciudad á Mario t)obre y 
desntido. Diicurrienda de este modo encainmanse en 
tropel adoiade estaba, rodeándole todos, y toman 
por su cuenta cotiducif le hasta el mar ; pero mien- 
tras uno le regala una cosa y otro otra , ; afanándose 

TOMO II. n 

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498 CAYO MARIO. 

todos por él 9 se da ocasión á haber de perderá tietñ^ 
.po ; porque el bosque llamadp Marico., al que tienen 
CQ veneración, guardándole con cuidado, sin extraer 
jamas de ¿I nada que st hulnese Introducido, era un 
estorbo para el camino del mar , siendo preciso ha- 
cer un rodeo ; hasta que un anciano exclapó que no 
habia camiqo ninguno -inaocesible ó intransitabie 
cuando se pensaba en salvar á Mario ; y siendo el 
primero á tomar alguna cosa de las que hablan de 
lUvarse á la nave, marchó por el bosque* 

Ademas de haberle socorrido con tanta largueza, 
un tal Belco le proveyó de barco, y escribiejEÍdo en 
una tabla .la sene de estos sucesos, la colocó en .el 
templo; desde donde montando Mario en. la nave, 
dio vela cpn próspero viento. Casualmente aportó á 
la isla Enaria» donde encontró á.Granio y los de- 
mas amigos , y con ellos navegó para el África. Fal* 
toles la aguada, y les fue preciso tocar en {a Sicilia 
cerca de Ericina, y hallándose por casualidad guar- 
neciendo aquellos pun|o$ un Cuestor Romano, estu- 
vo en muy poco el que diese muerte á Mario al sal- 
%síT en tierra: la dio sin embargo á unos diez y seis 
de los que salieron á tomar agua. Zarpando cíe alli 
Mario a toda priesa , y atravesando el mar por la is- 
la Meninge, alli fue doiide primero tuvo noticia de 
3ue el hijo se^habia salvado cpn Cetego, y se había 
irisido á Yamsai, .Rey de losNúmidas, en deinan-N 
da de socorro. Respirando con estas nuevas, se alen- 
tó para pasar.de la isla á Cartago. Mandaba á la ^- 
zon Us armas en el África Sextilio, vsuron Romano, 
que no habia recibido .de Mario ni injuria ni benefi- 
cio; pero de quien este esperaba algún favor por pu- 
-ra pQmpasion. Ma9, apenas halóla bajado á tierra con 
^nos cuanto^, le salie al. encuentro unlictor, y pa-< 
rándosele delante . le dífo de este modo: te in tipia, 
ó Mario , el pretor Sextilio ;que no pongas el .j>ie en 
el África, y que de lo contrario sostendrá los de-- 



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CA70 MARIO. 499 

érelos del Senado , tratándote como eneftiigo de los 
Romanos. Al oirlo Mario se quedó de añicctoñ y 
congoja sin palabras, y estuvo largo rato inmoble; 
mirando con indignación al lictor. Preguntóle este, 
¿qué. decía, y qué contestaba al General? entonces 
dando un profundo suspiro, dile, le respondió, que 
has visto á Mario fugitivo sentado sobre las ruinas de 
Cartago : poniendo con razón en paralelo la suerte 
de esta ciudad y la mudanza de su fortuna para que 
sirvieran de ejemplo* En tanto Yamsal , Rey de loS 
Númidas, estando en sus resoluciones á dos haces, 
trato con consideración al joven Mario; pero qué-^ 
riendo marchar , le detenia siempre con algún pre-=- 
texto; y desde luego podiá discurrirse que no había 
mi buen fin para esta detención. Con todo por uno de 
aquellos sucesos que no son raros , pudo salvarse : por- 
que siendo este mozo d^ muy recomendable figura, 
oná de las amigas del Rey sentía mucho verle pa- 
deced 'sin motivo: y esta compasión era un principio 
y pretexto de amor. Mario en los primeros mohién-^ 
tos la. desairó; pero cuando ya vio que su suerte no 
tenia otra salida , / que aquella • muger obraba masí 
de veras que lo que correspondía á un mal deseo pa- 
sadero, condescendió con su buena voluntad, y fa- 
cilitándole ella la evasión , y huyendo con sus ami^- 
Es , se encaminó al punto donde su padre se halla- 
. Luego que réciprbcamente se saludaron , cami- 
nando ppr la orilla del mar , se ofrecieron á su vista 
ttnoi^ esicorpiones que entre sí peleábáá , lo que á Ma- 
rio pareció mala señal : subiendo pu^s eft un barco 
de pescador hicieron vlage á Ceix:ina, isla que no 
dism mucho del contincaite; habiendo* sido tan poco 
lo que se adelantaron y quecuaridó daban la vela vie- 
ron venfr soldados de á caballo dfe los del Rey , cor- 
rieiidd'al mismo' sitio donde se embarcaron 3 por íp 
quelle paredó á Mario haberse Hbíado de un peligro 
qpz&'éck nada era inferior á los ottos. ' : 



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(OO CATO MARIO» 

Decíase en Roma que Stia hacia la gnetrá en la 
Beocia á loe Geoerales de Mitrídates ; mas ^i tantOt 
desavenidos los Cónsules, cprrian á las armas » y il« 
brandóse batalla , Octavio, que quedó vencedor^ des- 
terró á Ciña , que quería eg^rcer un imperio tirániw 
co, nombrando Cónsul en su lugar á Cornelio Afe- 
rula; pero Ciña, reuniendo tropas del resto de In 
Italia , se declaraba en guerra contra ellos. Llegando 
Mario á entender estas cosas, parecióle que debías 
embarcarse cuanto antes; y tomando algunos bom-p 
bres de á caballo de los moros de África, 7 algunos 
otros de los que se habian pasado de la Italia , que 
entre unos y otros no excedían de mil , con ellos se 
hizo al mar« Arribó á Telamón de Etrurla, y sal-* 
tando en tierra , ofreció por público pregón la liber^ 
tad á los esclavos ; y como de los labradores y pas- 
tores libres de la comarca acudiesen muchos al puer- 
to, traídos de su fama, ganando á los que yió mas 
esforzados ,, en pocos días unió una (considerable fuer- 
za de tierra, y tripuló cuarenta, gaüeras. Como su- 
piese que Octavio era hombre f (*cto , que no quería 
mandar sino de un modo }usto, y que por el contra-, 
rio Ciña , ademas de ser sospechoso á Sila , se habia 
declarado contra el gobierno existente , determinó 
unirse á este con todas sus fuerzas: envióle pues á de- 
cir que reconociéndole por Cónsul haría cuanto le 
ordenase.. Admitió el partido Ciña, y le nombró 
Procónsul , remitiéndole las fasces y todas las. demás 
Insignias del mando ; pero respondió que no deda 
bien el adorno. con su presenre fortuna: asi e» que 
4^sde el día de su destierro en la edad ya de: mas de 
setenta años no trata sino ropas desaliñadas, con el 
Cabello crecido, .andando siempre muy despacio pa* 
ta^ excitar compasión ; pero con e^te aparato misera- 
ble iba siempre, mezclado el ceño natural de su ter- 
rible semblantej. y la clase de su abatimiento des- 
cubría bien que su sobervla no s$ habia humüladoi 



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GATO HAltIO* fot 

diio mftsbien ¡rrit^o con las mud^iizt^ dt sq suerte* 
Después que saludo á Ciña » y se preseaté á los 
soldados, puso al punto manos á la obra, y causo 
una gran mudanza, en. el estado de las cosas: porque 
en primer lugar, interceptando con las naves losv¡ve« 
íes, y robando á los comercian tes, se hizo dueño de 
la provisión ; luego recorriendo l^s ciudades de la cos- 
ta, las hizo rebelarse; y finalmente, tomapdo por 
traición í Ostia , saqueo las casas, y iió muerte á 
gran nátnero de los habitantes ; y ademáis echando un 
puente sobre el rio,- enteramente cortó á los enemi- 
gos la posibilidad de proveerse por mar. Moviendo 
después con el ejército , marchó contra Roma, y tO"- 
mó el monte llamado Yaniculo: contribuyendo mu- 
cho Octavio al mal éxito de los negocios , no tanto 
por impericia como por su nimia escrupulosidad acer- 
ca de lo justo , la que con daño 'publicó le impedia 
valerse de los recursos provechosos ; asi es que pro^. 
poniéndole muchos que llamara á lá libertad á los 
esclavos , respondió , que no concedería á los escla- 
vo» h ciudad,, quieíi expelía de ella ¿Mario para 
so^ener las leye$. Vino a esta sazón á Roma Mete*, 
lo , hijo del otro Mételo que mandó en África , y que 
fiíe desterrado por Mario, y como fuese tenido por 
^lejdr General que Octavio, abandonando á este los> 
^Idados, ^corrieron á aquel pidiéndole que toma- 
se el mando y salvase la patria, porque; cqmbatiriañ 
denodadamente , y sin duda vencerían con lin Gene- 
ral experto. y activo ; pero recibiéndolos mal Mételo, 
y. mandándoles que volviesenül Cónsul,. se pasaron 
a los enemigos;' y al cabo se marchó, d mismo' Mé- 
telo, daado por perdida; la cáudad. En el ánimo de 
Octavio influyeron unos Caldeos y alga¡<ios agoreros 
y sibílistas' para que permaneciese en Roma ^ por- 

- I Intérpretes de los Oráculos de las Sibilas , de los 
^ueckda utio deducía lo qut le< venia mas á cuento*^ * 



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fOS CATO MARIO. 

qoe todo saldrit bien. Era Octavio por lo densas aca^ 
so el hombre de mejor modo de pensar entre los Ro^ 
manos, y el qoe mas conservaba fuera de adulación 
lamagestad consular conforma á las costumbres y le^ 
yes patrias ) como si estas foeran otras tantas forma-* 
hs inalterables ; pero sujeto á esta miseria , por la qoe 
mas tiempo gastaba con embaidores y adivinos qu^^ 
con los que lé pudieran dirigir en el gobierno y en 
la guerra. Estepues antes qne entrase Mario , fue ar* 
raneado de b Tribuna » y mfuerto por un piquete qUe 
le precedió ; y se dice que i su muerte se le halló ea 
el seno una nómina caldea : siendo cosa extrafta qné 
de estos dos hombres ilustres ^ á Mario le diese podef 
el no despreciar losagSeros, y á Octavióle perdiese. 
Hallándose las cosas en esta situación , juntóse él 
Senado , y envió mensageros á Gina y Mario , pidi¿n<* 
dóles qoe entrasen en la ciudad y tuviesen considera-* 
cion con los ciudadanos. Ciña como Cónsul los oyó 
sentado en la silla Curul y les dio muy humana res- 
puesta ; pero M^rio estaba separado de la silla sin 
responder palabra; mas se echaba claramente de ver 
en el ceño de su semblante y en la fiere¿a de su vis- 
ta que iba bien presto á llenar la ciudad de carnice- 
ría y de muertes. Cuando ya se resolvieron i marchar» 
Ciña entraba acompañado de su guardia; poro Mario 

Suedándose á la puerta decia como por ironía lleno 
e corage» que él era un desterrado arrojado de la 
patria conforme á una ley ; y que si ahora hallándose 

5 resemé hubiera quien hiciese proposición , con otro 
ecretb. se dentaria el que le desterraba ; coñao sí él 
fuese hombre i' quien hicieran fuerza las leyes, y co- 
mo si entrase en- una ciudad libre. Convocaba pues 
al pueblo áia plaza, y antes que tres ó cuatro Cu- 
rias hubiesen dado sus sufragios, dejando aquella si« 
mulacion y aquellas buenas palabras de desterrado, 
comenzó á marchar acompañado deona guardia com- 
puesta de los que habiaescpgtdo entcr. los. ^davcS' 



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CATO MARIO* 503 

Se se: le 'presentaron 9 á los que daba el nombre de 
^riifj9S^ E$tf>^í su otdQn^ unas veces, comunicada 
en voz y otr^s por se^Sas, daba^ ]DE>uiprt€^ á muchos^ 
Jlegasido la cesa i punto que á Anoino ,%varon conr 
5uiar y gefe de la milicia», porque habiéndose encon.- 
trado con Mano:i:ry saludáaole ^ esf^ na le volvió el 
jsaludo, le quuar<Hi.Ía vida á su visia. pasándole con 
ias espadas ; y ya^desde entonces cnandQ saludando 
algnnos 4 M»ry9íni>i \o^ nombra!^ este;» ó no les coi^ 
jre$pondia\,.aqueUo^ífti señal de:^aba;?'cpa ellos ea 
iamisnia c^le: de^aAeraxjue aun, sus mismos aml* 
Sps estaban enl^.i^yiot dgonía y sufijo cuando se acer* 
cab^n ¿saludar :irMario. Siendot ;ya: oppchc». los qué 
habían perecido 9' Ciña se mostra^^rans^o y fasti-^ 
diadQ con tanta muerte }^ pero >Mario«< renovándose 
efi Vi cad^ día. líjlay la sed ájaisangre^ no dejaba 
ywxt,Á, ningaoo dQ i^ua^ntos se le hftOian sospechosos: 
asi-t^das las c^ltiy t<>da la ciudad estaban llenas de 
p^r^^gi^idores y idCiJcaisadorjBS^ d^tpdps lo^ que huiaH 
o.se.pcultaban, y era tenida por cj?ímen la fe de la 
bi^spitaiidad ry de la amistad, sin que ya ofreciese 
K^rjdad algms^ , porque eran muy pocos los que 
no hi/:ieronKtrajcion á los que á ellos se hablan aco-< 
gidix Por tanto d^ben ser tenidos en macho y mira^ 
dos cpn admlf4^^' \o^ criados de Cotnoto , que oculr 
lando á su amo,; en casa suspeiKlieron por el cuello 
á uno de tantos muertos; y poniéndole un anillo en 
el- dedo I lo mostraron á los de la guardia de Mario; 
y después eny.elyiéndole como si fuera aquel , le die-** 
ron sepultura«.Ñadiell(egóá entenderlo; y habiéndose 
salvado Cornuto,por este medio , por los mismos cria- 
dos fue secretamente Jlevado á la Galia. 

Capole también la suerte de un amigo honrado 
á Marco Antonio el orador» y sin embargo fue des- 
graciado I porque, siendo aquel un hombre pobre y 
plebeyo» que hospedaba en su casa al primero de los 
Romanos ^ quiso pottarse como el caso ió exigía »' y 



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504 CATO MARIO. 

envió á on éscUmy para traer vino á casa de uno de 
los taberneros qne vivian cerca. £1' esclavo io tomd 
con cuidado, y dijo que le diera' de lo mejor; con 
lo que le preguntó 'el tabernero, qué novedad había 
para no tomarlo de lo nuevo y común como acos- 
tumbraba, sino de lo mejor y de mas precio; y re$<- 
pondiéndole aquel con sencillez, ^cottno á un hombre 
conocido y fAfflüiar, que su amo tenia á córner á 
Marco Antonio al que ocultaba en* su casa, d taber- 
nero que era hombre cruel y malvado , no Úen habia 
salido el eiclavof, cuando mafchd i casa de Mario 
quó ya estaba- cottiieodo , é introducido adonde se 
hajlabá , le ofreció poner en sus manos i Antonio ; oí- 
do lo cual por MatriO) se dice que k> celebró mucho^ 
dando palofladas de gozo, y que estuvo en muy po^ 
co el que por sí mismo no se trasladase á la casa; si- 
no que conteniéndole los amigos y envió á Anio con 
algunos soldados , dándole orden de que sin dilación 
le trajese la cabeza de Antonio. Llegados á la casa^ 
Anio se quedó á la puerta , y los soldados , tomando 
la escalera, subieron al cuarto, y i' la;. vista de An- 
touio, ninguno quería ejecutar el mal hecho, sino 
que unos á otros se incitaban ymóvia^'á él; y de- 
bía de ser tal el encanto y gracia de 4a$ palabras dé 
este hombre insigne, que habiendo empezado á ha-' 
blarles , rogándoles 6o te matasen ,' ninguno se atrevió 
á acercarse á él , ni aun á mh'arle , sino que bajando 
los ojos , se echaron á llorar. Vista la tardanza , su- 
bió Anio , y hallando que Antonio estaba perorando 
y los soldados asombrados y compadecidos, repren- 
diendo á estos, se aproximó él mismo y le cortó la 
cabeza. Lucrecio Cátalo, colega de Mario, y que 
triunfó con él de los Cimbros , cuando supo que este 
á los que intercedieron y rogaron por él no les res- 
pondió otra cosa, sino es preciso que muera, se cer- 
ró en su cuarto , y encendiendo mucho carbón , mu- 
rió sofocado. Arrojados los cadáveres $in cabeza y 



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pitados por las calles , ya pp ei:a compasicoi U' que 
excitaban ) $iao sus^p j terror en tod^s con semejante 
vista; pero lo qne sobre todo indignó, al pueblo ^r fuit 
la brutalidad de los llamados, Bard^< P^rquie después 
de dar muerte en. sus. casas i .los_a¥np)5ft:.8ebQrI^^ 
de los hijos y violentaban á^ Ws mugere^, sia que 
hubiera quien los cpntuviese ep los nwos y n»atan4 
zas , hasta qneviqieía^Q á.me)pjr acuecdo Cina y Ser<n 
torio y los sorpreodi^rQn durmiendo enelcampamsdtft 
y á todos Iqs pasai^on por las armas. 

£n esto , como en una alternación de viento»^ Íle«* 
garon por todas partes noticias^de que Sila , habiendo, 
dado fin 4 la guerrade Mitridat^ y tomado las pro^ 
vinciasy se t^abia embarcado. con muchas fuerzan; ' y 
^sto produjo ya una breve intermisioii y corta pausa 
de tan indecibles males ^ por cre^r qqe la guerra ve- 
nia sobre ellos. Fue, pues nombrado Mario séptima 
vez Cónsul, \ y tomando posesjlon en las mismas ca-. 
lendas de Eoero , en que principia el año.» hi^o pre^ 
cipitar i vin tal.Se^to Licinio, lo que pareció á.todoa 
presagio de nuevos males* Pera Mano, desalentado 
y^ con los trabajos , y agotadas en cierta ufanera, coa 
tantos cuidados, las fuerzas de su espíritu » al que agor 
bardaba la. experiencia de los infortunios pasados., ji^ 
pudo sufrir. la idea de una nueva guerra y.nqevoa 
combates y temores: porque reflexionaba que la coor 
tienda no habia de ser coa.pd^avip ó iconrMerulaj^ 
q^^ solo mandaron á una gente col^tu^ia, y.é;Pni( 
mii^hedupibi^e sediiciosa , siuQ.qi)^ el qi^ ahora le-amchr 
s^a^fiba era aquel fuismo 3iU que ya ant€|s lo habia arn 
Ko^do de la patria , y en aquQlpiínto agabfib^'de.^Q-* 
fiuar en el Ponto Eiucii^o á Macridates. .Qñebranx^da 
con estos pensamientos, y. teniendo fija la vista, en s» 
kfga peregrinación, ei^^sus destierros. y ^n tantos p^ 
Ugiros con^o Jb^bia corrido por mar y .p9r t¡erjM>toJirr 
tigaban cru^^s.d«das,| texr<>^sj|pcti^rjngs y w^m^ k»* 
quietos, pareciéndole oir siempre una voz que le.4^ft% 

TOMO II. XK 

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5€^ CATO UA^lbi 

/ T(?r!4Me áél león e^ la guarida ' - 
Ai]n para quien' la ve cuando está- ausente. 
No pudiendo s(x>re todo llevar U' falta de soeño> se 
entregó á francachelas y embrtagé'ces' muy fuera de 
aftaon j de suiedad, procnrando por jnedios extra-' 
¿os- conciliar el'saeño con refugio de' los cuidados. 
Finalmente y habiendo llegado noticias recientes del 
mar , y-sobrevéáidóle con eltas nuevos cuidados , par- 
te de*niiedo de lo futuro y y parte por. el peso y cá^ 
mulo de los cuidados presentes , con muy ligero mo^ 
tivo ^Oe se agregase , contrajo uno- pleuresía según 
Infiere ei filósofo Posidonio ; quien dice que £1 mis- 
mo- ent^ó á verle cuando ya estaba enfermo y qne le^ 
habló sobre los objetos de su embajada. Pero el his-^ 
toriador Cayó Pisón refiere , qué paseándose Mario 
con sus amigos después de comer.'i movió la conver- 
saci<>n'de sus sucesos^ tomándola de lejos, y después 
de haber referido las muchas mudanzas de su suerte, 
habia concluida con qtíe no era de hombre de juicio 
tí volver otra vez á ponerse en manos de la fortuna; 
y que en seguida , saludando á los que alli se halla^ 
ban , se habia puesto ^en cama^ y manteniéndose eií. 
elia siete dias seguidos^ habia muerto. Alanos dicen 
queden la eúfi^rmedad se manifestó del todo su ambi-^ 
eioQ f pot él dellti'o entraño que tuvo. Figurábasele 
qáe se hallaba de General en la guerra dé Mitridates, 
y tomaba todas las posturas y movinuémos del cuer- 
po que 'son dé cosrambre en los combates , dando los 
nlismos gritos y.ias mismas exhortaciones á los sol- 
dados:' ¡tan fucfrte y* fijo era en él el amor á esta 
t^ptcidb; por la emulación y por el deseo de mandárf- 
"Bét- ésta cáu^a <ib^ iiábér vivido setenta «nos y haber 
síMo-el-priníere detodois qué fue* siete 'vecesiiombra-; 
dé C^iily'pós^éhdó casa y^denda ikstákite para 
mtíchos^eyesy iann se 'lamentaba de m fortuna , co- 
mo que 'morra' antes de sason útí haber'satisfecho sos 



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CATO MAHIÓ» ^07 

Ptaton' estando ya próximo á morir se muestra 
agradecido á sa buen genio y á la fortuna de haberle 
hecho hombre y ademas Griego y no bárbaro ni an!« 
mal por naturaleza privado desrazon; y finalmente 
de haber concurrido su nacimiento con el tiempo de 
Sócrates. Dícese igualmente que Antipatro de Tarso 
estando asimismo para morir ^ hizo la enumeración 
de los buenos sucesos que le hablan cabido en suerte, 
y no dejó de poner en la cuenta el haber tenido una 
navegación feliz desde su patria á Atenas, como hom- 
bre que reconocía á su buena fortuna todos los pre- 
sentes que le había hecho y que hasta el fin los con- 
servaba en la memoria ; que es el mas seguro tesoro 
para el hombre. Al contrario á los desmemoriados y 
necios se les desvanecen los sucesos con el tiempo; 
por lo que no guardando ni conservando nada , va- 
cíos siempre de bienes y llenos de esperanzas, tienen 
la vista en lo futuro, no haciendo caso de lo presente: 
y aquello puede arrebatárselo la fortuna, cuando es- 
to es inamisible ; y con todo desechan esto en que 
nada puede la fortuna , soñando con lo que es incierto^ 
y estándoles muy bien lo que luego les sucede: por- 
que antes que puedan dar asiento y solidez á los oie- 
nes externos con el buen uso de la razón y de la doc- 
trina, se dan á acumularlos y amontonarlos, sin po- 
der llenar los insaciables senos de la ambición. Falle* 
ció pues Mario á los diez y siete dias de su séptimo 
Consulado; y por lo pronto fue grande el gozo y la 
esperanza que ocupó á Roma , por haberse librado 
de una dura tiranía; pero dentro de bien breves dias 
conocieron que no hablan hecho mas que cambiar 
un dueño viejo, por otro joven y en la flor de la edad: 
I tanta fue la crueldad y aspereza de que dio pruebas 
su hijo Mario, haciendo asesinar á muchos de los 
mejores y mas distinguidos ciudadanos ! Túvosele por 
valiente y arriscado , por lo que al principio se le lla- 
mó hijo de Marte ; pero bien pronto , vituperado por 



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#o8 CATO MARIO. 
'. • __ •- jf ' i.,.^« J^ «, 



8DS obras, $c le dió en lugar de aquel el nombre de 
hito de Venus. Al fin encerrado por Sila en Prcnes- 
te , y haciendo en vano mil diligencias por alargar 
la Vida » cuando tió que no le quedaba remedio per- 
dida la cittdadi se dió á sí mismo la muerte* 



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