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Full text of "La verdad católica"

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\ 



U VDlll] CAmiCll. 



•*ÍM* 



PERIÓDICO RELIGIOSO 



DEDICADO 



MARÍA santísima, 

iN II iiDnBio DI tu \mm.ai ncipcm. 



PDBLICAI>0 



C4»M iPKMICIOS f CBiISURA ECLESlMTICIt. 



TOMO ¥11. 



IMPRENTA DEL TIEMPO, 

OALu na cvBA, ireiinu) 87. 

1861. 



' #i# »i I II m 



THE NEW YORK 

ASTOíH. LENOX ANfJ 

I TlLDivN FOUNDATiüiNS I 

I ^ 1930 L I 



LA VEgDAP CATÓLICA. 

CUARTO AAO DE LA ''VERDAD CATÓLICA." 




A miESTROS SUSCRITORES. 



L comenzar esta publicación, tres años há, cumplía* 
^mos un deseo de nuestro corazón, y llenábamos una 
fd!) exigencia de nuestra época. ¿Acaso ese deseo se ha 
esterilizado en nuestro corazón, y esa exigencia ya no 
existe? Ni lo uno ni lo otro: he aquf el motivo por- 
que hoy continuamos nuestra ardua tarea, comenzan- 
do el cuarto ano de esta publicación. Quizá si hubiésemos 
visto 4 la Iglesia y á su Poutf6ce triunfantes, hubiésemos da- 
do tregua á nuestro^ incesantes trabajos, que bien sabe Dios 
los hemos sostenido por su causa y por su gloria; pero la 
Iglesia hoy se ve mas que nunca combatida y su Pontífice 
roas que nunca perseguido, y mengua fuera abandonar en 
las actuales circunstancias la defensa de los mas caros inte- 
reses para los verdaderos católicos. Tres años de continuos 
afanes, y do pocos sinsabores, bastan para producir .cansan- 
cio al espíritu, y no poca fatiga á fuerzas intelectuales tan 
flacas como las nuestras; pero ¿quién que de veras ama* sien- 
te sus propios males, cuando ve sufrir á los objetos amados? 
No busquemos reposo, no demos tregua á nuestra fatiga, 
corramos ai lado ae la Iglesia y del Pontífice, su causa es 



4 LA VBBDAD CATÓLICA. 

nuestra, su triunfo nuestro también será, y si es necesario 
sucumbir, sucumbiremos envueltos en tan gloriosas ruinas. 
Bien conocemos que Dios jamas abandona á su Iglesia y á 
su Pontífice, si bien los sujeta á prolongados combates y du- 
ras pruebas; y los que tengan valor bastante para no abdicar 
de sus mas firmes creencias, sobreponiéndose á toda mezqui- 
na consideración política y social, deben sufrir esas mismas 
pruebas y sostener tan rudos combates. ¡Oh Virgen Inma- 
culada! tú qiie lees en nuestros corazones sabes con cuánta 
abnegación y valor hemos tratado de sostener la causa de Tu 
Bnio, de su Iglesia y de su Pontífice; redobla en nosotros ese 
valor, para que con ardor siempre creciente continuemos pe- 
leando las santas batallas del Señor, y que tu nombre dulcí- 
simo sea nuestro grito de guerra, y también nuestro himno 
de triunfo. 



Oomlngo ft de Mayo de i§61. 



SECCIÓN RELIGIOSA. 



CABTA PASTORAL 
4tl Bx«M. « litaM. 8r. Ollip*4e U lakaM. 



nos DOCTOR D. FRANCISCO FLEIX T 80LAN8, 

9or la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica Obispo de 
la Haliana, Caballero gran crní de la Real y muy distingui- 
da orden espaftola de Carlos III y de la Americana de Isabel 
la Católica, Protector de la Sociedad de Beneficencia de Na- 
turales de Catalnfia, Capellán de honor y Predicador de núme- 
ro de S. M., de sn Consejo éc. ée. 

Á NUESTRO MUY VENEBABI^ DEAN Y CABILDO^ CLERO T FIELES 
DE NUESTRA DIÓCESIS, SALUD EN N. S. J. 

£d medio de los furiosos y violentos embates que actual- 
mente agitan y conmueven la barquilla de San Pedro, es un 
consuelo ver cómo el Señor, grande en misericordia, mantie- 
ne firme y sereno el ánimo del piloto á quien está encomen- 
dado el timón para guiarla y sacarla ilesa en medio de los 
horrores del mas furioso y terrible huracán. Si en todos tiem- 
pos fué ostensible la particular asistencia del Espíritu-Santo 
sobre su Iglesia, según la promesa de su Divino Fundador, 
en los nuestros se deja ver de nn modo admirable y patente, 
y aun esperamos se patentizará mas según que arrecie la 
tempestad que por todas partes ruge con un furor que ame- 
naza aamergirla, y la baria zozobrar irremisiblemente si no 



6 LA VSSDAD OATéllCk. 

estuviera sostenida por el dedo invisible y poderoso de 
Dios. 

Solamente una asistencia especial del Espíritu Santo pa- 
diera hacer que nuestro amado y perseguido Pontífice estu- 
viera atento y solícito en tan críticas como turbulentas cir- 
cunstancias á todas y cada una de las Diócesis que compo- 
nen el rebaño universal que le está confiado. 

Para darle una prueba mas de nuestra adhesión, venera- 
ción y respeto, y del que vosotros, Hermanos é Hijos nues- 
tros, le profesáis, le dirigimos una carta de filial amor, ex- 
presándole la aflicción de nuestro espíritu y del vuestro, 
atestándole contara siempre con nuestra) fidelidad y constan- 
cia y la de todos vosotros. En prueba de lo cual I9 envia- 
mos por conducto del Excmo. Sr. Nuncio en Madrid las can- 
tidades cuestadas no solamente en nuestro Obispado, sino 
también las reunidas en el Arzobispado de Cuba, cuyas su- 
mas ascendieron á 19.000$ en el Arzobispado y á 58.664 en 
nuestro Obispado, que componen el total de 77.664$, resul- 
tado de la invitación que os hicimos, y á la cual os dignasteis 
corresponder, depositando cada uno de vosotros su óbolo, 
expresión de vuestra veneración, amor y respeto al Vicario 
de Jesucristo. 

Lleno nuestro Santísimo Padre de una bondad, solicitud 
y dulzura, nunca en él desmentidas y cada dia mas acrisola- 
das, nos envía una ca^^ta llena de amor y agradecinñientUí en 
la cual, como si no fuera obligación nuestra permanecer siem- 
pre unidos á la cabeza de Jesucristo cual miembros de un 
mismo cuerpo, y como si no debiéramos atender á su tribu- 
lación iLCtual con los recursos y medios que estén á nuestro 
alcance cual hijos fieles y agradecidos, nos da las mas expre- 
sivas gracias, y nos encarga muy encarecidamente os las de- 
mos también en su nombre; suplicándonos continuemos to- 
dos ofreciendo al Señor, rico en misericordia, fervorosísimas 
oraciones, á fin de que disipe la terrible tempestad que ruge 
sobr*^ su Iglesia. Y para consuelo nuestro y satisfacción de 
todos vosotros, os trascribimos íntegra sn amorosa y bené- 
vola curta, en la cual nos muestra á todos su gratitnd, de- 
mandándonos nuevamente nuestras oraciones. Dice así: 

A Nuestro Venerable Hermano Francisco, Obispo de San Cris- 
tóbal de la Habana, en las Indias Occidentales. 

Pío IX, PAPA. — Venerable Hermano, salud y bendición 
Apostólica. Con suma verdad juzgas, Venerable Hermano, 



LA TEBDAD CAT6uCA. 7 

qae Nos, eo medio de las cruejfsimas angastias con qne es- 
tamos oprimidos, recibimos un consuelo no pequeño de las 
brillantes expresiones de fidelidad, respeto y veneración que 
los Venerables Hermanos los Obispos de todo el Orbe Cató- 
lico 7 los fieles encomendados á su solicitud se glorian pre- 
sentar continuamente á Nos y á esta cátedra de Pedro. De 
aquí puedes Tá mismo inferir sin dificultad cuan grata Nos 
habrá sido tu respetuosísima y afectuosísima carta, fecha 
del dia 11 de Diciembre del año anterior, que pocohá hemos 
recibido. Porque por la misma hemos reconocido mas y mas 
tQ insigne acatamiento, amor y veneración, y loa de ese tu 
Clero y Pueblo fiel hacia Nos y hacia esta Santa Sede, y tu 
acerbísimo pesar y dolor y los del mismo Clero y Pueblo por 
causa de los atentados malísimos y del todo sacrilegos con 
que los enemigos de Dios y de los hombres, mediante ciertos 
ardides y tramas malignas, hacen guerracruelísimaá la Igle- 
sia Católica, á esta Sede Apostólica y áNus, y hollando todo 
derecho divino y humano, invaden, usurpan y echan por 
tierra el Principado Civil Nuestro y de la misma Sede. Y 
también hemos conocido. Venerable Hermano, con qué dili- 
gencia y empeño verdaderamente singulares te has apresu- 
rado en unión de esos fieles á aliviar Nuestras grandísimas 
angustias, habiendo cuidado de que puedan ser remitidos á 
Nos por el Nuncio Apostólico en España cincuenta .y siete 
mil escudos de moneda romana. Y así, Venerable Hermano, 
mientras que aseguramos en gran manera los sentimientos de 
Nuestro corazón agradecidísimo contigo, te pedimos encare- 
cidamente que en Nuestro nombre des con palabras afectuo- 
sísimas á ese tu Clero; Pueblo muchas gracias. Continúa, 
pues« con el mismo Clero y Pueblo, dirigiendo á Dios, rico 
en misericordia, fervorosísimas súplicas, á fin de que disipe 
tan horrible tempestad, y aparte dü su Santa Iglesia tantos 
y tan grandes peligros, y la hermosee y aumente con nuevos 
y mas brillantes triunfos en toda la redondez de la tierra, y 
Nos ayude, fortalezca y consuele en toda Nuestra tribula- 
ción. No dudamos en verdad que, en vista de esta iniquidad 
tac grande del siglo, y de tanta conculcación de todos los 
derechos divinos y humanos, y de la persecución contra nues- 
tra Beligión divina empleas todos los medios, según tu dis- 
tinguida piedad y celo Episcopal, para defender valerosamen- 
te la causa de la misma Religión, y procurar próvida y sa- 
biamente la salvación de tu grey, refutar los multiplica- 
dos y funestísimos errores de los hombres enemigos, y repri- 
mir y ahogar sus conatos. Finalmente, os damos muy cari* 



8 LA VBfiDAD CAT6UCA. 

ñosamente de lo íotímo de Nuestro corazón á Tí mismo, 
Venerable Hermano, y á todos los Clérigos y legos iBeles 
confiados á tu solicitud, la Bendición Apostólica, presagio 
de todos los dones celestiales y prenda de * Nuestra especial 
benevolencia para contigo. Dado en Roma, en San Pedro, el 
dia 21 de Enero del año de 1861. — Año decimoquinto de 
Nuestro Pontificado. — Pió JX, Papa. 

No puede ser. Venerables hermanos é hijos nuestros, mas 
consolador el lenguaje que nuestro Santísimo Padre, Heno 
de una fe y confianza dignas del sucesor de San Pedro y del 
representante de Jesucristo en la tierra, usa para pemrnos 
que oremos con fervor y constancia por la causa de la Igle- 
sia que le está confiada. No de otra parte puede venir el 
consuelo y la ayuda sino de Dios. "La oración perseverante 
del justo vale mucho, dice el Apóstol Santiago; Elias era 
hombre semejante á nosotros, sugeto á padecer; hizo oración 
para que no lloviese sobre la tierra, y por tres años y medio 
no llovió; y oró de nuevo, y el cielo dio lluvia, y la tierra su 
fruto." 

Las puertas del infierno comprimidas antes por el brazo 
fuerte de Dios parecen abiertas ahora de par en par, para 
dar libre salida al espíritu maligno, que, capitaneando sus 
innumerables huestes, amenaza sobreponerse y anonadar á 
los hijos de Dios. No parece sino que le ha sido concedido 
ahora á Satanás lo que en otro tiempo pidió hacer con los 
discípulos de Jesucristo, cuando el Divino Maestro estaba 
para ser entregado en manos de sus enemigos: "Mira, Pedro, 
que Satanás os ha pedido para zarandearos como trigo; pero 
yo he rogado por tí para que no falte tu fe." No es otra co- 
sa lo que está sucediendo de algún tiempo á esta parte con 
la Iglesia de Dios. 

Las leyes mas venerandas, los tratados mas solemnes, los 
derechos mas inveterados y sancionados por la razón y por 
el tiempo, todo se le disputa á la Iglesia de Jesucristo, todo 
se pone en tela de juicio, todo se infringe, todo se conculca y 
se desprecia. Los poderes de la tierra juegan á su antojo con 
ios Concordatos, con los Cánones de la Iglesia, con las Bu- 
las Pontificias, con los votos monacales, con las instituciones 
mas santas, con los legados mas sagrados y piadosos; todo, 
absolutamente todo, entra en la zaranda del poder temporal; 
todo se remueve con la punta de la espada, como si todo es- 
tuviera bajo su dominio; como si Jesucristo no hubiera deja- 
do en la tierra á su Iglesia una potestad libre é independiente 



LA VERDID CATÓIifCA- A 

fiar» regirse por sí misma: como m laa díaposi cianea de la 
glefia 00 tendterao directameate á la salvación de las almaa 
al par queá cooseguir los bienes ní?cesarioa para el cuerpo: 
camo si iaa disposiciones de 1^ Iglesia fueran ominosas para 
la humanidad^ @e las moteja y se las desprecia, sustituyén- 
dola/? con otras, que emanadas de principios suvertí vos, no 
pueden menos de dar por resultado la desgracia, la miseria, 
la desolación y el Manto. 

Abandonada la Iglesia de Jesucristo de todo amparo hu- 
mano; perseguida en todas partes y en todos sentidos, no 
\m queda otro recurso ot otras armaáque lacracion. Oremos 
pties. Hermanos é Hijos núes* tros, '^'que la oractim del optimi- 
dú ira»imMmré las nubes y no reposará hasta quz no llegue al cuf- 
io; iw *« retirará hasta om el Altíitmo la mire: y el Señor no da- 
rá largas álos malvados; ma:¡ Juzgará ¿i losjusfos, y harájusii- 
da; y dfartuhno Dws no iendrá aguanU;^^ esto es, no espera- 
rá mucho tiempo á manifestar su ira contra los que sin razón 
oprimen á los ju.^tos; '*m) se retirará hasta que quebrante eles- 
pisuLZú de los malos y á las naciones les dé su merecido; hasta que 
dÉsirut^á la mulliladde los ^berbios if orgullosos ij quebrante los 
ctirm de los malos . • » . * hana que hagajuslitm á iu pueblo y 
üeru de pláter á los justos con su misericordia. Preciosa es la 
misericoriia de Dios en el tiempo de la tribulación^ como nube de 
lluvia en tiempo de sequedad.^^ Ecle/ 35. 

Sf, Hermanos é Hijos nuestros; Jesucristo no dejó otras 
armas á so esposa para su defensa mas que la oración; acu- 
damos á ella con doble fervor; sus resultados serán para no- 
sotros sobrado ventajosos y halagüeños. Nuestro triunfo, no 
lo dudéis, será seguro, y tanto mas glorioso cuanto mayor 
7 mas poderoso haya sido el número de nuestros enemigos, y 
mas aventajados y formidables iv^s medios y las armas que 
hayan esgrimido. La virtud y ventajas de la Oración, des- 
critas las tenéis en las palabras que anteceden tomadas del 
libro del Eclesiástico. Velad y orad, y no deis oidosá los en- 
galanados discursos de los impostores, que, con aparentes 
razones y halagüeñas cuanto falaces promesas, pretenden 
seduciros. 

Os dirán, que do es al Vicario de Jesucristo á quien se 

Ersigue, sino al Bey de Roma: que no es á la fe ni á la re- 
J10Q á quien se ataca, sino á la política y al gobierno tem- 
poral del Papa: que no se intenta despojar al Vicario de Je- 
sucristo de los poderes que este le dio, sino reducirlo á la 
eoodicioo de San Pedro y Pontífices de Ips primeros siglos 
de la Iglesia. Sofismas son estos que pueden engañar y seda- 

Til.— 2 



10 LA VERPAD CATÓLICA. 

cirsolarnenteá los que noconoceo el veneno y tendencias que 
encierran. Tened presente que ese lenguaje es el lenguaje 
del engaño y de la artería. Nunca la Iglesia fué perseguida 
solo porque fuese Iglesia de Jesucristo; siempre se buscó al- 
gún pretesto, cualquiera que él fuese; y lo propio sucede al 
presente. Advedtidlo bien; toda la parte mas sana de la Igle- 
sia, los Obispos todos con su clero, los fieles todos de mayor 
fe y mejores costumbres, todosabogan por la causa del Pon- 
tífice; porque es la causa de toda la Iglesia: todos ven en 
esos planes de agresión y de despojo una persecución hor- 
rorosa que deja muy atrás á la de ios Nerones y Ciilfguiae. 
Solamente los cristianos tibios, los católicos de nombre y de 
pura fórmula son los que la miran con indiferencia, aplau- 
diendo y secundando los planes de nuestros eternos é im- 
placables enemigos. 

Sí; notadlo con cuidado: ningún hombre verdaderamente 
honrado, ningún sabio juicioso, ningún cristiano verdadero, 
apruébala conducta de los que atacan el poder temporal 
del Papa. Es de notar, y de admirar también, que nunca se 
vio lo que se ve ahora: en todas las herejías y persecuciones 
de la Iglesia, ha habido algún Obispo ú Obispos, y persona- 
jes notables de ella, que han claudicado y apartádose de la 
unión que debe haber entre la cabeza y los miembros; pero 
ahora por la misericordia de Dios, nada de eso sucede; por 
el contrario, nunca parece que se vio mas unión entre la ca- 
beza de la Iglesia y sus miembros, sin duda porque el peli- 
Í^ro es ahora mayor que nunca; porque los enemigos son mas 
ormiclables y cuentan con mayores elementos; porque la 
tibieza de la fe domina como no dominó jamás en un gran 
número de hijos adormecidos con el vapor de las pasiones; 
jamas como ahora se ha visto & todos, absolutamente á to- 
dos los Obispos del orbe católico agruparse alrededor del So- 
lio pontificio: ni uno solo hay que aflija el ánimo del Sobe- 
rano Pontífice, ni con errores y malas doctrinas, ni con desa- 
venencias de ningún género. Solamente los hijos perjuros, los 
que han faltado siempre á su palabra, los que han medrado 
á la sombra de la Iglesia, cubiertos con el manto de la hipo- 
cresía; los que no tienen ni piedad, ni religión, lA temor de 
Dios; los que se alimentan de los trastornos y las revolucio- 
nes, estos son los que apoyan y defienden esas ideas y planes 
ominosos. 

Si las idaas da reducir al Romano Pontífice al estado pri- 
mitivo de los tr tui primeros siglos saliera del seno del verda- 
dero cristianismo; sif^eji^n apoyadas ademas por las inteli- 



geociM oras suas é ilustradsg por el espirito de Dios, do bm* 
bría por qué temer; pero siendo e! poder del ÍDCemo.el que 
-agita j maeve i sos ageotes; siendo 3I protestantismo el fo- 
co de donde parten los tiros, y los perjuros y malvados sus 
agentes, ¿qoé es lo qoe podemos esperar? Lo que sucede y 
se ve por todas partes donde llegan i dominar: nada hay se- 
guro paradlos; el despojo, el saqueo, la profanación, la in- 
moralidad, la borla y el desprecio de lo mas sagrado v vene* 
rando, esa es so condocta, esa so libertad, esas sus reformas, 
e89i so moralidad, esa so religión y ese so culto« Pretenden 
reducir no solo al Pa(ui,*sino i toda la Iglesia, á la situación 
y forma de los primeros siglos, para que no haya ni templos, 
ni altares, ni coito ni libertad. Esto es, Hermanos é Hijos 
noestros, lo qoe en último término pretenden; sabedlo bien, 
£1 triunfo lo creen ya seguro, pero Dios es grande y rico en 
su misericordia. Oremos sin intermisión por nuestro amado 
Pontífice y por su Iglesia: oremos también por sus mismos 
enemigos, para que Dios se compadezca de eUos y i')s dé la 
gracia de ilustración desvaneciendo las sombras del error que 
ofuscan su entendimiento: pidamos al Señor fortifique y au- 
mente nuestra fe en el tiempo de la tribulación y alumbre 4 
los que están sentados en las sombras del error y del pecado, 
á cuyo fin os damps nuestra pastornl bendición, en el nombre 
del Padre y del Hijo ^ del Espíritu-Santo. Amen, 

Dada en nuestro Palacio Episcopal, á 24 de Abril de 1861 . 

FRAír CISCO, Obispo de la Habana. 



Por mandado de S. E. lima. 

Pedro Sancbei, 

flBCRIETARIO. 



Encargamos á los Vicarios, Curas párrocos y demás minis- 
tros encargados de las iglesias lean esta Carta Pastoral á los 
fieles al ofertorio de la misa en el primer din festivo después 
de so recibo. 



IS L4 VBBDAD OÁTÓUGA. 



BREVE DIRIGIDO 

p#r 8. 8* á loi bálfam anldos, p»r eondocto de Henseitr Bmnonl, flca- 
ito Aptstéllca út CoiuUUlMpla. 



Pío IX, PAPA. 
Ybnbrablb hbrmano, salud y bbndicion apostólica. 

Con suma alegría en el Señor hemos recibido las diferentes 
noticias publicadas sobre ia vuelta de los búlgaros á la fe y á 
la unidad católica, y hemos visto que este movimiento tan sa- 
ludable y deseado habia recibido, gracias á Dios, un principio 
feliz; porque eq estos dias nos habéis remitido las letras que 
nos dirigen muchos eclesiásticos y legos búlgaros, por las que 
DOS participan para gran satisfacción nuestra que la inspira- 
ción de la gracia di vina los há separado del abismo de un cisma 
funestísimo y hecho entrar en el seno de la Iglesia Católica, 
madre llena de amor. Por esta razón declaran expresamente 
en las mismas letras que creen y profesan todo lo que cree 
y enseña esta Santa Iglesia Romana, madre y maestra de tu- 
das las Iglesias, y que reconocen con respeto y entera sumi- 
sión al Pontífice Romano como jefe de toda la Iglesia católi- 
ca, Vicario en la tierra de Ntro. Señor Jesucristo, sucesor de 
S. Pedro y Príncipe de los apóstoles. También nos manifies- 
tan que han tenido la honra de hacer una solemne y públi- 
ca profesión de fe, formulada ante vos, ante el venerable her- 
mano Antonio, Arzobispo Primado de los Armemos y á pre- 
sencia de otros Prefectos Apostólicos y sacerdotes del clero 
latino y armenio, profesión que se verificó el 30 de Diciem- 
bre último. Cuando llegaron á Nos las referidas letras de los 
búlgaros, en medio de las angustias que nos causan las ter- 
ribles calamidades que oprimen á la Iglesia en estos dias He- 
nos de luto y los multiplicados peligros que por todas paites 
rodean al rebaño católico, en la humildad de nuestro corazón 
hemos dado gracias al Dios de todo consuelo que con un su- 
ceso tan plausible ha dado alivios á nuestro dolor. Sin dila- 
ción, venerable hermano, os escribimos esta carta, por la que 
08 recomendamos anunciéis en nuestro nombre á los búlga- 



UL TiCBDAD CAT6tlOA. 18 

ro8 unidos la alegría que nos inunda por su vuelta tan desea- 
da á la fe y á la unidad católica. También les participareis 
en nombre nuestro y en los términos mas expresivos, la sin- 
gular y paternal ternura que les profesamos, abrazándolos 
con amor como amadísimos hijos nuestros y de la Iglesia Ca- 
tólica; hallándonos dispuesto á hacer todo lo que puede con- 
tribuir á su mayor bien espiritual. ¡Quiera Dios que bien 
pronto podamos abrazar y ver reunidos á Nos y á esta cáte- 
dra de Pedro, á los demás miembros de la noble nación búl- 
gara, principalmente á aquellos que tienen órdenes sagradas 
y que tienen altas dignidades eclesiásticas! Los búlgaros uui- 
dos, hijos amadísimos nuestros, nos han expuesto también 
8U8 votos por la conservación de sus ritos sagrados y legíti- 
mos, de sus ceremonias, de su liturgia y de su jerarquía. 
Vos, venerable hermano, confirmareis en nombre nuestro lo 
que ya les ha respondido el venerable hermano Antonio, Ar- 
zobispo Primado de los Armenios, á saber, que Nos les con- 
cedemos gustosos lo que hemos expresado y declarado 
claramente en nuestra encíclica á los Orientales, de 6 de Ene- 
ro del año de 1848. No dudamos que los búlgaros unidos 
continuarán sirviendo con la fidelidad propia de católicos á 
S. M, el Gran Señor, Soberano de Turquía. Participando todo 
esto á nuestros amados hijos los búlgaros unidos, y comuni- 
cáudoles nuestras letras, les participareis también que del 
fondo de nuestro corazón les damos la bendición Apostólica, 
haciendo también votos para todo lo que pueda labrar su 
verdadera felicidad y rogando incesantemente al Dios de 
bondad y de grandeza difunda siempre sobre todos la pleni- 
tud de los tesoros de su divina gracia. £n prueba del espe- 
cial amor que os profesamos os enviamos, venerable herma- 
no, la bendición Apostólica, así como a vuestro clero, legos 
y fieles todos confiados ¿vuestra solicitud. Dado en Roma, 
en S. Pedro, á2i de Enero de 1861. Año 15 de nuestro Pon- 
tificado. 

Pío IXf Papa. 



14 LA VERDAD CATÓLICA. 



LA CRUZ. 



"Yo soy la resurrección y la vida", dijo Jesucristo, y con 
firmó su palabra con rus obras. Conforme y resignado se en- 
tregó á la muerte por consumar U redención del mundo. El 
mundo había muerto por la culpa, y él exclamó con voz om- 
nipotente diciéndole: '*Lev4n^Ate, cadáver; es hora de resu- 
citar para que vivas en mí y por mí. Conmigo lo tendrás to- 
do, porque yo he atraído hacia mí todas las cosas para que 
tá las disfrutes, ¡hvántate, se han abierto tus prisiones, se 
han roto tus cadenas! En la Cruz está tu libertad!'* 

Así es. Jesucristo muriendo en la cruz nos da la libertad 
y con ella la enseñanza mas sublime. Nos presenta la 
cruz como la cátedra eterna de su verdad; nos muestra 
en ella la muerte del pecado y la vida de la gracia y 
que él es la verdadera sabiduría y el único centro de to- 
da felicidad. £1 deja la cruz como señal de 8*1 paeo por 
el mundo, como regio estandarte en derredor del cual se con- 
gregarán los pueblos, como puente misterioso por el cual pa- 
se el hombre del mundo de la naturaleza al mundo de la gra- 
cia. En la cruz prueba Cristo con su muerte lo grande de su 
poder, la verdad de sus misterios, su maravilloso amor de Pa- 
dre de los hombres, la virtud de su religión, lo heroico de su 
doble sacrificio, la derrota del error y el solemne triunfo de 
la verdad y déla fe. Cristo apóstol escribe en ella con su 
sangre su Evangelio; maestro, fija en ella la cátedra de su fe 
y su moral; sacerdote, el altar de su sacrificio, y rey, el trono 
perpetuo de su gloria. La cruz se eleva en el Calvario soste- 
niendo en sus brazos la santa humanidad de Cristo, y en ella 
son expiados todos los pecados. El mundo la ve como un iris 
de bonanza tras una noche de tempestad, como una estrella 
que en lo adelante alumbrará su marcha. Oye el hombre la 
voz del mártir que le dice que entre las espinas de la cruz 
hallará las ñores de la exaltación, en su amargura el placer 
verdadero y en sus brazos el refugio, con tal que negándose 
á sí mismo la tome sobre sus hombros y le siga. Se acoge el 
mundo á la cruz y á su sombra protectora ve sus rfipidos 
progresos y llega al conocimiento de la verdad. Criáto quie- 
re que la cruz sea visible á todos; la levanta en lo alto 



LX TBRDAD CATÓLICA. 15 

del monte de la mirra, para que todo lo -domine, para que 
alambre como sol fulgente á los mortales en las sendas tene- 
brosas de la vida. Desde entonces su luz no ha dejado de 
alumbramos. 

La Cruz es el árbol de vida plantado en e! Calvario, opues- 
to al árbol de muerte plantado en el Paraíso. El nuevo Adán 
al extender sus brazos en la cruz lava la mancha del viejo 
A4an que extendió sus manos para tomar el fruto prohibido. 
En el Paraíso un hombre, por la soberbia perdió á su lari(a 
deseeodencia; Jesucristo por su humildad la salva en el Cal- 
Tarío. El árbol del Paraíso fué causH de caída; el árbol del 
Calvario lo es de reparación. £n la cruz constituye el Sal va- 
dorla salud y salvación del mundo; ella representa el inmen- 
so amor de Jesucristo que apuró hasta Ins heces el tremendo 
cáliz que no pudieron apurar ni los ángeles ni los hombres. 
£n ella consume Cristo por el fuego de su Pasión hasta el úl- 
timo resto de la culpa origmal, da nueva forma á nuestro ser 
vistiéndole de gracia, de poder y de hermosura, y no* brmda 
anaftílieidad sin límites, preciosa iniciación de la futura fe- 
licidad. 

De aquí es que todos los bienes parten de la cruz, todo lo 
tenemos en ella. Este mundo es un mar á cuya opuesta ori- 
• lia se levanta la tierra de promisión; nadie pasará este mar sin 
embarcarse en la nave de la cruz, en esa nave que segiin un 
sabio de laépoca, tiene por timón la fe, por vela el Evang:elio, 
por enseña la verdad, por capitán á Cristo, por soplo el Espí- 
ritu del Señor que va sobre las aguas. La cruz está en las 
sendas de la vida como la escala de Jacob que apoyando un 
extremo en la tierra y otro en el cielo, conduce al hombre al 
Edén de las delicias inmortales. Si las aguas del mar del mun- 
do se convierten en amargas, será la cru:: el madero de Mará 
que las endulce; si un nuevo diluvio nos amenaza, ella será 
el arca de Noé que nos albergue; si viene á herirnos el 
enemigo, ella será para nosotroo como el cordón rojo que li- 
bró á Raab y los suyos de las iras de Josué; si envuelven 
nuescras almas las sombras del error, ella será la antorcha del 
templo que nos bañe con su luz; ella será, en 6n, la que mos- 
trando en sus brazos al Hijo de Dios, nos cure como la ser- 
piente de metal alzada por Moisés en el desierto, de las mor- 
deduras que nos causen las serpientes de fuego del pecado. 
Sea, por tanto, venerada la Cruz del Redentor; sea ensal- 
zado ese árbol de salud bañado en ol torrente inagotable de 
la sangre del Cordero, La cruz marcó la era de la regenera- 
ción aoiversal, en la gloriosa fundación del Cristianismo; eAla 



16 LA VERDAO CATÓLICA. 

marcha al frente de toda civilización y preside lostriun- 
ÍQs y adelantos de los pueblos. Ella vivirá siempre venerada» 
siempre gloriosa hasta el último momento de los siglos. Elli^ 
subirá al cielo después que el mundo desparezca, y allí reina- 
rá por toda U eternidad. 

¡Oh Cruz divina y sacrosanta! préstanos fuerza para llevar- 
te en nuestros hombros! sé tú la nube de Israel que nos con- 
duzca en el largo desierto de este mundo; clávenos en tus 
brazos el duro martillo del amor! Mp ramos de amor con aquel 
que en tí sufrió la muerte y muriendo nos dio la vida;reine- 
of Off con aquel que reina en tí, y á la sombra de su trono, 
diebajo de sus banderas, guardados por su brazo, ciñamos su 
corpna y gocemos de su amor. 

Antonio Enrique de Z(rfra. 



LA CIEVCIA DnriBíA, 
6 
n^wt el Aatipio y Mucto TetUmciit*!* 



XIV. 



Las ciencias y las artes se lo deben todo al cristianismo: la 
exacta aplicación de sus doctrinas ofrece únicamente ja per- 
fección "absoluta: porque fuera del cristianismo no hay mas 
que error y miseria, siendo los mejores ttístigos de semejante 
aserto los que, separándose del seno de la Iglesia, la han ele- 
vado á la mayor altura, mostrándola mas grande y manifes- 
tando á los hombres la omnipotente verdad de que contra su 
poder no pueden prevalecer las puertas del inBerno. Sí: la 
aaorosanta Iglesia; Esposa de Jesucristo y representante per- 
petua de su ley salvadora, tiene entre sus mas preciosas 
pmrogakivas la de padecer para brillar; siendo cada pa- 
otoioumtOt aÍQ que lo comprenda el incrédulo, permi- 



LA VBRDAD CATÓLICA, ' 17 

tído por Dio9 para un nuevo conocimiento de su glo- 
ría. Cuando la Iglesia llore, tiemble el impío: porque la Igle- 
sia 68 la figura continua de Jesucristo en la tierra, que tiene 
por precisión que padecer y sufrir para que el mundo reco- 
noica 8u naturaleza divina. Si la vida de Cristo fué llena de 
dolores y trabaji»s> la Iglesia que le imita debe ser necesaria- 
meóte lo mismo: de otro modo le faltaría la causa principal 
desuarTecentamiento, cuales la completa identidad, que 
debe haber de acción y pasión en Cristo y en la Iglesia de 
Cristo. 

Aplicadas al hombre en su particular estas mismas consi- 
deraciones, puede afirmarse que, «iendo imagen de Dios, si 
por Dios sufre no perderá el mérito de su padecimiento, por 
que Dios tiene ofrecido el premio á los que perseveraren en 
su santa Ley, y la palabra de Dio.«) es eterna y tiene que cum- 
plirse. 

Esto sentado ¿qué religión puede ofrecer mayores consue-^ 
lus que la cristiana? ¡Sufrir para gozar! y en esta idea se ve 
el compendio de la mas sublime y santa filosofía. ¡Sufrii«pa- 
ra gozar! Búsquese en los libros de losBabios del mundo, an- 
tes de Jesucristo, semejante doctrina, en Platón, que es el 
que parece ha sido inspirado por Dios para preparar al hom- 
bre á recibir la verdad evangélica, y dígase si se halla marca- 
do en sus obras ese bello, al par que grandioso sentimiento 
de resignación, que anima por solo el amor divino á sobre- 
llevar con placer los mas acerbos dolores. La historia nos 
presenta el martirio de Régulo, que por amor ásu patria su- 
cumbe con paciencia en medio de los mas atroces padeci- 
mientos. Pero esto, que parece un acto de sin igual heroismo, 
se mira señalado con el bastardo sentimiento de vanidad, 
que dio principio y causad tan terrible muerte. Pudo salvarse 
y Roma fué ia primera en pedírselo, mas el honor, mal com- 
prendido por Régulo, hace que voluntariamente se entregue 
á su enemiga Cartas[o, y Roma, aprovechándose del sacrificio 
7 los consejos de Régulo, pudo obtener repetidas victorias 
hasta alcanzar el completo vencimiento de su rival: y he ahí 
demarcada la índole soberbia de la ciudad del mundo. 

El heroismo que al hombre recomienda el Evangelio es 
el dominio de sí mismo, sin lo cual ningún valores perfecto, 
por referirse todo á esta pn^ciosa fuente de la verdadera gran- 
deza de alma. Dos caso8 principales puedeja servir de norma 
para aclarar en este punto nuestras sencillas consideraciones. 
Dice la historia que al pié del carro del conquistador, á quien 
se paseaba eo triunfo, iba un lictor, que en medio del gene- 

VII.— 3 



18 LA VERDAD CATÓLICA. 

ral regocijo y las aclamaciones del pueblo, llevaba la orden 
de repetirle á intervalos las siguientes palabras: Acuérdate que 
eres liombre. Palabras expresivas, que no solo le indicaban su 
naturaleza frágil sino que también le daben un prudente aviso 
para el porvenir, que podría ser funesto al mismo que tan vic- 
toriosamente celebraban, como aconteció á muchos, según la 
misma historia. Pues bien; para demostrar mas al vivo el con- 
traste de lo que acabamos de referir, se lee también ^ue 
los mártires, á quienes se debe creer dotados siempre de la 
mayor humildad por recomendar esta virtud la ley divina que 
profesaban, dirigían al Emperador romano antes de llegar al 
suplicio las siguientes palabras llenas de/iignidad y firmeza: 
César y los que van & morir te saludan. Esco es, César, los que 
van á morir han tenido el valor de despreciar tus inicuos man- 
datos, y poseidos del mayor entusiasmo, te saludan, porque 
van á comparecer y dar cuenta de sus acciones ante el Señor 
de todo lo creado, á quien tú impíamente has ofendido. Te 
saludan, para que viva en tf, siempre fijo, el recuerdo de tu 
maldad y procures la enmienda, convirtiéndote á Dios tu Sal- 
vador; te saludan en reconocimiento á la soberanía que te 
vino del cielo, á quien ofendes; y te saludan^ César, porque 
desde este momento dejan de pertenecerte para ofrecerse 
del todo á Dios. 

Así también, el hombre que cumple con la virtud, que es 
el amor firme y constante de un medio honesto, dirigido por 
la recta razón en cualauiera materia, puede decir al mundo, 
sucumbiendo al rigor ae sus males: te saludo lleno de seguri- 
dad y confianza/ porque á mi alma no la ha contaminado el 
crimen y mi corazón se alienta y alegra en Dios. 

Como todo lo que tiene relación con el cristianismo es de 
interesante referencia, hemos querido mostrar este lijero pun- 
to de la sangrienta historia de la persecución á los leales ser- 
vidores de Cristo, para hacer ver al lector piadoso que la sa- 
crosanta Iglesia tiene en sí misma, y en medio de sus mayo- 
res padecimientos, el sobrehumano poder, dado por Dios, de 
contrarestar lo« ataques del mundo. La Iglesia de los márti- 
res aun vive y vivirá hasta la consumación de los siglos: so- 
lo ha cambiado la forma de su padecimiento. Dejaría de ser 
Iglesia de Cristo, y por consiguiente divioa, si permane- 
ciera estable en delicia y tranqulídad. Recórrase la historia 
del cristianismo, y se verá que desde la fundación de la 
Iglesia por los Apóstoles ha sostenido ésta una continua 
lucha con el mundo, en la que siempre hia conseguido el 
triunfo. Simón ](ago, Anai^f^, ApoIonÍ9 Tianeo y otros, 



LA VBÉDAÚ CATÓUtiA l9 

que deide la poderosa infancia de la Iglesia de Cristo 
han atentado temerariamente contra su iníabílidad y gran- 
deza» DO bao logrado otra cosa que realzarla mas y mas á los 
ojos del mundo, siendo tanto mas alta su gloria cuanta mayor 
haya sido la persecución suscitada contra su divino establecí- ' 
miento. Por eso repetimos ahora lo que dijimos al principio 
de este capitulo: que los impfos, esto es, los enemigos de la 
Iglesia, han sido y serán siempre los principales motivadores 
de su constante gloria, porque así como el hombre tiene por 

Sirecision que vencer á su injust^ adversario para que el mun- 
le llene de laureles, la iglesia tiene aue combatir para 
obtener el premio. Ademas, la Iglesia, fiel depositaría de los 
tesoros del cielo y exacta imagen de Jesucristo, participa, si 
puede decirse asf, como su excelso fundador, de la humana 
j divina naturaleza. De aquí procede el que la Iglesia tenga 
padecimientos y trabajos, porque este fué el carácter que 
imprimió en ella Jesucris^, dándole ejemplo en su pasión y 
muerte, y que al mismo tiempo consiga el triunfo, por ser 
este el resultado fijo de la promesa eterna del Hijo de I)ios. 

(Continuará.) Rafael de Cárdenas y Cárdenoi. 



DE LA FE T DE 8Ü8 REOLAS. (1) 



I.-^BFIKICION DE LA FE CBl^lAVA. 

La fe es una virtud divinamente infusa en nosotros, 
mediante la cual prestamos plena acquiescencia á las cosas 
que Dios nos revela; en otros términos, es un don de Dios, 
que ilustrando nuestra inteligencia la dispone é inclina á 
aceptar todas la% cosas que nos son reveladas por él. Asf 
como el hombre, por medio de la luz natural de su entendi- 

(1) Hemos tomado esta brillante disertación de la revista romana AnaUeta 
Jmris Pont^ícU, que eon la debida censura religiosa sale de las prensas de la 
Fropaganda. 



ÜO LA VllftDAD CAT6LÍ0A. 

miento, juzga sanamente de la verdad natural y se encuen- 
tra dispuesto á dar asenso á los principios t^ue su razón le 
descubre, así también la inteligencia, alumbrada por la luz 
de la fe, juzga sanamente acerca de las cosas que hay que 
creer y se siente inclinada á dar asenso á las que Dios le 
revela. 

La fe, en cuanto virtud, tiene su asiento en la inteli- 
gencia cuyo acto es creer ó asentir, cuando la voluntad ae 
lo ordena. Esta, después de haberse determinado libremente, 
mueve á la inteliffencia, que de por sí permanece indiferente 
en presencia de dos afirmaciones contrarias, á aceptar la ver- 
daa revelada por Dios. Revelándonos Dios ló que hemos de 
creer de un modo misterioso, la luz de h. fe que esparee en 
la inteligencia no la convence bastante fuertemente para que 
esta deba necesariamente aseutir, sino que es preciso que la 
voluntad se resuelva y aunque por medio de un afecto que 
el Espíritu Santo le comunica, subyugue á su vez la inteli- 
gencia y le ordene que acceda, no sea que la falta de evi- 
aencia le impida adherirá lo que Dios le propone creer, se- 
gún lo que dijo el Apóstol en su segunda epístola á los Co- 
rintios: Redigentes Í7i captivitatem ommm intdlecium in obse- 
quium Christi. 

La necesidad de ese concurso de la voluntad está probada 
hasta la evidencia por estas palabras de S. Agustin; quien en 
su tratado 26 sobre S. Juan dice: *'Que los judíos no pudie- 
ron creer porque no lo querían," Y por la autoridad del Con- 
cilio de Trente, que declaró en su sesión 6?, cap. V.: '*Que 
los hombres están preparados para la justicia, cuaiido movi- 
. dos por la gracia divina, se vuelven libremente hacia Dios 
recibiendo la fe que se les predica, y teniendo por ciertas las 
cosas que les son divinamente reveladas y prometidas." 

Da lo que precede resulta que el acto de fe justificante es 
meritorio porque se halla ordeuado por la voliyitad. Esto hizo 
decir á S. A.nbrosb, ca(>. 17, epístola á los Romanos: *'Creer 
ó no creer pertenece á la voluntad. Nadie en efecto puede 
ser obligado á creer lo que no está patente á sus ojos; única- 
mente puede invitársele, porque no se le violenta, y ademas 
persuadirlo. Por tanto el que presta asenso es digno de re- 
compensa, como lo fué Abrahan, que creyó lo que no veia." 

Esto sentado, es fácil comprender cuíín vana es la preton- 
tion de los protestantes que han querido sostener que el acto 
á» fo justificante es un acto de confianza, la cual no es otra 
C^aa que cierto modo*de ser de la esperanza que reside en la 
Y^iuttad, mientras que creer es un acto que emana de la in- 



La VfiRDAÜ CATÓLICA. 21 

teligeoeia, cayo objeto es la verdad; es propio de la fe 
eoooebir, conocer, ^aber, creer y dar aseoso. Cosas todas que 
pertenecen verdaderamente á la inteligencia, según estas pa- 
labras del Apóstol (II. Corint., X): IncavtivitaUm redigen- 
Ut (mvun inUllcctum in obsequium Christi^ y Ilebr., ÍÍI.Jide in- 
idligimut aplata sesse sacula. Ademas, en la tercera epístola 
á los de Eíeso distingue muy claramente la fe de la confian- 
la, como causa la una y la otra efecto, cuando dice: In quo 
h/Biemui fiduciam^ et accessum in conjidentia per Jidem gus. 

La fe no es pues una confianza de nuestra voluntad, cuya 
función es propender en virtud de cierto atractivo á una cosa 
que se espera, sino un hábito, una facultad de nuestra inteli- 
gencia, por medio de' la cual creemos con certidumbre lascó- 
os que nos son reveladas por Dios. Creer, en efecto, como 
dice San Agustín (iib. de la Predestin, cap. II), creer no es 
otra cosa que pensar dando asenso, es decir reconociendo co- 
mo cierto lo que se nos dice. Notemos ademas que la espe- 
ranza y la confianza no tienen mas objeto que las cosas de- 
seables aún por realizar, mientras que creemos en cosas que 
ion males de temer ó hechos ya consumados. Existe eviden- 
temente ona diferencia esencial entre la fe y la esperanza. 
Por eso el S. Concilio de Trento, (ses. 6, can. XII) pronun- 
ció anatema contra los herejes que osaron decir: ''Que la fe 
justificante no es otra cosa que una confianza en la miseri- 
cordia divina que nos perdona los pecados por los méritos 
de Jesucristo, ó bien una simple confianza en virtud déla 
cual somos justificados por los méritos de Jesucristo." Por 
otra parte la Sagrada Escritura distingue también muy cla- 
ramente la fe de la esperanza, y por lo mismo de la confian- 
za: Nunc aufem manent fidcs, s-pes et chantas^ tria hac. (I Co- 
rint. XIII), Injide fandati elimmobües aspe Evangelii. {Ad 
Coloss. I). Ul Jides vesíra, et spes esset in Deo (Petr. I, 3). 

EquivocadarMnte, pues, dijo Erasmo en sus anotaciones 
al cap. XIII de la epístola á los Hebreos, contra el sentir de 
los antiguos intérpretes, que el Apóstol consideraba, no la fe 
teologal, tal cual la hemos definido mas arriba, sino la con- 
fianza, cuando dijo: ''Que la fe es la sustancia de las cosas 
que debemos esperar." Calvino y demás herejes, siguiendo 
á Erasmo, explican las palabras del Apóstol de este modo: 
'*La fe es la que hace que las cosas que se esperan existan en 
realidad." O bien: ''La fe es la posesión cierta y segura de 
aquellas cosas que Dios nos ha prometido, y pues las espera- 
mos, no las vemos. Aquel pues, dicen, tiene fe verdadera, 
qae cree, con persuasión firme y segura, que Dios le es pro- 



SS LA VERDAD CATÓLICA. 

picio, y se lo promete todo de su bondad." Maa paraprolMtf 
que en este pasaje quiso el Apóstol aludir con la palabra 
/e, no ya á la conGanza 6 la esperanza, sino á una humilde, 
sumisión del entendimiento'por medio 'ie la cual se cree en 
la palabra de Dios, aun cuando no se comprenda su signifi- 
cado ni plena ni evidentemente, basta recordar estas otras 
palabras del mismo Apóstol: Oportet accedenUm ad Deum^ 
credere, quia est. Y: Fide credimus^ aptata ¿sse sacula verbo D$L 
£1 Apóstol alaba en ese mismo lugar á los santos por la fe que 
tuvieron en la palabra de Dios, cuyo testimonio es infalible. 

n. — Origen de la fb« 

Ahora para dar á comprender mejor la primera parte de 
la definición de la fe, en que se dice que es una virtud infu- 
sa, es del caso investigar de dónde proviene la fe. Pues hubo 
en otro tiempo y existen aán en el dia varios errores acerca 
del origen de la fe. Vamos á exponerlos uno tras otro. 

El primero fué el de Tironio, que según se ve en el libro 
1? de la doctrina cristiana, cap. 33, por S. Agustín, pensó 
que nos era dado hacer buenas obras por el mérito de la fe, 
pero que la fe misma estaba en nosotros y por nosotros, de 
tal suerte que no era en nosotros un don de Dios. 

£1 segundo fué el de Vital que creyó que no se debia ro- 
ffar por los infieles, sino que bastaba predicarles la palabra 
de Dios, á la cual podian asentir por medio de la libre elec- 
ción de su voluntad sin necesitar para ello de un auxilio es- 
pecial de Dios. Pelagio y Celestio incurrieron en el mismo 
error cuando dijeron que la gracia de Dios, sin la cual nada 
bueno podemos hacer, no residía sino en el libre albedrio, que 
nuestra naturaleza recibió de Dios sin ningún mérito anterior 
por parte nuestra, y que el auxilio que reiibíamos de Dios 
se limitaba á aprender por medio de su ley y su doctrina lo 
que debemos hacer y lo que hemos de esperar. 

£1 tercero fué el de los que pensaron que nuestra natura- 
leza no era depravada hasta el extremo de no quecer ser cu- 
rada, así como también aceptar la verdad que se le propone 
ó rechazarla libremente; que por consiguiente no es necesario 
que Dios se anticipe á nuestra voluntad por medio de su gra- 
cia, ni que arroje en nuestro entendimiento una luz sobre- 
natural para ayudarle á creer, sino que basta que se nos ex- 
ponga la verdad, á la cual el libre albedrfo que Dios puso en 
Metros puede asentir, naturalmente y por medio de sus pro- 



> LA VEBDAD CATÓLICA. ;23 

pías fuerzas, si asf lo desea, ó bien negar su asentimiento. 
Porqae admitir que la voluntad de creer nos es dada, es se- 
gOD ellos negar á la predicación toda clase de poder y efi- 
cacia. 

El coarto error, parecido al precedente, era el de Iost]ue 
atribuían ciertamente áDios el principio de la fe, pero en 
tanto solamente cuanto nos mueve por medio de una gracia 
preventiva, nos persuade instruyéndonos, é ilustra nuestra 
inteligencia, permaneciendo sin embargo el acto mismo de 
ereer en poder de nuestro albedrfo que se resuelve, ayudado 
tan solo por un auxilio general de Dios. De donde resulta 
qoe dadas dos personas,prevenidas en igual grado por una 
gracia interior y exterior, la una asiente á la verdad que 8e 
le predica, y cree, mientras que la otra no cree y niega su 
aienso. Como también de dos personas que se hallen expues- 
tas á una tjgual tentación, la una persevera y la otra cae. Por 
eonsiguiente esos hombres pensaban qae el libre albedrfo del 
hombre aun caido, nada ha perdido de su valor y fuerza en 
sf, cuando se trata de contestar al llamamiento de Dios, 
aceptare! don que nos ofrece y perseverar en el bien, del 
mismo modo que puede igualmente resistir á aquel llama- 
miento, rehusar el don de Dios y escoger el mal, en otros 
términos, que el alma del hombre no se halla mas inclinada 
naturalmente hacia las virtudes que hacia los vicios. San 
Agustín (lib. de la Predest. do los Santos, cap. VIII) refuta 
exprofe$o esa opinión, diciendo que Dios, por medio de una 
gracia interior y especial, obra en nosotros el creer y el que- 
rer, de tal modo que el que no quería llega á querer, y que 
ademas por vías ocultas, sabe en su divina largueza derramar 
en el corazón de los hombres una gracia concedid.'> de tal ma- 
neraque ladureza del corazón desaparezca enteramente. Pues, 
dice S. Agustín, el hombre caido necesita absolutamente de 
nn auxilio que no solo lo ponga en primer lugar en estado de 
poder, puesto que sin él nada le es posible, sino también 
que ese auxilio sea tal y en tal proporción, que suceda que 
la voluntad del hombre quiera, obedezca, reciba el don de 
Dios, lo conserve en seguida con perseverancia, acceda á la 
verdad que se le expone y realmente crea. Y todas esus co- 
sas las obra Dios en nosotros de tal modo que no infringe el 
poder natural del libre albedrfo ni lo disminuye, sino que 
obrando de un modo que le es propio, mueve suavemente 
el libre albedrfo, lo gobierna, lo dirige y lo inclina al bien 
de modo sin embargo que el hombre conserve en su libre 
albedrfo la facultad de resistir, de suerte que al paso que 



34 LA VERDAD CATÓLICA. 

cree y da asenso á la verdad, puede no creer y negar so 
aaentimiento. Preciso es pues deducir con S. Agustín (lib. 
deBon. Persev. cap. VIII y cap. XIIT), que todo debe ser 
atribuido & Dios, el principio del bien y su complemento, el 
querer y el hacer lo mismo que la perseverancia en el bien: 
pues es mas perfecto perfeccionar que comenzar. • 

El quinto error es el de los que pretendieron que la fe qo 
debia atribuirse á los méritos de Jesucristo, sino á un don 
de la providencia general, del mismo modo que la Encarna- 
ción de Cristo no fué obrada por los méritos del mismo Cris- 
to, sino por una liberalidad de la providencia de Dios. Este 
error se halla refutado del modo mas formal por el testimo- 
nio de la Sagrada Escritura. Pues el Apóstol, en su epístola ' 
]? á los de Esfeso dice: Benedixit nos omni benedictione spiri- 
tuali in Christo. Ahora bien: la fe figura seguramente en pri- 
mera línea entre las bendiciones espirituales. En la epístola 
á los Hebreos: Aspicientes in auctoremjidei et consummatorem 
Jesum. Y en la epístola á los Fiiipenses: FobU donaíum est pro 
Christo, non solum ut in eum credatis, sed nti ctiam pro tilo jm- 
tiaminú Vemos igualmente en S. Juan, cap. XII, que Jesús 
oró por la conversión de los que debían creer en él, y pidió 
que la fe les fuese dada por los méritos -de su oración. 

El Concilio Mílevitano, (cap. IV), enseña que por los mé- 
ritos de Jesucristo nos da Dios tanto lo que hemos de saber 
como lo que hemos de practicar. Del mismo modo el Conci- 
lio de Trente enseña (ses. 6, cap. VII) que recibimos de Dios, 
por los méritos de Jesucristo, la fe, la esperanza y la caridad, 
y (cap. VI) que Jesucristo es la causa meritoria detoda nues- 
tra justificación, 

Y ciertamente no podría decirse que Jesucristo es, no la 
causa meritoria sino la causa efectiva de la fe y de las dispo- 
siciones á la justiñcacion: pues como enseña Santo Tomás, 
en todo cuanto se refiere á nuestra salvación, Jesucristo nada 
obra en nosotros que tío nos haya igualmente n^erecido, pues- 
to que la pasión de Jesucristo es el remedio universal para 
curar los males de la humanidad. La mÍ9ma doctrina se en- 
cuentra eaS. Agustín (li^. I de las Confesiones y lib. de la 
Persev, de los buenos, cap. VII) cuando dice: Fid^m dedisti 
mihi^ quam inspirasíi per humanüatem Filii tuL En fin ¿no dijo 
el mismo Jesucristo (S. Juan, cap. XV): Sine me nihil potes- 
tisfacere'i Ahora bien: querer creer ¿no e» algo bueno? 
V Refutados todos los errores precedentes, es preciso pues 
creer con entera certeza que la fe jpor medio de la cual so- 
mos cristianos, tanto la que es periecta como la que solo hisk 



comenzado, y lo mismo !a que es viva que la que es muerta* 
ei QQ don que Dios dos hiso por los méritos de Jesuorísto, 
La fe, ya iniciada, ya perfecta, es un don de Dios» pero un 
don qae Dios no da á los que no lo quieren, según estac ra- 
labras de San Agustín (lib. de prsedest sanct cap. lu): 
Oírmque eredere et velle bonum^ Dei est^ guia ipte prospitírat 
fUnUatemj »*t utmmque noürum, quia monjía niti voUntibu» ñM$. 
T(cap. IX): Fidti igüur et inehoata et perfecta, don%m Dei 

(Finalizaré.) 



DE Oficio. 

SECRETABIA DEL OBISPADO DE LA HABANA. 



YsloBtarla aMeitaperelfescBa. é lltaM. 8r. i l Jiis a flif»r <s 
ftwmíf SaBtfriaa Padre Pleleae. 



Relación de las personas y cantidades que cada una ha entregado 
para el expresado Meto en esta Secretaria de Cámara y 
Gobierno. 



Parroquia de ascenso de Quivican. 



Ps. Cti. 

Su ma anterior 51.263 41 i 

Pbro. D. José Anastatio 

Miyaya, Cara párroco.. 34 „ 
Doña Marfa de Loreto 

Armenteroi- 34 ,, 

D. Felipe Varcarcél 17 „ 

i> M. V. P... ---..-- ... 17 „ 
ff Franeiseo Rodríguez 

Espinosa 8 50 

,t Joan Izquierdo 8 50 

., Boiifacio de Belén 

DaTÍd 8 80 

„ PoTÜrío Camerían — 8 50 
,, Sixto María Du», Di- 



Pi. Ctr 



reetor ^e la etenela prí- 
mana 

Una persona qae oealta sa 
nombre 

Df Josefa Vifias de Tron- 



D. José María Dadfiaz... 

„ J. R. deE 

,, Esteban Pérez Saaar 

bria 

„Manael González Del- 
irado 

Doia Teodora Pejnido . . . 
„ JiíftmPelahwiír— • 
VIL — 4 



55 

55 

II 
25 



4 35 



35 
35 
35 



26 



LA VBSDAD CATÓLICA. 
Ps. Cto. 



D. Pedro Riera y Serra.. 4 

„ AbdonValdét 4 

„ Juan García Palomo.. 4 
Dolía Martina Fernandes 

jberuiana 4 

„ Andi éu Saooh«»E 4 

M Juan Francisco Villa- 
verde 4 

., Vicente Torres Diaz.. 4 
„ Patricio Agustín Re- 
galado 4 

,» José Zamora 4 

„ Néstor Julio Monte... 4 

M Norberto Remís 4 

„ Agustín Pantaleon San- 
tana 4 

„ Ricardo Severo de la 

Quardia 4 

,1 Maximiano León Diac. 4 

„ José de la Lus Piedra. 4 

Ofrenda reservada 4 

Ídem Ídem 4 

„ Antonio Díaz 4 

„ José Saturnino Gómez 

Leal 3 

„ Gumersindo Placencia. 3 
„ José González Manzo. 3 
„ Antonio Quintero.... 2 
M Francisco B. Quintana. 2 
Moreno Ubre Celestino Pé- 
rez 2 

D. Federico Alvarez 2 

Doña María de las Merce- 
des Martínez 2 

„ José Antonio Xenes.. 2 

„ Joaquín Palacios 2 

M A gustin Palacios 2 

„ Higinio Borotil '2 

Doña Juana Borotíl 2 

D. JoiȎ Ladislao Sancbez 2 
„ Ensebio Rodríguez Si- 

gler 2 

u José Rodríguez Sigler. 2 
„ Higinio Fernandez De- 

labanty 2 

„ José San Juan 2 

„ Antonib Oordovés 2 

„ José Valdés 2 

M Toribio Rddrígnex.. . . ' 2 
„ Marcos Leopoldo Her^ 

mesilla 2 

DoñaVictoríana de Regla 

Gil 2 

D. Servando Hernández 

Guerra 2 

„ Serafin Proto Valdés 

Palacios '. 2 

Doña María L. Monte. . J, 2 
D. Leonoio Guillermo de^ 



25 
25 
25 

25 
25 

25 
25 

25 



25 

25 

25 
25 
25 
25 



50 

50 

374 

50 

50 

50 
12é 

124 
124 
124 

a 

m 
m 

184 
12i 

121 
124 
124 

w, 

124 

124 

124 

124 
124 



Pi. Cti 



124 



2 184 



Armas 2 

„ Gregorío de los Santos 

Gutiérrez. 

», Francisco Magdaleno 

de Vargas. 2 

Doña María Cleofe Valdés, 2 

„ Maríana P. de Guerra. 2 

D. Martín José Mulier... 2 
„ Liberato Sabas Mar- 
tínez -2 124 

una ofrenda reservada... 2 12i 

Id.id.id 2 124 

Id. id. id 2 124 

Id. id. id 2 124 

D. José M. Campos 2 124 

„ Valerío P. Rodríguez. 2 124 

., Pedro Castro 2 l^ 

Doña Desidería J. Roy... 2 '^~ 

D. José Olallo Pereira. ... 2 

H Felipe V. Senjndo 2 1! 

„ Sebastían Mora Guerra 2 í 

Doña Rosalía Camila Puig 2 1! 

D. Juan de Mata Peres j 

Sánchez 2 124 

n Felipe B. Labrador... 2 124 

., Silverío M. Gutíerrez. 2 124 

Doña Sofía Salomé Riera. 2 124 

„ MauríciaG. Torres... 2 I24 

D. José Ufredo Oliva.... 2 124 

„ Ramón Eleno Saldaña. 2 12i 

„ José M. Borges Acosta. 2 12? 

,, Honorato Pedrero 2 1^ 

, , Hipólito J de Aguilera. 2 12| 

,, Guillermo Galiodo ^ ^^ 

„ Cristóbal G Peres. . . . 2 12" 

„ Remigio Val verde 2 „ 

Doña Ménica B. Marrero. 2 „ 

D. Rodrigo M. Ramos 2 „ 

Doña Margaríta Velix de 

Soto 2 „ . 

D. Bernardo Añero 2 „ 

„ Felipe Paz de la Riera. 2 „ 
,, Ennque Acevedu FaU 

con 2 „ 

Doña Teófila Eustaqnia 

Alfooseca 2 „ 

D. José de la Trínidad 

Fleitas 2 „ 

„ Atanasio Contrera Or- 

tíz... 2 „ 

,, Gii Bautista Arencibia. 2 „ 

„ Jusn Alfonso Ledesma 2 „ 

„ José de Castro 2 „ 

Doña Pantaleona Lopes 

del Monte 2 „ 

D. Gerónimo Rodríguez.. 2 „ 

„ Eleuterío Ríos. 2 „ 

„JoséRomero 2 „ 

,, Bonifacio G. Palmer.. 2 , 



La VKBDAD GAtÓLlCA» 



t)i8iliidon,O.FaiÍM.. 
nJoiefiídeLeoD 

I>.JoiédeiB.B«itÍ8to.. 

MalüreetaV.Goniet. 

^EotinioJ.dflAiXNita. 

Mi PntdeaeU F. Gime» 

•lei 

nOregoriaE. Delgado.. 

D-fiiodiloJotéMilio.... 
n Deiidarío Heraaoilex.. 
nMMQHlEchasabaL... 
» JoiéCIiro Ollero.. -. - 
nOottitloGooxaleí Man- 
ato 

«•Segundo Alfonao-, 

f.mii6ldeIaO.Barrioa 
« Victoriaiio Vallador, 
<^itui jaez pedáneo.. 

»^r¡lo Peres Casas.... 

«Víctor García. 

«Tomai BImooo 

» pomiogo Lopex 

"JwuniUrtinex 

\Í^ Teófilo Martines 

^<*ego 

n .'itrtin Bodríffaes £■- 

Paoía. :. 

«¿«■é del Carmen Mar- 

*ffltt Capote 

•• Juio Haonel Salgado 

ri Pedro Ifartínez Capote. 

nJoié de la Cuesta. 

n Pedro Simanco 

II Stotiago de León 

fi UumA Fabián Días . . 

I» Law Guerra 

.1 Jaao FranciMo AcxMta 

I^oóa María Zacarías Gon- 

njes. ..•..•^•«.. .... 

D.Pedro Infante 

u •nao Goczalez Donoso. 
n Miguel de Cárdenas y 

A](£ar 

n José Trinidad Hernan- 
dos 

„ Gabriel Rodrigues.. . . 

DoSa Bosalía Arendbia. . 

D. Cesáreo Hernandos... 

„ Franeiseo Solano Bo- 

▼el 

Noere eselaTos de Cárde- 
nas 

Díes 7 seb de id. id 

D. A. Leocadio Snis 7 Aj^ 

riera 

H AotonloRois 7 Arriera 
Pttfdo libre LeondoGoar- 



Fa. 


Os. 


m-^m. 




3 


n 


3 


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9 


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9 


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2 


ff 




8 



50 
50 
S5 
95 

85 
85 
181 



90 

90 
80 

871 
75 



rié 75 

Parda Bfariana Días 75 

D. Bartolomé Padrón. . . . 60 

„ Manuel Dias Llanos.. 50 

tf JS« H. S.. .....> ..-•.. 50 

M Febpe Hernandos 50 

t» Joaquín Martínez Gus- 

man 50 

„ Manuel de Jesús del 

Carmen Alonso. 50 

„ Leonardo Sancbes.... 50 
„ Celestino Hernandos 

Perdomo 50 

„ Salvador García 50 

„ José Ramón de Torres 60 

., Camilo Fidalgo 50 

„ Manuel AramUt 50 

„ Pablo Dias Regalado . . 50 
„ Ángel Lorenzo San- 
ches 50 

„ Juan Valdes Mimpier 

res 50 

„ Blas Fernandez 50 

„ Juan Ros 50 

„ Mateo Luis Abila. 50 

f, Antonio Lorenzo 50 

M Juan Dam 50 

DoBa Teresa Alonso 50 

„ Carlota Dam. . ^ 50 

D. Francisco Piloto 50 

„ Joaquín G. Lugo 50 

„ Domingo Torres. 50 

„ Antonio Hernández 

NaTarro 50 

Cinco negros esclavos de 

Yaldes Arostegui 50 

D. Salvador Frigola 50 

Doña Filomena C rus 50 

„ Agustina Fernandez.. 50 
D. Pablo Díaz Yaider- 

rama 50 

,, Ramón Zacarías Ro- 
dríguez 50 

„Si3vador Torres 50 

Dofia María de las Merce- 
des Armeoteros 50 

D. Francisco Javier Cruz. 60 

„ José Dias Reyooso. .. 50 

M Nemesio R Martines. 50 

„ Roque Costa 50 

„ Francisca Boligan 50 

„ Pedro Pablo Sorí 50 

Doña María de Belén Del- 
gado 50 

„ María de la Cancíela- 

riaAoosta 50 

D. Mignel de Torres. 50 

Dofia Leocadia de Cér 

dova 50 



28 



L4 VKRDÁD CATÓLICA. 
Pf. Cts. 



D. Amode Rodrigues.... 50 

„ Maoael Rodríguez Mar- 

tlnei 60 

„ Vicente R. Martínez . . 50 

u OristAbtl Rodriguei 

Bíartinez ^ 50 

u Miguel Rodrigue! Bar- 
rera 50 

„ Manuel G. Hernan- 

det 50 

Dofia Juliana NuBo 40 

D. Jote Agustín Peiei,.. 97 i 

,, Lorenso Etttinoea 25 



D. Joaquín Fernandez de 

Sota 

„ Antonio Hemandei 

Navarro 

„ Lúcaa Arteaga. 

Bofia Eusebia de Ar«ia. .. 

„ JoMfa Gutierres 

D. Joaquín Fernandez Cor- 

dovet* 

„ Clemente Lazando 

Moreno Ubre Eusebío 

Alonso 

Morena Teodora Gaitaa. 



Ps. Cti' 



95 



86 
95 



95 
95 

90 

10 



Suma. 51.76B 94 

bbana 5 de Mayo de 166|.— PMf« 8anek»t, secretario. 

(ConUimará.) 



PEQíSAKIEIfTO. 



Cada vez que la consideración se fija en esa locha constan- 
te que sostiene la Iglesia de Jesucristo con sus propiDs hi- 
jos que la humillan y desconocen, el cristiano sincero se 
siente abrumado bajo el peso de un mal enorme con que 
aquellos agravan la situación moral y religiosa de la socie- 
dad cristiana. Quisiera persuadirse de que son delirios mas 
bien que realidades los nachos que ve y palpa; quisiera per- 
•uadirse de que sus sentidos le engañan cuando toca sus tris- 
tes efectos; tan grande es su enormidad y tantos también los 
gérmenes de mal q^ue en sf contienen. 

J. i. Víctor Eyzagtiirre. 



SECCIÓN LITERARIA. 



aBOUBBLDO DB ITALIA. 




'AY aobre las bellas colinas que forman ancha base á 
los altos Apeninos una antigua ciudad cuyo nombre 
sobre toda la tierra ha resonado. Envuelta al princi- 
pio en las sombras de un misterio ya impenetrablot 
se afirmó como en las rocas del océano, y tendió lue- 
go sus brazos de gigante para coger de los pinos del 
Norte, y de las palmeras del Mediodía y de los laureles de 
Oríente, coronas inmortales con que ceñir sus augustas sie- 
nes. Fuerte primero con la dura deznudez del pobre y arma- 
da luego del hierro del guerrero, armas y desnudez cambió 
por la púrpura perfumada. Los labios que el agua pura y los 
toscos frutos de la tierra saborearon ávidos, luego buscaron 
el fruto embriagador de la uva y pidieron á distantes climas 
sus raras producciones. 

Débil y enfermiza cayó, cayó rodando como gastado ebrio; 
cayó en el polvo y de látigo herida por bárbaras manos. 

£1 tiempo, avergonzado de tan tremenda caida, echó á pu- 
ñados la tierra sobre el trofeo y el templo, fermentó la vola- 
dora semilla 7 regó la yerba indiferente, desprecio de las 
ruinas. Pero ea medio w tamaño desastre una mano babia 



/ 



30 LA VÉBDAl) CATÓLÍOA. 

escrito el nombre de aquella ciudad con caracteres ie ítitf 
dtí luz vivísima cuyo resplandor, sereno y suave, se extendió 

f^or todas las regiones hasta donde había antes llegado el 
ulgor de la espada. A las antiguas coronas sucedió un humilde 
madero bañado en sangre preciosa de una raza regenerada. 

Atacada en cien combates, maltratada, saqueada, hambrien- 
ta, la ciudad nueva fué el corazón de un continente entero, 
fué el alma de la tierra cuyo brillante sol la calentaba. Coa 
la espuda de la justicia en una mano y pacíficas palmas en U 
otra, su voz se oyó en medio del tumulto espantoso de las 
naciones que querían organizarse, como, roto el dique, pre- 
cipita el torrente sus aguas atropelladas en buscade su na- 
tural equilibrio. Su brazo fué el que contuvo y lanzó de nue- 
vo á los desiertos de Libia al árabe enemigo que hubiera coa 
su credo cerrado para siempre las santas puertas de la Reli- 
gión y la Libertad. Así aquella ciudad que antes dominara 
el mundo para subyugarlo, dominábalo ahora para rescatarlo 
de la esclavitud y la ignorancia. Así cuando la humanidad 
toda yacia en el caos, la luz de aquel nombre era el único 
faro encendido, la única lámpara de saber, el úuico rayo de 
libertad. Al rededor de esta luz, inmóvil, segura, imperece- 
dera, fueron poco á poco agrupándose los seres pri vi legados 
que anunciaron á las futuras generaciones el renacimiento; 
la noble figura de Carlomagno, la mirada mística de S. Ber- 
nardo, la laureada frente pálida de Dante, la coronada de Al- 
fonso, la mano inspirada dé Giotto. 

La ciudad caida, abandona«1a en política, se levantó coa 
una existencia nueva, una influencia hasta entonces en el 
mundo desconocida, y separada de todo punto de la antigua 
influencia guerrera. Ocupaban el trono ae la ciudad varones 
elegidos, débiles por su edad, fuertes por su carácter augusto, 
jefes espirituales de las naciones, depositarios de la ciencift 
divina y del saber humano. ¿Qué mucho que en los rudos 
combates de una raza entera por organizarse, se volviesen 
todos los ojos á aquellos jefes neutrales para dirimir coa- 
tiondas entre los fuertes, parala protección del débil oprí- 
luidoX Todo lo que en ciencias morales y físicas, todo lo que 
011 las artes producia el hombre, pasaba por sus manos. La 
división del territorio, los tratados internacionales, la Divina 
(\MUodia, los dibujos de Cimabue, los trazos de Galileo, el 
\Ua|Mi«on do Guy d' Arezzo, los mapas de Colon; todo iba á 
av)U«»Ua ciudad á recibir la aprobación ó desaprobación del. 
h^ubr^ quo representaba la inteligencia de aquella época 
mtriitiifcL Si sus decisiones en ciencias humanas no fueron del 



LA VBBDAD CATÓLICA. 31 

todo acertadas, calp^ fué de aquel la tenebrosa edad; y ¡cutfn- 
toiyeceéla mano temblorosa de aquellos indefensos uncía- 
008 hizo envainar la espada de fuertes guerreros, movidos 
por la ambición y la venganza! 

, La gran ciudaa caida, que de capital del mundo se habia 
convertido en pobre capital de un insignificante ducado, 
rijbajo estos ancianos reverdecer sus laureles, no ya cubier- 
tos con la sangre de la conquista. Cuando por toda la tierra 
penetró la luz que partía de aquella ciudad de las colinas 
italianas, ya esta descolló también por su grandeza. La cúpu- 
la atrevida que levantó Miguel Ángel, burlándose de la ar- 
quitectura del Panteón, parece hecha para recibir una asam- 
blea compuesta de los genios de toda la tierra. Los caidos 
obeliscos volvieron á encajar sus misteriosas puntas en las 
oobes; cubriéronse las paredes de pinturas inmortales y des- 
deau libre torre el sucesor de Q-alileo arrancó al firmamento 
▼oces desconocidas. 

Las caravanas del desierto descansan junto á las ruinas 
abandonadas de Ninive, Babilonia y Palmira; el mar se estre- 
lla en silencio sobre las playas de Tiro, un grupo de mezqui- 
nas casas sombrea el asiento de Atenas, un pedazo de muro 
señala al viajero el sitio de Cartago; pero entre las ruinas de 
la ciudad de Italia se ha levantado otra ciudad donde todas 
laa^neraciones modernas han dejado su estampa de un mo- 
do imperecedero. ¿Quién ha forjado esta maravilla? No es la 
posición ventajosa para el comercio; pues ni tiene puerto, ni 
estáá la entrada de grandes llanuras agricultoras ó á la bo- 
ca de caudalosos rios; no es la posición política, pues se ha- 
llaá larga distancia de los puntos estratégicos por donde el 
eztrangero ha amenazado la península italiana; no es el cli- 
Doa, porque su pantanosa comarca pone pavor á los habitan- 
tea; no son las riquezas del suelo ni las que encierra en sus 
entrañas la tierra. Si la ciudad de las colinas de Italia es es- 
pléndida cuando sus compañeras yacen en el polvo, es por- 
que ha habido en su seno un alma fecunda y vivificante que 
con los años reverdece. 

Sus venerables ancianos, escogidos en todas partes y en 
todas condiciones, conservaron en ella la esperanza délas 
Daciones; corrieron con ella los siglos déla regeneración; y 
hoy se presentan todavía á su cabeza ante este siglo XIX 
que cree haberlo hecho todo, como si por décadas se escribie- 
ra la historia de la humanidad. Y se presenta herida, mal- 
tratada, escarnecida por sus hijos; heriaa, maltratada,' escar- 
necida por el extrangero. 



32 L4TBRDÍD GlTéLICA. 

Tráiganse á plaza motivos de conveniencia polftiea; caiga 
la censura sobre los que en cualquiera estado y condición 
fueron infieles ala confianza que Dios ó los hombres en ellos 

{msieron; pero descubramos la cabeza respetuosamente ante 
os PAPAS, que con áncoras inmortales salvaron á ROMA 
del naufragio universal y dieron pulso á la sangre del man- 
do moderno. 

E. QuitéroM. 



LA ESCARVACIOn. 



•• — ¡Dios te salve!" — te dijo en blando acento 
£1 ángel del Señor, bella María, 
Mientras la fuente del amor corría 
Del portento de Dios á tu portento, 

" — Cúmplase en mí su soberano intento" — 
Tu corazón humilde respondía, 
Mientras el ámbar de tu voz subía 
Desde tu casto labio al firmamento. 

Por mi! y mil espíritus llevado 
Tu dulce nombre va de gracia lleno 
Fijando en las alturas su prestigio, — 

T queda el orbe absorto, anonadado, 
En tanto ¡oh Virgen! que en tu puro seno 
Consuma el Verbo su mayor prodigio. 

^. Zambrana 



LA VERDAD CATÓLICA. 



EL ARREPBJHTIMUEBITO. 



Clemente Dios, ante tí, 
Pecador arrepentido. 
Postrado mírame aquí; 
Pésame haberte ofendido, 
Ten, Señor, piedad de mf. 



Mis graves pecados fueron 
Las cuerdas que te azotaron, 
Crueles espinas se hicieron, 
Y en clavos se trasformaron 
Que en la Cruz te suspendieron. 



La llaga de tu costado 
Do el agua y sangre brotó 
Con que me has regenerado, 
Mi impura lengua la abrió, 
Por ella fuiste lanceado. 



Y pues con tanta impiedad 
¡Oh dulcísimo Señor! 
Y tan bárbara crueldad 
Pagué tu entrañable amor 
Colmando mi iniquidad; 



No acuses, ¡ay de mi! airado. 
Mi ingratitud y malicia, 
Ni descargues irritado 
£1 brazo de tu justicia 
Sobre el que ves h^tpil^a^o, 

vn.— 5 



H LA VERDAD CATÓLICA. 

Los yerros que cometí 
Causan hoy mi confusión; 
Mas si ya me arrepentí, 
No me niegues tu perdón^ 
Compadéciete de mí. 



Indigno es, Dios de bondad, 
De tu enojo soberano, 
En su torpe ceguedad, 
Un miserable gusano 
Que insultó tu Majestad. 



Por esto y que en perdonar 
Tu gloria mayor estriba, 
Confio q^ue me has de dar 
De llanto una fuente viva 
Para mis culpas borrar. 



iOh quién, en cambio. Señor, 
De tanto que te ha ofendido. 
Te amara con tal ardor. 
Que muriera consumido 
En las J lamas de tu amor! 



Enciende ¡oh Jesús! te ruego. 
En mi corazón helado 
Ese ardientfsimo fuego, 
Y haz que, en él purificado. 
Espire en tus brazos luego. 

(La España.) Antonio Miguel Romero. 



Oi.. 
LA VERDAD CATÓUCA. M 



ABTI8TA RELIGIOSA. 



GOKSIffTOBlO 8ECRET0 DBL 18 DE MARZO DE 1861 . — Su San- 
tidad el Papa Pió IX celebró el dia 18 de Marzo en el pala- 
cio del Vaticano» según sabrán ya nuestros lectores, un con- 
tiatorío secreto en eí cual, después de una alocución, propuso 
las Iglesias siguientes iLa IgU$ia metropolitana de Valencia^en 
Etpaña^ para el Ilimo. Sr. D. Mariano Barrio y Fernandez, 
promoviao de la sede episcopal de Cartagena. — La Iglesia 
metropolitana de San Salvador de la Bahía de Todos los Santos^ 
en el Brasil^ para el Ilimo. Sr.D. Manuel Joaquín de Silveira,. 
promovido de la sede episcopal de S. Luis, en el Marañen. 
— La Iglesia ínetroptditana de Auch^ en Francia, para Monse- 
ñor Francisco Agustín Delamare, promovido de la sede epis- 
copal de Lufon. — Iaií Iglesias catedrales unidas de Viterbo y 
Tifscfinella, en los Estados Pontificios, para Monsepor Cayetano 
. Bedini, secretario de la Ssgrada Congregación de la Propa- 
ganda, trasladado de la Iglesia arzobispal de Tebas, in par- 
tibus infidelium- — La Iglesia catedral de Ñevers, en Francia, pa- 
ra Monseñor Teodoro Forcade, trasladado de la sede episco- 
pal de la Guadalupe ó Baja-Tierra. — La Iglesia catedral de 
Annecyj en Sabaya, para el R. D. Claudio María Magnin, Pbro. 
de la diócesis de Aunecy, Superior del Gran Seminario, etc. 
— La Iglesia catedral de 2'royes, en Francia, para el R. D. 
Manuel Julio Bavioet, Pbro. de París, y Vicario general de la 
mitftna ciudad y arzobispado. — La Iglesia catedral de Soissons, 
en Francia, para el R. t>. Juan José Christoplie, Pbro. de la 
diócesis de Saint Dié y cura de La Chapelle Saint Denys, en 
Paris. — La Iglesia catedral de Bya, en Portugal, para el R. 
D. Antonio de la Trinidad Vasconcellos Pereira de Mello, 
Pbro. de la diócesis de Braga, etc. — La Iglesia catedral de Go- 
yaZf en el Brasil^ para el R. D. Domingo Quiriuo de Souza, 
rbro. de la diócesis de San Salvador de la Bahía de Todos 
los Santos y auxiliar del cura de Estancia, en la misma dió- 
cesis.— ¿a Iglesia episcopal de Ibora in partibus infideltvm, pa- 
ra el R. D. Adriano Wlodarski, Pbfo. de la diócesis de Bres- 
laa, canónigo de la catedral} y diputado sufragáneo de Mon- 



36 LA VERDAD CATÓLICA. 

señor Enrique Forster, Obispo de la misma sede. — Eq segui- 
da anunció S. S. la elección siguiente, hecha desde el último 
consistorio hasta este: Coadjutoría con futura sucesión de 
Monseñor Emerico Osego^'ich de Barlabassevecz, Obispo 
de Segna y administrador perpetuo de Modruza, en Dalmacia, 
en favor de Monseñor Wenceslao Soic, Obispo de las sedes 
unidas de Belgrado y Semendria, en Servia. — En fin la ins- 
tancia del sacro Palio fué hecha al Padre Santo para las Igle- 
sias metropolitanas de Valencia, San Salvador de la Bahía de 
Todos los Santos y Auch. 



Iglesia monumental que debe construirse en aquis* 

GRAN en memoria DE LA PROCLAMACIÓN DOGMÁTICA DE LA 

INMACULADA CONCEPCIÓN. — Seguu lecmos en una correspon- 
dencia de Alemania, las cantidades recolectadas para la edi- 
ficación de la iglesia votiva que está construyéndose en Aquís- 
gran, en memoria de la definición del dogma de la Inmacu- 
lada Concepción de María, ascendían á la suma de 82.178 
talers. Si sigue en aumento el celo de los habitantes de Aquis- 
gran, añade la misma correspondencia que la ciudad Caro- 
lina, que ya posee uno de los nr.a«: antiguos santuarios de Ma- 
ría, verá levantarse el mas hermoso monumento elevado en 
honor de la Santísima Virgen en los tiempos modernos. 



Exposiciones dirigidas al padre santo por los caba- 
lleros Y LAS SEÑORAS DE LA CIUDAD DE MILÁN. — He aqUÍ, 

aeguD el Diario de Itotna^ el doble documento dirigido á S. S. 

f>or las señoras y caballeros mas notables de la ciudad de Mi- 
an. La exposición de estos últimos dice. así: ''Santísimo Pa- 
dre: Que en medio de tantos hombres perversos como desco- 
Q0C6D la magostad de vuestro poder soberano, la justicia de 
vuestras decisiones y el martirio de vuestra vida, se eleve 
mayor número de católicos para presentaros con sus ora- 
ciones y «US ofrendas el testimonio de una piedad ver- 
daderamente ñlial, es ya un triunfo gloriosísimo para vos, 
Y estamos ciertos de que Dios lo completará por medio de 
U TÍcloria dada á la fe y la paz devuelta á la Iglesia, en el 
áia filado por su Providencia y su bondad. — Mas nuestro co- 
nHOQtie M Wttai Santísimo Padre, espera con impaciencia 
TttMQM todos gocen en breva de ese triunfo completo, 



LA VERDAD CATÓUCA. 87 

tsDto mas cuanto que los enemigos de todo derecho divino 
y humano, hacinando injusticias sobre injusticias y añadiendo 
áflus sacrilegios otros mas horribles aún, se afanan por arre- 
batarnos hasta la esperanza. Esto nos hace sentir mejor el 
deber apremiante y el deseo de multiplicar nuestros esfuer- 
«M por acelerar dicho tnunfo- — Por tanto nos hemos humi- 
llado interiormente y hemos exclamado: *'Con justicia su- 
mos castigados, pues hemos pecado. Hagamos pues peniten- 
cia. ¡Quién sabe si el Señor no se dejará mover á compasión, 
n no abreviará el tiempo de prueba, y no hará que brille de 
pronto el dia de alegría y acción de gracias!" Como pecado- 
re8, pues, pedimos una penitencia solemne, que pronuncia- 
da por la autoridad del Oráculo supremo, sirva de compen- 
sación á los excesivos desórdenes y á los escándalos de nues- 
tros desgraciados hermanos. Pedímobla todos juntos, con un 
mismo corazón y un mismo espíritu, para que suba hacia el 
cielo como un solo y único sacrifício bastante poderoso para 
hacer violencia al corazón de Dios. La imploramos de vos, 
oh Vicario del Dios que perdona los pecados y salva al mun- 
do. Esa penitencia, aRÍ lo esperamos firmemente, por los mé- 
ritos de Jesucriáto y de la Virgen Inmaculada, aceler&rá el 
fruto de la oración y las ofrenda?, vuestro triunfo y el de 
vuestra santa causa, que es la causa de la religión y de las 
naciones, de los príncipes y de los pueblos. Esperando esa 
gracia con humildad y confianza, besamos vuestros pies sa- 
grados. Y Vos, Pontífice, Rey, Padre, bendecidnos, á fin de 
q«ie siempre seamos, ante Dios y ante los hombres, vuestros 
hijos muy humildes, obedientes y sumisos." — {Siguen las 
famas.) — La exposición presentada por las señores está con- 
cebida ei: estos términos: ^^üratio autcmjiebat sine infermis' 
tione ab Ecclesiu ad Dtum pro eo. (Act. Apost. c. XII, 5.) 
Cuando el sucesor de Pedro, el vicario de Jesucristo, se ha- 
lla afligido por tantas amarguras, lasque abajo firman sien- 
ten ia dulce obligación y el irresistible impulso de su cora- 
zón, de seguir el ejemplo de los primeros fieles, multiplican- 
do las oraciones por su primer Padre y Pastor. Oblíganse, 
mientras duren estas tristes circunrtancias, que tan dolcro- 
samente acibaran su alma, á acercarse á la comunión en uü 
dia designado, á fin de que no trascurra uno solo del mes 
sin que ese tributo de propiciación sea ofrecido por ellas al 
Señor. — Al rendiros este acto de homenaje con todo el fervor 
de su corazón. Santísimo Padre, imploran para sí y sus tarai- 
jias la bendición apostólica." — {Siguen lasjirmas). 



38 la verdad católica. 

Erección de una nueva sede episcopal en espaNa. — 
Según se expresa un periódico de la corte, de fecha reciente, 
acababan de enviarse á Roma los pliegos pidiendo las bulas 
para el establecimiento de la silla episcopal de Vitoria. El 
mismo periódico añade que el Estado pagará la dotación del 
Sr. Obispo, y que las diputaciones' Torales están prontas á su- 
fragar los gastos que ocasione la instalación de los canónigos. 
La nueva silla episcopal no podrá abrazar toda la extensión 
territorial que un dia llegará á tener; pero aun sin contar con 
los pueblos vascongados que pertenecen á la diócesis de Pam- 
plona, todavía la nueva diócesis de Vitoria no dejará de te- 
ner gran importancia por la naturaleza de los pueblos que 
comprenderá. 



Manifestación católica. — Con este título publica la 
Regeneración de Madrid, tomándolo de La Españat.e\ siguien- 
te suelto relativo al espectáculo que ofreció la coronada vi- 
lla en la última semana santa: '^Séanos lícito asegurar que 
nunca ha sido tan elocuente ese testimonio, nunca han sido 
tan unánimes y edificantes las manifestaciones de devoción 
como en este año; no pai'ece sino que el buen instinto del 
pueblo lo ha conducido á protestar de un modo tan inequí- 
voco y tan irrebatible, contra la inicua propaganda antisocial 
y anticristiana que á toda prisa está haciendo la escuela re- 
volucionaria: por lo mismo que la Iglesia católica pasa por 
un período de terrible prueba; por lo mismo que rodean y 
afligen al Soberano Pontífice tribulaciones de muerte, y se 
vuelven contra su sagrada persona hijos ingratos y rebeldes; 
por lo mismo que se anhela su ruina y se buscan todos los 
caminos para aniquilar su poder y destruir su autoridad; por 
lo mismo los verdaderos fieles que ven con horror tales ini- 
quidades y acompañan amorosamente con sus oraciones y 
BUS deseos al Padre común, acuden al templo con fervorosa 
solicitud, declarando así que no hacen causa con los pertur- 
badores de Europa; que rechazan la obra satánica de la Re- 
volución," 



LÁ VERDAD CAT6LICA. 9S 



CRÓNICA LOCAL. 



Te-Deum y rogativas. — 36gun se anunció oportunamente 
eo lá Gro^e^a oficial de esta ciudad, el domingo 28 del pasa- 
do secftotó en nuestra sftnta iglesia Catedral, con asistencia 
Je las primeras autoridades eclesiásticas, civiles y militares, 
el solemne Te-Deum en acción de gracias por haber entrado 
ooestra augusta Soberana (Q. D. G.) en el quinto mes de 
su embarazo. En los tres dias subsecuentes se hicieron en la 
misma Iglesia las rogativas públicas por el feliz alumbra- 
miento de tan excelsa Señora. Sucesivamente irán teniendo 
logar estas imponentes ceremonias religiosas en las diferentes 
parroquias de la diócesis, y sabemos que nuestro Excmo. é 
niraó.Sr. Obispo ha dirigido, con fecha de 25 del mes últi- 
mo y con tan plausible motivo, una circular al clero parro- 
quial, disponiendo que así en las misas solemnes como en 
las privadas, se añada con arreglo á la rúbrica la colecta 
'^pro quacumque necessitale'^ Hasta tanto se publique de oficio 
eula Gaceta de esta capitarel feliz alumbramiento de S. M., 
'^en cayo caso, agrega la circular, y por espacio de tres dirs, 
se dirá en las expresadas misas en lugar de aquella colecta 
la oración **pro gratiarum uctione.^^ 



Flores de Mayo — El activo y celoso párroco del Guatao, 
Pbro. D. José M? Delgado, celebrará en su iglesia estos de- 
votos ejercicios en honor de María con sermones en los dias 
festivos á cargo de algunos Sres. sacerdotes de esta capital y 
de \o% pueblos inmediatos al dicho Guatao. Aplaudimos este 
rasgo de celo religioso que tanto recomienda á aquel digno 
párroco para con sus feligreses. 



El Padre Trútan Medina. — En un periódico de la corte, 
recibido por el último vapor correo, se hace una reseña de 
los oradores católicos que mas se distinguieron por su predi- 
cación en la pasada Cuaresma. Llegando á nuestro compa- 
triota el Pbro. D. Tristan de Jesús Medina, dice el referido 



40 LA VERDAD CAT6LICA. 

colega: ''El Sr. Tristan Medina en los sermones que ba pre- 
dicado en la iglesia de D. Juan de Alarcon, ha manifestado 
profundos conocimientos y dotes oratorias que no son co- 
munes." 



Primera comvnion de los niños del coh^io de RR. PP- Esco- 
lapios^ establecido en Guanabacoa. — El domingo último, 28 de 
AbriK tuvo lugar en la antigua iglesia de S. Francisco de 
Guanabacoa, hoy á cargo de los RR. PP. Escolapios, la pri- 
mera comunión de los niños pertenecientes al colegio que 
tan dignamente dirigen en la vecina víIIp los sabios y virtuo- 
sos hijos de S. José de Calar^anz. Antes de la ceremonia á que 
aludimos se habia verificado la comunión general de los alum- 
nos del referido colegio que ya habian tenido la dicha de re- 
cibir á su Dios sacramentado, y de ocho y media á nueve de 
la mañana, se dignó distribuir la primera comunión ábsque 
atln no se habian acercado á la mena eucarístioa el virtuoso 
y respetable Arzobispo de Méjico, Illmo. Sr. D.L.lraro de La 
Oarza y Ballesteros. Los que habian de recibir á su Dios 
por primera vez iban vestidos de bionco, llevando en sus sie- 
nes guirnaldas de flores del mismo color, y un respetable re- 
ligioso de las Escuelas Pías tuvo á mu caigo los íervorines y 
el sermón. Ceremonias como la verificada el domingo en San 
Francisco de Guanabacoa deben siempre interesar á los aman- 
tes de la Religión y de la juventud. 



El nuevo palacio ej}iscoj)al. — Hace algún tiempo dimos no- 
ticia á nuestros lectores de la adquisición hecha por la mitra, 
de acuerdo con el Vice-Real Patrono, de la hermosa casa si- 
tuada en la calle de la Habana esquina ú la de Chacón, con 
obieto de destinarla á ser palacio episcopal. De entonces acá 
diferentes vCausas habian impedido emprender en el nuevo 
nalacio las reparaciones indispensables para apropiarlo al 
u^ A que ha de ser consagrado; mas últimamente hemos te- 
n\io el «ustode ver quepe han comenzado las obras, y no 
-üiamoí qwe en breve, terminadas aquellas» cuente nuestra 
*' ,^ con una residencia digna de la primera autoridad 
V* ^ ^;^^ Si nuestros informes son exactos, la parte baja 
- T.^TO palacio se destina á las oficinas del obispado, co- 
mi^^iKiiit y demás dependencias, quedando los altos pj^- 
^ ^ ¿e nuestro dignísimo Prelado. 



DoliilBiro 19 de Mayo de iS61. 



SECCIÓN RELIGIOSA. 



miOH OBLA PRENSA CATOUCAEN ITOESTROS DIA8. 




Temput tacendif Umjnu lo«/uendú 



i O somoH nosotros ]o« que aprobamos el sistema, á 
^nuestro entender errado, de ciertos escritores católi- 
V¿2!^co8, de abandonar las doctrinas y ios principios para 
^ atacar á las personas; ni aplaudimos tampoco el em- 
'Js plear en el lenguaje cierta dureza é inconveniencia 
en las palabras, no siempre de acuerdo con la doc- 
trina de mansedumbre que se sustenta. Esta es la regla que 
hemos procurado seguir desde la fundación de este periódi- 
co, dejando siempre á un lado á las personas, y atacando 
con rudeza el error ó el desorden. Verdad es que alguna que 
otra vez nos hemos referido á las personas ó á los gobiernos; 
pero e<(to solo ha tenido lugar en casos indispensables, cuan- 
do esas personas ó esos gobiernos se han identificado con el 
error ó el desorden, ó han sostenido principios opuestos á la 
verdad católica — y no otra hubiese podido ser nuestra con- 
ducta, á no haber abdicado nuestras creencias, nuestra mi- 
sión, y aun basta el título de nuestra revista. 

Nunca hemos podido olvidar que todas las reglas sobre la 
controversia católica las resume el imcomparable genio de 
S. Agustin en estás breves palabras: In necessariis unifas, in 
dvbiü libertas, in ómnibus charitas. Existen ciertos principios 
incontestables que la fe nos enseña, la revelación nos comu- 
nica, ó la autoridad de la Iglesia nos prescribe, y la creencia 

TIL— 6 



4*j LA VERDAD CATÓLICA. 

universal de los escritores católicos debe ser una, indivisible, 
invariable: in nccessariis unkas. Existen asimismo otros prin- 
cipios sobre los cuales la fe y la revelación no son explíci- 
tas, ni el oráculo de la Iglesia ha pronunciado su fallo; y en- 
tóncei^i guiados por una rectitud de intención y por la luz 
de nuestra razón, podemos sostener con toda libertad nuestra 
opinión en pro ó en contra: in dubiis libertas. Pero tanto en 
el primer caso como en el segundo, ya sea que sostengamop 
con todo el entusiasmo de nuestras creencias las cosas en que 
debe reinar la unidad y no la multiplicidad de opiniones; ya 
sea que nos convirtamos en paladines de una causa en mate- 
rias en que es lícita la libertad de pareceres; en uno y otro 
caso, repetimos, nuestro entusiasmo no debe degenerar en 
bastardos arranques, ni la firmeza de nuestra opinión con- 
vertirse en sistema mezquino de terquedad; porque esos mis- 
mos espúreos arranques, ó miserables terquedades, nos colo- 
can en una pendiente peligrosísima, en cuyo descenso en- 
contramos siempre el terreno fangoso de las personalidades. 
No debemos jamas olvidar que la misión del escritor católi- 
co, si tiene verdadera vocación por la defensa de los intere- 
ses de la Iglesia, es la de combatir noble y generosamente á 
sus adversarios, entrar en el palenque del raciocinio y de 
una cortés discusión, y sacar á sus contrarios de la<enda del 
error, en la que como hombres han podido caer. Parac^ínse 
guir este fin, deben siempre los escritores que tales materias 
tratan, manejar una arma, cuyos golpes son suaves al par 
que decisivos, pero aseguran la victoria: esta arma que acón- 
neja S. Agustin en todas las lizas de la inteligencia, ora en 

materias incontrovertibles, ora en materias dudosas, es 

ol amor hacia nuestro adversario: in ómnibus charitas. 

Sentado este programa que debe presidir siempre á todas 
las discusiones de la prensa católica, no podemos menos de 
lainontarnos déla decepción de ciertos escritores que, infie- 
limá la custodia de los intereses del catolicismo, pronuncian 
balbucientes su consigna, y llegando el caso de entraren com- 
\\^X^ Hon traidores á la verdad, la que dejan indefensa, ó la 
oubrt^n» para salvarla del golpe de sus enemigos, con el man- 
to do la mentira. No creemos que haya una decepción mas 
Um^iiUble, ó una hipocresía mas solemne. Por lo que á no- 
sH^iAm iooai procuramos guardar silencio si no podemos de- 
soír U vordad, y la verdad, noá medias, sino entera y libre- 
ui^iU^^iu ambajes, ni equívocas ó afeminadas palabras. T 
vvi^u^ alprt^o^der de semejante modo no solo somos fíeles á 
ugi^via orf^ncias, que jamas unciremos á consideración al- 



LA VBBDAD CATÓLICA. 43 

gana, doo también á loa preceptos de la Iglesia. '*£s traidor 
ála?6rdad —dice el Decreto de Graciano — no solo el que 
la reemplaza por la mentira, sino también el que no la pro- 
dama libremente: sed etiam qui non libere veritatem pronuntiat. 
LapreDdH anticatólica hoy ha roto ya todos los diques que 
el orden social, el principio de autoridad, y aun la decencia 
jpúUica le impusieran, y no hay rttrgo que no arroje á la 
TOOte veoeranda de Pió IX, ni sarcasmo que no emplee con- 
tra el Gefe de la cristiandad y su goi>ifriiü. Terco, tenaz, se 
apellida al gran Pió, y aun motor de la misma revolución de 
que es víctima, y uno á uno van pasando por frente del gran 
mártir de nuestro siglo los escritores antipapistas, ó mejor 
dicho anticatólicos, y cuáles le dicen: '^Obstinado, abdica tu 
cetro, y te sacaremos del conflicto en que te hallas"; y cuáles, 
mas liberales aun, le gritan: '^Enciérrate en el Vaticano, y te 
recogeremos una buena limosna entre las potencias católi- 
ea8«" Nuestro corazón se parte de dolor, y la pUima se cae 
de nuestras manos, al leer tantos y tantos improperios, tantos 
7 tantos vejámenes, contra Aquel á quien amamos con in- 
meDBoamor. Pero /lo, tenemos una misión que llenar; á los 
desastres que causa la pluma impía de tales escritores, de- 
bemos oponer un dique, y si por desgracia la sociedad actual 
está sobre el cráter de un volcan (en cuyas llamas irremisi- 
blemente perecerá) debemos á lo menos morir combatiendo 
por Dios, por su Iglesia y por su Pontífice. 

£o épocas de no tanta exaltación como la presente, la 
prensa católica ha podido guardar silencio tempus tacendU sin 
comprometerlos intereses que la estaban confiados; pero 
hoy, el silencio es el signo de la decepción, y ha llegado el 
tiempo de hablar y hablar muy alto, so pena de ser infiel á la 
verdad, tempus loquendL Y esa verdad que debemos hablar, 
que queremos hablar, es la verdad que impone al escritor 
católico la ley de la Iglesia, la verdad libremente proclama- 
da: lU/ere veritatem pronuntiare. Y no creemos que la prensa 
católica pueda desempeñar de otro modo su misión en nues- 
tros dias. 

Poco há hemos visto que trató de prohibirse á los Obispos 
de Francia la publicación de sus pastorales; pero aquella 
disposición que cerraba la boca al eminente episcopado fran- 
cés, no ponia trabas á los diarios antipapistas y garibaldinos, 
y la fuerza de la razón obtuvo la revocación de aquella me- 
dida. Hoy en todos los pueblos, sin distinción, existen perió- 
dicos partidarios de la revolución y enemigos del Santo Pa- 
dre. Ésos periódicos ensalzan los triunfos de la rebelión, ins- 



44 LA VBRDAD CATÓLICA. 

truyen á los pueblos de las proclamas de los enemigos de la 
Iglesia» preparan el cisma anunciando la divergencia en el 
cónclave de Cardenales sobre el poder temporal del Papa, 7 
en fin, son los heraldos del partido antipapista y revolucio- 
nario; y en los pueblos en que no se leen mas que dichos* 
periódicos, es indispensable que la prensa católica obre uaa 
reacción eficaz y saludable, pues de lo contrario la acción de 
la lava revolucionaria arrasará en breve las mas venerandas 
instituciones. Y no pudiera ser de otro modo, pues cuando 
la administración de un país da libre curso al torrente impe- 
tuoso de las doctrinas revolucionarias, está en el deber im- 
prescindible de no poner embarazoso dique á las aguas man- 
sas y saludables de la doctrina católica, cayo objeto es apa- 
gar el incendio producido por las voraces doctrinas de la re- 
volucion. O poner un freno á la prensa anticatólica, ó per- 
mitir la refutación á la prensa católica; pero querer poner ea- 
te freno á U prensa de los sanos principios, como se preten- 
dió en Francia, dejando que el periodismo de las bastardas 
teorías alce ufano el grito sin contrario y sin rival, es injus- 
to á todas luces, es impolítico, es monstruoso. 

Al terminar nuestro tercer año de vida periodística, hubié- 
semos buscado un grato reposo á nuestras flacas fuerzas; pe- 
ro el abandonar á la Iglesia y á su Pontífice en sus actuales 
dolores, hubiese sido cobardía imperdonable, desamor á nues- 
tra Madre que sufre, y signo de bastardía en nuestros senti- 
mientos. Y si aun estos sentimientos, que nos inspira nuestra 
fe, no fuesen suficientes para sostener con todo el vigor posi- 
ble la causa que hemos abrazado, la voz sacrosanta que par- 
te del Vaticano, la voz de Pió IX en la cruz de su martirio, 
bastaría á darnos el valor necesario para perecer entre el ves- 
tíbulo y el altar. ^'Continúa por lo mismo — se ha dignado 
decirnos el Pontífice reinante — en defender aun con mayor 
ardor y esfuerzo la causado esta misma Religión y de su sa- 
na doctrina, y en refutar los muchos y muy perniciosos er- 
rores de los enemigos de la Iglesia, descubrir sus asechanzas 
é inutilizar sus tiros" (I). Y para llenar nuestra misión, y no 
ser traidor á la verdad, debemos proclamarla libremente; 
libere veritatem pronurUiare. 

J. R. O. 



( 1 ) Carta autógrafa dirigida por S. S. al autor de este artículo, y publicada 
«»D la laguada entrega del mes de Diciembre último. 



LA VERDAD CATÓLICA. 45 



LOS DOLORES DE LA IGLESIA. 



Dos fines se propone la Iglesia al recordarnos los dolores 
de la Virgen Santísima. Hacernos meditar en las acerbísimas 
penas que pof nosotros sufrió la candida Virgen de Nazaret, 
y mostrarnos la razón de las persecuciones y de los dolores, 
que jamas han faltado en la Iglesia. La vida de María fué la 
vida del mártir, porque María era la Madre del Justo. La 
▼ida de la Iglesia ha sido, es y será por mucho tiempo la vi- 
da de los mártires, porque la Iglesia . es esposa querida del 
Justo y madre de todos los que aman la justicia. Jesús fué 
persesaido porque reprendia la perversidad de los fariseos. 
La Iglesia no puede menos que experimentar contradiccio- 
nes, porque jamas dejará de lanzar sus anatemas contra los 
opresores de la inocencia. A Siete Dolores reduce la Iglesia 
loe innumerables padecimientos de la Madre de Jesús. Con 
el mismo número fijaremos nosotros los eternos dolores de 
la Esposa de Jesús. 

Feliz se juzgaba la Virgen Santísima ñor haber sido la es- 
cogida entre miliares para ser Madre del Redentor. Confor- 
mándose en todo con la ley, presenta á su tierno Hijo en el 
templo. Simeón, santo y anciano sacerdote, que esperaba 
el consuelo de Israel, ve á Jesús, y enagenado por el gozo, 
pide al Señor que le arranque del mundo, porque ya sus 
ojos, después de haber mirado al Salvador de la humanidad, 
nada mas debian mirar sobre la tierra. Manifiesta el anciano 
sacerdote su piedad y su gratitud hacia Dios por la realiza- 
ción de su esperanza, y al mismo tiempo traspasa el Dulcísi- 
mo Corazón de María con el anuncio de la muerte y doloro- 
sa pasión del divino Infante que presentaba en el templo. 

Lo mismo acontece en la Iglesia con los Pontífices. 

£1 mismo Jesús dice á San Pedro, que Satanás lo ha pedi- 
do para acribarlo, como el trigo. Serás perseguido en la tier- 
ra. En el mundo vivirás oprimido. Serás llevado ante los 
jueces y condenado en los tribunales. Por odio á mí, serás 
aborrecido de los pecadores. 



46 LA VERDAD CATÓLICA. 

Llegará un tiempo, en el cual todo el que te quite la ?ida 
creará que presta un servicio á Dios. 

El Poutificado, primera dignidad de la Iglesia, no puede 
comenzar, sin el anuncio del dolor y del martirio. El hom- 
bre que ocupa la cátedra de S. Pedro, en el día mismo de mi 
ascensión, necesariamente recuerda la terrible profecía de 
Simeón. Así lo experimentó S. Pedro. Así lo han experimea* 
tado todos los Sumos Pontífices. Pío VI al ser elevado al tro- 
no de S. Pedro, dijo: Me hacéis Pontífice. He dais el mar- 
tirio. 

Pío IX es mirado, como Crux de crucen como mártir por 
excelencia. Sus trabajos se le han pintado con terribles ocio- 
ridos desde el dia mismo de su elevación. 

El dolor es la herencia de Jesús. No es posible ocupar la 

J>rímera autoridad de la Iglesia sin escuchar la terrible pro- 
beta de Simeón. 

Heródes deseaba quitar la vida á JTesus para conservar su 
degradado cetro. María se vio en la necesidad de retirarse coa 
Jesús á extraños países, para preservarlo del degüello gene- 
ral que en odio suyo decretara el tirano. 

Los Pontífices cien veces han tenido que aceptar el dea- 
tierro, como medio único de evitar la muerte. 

Gelasiü II, perseguido por la ambición de Enrique V, tuvo 
que dejar la ciudad eterna y buscar asilo en Francia. Euge- 
nio III, calumniado y condenado por los inicuos partidarios 
de Arualdo de Brescia. solo en el destierro pudo hallar su 
salvación. El tirano Federico, con sus amenazas y sus vio- 
lencias, también hizo salir de Roma el Santo Pontífice Ale- 
jandro III. En el siglo VIII, los Papas Esteban II y Adria- 
no I, amenazados por los tiranos Reyes de la Lombardía, sa- 
lieron de la capital del orbe católico, y á la protección de 
Pipiuo y Carlo-Magno, debieron la victoria, la paz y la ruina 
de los Reyes piamonteses^ que oprimían á la Iglesia. 

Muchas veces los tiranos conquistadores han pretendido 
dar la muerte al pontificado; pero siempre uYi ángel ha ma- 
nifestado el peligro á los Papas, han salido de Roma y solo 
han vuelto, cuando otro ángel les ha dicho: volved á Ro- 
ma, que ya han muerto todos los ambiciosos que pretendian 
destruiros. Heródes murió, y no pudo degollar al Niño Jesús. 
Todos los tiranos han muerto, y la Iglesia los ha visto morir 
venciéndolos á todos con su abnegación, con sus oraciones y 
•a martirio* La sangre de los mártires es veneno para los 
verdugos. 

Jesús quedó perdido en el Templo, y por tres dias lloró 



LA VEBDAD CATÓLICA. 47 

10 pérdida la Santísima Virgen. S. Pedro en las cárceles Ma- 
mertíoas también estuvo perdido para los fieles. Fio VI en 
JBoina 7 en Florencia, en Turin y en .Valonee, encerrado en 
ha cárceles del Directorio, no podía menos de mirarse, como 

Erdido para los católicos. Pió VII en Roma y en Fontaine- 
íau, despojado de su libertad, privado de la comunicación 
con el orbe católico, perdido estuvo, durante los aflictivos 
perfodos de so encarcelamiento. Estaban ya estos esclareci- 
m Pontífices en la prisión; la sentencia se habia firmado; 
ei pontificado debía morir, pero si no las fuerzas humanas, 
poseía la protección del cielo, y el pontificado apareció al 
torcer día, puro y radiante, lleno de vigor y ciencia, confun- 
diendo á los doctores del orgullo y convirtiéndose en consue- 
lo y en viva esperanza para todos los adoradores de Jesús. 

En la calle de la Amargura María encontró á su Hijo cu- 
bierto de heridas, estenuado por la sed y por el cansancio; 
pronto á ser víctima de la crueldad humana. ¡Oh! ¡Cuántas 
▼eces la Iglesia ha visto también caminar por la calle de la 
Amargura, con dirección al Calvario y llevando la Cruz so- 
bra sus hombros á muchos y muy santos Pontífices del cato- 
licismo! 

Grelasio II, anciano, enfermo, perseguido, abrumado, cu- 
bierto de oprobios, pasó por la calle del dolor, llevó la Cruz 
sobre sus hombros y vino á morir, víctima de tan duros pa- 
decimientos, en un monasterio de Francia. Gregorio VII, por 
ser amigo de la justicia, por haber odiado la iniquidad, por 
haber predicado siempre la virtud, cargado con el peso de 
enormes calumnias, herido y azotado y coronado de espinas 
por los malvados que se alimentan con el crimen; conducido 
de tribunal en tribunal, por déspotas, enemigos de Dios y 
de los pueblos, en una apartada región de Italia dejó los pa- 
decimientos del mundo, para gozar las eternas delicias que 
en premio de sus virtudes, de su martirio y de su celo. Dios 
le tenia preparadas en la celestial mansión. 

Pió VI, ya con ochenta años, fué también conducido al Cal- 
vario por la calle de la Amargura. Estaba preso en Roma, 
como diez y ocho siglos antes lo estuvo Jesús en Jerusalen. 
ün ministro de la humanitaria república francesa, con tos- 
eos modales, se acerca á Su Santidad, y le dice: 

— **Es menester que salgáis de Roma." 

— "Soy muy anciano, contestó el Papa; acabo de sufrir 
una penosa enfermedad; aún no he convalecido; no pue- 
do abandonar mi pueblo ni mis deberes; quiero morir 
aquí." 



48 LA VERDAD CATÓLICA. 

— "Ka cualquier parte moriréis, respondió Haller cor^ 
acento brutal." 

— ^No oréis mas; despachaos pronto, aña(Jió el ministro d^ 
la humanidad revolucionaria. — 

•^To iré adonde me llevéis, contestó el anciano Pontífice, 
elevando sus ojos .y sus manos al cielo. — 

Larga fué para él la calle de la Amargura. Estuvo en Flo- 
rencia, en Parma, en Turin y pasó los Alpes, por la noche 
y en lo mas frío del invierno y Dor encima de montañas cu- 
biertas de nieve. Apenas hubo llegado á Valence, exclamói 

'*Mis padecimientos corporales nada son comparados con 
las amarguras de mi espfritu. ¡Los Cardenales y los Obispos 
dispersos! ¡Roma sin Papa! La Iglesia ¡oh! la Iglesia es la 
que de dia y de noche me atormenta! ¡En qué circunstancias 
voy á dejarla!" 

Pió VII experimentó igualmente los dolores del tránsito 

f)ara el Calvario. Con toda la fuerza de un calor tropical; en 
o mas recio del estío, fué conducido á Francia en un coche 
cerrado, sin permitirle la mas lijera ventilación, por evitar 
que los pueblos pudiesen ver á su Pastor, ó que el Pastor 
pudiera dar la bendición á sus pueblos. 

Enfermo en el camino, estuvo á punto de espirar; fué ne- 
cesario darle hasta la Extrema-Unción: pero sus verdugos no 
se compadecen; le ponen un Cirineo, lo calumnian, y sin 
quitarle la Cruz, le fuerzan á caminar con dirección al Cal- 
vario. 

La Iglesia entonces veia, como la Virgen Santísima, que 
el Vicario de Jesús, cargado con el tosco madero, oprimido 
con los pecados del mundo, atravesaba la calle de la Amar- 
gura. 

, María vio clavar las manos y los pies de su Santísimo Hijo. 
La Iglesia ha Uoradg.él martirio de S. Pedro, que en la Cruz 
entregó al Señor su espíritu. En los primeros siglos, el título 
de Papa era la última grada del cadalso. La elección equiva- 
lia á una sentencia de muerte. Gelasio II, víctima de la per- 
secución, murió en Cluny. Gregorio VII murió en Salerno. 
Pío VI fué cr¡fciJicado en Valence. La Iglesia, llena de dolor 
ha tenido que llorar la persecución y la muerte de innume- 
rables Pontífices, sacrificadps por los adversarios de la justi- 
cia. 

María tuvo en sus brazos el cadáver de su Hijo Santísimo. 
María, afligida con su extremada pobreza, no contaba con 
recursos para dar honrosa sepultura al cadáver de Jesús. Es- 
to aumentaba mas y mas su dolor. El 29 de Agosto de 1799 



LA VERDAD CATÓLICA. 49 

morid Pío VI, 7 hasta el 30 de Diciembre del mismo afio, 
por falta de recursos, por exigirlo asf la soledad, la pobreza 
7 b penecocion de los fieles, no pudo ser conducido al se- 
potcrosQ cadáver. Y hasta que hubieron pasado dos años, 
baste el 17 de Febrero de 1802, el santo cuerpo de Fio VI 
DO pudo ser trasladado á la basílica de IS. Pedro en el Va- 
fa'eaoo. 

Harfa llora inconsolable al ver que por la muerte quedaba 
aepareda de Jesús. Al dejarlo en el sepulcro, su congoja se 
convirtió en mortal agonfa. 

No se ha visto la Iglesia tampoco libre de estas aflicciones. 
CosDdo han muerto los Papas; cuando los conquistadores ó 
loa cismas hacian diñciles las elecciones; cuando los antipa- 
paahan perturbado las conciencias; cuando satánicos conci- 
nibaloshan pretendido llevar el escándalo al orfgeh mismo 
de la soberanía, fundada por Jesucristo, la Iglesia na llorado 
000 lágrimas de sangre, las penas, la muerte, la sepultura de 
loa Pontífices. 

Muerto Pió VI, la elección parecia imposible, y los pro- 
testantes exclamaban: ¡Ta murió el pontificado! Verdad es 
que al dolor siempre ha seguido la alegría del triunfo. 

Cuando el inmortal Pió IX se vio forzado á salir de Roma 
en 1848, un ministro suyo había sido degollado en las puer- 
tas misnoas de \eL representación nacional; moosefior Palma ha- 
bía sido asesinado en el mismo Quirinal; el palacio del Papa 
se hallaba rodeado por traidores y por extrangeros que con 
fusiles y con cañones pretendían torcer la conciencia del Pon- 
tifica. Pió IX salió de Roma; Gaeta fué su calvario; los revo- 
luciunaríos lo tenian ya por muerto, y ciegos por su fana- 
tismo, llegaron hasta el extn*mo de entonar himnos á la muer- 
te perpetua del pontificado, grande fué el gozo de los en*e- 
migos de Dios. Inmenso fué el dolor de los creyentes. El 
Papa habia sido preso; inicuos tribunales lo habían condenado; 
con la cruz sobre sus hombros habia pasado por la calle de 
la Amargura y su crucifixión se pregonaba por todas partes. 
Estábamos entonces, hoy estamos también en la época del 
dolor. Esta es la hora y la potestad de las tinieBlas. Llora hoy 
la Iglesia la muerte de los Pontífices; pero cerca está el do- 
mingo de resurrección, y todos nos debemos preparar, para 
rasgar nuestras vestiduras de luto y vestirnos como en el día 
de las mayores solemnidades. 
Resucitaba después dk tres días. 
Estas palabras son el gran consuelo de los católicos. 
{La Jlegeneracion,) 

VII. — 7 



60 LA VBBDÁD GATÓUCA. 



espíritu santo. 



Siete siglos antes de la venida del Redentor habló Dios 
por boca de Joél, diciendo: ''Derrarauré mi espíritu sobre 
toda carne", y Ezeqaiel se. dirigió en su nombre al pueblo 
cristiano representado en el antiguo de Israel: ^'Poodré mi 
espíritu en medio de vosotros." Los profetas abrieron paso 
á aquel que los envió y Jesucristo predicó de este moao á 
los judíos: ''Rogaré al Padre y os dará el Espíritu de la ver- 
dad." T en efecto; el Espíritu Santo descendió sobre la tier- 
ra y la llenó de su divino fuego, Iluminado por él el entendi- 
miento y abrasado el corazón de los apóstoles fueron á comu- 
nicarle á toda carne, es decir, á todo hombre sin distinción 
de pueblo, de edad ni condición. No [lodian dudar de él loa 
pueblos, porque manifestó ser el mismo que Cristo habia 
anunciado, que él era e! término de la Trinidad Beatísima, 
Dios verdadero como el Padre y el Hijo en virtud de la uni- 
dad eterna de la divina esencia, aunque distinto de los mis- 
mos en la persona, porque la fe nos manda que veneremos 
un solo Dios en la Trinidad y una TrinidadUen la unidad, 
sin confundir las personas ni ¡reparar las sustancias. 

El Padre no ha sido hecho, engendrado ni criado por algu- 
no; el Hijo nace de solo el Padre en toda eternidad, Dios de 
Dios, luz de luz. Dios verdadero de Dios verdadero; no es 
hecho ni criado, sino engendrado, porque el Padre mirándo- 
se á sí mismo, produce al Hijo de su eterno entendimiento, 
, y de la voluntad del Padre-y del Hijo procede una tercera 
persona que es el Espíritu Santo, el cual no es hecho ni crea- 
do, ni engendrado, sino procedente, siendo las tres personas 
una sola Divirridad. En esta Trinidad no hay primero ni pos- 
trero, mayor ni menor, sino qu3 todas tres personas son 
coeternas é iguales entre sí. El Padre mirándose en el espejo 
de su Divinidad engendra eternamente una imagen suya que 
es su Hijo y como ambos se están eternamente amando, es- 
tán eternamente espirando y produciendo al Espíritu Santo. 
El Padre que es el poder, contemplándose á sí mismo, produ- 
ce un infinito conocimiento de sí propio, y este conocimiento 



lÁ VfefiDAb CATÓLlCl^ ¿1 

ei Sijodel I^ddre; el Hijo qae es la sabiduría, es engendrado 
porei eotendimiento del Padre ante todos los siglos, y el 
Espíritu Santo que es el amor, procede de ellos por volun- 
taa,y los tres tienen el mismo poder, sabiduría y amor, y por 
tanto, la misma santidad. Si un espejo se coloca delante del 
sol 7 86 hace reflejar su imagen en el agua, se verán tres so- 
les, y sin embargo, no será sino uno 8o1o; asf en la Trinidad 
DO hay tres Dioses sino un solo Dios que resplandece y está 
eo las tres divinas personas; siendo l^s tros un solo sabio y 
omnipotente, un solo Dios inmenso, indivisible y eterno. 

El Padre formó nuestra alma, el Hijo la reparó después 
de 80 caida por la culpa, y el Espíritu Santo la dio su per- 
íeeeioD después de reparada. Este Espíritu derramó en el 
mondo los torrentes abundantes de su luz, rasgó las sombras 
tenebrosas del error, y el sol de la verdad apareció radiante 
en la esfera inmensa de los cielos. Desde entonces vio el 
hombre la admirable copia de beneficios que le trajo el Es- 
píritu de verdad, Espíritu de enseñanza' y fortaleza, de amar, 
y protección. 

Es Espíritu de verdad porque en él permanece toda ver- 
dad, y él es la verdad misma. Esta verdad debia alumbrar 
alnQuodo, esta fué la que el mismo Cristo prometió á los 
hombres, y la cual no ha dejado un solo instante de alum- 
brarnos. Ésta verdad ha brillado y brilla siempre en todas 
pariesen medio de prodigios inauditos, y brillará como estre- 
llaen perpetua eternidad. 

Como Espíritu de enseñanza ha mostrado al hombre la 
existeDciade Dios, la verdad de su grandeza, sus atributos y 
perfecciones sin número, sus obras tidintra y ad extra, ó den- 
tro y fuera de su ser, y sus derechos al amor, veneración y 
obediencia universal; él enseñó al hombre en sabias leccio- 
nes los misterios del principio, medio y fin, lo noble de su ser, 
su dignidad y su destino, su imagen y semeianza con Dios; 
éleuseñó al hombre la verdad de Cristo y la unión de sus 
dos naturalezas, su misión suprema, sus méritos y su gloria; 
enana palabra, el hombre conoció por él las bj^llas armonías 
déla ra¿on y de la fe, de la naturaleza y de la gracia, de la 
vida y de la muerte, de Dios y del hombre, del cielo y de la 
tierra, del tiempo y de la eternidad. El virtió torrentes de 
enseñanza en el seno de los pueblos, habló por los apóstoles 
al mundo, porque el és el Espíritu del Padre que hablaba 
por el los, el mismo que como Espíritu de verdad enseñara toda la 
verdad y anunciará Uls cosas que están por venir. Toda ense* 



52 LA VERDAD CATÓUCA. 

ñanza nos vendrá de este divino Espíritu que lo es á la vez 
de fortaleza. 

£1 Espíritu Santo ayuda nuestra flaqueza, dice S. Pablo, 
y así es. £1 nos cubre con la fuerte coraza de las virtudes 
para resistir los golpes del enemigo, nos pone al frente una 
torre de David cubierta de escudos y de armas poderosas pa- 
ra pelear y ser fuertes en la hora del combate. Ua un temple 
tal á nuestra alma que nos hace sufrir con gozo la tribulación, 
porque la fortaleza es gozo del Señar. Fortalecido por él el 
hombre, no habrá pasión ni infortunio que prevalezca un 
solo instante contra él. Por él los apóstoles sostuvieron en 
presencia de los reyes la verdad que predicaban; por él los 
mártires subieron denodados al altar del sacrificio derraman- 
do su sangre en testimonio de la fe; por él los santos resis- 
tieron al mundo y sus placeres, al demonio y sus astucias, 
ala carne y sus torpes .incentivos; por él, en fin, en todo 
tiempo emprendió el hombre con seguro paso el camino de 
la única felicidad. 

A mas que de fortaleza, el espirado del Padre y del Hijo 
es Espíritu de amor, porque él es la caridad sustancial y el 
amor de entrambos. El abrasó á los apóstoles en la viva ho- 
guera de su amor, unió á los miembros de las tres Iglesias 
inflamándolos en el fuego de su ardiente caridad; á impulsos 
de su amor obra la santidad del justo, nos regenera y per- 
dona, porque él fue dado á los apóstoles y á todos sus suce- 
sores para que en su virtud perdonasen los pecados de los 
hombres. £1 asiste á la Iglesia, la rige y la conserva, porque 
es su casta y querida Esposa, nos ama como á hijos predilec- 
tos y nos abre el tabernáculo eterno de su amor. 

Espíritu de protección, nos colma sin cesar de beneficios; 
los dones de la gracia, los frutos de santidad, todo lo tenemos 
en él; tenemos en él un protector constante, un defensor su- 
premo que nos salvadel grande abismo que en el mundo nos 
rodea; él vela por el hombre, y le protege con el mismo po- 
der que el Padre y el Hijo, porque los atributos del uno son 
comunes á los otros, y con ese poder nos favorece; los tres 
obran de concierto en nuestro bien, porqueestán dispuestos 
en favor del hombre y ejercen simultáneamente su protec- 
ción y patrocinio sobre él. ¿Quién negará la eterna protec- 
ción del Divino Eftpíritu? ¿Quién podrá medir las grandezas 
Íf los bienes de este Espíritu de verdad, de enseñanza y forta- 
eza, de amor y protección? 

Este Espíritu será siempre reconocido y adorado; su doc- 
trina irá de pueblo en pueblo, de generación en generación* 



LA VERDAD CATÓLICA. 53 

Sa cátedra brillará en medio de las revoluciones, como el Ar- 
ca de Noé en medio de las aguas del Diluvio; su altar se al- 
zará lobre las ruinas de la impiedad; su verdad sobre la tum- 
ba del error, su religión sobre el triste sepulcro de la here- 
jía. Los espíritus del mal retirarán del mundo su copa de 
7&moj el Espíritu de Dios derramará su bálsamo de sa- 
lud. Machos combates sufrirá la palabra del divino Espíritu; 
muehos verdugos querrán ponerla en el cadalso; mucha 
tempestades bramarán con furia contra ella, pero nada de- 
tenarásu paso, nada servirá de obstáculo á su triunfal car- 
rera JBste Espíritu hará patente su poder, y obrado un cam- 
bio súfiito en las ideas, la paloma del Espíritu Santo empren- 
derá triaoiante el vuelo, recorrerá los aires, se detendrá en- 
tre los cielos y la tierra, y á la sombra protectora de sus alas 
dormirá trauquila la humanidad. 

Antonio Ennque cíe Zafra. 



DE LA FE 7 DE SUS REGLAS. 



{Finaliza.) 

III. — ¿Los QUE DUDAN POBBEN LA FE? 

Después de haber explicado la primera parte de lafdefini- 
cioD de la fe, en que se dice que es una virtud infusa, falta 
hablar de la segunda que enseña que por medio de la fe da- 
mos pleno y firme asenso á las cosas que Dios nos revela. 
Examinemos con tal motivo la cuestión que naturalmente 
•e presenta al entendimiento: ¿los que dudan poseen la fe? 

Hay cierta duda que procede de lo inficionado de nuestra 
naturaleza, y tal era la de Pedro, cuando Jesucristo le dijo: 



64 LA VERDAD CATÓLICA. 

'^¿Porqué has dudado, hombre de poca fe" (Hath. XIV). Es- 
ta especie de duda no destruye la fe, sino la aminora. 

Pero existe otra duda á la cual llega á unirse alguna ter- 
quedad. Esa nos arrebata la fe y nos hace herejes, como en- 
seña S. Agustin, el cual echa en rostro á los donatistas ha- 
ber perseverado en su cisma, i pesar de habérseles probado 
tantas veces su error. 

La fe exige pues un asentimiento firme y constante porque 
descansa en la revelación hecha por la verdad primaria que 
no puede ni engañarse ni engañarnos. Por consiguiente el 
que después de haber tenido una manifestación suficiente de 
la verdad, rehusa aceptarla y prefiere seguir dudando, ese 
debe, con justo motivo, ser tenido por hereje lo mismo abso- 
lutamente que el que rechaza tenazmente un solo artículo 
de fe. 

IV. — ¿PüEDB ENCONTRARSE LA FE EN UN HEREJE? 

Siendo una la fe, en su especie y género, como lo atestigua 
el Apóstol (Ep, á los de EÍes. IV), porque nos hace creer 
igualmente verdades reveladas todas divinamente, resultado 
aquí claramente que los herejes, cualesquiera qne sean, nau- 
fragan en la fe, por la razón de que negarse á creer tenaz- 
mente un solo artículo es derribar todo el edificio de la fe, y 
también porque cada infidelidad de esa clase nos hace perder 

Sor sí sola la verdadera fe, como definió el Santo Concilio 
e Trente, ses. 6?, cap. 15. Luego hay que admitir que la 
fe es absolutamente incompatible con la herejía, y que una 
sola falta contra la fe la hace perder, del mismo modo que 
un solo pecado mortal destruye en nosotros la caridad, como 
enseña Santiago en su epístola: Quicumque totam legem ser- 
vaverüy offendat autem in unoy factus e$¿ omnium reus. 

En vano se haria la objeción de que el hereje negándose 
á creer un solo artículo, parece creer en los demás, como 
antes, en virtud de un don sobrenatural: pues siendo la ra- 
zón formal de la fe la autoridad de Dios que revela, resulta 
de aquí que carece de la fe habitual aquel que se niega á 
dar asenso á la autoridad de Dios, puesto que se atiene á su 
propio juicio de tal modo que rechaza lo que quiere y no se 
somete á Dios sino á su antojo y de ningún modo por el há- 
bito de la fe, aunque esté al mismo tiempo auxiliado con 
cierto don sobrenatural. Pues en virtud de la fe damos asen- 
so á todas las cosas que nos son reveladas por Dios, porque 
todo cuanto Dios nos revela tiene igual certidumbre. 



LA VBBDAD CATÓUCA. 56 

V.— jDs CUANTAS MANERAS REVELA DIOS LA TERDAD? 

Dioí puede revelar la verdad de dos maneras. 1? Por me- 
dio de aoa revelacioD evidente comunicando el don de inte- 
ligencifti de ciencia ó profecía. 2? Por medio de una revela- 
cioo meaclada de oscuridad, que exija por parte del hombre 
un afecto piadoso y humilde de su voluntad que cautive su 
ioteligencia y le ordene se someta á Jesucristo. Esa segunda 
revelación solo engendra un conocimiento oscuro y enigmá- 
tico, 7 tal es el que nos comunica la fe. 

La ^Bvelacion puede pues ser considerada bajo dos aspee- 
toa. El primero concierne á Dios; el segundo á la ilumina- 
cioQ de la inteligencia. Ahora bien: por un lado» siendo Dios 
que revela la verdad misma, su testimonio es fiel y por lo 
mismo infalible; y por otra al paso que hace su revelación 
al hombre, Dios ilumina la vista de la inteligencia de ma- 
nera que esta reconozca que es la verdad primaria la que le 
revela la verdad. 

La causa formal y fundamental de la fe, ó bien el objeto 
formal, por medio y á causa del cual cree el hombre formal 
y príacipalmente, es la verdad primaria, que revela y da 
teitimooio de sí misma en el fondo del corazón del hombre, 
y uo la autoridad, el testimonio, la voz ó los decretos de la 
Iglesia que ensena ó da testimonio de la verdad. Pues como 
dijo S. Agustín (ter. I in epist. Joan). Vox Ecclesicd docet /o- 
riuecus sed cathedram habet in cedo, qui intus docet. 

Mas seria equivocarse extrañamente querer pretender, co- 
mo los herejes, que puesto que la causa primaria de la fe re- 
side en el testimonio del Espíritu Santo en el hombre; no es 
necesario el testimonio exterior de la Iglesia. Pues el común 
de los fíeles dista mucho de recibir, en igual grado que los 
profetas y los apóstoles que fueron constituidos primeros 
doctores de la Iglesia, los dones de fe, de ciencia é inteligen- 
cia en virtud de los cuales pudieron pasar sin el testimonio 
público de la Iglesia. En el orden establecido por Dios y 
por regla común Dios nos habla y nos comunica toda ver- 
dad por el ministerio de los maestros y doctores de la Iglesia. 

VI. — La voz, EL TESTIMONIO Y LOS DECRETOS DE I A IGLESIA 
iSOK LA BEOLA Y EL VERDADERO CRITERIO DE LAS CO- 
SAS QUE HEMOS DE CREER? 

Aunque la verdad tenga su principio en Dios y no en la 



56 LA VERDAD 0AT6uCA. 

Iglesia, y Dioo pueda engendrar la fe en el alma por medio 
del solo hábito infuso de la fe y sin el auxilio de ningún medio 
exterior como lo hizo con Moisés, los proA^ras, los apóstoles 
y cierto número de hombres mas á quienes instruía interior-* 
mente, no obstante, la palabra exterior de la Iglesia es el 
medio perpetuo y ordinario de que ha querido valerse para 
conducir á los hombres á la fe y confirmarlos en ella. Asf ba- 
jo la ley natural. Dios instruyó á los fieles por el ministerio 
de ángeles, 6 por los primogénitos de las familias; bajo la ley 
escrita, por Moisés, luego por los sacerdotes y profetas, y en 
fin, bajo la ley de gracia, por su divino Hijo encarnada y 
luego por los apóstoles y sus sucesores, á los cuales conro la 

misión de instruir á todos los pueblos: Euníes dacete ele 

Qui vos audü etc 

La voz de la Iglesia es pues un testimonio cierto de la ver- 
dad constituido por Dios y que todos están obligados á creen 
pues cuando Dios habla por boca de la Iglesia, no es menos 
digno de ser creido que si hablase sin intermediarios. Luego 
debe ser creida la Iglesia en todo cuanto enseña, ya por las 
tradiciones apostólicas no escritas, ya Hcerca del sentido de 
la palabra de Dios encerrada en las Santas Escrituras. 

En materia de fe lo que hay que investigar ante todo, no 
es si el que nos enseña puede instruirnos, sino si el que nos 
habla recibió misión de hablarnos. Pues aunque la palabra 
de Dios puede encontrarse en la boca de un hereje y aun de 
Satanás, no por eso debemos creer en su testimonio porque 
no han recibido de Dios misión y autoridad para instruirnos 
de la verdad. Sino que al contrario debemos creerá los doc- 
tores de la Iglesia porque han sido divinamente constituidos 
legítimos testigos de la palabra de Dios^y recibido de él au- 
toridad para instruirnos, de tal modo que si creemos en su 
palabra es porque Dios mismo se vale de ellos para revelar- 
nos y enseñarnos toda verdad, y que ademas confirmó esa 
misión por la vía de los milagros. Luego )a enseñanza de la 
Iglesia debe ser la regla ordinaria de las cosas que hay que 
creer, y el verdadero criterio, con auxilio del cual debemos 
examinar lo que hay que admitir y lo que ha de rechazarse. 

VIL — ^La saqrada escritura no Ipüede bastar por si so- 
la PARA RESOLVER TODAS LAS CUESTIONES DE FE. 

Encerrando la Sagrada Escritura la palabra ^revelada por 
Dios, tiene por lo mismo una autoridad divina. Es pues in- 
falible, y se halla exenta de todo error. Mas no pued^ b^tOit 
sola para resolver todas las cuestiones de fe. 



LA VEBDAD CATÓLICA. 57 

1. Un intérprete es necesario, porque es fácil, si se lee con 
ideas concebidas de antemano, encontrar en ella significados 
eotenmente opuestos. Mas es necesario un intérprete diví- 
«oameote ilustrado por el Espíritu Santo, el cual inspiró tam- 
bién la Sagrada- Escritura. 

2. Habiendo sido redactada la Sagrada Escritura, en todas 
tus partes, á causa de los creyentes ó teniéndolos presentes, 
resulta de aquí que solo los fíeles y los ortodoxos pueden 
poseer BU inteligencia, según lo que dice Isaías, VII: iVúi 
credideritis non permanebüis, y S. Pablo (II Epist. Corint., 
III) enseña que los judíos no podian tener la inteligencia de 
las escrituras porque tenian sobre el corazón el velo de la 
incredulidad. 

Adenoas lo elevado y lo profundo de los misterios y la 
concisión de los términos hacen que los mismos fíeles no 

5 ueden descubrir siempre fácilmente el verdadero sentido 
e las Escrituras. ' 

3. Fuera del testimonio de la I({lesia no seria posible ni 
aan saber cuál es el texto de la Sagrada Escritura: pues si 
alguien niega el todo ó parte de ella, esta no probará por sí 
sola que encierra verdaderamente la palabra de Dios. Por 
otro lado, hay una infínidad de cosas que debemos creer y 
que no se encuentran sin embargo en la Sagrada Escritura. 
Su testimonio no puede pues bastar para determinarlas bien. 
Ni los evangelistas ni los demás escritores del Nuevo Testa- 
mento se propusieron escribir la doctrina de la fe en toda su 
eitension. Dirigian mas bien consejos y estímulos á los fíe- 
les después de haberles enseñado de voz viva lo que era pre- 
ciso creer. Y Jesucristo no les habla ordenado que escribie- 
sen su doctrina, sino que la anunfíiasen por medio de la pre- 
dicación. De aquí resultó que ei)SíMlaron muchas cosas que 
no escribieron. Es pueí necesario que la voz de la Iglesia nos 
proponga y nos explique, al mismo tiempo que el Espíritu 
Santo nos ilumina interiormente, todas las cosas que no se 
encuentran en el texto de la Sagrada Escritura y que deben 
ser objeto de nuestra fe ó alimentarla. 

En segundo lugar, es asimismo necesario que haya en la 
Iglesia un juez visible que en calidad de maestro juzgue se- 
gún las reglas de la fe. Cuando se suscitó la cuestión de si 
la circunsicion y proscripciones legales eran necesarias para 
la salvación, los apóstoles se reunieron en Jerusalen y con- 
testaron: Ha parecido al Espíritu Santo y á nosotros, etc. 
Por consiguiente desde un principio existió en la Iglesia una 

VIL— 8 



58 LA VERDAD CATÓLICA. 

autoridad encargada de aer juez de todas las controvenias 
en materia de fe. 

Esa autoridad, ese juez es la Iglesia y por lo mismo loa 
maestros de la Iglesia, es decir, el Sumo Pontf6ce y el con- 
cilio presidido por el Sumo PontíBce ó por sus legados. 
Pasee oves meas^ dijo Nuestro Señor á Pedro y en él á todos 
sus sucesores (S. Juan XX). Y ademas: Rogavi pro te (Fe- 
iré), ut non deficiat Jides tua, et tu aliquando conversus confirma 
fratres tuos, (Luc. XXII). 

La voz de la Iglesia, cuando decide ó resuelve las cuestio- 
nes de fe, es cierta é infalible. 

1. Porque Dios habla por boca de la Iglesia (Math. X y 
XVIII) á la cual instituyó para que diese un testimonio infa- 
lible de la verdad. El qué no da pues aquiescencia simple- 
mente y sin condiciones á la Iglesia hace injuria al mismo 
Dios que habla por boca de la Iglesia. 

2. Dios^no quiso venir en auxilio de la flaqueza é ignoran- 
cia humanas, en lo que concierne necesariamente á las cosas 
de fe, sino por el ministerio de la Iglesia enseñante. Pues nos 
dio pastores y doctores ne siMns yarvulifiuctuantes et circwnfe- 
ramur omni vento doctrina. Es pues necesario que en materias 
de fe no pueda engañarse ni engañarnos. 

3. Quiso Dios que así como él nos revela la verdad en 
nuestro interior, así también la Iglesia nos manifestase toda 
verdad exteriormente. Pues dijo: Id y enseñada todas las na- 
Clones, añadiendo: Estoy con vosotros parn siempre hasta la con- 
sumación de los siglos. Si pues Jesucristo auxilia á la Iglesia, 
ésta no puede «errar, puesto que todo error por parte suya 
debería atribuirse á Jesucristo, como dice S. Crisóstomo, hom 
adpopulum, S. Agustin, conc. 2, in psal. CI, León X in bulla 
contra Lutherum, y los demás padres. 

4. La Sagrada Escritura (Joan. XIV y XVn),dice clara-, 
mente que el Espíritu Santo debe permanecer perpetuamen- 
te con los maestros de la Iglesia para enseñarles todo lo re- 
lativo á la inteligencia exacta de las Sagradas Escrituras, 
como igualmente todos los dogmas necesarios para la salva- 
ción. Por tanto se dice en los Hechos de los Apóstoles, XV: 
Haparecido al Espíritu Santo y á nosotros, y en la primera 
epístola á los Tesalonicenses, capítulo IV: El que desprecie 
esto, no desprecia á un hombre, sino á Dios que ha puesto tam- 
bién su Espíritu Santo en nosotros. 

5. La Iglesia es la columna y la base inmóvil de la ver- 
dad, de tal modo que ella confirma á los fieles por medio de 
su ministerio siempre permanente, y ademas por su testimo-' 



ul verdad catóuoa . 59 

oio ciertamente verídico é infalible obtiene que cuando pro- 
pone uoa cosa á nuestra fe, la creemos firmísimamente sin 
qae necesite emplear raciocinios para convencernos ni elo- 
cuencia para excitar nuestro entusiasmo, sino tínicamente á 
cania de la autoridad y del poder que recibió de Dios, para 
emanarnos la doctrina de la fe, explicarla, distinguirla del 
error, y confirmarla por medio de u!i testimonio irrefragable. 
Portante vemos en todos los concilios conclusiones y decre- 
tos, y no pruebas y argumentacioius, y esto, no porque, se 
hayan aacado las conclusiones sin pruebas, sino porque se 
obtenían infaliblemente por inspiración del Espíritu Santo 
y eo virtud del poder recibido de Jesucristo. 

La infalibilidad de la Iglesia es pues tal, ya cuando cree, 
ya cuando nos propone creer, que nunca puede errar. Este 
ea punto de fe decidido contra los Teodosianos, los Arríanos, 
los Donatistas, los Luciferanos, los Iconómacos, los Lutera- 
nos, los Calvinistas y demás herejes de los tiempos actuales. 
También se definió en el concilio de Nicea, y resulta en fin 
del símbolo de los apóstoles en el cual se cree en el Espíritu 
Santo y en la Santa Iglesia Católica. Si la Iglesia es santa, 
no puede errar. 

Vni. — Que debe darse simplemente asei^so a la voz de 

LA IGLESIA. 

Aunque la voz de la Iglesia no sea la verdad primaría, si- 
no la manifestación de esa misma verdad, debemos no obs- 
tante escucharla como si Dios mismo nos hablase, por la ra- 
zón de que él, y no la autoridad del hombre la estableció co- 
municándole una infalibilidad enteramente divina, de tal mo-^ 
do que despreciarla es rechazar al mismo Dios. Al decirnos, 
(8. Math., XXIII): omnia quacumque dixerint vobis, faciie. 
Nuestro Señor nos garantizó la perfecta pureza y certidum- 
bre de la doctrina de los pastores. De donde resulta que de- 
bemos obedecer á la Iglesia con toda sencillez, cuando nos 
instruye acerca de la fe y las costumbres: pues si su doctrina 
es subjetivamente humana, por su origen es divina según es- 
ta palabra del profeta Ezequiel, XXXIV: Ego pascam oves 
meas, es decir por los pastores de la Iglesia. 

Ahora bien: es de este lugar observar que esa infalibilidad 
déla Iglesia no nace de una revelación inmediata del Espí- 
ritu Santo, ni de la plenitud de ciencia que poseen los maes- 
tros de la Iglesia, quienes según atestigua S. Agustin, epís- 
tolas 3 y 119, ignoran con respecto á las Sagradas Escritu- 



éO LA VERDAD CATÓLÍCA. 

ras, mucho mas de lo que saben; ni tampoco de la certidum- 
bre de los argumentos empleados para llegar á una conclu- 
sión, puesto que 6 menudo se hace uso de la Sagrada Escri- 
tura y de otros argumentos sin que de ellos pueda sacarse 
una conclusión cierta sino tan solo probable. Dicha infalibi- 
lidad tampoco depende del estudio y talento de los doctores» 
ni en fin del solo auxilio del Espíritu Santo prometido para 
siempre; pues en ese caso inútil seria entregarse al estudio 
de las cosas sagradas y entablar largas discusiones sobre pun- 
tos controvertidos, como lo hicieron sin embargo los sacer- 
dotes con los apóstoles (Act. XV). y se ha hecho siempre. en 
los concilios posteriores. Mas la infalibilidad de la Iglesia, 
cuando enseña la sustancia de la fe, los dogmas públicos y 
las cosas necesarias para la salvación, resulta para ella del 
poder y la gracia recibida de Jesucristo para discernir las co- 
sas que son necesarias para la sal\racioa de los fieles, de tal 
modo que provista de la asistencia del Espíritu Santo, siem- 
pre resuelve lo que es cierto sean cuales fueren los argumen- 
tos de que haga uso, pues Dios no puede faltarle en las co- 
sas necesarias. Por consiguiente la doctrina de la Iglesia se- 
rá siempre infalible, aunque las razones que dé de su ense- 
ñanza puedan no serlo. Respecto á esto, lo3 primeros maes- 
tros de la Iglesia, por un privilegio especiallsimo, difirieron 
de sus sucesores, pues su doctrina fué cierta, infalible y di- 
vina en todas sus partes, así en las premisas como en las con- 
clusiones. Ese privilegio necesario para establecer en el dím- 
bolo nuevos artículos de fe, para promulgar nuevos sacra- 
mentos y escribtr libros oonónicos, no fué necesario á los su- 
cesores de los apóstoles porque no tenían que establecer fun- 
damentos sino tan solo edificar sobre los cimientos ya echa- 
dos. Por eso en los concilios los padres no enseñaban nuevos 
dogmas, sino los que los antiguos les habian dejado, y para 
combatir á los que profesaban nuevas herejías no hicieron 
mas que oponerles la doctrina enseñada por los apóstoles sin 
añadirle nada nuevo sino contentándose con rectificar las fal- 
sas interpretaciones y deducir de ciertos artículos de la fe, 
consecuencias que desde el principio se hallaban en ellos en- 
cerradas y ocultas como una semilla que debia germinar an- 
dando el tiempo. 

Resulta claramente de lo que precede que la voz de la 
Iglesia, no haciendo otra cosa que enseñarnos lo que Dios 
mismo le reveló y encargó que nos diese á conocer, no puede 
ser llamada humana, sino que es puramente divina. 

En segundo lugar, fuera de los dogmas que los apóstoles 



LA VEBDAD CATÓLICA. 61 

DOS enseñaroD, la Iglesia no puede agregar otros nuevos á 
nuestro símbolo, es decir proponer á nuestra fe una doctrina 
entenimeDte nueva y que no haya estado anteriormente con- 
tenida en la^ tradiciones apostólicas; pero puede aclarar to- 
do cuanto era oscuro, deducir todas las consecuencias encer- 
radas 60 los principios y en los dogmas enseñados por los 
apóstoles, y á medida que nuevas herejías se presentan, ex- 
plicar caál es la verdadera doctrina, y por tanto hacer nue- 
Yosartiealos de fe, relativos á las explicaciones del dogma, 
mas sin cambiar la sustancia de nuestra fe; y ese poder de 
bacer nuevos artículos de fe, la Iglesia le tuvo en todos tiem- 
pos y siempre le tendrá. Que si no puede establecer nuevos 
dogmas, en el sentido que dejamos dicho, no es por falta de 
lealtades, sino porque así resulta de la misma naturaleza 
de las cosas, del mismo modo que Dios no puede hacer que 
dos afirmaciones contrarias sean ambas verídicas. 

Así como bajo la antigua ley había establecido Dios que 
todas las cuestiones relativas á la religión debiesen ser defi- 
nidas por los príncipes de los sacerdotes, y que todo el que 
se negase á escuchar su sentencia fuese castigado de muerte, 
así también bajo la ley nueva ha obligado á todos los cris- 
tíanossin excepción alguna, á escuchar la voz de la Iglesia, 
es decir la de sus pastores, cuya cabeza suprema es el Roma- 
no Pontífice, sucesor de S. Pedro y Vicario de Jesucristo so- 
bre la tierra, y esto bajo las penas mas graves, qyi Ecclcsiam 
aoA aúdieriti sit tibi tamquam ethnicus et publicanus, es decir 
privado de toda clase de salvación. « 

Pertenece al Sumo Pontífice juzgar todas las controversias 
60 materias de fe ó de religión, hacerlas cesar con su autori- 
dad y por consiguiente, si es necesario, componer un nuevo 
símbolo. Porque debiendo ser una la fe de la Iglesia, impor- 
ta que todos digan unas mismas cosas y oo haya disidentes. 
Ahora bien: nunca podría obtenerse esto si cuando surge una 
nueva controversia en materia de fe la cuestión no pudiese 
ser resuelta por un juez supremo y visible, dotado de la fa- 
cultad de imponerá todos los fíeles la obligación de obede- 
cer desde el momento en que su sentencia haya sido promul- 
gada. Esa facultad solo pertenece al Romano Pontífice, su- 
cesor de S. Pedro, Pastor de la Iglesia universal, al cual 
por un privilegio especialísimo, dijo Je<»ucristo: Pasee oves 
meas. Confirma fratres tuos. Non deficietjides tua. Siqper hanc 
peíram adiflcalo Ecclesiam jnram^ quas est domus Dei vivi^ colum- 
na et firmamcntum veritatis. Por medio de su ministerio y au- 
toridad enseña toda verdad de una manera infalible en virtud 



62 LA TEBDAD CATÓLICA. 

de la asistencia del Espíritu Santo que le fué prometida y bajo 
la dirección de Jesucristo, de tal modo que solo el Sumo Pon- 
tífice puéHe, por su propia autoridad, recibida del mismo 
Dios, convocar concilios generales, confirmar sus senten- 
cias y darlas ratificándolas por su propio juiéio como entera- 
mente ciertas é irrefragables. 

Es cierto que los Obispos forman igualmente parte de iofr 
concilios, así como los doctores, y aun los representantes se- 
glares de los Príncipes temporales; pero asisten con carac- 
teres muy diferentes. Pues los Obispos toman asiento en los 
concilios como jueces y dan sentenciasen materias de fe, 
como lo dijo el mismo Santiago en los Hechos de los Após- 
toles, capítulo XV: Egojudico^ mas su juicio no tendrá so- 
lidez alguna si no llega á ser confirmado por el Vicario de 
Jesucristo, cuya fe no está sujeta á ninguna imperfección, 
como dijo S. Agustín, lib. II contra Julianum. En cuanto á 
los doctores que asisten á los concilios, están en ellos no en 
calidad de jueces, sino como simples consejeros, y los prfnci- 

fies y los seglares solo intervienen como defensores de la 
glesia, testigos de sus decisiones y encargados de apoyarlas 
con su autoridad. Resulta de cuanto precede una triple ense- • 
ñanza acerca de los juicios en materia de fe. Hay un primer 
juicio que se hace por la razón que adhiere sencilla y firme- 
mente, y esto se verifica por medio de la fe; esta clase de jui- 
cio es común á todos los fieles. Todo católico puede en efec- 
to responder á los herejes según la regla de fe observada por 
él, aunque ignore las herejías, según ob>^erva S. Agustín, lib. 
de agone chrisliano, cap, IV, y lib. XII de Gen. ad liu. 
cap. XIV. 

£1 segundo juicio va acompañado de dicernimiento, es de- 
cir, que se saben las cosas que hay que creer, así como las 
razones de su credibilidad. Esta clase de juicio se encuentra 
en los hombres cuyas facultades intelectuales se hallan mas 
desarrolladas y mejor ejercitadas, tales como los doctores 
que han recibido de Dios los dones de sabiduría é inteligen- 
cia (S. Agustin, trac 98 in Joannem). 

En fin el tercer juicio es el que se hace con autoridad en 
virtud del poder recibido de Jesucristo. Esa clase de juicio 
solo pertenece á los prelados de la Iglesia Católica, los cua- 
les han sido instituidos por Jesucristo para gobernarla, apa- 
centar el rebaño que les está confiado y enseñar toda verdad, 
á fin de que los fieles no ae dejen arrastrar por cualquier 
viento de doctrina (Act. XX y Ad Ephes. IV). Pero entre 
esos prelados el Romano Pontífice es jefe suprepio y todo el 



LA VERDAD CATÓLICA. 63 

qae do se adhiere á su jaicio, debe ser tenido por rebelde á 
lalgknsyilórden establecido por Dios mismo. 



IX.— Importancia t numero de las razones que hacen 

QUE LOS ARTÍCULOS DE LA FE CRISTIANA SEAN DIGNOS 
DE NUESTR.1i CREENCIA. 

Los doctores católicos prueban con ocho razones prínci- 
ptleseuáa evidentemente conformes á la razón, y por consi- 
guieote dignas de nuestra creencia, son la fe cristiana y la 
doctríaa evangélica. 

1. IjS antigüedad de la fe cristiana* puesto que precedió 
eoo mucho álos errares de k>8 paganos (véase á Tertuliano 
ioipolog., capítulos 19 y 20; S. Agustín lib. XVIII de ci- 
fit cap. XXXVII y XXXVIII) así como á todas las here- 
jfu (véase á Tertuliano, lib. VI de Tnnü.; San Gerónimo in 
€pm.ad Pammachium et Oceanun; Optato, lib, II. contra Parm. 
ySto Agustín, lib. contra evist.fandam., cap. IV). 

8. Los oráculos de los Profetas (Ensebio, lib. demonstr. evang. 
San A^ostin, lib. IV de dvit,, cap. XXIV y lib. XXII, cap. 
VI y VII; S. Próspero, lib. de jrrcedict. et promis. prnphet,) 

3. La extensión de \o^ países y la diversidad de las nació- 
naque han abrazado la fe evangélica, mientras que laa sec- 
tas filosóficas ó heréticas siempre han sido circunscritas 
en cnanto á los tiempos y países. San Agustín, de útil 
erti., cap- XIV y XVII, y V\h. contra epist.fundam, cap. IV. 
Epístola ad Rom. I y ad Coloss. I. 

4. La estabilidad y sucesión continua de la fe católica en 
virtud de las promesas hechas por Jesucristo á sus apóstoles, 
(Matho XVI y XXVIII; S. Justino, in dialog, cum Triphonc. 
S. León ser. I ¿c Petro et Panlo. Tertuliano lib. de prceseript. 
y los demás. Ireiieo lib. III contrajeres, cap. III. S. Optato 
lib. n contra Parmen. S. Epifanio hoeres. XXVII. S. Cipriano, 
!ib,IVepÍ8t. II y lib. deunUeccle^. San Agustín, lib. contra 
epist.Jundamen, cap. IV y lib. de utücred^ cap. XVII. Teo- 
doreto, lib. IX de le^ib. y lib. VIII y IX curar, groec. nffcct. La 
doctrina de los herejes ha cambiado por el contrario cons- 
tantemente. 

5. Los milagros obrados desde el principio hasta nuestros 
diasen confirmación del Evangelio, mientras que los herejes 
ouDca han podido hacer valer un solo verdadero milagro en 
favor de su causa. (S- Agustín, lib. XXVIII. contra Faustum 
cap. IV, lib. contra eput.fund^ cap, IV y V, lib. de útil, cred 



64 LA VERDAD CATÓLICA. 

cap. XVn, Valero Máximo, üb. VIII. S. Epifanio, hoBrea, 
66 lib. X de civil, cap. VIII, XII, XVI y XXXII. Gregorio 
Turonense, hist. Franc. lib, II, capítulo III, Casiano, collat. 
XV, capítulo III, etc.) 

6. £1 admirable acuerdo de los fieles en su constante 
asentimiento á todas las verdades de fe; igual doctrina, igua- 
les sacramentos, igual religión. Entre los herejes, por el 
contrario, imposible es ponerse de acuerdo sobre un boIo 
punto. (S. Ireneo, lib. I, cap. XXI contra hateses^ Aug. de 
bapL.Wh. I, cap. VI, etc.) 

7. La pureza y santidad de la doctrina católica. Tremola- 
ses de perfección. 1. Verdadero conocimiento de las cosas di- 
vinas. 2. Moralización de los hombres. 3. Auxilio sobrena- 
tural para hacer obrar .el bien. Mientras que la doctrina de 
los paganos, filósofos y herejes, se halla mezclada con una 
infinidad de errores. 

8. La eficacia de la doctrina evangélica, que en poco tiem- 
po ha invadido el universo entero. S. León, sermón 89 de 
passione Dominio S. Agustin, lib. XXII de civitate DeU c. V. 

(Analecta Juris PontUicii^ 
Trad. por R, A. O.) 



ERECCIÓN DE LA NUEVA PARROQUIA DEL CALABAZAR. 



Con los tiempos han variado las coatunibres. Cuando nues- 
tra fe era viva, al fundarse un caserío, una población cualquie- 
ra, se plantaba una cruz, y del pié de aquel ilrbol de salva- 
vacion cultivado por la piedad de los primeros moradores 
brotaba la dicha y la ventura para el naciente pueblo. Allí 
están nuestras antiguas poblaciones rurales: en cada una de 
sus calles, en cada una de sus casas, saluda el viajero el sig;nQ 
de nuestra redención. Hoy por lo contrario, en los modernos 
pueblos, fundados en nuestros dias, no plantan eseclábftro di- 



LA VERDAD CATÓLICA. 65 

tíoosqi primitivos moradores; no se ocupan de levantar una 
iglesia, ODA ermita siquiera; pero no olvidan construir una 
glorieta^ und^ vulta de gallos 6 un teatro. Es pues de celebrar 
coo júbilo la erección de una iglesia, y mucho mas si esta se 
debe á la solicitud de los vecinos y al celo pastoral de nues- 
tro dignísimo Prelado, como sucede en la nueva parroquia 
erigida en el pueblo del Calabazar. Las necesidades espiri- 
tuales de nuestra épioca son apremiantes, exigentes á lo su- 
mo, pues el desarrollo de los pueblos viene elaborándose in- 
faasíainente á expensas del progreso moral de los mismos; y 
deaquí la necesidad de multiplicar las parroquias, de las cua- 
les, como centros religiosos, deben brotar las aguas de la gra- 
cia y de la salvación para todos sus moradores. Poco ha pre- 
sentamos un resumen de las numerosas parroquias creadas 
pornuestro amado Prelado dunmte su pontificado, y con la 
nueva de que hoy nos ocupamos, son ya veintiuna las de- 
bidas á su celo pastoral. 

El pueblo del Calabazar tiene sinjpatías generales por las 
cualidades higiénicas que le distinguen, y abrigamos la ínti- 
ma convicción de que enlazada esa linda población con la 
capital por el ferro-carril del Oeste, y no distando de ésta 
mas que veinte minutos por dicha via, se convertirá en otra 
Guanabacoa por el incesante tráfico con nuestra ciudad. No 
dudamos del desarrollo material de aquel pueblo, porque 
marcha paralelo con su progreso moral por medio de la crea- 
ción de la nueva parroquia. 

Bien es verdad que cuando los caseríos son muy pequeños, 
ose hallan inscritos en el radio de una parroquia, no pue- 
den oficialmente crearse en ellos otras nuevas parroquias, y si 
esto produce algún inconveniente eu la pronta adn^ini^tracion 
de sacramentON, es un mal bastantí* sensible, pero irremedia- 
bleporel pronto, puesto que mientras esos lugares no reú- 
nan las condiciones necesarias, no es posible que nuestro 
Exorno, é Illmo. Sr. Obispo promueva la erección de nuevas 
parroquias, ni que el Gobierno supremo promulgue el decre- 
to de su creación. Pero si los vecinos de esos pueblos desean 
ardientemente acercase con mas frecuencia á las saludables 
aguas de la penitencia y asistir con mas comodidad al santo 
sacrificio de la misa, fácil, muy fácil les es proveerse de un 
capellán con aquel objeto, acudiendo para los demás sacra- 
mentos á la parroquia á que respectivamente correspondan. 
Los deseos todo lo allanan. 

Felicitamos de nuevo á la vecina población del Calabazar, 
y deseamos que siempre, como ahora, al promover su pro- 

vil. — 9 



66 



LA TERDAO CATÓUGA. 



greso material, no olvide buscar al Dios de todo pro- 
gre$o^ que si nos proporciona la ventura material, no es 
comodín, sino como medio para obtener la ventura eterna. 

J. R, O. 



LA CIBIICIA OITIN A, 



)«l AirtlfM y W— vTttiwftt» 



XV. 

El Evangelio es la fuente prodigiosa de donde proceden las 
mas sublimes inspiraciones. Examínesela historia de la li- 
teratura de los pueblos, de sus conocimientos científicos en 
los distintos ramos del saber humano, y se verá que el sacer- 
dote de Jesucristo ba ocupado siempre el mas importante lu- 
gar en el magisterio. Esta consideración dispensada á los mi- 
nistros del culto en las naciones civilizadas no ha dejado de 
tener su justo y razonable motivo. 

Siendo los sacerdotes piadosamente reputados por santos, 
esto es, ligados á Dios con vínculos indisolubles por medio 
de solemnes votos al tiempo de su ordenación, una sociedad 
religiosa debia esperar de ellos la virtud mas completa. De 
esta idea, dominante en toda época, provino el respeto con 
que eran también mirados entre los gentiles los sacerdotes 
de los ídolos, y en nuestro apoyo pueden vérselas mismas 
leyes antiguas y las noticias de algunos interesantes frag- 
mentos de éstas y el índice de las Doce Tablas, tan célebres 
entre los romanos, las cuales eat6o llanas de privilegios y 



LA VSRDAD CATÓLICA. OT 

coDcesionesá los sacerdotes paganos, como el Pontífice Má- 
ximo, Augares y Vesteias; castigando hasta con pena de des- 
tierro y aun de muerte la infracción de sus preceptos. 

No es ooestro ánimo entrar en discusión acerca de las ra- 
zones qae tuvieran los emperadores gentiles y después los 
crístiaDOs, para revestir al sacerdocio de todo el aprecio y 
dignidad convenientes, por no ser del caso en la materia pro- 
puesta. Solo hemos querido hacer una indicación para que se 
compréndala legitimidad de la tra^aiisiou de los conoci- 
mientos humanos por medio de los ministros del altar. Esto 
dicho, DO queremos perder una idea acerca del asunto. £1 
sacerdote sirve á Dios mas intimamente, medita en él con 
irecueocía y enseña al hombre su sagrada doctrina. Siendo 
cstA la primera ciencia que debe enseñarse, el sacerdote, y 
tal ha sido siempre esta consideración, tiene por necesidad 
qae ser instruido, que ser sabio, porque 8Ín serlo no puede ser 
maestro; y esta sabiduría tiene que estar en relación exacta 
con la religión de que es ministro. Poroso se lee que en la 
antigüedad pagana los sacerdotes enseñaban al pueblo mil 
errores, porque errado era también el culto que manifestaban. 
Tsin embargo, el pueblo fanático y estúpidamente devoto, 
creía los prodigios de los augures y arúspices y las combina- 
ciones y demostraciones de los Magos. 

Como una consecuencia de lo ya manifestado, de que la 
ciencia divina, estoes el conocimiento d% Dios, es el princi- 
pio y fio de toda ciencia, el sacerdote 6 ministro del culto ha 
sido, desde los tiempos remotos, el órgano primero de la sa- 
biduría, por el lógico fundamento de que el que enseña á ado- 
rar á Dios debe también enseñar sus maravillas. De aquí es • 
que los sacerdotes caldeos fueron los que enseñaron al hom- 
bre á adorar al fuego, por las benéficas propiedades de éste; 
los sabeistas el respeto á los astros, dando principio en ellos 
la astronomía, ciencia, que bien considerada eleva al hombre 
al conocimiento de Dios, Así sucesivamente, en cada ramo 
del saber, los sacerdotes fueron encaminando al hombre á un 
diverso culto; pero, tomándose á la ciencia como ala misma 
Divinidad, cayeron en errores fatales de que las leyes, pro- 
movedoras del bien, fueron víctimas. La historia explica la 
iofluencia de los oráculos en las determinaciones de los go- 
biernos: mas de un tratado de paz 6 pronunciamiento de guer- 
ra fueron redactados en el templo de Apolo, á quien se con- 
sultaba en los negocios arduos. Constante es el crédito de 
que gozaron las Sibilas en su época; y bien sabido es lo que 
pasó con Tarquino y la de Cumas. 



68 LA VEBDAD CATÓLICA. 

Probado, pues, con la historia, que los ministros del culto 
han sido en todo tiempo los promovedores de la ciencia, co- 
mo que en ellos estaba el secreto de la Divinidad en la cele- 
bración de los misterios, tales como los de Eleusisy otro<i so- 
lemnizados entre los gentiles, el sacerdote cristiano, por una 
sucesión de principios lógicamente considerados, el sacerdo- 
te cristiano, repetimos, que sin reserva alguna predica al ver- 
dadero Dios, subyugando al imperio y voluntad de Dios to- 
do lo criado, ha sido y es el propagador continuo de la civili- 
zación verdadera. 

La historia de las órdenes monásticas, la de la cruzadas y 
la de los respetables misioneros dan una prueba de esta ver- 
dad. 

Los hombres, considerando eo Dios el principio y fin de 
sus aspiraciones, se han retirado en gran niimero á los cam- 
pos y desiertos para adorarle, fuena de los disgustos y pertur- 
baciones del mundo, con todo el ardor y libertad que la vehe- 
mencia de su corazón les exigía. Con tal objeto, para hecer 
mas patente á los demás hombres el mérito de la elección de 
vida que hacian en los apartados lugares de su residencia, 
quisieron acompañar el sacrificio del desprendimiento de los 
placeres y goces materiales con graves mortificaciones y ri- 
gurosas penitencias, de que solo la fe y el amor á un Dios 
único y verdadero pueden dar razonables motivos. Llena es- 
tá la historia de hechos gloriosos en este género de vida con- 
templativa y ascética, por lo que seríamos demasiado exten- 
sos al manifestarlos en los reducidos límites de este tra- 



Alguno con poca meditación preguntará: ¿qué bienes ha 
traído al mundo, y en qué ha influido para su civilización la 
reunión de unos hombres, entregados exclusivamente á Dios y 
á las prácticas de la devoción mas austeray rígida? Pero los que 
así se expresan no reflexionan por cierto en la causa primera, 
en esta, que es en la que el filósofo debe discurrir y meditar 
para alcanzare! resultado que desea. Usto propuesto, consi- 
dérese por un momento al hombre apartado de su semejan- 
te para acercarse á Dios, y se verá la fuerza de esta unión po- 
derosa que le comunica un sobrenatural instinto y forta- 
leza de ánimo, capaces de toda empresa grande; porque el 
hombre para serlo es necesario que se levante del nivel délos 
demás, y que conquiste por medio de sus obras un honroso 
destino. Desde luego, si los hombres sirviendo á otros hom- 
bres han obtenido laureles y coronas de gloria, el hombre 
que de todo corazón sirve á Dios no alcanza en el mundo 



LA VERDAD CATÓLIOA. 69 

otro premio que el de la inteligencia para conocerle y 
amarle; y siendo este conocimiento el primero que distingue 
al hombre, y este amor el mas sublime en categoría, com- 
prendiéndose la fuerza de este por los prodigios que obra en 
el que se ofrecen mutuamente las criaturas, el amor á Dios 
debe ofrecer también el prodigio mas grande que pueda ma- 
nifestarse, que es el de la sabiduría. No es nueva por cierto 
esta doctrina: el Viejo Testamento nos la explica satisfacto- 
riamente. Salomón fué sabio mientras amó á Dios; la torpe 
idolatría cegó después su entendimiento. Confírmase con es- 
to lo que antes hemos dicho, de que la ciencia divina, á sa- 
ber, la dictada por Dios en los sagrados libros, es la primera, 
y, por decirlo así, la única de donde emanan las demás, que 
sirven al hombre para sobrellevar coa paciencia su peregrina- 
ción en el mundo. El honibre, dotado de una sensibilidad ex- 
quisita y del deseo de comprenderlo todo, no puede dar una 
razón plausible á su entendimiento de los continuos fenóme- 
nos que á cada paso -advierte en sí y en cuanto le rodea, 
sin acudir, para la averiguación que pretende, á esa cau- 
sa primera, fundamento de todas, á Dios, principio uni- 
versal de cuanto existe, que para hacer mas palpable su om- 
nipotente 8uperiorida3 que abate bajo sus leyes la creación 
entera, ha ocultado á los hombres el precioso tesoro de sus 
misterios, revelando algunos ala humanidad á proporción de 
que esta le ha tributado la adoración debida, y negándole el 
conocimiento délos demás como señal patente de la subordi- 
nación que se le debe. Extendamos la idea: el hombre no pue- 
de alcanzar la sabiduría si no ama á Dios y le respeta, porque 
el hombre, inclinado al mal á causa del pecado abusarla con- 
tinuamente de este supremo don; asi es, que no se desarrolla 
su inteligencia sino en relación á la religión que profesa, 
porque este es el poderoso freno que le contiene en los justos 
deberes de su estado; de otro modo, lejos de serle favorable 
la distinción del cielo en cuanto á la claridad de su entendi- 
miento, le seria perjudicial y funesta, y Dios no puede nunca 
contradecirse en sus obras. He ahí la causa porque el mun- 
do no se ha llenado de luz sino después del escablecimiento 
del cristianismo; porque este es la mejor garantía que tiene 
deque el hombre no abusará impunemente desús conoci- 
mientos; y la prueba mas grande que pueda darse de que Dios 
premia á este según sus obras, se encuentra en la historia de 
las ciencias y progresos del putendimiento humano. 

La G-recia, nación poderosa en los primeros tiempos, no 
dio el nombre de sabios mas que á siete, y entre estos mis- 



70 LA VERDAD CATÓUCA. 

mo8 Tales fué considerado superior á todos, siendo los otros 
subordinados suyos en cuanto á inteligencia. Ta hemos dicho 
en otro lugar lo que pensaba este filósofo con respecto á Dios 
y su naturaleza. Así como Grecia, Roma tuvo también sus s»- 
bios, si darse puede este nombre á las inteligencias que des- 
collando entre las demás se arrogaron el dominio de las cien- 
cias que, sea dicho de paso, tomaron de los griegos y éstos de 
los Egipcios y sus sacerdotes. De modo que remontándonos 
al origen verdadero de las cosas, puede decirse con toda se- 
guridad que si los egipcios fueron difundidores de las cien- 
cias es porque las tomarou primero de los hebreos y de 
las Santas Escrituras. Para prueba de esto véanse algunas de 
las sentencias filosóficas de los sabios antiguos, y se compren- 
derá sin mucho trabajo, á pesar del sentimiento distinto de 
religión que profesaban, que están sacados de los principios 
sancos emitidos en los preciosos libros de los Salmos, Ecle- 
siastes, Eclesiástico y Sabiduría. Salomón dijo que todo era 
vanidad, y el sabio que lo imita manda al hombre conocerse 
á sí propio, para qne comprenda esa misma vanidad de que 
habló el predilecto Je Dios. Mucho tendríamos que escribir 
si fuéramos á explicar, punto por punió, lo que han tomadlo 
los gentiles, y con ellos los autores de sectas religiosas, Zo- 
roastro, Confucio &c. de los sagrados libros, donde se enseña 
la verdadera filosofía. En ellos, pues, bebió Platón la hermosa 
ciencia que enseñó á sus discípulos. Nadie que haya leido 
los escritos de este, puede dudar un momento que su filoso- 
fía parece sacada de los libros de los profetas de la antigua 
ley. Cuanto mas bella parezca la moral de Platón, y cuanto 
mas opuesta á la generalmente enseñada por los demás filóso- 
fos de su tiempo, halagadores de la vanidad y del orgullo hu- 
mano, tanto mas debe creerse que fué tomada de muy distinta 
fuente. Para ilustrar el punto, nótese pues que en las calami- 
dades mas grandes del mundo ha suscitado Dios siempre una 
superior inteligencia que llame al orden y contrapese dealgun 
modo con su virtud el abandono de los demás respecto ásus 
deberes. De este equilibrio, guardado por Dios perpetua- 
mente en el mundo para su conservación y estabilidad, nos 
dan una prueba los hombres grandes, como Daniel, Ezequiel, 
Jeremías y otros, que en medio de los mas detestables crí- 
menes han sostenido la ley de Dios contra el torrente impuro 
de la malicia, limpia de toda jmancha. Muy lejos Platón de 
igualarse á tan distinguidos modelos, ha querido en parte 
imitarlos con su doctrina hermosa. Cualquiera que haya 
leido sabe muy bien que en tiempo de este filósofo, á 



LA VERDAD CATÓLICA. 



71 



quien llamaron divino los hombres» estaba el mnndo en 
el apogeo de su corrupción. El materialismo mas detes- 
table 7 grosero tenia embargadas las potencias del hom- 
bre, Víctima de .sus desarregladas pasiones, no compren- 
día sino lo que estaba al alcance de su naturaleza terrena, 
resolviendo por éste conocimiento el destino de su futura 
existencia. Platón, nutrido de gran sabiduría, adquirida tal 
vez con la lectura de los Salmos y demás santos libros, divi- 
nizó al hombre en la admirable imagen que presenta, del Jus- 
to. Platón fué el primero de los filósofos antiguos que con 
mas bellos colores pintó los goces del alma y su espirituali- 
dad; por lo que este sabio fué suscitado por Dios para pre- 
parar el camino de la gracia, que el Evangelio había de 
traer al mundo. 

(Continuará.) Rafael de Cárdenas y Cárdena». 



DE oncio. 



SECRETARIA DEL OBISPADO DE LA HABANA. 

taKiMMi Y^lntaria aMrU^r el Extaa. é IIIbo. Sr. OM^h * Cavar é% 
llMatra aastfilna Paire Pía Raaa. 



Relación de las personas y cantidades que cada una ha entregado 
para el expresado objeto en esta Secretaria de Cámara y 
Gobierno. 

Parroquia de ingreto de Santa María Magdalena de Ci/uentes. 
Ps. Ota. Ps. Cti. 



Sama anterior 1 


SL768 24 


D- Juan Exequiel Martin, 




Cara párroco 


102 „ 


n Victorio García, ma- 




yordomo de fabrica 


17 „ 


Doña Jaana Linares de 




Pared e« 


17 .. 


D Jaan Soto 


8 50 


„ Manuel Yanix 


8 50 


„ Francisco de los San 




tos 


8 50 


M J.M.<J 


8 50 


M Antonio Zayas. 


4 25 


„ Martin Landa 


.4 25 



25 
25 
25 
25 
25 



D. Rafael Fernandez 4 

„ Celestino del Valle. ., 4 

„ Santiago Mesa 4 

„ Francisco Martínez.. 4 

„ Antonio Mesa 4 

Doña María del Carmen 

.Affuiar de Llerenas... 4 

D. francisco Junquera.. 2 

„ José Menendez 2 

,. Francisco A. García.. 2 

„ José Mesa 2 

„ Dominffo Riera 1 

Doña María Loreto Soto 
4eLaDda. 50 



121 
12i 
12i 
124 



78 



LA VERDAD CATÓUCA. 



Parroquia de término de San Hilarión de Guanajay. 



Ps. Cte. 



D. Eduardo S. Valdéa, 

Cura párroco 

Lbí tres hermaDas 

D. Francisco Acosta 

,, Ignacio Valor 

„ Juan Ignacio Muñoz.. 

., Franco Valdés 

„ José Elias Valdés 

„ Ignacio Bariño 

Doña Josefa Velis. 

,, Catalina Martínez 

D, Pedro Muyan 

,. Antonio Montaña 

„ Julián Sánchez 

„ Luis Zalazar 

„ Manuel Moreno 

„ Carlos Laguna 

„ Luíh Pórtela 

„ Domingo Pórtela 

„ Andrés Rodríguez 

,, AnU)Uui Castillo 

„ Pedro Giral 

„ Francisco Roncóse- .. 

.. Ivianuel Navas 

,. Taulino Sigarreta 

., José DiazSuarez 

,. Juan Portóla 

,, Podro Cha pie 

,, i -arlos Hnliño 

„ José Autonio Astiaza 

rair * 

,, Juan Galán 

„ Francisco Sánchez Lu- 

vittu 

,, Manuel Bustauante.. 

.. Pedro García 2 

., Fuuntino de Córdova. 2 

., M¡)iuel Nuñoz 2 

,, Manuel Torre 2 



62 P2¿ 


17 „ 


4 -25 


4 25 


4 2L 


4 25 


4 25 


4 25 


4 25 


4 25 


4 25 


2 12i 


2 P2.Í 


2 12.1 


2 12< 


2 J2- 


2 P2i! 


2 J2é' 


2- P2-|l 


2 12. t! 


2 12m! 


2 12r! 


2 12. ' 


2 12. r 


2 12. i 


5¿ 12- í! 


*i 12. 1 


2 J2él 


2 12^1 


2 12ii 


2 I2é! 


'¿ mi 



PS. Ct8^ 



. Baltasar Muñoz 

, Laureano Flores 

, José Torres 

, Mario y Compañía — 

, Félix Regalado 

Tomás Morales 

, Pedro Blanco 

Bonifacio Quevedo — 

., Julián Román 

M Rafael Salamanca 

M Nicolás Gimzalez 

if Antonio Méndez...*.-. 

„ Cirilo Soto 

„ Vila de Vallo y Comp. 

n Feliciano Centeno 

,. Eusebio Conde • 

M José Seoane — 

„ José María «^^^uiz 

)i Antonio Mora 

„ Francisco Pérez 

., Ignacio Molina 

„ Domingo Mej ía 

„ Franíísco Abad 

„ Evaristo Rumoro 

„ Juan Macha-io 

„ Antonio Brito 

„ Antonio Llorona 

„ Antonio Rojas 

„ Juan P(*tit 

„ Narciso Cautos 

„ Francisco Ayala 

., Miguel Muñoz 

„ Manuel A roche 

„ Carlos Saayedra., 

„ Martin Mesa 

„ Ramón Sal monte 

., Félix del Moral 

Doña Isabel Alvarez 



50 
50 
50 
50 
50 
50 
50 
50 
i>0 
50 
50 
50 
50 
50 
50 
50 
50 
50 



Suma 52.182 24 



^UbMua lí> de Mayo de 1861. — Pedro Sánchez, secretario. 



(Continuará.) 



SECCIÓN LITERARIA. 



BMZXiIA DE souLüjrass. 



I. 



AS doce acababan de dar, y el mas profundo silencio 
f reinaba en la ciudad de Paris, cuyos habitantes dor- 
mian profundamente. En una hermosa casa de la calle 
de Tournelles, brillaban dos luces á través de las gran- 
des ventanas, anunciando que aun se velaba en ella: la 
S limera provenia de la antecámara, donde un lacayo, 
ormido delante de un juego de dam is, esperaba á su 
«ñor; la segunda alumbraba el cuarto dormitorio de Emilia 
de Soulanges- La joven llevaba am^á pesar de lo avanzado 
de la hora, el traje del dia; habla despedido ásu doncella, y 
«ileociosa, pero agitada, esperaba. En vano, para calmar una 
inquietud siempre creciente, habla tratado de trabajar 6 
de leer: sus trémulas manos se negaban á tirar de la aguja, 
ysu atención distraída no podia seguir los magestuosos pe- 
ríodos del sermón de Massillon sobre las Obras de Misericor- 
¿¿, abierto ante sus ojos. De tiempo en tiempo iba á levan- 
tar las pesadas cortinas de las ventanas, y echaba una mirada 
al patio oscuro y vacio. Una pequeña luz, cuya claridad sa- 
llada la habitación dc;l portero, anunciaba que también allí 
velaban. 

— ¡Dios mío, sedecia Emilia así misma en medio de una 
febnl impaciencia que anegaba en sudor su frente y sus ma- 

VII.— 10 



74 LA VERDAD CATÓLICA. 

nos, no volverá pues á casa! ¡He aquí una noche pasada co — 
mo otras muchas! Se está perdiendo, ¡ay! pobre hermano! 

Dio la una, dieron las dos, las tres Emilia se habia 

arrodillado en su reclinatorio; y después de haber rezado el 
rosario, vencida á medias por el sueño, murmuraba aún las 
santas palabras y hacia correr entre sus dedos las cuentas 

bendita;s Un gran golpe dado en la puerta la despertó 

súbitamente Acudió á la ventana; la puerta cochera es- 
taba abierta de par en par, y daba paso á una silla de mano, 

seguida de dos lacayos con hachones Un joven salié 

de ella, apoyado en el brazo de un criado. . . . 

A la luz de las antorchas pudo ver Emilia el desorden del 

traje de su hermano, su pálido rostro y su andar incierto 

suspiró amargamente, y peosativa, permaneció de pié en la 
vent^tna hasta largo tiempo después que el silencio se hubo 
restablecido en el palacio; oraba, meditaba aún cuando aclaró 
el dia, devolviendo á París el tumulto y la vida. 

Hacia las once, bajó lentamente y se dirigió á la habita- 
ción de su hermano. Algunos lacayos jugaban refugiados en 
la antecámara; levantáronse al verla. 

— ¿Mi hermano ha llamado? preguntó. 

— No, Señorita: todavía no es de diáen el cuarto del Sr. 
Vizconde. 

Emilia vaciló un momento; pero reflexionando que tan 
pronto como entrase el dia se vería -rodeado su hermano porta 
turbulenta nube de los amigos, mercaderes y sastres, se deci- 
dió á adelantarse. Hizo una señal, y el criado abrió las puer- 
tas: atravesó un gabinete y un salón, y se encontró en el 
cuarto dormitorio de Héctor de Soulanges, de aquel herma- 
no querido cuyo destino absorbia todo su ser. Una débil cla- 
ridad penetraba en aquel cuarto, y dejaba descubrir el de- 
sorden que en él reinaba. Trajes preciosos se hallaban echa- 
dos sobre los sillones; una brillante espada arrastraba por 
tierra, y un reloj, anillos y aiñieres estaban descuidadamente 
echados en el sofá. La cama estaba vacia y el hermano de 
Emilia descansaba, vestido á medias, en una vasta poltrona, 
como si el sueño y la fatiga que se siguen á una noche de de- 
sorden lo hubiesen arrojado allí, derribado y vencido. A su 
lado, sobre un velador, se hallaban confusamente esparcidos 

puñados de luises Emilia dirigió una triste mirada á 

aquel oro, probablemente ganado al juego, durante aquella 
noche, que su hermano llamaba de placer, pero que para ella 
habia sido de suplicio, y se arrodilló al lado del sillón, . . . 

Héctor seguia durmiendo; pudo entonces su hermana estu- 



LA VB&DAD CATÓLICA. H 

diar loseitragos que las vigilias y las pasiones habían impre- 
so eo aquel rostro, en otro tíempo tan lleno de candor; arru- 
gas precoces surcaban la pálida frente del joven. Sus párpa- 
dos hiochados y pesados, cambiaban la expresión de sus fac- 
ciones, marchitadas antes de tiempo, y llevando en la prima- 
Tera de la vida el triste sello de la decadencia. 

Emilia suspiró y una lágrima cayrS do sus ojos sobre la ma- 
Dode Héctor. Este despertó súbitamente, lanzó en tomo su- 
yo ooa mirada lenta y sorprendida, y vit>nfloá su hermana á 
sa lado, exclamó: 

-^iQué quiere decir esto? ¿porqué no estoy acostado, y 
TOS estáis aquí? 

—Qaerido Héctor, contestó la hermana tranquilamente, 
debéis saber mejor que yo porqué no os habéis acostado; y 
sabéis también perfectamente lo que á vuestro lado me trae. 

— Venfs á predicarme, dijo él riendo. 

— ^ predicaros? ¡Oh! no, sino á suplicaros que refle- 
xionéis UD.instante en la vida que lleváis, y veáis á dónde os 

conduce á la pérdida del cuerpo, á la del alma. Oh! po- 

tre Héctor mió, pensad bien en ello! 

—Sois demasiado severa, hermana mia: es preciso dar al 
tiempo lo que es del tiempo. 

— Ay! el tiempo ha de pasar, y ¿qué os quedará? 

—¿Qué importa? pase la vida! Corta y buena, esa es mi 
divisa. 

—Oh! hermano mió! y la eternidad, ¿nunca pensaisen ella? 
Acordaos de la muerte de nuestro padre, de los últimos sus- 
piros, de las postreras miradas de nuestra madre; ellos aca- 
baron con la muerte de los justos. Pero vos, ¿cuál será vues- 
tro fin? 

£1 joven se encojió ligeramente de hombros. Su hermana 
repuso: 

—Perdonadme que os hable de este modo; pero ya no te- 
oemos padres; solo tenemos un tutor para quien es bastante 
indiferente nuestra suerte; huérfanos, todo los somos el uno 
para el otro, y aunque soy mas joven que vos, me parece 
(no 08 riáis) que he heredado para con vos el corazón v la 
ternura de nuestra madre. Os oigo lo que ella os diria: Que- 
rido Héctor, abandonad esos vanos placeres, esos falsos ami- 
gos, esa vida desarreglada; convertios en un buen marido, 
un buen padre, y sobre todo un buen cristiano. 

— ^Linda predicadora, interrumpió el hermano, me enter- 
neceis pero no me convencéis. Mas pronto tendréis otro 
mejor que yo á quien predicar. ... estoy seguro quevues- 



76 ^^ V&RDÁD CATÓLICA. 

tro desposado, el muy grave conde de Meran, está en el salón 
hacienao sus cumplidos á nuestra respetable tia. Id, precio- 
sita, id: el caballero debe venir á buscarme en breve para 
ir al juego de pelota. . . . Preciso es que me vista 

Y llamó. 

Emilia, desanimada, salió haciéndole una señal amistosa: 
bajó á la habitación de su tia, donde se encontraban algu- 
nos amigos íntimos, y sentada á un lado ante su bastidor pres- 
tó un oido distraido á la conversación. Se hablaba de su her- 
mano; se contaba con ese tono ligero de las gentes del gran 
mundo, los gastos desmedidos y las locas intrigas á que se 
entregaba Héctor; y esta narración que hacia desternillar de 
risa á los oyentes entristeció el corazón de la pobre Emilia. 
Mientras que los demás reian, ella pensaba en aquel herma- 
no únicamente amado, en aquella alma, cuya salvación hu- 
biera comprado con toda su sangre y con su vida, y cuyos vi- 
cios y peligros eran objeto de las chanzas de un mundo cié* 
go. Cristiana, educada en la escuela del Evangelio, Emilia 

(>oseia esa elevada filosofía que considera como vanas y frívo- 
as las grandezas de la tierra y solo aprecia lo que es eterno. 
Iliéntras que en aquel elegante salón en que respiraba el 
lujo amanerado del siglo XVIII, se hablaba, y se citaba en 
«^iH>yo de una moral relajada un verso de Voltaire ó una co- 
4a de Bernis, Emilia meditaba las severas lecciones de la 
i^v d« Dios, y se repetía á sí misma: 

***¿Ue qué sirve al hombre ganar el universo si llega á per- 
vWr *tt alma?" 

O^mia por la ceguedad de su hermano, que prefería á esa 
vK>oinua piadosa los goces mas descabellados ó los mas gro- 
«#i\i« placeres; oia la voz del cielo que le décia: 

«^K«iad listos, pues el Hijo del Hombre vendrá cuando mé- 
1^^ l\> wonsois;" y temblaba recordando á Héctor, á quien 
u^j^ habia preparado para comparecer ante su Juez, y que 
sjv UM iu\m)ento 4 otro podia ser llamado á dar una cuenta 
Vo4«iM^ K^tos pensamientos llenaban su alma de temor, y 
li^^^<^(^^^ promesas del mundo no lograban consolarla. 
^ti^uMUO ^ra noble, rico, brillante, pero esas grandezas 
uiMiHHWL »^ l« impedían ser un pobre hijo de Adán, sujeto á 
l^'MU^H^ V al juicio de un Dios que pedirá una cuenta tan- 
iA^:«M^^t#<dNa cuanto mas haya dado; de un Dios paciente, 
;j«.v¿4«W^ ^^*^* jwicieute porque es eterno. 

^^^ÜKK ^ l^^ ^^^^* ^® decía ella ¿habrá de crecer esta 
h¥M^ ^ ^*^^Wt í^^ oonocpr, ni os ha de amar jamas? No lo 
HikMyMí% ^^rtiM^ iv^Mlde bondad, venido para salvar á los 



i: 



LA VERDAD CATÓLICA. 77 

pecadores; acordaos con qué precio fué rescatada esta alma 
y 00 permitáis que se pierda!'^ 

Absorta ea estos pensamientos, notó apenas la presencia 
del coode de Meran, su novio; hasta entonces le había sido 
grato ese proyecto de unión y de dicha; pero parecia como 
que una ambición mas alta habia brotado en su alma y cre- 
cía en ella como la planta confiada auna tierra fecunda, $ 
pesar de influjos extraños 



n. 

AlgQDas semaaas hablan trascurrido sin que nada cambia- 
tten la vida de Emilia ni en la de Héctor. Este aeguia el cur- 
so de sus desórdenes, como aquella continuaba su vida de 
recogimiento y oración, atribuyéndose á lo próximo de su 
matrimonio lo que se notaba en ella de mas reflexiva. Quin- 
ce días debian trascurrir aún antes de la firma del contrato, 
cuando una mañana hizo pedir á su tutor un momento de 
conversación. Mr. de Sevré la recibió en su gabinete, la hizo 
>Botar, V le besó la mano con afecto. Ella, generalmente tan 
tranquila, parecia conmovida, y su mano temblaba en las de 
M tío; éste lo notó. 
— ¿Qué tenéis? le dijo: ¿os ha sucedido algo querida Emilia? 
-^No, mi buen tio, contestó ella haciendo el último esfuer- 
zo por dominar su turbación y tratando de sonreír; pero la 
entrevista que de vos he solicitado n^e hace latir el corazón. 
—Y qué! hija mia, ¿parezco yo un tutor de comedia? 
—So, tio mió, siempre ha beis sido bueno y perfecto para 
con dos huérfanos; hemos encontrado en vuestra casa una 
Kgunda casa paterna; pero temo, si, temo afligiros. 
—¡Vos, Emilia! apenas puedo creerlo. 
—Querido tio, dijo ella tomándole la mano, quiero decí- 
foalo todo en dos palabras: no me siento llamada al estado 
del matrimonio; Dios me quiere del todo para sí; permitid 
qae le obedezca. 

—¡Queréis haceros religiosa! esa es una extravagancia! 
maestro matrimonio está arreglado con todo nn caballero; ya 
00 es tíempo de romper, puesto que Mr. de Meran tiene mi 
palabra, y vos habéis parecido ratificar nuestros cq/npromisos. 
— Ea cierto, tio mió, fácil me fué acceder á ellos pues es- 
timo profundamente á Mr. He Meran; mas no obstante, la voz 
de Dios se dejaba oir en el fondo de. mi alma; por largo tiem- 
po permanecí rebelde áella os amo á todos, bien lo sa- 



78 LA VBRDAD CATÓUCA. 

beis; pero en fin la gracia ha triunfado y mi resolución es 
invariable. 

Mr.de Sevrá movió la cabeza; imbuido en los principios 
déla regencia, las vocaciones religiosas, el ardiente y gene- 
roso deseo que impulto á algunas almas á salir de la via co- 
mún, le parecían una ilusión; permanecía insensible ante las 
buenas obras de una Hermana de la Caridad; pero se intere- 
saba gustoso por las víctimas del claustro, y á fin de librar ¿ 
Emilia de las seducciones místicas, la habia sacado casi niña 
aún, de la abadía donde habia sido educada. Y á pesar de es- 
ta precaución prudente ¿hablabaEmilia de gracia y devoción? 
Discutió largamente con ella; pero todas sus observaciones 
encontraron una respuesta, y la inocente seducción de la jo- 
ven obró de tal modo sobre él, que se sintió en fin persuadi- 
do de que amaba tiernamente á su familia al separar- 
se de ella, y que sulo un influjo irresistible la impulsaba 
á entrar en el claustro. 

— ¿Escogeréis sin duda, le dijo, una de nuestras hermosas 
abadías de Francia, la de Tart, por ejemplo? 

— Siento un gran respeto y un vivo agradecimiento hacia 
eaa casa, querido tio; pero todo mi deseo es consagrarme al 
servicio de los pobres y enfermos. 

— Al cabo, reinas han hecho otro tanto, contestó el buen 
gentilhombre. Entonces, podríais entrar en el convento de 
las damas caballeras de S. Juan de Jerusalen, puesto que, & 
Dios gracias, sois de antigua nobleza. Esas señoras sirven á 
los enfermos y hasta á los leprosos. 

Tío mió, no es ahí donde quiero yo ir, 

—¿A dónde pues? 

He escogiao la Orden de Hospitalarias de S. Agustín. 

¡Cáspita! nada sé de ella. ¿Qué viene á ser? 

Se consagra al servicio de los hospitales. 

Mr. de Sevré hizo una mueca de desagrado. 

—Una Soulanges! dijo. 

Qy¿i ¿¡O rnio, la Srita. de Melun, con la cual estáis em- 

narentado v cuyo escudo lleváis en vuestros cuarteles ¿no 
5Í6 su vida en un hospital? (1) 

^&tc raciocinio apoyado en el nobiliario, desarmó á Mr. 
^ Serré* este amaba á Emiliaj pero no tenia ni los derechos 
m ktcfnura de un padre, y la joven sintió pronto que era 
^fc ét átmt su propia suerte. El vizconde habia ido á pa- 

- %|j-« kiift del Príncipe de Eepinoy, consagró bu vida á loa 



LA VBBDAD CAT6uGá. 79 

sir la eitacioo de la eaza á la Baja Normandfa. y solo debía 
TolFerparael matrimonio de su hermana. La joven hizosas 
preparativos de viaje con singular diligencia, y diez dias des- 
pués de liabenie explicado con su tio, salía del palacio de Se- 
rré, y se dirigía hacia Flandes, en compañía de la princesa 
de SoQbiae, gobernadora de Lila á quien había sido confiada. 
La vispera, había escrito á Mr. de Meran; pocas horas an- 
tes de partir recibió de él este billete: 

"No podía cederos sino áDios, y admiro vuestra generosa 
resolacion, cuyos motivos creo adivinar. Jamas os olvidaré: 
á Toestra vez, acordaos de mf ante el Señor. 

"A DE M." 
Emilia quemó estos cortos renglones; lágrimas cayeron 
desQs ojos, último tributo pagado á las esperanzas de la 
tierra. 

—¡Que sea dichoso! dijo ella en voz baja: Señor, no me 
neguéis la salvación y la felicidad de aquellos á quienes he 
tmado sobre la tierra. 

Partió al día siguiente, y unos cuantos después recibía el 
wonde esta carta: 

"Mi querido hermano, mi Héctor, no nos volveremos á 
▼ereo este mando« Cuando os abracé antes de vuestra par- 
tida, os daba desde el fondo del corazón un eterno adiós: 
mas 00 me era posible confiaros mí designio. Hoy todo está 
arreglado, todo ha terminado. Parto para Flandes, y antes 
de 00 año, seré, así lo espero, religiosa profesa de la Orden 

de S. Agustín Sí, hermano mió, renuncio al mundo 

yáooa unión que hubiera podido causar mi dicha; á Emilia 
de SouUnges va á suceder la humilde hospitalaria, sierva de 
Dios y dé los pobres. ¿Pero para qué, me diréis, para qué 
semejante cambio? ¿Para qué renunciar á cuanto amáis, á 
cqaoto hubiera podido agradaros? ¡Oh! hermano mió! sabed- 
lo, por vos y por vos solo renuncio al porvenir que me aguar- 
daba; por vos y por vos solo abrazo esta vida de trabajos y 
sacrificios. Menester es una víctima á ese Dios á quien ofen- 
déis, menester es que alguien llore y ruegue por vos duran- 
te esos dias, durante esas noches que consagráis á la idola- 
tría del placer: esa víctima seré yo, y Dios, ^ Dios de bon- 
dad DO rechazará el holocausto de mis lágrimas. ¿Mas no 
haréis nada por vos mismo? Oh! si unís vuestra buena volun- 
tad á mi penitencia, si de acuerdo trabajamos por la salva- 
ción de vuestra alma, no, Señor! Dios de Agustin y de M6- 
DÍca, no rechazareis mí oración! Y vos, Héctor mió, oiréis la 
woz de vuestra mejor amiga, implorándoos en nombre de 



so LA VERDAD CATÓLICA. 

vuestra propia dicha; do querréis que mi sacrificio os s^ 
inútil. 

**Mas hay que terminar; preciso es dí*jíiro«i ¡oh herman -* 
mió querido, oh amigo mió, oh Héctor mió! preciso ^s daro^ 
el último adiós. No tratéis de hacer vacilar mi resoluoion^ 
no lo lograreis, pues mis votos sagrados están yapronuncia— - 
dos en el fondo de mi corazón. Solo os pido una cosa: todatf 
las noches, decid con el alma: ''¡Señor, tened compasión de^ 
mi!'* La misericordia de Dios hará lo demás. Os deseo todos 
los bienes que pueden apetecerse para aquellos á quienes 
mas se ama sóbrela tierra: os deseo el bien sumo: — la fe! en 
nombre de nuestro padre! en nombre de nuestra madre! vol- 
ved á ser cristiano! Adiós, hasta mas ver en el cielo! 

''Emilia de SouLANass.*' 

m. 

Algunos años habian trascurrido después de estos aconte- 
cimientos. Se estaba en el de 1745. El fragor de las armas y 
el toque de las campanas lanzadas á vuelo resonaban en la 
ciudad de Lila, viéndose dirigirse hacia los hospitales largos 
convoyes de heridos, principalmente hacia el hospital llama- 
do de la Condesa, antigjua fundación de Juana de Constanti- 
nopla. En el rostro de los franceses heridos se unía á la ex- 
presión de los padecimientos la manifestación del triunfo; 
sus débiles manos agitaban verdes ramos en señal de victo- 
ria y alcgria, y sus labios moribundos murmuraban aun: ¡Vi- 
va el rey! Volvian del campo de batalla de Fontenoy. 

Un gran número de oficiales habia sido trasportado al hos- 
pital de la Condesa; las literas y camillas se hallaban apiña- 
das bajo la majestuosa bóveda sobre la cual se elevaba en- 
tonces una torre elegante y ligera, derribada hace pocos 
años. 

Las religiosas recibían á sus huéspedes en una sala inmen- 
sa, donde habia una doble hilara de blancas camas con cor- 
tinas de sarga verde. Colocábase con cuidado á los heridos 
sobre aquellos lechos preparados para ellos; los cirujanos 
iban de cama en cama, seguidos de las hermanas con hilas, 
compresas y vendajes, las cuales ayudaban con mano firme á 
curar las mas espantosas heridas, pues el Apóstol lo dijo: JLa 
caridtid todo lopuede^ íoÍoIo sufre, nada la arredra. 

Entre las religiosas mas activas y mas resueltamente cari- 
tativas, notábase sobre todo á la priora, llamada Sor San 
Agustín. Hacia largo tiempo que su regularidad, su manse^ 



LA VERDxiD CATÓLICA. 81 

dumbre, bu pradencia y el espíritu de penitencia cíe que se 
hallaba animada, eran el ejemplo y causaban la admiración 
desQS hermanas: las mas antiguas recordaban todavía el fer- 
vor con que habia entrado en el noviciado, y la firmeza con 
- la cual habia resistido á las poderosas súplicas de su familia, 
jsob're todoá las de su hermano, que querían hacerla volver 
al mundo. Los pobres poseian en ella una madre y una cria- 
da; jamas miseria alguna se habia separado de ella sin ser 
eoDsolada. En aquellos momentos, ocupada en los deberes de 
«Q cargo, recibia á los heridos, cuidaba de que cada uno de 
ellos fuese prontamente atendido, y parecía comunicará to- 
das sus compañeras el fuego caritativo que ardia en su cora- 
zón. Casi todas las camas estaban ocupadas, cuando llevaron 
lentamente en una camilla un oficial cubierto con la capa en- 
carnada de los mosqueteros, arrojada como un sudario sobre 
so cuerpo inmóvil. Un cirujano de la Real Casa le acompa- 
ñaba y cuidaba solícito de él. 
La priora se presentó; el cirujano la saludó y le dijo: 
—Señora, hé aquí aun bizarro oficial de la Real Casa que 

confiamos á vuestro cuidado. Está de mucha gravedad 

Al pronunciar estas palabras, levantó la capa; el oficial te- 
nia una herida en el pecho, y una mancha roja y húmeda 
tenia el lado derecho de su camisa; tenia la cabeza caida ha- 
cia atrás; al ver desde lejos su pálido rostro y cerrados ojos, 
exclamó la priora: — ¡Dios mió, está muerto! 

—No, vive, contestó el cirujano aplicando la mano á la 
arteria. 

El herido alzó ligeramente la cabeza, y con voz apagada, 
dijo por dos ocasiones: 
—¡Señor, tened compasión íle njí! 

—Héctor! exclamó la priora cayendo de rodillas ante laca- 
milla. Héctor, ¿SOIS vos? 

— ^Quién me llamad contestó el moribundo; ya no veo • 

ÜD sacerdote; que me traigan un sacerdote; quiero morir co- 
mo cristiano! 

Sor San Agustin se puso en pié y corrió en busca del ca- 
pellán de I a casa. 

—Llevad los santos óleos, le dijo, va á morir! ¡Daos prisa, 
Padre mió, daos prisa, pues es una oveja descarriada que 
vuelve al redil! 

£1 sacerdote aceleró el paso; el moribundo seguia repi- 
tiendo: 

— ¡Señor, tened compasión de mi! ¡Oh hermana mia, si pu- 
dieseis orar por mí! 

VII.— H 



83 LA VERDAD CATÓLICA. 

— He ahf el sacerdote que habéis llamado, le dijo el ci- 
rujano. 

£l o6cial alargó su ya helada mano, y murmuró: 

— Daos prisa, voy á morir Ah! ¿porqué he esperado 

tanto, porqué he resistido tanto, cuando Dios me llamaba...... 

— Os deja tiempo para todo, hijo mió. contestó el sa4$erdo- 
te; confesad vuestras culpas é id á conquistar la eterna bie- 
naventuranza. 

Durante este misterioso diálogo entre el sacerdote y el pe- 
nitente, la priora con la frente en tierra, oraba con indecible 
ardor. 

Cuando alzó la cabeza, acababa el capellán de dar la abso- 
lución al pecador arrepentido, apresurándose á purificar, por 
medio de la santa unción, todos los sentidos, mstrumentos 
del pecado. 

El moribundo conservaba su razón, y parecía unirse á U 
sublime ceremonia que le disponía á comparecer ante Dios. 

Luego que esta hubo terminado, la priora se arrodilló de 
nuevo á la cabecera del moribundo, y repitió también de 
nuevo: 
, —Héctor! 

— ¿Quién me llama? dijo aquel: ¿hermana mia, estáis eo 
el cielo y me llamáis? 

— Héctor, hermano mió! con que os vuelvo á encontrar! 

El hermano reconoció ásu hermana, abrió los casi apaga- 
dos ojos, y tocó con sus manos el velo y las manos de la re- 
ligiosa: 

— ^Emilia!, dijo; Emilia! Oh cuan grande, cuan bueno es 
Dios! Muero como cristiano, por la Francia, y en vuestros 
brazos! buena hermana, abrazadme! 

La religiosa se inclinó sobre el moribundo, tocó su frente 
con sus propios labios, y le presentó el crucifijo. Héctor be- 
só los pies de Cristo, estrechó débilmente la mano de su her- 
mana, y murmuró: 

— Muero contento, y voy á esperaros 

Ya no existia. Sor San Agustín le cerró los ojos y besó 
piadosamente su frente y sus párpados. En seguida cubrió 
sus restos con respeto, y puso sobre la capa encarnada su 
cruz de priora, que se quitó del cuello. Después de haber 
cumplido con este ultimo deber, se dirigió vacilante á la ca- 
pilla, cayó prosternada ante el tabernáculo, y oró por largo 
tiempo. 

Sus compaderas la levantaron casi desmayada, y notaron 
que su velo y su toca se hallaban empapados en lágrimas; 



LA V8SDAD CATÓLICA'. 83 

lernas eo qae la oristíanay la hermana habían confundido 
sa r^ijo y su dolor. 

El meoode de Soulanffes fué enterrado en la capilla del 
hospital de la Condesa, al lado de un gran número de herma- 
non rayos de armas, cuyos nombres se leen aún sobre una 
piedra sepulcral colocada en dicha capilla: recuerdo glorioso 

Írtieroo, librado por casualidad de los estragos de la revo- 
ncioD. 



fiE7I8TA RELIGIOSA. 



brOISPOSICION DEL PAPA EN LA CAPILLA 8IXTINA. — El COr- ^ 

responsal del Monde da una interesante descripción de la es- 
cena ocarrida en la capilla Sixtina el martes de Pascua. Notó- 
se que al salir d«3 sus habitaciones el Padre Saato parecía 
moy decaído y desazonado. Contra su costumbre, llevábala 
cabeza cubierta, y puesto su manto encarnado. Mientras 
qoe Monseñor Ricci cantaba el evangelio, el Papa se sintió 
indispuesto. Estaba de pié con los cardenales Roberti y Ugo- 
lini á su lado, mas antes de terminado el evangelio, tuvo que 
sentarse. Su cabeza cayó sobre el pecho. Se habia privado. 
£1 asombro, juntamente con el respeto á las sagradas cere- 
moDias, tenia á todo el mundo sin movimiento. No habia 
médico alguno en el palacio, ni remedios en la sacristía. Pió 
IX, sentado en su trono, y agobiado bajo el peso de sus ves- 
tiduras pontificales, estaba privado de movimiento y al pa- 
recer de vida. Los dos cardenales aterrorizados le sostenían. 
Una ansiedad indescribible reinaba en la asamblea. En el es- 
pacio de seis ó siete minutos el Papa volvió en sí. Los cria- 
dos trajeron la silla gestatoria, y Pió IX levantándose y 
apoyándose en los dos cardenales, bajó lentamente las siete 
¡gnÁñA del trono. Sentado en ]a siJia y encontrándose» &atea 



84 LA VERDAD CATÓLICA. 

de que los cargadores se pusiesen en movimientOt de frent9 
á la asamblea, el Papa se puso completannente de pié coi& 
inexpresable magestad, alzando la mano izquierda á lo alto, 
*<coQiosi buscase la bendición en el mismo cielo*', según ex- 
presión de uno de los prelados, é hizo una gran señal de cruz^ 
volviéndose á derecha é izquierda, con un movimiento pau- 
sado y solemne, que afectó de tal modo á los espectadores 
que todos, no solo los patriarcas, obispos^ prelados y sacerdo- 
tes, sino los mismos cardenales, lo que no es habitual en 
ellos, cayeron de rodillas. Conducido ala sacristía, desde 
donde subió por sí solo la pequeña escalera que conduce á 
la sala de Árazzi, en el segundo piso del Vaticano, Pió IX 
permaneció por algunos minutos sentado, mientras que los 
de su servidumbre se hallaban de rodillas en torno suyo. 
Entonces fué cuando llegó el cardepal Ántonelli, agitado y 
falto de resuello. El Papa le recibió con una bondadosa son- 
risa, diciéndole; ^^SpecUiculujn factisumus mundo el hominibtit.^^ 
Por consejo de los facultativos Su Santidad se puso en cama, 
y las noticias posteriores acerca de su salud son todas satis- 
factorias. 



Diputación de los BULaAROs a su santidad. — Habia lle- 
gado últimamente á la. ciudad eterna una diputación envia- 
da por los búlgaros recién convertidos al catolicismo. Dicha 
diputación debía presentar su profesión de fe al Padre común 
de todos los cristianos. 



Monseñor glementi, nuncio que ha sido de su santidad 
EN LA república MEJICANA. — También vemos en los perió- 
dicos recientes la llegada á la capital del orbe católico de 
Monseñor Glementi, delegado apostólico en Méjico, cuyo pa- 
so por esta ciudad recordarán nuestros lectores. 



Protestas de varios prelados italianos. — Veinte y nue- 
ve arzobispos, obispos y vicarios capitulares de las cuatro 
provincias de Turin, Milán, Genova y Vercelli, han presen- 
tado una exposición al Rey de Cerdeña protestando contra 
las medidas adoptadas por el gobierno de dicho soberano con 
respecto á la Iglesia católica. — Dos cardenales, cinco arzo- 



I 



LA VERDAD CATÓLICA. 85 

biepos 7 catorce obispos napolitanos han dirigido otra pro- 
tata al Príncipe Eugenio deSaboyaCarignan, lugarteniente 
general del Rey de Cerdeña, por la abolición del concordato 
y la miserable condición en que se hallan la Iglesia y las ór- 
danei religiosas, privadas de todos sus bienes. 



Expulsión de dos comunidades religiosas. — Las auto- 
ridades francesas han expulsado de Lila á los P. P. Reden- 
toristas establecidos en dicha ciudad, y disuelto la comuni 
dsd de capuchinos formada en Hazebrouk. 



Llegada a america de un distinguido misionero. — El 
dia 19 de Abril próximo pasado llegó á St. Louis el R. P. de 
Smet, célebre por sus trabajos en medio de las tribus indias 
de la América del Norte, quien regresa á ésta después de 
haber pasado cerca de un año en Bélgica y Holanda. 



NüEYo arzobispo de la diócesis de nueva orleans. — 
SeguD leemos en un periódico católico de los Estados-Unidos, 
ha sido designado para ocupar la sede arzobispal vacante de 
Nueva Orleans Mons. Odin, obispo de Gálveston. 



Las hermanas de la caridad en los presentes distur- 
bios DE LOS estados UNIDOS. — Las Hermanas de la Caridad 
del hospital de S. Juan de Cincinnati se han dirigido al cor- 
regidor de la ciudad ofreciendo sus servicios en favor de la 
hamanidad doliente '*en cualquier tiempo ó lugar en que 
dichos servicios puedan necesitarse.'' *' ¡Nobles mujeres!" ex- 
clama con razón un periódico local. 



Visita pastoral de un obispo norte-americano.— El 
Obispo de St. Boniface acnhade hacer la visita de su vasta 
diócesis de un modo bastante notable. Salió en Julio de la 
lile i^la-Crosae visitando vallas misiones de camino, y encon- 



86 LA VERDAD CATÓLICA* 

trándose con Mona. Grandin. Volvió en Febrero de 'su visita* 
después de haber andado cerca de mil setecientas milláSt 
cuatrocientas sesenta de. las cuales recorrió á cabaliot y el 
resto en un carro tirado por perros. Le acompañaban unos 
cuantos guias indios y visitó varios establecimientos de reli- 
giosas en la parte mas agreste del país. Su viaje duró sesen- 
ta y cinco dias, cuarenta y cuatro de cuyas noches pasó al 
aire libre. 



Oraciones por la paz. — El arzobispo de Baltímore, con- 
siderando el estado en que se encuentra el país, amenazado 
por todas las calamidades de la guerra civil, ha ordenado 
que se añada en la misa la oración pro pace hasta nueva or- 
den. Recomienda á todas las comunidades religiosas que dia- 
riamente reciten las letanías de los santos con igual objeto. 
y ¿ todos los ñeles confiados á su custodia que oren fervoro- 
samente ¿ Dios para que disponga en favor de la paz á Tos 
gobernantes, y á cuantos ejercen alguna autoridad. 



CRÓNICA LOCAL. 



Carta. — Con motivo de la sentida muerte del Sr. D. Isido- 
ro Araujo de Lira (Q. E. P. D.) la Redaccion|de la verdad 
Católica dirigió la siguiente carta al Sr. Director interino del 
diario de la marina. — Redacción de la verdad católica. 
— Sr. Director del diario de la harina* — Habana 8 de Ma- 
yo de 18Ó1. — Muy señor nuestro: La época periódica en que 
debe salir el número de La Verdad Católica correspondien- 
te al tercer domingo de este mes la consideramos muy leja- 
na, atendido el dolor de que nod hallamos poseídos, para 



LA VERDAD CATÓUGA. 87 

manifestar á V. y á esa redacción el profundo sentimiento 
que experimentamos por la irreparable pérdida del Sr. D. 
Isidoro Araujo de Lira. Aun cuando no teníamos estrecha 
amistad con es** «lí^^tíngaido escritor, nos ligaban con él el 
▼fócalo no méuos estrecho del periodismo y la fraternidad 
de las letras, y ya que nuestras palabras no pueden ser atri- 
buidas como lisonja al que yace en la tumba, recíbalas Y. 
oomo UD puro y sincero testimonio de aprecio hacia la me- 
moria del honrado padre de familia que ya no existe, del dis- 
tinguido publicista cuyo talento, celo por la causa pública 
y laboriosidad eran indisputables. 

^Sírvase Y. aceptar, Sr. Director, nuestro mas sincero pé- 
same por tan lamentable acontecimiento, como también el 
homenaje de la profunda consideración que á Y. profesa — 
La Redacción de la verdad católica. 



Flores de Mayo en el Seminario de San Cárlos-^hos alum- 
nos del Real Colegio Seminario celebran en la capilla de di- 
cho establecimiento estos devotos ejercicios en honor de 
María en losdias festivos del presente mes. Los oradores en- 
cargados de los sermones en dichos actos son los Pbros. D. 
Luciano Santana, D. Luis Marrero y D. Rafael Tuimil. 



Estatuas y cuadros. — Acaban de colocarse en la iglesia de 
Belén, y en sus nichos correspondientes, las estatuas de ma- 
dera de San Francisco de Gerónimo y del B. Juan de Britto, 
no faltando ya sino las de San Ignacio de Loyola y San Fran- 
cisco Javier, para completar el número de las do bienaven- 
turados de la Compañía de Jesús que deben figurar en la 
misma iglesia. Según digimos en otra ocasión, todas esas es- 
tatuas han sidoencomendadas^al hábil cincel del Sr. Yallmit- 
jaoa de Barcelona. En el mismo templo se admiran en la ac- 
tualidad tres cuadros notables que contribuyen, así á desper- 
tar la devoción de los fieles, como á recrear agradablemente 
la rigta de los aficionados á las bellas artes. Consisten estos' 
en un lienzo de los cuarenta mártires del Japón, otro de la 
beata Mariana de Jesús de Paredes y Flores, y otro del após- 
tol San Pedro. Este último es copia de un distinguido pintor 
romano, y todos se deben al pincel de) H. Sebastian Galles, 
de la Compañía de Jesús. 



88 LA VERDAD CATÓUCA. 

Novena dd Sagrado Corazón de Jesús. — El dia 29 del ac- 
tual debe comenzar en la misma iglesia de Belén la noveoa 
que anualmente se hace al Sagrado Coiaz > 5 I ■ Jesús, para 
prepararse á celebrar dignamente la 6esta del dia 7 del en- 
trante. Hoy que la iglesia gime, rodeada de tantas y tan gran- 
des calamidades, pueden los Beles implorar al amantísimo 
Corazón de nuestro divino Redentor para que se digne de- 
volver á su angustiada esposa la paz y el sosiego que tanto 
necesita. Si nuestros informes son exactos, dicha novena se 
hará por las mañanas, siguiéndose la que escribió el P. Car- 
los Borgo, de la cual tenemos á la vista una preciosa edición, 
impresa en Barcelona en el presente año. 



Grandes fiestas^ — Recordamos que en la iglesia de áan Fe- 
lipe, con motivo de la conclusión de las Flores de Mayo, se 
verificarán las siguientes el domingo 3 del mes entrante. — A 
las 7 comunión general y fervorines. — A las 9^ suntuosa fies- 
ta, en que pronunciará el elogio de la Reina de ios Santos un 
Padre de las Escuelas Pias; á las 5 de la tarde la solemne pro- 
cesión, y después el sermón de acción de gracias que está en- 
comendado al Pbro. D. Pedro Arburu. Todo esto completará 
la corona de flores que durante el mes de Mayo se habrá te- 
jido por los buenos cristianos para ponerla como tributo de 
devoción y^mor filial á los pies del trono de la Madre del 
Amor Hermoso. — Al activo celo del Pbro. Dr. D. Mariano- 
Palacio Lizaranzu se debe el entusiasmo religioso que han 
despertado en esta ciudad los ejercicios anuales de las flores 
de Mayo, pues no perdona gasto ni sacrificio en honor y es- 
plendor del culto de la Divina Madre este digno sacerdote, 
que tan acreedor se ha hecho á la estimación general por la 
fidelidad con que cumple los deberes de su ministerio. 



DomlBiro 9 de Junio de 1861. 



SECCIÓN RELIGIOSA. 



ALOCUCIÓN 

iMftr* Am^Mm Padra H Pa^ Pt» IIL» en el 
CaoiliCarto Mcrata. 




Vbnkkablbs hermanos: 



ARGO tiempo ha, venerables hermanos, estamos con- 
'templando, ¡>or consecuencia de la deplorable lucha, 
nacida de la incompatibilidad de principios entre la 
verdad y el error, la luz y las tinieblas, la virtud y el 
vicio, á la sociedad civil en nuestros desdichados tiem- 
pos mas que nunca conmovida y conturbada. Susten- 
tan anos ciertos principios á los cuales llaman principios de 
la civilización moderna, y detiend<Mi otros los fueros de la 
justicia y de nuestra santísima Religión. Exigen aquellos 
que el Romano Pontífice se reconcilie y forme alianza con lo 
que se ha condecorado con el nombre de progreso^ liberalismo 
7 civilización moderna; al paso que éstos, con mucha razón, 
anhelan por que se conserven inviolables é incólumes los in- 
mutables é inquebrantables principios de eterna lusticia, y 
porque eficazmente se proteja el saludable poder de nuestra 
divina Religión, que da esplendor á la gloria de Dios, opor- 
tuno remedio á cuantos males afligen al humano linaje, y es 
norma única y verdadera, con la cual los hijos de los hom- 
bres, practicahdo en esta vida perecedera toda clase de virtu- 
des, arriban felizmente al puerto de eterna bienaventuranza. 

yii.— 12 



90 LA VERDAD CATÓLICA. 

Lo8 partidarios de la civilización moderna no reconocen e^^^ 
coutrapo8Ícion de doctrinas, antes bien afirman que los v^^' 
daderosy sinceros amigos de la Religión son ellos. De bu^*^ 
grado daríamos completa fe á sus palabras, si hechos sobr^' 
manera dolorosos, que están pasando á nuestra vista, no NO^ 
atestiguasen diariamente lo contrario. 

No hay en la tierra mas que una sola Religión verdadera 
y santa, fundada é instituida por Nuestro mismo Señor 3&^ 
sucristo; madre fecunda y nodriza dh todas las virtudes; ene' 
miga de los vicios, que huyen espantados á su presencia; li^ 
bertadora de !as almas; manantial de la verdadera felicidad: 
y esta Religión se llama Católica, Apostólica, Romana. En 
Nuestra Alocución consistorial, de 9 de Diciembre de 1854» 
manifestamos Nuestro modo de pensar acerca de los que vi- 
ven fuera de esta arca de salvación:^ y hoy solo re^ta confir- 
mar la misma doctrina; y cpn respecto á los que nos invitan 
á tender la mano en bien de la Religión á la civilizHcion mo- ' 
derna, solo tenemos qiie decirles, si en presencia de los he- 
chos, de qué estamos siendo testigos, Aquel á quien el mif- 
mo Jesucristo ha constituido divinamente por su Vicario en 
la tierra, á fin de mantener la pureza de su celestial doctrina, 
apacentar tus corderoJKy sus ovejas y confirmarlos en la fe, 
podría sin grave detrimento de su conciencia, sin convertirse 
en piedra de escándalo universal, formar alianza con esa ci- 
vilización moderna, origen de tantos y tan deplorables ma- 
ten, de tan detestables opiniones, de tantos errores'y princi- 
pios absolutamente contrarios ala Religión Católica y su 
doctrina. Sin necesidad de mencionar otros hechos jiquién,. 
por ejemplf), ignora cómo han sido unuladas solemnes con- 
venciones legítimamente celebradas entre la Si i la Apostólica 
y Príncipes Soberanos, como acaba de suceder en ¿I reino 
de Ñapóles? Nos, ante vuestro pleno Consistorio, una y otra 
vez deploramos, venerables hermanos, este último aconteci- 
miento, y reclamamos con todas nuestras fuerzas, y protes- 
tamos contra él, como hemos protestado contra atentados y 
violaciones de igual naturaleza. 

Estacivilizacion moderna, queseempeñaen favorecer todo 
culto no católico, que ni aun á los infieles mismos aparta de 
los empleos públipo8,.v^ue cierra las escuelas católicas á sus 
hijos, se desata por iifílado contra las comunidades religiosas, 
contra los institutos fundados para dirigir las escuelas cató- 
licas, contra los eclesiásticos de todas categorías, y hast^ con- 
tra aquellos que están revestidos de la mas alta dignidad, 
muahoH da los cuales gimen hoy en el destierro ó en los cala- 



LA y^EDAD CATÓLICA. 91 

bozo6;y por Último, contra esclarecidos varones seglares. 
qoe, adictos á Nos y á esta Santa Sede, tan valerosamente 
defienden la causa de la Religión y de la justicia. Esta civi- 
lización, mientras que tan pródigamente derrama subsidios á 
ÍDStitutosy personas no católicas, despoja á la Iglesia cató- 
lica de sus legítimas propiedades, y pone todo su empeño é 
inteligencia en amenguar la saludal^U' ¡niluencia de la misma 
iglesia. A mayor abundamiento, mi<^ntras deja en completa 
libertada los que de palabra ó por CNcriio combaten á todos 
los que de corazón aman á la Iglesia, y mientras alienta, sos- 
tiene y favorece la licencia, ál propio tiempo se manifiesta 
cauta y moderada para reprimir los violentos y odiosos ata- 
ques, dirigidos contra los que publican los mas sanos escri- 
tos, y toda su severidad la guarda para estos, si por ventura 
JQZgaqueban traspasado, siquiera sea levemente, los límites 
déla moderación. 

¿Y asemejante civilización podria nunca el Romano Pon- 
tffiee tender amiga diestra, y celebrar con ella cordiales y 
lioceros pactos y alianza? Dése á las palabras üu verdadero 
significado, y entonces se verá que la Santa Sedé^^tá siem- 
pre de acuerdo consigo misma. Ella ha sido siempVe amparo 
y sosten de la verdadera civilización; y los monumentos de 
la historia con toda la elocuencia atestiguan y demuestran 
qaeen todas edades ha llevado la Santa Sede aun á las tier- 
ras mas bárbaras y remotas la verdadera y recta suavidad de 
costumbres, el orden y la sabiduría. Pero si por civilización 
se quiere entender un sistema combinado á drede, para en- 
íaquecery quizás también para destruir á la Iglesia de Je- 
sacristo, jamas la Santa Sede ni el Pontífice Romano podrán 
aliarse con semejante civilización. ¿Qué tiene que rcr, como 
sapiftntísimamente exclama el Apóstol, la justicia con La ini- 
quidad, ó qué consorcio puede haber entre la luz y las tinieblas^ 
(Ni quéumon cabe entre Jesucristo y BeliaU (\ ) 

Ahora bien: ¿con qué especie de probidad los perturbado- 
res y patronos de la sedición levantan su voz, para poner de 
manifiesto los vanos esfuerzos que han hecho, á fin de poner- 
se de acuerdo con el Romano Pontífice? E^te, que funda to- 
dasu fuerza en los principios de eterna justicia, ¿podrá aban- 
donarlos jamas hasta el punto de que nuestra santa fe quede 
debilitada, é Italia expuesta á perder, con su mayor esplendor, 
la gloria que goza ha diez y nueve siglos, de ser centro y si- 
lla de la verdad católica? Ni puede objetarse que esta Santa 

(1) Epíit. II. »d CoriDth, c. VI. v. 14, 15. 



98 LA VERDAD CATÓLICA. 

Sede, ea todo cuanto atañe ¿ la potestad temporal, «e ha he- 
cho sorda á los clamores de los que deseaban una administra- 
ción mas libre: sin recordar antiguos ejemplos, nos limitare- 
mos á hablar de esta nuestra edad infortunada. 

Desde que Italia obtuvo de sus legítimos príncipes insti- 
tuciones liberales, guiados por Nuestro amor paternal hacia 
aquellos hijos que viven bajo nuestro Gobierno pontificio, 
Nos los hicimos partícipes de Nuestra administración civil, y 
les hicimos concesiones oportunas, ordenadas, sin embargo, 
con tal prudencia, que la acción de los malvados no pudiese 
envenenar y corromper lo que con ánimo paternal leshabia 
sido otorgado. ¿Y qué sucedió? Desenfrenada licencia se 
apoderó de Nuestros dones; el umbral del palacio, en que se 
juntaban los ministros y- diputados, fué tenido en sangre, y 
manos impías se volvieron sacrilegamente contra el autor ' 
de tanto beneficio. Y si en estos últimos tiempos se nos die- 
ron consejos acerca de Nuestro gobierno civil, no ignoraiC 
venerables hermanos, que fueron admitidos por Nos, excep- 
to aquellos que no eran pertinentes á la administración ci- 
vil, sino que se dirigían á arrancarnos Nuestro asentimiento 
hacia el despojo que se habia llevado á cabo. 

No hay para qué hablar de consejos benigaamMte escu- 
chados, ni de promesas hechas por Nos sincerfsimamente, 
cuando los que regulan la marcha de las usurpaciones procla- 
man en alta voz que no son reformas lo que quieren, sino una 
revolución completa y separación absoluta del legítimo So- 
berano: Ellos eran, que no el pueblo, los autores é instiga- 
dores de tan criminal atentado, cuando ensordecian al mun- 
do con sus clamores; de suerte que de ellos puede con toda 
verdad decirse lo que el V. Beda decia (1) de los Fariseos y 
Escribas, enemigos de Jesucric^to: *'Nb las turbas, sino tos Fa- 
riseos y Escribas, eran los calumniadores, según testimonio de los 
EoongeliMa^." 

Ni tiene por único objeto la cruda guerra, declarada al 
Pontificado de Roma, despojar enteramente á esta Santa Se- 
de y al Romano Pontífice de su Principado civil, sino tam- 
bién menoscabar y aun destruir del todo, si posible fuera, la 
salvadora virtud de la Religión católica. Para ello se desen- 
cadena contra la obra misma de Dios, fruto de la redención, 
y contra la santísima fe, herencia lá mas preciosa que hasta 
Nos se ha trasmitido, merced al inefable sacrificio consulta- 
do en el Gólgotha. Y de que así sucede dan testimonio su- 

(1) Lib. I o, 48. in o. 11. Lac». 



LA VSBDAD CATÓLICA. 93 

perabuDihote los acaecimientos arriba conmemorados y los 
que diariamente van llegando á noticia Nuestra. Porque, en 
meto, ¡cuántas diócesis de Italia gimen ya, viudas de sus 
Obispos, por consecuencia de las dificultades suscitadas con- 
trs estos, entre aplausos de los decantados patrocinadores de 
la civilización moderna, que dejan sin pastores á tantas po- 
blaciones cristianas, y se apoderan de sus bienes para apli- 
carlosá malos usos! ¡Cuántos Obispos se hallan desterrados! 
¡Cuántos apóstatas (decírnoslo con amargo dolor) cuántos 
apostatas, fiándose en la impunidad, que Tes asegura un fu- 
nesto sistema de gobierno, para derramar, no la palabra de 
Dios, sino la de Satanás, perturban las conciencias, incitan 
á prevaricar á los flacos, confirman en vergonzosísimas doc- 
tnoas á cuantos han tenido ya la desventura de sucumbir, y 
pugnan por desgarrar la túnica de Cristo, proponiendo y 
aconsejando, sin temor alguno, que se establezca lo que lla- 
nsan ellos Iglesias nacionales, ó haciéndose reos de otras im- 
piedades de la misma especie! ¡Y cuando así han insultado la 
Religión, vienen hipócritas invitándola á reconciliarse con 
la civilización Mtual, é hipócritamente también osan exhor- 
tarnos á que nos reconciliemos con Italia! 

£s decir, en el instante mismo en que despojados* de casi 
todo nQettro'príncipado civil, no cubrimos las pesadas cargas 
que, como pirocipe y Pontífice, pesan sobre Nos, sino á mer- 
ced de Wpiadosas liberalidades, que los hijos de la Iglesia 
católica nos envian diariamente con el mayor afecto; en el 
instante en que, sin motivo alguno, somos blanco de la envi- 
dia y el odio de los mismos, que nos aconsejan la concilia- 
ción, se quisiera también vernos declarar públicamente que 
cedérnoslas provincias usurpadas de nuestros Estados Pon- 
tificios á los usurpadores, cual si fuera libre propiedad suya. 
Tan audaz é inaudita propuesta equivale á pedir á esta Sede 
Apostólica, baluarte perenne de la verdad y de la justicia, 
qoe sancione como principio el que cosas injustas y violen- 
tamente arrebatadas puedan ser tranquila y honrosamente 
poseídas por un injusto agresor, y á solicitar de Nos la de- 
claración del principio, igualmente falso, de que una injus- 
ticia triunfante no merma en cosa alguna la santidad del de- 
recho. Pero contra semejante propuesta repugnan las pala- 
bras solemnes, que acaban de ser pronunciadas en el seno de 
un grande ó ilustre Senado, sobie que el Pontífice Romano 
es repreientanté de la prindyalfuerza moral en la sociedad hu- 
mana. Siendo así, el Pontífice no puede en manera alguna 
consentir un despojo, digno de vándalos, sin derribar los ci- 



94 LA VlKRDAt) CATÓLICA . 

mientos de la propia disciplina moral, cajra primera imagen 
y cuya forma primaria se reconoce en él. 

Persuádase cualquiera que, por error 6 miedo, pensare en 
dar consejos conformes al injusto anhelo de los perturbado- 
res de la sociedad civil; persuádase, sobre todo en los tiem- 
f>os actuales que nada satisfará á esos hombres, como no sea 
a total destrucción del principio de autoridad, de todo fre- 
no n'ligioso y de toda regla de derecho de justicia. Y para 
desgracia de la.sociedad civil, esos mismos perturbadores 
que, con sus discursos y escritos, han logrado pervertir las 
conciencias, enflaquecer el sentido moral, y aminorar el hor- 
ror á lo injusto, están haciendo todo lo posible para persua- 
dir á las gentes de que el derecho invocado por todas las na- 
ciones, donde reina eb sentimiento de lo justo, no es otra co- 
sa sino un injusto y despreciable capricho, ¡Ay! La tierra 
llora, vacila y desmaya; el mundo desfallece; rehtíja^e (oda granr 
deza de los pueblos; infesta la tierra la corrupción de sus morado- 
res, porqw han CsOncalcado las leyes, ^volcado el derecho, y rato 
la eterna alianza. 

En medio de estas densas tinieblas, que 19io8, en sus im- 
penetrables designios, permite envuelvan á las naciones, po- 
nemos toda Nuestra es|»eranza y confianza ea el clemen- 
tísimo Padre de las Misericordias y Dios de Un) consuelo, 
que nos consuela en todas nuestras tribulaciones. £1 es cier- 
tamente quien nos inspira, venerables hermanos, espíritu de 
concordia y de unanimidad, y quien lo acrecentará en voso- 
tros, para que, unidos á Nos con el mas estrecho vínculo, por 
la identidad de sentimientos, esleís prontos á sobrellevar con 
Nos la suerte que nos esté respectivamente reservada en los 
secretos designios de su Divina Providencia. El es quien, con 
lazos de caridad, une entre sí y con este centro de la verdad 
y unidad cafólica, á los Obispos del mundo cristiano, que 
amamantan con la doctrina evangélica á los fieles encomen- 
dados á su custodia, mostrándoles el seguro camino, en medio 
de las tinieblas, y anunciando á los pueblos con la virtud 
de la prudencia las sacratísimas palabras. El es quien, sobre 
todas las naciones católicas, ditunde hoy espíritu de oración, 
y quien inR[)ira sentimientos de equidad á las no católicas, 
para que juzguen rectamente de los sucesos actuales. Esta 
admirable unión de oraciones en todo el univeri^o católico, 
estas muestras tan unánimes de amor á Nos, expresadas con 
tan varios modos y que acaso no tienen igual en las edades 
pasadas; todo esto muiiifiesta con la mayor eio^Miencia cuán- 
to importa á los hombres de recta intención coü vertirse há- 



LA VERDAD CATÓLICA. 96 

cia esta cátedra del Bienaventurado Príncipe de los Apósto- 
les; cátedra que ha sido siempre luz del mundo, maestra de 
verdad 7 nuncio de salud, y que hasta la consumación de 
los siglos DO cesara de enseñar las inmutables leyes de la 
eterna justicia. Ko se dirá ciertamente que los pueblos de 
Italia sa hayan rezagado en estos magníficos testimonios de 
filial amor y respeto para con esta Sede Ápóstólic»; pues 
soD muchos cientos de miles los que nos ban escrito afectuo- 
sísimas cartas, no para exhortarnos á esa reconciliación, que 
loa hábiles Despiden con tanto clamoreo, sino para compar- 
tir nuestras penas, nuestros afanes y nuestras angustias; pa- 
ra demostrarnos su amor y probarnos cuánto detestan la ini- 
cua y sacrilega expoliación del principado civil de esta San- 
U Sede. 

Portante, antes de poner fin á este discurso, declaramos 
alta 7 paladinamente, ante Dios y los hombres, que ninguna 
necesidad tenemos de reconriliarnos con nadie. Pero, ocupan- 
do aunque indignamente, como en la tierra ocupamos, el lu- 
gar de Aquel que oró por los transgresores de la ley, y pidió 
perdón para ellos, estamos del todo prestos á perdonar á los 
que nos aborreden, y A orar por ello3, á fin de que, restitui- 
dos por la gracia de Dios á mejor camino, puedan merecer 
a«{ la bendición del que es en la tierra Vicario de Jesucristo. 
Si, de. todo ^ÉQB^on pedimos por ellos, y estamos prontos á 
perdonarlos flk bendecirlos en la hora y punto que se con- 
viertan. Mas entretanto, no podemos permanecer inactivos, 
como 6Í nada nos curásemos de las humanas calamidades; no 
podemos menos de sentir grave conmoción y tormento, con- 
siderando como Nuestros los daños y perjuicios injustamente 
causados á los que padecen persecución por lajusMcia. A 
causa de esto, mientras el dolor of»riine Nuestro corazón, y al 
propio tiempo que dirigimos á Dios Nuestras súplicas, satis- 
facemos al gravo cargo de nuestro supremo apostolado, ha- 
blando, enserlando, condenando todo lo que Dios y su Igle- 
sia enseñan y condenan; á fin de que, firmes así en Nuestro 
camino, cumplamos hasta el fin el minisSterio de la palabra, 
que hemos recibido d« Nuestro S^^ñor Jesús, dando testimo- 
nio al Evangelio de la gracia de Dios. 

Por consiguiente, si se exig^* de Nos co'ías injustas, no po- 
demos otorgadas. Si se pide Nuestro perdón, de buen grado 
le otorgaremos amplísimo, como lo hemos recientemente de- 
clarado. Mas para pronunciar esta palabra de perdón de un 
modo completamente conforme á la santidad de nuestra dig- 
DÍdftd pontificia, doblamos ante Dios lu rodilla, y, abrazados 



96 LA VSBDAD CATÓLICA. 

al triunfal estandarte de nuestra redeneionj snplieamos ho- 
mildemente á Jesucristo se digne llenamos de su caridad, 
para que perdonemos, asf como El perdonó á sus enenuffos, 
antes de entregar su espíritu santísimo en manos de su Eter- 
no Padre. > 

Pedírnosle fervorosamente que asf como» en yirtod del per- 
don, por El otorgado, en medio de las densas tinieblaa que 
cubrieron toda la tierra, iluminólos espíritus de sos enemi- 
gos, los cuales, arrepentidos de su horrible crimen, se toI- 
vían golpeándose el pecho; del propio modo, en medio de 
estas tinieblas de hoy, se di^ne sacar cíe los inagotables taso- 
ros de su misericordia infinita los dones de su gracia celestial 
7 victoriosa, á fin de que todos los extraviados se restituyan 
á su único redil. Y sean cuales fueren ios impenetrables de- 
signios de su Divina Providencia, en nombre de su Iglesia 
pedimos á Jesucristo que juzgue la causa de su Vicario, 
causa de su Iglesia; que la defienda contra los embates de 
sus enemigos, que la ilustre y fortalezca con un glorfoéo 
triunfo. Pedírnosle también se digne restituir orden y quie- 
tud á la perturbada sociedad, y conceder este pastan desea- 
da para el triunfo de la justicia, que solo e¿í El esperamos. 
Pues ciertamente, en meoio de este trastorno de Europa y del 
universo entero, y. de los que tienen el arduo cargo de regir 
los destinos de los pueblos, solo puede combatir con Nos y 
por Nos. Júzganos, oh Dios, y dicieme nv^stra causa de la na- 
cion no santa; danos ^ Señor, paz en nuestros dios, porque no hay 
otro que pelee por nonntros sino tú, que eres nuestro Dios. 



ACTDAL AOITACIOn RELIGIOSA. 



La Europa se halla en una conflagraron general. Ni 
una sola de sus potencias de primero ó segundo orden 
deja de estar alarmada. La Rusia tiene á sus puertas 
la insurrección polaca. El Austria y el Piamonte se mi- 
ran frente á frente, prontos á despedazarse. Las cuestio- 



LA VERDAD CATÓLICA. 97 

061 interiores de partidor agitan la Prusia. Turqafa, ame- 
oaada de un íevantamiento general, cuyo primer grito ha 
¡ido ya la Bosnia; Irlanda, la católica Irlanda, presenta 
losmanok encadenadas á la Inglaterra, y le pide su indepen- 
dencia; Ñapóles, vasta túnica sobre la cual echan suertes, 
dispotándose la propiedad, el socialismo, los partidarios de 
la easa de Saboya y los adictos á la de Borbon; Italia, la her- 
mosa Italia, hoguera encendida por la revolución, ¿ cuyo 
fuego se han arrojado los títulos mas venerandos del catoli- 
elimo, las leyes mas inviolables de la justicia, los fueros mas 
nobles de la hidalguía y del honor. Y sin embargo, este ne- 
gro horizonte, preñado de tantos y tan graves acontecimien- 
to! políticos, no nos inspira tanto temor como un sordo ru- 
mor que presagia fatal catástrofe, trayendo los ánimos con- 
turbados, agitadas las conciencias, y en zozobra los espíritus. 
iQuiéo podrá negar la actual agitación religiosa, que parte 
de Europa y recorre el mundo todo hasta su último rincón, 
llallí encuentra un corazón cuyos latidos los inspire la fe 
católica? Siempre se ha dicho que las guerras de religión son 
las roas desastrosas, y en esto que se quiere ver un misterio 
incomprensible, nosotros^ no solo encontramos la solución 
mas clara y sencilla, sino qué no acertamos á concebir de dis- 
tinto modo el carác:er de nrmeza é inconciliacion de las guer- 
ras de religión» ¿Qué se sostiene y defiende en estas? Aque- 
llo que constituye todo el tesoro del hombre, sus conviccio- 
nes religiosas, su fe inalterable; aquello que el hombre ama, 
6 debe amar, mas que á su patria, mas que á su familia, mas 
que á sí mismo, — su Dios y su Religión. Ese amor á Dios, ese 
culto ala fe y á la Religión, es l;i semilla de los héroes, la sa- 
via fecunda que convierte á lo« débiles en atletas, á los pig- 
meos en gigantes y á los hombr(»s terrenos en santas legiones 
de mártires. El paganismo nos presenta grandes, aunque ra- 
ros ejemplos de amor á la patria; el Catolicismo, vivifican- 
do nuestro espíritu, dándonos ingentes y sobrenaturales fuer- 
zas, encendiendo en nuestro pecho una hoguera de amor, 
superior á todo amor, por ser el amor mas puro, nos presen- 
ta mas de diez y seis millones de mártires; y no acertamos H 
concebir, repetimos, cómo pudieran presentarse de distinto 
carácter las guerras en que tercian los intereses mas caros á 
nuestro corazón; 6 mejor dicho, las guerras en que sostenien- 
do los intereses de la Religión, defendemos á^la par los inte- 
reses de nuestra patria, de nuestra familia y de nosotros mis- 
mos; porque el amor á nuestra Religión es la ¿síntesis de todos 
los amores que justa y lícitamente pqede y debe abrigar un 

yu.— 13 



98 LA V ERDAD CATÓLICA. 

corazón católico. He ah^ explicada, á nuestro modo de ver' 
la naturaleza de las guerras de religión, como también la mar 
gia de ese grito de triunfo de los cristianos al subir al cadaK 
80 : CíBsar; marituri te salutanU 

Hoy el catolicismo ha recibido profundas heridas en sus 
partes mas nobles, en su cabeza y en su corazón; y este corazón 
y esta cabeza, los constituye el Pontífice Romano: porque 
comogefe y cabeza universal de Ja Iglesia le debemos toda 
nuestra sumisión y respeto, y como Padre por su corazón le 
debemos todo nuestro amor. Esa agitación es vivísima sobre 
todo en Francia, donde en pleno parlamento se puso en tela 
de juicio la cuestión romana, y la caida del poder temporal 
del Papa; y si bien no faltaron acusadores del Romano Pon- 
tífice, voces elocuentes sostuvieron con singular energía aque- 
lla noble causa, produciendo sus discursos una viva emoción, 
no solo en los ámbitos del ipalacio del Luxemburgo, sino en 
toda Francia, en todos los franceses. 

Y téngase presente que esa misma agitación religiosa nun- 
ca se halla mas justificada que hoy, porque si bien un decreto 
de la república romana, de 9 de Febrero de 1849, declaró que 
el poder temporal del Papa había caído de hecho y de lierecho^ 
ese grito fué pronunciado por un puñado de aventureros, hi- 
jos de la revolución, y no llegó á inspirar serios temores; pe- 
ro este mismo grito lo repite hoy una nación católica, y de 
aquí la profunda emoción que tiene conmovidos á todos los 
espíritus, y en alarma al mundo católico. ^ 

Recordamos que el ilustre ministro de Pío IX, el conde 
Rossi, primera víctima de la revolución de 1849, exclamaba: 
'*No dejemos decapitar la cristiandad." Y en efecto, ¿qué 
serian Rema, el mundo sin el Papa? Recordad la civili- 
zación romana y la civilización universal antes del primer 
Pontífice Jesucristo. £1 mundo retrogradaría al caos, la hu- 
manidad se hundiria en la abyección pagana, Ja verdad es- 
taría cautiva, y terríficos signos anunciarían á la tierra una 
nueva encarnación del Antecristo, mas terrible y espantosa 
que todas las que hasta hoy la han afligido y devastado. 

^Una sola palabra partida del Vaticano ha tenido siempre 
el poder fascinador de sostener, no solo el equilibrio europeo, 
sino también el del orbe católico, y si á veces esa palat>ra ha 
sido desoída, y las consecuencias de dicha inobediencia han si- 
do desastrosas, esa palabra empero ha sostenido los principios 
eternos de la justicia, de la moral y del derecho: Non Ucet; 
he ahí el velo inexorable que pronuncia el Romano Pontí- 
fice ¿pueblos y Reyes cuando marchan en sus caminos acom- 



La VlStoAD CAl^LIOA. d9 

pañidos'de la iojusticia 6 de la iniquidad. Si Pió IX no hu- 
biflie proDUDciado esta palabra, habieae conservado quizás 
N8 propiedades, pero ha preferido decir con la fortaleza del 
héroe 7 del Pontífice sucesor del gran Gregorio: ''Sálvense 
k» principios y perezcan las temporalidades." El triunfo mo- 
ni «de rio IX; y la victoria material de ja Revolución. 

Y el dia en que el Papa fuese subdito de una potencia 
malquiera ¿quién pronunciaría en nombre de la Religión, 
de Is JQiticía y de la moral esa palabra de vida, ese veto con- 
aenrador, baluarte y garantía de todo principio de orden? 
^i<Q diría entonces con voz solemne á pueblos y reyes 
qoe marchasen por tortuosas vías: Non licetf. . . . 

Debemos confesarlo: existe una agitación- religiosa, en Eu- 
ropa sobre todo, difícil de ocultarse. Las heridas se han diri- 
gido á la cabeza y gefe supremo del catolicisno, y todos Ips 
qae somos miembros de ese cuerpo hemos recibido las mis- 
mas heridas. Los acontecimientos marchan con increible ce- 
leridad. Las iniquidades de los hombres ya no reconocen lí- 
mites, y tal vez la Justicia Divina exija para la expiación de 
aquellas una víctima tan noble y tan santa como Pío IX; pe- 
ro DO por esto habrá caido el Pontificado. Sobre la sangre de 
este suevo Pontífice mártir, se levantará con mas esplen- 
dor el Pontificado. 

J. R. O. 



iPARICIOlSSS EN EL SANTISIHO SACBAKENTO. 



I. 

Pruebas históricas de las apariciones. 

El Salvador del mundo decia á los judíos que su cuerpo 
era verdadero manjar y su sangre verdadera bebida; aquellos 
incrédulos no podian dar asenso á su dicho: Duras est hic 
^^fmo, et qui» potest eum audirel Semejante duda ha surgido á 
veces en el ánimo de los cristianos. Pero la clemencia de 
Dios se ha dignado mas de una vez curar la dureza de \oa co- 



488?^ rso 



loo La verdad oatóuóa. 

razones valiéndose de un remedio de sa iomenso amor» y 
mostrar evidentísimamente la verdad del Santísimo Sacrar 
meñto de la Eucaristía por medio de apariciones milagro- 
sas. 

Santo Tomás de Aquino, 58? Opúsculo, dice acerca del 
particular: ^'Lqs que han leido las vidas y los hechos de los 
santos no ignoran que á menudo el Sacramento del Cuerpo 
y Sangre de Jesucristo ha sido mostrado á los hombres, 6 
para salvación de los que dudaban, ó mas bien para ventaja 
de los que aman ardientemente; se le ha visto bajo la forma 
de un cordero, bajo la de un niño, con el color de la carne y 
de la sangre; descubriéndose por milagro lo que se halla en-, 
cubierto bajo el velo del misterio. Esto sucedió á S. Basilio 
celebrando la fiesta de Pascua; habiéndose mezclado un ju- 
dío con los Beles pretendiendo' descubrir el misterio del ofi- 
cio pascual, vio un niño que se dividía en manos de S. Basi- 
lio; y como todos los fieles comulgasen, él también se acer- 
có, y recibió una hostia qoe se convirtió en verdadera carne; 
llevó los restos de ella & su casa, y refiriendo á su mujer lo 
que habia visto, exclamó: *'¡El Sacramento de los cristianos 
es verdaderamente terrible y admirable!'' Al dia siguiente re- 
currió á S. Basilio, y recibió el bautismo con toda su fa- 
milia." 

He aquf otro hecho no menos bien comprobado que el an- 
terior. Un sacerdote, llamado Egidio, vivia santísimamente. 
Con frecuencia pedia á Dios poder contemplar la naturaleza 
del Cuerpo y Sangre del Señor. Un dia que decia misa, se 
prosternó después del Agnus Dei, é hizo esta oración: ^'Dios 
omnipotente, criador y redentor, descubridme en este misto- 
rio la naturaleza del Cuerpo de Jesucristo, áfin de que pue- 
da, no obstantes mi indignidad, ver bajo la figura de un niño 
al que en otro tiempo fué llevado en el seno de la Virgen 
María." Bajando al punto un Ángel del cielo, díjole: ''Leván- 
tate presto, si quieres ver á Jesucristo; he ahí, vestido con 
un amito corpóreo, aquel á quien llevó en su seno la Vir- 
gen Madre." El sacerdote se incorporó, y vio á un Ni- 
ño sentado sobre el altar. El Ángel le dijo entonces: ''Pues- 
to que has querido ver á Jesucristo, contempla ahora con^^ 
tus ojos y toca con tus manos á Aquel á quien has consagra- 
do bajo la especie de pan por medio de las palabras místicas." 
Lo que vamos á decir es Yerdaderamente maravilloso. Coa 
el auxilio de la luz celestial, el sacerdote tomó al Niño%n sus 
trémulas manos; estrechó sobre su corazón el Corazón del 
Niño, y con sus labios tocó los del Salvador. Hecho esto, vol- 



LA TBBDAD CAI^SUCA. 101 

v6 á colocar al Niño aobre el altar; y prosternándose por se- 
gunda fes, aaplioó al Señor que se dignase recobrar la apa- 
rieociaiacramental; al levantarse halló qae el Cuerpo de Je- 
saeriito había vuelto á tomar su primera forma. Comulgó 
bajo Qoayotra especie» y terminó la misa sin mas prodigio. 

£1 Martirologio romano hace memoria el 9 de Noviembre, 
de ana imagen de Nuestro Señor que crucificaron los judíos 
y diianagran cantidad de sangre: Beryti in Syria comniemo- 
raí» ¿MgruiM SalwUcriit qiut a Judceis crucifixa tam copiosutn 
emintiox^inant tU Oriéntala et Occidentales Éccletuty ex eo uber- 
nmaeeeperint. Pueden verse las notas del Cardenal Barouio 
lObre este pasaje de Martirologio. 

' Eocoéntranse fiestas perpetuamente instituidas para con- 
lemr la memoria de las apariciones mas célebres. En Augs- 
boigo, después de la memorable aparición cuyo relato pe lee 
en loe historiadores citados á continuación, fué instituida una 
fieeta solemne con oficio y misa. Un inquisidor apostólico 
latifioó dicho culto; y las universidades de Ingolstaid y Er- 
for lo confirmaron con su juicio doctrinal, según puede verse 
eo el libro Thatmatur^um Eucharisticumj ^ 14. 

8e han visto apariciones en las cuales los milagros eran 
perpetuos. Asf fué la santa Hostia de que habla Silvestre Pe- 
traeaDcta, c« 10 de miraculis verpetuist pág.*73. He aquf lo que 
dice acerca del particular. En tiempo de Alfonso III, rey de « 
Fortagal, una sangre milagrosa manó de esa hostia; después 
deaquel prodigio, la hostia se ha conservado sin la menor al* 
tención; y lo que es verdaderamente mas maravilloso que 
eia misma conservación, la hostia ha presentado el milagro 
coQtiauo del estado multiforme, hasta simultáneo, en presen- 
cia de un gran número de espectadores, á cuya vista ha 
ofrecido los diversos misterios de la vida de Jesucristo, su 
Natividad, su Pasión 6 su Resurrección; ya el divino Niño 
es loe brazos de su Madre, ya hombre adulto y de edad ma- 
dura; ora amenazando con azotes, ora apartando la cabeza 
con indignación; otras ocasiones mirando con dulzura, y á las 
▼ecee presentando la dignidad de un juez y la majestad de 
QQ rey. Se ha visto á veces muy distintamente el Ecce homoy 
tal cual Pilatos lo presentó al pueblo, con la caña, el manto 
de púrpura y la corona de espinas. Semejantes prodigios 
confirman admirablemente la fe de la Iglesia, que nos hace 
adorar en la Eucaristía á Jesús Dios y hombre. La aparición 
milagrosa de que acabamos de hablar es también menciona- 
da por Molina» part. 1, qusest. 55, y por Cristóbal Castro, 
lib. 3 it Vaiicmiiiy cap. 3« 



IOS LA VKBDAB CATÓUOA. 

Dios ha obrado otros varios milagros semejantes á los an* 
teriores, a fio de probar la existencia real del Cuerpo y San- 
gre de Jesucristo bajo las especies sacramentales. Esos he* 
chos milagrosos pueden verseen las obras siguientes: 

La Vida de S. Gregorio Magno, por el diácono Juan, lib. 
2, cap. 41. 

S. Pedro Damián, en sus cartas, lib. 6, carta 25. 

Las revelaciones de Santa Brígida, lib. 6, cap. 86. 

Pedro Tireo, de A¡fparitianibu$ Spirituwni lioro impreso 
en Colonia él año de 1600. . 

Turnan Bredenbachio, CoUationum Sacrarum libri Vllh 
nono hac ediíione addUo^ quo üiustria naractda aliquot in S^ 
Eucharistia et S. Hoatia edita contineniur. Colonia, 1691. 

El cardenal Baronio, Anales Elesiásticos,^año 513. 

Teófilo Reinaldo, de Apparitionilnu in Eucharisíút Sacra^ 
menio^ qucest. 4 6¿ 5. 

Tomás Bozio,(/e signis Ecclesice, t. 2, lib. 14, cap. 7. 

Majolus, Dies caniculares, site colloquia physica nova et mí- 
randa. Coíloq. 20. Maguncia, 1614. 

Dauroult, Catéchtsme historial^ contenant qudqucs beauz 
miracles. Lyon, 1649. 

Silvestre Petrasancta, Rüus Ecclesüe, cap. 10, y Miraculum 
perpetuum, cap. 10. 

El cardenal Capizucchi, Controvers. 1, ^ 18. 

Bonifacio Bagatta, teatino, Admiranda Orbis christiani^ t. 
1, lib. 2, cap. 1. 

Tomás Cantipratano, dominico, Bonum universale de Api- 
bus. Douai, 1627. 

El cardenal Bona, de Discretionc spirituumj cap. 19, n. 4. 

Antonio Masiui, Scuola del cristiano, cap. 45; donde enu- 
mera treinta casos maravillosos indicando los autores que los 
citan. 

Anastasio Vochet, Thaumaturgum Eucharisricum^ libro es- 
pecialmente compuesto sobre este asunto, y por consiguiente 
el mas completo de todos. 

II. 

Aparición de bolsena. 

Esta aparición, memorable entre todas las demás, hizo ins- 
tituir al Papa Urbano IV la fiesta del Corpus^ con oficio y 
misa para la Iglesia universal. 

Bolsena se halla en la diócesis de Orvieto. La aparición 
milagrosa tuvo lugar en el año de 1263. 



LA VEBDAD CATÓLICA 103 

üo sacerdote alemán, por otra parte honrado y piadoso, se 
hallaba atormentado de dudas acerca de la presencia real, y 
no podía comprender cómo el pan y el vino eran trasustan- 
dados en verdadf^ra Carne y Sangre de Jesucristo, por medio 
de las palabras del sacrificador, Hoc est corpus meum^ hic est 
iongiüi meui. Suplicó á Dios con instancia para que diese 
una señal que disipase sus dudas. 

Dios se dignó escuchar su oración, á fin de curar el tor- 
mento de su espfritu, y de afirmar la fe de los cristianos en el 
adorable sacramento del altar. Dicho sacerdote alemán em- 
prendió la peregrinación de los santos lugares de Roma. Lle- 
gado i Bolsena, dijo misa en la iglesia de Santa Cristina,, 
cuando en el momento de alzar la hostia sobre el cáliz, una 
carne real apareció cubierta de sangre, y esta tiñó el corporal; 
mientras mas se esforzaba el sacerdote por ocultar el milagro, 
mas corría la sangre y se esparcía por el lienzo sagrado. Ca- 
da gota de sangre que cayó sobre el corporal llevaba la efi- 
gie de no rostro hu mano. 

Sobrecogióse el. sacerdote de terror, y no pudo c-oncluirel 
sacrificio. Cuanto le fué posible hacer fué colocar devota- 
• mente la sagrada Hostia en el tabernáculo. 

El Papa Urbano IV habitaba en Orvieto á la sazón. El sa- 
cerdote corrió á arrojarse á sus pies, y pidió la absolución 
vel perdón por su duda contra la fe. El Pupa le concedió la 
absolución, imponiéndole una saludable penitencia. Hizo lle- 
var el corporal milagroso á Orvieto, y lo depositó con la ma- 
yor pompa en la catedral. Los fieles no han cesado de vene- 
rarlo.con la mayor piedad. Entonces, para conservar la' me- 
moria de tan gran milagro, el Papa Urbano IV instituyó la 
fiesta del Corpus Dominio y ordenó que se celebrase el oficio 
y la misa compuestos por Sto. Tomás de Aquino. 

Infinidad de autores atestiguan los hechos que acabamos 
de referir. La constitución de Urbano IV que instituye la 
fiesta solemne fué luego confirmada en el concilio general de 
Viena por el Papa Clemente V, según se ve en el libro de las 
CUmntinas, título de Relequiü et veneratíone sanctorum. 

Una inscripción grabada- en mármol el mismo año déla 
aparición, atestiguó perpetuamente el memorable prodigio. 
Esta inscripción ha sido recogida en varios libros y particu- 
larmente en el de Alejandro Donzelin, Istoría ed origine del 
U siUnaitd e fesla del Corpus Dominio Roma 1575, Es larguí- 
sima; ademas de un juiciosísimo preludio que trata de la ex- 
celencia del sacramento de la Eucaristía, contiene una rela- 
ción muy circunstanciada de todo el acontecimiento, con de« 



104 LA VERDAD CAT6uCA. 

talles que no se encueotraa mas arriba. Así» la Darte de la 
hostia que tocaba los dedos del sacerdote do sufnó niogoii 
cambio, lo cual explica la inscripción en e^tos términos: Nasi 
mico eadem hostia apparuit vuibiliur vera caroy ti roieo cruore 
repersa^ ea tantum partícula dunUaxat exempta quc^ ipnut (»a- 
criAcaruisy digUis tangebaturt quod abafue mysterio non creditwr 
contigissej sed potius ut cunctis innotesceret iUam veré fuisse hos- 
tiamt quÁ ipsius sacerdotis manibus super calicemferebaíur etc. La 
caida de la sangre sobre el corporal se describe en estos tér- 
minos: Qucsdam banda de syndqne ob ebsequmm cálice ttndxUwr 
ex ipsa tffusione sanguinis extitit madefacta. SinguUe gutUB ta»- 
guinis ex illa mananUs^ quotquat ij^us corporcUis maculni can* 
tigeruntj singtUasJigurcu ^iaem similitudinem hominis impre»" 
serunt. Quod cum sacerdos territus cern/frety ab ipsa ceUbratume 
desíüit, et uUerius procederé non prcssumpsit; quin imo tactue do- 
lore cordis intrinsccus ac poenitentia ductus etc. Ltf inscripción 
describe largamente la solemne traslación del santo corporal. 
El Papa y los cardenales fueron á esperarlo fuera de Orvieto, 
hasta el puente de un torrente; los niños llevaban ramos de 
olivo, como se acostumbra hacer el domingo d^ Ramos. El 
Papa se arrodilló para tomar el santo corporal, y lo llevé has- 
ta la catedral de Orvieto. 

Volvamos á Bolsena. En el momento en que la sangre di- 
vina cubría el corporal, cuatro gotas de dicha sangre cayeron 
sobre el pavimento de mármol, dejando en él huellas inde- 
lebles. Dichas losas fueron por lo tanto trasportadas á una 
cripta inmediata á la iglesia de Santa Cristma. La piedad de 
los fieles hizo de ellas un objeto de veneración pública, mos- 
trándose á los peregrinos aquel monumento del gran prodi- 
gio. 

Se lee en Alberto Leandro, Descripción de Italia p. 38, acer- 
ca de Bolsena: ''Aquf ocurrió el prodigioso milagro de la hostia 
consagrada, para confirmar la fe católica en Jesucristo nues- 
tro Redentor. El milagro tuvo lugar de este modo etc. La san- 
gre que manaba de la hostia cayó sobre algunas losas de már- 
mol blanco, y dejó en todas las que tocó la señal de una san- 
gre vivísima, según puede verse hasta el dia, y lo he visto yo 
mismo á menudo al pasar por Bolsena para ir á Roma ó vol- 
ver de ella. Esas losas de mármol se hallan conservadas en 
dicha iglesia con gran veneración, como lo merecen; y el 
santo corporal, cubierto todo de sangre, fué llevado á Orvie- 
to," Lo mismo atestigua Alejandro Donzelin Istoria ed origi- 
ne della solennitá dellafesta ael Corpus Ihminiy p. 37, en estos 
términos: ''Las autoridades que acaban de citarse prueban 



LA VERDAD CATÓLICA. 106 

suficieoteioeute el milagro y lo que á él se siguió, asi como 
las coflu qoe al mismo se refieren. Hemos visto que el cor- 
poral j el sacramento fueron trasportados á Orvieto por or- 
den del Papa. Sin embargo la venerable iglesia de Santa 
Crístíua DO quedó enteramente privada de semejante don y 
de tan gran recuerdo. Pues cuando el sacerdote abandonó 
el altar, seguu se ha dicho mas arriba, lajsangre que manaba 
y corría aún cayó sobre varias losas de mármol antiguo del 
paFJmeoto de la iglesia, y las manchas de sangre quedaron 
tao impresas, que hasta e! dia aparecen mas bellas (]ue nun- 
ca, como Habeii los que las .han visto. Dichas piedras están 
bien custodiadas y conservadas, y se las muestra con gran 
veneración á los extrangeros y peregrinos que desean verlas." 
Donzelin escribía en 1576. 

Un siglo después, las manchas de la sangre de Jesucristo 
faeroo objeto de un nuevo milagro, que vamos á referir en 
un párrafo subsecuente. 

III. 

La ciudad dkl santísimo sacramento. 

La aparición de Bolsena y la institución de la fiesta anual 
del Santísimo Sacramento en la Iglesia universal, de que fué 
causa dicha aparición, coinciden en el orden cronológico con 
"los progresos de la herejía de los Valdenses, que sin neg«r 
aoD la presencia real, comenzaban por lo méhos á desviarse 
de la fe católica sobre varios dogmas relativos al Sacramen- 
to de la Eucaristía. Solo en la época en que pasaron al cal- 
vinismo negaron abiertamente los Valdenses el dogma de la 
presencia real. Mas si en otro tiempo no se atrevian á pro- 
nunciarse contra el sentir de toda la Iglesia tocante á un 
punto tan importante de nuestra fe. profesaban diversos er- 
rores, y se les sospechó de no creer en la presencia real. 

Hacia mediados del siglo V, la célebre aparición que tuvo 
lugar en Turiii, é hizo dar n esta el nombre de ciudad dd 
Santísimo Sacramento, corivirtió á un gran número de Val- 
denses. Aunque el milagi^ose efectuó en la ciudad de Turin, 
tuvo un gran eco en los valles ocupados por los mismos, se- 
gún vamos á referir. 

Las piezas y documentos auténticos que se conservan aun 
co el dia en los archivos eclesiásticos y civiles atestiguan, 
pues, DO menos que la tradición ural y escrita de los histo- 
riadores, los hechos siguientes: 

VII. — 14 



106 LA VERDAD CATÓLICA. 

Existiendo la guerra eo 1463 entre los franceses, saboyar- 
dos y píamonteses, la ciudad de Exilies, diócesis de Suxa en 
el Delfinado, fué saqu^da. La iglesia sufrió la misma suer- 
te; la custodia que encerraba la Sagrada Eucaristía fué roba- 
da con otros objetos. El 6 de Junio siguiente, unos descono- 
cidos entraban en Turin, conduciendo un mulo cargado de 
objetos robados en el saqueo de Exilies; la Sagrada Hostia 
se hallaba oculta en medio de esos efectos. Cuando hubieron 
llegado á la plaza de la iglesia de S. Esteban, que entonces, 
era parroquia, el animal se detuvo de pronto y permaneció 
inmóvil, á ppsar de cuantq se hizo para hacerlo avanzar. Po- 
cos instantes después, una mano invisible abrió todos aque* 
líos objetos é hizo aparecer á la vista de la población la cus- 
todia descubierta, y la hostia se elevó en el aire resplande- 
ciendo con una hermosa y brillante luz. Conservó p«r algún 
tiempo aquella posición, apareciendo á los ojos de todos co- 
mo un magnífico sol en medio del cielo, hasta que el obispo 
de Turin que acudió con su clero, se puso en oración, •supli- 
cando al Señor que se disonase detenerse en aquella ciudad. 
Mane n^biscum^ Domine. Y todo el pueblo hacia igual oración. 
Entonces el prelado tomó un cáliz; la sagrada nostia bajó áél 
por 8Í sola, y se la trasportó procesional mente á la catedral, 
donde por largo tiempo fué conservada y públicamente ve- 
nerada. 

Tal H8 la relación unánime de loa historiadores, corrobo 
rada por los numerosos documentos originales que se conser- 
van en los archivos de aquel país. En 1835 la S. Congrega- 
ción de Ritos i'iutórizó un oficio conmtMnorativo del milagro 
con lecciones propias que encierran toda su historia. Desde 
tiempo inmemorial, dicho oficio era recitado en la diócesis 
de Turin. Celebrábase antiguamente en un domingo de Ju- 
lio; por decreto de 14 de ATmíI de 1753, aniversario secular 
del milagro, la S. Congregación de Ritos permitió recitarlo 
el 6 de Junio de cada año. Bn 18*35 el rey Carlos Alberto, 
el Arzobispo, el municipio y los 6eles de Turin solicitaron 
la aprobación de las lecciones propias, la concesión del rito 
de primera clase coii octava, en vez del rito doble mayor que 
obteni>v el oficio anteriormente, la facultad de recitarlo para 
todos los miembros del clero secular y regular, y otros privi- 
legios prupios para aumentar la perpetua veneración de ese 
gran milagro y el culto del Santísimo Sacramento. El tenor 
de la petición que el arzobispo de Turin dirigió á la Santa 
Sede para obtener las concesiones de que se trata, hace va- 
ler, entre otros motivos que determinaron aquel piadoso de- 



La veédad católica. 107 

ajgnio, algaoas reflexiones sobre la condición de los herejes 
YildeoieB, que habiendo pasado todos al calvinismo, comba- 
teo teaaxmente la presencia real de Jesucristo en la Euca- 
ristia. 

Habiendo sido tomada la hostia milagrosa cerca de Suza, 
á iomediacion de los valles habitados por los Yaldenses, el 
milagro tuvo grande eco entre aqucüo-s herejes; las conver- 
aiooease mnltiplicaron, de modo que el Papa Nicolao V di- 
rigió al obispo de Turin el breve P.t.sfor ilU ccdestis, para fe- 
licitarlo por la multitud de conversiones que la celebridad 
de tan portentoso prodigio produjo entre los mismos herejes. 

£1 arzobispado de Turin conserva en sus archivos varias 
actas je los años de 1454, 1455 y 1459 que dan fe de la apa- 
rieioD milagrosa. El proceso original se ha perdido, con 
otru muchas piezas, durante las devastaciones y guerras con 
tÍBoaa del Piamonte. 

La aparición tuvo lugar el dia de la octava del Corpus. De 
ahí provino la costumbre de hacer cada año la procesión del 
dia de la octava, costumbre mas antigua en Turin que en 
loi demás países. De la misma época data la [liadosa costum- 
bre que ha conservado hasta aquí el cabildo de la metrópoli 
de Turin, de cantar, después de la misa conventual, la an- 
tífooa O Sacrvm CoTivmi/y/z, seguida del versículo íííc es¿ pa- 
nity qui de Cosío descendit, y de la oración que el celebrante 
recita en medio del altar. La tradición refiere que la proce- 
sión de la octava fué prescrita por el obispo el año mismo 
del milagro. 

Debemos limitarnos á pocas citas relativas á hechos pro- 
pios para celebrar y perpetuar la memoria del Prodigio. En 
1521, los decuriones del municipio de Turin obtuvieron del 
obispo la facultad de construir una iglesia en el lugar de la 
aparición milagrosa, cerca de la parroquia de S. Silvestre; 
esta iglesia fué enriquecida con esculturass y pinturas que 
rf'presentaban el milagro. En 1529, institución de la céle- 
bre cofradía del Santísimo Sacramento, que lleva por divisa 
una hostia radiante colocada sobre un cáliz. En 1009, hizo 
Toto el municipio de agrandar la iglesia del Santísimo Sa- 
cramento, á fin de que la ciudad fuese preservada de la pes- 
te; cumplió dicho voto construyendo la magnífica iglesia 
que aun existe. En 1653^ se celebró por primera vez la so- 
lemnidad secular de la aparición; dicha solemnidad no habia 
podido verificarse en 1553, por hallarse la ciudad á conse- 
cuencia de la guerra, ocupada por tropas extrangeras. En 



108 LÁ VERDAD CATÓLtdi. 

1653| el obispo instituyó una congregación de sacerdotes pa- 
ra atender á la iglesia del Santísimo Sacramento. 

Entre los escritores que han hablado de la aparición, pue- 
den citarse, ademas del Papa Pió IL contemporáneo del he- 
cho, y de las relaciones escritas que se poseen, los siguien- 
tes: En 1677, Filiberto, Barón de Cusy y consejero del Rey, 
Aufftuta Taurinorum et Sdxonia^ Sa(HittdUeque Principum, 
Aroor gerUilüia, impreso en dicho año; el autor tenia ochenta, 
y pudo conocer á los testigos oculares del milagro. Tomó su 
relato de la investigación jurídica que se conservaba entonces 
en los archivos municipales, según lo atestigua en su libro: 
Ex Civilatis ArchiviOf et inquisüione testificationcque publica 
signis, atque sigUlis obJirmcUa. En 1591, el dominicano Abram 
Bzovius, continuador de los Anales de Baronio, año da> 1453, 
núm. 46. En 1599, Nicolás Laghi, MiracoU del SacrametUo. 
En 1601, Bottero, Deiprincipí cristianu p. 1., üb. 3. En 
1609, Luis della Chiesa, Historia del Piamonte. En 1624, 
Alfonso de Villegas, Flos sanctorum, impreso en Toledo. En 
1645, Agustin della Chiesa, obispo de Saluzo, Historia cro- 
nolón;ica de los obispos del Piamonte. En 1648, Mattíoli, 
Silva^ impresa en Roma. En 1650, Fernando Ughelli, Italia 
Sacra, tomo 4. Ea 1657, Manuel Tesauro, Historia de la so- 
ciedad de S. Pablo. En 1680, Bagata, de admirandig Orbis 
Christianú tomo 2. En 1682, Theatrum StaXuum Sabaudia, 
impreso en Amsterdam. En 1686, Morozzo, obispo de Salu- ' 
zo, Vida del B. Amadeo. En 169J, Juan Domingo Musan- 
cio, Tabla Chronolog. ad omnig, Histor. núm. 11. En 1712, 
Perrero» Historia de la augusta ciudad de Turin. 

En 1753, el decreto de la S. Congregación de Ritos que 
permite el oficio y la misa de la aparición para el dia 6 de 
Junio de cada año, y su otro decreto de 1835 que ha eleva- 
do ese oficio á rito de primera clase, juntamente con las di- 
versas concesiones expresadas antes, son testimonios de gran 
peso en favor del milagro en cuestión. 

Fáltanos hacer el relato de otra aparición milagrosa que 
tuvo lugar á fines del siglo XVII, y puede considerarse como 
no enteramente exento de alguna relación con los Valdenses, 
del mismo modo que los anteriores, puesto que, siendo de 
Suza el primero y principal testigo, el acontecimiento que 
vamos á referir tuvo verosímilmente un gran renombre en 
aquella comarca. 

{Finalizará.) 



LA VBBDAD CATÓLICA. 109 



PRIMERA COHUmON 
cM» «■ '«I €em. 



UNA IDEA DEL CIELO. 

Jamas hemofl sentido una emoción mas pura, mas inefa- 
ble, mas sublime, que la que experimentamos el domingo 
prlbímo pasado al asistir á la primera comunión de varias de 
iiíaiñaadel Colegio que tan satisfactoria y dignamente di- 
rígeo las Religiosas del Sagrado Corazón de Jesús. Durante 
aquel acto tan magestuoso, torrentes de ternura bañaban los 
eonzones de aquellas virginales criaturas, de cuyos deli- 
qoíoa participaban también los padres de familia y señoras 
quese bailaban presentes. Las niñas con blancas vestiduras 
jooronasde lirios y azahares, inclinadas modestamente sobre 
rsclioatorios cubiertos de blanca tela, las luces que ardian 
con profusión en la bellísima capilla, elegantemente ador- 
nada, las suaves y melodiosas voces de las virtuosas religio- 
las, lo8acenti>8 expresivos del órgano, el recogimiento y abs- 
tracción de todos los concurrentes, clavados su« ojos — cubier- 
tos de lágrimas difíciles de contener — en el altar donde se ha- 
llaba patente el Dios prisionero de amor por los hombres; 
todo, todo aquello presentaba un cuadro difícil de bosque- 
jar, un mundo sobrenatural que nos hizo vislumbrar las pu- 
rliimas delicias de la celestial Jerusalen, haciéndonos conce- 
bir, aunque imperfectísima, uTia idea delcielo. Parecíanos ver 
al lado de cada una de las niñas á su fíel Ángel Custodio 
oMMtrándole al Cordero sip mancilla que descendía en medio 
de radiantes nubes á reposarse en sus pechos. Parecíanos ver 
i la Inmaculada María conduciendo á aquel tierno rebañito 
de vírgenes á los pies del Pastor Divino. Y nuestra imagi- 
nación nos arrebataba á contemplar al buen Jesús recibien- 
do en su Corazón sacratísimo á aquellas felices niñas, que ro- 
deadas de legiones de ángeles, ofrecian las primicias de su 
amor mas puro al Inmaculado Cordero. Y todo era luz, y 
todo era armonía, y todo era espiritual amor, y los que allí 



lio l^ VBRDAD CATÓUCi 4 

estaban tenían sus pechos agitados, sus ojos bañados en dul- 
císimas lágrimas, y su corazón abierto á desconocidas emo- 
ciones. Es verdad que el ojo no vio, ni el oído oyó, ni la in- 
teligencia mas levantada puede comprender la celestial ven- 
tura que Dios tiene reservada á los que le aman, según el len- 
{;uaje hiperbólico de las sagradas letras; ¿pero cuáles serán 
os torrentes de ternura ep que nuestras almas se verán inun- 
dadas, si una sola gota derramada en este mundo nos embria- 
ga de purísimo placer, y enugena nuestro espíritu hasta ha- 
cernos caer en desmayos de celestial amor? 

Uno de los caballeros que allí se hallaban presentes, con 
toda la efusión de la ternura paternal, escribió en el devocio- 
nario de una de sus hijas las siguientes palabras: **Que- 
rida Hija, al recibir hoy por primera vez en tu inocente pe- 
cho al Cordero sin mancilla, habrás sentido el placer mas 
puro que puedas experimentar en tu vida. Que esta prime- 
ra comunión te sirva siempre de recuerdo imperecedero, de- 
jando grabadas en tu virginal alma hondas huellas de inocen- 
cia, virtud y amor al Dios infinitamente misericordioso, que 
se reclina en tu seno como en el pesebre de Belén. Ama á 
tu Dios, querida Hija, con amor encendido, con amor sin lí- 
mites, y conságrale, en cualquier estado de la vida á que 
fueses llamada, todos los instantes de tu existencia, todos los 
latidos de tu corazón. Ama también con vehementísimo 
amor á María Inmaculada, tu excelsa Reina, porque es Reina 
de las Vírgenes, tu amorosa Madre, porque eres su amante 
hija. Ama también al Ángel que Dios pmBO á tu lado para 
custodiar tu preciosa existencia, y cobíjate bajo sus alas, 
amparo seguro contra toda maligna asechanza. Sé casta co- 
mo la azucenai candida como la paloma, y que tus virtudes 
derramen por do quiera suavísima fragancia. Jamas olvides 
los celestiales desposorios que hoy has celebrado con el Di- 
vino Cordero, y para alcanzar todo bien, toda ventura, reffi- 
giate siempre en el corazón Sacratísimo de Jesús" • 

No podemos terminar sin dar el mas sincero parabién á 
nuestra querida Cuba por el tesoro que encierra en el brillan- 
te Colegio dirigido por las ilustradas y virtuosas Religiosas 
del Corazón de Jesús, que tan inmenso bien están prestando 
al país. ¡Felices las niñas que allí se educan! ¡Felices los 
paares de tan venturosas niñas! 

J. JR, O. 



LA VERDAD CATÓLICA. IH 



SLa&osETismo animal juzgado por la iglesia. 



Eo QD periódico reciente del interior de la Isla vemos un 
aoQDcio en el cual se dice haber llegado á cierta villa una 

célebre adivinadora que **por medio del magnetismo respon- 
deátodas las preguntas que se le hagan sobre cualquier acon- 
tecimieDto pasado ó futuro/' Ignoramos hasta qué punto pre- 
tende hcélebre adivinadora hacer creer á los que á ella ae acer- 
can eo el poder maravilloso que, segnn el anuncio que acá- 
bamof de citar, le comunica el magnetismo. Quizá no sea 
eiteiioo uno de tantos casos en que una persona, dotada 
(lecierta gracia y destreza naturales, propone, mediante re- 
tríbuclpfi, entretener y divertir agradablemente ¿cierto nú- 
modé espectadores. Si asf fuere, nada especial tendríamos 
qoe decir acerca del particular en cuestión, puesto que 
cuantos concurren á semejantes diversiones saben á qué ate- 
nerse con respecto al poder profetice ó adivinatorio de los 
que en ellas desempeñan el papel principal. 

lías si esta vez. como otras muchas, se Quisiera abusar 
¿e la credulidad pública haciendo admitirá los incautos la 
posibilidad de descubrir los secretos del porvenir por medio 
de uoa pretendida ciencia magnética, creemos estar en el 
cMo de advertir á nuestros lectores que la Iglesia, centinela 
vigilante en materias de fe y de costumbres, tiene expresa- 
mente prohibidas esas consultas hechas al sonambulismo, 
iegun lo prueba la siguiente circular dirigida por la Supre- 
mas. Inquisición Romana y Uni verbal á todos los Obispos 
^inquisidores del Estado Pontificio, á 21 de Mayo de 1866: 

"Desde el momento en que los fenómenos magnéticos co- 
menzaron á ser conocidos, la Santa Sede, consultada acer- 
ca del particular, dio por órgano de la S. Penitenciaría y del 
Santo Oficio varias decisiones relativas á casos particulares 
propuestos sobre lo lícito ó ilícito del magnetismo. En lo to- 
cante al principio general, después de profundas discusiones, 
el miércoles 28 de Julio de 1847, renovando la resolución 
de 25 de Junio de 1840, se decretó lo siguio'nte: **Alejando 
todo error, sortilegio é invocación explícita ó implícita del 
demonio, el uso del magnetismo, es decir» el solo acto de 



112 LA V£BDAD CATÓUCA. 

valerse de medios físicos, por otraj)arte lícitos, tío es moral- 
mente prohibido, con tal que no se ordene á un fin ilícito, ó 
malo bajo cualquier concepto; mas la a|ilicacion de princi- 
píos y medios puramente físicos á cosas y efectos verdadera- 
mente sobrenaturales para explicarlos físicamente no es sino 
un engaño bajo todos conceptos ilícito y herético." 

'^Aunque semejante decreto pareciese conciliar lo relativo 
á la ciencia física y la represión de aplicaciones magnéticas, 
viciosas y vituperables, una triste experiencia ha hecho co- 
nocer la necesidad de medidas mas eficaces. Pues no se em- 
plea el magnetismo del modo conveniente ni con finea ho- 
nestos y naturales; sino que, aegun ¡as continuas reclama- 
ciones que personas estimables han dirigido de diversas ciu- 
dades del mismo Estado Pontificio, hay magnetizadores que 
se atreven á valerse del magnetismo para fines no naturales, 
con gran perjuicio de la moralidad pública y privada; em- 
plean mujeres á quienes someten á posturas indecorosas, y 
llevan sus pretensiones hasta querer adivinar y manifiístar co- 
sas ocultas y futuras. Como semejantes espectáculos oose 
hallan exentos de una ilusión ilícita é irreligiosa, se ha juz- 
gado necesario prohibirlos severamente, y castigar á sus 
autores, cooperadores y fautores. 

''Por tanto se intima á todos los Obispos é Inquisidores de 
nuestras provincias que velen sobreesté y procedan sumaria- 
mente por la via económica inspecta rei veníate^ tomando la 
opinión de personas concienzudas é ilustradas, proporcio- 
nando las penas á las faltas, castigando con la prisión mas ó 
menos larga según la riulpabilidad haya sido mayor 6 menor, 
y cuidando de pasar el debido informe á la S. Inquisición, 
sobre todo si el uso del magnetismo, calificado por circuns- 
tancias que demuestren herejía, exigiese un proceso riguroso 
según los sagrados cánones. 

**E8ta circular será dirigida á los vicarios de distrito, pro- 
curándose su exacto cumplimiento. 

'*Roma, en la cancillería del S. Oficio, en el Vaticano, 
miércoles 21 de Mayo de 1866. — V. Cardenal Macchi.'* 

Tales son las disposiciones dictadas por la autoridad ecle- 
siástica en los Estados de la Iglesia acerca de los abusos del 
magnetismo. Mas como quiera que pudiera creerse que la 
Iglesia nada ha resuelto con respecto al particular para los 
demás países del orbe católico, vamos á terminar reprodu- 
ciendo la encíclica dirigida por el propio sagrado cuerpo á 
todos los Obispos para reprimir los mismos abusos condena- 
dos en la anterior circular. — Dice así: 



LA VEBDAD CATÓLICA. llS 

"Miércoles 30 de Julio de 1856. — En la Congregación Ge- 
neral de la Sagrada Inquisición Romana y Uaiversal, tenida 
en el Convento de Santa María de la Minerva, los Emmos. 
y Rmmos. Sres. Cardenales Inquisidores Generales para to- 
do el orbe cristiano contra la malignidad de las herejías, 
examinando con sama atención lo que sobre los experimen- 
tos del magnetismo han referido de todas partes hombres fi- 
dedignos, han determinado que se mande la presente encí- 
clica á todos los Obispos, á fin de contener los abusos del 
magnetismo. 

''Fueses cosa averiguada que se introduce un género de- 
superstición con los fenómenos magnéticos, con los cuales 
muchos novadores pensando que se pueden descubrir las co- 
sas ocultas, remotas y futuras por arte del magnetismo, ó 
por prestigio, principalmente con ayuda de mujerzuelas, 
pendientes en un todo del arbitrio del magnetizador, preten- 
den, no elucidar las ciencias físicas, como era justo, sinoen- 
gañ^ j teducir á los hombres. 



han dado sobre esto por la Santa Sede algunas 
respuestas á casos peculiares, en tas que se reprueban como 
ilícitos aquellos experimentos que se ordenan á conseguirán 
fin no natural, no honesto, ni procurado por los debidos me- 
dios: por lo que se decretó el miércoles 21 de Abril de 1841 
que en semejantes casos no es lícito, según se expone, el uso 
del magnetismo. También creyó la S. Congregación que se 
debian prohibir ciertos libros en que con pertinacia se es- 
parce esta clase de errores. Mas como ademas de los casos 
particulares debia tratarse del uso del magnetismo en fiene- 
ral, «e estableció á manera de regla, el miércoles 28 de Julio 
de 1847, ^^qrte ale/ando todo error, sortilegio é intocacion explí- 
cita ó implÍGÜa del demonio, el uso del magnetismo, es decir, el so- 
lo acto de valerse de medios físicos, por otra parte lícitos, no es 
moralmente prohibido, con tal que no se ordene á un fin ilícito ó 
malo bajo ciuilquier concepto. Mas la aplicación ¿c principios y 
medios puramente Jisiv/ys á cosat y efectos verdaderamente sobrena- 
turales, para explica ríos Jhicamimíe, no es sino un engaño, bajo 
todos conceptos ilícito y herético. ^^ 

"Aunque con este decreto general se explica bástantelo 
lícito ó ilícito del uso ó abuso del magnetismo, sin embargo, 
ha crecido tanto la malicia de los hombres, que dejando el 
estudio lícito de la ciencia, y corriendo mas bien tras cosas 
curiosas con grande pérdida de las almas y detrimento de la 
naisma sociedad civil, se glorian de haber hallado cierto prin- 
cipio de augurio ó adivinación. De aquí es que con los presti- 

YII.— 15 



114 LA VERDAD CATÓLICA. 

giosdel sonamhulUmo y clara iíifuUion, como se les . llama, 
ciertas mujerzuelas, agitadas con gesticulaciones no siempre 
modestas, aseguran ver cosas invisibles, hablan de cosas reli- 

5iosas, llaman las almas de los muertos, oyen sus respuestas, 
esGubren cosas desconocidas y lejanas, y presuman con te- 
meraria audacia ejercer otras supersticiones de esta clase, 
seguras de obtener por medio de la adivinación grande lucro 
para sí y para sus señores. Finalmente en todas estas cosas, 
sea cualquiera el arte ó ilusión de que se sirvan, sí ordenan 
medios físicos^á efectos no naturales, interviene engaño, bajo 
todos conceptos ilícito, y escándalo contra la honestidad de 
costumbres. 

l'Para impedir, pues, con eficacia maldad tan grande y 
tan dañosa á la religión y á la sociedad civil, debe avivarse 
cuanto posible sea la pastoral solicitud, vigilancia y celo de 
todos los Obispos. Por lo cual, cuanto auxiliados de la divioa 
gracia puedan los Ordinarios diocesanos, ya con amonesta- 
ciones paternales, ya con severas reprensiones, ya porfift|M>D 
los medios que el derecho les concede, según juzgaren co^e- 
nir en el Señor, atendidos lo^ lugares, persifnas y circunstan- 
cias de los tiempos, pongan todo el posibl^gmpeño para im- 
pedir y extirpar estos abusos del magnetisfiío, para defender 
del hombre enemigo la divina grey, guardar intacto el depó- 
sito de la fe y preservar de la corrupción de costumbre, á loa 
fieles que les están encomendados, 

^^Dado en Roma, en la Cancillería del Santo Oficio, en el 
Vaticano, dia 4 de Agosto de 1856, — V. Cardenal JIacchi." 
Cuanto pudiéramos añadir á las anteriores disposicioneíl, 
seria completamente inútil, pues ellas bastan por sí solas pa* 
ra que sepan los fieles lo que han de pensar acerca de este 
particular del magnetismo. ^ 

ü. A. O 



LA VlCRDÁD CATÓLICA. 



116 



DE oncio. 

SEGBETARIA DEL OBISPADO DE LA HABANA. 

MüMmi f •taDUrla a>l«rta p«r el Excne. é lllae. 8r. OMfpe A Uwr 4m 
WMfltre Santliliiie Padre Pía Mana, 



Relacmde las persowu y cantidades que cada una ha entregado 
jpara el expresado objeto en esta Secretaría de Cámara y 
Mnemo. 



Iglesia parroquial de ingreso de Casa Blanca. 



Fs. Gts. 

Sama anterior 52.J82 34 

Pbro. D. Francuco de la 
Tallioa y Aditn, Cara 
iateríno 17 „ 

I>. Fraocisco Ortega de 
M^nsaao, Comisaiiu ce- 
lador. 4 !¿5 



Pi. Ci. 



). Antonio de Pazos.. 




4 


25 


Ricardo Berré. ... 




4 


25 


, Pablo BtíltrHn, Mayor- 






domo de fabrica 


... 


2 


10 


:>o&a Isabel Valdés 


de 






Fernandez 


... 


2 


10 



Parroquia de ingreso de Nuestra Señora de la Esperanza. 



Ps. Ct8.1 

Pbro. D. José D. Llera, 

Cura párroco 25 50 

D. Fidef Saenz de Rodri- 
gaSez, Teniente cura in- 
terino 17 „ 

,, Ignacio de Armente- 
ros, Capitán juez local. 8 50 
„ Juan Bautista Fernan- 
dez 4 25 

„ Diego Machiido 4 25 

„ Fennin Llera 4 25 

., f^menoFernaiidei.. ^ ^i 



Ps. Ctu. 



D. José Clemente Aclay. 2 12é 

Doña MaHa M.arrero.... 2 12^ 

„ Cayetfl na Pérez 2 12) 

D. Bernabé Maria Valdés. I „ 

„ José Basarrate 1 „ 

„ Rafael Pere^ de Cor- 
cho 1 »» 

,, Bautista Pérez de Cor- 
cho 1 »» 

„ Martin Pérez de Cor- 
cho 50 



116 



LA VERDAD CATÓLICA. 



Parroquia de ingreso de QuiAra Hacha. 



Pt. Ct8. 



PWro. D. Jote Donderis, 

ear» ÍDteríDO 4 25 

D. Félix Jo«á de Ar<»ceQá. 4 25 

„ Manuel Pérez Prado. 4 25 

., Isidro Laborde 4 25 

„ Cándido Rubio 4 26 

., J. J. deLaea 4 25 

^ Pablo AWarez Rubido. 2 12^ 

M Nicolás Requeizo 2 12¡ 

„ Manuel Pereira 2 12¡ 

„ Santiago Pisano 2 12| 

., José KOsado 2 12} 

,, Demetrio Torres 2 12} 

„ManuelOrta 2 12^ 



Ps. C^ 



D. Manuel Abanida 


2 


Itf 


„ Simón Cano* 


2 


1Í0 


„ José Jayme 


2 


12- 


„ Francisco González.. 


2 


12^ 


,, José Manchal 


2 


13# 


,, Zacarías Marrero 


2 


'¿t 


„ Diego Sesante 

„ José María AWarez... 


2 


2 




„ Tomás Cabrera. 


2 


^, 


» F. M....: 


1 


,, 


„ Pedro Cabrera 


1 


,^ 


.. Juan Oarcía. ...... 


1 
1 




M Antonio Puig 


" 


„ Críspin Arambar 




50 



Parroquia de ingreso de S. Agustin de Ceiba Mocha. 



Ps. Cts. 



Pbro. D.Andrés Martínez, 

Cura interino 17 

D- Nicolás Bello 4 

,, José María Oardonnel. 4 

„ Cristóbal Arañas 4 

Buüa Francisca Ojeda. . .. 4 
D. Ramón Iriarte, Capitán 

juez local 2 

„ Manuel Moran 2 

„ Braulio García 2 

„ Ramón Ruir 2 

„ Podro Ojeda 1 

,. JoséM. Villulonga... 1 

'. Juan Blanco I 

„ Pedro Antouio Gomoz. 1 

„ Juan Monzón 1 

„ Nicolás Carabttllo 1 

!, José Hernández 1 

.. Francisco Hernández. I 

!. José Pino Castellanos. 1 

,.' Booiíacio Diaz ^ 



25 
25 
25 
25 

124 
124 



Pt. gto. 



. Pedro Gonxalez 

, Teófilo Grillo 

, Francisco ()iiirói.... 

, Martin Costa 

, Pedro Gonzalet 

, Juan Rodríguez 

, Francisco Pérez 

, Rafael González de la 

Peña 

, Blas Díaz* 

„ Juan Estupiñan 

„ José López 

„ Felipe Márquez 

„ José González Calde- 

rin 

f, Bernardo R. Diaz 

„ Braulio Camellón 

„ Felipe Gómez 

Moreno Dionisio Domin- 
Kuez 



50 
50 
50 
50 
50 

50 
SO 
50 
60 
50 

50 
50 
50 
50 

50 



Parroquia de ingreso de S. Antonio de Cabezas. 



Cmv«eiii^ por él. 8U mu- 
p£l IK h¡ié Antonio Ri- 



Ps. Cts. 

22 „ 

17 „ 

17 .. 
17 „ 



Ps. Cta. 



D. Luis Antonio Valora 7 

fai^ia 17 

Doña Antonia Hernández 

deBello 17 

D. Sebastian Perera 8 

„ Francisco Peí era 8 

Dofia Rosalía Rodríguez. 3 50 



50 
50 



LA VERDAD CATÓUCA, 
Ps. Cte. 



D.FnneíieoB. Rien... 8 50 

„Joié Antonio Bello... 4 25 
„ FnDciaco de Zangro- 

oix 4 25 

nJoaoBaatífta Mágica. 4 25 

„ Fnnciseo Rodríguez. 4 25 

„ Bomao Faeeoda 4 25 

„Fnuiciaoo Tejada 4 25 

El miiiDo, como capitaD de 

Partido 4 25 

Id.id.id 4 25 

Id.id.id.. 4 25 

.. Joié B. Br&bo 4 „ 

Doñt Dolorea de Arce.. . . 2 12^ 
M María del Carmen L. 

deBello 2 12é 

D.Doinini(oPaatrana.... 2 124 

„ JotóYulhumerdi 2 124 

„ Antonio Montesino. . . 2 124 

«Andréi Pérez 2 124 

iJoiéPerex Apórtala. 2 124 

^LonuoPlacenoia.... 2 124 



117 
Pf. Cti. 



„ Antonio María Bello.. 


2 


124 


„ Antonio Sánchez 


2 


124 


,, Manuel del Pino 


2 


124 


„ JOsó Salas 


2 


124 


„ Federico Yalhuinerdi. 


2 




„ Lorenzo J. Fernandez 


2 




„ Fructuoso de Cueto.. 




m 


tt Antonio Hernández.. 




134 


„ Antonio María Rodrí- 






guez Valora 




jj 


j, Fulgencio Méndez ... 




»» 


El mÍMuio 






D. León Bello de León... 


»» 


Doña Domitila Bello de 






León -'-. 




,^ 


D. José Rodríguez 

„ Juan Burraíde 










„ Felipe íloheverría.... 




1» 


„ Juan González 




fi 


„ Laureano Fundura... 




50 


,, Ignacio Gaidurralde.. 




50 



Parroquia de ingreso del Mariel, 



Pt. Cts. 



D. José Fernandez Porre- 




00. Cura Párroco K 


>t 


.. Himon Valdés J 


1? 


M José Pérez 1 




Doña Juana Delgado 


' »> 


„ Lugarda Soto 1 


*■ »» 


D. Gabriel Pérez 


*■ »i 


„ JoséSanti 




„ Juan de la Cruz Sava- 
ja§ 




„ Canuto Pérez ] 


* »» 


„ Felipe Pérez 1 


M 


„ José Delgado 


»f 


„ Gamo Giral 1 


^ tf 


„ Antonio Giral 


i ,, 


:)oga María de Jesús Giral 


50 


„ Águeda Giral 

„ Manuela Giral 


50 


50 


., Teresa Alonso 


50 


„ Rosario Alonso 


50 


., Luisa Alonso 


50 


„ Dolores Alonso 


50 



Ps. cts. 



Doña Lorenza Alonso 50 

n Águeda María Alonso. 50 

„ Teresa Giral 50 

„ María de Jesús Giral. 50 

,. Matilde Castillo 50 

D. Francisco Berra 50 

„ Manuel Pérez 50 

,, José Peñttrednnda. . . 50 

Doña Carolina Peñare- 

donda 50 

D. Valentín Pérez 50 

Doña Justa Pérez 50 

D. Manuel Arocha 50 

,, Francisco Arocha SO 

., Julián Blanco 50 

Doña Resano Blanco 50 

„ Josefa Severina Pe- 

reyra 50 

„ Isabel Pereyra 50 

„ Merced Pereyra 50 

„ Luisa Llaneras 50 

D. Gregorio Pereyra 50 

Suma 52.685 714 



Habana 2 de Junio de 1861. — P^drú Sanefux^ secretario. 



(Continuará.) 



SECCIÓN LITERARIA. 



A Li MADRE 

BL AMOR Bsamoso. 



Deja que el bardo gozoso 
Te rinda sus dulces caotoa, 
Madre del Amor Hermoso, 
Reina de todos los Santos. 

Oh Virgen! mis ansias mira; 
Dame rica inspiración, 
Para que exprese la lira 
Lo que siente el corazón! 

Eres pura cual ninguna, . 
La mas bella entre las bellas, 
Tá, calzada déla luna 

Y coronada de estrellas. 

Envuelta en candida nube 
Te elevas, Virgen Marfa, 
Mas hermosa que el querube 

Y la luz del Mediodía. 

Eres la flor mas preciosa 
ti^ue la mente concibió, 
TA» la rosa deliciosa 
IM oampo de Jericó. 



ték VERDAD CATÓMOA. H* 

Del valle blanca azucena» 
Mfstíco nardo de Sion, 
Ambarina nazarena, 
Fresco lirio de Sarón. 

iQuión no adora, Virgen santa, 
Tu virtud y tu grandeza, 
Si en dulces himnos las canta 
La vasta naturaleza? 

Las aves en su armonía 
Las repiten sin cesar. 
El bosque, la selva umbría 
T los céfiros del m^r. 

La brisa de la pradera 

Y el arroyo que murmura 
Te proclaman por do quiera 
Siempre bella, siempre pura. 

Tá fuiste la prometida 
A toda la humanidad. 
Madre de Dios elegida 
Desde toda eternidad. 

En tu seno sin mancilla 
De Dios el Verbo encarnó, 

Y por rara maravilla 
Tu carne y sangre tomó. 

Tá fuiste constituida 
Del mundo consuelo y luz. 
Madre del hombre elegida 
Al mismo pié de la Cruz. 

Tú á los hombres concebisie 
En el seno ()e tu amor, 

Y á luz mas tarde los diste 
En medio de tu dolor. 

Tú la victoria cantaste 
Sobre el principe infernal, 

Y con Jesús nos libraste 
De la culpa original. 



M9 LA TEHDAD CATÓLICA. 

Tú brillaste como aurora 
Tras la humana tempestad, 
Ilustre coredentora 
De la esclava humanidad. 

Nos encendiste en la llama 
Del amor mas generoso; 
Por eso el mundo te aclama 
Madre del Amor Hermoso. 

Tú el temor nos inspiraste 
A las leyes del Señor, 

Y al mundo te presentaste 
Como Madre del temor. 

Tú nos enseñas constante 
De Dios el santo portento. 
Pues eres la Madre amante 
Del santo conocimiento. 

Quien de tf ventura espera 
De tt la ventura alcanza; 
Te nombra la tierra entera 
La Madre de la esperanza. 

Hallada fuiste mas pura 
Que los querubes y arcángeles. 
,■ T proclamada en la altura 
Como Reina de los Angeles. 

El cíelo en tf galardona 
Virtud y méritos tantos, 

Y te llama y te corona 
Reina de todos los Santos. 

Dios los bienes que atesora 

Y en ambos mundos encierra 
Te da al hacerte Señora 

De los cielos y la tierra. 

¡Bendita tú, Vfrgen santa' 
Salve, reina de hermosura, 
El mundo entero te canta 
Siempre bella, siempre para. 



LA VBBDÁD CATÓUCA 121 

Te dan so luz las estrellas. 
Sos perlas te da el rodo, 
Los campos sus flores bellas, 
Sus claras ondas el rio. 

Te rinde el hombre, Señora, 
Ofrendas y adoración, 
Pues eres su protector^ 
En toda tribulación. 

El en Mayo ha recorrido 
El campo de sus amores, 

Y eo él para tf ha tejido 
Una coronada flores. 

Recibe la pura ofrenda 
Que te viene á tributar, 

Y deja de amor en prenda 
En las gradas de tu altar. 

Recíbela, Madre mía. 
Madre de amor y bondad! . 
Sobre los hombres envía 
Virtud y felicidad. 

¡Del negro abismo profundo 
Los salve tu devoción! 
¡Condúcelos en el mundo 

Y dales tu bendición! 

Ellos tu nombre precioso 
Honrarán en dulces cantos, 
Madre del Amor Hermoso, 
Reina de todos los Santos! 

Antonio Enrique de Zafra. 



VIL — 16 



122 LA VERDAD CÁTÓUCA. 



CANTO 

A 1.A PURttlMA COMCBFCIOli. 

A lÉl aiÉhM AitfMto BurtaM «• lato. 



Tras la compacta niebla de la iosondable nada 
Un horizonte claro se extiende siempre azul, 
T á la razón inquieta magnifica salada 
La estrella de los santos con refulgente luz. 

Asi tras de mis yerros, asi tras de mis duelos. 
Cuando olvidé mi origen y basta de Dios dudé, 
Se apareció radiante, cual j:isa de los cielos, 
¡Oh Virgen pura y limpia! la luna de tus pies. 



Hollando el astro corvo te vi también, Marin, 
Venciendo y humillando la sierpe del error. 
Saliendo de tu seno la hermosa luz del dia, 
Ornando tu cabeza brillante resplandor; 

Detras del regio manto, de azul, de plata y oro, 
En arpas de esmeralda con cuerdas de rubi. 
Cantaba tu9 milagros de arcángeles un coro, 
Y el sol vertió & torrentes sus rayos sobre tí. 



Al ver tu dulce imagen y tus divinos ojos. 
Me prosterné en la tierra, canté tu Concepción, 
Juzgando que era poco postrándome de hinojos 
Rendirte el alma toda y todo el corazón. 

Porque eres tú sublime, espléndida Señora, 
Mas digna de otros cultos, mas digna de otra prez. 
Que es todo amor tu acpnto, tus ojos una aurora, 
Tus lágrimas estrellas, tus labios suave miel. 



LA VSBDAD GATÓUOA. 1 M 

A veces en las flores sentir tu aliento creo. 
Tu voz en los suspiros del céfiro del noar, 
Relámpago brillante que es tu mirar ideo. 
Las cumbres de los Alpes las gradas de tu altar. 

Do quiera te contemplo! dormida en el Ocaso, 
Llevada en carro de oro que huella al mismo sol; 
Mas luego en el Oriente pasar te miro al paso 
T darle i los dos mundos tu excelsa bendición. 



Tu nombre lo pronuncian los pájaros cantores, 
Las brisas, y los mares con olas de cristal. 
Los mansos arroyuelos, las entreabiertas flores, 
Y el trueno que estremece la cruz del Quirinal; 

Tu nombre los torrentes del Niágara lo cantan, 
Lo ensalza el Amazonas con mágico rumor; 
Tu nombre inmaculado, feliz, á Dios levantan 
Los libres y oprimidos que esperan en tu- amor. 



Tú luces en el cielo como la blanca estrella 
Que á los tres reyes magos condujo basta Belén; 
Señora la mas grande, Señora la mas bella,. 
Que siempre el mundo sea la alfombra de tus pies! 

No dejes sin amparo, Pastora, tu rebaño. 
Porque lo acecha el lobo terrible del error; 
No dejes sumergidas en hondo duelo y dañ¿ . 
Las tristes ovejuelas que balan por tu amor. 



Tú brillas en el bello Cantar de los Cantares, 
Tu nombre ló modulan los Salmos de David; 
Inspiras en Betulia con hechos singulares, 
Al pueblo encadenado que es libre por Judith; 

¿as ínclitas mujeres que ensalza la Escritura 
A tf te representan como figura fiel, 
Y Virgen siempre limpia, inmaculada y pura, 
Concibes al Mesías, al Santo de Israel. 



ifii LÁ VBftDAD CATÓLICA. 

Y mempre eres la misma majer sublime y faerta. 
El vaso de pureza, la torre de David» 
La Virgen pura y limpia que da al error la muerte. 
Mas bella que Rebeca, mas grande que Judith; 

£1 árbol sacrosanto de cuyas verdes ramas 
La savia suave mana de amor y de virtud, 
El sol de la esperanza que brota entre sus llamas 
Para las almas tristes, verdad, consuelo y luz. 



Seguir tu huella augusta nombrándote yo quiero, 

Y amarte concibiendo sublime al Redentor, 

De hoy mas que te proclama del mundo santo entero 
La Iglesia de S. Pedro sumida en el dolor; 

Jamas desmamparado me dejes, y á mi llanto 
Solícita respondfe con ecos de tu amor; 
Tocar dqa á mis manos las orlas de tu manto, 

Y al modo que á la adúltera, le baste al pecador. 



Tu gracia se derrama cual lluvia de rocío 
Sobre el erial collado y el plácido jardin, 
Como un raudal inmenso que forma estenso rio, 
Como la luz del astro que brilla en el Zenit. 

Atenta al ruego siempre del hombre, ¡oh gran María! 
Acógelo y ampáralo con dulce bendición, 
Que entre esa bella y suave, sonora salmodia. 
No falta quien te cante con sano corazón. 



No falta quien anhela mirarte peregrina. 
Tan grande y majestuosa, tan pura y celestial. 
Cruzar por este mundo como la cumbre alpina 
El águila atraviesa con pompa y majestad: 

Y oir tu voz sonora que amor de Dios derrama, 
Cual silba en las tormentas el Noto bramador. 
Cual rugen los raudales del alto Tequendama, 
Y ^n nubes de oro saltan con hórrido fragor. 



LA tsrdád catóuca. 1S6 

Qoiéo taefia con tu imagen, magnifica la mira 
Envuelta en humo suave de mirra y aloe, 
Tocando los bordones de blanda y dulce lira, 
Con las floridas varas de Aaron y de Jesé. 

A veces delirantes te pintan los poetas 
Con ojos de turauesa, con labios dé rubf. 
De lux y aroma llenos cual vieron los profetas 
Las viñas y las flores sagradas de Engadf , 



Por tf es inmenso espejo magnffico de plata 
El ancho mar Pacífico de bancos de coral. 
Por tí en el aire el ave que baja y se dilata 
Parece ramillete de oro y de cristal: 

Y en noche silenciosa de luna amarillenta 
Los cedros en el Líbano derraman dulce son, 
Y en músicos acentos responde á su voz lenta 
La onda consagrada del bíblico Cedrón, 



María! yo te miro doquier de Ibz ornada. 
De pié sobre la estrella magnífica polar, 
Las sienes con mil iris brillantes coronada; 
Los límites del mundo tocando sin cesar. 

Te ("scucho cuando el aura murmura en la pradera, 
Si corren los arroyos con mágico rumor; 
De noche en los zuzurros de la gentil palmera, 
De dia cuando el ave modula su canción. 



Al ir á darte cantos en trono refulgente, 
Volastes á los cielos en nubes de zafir. 
De entonces he sentido brillar sobre mi frente 
La luz de la esperanza, la luz del porvenir: 

Pensé también brindarte, magnífica Señora, 
Un himno que tu nombre llegara á recordar, 
Mas ¡ay! tú no permites que el alma que te adora 
Un himúo digno pueda por tf valiente alzar. 



186 LA VERDAD CATÓLICA. 

Oh! dame tos efluvios vitalee deliciosos 
Que viertes de tus labios coo mistico candor» 
Y entóuces los bordones del arpa melodiosa 
Sublimes con tu nombre preludiarán amor: 

Da luz y creaciones espléndidas y bellas 
Al raudo pensamiento que busca la luz fiel; 
Condúcelo á otro mundo de espíritus y estrellas. 
Lo mismo que ¿ Tobfas condujo Rafael. 



Yo soy un alción viudo, doliente y solitario, 
Que vive entre las peñas sin árbol, luz ni flor: 
Yo soy, en un desierto, madero funerario 
Que á todo caminante recuerda algún dolor. 

Suspéndeme á otro mundo de gloria y de ventura; 
D6 siempre el himno suene del bíblico laúd, 
Y no rodar me dejes por esta tierra impura, 
Cual rueda por los Alpes inmenso, horrible alud. 



¡Misericordia! gracia! purísima Señora, 
Seráflca María, sagrada Concepción, 
Oh! tú, entre cielo y tierra piadosa mediadora. 
Tú, luz de los profetas, imagen del perdón: 

Miradme, incauta oveja que del redil huida. 
Déjeme mis vellones prendidos del zarzal, 
Y en vano ansioso busco la senda apetecida 
Que vuelva & conducirme, florida, hasta mi hogar. 



Y dulce, permitidme vertiendo amargo llanto, 
Que os nombre y os suplique, Señora, en mi dolor, 
Y que 08 consagre el pobre, sencillo, humilde canto 
Del arpa del poeta que os da su tierno amor: 

Salvad mi rudo verso del polvo del olvido; 
Dejad que viva el tiempo que debo yo vivir; 
No el sueño de la gloria me lleva apetecido, 
Sino que el aombre vuestih) se vuelva á repetir. 



LA VBBDAD CATÓLICA. 187 

Confiando en vuestras sracias me vuelvo á mi retiro' 
T el arpa allf me dejo colgada donde fué: 
No mas profanos cantos á comenzar aspiro. 
Perdón á mis errores, precávame la fe: 

Si juzgas que ofenderte podré, Vfrgen ^aría. 
Evítale esa pena terrible á un pecador; 
Cobija con tu manto, Señora, el alma mia, 
Recógela en tus manos, y elévala hasta Dios! 

Femando Pié y Faura. 



BBYI8TARELIOI08A. 



Próxima beatificación del p. pedro cakisio. — Según 
escribe de Roma persona autorizada, se halla muy adelanta- 
da la causa de beatificación del P. Pedro Canisio, de la Com- 
pañía de Jesús, apellidado Martillo de lo9 hergeif natural de 
Alemania y fundador del célebre y antiquísimo Colegio de 
Friburgo. 



El illmo. sr. obispo de michoacan en roma. — Por una 
carta particular vemos que habia llegado á la capital del or- 
be cristiano el Illmo. Sr. D. Clemente de Jesús Mungufa, 
dignísimo Obispo de Michoacan, que como recordarán nues- 
tros lectores, vmo á la Habana en unión del venerable Sr. Ar- 
zobispo de Méjico, y cuya salida para Europa^ anunciamos 
oportunamente. 



Ovación hecha al papa fio ix el día 12 de abril pró- 
ximo PASADO — Quizá no ignoren nuestros lectores que el dia 
19 de Abril de cada año repres(>nta un doble aniversario pa- 
ra la ciudad eterna. En este dia fué cqaqdo el ilustre Pió IX 



128 LA VERDAD CATÓLICA. 

hizo 811 entrada triunfal en la capital de sus Estados, en 1849 
y en él fué igualmente cuando tuvo lugar el lanientable hx^^ 
cidente del convento de Santa Inés, en 1855; accidente ene^ 
cual la vida del Sumo Pontífice fué protegida de una romneri»' 

1>rovidencial. Como era natural, la expreflion <lel afecto d^ 
08 romanos hacia el Sumo Pontífice, en dicho dia, ha sids^ 
este Mño mas brillante que nunca. Después de haber recibido^^ 
Pío IX por la mañana los homenajes de todas las personas ^ 
notables de la ciudad,. la guardia palatina pasó una gran re- " 
'vista-en la plaza del Vaticano, y durante toda la tarde las 
músicas militares estuvieron tocando en varios puntos. A las 
cinco el Padre Santo pasó á la iglesia de Santa Inés extra- 
muros, en la que se cantó el Te Dtum y se dio la bendición 
del Smo* Sacramento- Llegada la noche, toda la ciudad se 
iluminó de una manera verdaderamente mágica. Todos los 
monumentos públicos se distinguian por el brillo' de su ilu- 
minación, y la mayor parte tenia en medio de sus lujosos 
adornos inscripciones latinas ó italianas en honor del gran 
Pontífice Rey. 



El nuevo patriarca boloaro. — En nuestra última en- 
trega anunciamos en' breves palabras la llegada á Roma de la 
diputación búlgara encarsada de pre(>entar al Padre Santo el 
homenaje y la adhesión de todo un pueblo oriental, recién 
convenido á la fe católica. El mismo dia en que salla á lux 
el referido número de esta publicación pudieron ver nuestros 
lectores en un periódico «diario de esta capital el sentido dis- 
curso dirigido á S. S* por uno de los diputados, el archiman- 
drita José, y las tiernas palabras con que S. S- manifestó al 
orador con cuánta alegría recibía la diputación de los búlga- 
ros y el consuelo que su corazón sentia con la vuelta de la 
nación búlgara á la fe de^us mayores. Fáltanos añadir que 
deseoso el Padre Santo de complacer á los búlgaros nombran- 
do su primer patriarca á uno de los sacerdotes que hablan 
tomado parte en el acto solemne de unión á la Iglesia, esco- 
gió al antes citado archimandrita José ó Yocif, para desem- 
peñar tan elevado cargo. Así fué que al terminar su discurso, 
añadió S. S: ''El domingo próximo consagraré yo mismo á 
ese buen anciano, el archimandrita, continuando asi la tradi- 
ción de mi predecesor, el Papa S* Nicolao I, que impuso las 
manos á vuestro primer arzobispo." Después de una pausa, 
prosiguió el Padre Santo: ''Siento que el cáliz destinado al 
nuevo arzobispo no esté listo aun. Como hemos querido quo 



LA V£K1>AD CATÓUÜA. 129 

t^^oga uoa forma oriental, el artista no ha podido terminarlo 
ta^ti pronto como hubiéramos deseado." En seguida se volvió 
el Pontífice hacia Mr. ZancoíT, redactor del periódico La Bul- 
g^Mfia y el doctor Mirkovitch, miembros seglares de la dipu- 
t^fikcioD, á quienes destina la condecoración de la orden de 
Pi« IX. 'Todos sa arrodillaron entonces para recibir de nue- 
vo 8u bendición, que S. 8. les concedió paternalmente, ana- 
cí ieodo al levantar al archimandrita: *'Nos ocuparemos de for- 
naar ud seminario para la educación del clero búlgaro.'''T 
como el archimandrita se retirase, le dirigió estas palabras: 
*^¡ Adiós, adiós, patriarca búlgaro!" 



La rifa pontificia kn favor de los pobres.— La rifa 
pontificia, de que antes de abora ik>s hemos ocupado, habia al- 
^^ozadoáúltimafechael guarismo de cerca de 700.000 billetes 
y i^ecibido un millar de lotes. La Sra. princesa viuda Borghe- 
?^ se hallaba encargada de tan precioso deflósito, que debe 
^^ber sido expuesto al público el dia 20 de Abril próximo 
P^Mado. Nada atestigua mejor la tierna y piadosa devoción 
^^ ios fieles que ese conjunto de donativos, enviados á Re- 
cade todos los confines del orbe. Al lado de los mas ricos 
objetos artísticos, de las mas costosas joyas, se ven figurar 
^l^estas é ínfiíniy ofrendas. ''He visto, dice un correspon- 
^, un pañolón 'de tas Indias al lado de un par de hebillas 
^zapatos. T esto Mcede á cada paso; patricias de Roma, 
Londres. París, Dresde, América, etc. han enviado sus bra- 
zaletes, sus brillantes, y pobres curas han remitido asimismo 
W hebillas de plata de sus zapatos." La nobleza romana se 
Itt mostrado generosa y espléndida, y pobres campesinas se 
han despojado de sus zarcillos, de hus collares de coral, de 
«uianillos y alfiierones de cabeza. En una caja llena de pren- 
días se leian estas palabras escritas de manos del Pontífice: 
Offtrte al Papa di alcune puvere contadine di una diócesi di Ro^ 
*iajpia. Todos ios lotes han pasado por las manos del Padre 
Santo, y la mayor parte lleva una inscripción puesta por 
él. Sobre un reloj viejo de plata se leia: Reloj de un po- 
^t criado de un pobre OÍnsjw. En un cuadrito de la escuela 
delPerugino fijó el Papa* un papel, en el cual habia escri- 
^* Ua campetino de la Umbría descolgó este cuadro único 
^h pared de su cuarto. Existen muchos objetos pertenecien- 
te al Padre Santo. Entre ellos figura una hermosa colección 
<i« grabados de la Stamperia Camercde; al pié de cada hoja ha 

vn.— 17 



1 30 LA VERDAD CATÓLICA. 

escrito Su Santidad algunos renglones; son textos de la Es- 
critura, alusivos al asunto que representa el grabado. Seria 
demasiado largo enumerar los objetos enviados por el Car- 
denal Antonelii y los príncipes católicos, las estatuas de 
má^niol y cuadros de grandes maestros. En medio de esas 
riquezas, se ven objetos donados por los niños nijosdel prín- 
cipe Borghese, entre otros una caja de confites que en días 
mejores les habia regalado Pió IX. Los niños devuelven la 
caja... vacía. La rifa debe haberse verificado el 9 de Mayo, dia 
de la Ascención. El Papa no ha querido que los que no ga- 
nen premios dejen de tener un recuerdo suyo, y ha mandado 
grabar una imagen al pié de la cual se haliaráín palabras es- 
critas de su propia mano, y reproducidas po)r el sistema au- 
tográfico. El pintor Overbeck se ha brindado á hacer el dibu- 
jo, y su oferta ha sido aceptada. El grabado debe represen- 
tar á Nuestro Señor subiendo al cieK'iV dejando á áus discí- 
pulos estas palabras divinas: Pax vobis; palabras que toman 
en las actuales circunstancias, y en boca del Pontífice, un 
significado que el mundo sabrá apreciar. 



Su SANTIDAD EiL PAPA T EL CARDKNAL WISEMAN. — Habien- 
do publicado un periódico belga, no muy adicto por cierto 
al pontificado, la noticia de que S. S habi%^municado áS. 
Erna, el cardenal Wiseman instrucciones para el mejor go- 
bierno de la Iglesia mientras se nombrara uq nuevo Pontí- 
fice, en caso de que la revolución se atreviese á atentar con- 
tra la preciosa existencia del actual Jefe de la Iglesia, una 
hoja católica de Londres hace notar cuan poco probable ec 
que S S. haga saber á la redacción de un papel revolucio- 
nario secretos de tanta importancia. Por lo demás, el perió- 
dico de Londres á que hemos aludido reconoce que en el 
triste caso de ocurrir una lamentable desgracia en la Iglesia 
nadie seria mas capaz ni mas digno de tomar á su cargo la 
custodia de los intereses del catolicismo que el sabio y vir- 
tuoso Cardenal Arzobispo de Westminster. 



Imponente solemnidad religiosa celebrada en la iole 

MA DE las monjas TRINITARIAS DE MADRID. — En UU númerc 

ivnterior anunciarnos que la Real Academia Española habia 
resuelto celebrar honras fúnebres por el alma del inmortal 



LA VERDAD CATÓLICA. 131 

Cervantes. Dichas honras tuvieron Iugareldia23deAbril eu 
la iglesia de las monjas Trinitarias de Madrid, donde se su- 
pone que existen las cenizas del autor del Quijote. *'La con- 
currencia era escogida, dice La Ref^eneracion^ y cual pocas 
Teces se ye en las solemnidades religiosas. Allí estábala 
ciencia oficial de nuestra patria. En el centro.de la iglesia se 
elevaba el modesto túmulo, sobre el cual se veian la espada 
del caballerOi las cadenas del cautivo, los libros, fruto de su 
ÍD|^nio, y UTia corona de laurel, símbolo de la gloria del 
príncipe de los ingenios i*spauoles. Presidian el duelo el di- 
rector de la Real Academia Española; el conde de Mirasol, je- 
fedel cuartel de inválidos; el director de la Universidad cen- 
tral, como heredera y continuadora de la Complutense; el 
Alcalde constitucional y el Párroco de Santa María de Al- 
calá de Henares, por h;iber nacido en dicha ciudad y recibi- 
do el bautismo en dicha iglesia Miguel de Cervantes Saave- 
dra. Ocupaban dos sillones en el prebisterio el M* R. Nun- 
cio de S. S., y el Sr. Obispo de Teruel, electo de Cartagena. 
Celebró la misa de Réquiem el Illmo. Sr. D. Miguel Sanz, 
Auditor d^ la Rota y Académico de ciencias morales y polí- 
ticas, y la oración fúnebre la pronunció D. Tristan de Medi- 
na. En mas de una ocasión hemos reconocido las distingui- 
das prendas que, como orador, adornan á este joven sacerdo- 
te. Ayer, comaltempre que le oiinos, pedimos á Dios que 
las cualidades que ^e hacen sobresalir en el pulpito sirvan 
psra alcanzar *los frutos de la predicación divina. Nuestra 
tociedad, hoy tal vez mas que nunca, está necesitada de la 

S labra de Dios, que tiene el privilegio de destruir el peca- 
y hacer que reine en su lugar la justicia." 



Conclusión del "curso completo dk patrologia" del 
AB\TE MiONE. — Según leemos en una carta dirigida por el 
*bateMigne al director de la Bibliogrophie iJatholique^ é in- 
wrtaen el último número de dicha revista, la gran colección 
áe todos los Santos Padres de la Iglesia, que publicaba aquel 
•abio sacerdote, ha acabado de im¡>rimirtie. Comprende por 
todo 326 volúm*»ne8 en 49 francés, á dos columnas compac- 
tos. La parte latina, de Tertuliano á Inocencio III, que en- 
cierra los padres, doctores y escritores de los doce primeros 
siglos de la Iglesia, llena 217 tomos. La parte greco-latma, 
qoe empieza con S. Bernabé y acaba con Focio, autor del 
cisma de Oriente, abraza 109 tomos. 



-KUAl) iJATflLICA. 

i...wNCi.\L DK ciNCiXNATi. — E. i-ain- 
-.. .:• ifíduo stí inauguró el tercr; :or*ci- 
...A.'. li oti.il aHÍstie.ron todos .:'« Pre- 
..k. > - *i»-nores de las diver¿^a$ vrieneíi 
^o'» ■•-. «.' Micilio y otros varios ec!r«:Ás:i- 
. , iOccsiLiu fué magnífica, tanto á iá :ia del 
a. i 4 «.'líL'iiral, como ala vuelta, of ciando 
*. a/.«ioispode C¡nciiinat¡,y pronurzoando 
i :i[ue |»az que nos dejó nuestro S *L.^r. el 
. .. :.iisí. Despui's del sermón se cantó e. sal- 
ía Letanías, se leyeron los decretos, se 
...'...iuüs que liabian de desempeñar los di- 
. . i «.'i.uieilio, y éste quedó solemnemente 



.. .KZt>BISro DK NCKVA ORLKANS. Se COU- 

- \kCf'r sido nombrado para la Sede vacan- 

.. > i Hov. Obispo de Gálveston, Monseñor 

lí ií' l.is últimos numen)» del Propatrn- 

» iiios reoibido, se dice que S. I. vaclla- 

j ...iiüiice cargo que le confía el Padre S.m- 

. >v..:a rt»spetíible, llegada en estos dias de 

.it.'vo Arzobispo se encontraba ya en 

>t .»».Miia por lo tanto al trente de la 

* > i.lüi" mente á nuestros hermanos los 

,'ans, y les deseamos que tengan en 

»• livlo tan digno y tan celoso como el 

i *¡io. Los antecedentes del Illmo.Sr. 

.t ,ián será. 



\ \ MISIÓN DEL PARAGUAY. — El R. 

AMiipañía de Jesús, que última- 

<* i.itcMnala, había salido para Ro- 

j>osesion de aqtiol cargo, ha- 

i d 17 de Abril próximo pasado, 

i, -XA el ü\ del mismo mes. El 25 

..i! .lo Burdeos en unión de otro re- 

.úoba del Tucuman, donde pieu- 



La vxbdad católica . 1 33 



CRÓNICA LOCAL. 



Rectificación. — Al hablar en nuestro último número de los 
cuadros nuevamente colocados en la iglesia de Belén, aludi- 
mos á uno de los mártires del Japón, siendo asf que el lienzo 
4 que oos contraíamos era el de los mártires dd BroiiL 



Folúwun preliminar de la nueva obra del Sr. D. Ramón de la 
Sagra sobre la lila de Ciiba. — Nuestro apreciable amigo el 
Sr. D. Bamon de la Sagra nos escribe desde Madrid anun- 
ciándonos que antes de su salida de Paris habia dirigido ha- 
da el Havre, para de allí ser conducido á la Habana, el tomo 
preliminar de su grande obra sobre la Isla de Cuba, cuyo 
prospecto repartimos oportunamente á nuestros lectores. 
El tomo en cuestión contiene la relación del viaje que efec- 
tuó últimamente el Sf. de la Sagra á esta Antilla, y como 
quiera que sus observaciones no se ciñen á la parte material 
de los adelantos efectuados por esta provincia de la Monar- 
quía Elspañola en los últimos años, sino que también abraza 
Ik parte moral y religiosa, creemos deber recomendar eficaz- 
mente la obra anunciada á nuestros lectores, seguros de que 
en ella encontrarán datos que en vano buscarían en otras pu- 
blicaciones. Tan pronto como sepamos la llegada del referi- 
do tomo, la anunciaremos en este lugar. 



Com>er$ion y bautismo deun hebreo. — £1 dia 18 del pasado re- 
cibió las aguas del bautismo en la iglesia del Sto. Cristo, 
el Sr. D, Adolfo Benestri, natural de Polonia y miem- 
bro que ha sido de la religión judaica. Al ingresar en el seno 
de la Iglesia cambió su nombre de Adolfo por el de Venan- 
cio, habiendo sido catequizado y bautizado por el R. P. Le- 
sa, de la Ck>mpañía de Jesús. 



134 tA VfiftDAD CATÓLICA. 

Noticias religiosas efe Puerto Principe. — Según leemos en 
nuestro apreciable colega el Diario de Puerto Príncipe^ se 
practican en este momento mejora9 de consideración en la 
iglesia de Ntra. Señora del Carmen de aquella. ciudad, como 
son colocarle dos puertas mas ;;1 lado de la principal, única 
que anteriormente tenia, pintar de nuevo sus altares y blan- 
quearla. *'Mucho nos alegramos de estas mejoras, añade el 
expresado colega, que harán mas cómodo para los fieles y 
mas digno del culto católico dicho templo, por cuya conser- 
vación y adorno debemos velar, no solo como una obra de 
piedad por parte del religioso vecindario, iiino también co- 
mo padrón, el edificio, que recordará por muchos siglos, lo 
mismo que el Hospital de S. Lázaro, la noble caridad y la 
celosa fe cristiana del venernble Padre Espí.'' — El mismo 
periódico anuncia que el Domingo 19 de Mayo tuvo lugar 
en la iglesia de la Soledad un<i solemne misa en que celebró 
por primera vez de pontifical, en la presente visita, el Excmo. 
é Illmo. Sr. Arzobispo de Cuba. El venerable Prelado diri- 
gió la palabra á los fieles después de concluida la misa, á la 
cual asistió una concurrencia bastante numerosa. 



Fiesta de Santa Rita de Casia. — En ki iglesia de RR. PP. 
Escolapios de Guanabacoa tuvo lugar el dia 21 del mes ante- 
rior una solemne fiesta en honor deaq^uellasanta á expensas 
de una devota. El Pbro. Br. D. Luis Marrero presentó en 
un bien ordenado discurso las virtudes de la santa como mo- 
delo de la mujer en todos ios estados, y terminó con una 
oportuna y fervorosa exhortación. Esta función religiosa con- 
cluyó después de las once. 



Conclusión de las flores de Mayo. — Con la suntuosa fiesta 
del Amor Hermo'^o, la procesión y acción de gracias, conclu- 
yen hoy los ejercicios de las Flores de Mayo en la iglesia de 
S.Felipe. Una escogida y numerosa concurrencia ha ocu- 
pado e¡ expresado templo todas las tardes, ansiosa de cele- 
. brar las glorias de la excelsa Virgen. Los Sres. Pbros. Dr. 
D. Mariano Palacio Lizaranzu, D Tomás de Sala y Figue- 
rola, D, Pedro Arburu, D. Juan Bautista Rivas, y otros Sres. 
oradores han elogiado dignamente las grandezas y misterios 
de María, y desenvuelto el punto de meditación de cada dia 



LAEVSDAD CATÓLICA. 135 

del mes, y no dudamos que hayan recogido abundante fruto 
espiritual. Pedimos á Dios que esta devoción de María se 
aumente cada vez mas para que se mantenga viva en los hi- 
jos la llama del amor de la Madre sin mancilla. — Las flores de 
Mayo han concluido también en la iglesia de la T. O. de S. 
Francisco donde se han celebrado con solemnidad, estando 
encomendados los sermones á los RR. PP. de la Congrega- 
ción de dicbü iglesia. Estos cultos se han promovido en San 
Francisco por el celo del R. P. Fr. Mariano Borlado, y por 
sas laudables esfuerzos logró llevarlos á cabo. 



Misa nveva, — El domingo 26 del pasado celebró su prime- 
ra misa en la iglesia de Santa Clara el joven Pbro. Br. D. 
Miguel Patricio de Luna, que recibió hace días las sagradas 
órdeoesde manos del Illmo.Sr. Arzobispo de Méjico, residen- 
te en Guanabacoa. Felicitamos á este nuevo ministro del 
«otuario. 



FitMtas al Sagrado Corazón de Jesús. — Con toda solemnidad 
ha comenzad'j el dia 23 del pasado en la iglesia parroquial 
del ¿Santo Ángel la novena del Corazón de Jesús, con misa 
cantada estando su Di viña Magestad manifiesta. El dia 6 del 
corriente al oscurecer habrá gran salve á toda orquesta, y al 
dia siguiente, después de la comunión general, tendrá efecto 
la gran fíest: en la que predicará el joven orador Pbro. Br. 
D. Luis.Marrero. Todo el dia estará expuesto el Sacramento 
i la veneración de los fíeles; habrá misas de hora, y por la 
tarde piadoso ejercicio en que predicará el Pbro. D. Pablo 
Ayala, recién llegado de la Península. Estas funciones se ce- 
lebran á expensas de varios devotos, y no dudamos que los 
fieles acudirán al templo á rendir homenajes á aquel Cora- 
zón que arde constantemente en el amor del hombre y está 
siempre dispuesto á favorecerle. — También en la iglesia de 
Belén se celebrará el mismo dia 7 del actual la función de 
costumbie al Sacratísimo Corazón de nuestro divino Reden- 
tor. Los que saben la devoción que á tan tierno misterio pro- 
fesan los religiosos de la Compañía de Je^us, comprenderán 
cuan solemnemente le tributarán cultos en el dia señalado 
por nuestra santa madre la Iglesia. — En el Monserraté se 
celebra igual festividad, predicando elR. P. Prior de los Car- 
melitas de Méjico. 



136 



LA VbEDAD católica. 



Sermones de Corpus. — ^En las fieitas de éste misterio que á 
continuación expresamos predicarán los siguientes oradores: 
Catedral, Infraocta va de Corpus, R. P. Fr. Bernardo Díaz. 
ídem, Octava, R. P. Fr. José Pantiga. 
Monserrate, Pbro. D. Luis Marrero. 
Santa Clara, Pbro. D. Salvador Garcia de la Peña^ 
Belén, un Pudre de la Compañía de Jesús. 
Santo Ángel, Pbro. D. Luciano Santana. 
Merced, Pbro. D. Juan B. Rivas. 
S. Francisco, Pbro. D. Luis Marrero. 
S. Felipe, Pbro. D. Rafael Cortés. . . 



Procesión df^ las niñas del Colegio del Sofprado Corazón 4f 
Jesus.T-E] dia 31 de Mayo, como último del mes dedicado á 
María, las niñas del mencionado Colegio salieron prooesio- 
nalmente con una bellísima imagen de la Virgen, precedida 
de los estandartes de las distintáis Congregaciones estableci- 
das en dicho Colegio, y se dirigieron á una huerta contigaa 
al establecimiento, colocando dicha Virgen en un altar pre- 
parado bajo unas esbeltas palmas, y entonando la letanía 
Lauretana. ¡Cuan bello espectáculo el que ofrece la juven- 
tud católica á los pies de la Virgen Inmaculada! 



Errata.^ — En la última línea del primer párrafo del artí- 
culo ''Espíritu Santo" del Sr. ZÍafra, publicado en la anterior 
entrega, dice: ''ni separar las sustancias"; léase: "ni separar 
la sustancia." El autor hace esta advertencia por haüarsela 
idea en sentido contrario á la doctrina del misterio de que 
trata el artículo referido. 



DomlBgo 16 de JuBlo de 1861. 



SECCIÓN RELIGIOSA. 



Pío n T LA FBOVIDENCIA. 




Da paetnif Dominé, in dubus nostris, ^mm 
non est alius qui pugnet pro nobit, nin tu 
Deus no8Ur. 

Ultima alooaeioD'de 8. S. de 18 de Marzo 
de 1861. 



I OBRE los escombros de la revolución italiana se alza 
^una 6g<ira noble y majestuosa, cuyos pi<'s apenas to- 
*^0 can la tierra y cuya cabeza se esconde entre las nubes. 
V^ Sóbrelos hombres menguados, y sobre los débiles, y 
^ sobre los pérfidos, desenrolla un héroe, cuya fortaleza 
no ha cedido á losalhagos, ni ha temido á las amena- 
zas. Sobre los esforzados atletas de la fe se levanta hoy uno, 
cuya pujanza es la admiración del siglo, cuyos dolores hacen 
Horar á los ángeles y á los hombres. Esa figura colosal, ese 
héroe, ese santo, ese mártir, es — Pío ix. 

Hace mas de un año escribimos las siguientes palabras 
••¿Qué será de Pió IXV.... Las huestes católicas acudirán pre- 
surosas ásu defensa; una nueva cruzada se levantará, si ne- 
cesario fuese. , . ." (1) Ah! nuestro leal corazón nos engañó: 
habíannos olvidado que ya la voz de Pedro el Ermitaño, del 
Abad deClaraval, de Domingo de Guzman, no encuentra eco 
en nuestro siglo para promover santas empresas en defensa 

(Ij "Pío IJTy U Revolocion", art. 2?. entrega 41? de "La Verdad Católica." 

VII.— 18 



138 LA VBRDAD OAtÓUOA. * 

de los intereses católieos. Diez y ochó meses han traoMar- 
rido desde que pronunciamos aquellas palabras; y ¿qué baa 
hecho las potencias católicas en defensa del Santp ^idrsl 
Doloroso es confesarlo; uoaa por debilidad, otras por m»iie- 
ios diplomáticos, estas por apatfa, aquellas dominadas por 
una desastrpsa política, todas, todas han abandonado «I qaa 
es Padre y Pastor universal de todos los creyentes* Algaaoa 
cuantos discursos prominciados en los Parlamentos, algaoaa 
cuantas palabras en notas diplomáticas en favor del Ponfi6- 
cado, he ahf la única ofrenda presentada por las naciuaes 
católicas en holocausto á la santa causa de Pío IX, que es 
la causa de Dios. Se dirá acaso que una nHCÍ.#n católica naon- 
ta guardia en Roma, pero al observar la conducta del gobier- 
no de esa misma erhíutnítima nación, tenemos derecho para 
dudar si ese pequeño ejército que guarnece á Boma es uiia 
guardia de honor al l&berano Pontffice, 6 una custodia á 
Pió IX destronaKiie. Ya no hay nada que esperar de los hom- 
bres^ ya no hay iiiida que esperar de los Gb>biernoa, ya i|0 
hay nada que esperar de las naciones católicas: hombrea, go- 
biernos y naciones con muy raras excepciones, han abando- 
nado á Pío IX, abandonando de este modo la causa del 
orden, del derecho» de la justicia y de la civilización, y sui- 
cidándose ásf propios en lo mas caro desús intereses, en lo 
mas vital de su existencia doméstica, política y social. ¡Ay 
de la Europa cuando despierte de este letargo! 

Nada mas natural que siguiendo el hilo de nuestro*^ unte- 
riores artículos sobre Pía IX y M ftepf alucian, hubié'^etnos 
adoptado las mismas ideas y el mismo título para el pre^iiute; 
pero ni debemos, ni queremos, porque las justas espfranz^is 
que concebimos al terminar el segundo de dichos ariicuUis 
se han visto plenamente defraudadas, y esta decepción inca- 
li&cable de las potencias católicas amarga nuestro conizon. 
hasta el punto de no creer en otro auxilio, en otn» apuvo en 
favor del Pontífice, mas que en el de la mano dt* Dios — Pin 
IX y la Providencia. Así lo cree también nuestro amado Pon- 
tífice, confesando que solo Dios.puede ya darle la paz, y oo.n- 
batir con él y por él: Dapacem, Domine^ indiebua nostris, quia 
non est oIíias qui pugnet pro nob'ut nisi tu Deus nosier. No es de- 
cir esto que sin el concurso de la Providencia, de esa pnhui- 
ca poderosa que rige los destinos del universo y de la huma- 
nidad, algo pueda hacerse en el mundo; pero rara vez obra 
por sí sola directam^^nte sino valiéndose de agéntese instru- 
mentos naturales. En el caso presente esos agentes, eso^ ins- 
trumentos, han rehusado cooperar á la obra de la Providen 



LA VERDAD CATÓLICA. 139 , 

eii, mejor dicho, la han combatido, la han creado obstáculoer 
il parecer iosuperables; pero existe una promesa inmutable, 
ODA profecía divina, una palabra sempiterna que jamas pa- 
nriJAcoal ofrece espléndidas victorias & la Iglesia tras los 
M&odos días de lágrimas y combates. 

La Revolución ha roto ya todos los diques, y como bacante 
embriagada pronuncia su última palabra: *^Roma, ílomaserá 
í grado ó por fuerza la capital del reifu) de huliay £9te es el 
grito que partiendo de Turin resuena en la aletargada Euro- 
pa, lio causar espanto á las naciones católicas que ven impá- 
vidas la próxima pérdida de la mas valiosa de sus propieda- 
dm, la Roma de Constantino, la Roma de S. Pedro, la Roma 
del eatolieismo. Por la tuerza — que hoy constituye el dere- 
cho político de las naciones — sí se poseerá á Roma; pero 
iqoella mano misteriosa que alejó al primer E^nperadorcris- 
tiaoo de la mansión del Pontífice, haciéndo|f ^rasladar su so- 
lio á Bizancio; esa misma mano que impij^ió siempre que los 
conquistadores de la ciudad eterna fijasen sü residencia en 
ella, rechazará hoy al que ose levantar su trono en Roma. 
Entrono vacilará, esa dinastía sucumi>irá, porque el res- 
plandor del Vaticano cegará á quien llegue á ocupar el Ca- 
pitolio. Pedro se levantará de su sepulcro indicando la san- 
gre de su martirio, la augusta sombra de Cario Magno pro- 
testará contra el usurpador de su regio don, los siglos álega- 
rin BUS venerandos recuerdos, lu justicia defenderá los fueros 
de la propiedad, trescientos Pontífices saldrán de la tumba, 
7 el mundo y la Europa, conmovidos al fin por tan espantosa 
eatáatrofe, reclamarán lo que no es ni del Píamente, ni de 
Francia, ni de Austria, ni de los Reyes, ni de' los Emperado- 
na,8inodel Pontífice y del Catolicismo: Noli metangerc. Un 
soberano temporal al lado del Pontífice romano seria lacau- 
^ de una reacción desastrosa de los espíritus y de los pue- 
blos, y el origen de una espantosa guerra de religión. 
Ün distinguido escritor combatiendo con rara energía y 

admimble elocuencia este proyecto, dice: "Del mundo 

tt el Vaticano, como fué del mundo el Capitolio. Los dos 
oon propiedades de la humanidad, mayorazgo inenagenable 
de las generaciones pasadas, fideicomiso indivisible de l(í pre- 
aente para el porvenir. £1 uno lo impuso la madre de nues- 
tras naciones, constituidas en imperio: y el otro lo fundaron 
los hijos de Cristo congregados en Iglesia. No hay en Roma 
Qo muDumento que no sea prenda ó despojo de una nación: 
DO hay una sola piedra de aquellos altares que no represen- 
te una ofrenda, una lágrima, una oración, un suspiro de pe- 



Í40 LA VSROAD CAT^liÓA. 

niteocía 6 uaa gota de sangre de los fieles de las eoatro mñ 
tes del mundo. Del mundo 7 de la Europa fué aquel racmto 
sagrado por mas de veinte siglos, y ahora ni la EÍuropa ni al 
mundo tienen otro lugar que el que Dios les ha dado para 
colocar la cabeza fle su Iglesia, como no tiene el hombro otro 
luffar que su cráneo para aposentar su cerebro. ..." 

Infinitos son los obstáculos que, ademas de los que hemoa 
indicado^ produciría la presencia de uh Rey en el Capitolio 
y un Papa en el Vaticano: un cisma inevitable seria uoa de 
sus funestas consecuencias. No solo lo prevemos Dosotroa. 
témenlo también los hombres de la política y de la diploma- 
cia. Recuérdense las palabras del célebre Mr. De Saoy en sa 
carta dirigida al Diaro de loi Debaiet en 23 de Enero de 186Q 
Cioosiderando que el Pontifico no dejaría de ser subdito dé la 
potencia á quién Roma tocase en suerte, sigile diseurriendo 
c€fk innegable fviersa de raciocinio en los siguientes términos: 
''Supongamos --Mliee^ — que esa potencia hiera el Piamoate: 
eMi suMsicion nada tiene de improbable. He ahf, pues, al 
Papa, al gefe d^^^^tolicismo, convertido en subdito piamon- 
té8;esdecir> <;:^iócaA> con respecto al Rey Victor-Manuel y 
á Mr. Cavour, precitomente en la posición que ocupa el Sr. 
Arzobispo de París, respecto del Emperador y del ministerio 
frattces. El Papa! el gefe espiritual d» doscientos millones de 
católicos, subdito piamontéá! ¡Y un subdito piamontés, en 
su calidad de obispo de Roma, se verá investido del poder 
que os he descrito, sobre todas las naciones católicas! ¡Le? 
enviará legados ó nuncios, y recibirá cerca de su persona los 
embajadores de estas! ¡Por si mismo ó por medio de sus re* 

Sresentantes, irá á ejercer en el las la mas elevada de las juris- 
icciones! ¡Gobernará sus conciencias en materia de fe y de 
culto, celebrará concordatos, bajo el pié deigtialdad, con sus 
Reyes ó Emperadores! ¿Podrá ponerles entredichos y exco- 
mulgarlos! ¿Y creéis que las potencias católicas lo toleren 
largo tiempo, y que semejante estado de cosas no las con* 
duzca forzosamente al cisma?'' 

Esforzando aun mus el argumento, desciende Mr. deSacy 
á un caso muy verosímil: "Suponed — dice-r- que. la guerra 
estalle entre el Rey del Piamonte, convertido en Rey del 
Papa, y alguna otra de las potencias católicas. Como Obispo 
á'i Roma, ¿publicará, pues, el Papa bulas, y ordenará plesa- 
rias en favor de su soberano? ¿Anunciará su boea intalible 
á toda la tierra que la causa del Piamonte es la causa de 
Dios? Todos los católicos del Universo, aun aquellos con los 
cuales el Piamonte está en guerra, ¿se verán sujetos á reci- 



LAfcVEDAD CATÓLICA. 141 

birlu bulas del Papa, y á unir sus oraciones á las oraciones 
de este, reuniendo así el Piamonte á las armas temporales, 
el influjo de las espirituales deX^ue es depositario el Pontífi- 
ce? O bien ¿quedará en suspenso el poder espiritual del Pa- 
E I dorante la guerra, dirigiéndose la nadJon que ten^a al 
amonte por enemigo á otro Papa que el Obispo de Roma 
para el gobierno de sus Iglesias? Vuelvo á preguntarlo: ¿no 
es evidente que el cisfna, y un cisma próximo, inevitable, se- 
ría la consecuencia deesa pretendida separación entre el po- 
der espiritual y el poder temporal, que transformaría al Gefe 
del Catolicismo en subdito particular de una potencia cual- 
quiera? " 

Es verdad que en el reciente folleto: ^'Roma^ Francia é Ita- 
/¿"'se dice con cierto aire de triunfo que el Papa se halla 
hoy destituido de todo socorro humano, y quizá á esta circuns- 
tancia se deba laaudacia de pensar en Roma como capital del 
Beíno de Italia. En efecto, el Pontífice no puede contar con 
el apoyo de los hombres, porque es báculo quebradizo ^ue 
hiere la mano que en él descansa; no puede contar con el 
spoyo de las naciones, porque los gobiernos católicos ó le 
vuelven sus espaldas, ó le. aconsejan que sacrifique su causa 
ala revolución y sus propiedades á la usurpación y al des- 
pojo. De nadie espera socorro Pió IX, y por esto exclama 
lleno de confianza; Solo Dios luchar A por nosotros ...» non 
Oí alius qui pugner pro nobh nisi tu^ Deus noster. ¿Y quién 
qoe cuenta con el auxilio de Dios necesita del de los hombres? 
Eogañóse, pues, miserablemente el autor del citado folleto, 
si considerar que la causa del Papa necesitaba el auxilio de 
'os hombres para su triunfo; porque suceda lo que sucediere, 
®' Santo Padre ha sabido sostener, en estos tiempos de pro- 
í^odo envilecimiento y perfidia, con incomparable firmeza 
J energía, los principios eternos de la justicia, de la naoral y 
"^' derecho. Una sola palabra de concesión hubiese salvado 
*"« dominios y temporalidadej»; pero Pió IX ha preferido sa- 
p^'^fic^r sus temporalidades á vulnerar los principios déla 
J^^íioia, de la moral y del derecho que tan valerosamente 
*?*fciene. El triunfo moral es de Pió IX, y la victoria mate- 
x^^ la revolución. 

4^ cuál será el término de esta? Diremos francamente nues- 
J^ Opinión. Creemos que las cosas han llegado á tal extremo 
^ Complicación, que ni la política ni la diplomacia pueden 
^\ Polución al abstruso problema que hoy llama la atención 
Wversal. Los hombres lian obrado ya todo el mal, y los 



142 I^ VEBDAD CATÓLICA. 

consideramos impotentes para reedificar cuanto han destrui- 
do: esta será la obra de la Providencia. 

La Revolución está hoy celebrando en la orgfa del triunfo 
la caída del Pontificado. También sobre la mesa del featin 
de Baltasar estabai los vasos sagrados henchidos de ardien- 
tes licores. De repente una mano misteriosa escribió en las 
doradas paredes: Mane^ Theccl, Phares; y esta fué la obra 
de la Providencia después del triunfo Impío de aquella na- 
ción. La Providencia será la que también se encargue de es- 
cribir la última página de la historia de la revolución 
italiana con las mismas fatídicas palabras: Mane^ Thecd, 

Phares 

J. R. O. 



EL PADRE JAVIER DE RAVIONAN. 



Vie du fí. P. XAVIER DE RA VIGNAN. de la Compagnu 
de JésuM. Par le P. A. DE POSTLEVOY, de la mime 
Compagnie. Deuxiéme éditión. París: Charles Douniol, 
1860. 2 tomes 89 (1). 

Habrá ppcos de nuestros lectores que no hayan oido ha- 
blar del Padre Javier de Ravignan, aunque pocos también 
sabrán de él algo mas que su nombre. Y sin embargo es un 
varón digno de ser conocido, un hombre que tuvo grande 
influjo sobre su siglo, y produjo resultados que no se olvida- 
rán tan pronto. Tuvo la dicha de ver durante su vida una 
abundante mies cosechada para el Señory debidaá las semi- 
llas del bien que él mismo habia sembrado durante una larga 

(1) Tomamos este notable artículo del dltimo número (Abril de 1B61 ) de U 
Revifta de Brownson, pubUoaci«m católica que disfruta de una justa oeleb'-idad 
asi en este como en el otro Udo del Atlántico. Un respetable periódico de Nueva 
York, el Metropolitan Record, órgano oñcial del Iltmo. Sr. Arzobispo de aque- 
lla ciudad, y q>ie de algu'i tiempo á eitta parte se muestra sumamente fio«til k 
muchas de las ideas emitidas por el Dr. Brownson y sus colaboradores en la 
Revista t reconoce sin embargo que eete escrito merece figurar en cualquier pu- 
bUcaoioa religiOBa.— iV. deU R, 



LA VERDAD CATÓLICA. 143 

J /aboiiosa carrera; y esas semillas todavía producen sus fru- 
tos, todavía estáobraodo la levadura que introdujo en la vi- 
da del pueblo francés, y la memoria de su predicación y de 
su ooble ejemplo dará en años venideros nuevo lustre á la 
virtud, nueva dignidad á la práctica de la piedad. Habiéndo- 
le conocido, gracias á estos dos tomos del Padre Pontlevoy, 
á Duestra vez lo presentamos ahora á nuestros lectores. 

Oustavo Javier de Ravignan nació en Bayona, el l?de 
Diciembre de 1775, de padres nobles. Desde temprano mos- 
tró una seriedad de carácter y una madurez de juicio que le 
distinguían de los demás niños de su edad. Sus progresos fue- 
ron rápidos en la escuela, y después de adquiridos los prime- 
ro9 rudimentos en Bayona, fué enviado á París con un her- 
m&no mayor para continuar sus estudios. Allí se le puso, á 
la edad de once años, en el colegio mas en vosra en la calle 
l£¿i.Cignon, cerca de los Campos Elíseos. El {>rimer »ño que 

f»&s4en este colegio obtuvo el premio de aplicación; y bien 
o nnerecia; pues el autor nos dice que ademan de haber cursa- 
do en un solo año cuatro clases, en las cuales consiguió con 
trecuencia el primer puesto, estudió también *'el Inglés, el 
Alternan, el dibujo, la música, el baile, la esgrima, la natación 
y la equitación." Cuan fuerte imperio ejercía ya la religión 
en su inteligencia, puede verse por el siguiente extracto de 
una cartH á sus padres, fecha 9 de Junio^e 1 809: ** Ayer miér- 
coles 8 de Junio hice mi primera comunión y recibí la con- 
tinuación. La exhortación que nos hizo el sacerdote antes Ae 
^^ comunión me hizo derramar muchas lágrimas, y cuando 
^'^^e que leer las oraciones preparatorias, solo pude recorrer 
«08 renglones, tan impresionado me hallaba. Otra persona 
'«8 /eyó por mí." 
^ la conclusión desús estudios de colegio, entró Ravignan 
^'l Una escuela de derecho en Paris, para prepararse áser ad- 
'íiiti<|Q en q\ foro. Apenas habla comenzado sus pacíficos es- 
p^ios cuando llegó áParís In noticia de la vueita de Ñapo- 
^^ de la isla de Elba. Entre los muchos que ofrecieron su 
^P*^cla y su vida en defensa de la monarquía, se hallaba el 
J"^^ij Ravignan, encontrándose entre los pocos que se pre- 
^nt;5iron cuando sus servicios fueron necesario-». Durante los 
^'^n Dias siguió al Duque de Angulema, y ascendió á te- 
^^^Ote de caballería. Pero después de la derrota final de Na- 
P^*^on, y no obsUnte las brillantes ofertas de su General, 
^^ígnan volvió al estudio de las leyes. Gracias á sus pro- 

Í^^íi «méritos y al favor ageno, los adelantos en su profesión 
^^ron rapidísimos; no habiendo dignidad alguna demasiado 



141 LA \ttKÜAD (.'AIÓLICA. 

elevadii para su ambición. En la sociedad de París era bit^ ^ 
recibido: noble y digno en sus nriodales, gracioso en su p^^^ 
te, vivo y franco al mismo tiempo que entretenido eu ^ 
conversación; pon su divisa, Soyons distingues^ en todas pi^^^ 
tes llamaba la atención, seguida en breve, de la e8timaci<> 
y admiración. Tsin embargo, en el mismo momento en qt^ 
el mundo parecía aonreirle mas de veras, él pensaba en aba*' ^ 
donarlo, y escribiaásu hermano: 

*-Estoy casi resuelto á entrar en ei seminario. Hace sei^ 
meses que ha nacido en mí esta idea. He reflexionado en elf ^ 
durante este tiempo, mas no he llegado aún á tomar una T9^ 
solución final. Mi madre se atormenta por ello, y me ator^-- 
menta á mí. Puedes suponer que una vez tomada mi resolu^ — 
cion, nada sobre la tierra podrá detenerme He considerad<^ 
este proyecto bajo todos sus aspectos. Si Dios me llama^ 
obedeceré." 

La oposición de su madre le detuvo por algún tiempo mas 
en el mundo. A un ascenso se seguia otro ascenso, sin que 
él los desease ó caucasen la envidia de otros; no se cuidó por 
mas tiempo de la alegría y diversiones de Pa'rís, sino qua 
ocioso espectador, iqpralizaba sobre la locura y lijereza de 
los que, corriendo en pos de la vida, del saber, del placer ó 
de la fortuna, olvidaban la muerte y la inmortalidad. El 
mundo no tenia ya atractivos para él; sentia que no vivia ya. 
en él, y que habla sido criarlo para a!go mas nvible, apresu- 
rándole mas gustoso á acudir á la cabecera de un amigo mo- 
ribundo, á exhortarle, consolarle y prepararle para pasar á 
mejor mundo, que á los salones d»í los ricos y grandes, don- 
do era tan bien acogido. La vida le parecía tan solo una len- 
ta decadencia y muerte, y la nriuerte era considerada. por él 
como puerta de la vida. 

Así pasaron dos años mas de la vida de Ravignan, fastidio 
Hos y poco satisfactorios para él; mas eran el prt^parativo ne- 
iM^ario para la futura carrera d»» una persona dosiinada en lo 
venidero á enseñar á tantos la vanidad del placer mundano y 
á consolar á tantas almas de sus semejantes, obligadas por su 
poíiiüioa á vivir en un mundo que despr«^ciaban y á asistir á la 
vana mascarada de la vida. 

Mas cuando esta lección fué sufícienttunente aprendida, 
Dioa llamó á Ravignan á su servicio. A fines de Abril de 1822 
pasó al seminario de Sul[>iciano8, en Issy, en los mismbs ar- 
rabales Je París. Allí hizo unos ejercicios de ocho dias, con 



La vbrdad cátóuca . 146 

tifio de examinar «u vocación. La carta en qoe anuncia á su 
madre va propia decisión no puede menos que edi6car é inte- 
rnar i nuestros lectores. 

'^^Ofiridúnnia Madre: Gomo sabéis. Dios me ba inspirado por largo 
ttn^po y en Yaijas ocasiones el deseo de dedicarme enteramente & 
80 awioio, y sn bondad siempre me ba protegido. 

"Llegó la época en que era preciso tomar una resolución. Consul- 
té á Mr. Frayssinous y otros ilustrados sacerdotes, y todos me acon- 
s^inon oue buscara en él retiro la luz que me bacia falta. Llegué á 
hoin oe campo del seminario de S. Sulpicio, en Issy. Mi recibí- 
Hteto filé Seno de la mas cristiana bondad. Perdonadme, ezcelen- 
tiiBidn), por baberos ocultado el objeto de mi ausencia; me era ne- 
cernió hacerlo así; demasiado conoda vuestro excesivo afecto bada 
diaénoi digno de vuestros b^os, 

"No os referiré todas las fuertes y consoladoras impresiones que 
ABrfhkiienm, por la grada de Dios, la consideración de mi vida y 
h contemplación de las grandes verdades de la relimen, bajo la di- 
^Vitían de un bumilde sacerdote, animado del Espíritu de Dios, y 
'oMo de todo cuanto el mundo estima y todo cuanto no conoce bas- 
Jjttte lo que debe apreciarlo. Mis reflexiones y fervorosas oradones 
wtm sabia y prudentemente dirigidas. Creedme, toda ilusión desa- 
P^>M en presencia de un porvenir tan formidable como la vida de 
Qttcerdote. 

**Íb. MoUevaut» el sulpiciano de quien os bablo, era el bombre de 
OioiqQe yo neoedtaba. Mr. Frayssinous' me dijo en Paris al dirigir- 
. J^ i él: "Guando él baya dicho cuál es vuestra vocación, estaré tan 
^pilo como si Dios mismo bubiese bablado." 

"IKos ba bablado, querida madre; obedezco con alegría. Le doy 
indas por sacarme del mundo. Le doy gracias de lo íntimo del co- 
'Uoo por mi arrepentimiento, y la vida pacífica á que, según creo, 
tte destina. Permitid igualmente que vuestro bijo os diga: madre, 
obedeced también. Autorisadme á creer y saber mejor que vos que 
Im oraciones de una madre cristiana me han atraído la especia] pro- 
teorion de Dice que abom experimento. 

''Entareffado enteramente á mis deberes y sagradas ocupaciones, 
nd afecto hacia vos ocupará una parte aun mayor de mi existencia; 
%)8 de la disipación y el tumulto del mundo y sus negocios, oerca 
6 1^06 de vos, siempre os llevaré en mi corazón, y nunca cesaré de 
fa^mionar á Dios con mis ruegos por lo que es mi mas caro deseo, 
▼nestraoons^vacion y eterna salvación. 

'KTonsagrado también de un modo especial al culto del mas augus- 
to modelo de madres religiosas, le recomendaré como buen bijo á mi 
querida madre, y las bendiciones del cielo caerán sobre vos y sobre 
toda la &milia. 

**Eélbo es, querida madre, lo que tenia que dedros. Todo está de- 
dffido. Mi resolución descansa en Dios, y nada puede alterarla, 
''Sdo me resta ahora cumplir con un deber que vuestra bondad é 

Vil.— 19 



146 LA VBRDAD CATÓLIGl. 

indulgencia me hacen menos penoso: pediros humildemente que per- 
^nels todos los pesares que os he causado con mi dureza, mi orgullo. 
y mi falta de respeto hacia vos, buena madre. Perdonadme y ben- 
decidme." 



Habiéndose separado repentinamente de nn mundo que 
por largo tiempo habla detestado, Ravigri^n trat<S solo de en- 
i^arichar aun mas el abismo que los d¡v¡d¡:i. Permaneció seis 
meses en el seminario. Pero la soledad de Issy no era basían- 
te solitaria; buscó un retiro mas profundo, y mas complico 
aislamiento del mundo en el noviciado de la Compañía de 
Jesud, en Montro.uge. Cuáles fueron los motivos que condu- 
jeron al joven seminarista á abrazar la vida religiosa, no ae 
nos dice claramente; pero le encontramos visitando aemanal- 
mente el noviciado de Jesuitas, al cual fué cobrando cada 
vez mas afecto, y Ihimátidole la gracia de Dios á esta nueva 
vida, pareció obrar gradualmente en sus afecciones, hasta que 
una tarde, mientras ieia la vida de su patrono, San Francisco 
Javier, animció súbitamente su detertuinacion. Persuadido 
desde aquel momento d*' que Dio» le habla Mamado, se apre- 
suró á obedecer, sin ia menor duda ó vacilación, y posterior- 
mente no cesó (ie tener cada vez mas la convicción de que 
este era su deber, y de amar mas y mas á la Compañía, 

§or cuyo medio debía llegar á su propia santificación y á la 
e otros. 
Algunos años después el P. Ravignan volvia la vista con 
pesar hacia aquellos dos años de probación pasados en Mon- 
trouge, y que él consideraba como los mas dichosos de su vi- 
da. Allí había encontrado al 6u el reposo por tanto tiempo 
d(3seado. Olvidando al muudo y olvidado por él, entreg<^rí 
enteramente al estudio y práctica de las virtudes propias del 
ehtado de vida que ítabia abrazado, y ai aveces su pensamien- 
to hí recordaba escenas de pasadas divorsioties y ambiciosa^ 
luchas, era tan solo para deplorar el tiempo en ello invertido, 
y renovar su profunda gratitud al Criador que le habia libra- 
do de las borrascas y peligros de una vida en que tantos pe- 
recen diariamente, paní conducirlo al puerto seguro y sose- 
gado de la religión. ¡Cuan diferente era la dicha que ahora 
disfrutaba de las alegrías, mas ruidosas si, pero también mas 
vanas, en pos de las cuales había corrido en un tiempo! ¡Cuál» 
distinta la crítica candorosa de sus compañeros de noviciado, 
de las halagüeñas congratulaciones á que daba lugar cada 
uno de sus triunfos en el foro! El* que habia aspirado á dis- 
tinguirse, abor» buscab9 1^ sencillez, y compensaba con su 



LA VlBDAD CATÓLICA. 14T 

«xeeriva pobreza y mortificación las mundanas ven tai as de 

Jueantes había gozado, Ntfdie ya tan humilde como 6^ na- 
je teo pronto á prestar los mas penosos y abyectos servicios' 
á la comunidad. Cubierto de una sotana vieja y roida sirve 
álosdemas en el refectorio, 6 limpia los platos en la cocina, 
saca lustre á sus zapatos, compone su cama y se sirve á sí 
misma Se levanta á las seis de la mañana y se ciñe una cade- 
na de hierro con largas y agudas puntas en derredor de su des- 
oudocuerpo; una coraza del mismo metal cubre sus brazopy 
pecho, donde traza con letras de sangre el nombre de Jeétís. Asf 
ataviado, lucha con sus pasiones por medio de la oración, de 
unaádüB horas, y en una habitación en que aun no se ha 
encendido lumbre, por grande que pueda ser el rigor de la 
estación. En seguida, después de haber asistido al Santo Sa- 
ch6cio de la Misa, vuelve á su cuarto á estudiar las Sagradas 
Escrituras. Mas pronto se da la señal, y los novicios van dos 
ádos por los enlosados corredores, con los ojos bajos y el co- 
razón elevado á Dios, á tomar su frugal almuerzo. Nada de 
profusión allí: un pan basto y café hecho de bellotas dulces, 
y nada mas, excepto cuando cuatro veces al año, una festivi- 
dad, lenta en volver, traiga consigo el lujo de una pequeña 
cantidad de mantequilla para dar gu8to al último bocado de 

C. Cada uno consume á toda prisa lo necesario parasatis- 
r su vivo apetito hasta otra comida. Y luego cubierta su 
pobre pero limpia sotana de un largo mandil, el que en otro 
tiempo frecuentaba alegremente los salones de París, y no 
tenía rival en el arte con que hacia el lazo de su corbata 
blanca, barre en cada rincón con una escoba casi gastada la 
basura que diariamente se acumula; ya de rodillas tratando 
desacudir el polvo debajo de una cama, ya poniéndose en 
puntillas nara alcanzar á una estatua de S. José ó á un gra- 
bado del Sagrado Corazón. Suena la campana, y le veréis 
entonces, dejando á un lado el mandil y sin que quede en él 
la menor señal de su última ocupación, marchar rápidamen- 
te por la alameda del jardin, podiendo apenas sus cani hela- 
das manos sostener el libro en que se halla absorta su aten- 
ción. Es el tratado de Alonso Rodríguez sobre la perfección 
cristiana. Comenzó ^ estudiarlo en Montrouge, y treinta y 
cinco años después encontraba todavía murho que aprender 
en éL No tarda en dejarse oir de nuevo la campana. Los 
novicios se dirigen al salón, donde el Padre Gury, maestro 
de novicios, los instruye en las reglas y el espíritu de la 
Compañía. A veces esta instrucción es eminentemente prác- 
tica, y vemos al ex-magistrado arrodillado con tranquila hu- 



lis LA VERDAD CAT¿LICA> 

mildad, iniéntrasque los novicios se levantan en torno suyo 

y designan las faltaB de di.ic¡p1ina qne han ofíiado en su her- 
mano. El uno le acusa de liaber alzado con demasiada fre- 
cuencia las ojos, otro observa que no pone suficiente aten- 
ción en lo que pasa en torno sujo; este ch^e que toníia de- 
musiada parte en 1ü conversacioa, aquel, quu es reservado y 
aileiicioso. El Superior lu reprende, y él besa el suelo y 
vuelve á su puerto, contenió con haber sido humillado. En 
la comida pone á un lado, con espíritu de abiiegacion, aque* 
Ha parte de su frugal alimento que parece menos distante de 
la incontinencia, y atiende atentamente i la lectura de al- 
gún libro instructivo hecha en voz alta por un miembro de 
la comunidad. Sigue luego un c^rto recreo después de una 
visita ala capilln doméstica. Divididos en grupos de tres ó 
cuatro, no á su prupia eleccioui sino según Uva designa el Su- 
perior, los novicios conversan sobre el anuntu <le sus medita- 
clones ó lecturas. Pcrtenecieutesá todas las clases de la so- 
ciedad, y de toda edad, todos son iguales, y el ímrmajjo Ra- 
vignan, según se le llama ya, solo ve hermanos en sus com- 
pafieros. El ex-diputado procurador del Rey oye respetuosa- 
mente la opinión de un inculto hermano lego, ó lleva con 
Íaciencia verse contradecido por un joven de diez y seis años, 
'erminado el recreo, le vemos de nuevo en el jardín con su 
Rodríguez en la mano, y de nuevo también con su largo 
mandil azul barriendo un corredor; y ast pasan los dias en 
Montrouge, en medio de la oración y la lectura piadosa, 
mezclada de un poco de recreo y trabajo manual. Bien po- 
demos imaginarnos que el P. Ravignan miraría en años pos* 
teriores aquel período como el mas dichoso de su vida. Re- 
cien separado del mundo, la soledad le era tanto mas cara« 
Con calma y con descanso aplicábase ya al estudio de la per- 
fección, y á corregir toda inclinación desordenada. Ya tenia 
tiempo para estudiarse á sí mismo, para examinar cuáles 
eran las peligrosas tendencias de su carácter y el origen de 
donde nacian. Allí venció la rudeza y severidad de sus mo» 
dales, y sin perder nada de su firmeza natural, puso en su 
lugar un espíritu de mansedumbre basado en las sólidas vir- 
tudes de la humildad y la caridad. Creia él que habia dos 
cualidades indispensables para agradar á Dios ó ser útil al 
pró)imo, un juicio sano y una tírme voluntad. Por consi- 
guiente se emancipó de toda exajeracion de pensamiento é 
ilusión del entendimiento, que han hecho á tantos santos va- 
rones incapaces de obrar rectamente. Trató de considerar las 
cosas como son, sin atender al colorido que les dan la opi- 



tA VSfiDAD CATÓLICA 149 

nioD y las preocupaciones, y adquirióla costumbre de poner- 
te enteramente fuera de la cuestión y de juzgar desde un 
ponto de vista mas elevado é imparcial. A esta exactitud en 
iQSJaicios unia una extrordinaria Tuerza de voluntad, fun- 
dada en la idea del deber. Era lento en deliberar, y buscaba 
laluzeo la oración y los consejos df^ los demás, pero una 
vez resuelto y convencido de que su deber era obrar, lo ha- 
cia pronta é irrevocablemente. 

Después de dos años de noviciado siguieron cuatro en 
que estudió teologfa, al fin de cuyo tiempo el P. Ravig- 
oan fué ordenado sacerdote y designado para enseñar teolo- 
gfa á los jesuitas jóvenes, primereen Francia y posterior- 
mente en Suiza. En este último pafs hizo al cabo de este 
tiempo el tercer año de probación prescrito por S. Ignacio 
antea de hacer profesión solemne en la Compañía, á fin de 
que los que hayan estado ocupados en la escuela de la inteli- 
gencia puedan completar sus estudios en lo que él llama la 
"escuela del corazón.'^ El mismo P. Ravignan nos explicará 
la naturaleza y el objeto de esta tercera probación: 



"Esta regla es la obra maestra de S. Ignacio. Dos años de silen- 
cioso retín) ha pasado, como novicio, el hombre destinado al minis- 
Um apostólico; á estos se han seguido otros nueve años de estudios 
7 cinco ó seis de profesorado; ya es sacerdote, aunque no ha ejercido 
todavía las funciones de tal; con frecuencia sucede que tiene treinta 
J tres años de edad, de los cuales quince ó diez y seis ha pasado en 
la religión. El religioso, el sacerdote, vuelve á pasar el noviciado. 
Durante un año entero tiene que renunciar de nuevo á todo estudio 
y trato extemo Es grande el esmero con que se ha cultivado su in- 
teligencia; debe ahora, como última prueba y preparación definitiva, 
ejercitarse en la escuela del corazón, in schola affectusy según la ex- 
presión notable de las Constituciones. Esta palabra es difícil de com- 
prender, y yo necesité todo un año para penetrar su sentido, que no 
trataré por tanto de explicar. Diré solamente que este religioso, este 
sacerdote, puede haber adquirido ya extensos y variados conoci- 
mientos; puede haber dado ya pruebas de su abnegación y su celo; 
eü medio de la soledad, de una vida de silencio y retiro, en presen- 
cia de Dios y de su propia alma, pero antes de consagrarse al ser- 
vido de sus prójimos, debe aplicarse cuidadosamente **en la escuela 
del cora/.on'' á todo cuanto pueda consolidar y acrecentar en él una 
humildad sincera, un generoso desprendimiento de su voluntad y 
hasta de su propio juicio, un total abandono de las bajas inclmacio- 
nes de la carne, un conocimiento mas profundo y un amor mas eficaz 
de Dios: de este modo, fortalecida mas y mas su alma, y como inun- 
dada en el piélago de una vida verdaderamente espiritual, puede 




k misma seQiU ^honn 




el tercer año de.wn¡ha- 

Ji^ prueba. Este tíempo de saiir 

uk¡r«r.^mas. Yo le he gustado, y no 

LM^ÍMiMí* sea cualquiera el número de 

tierra, el año de reposo no 







vttMtrai á hacer por espacio de treih- 
SI9 alargan; el espíritu del Insti- 
la pobreza, la resignación, la 
beres de un religioso, se estu- 
_ aas lecciones de doctrina cris- 
nes en el campo interrumpen 
; reludlo al ministerio mas caro 
o la vista con placer, lo confia- 
,: :; |i^é el Evangelio á la pobre gen- 
W f t hado de menos esos dias: á m^ 
r cansado mi corazón al predicar en 
k quienes he tenido la dicha de ver 
i. naitMiar de la sagrada cátedni, me per- 
u-^k^ cuando les asegure, con toda la sin- 
be Recibido siempre consuelo. 

se informan religiosamenre de 

% vienda, y el Padre General decide, 

ÍHi» «I grado (gradus) del si\jeto. £s- 

f« áer admitido á pronunciar los úl- 

ó de Profeso\ pues solo hay eetas 

««uiFo». Ambos son iguales en todo, 

ivi^ para nadie en la Compañía. £1 

re con preferencia á los Goadjuto- 

A»nietldos conmunmente los Profe- 

^ de ciertos superiores designados 

% wcn^r fiarte en las congregaciones pro- 

% ^^sMa- Estas asambleas, sin embargo, 

% m^i^ íioeos casos. 

-: después de los dos años del primer 

^ religión, simples aunque perpetuos, 

ftüt>3 de prueba y estudio, y un ter- 

,^^ ^Uemniüs de Profeso, ó los últimos de 



vieanomía religiosa de pruebas y 
m i)sta legislación tan sabia, tan 
[00 de S. Ignacio, se representa- 



e. pv. $ 16.— iDitit. Soc. J 1. 1, pp. 
Y«, o* I, litt. A; IiiBt S. J , 1. 1, pp. 



LA VBBDAD CATÓLICA. 161 

rfioso á este santo fondador como un operario inüntígable* que no 
d^ftSQ obra de la mano tratando de formarla y perfeooionarla, po- 
lifadoU á praeba, volviendo á modelarla, y no consagrándola á sn 
«pedal destino hasta no haber agotado todos los recursos del arte 
BiB «mprandedor y laborioso. 

**£! religioso de la Compañía de Jesús es preparado lentamente de 
este modo; primero se le forma y se le prueba» y luego se le lleva de 
nQeyo á la gran fuente de las fuerzas activas del espíritu* á la 
übrica del silendo y de la soledad. Mas no es esto todo. Oada dia de 
m vida, durante largas horas, habrá de retirarse en el recogimiento 
de 8Q propia alma para despojarse de todo pensamiento terrenal, de 
todo influjo mundano, á ñn de remontarse á las excelsas alturas de 
la fe, brújula divina, con la cual podrá mas adelante lanzarse al 
birviente piélago de los errores y pasiones humanas, y alargar la ma- 
00 áloe pobres náufragos á quienes trata de conducir al puerto de la 
eterna salvación. 

"Ya sabemos cómo se forma el religioso de la Compañía de Jesús. 
Ningon fundador de orden religiosa ha multiplicado ni prolongado 
tanto como el de nuestra Compañía las preparaciones y las pruebas. 
Parece haberse propuesto cuidadosamente imitar la educación ins- 
tintíva del ave que se cierne en el espacio. Quiere que sus discípulos 
ee hagan extraños á las bajas regiones de los afectos terrenos, y se 
renionten en su vuelo hasta mirar de hito en hito al divino sol de 
justida y aprendan á restaurar sin cesar las fuerzas de su alma y 
acrecentar el vigor de sus acciones, al calor vivificante de sus ra- 
yos. 

"¡Qjalá que la gracia de Dios realice los deseos de nuestro padre! 
¡Ojalá que todos, por medio de humildes y generosos esfuerzos cor- 
respondamos al anhelo de su grande alma, y sigamos las huellas que 
& nos df^jó trazadas! 

"Llegado al fin el dia de obrar, el jesuíta es mas que nunca indife- 
rente á cualquier puesto, empleo ó destino que pueda asignársele pa- 
ra mayor gloria de Dios y provecho de sus .hermanos. 80I0 rechaza 
con invencible repugnancia los honoie^ y dignidades (ljJR(spétalos 
y admíralos en los demás, como el colmo del desinterés y de una 
gloriosa esclavitud. También él se sacrifica, pero es para obedecer, 
jamas para mandar; sin reserva, sin excepción y para siempre. La 
clase ínfima en un colegio ó la penosa vigilancia dia y noche en una 
jala de estudio 6 en un dormitorio; la China 6 las Indias; los salva- 
je ó los infieles; los Árabes 6 los Griegos; las repúblicas 6 las mo- . 
jarquías; el calor de los trópicos 6 el frió del Polo; la herejía 6 la 
jQcredalidad; el campo ó la ciudad; la sanguinaria resistencia de la 
•íarbarie 6 la culta lucha de la civilización; la misión 6 el confesona- 
^0; la predicación ó el estudio; la cárcel ó el hospital; el lazareto 
^el campamento; la honra ó la ignominia; la persecución ó la justi- 
<^; la libertad ó las cadenas; la privanza ó el martirio; todas estas 
son para el jesuíta materias igualmente indiferentes, con tal que 

(1) CoMt., P. VII, c n, $ I, tu finé, f Oooit. P. X, 4 6, ef «UK 



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rxTÓLiCA. 163 

^ $ «"¡xarnos la certeza de 

^ que f u filosofía 
ñas saludables eo 
ifforosos fundamen- 
leda ser junta y sepa- 
ito, participando siem- 
.'le constituye la Divini- 
[»orque este envuelve en 
..«ncia. Sí: Dios es omnipo- 
ia nada. Es sabio, por eso el 
i a redención del hombre. Es 
-ito Espíritu une á sí á su Hijo 
::icial á su Divinidad. 
:> á imagen y semejanza de Dios, 
mo9 de esa Trinidad bendita en las 
• jihí depende para su salvación. ¿Qué 
jiMnclioso de la voluntad, que todo lo 
.! montaña enorme un fácil llano? ¿Qué 
i o la Sabiduría infinita que todo lo prevé 
A mayor merecimiento del alma? ¿Qué es 
! atnor en toda su plenitud para alcanzar la 
iia? Y ¿puede alguna de estas virtudes estar 
' i.ilqiiiera de ellas no contiene las tres? ¿Qué es 
1. 1 l;i(i y esperanza? ¿Qué es la caridad sin esperau- 
|UH e<? la esperanza sin fe ni caridad? Pero ¿á qué 
s \n\ demostrar humanamente la excelsitud de un 
> ({ue solo Dio^ puede manifestar en toda su grande- 
Trinidad Suprema, asf como los demás dogmas del 
üisnio, eleva la inteligencia, ávida siempre por com- 
'i>>r ¡os mas impenetrables secretos, al mas encumbrado 
''cinio y meditación profunda, y en la práctica racional 
' 'an piadoso ejercicio recibe el alma la inspiración divina 
y íidora al Ser Supremo. 

^ohay pues en la religión cristiana un solo dogma que 
1^0 muevaal mas detenido estudio del filósofo, á fin de alcanzar 
^n cuanto cabe á la limitación de los conocimientos humanos, 
^1 niotivo de su establecimiento y de la veneración de los 
nel(^. La Iglesia de Cristo, inspirada del cielo para conciliar 
^1 bienestar de sus hijos, no ha perdonado los mas penosos 
^nucios y cuidados por conservar ileso el depósito de gra- 
^^iasquele confiara el Hijo de Dios, y á este objeto ha pro- 
JJíulgado leyes que tienden á su buena organización y go- 
bierno; pudiéndose afirmar con toda certeza que, por sencilla 
9°6 á primera vista aparezca, no ^ay una sola disposición de 

vil.— 20 



I 54 LA VERDAD CATÓLICA. 

la Iglesia que no lleve el sello de la mas encumbrada sab^ 
durfa. 

El carácter de perpetuidad es también otro requisito in^^ 
dispensable que contiene todo precepto de la Iglesia, y he^ 
ahí la razón convincente ue que sea hoy la Iglesia Católica 
la misma que establecieron los Apóstoles, sin que pueda de- 
cirse que iiaya variado (^n lo sustancial punt<> alguno de su 
constitución, pues t^on las mismas sus oraciones, susdo]^mas 
y sacramentos. 

En cuanto á la |)olicía interna y externa, la Iglesia, en su 
constitución, ha tenido que sugetarse. por el mismo orden 
de sabiduría que ejerce, á las condiciont^vS de la época, por- 
que U Iglesia como estado ó cuerpo tiene que atemperarse 
i las necesidades propias de toda sociedad. He ahí el moti- 
vo do la prohibición de muchas prácticas y ceremonias reli- 
giosas que se tuvieron en un principio por muy santas y 
buenas^ pero que, después de haber cesado la causa de su 
institución, perdieron la ventaja que d(^ ellas pudiera re- 
sultar. 

La Iglesia, fundada en medio del Paganismo, necesitó mu- 
cho de su sabiduría para destruir de un todo las preocu|iacio- 
nos y errores que había infundido en los pueblos un culto en- 
loramente sensual v pernicioso, cual era el tributado á los 
dioses del Olimpo. Desde luego siendo solo la. religión de los 
oristianos la de los afligidos, la que ampara con amor y con- 
*wolo A todo hombre por mas pecador y criminal que st^a, y 
5o wordone por su arrepentimiento; siendo esta la que volvió 
ik\ nombre sus primitivos derechos, y la única que con potier 
«upri^uio cambió la faz del mundo, en^amin uiJolo hacia la 
iH^rfv^ooion de que se Había separado con su desobediencia al 
\\T^vplo divino, era muy consiguiente qiia llevando por 
ivnooipal objeto en su institución la concordia y el orden, 
ivrliHios por la soberbia de nuestros primeros padres, precep- 
xrtktü A ^** fieles una especial conducta y ejemplar compor- 
ii8iftW^^>» Esto dio margen á la confianza del pueblo y al es- 
ftíriN4<* proselitismo, propagado con tal lapidez éimportan- 
MH Au<* l^v* mismos emperadores, por razón de estí¿do, se vie- 
^^^^^3^j5 vives en la necesidad de tolerarlos, y otras de adop- 
tur rí^ft^l^*^*^^*"^*' '**® doctrinas que enseñaban. Mientras el 
muniUK en «w mayor parte olvidado de Dios, se entregaba á 
• tttrpef^ exc^iW de detestables orgías, la Iglesia vio con 
UAA>Viia« virtuosos hijos, congregados al rededor de la Sa- 
^m. ^^^ ^ *' convite de caridad que celebraban en me- 
MAla^ótefliti^ 4e U última ceaa en que Jesucristo se ofre- 



LA VEBDAD CATÓLICA. 155 

<^íó í 8U8 apóstoles como manjar de vida eterna, prometién- 
<loIe8 8U perpetua asistencia en el sacramento de amor qae 
ínstituia. 

La Iglesia católica es la misma Iglesia constituida por los 
apóstoles. En los años que cuenta de establecida no ha varia- 
do un solo punto el símbolo de su fe; siendo esto precisa- 
"íente lo maa extraordinario que puede referirle y lo que de- 
íííuestra muy á las claras la mano del cielo en una obra que 
^ada tiene de humana, puesto que fué dictada por Dios para 
'& regeneración del mundo. Examínese, si no, toda doctrina 
'cgal, toda disposición que tenga por objeto el establecimien- 
'^ de una sociedad bajo ciertas y determinadas constitucio- 
^^^f j se verá que estas con el transcurso del tiempo pierden 
^^ primera forma, porque este es el orden natural de lasco- 
*^^ puramente humanas, sujetas á modificaciones continuas, 
^^S^n la marcha de los acontecimientos. No sucede así con 
'^ doctrina católica, que es inmutable por su naturaleza; y 
^'^ esta cualidad preciosa se comprende también la sabiduría 
^^e encierra, pues solo esta no admite variación. Nada hay su- 
S^to al alcance de los sentidos que no dé lug&r á un nuevo 
^íTeglo y orden de ideas; mas- la ciencia divina, que mani- 
^^«ta al Ser Supremo como debe manifestarse la Sabiduría, 
^'^e es la verdad misma enseñada por Dios, no puede experi- 
^^^otar cambio alguno. Por esta razón hemos comenzado el 
^feaente capítulo diciendo: que el cristianismo en su misión 
*vina, anima el espíritu del hombre á la esplotacion de los 
^^^1 preciosos arcanos y eleva á las ciencias á todo su esplen- 
^^r. El misterio de la Santísima Trinidad y otros augustos 
'^Uterios de la religión católica, que se muestran al hombre 
V^^ra su veneración, son pruebas inequívocas de la divinidad 
^3el cristianismo: desde luego la sabiduría humana, si quiere 
^u adelanto y progreso, tiene que respetarlos, por ser estos 
^08 venerandos é incorruptibles principios de la Ciencia Di- 
vina y fundamentos de la infinita sabiduría. 

La naturaleza, como obra de Dios, no presenta sino miste- 
rios; y sin embargo el hombre no se impresiona por eso; sigue 
con serenidad el estudio de la misma, y en el ardor de su fe, 

[)resume descubrir los mas hondos secretos, y esta propia fe 
o va acercando á la perfección que anhela. Mira los prodi- 
gios mayores, cuja causa no penetra, y saca, sin compren- 
derlo, resoluciones ciertas y provechosas que le sirven de 
base para el porvenir, y el hombre, no por la ignorancia en ■ 
que está de los secretos de la naturaleza, aun cuando siente 
sus beneficios, puede decir que es vana la ciencia porque la 



166 LA VERDAD QAT^LtÚk. 

oscaridad eavaeWe tas mayores prodigiot. Vioieado al hom- 
bre liy felicidad de que goza de lo miamo qjne nobompfw- 
de ni puede comprender nunca, cuales son los miatorioey^to- 
be amarlos porque de ellos le viene todo el bien. Loe miste* 
ríos no son otra cosa que Ja barrera que faa puesto Dios á b 
soberbia del hombre: siendo la religión cristiana Ja finioa 
verdadera y que tiende á destruir los males de esta paatoo 
funesta por medio de la Humildad que predica, los misterios 
que expone á la consideración de los fieles conmueven direo* 
tamenté la inteligencia humana, acercándola á Dios, j son 
los mayores timbras de la Divinidad. 

(Continuará.) Rafadde Cárdenas y CárdemiB. 



APABICIONES EH EL SANTÍSIMO SACRAMENTO. 



(finaujea.) 

IV. 

Segunda aparición de bolsena. 

Esta aparición tuvo lugar de dos maneras sucesivas. La 
primera vez se mostró el Salvador en las gotas de sangre ba- 
jo.la forma de un niño; un solo testigo le vio bajo esta forma. 
La segunda vez apareció en el misterio de su flagelación, 
manifestándose así á un crecido número de personas. Los he- 
chos siguientes se han extractado de la investigación legal 
que hizo el Cardenal Mellini, obispo de Orvieto. 

La primera aparición, bajo forma de niño, tuvo lugar el 
17 de Abril de 1693. Agustin Bertun, oriundo de Suza, se 
hallaba en Bolsena para tratar de algunos asuntos con el 

t preboste de la colegiata, Joaquín Valery. gste le invitó á ver 
as venerables gotas de la sangre de Jesucristo. Entraron 
en la cripta, y mientras enseñaban los mármoles, Agustin 
dudaba grandemente en sf mismo de que aquellas fuesen ver- 



LASTEDAD CATÓLICA. 157 

daderamente manchas de sangre, salidas en realidad de una 
hoitía consagrada, según se lo decia el preboste. Abierto el 
coarto relicario, notó Agustín en la gota de sangre un her- 
moso niño que se movia. Esta vista lo llenó de un reh'gioso 
pavor, una viva emoción se ostentó en su rostro; dijo en voz 
alta, de modo que pudiese ser oido por todas las personas 
presentes, que veia indudablemente un Niño en la gota de 
sangre, y lo mostró con la mano. Lloraba con Ligrimas su 
iocredulidad, y salió de la gruta con el corazón destrozado. 

La noticia dé un milagro tan insigne no tardó en divulgar- 
se. El Emmo. Cardenal Bellini, obispo de Orvieto,á quien el 
preboste dirigió una relación de todo el suceso, examinó ju- 
rídicamente á Agustín Bertun y recibió legalmente sus de- 
claraciones. El gobernador de Orvieto, el Vicario general, 
el Promotor Fiscal, y diez y ochó personas notables asistie- 
ron á los interrogatorios. A fin de descubrir mejor la verdad, 
d Obispo se trasportó á Bolsena. El 21 de Abril sometió de 
Duevoá Agustín á examen, en la gruta misma donde el mi- 
lagro se habia verificado; Agustín ratiíicó en esta ocasión 
cuanto habia declarado en los anterior(?s interrogatorios; le 
mostraron la piedra, la examinó atentamente, y dijo que en 
*quel momento no veia en ella sino las gotas comunes. 

£1 mismo dia y en el propio lugar, examinó el Obispo á 
Joaquín Valery, preboste de la colegiata, y cinco personas 
^i acordes en atestiguar las palabras proferidas por Agus- 
^D^al exclamar que veia un Nifio en la gota de la Sacratí- 
«ma Sangre. 

He aquí la relación del segundo milagro. El mismo dia 21 
"® Abril, el Emmo. Obispo, después de haber practicado el 
^men de Agustín y los otros seis testigos, quiso reconocer 
|tt piedras y las gotas de sangre. Plallábanse presentes el 
^Imo. Marcelino Albergotti, protonotario apostólico y gober- 
nador de Orvieto, el archidiácono y el arcipreste de la cate- 
"'•l de la misma ciudad, el P. Claudio Lur.a, jesuíta, el pro- 
'^otorde la íe y dos notarios, un niño de familia noble de 
^dde nueve años, eUmédico público de Orvieto y otras 
^P» personas. Cuando los relicarios fueron abiertos, el mé- 
^ico, con un hachón en ía mano, se inclinó para mirar la pri- 
^^ piedra; pocos instantes después, dijo al P. Luca que 
^^iadistíntamente en la gota de sangre la efigie de Nuestro 
^nor. Habiéndola visto también el P. Luca, ambos profirie- 
ron QQ3 graQ exclamación. Agustín se acercó antes que los 
^^nias; hallábase bañado en lágrimas, golpeábase el pecho, 
J pedia perdón á Dios; al punto dijo en voz alta: *' Venid i 



158 LA VERDAD CATÓLtCA. 

vuestra vez, y ved á mi Salvador que se digna mostrarse/* 
Entonces el Emmo- Obispo y las once personas antes desig- 
nadas observaron atentamente la mancha de sangre; viéronla, 
bastante levantada sobre el mármol y de un rojo vivísimo; y 
en medio divisaron todos' una iiuágen de Jesucristo, tal cual 
Pilatos lo mostró á los judíos, cruelmente azotado, la cabeza 
cubierta con la corona de espinas; el blanco de los ojos se 
distmguia perfectamente, a^ como la dentadura; todo lo 
denias era rojo y negro, y el rostro pareciía rodeado de 
rayos« 

Para alejar todo peligro de ilusión, y asegurarse de sí la 
vista no era engañada por el reflejo de las luces, se cambió 
la t>osicion de estas, y se las colocó de todos lados; pero ea 
cualquier situación que estuviesen, la Venerable Imagen se- 
guia visible. Quince personas que entraron en la gruta, se 
acercaron una tras otra, y cada una de ellas distinguió per- 
fectamente la Sagrada Imagen. El protonotario extendió un 
acta pública de todo lo ocurrido, y el P. Luca hizo por su 
parte una relación circunstanciada. 

En un asunto de tanta importancia el Emmo. Obispo no 
quiso descuidar ninguna de las precauciones que ia pruden- 
cia podia aconsejad. Al dia siguiente 22 de Abril, fué de nue- 
vo á la cripta de Santa Cristina, acompañado de varias per- 
sogas. Abierto el relicario, hizo levantar el cristal, no fuese 
que el reflejo hiciese concebir alguna duda sobre la realidad 
de la aparición. Quitado pues el cristal, S. Em. y todas las 
personas presentes vieron manifiestamente, y quizá con mas 
claridad que la primera vez, la imagen del Santo Salvador 
El protonotario extendió otro instrumento público; todos los 
testigos de la aparición declararon el hecho bajo juramento, 
y siete de ellos renovaron jurídicamente su declaración ante 
el protonotario apostólico y otro notario, que obraban como 
delegados del Emmo. Obispo. 

Ademas el 16 de Mayo siguiente, D. Eneas Pió, auditor de 
la Rota, visitando la cripta de Santa Cristina y orando en ella 
devotamente, vio claramente el rostro de Nuestro Señor bajo 
la forma arriba indicada, según lo atestiguó por medio de 
documento público. 

El 19 del mismo mes, pasando el Obispo de Aquapendente 
por Bolsena al volver á su catedral después de la visita dio- 
cesana, hizo abrir la piadosa cripta; y después de haber ve- 
nerado las piedras sagradas, vio, y doce personas que le acom' 
liaban vieron como él, la Imagen del Santo Salvador en 



LA VERDAD CATÓLICA. 159 

la gota de sangré. El Obispo atestiguó este prodigio en un 
iostrumento público. 

Posteriormente á estas apariciones varias curas nriilagrosas 
tuvieron lugar por medio de la invocación del santo prodigio; 
las investigaciones jurídicas á que procedió el Obispo de Or- 
vieto no permiten poner en duda ni la realidad, ni el carác- 
ter sobrenatural de esas curas. 

Alejandro VIH ocupaba la silla de S. Pedro. Habiéndole 
dirigido el Emmo. Cardenal Mellini la relación de las apari- 
ciones milagrosas que acababan de tener lugar, el Pontífice 
envió dos mil escudos para la restauración del Santuario de 
Bolsena. Esto atestigua el quirógrafo que dirigió al tesorero 
general á 9 de Mayo. "In nomink domini. Amen. Monseñor 
JoséPallavicini, Nuestro tesorero general. El Rmo. Carde- 
nal Mellini Obispo de Orvieto nos ha dirigido lu relación del 
hecho ocurrido últimamente -en la iglesia ó gruta, como se 
le llama, de Santa Cristina de Bolsena, la cual se halla con- 
tigua á la colegiata de aquel punto, es decir la aparición de 
un Niño en una de las gotas de la Sacratísima Sangre de 
Nuestro Señor Jesucristo, conservadas en aquel lugar, apari- 
ción que fué vista por una persona extraía; ademas, la apa- 
nc\on en otra de dichas gotas, de un rostro ó efigie de Ntro. 
Salvador, vista por el susodicho Cardenal y otras varias per- 
sonas, y posteriormente por todas las que allí fueron, según 
nos lo ha contado de viva voz y puesto por escrito el referi- 
do Cardenal. Como nos ha representado que tan precioso te- 
soro se halla conservado en un lugar poco decente, y como 
quiera que queramos lo esté de un modo mas conveniente, de 
motu proprio y en la plenitud de nuestro poíler ordenamos 
fe hagan contar dos mil escudos á dicho Cardenal Mellini 
de los fondos de Nuestra Cámara, á fin de qué los emplee 
para poner y hacer poner aquel lugar en un estado mas con- 
teniente y decente, según lo juzgue oportuno, sin estar ja- 
'Dw sujeto, ni poder sugetársele por Nos ó Nuestros suceso- 
res 6 por otros ministros y empleados, á dar cuenta de dicha 
'í^nia, ni aun á justificar que la ha empleado en su totalidad 
" en parte; pues desde hoy le dispensamos y descargamos de 
^<lü rendición de cuenta, como a?^imÍ8mo de toda justifica- 
^|<>n. Le haréis pues y le dirigiréis el mandato usitado para 
"icho pago; y así lo haréis porque tal es nuestra intención, 
^'Nuestra expresa voluntad, no obstante cualesquiera cons- 
tituciones y ordenanzas apostólicas, como asimismo todas 
Iw demás cosas y disposiciones que lo estorbaren, y que de- 



160 LA VERDAD CATÓLICA. 

rogamos expresamente. Dado en Nuestro Palacio Apostólico 
del Quirinal á 9 de Mayo de 1693.'* 



PRINCIPIOS TEOLÓGICOS. 

Segiin la doctrina de Sto. Tomás (part. 3, quaest. 76 art. 
8), las apariciones en el Smo. Sacramento pueden tener lu- 
gar de varios modos. A veces, aunque la persona vea exte- 
nórmente la eacne,. la sangre, un niño, ó un misterio, no hay 
verdadero cambio en el Sacramento mismo; efectuándose el 
fenómeno en los ojos del espectador; eso es verosímilmente 
lo que ocurre en las apariciones que solo snn vistas por uno 
ó dos testigos, quedando ocultas para los demás; no discer- 
niendo en el Smo. Sacramento sino las especies sacramenta- 
les, es preciso creer que solo los órganos de los que ven la 
aparición se bailan afectados. 

El segundo modo es cuando las especies sacramentales su- 
fren un cambio real y efectivo y la aparición se verifica en 
realidad exteriorniente. hiriendo Ja vista de cuantos en ella 
fijan sus miradas. Parece que diíbeii ser colocadas en esta 
cíaselas apariciones que duran largo tiempo, ó son vistas 
por todo el mundo. Sifi embargo, como hacojí notar los teó- 
logos "O es imposible que el fenómeno no se ef(»ctúe ni en 
las especies sacramentales, ni en los ojos del espectador, y 
sí (!n un medio. Ese medio s(>rá o.l espacio que rodea las es- 
pecies sacra mentale«<, óbien el aire que existe entre estas y 
la vista; allí se forma la imágCít de la cosa que cree verse, y 
que, imprimiéndose en el ojo del espectador, produce la vi- 
sión, la aparición. 

Estas explicacion-es permiten indicar hasta dunde se extien- 
de el poder natural de los Angeles en las a[)aricioncs prodi- 
giosas de que hablamos. No parece dudoso que los Angeles 
tengan la facultad de opfírar las apariciotu's de la primera y 
tercera clase; con su podí^r natural sobre la materia, pueden 
formar imágenes de nuestro Señor que para nosotros son mi- 
lagrosas; y como también pueden obrar sobre nuestra vista y 
oido, y generalmente sobre todos nuestros sentidos, nada 
impide que los afecten de tal modo, que en ellos produzcan 
las apariciones de la primera clase. La dificultad reside, 
pues, tan solo en las de la segunda especie. Eu efecto, los 
santos padres y lo*? teólogos están acordes en decir que los 
Angeles no tienen la facultad de- hacer producir á un agente; 



LA TBRDAD CATÓUCA . 161 

OD efecto que no esté en su naturaleza; ellos pueden poner 
n faena en movimiento, j valerse de #lla para efectos na- 
tanles; mas su poder no se extiende hasta realzar !a fuerza 
natural del agente para obtener de él efectos superiores ¿ su 
h natoraleza. Puede verse la doctrina común de los teólogos 
I wbre los milagros, particularmente á Santo Tomás, quoest. 
^iemiraaUis, art. 2; 8- Agnstm; lib. 2, de Trinitafei cap. 8, 
ylib. 13, ¿e CivUnte Dei, cap. 18. Ahora bien: en las apari- 
ciones de la segunda especie, según hemos dicho, tiene lugar 
el milagro y se efectúa el cambio en las especies sacramen- 
tales. Por eso creen algunos teólogos que esas especies de 
apariciones deben atribuirle á la omnipotencia de Dios. 

Por lo demás, como dice S. Agustín, en todos los milagros 
operados sobrenatural mente para confirmar el culto del Dios 
solo y único en quien únicamente reside la vida bienaventu- 
nda» ya los efectúen los Angeles, ya los lleve á cabo cual- 
quier otra potencia sobrenatural, es de creer que se verifiquen 
poraqnellos ó por medio de aquellos que nos aman según la 
verdad y la piedad, obrando Dios mismo en ellos« For- 
n atuem qiuBCumque miracula, sive per Angelote sive quo- 
cntquetnodo divinitus fiant, uí Dei unitis, in quo solo tita Üeata 
»^ cuUum, religionemque commendcnU ea vero ah eis, velper eos, 
fdMtecundum verilatem, piefatemque düigunt fieri^ ipso Deo in 
^i* operante, credendum est, (Lib. 10 de Civitate Dei, c. 12). 
Sto. Tomás, que reconoce el ministerio de los Angeles en las 
operaciones milagrosas, atribuye, no obstante, los milagros 
i Dios. 

No habria que deducir de lo dicho, que las apariciones pú- 
kiicaaaon siempre visibles para todo el mundo sin excepción; 
I» historia eclesiástica contiene varios ejemplos que demues- 
^an que no siempre sucede así. He aquí un hecho referido 
por un hombre digno de fe, y testigo ocular de lo que rela- 
mí Tomás Cantipratario, religioso de la orden #de Santo Do- 
"íingo, y hombre célebre por su piedad y doctrina. En 
'Q tratado de Apibus, lib. 2, c. 4, cuenta este autor que en 
l^uai, en la iglesia de S. Amado obispo, dando un sacerdote 
'^comunión al pueblo el dia de Pascua, encontró una hos- 
^ft en el pavimento de la iglesia; como se arrodillase para 
cogerla, aquella se elevó por sí sola en el aire, y fué á colo- 
carse sobre el paño con que el sacerdote acostumbra enju- 
S|trse los dedos. El sacerdote llamó á los canónigos, estos 
''egaron y vieron en el lienzo un cuerpo vivo, bajo la forma 
^fMn hermosísimo Niño. El pueblo acudió á fin de presen- 
^^r tan milagroso espectáculo, y la yision celestial hq fvaí 

yii.— 21 



162 hA V£BDAD CATÓLICA. 

negada á nadie, ''Habiéndome traído la fania la noticia de 
aquel prodigio, añade Tomás Cantipratano, partí para DouaL 
y recurrí al deán de laiglema, de quien era muy conocido* 
Le pedí ver el milagro, y él conaiotió dando orden para 
que abriesen el relicario. Al punto acudió el pueblo, y desde 
quia Be abrió la píxide, todos exclamaron^ Ya diviso, ya veo 
al S&lvador, En cuanto á mU me asombraba de no ver sino 
un lienzo blunquísimo; no acertando á explicarme cómo no 
veia ©I Sagrado Cuerpo del mismo modo que todos- Esíta 
ansiedad no fué larga; pues distinguí de pronto tjl Sagnido 
Rostro de Jesucristo en la plenitud de su edad, llevando la 
corona de espinasen la cabe^E^ y dos gotas de saugre que 
descendian de la frente por et rostro sobre ambas mejinas. 
Pros témeme y adoré derramando lágrimasp Al levan tiir me. 
00 vi ya la corona en la cabeza ni la aangre, .^ino simple- 
mente un rostro de hombre de una belleza inexpresable^ y 
vudto hacia laderecba, de modo que apenas podia versf? el 
ojo correspondiente áeste lado &c. Esta aparición duro una 
hora entera; entre tanto, otros vieron aI Salvador clavado en 
la cruz, otros viniendo á juzgar á los hombres* y la mayor 
parte bajo la forma de un Nido." Tal es la relación de Canti- 
pratano. 

VI. 

ARTIFICIOS DIABÓLICOS. 

Acabamos de ver que las apariciones del Santísimo Sacra- 
mento no exceden el poder natural de los Angeles. 4N0 po- 
drían ser á veces obras del demonio, transfigurado en ángel 
de luz? En efecto, el demonio tiene el poder de obrar sobre 
los sentidos exteriores del cuerpo humano de que se vale el 
alma para sentir, como dice S. Agustin, tib. de animí^ ca|>. 
29 Puede, pues, engañar al hombre de mil modos, ya por 
medio de los fenómenos ó los cambios que efectúa en los ob- 
jetos, ya valiéndose de las apariciones que forma, ya obrando 
sobre nuestros órganos. En una palabra, las explicaciones 
dadas arriba sobre la naturaleza de las apariciones parecen 
demostrar que la mayor parte de esos prodigios no esceden 
el poder natural del demonio. 

Sea lo que fuere del poder natural y físico, acerca del cual 
se dirán dos palabras mas adelante, es cierto que el demonio 
00 tiene el poder, moralmente hablando y atendidas las cir- 
cunstancias de los hechos que consideramos, de hacer apari- 
43¡0Qe8 por el estilo de las que nos ae^ipan. Dios ha dado á la 



LA Vebdad católica. l63 

Iglesia varias señales para reconocer las visiones falsas, y dis- 
cernirlas de las verdaderas apariciones divinas, £1 demonio 
puede tomar, es cierto, todas las apariencias, todas las figo- 
ras, todas las semejanzas; su naturaleza y las fuerzas de que 
se halla dotada le permiten valerse de agentes físicos para 
obrar sobre cosas pasivas como son los sentidos exteriores 
del hombre. Mas la divina Providencia, lejos de dejar al de- 
monio el pleno y libre ejercicio de sus fuerzas naturales, no 
le permita hacer uso de ellas sino en circunstancias tales, 
que el hombre puede distinguir su operación mediante seña- 
les qae los padres y doctores dan á conocer. 

La primera señal consiste en la forma de las apariciones. 
El demonio no acostumbra mostrarse bajo la forma de un 
cordero, ni bajo la de una paloma, ni bajo ninguna otra cuya 
•encillez é inocencia naturales son la imagen de Jesucristo, 
y representan por consiguiente su persona. Bajo la forma 
deán macho cabrio, ó bajo la de cualquier otro animar in- 
Knando aparece el demonio por lo común, porque esos ani- 
Qiales representan bastante bien por medio de sus hábitos 
los?icios, el mal y el infierno. Si el demonio toma á veces 
la forma humana, casi siempre la desnaturaliza, por lo me- 
nos en alguna parte. Casi siempre se descubre pues también, 
cualquier máscara que tome, presentando cosas que no pue- 
den convenir á las personas cuya semejanza toma. Esta fué 
la señal que dio nuestro Señor á la Venerable Catalina Pa- 
luzzi, según lo atestigua esta en la historia de su vida. 

Debe considerarse también la forma de la aparición; la de 
bruto 6 monstruo solo conviene al demonio; los rugidos, las 
carcajadas, los ruidos, las voces inarticuladas provienen de de- 
monios y condenados. Lo que decimos de las apariencias que 
toma el maligno espíritu para engañar á los hombres, debe 
entenderse de las imágenes que dibuja ó pinta con el mismo 
En. Aplicando esta regla á las apariciones referidas antes, se 
ve claramente que la imagen de Niño Jesús y la del Salva- 
dor, formadas con tanta conveniencia y belleza nada tienen 
de común con las apariciones diabólicas. 

La segunda señal consiste en las circunstancias de la apa- 
rición. Aunque el demonio se transfigure á veces en Ángel 
laminoso, no obstante, según hace observar Santo Tomás, 
liempre comunica á sus visiones y apariciones algo de falso, 
de obsceno 6 de ridículo; padre de la mentira, y no tratando 
tino de engañar á los hombres, no puede administrarles la 
pura y sincera verdad, ni conservar la decencia y el orden 
9ue las cosas deben tener. Ahora bien: en los milagros de 



1G« tA VKEDAD QAXdUCA. 

qoe habUmos» las aparicionet del Niño Jesús j del Santo 
Salvador nada tieaende iocoaveaieate, ioútíl 6 desordenado; 
esas imágenes excitan en los espectadores el pesar por sus 
pecados, el respeto, la deirocion y una gran alegría espiri- 
toal. Son esos afectos que el demonio no tiene el poder de 
excitar en los corazones, sobre'todo si se trata de un gran nú- 
mero de personas; pues Dios se lo impide, 7 no permite 
que sus artificios alcancen tan alto grado de engaño y false- 
dad, con detrimento de los fieles, que de ese modo se verimD 
arrastrados ¿ ilusiones funestísimas y casi sin remedio. Ha- 
gamos observar ademas que las apariciones en cuestión re- 
Íresentan casi siempre misterios de la fe cristiana; el Niño 
esus, su natividad, 6 los misterios de la pasión aparecen en 
el Santísimo Sacramento. Ahora bien: Dios no permite que 
haya engaño y prestigio en las apariciones que se refieren 
¿ los misterios de la fe, según no vacila en afirmar S. Agus- 
tín: Circa Apparitianes tungenU$my$Uria Fideisacroy nunquam 
Deum/ore permissurtim dwpíumem et prestigia. (L\b 8 de Ci^ 
vit. Dá cap. 15.) En una cosa tan importante y tan seria in- 
cuAbe ¿ la Divina Providencia impedir que los cristianos 
caigan en una ilusión. 

La tercer señal para discernir las operaciones diabólicas 
consiste en la poca duración que tienen. Sabiendo el poco 
tiempo que le es concedido, el demonio, dice el Apocalipsis, 
desciende hacia nosotros con grande ira: DcscendU diabalus 
ad nos ira magna^ sciens^ quotl modicum tempus habet. (Cap« 12) 
Las cosas que proceden de artificios diabólicos no son muy 
largas. Puede verse á S. Agustín, lib. 3 de Civitau DeU cap. 
7, y según él á Santo Tomás, tercer libro de las Senten- 
cias, díst. 31, quaest. 2. Santa Teresa, Moradas sextas del 
Castillo interior, cap. 8, dice: ''No tengo que es posible du- 
rar canto siendo demonio, haciendo ten notable provecho al 
alma." Este principio demuestra que las apariciones referi- 
das ¿ntes, sobre todo las permanentes, son superiores al po- 
der del demonio. Las dos primeras señales deben hacer es* 
duir la intervención diabólica de todos los hechos maravi - 
liosos que aparecen en derredor de las especies sacraménte- 
les; pero ademas, con respecto á las apariciones permanentes* 
6 de larga duración, debe tenerse por cierto que el poder na- 
tural del demonio nada puede para producirlas. 



L4 VBftDAD CATÓUCA 165 

vn. 

CONCLUSIÓN. 

Falta coosiderar ti la imagiDacion del hombre no podría 
deaempeDar un papel priacipal en esos sucesos prodigiosos. 
Sabido es, eo efecto, que la representación de ciertas imáge- 
nes no ae detiene en la imaginación, pasando á veces hasta 
loa aentidoa exteriores, á los cuales se comunica. Esto ense- 
ña Sto. Tomás, primera parte de la Suma, cuest. 1 12, art. 5. 
Loa aentidoa son afectados de dos modos: pueden serlo por 
medió de un objeto sensible, y á veces meaiante una impre- 
sión interna. La lengua del enfermo todo lo percibe amargo. 
Eato aucede con bastante frecuencia en las mujeres, que for- 
mándose interiormente una imagen de Jesucristo cuando 
oran con gran fervor, creen luego, en medio cíe la vehemen- 
cia con que contemplan aquella imagen, verla realmente con 
loa ojos del cuerpo. ¿No sucederá acaso lo mismo en las apa- 
riciones milagrosas de que hablamos? ¿So es de temer que 
la piedad con que se desea ardientemente contemplar tan ad- 
mirables fenómenos, obre sobre la imaginación y los senti- 
dos, de tal modo que crea' verse lo que no existe en realidad? 
Esto ea tanto maa veroaímil, cuanto que, según se ha dicho 
antea, hay apariciones verdaderamente sobrenaturales y di- 
vinas que no tienen mas asiento que en los sentidos humanos, 
independientemente de toda realidad objetiva. 

Decimos brevemente que es imposible que tantas perso- 
nas graves, testigos oculares de las apariciones mencionadas, 
ae hayan viato bajo el dominio de la ilusión y del error. Que 
UD hombre enfermo, que un cerebro débil imaginen ver y 
oir lo que no existe, la experiencia lo prueba; pero que tan- 
tas personas racionales puedan cometer semejante error, no 
ea Di verosímil, ni posible. El lector se convencerá de ello 
reflexionando en los hechos atestiguados en las relaciones 
mencionadas antes. La curiosidad puede, cierto es, arrastrar 
á la imaginación á un engaño; el ardiente deseo de ver una 
imagen milagrosa, una aparición sobrenatural, podrá exaltar 
el espíritu y hacerle creer que ve en realidad un objeto que 
DO existe. Pero en los hechos referidos mas arriba, ó es á una 
población entera á quien se manifiesta el prodigio, ú hom- 
bres poco crédulos, y aun positivamente incrédulos, son ad- 
mtiidos á contemplar la visión sobrenatural. La aparición de 
3olseaa, por ejemplo, ¿no fué vista por treinta personas, 



166 LA VbBDAÍ» OATÓUOA4 

que el tribunal mas exigente acogería 8ÍQ dificultad como tes- 
tigos fuera de toda excepcioD? ¿Acaso el Cardenal de Orvieto 
y las personas que le acompañaban, el gobernador y loa ca- 
nónigos, el médico y demás pueden pasar por espíritus dé- 
biles y crédulos? La imaginación, á ser el verdadero origen 
de la visión, hubiera debido representar al Niño Jesús á sus 
ojos, tal como el forastero de Suza lo descríbia en los inter- 
rogatorios formales que acababa de sufrir en su presencia; 
lo que ven, por el contrario, es una imagen muy diversa, el 
Sagrado Rostro de Jesucristo coronado de espinas y vestido 
de púrpura, como la presentó Pilatosá los judíos. Notad que 
esa imagen se forma en un instante, cosa superior alas fuer- 
zas de lu imaginación humana; pues los mas hábiles artistas 
no pueden expresar sus concepciones sino paulatinamente; 
el arte, como la naturaleza, comienza sus mas bellas obras 
por un informe embrión, conduciéndolas por medio de un 
trabajo paciente y activo á la belleza perfecta. La misma ley 
rige en el orden místico. Pues si las mujeres devotas tienen 
¿ reces visiones por la sola fuerza de su imaginación, esas 
visiones comienzan siempre de un modo confuso, y solo tras 
laboriosos esfuerzos de la imaginación se va logrando ver 
los objetos. 

Estas consideraciones pueden seguirse y corroborarse coa 
infinidad dé otras reflexiones. Parécennos, sin embargo, sufi- 
cientes para hacer ver que las apariciones del Santísimo Sa- 
cramento, tales, cuales antes se han descrito, no pudiendo 
ser efectos de la imaginación de los numerosos testigos que 
las presenciaron, ni colocadas en el número de los artificios 
que emplea el demonio para engañar á los fieles, deben atri- 
buirse á la divina Providencia, que confirma la fe de la Igle- 
sia con señales sobrenaturales, y muy propias para alimentar 
la piedad de los fieles y abrir los ojos á los herejes que re- 
chazan el adorable sacramento de la Eucaristía. 

{Analecta Jurit Pontificih trad. por R. A. O). 



U VERPAP CATÓ1.1CA. 167 



LAS FLORES DE MATO. 



Dios eligió desde toda eternidad una mujer santa en la cual 
encarnaíe el Verbo Eterno para consumar la regeneración 
universal. Marfa fué concebida en gracia, exenta de toda cul- 
pa, y elevada sobre todo ser creado. Se adelantó en las sen- 
das de la existencia, hermosa como la aurora que sucedería 
ala sombra horrenda del pecado, brillante como un sol que 
aluiubraria á los pueblos, pura como la luna que luciría pro- 
picia en la noche del dolor, terrible como un ejército puesto 
euórden de batalla, porque ella confundiría al padre del er- 
ror y la soberbia, y echaría por tierra su poder. El Altísimo 
la 7Í6, se hizo amante de su hermosura, se dignó tomarla por 
esposa, y la colocó en la plenitud de los santos, porque ella 
sola reunía mas gracia y santidad que todos ellos. Dios la 
introdujo en el seno de su amor, y dispuso en ella su caridad. 
Ella era toda de Dios, y Dios era todo de ella. Fué destina- 
da para Madre del Verbo, para templo y sagrario de la Trini- 
dad, y en la plenitud del tiempo, el Verbo descendió del cie- 
lo, y tomó carne en su seno virginal. El Espíritu Santo vino 
sobre ella, la virtud del Altísimo In cubrió con su sombra, y 
el fruto que dio á luz fué llamado hijo de Dios, Salvador del 
mundo. María fué hecha Madre de Dios para serlo de los 
hombres. 

Llegada la hora de la inmolación sangrienta de Jesús, su- 
bió con él al Calvario y dio á luz de un modo espiritual con 
808 dolores á toda la humanidad: allí oyó de labios del espi- 
rante Unigénito el sublime ^'Ese es tu hijo," por el cual que- 
dó constituida Madre de los hombres, representados en la 
persona del amado Evangelista; allí padeció inmensamente 
por la inmensa manch» de la primera Eva, y cerró las puer- 
tas del infierno. María vio ante sí ul pueblo numeroso de sus 
hijos, y derramó en él la luz y la verdad, le llenó de gracias 
y bendiciones: en ella y por ella vino siempre á los hombres 
todo bien, y nada hay de grande y de difícil, de arduo y asom- 
broso, que no haga en pro de los caros hijos que concibió y 
dio á luz en el Calvario. 

María no abriga en su mente mas que ideas de amor y bene- 
ficencia; su corazón es una hoguera inmensa; su lengua no sa- 



4 



16S LA VEEDAD CAtéUCA, 

be mas que proQunciar palabras de coasuelo; sus ojoi \een^ 
en nueatrai almas buacando ou estro bieo; 3U@ oídas están 
atentos siempre á nuestras HÚplicaa; sus manos nos colman 
de favores y nos geñulan los oaminos mas áeguroüi; sus pies 
dan continuos pasos en pos del hijo ingrato, d« ta oveja des- 
carriada. María se consagra toda al hombre, vela por él y le 
protege» y por tanto, digna m de que los hijos hagan su elo- 
gio, y deque la hayan proclamado bienaventurada todas las 
generaciones. 

El sabio en sus escritos, el poeta en sus cantos, el pintor 
en sus lienzos, el artífice en sus mármoles, todos han elevado 
y engrandecido á la protectora del mundo, § la Eva de la 
gracia» á la coredentora de la perdida descendencia del primer 
hombre. Do quiérase han levantado templos y altaren en su 
houor, en ta cumbre de los montes, en la espesura de las sel- 
vas, á la orilla de los rios, en el centro de las pla^a^, en me- 
dio de las ciudades. Los reyes hau puesto sus ejércitos al 
abrigo de su manto, y el soldado invocándola ha tri^infudo en 
la batalla; el náufrago la ha llamado luchíindo con los vien- 
tos y las olas» y una tabla le ha llevado al puerto de salva* 
cion; el reo de muerte la ha buscado en su agonía, y el 
verdugo ha tenido una víctima menos que inmolar; el enfer- 
mo ha sanado por su medio, el preso ha sido libre, ha halla- 
do albergue el peregrino, pan el mendigo, agua el sediento, 
amparo el huérfano, socorro el desvalido, fortaleza el débil, 
instrucción el ignorante, virtud el libertino; todos han senti- 
do los efectos de su gran beneficencia. Ella ha sido un todo 
para todos y para todas las cosas sobre la tierra. 

Gran nt^mero de fíeles, estimulados del inmenso amor de 
la divina Madre, la consagraron los piadosos ejercicios de 
las Flores de Mayo. En este bello mes de primavera, llevan 
los hijos á su altar, como rica ofrenda, las flores de todas las 
virtudes, formando con ellas una místií^a corona, y María 
vierte en cambio sobre ellos torrentes de bendición. Ella 
recibe esas flores naciflas en los corazones cristianos, las es- 
trecha contra su amante pecho, y las hace mas bellas con su 
aroma, como azucena del campo y lirio de ios vall<^s. como 
nardo de Sion y rosa de Jericó. Ella es la flor mas bella del 
Campo del Eterno, el lirio mas hermoso de los prados celes- 
tiales: á ella, pues, ofrecen los hijos las flores de su corazón, 
para que las haga bellas y meritorias, y ella les da flores de 
divina gracia, cuyo perfume es puro como ella, cuyo valor 
es grande como su misma dignidad. 

Ella es digna de todo honor y gloria, de toda ofrepda de 



LA VERD\D CATÓLICA. 169 

gratitud. Ella fué la paloma que trajo la oliva de salvación. 
oespues del diluvio del pecado; la raíz de Jesfié, que dio una 
flor cayo aroma disipó la fetidez del vicio; la nube misterio- 
sa que condujo al hombre en los desiertos de la vida; la es- 
trella que le alumbró en los mares de este mundo; el huerto 
cerrado que debian abrir los hombres para recoger sus flores; 
la fuente sellada cuyas aguas saludables beberían los que la 
abriesen con la lla^e de la virtud; el paraíso de delicias á cu- 
ya sombra dormiría tranquila la humanidad. 

Reconocidos á los grandes méritos y favores de Muría, ce- 
lebran en su honor las Flores de Mayo todos los años casi to- 
dos los pueblos de la cristiandad. La Habana en el año ac- 
tual como en los anteriores, ha probado su sincera devoción 
á la Madre del Amor Hermoso, Reina de los Angeles y de 
los Santos. Los RR. PP. de la Compañía de Jesús, en Be- 
lén, el R. P. Fray Mariano Borlado, en S. Francisco, el Pbro. 
Dr. D. Mariano Pnlacio Lizaranzu, en S. Felipe, y el Pbro. 
D. Pedro* Alejo Llera en el Real Colegio Seminario de S. 
Carlos, han desplegado un celo y entusiasmo religioso harto 
laudables en la celebración de los solemnes cultos de la Ma- 
dre de Di«)»y de los hombres. Una grande y selecta concuJr- 
reDcia ha ocupado los referidos templos en las tardes de Ma- 
yo, correspondiendo al llamamiento de los ministros católi- 
cos, que ensalzaban los triunfos y grandezas de la Hija pre- 
dilecta del Padre, de la Madre purísima del Hijo, de la que- 
rida Esposa del Espíritu Santo. En Belén y S. Francisco han 
ocupado la sagrada cátedra los PP.de ambas congregaciones. 
En S. Felipe, los ilustrados Pbros. Dr D. Mariano Palacio 
Lizaranzu, D. Tomás Sala y Figuerola, D. Juan B. Rivas, D. 
Pedro Arburu, D. Agustín Prats, D. Pablo Ayala, D. Agus- 
tín Galian y otros señores oradores^, han ponderado en dis- 
carsos oportunos los misterios y excelencias de María, y ex- 
plicado el punto de meditación de cada tarde. El «lia 2 del 
actual se dio la comunión general, y á las diez comenzó la 
suntuosa fiesta, en que el ilustrado P. Jofre, de las Escuelas 
Pías, desenvolvió una buefia proposición con la elocuencia y 
persuacion evangélicas que le distinguen. Por la tarde salió 
la procesión siguiendo la carrera de costumbre, llevando un 
numeroso acompañamiento y desplegándose en ella la mayor 
ponjpa y magnificencia. Entrada la procesión, el Pbro. D. 
Pedro Arburu pronunció el dÍHcursu de acción de gracias, 
probando cüán digno era el corazón purísimo de María, de 
que los fieles le ofreciesen el suyo adornado de las flo- 
res de todas las virtudes, en aquel dia consagrado á dedicar- 

VII.— 22 




170 IJl VERDAD CkT&UüÁ. 

te la corona mística ríe \m flores A^ Mayo. Deacefidiódespaet 
á rendir gracias á Míiríii por tos favores dispensados á «u§ hi- 
jos durante el mea de ftqtjellüü cuitan, y concluyó ptdiemíoiiu 
gracia y preteecirtti pura todas sus devotos, áqurfmei^ exhor- 
tó á la imitación y práctica de 1h!« virtudes Jt^ aquella mujer 
privilegiada. Con esto coneluyeron las Plores de Mayo en 
8. Felipe. 

Las del Real Colei^io SomiiiarTo har»tímido efecto con tod:i 
solemnidad. Una buena orquesta ha íisistidt» ttulíis lii» tardes, 
los alumnos han cantado preciosas letriMas, y el púlpiU* tía fti- 
do dignamente deí^empeáadik por los Pbros. D. Luciano Sen- 
tana, D.Riifael Toymii, cutednltico!£de ilichu plantel, y por ei 
Pbro. D. Luis M^rrefí*, E^ dia 1?, en la stíleume aalve, pre- 
sentaba \n capilla uu hermoso aspecto, por Im VitriaíOff y 
precioÉíos adornos que la decoraban; el *1íh sign^^nte «e cele* 
bró la fiesta principal, después de haber recíbiilo los jóvuneí* 
seminarístai el Cuerpo adonibte de Jesucnato, pan de vida y 
de salad que dii la vida eferna. E! joven orador Sr, Saotan* 
pronunció en dicha fiosta un breve y bello discurro, en que 
demostró hi purexa v^ hermosu*"a de la Htja Jel Altístíno. b 
excelencia de su doble maternidad, y lu contítma protección 
que ejerce aobre los hombres, por razón del augusto tnitiis- 
terío que le fué confiado en el Góigotha por su Hijo mori- 
bundo. Con esta suntuosa fiesta concluyeron las Flores de 
Mayo, promovidas por el entusiasmo del ÍPbro: D. Pedro Ale- 
jo Llera, secundado por los alumnos del Seminario. 

¡Grato es ver á la juventud estudiosa postrarse ame las 
aras de la Madre del gran Maestro de ías naciones! ¡Grato es 
verla implorar la ciencia sólida, la ciencia de la verdad, siu la 
cual es todo oscuridad y profundo abismo! Han buscado los 
jóvenes seminaristas á la divina Madre, han regado con flores 
808 altares, y esas flores se convertirán en abundantes méritos 
para ellos. María, Maestra de la verdad, Madre del Maestro 
de los maestros, llenará de luz su inteligencia, hnrá gloriosa 
8u carrera, y no podrá jamas desampararlos. 

¡Gloría y honor á los dignos sacerdotes que promueven y 
fomentan el culto de Marta! Ellos serán enriquecidos con te- 
soros de gracia y felicidad! ¡Gloria y honor á los que honran 
i Marfa con su sincera devoción! Ellos serán colmados de bie- 
nes y venturas celestiales! 

Sí: ¡Virgen pura y soberana, Virgen de las vírgenes. Ma- 
dre de Dios y de loa hombres, Emperatriz del cielo y de la 
tierra! la Verdad encarnó en tu seno, la diste á luz, y derramó 
eo el muodo 9^^ daros resplandores; tú nos marcaste el ea- 



LA VERDAD CATÓUGA. 



llfi 






mino de la única felicidad, tú nos diste la vida verdadera, que 
ea Cristo, y tienes en ti el arca de oro de todas las virtudes. 
**£n tí se haliii toda gracia de camino y de verdad, toda es- 
peranza de vida y 'de virtud;" tú annas á los que te aman, 
porque eres la Madre del Amor Hermoso, y amas á los hom- 
bres con el mismo amor con que fuiste hecha Madre de Dios, 
que es el mismo que recibiste en la comunicación personal 
del Divino Elspfrítu. ¡Alúmbrenos tu luz. inflámenos tu fue- 
go, resguárdenos tu manto, defiéndanos tu brazo, albéf- 
Suenos tu seno! Conozcan los impíos la verdad de tu eran- 
eza, adoren al Dios de toda graóia, que tomó por templo tu 
vientre virginal! Caiga la venda de sus ojos, y busquen la ver- 
dad al pié de tus altares, en las pajas de un pesebre, en los 
brazos de una cruz, en el último suspiro de un hombre mo- 
ribundo, entre las densas sombras de un sepulcro! Sean ho- 
ndos por esa luzindefíciente, que brotó de lí, yes la luz 
(\Qe alumbra á todo hombre que viene áeste mundo, y unidos 
con los verdaderos creyentes por el santo lazo de la íe, te 
rindan cánticos y te ofrezcan flores, que formen un día su co- 
rona de eterna felicidad! 

Antonio Enrique de Zafra, 



DE oncio. 

SECRETAEIA DEL OBISPADO DE LA HABANA. 
tMiMon foluntaria abierta por elExcmo. é lUmo. Sr. Obispe á fator il« 
2fae8(re Santísimo Padre Pío Hono. 



Rdacionde las personas y cantidades que cada una lia entregado 
para el expresado objeto en esta Secretaría de Cámara y 
Gobierno. 

Parroquia de ascenso de Ntra. Sra, de las Nieves de Mantua. 



P8. Ct8. 

Suma anterior 52.685 7]^ 

D. Tomás Martínez, cara 

párroco.,., 51 „ 

f, Simen Fors, capitán 

jaeslocal •. 8 50 

„ Salvador Carrillo Al- 
bemos, Administrador 



Ps. CU. 

de Rentas 4 25 

„ Tomás MirHuda 4 25 

„ León de la Cruz 4 25 

„ Un católico 4 25 

„ Francisco Esqunarosa. 2 12^ 

„ José Diaz Saldado .... 2 12^ 

„ Demetrio Qumtoro... 2 12^ 



l72 



LA VKRDAD CATÓLICA. 
Pi. Cto. 



D. Santiago Boza. 

,, Jo«é F. Miranda 

,, Antonio Claramunt. . . 

„ Jote Arteaga 

„ Ángel Antigüe 

,, Jorge EipinoBa. 

„ Manuel López 

„ RafiMl Flores .... 

,, Salvador Llaceger 

,, José I. López 

,t Florencio Hernández. 

„ Manuel Raigada 

Rafael Montero 



,, Julinn Espinosa. 
,, José de la Cruz. 
,, Felipe Pinero... 
,, Jote Iz5[iiierdo. 



2 12é 
2 12é 

m 

12é 
124 

!?4 

12é 
2 124 
2 124 
2 124 
2 124 
2 124 



Ángel déla Cruz 

José Alfonso 

José A. Pérez 

Agustin Apaulace 

Ignacio Urquiola 

Andrés Lagorracin . . . 

Francisco Mañas 

Ventura Colomé 

Manuel Lavito 

Joséde A4v& 

Manuel Rivero 

Francisco A. Pelaez.. 

Salomé Ledesma 

Pedro CfHíal 

José Pérez 

Atilano de los Reyes. 



Ps. Cta- 



D. Pedro Hano Gutiérrez. 

„ Ant^^niode Quintana. 

„ Femando Pamenes. .. 

,, Joaquín Urquico 

„ Severino Saco 

Doña María del Carmen 

Pina 

D. Leandro Monte 

„ José Monte 

„ Juan F. Pinero 

t, Manuel Castro 

„- Juan López 

„ Cándido Dias 

,, Santiago de la Cruz.. 

„ Cayeta no Baños 

„ José Pinero 

„ Pedro de Casas, 

„ Salomé de la Cruz 

„ Alejo Noguer 

n Gabriel Monte ff 

„ Antonio Noguer 

„ Jo«é de la Cruz 

„ Juan Coy 

„ JoBé.Coy 

Doña Teresa Espinosa. . . 

„ Magdalena Otero 

D. Juan Camejo 

„ Alfonso de la Cruz 

,, Francisco de la Cruz . . 

„ Se^eríno Baños 

„ Fermin Borrego 

n Varios individuos 



Parroquia de ingfeso de S. Nicolás de Bari, 



Ps. Cs. 



D. Manuel Rodríguez, cu- 

rapárroco GS „ 

,. Esteban Santa Cruz de 

Oviedo 17 „ 

„ Eduardo de Armen- 
teros S 50 

„ Guillermo Murdooh.. 8 „ 

„ Rafael de Córdova.... 8 „ 

„ Manuel Bustamante, 



Ju,ez local 

„ Rafael Hernández Cur- 
belo 

„ Antonio Regueira 

,, José Barolo 

„ Viotoriano de las Con- 
chas 

, , Francisco Jorge 

„ Agustin Torres 



50 
50 

50 
50 
50 
50 
50 
50 
50 
50 
50 
50 
50 
50 
50 
50 
50 
r>ü 
50 
50 
25 
25 
25 
25 
25 
25 
25 
50 



Ps. Cts. 

4 25 

4 2ó 

4 25 

2 124 

2 124 

2 124 

2 124 



Suma 52.970 214 

Habana 16 de Junio de 1861. — Pedro SaneheZt secretario. 



(Continuará.) 



SECCIÓN LITERARIA. 



IiOS DOS CUADROS. 




I. 

(j^^nl^ I UE haces, mi pobre Dorotea, qué haces? ¿Por- 
; qué recoges esas flores que ya no tienen ni fra- 
gancia ni color? 

Estas palabras eran dirigidas por una joven y 
graciosa doncella, casi niña aún, á una criada de 
edad madura y rostro bondadoso y discreto. Ha- 
llábanse ambas en un encantador invernáculo que formaba 
la última pieza de una serie de habitaciones correspondientes 
á QDacasa de la aven.ida de Montaigne, en Paris; la flora de 
todos los países se ostentaba entorno de ellas; brezos, cactos, 
camelias, mimosas, la variada familia de las orquídeas, fuc- 
sias, pasando del color de púrpura encendida al mas pálido ro- 
sado« formaban sobre gradas matorrales de espléndidos colo- 
res y embriagadores perfumes; el heliotropo silvestre, la flor 
de la pasión trepaban por las parede<); lámparas rústicas pen- 
dientes del techo de cristal, dejaban colgar sus ramas y flo- 
res; on tanque, que parecia abierto en la roca, contenia plan- 
tas acuáticas, y encantaba el oido con el dulce murmu- 
llo de sus perlas líquidas que sin cesar subian y volvian á 
caer; en el fondo del invernáculo una elegante pajarera en- 
cerraba hermosas aves de las Indias, que volvian á encontrar 
una patria en ac^uel aire tibio y perfumado, y en medio de 
aquellas brillantes flores, Eugenia iba de sus aves á sus flo- 
let j gozaba de aquellas bellezas de otro clima que la fortu- 



174 LA VBRDAD CATÓLICA. 

na había reunido en torno suyo. Las plantas sobre todo 
atraian su atención y sus cuidados: había tomado unas tijeras 
y extirpabaidiestramente las hojas marchitas, las flores desho- 
jadas que deslucían los arbustos; pero, según iban cayendo 
á tierra, Dorotea las recogía cuidadosamente, colocándolas 
en un cestito. Eugenia lo notó y la interrogó acerca del par- 
ticular. Lu criada vaciló un instante, y le contestó en fio: 

— Señorita, esas flores que vos arrojáis agradarán mucho i 
cierta persona. 

— ¿A quién? 

— ^lOonoce la Señorita á los vecinos del quinto piso? 

— ^No, Dorotea, bien sabes que nunca he subido hasta allL 

— Pues bien Señorita: es muy buena gente, honrada y la- 
boriosa, pero pobre, ¡oh tan pobre!. . •• son alemanes» á lo 
que creo; el padre es grabador en metales, pero siempre está 
enfermo, y no gana casi nada. . . • Luego, no es conocido, y 
no van á buscarle al quinto piso — • Sus hijos scfo artistas 
también: el varón, Mr. Federico^ pinta grandes figuras, cua- 
dros como los que están en la galería del amo; la hembra» la 
Señorita Ida, pinta flores 

— Y tú le recoges modelos! oh! mi pobre Dorotea , ^á qué 
no lo decías antes? 

— Oh! Señorita Eugenia, no me atrevia.... Es verdad, 
todas las mañanas recojo las flores marchitas, del inverná- 
culo y de las jardineras y las llevo á la Seuurita Ida, ésta las 
estudia, las copia, las ar/eglaen forma de ramillete, de guir- 
naldas Ah! tiene mucho talento. . . . 

— Pero ¿gana algo? 

— No, todavía, el la y su hermano no hacen mas que estu- 
diar, y dicen que no saben lo bastante para ofrecer sus obras 
á los compradores.... ¡Son tan modestos y tan laboriosos 
esos jóvenes! Y tan cariñosos para con su pobre padre! . 

Mientras que Dorotea hablaba, Eugenia habia tomado el ees- 
tito y echado en él una lluvia de flores arrancadas de todos los 
zarzales del invernáculo. Era aquel un grupo encantador que 
seguramente habria tentado los pinceles de Van Spaéndonck. 

— Toma, chica, lleva el cesto á la Señorita Ida; díle que 
mañana le mandaré albums, modelos, y la colección de her- 
mosas rosas de Redo u té. Somos cohermanas, pues bien sabes, 
Dorotea, que mi tio quiere que yo aprenda á pintar flores. 
Yo haré que la Señorita Ida participe de todas mis riquezas 
artísticas, de laa c jales se aprovechará sin duda mejor que yo. 

— Y la Señora, y vuestro Señor tio, ¿nada dirán? 

-«¿Acaso dice algo mamá cuando se trata de prestar un 



LA TERDAD CATÓLICA. 175 

ser-TJcio, 6 encaeDtra mi tio qué decir en lo que hacemos 
mamá y yof 

A\ pronunciar estas palabras, se encogió graciosamente 
de hombros; y Dorotea, tomando el cesto, se retiró muy 
a.le8:re. 

Xatas dulces relaciones, establecidas por una compasión 
dolicada y una decreta simpatía, continuaron, añadiendo Eu- 
genia al mérito de sus atenciones para con los pobres artis- 
tas otro mas raro, el de la perseverancia. Las flore» mas be- 
llas, las frutas, los dibujos, las obran artísticas, todo cuan- 
to la riqueza ponia en sus manos, otro tanto prodigaba a su 
reza su protegida; mucho podia, pues huérfana de padre, 
era hija adoptiva, heredera designada de uno de los mas opu- 
\eoto8 propietarios de Paris. Su tio, Mr. de Saint-Dizier, no 
tenia mas afecciones sobre la tierra que Eugenia y su madre, 
^ro ambas, sencillas y generosas en medio de la fortuna, no 
^aabao de su crédito para con el anciano sino en favor de los 
i^ichados, y merced á tan amables abogadas. Mr. de Saint- 
^izier, que apenas se ocupaba de los pobres, era conocido y 
reiterado por mas de una familia indigente, ignorando él mis- 
^ las bendiciones que rodeaban su nombre. 

Eugenia hubiera querido de buena gana derramar mayo- 
res beneficios sobre el grabador alemán y sus hijos, pero sus 
beoérolos deseos fueron á estrellarse contra una invencible 
iiefistencia. En vano combinó los medios mas ingeniosos, en 
vano URO la diplomacia que podía ofrecer el espíritu inventi- 
vo de Dorotea; su oro fué rehusado, sus presentes devueltos; 
los pobres y honradamente orgullosos artistas solo acepta- 
ban las flores del jardin ó el invernáculo, ó á título de prés- 
tamo, algunas obras artísticas y libros preciosos. Ida, en ra- 
ras visitas, le manifestaba una tímida amistad; pero jamas 
podo obtener Eugenia la confianza que le hubiera permitido 
ofrecer libremente sus servicios. . 

Estos obstáculos no fueron sin embargo suficientes para 
detener su celo; por otra parte, bebia en aquel momento en 
las fuentes del amor y la tierna caridad: se preparaba á ha- 
car su primera comunión. La víspera de aquel gran dia en- 
vió á sus vecinos un precioso cesto, lleno de frutas y flores; 
en medio de los gajos de rosas se encontraba una hermosa 
Imitación, con estas palabras: Eugenia de Saint-Dizier á su 
amiga Ida Kctnig; y el libro, consejero de jos dichosos, con- 
tmeXo de los aflijidos, qo fué rehusado, 



176 LA VBHÜID CATÓLICA. 

II. 

Uitíz anos híin ferMcarrido, Eugenia y mi mudre no habituí 
ya en la avenida de Montaigne ni en la fíiHíi.ufimi ch»» dt>ndei 
vieron correr tantos anos dt* rficha; ta fortuna y »U8 {.iruriie' 
HüH han di^saparecido; mas en til fijndo dt! sus conizories la 
mutua ternura y la confianza en Dios han perraantícido cual 
inmutables ti*»oros, VuelU)808|*icHZ é irritable, átíonáecueii 
cía de un mal cru**li Mr. de Saíut-Drxier no babia podido 
perdonar á su hermana, y poco tiempo ñnttís de morir, la 
babia desheredada, dejando hus bienes in^neusos a uno8 pa- 
rientes lejanos: Mme. de Saint-Dízier no ña quejó abando* 
uando con noble altanerfa tu vugtii herencia que U^ había sí* 
ÚQ promi^tida, y retirándose á Pas^sy cotí au hija; quedábale! 
una renta de dos rnil francos, y vi vi o ron en eí^trerJia media- 
nía, olvidadas del mundo,olvidándolo también yediaíidü im\ 
«ülo de mcnosla opultrncia por el poder que Ina dabadi* obrar 
el bien* Quiau Eugenia sin embargo contribuir á la existen- 
cia de ambas por medio de tíu trabajo; aplicóse de nuevo á 
sus estudios; y sus habilidades, ornamento de dias mas prós« 
peros, se convirtieron en su esperanza y porvenir. Mucho se 
había ocupado de pintura; volvió á sus trabajos; prosiguiólos 
con perseverancia, y después de dos años de constantes la- 
bores, acabó un cuadro que fué admitido en la Exposición de 
pinturas. Habia trabajado en él con un celo entusiasta; mas 
desde que estuvo concluido, solo sintió ese amarino desalnlhto 
del artista que tiene el sentimiento de la verdad y de lo be- 
llo, y que no puede realizar el ideal presente en su imagina- 
ción; que corre tras encantadoras imágenes que ^o puede fi- 
jar en el lienzo; que experimenta en su alma emociones que 
no le es posible reproducir. El estímulo del jurado fué im- 
potente para avivar su esperanza y compensar la severidad 
del juicio que ella misma lormaba de su talento; sin embar- 
go quiso volver á ver su cuadro á la luz brillante de la Ex- 
posición, entre las páginas de los grandes maestros, y fué al 
salón de pinturas con su madre. 

Buscó su obra, y la encontró en el rincón bien alambrado 
de una sala brillante de cuadros y colores. Detúvose ante 
aquella creación de su pensamiento y de su mano, y :rató de 
juzgarla con imparjcialidad. Aquel cuadro solo representaba 
florea, pero esas flores representaban á su vez una idea y 
sobre todo un sentimiento. Eugenia, consagrada desde que 
naciera á María, habia querido que su primer lienzo fuese 



LA VERDAD CATÓLICA. 177 

dedicado á la dulce Madre de Dio8. En las espesas ramas de 
ana encina veíase oculta una gótica iniágen de María; al pié 
deA árbol se elevaba un altar de césped, sobre el cual la pie- 
Awkú de los aldeanos había amontonado una enorme gavilla 
de flores. Zarzas-rosas, botones de oro de la pradera, ger- 
f^Bodrinas nacidas & orillas de los arroyos, madreselvas y li- 
Hosdelos valles, rosados racimos, acacias, 1 i las, peonías y 
■"Ocas de los jardines, todas esas bellas flores de la primavera 
9€s confundían, .se enrPazaban sobre aquel altar en medio del 

«-i^^rden mas gracioso. f^l cuadro se llamaba el Mes de 

A^úria. Eugenia lo contempló primero con amor, pues pen- 
^■^baen las dulces esperanza» que habia alimentado al hacer 
^<)uel trabajo: la protección de María, el amor de su madre, 
^l recuerdo ya lejano de Ida, todas esas imágenes revivían 
I>«raella en aquel lienzo; mas después de haberle dado una 
Tarimera mirada lo consideró como artista y lo juzgó con se- 
veridad. £1 dibujo le pareció descuidado, el colorido poco 
^lido: no era aque'.la la naturaleza, tal cual ella la habia 
^to con su gracia silvestre, no eran aquellas las flores, sen- 
cillas y preciosas joyas derramadas sobre la tierra por la ma- 
^del Criador; era uiía naturaleza convencional, eran flores 
deram) ó de papel y no verdaderos pétalos humedecidos por 
el rocío de Mayo. Volvióse hacia su madre con tristeza y 
(tfjole: 

—No es eso, mamá' Oh! si yo pudiese pintar lo que ten- 
gO ea la cabeza! 

^ el mismo instante cayeron hus miradas sobre otro lien- 
zo que también representaba flores, y «e detuvieron en él 
coo admiración. Era un cesto lleno de rosas, pero de rosas 
v¡?as y perfumadas, unas blilhca^4 cu medio de hojas som- 
brías, otras pasando por todos io^ «natices del carmín, abier- 
tas en medio del musgo y recordaiMlo todas las hermosas va- 
riedades de la mas bella de entrp las flores. 

— ^¡Qué cuadro tan encantador! exclamó Eugenia, ¡qué vi- 
da, qué frescura! oh! mamá! mira esa rosa de rey, esa Mal- 
maiioa y esa magnífica rosa musgosa! qué riqueza de colori- 
do y qué seguridad de pincel! 

— Hija mía, dijo Mme. de Saint Dizier, y ese cuadro ¿no 
te recuerda otra cosa? 
— ¿Qué quieres decirt 

— Míralo con atención: ¿no has visto nunca un cesto seme- 
jante á ese, lleno de rosas de toda especie, y en medio de las 
flores un libro? Míralo, es la Imitación. . . . ¿No recuerdas? 

vu.— 23 



17S LA VERDAD CATÓLICA. 

— El ct'sío (jue tlí {i Ida! Oh! rnanici, tienes razón, es e — 
mismo, y solo Ida lia podido pintarlo. 

Vivamente conmovida buscó en el catálogo, y encontró^^ 
con el número 283 un cesto de flores, por la Srla. Ida Kcoíig^ 
de Tréveris. 

— Es ella, se. ha acordado de mí después de tantos años! 
ha sobresalido! qué bello talento y qué noble corazón! Oh! 
mamá, soy dichosa, mu^ dichosa viendo eso, 

— iQuién sabe si no volveremos á ver'álda? dijoMme. de 
Saint Dizier á media voz, 

— T aquí está el nombre de su hermano, anadió Euy^enia 
que habia hojeado el catálogo; mira: Mr. Federico Kcenig, 
dos cuadros: S. Felipe de Neri orando *m, las CaUícumbas de Ro 
ma, y Rodolfo de Hapsbourg acompañando el sa/ito ViáticA). 

Buscaron los cuadros y los hallaron fácilmente, pues la tur- 
ba los habia notado y se detenia ante ello<<. Eran obras ma- 
gistrales llenas de savia y de fuerza^ no sabiendo qué admi- 
rarse mas, si el éxtasis de la oración que expresaba el noble 
rostro del Santo orando en medio de las tumbas de los már- 
tires, ó la piedad guerrera del joven paje, conduciendo bajo 
el espeso tollaje, á orillas del torrente el caballo que lleva* 
ba al Señor de los señores. Esos cuadros parecian inspirar 
el recogimiento cuyo sello tenian y de buena gana al con- 
templarlos se hubiera hablado en voz baja como en una 
iglesia. 

— ¡Qué belleza! dijo en fin Eugenia, y que dichosos son 
nuestros amigos! 

Al dia siguiente se hallaba sentada delante de su caballete 
cuando un campanillazo resonó vivamente. Dorotea, cuyo 
andar habían entorpecido los apos, fué á abrir; oyóse inia ex- 
clamación, y al mismo instante, una joven entró en el ta- 
ller y corrió hacia Eugenia. Esta solo necesitó una mirada. 

— Ida! exclamó. 

— Sois vos! sois vos en fin! os he buscado tanto! Am^a, 
bienhechora mia, os vuelvo á encontrar! 

— Oh! querida Ida, qué dichosa soy! 

Miráronse: yA no era Ida la joven tímida y selvática que 
evitaba en otro tiempo las caricias de Eugenia, y á quien el 
orgullo del pobre parecía haber dado una coraza de hielo; 
tríiuquila, dichosa, abierta, .respiraba su hermoso rostro los 
«^lUimientos mas puros y tierno». Después de largas Cññ- 
^\^ Y palabras entrecortadas, dijo en fin á Eugenia: 

— *Yi>* misma ignoráis todo cuanto os debemos — . ¿reco- 
iMKVb Mo libro? es la Imitación que me disteis el dia de 



LA VfeRDAD CATÓLICA. Í79 

^%:i«»8trH primera comunión. Pues bien: á este libro, don de 
7\^e8tra mano, debemos nuestra conversión; pues éramos pro- 
te^t^ntesy y hoy somos católicos, somos hijos de la Iglesia! . . 
"Elmcuchad: cuando nos conocisteis, éramos muy desdichados! . 
extrangeros, pobres, sin recursos, desolados por la muerte 
precoz de nuestra madre y por la enfermedad de nuestro pa- 
^re, solo teníamos en el alma amargura y desolación. Vues- 
tras delicadas atenciones vinieron á veces á devolver la se- 
T^nidad á nuestro espíritu. ¡Es tan bueno, cuando uno sufre, 
quesele adivine y se le compadezca! Es tan grato, cuando 
challa uno aislado en una gran ciudad, verdadero desierto 
para el indigente y el forastero, encontrar una mirada bené- 
vola,' ser objeto de una atención cordial! Vuestro libro, 

esa querida Imitación^ fué á su vez para nosotros un gran con- 
lóelo. Jamas habíamos leido nada semejante; lo abríamos al 
acaso, en un momento de pesar y de angustia, y siempre 
encontrábamos un pasaje que podía tranquilizarnos y forta- 
leeernos. Mi padre la leia en sus largos insomnios; Federico 
la abría cuando estaba sombrío y desalentado; en cuanto. á 
mí, ese Übrito era mi refugio é íntimo amigo. Oh! cuanto 
bien ha debido hacer á las almas afligidas, si juzgo por mi 
propia experiencia, el capítulo del Camino Retil de la Santa 
Cruzl Y después de haber leido, después de haber admirado, 
llegábamos á decir: ¡Ese libro es obra de un católico! Y leía- 
mos el cuarto libro, y de nuevo repetíamos: — En su amor 
hacia Dios bebió el autor su ciencia de las necesidades del 

corazón Y la bondad divina nos dirigia así por la mano 

bicía el conocimiento de la verdad. 

Vuestras buenas obras, querida Eugenia, las de vuestra 
madre, contribuían á darnos xma elevada idea de'la religión 
católica, y aunque no estuviésemos aun dentro de la única 
Isrlesia, ya gustábamos ese perfume, que semejante al de 
Magdalena, da fragancia á toda la casa y se exhala á la vez 
de* las obras santas y de los piadosos escritos de los ingenios 
inspirados. Todos esos sentimientos iban naciendo en nues- 
tro corazón, cuando un pariente de mi madre nos llamó á 
Tréveris. Estabais entonces en los baños de Cauterets con 
Mr. de Saint Dízíer; no pude veros antes de partir, deciros 
roifi sentimientos, mis deseos y confusas esperanzas • Par- 
timos. Al salir de vuestra casa ¡cuánto rogué á Dios por vos! 
Nuestra vuelta á Alemania fué feliz: Tréveris es la ciudad 
católica por excelencia, no costándonos trabajo encontrar en 
ella un buen sacerdote que acabase con sus instrucciones la 
obra que la gracia habia empezado. Abjuramos los errores 



18Ó tk VERDAD GAT¿UCA. 

de Latero en aquella santa iglesia donde se conserva la túni- 
ca de Jesucristo, y bajo las antiguas bóvedas que han preaen- 
ciado tanto llanto, tantas oraciones, tuvimos la dicha de be- 
ber en las fuentes de agua viva de los Sacramentos, y como 
vos, querida Eugenia, hice mi primera comunión. Mí padre 
no sobrevivió largo tiempo á tan dichoso dia; espiró suave- 
mente mientras que yo le leia, en la Imitación de Crüío^ el 
capítulo que tanto le agradaba: Del deseo de la vida etema» Su 
muerte fué ¿ la vez para nuestros corazones una amargura 
y una alegría; ya no estaba con nosotros, pero estaba con 
Dios! 

¿Qué mas os dirét Retirados en nuestra piadosa Alemania, 
hemos orado, hemos trabajado; Federico se ha hecho un buen 
pintor, y la celebridad, la fortuna han venido á él, que no las 
buscaba. 

Yo también pinto flores, y como mi hermano enviaba obran 
suyas este año á la Exposición de París, pinté de merooría 
el cesto de rosas que mé disteis y que encerraba mi querida 
Imttacífm. To esperaba ofreceros ese cuadro, mas no volví ¿ 
encontraros en la avenida de Montaigne, y nadie pudo, des- 
pués de trascurridos algunos años, darme vuestras señas, 
vuestro Mes de María y el catálogo de la Exposición me las 

han dado á conocer Bendito sea Dios! hermana, amiga, 

¡con que os he vuelto á encontrar! 

Ambas lloraban. Mme.de Saint Dizier entró en el mismo 
instante; las dos jóvenes con los brazos enlazados, acudieron 
á ella, y la hicieron dichosa con su ventura. 

Hoy, Eugenia es mujer de Federico; Ida, que no quiere 
casarse, no los ha abandonado; viven en Alemania con Mme. 
de Saint Dizier, y forman parte de esa pléyade de artistas 
cristianos que parecen resucitar en nuestros dias la fe, la pu- 
reza, la sencillez y el ingenio del Ángel de Fiesole y de la 
escuela de la Umbría, y glorifican al Señor con sus obras y 
sus virtudes. 



Lá V9DAD CITÓUGA» 181 



aSYIBTARELiaiOBA. 



Su AAUTIDAD BL papa T la señora M ABQUESA de PIMO- 

DAVd— -Según la Chceía del Mediodía^ redbió últimamente el 
Padre Santo á la esposa del heroico marqués de Pimodan. 
'^¡Santísimo Padre! Santísimo Padre! ¿está en el cielo?" fue- 
ron las primeras palabras que ace'rtó & pronunciar la ilustre 
viuda al prosternarse en el dintel de la habitación que ocu- 
baba S. S. Comprendiendo el Pontífice el sentido elocuente 
de aquella pregunta, contestó á la marquesa: *'Dios solo sa- 
be, hija mía, los que ha llamado ¿ gozar de la plenitud de la 
eterna bienaventuranza. Desde la batalla de Castelfidardo 
be orado constantemente por los soldados que murieron de- 
fendiendo los derechos de la Santa Sede, y particularmente 
por vuestro esposo. No obstante, puedo deciros que hace ya 

n' Qce días qué no he vuelto á rogar por Jorge de Pimo- 
^ — Al pronunciar estas palabras, una inspiración sobre- 
natural parecía animar el rostro de Pió IX. 



COKSAOBACION SOLEMNE DEL NUEVO ARZOBISPO T VICARIO 

APOSTÓuco DE LOS BÚLGAROS UNIDOS. — ^El dis 24 de Abril 

Sróximo pasado consagró el Padre Santo en la Capilla de 
ixto IV, del palacio apostólico del Vaticano, al archiman- 
drita José Socoiski, arzobispo y Vicario apostólico de los 
Búlgaros recien convertidos á la fe católica. Imponente es- 
tuvo la ceremonia, según el Diario de Roma, habiendo figu- 
rado en ella un gran número de Cardenales, Superiores de 
Ordenes religiosas y otros personages notables, entre loa cua- 
les se distinguian en primer lugar SS. MM. el Bey y la Rema 
de las Dos Sicilias, como asimismo S. M. la Reina Viuda de 
Ñapóles con SS. AA. RB. los Príncipes y Princesas sus hijos. 



El iLUfO. SR« OBISPO DB BARCELONA ha tenido que reti- 
faxae del despacho de los ueffocios, ¿ causa del mal estado de 
•a salud, quedando encargue del gobierno de la diócesis el 
Tkario general de la misma. 



182 LA VERDAD CATÓLICA. 

Felicitación de s, s. al conde de montalembekt. — Se- 
guiAl Unimnel de Briiselae, Su Santidad hii dirigida UDa 
afectuosUima carta alCuodede Montalembert con mütivo de 
su elocuente, enérgica y brillante fülleCa en contestaciofi m\ 
Conde de Cavour. ^^ 

Perdida sufrida poií el episcopado framce» y doitía- 

ORÁCION DEL NtrKVO PRELADO DE FERlGL^ELiX. — Híl faUecido 

Monseñor Thibaylt, obispo de Moíiipelk'r Nació eii Rey oes 
(Versal les) el 24 de Febrero de J796, y fué precauizaido el 
24 de Jiiho de 1835. Era uno de loa obispos^ mas eabios de 
Francia, — Al mismo tiempo que la anterior noticia, recibimos 
la de haber sido consngruduen Part^ el 6 de Mayo, en la igle- 
sia del BocD SocorrOí Monseñor Büudry, obispo de Perigueux, 
Fueron consngrantea el Cardenal Arzobispo de Burdeos y 
los Obispos de Nevera y de Troyea, 




CROmCA LOCAL. 



Manifestación. — ^Nuestro respetable amigo, y hasta ahora 
compañero de redacción, el Sr. Cura Párroco del Monserrutét 
dirige la siguiente á los Sres. suscritores y correspoDüales 
de este periódico; — ^No permitiéndonos las ocupacioneii dp 
nuestro ministerio continuar como hasta aquí en la redací* 
cion y administración de La Verdad Católica, lo hacerooa 
saber á los suscritores y corresponsales de la misma, para 
que en vez de dirigirnos, como hasta aquí, sus reclamaciones 
y comunicaciones, lo hagan directamente á nuestros compa- 
ñeros de redacción, que continúan al frente de dicho peri6* 
dico, Sres. Dr. D. José Ramírez Ovando y D. Ranxon de Ar- 
mas, con quienes pueden y deben entenderse para todo. — 
Ldo. Ánácleío Redondo. — No obstante la anterior comuoica- 
cion, sigue hecho cargo de la admioistracioa de nuestro pe- 
riódico para la Isla el Pbro. Don Salvador Qurcía de la 
Peña, que la tenia «mientras estuvo al frente de ella naá^ 
^ respetable amigo y compañero el Sr. Cura del Moiiaer- 






LA VERDAD CATÓLICA. 183 

nte, j cuantos tengan alguna comunicación que hacer- 
ooideben dirigirse al expresado Pbro. García, en el Real 
Colegio Seminario de esta ciudad. L*' 



dfnjirmacionei — El domingo 2 del actual, administró nues- 
^ Excmo. é Illmo. Sr. Obispo el sacramento de la confir- 
okíoo á dos neóñtos: D. Venancio Benestri, de cuya con- 
venioo dimos cuenta en nuestro último número, y la Sríta. 
W&talina Brown, quien recibió las aguas del bautismo el 
<lía del Corpus del presente año. Como sabrán quizá nuestros 
lectore8, la Srta. Brown 6gurabaen la compafifa ecuestre que 
iltirpiiDente trabajó en el Circo del Sr. Chiaríni. 



Primera comunión de las niñas del colegio establecido en el Hos- 
V^l it Cariilad de Guanabacoa. — El domingo 2 del corriente 
Itt Diñas de dicho colegio, asistidas de varias hermanas de la 
(bridad, hicieron su primera comunión en la iglesia de los 
PP. Escolapios de aquella villa. ¡Qué espectáculo tan inte- 
fCMAtese presentóá nuestra vista! la debilidad y la fortaleza 
!• primera representada por la infancia, la segunda por las 
keríicas hijas de Vicente de Paul. Uno de los apreciables 
Padres de las Escuelas Pías pronunció un bellísimo discurso, 
tío tierno, tan adecuado á la capacfdad de su infantil audi- 
torio, á quien consagraba especialmente esas palabras, que 
oodudamos habrá dejado recuerdos imperecederos en aque- 
llas niñíis; debiendo confesar que cuando el orador las exhor- 
tó á que elevasen sus preces por nuestro Santísimo Padre 
Pío IX, dijimos entre nosotros: "Las preces de estas niñas 
dejarán burladas las intrigas de la diplomacia." — Después 
de la comunión de las niñas, siguióse la de los niños exter- 
nos de las Escuelas Pías, y de otras muchas personas pia- 
dosas. 



Fiesta religiosa m el Colegio del Sagrado Corazón de Jesús. 
— Aun no se hablan extinguido las dulces emociones que ex- 
perimentamos al asistir á Is primera comuoion de las niñas 
ae dicho Colegio el domingo 26 del corriente, de que dimos 
eaenta en nuestro número anterior, cuando se renovaron esas 
mismas emociones al presenciar el diadel Sagrado Corazón de 



184 LA VERDAD CATÓLICA. 

Jesús la solemne fiesta celebrada en el mencionado Cole^^ ^ 
La misa fué cantada por las Religiosas y im coro de sí ^ 
DÍfias, cuyas suavísimas voces y la expresión con que ^^ 
interpretada aquella mística música, nos convenció una '^^^ 
mas del triunfo de la sagrada sobré la profana. En dic?'' 
misa tuvo lugar una comunión general, no solo de to^^ 
los niñas que actualmente se educan en el Colegio, si ^^ 
de otras muchas Señoritas que, concluida ya su educación ^ 
devueltas al seno de sus familias, no pueden olvidar jain^-^ 
á su querido Colegio, y se reúnen ii sus antiguas compañería 
y profesoras en tan solemnes dias. 



Fiesta y procesión del Sagrado Corazón de Jesús en Belén. — 
El dia 7 del actual tuvo lugar en la iglesia de Belén la so- 
lemne fiesta que anualmente se celebra en dicho templo al 
Sacratísimo Corazón de nuestro divina Redentor. Dicha fies- 
ta estuvo sumamente concurrida, según se nos informa, sien- 
do también numeroso el concurso de personas que asistió 
á la procesión verificada aquella tarde. La comunidad de 
RR. PP. Jesuítas, la de Carmelitas de Méjico, los alumnos 
de aquel Real Colegio precedidos de su banda de música, y los 
del Real Seminario de S. Carlos formaban, ademas de un cre- 
cido número de caballeros, el acompañamiento de Su Divina 
Magostad, llevada bajo palio por el Sr. Arcediano, Provisor 
y Vicario D. Bonifacio Quintin de Villaescusa. Antes de la 
procesión dirigió un elocuente discurso al numeroso audito- 
rio el R. P. Maruri. 



Muerte de una Hermana de la Caridad. — En la tarde del 12 
del actual un modesto pero decente carro conducía á la úl- 
tima morada los restos mortales de Sor Gabriela, una de las 
religiosas del Colegio de Sta. Isabel. El blanco ataúd indi- 
caba que una virgen, que una esposa del Señor habia pasado 
á mejor vida. Acompañaban el cadáver, á pié y con luces en 
las manos, dos sacerdotes de la Misión, cierto número de her- 
manas de la caridad y la mayor parte de lasalumnas del Co- 
legio establecido en el convento de S. Felipe. La difunta era 
joven aún, y murió en medio de sus caritativas tareas, coma 
el militar en el campo de batalla. — ¡Descanse en paz! 



Dontliigro Y de Julio de 1961. 



SECOIOIV REIJGIOSA. 



LA CRISIS T LOS POBRES. 



(tuarilnoit de pñvar al pobre de tu 

liinoRoa 

Provfrb., XXL 13. 



U£ el eHUtdo actual <1e nuestra plaza exija prudentes 
^ccoüointas tí aquellos que hayan sido afectados en sus 
Intere^eM, bien lo comprendemos; que se cercene á los 
gastos de la vanidad y del lujo lo necesario para aten- 
der ó obligacioui'8 mas ursrentes y perentorias, tam- 
bién lo concebirnos; pero que esas econ<»m!HS y esa 
reducción de gastos hayan empezado á [irivar ^ilos pobres de 
sus limosnas, es lo que no atinamos á coinprender, ni aun 
siquiera á concebir. Y decimos esto, porque nos consta de 
«n modo positivo que varias personas ricas, muy ricas, han 
suspendido sus limosrias á varios p«)bres á quienes favore- 
cían. Semejante conducta nos hace creer que tales perso- 
nas consideraban aquellas limosnas romo gastos de puro lu- 
jo que debían suprimir en su presupuesto, ó que no han 
llegado á persuadirse que la limnsua^o es un mero consejo^ 
9ÍO0 un inexcusable yyre6*e/>^/ en relación con las facultades del 
que da y. del que recibe. 

¿Acaso aquellas limosnas han originado la crisis que todos 
deploramos? ¿acaso alguno en el mundo se ha visto empo- 
brecido por el ejercicio de la caridad? Antes de eso. bien 
ssbe Dios y bien sabenrtos todos, que do es la caridad la que 

VII.— 24 



186 LA VERDAD CATÓLICA. 

ha engendrado el actual estado de cosas, sino los vicios opues- 
tos á esa celestial virtud, el egoisnio, la ambición, la avari- 
cia, la inmoralidad del agiotaje de 1857, de ese año funesto, 
cuya expiación, tan dura como merecida, son los desastres 
del año de 1861, Y si la limosna no ha producido el pánico 
presente, ¿porqué tratamos de extirparla como raiz de las do- 
lencias actuales? So!o considerado el ejercicio de la caridad 
como un artículo de lujo, ó como un adorno de buena socie- 
dad, hubiesen atentado (y no retractamos la palabra) algu- 
nas pe rsonavS retirar.sus ofrendase lospobn^s: 'Guardaos, 
nos dice el Sabio, de privar al pobre .de »ii limosna," y esta 
amenaza va seguida de la sanción penal: ''porque os declaro 
que el que cierra susoidos á ios lamentos dei pobre, cuando 
él también gimiere, no será tampoco oído" (1) 

La limosna no es un consejo, como generalmente se cree, 
sino un precepto. No necesitamos recurrir á pruebas teoló- 
gicas, ni á citas de Santos Padres para sostener esta incontn»- 
vertible verdad. A la rason, únicamente á la razón nos diri- 
giremos, recordando que la Providencia de Dios, esa Provi- 
dencia tan bella, tan univers»!, tan armónica no existiera si 
Dios no hubiese impuesto á Ins ricos ei deber de subvenir á 
las necesidades de los pobres. ¿Sin e^^fe deber por parte de 
los ricos se justificarla la desigualdad de bienes entre los fa- 
vorecidos de la fortuna y los desheredados de ella? Unos y 
otros son criaturas de Dios; unos y otros son formados á su 
imíigeñ y semejanza; unos y otros son hijos del mismo Ce- 
lestial Padre; y la razón no acierta á concebir ladesigualdail 
de fortunas y condiciones, de ricos y pobres, de los henchi- 
dos de goces y de los ebrios de dolor, sin esa ley providen- 
cial, que impone á los ricos el deber de socorrer á los pobres. 
La limosna es, pues, la primera (/«M¿¿a que afecta á nuestros 
bienes, y no debemos jamas olvidar aqiiellas palabras terribles 
del Evangelio: Va divitibus. — Aij de tos nata! pero en- 
tiéndase de los ricos que no cumplan con la deuda de la li- 
mosna, de los ricos que se conjuren (fara desobedecer la ley 
providencial de !a limosna, de los ricos sin misericordia y 
sin entrañas de amor hacia los infortunados, de los ricos que 
niegan á los Lázaros del mundo las migajas que caen de las 
mesas de sus festines. 

Y no olvidemos las terribles penas de la infracción de este 
precepto. ''Retiraos, malditos, é id al fuego eterno que os ha 
sido preparado^ Porque he tonido. hambre, y no me habeia 

(1) Proverb. XXI, 13. 



LÁ VEKDAD CATÓLICA 187 

dado alimento; he tenido sed, y no me habéis dado agua; no 
be teoido donde morar, y no me habéis cobijado; he estado 
deioodo, y no me habéis vestido; he estado enfermo y en pri- 
sión, y DO me habéis visitado." 

Entonces la turba sorprendida dirá al Salvador: '*Ouando, 
Señor, 08 hemus visto hambriento, sediento, desalogado, des- 
nudo, enfermo ó en pirisíon, y no os hemos asistido." **Tan- 
tfea, cuantas veces — contestará el Salvador — no hayáis asis- 
tido al menor de vuestros hermanos, habéis dejado de aaistir- 
me¿iDÍ."(l) 

No lo dudemos: la limosna no empobrece ^i nadie, antes al 
contrarío e» el tesoro que vamos acumulando en el cielo para 
el liia terrible en que se nos pida la cuenta de los bienes 
(emponles de que Dios solo nos hizo depositarios y ecó- 
nomos. 

J. R, O. 



Eb PADRE J&VIER DE RA7I0NAN. 



(continua,) 

Httbiendo jtasado el P. Ravignan por todas las largas y va- 
riadas preparaciones presííriras por el Instituto, puede ya re- 
coger sua fruto». Al volver de Suiza 3e le nombró ministro 
de la ca«a de Saint-Acheul, y al mismo tiempo hizo su pri- 
mer ensayo oratorio anti* unn numero'^a concurrencia. Du- 
rante Ih cuaresma de 1S35 pn'dicó una serie de conferencias 
^íi la catedral di^ Amien». Estas primeras conferencias obtu- 
*'ierün un éxito completo, tanto que muchas personas supli- 
caron al P. Ravignan que las continuase después de Pascua. 
A estü lio arcedlo; pero este primer triunfo pareció determi- 
oar á sus superiores á dedicarlo especinimente al pulpito. El 
adviento inmediato volvió á predicar en Amiens, y en la cua- 
resma subsecuente se presentó en París en la iglesia de San- 
to Tomás de Aquino, comenzando desde el año siguiente 
(1S37) sus célebres conferencias en Nuestra Señora. El Obis- 

(I> S. Mateo, XXV, 41-45. 



186 LA VERDAD CAT¿LtCA. 

po Fray88ÍDous había inauguradp alguopa años áotes eu la 
Iglesia de S. Sulpicio una serie de conferencias destinadas 
principalmente á esa clase de hombres que rara vez 6 nanea 
concurren á la iglesia, proponiéndose refutar las varias obje- 
ciones presentadas contra el catolicismo, y por lo tanto 
convertirlos á la fe y á las prácticas de la Iglesia,, Estas con- 
ferencias fueron hechas después, mas bifh que continuadas, 
por el P« Lacordaire en la catedral de Nuestra Señora. Este 
último orador era eminentemente de su siglo, y habla reci- 
bido de Dios una elevada misión que supo comprender ple- 
namente. Hombre de carácter enérgico y juicio profundo, re- 
vestia sus pensamientos del mas brillante lenguage, y los 
exponia con una elocuencia y acción nunca sobrepujadas. 
Hombres quetenian ojos pero se negaban á ver, oídos y no 
querian oir, iban á escuchar al orador sagrado como hubieran 
ido al teatro; pero su elocuencia llevaba la convicción al co- 
razón de los que le oian, y un gran número de conversiones 
fué el resultado de su celo. 

Pero habiendo pasado el P. Lacordaire á Roma, de donde 
volvió después para establecer la Orden de Santo Domingo 
en Francia, nadie fué juzgado mas capaz de ocuparan pues- 
to que el P. Ravignan. El Arzobispo de París le nombró su- 
cesor del P. Lacordaire, y sus superiores le ordenaron qu^ 
aceptase el cargo, que siguió desempeñando por espacio de 
diez años, hasta que una enfermedad que le atacó en 1846 le 
obligó á abandonar por algún tiempo sus tareas en París. Si- 
multáneamente con la inauguración de sus conferencias en 
la iglesia de Nuestra Señora, estableció el P. Ravignan una 
casa de su Orden en Burdeos^ de la cual fué hecho primer 
Superior. Por espacio de cinco años desempeñó este cargo, 
trabajó con apostólico celo en su inmediata vecindad, y solo 
dedicó los dias mas rigorovsos del verano, cuando otros iban 
en busca del descanso, para preparar sus conferencias. Du- 
rante la estación del reposo para todos', el P. Ravignan, que 
había trabajado con ahinco durante todo el año. no tomaba 
descanso, pues entonces comenzaban sus mas serias tareas, 
y lo que siempre consideró como la mayor mortificación de 
toda su vida, la composición de sus sermones. Dijo á menu- 
do de sí mismo que no había nacido para escritor, ni sabia 
escribir, 'y que aunque elocuente en el pulpito, donde las 
ideas le ocurrían pronta y abundantemente, en la soledad de 
su alcoba su inteligencia parecía agotarse, era incapaz de de- 
sarrollar un asunto cualquiera, y se abatia y desanimaba. En- 
tonces escribía al G-eneral de la Compañía diciéndole que 



LA VBRDID CATÓLICA. 189 

mercedásu falta de humildad se hallaba colocado e n una po- 
flicioo para la cual no era á propósito, y que á no ser por su 
soberbia, Dios le hubiera dejado en la oscuridad que él am- 
bicionaba, y dado á otro mas digno y mas capaz el cargo de 
preseotarae al mundo. Mas trabajó con ahinco y con cona- 
taocia, imploró el auxilio de Dios, pidió consejo á los demás, 
y con su perseveranoi» triunfó, mereciendo á fuerza de traba- 
jo la bendición del éxito. 

Adaptándose á su auditorio, el P. Ravignan comenzó sus 
eonfereocias estableciendo aquellos principios que al paso 
que refutaban los errores fílosóñcos de sus oyentes, prepara- 
ban el camino para refutar su incredulidad teológica. Em- 
pezó con ^ una especie de ñlosofía de la historia de la lucha 
constante entre la verdad CHtólica y la multiplicidad de errores 
y luego explicando la personalidad divina en acción, la liber- 
tad á inmortalidad del alma, el fin del hombre y otros dog- 
mas fundamentales, echó por tierra las varias dificultades 
que suscitaban las ideas panteistaa, deístas, fatalistas y ma- 
terialistas de aquellos á quienes se dirigia. El primer año ar- 
^ rojo las semillas que crecieron y fructificaron en las confe- 
rencias subsecuentes. El orador se contentó con obrar y es- 
perar; queria echar un sólido cimiento sobre el cual pudiese 
mas adelante levantarse un grandioso edificio, y no temió 
perder su trabajo preparando los ánimos de sus oyentes para 
lod efectos que posteriormente queria producir en ellos. Es- 
tas primeras conferencias lo dieron sin embargo á conocer al 
mundo. Literatos y hombres de distinción buscaron su amis- 
tad, y en las conversaciones privadas que con ellos tuvo des- 
cubrió el P. Ravignan el asunto de sus futuras conlerenciaK, 
y fué causa de que muchos se reconciliasen con el cielo. En- 
tre estHS primeras conversiones se contó la del Vizconde de 
Chateaubriand, quien fué inducido á cumplir con la Iglesia 
y antes de su muerte, ocurrida en 1848, retractó cuanto ha- 
bía escrito contra la fe y la doctrina de aquella. Los extrac- 
tos de su correspondencia, y es[»ecialmente de sus cartas al 
P. Roothan, General de la orden, extractos que el autor ha 
incluido en su biografía, refieren un gran número de otras 
notables conversiones, acerca de todas las cuales habla el P. 
Ravignan con una humildad digna del mismo S, Ignacio. 
Cuando el General congratulándole por el éxito de sos tra- 
bajos, le advierte que atribuya la gloria de todo á Dios y se 
ponga en guardia contra la vanidad ó el orgullo, él le con- 
testa que no necesita esf lazarse para hacerse humilde, pues 
la idea de la vanagloria nunca podia tener cabida en su men- 



190 LA VERDAD CATÓUCA. 

te, tan visible estaba eo todo \a mano de Dios. Y tenia razón; 
tan pobre opinión tenia de sí raisnio y tan alta idea de la per- 
fección á que constantemente aspiraba, que no corría el me- 
nor peligro de dejarse llevar de la vanagloria, aun eo medio 
de sus mas halagüeños triunfos. 

Después de haber pronunciado sus conferencias en Nues- 
tra Señora por espacio de tres años, elp.^avignan concibió 
la feliz idea de a<rregarles unos ejercicios que habian de te- 
ner lugar en la última semana de Cuaresma. Asiscian á ellos 
millares de personas, á quienes se veia acercarse al altar en 
la mañana de Pascua [»ara tomar parte en la comunión gene- 
ral. Estos ejercicios eran mas caros al padre que las confe- 
rencias, y cuando le fué imposible continuar estas ál timas, 
todavía ansiaba dar sus queridos ejercicios. £1 efecto produ- 
cido por estos era mas inmediato y mas sensible que el de 
las conferencias, aunque gran parte de él se debia á éstas. 
£1 autor dedica una parte considerable de su obra á re- 
ferir los resultados de estas tareas del P. Ravignan. Toda 
clase de hombres figuran allí, desde los mas elevados hasta 
los mas humildes, y desde las familias reales husta las actri- 
ces de teatro. Una de estas escribió por orden del P. Ravig- 
nan un corto compendio de su vida, tan encantadoramente 
redactado en francés, que casi tememos hacerle perder su mé- 
rito tratando de traducirlo: 

"O Dios ha de auxiliarme, querido Padre, escribía aquella, 6 jamas 
podré satisfaceros. Mi madre habia sido muy desgraciada eu el matri- 
monio, y á la edad de cuarenta años fué abandonada por su marido, 
que todo lo habia disipado. Hallábase sola en París, sin dinero, sin 
amigos y sin acomodo. Para empeorar las cosas, estaba á punto de 
darme á luz, aumentando así t>u miserable situación. Mi pobre madre 
no poseía esa religión enérgica que nos hace sufrir con paciencia to- 
das las pruebas que Dios nos envía, mas tenia una fe firme en María^ 
Desde mi mas tierna infancia enseñóme esta corta oración que nunca 
he visto en ningún libro: **üius mió, os doy mi cuerpo, mi alma, mi 
corazón y mi vida; y me entrego enteramente á vos. Concededme que 
muera antes que ofenderos mortal mente. Amen." 

•*Teniendo unos cinco anos de edad acostumbraba yo con frecuen- 
cia ir con una anciana á oir misa y á adorar á Jesús en el sepulcro. 
Volvía á casa llorando á la vista de nuestro Señor miuriendo por noso- 
tros. Mi madre reprendía á la anciana por excitar así mi sensibilidad, 
y me prohibió positivamente volver á la iglesia. Me vanagloriaba de 
llamarme María: en casa me daban el nombre de Josefina; pero cuan- 
do alguno me preguntaba cómo me llamaba inmediatamente contes- 
taba: "María; tengo el mismo nombre que la Santísima Virgen." 

*'A la edad de seis años, mí madre me puso en el teatro para apren- 
der á bailar. Pidiéronle que me permitiera representar, y ella cayó 



LA VERDAD CATÓLICA. 191 

en la tentación, Bepresent^, y obtuve un gran éxito. Oia yo á las jó- 
venes hablar de su primera comunión, sin i[\w mi madre aludiese ja- 
mas conmigo á ello. Mucho deseaba hacerla, pero como nin- 
gún sacerdote quería admitirme, por estar en el teatni, dije á mi ma- 
dr«; "La Iglesia católica no quiere tener nada que ver conmigo. Bien! 
puedo pasar sin ella; iré á la Iglesia francesa." Fui á ver á Mr. Chá- 
tel: díjele todo lo relativo á mi i)ersona, y él me recibió con excesiva 
bondad. Ya era yo completamente feliz; voy á hacer mi primera co- 
munión, me decía á mí misma. A decir verdad, no tenia idea 
de lo que aquello fuera; pero no itnporta, era dichosa con pensar en 
«lio. Mr. Chátel bautizó á un niño eu mi presencia diciendo: '*Yo 
t-e ittutizo en el nombre de Dios y de Cristo el Legislador." Tan pron- 
to como volvimos á la sacristía le pregunté lo que era un legislador. 
OoDteetóme. "Y qué ¿no creéis pues que Jesucristo es Dios?" **Tuve 
lea. deajcracia de ir á la escuela, señorita, y allí aprendí que uno y uno 
«oa dos, y uno mas hacen tres." *-rerí» creéis (jue María es virgen 
¿ucea verdad?" "Xo." Esto me ba>taba; retirémc, y con el cora/.on 
^^aai oprimido dije á mi madre: *'Bií»n, Dios «o me quiere. Nunca re- 
<Jibire la comunión de manos de un hombre que hace de «íesus un le- 
V^lalador y de María una mujer común." 

"Continuó orando, y entre tanto seguí trabajando Cuando no es- 
^ba en el teatro, hacia varias labores de aíruja que vendia. Aun las 
^^#e8 i quienes mas amaba estahau todas Ih'nas de vicios ([ue me 
^•TWaban compasión; pues mi madre me habia imbuido prhicipios 
^\ie ninguna perversidad podría destruir. Me hallaba pobremente ves- 
^ y mantenida con patatas; pero era feliz con mi madre Decíame 
4 mí misma: Dios me ve. y^^^oy tan bella á sus ojos c(m mi fea gorra 
<5Mno8iii ella; él no insultJá la pobre María. Pues la gente me in- 
staba diciéndome: "Si queréis, tendrck^ [i'iñolones de cachimira." 
"Sí oonte.staba yo, pero tni madre se moríria de pesar." Yo era una 
de las primeras en el teatro, y por consi^^uiente muy admirada. Os 
<%o esto para que podáis comprender cómo me protegió mi celestial 
Patrona en medio de un impetuoso torbellino. 

'*M¡ madre t;nfermó, y yo velé á su lado toda la noche, pues care- 
dmm de criados. Representaba y ensayaba de dia, y solo tenia 
la DOííhe para estudiar mis papóles á la cabecera de mi pobre madre. 
Entonces fué cuando comprendí la bondad y misericordia de Dios. 
Yotenia muy escaso sueldo, á pesar de desempeñar un papel principal. 
Ysinembargo, Padre mió, no obstante esto, gastamlo crecidas sumas 
d<í dinero durante los cuatro nuises y medio que estuvo en cama mi ma- 
dre, pude sobrellevarlo todo sin contraiír deuda alguna. Extraño no 
haberme enfermado de fatiga é iiKiuletud, pero rogué á i)¡os, y Dios 
ayodaálos que le ruegan de coraz(»n La últim:i uouhe «[ue pa.sé con 
mi madre, no sabia yo aun lo (^ue nra la agonía Sus postreras palabras 
»1 espirar fueron estas: '-María, t** quiero." ¡Oii Padre mió que noche 
aquella! Nunca me habia separado de mi madre en toda mi vida, y 
ahora, i la edad de veinte años, me hallaba ^ola, sin padres, sin ami- 
gos y sin Dios, puesto que no le poseia. Juré á mi madre sobre su 
inanimado cuerpo, y «obre la mano que me habia bendecido, que 



4 



192 LA VKBDAD CAT6UCA. 

s^lempre m^ {MmfH'rvma digns tle «IIil l^itAron d«i alejikrixie* mas yo 
íío quise dfj&r á mí madre hasfa no verla i-ii la f:!jjTibíi* Tiiv« rt va3ar 
de ent^irarfa; y í*nt<ínceft me separaron d© elUit pt^^í no para 8Íf*iii- 



pre. Algim dia la volvere á ver, ¿no ea v^ordad^ l'adrp mía'f Iba 
di 



i 




ioB loa días al c^sment-erio de Montinartiiei y cuaiidü rolria á mi mii 
tú me arrodillaba ante el retrati) de mi madre y un pnidfyu i\ni* ' 
hm descansado sobre mi euarpo. Befaba el retrato ^ lirsdta f'l ctu< 
fijo, y mi vida trascurría <intre esas dow imágeneít. Q^k4 no ch*i 
pr«Tidais( tant^j amor bada una c^riaiura^ — vos, í'a<lf©* cuya vidx lí 
toda en Dío§; mum siempre aacmiumbrí^ mirar i mi madre cunio iin 
sersobrefiatnraL 

"Mis compíifiera,s me llevarou f^iento cínriientJi y tane^ ñ^iuicüjet; 
sabían mi Híí^seria; no la oculUba ya, puo» no pntísa imurtarme nibo?. 
A menudo ftJÍ peíüda para <*spoHa; no cí)0«íw liaba mi «orHión síbo ¿ 
Dios y á mi madre. Babia yo entonces que tm^ada babia de agrtidar 
i Dios y á mi madre A! fin llegué d oiro*. Ai-laráateís inís ^sonñi' 
ma ideas, Todavía soy muy ignorante en materias de religlan, 
a JesuR y á Mana^ cómo y porque, no lo í§é: los ama y esto e» 
qm sé. Eníoni'e?' íati solo comprtíiidí mi poííicion. 8aTitÍBÍoia Vírgí 
eielamét ^\ teixÍTo sin tí, ó tú ain el tí*atro- Mi i4ece¡on m fáeí!; p» 
¿cémo llegar h^ta tí? El D¡>mingo de Qtiasímodo m vi itiaíi dt* 
oa^ me hallaba al pié del pulpito Escribiré á Mr de Raf ign&ii. 
je yo; es imposible que fio me obteoga ese favor del Arzobiíí|>ü: de" 
bo bac^r nú comimion. Os e.^cribí: sabeís lo derium; p<*ni lo que no 
sabéis es que las buenas mujeres i quienes me disteis á conocer hain 
cambiado todo mi ser; mi inteligencia y mi corazón no son ya los 
mismos. , 

"¡Oh, ^acias Dios mió; gracias, R. Pidlre; vuestro celo lo ha he- 
cho todo. He hecho mi comunión; quiera decir que soy la mas feli% 
de las mujeres y me hallo rodeada de las señoras de Gontaut, Leva- 
vasseur y d'Auberville. Oh! creí en un tiempo amar á Dios; pero 
no, él era el que me amaba á mí. Amaba á María, pero no con esa 
santo amor que ella nos profesa. No sé lo que Dios me reserva, pe- 
ro sí desea hacehne dichosa, bien puede enviarme todas las penas 
que quiera, que yo trafiaré de sobrellevarlas con un corazón entera- 
mente suyo. Si quiere conservarme en esta fe que me ha dado, pue- 
do hacerlo todo por él. Hasta hoy no comprendo á los mártires. 

"Os suplico que disimuléis lo largo de mi historia, pues no estoy 
muy acostumbrada á escribir. Para obedeceros apunto estos deta- 
lles, y hablando de mi madre nunca acabaña. Mi primera acción al 
salir del teatro fué una comunión. Permita Dios que al dejar esta 
vida me encuentre arrodillada ante la sagrada mesa. A Dios, á Je- 
sús, á María, á esas señoras y á vos, Padre mió, pertenece la vida 
entera de 

María." 

—Tomo II. pp. 43^49. 



LA VERDAD CATÓLICA. 19S 

El P. Ravignan obtuvo del Arzobispo el permiso de admi* 
oistnrle los sacramentos por tanto tiempo deseados, pues 
diitahamucbo de abrazar la opinión, entonces casi universal, 
de qoe todos los actores dramáticos estaban comulgados. Ma- 
ría vivió seis años mas, con edificación de cuantos la cono- 
deroo, y al morir dejó á sus hijos con su última voluntad la 
misma veneración y gratitud que ella profesaba al padre 
jesuíta, 

Ed 1842, el P. Ravignan salió de Burdeos, donde habiá 
ejercido el cargo de superior, para residir permanente en 
París. Hacia mucho tiempo que t;8te ciimbio era necesario á 
finde que sus conferencias pudiesen producir el debido efec- 
to. No bastaba que el preuicador se presentase durante la 
CuHresma de cada año en el pulpito de Nuestra Señora, sino 
que también era menester que estuviese en París todo el año 
para completar en lo privjulo lo empezado en público; para 
estar donde pudiese ser consultado por aquellos á quienes 
había conducido á la duda, para explicar mas completamente ' 
•a verdad á aquel los que iban á buscarla, para argüir contra 
las objeciones particulares de cada uno y persuadir á los 
9"e vacilaban. 

Llegó Á París en momentos en que su presencia era tam- 
bién particularmente necesaria para otros fines. Preparábase 
una borrasca que amenazaba arrojar á los jesuítas de Fran- 
^**ty las miradas de todos sus hermanos se fijaban en él pa- 
'^ que los defendiese. De?*de que los jesuítas habían pisado 
P^^f primera vez la tierra de Francia, trescientos años antes, 
j|*bian sido objeto de una hostilidad constante por parte de la 
^universidad; á veces expulsados del país, volviendo á él y 
^"unfando al parecer, nunca gozaron sino de una paz mo- 
"ícntánea. A la sazón eran de nuevo ataca'dos por su antigua 
^uemíga, aunque no acertamos á descubvírque dieran el mas 
'«Ve motivo para esta renovada hostilidad. Noexistia en Fran- 
^^»8Íiio un reduciHo núrnero de ellovS, trescientos seis sacerdo- 
^; vivían Tranquilamente, dedicándose á su ministerio sin 
^.«zclarse en ninguna de las cuestiones políticas de la época, 
^'erto número de Obispos, individuos del clero y seglares de 
''^ocia, sin ninguna conexión 6 acuerdo con los jesuítas, has- 
•* donde podemos alcanzar, protestaron contra el monopolio 
^®Ia educación ej'^rcido por la Universidad, é invocaron el 
^^fecho de establecer escuelas independientes de aquel la cor- 
P¡^*^ion pidiendo al mismo tiempo la libertad de enseñanza. 
^^Qían un derecho indudable para hacerlo, puesto que no 
P^ian auxilio alguno al gobierno, sino únicamente que loa 

vu.— 26 



194 LA VERDAD CAT6l4Cá. 

dejftsa i«o)op y leií permitiera p^ítablecer cíicunla.^ 4 m pro| 
nosta y bajo m\ propin vísfilannia, para la ed^icaeion dt? 
iiinos ih nqneWm |mílms qui* c*>üt*i(lerábaíi la iiiHtnicci 
dada en la Univt»rsífind como impía é irmioml Mr. GuÍ35<i| 
Ministro de Instrucción PiiblicH, un «o mmlr/i f\t*HñiyQriih\ 
áenU ptíLitñon, y prnínotió una Iry sobrí* la induración í|U? 
concediere tOiUi lo que era de esperar, ya qii<^ no todo lo 
que fuera ífe ílf'iíiiir, Períi íiiUesdeque esta ley fuiise pmscNi- 
tada á Im cámaras, tnm toda la prenm y el profesorado eo* 
menzaron un furumí ataqne cDUtniloí^ jusuitaB, á instigíicion 
de la Univ*írddnd Se iifüimtí á t'^toH dts sr*r Ío^ ingtiga- 
dorea de lo» obr8¡ia4 en t^ii petición >'n favor d** la lilt**rtad 
de enieñan]^», y los autores secretos dtd folli^^to de un Oaná* 
nígo de Lyon contra el monopolio tiiiiver«itar¡o, qu»^ tiabja 
sido una <ií^ \m prinrJpitb*H cimbas dtí nquella agítacioíi» E^- 
crihiásf* t'l JWio E^r^a^í? íie Kuctímho Smi mc\m\et y Qut- 
net prohuneiaroH «iis fíiísan y necia» huíííifxuis contra «I loa* 
en el colegio He Franela; Tb¡t*rs, di*iíteanfio volver al mJriNJfl 
teriot flin atender á ba medios, abnixó lacnnsadc la Unívci^ 
sirJad; la opinión pública se hallaba excitaila contra Ioü jo- 
euitas; y la Francia pareció temer tanto ¡í doscientoa sacer- 
dotes indefensos, como. «i hubieran tenido, según el dicho de 
Michelet, cuarenta mil pulpitos y cien mil confesonarios (1). 
Leyes antiguas contra las órdenes religiosas fueron invoca- 
das contra los jesuítas, y el gobierno, excitado por la fuerza 
de la opinión pública, babia resuelto su proscripción. Los je- 
suítas, aconsejados por sus amigos, determinaron defender 
sus derechos. El P. Ravignah escribió un hermoso ensayo 
sobre £0(1 existencia de los jesuítas y su inMitnto* en que bosque- 
ja la vida del jesuka y el carácter de la Orden, y pido que 
se le haga justicia. No reclamó privilegio alguno ni excepción, 
sino tan solo la libertad de conciencia que la ley fundamen- 
tal de Francia concedía. « 



"Cuando proclamáis que los hombres son libres, dice, y luego les 
*prohibis seguir en lo interior y en lo privado una vida religiosa, in- 
Gurris en una contradicción flagrante, y lastimáis lo mas sagrado que 
hay en la libertad de conciencia. Ante el Estado unos hombres, unos 
sacerdotes unidos en los mismos hábitos de vida puramente religiosa, 
pueden no tener ninguno de los derechos políticos y civiles de ana 
corporación, y no los pedimos; pero mientras no ejerzan funciones ex- 
teriores otras que las que, como los demás sacerdotes, han recibido 

(1) Miohelet, Dai Jé$wU$, 6me. Le^n, p. 109. 



LA VEUDAD CATÓLICA. 195 

. delajurisdiccioD episcopal, no podéis atacarlos Ic^almcnte, ániénoá 
qoe la libertad religiosa sea un engaño, y los derechos públicos de 
los franceses, la misma ley fundamentul, una farsu; pues estas pala- 
bras han perdido su signiticado y no sugieren idea alguna. 
"¿Ha proclamado la constitución la libertad de conciencia, ó no? 
"La perfección evangélica ¿es ó no es un dereclio de la concien- 
cia? 

"La vida religiosa no es otra cosa «jue la perfección evangélica; 
aa lo enseña solemnemente la Iglesia, del mismo que solemne- 
mente también pnjclama la (jonstitucion la libertad de concúencia. 
Si pues yo francés deseo hacerme en Francia benedictino, dominico 
«jesuíta, ¿con qué derecho me lo estorbáis.' no os pido ni una exis- 
tencia púhlicn y reconocida, ni la menor porción del tesoro dA Está- 
Jo. Solo pido respirar, libremente como vosotros, el aire de mi pa- 
tria- Para arreglar mi vida privada y mi conciencia, pido el derecho 
íle pronunciar votos religiosos y de oheilecereon mis hermanos, bajo 
el mismo techo y con una paz común, á unas reglan* que la Iglesia 
católica ha aprobado. ¿Kn qué, os lo pregunto, restringe esta liber- 
tad la vuestra? Restringe acaso la de nadie. ^ Kn Inglaterra, en Bé\- 
Pca y en los Estados-ITnídos, donde la libertad de conciencia es una 
verdad, las Ordenes religiosas, así los jesuítas como los demás, tienen 
^"olegios públicos y numerosos establecimientos de toda especie sin 
<l^e nadie piense que sea justo ni legal |>rnscribirlas. ¿l\)rqué no había 
de ser así en Francia, donde ciertamente no gozan tan extensamen- 
te del derecho conmn de la nacii)níF<*l¡zmente para honra de nues- 
^^ país, ninguna délas leyes Iu»y vigentes puede alcanzarles en cuan- 
^ á los sagrados derechos de la existencia personal y de la libertad 
de c<)nciencia. ¿Es cierto en realidad que esta manera de vida, tan 
j^^l tan sencilla, tan pacífica y oscura, liaya levantado tan violenta 
'^orniJícaen la opinión pública? ¡(^nv henms hecho? ¿Qué hemos di- 
^^^' ¿De dónde proviene este estrépito, estas tempestades? ¿('orno 
*^6mo8 llegado á ser nuevamiMite objeto de tanto odio, blanco de tan- 
^^ ataques, causa de tantos temores.' Vosotros los que pedís contra 
'^osotrojj^ sacerdotes, franceses, ciudadanos lucres y patriotas, todo el 
^^ de la proscripci«»n ¿nos cchioceis? ¿.nos habéis vistoí ¿nos habéis 
J ¿Qué palabra salió jamas de nuí'siros labiiíS que hayíi conq)ro- 
["^'íido hi pjiz pública ó el respeto debido á las leyes.' V sin epi- 
A^}^^> nuesiras doscientas voces han re>onado en muchos pulpitos, 

,rp ^- la.s mas j»opulosas ciudad«*s hasta ías mas humildes aldeas. 

' ^^«le están las autoridades civiles que nos ac.u>an.' ¿Dónde las auto- 
^^••« eclesiásticas 4[Ue nos con»lenaii,'¿SehH presentado jamas nhi- 

fc^ííiriirgiíeontraalgunos de nosotros. La malí|uerencia, las prevencio- 
^^' las [»resunciones no bastan; ellas no puetlen suplir la falta de he- 

,.****• ^le pruebas; una sociedad tan culpable sob» puede oi>rar por me- 
^ *A<- «u^ hjdividuo:í«. á quienes perten»'<e loda acción, todo (TÍmen y 

J^ virtud; ¿quiénes son entre nosol ros e>os miembros cul[»ablesí Vi- 

^^r>ss lejos de tuda ai'cion é influencia jioliticas; siervos de la Iglesia. 

**Y í*^^ ''Ha y con ella existimos, prosigiiiendo en ttxlas í'|)o<-as, en 

^^vy \ ligar y bajo toda forma de gobierno, la obra del ministerio evan- 



196 LA VERDAD CATÓUCA. 

gélico. Vosotros los que nos trasformais en enemigos de las in9^^^' 
dones y libertades de la Francia ¿qué fundamento tenéis para h3X=^^ 
lo? ¿Qué motivo liabia de impulsamos? Cuando somos los útfK^ 
amenazados, y los únicos exceptuados de los beneficios de una le^^ 
1 ación liberal, es tan absurdo como injusto dirigirnos el cargo < 
opresores. Una ardiente polémica se ha entablado sobre la libar*^:^ 
de enseñanza prometida en la constitución, abrazamos, como ^^ 
bíamos, la opinión unánime del clero y el episcopado francés aoer"^ 
del particular: ¿qué falta podéis encontrar en ello?" [ij. 

{Finalizará.) 



C0N8AOBACI0N DEL ARZOBISPO 
y Vkarld Ap«stélico de los BAIgarM en el VattoiM. 



He aquí en qué términos reñere tan inripotiente ceremonia 
el Diario de Roinai 

Solemnfsiina ceremonia fué celebrada el domingo 14 del 
corriente mes de Abril, en la Capilla de Sixto IV, en el apos- 
tólico palacio Vaticano. Su Santidad nuestro Sumo Pontífice 
Pío IX ha conferido en ese dia la Consagración Episcopal á 
un Archimandrita de Bulgaria, y lo ha proclamado Arzobis- 
po Vicario Apostólico de aquella región. 

En ese solo dia está compendiada la historia de diez siglos 
enteros; en él han sido adunados y satisfechos los deseos y 
anhelos de tan larga edad, cual si la misericordia del Todo- 
poderoso W tuviera predestinado á ser comienzo de una nue- 
va era de triunfo y exaltación para su- Iji^lesia. 

Cainf>líans3 on él mil años que habia llegado á esta Roma, 
ce:itr<) de unida I de la fe dt3 Jesucristo, una embajada de an- 
tecesores de los actuales Búlgaros, buscando junto ala tum- 



(1) DtV Ezistence et de V Institut de$ Jésuitñs, pp. t>.-(^. 



LA VERDAD CATÓLICA. 



197 



ba del Bienaventurado Pedro al sucesor de este Príncipe de 
los Apóstoles, para pedirle que los ilustrase acerca de las 
▼erdades eternas y los guiase por el camino de la salvación. 
Consignada se halla en la historia la solicitud que por enton- 
ces mostraron el Santo Potitíñce Nicolás I el grande, y des- 
pués de él, Juan VIH. Ln Iglesia universal venera también 
como Santos ¿ los hermanos Cirilo y Metodio, que unidos 
en comunión al Gerarca Supremo, evangelizaron á los Búl- 
garos. Desde aquellos tiempos ha venido sucediéndose una 
perpetua alternativa de acaecimientos, en la cual el error, 
luchando incesante contra la verdad, logró al fin deshacer 
cuanto á la grandeza religiosa de aquellos pueblos convenia, 

L frustró las mas solicitas diligencias que la Sede Romana 
kbia practicado por medio de los Papas Inocencio III y 
Alejandro VII. 

Este celo de la Santa Sede Apostólica por restituir ¿ la 
Qoidad de la fe, al gremio de la verdadera Iglesia, á todos los 
qoe el cisma habia separado de él, hase ido redoblando ¿ 
medida que se ha ¡do presentando ocasión mas propicia pa- 
n prometerse éxito mas asequible. Cuando llamado nuestro 
ictual Pontífice á regir la mística nave de S. Pedro, tendió 
QUi mirada penetrante sobre el piélago de la sociedad, y des- 
cabriendo las señales mensajeras de tempestad que amenaza- 
ba estallar furiosa, levantó la voz para advertir del peligro 
t los cristianos, y mostrarles los medios de conjurarlo, no 
ifi&áB comprender en los actos insignes de su pastoral ca- 
™A á los Orientales, sino que les indicó el sendero que ha- 
bia de conducirlos al puerto de salvación. La Encíclica In 
Smma Peirij que Su Santidad dirigió, el dia de la Epifanía 
M año de 1848, á las varían Iglesias de Oriente, es el taro se- 
Ruidó ya por algunas, y que también lo será por otras, para 
^^Qcaminarseal puerto de refugio, donde se les ofrece alber- 
SpBeo que reparar los daños del naufragio por ellas pade- 
cido. 

Entre las convulsiones que hoy agitan á los pueblos y ame- 
Dttao abismar á las naciones, muchos Búlgaros al teñ- 
ólos ojos en derredor de sí, han recordado aquellas amoro- 
^ palabras del sucesor de S. Pedro, y volviendo á Roma sus 
miradas, han visto en este centro de unidad el foco á quien, 
00 obstante la variedad de ritos y ceremonias de las diversas 
DAciones, era dado encender la llama de la caridad inextin- 
gQÍble de Jesucristo; é interrogando á los monumentos pe 
w propia historia, vieron ol esplendor de su gloria nacional 
^0 sa unión con Roma: tal ha sido el sentimiento universal 



198 IJL VERDAD CATÓLICA 

que ha movido, tal el aahelo que ha dominado al pueblo 
Búlgaro. 

Ya á fities de 1800, muchos Búlgaros, eclesiásticos y se- 
glares, de los residentes en Constaritinopla, por sí y á nom- 
bre de riuinero'íos compatriotas suyos, jiresentáronse á Mon- 
señor Brutioni, Vicario Apostólico Patriarcal, manifestándole 
su determinación de restituirse al gremio de la unidad cató* 
lica: y M Misrífior después de atento examen, recibió, en pre- 
sencia de los Prefectos A|»ostólicos de Oriente que á U sazón 
se hallaban en aquella ciudad, de ¡os Párrocos y de los Su- 
periores de Ordeues religiosas, y con asistencia de Monseñor 
Hdssun, Primado de los Armenios católicos, el acta solemne 
de aquella conversión. El gozo que causó al Padre Santo 
esta acta, trasmitida original á Konia con la súplica de ios 
Búlgaros al Vicario de Cristo para que se dignase acogerla, 
muéstralo el celo con que Su Santidad proveyó á los medios 
de que aquellos Búlgaros Uni>los habilitasen un edificio con- 
sagrado á Dios para las funciones del culto, y en el Breve 
que, con fecha :¿4 del pasado Enero/expidió al mismo Vica- 
rio Apostólico Patriarcal manifestándole hallarse pronto á 
otorgar cuanto aquellos hablan solicitado; es ií saber, la con- 
servación desús sagrados ritos legítimos, de sus ceremonias, 
liturgia y de la gerarquía que á su tiempo habia de insti- 
tuirse. 

Entre tanto inaugurábase eu Constantinopla la iglesia de 
los Búlgaros Unidos, el día correspondiente, según el calen- 
dario Juliano por que se rigen, á la fiesta de la Natividad 
de Nuestro Señor Jesucristo; y ya en nuestro número del 31 
de Enero, hablamos de aquella s(,lemnidad,é insertamos par- 
te del discurso que con .tan fausto motivo pronunció el Ar- 
chimandrita Macario. Posteriormente una Diputación de los 
mismos Búlgaro^ solicitó venir á Roma para reiterar sus pro- 
testas de unión á la Santa Sede: y tiunado oportuno parecer 
de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide, compúsose 
aquella del Archimandrita José Socoiski, designado por el 
Padre Santo para recibir la Consagración Episcopal, del Diá- 
cono Rafael, y de los dos seglares Dracan Zancoffy Jorge 
Mirlho^itch, acompañados del Reverendísimo señor Eugenio 
Boré, Prefecto Apostólico de los Lazaristas de Constantino- 
pla, el cual se prestó á servir de intérprete en cuanto hu- 
bieran de comunicar aquellos nuevos católicos con el Padre 
Santo y las Congregariones Romanas. 

Llegado que hubieron á la ciudad eterna, meta de sus de- 
seos, fueron presentados á Su Santidad, en la mañana del 



LA VERDAD CATÓLICA. 199 

lunes 8 del corriente Abril, por el Eminentísimo y Reveren- 
dísinio Sr, Cardenal Barnabó, Prefecto, y por Monseñor Ca- 
pa) ti, Secretario de la Sagrada Congregación de Propaganda. 
Donnioados por el recuerdo de que en otro tiempo sus ma- 
yores babian venido con el propio fm que ellos á presentarse 
ante el sucesor de S. Pedro, postnlronse A las plantas del Pa- 
dre Santo; y seguidamente el Diácono Rafael, expresando 
los pensamientos quede aquel recuerdo surgian espontánea- 
jnaente, á nombre del Archimandrita José, de los otros dos 
Diputados y de los compatriotas sus comitentes, dijo en len- 
gua búlgara al Padre Santo que el que allí á sus plantas te- 
nia, y los ílemas de su nación, habian renovado en sí la his- 
toria del Hijo Pródigo, pues malogrando los tesoros de la 
heredada fe que en otro tiempo les habia comunicado el que 
entonces se asentabaen la Cátedra de Pedro, los habian disi- 
pado cayendo en* la miseria del cismn; pero que ahora torna- 
bau suplicando dSu Santidad que, como Padre amoroso, los 
MOgie«ey restituyese á la abundancia de la gracia divina. 
Leida luego en latín por el Reverendísimo Sr. Boré la alo- 
cución del Búlgaro, respondió Su Santidad con dulces y 
consoladoras palabras, y llorando lágrimas de ternura los 
woí(i6 en su paz. 

Deseando ademas el Padre Santo coronar por sí mismo su 
propósito, quiso conferir personalmente la Consagración 
Episcopal al mencionado Archiinandrita, José Socoíski, pre- 
conizándolo al mismo tiem[)o Arzobispo Vicario Apostólico 
para los Búlgaros; y al efecto de realizar la augusta ceremo- 
nia en la Capilla de Sixto IV, como antes hemos dicho, se- 
ñaló el pasado domingo 14 del corriente Abril. Dispuso jun- 
íwnente para mayor solemnidad del acto que, ademas de los 
Eraiñentisimosy Reverendísimos Sres. Cardenales Palatinos, 
fuesen invitados á él los Eminentísimos Vocales de la Sagrada 
Congregación de Propaganda Fide, y que igualmente asistie- 
*ncon híibito coral todos los alumnos del Pontificio Cole- 
gioÜrbano de Propaganda, y los del Colegio Q-reco- Ruteno. 
I)Í8puso ademas que asistieran también los monjes Antonia- 
nos con sus alumnos, los Reverendísimos Paires Procurado- 
'Cídelas dos Oonirregacion''s llechitarísticas de Venecia y 
^íViena, y los de las varias Ordenes moiiásticjis de la fncli- 
tanacion Maronita y de los flreco-Melchitas, como también 
*' Procurador del órdeu Basiliano de Polonia. 

Colocados caíla cual en su [iuesto propio en el magnífico 
presbiterio los Eminentísimos Cardenales y demás convida- 



200 LA VBBDAD OATÓUOA. 

dos, á 1m siete y media de la mañana entré el Pfedni fiÉnlo 
en la Capilla 7 ocup% el Trono. 

Cuando So Santidad estovo ya vestido de podüfieil, ll»>¿ 
mó asiento á su izquierda el Bnlinentfsimoy Severendf^fito 
Sr. Cardenal Alejandro Barnabó, Prefeéto de la SagTrnéa tlU^ 
gregacion de Propaganda, y llegáronse al trono m>'ifMf#' 
ñores Anibat Oapalti, Secretario, y Esteban Biioti, Pio i hii» i 
tarío apostólico de la misma. Acercóse en seguida 4 itmgtÉi^ 
das Monsefior Soeoiski, revestido de las ropas saeerdoClfea 
propias de su ritOt jaUtaipente con el Diácono Bafissl, ra 
también á uso de km de su nación, y ademas los Srea. 
cofi y Mirlhowitch. Entonces Monseñor Soeoiski, 6m^ 
de haber manifestado en una breve arenga él goso emi qM á 
nombre de sus compatriotas reodia aquel homensie al Sllind* 
Pontífice, pidió* licencia parA reiterar formal y soientneowui* 
te la protesta de unión de los Búlgaros con la Igleiitf Oi<éli^- 
ca Apostólica Romana, que ya había sido hecha en Oonolna>> - 
tinopla ante el Vicario Apostólico Patriarcal. Tconv^osse^ 

f;ura, y en su lengua patria, .leyó las palabras que, lefdM^ 
uego en latín por el Reverendísimo Sr. Boré, son del tenOr 
siguiente: 

*'Bien quisiera. Santísimo Padre, en estas circunstancias 
tan dichosas y memorables, manifestar de un modo esplen- 
dente toda nuestra gratitud por las mercedes que nos habéis 
prodigado. Mas temo que mi hacinamiento de gracias no cor- 
responda ni con mucho á los beneficios insignes que hemos 
recibido; pue^ es obra vuestra, si estando muertos hemos vuelto 
á la vida, y si perdidos hemos sido vueltos á hallar (1). Estimo 
mas prudente que tanto en mi nombre como en el de mis 
compatriotas los Búlgaros, pronuncie un testimonio público 
y solemne de la fe que tenemos por verdadera. 

'*Sabed pues, SAJrrwiMO Padre, que creemos y profesamos 
todas y cada una de las cosas contenidas en el símbolo de fe 
usitado en esta Iglesiaromana. Veneramos igualmente y re- 
cibimos todos los concilios ecuménicos celebrados y confir- 
mados por la autoridad del Romano Pontífice, especialmente 
el concilio de Florencia: profesamos todos los artículos de- 
finidos en dicho concilio á saber: 

"El Espíritu-Santo es eternamente por medio del Padre y 
del Hijo; su esencia y su sustancia, las tiene igualmente del 
Padre y de! Hijo, y de uno y otro procede eternamente, cual 
de un mismo principio y única aspiración. 

. (1) Lne. XV. 



LA VEEPAD CATÓLICA. 201 

^*£8ta locución Filioque^ empWda para expresar la verdad' 
por oeceaidnd reconocida, ha aido lícita y racionalmente in- 
troducida en el símbolo. 

**£n el pan ázimo, asf como en el de levadura hecho de tri- 

Sse forma el Cuerpo de Jesucristo, debiendo los sacer- 
tas conflagrar uno ú otro para cambiarlo en el Cuerpo 
mismo de J^ucristo, segan la costumbre de au Iglesia, ya 
oriental, ya occidental. 

**Si los penitentes sinceros mueren en la amistad de Dios 
totes de haber satisfecho por medio de dignos frutos de peni- 
tencia por las culpan que han cometido, sus almas son purifi- 
eadasdtfspues do la muerte mediante las penas del purgatorio, 
y para eximirlas dt3 dichas penas les son útiles los sufragios 
^ los &eles vivos á saber, el sacrificio de la misa, las oracio- 
Des, las limosnas y las demás obras de piedad que los fíeles 
acostumbran desempeñar por otros fieles, según las institu- 
ciones de la Iglesia. Y las almaa de aquellos que, después de 
recibido el bautismo, no se han manchado con nin^i'n peca- 
<to;como así mismo las de aquellos que después de haber oon- 
tnido la mancha del pecado se han purificado, ya en sus 
cQi^pus, ya después de separadas de estos, son en breve re- 
cibidas en el cielo y ven claramente al mismo Dios trino y 
ino cual es. en razón sin embargo de sus méritos diversos. 
Kn cuanto á las almas de aquellos que muercr. en actual pe- 
ndo mortal, ó soliimente original, no tardan en bajar á los 
infiernos para ser castigadas *in ellos, con penas desiguales 
úi embargo. 

*'La Santa Sede apostólica y el romano Pontífice tienen la 
primacía sobre todo el universo. Ese mismo romano Pontf- 
fiee es el sucesor de S. Pedro príncipe de los apóstoles, 
^rdsdero vicario de Cristo, cabeza de toda la Iglesia, 
y padre y doctor de todos los cristianos. A él. como á 
& Pedro, fué dada por nuestro Señor Jesucristo plena po- 
teitad para apacentar, conducir y gobernar la Iglesia univer- 
sal) según se halla expresado por lo (lernas (como lo declara 
el mismo Concilio de Florencia) en las actas de los concilios 
eucnménicos y en los sagrados cañones. 

^Eo fin, admitimos y profesamos todo cuanto admite y pro- 
pia la Iglesia romana, y del mismo modo todas las cosas 
contrarías, los cismas, las herejías condenadas, rechazadas y 
anatematizadas por la Iglesia, las condenamos, rechazamos y 
anatematizamos nosotros. 

"Esto creen y abrazan bs Búlgaros que recientemente, 
por inspiración de la gracia del Espíritu Santu, presuroso» y 

VII.— 26 



20 2 LA VERDAD CATÓMOA. 

alegres, rt^no varón »\i mnv ásHenán y aantí^ima unión oon i 
Sede de Pí^riro, á !a auU>rblw! princliud de ín cml &m nmcuu 
fp&e toiiÉ ¿tí ¡glf'fia íS€áomrm{l)' Eity rnií<mü crecí y abrax^ 
yo^ j ññUí eiHHñaré é, Itt« ovt'jíie qutí V\í**Mnk SHnti't&il Jii« 
eon fie. ¡Muy dií^hoso» t*n v**nU^Í» «i emplí^n il^^ tul modí» nm 
esfiierj&Qs q(jt5 estrié tímpr^nan fdlrct*ii ii^ la Holiüitud a|Hií)téit<5iL 
cié Vuestra Sínifitiiifí fcaJii^Jtn nn firtígreHíi y fin fiivorábtüNi»! 
Por to df^fiiító, iifilgQ l/ut^n^ kactimnx, §1 nígu burno hmigiñanyu^ 
»¡ tí 1^0 ubfnnfmm de lu mis*^fktirdfU de Dw* ¡t*tr mmliff dn nufxtra^ 
stiplicm dl/iri/u será med tafite Í*íh obras tj por (m mvntia ti^m^ud 
niiía ¡rntéMUid mm tj cruja utítoridad prcvaiece en la Siltu tU ít&- 
tm (2)." 

A erttá'í palribniíi s**diifru) iSu Santidad r«M|ii*i}cier, vbibÍB- 
mente ctunnavido, los BÍgtiit*iíti*« graven ac.tiiUo»: 

**Laa tinieblas de una larga ííe«tinhjfi *tí di«íjmii en fitj, mr^ 
cTaridad e;^pU^ndÍda fia irradiudíi sobre Í4 ynidrid aitiiHiUi y Íh 
nación bülgara. Atestados irrt^cnsnblt^^ iioá lian hecb*.* %ah**f 
en eíectu que una porción cünáídi!rahiiíísim« de la nafiuii iia- 
bla vuelto á ta coninniou dn H.4ta 8iil& de Púdnhtfuc habttñdo 
tidffulf'ídft la gracia de la iñdn t^trrnii, rim eternamrnl*'- tj ümjicu 
al pueblo de Dios (8). ¿Quién no daría gracia8 al dispensador 
de todos los bienes? ¿Quién no admiraría ios tesoroH de la 
divina nnisericordia? ¿Qué íioinbre habrá cuyo férreo corazón 
no se sintiese contnovído por este exceso de la bondad celesta! 
SoQ esas obras del todo divinas, y que deben por conüiguiea* 
te ser acogidas con una veneración y celebradas con aíabaor 
zas divinas. ¡A tf alabanza; á tí gloria; á tí acciones de gra- 
cias, oh Jesucristo, fuente de misericordias y de todo consuelo 
que en medio de nuestra generación has hecho estallar mila- 
gros de tu piedad, nara que todos reñeran tus prodigios ad- 
mirables! De la sincera intención de los que se retinen uo 
nos permitirían dudar ni los testimonios recibidos, ni sobre 
todo esa profesión solemrK'. que acabáis de pronunciar en 
vuestro propio nombre y en el uj vuestros compatríotaa* 
Por tanto confiamos en, que la protección de Dios conseriará sus 
corazones y suft (4). No obstan e, os instamos vivamente 
para que perfeccionéis con vuestra diligencia la obra divina- 
mente comenzada, mediante la gracia del Espíritu Santo; 
mereceréis así 'ser llamado y realmente cooperador de Dios. 
¡Quiera el Dios todopoderoso que la verdadera Iglesia de 

(1) Ir. 1.3. c. 3. 

(3) L«o M. Serm. 3. cap. 3. 

(3) Cypr. Epwt 71. 

(4) 8. Leo M. Serm. 96. 



LA VRRDAD CATÓLICA. 203 

Cristo fecunda en triunfos extienda sus ramas sobre toda la 
Bulgaria y derrame en ella mas abundantemente aun sus 
caudalosas corrientes! (1). Fundados en esta esperanza abra- 
samos á loa bálgarori católicos con nuestra paternal candad 
jamoroaainente os concedemos á ellos y á vos la bendición 
apostólica," 

Repetidas en lengua esclavona por el Reverendísimo señor 
Boré las palabrHs de Su Santidad. Monseñor Socoiski y sus 
colegas de Diputación pusieron copia del Discurso pronun- 
ciado en lengua búlgara y latina, firmada previamente por 
todos ellos, en maJos de Monseñor Ferrari, Prefecto de las 
CereraoDias Pontíñcias, el cual le trasmitió inmediatamente 
& Monseñor Secretario de la Propaganda con el fin de que 
fuese depositado para perpetua memoria en los Archivos es- 
te documento auténtico del acta de Union de los dichos Búl- 
garos á la Iglesia Romana. 

Seguidamente Monseñor Socoiski y sus colegas de Dipu- 
tscion subieron las gradas del Trono, y postrados besaron el 
pié del Padre Santo. 

Terminado este acto, el Padre Santo bajó del Trono y co- 
locándose en el sitial que estaba junto al altar, dio comienzo 
^Is ceremonia de la Consagradun, la cual fué celebrada to- 
<l» conforme al Pontifical Romano, salvo que la Profe>«on de 
Pflpronunciafla por el Electo, lo fué al tenor fie la fórmula 
«liblecida para los Orientales por el Sumo Pontífice Ur- 
bano VIIL 

Los demás actos que pr,ecedoii ¿í la Misa se celebraron 
por Su Sciniidad ev latin, y por el Electo en esclavón, á cu- 
ja lengua habla sido traducida expresamente para el caso 
la liturgia propia de aquella ceremonia. 

Restituido después á su altar Mons'iñor Socoiski, desun- 
cióse en él de sus vestiduras sacerdotales y tonió «1 hábito 
9'wopal propio de su rito; y seguidamente, después del 
íiiímeij comenzóle ácelebrarel Santo Sacrificio siínultánea- 
nientepor Su Santidaii en latin, y por el Electo en lengua 
^lavona litúrgica. A este último, para conservar en cuanto 
«r» posible el rilo Oriental, no le fueron puestos losguante? 
yaele hizo entrega del Pastoral y de laMitra según el ri- 
tual gríefío. 

Tomaron parte en la sacra ceremonia, como consagrantes, 
Monseñores Esteban Missir, Arzobispo de Irenópolis, del ri- 
to griego, y Luis Eugenio Regnault, Obispo de Chartres, 

(l) 8. Cyp. de unit&te Ecoleiie. 



204 LA \rERDAD CATÓLICA. 

asistidos cada cual por eclesiásticos de su respectiva naci 
De esta manera concurrió la intervención de un Prelado 
la Iglesia Oriental y de otro de la Occidental al solemne 
to celebrado por el Romano Pontífice, centro de la uni( 
católica; cual si el primero de aquellos Prelados represent 
allí la reparación del daño causado por sus compatriotas 
sidentes á la fe de los Búlgaros, y el segundo á la noble 
cion francesa y á su clero que desde los tiempos del Em 
rador Carlos el Calvo, habian tomado una parte tan priri 
pal en la obra de consolidar en los Búlgaros la fe de Je 
cristo. Tales pensamientos surgian de suyo' en el ánimo 
los circunstantes al observar la serie de magníficas teren 
nias que á sus ojos se estaban celebrando, y á los persona 
que en ellas intervenían. 

Pero aún llamó la atención otra circunstancia que coot 
buyo grandemente á elevar los animosa consideracionei 
meditaciones mas alfas. Conformándose Su Santidad en I 
Divinos Oficios al Orden de la Patriarcal Iglesia Lateranec 
decia la misa propia de S. León I el Magno Pontífice, y I>< 
tor. Era cabalmente aquel diasegundo Domingo de Pascí 
y en el primer Evangelio de la Misa correspondiente, leís 
el pasaje del capítulo XVI de S. Mateo, donde se refiere c 
mo Jesucristo constituyó á S. Pedro por piedra fundamení 
de su Iglesia y le entregó las llaves del reino de los CieU 
el otro Evangelio era lección sacada del capítulo X de S 
Juan, donde el Redentor dice de sí: — •* Yo soy el Buen Pi 
tor'* — y termina profetizando ei advenimiento del día en qi 
no habrá sino un solo rebaño y un Pastor único. 



LA VERDAD CATÓLICA. S06 



UL CIBOrCIA DIVINA, 
6 



XVII. 



, Como el cristianismo es todo amor, no quiere tener impe- 
'{^■iDo en la voluntad, y en esta consideración observa por 
^t09o principio una tolerancia prudente que deja el cam- 
^^¡erto al entendimiento para discurrir y pensar lo que 
"*« leguir y obedecer. Jesucristo ordciíaá sus apóstoles 
Ve il predicar su Evangelio, abandonen la tierra donde no 
|<K quisieren oir sacudiendo antes el polvo de su calzado, 
l^nuon de este precepto está en consonancia con la doctri- 
i^eóiefiadaen el sagrado libro, pues la misma grandeza y 
<uTÍoidad de su origen no pueden permitir la indiferencia ni 
jnéooí el desprecio; porque el Evangelio que, en el amor, 
"Wrapor base la felicidad de los hombres no debe posesio- 
^^ del alma sino por el convencimiento. El hombre que 
uenela desgraciado no obedecerlo recibe en sí mismo el da- 
^que puede acarreársele á un ciego qu«í porsí solo empren- 
de un dilatado y peligroso viaje. Toda coacción es impro- 
pia de la dignidad del precepto evangélico. Por esolafuer- 
u 6 virtud divina manda al espíritu, así como la humana á 
lamateria, y en esta diferencia se ve palpable el poderoso 
maro que separa las cosas del cíelo de las de la tierra. El már- 
tir, que solo mira el cielo y en él contempla su eterna feli- 
cidad, preñere los trabajes y los horrores del mas terrible 
suplicio á la comodidad pasagera de una vida tranquila y 
•lleoa '^e goces que pueda proporcionarle el simple acto de 
ofrecer incienso en el altar de los ídolos. 

Cuando vemos en la historia que los primeros cristianos, 
eneu mayor parte, fueron hombres destituidos de represen- 
bcioQ social, cuando vemos que los esclavos y afligidos por 
la miseria y desgracia eran los principales campeones del 
Evangelio, el alma &3 llena de un santo respeto y se humi- 



206 LA VSRDAD CATÓUOA. 

lia ante las leyes del Eterno ¡Cuántas eonaideraeionet pue- 
den sacarte de esto! ¡La debilidad en lucha con b fuertái jr 
esta sucumbiendo por medio del milaaro! Qué prueba att 
convincente puede manifestaba de la di?iuidad de Jesúfliíi- 
to y su Evangelio? ¡Preciso era que el reino de la humiiddt ' 
representado por los cristianos y sostenido por Dios, ab^isü»' 
ra al de la soberbia, que contra todo principio avasállate^;, 
mundo! El hombre renunció la pompa y orgullo de Satanaa' 
para' afiliarse entre los soldados de Cristo, y se vistió con la 
estola de la inocencia para jurarle fidelidad y eonaeguir la 
gloria. 

No valen, pues, las asechanzas del enemigo para impeAr y 
la obra del cieloj los tornieqtos y horrorosos suplicios dé' 
que hizo uso á íin de contenerlos progresos del nuevo raioo; 
que había de establecerse, sirven poderosamente á la eauaa 
de Dios, coutra la que necíaihente se intentaba luchar, tmb 
la vez que en los martirios se ofreció el admirable cuadro áéj 
la virtud mas subiimey padecimiento supremo por el amoé' 
á Dios, en cuya representación tomaba ejemplo- él hombre^ ! 
dando por resultado un número creciiio de conversiones. Él 
reinudo de la fuerza había de ceder du puesto al de la man* 
sedumbre, porque este era el estado natural en que Dios pu- 
so al hoiiibreen el Paraíso, y como lo vicioso no puede pre- 
valecer de ningún modo, vemos que á pesar de todos los es- 
fuerzos del miiudo por sostenerse con gloria en el puesto en 
que lo había colocado su culpa, no pudo resistirse á unoi« 
tristes hombres, destituidos de todo influjo social y de ri- 
quezas, hasta el punto de recibir las leyes dé los mismos que 
con opresión terrible juzgó aniquilar, viendo al fin rendi- 
do el edificio de su poder, y sus nefandos ídolos por tierra. 
Ll fausto, la voluptuosidad, la avaricia y demás torpes vi- 
cios que inundaban a) mundo no tienen ya altar conocido, 
pues el hombre, en virtud del nuevo feino que estableció 
Jesucristo Qon su moral divina, ¿olo les puede tributar ado- 
ración oculta. 

¡Qué diferencia tí-n notable y provechosa! El culto público 
que se triburaba á los vicios entre las naciones idólatras fué 
abolido para siempre por medio del cristianismo: solo quedó 
comorestto de la primera cul[)a el del pensamiento, deque 
solo Dioses el supremo juez para imponerle el condi».n • cas- 
tigo Lasleyeí, en virtud de las favorables reformas promovi- 
das cou la promulgación del Evangelio han reglamentado el 
ordenen todas sus faces poniendo límites á la vanidad porme- 
diü de leyes suntuarias, prohibiendo el escándalo bajo severas 



LA VERDAD CATÓLICA. 807 

penal é inculcando el amor al prójimo en la represión de 
lo« ftríiiienes. 

iQ'ié infltijo pudieran tener las leyes para correíjir los de- 
lito* perpetrados contra el pudor, prirner fundainniito de to- 
<l&morHl y justicÍN, en una nación donde públiramenfe se 
tut<)ri»ira el escándalo en sus cernmoniHS y fiesfus relifio- 
•w?¿C6mo pudiera impedirse el hurto, cunndo impunemen- 
te, sci^un los mismos principios religiosos, podia cualquiera 
^r (ie8|iujado de su propiedad por medio de Ih consagración 
•lina deidad gentílica, como se lee en Cicerón y otros «u- 
tore*? pueden tampoco evitarse los homicidios en donde los 
Menucio» humanos se celebran como actos de religión y pie- 
^^df ¡Mientras mas no profundicemos en el insondable ca09 
"^ ücoutecimientos que presenta la hintoria, mayor seríi tam- 
í^'en nuestra admiración y respeto al Evaníjelio! Mahoma, 
P^rn establecer con mas fruto la religión que hov tien») ocu- 
pada una parte del mundo, tuvo que confesar á Jesucristo y 
^ s<i Santísima Madre en su Alcorán: pero no anticipemos 
!'• qu»- en otro lugar se dilucidará mas detenidamente. 

El Evangelio, como dictado por Dios, es el único libro 
4*)«i contiene cuanto el hombre puede buscar para su con- 
suelo. A todas las clases de la sociedad, á todos los estados 
7 gobiernos es necesario el código divir.o, de tal modo que, 
faltando, nada hay completo y seguro, por cuanto él solo 
puede hermanar intereses diversos, promoviendo el orden 
y, preceptuando el obedecimiento á la ley como una obliga- 
ción que se debe al que ejerce por voluntad de Dios el im- 
perio en la tierra. De este principio bello, que guarda en sí 
*^^*nto [Hiede ifnportar á la felicidad de los pueblos, surgi»- 
^^^ como por encanto esas reformas grandiosas que mas de 
Una Vez admiraron al hombte. El mandato de fidelidad fué 
.* planta germinadora del bien, c«iyo fruto produjo la paz y 
^^(lundancia. Incierto ó vacilante es lo que no se sugeta 
^Cumplimiento de la ley, de que es el Evangelio la mejor 
^^''Hntía: sin él carece del apoyo divino y por consiguiente 
^ V ¡(la y poder. 

^«nstantinoen Roma, Clodoveo en Francia y otros ilus- 
P^^ monarcas convertidos á la religión cristiana compren - 
í'^^'on muy bien que sin ella no po<lia existir por completo 
* '^^guridud de un gobierno. Y ¿cómo habia de evitarse el 
^^ pe de estado que cambió enteramente la faz del mundo, 
?^^ndo vemos por la historia que en las ocultas catacum- 
|r^^<. donde se reunian los perseguidos cristianos á orar, se 
^^^laban las esposas é hijas de los Césares, cuando el egér- 



i 



208 LA VERDAD CATÓLICA. 

cüose oomponiapu su mayor parte delegiane!! crmlíniíif^ 
i>$us capitanes mas vnlii^ntes eran Urv.bien \o» mas t^ntusÍAJí* 
tas preriicaHores iM EviiíiguHo y luimilileH síict^rtiore» de Je- 
su cristo? ¿Pudía «1 boíiibre opoiierst? á lo que el cit*lo habiu 
decictaJo en tu« ^Ituí juicfojí> ¡OL no! Al abrazar el cri*lii 
nismo \m empenidor;?» j^'^ntileB no hicieron mññ que hteti 
•perarse á la t»bni de la ne^i^jitiad, de ese potieroso inafrí 
mentó de que eurltí valerse UÍos para despertar loa afeetí 
del corazón y regularkur loi dedeos del áíiimo. Alexprenar- 
nos asf con respecto ¿ las conversionea célebres que ha efec- 
tuado el cí isttH,ii<^ír.o, no podemos tan poco dejar de com- 
prender la mucha partt^ de e8{>onxaTi«'¡d4.d que baya habtd^^ 
er* algunnspurno re^iatirseal cumpüírilei^ro de b ley diviniH^ 
Guyoii efectúa se patontisaban con ta admirabl*í prapagat^tan 
del Evangelio en medio de la*i mtin cnie^^íi y ternbleR persa- 
cusiooea, que con tan vivos colores nos presenta la hiatiina. 
Una sola de nnn doctrinaB^ tan corrompida ef*tíiba la huma- 
nidad, era hostaote para que el niunrlo lo rechazara: sin etn-_ 
bargo el fi^angetio trinrifa de todon Ion ohstáculo^ que sal 
le oponen, porque para las obra» de Dion nada hay inaupe-^ 
rabie-, «ietido el íniíagrí» el eardcter principal con que ae dis- 
tinguen. Y décimo:^ milagro porque la humildad, la pobre* 
za, la castidad y el perdón de las injurias eran loacaminoA 
por donde debiaconducirse á los noberbios, á los avaros, á I09 
disolutos y á ios rencorosos: e! hombre debía formarse otro, j 
para lograrlo precisamente necesitaba luchar consigo mismo 
y hacerse á eí propio una terrible violencia dominaiidn gas 
gustos y viciosas costumbres. En esta inaudita contienda de 
las pasiones humanas, en laque el Evangelio siempre ob- 
tuvo la victoria, rendía el hombre al Ser Supremo el home- 
naje de su voluntad, que es el mejor y mas prodigioso holo- 
causto que puede ofrecérsele. 

(Continuará.) Rafael de Cárdenas y Cárdeiuu. 



LA TEBDAD CATÓUCA. 



209 



DE oncio. 

SECRETARIA DEL OBISPADO DE LA HABANA. 
«HclM f •ImUria aUerU p%T d Rxcno. é lllno. Sr. OUf p« á tMWt é% 
üm^atf SuCfiliM Padre ?!• ^•n: 



^iondelas ¡tersónos y cantidades que cada una ha entregado 
*rc el expresado objeto- en esta Secretaría de Cámara y 



Parroquia de ingreso de Callajabos. 



Ps. Cte. 



9ama anterior 52.970 

D. Aotonio Janme. 

•Hioo 34 

^«éMaricbal 4 

«noD Carava! 1a 4 

aaoie I>i«»R Oleaga. 4 

nneiico Lhfím 4 

»«íto Reyen 4 

o^ María Monile« . . 4 

i^bíaDRowich 2 

nuieitco Alonso 2 

•an Barbón 8 

oaé Antonio Leal 2 

'nmeisco Leal 2 

^ Haría Sonto y 

^qaex 2 

jMiael Toledo 2 

jiguelSetien 2 

simuD Oviedo 2 

Ventura Arcí^ 2 

^J.P 2 

"MCÍ8C0 Maride 2 

^oin/fo Fuente» 2 

«Q&oGtrcía Requejo. 2 

Jfwuel Boncourt 2 

JnDBifco Alemán 2 

•'«•íCaWerin 2 

Antonio Miró 2 

Bmiod Uría 2 

«Pilar López 2 

^aliwi GoDzalez 2 

i^aoael Maranillo \í 

''élixSoMi i¿ 

i Tirsa Palacios. 2 

amon Pumaríe^a I 

'raooiieo Tn\jiUo 1 



2Ji 



25 
25 
25 
25 
2.Í 
25 

m 

i2é 
12¿ 

m 
m 

12i| 

124 
124 
124 
124 
124 
124 



M I 



Ps. Ota 



D. Vicente Palacios 1 


■»» 


„ Modesto Pérez i 


»f 


„ Domingo Betancourt. 


*■ »» 


„ Vicente Rodríguez... ' 1 


,, 


„ Juan González 


1 t» 


», Juan Maurí 




„ Francisco Puig 


' »f 


„ Antonio L. Betancourt 




„ Pedro Casadevall 


»t 


,, José María Qonzalez. 1 


,, 


,, Juan Frías..... 




„ Félix Oviedo 


l „ 


,, Tomás PinoH 




„ Gregorio Alfonso 


i t» 


„ Agu8tin Vázquez 


1 «• 


„ José Mein^les 


1 ,, 


„ Junn Casadevall 1 


„ 


„ Leandro Lugo 


„ 


,. Cristóbal Mesa 


,, 


„ Loreto Eniz 




„ Cayetano Prieto 


i ,, 


„ Francisco Rosa 


i „ 


„ Fraij cisco R«>driguei. 


' »» 


„ Jobo Castillo 




„ Domingo Rodriguez... 


1 i> 


„ Francisco G. Oviedo. . 


l .1 


D(»ria María del Carmen 




Plebe 


j^ 


M Josefa Félix J 




D. José Ramón Suarez.... 


90 


„ Rafael Rodriguez 


50 


„ R!as N'oricpi...- 


bO 


„ Juan García 


50 


,, José Alfonso 


:>o 


,. Francisco Sütolongo.. 


50 


VIL— 27 






LA VVBDAD CATÓLICA. 
Vm. cu. 

D, Hipofiití QmxvkUsz 

i, Jo«é Gürúftt 8ierra..., 
„ gímeon F<*rei, 
„ Fmtidieo Sofreí. 
„ €re«cencio Swñitao--- 

Poñft Fnitiekeii Níiúez... 

Lino Cru£. 

Anitminn M<*LÍDa., 

Jujín Cardan !L», 

^ arfa de ]m Ni«vo« Ino- 

ándrée Herrera., 
Pétrvna Veytía . 
ZeferiDK Vpytis. 
Manuel Cuerft&. 
Celeatma Vitoret. 

Parrofjuia de término dé Nira. Sra. de Guadalt^, exír 



I>. Juan CBttíUo....,,-- 


50 


,, BaltfleiirS. Msrtm.--- 


m 


„ Loroniít Ojuda,.. 


50 


*k .Toaé Llfini<« « ..« « « ..> 


r*o 


». Af uit<n OoDiüet 


50 


t, Pedro He rrt*pa. , 


50 


, , Rom u 1 o Din? aae , 


oü 


,. LitaToMurtioHi...-. 


fiü 


r* Franci »t?o l'f^ndi 


¿Ü 


», Diomslo Vega. 


50 


„ Al<»n»« FrtlKya , 


50 


,. Mt»d*?sUi Burrioa . 


hú 


,, Frnndacü Javier Crut 


50 


I>í>fiíi Frnticípee P. Catiípo. 


50 


D. Jtiéé Tcodüfo Cufita, , 


50 


„ Bfintguo Murtine* . , . - 
«, Eulogio Varga»,. 


50 


40 


,. TcimaiGoiixiiles...... 


30 



U.J.V. ..,.,._... 102 „ 

Pbre. P. Claudio Valdés, 

eura párroco 34 ,, 

D. Javier Echagtlo 25 50 

Pbro. D. Manuel de Tor- 
rea, teniento cura. .... . 17 „ 

Pbro. D. . Jo«é Anacle^o 

Rivero 8 50 

Do&a Josefa Herrera y 

Herrera « 60 

Pbro. D. Manuel Cabrera 

y Machado 4 

DoBa Antonia Hemandea. 4 

La míaina ienora 4 

Oo6a María del Roaarío 

Pérez de Stgarroa 4 25 

Do&a Tomasa Gutierres 

dePlA 4 

D.Nicolás del Castillo.... 4 

M Juan Leandro Naodin. 2 
„ José María Booelly y 

Zavas..... 2 12i 

„ Vicente Feria 2 12i 

Dofia Angela Mayo^ 2 12é 

„ Manuela Meireles.... 2 I2i 
„ Mariana Hemandes.. 2 12é 
„ Carmen Vilaró de Lo- 
pes 2 121 

„ Blanca C. Amaros .... 2 12i 

D. Julián Alvares 2 12^ 



25 
25 
25 



25 
25 



D, Joié Víctor Andmde „ t2 

„ Pa^lo José Femandex, 

Ldo. en medicina 2 

„ Marcos Foroaiido Gar- 

cÍR a 

„ Manuel Castellanos. .. 2 

, , Mariano Sobrado 1 

Duna Cecilia Porras Pita 
de Valdés 1 

D. Isidoro Gonsalez J 

Dr. D. Severo de León... J 

Pbro. D. Jusé Armioan.. I 

Don J. D 

., V.S 

Una sefiora 

D. R. A V 

Una señora 

Una seSora 

Otra Ídem 

D. R,D ; 

„ R. V 

Una señora. 

D. P.Q , 

Pardo ingenuo ' Agustín 
iXOS 

Moreno id, Juan Cecilio 
Rossi 

Una señora 

T). Ramón Bobadilla 



Suma. 53.384 



Habana 7 de Julio de íQ6l,^P$dr9 SandUx, secretario. 

* (Continuaré 



SECCIÓN LITERARIA. 



LO aVE PUEDE SVFKIK VNA NADKE, 

POR 
EIBiqiJB COffSCIEÜCE. 




RAN los últimos dias del mes de Enero de 1841. El 
^frio se dejaba sentir vivatiHuti'; las calles de la ciu- 
)dad de Ámbares se hablan revestido de su traje de 
invierno de uña blancura inmaculada; pero la nieve 
no bajaba ya del cielo en copos suaves y ligeros, se- 
mejantes á millares de plumas arrancadas al ala de 
la paloma; habíase cambiado en una escarcha áspera y dura, 
qne caía con un ruido estridente en los cristales de las casas, 
cuidadosamente ce.rradas; debpidiendo la inclemencia del 
viento norte al lado de la lumbre rojiza y sonora á los raros 
vecinos que se atrevían á asomarse al umbral de sus casas. 
Sio embargo, no obstante el rigor del frío, y aunque las nue- 
ve de la mañana habían dado apenas en el reloj de la torre, 
un gran número de personas se apiñaba en la calle, y se di- 
rigía al mercado que tiene lugar todos los viernes. Los jó- 
venes entraban en caior precipitando su andar, los hombres 
apresuraban el paso soplándose los dedos, y los artesanos 
golpeando duramente sus cuerpos con los brazos, trataban 
de restablecer asi la circulación entorpecida. Una señora jó- 



Sl2 LA VEBDAD CáTÓLtÓA. 

ven recoma lili embargo lenUrnenta la catle d¿ Im Tiaíidas, 
deteniéndoBe casi en cada una de la?» miserables c^isitas quefur - 
foan dtcha calle, entrando en ellas, saliendo y llevandu en 0I 
roftro una expresión de alegría indtíeible. Una capa de ra 
cubría au esbelto talle; una gorra de terciopelo servia ildJ 
marco ástis mejillas^ á las cualeii coinatiicabu el frío ua ea 
lor encarnado mas vÍ7o; tvMilttindoüe au9 aiatios eü un liadc 
taangüit^b. Este exterior »iíiunciaba el bieuedtar, y su fítonaJ 
mía revelaba lu bondad. 

Próxima á pus^r el unibnil de una c&üiila, we detuvo, y m- 

pr5ró á una de sui amigas que lli'gaba á su V62 por la g&I1o.j 

La señora jóveu se Uegó á ella cordialmentc, diciendo; 

— Bueno !^. ú]m^ Adela, ¿cómo eatés? 

— Bailante bien, Ana, ¿y lút 

— Oh! muy bien, á Dios gracias, y llena de una alegría 

que no podría expreaar! 

— De veras! La estación no incita sin embargo al coticen*^ 
to. 

— Ob, sf! esta estación tiene sus alegrías. . * * aolo hace y n^ 
hora que me levanté, y ya he visitado mas de veinte familias 
pobres, y visto miserias, querida Adela, miserias inexpre- 
sables .el hambre, el frió, las enfermedades, la desnu- 
dez , Ob! cuan feliz me considero con ser bastante rica 

para poder hacer algún bien! 

— ¡Lloras, Ada! veo lágrimas en tus ojos;. . . • esa es de- 
masiada sensibilidad, amiga mia. Los pobres no son muy dig- 
nos de compasión, en verdad; por todos lados se busdán me- 
dios para socorrerlos pan, carbón, papas les soa distri- 
buidos cada dia en abundancia. Ayer nada menos me suscri- 
bí por cincuenta francos; pues, acá para entre nosotras, me- 
jor quiero encargar á otra persona mis limosnas que penetrar 
por mí misma en el interior de esas sucias y pobres moradas. 
— Adela, no conoces los pobres verdaderamente dignos de 
compasión. No los juzgues por esos mendigos sórdidos que 
hacen de su miseria una profesión, y llevan como unas mues- 
tra sus harapos y pálidos rostros á fin de excitaren el corazón 
del rico el temor ó la compasión. Si quisieras seguirme, yo te 
mostraria artesanos cuyos vestidos no están desgarrados, 
cuya habitación no es desaseada, cuya boca no sabe abrirse 
psnra proferir una queja; mas á pesar de su silencio, leerás el 
hambre, el hambre horrenda, en sus facciones alteradas. 
— Verás un pan negro y endurecido en las manos heladas 
de sus hijos; — verás las lágrimas de la madre; adivioarás la 
sombría desesperación del padre; y entonces, entonces, á la 



LA VERDAD CATÓLICA. 213 

TMtadeese espectáculo desgarrador, una alegrfa celestial 
inoadari tu alma cuando pienses que un poco de dinero der- 
ximado por tu mano en lan de esos desdichados bastará para 
calmar 8u dolor. Los chicuelos. bailando de contento, coge- 
rán el ruedo de tu vestido; la pobre madre te dará las gra- 
cias con las manos juntas; el padre, enagenad'o de gozo, es- 
trechará tu mano en la^ suyas y dejará caer en ellas lágrimas 
ardienies. Llorarás también, querida Adela, mezclarás tus 
lágrimas con las de tus amigos los pobres; no retirarás tus 
manos de sus groseras manos. Oh! no! no Pero dis- 
pénsame, el recuerdo de esos momentos deliciosos me con- 
mueve hasta el fondo del corazón 

Mientras que Ana, con una emoción profunda y voz cn- 

^niecida, trazaba este cuadro, su amiga habla guardado si- 

'^i^cio, y ni aun siquiera habia dado una de osas exclamacio- 

^e% ix)n que el oyente toma parte en la conversación. La 

•ífUpática emoción de su amiga habia encontrado el camino 

^® su alma y hecho subir las higrimas á sus ojos. Tomó en 

^^ la palabra. 

' — ^Ana, dijo, voy á visitar contigo á los pobres; quiero con- 
sagrarles toda esta mañana. 

-^Ven! Oh! qué buen encuentro he tenido viéndote — : 
A-Oa contempló á su amiga con dulce alegría, y su rostro 
^^Presó cuan feliz era con haber adquirido á sus amigos in- 
digentes una bienhechora mas. Juntas prosiguieron su ca- 
*^iiio, y se alejaron de la casa cerca de la cual se habia dete- 
^\áo Ana, y que esta habia tenido inttMiciun de visitar. Ol- 
vidólo, olvido tanto mas perdonable, cuanto que no conccia 
®0 manera alguna á los habitantes de aquella, casa, y solo 
"^bia deseado penetrar en ella á fin de cerciorarse de si al- 
gunoR pobres desconocidos no ocultaban sus padecimientos 
®n el fondo de aquella mansión. 



n. 

En un cuarto de esa misma casa de que acababan de ale- 

J*íjse Adela y Ana, habitaba una familia pobro. Cuatro pa- 

^©s desnudas eran los únicos testigos de un espectáculo de 

j PHntowi miseria, que hubiera inspirado en el fundo de toda 

i^JJ^H humana un sentimiento de compasión mezclado de 

^^^Tgura. En aquella triste morada el frió parecía tan vivo 

^j^o en la calle; una huuiijdad glacial penetraba los vesti- 

^> el hogar encerraba algunos restos de muebles que acá- 



214 I^A VKRDAD CATÓLICA 

baban de cons'jmiise arrojando de vez en cuando una débi ^ 
claridad. En la cama que oe elevaba en medio de la habita*^ 
cica descansaba una pobre niña enferma, que parecía teñe» 3 
UQ año de edad. Su pálido rostro, sus ojos lánguidos 7 débi--'^ 
les, sus bracitos adelgazados parecían anunciar que la ino — " 
cente criatura iría ponto á ocupar su puesto en el cemente — ' 
río de Stuyvenberg. Aliado de la cama, sentada sobre una ^ 
tosca piedra, se hallaba una mujer joven aun, que se cubría 
los ojos con la mano. Sus vestidos, de un género gastado y 
con colores desteñidos por el tiempo, anunciaban una exce- 
siva indigencia, pero esa indigencia honrada que trata de 
ocultarse, designio que revelaban por otro lado el aseo de 
aquellos pobres vestidos y el cuidado indus^.ripso con que la 
aguja habia reunido los girones. Hondos suspiros levantaban 
el pecho de aquella muger; amargas gotas de agua corriaB 
de sus ojos á través de sus dedos; y al mas lijero resuello de 
la niña alzaba la cabeza temblorosa, y miraba con angustia 
sus ahuecadas mejillas; acercaba el delgado' cobertor á sus 
pequeños miembros helados, y volvia á caer, gimiendo y 
sombría, sobre la piedra que le servia de asiento. 

Un silencio profundo reinaba en aquella triste morada; so- 
lo se ola el menudo granizo azotando los cristales y el viento 
rugiendo en la chimenea y bajo las tejas del techo. Hacia al- 
gún tiempo que la pobre mujer permanecía inmóvil y como 
adormecida, el niño enfermo no se movía; su madre no al- 
zaba la cabeza, y ni aun siquiera lloraba, no viéndose y^ 
correr las lágrimas entre sus adelgazados dedos. Parecía que 
la muerte inmóvil y silenciosa habia tomado posesión de 
aquella alcoba. 

De pronto una voz débil salió del fondo del hogar: ¡Madre 
mía, madrecita, tengo tanta hambre! 

El que daba este quejido era un niño de cinco á seis años 
de edad, que se había acurrucado en el ángulo de la chime- 
nea, replegado sobre si mismo y tiritando cual si la fiebre 
lo hubiese helado; sus miembrecitos temblaban, y sus dientes 
rechinaban con movimiento convulsivo. 

La madre no contestó á aquella queja y permaneció inmó 
vil. Reinó un silencio mortal, interrumpido en breve por la 
voz mas elevada del niño, que repitió: ¡Madre mía, tengo 
hambre.' oh! dadme un pedacito de pan! 

La mujer alzó la cabeza; pues aquella voz era desgarra- 
dora, y aquel quejido traspasaba como una espada el alma 
de la madre. Un fuego sombrio brilló en sus ojos, en que se 



LA VERDAD CATÓLICA. 216 

'eía ana especie de extravió; en fio con un raudal de lágri- 
°)tt contestó: 

--¡Bijito mió, silencio, en nombre del cielo! yo también, 
pobre hijo mió, me muero de hambre, y no hay nada, no hay 
^ada en casa! 

"-Oh! madre mia, me duele tanto el pecho ; un poco 

^« pan, US lo suplico! 

^ voz del niño iba siendo tan lastimera, su rostro expre- 

^l>% tan bien el hambre pálida y desgarradora, que la madre 

^ '^nxóde su asiento con un movimiento de locura y espan- 

^' é introduciendo la mano bajo el cobertor de la cama, sa- 

jff 'h mitad de un pan de á sueldo, con la cual se dirigió 

^^<=U el niño: 

^ ^Toma, toma, hijo querido, he aqui el pan que yo habia 

t^^'^^y^^o para hacer la sustancia de tu pobre hermana; pe- 

í^^ieo lo vnü, ya no la necesitará 

j'^^^'^opudo concluir: su corazón de madre se desgarraba. 

r^^^^^ito, viendo el pan so estremeció; los músculos de su 

Hr^^ uT^ ^ agitaron; sus labios manaban agua, y alargando 

bf-^^'w manos, se apoderó de aquel miserable manjar. La po- 

o ¿ ^ mujer volvió á la cabecera de la cama, contempló á la 

^!:^ enterma, y cayó de nuevo agobiada en su aniento. 
*r ^^^""^^n un apetito devorador y una alegría convulsiva, comió 
li^^ ^^ ^ito la mitad del pan y cousid-'ró el resto de él. tenién- 
1^^ ^^ cerca de la boca, aunque sin volver á tocarlo. Acercóse 
r^-^^ lamente á su madre, tomóle el brazo, sacudióla suave- 
r^^^ ^ ate como para deitpertarla del sut^ño en que parecía su- 

^^a, y mostrándole los restos del pan, le dijo: 
r^ ""•"-— Querida madrecita, he dejado un pedazo de pan para 
vi^^stra Mariquita. Todavía tengo mucha hambre y muchos 
^^.^ 1 ores de estómago; pero cuando mi padre vuelva á casa, él 

^^ dará una rebanada, ¿no es verdad, madre mia? 

^ Xa desdichada madre arrojó los brazos al cuello del niño 

^ ^ e estrechó en su seno; pero á este testimonio de sensibili- 

f*^^"^ sucedió un profundo silencio. Juan se escurrió de las 

^^^ das de su madre y andando en puntillas se dirigió lenta- 

^,^*ínte adonde estaba su hermana enferma, y la besó en la 

^^ «¡illa lívida, diciendo: 

— ¡Duerme, duerme, María! 
y^^ £1 niño volvió al hogar después de pronunciar estas pala- 
^ iras, y se acurrucó de nuevo en él, tiritando y silencioso. 

Dna hora entera trascurrió sin que la desdichada madre 
^^íiese de su amarga meditación. También ella tenia ham- 
bre: también sentia el grito de la necesidad desgarrando 



!J'» ¡.\ VKK1)\1> CAIOLICA. 



^ii< •' ili ;i:i.iS. . . . |M!ro, <e'it:i'lii junto á a'j jel ii'clio 'le :i ^- — 
nía, esperariílo «le hora en hora, de aiimito en minuto C ^^ 
inexpresable angustia, el último suspiro de %\\ hija« ¿po: ^ 
pensar en sus propios padecimiento^t Oh! no! una vsi^d ^ 
siempre es madre: feliz ó desgraciada, pobre- 6 rica, «¡empr^^ 
siempre siente, en cualquier circunstancia, ese vínculo mí^ 
terioso que le une al fruto de üiu?< entradas;' pero quizá w^^ 
ese sentimiento mas vivo y ese lazo mas sagrado en aquelli»^ 
que han debi lo al título de ma Ires las mas mortales in ' 
quietudes y los mas eR¡)anlosos dolores. Son dos veces ma- 
dres las que han padecido por sus hijos. 

Hacia Ia8 diez de la mañana, la pobre mujer y su hijo sa- 
lieron ambos de mu inmóvil abütimiento. Levantóse la un» 
de su asiento; suiió el otro del hogar; y dijo aquella: 

— Ah! Juan, ahí está tu padre! 

— Viene ya, madre mia! exclamó el niño! 

Ambos se sonrieron; una nueva vida brilló en sus rostros; 
iban á salir del cuarto para ir al encuentro de aquel i quien 
por tanto tioinpo habian esperado, cuandq este entró. Mien- 
tras qne sacudía el granizo que habia caido sobre sus hom- 
bros, Juanito le habla tomado de la mano, y héchole penetrar 
tMi el interior del cuarto. El marido alargó la otra mano á 
su mujer, contemplándola al misMO tiempo con profunda 
tristeza. Por fin suspiró: * 

— ¡Somos desdichados, Teresa, pobre mujer! De*sde esta 
fuañana he estado con mi carro de mano en el paradero del 
ferr(»c.irril, y oa la \v\ ganado, nada! ¿Qué hacer. Dios mió? 
jQnisiiera haber muerto! 

Por amargas que fne*<tMi estas palabras, expresaban a|>ena8 
el dolor y el desaliento leí pobre artesano. Su cabeza se ha- 
llaba inclinada sobre el pecho, sus ojos fijos en la tierra; sus 
puños Mi cerraban con un novimiento convulsivo, y su mu- 
jer, asustada, olvidando sus propios mnltís, solo pensó en 
c(»n8olarlo. Echóle un brazo al cuello, dicienlí» con tornura 
y dolor: 

— Oh! Franz, no habivís así! nuestra des lich i no siempre 

ha de durar .y por otro lado, no tienes tú la culpa de 

ella 

— Padre, interrumpió el niño, tengo mucha hambre: ¿no 
me daréis ahora una rebanada de pan? 

Al oir estas palabras una espantosa emoción trastornó el 
corazón del p-tdre; palideció, y sus ojos cayeron sobre el' ni- 
ño con tan loea desesperación, que espantado y sollozando, 
exclamó el pequeñuelo: 



LA VEBBAD CATÓUCA. ^^7 

)b! padre mió, no lo volveré á hacer mas! 
Sin cambiar de rostro, el desdichado padre si^ dirigió hacia 
I& «ama, y contempló con una mirada fija á su hija moribun- 
da« que levantó sus pesados párpados y fijó en su padre una 
nnirada débil y vu'ga. 

— ¡Teresa, exclamó, esto es demasiado, demasiado sufrir! 
preciso es que termine! 

— ¿Qué tienes? exclamó la mujer con espanto: oh Cielos, 
^qué es escof 

£1 acento aterrorizado de su mujer impresionó al marido, 
y le hizo volver á la razón; mas Hosegado, le tomó la mano y 
habló en estos tiérminos: 

— ^Desde que nos casamos, bien lo sabes, mujer, he traba- 
jado con valor: ni un diaha trascurrido sin que yo haye ga> 
^o el pan para tí y nuestros hijos. T ahora, después de 
fez años de Improbo trabajo, ^habré de mendigar? y el pan 
^ <|oe siempre gané con el sudor de mi rostro, habré de pedir- 
i lode puerta en puerta? Teresa, no lo podría, asi hayamos 

I deebpirar de hambre y de miseria Con solo pensar en 

; ello me sonrojo de vergüenza. Mendigar! no, no. Todavía 
iH)B queda una cosa, una sola que puede darnos para vivir 
dunnte algunos tiias. Voy á llevar mi carro al mercado y á 
venderlo. Me duele, pero hay que hacerlo. . . . Quizá encon- 
tfhré trabajo; quizá mas adelante podamos comprar un nue- 
vo carro Poco importa, antes de media hora volveré y 

os traeré pan. ... 

Ahora bieu: aquel carro era el único inncrmnento de tra* 
bajo que podia dar pan á la familia: venderlo era un duro sa- 
crificio. 

L& mujer, aflijida lo mismo que el marido, no lo hizo sin 
embargo desistir de su propósito, pues el amor materno ha- 
blaba en voz alta en 8n corazón, y pedia auxilio para sus 
inocentes hijos. 

Por tanto, estimuló á su marido dicié'idole: 
— Sí, Franz, vé al mercado del viernes y vende el carro; 
pueH nuestros pobres hijos se mueren de hambre, y yo mis- 
ma sucumbo; mis piernas tiemhhm de debilidad, y nuestra 
bija, ese inocente cordero, está ahí agonizando!. Oh! que- 
rida hija nfia. ¿porqué no eres un ángel del cielo? 

La madre lioiaba, y una sotnbria ü es* 'operación se apode- 
raba del alma del marido. Este 8a)ió bruscamente^ y pocos 
minutos después se oyó rodar el carro en la calle y alejarse 
rápidamente. 

viw— 2§ 



21^ LA VERDAD CATÓLICA. 



III. 

En el irieroado del viernes, cerca de la pequeña calle d^^ 
Halcón, se encontraba entre otros objetos mobiliarios u ^ 
carrito de dos ruedas, y no lejos de él un hombre al parece^^ 
entregado & un profundo abatimiento. Con los brazos cru%a- 
dos sobre el pecho, dirigiu sus miradas húme<]as del |iobri' 
carrito al pregonero de la venta, que cerca de allí se ocupa- 
ba de algunos otros objetos. A veces el pobre vendedor pa- 
teaba como un hombre perseguido por importunos pensa- 
mientos; volvia luego á caer en una calma dolorosa, y con- 
templaba de nuevo el humilde carro de mano por medio del 
cual habia ganado durante tantos años, como honfado arte- 
sano, el pan de cada dia. 

Mientras que se haltabaL sumido en tan amargos [>en8a-' 
miento», dos señoras jóvenes atravesaban el mercado del vier- 
nes. Una de ellas echó una mirada al obrero, y de súbito de- 
tuvo á su compañera diciéndole en voz baja: 

— ¡Mira, querida Adela, qué dolor se pinta en el roj^trod»» 
ese hombre! 

— ¿Qué hombre,' amiga? 

— Ese .el que patea. . . • mira. . . . Oh! de seguro ^s 

.un desgraciado! 

— ¡Quién sube, Ana! quizá esté iracundo 

— Oh! no, no, Adela. . ..: la verdadera desgracia lleva 
consigo un sello irrecusable, y atrae los corazones compasi- 
vos por medio de un sentimiento simpático y dulce. . .. 
Puedes eíítar segur?! de ello, Adeí»i, ese pobre hombre es una 
víctima de) lartro invierno. ... Mira, sus vestidos son asea- 
dos, aunque pobres. ...; pero acerquémonos, yft'níie atreve 
ré yo á hablarle, — 

En elmouientoen que las dos amigas se acercaban al po- 
bre obrero, otro artesano acudió á él, y de un ínodo entera- 
mente amistoso 1(8 dio un golpe en el hombro exclamando: 

-7Y bien, Franz, ¿qué decís de este hermoso tiempo? ha- 
ce frió? eh! mucho frió? Venid conmigo? beberemos un tra- 
go para entrar en calor. ' 

El pobre Franz retrocedió con una expresión de amargo 
pesar* sin proferir una sola palabra. Su compañero le miró, 
y notando lo que tenian de extraño lo^ ojos y la actitud del 
artesano, añadió: 

— Pero, amigo, ¿qué tenéis? 



LA VESDAD CATÓUCA, ^19 

Franx guardó de nuevo silencio; las dos señoras se acerca- 
ron mas á él, y oyeron por Gn su voz apagada; decia: 

— Me invitáis ¿ bebar, Gerardo; pero ¡si supieseis qué 

pesar tengo aquf en el corazón • si lo supieseis, 

amigo mió! 

Tan profunda angustia respiraban aquellas poaas pala- 
braii, que Gerardo se estremeció hasta el alma; su alegría 
desapareció al punto; cogió la mano de su compañero, y le 
dijo con ojos en que, á pesar suyo, brillaban algunas lágri- 
mas: 

— FnlfiZy querido amigo ¿qué teoeisV Teresa habrá aca- 
so}. ... 

— N09 no, gracias al Cielo, vive; mas. . •• todo os lo diré, 
L jrque os creo mi amigo. Ta lo sabéis, Gerardo, siempre 
hasta aquf» ¡loado sea Dios! he sabido ganar el pan; pero de 
hoy mas todo ha terminado. ... Mi mujer, mi buena mujer! 

desde hace dos días no ha tomado un bocado . Mi chico 

se muere de hambre, y im cuanto á la pequeñuela, la última, 
quizá habríl muerto á estas horas. ... El frió y el hambre 
han secado la leche de la pobre madre .No puedo pen- 
sar en ello, Gerardo, haría una desgracia! Gerardo, decidme 
¿podríais ir á mindigar^ 

— Mendigar; ¡oh! no, mientras que Dios me deje manos y 
brazos! 

— Pues bieii: yo tampoco! Todo lo be vendido, todo, ex- 
cepto mi pobre carrito, con que C'ino el sustento, y helo* 
ahí! también van á venderlo! HciMinus economizado tanto 
y comido por tanto tiempo pan seco para poderlo com- 

Srar! Maí< Dios lo quiere así! — . Si al menos pudiera ven- 
arse pronto, á fin de llevar sin demora pan á mi mujer y á 
mis hijo8! 

— He ahí al pregonero de la venta, exclamó Gerardo. 

El pregoneru fué en efecto á colocar su asiento cerca de 
los dos artesanos, y Mamó á los compradores en voz alta: 

— ¡Vengan los que desean carrretas y carros, vengan to- 
dos aquí! 

A estas palabras una sonnsa iluminó el rostro de Franz, y 
la^ dos jóvenes se hablaron en voz baja con aire de viva sa- 
tisfacción. ■ 

£1 pregonero añadió; 

— Treinta francos por el carrito, treinta franco»! 

—Veinticinco francos! es tan bueno como nuevo. ... 

seda regalado — Veinte francos! Ana hizo una señal 

con la cabeza; el pregonero prosiguió: 



LA VElñ>Al> OATÓLtCA. 

— ^Vetóte francos! ¿no hay quien dé mas? .... Veinte fn 

j^lfunos compradores se habían detenido; las pujas se lU'"^^^ 
ticdiau rápidamente: 

— ¡V3intiun francos! 

—¡Veintidós! 

— ¡Veintitrés! 

— ¡Veinticuatro! 

— ¡Veinticinco! 

— ¡Veintisiete! 

— ¡Veintisiete francos! ¿no hay quien dé mas? If&a, dos 
f tres. Adjudicado! 

Ana pagó la suma, y al punto acudió Franz al despacho, 
donde le entregaron el precio de la venta. Iba á alearse, 
uosin echar una triste mirada á su carro, cuando una de lai 
jóvenes le dijo: ^ 

— ^¿Buen hombre, queréis ganar alguna cosa? 

— ¿En qué puedo serviros, señora? ' 

— Quisiéramos hacer conducir ese carro á nuestra casa. 

«-Lo siento, señora, mas no puedo obedeceros: tengo un 
asunto urgente. 

Ana, cuya tierna caridad comprendía hasta los deseos de 
los pobres, se apresuró á tomar la palabra: 

— Hay que conducirlo tan solo hasta las calles de las Tien- 
das. 

— Oh! entóncei», señora, estoy á vuestras órdenes. 

Tomó en su mano la lanza del carrito, y empezó á se- 
guir á las señoras que andaban con paso apresurado. Un pen- 
samiento pesaroso le oprimía el corazón conduciendo por 
v^uenta de otros aquel carrito, antes propiedad suya é instru- 
mento con que proporcionaba él pan á su familia; pero la 
oeitidumbre de procurar el sustento á su mujer y é sus 
l^^oa lo consolaba en su pesar. Impaciente, vio con disgusto 
lAue las dos señoras se detuvieron en una tienda, donde com- 
M^M^Mi un SHCO de papas, dos ó tres panes blancos y algunos 
W^ ^^ leña, todo lo cual se arregló en el carrito, y prosi- 
yMit^ ^ camino hasta cerca de la casa en cuyo umbral se ha- 
M» vii^oido Ana aquella mañana. Llegado allf se descubrió 

> ^^^ .... 

.^>t<^ permitiríais, señoras, entrar aquí un instante)? 

sVce^t^o el permiso, entró rápidamente y subió la etca* 

Vk^ I iMI \iivv» señoras le seguían de cerca y entraron con 61 tu 

^^*hiW , : 

VM» ^,i* ^ espanto se apoderó de ambas en presencia dol 



LA VXimAD GATÓUCA . 221 

empectáealo de muerte y horror que se ofreció á^us miradaH. 
La pobre madre yacía derribada sobre el pavime to, con los 
0}o8 cerradds, las mejiljaa pálidas, los labios amoratados, y 
en UD estado de completa insensibilidad. El niño había co- 
gido el brazo inmóvil de su madre y exclamaba: 
— ¡Madre querida, tengo hambre! un pedazo de.pan! 
£1 marido á este aspecto, sin ocuparse de la presencia de 
Adela y de su compañera, se lanzó hacia su mujer, llamán- 
dola con desesperación y con palabras entrecortadas: 

^T^resa! oh Teresa! pobre mujer! • Dios mió! Dios 

mió! ¿hlbrá muerto?. . . • muerto ^de hambre! de frío! 

¿Bemos merecido acaso semejante suerte en este mundo? 

Ftiera de sí, vio un cuchillo sobre la mesa y le cogió; pe- 
ro Ana, que habia seguido sus movimientos, se lanzó con un 
grito de espanto y le arrancó el instrumento de muerte ex- 
clamando: 

¡Vuestra mujer no ha muerto, no, no! id pronto 

en busca de uii puco de ymo 

I>iciendo esto le puso una moneda de plata en la mano, 
y Fraoz salió del cuarto con la velocidad del rayo. 

Ana levantó á la desdichada madre en sus brazos, y mintió 
aU& en el fondo de su alma, según el precepto del adorable 
Jcaus, un sentimiento de caridad fraterna que la unia á aque- 
lla pobre criatura como á una verdadera hermana. Tributóle 
ooQ el mayor cuidado las mas afectuosas atenciones, calen- 
tando sus manos heladas en las suyas, humedeciendo sus la- 
biosRecos y descoloridos con el jugo de una naranja, y vien- 
do con un grito de alegría abrirse lentamente los ojos de la 
pobre Teresa. 

Mientras tanto, Adela, conmovida á la vista de aquel cua- 
dro de desgarradora miseria, se habia ocupado de Juanito, 
ouyo grito de desesperación le habia desgarrado el alma. Ha- 
bla ido al carro, y tomando de él pan y uu trozo de leña, se 
habia apresurado á avivar la lumbre, y habiéndola enterne- 
cido hondamente las miradas de codicia que el niño echaba 
•Ipan, se paso á cortar un pedazo, que le entregó, dicién- 
dolecoa dulzura. 

— Co;ne, hijo mió, come con gana. En adelante ya no su- 
frirás hambre. 

Juanito tomó el pan con suma alegrfa, besó la mano en 
señal de agradecimiento, y dirigió á Adela una mirada tan 
dulce y can alegre, que ésta no pudo contener el llanto. 

Los ojos de la madre qno acababan de abrirse, se volvían 
llenos de contento hacia su hijo, é iba á dar gracias á sus 



2K LA VRRD40 CAtdLtC*. 

btetihechoriiaT cuando la vueitu ^e su marido le cortó la pal 
bra. FraiiE, v jen tío viva á su mujt^r, se le arrojó al eutíltu 
derramíiUlio aa raudnt á^i lágrimus de regoeijo, la iibrit^ó emi 
aibümzaescriíohátulalacuntriisu pecho cual te^^oru reeübrad<i 
y que tómia perder, y exclatró: 

— ¡ViVea, T»íre!4a iiun! ¡todo está bien entóitaeji, todo es- 
tá bteiiL • * - He vendido iiii carrito: p<idn*mo« com**r p»n,y 
ahora que vuelvo á encontrarte ftoy dieboíio cor^o mi gnDtó 
del parafflo . Creiii h&bertj ptírdido paríi siempre!.,-. 

Aüa se acercó á la mujer rmi una tus^a lleita de vicio y la 
preüíeiitd á los labio» trámalos de la enferma. , , , SOeotrai 
que e¿!ta tragaba algunaa goiHí* d<^l b*'iiéii en cordial, Ftímt 
Cüii^irleraba sucetiivauíeüle con profnndo asonibru á Ana y 
á su Hiníga, . . . Adelti se hallaba at lado del hogar dicitrodo 
al uiñocun tonoafectuoio: 

— Calienta tUíi raanecitai, querido niño, y come etita re- 
banada, voy á darte otra 

El |>iibre artesano parecía »alir de uu aueün; pur primera 
vez notaba en Bu la preiencía de ta^t dos aeñura». 

-—Excusadme, dijo por último, excusadme señoras, pomo 
baberos dado las gracias por vuestras bondades para con mi 
oiujer. ¡Gracias mil os seHn dadas! 

^^Bueua geute, dijo Ana dando firmeza ásu voz, ya sabe- 
jonos cuánto o<« han hecho sufrir el hambre y el frió, y cuan 
penoso 08 seria pedir mendigando uu pan qiie siempre habéis 
ganado honrosamente con el sudor d ) vuestras frentes. Se- 
mejantes tentimientO!4 os honran, y de hoy mas, os lo pro- 
meto, ¡no volvereis á sentir la necesidad! 

Colocó sobre la mesa un puñado de dinero y añadió: 

—He aqut una corea suma; á vue^^tra puerta encontrareis 
papas, pan y leña; todo os pertenece. El carrito, con que 
ganabais el sustento, no ha cambiado de dueño, vbestro es, 
continuad usándolo; vivid honradamente como hasta aquí; 
no mendiguéis, y si el hambre ó el frío os visitasen de Sue- 
vo, he aquf, en esta tarjeta, mi nombre y las señas de mi ca- 
sa; recordad que poseéis en mí una protectora y una amiga* 

Mientras que Ana hablaba no se oía el menor soplo, pero 
un torrente de silenciosas lágrimas inundaba las mejillas del 
artesano y su mujer. Ni el uno ni la otra podían expresarse: 
miraban á la joven con un asombro indecible: y^puando hu- 
bo acabado de hablar, la pubre madre, cayendo Se rodillaSt 
tomó la mano de so bienhechora y exclamó: 

— Oü! señora, Dios os bendecirá én la vida y en la muer* 



LA VBHDAD CATÓLICA. 293 

tB^ & vn% qne habéis venirlo cual buen ángel á nuestra casa ^ 
impeHido que yo falleciera! 

— ¿Estáis con ten ta, buena naadre? contesó Ana con dulce 

SODriPB. 

— Oh! sí, sf, señora, somos dichosos! Ved á nuestro ' Jiía- 
nito bailando y saltando delante del fuego. ¡Pobre inocente! 
Y si nuestra pobre hijita, que está ahí, rnuriéndose quisa, 

pudiese hablar, ella también os bendeciría 

A estas palabras, Ana acudió á la cama, contempló á la 
niña, y no tanió en notar que solo la necesidad la conducia 
al sepulcro. Hizo señs á su compañera, y ambas se dispusie- 
ron á partir; pero Adela, á quien regocijaba la alegría del 
niño. Te tomó en sus brazos, y le dio un beso antes de ale* 
]srse. Ana dijo á ios padres: 

— ^Quedad en paz, buena gente; antes que trascurra me- 
dís hura un fHCuitHtivo vendrá á visitar á vuestra hija, y si 
mía presentimientos no. me engañan, buena madre, veréis 
crecer á esa niña y hacerse una mujer. 

A esta predicción una sonrisa de felicidad iluminó el ros- 
ero tiel padre y de la madre, mientras que dirigían un dilu- 
vio de bendiciones á las dos amigas que iban alejándose. 

Coornovida» ambas, no encimtraban palabras con que ex- 
presar el enternecimiento profundo y delicioso de que su al- 
ma ae hallaba inundada. En Gn Ana tomó la palabra. 

— Y bien Adela, ¿crees que los pobres sean tan despre- 
etables? 

— Oh! no, mil veces no! contestó la joven. ¡Cuan dichosa 
*ojj querida amiga, con haberte encontrado esta mañana! 
parece que una felicidad celestial, una felicidad deseo noci- 
^^ ^ ha apoderado de mi corazón! oh! ya no temo á los 
pobres — . ¿No notaste que be^é ropetidns veces & aquel 
nifiu! Olí! qué amable, qué dulce y alegre niño! £n verdad 
le quiero! 

-«¡Pobre pequeñuelo! lágrimas tenia en los ojos &I sepa- 
Túree de tt ... y ahora, amiga, ¿hay dicha mayor que la 
notíNtra? Esas buenas gentes se morían de hambre, y alzaban 
al cielo sos manos suplicantes; invocaban el auxilio del Se- 
ñor, y he aquí que entramos en su morada cual mensajeras 
de la Providencia; nos bendecían de rodillas como si hubié- 
semos sido ángeles encargados de anunciarles que su ora- 
ción habia sido escuchada; alabaron á Dios dándonos las 
gracias, ¡üh! querida Adela, esas lágríoias de alegría resca- 
tarán algún día nuestros pecados en eJ iribunal del Juez so- 
berano. 



22i LA VEEDAD CATÓLICA. 

— Oh! como tú lo comprendo yo; mi corazón me lo dic^ 
bastante, contestó Adela; querida amiga, permíteme en ide — . 
lante visitar los pobres contigo y tomur imrce en tus buenas 

obras. . . . hemos encontrado ^1 paraíso sobre la tierra 

Oh! santa caridad! desdichados los que te ignoran! desdicha^ ^ 
dos los que desdeñan las puras delicias á que das lugar! 

Hablando así las dos señoras, desaparecieron por la esqui^^ 
na de la calle de Stoboken. 



REVISTA RELIGIOSA. 



ííOTABLK C0NVKR810N. — Escriben de Sevilla con fecba9 
de Junio próximo pasado, qtie habia sido bautizado en la ca- 
pilla interior de la casa de huérfanos de S. Luis, de aquella . 
ciudad, el apreciabie joven norteamericano Mr. Carlos Fer- 
nando María Griífin, miembro dt^ una de las i'amilias mas 
distin«¿;ijida8 de Nueva York. Le administró el sacramento, 
por delegación del Emm9 Cardenal Arzobispo de Sevillu, el 
R. P. Joaquin María Medina, de la Conipafiía de Jesús, en 
presencia de varia» personas entre las cuales tisíuraba el Dr* 
Hosaus, ministro protestante alemán, que según parece imi- 
tará en b'w»» el ejemplo de Mr. GrifTin. Este tiene 22 años 
lie edad y í o encuentra actualmente en Sajonia. desde donde 
escribe á su catequista que persevera en la práctica de los 
sacramentos y que aguarda con resignación cristiana la 
muerte que hace probable y próxima la terrible dolencia 
que le aqueja. Tales son los resultados producidos por una 
vertladera devoción y el desprecio falso del respeto humaoor 
en un joven dotado por otra parte áe todo lo que el mundo 
llama "brillantes cualidades." 



la verdad oatómca. 226 

Recepción del vicario apostólico de los buloaros en 
COJWS5T^NTI50PLA. — Lw católicos búlgaros de Constantinopla 
han dado ana acogida brillante al nuevo Arzobispo y Vicario 
Apost-^lico consagrado por Su Santidad. Añádese que el Sul- 
tán quiso honrar al nuevo prehido enviándole dore individuos 
de su guardia para que le acompañasen. — Se asesura que el 
gobierno otomano, de acuerdo con la comunidad búlgara, 
acaba de designar la ciudad de Filipópolis como residencia 
del n uevo Arzobispo. Esa ciudad dista unos 1^5 kilómetros 
de Andrínópolis, y encierra unji poblariorM-ristiana nume- 
roí*a. 



^XTELiA DE otra NACIÓN AL CA TOLiCíSMo.— Las Últimas 
noticias de Europa nos hacen saber un giatu aconreeimiento: 
di(iese que los grie^jos de la Herzegovii»a Inferior desean ser 
aanaitidos en el gremio de la Iglesia católica. La población 
p ía Herzegovina es de unos 200.000 habitante.'!, de los cua- 
¡ea la niitad son mahometanos y el resto se divide por partes 
í?^alea entre las Iglesias Griega y Latina. El anunciado mo- 
^J^iento hacia el Catolicismo, no solo hará volver al redil 
oO.OOo ovejas descarriadas, sino que, según expresión de un 
P^^iódico, *»extirpará de raiz los errores del cisma del antiguo 
^Jí^aHo de S. Sabas.'' «'Esperamos, añade el mismo perió- 
^1^^» poder dar en breve la noticia de su consumación me- 
p*J*« la consagración de un patriarca herzegoviano por el 
^*^re Santo en la capital del orbe católico." 



*-A SOCIEDAD DE 8. VIOKOTE DE PAULEN KsI'\Sa.— Oon 

^ ^ título acaba de publicarse en Bélgica un foll^íro en que 

sooi^^ curiosos detaUes aohi- el desarrollo 1m e^t.t ndmirahlp 

^Vjedad en la Península. A fines de 1859 L-» ^ .r-.i^lnd de S. 

de U ^ *^: ^o n^"^*""" *^P^°" "^'O' AJ.OOO :nieinbros, 

reno" """Üf" l'^^^ T wtivos. repartidos entr^ .363 Coníe- 

de u'^'- ^ número de pobres visitados p.r e.tos apóstoles 

de l,r ?"^*'* ''''' "7 Prtxitnimente á 12.000. ^ h1 mporfp 

^Z. ^» limosnas recolectadas en «o upI a^\^ ..- ' ir ' ; a 

600.000 francos. El autordel S oht^v " 'Zt 

estos ,on guarismos mu,,aiSrií ' '''' ?'''" ^aI 

AarunaideLxactadelaíJ?¿^^^ «^'^^'T^^ d'^tan d. 

que en ella existen, adenTdTia JS3!/;i ^^J'T^ ^^1 

?av,l, otras varias asociación* «SSÍ*^ ''^ '\ ^ *f "'' £ 

«Wicsi, ya de hombre*. /• 

VII. — 20 



226 LA VERDAD CATÓLICA 

»le seíiora'í, (jue bajo distintos nombres se dedica ti á aliv- 
ios padecimientos de las clases menesterosas y suministrari 
los auxilios temporales. (Abreviado del N. Y. Tablet). 



Segundo concilio provincial dk nubva-yobk. — ^El d^:^ 
mingo 2 del pasado Junio se inauguró en la Catedral de Sm^ ^ 
Patricio de dicha ciudad el segundo Concilio provincial. Asi^^ 
tíeron al acto, ademas del Illmo. Sr. Arzobispo Hughes, qn ^ 
lo presidió, los RR. Obispos Macfarland, de Hartford^ B^^ 
con, de Portland, Bayley, de Newark, Loui^hlin, de Breo — 
klyn, Timón, de Búfíalo, Fitzpatrik, de Boston, ATCIo» — 
key, de Albany, y los Señores Obispos de Guadalajar^»- 
y S. Luis de Potosí, en Méjico. En dicha primera sesión fue — 
ron nombrados para desempeñar los diversos cargos: el Sr- 
Obispo M'Clohkey, para Promotor, el R. Dr. Cumminga pa— 
ra Notario, el R. P. Ciampi, S. J. y el R. Mr. Preston para» 
Secretarios; el P. Me Neirny, para primer Maestro de cere- 
monias, el P. Farrell para segundo, y losR. B. Glackmeyer 
S. J., y J. T. Doyle para Chantres. La segunda seaion del 
Concilio tuvo lugar el 5, celebrándose una misa solemne de 
Requitm por el eterno descanso de los Prelados difuntos de 
la Provincia. Ofició el R« Obispo Bacon, y predicó el Illmo. 
Sr. Hughes, Arzobispo de Nueva Tork. Le^ última reunión 
se verificó el 9 oficiando el M. R. Arzobispo, y ocu{>ando la 
cátedra del Espíritu-Santo el Sr. Obispo M'Closkey, de Al- 
bany. 



Solemne instalación de monsbi^or odin en la silla 
ARZOBISPAL de nueva orleans. — Las noticlas de esta última 
ciudad nos llegan con tal atraso que hasta ahora no nos ha 
sido posible dar cuenta á nuestros lectores de la instalación 
solemne de Monseñor Oiin, verificada en aquella iglesia me- 
tropolitana el domingo 26 de Mayo próximo pasado. Según 
ríuestro apreciable colega el PropagcUeur Calholique^ tanto 
la procesión que acompañó al nuevo prelado de su palacio 
arzobispal á la catedral, y de ésta á aq^iel, como la cere- 
monia misma de la instalación fueron en extremo imponen- 
tes, no contribuyendo poco á la solemnidad de estos actos la 
presencia de la tropa que hizo los honores debidos al nuevo 
Arzobispo, así como las demás personas distinguidas que á 



La verdad católica. 227 

aquellos coDCurrieron. Según vemos en la pastoral dirigida 

por Monseñor Odio al clero y pueblo de su diócesis, dicho 

prelado ha tenido á bien nombrar sus vicarios generales al 

abate Rousselon, que ya lo era del difunto Monseñor Blanc, 

y al abate Perché, digno director del Propagateur. 



FaLLBOIMIENTO de UR. M A2KK0D, OBISPO DE MARSELLA. — 

I)e algún tiempo á estaparte nos hemos visto en la triste 
precisión de anunciar á nuestros lectores la muerte de varios 
oniiQentes individuos del episcopado francés. Hoy tenemos 
4^U azregar el nombre de Monseñor de Mazenod, Obispo de 
IfaraiHlay á la ñinebre lista. El difunto prelado, que ademas 
de 8u dignidad episcopal tenia la del Senador del Imperio, 
posaba de una gran reputación como sabio. 



C!ol7^^RSI0NES EN IKQLATERRA. — La Iglesia Católica que 

*® i'egocijacon la conversión, ya casi probada, de la duque- 

'^ de Kent, madre de la Reina Victoria, en los últimos mo- 

°™®ntosde su vida, cuenta entre los hijos pródigos vuel- 

^^^ & su seno á Sir Carlos C. Domville, descendiente de 

^pa^ noble familia inglesa, y á uno de los miembros mas 

^«tinguidos de la Escuela de Ih Reina, en Westminster, 

^^' Harrison. Este señor era uin» de [os primeros inscritos 

Pji'a 8er elegido, ya en la Iglesia cíe Cristo, Oxford, ya en el 

^oíe^rfo t¿^ la Trinidad, Cambridge. A consecuencia de su 

^íívtírsion, Mr.Harrisson ha tenido que salir de la Escuela 

^^ ^Westminster. 



SüSjDRICION EN FAVOR DE LOS CRISTIANOS DE SIRIA. — La 

"8t^ 76* publicada por la Obra délas Escuelas de Oriente, en- 
5*^8«da en París de dicha suscricion, hace ascender lo reco- 
lectiidQ hasta entonces en favor de los cristianos de Siria á 
^•lQO,336fr. JOc. 



^^ATA NOTICIA. — Ha de serlo ciertamente para todos los 
^*^Iicos la que desde la llegada del último vapor inglés se 
^^^ Comunicó verbal mente. Hablamos de la conversión al 
^•^oiiciamo de Mr. Guizot y su hijo que, como todos sabea> 



SS8 tiA 7EEÓAD aATÓLlOA- 

han pertenecido hasta ahora al culto protestante. El vapuf 
correo de España ha venido á dar mayor fuiídameata é esta 
aotieitt, pne5 según leemos en La fíegemrncifm de Madrid 
det dia6 de Junio, La Armoniu, periódico acreditado de Tu- 
rin, dice con referencia k utia carta de Parh ''que m anuci- 
ciábala próxima conFersion al catolicismo de Mr, Guizot j 
de su hijo." ;DÍoi lo haga! —También el MetrrrpoUían Rfcord 
de Nueva York del 99 de Jmoio, que ret^ib irnos después á^ 
escrito lo que precede^ nos da la misma noticia» auíique se- 
gnn dicho perióitico se tenía ya por verificada la vuelta a! 
catolicismo de Mr. ftuizot y de m bijo< 



Fallecimiento del conde de cavohe*^ — ^La muerte de 
Mr, de Cavour, de que ya tienen noticia nuestros lertortís 
por loa periódicos dianoa, es uo suceso demasiado norable t*ir 
las actuales circuostaneitts para que no nos detengamos t\ 
ocuparnos de ella, siquiera brevemente- Todas las relaciones 
que hasta ahora hemos recibido del fín de aquel hombre de 
estado están acordes en decirnos que murió con los auxilios 
de la religión: celebraremos que así sea y que haya fallecido 
con las disposiciones. que debe tenef todo cristiano al ir á 
comparecer ante el Supremo Juez. Paz á sus restos, miseri- 
cordia para su alma, ^les son nuestros mas sinceros votoe. 
Al paso que estos eran los sentimientos deque te hallaban 

Í>08eido8 nuestros corazones al recibir la primera nueva del 
alleciraiento del Conde de Cavour, no podíamos ménoa que 
pensar en la fragilidad de las resoluciones humanas, '^Deo- 
tro de seis meses estaremos en Roma," había dicho el Conde 
en el Parlamento de Turín, y la muerte inexorable ha veni- 
do á cortar su existencia antes que pudiera dar cumpümiea- 
to á su 'promesa. — El falleoimiento det Conde de Cavour es 
una pérdida irreparable para el partido que aboga y lucha 
por la Ohidad italiana. ¿Cifál será la suerte de dicho partido 
después de este suceso? ¡Dios solo sabe lo que nos tiene re- 
servado el porvenir! 



LA VERDAD CATÓLICA. 229 



CROmCA LOCAL. 



Strmtma que han de predicarse en esta Santa Iglesia Catedral 
^ los segundos seis meses del corriente año de 1861. 

<^ulio 8.— Sta. Isabel, un Padre de las Escuelas Pías. 

Id. 9.— Funeral de los Caballeros de la orden, un Padre 
délas Elscuelas Pias. 

Agoato 16. — Asunción deNtra. Señora, Pbro. D. Julián 
GfonzaUí. 

id. 18. — ^Dominica infraoctava de id., un Padre de la Com- 
pañía de Jesús. 

Setiembre 8.— Natividad de Ntra. Señorft, Pbro. D. Rafael 
Ignacio Cortés. 

^oviembre 19— Todos los Santos, Sr. Dr. D. Marcelino 

l/í *'**'' C*"^'^*8^ Magistral. 

Id- 3«— Dominica 24 Post. Pentecostés, Pbro. D. Juan del 
Cerro. 

n n "^^^ — Dominica 26 Post Pentecostés, Sr. Prebendado 
^' *'^^fon80 Montoya. • 

*^; S9,— La Nube, Pbro. D. Rafael Ignacio Cortés. 

Djci^iiíbre 8. — La Inmaculada Concepción, Sr. Dr. D. 
^**afj^^l ino del Cagigal, Canónigo Magistral. 

•JA ^^ — La Calenda, Sr. Prebendado D. Ildefonso Montoya. 

Id. a^^^ — Natividad de Ntro. Sr. Jesucristo, Sr. Dr. D. Mar- 
ceuDo Jei Cagigal, Canónigo Magistral. 

-^^^iento. — Diciembre 19 — Dominica primera, un Padre de 
•«•^^cuelaa Pias. 

Id» 15, — Dominica tercera, un Padre de las Escuelas Pias. 

*^* S2. — Dominica cuarta, un Padre de las Escuelas Pias 

^^^ mandado de S. E. I. — Pedro Sánchez, secretario. 



Niétta parroquia de Versalles en Matanzas^ — Una soberana 
disposición, fecha 16 de Mayo último, acaba de añadir una 
feligresía mas á las que ya contaba la diócesis de \a Habana: 
008 contraemos á la que S. M. ba mandado erigir bajo la 
advocación de S. Pedro Apóstol en Versalles, una de las bar- 
riadas de Matanzas. Tic tupo hacia que los habitantes de 
evU última ciudad se lamentaban de no contar con mas 




];r4rERDAD CATÓLICA. 

ígt^sm que la parroqnial de S. Cárlaa, qué si bi6n &i b&ütimi 
te esfmciusíi* no t^s «liRüiiiüte empürtí ¡mm llenar la» tvücaii^ 
dadt^fl eapirítudles dt* aquel vasta vecindiifio. Pi*r í*Tra [nirM 
la inmt^diata püblaejun <Jc^ Pueblu Nueva, «iiüadrí eu idén^ 
tiento í!Írcaii9ttt(icm« que Venal le?, se huila dotaJa hace tier^ 
po de la car rtíS|H)iNÍitííi te iglesia tanibíeti erigida en ¡larroquiaJ 
y jiíitOi justfsiiiKi tira que su htfniníns V«>rsatles diflíruitiié 
d*; iíf'ml beiit^ficro. SuIü falta ahora que unido el vacíudurMl 
de M^c/in^aa á ^u ilustre Muiiieipío^ coudyuveii tudos 6 tiiii 
para qtie ae lleve á caba la por tantos aoüi pruyectads tgte4 
nin, de Versíilleüí á fin que de **iía modo ae re4iHct.^ii los hené* 
ñcañ miras del 8u|iretnti Gobierno, al instituir esa ouevado^ 
marcación eclesiástica. Ei^to será tanto mas fácil cuanta 
que, fieguu nueétrai^ noticiáis, una peraona piado^a^ refti^küM 
hoy en n\ t*xtrangero, ha cedido un terreno al efeero. rtf$ce«ft 
tátitlosetim 8tílox]ue los re[iresentautes de dicha peraona e^ 
esta isla acaben de forniíilizar la corr^poodiente escnturi 
dtí ceaiau: ¡Ojalá que se^ en breve! i 



Comunim general y JiesCa á S. Luis Oonzaga. — El 21 del 
pasado celebraba la Iglesia las glorías del angélico joven S. 
Luis Gonxaga. Con tal motivo los alumoos del Real Colegro 
de Belén, de quien es especial patrono, así como lo ea de to- 
da la juventud estudiosa, se prepararon á honrarle de un mo- 
do especial recibiendo en su seno al Dios sacramentado. AI 
efecto dijo á las 7 de la mañana una misa rezada en la is^fe- 
sia de Nuestra Señora de Belén el Excmo. é Illmo. Sr. Ooia- 
o, al fin de la cual distribuyó nuestro querido Prelado el pan 
vida, así á los niños que por primera vez tenian la dioha 
de recibir á aa Dios, como á los demás alumnos del colegio 
que dirigen los RR. PP. Jesuítas. Luego que hubo acabado 
de celebrar S. E. L, se dijo una misa también rezada, por uno 
de dichos RR. PP., y aoto continuo se celebró la solemne 
fieata á S. Luis Goozaga, en que ofició el Illmo. Sr. Arcedia- 
no, Provisor y Vicario D. Bonifacio Quintín de Villaeacuaa. 
A su debido tiempo ocupó la cátedra del Ilspfritu-Saoto el 
B. P. Maruri, quien en un elocuente y sentido discurao pre- 
sentó á su juvenil auditorio al ínclito santo coyas alabanzas 
hacia como ''mártir de la caridad." Estas palabras de Santa 
Magdalena de Pazzis, aplicadas á S. Luis Gonzaga por la mis- 
ma sierva de Dios, suministraron asunto al R. P. Harurt pa- 
ra pronunciar uno de los mas bellos panegíricos qae hayamos 



LA YERDID CATÓLICA. 231 

oido. Acostumbrados á ver considerar á S.Luis Gonzaga ba- 
jo unasoiade sus fuces ó aspectos, el de su pureza y castidadf 
006 «orpreodió agradablemente el nuevo punto de vista en 
que se colocaba el orador, haciéndonos concebir, si cabe, 
mayor idea aun del noble descendiente de los ilustres condes 
deCastelloQ, trasformado en hijo humilde de S. Ignacio. La 
música que se cantó en esta fiesta era de un distinguido 
miembro de la Compañía, el R. P. Lambillotte. 



ImágñHjbtográfica de Nuatra Señora de la Caridad del Co- 
^'^•— Los numerosos devotos que en nuestra Isla cuenta la 
milagrosa imagen de Nue<«tra Señora que se venera en el 
santuario del Cobre, se alegrarán de saber que unos fotógra- 
fos de Trinidad, los Sres. Herr. y C^ han logrado sacar una 
copia fiel de dicha imagen, cuyos ejemplares anuncian de 
venta en 8u laboratorio, calle del Desengaño n9 104, en la 
referida ciudad. Nos llama la atención en el anuncio pu- 
blicado por dichos Sres. en el Redactor de Cuba, la circuns- 
(snciade que, según se dice, cada prueba irá acompañada de 
Ift relación impresa de un suceso ocurrido al recibirse la ima- 
gen de la Santísima Virgen en la cámara oscura, Añíidese en 
el mismo anuncio que veinte personas presenciaron el hecho, 
que podrán certificar, pero acerca del cual no se nos dan mas 
poni)enores. 



*|£í AUhí Católica^ Periódico ReligiotOy Científico y Lite- 
rar¿."-.pQr el último vapor correo de la Península hemos 
recibido una atenta carta del Sr. D. Andrés Rozas, adminis- 
trador de la Comisión central de obras religiosas, establecida 
60 Madrid, en que dicho Sr. nos anuncia la próxima publi- 
<^iOQ de un nuevo periódico religioso con el título que en- 
cabeza esta noticia, y bajo la dirección de dicho señor. Con la 
referida carta llegó también á nuestras manos el prospecto 
de la publicación proyectada, d^l cual extractamos los si- 
guieotes datos, advirtiendo que no tendremos inconveniente 
en hacer llegar á manos de los editores los pedidos de suscri- 
cíooesque quieran hacérsele, así como el importe de éstas, 
por estar facultados al efecto. — El Alba Católica sMrá á luz 
todos los lunes por entregas de á ocho páginas en folio y á 
dos columnas, siendo el precio en Ultramar el de 100 reales 
de vellón, ó sean 6 pesos, a I año. Los que se suscriban desde 



2o*J LA VLRDAD CATÓLICA. 

e.l priintíf ijiiínero leriilréin opcñuii a «Jtia coleccjon df 
de Illmos. Sres. Obispos y otras personas célebres queseen ^^ 
pañarán ásus biografías. Los editores se encargan ignalnne^ ' 
te de evacuar todos los negocios que los suscritores teng*^^^ 
en la corte, como presentar solicitudes en las oficinas co ^ ^ 
respondientes y dar gratuitamente las noticias y consulti^^ 
que se les pidan. 



Fallecimiento de un sacerdote. — El dia 2 del actual falle- ^ 
ció en esta ciudad el joven Pbro. D. Gerónimo Navarro, de 
la diócesis de Canarias, quien sé hallaba de paso en la Ha- 
bana, á la cual había llegado hacia poco tiempo. Victima de 
la enfermedad endémica, el Sr, Pbro. Navarro deja sumido 
en la mas honda aflicción á sfu Sr. padro^ que se halla entre 
nosotros, y no dudamos que será también vivamente sentido 
por su Prelado, el Sr. Obispo de Canarias, que le distinguía 
de una manera particular. Nosotros que tuvimos ocasión de 
tratarle, lamentamos que haya perdido la Iglesia en ese jo- 
ven sacerdote un miembro útil que hubiera podilo prestarle 
con el tiempo, señalados servicios. Dios lo ha dispuesto de 
otro modo. ¡Loado sea su santo nombre, y quiera el Autor 
de todo lo criado dar el eterno descanso al ministro del Evan- 
gelio que acaba de bajar al sepulcro! 



Iglesia huérfana. — El dia 4 del actual llegó á esta ciu- 
dad la triste noticia de haber fallecido el Excmo. é illmo- 

SR. DR. D. MANUEL MARÍA NEOÜKRÜELA Y MENDI, dignísi- 
mo Arzobispo de Santiago de Cuba. La diócesis hermana I lo- 
ra á su Prelado, la de la Habana á su Metropolitano. Honra- 
dos con la amistad del ilustre difunto desde su llegada á 
esta isla, nos es doblemente sensible su pérdida, ademj^s de 
que por otro lado sus pnnidas personales le hacían acreedor 
al respeto y consideración de cuantos le conocian. Cual 
buen pastor ha muerto en medio de sus ovejas, habiendo 
quizá contraído la enfermedad que le condujo al sepulcro en 
la visita pastoral que acababa de practicar por su diócesis. 
A reserva de ocuparnos mas detenidamente de este distin- 
guido miembro del Episcopado español, deploramos su 
muerte y pedimos al cielo que dé, á él el descanso eterno á 
que le hicieron acreedor sus virtudes y celo pastoral, y á la 
diócesis de Cuba un prelado semejante al que acaba de per- 
der.— R. I. P. 



D^mliftffo 9i de Julio de IMil. 



SECCIÓN RELIGIOSA. 




E5ÍTIERRO 

IH£L KYCÜO. E ILLVO. «R. ARZOBISPO DE CVRA, 



De El Rcdiícior tomamos el siguiente artículo: 



ATRIBULADO todavía nu<»stro espíritu con la inespc- 
^rada muerte de nuestro t»8clarecido Prelado Excnio. 
'élllmo. Sr. Arzobispo, Dr. D, Manuel María Negue- 
ruela y Mendi, de que dimos cuenta en el nfifnero an- 
terior, no podremos inforninr á nuestros lecton-s <ie 
8u entierro, sino de un modo muy breve y desaüña- 
J<>;pue«no es la mera pompa fúnebre loque en ese acto 
ncM debe ocupar y consolar, sino la espontaneidad de todas 
ia^i clases de la población á concurrir á ese acto, y el modo 
respetuoso, circunspecto y comedido con que lo verifica- 
rou. 

Go efecto, sin previo, convite y aun sin tiempo suficiente 
para avisarse, porque todos creían que se tendría el cadáver 
de 8. E. I. tres días en su palacio, no por esto dejó de verse 
ese «KÜficio lleno de gentes, que con el mas profundo respeto 

VIL— 30 



234 LA VERDAD CATÓLICA. 

se acercaban al venerable Prelado á besar su anillo; pues que 
con este objeto se le colocó convenientemente en el féretro 
vestido de pontifical. A ese respetuoso acto acompañaban 
muchas personas algunas oraciqnes, pronunciadas en voz ba- 
jn y conmovida, y aun corrian algunas lágrimas; cosa nada 
extraña: porque aquella mano en que estaba el anillo, habia 
prestado el socorro; aquel apostólico varón habia derramado 
el consuelo á muchos necesitados; y ese recuerdo no podia 
ser indiferente á unos ni á otros, como no podia menos aun 
serlo á los que con mas elementos para juzgar el tamaño de 
la pérdida, la lloraban y lloran con razón; porque allí se api- 
ñaban á la mente el recuerdo de los desvelos de S. E. I. por 
mejorar el Seminario, que es el plantel para un clero tan nu- 
meroso y bueno ctial la época lo exige; los planes que su 
ilustrada uiente revolvia para bien de su Diócesis; la Santa 
Visita, que acaba de hacer al interior; la fundación de la so- 
ciedad de San Vicente de Paul, que t.intos bienes puede y 
comienza ya á producir; allí en fin se veiaii malogradas tan- 
tas y tan fundadas esperanzas; pues un Prelado como el 
Sr, Negueruela, de tan profunda y extensa instrucción, de 
tan acrisolada virtud, de carácter tan justiciero al misuu» 
tiempo que de tan dulce genio, de tan simpática amabilidad, 
dt^ solo cincuenta años, cumplidos el 2 de Febrero de este 
año y de solo diez y ocho meses de permanencia en Cuba, 
bien podia haber hecho un largo y fructuosísimo Pontificado, 
si Dios no le hubicíii; llamado áotra viila, por ser esta su vo 
luntad, con que nos conformamos; porque somos cristianos 
y respetamos con «rusto sus incomprensibles misterios. 

Poco tiempo, repetimos, tuvo el vecindario para ese con- 
suelo, para ese desahogo á su dolí>r; porque S. E. Illma. «lis- 
pnso en su testamento qu»^ no se le embalsamara, y sin ese 
preservativo no era posible tenerle ins(»[»ulto mas de doct» ho- 
ras; pero hoy todavía se considera tal, pu(is ha i ido niuí*hos 
á visitar su sepultura, dejar caei* sobre ella abundantes lái^ri- 
mas, elevar al <;¡elo fervorosas oraciones y consagrarle ter- 
nísimos recuerdos. 

Las cinco de la tarde era la hora señalada para el entierro, 
y mucho antes de esa hora estaban llenos de gentes el Pala- 
cio, su patio, las calles por donde habia de pasar el venera- 
ble difunto, la plaza de Armas, el atrio de la Catedral y la 
Catedral misma. 

Los hermanos de la Cofradía de la Misericordia, su|»Iích- 
ron se les diese la preferencia, para ser ellos los que bajaran 
el cadáver del féretro en que estaba en la sala principal del 



LA VERDAD CATÓLICA. 23á 

Palacio á otro que estaba colocado en el primer piso, & la en- 
trada á ese edificio, donde se entonaron los primeros cantos 
83grados, y partió el entierro, en la forma acostumbrada para 
los Sres. Arzobispos, por las calles de S. Juan Nepomuceno, 
Enramadas y Santo Tomás, haciéndose tres paradas para las 
posas; y llegando al templo, se le hicieron los oficios corres- 
pondientes con todo hicimiento y pompa, y concluyeron á 
la^ ocho de la noche. 

El cortejo de este entierro fué tan lucido como numeroso; 
pues áél asistiero ) el Sr. Gobernador y Comandante Gkne- 
ral« ¿ la cabeza del M. I. Ayuntamiento, que asistió con ma- 
zas; el H. V. Cabildo eclesiástico en la forma fúnebre que 
era debida, y todas las autoridades, corporaciones, cuerpos 
militares y civiles, títulos de Castiliu, gentiles hombres, co- 
legio de abogados, escribanos, procuradoras y personas de- 
centes del vecindario, pues no hubo quien no tomara parte 
en este duelo, y quien no procurase ostentar ese generoso y 
noble sentimiento de amor, respeto y gratitud al Prelado. 

Concluidos los áltimos responsos, se le llevó & la fosa que 
le estaba destinada en la misma Santa Iglesia Catedral, en la 
nave derecha, frente al altar del Apóstol Santiago, donde se 
le enterró; retirándose toda la comitiva y el numerosísimo 
pueblo, que llenaba la iglesia, poseído de verdadera pena 
portan lamentable pérdida; pena que, ayer domingo todavía 
se advertia en toda la población, en la que reinó un profun- 
dísimo silencio, que revelaba aun tiempo el sentimiento de 
todos los vecinos, que en esta oca^íiotí, como en otras mu- 
chas, han probado su sensatez y sus virtudes. 



536 LA VERDAD CATÓLíCAí 

VERDADERAS TENDENCIAS 
át U Re? olMioii éod respecto al PMitflica4o« 



Antes de ahora lo hemos dicho: ios que hipócritamente 
pretenden asestar solo sus tiros á la soberanía temporal del 
Papa, y aun eso con la excelente intención de dejar al Pon- 
tífice mas desembarazado y apto para el buen desempeño de 
sus atribuciones espirituales, conspiran en verdad y con sa- 
crilego intento por acabar, si pudieran, con la obra mas es- 
tupenda que han admirado los siglos, la verdadera esposa de 
Jesucristo, la Iglesia Católica en fin. 

Mil y mil hechos han venido á confirmarnos en esa nuestra 
creencia desde que estalló la presente lucha entre el error y 
la verdad, entro el desorden y la autoridad, entre el espíritu 
de las tinieblas y la que á mnnos llenas y á través de los si- 
glos derramó siempre sobre la humanidad los mas brillan- 
tes torrentes de luz. Pero si fuera preciso citar nuevas prue- 
bas en favorde nuestro aserto; si todavia hubiese entre nues- 
tros lectores quien dudase de las verdaderas tendencias de 
la casi mayoría de los partidarios de la revolución, las pala- 
bras que vamos á citar sucesivamente de tres de sus corifeos 
bastarán, así lo creemos, para convencer al mas incrédulo. 

Comencemos por un periodista, oscuro es verdad, Mr, Be- 
nard, pero redactor del Siécle, periódico quizá el mas avan- 
zado de la escuela revolucionaria, y por consiguiente eco fiel 
de las ideas de los de su partido. Pues bien, Mr. Benard, con 
motivo de una tierna ceremonia con que quiso últimamente 
honrar el Papa Pió IX la memoria de uno de los santos por 
él beatificados, el B. Benito José Labre, francés de nacimien- 
to por cierto, haciéndole donación de un magnífico copón de 
cristal de roca, se expresa en estos términos: 

"La Correspondance de Rome da algunos detalles sobre las 
ceremonias que han tenido lugar con motivo de la beatifica- 
ción de esk especie de mendigo llamado Benito José Labre. 

"Los suscritores al Dinero de S. Pedro se alegrarán de sa- 
ber, no lo dudamos, que el Papa ha empleado una parte de 
las sumas que ellos han abonado, en comprar un copón de 
cristal de roca montado en oro y rodeado de una corona de 
amatistas, ¡copón que ha presentado al nuevo santo! 



LA VEBDAD CATÓLICA. 237 

^^La civilización que ha dicho con S. Pablo que el que no 
trabaja no debe comer, honra al trabajo; la corte de Roma 
beatifica la holgazanería; el divorcio no puede ser mas com- 
pleto.'» 

Pudiéramos prolongar nuestra cita, pero queremos evitar 
á los que nos lean el disgusto do tener que tolerar mas blas- 
femias. Meditemos sobre el significado de las palabras sacrí- 
l^as qae violentando nuestra pluma hemos trasladado al pa- 
pel. ¿Cómo se aviene, en primer lugar, no ya el respeto de- 
bido al Pontíñce, sino á la misma Iglesia, con las insolentes 
palabras: esa especie de mendigo^ aplicadas sin mas comenta- 
rio í un mendigo en efecto, pero á un mendigo que esa mis- 
ma Iglesia ha colocado sobre nuestros altares? Nótese en se- 
guida la interpelación hecha á los suscritores en favor del 
Sumo Pontífice; ¿acaso los hijos que dan á su padre piensan 
en pedirle cuenta del uso que hace de sus ofrendas? ¿No se- 
rán ellos por cierto los que siguiendo el ejemplo de ciertos 
judíos de corazón endurecido pregunten al. Vicario de Je- 
sacristo: Ut quid perditio hctá 

Pero lo que mas debe indignarnos, si es que todo no de- 
biera igual mente excitar nuestra indignación, es la especie 
de contraste presentada, no entre San Pablo y la corte 
romna, según pérfidamente se expresa el autor de tan 
nuilhadadas palabras, sino entre el Apóstol de las gentes 
y la'Iglesia de Jesucristo? ¿Es por ventura el Pontífice en ca- 
lidad de Soberano temporal el que beatifica y canoniza á los 
tontos, ó bien lo verifica con su carácter de representante de 
Jesucristo sobre la tierra? Por lo demás siempre distinguió 
la Iglesia al que por vicio se entrega á la holgazanería de 
aquel qoe, desprendido del mundo, se trasforma en pobre de 
Jesucristo, ofreciéndonos en su persona, según el mismo Sal- 
vador, la representación viva del Redentor del mundo. 

Probada qued-i, pues, la piedad del Siicle y de los suyos; 
probado también el depravado fin que se proponen al atacar 
el poder temporal del Papa, fin que no es otro que despresti- 
giar al Pontífice á los ojos de los pueblos, y arrojar el des- 
precio sobre U religión augusta cuya custodia le fué confia- 
da por el Hijo de Dios. 

Acabamos de oir al periodista revolucionario; oigamos ahora 
al héroe de la libertada Dirigiéndose Garibaldi á la Asociación 
obrera de Ñapóles, con motivo de haberle dado esta el título 
de presidente honorario y perpetuo, le dice lo siguiente, en- 
tre otras cosas, en una c.irta publicada en el periódico// 
Ptrpolo d' Italia: 



2*^8 h\ VEKDAD CATÓLICA. 

'^Jesucristo ha echado las bases de la igualdad entre 
hombres y entre los pueblos, y debemos ser buenos cristc 
nos; pero cometeríamos un sacrilegio si corUinuáramos en la 
ligion de los sacerdotes de Roma^ que son los mas feroces ^ i 
mas terribles enemigos de Italia. Así pues, vaya fuera de nue 
tra tierra {dunquejuori di nostra térra) esa secta perversa ^^ 
contagiosa. Queremos que nuestros sacerdotes sean crístiar-^ 
nos, pero no de la secta de nuestros enemigos. Así pues, teo — ' 

{jarnos al ^ey galantwnno á toda costa; pero arrojemos fuera d^* 
a ciudad eterna á las víboras que hacen imposible la unidad.'^ 

Las palabras que acabamos de citar, y que casi todos los 
periódicos de Europa y América han reproducido, uo dejan 
duda acerca de las opiniones, en materias de religión, de uno 
de los hombres que mas enérgicamente han consagrado su 
brazo al triunfo de la causa de la Unidad it^iafia. Quiere 
un clero cristiano, pero no romano, es decir un sacerdocio cris- 
tiano, mas no el legítimamente instituido por nuestro Señor 
Jesucristo. Creemos que muchos, muchísimos revoluciona- 
rios son del mismo modo de pensar que Garibaldi. 

Con los dos trozos que acabamos de citar, tomado el uno 
del periódico mas revolucionario de París, y debido el otro 
á la pluma del solitario de Caprera, pudiéramos dar por de- 
mostrado nuestro aserto, pues ellos prueban de una manera 
irrecusable el espíritu anticatólico que predomina en los fau- 
tores del movimiento italiano. Sin embargo existe otro per- 
sonaje tristemente célebre en los anales de las revoluciones 
italianas, existe un monje apóstata que después de haber fi- 
gurado en la basílica de S. Pedro, en iinion de otros dos sa- 
cerdotes rebeldes cuando el Papa Pió IX se hallaba ausente 
de Roma en 1849, ha recorrido el ñiundo. revestido de sus 
hábitos profanados, arrojando la calumnia y el desplació so- 
bre la religión del Crucificado. Este monje apóstata, Gavaz- 
zi, pues no es otro, acaba de publicar un folleto en que dice 
que Italia no fuede combatir con razón el poder temporal id 
Papa sin hacerse toda protestante. 

Como se ve el ex-monje ha sido aun mas explícito, si bien 
quizá menos blasfemo, qu.e el Siécle y Garibaldi. De todos 
modos, una cosa queda probada: al atacar la revolución el 
poder temporal del Pontífice, se propone como último fin el 
temerario y loco objeto de derribar la Iglesia augusta funda- 
da por Jesucristo, y de la cual dijo el Salvador del mundo 
que edificada sobre la roca de Pedro, no prevalecerían contra 
ella las puertas del infierno. — Esta es también nuestra mas 
firme creencia. 

R. A. a 



LA VERDAD CATÓLICA. 239 



EL PADRE J&VIEB DE RAVIONAN. 



(finaliza.) 



EIP.Ravignan explica enseguida la naturaleza délos 
ejercicios espirituales, las constituciones, Has doctrinas y 
(oisioQes de la Compañía, y concluye su tratado con el si- 
guiente trozo, no menos elocuente, aunque mas patético que 
el que acabamos de extractar. 

"Pido la rehabilitación de mi3 padre»! Hijo amante, angustiado 
por las prolijas desventuras de los mios y la injusta sontencia que 
Kubre ellos pesa, ninguna celebridad ambiciono, de ningún talento» 
quiero hacer alarde, solo tengo unaL firme convicción. Solo pido justi- 
cia y ferdad; nada mas necesito. Pido la revisión de una injusta 
*níenc¡a: la pido para mis padres que ya no existen, la pido para mí 
iflismo. Tengo la mas firme convicción de su inocencia, de la nues- 
íni; ni se les juzgó, ni se les oyó; juzgúeseles hoy ... La pido en 
nombre de la patria que no puede ya ver con indiferencia ultrajada 
yiilipendiada, con menosprecio de las leyes, la honra de hombres 
<jw no han cesado de ser hijos suyos La pido para millones de ca- 
tólicos á quienes se trata de insultar dáu<loles un nombre que no es 
suyo, sÍDO nuestro, y que no debe ser ya una injuria. *La demando 
pwa todas las sociedades relif^iosits que han [)lantudo sus tiendas 
l>aío el sol tutelar de la Francia, y sobre hu< (niales recae, á pesar 
<ie nuestros esfuerzos, todo el peso de la aniuíosidad con que se nos 
perwgue. La pido en nombre de a(|uello.s venerables Obispos, (niya 
Toz resonó solemnemente para protestar contra la injusta proscrip- 
ción de toda una familia de religiosos, fiehís á Dios, á la Iglesia, á 
las leyes y á la patria. La demando en nombre de veinte Papas, que 
todos aprobaron, confirmaron y alabar m el instituto proscrito. La 
demando en nombre del Santo Pontífice que por dos veces bendijo 
H í»iielo francés con sn presencia, y que en medio de las prolongadas 
penalidades de su destierro, se consolaba con la resolución de glori- 
ficar á Dios restableciendo la Compañía de Jesús ¿Acaso aquel ve- 
nerable anciano que para todos fué un reparador tan manso y tan 
intrépido, há perdido en el sepul(;ro todos los derechos que da la 
▼irtud, y toda la autoridad de sus recuerdos] La demando en nóm- 
nre de la Iglesia universal, que por boca del inmortal concilio de 
Trento, pronunció una irrevocable aprobación: pium ¿nsfUutum; pi- 
-do, y ai pedirlo solo reclamo para mis hermanos y para mí lo que á 



"210 LA VKR1>AD (ATÓLK'A. 

Kiflos perr»'n»'<<', rl ain^ (!(' la piítria, el díM^cho de vivir, de írabají^»- 
y de sacrificarnos, la libertad juntamente con el (irden, la liberta -^ 
con la justicia. 

**Y ahora he temiiiitdo mi tan5a. Me retiro pensando en Dioü j^ 
en mi país, y siento en lo íntimo de mi alma la grandeza y solemnH-^ 
dad de lo que he hecho. Si he de sucumbir en la lucha, ánte« de sa-^ 
cudir el polvo de mi calzado al dejar el suelo que me vio nacer, iré ^ 
por última ve/, á Kentaniic al pié del pulpito de Nuestra Señora, y 
allí, llevando dentro de mí mismo la imperecedera evidencia de U 
justicia desconocida lloraré sobre mi patria exclamando tristemente: 
Hubo un dia en que la verdad fué dicha; una voz la proclamó; mas 
no se hizo justicia, faltó corazón para hacerla. En pos de nosotinos 
queda la constitución violada, la libertad de conciencia destruida, 
la justicia ultrajada, y un crimen mas cometido; pero todo habrá «do 
on vano. Lucirá un dia mas sereno; me lo dice un in&lible presenti- 
miento de mi alma, y ese dia no está lejano. La historia no callará 
el paso que acabo de dar; su fallo inexorable caerá sobre un siglo 
injusto. Por([ue tú, oh Señor, no consentirás que la iniquidad triunfe 
para siempre acá en la tierra; sino que ordenarás que la justicia de) 
tiempo preceda á la de la eternidad" (1). 

No se nota en el libro del P. Bavigiian el menor propósito 
de refutar los varios cargos presentados por Michelety otros 
contra la Orden; dejó esta Carea al P. Cahour eu su obra. 
LesJésuites, par un Jésuiíe'y pero mHuitiestH la naturaleza de 
los Ejercicios Espirituales, de las Constituciones y Reglas, y 
de las doctrinas de la Compañía, haciendo ver á un público . 
Ignorante el verdadero carácter de aquellos jc^suitas á quie- 
nes tanto temía por no conocerlos, pidiendo resueltamente 
la justicia y la libertad á que les vlaban derecho las leyes de 
Francia. Como apéndice áeste llamamiento salió á luz una 
discusión de las leyes relativas á las Ordenes religiosas en 
Francia, por H. de Vatimesnil, uno de lo** letrados mas en-' 
rendidos de dicho país, en la cual se probaba de un modo de- 
cisivo que las leyes en qae el gobierno trances se apoyaba 
tmra proscribir á los jesuitas no les eran apucabÍHs, por ha- 
ler sido derogabas por las disposicioties del Código penal y 
de la constitución. 

Esta actitud resuelta del P. Ravignan estimuló á los ami- 
Vfi^ de los jesuitas, quienes cornliaban en que el gobierno nada 
podría hacer contra el ios, á ruónos que ellos mismos consin- 
tiimen en su propia destrucción. Los tribunales de justicia, 
iaiiibien celosos por la intervención de la admini^^tracion en 
uuMunto que les era privativo, declararon que toda acción 

I ' íhV F.ii$t%nct et rf« /* Institui des Jf^suUts, pp. I I.S-J 17. 



L.\ VERDAD CATÓLICA. 241 

porparte del gobierno seria ilegal, puesto que si los Jesuítas 
nvian en Francia contra lo dispuesto por la ley, á los tribu- 
n&lesf noal poder ejecutivo correspondia decidir acerca del 
particular. Montalembert, fieugnot, Berryer, Dupanloupy 
otros abrazaron su causa con ardor, vacilando el ministerio en 
cuanto á proceder de una manera tan sumaria contra ellos. 
Entonces trató de valerse del Papa. Cierto fetrath llamado 
Rotti, católico ren'gfido^ según le habla llamado Gregorio XVI 
fuéAnviado por Luis Felipe ú dicho Pontífice, á fin de obte- 
ner de él por medio de amenazas, promesas ó intrigas U su- 
presión de los jesnitas en Francia. El Padre Santo reunió 
una congregación compuesta de Cardenales para deliberar 
acerca del particular, decidiéndose unánimemente que la 
Santa Sede no podia ni debía Hcce<ler á semejantes peticui- 
nefl. B^ta respuesta fué dada á Rossi, sin que mediasen nue- 
vas comunicaciones entre él y la Santa Sede. El eard<mai 
Lambriiachini, sin embargo, ron un carácter oficioso y no 
«íficial, juntamente con otro^, r«» lt»ó al General de los jesui- 
tii». per'íiiadiéndole que la paz de Francia, el bien de la reli- 
gión, y Hun las vidas de los jesuítas franceses dependían de 
l*s concesiDiie^ que s» hiciesen á sus enemigos. El P, Roo- 
than, poco al corrietit«» del verdadero estado de las cosas lín 
Francia, sh (1i*Jó fMTS'iadir, y escribió á los superiores de 
Francia, acó ?!•*»; jal I' lo I es, pues no tiene autoridad para man- 
ieren semejantes materias, que disminuyesen ó suprimiesen 
'««principales casas y noviciados. La obediencia del P. Ra 
vignan y.íle los supíMÍores de Francia fiit^ heroica. Lo que 
Ip ííoató puede verse por lo que es<íribió al geni'-rí»!* **í^i s*» 
hiu^HH cualesquiera concesiones al ministerio, no iim» atreve- 
rla s^i/iiii- por mas f.iempo en P.irí'i ó á presentarme delan- 
tt* 'Ho« pares, diputados ó IíCii I »s que hin pre >arado y 
«prubado la admirable opinión th mi amigo* Vatini«'snil;" y 
ruanílo se recibió lacarta<lel ixener;»! (pie aconsejaba la supre- 
sión (le casi todas sus <5asas, escribió: **To<los los defensores «le 
¡.i rniina católica están con>Leriiad<i8. Levantamos nuestra 
vUu y nuestras manos á Dios. Si yo tuviese una opinión que 
rfar. t4>dav¡a repetiría: la resistenría legal en nombre de la 
ley coaiun y de la libertad. Pero inclinaré la cabeza bajo el 
yuifi) e.i silencio, si así hade ser Mí alma- está muy triste. 
Apenas sé qué pensar ó qué hacer. Muy feliz me considera- 
ría liqnisiestns enviarme fuera de Francia, ó por \o menos, 
léfoí de París, á alj^un tranquilo retiro por un año ó dos. 
Jfas [wrd«madme, cualquiera cpie sea mi pesar, ahora y siem- 
pre deseo obedecer." 

vil.— 31 



2i2 LA VKEDAB CATÓLICA, 

Tmi gratidti era su mortiñcaciotí que uu qutsriu (M^ntiuiiar 
Hus coiift;rt!nciaB (en Nuestra Señora el año «iguieirteí m*i** 
la u|iinmn de &u» ¿iinigos y del Ariobi^po d« Paríi em qut* 
iTüiitlnuAHe áü miiiiüttíríü tnrt públicami'nte cu mu áotetit. Vfv- 
Nt*ntófte líü ol púljiíEo con aiayor éxito qut* nunca; musen- 
te esfuerzo fJiyó uxlmusitfití kur íiitírsia-i^. Su Kíilud hiibía ido 
gaHiátiduéiA con hU.>^ detiuiMUtilt» tí^tcu^iéivoi^ trntuijo^, van la 
larga lucha «irntenida l*u dideuíía de í5íí Ordt*n Cí.>r^(ra «I 
gobTt*rnu, y pnr i^l pesiar <|ye expeririHíutiS cuando lu* jf^- 
BU i tas ÉB vieron ubtigada^^ A inmolaf^e^ á \n ^ñzon «^ih' fa 
victuria iba hai^iétidoittí uuii* cierta* StiWá de París [lara el 
¡*ur de F'raucia, y puífrerjoriuiuite \mnt Rouuu Su '^ahid 
fué ínéjaríindo léiitiiiuente, y en 1S4S volvió á Paríp y 
fui^ iMicHrgiiílo íi*í la dirííccióri de lu cma profesa .íc U 
ealh^ de Sévre»* Al mismo tieaipu entalló la Revniuniou Fran- 
cesa, que Híd á U Iglusia, y e!*pe*^ídl mente á los jeguita», la ü- 
bertad que el iíobierno «Je Luí» Felipe le?* Iiabia arrehatíid**, 
Laeuestieti ele la lib»*rtiul de en seo a n 55a, ijueluibia f^ido rej^u**!- 
til Cí í ! i tra e 1 1 na , v o i v ¡ íS' A mi i *ci t ; 1 r h e . E ! cm tule il tt Fnl I u u x , 1 1 n - 
nistm «lelintruccrori pública, p rene tito al k AsambKti Naeio- 
nal Jina ley sobre la ensefiaiiza que otorgaba todos los dere- 
cho8 que era posible reclamar con éxito. Dicha ley fué apo- 
yada por Montalembert, Dupanioup y casi todos los principa- 
les'miembros católicos. El P. Raviguan se mostró adicto á 
la ley y á los que la favorecían; pero habiaen Francia y hay 
todavía en el dia entre los católicos un partido cuyo único 
principio fiarece ser oponerse á cuanto tratan de poner por 
obra los eminentes hombres de estado católicos que tomaron 
la defensa de U ley. Denunciaron al P. Ravignan 4su general 
como un "ciego partidario é imprudente favorecedor de una 
ley cismática, y como una causa de división entre los católicos 
y entre los miembros de su Orden." Estas acusaciones tu- 
vieron poco peso para con el general, aunque afligieron al 
P. Ravignan, sin traer ninguna utilidad á sus autores. La ley 
fué aprobada á pesar de estos, y la Iglesia francesa recogió 
las ventajas que de ella provenían. Cualesquiera que fuesen 
las faltas que en ella se notaban, y eran muchas, debe consi- 
derársela como una gran victoria obtenida por los católicos, 
y como un noble resultado de los veinte años de incesante 
trabajo del conde de Montalembert. El mismo Pió IX la 
aprobó. *Los jesuítas se apresuraron á aprovecharse de sus dis- 
posiciones abriendo sus colegios en toda la Francia. 

Poco después* del arreglo de la cuestión de la enseñanza 
por medio de la adopción de la ley de 1850, él P. Ravignan 



LA VEKDAD CATÓLICA. 24:1 

comenzó su bbra en dos tomos en octavo sobre Clemente. XIII 
y Cimenté! XIV. La i'deft de esta obra le fué sugerida por el 
P. Roothan, quien, lo nnisino que el P. Ravignan distaba 
mucho de estar satisfecho con lo que yn los amigos, ya los 
enemigos de su Compañía habían escrito sobre ellos. Los 
amigos de los jesuítas habían atacado il. Clemente XIV de- 
fendiendo á la Compañía, y la obra del P. Theiner, que úl- 
timamente habia salido á luz, distaba mucho de hacer jus- 
ticia al Papa, aunque bastante severa contra los jesuítas. Re- 
servado estaba á un jesuíta, <í un miembro de la corponicion 
suprimida pnr Clemente, escribir su defensa. La obra está re- 
«laclada en un lenguage desanasiduado y digno, y con un es- 
pirítii de caridad y de bondad; en eil» se hacen ver los influ- 
jos que fueron puestos enjuego para con el Papa, el cual 
pudo creer que la supresión de los jes ai tas redundaría en 
beneficio de la religión, al. ver tan general oposición levan- 
tarse contra ellos, y que ya liabian cesadn de existir casi en 
toilos los paí<^escatól iros, excepto en sfis dominios t^mipora- 
les. No es de extrañar que cediese: '^Povrro PajMi^ dice San 
Liguori, che potcva/areV^ 

Antes que el P. Ravignan hubiese completado su obra 
«obre los dos Clementes, la muerte del general de la Orden 
lelJHinó á Roma para tomar parte en la vigésima segujida 
Congregación General, (pie eligió por sucesor suyo á Pedro 
Betix presidente general de los jesuítas. Durante su residen- 
ciaen Roma el Papa pareció mostrar deseos de ver al hom- 
. pre que su predecesor habia llaiiuiiio v.\ Apóstol de Paris, y 
íiP. Ravignan solicitó una audiencia. Nuestro autor cita 
«n corto extracto de una ndacion de Ih conversación, que 
traducimos: 

''El Sumo Pontífirv, — ¿CüUío siguen las cosas en París ^ 

"£/ P, RarÁgnan, — Santísimo l*adre, todo está tranquilo allí. 

**£! PtqM, — Pero París os el centro de la FVaTieia y todos los sn- 
"Tdotes expulsados de sus diucesls se reúnen en dicha ciudad. 

*'Rani¡(nati. — Puedo asegurar á Vuestra Santidad que si hay al- 
pmoa malos sacerdotes en París, también hay niuehos buenos, muy 
l»ueB08. Creo poder decir, sin temor de equivocarme, que si la San- 
ta Sede fuese atacada é hiciese el menor llamamiento á la devoción 
de la Iglesia de Francia, «t^a lo (¿ne fuere en teoría, en la priu-tíca 
nnestro país y nuestra nacúon serian Uks mas fieles á Vuesíra Santi- 
tidad y á los derechos de la Iglesia Romana. 

*'El Pa/jff. — Tamhien lo creo yo así. IVro ; porqué semejantes 
í-ontradieciones.' J^ Teología de Bailly, que es sumamente hostil á 
la Santa Sede, era enseñada en casi todos los seminarios de Francia 



444 Í*A VKKDAD CATAf.UJA 

Yo fui* yo Muhh f^^I Papa jjroiiunciú eáitá ultima |iati^brs con tuticht» 
enfiláis) quieii |)tisíJ la Tííüliigia de Bailly i?ü gí Mtrr. Ti^mhlm m 
tlijü tín el asunto del Vnitens que yo fui iuL-itatit» 4 tomar part** con- 
tra el Arzobispo íh ParÍH á tMJiiHeeiieín4a de la carta que Quie nw 
tllñgxá i Gaet^. Ma¿ semejan les üos&& mj mu á^ tal natizraleza 411^ 
permanezcan en el mrumiti á& un Papa N0 an ¿*stt? Papa para tu 
pri>pia diversión» sino á fin do poder llevar 8I1 i3má traa nuestro 8©- 
ñor é imitarle. Ademas* yo uí* ttdoptí) ningún períi^díeo, iti tampoco 
defiendo al Üñii^frít. Queriau que yo le condenase; no puedo apro- 
bar cuanto en él se ba éscrit4>, inas no había funtlatueut4) paj^ con- 
denarlo. Oigo hablar mmilio por ambas partüi^. Tomo una pori?ion 
de !u qne .se dic^ y rechazo la oíra porción^ »egun lo jusgo eonve- 
oienle. Se me ha acusado de tratar de introducir por fuerza cm Fran- 
cia la Liturgia romana; yo uo paso m^ allá de lo que es raitiooal- 
pero no quiero que oada < lbis|Hi baga un Misal ó ua Breviario at^gmi 
su cíonveniencia Gust^íso autorizo las cogtumbreí* particulares To- 
davía m me escril)*! para ineítarnie ^ condenar el Trad¡«i&ñaimnm, 
í tengan paetencia! No quieren pm fñaií fkm}m la ruzfm. Pero, Di*** 
mUí, *E fjtia pohre mzon humamt na es t/a nada^ la fm^ftnafe dejara 
r» hrtu*t' dr eéi4ii¡r. Qm cada una h'nga lo qm It t'&rreji^poñd€/^ — T* 

Volvleodo á París, Ravignan emprendió de nuevo sus ha- 
bituales tareas; mas estas debían terminar en breve; habia 
suitiinistrado su carrera; durante veinte años de ministerio 
público había trabajado sin cesar, excepto en los raros inter- 
valos en que su salud le obligaba á descansar por corto tiem- 
po; durante esos veinte años habia dado á la religión y á la 
virtud un impulso tal cual apenas había sido cotiocido antea 
en la capital de Francia. Laboriosamente, y en medio de pe- 
nas y obstáculos que por todos lados se elevaban, habia lle- 
vado á cabo la misión que Dios le habia confiado, y ya con- 
templaba su Gn con la sosegada-alegría de una bien fundada 
esperanza. Cada vez que habia sentido acercarse la enferme- 
dad, habia esperado la muerte; en esta ocasión conoció que es- 
taba cerca. Siguió no obstante trabajando y debilitándose mas 
y mas. La última vez que se setitó en el confesonario fué el 
3 de Diciembre de 1857, tiesta deS. Francisco Javier, su 'pa- 
trono, y aniversario de su bautismo, ocurrido sesenta y dos 
años antes. Fué en la capilla del Sagrado Corazim. Los úl- 
timos víticulos que le unian á la tierra se hallaban á punto 
de rompetse; en los confines de la eternidad, se dirigió á sus 
penitentas como uno que ya ha pasado las barreras que se- 
paran la muerte de la inmortalidad; exhortólas á complacer- 
se en sus aflicciones y padecimientos como el medio de unir- 
se mas estrechamente coa Cristo, asegurándoles que allí tan 



LA VEKDAD CATÓLICA. 246 

loIoHicofitrariaii el silencio del corazón y lasoledad del al- 
j lúa, donde las i^ofuis vanas temen entrar, y todo desaparece de 
I la rÍ8ta excepto Dioíi y lu conciencia. Obligado á salir del 
I eonfeiionario antes de la hura de costumbre, volvió con difí- 
I cuitada la calle de Üétrrex, y allí esperó la muerte. Durante 
: }a» pocaü horas del dia en que pudo estar sentado, arregló sus 
papeles, quemando los que quería ver destruidos, y se pre- 
paró, entonces para su larga jornada. Sus padecimientos y su 
flebílídad crecian t\^ dia en dia; cada vez iba acercándo^te mas 
la muerte; al fin habia llegado; los sacramentos habian sido 
todus administrados; las oraciones por le s agonizantes acaba- 
ban de completarse; besó el crucifijo que se aplicó á sus la- 
bios, alzó ios ojos para contemplar por última vez la imagen 
del Salvador su cabeza se inclinó y su alma volvió al seno 
de Dios. Así salió de esta tierra el que en nuestros dias com- 
pitió en hechos heroicos con aquellos grandes varones que la 
Iglesia ofrece á nuestra imitación. Ya le consideremos en su 
carácter interior y privado, ya como apareció ante el mun- 
dü, no >»odemos menos que amarle y estimarle. Todas sus ac- 
ciones nos parecen reguladas por- los mas elevados princi- 
P¡(M de la razón y el Evangelio; no vemos en él nada de esa 
miserable debilidad que por lo común empaña la dignidail 
fie toa hombres colocados en posiciones eminentes. Su vida, 
xucarácter aparecen siempre consecuentes. En los primeros 
años de su vida religiosa, en su noviciado de Montrouge, ha- 
bía imbuido profundamente en su espíritu los elevados prin- 
<^ipío8 deiMirrdl lados en los Ejercicios de 8. Ignacio, que le 
guiaron durante el resto de su vida. Plenamente convencido, 
noHolo en su razón, sino también en su corazón, de la vani- 
^de la ambición humana, dedicóse enteramente y con to- 
■ da la fuerza de un carácter enérgico, fi los verdaderos objetos 
para los cuales vivia. Con el mismo afán con que vemos á 
iuK hombres correr incesantemente hacia algún objeto visible 
qiieajitiii plenamente resueltos á alcanzar, el P. Ravignan 
pugnó constantemente por alcanzar su fin. En esto encon- 
tra-nos oí nisgo característico del P. Ravignan y la causa de 
tildo* 8HS triunfís: tenia un celo ardcíntísimo. Estécelo era 
••I distintivo principal de su elocuencia, y el medio de que 
tt valia para persuadir. El gran mal de este siglo, decia, esta- 
ba «jlara-nente marcado; cimsistia e-i cierta vaguedad 'del en- 
tHodimitíriro y languidez de I:í v.ihint.iil: contra estas I ucha- 
1)^1. St] solo aaftecto era una protesta contra esa< faltas; había 
eierta nobleza, cierta virül lad en cada rasgo de su semblan- 
te; la fuerza se ostentaba en su ancha y erguida frente", luvVm^ 



eoürgfa en kq clara mirada* por la cofimn humií<í*^ y mmplP 
tica, pero en que brillaba á vecfa su fuego interior: en Iñx 

líneas fuertoment** praniineÍÉHJíi*i de ^y niiriaG, en sus labicw 
estrechamentfí cermdutí, y tni el tono tírme y profundíi fit< 

su V02- 

Semejantas fiombre» nuni-n qutidan Mlíéfeehoa ron alcan- 
zar árnedíu&ei fin que se propat*eii; todo en ellos se subordi- 
na al objeto priuoipal, bácia el cual tiencfen ain casar. No 
hay trabajo que fe;* pare?XJi flufici*^íic**> ni tlei^eaní^o posible. 
Por tanto la tarea llet'ada á cabo por el P. Ra^^ignan parejee- 
ria increible; solo hemoi hablado a** unos ciinnliM dij Ion he- 
chos mas importantes de su vida; pi^m el pfülre Pontlevoy 
nos lo liace ^er viajando de iio e^Erreoio á otro de Pliiropa* ya 
predicando en Bélgica ya de nm*vo en Burd^soii; unas veces 
en Lóudres y otniíá en Nánten; uu día en Roma, poíso de^ipueii 
en Ajaccio, en Córcega, y liego en Be'4an(;'.on* Dumtitü la 
Cuare^rna lt3 vernos no solo pre tieír su?* conl'ereticía^ en 
Ntra. Sra. de Parm, sino que A la vex verifica tre« Beríes de 
e/e/mm^, dados durante la (oi^rua seín-ma á otras tantas con* 
gregaciones. Encontrámusle dando Ioís raisiuos e}erctcías á 
las Hermanas de la Visitación, á las señoras del Sagrado Co- 
razón, á las Carmelitas ó á las Hijaa de María: si alguna lo- 
ma el hábito ó profesa, siempre está pronto á asistir d la ce- 
remonia ó á dar una instrucción apropiada á las circunstan- 
cias. Predicaba los Domingos en la Capilla de lasTullerfas, 
y durante la semana á los mendigos socorridos ñor las Her- 
manilas de ¿os Pobres, abandonando el pulpito ae Ntra. Sra. 
para instruir á los huérfanos de S. Nicolás. Si un colegio de 
la Compañía era suprimido por el gobierno, él era el que 
hablaba con el Emperador*y obtenia el permiso para que 
siguiera abierto; su auxilio se hacia sentir en casi todo cuan- 
to se emprendía para el bien de la religión; se interesó gran- 
demente en la fundación del Oratorio de la Inmaculada Con 
cepcion, acerca del cual había sido consultado por losTa- 
dres Q^ratry, de Valroger y Pététot, y en la del monasterio 
de Pierre-qui-Vire. Escribió una serie de artículos en an pe- 
riódico religioso en defeiisa del dogma de la Inmaculada Con- 
cepción, y presentó al Gobierno una memoria pidiendo la 
libertad de predicar el Evangelio á los árabes de Argel, lo 
cual se le negó por razones de Estado. Tomó parte en va- 
rios concilios como teólogo de diferentes obispos. Su corres- 
pondencia era inmensa; recibia cartas, á las cuales daba con- 
testación, de todos los países de Europa y de todas las cla- 
ses de la sociedad. Solo á la duquesa de Hamilton escribió 



LA VEKDAD CATÓLICA. :.*47 

oada menos que doscientas en siete años; y casi toda^ 
estas diferentes cartas, escritas en los cortos momentos se- 
rijos de que podia disponer, se hallan redactadas en un 
^Ip esmerado y aiiropiado á las circunstancias, aunque su 
Aposentóse hallaba casi constantemente lleno de hombres 
queíbaná consultarle sobre asuntos espirituales, y el por- 
tero llegaba á cada momento & anunciarle que algunas seño- 
ras le esperaban en el salón. Si consideramos ademas de es- 
tos variados trabajos, las horas que gastaba en el confesona- 
rio y á la cabecera de los moribundos, hemos de admitir que 
la vida del P. Ravignan fué bien empleada» y que aunque 
t»olose dedicó durante veinte años al ministerio apostólico, 
en dicho periodo, expleoit tnnpf}ra multa. Bien pudo, al cabo 
deeste tiempo, contemplar confiadamente la ''corona de 
vidji** que le estaba preparada. 

Su pérdida fué vivamente sentida en Parts, y por cuantos 
leconocian en Francia. Una muchedumbre afligida llenaba 
laiffWia de S. Sulpicio donde se hacian sus ht>nras, y donde 
«*! Obispo de Orleans, vertido <le luto, daba rienda suelta á 
«» sentimientos en un arranque de elocuenria que nos re- 
cuerda los mejores triunfos de Massillon ó de Bossuet. Dr- 
fnctutidhuc lo(f tufar n fué el texto oportunamente escogidí) 
por el orador, texto que todavía es cierto; lo que habia de 
mortal en Ravignan ha desaparecido; pero su espíritu in- 
mortal aun vive y está predicando. En estos dos tomos del 
P-Pontlevoy, vemos aun al gran predicador de Nuestra Se- 
ñora y sentimos su presencia como »i todavía viviera. 

{Browasoax^ Quartcrlij Itcvicir, trad, por R. A. O.) 

H. F. B. 



MS I. \ VKKDAI) (AlÚlJC A. 



ORACIÓN FÚNEBRE DE CRISTÓBAL COLON, 

prMiiiBclada en laKanCa l|plMÍa Catedral ét la Habaaa |i«r«ll»r. O. 
t|;«iiUn Caballera el It écBocreéc 119% fl). 



Ptttasne vivetU ossa tata? 

EZCQ. CAP. XXXVII, V. 3. 

¿Qué os parece, vivirán, ó oo, wkUm huenM^ 

¡Qué diversa es, esclarecido Cristóbal Colon, grande almirante d^ 
las Indias, qué diversa es la entrada que acabas de hacer esta ma- 
ñana por las calles y plazas de la Habana, de la que hiciste en la 
isla deliciosa de Guanahani |9r>r los años de 1492! ¡Qué dietjntos lo» 
motivos de la una y de la- otra! ¡Qué desemejantes son sus <>bjet4>s! 
Allá entonando festivo hacimiento de gracias, rodeado de un apara- 
to de triunfo, música militar y banderas (fesplegadaa, fuiste el pri- 
mero en pisar laí* márgenes incultas de aquel nuevo Uírritorio: ac-á 
en medio de una pompa fúnebre, enrollados los pabellone« nac^iona- 
les, sorda la músi<'.a, destempladas las cajas y apagado el resplandor 
de tu altA dignidad, eres conducido en ágenos brazos hasta el inte- 
rior del Santuario. Allá se incit^í el deseo de ver realizada» tus con- 
jeturas, y comprobadas tus profundas meditAciones sobre la existen- 
(*ia de un nuevo mundo: acá te tra^* el d(»reclio que exclusivamente? 
asiste á los americanos de (conservar tus cenizas y escaparlas del in- 
sulto que podría inferirlas alguna nación envidiosa: allá en fin, fuis- 
te á engrandecer los timbres del Evangelio, y dilatar el imperio de 
los Reyes Católicos: acá vienes á recibir decorosamente los sufragios* 
(jue merece tu grande alma. ¡Santo Dios! ¡Dios inmortal! Bendito 
seas, porque mediante una cadena de siic^'sos inespera<los, t^ vales 
hoy de los huesos del célebre Colon, para presfniarnos un C4)ntra8te 
a«¡iombroso de gloria y humillación, de flatpiezíi. y de poder! ¿Pero 
qué? ;no es verdad, Sres., que el hombre, aun el mas noble y diHin- 
guido, puede reducirse á polvo? ¿No es verdad (|ue esle mismo pol- 



( I ) Sermón fúnebrr tn eloífio dd Eximo. Sr, D. Cristóbal Coi^m, primer 
Almirantñ. Virey y Gobernador iienrral de la» índúis Orcúimlnles^ 5» deMcvhri" 
dor y ronqnistador^ pronuncuido con m.ttjro dr haberse Irmd.idado sus eeniza» de 
la l^lejtia Metro]MdUana de Sto. Domingo h esta Catedral dr \tra. Sra. déla Con' 
repcion de la Habana ^ por el Dr. D. José As^ustiu Caballero, maeMro dr filofofia 
en este Real y Coneiliar Colegio Seminario de S. Carlos y fi. Ambrosio, en la ma- 
ñana dei \\) de Enero del año de I71H) — Tal hk «'I título ruii quo |><»r priuiem 
vez 86 pabliró HRtA oración fiinehro. cuva ('(»iiiiini(*}ici<ui dehpmoK á un nntii^Uf» 
(Catedral, del Dr. Caballpro, f I Sr. CaniJnico MaeftrtH'in'la <li' esta «Saot* I)tle'i«in 
discípulo Pr. D. MHnuol Kmneisco Cfarcí*. 



LA VERDAD CATÓLICA. 249 

▼O puede elevarse á la cHmbre excelsa de los honores? Subamos, si 

qoeremos desengañamos, al origen de la verdadera grandeza; vére- 
i OH» coodliadas estas aparentes oontradicciones y justificada la cere- 

nioQia que estamos practicando sobre los huesos siempre vítos del 

famoso Colon. 
£1 cuerpo humano, e«ta obra admirable del Omnipotente, ni es 

m precioso como se lo figura el sectario de Epicuro que lo idolatra. 

ni tan despreciable como se lo cree el impío que lo desatiende; ni 

mem'e el aroma que se le quema á su hermosura, ni los ultrajes de 
ijUP .sneli»n cubrirse sus reliquias; él es un objeto útil 6 funesto, 
4'oso 6 respetable según el uso á que se le aplica; la virtud le atrae 
honores; el pecado lo llena de horror: el cumplimiento de las obliga- 
ciones, escribía S, (Iregorio Nazianceno, lo exalta y ennoblece; el 
vicio lo denigra y lo difama. Paraíso, infierno, las almas solas no son 
Iw que gustan vuestras delicias ó vuastros tormentos; bien podría 
HQoeder que os habitasen los espíritus, como acaeció cuando la obe- 
diencia y desobediencia separó los ángeles malos de los buenos; mas 
Hice ha querido que los cuerpos, á quienes se unen las almas, aumen- 
Un vuestra luz, ó vuestra tiniebla.. Cuando él venga sobre las nu- 
hes 4 pesar en su fiel balanza las operaciones de los vivos y de los 
nnmtos, su trompeta reanimará las yertas cenizas de los sepulcros, 
pva que las criaturas congregadas al pié de su tribunal oigan y 
T<w ejecutar sobre sus propios cuerpos la sentencia que pronun- 
cian. 

Léjoí, lejos de acjuí el que sospechare que yo trato de prevenir el 
jindo que formará Dios, y el destino que dará al cuerpo de Colon el 
<Üa de la retrihucí^ion general. Mil anatemas estampados en el nuevo 
y yiejo testamento, caerían sobre mí, si yo delinquiese en este punto. 
K áoimo ha sido justificar, según las doctrinas de la religión que 
iKofesamos, los- honore^s que rendimos á los huesos de Colon, omi- 
tíndo como superfinos, muchos ejemplos que nos suministran los 
«gipdos en el vestíbulo de sus sepulcros, los atenienses en el cadá- 
^ del vencedor de Samos, Péneles, y los mismos hebreos en el fu- 
«nl de Josaphat, Osías y el general Abner. Y si esta justificación 
«c deriva de la dignidad de los objetas á que se aplicaron los difun- 
ta criando vivos, ningunos honores, ni mas justos ni mas merecidos 
qoeiosque estamos haciendo á ht<t cenizas del descubridor de la 
América. Vosotros me preguntareis; ¿y cuáles fueron esos objetos, 
«to ocupaciones.' Yo os respondo: Dios y el estado; una multitud 
^ virtudes morales y cristianas. Ved aquí el plan del elogio que 
« me ha encargado forme á la memoria de Colon. 

Si mi fantasía y mi pobre elocuencia igualasen al estupor que me 
«iusan las ac<3Íones de este héroe tan singular, mi discurso corres- 
pondería á vuestra expectaccion, á mis deseos y á su gloria. Sin em- 
^MUTP», por grande ({ue él haya sido en la opinión de los hombres, no 
recibirá de mí el homenaje servil de una adulación engañosa. La 
verdad simple, pura, ingenua, es el lenguaje que debe escucharse en 
la cátedra del Espíritu Santo, Así pues, con todo el respeto debido 
á e^e lugar, y con arreglo á los mandatos de la silla apostólica, en 

VIL— 32 



350 LA TimOAD CATÓLICA. 

especial ti de ITrbttifi VIII (1), eomenaart dicietido que ma* dé cua- 
tro t kidades (2) íie dÍ8|nitaii íoú&vh la cuna de Colon, e&ina dlspii* 
taron la de Homero Um Colofonífifi y Chíoa» los Salaminoa y K^iDíf* 
neo^; prueba iiií?ont**8íab1í^ dí«I aprm^ío mm que tódos miran el Tef- 
dadero mérito. Dei^d»- muy temprano le t^neiprmrí í^iis padrt^ e» 
ia Universidad de Pavía, mií^nlraü logra poseer oompletameiit© la 
teng-na latina, la tm^mografía, la aslTonomia y el dif^eao, l^u gt'iiio 
le iTirliiia df^spiies Á la riaví^gadiíii* hasta f*l oxirtMiíO de considerar 
tíomo esfera naiy r^dutuda el MediterrántM.> todo; él quií^rt^ visitar Iü» 
mares del Norí« y las orilla w de Irtlandia* Hu earioNidad lo arroja 
allá al círeiílo poíar, y hí^ asocia á un perito L^apitan t|Uí* harta itn* 
l/mces el cor$o n ím veneeíanofi y trircof*, rivalew d^ lo« íjeiíove>«ws; 
hí h vierais con qué prestíncla de enprntu n** mmtit^uí^ i^uxn* Uh (la- 
mas que inc^^ndfan su buque; mn qué ifitrepides! «alta al ag-ua y irn* 
da dos legna?^, diríais f|ue id AlíiHíino lo prt^ti«gia y rt*servai»a para 
algunas grandí'S ptú^/M, así como preHt?rvií ^n otro tiempo de laíi 
corrientiííi ÚA impetuoso Njlo al que destinaba para jeí*? de su pue- 
hlo. El ansia por de^ruimr nuevos paíscíí lo ase rilxí a í servicio de 
Portugal; lija en residencia en Lisboa, y allí üoutrae matrimonio *xín 
Felipa Muuíz J*tírestreüo 

íjaa delií'ias del nuevo estada* n! relajan la ii'.tegridad de suig t*f»a- 
tiimbres, ni enervan ía aí^tividád de mi espíritu. Dijo muy bien S. 
Juan Crisóstonifn el matrimonie» no se opone á la^ eoammbn^sí y pa- 
ra Colon fué un motivo de nuevas ocupaciones. Su suegro gozaba 
entonces la reputación del mejor náutico entre los portugueses, Ix)» 
diarios y observaciones de este capitán inflaman y lisonjean su pasión 
y lo llevan á la Madera, donde establece comercio por mucho tiempo 
con las Canarias, las Azores y las posesiones portuguesas en Guiwea 
y en el continente de África. 

Insensiblemente hemos arribado ya á la famosísima época de la vida 
de Colon; aquella, digo, en que los mas expertos náuticos atormenta- 
ban sus ingenios, por descubrir un tránsito á las Indias orientales: este 
fué el importante asunto que ocupó entonces los entendimientos hu- 
manos; pareció seria forzoso costear toda la punta del África, derro- 
tero desconocido, muy dilatado, dificultoso é incierto El sabio Co- 
lon tentó si era posible hallar otro mas corto y mas derecho. Refle- 
xionando profundamente sobre la materia no me atrevo á pro- 
seguir este paso de mi discurso: exige una lengua menos balbucient-e 
que la mia, unos retorísmos maa hermosos y una energía de qup care- 
cen mis tibios labios, ¡Cómo podré yo pintar la situación del cerebro 
de Colon en este momento, disipando preocupaciones, revolviendo 
unas ideas y creando otras, las mas útiles que ha formado la ment-e del 
hombre! ¡Cómo podré representar vivamente á un sabio qu^ barrunta 
y congetura, á un cosmógrafo que mide, á un astrónomo que calcula, 
á Colon^ en fin, que navega idealmente háoia el mar Atlántiwd Su- 
mergido en la mas alta meditación, trae á riguroso examen loa prin- 

(1 ) Decreto de 5 de Junio de 1631. 

/2) GénoTa, Pla«BBCÍa, Sayona, Nepri, Cugurco. 



i 



LA VERDAD CATÓLICA. 251 

cpwde la fiaoa remante y las dootrínas de la teología. ¡Cómo po- 
Ain oaminar con las cabezas abajo hombres colocados en un hemis- 
ferio opaest» al nuestro! ¡Cómo es posible que unos hombres separa- 
dos de nosotros por los abismos del Océano, tengan nuestro mismo 
orígeD. desciendan de Adán y participen del beneñcio de la Reden- 
doo! ¿Podrá habitar la especie humana bajo la zona Tórrida, donde 
68 tan violenta la acción directa de los rayos solares? Por otra parte 
la figura esférica de la tierra me hace concluir que los continentes 
de Eim)pa, Asia y África, solo componen mía pequeñísima porción 
del globo terrestre. La sabiduría y beneficencia del Autor de la na- 
tonleza roe prohiben pensar que el vasto espacio no conocido sea 
cobierto enteramente de un estéril Océano, no hay dificultad en infe- 
rir qne el continente del mundo conocido, puesto sobre las costas del 
globo, es contrapesado por una oautidad igual casi de tierras en el 
hemiaferio opuesto. ¿Qué otra cosa comprueban esos fragmentos de 
nadera labrada procedentes del Oeste, que se han visto flotar sobre 
Ittagnaa? ¿Qué otra cosa denotan esos árboles desarraigados, esos 
ambles de extraña fisonomía vomitados por el mar sobre las costas 
<felas Axores? Así filosofaba, Sres., nuestro profundo náutico, á ve- 
^ convencido, á veces indeciso, cuando se acuerda de los consejos 
^ libro de los Proverbios: No fies de tu prudencia; no seas sabio en 
^ eetúnacion; pregunta, busca la consulta de otro. Rendido á estos 
^ctámenes, ocurre á su cuñado Pedro Correa, testigo ocular de los 
ííechoe referidos en los papeles públicos, y á Pablo Toscanelli, me- 
¿ioo florentino muy célebre por sus conocimientos en la Cosmogra- 
&. Si el tiempo me lo permitiera me detendría de buen grado en re- 
comendar las excelentes virtudes escondidas en este pasage de la 
^jda de Colon, su modestia, su humildad, la desconfianza de sí pro- 
pio, la confianza en Dios, la deferencia á sus semejantes; os haría 
^er que estas virtudes solo nacen y fluíicvu en los terrenos bañados 
y fertilizados con el rocío del Evangelio; y que cuando la ciencia no 
• *Q apoya en el temor santo de Dios, hincha el corazón, no ilustra al 
^ma, antes bien la oscurece y rídiculiza al hombre, como le sucedió 
áoerto presumido filósofo, que desnudas sus carnes, se jactaba de un 
descubrimiento gritando por las calles públicas: Invenid invenii pero 
inas adelante no faltará coyuntura oportuna para exagerar la religiu- 
Ádad de Colon. 

Correa y Toscanelli aprueban el novísimo proyecto; y el autor 
Y^elve pasar de la teoría á la práctica. Coucibe que esta ha de ser 
^Qy costosa, conoce la escasez de sus facultades, y que es indispen- 
•ble la protección de algún potentado de la Europa. Por una espe- 
je de patríotismo se diríge á Genova: la república le trata de visio- 
^0, Convierte después sus recursos á los tronos de Juan 11 de 
Portugal, Enríque Vil de Inglaterra y Luis XI de Francia: todos 
<^iifican sus propuestas por sueños de una imaginación enferma y 
•calorada. No obstante, inflamado siempre de aquel marcial entusias- 
mo que sugiere grandes empresas, y sostenido siempre de su cristia- 
na sabiduría, devora interíormente los insultos y los apodos, y co- 
^za á negociar con España. La dura guerra que mantenía entón- 



2fi3 I^ VERDAD CATÓLICA, 

oeíi nuestra nación oontra el reino de Oraiiada. el tyirácter d© F( 
nando el OatóÜcso, que no entraba ligeramente^ eu negocios gimTes, 
sino oon mutília premeditaAíion* y loa gritos qiit^ dieron algíini>s pre- 
8Untuc>ííOB y puailámuies, le ahuytsntaroii del territorio de E^pafla^ 
Ya había entrado en la puente de Pmos, cuando los Reyes catolieo«, 
mejor informador por loa buenos uficlos que practicaron cuatro ei?pa* 
ñolea de no vulgar instmccíon (1), baoen qne Colon retroceda á la 
corte* Es iraponderable, íSeñore^, la rapidez con que liabela arregla 
y formalÍKa el plan del viaje. 8us arbitrfoa y el subsidio de siete mü 
florines^ que preatn el eftcribano 8. Angid, aprontan tres cArabel&s en 
el puerto de Palos* y Coion queda despachado para partir- Mas él no 
quiere todavía haceí"se á la veta; en su jniclo carece de lo« priinero:^ 
preparativos. El sabe muy bien, que m Dios no edifica, trabajan en 
vano los arquitectos^ y que el lionibre que nada pjiede sin ei auxilio 
divino, lo puede todo (3onfr>rtado de la gracia, Potler, protección, lí* 
quezas, armas, ¿qué sois todas vosotras en la presencia del Sefior del 
universo? Su vista e^ capaz de estremecer el gloKo; el can tacto de 
su dedo hace humear loa montes mas sólidos, y entonces Yosotri^^ 
desaparécela^ como s^ntllesi pajas atropellada» del viento. Lleno el |>^^H 
cbo de Colon de e^tos religiosos scntimíentoR. Invoca por un acto p¿^™ 
blico de devoción el patrocinio del cielo. En conmirciií de lo» otniR 
viaj»?ros entra procesional mente en el monasterio de Rábida: todos 
confesados y absueltos^ recib*n del prior Pérez aquel pan sagrado con 
que se alientan los héroes cristianos, ("olon, Señores, ha venido aquí á 
solicitar la fortaleza y el acierto, no como los héroes del paganismo, 
despedazando el vientre de los animales para registrarles las entrañas, 
y leer en ellas la suerte que les esperaba, si recibiendo el Cuerpo de 
Jesucristo como lo usaron Sátiro, Alfonso VIH y Graciano. 

Cuando yo me figuro la escuadra de Colon singlando el mar hacia 
el Oeste en pos del nuevo mundo, rae parece veo salir de los acam- 
pamentos de Israel aquella porción de varones escogidos de cada 
una de las tribus, para descubrir y explorar la nueva comarca de 
Canaan. Es muy parecido el viaje de los unos y el de los otros: . 
aquellos murmurando toda la jomada contra Moisés y Aaron y de- 
seando mas bien haber permanecido en el Egipto; estos revelados 
contra Colon, casi decididos por el regreso á Europa; los primeros 
mtimidados de los rumores que corrían sobre el carácter y corpulen- 
cia de los habitadores de la tierra que iban á descubrir; los segundos 
resfriados de haber emprendido el descubrimiento de unos países ig- 
norados de los mismos náuticos. En un solo particular difieren estas 
dos expediciones, á saber, en que Dios castigó á los detractores\le 
Moisés, y ahora no quiere escarmentar á loa que vejan, amenazan de 
muerte á Colon, y le juran abandonarlo si al tercer dia no avistan 
tierra. ¡Qué estrecho! ¡qué terrible estrecho para Colon! él apura 
cuantos medios le inspira la humanidad y alega cuantas razonen le 
dicta su pericia naval: ya les pone delante las glorias del Todopode- 

(1) Lait de S. Ángel, Alonso de Quintanilla. D. Pedro (únzales de Men- 
doza, y Fr. Juan Pérez, confesor de la Reina. 



LA YBBDAD CATÓLIOA. S^3 



# '^' y^ ^^ ''^^^ 4^^ ^^^ ^ tomar el nombre espafiol sobre todas las 
■M DadoiMfl del orbe; nada logra. Ciertamente que ningún hombre has- 
m t& entonces se habla visto en empeño tan apretado, tan sin recursos, 
r Bieo sé el estrecho en que se vio Julio César con todas sus huestes 
^ las orOUs del Rubicon; pero también se halló el feliz recurso de va- 
dear á nado las aguas. Tampoco ignoro el conflicto de Atenas cuan- 
do Darío acampó repentinamente 200.000 in&ntes y 10.000 caballos 
á mil pasos de los muros poco mas; pero se sabe que la intrepidez del 
joven Mücíades eludió un lance que parecía inevitablemente funes- 
to. La ffistoría sagrada nos refiere la triste situación en que puso 
lisias i Judas Macabeo, hasta hacerlo llorar delante del Señor; pero 
aeguidamente nos dice, que apareciéndose un ángel de improviso, ar- 
rolló el ejército y los elefantes de Lisias. Mas el estado actual de las 
cosas, y las anteriores ocurrencias no permiten á Colon tomar algún 
partido. ¿Se arrojarla al agua como el Césart ese sería un suicidio 
prohibido por las leyes todas. ¿Acamparía de repente como Milcia- 
desl no habla tropas. ¿Invocaría algún ángel como el Macabeo? esos 
espiritas aguardan la voz del Altísimo. No le resta otro arbitrio que 
silendar, Buirir con paciencia y exclamar al cielo con el profeta Da- 
vid: "Mi suerte Señor, sea la que fuere, está en tus manos." En efecto. 
Dice que jamas abandona las rectas intenciones, les presenta á los 
treinta y tres días de navegación la isla de Guanahaní; al punto Co- 
lon, siguiendo el ejemplo de Judas, bendice las misericordias del 
^üor. los ecos agradables del himno Te-Deum resuenan por la ca- 
i mbek Santa María, y en este venturoso momento se acallan las ha- 
[ büUis de la tripulación, se serenan los ánimos, queda confundida la 
enriada física de los antiguos, superados los deseos de Alejandro y 
fremiada la virtud de Colon. 

jAh! ¡ah! yo no sé hablar, Dios mió; yo soy muchacho; es menester 
que tú me enseñes, á la manera que enseñaste en la antigua ley al 
tartamudo Moisés; comunícale á mi expresión el vigor que necesita 
PUieste rasgo que voy á producir de los merecimientos de Colon, 
^ pierda su valor al salir por mi boca. ¡Qué gustoso espectáculo 
Pva Colon, estar pisando unas arenas hasta entonces desconocidas! 
Vene en la playa de la nueva isla, y que uno vierte un torrente de 
%inuis de regocijo sobre su cuello, otro le estrecha afectuosamente 
«ptre sus brazos, aquel le imprime en los pies un ósculo de recono- 
<3núento, este le besa las manos, y todos de rodillas le piden perdón 
^ su incredulidad, de su ignorancia y de su insolencia. Colon mira 
^as honras como dones gi^tuitos de Dios; su corazón no se engríe 
fnla prosperidad, y muy distante de aquella feroz arrogancia que 
inspira en las almas bajas el feliz suceso, congrega á su gente, y de- 
^te de un crucií^o, rinde la mas religiosa acción de gracias, é invo- 
<A nuevos auxilios para las empresas futuras. Al otro dia bojea toda 
b isla; descubre á Santa María de la Concepción, á la Femandina, 
^la Isabela y á Juana, que es esta en que nos hallamos al presente, 
conocida con el nombre de Cuba. En la primera singladura que hace 
de aquí hacia el Este, avista hi Tortuga, y no pudiendo acercarse por 
loa vientos contraríos, se mantiene dando vueltas á la Isabela. Des- 



^4 tJL VESÜAD 0ATdU<5A. 

pues de oorridas ciento siete leguas d Levatite por It n/mía dft Cn- 
ba, íSirig© el nimbo k la pnuta orieiiUl de ella; fondea en el puert^j 
8, Nicolás, pasa adelanta vuelta al Norte y entra en la Ooneepcion 
y en la Española» antea Tortuga* 

Yo querría vivieren líoy Ion naturalea de Haití para que ello* mis- 
mos fueren lew* pregoneros de Iíi humanidad y amor eon que lea tj^- 
taba Colon. ^Lambien qííerria viviese el cacique Gtrni-ama/iart püTA 

Sue él recomendase ka virtudes que adnuró en Colon, cüanda deáde 
L isla de Santo Tomás, le bi^o venir al cabo Francés por medio de 
politices cumplimientos. Sí, Sres,, G^mramikart no podría Gallar la 
prudencia cson que el almirante manejó \m estipulaciones que cele- 
braron entre ai; la dilig«ncna con que levantó el fuerte Navidad y 
el acierto -en nombrar á Diego de Arana por su comandante, con 
treinta y ochohombre» á& guamicioa. El cacique lo llora cuando ae 
despide; pero á Colon li preelija retirarse: su^ miraH son otras; la^ co- 
marcas que va descubriendo json para sus vísymi *.\s rnenester les dé 
eueita como buen vasallo; y tomando el rumbo del Este, de?seubre 
todos esos puerta)» del Septiíntrlon, 

Ya estin de vuelta en el desierto de Faran los exploradores de 
Egipto; traen c-oasigo higos hermosos, ^ruetíoa radmoa de nvm j 
granadñSi aseguran que el pais descubierto es amenísimo» y que por 
au panmento ñuyen raudales de leche y de micL He aquí un retra- 
to del descubridor Colon, que piasen ta d loa Reyes Cat¿lieoft, y les 
habla sobre las maravillosas producciones de la América; hombres 
de extraordinaria corpulencia, metales esquisitos, piedras preciosas, 
firutos nunca vistos, rios de plata, costas de oro. Femando é Isabel, 
aun no satisfechos con el magnífico aparato que dispusieron para su 
entrada, agregan nuevas marcas de distinción, y le confirman los 
privilegios estipulados en el tratado de Santa Fe (1). Estas muestras 
de l^uen suceso del viaje de Colon despiertan á los españoles; la cu- 
riosidad los aviva, y el 25 de Setiembre vuelve á salir Colon con 
una escolta mas numerosa que la primera. 

Ahora sigue una multitud increíble de descubrimientos, y para no 
cansar vuestra atención, imitaré á los cosmógrafos, que en sus ma- 
pas representan una gran ciudad en un pequeño punto: asilo hizo un 
obispo príncipe de Ginebra, elogiando las proezas del gran Felipe Ma- 

(1) 1. Fernando é Isabela, como soberanos del Océano, hacían k Colon Gran 
Almirante de todos los mares, islas y continentes que descubriese, dignidad 
que pasada ásus herederos, con las mismas pre rogativas que el grao almiran- 
te de Castilla; 2. Colop quedaba nombrado virey de todas las islas y continen- 
tes que descubriese; y si para el despacho de los negocios fuese necesario esta- 
blecer algunos otros gobernadores. Colon estaba autorizado á nombrar tres sn- 
getos, el uao escogido por Femando é Isabela. Este oficio de virey seria tam- 
bién hereditario en la tamilia de C(»lon; 3. Femando é Isabela concediau á Co- 
lon para siempre el diezmo de las utilidades del comercio y demás producciones 
de los países que descubriese; 4. En caso de querellas, ó pleito suscitado sobre 
materias mercantiles en el territorio recientemente descubierto; Colon las ter- 
minaría por sí ó por jueces nombrados á su arbitrio; 5. Se le permitia^ á Colon 
adelantar algo para gastos de la espedioion y fondos del comercio que iba á es- 
tablecenM, por lo que tiraría una octava parte de todos los emolumentos. 



4 

«I 

4 



LA VERDAD CATÓLICA. 255 

nuel de Lorena (1). Quiero decir, Sres., no haré masque nombraros 
la isla Deseada, la Dominica, Marígalante, la Guadalupe, la Antigua, 
S. Juan de Puerto-Rico y qué sé yo qué otras muchas hacia el Norte. 
Colon visita á Diego de Arana y halla atrasada la población por de- 
sarenencias entre indios y españoles; trabaja de nuevo en pacificar- 
los. Su prudencia resiste las malignas persuaciones de los que quie- 
ren se apodere déla persona del cacique; traslada la colonia á Santa 
Isabel, y consume el tiempo restante en precaver con ciertos regla- 
mentos nuevos disturbios. Los seis meses siguientes. fueron una se- 
rie de peligros y naufragios, sin adelantar otro hallazgo que la isla 
de Jamaica y los Jardines de la Reina. Castigado así de la fortuna 
se vuelve á la Isabela. El encuentro inesperado con su hermano 
Bartolomé alivia sus pesares, y las adoraciones que recibe de todos 
los colonos le llenan de gloria y satisfaceion; se le mira como un 
numen bajado de los cielos. ¿Pero qué es lo que escucho? ¿Si me en- 
gañará mi imaginación? Rato ha me parece estoy escuchando los 
susurros de la envidia. Así será, porque no puede hablarse de los 
héroes sin oir pronunciar este nombre. ¡Qué enfermedad tan vil y 
cruel, desgraciadamente conpcida en todos los tiempos, en todos lu- 
gares! Los siglos, escribía el mejor orador de Francia, las artes, las 
leyes, los usos, todo, todo se muda, menos la envidia; enemiga eter- 
na é irreconciliable de todo lo que es grande, combate el talento ó 
la virtud apenas se presenta. Ella fué la que mat^S á Alcibiades, 
desterró á Temístocles, tiznó la reputación de Dátaroes y viene 
ahora á oscurecer los méritos de Colon. Aguado, Aguado es el fa- 
tal instrumento de que se vale: mas el almirante siguiendo el con- 
sejo del Evangelio, **si os persiguieren en una ciudad, pasaos á otra'* 
remite la administración en las manos de su hermano y se restituye á 
Europa. 

La tranquila y modesta confianza con que aparece, previene en 
favor de su virtud y de su inocencia, y hace ver que según enseña el 
Jibro de la Sabiduría, Dios proporciona en los justos estos recios jcom- 
bates para que se conozca es mas fuerte la virtud. Baste decir que 
Colon se presenta otra vez en la Isabela, triunfante de la envidia, 
mas grande á mi ver, mas aspectable que lo que pareció después con 
los laureles ganados en el descubrimiento de la isla de Trinidad, de 
Cubagua y de Margarita, Sin embargo, aquella fiera venenosa, co- 
mo la llamó el Criaóstomo, vuelve á vomitar su veneno; un nuevo 
torbellino se forma otra vez sobre la cabeza de Colon. Algunos por- 
tugueses y españoles que se han aparecido en América, á idea de des- 
cubrir también nuevos países, espesan el nublado: tales fueron Ga- 
ma, Qjeda y Américo Vespucio. 

Suspendamos por un rato el elogio de Colon; empleemos alguna 
parte del tiempo en lamentar la injusticia mas atroz que han come- 
tido los hombres con otro hombre. Levántate, tú, grande almirante, 
levántate de ese sueño augusto de la muerte; sal de esa noche eter- 
na y véná reclamar tus derechos violados, tus méritos desatendidos 

(\) San Franciicp jde Salei. 



256 LA TEE1>AI> CATÓLICA- 

y ím trabAJon premiados ei» agena cabera; sal de ^m mti)i^M^m 
Panteón y reclámala injusticia oon qite estos coütinentes de&cíjbier- 
tos á fuer de tus meditacionefi, de ím desvelos y 4e inn nínnm, ]\e- 
ran hojel nombre do üd videro intniflo y eovidioso, qup lo» visitó 
sietw años d<^piie,H que tú. |Injiistai desapradodda antigüi^dad! ¿Por- 
qné no llamaste á ^stas idas Coíomiímas, m Colon rae 4UÍtfo Iam 
ííeseabrió? ¿Porqué con una íioI a palabra ha¿j ajado el primer laiinJ 
de su oorpna^ le has «gurpado de toda m giorml ¿Me permiifw ikolr 
lo quequierol qiiiísiora que las naciones todas, oongregada» <*ñ pleno 
tíonsejo, tT«ta&en de restituir á Colon e^íte derecho impreNeriptJtd« á 
la %'erdad, por mas que loíi hombreas prononden siempre América: 
yo quisiera que reproduciendo la sentencia definitiva prtmuneíada pur 
el Supremo Conaejo de Indias el año 1508 I¥ro équé me deten- 
go en inútiles exclauíac^iones y vanos ewfuerEt)?*» si ej mismo nombrn 
de América recordaré í^iemp re k injusticia de «u aplicación y loí* me* 
recimientos del Almirantes, eomo loa ha recordado á mi memoria siv 
lo el haber proferido: Américo Vespucio. 

Iba diciendo que un nuevo torbellino se había levantado sol^r*» b 
cabeza de Colon» BobadÜla eíí ahora el pesquUidur, el eucargado del 
procedo; y desempeña hu comisión c^jn tai abus^, que lo declara ret». 
y lo manda cargar de cj.de naa para enviarlo á Hspaña ¿Ia» freeríaise 
Señores- nadie, nadie do los que están en derredor del AlmiraíiTe ?ie 
atreve á ponerle los grillos todos; según la frase del Crisóst^mo, 
hasta los enemigos, admiran la virtud; la ejecudon de la sentencia 
se dilata porque no hay uno que no compadezca, que no respete á 
Colon; por último, es menester que Tenga un monstruo de la espe- 
cie humana (no queráis conocerlo) á dar cumplimiento al bárbaro de- 
creto fallado por Bobadilla. Colon encadenado entra en el buqne; 
su capitán Alonso Vallejo, apenas pierde de vista la tierra de Santo 
Domingo, le 'ofrece quitar los grillos si se lo permite; no bien habla 
aca*)ado de hablar cuando le contesta Colon: '*No mi amigo; yo los 
cargo por orden de mis Reyes; debo obedecer este mandato como he 
obedecido los otros. Ellos han querido despojanne de nú libertad, 
ellos mismos me la restablecerán." 

Virtudes sagradas, virtudes evangélicas, hijas de la religión de Je- 
sucristo, vosotras solo comunicáis al corazón de las criaturas unos 
afectos como los que resplandecen en las palabras que ha eructado 
el virtuoso Almirante. Si en nuestros tiempos, Señores, hubiera ha- 
bido muchos hombres, maestros y profesores de la moral de Colon, 
no hubiéramos tenido que lamentar todos esos desastres, esas extra- 
vagancias que han asombrado la faz del globo, y deslucido para siem- 
pre el siglo en que vivimos. Confesemos hay mucho de excelente y 
cristiano en la respuesta del Almirante, y que este es uno de aque- 
llos rasgos, que partiendo del corazón, caracterizan á un hombre al 
natural; no merece se le sepulte en el silencio y en el olvido; yo lo 
estimo digno de grabarse con letras de oro, y mas digno de la inmor- 
talidad que todas las otras hazañas de que abunda su vida. Vosotros 
sabéis muy bien las sentencias de ambos testamentos, que recomien- 
dan la sumisión á los Reyes, la obediencia á sus soberanos decretoct. 



LA VERDAD CATÓLICA. 257 

1& necendad de sonieteTse á un hombre que sea el mas t^ublime de to- 
dos, y otras doctrinas contenidas en el libro del £c•le^iastes, en los 
Salmos de David y en las cartas de S. Pablo á los Romanos y á Ti- 
to. May pronto premió el cielo la generosa resistencia del prisionero. 
Apenas arriba á España, cuando los reyes rompen sos cadenas, le 
sartén de mfl dacados y vnelTen á enviairle á la America, ¡tara sa- 
tisfacerle y desagraTÍarle. Oportonamente me ocarre lo que escribió 
el Grisóstomo exponiendo la conducta de Nabacodonosor con Daniel 
y los tres niños, á saber, qne la virtud es tan respetable, qoe el mis- 
mo Bey no se avergonzó de adorar á los cautivos. 

Un azar hace que (Tolón ancle en la flspañola. Su gn^Lemador 
Ovando le ni^a la hospitalidad. Xo importa; él tiene bastante con 
aquel Dios de quien cantó David jamas había desamparado al justo. 
Inmediatamente se hace á la vela, descubre el Guayana, el Darien, 
toda la costa del Continente, desde el cabo de Gracia hasta Puerto 
Eelo, y funda una pequeña colonia en la pro\incia de Veragua, á las 
órdenes de su hermano. £1 m&s ñiríoso temporal descalabra su es- 
cuadra, lo arroja á Jamaica y lo pone en la triste necesidad de enca- 
llar á propósito por no verse naufrago Podría decirse que aquí se 
agravó la mano del Todopoderosa», y c-omo que se agotaron sobre Co- 
lon aquellas que llamó el Real l^ofeta inmisiones de los Angeles 
malos. Distante de la Española, sin buques en que salir á procurar 
el socorro; escasos los víveres; si por fortuna los naturales le fran- 
quean sus pequeñas canoas y Menés y Fieschi salen en pos del re- 
medio, el corazón de Ovando está cerrado á los sentimientos de la 
humanidad; ocho meses detiene á los emisarios sin despacharlos. En- 
tre tanto Colon, el anciano, el >irtuoso Colon, abandonado de algu- 
' nos de los suyos, insultado como autor de aquellos trabajos, y hecho 
ya huésped pesado para los indios, mendiga el sustento intimidán- 
dolos artífidosamente con el pronóstico de un eclipse. Un bajel apa- 
rece en esta coyuntura; es un espía del gobernador Ovando; lo mon- 
ta Escobar, enemigo inveterado de Colon. Después de lin^^idos cum- 
plimientos epistolares, se retira á sangre fría sin remediar la estrema 
necesidad. Para apurar mas, mejor diclio, para probar Dios mas y 
masía constancia del Almirante, esa virtud, que, como hubeis visto ha 
sido la arquitectónica de todas sus operaciones, le aflije con la gota, 
hasta el extremo de no poder ir á sofocar una sediccion entre indios y 
españoles. Al cabo se ablandaron los cielos, llovió la misericordia so- 
bre el inocente apareciéndose el socorro de la Española. Allá se trans- 
porta Colon luego á ejercitar su paciencia con la hipócríta política 
de Ovando; y allá creo yo, que al llegar, le jura Dios la misma ver- 
dad que juró en otro tiempo á David, prometiéndole que iria ya a 
descansar de sus enemigos; porque él no trata de otra cosa que de 
regresar á.España de una vez. 

Cuando arribó, acababa de fallecer doña Isabela; sintió su muerte, 
mas no estrañó su protección. Femando le ofrece dar, no solo los prí- 
vil<^os que le pertenecían, sino otras muchas mercedes de la Real 
Hacienda; le insinúa sin embargo que no quiere resolver sin el cono- 
cimieDto do su hija Juana á quien esperaba con su esposo Felipe U. 

VII — 33 



5f53 LA VERDAD CATÓLICA. 

Mientras Fernando lepe ra en Laredo, Colon reside en Valladolid. 
¡QiíP breve, qu^ corta fui* su rf?sidencia! í Ayl ya me acerco, Señoreí», 
al momento fatal qm- va á suspender para siempre el cur^u de les 
mm de Colon; torrible prueba para todos ios hombre!* y principal- 
niente para aquellos á quiene-a eierttijí lazos íionrosos y brillante!* éti- 
mo los qne Jos mantienen mas atados á la trerra: hm^n t^^tlgo d& lo 
que hablo fué el temblor y conatemaeion con que un Rey de Ama- 
lee exel amaba al morir: iCoii que la muerte me arranea asf del mun- 
do por una cmel separación f Causado ya el ímerpo del almiraiüe de 
haber corrido y recorrido Ioíí ám mundos; ni» pudiendo ya su cabeza 
«oatener mas tiempo el peso de los laorelesH arrebatados ora líe las 
sienes de Mínenla, ora de las de Marte, entorpecidasn con la gota 
aquella manofi tjue cola tanto acierto manejaron la brújula por el ^- 
pacio oantfnuo de diez años, y aqnelloí? piéfi que habían eNtiimpado 
HtiB huellas en el guelo americíino eon preferencia á todo» los euro- 
peoíí, manda buscar los minijstros del Dioí? vivo y los profetas, no pa- 
ra imitar á Ochosías en manife-starka flaquejía y peaadnmbre, sí para 
pedirles el pan de vida eterna, c^ímo gaje sagrado de la futura iimuír- 
t.aHclad; lleno en fin, He:gim la frase del Paralípomenon hablando de 
David, lleno de dian, de glorías, de merecí íitíentíí», en buena vejez, 
y asistido de los saeramentOíí de la Iglesia, espira el día de W Ascen- 
sión, 20 de Mayo de 1506. 

Tal ha sido, Señores, el h^roe, cuyas cenizas honramos; tales ñie- 
ron los objetos (b^ esos áridos liiicsos cuando los animó el espíritu; 
tales las oínipacioncs del almirante ('olon. (¡vos restos presentes á 
nuestros ojos, nos arraiiíNan justas l{i*rri]nas, como á Jacob la vista 
de la túnica ensan^íreiitada de su hijo Josepli: sí, bien podéis derra- 
mar lágrimas, cierto de que las derramareis sobre el mismo Colon, 
lo repito adrede, sobre el mismo Colon La atiti«»:üedad, justa alguna 
vez, ha conservado para nosotros las mismas reli(]uias de ese [xtso- 
naje que la realzó sus glorias Está comprobado con testimonios 
auténticos, que Colon mandó trasladar sus huesos de las Cuevas de 
Sevilla, en donde se sepultaron, á la ciudad de Santo Domiug<»: que 
esta los encerró en el prebisterio de su Catedral, junto al aml>on del 
evangelio. Así lo escribe el Historiógrafo Antonio de Herrera, Diego 
Orti/ de Zúñiga, autor de los Anales eclesiásticos y seculares de Se- 
villa; así aparece en el padrón general de noticias y documentoN exis- 
tentes en los archivos ile ambos cabildos de Santo Domingo; así lo 
leemos en el título quinto del sínodo de aquella Metrópoli; así en fin, 
lo ha escrito fuera del iíeino el barón Samuel de Puffendorf en su 
introducción á la historia general de viajes. 

Enhorabuena sean estos los mismos huesos de Colon; está bien to- 
do cuanto hemos hablado acerca de los objetos y ocupaciones á que 
se destinaron en los días de la vida; es verdatl que fueron muchas y 
nuevas; pero el elogio queda trunco y preferido el tema, si se »'ierra 
a([uí el discurso. Justítlqnese, pues, la dignidad de esos objetos y 
de esas ocupaciones. 

¡Ah! /-puede haber mayor dignidad en los objetos tiue la de pro- 
ducir tantas glorias al cielo y á la tierra; á Dios y al Rey; á la Re- 



La vehdad católica. 269 

igion j al Estado? Ninguna sin duda mas excelente y ninguna otra 
filé la de lais pcupaciones de Colon, ¡Cuántos nuevos alumnos del Ca- 
tolicismo! ¡Cuántas almas salvadas, que hubieran siempre yacido en 
la ignoranda del verdadero Dios! ¡Cuántos mártires del Evangelio! 
¡qué maltitud de nuevas aras, de nuevas oblaciones! ¡cuántos nuevas 
testimonios de la divina Omnipotencia! ¡Qué reforma en las ciencias 
y en las artes;- hasta entonces no habían comenzado á acercarse á su 
verdadera constitución! Desde el mmortal Colon ("estoy hablando 
con las mismas ejtpresiones de un historiador español (1), desde el 
inmortal Colon hasta el incomparable Cook, la geografía, la historia 
natural y todas las ciencias experimentales han logrado aumentos 
superiores á los que hablan tenido desde su origen en la mas remo- 
ta antigüedad. La inmensa copia de metales, los nuevos ramos de 
comercio y las nuevas osadas navegaciones, varían hasta el sistema 
Tnoral del mundo; los mares antes desiertos,, se pueblan de innume- 
rabies flotas; descubrir, conquistar y comerciar, vienen á ser los ca- 
minos del honor y de la gloria; y toda esta revolución, Sres., comen- 
zada por un hombre solo, por la sabiduría, desinterés y constancia de 
Cristóbal Colon. 

Ahora sí es tiempo oportuno de aplicar á los huesos de Colon el 
texto de su elogio. Alguno dirá que he desordenado el discurso; pe- 
To advierta que la muchedumbre de los hechos autoriza á veces el 
d^rden. Responded, pues, á la pregunta que os hice al principio: 
¿Estos huesos vivirán] 6 es posible mueran estos huesos? Yo no sien- 
to, exclamaba el Pontífice de Nazianzp elojiando á Cesáreo su her- 
mano, no siento que el cuerpo de mi hermanó cuando muera se cor- 
rompa y sé reduzca á polvo; lo que siento es que un cuerpo, obra 
de las manos Divinas, un cuerpo adorriado de un espíritu racional, 
sujeto á una ley y alentado de la mas lisonjera esperanza, perezca co- 
mo el de los brutos y sea de la misma condición. Así también senti- 
rla yo, Sreí*., que estos huesos que ejercieron tantas virtudes; que 
nivelaron sus operaciones por el contexto de la ley, y que obraron 
tantos prodigios, quedaran ahora confundidos con los de las bestias, 
ó con los de aquellos otros hombres que procedieron á manera de 
irracionales, que carecen de entendimiento. Pregimto por la última 
vez: ¿Vivirán ó morirán? Vaticinad, vaticinad sobre estos huesos, 
Vaticinare de ossibus ísHm, ¿Qué es lo que respondéis? Mas yo entien- 
do bien vuestro silencio: mucho ha habéis prevenido mi pregunta; 
mucho ha habéis dado á entender que los huesos de Colon no mori- 
rán, que se conservarán siempre vivos en vuestro reconocimiento. 
Yo he visto, y todavía estoy viendo las pomposas demostraciones con 
que se quiere perpetuar en los fastos de la nación la memoria del 
fiebre descubridor de las Américas. ¿Quién ignora la magnífica 
exhumación que hizo la Metrópoli de estos dignos huesos? ¿Quién 
no sabe la brillante acogida, el honroso recibimiento que acaba de 
hacer la Habana á estas exclareoidas reliquias? 
Apenas su Excmo. Sr. Gobernador informa al muy noble Ayunta- 

(1) Don Joan Bwitiita Mnfioz. 



960 LA VERDAD CATÓLICA 

miento se hallan en la bahía, cuando el ilustre cuerpo acaloradr^ ^^ 
un entusiasmo de gratitud y lealtad característica, é imitando á -J^* 
seph que solicita permiso del soberano de Egipto pura enterrar fc *^ 
padre. Si inveni gratiam in ronítj}erfu vestro ascedum if sepdxam ^^^' 
trem meum, pide costear de sus propios toda la ceremonia de la ^ 
pultura; convoi*a todas las gerarqaías y las clases, providencia, i^^^ 
mo á porfía, con los otros cuerpos, cuanto conduzca á la ma\íí=^^^^ 
pompa con que deben sepultarse los fragmentos del gran Colon; ^' 

echando el resto de su reconocimiento, acuerda suplicar á la pied^=- ^ 
del rey no salga jamas de esta Cat-edral el estimable depósito q^*^ ^^ 
acaba de entrar por sus puertas, y que será desde hoy el timbre m^- ** 
alto, el primer blasón de la ciudad. El fuego eléctrico del entusiasnr^-^^ 
se comunica de unos á otros, y yo los veo á todos en una santa agit.i^ '** 
cien, exhalando ahora sus alientos sobre Colon, como para sacar c^3^^- 
da uno un retrato según se lo figura su fantasía y mantenerle sienr"""^* 
pre vivo en sus corazones. Si la mia no me alucina, me parece qu, ^ 

así como los huesos que vio Ezequiel en los campos de Sennaar s ^ 

reanimaron con el impulso del viento que sopló sobre ellos el esp^^' 
ritu del Señor, así, digo, me parece estar viendo los de Colon rean^ ' 
mados al calor de nuestras oraciones y sufragios, reanimados al gol ^ 
pe de las vibraciones de ese aire, que conmueve hoy estos tumultuó — ' 
sos afectos de que nos sentimos sobrecogidos; reanimados para pe-— 
dirnos miseración. Plegué al cielo le veamos el dia del juicio fináis 
no como acaba de representárnoslo la imaginación, recibiendo los ho- 
nores del funeral, ni moviendo nuestros pechos á piedad y compa- 
sión; sí como vio en sueño S, (jrregorio Nazianceno á su hermano 
Cesáreo, refulgente, gozoso, impasible, lleno de gloria. 
Yo se la deseo para que descanse en paz. 



EL TRTONFO DE LA CRUZ. 



El triunfo de la Cruz es el triunfo de la Iglesia, el triunfo 
del Pontificado —el triunfo de Pió IX. ¿Y no será una ilu- 
sión de nuestra parte hablar del triunfo de P¡o IX casi des- 
tronado, del triunfo de la Iglesia humillada y perseguida, del 



LA VERDAD CATÓLICA. 2G1 

triunfo de la Cruz hollada y abatida? Ah! no: nuestra fe cre- 
ce en giganteticas proporciones á nr^edida que se conjuran 
^^leinentos, y arman revoluciones, y se combinan satánicos 
medíoM para derrocar lo que es indestructible, para hacer 
desaparecer en el tiempo lo que tiene duración sempiterna. 
El hombre podrá en su demencia destruir la obra de sus ma- 
nos; pero es completamente impotente para destruir la obra 
de Dios, conservada por su admirable Providencia. La Cruz 
fné levantada sobre el Calvario para dominar á todas las ge- 
neraciones presentes y venideras. La Iglesia se alzó sobre 
esa Cruz, y recibió la promesa divina de su eternidad. Pedro, 
el primer Pontí6ce, espiró en esa misma Cruz, que legó por 
herencia á sus sucesores, y Pió IX sobre el sepulcro de Pedro 
cíama por la Cruz que se levantó en el Calvario, y que es el 
emblema de la reconciliación, por medio de la sangre, del 
Criador con la criatura, el lábaro divino que se descubre en 
las puertas de la eternal Jerusalen, el símbolo de toda victo- 
ria, de todo triunfo pan* la Iglcvsia. Solo los ho?nbres de fe 
mezquina son los que se atemorizan al contemplar la tem- 
pestad que ruge sobre el Vaticano: sus temores acusan co- 
bardía; sus zozobras fe débil y vacilante. Nosotros nada te- 
memos, porque las oleadas de ese mar embravecido se estre- 
llarán contra la roca sobre que se halla edificada la Iglesia 
y retrocederán en precipitada fuga. Nada tememos, porque 
diez y nueve siglos de catolicismo nos enseñan cuál ha sido 
el fln de las persecuciones y de los perseguidores de la Igle- 
sia. Nada tememos, porque la voz divina que anunció comba- 
tes á la Iglesia y á sus Pontífices, les aseguro también per- 
petuas victorias tras los dias de sangre, desolación y lágrimas. 
La Iglesia nos recuerda todos los años por esta época (16 
de Julio) e\, Triunfo de la Sanca Cruz, y este recuerdo nun- 
ca es mas importante que en los tiempos que atravesamos, 
en que librándose despiadado combate aun santo y anciano 
Pontífice, se da el grito de rebelión contra la Iglesia, y se 
opone al estandarte de la Cruz el estandarte de la persecu- 
ción. ¡Funesto y hermoso combate á la vez! Sin los horrores 
del Circo no hubiesen existido las Catacumbas; sin los Ne- 
rones y Dioclecianos, no hubiese existido esa falange de 
mártires, cuya sangre fecundó el catolicismo; sin los Atilas 
no hubiesen descendido los ángeles con espadas de fuego. 
Ah! ¡cuan bello es meditar sobre la Cruz! 

La familia infortunada de Adán había perdido por sus pre- 
varicaciones todo derechí» á la herencia del Padre celestial: 
su destino de eterna condenación estaba decretado, y cerra- 



1 



262 I-A VERDAD CATÓLICA* 

do para siempre á la humauidad todo porvenir He laniortal 
leücidftd. Era necesario un mediador, y h*^ aquí la misión d**l 
Hombre-Dios, 

La alianza para la rehabilitación del hombre se realizó so- 
bre la cima del Gólgüta. El misino día deesa alianza fué 
taiubten el del sacrificio, y la agonía del Salvador fué írt pro- 
clamación de la regeneración de la Imrnaníüad: Tofio ejíid 
cfm^umado. Nuestra redención, pur medio de la s^angre del 
Hijo de Dios, debe ser el mas tierna, el mas sagrado, el maí» 
sublime de todos nuestros recuerdos* Todas las verdades del 
Catolicismo irradian de la Cruz ó vienen á r* Atajarse sobre 
ella; laCrux es lafuetite y el ñti de cuanto existe en el Cris- 
tianismo, y las pavorosas magnificencias del Calvario, en 
cuya cima vemos una victima augusta cubierta con un velo 
desangre, so ti la imagen mas perfecta de todo un mundo 
bañado en la sangre expirttoria de su propio crimen. 

La humanidad caida solo poáia levantarse de su envileci- 
miento para llegar á la amistnd de Dios, 6 por medio de la 
gracia, ó por medio de la expiación. Dios, en su profunda 
sabiduría, no quiso otorgar un per<lon sin merecimiento, y 
desde entonces la reparación eí*a indispensable para remediar 
el desorden moral tan profuiuiameFite arraigado. El hombre 
no podia rescatarse á sí mismo, ni redimir á su alma, según 
el lenguaje enérgico del Rey Profeta: ó tenia que permane- 
cer para siempre en lóbrego sepulcro, cerrada toda puerta á 
la esperanza, ó debia suspirar por la venida de un mediador. 
Para que este mediador muriese era preciso que fuese un 
hombre, para que esta muerte engendrase la vida de la hu- 
manidad, y expiase la prevaricación universal, era preciso 
que ese mediador fuese un Dios. ¡Oh feliz culpa que mere- 
ció tan digno Redentor! 

¿Y si una voz de súplica, una lágrima del Hijo de Dios hu- 
biese desarmado el brazo terrible de su eterno Padre, ¿á 
qué fin la sangre y los tormentos del Calvario? Ah! sin esa 
sangre, sin esos tormentos, ¡deque tesoro de gracias nos hu- 
biésemos visto privados! No olvidemos que Jesucristo vino 
á satisfacer una deuda, á cargar sobre sí la responsabilidad 
de todos los crímenes de la tierra. Sobre esa cabeza augusta 
se reunieron todas las iniquidades pasadas, presentes y futu- 
ras, y sin esos tormentos, sin esa sangre el cielo hubiese que- 
dado siempre cerrado para el hombre, y las fauces del aver- 
no siempre abiertas para devorar á la desdichada huma- 
nidad. 

¡Salve, Cruz sacrosanta, trono de Dios, cátedra de la ver- 



LA VERDAD CATÓLICA. 263 

dad! Tá eres el anhelo de todas las almas, el colmo de to- 
dos los honores, la solución de todos los combates. Sobre la 
cima del Panteón, arrojaste los falsos Dioses; sobre la cima 
del Vaticano arrojarás á los que osen poner sus plantas en la 
ciudad eterna. Enseña siempre perseguida y siempre triun- 
tante, ahuyenta á los enemigos de la Iglesia, y acoge en tus 
brazos, si en los consejos eternos se hubiese decretado, al san- 
to Pontífice que hoy rige á la Iglesia, y que una gota de su 
sangre sirva de expiación á tantas prevaricaciones. De todos 
modos la Cruz siempre triunfará, y ya se acerca la hora de 
la victoria. 

j. R. a 



nUERTE CRISTIANA DEL CONDE DE CAVOUR. 



Con indecible placer hemos visto confirmadas las noticias 
'l^e acerca del fin cristiano del Conde de Cavour se nos die- 
""On d**sde un principio.* Según* parece, el confesor del Con- 
^'^ fué llamado por este el dia 5 de Junio desde que compren- 
dió 81] gravedad, verificándose el acto imponente de la recon- 
ciliación con Dios con toda la calma y tranquilidad de espí- 
"tu que requiere el caso. A eso de la tarde tuvo lugar una 
consulta de facultativos, quienes informaijon á la familia que 
h»bia llegado el momento de administrar los últimos sacra- 
"^entos. Entonces llamaron al cura de Ntra. Señora de los 
Angeles, á cuya parroquia pertenecia el difunto. Aquel sa- 
cerdote conocia al Conde de Cavour desde la época en que 
**«te publicaba al periódico el ResorgÍ7nento: al presentarse al 
niinÍ8tro no pudo contener el llanto. Mr.de Cavour recono- 
ciéndole, le tomó la mano y le dijo: **Ha llegado la hora 
departir." El sacerdote estrechó la mano del moribundo, 
escribió cuatro letras á sus coadjutores, y poco después lle- 
vaban el Viático de la iglesia parroquial con las ceremonias 
de costumbre en Italia: una turba inmensa seguia al sacerdo- 



204 LA VERDAD CATÓLICA. 

t«', y jxu'iniiiicció toda la tardt* etérea de la casa. El Conr'^^ 
recibió tMitóiiciís el Santo Viático, y se le administró la Exirt^^^ 
níia Unción, Poco después volvió la fiebre y duró hasta hr 
cinco de la mañana siguiente en que comenzó la agonía. Po^^ 
eos minutos antes de las siete habia dejado de existir Mr. d^^ 
Cavour. 

Según el Tfiblet de Londres, es imposible dudar de su xe^^ 
conciliación con la Iglesia, y el Amide la fieligion da la si- 
guiente noticia que dice haber recibido de una fuente digoa 
de confianza, aunque no garantiza su exactitud: **E1 miérco- 
les 5 de Junio, comprendiendo el Conde de Cavour su posi- 
ción, pidió se suplicase por telégrafo al Padre Santo que con- 
sintiese en levantar la excomunión en que pudiera haber in- 
currido. Pío IX recibió la petición del ministro con lágri- 
mas en los OJOS — Inmediatamente y sin condiciones — fué 
la respuesta paternal que trasmitió al enfermo el telégrafo 
de iRoma." 

A las anteriores noticias agreí^aremos las siguientes pala- 
bras del notable artículo de la Armofiúi de Turin en que este 
periódico religioso daba cuenta del fallecimiento del Conde 
de Cavour, recordando varios rasgos de bondad y solicitud 
en favor de los católicos perseguidos, rasgos en que se habia 
ostentado el corazón compasivo del ministro de Víctor Ma- 
nuel: 

'^Ligado con vínculos de parentesco á S. Francisco de Sales, 
conservaba en su corazón la fe, esa fe que al fin de su exis- 
tencia revivió cun toda su fueiza. Quiso dar una prueba pú- 
blica de ella llamando al confesor ante> que los médicos 
juzgasen que la muerte estuviese tan próxima. 

•* Junto á su lecho de muerte ha tenido el Conde de Ca- 
vour á un religioso, á un fraile, ci>n quien hutratH<lu lo« ne- 
gocios de su alma. Este fraile, única persona cuyas palabras 
háu sido de consuelo para el Presidente del Consejo de Mi- 
nistros, ese fraile confortando al pacietíti» y animándole al 
gran viaje, ese fraile dice mucho á los |>olílici>s, á los eco- 
nomistas y á l<»s libre-pensadores, y responde elocuentemen- 
te á la pregunta que tantas veces oimos: ¿Para qué sirven 
los frailes? 

**EI Conde de Cavour se inclinó ante la víctima del Gól- 
gota, y Jesiicristo 

Sulla deserta coltricc 
Accanto a luí jhjsó. 

Recibió el Santo Viático con gran devoción, y espiró en 



LA VBRDAD CATÓLICA. 



265 



la mañana del. 6 de Junio, fiesta del milagro del Santísimo 
Sacramento. 

**Mucho8 rogaron por él durante su enfermedad, y conti- 
nuarán ahora pidiendo por su eterna salvación. La divina 
misericordia es grande é infinita, y seria un pecado contra 
efta divina caridad pronunciar una palabra de insulto so* 
bre sus restos apenas frios. una buena muerte hace buena 
también la vida, cualquiera que esta haya sido, y el Cunde 
He Cavour ha muerto como católico. En su política fué ar- 
rojado hasta la audacia, y del mismo mudo en sus últimos 
momentos desplegó un valor, raro en estus dias, el de confe- 
sar su fe. Descanse en paz su alma." 

Lo repetimos: esto nos colma de satisfacción. Con todos 
los periódicos católicos del urbe que envida del ministro 
piamontes combatieron su política, perú que, muerto este, 
celebran su reconciliación con la Iglesia. y sus virtudes pri- 
vadas, formamos ardientes votos por que Dios, en su excelsa 
misericordia, haya acogido en su seno el alma del Conde de 
Cavour. 

R. A. O. 



DE OFICIO. 



SECRETARIA DEL OBISPADO DE LA HABANA. 

aaii«rl«l«ii v«lnitaria aUcita por el KiLcm». é íUm: Sr. Obispo A fa? or 4% 

üncstro SantfolBM Padre Pío Hono. 



Rela^ifmdelas personas y canciJaJcs (jut: cada una ha entregado 
jMira el expresado objeto en cala Secretaria de Cámara y 
Gobierno. 

Parroquia de ingreso de la Sabanilla del Encamendadm\ 



Ps. Cu. 



59 



Suma anterior 53.384 

Pbro. D. P«ídro de la Con- 

r<>prion, Cura párroco. 17 „ 
l>4)ñA Francifca Monagaa 

d«x Razarte tf 50 

D. JuAD Paadin, Capitao 



Pg. Cte. 



juez local 4 25 

Pbn». D. Andrés Pedro 

Thouvemn 4 25 

D. Francisco González.. 4 '¿f, 

„ Eugenio Domínguez, 
mayordomo de fabrica.. 4 25 

VIL— 34 



266 



LA VERDAD CATÓUCA. 

Pt. Ct. 1 



Doña Jfifefa Eoriquez de 

Monagas 2 1*¿ 

D. Vicente Ferror de la 

Nüex 2' 12 

Dona Jaana Ibarría 2 12 

D SatarDÍno Rodríguez.. 2 12 

„ FrancÍMSo Landa 2 12 

„Jo«áPratg 2 12 

Doña Oertrúdie Villa de 

Vila 2 12 

D. Víctor Cabrera 2 12 

Ldo. D. Márco« José Diaz 2 „ 

D.Juan Fon 1 50 



>. Pedro Qnibut 

Pedro M.Pimentel... 

Cristóbal Miranda 

Bruno Perea 

, Joié Monagas 

Tomás Oller 

Esteban Ribera 

Julián Diaz 

Pablo Pereira 

Rafael Alonso 

Cristóbal Martioez... 

José Florencio Oliva. 

Juan Grau 



Parro(¡UM de (iscenso de Guamutds. 



Ps. Ote. 



Pbro. D. Ramón de la Paz 

Morejop, Cura párroco. 17 ,, 

JO. Joaauin Forn 2 12^ 

Sres.OlÍTer y Hermano.. 2 12é 
Hms. Bermudei Vega y 

Comp 2 124 

D. Mauricio Sánchez i », 

Doña Catalina Hernández 1 „ 

D.Juan Santos 50 

,, Ramón Escovedo 50 

, . Manuel Moreno 50 

,, Antonio Camacho 50 

„ Ettsebio LisDÍega 50 

„ Esteban Urquijo 50 

„ Pedro Campo 50 

„ Nicolás Rodríguez 50 

H Ramón García 50 

„ Manuel Sains 50 

„ Francisco Delgado... 50 

„ José Hernández 50 



D. José l'erez 

„ Antonio Muñoz 

,. Juan González. 

„ Camilo Pérez 

„ Nazario Palma 

„ Enríque FIore8 

„ Buenaventura Pérez. 

„ Fulgencio Soto 

„ José Mnrfa Diaz 

„ José Torres 

Doña María González . . . 

,, Sofía Amaranto 

„ Laura Siinchez 

,, Romualda Ezquibel.. 

„ DoloreH Marrero 

D. Miguel Vega 

,t Laureauo Areca 

„ José Ramos 

„ Filomeno Mora...:. 

M Francisco Martínez.. 



Parroquia de ingreso de S. Diego de los Bafíos. 

Ps. Cts. 



Pbro. D. Diego Muñoz, 

Cura párroco 25 50 

D. J. Joaquin de Aguirre 

y Gruño 4 25 



Doña Andrea Fraschierí 

de Caño 

D. José Miguel de Cano. 
„ Domingo Peret 



Soma.^ 53 

Habana 21 de Julio de 1961,— P$dr9 Sánchez, secretario. 

(Cotuintí 



SECCIÓN LITERARIA. 



BL TANTO POR CZBNTO, 

€■ treí acUi j m verM» ctcrlU por D. AdeUrdo Lop«i 
de AyaU. 




OS que sepao que la comedia nueva del Sr. López de 
' Ayaia cuyo título sirve de encabezamiento al presente 
artículo se representó por primera vez en esta ciudad 
el 14 del actual extrañarán ciertamente que nuestro pe- 
riódico se ocupe de un asunto al parecer tan ajeno de 
su índole como lo es una función teatral. No obstante, 
y aun á trueque de escandalizar al pronto á nuestros mas ti 
moratos lectores, no queremos retroceder ante el deber que 
nos hemos impuesto. £u efecto, considerado el teatro como 
escuela de corrupción mas bien que como corrector de las cos- 
tumbres, creen muchos que la Iglesia se opone á las represen- 
taciones dramáticas, sea cual fuere el mérito intrínseco de las 
producciones puestas en escena, ó la moralidad que estas en- 
cierren. Este es un craso error: la Iglesia no es enemiga sis- 
temática del teatro; lo teme sí, y con razón, pues raras veces, 
sobre todo en nuestros dias, se presta aquel, no diremos á 
que lo recomiende, pero ni siquiera á que lo tolere. Los es- 
critores dramáticos de estos tiempos, siguiendo las huellas de 
los modernos novelistas, presentan por lo común en las tablas 
obras en que el vicio con todos sus atractivos y cínica desnu- 
dez parece ofrecerse á los espectadores, mas para ser imita- 
do que para ser odiado. Incalculables son los males que bajo 




1 



268 LA vinDA.n católica, 

estos concaptos ha producido el repertorio moffprnD. "Vían 
los tiíatros, exclama Mr. Carlos Dupiíi en un discurso, t«QÍpn< 
do abierta escuela de corrupción y de perverRidad. _ .., ho- 
llando las mas cantas virtudes coa ta intencioQ patente da 
hacer amar, acariciar y admirar el duelo, el suicidio, el así 
sioato y el parricidio, el envetiíAmiento, la violencia, el aciu 
terio y el incesto y precoíiÍ7.ando esos crímenes como la fata- 
lidad gloriofia de espíritus syperiore«, como uti progrego ái 
las almas elevadas que se sobreponen á la virtud da los idio^ 
tas, á la religión de lossimples y á la humarjidad del puebla 
común. ¡Esa literatura emponzoñada nos vuelve á conduci 
á la barbarie por medio de la corrupción.!" 

A estus (ía labras de un célebre orador agregüreiíios 
siguientes de uíj íacultatiFo distinguido, eí Dr- Pariset: 
**E1 mal moral, dice, se introduce en el alma por medio da 
palabras ó de imágenes, y se graba en ella mediante uiáittmas^ 
ejemplos y apulogías^ no tardando en encontrarse en todiis 
parte«. Sígase la marcha del crimen: antes de presentarse en 
los tribunales, pasa por loa libros y por loa teatros. . . *" Pe- 
ro iá qué prolongar estas citas. La Iglesia, juez soberano eti 
materias de fe y de costumbres, cree, y con razón, que las 
representaciones teatrales son generalmente peligrosas y ma- 
chas veces dañinas para los que á ellas asisten, Justiñcuda 
queda, pues, la extrañeza de nuestros lectores al vernos abor- 
dar un asunto que al parecer nos está vedado. 

Mas hechas estas salvedades, debemos repetir que la Igle- 
sia católica no desecha el teatro en principio^ antes bien lo 
acogería gustoso y reconocería su civilizador influjo, si en to- 
das ocasiones ofreciese á los espectadores un argumento tan 
moral como el de El tanto por ciento. Llevados del deseo de 
juzgar por nosotros mismos del mérito de una pieza que has- 
ta los periódicos religiosos de la Península nos venian enco- 
miando, hemos asistido á su primera representación en la Ha- 
bana, y el resultado ha. sido confirmar el favorable juicio de 
nuestros colegas de la corte. Mas puesto que el trabajo se ha- 
lla hecho, mejor cien veces de lo que nosotros pudiéramos 
desempeñarlo, cedemos el puesto al redactor de La Regene- 
ración de Madrid que dio cuenta de la comedia despueade su 
estrenou en el teatro del Príncipe. Exprésase en estos tér- 
minos: 

**Tambien somos nosotros de los que creemos que el tea- 
tro, tal como está, no es escuela de las costumbres; pero que 
tiene influencia sobre las costumbres: que no practica el bien; 



LA VEHDAD CATÓíJCA. 2G9 

pero que coadyuva al mal. Por eso cuando oimo8 hablar de 
uua comedia que puede oirse sin escandecerse la frente de 
rubor, vamos al teatro; por eso fuimos á la representación del 
Taiuopr cietUo^ del Sr. D. Adelardo López Ayala. 

''La acción es sencillísima. Un buen Pablo tiene que pagar 
una finca de recreo, y se encuentra arruinado. Lo calla á su 
prometida esposa y vende una finca que tenia á carta de gra- 
da á Roberto, amigo de la infancia. Este es negociante. La 
finca rale tres veces mas, y si las Cortes aprueban la sub- 
vención al canal, que pasa por las tierní? de la finca vendida, 
Aumentará su valor treinta veces. Roberto da parte á los ami- 
gos y á los criados de Pablo. Si se casa este, su esposa es ri- - 
<^f desempeña la finca, y pierden todos el negocio. Amigos, 
-^^berto y criados se conjuran para estorbar el casamiento: 
^^ríño, amistad y fidelidad, todo cede ante el negocio. El ne- 
gocio es lo primero. 

**Como producción literaria, no la juzgamos exenta de de- 
fectos: aluun consonante forzado, situaciones falsas, hechos 
< nexplicables que vienen de perlas para el enredo de la fábu- 
' ?' P^^^ 4"^ "^ ^^ fundan en la verdad do las cosas. No men- 
cionaremos los accidentales, vamos á señalar en nuestra cen- 
sura solamente dos sobre los que gira la composición, á sa- 
ber la resolución de Pablo que, al recibir la noticia de que 
«stA arruinado, persiste en comprar la quinta de recreo, por- 
qiit* lo cree punto de honra, ocultándoselo á su prometida es- 
tuosa, y la mas inexplicable del negociante Roberto de com- 
pra.r la casa á pacto de gracia. 

••Suponemos que el Sr. Ayala ha querido presentarnos un 
nioíielo de hombres delicados y pundonorosos y honrados, 
^■1 Pablo. La conducta que en nuestro concepto debiera lia- 
V>er seguido, al saber que estaba arruinado, era no comprar 
^^ quinta, como á Gaspar le ocurre al momento que Pablo le 
confia su posición; y si se creia obligado á efectuar el contra- 
^» hablar al vendedor, contarle la desgracia, y coiívencerle, 
^ darle una indemnización, que los hombres hablando se en- 
tieij(jg„. y gi ,j¡ aun de este modo podía evitarlo, comprarla; 
'^'"o diciéndoselo todo á la condesa. El silencio que guarda 
^"^^ esta es indisculpable. La oculta su ruina, por no dis- 
gustarla; porque no sospeche que cuando poco antes la ins- 
^ ^ á publicar su casamiento, lo hacia con conocimiento ya 
.^ ^U pobreza; y no cae en la cuenta que mas motivo tenia 
*^-onaesa para creerle interesado, cuando reflexionase que 
^^*^iido sin bienes de fortuna, se lo callaba y llevaba adelan- 
® ^ I casamiento, aparentando ser rico. Quizá el Sr. López 



270 LA VEBOA& CATÓLICA. 

Ayala en Pablo no nos presente al hombre vertladeramente 
delicado, sino al exaj erado, al púgil anime en materias de hon- 
ra, al que temieudo que puedan sospechar de su probirlatl, 
aun sin cau^a, vive mártir, a! bombre hecho de ía madera 
apropófiito para pnirao de inlirigantes agiotistas. 

';Aun es mas incomprensible el qne Roberto, el hombre 
de negocios, el espíritu del siglo perDooiíicado, el que quiere 
sacark las mtmñm al negf/em, mn religión ni humanidad, ni 
araiatad, incapaz de afectos y de piedad; sin motli^o ninguno^ 
sin que ni aun Pablo se lo (*ida; cuando ya este se ha conve- 
nido en vender ladebefla, proponga espontáneamente que sea 
á carta de gracia. Es contra el carácter» contra las ideas, con- 
tra los sentimientos del héroe del drama, que nuuca obra en 
perjuicio de sus intereses. Solo empeñándose en que se le 
vendiera al instante, y negándose Pablo »i no era A carta de 
gracia, por ser una finca querida y familiar, y temiendo el 
usurero perder la presa, era natural queaccedieae» 

*Tero prescindiendo de esto ]cuánta belleza! ¡Cuánto pen- 
samiento sublime de bien estudiadíi honra, de ternura, de 
casto amor, de religiou en la Condesa! Quizá al final dema- 
siado buena; el perdón á todos no es justo ni conveniente; pe- 
ro ¡qué maestría en conmover el corazón de los espectadores 
en el desgarrador acto segundo, de tenerlos en suspenso con 
los incidentes que prolongan et desenlace, aunque conocido 
desde el principio, y cuánta gracia en el diálogo, ¡Qué Sabi- 
no y qué Petra! 

'*Y sin ocuparnos en detalles vamos á hacerlo del pensa- 
miento del drama. 

''El del poeta es p» tente: no es pintar al mundo, no es im- 
primir el sello de la infamia sobre todos los negocios, no es 
arrancar la confianza del corazón de los hombres honrados, 
como hemos oído decir á alguno; no: la réplica de Pablo á 
Roberto cuando' á las quejas de aquel contesta este: ''ese es 
el mundo," resume el pensamiento del autor: "no es el mun- 
do, ese eres tú." 

"El Sr. Ayala quiérenos pintar á esa parte de la sociedad 
(y que la hay, por desgracia, es ciertísimo), engendro de este 
siglo que trata de enriquecerse á toda costa, triplicar, decí- 

f>1icar, centuplicar su patrimonio, beneficiando las flaquezas, 
a inexperiencia, la desgracia de todos los que le rodean: es 
personificar en un hombre el desprecio á todo sentimiento 
generoso, el apego á los intereses materiales, el ansia fatal 
de enriquecerse en breve tiempo, y no por el camino del tra- 
bajo, á que tiende la generación actual* 



LA VKUDAD CATÓLICA . 27 1 

^^Es pintar la irtitacion de la codicia que invade todas las 
clases; la impaciencia que se apodera del criado para ser ca- 
pitalista, de la humilde costurera por aumentar treinta veces 
Mi ahorro», del modesto comerciante para poder ir en coche 
; salpicar de lodo á sus iguales, del opulento banquero para 
añadir millones á sus millones, y poder aspirar á títulos y en- 
laces y dominaciones; es, no la sociedad que es, sino el espí- 
ritu perverso que se va inoculando en ella, que trata de apo- 
derarse de ella, contra el que debemos luchar todos, ponien- 
do ala vista el resultado inevitable de la exageración del 
espíritu de ganancia, sin freno ni cortapisa. 

'*La actual civilización, falsa, irreligiosa, condenada por 
todos los hombres pensadores, irremisiblemente ha de produ- 
cir Robertos y Sabinos corruptores, y Gaspares corrompidos. 
Y que esto es verdad no es menester probarlo con argumen- 
tos; vaya el que lo niegue al teatro, y por todos lados no oirá 
masque **¡euán cierto es! eso es lo que pasa; tal es el mun- 
do." 

''La obra del Sr. López Áyala es una protesta vivísima del 
^íritu antiffuo contra el espíritu moderno; del espiritualis- 
iQo contra el materialismo; de la verdadera, contra la falsa 
^civilización: es la demostración práctica de que cuando el in- 
ttíres domina desde las clases mas humildes á las mas eleva- 
das, cuando el negocio es el Rey, la sociedad camina un ca- 
lino de muerte. ♦ 

'*Pero no, no arranca la confianza del corazón. Pablo no 
'^^gocia, la Condesa es el modelo de los tiernos sentimientos; 
(Gaspar, el hombre extraviado, débil, que cede un momento, 
pero que se alza mas fuerte en sus convicciones; el viejecito 
raajordomo de quien se habla, con sus lágrimas, y su ''es im- 
posible" cuando se acusa a la condesa, levanta el corazón y 
"OS hace decir; dos caminos hay; el del negocio, el de la csyc- 
cfikcion sobre todas las cosas, que vuelve duros y egoistas y 
porver8os; y el del desprendimiento, de la honradez, del ne- 
gocio moderado por los sentimientos de caridad cristiana, 
2"*^ no medra con las miserias, que no codea al socio, que su- 
'^i'dina la ganancia á la moralidad. 

*'Mil enhorabuenas al Sr. Ayala, que con mano maestra ha 
P^estn de manifiesto esa plaga social que nos invade. De se- 
guro tendnl detractores: bueno; cuando el paciente levanta 
^' grito, el médico ha puesto la mano en la parte dolorida. 

''Su obra es tan buena como la mejor del teatro moderno. 
Su obra vivirá porque en el fondo es verdadera, porque es 
^oral^ porque es cristiana. 



272 •^ ^ l,A VERDAD UATÓLIUa. 

'^Los que hayan u^iistiido á una reprf^scnfncjufi ikiben vul- 
verj loa que no, ir. Medítese en la moiül del e«[j€<retáculu, y | 
Mtí convencerán de que no vamos erradyü» ciirtntiu nri día y] 
otro día clitmaiDo.^ contra los [tiToieio^o» tíft^cto» dt« ñiH{.'«trifrj 
bastarda civilizacioti." 



OM CORAZÓN DI LlM0í3NA. 



Eni Sebai^iían nn niño de úwz á 0tie45 B.iim <1^ «'dad* Edu- 
cado en la escuela de la adversidad, huérfano y pubre, hübia 
sirio recogido por un vecino caritíítivu, pero ú su ve¿ puco 
afortunado, trascurriendo su infancia sin la menor alegría, 
sin caricias, y sin ninguna de esas pequeñas satisfacciones 
que hacen la vida del hombre mas gi»ataen sus primeros dias. 

Cada mañana, salia Sebastian arrastrando un carrito que 
contenia frutas, legumbres ó flores, según la estación. Pa- 
se.lbase así durante largo tiempo por las calles de París, 
anunciando y ponderando su$ mercancías con una fisonomía 
franca y abierta que disponia en favor suyo á los comprado- 
res. Pero ¡cuan mínimas eran las ganancias de aquella pe- 
queña venta! Cuando Sebastian llevaba á su protector el 
producto de ella, éste solia entristecerse diciendo que los 
negocios iban mal y que esto dependiade esa ó aquella cau- 
sa; por ejemplo, de que JIovia demasiado ó dejaba de llover; 
ó bien del calor excesivo» ó de un frío demasiado riguroso, ó 
por últioío de la forma de gobierno. 

Era pues imposible para aquel buen hombre el dar dinero 
al niño Sebastian: cuidábale mucho, le abrigaba lo mas que 
podia, y le daba buena sopa y buen pan; mas esto era todo: 
Iluda mas podia hacer por él. 

Sin embargo el joven oia hablar á menudo de las limosnas 
que hacen los ricos á los pobres, y decia para sí: **;Ciián di- 
choso es uno teniendo algún sobrante, pues en tal caso, puede 
uno darlo, y eso causa bastante placer á los dernás y á uno 



LA tEHDAU CATÓLICA. • 273 

niismo! Pero á roí, ¿qué me sobra? Nada! es cosa triste! 

A aadie puedo socorrer!" 

Una circunstancia particular hacia aun roas penosa la re- 
flexión del niño. Este encontraba cadadia áá su paso á un 
pobre paralitico muy digno de compasión, puesto que esta- 
ba solo, apoyado en la pared, y mostrando á los transeúntes, 
como incesante súplica, su triste mirada y sus pobres miem- 
bro» inmóviles. De tiempo en tiempo, daban al anciano un 
sueldo; pero Sebastian, que cada dia se sentía enternecido 
al verle, Sebastian nunoa le daba nada: carecía de dinero, y 
lo poco que contenia su carrito no 1^ pertenecia; conocia 
demasiado bien su deber para echarla de generoso con lo que 
noeraeuyo. Tenia pues mucho pesar; pero un dia le ocur- 
rieron estos pensamientos: 

"Ve&mos! ¿qué tengo yo en este mundo? No mucho; sin 
embargo, poseo un cuerpo y un corazón; son dos cosas, y es- 
to eí mucho. 

*'Hi cuerpo equivale á decir mis brazos y piernas, está 
bien; mas como he de tirar del carrito del buen vecino que 
ineda de ctfmer, es como si no fueran mios. 

''Mi corazón oh! ese si me pertenece! Por mas que quiera 
^Dioa con todo mi corazón^ éste es siempre bastante grande. 
Qaizáaea mayor de lo que se cree, de modo que por mas 
<|Qepo él se tenga, nunca se llena. Pues bien, ¿nopodria yo 
^i'al paralítico una parte de mi corazón? ¿no podría yo acer- 
carme á él y decirle: 

^Nada tengo, soy pobre y pequeñuelo, pero os quiero 
mocho? 

*'Y luego, me detendria un poco, como suelo di^tenerme 
cuando espero compradores; él aabria perfectamente que lo 
"*cia expresamente para decirle: — ¿Cómo esjtais? ¿padecéis 
^(tíoB que ayer? 

^'Sntónces, le prestaría algunos pequeños servicios, y qui- 
zítodoeso le proporcionaria M¡íj:iin consuelo. Oh! sí, debe 
consolar que se detengan expresamente por uno, que le ha- 
•^'^n con dulzura, y le digan: — Ayer, anoche, esta mañana, 
P^ngé mucho en vos. Voy á probar, y quizá el pobre hombre 

■^rt menos desdichado! 

, Sebastian dirigió en efecto cada dia la palabra al pobre an- 
ciano; al principio lo hizo con timidez, luego cobró ánimo, y 
*! paralítico, enternecido con sus atenciones, acabó por de- 
^'f»eá sí mismo: "¡En verdad, creo que me ama!" 

Oh! ¡cuan dulce es para un desgraciado creer que se le 
quiere y que ha hallado cabida en un corazón! La vida cam- 

VII.— 36 



274 . LA VEUDAU CATÓLICA. 

bta de aspecto ¿ §us ojor. Alguimí m interettu, pues, por él. 
no ea ya la candad iola tu quo con é\ »tí practiim, sino algo 
mas grato, y que .se recibt* con oiüyor agradt*€iri}¡eiitü. 

Durante largo tiempo miTií*.a dejó el niño de detenerse ao- 
te el paralíticot de habla» k^ y cambiar la pos^íicioíi de iiis pier- 
nas para proporcioriíírlt? aígun alivio. Pedfaití iir*ticias ^uyas 
y tambiéíii lo caritHba algo <U^ su propia vida; pues et mutuo 
cambio dd ideaos CiHisti tu ye la amistad. El anctano pagaba la 
mañana diciendo: '*El ním m tí mnirJ^ Y por Iíí tardo decía: 
*'El niño ka tmiidft*^^ Y f*átoera una dicbn para aquel pobre 
.ser ca#r abandonado. 

iSeba^tiíin crecía. Llegó al fin el día de ^u primera comii- 
nion. ¡Qué santa aJegrla lleu6 m corasion en aquella eircunii- 
tancia! El hijo tM pueblo era tan dichusí» como el bijode un 
rey! cada laiido de mi co rasión snbia á Dios csoino una ple^a* 
ria llena de efeperttnssa! ;Pobre ídño! R<*etbía«jt galardón »df«- 
cido á lacaridad. El tambÍHii había hí-chofinn limo^íoiK pue<* 
tu que había tlado una parte de §u cora/^on á una pobre i^ria- 
tura de Dios; [mr em el Señar m tnctinaba con amor hacia 
ét y MCi^ptaba todos Ion impulsos de bu alma píadtita. 

Un día Sebastian, quer ('ontübi. entnMcey caturct^ nños, «¡e. 
detuvo como de costumbre, mas prorumpió en llanto: su 

anciano amigo no estaba allí. Volvió al dia siguiente, y 

tampoco le encontró: por 6n, á los dos días, halló en aquel 
lugar una persona que le dijo: **T()ma, ^sto es para tí." Y 
el que esto decia desapareció. 

Sebastian, sentado en las varas de su.carrito, leyó estas pa- 
labras, trazadas con el auxilio de una mano extraña: 

"Hijo raio, soy viejo, pobre y paralítico, y no tardara en 
morir. Si tuviera tesoros, te los dejaría, mas solo tengo el 
pan del dia, y apenas lo necesario para acabar una vida mise- 
rable. Sin embargo, hijo mió, quiero darte uii recuerdo. 
Conserva ese crucifijo que nunca me ha abandonado, y nti 
olvides que amándome me ha^^ dado lo bastante para poder 
esperar sin sufrir demasiado la vida mejor que Dios nos re- 
serva." 

Aquí se encontraba la firma casi ilegible del pobre enfermo. 

Al dorso de este papel habían escrito: 

**Pidoá algún vecino caritativo que entregue mi crucifijo 
y este escrito á un niño á quien se encontrará, á e6o del me- 
diodía, en el lugar donde yo pasábala mayor parte del tiem- 
po. Se le reconocerá porque parecerá triste no viéndome ya 
allí; pues me amó mucho, y tan |>ob/'r como yo, solo él me 
dio un corazón de liiposna/* 



LA T£YD.«n CAT«»UCA. 



ÍT.> 



£EYISTA RELIGIOSA. 



La salud de se santidad. — En una corre«|>ond^aciii lie 
Roma, fecha 3 de Junio próximo pasado, leemos que el Pa- 
dre Santo que según costumbre debia tomar part^ en U pro- 
cesión que anualmente hace el Cabildo de 8. Peilro en ho- 
nor del Santísimo Sacramento, había tenido que desistir de 
tu propósito de resultan) de un ataque de erisipela en una 
pierna. Al dia siguiente Re hallaba ya en coiivule^ceneia 8u 
Santidad, aunque todavía seguiaen cama. Posteriormente nos 
han anunciado los periódicos que el Pontítioe habia participa- 
do á nuestraaugusta Soberana que se encontraba ya restable- 
cido de su indis|)08Ícion, y por último íJe nos dice que habia 
empeorado. ¡Dios cuide de la preciosa vida de Pió IX! 



El dinero de s. pedro. — El Weelhj Hegistn- del 16 de Ju- 
nio próximo pasado da curiosos «If lalit .s sobre el Dinero de 
S. Pedro. Las cantidades recolectadas en el año de 1860 as- 
cendieron á 1,889,315 escudos romanos 90A bajocchi (.£105, 
415-14 cha. 3 p.) y las recibidas hasta el 13 de Mayo del pre- 
sente aílo, á 635,475 escudos, 49 bajocchi {£VM, 034-19 chs. 
4 P-) Las ofrendas que constituyen estas sumas provienen 
principalmente de las diócesis de Francia. 



Misión enviada por s. s. a la india y otros paikks ouikn- 
tal.es. — Una carta de Roma refiere que Monseñor (yantimor- 
ri. Obispo de Parma, ha «ido nombrado por el Papa Vicario 
Apostólico, Delegado Extraordinario de la India, [»arn visi- 
tar las misiones de Bombáy y otros países de Oriente». Mon- 
señor Cantimorri pertenece á la orden de Capuchinufi. 




276 LA VEEDAD CATfiLTCA. 

Academia de la REuatoN CATÓr.iüA ejí boma. — ^Eri la pri- 
mera sesión auual de esta beíieniérita academia, pstableciitiíati 
el archigiíBQflsio romano, S. Erih üI Canii''níil Cagiano d'Aze- 
vedo, grati petiiteDciítrio, \i*y6 uim digertaciau Bricaminüda i 
probar qtie (ajhlm libertad ifr co^wiemia invocada jf éi^cñHd^ 
por losfilmafiM imrédidoi xj ius faltm jVtlUims^ m la negucinn ai* 
soluta del orden admirable e^fnbkadtt jtor Dioi ¡Kiru la dicha hu- 
mana, Lqs cardenales Altieri, Savelli, Asquini» presidente de 
la Academiut Bernabé Cateríni y ud gran iidmero de perso- 
nan distinguidas, d« obispos y prelados, aHÍBtieron ala sesioQ 
Y apiaudierop la sabía lucubracíou del ilustre Cardan al. 




Petición dirigida al senado fkamceí^ en Payor dk ix)f ] 
pp- KEDENT0ÍÍI8TAS DE uiUA, — Eo la sesion del Scnado fr»n^ 
cea celebrada el S ele Junio último bajo la preeidencia th^J 
Mr. Tróplong, ee decidió imprimir y diijtríbuir para ser discu- 
tida en el trascuño de la semana inmediata una petición fir- 
mada por 74 manufactureros de Lila que supiicubau al Se- 
nado tomase en consideración el caso de sus operarios, casi 
todos belgas, á consecuencia de la expulsión de los RR. PP. 
Bedentoristas, expulsión que á tan acaloradas polémicas ha 
dado lugar en la prensa francesa. Tendrerqos á nuestros lec- 
tores al corriente del resultado de esta petición. 



Nuevas promociones episcopales en frangía. — El Afo- 
niteur publica oficialmente el nombramiento de cuatro nue- 
vos Obispos á saber: Mr. Deguerry, Párroco de la Magda- 
lena en París, para la diócesis de Marsella; Mr. Le Courtier, 
Canónigo de Nuestra Señora, para la sede dcMompeller; Mr. 
Dubreuil, Superior del Colegio eclesiástico de St. Pons, pa- 
ra el obispado de Vannes, y Mr. Colet, Vicario General de 
Dijon, para la sede de Lu^on. — ^En cuanto á Mr. Maret, nom- 
brado obispo de Vannes por el Emperador, pero no recono- 
cido como tal por el Papa, se le ha dado una canongía en 
S, Dionisio, con el rango de obispo in partibus. 



El aire de la marsellesa, música religiosa. — Un pe- 
riódico alemán, citado por la Oazettedes Po^ef, pretende que 



LA VERDAD CATÓLICA. 277 

el aire de la Marselleaa se debe á un compositor alemán, Hol- 
tzaiao de Heersbourg, antiguo maestro de Capilla de la Hes- 
M-£lectoral. Según dicha hoja, Rouget.de Liste eopió la mu- 
flida de aquella famosa canción del Credo número 4 de la Mis- 
^toUmm de Holtzmau, y adaptó los versos á dicha melodía, 
^gun parece, el organista Hammade Heersbourg ha descu- 
bierto últimamente el manuscrito de Holtzman, resultando 
<(ee8to que la Marsellesa no es una remrniscencia, sino una 
fliinple copia del Credo en cuestión. 



Supresión dk las hermanas de la caridad en portu- 

oal,. — En un periódico leemos lo siguiente: "Por el vapor 

-^ra^ que salió del Havre el 26 de Junio, se recibió el 8 en 

^ueva York la siguiente noticia: La Gacela Oficial de Lis- 

^oa publica un real decreto suprimiendo definitivamente en 

^Portugal la orden de las Hermanas de la Caridad." Tiempo 

^^cia que un partido poderoso se esforzaba en Portugal por 

^®*5r suprimir en todo el reino loí conventos y colegios de 

**©rmanas de la Caridad, La noticia que acabamos de trasmi- 

J'' (Prueba que al fin ese partido ha conseguido sus deseos. 

p^^ que conozcan á las beneméritas hijas de S. Vicente de 

^U 1 deben comprender, sin embargo, que en Portugal co- 

?^^ en todas partes no hacían otra cosa esas esposas del Se- 

^^ que sacrificarse ^n beneficio de la humanidad doliente. 



j Conversión en Washington (d. c, e, ü), — El dia 12 de 

^ííio próximo pa«iadoMr. John Renshaw, antiguo habitante 

¿i^ Washington (D. C) fué recibido en el seno de la Iglesia 

^Jitólioa por el R. M. F. Me Grath. Mr. Renshaw no creia en 

ninguna religión, y jamas) habia sido bautizado hasta que lo 

^oinó á su cargo el P. Me Grath. Este es el tercer convertido 

Sue hace entrar en la Iglesia de poco tiempo acá el buen 

fadre dominico. 



Resultados de una misión, — El M. R. P. Damen conclu- 
yó el 20 de Junio una fructuosa misión en la iglesia Cate- 
tral de St. Paul, Minnesota. 2600 personas se acercaron á la 
sagrada mesa; un gran nú iiero de católicos que vivian aleja- 
dos de su Dios fueron devueltos al redil, y un vivo interés se 



278 LATERDAD CATÓLICA. 

había despertado entre los protestantes de la ciudad que as» 
tian en gran número á los sermones y demás ejercicios relm 
giosos. Ocho individuos fueron convertidos mientras duró esB- 
ta, y otros posteriormente, esperándose nuevos frutos de la 3 
semillas sembradas durante esta misión. 



CRÓNICA LOCAL. 



Sombr amiento, — El Ilustre Cubildo canónico de la SanUí 
Iglesia Metropolitana de Santiago de Cuba, usando délas 
facultades que le conceden los sagrados^ Cánones, ha nom- 
brado Gobernador y Vicario Capitular de ia diócesis, duran- 
te la vacante de aquella silla arzobispal, al Sr. D. Inocencio 
Agustin Llórente, doctor en ambos derechos y Provisor que 
fué durante el pontificado del Sr. Arzobispo Negueruela. 
Según parece, este digno prelado legó al Sr. de Llórente po- 
cas horas antes de fallecer los sólitos, ó sean las facultades de 
poder dispensar en ciertos impedimentos matrimoniales y 
otros casos espirituahis, de cuyas atribuciones están sola- 
mente revestidos los Sres. Obispos de Indias, en atención á 
la distancia á que se encuentran de Roma, pudiendo también 
dichos prelados trasmitir estas facultades in articulo mártir á 
aquellas personas que á su juicio sean dignas de semejante 
confianza. Como se ve, no faltó esta previsión al digno Ar- 
zobispo que por largo tiempo llorará la diócesis de Cuba. 



Honras fúnebres, — Ya que nos ocupamos del difunto Pastor 
de la vecina diócesis, diremos que el Martes 9 del presente 
debieron comenzar en la iglesia de S. Juan de Dios de San- 
tiago de Cuba, que representa la Mayor, las honras fúnebres 
en sufragio del alma de aquel Prelado que deben ofrecerse 
sucesivamente en cada una de laa parroquiac* Concluidas 



LA VEKDAD CATÓLICA. 279 

estas honras particulares, el sábado siguiente debieron cele- 
brarse otras d¡spuef>ta8 por el Clero, tanto regular como se- 
cular, de aquella ciudad, como un testimonio de respeto y 
veneración á la memoria de su difunto Prelado. — Asf nos lo 
hace saber El Redactor. 



Jusiicia. — Con este epígrafe publica el Boletín de Reme- 
dios un suelto que nos ha llenado de satisfacción, por recaer 
le que en él se dice en un digno sacerdote con cuya amistad 
nos honramos, el Pbro. D. Francisco Javier Franck. Según 
el periódico citado, este ministro del Señor se distingue en- 
tre el benemérito Clero remediano por su celo y actividad 
incansables y por la inagotable candad que desplega en ins- 
truir á los que ignoran las verdades de nuestra augusta reli- 
gión, perdonar los pecados á los que á él se acercan en el sa- 
grado tribunal de la Penitencia, y sobre todo en asistir álos 
moribundos en la terrible epidemia de las viruelas que hoy 
reina en aquella poblacior). También nosotros felicitamos por 
su conducta, digna de un ministro del Evangelio, á nuestro 
apreciable amigo el Pbro. Franck. 



Defunción. — El lunes 8 del que rige fué conducido á la úl- 
tima morada el CbiKver del P. Manuel Martin, religioso de 
la Compañía de Jesús, natural do Salamanca y profesor que 
era de Retórica en el Real Colegio de Belén. La muerte del 
P. Martin, víctima de la fiebre amarilla, ha ocurrido á poco 
de saberse en esta el fallecimiento de otro miembro déla 
Compañía, el P. Tiburcio Morales, natural de Méjico, acae- 
cida durante la travesía de esta ciudad al puerto de Cádiz. 
Varios RR. PP. Jesuitas, un corto número de amigos y los 
discípulos del P. Martin acompañaron el cadáver de osteal 
Cementerio General. — R. I. P. 



Publicacinn católica. — Ha llegado á nuestras manos la en- 
trega correspondiente al presiMite Julio de la publicación 
católica norteamericana titulada Brownson's Qiiarterly Review^ 
Lu referida entrega contiene las materias siguientes: I. — Fi- 
losofía de la Revelación, por Giob«'rti. II.— Aviñon y el Gis- 



280 ÍJk V BROA I' CATÓLICA. 

ma. III< — Poléinrca católícii, IV. — ^Lft ilraa robtilioii V- 
— Cerdefia y Homa. 



Ofm* — Qriiaiérutnoíf rectitkar urj orror qnií ea ileslissó #n 
nuestra til tima entrega al ñniitidar \& nueva revista uA\gumtk 
qoe debe haber emfM'zadoá vertía lux en ta i^ofte con t*! tí- 
tulo de El Athn i\uólmt, Al hablar del edittjr de í^j^lh |>u^ 
bliCJiCion dijímü» i\\u' <*ra I> Af*dr^s Rfííias, í<kit*ndo usl qut* 
el ví^rdudercí niHiibre dt* dicbo Sr. íií Ik Andrés Bo/ada, — 
Aprovechfttnoíi t?&la ocasión paní volver ü recordur á ijuestro* 
lectores que eo fíita ¡nnirenta se adinitcíi ^nscrieiaiie* at niir- 
va, periódico, ai cual deseainopí hirga vida la niiftmrt qu«á To* 
düíi los qne, d<>tad<ísde loa ílebidoí* ídeint»nta^, í^e propínrcn 
defender lo^f^agrady^ intereiet fie íiue»trii iacromntA ridigíon* 



Fiesiaa deJ Cármm tn Sania Termí^ — El ifi del actual tu- 
vo lugar Insnnttjosn fieftffi anua* de Níra. »SrH. tM rérnjen 
en Sta. Teresa, desplegándose en ella la mayor niagnificen- 
cia. Una numerosa concurrencia llenaba el templo y una 
brillante orquesta amiientaba la solemnidad. La cátedra fué 
dignamente ocupada por el R. P. Prior de Carmelitas, Fr. 
Pablo del Niño Jesús. Por la tarde salió la procesión por ta 
carrera de costumbre qu »dando con mayor lucimiento que 
los años anteriores; bandas de musiera militar y de cuerda, 
sacerdotes, oficialidad, corporaciones y un piquete de inge- 
nieros dieron mayor realce al «agrado acto. Las fiestas con- 
tinuarán ocho días con salve la víspera. Los ««amones esta 
rán á cargo del R. P. Fr. Felipe de la Concepción, y de los 
Pbros. D. Rafael Medina. D. Luis Marrero y D.José Berges. 
— No podemos menos de gozarnos en este eulto y desear 
que los fieles le procuren y fomenten rada dia. pues nada 
hay tan digno como que los hijos celebren á la Madre que 
los colma de gracias y bendiciones. 



Itomüiifo 4 de Atrosto de 1961. 



SECCIÓN RELIGIOSA. 



PROFAH ACIÓN DEL DOMINOO. 




Memento ut dUm sabbati sanetijiees 

Acuérdate de santiflcar el día del Sábado. 



N dÍH$p»8adoB8tí ocupó la Prensa de la Habana de 
' un proyecto de exposición de varios dependientes de 
)l& vecina ciudad de Matanzas á nuestra autoridad su- 
perior, para que se les eximiese de suh faenas diarias 
en los domingos y Gestas ih guardar. Nuestro colega 
mencionado aplaudió, y aun apoyó eficazmente aquel 
proyecto. Vemos ahora de nuevo un comunicado en el Dúi- 
rio Je la Marina de 28 de Julio, cu el cual ne aboga con 
muy juiciosaM razones por aquella cauna, y se manifiesta que 
el gobierno ''ha dictado órdenes teritiitiantes para la clausu- 
ra de toda clase de establecimientos los domingos.'' Recla- 
ma en seguida el articulista todo el celo y energía necesa- 
rios para que por los subalternos de policía cuiden del cum- 
plimiento de tan fitil disposición, y no se defrtuiden sus be- 
néficos efectos y sus elevadas miras. 

Varias veces nos hemos ocupado ya de la profanación de! 
ilomingo, y de los dias en (|ue el precepto eclesiástico nos 
impone el deber de suspender nuestras tareas ordinarias. Aun 
mas que indignación, causa lástima ver á los hombres pros- 
teruadoH ante el ídolo del oro, en aquellos dias en que de- 

vii.— 36 




LA VERDAD CATÓLICA. 

hieran prosternarse ante los altares del Sefior- ¿Qué^ U vi- 
da para esos hombres, qué gooes les ofrecef Ah! esa vida 
es — lo diremos de una vez — la de seres irradoDálei: eaat 
goces, los groseros de la míiteria, QuíeDesdeftde el priínefü 
hasta el úftimo día del uño e&tán encorvados sobre una car- 
peta, ó parapetados detrae de un mostrador, hacienda ince- 
santemente cálculos de ganancia, y con la vista fija en el ca- 
jón del mostrador ó en el oro de la caja, ^pueden eleirane 
á las altas reglones del défitíno de la humanidad, y abando- 
nar este mundo material para remontarse en brazos de la fe 
al mundo del espíritu ^ al mundo sobrenatural, qae con nues- 
tros méritos debemos conqifistarí CujÍI es la fe de esoshom- 
bre.«3, cuál su esperanza, cuál su caridad? Fácil es adivinarlo; 
su fe eitribaen los negocios lucrativo!* que ya han realizado: 
su esperanzase funda en las prósperaít negociaciones que han 
emprendido, y su caridod, en el amor al oro- 
La ley divina» la ley eclesiástica, la ley civil, la ley natural, 
todos dfí consuno prescriben la suspensión de todo trabajo 
6 especulación, dtirante aquellos^ dias en que solo debemos 
trabajar para nosotros mismos, para nuestra alma, y en que 
T.odas nuestrbüespeí^ijlaníoues deben referirse al únirú negocio 
necesario, que es el de nuestra salvación: vnum porro est nece- 
sarium. Si bien este precepto debemos acatarlo, conveniente 
es que reflexionemos sobre las elevadas miras con que fué 
establecido, sobre su importancia económica y social, sobre 
la moralidad que engendra en la vida de los pueblos. 

Entre los hebreos el sábado era el día consagrado á Dios, 
quien dijo á su pueblo: '*Acuérdate de santificar el dia del 
sábado", y este dia que era el séptimo entre los hebreos, y 
que en lengua hebraica significa reposo, cesación, se ha tras- 
ferido para los cristianos en el Domins^o, dia llamado por ex- 
celencia del Señor. Nuestra simple nizon natural nos dicta, 
que para aplicar nuestro espíritu á Dios, si no con toda la 
santidad digna de El, á lo menos no tan indignamente, es ne- 
cesario que consagremos al servicio público de la Divinidad 
ciertos dias y épocas determinadas, en que nuestro espíritu, 
libre de las ligaduras de todo negocio terreno, pueda volar á 
la intuición de Dios. Y este precepto se encuentra sancio- 
nado en todos los pueblos de la antií<uedad, aun en los del 
paganismo, en los cuales se observaban con rigurosa rijidez 
las fiestas consagradas á los falsos dioses. 

Citado el hombre á la imagen de Dios, debemos ser fie- 
les imitadores de este tipo divino. El dcvscansó después de la 
«reacion, y nosotros debemos imitarle en sq obra, en su tra- 



LA YBRDAD CATÓLICA. 2^3 

^1^) en ñxi reposo. Trabajemos durante seis dias con ahinco 
y.P^raeTeraDCÍa, y al terminar estos seis de cada semana ben- 
itísimos nuestras obras como Dios lo hizo, y descansemos, 
^OiioDios también descansó el sétimo dia. Seamos en esto 
con verdadera humildad émulos del Señor. 

Cuando investigamos la verdadera causa de la santifica- 
ción del Domingo, encontramos desde luego en este reposo 
religioso un signo, un monumento, un memorial de la crea- 
ción. Esta creación es el dogma fundamental de toda nues- 
tra religión, de todo nuestro culto, dogma generador queen^ 
cierra todo el símbolo de nuestras creencias. Las relaciones 
del Ser principio y causa de todas las cosas, con los demás 
seres derivados de ese principio y causa única: las relaciones 
de la criatura y det Criador, del efecto y de la causa, de 
Dios y del hombre, todo irradia del gran dogma de la Crea- 
ción. La antigüedad pagana y sus mas eminentes filósofos 
llegaron á olvidar este dogma, y la Sabiriuría Divina que- 
riendo rehabilitarlo, estableció en su pueblo escogido, por 
medio de la institución del dia consagrado al Señor, un re- 
cuerdo permanente del gran dogma de la Creación, princi- 
pio de toda nuestra religión y de todo nuestro culto. 

Ademas dé esto, este dia de reposo en que debemos san- 
tificar al Señor, es una prueba también de la obligación 
en que estamos de santificarnos á nosotros miamos. Nuestra 
vida y nuestros dias todos son del Señor que nos ha creado; 
Bin embargo nos permite emplear seis dias de cada semana 
para nuestros negocios, para nuestras necesidades, y solo se 
reserva un solo dia. Después de seis dias de fatiga reposamos 
el sétimo en brazos del Señor: después de la semana de nues- 
tra vida, reposaremos también el áltimo de descanso en el 
seno de Dios. 

Dos obligaciones principales encierra la prescripción de 
la santificación del domingo: la primera es la cesación de las 
obras serviles; la segunda el ejercicio de las prácticas piado- 
sas que deben reemplazar á esas mismas obras. Ademas de los 
trabajos que pertenecen á la agricultura y ^ la industria, la 
Iglesia ha prohibido las ventas, compras, y todo trato ó ne- 
gociación en dicho dia, porque el tráfico es del todo incom- 
patible con la santificación del domingo. La codicia, el egois- 
mo, la simulación, y todas las demás pasiones que por des- 
gracia intervienen en el tráfico mercantil de nuestra época, 
quitan ai alma toda la libertad, y la privan del reposo nece- 
sario para entregarse á la oración y á la meditación de las 



....|riii esie [)rece|>tü, podrán 
lUír st»giiriílii(] di* alcanzar la pa 
esta inattMÍa, pero st^ puedo ase» 
(lia destinado al Señor, constitu 
Dios por su grave taita, y |ay di 
tad con Dios! 

Algunos, mas por ignorancia q 
cío pretesto de que así como el a 
debe también serlo. Solo cuandc 
groseros de la materia, pueden a 
cusas. Si nuestra vida solo depentí 
si el hombre solo viviese del pan ¡ 
abdicaríamos nuestra propia nic 
tra segunda vida, la mas principal 
espíritu no se alimenta del pan m 
necesita del alimento de la palabra 
sacramentos, de la práctica, en fin, 
**No solo vive el hombre de pan — i 
de toda palabra que procede de Dic 
lo regular las fortunas adquiridas c 
Señor, al fin son arrebatadas por e 
6 heridos sus poseedores por adveí 
que llevan siempre el sello de la re 
desprecio del culto debido al Señ< 
consagrado. 

La religión al gobernar nuestra a 
perioso freno á nuestras pasiones, y 
bienestar social cuando los hombres 
ble freno, dan rienda supl*^*» ^ ~ 



LA YBBDAb CATÓUCAi 28/> 

mas veoerandos preceptos, no debe esperarse rasgos de acri- 
solada moralidad, porque esta no puede existir en corazones 
en que DO tiene asiento la religión. Sensible es que millares 
de jóvenes peninsulares abandonen el hogar paterno y las 
prácticas piadosas para venir á encerrarse detras de un mos- 
trador, donde al cabo de quince ó veinte años salcD con ca- 
pital, perosin haber asistido quizás ni una sola vez á misa, 
ni cumplido con aquellos deberes mas estrictamente nece- 
sarios para su salvación. 

Por toda cita en apoyo de la observancia del Domingo y 
de la grave falta que resulta de su infracción, insertaremos 
Is siguiente disposición de la Sínodo Diocesana de este Obis- 
pado. Dice así: *'Soo tan sagrados los domingos y dias fes- 
tivos, qae los tiene Dios dedicados para que los hombres se 
acoerden de su Criador, y le den gracias por los beneficios 
quecadadia reciben de su liberalidad, y vaquen al Señor, y 
^abstengan de obras serviles, y descansen del trabajo cor- 
l^ral, lo cual no hacen muchos de los mercaderes y oficia- 
H y loe amos con sus esclavos. Por lo cual mandamos á 
*^ los mercaderes y demás personas que tienen tiendas, 
í"e DO las abran en dichos domingos y dias de fiesta, ni en 
®"os trabajen los oficiales de cualquier oficio con ningún 

P'^testo, pena de excomunión mayor" (1) 

AuQque no nos cabe dar consejo á los dependientes de la 
^odad de Matanzas, cuyas quejas han prestado materia al 
piante artículo, sin embargo nos atreveríamos á decirles 
Y^ ai tomasen la actitud que como católicos les correspon- 
^deresistirá todas las prescripciones de sus principales, 
^a las cuales hubiese ofensa de Dios y grave daño para sus 
^''>>as, no seria necesario acudir á la autoridad civil para 
P<>aer remedio al mal de que se lamentan. Algo aventurado 
jdeciaivo parecerá á algunos este consejo y nos echarán en 
J*'* que tal vez «le seguirle se expondrian á perder sus co- 
'<>caciones, pero les replicaremos con las palabras del Salva- 
^^•^iDe qué le sirve al hombre ganar todos los tesoros del 
* íaondo, si pierde miserablemente su alma? 

j. fí. a 

(U CoDttitueion 3* tít. 1. lib. 2? 



1>S(; LA VERDAD CATÓLICA 



REAL ORDEN 
rocM, y DO !•! Alcaldci. 



£d el expediente relativo á si laa llaves del cementerio de 
Bestabal, provincia de Granada, deben estar depositadas en 
poder del Alcalde ó del Cura párroco de la expresada villa, 
las Secciones de Estado y Gracia y Justicia y de Goberna- 
ción y Fomento del Consejo de Estado, con fecha 5 del mes 
último, han informado lo siguiente: 

''Excmo. Sr.: Estas Secciones han examinado el expe- 
diente instruido con motivo de Ida contestaciones que han 
mediado entre el muy reverendo Arzobispo y el Gobernador 
de Granada sobre si corresponde al Cura párroco ó al Alcal- 
de de Bestabal conservar las llaves del cementerio de la mis- 
ma villa. — Siempre es sensible todo conflicto entre las auto- 
ridades; pero sube esto de punto cuando no existe ninguna 
razón fundada para ello. Esto es cabalmente lo que sucede 
en el asunto que ha motivado el expediente sobre que han 
de emitir su informe las Secciones. Desde los primeros tiem- 
pos del Cristianismo han sido considerados los cementerios 
como lugares sagrados, y por consiguiente han tenido los 
privilegios y prerogativas de tales. Eran consagrados por tos 
Obispos con las ceremonias que para el efecto establece el 
Ritual romano, del mismo modo que se hacia para consagrar 
las iglesias. Y á tal punto llegó la caridad, que se estableció 
la necesidad de la reconciliación de estos asilos de muerte, 
si por acaso eran profanados. De aquí procedieron los privi- 
legios de que han estado en posesión los cementerios de «ser- 
vir de lugares de asilo, de estar exentos del comercio huríia- 
no, é incapacitados para ser objeto de lucro ó negociación, 
de no poderse juzgar en ellos pleitos de seglares, y otras 
prerogativas semejantes. Y no podia suceder otra cosa por- 
que los fieles, mientras viven, pertenecen á la sociedad ci- 
vil; desde que mueren, sus restos pertenecen á la Iglesia, 
que los recibe y conduce al cementerio con las plegarias y 



LA VERDAD CATÓLICA. 287 

oraciones de los difunfcos, y les da sepultura bendecida co- 
mo parte de la comunión de la Iglesia en que vivieron. De 
Aquí ha procedido la parte tan principal que la Autoridad 
^iesíástica ha tenido siempre en todo cuanto se ha referido 
^Cementerios, que se han considerado como una parte inte- 
grante de las iglesias parroquiales. Ambos derechos, el ca- 
nónico y el civil, están conformes en esto. T para que re- 
cite mus, si cabe, el carácter de lugar sagrado que io4 ce- 
'nenteríos tienen, considérense con sus cruces y signos de 
'sfieligion repartidos por todas partes, con la concurrencia 
de fieles que á ellos asiste, con el recogimiento que el lugar 
^ospira, con el sentimiento religioso que por todas partes se 
difunde, con las oraciones que por el eterno descanso de los 
puertos se escuchan. — Si se examina la dirección y admi- 
nistración de los cementerios, se verá que por la ley 4?, tttu- 
'o 13, partida 1?, correspondía á loa Obispos señalarlos, fijar 
*Q extensión y amojonarlos. D. Carlos III, por cédula de 3 
'*e Abril de 1787, que es la ley 1?, título 3? de la Novísima 
^copilacion, restableciendo la disciplina de la Iglesia en el 
i'^o y construcción de cementerios, según el Ritual romano, 
dispuso que esta se verifícase á la menor costa posible bajo 
^' plan ó diseño que harian formar los Curas de acuerdo 
^^n el Corregidor del partido, costeándose los gastos de los 
dúdales de fábrica de las iglesias, si los hubiere, prorateán- 
^oae lo que faltase entre los partícipes en diezmos, ayudan- 
••^también los caudales públicos. — Por la Real orden de 2 
^ Junio de 1833, encargándose la construcción de cemente- 
'''^9 en todos los pueblos, se ordenó que donde se alegase y 
Probase que las fábricas de las iglesias no tienen fondos para 
^construirlos se eche mano de los de propios donde puedan 
^portar este gravamen; y si tampoco estos existen, los 
'ayuntamientos propongan los medios que consideren mas 
^^^cuados para tan importante objeto. Se ve, pue?, con qué 
^P^cial cuidado han tratado las leyes de poner de mauifies- 
^ la intervención que se ha concedido á las Autoridades 
^^l^isiásticas y á las iglesias en este particular, ya concedién- 
^^l«s el tomar la iniciativa, ya presentando los fondos munici- 
pal «8 como obligados en priiner término á costear estas obras. 
^ consecuencia natural y lógica de esto que la custodia de los 
^^ viéntenos esté cometida á las Autoridades eclesiásticas, cu- 
y^ primera intervención siempre ha sido reconocida por las le- 
y^^ Y no debe ser obstáculo para ello el que un cementerio 
'^^ya sido construido con fondos municipales, porque no por 
^^o se habrá cambiado la esencia del lugar, puesto que desde 



.. ».oiu (1 ex[)tMisíis (le lo 
sultán lo^' iiiitt'CtMlt'urrs (jiu' 
o]i el (VMisejo, se verá (jiie c 
i\o lo liaii í^ido eii este sritili*!» 
con motivo de cuestiones sub 
de Falencia, que amplió el ce 
y construyó una capilla, y el 
exacción de los derechos de st 
cia y Justicia y Gobernación 
de 1847 que no había podido 
racter eclesiástico del cement 
cunstancia de que una parte h. 
municipales, ni alteraba su nati. 
plimiento de la ley 1?, tftulo r3 
copilacion, debiendo considerar 
ala autoridad del Ordinario. — 
mentó de inútuí» acMierdo tMitrt 
hiendo sido oidas para su aprob 
riones, en 24 de Jimio de 1849 
barse; y partiendo del principie 
considerarse como «lependencias 
el artículo ¿?4 del expres.ido Rt 
nombrado por el Ayuntamiento 
revocable por este //7 luitum. tei 
entre«rándoseladedia al sepultn 
truido con motivo de la designa 
al cadáver de Marr.i»» •'•* ^ 



LA VKKDAD CATÓLICA. 289 

doloqaese refiere ásu policía y régimen en cuanto tiene 
relación con la salud. Desde las leyes de Partidas hasta las 
disposiciones mas recientes se ha reconocido esta interven- 
ción para que por nadie sea disputada. Las Autoridades ad- 
mioistrativas pueden y deben examinar los cementerios para 
ver si se cumple con las prescripciones legales acerca de las 
sepoltiinis, celar cuidadosamente pura que se construyan 
' donde lio los haya, ejerciendo una policía severa, no solo en 
que para su construcción se guaruen las re^^ias al efecto es- 
tablecidas, sino también en los depósiios de cadáveres, en- 
tierros y exhumaciones. — Es cuanto se refiere á cementerios 
mixtifori, pero cada una de las Autoridades que intervienen 
en el asunto tiene terminantemente deslindadas sus atribu- 
ciones de modo que puedan ejerceríais sin lastimarse. Siem- 
pre que las autoridades locales tengan que entrar en los ce- 
menterios para cumplir con su cometido, pueden hacerlo, y 
el Párroco 6 quien en su nombre tenga la llave deberá fran- 
quearla inmediatamente, de modo que el servicio público 
pueda llenarse sin obstáculo alguno. — Opinan las Secciones 
\mede servirse V. E. consultar á S. SI. que al Curn párroco 
y no al Alcalde de Bestabal corresponde tener las llaves del 
cementerio de dicha villa, con la obligación de facilitarlas á 
dicho Alcalde 6 á cualquier delegado en su nombre, siempre 
<)Qe las pidan para el ejercicio de su cometido." 

Y habiéndose servido resolver S. M., de acuerdo con el 
preinserto informe, de su Real orden lo comunico á V. S. 
como regla general para lo snciesivo. — Dios guarde á V. S. 
mochos años. — Madrid 18 de Marzo de 1861. — Serlor Gober- 
nador de la provincia de 



Vil.— 37 



29Ú 



hh VERDAD CATÍLtCA- 



EL FBO&RESO POR MEDIO OEL CBISTiaJIISMO 

POR EL E F. FÉLIX. 



ANO TERCERO. 



EL PROCKEilO BORAL POR MEDIO DE LA AUSTERIDID CRfBTIAIA« 

Eminentísimo señor: 

La [irimera reac«*¡on progreíriva que realiza el cristianismo 
contra la concu|>Í8cen<ri;í es la. He la humildad contra la so- 
berbia. El Progreso por medio del <*risriííiiismo se apoya en 
una contradicción aparente: rebajarse [>ara elevarse, dismi- 
nuirse para crecei'. El hombre se elevó con Satanás, y cayó; 
el íiombre desciende con Dios, y vuelv(í á levantarse: la imi- 
tación insensata de la grandeza de Oíosle perdió; la imita- 
ción (lid abatimiento de Dios le restaura. La cuestión del 
progresóse encuentra ahí en su raíz primera: progreso babi- 
lónico edificando con Sataiuis sob re la soberbia todo el edi- 
ficio del mal, ó progreso cristiano edificando con Jesucristo 
sobre la humildad todo el edificio del bien. De esos dos pro- 
gresos, solo el segundo es verdade ro. La humildad produce 
el engrandecimiento del liombre y de la sociedad: ella (ia al 
hombre la elevación en su persou a y td poder en sus obras: 
ella (ia {\ la sociedaJ el secreto de la armonía social, pues la 
humildad es por su esencia, nii^nia sumisión y obediencia, 
principio conservador de todo órclen social. 

Señores, no podíais oír acerca (le la cuestión del progreso, 
que á todos nos preocupa, una en^ ♦nlanza mas radicalmente 
cristiana; y yo mií regocijo en pret enoia y en el corazón de 
Jesucristo de qu-> semejante enseilanza haya recibido de 
vuestras inteligenc-ias y de vuestros co razones un asentimien- 
to cuyo testimonio no lía podido oc ultárseme del todo. Ni 
puedo tampoco desesperar de vosotí os, cuando os veo tan 



LA VERDAD CATÓLICA « 391 

atentos y simpáticos á la doctrina que produce todos los bie- 
nes y salva de todos los males. 

Pero la corriente de la soberbia no es la única que pone á 
las sociedades en la pendiente de su decadencia: con la cor- 
riente de la soberbia existe la del sensualismo y tras ella los 
placeres, los goces, el libertinaje y las orgias de la carne, tor- 
rente impuro que arrastra al abismo á la humanidad que cor- 
re por sus aguas. Contra esa otra corriente, se necesita otra 
reacción: la de la austeridad cristiana. En este punto sobre to- 
do se descubre la impotencia de los reformadores humanos. 
Un vicio común les alcanza, y condena todas sus tentativas 
á fracasar inevitablemente; carecen de valor. Temen tocar á 
6^a fuerza retrógrada, tan profunda, tan delicada y tan po- 
derosa en la humanidad. Ante la concupiscencia de la carne, 
'<>s unos están inciertos, otros tfmidos, todos cobardes; no se 
atreven á atacarla. 

£1 cristianismo tiene esa osadía; ese es su milagroso arro- 
J^y su divina audacia, se atreve á oponer resueltamente á la 
^^rtcopiscencia de la carne la ley de ¡a austeridad. Aquf, como 
^^ el misterio del abatimiento, brillan la divinidad de su 
?^biduría y la verdad de su progreso. El sensualismo, hemos 
^i^ho, arrastra á la humanidad de arriba abajo: el cristianis- 
mo, venido para restablecer la ley del progreso, debia obrar 
^>iitra esa tendencia imprimiendo la dirección de abajo arriba, 
^^ra que pudiese haber un engrandecimiento del hombre 
^^perior, era menester una disminución del hombre inferior. 
^l progreso humano por medio de la disminución del hom- 
*^^c carnal, tales la ley del cristianismo cuyo misterio he- 
'^os de ^penetrar en estedia. Por una especie de reto á 
*a naturaleza del hombre y á la ciencia de los sabios, la 
fortificación se presenta como principio de vida. Decía- 
los el domingo pasado: rebajarse para elevarse, disminuir- 
^ para crecer; hoy decimos: mortificarse, es decir dejarse mo- 
nr para vivir. Al pié de la letra en el verdadero cristianismo, 
el hombre se deja morir, se mortifica, pero es para vivir mas; 
pues hace vivir en sí al hombre espiritual proporcionalmen- 
teá la muerte que da al hombre carnal, es decir, que hace 
Cloriren él al hombre de la decadencia para hacer vivir al 
hombre del progreso. 

Tal es el segundo término de nuestro misterio: ecce myste- 
^m vobis dico. Aquí también se apoya el progreso cristiano 
8n una contradicción: mortificarse para vivir; pero por me- 
<)io deesas contradicciones introduce el cristianismo en to- 
^ partes la armonía. Bajo este aspecto, lo que predicaba 



392 LA VERDAD CATÓLICA 

el cristianismo al principio, nosotros lo predicamos hoy; á 
Jesucristo crucificado, al V erbo lie \ñ %^mz que salva á cuan- 
tos creen en él. Esa es la predicación del progreso verdadero. 
Lo que produjo el progreso del nmndo liace diez y ocho siglos 
fué el triuDÍo de La mortificación cnstiaua sobre el eensualis- 
mo pagano; y lo que debe darle un nuevo impulso en el si- 
glo XIX es un triunfo igual sobre un nuevo paganismo- 

I. 

Y en primer lugar, Señores, preciso es comprender bieo 
cómo fué la mortificación cristiana contra el sensualismo pa- 
gano una reacción progresiva. 

Salvo raras excepciones que pudieran llamarse monstruo- 
sas, y de las cuales no hay que ocuparse, todos los hombres 
que han reflexionado acerca de este asunto convienen hoy ea 
que en la época en que el cristianismo tomó posesión del 
mundo, era necesaria una reacción contra el sensualismo. La 
preponderancia de los sentidos sobre el espíritu era univer- 
sal, permanente, innegada. El cuerpo reinaba como sobera- 
no: su imperio era una tiranía contra la cual ni aun se pen- 
saba en protestar; y penetrando ese sensualismo en lo mas 
íntimo de la civilización pagana, habia hecho nacer, aun en 
medio de la sociedad mas culta, sabia y dada á las letras, 
costumbres que solo podemos caracterizar llamándolas co- 
mo la Escritura abominables: Abominabilcs facti sunt i/i studiis 
suís (I). Los mismos á quienes se daba el nombre de sabios 
no se hallaban exentos de esa universal depravación que ar- 
rastraba al oprobio á los pueblos mas grandes de la tierra; 
no llegando su filosofía á eximirlos de esas pasiones de igno- 
minia que ni aun podemos nombrar. S. Pablo pudo decirlas 
con palabras que los cristianos recien salidos de las impure- 
zas del paganismo podían todavia escuchar como evocaciones 
de sus propios recuerdos, pero que nuestras costumbres trans- 
figuradas á la luz de los siglos cristianos no nos autorizan ni 
aun á traducir ante vosotros. 

Esas costumbres fueron pintadas por autores paganos, 
testigos y cooperadores de tan sensual libertinaje, y que no 
pensaban en manera alguna al describirlas en deshonrar el pa- 
ganismo á los ojos de la posteridad. Ellos relatan tales abo- 
minaciones en un idioma mas atrevido que el nuestro para 
referir cosas vergonzozaa al hombre. Ño volveré á hacer 



(1) SalmoXLII, 2. 



LA V8BDAD CATÓLICA, 293 

hqui eao8 cuadros de las costumbres del paganismo tra- 
zados al natural por manos paganas; cuadros curiosos, pe- 
ro inútiles para acabar de convenceros. Todos admitís la 
caída profunda del género humano en el oprobio de los sen- 
tidos, en la época en que el cristianismo se presentó para 
purificarlo. Sí, todos, aun aquellos que conceden jo menos 
posible á la trasformacion moral obrada por el cristianismo, 
convienen en que el sensualismo pagano desbordaba, que 
contra ese diluvio que sumergía la tierra, una vasta y pro- 
funda reacción babia llegado á hacerse necesaria. La reacción 
contra el sensualismo era el único medio de salvación pa- 
ra el mundo antiguo, que semejante á un hombre gastado 
por una orgía, iba muriéndose de libertinaje. Mas esa reac- 
ción, preciso era realizarla; preciso tener una idea de ella, y 
el valor y la fuerza de llevarla á cabo. £1 cristianismo tu- 
vo esa idea, ese valor y esa fuerza; y todo lo tuvo sin sis- 
tema concertado, sin programa trazado de antemano; esas 
tres cosas que se esquivaban pata el mundo entero, él las 
tuvo, 8Í me es lícito expresarme así, por instinto; siendo es- 
to coando en ello se quiere pensar, una magnífica demostra- 
ción de su divinidad. El cristianismo se presentó tal cual era, 

esaltando que por sí solo constituia la reacción eficaz con- 
•rael sensualismo pagano. 

Pero ¿por qué medios, por qué misteriosos influjos se rea- 
iiz6esa reacción? De nuevo aquí dejemos los detalles, y si 
puedo decirlo, la superficie. Vamos á buscar en el fondo del 
Paganismo la idea madre que engendraba todas esas degra- 
daciones. Y luego busquemos en la esencia del cristianismo 
la idea generadora de las reparaciones cuya energía oculta 
lleva en su seno. De esa doble investigación saldrá radiante 
^1 secreto de la restauración cristiana. 

jCuál pensáis que fuese la idea madre del paganismo? 
{CQál su principio, su término, y su centro? Todo puede abre- 
varse en este pensamiento que todo lo resume: el paganis- 
iQo habia convertido al placer en divinidad, y lo habia ado- 
bado. £1 hombre, por mas que baga, se halla destinado á ado- 
ntr;si no busca á la divinidad, la divinidad lo hostiga; si no 
adom al Dios del cielo, adorará á las divinidades de la tierra; 
P«ro, de grado ó por fuerza, es preciso que adore. Sus mis- 
ónos esfuerzos de ateismo no lo eximen de la necesidad de 
adorar, que se halla en el fondo de su naturaleza esencial- 
o^te adoradora, aunque solo sea ante un simulacro ó una 
■ombra de Dios. Esa nece^sidad de adorar, que no es en el 
lM>iQbresino su natural aspiración tras lo infinito, el paganis- 



S94 hk \T2RDAD CATÓLICA- 

rno la extraviaba y Ka hacia recaer sobre lo que mas dista áe 
Dios* Dirigía á los sentidoB las adoraciones del hombre. Sü 
carne se habia hecho divina, su placer adorable; y los ado- 
raba. Eq una palabra, la adoración del hombre h»bia recaí- 
do sobre su caroe, y el placer se habia convertido, al pié de 
la letra, en dios* 

Tai era la idea pagana que compendiaba al paganismo. Y 
siendo as!, el medio de reacciotí crisUaoa contra el sensua- 
lismo pagado estaba iodicado por el exceso mismo de sus 
aberraciones, y el remedio salía de las profundidades del mal. 
El paganismo hacia* adorar el placer; para obrar contra esa 
tendencia, era preciso dirigir las adoraciones del hombre al 
punto mas opuesto á aquel hacia el cual las eleraba, y para 
curarlo de la idolatría del placer, solo se necesitaba hacerle 
adorar el dolor. El mundo pagano se apegaba al placer por 
su invencible necesidad de adorar, es decir, por las mas pro- 
fundas raices de la naturaleza humana; bastaba llevar hasta 
el sufrimiento mismo aquella necesidad de adorar; consis- 
tiendo la obra maestra en hacer de dicho sufrimiento, tan 
aborrecido, tan execrado, uo una divinidad ficticia, como to- 
dos los dioses que adoraba el mundo antiguo, sino una divi- 
nidad real, como el Dios que iba á adorar el mundo nuevo. 
El pagano adoraba en sí y en torno suyo hasta las mas gro- 
seras emociones de su carne; se prosternaba, no solo apasio- 
nado, sino adorador, ante una carne viva conmovida al soplo 
de todos los placeres y voluptuosidades, que para él habían 
llegado á. santificarse. ¿Qué remedio mas eficaz podía Dios 
encontrar para curarnos, que hacer él mismo adorar su carne 
atormentada de todos modos, su carne rodeada de todos los 
dolores, su carne azotada, tnagullada y sangrienta; haciendo 
adorar así en sí mismo el padecimiento hecho sagrado, el pa- 
decimiento convertido en Dios? Tratad de concebir un plan 
mas directamente progresivo y mas eficazmente reparador, 
y no lo lograreis; siéndonos ya manifiesto que la sabiduría 
divinase hallaenel fondo de este pensamiento. Sí, el Verbo 
encarnado, la sabiduría de Dios hecho hombre está allí: el 
resultado no puede ser dudoso. 

En efecto, llegando á realizarse ese plan de reparación, he 
aquí lo que debia acontecer. Por la misma fuerza de las cosas, 
una adoración debia suceder á otra adoración, un culto á otro 
culto, una religión á otra religión: y des le luego un mundo 
habia de suceder á otro mundo; porque el movimiento del 
orbe si^ue invenciblemente á sus adoraciones: asciende si 
éstas ascienden, y desciende si ellas descienden. Pasando 



hk VERDAD CATÓUCA. 296 

Ift adoraeion homana de un extremo á otro, un cambio radi- 
cal pedia efectuara en las costumbres: esa carne desgarrada, 
ese cuerpo azotado, emblema y realidad del padecimiento 
adorado, podía ejercer sobre el corazón de las generaciones 
oaeTas un imperio e6caz« Por él, la decadencia moral ataca- 
da en aa raiz podia detenerse, y el progreso seguir su mar- 
cha. Entre el placer y el dolor disputándose las acjoraciones 
del hombre, no iba á tardar en trabarse una lucha grande 
en la humanidad. Pero el padecimiento debia vencer; porque 
ii Dios estaba con él, si lo habia tomado en sf, y convertí- 
dolo en sí propio, su triunfo era seguro: él debia, por la divina 
atracción de sus padecimientos, arrancar á las generaciones 
paganas de aquellos altares inmundos hacia los cuales se pre- 
cipitaban para adorar el placer. Y una vez dado ese impulso, 
ana vez cambiadas las adoraciones humaras, la revolución 
moral debia comenzar, é impulsar en los siglos á la humani- 
dad purificada hacia un perfeccionamiento que no habia de 
tener mas término que la pureza misma de aquella carne 
adorada. 

Señores, lo que acabo de mostrar como un plan de reac- 
ción eficaz^ y como una simple suposición, resulta que fué 
'• milagrosa invención del cristianismo; invención verdadera- 
mente divina que el hombre solo ni aun siquiera habría ima- 

fpnado. T- su invención fué su empresa y su empresa su triun- 
b; y su triunfo la restauración del mundo. El cristianismo, 
«n pié en medio de los siglos, tomó con sus manos la' carne 
golpeada de su Dios crucificado; y la elevó lo bastante para 
f)ue la humanidad pudiese verla desde todas partes; y dijo: 
ISTaciones, adoradla; y las naciones la adoraron. 

Cosa admirable, el cristianismo que venia al mundo para 
acabar con el reino de la carne, se encontró, en su sustancia 
misma, no siendo otra cosa que la adoración de una carne, 
pero de una carne destrozada y humillada por su contacto 
con todos los padecimientos. Ante el pesebre, ante el Cal- 
vario, ante el altar, está la adoración de la carne; en Belén, 
adoración de una carne que nace en el dolor; en el Calvario, 
adoración de una carne inmolada en medio del mismo dolor, 
y en el altar, adoración de una carne que cada dia nace y ca- 
da dia es inmolada. Esa carne unida á la personalidad divina, 
hela ahí herida, de todos modos inmolada: y esa carne es á 
la vez la redención, el modelo y el Dios de la humanidad: 
ella es la redención del hombre caido en la servidumbre de 
Satanás; ella es el modelo del hombre llamado á reconquis- 
tar imitiándola la libertad de ilos hijos de Dios; ella es el Dios 



296 LA VE11D4D CATÓLICA. 

del hombre llamado á vencer en sí miismo )a ndorcicion del 
placer qti6 fué »u decadencia, por medio de fii íidoracion del 
dolor quesera ^u progreso. 

He ahí, Señores, el cristiaDÍsnio' ese es. iii querei.^^ en lado 
arjstero y su hz lúgubre; pero es él; la religión de la crucifi- 
xión, de la flagelación y de la corona de espinait; la religión 
de\ dolor.en que la adoración de los padecí mietitoi ha suce- 
dido á la del placer, y en que la carne voluptuosa adorada 
en dioses falsos se halla reemplazada por una carne doliente 
adorada en ii ti Dios verdadero- Sin duda ese Dioe-Hombrct 
golpeado, azotado, crucificado, resucitará, y mas allá de íiu 
Góigota mostrará ciertas aberturas luminosas que dejarán ver 
radiantes las cumbres del Tabor, pero lo que quedará como 
modelo de esa vida de pruebas en que cada discípulo de Cristo 
busca su Tabor siguiendo lag huellasdel Crucificado será esa 
carne divina, inmoladat azotada, sangrienta; en una palabra 
el Hombre-Dios crucificado, presentándose al universo como 
el verdadero Dios á quien es preciso adorar, y como el ver- 
dadero modelo que todos deben imitar. Los adoradores de la 
carne elevan en vano contra esa locura de la cruz la protesta 
de su humana sabiduría. En vano ataca su filosofía voluptuo- 
sa la austera filosofía del cristianismo, la historia resiste 
sus tentativas deshonrosas. No enseriamos un sisterr.a; com- 
probamos un hecho, un hecho prodigioso, la adoración del 
sufrimiento sustituida á la del placer, y el culto del espíritu 
sucediendo de pronto al de la carne. 

Ahora bien, Señores: admitido que el cristianismo tal cual 
acabo de resumíroslo haya prevalecido en el mundo; y que 
esa adoración de los padecimientos personificada en J/?sucris- 
to haya sido aceptada como el dogma y la práctica del verda- 
dero cristianismo, es imposible que no comprendáis el golpe 
profundo dado en el corazón déla humanidad cristiana, y lo 
que de él ha resultado en cuanto á la elevación del hombre 
y el progreso del mundo. 

Por medio de esa sustitución de lo nuevo á lo antiguo, 
he aquí lo que habia de suceder. El hombre habia imitado en 
su carne lo que adoraba en sus dioses: va á continuar imi- 
tando aquello que adora; mas su Dios ha cambiado. Los alta- 
res de Venus impúdica y de Júpiter adúltero se halla»^ der- 
ribados; y con ellos esos dioses de carne han caido destroza- 
dos bajo sus templos. Sobre los restos purificados de esos 
templos derruidos y de sus dioses pulverizados, se levanta 
otro Dios, dispuesto como los dioses antiguos á formar á su 
imagen ala humanidad que le adora. Llegó la humanidad, 



LA VERDAD GAIÓUGA. 397 

miró i so DÍ09 crucificado, azotado, golpeado: ante su imá- 
geo 86 proatertió hadta el suelo en una adoración ardiente y 
•impática; ¿qué digo? esa imagen adorada, la tomó en sus 
manos; la estrechó contra su corazón, y dijo regándola con 
•lis lágrimas: **0b Dios del Calvario, márcame con tu sello, 
; quede yo para siempre adornada como con piedras precio- 
sas con tos divinas llagas." 

T cuando la humanidad se levantaba de aquella postra- 
ción 6D que babia adorado á su Dios azotado, se hallaba 
transfiguma; no era aquella la transfiguración del Tabor; 
00, solo era la del Calvario. Pero la humanidad se veia ro- 
deada de ona nueva luz; sentia nacer en su corazón ambicio- 
nes que nunca había conocido, la ambición de la flagelación, 
la de la coronación de espinar, la de la crucifixión, en una 
palabra, la ambición de formar su prdpia carne á la mayor 
seoiejanza posible con aquella carne adorada en su Dios cru- 
cificado. Decid, si queréis: **Eso es absurdo, imposible, in- 
éenaato;*' sea: pero es un hecho: y si no entendéis cuál pue- 
da ser la razón del prodigio, no podéis recusar que se ha 
efectuado y sigue efectuándose aún en medio de la historia. 
£n los siglos cristianos se ha encontrado en toda.s partes una 
liUTnanidad poseída contra su propia carne do^una santa cruel- 
dad. Hobiérase dicho que el placer y el sufrimiento hablan 
f >er«iido, el uno sus encantos y el otro sus horrores; que el 
f[>lacer se había trocado en sufrimiento y el sufrimiento en 
placer. Al menos cierto es que hablan cambiado de lugar 
«n la e.stimacion y el amor de aquella humanidad nueva. Y 
^esa ambición de la flagelación, y esa pasión de la crucifixión 
no era un ensueño de una filosofía estoica, sino un movi- 
miento de adoración. Nuera una soberbia hipócrita diciendo 
al dolor: ^'Nada eres; yo te desprecio, porque solo llegas á 
una carne qne desdeño." Era un amor sencillo que decía al 
sufrimiento: • Te amo porque me representas á Jesucristo, á 
quien adoro." 

¿Hasta dónde han llevado los saritos esa ambición de pade- 
cer? ¿Hasta dónde ha llegado en sus apasionados rigores esa 
ambición que armaba á los santos contra su propia carne? 
Señores, si quisiese tan solo resumiros la historia de la vida 
de los santos, aqní sobre todo os veríais tentados á oponer- 
me la razón de lo imposible: mi discurso para ser verídico 
tendría que dejar de ser ya verosímil. Si yo os dijese lo que 
han intentado contra sus cuerpos, no solo los mártires sino 
los anacoretas, los solitarios, los penitentes de toda clase y 
condición, cien veces mas azotados y molidos por sus pro-^ 

VII.— 38 



29 R LA VEaDAD CATÓLICA. 

pia& manos y los inventos de su amor que los mártires por la 
mano de los verdugos y loa inventcíS de la tiranm; si yo 
explayas*-^ riiiti^ vosotru» con toda bu terrible verdíi<i el espec* 
táciilo de sus maceraciones. ayunoci. vigilias, cilicioíí. rade- 
WRH de hit^rro, disciplinaíi, y de aquel traje d« dolnroí^ag heri- 
dns, con que cubrían bus cuerpo» ensaiígrentafio8; si yo pin- 
ruse todas esíis coms con su n-alidafl palpitante, miicfiofi hotn- 
líresqiieKe creen intrépidoíi ni» aííustarian eonjo niuoí^ al oir 
tales narraciones, y dirían: *'No, la flaqueza humana no ha 
podido llegar á tanto." Sea lo que fiií-re, he híjuí el hecho 
en su verídico resumen: los santos han agotado en etí cuerpo 
la facultad de padecer. "Yo sé, me tlvcín un médico célebre 
de esta capital, yo sé todos los dolores filíeos que la enfer- 
medad puede producirten el cuerpo humíino: puí^sbien; afir- 
mo que el valor de los santos ha excedidn, bajo tistt* aspecto, 
á la fuerza de la enfermedad: ellos han agotado al pié de la 
letra todos los recursos del dolor." Lo comprendo; los paga- 
nos habian agotado el placer, y unos cristianos han agotado 
U^s padecimientos. 

Pero lo que importa ante to<lo c.oniprí^nder bi<Mi es *m ntit».- 
vo estítnulo que ha coinunicailo ;'» la riiunani(la<i ^'ri^itian.i e<M 
pasión del dolor, ¿.(.¿né han experinioiUaHo {\ ronsoniencia 
íit' »'lla las almas, los cuerpos, el homl)í(' <*ntoroV Sin duda 
que en es(» nuevo movimiento que arrastraba A los santos en 
[>os (\r s'i Dios azotado hubo p!a'lo<5os exee^'os, en los cuales 
Iras |)ro(iigios de fuerza, se daba d conocer aun la flaquera 
del liombre; mas no'tengo que ocuparme de excepciones, so 
\n me toca comprobar, bajo el punto de vista del progreso 
íTcneral, los (afectos en su conjunto: ahora bien, he a(|'ií esos 
efectos en tfxla su realidad espleinlente; la fuerza moral y la 
fuerza física han recibido una y otra un nuevo temple en me- 
«lio del dolor. 

Formáronse en todas las <dases de la sociedad legiout^s de 
hombres y mujeres que armados contra sí mismos con (d 
látigo de la Haii^elacion y la espada de la mortificücion, «e 
ejercitaban torla su vida en tan írenerosas luchas: vem^er los 
cuerpos para engrandecer las alma=í. Los santos querían an- 
te todo una cosa: abrazar lo mas posible el dolor físico para 
asemejarse también lo mas |)osible a su jefe r-.zotado. No bus- 
caban, como pudiera creerse, el dolor por el dolor mismo; 
lo buscabarí y b» abra/abau por Jes;H'ri>i ^ y en Jesucristo 
amado: y aun sin pensar en ello, as(»cii'ind<)^-' á !;!< |»a!b«i i 
mientos, se asimilaban, ¡mitándoh). .v1íj:> d ' ^u d vina<ji m 
deza. De císi^s luchas contra \í}^ carne qur' llví^^arou á ser iic- 



LA VEUDAÜ CATÓLICA. 299 

róicas, combates de gigantes en que las almas se median con 
los cuerpos para aminorar al hombre sensual y engrandecer 
al hombre del espíritu, salieron en efecto las almas engran- 
decidas. El alma humana volvió á encontrar en esas luchas 
una elevación que ya no se le conocía; recobró con toda su 
fuerza su pureza, su generosidad, su dignidad y libertad; re- 
cobró sobre todo en esa sujeción del cuerpo, sometido á fla- 
gelaciones vengadoras, su verdadera soberaníu. 

Y resaltando el eograndecimiento de las almas en el ros- 
tro del hombre le dio como un sello de incomparable gran- 
deza. Revelóse en la humanidad una.físonomía que llevaba 
con la señal del Cruciñcado un destello de majestad desco- 
/locida en la antigüedad pagana. Viéronse aparecer rostros 
que el arte antiguo no pudo pintar, porque jamas los había 
Contemplado; rostros austeros y mansos, con facciones ma- 
jestuosas y serena mirada; adelgazados, no ya por el exceso 
de los placeres, sino por el uso de la austeridad; y que lle- 
vaban en su frente un surco generoso en que la majestad del 
hombre volvia á encontrarse toda entera. El cuerpo mismo, 
asociado por medio de sus dolores á esa renovación del hom- 
bre, recobró una nueva fuerza y elasticidad. En esasoleadas 
<le sangre derramadas por la austeridad libre, la carne misma 
a.dqurió nuevo temple, purificándose y fortaleciéndose al mis- 
mo tiempo; y borrando cada vez mas la señal de la bestia 
que en sí llevaba impresa, tomó algo de angelical en muche- 
clunabres transfiguradas. El cuerpo, vuelto á fuerza de disci- 
plina uiéuos pesado y mas etéreo, participó con mas destre- 
za y agilidad del movimiento del espíritu; y libres las almas 
de la esclavitud de la carne, no solo llevaban, sino que ar- 
rebataban sus cuerpos en el ligero vuelo que las elevaba á 
Dios. Ese prodigio de trasformacion humana llegó hasta 
tal punto, que pudo verseen algunos santos como una res- 
tauración de nuestra primitiva grandeza; el alma, libre de la 
dependencia del cuerpo, habia recobrado sobre él algo de su 
primer imperio, haciéndole sentir el dominio de la Cruz. 

De ese modo la austeridad cnsti>^na, disminuyendo al hom- 
bre por un lado, lo habia realzado por todas sus faces. De ese 
crisol del dolor había salido un hombre nuevo, mas grande 
que el hombre antiguo. De esa tierra vivu de la humanidad 
fecundada por los padecimientos, y reinada por las aguas del 
sacrificio y la sangre del martirio, mil flores nuevas habían 
brotado y mostrádose lozanas bajo el rostro del Crucificado 
para embalsamar con.su fragancia al mundo regenerado: y 
entre ellas, una flor mas bella y mas suave que todas las de- 



300 LA VERDAD GATÓUGA. 

mas aparecía por doquiera, como fruto espontáueo de la mcr- 
tificacioQ cristiana, la flor incomparable de la castidad. Si, 
del mismo modo que el sensualismo pagano hacia brotar de 
su seno la flor de la impureza, así también la austeridad cris- 
tiana hacia crecer en medio de sus rigores la flor de la cas- 
tidad, cual rosa abierta en tallo erizado de espinan. ¡Oh divi- 
na castidad, el mundo no te conocia ya, y para volverte á 
' encontrar era preciso remontarse al c|a1o donde florece eter- 
namente, en la ciudad de Dios, la pimiza de los espíritus! 
Por tanto, fué una grande época en la vida de la humanidad, 
una señal brillante del progreso que esta habia hecho si- 
guiendo la senda del dolor, aquella en que del seno de tantas 
corrupciones amontonadas por la impureza pagana, se te vio 
reaparecer tras los vestigios de la religión nueva, cual bella 
azucena saliendo del fondo de las ruinas para florecer á la 
luz del sol. 

¡Ah! cuando veo desde aquí los coros de vírgenes de todo 
sexo y condición, velados con su pudor y adornados con su 
santidad, salir de esos templos y catacumbas en que sus 
cuerpos acaban de tocar la carne del Dios crucificado; cuan- 
do veo sobre todo vírgenes como Sta. Lucía, Sta. Águeda, 
Sta. Inés y Sta. Cecilia, triunfar á la vez de los ataques de 
la crueldad y de las asechanzas aun mas temibles de la im- 
pureza, con una fuerza y facilidad que asombran á la huma- 
nidad y que la naturaleza no comprende; ¡oh! entonces, ante 
ese espectáculo que la historia descubre á mi alma encanta- 
da, siento la necesidad de exclamar: ¡El placer ha sido des- 
tronado, el dolor ha vencido! El alma ha encontrado su gran- 
deza, la fisonomía su majestad; el cuerpo mismo ha recobra- 
do con su fuerza su pureza virginal: el imperio de la auste- 
ridad ha reemplazado al de la impureza, así como el de la 
humildad ha sucedido al de la soberbia. ¡Gloria á Dios! el 
mundo está cambiado; la humanidad se ha engrandecido, el 
progreso avanzará; avanzará, como empezó, en medio del 
dolor y de la austeridad cristiana. Las filosofías, poesías y li- 
teraturas sensuales vendrán á sembrar nuestro camino de flo- 
res, aromas, placeres, impurezas: ellas seducirán por espacio 
de una horaá la humanidad retrógrada y engañada. Pero ca- 
da vez que la humanidad desengañada quiera verdaderamente 
volverá levantarse, ah! bien sé lo que hará; rechazará eaas 
flores, esjs aromas, esos encantos que las pasiones y los erro- 
res riegan por el camino de los pueblos que descienden; vol- 
verá á tomar para Iqs combates de su vida ascendente la 
fuerte coraza de la austeridad: descubrirá el rostro de su 



LA VBBOAD CATÓUCA. 301 

Cristo, velado por doctrinas voluptuosas; y tomando eu hu 
mano esa bandera secular que la ha guiado hasta aquí en to- 
das sus conquistas, la cruz, y siempre la cruz, — dirá: Hijos 
del Calvario, prosigamos nuestra jornada: anatema al placer, 
pam nosotros la austeridad; el placer es retrógrado, la auste- 
ridad 68 progresiva. 

He ahí. Señores, lo que ha hecho la humanidad cristiana 
desde el Calvario en la ]M>ra de sus mas terribles crisis: ha 
vuelto á empuñar el si^o del dolor, y á abrigar en su cora- 
zón el amor de la austeridad: y ha seguido la senda del pro- 
greso. Ahora bien: lo que ha hecho desde hace diez y ocho 
ligios, lo que ha hecho eu todas sus grandes fases, preciso es 
9(^6 lo haga en el siglo diez y nueve, con arreglo al menos 
^ 'as necesidades de estos tiempos. Dé esta condición depen- 
^^ nuestro progreso: contra un sensualismo nuevo es me- 
nester una nueva reacción. 

(Tradutido por R. A. O.) 

(Finalizará.) 



DISCURSO 

^ÜONimciADO POR EL R. P. JOüE JOFRE DE HARÍA SANTISIHA, 

9\f^tor de la Escuela Normal de Guanabaeoa, en el aeto de Inau- 
^nrse los exámenes correspondientes á este aflo de los alumnos 
A^dlcba Escuela. 



Illmo. Sr.: 

£o medio de las diversas opiniones, de los contrarios dic- 
^^uieaes, de los opuestos sistemas que hierven hoy dia eu el 
'^uodo intelectual y literario acerca del estado de la socie- 
^d, surge una idea en que todos convienen, y sobre la cual 
^&die disputa. Estamos bien seguros de que no habrá quien 
|^<>8 contradiga, cuando al señalar esta idea, afirmemos que 
^ sociedad está enferma. Desde las alocuciones del actual 
Pontífice Pío IX, quien como vicario de Jesucristo vela so- 



302 LA VERDAD CATOLIÜA. 

bre los maa precioáo^dimtinosdé la humaoulad^ hagta logúl- 
tiniúspragrümas de Luis Btaiic que ha deshauciado la vida 
de la sociedad actual, todos proclaman mas ó menos directa- 
mente,' con maa 6 méDüs elocuencia, el hecha que i?nuncia- 
íiios* ¿Quiáu lo duda? Cunndo no solo toUos los que escri- 
ben, sino también todos los que lt?tín, do solo los hombres de 
carrera que han hecho estudios profundos sobre las ciencias 
sociales, sino también los maé ineruditos artesanos, despuea 
(le dar uDa ojeada en tas coiumuas de un periódico, tratan de 
arreglar á su manera el mundo, y trazan planes, y proponen 
leyes y modifican gobiernos, ¿qué otra cosa hacen sino acla- 
mar el mal estado de la sociedad presente, y recetar nuevos 
medicamentosa la augusta enferma? 

No es de este lugar entrar de lleno y de frente en una 
cuestión que abarca todas las cuestiones, y de cuya solución 
la generación presente es responsable á las generaciones fu- 
turas. Mirándola sin embargo por el lado que nos pertene- 
ce, como encargados de formar maestros de instriiccion pri- 
maria, diremos con franqueza que uno de los síntomas alar- 
mantes de esta enfermedad es que se habla mucho y se hace 
poco, se habla en un sentido y se obra en otro sentido opues- 
to. Esto que sucede en todos los ramos no podia dejar de 
suveder en el de la educación, porque ¿quién podia preser- 
varla del común contagio? Afortunadamente la España es 
la que menos se resiente de este síntoma general: á la soli- 
citud del gobierno de 8. M. (Q. D. G.) debemos un estable- 
cimiento, que, por cuanto sepamos, no tiene la dicha de po- 
seer ninguno de los países de esta bella parte del globo, es- 
tablecimiento que secundado por las familias y por los pue- 
blos, puede aplicar al mal un oportuno remedio. 

Desde los tiempos de Aristóteles hasta los nuestros se lia re- 
petido constantemente la máxima de aquel tilósofo, de (pie 'Ma 
educación lo hace todo." No podemos suscribir en to»la su la- 
titud áMa sentencia de aquel sabio; pero no hay duda que la 
educación hace mucho, y si es buena, mucho uuis. En el esta- 
do normal la educación parte de tres fuentes, de la familia, del 
estado, de la Iglesia: la familia prepara individuos, el estado 
abre escuelas, la Iglesia fijii doctrinas. Nada n^.as armonioso 
y embelesador que la perspectiva de la niñez, marchando 
felizmente hasta su com|>leta formación bajo el triple con- 
curso de estos tres grandes agentes del mundo. /,Q'*^^ '^^ \^^^ 
tira pues un buen maestro, en cuya dignidad se reúne la in- 
fluencia moral de tan poderosos elementos? 

Sin duda es mayor de lo que comunmente se piensa la im- 



LA VERDAD CATÓLICA. 303 

portancia social del magisterio, importancia que sube de pun- 
to en una época en que se han relajado en gran parte y ame- 
nazan relajarse en escala mayor los vínculos sociales. La fa- 
rntlia dista generalmente mucho de ser lo que debe; se halla 
muy debilitado el principio de autoridad, y por.un raciona- 
lismo el mas irracional se pierde muchas veces en el aire la 
palabra divina del Santuario, Pues bien: el magisterio, reves- 
tido de la importancia que le compete, puede reparar estas 
quiebras, reanudar estos lazos y cicatrizar estas heridas que la 
perversidad de los tiempos ha abierto en el cuerpo social. 
Porque, ¿qué hace un buen maestro? Estableciendo y con- 
^rrando en la escuela una constante disciplina, ihfunde a 
los niños hábitos de orden que les acompañan al hogar do- 
méstico, y acostumbrándoles á respetar su voz y á estar pen- 
dientes de sus mas ligeras insinuaciones, les acostumbra á 
respetar la voz de los padres y á cumplir sus preceptos. Así 
indirectamente y aun sin pensar en ello ofrece en la escuela 
una viva imagen de orden, de justicia y de caridad, tanto mas 
pficaz en el ánimo de los niñoa, cuanto mas activa es la par- 
^que toman en ella, y cuanto mayores son los estímulos 
qoe les impulsan á representar en la misma el primer papel. 
¿i no ha de suceder con frecuencia, que al regresar el niño 
ácasade sus padres, vivamente impresionado por la belleza 
^^^ esta imagen, impresione también vivamente con sus des- 
tellos á los que le dieron el ser? ¿Cuántas veces las lecciones 
^e la escuela, repetidas en casa por los inocentes labios de 
"n hijo, han sido brillantes rayos que han inundado de luz 
•as regiones superiores de la sociedad doméstica? No lo du- 
demos: un buen profesor convierte á muchos desús discípu- 
los en maestros de su familia, y lo que es mas notable, en 
'íiaestros que son escuchados sin prevención, son aplaudidos 
con entusiasmo, en cuya boca toda^ las palabras son do- 
naires, todas las expresiones, sentencias y cuanto dicen, un 
libro. Y si tanto influye en la familia por el contacto me- 
diato de su discípulo, ¿cuánto DO influirá por el contacto inme- 
diato con sus padres, si están en relación directa con el edu- 
cador de sus hijos y se prestan á recibir sus inspiraciones? 
Entonces el maestro con el nmor que profesa á sus discípulos 
*'• apodera del corazón de los padres, y manejando con pru- 
ílenciacste poderoso resorte, rectifica muchas ideas, destru- 
ye muchas preocupaciones, remueve todos los obstáculos y 
hace comunes á padres y á hijos los frutos de la educación. 
A lo menos se asegura siempre la de los últimos; pues e\ éxi- 
^ de la enseñanza, en caso de desacuerdo entre el profesor 



304 LA VISRDAD CATÓLICA, 

V los padre», es nulo/ en cago da indift^rencíii y ¡iprirtuniít'n- 
to» es dudoso; en caso de una feliz urmonfti y coopt^rttcioü. wi 

gmnde, seguro, infalible. 

8i el órdpn es la vida de la socted&d, ^\ pnnnipiíi de a ii ta- 
ri dad es el alma del órdea* Desde 1h caida del primer tiom- 
bn^ cada inteligencia fJene su modo de ver la^^ cirsHs, cada 
cornzün su regla de apetef^erlítí^j de lo que resulta un egots* 
rao de enteíídímiefito y dp voluntad, que si no fuera dirigido 
de grado 6 por fuersía al bren comuii, produciría á rso tardar 
la destrucción del gént-ro hunianoi Sin el alnia de la auto* 
ridíid ea imposible toda armonía entre lo« hijos de Adán; Dio» 
mií§mn Ta ha establecido para salvarnos de una ruina cierta 
é inevitable, Y ¿qui^n ignora que este principio salvador 
está vivamente lastimado eu la opinión huniangf Noa lo pre- 
dicíin con elocueotes frases mochos escritos de antores que 
aspiran á hacerse famosoí! por la singularidad de sus absur- 
dos; nos lo anuncian rumoren nada sordos que circufíin htt§- 
ta en las mas remotas aldeas. El hombre recto y pensíidor 
se estremece y tiembla por el porvenir, calculando los fruto« 
que puede dur un árbol de í^sta especi**; y di^íicubre en esto 
la razón porque los gobi«»rnos de mas de un siglo i\ esta par- 
te van aumentando |>ro^resi va mente la fuerza material, de- 
seosos de prevenir una v*,atásfcrnfe. La soi!Í»*dad, v'inno el indi- 
viduo, está providencialmente sngeta al instinto de conser- 
vación. Mas así como fuera un grave error contar únicamen- 
te con el elefn»Mito físico para la conservación del individuo» 
así lo fuera tambi<Mi contar solo cor) el elemento material pa- 
ra la de la socied.id: es necesario ante todo, mas (pie todo v 
sobre todo, emplear el eUímerjto moral, que un es otro que el 
principio de autoridad, el cual armonizando las partes del 
universo social, coloca cada una en el lugar que le corres- 
ponde, combina sabiamente el inovimiento común con el 
particular, y las hace marchar holgadamerite todo á su pro- 
pio fin. Y ¿quién puede contribuir mas que un buen uuu»s- { 
tro á reanimar este principio vivificador? En primer lugar el 
maestro por su posición es naturalmente la avanzada de la 
autoridad social, siendo la primera que conoce el niño al sa- 
lir del hogar doméstico. En la escuela aprende el niño que 
ademas de los padres miturales hay otra clase de padres á 
quienes hade amar y obedecer; allí sabe que pertenece á 
una familia mas vasta de la cual es individuo nato, y cuyos 
jefes le prodigan los líias lolíciros cuidados. La escuela es una 
Roctedad en miniatura: allí hay leyes, legislador, ascensos, 
destituciones, protección, beneficios, y todas esto en mano8 



LA VERDAD CATÓLICA. 305 

de un profesor, que manda sin orgullo, reprime sin acrimo" 
oia, remunera con justicia, castiga con benignidad, siempre 
vigilante, prudente, imparcial; ¿quién duda que deJaprofun< 
das huellas en los tiernos ánimos de los niños, y les prepara 
para que sean con el tiempo leales y paólfícos ciudadanos? 
Ademas el buen maestro inculca el respeto á toda clase de 
autoridades, lo confirma con su ejemplo, y conocedor de los 
errores de la época, procura preservar de ellos á sus discípu- 
los con la repetición frecuente de aquellas verdades que son 
su propio y natural antídoto. 

Mas ¿dónde estiln estas verdades? ¿dónde hallará el sabio 
institutor razones tan convincentes y poderosas, que doblen 
el orgullo Tiatural del hombre ante la voz déla autoridad? 
Hace mucho tiempo que se busca un medio para imponer á 
la razón humana, y no se encuentra: la razón humana no se 
deja imponer ni de la necesidad ó fatalismo, que la desespe- 
ra, ni de la palabra, orden y armonía que se desvanecen al 
mas leve soplo de una pasión, ni de la mage«tad de la ley 
que ve personificada en sus iguales. Señores, hablando pro- 
piamente, el hombre solo inclina su íViín^e ante Dios; solo 
presta obediencia á quien le represiMita: y es un dogma ca- 
tAlieo que toda autoridad constituida viene de Dios, y trae 
consigo una recomendación divina. El amor y el temor de 
Dios, tal cua! nos lo enseña nuestra santa religión; ved aquí 
de donde saca el guia de la juventud los principios eternos 
que hacen no solo dignos de respeto, sino también de amorá 
los depositarios de la autoridad, pues como dict? uno de los 
mas famosos concilios de Toledo: *"8oio será fiel á los hom- 
bres el que á Dios sirviere con fidelidad." 

Hallamos pues en la Religión sólidamente fundado el 
prinqipio de autoridad, Y he aquí otro campo en donde se 
nos presenta todavía mm colosal la importancia social del 
maestro. Para avalerar esta inipurtancia preguntaremos: ¿es 
necesario que la sociedad sea cristiana? ¿Puede el maestro 
iijfluir en la satisfacción de esta necesidad? En cuanto á lo 
primero ningún católico de buena fe lo pondrá en momento 
de duda, ni dejará de mirar con horror el principio de que la 
ley ha de ser atea. Una ley atea supone un legislador ateo, 
y lo uno y lo otro necesariamente han de atraer sobre la so- 
ciedad así encabezada las maldiciones del cielo, las cuales, 
que se crea que no se crea en ellas, no dejarán de ser menos 
Verdaderas ni menos terribles. La sociedad debe satisfacer 
íiodas las necesidades del hombre, debe por consiguiente 
conducirle hasta conseguir su último fin, y esto no lo puede 

VIL— 39 



306 LA VKRDAD CATÓLICA 

hacer »i nu en veniaderamente criitkna. Por esta llainafQi^ 
eocial la influencia del raaestro en fa educí»cion religiosa. Y 
que realmente tenga esta influencia^ no cabe dudarlo. ÜQ 
maestro qne á la su fl cien te iuf^truccion retigiosa une la ha- 
bilidad de coniunicarla, que habla de tas verd;idea cristiana» 
con el lenguage de U fe y ensena la^ virtudes^ del Evangelio 
con la expresión del buen ejeni|ilo, que vela «obre lae ideas 
y lag coitumbrei de sus discípulos, y lesavim, amonesta y 
corrige con la gravedad del sacerdote y con el cariño de una 
madre, que les prepara y Ie8 guia hasta que lleguen á comti- 
nlcar directamente y por sí inismoa con Dios por todos aque- 
líos medios que Jesucristo instituyó y la Iglesia nos pone 
delante, este maestro habla y su palabra cae como «nave ro- 
cío sobre el corazón de la niiiez, hace que las verdades eter- 
nas penetren agradablemente toda su alma* y les conquista 
para la familia, para la sociedad, para el cielo. Me atreveré 
á decir que lii influencia del maestro en la educación religio- 
sa es boy dia tanto ó mas importante que la de los ministros 
del santuario por ia sencilla razón de que proporcional men- 
te son pocos los padres que se olvidan demandar sus hijoaá 
la escuela y muchos los que se olvidan de mandarlos al t-em- 
pío. Toda la importancia de un maestro esta resumida en 
esta sentencia de un sabio francés: ''Según la educación es 
la vida, según la vida es la muerte.'' Una muerte cristiana 
asegura la felicidad eterna, una vida cristiana la felicidad 
temporal, una y otra dependen de la educación y la educa- 
ción del maestro.. 

Se dirá tal vez que no hay maestros tan consumados en el 
c.rte de educar, que prometan estos felices resultados. No me 
empeñaré en probar que los hay: diré sí que los puede haber, 
y que de cierto los habrá, cuando las familias y los pueblos 
unan sus esfuerzos á los que hace el paternal gobierno de 
nuestra augusta Soberana, cuando eleven á los maestros y 
las escuelas ai rango social que les corresponde; cuando los 
padres representen á sus hijos los establecimientos de edu- 
cación como el templo de la sabiduría y de la virtud. Nues- 
tras lecciones serian estériles, si faltasen á los profesores las 
recompensas y los estímulos sociales. Por lo demás, mien- 
tras 00 veamos realizadas estas condiciones en toda su am- 
plitud, al leer pomposos discursos en elogio de la educación, 
no haremos mas que repetir aquel axioma de jurisprudencia: 
**Contra el hecho no vale la protesta'': Protesiatio /acto con- 
trarUi non valel. * 

Ue dicho. 



LA VfiRDAD CATÓLICA. 307 



LA PROCESIÓN DEL CORPUS EN ROMA. 



He aquf como describe dende Roma el Sr. Velez de Me- 
drano esta solemnidad religiosa: 

La procesión del Corpus es no solamente uno délos actos 
religiosos mas solemnes de Roma, sino de toda la cristiandad. 
En la corte pontificia es donde únicamente pueden verse 
tan magníficas, ceremonias como lasque muy repetidamente 
se suceden en la capital del mundo católico. 

Miéntrai que en Madrid, por gracia especial de Su Santi- 
dad, veo que se ha verificado la procesión por la tarde, su- 
cede en Roma lo contrario, pues á una hora muy temprana 
de la mañana es cuando tiene lugar la procesión, en la que 
aparece el Papa rodeado de los Cardenales, de los Arzobispos 
y Obispos, príncipes y altos personajes de su corte. A las 
ocho y media salió la procesión, bajando de la capilla Sixti- 
na por la llamada escalera regia, para tomar la dirección de 
los dos pórticos semi-circu lares, atravesando la plaza Rusti- 
cacci, cuyo tránsito se hallaba cubierto con un tupido tol- 
do, y elegantemente adornado con pabellones y guirnaldas 
de verdores. Gracias á la abundante arena y fino ramaje que 
ocultaban las piedras del suelo, se habia obtenido un mulli- 
do y cómodo piso para la comitiva de la procesión. El inte- 
rior y el vestíbulo de San Pedro ostentaban ricas colgadu- 
ras de damasco encarnado, y Jas paredes de las dos exterio- 
res galerías laterales vistosos tapices que representan hechos 
de la historia Sagrada. 

Mas de hora y media tardó la procesión en recorrer el ám- 
bito de la plaza, y no necesito añadir mas para que el lector 
comprenda y adivine lo muy vistosarque seria la reunión de 
tantas y tan diversas corporaciones religiosas, civiles y mili- 
tares. 

Abrían la marcha varios piquetes de la milicia pontificia, 
apareciendo sucesivamente los recogidos en el hospicio de S. 
Miguel y huérfanos de la casa de Misericordia, frailes men- 
digantes y demás comunidades religiosas, canónigos regula- 
res lateranenses, alumnos del Colegio Romano, curas par- 



á06 LA VERDAD CATÓLICA. 

róeos con el camarlengo del clero, y todos los capítulos de ¡m 
iglesíasj colegiatas, y basílicas y patriarcales, can «as cruee» 
y mangas correspun dientes. 

Veniao después loa procuradcíres generales de todas las 
érdenes religiosas, los capf^llfiriei ordioarios de Sii Santidad 
llevando cuatro magnífica?! tiaras cuajadas de rica pedrería 
y tres betlÍBimas mitraii. Unas y otras Bon, según creo, rega* 
los hechos al actual Sumo Pontífice por Reyes, príncipes y 
altos personajes en rüpresentacíon de algunas corporacionea. 
Entre dichos regalos se cita como uno de los mas ricos, el 
que fué ofrecido, anos atrás, á Pío IX por la Heínade Espa- 
ña Doña Isabel II, 

Siguiendo el orden de la comitiva^ no» encontramos luego 
con loa capellanes ífgrí/iy aupernuEuerario& de Su Santidad, 
abogados aol Sacro tJonsis torio, camareros honorarios y ic- 
greiii Prelados y abreviado rea del Parco Mngginrtf losi tt ci- 
tantes de Itt Signatura, los clérigos de ia real cámara apostó- 
tica, los auditores de la Rota y el P- Maestro del Siicro Co- 
legio* Este ultimo es de reglainento (asi me lo aseguran) que 
pertenezca á la orden de predicadores. El que ocupa en la 
actualidad dicho puesto es un reverendo de muy buenas car- 
nes, aficionado, por añadidura, á las letras, si he de juzgar 
por su constante asistencia á la academia de 1 Quiritiy donde 
le he visto aplaudir con verdadero nrnore ai inspirado poeta 
(que ya conoce V., Sr. Director, por mi carta anterior) el P. 
Felipe Balzofiore, de la orden de San Agustm, autor de mu- 
chas bellísimas poesías, entre ellas la que se titula II primo 
amore, de que hice mención á su debido tiempo. 

Volvamos á la procesión para contemplar el grupo mas 
interesante, desde que aparece la cruz papal, á cuyo alrede- 
dor se agrupan los penitenciarios de la basílica Vaticana, 
inpiajieta bianca. Conté hasta diez y ocho Arzobispos y 
Obispos con mitra, sin mencionar algún otro que, sin llevar- 
la puesta en la cabeza, ocupaba diferente puesto en la pro- 
cesión. De los Cardenales iban todos los que se hallan en 
Roma, que son bastantes, y por último, Su Santidad Pío 
IX (1) que, llevado en magníficras y elevadas andas, apare- 
cia postrado de rodillas ante el Santísimo Sacramento. De- 
lante del Sumo Pontífice, entre los Arzobispos y Cardena- 
les, iban también el magistrado y senador de Roma, el prín- 

(1) De ana noticia dada en naettro último número parecía deaprendena 
que el Padre Santo no habia podido asistir este año á la fiesta del Corpas, sia 
embargo, no es así: nos contraíamos á U fanoion de la Ottava del Corpas. — 
N. d$ la R. 



I 



LA VERDAD CATÓLICA. ' 309 

cipe asistente al solio, con los auditores de la real Cámara 
apostólica y el vice-camarlengo de la R. R. C. 

Rodeaban á Su Santidad los guardias nobles á pié y los 
suizos de gran gala. Los vistosísimos abanicos de plumas de 
pavo real, que colocados en mangos muy largos, forman par- 
te indispensable del séquito, siempre que Su Santidad es lle- 
vado sobre los hombros de i pala/renieriy 6 en las citadas an- 
das del Santísimo Sacramento, contribuían, no poco, al efec- 
to pintoresco del cuadro. 

Detrás de las andas marchaban el decano de la S. Rota, 
llevando la mitra usual del Pontíüce; el tesorero de la real 
cámara apostólica, el mayordomo de Su Santidad, varios dig- 
natarios ae la Iglesia, entre ellos el Padre general de las Or- 
denes religiosas y algunos empleados mas, dependientes del 
palacio apostólico. 

Cerraban la comitiva los guardias nobles á caballo, á cu- 
ya cabeza iban sus capitanes, el duque de Castelvecchio y el 
príncipe de Vianb, entre los cuales se veiaal marqués Patri- 
zi, vessilli/ero (portaestandarte)- hereditario. Inmediatamen- 
te venían el general francés conde de Goyon, con otros cin- 
co generales y un brillante y numeroso estado mayor, todos 
á caballo, seguidos de varios destacamentos del ejército de 
ocupación. Por áltimo, la milicia pontificia de infantería y 
caballería, mandada por el general Kanzler. 

Dar una idea del aspecto que presentaba la plaza en el 
momento de la procesión, es cosa menos qne imposible, y 
de la que no se puede tener idea sino viéndolo. El inmenso 
gentío colocado en balcones y tribunas, y en la calle sobre 
sillas ó de pié, el ruido de las campanas, el estampido de los 
cañonazos disparados desde el castillo de San Angelo, las 
músicas militares^ el aparato y la extensa línea que ocupaba 
la procesión, formaban un conjunto indescriptible. 

Saliendo de la capilla Sixtina, como hemos visto, termina 
la procesión en h Basílica de S. Pedro, donde se cantó un 
Te Deum y el TaíUum ergOj dando el Santo Padre la trina 
Bentdizione con el Santísimo Sacramento. 

La guardia palatina, colocada dentro del templo, forma- 
ba una hilera desde el llamado Cancel de Carlomagno hasta 
el Confesionario de-San Pedro. La misma milicia tuvo la hon- 
ra de acompañar al Santo Padre á sus habitaciones del Va- 
ticano, cuando terminó la augusta ceremonia. 



310 



I^á VERBA D CATÓLICA, 



DE oncio. 

SECRETARIA DEL OBISPADO DE LA HABANA* 

•■Mritl^o TOlinUrta aUortap^r el Bxmm. é IUm». Sr. OMtpe á Uwé 
f Mitre SutftiMe Padre Pie lene. 



Rjdacion de Iob personas y cantidades que cada una ha enin 
para el expresado objeto en esta Secretaría de Céunan 
Qohiemo, 



Parroquia de ingreso de la Santísima Virgen de la Caridad^ 
Sanai Spíritus. 



Pi. Ctt. 



Sama anterior S3.541 

Pbro. D. Basilio María 
Madrigal. Cura párroco 102 

Pbro. D. José Lino Este- 
vez, Teniente Cura 17 

D. Francisco Abren 17 

Doña Ana Ramona Jimé- 
nez . 17 

D. Luis Bernardo López. . 8 

l'oña Maria Francisca Ji> 
menez 8 

D. Fernando de Pina 8 

„ José de Jestis Fina j 
Gromez 8 

Pbro. D. Gabriel Font, Ca- 
pellán de Tarraffona 4 

D. Próspero Amador Gar- 
cía, mayordomo de fa- 
brica 

Ldo. D. Agustín M. Came- 
jo 4 

D. Manuel José Venegas. 4 

„ Vicente Sagrera 4 

ff Manuel E. Escribano. 2 



70i 



50 

50 
50 

50 

25 



4 25 



25 
25 
12 
121 



D. Joaquín Galí 

„ Melchor de Oria 

„ Joaé María Venegas.. 

„ José Maria de laa Cft- 

sas. ^ 

Doña Ana Luisa y Loren- 
zo Bernal 

D. Ramón López j Ana J, 

Santa Ana 

Doña Rosa Pina 

D. Máximo de EUnas 

,, José Affustin Fuente.. 

„ Pedro Pablo de Moya. 

., GabrelOrdas 

Doña Ana Agoatia Val- 

dés 

D. Pastor Pina 

Doña María B. Valdés .... 
D. Clemente Ulloa 

., Juan de Dios GiL.... 

„ Bernabé de Pina. 

„ José Inocente Hernán» 

dez 



P*. 

2 
2 
it 



Cs. 

12 

^ 12 



60 



i 



Uk VBBDAD GATÓUCA. 



311 



Pútnrojuia de omcouo de S. Narciso de Altares. 



Pi. Cti. 



Pbro. D. JoAB A. Pu y 

Martiiiox, Cim Barroco. 
B. J.K.A. 

„ Antonio Pen» Moren. 

«A. C 

„ 8erafin Bnpl..^. 

„ Joaé Muraal Gtrteya. 

„ Ramón Gibert 

„ Pedro Ramis 

„ Cáriot del Pino 

„ Fraociteo Fernandez 
Cabnyi^ 

„ Francisco Sánchez... 

„ Franeiioo Airares 

„ Jnliao y. Alonso.. 

M Lorenzo D. j Soerti.. 

M Pedro Lonex. 

t« José A- Iremandes.... 

„ Ignacio Miranda. 

M José Potra •• 

M Josto Guaran 

n José Alentado 

„ Isidro Sosa 

„ Tomás Rodrí^ez. — 

„ Nazarío Rodnguez Pe- 
res Feo 

Domingo R Cano, moreno 

Carmen Sosa, id 

Miguel Ckirtina^ id 

Jo¿ Ant<inio de Pina, id. 
D. Jnan de laCroz 

„ Espérate O. Aoosta.. 

., JoséCarballo 

„lforíanoDiaz 

,, José Socarras 

„ FF. Diaz 

,. Joan Día/. 

„ Bartolo Míreles 

„ Ángel Pérez 

María de los Aogelea Her- 
nández, morena 

Petra Fernandez Rabal- 
cuba. 

JnanTmeba 



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Pi. cu. 



Faenndo VilIaTieeneio , 

pardo I 

Manuel Soto I 

D. Femando Robajna.... 

„ José Rodríguez 

,, Antonio Alentado..... 

„ Francisco Cruz. 

„ Pedro Suero 

„ Gerónimo Arrellega.. 

„ José Ramírez 

„ Mauuel Quesada 

„ Juan Araña 

,. José de Jesús Curbelo 

,, Miguel Pino 

,, Manuel Ruii 

„ Rafael Rodríguez Mel 

oOl. .■.^. • •>■•••■.•.••••. 

José Dolores Curbelo, mo- 
reno 

Cirilo Hernández id 

Romualdo García, id 

Sixto Barrio 

Kegino Castañeda, pardo. 
D. Simo^ González 

„ Antonio Bafs 

,f Domingo Martinez 

„ Miguel Martinez 

„ Nicolás Jiménez 

Morenos: Genaro Zepero, 
Feliciano Heroanoez 7 

Elij^o Gomes 

Tomás Cordero 

José González 

A ntonio Curbelo- 

Manuel Taima 

D. Jesús González 

Pablo García, pardo 

Margarita y Oástula Al- 

▼arex, pards , 

D José Morales' 

Juan Morales, pardo, 

Pedro José Morfi, moreno 

Feliz Vázquez, id 

Antonio de León, pardo. 



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U\ 7BBDAD CATÓLICA. 



Parroquia de mgrtio de jííra, Sm. ^ Canddarm 4d Wajay* 

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Ctim pirrólo 51 ,» 

B. Bemanlo í>inníü|ru*?i.. 17 „ 

,♦ J iiMi ríüiBet.. . . J- . , „ 17 ,^ 

El misiDií 8r . 8 50 

„ Aiíiistin Murales y «u 

ei*p oün.. .--....,,. e 5í» 

E( Capitau J««i Local D. 

S«l u Blmnii Pprei. ..,._. íí „ 

D, Podro P. Mí^íiocaL... 1 m 

„ hTujid de Diíip Entralgo, I „ 

», EduHrdó BaqutK. 1 ,«, 

Roaa, j M<?rced Martmoi 

Onr^f a, pardM ....-•.. 1 , i 
Dodh RíWíi Luffore d« Cm- 

tellíi.. .„ 40 

D , J í>üt> Bol r||[an .*.,»...,. 40 

,, Birnír^i A niflada . ..... 3í> 

., J. .íuanCasiil .« :m 

Dona Citudelana Mané.. 30 



Una veciao * * . , . - - 

Doña Euiefaia Bague.,... 

D- Víctorifino Ríenfo*... 
,, DiiiDiftio Niiñfíí.,. ,.-- 
■t Jiiíin HWero. ..,.,, 

Diiña Boraarda Felip»,,,, 
,, El^nti Murnleg...,,,*, 
„ Riiiialíii Alwrez _,,*-* 
„ Cm* Alvsreíí _.---_- 

0. A I#j !♦ Chfives - - 

Díiña t't'truna OonwileE.- 

„ CnttctípdiííQ Henmnduzt 

M Riisalla FtiMon., 

, ^ t íandfl lar ia Capote 

D. fíjibrítíl UüíiíaW 

,, Riifwsl García 

Dííña AnUftiia Culdprotj- , 
„ Mapiquilla QuÍtit«ro.^ 
„ Merced Ahan'^.- . . *, 



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Suma.... 



54,097 21 é 



Habana 4 de Agotto de 1861.— ^^¿ra Sánchez, secretario. 

(Continuará.) 



k 



8ECC10JV LITERAHIA. 



háL MADRB DBXi CARMBLO. 



A mi tafB Mitfg» el R. P. Fr. Suiacl de l« YliltoctoB. 

Como brilla de Sion el sacro monte, 
Cual del Hermon la bíblica colioa 
Bailada por la luz del claro cíelo, 
Así brilla gentil en Palentina 
La mística montaña del Carmelo. 
¡Monte de bendición, yo te saludo! 
¡Monte de paz do el aura se respira 
De santidad y amor, el labio rudo 
Xe alaba al son de la cristiana lira! 
En el aroma de tun bellas flores 
Que en alas de los céfiros envías^ 
Aspirar en mi fe sencilla creo 
El dulce aliento del profeta Elias, 
El purísimo aliento de Elíseo; 

Y escucho en lontananza 

El himno arrobador del virgen coro 
Que canta de una madre la alabanza, 

Y vertiendo la luz de la esperanza. 
Desciende en nubes de carmin y oro. 

Es la Madre de Dios, Hija del Padre, 
Madre del Hijo que el Eterno engendra 
En la sublime eternidad sin madre! 
La celestial María, 

VII.— 40 



# 
314 LATERDAD CATÓLICA 

Que en la mente de Dios pura y hermosa 
Aun antes de los siglos existia. 
Vedla; ella es! Así como la aurora 
Que á través de las nieblas resplandece» 
De tierra y cielo la inmortal Señora 
Entre la corte angélica aparece; 
El ángel besa de su pié las huellas 

Y la visten los rayos de la luna, 
La coronan el sol y las estrellas! 
Perdona, Madre amada, 

Si no puede cantar la lira mía 
La del Carmelo aparición sagrada. 
¡Oh mujer sobre todas elevada. 
Oh Virgen de las vírgenes, María! 
Dale al alma valor, fuego al poeta, 
. Y desplegue en su cántico sagrado 
La santa inspiración del Rey Profeta! 
Penetre el corazón el dardo agudo 
Que el de Teresa atravesando un dia 
En amor abrasó; desata el nudo 
Que oprime, dulce Madre, mi garganta, 

Y cantaré tu gloria y tu grandeza. 

Y ante la^voz del trovador que canta 
El altar do tu imagen se levanta 
De flores cubrirá natural )za! 

Tú descendiste al mundo 
Como raudal magnífico y fecundo 
De gracia y de virtud; tú fuiste, oh Madre, 
El astro salvador del hombre triste 
Que la mancha heredó del primer padre; 
La 'nave bendecida 
Que nos libró propicia del naufragio 
En el mar borrascoso de la vida! 
Oh dulce Madre del Amor hermoso. 
Madre del Carmen, Virgen soberana, 
Coredentora de la raza humana; 
Del Espíritu-Santo recibiste 
El inmutable amor; con él nos amas, 

Y por él al Carmelo descendiste 
Envuelta de tu amor entre las llamas. 
El verdadero amor vivió en tu seno, 

Y el amor es la luz que alumbra al mundo, 

Y 9on él iluminas en la tierra 



LA YBBDAD CATÓUCA. 316 

Del infeliz mortal la senda oscura; 
T eres el arca que la vida encierra 
Del mísero mortal; de tu ternura 
El fecundo raudal el pecho ablanda, 

Y de tu amor á la celeste sombra 
Descansa el hombre así cual peregrino 
Que de su largo viaje fatigado 
Reposo encuentra; eres el camino 

Que nos lleva hasta Dios; tú nos le muestras 
Entre las obras del poder divino; 

Y procurando el bien del hombre triste, 
Un manantial de amor y de consuelo 

A la infeliz humanidad has dado 
En tus hijos queridos del Carmelo! 

Ellos, oh Madre, por el mundo llevan 
El lábaro esplendente de tu gloria, 

Y del error y de los vicios triunfan, 

Y muestran á los pueblos tu victoria! 
En el mundo protégelos amante, 

Y busquen á la oveja descarriada, 

Y la vuelvan á tí; tu luz radiantd 
Extiendan por do quier,oh fresco lino 
Del valle de Saron, fragante nardo 
De los campos de Siotí, candida rosa 
Que brilla en Jericó; tu esencia grata 

Se esparce en derredor; la aspira el hombre, 
£q los céfiros suaves se dilata, 

Y como sube el perfumado incienso. 
Se eleva misteriosa 

Al trono soberano del Inmenso. 

¡Oh Madre del amor. Virgen del Carmen, 
Emperatriz del cielo y de la tierra. 
No abandones al pueblo de tus hijos 
Que en tí su gloria y esperanza encierra! 
Bendice, pues, dulcísima Señora, 
Al pueblo que te adora; 
Descienda sobre mí tu fuego santo, 

Y cúbrame tu manto; 

Por tí mueca de amor y de ternura, 

Y estrechando al morir tu imagen pura, 
Tuyo, oh Madre, será mi último canto. 

Antonio Enrique de Zafra. 



316 



LA YKRDAD CATÓLICA. 



A LA ASUNCIÓN DE HARÍA. 



SONETO. 



Rasga, divina Madre, el puro ambiente 

Y asciende rnagestuosa en raudo vuelo, 
En blanca nube envuelta, al sacro cielo 
Do te aguarda ansioso el Dios potente. 

Sube, sí, mas no dejes indigente 
A esta tu grey que en hondo desconsuelo, 
Tu ausencia llora del mundano suelo. 
Donde angustia cruel ciñó tu frente. 

Vuelva, vuelve los ojos. Virgen pura, 
De ese tu sacro solio esplendoroso, 

Y errar verás en valle de amargura 

A este rebaño incauto y temeroso 
Que sin zagala igual á tu ternura, 
Siempre está mustio, por demás lloroso. 



Leopoldo de Btrriel, 



LA VSRDAD CAJÓLICA. 317 



EL SEPULCRO DE LA VIROEN 

BV JERVSALER. 



Para dar á ouestros lectores uDa idea del nuevo periódico 
religioao de Madrid El Alba Católica^ reproducimos ei si- 
guiente artículo que ha visto la \\xz en su primera entrega: 

Hacia la parte oriental de Jerusaien, á poca distancia del 
lugar donde el templo de Salomón ha sido reemplazado por 
la mezquita de Omar, el viajero sale de la ciudad por una 
pueita de una sólida construcción. Cerca de allí se pasea á 
lentos pasos el centinela musulmán, que guarda bajo los »om- 
brtos arcos la entrada de la Ciudad Santa. 

Esta puerta es la de Sidi-Marian, la Señora María, I» San- 
ta Mujer, como la han llamado los sectarios del Profeta, en- 
tre los cuales está en gran veneración este nombre. 

Desde este puntóse percibe delante de sí lajDontaña 
de las Olivas, dominada por el minarete y la cúpula que cu- 
bre el tugaren donde Jesucristo se manifestó por la vez úl- 
tima á sus discípulos: hacia la derecha está el valle de Josa- 
fat; encerrado entre la escarpada colina donde se halla edi- 
ficada Jerusaien y la montaña de las Olivas. La del escán- 
dalo, Mons Offensionis, se pierde en el hoi'izonte formando nu- 
merosos rodeos; á la izquierda el campo conduce á los sepul- 
cros de los antiguos reyes de Judea. 

Al principio del valle de Josafat, cerca del lugar en donde 
nace y toma su origen el torrente Cedrón, manantial seco la 
mayor parte del año, es donde se encuentra el sepulcro de 
la Virgen. Un camino escarpado, dando vueltas muchas ve- 
ces sobre el mismo, conduce á él bajando á lo largo de la co- 
lina cuando se sale por la puerta de Sidi-Marian. Algunos 
olivos, cuyas secas copas demuestran su alta antigüedad, 
contrastan con su triste verdor con el terreno quemado y 
pedregoso de aquel^e§olado país, A algunos pasos del mo- 
numento el huerto de Jetsemaní, encerrado en una muralla 
de negras piedras, oculta cu su estrecho recinto la gruta en 



318 LA VERDAD CATÓUCA. 

que el Salvador del mundo tuvo un copioso sudor de sangre, 
al rogar á su Padre que alejase de él, si era posible, aquel cá- 
liz de amargura: Pater, siposstbile esl^ transeat ame calix iste! 
Uno de los lados de esta muralla se prolonga por el camino, 
por el que se sube á la montaña de las Olivas, y que es la pro- 
longación de aquel que se ha seguido al venir de Jerusalen. 

La fecha del monumento que encierra el lugar donde re- 
posó el cuerpo santísimo de la Virgen, está escrita á los ojos 
del anticuario por la forma de sus arcadas. Es contemporá- 
neo de la iglesia del Santo Sepulcro, de la que está sobre el 
suelo de la mezquita de Omar, y de tantos otros restos vene- 
rables que aun se encuentran en Palestina. Consiste en una 
capilla, ó mas bien una pequeña iglesia construida en un an- 
cho y profundo foso y tallada en la piedra viva, al que se ba- 
ja por cincuenta escalones: hacia el Norte se apoya contra 
la roca, cuya altura apenas pasa. La puerta abierta al lado 
del Sur es el único punto por donde puede penetrar la luz. 

El sepulcro de la Virgen está bajo la guardia y custodia 
especial de los religiosos latinos de Tierra Santa, pero todas 
las comuniones cristianas han establecido altares en esta ve- 
nerada iglesia. Los musulmanes mismos poseen en ella un 
oratorio, y no es una de las menores singularidades de aquel 
país de contrastes, ver en él las mas opuestas religiones con- 
fundirse, reunirse y mezclarse en un culto tributado á la vir- 
tud y á la santidad. 

He aquí lo que Chateaubriand, ese guia tan fiel de la Tier- 
ra Santa, nos dice al hablar de este sacrosanto lugar: ^'En- 
tramos desde luego en el sepulcro de la Virgen: es una igle- 
sia subterránea á la que se baja por algunos escalones bas- 
tante hermosos: se. halla dividida entre todas las sectas cris- 
tianas: los turcos tienen también un oratorio en aquel lugar; 
los católicos poseen el sitio en que se halla el sepulcro de Ma- 
ría. Aunque la Virgen no haya muerto en Jerusalen, fué se- 
gún la opinión de muchos santos padres milagrosamente se- 
pultada en Jetsemaní por los apóstoles. Euthimio cuenta la 
historia de estos maravillosos funerales. A la llegada de Santo 
Tomás, que no se habia hallado presente al entierro, habien- 
do hecho abrir el sepulcro, no se encontró dentro de él mas 
que la ropa virginal, simple y pobre vestido de la reina de 
la gloria, que los ángeles habian elevado en sus brazos á los 
cielos. Los sepulcros de San José, de San Joaquin y de San- 
ta Ana se ven también en esta iglesia subterránea.*' 

Tal lo ha visto Chateaubriand, ese célebre cantor del 
cristianismo, tal existe hoy, y el 15 de AgQsto, dia de la 



LA VBBDA D CATÓLICA . 319 

Abudcíod de la Virgen María, de todos los puntos del uni- 
verso cristiano acuden peregrinos que se agolpan en el estre- 
cho recinto de esta santa iglesia, celebrando en unión de los 
sectarios mismos de Mahoma los méritos y las virtudes de 
Sidi-Mariauj la Virgen María, la madre de Cristo, nuestro di- 
vino Salvador. El ángel que habia anunciado á María su 
maternidad divina, le vino allí á anunciar su muerte; volvió 
á ver todos aquellos lucares marcados con las divinas 
huellas y aquel CalVario donde cree aun oir la última pala- 
bra de un Hijo; seencierraen su celdita; los ángeles la visitan: 
los apóstoles dispersos por el mundo se reúnen alrededor de 
8u lecho de muerte. Los bendice, les da sus consejos. Da 
gracias á S. Juan por sus desvelos, aquel otro hijo legado 
por su Hijo, y abandona la tierra. Cristo viene á recibirla, y 
un resplandor y divinos conciertos llenan la estrecha estan- 
cia á donde habian bajado los cielos 

Cuando envejece el fénix reúne sobre lo alto de una mon- 
taña leñas aromáticas, sobre las que como sobre un lecho de 
honor va á terminar sus dias. Porque cuando el sol en lo mas 
fuerte de la mitad del dia lanza sus rayos mas ardientes, este 
pájaro único, para aumentar sus ardores, no cesa de batir sus 
alaa sobre su hoguera, hasta que prende el fuego y ardiendo 
con él se consume y mu^re entre sus olorosas llamas. . . . 

Como la paloma del arca, María volvió al ciclo, su patria. 
Abandonó su cuerpo, aquel vestido inútil, como Jonatás en- 
tregó su túnica al hijo de Isais: como la hija de Merary aban- 
donó su vestido de viuda para revestirse la túnica de fiesta y 
adornarse con la corona de oro. Santo Tomás hizo abrir su 
Sepulcro. Pero no encontró en él mas que las ropas virgiua- 
't*á y un delicioso olor que exhalaba la tierra. Aquí fué don- 
óle, según los cristianos de Oriente, las milicias celestiales 
^ rrebataron en sus brazos á la que iba á ser su reina. 

Este sepulcro, como el de Cristo, no tendrá que devolver 
riada cuando en el último dia suene la trompeta del ángel, y 
t^odbs los sepulcros se abran para dar salida á los cadáveres 
id^epultados en ellos en el largo trascurso de los siglos — , 



320 



LA VKRDAD CATÓUCÁ- 



AETISTA RELIGIOSA. 



Rita pontificia- — El D'mtin fh Roma publicíi íít hsta é^ 
toí niíinera^ |>rt!mi idos <ííi la rifa poutiíioiii. Silbido eá que el 
pnírlucto fie dii^lia riffi m dfiíttinaba á socarrer á la^ familias 
do Iü5{ Estados Komanos que á cou^ecueiicia tle \o^ aconteci- 
mieutos hnn teuido que buscar mi refusilo en Roma^ y aeen- 
cuL'utran destituidas tfe toda recurro. Lf^^ bitc», en número 
de 1540, eran objeto» perteoficientes al Píidre Santo y da- 
düs par Sn iSántidad, y otros enviadoí? de diveraus partes 
de! iM'be con aqiHil objeto. Entre \}\% perstinas tavorecidfií* por 
la nuiTttí »ií líita á nneatra nugusta srdierana Df Isabel 11, 
quií-u SG ha sacada nn retrato de Pió IX, cuyo marco de 
ninaáico es nna obra artística de grandísimo mérito y valor. 



Pki:conizacion i>iíl nltkvo obispo dk oa.iaiw. —Según 
nuestras norioi.ís particulares,. Su Santidad se ha dignado 
preconizar al Obispo electo de Oajaca Sr. Covarrubias, uno 
de los dignos inienibros del clero mejicano que después de 
su destierro del territorio de la rejnlblica, residieron por al- 
gún tieínpo entre nosotros. El imevo obispo de Oajaca debe 
haber sido ya consagrado en la ciudad eterna, y dicho Sr. en 
unión ib' ios Sres. Obispos Lavasfeida, Munguía, Barajas. Ve- 
rea y algún otro prelado mejicano, pensaban trasladarse á la 
Península y fijarse en la ciudad de Sevilla. 



RkFLKXIOXHS I>K la ''AKMONIa" de TL'RIN SOHUE LA CAKTA 
DEL SU. M \RQIJES GUSTAVO DE CAVOUK AL PERIÓDICO 'LAS NA- 

cíONAíviDADEs" DE aqí:eí>la mlsma CIUDAD. — Nuestros lec- 
tores conocerán ya sin duda la carta en que el hermano del di- 
íunto Conde de Cavour desmiente las noticias dadas por la Ga- 
zeffr fie Frdnrr acerca de la absolnciofi pedida por el célebre 
hombrede estado al Padre Safito antes de su fallecimiento. La 
Armania, (]ue también habia dado acogida á las noticias p»i 
bl ¡cadas por la Gazcttc, reproduce la carta del marqués 1 




I 



LA VSKDAD CATÓUCA. 391 

Cayour, haciéodola seguir de estaa obserTaciones: ''£9ta car- 
ta poDe fin á muchos rumores y explica muchas cosas miste- 
riosas. Esto nos aflige, por el que la ha escrito, t por aquel 
acerca del cual ha sido escrita. Habíamos concebido al prin- 
cipio' mejores esperanzas. Cuando decíamos lo que dijimos 
sobre el Conde de Cavourse daban como positivos los hechos 
oa hoy desmiente su hermano. Conforme á los principios 
le ]a moral y el derecho canónico, debíamos creer que cada 
cual habría cumplido con su deber. Mas esta carta, lo repe- 
tímos, rectifica muchas cosas escritas por la ilnnonta, y que 
esta no hubiera escríto si hubiera sabido lo que* la carta po- 
ne en nuestro conocimiento. No tenemos ni tiempo ni vo- 
luntad para entablar una polémica con nadie; pero llenos de 
miramientos hacia los vivos y los que ya no existen, nuestra 
firme resolución es conservar incólumes principios acerca 
de los cuales siempre se nos encontrará inexorables. He ahf 
lo que hemos juzga'lo conveniente decir por última vea so- 
bre este asunto. La historia dirá lo demás." 



Profanación t castigo. — En su número del dia 10 de Ju- 
nio publica Lii Rrgeneracion de Madrid la siguiente noticia: 
"El 16 del pasado se celebró en la ciudad de Gubbio la fies- 
ta de S. übaldo, patrón de la misma, y cuyo cuerpo se con- 
serva intacto y fresco en su iglesia titular, situada en una 
montaña que domina la población. Pues el dia dicho presen- 
tóse en Qubbio un puñado de miserables revoltosos acaudi- 
llados por cierto clérigo apóstata, que fueron allá expresa- 
mente desde Perusa para descubrir, decían ellos, la impos- 
tura déla conservación del santo cuerpo. Presentáronse efec- 
tivamente al Obispo de la diócesis, y con irreverente bruta- 
lidad le intimaron que les entregase el cuerpo del santo pa- 
ra desengañar al pueblo. Respondióles S. Illma. con mucha 
caridad y paciencia que la conservación del cuerpo era un 
hecho comprobado por ^'wte siglos de experiencia, y que los 
retaba á explicar humanatnente el prodigio, añadiendo que 
si estaban resueltos á ver la verdad por sí mismos, podian 
subir cuando quisieran á la monUiña. — No esperaron aque- 
llos infelices á que se lo dijesen segunda vez, sino que, frené- 
ticos, gritando y alborotando como endemoniados, treparon 
al monte Ingino, que es donde está la iglesia de S. Ubaldo. 
^ vil. — 41 



322 LA TERDAD GáTÓUCA* 

Precipita tise en el templo, y con esitándalo de loa fieles, m 
arrojnn fioUre hi urna de la ^ünU reliqniii, Pero íio bien ha- 
bla levantado las raanos pitra tucarla el clérrgo apóstata, 
cuando herido de una apoplegfa fulitiiiiañte, cnjó muerto ei» 
lastradas mismas del altan A vistu de tai» terrible y maüi' 
tiento castigo, los otros sacrilegos retroceiiieroii e^pantadoi, 
y se dispersaron por la monÉniíña. Et pueblo quedó aterrado 
ante esa venganza del cielo, obrada cabalmente el día mis- 
mo que se cumplían siete siglo** desde la muerte de S. Ubal* 
do. — El Obispo de la diócesis, para traaquílizar á lu pobla- 
ción, ha dado permiso de celebrar ua solemne triduo expia- 
torio." 



\ 



ProghescíS dkl CATOLiciíiMn EXüiNEBRA. — SeguD el últi- 
mo censo la población de Ginebra constaba de S3,B45 habi- 
tantes, de los cuales 42,35-* eran católicos y 40,Sld protes- 
tantes. En 1850 lapoblaci'Mí era de 61,146 almas, 34,212 de 
las cuales eran protestante ií y 29,764 católicas. La población 
total ha aumentado, pues, un 32 p&r cierito. El incremento 
del número de católicos ha nidu de 42 por ciento, y el de lo» 
protestantes 17 por ciento. Los católicos constituyen actual- 
mente el 51 por ciento de la poblacitíu total, y los protes- 
tantes tan solo el 49 por ciento, mientras que en 1850 loa 
últimos formaban el 54, y los primeros iolamente el 4íí por 
ciento de la población entera. 



NcKvo OBISPO i)K MARSELLA.— Eu lu nómina publicada eu 
nuestra entrega anterior de nuevo,"? prelados de¡íiignados pa- 
ra diversas sedes de Francia dijimos que el abate Deguerry. 
cura párroco de la Magdalena, en Paris, había sido n(»rnbra- 
do, para la silla episcopal de Marsella, E>5 te sacerdote, no 
queriendo separarse de sus feligreses, ha hecho dimisión del 
cargo episcopal, habiendo Faido iiontbrHdo en su lugar el Phro, 
Cruice, Canónigo honorario d^^ París, El abate Oruire t-s un 
eclesiástico distinguido. Na ció en Irlaíida en l!>15, de padres 
franceses. 



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La VERDAD CATÓLICA. 323 

El b. p. lacordaire. — Encriben de Soréze al Journal d^ 
^omhusez '^Después de una ausencia de tres semanas motiva- 
da por razones de salud, ha vuelto el P. Lacordaire el martes 
último á Soréze. Su regreso ha dado lugar á una tierna ma- 
nifeatacion. El batallón de los alumnos, con la música al 
frente, el cuerpo de profesores y las diversas corporaciones 
de obreros con sus banderas habian ido á recibirle. El ilus- 
tre Dominico, cuyo rostro pálido y adelgazado lleva aun las 
huellas de grandes padecimientos, echó pié á tierra bajo un 
arco triunfal que había sido levantado en el paseo exterior 
de la ciudad, y se dirigió á la Escuela entre dos fílas de la 
población, dichosa con volver á verle. El R. Padre se halla- 
ba visiblemente conmovido, y contestaba á cada paso con un 
saludo afectuoso á las demostraciones simpáticas de que era 
objeto. — Conducido al gran salón de fíestas de la escuela, dio 
gracias, con voz firme, aunque algo debilitada, á los alumnos, 
profesores, obreros y á todos los habitantes, por la acogida 
que se le hacia y las muestras de afecto que en todo tiempo 
se le habian dado. — Ya estoy de vuelta entre vosotros, dijo 
&l concluir, ¿Mesera concedido morir también en medio de 
vosotros? No losé. Lo dejo á la voluntad del que dispone 
de nuestros destinos. A todo estoy pronto, ad vivendum aut 
moriendum. Al menos os dejaré mi sepultura. Honradla con 
una oración cada vez que paséis por su lado. — ¿Hay que aña- 
clir que estas palabras de resignación tan cristiana provoca- 
ron lágrimas en todos los ojos?" 



Vuelta anunciada de la reina viuda de prüsia al ca- 
"roLicisMO. — En mas de una ocasión nos abstenemos de dar 
^ nuestros lectores algunas noticias relativas á conversiones 
importantes, por temor de que e^as mismas noticias salgan 
luego desmentidas, y se nos acuse de ligeros en dar asenso 
¿ cuanto publican los periódicos europeos: á esta clase de 
Tumores pertenece el que vemos repetido por un periódico 
XAií conzienzudo como La Regeneración de Madrid acerca de 
la próxima conversión al catolicismo de S. M. la Reina Vic- 
t;oria; fácil es comprender cuánto celebraríamos que resultase 
cierto. Mas he aquí que L« Monde nos da, aunque con toda 
Teserva, la siguiente noticia: **Segun ciertos rumores que cir- 
culan en Alemania, y cuyo eco encontramos en el Campani- 



324 LA VBBDAD CATÓLICA 

le de Turin, la Reina viuda de Prusia está á punto de Tolver 
al seno de la religión católica. Referimos la noticia sin salir 
garantes de su autenticidad/' 



CROmCA LOCAL. 



Próxima construcción de la iglesia de S. Pedro Apóstol irr^ 
VersalUs. — El Illmo Sr. Provisor del Obispado ha dirigido al 
Exorno. Sr. Gobernador de Matanzas, con fecha 16 del pasa- 
do Julio, un oficio en que participa á dicha autoridad que el 
Sr. D. Antonio Kessel, como apoderado general de su her- 
mana política D? Concepción E. de Abreu y como consorte 
de D? Catalina E. de Abreu, está dispuesto á otorgar la es- 
critura de donación de un solar cedido por la Srita. D? Rosa 
E. de Abreu en la ciudad de Matanzas, barrio de Versal les, 
para la construcción de una iglesia en dicho terreno. Su 
Illma. así lo hace saber al Sr. Gobernador de Matanzas para 
que este digno funcionario lo ponga en conocimiento deaque- 
lla Junta Parroquial, á fin de que esta corporación '^designe 
con toda urgencia á la persona que al efecto deba represen- 
tarla en esta capital, sin perjuicio de que acuerde lo que cor- 
responda en orden á formalizar el expediente de construcción 
que existe en su poder, para sacar la obra á pública subasta 
con arreglo al plano, presupuesto y pliego de condiciones 
que deberá extenderse luego que se hayan rectificado las 
listas de contribuyentes antiguos y formado la délos nuevos, 
así en metálico como en especies." El Illmo. Sr. Provisor 
concluye su comunicación participando al Sr. Gobernador de 
Matanzas que él Excmo. é Illmo. Sr. Obispo diocesano habia 
tenido á bien señalar por titular y patrono de la nueva par- 
roquia al Apóstol S. Pedro en conmemoración de haberse ve- 



LA VKBDAD CATÓLICA . 325 

Y'>6cado 8U erección durante el mando y bajólos auspicios de 
dicho Sr. Gobernador, Brigadier D. Pedro Esteban. 



Escuela Normal de Guanabacoa.—E\ juéveñ 25 de Julio se 
/n Auguraron en este instituto los exámenes públicos pertene- 
cientes al presente año de los alumnos que en él se dedican 
i la honrosa carrera del magisterio bajo la sabia dirección 
d^ los hijos de S. José de Calasanz. Asistieron al acto el 
^11 mo. Sr. Regente de la Real Audiencia Pretorial, el Sr. Rec- 
t«^^ ^ de la Real Universidad literaria, el Sr. Secretario de Cá- 
í^ ^ra y Gobierno de este Obispado y otras personas dis- 
*^ «^guidas, y pronunció un elocuente y oportuno discurso, 
4 ^^^ e encontrarán nuestros lectores en otro lugar del presente 
^ ^íimero, el R. P. Jofre, Director de dicha Escuela. Los exá- 
*^^^Bnes continuaron en los días 26 y 27, y terminaron el 28. 



Partida. — Por el último vapor correo raaf chó á la Penín- 

j-^^j^ la el distinguido sacerdote de la diócesis de Cuba Pbro. 

^^- Francisco Mendi, familiar que fué del difunto Sr. Arzo- 

^spo de dicha diócesis, con quien le ligaban estrechos vfn- 

*" ^los de parentesco. 



^ Misa de Réquiem, — Ejecutóse el 27 del mes que acaba de 

^^rminar, en la iglesia de Nuestra Señora de Belén, por 

^oa numerosa retinion de profesores, la notable misa de re- 

^uiem compuesta por el Sr. organista de dicho templo, D. 

^uan Luna. Aunque extraños al arte, creemos que aquella 

Composición fué desempeñada con toda la maestría que era 

^e esperar de tan distinguidos instrumentistas, quienes, de 

paao sea dicho, habian querido dar una cristiana muestra de 

simpatía á un compañero desgraciado, tocando con el mayor 

desinterés en la misa celebrada por el eterno descanso de 

tta difunta esposa- 



trpfl /ííc^ premios, en.cuví 
dedicar "''""''«" *'^"t« 



Julio, en que los RR pd ? , 
costumbre LT ^^■^^- de la( 
fiesta ofició L^ fn'*'"^"/" ««^"to 

Fr. Pablo IfT^íl^P^'^cátodra c 



LA VERDAD CATÓLICA. 327 

cion de esta importante obra, tomo que abraza la relación del 
viaje hecho últimamente á nuestra isla por el Sr. de la Sagra. 
Apenas hemos tenido tiempo para recorrer ligeramente la 
Dueva obra de nuestro apreciable é ilustrado amigo, pero 
desde ahora podemos asegurar á nuestros lectores que en 
ella encontrarán instructiva, grata y entretenida lectura. Se 
halla de venta en casa de los Sres. Charlain y Fernandez, 
calle del Obispo número 114. 



Imágenes y Ornamentos. — Recomendamos á los Sres. Curas 
párrocos, mayordomos de iglesias y personas devotas, la va- 
riada colección de imágenes que* existe en la calle de Com- 
postela número 51 entre Muralla y Teniente-Rey. Hay en- 
tre ellas dos imágenes de Nuestra Señora de las Angustias y 
una del Carmen de buen tamaño para fígurar en el altar de 
un templo; su trabajo artístico es de mucho mérito y el 
precio de estas como el de las demás imágenes de Jesús y 
de Marfa bajo distintas advocaciones y otros santos, es bas- 
tante módico. Se venden también las urnas sin las imáge- 
nes. Ademas hay en dicha casa hermosos cálices y ornamen- 
tos de lujo que pueden adquirirse á precios proporcionados. 
— En la misma se hacen cargo de todo trabajo de escultu- 
ra que se pida, ó de cualquiera comisión ó encargo de imá- 
genes ú ornamentos para Barcelona. Esperamos que los 
Sres. á quienes pueda interesar esta noticia visitarán dicha 
casa y podrán adquirir á precios cómodos, y al momento, lo 
que quizás hubieran adquirido á precios subidos y con mas 
tardanza. Nos prometemos una pronta venta en vista del mé- 
rito y equidad de los objetos. 



Exámenes y distribución de premios en el Real Colegio de 
Belén. — El primero del actual han comenzado los exámenes 
públicos de los alumnos del instituto de educación que con 
tanto celo dirigen los RR. PP. Jesuitas en esta capital. Di- 
chos exámenes terminarán el domingo 11 con la solemne 
distribución de premios, precedida de un pequeño concierto 



1 ' 



""'■ '■'"""■o del ,ef„i 






DomlBiTO 18 de Agosto de iS6Í. 



SECCIÓN RELIGIOSA. 



CIRCULAR 

K«l Bxcs». é lllmo. Sr. OMsp« út la Habana tonvocando á «^rdciot al 
Clero d« la dléceslf . 



K08 DOCTOR DON FRANCISCO FLEIX Y SOLANS, 

POE LA GRACIA DB DIOS Y ÜE LA SANTA SEDE APOSTÓLICA, OBISPO 
DB LA HABANA, CABALLERO GRAN CRUZ DE LA REAL Y MUY DIS- 
TINGUIDA ORDEN ESPAÑOLA DE CARLOS III, Y DE LA AMERICANA 
DE ISABEL LA CATÓLICA, PROTECTOR DE LA SOCIEDAD DE BBNF- 
FICEiNCIA DE NATURALES DE CATALUÑA, CAPELLÁN DB HONOR Y 
PREDICADOR DE NUMERO DE S. M., DE SU CONSEJO, ÓL. ÓL. 

--4 nuestro muy Venerable Dean y Cabildo, Párrocos y dema^ eele- 
tiásíicos del Clero secular y regular de nuestra Diócesis, Salud 
en Núes ir o Señor Jesucristo. 

F.t iratu» tst Uraco in viulitirem: et abiit faceré 
pralium cum rdiquis de semine^ qiti custodiunt 
mándala Dei, ct kabent testimonium JesuChrixti. 

(Apocal. XII. 17.) 

/ACE un año, Hermanos muy amados en Jesucristo, 
que al dirigiros nuestra circular convocatoria para 
los Santos Ejercicios, tomábamos ocasión de las cir- 
cunstancias azarosas y sumamente amargas para el 
corazofi de nuestro amantísimo Padre y Pastor Pío 
IX para manifestaros !a obligación sagrada que tenía- 
mos todos de acudn- en su auxilio por medio de incesantes y 
fervorosas oraciones al que se llama por excelencia y ps con 

vil. — 42 




I> 



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.•i,.,,,,,;, ,f\r '"•■■?''lí¡'-... 

- , •' ''!'i tnoiiiij ,1.. /, 
íg'esia P«ra hacer bíníí"' ^ 

finante "Srtl'r-"'-^;"" 

«^"•í de los astros f '^''[^'»"<Poti 
sales, habi- ti ! ^"""^ ^^•'' fo'^-'s 'c 

temporal del p" a ?'. "^"'^ '^' ^ 



LA VERDAD CATÓLICA. í]3l 

Éste hombre extraordinario que era como el alma del ac- 
tual movimiento italiano, sin contar con la iniJeclinable ac- 
ción de la Divina Providencia, que tomó sieofipre ú su cargo 
la defensa de su Iglesia abandonada y aun perseguida por 
los hombres, los gobiernos y las naciones, cuando llega la 
hora marcada en sus decretos eternos, acababa de lanzar 
con fastuosa arrogancia á la faz del universo católico estas 
insultantes piilabras: *'Roma será de grado ó por fuerza la 
capital del Reino de Italia;'' este hombre ha desaparecido en 
breves momentos de la escena del mundo político y los ecos 
de su poderosa palabra han espirado entre las frias cenizas 
de los muertos ¡ Transivi et ecce non eratl 

Mientras que el inerme y venerable anciano contra quien 
iban dirigidos sus tiros, el pacífico jefe de la cristiandad 
reina tranquilo en el seno de la Ciudad Eterna, confiado úni- 
camente eo la misma Providencia omnipotente que tantos 
prodigio^ está obrando en favor suyo desde el principio de 
su tempestuoso Pontificado, sin que su pecho, lleno de aque- 
lla intrepidez apostólica y sacerdotal que tanto realza el ho- 
nor de ia augusta tiara que su frente ciñe, se haya arredra- 
do ni cedido un punto,* ni por lo imponente y numeroso de 
los ejércitos enemigos que lo rodean, ni por las terribles 
amenazas con que sus enemigos declarados ¿encubiertos han 
pretendido intimidarlo y triunfar de su perseverante cons- 
tancia, ni perlas falaces cuanto seductoras promesas de la 
era de prosperidad y de ventura que aguardaba á la Italia 
una y regenerada^ con las que fingidos amigos del Pontífice 
esperaron, aunque en vano, conmover su corazón bondadoso. 
Resuelto el magnánimo Pió IX á no transigir con ninguna 
pretensión injusta y decidido á sufrirlo todo antes que con- 
firmar con él sello de bU autoridad suprema la usurpación 
violenta y sacrilega de la mayor parte de sus estados, no ha 
retrocedido, ni retrocede ante la perspectiva de las vejacio- 
nes mas inauditas, de las persecuciones y calumnias mas in- 
justas y crueles, ni siquiera ante el peligro inminente del 
cauHverío y de la mi^erte. 

Tal se presenta, amados Hermanos, en este momento el 
Pontífice Romano ante un siglo de incredulidad y de egoís- 
mo, mostrando con sus heroicas virtudes al universo entero 
que es el digno representante de Jesucristo sobre la tierra, 
que es el dignó sucesor de Pedro y heredero de su alta y su- 
prema dignidad, mostrándose también á sus hermanos en el 
sacerdocio católico como glorioso dechado de magnani- 
midad y fortaleza en la terrible lucha que va sosteniendo 



33*¿ LA VERDAD CATÓLICA 

por todas partes la Iglesia contra los hijos del siglo, lucha 
del espíritu de orgullo y de sensualismo, contra el espfritu 
de humildad y de abnegación. Lucha que no se halla cir« 
cunscrita á determinados lugares ni á determinados tiempost 
sino que es la continuación perenne y universal de aque- 
lla gran contienda quf* nos describe con sublimes rasgos el 
Evangelista de Patmos; que empezada en el Cielo en el 
principio de los tiempos, no se terminará por completo hasta 
la consumación de los siglos. Factura est prCBlium magnum in ^ 
Calo. De esta gran lucha entre el prgullo de la razón diMÍi- 
cada por la impiedad de nuestro siglo, y la humildad de la 
Cruz deificada también por el Verbo humanado, somos noso- 
tros testigos como hombres, y en ella debemos ademas to- 
mar parte muy activa como cristianos y mincho mas como 
ministros del nuevo Testamentos y tanto mas cuanto vemos que 
se va empeñando de dia en dia con nuevo ardor y con ince- 
sante perseverancia; tanto'mas cuanto no se trata ya de un», 
lucha terrena, de un efímero triunfo ó de una corruptible co — 
roña, sino que se trata de un combate entre el Cielo y el In - 
fiemo, entre Miguel y Satanás, entre los hijos deDiQS en cu- 
yos estandartes augustos brilla con radiantes caracteres la 
iiímortal divisa del Príncipe de la milicia celestial: Quis »r. 
Deusl y los hijos de Satán en cuyas negras banderas se des- 
cubre en caracteres de sangre y de fuego la divisa del Ar- 
cángel prevaricador y maldito: Eritis sicut Dii! 

¿Y quién hay entre vosotros, amados Hermanos, que no 
haya percibido los funestos y anticristianos ecos que repiten 
con celeridad espantosa en los cuatro ángulos de la tierra, 
por las mil y mil voces de la prensa, los enemigos de Jesu- 
cristo, y de su Iglesia resonando por do quiera el grito de 
muerte: Destruid, destruid y seréis como Dioses: Eritis si- 
cut Dii. Destruid, destruid el poder temporal del Papa pa- 
ra poder en seguida atacar con mejor suceso su poder espi- 
ritual y echar por tierra el prestigio y dominio que ejerce 
sobre las conciencias de tantos millones de católicos que le 
reconocen por su Pastor Supremo y Padre de sus almas. Dí- 
rumi)amtis vincula eorum, et projiciamus á nobisjugum ipaomm. 
— Eritis sicut Dii. 

Destruid, destruid el influjo y la autoridad del Episcopa- 
do Católico, denigrando, si otra cosa no podéis, sus miras y 
sus intenciones, acusándole de avaro y ambicioso, presen- 
tándolo al incauto y sencillo pueblo como lleno del espíritu 
de dominación y de intolerancia. Dirumpamus vincula eontm 
et projiciamus á nobisjugum ipsorufn. — Eritis sicut Dii! 



LA VERDAD CATÓLICA. 333 

Destruid, destruid la benéfíca y social acción del clero so- 
bre las masas, clamando continuamente contra sus pretendi- 
dos desórdenes, acusándolo de ignorante y fanático y de no 
buscar en el desempeño de su ministerio pastoral mas que 

los emolumentos temporales. Dirumpamus vincula eorym. 

Erüuncut DO! 

No respetéis nada de cuanto pueda oponerse á vuestra 
obra de destrucción, ni Historia, ni Crítica, ni sana Filosofía, 
ni Autoridad alguna divina ó humana; negad la divinidad 
de Jesucristo, la infalibilidad de la Iglesia, la obligación de 
santificar las .fiestas, de observar los preceptos de la absti- 
nencia y ayuno, de sujetarse al dulce y benéfico yugo de la 
Confesión y de la Comunión, repitiendo altamente y con 
inaudita osadía que ha llegado por fin la hora de la emanci- 
pación intelectual y mo^al de los pueblos; que es ya tiem- 
po de que arrojen lejos de sus encorvadas y degradadas cabe- 
zas la lérrea coyunda de la superstición, esto es de las creen- 
cias y prácticas religiosas, y entonces quedará regenerado y 
ennoblecido el linaje humano y empezará el feliz imperio del 
Verbo Humano sobre las ruinas del imperio del Verbo Divino. 
DirumpHmus vincula eorum et projiciamux á nobisjugum ijyso- 
ruml — Eritis sicut Dii. 

¿Y á quién, sino á vosotros, toca, Sacerdotes del Señor, 
oponeros como un muro por la casa del Señor, contra las 
maquinaciones de sus enemigos? Cuantas veces ha peligrado 
la causa de Dios en la tierra, vemos que su Majestad ha 
buscado Sacerdotes para defenderla. Esto nos enseñan los 
siglos, esto las historias, esto las páginas del antiguo y nue- 
vo Testamento. Aquel Suscitaba mihi saccrdotem fiddem^ es, 
por decirlo así, el recurso de Dios en todo tiempo. Sacerdo- 
tes opone á la heregía, sacerdotes presenta á la impiedad, 
y hasta á los malos sacerdotes resiste con sacerdotes virtuo- 
sos y santos. Por eso las armas de los enemigos de pios ases- 
tan al sacerdote sobre todo. No pueden tolerar un sacerdote 
Rey, ni un gobierno sacerdotal, ni educación dada á la ju- 
ventud por sacerdotes. Quieren hacer desaparecer de la es- 
cena del mundo al sacerdote; taparle la boca, relegarle al 
Santuario, reservándose para después el aplastarlo bajo sus 
ruinas. 

¿Y será posible que un sacerdote haga alianza con sus en- 
carnizados enemigos, tome su espíritu, siga sus máximas, 
abrace sus doctrinas? 

No creemos haya en nuestra Diócesis Hermanos muy ama- 
dos, quien se haga reo de .semejante inconsecuencia. Mases- 



3;i4 



LA VERDAD CATÓLICA. 



tü no basta* Necesario es tomar la ofensiva; porque á nadie 
mejor que á loa aacerdotíis se aplir.au aqnellas |mfabratt 
Qtü non mt mecum^ contra me eaf- El Sacerdote que se duer- 
iiie pii UD ocio fatal t secando I oí? planes del enemigo, no mé- 
no.í! que el general dormido miéntríis los sitiadores asaltan 
la p\-á7A\ que él diibín defender. 

Y Ácon qué armas hemos de combatir? No con otras que 
con las armas que nos indica el apóstol S. Pablo: Arma mi- 
litice 7iostr<t non carnatia sunt. Nuestras armas son la oración, 
nuestras armas son la unión con Dios, nuestro Capitán su- 
premo é invisible, que echa mano de los pequeñuelos para 
destruir á los fuertes. Con la oración derribaremos los ma- 
ros de Jericó. De la oración saldremos, como los Apóstoles 
del cenáculo, sin temor de las potestacíes del infierno, he- 
chos terribles á sus secuaces. 

¿Mas dónde mejor que en los Ejercicios Espirituales, ha- 
llaremos el cenáculo, y la casa de oración, y las armas espi- 
rituales que necesitamos? La experiencia de lósanos ante- 
riores os ha debido enseñar lo que vale para el sacerdote es- 
te celestial retiro (mi que se [>uri(ica <1^' las manchas eon traí- 
das durante el año, se insiruye en 'o eoneiM'iiienttí á su alta 
misión, se prepara á los combativa, se anima, se robustece, 
se hace un hombre nuevo. Por esto rjo dmlamos oiréis con 
júbilo la nueva invitación que os Jiac<'mos este año, llamán- 
doos á los Santos EjíMcicios, que bajo nuestra presidencia y 
dirección délos PP. de la Compañía de Jesús, darán primu- 
pio en el Colegio de ReJen en la nocbe del Domingo 2'¿ del 
próximo mes de Set¡(íml)re y concltiirán el Domingo 2\) del 
mismo, en el modo y íorma que tenemos prevenido en nuestra 
circular número 90. 

Quedamos esperanzados corresponderéis á esta invitaciim 
y vendréis gtistosos á uniros en un corazón y un alma bajo 
las alas del espíritu de Dios que ha de cobijaros. 

En nuestra Santa y Pastoral visita de Jaruco, á lo de Aíj^os- 
to de 1861. 

Fh'ANOlSCO. Obispo de la Habana. 



Por mandado de 8. E. I. — Pedro Sanchrz, Secretario. 



LA VERDAD CATÓLICA. 335 

QUEJAS DE NUESTRA SEÑORA DE LA SALETA 

A LOi PEOFAHAMEES DEL DOSIHM. 



Como una continuación natural de nuestro anterior artícu- 
lo sobre la profanación del Domingo, y puesto que La 
PreBsa de la Habana del dia 9 del corriente vuelve áocupar- 
He de este asunto, haciendo alusión á una reclamación de los 
dependientes de Sagua en el mismo sentido que la de los de 
Matanzas, con el fin de que se cierren los escritorios y esta- 
blecimientos los Domingos; queremos completar cuanto en 
nuestro primer artículo dijimos sobre tan grave materia, con 
la narración de un hecho portentoso, en que se maniñestáii 
los lamentos de la Madre del Salvador y sus amenazas á los 
que violan el precepto de guardar el dia del Señor. Esta es- 
candalosa infracción fué una de las principales causas de la 
reciente aparición de la Santísima Virgen á dos pastorcillos 
en unsí de las montanas de los Alpes, correspondiente al ter- 
ritorio de la íliócesis de Grenoble, en Francia. Pero ya nos 
f carece que una sonrisa de desden asoma ligeramente á los 
abios de algunos incrédulos, que nos dicen: **CreeÍ8 en mi- 
lagros en pleno siglo XIX: vuestra fe sencilla os arrastra ala 
superstición: pasó la época de oscurantismo en que se dio 
crédito á los milagros: las tinieblas de esa época han sido 
ahuyentadas por las luces de nuestro siglo." Creemos sí, 
— couteataremos á esos espíritus mezquinos, á esos corazo- 
nes »in creencias, — creemosen la existencia de los milagros, 
|>orqac vemos marcado con profunda huella el paso del Om- 
ni[»otente do quiera dirigimos nuestra vistfi: las armonías de 
la creación, las bellezas de la naturaleza, el testimonio ínti- 
mo de nuestra conciencia, todo nos revela lá existencia de 
«ese Ser supremo, Omnipotente, á cuya palabra el universo 
se vio iimndado por océanos de luz, á cuyo mandato lasólas 
entumecidas se postran ante el grano de arena que las cir- 
cunda, y á cuyo soplo el hombre se levantó del cieno, y se 
elevó basta Dios. Si rehusamos nuestro testimonio á los mi- 
lagros, caemos en el mas estúpido ateísmo, porque es incom- 
patible concebir la existencia de Dios con la negación de la 
existencia de los milagros; y si admitida la creencia de ese 
Dios, causa y principio de todo cuanto existe, negamos la 



MU itry «icroíía (Mi (leteniiinaiio.^ 

tfidas para el r»'giinrn de sus m\ 

mi labros, toda nuestra fe eató 

tra religión se anonada, y to( 

Las promesas de una vida sobi 

tra-tumba, ¿existirían sin el mí 

nuestros cuerpos en el dia fin 

existencia del Hombre-Dios, ¿n 

la unión de la humanidad coi 

culto de fe y de amor á la Vi 

redentora del Hombre, ¿no tier 

su Maternidad Divina? El homt 

fesamos á los libros bíblicos, ¿no 

te á los infinitos milagros que en e 

resumir en uno todos los milagros, 

tentosos el establecimiento del c 

cion de la Iglesia de Jesucristo tr{ 

combates por Reyes, por tiranos, 

nos, por filósofos, y hasta por vosol 

creencias, corazones áridos y marcl 

nos preguntáis con desden si creen 

Que estos hubiesen sido muy frec 

glos del cristianismo, y mucho mas 

ne su explicación; pero de confesar 

manifestaciones milagrosas, á incurr 

de su existencia pasada, presente ó 

inmenso. Un verdadero católico \m 

pero sin negar jatnas la posibilidad 

tente que hace seis mil ur^.^c »...-.~~ 



La verdad católica. 337 

rodearon al cristianismo en su infancia. Los milagros como 
hechoB extraordinarios perderían mucho de su influencia con 
8U frecuente repetición, que los convertiría en hechos ordi- 
fiarios; sin que por esto dejen de existir muchos de esos he- 
chos maravillosos, que por no llegar á nuestro conocimiento, 
ó por no herir suficientemente nuestra imaginación, no son 
menos ciertos y positivos. 

Nuestras creencias en este punto no nos arrastran á la 
superstición; pues así como censuramos la negación abso- 
luta de los milagros, censuramos también la indiscreción de 
prestar fea cuanto se nos refiera tocante á manifestaciones 
milagrosas. Solo la Iglesia está autorizada para calificar ta- 
les hechos después de mil y mil investigaciones, que alejen 
todo motivo de sospecha ó duda. Las disposiciones eclesiásti- 
cas, y sobre todo el Concilio de Trento en su sesión XXV, es- 
tablecen que: ''tampoco se han de admitir nuevos milagros.... 
á no reconocerlos y aprobarlos el Obispo," 

Supuesta la posibilidad de los milagros, como consecuen- 
cia inmediata de la Omnipotencia Divina, vamos á relatar 
breve y sencillamente el hecho portentoso que indicamos al 
principio. 

El dia 16 de Setiembre de 1840 dos pastorcillos, Maximi- 
no y Melania, conducían juntos sus rebaños por una de las 
montañas de los Aipes, no lejos del monte Gargas. A eso 
del mediodía, después de haber comido frugalmente, durmié- 
ronse á alguna distancia uno de otro. Al despertar Melania, 
viendo que las vacas se habían descarriado, despertó á Maxi- 
mino para ir en su busca, pero al repjresar quedaron ofusca- 
dos con una claridad deslumbradora; no quedándoles duda, 
pocos momentos despues> de la aparición de una Señora que, 
radiante de luz, estaba sentadaal lado de una fuente, á la sa- 
zón seca, en ademan pensativo y melancólico. Ambos niños 
quedaron sobrecogidos, pero Itívantándose la Señora con los 
brazos cruzados, y dirigiéndose hacia el los, les dijo: 

"Acercaos, hijos^mios, no tengáis miedo: he venido aquí 
para daros una gran noticia." 

La Señora, derramando copiosas lágrimas, continuó ha- 
blándoles en estos términos: 

'*Si mi pueblo no quiere someterse, iiO puedo ya contener 
el brazo de mi Hijo. 

*'Es tan fuerte, tan pesado, que ya no puedo detenerlo. 

"¡Cuánto t¡em|>o ha que estoy sufriendo por vosotros! '*Si 
mi ílijo no os ha abandonado, es porque le estoy rogando 
de continuo, 

VII.— 43 



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mas ál « : ^.«^«"t^ré é iré á mi n, 
mas «I Santuario, ¿q„éi„fl,..n.,Tl' 



LA v£r1>ád católica. 339 

iglesia sobre aquella pobre alma, tan endurecida como de- 
gradada?. ... 

Este grave mal ha sido causa de que se hayan fundado va- 
rias asociaciones religiosas en Francia y en otros países para 
la observancia del Domingo, habiendo sido elevada á la cate- 
ggjría de Archicofradío por Nuestro Santísimo Padre Pió IX, 
en 30 de Julio de 1847, la promovida por el Sr. Obispo de 
Langres con el título de: ^^ Asociación reparadora de las blasfe- 
mias y déla violación del Domingo ^^"^ ^n la cual se comprome- 
ten sus miembros á no proferir jamas blasfemias ni impre- 
caciones, y á no trabajar los Domingos sin necesidad y com- 
petente permiso (art. 4?), así como á reparar por sus oracio- 
nes aquellas infracciones, siempre que no pudieran impedir- 
las (art. 6?). 

Hombres profanadores del Domingo, oid á María: oíd que 
con copiosas lágrimas os anuncia que ya no puede contener 
el brazo de su Hijo, y que si Este no os ha abandonado, es 
porque de continuo le está rogando por vosotros, pero que 
ya aquel brazo omnipotente está próximo á descargar sobre 
vuestras cabezas 

En nuestro anterior artículo nos hemos dirigido á la razón 
de aquellos que infringen el día del Señor, haciéndoles cono- 
cer su grave falta y la pena en que incurren: en el presente 
hernos querido dirigirnos al corazón de esos mismos hombres 
presentándoles las quejas de María que, siempre amorosa, 
nos animcia que la infracción del Domingo es una de las 
causas principales del enojo del Señor, próximo á hacerse 
sentir si nuestra enmienda no detiene el brazo de su indigna- 
ción. Creemos que siestas páginas arrebatadas por el viento 
llegan á las manos de algunos profanadores del Domingo, y 
estos no han abdicado su razón, ó no han cerrado su corazón 
á todo sentimiento de sensibilidad y ternura, de alguna uti- 
lidad puedan serles los lamentos de María, para decir de lo ín- 
timo de su corazón: "Perdón, Señor, por el tiempo perdido 
durante el santo dia del Domingo. He dedertado de vuestro 
santuario en aquellos dias en que vuestros fieles servidores 
se recreaban en santas y puras alegrías en vuestra casa, 
mientras que yo prefería entregarme á las duras fatigas de 
un trabajo sin descanso, ó de un ocio im provecho, ¿aced 
que repare esta inmensa desgracia, consagrando en adelante 
á vuestro servicio todos los instantes de aquellos dias que os 
están dedicados. Señor, suspended el brazo de vuestra indig- 
nación María, enjugad vuestras lágrimas vuestro 

hijo llora sus faltas.'' 

J. R. O. 



I>lsf iirNO leido por su autor en la noch 
Real Col€g:io de Huní 

El siglo actual ea el siglo de 
con su planta la tumba de diez 
empresas y proyectos colosales! 
distancias y unidos entre si los i 
mar y el telégrafo llevando con 
Sarniento de un punto á otro; el 
á sus deseos, dominando las agua 
tierra, buscando en todo el secre 
mentó de progreso; vemos este n 
el mundo, y parece que sale de si 
giones superiores queriendo hun: 
da á lo que no la tiene. Vemos e. 
los pasados siglos, y creemos pode 
y trazar un Jion plus ultra en las co 
que cual nueva Babel, pretende II 
allá. Mas este siglo, á manera de 
sus entrañas un cáncer de muerte 
encendida, lleva, á pesar de sus vi 
fero en su seno: su indiferentismc 
olvido de las leyes de Aquel por 
descubre, y que son las únicas rey 
peridad en todo. ¡El siglo cieñe t;i 
el alma, sus fuerzas enervadafí! Ni 
te sin la moral, y esta hoy no prev 
mientras abre su corazón á nuevo; 
nuevos descubrimí^..^*^- 



LA VIRDAD CATÓLICA. 341 

necesita uq dique que cootenga el torrente de sus ideas; un 
áncora que mantenga firme su nave contra el mar y el viento, 
un pan de ciencia y convicción que sacie el hambre que pro- 
ducen en su espíritu la incredulidad y la duda; necesita un 
libro en que estudiar su verdadera marcha progresiva, una 
fuerza que equilibre su adelanto físico con su adelanto mo- 
ral. 

E^tosolo puede hallarse en esa religión sabia que estable- 
ció su cátedra de enseñanza en medio de las grandes revolu- 
ciones que causó en el mundo su aparición; esa religión que 
todo lo sabe, todo lo regula y lo fomenta, puede sola hacer 
que brille en el Sinaí del mando el arco de alianza del siglo 
y la reliffion, que se celebre el casto desposorio de la razón 
y delate. ¿Quién, sino ella, puede convertir al nuestro en un 
siglo modelo? Antes de su fundación caminaba la sociedad 
al borde de su ruina, y todo parecía pronunciar una senten- 
cia de muerte contra la triste humanidad; pero allá en el 
horizonte brilló la estrella del Cristianismo; saludó el mundo 
la verdad, y quedó derrotada la mentira; la barbarie detuvo 
8U cuchilla, y la civilización tendió su manto sobre lof) pue- 
blos, las ciencias entonaron el himno de victoria, y el igno- 
rante recibió la luz de la sabiduría; todos se unieron por el 
lazo del mutuo amor, y tuvieron vida los que estaban senta- 
dos en las oscuras sombras <lel error y de la muerte! Se alzó 
radiante la humanidad regenerada sobre las tristes ruinas de 
la humanidad caida. 

De igual modo la sociedad presente puede alzarse con ver- 
dadera gloria mediante esa misma religión y hacer completo 
y santo su progreso; ella admite el cristianismo, pero quiere 
modificarsus leyes, acomodarle á sus ideas, ceñirle ásu ca- 
pricho y reducirle á un pobre materialismo; vemos por eso 
que muchos forman un dios de sus pasiones, y no creen en 
nada mas allá del círculo en que se mueven. Habladles de 
moral y de virtud y exclamarán: *^Ese es un insulto á la ¿lustra- 
cum*\ y hasta el imberbe joven lanza su carcajada á los mas 
santos principios. Se piensa que todo está en poder del hom- 
bre y que fué colocado en el mundo para gozar durante su 
carrera; y en su loco orgullo santifica el vicio, se hace fuer- 
te en sus errores, y forma un triste remedo de los hombres 
del Paganismo. Y sin embargo, los hombres del siglo actual 
conocen la importancia de esos principios y no inauguran 
una obra de la ciencia, del arte ó de la industria, no esplotan 
un elemento de prosperidad sobre el cual no invoquen la 
protección del cielo; así brilla la cruz en el hilo del telégra- 



342 LA VERDAD CAT^LÍCA. 

fo, en la rueda del vapor, ea la primera piedra de un edítícicff 
en todo cuanto emprende el hombre. Ved ahf probada por 
él mismo, en virtud de una fuerza extraordinaria, la necesi- 
dad de una religión que todo loinaugura, lo preside j lo san- 
ciona. El hombre del siglo por lo común no ama la religión; 
pero la busca, y ella acude cual buena madre al clamor del 
hijo ingrato. Pues bien: es necesario que este hombre la 
ame verdaderamente y la siga sin rubor, que sean mas sóli- 
dos los altares de su fe y las bases de su moral, que no se re- 
chacen como contrarias á la sociedad. Ellas tienden á su 
bien, y el Cristianismo es eminentemente social. Es preciso 
que el médico ponga la mano en la llaga de la enferma so- 
ciedad del siglo XIX, y prevenga la gangrena moral que 
puede destruirla. 

Esto toca prevenirlo á los maestros por medio de una en- 
señanza sólida basada en la sana moral del Evangelio, descui- 
dada por desgracia en nuestros dias en muchos institutos de 
educación. Cristo evitó la muerte de la humanidad por me- 
dio del magisterio que de él heredaron sus discípulos cuando 
les dijo: **Id y enseñad á todas las naciones." Su palabra 
constituyó maestros á los sacerdotes, y ellos han venido de 
siglo en siglo al frente de todas las civilizaciones, desplegan- 
do siempre él espíritu inmortal del Maestro de los maestros. 
Como los astros reciben del sol su luz, ellos la rdeibieron de 
él, y al rayo de esta luz esplendorosa huyeron las tinieblas 
que envolvian al mundo; y no hubo para él virtud ni verdad 
desconocidas, elemento oculto ni ciencia velada. '^Vosotros 
sois la luz del mundo," les dijo. A ellos tocaba mostrarle con 
claridad sus sendas La razón guiada por sí misma marcha 
por sendas extraviadas; £:uiada por Dios camina por sendas 
rectas. Los ministros de Cristo, maestros de la razón, la di- 
rigen y conservan. "Vosotros sois la sal de la tierra," les 
añadió el Maestro y continuó: "Os daré fuerza de palabra y 
sabiduría á que no podrán resistir vuestros enemigos;" les 
prometió su asistencia é hizo sus labios depositarios de la 
ciencia para que en ellos la buscasen los pueblos, como dice 
el Sabio; y por esto es que ellos la buscaron; y á la sombra 
del sacerdocio surgieron grandes hombres que fijaron el or- 
den y prosperidad de los pueblos, do quiera que sonó su voz 
y sus obras se mostraron. ¿Quién puede enumerar los bienes 
que trae al mundo la enseñanza del sacerdocio? El da al 
hombre c;aanto puede hacerle feliz en la tierra y asegurarle 
la posesión del cielo; poniendo en consorcio la virtud y la 
verdad, produce la reforma de los pueblos y los lleva por 



LA VERDAD CATÓLICA . 343 

igual camÍDo al mismo su premo^fín. Sin este magisterio se- 
ria el mundo un vasto cementerio envuelto en los horrores 
de una noche tenebrosa, un piélago de desgracias, un abismo 
de perdición. ¿Quién negará la influencia del sacerdocio en 
la ilustración y reforma de los pueblos? ¿Cuándo se ha opues- 
to á las ciencias naturales? Cuándo ha alzado muros á la mar- 
cha del progreso? ¡Nunca! ¡responde la historia; nunca! res- 
ponden desde su tumba los pasados siglos. 

Se ve que el sacerdote por su misión augusta puede influir 
en el perfecto progreso del siglo actual llevando la juventud 
por un camino fácil y florido al país de la felicidad, poner en 
completo equilibrio los intereses materiales y morales y tener 
al hombrejunto al hombre sin separarle de Dios. Pu^de obje- 
tarse: ''Ha habido sacerdotes que han perdido á los pueblos:" 
eso no es una regla; los males de un individuo no son los de 
todo un cuerpo. ¿En qué sociedad falta un Gavazzi, en qué 
a{fóstolado un Judas? Cortada la rama seca de un árbol, este 
permanece en toda su lozanía; extinguida la llaga, el cuerpo 
queda sano. Diremos que resaltan mas las faltas de estos 
maestros que las de los seglares, y por tanto debe ser mas pro- 
lijo su cuidado en cumplir la misión de aquel que trajo la en- 
señanza cierta y mantiene la ciencia en la mente de los sabios. 
Busque el siglo la ciencia y la verdad en los principios reli- 
giosos. Sin ellos carecerá de fuerzas para elevarse, rallará en 
sus cálculos, errará en su voluntad; nada hará por sí, porque 
le faltará la vida, y un cuerpo sin vida no tiene acción ni mo- 
vimiento, y nada puede dar. Solo la enseñanza religiosa, de 
acuerdo con la civil, hará que brille en todo tiempo para el 
hombre el diaclaro del progreso y la verdad, tras la oscura 
noche del retroceso y la mentira; solo ella le llevará al centro 
de la luz, al goce de toda felicidad. 

Entonces no sucederán las lágrimas al triunfo, ni morirán 
las nms dulces esperanzas. El siglo seguirá una senda recta 
y sin espinas; será mayor su prosperidad; santificada verá la 
obra del pensamiento; se estrechará la unión de los indivi- 
duos; surgirán instituciones útiles; la religión pondrá su ma- 
no entre el pecho del hombre y el filo del acero; reinará el 
ángel de la paz; el espíritu reformador del Cristianismo se ex- 
tenderá por todas partes, y confundido el ángel de la guerra, 
los cañones, profetas de la muerte, solo anunciarán en salvas 
estruendosas los triunfos de la religión, el progreso universal 
de la humanidad. 

Dignos son, por tanto, de protección los colegios dirigidos 
por sacerdotes consagrados al bien de la juventud; dignos son 



la ciencia y la viitutl, y nada te í 
rera. Tú no Jiznoras (|ue el Crist 
la en. sena (iza para comunicarla; 
ciencias huian de la persecuciou 
con ellas civilizó los pueblos; as 
den secularizar la ciencia separa i 
siempre estarán juntan, sin que n 
tu frente satisfecho, porque ves h( 
dos tus esfuerzos, y porque todas 
sola para adornar tu frente. Oont 
trándolesel buen camino, y maña 
porción hermosa unos hijos que U 
unos miembros útiles te deberá en 
Y vosotros, Señores, los que hal 
estas noches los adelantos de una ji 
ahora sois testigos de los premios q 
y el talento de los que deben re 
conmigo vuestro gozo. Estos niños 
nueva generación. Alentad en ellos < 
tra mano; porque el hombre es sem 
que siembra, y si los que entre vos( 
lia descuidan la educación de su( 
nada les deberá la sociedad. Busq 
del árbol de la ciencia un dulce rep 
gion docente que todo lo reforma ] 
en los pórticos desús templos y á 
á «sa juventud llamada por el prir 
vida, y no con frivolas esperanzas 
visiones. J^»*'=' 



LA VEKDAD CATÓLICA. 345 



LA COSnOOONIA DE MOISÉS. 



' Moisés, al principio del mundo, nos muestra la tierra ro- 
deada de agua, y ofreciendo á la vista como un escollo per- 
dido en medio de la inmensidad. Dt>stinadasá ser habitadas, 
esas grandes masas de agua hubieran sido un obstáculo á los 
designios de Dios. El Eterno creó pues el firmamento, que 
separó las aguas, y fué puesto entre unas y otras, cual valla- 
dar insuperable. Porque á la voz de Dios, la mayor parte de 
esas aguas, reducida .sin duda á sutilísimo vapor, se elevó por 
medio de un movimiento rápido, para ocupar su puesto mas 
aliü del firmamento, y lo restante de ellas se reunió en tu- 
multo, y se precipitó en los abismos del mar. 

Esas aguas, situadas sobre el firmamento, han puesto en 
juego la sagacidad de los intórpnítfs y comentadores de las 
Sagradas Escrituras; pregnntándoise estos, si esas aguas supe- 
riores eran distintas de las nubes que flotan en la atmósfera, 
qué lugar las encerraba, cuál era su utilidad en esas regiones 
elevadas, y si la ciencia moderna podia oponer serias obje- 
ciones á su existencia. 

Algunosintérpretes, para simplificar la cuestión, han dicho 
que esas aguas no eran otra cosa que las nubes que se ciernen 
sobre nuestras cabezas. 

Aunque semejante parecer no sea contrario á la fe católi- 
ca, como nos lo hace observar S. Agustín, en su ComtMitario 
sobre el Génesisy nada se aventura aseverando: que dicho sen- 
tir se aparta de la interpretación común de los santos Padres, 
y que hasta es opuesto á la letra del texto. Porque fa voz 
hebrea que corresponde al finnamento significa una región 
elevada, como la que ocupan los cuerpos celestes. En el fir- 
mamento fué, en efecto, donde Dios puso la luna, el sol y 
las estrellas; solo pues impropiamente y por extensión se da 
ese nombre al aire grosero que respiramos. '*Ld8 nubes, nos 
dice Dugueten su explicación sobre el Génesis^ compuestas 
de los vapores del mar y de las aguas que riegan la tierra, 
se hallan destinadas á producir las lluvias y á devolver á la 
tierra lo que le han quitado. Así puiís, no son ellas las aguas 
supuriores, ni menos aun el firmamento, que de éstas las se- 
para. Solo la especie de aire que existe entre las nubes y el 

VII. — 44 



á46 LA VRRDAD CATÓUCA. 

mar puede llevar ose nombre; mas es visible que dando al 
firmamento límites tan estrechos, no puede decirse, en nin- 
gún sentido racional, que Dios puso en él el sol y las estre- 
llas." 

Por otra parte, resulta del capítulo II, v. 6 del Géiteiív, 
que en el segundo, y aun en los seis primeros dias, ninguna 
nube habia aparecido. 

En fin, las Sagradas Escrituras distinguen las aguas supe- 
riores de las nubes. Los tres niños en el horno invitan á las 
aguas, superiores del firmamento, á que alaben al Señor: 
AqtuE amncs quce super codos sant. Y poco después dirigen á 
las nubes igual invitación: Benediciíe nubes ccdi Domino. 

El Real Profeta establece igual distinción en el Salmo 
CXLVIII. Habla primero de las aguas situadas mas arriba 
del cielo: Aqu(B omnes quce super codos sunt luudent nomen Do- 
mini; y después de las aguas de las regiones inferiores: Nix^ 
glacies^ spiritus procellarum. 

El sabio Belarmino, comentando este Salmo, pone fuera 
de toda disputa la existencia de esas aguas, que colocadas 
en las regiones inaccesibles del firmamento, no deben con- 
fundirse con las nubes. Da por razón de ello que el salmista, 
después de haber hablado de los cielos, ccsli ccslorum, añade 
inmediatamente: y todas las aguas que están en el cielo, 
dándonos por ahí á entender que ese cielo, donde están las 
aguas, se llama cielo de los cielos, 6 sea la región mas ele- 
vada: ?]am hoc loco indicat prophefa eas csse super crelos arlo- 
rum, qu'ui cum dlxisset laúdate cum casli nielorum, mox adjuf^it 
aqu(t omnes quce super ccrIos sunX, ülos videlicet quos immediate 
nominaveraí caslos ccelorum. Dios extiende el cielo como un 
pabellón, y cubre de agua las alturas de los cielos, dice el 
profeta: Q^tii tcgis aquis superioris ejus, es evidente que las al- 
turas de los cielos no pueden aquí referirse á las regiopes in- 
feriores donde están las nubes. Se trata, pues, en este lugar 
de las aguas situadas mas arriba del firmamento. 

Conclusi&n: las aguas superiores al firmamento son dis% 
tintas de las nubes. 

Tal es la opinión común de los Padres y de los comenta- 
dores de las Sagradas Escrituras; pues bien que haya entre 
ellos divergencia de opiniones acerca de algunas cuestiones 
accesorias é incidentales, relativas al lugar que ocupan esas 
aguas, á su naturaleza, y á su utilidad, todos los Padres, á 
excepción de un corto námero, enseñan que no son las nu- 
bes. (S. Basilio, Homilia III; S. Juan Crisóstomo, Homilía 
IV» sobre el Génesis'^ S. Ambrosio, Hcxatnerotiy cap. III 6 IV; 



LA VICRDAD CATÓLICA. Sií 

S. Agustín, lib. n sobre el Génesis; y entre los comentado- 
res, Tirino, Menoquio y Belarmino). 

Mas ¿cómo pueden esas aguas superiores permanecer sus- 
pendidas en el firmamento? Nada estorba que diseminadas por 
el espacio, se hallen en conexión con los cuerpos celestes, 
cuyas evoluciones siguen, por medio de la atracción. Mas si 
tomando al pié de la letra estos pasajes de las Sagradas Es- 
crituras: Utiruim dirumperes ccel^s et descendisses (Isaías, cap. 
LXIV). Tu/orsiínn cum eo/abricatus es ccslos gui solidissimi 
qunsimrefusi sunt (Job. cap. XXXVII). Aperti sunt cceli (S. 
Mateo, cap. III, v. 16). CataractiB ccrü apertce sunt (Gen., cap. 
VII, V. 11): Oh! si rompieras los cielos y descendieras! ¿Acaso 
tú juntamente con él tabricastes los cielos, que son muy sóli- 
dos, como si fuesen vaciados de bronce? Los cielos se abrie- 
ron. Abriéronse las cataratas del cielo," y otros textos seme- 
jantes, indicando que el cielo no se abre sino violentamente, 
se admite U solidificación de la bóveda celeste, la dificultad 
se encontrará muyiam inorada, pues esa solidificación misma, 
formada de gases, vapores y aire, reducidos al estado de hie- 
lo, por el frío excesivo, sostendrá las aguas superiores. 

Libre queda cad)» uno de abrazar ó rechazar este sistema. 
Lo cierto es que ák cabal cuenta de la separación de las 
aguas superiores é inferiores por medio del firmamento. 
Adoptado por un gran número de Padres, ha sido seguido 
por varios comentadores. Tirino, ese intérprete tan juicioso 
«le las Sagradas Escrituras, sobre estas palabras: ''Dios hizo 
el firmamento," nos enseña que Dios formó el cielo, reducien- 
do una parte de sus aguasal estado de hielo liso como un 
cristal, y consolidándolo como el metal en fusión, y que de- 
jado lo restante de las aguas abandonado á su naturaleza, las 
roas ligeras se elevaron mas allá del cielo, mientras que las 
mas pesadas se quedaron debajo: Nam partem aquarum instar 
chrysialU conglaciando et ut ees fasum consolidan ao vastos effor- 
mahdtj reliquis aquis naturce suce relictis, suhtilioribus quidem su- 
pra ccd^s^ crassioribus sub caslis. 

£1 sabio geómetra Mr. Poisson parece dar la palma á es- 
te sistema, pues según él, á cierta altura, aire, vapor, gasj 
todo está solidificado á causa del frío, y se forma en torno de 
la atmósfera una capa sólida de vapor vasicular, donde iria 
á anodadarse la expansibilidad indefinida de la materia pro- 
pia de las substancias gaseosas (sesión de la AcaJemia de Cien- 
cias, 20 de Noviembre de 1837). Probablemente á la presen- 
cia de esas aguas superiores, semejantes en el cielo á un in 
menso refractor, se debe esa claridad con la cual los relámpa- 



34S LA VERDAD CATÓLICA. 

g08 de calor, tan distantes de nuestro horizonte, nos trazan 
á alturas incomensurables, bajóla forma di3 una media esfe- 
ra, la configuración de la tierra. Es hoy un hecho probado: 
que los relámpagos de calor no son relámpagos primordiales, 
sino simplemente la reverberación de relámpagos ordinarios 
originados en me«]io de una tempesta)!, cuya vista directa se 
halla impedida por la redondez de la tierra. Pero permane- 
ciendo fuera de todo sistema, ¿se tiene la certeza en física de 
que haya una gravedad absoluta, y de que un cuerpo no de- 
ba la suya al encuentro de otro cuerpo que ejerce su presión 
sobre é\1 ¿No confiesan los sabios que las leyes sobre la gra- 
vedad no son conocidas sino imperfectamente, y que, en una 
infinidad de circunstancias, escapan á las investigaciones y 
al análisis de la ciencia? LosSres. Bixio y Baral en su viaje 
aereonáutico de 1850, refieren que en la estación mas eleva- 
da, á 7000 metros, llegaron á una nube de mas de una legua 
de espesor, llena de agujas de hielo; esas agujas no caian, si- 
no que permanecían suspendidas en*la nube. Un sabio, dan- 
do cuenta á la Academia de semejante fenómeno, se pregun- 
taba cómo era que aquella masa borrascosa podia sostenerse 
en una atmósfera menos densa en una tercera parte ó una 
mitad que el aire viciado del suelo, y declaraba que la cien- 
cia, no obstante sus progresos, no da solución alguna satis- 
factoria. 

Conclusión: Las leyes sobre la gravedad no son bastante 
conocidas para poderlas opener á la suspensión de laa aguas 
superiores en la atmósfera. 

Ya tocamos á la última cuestión. Hela aquf: ¿cuál es la 
utilidad de dichas aguas? 

Varios comentadores creen que Dios les ha comunicado el 
privilegio de la incorruptibilidad, de manera que subsistirán 
eternamente. Apóyanse en estas palabras statuit ea ¡n (Bíenum 
que en el Salmo 148 siguen inmediatamente al versículo re- 
ferente á las aguas superiores. f'Belarmino, Tirino, y la obra 
titulada: incognitus in psalmos; en su comentario al Salmo 
CXLVIII.) 

Es cierto que S. Pedro enseña que al fin de los tiempos 
el cielo será disuelto por la acción del fuego, mas según la 
observación del sabio Estío, por ese cielo de que habla S. Pe- 
dro, puede muy bien entenderse las regiones inferiores y cer- 
canas á la tierra, únicas que tuvieron que sufrir el diluvÍ9. 

En cuanto á la utilidad ó conveniencia de esasaj^uas en tan 
elevadas regiones, no puede aventurarse sino conjeturas. 
¿Fueron creadas para templar el ardor del sol, para impedir 



U VERDAD CATÓLICA. 349 

que sus abrasadores fuegos derritan osa capa de Iiiolo que, 
8egUQ el sistema de varios sabios, forma el fírmamento? O 
bien han sido creadas para ocultar á los míseros hijos de 
Adán la vista resplandeciente de la patria, y al misujo tiem- 
po para regocijar á los espíritus bienaventurados con la va- 
riedad de su forma y los delicados matices de su color? ¿No 
hace alusión S. Juan áesas aguas superiores, cuando nos ha- 
bla de aquel rio de agua vivü, brillante como un cristal, que 
le fué mostrado en el cielo? Cada una de esas hipótesis tiene 
en su apoyo cierto número de pruebas, cada una puede, pues, 
revindicar sus adherentes y probabilidades, pero como esa 
cuestión nádanos interesa para nuestra salvación, y que al 
cabo es Anas curiosa que útil, nada encontramos ni en las Sa- 
gradas Escrituras ni en la tradición bastante cierto para dar 
la preferencia á una ú otra suposición. 

A. de S. 



EL PROGRESO POR HEDIÓ DEL CRISTIANISMO 

POB EL B. P. FÉLIX. 



ASO TERCERO. 

OTJARTA OOMPBRBITOIA. 

KL PRMIIE«0 BORIL POR HEDIÓ DE Ll AUSTERIDAD CRISTIAWA. 

(Finaliza.) 

II, 

El año pasado hice ver ya, por medio de una ojeada rápi- 
da, al sensualismo como resumen de las tendencias genera- 
les de uuestro siglo. Hoy, para asentar como es debido la 
necesidad urgente de una nueva reacción cristiana contra 
el sensualismo del siglo, debo desentrañar de ese fondo sen- 
sual una idea directamente opuesta á la doctrina que estoy 



350 LA VERDAD CATÓLICA 

predicando, y que es á su vez la mas completa expresión del 
sensualismo contemporáneo. 

Existe, Señores, á la hora en que os hablo, en la Europa 
moderna y sobré todo en nuestra Francia, no sé cuantas sec- 
tas nuevas, con nombres diversos, pero todas acordes en esta 
idea común: el progreso del porvenir por medio de la subs- 
titución de un cristianismo nuevo al cristianismo antiguo- 
Esas sectas renovadas de Marcion, Cerinto, Valentino ó Car- 
pocras, afectan, no sin motivo, un lenguaje nuevo y una 
ciencia oscura. Verdadero gnosticimismo rejuvenecido de 
ahora diez y siete siglos, esas sectas que protestan respetar 
el Evangelio muestran hacia la mortificación evangélica un 
horror que tienen por santo: y denunciando la mortíScacion 
ante la razón de este siglo apasionado por el progreso, di- 
cen: La austeridad cristiana es el obstáculo á nuestro pro- 
greso y el principio de nuestras decadencias. Según los apes- 
tóles de ese progreso nuevo, el cristianismo, con su Calvario 
y su cruz, fué un beneficio para el mundo ahora diez y ocho 
siglos; pero hoy la austeridad cristiana es el gran azote de 
Id humanidad; el valladar de nuestros progresos; y lo que 
fué entonces fuerza progresiva es hoy fuerza retrógrada. La 
mortificación cristiana fué saludable como reacción contra 
el sensualismo pagano, produje* accidentalmente un progre- 
so verdadero; mas esa reacción, bajo el punto de vista del 
progreso general de la humanidad, no pudo valer sino como 
transición. Exageración del imperio del espíritu con detri- 
mento del imperio del cuerpo, la mortificación cristiana de- 
be desaparecer para dar lugar á una moral mas elevada, mas 
completa, sobre todo mas armoniosa; pues el deseo masar- 
diente de esa filosofía encantadora es tener á la humanidad 
en la línea del deber en un equilibrio perfecto entre los ex- 
cesos del sensualismo pagano y los del ascetismo cristiano. 
8i queréis saber lo que piensa, lo que quiere esa doctrina tan 
confiada en sus esperanzas como candida en su fe, helo aquí 
en un compendio imparcial y verídico. Ella misma va á de- 
ciros, con su objeto y sus medios el secreto profundo que trae 
á la tierra. 

Un gran progreso debe efectuarse en el siglo XIX, aun- 
que por medio de un proceder diametralmente opuesto al que 
hasta ahora ha seguido el cristianismo. Este tiene la falta 
imperdonable do ultrajar la naturaleza y exterminar la car- 
ne, precipitando nuestra decadencia las austeridades de los 
santos. Ahí reside el mal de nuestra época; y ha llegado el 
momento de combatirlo. Preciso es apresurarse á contener 



LA VERDAD CATÓLICA. 351 

en las muchedumbres que el cristianismo gobierna aun ese 
exceso de ayunos, abstinencias y maceraciones. Menester es 
curar con el encanto olvidado de la vida sensual esa afición 
depravada que conservan los cristianos á los gozos del Cal- 
vario. Sobre todo es necesaria por parte de todos los hom- 
bres y mujeres libres ó que aspiren á serlo, una fraternal 
coDspiracion contra esa tiranía que ejerce desde hace diez 
y ocho siglos el cristianismo sobre los derechos desconocidos 
del cuerpo y de la carne. La religión cristianaos indudable- 
mente una gran religión; no tenemos inconveniente en reco- 
nocer el principio de amor que es la esencia de su vida, lo 
sublime de su moral, la fuerza de su unidad y el orden esplén- 
dido de su gerarquía. Hasta consentiremos en admitir con 
ella la mafor parte desús dogmas, á reserva de explicarlos 
ó reformarlos notablemente. Reconocemos que no existe 
doctrina mas completa ni institución mas fuerte que la doc- 
trina é institución católicas; y consentimos en no acabar del 
todo con el cristianismo. Mas exigimos concesiones, no so- 
lamente en el orden dogmático, sino también en el orden mo- 
ral. Pedimos al cristianismo que aminore algo la severidad 
cristiana; suplicamos á esa religión del espíritu que sea me- 
nos inexorable para con la carne: En nombre de la humani- 
dad, apiadaos algo de nuestra carne hnmana. Hace diez y 
ocho siglos que la tenéis cautiva; la hora de su rescate ha 
llegado para ella; proclamamos los derechos de la carne; 
pedimos como prenda del progreso en lo futuro, la igualdad 
del soberano y de los subditos en la sociedad; la del hombre 
y la mujer en la familia; la de la carne y el espíritu en el 
hombre; y tremolamos sobre nuestras cabezas esa bandera 
generosa que debe guiar á los pueblos á la conquista del pro- 
greso: Rehabilitación de la carne. 

Tal es la doctrina que hizo no ha mucho gran ruido cau- 
sando poco mal, y que hoy causa mucho mal haciendo poco 
ruido: ella circula, se extiende, se apodera como un cáncer 
de las almas enervadas y abiertas de antemano á malsanas 
enseñanzas. Del seno de sus fórmulas confusas, se desprende 
siempre una misma cosa: la carne. Emancipación de la carne, 
igualdad del espíritu y la carne, armonía del espíritu y la 
carne, derechos, dignidad, rehabilitación de la carne. ¡La car- 
ne y siempre la carne! Eara nada se tiene mayores aten- 
ciones, mas consideraciones, mayor solicitud ó mas ternura. 

¿Quién creyera, Señores que esa doctrina, tan aduladora 
de la carne, haya bajado de las alturas de la metafísica? Sin 
embargo, nada es mas palpable. Al través de esa moral, tan 



352 LA VERDAD CAT6uCA. 

buena para las flaquexas, tan fiUsil para laa pasiones, y por la 
cual se sienten pasar tantos soplos de impureza, el panteís- 
mo deja asomar su rostro. La igualdad práctica de la carne 
y el espíritu no es mas que un corolario de su dogma fnn» 
dameutal. Sei^un los datos del panteismo moderno el espíri- 
tu y la carne son las dos grandes manifestaciones del Ser di- 
vino en la naturalezi humana; el uno y la otra tienen en el 
hombre hu mas alta y mas completa expresión. Y siendo asf, 
la una es tan legítima como el otro; los derechos del espiri- 
ta y los de la carne tienen en su común divinidad la razón 
de su igual legitimidad. Los instintos y tendencias del espí- 
ritu se dirigen al mundo inteligible; los instintos y tenden- 
cias de la carne hacia el mundo material: ahora bien; el mun- 
do inteligible es Dios, y el mundo material es taiftbien Dios: 
y siendo así, ¿porqué había Dios de oprimir á Dios? ¿porqué 
entre lo divino y lo divino una lucha, un antagonismo, una 
dependencia? ¿Y porqué los derechos de la carne, que tam 
bien es divina, han de inmolarse en holocausto ala divinidad 
del espíritu? Así pues, ya lo veis, de las cimas de la ontolo- 
gía panteística á las profundidades de esa moral epicúrea, 
no media mas que la distancia de dos silogismos. 

Señores, quisierais quizá que á la exposición de estas doc- 
trinas diese nombres propios, aunque solo fuesen para pro- 
porcionar á los maestros ó discípulos el derecho de reclamar. 
No lo haré. Ataco las ideas, no á las personas: sea cual fuere 
el nombre que lleven esas doctrinas, poco importa á la cues- 
tión. Conservo mi amor á los hombres que se han atraido 
con sus errores la palabra que reprueba las ideas, mas no 
por oso dejo de reprobar estas. Y en cuanto ala idea de que 
se trata aquí. Igualdad de la carne y del espíritu, rehfibilUacion 
de la carne, dejo caer sobre ella estos caliñcativos que son 
su condenación merecida: ¡degradante, retrógrada! 

Al pronunciar estas palabras, no pienso insultar ni contris- 
tar á los hombres, sino solo pretendo mostrar el fin que tie- 
nen las cosas. Seguid con el pensamiento atento las conse* 
cuencias prácticas de este principio fundamental en la doc- 
trina que señalamos: Igualdad del espíritu y la carne; y os 
espantareis. 

Los propagadores de semejante idea calculan poco la tras- 
cendencia que tiene; parecen ignorar los desastres que en sf 
encierra. Una cósales impide ver; no cuentan con la caidn 
original. La misma idea exige para s«>8tenerse que el pecado 
original no exista; y ellos conceden la poca importancia que 
según ellos se merece á ese miu^ del Edén.* quelos pueblos 



í^ VERDAD CATÓLICA. 353 

nó 86 han formado 'sino para consolarse de la miseria presen- 
te con el recuerdo de Una. felicidad perdida. Pero al menos 
preciso es que cuenten cx)'S la realidad palpitante del siglo 
diez y nueve. Sea lu que fuere de Adán y del Edén, nuestra 
vida actual nu es un mito: tampoco lo sois vosotros pura mí, 
ni yo para, vosotros; ahí estáis y aquí estoy yo, con un espí- 
ritu que se reconoce encaden^o ¿ una carne que se siente 
á si misma. Ahora bien: de cualquier causa que esto pro- 
venga, es un hecho cuyo cunocimieuto es para nosotros in- 
falible como el sentimiento de la vida; esia carne cuya 
emancipación y rehabilitación se nos pide es una carne 
que se rebela y tiene exigencias insolentes. El cuerpo huma- 
no es un eg(»ista y un rebelde; corno ios egoistas y rebeldes 
de todas á|>ocas y condiciones, exagera sus necesidades, y 
pretende que ton derechos: es burlarse demasiado solemne- 
mente del buen sentido del género humano el pedir rehabili- 
taciones para ese eiclavo rebelde, digno de castigo. ;Ah! en 
vez de echar en cara al espíritu su tiranía sobre la carne, 
preciso es mas bien echar en cara á esta su rebeldía con- 
tra el espíritu. Si el hombre se degiada, no es por em- 
puñar con mano dennisiado ñrnie el cetro del espíritu, 
sino por mostrarse demasiado débil ante las rebeliones de su 
carne. Queréis ationadar en el hombre el despotismo del 
espíritu, y pedís la emancipación, la rehabilitación de la car- 
ne. Con ese principio tratad de educar aun niño, de educar 
A un pueblo: ¿sabéis lo que haréis en tal niño y en tal pue- 
blo? Los conduciréis á ambos á la degradación, si no á la 
destrucción. Abandonad á un niño á las exigencias de su 
cuerpo; entregadlo emancipado de las represiones del es^nri- 
tu á la libre expansión de sn carne. /.Qué será de él? ¿qué 
hará? se degradará, "se enervará, quizase exterminará á sí 
mismo. íll animal se deten<irá por instinto en el límite de 
la necesidad, el niño lo salvará; convertirá su espíritu á la 
ruina del cuerjio; y fijando tMi Ins groseras satisfacciones de 
8U carne la inmensidad naciiMíte de sus deseos, quebrará el 
frágil instrumento bastante fue,rte para suscitarlos, bastante 
débil para saciarlos. ¡Ahisi dudáis, interrogad á los que saben. 
Preguntad á los discípulos di; Hipócrates que recuenlan la 
lección del maestro lo que puede ser da un niño entrega<lo 
á esa educación houíicitia, que se gloría de engrandecer la 
humanidad rehabilitando la carne. 

Y un pueblo, Señores, ¡imaginaos lo que |)odria ser de un 
pueblo corriendo ásu progreso bajo esta bandera de ignomi- 
nia: ¡rehabilifacúm (le la airnel Lo que seria de él ¡ah! no me 

VII. — 4o 



354 LA VBBDAD CATÓUCA. 

atrevo á decirlo: Por grande que fuese, ora por medio de sus 
conquistas, ora merced á su civilización, iría á parar á don- 
de van todos los pueblos que pri|lican esa fórmula, al esta- 
do salvaje, á la barbarie al menos. Pues no lo olvidéis, la 
reliabilitacion de la carne tal cual se pide produciría en el 
hombre la destitución del espíritu. T la destitución del es- 
píritu, en la natunileza humana, decidme, ¿qué viene á ser? 
Todo os está contestando: ¡Barbarie! estado salvaje! Mien- 
tras mas se extiende, en los pueblos del mismo modo que en 
los hombres, el reino de la carne, mas se estrecha y dismi- 
iniye el reino del espíritu. Ese equilibrio perfecto, esa armo- 
niosa igualdad del espíritu y la carne no es mas que un sue- 
ño de impureza, una quimera tras la cual correa cerebros 
enfermizos, es un mentís. dado al mas puro crií^tíanismo; y 
ese mentís dado al cristianismo no es igualado sino por el 
que dan á la historia esos sistemas humanitarios que no tie- 
nen ni aun el mérito vulgar de conocer á la humanidad. El 
cristianismo, ah! Señores, este dicho de es S. Pablo, cuya 
verdad es inmortal: La carne codicia contra el espíritu^ y el 
espíritu contra la camt: y la historia es la consecuencia de 
esa lucha cuyo rumor oye cada hombre dentro de sí mismo, 
así como se le oye resonar por donde quiera en el universo: 
igualdad del espíritu y de la carne, novela de la humanidad 
y degradación de los pueblos; lucha del espíritu contra la 
carne, historia de la humanidad y progreso de las naciones. 

Pero, Señores, dejemos á un lado por un momento lo que 
solo concierne á la humanidad en general; confrontemos es- 
ta doctrina con las necesidades de nuestro siglo, pues de 
nuestro siglo se trata aquí; y pregúntemenos considerando, 
tal cual nos aparece, á la humanidad contemporánea, si esa 
doctrina es la que puede salvarnos, y sa apostolado ser ver- 
daderamente para nosotros un apostolado de progreso. 

Señores, cuando considero lo que pasa en torno nuestro, 
hoy que el cristianismo, arrastrando aun tras sí á la huma- 
nidad generosa, sostiene con tanta firmeza y levanta á tan- 
ta altura el cetro del espíritu, me pregunto lo que sucedería, 
si llegando á desaparecer de pronto esa gran soberanía del 
espíritu con todos cuantos la aceptan, no quedase ya en medio 
de nosotros, para hacer seguir á la sociedad la senda del pro- 
greso, sino la soberanía de la carne y. los que se proclaman 
subditos de esta. Decidme, os lo suplico: ¿dónde reside á es- 
tas horas en Francia y en toda Europa, el peligro de las so- 
oiedadesy la causa de decadenciat Se pide la disminución del 
imperio del espíritu y el engradecimiento del dominio de la 



LA VERD4D CATÓLICA. 355 

carne; pero ¿acBfto el espíritu reina hoy demasiado sobre las 
machedumbres, y no ejerce la carne suficiente dominio? 
¡Qué! ¿los derechos del espíritu son demasiado reconocidos, 
y los de la carne demasiado olvidados? ¡Qué! ¿el espíritu se 
halla acaso demasiado ensalzado, y la carne humillada en 
denriasía? ¡Qué! el espíritu es demasiado respetado, y la car- 
ne mirada con demasiado desprecio? y ese es nuestro peligro? 
¡Qué! ¿lo que amaga corrompernos, perdernos, degraJarnoH, 
es el exceso de nuestros ayunos, de nuestras abstinencias, 
de nue9tras flagelaciones y de nuestras austeridades todas? 
¡qué! ¿el peligro del siglo son vuestros cilicios, vuestros sa- 
cos, vuestras disciplinasy todos esos espantosos instrumentos 
con que un ascetismo lúgubre flagela y destruye vuestros 
cuerpos? ¡Ah! vosotros no lo creéis; y vuestra sonrisa, Seño- 
res, parece decirme bastante que para vosotros como para 
mí, el peligro está en otra parte. No, lo que nos amenaza no 
68 el exceso de la austeridad cristiana, sino su ausencia: -lo 
que pierde á la humanidad en nuestros dias, no, no es el rei- 
no exagerado del espíritu, sino el dominio inmoderado de 
la carne. Veo pasar por delante de mí cuerpos destrozados y 
encorvados antes de tiempo, pero esos cuerpos, ¿quién los ha 
destrozado^ Encuentro vidas caducas y prematuramente 
marchitas; pero esas vidas, ¿quién las ha marchitado, y 
quién leaha infligido el oprobio de unacaducidail precoz? Veo 
aparecer rostros pálidos y adelgazados, aun en la primavera 
de la vida; pero esa palidez ¿de dónde proviene? Y esa delga- 
dez, quién la ha producido? el exceso déla penitencia? el del 
libertinaje? ¡Quizá! — .Y entre esos seres estragados, deso- 
lados, desfigurados, que del teatro del mundo pasan á los hos- 
pitales, lugar de reunión de todos los dolores, ¿cuántos han 
caído de resultas de los excesos del la austeridad cristianad 
Ni uno ¿Y cuántos han caido por el exc^iso de la impureza y 
del libertinaje pagano? ¡Ah! no me atrevo á contestar. Y ese 
reino de la carne que marca su paso por la vida con irrepa- 
rables ultrajes, y á veces con las vergonzosas señales que deja 
en la misma carne, se encuentra que no es suficiente ¡y se 
pide para aquella nuevos derechos, nuevas rehabilitaciones, 
un imperio nuevo! 

¡Qué! ¿habláis de los derechos de la carne, proclamáis esos 
mismos derechos? Pudiera preguntároos: ¿qué significan 
esas palabras? Cuando deciais: los derechos del hombre, podia 
asombrarme, pero al menos comprendia; cuando decís: dei^e- 
chosdtla carne, no os comprendo ya; ni puedo menos que afli- 
girme por esa barbarie de lenguaje que recibimos en medio 



356 liA VERDAD CATÓUCA 

de la civilización de boca de los sabios, Pero, eo fin, puestc 
que para hacernos comprender ü preciso hablar vuestro 
idioma, ya que es necesario dedr con vosotros: derechos de la 
carne; en nombre de la verdad, dignaos contestarme: ¿acaso 
los derechos de la carne no están bastante reconocidos? Yo 
os digo que lo están demasiado, ¡Ah! lo que vosotros desco- 
nocéis, lo que violáis, lo que ultrajáis, son los derechos del 
espíritu. La carue es halagada, acariciada, adulada; lacaroe 
es adornada, embellecida, perfumada, y permitidme esta ex- 
presión familiar, mimada de todos modos. Pero esto no «hi 
bastante: la carne hoy es ensalzada, glorificada y cantada 
por ingenios afamados; no le faltaba ya, para hacernos vol- 
ver al paganismo, sino hacerse adorar; y hay quienes la ado- 
ran. Sí, en una porción de la sociedad, cuyas costumbres no 
podria pintar aquí mi palabra, después de diez y ocho siglos 
de cristianismo, el ídolo de la carne ha vuelto á levantarse 
¡y encuentra adoradores! 

Y aquellos mismos que reconocen todavía con el reino det 
verdadero cristianismo la jsoberanía del espíritu se convier- 
ten por desgracia en siervos muy humildes y obedientes de 
la carne. Existe una sociedad cristiana que aborrece la aus- 
teridad también cristiana: la molicie de nuestra época se 
descubre de mil modos; y la vida contemporánea, bajo el 
punto de vista en que nos hemos colocado, se hac^ demasia- 
do extraña. En París, tres meses de placeres, de fiestas, de 
teatros, bailes y festines, todo para mayor honra y satisfac- 
ción de la carne. Tres meses mas empleados en reponer con 
las brisas de la playa y fortalecer con las olas del mar una 
carne enervada en la atmósfera de los placeres y conmovida 
al contacto de los goces de la tierra. Tres meses mas tras- 
curridos buscando, como aves que huyen del aquilón, soles 
ardientes y climas sin rigores. El resto del año se pasa tiu 
hacer nada, halagando la propia pereza eu medio de una dul- 
ce holganza, y atrincherándose en el fondo de la ca«ta contra 
los rigores del invierno. Tal es, Señores, la órbita afortuna- 
da en que la vi<la contemporánea de muchas personas ejecu- 
ta su revolución anual; eterna primavera en que todo está 
arreglado, no por la providencia de Dios sino por hi molicie 
de los hombres para que el cuerpo no encuentre ni una priva- 
ción que le sirva de prueba, ni un soplo que le mortifi- 
que. 

Pues bien: después de tantas comtemplaciones, industrias 
é invenciones ideadas por el ingenio de este siglo para con- 
servar al cuerpo su savia, su flor, su belleza y su fuerza, vuel- 



LA VERDAD CATÓLICA. 357 

Ve la austera cuaresma con sus rigores cada vez mas miti- 
gados; y para soportar la carga del ayuno todos los cuerpos 
^on demasiado débiles; y la minoría demasiado robusta aun 
\>ara aceptar el peso de las prescripciones comunes se con- 
^^erte para nuestro siglo en una especie de raza atlática, y 
^^1 austeridad en una virtud excepcional que el vulgo de los 
^^rístianos debe en adelante renunciar á imitar. ¡Oh progreso! 
^ mientras qi^ con la enervación de la carne va pereciendo el 
^yuno cada día, ¿qué se hace de la abstinencia? En otro 
tiempo, cuando la austeridad cristiana estaba vigente, dicen 
que el vegetal solo bastaba para hacer vivir al hombre hasta 
'o8 setenta años; y á nadie ocurria la idea de que comer la 
^rnede los animales fuese una condición de vida para la 
'"ínianidad. ¡Oh tiempos! oh costumbres! La Iglesia Católi- 
^ 8e atreve aun á pedirlo, pero nuestro siglo no se atreve 
J& & realizarlo y contesta: imposibU. Id á ver á los cristianos 
^^'ocados el viernes en torno de la mesa donde van A sen- 
^•^e los que reconocen la obligación de honrar con unaabs- 
"j'^iencia el recuerdo de su Dios crucificado: ¡qué desprecio 
"** la ley de la Iglesia y de la pasión de Jesucristo! La pre- 
^*fícacion se supone hasta tal punto ser un hecho universal, 
9'íe ya ni siquiera se tiene en cuenta la posibilidad de una 
^^Ofipcion; cristianos imponen á otros cristianos, y católicos 
*.?t:ros católicos la necesidad de violar su fe y ultrajar á su 
^Os, Así lo exige el siglo; el fostin no está preparado sino 
P^^'a las violadores de la ley de Jesucristo. Y si aparece allí 
'^f^ cristiano de los antiguos dias que se atreva á protestar 
^^^teniéndose de probar los manjares vedados contra la uni 
^^í'sal violación se mira con sorpresa á ese aparecido de otros 
^?,%los; y todos los dichosos discípulos del progreso sensual 
^^Cen con asombro: "¿Quién es este bárbaro qjie puede v¡- 
^'r un dia sin comer carnei^" ¡Oh progreso! 

Diréis quizá al oir este discurso: "Olvidáis que nuestros 
Cuerpos no tienen ya el vigor que poseían en otro tiempo." 
lAh! tenéis razón: nuestros cuerpos no tienen ya el mismo 
vigor que se veiaen nuestros cristianos de los tiempos anti 
guos; lo concedo y estoy muy lejos deolvidarlo; mas pregun- 
to: ¿cuál es la causa de esa diferencia? ¿porqué sois menos 
robustos que vuestros padres? y ¿porqué vuestros hijos anun- 
cian deber ser aun mas débiles que vosotros msmos? Esa es 
la cuestión. ¿Porqué van nuestros cuerpos debilitándose ca- 
da dia mas? porque todo conspira en torno vuestro á ener- 
varlos mas y mas; porque la atmósfera en que viven es una 
atmósfera esencialmente («aervadora; porque, vais quitando 



358 LA VERDAD CATÓLICA. 

cada vez mas á los cuerpos, del mismo modo que tratáis de 
quitarlo á las almas, el aguijoD del dolor, el uervio de la aus- 
teridad y el corroborante de la privación; porque en fin lo 
3ue el siglo llama hoy con un nombre que nunca acabará 
e tener la honra de ser francés (1), lo confmuMe^ no es, por 
una burla del lenguaje, sino el universal desfallecimiento de 
las almas acelerado por la enervación de los cuerpoa; tanto 
que, mientras que por un lado nos autorizamot con la debi- 
lidad de nuestros cuerpos para eximirnos de la ley de la aus- 
teridad, el rechazo de esa misma ley contribuye cada vei 
mas á debilitar nuestros cuerpos. 

He ahí el círculo doblemente vicioso al cual arrastra nues- 
tro siglo con todos sus miramientos para i<&on lá carne, i nues- 
tras generaciones enervadas. Y para librarnos de ese circulo, 
para sustraernos de ese desorden siempre creciente, en el 
cual, así como en todo desorden, no encuentra la humanidad 
sino apocamiento y decadenda, para devolvernos la fuerza y 
colocarnos otra vez en la armonía, ¡se nos viene á proponer 
que rehabilitemos la carne! ¡se atreven á pedirnos quedemos 
á la carne una particliiacion mas lata en la vida y disminuya- 
mos poco á poco, para llegaren breve á suprimirlo del todo, 
lo que constituyó nuestra fuerza y nuestra restauración, el 
resorte de la austeridad y la ley de la mortificación! ¡Oh lo- 
cura, oh irrisión, oh ceguedad! y sin sentir escandalizarse 
nuestra dignidad de hombre y nuestra conciencia de cristia- 
no, hemos leido los libros y oídos los discursos que insultan 
hasta ese punto á la razón, al cristianismo v á la humani- 
dad!.... 

¡Ah! Señores, si queréis saber cómo podréis salir de ese 
círculo fatal en que el error medita encerraros para siempre, 
yo 08 lo diré en una sola palabra: saldréis de él por el cami* 
no del Calvario. El sensualismo pagano os degrada; solóla 
austeridad cristiana tendrá el poder de volveros á levantar. 
Decia el domingo: la soberbia nos perdió, la humildad nos 
salvará. Añado hoy: la molicie pagana os pierde, la austerí* 
dad cristiana os salvará. Se os pide la rehabilitación de la 
carne; nosotros os pedimos la rehabilitación del espíritu. 
Pues lo que está cautivo en nuestros días, lo que está humi- 
llado, lo que está degradado en fin, os lo repito porque nun- 
ca podéis comprenderlo bastante, no es la carne, es el espí- 
ritu. 

Así pues, vuelva el espíritu á levantarse y rehabilitarse; 

(1) Niespaiol.-N.delT. 



LA VEKDAD CATÓLICA. 359 

recobre su imperio en el siglo XIX, y recóbrelo como lo re- 
cobró al principio, haciendo tocar á su cetro la cruz de Jesu- 
cristo, y apoyando su trono en la roca del Calvario, Cierta- 
nieDte, Señores, no os pido como ley de vuestra vida la prác- 
tica de los mas insignes cristianoH. No os digo que os cubráis 
de sayales, cilicios y cadenas de hierro; no os digo que deis 
nuevo temple á la energía de vivestras almas, como esos va- 
rones heroicos, con la sangre de vuestras heridas: pero os di- 
ffo: aceptad hasta cierto punto la ley que se os ha impuesto, 
ui ley ce la austeridad. No creáis á los que dicen que la hu- 
manidad debe bajar con Cristo de la cruz. Tomad vuestra 
parte de la vida del Calvario, y conservad hacia heroísmos 
que no podéis imitar una sincera admiración é inagotables 
respetos. 

¡Ah! bien lo sé, la penitencia corporal, el ayuno, la absti- 
nencia, la disciplina y la fla^felacion de los santos, hacen 
reirá los pensadores de estos tiempos, demasiado sabios pa- 
ra practicar semejantes locuras. Tienen mas consideraciones 
con la carne, mas respeto, y sobre todo mas amor para con 
su cuerpo; y dicen con la sonrisa en los labios á la austeri- 
dad cristiana: jascetismo, edad media, fanatismo! Deje- 
mos pasar al siglo con sus cobardes discursos y fáciles inju- 
rias. La verdad es que castigar voluntariamente el cuerpo 
para vengar la dignidad del alma ultrajada con su rebeldía 
es uoa cosa santa y sublime. La verdad es, piensen lo que 
pensaren los falsos sabios, que redupir como S. Pablo la car- 
ne á esclavitud no solo para no ser un reprobo, sino aunque 
no sea mas que para- estar muy cierto de no ser nunca 
«u esclavo será siempre un acto de valor y de magnanimi- 
dad. La verdad es que para conceder al cuerpo el placer por 
Uq motivo de satisfacción egoistu, basta ser un miserable; y 
que para infligir al cuerpo el <lolor voluntario con un fin de 
featauracion moral, es preciso ser esforzado, ser verdadera- 
Oiente grande. La verdad, es en fin, que esa raza de mortifi- 
cados, cuyo heroismo se entrega á la mofa del pueblo, abre 
^nte el siglo el camino del progreso; porque mortificando la 
o«rne para hacer vivir mejor el espíritu, conserva y desen- 
vuelve en sí la verdadera grandeza del hombre. 

Bendito sea el cielo por ello, esa raza heroica no se halla 
agotada en el cristianismo; y tengo la dicha de haceros sa- 
\>er, si tenéis la desgracia de ignorarlo, que esas maravillas 
<3e la austeridad cristiana no están relegadas para siempre 
al dominio de la arqueología sagrada. Ellas pertenecen toda 
vía á la historia palpitante. La tradición del Calvario no es- 



360 



LA VERDAD CATÓLICA. 



tá del todo olvidada; y las orgias de uo paganismo nuevo no 
han acabado en el siglo XIX con las santas austeridades de 
la cruz. Algunos hay entre vosotros que bajo un traje que 
satisface las «exigencias del mundo y brilla á las miradas de 
los hombres, llevan otro que satisface tas exigencias del Cal- 
vario y regocija las miradas del Crucificado. A esos clamo 
con toda mi alma: Animo; ánimo á todas las victimas volun- 
tarias; ánimo á todos los azotados; ánimo á todos los corona- 
dos de espinas; ánimo á todos los que llevan impresas las lla- 
gas de Jesucristo: sí, ánimo á vosotros todos, héroes de la 
humariidad ascendente, precedednos en la senda del Calva- 
rio. Si no podemos seguinis de cerca, de tejos os seguire- 
mos; porque vosotros solos os halláis en el camino que es 
menester seguir. La senda del progreso, como la del Calva- 
rio, es una senda dolorosa: la subiremos con vosotros, lle- 
vando en las luchas de la carne y las agonías del espíritu la 
única bandera que puede guiarnos á nuevos progresos; y esa 
bandera generosa, haciendo ondear sobre las corrupciont^s del 
siglo el signo de pureza, triunfará una vez mas del sensualis- 
mo pagano por medio de la austeridad cristiana. 

(Traducido por R. A. O.)' 



LA TXRDAD GATÓUGA. 



961 



DE OFICIO. 

SECRETARIA DEL OBISPADO DE LA HABAXA. 
^rlclM t^lonUria aMcrU ^r H K\€mm. é ntmm, ftr. ttlip» * Uwr 4m 



ftelaciofi de Inx ¡fcrsotuiM y cantidmUs que rada wui ka aurt^adm 
para el expresado objeto en esta Secretaría dt Cámuira y 
Gobierno. 



Parroquia de ingreso de ^'umanayasr^ia. 



Pi. Cu. 



P». 



Sumaanteríxr W.iW 

I^bro. 1>. Dominf^o Anto- 
nio Gouznlez, Cura pár- 

ropo 2<'l 

*^. Antonio Me»a. Mnvi.r- 

domo de fabrica 17 

», Pedro Hernandc/.... 17 
1. Aotonif» de Iok Ri(»8. 

capitán de partido 8 

t. Joité Arinafl 8 

«. £lía0 UuKtillo8 fc 

M Manuel NíhIhI >* 

.. Manuel Caatellíinos. . . « 

,. Juan Vilehes H 

., Acru-ttin Junco S 

,, Antonio Guerra ^ 

., Riifael Villaron '^ 

., FmnciHco Mesa •• 

.. Pedn> l»upuyg 4 

„ Patricio Nodal 4 

,. Marcial Herrera 4 

M R.imon Díaz 4 

„ Tornáí» Fernacdi'z.. -. 4 

,, José María León 4 

„ Bldfl Heruandt'z 4 

,. F'rancisoo del Puerto.. i 

„ Antonio del Pupito... 4 

., Joaqiiin D. Knt^MiKa... 4 

.. Anselmo C?ip<»te 4 

„ Ramón Capote 4 

„ .rofé Jimn Tapóte 4 

,. Pablo Rodrif^uez 4 



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I M Jo<4^ Caoutn Santal*.. 4 '^i 

,, Pablo (rOED^Z 4 Á 

.. Jitfé de la Luz Anaai 4 '^ 

., jMéKoqu^ 4 ',¿5 

.. Fnioeiieo VaUa4arM . 4 ^'> 

., Xicoláü fkmfrt 4 '-¿5 

.. Jote Juoeo 4 í?i 

,. -Tofé de .IfuiU 4 ■^» 

., Elía^i Vailadareii * <^' 

., Martin LUrra i ift 

.. ■•lanne! Aeoita. t '<£» 

.. íVeundirio Capi^t^ - - - 4 'A 

Ld'i. D. Kzequíel Frruan- 4 '¿5 

de/ 4 2* 

D. Antonio Sard'iii 4 '¿5 

., Z icaría* Va^^oei 4 '/T/ 

., Lú'-ap Orama« 4 25 

.. Lo renzí» Gutiérrez 2 1-4 

.. Juan Meodez 2 l^é 

,. Jf>né L«>pez. Soler.... 2 124 

„ Manuel Harc#-ló 2 J'^é 

., Serafín Gonzatoz 2 124 

., ToojM Vílcbe» 2 j4 

,, Manuel de la Gándara. U WK 

.. Ku«ebio Martín*^.... 2 I2Í 

„ Bonifacio I>*J 2 124 

„ Ac[«J<itin HemaiMlez.., 2 124 

,, Esteban ^anch^-z 'Z V¿^ 

.. Manuel G. Hidalgo,.. 2 y¿h 

„ CárlíHi í>dU»» 2 124 

„ iMUtoeítf da 0«a 2 124 

6 



363 LA VERDAD CATÓLICA. 

Pt. Cts. 

D. Benvenuto Águila 2 121 ^' Manael de la Concha. . 

Ldo. D. Pedro Santbes.. 2 „ ,, Eulogio Bermades — 

D Mig uel Valladaref 1 „ „ Cayetano Valladares. .. 

Pardo José Escalera 1 „ ., Luis Gk»nzalez 

D. Manuel Vilches 1 „ , ,. José Curbelo 

D? Isabel y Df Ana D. Vil- „ Ramón Cabadat 

ches. 1 „ I „ Andrés Duran 

D. Francisco Rodríguez. . 1 ,> ' ' 



Ps. Cts. 



Parroquia dd ingreso de Nuestra Señora de Candelaria 
de Rio de Ay. 



Ps. Cts. 



Pbro, D. José M} Iriarte. 17 „ 

Excmo. 8r. D. Juan Fer- 

nandez 16 „ 

D. Pedro Iznaga Hernán- 
dez 8 50 

Pbro. D. José de la Toi re. 8 50 

D. P. J. I 4 25 

,, José A. Altunaga 4 25 

„PioBa«tida 4 25 

„ Eduardo Carret 4 25 

„ Jacobo Herrera 4 25 

„ P. R. Cantero 4 25 

,, Francisco Cadalzo y 

Piedra 2 12i 

Doña Rita Cardosa é hijos 2 12^ 

Sr. Capitán D. Francisco 

Gómez 2 „ 

D.Joaquin Fernandez... 2 „ 

„ Leocadio Mauri 1 „ 

„ Julián Ortiz 1 „ 



Ps. Cts 

D. Manuel María Qareía. 

„ José C. Fontan 

f, Luciano Bravo 

„ Grerman Landestoy... 

t, Jesús Martines 

„ Yictoríauo de Esqneliú 

„ Mateo Vera 

,, Isidoro O rízondo....... 

„ .vamonPedrol 

M Joaquin Fernandez... 
jt Dionisio Fernander.... 
„ Juan de la Cruz Zer- 

quera 1 „ 

„ J.Ll L 50 

,, Julián Diaz 50 

„ Celestino Lamartine.. 50 

„ Rafael Fer 50 

M Lorenzo Bastida 50 

„ Santiago Canova 50 

Suma ..54.699 59 



Habana 15 de AgoslH; dt) 1961. — Pttdrtf Sánchez, aecretaríft. 

(Continuará.) 



LA VEBDAD CATÓLICA. 363 

NOS DR. D. BONIFACIO QUINTÍN DE VILLAESCUSA, 

DIGNIDAD DE ARCEDIANO DE ESTA SANTA IGLESIA CATE- 
DRAL, CABALLERO COMENDADOR DE LA REAL ORDEN AMERI- 
CANA DB ISABEL LA CATÓLICA, MINISTRO AUDITOR HONORA- 
RIO DEL SUPREMO TRIBUNAL DE LA ROTA, DIRECTOR DEL 
REALT iX>NCILIAR COLEGIO SEMINARIO DE SAN CARLOS Y S. 
AMBROSIO DE ESTA CIUDAD, COMISARIO DE LOS SANTOS LU- 
GARES DE JERUSALEN, VOCAL DE LA INSPECCIÓN DE ESTUDIOS 
T TAMBIÉN DB VARIAS SOCIEDADES ECONÓMICAS Y LITERA- 
RIAS DEL REINO, EXAMINADOR SINODAL DB ESTA DIÓCESIS Y 
DB OTRAS, PROVISOR Y VICARIO GENERAL EN LA MISMA, GO- 
BERNADOR DEL OBISPADO POR AUSENCIA BEL EXCMO. E 
ILLMO. SR. OBISPO DIOCESANO, EN SANTA VISITA, DEL CON- 
SEJO DE S. M. Sl. 

A todas las personas á quienes lo infrascrito tocare hace- 
mos saber: que los curatos de ingreso de Ntra. Sra. de las 
Angustias de Caibarien, S. Francisco de Paula de Alacranes, 
S. Antonio Abad del Jíbaro, Ntra. Sra. de Candelaria del 
Quemado de Güines, S. Antonio de Rio Blanco del Norte, 
Ntra. Sra. del Pilar de Vereda-Nueva, y los de nueva crea- 
ción de Ntra. Sra. de los Dolores de Sto. Domingo, 8. Juan 
Bautista del Calabazar, S. Pedro de Ver^alles en Matanzas, 
y Ntra. Sra. de los Angeles de Taguayabon y varias Sacris- 
tías Tenencias de Cura, se hallan vacantes; y para su provi- 
sión en propiedad con arreglo á lo dispuesto por el Santo 
Concilio de Trento y leyes del Real Patronato, hemos man- 
dado fijar el presente Edicto por el término de treinta dias 
en el paraje acostumbrado de esta Santa Iglesia Catedral y 
en el de las once Vicarías de este Obispado, á fin de que to- 
dos los que quieran hacer oposición á dichos Beneficios, se 
presenten ante Nos dentro del término prefijado, á practicar 
las diligencias necesarias; en el concepto de que los que no 
fueren Sacerdotes y deseen ser admitidos, deberán acreditar 
haber seguido su carrera en alguno de los Seminarios de esta 
Isla t' en los de la Península, según lo mandado por S« M. en la 
disposición sexta de la Real Cédu la de 30 de Setiembre de 1852, 
sobre arreglo de culto y clero, y en el de que se proveerán 
los Beneficios que vacaren dentro del tiempo que dure la 
oposición y las resultas que hubiere con motivo de la misma, 
siempre que las circunstancias que concurran entre los can- 
didatos aprobados ameriten la adopción de esa medida. 
Habana 15 de Agosto de 1861. — Vülaescusa, 
Por mandado de S. S. Illma. — Pedro Sánchez, secretario» 



SECCIÓN LITERARIA. 



LAS.DOS COMUNIONBS. 



I. 

— Ven acá, hija mia. 

La joven á quien se dirigían estas palabras se levantó al 
punto, y fué ú arrodillarse sobre un cojin á los pies de hu 
madre. Esta rechazó su bastidor y miró á la niña con cierta 
severidad mezclada de dulzura. 

— Beatriz, le dijo, Simona vino á traerte un ramillete de 
flores de ogiacanta: ¿qué has hecho de él? 

Beatriz, á estas palabras tan sencillas, se sonrojó hasta la 
frente y quedó sobrecogida. 

—¿Lo llevaste á la capilla? continuó la Sra. de Hervillo. 

— No, mamá. 

— ¿A tu :iuarto entonces? 

— Tampoco . yo 

Iba sonrojándose cada vez mas, y sus párpados temblaban 
cual si hubiesen querido contener las lágrimas. 

— ¿Era, pues, tu voz la que oí en el patio? ¿eras tú la que 
decía á la pobre Simona: "No quiero tus flores, huelen á 
muladar?" Oh! hija mia! y en vísperas de hacer tu primera 
comunión! 

— ¡Perdonadme, mamá! 

— Aun cuando yo te perdonara, ¿acaso te perdonaria Dios; 
Dios á quien vas á recibir dentro de tres días, y cuya iraá- 
gen has ofendido en la persona de esa pobre niña? 



^ LA VERDAD CATÓLICA. 365 

— Oh! mamá, liice muy mal! y Simona, que lloraba! 

Beatriz, á estas palabras, lloró á su vez, y apoyó su frente 
^ Q las rodillas de su madre. Esta puso la mano sobre aque- 
ta cabeza humillada, y añadió: 

— ¿Sabes que tenia el corazón oprimido viéndote rechazar 
:3e ese modo al buen Jesús, Rey de los pequeños, y al pen- 
isar que solo llevarias á los pies de la mesa' sagrada, de la 
mesa de los ángeles, donde todos los cristianos son iguales, 
sajos sentimientos de soberbia y de dureza? Beatriz, ¿te crees 
iigna aun de participar en el divino banquete, donde todos, 
indigentes criaturas como somos, solo podemos ofrecer un 
presente digno de ser aceptado: un corazón fraternal y acree- 
dor al amor de Dios y de nuestros semejantes? 

— Ah! mamá, si vieseis el arrepentimiento que tengo allá 
en el fondo de mi corazón. 

— ^Me complazco en creer, Beatriz, y me prometo que esa 
Falta será la única en que se trasluzca algo de las inclinacio- 
nes perniciosas de tu infancia. La acción para la cual desde 
hace un año he tratado de prepararte con tantas instruccio- 
nes, oraciones y exámenes de tí misma, es la nms grave de 
tu vida; ella decidirá de tu porvenir moral entero, levantán- 
dote de la sagradn mesa, ó afirmada en la práctica del bien, 
en la caridad, la dulzura y la modestia, ó endurecida en el 
espíritu de soberbia y en el desprecio de los dema^. Piensa 
en la Cena del Señor: de doce apóstoles, once eran fieles y se 
hicieron, por medio de la Eucaristía, mas puros y santos; el 

duodécimo tenia un alma soberbia y dura ¿qué llegó á 

ser? Un perjuro y un deicida. 

— Mamá, me hacéis estremecer; á nadie volveré á menos- 
preciar. 

— No, mi Beatriz, no menospreciéis á nadie, niá Simona, 
que es una niña honrada y piadosa, ni á ninguno de tus her- 
manos, por vil que te parezca. . . . Dios ¿no lo soporta? 

Prepárate para la fíesta de tu primera comunión, adornando 
tu alma de dulzura y piedad; entonces irás á alimentarte con 
el pan de los ángeles, con la bendición del Señor y la mia. 

Beatriz, enternecida, besó la mano de su madre, y le dijo 
en voz baja: 
— Voy á ver á Simona. 

II. 

También Simona lloraba al lado de su madre. Esta había 
lejado caer el manojo de Vmo que agramaba, y sucesivamente 



366 LA VERDAD CATÓLICA 

dirigía la vista liácía su hija llorosa, y hacia el ramo de ogía- 
cantas que Simona había recogido y que cubría con sus mar- 
chitos pétalos el arca antigua de la quinta. 

— ¡Pobres flores! dijo en fín Simona. ¡Si yo las hubiera 
llevado á la Santísima Virgen, ella no las hubiera rehusado, 
oh! no! Nunca hubiera creido que la Srita. Beatriz fuese tan 
dura de corazón! 

— Oh! no, hija mia, esa joven no tiene dureza, es tan solo 
un poco soberbia, pues, ya lo sabes, es bella y rica. Mas no 
vayas por eso á guardarle rencor. 

— Yo no le guardo rencor, madre mia; pero tengo el co- 
razón afligido y nada mas. 

La tia Daniel tomó la mano de su hija, y la miró con ojos 
llenos de una simpatía maternal. 

— Ruega á Dios, dijo, y todo pasará. Ruega por la Srita. 
Beatriz, pues es hija de nuestros buenos señores, que tanto 
y tanto bien nos tienen hecho; ella te ha dado un pesar, cier- 
to es; pero nuestro buen Jesús ¿no amaba á su^ enemigos; 
no rogaba por ellos? 

— Ah! madre mia, cuando pienso que dentro de tres dias 
la Srita. Beatriz y yo recibiremos juntas á Nuestro Señor 
por primera vez, la una al lado de la otra como dos buenas 
hermanas, mi rencor desaparece — .ni puedo menos que 
amarla. Recitemos un Padre nuestro por su intención. . .. 
¿Queréis, madre mia? 

La madre y la hija se pusieron de rodillas delante de una 
imagen de Nuestra Señora de Rumengol, y recitaron en voz 
alta la Oración Dominical. Habían llegado á estas palabras: 
Y perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos á 
nuestros deudores. 

La puerta se abrió, y Beatriz^ seguida de su aya, entró vi- 
vamente. Corrió hacia Simona, y echándole los brazos alre- 
dedor del cuello, exclamó: 

— Muy mal te recibí hace poco, mi querida Simona: ¿quie- 
res aceptar mis excusas y tener la bondad de perdonarme? 

— Perdonaros! ah! señorita, ;s¡ no me habes ófendid »! 

— Sí, sí, he hecho muy mal, yo lo sé. . .. Perdóname, te 
lo suplico, á fin de que pueda yo pensar en nuestra dicha de 
pasado mañana sin inquietud y sin remordimiento. 

Simona enternecida, sollozando en voz alta, exclamó: 

— ¡Dios os perdone como os perdono yo, señorita, y ben- 
dígaos mil veces! 

— Oh! gracias, Simona; pero mira, quiero Uevarnoe esas 
flores que desdeñé, á fio de recordar que he ofrecido áDios^ 



LA VERDAD CATÓLICA. 367 

á mamá, á mí misma, ser juiciosa • Adiós, buena tia Da- 
niel, adiós Simona, ¡dentro de tres dias! 

Partió llevándose la» flores medio marchitas. 

La arrendataria, en el umbral de la puerta, la veía andar 
esbelta y ligera, y exclamaba: 

— Ah! qué buena es! qué graciosa! Dios la guarde! Y tú, 
Simona, afiadió entrando en la casa, recuerda que ningún sa- 
crificio debe serte costoso por la hija de nuestros buenos 
señores. 

Tres dias después, en una hermosa mañana de primavera, 
los niños de la aldea se acercaban, respetuosos y con recogi- 
miento, á la Mesa de los ángeles. Entre ellos, dos jóvenes 
parecian mas que ningunas tranquilas, dichosas, penetradas 
de paz, coronadas de candor: eran Beatriz y Simona. 

III. 

Diez años habían trascurrido. Era una noche borra8CO^a 
de Marzo; el campo parecia cubierto por un velo sombrío al 
través del cual no pasaba la menor claridad, ni la luz apaci- 
ble de la luna, ni esa blanca claridad que cae de las estrellas, 
oi aun las rojizas chispas que despiden los cristales de las ca- 
banas, y que descubren el hogar doméstico, la velada tran- 
quila y la presencia consoladora de la familia humana. 

Ojos acostumbrados á la oscuridad hubieran podido dis- 
tinguir las formas fantásticas de los árboles, que doblaba un 
viento de equinoxio y los negros especillos de las *cercas que 
rodeaban á las heredades. Sin embargo, dos mujeres seguían 
una estrecha senda; la mas alta sostenía la mano de su com- 
pañera y la conducía con precaución, indicándole las vuel- 
tas del camino que le eran muy conocidas. 

— Por aquí, señorita Beatriz poco á poco, el camino 

desciende un poco. . . . cuidado inclínaos hacia la dere- 
cha, pues he aquí los tejos del vecino Gíraud que van á azo- 
taros el rostro ¡Santísima Virgen! qué oscuridad! qué 

noche! 

— ¡Animo, Simona, Dios nos ve! 

— ^No tengo miedo.... Pero qué! ¿no habéis oido cierto ru- 
mor por encima de las hojas? .... No es nada; son los caba- 
llos de Maese Claudio que están en el pasto Mi sangre 

se heló . Creí que eran los Azules. 

— ¡Quizá vengan! dijo Beatriz con voz apagada, y nos cas- 
tiguen por haber cumplido con un deber. 

— ¡Sea todo como Dios quiera! Señorita. De todos modos 



308 LA VRRDAD CATÓLICA. 

me alegro tnucho de que mi pobre madre haya muerto sin 

presenciar nada de esto ~Su corazón se hubiera afligido 

demasiado al verla iglesia cerrada, la cruz del cutninoderñ- 
bada y la gente honrada llena de apuros; y nuestroseñor rec- 
tor que la habla casado, huyendo en los bosques y persegui- 
do como un ladrón ¡Pobre madre! 

— Y yo también, añadió Beatriz, doy gracias á Dios que 
no permitió que mi madre viese estos horrores. ... Y lue- 
go. ... murió en su cama, mientras que tantos perecen en 

el patíbulo! 

Simona le estrechó la mano en silencio y después de algu- 
nos instantes, dijo: 
— Todo va bien: ya veo la luz en la ventana del patrón 

Hanicq. . . . Dentro de dos minutos habremos llegado. 

Bajaron con precaución por una senda rápida al extremo 
de la cual se veia tembletear una pequeña luz. ... El hori- 
zonte se habia despejado; no se veian ya ni árboles ni zarza- 
les, se adivinaba un espacio inmenso. Se oia como la 

respiración de un gigante. Delante de ellas estaba el mar, 
el mar inmenso!. . . . 

Simona dio cinco golpes en la puerta de la casita que alum- 
braba, una débil luz; una voz dijo en el interior: — ¡Alabado 
sea Jesucristo! 
— Por siempre! contestaron las jóvenes. 
Corrieron el cerrojo y entraron en una sala baja, cuyas pa- 
redes estaban cubiertas de redes y utensilios de pesca; veinte 
ó veinticinco per8<¡>ncis se hallaban sentadas en ?ilencio al re- 
dedor del hogar donde chispeaba un trozo de bredo: las mu- 
jeres estallan envueltas en sus capas negras; los hombres pes- 
cadores ó campesinos, teuian en las piernas sus gorros de la- 
na ó sus grandes sombreros; todos se pusieron de pié al en- 
trar la Señorita de Herville; ella (os saludó y les dijo; 
— ¿No ha llegado el señor rector? 

— No, Señorita, contestó un viejo colono, maese Hanicq 
ha ido á buscari».», pero la noche está íiiuy oscura, y nuestro 
buen pastor es bastante anciano. 

— Oigo ruido! dijo una joven que estaba cerca déla puer- 
ta. — tocan . — ahí está! 

En efecto Hanicq entró con el rector. Este último era de 
avanzada edad; sus canas coronaban de majestad su sen- 
cillo y venerable rostro; proscrito, perseguido, expuesto 
á la muerte, s\i alma no era agitada ni por el teoior, ni 
por la soberbia; y exponiendo su cabeza, se preparaba á ce- 
lebrar con sus fieles ovejas el gri^dia de, la pascua, tan trtn- 



LA V1¿KDAD CATÓLICA. 369 

quitamente como cuando, bajo las bóvedas de su querida 
iglesia, entonábala alegre aleluya & la luz del sol y rodeado 
de seguridad y Respeto. 

— ¿Están aquí todos nuestros amigos? dijo interrogando á 
sus feligreses con una mirada benévola. 

— Todos, Sr, rector, contestó Hanicq. No han quedado en 
la aldea sino los niños y los enfermos. 
Siendo así, partamos. 

Salieron de la cabana y llegaron siguiendo la playa, á una 
ensenada oculta entre las rocas, donde mie^e Hanicq Labia 
amarrado su embarcación. Todos tomaron asiento en ella; 
el viento hinchó la vela, y la embarcación, cual si hubiese 
tenido alas, llegó prontamente á alta mar. Allí era donde el 
rector iba á celebrar el Santo Sacrificio, y á dar la comu- 
nión pascual á los cristianos valerosos, pequeño rebaño co- - 
nocido de Dios que se agrupaba en torno suyo. 

Fué una escena solemne, cuando en aquella pobre barca, 
azotada por las olas, se levantó el altar donde iba á bajar 
la Víctima santa queseinmola por nosotros. Dos cirios, re- 
cuerdo de las catacumbas, dejaban ver al sucerdote reves- 
tido de los ornamentos d() los dias festivos, inclinada la ca- 
beza por la adoración; también alumbraban el libro, el cá- 
liz y la cruz, consuelo, apoyo de los cristianos en aquellos 
dias de prueba, y hacia la cual se elevaban confiadas las mi- 
radas de aquellos que arrostraban la muerte por servir á su 
Dios. Beatriz y Simona, de rodillas la una al lado de la otra, 
se unian por medio de la mas íntima oración al Santo Sacri- 
ficio; y ambas, próximas á recibir al divino Huésped, pensa- 
ban en su primera comunión, en aquel dia radiante y solem- 
ne y en sus madres que las bendecían. 

La misa se acercaba á su término; después de la comunión 
del sacerdote, los presentes, fueron á arrodillarse sucesiva- 
mente al pié del altar, y recibieron la sagrada Hostia, (3n me- 
dio de un recogimiento solemne. Beatriz y Simona fueron 
las últimas que se acercaron; levantábanse, cuando el pa- 
trón Hanicq exclamó con pavor: 

— Apagad las luces! ahí están los Azulesl ^ 
Los cirios fueron apagados; el rector sosegado, impasible, 
continuó las últimas oraciones; en el mismo instafite un pér- 
fido rayo de luna dejó ver, «ín la inmensidad del océano, la 
barca de los cristianos que huia con rnpidez y una larga cha- 
lupa llena de soldados republicanos. El que los mandaba ex- 
clamó con una voz que dominó el eterno susurro de las olas: 

¡Fuego! Una detonación se dejó oir * Simona, mas pronta 

VII. — 47 



370 LA VERDAD CATÓLICA. 

que el rayo, se habia arrojado delante de Beatriz, y la cu- 
bría con su cuerpo; dejóse caer sobre su compañera atemo- 
rizada. 

— Oh! Simona ¿qué tienes? exclamó la Srita de Herville. 

— Me muero, dijo, pero vos vivis! mi buen Jesús, á quien 
acabo de recibir, acogedme en vuestro santo paraíso. ... 

Calló la barca huía el sacerdote acababa el evan- 
gelio de S. Juan las tinieblas reinaban en el cielo y en 

las olas y ocultaban los cristianos á sus perseguidores. Mas 
en vano se trató de reanimar á Simona; habia dado su vida 
por Beatriz. 

Hanicq logró, merced al conocimiento que tenia del mar, 
escapar de los republicanos; al asomar el alba, hizo volver 
á tierra hacia una parte distante de la costa la barca 
donde habían tenido lugar los santos misterios el rec- 
tor y sus fíeles feligreses fueron salvados. El cuerpo de Si- 
mona fué enterrado no lejos de la orillu; pero cuando sur- 
gieron días mas felices, cuando la Srita. de Herville hubo 
vuelto al castillo de sus padres, hizo desenterrar los restos 
do la compañera de su infancia y colocarlos en un sepulcro 
nuevo que cubría una piedra en la cual se habían inscrito 
un nombre y dos fechas: las dé la primera y la última co- 
munión, la del día en que sus corazones, por un instante se- 
parados, habían vuelto á unirse en el Señor, y la del dia en 
que Simona había sellado con su muerte el pacto de su amis- 
tad. 



REVISTA RELIGIOSA. 



Su SANTIDAD EL PAPA PIÓ IX. — Seguu Carta de Roma, el 
Papa no debía salir de díchaciudad para Castelgandolfo hasta 
después del Consistorio, anunciado para el dia 1* de Julio, 
y luego aplazado [lara el 15, & consecuencia del retardo de 
las informaciones para algunos obispos. La salud de Su San- 
tidad era excelente, siendo por consiguiente falsas y calum- 
niosatt las noticias que en contrario hacían circular los age n- 
4;e8 y sicarios de la Revolución* 



La verdad cat¿lica. 37 i 

ÜN ENVIADO POLACO AL 8ÜM0 PONTÍFICE. — Había llegado 
áRoma, procedente de Eossowa, en Polonia, un enviado que 
los habitantes de dicha ciudad habian despachado al Pontí- 
fice para manifestarle su adhesión. El enviado se llama Go- 
lomb y ha atravesado la Alemania y la Italia, como en los 
tiempos apostólicos, pidiendo limosna hasta llegar á Roma. 
Detenido por los piamonteses en su camino hacia la ciudad 
eterna, fué puesto en libertad al cabo de tres dias. Al entrar 
por la puerta del Popólo^ le reconoció un artista compatriota 
suyo, á quien manifestó que iba ^consolar al Paya. El artis- 
ta se apoderó de Golomb y le condujo al convento de los PP. 
de la Resurrección, Dícese que el enviado polaco derramó un 
torrente de lágrimas al ser presentado á Su Santidad. 



Horrible atentado contra un canónigo de la iglesia 
DE 8. MARCOS, EN VENECIA. — A fincs del mes de Junio trató 
un malvado de quitar la vida á Monseñor Zinelli, canónigo 
de la iglesia de S. Marcos, en Venecia. Un periódico de di- 
cha ciudad, al dar cuenta del hecho, refiere que Monseñor 
Zinelli venia hacia algún tiempo desenmascarando con valor 
evangélico los desmanes de la revolución. Según el mismo 
peri^ico, el Prelado recibió una herida en la cara, pero el 
asesino, espantado de su crimen, no tuvo fuerzas para consu- 
marlo y huyó. El intrépido Monseñor Zinelli, restablecido 
ya algún tanto de su herida, ha vuelto á comenzar sus pre- 
dicaciones, oido y aplaudido por un concurso numerosísimo 
de fieles, que acude á honrarle como á mártir del Evangelio. 



Nombramientos episcopales én la península. — Por 
Real orden de 19 de Mayo último, ha tenido á bien S. M, 
nombrar al 8r. D. Antonio Monesciílo, dignidad de Maestres- 
cuela de la Iglesia primada, para el obispado de Calahorra, 
vacante por fallecimiento del Illmo. Sr. D. Cipriano Juárez. 
Por otro Real decreto de igual fecha se ha dignado la Reina 
nuestra Señora nombrar al Dr. D. Benito Vilaraitjana, Ca- 
nónigo Magistral de la Catedral de Urgel, para el obispado 
de Tortosa, vacante por fallecimiento del Illmo. Sr. D. Mi- 
guel Pratmans. Y habiendo los dos sujetos aceptado sus res- 
pectivos nombramientos, se están practicando las diligencias 
necesarias para presentarlos á Su Santidad. 



372 l-A VERDAD CATÓLICA. 

Pkopaqanda protestante en la madre patria. — Eo un 
periódico reciente de la corte leemos lo siguiente: "Uno de 
nuestros colegas dice haber sabido por una persona bien in- 
formada y que ha llegado de G-ranada, que entre los sujetos 
que se hallan presos por disposición de los tribunales de di- 
cha ciudad contra los propagadores de libros y folletos de la 
Sociedad Bíblica de Londres, figuran un sombrerero y un ca- 
rabinero, investidos con el carácter de obispos protestantes, 
y encargados por el superior, que reside en Gibraltar, de di- 
fundir en Andalucía la nueva doctrina. Los dos sujetos refe- 
ridos son españoles, como lo es el superior que los ha envía- 
do. Este superior es un sacerdote de Granada que huyó á 
Gibraltar, y que después de apostatar del catolicismo, se hi- 
zo protestante y se casó en aquella plaza, desde donde, co- 
mo jefe ó individuo del centro que allí está establecidot se 
ocupa incesantemente en la propaganda contra su religión 
primitiva." 



Apostasia anunciada del arzobispo búlgaro recién 
consagrado en roma. — EL Ami da la Ileligion nos anuncia 
un hecho harto triste y que esperamos ver confirmado antes 
de dar entero crédito á la noticia. Dice el periódico* citado 
que Monseñor Socoiski, el Arzobispo búlgaro que el Padre 
Santo consagró últimamente en Roma, acaba de apostatar, 
merced á los esfuerzos de los agentes del cisma griego. Se- 
gún el mismo periódico la nueva comunidad búlgara católi- 
ca se ha reunido inmediatamente para protestar contra la 
apostasia de su pastor, presentando otro testimonio de ad- 
hesión á nuestro Santo Padre y pidiéndole al mismo tiem- 
po un nuevo Obispo. 



CRÓNICA LOCAL. 



Otra nueva parroquia en nuestra diócesis, — La nueva parro- 
quia mandada erigir por S. M. por Real Orden de 20 ae Ju- 
nio próximo pasado en el partido de Taguayabon, jurisdic- 
ción de S. Juan de los Remedios, ha sido puesta bajo el pa- 



La verdad católica. 373 

trocinio y será designada cod la advocación de Ntra. Sra. de 
los Angeles. 



Actoi yúblicas m el ítctd Colegio de Belén. — Desde la publi- 
cación de nuestro último número se han verificado en el Real 
Colegio que con tanto acierto dirigen en e^ta capital los 
RR. FP. de la Compañía de Jesús varios actos importantes, 
de los cuales tenemos que dar cuenta, siquiera brevemente. — 
El 30 del pasado comenzaron los exámenes de las diversas 
clases, quedando los alumnos de estas con el lucimiento que 
era de esperajr, así de su constante aplicación como del celo 
y talento de loa catedráticos, terminando aquellos el 9 del 
actual. En los mismos dias, á las 6 de la tarde, se graduaron 
de bachilleres en filosofía los nueve alumnos de cuarto año, 
obteniendo tres de ellos la honrosa nota de sobresalientes. 

El domingo 10 tuvo lugar á la hora indicada el certamen 
filosófico en que el joven D. José Casamitjana defendió con 
el mas brillante éxito varias de las cuarenta y siete proposi- 
ciones de filosofía racional que á su debido tiempo se impri- 
mieron y circularon entre las personas aficionadas & dicha 
ciencia. Presidió el acto el Sr. Dr. D. Nicolás Gutiérrez, á 
quien habian sido dedicados aquellosejercidios, y argüyeron 
al Sr. Casamitjana los Sres. Catedrádicos Pbro. D. Rafael A. 
Toyrail,del Real Colegio Seminario, y Dres. D. Ramón Zam- 
brana y D. José Ramirez Ovando, de la Real Universidad 
Literaria. El joven Casamitjana abrió la sesión con el si- 
guiente discurso, hacia el cual llamamos la atención de nues- 
tros lectores, asf por lo correcto del estilo como por las cris- 
tianas y filosóficas ideas que encierra: 

SeNores: 

''No es el sentimiento de mis propias fuerzas ni la confianza 
de salir airoso en mi empeño lo que me impulsa á presenta- 
ros esta prueba de mis escasos conocimientos. No, señores, 
yo sé que las personas que van á honrarme tomando parte 
en la discusión son distinguidos profesores que han consumi- 
do los mejores años de su juventud en el estudio, ingenios 
brillantes que Cuba presenta con orgullo á las naciones mas 
ilustradas como el mas bello florón de su preciosa diadema. 
Conozco ademas que la esfera de mis conocimientos es muy 
reducida para poder dilucidar con acierto cuestiones cuyo 
examen requiere mas peso del que acompaña á los primeros 



374 LA VERDAD CATÓLICA 

t 

años de la vida, y mas tiempo del que puede consagrarles 
quien tiene que dividir su atención entre los diversos ramos 
deinsiruccion que el actual plan de estudios comprende. Pe- 
ro si estas consideraciones retraian mi ánimo deacometer una 
empresa tan superior á mis débiles fuerzas, otras razones de 
mayor peso me indujeron á poner por obra mi atrevido pro- 
yecto. No fué la menor entre estas la benevolencia con que 
acostumbráis acoger los frutos que os ofrecen los tiernos ar- 
bustos de este plantel cubano. Ademas aunque no me ha de 
caber la gloria de responder satisfactoriamente á las cuestio- 
nes que aquí se propongan, tendré el dulce consuelo de ha- 
ber abierto á mis condiscípulos el camino de discutir con 
personas sabias cuestiones tan importantes, de tant« tras- 
cendencia; — , importantes, dije, y en efecto; ese conjunto 
de verdades que forman la Filosofía son la brújula que lleva 
al viajero de este mundo hacia el puerto de su felicidad; de 
su buena ó mala inteligencia depende la rectitud de su pro- 
ceder 6 el desviarse de las sendas del honor y del deber. 
**Esta importancia es tanto mayor en nuestros tiemblos cuan- 
to que vemos el prurito general que reina en todas las clases 
de la sociedad, de discutir sobre materias difíciles de com- 
prender, con una audacia superior, si cabe, á su misma igno- 
rancia. 

*'Cuán necesario sea estudiar profundamente la naturaleza 
humana, conocer su fin, sus aspiraciones, y determinar los de- 
rechos y obligaciones que trae consigo el vivir en sociedad, 
no hay para qué demostrarle. Cuando los partidarios del li- 
bre examen se hubieron cebado á su placer en la religión ca- 
tólica, cuando ya no les quedó resorte alguno que mover, 
cuando agotaron los recursos que sus pasiones extraviadas 
les sugerían, entonces convirtieron sus miradas á la moral y 
pretendieron sacudir el yugo de la ley natural. 

"Con mas o menos hipocresía fueron sentando con artificio- 
so disimulo principios subversivos que minaban por su base 
el edificio de la sociedad, y no atreviéndose á dirigir sus tiros 
á los principios mas obvios de la moral, cifraron todo su em- 
peño en desfigurar aquellas verdades para cuy.i inteligencia 
se requiere una capacidad mayor que la del común de las 
gentes, halagaron las pasiones ardientes é impetuosas de la 
juventud, disfrazaron el error con vistosos trajes y deslum- 
brantes oropeles que cncubrian su deformidad, vertieron la 
ponzoña de sus seductoras máximas en el corazón del hom- 
bre; sus sofismas infestaron los códigos, hallaron eco en (as 
asambleas populares, y con su infernal sistema intentaron é 



LA VERDAD CATÓLICA. 375 

intentan derribar el pedestal sobre que descansa la sociedad. 
¿T no es laudable y casi necesario que la juventud cubana se 
acostumbre á desnudar al error de lafi bellas formas de que 
se reviste para cautivar la voluntad? 

"Yo asi lo creo, y la convicción de que las discusiones pú- 
blicas son ano de los medios mas conducentes á este fin, y el 
deseo de ver establecida entre mía compañeros esta costum- 
bre tan generalizada en Europa, son los móviles que me han 
impulsado á presentarme ante vosotros, aunque no me con- 
sidero digno de ocupar vuestra atención. 

"Réstame solo suplicaros que perdonéis á mis cortos años y 
á mi inexperiencia las imperfecciones que encontréis en mis 
expresiones y en mis raciocinios. Permitidme también dar las 
mas rendidas gracias al Dr. D. NIcoIjís Gutiérrez, Presiden- 
te de la Real Academia de Ciencias médicas, físicas y natura- 
les, por la bondad con que se ha dignado admitir el homena- 
je que mi alma tributa á las virtudes del honrado patricio 
que con generosa abnegación sacrifica su reposo al alivio de 
la humanidad doliente y á los adelantos de su patria." 

Según tenemos entendido, estos ejercicios filo^ficos se re- 
petirán anualmente en el Real Colegio de Belén, y excusa- 
mos manifestar cuan convenientes los creemos, ya para dar al 
público una muestra de los adelantos hechos por los alum- 
nos en el curso de sus estudios, ya para prepararlos de una 
manera conteniente á las diversas carreras en que es necesa- 
rio hacer uso de la discusión. 

Réstanos aún hablar de la distribución de premios, del 
concierto musical que a esta precedió y de la representación 
del drama lírico deMéhul titulado: José en Egipto, verificada 
en la noche del 10, concierto y representación en que toma- 
ron parte los alumnos del Colegio, Mas ¿qué podriamos aña- 
dir á lo que acerca dee sos actos han dicho los periódicos dia- 
rios de esta ciudad? A ellos remitimos á nuestros lectores, 
bastándonos asegurar que sí en la ópera y el concierto ad- 
miramos el éxito sorprendente con que unos tiernos niños 
desempeñaron su cometido, no obstante haber pasado el año 
entregados á mas serios é importantes estudios, en la distri- 
bución de premios no pudimos menos de aplaudir que cada 
cual recibiese el galardón debido á su conducta y aplica- 
ción. Damos nuestros mas sinceros plácemes por todo, así 
á los catedráticos como á los alumnos del Real Colegio de 
Belén, 



376 IJí VERDAD CATÓLICA . 

Iglesia de Santa Cntnlina. — Eo ano de los dius de la ^^ 
mana que acaba de terminar tuvimos el gusto de visitar \&^^ 

obras emprendidas en este templo, obras que según vimos., 

se nos manifestó, se encuentran ya próximas á su coDclusion^^ 
Tanto el altar mayor como los cuatro laterales estaban yi^ 
colocarlos y poco faltaba para que también lo estuviese i0 
precioso pulpito, como aquellos, todo de mármol. LabsniD* 
da de las gradas que á él conducen nos pareció severa á U pir 
que elegante. Se estaba dibujando ya l;&s figuras del techo 
abovedado del presbiterio y blanqueando el artesonado del i 
resto de ia iglesia, cuyas rosetas se nos dijo estaban listas y 
doradas. Pronto iba á comenzar la pintura de las paredes in- ' 
teriores del templo y á estucarse la cenefa ó zócalo que ha 
de reinar en toda la extensión de aquellas. Las obras de San- 
ta Catalina honran en gran manera á los Sres. Belliére y Cor- 
tada, á cuyo cargo se hallan. ¡Lástima es que ciertos detalles 
desluzcan un todo tan acabado! Así, por ejemplo ¿no hubiera 
sido mas conveniente y sobre todo mas artístico reemplazar 
el antiguo y macizo tabernáculo de plata del altar mayor, con 
otro de mármol, mas en armonía con el resto de dicho altar? 
Igualmente nos parece poco acorde con las exigencias del 
arte \i%, colocí^ion de cristales en los nichos de los altares. A 
pesar de estas leves observaciones, hijas del deseo de que se 
eviten las imperfecciones que señalamos, creemos que la 
iglesia de Santa Catalina será, después de terminadas las 
obras, una de las mas bellas, si no la mas preciosa que encier- 
re nuestra ciudad. * 



Snevo templo, — Se nos dice que el Sr. Cura párroco de la 
colonia (le Santo Domingo, Pbro. D. Joaquin Fernandez la 
Granja, trata de edificar allí un hermoso templo de mampos- 
tería, para lo cual se ha abierto una suscricion, á cuyo frente 
aparece el dicho Sr. con una suma respetable. Deseamos que 
se realice esta obra que tanto redunda en esplendor del culto. 



Para la Península marchó por el último vapor correo el 
R. P. Manuel Leza, de la Compañía de Jesús, quien sujio 
captarse el aprecio general por sus virtudes y su ardiente ce- 
lo por el bien <le las almas A dicho religioso se debe, entre 
otros trabajos apostólico**, la conversión de algunas personas 
que tenian la tl(»sgracia de no pertenecer á nuestra santa re- 
ligión. Acorn[)añrin al K. P. Leza tres religiosos mas de su 
orden. 



ItoHilaffo 1? de Setiembre de IMl, 



SECCIÓN RELIGIOSA. 



RELIGIONES "AD LIBITUM." 




► O flebe chocar el título de este artículo. Diríjase la 
' vistii á los que nos rodean, i'stúdkMHüii sus creencias, 
>y se verá que cada uno tifiie á su modo su religión; 
que es un verdadero apóstol de su símbolo de fe, y 
que sostiene con ahinco que su religión es la verda- 
dera, y que es el puro Evangelio de Jesucristo. Po- 
cos encontraremos que acepten con fe reverente y humilde 
las verdades católicas, que practiquen los preceptos de Dios 
y de su Iglesia con laudable exactitud, y que conserven unas 
creencias puras y acordes en un todo con el espíritu evangé- 
lico; y sin embargo muchos, mucInVimos, exclaman con ne- 
cio orgullo: '*Yo tengo mi religión particular: yo profeso el 
Evangelio: la religión de V. es poqu^fia, es nimia, es supers- 
ticiosa, no es ilustrada." Oomo estos sistemas de Religión se 
forjan ad libkum, no es posible presentar las distintas faces 
de esta hidra de múltiples cabezas: sin embargo, oiremos Á 
algunos de esos nuevos apóstoles. 

**Yo soy un hombre honrado, cumplo mis contratos, no 
quito nada á nadie, y soy exacto en todos mis pagos: esta es 
la verdadera religión, la verdadera moral de Jesucristo" — di- 
cen algunos. En efecto; muy laudables son esas buenas cua- 
lidades, pero algo mas'constituye al hombre religioso. Esc 
mismo apóstol al hacer la a|)ología de su honradez desata tal 
vez su lengua cual espada de dos tilos, y hiere de muerte la 
reputación del padre de familias, de la mujer honrada; y si 
bien es verdad que no despoja á nadie de sus bienes, lo des- 

VII.— ^^8 



378 



L/i VERDAD CATÓLICA. 



poja despiadada ni ente de su honor y reputación, propieda- 
des maa difíciles de restituir que e! dim-ro* Ese misino hom- ' 
bxk^j que se precia de ser exacto en el cumplimiento de sus 
compromisos y de sus pagos, quizás no se arredra ante me- 
dio alguno por reprobado que «en para hacer una lucrativa 
nt^gociacion. Tal vez ese misrno hombre abandonando su pro- 
pia mujer y sus iurelices hijos, se entrega á ilícitos amores 
que destruyen la paz doméstica, y son causa de himeutable-s 
desantres, Y ^^creeis que mú liombrtí honrado aunque sea tin 
ditiiniador, un usurero, un übt-rtino, seu el hombre de la ver- 
dadera Religión y de (a moml pura del Evangelio? La*co%- 
lestacvion no puede ser dudosa; estableced el paralelo entre 
la moral del Evangelio, y la moral del sai dkaní hombre hon- 
radoí y veréis cuan inmensa diferencia existe entre una y 
otra. Considerad que auti los hombres adornados deexccleu- 
toe cualidades religiosas eatán combatidos por mil turbulen- 
tas pasiones, que solo el freno rígido tle la Religión puctle 
encadenar. Considerad que sin la práctica de íoíÍíí^ las virtu- 
des criatianas que constituyen toda la belleza moral evangé- 
lica, no podemos decir que se profesa la verdadera religión; 
y corvsidejsiíl» pur Líltinio, que sin los gíftnfl/^s socnrros ilrl crts- 
fuuiLsnn) no ijndemoa ser cunalantementftjiflts á tothfs los scrcroa 
deberes^ cinja observancia constttiiije al hombre honrado, scguu ti 
t\spírlfu evangélico. Si las nociones de moral no se hubiesen 
lastimosamente confundido en el mundo, no daríamos el 
nombre de hombre honrado al que hemos pintado, (y cuyo 
tipo se vé reproducido muy frecuentemente en la sociedad) 
cuando si bien cumple sus contratos y paga con exaetitíul, 
sus costumbres privadas y su frecuente infracción de los mas 
sagrados deberes, le despojan de aquel título á los ojos de 
Dios y de la Religión. ¡Fuera, pues, la religión exclusiva 
del hombre honrado! 

'*!d¡ religión consiste — dicen otros — en hacer todo el bien 
posible: todo lo (Jemas es una preocupación." Decimos aquí 
lo mismo que al tratar de la religión del hombre honrado. 
Muy laudable es el bien qut^ hacemos á nuestros semejantes, 
y mucho tiene .ulelantado para llegar á la verdadera Religión, 
quien ha entrado en esta hermosa senda; pero este es el me- 
dio para alcanzar aquel//?. Los que obran de tal modo olvi- 
dan que el amor al prójimo es el segundo término del código 
del cristiano: el |)rimer término establece el amor á Dios, 
como fumliimento de nuestra Religión. Si amamos á Dios 
con lodo nuestro corazón, con ¿oda niustra alma y con todas nues- 
tras fuerzan, y al prójimo como á nosotros mismos, tendremos 



LA VERDAD CAT^UCA . Íi79 

todo el compendio de la ley del cristiano. Pero si solo hace- 
mos el bien al prójimo, y negamos el amor á Dios, nuestra 
religión es trunca y deleznable, porque le falta el amor á 
Dios que, como hemos dicho, es todo el fundamento y origen 
de nuestra religión. Y aun es una ilusión creer que se ama 
verdaderamente al prójimo, no amándose antes á Dios, y 
siendo fiel á todos sus preceptos. Podrá suceder que nos con- 
tristemos al ver una desgracia, que tratemos de repararla 
siempre que podamos, que sintamos una verdadera tenden- 
cia á hacer el bien, y que así y todo distemos mucho de ser 
veligiosos. Esas bellas cualidades que acabamos de trazar, si 
residen en corazones que no sean amantes de Dios y exactos 
cumplidores de sus mandatos, lo mas que prueban es que 
nuestro corazón, aunque bastante degradado por lacaida ori- 
ginal, conserva aun vestigios de su primitiva grandeza, y los 
gérmenes de toda la belleza moral de que fué excelso santua- 
rio antes de la prevaricación primera. Pero ese mismo amor 
al hombre, cuando no deriva del amor á Dios, será si se quie- 
re uní% virtud social, lo que hoy se llama Jilantropía; pero ad- 
vertid que la filantropía jamás será la caridad, esa eterna suavi- 
dad de los hombres y de los ángeles, según la bellísima expre- 
sión de Vicente de Paul. La filantropía que ama á la huma- 
nidad, en virtud de esa natural tendencia del corazón huma- 
no, no es la virtud celestial que. el hombre recibe de Dios, y 
que ennobleciendo y purificando sus sentimientos, lo conduce 
hasta el heroísmo, haciéndole arrostrar toda clase de sufri- 
mientos y hasta la misma muerh». ¿Creéis que entre Xosjilán- 
tropos ha habido muchos misioneros, que hayan ido á conquis- 
tar almas á precio de su sangre? ¿Oreéis que entre los^/á/í/ro- 
pos haya habido algún Francisco de Asís, algún Juan do Dios, 
algún Vicente de Paul, ó alguno de esos hombres extraordi- 
narios que han padecido la locura de la cruz, y han sido no 
solo héroes y santos, sino también las palancas mas poderosas 
de la verdadera civilización y del verdadero progreso de los 
pueblos? La historia no nos presenta uno solo; y fuera de la 
órbita universal y radiante que recorre la caridad católica, 
no encontrareis un solo hombre, cuyo amor á la humanidad, 
si DO emana del foco inestinguible del amor á Dios, le haya 
arrastrado á derramar una sola gota de sangre por amor á 
otro hombre. Por esto dijimos que el que proclama la bon- 
dad de su Religión, fundada únicamente en hacer bien á los 
otros, no ejerce la verdadera caridad, porque esta no se ali- 
menta sino del amor de Dios, y no puede verdaderamente 
amar al hombre, quien verdaderamente no ama y es fiel á 



380 l*A V^ÉDAD CATÓíAÜX. 

Dios. Hoy maü que nunca se habla d^ hnmanldadf de bene- 
fií^encia, de amoral prójimo, de bello» proyectos^ pero ob- 
servad los mezqui no» resultadoíi de tanta palabrería- ¿Y «a- 
beis porqué! porque la religión no vivifica esoü proyectos, y 
porque ae advierte en ellos la comíileta at»sencta de la ver- 
dadera caridad fraternal, que conHiste mi la caridad divina 
del amor de Dio8. Si hablílaertios poco, y nufrmemos y amase- 
inos mtíckot como Jesucristo, ese gran tipo de la caridad, loa 
maleíí sociales, si bien no desaparecerían del todo, serian 
méoos intensos. Estos existen cada vez mayores, porque hny 
\ñ Jilaníropía ea muchtu y la caridad muy jmca, 

^vAcepto todos loa preceptos de la Religión — dicen otros 
seudo-a posto lea — ménoa el de la coiifiiMíotí: yo no he tnata* 
do, ni lie robado, ni he hecho mal íi nadie: a o tengo, pues, 
de quo confesarme," Esta vulgar objeccion la hemos oído, y 
ik nu ve/* til m bien nuestros lectores, mú y mil veces* Maa 
que indignación cau^^a lástima oír tan miserable escusa, por- 
que es la prueba mas patente de que no solo no se obedect* 
aquel precepto, unicii úneorn ríe unostru salvarioii, pt^rdiila 
la estola de nuestra inocencia; sino también de que no com- 
prenílemos la altísima razón de la institución del sacramento 
de la reconciliación. A é\ llegan todos los pobres enfermos 
del espíritu, y para todas sus dolencias encuentran renuidio. 
Jesucristo mismo en la persona del sacerdote, cual médico 
celestial, baja hasta la piscina á buscar al paralítico para dar 
movimieüto á su tullido cuerpo. Allí el ciego del alma, ad- 
quiere la vista para llegar á la intuición de Dios. Allí el le- 
proso del pecado, sale limpio de su inmundicie; allí el mudo 
para alabar á Dios, aprende á desatar su lengua en alaban- 
zas divinas: allí, en fin, para cada dolor hay un bálsamo, pa- 
ra cada lágrima un paño con que enjugarla, para cada caída 
una mano que levanta, para cada victoria una corona. Y á 
los que se reputan /mí^cs porque no han matado, ni han roba 
do, ni han hecho mal á nadie, pudiéramos decirles por toda 
contestación, que Pablo, aquel vaso de elección, que subió 
hasta el tercer cielo, se ponía la mano en el pecho y decia: 
**No me tengo por justo:" pero este es el lenguaje de la hu- 
mildad cristiana, y aquel otro el del orgullo mundano. Sin 
embargo, quizás esos apóstoles de la nueva Religión sin con- 
Jesion, estén en aptitud de sufrir un severo examen para me- 
recer el título á que aspiran. ¡Vana tarea! Poned la mano 
sobre su conciencia, y veréis cuan llena de miserias está. La 
verdadera caridad fraternal, la misericordia hacia los pobres, 
el perdón de las injurias, la sobriedad, la pureza, la casti- 



LA VERDAD CATÓLICA. 381 

dad — . ah! virtudes son estas, cuyos asientos están vacíos 
en aquel corazón, y ocupados por vicios opuestos y bastardas 
pasiones. 

Para no hacer interminable este catálogo de Religiones ad 
/i6úií9it, querernos terminar refiriéndonos á aquellos que di- 
cen: "Cada uno tiene su manera de servirá Dios, y es despó- 
tico prescribir la forma en que deba tributársele culto y 
adoración.'' Y tu manera, pudiéramos decir con el abate Se- 
gar, es no servirle de ninguna. Los que predican la libertad 
de conciencia y la libertad de cultos, dan á entender que no 
profe&n ninguna Religión, ni ningún culto. Nadie que de 
buena fe discuta, podrá alegar que la Religión católica admi- 
te la interpretación privada para adoptar el símbolo de creen- 
cias que cada cual tuviese á bien escojer. ¡Pobres costum- 
bres y pobre moral si tal sucediese! 

La Iglesia, que es el verdadero cuerpo docente, ha sido la 
única que ha recfbido la misión divina de enseñar á los hom- 
bres en materia de religión, y en formar su conciencia, si nos 
es permitida esta expresión. La libertad de conciencia en- 
vuelve la negación de toda religión: pues ó todas son verda- 
deras, ó solo aquella que recibió su bautismo de sangre en 
el Calvario; pero suponer que tanto ésta como aquellas, 
que tanto la que la Iglesia enseña, como las que el hombre 
se forja, todas tienen igual grado de certeza é infalibilidad, 
es conducir al espíritu humano á una de las mas lamentables 
aberraciones, y alejar los términos de toda racional discusión. 

Como los sistemas expuestos, mil otros pudiéramos enu- 
merar; pero sujetándolos todos al crisol de la verdadera Re- 
ligión católica, apostólica, romana, muy pronto nos desenga- 
ñaríamos de cuan falaces son esas Religiones creadas ad 11- 
bitum. — Y si alguno de esos nuevos apóstoles os preguntase 
en qué consiste la verdadera Religión, contestadles breve- 
mente con Jesucristo: en observar los mandamientos: $crva 
mandola. 

J. R. O. 




3$2 hk VEEDAD CATÓLICA 



ELPROaRESO POR MEDIO DEL CRISTI AFnsmO 



ASO TERCERO. 



QITINTA CÍOrrEP.BNaiiL 

El PROCiRE^a jTIORIL POR ]1ti^&m DE LA POBREZI €RliTlAÍI. 

Señores: 

El progreso por medio del cristijinismo no es solamente la 
reacción de la humildad contra la soberbia, sino también la 
de la-austeridad contra el sensualismo. El paganismo adora- 
ba el placer; el cristianismo hace adorar el dolor: por este 
medio el mundo fué trasformado, y una adoración sucedió á 
otra adoración; desde entonces un mundo pudo también su- 
ceder á otro mundo: pues la humanidad corre adonde van sus 
adoraciones. De la práctica de la austeridad cristiana, apren- 
dida en la adoración de su Dios azotado, salió una humanidad 
mas grande de alma y de cuerpo que la humanidad pagana. 
La mortificación produjo el siguiente efecto: hizo vivir mas, 
disminuyó el hombre inferior, el hombre de la decadencia; 
pero engrandeció al hombre superior, al hombre del pro- 
greso. 

La reacción que se está efectuando desde hace diez y ocho 
siglos debe verificarse también hoy á fin de realizar el pro- 
greso en el siglo XIX. Doctrinas profundamente sensuales 
renuevan en nuestros dias, bajo el embozo de un falso cris- 
tianismo, un paganismo nuevo: se pide la igualdad del espí- 
ritu y de la carne, se proclama la rehabilitacipn de esta. Si 
hemos de dar crédito á ciertos cristianos nuevos, el mal de la 
época es la exageración del espíritu y la opresión de la car- 
ne; debiendo el progreso realizarse por medio de un engran- 
decimiento de los derechos de la carne y una disminución 
del reino del espíritu. Ahora bien; todas las realidades de la 



LA VERDAD CATÓLICA. 3S3 

vida contemporánea prueban, por el contrario, que la carne 
reina demasiado, y que su creciente soberanfa nos conduce á 
la barbarie. Luego si algún progreso debe tener lugar, se 
efectuará por medio de la austeridad cristiana, ó sea por la 
disminución del reino de la carne y un engrandecimiento 
del reino del espíritu. 

Pero, señores, no hemos acabado de haceros ver las reac- 
ciones del cristianisnrio contra las concupiscencias del siglo. 
Os señalé el año pasado otro obstáculo á nuestro progreso, 
la codicia. La manifestación de ese mal os encontró conven- 
cidos de que en él, en la codicia, existe un inmenso obstáculo 
al progreso. Humanamente hablando carecéis de remedio pa- 
ra curarnos de semejante mal; lo veis, lo deploraif>; mas no 
podéis contenerlo, disminuirlo, aniquilarlo. Aquí tanipoco 
hay otro remedio eficaz que la reacción cristiana. Ahora bien; 
la reacción cristiana contra la codicia es la pobreza. El cristia- 
nismo ha cifrado en el desprendimiento el principio del pro- 
greso: el hombre desprendido de Dios y vuelto hacia la tierra 
la quiere poseer inmoderadamente y se fija en ella con furor; 
el cristianismo, para hacerle volver mejor á su Criador, le 
aparta de lo criado. De este modo restablece el equilibrio, y 
vuelve á producir el orden en el hombre. Sin duda no [.lama 
el cristianismo á la humanidad para que realice en su seno 
el reino de la miseria: esa es una calumnia que renuevan sin 
cesar contra él los que lisonjean á la muchedumbre. ¿Qué 
hace, pues, el cristianismo? Helo aquí: se opone eficazmente 
al libertinaje de las riquezas y las orgías de la codicia, mos- 
trando á las generaciones ejemplos de pobreza voluntaria y 
abnegación heroica. Por ese medio, con gran asombro de la 
naturaleza y de la sabiduría humana, inauguró Jesucristo en 
el mundo, entregado á las corrupciones de la codicia, el ver- 
dadero progreso de las naciones, puesto que resistió divina- 
mente contra una causa profunda y universal de desorden 
y degradación moral. Por ese medio hace el cristianismo dos 
cosas grandes en favor del progreso del mundo: infunde en 
el hombre una grandeza incomparable y en la sociedad una 
fuerza inmensa: porque la pobreza cristiana es á la vez un 
engrandecimiento del hombre y una defensa para la sociedad. 

L 

Sf, señores, la reacción de la pobreza evangélica contra la 
codicia es en la humanidad un medio de progreso, pues es un 
engrandecimiento del hombre. 



V .la es iMi SU esencia el desa: 
íi Jesucristo: ella es el alma 
culo (]ue no sea el del amor r 
La pobreza, tal cual la co 
solamente el hecho y el result 
bien el amor y la voluntad co 
vacion enteramente material 
los bienes criados, sino un afe 
una suprema adhesión al Cria( 
sar ó una virtud en el cristiant 
estado en el religioso que la pr 
se de hombres exclusivamente, 
proporciones diversas, el volunt 
dicacion de lo criado. 

Tal es la pobreza que el cristi 
de Jesucristo hace practicar pai 
hombre y el progreso del mundo 
el cristianismo en contradicción i 
ñas que rechazan el verdadero pi 
que les hace rechazar el verdade 
miento de lo criado que pide el 1 
decimiento del hombre y un pro 
maldice hoy como una mutilación 
al progreso social. El progreso, 
debe efectuarse, no por medio de 
apego progresivo á los bienes de 
razón secreta de ese error anticrii 
mo término y posesión del hombr 
tales sino la naturaleza v b/^í- '- 

lo 4.1- 



LA VERDAD CATÓUCA. 386 

grandece. Llaman sacrilegamente á eso estar en comunión (1) 
con la naturaleza: siendo ese epicurismo disfrazado toda la 
eucaristía de tan sensuales cristianos. 

Pero por mas que los apóstoles de la codicia huníana de- 
jen oir el rumor de su maléfica elocuencia, no harán callar 
en la hamanidad la predicación de la pobreza cristiana: no 
rendimos ante ellos el estandarte de Jesucristo, despojado 
voluntariamente para producir el amoral desapropio volun- 
tario. Continuaremos oponiendo palabra á palabra y doctri- 
na á doctrina. Direníos en una enseñanza que no ha de 
callar hasta la consumación de los siglos: El desasimiento 
de lo criado es el verdadero cristianismo; y ese cristianismo 
es el progreso, pues es el engrandecimiento del hombre. 

Que el verdadero cristianismo personificado en Jesucristo 
sea el voluntario desapropio, es decir, la pobreza en esencia; 
que ese voluntario desapropio de Dios haya suscitado en los 
siglos cristianos imitaciones generosas, y creado todo un mun- 
do de pobres voluntarios; es lo que brilla en la mente de to- 
dos con una claridad demasiado radiante para que yo pida 
aquí á la palabra que demuestre lo que es evi^lente. He aquí 
la tercera faz de miestro misterio: Ecce mystcrium vobis Jico. 
Dios encarnado. Dios naciendo vestido con su sola pobreza, 

r provoca el voluntario desprendimiento desapropiándose vo- 
untariamente. El es por esencia la soberana riqueza, y se 
convierte en la pobreza absoluta. Cum esset dives^ egenus 
factus est (2). El Dueño de todas las cosas nada posee ya. 
Tal es el cristianismo: Dios criador de todo revelándose por 
medio del desapropio de todo. Jesucristo nació, vivió y n)u- 
rió pobre: tuvo para nacer el pesebre de Belén; para crecer 
la casa de Nazareth; para morir su trono del Calvario; po- 
bre al principio de su vida, carecitMido hasta de pañales para 
cubrirse; pobre á mediados de su vida, no teniendo siquiera 
donde descansar la cabeza; pobre sobre todo en aquella hora 
solemne en queii pareció en medio de un absoluto des|>rendi- 
miento tomando por esposa en la cruz á la divina pobreza. 
Pues bien; allí en aquel libre desasimiento de cuanto él mis- 
roo hizo en la primera creación, el Verbo encarnado se pre- 
senta para crearen torno suyo ese mundo nuevo, del cual va 



(1) NoB ba sido imposible traducir de otro modo que por medio do un cir- 
cunloquio el verbo communUr t l¡t«r;ilment« oomuigAr) lo cual buce menos exac- 
ta la calificación de sacrilega duda á esta expresión en el sentido en que la em- 

Slea el autor. Felizmente en castellano no se ha llegado á falsear el seutidí» 
e la palabra comulgar, únicamente reservada para expresar la acción de reci- 
bir el ouerpo «agraot» de Nuestro 8em»r Jesucri.8tií«.— ¿Voía del traductor. 

(2) U Cor. VIII, 9. 

VII.— 49 



386 LA VERDAD CATáLICA, 

á ser la base, el centro y la cúspide. Ah! creo ver desde nquí 
á ese Diotí pobre y ^iespojado de todo» aliatátitlose á coiiquia- 
Ur el muuiJu y á trasíormar lu humanidaiU nlza á la vsáta de 
Iqü grundef« y ríeos de la tierra el estandarte de la pobreza, 
vej-iílti regís ¡irodcuti/t y exclamíi llttinftiidi> áeunntüs quiífren 
fi e g u í r 1 (f : ¡A tn í tos fwb res! Q y e r e í * e o ti q u í s t a reí p rog r c«o ^ y 
otí arrojuis á la conquista de la poses] tni y al t^ngrandecitoíeil^ 
tu de vuestros dominios; dirteiieos: os engunais; yo soy el 
verdadero restaurador del mundo; minwl m\ cuna, mirad míi 
artnai^, miradme á m! mismo. Dueño de todü, nada poseo ya. 
¿Queréis ser mis soldador? &ed lo que yo soy; yo soy pobre, 
sed lo vosotros también. Anejad léjo^í de vosotros e§a pesa- 
da carga de la riqueza, e,-B lujo de tos pueblos enervados y 
esa coilioiade las naciyaes corrompidas; y como yo y can- 
migo, avanzad en medio de las privaciones y desasidos de 
todo para rentivar los pueblos de la titírra. Satanás veneíó 
eivu la riqueza, venid conmigo; Jíosotros venceremos con la 
pubreza.*' 

Vosotroíi sabéis, sefiores, si ese Ifamamieato fué escuchado. 
De cualquier modo que lo expliquéis, el encanto de la po- 
breza síilído del p<í«ebrt% i|e Naiíinetli y del Calvario^ venció 
en el corazón (le muchedumbres ain cuanto ios atractivos <le 
la riqueza: de todas las clases ilv; la socicdaci, y en las diver- 
sas épocas de los siglos, s<í han alzado batallones salidos de 
la tierra como por un encanto divino, y sin irías defensa que 
el desasimiento <le todas las eosas: colocados en torno de ese 
humildí pesebre convertido para el Dios pobre en una espe- 
cie de carro triunfal, y han diciio con la acción aun mas que 
con la palabra: ¡He aquí que llega nuestro jefe, nuestro prín- 
cipe, nuestro rey! ¡Oh M'testro, arrastradnos en pos vuestra 
A íiu de destruir la codicia; y que por vos y con vos reine 
enternamente la pobreza! 

He ahí, señores, una de las revoluciones m.iyores que se 
hayan efectuado en la humanidad: y os pido me disculpéis 
si resumo en tan pocas palabras un hecho histórico de tanta 
importancia. Lo que sobre todo corresponde al asunto que 
estoy tratando, es mostrar cuál fué la trascendencia de seme- 
jante hecho bajo el punto de vista del progreso humano. 
Ahora bien; lo que desde luego hiere aquí mi vista es un en- 
grandecimiento pro<lig¡oso del hombre fnismo como resulta- 
do de su voluntario desasimiento de los bienes criados. 

Es una inclinación de la naturaleza humana el tratar de 
engrandecerse á sí misma por medio del aumento de la 
posesión. Parece que á medida que el hombre va exteudien- 



1 



LA VfeRDAt) CATÓLICA. 387 

do sobre la tierra por donde camina el círculo de su domi- 
nio, extiende también en torno suyo la esfera de su persona- 
lidad: la misma voz de propiedad sostiene al hombre en esa 
ilusión por me(}iode la cual cree añadir á su persona todo 
aquello que llevando su nombre se le hace propio y en cier- 
to modo personal. El hombre, al ver extenderse el dominio 
de su propiedad y elevarse el edificio de su fortuna, dice pri- 
mero en su exaltación naciente: "Esto es mió; esta for- 
tuna me pertenece, esta herencia es mia, y lleva el 8eIIo de 
mi persona y del esplendor de mi nombre." Ahora bien; una 
vez que el hombre ha dicho: Esto me pertenece, estoes mió, 
no tarda en darle la tentación de decir en un rapto de sober- 
bia: Esto es mi mismo ser, esta fortuna es mi persona que se 
eleva; este dominio, mi ser que se engrandece. Figúrase en 
efecto que el límite del yo retrocede con el del dominio, y que 
la personalidad asciende en él con !a cúspide de su fortuna. 

Esa inclinación están natural y poderosa en la humani- 
dad, que no se encuentra un hombre en cada mil capaz de 
conservar enteramente separadas en su mente estas dos co- 
sas tan profundamente separadas en la realidad: la grandeza 
que proviene de adentro y la que proviene de afuera, el va- 
lor de la persona y el de la fortuna. No hay quizás aquí un 
hombre que sabiendo esta noche que un acaso feliz le ha he- 
cho poseedor de varios millones, no despierte mañana con el 
sentimiento de una grandeza que no reconocía en sí la vís- 
pera, y no se diga en voz baja hablando consigo mismo: "De- 
cididamente somos una. gran persona, y tenemos derecho á 
respetos iguales á la dignidad que se nos otorga." Eáa ilusión 
de la grandeza imaginaria que da al hombre la soberbia exal- 
tándose con la posesión es una flaqueza que proviene de 
nuestro estado de miseria; y, la tiranía de las preocupaciones, 
juntamente con la astucia de Satanás, conspiran demasiado 
para dar á nuestro entendimiento ese miraje de la falsa ma- 
gestad y grandeza trastrocada. 

El cristianismo procede aquí de un modo contrario á la na- 
turaleza: engrandece al hombre con el desapropio voluntario; 
eleva en él la personalidad disminuyendo en torno suyo la 
propiedad; y le agrega interiormente, si puedo expresarme 
así, todo cuanto le hace suprimir exteriormente; revistiéndolo 
el libre desprendimiento de lo criado de una grandeza que 
lo hace cada vez mas semejante al (Jriador. 

Esto apareció en los siglos cristianos con gran asombro de 
aquel mundo pagano, demasiado acostumbrado á medir la 
grandeza personal por el tamaño de la posesión. Cuando el 



«ic^v;<ii¿ i'i 



lie pie y píen 
lina cuerda, y poseídos deesa extrai 
las dt'inas, la de no [)()seer nadií pa 
A su Dios privado de todo; entóiice> 
dos cuantos habían comprendido el 
pulso de aquella trasforinacion, que 
bia penetrado en el alma humana 
de todo esplendor y majestad que 
esplendor de su alma. 

En efecto, el primer rasgo de esa 
la pobreza cristiana, es lo que pued( 
mas estrecho, la magnanimidad, la ' 
hombre: la grandeza humana devuc 
decir, al alma misma. El mayor obs 
dicia á la grandeza del hombre consist 
deza fuera del dominio del alma: grai 
deza de heredad, grandeza de patrim> 
tal, todas las grandezas en Su, meno; 
La pobreza evangélica ha derribado c 
do en torno del hombre todo horizon 
de él; lo ha reducido voluntariamente 
to no era su propia persona, á la pose 
podido decirle: "Nada tienes yft." ] 
abria al hombre, en el fondo mismo d 
finitos en que la grandeza del alma 8< 
tera; pues Dios penetraba tanto mas 
lia de ella el mundo y cesaba de ahe 
de lo :jriado. Es señal de un alma gr 
mortal: Magni et excelsi animi est cnU 



LA VERDAD CATÓLICA. ÍJ89 

Criador, ese mismo hombre volvió á encontrar aquel ca- 
rácter cuya huella conservaba el mundo pagano en su len- 
guaje, pero cuyo tipo, borrado hacia largo tiempo, no podia 
ya presentar en el hombre: la verdadera magnanimidad, 
el hombre grande en su alma, y solo en su alma. 

Con ese carácter de grandeza, fué devuelto otro al hom- 
bre por la pobreza evangélica: la libertad; entiendo la liber- 
tad ea*el sentido mas legítimo y sublime de esta palabra: el 
hombre libre de lo criado y emancipado de cuanto no es 
Dios. Una doctrina muy diferente tiende á prevalecer en los 
áuimos, practicada y preconizada por hombres que preten- 
den ser libres, y parecen haber olvidado hasta la primera no- 
ción de la libertad. Si les dais crédito, la riqueza es el ma- 
yor elemento de libertad humana: mientras mas rico es el 
hombre, mas holganza tiene; mientras mas holganza, mas li- 
bertad: mientras mas libertad posee, mas liberalmente derra- 
ma so ingenio sobre las generaciones los tesoros de su fecun- 
didad. El resultado de esa teoría muy seductora es que todos, 
y especialmente los literatos, deben amontonar mucho oro, 
á fin de poseer mucha libertad: el oro es el dios que les pro- 
porciona el descanso; el oro es el redentor que paga á los 
acreedores el rescate del ingenio, cautivo de la miseria. El 
oro es, en una palabra, el verdadero padre de la libertad. En 
esas teorías tan caras para muchos varones insignes de estos 
tiempos, solo se olvida una cosa, una sola: la verdad. Se ol- 
vida que la libertad del alma consiste en no tener trabas, y 
que para no tenerlas, el secreto es único: no tener apego á 
nada ni ser contenido por nada. Todo el que se liga á una 
cosa es esclavo de ella; todo el que se apega á la posesión es 
esclavo de esa misma posesión; y todo el que se apega al 
oro es esclavo de su oro. Afirmo que nada hay menos libre 
sobre la tierra que el hombre consagrado por su pasión al 
servicio del oro: mas esclavo que todo esclavo, se impone una 
servidumbre mas vil que todas las servidumbres: porque á 
quien sirve no es á un hombre, sino á una cosa. La pobreza 
cristiana saca á los que la abrazan de esa esclavitud mil ve- 
ces mas baja que la servidumbre de Egipto: rompiendo to- 
dos los lazo8 que los unian á lo criado, ha hecho de ellos, en 
toda la extensión de la palabra, verdaderos hombres libres. 
La pobreza cristiana ha obtenido, de aquellos que antes po- 
seian, un amor de predilección hacia el autor de toda pose- 
sión; y para realizar mejor en medio de los cristianos ese ti- 
po de regia libertad que conviene á los reyes de la creación, 
ha obrado en un gran nú ñero la separación efectiva de todas 



390 LA VERDAD CATÓLICA. 

SUS posesiones; y apartando de su alma mas que de su cuer- 
po lazos que podían dejarle una señal de cautiverio, ha pues- 
to en las cumbres mas altas de la humanidad esos tipos aca- 
bados de humana libertad, y ha mostrado soberanacnente li- 
bres en la exclusiva posesión de su Dios á esos bienaventu- 
rados libertos de la creación, bastante seguros de su libertad 
para desafiar á todo cuanto ha sido criado á que jamas les 
imponga cadenas, y bastante seguros de su fuerza, para de- 
safiar á todo poder á que jamás les infunda temor. 

Tal es, en efecto, el tercer carácter del verdadero pobre 
de Jesucristo, una intrepidez á toda prueba. El hombre que 
tiene la pasión de la riqueza teme. Por mas que se gloría 
de intrépido, cierto temor le acosa como el remordimiento al 
culpable, el de trastornar ó perder su fortuna; un ruido, un 
soplo, una sombra le causan espanto; y como el temor pro- 
duce cobardes, el hombre apegado á las riquezas es cobarde 
también; para conservar su fortuna» está pronto á cualquier 
cobardía. Para librarse de todo temor y de la cobardía que 
este arrastra consigo, existe un secreto muy sencillo: no de- 
sear ni poseer nada. En un alma sin deseos, el temor no tiene 
cabida. El vjue no poseyendo nada, niula desea, tampoco á 
nada puede temerle. El que no desea ya nada, ni aun la vida; 
nada puede tener, ni aun la muerte. Y esa es la situación 
del verdadero pobre de Jesucristo. ¿Qué cosa podrá quitár- 
sele cuya pérdida le cause espanto*/ ¿Su riqueza? ya no la 
tiene. ¿Su herencia? dejó de |>oseerla. ¿Su hogar? carece ya 
de él. ¿Su patria? el mundo entero lo es; ó mas bien, el mun- 
do entero es para él un destierro, y mejor que el sabio del 
paganismo, si le preguntan cuál es su patria, puede decir al- 
zando la mano: *'¡Mi jííitria es el cielo!" ¿Quién podrá in- 
fundirle pavor? ¿la muerte? esta abrevia su destierro y le 
abre la única patria que buscan sus deseos. ¡Oh potestades 
deK mundo, no esperéis atemorizar el alma y el corazón del 
pobre! Su alma pertenece toda entera á aquel á quien no 
puede perder; y su corazón esdá donde vuestros golpes no 
pueden alcanzarlo. 

Una sola cosa seria capaz de horrorizarlo, el perder á Je- 
sucristo: **Para poseer á Jesucristo, os dice, todo lo he des- 
preciado. Jesucristo es mi riqueza, Jesucristo es mi heren- 
cia, Jesucristo es mi patria; Jesucristo es mi padre y mi ma- 
dre, y mis hermanos y hermanas; Jesucristo es mi Dios, Je- 
sucristo es n)i todo: Dcus meus c( omnia. Y yo sé que no po- 
déis arrebatarme á Jesucristo. Todo cuanto me persigue me 
acerca á él; todo cuanto me despoja me reviste de él; todo 



LA VERDAD CATÓLICA. 391 

cuanto me bace mas pobre me enriquece mas con él; todo 
cuanto pueda causarme hambre me sacia de él, y la espada 
que hiera mi cuerpo, última propiedad de un alma impacien- 
te de poseerle á él solo, no hará mas que derribar la barrer- 
ra que aun me separa de él." Tal es, sin esfuerzo, sin énfasis 
y 8Ín insolencia, el pobre de Jesucristo; él es por excelencia 
el hombre sin temor, el hombre que no tiembla. Y si desde 
que estáis en el mundo no habéis encontrado sino hombres 
que tiemblan, sabedlo, eso consiste en que, como aquel em- 
perador romano que aun no habia encontrado un obispo, 
tampoco habéis dado con un verdadero pobre de Jesucristo. 

Asf pues, la pobreza cristiana, despojando al hombre del 
prestigio de grandezas que no le pertenecen, lo engrandece 
interiormente y le da un carácter al cual no se acercaron ni 
siquiera de lejos las figuras mas grandes del mundo pagano. 
Apenas se necesita deciros que ese grande ejército de po- 
bres voluntarios llevando bajo su humilde librea toda la ma- 
jestad dfl hombre, no lo vio pasar la humanidad sin sentirse 
hondamente conmovida; y seria preciso compadecer al que 
no comprendiese la inmensa y profunda sacudida que con 
semejante espectáculo sintió el mundo para su engrandeci- 
miento y progreso general. 

¡Ah! señores, aun cuando los pobres de Jesucristo no hu- 
biesen hecho otra cosa al pasar por la tierra, han obtenido al 
menos incontestablemente un resultado, cuyo influjo ha re- 
corrido el espacio y los siglos: con el espectáculo de su vo- 
luntario desprendimiento, han levantado contra los excesos 
de la codicia una protesta solemne; y ejercido contra las de- 
gradaciones que aquella trae consigo una reacción poderosa 
y verdaderamente progresiva. Ellos han conservado en su 
inalterable majestad la dignidad del hombre en medio del 
envilecimiento y de la ignominia de la codicia: y por ahí, 
han impedido que esa ignominia prescribiese y ese envileci- 
miento llegase á ser el estado normal de las naciones cristia- 
nas. Ahora bien; lo que esos pobres hicieron una vez en los 
S rimeros siglos cristianos y tantas desde el establecimiento 
el cristianismo, todavia lo hacen en el dia: y esa protesta, 
esa reacción, mas necesaria hoy que nunca, no será ni menos 
poderosa ni menos eficaz para levantar á las almas próximas 
ácaer. Por envilecido que esté el siglo con el imperio de la 
codicia contemporánea, habrá de decir forzosamente al ver- 
los pasar: He ahí unos hombres convencidos de que existe 
una grandeza humana que no estriba en la materia: he ahí 
hombres que creen que e^^iste acá en la tierra para nosotros 



i\{'\\ |>rrs<Mirars(» 6 imponer lo lev í>i 
te (lr^ra<lu(l«is. 

Por tanto, iiae^Ml lo que queráis 
pobreza voluntaria os queila, corno 
cia que nunca os falta en la hora d 
sidades, afirmo que los excesos de I 
cuyo oprobio no os he disimülad( 
Francia. A la hora en que os hablo, 
tra vista espectáculos vergonzosos, 
muestren á vosotros sin que vuestr 
ignominia. En presencia de esas de 
queda un sentimiento cristiano que 
el fondo de vuestras almas las codi< 
aplaudidas. Buscad bien lo que cxp 
de vuestras almas que aun son ci 
quien llamáis buscnr/or Je oro, hacia 
ce tal, el hombre de tlincro, y solo el h 
vosotros, quizá á pesar vuestro, mi 
¿Quién los puso en vuestras almas? 
preciar tan noblemente lo que ciertí 
adora de un modo tan servil? quién? 
nismo; el cristianismo que os ilumii 
bierua, aun en ausencia de la práctica 
co que os muestra todavía con el eje 
todas condiciones, dónde reside la 
hombre. 
Deiad nnoo r^«««- 



LA VERDAD CATÓLICA. 393 

á vuestra vez olvidar la pobreza cristiana; y todos juntos, 
mostraremoB al mundo, bajo la salvaguardia y el estandarte 
de Jesucristo, la werdeídersk grandeza del hombre. 

Trad. por R. A. O. (Finalizará,) 



EL R. P VENTURA DE RAÜLICA. 



En el momento en que escribimos, una de las inteligencias 
mas bellas de nuestra época se halla en víftj>eras de extinguir- 
se. Desde hace unos quince dias, clavado en su lecho de do- 
lor, lucha con la muert^el R. P. Ventura. ;Pero qué lucha 
tan edificante! ¡qué espectáculo tati admirable y consolador 
á la vez, el de esc ilustre anciano, con el crucifijo en los la- 
bios, con los ojos vueltos al cielo, y pareciendo olvidar sus 
dolores para no pensar sino en Dios! 

En Versalles, lejos de la tierra que le vio nacer, lejos de 
su familia, da su último combate el P. Ventura. Pero en 
Versalles el ilustre anciano ha encontrado amigos fieles pa- 
ra aliviarle sus dolores, y un venerable obispo para fortale- 
cer su corazón y endulzar las angu^^tias del terrible trance 
ante el cual han temblado los mayores santos. Monseñor, 
que desde hace largo tiempo profesa al P. Ventura una pro- 
funda amistad, no ha querido confiar á otros la piadosa mi- 
sión de ofrecerle los auxilios de la religión. El jueves 18 de 
Julio S. I, administró al enfermo el Santo Viático. Antes de 
recibir el pan de vida, el reverendo Padre suplicó aun Pa- 
dre Capuchino que le recitase los siete salmos penitenciales. 
Durante esta lectura sus sollozos, sus gestos manifestaban 
sus sentimientos de humildad, de contrición, de fe, esperan- 
za y amor; y en el momento en que se pronunciaban estas 
palabras: Ad /c. Domine^ expandi mamis mcati, sus brazos se 
elevaron al cielo. 

Al entrar en su alcoba, Monseñor lo encontró en la acti- 
tud del mas profundo recogimiento, con el Crucifijo en la 
mano, el cual besaba con tierno afecto, y le dijo: 

vu.— 50 



394 LA VERDAD CATÓLICA. 

"Reverendo Padre, 

"He aquí á vuestro Dios, vuestro Salvador, que viene é 
consolaros, & animaros. Este es el Dios á quien habéis cono- 
cido tan bien, que habéis dado á conocer tan bien al mundo 
por medio de vuestras elocuentes predicaciones y sabios es- 
critos. Renovad en vos los sentimientos de contrición, repi- 
tiendo con el Rey-Profeta: 

^^Ampluis lava me ai iniqtdtate mea, et a peccaío meo munda 
me, ... 

^^ Asperges me hyssnpo et mund/ibor; larabis me ct super nivem 
dealbabor. . . ." 

"Recibid á vue<;tro Dios con la fe mas viva, la caridad mas 
ardiente, y sobre todo con la mayor confianza. Deus meuset 
omnia^ mi Dios y mi todo, sed mi fuerza, mi consuelo y mi 
vida! In te. Domine, speravi, non conf andar in ceternum . . . •fiat * 
voluntas tita " 

Escuchando la profesión de fe de S. Pío IV, que no podía 
leer por sí mismo, pudo juzgarse la fe del P. Ventura y su 
amor á la Iglesia. ¡Con qué fervor contestaba á estas pala- 
bras: '^Reconozcoá la Santa Iglesia católica, apostólica, ro- 
mana como madre y maestra de todi^ las Iglesias. Juro com- 
pleta y entera obediencia al romano Pontífice, sucesor del 
bienaventurado Pedro, príncipe de los Apóstoles y Vicario de 
Jesucristo. Creo y tengo por infalibles todas las decisiones 
de los sagrados cánones, de los Concilios eucuménicos, y 
principalmenle cuanto ha decretado el santo Concilio de 
Trento. Condeno, rechazo y anatematizo lo que les es con- 
trario, y todas las herejías, sean cuales fueren, condenadas, 
rechazadas y anatematizadas por la Iglesia." 

Mas no bastaba á aquella alma ardiente atestiguar su fe 
con signos y gestos. Reuniendo todas sus fuerzas, el P. Ven- 
tura se volvió hacia el Padre Guardian de los Capuchinos de 
Versalles, y le dijo: •*Qfiiero que se sepa que muero en la fe 
de la santa Iglcsin católica, apostólica, romana, á la cual he ama- 
do siempre tiernamente.^^ 

A pesar de lo^ cuidados mas afectuosos, el estado del en- 
fermo empeoró durante el dia del viernes, y el sábado 20, á 
las cinco de la tarde Monseñor, asistido por los Padres Capu- 
chinos, {e administró el último sacramento. Antes de las un- 
ciones santas, S. I. encontró en su corazón nuevas palabras 
de consuelo y estímulo para el piadoso enfermo, el cual, no 
obstante su debilidad, respondió él mismo á todas las oracio- 
nes. 

Entonces tuvo jugar una escena verdaderamente tierna. 



LA VERDAD CATÓLICA. 395 

Monseñor se inclinó hacia el Reverendo Padre y le dijo: '^Es 
un gran consuelo para mf haber podido desempeñar para 
con vos las funciones del santo ministerio." El R. P. Ventu- 
ra abrazó á S. I.» pronunciando estas bellas y sentidas pala- 
bras: **Vo8 sois la Iglesia, yo muero amando á la Iglesia y 
abrazándola/' ¡Palabras muy dignas del cristiano que las 

f pronunció; testamento imperecedero de su f*.) y amor hacia 
a Iglesia! 

La emoción era profunda entre \o% presentes, y Monseñor 
se retiró con los ojos arrasados en llanto. 

Pero faltaba todavía algo al P. Ventura. Ese varón á quien 
hemos visto edificando á los que le rodean, no quería morir 
sin que el Jefe supremo de la Iglesia bendijese su lecho de 
dolor. A petición suya, Monseñor el Obispo de Versal les 
dirigió á Roma el despacho siguiente: 

"Obispado de Versalles, 20 de Julio. 
"El R. P. Ventura está muy enfermo; ha sido administra- 
do el 18 de Julio, y desea recibir la bendición del Padre 
Santo. ^ 

"Pedro, Obisjyo de Versal/es^'' 

El 32 de Julio, recibía Monseñor esta respuesta: 

"Roma, 22 de Julio, 10 hs. y 60 min. 
de la mañana. 
"Illmo. Sr. Obispo de Versalles, 

"El Padre Santo siente mucho saber el estado peligroso 
del P. Ventura de Ráulica, y le concede la bendición que ha 
solicitado. 

"Firmado: Cardenal Antonelli." 

{Le Monde, 27 de Julio.) 



396 



LA VERDAD CATÓLICA. 



CÜESTIOlfES 

DE DERECHO NilTIJRAL T DE lORAL 

^r^pncitai por cl Cardeaal CeNil» con lai reipaeatas dadas por el pría- 
cl|M dol Plamonto, postcriomioiite Cárloi Slanael l¥. 



Creemos que nuestros lectores verán con gusto este artí- 
culo que tomamos de unos opúsculos del Cardenal Gerdíl, 
preceptor del príncipe del Piamoiite Carlos Manuel que re- 
nunciando á la corona y & las grandezas de este mundo, mu- 
rió en calidad de noticio de la Compañía de Jesús. Dichos 
opúsculos fueron publicados por primera vez en Roma en 
1852, con arreglo á autógrafos existentes en el colegio de 
PP. Barnabitas, á cuya orden pertenecía el Cardenal. 



I. 

El Emperador Caracalla propuso al célebre jurisconsulto 
Papiniano que hiciese la apología del asesinato cometido por 
ól en la persona de su hermano Geta. ¿Podia Papiniano pres- 
tar su pluma para justificar un crimen, por temor á la muer- 
te, con que se le amenazaba? 

R. 

Papiniano no podia por temor de la muerte emprender la 
apología del asesinato de Qeta. Porque justificar un crimen 
es hacerse culpable de él; y tratándose de una acción con- 
traria & la ley natural, el temor de la muerte no podia excu- 
sarla. 

II. 

¿Qué hemos de pensar del sentir de Puffendorf, quien dice 
que una acción arrancada por el temor no puede imputarse 



LA VERDAD CATÓUCA. ^97 

con mas razón al agente inmediato de ella, que á la es|Mida 
empleada para dar el golpet 



Esa opinión es insostenible. Pues la espada empleada para 
dar el golpe es un instrumento inanimado, mientras que el 
hombre á quien se quiere hacer cometer una mala acción, 
siendo un ser dotado de razón, puede y debe negarse á ello, 
y antes sufrir la muerte que violar el derecho natural. Es 
evidente que nada hay voluntario en un ser inanimado, y 
que el hombre que cede al temor hace una acción volunta- 
ría y que le es imputable. 

m. 

La ley prohibía á los Judios las obras serviles el dia del 
Sábado. Por consiguiente varios judios creian en tiempo de 
los Macabeos que era preciso antes dejarse degollar que de- 
fenderse siendo atacado en dicho dia. ¿Esta opinión era ra- 
cional? 

R. 

No, pues la prohibición de trabajar el Sobado era una ley 
positiva, y la obligación de conservar la vida pertenece & la 
ley natural. Ahora bien; eWerecho natural debe aer siem- 
pre preferida al positivo. Por otra parte el temor de un mal 
grave dispensa de la observancia de las leyes positivas, salvo 
el caso de desprecio, escándalo ó bien público. Por eso Ma- 
tatfas, consultado acerca del particular, contestó que no se 
debía tener escrúpulo en combatir cuando se era atacado el 
dia del Sábado. 

IV. 

Si David no obró mal comiendo los panes do propiciación; 
¿porqué Eleazar no pudo comer carnes impuras, por temor 
de la muerte, puesto que ea uno y otro caso se trataba tan 
solo de Áiua, ley positiva? 

R. 

David, en una extremada necesidad y por temor de morir 
de hambre infringió una ley positiva sin menosprecio ni es- 
cándalo; podia, pues hacerlo, sin pecado. P^leazar no hubiera 
podido sin pecar consentir en comer carnes impuras, [Miento 
que se le quería obligar <í ello por desprecio á su religión y 



39R LA VERDAD CATÓLICA 

odio de la ley de Dios, lo cual es contrario al derecho natural. 
Con razón, pues, prefirió Eleazar una muerte gloriosa & una 
vida despreciable. 



Un particular, movido por el temor de una escasez inmen- 
sa, celebra un contrato con un extrangero para tener en un 
tiempo determinado cierta cantidad de trigo á un precio con- 
venido. Sin embargo recursos inopinados devuelven laabun- 
dancia; ¿tiene derecho el particular á rescindir su contrato, 
so pretexto de que no lo hizo sino impulsado por el t^mor 
de un peligro que ya no existe? « - 

R. 

Dicho particular no puede volverse atrás de su compro- 
miso. Pues el temor de acontecimientos naturales y fortuitos 
es uno de los motivos que nos determinan á obrar, lo cual no 
impide que los compromisos sean libres y voluntarios. 



VI, 

Habiendo recibido un malvado en depósito ciertas escri- 
turas de un tercero, ni(?gase á devolverlas y amenaza que- 
marlas, si el tercero no se obliga á pagarle una suma consi- 
derable. ¿Esta obligación está autorizada por la ley, y el 
malvado tiene derecho á exigir lo que hizo que se le pro- 
metiera? 

R. 

Semejante obligación no se haya en lanera alguna auto- 
rizada por las leyes, porque compromisos contraidos por un 
temor injusto no deben ser tenidos por válidos, no porque 
sean absolutamente involuntarios, sino porque la prudencia 
no permite otro partido; luego no existe libertad suficiente 

Sara obligar. Por otra parte el que arranca algo por medio 
e una violencia injusta, no puede adquirir derecho alguno, 
porque nadie debe sacar ventaja de una injusticia. Luego el 
malvado, no teniendo derecho alguno para exigir, el otro in- 
dividuo tampoco contrae ninguna obligación. Pues derecho 
X obligación son correlativos, no pndiendo existir el uno sin 



h\ VERDAD CATÓLICA. 399 

VII. 

Un particular rehusa, contra lo dispuesto por la ley, ven- 
der su casa para un uso público, y no se resuelve & venderla 
sino por temor del mal con que le amenaza el magistrado. 
¿Es válida esta venta forzada? 

R. 

Lo es. Pues teniendo el magistrado derecho para obligar, 
no hace mas que instar al particular para que haga lo que 
debiera ejecutar sin la mendr dificultad. Así, pues, ese justo 
temor no destruye la validez de la acción. 

VIII, 

Noé se embriaga y no peca. Saulo persigue á la Iglesia de 
Jesucristo por ignorancia, y peca: ¿de dónde proviene esta 
diferencia? 

R. 

La diferencia consiste en que la ignorancia de Noé era in- 
vencible, pues habiendo sido ei primero que sembró la vid, 
no podia conocer la fuerza del vino. Saulo ignoraba en ver- 
dad que la religión cristiana fuese la verdadera; mas podia y 
debía hacerse instruir y conocerla; su ignorancia era, pues, 
vencible, y por consiguiente pecaba. No conociendo el mal 
que hacia, no lo quería en sí mismo, pero sí en su causa, por 
cuanto descuidaba conocerla. 

IX. 

Conversando un chino con un europeo le habla con san- 
gre fria de algunos de sus hijos, abandonados porque le eran 
gravosos. El europeo echa en cara al chino su inhumanidad; 
éste le replica que nunca sospechó el menor mal en una prác- 
tica autorizada por un uso universal é inmemorial de todo 
el imperio. Se pregunta si la ignorancia del chino podia dis- 
culpar su acción. 

R. 

La ignorancia invencible no puede ciertamente tener lu- 
gar con respecto á Iqs primeros principios, y á las consecuen • 



400 XJí VERDAD CATÓLICA. 

cias menos remotas de la ley natural. Ahora bien; abando- 
nar á 8113 hijos es luiíi acción contra los principios 6 primeras 
consecuencias de) derecho natural; luego no puede haber ig- 
norancia invencible con respecto á este particular. Luego la 
ignoMncia del chino, siendo vencible, no podía excusar su 
crimen. 

X. 

Un atolondrado arroja sin consideración por la ventana, á 
una calle frecuentada, Suanto le cae á mano y da muerte á 
un tran^^eunte, nnico sosten de su íiimilia; ¿es culpable de 
homicidio el atolondrado, y está obligado á reparar el daño 
que ha causado á la familia del difunto? 

R. 

El atolondrado es reo de homicidio; pues podia y debia 
saber que arrojando por la ventana cuanto le caia á mano, 
podia muy fjifilmente alcanzar á alguno y darle muerte. Así 
pues, aun onamio no tuvo la intención directa de matar á un 
hombre, sin enil)argo quiso el homicitüo en su causa. Por con- 
siguientií está pbligatlo íí reparar el daño causado por él. 



XI. 

¿Qué es menester para hacer ipie una acción sea moral- 
mente buenaf ¿No basta la intención? 

R, 

Preciso es qiHí sea buena en su objeto, en su lin y circuns- 
tancias^; siiceJe en eso lo (jue con la belleza, iitia sola facción 
disforme basta para Jtísliirurar; así pues, el menor defecto, 
«ea en el lin, stía en las circunstancias, hace la acción defec 
tuosa. La buena intención no basta, pues, para hacer buena 
una acción, mala |»or naturaleza. Por eJem|>lo, n*o es hacer 
una buena obra robar á un rico para dar lini'jsna á un pobre. 
Los que se hallan, [uies, ocupando destinos debei» instruirse 
afondo acerca dt* suü deberes, y no descansar en sus buenas 
intenciones, r.xnuesfosú faltar á lo que deben. 



U VERDAD CATÓLICA 401 

XII. 

¿Se peca obrando contra la conciencia cuando ésta es 
errónea? 

R- 

Se peca, pues se determina uno á hacer )o que cree 
estar mal hecho. Se tiene, pues, la voluntad de obrar 
mal. Luego se peca; por ejemplo, un hombre que se creyese 
obligado á jurar en falso por salvar á un amigo pecaría no 
haciéndolo, pues se hallaría en disposición de violar una 
ley á la cual se cree obligado. 

XIII. 

¿Es uno, puen, siempre disculpable, cuando obra según 
los impulsos de una conciencia errónea? 

R. 

No. Pues si el error es vencible, se peca igualmente obran- 
do según los prmcipios de una conciencia errónea, puesto 
que está obligado á instruirse y el error mismo es culpable. 
Así pues el que jura en falso creyéndose obligado á ello por 
salvar á un amigo, peca, pues puede y debe saber que el 
falso juramento es siempre una mala acción. 

XIV. 

¿Si siempre se peca obrando contra la conciencia errónea, 
y si á veces se peca también siguiéndola, no estii uno en 
ciertos casos en la absoluta necesidad de pecar por mas 
que haga? 

R. 

No. Porque cuando se peca siguiendo á la conciencia er- 
rónea se está siempre en una ignornncia vencible, que puede 
evitarse haciéndose instruir. No ^e h^Ilf^ iino, pues, en la 
necesidad absoluta de pecar. 



yii. — 61 



402 LA VERDAD CATÓLICA. 

ACTA DEL CONSISTORIO SECRETO 
de 22 de Julio de 1861. 



A reserva He completar ó rectitioar, si preciso fuertvel ac- 
ta del Odiisistorio secreto celebrado en Roma el dia 22 de 
Julio próximo pasado, cuando recibamos el texto oficial, la 
damos á continuación tal cual la publica la Agencia Hacas: 

Itonvi 23 de Julio. — En el Consistorio secreto celebrado 
ayer 22 en el palacio del Vaticano, propuso Su Santidad los 
obispos siguientes: 

Arzobispo de Colosos, in ¡xirtibusj y coadjutor con futura 
sucesión de Monseñor Alejo Basilio Menjaud, Arzobispo de 
Bárges, Monseñor Carlos Amable de la Tour d'Auvergne 
Lauragais, presbítero de Moulins, prelado doméstico de Su 
Santidad, auditor de la sacra Rota Romana, y doctor in uiro- 
ijuc jure. 

Obispo de Marsella, el R. Dr. Patricio Francisco Cruice, 
presbítero de la diócesis de Clonfert, eri Irlanda, superior del 
Colegio de Carmelitas, en París, y doctoren teología. 

Obispo de Luzon, el R. Dr. Carlos Teodoro Colet, presbí- 
tero de la diócesis deSaint-Dié, y Vicario General de Dijon. 

Obispo de Mompeller, el R. Dr. Francisco José Le Cour- 
tier. presbítero de Paris, arciprestie y canónigo teologal de 
la iglesia Metropolitana. 

Obispo de Vannes, el R. Dr. Luis Ana Du Breuil, presbí- 
tero de Tolosa, superior del Seminario de S. Pons, en Mom- 
peller, y Vicario general de dicha ciudad. 

Obispo de Sura, inparfibas, el R. Dr, Enrique Luis Carlos 
Maret, presbítero de Mende, canónigo honorario de la igle- 
sia Metropolitana de París, profesor de sagrada Teología y 
doctor en dicha facultad. 

En segiii.laSuS;ititi(ia'l,en un breve discurso al Sacro Cole- 
gio, manifestó la satisfacción que le han hecho experimentar 
la conducta observada por el episcopado y la unión de la ma- 
yor parte del clero y de tantos millones de católicos como se 
han opuesto valerosamente al error y ala injusticia, y mos- 
trádose de mil modos adictos á la Santa Sede. Pero al mismo 



LA VEKDAD CATÓLlCAé 403 

tiempo^ no puede el Padre Santo menos de deplorar las aber- 
raciones de un obispo del reino de Ñapóles, y de varios ecle- 
siásticos de dichas provincias, los escándalos de una parte dis- 
tinguida del clero de Milán, desgraciadamente imitados por 
una colegiata; del ducado de Módena, y los malos escritos en 
que han trabajado algunos eclesiásticos, indignos de su carác- 
ter, ya en el mismo Milán, donde han sido reproducidos por 
un mal periódico, que por antítesis se da á3Í mismo el título 
de Conciliador^ ya en Florencia, donde una sociedad perversa, 
titulada: SociccUid de socorros mutuos, ha merecido por parte 
del fervoroso Arzobispo de dicha ciudad una condenación, de 
la cual ha resultado algún provecho. Hizo luego notar los ma- 
les producidos por la viudez de tantas sedes episcopales en 
Italia, de lo cual se saca partido para disminuir el saludable 
influjo del clero en la moralización de los pueblos, como 
asimismo para apoderarse de los bienes de la Iglesia. 

Hizo observar cuan horrible contraste forman con las pom- 
posas promesas de los enemigos de la Iglesia, de proteger á 
é!<ta y á su Cabeza, la persecución de los ministros de Dios, 
y la protección de las leyes, invocada por los autores de tan 
perversos escritos. Declaró habnr manifestado al representante 
de Francia cerca de la Santa Sede, que al paso que agradece, 
como debe, el fuerte apoyo que le presta el valiente ejército 
de la nación francesa en Roma, no puede por otra parte disi- 
mular el abuso que los cnejnigos del orden hacen ya, y conti- 
nuarán haciendo, del hecho del reconocimiento del llamado 
rey de Italia, hecho que ha producido en su corazón una 
aflictiva sorpresa.' 

El Paílre Santo terminó su discurso exhortando á todos á . 
confiaren la divina Providencia que todo lo gobierna pater- 
nalmente; y los incitó á continuar, con mas fervor que nunca, 
orando á Dios para que acelere la llegada de dias de miseri- 
cordia tras los de justicia. 

En fin se pidió al Padre Santo el sacro palio para las igle- 
sias metropolitanas de Quito y Nueva-0rlean8,así como para 
la de Marsella, á la cual fué concedido dicho privilegio por 
el breve de Su Santidad, Romani PonMccs, de 19 de Abril 
de 185i: 



404 



LA VRRDAD CATÓLICA. 



DE OFICIO. 

SECRETARIA DEL OBISPADO DE LA HABANA. 

•■•«rlclon voloBtarla abierU#«r el Emcno. ¿ lllmo. Sr. OMipo A ikrmr 4» 
llaettr* •aallilaie Padre Pío nene. 



Relación de las personas y cantidades gue cada una ha entregado 
para el expresado objeto en esta Secretaria de Cámara y 
Gobierno. 



Parroquia de ingreso del Recreo. 



P8. CtS. 



Suma anterior 54.699 59 

Pbro. D. José Brígido Pé- 
rez, Cura párroco 34 „ 

„ Vicente Cortés, Capi- 
tán juez local 17 ,, 

M José Quince 8 50- 

,, Lúeas Pérez Alba 4 25 

,, Juan Carol 4 25 

,, Juan Manuel Cortina. 4 25 

,, Juan JoséX^armec^ía/ 4 25 

„ Manuel Navarro 4 25 

,, José González 4 25 

„ Carlos Patin 2 12¿ 

„ Carlos Bitton 2 12é 

„ Carlos Leyb'ardie 2 12.i 

„ Tomás Linares 2 12.^ 

„ Juan H. Piloto 2 12i 

., Domingo Hernández. . 2 12Í 

,, Antonio Alfonso 2 12é 

„ Juan Hernández 2 12 j 

,, Antonio Qumá 2 12Í 

„ Domingo Anduiande- 

gui 2 12é 

„ Francisco Perales 2 \2\ 

Manuel Diaz 2 12Í 

D. Feliciano Aldereguia. . 2 12| 

„ Sebastian Alfonso 2 12j 

,, Fermin García 2 12^ 

,, Francisco Moya 2 12J 

„LuÍ8Prado 2 12Í 

„JuanSoto 2 124 

„ Benito ViUamil 2 124 

,, Quirino Robreño 2 124 



Pi. Cti. 



D. Julián G. Mon£<»n 


2 


124 


„ Juan Dtílgado 




124 


„ Manuel Rodríguez — 




124 


M Miguel Amate 




1^ 


„ Beruardino Amate.... 




124 


„ ^edro Dabesa 




124 


M Antonio Mendoza 




124 


„ Máximo Hernández... 




124 


„ Hermenegildo Arteaga 
„ Ensebio Arteaga 










Doña Benita Muñoz 






D. Norberto Torres 






,1 José de la Luz Ruiz.. 






„ Leoncio Hernández.. 




tf 


„ Miguel Reyes 




»» 


tt José Pérez...... .... 




50 


„ Ramón Martines 


50 


Doña Juana Espinosa. . . . 




50 


D. Juan B. Lugones 




50 


,1 Luis Hernández 




50 


„ Leopoldo P, Martínez. 




50 


Doña Micaela Aoosta de 






González --. 




25 


D. Francisco Hernández.. 


25 


„ Tomás Alonso 




25 


„ Juan Sobrado 




85 


Doña María Rodríguez... 




25 


,, Casiana Hernández... 




25 


n Felicia Ron y Mayer.. 




25 


D. Juan Fieueroa 

„ Jacobo Ricabal 




25 




25 


Doña Francisca Medina.. 




25 


D.Juan Franco 




25 



LA VERDAD CATÓLICA. 



405 



Parroquia de ingreso de Nuestra Señora de Chiadalupe de 
Peñaher. 



Pg. CU. 



Pbro. D, José Miguel de 

Ho JOS, Cura párroco . . 17 „ 

Dr. D. Félix Herrera .... 4 25 

D. Antonio Mesa 4 25 

M Adolfo de Villaesousa, 

Capitán Juez pedáneo.. 4 25 

„ Francisco Perex 2 12^ 

., Manuel Padrón 2 I2é 

„ Rafael Dávila 2 12é 

„ Pedro García Cartaja 2 12^ 
' „ Bafael Váldós 0-Far- 

rill 2 12é 

„ PedroHerce 2 12i 

„ Antonio Carreño 2 „ 

M Antonio Diaz 2 ,, 

„ Juan Diaz ^... 2 ,, 

„ Juan Rodríguez..."!.. 1 n 

„ Manuel Pérez 1 „ 

,, Rafael Carmena I „ 

„ Manuel Suarez Peña 

y Compañía 1 ,, 



Fs. Cts. 

D. JoBÓ Delgado Hernán- 
dez I „ 

„ Tomás Gómez 1 „ 

Doña Ana Josefa de Mesa I „ 

D. José Sánchez 1 „ 

„ José de la Trinidsd 

Romero 1 „ 

,, Domingo Chinique... 50 

Dona Regla González Rico 50 

D, Manuel Gutiérrez 50 

„ Rafael Bou squet 50 

Doña Antonia González . . 50 

D. Clemente Santa Ana.. 50 

„ Luis Martinez 50 

n José de la Ri va 50 

„ .iamon Nuevo 50 

„ José doUTniébano,. . . 50 

,, Manuel Maldonado.... 25 

„ Melchor Carbairtl 25 

,, Ramón Andrade 20 

Suma ^ 54.913 09 



Habana 1? de Setiembre de 1861. — Pedro Sánchez, secretario. 

^ (Continuará.) 



SECCIÓN LITERARIA. 



DE JAFA A JERUSALEN 




ESPUES de recorrer los lindos jardines que adornan 
los alrededores de Jafa y participar en la parca cena 
sdel convento, nos retiramos á la pobre pero limpia 
celda que para nuestro alojamiento habian los hos- 
pitalarios religiosos preparado. Las impresionas de 
aquel día, sin embargo, y mas que todo la idea de que 
á la mañana siguiente debíamos partir para Jerusalen, de 
tal manera agitaban mi alma, haciéndola lurjar mil imágenes 
diferentes, que elaueño se negaba al reposo del cuerpo fati- 
gado. Imponente era todo lo que nos rodeaba: no habia ac- 
ción, no habia palabra, por mas sencilla ó insignificante que 
fuesen, que no tocasen la imaginación de un modo sin- 
gular. 

íbamos por ñu á entrar en la Ciudad santa; íbamos & ar- 
rodillarnos sobre el Calvario. Y el sol que yo habia visto 
por la tarde esconderse en las aguas del mar de Sirio, alzá- 
base en aquella horade insomnio sobre el mar de las Anti- 
llas y asomaba por los montes de Camarioca para alumbrar 
mi ciudad querida. Mis ojos veian en la oscuridad, ya las 
ondas vivasdel Yumurí, ya la imagen indefinida de Jerusalen, 
y escuchaba absorto las aguas del viejo Mediterráneo estre- 
llarse contra los antiguos muros del convento. 

A las tres de la madrugada tocaron á la puerta de nuestra 
celda, y entró un mozo belemita á anunciarnos que todo es- 
taba listo para nuestra partida. Embebido todavía on gran- 



LA VERDAD CATÓLICA. 407 

des y encontradas cavilaciones, pensé que aquel iba á ser uno 
de los dias mas solemnes de mi vida y bendije á Dios con to- 
da mi alma. Los religiosos del convento nos esperaban en 
uno de los claustros, cuya profunda oscuridad no bastaba fi 
desvanecer la débil luz de la lámpara de la madrugada, sus- 
pendida en medio de las tinieblas como la Cruz sobre las in- 
fieles tierras mahometanas. 

Pronto interrumpieron nuestros caballos el silencio de la 
ciudad dormida, y los centinelas de las puertas salieron de 
mal talante de sus oscuros rincones de piedra para darnos 
paso. 

Todos sin duda estábamos poseídos del mismo sentimiento 
de veneración hacia aquel dia, pues dejando libres las cabal- 
gaduras, pausada y silenciosamente caminábamos por una 
arenosa senda ceñida de verdes tunas. El débil resplandor de 
la luna alcanzaba apenas á alumbrarnos una extensa llanura 
cuyos confines por una parte se desvanecian en la vaga con- 
fusión de la luz y las sombras, y por otra iban á perderse á 
lo lejos entre lijeras colinas donde empezaba á asomar la luz 
misteriosa del alba. Vagos como ella y melancólicos eran los 
sonidos del desierto á aquella hora; sonidos que el aire for- 
ma, tal vez por sí solo, tal vez pasando por las hojas inmó 
viles del árbol ó por las cavidades de las piedras. La luz y la 
voz unidas van lentamente haciendo desvanecerse el silencio 
y las tinieblas de la noche: al primer rayo de la aurora canta 
el pájaro y relincha el orgulloso compañero del árabe vaga- 
bundo. Pero en aquella mañana la luz y la voz tenian para 
nosotros un encanto indefinible; pues el sol iba á salir por 
his mantañas de la Judea, y sus últimos rayos hablan de alum- 
brarnos los muros de la ciudad de David. 

Una á una fueron las estrellas desapareciendo; hundióse 
serena la luna y por fin el poderoso sol inundó de luz la lla- 
nura lanzando atrás los confínes del horizonte. Entonces rom- 
pimos el silencio y comenzamos á fijar la atención en nuestra 
caravana: llevábamos veinte caballos, inclusos los que carga- 
ban el bagaje y provisiones. Iba junto á nosotros nuestro 
guia, el buen Matías, .respondiendo á mil preguntas en regu- 
lar castellano, aprendido en el convente» de Jafa. 

Era Matías joven y de regular estatura: cubrian su delga- 
do cuerpo unos calzones sumamente anchos de paño azul, 
cuyos pliegues estaban recogidos mas abajo de la rodilla; 
ceñíale el pecho y la espalda una chaquetilla blanca, cuya 
mayor parte desaparecía bajo las vueltas de lu ancha faja 
pintada de vivísimos colores. Era su calzado unas chinelas 



408 LA VERHAD CATÓLICA. 

rojaíi de punta ngtida y retorcida y en la cabeza llevaba 4*1 
fcii 6 gorro tunesino Aé púrpura con larga borla azul- Sobre 
este, para guareceríie del boU usaba eí ktfie, pafiulon pintado 
de líita3 verdes, amarillas y rojast que se sujeta con una 
cuenla de piel de camello alrededor de la cabeza, y una de 
cuyas puntas se hace pa^ar por debajo déla barba. Comple* 
taban el pintoresco arreo de Matfai dos bandas de cuero y 
eeda que se cruztibau en el pecho y sostenían, la primera 
una carabina corta ^y la otra una afilada cimitarra- 
Al frente de la caravana, con paso igual y firme, cami na- 
ba un negro abistnio, llamando la atención de todos por la 
bizarría de^u continente, la pure^^^a de gus facciones cauca 
aicas y La soltura y vigor de su musculaturai mal cubierta 
bajo una Untada manta echada con descuido sobre el ham- 
bro. 

Poco después de la salida del sol vimos aparecer en direc- 
ción de Jafa otra caravana mai numerosa que la nuestra: 
pronto nos alf^anzaron y reconocimos á nuestros compañeros 
de viaje á bordo del vapor que no» habia dejado en Jafa. Jun- 
tas las dos caravanas, ofrecían un raro contraste de traje» y 
fisonomías. 

El guia de la segunda caravana era un joven armenio que 
diestramente regia un caballo bayo. Blanco era el de Matías 
y conio de raza árabe, un tanto chico, pero de buenas pro- 
porciones, ancas bien repartidas, airosa cabeza, robusto cue- 
llo. Por casi todo su cuerpo cruzaban anchas fajas de seda 
y algodón con mucha borla y mucho fleco, que flotaban al 
menor movimiento del generoso bruto. Como es muy co- 
mún entre los árabes, era el caballo el mas valioso artículo 
de la fortuna de Matías, y solo éste habia oprimido su lomo. 
Orgullosos ambos guias con sus caballos, hacíanlos lucir 
delante de todos; y cuando llegamos al llano de Ramla, hi- 
cieron las evoluciones árabes conocidas con el nombre de 
djeriJí, El armenio blandiendo una lanza, y Matías remoli- 
neando su corvo alfanje, ungieron un reñido combate en que 
demostraron su agilidad v la destreza en el manejo del ca- 
ballo. 

Al cabo de tres horas de viaje llegainos á Kamla, donde 
hay un convento español; y fuimos recibidos por sus (ios re- 
ligiosos con los mismos extremos (pie habían hecho los de 
Jafa. Cuando vol vitóos á fnontar, el sol se acercaba á la mi- 
tad del cielo y sus ardientes rayos hacian una arena de fuego 
• de la llanura, donde la tierrí^, árida se niega á producir, y 
donde solo á muy largas distanr^jas se halla algún miserable 



I 



LA VERDAD CATÓLICA. 409 

inaDantial 6 impura cisterna para apagar la sed abrasadora. 
Largas nos parecieron laslioras durante las cuales la atrave- 
samos; pero no quisimos detenernos hasta llegar á guarecer- 
nos A la sombra de las montañas. Sobre una de estas vimos 
un montón de ruinas, llamadas aldea de Atrum, patria del 
ladrón que murió arrepentido y perdonado al lado de la Cruz 
de Jesucristo, Las ruinas pertenecen á la antigua Emmaús, 
donde el Hijo de Dios, radiante con la gloria de la resurrec- 
ción, se apareció á dos de sus discípulos para instruirlos y 
darles el mas precioso de los sacramentos. 

**Y estando juntos á la mesa, tomó el pan y le bendijo, y 
habiéndole partido se le dio. Con lo cual se les abrieron los 
ojos, y le conocieron; mas él de repente desapareció de su 
vista" (1). 

Pasada Emmaús, encontramos una aldea árabe con todo 
el carácter de una población primitiva: los habitantes nos 
miraban azorados; asomando la cabeza por el agujero que sir- 
ve de puerta á las casas. Eran estas de tierra, y sobre el te- 
cho redondo se balanceaba perezoso el humo del hogar. 

A eso de las tres de la tarde hizo alto la caravana al pié 
de una loma sembrada de antiguos olivos y bañada por las 
aguas de un puro y fresco manantial. £1 cuadro que enton- 
ces se ofreció á nuestros ojos era de una novedad extraordi- 
naria: los peregrinos, tendidos en todas direcciones, fumaban, 
dormian, ó escribían mientras los cria<los desempapelaban 
trastes y víveres para preparar la comida junto á una hogue- 
ra donde hervía el café. Los múcaros y el abisinio formaban 
un grupo aparte, y sentado.'* á su modo sobre pintada* man- 
tas, se entregaban á los placeres de la pipa y el narguiU. 
Amontonados al pié de un olivo yacían los equipajes y las 
armas; y bajo las ramas de otros se apiñaban en caprichoso 
grupo los caballos para huir de los rayos del sol. 

Poco duró este delicioso descanso; y de nuevo nos vimos en 
camino, subiendo por una alta y pedregosa cuesta, cuyo tri- 
llo angosto y serpenteado hizo que la caravana se extendiese 
de un modo pintoresco sobre la falda. 

Cruzando valles y subiendo y bajando cuestas anduvimos 
toda la tarde por los montes de la judea. 

Ya el sol se había puesto cuando por íin nos anunciaron 
la última cuesta. jJeruHalen se acerca! Delante de nosotros 
desvanecíanse las sombras del valle con bellísima armonía. 



(1) S. Lúcaí, XXIV. 

Vil.— 52 



410 LA VEBDAD CATÓLICA. 

perdiéndose en las cimas de los montes donde la débil luz 
del crepúsculo alumbraba todavía. 

Cuando llegamos á lo alto ya era de noche. Mas 'que con 
los ojos con ei corazón trataba yo de ver entre las sombras. 
De repente vi á los otros peregrinos que iban delante de mí, 
saltar del caballo y postrarse en tierra. 

Las sombras de la santa Ciudad se dibujaban vagamente 
en el horizonte. 

Besé la tierra de rodillas y bendije á Dios con lágrimas 
de agradecimiento. 

Y era un espectáculo grande, solemne ver tantos hombres 
de regiones diferentes de la tierra y de distintas creencias, 
postrados todos ante la ciudad del Calvario. 

Eusebia Quitirai. 



JESÚS CRUCmCADO. 



Ya del madero de la cruz pendiente. 
Her.ho el escarnio de la plebe impía, 
Ve Jesús acercarse su agonía, 
Salir el alma de su cuerpo siente. 

Tristes sus ojos, pálida su frente. 
Débil la voz dirígese á María, 
Haciéndola saber que allícumplia 
La voluntad del Padre omnipotente! 

Del pavoroso Góigothaen la altura 
El cadalso fué el trono de su gloria, 
No el infame suplicio del malvado! 

Libertada fué en él la criatura 
Al anunciar del cielo la victoria 
La sangre de Jesús crucificado! 

Antonio Enrique de Zafra. 



LA VBRDAD CATÓLICA. 411 



LA EDOCACION RELIGIOSA. (I) 



Flor es de divina esencia 
Y signo de salvación, 
De Dios la santa creencia 
Unida á la Educación. 



¿Quién endulza de la vida 
Los amargos sinsabores, 
Y mitígalos rigores 
De la suerte enfurecida? 
¿Quién hermosa y bendecida 
Es signo de salvación? 
De Dios lu santa creencia 
Unida á la Educafdon. 

Padres tiernos y amorosos 
Con mil afanes prolijos, 
Imprimid en vuestros hijos 
Sentimientos generosos: 
Así los veréis dichosos 
Teniendo en el corazón. 
De Dios la santa creencia 
Unida á la Educación. 

Si niños desventurados 
.Con incauto ardor profundo 
En el piélago del mundo 
Se lanzan alucinados: 



(1) ün piadoso é ilustrado caballero se ha servido remitirnos la precedente 
eomposieion poética, que debe ser cantada en coro por los niños de la escuela 
gratuita de uno de los pueblos de esta Isla.— CiV. deiaR.) 



412 LA VEtlOAD CATÓLICA, 

De 9ua pasD8 extraviado» 
Bastará la dirección, 
De Dm la sania creencia 
Unida á la Educación, 

Haced que de su existencia 
Se eleven siempre á porfía. 
De la virtud la ambrosía 

Y el candor de la ttioceneia: 
Eatónees de su conciencia 
Limpiará todo borrón, 

J}e Dm la mnia creencia 
Unida á la Educadún. 

Huya det vicio tirano 
La palabra engañadora, 

Y da BU senda traidora 
Los aparte vuestra rnaDo: 

Y al árbol verde y lozano 
Dará vida y bendición, 
De Dios la santa creencia 
Unida á la Ediicaciún, 

Nunca del amigo impío 

Escuchad por un momento 
Ni el engañador acento 
Ni el funesto desvarío: 
Porque indiferente y frió 
Borrará sin compasión^ 
De Dios la Santa creencia 
Unida á la Educación* 

¡Padres! cultivad ansiosos 
Vuestros arbustos queridos, 
Y de BUS ramos floridos 
Cogeréis frutos preciosos: 
Hijos tendréis carifiosoa 
Que amen con fiel corazón, 
De Dios la santa creencia 
Unida á la Eduracian^ 

Nutridlos con la doctrina 
Del Cordero inmaculado, 
Que la mancha del pecado 



LA VBBDAD CATÓLICA. 413 

Lavó con sangre divina: 
Y en BU moral peregrina 
Verán en sublime unión 
De Dios la santa creencia 
Unida á la Educación. 

Sed vosotros los que ufanos 
Siempre les deis el ejemplo; 
De Dios al sagrado templo 
Llevadlos de vuestras manos: 
T allí humildes y cristianos 
Invoquen en su oración, 
De Dios la santa creencia 
Unida á la Educación. 

Persuadidles noche y dia 
Con puro y ardiente celo, 
Que es nada cuanto en el suelo 
Se juzga demás valía: 
Sírvanles siempre de guia 
En la humana confusión. 
De Dios la santa creencia 
Unida á la Educación 

A. D. 



FÁBULAS MORALES. 



Este es el título de un cuarderno de 78 páginas que ha 
llegado á nuestras manos, impreso en el establecimiento ti- 

fográfico calle de la Muralla n. 82, y el cual es obra de 'D. 
'rancisco Javier Balmaseda Quisiéramos habernos ocupado 
de él en su oportunidad, pero no habiéndonos sido posible 
por no tener conocimiento de su publicación, lo hacemos 
hoy aunque suscintamenté, por ser corto el espacio de que 
podemos disponer. 



414 LA VERDAD CATÓLICA. 

El fín que se propone la fábula es producir por medios in- 
geniosos una impresión moral en el ánimo, para mostrarle 
una verdad, atacar el vicio por todos sus flancos, herir de 
muerte el error, elevar los sanos principios é imbuirlos en 
el corazón. A manera de una lluvia que prepara la tierra pa- 
ra dar sus frutos, la fábula moral, puesta en manos del niño, 
le dispone para hacer fecundasen su alma las semillas de la 
virtud, llevándole á la formal detestación del vicio que el há- 
bil fabulista haya pintado en su horrible fealdad. Inclinado 
el niño á esta clase de composición, debe hallar en ella un 
poderoso estímulo para seguir las buenas sendas que le tra- 
za el magisterio, y esta ha sido, en parte, una de las causas 
que han hecho adoptar como lectura de texto en todos los 
colegios las fábulas morales, que tienen la doble virtud de 
recrear y de enseñar, haciendo evidente una verdad por la 
narración de un hecho no acontecido, ó una bella y útil rea- 
lidad por una bien dispuesta alegoría. Las parábolas de Je- 
sucristo mostraban la doctrina celestial que predicaba; y la 
fábula, aunque de diverso modo, corrijecomo ella los yerros 
de los mortales, que son como las sombras que les impiden 
el goce de la luz. 

Nec aliud quidquam per fabellas quosrüur, 
Quam corrigatur^ ut error mortalium, 

{Fed.proL lib. 2?) 

Los que propenden áeste fín son dignos de recompensa/ 
porque demuestran su celo por la moralización de la juven- 
tud; así cuando vemos una obra cuyo objeto es este, no po- 
demos menos de gozarnos y exclamar ''¡aun tiene defensores 
la moral! aun no se ha extinguido la lámpara de la fe, pues 
hay quien crea en la moral y vea en ella un faro luminoso 
en la oscura noche de la vida!" Una sociedad inrfloral es un 
cadáver corrompido que infesta cuanto le rodea, y por esto, 
cuando veamos que la sociedad puede agonizar porque el 
veneno del vicio y del error corre por sus venas, debemos 
presentarle el antídoto que evite la muerte y la corrupción 
moral que puede sobrevenirla. Una buena máxima, un pru- 
dente consejo, una sencilla fábula moral son suficientes á ope- 
rar un cambio súbito y alzar del lecho de agonía al infeliz que 
•e agita en él — Mucho se ha debido á las fábulas de Esopo, 
Fedro y otros en la antigüedad, y á las de La-Fontaine y 
Florian, de La-Mothe y Lessing, le Iriarte, Samaniego y 
otros en los tiempos modernos; algún fruto se ha recogido 



LA VERDAD CATÓLICA 415 

y este fruto permanece y se maltiplica á la sombra de las es- 
cuelas. Sus fábulas han contribuido no solo á la moralización 
de los jóvenes, sino á desarrollar su ingenio é ilustrar su in- 
teligencia. 

Acuatque sese diligens industria. 

{Fed. id. id.) 



Las fábulas del Sr. Balmaseda conducen por la aplicación 
de sus ejemplos al buen órdeti y reforma de las costumbres 
y ai progreso de las luces. En versos generalmente fáciles y 
con buenas imágenes muchas veces desenvuelve una idea 
moral importante, procurando no apartarse de las reglas de 
la fábula. No carece de lunares la obrita del Sr. Balmaseda, 
pues hallamos en ella algunos versos débiles, alguno que otro 
asonante que debe ser un consonante, alguna palabra impro- 
pia que pudo haberse sustituido con otra, y otros defectos, 
hijos quizás de la ligereza con que se habrá deslizado por el 
papel la pluma del autor; pero estos lunares, atendido el con- 
junto de la obra son unas leves sombras que desparecen an- 
te las bellezas que én ella se contienen. 

En la página cuarta del cuaderno de fábulas que nos ocu- 
pa, se leen Tas siguientes líneas que extractamos y pertene- 
cen al informe que acerca de ellas dio la Excma. Inspección 
de Estudios: ^^ La facilidad de estilo, el tinte local con que las ha 
vestido, y la concisión y belleza del pensamiento moral que cada 
una encierra, las hacen acreedoras á una recomendación espe- 
did" Nada podemos añadir á estas palabras en encarecimien- 
to de las fábulas del Sr. Balmaseda, cuando en otro lugar 
dice la misma Excma. Inspección que ^^las ere»', de suma utili- 
dad y dignas por todos títulos de recomendarle su lectura y circu- 
lación en los institutos de enseñanza. 

Cumpliendo con el deber de amantes de la moral, reco- 
mendamos esta obra á los padres de familia para que la 
Songan en manos de sus hijos y con ellas los instruyan 
eleitándolos. No hallarán en ella un modelo, sino unos 
principios de buena moral que solo tienden á formar el co- 
razón de la niñez: mas que el mérito literario resplandece 
en ellas la noble idea que inspiraba la mente del autor, á 
quien felicitamos por haber arribado á un género de compo- 
sición poco cultivado en Cuba y que es sin disputa uno de 
los que mas debieran cultivarse. Aconsejamos al Sr. Balma- 
seda que no desmaye, antes bien, con mayor esfuerzo cada 



416 



hÁ VlfiUÜAO CATÓLICA. 



dfa emplee tía él *4U8 buenas disposiciones y avive en §u8tíuc 
pfitríotas el tmaorá la fábulat hacjeudo remiltnr entre \m ^ 
Ilezas literarias la imponente majeatud de la mcinil jr 
génimaes preciosoo de la virtud y la verdad. 

Aníimiú Enrique de Zafra* 



SETISTA RELIGIOSA* 



% 



Noticias de roma. — Desgraciadamente se confirma la no- 
ticia de haber apostatado el Arzobispo y Patriarca Búlgaro 
José Sokolski. Acerca de este particular escriben de Roma 
al IVrchi Reorlstcr de Londres que deseando Su Santidad con- 
solar .1 los Búlíí;iros del gran pesar que les hu causado el 
abandono de su pastor, |>iensa nombrarle un sucesor escogipo 
entre los miembros de la Propaganda. — El Diario de Roma 
anuncia la muerte del R. P. Besson, Superior de la misión 
de PP. dominicos en el Kurdistan. El P. BeSvSon era un ex- 
celente pintor, recordando en sus obras al Beato Arjgelicu 
de Fiesole. Su predicación ern como sus pinturas, y el exte- 
rior de su persona guardaba perfecta armonía con la «*ii¡ti- 
cacion de su palabra. Tan distinguido artista y celoso misio- 
nero lia muerto eri lo mas florido de su edad, — Una comisión 
de teólogos se halla encargada <iel examen de la Teología 
llamada de Tolosa (Francia). El R. P. Modena, de la Congre- 
gación del Iridice, y el Sr. Ángel is, profesor «ie derecho ca- 
nónico en el Apolinar, presiden dicha comisión. Sabido es 
que la Compañía de S- Sulpicio atribuye cierta importancia 
á la corrección v aprobación deesa obra elemental, — Los in- 
formes recogidos ]»or Su Santidad acerca de Mr. Mouniq obis- 
po designado para la Martinica, no han permitido al Sumo 



LA VBKDAD CATÓLICA. 417 

Pontífice aceptar las proposiciones del gobierno francés, pre- 
conizándolo en el último Consistorio. Mr. Mounqi ha ido en 
Persona á Roma y ha tenido la honra de ser recibido por el 
Padre Santo, habiendo sido quizá el primero que haya re- 
nunciado á su elevación. Puede uY)o ser un excelente sujeto, 
y sin embargo no llenar los requisitos exigidos por la Santa 
Sede para el episcopado. — El Diario oficial anuncia las ges- 
tiones hechas por los protoiiotarios y el Cabildo de Santa 
María Mayor á Su Santidad 4 consecuencia de la defección 
del canónigo Liverani (autor de un folleto contrario á la So- 
beranía temporal del Papa, y ofensivo para la persona del 
Pontífice). — El jueves 11 de julio la Academia de la Religión 
Católica se reunió en la gran sala de la Univeridad romana. 
Monseñor Francisco, conde Fabio Montani, trató el asunto 
siguiente: ''De las calumnias y acusaciones contra el Sumo 
Pontífice, reproducidas ó imaginadas en una reciente historia 
de los Papas y del pontificado de Urbano VI." En la primera 
parte de su disertación, el prelado se extendió largamente 
sobre dicha historia, cuyo autores Bianchi Giovini, uno de 
los enemigos mas encarnizados de la Iglesia católica.— Su San« 
tidad se ha dignado nombrar consultor de la Inquisición ro- * 
mana y universal y de la Congregación de asuntos eclesiás- 
ticos extraordinarios á Monseñor Guiseppe Papardo, obispo 
in partibtts de Sínope. 



El cometa de san pedro. — Todavía recordarán nuestros 
lectores con cuánto ahinco procuraron muchos dar nombre 
al hermoso cometa que últimamente se presentó en las re- 
giones del cielo. Quién queria que fuese el célebre cometa 
ae Carlos V, al cual, por cierto, atribuyen muchos la abdi- 
cación del famoso emperador, siendo así que éste renunció 
la corona en 1555 y el astro en cuestión apareció en 1556, 
y quién por fin, renovando las necias calumnias de Arago y 
otros sabios, se complacía en referir con motivo del cometa 

3[oe al terror inspirado por el de 145ü uí Papa Calixto III se 
ebe la costumbre de tocar el Ángelus al mediodía. Hoy es- 
tá probado que semejante aserto es completamente falso, se- 
gún podríamos demostrarlo citando el texto de la bula del 
Papa Calixto. Volviendo, no obstante, al astro que todos 
han podido contemplar hace poco, diremos que habiendo 
sido visto en Roma por primera vez el dia 29 de Junio próxi- 
mo pasado, se 1^ dio allí el nombre de Cometa de S. Pedro. 

VII. — 63 



418 LA VERDAD CATÓLICA. 

Este modo de designar el nuevo astro nos parece tan feliz 
como cualquiera otro, tanto mas cuanto que por una extraña 
coincidencia los soldados pontificios de Roma, al celebrar po- 
co antes el aniversario de la coronación de Pió IX, habían 
cantado los siguientes versos: 

Tostó sorgere in cielo una stella 
Tullo il mando sfupito vedrá. 

(No tardará el mundo asombrado en ver levantarse una 
estrella en el cielo.) No pretendemos dar á este hecho una 
importancia que no tiene, pero sí nos ha parecido oportuno 
citarlo á propósito del Cometa de S. Pedro. 



Mas sobre el consistorio secreto del 22 de juLio.-Nues- 
tros temores acerca de lo incompleto del acta del último con- 
sistorio, que damos en otro lugar del presente número, han 
sido confirmados aun antes de haber recibido el texto oficial. 
En efecto en el Tabfef de Nueva-York del 17 del pasado 
leemos que Su Santidad habia preconizado quince nuevos 
obispos, á saber: seis franceses (los únicos queda la Agencia 
Havas), dos españoles y siete sur-americanos. 



Protesta que hace fr. atilano melgüizo, autor de la 
obra titulada: -'Son mas los que se salvan que losqük 
SE condenan." — Creemos deber reproducir la siguiente pro- 
testa, publicada por su autor en los periódicos religiosos de 
Madrid: ^^Advertencia. — Después de haber oido con singu- 
lar complacencia á personas de elevado carácter, de superio- 
res conocimientos y de virtud acreditada, hemos conocido la 
necesidad y conveniencia de manifestar expresa y terminan- 
temente nuestra firme adhesión á las doctrinas de nuestra 
madre la Iglesia católica, apostólica, romana, declarando, 
como formalmente declaramos, que al poner en este libro el 
epígrafe ó título: *' ^on mas los que se saloan que los que se con- 
denan,^^ no ha sido nuestra intención enunciar ni proponer 
una tesis de absoluta certidumbre, sino la de exponer laft 
razones en que se funda un i opinión, discutible entre los 
controversistas católicos, que nos parece muy consoladora 
para los cristianos que desean su eterna salvación, habiendo 



LA VERDAD CATÓLICA 419 

sido nuestro intento, al escribir lo que hemos escrito, el de 
alentará los nimiamente temerosos y pusilánimes para que, 
viviendo cristianamente, confíen en la infinita misericordia 
del Señor Dios nuestro; el de contener á los obstinados pe- 
cadores en los caminos que conducen á la desesperación, na- 
ciéndoles entender que con la verdadera penitencia, el ar- 
repentimiento de sus culpas y el propósito firme de no vol- 
ver á pecar, deben esperar de la divina clemencia el perdón 
de sus pecados, (>or muchos y enormes que ellos sean, y el de 
hacer que todos se aparten del mal y sigan el bien. Decla- 
ramos, ademas, que, siempre adictos á \n8 doctrinas de los 
Santos Padres y al común sentir de los teólogos ortodoxos, 
jamas hemos querido apartarnos desús enseñanzas, sino qne 
hemos procurado dirigirnos por ellas en las obras religiosas 
que hemos dado á luz, podiendo asegurar que si puede ha- 
ber errores en nuestro entendimiento por nuestras exiguas 
luces, ninguna parte tiene en ellos nuestra voluntad, dispues- 
ta á confesar y defender la Religión católica, en cuyo seno 
queremos vivir y morir con los auxilios de la divina gracia. 
**Madr¡d 2 de Julio de 1861.— Fr. Atilano Melguizo:' 



Misiones franciscanas en el perú. — Los religiosos 
franciscanos españoles de los colegios de Lima, Ocopay Cuz- 
co invitan á los PP. exclaustrados de los reinos de España á 
tomar parte con ellos en el cultivo de aquella floreciente mi- 
sión, que presenta un porvenir halagüeño. Los Illmos. Sres. 
Obispos Orueta, deTrujillo, y Herrera, de Arequipa, desean 
fundar otros colegios en sus respectivas diócesis, no pudien- 
do realizar sus deseos por falta de religiosos. En tal virtud 
han enviado á la Península á Fr. Luis Bieli, Comisario de 
Tierra Santa en aquella república, autorizándole para reunir 
los PP. que tuvieran vocación para empresa tan grande co- 
mo es la de evangelizar á aquellas tribus salvajes y morali- 
zar á los fieles sedientos de la divina palabra. Los religiosos 
que deseen tomar parte en tan santa empresa, pueden diri- 
girse al mencionado Fr. Luis Bieli, Calle de Santa Ana nú- 
mero 21, piso segundo, Barcelona. 



Conversión al catolicismo. — El periódico inglés Kerry 
Star anuncia como ocurrida en Londres la conversión al ca- 




LA V£RDA0 CATÓLICA 



tolici«mo de la duquesa viuda de Sutherliind. Fuá recibida 
en el seno de la Iglesia par el R. P. Faber, eu el Oratorio, el 
día á7 de Jutiio próximo pasado, y sugun el corresponsal del 
periódica citado, fué vista en misa por su iuformante en uoíon 
de 1 11 duquesa de Buccleugh, otra convertirla. **Este es reaU 
mente un gran acontecí miento para el mutido católico, añade 
dicho corresponsal, puerto qtie una persíona tjín elevada y de 
tanto influjo, y que es la mano derecha d^ la reínUf ba renun- 
ciado quizá al favor de Su Majestad por abrazar la verdad/" 
Debemos agregar qqe el London Univental NewA confirma la 
noticia anterior- 



El ultimo cesso de Irlanda bajo el pükto de vista 
RELioroso. — Del censo de la población de Irlanda, hecboy 
presentado al Parlamento inglés en el presente año, se des- 
prenden los guarismos siguientes: 

Provincias. Habitantes en 1861. Protestantes. Católicos. Presbiterianos. 



Leinster... l,4;59.r.í)(i 171/2;M l,'24r>.-2.-'>3 10,911 

Munster... l,r)0:i;iUÜ 76,t>!)¿ 1.410,171 3,6.<) 

Ulster.... I,910,4ü8 390,130 963,0^7 r>l],371 

Connaught. 911.339 40.r)05 8G4.472 3,023 



Total... 5,704,543 078,001 1,490,583 52í^.9i)2 

Advertencias. — Bajo el nombre de Protestantes figuran en 
esta lista los miembros de la religión del Estado. — Los 66,307 
habitantes restantes, hasta el completo de los 5,704,543, cor- 
responden á otros varios cultos, como Judíos, Mormones, &c. 



Octavo aniversario secular de la consagración de 
LA CATEDRAL DE SPIRA (alemania). — El 15 de Agosto próxi- 
mo pasado, dia de la Asunción de la Santísima Virgen, debe 
haberse celebrado en Spira el octavo aniversario secular de 
la consagración de la iglesia catedral de dicha ciudad. A tan 
imponente ceremonia debió asistir un gran número de pre- 
lados, entre otros el Arzobispo de Colonia, los obispos de 
Bamberg, Wurzbourg, Maguncia, Tréveris, y Strasburgo. 
Con motivo de la liesta se habrá celebrado una exposición de 



LA VKBDAD CATÓLICA 421 

reliquias, objetos destinados al culto, etc. que duraría ocho 
días y en la cual tomarían parte laa diferentes regiones de 
Alemania. 



HONOBBS CONCEDIDOS AL ABATE MIGNK POR LA UNIVERSI- 
DAD DB wuBZBODRa (bavibra). — El sabio sacerdote católico 
abate Migne, editor del Curso completo de Teología y de la 
Patrología (obra esta última de que nos ocupamos hace po- 
co) ha sido nombrado doctor en Teología de la Real y Pon- 
tificia Universidad de Wurzbourg, en Baviera, por sus impor- 
tantes publicaciones en general, y particularmente por las 
dos que dejamos mencionadas. 



Importante decisión del tbibunal de casación en bél- 
gica. — Este supremo Tribunal acaba de decidir que no hay 
motivo para perseguir, con arreglo á las leyes belgas, á la aso- 
ciación llamada del Dinero de S- Pedro. Sabido es que los tri- 
bunales de Bélgica trataron de impedir hace algún tiempo el 
establecimiento de dicha asociación fundándose en que tedia 
por objeto hacer colectas para remediar alguna necesidad, 
cosa no permitida en aquel pais sin previa autorización del 
Gobierno. Los jueces del tribunal de casación fundan su fa- 
llo, favorable á la Asociación, en que esta tiene por objeto la 
reunión de cierto número de individuos para proporcionar 
recursos á una causa que creen moral y religiosamente justa, 
siendo asf que la ley solo prohibe esas colectas cuando se ha- 
cen sin previa autorización, á fin de evitar los abusos que pu- 
dieran cometerse. Todos los católicos han aplaudido la re- 
ciente decisión del tribunal de casación de Bruselas. 



El r. p. de 8MET. — Este célebre misionero que durante un 
gran número de años ha estado consagrado á evangelizar á 
los indios de la América del Norte, y á quien el mismo go- 
bierno de los Estados-Unidos tiene dadas pruebas de confian- 
za por los servicios que en diferentes ocasiones le ha prestado, 
se bailaba últimamente en Nueva-Tork, según parece para 
asuntos relativos á su misión. 



429 LA VERDAB CATÓLICA. 

Las HBUMANAB DE LA CARIDAD EX EL IIOÍIPITAL MILIT^I _ 

DE RiCHMOND. — Una Hermana de la Caridad en carta en-' 

crita desde Riclimond á algunofl amigos de Baltimore hace 
la aiguietite relación de au vida de hospital, y suministra ta 
prueba de qup íoi heridos de amboa ejércitoa beligeraotes 
del vecino país, hoy al cuidado de las Hermanas, son aten- 
didas con igual ternura: "Decid á — que puede pertNHralgy- 
nm vecea que me está viendo al lado de los herid ost en el 
hospital militar que se halla á nuestro cargo. El Dr. Bell Gi- 
bison, anteriormente de Baltimore, estí al frente de dicho 
hospital, pudiendo difícilmente encoíjtrarfie una persona maa 
bondadosa para con nosotras, Eete es un vasto campo para 
el ejercicio de la caridad y de la crrujfa, ¿Qué diría mi buen 
hermanoi si me viese curando Im heridas producidas por las 
balaeí? Encuentro que es cosa inapreciable hoy para raí el 
haber tenidn que sobrellevar mis propios padecimientos* tan- 
to para hacerme compadecer los sufrimientos ágenos, como 
para ser mas experta en hacer cataplasmas y curar heridas 
de io que de otro modo sona; a-^i v*mo.^ que todo ocurre pa- 
ra bien. — Nuestros soldados parecen todos satisfechos y 
agradecidos por los cuidados que se les prodigan. ... En el 
hospital tenemos á ía vez muchos de nuestros valientes del 
Sur y tfvmbien soldados del Norte. Pobre gente, la compa- 
dezco; pues debe sufrir mucho, y yo creo que muchos, mu- 
chísimos habrán dejado tras sí familias afligidas." 



CRÓNICA LOCAL. 



Prncmnn de la Tutelar en Gaanahacoa. ^FA domincro 25 
del pasado se voriíicó por fin la procesión solemne que anual- 
mente hacen los cristianos vecinos de Gruanabacoa á su ex- 
celsa Patrona, Nuestra Señora de la Asunción, el 15 de Agos- 
to, pero que este año no pudo tener lugar el referido dia á 



LA VERDAD CATÓLICA. 423 

consecueDcia del mal tiempo. Nada perdió, sin embargo, de 
su esplendor esa religiosa solemnidad por haberse demorado 
algunos días. En efecto, un numeroso concurso, tanto de 
vecinos de la villa como de personas llegadas de esta capi- 
tal, contribuyó á dar mayor realce al acto. Figuraba en es- 
te una orquesta de instrumentos de cuerda, y una banda mi- 
litar, marchando, si la memoria nos es fiel, un piquete de in- 
fantería, otro de voluntarios y cerrando la procesión otro de 
caballería. Ademas de la cruz y ciriales de la parroquia, iban 
los de la iglesia de Santo Domingo de la misma villa y va- 
rios estandartes. En cuanto á las sagradas imágenes, la del 
Patriarca San José precedía á la de la Santísima Virgen, 
cuyos brazos elevados á lo alto parecían implorar copiosas 
bendiciones para la piadosa villa puesta bajo su custodia y 
protección. Era ya entrada 1a noche cuando regresó la pro 
cesión á la iglesia parroquial. 



Fiesta solemne á S. José de ('alasanz. — Ya que de la veci- 
na villa de Guanabacoa nos ocupamos, no queremos dejar de 
mencionar la función solemne con que los RR. PP. Escola- 
pios celebraron en su iglesia de S. Francisco, el 27 del mes 
último, al fundador de su orden, S. José de Calasanz. Ador- 
nado el altar mayor con todo gusto y esplendidez, lucía en 
él la imagen del santo. Ofició de pontifical el virtuoso 
y venerable Sr. Arzobispo de Méjico, figurando entre los 
sacerdotes que le auxiliaban en el desempeño de las sagradas 
funciones el Sr. Secretario de Cámara y Gobierno de este 
Obispado, Monseñor D, Pedro Sánchez. A su debido tiempo 
subió á la cátedra del E-^píritu-Santo el Pbro. D. Juan Bau- 
tista Rivas, quien en un elocuente discurso, cuyo texto fué 
este del Salmista: Tibí derelicfus est pauper; orphano tris ad- 
jutor — hizo ver al escogido auditorio la admirable vocación 
y obras estupendas de S. José de Calasanz. Feliz estuvo el 
Sr. Pbro. Rivas en todo su discurso, pero cuando mas con- 
movió á sus oyentes fué al implorar la mediación del santo 
fundador del instituto de las Escuelas Pías en favor de nues- 
tro Santísimo Padre Pió IX, de nuestra augusta Soberana 
D? Isabel II, del ilustre Prelado que oficiaba en aquella so- 
lemnidad, lejos de su diócesis y apartado de su querida grey, 
y por último en favor de todas las autoridades, así civiles co- 
mo eclesiásticas y militares, que rigen los destinos de esta 
isla. — Concluida la misa y dadas gracias por el Illmo. Sr. Ar- 



424 LA VERDAD CATÓLICA. 

zobíspo, casi toda la concurreocia acudió á la entrada de la 
sacristía para tener la satinfacctoa de besar el anillo del ilus- 
tre Prelado, 



Obra devota. — Una persona respetable de esta capital ha 
tenido la feliz idea de verter & nuestro idioma la obrita que 
con el título de Aspiraciones á las sagradas Llagas de Nuestro 
Señor Jesucristo^ escribió en francés el R. P. José María de 
Géramb, religioso déla Trapa. Según se nos ha informado, 
el traductor ha querido hacer una buena acción dedicando 
el producto de su trabajo al alivio de los pobres que socor- 
re la Conferencia de S.Vicente de Paul del Sagrado Cora- 
zón de María. Las señoras que componen dicha Conferencia 
harian bien, á nuestro ver, en fijar un punto donde pudiesen 
los que quisieran adquirir la obrita del P. de Gléramb, cuya 
traducción va precedida de la siguiente breve introducción: 
"Tan luego como hubimos leido el devoto ejercicio, objeto 
del presente librito, que con tanto fervor, tanta unción y 
tanta ternura escribió en francés el Reverendo l^adre José 
María de Géramb, determinamos su versión al castellano pa- 
ra el uso de los fieles quienes, no dudamos, encontrarán eo 
su piadosa lectura uno de los modos mas eficaces de lograr 
una buena contrición antes de llegarse al Santo Tribunal de 
la Penitencia, único medio de obtener la naoiision de sus 
culpas.— E, T.'' 



Errata. — Una cometimos en nuestro número anterior, ques 
aunque fácil de advertir, no queremos dejar pasar desaperci- 
bida. Al dar cuenta de un acto académico celebrado en el 
Real Colegio de Belén, dijimos por equivocación que dicho 
acto habia tenido lugar el día 10 del pasado; entiéndase que 
fué el domingo 4. 



Domtaffo 15 de Setiembre de iS61. 



SECCIÓN RELIGIOSA. 



CIRCULAR 



MrlgUU i^r el Hislttcrlo de firaeia y Justicia á los srcs. OMapos de la 
PcaiBMila, con netlve de la nocva circmiscripcion de diócesis á que lu 
éc i^rtfedcrsc con arrc^U al Concordato do ISftl y convenio adicional. 




Ministerio de okacia y justicia. — negocios Eclesiásticos, 
Negociado 1?. — Circular. 



ONSflÍNTE el gobierno en su propósito de llevar á 
efecto las e'stipulaciones consignadas en el Concor- 
dato de 1851 y convenio adicional, á medida qne las 
circunstancias lo vayan perniitiendo, cree llegadas las 
de proceder á la nueva circunscripción de diócesis. 
Nadie mejor que V. .., que diariamente estará tocan- 
do los inconvenientes que ofrece la actual para el buen ré- 
gimen y gobierno de la suya, comprenderá la oportunidad 
de esta resolución. Pero su importancia y grave trascenden- 
cia, las delicadas consideraciones que deben tenerse presen- 
tes antes de tocar una organización consagrada por el pres- 
tigio de tantos siglos, dan á conocer con cuántü circunspec- 
ción, con qué esmerada diligencia debe caminarse para no 
incurrir en dificultades mayores que las que se pretenden 
evitar. Varios han sido los trabajos hechos con este objeto 
en los últimos años; obstáculos imprevistos no permitieron 
llevarlos á completa sazón, ppntribuyei^do ademas las vicv 

VII. — 54 



426 LA VRRDAD GATÓUCA. 

situdes por que la nación ha pasado, á que no se sacara de 
ellos el fruto que debiera prometerse. Para suplir su falta, y 
que pueda utilizarse lo poco que resta en la forma mas apro- 
piada, completándolos con otros de que también se carece, 
y cuyo resultado no ha de ser menos provechoso, la Reina 
(Q. D. G.) se ha servido disponer signifique á V su vo- 
luntad, de que á la brevedad que consiente lo delicado de la 
operación, devuelva Y . . . . á este ministerio el estado que 
adjunto le acompaño, llenas sus casillas con la mayor escru- 

[>ulosidad. En ía primera columna deberá V anotar los 
imites que hoy terminan esa diócesis, expresándolos con sus 
nombres propios, ora consistan en accidentes naturales, co- 
mo arroyos, ríos, montes 6 valles, ora en signos convencio- 
pales, como caseríos, lugares ó pueblos. Este trabajo es la 
base, el cimiento sobre que ha de estribar todo lo que ha de 
hacerse después. Y esta sola consideración será suficiente 
para que V. ... comprenda qué privilegiada atención debe 

K restarle. Pero no basta esto; una relación sucinta de nom- 
res no alcanzará muchas veces á hacer formar idea adecuada 
de lo que se intenta saber. Por eso deberá V. . . . acompa- 
ñarla de cuantas observaciones estime conducentes al efecto, 
siendo preferible el exceso de ilustración á lo diminuto de 
las noticias. Muy útil será también que V. . . . formule to- 
das las que le ocurrieren sobre sus ventajas 6 inconvenientes, 
poniendo de manifiesto, con el conocimiento que la experien- 
cia le habrá sugerido, unas y otros. Al anterior estado, es 
también la voluntad de S. M. que agregue V • otro tra- 
bajo en que presente la nueva circunscripción que en con- 
cepto de V . oyendo si le pareciere necesario 4 su cabildo, 

deba darse á esa diócesis, describiendo sus nuevos términos 
con la misma claridad y distinción con que habrá expuesto 
los actuales, expresando 8u extensión superficial en leguas 
cuadradas, su población, y la distancia á q<ie se hallare de la 
capital diocesana la parroquia mas distante de la misma. Es 
de desear que siempre que las necesidades religiosas y la 
conveniencia física, fundada en la topografía del terreno, lo 
permitieren, esta división se acomode á la civil de las pro- 
vincias. Y también debe aspirarse á que, tomándose en cuen- 
ta la última de dichas circunstancias, y la de los medios de 
comunicación existentes y probables, se fije el número de al- 
mas de manera que se equiparen en lo posible las diócesis, 
facilitando el trabajo de sus Pastores. Para el mejor desen- 
volvimiento de estas indicaciones y mas completa explicación 
ue lodo lo que es de tener presente en asunto tan delicado. 



LA VERDAD CATÓLICA. 427 

S. M. verá cod satisfiguscioa que V acompañe á su proyec- 
to cuantas observaciones juzgue dignas de ser apreciadas, así 
para demostrar su conveniencia, como para esclarecer y po- 
ner de manifiesto todos sus pormenores. S. M. no cree nece- 
sario inculcar á V el alto interés que va unido á una 

operación de esta especie, ni excitarle á que se consagre á 
ella con todo el empeño que su importancia exige. Se lison- 
gea con la idea de que V lo comprenderá inmediata- 
mente, 7 se decidirá sin mas estfmulo á dedicarse á la parte 
que es llamado ú desempeñar, con todas las condiciones que 
su perfecta ejecución reclama. V — . se hará acreedor al 
especial aprecio de S. M. y á la gratitud del país si llegare 
al grado que de su celo, patriotismo y religiosa piedad es de 
esperar. Por último, á fin de que no se pierda momento en 
utilizar los trabajos, me manda S. M. decir á Y que pue- 
de remitir cada uno de los dos que se le encomiendan luego 
que lo tuviere concluido, sin esperar el envío simultáneo de 

ambos, si V no lo creyese necesario 4)ajo algún punto 

de vista especial. 

De real orden, comunicada por el Señor ministro de Gra- 
cia y Justicia, lo digo á Y . . . . para su inteligencia y cum- 
plimiento, debiendo Y acusar el recibo de esta comuni- 
cación. Dios guarde á Y muchos años. 

Madrid 29 de Junio de 1861. — El Subsecretario, — Anto- 
nio Casanova. 

Sr. Obispo de 



428 LA VKBDAD CATÓLICA . 

nUERTE 
del R.jP. Joa^Bln fentora de RáoUca. 



De nuevo tenemos que ocuparnos del R. P. Ventura de 
Ráulica, pero esta vez para anunciar su muerte, ocurrida en 
la ciudad de Versallesel 2 de Agosto próximo pasado. Nues- 
tros lectores saben ya con qué cristianas disposiciones se 
preparó á comparecer ante su Dios y Señor el célebre reli- 
gioso Teatiuo, cuya elocuente voz se habia dejado oir así en 
el pulpito de la basílica de S. Pedro, en Roma, como en los 
de las iglesias de Sta. María Magdalena y de S. Luis d' An- 
tin en Paris; el orador sagrado de quien dijo el Papa Gre- 
gorio XVI que era el hombre mas sabio de Ropia, añadien- 
do: "Tenemos sin duda teólogos, apologistas de la religión» 
filósofo», publicistas, oradores y literatos distinguidísimos; 
pero solo el P. Ventura es todo eso á la vez." Y sin embar- 
go, el mismo hombre de quien hizo semejante elogio un ¡lus- 
tre Pontífice, el que predicando en un idioma que no era el 
suyo mereció que refiriéndose á él dijese el elocuente orador 
Mr. Berryer: "Acabo de oir á S. Pablo hablando al areópa- 
goy conmoviendo con su acento extrangero todos los áni- 
mos, y los corazones todos," ha fallecido sin que su muerte 
llamara la atención, y sin que á su entierro asistiera sino un 
corto número de miembros de su orden y algunos amigos. 
En efecto en una carta escrita desde Paris leemos lo siguien- 
te: "Los PP. Teatinos, unos cuantos miembros del Clero 
secular, un periodista alemán, y un, individuo de la prensa 
de Paris, componían el cortejo que seguía á su última mora- 
da al hombre justamente célebre, al profundo teólogo, al 
ilustre orador, al sacerdote cuya palabra llegaba al corazón 
de los grandes de la tierra, y hasta á oidos de los reyes: al 
Padre Ventura, en fin." 

A los detalles que en el número anterior dimos sobre la 
última enfermedad del distinguido orador católico, agrega- 
remos, con referencia á un» carta dirigida desde Roma al 
Weekly Register de Londres, que el R. P. Ventura, ademas 
de implorar la bendición del Sumo Pontífice, hizo llamar, 
para que pasase á asistirlo, á algún miembro de su familia, 



LA VERDAD CATÓLICA. 429 

residente en l^icilia, 6 á cualquier religioso de los de su or- 
den. El R. P. General délos Teatinos, estimulado según se 
dice por el mismo Padre Santo, no quiso confiará otros tan 
sagrado deber, después de conocerse la imposibilidad de ha- 
cer llegar un parte de Roma á Sicilia, atendido el estado del 
fiaís, é inmediatamente se puso en camino para suministrar 
os últimos consuelos á su hermano moribundo. Los funera- 
les del P. Ventura tuvieron lugar en Versalles el dia 4 de 
Agosto. 

Era el P. Ventura natural de Palermo, en Sicilia, donde 
nació de padres nobles en 1792: contaba pues 69 años de 
edad al ocurrir su muerte. A los quince años ingresó, á rue- 
gos de 8U madre, en el Colegio de la Compañía de Jesús de 
aquella ciudad, no tardando en ser nombrado profesor de re- 
tórica del mismo. Cerrado aquel establecimiento, se hizo 
miembro de la orden de Teatinos, en la cual se ordenó de sa- 
cerdote. 

El nuevo ministro del Señor se dedicó á la predicación, 
hacia la cual se sentia grandes disposiciones, distinguiéndo- 
se principalmente en las oraciones fúnebres, lo que le valió 
entre sus compatriotas el nombre de Bossuet italiano. No con- 
tribuiria poco á hacerle conservar tan honroso dictado la 
obra que poco después publicó bajo el título de Influencia 
dd siglo XVI, obra que muchos han equiparado á las famo- 
sas Variaciones del célebre obiopo de Meaux. 

En 1824 habia llegado á tal extremo la fama del P. Ven- 
tura y la opinión de que gozaba entre los miembros de su 
orden que se le nombró Prepósito General de ella. Distin- 
guíase ademas de tal manera por su saber que fué nombrado 
• individuo de una comisión de censura juntamente con Orio- 
li y Michara, que después fueron cardenales, y el P. Cape- 
llari, posteriormente Papa bajo el nombre de Gregorio XVI. 

Por la misma época se le dio la cátedra de derecho ecle- 
siástico, juntamente con el cargo de capellán de la Univer- 
sidad de Roma. Era tal el crédito de que entonces disfruta- 
ba en la Corte pontificia que habiendo ocurrido en 1830 la 
revolución que puso en el trono de Francia al rey Luis Fe- 
lipe, al P. Ventura se debió el reconocimiento de dicho so- 
berano por la Santa Sede, si no como monarca legítimo, al 
menos como rey de hecho. 

En el año de 1828, es decir antes del período á que acaba- 
mos de aludir en el párrafo anterior, habia escrito el P. Ven- 
tura SQ obra titulada: De m$thodo Philosophandi, obra enca- 
minada á defender la au ligua filosofía cristiana ó escolástica, 



430 LA VERDAD CAT6uCA. 

y que le malquistó con su antiguo amigo el célebre abata 
Lammenais. 

Mas queriendo el P. Ventura adquirir un cooocimieoto 
profundo de las Sagradas Escrituras y los Santos Padres, se 
dedicó por largo número de años á tan importantea estudios, 
después de terminados los cuales, en 1839, publicó sus Be- 
llezas déla Fe. A estas se siguieron sus célebres predicado- 
nes en las iglesias de S. Andrés della Valle y de S. Pedro de 
Roma. Pero la mas célebre de las oraciones del P. Ventura, la 
que mas cimentó su reputación de orador católico, fué el pa- ' 
negfrico de O'Connell, obra qne traducida en casi todos los 
idiomas, corre en manos de todo el mundo, y que vertió al 
castellano un distinguido hijo de Cuba, el actual Sr. Conde 
de Peñalver. 

Posteriormente pronunció el P. Ventura su célebre discur- 
so sobre las víctimas que cayeron en Viena, discurso que 
condenado mas tarde por la Safi:rada Congregación del ín- 
dice, lo fué también por su autor, quién retractó desde luego 
cuantas ideas hubiese vertido en él contrarias á lo admitido 
por la Iglesia. Esta sumisión filial del P.JV^entura es uoo de 
los rasgos de su vida que mas le honran, y sin duda habrá 
compensado ante el eterno Juez las faltasen que como todos 
los mortales incurriria por otra parte el célebre orador. 

Al ocurrir la revolución de 1848, encontró esta al P. Ven- 
tura fuertemente predispuesto en favor de la idea de una 
gran Confederación italiana, cuya presidencia habia de darse 
al Papa. Todos convienen en que este pensamiento, poste- 
riormente adoptado por un poderoso soberano, se debió ea 
un principio al célebre Teatino. Sea lo que fuere, la revolu- 
ción romana le cogió en la ciudad eterna donde permaneció 
después de la salida de Pió IX para Gaeta. Bríndesele la 

Presidencia déla Asamblea Constituyente, pero él la rehusó, 
oco antes de la toma de Roma por los franceses abandonó 
el P. Ventura la capital del orbe cristiano, trasladándose á 
la ciudad de Mompeller, en Francia, donde se dedicó al es- 
tudio del idioma de Bossuet, y donde también se dejó oir 
por primera vez ante un auditorio francés. 

Después de haber residido por espacio de dos años en Mom- 
peller, pasó el P. Ventura á París, en cuya capital adquirió 
inmensa fama con sus predicaciones en las iglesias de la 
Asunción, la Magdalena y S. Luis d'Antin, como asimismo 
en la capilla de las Tullerfas. La cita que al principio de este 
artículo hacemos de Mr. Berryer basta para que se compren- 
da la gran popularidad que con sus sermones supo gran- 



LA VERDAD CATÓLICA. 431 

jearee en la capital de Francia el R. P. Ventara. Ta conocen 
naestros lectores cuáles fueron sus tJltimos dias de vida y las 
disposiciones que abrigó constantemente durante su larga 
agonfa. 

Solo nos restaría dar una idea de las numerosas obras del 
ex-general de Teatinos: de algunas hemos hablado inciden- 
talmente en el curso de esta ligera reseña histórica. Para ocu- 
pamos de todas se necesitarla mas espacio del que por aho- 
ra tenemos á nuestra disposición. Solo hemos querido dar 
á conocer la pérdida inmensa que acaban de sufrir la tribuna 
y las letras cristianas. ¡Dios haya acogido en su seno al R. P. 
Ventura! Beguiescat in pace. 

R. A. O. 



mSIOHBS DE FERNANDO POO T ANNOBON. 

Carta 4el B. P. Sauuirtl, 8. J., al R. P. Proflodal de la CMipaiía é» 
Jerai en BqMiia. 



Creemos que nuestros lectores verán con interés la siguien- 
te carta, en que se da cuenta de un viaje verificado por su 
autor, misionero de la Compañía de Jesús, á la isla de Anno- 
bon, y de lo que para bien de las almas tuvo ocasión de prac- 
ticar en dicha isla. 

Santa Isabel, Mayo 29 de 1861. 

Mi reverendo padre provincial: nada hay mas grato al co- 
razón de un buen hijo como hablar con su padre, y decirle 
sus cosas; por esto, y porque sé el interés con que V. R. si- 
pie los progresos de esta misión, he querido enviarle la re- 
acion del viaje que por orden del padre superior, y con apro- 



Tac 



432 LA VERDAD CATÓLICA. 

bacion del señor gobernador, acabo de hacer á la isla de An- 
nobon, para que nada ignore de cuanto hacen sus hijos en 
estas remotas partes. No vaya V. R. á figurarse que las cosas 
que voy á referir sean de aquellas que excitan el entusiasmo, 
exaltan la imaginación y hacen palpitar el corazón del que 
las lee; son hechos sencillos, humildes; son los primeros en- 
sayos de un bisoño en la carrera del apostolado; y con esto 
está dicho todo. Me embarqué, pues, con uno de nuestros^ 
hermanos, en la goleta de guerra Ccres^ con rumbo á aquella 
isla, y después de una navegación feliz, dimos fondo en uno 
de sus puertos el 23 del mes pasado. No me fué posible sal- 
tar en tierra aquel mismo dia, por causa de un fuerte tempo- 
ral de truenos y agua; pero quedó convenido que lo verifica- 
ria al siguiente, y que por primera vez, después de mucho 
tiempo, celebraría en ella el Santo Sacrificio de la Misa, y bau- 
tizaría á los párvulos que me presentasen, y á los adultos que 
hallase suficientemente instruidos. A la mañana siguiente, 
no bien habia amanecido, cuando empezaron á rebullirse en 
la rada multitud de botes y canoas, cuyas tripulaciones en- 
derezando las proas hacia nosotros, remaban á toda prisa en 
dirección á la goleta. 

Eran los buenos isleños, que noticiosos de nuestra llegada, 
venian apresurados á darnos la bienvenida. 

Iba en una de aquellas embarcaciones el gobernador de la 
isla, y en otra, el custodio de la iglesia, que los naturales 
llaman Cura. Eran las seis y media cuando el señor coman- 
dante y yo entramos en el bote, y nos dirigimos á tierra, con- 
voyados por la escuadrilla do canoas. íbamos acercándonos á 
la costa, cuando de repente oimos el alegre son de las cam- 
panas, cuyos repiques anunciaban nuestra llegada. 

Fué el primer objeto que se presentó á nuestra vista un 
grupo de mujeres, vestidas de blanco, que con cruz inhiesta^ 
nos salian al encuentro haciendo resonar el aire de sus fes- 
tivos (iantares. 

En pos de ellas, y á corta distancia, iban dos hombres con 
tambores, sesfuidos de una muchedumbre de pueblo, que cal- 
culamos en mil quinientas personas de todas edades y sexos. 
Saltamos en tierra, y rodeados de aquella multitud, loca de 
contento, nos encamiiuirnos juntos á la iglesia. El templo, 
si bien bastante capaz, no pudo contener, ni con mucho, la 
gente que nosseguia. 

No importa; los que quedaban fuera observan que la igle- 
sia tiene unas ventanas que dan al presbiterio, y corren pre 
surosos á encaramarse por las paredes. Tar^ codiciosos esta- 



LA VERDAD CATÓLICA. 433 

ban todoB de asistir de cerca al Santo Sacrificio que se iba á 
celebrar. Nada extraño era que con aquella novedad, y con 
la alegría que les causaba visita tan inesperada, hubiera un 
momento en que aquellos corazones esparcidos, cediendo á 
las impresiones que recibían, se olvidasen del lugar en que 
estaban, y se oyera un murmullo casi general; quién pregun- 
taba al otro lo que se iba á hacer; quién, cómo se llamaba el 
- misionero, de dónde venia, de dónde era, con otras mil y mil 
ocurrencias que es fácil adivinar; pero poco bastó para que 
la gente se compusiera; un gesto que hice fué suficiente pa- 
ra imponer silencio á todos, sin que durante la misa volvie- 
ra á oirse una sola palabra. Oyéronla todos con la mayor de- 
voción y compostura: la mayor parte estaban arrodillados, 
y hubo algunos que en las partes principales de la Misa in- 
clinaban el cuerpo hasta tocar el suelo con la cabeza. 

Concluido el Santo Sacrificio, todos á porfía pidieron que 
bautizase ásus hijos y bendijese sus matrimonios, lo que no 
pude hacer por entonces, por una indisposición que me so- 
brevino, que me obligó á restituirme al barco. Cuatro dias 
tardé en volver á ver á mis queridos negritos; por fin, el 28 por 
la mañana, algo restablecido, pude saltar en tierra y celebrar. 
Viendo entonces que los dias de mi permanencia en la isla se 
iban acortando, resolví desembarcar de una vez, y estable- 
cerme entre aquella pobre gente. Me movió también el deseo 
de experimentar el clima de la isla, por si algún dia me ca- 
be la dicha de ser el designado por la obediencia para cul- 
tivar aquella porción de viña confiada á nuestros cuidados. 
De acuerdo, pues, con el señor comandante y el médico de 
la goleta, toní>é mi hatito, y me refugié en una capil lita aban- 
donada, larga de ocho pies, sobre cmco de ancho, y abierta 
á todos vientos por faltarle puertas y ventanas. No bien em- 
pezó á cundir la voz de que el misionero había bajado á tier- 
na, cuando de todas partes acudieron los naturales con sus 
hijos para que los bautizase. 

A ciento doce ascendió el número de párvulos y de niños 
menores de siete años, que tuve el consuelo de regenerar en 
las aguas del Bautismo en los dias 3, 4, 5 y G de Mayo. Mas 
el gozo de que estaba inundado mi corazón se aguó en parte, 
por no hacer participantes de aquella gracia á los muchos 
adultos que me lo pedían. Los pobres carecen de la instruc- 
ción necesaria para recibir aquel Sacramento, ni yo podía 
dársela, tanto por la premura del tiempo, como por ignorar 
yo su lengua, y no saber ellos una palabra de castellano ó 
portugués. Los consolé como pnde, asegurándoles que co.q el 

VII. — 56 



434 LA VERDAD CAT6lICA • 

favor de Dio8 volverfamos'mas tarde á visitarlos mas despa- 
cio, 7 quizás á establecernos alif para vivir en su compañía. 
En aquellos dias también bendije el matrimonio del gober- 
nador de la isla, que con su mujer habia asistido puntual- 
mente á la explicación de la doctrina que les hice. Con és- 
tos pude entenderme; aunque con algún trabajo. La iglesia, 
inclusa la sacristía, mide 105 pies de largo por 25 de ancho; 
es de tabla, y bien se deja conocer que las obras de arte no 
son lo que llama mas allí la atención. 

Los habitantes de Annohon tienen su calendario ó alma- 
naque, que consiste en un palo cuadrado de unos cuatro pies 
de alto. Cada cara contiene un trimestre: unas líneas tras- 
versales indican los diasde la semana, y los domingos y fíes* 
tas principales van marcados con una cruz en forma de X; 
pero como no computan los años bisiestos, así es que oos 
llevan algunos dias de adelanto. Muchos de aquellos infelices 
ignoran casi del todo los principales misterios de nuestra fe; 
otros hay sin embargo, bastante instruidos, mayormente per- 
sonas de alguna edad. Sus costumbres, si no se conservan 
en el grado de pureza que fuera de desear, distan, sin embar- 
go, mucho de la corrupción que se nota en otros puntos 
donde ha penetrado la luz del Kvangelio. Yo me complazco 
en tributarles este elogio. ¿Quién no creyera que un pueblo 
que vive mtichos años há en el mayor abandono, privado de 
maestros que lo enseñen, de sacerdotes que le inculquen la 
santidad y los deberes de la fe que profesan, en un clima abra- 
sador, y donde no se ven mas que incentivos al mal, quién 
no creyera que este pueblo, soltando la rienda á los mas bru- 
tales apetitos, viviera encenagado en toda clase de vicios y 
desórdenes? Y sin embargo, no es así: la fidelidad queseju 
ra en sus contratos matrimoniales se guarda con una religio- 
sidad que honraría «1 otros pueblos que blasonan de civiliza- 
dos: yo no he encontrado uno solo que estuviera infringien- 
do esta ley. Lo que les aflige es no tener un sacerdote que 
bendiga aquellas uniones. 

Estas son, amado padre mió, las particularidades mas no- 
tables del viaje que acabo de hacer, que espero no será el úl- 
timo. Poeo interés tienen, bien lo conozco; pero me alienta 
la idea de que las cuento á un padre, cuyo amor no le deja 
ver los defectos de que adolece mi narración. 

Recíbalas, pues, V. R. como un testimonio de veneración 
y del amor que le profesa su mas humilde y obediente hijo 
en Cristo. 

Lorenzo Sanmartíj S. •/• 



LA VERDAD CATÓLICA. 435 



LA CRUZ T LA ESPADA. 



La historia de los pueblos, la historia de la humanidad, 
nos ofrecen páginas ominosas en que el derecho, la justicia, 
la fuerza moral, la Religión, la Cruz, en fin, han sostenido 
■aogrientoB combates con la injusticia, la opresión, la fuerza 
material representada por la espada de vandálicos conquista- 
dores, 6 despóticos gobernantes. En esa lurhu sempiterna á 
veces el poaer ha vencido momentáneamente á la debilidad, 
la fuerza al derecho, la espada á la Cruz; pero estos efímeros 
triunfos, por lo mismo que producen un desequilibrio injusti- 
ficable en el orden social y moral, no tienen derecho á una 
larga existencia, y con satisfacción confesamos que jamas han 
alcanzado largos dias de vida. La expiación es la gran ley 
reparadora del desorden que hemos mencionado. Cuando ve- 
mos que la injusticia triunfa, 6 la espada vence á la Cruz, no 
lanzamos blasfemos cargos á la Providencia; antes por el con- 
trario esperamos con paciencia el dia en que todas las cosas 
recobren su perdido nivel y en que el equilibrio que la ley 
providencial tiene establecido, se restablezca completamen- 
te. Vemos debajo del Sol — pudiéramos decir en el hiperbó- 
lico lenguage bíblico— en el lugar del juicio la impiedad y 
en el lugar de la justicia la iniquidad; pero Dios juzgará al 
justo y al impío, y entonces será e! restablecimiento de to- 
das las cosas. Esta es la armadura con que debe revestirse 
todo verdadero católico: combatir sin tregua, fijar siempre su 
mirada en el porvenir, y tener fe en que á la Cruz están re- 
servados espléndidos triunfos sobre la espada. Y para que 
esta memoria sea imperecedera, la Iglesia en sus simbólicas 
ceremonias, en sus ritos, en sus oraciones y cánticos, nos re- 
cuerda con frecuencia esas gloriosas conquistas. Hace poco 
tiempo celebró el Triunfo de la Cruzj y ayer mismo (14) 
presenta á nuestra vista en La Exaltación de la Cruz á un 
egregio Emperador que con los pies descalzos, despojado de 
todas sus vestiduras imperiales, y ceñido el cuerpo con 
una humilde tánica, toma en sus hombros el Sagrado Leño, 
conquistado al impío Cosroas, y lleva la sacra enseña de 
nuestra redención hasta el mismo monte Calvario. Estos re- 



436 LA VERDAD CATÓLICA. 

cuerdos debea hoy mas que nunca traerse á la memoria de 
los hombres de nuestra época, para que no olviden jamas 
que la guerra encarnizada que hacen á la Cruz, tendrá para 
ellos un dia de inexorable expiación y venganza. 

Recuérdese como abrió la Cruz su reinado. £1 fundador 
del cristianismo espiró en el Gólgotha; sus discípulos y após- 
toles fueron víctimas de una cruel persecución. Pero apenas 
aquellos hombres obtuvieron momentáneamente el triunfo 
de la fuerza sobre la justicia, de la iniquidad sobre la bondad 
infinita, terríficos signos anunciaron el próximo dia de la ex- 
piación para la raza maldita de Israel. Los verdugos al sen- 
tir que la tierra bamboleaba bajo sus pies, y que el cielo se 
cubria con velo de sanjrre, y que las piedras chocaban, y 
que la naturaleza exhalaba hondos gemidos, llenos de pavor 
exclamaban: ''En verdad que el que hemos crucificado era 
el verdadero Hijo de Dios." ¡Tardío arrepentimiento! Desde 
aquel mismo instante la Cruz triunfó, y continuará siempre 
triunfando. 

Fijad la vista en el anfiteatro romano. Una muchedumbre 
inmensa se agolpa en él. Sobre la arena se divisan animales 
feroces, ávidos de sangre: dase la señal, y una serie de vícti- 
timas ¡lustres sirve de pasto á las voraces bestias. La sangre 
cubre la arena, el populacho aplaude frenético, y la Cruz 
aparece vencida en aquella gloriosa era de los mártires hasta 
que al fin á los bordes del Tíber, á la vista del Capitolio, dos 
religiones, dos mundos, se encontraron frente afrente: Cons- 
tantino y Maxencio: la Cruz del primero venció la espada 
del segundo. 

Desde entonces han sido incesantes los combates entre los 
hijos de la Cruz y sus enemigos, quedando siempre reserva- 
dos á aquellos los inmarcesibles laureles de la victoria. La 
Cruz vence, la Cruz domina el universo, y los que han que- 
rido en nuestra época encerrar en un sepulcro los progresos 
de la idea cristiana y del trabajo religioso que se opera ac- 
tualmente en el mundo, olvidan que el cristianismo triunfa 
siempre de la tumba en que se le pretende encerrar. 

Dirigid la vista al Asia: el hálito cristiano de Europa ha 
refrescado las ardientes arenas de esa tierra de todo lo grande 
que ha existido entre los hombres. El Occidente se inclina 
con amor hacia el Oriente, y la Cruz extiende allí su domi> 
nio. 

La Inglaterra, ávida de riquezas, es á veces el instrumen- 
to de que la Providencia se vale para extender el imperio 
de la idea cristiana. La Cruz se ve ya enarbolada en la Chi- 



LA VBBDAD CATÓLICA. 437 

na, y por aquellas mismas puertas por donde entran los pro- 
ductos iodustriales de la protestante Albion, entran también 
loB misioneros católicos. 

Eq África, se levántala Cruz sobre las mismas mezquitas 
conquistadas en Argel por la heroica Francia. La católica 
España alza sobre los templos de Tetuan la enseña de nues- 
tra redención, y obtiene en su último tratado de paz el dere- 
cho de establecer misiones. Irlanda, la católica.Irlanda, con- 
sigue al fin su emancipación religiosa. Recientemente una 
nación de cuatro millones de habitantes, la Bulgaria, aban- 
dona el cisma griego, y acude como el Hijo pródigo á la ver- 
dadera Iglesia. El protestantismo toca á su tercer siglo de 
existencia^ término máximo de todas las heregías, y ya anun- 
cia con signos precursores su regreso al Catolicismo. 

La conversión de la duquesa de Kent, madre de la actual 
reina de Inglaterra, de la duquesa de Sutherland> de muchos 
ilustres personages de Inglaterra y sobre todo los vehemen- 
tes deseos de abrazar el catolicismo de su Reina Victoria, 
son las grandes conquistas de la Cruz, en compensación de 
las desastrosas conquistas de la espada en la desventurada 
Italia. En este hermoso país vemos hoy mas que nunca en- 
carnizada la lucha entre la Cruz y la espada. La autoridad 
de la Iglesia católica se ve allí borrada por la punta de la 
espada. La Cruz, emblema de todo poder y de toda autori- 
daid, ha sido pisoteada por la Revolución que, arrojando la 
máscara de la hipociesfa, proclama guerra abierta á la Cruz 
y á toda autoridad. Ese antagonismo profundo de la Revo- 
lución átodo principio de autoridad es su carácter distintivo 
en el cielo y en la tierra. En el cielo, la rebelión de Satanás 
se ensañó contra la autorid&d del Verbo eterno. En la tier- 
ra, se ensaña también contra la autoridad de ese Verbo divi- 
no, presente en su Iglesia, y representado por el sucesor de 
Pedro. 

Es un error gravísimo considerar que la autoridad de la 
Iglesia se opone á la autoridad de la sociedad civil. El poder 
de la Cruz no es un poder rival para las sociedades cristia- 
nas; es por el contrario un poder aliado y verdaderamente 
Erotector. A medida que ese poder crece en todos los pue- 
los, crece también el poder de los Reyes y de los gobernan- 
tes. E^se poder, divino en su origen, espiritual en su domi- 
nio, produce directamente el bien y la vida moral de los pue- 
blos. Objeto grandioso para cuya consecución es impotente 
el poder civil; cuando mas combatirá el dominio del mal, 
pero jamas podrá crear él dominio del bien. Hoy todo lo ve- 



438 LA VERDAD CATÓUCA. 

moB trastornado, y la Cruz abatida; pero ¡ay del día de la ex- 
piación! Esa gran ley no ha podido jamaH ser derogada por 
el hombre del código del Dios fuerte y justiciero. Laespada 
vence hoy á la Cruz, pero digamos con confianza: '^Vernos 
debajo del sol en el lugar del juicio la impiedad, y en el lu- 
gar de la justicia la iniquidad; pero Dios juzgará al justo 
yaiimpfo, y entonces será el restablecimiento de todas las 
cosas." ¡Apresurad, Señor Dios de los ejércitos, vuestro jui- 
cio para que la Cruz venza á la espada! 

J. R. O. 



EL PROGRESO POR nXDIO DEL CRISTIARISUO 

POB EL K. P. FÉLIX. 



ASO TERCERO. 

QiniTTiL OOlTPBIlBMOliL. 

BL PROCRKSO IHORilL POR IIEIIIO.DE LA PORREEA CRISTUIA. 

(Finaliza.) 

II. 

Pero la pobreza no es tan solo un principio de engrandeci- 
miento para el hombre, sino también un baluarte para la 
sociedad. He dicho que la humildad cristiana es una gran 
fuerza social, pues es por su esencia misma la sumisión ala 
autoridad; hoy confrontando también la pobreza cristiana 
con las necesidades sociales, digo que es uno de los mas fuer- 
tes antemurales de la sociedad en el siglo XIX. 

Con el principio de autoridad, necesario para el sosten de 
todo orden social, hay otro de una necesidad no menos abso- 
luta, y es el de la propiedad. Esta es el punto de apoyo de 



LA VERDAD CATÓLICA. 439 

la eatabilidad social. Sin propiedad no existe ya la sociedad; 
la familia misma deja de sostenerse y el orden moral se en- 
óaentra comprometido. No insisto sobre estos elementos: 
todos admitís como inatacable el derecho de propiedad. Mas 
necesitáis comprender bien en el dia donde están los firmes 
baluartes y los verdaderos defensores de la propiedad ame- 
nazada. No trato especial mente de la propiedad; y no la con- 
sidero sino bajo el aspecto que se refiere al asunto que estoy 
tratando; ahora bien: digo, Señores, que uno de los mas fuer- 
tes baluartes de la propiedad es la pobreza cristiana, y que 
los mas firmes defensores del derecho de ios propietarios son 
los pobres de Jesucristo. Esta afirmación inesperada puede, 
á primera vista, pareceres una paradoja; mas cuento bastan- 
te con la rectitua de vuestro juicio y la fuerza de la verdad 
para esperar que dicha afirmación os dejará convencidos. 

En efecto, si queréis considerar estas dos cosas, la propie- 
dad y la pobreza, en su sentido íntimo y en sus destinos his- 
tóricos, veréis que se hallan enlazadas en la naturaleza por 
las relaciones mas estrechas y en la historia por el paralelis- 
mo mas constante. 

La pobreza voluntaria considerada en sus relaciones con 
la propiedad, hace en favor de ésta dos cosas que van á pa- 
rar á un mismo resultado: suprime el principio que la ataca, 
7 le da una consagración que la afianza; aleja á sus enemigos, 
y le asegura defensores. 

¿Cuál creéis que sea el principio que declara desde el fon- 
do de las almas guerra á la propiedad? ¿De dónde provienen 
tantas nuevas teorías en que el derecho de propiedad se en- 
cuentra, si no radicalmente destruido, al menos profunda- 
mente comprometido? Al leer tal libreó escuchar tal discur- 
so, ^n que cuantos poseen algo son denunciados á las ven- 
ganzas populares como tiranos de los que nada poseen, 
podríais creer que los autores de semejantes libros ó 
discursos son hombres de una abnegación perfecta y de un 
desinterés que nada deja que desear; y os sentiríais inclina- 
dos á creer que consentirian por su parte en ser los menos 
ricos de bienes de este mundo, con tal que la humanidad en- 
tera entrase en posesión de la riqueza. 08 engañáis: esos 
hombres tienen la ambición de poseer. Quisieran hacer creer 
que existen contra la propiedad, allá en su metafísica social, 
razones cuyo peso se oculta al vulgo de los hombres: esas 
razones no se nos han ocultado del todo: un deseo inmodera- 
do de poseer, una pasión impaciente de gozar, tales son esas 
graves razones. En nombre de la verdad, declaro que no hay 



440 LA VERDAD CAT6uCA. 

otras. Nada ma8 cierto: lo que hace que vacile en las inteli- 
gencias el derecho de propiedad es el amor de la posesión 
que se agita en los corazones. 

Las bases de la propiedad descansan en lo mas hondo de 
los siglos y de las almas; mil veces la ciencia del derecho ha 
comprobado sus títulos, y los pueblos la han consagrado con 
un asentimiento universal y una práctica secular. ¿Ded6n«le 
proviene, puep, que esta pregunta venga á presentarse de 
tiempo en tiempo á la razón popular: ¿Porqué hay propieta- 
rios? Ciertamente la justicia, el orden, las sociedades y los 
siglos han contestado á esa pregunta, y el buen sentido de 
las nación !8 responde eternamente. Pues bien; á pesar de esa 
respuesta unánime, cada vez que el soplo de la codicia lie- 
ga á agitar las almas; cuando la pasión de poseeiF se extien- 
de á todos, al punto esa pregunta, siempre viva en el fondo 
de los instintos codiciosos, sube á la superficie. Se hacen sis- 
temas, se idean teorías, se aventuran utopias en que los de- 
rechos, las instituciones, la sociedad misma se ponen en tela 
de juicio. ¿T porqué? ¿Qué hay en la esencia de esas teorías, 
de esos sistemas y de esas utopias? Hay en ellos algo ver- 
daderamente serio? Sí. Señores, hay algo muy serio. ¿Y qué? 
¿existen en semejantes inteligencias grandes ideas? No, hay 
en esos corazones grandes pasiones; y entre todas las demás, 
la de poseer, que produce los enemigos de la propiedad. Esos 
hombres hablan de fraternidad, sí, pero tratan de poseer; de 
libertad, sí, pero buscan la posesión; de abnegación, sí, pero 
se afanan por poseer En verdad, os lo digo, una cosa impor- 
tuna á esos grandes enemigos de los propietarios, y es el no 
serlo tanto como ellos desearan. 

Admitido como una verdad incontestable que el gran ene- 
migo del derecho de propiedad es el deseo inmoderado de 
poseer, no es difícil comprender, considerando la esencia de 
las cosas, cómo la pobreza evangélica es el mas firme baluar- 
te del derecho de propiedad. En efecto, el primer resultado 
de la pobreza es aminorar 6 suprimir en los corazones el de- 
seo de poseer. La pobreza evangélica es un amor sustituido 
á otro amor: el amor del desasimiento sustituido al de la po- 
sesión. Es el desprendimiento de lo criado por amor de 
predilección hacia el Criador. No estoy explicando de qué 
modo ese segundo amor se sustituye al primero; compruebo 
tan solo que la pobreza implica amor, y es ese mismo amor. 
Luego la pobreza tiende á debilitar ó á destruir completa- 
mente en el hombre la enemistad á la propiedad. Desde que 
este ha puesto su cQf&zon en uq (|l>jeto mas alto que lo cria^ 



LA 'VERDAD CATÓf^ICA. 441 

do; desde que hace del Criador mismo su patrimonio y su 
herenoia; desde que ha dicho con el profeta: Domlnus pars 
hámreiUaíit me^ el calicis met; cuando ha dicho á Dios con un 
pobre de Jesucristo; Dadme vuestro amor, y soy bastante 
rico: Da mihi ameren et dives sam satis (1): yo lo pregunto, 
¿qué cosa podría desde el fondo de au corazón conspirar con- 
tra los propietarios? ¿De dónde le provendría la tentación 
de poner en duda 6 de negar un derecho cuyo desempeño no 
puede oi dañarle ni alcanzarle? Desde las alturas á que le 
eleva su amor uniéndole al Criador, asiste con serenidad d 
esa perpetua batalla en que'los hombres están en lucha pa- 
ra disputarse los pedazos de la tierra. Mientras que en tor- 
no suyo los codiciosos tuercen el buen sentido, la justicia y 
la historia, para encontrar razones contra un derecho esta- 
blecido por aquellos. Semejante hombre nada tiene que de- 
cir contra la verdad, que brilla para él á la luz de su juicio 
desinteresado, ve las tinieblas que la codicia acumula en 
torno del resplandor del derecho; pero éste no cesa de 
brillar para él mas allá de las nubes; los relnmpagos 
que surcan ó los truenos que conmueven la atmósfera en 
que se agita la codicia no lo encuentran alterado: contempla 
el sol siempre brillante en medio del puro éter en que ha- 
bita; tanto mas apto para decidir acerca del derecho, cuanto 
que, como la justicia personificada en un magistrado íntegro, 
no puede ya abrigar pasión alguna contra el derecho. 

£q efecto, la pasión que protesta en el corazón del hom- 
bre contra la propiedad, es entre todas las demás, la envidia, 
enemiga natural de toda posesión que no sea suya: la envi- 
dia que tiene por desgracia la felicidad, por oprobio la glo- 
ría, por humillación la grandeza y por pobreza la riqueza 
ajena. En nuestros dias sobre todo en que la ambición se 
hia vuelto hacia la riqueza, la envidia ha recaido brutalmente 
sobre la materia. Hemos decaído, hasta en nuestras pasiones. 
Nuestra envidia en otro tiempo se fijaba en la gloria, y el 
honor sobre todo tenia en Francia el privilegio de atraerse 
envidiosos. ¡Estamos muy degenerados! En el dia, ¿qué se 
necesita para ser envidiado? poseer mas que el vecino. Esa 
envidia que pretende ser legítima y se proclama justa, que 
se muestra aquí con el odio en el alma, allí con la amenaza 
en los labios, mas allá con el puñal en la mano, es la antigua 
enemiga de la propiedad. ¿Existe algún medio de curar á 
nuestras generaciones de ese mal de |a envidia que codicia 
^^^^"^■■^ ■ ■ ■■ I. jii 

(1) Ejercieioi d«S. Ignacio. 

VII. — 66 



412 LA VERDAD CAT6uCA. 

la propiedad agena? Sf, eae medio existe: ditminuir eo las 
almas el amor de lo criado y la ambicioD de poseer. Apar- 
tad los corazones de la tierra, y la envidia desaparecerá de 
ellos no quedando mas que ese fraternal amor que nace en 
el corazón de Dios para derramarse sobre los hombres bajo 
la forma de bene6cíos. Ese amor convertido al cielo cesa de 
conspirar con sus deseos contra los poseedores de la tierra; 
y el pobre de Jesucristo, arrancado por su amor de esa arena 
formidable en que la codicia de los unos y la de los otros se 
disputan y destrozan, es para el derecho de propiedad un 
enemigo menos y un defensor maé. 

El hombre que abraza la pobreza voluntaría, no solo des- 
truye en sf la pasión de poseer que amenaza la propiedad; si- 
no que con6rma, abdicando la posesión, el derecho de poseer 
y le da, despojándose libremente, la mas generosa consagra- 
ción. El pobre de Jesucrísto practicando esta palabra evan- 
gélica: "j(i, vended lo que pateéis y dadlo al pobre (1),*' confir- 
ma, el derecho de poseer desposeyéndose á sí mismo. Para 
vender es preciso ser propietario; para dar es necesario tener. 
El hombre que se consagra á la pobreza pretende evidente- 
mente efectuar una abdicación; y para abdicar menester es 
tener un derecho. Cierto dia dice un hombre contemplando 
la parte que Dios le dio de los bienes de la creación: He aquí 
mi dominio: este castillo es mió; mío ese^te patrimonio; mió 
este capital; mía esta riqueza; es el trabajo de mis padres; el 
sudor de mis mayores; esta heredad es mía. Al dia siguiente 
el mismo hombre dice con toda verdad: No tengo ya ni un 
grano de polvo; soy un pobre. ¿Cómo ha sucedido esoV por 
medio de la traslación del dominio legítimo. Ese hombre 
fraterna) quiso darlo todo á los que nada tenian. Pero notad- 
lo bien, al dejar su herencia á los pobres, no dijo: **Becobrad 
vuestros bienes: yo creía poseer, me he equivocado: olvida- 
ba que entre hermanos todo es común: recuperad vuestros 
derechos tomando posesión de mis dominios." No, el hombre 
que consagra á Jesucristo desapropiado de todo su propio 
desprendimiento no dice nada de eso; exclama: **Yo podia 
conservar estos bienes, no los quiero: quiero parecerme á mi 
maestro: mi maestro nada tiene, nada mas quiero tener: quie- 
ro cifrar mi ríquezaa en dejar de poseer. Asi como él se des- 
pojó voluntariamente, voluntariamente también me despo- 
jo yo: lo que hago, nadie, sino él, tiene derecho á exigírmelo. 
El mismo no lo exige; pues me dice: si quiere^ {ler perfecto; 

(1) Miit„XIX,2L 



LA VBRDAD CATÓLICA. 443 

para aceptar ese desapropio que es la imitacioD de él mismo» 
espera mi cooseotimiento: vasallo libre aun y propietario 
bajo sa dominio absoluto, quiere que mi desapropio sea uu 
aeto de esa soberanía quede él mismo he recibido. Luego al 
dar mis bienes no pretendo satisfacer una deuda; no quiero 
sino abdicar mi derecho; no doy satisfacción á la justicia, si- 
no á mi amor: Amo Christum^ amo á Cristo, y á Cristo des- 
pojado: y consiste mi dicha en desprenderme de todo para 
ser menos indigno de mi Dios que ya nada posee.*' Asi, ab- 
dicando la posesión el pobre de Jesucristo desempeña un acto 
de propietario y confirma el derecho de propiedad. 

Pero no basta esto; desempeña también un acto de frater- 
nidad. Imitar á Jesucristo es la primera dicha de su abdica- 
ción, socorrer á sus hermanos es la segunda. Sabe que des- 
haciéndose de su propiedad acude en auxilio de los demás; 
algunos hermanos se enriquecerán con su pobreza; algunos 
serán vestidos con su desnudez; algunos mantenidos con sus 
abstinencias; quiere desempeñar la fraternidad; la verdadera 
fraternidad; quiere dar sin recibir. 

Pero indudablemente para que su acción tenga ese signi- 
ficado afectuoso y fraternal, ya lo veis, hay que suponer una 
cosa, á saber, que cuando da tiene derecho de retener. Si 
suponéis que el don que hace no es mas que un pago á la 
comunidad, su acción nada tiene ya de sacrificio; es el de- 
sempeño de un deber vulgar. Ese hombre es un comunista 
sincero, que cree seriamente en la comunidad, y cumple con 
la ley mas elemental de ella. Pero no es ese el sentido de 
esa abdicación generosa cuyo beneficio fraternal van á reca- 
ger los pobres. El se proclama hermano, y pretende hacer 
un acto de fraternidad, pues da lo que es suyo. 

De ese modo continúa la fraternidad verdaderamente li- 
beral que los hermanos de la primitiva Iglesia ostentaron 
desde la cuna del cristianismo, y á la cual han' dado los no- 
vadores contemporáneos interpretaciones tan falsas, por no 
decir tan ridiculas. Todos los bienes, dice la Escritura. 
eran comunes entre los cristianos: Erant illis omnia communia; 
sí, pero ¿de qué modo? por medio de la donación fraternal y 
de la abdicación voluntaria de lo que cada uno queria po- 
ner á la disposición de todos. Vendían en primer lugar lo que 
les pertenecia: Véndenles afferebant pretia eerum qua vendebant; 
y luego daban libremente; ponian á los pies de los apóstoles 
esos donativos de la fraternidad: ponebant ante pedes apostólo^ 
rvffi; v de esos donativos voluntairios procedentes de tan fra- 
ternal abnegación se componia el tesoro de la comunidad cris- 



444 LA VBRDAD CATÓLICA: 

tiaiía, que la caridad inteligente y libre hacía refluir sobre 
cada uno con arreglo á sus necesidades: DividebcUur singulis 
prout cuique opus eraí (1). 

Los nuevos intérpretes de la Sagrada Escritura quieren 
hallar á toda fuerza en las palabras citadas la constitución 
radical del comunismo y la supresión de la propiedad; eso es 
precisamente lo contrario de lo que significan. El hecho 
prodigioso consignado en el libro de ios Hechos de ios Após- 
toles nos muestra el origen de la verdadera fraternidad, que 
consiste en dar lo que poseemos, y no lo que á todos perte- 
nece. En nombre del Evangelio que predicamos, en nombre 
de la Iglesia que nos envia, en nombre de la verdad que se 
proclama así misma, denunciamos á los falsos hermanos y 
su engañosa fraternidad. En el Evangelio veo escrita la ley 
de la fraternidad; pero en el mismo Evangelio veo escrita tam- 
bién la ley de la justicia. Aceptáis la página que trata de la 
caridad: ¿porqué desgarráis la que se ocupa de la justicia? 
Abrazad una y otra; en el seno de la verdadera doctrina, la 
justicia y la caridad se hallan eternamente unidas, y nada 
podrá destruir su indisoluble unión. Entre el móvil de los 
primeros cristianos dando sus bienes á los pobres, y el de \od 
novadores, grande es la diferencia: aquellos hermanos de 
la Iglesia primitiva querian dar, y solo dar; los hermanos del 
nuevo cristianismo quieren recibir, y solo recibir; y si no se 
les da al punto lo que piden prometen valerse de la muerte 
para realizar la fraternidad. Esos hermanos generosos quie- 
ren recibir á título de justicíalo que creen pertenecer igual- 
mente á codos. Los hermanos del verdadero reino de Dios 
quieren dar á título de caridad lo que les pertenece en par- 
ticular. Los unos suprimen la propiedad porque tienen el 
apego á las riquezas; los otros la defienden porque tienen el 
amor de la pobreza. 

La historia al mostrarnos aquí en la apariencia de las co- 
sas lo quo en la esencia de ellas se encuentra atestigua de 
un modo brillante que en todas partes los .eneniigos de la 
pobreza han resultado serlo igualmente de la propiedad. No 
quiero dar mas importancia de la necesaria á la coincidencia 
histórica de los sucesos humanos. Ciertos hechos pueden 
ocurrir en una misma época del tiempo sin tener un enlace 
íntimo ó una secreta afinidad que loa ponga en mt^tua rela- 
ción. Pero cuando esa coincidencia persiste, está uno plena- 
mente autorizado á creer que la coexistencia de los hechos 

(1) Hechos de lot Apóttoleí, lY. 32-35. 



LA VKSDAD CATÓUCA. 445 

depeude de uoa afinidad de la oaturaleza. Sea lo que fuer»", 
es digno de observarse que en toda^ las épocas de conmocio- 
nes sociales se encuentra en las sociedades cristianas dos 
guerras simultáneas y contemporáneas, la que se hace á la 
propiedad y la que se declara á la pobreza. 

Ya desde la edad media se habian visto sintonías de ese 
paralelismo singular entre el odio á la pobreza y el odio á 
la propiedad. En aquel tiempo., bandas armadas recorrieron 
los caminos de Europa, pidiendo In repartición de las rique- 
zas, amenazando los castillos, y denunciando como invento 
de Satanás el derecho de propiedad; pero al mismo tiempo, 
6 al menos por la misma época, se declaraba guerra á los ins- 
titutos nuevos que acababan de presentarse fomo la mas 
magnífica glorificación de la pobreza. Los hijos de S. Fran- 
cisco y de Santo Domingo, que arrojaban sobre la pobreza 
cristiana la doble gloría del ingenio y de la santidad, eran 
denunciados como enemigos de la sociedad; y resultó que se 
amenazaba á la vez á los libres poseedores, y á los desapropia- 
dos de los bienes de este mundo. 

Mas adelante, una guerra mas solemne fué declarada & los 
pobres de Jesucristo. Un moDJe apóstata dio la señal: un 
hombre que á su vez había vestido la santa librea de la po- 
breza, se puso al frente de esa guerra maldita declarada á la 
misma pobreza. A aquellos pobres acusados de haberse en- 
riquecido, demasiado se les despojó como violadores de la 
ley de Cristo. Abusos particulares sirvieron de pretexto á 
esa insurrección que corria, impulsada por la coaicia, á la 
ruina de la pobreza; y se vio á los ricos enriquecerse aun 
mas con los despojos de los pobres. Pero mientras que la co- 
dicia de los grandes suscitaba esa guerra contra la pobreza, 
la codicia de los pequeños suscitó una guerra contra la pro- 
piedad. Vióse entonces á hermanos yendo á pedir á los ricos, 
con la espada en una mano y el Evangelio en la otra, que 
devolviesen á la comunidad ultrajada la larga usurpación de 
los siglos. Degüellos y desolación que tenian por objeto ane- 
gar en la sangre de los propietarios su misma propiedad cor- 
respondían & las devastaciones que tenian por objeto supri- 
mir la práctica de la pobreza con el despojo ó el asesinato de 
los pobres de Jesucristo. 

Posteriormente una nueva fase se presentó, en que pudo 
y aun puede contemplarse en el dia esa coincidencia histó- 
rica entre la guerra declarada á los propietarios y la que se 
hace á los pobres. En una época que, bajo cualquier punto 
de vista en que uno se coloque para juzgarla, será siempre 



446 LA VERDAD CATÓLICA. 

famosa en la historia, se vio reproducirse esas dos tendeociii 
eu medio del movimiento general en que tantas cosas se mez- 
claban. Algunos ideólogos de aquel tiempo pidieron y obtu- 
vieron la supresión de los votos de pobreza. Pero al mismo 
tiempo, otros ideólogos pidieron la revisión del derecho de 
propiedad. Y mientras que de una parte se hizo á la pobreza 
evangélica una herida profunda decretando la expulsión ó la 
disolución de las órdenes religiosas, se infería á la propiedad 
otra herida cuyas consecuencias han encontrado un eco eo 
nuestras borrascas civiles, decretando la supresión de los bie- 
nes de la Iglesia; propiedad doblemente sagrada que tenia por 
base la donación del 8acri6cio y la religión de la conciencia, 

Ír por manifestación la luz de la historia y la consagración de 
os siglos. I4OS hombres que en aquel tiempo habian acome- 
tido la empresa de destruir en un dia juntamente con la pro- 
piedad de la Iglesia la obra de los siglos, no notaban que 
hacian bambolear con sus manos los límites de su propia 
heredad; se les ocultaba, que el golpe dado contra un domi- 
nio cuya legitimidad racionalmente incontrovertible solo po- 
dian poner en duda las pasiones, debia ejercer un influjo so- 
bre su propio dominio: la propiedad de la Iglesia suprimida 
entonces por motivos que ofendían la justicia indignada, 
¿quién podía impedir mas adelante que la codicia emplease 
contra toda propiedad las mismas razones aducidas contra la 
propiedad de la Iglesia.^ Y en efecto, los mismos hombres 
que aplaudieron el despojo de la Iglesia y la expulsión de los 
pobres de Jesucristo, vieron con espanto y el rostro descom- 

Kuesto, al error contemporáneo conmover bajo sus plantas 
i propiedad de su mismo dominio con las armas empleadas 
por sus antecesores contra la propiedad de la Iglesia. Habéis 
visto la guerra declarada á la propiedad volver á estallar ea 
vuestra presencia, ya sorda, ya ruidosa, ora tímida ó audaz; 
y todos lo comprendisteis tan perfectamente, que por un 
momento temisteis tener que empuñar las armas, no ya para 
defenderla patria contra una invasión extraña, sino para 
proteger vuestros hogares contra la invasión intestina. 

Señores, lo que acabo de decir acerca de esa corriente de 
ideas hostiles á la propiedad no es mas que para avivar vues- 
tros recuerdos; vuestros pensamientos, bien lo sé, se adelan- 
tarían en este caso mucho mas que mi palabra; no quiero in- 
sistir; mas lo que importa haceros notar es la nueva coinci- 
dencia de esa guerra declarada á la propiedad con la que d la 
pobreza se declara. Penetrad hasta el corazón de esos ruido- 
sos enemigos de los propietarios, y en él encontrareis odios 



LA VERDAD CATÓLICA. 447 

^Qtra los hombres que profesan la pobreza. Entre esos re- 
iqrniadores fraternales que meditan arrojaros, á vosotros y 
maestros hijos, de la heredad de vuestros padres, no hay uno 
lolo que no piense al mismo tiempo expulsar de sus pacfG- 
coa retiros á todos los pobres de Jesucristo. Sí, á esos su- 
puestos amigos del pueblo pobre, el traje de la pobreza ins 
pira un indecible horror: el capuchino que no pide á las po- 
testados sino que se le deje en el puesto humilde que él mis- 
mo se ha escogido, es para ellos el enemigo que amenaza de- 
vorarlo todo; aquel traje es á sus oios la consagración por la 
Iglesia y la tolerancia por el estado de la cosa mas despre- 
ciafda y aborrecida, es la tolerancia y la consagración de la 
pobreza? alargar la mano para invocar en nombre del amor 
de Dios los auxilios del amor fraternal les parece el mayor 
oprobio de nuestra humanidad. 

¡Ah! guardaos de declarará vuestra vez la guerra á los po- 
bres voluntarios 6 de conspirar con los que la tienen decla- 
rada; porque tras esas persecuciones que amenazan la liber- 
tad de los pobres de Jesucristo, se ocultan ambiciones que 
amenazan el derecho mismo de propiedad; y quizás algún 
dia seríais castigados con el despojo de vuestras propias ri- 
quezas, por esa guerra mal aconsejada declarada á los discl- 
palos de la pobreza. Os lo repito, guardaos de declarar la 
guerra á los pobres de Jesucristo; en el corazón de los que 
la hacen, he descubierto instintos satánicos: el demonio del 
mal atiza en el corazón de los hombres codiciosos esos odios 
contra los pobres voluntarios. Esas guerras declaradas á los 
pobres de Jesucristo son para los ricos preludios de catástro- 
fes. Siempre y en todas partes veréis á la impiedad malévo- 
la, perversa y odiosa, cuando se presenta como señora de un 
pueblo, desplegar su torpe poder desterrando de sus mora- 
das á pobres inermes; y en todas partes los mismos hom- 
bres siempre dispuestos á derribar la puerta de un con- 
vento, para arrojar de él á unos pobres, se mostrarían dis- 
puestos, en el dia de su triunfo, á derribar la puerta de los 
Srandes dominios para lanzar de ellos á los ricos. ¡Y después 
e tantos experimentos, tenemos aun sobre la tierra grandes 
políticos que creen ver en unos pobres reunidos para orar 
entre desnudos muros el peligro de los Estados! Mientras 
que los enemigos de la propiedad conmueven con sus tramas 
la tierra que pisan, se hallan gloríosamente ocupados en dar 
leyes y mas leyes para alejar de sus fronteras á los pobres 
voluntaríos, es decir, á los mas firmes defensores de la pro- 
piedad atacada por los codiciosos. Et nunc^ reget, irUelUgüe. 



448 



LA VRRDAD GATÓUCA. 



¡Ob reyes de la tierra, y vosotros tambieiit oh propietarios, 
qae sois como reyes en vuestros domÍDÍos! ¿cuándo compren- 
dereis en dónde están vuestros verdaderos enemigos? No son' 
, los que desean despojarse á sí mismos para tener la dicha 
de ser pobres con Jesucristo; vuestros eneroiffos son los que 
tratan de despojar á los demás, y si preciso fuere de derro- 
car los Estados, para enriquecerse con los despojos de los 
príncipes y la ruina de las naciones. 

Señores, digo estas cosas con una gran libertad: apóstol 
del Evangelio y pobre de Jesucristo, mi primer deber es no 
temer á nada; solo temo una cosa, y es no decir toda la ver- 
dad. Hombres, familias y pueblos, seguimos una corriente 
opuesta 6 la del Evangelio. Una de estas dos cosas es inevi- 
table: ó remontareis la corriente impulsados por Jesucristo; 
ó la seguiréis impulsados por vuestro siglo. Ahora bien; el 
soplo del siglo es la pasión de la riqueza, el de Jesucristo es 
el amor de la pobreza; seguidlo, pues el da al orden social 
la fuerza y la estabilidad. Y abrazando el partido de la po- 
breza evangélica, consolidareis en torno de vuestros domi- 
nios el mas fuerte baluarte de la propiedad; pues estas dos 
cosas, pobreza y propiedad, libre abdicación y libre posesión 
de la riqueza, se hallan para siempre unidas, así en la natu- 
raleza de las cosas como en los acontecimientos de la his- 
toria. 

(Trad. por R. A. O.) 



LA VSBDAD CATÓUCA 449 



DSFEBSá DEL DICTAHEH 

tas €■ IM tcapefta^ct, P#r » 



Hace alguo tiempo reprodujimos en la Vebdad Católica 
un lumiooso informe escrito por el Sr. D. Julián González 
de SotOy de orden del Ezcmo. é Illmo. Sr. Arzobispo de Tar- 
ragona, sobre la conveniencia de tocar las campanas al apro- 
ximarle las tempestades, según lo tiene prevenido la Iglesia 
desde época bastante remota. Añadimos al trabajo del Sr. 
Qonsal^ de Soto, y en comprobación de su doctrina, una 
citado Mr. Arago en su tratado sobre el Rayo, cita que tu- 
vimos el gusto de ver reproducida, juntamente con el in/or- 
me^en la excelente revistH de Sevilla titulada La Qruz. 

Hoy tomamos del Boletín Eclesiástico de Barcelona un nue- 
vo escrito del Sr. Rector del Seminario de Tarragona, enca- 
minado á defender algunos de sus asertos relativos al toque 
de las campanas en las tempestades, escrito en que ae verá 
que sa ilustrado autor se apoya precisamente en Ihs palabras 
de Arago que no.sotroü) tradujimos y reprodujo La Cruz. 
Creemos que esta nueva producción de un sabio sacerdote 
no es menos digna de atención que la primera, y puesto que 
la opinión de Mr. Arago es de tanto peso en la cuestión tra- 
tada, vamos á dar una ligera idea det capítulo en que el céle- 
bre astrónomo francés se hace lí sí inisino esta pregunta: 
¿Es átil^ ó peligroso, tocar las namminas durante las tempesta- 
desl (1) 

Comienza Mr. Arago por anunciar que va á examinar di- 
cha cuestión sin preocuparse de las decisiones dadas acerca 
del particular por varias corporaciones sabias, administrati- 
vas ó judiciales, como asimismo sin admitir que las creencias 
generalmente recibidas sobre la materia hayan de apoyarse 
en una base sólida. Agrega en seguida que no hay mas que 
un paso de la opinión por él sosteoi la de que el ruido de la 
artillería pueda desgarrar las nubtsa y disipar una tempestad 

(1) Le T0nnerre, chap. XLIIÍ, p&g. 321. fiel tou|o 1? de 1m Notiees Scienti- 
M^tm de Mr. Arago. 

VIL— 67 



460 LA VERDAD CATÓLICA. 

á admitir que igual resultada pueda conseguirse haciendo 
vibrar una campana grande. No habría que creer, sin embar- 
go — añade — que á este orden de ideas se deba la costum- 
bre de repicar las campanas en las tempestades, pues sería 
fácil probar que esa costumbre es anteríor á la invención de 
la pólvora. A consideraciones religiosas debe mas bien atrí- 
huirse semejante práctica. Como se verá, el sabio escéptíco 
se halla en esto de acuerdo con nuestro piadoso autor. 

No nos parece tan acertada la segunda causa que atribu- 
ye á una costumbre, según veremos, sancionada y aun reco- 
mendada especialmente por la Iglesia, y confesamos que 
tiene mas de ingenioso que de cientí6co el decir, que se 
puede atríbuir á la necesidad que siempre han experimentado 
los hombres de aturdirse (con algún ruido) cuando han tenido 
miedo. Pasaremos, pues, por alto la comparación que nos 
hace del cobarde en la oscuridad y de los pueblos salvajes 
tratando de hacer cesar con sus gritos atronadores el eclipse 
de sol ó de luna que les infunde pavor. 

Mr. Arago cita á continuación un hecho referido en las 
Memorias de la Academia de Ciencias de París, hecho acaecido 
en la noche del 14 al 15 de Abril de 1718 y que consistió en 
la caida del rayo en veinticuatro iglesias en la extensión com- 
prendida entre Landerneau y Saint-Pol de León, en Breta- 
ña. £1 célebre Mr. Deslandes, que trasmitió dichos detalles 
á la Acade>n¡a, añade que ^/^«io^ inmediatas, donde no se toca- 
han las cam¡)anas^ fueron praer cadas. Mr. Arago no admite 
que esto pruebe nada contra la opinión favorable al toque de 
las campanas, por razones que sentimos no poder reproducir, 
pero que la falta de espacio nos obliga á omitir. Al hecho á 
que acabamos de aludir, agregad sabio francés otro no me- 
nos curioso, ocurrido en 1769, y que sirvió de argumento 
contra la práctica de la Iglesia. En Agosto de dicho año ca- 
yó el rayo en la torre de la iglesia de Passy, donde no habia 
cesado de repicarse durante una tempestad, pero, añade Mr. 
Arago, se reconoció asimismo que no se tocaba con menos ar- 
dor en Auteuil y Chaillot, entre cuyas poblaciones se en- 
contraba el campanario de Passy, y sin embargo nada tuvie- 
ron aquellas que sufrir. 

De estos ejemplos terminantes deduce Mr. Arago la con- 
ik^uencia que ya conocen nuestros lectores, á saber, que en 
tí t9hulo actutU (te la ciencia no está probado que el toque de las 
f^imif^á^is fiaga la caida del rayo mas inminente. Sin embargo, 
^^v^^H^ que no por eso debe dejarse de recomendar la 
lü^y^^^M) de dicho toque, por el peligro que corren los que 



LA VBSDAD CATÓUCA. 451 

ponen en movimiento las campanas, peligro que equipara al 
de los imprudentes que durante las tempestades se refugian 
bajo árboles elevados. Esta recomendación de Mr. Arago 
queda desvirtuada, probado que sea que el toque de las cam- 
panas aleja el rayo, y á eso tienden los dos interesantes tra- 
bajos del Sr. González de Soto. 

Hemos dado, tan extensamente como nos ha sido posible, 
la opinión de Mr. Arago, favorable en muchos puntos á la 
del ár. Rector del Seminario de Tarragona, á quien somete- 
mos lo escrito por el sabio astrónomo francés^ por si creye- 
re oportuno valerse de ello en algún trabajo posterior. 

Mas ya es tiempo de dar la Drfensa del dictamen. Dice así: 

En Julio anterior extendí de orden del Excmo. é Illmo. 
Sr. Dr. D. José Domingo Costa y Borras, nuestro dignísimo 
Arzobispo, un dictamen ¿obre la conveniencia, de tocar las cam- 
pana» en occuion de tempestades: dirigíase el escrito aun caso par- 
ticular que se presentó, sin que me ocurriese entonces que po- 
dría llegar á publicarse. No obstante, lo di á leer privada- 
mente á algunos amigos, y entre ellos al Excmo. Sr.D. Cris- 
tóbal Bordiu, ex-ministro de Fomento, mi antiguo director y 
compañero en el Real Consejo de Agricultura. Este señor, 
uno de los mas competentes de España, no solo aprobó mi 
dictamen, sino que quiso honrarlo publicándolo él mismo, y 
añadiendo un prefacio: insertaron después el mismo escrito Él 
Pensamiento españoU La Razón católica^ La Cruz, El Semina- 
rista, y otros periódicos: aun mi amigo el Sr. D. Felipe Mon- 
lau, que creyó debia impugnar algunas de mis opiniones, 
tuvo la delicadeza de insertarlo íntegro en El Monitor de la 
»alud (1). 

No esperaba en verdad tanta publicidad: ella prueba, mas 
que el mérito del escrito, el grande interés con que todavía 
se miran en las lenguas de Aragón y de Captilla cuantas 
cuestiones frisan con la Religión. Algunos de los muchos que 
se habian comprometido escribiendo impremeditadamente y 
de buena fe contra el tocar las campanas en las tempesta- 
des se han visto precisados en esta ocasión á defenderse, y 
sin negar abiertamente mis principales aserciones, han tra- 
tado de oponer reparos, no contra el fondo, sino tan solocon- 



(1) Pudo haber agregado el apreciable aator á La Verdad Católica, eamo 
uno de los periódicos que se apresuraron á dar á conocer su interesante es- 
crito.— iV. déla R. 



452 LA VERDAD CATÓLICA. 

tra ciertos puntos muy secundarios de mi escrito, y contra 
algunas pruebas débiles, confesadas por tales. 

Conforme á lo dispuesto por S. E. I., voy á responder á 
las objeciones que se se me han hecho, y lo haré tan franca, 
leal y sinceramente, como redacté mi dictamen, sin otras 
pretensiones que la de esclarecer el punto. 

He observado que casi todoí< los que han hablado de este 
asunto han dado por sentado que el toque de las campanas 
en las tempestades era nada mas que una práriíca piadosa 
libre, una costumbre voluntaria introducida en épocas de ig- 
norancia y sostenida por la preocupación terca de los aldea- 
nos. Algunos han pasado mas adelante: llaman al citado to- 
que de las campanas una mala acción, una costumbre antigua 
que ni es buena ni prudente: así se expresa un almanaque de 
1861: me duele haber de citar un »)scrito de una corporación 
respetabilísima; pero el libro anda en manos de los sencillos, 
y ha menester este correctivo. Esloy seguro de la buena fe 
con que se han estampado estas expresiones, y no dudo que 
la corporación á que me refiero sabrá corregirlas otro nño, 
en cuanto se haga cargo de la verdad, y se emancipe de la 
rutina introducida y generalizada por los enciclopedistas, y 
sostenida por los meticulosos. 

Es necesario que entiendan los fieles que el tocar las cam- 
panas en ocasión de tempestades es un precepto general de 
la Iglesia católica promulgado en el Ritual romano: este 
libro es nada menos que el segundo entre los seis litúrgicos: 
solo el Misal le precede en autoridad. (Véase Merati, Catala- 
no, &c.) Hay en este libro preces para todas las necesidades: 
para pedir lluvia, para obtener buen tiempo, para el caso 
de hambre, de peste y para el de guerra: en todas estas oca- 
siones se ha de convocar el pueblo al templo, y no obstante, 
el Ritual no mienta el toque de las campanas para nada, ni 
directa ni indirectamente: pero al llegar al título de las 
Preces para repeler la^ tempestades, dice así: Pulsantur cam- 
panee, et qui adesse possunt in Ecclesiam convocatis, dicuntur Li- 
tanice, etc. Tócanse las campaiuis: y congregados en la Iglesia 
los que puedan asistir, se dicen las Letanías, etc. Sí, se nos dirá; 
pero ese tocar las campanas es para congregar los fieles, pa- 
ra excitarlos á orar, no para ahuyentar la tempestad. Mas, 
aunque así fuese, todavía es notable que solo en esta ocasión 
de entre las citadas se mande expresamente convocarlos á 
son de campanas. 



LA VBBDAD CATÓLICA. 453 

Error. 

Pero es el caso, ae nos replicará, que el vulgo cree qu e el 
sonido de las campanas ahuyenta las tempestades, y ese es 
UD error: la ffsica no ha probado que tenga tal virtud. En 
efecto no lo ha probado: es opinión nuestra que sirven para 
ese efecto, pero ya decimos en nuestro dictamen que la físi- 
ca da poquísima importancia á las meras opiniones. Pero de 
que la ciencia no les haya hallado esa virtud, ¿se sigue que 
no la tengan? El agua bendita estudiada ffsica y química- 
mente solo contiene agua y sal: la física y la química no 
Sueden probar que estas dos sustancias tengan la propiedad 
e ahuyentar los espíritus malignos, y la de sosegar las ma- 
las pasiones; la virtud comunicada por la bendición con nin- 
gún reactivo químico se descubre: ¿sigúese de aquí que sea 
un error el poder que el Catolicismo atribuye al agua 
bendita? 

Superstición- 

Aquf, se nos dirá, está precisamente el error y la supersti- 
ción. El vulgo cree á pié juntillas que las campanas, por es- 
tar bendecidas, tienen la propiedad de alejar ó destruir la 
tempestad: así las toca, no simplemente para llamar los fíe- 
les á la oración, sino que las voltea y repica con furor, como 
para estrujar de ellas^ una virtud sobrenatural que los libre 
de la tempestad: y esto es evidentemente una verdadera y 
estúpida superstición. 

No tanto: es cierto que los fíeles sencillos creen que la 
bendición da á las campanas virtud contra las tempestades; 
pero también lo es que si en esta creencia hubiese supersti- 
ción los fieles podrían decir á la Iglesia: Si hay erraren esto, 
íúj Manta Madre, nos hfis engañado. 

En efecto, el Pontifícal romano en la bendición de las cam- 

Sanas les atribuye las mismas virtudes que el vulgo católico; 
ice así: Donde quiera que sonare esta campana huyan lejos la 
incurnon de los torbellinos, la herida de rayos^ la lesión de los 
truenos, la calamidad de las tempestades y de toda clase de tor- 
mentas. . . • Cuando su melodía sonare en los oidos de los pueblos, 
crezca en ellos la devoción de la fe, arrójense lejos el estrépito del 
granizo y piedra, los huracanes y el ímpetu de las tempestades: 
témplense los aterradores truenos, y las oleadas del vendaval se 
hagan mansas y saludables. Estas expresiones, que también se 
hallan en el concilio do Colonia de 1536, justifican la creen- 



454 LA VKKDAD CATÓUC A • 

cia del pueblo en la virtud de las campanas contra las tem 
pestades. Lo mismo creía Benedicto XIV: así en su pastoral 
47 dice: Amonestamos especialmente á los prepósitx)^ encargadas 
de la custodia de ku iglesias^ que. cuando se presenten nuUadoi, 
no sean negligentes en tocar Uu campanas; y afiade luego una 
razón muy especial, & saber, que en aquella ocasión superfino 
parece el sonido de las campanas para incitar los fieles á orar, 
puesto que mas les incita el estrépito de la tempestad que excede al 
sonido de cualquier campana. Con esto maní Gesta que al man- 
dar el Ritual que se toquen las campanas en las tempesta- 
des no lo hace únicamente para excitar los fieles á orar, sino 
mas bien para utilizar la gracia que por la bendición concede 
Dios al sonido de estos instrumentos: así en varios países, no 
solo se tocan las campana» de las parroquias, sino ademas las 
de las ermitas solitarias, y aun en las casas particulares de 
los devotos se hacen sonar campanillas de Loreto. 

De lo dicho se colige: 1? Que está mandado tocar las cam- 
panas cuando amenaza tempestad: 2? Que el sonido de las 
campanas, por la bendición de las mismas, tiene virtud con- 
tra las tempestades. 

Mas como los preceptos de nuestra benignísima madre la 
Iglesia católica no obligan jamas, cuando de la observancia 
de los mismos se ha de seguir grave perjuicio extrínseco al 
precepto, llegado es el caso de preguntar si deberá omitirse 
el toque de las campanas cuando la ciencia averigüe que es- 
te toque es perjudicial. 

La cuestión es completamente inútil: ese caso no llegará 
mientras Dios no altere las leyes metereológicas. Podia no 
saberse física cuando la Iglesia dispuso que se tocasen las 
campanas en las tempestades; pero ciertísimamente lo sabia 
el supremo Hacedor, y ese ha sido, es y será el per pétuo 
asesor de la Iglesia, cuando esta impone preceptos al Catoli- 
cismo: nótese de paso que el precepto del Ritual es por su 
naturaleza universa! y perpetuo, y nótese también que el 
tal precepto no se refiere á costumbres humanas variables, 
sino á leyes metereológicas invariables. 

Mas ya que se hacen objeciones que creemos de buena 
fe contra lo mandado por la Iglesia, veamos lo que sobre ellas 
nos dice la física conocida hasta el dia. 

(Finalizará). 



LA VERDAD CATÓLICA. 



455 



DE oncio. 

SECRETARIA DEL OBISPADO DE LA HABANA. 

▼•Intorfa aMertop^r «I Excbo. é IIIm*. 8r. Oklipe k Uwr de 
llMflra Saatíilaa Pa4r« Ptoliraa* 



Rdacian de las personas y cantidades que cada una ha entregado 
para el expresado objeto en esta Secretaria de Cámara y 
Gobierno» 



Parroquia de ascenso de Santa Catalina Mártir de Mcumriges. 



Ps. Cti. 

Sama anterior 54.913 09 

Pbro. D« Jo«é Casimiro 

Martines I(h¿ „ 

Pbro. D. Diego García... 34 „ 
Pbro. D . Castor Hierro 

Mármol 34 „ 

Dofia Conoepoion Rodrí- 

g«o« 17 „ 

D. Cristóbal Martinez. . . . 17 ,, 

„ Ramón (}a11o 17 „ 

„ Miguel Yinií 17 ,. 

„ JaanN. Montenegro.. 8 50 

Sree. Bodega y Hermano. 8 50 

D. Manuel Nnñez 8 50 

„ Norberto Troncóse... 8 50 
Dofia PrimitÍTa Gil de 

Troncóse 4 25 

M Lorenza Boirau 4 25 

D. Isidro Alfáras 4 25 

Ldo. D. Antonio Pórtela. 4 25 

Ldo. D. Lnis Costales.. 4 25 

D. Francisco Alfonso 4 25 

„ Antonio de Armas 4 25 

,, Nicolás de Cárdenas.. 4 25 

„ José Maria González. . 4 25 

„ José L. Hernández. .. 4 25 

„ Pedro Urtiberea 4 25 

„ Ventara Cabrera 4 25 

„JaanLoDez.. 4 25 

„ Manuel Puentes 4 25 

„ Juan García 4 25 

„ Francisco Diaz Mar- 
tínez 4 25 

„ Buenayentura de Luna 4 85 

„ Jnan Hernández 4 25 

M José de J. Morejon. .. 4 25 
Dofia Agustina Pérez de 

UTorre 2 124 



Ps. Cts. 



D.Francisco Diez 2 12é 

„ Francisco Zamora 2 124 

„ Fr