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Full text of "La vuelta del proscrito; recepción hecha por el pueblo de Caracas al ilustrísimo y reverendisimo señor doctor Silvestre Guevara y Lira, antiguo arzobispo de Venezuela. Día 8 de agosto de 1877"

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THE LIBRARY OF THE 

UNIVERSITY OF 

NORTH CAROLINA 




ENDOWED BY THE 

DIALECTIC AND PHILANTHROPIC 

SOCIETIES 



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in 2012 with funding from 

University of North Carolina at Chapel Hill 



http://archive.org/details/lavueltadelproscOOcara 







JLA VUELTA 

DEL 

PROSCRITO 




RECEPCIÓN 

9 

• HECHA POR E PUEBLO- DE CARACAS 

AL ILUSTEISIMO Y EÍT^KENDISIMO 

SEÑOfi DOCTOR SILVESTRE GUEVARA Y LIRA. 

ANTIGUO ARZOBISPO 1)E VENEZUELA. 



día 8 DE AGOSTO DE 1877. 



CARACAS. 

IMPRENTA DE " LA TRIBUNA LIBERAL." 

1877.' 




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• UNIVERSITY IIBRARY. 
UNIVERSITY OF NORII I CAROLINA 
ATCHAPELHILL 




Jé 



LA VUELTA 



DEL 



PROSCKITO. 

RECEPCIÓN 
HECHA POR EL PUEBLO BE CARACAS 

AL ILUSTEÍSIMO Y REVERENDÍSIMO 
ANTIGUO AEZOBISPO DE VENEZUELA. 

EL día 8 DE AGOSTO DE 1877 



CARACAS. 
Imprenta de La Tribuna Liberal. 



<& DE 



V.M.OVALLES'^^ 



.Cr73 
C 5 



, 1 



AL LECTOR. 



Desde que por disposición del Gobierno na 
cional presidido por el Gran Demócrata General 
Francisco Linares Alcántara, se abrieron las 
puertas de la patria para los venezolanos que en 
estranjera tierra permanecían proscritos, la ciu- 
dad de Caracas pensó en la manera de recibir 
dignamente á uno de esos compatriotas, al^ man- 
sísimo pastor á quien habia amado en la silla 
apostólica que honrara con su autoridad y sus 
virtudes, y por quien habia derramado lágrimas 
sin cuento, cuando sobre su santa frente se des- 
cargaron las tempestades de la desgracia y le 



^ 4 — 
arrojaron fuera de su suelo, fuera del cariño y 
veneración de su grei, á soportar el más duro de 
ios martirios, que no cesó para su noble corazón, 
ni con la grande y sublime acción de un despren- 
dimiento admirable. 

Al punto se organizó una Sociedad, en toda la 
Arquidiócesis que rijió el Ilustrísimo y Reveren- 
<i£simo Señor Doctor Silvestre Guevara y Lira, 
<ion el objeto de solicitar fondos para comprar y 
ofrecer al Ilustre Proscrito un hogar propio en 
esta capital, estableciéndose con tal fin en ella 
una Comisión Directiva, que ha sido y está sien- 
do el centro de la gran Sociedad. 

Próxima después la venida del amado Pastor, 
esta misma Comisión se constituyó en junta di- 
rectiva de los preparativos de recepción, para la 
€ual el pueblo de Caracas se manifestó lleno de 
an entusiasmo incalculable, prometiendo de ante- 
mano el mas grande y espléndido acto de cuan- 
tos han realizado en este país el amor y la espon- 
taneidad. 

El primer trabajo de la Junta fué la elabora- 
ción del programa de esa recepción, que es 
también la primera pieza de este opúsculo ; 
programa en que nada se prescribió que no 



fuese sencillo é ingenuo; desde elinocente color 
de las banderas que debian adornar la ciudad 
entera, hasta la exclusión de esos recursos- 
estrepitosos con que en casos semejantes se suple 
la grandeza de ellos con el ruido de los fuegos y 
las armonías de la música. 

Cómo fué cumplido el programa, cómo fueroo 
excedidas las esperanzas de la Junta, cómo 
correspondió el pueblo de Caracas á este home- 
naje santo de su amor, de su íé y de su patriotis- 
mo, se verá en las pajinas de este folleto, que con 
tal fin se publica y se divulga en toda la Repú- 
blica, por disposición de la misma Junta qoe 
presidió los obsequios populares á su Pastor 
eminente; gloria de la Iglesia, y dechado de 
todas las grandes virtudes del ciudadano. 

Bien merece que queden para la Historia, 
recojidos y compilados, los magníficos episodios 
de esa ovación, única en los anales de Venezue- 
la, así como han sido singulares la virtud y el 
martirio del preclaro Varón á quien se ha tribn- 
tado. 

C&rácas, Agosto de 1877. 



PROGRAMA 

FORMULADO POR LA JUNTA DIRECTIVA 

PARA LA RECEPCIÓN 

DEIIIÜSTRISIMOSR. DR, SILVESTRE GUEVARA Y IIRA, 

Dignísimo antiguo Arzobispo de Venezuela. 



Artículo 19 

Se excita á todos los habitantes de la capital 
que tan gratos recuerdos conserva del Digno 
Pastor, á que tan pronto como se sepa el arribo 
del lUmo. señor Gruevara, al puerto de La Guaira 
adornen los frentes de sus casas con banderas 
blancas sobrepuestas de un gallardete con los 
tres colores nacionales. 

Artículo 2? 

Se excita igualmente á la población, para que 
ilumine el frente de sus habitaciones del mejor 
modo que le sea posible y por el mayor número 
de noches que le sea dado. 



Artículos? 

Se excita á los gremios ó corporaciones cien- 
tíficas, industriales, artísticas, políticas y perio- 
dísticas y á todas las demás, á nombrar una 
comisión de cinco de sus miembros, para que 
vayan á recibir al venerable amigo, en el dia de 
su regreso á esta capit^. 

Artículo 4? 

Por la prensa periódica y por carteles, se 
avisará oportunamente al público, así su arribo 
á La Guaira, como su marcha á Caracas y la 

hora en que ha de entrar. 

Artículo 5? 

La Junta Directiva en cuerpo, los represen- 
tantes de todos los gremios, el pueblo que quiera 
hacerlo y al cual se excita en tal sentido, forma- 
rán el cortejo que ha de acompañar al Ilustre 
Proscrito, hasta la morada donde haya de hos- 
pedarse. 

Artículo 6? 

La Junta Directiva ofrecerá un coche decente 
y cómodo al lUmo. señor Guevara, á fin de que 
en él haga su entrada á la capital. 

Artículo 79 

El punto de reunión de la comitiva que vaya 
á recibir al señor Doctor Guevara, será en Oa- 



— 9 — 
tía y en la casa de habitación del señor Edu^r-- 
do Marquiz, que al efecto la ha ofrecido. 

Artículo 89 

Hahrá dos individuos que en nombre de la 
Arquidiócesis de Vene/.uela, saluden á Monse- 
ñor Guevara, uno en Catia, otro en la casa don- 
de llegará. Esos dos individuos serán los seño- 
res general Domingo Santos Ramos y Doctor 
Arbonio Pérez. 

Artículo 99 

La noche del arribo del Illmo. Antiguo Arzo- 
bispo de Venezuela, se cantarán en la morada- 
de éste, himnos religiosos por los profesores y 
aficionados que quieran tomar parte en esta fies- 
ta, y cuya dirección está á cargo del artista se- 
ñor José María Velásquez, 

Artículo 10. 

La carrera de la procesión será del camino 
nuevo á la Casa Amarilla, de aquí á la Palma y 
de ésta á San Pablo, casa de la señora Luisa 
Oriach, viuda del Ilustre Procer general José 
Tadeo Monágas, donde vaá hospedarse el Illmo. 
Monseñor Guevara. 

Espera la "Junta Directiva" de la recepción 
de Monseñor Guevara, que todo habrá de estar 
á la altura del noble sentimiento que inspira 
estos actos, el de la gratitud hacia aquel que 



-^ 10 — 

siempre dio á la sociedad ejemplos de modera- 
ción, de cordura, de templazay de unción evan- 
gélica. 

Caracas debe vestir sus más preciosas galas y 
<lar espansion á sus más elevados sentimientos 
el dia en que se cumpla la justicia nacional, jus- 
ticia que ha devuelto á la Patria los hijos que 
en orfandad inmerecida, apuraban el acíbar del 
destierro, y cumian pan amasado con lágrimas ; 
justicia que con su mano severa ha traído á sus 
lares al peregrino de la caridad y del amor cris- 
tiano, apoyado siempre en el báculo de sus ex- 
celsas virtudes. 

Caracas, Julio 30 de 1877. 

El Presidente, Barrtolomé hiendo. 

El Vicepresidente, 3uan de D. Méndez. 
El segnndo Vicepresidente, Jesús María Goya. 
El Tesorero, José Talavera. 
El primer Secretario, H. Fanger hijo. 

El segundo Secretario, Víctor Antonio Zerpa. 



__ 11 _ 



liA VUELTA DEL PROSCRITO. 

* (Editorial de La Tribuxa Liberal) 

Esta mañana llegó á La Guaira el Ilustrísimo 
señor Dr. Silvestre Guevara, nuestro antiguo 
Ar'/obispo. 

Desde que en Caracas se recibió tan grata 
noticia, la ciudad entera se mostró poseída de 
«n grande júbilo ; todas las habitaciones tueron 
decoradas con h bandera blanca, emblema de la 
paz y al propio tiempo de la candorosa alma 
<lel Pastor mártir. Fuegos artificiales y otras 
demostraciones de contento y entusiasmo pro- 
pagaron en el acto como con chispa eléctrica, la 
fausta nueva de un extremo á otro de la pobla- 
ción ; y al punto dieron á agitarse las comisio- 
nes preparatorias para la solemne recepción que 
Oaráeas ha de ofrecer á su venerable amigo y 
Padre. 

La Guaira ha correspondido á lo que de ella 
se aguardaba. Allí han tenidp la dicha sus mo- 
radores de ser los primeros que recibieron en 
los brazos al Ilustre Proscrito y los primeros en 
ser bendecidos por su mano evangélica. 



— 12 — 

Los telegramas que en seguida publicamos 
darán una idea de la recepción que ha tenido en 
La Gruaira; habiendo sido una de las palabras 
que primeramente arrullaran su oido con los 
acentos del amor venezolano, la de nuestro 
agente en aquel puerto, señor Francisco Grarcía, 
de lo cual se da los parabienes La Tribuna 

LlBEEAL. 

Caracas aguarda, prendida ya de sus inocen- 
tes galas ; aguarda impaciente la llegada de ese 
ansiado amigo, de ese santo varón que hallará 
en nuestro suelo alfombra de flores regadas por 
castas manos, para curar las heridas que el abro- 
jo del martirio le causara en la peregrinación 
del ostracismo. 

Mañana en la tarde hará Monseñor Guevara 
su entrada en la capital. 



Caracas, 7 de Agosto de 1877. 
á las 10 y 35 a. m. 
Ihisírísimo señor Docto?' Silvestre Guevara y Lira, An- 
tiguó Arzobispo de Caracas y Venezuela. 
La Tribuna Libéralos envia su cordial saludo 
en el momento en que pisáis las playas de la Patria 
tras largo pero sublime martirio, en el cual ha ate- 
sorado vuestra alma más grandes y más nobles mé- 
ritos, que realzan la santidad de vuestra conducta de 
Pastor, y la grandeza de vuestro amor de patriota. 



— 13 — 

Sed bien venido, Patriarca Venerable, sacudid para 
siempre vuestras sandalias de peregrino, y poned ya 
firme vuestro pié en la tierra que os aguarda como 
una devolución que le debia la Providencia, después 
de la devolución de sus libertades. 

Nicanor Bolet Peraza. 

Telégrafo eléctrico de Venezuela. — De La Gruaira á 
Caracas, el 7 de agosto de 1877, á las 7 hs. 30' 
a. m. 

Señor general Bolet Peraza. 

Llegó el vapor ingles de Trinidad. Monseñor está 

á bordo todavía. La comisión se prepara para traerlo 

á tierra. 

El corresponsal, F. García. 



Telégrafo eléctrico de Venezuela. — De La Guaira á 
Caracas, el 7 ie agosto de 1877, á las 7 hs. 25' 
a. m. 

Señor general iSicanor Bolet Peraza. 

Llegó Monseñor Gruevara y treinta pasajeros más. 

J. Iradi Rívas. 

Telégrafo eléctrico de Venezuela. — De La Gruaira á 
Caracas, el 7 de agosto de 1877, á las 7 hs. 30' a. m. 

Señor general Bolet Peraza. 

Monseñor Guevara á bordo. Mucha gente en el 

muelle y gran entusiasmo. Felicitaciones mil. 

H. Fanger, hijo. 



-— 14 — 

Telégrafo eléctrico de Venezuela. — Agosto 7 de 1S77, 

á las 7 hs, 50' a. ni. 
Señor general N. Bolet Feraza. 

Monseñor Guevara á bordo del vapor. Grran gen- 
tío en el muelle. 

Su amigo, J. B.\Aharez^ 



Telégrafo eléctrico de Venezuela. — De La Guaira á 

Caracas, el 7 de agosto de 1877, á las 8 hs. a. m. 
Señor general N. Bolet Peraza. 

Los pasajeros del vapor Dee son : Monseñor Gue- 
vara, general W. Navarro, Pablo Giusseppi, Dr. Ami- 
tesarove, J. M. Perdomo, N. Machado, Pérez, señori- 
tas Amitesarove, señoritas Ustáriz, señorita Padrón^ 
M. Aristeiguieta, E. F, Marcano, señorita Martínez y 
otros. El vapor francés no ha llegado. El muelle 
cargado de familias y de numerosa concurrencia. 
El corresponsal, Francisco García. 



Telégrafo eléctrico de Venezuela, — De La Guaira á 
Caracas, el 7 de agosto de 1877, á las 9 hs. a. m^ 
Señor Dr Bartolomé Liendo, Fresidente de la Junta 
Directiva. 
Llegó el Illmo. señor Guevara ! Aún está á bordo. 
Mucha gente en el muelle y en las calles. Gran en- 
tusiasmo en la población. 

El secretario, H. Fanger, hijo. 

' Agosto 7, á las 10 y 30' a. m. 
Señor general Bolet Feraza. 

Le trasmito los telegramas que ha dirigido el señor 
Arzobispo. "El antiguo Arzobispo de Caracas pre- 



— 15 — 

senta sus respetos y saluda al Gean Demócrata Pre- 
sidente de Venezuela." 

"El antiguo Arzobispo de Caracas tiene el honor 
de saludar al señor Doctor Laureano Villanueva y 
colegas." 

El agente corresponsal, 

F. García. 

A las 10 a. m. 
Señor general Nieanor Bolet Peraza. 

Monseñor fué conducido en procesión hasta la Igle- 
sia parroquial por una concurrencia numerosísima^ 
donde estuvo algún tiempo elevando sus preces al 
Cielo. Al salir de allí, el pueblo de La Gruaira exi- 
gió al Doctor Samper tomase la palabra, para lo cual 
lo subieron al atrio de la Iglesia. El orador estuvo 
feliz como siempre, más luego diré el dia y hora en 
que parte para esa. Es indescriptible el gran en- 
tusiasmo. 

Iradi Rívas, 



A las 7 hs. 11 ra. 
Señor general Bolet Peraza. 

Recibí su telegrama. En cuenta. Es necesario 
que U. haga constar en su popular diario que el señor 
Chataing se ha mostrado digno del huésped que hoi 
abrazamos. Monseñor ha llegado y reposa en la casa 
de aquel ciudadano donde ha sido objeto de las más 
finas felicitaciones. Se prepara una ovación para esta 
noche con música y con la natural alegría que reina- 
en todo el pueblo guaireño. 



— 16 — 
El Doctor Samper pronunció un famoso discurso 
•eo el atrio de la Iglesia ante Monseñor. El pueblo 
vio aplaudió frenéticamente. 

Fué una procesión entusiasta y arrebatadora la que 
oíKS<3«jo á Monseñor del muelle al templo. Una mu- 
.diedtimbre contenta iba dándole Víctores como tam- 
hí&n al Gkan Demócrata, 

El agente corresponsal, 

F. García, 

A las 11 hs. 40 minutos. 
Eeñor general N. Bolet Peraza, 

El Illmo. Monseñor Guevara ha invitado á comer 
.^ta tarde al eminente orador señor Doctor Samper. 

H. Funger, hijo. 

A la 1. 
:Señor general Nicanor Bolet Perazn. 

Después de haberse oido al Dr. Samper que se 
í&allaba de pié sobre el atrio de la iglesia, electrizando 
ks corazones con la magia de su palabra, se dirijió 
Jíotaseñor á la casa que le ofreciera el señor Chataiiig, 
;8egMido del innumerable concurso que le acompañaba 
•desde el muelle. La mansión del Ilustre Proscrito 
.^8 invadida de continuo por la multitud. Los discur- 
sos se suceden los unos á los otros. Para esta tarde 
411® -ofreció decirme la hora de su partida pues se 
iiace dudosa porque quieren dejaile dos .ims más. 

J. Iradi Rivas. 



~ 17 — 

A la i y 20 p. m. 
Señor general Nicanor Bolet Peraza. 

Después de haber pronunciado un breve pero elo- 
cuente discurso el señor Jerman Riechekoff en el mue- 
lle, habló el doctor Samper en la plazoleta de la 
iglesia. Bello estuvo el discurso. Monseñor Guevara 
se halla en la casa del señor Teodoro Chataing. 
Mucha animación en toda la Guaira. 
Su amigo, 

.]. B. Atvarez. 



A las 12 y 2-5 p. m. 
Señor general Bolet Peraza. 

Monseñor saldrá por la mañana, almorzará en el 
camino ; de modo que estará mañana en esa. 

García. 

A las 12 y 25 p. m. 
Señor general Nicanor Bolet Peraza. 

Definitivamente partirá Monseñor Guevara mañana 
á las 6 a. m. y almorzará en Guaracarumbo. 

Esta noche á las 7 pondrá la Junta én manos de Su 
Señoría el Álbum precioso con que la diócesis de 
Caracas significa su amor y respeto por las excelsas 
virtudes del Santo Pastor. 

Iradi Rívas. 

A las 2 p. m. 
Señor general Nicanor Bolet Peraza. *. 

Le trasmito estos telegramas para su conoci- 
miento. 

2 



— 18 — 

" Señor Proviso?', Vieario general y Gobernador dd 
Arzóbis]pad9. 

''Hemos cumplido vuestra eomision. Monseñor 
Guevara ha llegado sin novedad y me encarga decir á 
US. que agradece y corresponde las finas atenciones 
del Ilustrísimo señor Arzobispo, y saluda afectuosa- 
mente á US. ofreciéndose á su disposición. — Román 
Lovera. — Arcediano." 

F. García. 

*' De Caracas á La Guaira el 7 de agosto de 1877. — A 

las 10 hs. 50 ms. a. m. 
Al Antiguo Arzobispo de Caracas. 

El Presidente de la República estima el saludo que 
se ha servido dirijirle el Antiguo Arzobispo de Caracas, 
y tiene el honor de retornárselo considerando á tan 
importante compatriota como un obrero esforzado de 
la paz nacional, que es !a suprema aspiración del 
pais." 

" De Caracas á La Guaira el 7 de agosto de 1877. — A 

las 10 hs. 50 ms. a. m. 
Al Antiguo Arzobispo de Caracas. 

El infraescrito en su nombre y en el de sus colegas, 
estima cordial mente el saludo que les dirijo el Antiguo 
Arzobispo de Caracas, cuyo regreso al seno de la 
Patria será sin duda un elemento poderoso para la 
paz pública."' - 

L. Villanueva. 



— 19 — 

... . ,-4^,,;w> 
" De Caracas 1 La Guaira el 7 de agosto de 1877. — A' 

las 10 hs. 40 ms. a. m. 
llustrísimo Señor Arzobispo. 

Saludo y abrazo al amigo y compadre cuyo regreso 
á la patria celebro con toda satisfacción." 

T. Célis Avila. 

" De Caracas á La Guaira el 7 de agosto de 1877.— A 
las 3 bs. p. m. 

Los infraescritos saludan respetuosamente al llus- 
trísimo y Rererendísimo señor Doctor Silvestre Gue- 
vara y Lira, y le suplican se digne participarles hoi 
cuando sale para esta." 
B. S. M. 

Bartolomé Liendo.-^Jiia?i de D. Méndez. — J. M. 
Goya. — Víctor A. Zerpa. 

De Caracas á La Guaira el 7 de agosto de 1877. — A 

las 10 hs. 40 ms. a, m. 
limo. Señor Arzobispo, 

Salud y bienvenida para el Ilustre Proscrito que 
pisa hoi la patria libre, tras largos años de ostracismo 
que no han podido nada sobre su carácter manso de 
Pastor ni sobre su corazón ardiente de patriota. 
Pablo Giuseppi Monagas. 

Telégrafo eléctrico nacional. — De La Guaira á Cara- 
cas el 7 de agosto de 1877. 
El Antiguo Arzobispo de Caracas saluda á su primo 
y amigo el señor general Nicanor Bolet Peraza, y 
pide al cielo bendiciones para él, ahijada y familia. 



— 20 -— 

Telégrafo eléctrico nacional. — De Caracas á La Guai- 
ra el 7 de agosto de 1877. — A las 2 hs. 25 ms. p- m- 

Monseñor Silvestre Guevara y Lira. 

Saludo á U. filial y respetuosamente. ¿ Cuándo es 

su venida ? 

JE. Scanlan. 

De Caracas á La Guaira el 7 de agosto de 1877. — A 

las 5 hs. 25 ms. p. m. 
Monseñor Guevara. 

Respetado Ilustrísimo. Felicito á U. de corazón. 
Caracas todo sabrá corresponder á las grandes virtudes 
de Monseñor. 

Su afectísimo amigo, 

Celso M. Guevara. 

De Petare á La Guaira el 7 de agosto de 1877. — A 

las 5 hs. 15 ms. p. m. 
Monseñor Guevara. 

Tiene el gusto de saludar al antiguo y querido- 
prelado. 

Su antiguo y agradecido subdito. 

Rosendo Orta. 



De Caracas á La Guaira el 7 de agosto de 3 877. — A 

las 7 hs. 50 ms. p. m. 
Ilustrísimo señor Silvestre Guevara y Lira, 

Le saludamos respetuosamente á Su Señoría Ilus- 
trísima. 

Sus amigos afectísimos, 

D. G. Guanches y señora.^ 



— 21 — 

De Puerto Cabello á Caracas el 8 de agosto de 1877. 

A las 2 lis. 10 ins. p. m. 
Al llustrísimo Monseñor Silvestre Guevara y Lira, 

Le felicito por su arribo y envío un estrecho abrazo. 

J. M. Pirela Sutil. 

De Valencia á Caracas el 9 de agosto de 1877.^ — A 

las 4 p. m. 
llustrísimo Señor Doctor Silvestre Guevara y Liraj 
Antiguo Arzobispo de Caráeas y Venezuela asistente 
al sacro solio Pontificio. 

Vuestro regreso al país es motivo de júbilo para 
vuestros hijos, que os veneran. Os felicitarnos con la 
-efusión de nuestro filial afecto. 

Pro. Sanña^o Delgado. — Pro. Francisco Pérez, — 
Pro. Manuel A. Michelena. — Pro. Tomas Lorenzo, — 
Pro. H. Alexandre. — Pro. José G. F. Cordero. — Pro, 
Braulio Fontaines. — Pro. M. Pinero Olivero. 

De Valencia á Caracas el 9 de agosto de 1877. — ^A 

las 4 hs. p. m. 
llviStrisimo señor Doctor Silvestre Guevara y Lira. 
** Mis felicitaciones por su regreso al seno de la 
Patria. 

J. M. Maduro. 



2g 



LA TUEILTA ®EIi FI£®¡§CRIT€Í. 



(Editorial de La Tribuna Liberal) 

Ayer á las cinco de la tarde hizo su entrada á 
esta capital el Illmo, señor Dr. Silvestre Guevara 
y Lira, Antiguo Arzobispo de Caracas y Vene- 
zuela, á quien el Presidente de la Re^úblicíi, 
General Alcántara, abrió las puertas de la affia- 
da Patria, en el momento en que ésta ábfia 
también su seno á la libertad. 

Intentar una descripción de ese acto que ayer 
ha presenciado un pueblo entero, y en que ha 
sido actor cuanto encierra de noble y virtuoso 
esta ciudad histórica, seria vana empresa de 
nuestra parte, que no conocemos el secreto de 
traducir en frases escritas las grandes cosas 
que sabe hacer el amqr de los pueblos, en honor 
de aquellos que son objeto de su verdadero cari- 
ño y gratitud ; ni sabemos que haya lenguaje 
bastante elocuente para comprender las variadas 
emociones que hinchen el pecho de las multitu- 



— 23 — 
des cuando las posee ese entusiasmo nobilísimo', 
incontenible, exaltación sujyreina del alma, mez- 
'cla de aíiior y culto, especie de oración pronun- 
ciada en alto en honor ai Dios de las justician 
inmortales, con que saludan y reciben á los hé- 
roes de la humildad, á ios mártires de la forta- 
leza; así cuando la visible mano del Señor los 
levantaba ilesos de los circos sangrientos, como 
cuando ahora los devuelve á la Patria la mano 
de los hombres, movida por el soplo providente 
de los cielos. 

Nuestros ojos, acostumbrados ya, en la larga 
jornada que hemos hecho por entre las miserias 
de la vanidad, por entre las ostentaciones de los 
que se hacen grandes á íuer/a de pequeneces, 
y atan á los pueblos al carro de sus triunfos y 
al séquito de sus fugaces inmortalidades, no ha- 
bían visto jamas tan solemne (iemostracion de la 
espontaneidad, tan ínagnífií-o tributo de los co- 
razones. 

¿Quién era, eu efecto, e! que provocaba seme- 
jante ovación á que concurria todo el hogar, con 
sus ancianos venerables, con sus castas mujeres, 
con sus mancebos altivos, con sus niños inocepi- 
tes, los ángeles de la alegría y el candor! 

I Es acaso el guerrero vencedor de legiones 
que trae á su patria en una mano los trofeos de 
la victoria, y en la otra la espada convertida en 
cetro 1 ¡ Hace tanto tiempo que la humanidad 



— 24 ■— 
•no tiene palmas ni flores, víctores y clamor de 
júbilo sino para los héroes del éxito! 

I Cómo es que ahora todo el mundo corre á 
encontrar al hijo humilde de nuestros altares, al 
manso, antiguo pastor de este rebaño cristiano, 
al que ha padecido, al que ha suírido, al que ha 
luchado y ha vencido por la mansedumbre del 
carácter y por la firmeza del espíritu ; al que 
trae los pies lacerados de caminar por playas 
que no le vieron nacer, el pecho convertido en 
campó de batalla en donde se libró y se ganó por 
su abnegación la grande y sublime de la unidad 
de su iglesia; pobre soldado de Cristo que ya 
pedia á la tierra extraña la limosna de un hueco 
para su cuerpo, próximo á abandonarlo el alma 
sin esperanza? 

Es que .no son héroes solamente los que ven- 
cen formidables ejércitos y debelan extraordina- 
rios peligros para la patria ; hai también héroes 
de sí mismos, vencedores por la abnegación, que 
salvan las grandes causas con nobles arranques 
del alma, y que con la fé y la humildad de Isaac, 
saben que les aguarda el sacrificio, y llevan so- 
bre sus espaldas el haz de leña para consumar 
aquel en el ara del Señor. 

Y cuando los hombres han salido de la escla- 
vitud; cuando han puesto entre la libertad y sus 
tiranos las aguas del Mar Rojo y han visto pere- 
cer en ella la iniquidad de Faraón, su primer 



— 25 — 
movimiento es el cántico de gratitud, su primer 
acento es puro, su primer entusiasmo el de la 
rehabilitación. 

He ahí, pues, á ese pueblo libre, dando espan- 
sion al alma, rindiendo culto á la virtud, regando 
flores al martirio, f exaltando hasta la apoteosis 
la santidad del proceder. Grlorioso homenaje, 
envidiables merecimientos ! 

Al hacer el relato de esta entrada triunfal del 
amado Pastor á la que fué su grei adorada, debe- 
mos comenzarlo desde la llegada á la G-uaira, cu- 
yos habitantes tuviéronla dicha de ser los prime- 
ros en abrir las ovaciones y en ofrendar al Proscri- 
to las primeras palabras de amor filial, que después 
harecojido como lluvia prodigiosa, de los labios 
de todos sus antiguos hijos ; himno sublime de 
alabanzas en que para que sea más digno y más 
grato, solo interrumpe uno que otro rugido de 
la maldad vencida, atada al poste de la impeni- 
tencia. 

Al desembarcar Monseñor á la Guaira, no 
tocó el suelo patrio con sus pies ; sino que cayó 
en los brazos de una multitud que se disputaba 
el calor de aquel pecho generoso, y la primera 
lágrima de sus ojos ; cansados de buscar por 
tantos años los horizontes de la nativa tierra. 
Del muelle á la iglesia y de la iglesia al aloja- 
miento que se le tenia preparado fué una proce- 
sión, en que aquel pueblo cristiano se enloquecía 



— ^6 — 
de eniusiasmo. En el atrio del templo se dejé 
oír la voz del elocuentísimo Doctor Samper, 
aquella vo'/. que suena bronca y ruda en los oí- 
dos rebeldes á la palabra de libertad, á los qoe 
no gustan sino de lo melifluo de la cortesana 
adulación ; pero siempre varoeil, siempre grata 
para los que tienen un eco simpático para ei 
acento de la independencia, cuando á más de s« 
prestigio natural, habla con el de la elocuencia 
sublime, como es la que brota de los labios pn- 
vilegiados del orador colombiano. 

Monsefior se conmovió visiblemente ante 
aquel tributo de un hijo de América, de un her- 
mano nuestro, que lleva en la frente, húmeda 
aún, el ósculo cariñoso de esta sociedad q,ue le 
tuvo orgullosa en su regazo. Luego que el Ilus- 
tre Proscrito dio gracias al Todopoderosa en eli 
primer altar venezolano, se dirigió á la mansií>ií 
preparada al efecto, y allí le siguió el pueblo cd- 
tusiasta, victoreándole y aclamando sus virtudes. 
Recibió en seguida las respetables visitas de 
cuanto tiene de valioso é importante aquel puer- 
to, y fuéronle llegando por el hilo telegráfico 
multitud de felicitaciones de las cuales publica- 
mos hoi algunas, comenzando por la del Presi- 
dente de la República. 

Wna comisión del señor Provisor compuesta 
del señor Arcediano, el Pro. M. Gámey, cura áe 
la Guaira y el Pro, Dr. Castro, cura de Maiqae- 



— 27 — 
tía, presentó las congratulaciones de la autoridad ' 
eclesiástica; otra comisión de la Junta Directiva 
de su recepción le ofreció las del pueblo de Ca- 
racas, su antigua grey. Gomponian esta comi- 
sión los señores Ledo. Lorenzo Taraayo, Juan 
Bautista Alvarez, Francisco Alcalá, M. A. Ta- 
basca y Eloi Sosa. 

Una comisión especial puso en manos de Mon- 
señor el Álbum de gratitud que ha formado la 
ciudad de Caracas con 25 mil firmas. El señor 
general Amando Barazarte, de paso en aquel 
puerto, le dirigió un discurso elocuente, apasio- 
nado, lleno de amor ingenuo, el cual publicamos 
en seguida de esta crónica, con las demás piezas 
oratorias de esta espléndida recepción. 

A las seis de la mañana partió Monseñor con 
dirección á esta capital, seguido de nunaerosa 
comitiva. Por todo el camino salian á encon- 
trarle los inocentes haBitadores de aquellos cam- 
pos, regando con flores la via, disparando cohetes 
y haciendo retumbar en el eco de las montañas 
vecinas, las descargas de sus armas cazadoras, 
como en los dias de la aleluya en aquellas mis- 
mas comarcas. Los honrados conductores de 
carros se ponian de hinojos al pasar su antiguo 
Pastor, y se descubrían en señal de reverencia á 
su Tenerable virtud, 

En Gruaracarumbo se le sirvió un espléndida 
aílmuerzo. Allí hablaroa el Dr. A. Ponce, y los 



— 28 — 
seSores Eloi Sosa, Francisco Alcalá y Juan Bau- 
tista Alvarez, todos con esa elocuencia que mana 
del corazón y que será siempre el tormento del 
arte, que no puede suplirla con ningún recurso 
de la dicción ni del talento. En las Trincheras 
fué obsequiado por el señor J. Serrana, con un 
esquisito lunch ; después del cual volvió á em- 
prender camino para no detenerse sino en Cátia, 
en donde le aguardaba inmenso gentío, la Junta 
Directiva que en cuerpo había salido á recibirle 
y las comisiones diputadas por los diversos gre- 
mios, habiendo sido el primero en felicitarle á 
nombre del Presidente de la República, el señor 
Pro. Dr. M. F. Estéves, cura de la iglesia Ca- 
tedral. 

En Cátia se desmontó Monseñor y reposó por 
algunos instantes en la casa del señor Marquis, 
preparada debidamente para tan honroso hués- 
ped- La ciudad se desgafaba ya hacia ese sitio ; 
á los pocos momentos el gentío era compacto, 
los coches y calesas ocupados por familias se 
sucedían en interminable afán. La señal de par- 
tida fué dada, y difícil fué arrancar á Monseñor 
de entre los brazos de un pueblo amado, de en- 
tre el delirante alborozo de las respetables ma- 
tronas que hasta allí fueron á encontrar al Bien- 
hechor proscrito, de entre la sencilla admiración 
de los niños, ansiosos de conocer aquel varón 
ilustre cuyas virtudes y beneficios, cuya santi- 



™ 29 -- 
dad y martirio oían dia y noche mezclar como 
grato recuerda en sus oraciones á las madres 
amorosas. , 

L El pueblo, poseído de una exaltación indefi- 
nible no consintió que sn antiguo Pastor fuese 
llevado por la pareja de hermosos caballos que 
con espléndida carretela le habia destinado la 
Junta Directiva ; y desunciendo los nobles bru- 
tos, arrastró el carruaje con sus propias manos, 
en medio del más formidable hurra de entusias- 
mo provocado por aquella resolución, digna de 
este gran pueblo que reservaba á la virtud tan 
singular tributo. 

Junto con Monseñor iba en la carretela el se- 
ñor Pablo Griuseppi, respetable propietario de 
la Isla de Trinidad, su protector asiduo, su ami- 
go afectísimo y abnegado, que más de una vez 
enjugó las lágrimas del Proscrito y serenó su 
espíritu con el sublime calmante de la amistad. 
Aquel respetable caballero no representaba á su 
lado tan solo al amigo, sino que también repre- 
sentaba á la generosa Antilla, que supo agasajar 
como gloria suya, aquella gloria nuestra sin 
patria y sin hogar, y que cuidó los preciosos 
dias del Pastor venezolano, con la bondad de su 
clima, con la generosidad de su índole, con el 
amor de sus hijos, con el calor de su Iglesia, 
para devolvérnoslo en el momento en que tuvié- 
semos una Patria libre y digna donde recibirlo. 



— so — 

Delante de la carretela iba el pueblo llevando 
palmas y regando flores ; una comitiva de á 
caballo y otra de carruajes que llenaban todo el 
camino, formaban con el gentío de á pié, como 
nu inmenso mar de olas humanas. Magnífico 
espectáculo que doraba con sus rayos un sol 
radiante como la faz de todo aquel concurso. 

AV llegar á la entrada déla ciudad se hizo im- 
posible la locomoción. La multitud era inmensa. 
Gon ella se hablan incorporado millares de per- 
sonas que coronaban las colinas inmediatas, y 
todos cuantos de la ciudad salían á encontrar al 
Ilustre proscrito. Eran dos masas humanas; 
una que le llevaba en triunfo y otra que le iba 
á recibir. Estas atenciones inevitables eran 
aprovechadas por las angelicales hijas de Cara- 
cas para derramar profusas flores, coronas y 
emblemas sobre el augusto Pastor, y para sacar 
á los balcones y ventanas, decorados con banderas 
y palmas, braseros en que humeaban olorosas 
resinas que perfumaban con sus espirales aquella 
escena grandiosa. 

Monseñor saludaba al paso á todas aquellas 
familias avaras de una demostración de su cari- 
ñoso recuerdo, y bendecía á los que de hinojos 
le pedían de lejos la gracia de su mano evan- 
jélica. 

jksí llegó aquel concurso jamás visto, trente á 
k Casa Amarilla, en donde Monseñor penetró á 



— 31 — 
saludar á la digna esposa del Grenerai Alcántara, 
j á confiar á tan noble conducto las congratula- 
<ííones que su corazón agradecido debia á aquel 
Majistrado generoso, que le habia devuelto su 
afnada patria después de ilustrarla por su virtud 
republicana. Ausente en ese instante el Gene- 
ral Alcántara, Monseñor Gruevara cumplió de 
aquella manera el primer deber de su corazón. 
En seguida se mostró al balcón principal de la 
mansión presidencial, y dirigióndose al pueblo, 
que llenaba la calle y la plaza toda, habló con su 
ingénita dulzura y unción en estos términos. 
Señores ; 

'*A1 pisar de nuevo el suelo querido de la 
Patria, la primera necesidad de mi alma es ben- 
decir esa adorable Providencia que gobierna 
•con sabiduría y bondad el Universo todo; y que 
brilla con no menos magestad en el gobierno de 
[os individuos como en el de las naciones, y que 
si algunas veces nos somete á darás pruebas, es 
para enseñarnos á estimar mejor sus beneficios. 
Munca la salud es tan preciosa como después de 
aguda enfermedad, ni la libertad tan cara como 
después de haber sentido el pesado yugo del 
despotismo, ni los horizontes de la patria más 
bellos que después de haber estado nuestros 
ojos privados de su luz encantadora. 

"Bendigamos, pues, á Dios que ha cumplido 
una vez más con nosotros su palabra de ciernen- 



•— 32 — 
cía consignada en este oráculo bíblico: "des- 
pués de la noche del llanto vendrá la aurora de 
la alegría." Aurora tan espléndida ésta, alegría 
tan intensa que nos bace olvidar esa larga noche 
con todos sus horrores. Esa noche ya pasó 
como pasa todo en este mundo instable, porque 
la perpetuidad no es palabra que el hombre pue- 
de usurpar en su mezquino lenguaje. Ya pasó. . . 
y en los alborozos del regreso no hai cabida 
para los tristes recuerdos de la ausencia. 

"Natural y justo es señores, que después de 
Dios, vuelva mi corazón al órgano que El ha 
escojido para esa obra insigne de clemencia que 
ha enjugado tantas lágrimas; al Magistrado po- 
pular que inspirándose en los principios del cris 
tianismo, ha desdeñado la fuerza como medio de 
gobierno, desacreditado ya por la experiencia, y 
se apoya en Dios, en la justicia y el derecho. 

"El Gran Demócrata, General Francisco Li- 
nares Alcántara, se ha erigido él mismo al princi- 
pio de su Administración un arco espléndido de 
triunfo, no adornado con trofeos que cuestan lá- 
grimas y sangre, sino con flores y coronas que la 
gratitud pública le discierne. Ese monumento es 
el inmortal Decreto de 24 de mayo; acto de justi- 
cia quje repara, de sabia política que asienta sobre 
base de granito la paz pública ; que arranca 
aplauso é impone reconocimiento. El Gran De- 
mócrata, naerece bendiciones, y yo me hago un 



— 33 — 
deber de servir de eco á las que se elevan de 
todos los pechos agraciados. Que el Cielo siga 
inspirando su gobierno, y que cuando regrese al 
hogar, no oiga otras voces que himnos y alaban- 
zas de la Patria agradecida. 

**Esta ovación no es para mí sino para el Ge- 
neral Alcántara, pero todo obsequio al bienhe» 
chor es para mí, como para todos los que tenemos 
que agradecerle tanto. 

"Réstame solo saludar con efusión del alma á 
mis compatriotas todos, especialmente á los que 
fueron mi grei amada. Sin distinción alguna 
doi á los presentes y envió á los ausentes el 
cordial saludo de la partenidad cristiana; que la 
paz sea con vosotros, la paz de Dios, la paz de 
la buena conciencia, la paz de la concordia mu- 
tua. He venido solo para deciros : os he amado, 
os amo, os amaré mientras el corazón lata en mi 
pecho." 

Repetidos y frenéticos aplausos interrumpie- 
ron la palabra del Ilustre Proscrito, y Víctores 
fervientes que repetían á una, mas de diez mil 
voces, aclamaron al Gran Demócrata y al an- 
tiguo Pastor de nuestra grei. En seguida Mon- 
señor Guevara bendijo á sus hijos en el Señor 
allí en innumerable multitud, la cual escuchó las 
palabras y recibió la bendición * que le enviaba, 
descubriéndose reverálifce para uno y otra acto. 
3 



— 34 — 
El sefioF general Domingo Santos Ramos» 
orador nombrado por la comisión directiva para 
llevar por ella y por la ciudad de Caracas la pa- 
labra en aquel momento de la ovación, subió á 
la tribuna improvisada en un carruaje, y desde 
allí, con su acostumbrada elocuencia, pronunció 
el discurso que nuestros lectores verán al termi- 
nar esta crónica. Fué aplaudido con furor el 
señor general Ramos ; y no podía ser menos. 
Su discurso correspondía á la solemnidad del 
acto y á la espectativa de los ánimos. 

En seguida el señor general Manuel Salvador 
Bricefio leyó unos apasionados versos dedicados 
á Monseñor, los cuales también publicamos, y 
fueron acogidos con unánimes aplausos por el 
auditorio, y con muestras de agradecimiento por 
el personaje á quien iban dedicados. 

Pidió luego el concurso, por repetidas veces, 
que hablase el Redactor de La Tribuna Libe- 
bal, que en su calesa marchaba inmediatamente 
después de la carretela de Monseñor, y no pu- 
diendo rehuir tan imponente exijencia, hubimos 
de emitir, en descompuesta, pero sentida impro- 
visación, las ideas que en aquel momento se agol- 
paban á nuestra mente y los sentimientos que 
borbotaban en nuestro corazón, por más de un 
títujo comprometido en aqtf^la demostración del 
amor y del patriotismo. 
No es posible que recordemos ahora palabras 



— 35 — 
y conceptos que brotaron espontáneos por la 
fuerza de impresiones del momento; ni habrian 
tampoco de servir á la gala que este relato nece- 
sita. Bastante es, para nuestra modesta aspira- 
ción, el aplauso generoso del pueblo y el cordialí- 
simo apretón de manos con que completó nues- 
tro honor el virtuoso Pastor y amigo, á quien nos 
dirijimos en nombre de la justicia. 

Pidió también e' au-ütorio que hablase el 
señor general Eduardo Scanlan, lo que hizo este 
talentoso joven coi» brillantes conceptos y fran- 
cas ideas, que le luerecieron un aplauso constante 
del concurso. 

Púsose luego en marcha el numerosísimo sé- 
quito, y, al llegar á la esquina de Pajaritos, el 
joven Teodoro del Olio, desde los andamios de 
la fábrica del establecimiento del señor Sturup, 
único sitio propicio al efecto, dirijió la palabra á 
Monseñor, en los términos que nuestros lectores 
verán en el discurso que hemos logrado obtener 
y que publicamos también en seguida. 

El auditorio aplaudió y victoreó con caluroso 
entusiasmo, excitado por la voz de aquel gallardo 
mancebo ; y se dirijió luego la comitiva á la casa 
de la señora viuda del Ilustre Procer General 
José Tadeo Monágas, en la que se debia alojar 
Monseñor. 

La plaza de San Pablo estaba henchida por 
un gentío extraordinario, que al juntarse con el 



— 36 — í 

que acompañaba la ovación, se hizo inpenetra- i 

ble. Imposible habría sido que descendiese \ 

Monseñor de la carretela, y no hubo mas medio \ 

que entrar en ella hasta los corredores de la caiaít, . 

en donde le recibió la digna matrona que ha | 

sobrevivido á la gloria de una larga familia dé \ 

Proceres, para presenciar todavía las grandezas | 

de la Patría después de sus dolorosas humiílá^^ , 

cienes. Todos los deudos de la señora Oriach ¡ 

de Monágas, rodearon á su grande y noble amigo 

y le colmaron de agasajos ; los primeros de la 

familia que recibiera después de tantos años de j 

ostracismo. | 

El señor Dr. Arbonio Pérez, orador designa- \ 

do para hablar en aquel acto, lo hizo en elocuén- ; 

te discurso que hoi publicamos, y que arrebatas i 

al auditorio, lo conmovió y lo satisfizo, «orñóíí 

sucede siempre cuando habla el talento en alian-^ 'i 

za con el corazón. 

Recogido luego Monseñor en su habitación : 
de descanso, el pueblo continuó en los espacio- i 
sos corredores y patio de la casa, hasta tarde de i 
la noche, en tanto que una orquesta ejecutaba j 
piezas escogidas y aumentaba con las armonías '\ 
de la música el encanto y el alborozo de aquella ;j 
escena. • 

Volvieron á hablar por exigencia del pueblo :^ 
el Redactor de La Tribuna Liberal y el de La '-\ 
Independencia, general Domingo S. Ramos ; y \ 



— 37 — 
por último, ya avanzada la hora, dejó el numero 
so concurso entregado el Ilustre Proscrito, al 
sueño apacible de la primera noche del hogar, 
durante el cual habrá soñado con aquella luz di 
vina de té, que le alentó en el destierro y forti- 
ficó su alma en el martirio. 

Caracas debe estar orgullosa de la manifesta 
cion de ayer. Esa es la más elocuente prueba 
que puede dar este gran pueblo, de que no han 
muerto en él las grandes virtudes que en su co- 
razón sembraron nuestros mayores, y de que si 
la reciente autocracia quiso pulverizar hasta las 
raices de los nobles sentimientos, todavía queda 
vivo el principio santo de la religión y del honor, 
como elemento para recuperar el carácter y 
rehacer la Patria. 



DISCURSO 

PEONUNCIADO 

POR EL GENERAL DOMINGO S. RAMOS 

FEENTE A LA CASA AMARILLA. 

Venerable y digno Prelado. 

Ya estáis aquí entre vuestros compatriotas 
oyendo los latidos de todos estos corazones, sin- 
tiendo los impulsos de todas estas almas, aspi- 



— 38 — 
rando este ambiente de amor, de entusiasmo y 
de gratitud ; viendo, por decirlo así, el espirita 
de este gran pueblo venezolano que aoia toda- 
vía la justicia, la honradez, la virtud. 

Larg'a ha sido vuestra peregrinación para el 
anhelo de vuestros conciudadanos: corta para la 
injusticia. Al fin volvéis, volvéis al hogar de 
vuestros afectos, al cariño de vuestros herma- 
nos. 

Ved, Señor, ese pueblo que os rodea. ¿ Quién 
le ha congregado aquí 1 i Ha recibido acaso 
orden de nadie! 

No : él viene á saludar al proscrito del amor 
cristiano que regresa tras dilatada é injusta pe- 
regrinación, traído por la mano de la Justicia 
Nacional, de esa justicia que no se hace cargo 
de las pasiones humanas, sino de las desgracias, 
de los estravíos, de las lágrimas, de los dolores, 
para derramar bálsamos de noble consuelo sobre 
todas las heridas, sobre todos los errores que 
forman el triste patrimonio de esta flaca huma- 
nidad. 

El camino de vuestro destierro fué una verda- 
dera vía dolorosa: el de vuestro regreso á la 
patria es un verdadero triunfo. 

Sí ; un verdadero triunfo, no de esos triunfos 
amasados con lágrimas, acompañados del ruido 
monótono, tardo y siniestro de las cadenas que 
impone el vencedor ; no de esos triunfos para 



— 39 — 
los cuales levantan arcos, trofeos y templete;^ 
los entusiasmos del interés, y entonan him- 
nos de alabanza los labios lisonjeros de los corte- 
sanos. 

Es el triunfo de la justicia, de la verdad, de 
la virtud, trinidad sublime que Dios puso en 
nuestras almas, como la más pura y divina ema* 
nación suya, porque la justicia, la verdad y la 
virtud, no pueden perecer, á menos que perecie- 
ra la idea de üios, y porque veladas hoi por la 
nube sombría de las pasiones, reciamente azo- 
tadas por las tempestades del corazón, al fin 
tornan á lucir, serenas y tranquilas, señoreando 
e! mundo moral, á la manera que el sol domina 
el mundo tísico, después de sombría y borras- 
cosa noche, ajilada por la furia del vendabal y el 
rujir de los elementos desenfrenados- 

Aquí está este inmenso pueblo que os ama, 
que os venera. Este inmenso pueblo que se ha 
formado del mismo modo que los grandes rauda- 
les de esta nuestra pomposa zona tropical, es 
decir, que desde la cabana del labriego, desde el 
tugurio del trabajador pasó á la ciudad, se entré 
por las calles y plazas y vino á formar este apa- 
cible y dilatadísimo lago de amor, de veneración 
y entusiasmo que os rodea. 
No de otro modo pudiera ser. 
Se os admira y se os venera, señor, no ya sola- 
mente porque sois un digno sacerdote de Aquel 



— 40 — 
' cuya trájica pasión brilla con todos los resplan- 
dores de la gloria que alcanzó en el Gólgota ; si 
que también porque sois un hombre de corazón, 
un buen ciudadano y un digno patriota; no ya 
solamente porque tenéis la humildad y la man- 
sedumbre de un Vicente de Paúl, la caridad de 
un Francisco de Asis, la prudencia, la energía 
y la circunspección de un Crisóstomo, sino por- 
que, por sobre todo, amáis á vuestra patria, la 
servís con desinterés, y buscáis para ella la unión, 
la paz, el progreso, deidades todas dignas de 
ser veneradas por los hombres de alma superior. 

La Patria, la Justicia, la Libertad, Dios ; he 
allí las ideas sublimes ante las cuales ¡deben cul- 
to y adoración los hombres que tienen á su cargo 
dirijirlas naciones, enseñar los pueblos y buscar 
la felicidad desús conciudadanos. ^ 

Todo lo demás es pequeño, accesorio, subor- 
dinado á las humanas catástrofes. 

Las pasiones del corazón se disipan al frió 
glacial de la muerte, los intereses de momento 
se estrellan y rompen como frágiles vidrios ante 
otras ambiciones; las grandezas del poder son 
nube de una hora que barre el aquilón furente 
de los cataclismos populares ; solo la justicia y 
la virtud no perecen ; " solo Dios es grande," 
como dijo el elocuente Masillon en su oración 
fúnebre al altivo rei Luis XIV. 

Heme aquí, escaso de merecimientos, débil de 



»_ 41 — 
íiutoridad, todavía en la mitad del áspero camino' 
de la vida, llevando la voz en nombre de esta 
sociedad que os admira. A mí, que no sé por 
cual bondad de mis amigos, <5 por cual capricho 
de las circunstancias, se me encarga de una 
misión superior en mucho á mi escasa riqueza 
intelectual, pero no á mi corazón, palpitante siem- 
pre á impulsos de toda idea generosa, de toda idea 
úe perdón, de toda idea de fraternidad. 

Heme aquí, señor, intérprete pálido y débil 
de este altísimo sentimiento de veneración que 
vuestras excelsas virtudes inspiran á venezola- 
nos y extranjeros, y que, no encontrando una 
forma adoptable á mi pensamiento, que traduzca 
lo que bulle aquí en el alma, compararía á ese 
agasajo perpetuo que el aura, la flor, el ave, tri- 
butan diariamente, al oido atento del hombre, 
á la mano que la cultiva, al maestro que le guia. 

Venid, señor, á tomar asiento en la Patria ; 
ella os necesita ; necesita oir la voz de vuestro 
consejo que enseña, el ejemplo de vuestra mo- 
deración que consuela, la unción de vuestra pa- 
labra que guia á la virtud : necesita de vuestra 
cordura, de vuestra mansedumbre, de vuestra 
abnegación, para enseñar á las gentes que la 
verdad no perece, que el error es humo y que 
la virtud, hija del Cielo, bañará con resplando- 
res inmortales, así la cabana del humilde como 
el alcázar del poderoso. 



«K 



— 4:2 — 

Venid á contribuir á la paz dé que tanto ne- 
cesita esta patria de nuestros padres, esta patria 
de nosotros, esta patria de nuestros hijos ; venid 
á unir todos los corazones en los dominios del 
bien, del amor y de la fraternidad. 

Venid á esparcir con vuestra mano benéfica la 
simiente fecunda del amor cristiano, de la cari- 
dad que no reconoce iinages, ni privilegios, ni 
grandezas, porque ora vela solícita en el humilde 
lecho del moribundo campesino, ora en el lecho 
dorado del alcázar de los Reyes. 

Oh ! noble misión la vuestra, digna de ser en- 
vidiada por todas las almas que aspiran al bien ! 

Una última palabra. La justicia humana co- 
mo la justicia divina tiene su criterio, su san- 
ción y su dia prefijado. Ese dia es este para 
vos, dia en que los venezolanos todos abren 
sus brazos para recibir en ellos al amigo, al 
pastor, al patriota ; sus pechos para dar espan» 
sion á todos los nobles sentimientos. Recibid, 
peregrino del amor cristiano, recibid ; en nom- 
bre de Venezuela, el saludo fraternal que os 
envía, á vos, venerable anciano, que volvéis hoi 
á la patria traído por la mano de la justicia na- 
cional y apoyado en la base inquebrantable de 
vuestras excelsas virtudes cristianas y de vues- 
tras nobles prendas de patriota. 



— 43 — 

LA 7ÜELTA DEL PROSCRITO. 



AL ILÜSTRISIMO Y REVER ''líDISIlO 
SEÑOR DR. SILVESTRE GUEVARA Y MEA 

DE CARACAS Y VENEZUEJ.A. 

(Versos leídos por su autor en la recepción de Monsém^^ 



Ven ! ven ! manso Prelado, 
Dignísimo Pastor, 
La grei que bahías mandada 
Te brinda con su amor ! 

Que siempre fuiste en ella 
Un tipo de bondad 
Cual es, tu alma bella 
Mansión de caridad ! 

Ven ! ven ! que en este suelo 
Cesó la tempestad, 
Y brilla en nuestro cíelo 
El Sol de Libertad ! 

AI Dios Omnipotente 
¡ Sapremo bien y amor ! 
£1 pueblo fiel» creyente, 
Lo adora sin temor ! 



^ 



— 44 — 

El Clero y Eeligion 
Se encuentran venerados, 
Los templos son sagrados 
Asilos de oración ! 

Tu injusto extrañamiento 
¡ Oh Mártir abnegado ! 
Tu heroico sufrimiento, 
Tu gran valor probado ; 

Tu fé tan admirable. 
En fin, tu adversidad, 
Te dan el envidiable 
Honor de Santidad ! 

Por dar ejemplo augusto 
De Paz y de obediencia, 
Te obliga la prudencia 
Sin pena y sin disgusto, 

Dejar tu grei amada, 
Tu Sede renunciar. 
Sin cuenta para nada 
Que habrías de mendigar ! . . . . 

Mas.. ¡ Santa Providencia ! 
No te haces esperar, 
Hoi, premio, tu clemencia 
Al Justo quiere dar ! 

La puerta ayer cerrada 
La Patria te abre en par. 
Te brinda en ella hogar 
Y vida sosegada ! 



— 45 — 

El Pueblo así obtendrá 
Tas santas bendiciones, 
Y en cambio te dará 
Por Sede corazones ! ! ! 

Caracas, Agosto 8 de 1877. 

Manuel S. Bricbño. 



IMPROVISACIÓN 

Del sEítOR Teodobo del Ollo a MonsbSor GuevASA, 

Monseñor : 

Oís ese murmurio \ Veis esas miradas tiernas, 
amantes y cariñosas, que mujeres, niños, jóvenes 
y ancianos os prodigan ? 

Veis esa ale^^ría, ese alborozo y esa dicha que 
se agitan á vuestro alrededor lleno de gozo y 
entusiasmo ? 

Es el pueblo de Caracas, que recibe con los 
brazos abiertos á su querido é inolvidable pastor. 

Es el pueblo que, henchido de alegría, viene á 
recibir ai austero y respetable sacerdote, que 
supo guardar incólume la religión del Cristo. 

Es el pueblo que viene en tropel á recibir al 
virtuoso sacerdote, que prefirió soportar la palma 
del martirio antes que menoscabar los sagrados^ 
derechos de la Iglesia. 



^ -_ 46 — 

Es el pueblo, que viene á daros el abrazo de 

Itíetivenida, á vos, que con vuestra ejemplar 

Srmeza, supisteis darle fuerza y vigor para 

perseverar en la religión de nuestros primeros 

v|8adres. 

Es Venezuela entera que llena de las fruicio- 
aes^el amwr, por causa de vuestro feliz arribo, 
^s<|iiiere tributar un homenaje digno de vuestras 
ejemplares virtudes, quemando en el pebetero 
Je su alma candorosa, la mirra de la gratitud y 
«! inciensajjel cariño, para que suban en espira- 
fes basta Dios. 

j j ¡ Viva mi padrino ! ! ! 



BISCUBSO DEL DOCTOR ARBONIO PÉREZ. 

EN LA 
RECEPCIÓN DE MONtíEÍÍOR GUEVARA. 

Wj autok lo dedica al seííor albjahdeo león. 

Bmora$, Señoritas^ Caballeros. 

EJejido por la Junta Directiva para llevar la 
¡glabra en esta espléndida ovación, que la Arqui- 
¿tóicesis de Venezuela ofrece á tan dignísimo 
pf^lado por su feliz ambo á las nativas playas, 
jr conjuntivamente ai digno ciudadano Presidente 



— 47 — 
de la República, que en momentos de sublime 
inspiración ordenara el retorno al país de los 
hermanos que vagaban en extranjero suelo, yo 
no puedo dejar de deferir á ese espontáneo lla- 
mamiento que me colma de honor y distinción 
aunque para ello no sea poseedor de los arran- 
ques oratorios que son indispensables para llenar 
tan elevado cometido ; pero confío en que esa 
dualidad del poder temporal y el poder espiri- 
tual, le dará caudal inmenso á las inspiraciones 
de mi alma. 

Ante todo, pues, permitidme que os rinda mis 
más cumplidas gracias por el honorífico encargo 
que me habéis encomendado, y que confíe en 
que vuestra benevolencia servirá de velo á mis 
débiles ideas. 

Monseñor ! 

Vos que llegáis á esta tierra de delicias, ras- 
gado el hábito por las espinas del suelo siempre 
árido del ostracismo, que traéis los pies ensan- 
grentados por los abrojos punzadores de la exó- 
tica ribera ; que encontráis, no un pueblo, sino 
agrupaciones de pueblos que os abren los brazos 
y os acojen con amor y con cariño j vos, Mon- 
señor, sed bienvenido á esta tierra y á esta Ca- 
pital, que hace gala desque hayáis sido su pastor. 

Buscad con interés en todos j cada uno de los 
semblantes de los que hemos venido á recibiros 
alguna cosa que os parezca indiferente, y, seguro 



— 48 — 
•r^stoi, que no la encontrareis; porque hoi os 
acojemos como al ilustre proscrito que trae á sus 
sienes ajustada la inmarcesible diadema de los 
sufrimientos; diadema con que siempre, y en 
todas ocasiones, hemos visto enaltecidos y honra- 
dos á los dignos apóstoles del Cristo. 

Bienvenido seáis, reverendísimo señor : reco- 
jed todas las auras perfumadas que se os brin- 
dan ; todas las sinceras salutaciones que por 
doquiera se os dirijen ; todos los fervores de los 
espíritus cristianos, y tochas las palpitaciones de 
los senos de las honradísimas matronas y de las 
candorosas vírgenes que saludan vuestro arribo. 
Bienvenido seáis ! 

Yo, hijo de la parte occidental de la Repúbli- 
ca, de esa tierra tan espléndida como magnífica, 
en donde á Dios le plugo no esquivar al hom- 
bre ninguna de sus dotes, y decir á la naturaleza 
que le prestara todos sus dones y sus galas : hijo 
de allá, en donde el relámpago siempre centellea, 
donde se ve chispear en el oleaje del Coquivacoa * 
la luz de las estrellas ; á cuyas márgenes rever- 
decen los corpulentos árboles de la zona tropi- 
cal y en cuyas costas se contempla exhuberante 
la mano del Creador : hijo de allá, no solo de la 
azul laguna, sino también del caudaloso Motatan, 
del impetuoso Chama y del apacible Torbes, yo 
os saludo. 

Para ser eco sincero del aprecio que tiene 



=-- 49 -— 
esta culta sociedad por vuestras virtudes ejein^ 
piares, preclara inteligencia y elevada ilustración, 
confieso, con toda la franqueza que me es ingé- 
nita, que me falta la palabra. — Vos sois.como el 
sacerdote de las escrituras: aquel que corno 
Melquisedec se prosterna compungido ante el 
arca salvadora de la Alianza, y que como Samuel, 
ha sabido prescindir de su propia personalidad, 
para rendir culto á los divinos secretos de lo 
Alto. Vos habéis sido un poco más ; y aquí 
vuestra gloria y nuestra gloria; habéis sido hu- 
milde; por eso se cumple en vos en estos mo- 
mentos de deleite lo preceptuado por la máxima 
sagrada: "Los que se exalten serán hmillados ; 
los que se humillen serán exaltados." 

Monseñor: no es solo el vivificante rocío de 
la Cordillera, ni el ambiente embalsamado del 
Apure y Portuguesa, ni las aspiraciones de las 
otras poblaciones de Occidente, ni el* brillante 
reflejo de mi hermoso lago, ni las verduras de 
nuestras pampas dilatadas lo que tengo hoi el 
encargo de ofreceros ; nó : es también el suspiro 
del oriente de la patria con sus emociones de 
placer: la aurífera Guayana, que demora arru- 
llada por las olas del majestuoso Orinoco; la 
Nueva Esparta, que con su nombre resuelve su 
historia y su inmortalidad; Cumaná, Barcelona 
y Maturin, cunas de celebérrimos varones, vienen 

4 



— 50 — 
'también á tomar parte en el armonioso concierto 
de Caracas, en dia y en momentos tan solemnes. 
Y ya que tantas guirnaldas se, os disciernen,, 
tanto incienso se os ofrenda y tanto merecido 
elogio se os tributa ; no miréis la mano que os 
ofrece ese incienso y esa mirra, sino el corazón 
de los venezolanos, que es el búcaro de amor en 
que se queman. 

Al gran pontífice de Venezuela, ella le saluda ■ 
eordialmente, en este dia de reparación que 
refresca los recuerdos del inmortal decreto, 
fechado en 24 de Mayo del presente, por el 
digno magistrado á quien están encomendados 
los destinos del pais= 

Bienvenido, ya que se encuentran allanadas 
las desavenencias habidas entre el gobierno de 
la Iglesia y el popular de la República ; salva- 
das asimismo las vallas que pudieron. conducir- 
nos á un cisma ridículo como impopular, y 
zanjados, por otra parte,- los' obstáculos que im- 
pedían la buena marcha que debe existir siempre 
entre ambas potestades. 

Bienvenido ; porque todo ello se debe á vues- 
tra austeridad siempre ensalzada y á vuestras 
virtudes ejemplares. 

Por ello es justo, pues, que todos veneremos 
esos sublimes rasgos de abnegación y patriotis- 
mo, como lejítimos hijos de las doctrinas predi- 
cadas y puestas en práctica por el Cristo, que 



— 51 — ' 
sobre el duro terraplén del Gólgota derramara 
su sangre divinal por redimir la especie humana. 

Es justo sí; que todos propendamos á estre- 
char más y chas los vínculos de alianza respecti- 
va, entre los directores de la ciencia que emana 
de los cielos, y los encargados de garantizar la 
ciencia de la organización social. 

Es justo sí; que los venezolanos todos, cató- 
licos sin ser fanáticos y demócratas por convic- 
ciones, nos esforzemos porque jamás llegue 
el caso desgraciado de presenciar desavenencia 
alguna entre los pastores de las almas y los di- 
rectores de la honra, vida é intereses de los hijos 
de Bolívar. 

Yo tengo la evidente certidumbre de que no 
se verá tamaño escándalo durante el presente 
período constitucional, en que el Greneral Ciuda- 
dano Encargado de la Administración pública 
ha sabido dar " á Dios lo que es de Dios y á 
César lo que es de César," Y no creáis, seño- 
res, que sea esto hijo de la adulapion ó de pasio- 
nes banderizas, nó : El ciudadano Presidente lo 
deja comprobado con sus decretos y resoluciones 
inmortales: veamos si es verdad: 

¿ No es él quien por el órgano del Ministerio 
de Relaciones Interiores dispusiera que se amue- 
blara decentemente el palacio arzobispal, ha- 
ciendo las erogaciones indispensables para el 
caso 1 i No es él, quien ordenara el pago de 



- 52 — 
las erogaciones hechas á las venerables madres 
exclaustradas de los conventos de esta capital y 
4el Estado Mérida, y de varias del Beaterío de 
Valencia? i No es él, quien ha permitido el 
culto público de esa divina religión que nos re- 
velaron nuestras madres, y por la cual levanta- 
mos nuestro espíritu hasta Dios, en medio de 
las personas que, como débil tributo, damos al 
Ser increado y al Hijo de la flor de Nazaret? 

Eso basta por sí solo para corroborar nuestros 
asertos, y para garantirla armónica indestructi- 
bilidad que existe entre el pontificado y el go- 
bierno actual de nuestra Patria; siendo una de 
las prendas de esa unión, y uno de los anillos 
que forman esa cadena del cuerpo y del espíritu, 
vuestras incoiQparables virtudes, ilustrísimo se- 
ñor Bien venido en nombre del pueblo de 
Caracas y de la República entera, que os acoje 
con gozo indefinible. 

Aquí debiera terminar ; pero antes de des- 
cender de esta tribuna, levantada por el desin- 
teresado afecto de mis compatriotas, séame per- 
mitido agregar un pensamiento, que, estoi cierto, 
aplaudiréis con el entusiasmo que yo lo he 
concebido. 

Helo aquí: 
¡ Quiera el Cielo que nuestro digno Presidente 
siga transitando el camino del deber y el sende- 
ro de la lei que se ha trazado ! 



— 53 — 

Si así lo hiciere, entonces verá que los pue- 
blos de Venezaela le erijen estatuas de gratitud 
en el fondo de su corazón, que son las únicas 
nobles y magnánimas. 

Gracias á la Junta directiva y al pueblo de 
Caracas. 



IDISOTJIEIBO 

PEONUNCIADO 

fflLA.GÜAM POR IL SEPR GMERAL AMANDO BARAXlRfB. 

Ilustrísimo Señor. 

La justiñcacion de la Gasta Susana, por los 
labios de una criatura aún envuelta en los abri- 
gos de la cuna: el ministerio evangélico confia- 
do al rústico decir de los pecadores de Galilea 
el apostolado de las Naciones ejercido por Pa- 
blo, él mas irapacable enemigo de las doctrinas 
de Jesús; el hombre-Dios ungido sin profana- 
ción por Magdalena; esos y~ mil más hechos 
históricos del mismo carácter, demuestran incon- 
trovertiblemente que Dios, para la consumación 
de sus más altos designios, se ha valido constan- 
temente de los más humildes órganos de la na- 
turaleza, y esplica cómo y por qué á mí, el más 
desautorizado por la palabra, el más indigno por 
condición social, y el más incopetente para el 



— 54 -^ 
conocimiento de vuestras virtudes y sacrificios^ 
le ha sido confiada la altísima y honrosa comi- 
sión de llevar la palabra en esta solemne ocasión, 
á nombre de la comisión encargada de presenta- 
ros la preciosa ofrenda que se ha consignado en 
vuestras manos. 

En efecto, Monseñor, es un contraste que solo 
se explica por medio de los inescrutables desig- 
nios del Altísimo, que un hombre que solo puede 
modelar su acento en el feroz rugido del ja- 
guar, en el mugido del altivo toro de nuestras 
pampas, en el terrible bramar de los vientos 
que agitan las seculares selvas de mi país, sea 
el que dulcifique su voz para elevar himnos al 
Dios de las misericordias, por vuestro feliz re- 
greso á esta Patria, que se pretendió dejar huér- 
fana de vuestra paternal benevolencia, deshe- 
redada de vuestros caros y santos afectos. Es 
te es un sacrificio para mi pobre intelecto, pero 
sacrificio necesario y por demás pequeño ante 
los méritos de aquel que todo lo merece por sus 
evangélicas virtudes. 

Ocupóme, pues, de hablaros de la ofrenda, ob- 
jeto capital de la Junta que viene á felicitaros 
por vuertro regreso. 

Esa ofrenda, Monseñor, es una azucena purí- 
sima de fragantes emanaciones, nacida en el 
abonado campo de cristianas conciencias, que 
viene á ser depositada á los pies de aquel que, 



— 55 ^ 
digno discípulo del hijo de María, fiel imitador 
de la abnegación y mansedumbre de.su maestro, 
ha consagrado su vida entera al bien de la hu- 
manidad, al servicio espiritual de la católica Ve- 
nezuela. Aceptadla, señor, para que ocupe el 
puesto de aquella corona de espinas que ciñó 
sobre vuestra frente la injusticia : aceptadla de 
manos de ese pueblo, que se ha inspirado en 
vuestra mansa alma para perdonar ; que ha de- 
puesto sus iras al oir de vuestros edificantes la- 
bios ese sublime concepto: "Padre, perdónalos, 
porque no saben lo que hacen." 

Dignaos, Monseñor, deteneros en que 22,000 
firmas autorizan esa ofrenda ; numerosa signatu- 
ra que representa á 22,000 familias de donde se 
elevan millares y millares de oraciones, unas 
por vuestro regreso, otras en acción de gracias 
por ese feliz acontecimiento que llena de júbilo 
al católico pueblo venezolano, y significa la per- 
sonificación en vos de todas las virtudes que 
encierra el divino culto que profesamos. 

Me permito también observaros que en este 
culto festival es porte de alto mérito la concu- 
rrencia del bello sexo ; preciosa mitad del géne- 
ro humano que en actos como este solo se inspira 
en la idea religiosa, y su tributo tan puro como 
desinteresado es el más elocuente testimonio de 
que su contingente solo y tan solo es ofrecido á 
inmaculadas virtudes cristianas. 



— §6 — 
Termino, Monseñor, suplicándoos que, ya que 
mis indignos brazos no pueden posarse sobre 
vuestros venerables hombros, os digneis conce- 
der para la piadosa Caracas, para la culta Ve- 
nezuela, para el que la palabra os dirije, vues- 
tra paternal bendición. (En este acto todo el 
auditorio se puso de rodillas y fué hendecido por 
Monseñor.) 



CARTA DE MONSEÑOR GUEVARA 

A MONSEI^OR GONIN. 
Y KESPUESTA DE ESTE A DICHA CARTA. 
(Traducción.) 
San José, 30 de Julio de 1877. 

Monseñor : 

Sabéis ya que después de un ostracismo de 
siete años, la Divina Providencia se ha dignado 
al fin concederme el insigne favor de volver de 
nuevo á mi patria, y aunque mi posición en ella 
haya cambiado mucho, i designios inescrutables 
de ese Dios á quien adoro y bendigo! creo no 
obstante de mi deber, regresar á aquella, á satis- 
facer los deseos de mi antigua grei, y á tratar de 



— 57 — 
cicatrizar en lo posible y en los límites de mi* 
nueva situación, las profundas heridas que ha 
recibido la Iglesia venezolana. 

Séame dado, antes de partir, llenar para con 
vos, un deber que me es bien caro, y satisfacer 
una necesidad imperiosa de mi corazón, espre- 
sándoos todo el agradecimiento que os debo por 
los servicios tan constantes, y los caritativos fa- 
vores con que no habéis cesado de agobiarnos, á 
mí y á los sacerdotes que han compartido conmi- 
go el destierro. 

El celeste Kemunerador, os reserva, Monse- 
ñor, la recompensa que tiene prometida á los 
que tienden la mano del socorro al necesitado, á 
los que enjugan las lágrimas del infortunio, á 
aquellos cuyo corazón sabe sufrir con los sufri- 
mientos de sus hermanos ; pero quiero aquí 
protestaros, que no habéis sembrado en tierra 
ingrata, que los títulos con que os habéis hecho 
acreedor á nuestra gratitud son imperecederos 
y que siempre, al dirigir preces al cielo por nues- 
tros bienhechores, será vuestro nombre el prime- 
ro que pronunciarán nuestros labios agrade-, 

cidos. 

Permitidme que en esta espresion de nuestros 
sentimientos de afectos reconocidos, una á vos, 
como ya lo está en vuestra administración, á 
Monseñor O' Carroll, así como á todo vuestro 
digno y virtuoso clero, y mui especialmente á 



— - 58 — 
todos los R. R. P. P. Dominicanos, celosos coope- 
radores vuestros, quienes incesantemente han 
hecho todo su posible para aliviar, para dulcificar 
nuestras penas, y cuyo recuerdo no se borrará 
jamás de nuestro corazón. 

Donde quiera que me encuentre hallareis 
todos en mí un servidor y amigo afectuosos. 

t Silvestre. 
Antiguo Arzobispo de Caracas. 

A su Señoría, Monseñor el Arzobispo de Puerto 
España, 



Trinidad, Julio 31 de 1877. 
Monseñor : 

Me apresuro á daros cordialmente mis más 
espresivas gracias por los sentimientos generosos 
que habéis tenido á bien expresar en carta de 30 
de Julio, referente á vuestro próximo regreso á 
Venezuela, en obsequio mió, de Monseñor O' 
Carrol, así como en el de mi clero y especial- 
mente en el de los Reverendos Padres Domini- 
canos. Acojiéndoos en Trinidad á vos y á vues 
tros dignos sacerdotes, lo mejor que nos ha sido 
dado, no hemos hecho sino cumplir un mui 
sencillo deber de hospitalidad fraternal. 

Acabáis de ofrendar á Dios un mui grande 
sacrificio, y en él, tengo la íntima convicción, 
habéis reservado para vos la mejor parte, y El 



— 59 — 
OS recompensa ya con los votos multiplicados 
que por vuestro regreso os dirigen de Caracas 
y más aún, no lo dudo, con esas alegrías íntimas 
de la conciencia que acompañan siempre toda 
inmolación seria de sí mismo, que se haga por el 
amor de Dios. 

Espero que tendréis el consuelo de verá la 
iglesia de Venezuela, rehacerse poco á poco de 
las persecuciones que acaba de sufrir. En cuan- 
to á nosotros, conservaremos con agradecimiento 
el recuerdo de la edificación, de que habéis sido 
ejemplo durante vuestra mansión entre nosotros, 
j el de los servicios desinteresados que vuestros 
excelentes sacerdotes han prestado en las dife- 
rentes parroquias de la Diócesis donde fueron 
llamados para ejercer su zelo. 

Me recomiendo así como la Diócesis de Puer- 
to España, á vuestras buenas oraciones y os re- 
Quevo Monseñor las protestas de respeto y afecto 
en Nuestro Señor. 

t F. JOACHIN LOUIS. 

Arzobispo de Puerto España. 

.A su Señoría Monseñor Silvestre Guevara, Anti- 
guo Arzobispo de Caracas. 



_ 60 ~ 

EDITORIAL DE "UN PE MÓDICO" 

DE VALENCíA. 

EEPAEACIOÍT. 

Ayer en la tarde debe haber hecho su entrar 
da en Caracas el Ilustrísimo señor Doctor Sil- 
vestre Guevara y Lira, Dignísimo Antiguo 
Arzobispo de Venezuela. 

Por el telegrama que publicamos ayer, habrán 
quedado impuestos nuestros lectores de que en 
la capital de la Kepública reinaba un gran entu- 
siasmo, con motivo del regreso de este ilustre 
prelado de la Iglesia. 

Y no podia suceder de otra manera : la hora 
de la reparación ha sonado : y el pueblo de 
Caracas, que presenció la horrible escena pro- 
movida y realizada por un ministro constituido 
en instrumento de la impiedad, debia apresurar- 
se ahora, como lo ha verificado, á protestar 
solemnemente contra una violencia cometida 
en nombre de la República, no siendo otra cosa 
que la manifestación ruidosa de un sentimiento 
de rastrera venganza. 

Está, pues, otra vez en el seno de la patria el 
Apóstol de la firmeza y de la abnegación, que 
sufrió por siete años consecutivos, con inimi-- 



— 61 — - 
table mansedumbre, la triste suerte del pros- 
crito. 

Cuando por una inconsecuencia inesplicable, 
el pueblo de Venezuela puso sus destinos en las 
manos de un hombre animado de los sentimien- 
tos más antipatrióticos, necesitándose una vícti- 
ma para iniciar las arbitrariedades con que el 
nuevo gobierno habia de marcar los actos de su 
administración, fué elejido para el sacrificio el 
Ilustrísimo seño/Doctor Guevara. 

Por siete años seguidos sufre este ínclito 
varón 'los golpes que una mano impía descarga 
sobre él ; pero como su firmeza nace de la con- 
ciencia de un deber cumplido, ninguna penalidad 
alcanza á hacerle apartar del camino que le seña- 
lara la honra de la Iglesia de Jesús. 

El pueblo de Caracas, libre ya de la opresora 
mano, é inspirado en el noble sentimiento de la 
justicia, se adelanta hoi lleno de júbilo á reiterar 
las protestas de su amor á la inocente víctima, 
y á recibir la influencia saludable de su paternal 
bendición. 

La ovación que Monseñor Guevara debe haber 
recibido del pueblo de Caracas, debe llenarle de 
una santa satisfacción, porque ella es el testimonio 
más elocuente de la fidelidad de ese pueblo que 
él por tanto tiempo nutrió con los ejemplos de la 
más severa virtud. 
El Gobierno del General Alcántara ha empe- 



— 62 -- 
fiado una vez más la gratitud del pueblo de- 
Venezuela, por ese acto de espléndida reparación 
que hoi tiene lugar en la capital de la Eepá- 

blica. 

Los partidarios del personalismo autócratico 
inventaron no ha |muclio, un medio de estorbar 
el regreso de Monseñor Guevara : pronunciaroB 
la palabra cisma! como para hacer retroceder 
al pueblo en el camino de la justa reparación 
que preparaba. 

¡Mostrarse celosos de la unidad de la Iglesia,., 
los mismos que ayer pedian el desconocimiento 
de la autoridad del Papa! Mostrarse celosos 
de la unidad de la Iglesia, los mismos que ayer 
fraguaban en diabólicos conciliábulos el plan de 
hacer á Venezuela protestante ! 

Seria irrogar una grande ofensa á nuestro 
actual Arzobispo y á Monseñor Gruevara, el su- 
poner que el regreso de este último pueda dar 
margen á disensiones religiosas; porque bieu 
conocido es el espíritu que anima á estos apósto- 
les del Evangelio. 

El amor que el pueblo de Venezuela ha pro- 
fesado á Monseñor Guevara, aumentado hoi, más 
y más por el recuerdo de su noble y heroico 
sacrificio, en nada se opone al que también pro- 
fesa al Ilustrísimo señor Doctor Ponte. Por el 
contrario, todosf creemos, como lo ha dicho el 
xnismo señor Doctor Ponte, que la vuelta de!< 



■ - 63 — 
Ilustre proscrito será una prenda más de segu- 
ridad para la paz de nuestra Iglesia. 

El parte telegráfico que publicamos ayer 
mantiene á Valencia en la mayor alegría, y 
unida en sentimientos al pueblo caraqueño, hace 
votos por la felicidad del Óptimo Prelado, como 
le llamó Pió IX, y le presenta una vez más las 
protestas de su amor y de su sincera adhe- 
sión. 

Al llegar aquí, hemos recibido el telegrama 
que á continuación insertamos : 

Telégrafo Eléctrico de Venezuela.— De Caracas 
á Valencia el 9 de agosto de 1877.— 10 hs. 
a. m. 

Señoi' Redactor de Un Periódico, 

Ayer entró Monseñor Guevara. 

La recepción que le hizo Caracas fiíé esplén- 
dida. El entusiasmo del pueblo fué locura. 

Víctor Ai Zekpa. 



^ <• 1^1 t» ^^ 



EDITORIAL DE LA " PRENSA UBRE." 
ARZOBISPO GUEVARA. 

Caracas, la gentil capital, la piadosa cuna de 
los Avilas, Espinosas, Escalonas y Quinteros^ 



— 64 — 
varones ilustres en ciencia y santidad ; Caracas 
la hermosa joya del catolicismo, vestida de luto 
y con lágrimas en sus ojos, por sus templos de- 
rruidos, por sus altares profanados, por sus vírge- 
nes insultadas, por sus prendas y vasos sagrados 
desposeídos y robados, por los ministros del 
santuario perseguidos ; en esta actitud triste y 
melancólica, recibe como un bálsamo celestial 
el retorno á la patria de su antiguo Pastor, del 
justo mártir por su inmensa caridad, del Óptimo 
^Prelado, según la feliz calificación del gran 

Pió IX. 

Sí; Caracas, anegada en lágrimas de placer 
abraza y se postra á los pies del humildísimo 
Arzobispo, para recibir sus bendiciones ; bendi- 
ciones que tienen algo déla virtud ysantidad 
de los Flavianos, Ambrosios y Crisóstomos. Un 
torrente inmenso de ideas se agrupan en todas 
las cabezas, al recuerdo de los infinitos males 
que ha sufrido la Iglesia de Jesucristo. No hai 
quien no tenga presente las injurias al Santo 
Padre, la amenaza del cisma, separando á Vene- 
zuela de la unidad católica, el proyecto vigente 
de libertad de cultos, negándolo á los católicos 
las gerarquías canónicas como medios indirectos 
¿e coacción contra el Ilustrísimo señor Guevara 
^ para obligarlo á renunciar su mitra- y cuantos 
* desafueros pudo inventar la malevolencia y odio- 
:sidad de un enemigo de Dios y de su Iglesia.— 



— 65 — 
Pero nó; el mal no se perpetúa : la justicia divi- 
na otorga á Venezuela su paz en las conciencias, 
la seguridad en su fé y el consuelo de tener una 
reparación hermosa y digna. Un Magistrado 
honrado y justo, sucediendo en el mando como 
Nervá á Oalígula, es el instrumento de que se ha 
valido el cielo para nuestro bien: y por sus pro- 
videncias tan cristianas como políticas tenemos 
el gozo inefable de estrechar en nuestros pechos 
al Padre amoroso, al antiguo Jefe de la Iglesia 
de Venezuela, al virtuosísimo señor Doctor Sil- 
vestre Guevara y Lira. 

Caracas está de plácemes y enhorabuenas, 
por este suceso ; y nosotros aunque distantes 
accidentalmente, estamos unidos en espíritu y 
afectos á nuestros conciudadanos de aquella 
capital para presentar á nuestro respetable amigo 
y compañero de infortunio el testimonio mas 
espresivo de nuestra constante deferencia, de 
nuestras simpatías naturales hacia su persona, 
y nuestras congratulaciones sinceras por su feliz 
retorno á la patria. 

¡ Quiera el cielo prolongar sus dias, llenos de 
paz y felicidad ! 



* * % 



.— 66 — 



DEL TKECE DE AGOSTO. 

LA PAZ ©E BIOS, 

Al pié de estas líneas tenemos el honor de 
publicar la carta que á su llegada á Caracas 
escribió Monseñor Guevara á Monseñor Ponte, 
y la contestación que el Ilustrísimo señor Arzo- 
bispo dio á <iicha misiva. 

Inútiles nos parecen los comentarios á que se 
prestan estos dos hermosos documentos, que 
vienen á sellar todas las esperanzas de cuantos 
aman la paz y quieren la armonía y la unidad de 
nuestra Iglesia. 

Ya los enemigos de esa paz y de esa Iglesia 
no tienen pretesto para levantar sus pérfidas 
insidias ; ya los que recibieron al Ilustre Pros- 
crito con una puñalada alevosa á su reputación 
y á su virtud tendrán que avergonzarse, si es 
que pueden, de su innoble y cobarde proceder. 
Ya no hai pasto para el diente de la calumnia, 
ya no es posible seguir viviendo á costa de la 
sangre de este noble pueblo, dividido siempre 
para esplotarlo. 



■— 67 — 

\ Cuan grandes se muestran esos dos Ministros 
del Señor ! ¡ cuan cristianamente inspirados en 
el sentimiento de la fraternidad y de la concor- 
dia! 

Hé aquí las cartas : 



Caracas, agosto 9 de 1877. 

ILUSTRISIMO Y RETEMNDISIMO SR. DR. 

JOSÉ ANTONIO PONTE. 

DIGNÍSIMO ARZOBISPO DE CARACAS Y VENEZUELA. 

Estimado hermano y amigo. 

Al fin me encuentro'ya en la Patria por uno 
de esos decretos siempre adorables de la Divina 
Providencia. Ayer á las cinco y media de la 
tarde era saludado con religioso entusiasmo por 
los hijos de Caracas, diocesanos de VS. Ilustrí- 
sima, con los testimonios más explícitos de un 
amor que siempre ambicioné como vínculo de 
caridad, y que quizás no he sabido merecer su- 
ficientemente. Aquí me tiene, pues, VS. Illma. 
á sus órdenes. 

Satisfecho de tales demostraciones de afecto, 
algo me faltaba, sin embargo ; yo sentia un gran 
Yació en mi corazón : era que no estaba en Cara- 
cas mi antiguo amigo Monseñor Ponte. Para 



— 68 — 
VS. Illtna. habría sido mi primer abrazo : yo 
habría ido inmediatamente á visitarle en su Pa- 
lacio en testimonio de que acato y venero, como 
debo, la autoridad de que VS. lUma. se halla 
canónicamente investido. Pero ya que Nuestro 
Señor lo ha dispuesto de otro modo, yo quiero 
dar alguna espansion á mi alma, y es por esto 
que le dirijo la presente carta. , 

Yo le saludo, Ilustrísimo Señor, mui cordial- 
mente, con toda la sinceridad del verdadero ami- 
go: yo vengo á poner á su disposición mi pe- 
queño valimiento, á ofrecerle mi cooperación 
por los intereses de las almas, que son los inte- 
reses déla Religión : vengo á poner mi pequeño 
contingente en las aras de la reconciliación y 
concordia de todos mis compatriotas, propen- 
diendo de consuno con VS. Illma. en cuanto de 
mí dependa, al bien de la Iglesia y á la paz de 
la República, sin aspiraciones personales de nin- 
gún linaje. De esto puede VS. Illma, estar se- 
guro. Me bastaría para ello el simple título de 
Obispo católico. Aún no tengo ya, ni puedo, 
ni pretendo tener jamás ninguna parte dé la 
jurisdicción que he renunciado, y que VS. Illma. 
ejerce en toda su plenitud ; no por esto me creo 
exento de cumplir estos deberes siempre anexos 
á la Dignidad episcopal. 

, Cumplo así el grato deber dé ponerme enií 
comunicación con VS. I. manifestándole cuales<| 



-— 69 — 
son mis propósitos y sentimientos. Cuando 
VS. I. regrese á la capital, yo me apresuraré á 
visitarle personalmente. Mientras tanto me 
pongo á la disposición de VS. I., deseándole 
buena salud y opimos frutos de bendición en sus 
tareas pontificales. Yo me complazco, Monse- 
ñor, en suscribirme, de YS. Illma. afectísimo 
amigo, obediente servidor y hermano en Jesu- 
cristo. 

t Silvestre, 
Antiguo Arzobispo de Caracas y Venezuela. 



SILYESTRE GUEVARA. 

ANTIGUO ARZOBISPO DE CARACAS. 

Carrizal, -agosto 12 de 1877. 

Muí venerado señor y querido amigo y her- 
mano en J. C. 

Con particular satisfacción he leido la respe- 
table é interesante carta de su Señoría fecha 9 del 
corriente, que recibí ayer de mano del señor 
Arcediano Dr. Lovera. En ella me comunica 
V. S. Ilustrísima su feliz llegada á esa ciudad, 
el entusiasmo con que ha sido recibido por sus 
antiguos hijos, su pena afectuosa por no haberme 



— 70 — 
encontrado en Caracas, sus sentimientos bené- 
volos y apostólicos respecto á la unión 'que desea 
conservar conmigo, y su voluntad de continuar 
prestando á la Iglesia sus servicios importan- 
tes. 

Ya comprenderá V. S, Ilustrísima que todos 
esos conceptos no pueden menos que conmover 
vivamente de gozo mi corazón. Yo me congra- 
tulo con su Señoría por el término feliz de su 
dichoso viage, por los testimonios de amor que 
le ha tributado esa ciudad, por la salud de que 
disfruta y que le permite consagrar nuevas y 
santas tareas á la mística viña del Señor. Ben- 
digo su misericordia por tantos dones, y le pido 
en mis humildes ruegos continúe prodigándolas 
á manos llenas sobre la persona de su Se- 
ñoría. 

Satisfactorio igualmente me habria sido recibir 
á su Señoría en el palacio arzobispal y sentir el 
abrazo fraternal que me traia, y que me ofrece 
para mi regreso ; pero comprometido para estar 
en Cura y la Victoria en las fiestas del Carmen, 
y practicar en ambos pueblos la visita para se- 
guirla en los Altos, no pude esperar á su Seño- 
ría sino hasta el 12 del pasado, para cuya fecha 
tampoco era segura su venida en el paquete de 
agosto. La tardanza, sinembargo, aunque larga 
para el afecto rio ib será realmente para ef tiem- 
po. A fines de este mes, si Dios no se opone, 



— 71 — * 
volveré á Caracas y tendré el placer de salu- 
darle y de estrecharle en la efusión de mi cristia- 
no afecto. 

Su Señoría encuentra en su patria la novedad 
de que la mitra se halle colocada en la persona 
mas indigna de los que componían su antiguo 
clero ; pero que poseído siempre de los senti- 
mientos de amor y de respeto que profesó á su 
Señoría como su Prelado, los conserva aún 
como que los formó y mantiene vivos la ca- 
ridad. 

En la Diócesis de ese antiguo hijo puede por 
tanto su Señoría ejercer todas las funciones epis- 
copales y la jurisdicción que desee, lo cual lejos 
de mortificarme en nada, me será especialmente 
grato. En la Diócesis haí trabajo hasta para 
tres Obispos, y los pueblos ganarían mucho con 
el pasto espiritual apostólico aumentado consi- 
derablemente. Su Señaría sabe muí bien que 
en Venezuela tanto ó mas que en Judea hai 
lugar de esclamar penosamente con el Divino 
Eedentor ; Messis quidevíi multa oyerari autem 
pauci. 

Doi las gracias á Su Señoría por las demás 
protestas que me hace de adhesión á mi autori- 
dad y de voluntad de ayudarme en el difícil de- 
sempeño de mi Arzobispado. Su Señoría como 
el clero de la Arquidiócesis prescinde entera- 
mente de la indignidad de la persona para fijarse 



— 72 — 
en la unción santa que cayó sobre mi insuficien- 
te cabeza. Esta es la lei de la Iglesia ; pero 
reconozco la humildad de los que la cumplen 
levantando su consideración, á objetos mas ele- 
vados que mi pobre individualidad. 

Acepto Monseñor, con todo reconocimiento 
su valioso contingente para los altos fines que 
me indica. La paz de la República, la obedien- 
cia á las autoridades, el bien de las almas, el 
progreso de la Iglesia, la unión de nuestros con- 
ciudadanos. Quiera el Señor bendecir nuestras 
intenciones y facilitarnos los medios de cumplir 
su Santa voluntad. 

Mientras tanto, deseo que los aires de la pa- 
tria le sean tan saludables como gratos al cora- 
zón; que nada perturbe el contento de su re- 
greso al país, y que siga adornando su anciana 
cabeza con el ejercicio de sus virtudes apostó- 
licas- 

Me suscribo de su Señoría íUma. con toda 
consideración y respeto, afectísimo amigo, ser- 
vidor y hermano. 

Q.B.S. M. 

José A, — Arzobispo de Caracas, 



— 73 — 



SILVESTRE GUEVARA ¥ LIRA- 

ANTIGUO ARZOBISPO DE CARACAS Y VENEZUELA. 

Los que suscribimos, vecinos de Los Teques, 
cabecera del Distrito Guaicaipuro, no podemos 
callar ante el impulso de nuestros corazones de 
hijos agradecidos, en el momento en que regoci- 
jada toda la República por vuestro feliz arribo 
al seno de vuestra antigua grei, después de lar- 
go y penoso martirio que por el acendrado amor 
que profesabais á vuestros hijos, sufristeis con 
la humildad y resignación de un mártir siguien- 
do el ejemplo que en el Gólgota nos dio el Dios 
hombre al inmolarse por nosotros. 

Recibid, pues, Illmo. señor, las felicitaciones 
que por vuestro- regreso al seno de la Patria, os 
dirije esta partQ de vuestros hijos ; y creed que 
en nuestros corazones habéis ocupado y ocupa- 
reis siempre un lugar distinguido. 

Esperando con la mayor humildad vuestra^ 
evangélica bendición nos suscribimos de vuestra 
Señoría Ilustrísima vuestros amantes y respe^ 
tuosos hijos. 



^ — 74 — 
Los Teques, Agosto 12 de 1877, 
José R. Pinto, I. A. Guerrero, Juan D. Pinto, 
Rafael L. Acosta Toisen, Marcos Matute, Oami- 
lo Gómez, Pedro Pérez, Nicanor Pérez Crespo, 
Pedro Diaz, Fernando Pérez Crespo, Pedro 
Quintana, J. del Carmen Tortosa Hidalgo, J. 
de B. León, Zoilo Rodríguez, P. Tobias Cam- 
posano, Jesús María Graterol, Pedro Trujillo, 
Eliseo Reveron, José María Alvarez, Blas Flo- 
res, Antonio José Guerrero, Evaristo Reveron, 
* José Justo Crespo, J. Zoilo Reveron, Francisco 
R.Pinto, Julián Yánez, Alejandro Figler, To- 
mas Galindez, José de los A. Cedeño, Pedro 
Hernández^ José Tomas Ledesma, J. Manuel 
Alvarez, Francisco A. Diaz, Rosalio Fernández. 



MONSEÑOR GUEVARA. 

Ilustrísimo Señor. 

Al pisar las playas de Venezuela, habéis' eoü- 
movido de gozo todos los corazones. 

El Dios de la justicia no podia permitir que 
fuese estéril el martirio que aceptasteis con 
tanta valentía, en defensa de la Iglesia y de<la 
Patria misma. 



— 75 — 

Vuestra rehabilitación ha sido espléndida : á 
la altura de los horrores del Calvario, donde se 
puso en evidencia vuestra fé, sin las vacilaciones 
del temor. A medida que crecia la tempestad, 
permanecíais mas dueño de vos mismo y mas 
se animaba esa Divina llama que os fortaleció 
para todas las pruebas. En ese corazón Pa- 
ternal, se refugió la Iglesia de Jesús, y allí per- 
manecía mas adorada de vos, mientras mayores 
eran los golpes que se renovaban para destruir- 
la. En medio de tantos reveses, vos aguarda- 
bais impasible el dia de la victoria. 

Habéis llenado la historia de vuestro Ponti- 
ficado con el semillero de todas las virtudes 
cristianas, sobresaliendo entre ellas, como es- 
pléndidas diademas, la de la abnegación, la de 
la mansedumbre y la de la caridad, Vuestro 
nombre se ha popularizado por el amor, y hai 
dulzura en el acento de cualquier idioma en que 
se pronuncia. Habéis leido en la fisonomía de 
la Patria, que ella os ama y venera con la ter- 
nura de un corazón agradecido ; y que tendrá 
siempre nuevos afectos que explotar de sus 
ricas minas, para ensanchar el vuestro. Por- 
que el corazón avaro del amor sublime, se di- 
lata sin diques, ni horizontes que lo gobier- 
tíéíiV' 

Al fin ya estáis entre nosotros: hecho el pri- 
sionero del amor : tenéis que soportar abruma- 



— 76 — 
do, todos los afectos, todas las bendiciones, todas 
las nobles aspiraciones del espíritu. Vuestro 
regreso al seno de la Patria es el símbolo mas 
significativo de la Paz, de que habéis sido siem- 
pre su primer obrero. Se sentia un vacío que 
nada podia llenar sino el Ilustre Proscrito, Por 
eso, el Gran Demócrata, Dignísimo Presidente 
de la República, interpretando el sentimiento 
nacional, y dando á la vez generoso vuelo á los 
nobles impulsos de su alma, os abrió sin reser- 
vas, el hogar de la Patria, hoi libre y feliz. Alia* 
do formidable del Poder y de la Iglesia, seréis 
involuntariamente la columna mas firme del 
orden y de la paz pública, y la Iglesia á la vista 
de vuestro santo ejemplo, reposará defendida 
en el santuario de la oración y de la concien- 
cia. 

Recibid, Venerable anciano, la mas cordial 
felicitación que os dirijo por vuestro regreso al 
pais : por la digna acogida que habéis* recibido 
de este pueblo cristiano, que ha querido haceros 
olvidar el espinoso camino del destierro, junto 
con las amargas lágrimas que derramasteis en 
la tenebrosa noche del infortunio. ¡ Quiera el 
cielo estender su Misericordia sobre este pueblo, 
digno de compasión por sus desgracias ! y que 
ella descienda abundante, por el esfuerzo de 
vuestras súplicas las mas puras, las mas ferva-, 
rosas, á fin de que el don precioso de la Paz 



— 77 — 
que hoi disfrutamos, emanado del orden y de 
la libertad, se consolide perdurable, agasajada 
' y sostenida por esa Santa Religión que os ele- 
vó al Martirio y que hoi veis restablecida en 
las conciencias y adorada del Hombre Provi- 
dencial que encamina los destinos de nuestra 
Patria. 

Jesús María de los Ríos. 
Caracas, agosto 15 de 1877. 



^ H ♦ M » 



AL ILUSTRISIMO ¥ IÍE\^ERENDISIMO SR. 

SILVESTRE aUEVARJL Y LIRA. 

APITIGUO ARZOBISPO DE CARACAS. 

Monseñor ! 

El Club de Amigos dé Carúpano, compuesto 
de jóvenes amantes del progreso y admiradores 
sinceros de las glorias de Venezuela, tiene el 
honor de saludaros, en el momento en que des- 
pués de siete años de ostracismo regresáis á la 
Patria, trayendo sobre vuestras sienes, mas res- 
plandeciente que nunca, la corona de vuestros 
altos merecimientos. 

Dejais en el extrangero, desde donde habéis 
lamentado durante ese tiempo nuestras pasadas 
desgracias, una auréola brillante que irradia so- 



-- 78 — 
bre el Clero virtuoso de la República y la cono- 
cida piedad del pueblo venezolano. 

Recibid las felicitaciones del Club de Amigos, 
que se honra en ser hoi mas que otras veces, 
intérprete de los caru paneros. 

Carúpano, agosto de 1877. 

Pedro Luis Medina, J. B. Lyon, José Manuel 
Suniaga, Antonio J. Font, Juan Antonio Orsini, 
Crispin Marcano, Bernardo Olivier^ Aurelio 
Lyon, Feliciano Requena, Antonio José Lyon, 
José Lyon^ hijo, V. A. Montes de Oca, José María 
Marcano, Ramón Méndez, José Pablo Pérez^ 
Ezequiel Rodríguez, Francisco A. Carrera, Mjo, 
Domingo Font, Antonio Dincentelli Orsini, Luis 
Molinar, Juan Paran S. 



IDISOTJT^SO 

PRONUNCIADO 

POR DAVID VILLAS MIL 

M U lElICITACM QUE HIZO LA JUVENTUD 

A MONSEÑOR GUEVAEA 
El 15 de Agosto. ^ 

Bustrísimo Señor. 

Ved aquí á la juventud venezolana, que se 
reúne hoi con la espontaneidad de su dignio 



~ 79 — - 
carácter, y se acerca triunfadora á este hogar tan 
dulce de vuestros recuerdos, para presentaros el 
homenaje de sus respetos; y ofrendar en vuestra 
honor en los altares de la gratitud la víctima de 
su ternura. 

" La juventud es el porvenir" y esta ovación 
espléndida que se os tributa y en que figuran á la 
par las inefables fruiciones del corazón y los 
arranques espontáneos del entusiasmo, os dice 
mui bien ; que vos seréis siempre nuestro único 
padre, nuestro caro pastor — y no os alarmeis-?r- 
por el corazón. 

Lejos está de mí, venir á recordar hoi los 
terríficos episodios de ese escandaloso atentado 
por el cual se os arrojó con crueldad feroz del 
seno de vuestros hijos. 

Yo no vengo á execrar á los verdugos, ni á 
compadecer á la víctima. • 

¿ Y á que renovar esos tristes recuerdos que 
ya pertenecen al dominio impasible de la histo- 
ria, de ese gran libro en donde la juventud que 
ve con la mirada inocente de los primeros años, 
sin sombras, sin manchas, los hechos que se con- 
suman, tiene un derecho mas estricto, á escribir 
en él una letra, una palabra, una página de sus 
reminiscencias 1 

- 1 A qué volveros á la memoria esos hechos, 
si habéis salido del deshecho temporal coa mas 
gloria de la que efitrásteis: si lo habéis soporta» 



— 80 — 
4o con la sonrisa del justo en los labios, y la 
'dignidad del varón de Dios en el corazón 1 . . . . 

Bien sé, que sois un hombre justo, y las almas 
templadas en la santidad y la justicia no tienen 
para los estravíos del prójimo sino una palabra 
"de perdón, una palabra de raridad. 

Semejantes al Divino Maestro, los varones 
justos solo bendicen a sus verdugos y claman al 
^Padre Celestial los perdone por que no saben lo 
que hacen. 

Permitidme, sí, evocar á la memoria los pri- 
meros albores de mi vida juvenil que se relacio- 
nan tan directamente con vuestro pontificado, 
esos brazos siempre abiertos para recibirme, ese 
corazón siempre dispuesto á bendecirme, esos 
consejos paternales, e^as insinuaciones tan llenas 
de caridad y prudencia que me han servido de 
poderoso talismán contra las miserias de la vida 
y las que á despecho del tiempo y la distancia 
ian hecho exhalar de mi alma atribulada y con- 
fiar á los favonios tutelares muchas palabras 
de bendición, muchos suspiros de ternura. 

La juventud de Caracas os íelicita por vuestro 
felix regreso á esta capital que os recibe no ya 
simplemente como un obispo católico sino como 
un Apóstol de la Iglesia y un Mártir de la cris- 
tiandad. 
° Nos habéis hecho recordar aquellos festivales 
espléndidos con que la ciu<iaá <ie Alejandro reci- 



— 81 — 
bia de vuelta del ostracismo á su santo patriarca, 
y que solo son comparables á aquellos triunfos 
solemnes de la antigua Roma. 

Para terminar pido á nombre de mis compa- 
ñeros que nos permitáis besar llenos de admira- 
ción vuestra mano justa y consagrada por el 
martirio, y nos concedáis vuestra paternal 
bendición que será como lus que llenará de 
vividos fulgores los horizontes de nuestro por- 
venir. 

¡Jóvenes compañeros : yo os imploro á que 
nos postremos de hinojos para recibir la bendi. 
cion del Santo patriarca !. . . . 



DISCURSO 

PRONUNCIADO 

M EL MISMO ACTO. 

Ilustrísimo Señor ^ 

Ante el verbo poderoso del compañero que 
acaba de precederme en la palabra ¿ qué podría 
deciros \ Mas cuando el corazón palpita lleno 
5 



— 82 — 
de amor y el pecho se ensancha á irapulsosdel 
entusiasmo, es imposible callar. 

Hubo un campo, señor, pequeño pero bellí- 
simo, sombreado por corpulenta encina, donde 
pastaban multitud de ovejillas ; todo era con- 
tento. Pero llegó un dia, en que unas fieras 
dispersaron el manso rebaño, el rayo destruye 
la encina y todo se tornó en luto y en ceniza. 
Ese campo, era la " Escuela del Niño Jesús ;" 
el árbol, erais vos ; las ovejas, los jóvenes que 
iban á buscar allí la ciencia y la virtud que el 
mundo con mezquindad nos niega, y yo, señor, 
soi uno de los proscritos de ése Edén, que viene 
hoi, lanzado por la mano del destino, á rendir 
á los pies de su amoroso padre el homenaje de 
su gratitud. 

Sopló sobre nuestra patria el desencadenado 
huracán de las discordias civiles, y, Venesíuela 
se conmovió en sus bases; resultando de esa 
terrible conmoción, que sentara sus reales en 
ella un poder absoluto, despótico, odioso, y que 
fueran lanzados de su seno los seres más queri- 
dos, y una de ellos fuisteis vos. Se nos casti- 
gaba, señor ! Pero la mano de Dios, que siem- 
pre se nos muestra, detuvo el rayo de su justicia, 
dejó lucir la luz de su clemencia, echó por 
tierra el monstruo de la tiranía, y sepultó en el 
polvo sus leyes, su poder y sus mentidas glorias. 
En medio de nuestros dolores, hablábamos de 



— 83 — 
tos; llorábamos con vuestro lloro; reíamos con 
vuestra risa, porque estábamos seguros, que 
siempre nos bendecíais, que siempre confia- 
bais alas verdi-negras olas del turbulento mar 
«n suspiro de amor para vuestros hijos. 

Esta felicitación que os presenta la juventud, 
no tiene nada que pueda tacharse, nada que la 
manche, señor, pues esa juventud es la misma 
que un dia, de triste recordación, victoreó vues- 
tro nombre, grito fué ese, señor, salido del fondo 
del alma, lazada misteriosa conque el cielo ataba 
el Pastor á sus ovejas ; sí, esa es la juventud de 
alma templada por el heroísmo ; la de conciencia 
recta, que jamas se ha doblegado ante el despo- 
tismo, sino que por el contrario, se baña siempre 
en los esplendores de la libertad ; la misma, en 
fin, que está orgullosa de haberse cubierto con 
el polvo que levantaban los cascos de los ven- 
turosos corceles que condujeron el carro de 
vuestro triunfo. Kecibid, pues, esta 'manifes- 
tación de su entusiasmo y de su gratitud. 

Formad, señor, en vuestro corazón un nido, 
donde esta juveutud vaya, como tiernas avecillas 
á reposar y á aprender de vos, cuánto vale ia en- 
tereza de alma ante el infortunio ; y cuánto pue- 
de la virtud en lucha con el vicio. 

Y vosotros, jóvenes, permitidme que descorra 
el velo del porvenir, y asegure á este mártir su-' 
blime, que su heroísmo y sus virtudes pasarán 



— 84 — 
incólumes de generación en generación, y que su 
nombre ofrecerá páginas infinitas á todas las 
epopeyas de nuestra historia patria. 
He concluido. 



AIITÍGULO PÍIBUGABfl 

ENTUSIASMO. 

Grande ha sido el que ha reinado en la capital 
con motivo de la llegada del mui digno pas- 
tor Monseñor Silvestre Guevara y Lira, Ar- 
zobispo que fué de Caracas, y boi Obispo de 
Amasia. 

Su Señoría Ilustrísima entró á esta capital en 
medio de los víctores y aclamaciones de alegría. 
No de una mentida alegría, sino un regocijo 
salido del corazón; de un regocijo franco- y 

puro. 

Todos los ánimos estaban vivos, despiertos, 
¿y cómo no regocijarse al ver de nuevo al manso 
cordero, que si fué expulsado del seno de Cara- 
cas, fué porque se excedió, porque cumplió de- 
masiado bien sus deberes 1 
. No podemos menos que creer en la proteo- 



~ 85 — 
cion de Dios hacia el «ctual Presidente de la 
Kepública. 

La venida del Ilustrísimo Prelado viene á 
acabar de hacer feliz al Gran Demócrata, al 
eminente ciudadano que ocupa la presidencia de 
la República. - ' 

Y si acaso hai algunos que amarguen su re- 
greso, con sus ignominiosas calumnias, no hai 
que dar oido á ellas, pues la honra y dignidad 
de un Prelado que, como Monseflt)r, es un ver- 
dadero representante de Jesucristo, no son 
ajadas por las conversaciones de hombres sin 
conciencia, ni juicio de razón. 

Así pues, deseamos al magnánimo Prelado 
dias de goces y felicidades en el seno de sus 
antiguos y verdaderos amigos ; pues este es el 
gran placer que podemos tener. 

Caracas, agosto 9. de 1877. 

Rafael Emigdio Villanueva. 



RAFAEL CARABAÑO 

FELICITA A 
MONSEÑOR G-UEVARA 7 LIRA, 

ANfIGÜO ARZOBISPO DE CARACAS \ VEfflüELA. 

POE SU REG-RESO A LA PATRIA ; _ 

Y tiene el honor h ofrecerle sus respetos y consideraciones, 
Ortiz, agosto 20 de 1877. 



— 8G — 



Una deseada y feliz recepción, dá origen á los 
siguientes conceptos. 

Si los antiguos creyentes de la primeía igle 
sia saludaban con indecible placer á los Santos 
Apóstoles, no menos saludaban con la mayor 
cordialidad y sumisión de fé los feligreses de la 
Federación Venezolana al mui dignísimo y re- 
verendísimo 'Señor Doctor Silvestre Gruevara y 
Lira, antiguo Arzobispo que fué de Caracas y 
Venezuela. 

Después de las tenebrosas nubes que oscure- 
cian el horizonte de nuestra querida patria, como 
por encanto sublime se han visto desplegar los 
negros nubarrones, y ese mismo cielo interrum- 
pido, tornarse en blanco trasparente, símbolo 
sin duda de bonanza y serenidad. 

Vuestro regreso después de la dura perma- 
nencia en tierra estraña donde os redujo la 
suerte ppr la más cruel imposición, ha sido, Señor, 
para el país de tan halagüeña esperanza, que 
todo corazón cristiano salta de contento, por 
ver cesantes las distintas peripecias por que 
estaba pasando la Eépública, debido al desam- 
paro que sufria la Iglesia Católica ; sí : esa 
Iglesia militante de todos los tiempos. Vos 



— 87 — 
Ilustrísimo Señor, como predestinado, habéis 
venido á satisfacer todas las necesidades, por 
una de esas celestiales disposiciones" de la Divi- 
na Providencia. Rociad Serenísimo Señor con 
tu santa bendición vuestra grei, que con ella 
queda borrado uno de tantos pecados que pesan 
contra la afligida' humanidad, cuya bendición 
recibiremos postrados de rodillas sobrecogidos 
con fervoroso júbilo ; y que vuestros pasos de 
peregrinación, allá en lejanas playas, hayan sido 
fructíferos y del mejor beneplácito ; imitando 
aquellos célebres varones del Evangelio, imitan- 
do la resignación y heroísmo de Flavio Cle- 
mente de Antioquía, imitando, la humildad y 
sacrificio de Zénovio, Arzobispo de la capital 
del mundo cristiano, imitando por último, en lo 
posible, lo que fué en Jerusalen el Justo Naza- 
reno. 

En fin, de vuestra indulgencia señor, espero 
disculpéis los errores que naturalmente tendrá 
esta mi espontánea manifestación; pero si ca- 
rece de estilo, solo veréis en ella, solo, la franca 
espansion de mi alma, y el deseo de hacer oír 
mi desautorizada voz y mi eterna gratitud, y 
mientras tanto repito nos echáis vuestra episcopal 
bendición. 

Caucagua, agosto 10 de 1877. 

Eusebia Lorente. 



EDITORIAL DE " LA TRIBUNA IIBIRAL " DEL 4 ñ SETIBIBRi 

Ayer en la tarde recibió Monseñor Guevara 
en su casa de habitación la visita de un grupo 
de niñitas. La señorita Teresa de Jesús, de 
edad de siete años, hija del señor Jesús Ma- 
ría de los Ríos, con acento decidido y cando- 
rosa gracia pronuncióla felicitación que á conti- 
nuación publicamos. Feliz el venerable Prela- 
do, cuyas virtudes y santidad penetran y levantan 
himnos de alabanza y veneración, hasta en el 
corazón délos seres que solo respiran inocencia 
y sentimientos' angelicales, 

llustrísimo Señor, 

Habéis tornado al seno de la Patria, después 
de largo y doloroso martirio. 

El paternal Gobierno que hoi nos rige des- 
truyó las barreras que os cerraban la entrada, 
y sobre la cumbre del árbol de la Paz, que 
estiende sus magestuosos brazos para albergar 
al Ilustre Proscrito, que la patria lloraba en la 
soledad de sus ruinas, flamea victoriosa la bande- 
ra de la fraternidad. Estáis al abrigo del amor 



— 89 -^' 
que habéis sabido conquistar por vuestros nobles 
hechos, y los mudos aplausos de la conciencia 
cristiana ¡ cautiva tantos años ! resuenan en 
esta brillante época magnificados por los acentos 
de la libertad. Habéis sabido conservar la 
verdadera grandeza, enseñando á los débiles" y á 
los desertores de la Fé, cómo se ha de defender 
el depósito de nuestra santa religión cuando se 
ha recibido del cielo. 

Bajo el dulce arrullo de mis padres, mi cora- 
zón suspiraba el misterioso camino de la vuelta, 
y mis labios murmuraban la celebridad de vues- 
tro nombre. Cristo, el mismo de la barca en las 
aguas del lago de Genezareth, apareció disipando 
la tempestad que oscurecía el cielo de mi Patria, 
y os señaló el puerto del reposo : el de los cora- 
zones que os aman y bendicen. 

Venid, pues, á descansar sobre tan simpático 
trono. 

He dicho. 



El siguiente discurso pronunciado por el Dr. 
José María Samper en la Guaira, se publica en 
este lugar por haber sido remitido de Barranqui- 
11a por su autor, después de estar impreso el res- 
to de este opúsculo. 



— 90 — 

DISCURSO 

EN HONOR DEL ILLMO- SEÑOR DOCTOR 

SILVESTRE GUEVAEA Y LIRA, 
ANTIGUO AEZOBISPO DE CARACAS Y VENEZUELA, 

POR EL DOCTOR JOSÉ MARÍA SAMPER, 

AL LLEGAR EL PRLMERO A LA GUAIRA 

y partir el segundo para Colombia. 

Ilustrísimo Señor. 

Os soi enteramente desconocido hasta el mt)- 
mento actual, y mi voz no tiene ni puede tener 
importancia para vos, prelado ilustre y venerable, 
sino porque es la de un ciudadano colombiano 
que os admira, de un venezolano de corazón c[ue 
os estima y de un hermano que ha aprendido en 
Venezuela vuestro nombre con veneración y á 
amaros con dulzura. (Aplausos.) 

Vengo á saludaros con vivo entusiasmo, aquí, 
en el atrio de la casa de Dios, porque soi uno de 
aquellos republicanos amigos del progreso y 
defensores de las doctrinas verdaderamente libe- 
rales, que no se avergüenzan de inclinarse con 
respeto delante de los apóstoles del Evangelio, 
y confiesan con gozo su fé en la justicia y mise- 



— 91 — 
ricordia de Dios, y su culto por la iglesia de 
Cristo y todas las consoladoras verdades de su 
divina religión. (Ruidosos aplausos.) 

Vos, señor, sois grande por la virtud, la ciencia 
y la bondad, y yo pequeño por todo, menos por 
el corazón, lleno de íé, de amor y de esperanzas. 
Pero i á quienes han de honrar los pequeños» si 
no es á los grandes, cuando estos lo son moral- 
mente y aquellos tienen sinceridad y honradez 
de alma*? Y ademas ¿ cómo no he de saludaros 
yo con alborozo, si hemos sido hermanos de 
proscripción : vos, hasta hace poco proscrito de 
vuestra iglesia y vuestra patria por sostener con 
incontrastable firmeza los fueros del Evangelio y 
la idea de la concordia fraternal ; y yo, proscrito 
de mí suelo natal por haber defendido con mi 
pluma y mi espada la soberanía popular y la 

libertad de la conciencia religiosa'? Recibid, 

pues, Ilustrísimo señor, el homenaje que os pre- 
sento, y el saludo que, en el momento en que voi 
á alejarme de vuestra cara patria, donde he 
recibido la más fraternal hospitalidad, dirijo al 
abnegado pastor, al apóstol de paz y de perdón á 
quien hoi recibe en sus brazos la noble Venezue- 
la; merced al espíritu republicano y el senti- 
miento justiciero de aquel Gean Demócrata 
que ha abierto á todos los proscritos las puertas 
de la patria. (Grandes aplausos. J 

Algunos, señor, han querido hacer creer^. 



-- 92 — 
«iquiera ellos mismos no puedan ni deban creer- 
lo, que al venir vos á Venezuela habrá un cisma 
en la iglesia venezolana. Nó ; sé mui bien que 
esto es imposible, porque vos amáis la paz y la 
concordia, respetáis la lei y sois un verdadero 
apóstol del Evangelio. Monseñor Ponte es hoi 
el legítimo arzobispo de Caracas, por vuestra 
propia renuncia de la mitra, por voluntad del 
Pontífice y por ministerio de la lei venezolana ; 
y así como é\ sabrá amaros y estimaros con 
veneración, vos sabréis respetar y considerar la 
autoridad eclesiástica, de que él está investido, 
{Aplausos.) Vosotros viviréis en la santa armo- 
nía de la paz en Cristo, porque en tanto que 
Monseñor Ponte será el jefe oficial de la iglesia 
venezolana, el arzobispo de la lei, símbolo al pro- 
pio tiempo de la soberanía nacional y de la 
unidad de la iglesia, vos seréis (y este papel es 
sobrado grande y noble para que nos os deje 
satisfecho) seréis, digo, el arzobispo de la concor- 
dia y la conciliación, el consejero de la paz y la 
misericordia, el consolador de todos, el mediador 
íntimo y afectuoso entre las autoridades y los 
partidos antagonistas; y vuestra autoridad, pu- 
ramente moral, sin dejar de ser sacerdotal, solo 
\&e hará sentir, por medio de la dulzura, en favor 
de toda obra que concilio el orden con la libertad 
y la conservación con el progreso ! {Aplausos 
prolongados.) 



— 93 — 
Vos, señor, llegáis á tiempo al suelo patrio. 
El patriota General Alcántara ha inaugurado 
una política de reparación, de restauración de 
las libertades públicas é industriales y de verda- 
dera regeneración. Y el pueblo venezolano está 
correspondiendo á tan hábil política, maneján- 
dose con un admirable buen sentido y una cor- 
dura que le honra mucho. Pero conviene que 
una voz tan autorizada como la vuestra, voz de 
hombre sabio y de apóstol lleno de mansedum- 
bre y de dulzura,-— modelo de grandes sacerdo- 
tes, puesto que los más humildes son los que más 
se acercan á Jesucristo,— venga á prestar apoyo 
á los buenos gobernantes y los ciudadanos, á fin 
de mantener el fuego sagrado del patriotismo 
cristiano ; es decir, pacífico, noblemente republi- 
cano y generoso. (Mui bien !) De este modo, 
sefíor, se asegurarán al propio tiempo en Ve- 
nezuela todas las reparaciones reclamadas por la 
justicia ; todos los progresos exijidos por una sana 
civilización ; todas las libertades que son necesi- 
dades de la república democrática, y todos los 
actos de conciliación inherentes á la política 
de la paz y la legalidad! {Gi'andes aplau- 
sos^ 

Venezuela os conoce bien, os ama y venera j 

■, os recibe gozosa, Ella sabe que la república 

democrática es inseparable de la práctica del 

Evangelio, puesto que los más grandes y fecu»- 



— 94 — 
dos progresos de la civilización son debidos al 
cristianismo, fundado en la justicia. Ella sabe 
que vos, en lo íntimo de vuestro generoso cora- 
zón de mártir cristiano, desde las playas que 
-os ban dado asilo hospitalario durante vuestro 
destierro, habéis perdonado á los que os han 
perseguido ! {Aplausos.) Por lo mismo, sabe 
también que de vuestros labios solo saldrán las 
palabras cciwc¿?r¿/m y jyerí?<9W, jamas las áQ perse- 
cusion y venganza. {Aplausos.) Verdadero 
ministro del Dios de misericordia y caridad, 
vuestros acentos llevarán el consuelo á todos los 
corazones y la calma á todos los espíritus. De 
este modo, señor, así como habéis pasado toda 
vuestra vida ejerciendo la caridad y propagando 
la luz del Evangelio, haréis un inmenso bien á 
Venezuela ; y el dia que Dios sea servido llama- 
ros á su seno, vuestra noble alma se alzará tran- 
quilamente hacia el divino amor, y vuestro se- 
pulcro será, junto eon el de Bolívar, una de las 
más puras y santas glorias del pueblo venezo- 
lano! {Prolongados aplausos, Monseñor Gue- 
vara, mui conmovido^ ahraza estrechamente al 
orador, con tiernas muestras de cariño, y este es 
calurosamente felicitado por muchas señoras y mu- 
chos ciudadanos.) 



— . 95 — 

EDITORIAL DE "EL PUEBLO" 

DE BARINAS. 

El dia 7 de los corrientes arribó al Puerto de 
La Guaira Monseñor Guevara, y el 8 á las 5 
de la tardé pisó la capital de la República con- 
ducido por una inmensa multitud : todo lo más 
escojido de la sociedad caraqueña, los altos 
funcionarios, los empleados públicos, los gremios 
sociales, el bello sexo, las pespetables matronas, 
en una palabra, toda la población de la capital, 
alborozada, loca.de entusiasmo, concurrió á esta 
magnífica recepción, única en los anales de la 
Gran Ciudad, 

Ovación más popular no se había presenciado, 
tíi más espléndida, ni más espontánea, en que 
se manifestar0^ con más sinceridad el verdadero 
amor á que es acreedor el dignísimo personaje 
á quien se tributara. Es así como un pueblo 
cristiano y agradecido acoje al virtuoso Pastor, 
después que largos años de destierro á que fué 
condenado por el más insolente despotismo, le 
hicieron sentir en playas extranjeras pesares, 
escaseces, sinsabores, males sin cuento. Ese 
distinguido y humildísimo prelado ha sabido 
sufrir la Cruz del martirio con cristiana resig- 
nación, y se ha hecho merecedor y mui digno 



— 96 — 
de recibir las muestras de gratitud y verdadero 
aprecio con que le ha distinguido la capital. 

Damos gracias á la magnanimidad del Gran 
Demócrata por su humanitario decreto de am- 
nistía que nos ha restituido á tantos preclaros 
varones y útiles ciudadanos que el Autócrata ha- 
bía precipitado fuera de la Patria.'' 



(Hoja suelta de Cumaná) 

Frescas aún las impresiones gratísimas que 
produjera en la culta Caracas la espléndida re- 
cepción del Ilustre Proscrito, cuyo nombre, ya 
histórico, encabeza estas líneas, creemos opor- 
tuno dar á conocer al mundo, en especial á 
nuestros compatriotas, cómo pensó Cumaná en 
1872 respecto de Monseñor, cuando, volviendo 
del destierro bajo mentidas promesas del tirano 
de la Patria, pisó por instantes nuestro suelo, 
para ser en breve devuelto á las penalidades del 
ostracismo en castigo de su digna y ejemplar 
entereza contra las inicuas condiciones de aquél, 
humillantes para los fueros y prerogativas de la 
Iglesia venezolana y la propia dignidad personal 
de su alto Apóstol. En ese pensamiento, copia- 



~ 97 — 
mos en seguidas la hoja que entonces debió 
haber visto la luz pública, y que nos fué forzoso 
régervar para ocasión como la presente, propicia 
par-a nuestras libertades, solo por librar de dura 
^aña los nombres de amigos estimables que 
revela nuestpo escrito; y sóbrelos que habria 
caido poderosa é inexorable la airada segur del 
tirano. Dice así nuestra hoja. 

KK§Ei§0 Dil PE0§6EIf 0. 

Esperimentamos en la vida sensaciones de tal 
magnitud en la escala del placer y los encantos, 
que nada es bastante á medirlas y apreciarlas 
con esquisiía exactitud fisiológica. Los actos 
en que esas sensaciones dominan tienen tal pres- 
tigio de absorción, que años y aún siglos se re- 
sumen en una hora. De esa naturaleza es la 
visita de Monseñor; objeto de una ovación es- 
pontánea, sencilla, tierna, edificante, como las 
patéticas circunstancias que la dieron origen ; 
y para la que no hubo programas, aparatos ni 
ceremonias. Apenas hablan tenido tiempo de 
darse la palabra las corporaciones religiosas ; 
apenas hablan logrado las señoras y señoritas 
invitarse mutuamente para salir al encuentro del 
Venerable Pastor devuelto á su Patria. Este 
suspirado regreso se aguardaba, pero no se tenia 

,» vqsii2oiS 



— '98 — 
de di noticia segura. El dia mismo fijado para 
tocar en este puerto el paquete de Oriente, vacila- 
ban las ánimos entre inciertas congeturas. Con 
todo, algunas familias acudieron á la playa, an- 
siosas de ser las primeras en saludar al Ilustre 
Proscrito. La población cuenta impaciente las 
horas que transcurren sin que el vapor aparezca. 
Así pnsan los dias 27 y 28, entre vacilaciones y 
dudas exacerbantes del espíritu. Ya se resuel- 
ven, en la impaciencia, á no esperar más la 
llegada del paquete. Ya se asegura por algunos 
que la empresa déla lineaba cesado, cuando, 
¡ bondad divina ! el 29 á las 3 p. m. los atalayas 
establecidos al intento anuncian que el vapor 
está á la vista. Una emoción singular y súbita 
se apodera del ánimo de todos. Gumaná se alza 
entusiasmada del lecho de pesar en que la tenia 
sumida laindesicion del arribo ; — las fisonomías 
se tornan gozosas; — las calles se reaniman; 
las alturas se coronan de gente que dirige ávida 
la mirada hacia el inmenso pliegue que borda 
el horizonte entre el cielo y el mar ; sobre el 
cual se destaca informe el deseado bajel, envuel- 
to en la atmósfera divina que presagia siempre 
al justo. 

Venia allí, en efecto el virtuoso y mártir Pre- 
lado. Tan luego echó anclas el vapor, la goleta 
nacional Josefita, surta en el puerto, telegrafió 
la venida del Ilustrísimo Señor Arzobispo á 



— 99 — 
bordo del paquete, engalanando rápidamente sus 
topes con gallardetes y grímpolas de vanados 
colores. Desde aquel feliz instante todo fué ani- 
mación, alegría, entusiasmo, movimiento, elec- 
tricidad en este pueblo, que, á pesar de su infor- 
tunio casi tenaz y creciente, cuenta siempre, ra- 
diantes de luz,, llenas de vida, grandiosas, inten- 
sas, las manifestaciones de su levantado espíritu. 
En dias de tales pruebas para el corazón, el alma 
inspirada de Cumaná parece contaminar dulce^ * 
mente á la naturaleza : el esplendoroso sol de los 
trópicos se muestra magestuoso : el cielo está 
poético, trasparentando innúmeras estrellas en 
noches plácidas y serenas : los hermosos cam- 
biantes de lúzase ofrecen bellísimos á la risueña 
perspectiva: el Océano, dócil y sereno, riza 
apaciblemente su argentada superficie: el Man- 
zanares no ostenta la cólera de otros dias, ni aún 
el rumor ordinario, sino armonías de paz v amor 
en sus ondas -de cristal :-todas son em'ociones 
gratas :— j hasta las ruinas se desnudan de todo 
lo tétrico, de todo lo mustio y sombrío, para no 
producir en el ánimo sino impresiones de espe^ 
cial encanto y verdadero arrobamiontí^:, ' 

Las iglesias pusieron al instante 4 vuelo sqs ' 
bronces, publicando alborozadas la presencia del 
dignísimo Apóstol: los fbegos artificiales, que- 
mados enproíbs.¡on/|IenAroM'éi'aire en todas 
direccionés':,,^ja,;es|^aciosa' cííle de 'iier 



— 100 — 
carrera principal de la ciudad al puerto, si vistió 
de improviso con numerosos y vanados pabello- 
nes; estableciéndose desde luego una corriente 
humana por aquella, ansiosa de conocer al Mártir, 
admirarle de cerca, tocar sus sagradas vestidu- 
ras, depositar en el santo anillo sendos besos lle- 
nos de ternura y amor, y recibir contritos la ben- 
dición apostólica. En breves instantes poblaban 
el puerto más de mil personas de toda edad, sexo 
y condición política y social, que reclamaban 
exaltadas la presencia del Ilustre huésped. El 
Presidente del Estado, general Manuel Morales, 
los Venerables Curas de Santa Inés y Altagra- 
cia, el Pro. Castillejo, los Doctores Andrés Eloi 
Meaño y Baldomcro Benítez, el señor Pedro 
Ezequiel Rojas y otras respetabilidades, por su 
propio deseo y como intérpretes del querer po- 
pular, se trasladaron al vapor á saludar á Su Se- 
ñoría en nombre de Cumaná. y á suphcarle 
viniese á tierra, aunque fuese por cortos instan- 

4-pe 

Pudieron más en el ánimo del dignísimo Pre- 
lado lo caracterizado déla diputación y la cre- 
ciente exitacion que reinaba en la playa, que su 
propósito formado desde Puerto-España de no 
desembarcar en punto alguno del tránsito. Vino 
á entregarse al pueblo de Cumaná, que le recibió 
éon señalados trasportes de júbilo, que se dis- 
putaba entre sí la preferencia de acercársele, de 



— 101 — 
conducirle, de besarle el anillo episcopal; y, 
manso como el cordero de Dios, se dejaba tomar 
la mano, y pagaba con bendiciones y evangélica 
sonrisa la popularidad y el delirio de esta amo- 
rosa ovación. Algunos pasos anduvo así en di- 
rección de la ciudad. La multitud no estaba 
satisfecha. Faltaba algo á su espíritu de adora- 
ción que debia cumplir en aquel digno Apóstol 
de nuestra Santa Religión. Lo detenia en su 
paso, lo aclamaba en manifestaciones de acen- 
tuado amor ; lo estrechaba sin fatigarle, le abria 
calle, volvia á cerrársela, — y, ¡ poder de intui- 
ción ! cuántos llegaban á acercársele doblaban, 
inspirados, de súbito la rodilla. 

Ño puede menos que ser pálida toda descrip- 
ción de esta sublime escena, en que el sentimien- 
to de lo grande invadía dulcemente las almas, el 
espíritu religioso se elevaba en alas de lo mages- 
tuoso y adorable, y la magnificencia y alteza de 
Dios se cernia intuitivamente sobre este encuen 
tro dichoso— de un pueblo cristiano, dolorido y 
casi sacrificado por los sufrimientos y decepcio- 
nes de un largo martirio, y el discípulo, el vir- 
tuoso Apóstol de Jesucristo, devuelto á su Patria 
y á su amada grei tras un penoso destierro. — 
Cumaná y el dignísimo Pastor eran dos infortu- 
nios, que se miraban y se' confundían. Grandio- 
so cuadro, que tuvo por marco el cielo y el mar 
y por lienzo— una tierra empapada en lágrimas 



— 102 -- 
de profundo afecto. Sí; lo hemos dicho,- — esa 
sublime escena estaba presidida por Dios. 

Haciéndose paso por en medio de aquella ma- 
sa compacta de ardorosos cristianos, llegó hasta 
Su Señoría una comisión del Concejo municipal^ 
que le felicitó á nombre de la ciudad. El Ilus- 
tre Proscrito contestó á la salutación del respe- 
table Ayuntamiento con breves y sentidas pala- 
bras, llenas de amor y unción evangélicas. 

El digno Apóstol hubiera satisfecho la ardien- 
te aspiración de Cumaná aceptando entre noso- 
tros la hospitalidad de unos dias ; pero le era 
forzoso partir. 

Tocó su turno á las corporaciones religiosas. 
I Cuan grande y admirable se muestra la cordial 
entrevista de las almas piadosas ; de esas almas 
levantadas hasta Dios por los méritos de la ora- 
ción y el sagrado recogimiento ! Los cofrades 
del Santísimo de las iglesias de Santa Inés y 
Altagracia, decorados con las armas de la Orden 
divina, y las virtuosas hermanas del Sagrado 
Corazón de Jesús, se acercaron á su vez á Mon- 
señor á ofrendarle sus respetos. En presencia 
de tanta grandeza para la Iglesia de Venezuela, 
el dignísimo Jefe de ella realzó sus bondades 
significando su alegría y reconocimiento con pala- 
bras de amor, propias de un corazón verdadera- 
mente cristiano. 

La multitud se reproducía en oleadas por de- 



— 103 — 
lante del Venerable Proscrito; sobre cuyas 
manos depositaba en el frenesí de su admiración, 
desesperados y múltiples besos. El paso hasta 
Monseñor llegó á hacerse difícil. En ese su- 
premo instante de ardorosa excitación popular, 
circuló una hoja suelta de " bienvenida," felici- 
tación de Oumauá al estimable Prelado; corta, 
pero tierna, y llena del sentimiento y el espíritu 
de la agradecida ciudad. En breves frases in- 
terpretó nuestro amigo José Antonio Meaño 
Velásquez la edificante impresión de un pueblo 
apegado á la Fé, en cuyo corazón se engrandece 
y sublima el amor á su grande bienhechor abru- 
mado por el infortunio (*). Su Señoría se 
afectó profundamente con la lectura deesa hoja, 
y vertió sobre ella lágrimas sencillas, testimonio 
de un pesaroso recuerdo. Acababa de cruzar 
la mente del Apóstol, inspirada por las 
palabras de Meaño Velásquez, fáciles y elocuen- 
tes, la memoria de da Cumaná feliz, ataviada 
con las galas del encanto y la belleza ; derruida 
más luego y abatida, soportando cristianamente 
las calamidades'del destino. 

La noche empezaba á caer, sombría, sobre la 
agitada ciudad. Volaba el tienspo en medio de 
aquella fiesta del espíritu exaltado hasta el amor 

(*) En la epidemia del cólera en Cumaná en 1854, el Arzobispo 
Guevara solicitó y obtuvo del Gobierno General el cuantioso axilio 
de víveres y medicinas con que fué consolada la parte menesterosa 
d« la población. 



^ 104 — 
divino; cuya embriagadora espansion reclamaba 
largas horas de verdadero deliquio. Estaba fa- 
talmente próxima la partida del vapor, ¡Feliz 
él, permítasenos la metáfora, que llevaba en su 
seño el objeto preciado de nuestra rápida con- 
templación ! 

En medio de aquella ovación regresó Monse- 
ñor á la ribera del mar. Cumaná aspiraba á 
que visitase sus ruinas y las inspirase santamen- 
te. Ella hubiera querido retener al Ilustre 
personage, que lleva en sí el simpático y triple 
prestigio de la alta dignidad Scoerdotal, la auste- 
ra virtud y la desgracia. La emoción- del con- 
" curso habia crecido hasta el delirio. Pero, de 
súbito, tórnase el contento en manifestaciones de 
ternura. Estaba resuelta la separación del Pas- 
tor. La falúa atracada ala orilla aguardaba al 
Ilustre pasag-ero. Su Señoría se puso de pié 
sobre uno de sus bancos, dominando con su 
dulce mirada el inmenso gentío. Iba á cum- 
plir con Dios y con su afecto bendiciendo á este 
pueblo cristiano. El concurso se prosternó en 
el mayor recogimiento. La solemnidad de 
aquel instante fué conmovedora y sublime. Ape- 
nas se destacó sobre el mar la imponente figura 
del dignísimo Prelado, todo rumor se perdió en 
el espacio, é imperó admirablemente la más pro- 
funda abstracción de lo terreno. Podia notarse 
la vida de los corazones en sus más íntimos lati- 



— 105 — 
dos. Las divinas palabras de bendición brota- 
ron dulcísimas de los labios del Apóstol; vi- 
brantes por la emoción, claras, inteligibles para 
todos en medio del silencio. Su mano estendida 
hacia la multitud derramaba la Fé sobre nuestras 
cabezas con los votos del Cielo. Los tiempos 
bíblicos parecían revivir en esta escena de ado- 
ración, que produjo no pocas lágrimas. 

A las 9 p. m. zarpó el paquete siguiendo su 
destino. Tras él fueron nuestras fervorosas pre- 
ces al Eterno por la vida de Monseñor. 

Cumaná correspondió dignamente á la despe- 
dida del Pastor. Las calles estuvieron luego 
solitarias. La población se reconcentró en un 
profundo y santo temor á Dios por los sufrimien- 
tos del Ministro. La naturaleza se mostró 
quejosa : todo apareció velado por las sombras 
del desencanto y el pesar. Así trascurrió la 
noche para todog, en medio de la más intensa 
absorción del espíritu ; pidiendo á Dios siempre 
para Cumaná sus santísimos bendiciones, co- 
mo las que á su Altísimo nombre estendiera 
sobre nosotros el Ilustre Pastor, exaltado por 
la virtud y santificado por el martirio y la des- 
gracia. 



Ochodias más tarde, ¡fatalidad de la suerte! 
reapareció el paquete en nuestro puerto condu- 



— 106 — 
ciendo á Su Señoría de regreso, al destierr©. 
Puédese juzgar cuánto seria el dolor de OumaBá 
al saber la nueva fatal. El duelo fué genera] j 
profundo. Las iglesias todas tocaron á rogativas 
por la salud del Ilustre Proscrito. Prohibiáeí 
como estuvo el acceso al vapor para dar al pri- 
sionero nuestro sentido adiós, hasta el cual sokf 
pudo llegar, con esfuerzos, un corto obsequióle 
viage dirigido por dos matronas respetables «fe 
esta ciudad, nos resignamos á pedir al Padre ée 
las Misericordias, para el desgraciado Mimstjs)^ 
los inefables consuelos de su bondad infinita 5— 
que el dia de las reparaciones no. ha de tardisj 
para la alegría y los perdones del Justo. 
Cumaná, Setiembre 15 de 1872. 

Los CUMAlffESES. 

Como se vé, Cumaná no tuvo en cuenta pars 
nada, en tan espléndida ovación al Arzobispo 
proscrito, la inicua persecución que contra tas 
virtuoso Apóstol que llevó á término el genejssi 
Guzman Blanco en medio de la contenida repr«>- 
bacion general; llegando á tal grado su adhesies 
al digno Prelado, que la Legislatura del Estaáse- 
en 1873 despreció, por absurda y tiránica^ 1& 
orden semi-oficial de Guzman, pidiendo se 
librase voto público de censura contra nuestM> 
Dignísimo Antiguo Arzobispo ; y cuyo noble 
proceder de aquel alto cuerpo se ii 



— ioV — 
en el buen sentido del' general Jos^ Ensebio 
Acosta. 

Cumaná aprovecha esta bella oportunidad pa- 
ra saludar cordialmente al digno Prelado en su 
vuelta á la Patria; y á quien se prometió admi- 
rar de nuevo teniéndole en sus playas siquiera 
^cortos instantes á su tránsito. 

La iglesia venezolana resucita hoi á la vida de 
sus encantos y esplendores de ayer con er re- 
torno á la grei amada del Dignísimo y Antiguo 
Arzobispo ; tan humilde en medio de su celebri- 
dad, como grande por los santos dones que 
forman la hermosa aureola de su alma. 

Y pues que al ciudadano Gran Demócrata 
y sus ilustrados Ministros debemos I^ alta con- 
cepción de la vuelta del Ilustre proscrito, que 
ha colmado nuestros corazones de gozo indeci- 
ble, que el Dios de las Alturas inspire y presida 
siempre sus grandes actos, — para bien de la 
República y la gloria y eternidad de su fama. 

Agosto 29 de 1877. 

La ciudad de cümana. 



— 108 



I^EUFILES. 



Hace 23 años que el eminente escritor vene- 
zolano señor Licenciado Cecilio Acosta, hoi lum. 
brera de las letras españolas y gloria americana, 
€scribia los siguientes rasgos sobre el Ilustrísimo 
Señor Doctor Silvestre Guevara y Lira, en el 
opúsculo de los funerales que se tributaron al 
Señor Doctor Manuel José Mosquera, Dignísimo 
Arzobispo de Santa Fé de Bogotá. 

¡ Han trascurrido tantos años desde que fuq,r 
ron trazadas estas líneas, y al cabo de ellos la 
noble y santa figura del Pastor se encuentra 
seimpre digna de tan delicadas apreciaciones, y 
cada vez más grande y excelsa ! 

Hé aquí esas cortas pero profundas y exactísi- 
mas palabras : 

"Los lazos de fraternidad que nos unen con la 
República vecina, y el nombre de su Hijo, esta- 
ban pidiendo un tributo demostrativo á su me- 
moria por parte de nosotros. Concibió luego el 
pensamiento para llevarlo á ejecución el Ilustrí- 
simo y Dignísimo Señor Arzobispo de Caracas 
Doctor Silvestre Guevara y Lira, joven Prelado 
nacido para hacer cosas grandes en medio de 



— 109 — 
SU Grei. Donde hai un bien hecho ó por hacer, 
donde hai una acción magnánima, allí está su 
tnano, su cooperación ó su celo. Es un regalo 
de la Providencia hecho en un dia de regocijo y 
de triunfo celestial. Si pudiéramos leer en su 
corazón, no hallaríamos más que dos palabras : 
" Dios y amor." Si la piedad hubiera tenido 
que formar un apóstol en los moldes secretos del 
Señor, él hubiera sido ese apóstol. Su físico 
participa de su índole : ni una estension de 
músculos que indique la viveza de pasiones exal- 
tadas, ni una demostración jamas de enojo : su 
risa simpática, y la suave luz de sus ojos, dan 
con frecuencia á su semblante un baño de grave 
jovialidad que lo hace franco, dulce y fácil La 
virtud en él no es lucha, sino instinto. Su cari- 
dad es de siempre : no tiene mañana, medio dia, 
noche ni descanso. Seria menester ir hasta 
San Ambrosio, para encontrar su mismo don de 
gentes, su- mismo espíritu evangélico. Le cono- 
cimos y tratamos antes de ser exaltado al Epis- 
copado: llevaba ya en su compostura el sello 
del ministerio y la conciencia de su misión. 
Dios escoge." 



— lio 



ALBUMOR LA GRATITUD. 



Este Álbum contiene (21.870) :üeinte y un 
mil ochocientas setenta firmas autógrafas "de per- 
sonas de ambos sexos, de todas las condiciones 
y gremios de esta sociedad, precedidas déla 
manifestación que al pié de estas líneas inserta- 
mos, la cual ha caligrafiado con esquisita delica- 
deza y gusto artístico el renombrado calígrafo 
señor Iradi, 

La encuademación del Alburp, ejecutada por 
el acreditado señor C, Hening, es de magnífico 
terciopelo azul, con cortes dorados,, y en letras 
de oro se leen . las siguientes inscripciones : — 
Homenaje á la virtud. Venezuela al llustrísimo 
señor Doctor S. Guevara y Lira. En el reverso 
se lee esta otra: Anagra?na : Yib.tvd eeserve 
A LA IGLESIA. Este Album fué presentado á 
Monseñor Guevara por una comisión á su llega- 
da á La Guaira, 

Está precedido de la siguiente manifesta- 



ción. 



— 111 — 

Emtrísimo ^eñor Doctor Silvestre Guevara ij 
.lAra, Antiguo Arzobispo de Venezuela. 

Illmo. Señor. 
Xos abajo firmados, vecinos de esta ciudad, 
tetiemos la honra de dirigiros esta comunicación' 
osatando con que os dignareis atender á los de- 
seos que ella encierra, que son los votos de toda 
& República. Toda ella en masa, desde vuestra 
íi^encia forzada del país, la ha llorado como el 
acoQtecimiento más grave que haya podido 
^íjir su corazón, y un dia tras otro no ha 
hmho otra cosa que levantar las manos al cielo 
y rogarle que os abriese las puertas de la Pa- 
■Cscía. 

Leyes severas de conciencia os separaron de 
ella: os habéis engrandecido más, si cabe, por 
muestro carácter y virtudes; habéis derramado 
i%rimas de amargura, como el Israelita, con el 
a«-pa colgada en los sauces de Babilonia; pero 
^ 8on las ordenaciones de.oxl^-,ol>ro videncia; 
^éxQ le puede ir á la mano en la tribulaciones^ 
íi^ nos envía; hoi áespues de siete años de 
s^^bar, ya veis que ella misma ¿s abre el seno 
é& ^«estra tierra natal, en donde no hai más que 
^«ebos que os aman con ternura y labios que no 
^san jamás en vuestros loores. 
'Esta no es una carta de política sino de invi- 
^^on. El día de la historia lleg^ y á ella le 
«^responde el juicio; por ahora no nos toca 



— 112 — 
estar sino de enhorabuena. El decreto fecha 
veinte y cuatro de los corrientes, espedido por 
elGEAN Demócrata. General Alcántara, para 
honra de su Administración, en favor délos 
extrañados del territorio, os llamaá él, y os roga- 
mos y esperamos que no os dejéis aguardar- 
Vosno podéis imaginaros, ni en el candor de 
vuestra conciencia íntima, esa conciencia que 
tiene uno del efecto délas buenas obras, cuanto 
se os quiere en Venezuela, por vuestra ñrmeza 
incontrastable, vuestro alto decoro, vuestra sabi> 
duría administrativa, vuestro don de gentes y 
vuestro pontificado lleno de beneficencias y bon- 

dades 

La'historía de él se cuenta aquí con una uni« 
formidad encantadora, por toda clase de perso- 
nas, como una bendición del cielo; y si fuere 
menester condensar la frase para expresar «lejor 
esto mismo, diriamos que vuestro nombre, Ilus- 
trísimo señor, goza en nuestra Patria una espe- 
cie de culto. . . 
Venid, pues, á nosotros. Aquí hallareis siera 

preá vuestros hijos, el solar de vuestros padres, 
el cielo que os vio nacer y las comodidades y 
vida tranquila á que tenéis derecho por vuestra 
alta dignidad. Nada os faltará en una tierra como 
esta, en donde todos somos hermanos, todo esta- 
rá á disposición del Ilustre compatriota, que ha 
, ' sido el más amoroso de los padres, y uno de los 



— 113 — 

Pontífices más célebres de nuestra Iglesia, asf 
como es uno de los varones más esclarecidos de 
América. 

Con la esperanza de que nuestros clamores 
sean oidos, nos suscribimos de US. Ilustrisima, 
con obediencia, respeto y amor, sus fieles ami- 
gos. " 

Caracas, Junio 19 de 1877. 
J. Iradi Rívas, Nicanor Bolet Peraza, Diego 
Antonio de Alcalá, Emilio de las Casas, Ramón 
Iradj, P. G-uisseppi Monágas, Juan Guisseppi 
Monágas, Francisco Alcalá, J. M. Rada Lan- 
daeta, Andrés Socarras, Eloi Sosa, Manuel Te- 
jera, José Amundaray, Ramón Mosquera, Anto- 
nio Irady, R. Montano, Víctor Antonio Zerpa, 
Daniel Aristeiguieta, J. B. Hernández, J. M. 
Reveron, O. González, Celedonio Correa, Luisa 
Oriach de Monágas, Vicenta Monágas, José Ta- 
deo Monágas, Pro. José León Aguilar, H. Tán- 
ger hijo, Juan de Dios Méndez, Bartolomé 
Liendo, Concepción Irady, Josefa C. Irady, 
Mercedes Irady, I^uisa Teresa Monágas de Iri- 
barren, Dolores Irady, L. Guisseppi Monágas, 
Tomas Michelena, J. Alcalá de Casas, Gregoriá 
C. de Fánger, José I. Cardozo, Dolores A. de 
Cardozo, Clara A. Monágas de Guisseppi, Gui- 
llermo Iribárren Arana, Clara A. Cipriani, Luis 
Gil, Inés Segura de Gil, Encarnación Arévalo, 
8 



— 1J4 — 
Feliciano Gual, Francisco A. Villanueva, Josefa 
de Villegas, El cura y Vicario de Aragua de 
Barcelona José María Urdaneta, Domingo A. 01a- 
varría h., J. M. Maduro, con suma satisfacción, 
Francisco Javier Linares, S. Díaz Peña, Miguel 
Antonio Latouche, Cecilio Acosta, firma por que 
venga Monseñor (huevara ; José Manuel Maucó, 
Amelia La Fé, Carlos La Fé, Mercedes G. de 
Caraballo, Elvira M. de Pérez, Magdalena Ce- 
ballos, Emilia Calcaño Paniza, Ramón Montilla, 
José Márquez Salcedo, Rosa Pompa de Landae- 
ta, Isabel L, de Palacios, Eloi Gr. Palacios, Car 
los V.Landaeta, M. Ustári/., A. Chapellin, Joa- 
quín Núñez, Rómulo Terrero, J. M. Larralde, 
Luis de Legórburu, Francisco G^armendia, k^ 
Isturriagá, Amando Barazarte, Leopoldo Ri- 
chard, L. Tamayo, Félix I. Oraa, R. Montilla 
Troanes, Concepción M. de Méndez, Isidora G. 
de Mendoza, Juana Mendoza, Lorenzo Mendo- 
za, Gerónimo Martínez, Eugenio Méndez Men- 
doza, Juan de D. Méndez hijo. 
Siguen las firmas. 



APÉNDICE 



— 117 — 



Caracas, Setiembre 7 de 1877. 
llnstrísimo Señor. 

Los infrascritos, principales funcionarios de 
una grande y respetable sociedad constituida en 
esta capital con el fin de expresar al Ilustrísimo 
y Keverendísimo señor Doctor Silvestre Grue- 
vara y Lira, á nombre de sus antiguos diocesa- 
nos, el contento inefable que experimentan, 
por el regreso al seno de la patria de este varón 
preclaro, objeto de su profunda veneración, amor 
y ternura filial, tenemos á honra mui distinguida 
dirigirnos á vos, Ilustrísimo señor, y á vuestro 
digno coadjutor Monseñor O' Carrol, en cum- 
plimiento de especial encargo de la sociedad, 
para consagraros un voto de eterna gratitud por 
las singulares atenciones y esquisitos cuidados 
que tributasteis á Monseñor y á los sacerdotes 
que le acompañaron en su prolongado y doloroso 
extrañamiento. 

Sabemos cuanto os dolisteis con el Pastor 
amado, de las tribulaciones y peligros de nuestra 
Iglesia, cómo derramasteis sobre su angustiado 
corazón el dulcísimo bálsamo de la caridad 
evangélica y cuan gratas fueron para él vuestras 



— 118 — 
palabras fraternales. Asi! confundidas con 
nuestras alabanzas por tan alta dispensación del 
cielo, se elevan á El nuestras fervientes preces 
para que os colme á vosotros y á vuestra amada 
grei de todas sus bendiciones. 

A vuestro zelo apostólico confió la suma Pro- 
videncia el sagrado depósito de esa arca miste- 
riosa. Regocijaos, Dignísimos Prelados, por 
que, al reclamárosla, habéis podido devolverla 
para cumplirse los decretos inescrutables del 
Altísimo. 

Dignaos aceptar la expresión cordial del pro- 
fundo respeto, afecto y gratitud, con que nos 
suscribimos, 

Vuestros humildes servidores. 

El Presidente. —Doctor Bartolomé hiendo . — 
El Primer Vicepresidente. — Doctor Juan de 
Dios Méndez,-— W Segundo Vicepresidente. — 
Doctor Jesús María Gaya, — El Tesorero. — José 
Tdavera. — El Primer Secretario.— (?ewer«/ H. 
Fánger, hijo. — El Segundo Secretario. — Bachi- 
ller Víctor Antonio Zerpa 

llustrísimo y Reverendísimo señor Dr. Joaquín 
Luis Gonin, Arzobispo de la Isla de Trinidad, 

, Puerto España. 



119 — 



A los señores Reverendo Padre Brocon^ Superior 
del Colegio de la Inmaculada Concepción, — 
y Reverendo Padre Hilaire, Superior de los 
Padres Dominicanos de Puerto España. 

Trinidad. 
Reverendos Padres : 

Sentimos un placer inefable al presentaros 
nuestro homenaje de gratitud, en nombre de la 
Arquidiócesis de Caracas y Venezuela, por los 
singulares beneficios y los eficaces consuelos con 
que habéis aliviado los rigores de la proscrpcion 
á nuestro venerado y Antiguo Arzobispo, Doctor 
Silvestre Guevara y Lira. 

A través de tantas y tan incesantes tribulacio- 
nes, Dios nos devuelve el modesto y manso Pre- 
lado. Nos lo devuelve para contento de su 
antigua grei y como edificante ejemplo de lo 
que vale siempre la perseverancia en la virtud, 
por graves que parezcan las contrariedades á que 
nos esponen las mudanzas humanas. 

Los que, como vosotros, recibieron en su seno 
al atribulado peregrino, y le tuvieron bajo su 
cuidado hospitalario, han sido los escogidos por 
el cielo, para mostrarnos, con este desenlace feliz 
en que se goza hoi Venezuela, los prodigios de la 
fé y de la humildad cristiana. 

Recibid Reverendos Padres, la expresión del 



— 120 — 
amor con que los moradores de esta Eepública 
recompensan vuestra bella conducta. 

Que el cielo os guarde para bien de la gene- 
rosa y hospitalaria Trinidad. 

El Presidente. — Doctor Bartolomé hiendo, — 
El Primer Vice-presidente. — Doctor Juan de 
Dios Méndez. — El Segundo Vice-presidente. — 
Doctor Jesús María Gaya. — El Tesorero. — José 
Talavera. — El Primer Secretario. — General H. 
Fanger, hijo.~^\ Segundo Secretario. — Bachi- 
ller Víctor Antonio Zerpa. 



RENUNCIA 
DE MONSEÑOR GUEVARA- 

Santísimo Padre. 

Humildemente prosternado á los pies de 
Vuestra Santidad, Padre y Pastor Supremo de 
ovejas y corderos del rebaño de Jesucristo Nues- 
tro Señor y Redentor, vengo á deponer la santa 
y grave carga del Episcopado, en las mismas 
manos que por un exceso de bondad y no 
por mérito alguno de mi parte, la impusieran 
hace veinte y dos años sobre mis débiles hom- 
'bros. 

El móvil de esta resolución no es otro que el 
deseo de Vuestra Santidad, expresado en notas 
del Excelentísimo Señor Cardenal Secretario de 
Estado al Excelentísimo Señor Delegado Apos- 



— 121 — 
tólico para la República de Venezuela, residente 
en Santo Domingo. El deseo vuestro, Santísimo 
Padre, fundado sin duda en su juicio supremo 
de ser así conveniente al bien de la Iglesia, tiene 
para mí, hijo sumiso de la Santa Silla, la fuerza 
de un mandato. 

Vuestra Santidad conoce los esfuerzos que he 
hecho por ver de poner término á la persecución 
que sufre la Iglesia de Venezuela, esfuer- 
zos y sacrificios que han quedado estériles, pero 
que testifican mi voluntad de posponer toda 
consideración personal al bien de la Iglesia que 
me estaba confiada. Ahora que se cree que mi 
separación puede servir á obtener aquel fin, 
hago en obsequio de él, este supremo sacri- 
ficio. 

En esta virtud, y para ofrecer á Vuestra San- 
tidad un claro testimonio de obediencia, de 
acuerdo con mis reiteradas protestas anterio- 
res de sumisión y acatamiento á sus simples 
deseos, presento aquí formalmente á Vuestra 
Santidad la renuncia del Arzobispado de Ca- 
racas. 

Dígnese Vuestra Santidad proveer lo conve- 
niente y bendecir á su amantísimo y obsecuentí- 
simo hijo. 

Puerto España, Mayo 17 de 1876. 
Santísimo Padre. 

Silvestre Arzobispo de Caracas. 



122 — 



CONTilTáCION 
DE SU SANTIDAD. 

Venerabilis Frater, Salutem et Apostolicaía 
Benedictionem. Si finnitas tua in obstitenda 
sacrorum inrium usurpationi istisque asserendis, 
et quidquid idcirco passus es pro nomine Doml- 
ni, Venerabilis Frater, luculenter demonstrarunt, 
quanto studio et amore prosequaris Ecclesiam ; 
splendidius omnino id nunc confirmasj dura, ad 
conciliíindam ipsi tranquillitatem, aut saltera ad 
leniendas ejus geruranas in comraisso tibi popu- 
lo, nulla vi coactus, a tuo muñere recedis. Ciim 
autem profitearis, te ad hujusmodi consilium 
inde máxime moveri, quod non ambigas, id 
acceptum Nobis futurum, quos in tanta tempo- 
rum difficultate multa tolerare deberé non igno- 
ras, aut etiam ad avertenda graviura mala utilia 
ducere, quas alus in adiunctis inopportuna et 
improbanda censenda íorent; prseclarum quo- 
que sic exhibes testimonium sinceras illius et 
absolutse devotionis huic Petri Cathedrse qua 
prsefulsisti semper, et mérito gloriaris. Licet 
igitur segro, grato tamen animo excipiraus abdi- 
cationem tuam ; eo recreati solatio, quod haec 
amplissimura tibi sit comparatura meritum apud 



— 123 — 
Deum, in cujus obsequium editiir, ubérrima que 
propterea tibi conciliatura celestis gratiee in- 
crementa. Haec nos tibi plañe cumulata adpre- 
camur; dum superni favoris auspicem et prse- 
cipuae Nostrse benevolentiae testera tibi, Vene- 
rabilis Frater, totique cui prsefuisti, clero et 
populo B.enedictionem Apostolicam peramanter 
impertimur. 

Datum Romas apud S. Petrum 6 Julii 1876. 
Pontificatus Nostri Anno Trigessimoprirao. . 

Pius P. P. IX. 



Traducción. 

Venerable Hermano^ Salud y Bendición Apos- 
tólica. 

Si tu firmeza en resistir á la usurpación délos 
sagrados derechos y en defenderlos y asegurar- 
los, y todo lo que á causa de esto has sufrido por 
el nombre del Señor, Venerable Hermano, ha 
demostrado ya claramente cuanto interés y amor 
tienes por la Iglesia; de un modo mucho más 
espléndido lo confirmas ahora, cuando, para pro- 
curar su tranquilidad, ó á lo menos aliviar sus 
penas en la grei confiada á tu cuidado, renun- 
cias tu encargo, sin que á ello hayas sido obliga- 
do por ninguna fuerza. 



— 124- — 

Declarando que á semejante resolución te ha 
movido principalmente el no dudar que tal paso 
había de ser grato á Nos, que no ignoras debe- 
mos tolerar muchas cosas por la gran dificultad 
de los tiempos, ó á las veces, para evitar mayo- 
res males, juzgar útil lo que en circunstancias 
normales se consideraría inoportuno y repro- 
chable ; exhibes también un preclaro testi- 
monio de tu sincera y absoluta adhesión á 
esta Cátedra de Pedro, en la cual has resplan- 
decido siempre, y de la cual te glorías con 
razón. 

Así pues, aunque con pena, aceptamos tu 
dimisión ; consolados sinembargo y animados 
por la esperanza de que ella te ha de alcanzar 
un mérito grandísimo delante de Dios, en cuyo 
obsequio ha sido hecha, y ha de atraer sobre tí 
copiosos incrementos de la gracia celestial, la 
oual pedimos te sea dada con abundancia ; en 
tanto que como gage del favor divino y testimo- 
nio de nuestra particular benevolencia, damos 
con amor nuestra Apostólica Bendición á Tí, 
Venerable Hermano, y á todo el Clero y pueblo 
que registe. 

Dado en San Pedro de Roma el 6 de Julio de 
1876, año trigésimo primero de nuestro Pon- 
tificado. 

Pío P. P. IX. 



— 125 — 
TITULO DE ARZOBISPO DE AMASIA. 

IN PART. INFID. 

PIÜS PAPA IX 

Venerabili Fraíri Sihesiro Guevara, Archiepiscopo de 
Venezuela. 
Venerabilis Frater, salutem et Apostolicam 
Benedictionem. Apostolatus oficiara, meritis li- 
cet imparibus, Nobis ex Alto commissumí quo 
Ecclesiarum omnium regimini, Divina Providen- 
tia, praesidemus utiliter exequi, adjuvante Do- 
mino, cupientes, solliciti corde reddimur et 
solertes, ut, cuín de Ecclesiarum ipsarum regi- 
minibus agitur committendis, tales eis in Pasto- 
res prseficere studeamus, qui Populum suse curae 
creditum sciant, non solum doctrina verbi, sed 
etiam exemplo boni operis, informare commis- 
sasque sibi Ecclesias in statu pacifico et tran- 
quillo velint et valeant, auctore Domino, salu- 
briter regere et feliciter gubernare. Dudum 
siquidem provisiones Ecclesiarum omnium nunc 
vacantium, et in posterum vacaturarum ordina- 
tioni et provisioni Nostrse reservaviraus, de- 
cernentes ex tune irritum et inane, si secus 
super bis a quoquam quavis auctoritate scienter 
vel ignoranter contigerit attentari. Postmodum 
vero Ecclesia Archiepiscopali Amasiensi in 
partibus infidelium, cui Venerabilis Frater 



— 126 — 
Joannes Pompallier, ultiraus illius Antistes, 
praesidebat, per ejusden Venerabilis Fratris 
obitum, Pastoris solatio destituta, Nos ad illius 
provisionem celerem atque felicem, in qua 
nemo prseter Nos se potest, poteritve immisce- 
re, Decreto et reservatione obstitentibus hujus- 
modi, ne illa exponatur longse vacatioiiis incom- 
modis, Paterno ac sollicito studio intendentes, 
postquam sedulb, attenteque cogitavimus de 
prseficiendo eidem Ecclesise personam utilera 
ac fructuosam, demun ad Te, Venerabilis Fra- 
ter, qui ab Archipreesulis muñere tuse istius 
Ecclesise de Venezuela sponte te abdicasti, 
oculos mentis Nostrse converlimus. Quse cum 
ita sint, Te, Venerabilis Frat'er, a vínculo, quo 
isti Ecclesise de Venezuela' adstrictus detineris, 
de Apostolicse potestatis Nostrse plenitudine, 
per preesentes, solventes, simul ab quibusvis 
excommunicationis et interdicti, alus que eccle- 
siasticis sententiis censuris et poenis quovis 
modo vel quavis de causa latis, quas si forte 
incurreris, hujus tantum rei gratia, absolventes 
ac absolutum fore censentes, auctoritate Nostra 
Apostólica, tenore prsesentium, ad Archiepisco- 
palem Ecclesiam Amasiensem in partibus infi- 
delium transferimus, teque illi'in Archiepisco- 
pum praeficimus et Pastorem, curam, régimen 
et administrationem ipsius EcclesisB Tibi in 
Spiritualibus ac temporal! bus plenarie com- 



— 127 — 
mhtená&f in Illoqui dat gratiam et largitur dona 
confísi, quod dirigente Domino actus tuos, 
pta. Ecclesia Amasiens per tuse circunspectionis 
iudustriam et studium utiliter ac prospere diri 
gator, grataque in spiritualibus ac temporalibus 
orthodoxa religio suscipiat incrementa. Jugura 
igitur Domini prompta devotione animi amplec- 
tens, curam et administrationem ptas. ita stu- 
lieas fideliter prudenterque . exercere, ut Apa- 
siens Ecclesia gaudeat se próvido administratori, 
ac fructuoso administratori esse commissam, 
Toque praeter seternse retributionis prsemium, 
Wostram quoque et Sedis Apostolicse uberius 
exinde consequi mersearis benedictionem et gra- 
tiam. At enim volumus ut quousque ea, quam 
diximus, Amasiens Ecclesia sub infidelium 
fuerit potestate, ad illam accederé, et apud 
ipsam personaliler residere rainime tenaaris. 
Non obstantibus constitutionibus et Sanctionibus 
Apostolicis, nec non dictarum Ecclesiarum, tum 
de Venezuela, tum Amasiens, etiam juramento 
confirmatione Apostólica, vel quavis firmitate alia 
yoboratis Statutis et consuetudinibus, cseterisque 
contrariis quibuscumque. Datum Romse apud 
S. Petrum sub Annulo Piscatoris, die IX Ja- 
nuarii MDCCCLXXVII Pontificatus Nostri 
Anno Trigesimoprimo. 

J. Cardenal Asquirinus. 



— 128 — 
(traducción.) 



f 



Al Venerable herjnano Silvestre Guevara, Arzo- 
bispo de Venezuela. 

Veneraple hermano, salud y bendición apos- 
tólica. — Deseando desempeñar de la manera mas 
útil, mediante la voluntad de Dios, el cargo del 
Apostolado, que, aunque sin mérito alguno se 
Nos ha confiado de lo Alto, y en virtud del cual 
nos hallamos presidiendo con el favor de la 
Divina Providencia, el Gobierno de todas las 
Iglesias, procuramos, con toda nuestra alma, al 
constituirles Pastores, que estos sepan guiarlas 
é instruirlas, no solo por la doctrina de la pala- 
bra, pero también por el ejemplo de las buenas 
obras, y así puedan conservarlas pacíficas y tran- 
quilas, rigiéndolas y gobernándolas, saludable y 
felizmente, por la autoridad del Señor. Y como 
por otra parte nos hemos reservado la ordena- 
ción y provisión de todas las Iglesias vacantes 
ó que en lo sucesivo vacaren ; y decretado que 
tendeemos por írrito y nulo todo cuanto se hicie- 
re- que sea opuesto á esta reservación por cual- 
quiera autoridad, ya sea á sabiendas ya por 
ignorancia. Y por cuanto la Iglesia arzobispal 
de Amasia, in partibus inñdelium, que regia el 



— 129 — 
Venerable hermano, Juan Pompallier, su último 
arzobispo, se halla destituida del consuelo de 
Pastor, queriendo, Nos, con paternal y solícito 
cuidado, darle pronta y feliz provisión, en la cual 
nadie, fuera de Nos, puede ni podrá inmiscuirse 
obstando á ello nuestro decreto y reservación 
pitada y á fin de no esponerla á los inconvenien- 
tes de una larga vacante, y después de haber 
pensado atenta y cuidadosamente la manera de 
proveer á la misma con persona útil y [Prove- 
chosa, hemos vuelto los ojos de nuestra alma é 
Tí, Venerable hermano que has presentado 
espontánea dimisión del cargo de arzobispo de 
tu Iglesia de Venezuela. Y á este fin Venera^ 
ble hermano, declarando por las presentes letras 
y^ según la plenitud de nuestra apostólica potes-i 
tad disuelto el vínculo con que te hallas ligado 
á la Iglesia de Venezuela, así como absolvién- 
dqte y dándote por absuelto, solo para esté 
objeto, de cualesquieras sentencias, de excomur^ 
nion y entredicho, que por acaso se hayan, pro- 
nunciado contra tí ú otras censuras y penaa 
eclesiástica^, en que de cualquier modo ó por 
cualquier causal hayas podido incurrir; en uso 
de nuestra autoridad apostólica y por el tenoFj 
de las presentes letras te declaramos trasladado 
á la Iglesia Arzobispal de Amasia, in paríibus^ 
infideliuin, y te constituimos, Arzobispo y pastoiv 



9 



hh 



— 130 — 
dé ella, confíándote plenamente el gobierno, 
régimen y administración de dicha Iglesia, eñ 
lo temporal como en lo espiritual, confiados eii 
que el Señor que da, la gracia, y colma de dones, 
dirigirá tus actos, á fin de que puedas regir útil 
y prósperamente la referida Iglesia de Amasi*^ 
con interés, amor y circunspección, y la religión? 
ortodoxa reciba gratos incrementos espirituales 
y temporales. Abrazando pues con sumisiori 
de espíritu el yugo del Señor procurarás ejercéU 
fiel y prudentemente los referidos Gobierno y* 
Administración de la Iglesia de Amasia, de tal 
modo que esta pueda regocijarse de poseer un* 
bueno y útil administrador, y á mas del premie^ 
de la eterna retribución merezcas también conse- 
guir en abundancia nuestra benevolencia f. 
bendición, así como la de esta Sede Apostólica; 
queremos también que mientras lá reíeridá' 
Iglesia de Amasia se encuentra, bajo el podeir 
de los infieles por ningún respecto estés obligadci* 
á ir ni residir personalmente en ella. No obs-' 
tatido, eu contrario, ningunas constituciones Ó' 
leyes apostólicas, ni de las dichas Iglesias de" 
Venezuela ó Amasia aunque e^as se hallen 
robustecidas por juramento, confirmación apos-*' 
tólíca ó cualquier otra formalidad; ni tanpócó' 
estatutos ó costumbres cualesquiera que sean. 
Badó en San Pedro de Roma, bajo el anillo 
del pescador el dia nueve de Enero de mil 



— 131 — 
ochocientos setenta y siete, año trig^S[imo pri- 
mero dé nuestro Pontificado, f^rt^ffl nn rtí^^hjrj 

PioP.F.IX. ) 



Ya al cerrar este folleto recibimos las siguioQtes contesta^ 
Clones á documentos en él insertos. 

Puerto España, Setiembre 28 de l^lf!^^ 

Al señor Presidente y demás dignatarios de la 

Junta Directiva de la sociedad organizada para 

lá recepción y obsequio de Monseñor Guevara — 

Caracas. 

Señores: 
De gratísima sorpresa me ha llenado la lectura 
del precioso voto de gracias que habéis tenido la 
bondad ds dirigirme con fecha 1? de los corrien- 
tes en nombre de la Arquidiócesis que represen- 
tais, tanto para disponer el orden de la recepción 
espléndida con que ella ha querido acoger á su 
antiguo y benemérito Pastor, cuanto para pre- 
parar la ofrenda que ella misma se dispone ha- 
cer al Ilustre mártir de la libertad de esa Igle- 
sia, á cuyo seno ha vuelto él despojado heroica^ 
mente dei cayado que empuñara largo tiempo y 
con lustre singular, pero llevando no obstante ea 
su diestrq, la palma de confesor déla fé, signo 
de gloria ese que inspira, si es posiMcí ní^ayor 
yenefacion y más acendrado amor, < , , , 



— 132 — 
"^■'He apellidado gratísima la impresión produ- 
cida en mi alma por la lectura de vuestra %éllá 
exposición, porque ella revela los nobles y cris- 
tianos sentimientos con que los fieles de esa 
Arquiqiócesis saben respetar y estimar á los\ 
Prelados que los dirigen en los caminos de4 
cielo. Ellos os honran y son una esperanza 
viva para el porvenir de esa Iglesia y de esa Re- 
pública, con las cuales la Trinidad se halla 
ligada por tantos vínculos. Y permítanme uste- 
des manifestarles en esta circunstancia oportuna 
el grande interés que nos inspira la prosperidad 
de ese pais, por la cual hacemos votos sinceros; 
pues en nuestro empleo de maestros de la juven- 
tud hemos tenido ocasión de admirar y apreciar 
la bella índole y las favorables disposiciones dé 
espíritu con que Dios ha dotado á los habitante* 
de Venezuela. Los alumnos venezolanos que 
ha contado nuestro colegióle han dado cumplida 
honra y han recompensado con opimos frutoá 
nuestras pobres tareas. Ojalá pudiéramos con 
nuestro magisterio propender al bien de Yene-i 
zuela, educando con todo el esmero de que su- 
mos capaces los jóvenes que se nos confíen : 
íjueasí pagaríamos también la deuda con que 
Quedamos cargados' por el voto de gracias y la 
ofrenda de afecto que nos habéis dirigido. -'^''^' 

En efecto ; habéis excedido en la recdrtí^ién'sa 
á lo que podemos merecer por los obsequios que 



— 133 ~ 
tributamos á Monseñor Guevara durante su des- 
tWíió; ydé aquí la sorpresa y hasta la confu-^' 
sion que rae causara vuestra carta. Cuan poco 
hemos podido hacer en alivio del egregio pros- 
crito ! Eso sí : nuestra veneración ha sido, es j 
será grande, nuestra admiración profunda, nues- 
tro afecto sin límites por el noble mártir de la 
inás santa de las causas. '"'^ ii;t»i ab 

^ Recibid, señores, y trasmitid á todos'vuestros 
Bonciudadanos nuestros parabienes por la feliz 
vuelta al seno de la Patria del que fué vuestro* 
Arzobispo, y que hoi edifica aún, con ^é abnega- 
ción y demás virtudes apostólicas, realzadas por 
el sufrimiento y por un heroico sacrificio. 

Rev. James Brocone. 

Superior del Colegio de la Inmaculada Con- 
cepcion.'-'*^''^^^" * 1 " '^^ íiJjí- íi*»íj»*daov 

Junta Directiva. ' "^^ .Cíotóiiao 

Es copia.— ^Et primer secretáí46V^^"í ''"^'' ' 

**'-"^ H. Fánger^ hijo. • 
jrisqaoiq al 

**» ■ • TV 

'■' 'Jíu'uí. .í> DiíoTciSíí 'iJürl 

Trinidad le '2 OetcAir$¡<h%%l mU'^ i 
Messieurs. ; ' <> insu. 

Nous venons de recevoir par l'entremise á& 
vos representants á Trinidad, l'adresse par la- 
quelle vous voule^ bien nous exprimer vos re-^ 
merciments de l'accuéil cordial que nous aVbns 
fait au tres Ilustre et tres Reverend Seigneur 



—=134 — 
Silvestre Guevara y Lira á son iarrivée á Tri- 
n^4acl, ainsi qu'aux membres du clergé Vene- 
suielien qui l'ont acompagné dans cette colonie. 

Nous sommes bien sensibles á la genérenle 
appreciation que nous avons iait ponr ce digne 
Prélat et pour son clergé. En íaisant ce qm 
a dependu de nous pour adoucir les épreuves 
de leur position, nous n'avons fait que remplir 
un devoir bien simple d'hospitalité fraternelle 
et il nous a paru que raccomplissement de pe 
devoir etait un hopneur et une consolation poi^f 
nous niémes. 

C'est avec un vif plaisir que nous avons 
appris la reception enthousiaste qui a et^ faite 
derniérement a Caracas h Monseigneur Gueva- 
ra et toutes les marques d'attachement et de 
veneration qui leur ont eté prodigues á cette 
ocasión. Nous esperons que des manifesta- 
tions populaires de cette nature vont inaugurer 
une ere nouvelle á Venezuela pour la paix et 
la prosperité de 1' Eglise. 

Nous saisirons á notre tour cette occasion de 
redre temoignage á l'edification que Monseig- 
neur Guevara nous a donnée k Trinidad par 
sesvertus privées et surtout par la resignation 
avec laquelle il a fait le sacrifíce de sa position 
officielle, dSs qu'il h pensé que ce sacrifice 
pouvait étre utile &u^,\i^\^ié,^8, 4p l^ ^ligipn 
et á ceux de sa patrie,, , ») ati uií -Vjt na i». 



— 136 — 

Nóus ne devons pás non plus oüblier danis 
cette expression de notre reconnaissance les 
excellents prétres de Venezuela qui ont bien 
voulu pendant leur ezil accepter des paroisses 
dans la Diócése de Port Espagne et qui se sont 
adquittés de leur charges avec tant de zélé et 
de devouement:i " '*^'i I' '^^ * 

Veuilléz agr^erj Méssieurs, avec les voeüx 
que noüs faisons pour la prosperité spif itueHe 
et temporelle de votre patrie V assurance de 
nos sentiments empress^s. 
/t*^ ; t JoACHiM Loüis. 

archeveque. *,'*^^j 
ta. P'OCarrollok. '^^' 

Cy. Cod, du Port d' Espagne. 

,UiiUl<;^ 8^uif>*i, i^.Ofiiq (-Av üw i^'tj 

Messiéurs: 
Doctor Bartolomé Liando, President. 
Doctor Juan de Ds. Méndez, Vioe President. 
Doctor Jesús M* Goya, second Vice President. 
José Talayera, Tresorier. 
General H. Fanger hijo, I" seoretaire. 
Bachiller Víctor Antonio Zerpa, 2? secretaire. 



(traducción.) " 

Trinidad, 2 de Octubre de 1877. 
Señores, 
Acabamos de recibir por conducto de vuestros 
épresentantes en Trinidad, la manifestación en 
que queréis significaros vuestras afcciones de 



r 



— 136 — 
gracias por la acogida cordial que hemos hecho 
al Ilustrísimo y Reverendísimo señor Silvestre 
Guevara y Lira, á su llegada á Trinidad, as\ 
comoá los miembros del clero venezolano C[U^ 
le han acompañado en esta colonia.. >,^}rj[ gj g,tf;f) 
Somos bien sensibles á la generosa aprecia^-, 
cion que nos manifestáis, por lo poco que hemos^ 
hecho por ese digno Prelado y por su clero. 
Haciendo lo que ha dependido de nosotros para 
dulcificarlas pruebas de su posición, no hemq^ 
hecho otra cosa, que llenar un deber biei?, 
sencillo de hospitalidad fraternal, y nos ha 
parecido, que el cumplimiento de ese deber, 
era un honor y un consuelo para nosotros 

Con un vivo placer hemos sabido, la recep- 
ción entusiasta que ha sido hecha últimamente 
en Caracas á Monseñor Guevara y todos los 
testimonios de amor y veneración que le ha^ 
sido prodigados en esa ocasión. Esperamos,í^ 
qup manifestaciones populares de igual natura^j 
leza, van á inaugurar una era nueva en Ve*= 
nezuela, para la paz y prosperidad de la 
Iglesia. (.íípiooüOAaT) 

Aprovechamos á nuestra ye¿ esta ocasión, 
para rendir testimonio de la edificación que 
Monseñor Guevara nos ha dado en Trinidad, 
por sus virtudes piivadas, y sobre todo por la, 
resignación, coii la cual ha hecho el sacrificio de 



— 137 — 
su posición oficial, tan luego como pensara que 
ese sacrificio podia ser útil á los intereses de la 
Religión y á los de su Patria. 

No debemos tampoco olvidar en esta espre- 
sion de nuestro reconocimiento, á los excelen- 
tes sacerdotes de Venezuela que han querido, 
durante su destierro, aceptar parroquias en la 
diócesis de Puerto España y que ^ han cum- 
plido con sus deberes con tanto celo .y abnega- 



ción 



Aceptad, señores, con los votos que formamos 
por la prosperidad espiritual y temporal de vues- 
tra Patria, la seguridad de nuestros sentimientos 
de respeto y decisión en N. S. 

Fr. Joaquín Luis. 
Arzobispo de Puerto España. 

G, D' O Carrol O. P. 
Obispo Coadjutor de Puerto España. 
Señores : Bartolomé hiendo, Dr. Juan de Dios 
Méndez, Dr. Jesús María Goya, general H. Fán- 
ger, hijo y Bachiller Víctor Antonio Zerpa. 
Es copia. — El Secretario. 

H, Fánger hijo- 



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